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                    <text>Sinlples notas sobre acto filos6fico
y descriptibilidad de la experiencia nletafisica
II faut donc sonder comme cette pensee est
logee en son auteur: comment, par ou, jusqu' ou
il la possede: autrement, le jugement precipite,
sera juge temeraire. - B. PASCAL.
Je sais, de science certaine, queUes erreurs
son pour nous seduire dans la recherche de la
generation des oeuvres, et comme l'on s'egare dans
la naive ambition de reconstituer l'e-tre meme d'un
auteur. - P. VALERY.

Se me perdonara que al exponer este plan reitere puntos de vista
que me han inspirado en la ensenanza, bajo la sugestion de motivos
que se relacionan con la formacion del educando (de sus afectos, de
sus voliciones, de sus pensamientos). Porque, en verdad, es el valor
del alumno, del hombre, el que tiende a ocupar un sitio principal en
mi pensamiento. Ello no quiere decir que no recurra 0 que prescinda,
llegado el caso, de la exposicion historica 0 sistematica de los temas,
o al confrontar las experiencias con los datos de la ciencia y de la
cosmologia; ni que dejare de derivar las consecuencias practicas, buenas 0 funestas, de las doctrinas, determinando en cada caso los limites
consentidos en la exposicion pedagogica, 0 los impuestos pOl' las limi·
taciones personales nuestras, y las reservas de sinceridad, pOl' 10 que
no comprendemos e ignoramos. Esta via, dificil de sugerir en su complejidad, consiente, me parece, el desarrollo de habitos de precision
y de analisis en el alumno, el sentimiento mas exacto y preciso de
las dificultades, el peligro que suponen las soluciones sistematicas, el
sentido de los problemas y el del valor de la critica, como numen
activo capaz de potencial' la presentacion de las experiencias y de
mantenerlas en la proximidad de las condiciones que les han dado
nacimiento, hasta llevar a ese momento complejo y naciente, cuando
pensamos con vigor, en la rebosadura de la dificultad y ante la vaga
totalidad que nos circunda. En la inadvertencia del valor de estos
hechos naufragan muchas de las direcciones del enciclopedismo pedagogico de nuestro tiempo (1). Hayen ello una razon de sinceridad,.

�pOl' 10 menos en 10 que me ataiie. A ninguna pedagogia Ie esta consentido, (reconocida una parte legitima a la simplificacion), prescindir de aquellos cuidados que concreten el esfuerzo de pensar con
ignorancia, cuando ocurre el proceso de la inteleccion y los enigmas
y los errores anteriores, y las experiencias frustradas, se convierten en
factores, en principios activos y en modos de rectificacion y de regulacion de los analisis.

Se ha destacado con bastante claridad, en el acto de pensar, la
accion extra-polante; el proceso de distraccion y de evagacion (y las
peores maneras de la abstraccion, que lleva alas falsas trascendencias
(Marx, Nietzsche, James, Bergson); la instalacion de 10 absoluto en
la fatiga (Boutroux); pero no he visto que se haya notado un peligro
gravisimo igualmente que conspira en la formacion del espiritu filosOfico: y es el que consiste, no ya en incluir en el seno de la reflexion
los datos de la erudicion y de la memoria, sino en intercalar, confundiendo el problema en las soluciones; 0 en pasar, inadvertidamente,
de la duda, a 10 apodictico y definitivo, hasta alcanzar esa expresion
en la metafisica historica y sistematica que elude los problemas 0 los
desvanece en la precision frustrada de los planteos historicos, hasta
llegar a tanto, hasta llegar a casos en que la duda y las intelecciones
(estados verdaderamente superiores y raros) son convertidos en modos
inferiores de pensar, en retornos a psicologismos y empirismos, actividades que desorganizarian y volverian "al estadio primitivo de las
intuiciones impuras"; pues, si es verdad que el estudio de la historia
de la filosofia seiiala una cierta continuidad en los esfuerzos que la
yazon realiza, es verdad tambien que los problemas se inmovilizan en
sus formas, las inquietudes mueren en ellas, cuando ya han muerto
los motivos que las mantenian en alianza con 10 desconocido. Esto,
con lucidez, ha sido advertido y destacado. Pero, en cambio, no se ha
presta do bastante interes, 0 se ha presta do poco interes, a un proceso
mas hondo, que esta menos en las concreciones formales y que se
advierte en esas instalaciones, en el seno de la razon, del habito y del
instinto, en aquellos casos, tan frecuentes, en que erigimos las formulas
y las respuestas adventicias que a los problemas damos, en soluciones
definitivas, imponiendo tiempos distintos, ritmos, edades en el proceso de la inteligibilidad 0 interpretando acaso un momento de su
evolucion en manera unica de la racionalidad y etapa acabada de su
desenvolvimiento (2). Se ha destacado, digo, la inercia de los planteos
(2)
Asi, la idea de fijeza de la razon humana
(Meyerson)
seria mas hien la prueha
de la somnolencia
del saber
(Bachelard);
pero otros advierten
en ella la presencia
de
un valor estable, que no podria expresarse bajo Is forma de "principios
racionales",
que
podrian
modificarse
para satisfacer
alas
exigencias,
datos y problemas nuevos (Lalande);
o publican
el movimiento
de la inteligencia
inventiva
rompiendo
los cuadros
de la intuicion empirica basta llegar a renovaciones
radicales
de 13 razon (Brunschvicg).
Campea
asi en ciertas direcciones
del pensamiento
contemporaneo,
hi en Is idea de la inmutabilidad y fijeza de la razon, bien la idea de un dinamismo
imprevisible.
Ya Gaston Milhaud
habia destacado
en ella su actividad
creadora,
su libre movimiento;
Bergson
y James, en
h~rminos no coincidentes,
Ia describen sumisa alas
exigencias biol6gicas
y premuras activas

�que la ciencia 0 el pensamiento determinan; el ambito de las soluciones
y de los problemas, pero mucho ignoramos la psicologia del esfuerzo
cientifico y filosOfico y pocas veces damos en el modo 0 en los modos
que vuelvan a su complejidad inicial, para que podamos pensarlos
y recuperarlos y sentirlos en el estado naciente de su complejidad,
en el sentimiento obstinado de las dificultades no idealizadas, en la
intensidad del enfoque, actuando sobre el complejo del recuerdo de
los errores anteriores rectificados.

Ahora en 10 que ataiie a la exposicion de las ideas y de las teorias,
hare 10 que se me ha enseiiado; y 10 que yo, con ojos propios, he
comprendido ser 10 mejor: presentar, sin sacrificar la brevedad, las
opiniones autorizadas de las que se han emitido sobre cada cuestion
verdaderamente importante, sin exclusiones sistematicas, ni tendencias
sectarias, adoptando constantemente la forma expositiva 0 critica que
entiendo pueden usarse simultanea 0 alternativamente, para que los
alumnos, al concretar y perfeccionar despues los conocimientos adquiridos, puedan prolongarlos y ahondarlos, en las reflexiones propias,
a partir de aquel acervo cultural, generalmente insuficiente, que viene
por la via de la docencia y que nunca es bastante para suscitar el
milagro de la formacion de la personalidad. Un cuidado, pues, por
10 expositivo; un cuidado, todavia mayor, para crear habitos de reflexion y de analisis, y capacidad para que comprendan las actitudes
y modos de pensamiento que no hallan sustentacion en la razon, distinguidas de hechos 0 teorias que han sido objeto de observaciones
persistentes, 0 de aquellos ideales de racionalidad, de libertad, que
han mostrado su eficacia historica. Trasmitiendo, como tema de educacion, una fe activa y libre en la razon, la confianza 0 la seguridad
de que esta puede estimularse en 10 concreto, en la atencion a 10
desconocido; 0 frente al error, pensando el error; ya que la experiencia y la idea que se corrigen (l y cuando el pensamiento no es
correccion? ), como actitud, pedagogicamente, vale tanto como aquella
que nos mantiene en el senti do del problema; porque sin correccion,
cuando no tiene uno la necesidad de corregir, no hay, acaso, pedagogia.
Al corregir nuestras experiencias, la razon regula sus alcances y orienta
el cauce de su vitalizacion 0 estimulacion creadora, 0 critica, 0
espectante ... Tratando siempre de mantener la actitud mas amplia,
atentos al peligro de las generalizaciones, 0 conducidos por la simetria (3), perdemos el sentido del desorden de la vida, ajenos al senticomo alas
represent3ciones
espaciales
y mecanicas.
Acaso, herencia
del planteo plat6nico,
kantiano
y cartesiano
que se habia cristalizado
en el dualismo
de la sensihilidad
y de la
razon, 13 conciben de una U otra manera (0 se acentua Ia pasividad en ella, 0 se acentt'ia
el dinamismo y capacidad inventiva incondicionada).
Una formula muy honda, que aproxima
y distingue
todavia el pensamiento
creader racional y el pensamiento
critico sin olvidar
Is psicologia del esfuerzo es, me parece, la de H. Poincare
cuando aHrma que, inventar, es
discernir,
es escoger, y Ia no menos sugesliv3 de H. Hoffding, que parece concebirla
como
un conjunto de suposiciones que, en la experiencia
abierta, se conslituyen
en contenidos
y criterios
de 8US pasos mismos y de sus supuestos.
(3) VL. JANKELEVtTCH,
L'alternative, pags. 70·125.

�miento de la posible prueba exp!icita, 0 de la ignorancia leal y del
esfuerzo de la reflexion que alcanza el don preclaro de la conciencia
de sus !imites.
Tambien se intentara la posicIOn nueva de los meJos problemas:
para notal' sus articulaciones primeras, 0 las ordenaciones que les
habia impuesto el planteo primitivo, para vel' 10 que persiste en ellos
de verdadero y de valioso, 0 para pensar sus !imites (y 10 que tienen
de forzados), para sentir, de nuevo, los movimientos que los hayan
provocado y despertar al sentido del problema; para evitar la tendencia "que tiene nuestro espiritu, a considerar como mas clara la
idea que mas frecuentemente utiliza" (Bergson), y porque constituye
nna practica excelente el hallazgo de aquellas intuiciones que estan
mas alIa de la formula cion de los sistemas y que, en la historia de la
filosofia, quedan generalmente desatendidas, pOl' desatendidas, 0 pOl'
indescriptibles. Hasta para notal' las oscilaciones entre la claridad y la
oscuridad, los ritmos entre 10 vago y 10 confuso, que constituyen parte
de la vida de la razon, 0 sus transformaciones orientadas (0 las poco
aebidas a la regula cion critica, 0 alas provocadas pOl' la irrupcion
genial) y que, muchas veces, dependen de variaciones ficticias de la
atencion, de instalaciones impuras, en su seno, de habitos de claridad
ficticia 0 de oscuridades que, no analizadas ni pertinentes, pueden
importar la clausura del problema, el abandono de la vaga totalidad
que los circunda, y el abandono de 10 concreto, en que debemos siempre estimularnos, porque, sino puede decirse que la filosofia cesa
donde la claridad comienza, puede afirmarse a 10 menos que, alIi
donde la claridad persiste y no se interrumpe, la filosofia no ha comenzado (4).
Acaso hubiera convenido destacar en estos desarrollos el proceso
historico, porque se admita 0 no en cualquier momento la interferencia de los estados evolutivos del conocimiento al modo de Comte,
o edades distintas de la inteligencia (Brunschvicg), 0 se suponga la
interferencia compleja y la unidad primitiva de la razon y cuyo horizonte seria la identidad al modo de Meyerson, 0 la evolucion al modo
de Lalande, para quien los principios racionales del conocimiento no
poseerian la fijeza que les atribuian Descartes, Malebranche, Kant
sino que se demudan y estan en perpetuo cambio y participan en la
"evolucion universal", 0 se distingan fases distintas en la formacion
del espiritu filosofico y cientifico (Bachelard), es 10 cierto que puede
(4)
En ese orden de ideas, desarrollaria
una psicologia de los modos de pensar; entre
olros, del lnodo platonico
de pensar, y del nlodo positi-vista
de pensar
(una psicologia,
en
verdad, en tomo al sentimiento
de 10 concreto, de 10 real, de la acdon,
de 10 posible y de
las actitudes eticas e intelectuales
que suponen);
pues, tienen (esos modos) tal fuerza de
presentacion
historiea y tal consistencia
que, pareceria,
estamos ya en presencia de modalidades tipicas de pensamienLo;
grupos hay de pensadores que las formulan y propugnan casi
siempre ajenos al problema
inicial y al alcanee de Ias influencias
y eonseeuencias
de las
tearias, como factores, en Ia formacion
de la personalidad
y en Is evolucion
de IDs sistemas.

�seguirse una cierta cronologia, fases, de 10 pre-cientifico a 10 cientifico,
de la predominancia de 10 instintivo a 10 racional, del pensamiento
magico al pensar utilitario y al pensar desinteresado. Pero, sin per·
juicio de' que tengamos en cuenta, al estudiarlas, nos concretamos, sin
embargo, al estudio del modo de pensar positivista que, de algun
modo, los anticipa y supone, pOl' 10 menos cronologicamente. Es mas
proximo a nosotros, ha tramado mas la evolucion de las ideas y de
los afectos, de las practicas del siglo XIX y XX, y es mas un punto
de concitacion de las inquietudes y problemas de nuestro tiempo. De
don de, pues, nuestro intento de realizar un examen critico, lo nuis ex·
tenso posible, del positivismo de Comte y secuaces, tema 10 suficien·
temente vasto como para seiialar un movimiento de ideas que, si halla
{ormulacion magistral en el pensamiento de uno de sus representantes,
posee hastante caudal para derramarse y expandirse y para que po·
damos seguir su curso en la pluralidad de sus direcciones.

John Stuart Mill en Ias consideraciones que hace en su lihro sobre
Comte, ha dcstacado, en efecto, como este movimiellto viene de las
profundidades
de la filosofia del siglo XIX y que expresa y
condensa un modo de pensar cuya importancia es bastante como para
poder introducir en el a todos los que estudian los grandes problemas
de la filosofia (5). Estudiariamos asi el modo positivista de pensar,
que ha dado lugar a tantas consideraciones y desarrollos, que dan
prueha del vigor de las obras de Comte, y, todavia con mayor razon,
abonado porIa expcriencia de un siglo de pensamiento. Intento de
comprender 10 que cs, en sus partes positivas 0 negativas, y de atender
a sus propensiones, desviaciones sistematicas 0 dogmaticas, a los es·
fuerzos de recuperacion 0 perdida de su significado, hasta hallarlo
de nuevo, si es posihle, recohrado de sus limitaciones y de sus en'ores,
cn una conciencia menos dominada pOl' el prestigio de 10 asertorico
r mas capaz de sustraerse alas somnolencias habituales, a los hipnotismos acriticos; pues, encarado el movimiento en toda su amplitud,
es un centro de inquietudes y de problemas IOgicos, epistemologicos
y morales que, si superado (como piensan Milhaud, Husserl, Bruns·
chvicg, Bergson), no pOl' ello deja de mostrar su profundidad inicial,
Sll cOlltinuidad y enlace en el proceso de la cOllciencia occidental, y
las limitaciones y peligros que en la misma formula cion de Comte se
(5)
He aqui el texto: "Depuis
quelque temps, on a beau coup parle en Angleterre
et
sur Ie continent
du Positivisme
et de Ia Philosophie
Positive.
Ces expressions
qui, pendant
Ia vie de l'lminent
penseur qui leur a donne cours, ne s'etaienl fait jour dans d'aulres ceriis
ni dans d'autres debats que ceux du tres·petit nombre de ses disciples
direts, onl enfin
emerge des profondeurs
de la pbilosopbie
du sieele pour venir se man;!ester
sa surface.
On ne sait, tres - generalement,
ce qu'elles representeDt, mnis il est cnlendu qu'elles repre·
sentent quelque chose. Ce sont les symboles d'un mode de penser reconnu, el d'un mode de
penser dont l'importance
est assez grande pour introduire presque tous ceux, qui aujourd'hui
discutent
les grands problemes
de la pbilosophie,
ou examinenl
d'un point de vue eleve les
croyances de notre temps, a prendre en serieuse consideration
ce qu'on appelle Ia conception
Positiviste
des choses, et a defenir, vis-vis d'elle, leur position particuliere,
plus ou moins
amicale ou plus ou moins hostile". (J. Stuart Mill, Auguste Comle y le positivisme, pugs. 1 y 2).

a

�advertian, y que la critic a, ulteriormente, ha corroborado. Seria asi,
un ejemplo de enseiianza y de critica; y de polemica, en el sentido
de que los problemas y experiencias que se someten a la razon, deben
insinuar el movimiento de la reaccion critica; pues, en el caso, es la
verdad que los errores comtianos abundan en los textos y en la
exegesis y podrian entonces ser escogidos y utilizados como primeros
ejercicios, para estimular el analisis y la aventura mental. Necesidad
pues, de un estudio complejo y todo 10 profundo que se pueda de la
actitud positivista, contribuyendo a suscitar la idea de 10 que es la
filosofia, aqui, en cuanto intento de pensar y de comprender las ideas
fundamentales de un sistema que quiere determinar los limites asignables a la experiencia humana.

... dada la importancia que puede tener un curso (6) de esta
indole, el conocimiento de un orden de ideas que ha fertilizado las
mas divers as fuentes del pensamiento contemporaneo y que conviene
estudiar en sus efectos negativos (y algunos de ellos son inmensamente
graves) como en sus efectos positivos, logrando el contacto con un
pensamiento que marcha hacia su clausura en un proceso de intensidad boreal que no consiente el desarrollo y que llega a ser "el fin
de la filosofia y el comienzo del sistema" (7) .

El estudio de un pensamiento que suscita un movimiento tan
extenso de ideas, de un pensador, tan energico, como Comte, tiene, en
el caso, la ventaja de ponernos en presencia de un ejemplo, pOl' as]
decirlo, tipico. Pocas veces no es dado encontrar una demarcacion
mayor de los limites asignados a la experiencia; pocas, saber dentro
de que orden de ideas el autor esta pensando y percibir el fondo de
verdad 0 el curso del fondo de los errores. Pues la oscuridad, en
Comte, no viene nunc a de 10 profundo, del sondeo abisal, del rebasa·
miento de la realidad; viene de la reiteracion, viene de la fatiga.
Ademas, era Comte un pensador sistematico; es dificil saber si en el
comienzo de su filosofar intuye alguna realidad, algtin pensamiento no
pens ante, que auto rice la ereencia de una posihle filosofia, que aluda
a ella; todo pareceria indicar que parte de presupuestos previos;
(6)
Frecuentemente,
al leer las obras de Comte y al preparar
los temas y motivos para
cada leccion, realice apuntaciones
criticas que, si tuvimos en cuenta en el desarrollo
del
curso, no fueron literal y expresamente
utilizados.
Como no fue posible recoger taquigrafi.
camente las lecciones, creo que, para los asistentes de este curso y para 105 companeros
de
seminario, podrian ser todavia nliles. Sefialan siempre Is posicion
de Is conciencia que se
situa criticamente.
De la remocion de ideas de todo el movimiento
positivista,
es 10 que ha
quedado.
Las exposiciones,
lecturas
comentadas,
criticas y lecciones
(no men os de 70), se
han perdido.
Estas notas imperfectas,
notas de estudio,
expresion
algo discontinua
de un
itinerario y de UDa labor, no tienen otro objeto.
(7)
Alli las ideas quedan limitadas,
precisas,
detenidas;
iluminadas, pero no por el
trazo del extasis oi de 13 razon sino por 105 poderes dogmalicos
que las informan.

avan
cone
en e.

nos 1
fund
misil
corp'
cada
criti(
com&lt;
de h

�avanza su vida, sumisa a esos dogmas iniciales; avanza su doctrina en
conexiones poderosas, hasta alcanzar una culminacion que la extemia
en el dogma positivista (8).

POl' otra parte, hay en Comte, el error; en mayor 0 menor grado10 hay en todos los pensadores (10 hay en todos los hombres) ; pero
nos referimos al error que advieile en algunos sondeos, sean 0 no profundos, ligado a la vida, en aquellos intentos de captarla, en la demision del sesgo generalizador; en Comte, ademas, el error se
corporaliza, se hace visible; puede seguirse su trazado (el trazado
cada vez mas energico que la voluntad de sistema va imponiendo). La
critic a, 0 aquella genialidad que en otros pensadores se manifiesta
como voluntad sober ana 0 desvio con respecto a 10 pensado 0 temor
de hacer de la filosofia solo un movimiento que termine en la encarnacion 0 en la forma (9), aliment a en Comte e intensifica solo 10
sistematico. El vigor de su pensamiento se vierte alIi, aumenta su perdida; no abisma nunc a a Comte la sospecha de 10 omitido 0 la
profundidad de otra manera de pensar 0 de sentir, ni el sondeo en
el sentido, el afan de infundir, acrecer, potencial' el sentido...
El
conocimiento de los errores, que contrasta con el modo de la positividad racional, nos serviria para percibir las buenas y las malas
maneras de pensar, y haria, tambien, asistir al momento en que aparecen los atisbos criticos, amenazados pOl' las concreciones y los
dogmas limitantes, precisos, fatales, factores que impiden el desarrollo
de las ideas y la estimulacion y regulacion racional en el proceso
explicativo (10).
En este orden de ideas, puede ser util la comparaClOn de la
filosofia y del modo de pensar positivo, con otras filosofias y modos
de pensar, sobre todo del punto de vista de la significacion historica
y evolucion de formas de vida y de pensamiento. Notese, como Comte
da a la filosofia una mision politica expresa; con que intencion quiere
orientarla hacia la historia; que afan de dirigir Ie inspira; la insistencia con que medita el problema de la accion y de sus limites (y el
problema de la especulacion y de sus limites) ; los temas, que todavia
nos alcanzan, de la instabilidad, de la anarquia, del desorden; el
intento alIi, de hallar la correspondencia entre ciertas modalidades de
pensamiento humano y ciertos modos de organizacion historica. Y con
(8)
Desde el comienzo se intnye el sistema. La corrobora Ia Iectnra de sns cartas (principalmente,
Lettres a Valat y mas tarde Lettres a Mill). Para Comte, en nn curiosa caso de
inversion,
Ia solucion
impone,
decide, y est" antes del estndio
del problema.
Camp. L.
Brunschvicg,
L'orientation
actuelle des sciencies.
(9)
Como en Ios snmos cdticos;
como en Kant, como en Poincare.
EI estado de alerta
en el problematismo,
basta la exageracion,
se balla hay en Ia obra de Chestov. Halla en
Marcel esta idea:
" ... Ia philosophie
n'est pas, la au Ia creation
philosophique
n'est pas.
EIle ne pent pas, sans se nier ou se trahir, cristalliser
en des resultats susceptibles
d'elre
simplement" .
(0)
La preciosa
distincion
entre positivismo de razon (positividad racional) y positivismo de iglesia, en L. Brunschvicg,
La raison et La religion.

�dlo, como, en que grado, vive todavia la humanidad situaciones y
problemas semejantes a los que Comte presintiera, y aunque en
nuestros contemponineos es mas libre la critic a y mas delicado el
modo de insinuar el movimiento de los procesos en la finitud historic a
y en la experiencia metafisica y religiosa (11), muchos de aquellos
planteos persisten, son cristalizaciones, fijaciones y supervivencias de
origen positivista.
Comte, como Com"not, percibio que la gran cns~s actual (12) no
era unct mera crisis historica, como las otras; pues, se habria producido
un cambio, en la profundidad de las sociedades humanas, que senalaria el momento de cobrar conciencia de la hazaiia historica del
hombre (13), y, tambien, un cambio en la finalidad impuesta a la
razon, y una orienta cion nueva de la razon historica, de la conciencia
historica que, en adelante, han de moverse en la terrenalidad. No ya
mas demudaciones adventicias, ni aplicacion de los sentimientos trascendentes, ni conciencia teatro de las metamorfosis naturales (14).
Pero, no obstante su dogmatismo, no deja de ser interesante el proposito de considerar la concicncia human a en su modalidad historicosocial y no en aquellas maneras intimas de los estudios introspectivos
(pOl' ej. en la experiencia de Biran), que llevaban a la trascendencia
o una religiosidad activa y honda. 8i csta idea de Comte no es original
puede, en cambio, decirse que la sintio y expuso tan extensa y
reiteradamcnte, que ha quedado enlazada al positivismo y a su
gestion (15) .
. . . Estudio, entonces, de la evolucion de un problema de filosofia,
pensado con la hondura posihle, y tratandose de Comte, estudio de
algunas cuestiones desecadas. Dcstacar, asi, aquella idea de Comte
(II)
L. BRC"iSCHVICC,
La raison et la religion, p. 127.
(I2)
Vease R. RuvER, L'hl1manite de l'avenir d'apres COl1rnot, pags. ll8 -121.
(13)
Se me ocurrc, y ya que en cstc eurso dche insistirse
en el afan de caraclerizar
IDs sistemas de ideas del siglo XIX, que scria uti} comparar,
intentar
una crilica del posi~
livislno, por aque]]os movlmientos
de ideas que han llevado a Ia instauracicin
de Ia filosofia de la existencia. Una critica de Comte, realizada por Nietzsche Y por Kierkegaard,
pensando -notandoque problemas
comunes tllvieron
en cuenta, que solllciones ensayaron,
y
sefialando
la difereneia
de temperamcntos,
de poJcres
dialecticos,
cdticos y creadores,
y de
sagaciuud.
en el amhito
de Ias experiencias
religiosas
y metafisieas
e historieas.
Y etlan
distintos
de Comte! Son ellos (antes Maine de Biran)
los primeros
criticos del positivismo;
en algun sentido, los que, en lueha mas honda, quisieron
snpcrarlo
y hacer volver el pensamiento a la vida (Nietzsche)
y a 10 religioso
(Kierkegaard).
La idea de hombre, de reino
de 10 hlUnano y de significaci"n de la historia y de la trascendellcia, estan alIi lIevadas a la
mayor, a ]a mas noble exaltacion
de 10 humano.
Comparar,
pues, est3 euestion
dificil
y
compleja.
(Para 1a e1ueidaeion
de a1guno de los temas aludidos,
Recherches philosophiql1es,
numeros
de 1934 - 35 y 1935 - 36 los notahles
articulos
de K. Lowith).
(I4)
Los planas distintos en que pucde ser pensada la ualura1eza
entendida
eomo fuerza
lugltbre
hasLa sentirla
interiormente
profunda,
escapan a Comte. Todo naturalismo,
es, para
el nal.uralismo
grosero.
(IS)
Par 10 demas, este problema
de 1as relaeiones
entre e1 individuo
y 1a espeeie,
es del m~IS alto interes.
Objeta las ideas que el pensamiento
social venia pensando,
y las
piens3 con originalidad
(sin llegar a tener el significado
que ha desenvuelto
para rilar un
ejemplo, el filosofo J. Royce).
(Vease World alld the illdividllUl y G. Maree1 La metaphysiql1e
de Royce). El mislUO acto que no piensa les dessolls de 10 lIatllre, hace que tampoco lIeve a
la profundidad
de la persona,
y sus relaciones.

�segun la cual hay cuestiones que no requieren ya ser refutadas, porque
caen en desuso "y que el espiritu humano abandona...
cuando han
cesado de convenir al conjunto de su situacion. Seiialar y comprender
el valor de esta indicacion, sus limites, el peligro que entraiia la
exegesis, y distinguir casos de desuso por abandono (16) y porque nos
hemos vuelto mas superficiales, 0 porque hemos sustituido aquellas
ideas por otras mas profundas. Pero el positivismo de Comte proporcion a un sinnumero de ideas en desuso que se han /osilizado (17) ;
entonces, hallar los motivos que provocan esa fosilizacion; como
Comte, por ej., al clausurar el horizonte de su filosofia, intensifica
los procesos que llevan a la fijacion, al sistema, "a la cristalizacion en
resultados", "en la generalizacion in genua que hace de sus experiencias
personales", "al buscar en la relatividad los atributos mismos de 10
absoluto" (18).

En su caso, sorprende, por una parte, la importancia del pasado
historico y su concrecion en eI, y, por otra, la singularidad de una
experiencia de orden efectivo, de intensidad reflexiva, de consecuencias
historicas, que permiten notar la oscilacion del pensador, sus propensiones, los debilitamientos racionales ...
Explicar, tamhien, como vienen los temas en la fuerza de su
caudal, en la intensidad de la concentracion y en la inminencia de
su fin agonico y dogmatico. Meditar, distinguir pasajes, momentos
creadores, intensos, activos; detenciones, fatigas, evasiones (19); penetrar en las maneras de su sentido historico, etc. (20). (Y pensar
{Iue esos momentos a veces se dan en los mismos textos, en la misma
pagina ... La memoria se instala en la razon, el tiempo biolOgico entorpece el movimiento, el dinamismo del tiempo espiritual, la intensidad orienta hacia el sistema. Sin que a Comte trascienda la fuerza
critic a, la capacidad (genial 0 reguladora) de la razon que se vuelve
sobre sus contenidos, y retorna, criterio y numen que labora y prepara para una insercion mas honda en la historia 0 en el desconocido.

Ahorp, destacar alIi la finalidad didactica y practica, el afan de
"influir prontamente sobre los hombres" (Hoffding), las repeticiones,
la monotonia aparente del estilo, que dificultan el hallazgo de las
.bases, de los contenidos, y el caracter de las premisas racionales y
de los fundamentos historicos y de las modalidades' afectivas y tem(6)

A. COMTE, Disconrs snr Z'esprit posit if, p. 205.
(17)
Otras consecuencias
en Vaz Ferreira,
Prob. de la libertad. (Introduccion).
(8)
J. DELVOLVE, RefZexions snr Za pensee comtienne, pags. 11 y 58.
(9) EI positivismo
todo, en cierto modo constituye
un inmenso
ejemplo
de evasion.
Vease G. MARCEL, KarZ Jaspers (Rech, philosophiques,
1932, 1933, p. 332·333.
(20)
COMTE, y esta es su puerilidad,
considera
Ia historia,
el conjunto
historico,
del
punto de vista de 135 ideas de 5ll epoca; Ios juicios contingentes como la sahiduria universal
(Delvolve);
(explica)
Ia forma europea
del movimiento
0 del saber
durante
Ios ultimos
tres siglos por una ley de Ia evolucion
de Ia Humanidad
(Max Scheler).

�peramentales (21), que acaban, sumisas, en el aUm de sistema, en el
dogmatismo de la positividad, en la fatiga debida a su largo peregrinaje
objetivo y a la pasion activa de su mision.
Explicar la necesidad de este ensayo, y recordar 10 que puede
salvarse, y las causas de los errores (22), (olvido del canicter refutable
de las opiniones (2~), confusion de la solucion en el problema que,
nos parece, es la falacia del comtismo, el error persistente ... ) .

En esta parte de nuestra labor convendria estudiar un aspecto
del pensamiento de Platon, en 10 que a la naturaleza de la intuicion
y al acto filosOfico se refiere, utilizando, principalmente, el testimonio
que se expresa en la Gran Carta (24), y que, mas alla del orgullo del
solitario, declara la existencia de un saber personal (dificil), segun
el cual palabras, definiciones, imagenes, esquemas, son simples equi.
valentes de la idea que se materializa entonces para comunicarse, pero
que son incapaces de despertar recuerdos y orientar nuestra alma hacia
10 enteramente inmutable que alcanzan "solo los que colocan sus afecciones en 10 que en cada caso existe realmente" (25), que no se revel a
de inmediato y que requiere el esfuerzo penoso del espiritu, del alma,
de la vida. lPlaton habria impuesto a los historiadores y a los
hombres ese punto de vista, mas inspirados por la opinion, que casi
todos siguen, de Aristoteles? Problemas que dejamos sin respuesta
y que recordamos aqui al solo objeto de sugerir un planteo inicial a
estas cuestiones tan dificiles.
El testimonio de Aristoteles en cambio, la persistencia con que
este autor se situa y situa los problemas para determinar su genesis
y establecer la continuidad de los esfuerzos (y, evidentemente, para
sefialar la superacion que eI realiza) (26), indicaria otra manera de
encarar la historia de la filosofia (27): apreciando la significacion
(21)
Debe pasar a un primer
plauo, en el esludio del comtismo,
Ja consideracion
de
Ia experiencia
sentimental.
En esle punto se situa 13 critica actual de Comte si se 13 compara con Ia del siglo XIX. Las consecuencias
de ese becho DO son sensibles
(0 no son alen·
didas)
a L. Brunschvicg.
Ha' sido bien senalado
por J. Delvolve
el caracler
del pensa·
mienlo de A. Comle: recibe Ia insinuacion
de su movimiento
en contacLo con Ia hisloria;
Ia aDda del devenir historico es alli Dumen inspirador.
(22)
Segun BRUNSCHVICG,el lemor al porvenir.
(23)
Vease E. COURNOT, Essai sur les /ondements de nos connaissances, Ia pagina final.
(24)
PLATON, Leures T. XIII, ed. Bude, Carta VII, 3400 3450 y el precioso comentario
de J. SouiIbe, pags. XXXIII·
LVIII.
(25)
Los filosofos son aque!los que son capaces de percibir
y de comprender
10 elerno
y 10 inmulable
(Plat. Repub.).
(26)
Se percibe muy bien en Metaphysique, Liv. I; De l'ame (lrads. de Tricot)
Liv. I;
II Physique I (lrad. Carleron),
(version
espanola de Gonzalez Blanco).
(27)
Este dualismo
se expone siempre
en terminos
parecidos
0 dislintos.
Sin intentar
forzar Ias conclusiones,
con un sentimiento
muy diverso de Ias dificultades
de estas concepciones que se enfrenlan
a 10 largo de Ia filosofia. Un Plalon,
un Bergson, un Nietzsche,
un Chestov, y otros, con justificacion
dislinla,
!legarian
a la idea segun Ia cual el fondo
del pensamiento
no es elucidado
(Comte ni siquiera
sospecha el problema);
un Hegel, un
Dilthey, un Brunschvicg,
parecen admitir Ia inleligibilidad
lOlal 0 parcial, y la continuidad,

�objetiva de los esfuerzos, 0 la coneXlOnhistoric a ; 10 que lleva a concebir como verdaderamente consistente, detras del concepto de filosofia, el corpus de todas las obras filosOficas, el pensamiento dado,
explicito, patentizado en el sistema (28). Los resultados de esto, como
se comprende, tanto en la estimacion critic a de los sistemas como en
la docencia, son distintos; pero si es facil mostrar una historia de las
ideas filosOficas, resulta dificil probar la autenticidad de las labores
de la exegesis. Someramente, pOl'que es imposible no sospechar la
introduccion, en el proceso historico, de una continuidad ficticia,
y el olvido consiguiente de la diversidad, acaso de la heterogeneidad
de las experiencias (29); Y el olvido, tamhien, de que cl interprete
piensa con ignorancia, y de 10 que no comprende, y de 10 que
omite (30).
H. Hoffding (Historia de la filosofia, S. Kierkegaard)
ha destacado el inmenso alcance, las diferencias que impone en la marcha y
en el ritmo de las ideas, el principio de personalidud, y las notas que
han de advertirse en el curso de la historia; pero de cualquier modo,
reconoce que las relaciones, que las diferencias impuestas por las
persohalidades, han de ser indagadas en el terreno de los hechos. "Los
prohlemas y las ideas, declara, se desarrollan en cierto suelo y en cierto
clima: 10 que conviene en cada caso es tratar de vincular, de penetrar
hasta la profundidad mayor, hasta conocer el fondo en que se arraigan.
Para ello, en sus trahajos de historia de la filosofia, se remonta al es·
estudio de los antecedentes (de familia, de raza, de tradicion) que
constituyen la atmosfera espiritual de un pensador; pero es muy
consciente de esos limites. El sahe que una indicacion de esta clase
no decide nada acerca de la validez 0 no validez de los pensamientos;
pudieran haher sido mas especiales las condiciones a que debe su
desarrollo, y esto no disminuira en ahsoluto su valor en si. Pudiera
ocurrir que ciertas ideas solo pudieran formarse hajo ciertas condi·
ciones. Pero estas condiciones tienen que ser reconocidas, puestas a
la luz, cuando se quiera responder a la pregunta de si los pensa·
mientos tienen fuerza vital hajo otras condiciones distintas" (31). En
e~te y en otros pasajes, el autor declara que, aunque se admite la penetracion de los pensamientos en la profundidad personal, estos tienen
al asimilar
0 incluir
el contenido
de la filosofia dentro de la historia y al hacer del pensar
individual
una promocion del pensar historico. En est os, pues, para saber que es 13 filosofia,
precisa interrogar a Ia historia.
(28)
E. SOURIAU,
L'instanration philosophiqne, p. 29. (Ideas muy sllgestivas sobre la
nocion de obra en filosofia).
Consideraciones
de altisimo
in teres, en Dillhey,
Teoria de La
concepcion del mnndo. (Todo, pero sobre los pasos primeros de la hisloria de la filosofia, el
ensayo Articnlacion de 10 historia de 10 filosofia.
(29)
En verdad,
las originalidades
cimeras
producen
los hiatus,
acenuian
la discon.
tinuidad.
(30)
Recomendamos
el estudio
de W. Windelband
(Storia delia filosofia, version
Denlice
D' Accadia, pags. 17·34).
Hay version
espanola
de Francisco
Larroyo.
(Mexico).
(31)
Tengo la conviccion,
declara,
de que las figuras
ideales aparecen
bajo determinadas condiciones
psicoI6gicas
e hist6ricas, pero que nada pierden de su sustancia espiritual
porque las consideramos
en su verdadera
limitacion
y coudicionalidad
(H .. Hoffding,
S. Kier·

kegaard).

�determinaciones historic as ; 0 para volver a nuestro tema, que no hay
filosofia como fundo no elucidado, 0 no interesaria pOl' ella la historia
de la filosofia (32). Aunque Hoffding aceptaria las concepciones espontaneas, y sabe de la profundidad de la personalidad, y percibe
la complejidad de las relaciones, no siempre es consciente, nos parece,
del hiatus, de la rebosadura de la experiencia con respecto al sistema,
con respecto a la marcha uniforme de las ideas y a 10 que la historia
percibe en esta dimension de sus estudios (33).

Con agudeza inigualada, Jules Lagneau, en las notas sobre Spinoza
publicadas en el mimero de Julio de 1895 de la Revue de Metaphysique et de Morale se pregunta: "l Que es explicar un sistema? Es
traducirlo en el equivalente moderno", y agrega de inmediato que hay
dos sistemas de traduccion: el literal, y el equivalente. Y, luego:
"Comprender un autor, dice, no es exponerlo, desarrollarlo en superficie sino construirlo segun la proporcion verdadera de las partes que
contiene; 10 que es preciso descubrir ante todo, es el germen de la
doctrina, que, desarrollado, continua siendo el lazo que asegura la
proporcion, el equilibrio, no exterior sino interior de las partes. lEn
la interpretacion de un sistema, se pregunta, l se Ie debe aproximar a
su epoca, 0 al contrario referirlo a la epoca presente? En el fondo
se trata siempre de' 10 mismo; es una ilusion pretender juzgar una
epoca pOl' ella misma; el fondo sigue siendo identico, y es pOl' ello
que podemos comprenderlo; encontrar este fondo bajo la diferencia
de las form as". "Pero, agrega, no se comprende mas que 10 que se ha
revivido, y es estrictamente verdad que solo la experiencia es la antorcha de la filosofia como de la historia". "EI fondo, es el sentimiento;
la forma, es la idea. Desarrollo de la idea; como se la encuentra. No
io halla la logica (Hegel), sino en tanteos, porIa experiencia. La
historia de la filosofia constituye un encadenamiento de la misma
naturaleza que el encadenamiento historico, puramente empirico".
"La verdadera psicologia de los grandes hombres, tiene pOl' objeto determinal' en que consiste la omnipresencia, la omniaccion de la idea
sobre ellos. Aqui radica su fuerza: tener bastante fuerza de alma para
reducir todo 10 que se presenta a esta idea y no dejarse arrastrar pOl'
la mecanica del espiritu". "Pensar asi es pensar cada parte de su
pensamiento con todo su pensamiento". lDe donde viene esto sino de
(32)
Es decir que la profundidad
se eoneretaria
en la idea.
(33)
Asi HOFFDING, en todas sus obras, ha puesto en evidencia
la necesidad
de mantener eslc punto de vista; el sabe que hay ideas que crecen y' se desarrollan
en relacion
con un cierto subsueIo y en cierto clima y sabe que, desde gran profundidad,
actuan sobre
las sImas y determinan
Ia enunciacion,
como sabe que hay elementos
ancestrales,
de familia,
y de raza, y de tradicion,
sobre todo aquellas que constitltyeron la orientacion
de la existen cia y que son luego elementos infatigables
en la vocacion de estos hombres. Sin duda y
como el mismo autor 10 declara, la determinacion
de estos elementos no conHere la prueba
de su validez; pero una vez que esos pensamientos han alcanzado significaci on objetiva, se
haee mas faeil percibir
la relacion
que tienen con eI sistema, y al poner en luz esas ideas
y eSRS determinaciones,
no haeen sino seiialar
el punlo
en que comienza
Is originalidad
de los filosofos. Su gran obra sobre la Historia de la filosofia moderna, da patente prueba
.del valor de esos atisbos.

�la supremacia de la idea elemental, de la atraccion de esta idea, es
decir de 10 que en ella es un sentimiento, y un sentimiento universal,
que de ahi recihe su potencia, que se desenvuelve progresiva, metodicamente, yendo de 10 simple a 10 compuesto, con detenciones de
accion y de retroceso ?". Ahora, para Lagneau, el criterio de la verdad
es ser vivida, es decir sentida y rendida con el ser entero, con el del
pensador y el de los otros espiritus que hahlan su lengua, 0 aunque
no la hablen. El sentido oculto, es decir las atracciones adquiridas
de los vocablos, seres vivientes, que registran la vida de las almas
humanas. Es en la expresion adecuada que se encuentra la experiencia
que juzga, la experiencia de la vida. Cuando no se dividen mas que
ideas (Hegel) se puede estar seguro de confundirlo todo y no se
procede mas que por logica y en el fondo por memoria y psitacismo".
Pero, no hay generacion, filiacion de las ideas como tales; las ideas,
en los sistemas que importan, nada son sin los sistemas, y los sistemas
no son mas que la expresion de la personalidad moral y fisica. No
hay determinacion abstracta de las ideas, puras abstracciones por 10
demas, que no estan en los autores explicados sino, como diria Spinoza,
solo en nosotros; pero un determinismo concreto, ejerciendose sobre
los hombres mismos, y desde dentro, este, se nos escapara siempre,
jamas sera objeto de ciencia". Y de inmediato, en un paso lucidisimo:
"No podemos entrever algo mas que por intuicion, adivinacion, identificandonos con el pensamiento del autor, alii donde el ha encontrado
su expresion mas adecuada, la mas evidentemente personal, don de es
menos idea que sentimiento. Una vez alcanzando este conocimiento,
este contacto, podremos tratar la historia de la genera cion intima;
sera preciso ir de la genesis en altura a la genesis historic a en profundidad, porque esta genera a aquella, sin corresponderle necesariamente" (34).

En la pagma siguiente, rectifiMndo el punto de vista de algunos
historiadores: "Se puede ver por esto 10 que puede ser la historia de
la filosofia, y cuan lejos se halla de las abstracciones al modo de Hegel
y de las monografias de Sainte-Beuve". "Los hegelianos estudian las
ideas 0 la Idea aparte de los hombres cuando ella no es mas que que el
reflejo docil y unico y, emancipada, el cuerpo sin alma, el cadaver".
Pero Lagneau no niega la influencia del medio, que segun eI no explica
liaS que la forma exterior, los modos del pensamiento filosOfico y no
su sustancia. 0, para invertir los terminos, los pensadores toman al
medio su materia, pero su forma, el lazo interior viene de ellos, y
como las ideas (esta materia) nada son sin el lazo, al menos en ellos
todo viene de ellos". Y ter.mina: "Se puede decir, en suma, que 10
que en historia de la filosofia viene del medio no vale la pena de sel"
explicado. La historia de la filosofia, al contrario de la historia, se
reduce a la de los hombres 0 de los espiritus; historia viable, pero
(34)
J. M. GUY AU, La Morale de Epicure (De la n.ethode dans l'exposition des systemes).
(Seria inslrucliva
la comparacion
de las ideas de Guyau, de Lagoeau y de Bergson).

�cuyos ultimos elementos suponen a su vez la historia propiamente
dicha, universal, la historia de los sentimientos morales, religiosos, y
de los acontecimientos que los han determinado. C'est par la qu'elle
plonge dans le grand Tout".
Y en un paso lucidisimo de su ensayo De la Metaphysiquc (con;pte
- rendu Revue philosophique de fevrier de 1880), cxpone cste criterio,
que relaciona con los textos anteriores, a los que da una nueva claloidad: "Asi la filosofia, sin arrancar del espiritu la creencia natural,
la turba en su posesion y Ie confiere la sensacion de 10 oscuro. Ella
Ie impone, ademas de crear su objeto, primeramente su lengua, una
lengua nueva, personal, como 10 que ella debe trasmitir (rendre).
De aqui el enorme esfuerzo que reclama la invencion filosOfica, esfuerzo semejante al que debe realizar el matematico para hacer retroceder los limites de la ciencia; mas intenso acaso, puesto que el
filosofo no tiene como el a su disposicion un sistema definido de
signos. La forma, el numero y la medida sensible Ie faltan para crear;
cs preciso no obstante, que eI cree. De ahi tambien la dificultad que
se experimenta para penetrar en el pensamiento filosofico ajeno
(d'autri); quiero decir en un pensamiento verdaderamente personal.
Cuanto mas original, profundo, sistematico es un filosofo, mas se aleja
de las concepciones pueriles, claras, y casi siempre contradictorias del
sentido comun (plus il en coute d'effort pour l'etre apres lui de la
meme maniere) Se trata de apropiarse de su lengua, de encontrar pOl'
una paciente adivinacion, su punto de vista frente a cada idea, de corregir lentamente una pOl' otra, a medida que se avanza en cada uno
de estos descubrimientos hasta el momento en que todo se aclara, visto
desde un cierto centro donde eI se ha situado para abrazar su pensamiento. (,Como alcanzar este centro delicado, como reconocerlo cuando
en lugar de descender en una obra para poseerla se contentan con recorrer la superficie con el designio (parti-pris) de encontrar sus propias opiniones 0 de critical' pOl'el detalle, es decir, porIa exterioridad,
cl pensamiento del autor? Lo mas a menu do es asi como se lee a los
filosofos. (,Es sorprendente que no se de la preferencia a aquellos
que mas han penetrado en las cosas y en su espiritu? Se les encuentra
oscuros; la luz en ellos no esta en la superficie, en los vocablos y en
las imagenes. Se la encontrara mas intima y mas plena, no iluminando
las cosas, penetrandolas, tornandolas pOl' asi decirlo transparentes, Esta
es la ley de la Critic a, la claridad profunda, a tres dimensiones" (35).
0

Un punto de vista interesante es el que ha desarrollado Pedro
Luis Landsberg en los trabajos relativos al acto filosofico, a proposito de su maestro Max Scheler y de Nietzsche. Fija su cometido
en estos terminos: "Lo que nos interesa ante todo no es la biografia,
psicologia de los individuos Scheler 0 Nietzsche, ni el contenido puramente lOgico de sus pensamientos, sino su existencia filosofica y su

�significacion para la filosofia. l En que consiste ella? "Se trata de un
acto 0 mejor de un "actgefuge", de una estructura de actos, en los que
precisa descubrir el sentido intencional", y da luego una definicion,
(general) del acto filosofico: "acto de la investigacion de la verdad
con ayuda del pensamiento que transforma los acontecimientos de la
vida en experiencia (36). Y sobre el ejemplo: "He caracterizado la
existencia de Nietzsche, como un acto de busqueda interior; busqueda
de si mismo, busqueda' de la verdad en el interior de si mismo; busqueda del Dios desconocido" (37). El acto filosOfico es un movimiento
y se trata aqui de la situacion que pone al hombre en este movimiento
y que Ie da su primera direccion. En Nietzsche es un movimiento
hacia 10 interior. El laberinto en el cual se pierde esta en el interior
de su propia alma, asegura (38). lDonde se encuentra su acto filosofico? En Scheler, es muy diferente. lDonde esta su laberinto? lSu
verdad? Y Landsberg, utilizando este texto, trata de definirlo: "Me
encuentro en un inmenso mundo de objetos sensibles (41) y espirituales que conmueven incesantemente mi corazon y mis pasiones. El
se encuentra en un mundo inmenso no como espectador, sino como
un ser que, por el mundo, y, precisamente, por el encuentro del mundo
interior y del mundo exterior, es puesto en movimiento, es colocado
en una inquietud constante (40). Agrega Scheler que para Nietzsche
la existencia del mundo exterior no es jamas un problema urgente,
ni para Scheler (41). Pero para
ietzsche no 10 era porque estos problemas pertenecian exclusivamente al mundo interior; para Scheler,
porque el se encuentra inmediatamente, no solo ante el mundo 0 rodeado del mundo, sino en el mundo, como integrando, respondiendo
y provocando sus respuestas. El "In der Welt-sein", ha sido formulado
por Scheler mas natural y especificamente que por Heidegger, dice.
El movimiento filosOfico comienza en este estado de ser en el mundo,
que nos presenta una riqueza inagotable; yo he experimentado el encuentro del mundo en mi mismo. Esta teoria seria para Max Scheler,
en su forma mas simple, su primera evidencia. Por 10 mismo asal1:'a
a Nietzsche el peligro de nihilismo, como para Max Scheler el peligro
consistiria en un cierto desorden (caotisme). Nietzsche pierde la rea·
lidad, por haber quitado el mundo sin haberse encontrado el; Scheler
arriesga perderse en la plenitud caotica de sus encuentros. Pero seria
(36)
EI senlido de "investigar"
y de "verdad", no es Dunea el mismo; varia con cada
fil6sofo
autentico.
Se tralara, en cada caso, de caraclerizar
el acto /ilos6/ico
especijico
correspondiente
a cada pensador.
(Va haeia el pluralismo
de los sistemas;
10 que importa
es caracterizar
el acto /ilosofico especifico).
(37)
Dice LANDSBERG,que precisaria
comparar
esta situacion
inicial de Scheler con la
de Husserl en las que describe como H se encuentra
rodeado del universo.
(38)
Que veto no opondria
a esa afirmacion
de Landsberg,
la ultima
filosoHa
de
Nietzsche,
que se dedara
en la patetica altemaneia
de la vida individual
y de la vida coso
mica y que Ie hicieran
avanzar
al hallazgo
de las influencias
ancestrales
y sentir
el
pensamiento
en Ia proximidad
de 10 cosmico, "ya en Ia perspectiva
propia y nueva de un
ser mas grande que n050tr05 pero de la misma especie"!
(39)
EI texto frances mirado por Zubiri usa el termino sensual (no sensible),
que
aparece
en el pasaje.
(40)
Por nuestra parte, no creemos que Scheler sienta mas que Nietzscbe
la relacion
con eI cosmos. Tampoco es un problema urgente para Comte.
(41)
Acaso porque es el suyo el punto de vista del creador,
no del gnoseologo.

�comprender mal la esencia del acto filosofico, diciendo que la filosofia
de Scheler expresa esta situacion. El no seria un filosofo, dice, si esta
situacion no implicara la necesidad de trascendencia, si esta situacion
no Ie fuera intolerable. En el origen de una filosofia, hay siempre
una situacion intolerable (el faut en sortir). No se filosofa para pasar
el tiempo. Sin una verdadera necesidad, el espiritu no se pone en movimiento. Para Nietzsche, es la necesidad de conocer a este mismo
Dios que ilia por la vida de su alma como una tempestad, el hecho de
sentirle tan proximo sin poder alcanzarlo. ("Quiero conocerte, Desconocido. Tu, que conmueves la profundidad de mi alma, que recorres
mi vida. Lo inasible, mi afin") (42). Lo intolerable para Scheler es
la falta de orden; el busca el Lugar del hombre en el cosmos; su problema central, que manifiesta aqui su originalidad y su autenticidad;
pero situarse en el cosmos importa encontrar su posicion en el. Scheler
busca, instaura el orden. El relativismo del mundo moderno se Ie aparece como caotico; quiere trascenderlo; buscar un punto de vista absoluto que 10 ordene (no relativo); de donde la necesidad, en eI, de
un pensamiento. "Su pensamiento trabaja siempre sobre una riqueza
dada, deseoso de hallar un orden, temeroso de naufragar en el caos.
El ordo amoris; el acto que situa en el todo y jerarquiza los seres, es
de raiz amorosa (43).

J. Simmel (Melanges de philosophie relativiste) ha comprendido
mejor que otros las influencias que se ejercen al traves de las edades.
Tiene un sentimiento muy complejo de las fluctuaciones, de las variaciones del pensamiento original; sabe, intuye mas, el vinculo
existente entre la parte formulada de los sistemas y el fondo de inquietud y problematismo que manifiestan; no ignora los contrastes,
las alternativas, y sabe que hay un orden, una ley de simetria que
acentua su coherencia, y que es preciso considerar la existencia de
fuerzas desde las que mejor se advierte el orden introdncido, pues,
para el, el modo de la vida es barbaro, boreal. Sagaz, enseiia que hay
filosofos que dan poco para 10 expositivo (44), que otros entran mas
en la conexion sistematica, y presiente, tambien, el valor de las experiencias individuales. Es asi, pues, consciente de su variedad; e]
mismo ha declarado que la filosofia, formula que tambien encontramos en Chestov, es un pensar sin presupuestos previos (45); esta,
diriamos, a punto de destacar la singularidad de las experiencias fi10sOficas,y, en consecuencia, proximo a la afirmacion de que, mas alIa
del fondo de ideas elucidables, algo suhyace, oculto; pero, de pronto,
ese punto de vista parece perderse, cuando destaca el valor, mas alla
(42)
EI poema puede leerse en A. Quinot,
Pages mystiques de F. Nietzsche
(Ed.
R. Laffont, 1945), pogs. 48·49 y en el articulo de Landsberg
sobre Nietzsche publica do en
el tomo XLVIII
(1935) de Revista de Occidente.
(43)
EI amor instaura
la jerarquia,
establece la diferencia,
los rangos.
Cabria pre·
gun tar si a una profundidad
mayor, el amor, al individualizar,
al abrazarse a Ia indivi·
dualidad,
no borra la jerarquia.
"EI paso inquebrantable
del 'Imor borra las jerarquias".
(Figuras de la evasi"n, del autor. (Ya insistiremos sobre otros aspectos de este trabajo).
(44)
Dice eso de Nietzsche.
(45)
Comienzo de su ensayo sobre Esencia de la filosofia.

�de la experiencia individual, de 10 tipico en filosofia; cuando dice que
no hay tantas filosofias como filosofos haya, sino que, el mimero de
ideas originales (46) que determina la manera de encarar el mund~
result a segun eI muy restringido, con 10 que lograni asi introducir una
cierta coherencia que supera la existencia de aquellas singularidades;
mas Simmel busca otro modo de abandonar la singularidad de las
experiencias filosOficas, ensayando un pasaje llacia la generalidad,
cuando sugiere que los motivos, siempre los mismos, actuan en el curso
de la historia; se dividen, se unen, reaparecen los matices mas diversos,
revistiendo las form as mas cambiantes, pero su numero no aumenta
liaS que con una extrema lentitud. Texto que seiiala la atencion que
el autor ha presta do, aun en el seno de 10 tipico, alas experiencias
individuales que se insinuan; pero esos matices desaparecen ante afir·
, maciones segun las que no es la individualidad como tal, (el temperamento, el destino, el medio), ni el saber objetivo, la fuente de
productividad filosofica; (notese, para el, ni 10 historico como tal, ni
la personalidad como tal constituyen las raices de la filosofia) ; pues,
hay un tercer reino, un dominio de 10 tipico en la mentalidad humana,
desde el cual la filosofia surge y se manifiesta. Este reino de 10 tipico
repetimos, no coincide con el caracter en tanto que realidad particular,
ni con ninguna cosa objetiva independiente de los hombres y de su
vida; se manifiesta en nosotros bajo forma de energias mentales que
seran caracterizadas por el, y que, por esto, no se limitarian a copiar
una objetividad que se presentaria a nosotros (47). Lo tipico es una
especie de verdad, de orden general, que se halla en nosotros; como
si un pensamiento emergiera de un fondo comun que por si mismo
justificaria su contenido. EI punto de vista de Simmel parece superar
la limitacion de los anteriores; rectifica el alcance de aquellas explicaciones que solo comprenden la filosofia como sistema de ideas y
bajo el indice dc la historia; parece reconocer variedad de matices
dentro de las experiencias filosOficas mismas; pero el sentido que
asigna a 10 tipico 10 separaria dc los pensadores que, como Bergson
o Chestov, solo reconocen el reino de la individualidad profunda (zona
de la creacion y del espiritu) como zona de la que puede irrumpir
la experiencia filosOfica.
A. N. Whitchead (Modos de pensamiento), en cambio, para quien
la filosofia es pariente de la poesia y es tambien mistica, en cuanto
"el misticismo es la intuicion directa de profundidades no expre·
sadas", destaca much as veces ese fondo no elucidado. Asi dice: "que
ningun filosofo se halla satisfecho con el acuerdo de las personas sensatas, 10 mismo si se trata de sus colegas que de su propia personalidad
anterior". "Acomete, agrega; asalta, los llmites de la finitud", 0 cuando
(46)
Se ve bien, pues, que Simmel piensa y caracteriza
el complejo
de Ia filosofia
desde Ia idea.
(47)
Un principio
de variacion
y un problema
pues, aqui comienza
a reconocerse,
Peto Simmel no avanZ3,
pierde Ia singularidad;
el dominio
de 10 tipico prevalece
en 8US.
consideraciones.
(Sobre como el mismo Simmel supera su punlO de vista, vease el articulode B. Groethnysen,
Int. al pensamiento /iloso/ieo aleman).
-

�nos ensena «que es un prejuicio creer que la humanidad ha concebido
conscientemente las ideas aplicables a su experiencia», 0, "que la tarea
de la filosofia debe ser desembarazarse de la mentalidad antigua en 10
que respecta a la concepcion de la importancia y alas cuestiones de
hecho", y, ya en texto explicito, "que los filosofos alcanzan intuiciones
que estan mas alIa del lenguaje". Sin dud a este autor no alude direc·
tamente al tema que venimos planteando; no se situ a en ese punto
de vista, frecuente a los historiadores de la filosofia; pero en su con·
cepcion 10 supera de continuo; y estos asertos son la prueba de que
hay tipos de pensamiento, para el muy importantes, que escapan a la
consideracion historica, oscuros, y que no autorizarian la idea de
continuidad de las experiencias filosOficas, ni el proposito que inspira
a la exegesis de hallar la unidad del proceso historico de la filosofia.
En paginas penetrantes (48) destaca Leon Robin cuan compleja
y delicada es la tarea del historiador de la filosofia; pues, debe simpatizar con una forma de pensamiento que no es la suya, adoptar una
actitud anacronica que cn su fuero interior el reprobaria, declarar,
mantener el rigor y la minucia de la critica, realizando un esfuerzo
leal para despojarse de sus opiniones personales a fin de exponer las
ajenas. Tareas, estas, que se suponen y complementan. Pero el suo
puesto mayor -el requerimientopara intcrpretar la historia de la
filosofia, es el de el ser filosofo. Si esta exigcncia no se cumple, la otra,
puramente material, puede resultar esteril. EI estudio del documento
apocrifo, el desculn'imiento de interpolaciones, la lectura viciosa, per·
turban la marcha de las ideas y ofuscan la claridad de los analisis,
y, sin una experiencia de orden filosOfico, no es posible dar en la
imagen perdida de los filosofos; porque, no ya tratandose de Socrates,
(que no ha escrito), aun en el caso de filosofos escritores cuya obra
ha lIegado hasta nosotros, se nos plantea el problema de la interpre·
tacion de sus filosofias, la necesidad de descubrir sus ideas principales.
Veremos, al ocuparnos de la filosofia de Bergson, dentro de que
limites labora la exegesis; mas que la interpretacion filologica, la que
indaga la historia de la filosofia, aquella que va a la busca del pen.samiento de un filOsofo (en muchos casos, del pensamiento perdido).
No hablamos ahora asignando a estas expresiones aquel sentido hermetico de saber incomunicable de que nos habla Platon en la
Carta VII; pero, sin una cierta experiencia de orden filosOfico, la exe·
gesis ni siquiera descubre las huellas que pueden rastrearse material·
mente; menos ha de dar con el pensamiento no pensante; menos
advertir aquella zona en que roza con 10 inenunciable, 0 esta en su
ambito, ligado a 10 desconocido, a la surgente de fuerzas que deter·
minan la expresion 0 el silencio ("consigo mismo en 10 absoluto").
Bergson, en la Intuition Philosophique,
ha mostrado las dificultades
Soc.

(48)
L. ROBIN, Histoire et legellde de la philo sophie
Frau~. de philosophie,
Anuee 1936, N.o 3).

(Rev.

phil.

1935, y Bull.

de la

�que existen para dar con la verdadera imagen de un filosofo; cuando
descubrimos "la oscuridad real de 10 que habiamos juzgado claro; la
complejidad real de 10 que habiamos creido distinto" (49). En el caso,
nada mas dificil que encontrar el alma de una doctrina; pero a ella
podemos aproximarnos, si alcanzamos la imagen mediadora, -"imagen
todavia material en cuanto se deja ver,- todavia espiritu en que no
Be deja tocar"-, fantasma que nos atrae y hechiza, que se dibuja en
el espiritu del inter prete a medida que avanza en el estudio de la obra
y que autoriza la distincion de la intuicion original y el espiritu de la
doctrina, que es 10 mas concreto en la intuicion y 10 mas preciso en
el sistema" (50). Expresada en conceptos no nos dara noticia cabal
de un pensador; pero podemos ascender hacia el punto central y advertir como, desde este centro de fuerzas inaccesibles y espontaneas, las
tesis y doctrinas acaban por llevar al centro delicado de una filosofia.
Hemos hablado de la complejidad real del pensamiento; los historiadores y los interpretes, suelen creer que la indiferenciacion del
pensamiento humano se da en los estadios precientificos, en donde
se confunden 10 moral, 10 teologico, 10 poetico, mal distinguidos con
10 que podria ser puramente filosOfico. Sin duda es posible realizar
la distincion de cada uno de estos actos, particularizarlos, descubrir
sus caracteristicas singulares; pero esto, a su vez, sup one el empleo
de energias filosOficas, y una conciencia tenaz de las distinciones;
supone la experiencia filosofica misma. Pero quiero senalar ahora el
error de creer que existe un solo orden, el primitivo, de confusion;
porque, hay otro orden; no primitivo, sino elaborado, mas profundo;
y, tambien, mas confuso. Ya como resultado de investigaciones, las ideas
claras, much as de ellas, importan detenciones del esfuerzo, habitos
constituidos, enclavados en la zona misma de la inteligencia y del
analisis (apariencias verb ales de solucion, 0 de problema), y esas ideas
deben ser consideradas nociones ya pensadas; en cierto modo oscuridades familiares, limites que se oponen a la labor de la inteleccion.
"
0 podria decirse que la filosofia cesa donde la claridad comienza,
porque una cierta claridad comienza con la filosofia, pero puede afirmarse al menos que, alli donde la claridad dura y no se ha interrumpido, la filosofia no ha comenzado" (51). Sin duda mientras nos
mantenemos en la oscuridad y en 10 profundo, puede haber comenzado
la filosofia; pero tenemos la ventaja de permanecer ligados a la die
ficultad, sin idealizarla, "sin olvidar el limite de opacidad" que podria
excitarnos, y mover el pensamiento y dar comienzo alas actuaciones
que llevaran mas tarde al analisis, mientras que, si el pensador permanece en la esfera de las ideas claras y distintas, perdiendo sus con·
tactos con la materia inempleada del cosmos (52), la filosofia ha IIp.
ser imposible y no podra comenzar.
(49)
(50)
(51)
(52)

CHESTERTON,

ROBERT

BROWNING.

H. BERGSON, Intuition
philosophique.
Ha dicho J. LAGNEAU.
0 si ignora U olvida Ios grados de abstraccion.

�Pero es que los actos y movimientos humanos mas hondos, provocan la confusion de 10 etico, estetico, religioso. La confusion
de maneras, la confusion de imagenes con aquellas fuerzas que las
trascendieron; la confusion de pensamientos ideales que quisieron
hacerse pensamientos infinitos; y un proposito expresivo, que lIeva a
la forma, y un movimiento de las almas, que lIeva a desbordarlas, para
alcanzar la larga cohesion de la materia de 10 pensado y de 10 sonado;
en el deseo mistico de los pasajes invisibles y continuos y de la polaridad de los esfuerzos, de 10 consciente a 10 inconsciente, de 10
involuntario a 10 voluntario; el empleo, la determinacion humana,
acaso de orden volitivo, de ensayar el espiritu; las sintesis, en fin de
elementos desconocidos y la necesidad de pensar el pensamiento con
to do el pensamiento. La comprension de la filosofia -de toda filosofia- importa, nos parece, el haber intuido estas dificultades, las
dificultades y complejos de este orden que son, segun creemos, los
supuestos de todo filosofar y las condiciones mismas de toda experiencia ... Pero la historia de la filosofia nos da todo en su limite, supone demasiado la continuidad de las ideas y de los sistemas; piensa
las ideas en cuanto fueron expresadas; piensa los sistemas en aquella
{ormulacion material, legible, en que se nos comuniean a nosotros, en
la letra, materializados en la idea; pero nada mas dificil que aprender
a leer los germenes (53) ; y ya Nietzsche nos enseiiaba el enlace que
existe entre la filosofia y la gramatica; pero, no todos los sistemas y
las ideas; mas bien pueden considerarse como detenciones del esfuerzo
del pensamiento, como las postreras manifestaciones de sus impulsos;
como el limite externo y formal, que se desenvuelve en dos sentidos:
subjetivamente, hacia el alma del creador que debemos intuir, pOl·que
esas ideas tuvieron su raiz en la psiquis de un hombre, y esa psiquis,
de algun modo, estuvo ligada a 10 deseonocido, y al todo, y a una
experiencia historiea; objetivamente, en la serie de prolongaciones,
de revestimientos que esas mismas ideas han tenido al traves de la
interpretacion, y que suele importar el alejamiento del inter prete.

Ahora, que, en la historia de la fi1osofia, nos pareee, no se trata
solo de una interpretacion de doetrinas y de sistemas; de deseubrir
la filiacion de las ideas filosOfieas, la continuidad 0 la discontinuidad
de los pensamientos de los hombres; mas alIa de las ideas y de los
sistemas, buseamos el eontaeto eon un espiritu profundo; a su vez
ligado a 10 d'esconocido, a afinidades misteriosas (54). No eomprendemos generalmente que nos lIeva al proposito de deseifrar el secreto
de la existeneia de un alma; no solo queremos conoeer; se diria, que,
mas alIa de estas condiciones y propositos que inform an la psiquis de
algunos investigadores, mueve a otros un intento, no facilmente descriptible, de hallar la figura perdida de un hombre, de dar en el des(53)
Sobre la idea de germen lankelevicb,
Koyre, Wahl. Antes Novalis, antes Boebme.
(54)
Los honlbres
huscan,
se buscan;
buscan
Ia relacion,
el vinculo;
realizan
Ia
exploracion
fraternal hacia el mundo de 10s objetos; quieren despertar fuerz3S creadoras ...

�cubrimiento de las fuerzas mas delicadas y plasticas que determinaron
su orientacion, que fueron la causa de su mensaje 0 de su silencio;
nos mueve algo mas que una razon historica, y, a veces, una exigencia
nuestra de hallar el extasis total del alma ajena, 0 de estimularnos, y
excitarnos al exigir el proceso de vivificacion nuestra, capaz de autorizar
su comprension (55). POl' 10 mismo, nos parece que hubiera sido muy
conveniente destacar estas intenciones no advertidas: el acto de salvar
en nuestra memoria y en nuestro pensamiento la figura y doctrina de
un pensador que se perdia y de hallar su relacion con el misterio. En
las consideraciones de Robin -a este respecto Lagneau es mas profun do- se destaca el valor de los ensayos filosOficos; pero no se declara bien que el alcance de estas imagenes que la iuterpretacion
construye depende, en ultima instancia -y la necesidad de verdad
con respecto a ellas- de una experiencia mas que el interprete tiene
en cuanto es capaz de intuir el alma de otro, y sus vinculos. La inten·
cion, en el historiador de la filosofia, va al hallazgo de ese elemento
que no esta nunca en la exposicion de un autor, en el sistema; menos
en el interprete, ni en las condiciones aquellas que constituyeron el
ambiente en que Ie tocara vivir y que, a veces, es la realidad perdida
del filosofo; sino en algo que las trasciende y que es la causa de que
su filosofia superponga explicacion a explicacion, teoria a teoria, en
una sucesion de imagenes que declaran la dificultad que tiene el pensador para poner en la claridad 10 que pugna en el fondo de su pensamiento. Los interpretes pueden (?) seiialar donde la filosofia termina (y, entonces, la historia es posible) ; pero no pueden (?) intuir
donde la filosofia comienza, en que punto la critica es participacion
en un secreto de existencia, 0 de verdad, 0 de creacion...
0 de impotencia y desespero del pensamiento en la soledad y en el silencio.

Temas estos que aproximan a los planteos singulares, que ha destacado Bergson (La pensee et le mouvant) en sus ensayos acerca de
la intuici6ln filosofica; sin olvidar los valiosos trabajos de Guyau
(Prologo a la Moral de Epicuro y el analisis de Lagneau). Aunque el
primero se orienta en la direccion intuitiva y estos en la reflexiva,
llegan al atisbo de maneras nuevas de interpretacion. Para decirlo
ahora de una manera muy libre: acaso contrastando con las explica.
ciones y esfuerzos de la tradicion que citamos y que remonta a
Aristoteles, y recusandola, Bergson parece reducir el alcance de las
influencias de medio y de ambiente y de la tradicion filosOfica en
general (nos parece que prescinde demasiado de la accion de la fata·
lidad y del destino y de la trama historica, y de la influencia de esta
sobre las aImas), y en cambio seiiala la existencia de una esfera que
la inteleccion no alcanza y que a la intuicion se revela. Notas todas
que han indicado la presencia de una serie de cuestiones que ponen
a la exegesis mas aguda, y que han llevado a la sospecha de que aquella

�conexion sistematica que la filosofia descubre, y que solo hace percibir
la continuidad de los temas (Hegel (56), Windelband, Dilthey), 0 la
fecundidad de las ideas y la distincion de 10 erroneo 0 de 10 verdadero
(Russell), 0 las posiciones de un Sainte-Beuve 0 de un Taine, no se
harian enteramente cargo de la complejidad de estos hechos, ni percibirian, ni distinguirian sistema filosofico y experiencia filosofica, sin
avanzar tampoco a una elucidacion del acto filosofico. Seria ficticia
la relacion establecida entre las ideas y los conceptos que manipula
la historia de la filosofia. La experiencia filosOfica es una experiencia
en profundidad; convirtiendo nuestra atencion en el proceso horizontal de la marcha de las ideas y de la conexion de los sistemas que
la historia de la filosofia descubre, nunca podremos intuir la significacion, la imagen postrera de una filosofia; los desasosicgos, los
tanteos, y aquel contacto que nos hace hallar el principio activo de
la vida, y las latencias y los germenes primeros e impalpables que
tram an la historia de las almas y que enriquecen y ahondan, pero
que no puede ser arrebatada pOl' el movimiento de la historia, ni pOl
la atencion que la exegesis Ie dispensa, y a los que debe prestarse la
mayor atencion. Ese momento seria inefable. Las sutilezas de la razon
no captan esas imagenes que se desvanecen, que estan entre el ser y el
no ser, a las que la concrecion formal no alcanzaria.

Ideas 0 grupos de ideas, pues, que vienen actuando en la interpretacion y que sugieren la sospecha de que las imagenes tiltimas de
la filosofia se nos pierden, 0 que es dificil hallar la claridad de que
habla Lagneau. De eso sabe solo el filosofo, de eso solo aprenderia
el discipulo que, desarrollandose en el sentido de la personalidad, da
los primeros pasos en la experiencia y advicrte el alcance de las
otras intuiciones. De eso poco sabe el interprete; la filosofia, cl csfuerzo del filosofar, requieren el uso de la pcrsonalidad, enseiia
Bergson. Lo que no quiere decir, de ninguna manera, que debe
desecharse el estudio de las ideas y de los sistemas de ideas que la
tradicion filosOfica repite y transmite; que no deba estudiarse la serie
de antecedentes, biograficos (biologicos y psicologicos) (57), ni prescindirse del estudio del sistema, de las estructuras que 10 componen;
pero estos deben ser utilizados a modo de inuigenes intermediarias de
una experiencia
a la que es preciso trasladarse, y que es preciso
suscitar, para comprender 0 intuir la situacion original de aquellos
contenidos que nos interesan en la experiencia de un pensador y que
suelcn estar mas alIa del lenguaje. Asi pues, la idea ultima de la filosofia (~es su contenido?) no se elucida. Parece ser este a veces, el pensamiento de Bergson cuando con energia subraya: nous savons fort peu
(56)
Para la altisima
autoridad
fiesta. Pero en eslas notas se advierten
(57)
Interesa
mucho la posicion
(introduccion),
Etudes d'histoire
de la
toire de 10 philosophie).
W. Windelband
que debe proponerse
la historia de la

de Hegel toda filosofia
es revelada,
publica,
mani·
otros modos de pensar.
de Boutroux
en Etudes d'histoire
de 10 philosophie
philosophie
allemallde
(Zeller
et so theorie de l'his(op. cit.) especifica muy bien algunos de los fiues
filosofia.

�de chose de notre pouvoir createur (58) y que corrobora una vez
mas la enseiianza de Novalis, segun la cual "las operaciones del genio
son indescriptibles". Las operaciones del genio son indescriptibles, e
indescriptible el acto que hace comparecer ante si el universo, y 10
que piensa el hombre es revelacion, en el lenguaje, de cosas ignoradas,
y sus mas hondos pensamientos habrian sido, siempre, pensamientos
no pens antes ...

Asi pues una cuestion de alto interes es la de distinguir, en filosofia, la parte no elucidada del pensamiento. En este sentido hay
pensadores que tienen una zona oscura, 0 una reserva critica, en donde
el misterio actua y excita (estos pensadores, no pueden generalmente
ser elucidados; pero suelen ser fuentes de filosofia, en el sentido que
Wahl ha declarado; a veces no son sistematicos). Y, otros, que no solo
t'evelan, sino que dan casi todo para 10 expositivo; a veces ellos mismos se ponen en la historia (59), ellos mismos situ an sus ideas en la
conexion sistematica (real 0 ficticia), que autoriza la comprension.
En Comte no hay aquella zona, en el sentido de 10 genial; en el
sentido, pOl' ejemplo, en que no puede elucidarse el pensamiento de
Socrates ("este desarrollo no puede ser concebido") , 0 el pensamiento
de Nietzsche; Comte puede elucidarse, el mismo se ha elucidado; en
Comte hay ocultacion, pero esta viene de 10 omitido, de 10 eludido;
mientras que, en aquellos 10 omitido tiene consecuencias para los pensadores, los profundiza, a Comte 10 limita, y es dificultad de pensar
la realidad que 10 estimula (60).

Es preciso cuidar, sobre todo en las primeras lecturas, casi siempre insuficientes, cuando no hemos logrado las notas de un pensamiento magistral, el que no estemos pensando efectos de la obra en
las limitaciones nuestras, en las primeras asociaciones nuestras. Da
siempre mucho trabajo intuir la manera, la forma, el caracter de un
pensamiento original. Aun las obras superficiales, y las malas, y los
(58)
En Nietzsche
aparece
la idea de secreto
(teme
ser comprendido);
pero man,·
tiene una lucidez que causa pavor; en cuaoLo critico y en cuaolo creador conace sabe e]
movimiento
total de 13 encarnacion.
(59)
Muchas veces los mismos pcnsadores
suelen actuar a manera de expositores
y de
criticos
de sus propias obrss; mas alHi de aquellos
trances geniales,
de creacion, cuando
abundan los momentos
intensos de reflexi6n
y de sobreexcitaci6n
analitiea
y de suscitacion
de forma, se insinua en elIos un esfuerzo para ser atendidos;
en rcalidad,
un esfuerzo expositivo, en que comienza la esfera de 10 pedag6gico,
a veces una clarificacion
de las ideas, a
veces eI deseo de gloria, a veces el Lemor de ser olvidados.
(60)
Por 10 mismo no Ioeron en Comte muy poderosas Ias exigencias
artlstieas;
Ia neee·
sidad de forma;
rompe los vinculos con 10 desconocido.
No hay alii el misterio,
sino su
perdida;
pero el Dunea percibe las eonseeuencias
de esa omision.
Precisaria
distinguir
pensamiento
elucidado,
pensamiento
no elucidado
(por agravacion,
hondura)
y pensamiento
oscuro, en el que no pensamos, y que no integra Ia sustancia de Ia idea 0 de Ias reflexiones,
y realidad amitida, no atendida
por los poderes de la atencion.
En Comte hay pensamiento
explicito;
hay sistema;
hay omisi6n,
y, en algon senti do, faIta siempre 10 prof undo y 10
concreto,
y la claridad,
mas no aquella que ilumina los objctos de que se habla en el texto,
de Lagneau.

eI

�auto res, no muy ricos, dan un inmenso trabajo para ser comprendidos.
Mucho mas los geniales, que suelen no ser comprendidos por indes·
criptibles; 0 es silenciosa alli la marcha de las intelecciones, 0 son
inesperadas las sintesis que logran sus experiencias en la trama del
azar, de la historia, del destino. Pero los pens adores de segunda clase
(en realidad cualquier hombre), tampoco, parece, pueden ser descrip.
tibles. Aqui, por otro tipo de confusion, de hiatus, de perdida de 10
concreto, de faha de garantia en las intelecciones y en la critic a, de
debilitamiento de la razon, 10 que corresponde, es no hacerlas coin·
cidir con nuestras asociaciones 0 con nuestros prejuicios. Sorprendia
a Pascal la diferencia de los hombres. Cuando se tiene experiencia
filosOfica, sorprende, en verdad, la singularidad de las honduras indio
viduales; las causas, distintas, de la claridad; de la oscuridad; de la
confusion; y, como etica, como actitud, debemos proponernos realizar
cl proceso intimo, revelador, 0 la preparacion regular y lenta que
vigoriza el pensamiento y que no soslaya la dificuhad. Ni el amor,
ni la critic a, ni la originalidad, pueden ser superados.
NACIMIENTO Y DESAPARICION DE LOS
ESQUEMAS EXPOSITIVOS
Sorprende a los historiadores de la filosofia la variedad, la nqueza, la anarquia de los sistemas, como la constancia y semejanza de
las respuestas, ya que perdurarian eternos e invariables los enigmas,
desafiando a la razon humana (61). Al tener que estudiar a un determinado autor, pongamos, en el caso, a Augusto Comte, (,que metodo
seguir? (,Cual el modo seguro de avanzar en obra tan extensa para
hallar sus rasgos singulares, distintivos, 0 para reconocer la presencia
de los elaborados en el decurso del pensamiento humano? (62).

EI intento de exponer una doctrina (63), 0 de elucidar un pensamiento ajeno, genial 0 no, supone, en el inter prete, la posibilidad de
elementos comunes y, tambien, la construccion de esquemas, de fi·
guras mediadoras, que nos conduzcan hacia el pensamiento ori·
(61)
Un motivo ha sido sefielado por Kant en el eomienzo de Ia Critica de La razon
ULa razon tiene, en una especie de sus conocinlientos,
el destino particular de verse
acosada por cuestiones que no puede apartar,
pues Ie son propuestas
por Ia naturaleza
de Ia
razon misma, pero a )as que tampoco pucde contestar, porque superan Ias facultades
de In
razon humaua".
En Dilthey, Teoria de La concepcion del mundo, se asiste a Ia lucha por Ia
aEirmncion y perduracion
de los sistemas.
Otros analisis llevadan
a notal', dentro de ]3
formula
primitiva
de Ios problemas,
variaciones,
progresos
(Vaz Ferreira,
Prob. de La
libertad) y, aeaso, cambios en In manera de revelarse 108 enigmas, 0 en su forrouladen, 0 en
las actitudes humanas que Ias atienden.
Pocas veces se halla el paralelismo
de Ios problemas
y de Ias soluciones.
(62)
Los sistemas mas profundos
resultan
de actos creadores
extremadamente
distantes
unos de otros, dice Dilthey.
(63)
Por 10 que puede resultar
de alto interes
tratar
de representarse
el modo con·
tinno, sin division,
de su pensamiento,
13 manera total, organica, y antes de manifestarse,
de escindirse
en ideas unicas. (Recomendamos
el estndio
de Ios ensayos de Valery
sobre
Descartes y sobre Goethe (Variete IV). Al tratar de Descartes, Ia pagina concisa sabre La
pura:

�ginal (64). Casi nunc a se declara en terminos expresos, aunque suele
estar presente en los atisbos de los critimos mas avisados, el supuesto
de que ha de poder comprenderse el pensamiento ajeno, bien porque
hay notas empiricas comunes (historico-psicologicas) (65) que aproximarian hacia la experiencia del autor (66), bien porque existirian,
10 que suele escapar al analisis, semejanzas entre las personalidades,
acaso dadas a priori, 0 reveladas en la comunion "en don de ser, conocer y amar se vuelven sinonimos" (67), 0 por el caracter social de
la experiencia personal (68), 0 por el caracter social del lenguaje (69).
Supuestas la competencia, la capacidad critica, el interprete podria
&amp;vanzar hacia el conocimiento del pensamiento solitario del autor y
"evitar los religros mayores, aquellos en que incurre cierta concepcion
de la historia que podri:i llamarse de masas, que conduce a considerar
a estas mas que a los individuos y en los individuos mismos 10 que
desde fuera los caracteriza (70), y en el plano del pensamiento, a hacer
pluralidad de Descartes plausibles, no obstante ser Un autor claro, por definicion.

En estas
pagmas se reitera la idea de un pluralismo
de las filosofias;
10 que dice Valery es todavia
mas radical, pues advierte el pluralismo
en el autor y, tambien otro, a causa de 13 exegesis.
Mas energicamente
Nietzsche
eosena que un mismo texto tolera innumerables
exegesis, pues
no habria exegesis exacta. Acerca del secreto que envuelve a toda personalidad
y sobre como
se depositan sobre la imagen primitiva
de un grande bombre la metamodosis
insensible
que
cada generacion aporta con ells tomando conciencia
de esta imagen, vease Ernst Bertram,
Nietzsche, principalmente
pag. 15.
(64)
"Mais
des lors la plus haute
signification
de l'analyse
ne serait·elle
pas de
decouvrir sans cesse de plus precises justifications
du sentiment
qui Dons conduit a deviner
toujours, en deux pensees
que 1'0n nous pareotes, et que nOllS semblent en effet se reo
joindre
de plus
en plus,
l'indestructible
originalite
san laquelle
elles
seraint
l'une
et l'autre que l'ombre d'elles memes?" Sobre la medida en que es formulable
Huna pagina,
una vida", J. Baruzi, Prob. de hist. des religions, pags. 150·151.
(65)
Sobre el valor de esta, E. BouTRoux, Etudes d'histoire de la philosophie, {lntr.).
(66)
Labor que se facilitaria
porque
hay ya una parte que el autor construye.
Los
fil6sofos son, en ese sentido, expositores
de sus ideas. ElIos, "en la medida en que se sitlian
en una historia, hacen un Hamado alas interpretaciones
ulteriores,
como 10 senala G. Marcel

(Bull. de la Soc. fro de Philosophie, 1937, N.o 5).
(67) M. NedonceIle,
citado por Pradines
(Traite
(68) G. Marcel, Metaphysique de Royce, p. 180.

de Psychologie generale),

II

p.

579.

(69)
Este texto de Pradines,
olvida el matiz individual.
"Ce qui semble constitner
Ie
plus exactement Ie langage, c'est precisement
ce melange plus qu'etroit on pourrait dire
consubstantiel
que realisent
en lui les elements
de pensee et les elements
sociaux.
Le
langage est d'abord Ie propre
d'un ctre penetre,
imbibe jusque dans ses racines durch·
tradrankt
(Vierkandt)
d'une exigence
de communion
sociale,
puisqu'il
De veut pas
seulement
fsire connaitre
aux autres ses desirs et ses sentiments
qui souvent,
pour se
satisfaire, ont besoin de cette exteriorisation,
dont Ie dessein, par consequent,
D'a presque
jamais rien de vraiment desinteresse,
mais encore ses pensees, c'est it dire les relations
necessaires qu'il aper~oit ou qu'il soup~onne dans les chases et qui De perdraint rien, semble
- iI, it demeurer son bien propre;
mais l'homme ne peut se satisfaire
de cet isolement,
meme intellectuel:
il faut qu'il Hechange" jusqu'a "ses pen sees" et qu'il en eprouvre
Ie
valeur en les proposant
au controle de ses semblables".
M. Pradines
(Traite de psychologie
generale, I, p. 415). Vease E. Cassirer (Le langage et le monde des objets). Como abre e1
lenguaje la via para la participacion
y la simpatia hacia otro, requeriendo
el empleo de la
individualidad
y realizando
el pasaje hacia la universalidad.
Agrego sobre la comunicabilidad
de las experiencias
estos dos textos:
"Lo que vuelve tan doloroso
e1 acceso a la
comunion,
dice Berdiaeff,
es que las personas representsn
mundos diferentes
y misteriosos
que no se tocsn y entreabren mas que parcialmente.
Pero cuando ellos entrau en el mundo
espiritual,
se banan en una atmosfera fraternal que es el reino de Dios". Cinq. Meditations
sur l' exislence, p. 199. Sobre el problema de la expresion, su movimiento hacia 10 exterior
y como se dirige hacia algun Olro, y postula un espectador comprellsivo y susceptible
de
adivillar, vease E. Minkowski, Vers ulle cosmologie, p. 121 - 130.
(70)
J. BARUZI, op. cit. p. 151.

�que la reflexion sea una mera reflexion sobre la palabra que provoque
la sociabilizacion de la verdad (Bergson) y haga perder el canicter
singular de las experiencias.

Sin duda podrian hallarse y buscarse otras nuevas y distintas
definiciones de la filosofia. l Quien ha de negar la legitimidad del
intento de concchir la filosofia como historia, quien no ha de admitir
como legitimo el proposito que inspira la labor de un Dilthey (71),
y de un Comte (72), de pregunt.ar a la historia que es la filosofia?
Pero mas alla de las definiciones que se alcancen mediante el estudio
de los sistemas, en aquella conexion que los iJ.lterpretes perciben y que
el esfuerzo de los historiadores justifica, podria tambien definirse el
espiritu filosOfico "como un poder no vinculado con exclusividad a Los
grandes sistemas de ideas"; es decir, trasladarse, cada vez que tentamos
estudiar a un pensador, luego de realizadas las consideraciones biograficas y las conexiones que la historia revele entre las ideas, al destaque de las singularidades, de la novedad (73), Y de las derivaciones,
ampliaciones, rectificaciones criticas, que las personalidades traen.
Pues son estas, en definitiva, las que operan el sesgo nuevo; el afan
distintivo que las mueve, el intento de captar una nota mas honda de
la realidad, el enriquecimiento, la flexibilizacion de los habitos de
analisis, la avidez con que se pregunta acerca del valor de estas investigaciones, el mundo de relaciones que van encontrando entre los problemas (y el poder de transformar el mundo del pensamiento 0 el
mundo de la accion), viene, parece, en gran parte, mediante las per(71)
"Hay que preguntar
a la historia
que es Ia filosoHa. Nos muestra el cambio en
el objeto, Ias diferencias
en Ios metodos;
sola mente Ia funcion de Ia filosofia en Ia sociedad
humana y su cultura es 10 que persiste".
(Dilthey,
op. cit., p. 11). En Ia p. 112: "Histori.
cameute,
el espiritu
filosofico
es un poder universal
no vincula do con exclusividad
a Ios
grandes sistemas filosOficos". Sobre el canicter absolutamente
singular
de Ias filosofias, vease
Theorie des concept. du monde, (Trad. fro p. 172). Segun R. Aron (Essai sur le theorie de
l'histoire, 9· 113) Dilthey habda analiza do y discutido estas cuestiones:
si una filosofia es
ante todo Ia expresion
de una personalidad,
de una epoca, de un estado de Ias ciencias, 0 de
un momento
de Ia dialectica
filosOfica".
W. Windelband
(op. cit., p. 25) especifica
Ia
lahor del historiador.
En Ch. Andler,
en su obra sobre Nietzsche,
preciosas
ideas sohre Is
relacion
entre pensamiento
y obm (sintesis
en Ios prefacios).
Gnndolf
en Ia introduccion
a su ohra sobre Goethe.
(72)
Este texto por ejemplo de LEVY BRUHL· (La philosophie de A. Comte) si es valido
en 10 que a Cornte se refiere, no debe geueralizsrse.
"Tout systeme nouveau de philosophie,
queUe qu'en soit l'originalite
apparente, se rattache, par une filiation plus ou moins directe,
nux doctrines qui 1'ont precede. Mais il est lie aussi, d'une fa~on non moins etroite, quoique
moins
iumcdialement
evidente, a des con dictions plus generales. 11 est soliduire de tout un
clJ::;enlble de drconstal1ccs
sociales. L 'action des phenomenes
celigieux,
politiques,
econo.
miques, intellectuels,
du milieu
contemporain,
en un mot, sur ce systeme, cs aussi pen
doutesse que Ia sienne sur Iui. Ce n'est donc pas assez de l'etudier
comme un tout se suffisan!
Iui meme. Ce tout partiel
do it etre replace
daus l'ensemble
plus vaste qui seul en
explique les caracteres essentiels".
(73)
Tanto mas si el hombre
no se determins
concretamente
sino por Ia evolucion
imprevisible
de Is vida que solo seda accesible
al peusamiento
al traves
de Ias obras.
(R. Aron, op. cil., p. lOO). Bellamente
dice Dilthey
que hay en Ias personalidades
una
energia de lipo particular ("se sienten Iibres en la autonomia de su accion"). En 106 grandes
se advierte, mas alIa del intenlO critico (Ia reflexion
es creacion)
el de forma, y el pasaje
hacia la vivificacion
del pensamiento
el pasaje hacia Ia novedad (Uil s'agit avant tout
d'elever resprit jusqu'au niveau ou el jouira de son autonomie"
(Dilthey).

a

�sonalidades (74). En todo caso debemos cuidarnos de las exageraciones; ni exagerar la homogeneidad, que puede ser ficticia, ni desconocer la real, cuando la advirtamos; ni acusar tam poco las expresiones singulares. Si nos separamos mucho de la conexi on historic a en
que se nos ofrccen los sistemas, solo logramos "nociones provisionalmente orientadas" y, mas alIa de estas, no desestimar el pensamiento
cxcepcional y sin enlace, 0 de enlace dificil con la psiquis del pensador (75), 0 con los planteos y relaciones que la historia labra (76),
atendiendo igualmente a las ideas (emancipadas) que hayan alcanzado
significacion objetiva (77) y expresion singular inequivoca.

Estas consideraciones somer as, relativas a los procedimientos empleados y de cierta vigencia en la historia de la filosofia, suelen suponer
en los interpretes una conciencia, mas 0 menos lucida, tocante al valor
de los ideogramas, de las sistematizaciones, de la "composicion" que
ellos realizan (78), Y relativas a la genesis, a la conexion de los conceptos, al desarrollo dellenguaje (79). Acaso se recurre a ello, porque,
ninguna filosofia, ninguna obra humana puede ser comprendida en
su totalidad: las superficiales, sugerimos, desconciertan por faha de
base y referencia al centro real que estimula la especulacion; las mas
profundas, "tienen supuestos absolutamente indemostrables". Siempre
ha de resuhar dificil saber la relacion en que esta un pensador original
con respecto a una totalidad descdnocida; su pensamiento, expresado
(74)
Sobre eI valor de Ias iniciativas
individuales
Bergson,
Les deux sources, p. 251,
y eI comentario
de V. Jankelevich
(Revue de Metaphysique et de MOrale Janvier - Marx 193,
p. 110·11).
Destacado por J. Barnzi, Rech. philosophiques, 1933 - 34, p. 316. Vease J. Burckardt, Re/lexiones sobre historia universal (Sobre grandeza historica)_
(75)
Publica
un clamor, revel a una experiencia
bien honda, 1a posicion
que certilica
Ia obra de Leon Chestov, su 1ucha contra 1a historia,
su intento
de 1anzarse fuera de 10
concebible,
para indagar
eI valor de 1as evidencias,
que sefiala R. Bespa10ff.
(76)
Porque
ocurre,
en efecto, que 105 filosofos
ignoren
1a fecundidad,
1a hondura,
de 10 que han pensado, 0 que sean posibles olros sistemas de ideas, 0 que las conexiones
estab1ecidas no sean 1as unicas, ni Ias mas verdaderas.
EI criterio
de Ia c1aridad y de Ia
distinci6n
seria, aqui tamhien,
meramente
empirico.
Una ciencia
mas 3gil, instruida por
una experiencia
mas vasta y dispuesta
a admitir
1a complejidad
de 105 fen omen os, podria
hallar olras relaciones .. A medida que aplicamos puntos de vista mas ricos y mas variados
sobre el universo,
mas parece autorizada
Ia afirmaci6n
segun Ia cllal son muchas las vias
que pueden seguirse para el analisis.
(77)
Punto de vista sugerido
por J. SimmeI (Nietzsche y Schopenhauer)
(Prefacio).
(78)
A veces, como ocurre en eI caso de 105 fiI6sofos que no han escrito
(Socrates),
a veces, tambien,
porque es legitimo
el intenlo,
(rente a un fil6sofo,
de eiegir, de entre
la totalidad de sus manifeslaciones,
aquellas que den una conexi6n
de pensamiento
firme,
unitaria,
prescindiendo
de que en aquella
totalidad
queden
elementos
contradictorios,
dudosos, de significado
distinto.
Mas en 105 casos en que eI punto central
subjetivo
de nna
doctrina
coincide con el punto central de su significacion
objetiva.
Vease J. Simmei. Schopenhauer y Nietzsche, p. 7.
(79)
EI desarrollo
del Ienguaje,
que ya Novalis considera
como un producto
organico.
La palabra se forma por educaci6n,
por desenvolvimiento
y vivificaci6n
progresiva,
basta
tornaria
expresion
significativa
de Ia idea organizadora,
eI sistema de Ia filosofia.
(Sobre
el acabamiento progresivo del pensamiento en la palabra, vease eI notable articulo de E.
Cassirer, Le langage et Ie monde des objets [in Psychologie du langage, Paris, Alcan, 1933.]
En 1a p. 42, Ia referencia
a Kleist y eI comentario
del autor. Tamhien
sobre Ia identidad
de 1as front eras del pensamiento
y del 1enguaje,
Edgard
Poe, Marginalia (En Commerce,
Hiver MCMXXVII,
y Ia traduccion
y 1as apuntaciones
de P. Valery).

�en la palabra, con respecto al intento de enunciar; la relacion, tambien,
y desde luego, del interprete con respecto a aquellos otros momentos
de la genesis total de las doctrinas y de los pensamientos (80). Asi
pareceria que, de la consideracion de muchos puntos de vista, del
estudio de las maneras todas de la interpretacion, puede surgir una
vision mas completa y una conciencia mayor de las dificultades que
estos problemas importen.

Un grupo de escritores contemporaneos, al ocuparse de estos
intentos de describir el pensamiento humano, ha insistido en la necesidad de considerar 10 que podria haberse omitido, 10 que podria no
haberse pensado bien, 10 que, pOl' dificultad de expresion, podria no
quedar aludido, y 10 que se calla y 10 que se miente. Es muy defi·
ciente el conocimiento que ya podemos lograr. de los autores y suele
scr precaria la formulacion que ellos mismos hacen de su pensamiento (81). Ya Vaz Ferreira ensena el valor de 10 que se psiquea, y
de 10 que se expresa, con respecto al fondo de realidades que puedan
sin formulacion 0 sin enlace (82), y Chestov, en su libro Les con/ins
de fa vie (prefacio), destaca como se van constituyendo en habito, el
afan de exponer los pensamientos de una manera sistematica y coordinada, con menoscabo del pensamiento libre, y como una circuns·
tancia insignificante, el uso, la posicion de un vocablo pOl' ejemplo,
confiere al pensamiento un matiz de nitidez y de incertidumbre ilegitima, imprevista. POT 10 que conviene tanto realizar el estudio de
las relaciones entre el pensamiento y el lenguaje, hallar el valor de
los esquemas y el poder de formulacion de las palabras (el alcance
que estas van cobrando en la expresion y ordenacion de las ideas)
y su relacion con 10 no pensado, con el pensamiento debil, con 10
omitido. En este orden de ideas, vamos aproximando cada vez mas,
sino ala nocion de que no es elucidable un pensamiento filosOfico (83),
a la conciencia de que es preciso poneI' inmenso cuidado al formula l'
las experiencias propias y las ajenas (la parte de claridad que :fue
asignada) (84); sin olvidar, que, ni nosotros solemos pensar con en(80) "II se peut que ce qui nOllS fait juger qu'une page, une oeuvre, une vie, son
sans commune mesurc avec ce qui n'est pas elles ne soit pas toujours formulable".
J. Baruzi,
Op. cit. p. ISO. Se percibe la diferencia:
"On tronve rarement
un expose qui so it en meme
temps ce qui est expose".
(Kierkegaard,
Pour uu exameu de couscieuce) (Trad. P. H.
Tisseau) .
(81)
HEGEL afirma 10 contrario.
"Para Hegel, expone Wahl, la idea de una fuerza que
no se expresa, de un sentimiento
purameDlC interno, serian idolos de la imaginaci6n
romantica. Todo es publico, todo esta abierto, todo esta revelado".
V ease Phenomeuo1ogie de
l'esprit, Trad. J. Hyppolite,
y L. Chestov, Potestas elavium, p. 29L
(82)
"Je const3tai avec etonnemenl et perplexite
qu'en fin de compte on sacrifiait a
l' "idee" et au developpement
ce qui, justement avail plus de valeur, c'est . a dire In pen~ee
libre".
L. Cbestov.
(8'3) "Chez un grand philosophe
ce qui fait en partie sa valeur, c'est Ie fait qu'il ne
peut etre non plus completement
elucide". J. Wahl, Bull. de 10 Soc. Fr. de Philosophie, 1937.
(84)
Es claridad asignada por el interprete.
Como es oscuridad
que el inter prete pone.
S610 el crilico penetrante
hall a "Ia oscuridad
real en 10 que antes habiamos jl'zgado claro,
la complejidad
real en 10 que habia juzgado simple"
(Chesterton).

�tera claridad el fondo total que exponemos de un autor, ni el autor
suele haber expuesto el fondo total de ideas, con relacion acaso a la
vida insondada (85).
Sin duda la filosofia es, pOl' 10 menos, un esfuerzo para alcanzar una
representacion intelectual de la existencia (intento que la separa
de la religion y del arte) ; la inspira el designio de elucidarse ante la
propia conciencia; una fun cion de explicitaci6n pura, sin negar pOl' ello
que hay en toda verdadera filosofia una cierta creacion que es absolutamente fundamental (86); aunque nos parece que el auto I' que
expresa esta idea atiende menos al esfuerzo humano que vuelve a confundirla con la poesia, al requerir poderes de suscitacion, e imagenes (87) para representarse su desarrollo (88); pero, mas alIa de
estos hechos, no es facil decir que es propiamente la filosofia, determinar su contenido (si a la postre es un contenido) ; aunque nos parece que los autores olvidan que puede haber un pensamiento, un
espiritu filos6fico (Dilthey), una reflexion creadora (Lagneau), un
pensar directo (Vaz Ferreira), un pensamiento libre (Chestov), que
no se vincule directamente a los sistemas y doctrinas, ni siquiera a los
problemas; pensar, este, libre, que atiende alas dificultades que 10
suscitan, que busca sus estimulos; solitario; acaso sin arraigo en la
tradicion (89); y hay tambien, en otros, una labor de formacion, de
interpretacion de si mismo, pero que no prescinde del analisis; y una
como necesidad de sensibilizacion de la conciencia; y una intencion
para crear imagenes, para describir (si todo puede describirse, como
enseiia Novalis), para orden aI', para producir (90), ein faltar, en aI(85)
Poco sabemos de la genesis de las ideas al traves de la historia, y al traves de
las conciencias individuales,
y aun las mismas ideas se relacionan de modo diverso y pueden
ser pensadas en pIanos distintos.
Pero In historia
de Ia filosofia
amite, repetimos,
que,
oi el autor ha pensado con entera claridad 10 que expone, oi el critleO sabe In relaeion de
la idea con la existencia.
Ni siquiera
sabemos el origen
de La idea principal.
i. Donde
comienza? l Que garanlia de que el comenzar no oculta el fondo que Ia trasciende,
el adve·
nimiento mas hondo de otro proceso de realizacion
y de comienzo?
(86) Bull. de La Soc. Franc. de PhiLosoph ie, 1934, N.o 5.
(87)
"Dans chaque poete qui sait s'elever
un ideal de vie ou
une vue d'ensemble
du mande, bien que celte vue d'ensemble
ne s'exprime que par un ensemble d'images qu'il
propose a notre imagination,
on pent retrollver,
de l'avis general, une bonne portion
de
philosophe.
Car on decouvre en ce poete un effort pour prendre conscience
de la vie dans
sa totalite et son unite, dans son sens tout a fait universel,
et cet effort s'applique it apprebender et a soumettre a une reflexion
d'un degre superieur
toutes les manifestations
de Ia
vie. Aussi nait - on philosophe tout comme on nait poete; pour etre un veritable philosophe,
comme pour etre un vrai poete, iI faut du genie". Dilthey. Theorie des concep. du monde,
p. 42.
(88)
Aqui el problema radica en saber si la creacion es una mera promocion
individual
causada (engendrada)
en el proceso evolucionario,
una mediacion,
0 un acto original,
espontaneo de I. personalidad
espiritual;
acto indescriptible
segun Novalis, desconocido
(segun
Bergson).
Un elemento ultimo, el poder genial. La critica no podria superarlo;
Ia critica
aparece, se dida, como etapa anterior del proceso, no siempre imprescindible.
(89)
Meditese
en la peregrina cion al traves de las almas que atestigua
la ohra de
Chestov. Whitehead
dice que el filosofo acomete y as.lta los limites de la finitud.
Bergson
que la filosofia debe ser un esfuerzo para superar la condicion
human •. Tambien James se
fue aproximando
a la nocion de filosofla
mistica, y Simmei.
(90)
La force ordonnatrice
est antant une force creatrice que ne l'est la force purement
productrice,
ou plutot elle ne sont que les aspects differents
d'une seule et meme force".
Hugo Von Hofmannstahl.
Hommage a Balzac. La Revue Fran~aise. N.o 3, ano 27 de 1932.

a

P. 334.

a

�gunos, esa necesidad de contacto de que he hablado y desde el seno
de la cual irrumpe el acto creador (91), la enunciacion, que nos de
prueba de que pensamos la existencia, de que enunciamos la realidad,
de que no hemos pensado ellenguaje; de que vencimos los poderes de
la apariencia y sobrepujamos el espiritu malo del sistema.

Pero volviendonos a situar en las ideas expuestas, sinteticemos
nuestros esfuerzos en estas constancias: No habria, no seria posible
siquiera sospechar la naturaleza de un sistema filosOfico, sin plantear
previamente el problema de las relaciones entre las personalidades
creadoras y la exegesis, e instaurando, en lillO, el pasaje hacia la originalidad y hacia la experiencia vivaz; el viejo problema socnitico de
las relaciones entre el maestro y el discipulo (92), segUn el cual un
pensamiento verdaderamente filosOfico, lejos de ser esteril lleva en si
fuerza capaz de engendrar desarrollos suscitantes, como por una especie de contagio (Fedro, Banquete, Teeteto), que traslada al alma
ajena los germenes del pensamiento original (lla sustancia con que
se hacen las verdades de que habla Chestov?) para que en su ambito
puedan manifestarse las virtualidades de la experiencia propia. Suscitacion, esta, que ha puesto de nuevo en evidencia Bergson, al desarrollar la psicologia de la auscultacion (93), de la dilatacion· intelectual. Pero l como suscitar la experiencia de un alma solicitada en
la actividad de su pensamiento, atraida por inmimeras fuerzas de 10
accidental? (94). lComo intuir la sintesis de esos elementos? lComo
reconocer que hemos tocado y que podemos seguir la trama del azar,
de la historia, de la fatalidad, que, en los hondos telares de esas almas,
teje la vida, exacerba la inquietud racional y nos convoca, activos, en
los poderes de la reflexion, a veces en medio de los "frios horrores del
.extasis", a una actividad, penosa, sobrehumana? Descartariamos la
tesis exegetioa, no propiamente por desestimable; no porque sean de
poco auxilio sus ensefianzas, sino porque, por la limitacion del punto
(91)
Llevaria al descubrimiento
de 1a objelividad
rnda y plena, a 1a percepcion
de 1a
rcaIidad extramental;
al acto de comprender,
de penetrar, de construir,
de envolver el mundo
en e1 pensamiento
qne obsede a Balzac;
a1 ballazgo de 1a re1acion no dada por e1 pensa·
mien to, sino por otra casa, de Toistoi;
al descubrimiento,
en la fruicion
dionisiaca,
que
siente el contacto de otTO mundo, de Nietzsche.
(92)
Obras de Platon
y lenofonte.
1. P. Lausberg,
La academia platonica; S. Kier.
kegaard, Riens philosophiques (Gallimard);
B. Fondane
(En las rib eras del Isilo (Sur, 70).
Vease como distingue Marcel entre las obras que solo ejercitan nuestras categorias, y Ias que
nos enriquecen
y vivifican
(Journal metaphysique, p. 228). Aun para comprender
su his·
toria, seda necesario,
segun Dilthey,
partir del caracler viviente
del espiritu y vivir en
nosotros, 1a filosofia. Pero no podria concebirse
un progreso
real por e1 simple manejo de
[os conceptos,
cosena Bergson. Notas muy inLeresantes sobre "comprension
y conocimiento
viviente" en S. Frank, La connaisance et l'etre, pogs. 289·315).
(93)
Leer e1 magnifico comentarios
de 1. Barnzi (Rech. philosophiques, 1932-33, p. 304,
y en Deux sources, 1a p. 267).
(94)
En Comle e1 acto filosofico
instaura
el pasaie hacia 1a accion; no es nunca un
proceso de insercion
en el movimiento
total que avance al logro de la experiencia
ViV3Z,
al proceso integrador y creador (que ya omite y excluye, en su extenuacion,
no solo por
limitacion
previa).
Y, justamente
con relacion
al comtismo "lno podria uno preguntarse
si no habra tomado por conocimiento
relativo 10 que no es mas que conocimiento
disminuido,
estrechado,
compelido
a exteriorizarse
en accion antes de profundizarse
en pensamiento?"
(Bergson).

�de vista, construye el proceso ideologico, relaciona el ideogram a, pero
puede olvidar el vinculo de los conceptos con aquel fondo de realidad (95), "cuando las grandes personalidades se sienten lib res en la
autonomia de su accion", 0 "bajo la accion incesante del destino"
(Malraux). ;,Tendria, la voluntad, poderes de creatividad y de relacion, que nos alejaran de la abstraccion? (96). ;,La razon, podria
arrancarnos de aquel estado de detencion que el ideograma configura?
;,Presentiria el sentimiento el evenir de las cosas, "la experiencia que
confunde el ser y el conocer en su diversidad infinita", como parecen
enseiiar Bradley, Lagneau, Bergson, Whitehead? (97). Segun Bergson,
nada haria avanzar tanto en el conocimiento de la experiencia filos6fica como aquel proceso intuitivo, de hondisima palpitacion intelectual,
que nos arrebata en el centro de nuestra conciencia, nos agita en la
dolencia del esfuerzo (97) y nos transporta, y da la certidumbre de
hallarnos ante 10 real; hacia un punto en que se llega a la intensificacion maxima de nuestra inteleccion y analisis ("notre intuition est
refleti6n"), ya precisos y exactos los sentimientos en el raudal de su
presentacion; alIi donde la voluntad situa y desde donde la intuicion
adelanta sus pasos y atisba el movimiento de las revelaciones. Y que
sintesis, que poderes de sinceridad y de lealtad, que esfuerzo volitivo,
que pasion de verdad, que sentimiento de la forma, que inteligencia
del matiz se necesitan para mantenerse dejandose estimular por el
principio activo de la vida que nos alcanza y constriiie al acto creador!
Convocaria alIi pues, sus experiencias; dudas, quebrantos y fatigas
de la voluntad; el recuerdo de cosas en las que si hemos perdido coeficientes de realidad y de fuerza, nos ha quedado el vestigio de operaciones flexibles y ondulantes de la imaginacion, de insinuaciones plasticas y delicadas del ensueiio, de movimientos menos torpes de la
voluntad en la espontaneidad que la crea, y de hipotesis mas
imprevistas de la razon (99), ya mas advertida, en el afan de coincidir
y de captar los movimientos, la ondulacion de 10 real. Sobre esta zona,
solicitada el alma, palpitante, vivaz en la experiencia, opera la auscul(95)
No olvidaria
en verdad el acto filosOfico profundo
de la claridad
que el pensa·
miento manifiesta
(Hegel),
ni la capacidad
de volver las cosas transparentes
(Lagneau).
Hay, se dida, se percibe en nnos un movimiento
hacia Is inteligibilidad
como se halla en
Olros un vuelo, un movimiento
hacia 10 oscuro, con alternativas,
oscilaciones
de Is perso·
nalidad, en su dnelo con el destino, bajo su accion, bajo la accion de la naturaleza,
en el
vencimiento
de sus fuerzas, en el acto que haee soportable la vida, creando "animando,
con·
virtiendo
en sustancia propia 10 que de fuera recibe"
(Maine de Biran).
(96)
La voluntad parece condicionar
al esfuerzo intuitivo
que lleva a la concentracion
que bani posible el acto; ayuda al logro de 10 que ella no determina.
EI genio no est. alas
ordenes de la voluntad:
"Nous employons les actes qui sont en nous et dependent
de notre
volonte pour exciter des sentiments qui n'en dependent pas immediatament;
et ces sentiments
excites donnent it leur tour BUX scles volontaires
ou intelectuels
une energie et une constance
qu'ils n'suraient
pas en cux-memes".
(Maine de Biran, chado por Jean Wahl, Tableau. de
la philosophie
fro p. 115. Lease tambien el texto citado en la p. 111.
(97)
Bergson otorga al sentimiento
poderes de creatividad.
(Op. cil., p. 118). Cb. Andler
dice que en Nietzsche Ia emocion es inventiva.
(98)
La exposicion del acto de auscnltar
no se revela como acto puro de 10 intuicion;
la intuicion
es reflexion.
Sobre Ia idea de que aetna una inteligencia
inconsciente,
A. Spaier,
La pensee concrete y Pradines,
Traite de Phychologie
generale,
II, p'gs. 349-368.
(99)
"La razon, 0 sea la resultante
de todo 10 que bemos conocido basta un determinado
momento,
no es 10 que sera cuando conozeamos mas cosas". W. Blake.

�tacion, que hace sentir el ritmo de la vida y que nos revel a ante nosotros mismos, en este momento en que comprender es conquistar
(Blondel) y en que el esquema dinamico a seul la puissance de commenceme'nt, y el yo, la personalidad, actua como una fuerza y una
fuente de vida que va al encuentro del dato, a fin de comprenderlo (100). j Que ardor del alma, que atencion que ausculta, en el
proceso de vivificacion profunda de la personalidad (101) en la soberania de su poder, domefiando los contornos de 10 enorme, ya alzados,
conmovidos "en las profundidades poria corriente que arrastrara al
alma que cesar a de girar sobre si misma, escapando un instante a la
ley que quiere que la especie y el individuo se condicionen circularmente!" (Bergson).
Pero ese proceso, no funda, parece, la creencia de que hemos comprendido las filosofias. Ese momento de auscultacion en que desper.
tamos a la actividad filosOfica como discipulos (102), solo podria mantenernos en la contemplacion de 10 que los otros pensaron 0 sintieron;
paro el acto filosOfico impone, ademas, otro requerimiento; importa,
no ya imitar y repetir el alma ajena (103) sino avanzar hacia el esclarecimiento de 10 problematico en elIas, e importa, en el discipulo,
suscitarse . personalmente. lPero que motivos pueden producir ese
despertar? lSon acaso elucidables? lComo, entonces, el discipulo, en
el otro extremo del desarrollo, al dar los primeros pasos en la iniciacion, ha de penetrar en la profundidad magistral? Aqui se realiza
la prueba del alma, la de la experiencia propia, 10 que en el pensar
directo se revele (104). Fuera de este esfuerzo, de esa auscultacion,
de que hemos hablado, queda el estimulo, la reflexion en 10 propio;
!wcer, de lo que nos ocurre, la causa de nuestras reflexiones, de nuestras intelecciones; "pues solo las experiencias vividas se comprenden"
(00)
(01)

Vease ]ANKELEvITCH, Bergson, pags. 148-158.
En el limite
de contraccion,
mostrandonos
el sentido preciso
de Ia limitacion
que Ia vida aporta al pensamiento,
sefiala 105 puntos sobre 105 cuales debemos concentrar
nuestro esfueno
para escapar, para vencer esta limitacion.
H. Bergson (Vease Bull. de la
Soc. Fr. de Philosophie, mai 1901, p. 55). Bergson tiene razon cuando afirma que toda
accion profunda
del espiritu
requiere
el empleo de Ia personalidad,
Vease H. Hoffding,
La philosophic de Bergson, p. 148. Mueve al filosofo Ia certidumbre
de que toca el fondo
de Ias cosas, cuando desciende
a 10 mas profundo
del alma. J. SimmeI, Melanges de phi.
losophie relativiste, p. 299. Momento, por 10 demas fundamental.
La realidad
que entonces
se revels, conslrifie a hacer In prueha del alma; el objeto limitado, preciso, traza, inunda
y traza, con Iuz y cIaridad
propias,
el borizonte
del pensamiento.
(02)
Realizar
dos, acaso tres actos de penetracion,
de concentracion intensa: el primero para eaptar las vivencias en su unidad compleja 0 enlazadas lodavia a 10 sensible evoIucionario
(psicologico
e bistorico-sociaI);
eI segundo
tendiente
a lograr
la intuicion
directa del acto personal
en cuanto creador,
solitario y sustraido
del universo.
Y, luego, Ias
relaciones
que dependen,
en grado distinto,
de Ia productividad
positiva, de Ia pasividad
profunda, de Ia intervencion
de 105 motivos que provocan Ia sintesis de facultades,
en algunos
soberanas, de encarnacion,
de descripcion,
de creaci6n.
(03)
Ver MAX SCHELER, Naturaleza y formas de la simpatia. Una exposicion
concisa
de Ia situacion presente planteada
por el problema
de Ia simpatia en Traite de Phychologie
general de M. Pradines, p. 563, 588. (Destacamos Ias ideas de Ocbonine, y de Nedoncelle,
sobre Ia reciprocidad de las conciencias).
(04)
Acaso toda inteleccion
es parcial.
En eI ambito de Ia experiencia
propia
y de
los ahondamientos
propios, se van manifestando
las honduras imprevislas
de las atras almas
("como cadena de abismos")
(Rodo).

�(S. A. Kierkegaard). Sin duda siempre quedaremos a una inmensa
distancia del pensamiento magistral. Nuestras experiencias son los pri.
meros avisos de desarrollo; han supuesto y suponen el uso de la personalidad, son los esbozos reales de nuestros movimientos, y, luz 0 penumbra, senin la sustancia vertible de nuestros esquemas propios. (,Como
saber en efecto de las mas hondas experiencias de la vida, y de la
muerte, de un Buda, de un Platon, de un Plotino, de un Descartes, de
un Biran, de un Kant, de un Schopenhauer, de un Hegel? (,Como aIcanzar ese conocimiento de las almas, esa psicologia de la vacilacion, de
la agitacion misteriosa y concreta que atraviesa las almas en el transito
de la experiencia de la vida, en la demudacion arcana del pensamiento
desolado, de las decisiones, de los llama dos, de los retornos inauditos (105) y, en el otro extremo, para otros ejemplos, (,como descubrir,
como intuir el principio que liga las pausas y los movimientos totales,
y las alternativas y las recuperaciones, que se presienten en la obra
de un Goethe, de un Blake, de un Hegel, de un Nietzsche, de un
Bergson, de un Chestov? Tendemos a creer que nuestra experiencia
de discipulos quedara a una inmensa distancia de la magistral; que
no fue su profundidad de la vida 10 que pensamos 0 intuimos; no
podriamos autorizar que, experiencias expresadas en lenguajes distintos, sentidas y pensadas con honduras distintas, acaso en grados
distintos de evolucion de las almas,· puedan ser comprendidas; pero
sabemos si, que, solo al traves de ese centro sentido, desde ese momento
vivaz, podemos abrir el cauce a 10 elucidable y transportarnos, en alas
de la simpatia (106), discipulos, hacia el conocimiento de las almas
magistrales. Acaso la originalidad pro pia no percibe la originalidad
del alma ajena; acaso participa en ella, la interpreta y hace, con ella,
y con 10 suyo, la experiencia inalienable, y, aunque esto, parece, lievaria a un pluralismo de las filosofias y de la exegesis, aqui queremos
seiialar mas la tendencia, la direccion del esfuerzo hacia la comunion
que amplia nuestra alma, si originalmente ya no es comunion "del
ser, del amar, del conocer", lejos de aquella determinacion 0 cristalizacion, un poco ficticia, que nos hace aparecer ya como semejantes,
ya como distintas, las filosofias. Aunque sea poco, muy poco 10 que sabemos del alma de cada hombre, comprendemos y nos orientamos
hacia la hondura cierta que la autenticidad de la experiencia manifieste y que, en nuestra simpatia distante, pero no debilitada, como
un ambito que Ie hemos preparado, ensaya sus esquemas, "10 que su

(05)
Estremece,
por ejemplo,
este momento
del pensamiento
de Lequier:
"ereo
en
los retornos
inauditos,
en las compensaciones
miIagrosas.
Despues de todo hay los golpes
de Dios. Espero los golpes de Dios". La recherche d'une premiere verite, p. 35.
(106)
Los autares mismos no son conscienles de como se han farmada sus sistemas; ig·
noran su genesis; y si reciben caraclercs, notas que vienen del lenguaje,
de Ia historia, de
]3 sociedad,
tambien
compendian
experiencias,
sintesis
imprevis13s.
De Platon
recordemos
el testimonio
a que ya he aludido;
Schopenhauer,
seguu DiIthey,
declara
que su sistema
se ha forma do sin que Cl cohrara conciencia
de 8U genesis, en un acto unico. Y en cuaolo
a Hegel, sus mejores interpretes,
por ejemplo Jean Wahl, sahen percibir
en eI fondo de su
filosofia,
no obstante presentarse
esta como un encadenamjento
de conceptos,
"una especie
de intuici'&gt;n mistica y de calor afeetivo".
(Profundizar).

�palabra dice, si algo dice", el fondo de claridad y la sustancia de los
pensamientos con que otros pensaron su conocimiento de 10 desconocido ...
Esta constancia ahora, la que se refiere a la exegesis, ha de servirnos para situar mejor nuestro problema. Si, segUn estas dos enseuanzas, el acto profundo de auscultar y el acto de suscitacion personal,
no nos entregan, 0 no nos ponen en el cauce de las intelecciones mas
complejas 0 de las intuiciones mas abarcadoras, menos ha de lograr el
acto de la exegesis; nunca, desde cl ideogram a, desde la conexion de
los sistemas y de las doctrinas, podremos volver al principio activo de
fa vida y advertir, en las almas creadoras, la estimulacion del destino;
pero no es, repito, desestimable, el estudio de la biografia, de las bi·
bliografias, de 10 historico-filosOfico; ni carecen de valor aquellos
esfuerzos que tratan de establecer la conexion entre 108 problemas y
las soluciones; pero si filosofar es explicar (Lagneau), es describir
(Whitehead), si conocer es describir para reencontrar (Bachelard), es
tambien ponerse de nuevo en la vida, situarse en aquel centro que hace
el uso de la personalidad en su ascension tragica hacia el intimo
despertar y avanzar solitario (107). Creo, pOl' 10 mismo, que tendremos
que agradecer a Bergson, cuando nos describe la concentracion requerida para lograr la imagen original y simple de una filosofia; y cuando
nos enseiia que toda accion del espiritu profundo, "en el terreno intelectual como en cualesquiera otro, no puede llegar involuntariamente", sino al traves de una actividad personal, penosa, que nos
hace captar la continuidad de nuestra vida interior, y nos lleva hasta
las raices de nuestro ser, hacia el principio mismo de la vida general.
l Pero es perceptible el movimiento total de la existencia? l Son sensibles, para la interpretacion, las consecuencias que de la indescriptiliilidad de estas operaciones y de esta soledad derivarian? lEI mismo
movimiento que lleva a expresar, no es tambien secreta deseo de callar,
necesidad de contacto consigo mismo y, si voluntad de expresion y de
forma, tambien voluntad de silencio? (l08).

(07)
Es \IlUcho mas; es tambien insinuar
el pasaje hacia Ia critica;
el pasaje hacia
Ia explicacion y hacia Ia novedad;
hacia Ia profnndidad
del pensamiento
revelado (si todo es
puhlico y se revela, como piensa Hegel);
hacia el pensamiento
inconfesable
(Chestov);
hacia
el secreto, como parecen sugerir a veces
ietzsche y Kierkegaard;
bacia el pensamiento
centrado en el alma del autor (Pascal);
bacia Ia idea dominante,
absorbente
y ce"tro delicado (Lagneau);
elevando
el espiritu
h,sta el pla"o de su autonomia
(Dilthey);
bacia
aquella verdad para 51 por Is cual se vive 0 muere (Kierkegaard);
avanzando,
al traves de
las analogias, hacia el modo interior
de todo acto creador;
hacia Ia destruccion
del bombre
exterior y hacia el hombre interior que se renueva" (Biran);
0 siguiendo
el largo, penoso
camino de Ios becbos (Bergson),
y, ya en el planteo de Ia interpretacion
y de Ia exegesis,
atendiendo
a 10 omitido, alas
perdidas
(Minkowski);
a la vaga totalidad. (Whitehead);
tentando el estudio de Ios matices escondidos y oscuros que constituyen
10 que contienen
de
viviente
(Baruzi),
etc.
(08)
Es voluntad,
de secreto (de donde Ia pseudominia
0 imposibilidad
de elucidar)
esta, de Kierkegaard:
"i! est une prison d'Oll Is verite ne s'echappera
pas; sa bouche est
una serrore",
y el texto citado por Th. Haecker, La "oti6" de la verite e" S. K. (in Courrier
des lles, pag. 104). Vease L. Cbestov, Potestas elavium, pags. 77 - 79.

�Acaso la mas intima como la mas elevada forma del eSpIritu, es
aquella que un sabio de Egipto llamaba "un espiritu profundo cuyas
palabras todas estan escondidas (109). Por eso y corroborando 10 que
antes deciamos, al tener que estudiar un filosofo, debemos hallar
acceso al traves del sistema, hacia la experiencia filosOfica, al traves
de las palabras, de las metaforas, de los atisbos que, en realidad, son
los primeros intermediarios que se oponen a nuestra consideracion,
y, es al traves de ellos que debe iniciarse el comienzo de la inteleccion,
de la intuicion, hasta donde se pueda. Aunque no es Hcil rastrear las
huellas de su experiencia, acaso porque todos los grandes filosofos
"alcanzan intuiciones que estan mas alla dellenguaje" y por 10 mismo,
sea preciso plantearse el problema de las relaciones del lenguaje con
eZ pensamiento. No solo porque hay un lenguaje convencional que hace
creer demasiado que son generalizables las experiencias intimas y,
tambien, porque hay un lenguaje personal, de cada filosofo; palabras,
modos de decir, imagenes, figuras, metaforas al traves de las cuales
pasa la corriente de inteleccion 0 de afectividad de cada autor (1l0)
que, en el lenguaje de cada hombre, de cada escritor, tienden a adquirir significaciones propias, contenidos especiales, cargas intelectuales
y afectivas, sintesis nuevas, alusiones imprevistas .

. . .Aun el lector menos agudo percibe en Comte la repeticion. La
repeticion alli acaba por producir un ritmo de obsesion doliente
y triste. Las repeticiones existen en cantidad; determinadas por causas
diferentes. Vienen unas de aquella manera de componer de que habla
Littre; la circunstancia, tambien, de ser Comte alcanzado por la fatiga,
hacen sentir a veces la declinacion del esfuerzo, la tendencia hacia la
agonia de los procesos intelectivos, y de la idea, y del ~nalisis. Pero
cs la suya la fatiga real que supone todo ejercicio serio del pensamiento; y es aquella detencion 0 pavidez desde la cual se alzan los
primeros conatos y, a veces, el sentimiento de 10 absoluto. Entonces
si, el pensamiento se reitera; vuelve la idea, vuelve el concepto; los
afanes y propositos de dar orientacion a la vida 0 al mensaje que
quiere transmitir a los hombres, situandose, concibiendo la accion
como un modo de insercion en 10 real. Pero vuelven inermes y apenas
nos trasmiten la cadencia agonica y final, e1 abatimiento. Pero, ademas
de esta reiteracion, hay alli un pensador original, y un senti do nuevo
y distinto de los vocaciones humanas y terrenales, y apresta y orienta
su pensamiento, de profundis, para que los otros Ie oigan, para actuar
sobre ellos, para estimular la hazaiia historica que cree indicar y quiere
para la dicha de los hombres. Esta reiteracion surge pues de proposito; es lucida, es activa; imp one el sentimiento preciso de la necesidad
(l09)
H. HOFFDING, La relativite
philosophique,
p. 293.
(l1O)
"De Saussure Iraza una linea nela enlre la langue et la parole. La langue
es
universal
mientras que la parole es un proceso temporal,
individual.
Cada individuo
tiene
su propia manera de hablar. Sohre, la oposicion langue - parole y sobre la obra de F.Saussure,
el articulo
de W. Doroszewski
in Pych. du langage, p. 82·92.
Delacroix,
Le langage et la
pensee, pags. 48·51.

�de la redencion del eSplrItu. Pero ademas de esta reiteraclOn, hay
otras, de ritmo formal y de ritmo interior, desdichado; marchan las
palabras, las frases, las ideas, los conatos activos, las conmociones sen·
timentales; determinan, condicionan el movimiento de la expresion
y de la forma, y, por momentos, se percibe, al traves del fluir de la
frase y de los pensamientos nuevos, un ritmo interior, una constancia:
aquellas intuiciones de base, aquellos movimientos primer os, modos
oscuros que no siempre suben y gravitan sobre la palabra 0 se man·
tienen en la suspension aerea del equilibrio formal, pero alIi, espejos
tristes de las revelaciones, seiialan, hacia abajo, la permanencia de
aquellas oscuridades primitivas y omitidas. Y la causa de estas reite·
l'aciones, no puede ser la misma; nace de la fatiga; 0 de una necesidad
activa, de reiteracion de accion; mas esta ultima, de ritmo incierto,
viene de los origenes, es la mas personal y es la que maltraduce el
andar del pensamiento en su carrera l1acia la manera mas honda, que
amaga, pero lleva hacia el abismo demencial 0 hacia la detencion
dogmatica; el limite impuesto por la razon misma, que tambien aqui,
es locura ... "aunque el no filosofa con la locura", como con tanta
razon triste decia L. Prat de Jules Lequier ...
. . . En estas consideraciones se intent aria destacar aquellas carac·
teristicas extern as del pensamiento comtiano que se revel an al traves
del cstudio dellenguaje. En todo filosofo profundo hay, por decirlo asi,
dos 0 tres tendencias: a veces demudaciones, concentraciones; a veces
fijaciones del pensar al traves de ciertas palabras, reanudamientos de
caracter sistematico, impulsos que vienen del esfuerzo pensante (111),
o que vienen de la animacion verbal y que llevan al establecimiento,
real y ficticio, de una continuidad sistematica aparente; pero de modo
mas hondo, suele haber en ellos, 0 un pensador oscuro, 0 una conti·
nuidad que el alma intenta renovar, porque se pierde, y que la exe·
gesis no puede percibir al traves de la sola concrecion. Es por eso
incesante el esfuerzo para reanimar los procesos mas finos y las pal·
pitaciones mas continuas de una personalidad, para hallar las lineas
de la huida de 10 real, el sentimiento de la limitacion (112), de las
dispersiones del pensamiento (sus atisbos y entrevisiones), 0 las
per did as de la realidad y la destruccion, el pasaje hacia la transpa·
rencia, el movimiento que capta la gracia 0 10 real (113). Y 10 mas
OIl)
EI mas bello y profundo
sentido de 10 sistematico
es este que expresa Kant:
"Depuis Ie temps que nous sommes separes run de l'autre, roes recherches,
autre-fois consacrees d'une facon fragmentaire
(Stuckweise)
aux plus divers objets de la philosophie,
ont
pris une forme systematique
et m'ont conduit graduellement
it l'idee du tout, qui a pour
premier
erfet de rendre
possible Ie jugement
sur la valeur
et l'influence
reciproque
des
parties".
Carta de 20 de Agosto de 1777, citada por Victor Delbos, de Kant aux Postkantiens,
p. 58. Meditese el interesante
pasaje de Lavelle, L'aete, pags. 46·47.
(12)
Vease la pagina vivaz de E. Minskowski
(Le temps veeu, (55·57) sobre el factor
de limitacion
y de perclida
que acom.paiia
31 sentimiento de formacion personal.
(1l3)
Hay un problema
en ello. Inlentamos
descubrir
la fuerza capaz de hallarla,
de
consolidarnos.
En procesos de expresion,
de conocimiento,
de realizacion.
"EI fiI6sofo
es
el pensador que jamas haee abstraccion
de ]05 complementarios",
dice Dupree];
que busca
la significacion
y la fuerza
que han perdido
algunos
conceplos
acerca de la existencia
(Kierkegaard)
.

�intimo, 10 infra - discursivo; pero son aquellas concreciones formales
que antes destacamos, mas los afanes de elucidar, de influir sobre
los hombres, los que determinan la perdida de pensamiento no pensado; porque, en efecto, cuando intent a influir un filosofo es desde
aquel centro de ideas, de propositos, y de fines; claros ante su conciencia, precisos en su vocacion de obrar; pero esa no es la claridad
de la oscuridad, esa no es la experiencia ultima; es 10 que eI exige, 10
que eI quiere para ejercer influencia sobre los hombres, para suscitarlos, tambien para situarlos en la imagen que acaba de dar de su
pensamiento. Quiere decir que hay claridad asignada, como suelen
haber en tantos otros un desvio de la trascendencia (114), 0 la necesidad de una funcion politica (como ocurre con nuestro auto l' ), que nos
constriiie a que miremos los lineamientos del sistema desde ese punto
de vista, pero que ahora han sido la causa de que haya perdido las
intuiciones mas profundas. Hay alIi, entonces, un movimiento hacia
la accion (115), y un movimiento hacia la inteleccion, que en el fueron
desvios con respecto al proceso total, al complejo total de la experiencia a que aludimos. Es pOl' esto que, en tantas filosofias, aquello
que ha cobrado mas relieve en el pensamiento de un autor, que suele
servir para situarlos en una corriente de afanes 0 de ideas, determina
en ellos cl proceso no digo de falsificacion pero si de clarificacion;
y el sistema y la doctrina, cuando no estan determinados pOl' aquella
intensidad que los hace cambial', modificarse, abrirse, no nos deja
percibir en su verdadera luz la experiencia que revel aria su actitud
con respecto a la vida, sus decisiones, sus determinaciones solitarias,
acaso sin evocacion, desde donde pudo venir el mensaje, la enunciacion, 0 10 que pudo ser un espacio recatado y tierno de exaltacion,
de profundidad, de silencio (116).

Habria pues que buscar en el, como en casi todos los autores, las
dos orientaciones, las causas, y las razones externas y ocultas que conLo hay en Comte. Comte no realiza 10 que Wahl ha llamado
Ie mouvement
vers
no atiende;
tampoco realiz3 el movimiento
bacia Ia trascendencia,
oi bacia
la intensifiracion
en ]3 finitud.
(1l5)
La accion no es aqui el movimiento
total de la personalidad;
la husqueda,
el
sondeo de sus posihilidades,
el hallazgo
de formas propias
de vivificaciou,
el esfuerzo
que
crea 0 presiente
su evenir, se apropia de ]0 posible y usa las imagenes y las ideas; el acto
en fin, de Is personalidad
que es Is cima, Ia coronacion
de un movimiento
de Ia vida y
un gesLo de insercion
en 13 existencia.
(16)
Comte no organiza
su pensamiento
y su eSlilo y la animacion
total de las masas
expresivas, al traves del lenguaje
intima, confesional;
falta alIi la palabra recatada, la enun~
ciaci6n timida, Is necesidad
de recogimiento
y de silencio.
Habris asi, que leerlo y eseu·
charlo, para aprender a atender, si se me permite
deeirlo,
105
dos ritmos de Comte; uno
externo,
que se da en la aceleraeion
de las palabras,
de las {rases, de los eonjuntos,
ese
movimiento
caudal de Ias aguas de un rio, 0 de una catarata, que corre bacia el final en el
presentimicnto
seguro de su agonia, y que en Comte est
impuesto por una exigencia
aetiva
que quiere obrar sobre los honlbres. Pero ademas de esla invasion
verbal, poderosa
y externa, que acusa, hay alIi un devenir,
un ritmo oeulto, algo desdichado.
Poeas veees en
verdad, desde ese abismo interior,
se elevan en Ia floreseencia
verbal. Lo que es evidente,
es que solo en raros momentos
Comte logra hacer coincidir
esos dos estilos, la modalidad
intelectiva,
{ormal y aetiva, y la emocional
e intuitiva,
en la enunciacion
bacia el silencio.
La decision
secundaria,
de finalidad
aCliva, prevalece.
Comte no ha recibido
ni las visiladones de Ia helleza,
ni trasmite el mensaje de la vida ...
(1l4)

Ie bas; se desvia,

a

�vierten el pensamiento hacia la historia; las causas, aqui mas inadvertidas, que conducen, que convierten y detienen el impulso del pensa.
miento hacia el espiritu. La posicion por eI asumida, frente a los
ideales de trascendencia y al concebir el espiritu en la orientacion
activa, hacen mas dificil la labor del interprete, pues proyecta, dirige
su voluntad a fines terrenales y precisos y deseoso de que, en adelante,
se desenvnelva la historia de la experiencia impuesta. Solo que estos
movimientos, estos levantamientos del ritmo interior, no vienen
acordes; la pausa y el silencio, se excluyen, se omiten; basta a Comte
la claridad, la luminosidad tranquila que se aliment a en el intelecto,
en aquella precision implacable pero limitada que el le impone. No
es el suyo el estilo de Stuart Mill, que brota siempre de una exigencia
de racionalidad; ni es tampoco el estilo de Bergson, que vierte en la
cima de su realizacion la sensibilidad, la gracia hasta de la inteli·
gencia; pero hay que aprender tambien a escucharlo al traves de la
melodia vertida y verbal como al traves del abatamiento, que insimia
mucho menos. Es por esto que cuesta tanto alcanzar el movimiento
del pensamiento y de la frase hacia el fin que se repite, hacia
IDS temas que quedan extenuados en la funcion que los publica, alen·
tando en el mundo afectivo, en el poco contacto con la vida que los
origina, ya distantes, ajenos a ellos; sumisos a los fines que, el, dog.
matico, qui ere imponer a todo cuanto se piensa y diga y haga ...
Las distinciones que opera la historia de la filosofia presentan,
gf'neralmente, un caracter artificioso; pero algunos filosofos advierten
el limite en que elucidan una experiencia personal; no ignoran que
alcanzan intuiciones mas alIa del lenguaje. Son obra de la simplificacion pedagogica, imagenes casi siempre secundarias, derivaciones
excentricas, las que va tramando la exegesis. Asi pues, es preciso
l'ealizar un esfuerzo penoso, sea 0 no de caracter intuitivo, para reconocer el nacimiento, el esquema naciente, los primeros albores de la
razon 0 del sentimiento ante 10 desconocido, para notar la primera
dispersion, el pluralismo, el retorno a la unidad, el acto critico, el acto
creador, que organizan, producen, que revel an la esfera del pensamiento pensado (117), etc. La historia de la filosofia crea mas las
superposiciones y excrecencias que tejen la interpretacion y la docencia y pierde aquel principio 0 pensamiento inicial, dominante, sea
o no de la naturaleza de la idea.
De donde el que no se pueda realizar el estudio de un autor, sin
advertir esa posible multiplicidad de las imagenes, muchas de las
cuales cstan, de aIguna manera, en el pensador magistral, pero acaso
desvanecidas 0 ya habiendo perdido su vinculo con el complejo de
(II7)
"Todo signo expresivo
es mas que interpretable.
Es creador. Hace surgir Ia intuicion que da el hallazgo. No puede hacer surgir 10 que esta ausente".
Y: "La originalidad
de cierlos hombres se expresa por medio de f6rnlulas, pero estas formulas
expresan algo
que Ia sobrepuja".
A. N. Whitehead,
"Le devenir
de La reLigion,
pugs. 156 y 160, respectivamente

�ideas, con 10 desconocido, en donde se aliment an, y con el sentimiento
de vacilacion, de tanteo, de duda, que, en la vivencia compleja y real
la caracterizan. De donde el inmenso valor que tiene para nosotros
el estudio de esa perdida de coeficientes de verdad y de realidad que
oculta una doctrina; 10 mas cierto de un pensamiento, 10 mas firme
y seguro, mas los estados de latencia y dispersion, de desvanecimiento
del pensamiento, mas el sentimiento de las vagas totalidades que 10 envuelven y que no 10 resuelven, mas el esfuerzo de realizacion personal
pOl' pasaje a la originalidad y hacia la creacion, que a veces se advierten, mas la personalidad como centro personal, como fenomeno
primero que, segun Gundolf, escaparia al analisis. Sin duda hay perdida de coeficientes de verdad y de realidad, a causa de la interpretacion, de la exegesis, debida al alejamiento, primeramente del autor
mismo, debido a su afan expositivo, que Ie lleva a destacar cierta parte
de su pensar con respecto a otros; del autor movido pOl' aquella estimacion a que es llevado pOl' preferencias de las que no siempre e)
es consciente. Y, luego, todas aquellas perdidas y simplificaciones que
vienen impuestas porIa
tradicion filosOfica y pOl' el pensamiento
social pre-existente (y pOl' el lenguaje) y que cierran tanto el pasaje
a la exegesis original y a la originalidad renovadora.
Si es verdad que toda doctrina suele ser clausura de una experiencia, a condicion de que se nos comprenda, diriamos que la interpretacion sueIe ser un proceso de adulteracion si no de simplificacion
que la pierde. En el desarrollo de estas lecciones pondriamos en
evidencia las dificultades que hay para auscultar el pensamiento ajeno
y revivir la experiencia y suscitarla en nosotros. Sin duda es este un
aspecto de la posibilidad del conocimiento del alma ajena (ll8) ; acaso
]0 que puede saberse 0 enseiiarse, y que resulte de los planteos de este
problema, ha de servirnos aqui para aprender a destacar el valor y el
significado de las experiencias genericas y a seiialar la esfera propia
de las experiencias originales. Lo que es verdad es que, historicamente,
esas simplificaciones existen, se van elaborando y van provocando las
imagenes de una filosofia, de un filosofo, de los planteos, produciendo
(l18)
Habria
en eI hombre una fuerza de alma expansiva
que me identificaria
con
mi semejanle;
una simpatia primitiva
0 contemporanea
a la existencia individual.
No seria
Iegitima Ia separaciou
de Ios yo; ningun
yo puede ser separado
de Ios otros yo; en toda
relaci6n antropologi{,3,
ningtm
agente puede ser redueido a su individllalidad;
10 que sabe
o siente en eI 10 sabe CO" otro, para otro. (La consideracion
y eI pasaje
(de Maine de
Biran),
en Jean Wahl, Tableau de la Phil. fr., p. 104). Pero otros sienten mas Ia individualidnd, se perciben oscuros, solitarios;
en el pasaje mas fino y mas confuso hacia la persona,
o declaran no porler conocer a nadie ("Nolls ne pOl1vons connaitre Ie coeur de personne"),
0
solo perciben IDs avisos, Ias comunicaciones
de alma a alma, como aparece en algunos mo·
mentos de Ia obrll de Maeterlinck
(en presentimientos
en verdad algo Iiterllrios).
Esta soledad, este hermetismo,
esa incomunicabilidad,
se declaran,
me parece, en estc texto de
Newman:
"Las criaturas no pueden abrir nuestro ser y despertar los millares de sentidos
espirituales que nos pertenecen y por los cuales verdaderamente
vivimos". (Texto de Newman,
Oeuvres Philosophiques, citado por Nedoncelle,
prefacio,
p. 30). Sobre 10 incomunicable,
10
intrasmisible,
10 secreto, Ia p. de AmieI. Journal i"time de 27 de Octubre
1856. Lease
E. Minskowski,
Le temps vecu, principalmente
pags. 39·57
y eI interesante
articulo
de
1. Lavelle (Le moi et son destin, pag. 40), sobre Max Scheler y, naturalmente,
Ios estudios
de Scheler y de Ed. HusserI, Meditations cartesie'lIles (5.a med.).

�tambien el anquilosamiento de los filosofemas, haciendo de la filosofia un repertorio de problemas y respltestas (119), acercandola a la
zona de la conversacion, porque previamente ha podido ser almacenada en la conciencia (Bergson). Es gravisima esa perdida del senti do
de realidad; es tremendo este pasaje del sentido de la filosofia como
problema al sentido de la filosofia como respuesta. Por aqui se insimia
]a ilusion de los juicios humanos del sentido comun, la experiencia
acumulada, las ideas pensadas que acaban por actuar como criterios
y por volverse en contra de los modos nuevos de pensar, contra las
cxperiencias nuevas. Tanto la ley de analogia como la ley de simetria
de que hablan Hoffding y Jankelevitch, van imponiendo formulas de
juicio, relaciones, planteos, soluciones, y problemas. En su intrincamiento total, la experiencia naufraga y se hace entonces mas facil e]
pensamiento expositivo; pero ya no sabemos volver a los atishos pri.
meros, a la vida, a la demudacion de la personalidad captada en un
momenta de su variacion, de su intensificacion; cuando hallaban
significacion nueva a la existencia en la actividad del alma que quiere
restaurar el mas hondo enlace entre la existencia y el yo.
(119)
Es muchisimo
10 que ha hecho Bergson para escapar a ese hipnotismo
del prohlema y de la solucion
(si se me permite decirlo asl). Si Bergson realiza 10 que ha llamado
Wahl el mecanismo y el retorno de Ia snpresi6n
de Ios problemas es, nos parece, para eli.
minar Ia forn13 y el modo de sus limitaciones
y para pensarlos
como si antes oi hubieran
sido pensados.
("Pensar
un problema,
no es solamente
descubrir,
es inventar").
Empero
H. Hoffding
y H. Poincare,
afirman que el mundo bergsoniano
es un mundo sin leyes y sin
problemas.
Pareceu
no advertir
que Bergson trasciende
Ia formulacion
verhal y Ias dificul.
tades superficiales
y adventicias
de los mismos y supera al paralelismo
del problema
y de
Ia soluci6n para hallar la realidad y, en el pensamiento,
la zona de su propia vivificaci6n.
En todo caso y sobre el metodo bergsoniano,
recomendariamos
ei estudio
de sus aplica.
ciones; las que realiza por ejemplo
en L'energie
spirituelle,
en sus trabajos
sobre El alma
y el euerpo
(15-31),
sobre Es/uerzo
inteleetual
(117 ·163),
sobre Cerebro
y pensamiento
(203·226),
en las consideracioncs
y desarrollos
que hiciera en la Sociedad
de Filosofia
(2
de Mayo de 1901), y que J. Barnzi considera
como 1a mas acabada expresion
de sus ideas
sobre el metodo, y en los articulos
de la Pensee et Ie mouvant
(sobre todo las dos introdue·
eiones y la Intuition
philosophique
y la In trod. a la metaphysique,
etc.). Acaso asiste eutera
razon a Jean Wahl (Tableau
de la phil. fro pags. 165.196),
cuando reconoce
y admira
el
urtc de enconlrar ]os poslulados
comunes bajo las doctrinas contrarias y el mecanismo
del
retorno y de la supresion
de los problemas y Ia inteleccion
que avanza bacia 10 inmediato
y logra la plenitud
de una vision del mundo
que nos 10 restituye
en toda su riqueza.
Tambien recomcndamos,
para su estudio, la lectura del pasaje de Dilthey
(op. cit., pags. 174175), en que expone 8US ideas sobre como la historia
de la Filosofia muestra la continuidad
logica entre el orden segun el cual se provocan y resuelven Ios problemas. Ese paralelismo,
real 0 aparente, es el que destruye Bergson cuando enseiia a pensar cada casa, cuando dice
que la filosofia exige un esJuerza nuevo para cada nuevo problema;
sus ideas sobre la esterilidad
del si y del no en filosofia;
y sobre como pueden
realizarse
los mas importantes
descubrimientos
colociindose
en el punto en que "dos conceptos
se tocan en su frootera
comun para estudiar la forma y Ia naturaleza
del contacto", y toda la descripcion
del movimiento desde Ia doctrina hacia el hecho; 0 cuando se opone alas
concepciones
abstractas,
Ias operaeiones
que han seducido
siempre a 10s filosofos
porque es un esfuerzo
dialectico
que se bace de continuo sobre puras ideas, sustraidos a In operacion penosa de In dilatacion
intelectuaI,
que solo puede realizarse progresivamente
sobre 105 hechos, sobre la experiencia,
-Ia experiencia
que es el Iugar donde Ios eonceptos toean". 0 cuando opone Ia idea de una
filosofia progresiva,
en In que Ias opiniooes
probaran su consistencia,
corrigiendose,
rectificiindose,
hallando finalmente
eI acuerdo entre eHas, en su contacto con la experiencia,
y
que suslituira
al antiguo juego de ias escuelas en donde cada filosofo desarrollaba
hasta ei
extremo una concepcion
abstracta para oponerle luego una concepcion
contraria igualmente
extrema. Ideas parecidas,
en la ensefianza constante
de Vaz Ferreira,
en Logica Viva, en
Problemas
de la libertad
(recuerdese
1a desconfianza
que Ie inspiran
tanto los problemas
heehos como Las solueiones heehas). Otras ideas, algunas, proximas
(inspiradas
en Bergson)
en N. Hartmann
(Hegel et la dialeetique
d" Reel),
(R. de M. et de M. de 1931) sobre su

�(La situacion). - Ha avanzado poco la historia de la filosoHa en
cl descubrimiento de la serie de figuras que la experiencia individual
perpetua en su desarrollo. La personalidad sc da como personalidad
pasada, que el hombre intent a reiterar, volver a la vida, poner en la
esfera de los cambios; 0 como personalidad posible, en alteraciones, en
suscitaciones, en actos creadores que cambian, enriquecen su contenido
o 10 presentan en figuras que componen, en la interferencia de motivos poco elucidados, figuras diferentes. l Que fuerzas, que actos se
desprenden de la persona y son hijos de su espontaneidad? lDonde,
como encontrar el puro contenido que su reflexion abstracta supondria? La personalidad nos viene en el movimiento total de la vida,
con la ganga de 10 sensible, sumisa el alma a la gravitacion de las cosas,
a un oscuro llamado, en el tejido sensible de objetos y de suenos. Y,
supuesto el caso de una influencia de las cosas sobre el alma, l quer
transfiguraciones sufren, que alquimia secreta se opera en los telares
de la fantasia, que misteriosos avatares realizan las figuras del amor
en el complejo de las vivencias? Queda siempre un sentido general
y oscuro de la vida, un sentimiento de defeccion (el pensamiento desvanecido), una realidad que no llega a ser obstinada en su presentacion,
un movimiento de la persona que no llega a ser bastante poderoso
para insertarse en el juego de las fuerzas, y un lenguaje que no capta
ni la onda evasiva de 10 eterno ni la fugacidad dispersiva de 10 concreto ("a l'heure oiL tout est arrete, la pensee, bloquee, la langue
reduite au mutisme"). En medio de estas situaciones nos es dadQ pensar
y vivir, enunciar, con silencios y alusiones, el mensaje oscuro de la
vida al alma, del alma a Ia vida ...

(Interpretacion racional y perspectivismo). - En algunas filosoHas es manifiesto el esfuerzo de poner en claro las caracteristicas
de Ia existencia que se acuerdan con Ia constitucion de la razon. Mas
que de un esfuerzo de escrutacion en 10 concreto, mas que de los
cuidados y desarrollos de la personalidad, preocupa al pensador la
nocion de que todo metodo
es Ualilentico si se edifiea y se desarrolla
en contacto con el
objeto":
"cada objeto demanda un metodo
propio, necesario";
"Ia grandez3
de Ios pensadores cansisle
en Is sumision
con 13 cual cada uno ha seguido Sll ley segun Sll manera
y sus limites". Con todo no pod ria aceptarse Sll afirmaci6n
segun ]3 cual "13 reflexion
sobre
el metodo es asunto de epigonos".
Habria
tambien
que saber a que profundidad
se ha
pensado 13 afirmaci6n
de que Htomar conciencia
del metodo es algo secundario".
(*) En
fin, problema de altisimo
interes,
que podria provocar otras consideraciones.
os parece
SI que 13 no cion bergsoniana de experiencia y de inteleccion
que sigue la via dura y penosa de 105 hechos, y 13 nodon de pensamiento
libre y el deseo de pellsar sin. presltpltestos
de Simmel y Chestov, la de pellsamiellto
directo
en que tanto ha insistido Vaz Ferreira
y
que ha distinguido
de todo eclecticismo
y de todo justo medio,
revelan un extraiio paren·
tcsco y seiialan un retorno, un movimiento
bacia 10 concreto y declaran la necesidad
de
intensificacion
en la finitud,
en los hechos irreductible
y tercos (James),
y en el detalle,
en que se empeiian tantos pensadores
de hoy.
C*)

hondura

Vease en el articulo
de Valery sobre
personal en su combate por la claridad,

Descartes
(Les pages
surge el metodo.

;llmortelles)

de

que

�coincidencia de las notas de la razon y de 10 real, y de un lenguaje,
entonces, casi siempre abstracto y simbolico, que se ajustaria a aquella
nota supuesta en la existencia, y aquel pensamiento reducido a la
modalidad de pensarla. Y ha de ser facil, en estos casos, descubrir la
relacion, el canicter de semejantes sistemas. En ellos ya el filosofo ha
sido su propio expositor, mantiene un punto de vista expositivo; pero
en cuya claridad puede naufragar 10 complejo de la existencia y los
modos de la relacion y de creacion y de ahondamiento metafisico.

(Esbozos del senti mien to). - Mientras, que, en las filosofias que
tienen mas un origen en la emocion, en las personalidades que viven
un estado de mentalidad confusa, tiende a ser mas energico el senti do
de la existencia pasada; al traves de la nostalgia, en la unidad de la
melancolia, van hacia un ahondamiento de la relO£ion de 10 perdido.
Por 10 mismo predomina en ellos un sentimiento agudo de la subjetividad; todo ocurre como si fueran centro de revelacion de 10 concreto, y la realidad, ellimite de su ser. El alma siente entonces la tibia
agitacion de la vida, su movimiento primero, semienvueltos todavia
en el halo de 10 subjetivo.
(El pensamiento solidario). - Pero hay todavia casos, momentos,
que, mientras no se consideren, han de tenernos en atraso con respecto
a la complejidad del acto filos6fico. Momentos en la historia de las
personalidades, de larga expectativa, de larga fidelidad a lo desconocido; de imposibilidad de abstraer, en que tambien es imposible
elevarse hasta la zona de 10 abstracto haciendo en 10 abstracto el compendio de la existencia; ni de volver a 10 concreto y adscribir el
pensamiento a la cosa reconocida en su aislamiento; 0 en que actua
el secreto de la relacion de ausencia, 0 la insondabilidad de 10 posible,
U oscuros imanes que no se describen y que son causa de que vaya
nuestra personalidad rotando, en demudaciones inesperadas, por un
despeiiadero de nubes y de fuerzas incoercibles; envolviendonos en
la penumbra de 10 desconocido, en una vaga realidad que ahoga al
pensamiento y que despierta mas intrepid a a la angustia (despertando
a una "intensa delectacion de 10 impalpable"). Ni es facil abandonar
esos estados, ni es posible, a veces, volver a la expresion; y nada sabe
de ellos el interprete, como ignora esas incomprensiones la historia
de la filosofia (120).
(Pacto). - Aparece a veces la vida como un sentimiento de fideli dad a 10 desconocido; se desarrolla, en medio del silencio mas
intimo y en el recatado movimiento de las causas, de tal suerte, que,
se diria que estan movidos, oscuramente atraidos por una potencia
incognita. Seres sin reposo, diafanos 0 tristes en su celeridad, capaces
(120)
No ha despertado
ahi el hombre al sentimiento
de la irracionalidad
de la exis·
tencia; la reaHdad no llega a ascender todavia por la escala de los suenos y de las ideas.
hasta la palabra que la pone en el aire y en los oidos lejanos de los hombres ...

�de ascender en £aciles movimientos de exaltacion alas
cumbres
inasibles, a los gozosos esplendores, absortos en las claridades ultimas;
o descienden, vehementes, terrenales, pesados, a las densidades mas
opacas, a los encumbramientos mas arcanos, a los apenumbramientos
mas extraiios. Y es para ellos entonces la filosofia la intensificacion
de un esfuerzo que los pone extensibles, informes, solitarios; mientras
"iven "en la ebriedad polar de otra manera" (121).

(El comienzo de los esquemas). - A veces coexisten en el alma
del filosofo las mayores oscilaciones, cambios que no se fijan. Una
exigencia de comprension y analisis; una necesidad, en el sentimiento
(la arcana atraccion de la nostalgia) ; la exaltacion de 10 posible que
Ie exila (perdido en la anchurosidad de la existencia); el esfuerzo
para ponerse enhiesto y enterizo; la exigencia de claridad y de manifestacion y el afan de volver a 10 oscuro; el proposito de hallar 10
inesperado; el sentimiento de que vive en el marasmo y la sequedad;
la oscilacion, el movimiento incesante de su vida de un polo a otro,
que hace que no pueda reposarse en ninguna evidencia ni intensificarse mas en la duda, vivien do alternativamente todos y cada uno de
esos estados, sin ajustarse a la constancia de ninguno de ellos, pero
conociendo la existencia en el movimiento de las "sustituciones infinitas" que en su conciencia se realizan.

(Enigma utilizado). - Sienten, otros, 0 la atraccion de la apa·
riencia, 0 un oscuro llamado de la personalidad que los proyecta a]
desarrollo y, entonces, a relaciones imprevistas y a demudaciones de
10 concreto. Algo que esta mas alIa de los hechos ordinarios los atrae.
Superados, en el esfuerzo, pOl' esa misma trascendencia de la vida,
suelen encontrar realidades que los sobrepujan; abismos que los sustentaban, desalientos que hacen crecer mas hondo. La experiencia
reiterada, intensa, convoca a la personalidad; y de aquel no comprender y no intuir, y de la imposibilidad de dar satisfaccion alas
exigencias que la razon impone, naCe el proposito de ser iniciado en
modalidades de la realidad que nos orienten en el caudal libre de
los enigmas ...
(Tarea). - Relacionado tambien con estos hechos hablan de la
opacidad de lo real (Meyerson); del sentimiento con/uso de la vida
universal (Gide), del limite de opacidad y de cantraccion (Blake),
y conocen la vida como enternecimiento 0 agravacion debidos a esa
presencia de 10 desconocido. Otros en cambio perciben las figuras ri·
sueiias de las cosas; escuchan el mensaje de la apariencia; no les
oprime el poder de las cosas y una intima amistad sella sus destinos.
Frente a esas situaciones realizan, bien el movimiento de la piedad

�o el acto espiritual que declina hacia ellas, que provoca el afan de
salvaI', de reiterar (Rilke), 0 haccn de la filosofia "una exploracion
fraternal hacia el mundo de los objetos" (Novalis) que el hombre
podria embellecer, y, despertando afanes creadores, tenerlas como
enigmas, como centros de atencion, como finitudes explorables (122).

(N ecesidad de perce pcion). - Mas alla de los actos filosOficos
que aparecen como determinaciones (de la
razon, de la voluntad, de la emocion), se nota en algunos momentos
el desarrollo de estados de percepcion; la necesidad de percibir, de
hacer extensibles las sensaciones, extensible el universo corporeo en
Ja imaginacion; un cierto crecimiento, expansion de las form as en el
dma (monumentalidad interior) (Simmel), que quisiera abarcaI', repetir, los aspectos de la existencia; volverlos mas profundos, acrecer el
modo comulativo de los pensamientos y de las imagenes y el rebosamiento de 10 enorme en el borde de la subjetividad. Asi, mediante ese
contacto, 10 infinitamente distinto y en una objetividad ruda y plena,
se revelaria en el espejo de la subjetividad; pero, otras veces, no vienen,
no avanzan las imagenes, no despiertan el movimiento de la apropiacion; sumidos en una oscuridad primitiva, sin noticia para la razon,
sin mensaje para el sentimiento, sin agitar las aguas de la conciencia,
se hunden los elementos arcanamente pasivos y no somos cap aces de
concentracion. Pero suele tambien despertarse en ellos un movimiento
hacia la idea; y del seno de expectativa calma 0 de pasividad silenciosa surge, 0 una intensificacion que determine la altura del punto de
vista 0 el acto creador que percibe la realidad en el "extasis ilimitado".
(0 poeticos, 0 misticos)

(Fiat). - Para otros, el acto de filosofar parece una determinacion
de la voluntad; de una voluntad de ser que es tambien una voluntad
de conocer. Punto de vista notorio en las llamadas doctrinas voluntaristas; parece ser el de Schopenhauer, el de Schelling, el de los
trances heroicos de la decision, de la aceptacion viril, en Plotino, en
Biran, en Bergson, en Kierkegaard, 0 en Chestov, cuando reclama la
necesidad de las transfiguraciones; en Novalis, cuando ensena que la
esencia del hombre esta en la voluntad; en Nietzsche, cuando, oponiendose alas determinaciones conceptuales, aparece, mas alIa de la
decepcion, la voluntad de poderio, como una capacidad de crear, de
engendrar un devenir; una fuerza taciturna que 10 atraviesa todo, que
se enfrenta al destino y que 10 utiliza para los fines humanos de su
crecimiento, moviendo, con el, a la naturaleza entera.
(122)
Otro orden de consideraciones
y de estudios, que aca seiialamos en su caracter
mas general, pod ria realizarse a partir de Is manera como se presents la realidad,
0 sIgun
aspeeto de la realidad.
Asi parecen algunos percibir
el mundo como una totalidad,
la existencis como unidad enhiesta; 0 sienten atros Is escision, la ruptnro, el fragmento, que haeen
nacer en eIlos bien el acto de reposo en la totalidad,
bien indagar en la finitud,
intensHicandose,
aprebendiendo
el detaIle - atisbando
la enorme.

�(El limite hallado). - Algunos, menos nostalgicos, perciben la
vida desenvolviendose en la experiencia abierta. Piensan en los actos
capaces de rest aurar las unidades perdidas; adelantar sus pasos en 10
real, evocar formas y modos con los que componen su conciencia y se
representan sus movimientos en 10 desconocido. A veces preside esto
largamente alas vidas de grandes personalidades. Asi, por ej., en
Goethe; en otros (Biran, Novalis) las intuiciones y fulguraciones de
10 nuevo no parecen venir del desarrollo continuo sino de centros distintos ((,exteriores?) ; en aquellos el desarrollo se perpetua en actos,
en consolidaciones que traman su evolucion; como sienten otros que
algo no va mas, que todo desarrollo es imposible; que ya solo la realidad es el limite de su ser.
(Movimiento hacia Dios). - Tambien diferencias con respecto a
Dios. Se orientan, algunos, hicidamente, de un modo implacable y decidido, y en una determinacion a veces misteriosa y en soledad asumida,
avanzan por esta perspectiva de eleccion hacia este centro 0 hacia esta
potencia. Pero otros, al traves del pecado, del exilio, trazan el circulo
de su existencia con conciencia sonambula y perdida, y en el trazado
de sus realizaciones, ignoran que pasos dan en 10 desconocido, hacia
que zonas de 10 desconocido se aproximan, 0 despiertan un dia y se
descubren moviendose --cayendose hacia Dios, perdiendoseen el
exilio.
(Comunicacion y redencion de la naturaleza). - En otros el movimiento es hacia la naturaleza. Esto es mucho mas visible por ej., en
los artistas. Asi adquiere una expresion inmensa en la labor de un
Miguel Angel, de un Goethe, de un Walt Whitman, de un Emerson,
de un Nietzsche, de un Balzac, de un Novalis. Ellos reconocen sus
movimientos, sienten sus rum ores, hallan sus "poderes imprevistos",
sus fuerzas "inarticuladas y higubres" y quisieran despertarla, elevarla,
transfigurarla en belleza; ser rivales de ella!

(Penumbra vertida). - La consideracion siempre parcial de problemas en si tan complicados y tan hondos; la diversidad de las interpretaciones, la circunstancia de haberse avanzado poco en su
analisis, no autorizaria el establecimiento de conclusiones, como 10
hubieramos deseado. Las aqui esbozadas advierten la complejidad de
muchas opiniones prevalecientes en la exegesis (123).
En dos gran des sectores puede dividirse la opinion, en 10 que toca
a la naturaleza de la filosofia y del acto filosOfico; en oposiciones extremas y abstractamente pensadas, como si la filosofia fuera una
actitud separable de otra manera 0 actividad humana, se estudian las
doctrinas y sistemas como un momento de la evolucion del proceso
(123)
FaIta adem.s el esfuerzo
ciones extremas que hayan resultado

de complementariedad,
Ia labor
de planteos incompletos.

que

concilie

Ias opos;·

�historico, interrogando a 1a historia para saber 10 que sea 1a fi1osofia;
pues seria publico, revelado el acto de pensar, que, implacablemente,
tenderia a la manifestacion. La fuerza creadora, genial, libertaria un
contenido (124). Asi, para Hegel, que en cierto modo expresa una
opinion compartida, pre cisamente porque cada filosofia es un grado
particular de la evolucion, pertenece a su tiempo y esta ligada a sus
limitaciones, como el individuo es hijo de su pueblo, de su pais, del
que el no hace sino expresar la esencia de su forma particular (125).
Un hombre particular, dice, puede luchar como quiera, pero Ie es
tan imposible arrancarse de su tiempo como salir de su piel; porque
el pertenece al espiritu universal unico que es su propio ser y su
propia esencia (126). Grandes y profundos espiritus piensan asi que
el sistema y la doctrina constituyen la manifestacion mas acabada de
la actitud que lIama,mos filosofia; mas, en el otro polo, con igual 0
mayor vehemencia, aparecen los pensadores solitarios, que sienten
menos 0 que no sienten el acto filosOfico relacionado con el pais, con
Ja epoca en que viven, con el acervo cultural dentro del cual les es
dado pensar, con la lengua, que vincula ria al grupo humano, 0 que
opinan que en su singularidad se libertan de esas condiciones (126).
Se sienten emancipados de toda tradicion y, al acentuarse en ellos la
descontinuidad, hablan del esfuerzo que caracterizaria el acto de
pensar, y, mas alIa de la voluntad de expresion, de una voluntad de
silencio, 0 de dificultades de enunciacion 0 de secreto (128).

Asi, y en esto, los casos, las circunstancias son extremas, individuales los actos de la inteleccion y de la creacion. Al interprete Je
quedan las zonas intermediarias (entre) mediante las cuales el acto
intelectivo utiliza los esquemas de la idea para avanzar en la comprension de las creaciones ajenas, y el acto de la suscitacion personal,
de su experiencia propia y de su pensar directo, para hallar la correspondencia entre las experiencias y las doctrinas. Parece si, que seria
posible trabajar en una zona intermedia; una zona que iria desde el
pensamiento comun y compartido hasta la esfera del pensamiento
enunciado (personal y vivaz) y hacia el pensamiento enunciado y
silencioso.

(124)
Hay, se insinuan
a veces, movimientos
hacia el silencio,
bacia In cspectacion
sublime, hacia el secrelO.
(25)
DII.THEY
tambien
habla de las formas
nadonales
de la fHosofia.
Recuerdo
la
extraiieza de Chestov al rcspecto.
(126)
Utilizo
sin referenda
de pagina,
el texto de L. Chestov
(Les favoris
et les
desherites
de I'histoire
Mercnre
de France
15·VI.1923).
(127)
La exposicion
mas penetrante
y critica
de este punlo
de vista, se !:alla en la
obra de Bergson,
principal mente en Intuition
philosophique.
(128)
Esto, en puntos cxtremos, porque despnes, en zonas intermedias,
se hallari:m 105
pensadores
que, sin desconocer
]3 descontinuidad
de las doctrinas y de IDs sistemas. quieren,
tamblen,
respetar
la rebosadura
del aClO filosOfico con respecto
al ideogram.
y los mod os
infra-discnrsivos,
csas enunciacioncs
en e1 limite de 10 impalpable,
en el comienzo
de los
esquemas
y del silencio.

�a) porIa idea de razon comun;
b) porIa idea de lenguaje;
c) porIa idea de posibles actuaciones comunes de la cultura
historica sobre las personalidades y grupos que la integran; porIa
idea de modos comunes de percibir y de obrar, de reacciones humanas
y comunes;
d) y pOl' el descubrimiento de 10 concreto, una zona de concitacion y corroboracion de los esfuerzos;
e) 0 partiendo de la hipotesis de la igualdad de la persona, de
las zonas comunes y de la comunicacion entonces de la experiencia.
La historia, la biografia, la consideracion de los antecedentes psicologicos, la determinacion de las influencias, nos pondrian en presencia
de la imagen, de la zona co,nun. Pero la garantia de alcanzar resultados
comunes iria desapareciendo al advertirse la presencia de realidades
o influencias poco elucidables:
a) ancestrales, que no pueden determinarse;
b) historic as y psicolOgicas, que logran pOl' composicion 0 pOl'
fatalidad, sintesis y compendios nuevos (los influjos imprevisibles de
la na!uraleza 0 del espiritu, y honduras insospechadas) ;
c) el modo de vivificacion del espiritu con respecto a la vida;
y cambios y enriquecimientos de la voluntad, de la razon, del sentimiento ...
d) influcncias en fin espirituales (0 divinas), poco descriptibles ...
Diferencias, tambien, porque varian los poderes expresivos y de
plasmacion de la imagen, de voluntad de forma, 0 de secreto, la facultad de alterar, de transfigurar. Pero todos si estarian de acuerdo
en que el poder de producir se relaciona con elementos absolutamente
personales, con una cierta manera de vivir mas particular y mas intensa, con un poder de captacion 0 un poder visionario mas excepcionales y mas hondos. A condicion de que se entienda, podria decirse
que 10 mas hondo de todo no se elucida y que 10 que es elucidable
del punto de vista historico presenta menos interes del punto de vista
metafisico ...
2,QUE FONDO DE REALIDAD, DE EXTASIS, DE INTELECCION
TOTAL, HAY ALLI PARA EL OBJETO?
(La filosofia como clausura de la vida). Seria erroneo, 0
provocaria extremos en la exegesis, tanto la idea de una continuidad
plena como de una ruptura en su sistema de i'deas y en su doctrina.
Atendiendo a la polaridad radical si, pueden advertirse en Comte, ya
el intento de una explicitaci6n del hombre por el cosmos, ya, en la

�segunda manera, el intento contrario de explicar el cosmos por el
hombre (supuesto el caso de que estos sean problemas y no cuestiones
meramente verb ales, sin alusion explicita). A nosotros nos parecp-, y
la lectura de los prefacios y post-facios de Comte tienden a mostrarlo,
que Ie mueve el proposito de situar al lector en la idea de un mo:
vimiento enterizo de su sistema, y que ese proposito no siempre
importa desarrollo 0 continuidad viviente; que, muchas veces, es la
reiteracion agonica, la noticia del acabamiento, de la desvitalizacion
de los procesos 10 que Comte liga y trama, la unidad ficticia. La sucesion entonces, de las ideas, la coherencia advertida cn el sistema,
serian obra del espiritu malo del encadenamiento; aquellos enlaces
acaso en el fondo hostiles, hiatus en la realidad y en la psiquis, que
el pensamiento sonambulo liga y religa. Pero tal vez nos convenga
avanzar en el analisis hasta descubrir aquella discontinuidad de
desarrollo en donde alientan, no los ideogramas sino los esquemas,
las latencias, de un pensamiento que se obstina, que carece si de
homogeneidad abstracta en el grado en que se percibe mas ligado a
las experiencias primigenias. Sin duda, en Comte, estos momentos de
desarrollo viviente 0 de sentido profetico de profundidad posible, no
son constantes. En verdad nunca tiene la profundidad y 10 concreto
como motivo que estimulen su pensar; su hondura es a partir de un
limite prefijado, pero conocido y logico; su profundidad esta presentida, prefijada, descendente en el sistema. Comte sabe los limites y
la esfera dentro de los cuales debe realizarse la labor de penetracion,
de analisis, y de afan activo y practico. Falta, hemos dicho, el sondeo
abisal; nada arcano Ie estimula. La distincion de estos pIanos y la
superposicion requiere, pOl' 10 mismo, un esfuerzo constante, que debe
legitimarse siempre sobre la base de la prueba explicita, del texto
invocado. Pero, en Comte, ademas, hay un tercer movimiento, que
proviene de una cierta exaltacion finalista de 10 humano; su positividad va ligada al interes practico, reclama la necesidad de organizar
la vida social a partir de 10 conocido. En el, falta siempre la entrevision, no ya de la esencia, sino tambien de la totalidad, de 10 omitido,
de la nada. Al traves de cientos de paginas, no se percibe ningtin
movimiento de la psiquis para notal' la apariencia, el no ser, 0 la
necesidad de construir una figura que guarde en sus contornos alguna
nota desconocida y nos revele su secreto vibrante de novacion. La
cxaltacion finalista de 10 humano, pOl' una parte, la clamorosa exigencia practica, el sentido absoluto de la relatividad, no son, si bien
se piensa, sino manifestaciones, de tensiones pre-fijadas, que cuesta
separar de aquellas impuestas porIa profundidad de la vida y que
aparecen menos en Comte que en otros pensadores. 0 para decirlo
cn otros terminos: no se coloca nunca bajo la accion indefinida de la
vida y del destino; elige la profundidad; no es victim a de los procesos,
(mientras otros estan actuados sin reposo) ; y 10 concreto, que Comte
rehuye, no labra, en el secreto itinerario de la forma, el acto de expresion que no olvida la sustancia evasiva que, un pun to, tocamos
y dejamos, estremecida, en la dolencia de los suenos y antes de la

�muerte, agravados en el sentimiento de coeficientes de realidad perdida, en aquella experiencia de la razon como mensajera de 10 abolido,
o conciencia que puede ser sustituida pOl' el advenimiento de algo
antes no sospechado.
(Detencion). - Cuando se prefijan los limites dentro de los cuales
debe operar y mantenerse el pensamiento reflexivo, cuando se esta·
blecen las norm as y las condiciones dentro de las cuales dcben plantearse y resolverse los problemas de accion, uno piensa hasta que
punto puede quedar sofocado el vuelo del pensamiento critico, sin
avanzarse, en el analisis, al estudio de los errores secretos, debilitada
Ia accion misma, incapaz ya de suscitar una accion revolucionaria en
la historia 0 poner en el alma una porcion de idealidad que haga
volver la vida y a 10 posible y decida 0 acelere los cambios. Seria
exagerado decir que la prevalencia de la accion, en la que tanto se
complacen ciertas expresiones del pensamiento contemporaneo, sig.
nifica tambien un debilitamiento de la razon 0 del ideal. De la razon,
porque la razon que escruta e indaga y descubre el error, insimia los
criterios, inicia los primeros movimientos de amor y de la justicia
que deben verterse a 10 real; y debilitamiento, tambien, del ideal, y
del bien, porque la irresistibilidad del bien (Rauh) no solo pone mas
intensa a la individualidad sino que nos hace percibir mas los pasos
de la historia, el movimiento de la vida y el requerimiento que impone
el haber descubierto la precariedad de 10 historico y la inconsistencia
de los valores (120).
(Para mejorar la interpretacion). - Ocurre en los juicios de la
exegesis que, con harta frecuencia, nos dejemos llevar pOl' aquellas
concreciones que con mas claridad pensamos, 0 que se nos revelan
en las primeras lecturas, 0 que consideramos mas importantes porque
complacen mas nuestra psicologia 0 estimulan mas las operaciones de
nuestra razon. Pero estos criterios, debidos a la limitacion, nunca son
suficientes para justificar los fundamentos filosOficos de una doctrina.
Es preciso volver de nuevo a ella y advertir las operaciones secret as,
toda suerte de estimulos, en un autor: los propositos formulados y los
informulados, la direccion impuesta porIa determinacion racional 0
Lavocacion activa, como en el caso de Comte, y aquellas otras instaInciones del pensamiento, inerme, que reitera la fatiga. En Comte hay,
a 10 largo de su carrera, y esto puede ser advertido hasta pOl' lectores
poco avisados, tendencias, propensiones dogmaticas y, pOl' momentos,
Be insimia la movilidad eritica, y una razon mas delicada que vuelve
y atiende alas consolidaciones historic as del error. En el contacto con
la historia recibe impulsiones que la vitalizan pero que despues llegan
a ser solo un cuidado; un cuidado de que no penetren, en la sustancia
del tema escogido, en el ambito trazado porIa razon, elementos que

�perturben su funcionamiento, cosas e ideas que pueden alterar el ritmo
seguro de la doctrina. Notal' como se instala en el el tiempo biolOgico,
y como sofoca el dinamismo de la razon y hace imposible el que esta
se liberte y vuelva c.apaz de pensar, sumisa a los movimientos y las
insinuaciones de'la vida. Y esas tendencias dogmiiticas, y esa positividad
de raz6n, estiin en Comte, desde el principio; en el momento de la
gran energia que se revela en el Curso parecen suspenderse, aseguran
su vocacion entonces mas genial y poderosa, pero ya empiezan amostrarse los debilitamientos de la razon y van apareciendo en esta obra
y en el Sistema de politica positiva, la pasividad no profunda y el
comienzo del dogma, que coinciden con el modo de fabricar el sistema,
hasta que, finalmente, 10 sistematico y el dogma mismo ya no pueden
ser suplantados. El debilitamiento y la derrota de la razon, son la
prueba de su triunfo! El pensar directo expira en la fatiga. Pero la
fatiga es aqui la alegria del pensamiento reflexivo; la perdida de la
realidad, la causa del sistema y la pasividad de primer plano, pOl'que
no quiso el dar paso alas insinuaciones de la pasividad profunda.
o 10 que quiera, la vida, hacer con el alma ...

(iComte elucida la idea de experiencia?).
- Llega a ser muy
extrana aqui, la idea 0 nocion de experiencia. El lector atento, descubre que esta nocion, de tanto uso en sus pensares, no ha sido elucidada. Comte ignora "que el metodo se comprende aplicado a un
ejemplo; que una existencia no puede ser dada mas que en una experiencia", y que la filosofia exige un esfuerzo nuevo para cada nuevo
problema. Pero el no penso el detalle, el objeto solitario; porque la
idea de ob jeto aislado, de detalle, supone la necesidad de la relacion,
el deseo de erigirlo en centro de profundizacion, capaz de requerir
10s movimientos de su pensar, para captar las notas del objeto; como
debe pensarse la idea general como sentimiento de perdida de la fuerza
(las conexiones se debilitan en el grado, diriamos, en que los objetos
van perdicndo su contorno sensible y su forma y la fuerza que podria
alcntarlos y ser hallada en otro momento de las oscilaciones de la
l'azon 0 de la vida). La idea de experiencia es, en Comte, limite; pero
ese limite no puede ser verificado; no puede ser sino una abstraccion,
un abandono de 10 concreto, un pensamiento que no se atreve a inten·
sificarse, al que la razon no puede refutal'.

(Omisi6n de los influjos naturales). - Tampoco es el suyo un
naturalismo, y si bien Comte no admite la existencia de nada fuera
de la naturaleza y no recurre, para explicar, a ningiin principio de
orden trascendental, es curioso que falte aquel sentido de 10 concreto,
aquellas operaciones naturales, "tan profundas como Dios mismo";
modos de la sustancia, de las que han de arrancar luego otros sentimientos de 10 desconocido, 0, apoyandose en las cosas, volviendolas
interiormente mas profundas, infundidas pOl' el principio creador de

�Ia vida. Hay aIIi, y pOl' esto es tan dificil caracterizar su pOSICIOn,
abandono de 10 divino, pero no IIega la naturaleza, en la vastedad de
m significado y de sus fuerzas, a ser atendida pOl' el hombre de ciencia.
Comte no es, en verdad, un investigador; ni agita en su sueiio imagenes
y recuerdos; ni despierta emociones de indole artistica, ni suscita en
el sondeo metafisico que IIeve y no abandone de 10 concreto. Curioso
punto de vista, pues, extraiio naturalismo (130) en el que nuestro
autor apenas la atiende (sin IIegar a fundal' un empirismo) la pierde,
Ein sustituirla pOl' pensamientos mas hondos, estimulado en otra esfera
de 10 real. Le sirve para abandonar aDios, pero Comte no siente el
golpeo, en la psiquis, de las fuerzas naturales que traen notas nuevas
"agravada pOl' el sentimiento confuso de la existencia universal".

(Alli la cntlca es un mal).
Asi se vuelve su pensamiento, no
ya contra los modos historicos de pensar superados -los que incluyen
la designacion de modo teol6gico y modo metafisico de pensar-, sino
que tambien se vuelve contra el pensar en cierto modo critico, como
veremos luego, tendiendo cada vez mas a la eliminacion de la ontologia. Si aqui Comte, energicamente, dirige sus saetas a la nocion de
10 absoluto, si, como creemos, es mas valiosa, como se vera, su critic a
de la metafisica verbal, seria preciso acaso, distinguir, en este esfuerzo,
10 que es realmente halIazgo acritico, separado de aquelIa esfera de
10 problematico que· debio incitarle a refIexiones mas consistentes.
Pues, no hay duda: la mera consideracion de la relatividad y las
interdicciones impuestas como el desuso en que caen los problemas,
son criterio bastante para determinar, para siempre, que no se excite
el pensamiento en 10 concreto, que no atienda el pensamiento al paso
de otras realidades, 0 al advenimiento de otras maneras del ser, pero
que quedarian desatendidas; fuerzas acaso que podrian suscitar mas
energicos laboreos, realizaciones mas preclaras, atisbos mas sutiIes.

(Frustraci6n metafisica). - Creemos que un desarrolIo lucido,
advertido, de todas las peripecias del pensamiento comtiano, y tom ado
el termino en su significacion mayor, en cuanto es la metafisica, 0 ha
sido, expresion de una exigencia de unidad, mostraria que Comte es
un metafisico. Pero, es curio so : falto alIi la inquietud, el apetito de
ser, el deseo de integral' el circulo entero de la existencia; el sondeo,
esa actividad de Ia atencion que quiere volverse hacia 10 concreto, hacia
10 posible; falto el retorno de los elementos que vuelven ala identidad
y falto el pensamiento que reitera y escapa, en la critic a, a la idea
de aparicion y avanza para coincidir con los movimientos de la vida,
y falto, en fin, el senti do implacable de la forma: aquelIos esquemas
iniciales de cierta sustancia, que avanzan y enriquecen a la psiquis en

�la concitaclOn de 10 concreto, agravando el pensamiento, ya inca paz
de no obedecer al influjo de esos lllimenes, dominado por ellos, onda
febril de su movimiento y causa de su intensificacion.

(La intuicion de carencia). - Todo el fin de la filosofia se consap:ra a enlazar, a enlazar, a enlazar! A sistematizar. Avanzando hacia la
sistematizacion total de los deseos, de las ideas, de los sentimientos, de
las costumbres. Hay aqui y doquiera, por asi deeirlo, hipnotismo de
la rclacion, una especie de proyeccion espeetral del requerimiento de
la unidad (la mala metafisica que persiste). Pero aqui relacionar, y
esta es una inconsecuencia en Comte, no es para seguir extendiendo
la esfera de las relaciones y sospechando relaciones mas profundas,
ni intento de avanzar por las fisuras, por los hiatus que se Ie revelen.
Comte no advierte que esta necesidad de relacion despierta en el alma
movimientos de apropiacion: de 10 pasado, de 10 futuro, de 10 perdido
y, asi, no es injusto decir que ningun pensador ha dado tanta importancia a la categoria de relacion, pero, tambien que, en ninguno falta
tanto el sentimiento concreto de la relacion, del vinculo, la intuicion
de perdida de 10 otro, 0 de la legitimidad de la omision (entendida
como relacion posible) y de 10 complementario, de la nostalgia de la
totalidad y de la integracion.

, (Coherencia logica y continuidad dogmatica). - Muehas veces
hemos visto que, en Comte, la continuidad es un cuidado. Teme los
hiatus, las contradicciones, los desordenes; se esfuerza, no ya en eoncertar ideal mente el cur so de la historia sino tambien en asegurarlo
en la instauracion del estado positivo y mediante la dictadura normal
(y, en su alma, mediante la nocion de coherencia logica): nada que
rompa la armonia entre los sentimientos, las ideas y las costumbres.
Hay asi, pues, un proposito de unidad que es hijo de sus propensiones
sistematicas y que debe ser distinguido del ideal de coherencia logica.
EI ideal de coherencia logica, solo puede querer decir que, lucidamente,
hemos alcanzado un conocimiento de las relaciones, pero relaciones
actuales, contra las que podrian volverse los hallazgos de 10 nuevo 0 108
en'ores que los atisbos criticos descubran. Pero cuando en Comte no
se mantiene este sentido de la coherencia logica, se vierte y se extiende
la nocion de continuidad. La nocion de continuidad como un cuidado,
y expresion, no de los poderes critic os sino del dogmatismo, a causa
ya del vencimiento de la razon, inerme, ya en la pariilisis de su fuerza
y en el abandono de sus afanes.

(Metafisica y experiencia de 10 absoluto). - Faltando,
en Comte, una verdadera experiencia de la profundidad
mente, presentimiento de desarrollo, objetivamente, noticia
lidad oculta, que llevaria-que exilaria), y careciendo como

como falta
(subjetivade la reacarece, de

�una experiencia de 10 absoluto, era natural que quedaran clausuradas
ms ideas acerca de la religion, y de la metafisica, y del arte. Como falta
alIi la experiencia de la soledad, y aquella concentracion del pensa·
mien to que, al traves de rupturas intenta renovar la melodia de la vida
(Mallarme) y hacer coincidir, en el centro, y oriental' los fragmentos
de su yo con unidad vehemente en 10 desconocido. En lugar de soli·
citarse pOl' 10 absoluto, religioso 0 artistico, en la cesacion del pensa·
miento asegura su relativismo, clausunindose ante el advenimiento del
misterio como fuerza de excitabilidad en el itinerario de su des·
arrollo.
Comte pudo intuir la metafisica como esfuerzo en la direccion de
to mas hondo (Simmel), 0 e.n el reclamo de la personalidad deseosa de
sobrepujar la condicion humana (Bergson), 0 como critic a de las abs·
tracciones (Whitehead); pero ni tuvo experiencia metafisica ni sintio
el deseo de forma, el deseo de expresar. Porque 10 absoluto, 0 cierto
modo de 10 absoluto, 0 experiencias que nos situ en en su direccion, se
Ie hubieran descubierto, si hubiera sido en el mas fuerte la eapaeidad
artistic a, en aquel empleo del artista absorto en el aran de contencion
del alma y de las imagenes, que suponen 10 bello y la facultad "de
hacer comparecer el universo ante la eonciencia". Comte no sintio
la necesidad de seguir sondeando, suseitante; no Ie atrae el viaje a 10
largo de una ruta infinita, avanzando siempre, con la entidad frag.
mentada 0 enhiesta, y con aquella facultad que solo nos liga a la dis·
pet'sion 0 a la metamorfosis, para suscitar en una unidad mas pro·
funda; ni comprende la importancia de seguir estimulado pOl' el
enigma; aquella atraccion que, si destruye, excita la facultad de ex·
presar, ni aquellos desvios heroicos que la superan. Comte obedece,
mucho mas que a la capacidad de crear, a la fuerza logica 0 a los
frenos morales y, acaso, a caprichos que no Ie dejan avanzar en el
conocimiento de 10 absoluto. Asi sus defectos no provienen en verdad
de una earencia de energia; ni esta desprovisto de penetracion; alIi,
mas que a la dispersion se asiste a la detencion, a la paralisis del
pensamiento.
(Relacion - sintesis). - No hay duda de que algunos de los mo·
mentos, de las ideas mas hondas del pensamiento comtiano, cuando
este insinua el movimiento de su profundizaeion y de avance en 10
concreto, aparece, aunque de modo larvario, en las paginas del Curso
del Sistema de Politica Positiva y en su Sintesis. Ha dedieado Comte a
la nocion de relacion un inmenso esfuerzo y ha prestado a esas ideas
muchisimo interes; pero la relacion, como se comprende, solo podra
declarar, no los momentos mas hondos del objeto, ni los momentos
mas hondos del sujeto, sino un esquicio, en cuanto clarifica nuestros
conocimientos, pero esquicio que no debe ser perpetuado pOl' el afan
de no pensar mas. La nocion de coherencia lOgica debe quedar
abierta. EI problema de las relaciones, no puede plantearse abstractamente, de un modo lineal, en extension, sino que, el solo hecho de

�plantearlo evidencia una necesidad de saber, no ya hasta donde se extienden, sino que profundidad alcanzan. Pero para pensar en esta
orienta cion, Comte hubiera tenido que avanzar en e1 terreno de la
llletafisica, 0 en el analisis de la individualidad profunda, no como
mero reflejo de un complejo colectivo sino como unidad solicitada,
atraida hacia la relacion cada vez mas intima consigo mismo, en el
proceso de la vivificacion, hacia un estimulo que, si no la crea, la
alienta en el itinerario de su desarrollo. POI'que e1 yo, la personalidad,
no es meramente un compendio, no es una sintesis que e1 solo afan de
[;0 querer pensar mas perpetue sino que, en la experiencia, se revela
como celeridad de pensamiento y de sentimiento, forma de tension
hacia lo otro, hacia otro momento plastico de su desarrollo que podria
haZZarlo real en otro momento, con mas ricas tonalidades del yo y de
la realidad y en el conocimiento de relaciones antes no advertidas (131) .

(Sobre el paralelismo del problema y de la solucion). - En
Comte aparece siempre la actitud de retencion; una cierta formulacion
abstracta del problema, y una solucion, limitada, adecuada a el y que
10 resuelve y, al mismo tiempo, un cuidado de no trascenderlo. Este
modo de retencion del problema y de la solucion, es muy caracteristico de Comte, y pone en evidencia su temperamento y su propension
dogmatica. Comte tiene un senti do de 10 concreto, que formula y define
para no ahondar mas en 10 real (que Ie llevaria, que, metafisicamente,
Ie exilaria).
(;,Hubo fidelidad a la idea positiva?). - lFue Comte fiel al positi,vismo de racionalidud? lPrevalecio este realmente pOl' conviccion
frente al positivismo de iglesia? l Tiene valor ultimo e1 distingo? En
el nivel de las palabras, si, pero si se atiende al sentido de su obra,
a la direcci6n, al esfuerzo de acomodacion que realiza se nota, en efecto,
que define el positivismo de racionalidad en terminos propios; pero
que, de hecho, Ie asigna un caracter dogmatizante, que viene del positivismo de iglesia. Quiere decir que la distincion es meramente verbal.
Lo que no debe entenderse en el sentido de que Comte no era consiente de ello; el tendia hacia la sistematizacion; era, pOl' temperamento, sistematico; pero, ademas, queria serlo, y no queria dejar
de serlo.
(La propension de lu unidad y la perdida de lo real). - Es muy
dificil, tratandose de pensadores pOl' naturaleza dogmaticos y de propension sistematica, y tambien "energicos", que son llevados, pOl' ne·
cesidad de unidad, a someter la mayor cantidad de experiencia y de
(131)
Comte prefija el limite de la realidad;
prefija
insinnar
ningun
tipo de pensamienlo
que 10 trascienda,
conrnover el concierto
de sus ideas, a romper el cuadra
tencia,
el equilibrio
gnoscologico,
la armonia
sistematica.

el limite de la idea, y no quiere
0 ]0 altere,
nada que venga 3
de su representacion
de la exis-

�ideas bajo la mlsma rubrica, es dificil, digo, comprender el distinto
alcance de 10 que esta previamente dado desde la iniciacion de su filosofia (pOl' ejemplo, Comte en las primeras Cartas a Valat), y separarlo de aquel esfuerzo que quiere incIuir y sistematizar linealmente,
forjando asi una unidad ilusoria, distinguida de una reiteracion vi·
viente, de una especie de afan de la vida que se asoma y vierte en
esfuerzos de unificacion organica y quiere renovar su melodia. Esta
distincion, 0 estos pIanos, pueden ser separados; pero acaso sea mas
propio decir que el esfuerzo sistematico, en Comte, casi una mania,
prefija el limite dentro de los cuales debe realizarse el proceso de la
unificacion. Comte no se abre a la experiencia; atiende al transito de
la finitud historica, pero no erige 10 finito en esfera de exploraciones;
Comte atiende a 10 futuro, peru quiere predeterminarlo desde la exigencia gnoseolOgica que la ciencia aconseja; atiende ala realidad, pero
justamente y como tal, abstractamente, evitando sus poderes, y para
abandonarla y sustituirla pOl' su nocion de lo concreto, una sintesis, un
compendio de las notas de 10 real que el pensamiento trama. Este
momento corresponde a la ausencia de la experiencia metafisica y
critica; su obra toda padece limitacion a causa de no querer estimularse con los aspectos de la realidad desconocida que son... todos.

- (El pensamiento de la realidad omitida). - La calidad critic a de
los pensadores no solo se manifiesta en que saben dejar Los problemas
abiertos, en que no vuelven la espalda ante ninguna cuestion (Vaz Ferreira), en que no confunden solucion y respuesta, sino tambien en una
cierta capacidad de volver sobre los poderes, sortilegos, fijantes, de los
problemas y de las formulas, porque, en el fondo siguien pensando que
podria ser un perjuicio la creencia de que el planteo de todo problema
signifique su solucion (132). Pero sl para Jo positivo y 10 critico (yaqui
usamos los terminos contrariando a Comte) lo valioso es La manera de
filosofar, las cualidades negativas tienen igualmente una manifestacion
precisa, en el caso de Comte, una manifestacion energica, y muy
energica. Comte no se deja estimular pOl' 10 real; no tiene el presen·
timiento de otras soluciones; aunque se admita una como posible,
o mas valiosa, 0 mas fecunda, en ciencia como en filosofia, es siempre
posible, y conveniente, dejar Las cuestiones abiertas, pOl' 10 mismo que
el caracter de toda opinion filosOfica es de ser refutable (Com'not).
Pero Comte eonstruye 10 real; para el 10 real es un compendio que
realiza la idea; sin presuponer la euestion 0 la existencia de la cosa en
si; pudo admitir la existeneia de cosas -de las eosas- como centros
finitos, con poderes emisivos sobre la razon, 0 como centros de computacion de lo concreto y orientaciones de la atencion, que pueden
y que deben ser explorados. Pero Comte no tiene ese senti do de una
realidad extramental, de la existencia de cosas ajenas al pensamiento;
(32)
Vease la opinion
ception d" moude).

de

SIMMEL

en H. Hoffding,

Conceptions

de la vie

(Cap.

Con,

�cuida de que 10 estimulen, cuida, teme de que influyan y alteren su
Eentido de la abstraccion y de la coherencia logica. Ni abre las soluciones a la posibilidad de otras soluciones, ni deja que el pensamiento
'le enriquezca bajo la accion indefinida de una realidad que desconocc.
Esta domina do porIa idea de que todo problema justamente y en
cuanto es planteado, tiene su solucion, y el esta proyectado hacia las
soluciones (y no se intensifica en el problema como tal) ; ni piensa la
ultima respuesta 0 la termina con una interrogacion, como conviene.
Sin duda, formular un problema es intentar la solucion, pero como
Comte tiene cl hipnotismo de la estabilidad, las soluciones Ie son en
cuanto terminan con los problemas, y los absorben. Pero entiendase
que el problema no es 10 queda rebasado pOl' el misterio, sino 10 que
hace imposible el atender a la faz enigmatica de las cosas; el misterio,
10 es, en cuanto debe desatenderse; se atiende al problema para propender a la solucion y alcanzarla, para que no vuelva mas ni como
misterio ni como inquietud. Resolver, aqui, es dejar de pensar; no
pensar mas. Es saber absoluto, impensadamente obtenido en el senti do
rclativizante pero definitivo.

(Soledad para volverse mas hondo). - Notese en Comte el cui·
dado que pone en mantener su soledad y su recogimiento. Notese, tambien, como esta soledad y este recogimiento y sus cuidados, son para
ponerse al servicio de una labor, de una responsabilidad, de una
manera, que buscan la elevacion del hombre y de la historia, desde 10
que iiI piensa y proyecta. Soledad y recogimiento, pues, par·a servir a
esos fines; no aquella soledad y aquel recogimiento que buscan la
relacion intima consigo mismo y que hacen avanzar en la profundidad
de las almas necesitadas de estar en el centro de la vida, de sentirla,
para vel' desde que senos levantan sus figuras exaltadas, en el extasis
o en el sueno, 0 para hallar testimonio de su realidad, 0 para saber
donde comienzan nuestros poderes creadores, en que zona nos ame·
naza la inexistencia de aparicion. Sin duda es muy delicado separar,
tratandose del alma ajena y con tan terrible condena y estigma de
insinceridad, esas esferas; pero, de un modo general, que reclama la
atencion del lector, puede si decirse que Comte requiere la soledad
y el recogimiento para, enterizo, dogmatico, proyectarse y realizar la
historia que quiere; pero no busca el recogimiento y la soledad para
reiterarse arcanamente; para volver a la vida, a la realidad, a 10 posible, con una vision nueva de la existencia; con la exigencia de una
historia nueva que el alma encarna y perpetua con gesto suyo, con
potencia suya y manifiesta ...

(Realidad omitida e ideograma). - Es evidente, en Comte, de que
modo la intensidad reflexiva se realiza y ocurre, como pOl' una especie
de uso exclusivo de una manera entre tantas otras que podria haber
escogido. Es muy debil en el, 0 no existen casi nunca, el esfuerzo hacia

�la complementariedad
que debe ser un ideal. Y una filosofia no debe
excluir jamas 10 complementario, ya que la realidad omitida es justamente el presentimiento de la relacion que llevaria a una integracion
mayor y a una vision mas amplia de los problemas considerados, con
respecto alas realidades omitidas 0 posibles.
(Pensar la idea aislcLdamente) (133). - Hay demasiado, en filosofia, pensamiento conexo, sistematico. Ya de por si propende a ello
la sistematizacion verbal y conceptual; hay, ademas, en la fatiga, el
afan de simetria que lleva a extremar esos defectos. Sin duda es bueno
tratar de comprender a los autores en la organizacion total, alcanzada
por un sistema de ideas; pero, sin perjuicio de esto, que, en efecto,
debe hacerse al leer a Comte, conscientes igualmente de ello, conviene
pensar cada idea aisladamente; arcanamente, concitada en nuestro yo;
notar en ella el grado de abstracion, su poder, sus limites y, realizando
cse esfuerzo, tratar de conexionarla con las otras ideas, buscando, ahora,
los equilibrios en 1a profundidad. Cuando se hace este ejercicio, descubrimos los grados de abstraccion, la intensidad con que cada autor
piensa las ideas; muchas veces result a tambien que los nexos eran falaces y habia, en los sistematicos de este orden, matices, hiatus y un
fragmentarismo mayor de 10 que suponiamos; las soluciones y las
relaciones importaban ser casi siempre debidas a que el autor sentia
la dificultad de los pasajes; se idealizaban Las dificultades, se colmaban
con aquellas palabras que ocupan el lugar que deb en cumplir las intelecciones profundas 0 la insercion vivaz del pensador en el proceso,
la realidad que el analisis podria intercalar, que el atisbo critico
advierte como omitida y, entonces - fondo de otras cogniciones ...
(Alma grande y perdida). - "C'est une grande ame qui ne sait
oil se prendre". (La Mennais). La expresion es tremenda y parece
verdadera. Comte denota, en efecto, un desarrollo sentimental intenso,
pero que apenas recibe estimulos reales; apenas tiene poderes para
la fijacion de las ideas; voluntad para dominar el curso entero de la
vida y de la historia; pero no es la suya aquella voluntad que quiere
acordarse al ritmo de la vida abierta; Comte propende a la imposicion;
su gesto, implacable, elude; su verbo, implacable, enuncia; no se extemia nunca ante 10 posible,. ante 10 insospechado. Es poderosa en
Comte la actitud prehensil, pero mas que la incapacidad de asirse de
que habla el texto de La Mennais, advierto en el una incapacidad de
soltarse, de evadirse hacia la libertad de los enigmas, en el movimiento
de liberacion, en el atisbo critico.
(Valor de 10 omitido y de lo complementario).
- Nunca he visto
un pensador que tenga menos conciencia de 10 omitido -que podria
(33)
Vease Cours
ramcntc, comcntamos.

de philosophie

positive

IV,

p. 300, el notable

pasaje

que,

some·

�ser 10 complementario. Porque el movimiento de nuestras intelecciones
debe dirigirse tambien a integral' la conciencia humana y, en la medida
en que aumentan nuestro saber, volviendo mas lucida nuestra ignorancia (inteligir - ignorar). POl' eso debe ser norte siempre de la cavilaci6n y de la critic a, una insinuaci6n de movimientos totales de
nuestra personalidad, abarcando cada vez mas elementos de la existencia, y el presentimiento de que 10 omitido, de 10 desestimado, de
10 ignorado, que podrian ser notas complementarias, capaces de producir una integraci6n mas completa de nuestra personalidad y de
nuestras ideas; pero, en Comte, faha siempre -sentimentalmente,
la
nostalgia (nostalgia como acto filosOfico y al modo de Novalis, que
llevaria a sentir el deseo de buscar relaciones entre las distintas formas de la existencia; 0 al modo de Nietzsche, como necesidad devoradora de la posibilidad). Falta aZZiLa intuici6n de carencia, el agudo
sentimiento de 10 incompleto, y la espectativa de 10 posible, y el afan
de complementariedad que abismarian en el sondeo de 10 posible.
Comte incluye las ideas en un orden lineal y progresivo; pero 10 omitido, toda manera de 10 omitido, pudo ser, yes, vestigio de metafisica
o torpe utopia imaginal, 0 deseo que no se inserta en la realidad.
Nunca presiente en 10 omitido el comienzo de integraciones 0 conexiones mas extensas; ni tiene la nostalgia de 10 posible, ni oye la clamol'osa historia de 10 perdido.

(Acerca del sentido del orden). - Un aspecto de esa faha, de
esa intuici6n de carencia, de la dificuhad que tuvo Comte para aceptar,
profundizar y redimir sus ideas porIa intervenci6n del pensamiento
metafisico, se declara, de un modo particular, en los planteos que hace
de la idea de orden. Pero el orden no constituye aqui una honda
inquietud metafisica, ni tiene aquel sentido de clave, que J ankelevitch
descubre como la meditaci6n capital del pensamiento bergsoniano; el
orden no esta pensado en contraste con el desorden; ni expresa tampoco la inquietud, la decepci6n sistematica (Spir) de los escepticos;
es mas bien un aspecto de la idea de unidad, del proposito comtiano
de unificar, de sistematizar; no es tampoco aquella unidad energica,
aquel centro activo que establece la continuidad de 10 real; el orden,
en Comte, es un reclamo subjetivo que sirve para mantener la jerarquia de las ideas y el equilibrio en 10 pensado; es una exigencia de
la accion; yes, finalmente, un requerimiento historico: la historia que
Comte proyecta, que el insinua y que la dictadura normal afianzara.
Pero cuando decimos que esta no es una idea metafisica, queremos
significar que Comte no la piensa metafisicamente; no realiza el esfuerzo en profundidad, mas aZZade las imagenes, hasta avanzar hacia
el conocimiento de las causas, al tener que enfrentarse con el material
ind6cil, con la serie, indiferenciada y caotica, de los hechos; no es
tampoco el afan constructivo, ordenador, que quiere entonces difundir
plasticamente las ideas; es el orden, repito, una figura anti-revolucio-

�naria, anti-creadora, una regulacion dogmatica de 10 practico; el gesto
boreal de la elausura, la voluntad de sistema triunfando sobre la
creacion.
(La marcha del pensamiento hacia el sistema). - Dijimos antes
que convenia leer a Comte haciendo fracasar los encadenamientos
sistematicos que, justamente en el, hacian aumentar la conciencia de
la certidumbre cuando en realidad eran la causa de su perdida y,
subjetivamente, el comienzo de los debilitamientos de la razon y de
la critica. Un ejercicio, entonces, muy util, consistiria en seguir el
proceso progresivo de la mayor cantidad posible de ideas; desde el
comienzo de su car.rera, al traves de las fatigas y desastres demenciales;
en el periodo del equilibrio y del temple racional mas sostenido (epoca
del Curso) ; 0 de los comienzos de la experiencia sentimental (Politica
positiva). Ahora, con caracter general, senalaremos que se advierten
en Comte uniones de ideas, la serie progresiva de sus repeticiones (10
decimos ahora para indicar lineas de hechos), la direccion sistematica:
poderosa, energica, manifiesta; afan de su vida, denodado esfuerzo;
y la fatiga, pero igualmente inminente, de repeticiones, de ritmos
o~tensibles, de cadencias; aqui, la extenuacion, como causa de que
las ideas se fijen en sus limites y logren conexiones ficticias; pero,
mas alla de esto, hay tambien en Comte un proceso de organizacion
viviente; un nueleo de aspiraciones 0 de afanes que muy pronto gravitan y se insertan en los ritmos del proceso sistematico 0 de fatiga;
pero que, pOl' momentos, se separan y nos permiten advertirlo. Sin
duda, en la evolucion general de su pensamiento, tienen estos su buena
parte, mas aquellos prevalecen y dominan, y se requiere ineluso cierta
tension y cierto afinamiento critico para distinguirlos, para salvar la
parte de bondad y de eficiencia de estos ultimos. Pero, bien pensado
el problema, la gran dominante en Comte es hacia la sistematizacion;
quiere prevalecer, extenderse sobre los contenidos de su pensamiento,
10 mismo al juzgar la experiencia historica del pasado que al presfigural' la historia futura; 10 mas hondamente senti do en el aparece
borealmente: esa fuerza ciega, invasora, es principio activo; no lleva
nunca a la experiencia abierta; se vierte hacia el sistema; en verdad,
nunca fue mas estrecho el pasaje de la organizacion al ideograma;
y, es pOl' ello que, Comte, nunc a pudo ser un creador; aqui hay sistema
porque no pudo haber creacion; aqui falta la critica, porque la realidad nunca tuvo presentacion inminente hacia la idea ligada al Todo
rebosador; aqui, en fin, a causa del sistema, no hubo personalidad
capaz de engendrar un devenir, ni pasaje a la originalidad creadora,
ni intento de lograr un contacto extenso y profundo con el universo.

(La elevacion). - La filosofia de Nietzsche desentrana un nuevo
metodo, un nuevo sentimiento de exaltacion y de potencia. Comte
no; Comte qui ere regular la vida porIa razon, porIa inteligencia, y

�comprende el sentimiento solo en cuanto regula dol' del orden; quiere
producir la elevacion, pero los sentimientos son considerados en su
normalidad. Nietzsche reclama poderes, contactos, sentidos con la
existencia, movimientos creadores, y una razon lucida, y un sentimiento
de potencia como una expresion de alma extraordinariamente elevada
y nueva. La elevacion misma supone la personalidad, el comienzo de
la historia en el alma, el advenimiento, el pasaje a la originalidad.
Comte confiere mas valor al pensamiento historico que puede influir
sobre el individuo; entonces solo piensa en la elevacion que eI puede
regular y preconcebir. La novedad queda proscrita, y la actuacion del
destino. Y 10 inesperado. Es omitida la potencia creadora del universo
que llevaria a pensar en cualquier cosa en la realizacion de cualquiera
de sus momentos imprevistos.

(La razon inmovilizada). - Comte no advierte, y no advierte
de ninguna manera -tal es la suerte de su dogmatismo- que su filosofia quiere corresponder enteramente a una determinacion de su
temperamento, de su caracter; menos advierte que esa decision, pOl'
10 mismo que no quiere responder a la realidad, no ve en ella sino
el aspecto de la realizacion y el cumplimiento de sus propios fines.
Asi 10 irracional, en eI, subyace, no afana al hombre en el proposito
de reducirlo; resulta, en fin de una exclusion arbitraria del sujeto;
importa una detencion, una renuncia del proceso de racionalizacion (134).
(La etica supone-requiere-el desarrollo). - Puede dar lugar a
una investigacion de interes el estudio, en Comte, de las relaciones
entre la moralidad, la religion y la politica. En un primer plano, la
experiencia politica aparece en eI como fundamental; en un plano
mas profundo, y sobretodo en la segzmda manera de su pensamiento,
la que se consagra en el Sistema de politica positiva, queda sometida
a la experiencia de religiosidad (la suya), pero penetrando en 10 mas
profundo acaso encontraramos que, en la significaci on que da a la
politic a y a la accion y al destino humano, prevalece un sentido, muy
energico, de la moralidad. Claro que en Comte no se plantea el problema con aquel patetismo que aparece, pOl' ej., en Kierkegaard, 0
en Nietzsche. Para Kierkegaard la decision, el empleo de la esperanza,
son eternos y suponen la individualidad; la etica, entonces, queda a
la espalda del desenvolvimiento intensificador. Nietzsche tambiell la
suspende; declara el mal de su intromision en la ontologia; reclama
la exaltacion hacia la potencia y el conocimiento solitario; pero no
se orienta hacia 10 divino; suena otro tipo de inmortalidad; vuelve
a la historia y la supera. Difiere de ellos tanto porIa intensidad del
pensamiento como pOl' el modo de asumir la vida y concebir la his(134)
Detenci6n
pero no porque
sugerir Meyerson, sino por imposicion,

prevalece
13 accion sobre
0 capricho
gnoseol6gico.

la

leoda,

como

parece

�toria. En Comte hay un movimiento hacia 10 humano que eI entiende
terrenalmente (creo que suhordinando la religion a la moral); pero,
podria uno preguntarse, con relacion a los autores citados, si toda
decision, si toda penetracion en la esencia de 10 etico, no requiere la
profundizacion, la rectificacion de la historia y de la experiencia. Si
fuera asi, la moral no podria separarse de la filosofia y de la mistica,
y habria, volviendo a nuestros autores, posibilidad de rectificarlos: a
Kierkegaard, porque el acto etico (como el religioso) contrariamente
a su enseiianza, postularia la experiencia abierta, la personalidad, el
desenvolvimiento infinito; a Nietzsche, porque todo el afan de superar la condicion humana, pediria el desarrollo etico y vivaz; y a Comte,
al prefijar las normas de la conduccion y los limites del desarrollo
moral. Quien tenga, como el, ese concepto de la moralidad, no vuelve
mas intenso el proceso de la historia, ni requiere el uso mas hondo
del alma individual. Moralismo, pues, este, limitado. Ningun reclamo
hay alIi de desenvolvimiento, de revelacion de novedad, de vivificacion.

(Sobre acto filosofico).
El apetito de ser y el sentimiento de
carencia ontologica (135), la agudizacion de la ·conciencia de nuestros
!imites, en aquella dolencia que reclama la profundidad y el proposito
de tornar continuo nuestro desenvolvimiento, han sido numenes activos
en la exploracion y en la creacion de contenido de la metafisica. Alcanzada la conciencia de nuestra finitud, en la indigencia que apenas
recoge la latencia desolada, cuando no llega hasta el alma eco alguno
del mundo exterior y estan cegados para el vertimiento los cauces
de la memoria, nos llevan a intensificar la inquietud metafisica, puestos
en una misteriosa excitabilidad; pero de semejantes situaciones, nos
aleja la doctrina, el sistema, la abstraccion, la perdida de aquel enlace
con el principio general de la vida y de la personalidad. Mas que
motivaciones de orden religioso, mas que propositos gnoseologicos
(posiciones que separan de la vida para acercar al ideograma), han
sido fuerzas en el sondeo metafisico, en el crecimiento humano, en el
hallazgo de vinculos con el ser, el instinto plastico, la necesidad de
representaciones que importen ser el modo de percibir 0 representarse
10 inmenso, acercando el mundo de la revelacion y del conocimiento
a la expresion y confundiendo poesia y filosofia y mistica, alcanzando
a un tiempo "la intuicion directa de profundidades todavia no expresadas".
(Superacion del emptnsmo y perdida de la existencia en el sistema). - Sin duda el positivismo no es un empirismo. Reiteradamente,
Comte ha insistido en ello; buscaba fundaciones nuevas para su doctrina y para su sistema; aspiraba a que ningun elemento empirico
pudiera enturbiar la pureza de su representacion abstracta. Pero rehuir
el empirismo es rehuir 10 dado, es pensar la existencia en el concepto

�}' sustituir la presentacion de 10 real y el ahondamiento de los actos
por fines gnoseologicos; es abandonar la actividad metafisica como
proposito de estimulacion para asegurar la homogeneidad y normalidad de las opiniones -imperialimperiosamente.

(Exploracion en los centros finitos). - En el prologo de Logica
Viva, inspinindose en un complejo y profundo movimiento de ideas,
(propugnadas por Bergson, James, Hoffding, entre otros), seiialaba
Vaz Ferreira, y de ello hemos dado cuenta en otras partes de estos
escolios, la revolucion que se esta operando en nuestro tiempo, y consistente en un esfuerzo del pensamiento humano por independizarse
del lenguaje (136). Esto es verdad y puede considerarse algo defini·
tivamente adquirido; pero, acaso, haya tambien lugar para hablar de
otro tipo de revolucion; revolucion, tambien, en el modo de pensar,
en el modo de expresarnos, en la manera, en fin, de interpretar el
alcance de las ideas, de los sistemas, de las doctrinas, de los metodos,
y especialmente, en la amplitud del enfoque (problema, este, intimamente relacionado con el anterior). Mediante el uso del lenguaje
instauramos la vaguedad y la abstraccion y la precision falsa en nuestros procesos y perdemos coeficientes de realidad, acabando por pensar
al traves de las palabras, solo pensando en los sistemas y en los problemas que vienen definidos e impuestos por la inercia historica y'
con aquella formula que no viene del indagar sino de la tradicion
que los trasmite en el paralelismo, algo pueril, que cierta exegesis
percibe, entre los problemas y las soluciones. Pero l como arrancarnos,
como distinguir la parte del pensamiento en cuanto diferente de la
parte dellenguaje, ya que la conciencia tiende siempre a un lenguaje,
ya que alcanzar la conciencia de las ideas es asignarles una forma y
enunciarles? l Como evitar la inclusion, 0 la absorcion del pensamiento
en la palabra y escapar al prestigio de las ideas generales, 0 eludir
aquella imprecision que incluye cosas en un genero mas vasto, cosas y
generos que corresponden a los vocablos, a los terminos pre-existentes?
(Bergson) Yaqui es donde ha ocurrido la segunda revolucion: en
Jugar del pensamiento que recae en el ser inmovil, el pensamiento
del cambio; en lugar de pensar dentro de generos pre-existentes, el
retorno a una indigencia, el comienzo en contacto con 10 real, la aceptacion de la multiplicidad, de la pluralidad irreductible (137); eJ
esfuerzo del pensamiento 0 para comenzar, no importa don de, sin
orden pre-establecido, 0 haciendo, de cualquier cosa, de cualquier
objeto, un centro de exploraciones infinitas (138). Si aquella manera de
(36)
En el pre/acio, pero ell verdad es una parte principal
del "espiritu"
de esa obra,
y de toda su obra.
(37)
Le pluralisme
est donc l'affirmation
de l'irreductibilite
de certaines idees et de
certaines choses. L'interpretation
des choses et des idees par Ie moniste leur enleve toujours
de leur pllrete; il n'obtient l'unite qu'aux depens de l'unicite.
Le pluralisle
voudrait saisir
les choses en elles - memes, il voudrait trouver en elles des caraeteres parliculiers
qui les
separaraint
les unes des autres, qui les isoleraient.
(Les Philosophies pluralistes d'Angleterre
et d'Amerique
por Jean Wahl), pag. 243.
(38)
En BERGSON se reitera la idea, el proposito
de pensar cada cosa ; trascender
la

�pensar llevaba al pensamiento sistematico, lleva esta mas al pensamiento
aforistico; si se consolida la primera en el sistema de ideas, esta adelanta sus pasos hacia el hecho aislado, hacia el fragmento, y en lugar
del proceso de la inclusion incesante de las ideas, venimos a la nocion
de filosofia como descripcion de 10 individual, como intensificacion
en la finitud (139).
(La predestinacion de laberinto). - Los movimientos y los esfuerzos de la interpretacion, tienden si no se los vigila, al sistema.
Es, sin duda alguna, el sistema, aquella forma en que se elucido algo
de la realidad, en el choque primero de la subjetividad que quiso
buscar la correspondencia, la conexion intima mas energica entre el
mundo de los objetos y el mundo de las representaciones. Son pOI'
ello y pOI' 10 mismo, los sistemas, interrupciones de aquel pensamiento
que seguiria desolado en su fondo y solo ininterrumpido en el atisbo
que el hombre no quisiera que cesara, alejamientos de la vida profunda, imagenes necesarias pero que debemos concebir como transi·
torias, conscientes de la frustracion y del hiatus que nos hace romper
los limites de la experiencia de 10 conocido y volver a la vida (140).

(Hecho· cosa). - Comte carecia bastante de poderes de configuracion plastica. No se Ie descubre, pOI' ejemplo, solicitado pOI' los
hechos, pOI' las cosas. Las impresiones sensibles, el mundo pintoresco
(Bergson) , el mundo cualitativo que en su plena exterioridad intent an
describir, de modo diverso, un Whitehead, un Max Scheler, un Lawrence, las cosas como tales, que en su presencia y densidad atraen la
atencion de un Cezanne, de un Van Gogh (141), centros, poderes de
formnla del problema,
captada en 10 que es ella, en su singularidad,
en su cuaHdad propia.
La idea de que se puede empezar
a pensar por cualquier
parte, erigiendo
cualquier
cosa
en centro de exploracion
(en el sentido de la individualidad
solitaria,
0 en el sentido
de
13 reladon),
no es contraria, nos parece, al espiritu de so ensenanza.
(139)
Puntos de vista, estos, que, de algun modo, determinaron
Ia cavilaci6n esceptica
(adquiere
conciencia
al traves de la obra de Nietzsche).
Antecedentes
de ella, intentos
de preferir
la finitnd
a 10 infinito,
y la idea de que al traves de la capcion de 10 indio
vidual logramos una apertura en 10 concreto,
una labor asidua que no nos separa de Ia
experiencia,
se decIara en las filosofias
pluralistas,
e inspira Ia labor de Bergson.
Comle
sigue siendo, en cierto modo, un pensador
clasico;
con Ia sola diferencia
de que no Ie
interesa
el ser (pero tampoco la cosa);
pero de las filosoHas clasicas recibe la herencia
de los criterios de coherencia logica, de legalidad;
10 nuevo, si esto es nuevo, en el, es
la actitud negativa,
las interdicciones
que impone a 10 metafisico.
La via de las filosofias
deductivas en cuanto al uso 0 al eOlpleo de Ias ideas generales 0 abstractas, no es diferente
mientras que, Ia modalidad
de nuestro tiempo seria, en 10 subjetivo,
el pensar hasta hallar
la nota singular,
Ia diferencia
y en mantenerla·
en su aislamiento;
en 10 subjetivo,
en
pensar 10s hechos individuales.
En lugar de pasaje hacia una cOllcatenacion
de ideas, de
conceptos
y luego de sistemas,
en lugar de pasaje, adhesion
al centro
finito,
exploracion
en el centro finito, intensificacion
en el centro finito, en la cualidad propia de una idea,
de un sentimiento,
de un hecho.
(140)
El sistema omite. A causa de nuestra limitacion
somos llevados al sistema y a la
necesidad
de sospechar la actitud que 10 supere. Sobre sentidos de 10 sistematico:
L. Bruns·
chvicg, Spinoza. p. 41; Vaz Ferreira,
Fermentario, pags. 87 y 89; Valery. Presence de Valery.
(141)
Utilizaroos
resultados,
adquisiciones,
atisbos de Jean Wahl (Vers Ie concret y los
articulos
publicados
en Recherches philosophiques).

�absorcion del devenir (142), que dejan en la memoria una huella
de su paso y que son tambien centros de condensacion, fragmentos
poderosos, no despiertan en el tampoco rotaciones atencionales. Notese
que Comte no fue un investigador; ni tuvo, carecio "de la facultad
sublime de hacer comparecer ante si el Universo", ni siente luego la
nostalgia de sus perdidas, en el sentido de Nietzsche (causa 0 nostalgia
de belleza de Kierkegaard, de Proust), ni organizan ni determinan el
movimiento incesante del corazon y de las pasiones de que habla Max
Scheler (Ordo amoris). Las cosas, los hechos, no han logrado ningun
itinerario desde la sangre hasta el espiritu; ni fueron centros de
atraccion, computaciones concretas para su atencion, para su reflexion,
ni esfera de vibracion y percepcion de 10 efimero. Nunca insimia
Comte el movimiento de apropiacion que avanza hacia elIas, ni quiere
captarlas en su modo propio, ni el otro movimiento, en los senos del
alma, que qui ere levantarlas de 10 perdido y considerarlas de nuevo
en un esfuerzo de vivificacion que haga sentir la vida del espiritu
y sus poderes y capacidades de invencion y de suscitacion en 10 desconocido. De donde el que falte en Comte una experiencia metafisica
de 10 concreto, de la pluralidad, de la individualidad solitaria, de la
cosa aislada, como centro de exploracion, y la imposibilidad en que
estuvo de ser un verdadero hombre de ciencia, y un artist a, y un metafisico, y un mistico. Falta alIi una filosofia del espiritu y de la creacion. Cada pensamiento que se hace definitivo ahandona el momento
de la profundidad del universo y del desarrollo de la personalidad.

(Falta el estilo que seiiala la direccion de lo mas hondo). - Raya
o no vida religiosa en Comte, y yo creo que solo hubo conatos de ella,
es 10 cierto que no enlaza nunc a ni el estremecimiento, ni la alegria,
ni el atisbo de posibilidades que activen el proceso de vivificacion y
profundidad, ni aquella interioridad de expresion, aquel modo arcano
de aludir que situ an en la direccion de una experiencia real y que se
advierte en los grandes genios, sean 0 no religiosos.

(Personalidad y creacion). - A. Comte no concede ninglin valor
a la nocion de genialidad, de creacion; todo 10 supedita al concepto.
Pero la creacion es un requerimiento para reintroducir la vida en el
espiritu. l Como, sin ella, introducir 10 nuevo, suscitar la personalidad? (143).
(Complejidad del acto filosofico). - Toda filosofia parte del supuesto de que el universo es; de que hay un remanente, de sucesos, de
objetos, a los que el hombre no ha atendido; de que hay una realidad
(142)

Vease

los estudios

de Pierre

Berger

sobre

Blake

Cintroducciones

a Premiers

et

seconds livres prophetiques).
(143)
Solo salva una filosoHa
Comte, no hay consideracion
alguna

creadora
ni hacia

y la creacion
la personalidad

supone la personalidad,
ni hacia 1a creacion.

y, en

�que permanece inempleada; una novedad, entonces, algo que en eI
universo espera el gesto de la voluntad 0 de la invencion emotiva, 0 el
acto intelectual 0 intuitivo: una sonda hu:mana que capte los objetos
individuales y sensibilice las conciencias, y haga acrecer cl impetu de
crcacion, y evoque 10 posiblc, y quede con capacidad para engendrar
un dcvenir y producir la celeridad de las formas y la abncgacion de la
razon (144,) que percibe los contornos de 10 real, un pensamiento
inconmcnsurable, ya en la zona del conocimicnto de 10 dcsconocido, un
pensamiento no pens ante (Jaspers) .

(Sobre experiencia sentimental). - Los que han leido sobre todo
las ultimas obras de Comte, principalmente los pre/acios personales,
el tomo primero de la Politica positiva y otros pasajcs de esta obra,
habran notado cUlinreiteradamcnte, con que esfuerzo, se va definiendo
en Comte una experiencia de tipo sentimental; sofocada e informe en
la primera epoca de su carrera, acaso en el periodo de redaccion del
Curso en lucha con las propensiones racionales --el cierto racionalismo·
de Comte que toma en el caractcres muy particulares que es preciso
notar-, a raiz de su experiencia amorosa cobra mayor resalte, y, de
alguna manera, prevalece si no sobre la razon sobre el esfuerzo explicativo que Comte Ie subordina. En el Sistema de Politica Positiva
Comte descubre un reino humano superior, independiente, una especie
de a priori emotivo, centro motor subjetivo, que no esta estimulado
pOl' 10 divino, que tampoco esta alcanzado porIa naturaleza y que
es, sin embargo, centro de actos humanos, capaz de mejorar las operariones de las inteligencias y producir una elevacion practica, humana
e historica. Ese centro emotivo Ie sugiere la existencia, la capacidad de
promocion, pero no Ie sirve para profundizar en el conocimiento de
su hondura y en el alcance de una zona mas cierta de la experiencia,
y pocas veces se advierte tanto como el aguijon de 10 desconocido no 10
afecta, y como, cuando descubre 0 intuye el reino de lo meta/isico, no
penetra, no avanza por alli (de tal manera se ha consolidado en el
habito de la clausura) y vuelve sus pasos hacia un sistema que solo
retiene de la existencia los. aspectos y los momentos superficiales.

(Sobre la idea critica).
Se habla generalmente de la filosofia
como pensamiento critico. Como critic a la comprendia Kant; como
critic a la desenvuelve ahora y en estos terminos, Leon Brunschvicg:
"Un systeme qui suspend it un acte initial de foi, la legitimite de la
demonstration rationnelle, qui substitue it l'examen des antinomies
comme telles une solution dogmatique en faveur des theses, procede
evidentement d'une inspiration anterieure, et d'une inspiration contraire, it la critique kantienne". Y luego: "La philosophie kantienne,
en tant du moins qu'elle est esentiellement critique, est une philosophie

�de la re£lexion, du nachdenken; eUe ne procede pas d'une virtualite
anterieure a'sa prope constitution et ou seraient deja inscrits et
donnes les traits principaux de la conclusion; elle cherche laborieusement une synthese dont elle ne saurait prevoir ni comment, ni
meme si elle se produira" (145). Y, en ese sentido, se seiiala la labor
de independencia de la razon con respecto a sus contenidos, su espontaneidad acaso y los poderes que manifiesta, y los cuidados de no
constituirse y de no proceder de una virtualidad anterior a so pro pia
constitucion. Pero no se seiiala que el esfuerzo sup one la manifestacion
dcl pensamiento, el estremecimiento en el enfoque, y una renovacion
que no debe extenuar el contenido de la idea sino comprenderla en su
limitacion. Pero, mas hondamente, me parece ser un caracter del pensamiento critico, el avance hacia una plenitud que, 0 destruye el objeto
en su limitacion (no digo que destruya), 0 10 supera 0 Ie infunde
propiedades vivificas, sin dejar de lograr por ello una insercion en el
pensamiento, en el esfuerzo que enfrenta la existencia y cuyo abarcarniento tambien quisiera realizar al lograr una unidad de conciencia
ma~ vasta y en la presencia, inminente, que despierta 10 real.

(La certidumbre, el reclamo mas hondo). - 5i bien se piensa, el
objeto de la filosofia es pensar, abrazarse a 10 dado, reconocerlo en
sus particularidades, describirlo, hallar, tambien, las condiciones que
aseguren el usa de los habitos de analisis, y asi, y en cuanto a sus resultados, la filosofia funda - haZZa el fondo 0 confunde, infunde poderes, fuerzas de transfiguracion de los objetos, y se estimula con 10
real, y atiende al modo de los elementos. Pero, mas alla, el filosofo
quiere elucidar zonas de su alma, abrir a un senti do de la vida, hallar
un centro de emanacion de la novedad y despertar en la soberania del
espectaculo con poderes suyos, creadores y suscitantes, y enunciaciones
que Ie den conciencia de que no piensa la apariencia, de que no
·enuncia la apariencia - conciencia si, de que enuncia el ser (146).

(dPiensa la apariencia 0 piensa el ser?) - Una filosofia que renuncie a esa necesidad implacable y a ese requerimiento de hacer la
prucba de nuestra alma y la prueba de nuestro vigor, no podra darnos
j amas la mocion de 10 pensado; saber si pensamos la existencia" si'
movemos, y a que hondura, las ondas del ser, si somos 0 no victimas
de la realidad de la inexistencia. Y tampoco sabra de la originalidad,
de aguel movimiento de nuestra identidad que se vierte y proyecta
(145)
La obra de Ia filosofia
es critica esencialmente,
enseiia Dupn'el.
(146)
Se vuelve asi a la idea platonica
de Ia filosofia como vivificacion,
a la idea de
Navalis "como exploracion fraternal hacia el Mundo de Ios objetos" y despertar de 13 vocacion
human a que prefigure
su futuro el fntnro capaz de captar Ia futura presentacion
de 10
real hallado en oLra manera de 10 humano. Asi, Is filosofia
se cODvierte
en pensamiento
augural
y profetismo
del desarrollo,
y lIega al Iogro de su negacion
y a su momento
mas
alto, cuando 13 trasciende
Ia realidad desconocida
que 13 domina y constriiie
a pensar con
ignorancia.

/

�en la configuracion de las ideas, de las formas, en la actividad del
analisis, en el intento de dominar Los contornos enormes de la potencia
de lo desconocido que nos sofocan. Sin duda es el positivismo una filosofia que requiere el uso energico de la inteligencia; pero esta se
proyecta en la direccion de las conexiones y de la relacion. Como ac·
tividad critic a, y esto es un cuidado, pero no un cuidado del error, ni
un temor de haber generalizado, prematuramente, 0 de haber omi·
tido (147); la critica, en Comte, se vuelve para proteger el primer
perfil y el horizonte de la idea, y no es, de ninguna manera, el posi.
tivismo, una filosofia creadora. Comte define el acto filosOfico en terminos particularisimos de forzosidad gnoseolOgica; en su filosofia
como en su metafisica, el acto filosOfico aparece condicionado, es una
determinacion de la razon; 10 que irrumpiria como novedad al traves
de los poderes creadores del hombre es desestimado y concebido como
desorden (no sabe pensar en cualquier parte, no sabe pensar en cual·
quier cosa).
(Para servir a la elasticidad espiritual). - Aunque multiples y
variadas son las causas que podrian justificar la necesidad de la fi·
losofia, revelando de ella la eficacia historic a de sus beneficios, el me·
joramiento de las actitudes criticas, y el de las posibilidades y uso
de las potencias humanas que podrian hallar aplicaciones todavia
insospechadas 0 demudarse en el contacto cada vez mas amplio y mas
libre de los enigmas, por ahora y para que se comprenda inmediatamente, conviene recordar como la filosofia nos mantiene agiles, alert as,
en la percepcion de las ideas fundamentales acerca de la existencia,
en las reflexiones activas "que han de iluminar el sistema social d~
convivencia", y en aquel proposito de suscitar la originalidad solitaria
y hallar en si mismo aquel impulso que nos hace coincidir con el
fondo de la vida propia al tiempo que nos aleja de la inactividad del
lugar comun, de la premura esteril, de la impaciencia y de la exigencia del sistema, en que naufraga la personalidad, ya clausurada al
desarrollo, ya ajena al eterno mensaje de la vida y de la belleza (148).

(Apasionamiento). - Inutil parece tener que agregar el valor en
si de los sistemas, en cuanto ellos han significado un· triunfo sobre lo
inmenso, y la resolucion (inesperada) de un fondo de realidad desconocida. Inutil agregar, igualmente, como ilustran acerca de la forma
y limites que alcanza la desventura vital; inutil, todavia, ocultar su
(147)
Es a partir de una aetitud alerta, en el sentimiento
permanente
de Ia difieultad
y del obstaeulo y en el no olvido del problematismo
de Ia existeneia,
que debe ballar su
origen aquella aetividad
filosofiea
que, al volver a Ia solueion
descubre
y destruye,
mas
alIa de Ias efigies de Ia forma, Ios motivos eritieos que abren el cauce alas
aetividades
creadoras que advierten 10 desconocido,
interesados ya en Ia experiencia
en con stante protesta frente alas
solueiones
que Ia determinan
y fijan.
(148)
Quisiera baber destaeado, en este y otros textos, Ia idea segun Ia eual Ia filosofia debe tambien ser concebida como un esfuerzo de compensacion,
de complementacion,
por 10 mismo que todo pensar omite ...

�valor en cminto, al emanciparse, formas de aquellas mentes en que
cobraran origen y aliento, quedan clausurados al desarrollo y descubren los errores de la razon, 0 dan lugar entonces a que, del seno
de la vida, irrumpan nuevas excitaciones y partidas para el pensamiento solitario, y relaciones imprevistas, con otros aspectos del uni·
verso. Asi, la discontinuidad de los sistemas filosOficos y el cierre
hermetico que alcanzan en la forma, y la muerte que en la forma
tienen, dejan libre al hombre para que ensaye otras operaciones y
para que su inteligencia, 0 su sentimiento, 0 su voluntad, sean modos
tambien nuevos de retencion de 10 desconocido 0 hipotesis de la persona en el itinerario de su vida, hacia la vivificacion de la conciencia
que la piense.
(Hacia lo inverificable).
Todo pensamiento limitado y ya en
la forma limite que 10 alberga, debiera ser para todos la senal del
punto en que hemos escindido, de un proceso vivo e indiviso, la nota
que 10 interrumpe al abstraerlo y elevarlo a la categoria de idea. La
idea, hiatus entonces del pensamiento, debiera ser la imagen y eIrecuerdo viviente de algo que pensamos, 0 pensaremos con dificultad,
en el sentimiento de la indigencia primitiva. Si olvidamos que transcurre la vida en la experiencia abierta, que todo pensar omite, quedamos clausurados al desarrollo, y sin sentiI' ya las limitaciones,
perdido el sentimiento de relacion con un vago mas alIa, no nos
atreveremos a penetrar en la originalidad de 10 impreciso, revelados
en el sentimiento de direcciones nuevas y de sentidos nuevos de la
existencia ...
(Superar el limite de contracci6n). - En la metafisica, la actio
vidad creadora aspira a la integracion de los componentes y a mantener
]a intensidad de 10 real, y lucida, energica, el desarrollo de la personalidad. (Seria una expresion de la decadencia, una filosofia que se
guardara en la certidumbre de sus hallazgos y no experimentara su
limitacion, 0 si, en la misma limitacion, no hallara los motivos de
nuevos estimulos y de incitaciones que amplien el circulo de la
cxistencia. )
(Nostalgia de la perdida). - Una filosofia que carezca del sentimiento de la omision, de haber omitido algun suceso, de prescindir
de alguna fuerza, del poder pasado, 0 de su advenimiento en formas
nuevas, sera una filosofia no viviente, expuesta en los terminos de sus
ignorancias y de sus errores y de sus abstracciones opel'an do en la
indefinida libertad del no ser (149).

(149)
matizacion"

"La filosofia
(Whitehead).

no

puede

excluir

nada.

Asi,

no

es posible

que

parta

de la

siste·

�(La personalidad, una hipotesis accidental). - Es, ademas, solo
a partir del sentimiento de una personalidad que conoce su limite
porque conoce su desarrollo, y tambien del sentimiento de que existen
fuerzas creadoras, 0 zonas, en el alma, de excitabilidad y demudacion
de 10 dcsconocido, que puede descubrirse la limitacion, la frustracion
y escapar al dogmatismo, para no sentir mas el dogmatismo como certidumbre ...
(Exilio necesario). - Pero ese supuesto de omision, y de dogmatismo, esa fijeza, hacen sentir la ausencia y la necesidad de la relacion.
La ausencia y la necesidad, sentidas, de evocar, atienden al acaeci·
mien to; despiertan a 10 posible; y de esas situaciones, puede brotar
la exigencia explicativa, y el arte que, al elucidar, configuran un proceso y un limite. Y es de aquellas que nace el acto filosOfico que exila
en nostalgia de ser y de estar doquiera, y la relacion de ausencia, el
vinculo con 10 concreto, la exploracion y perdida en cualquier parte.
(Exigencia arcana). - Pero la nostalgia de estar y de relacion no
mero apetito de realizacion existencial, es logro de la presencia;
pero toda filosofia de la presencia puede caer en la abstraccion, de·
terminar la imposibilidad de la relacion y sustraer al desarrollo, si no
hace sentir la necesidad de crear, de amor que columbra la necesidad
de infundir otra consistencia a los objetos, 10 lleva a la sed de la sangre,
a la fantasia doliente, al vinculo y a su presencia inolvidable, puesto
en la esfera de los camhios, y proyectado a relaciones mas hondas. No
sentir la necesidad de relacion, es no sentir la necesidad de nacer, de
exaltarse, en los advenimientos de 10 concreto, en la reiteracion de 10
pasado, en la apropiacion de 10 futuro, oscilantes en el acto vivifico
del conocimiento.
e:;:

(La atencion acomodada al advenimiento). - Mas de 10 que se
piensa, en lugar de la admiracion y del asombro, la filosofia podria
nacer de la observacion; pero, de esta, capaz de remontarse al analisis,
y de volver, en la atencion, a la paciencia que juega con el acontecer
y que, al no separar de 10 concreto, vuelve a la vida, en la protest a
contra la idea que la piensa y limita, y consciente, al mismo tiempo,
del peligro que suponen la finitud cerrada y el sistema.
(Unidad pasiva, no unidad activa - palpitante). - La nocIOn de
unidad aparece en Comte; l'e domina; determina el caracter de su
pensar, expresa, antes de lograr la inquietud, el desasosiego, no muy
hondo, de su razon. Pero su unidad no es laborante; no es aquella
unidad de los que se sienten atraidos y tram an y enlazan aspectos de
la existencia (bajo la accion indefinida del destino) ; ni hay alIi sen·
timiento, nostalgia de complementacion de 10 pasado, ni gesto de apropiacion de 10 futuro ... No labra su unidad en el tiempo, en cl uso

�de 10 concreto. La unidad, aqui, es constituida, la traza la mano del
pensador, la requiere el sistema; no es el fondo hallado, no es ellimite
que no puede superarse; es el limite impuesto, el reclamo de la fa·
tiga, - es 10 absoluto que no quiere conocer y que enuncia y que teme
el fondo de realidades que la alterarian, que la exilarian.

(Unidad como limite impuesto). - Ni es la unidad tampoco del
critico, aquel proceso de pensamiento que autoriza la idea de cierta
regulacion de la existencia y que aparece como el compendio de 10
pensado ante la exigencia preclara del pensamiento que analiza. Sabe,
claro es, como hombre, que existe 10 inacabado, 10 inacabable; sabe
que el saber es precario y que es posible fijar un termino ultimo de
las adquisiciones y, de ese no saber, surge la renuncia del querer saber;
mas limita el esfuerzo y 10 proyecta entonces en el sentido de sus pre·
figuraciones, dogmatico, para hacer coincidir el orden de las verda des
y el orden de las existencias. Asi la unidad lograda se realiza dentro
de la limitacion; no es garantia de verdad; carece de validez metafisica; es una imposicion de su teoria del conocimiento.

(Enclaustraci6n del pensamiento y cierre hermetico de la ex istencia). - Una y mil veces y de todas maneras, hace Comte renuncia
de aquel afan metafisico que busca conexiones cada vez mas extensas
en la realidad 0 que intenta avances mas vehementes en el mundo de
]os ideales. Comte no concibe la filosofia como una hipotesis de
nuestro desarrollo; tampoco como una prueba de nuestro vigor; las
limitaciones y las interdicciones metafisicas; el sondeo, la necesidad
de explicar 0 de comprender 0 de alcanzar una conciencia de la igno.
rancia, no Ie afectan. EI positivismo no quiere volver mas lucida
nuestra representacion de la existencia, ni mas extensa ni mas honda
la inteleccion de nuestras ignorancias. EI positivismo es un estado de
suspension; no abandona al hombre a 10 desconocido; 10 desconocido
deja de ser un estimulante del pensar; 10 puramente humano se define
pOl' prohibiciones, pOl' vetos, pOl' certidumbres fatales.

(EI movimiento contra la vida). - A la nocion, al sentimiento de
una vida limitada al hallazgo de un limite de opacidad que otros pen·
sadores activos han encontrado, Comte opone la idea de un limite de
contracci6n; elimina el deseo de totalidad, la necesidad de integracion,
el requerimiento de una personalidad que, en la dolencia de su limite,
quiere amanecer a una conciencia mas honda de la vida.

(Limite que perdura). - La delimitacion de los problemas es superficial. No existe mas alIa de la esfera de claridad con que ]os
pensamos.

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                <text>Se me perdonara que al exponer este plan reitere puntos de vista que me han inspirado en la enseñanza, bajo la sugestión de motivos que se relacionan con la formación del educando (de sus afectos, de sus voliciones, de sus pensamientos). Porque, en verdad, es el valor del alumno, del hombre, el que tiende a ocupar un sitio principal en mi pensamiento. Ello no quiere decir que no recurra o que prescinda, llegado el caso, de la exposición histórica 0 sistemática de los temas, o al confrontar las experiencias con los datos de la ciencia y de la cosmología; ni que dejare de derivar las consecuencias prácticas, buenas o funestas, de las doctrinas, determinando en cada caso los limites consentidos en la exposición pedagógica, 0 los impuestos por las limitaciones personales nuestras, y las reservas de sinceridad, por lo que no comprendemos e ignoramos.</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República.    Montevideo : FHC, UR , 1947, Año I, Nº 1 : p. 137-206&#13;
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                    <text>San Agustin y el Problema del Mal
en el Neoplatonismo Cristiano (1)
Una de las caractenstlcas del pensamiento de San Agustin que
demuestra su fervor de vida espiritual y su exigencia de sinceridad,
esta en esa inquietud y esa insatisfaccion interiores que siempre Ie
impidieron detenerse en una solucion alcanzada y considerarla definitiva, mientras la honda conciencia de los problemas 10 impulsaba
a profundizar continua y ulteriormente su investigacion. Esta insatisbccion y conciencia de problemas ulteriores, se convierten luego en
una fecunda herencia legada pOl' San Agustin al pensamiento sucesivo
y, especialmente, al neoplatonismo cristiano procedente de su enseiianza. De manera particular, semejante herencia nos aparece visible
en relacion al problema central de la fisolofia agustiniana -asi como
de toda la patristica-,
es decir, el problema del mal.
Vinculado con las preocupaciones mas hondas del espiritu cristiano (tocantes al destino del alma, al pecado, a la salvacion) asi
como con los problemas etico-teologicos referentes a la creaci6n, la
cncarnacion y la gracia, este problema del mal habia sido c~ntral en
la mente de San Agustin desde el primer despertar del interes filosOfico en el, pOl' el influjo del Hortensius de Ciceron. Inspirada en el
Protreptico de Arist6teles, esta obra ciceroniana, perdida para nosotros, volvia a presentar la doctrina etico-religiosa del orfismo y platonismo, que consideran el nacimiento como expiacion de un pecado
original, que el alma paga en la carcel del cuerpo, al que se encuentra
atada tal como el prisionero de los ladrones etruscos, atado cara a
car a con un cadaver en putrefaccion y conden ado de esta manera a
la agonia mas atroz.
De ahi el anhelo de liheracion que el alma' experimenta, y que
sOlo puede satisfacer mediante la purificacion del pecado, que el
platonismo busca especialmente en la filosofia y en la vida contemplativa, medio supremo de salvacion eterna.

�Esta doctrina, en el platonismo y neoplatonismo antiguos, ya
estaba vinculada con el problema del origen del mal. Aceptando del
orfismo la idea que el cuerpo es carcel 0 tumba del alma y, por ende,
malo por su naturaleza misma, Platon se encontraba ya orientado
hacia la consideracion de la materia como causa del mal; y por eso
en el TimefJ la llama "concausa", es decir, causa real que, por si
misma, lucha con la causa divina del orden y la perfeccion, interviene
en la formacion del mundo, donde se enfrentan las fuerzas del orden
y del desorden. La lucha entre la materia y Dios se transforma luego,
en Las Leyes del mismo Platon, por influjo del dualismo persa, en un
contraste entre el alma cosmica buena y la mala; y este dualismo
persa y platonico repercute mas tarde en el maniquelsmo, donde los
dos principios antagonicos del bien (Dios) y del mal (demonio), son
identificados, el primero con la luz y el segundo con las tinieblas.
Las tinieblas han logrado encarcelar centellas de la luz, que son las
\ almas, cuya liberacion por ende puede alcanzarse unicamente con
eliminar la generacion, 0 sea, la transmision de la herencia del pecado.
En ambas doctrinas dualistas, pues, la orfico-platonica y la maniquea, que en momentos sucesivos lograron la adhesion juvenil de
San Agustin, habia un aspecto que debia determinar luego su alejamiento y repudio de ellas por incompatibles con el cristianismo; y
era la consideracion del mal como realidad positiva, antitetica al bien
eero colocada en el mismo plano de realidad primordial que aquel,
por la afirmacion de un dualismo originario de dos poderes opuestos.
Bien y mal debian en su oposicion y lucha considerarse como dos
seres 0 fuerzas igualmente reales y primordiales, desarrollando eternamente su accion una contra otra. Lo cual en Platon, cuya clasificacion jerarquica de las ideas eternas parecia tender hacia una reciprocidad 0 identificacion entre bien y ser (colocados ora uno ora
otro en el apice de la escala ideal), podia contener una contradiccion
interior al atribuir tambien al mal un ser real; pero tenia su vinculacion con toda la tradicion del pensamiento pagano, que planteaba
el problema moral como problema de la felicidad, y por eso so la acer
un alance de os bienes yae 10s males en la vida del hombre. Verdad
que mientras la tradicion corriente planteaba ese problema tan solo
en el terreno de la vida presente, llegando alas opuestas conclusiones
del optimismo y pesimismo, en cambio el orfi mo y Platon desplazaban su mirada hacia la vida futura, vinculando su problema con la
inea del pecado y con la exigencia de-;alvacion.
Se realizaba de esta manera un encaminamiento hacia la idea de
una causalidad interior, atribuyendose al alma misma y a la voluntad
humana la responsabilidad esencial en la determinacion del destino
personal futuro; pero en esta misma doctrina, el principio del bien
aparecia unicamente como fuerza y voluntad de orden, y quedaba
frente a eI la resistencia de la materia corporea, considerada como
causa del mal, exterior al espiritu, es decir, teniendo una realidad
propia frente al espiritu e independiente de el.
Esta situacion cambia de manera esencial en la doctrina cristiana,

I

'--

�por la aceptaclOn de la idea de una creaClOn de la nada. La. materia
ya no tiene esa primordialidad aut(i~oma y eterna que t';nia en la
tradicion pagana, y que podia fundamentar su definicion como "mal
por su naturaleza", a raiz de su resistencia y oposicion al espiritu, al
orden y a la perfeccion del bien. Siendo la materia una realidad creada,
cs decir, procedente de Dios, no puede ser un mal por si misma. Si to a
realidad procede de Dios, sumo bien y fuente unicamente de bienes,
tcdo ser debe tener el canicter de bien.
Todo ser (incluso la materia) «!ebe'por 10 tanto reconocerse como
un bien por su naturaleza; y el mal puede consistir solamente en el
uso 'cul able que es negacion del bien, es decir, negacion del ser, de
La jcrarquia y el orden intrinsecos a el. EI mal pues, es ura neo-atividad' no una realidad positiva frente a la del bien, sino solo la
negacion del bien identificado con el ser. De esta manera tampoco
puede el mal proceder de una causa positiva mala, sino unicamente
de una eleccion equivocada, vale decir, de la voluntad. La unica fuente
del mal se encuentra, pues, en nuestro querer, 0 sea es una fuente
interior, que esta en el alma; el mal no es otra cosa que una negacion
tIel bien hecha -porIa voluntad.
Asi se determina el transito de la teoria que atribuye una positividad a la causa del mal, a la teoria de su negatividad.
EI estimulo hacia semejante transito habiase hecho sentir de
manera parcial en el mismo neoplatonismo pagano. Escribia Plotino
en la Eneada I, libro 8, cap. 7:
"Pero, l como, pues, si existe el bien, debe tambien existir nece"sariamente el mal? lAcaso porque en el universo debe existir la
" materia? Pues, pOl' necesidad este universo consta de contrarios, y
"no existiria si no existiese la materia. Efectivamente, la naturaleza
"de este universo es una mezcla de intelecto y de necesidad; y todo
"10 que recibe de Dios es bien; en cambio los males Ie provienen de
"la antigua natnraleza, la materia...
Y tambien asi puede apre"henderse la necesidad del mal: pucs como no existe solamente el
" Bien, la necesidad dcriva de eI pOl' descenso. 0, si se qui ere decirlo
"asi, en el cterno descenso y alejamiento, del primer principio per"fectisimo, el ultimo, despues del cual no es posible que nazca al~o,
"este es el mal; ahora bien, por necesidad existe 10 que se halla
"despues del primero, pOl' 10 cual tambien el ultimo existe. Este es
"la materia, que no posee ya nada de aquel primero, y esta es la ne"cesidad del mal".
Puede reconocerse en este pasaje una vacilacion entre el viejo y
un nuevo camino. Por un lado la materia es una realidad necesaria
y primordial, es la necesidad opuesta al intelecto y, por 10 tanto, es
el mal que se enfrenta necesariamente con el bien, el ultimo que esta
contra el primero y cuya presencia co-eterna a su contrario constituye
el insuperable limite final a la procesion de los seres que derivan de
su opuesto, es decir, de la suma perfeccion. Por el otro, la materia
y el mal son negaciones del intelecto y el bien, es decir el acaba-

�miento total del proceso de descenso y alejamiento, el tcrmino ultimo
que no posee ya nada del primero y que, por 10 tanto, caracterizandose
como pura negacion de aquel, tiende a perder la realidad autonoma
y. primordial que 10 igualaba en ser y en jerarquia a su opuesto.
Ahora bien, 10 que en Plotino aparece como vacilacion parcial,
se convierte en decision term in ante en el neoplatonismo cristiano de
San Agustin. Partiendo de la idea de la creacion de la nada, por la
cual toda existencia procede de Dios, el neoplatonismo cristiano debe
identificar el ser con el bien, y no puede considerar el mal como ser
real, sino como negacion del ser que es bien. Negacion, pues, que no
proce e del creador, sino unicamente de la creatura, es decir de la
voluntad humana, autora del pecado.
Sin embargo, unos problemas ulteriores se planteaban en conse·
cuencia de esta afirmada procedencia del mal. Si la creatura procede
de Dios, l como puede convertirse en autora del pecado y del mal?
l Como puede volverse mala y causa del mal la creatura que procede
del principio del bien? l Como puede, de Dios oIDnisciente y to dopoderoso, salir una creatura cuya accion no sea predeterminada por
el creador? lSeria, pues, el mismo principio del bien la fuente pri.
mera de la negacion del mismo?
San Agustin, en su De libero arbitrio da, entre otras contestaciones,
una explicacion profunda de estos problemas. La creacion, obra de
Qios, debia ser perfecta y debia, por 10 tanto, contener una perfecta
jerarquia de seres; por eso necesitaba tambicn la existencia de seres
aotados de libre albedrio, a fin de que hubiera en el cosmos, al lado
de existencias necesitadas por su naturaleza, otras lib res por su voluntad. Entre las explicaciones expresas ofrecidas por San Agustin,
se vislumbra una idea mas honda, es decir, que la perfeccion del cosmos
creado por Dios exige la presencia de voluntades buenas entre las
creaturas, y no podria haber voluntad buena real si fuera necesitada
por su naturaleza hacia el bien. La voluntad buena se hace real unjcamente con la posesion de la eleccion libre, es decir, con la posibilidad de querer el bien y el mal igualmente. En otras palabras, la
posibilidad del pecado era necesaria para la perfeccion del universo
creado por Dios.
Tenemos de esta manera una justificacion profunda del librc
albedrio; pero de ella proceden consecuencias que se convierten en
dificultades interiores del agustinismo.
En primer lugar, si el libre albedrio es necesario para la existencia efectiva de la voluntad buena, e} mcrito de la eleccion del bien
y del repudio del mal pertenece a la voluntad humana. L....
a remuneracion de su conducta, por consiguiente, {premio 0 castigo, salvacion
o condena} aparece merecida por el hombre, es decir, debida por Dios.
La salvacion 0 condenacion eterna, por 10 tanto, seria determinada
por la misma voluntad humana y procederia de su eleccion: vale
decir, la voluntad humana obligaria a Dios en virtud de la ley eterna
de la justicia.

�Esta conclusion, justamente, constituye luego la teoria de Pelagio,
quien afirma que todos se gobiernan por su propia voluntad (omnes
propia voluntate regi) en la vida presente y en la futura igualmente.
Conclusion que era un desarrollo consecuente de principios agustinianos; y sin embargo (0 precisamente por eso) estimula una decidida
reaccion de San Agustin, qui en reivindica la libertad de Dios y por
eso afirma la exigencia de una gracia gratuita y no vinculada por el
merecimiento humano.
Por cierto, la exigencia de la gracia era fundamental en el cristianismo. San Pablo habia colocado en la encarnacion y el sacrificio
divinos la condicion necesaria para la redencion y salvacion de la
humanidad. El pecado de Adan, cuya herencia se habia trasmitido
como una mancha indeleble a la humanidad procedente de aquel, con
la predisposicion al pecado y la condenacion a la muerte, no podia
ser borrado por la humanidad misma, sino que precisaba la intervencion de la gracia divina redentora.
San Agustin habia acentuado la idea de la trasmision del pecado
hasta la teoria del traducianismo, que consideraba a todas las almas
contenidas ya en germen en Adan y por eso manchadas directa y
originalmente por su pecado; y a pesar de sus vacilaciones ulteriores
entre traducianismo y creacionismo de las almas individuales, conserva
firme la conviccion de una herencia del pecado, que hacia necesaria
por toda salvacion una intervencion de la gracia .
.Sin embargo, esta intervencion podia pensarse efectuada mediante
la encarnacion y el sacrificio de Cristo en beneficio de toda la humanidad; 10 cual significaba una redencion ofrecida a todos, una gracia
universal constituida por la reintegracion de la humanidad en la Iibertad de su querer, perdida ya por el pecado. De esta manera, la
humanidad habria reconquistado la posibilidad de merecer, de acuerdo
con la actuacion de cada uno, la salvacion 0 la condenacion eterna
personal.
Pero San Agustin se coloca en contra de semejante interpretacion.
Si la retribucion fuera merecida por el hombre, se convertiria en una
necesidad de justicia para Dios. En cambio, la Iibertad plena de la
decision de Dios solo se concilia con una gracia absolutamente gratuita, no otorgada a toda la humanidad de una vez por todas, sino
solamente a cada individuo elegido por Dios. Por eso la humanidad,
aun despuiis del sacrificio divino y a pesar de iiI, debe quedar por
San Agustin una massa damnationis, vale decir, toda en conjunto,
objeto de condenacion, incapaz de una liberacion por si misma 0 por
fuerza de la voluntad personal, y admitida a la salvacion solamente
por una gracia divina, individual y gratuitamente.
En este punto otro problema se planteaba, en relacion con la
naturaleza eterna y eternamente inmutable de Dios, superior al flujo
del tiempo. En la inmutable eternidad divina todo pensamiento 0
decreto debe ser eterno, es decir, existir inmutablemente ab-aeterno;
de manera que los decretos de gracia (eleccion) 0 negacion de ella

�(rechazo) deberian ser decisiones eternas, vale decir, eternas predestinaciones para las personas humanas individuales. San Agustin, pOl'
cierto, intenta imitar _esta consecuencia logica de la predestinacion:
hay solamente -afirmauna predestinacion a la salvacion para los
elegidos; no hay predestinacion para los demas.
Sin embargo, la existencia de una predestinacion positiva por una
parte limitada, significa logicamente existencia de una predestinacion
negativa pOl' toda la otra parte; los excluidos de la eleccion que lleva
a la gracia, son predestinados sin mas a la condenacion eterna. No
hay, pOl' 10 tanto, solamente una predestinacion unilateral y parcial,
sino una doble y por ende total; y con eso ya queda excluido, en
relacion con el destino eterno del alma en el mas alla, todo valer del
libre albedrio y de la voluntad buena. La afirmacion de la nccesidad
de ambos, para la perfeccion del universo creado, pier de su sentido
~as ho~o al ser cortada la vinculacion de ellos con el mundo de la
inmortalidad y con la decision de la salvacion 0 el castigo etcrno.
Nos encontramos aqui con una contradiccion interior del agustinismo, cuya herencia ha sido, sin embargo, recogida no solamente
por varias herejias medievales, sino tamhien pOl' corrientes del pensamiento protestante y del catolico en la edad moderna. Recordemos
por un lado a Calvino y pOl' el otro a J ansenio (con su Augustinus)
y los catolicos influidos pOl' eI, como Arnauld, Pascal, Lamennais, etc.,
todos aseveradores de una predestinacion ineludible para cada persona hum ana.
Ademas, otra causa de desvaluacion 0 destruccion del libre albedrio aparecia en la doctrina agustiniana. La teoria de la presciencia
dlvma (conocimiento previo, ab aeterno, de todos los acontecimientos
universales y de todos los actos humanos) llevaba consigo una ampliacion de la idea de la predestinacion, ext~diendola de 10 referente
a -destino eterno del mas alla, tambien a la vida terrenal y a todas
las acciones del hombre. Buenas 0 malas, siendo conocidas ab aeterno
pOl' el pensamiento divino, que es un pensamiento entificativo, es
decir, que otorga la realidad a 10 pensado, las acciones del hombre
tendrian en ese conocimiento divino eterno una predestinacion a la
cual la voluntad humana no podria sustraerse; y de csta manera no
solamente el destino eterno de salvacion '0 condenacion, sino tam bien
el destino temporario terrenal de una vida virtuosa 0 pecaminosa, pal'eceria proceder de Dios antes bien que de la voluntad lihre del
hombre.
A esta conclusion opone San Agustin una nep;acion terminante.
~a Presciencia divina no significa predestinacion, pOl'que 10 que Dios
conoce ab aeterno de nosotros es 10 que vamos a querer, vale decir,
nuestras deeisiones lib res en tanto libres. Su conocimiento, pOl' 10
tanto, no nos quita nuestra libertad.
Y San Agustin quiere confirmar su teoria mediante un parangon
entre previsiones y recuerdos humanos. Nuestras previsiones anteriores a los acontecimientos no son necesitantes, no impelen de ma-

�nera irresistihle a la ejecuclOn de algUn acto, no coartan, asi como
nuestros recuerdos, posteriores a los hechos, no pueden necesitar ni
ohligar a la efectuacion ya realizada de aquellos. Pero esta explicacion
olvida una diferencia esencial entre el conocimiento humano y el conocimiento divino de las cosas.
El conocimiento humano de cosas 0 acciones, alin hajo las formas
de prevision 0 de recuerdo, es un reflejo de una realidad existente
o que se supone existida 0 proxima a existir, y puede tamhien equivocarse en la creencia de ser verdadero; el conocimiento divino, en
camhio, no solamente no admite posihilidad de equivocacion, sino que
al ser anterior alas cosas (por su misma eternidad) es entificativo, es
decir, creador de realidades no existentes todavia. Por eso la presciencia divina se convierte en una predestinacion; y al afirmar la
presciencia se tiende a admitir una- predestinacion de las acciones humanas, asi como en la teoria de la gracia gratuita, vinculada con la
eternidad de Dios, hahia una tendencia a admitir la predestinacion
no solamentc para los elegidos a la salvacion, sino, justamente, tambien para los rechazados, sometidos asi a la condenacion eterna.
Nos encontramos de esta manera con vacilaciones y contradicciones del pensamiento agustiniano, que muestran haher quedado todavia irresoluto por eI -POl' 10 menos en parte- ese gran prohlema
del mal. A la pregunta de si el mal y el pecado dehen considerarse
procedentes efectivamente de la voluntad humana, lihre y por 10 tanto
enteramente responsahle 0 si, a raiz de la presciencia divina, tienen
una dcpendencia del pensamiento y la voluntad divina, no hasta contestar que la presciencia divina es prevision de decisiones lihres. La
libertad del querer humano no result a estahlecida de manera clara
y firme cuando se le sohrepone una prevision eterna que no puede
faltar de realizarse y que, ademas, es prevision de la mente creadora
referente a la creatura que recihe de ella su existencia y su naturaleza
e inclinacion particulares.
Quedaha ademas en la doctrina agustiniana, complicada con la
dificultad mencionada, otra dificultad, relativa a la remuneracion
eterna de la conducta humana, que ha sido puesta de relieve por
Escoto Eriugena, partiendo de los mismos principios agustinianos. Si
]a remuneracion eterna (condenacion 0 salvacion) es otorgada por
Dios, dehen considerarse realidades positivas eternas tanto la eterna
hienaventuranza como los eternos suplicios: el eterno hien y el eterno
mal. Entonces, l adonde se va la teoria de la pura negatividad del mal?
Y, adem as, los eternos suplicios implican la creacion del infierno:
lhecha pOl' quien? l por Dios? l entonces, seria Dios creador de un
mal?
Escoto Eriugena apela contra semejantes conclusiones a la teoria
agustiniana, segun la cual Dios es solo causa del hien. La creacion del
ser, hecha pOl' Dios, es creacion de hien unicamente; es imposihle una
creacion de un mal de parte de El y, por 10 tanto, es imposihle la
existencia de un infierno y de una condenacion eterna. Dios, causa
del hien, no puede castigar, es decir, infligir un mal.

�Mas atin: ademas de no poder castigar el pecado humano, Dios
(agrega Escoto Eritigena) tampoco puede conocerlo. Conocerlo 0
pensarlo significaria (a raiz de la virtus entificativa del pensamiento
divino) , crearlo, otorgarle realidad. La presciencia eterna de Dios seria
.
creacion 0 predestinacion
ab aeterno; y por eso Dios, principio del
hien, debe eternamente ignorar el mal y el pecado, ni puede castigarlos. He aqui un principio agustiniano (Dios principio del bien, que
no puede por 10 tanto ser causa de su contrario) llevado a una consecuencia negadora de la presciencia universal divina que seria uni·
versal predestinacion, de todo bien y de todo mal igualmente. Al
admitir tinicamente la presciencia y predestinacion del bien, Eritigena,
sin embargo, podia considerarse sustancialmente orientado en el mismo
punto de vista de San Agustin, cuando este admitia como establecida
por Dios solamente la predestinacion de los elegidos, para la salvacion
cterna, y negaba la contraria, de los abandonados a la eterna cond~nacion.
Sin embargo, el Eritigena no se daba cuenta de que, negando a
Dios atin el conocimiento del pecado humano, iba a chocar contra su
misma teoria de la redencion. Al afirmar esta teoria de la redencion,
en efecto, eI caia en una contradiccion cabal con la negacion del conocimiento y castigo del pecado humano por parte de Dios, porque
la liberacion del pecado y de sus consecuencias, llevada por Dios a
10s hombres mediante la redencion, implicaba necesariamente el co·
nocimiento divino de los pecados humanos y la salvacion de los pecadores con respecto a una condenacion procedente del mismo juez
eterno. Es decir, que el Eritigena afirmaba con la redencion, 10 que
negaba con la teoria de la causalidad univoca de Dios, principio del
bien que no puede ser fuente de mal. Ni tampoco bastaba, para eli·
minar la contradiccion, el declarar contra San Agustin la universalidad de la redencion, que otorga la salvacion a toda la humanidad
y asegura la bienaventuranza eterna para todos.
De todas maneras, Escoto Eritigena se habia colocado en el polo
opuesto al que eligen, entre los agustinianos, los aseveradores de la
rigida ineluctable predestinacion universal, para los salvados y los
condenados igualmente. De los principios agustinianos Eritigena y
.J ansenio deducen consecuencias contrarias q e, sin embargo, llevan
igualmente a un mismo resultado: la destruccion del merito y del
demerito moral, que Eritigena elimina en sus consecuencias, negando
el conocimiento divino y el castigo de las culpas y otorgando a todos
buenos y malos igualmente, la bienaventuranza eterna; y J ansenio
climina en sus condiciones previas, negando con la predestinacion el
libre albedrio humano.
El contraste de esos desarrollos posteriores ~s una documentacion
historica de las contradicciones que hablan que dado sin solucion en
Ia teoria agnstiniana. Habia en el planteamiento mismo del problema
del mal una insuficiencia de la propia idea del mal como pura ne·
gatividad, aceptada por San Agustin. El neoplatonismo al quedarse
satisfecho con una definicion del mal como pura negacion del bien

-

�(y del ser, que es bien), no habia tenido en cuenta 10 que la dialectica platonica habia, sin embargo, ya puesto de relieve, es decir, que
negacion no significa reduccion a la nada, sino alteridad y oposicion,
y que el no ser no es falta de realidad sino realidad contraria. Esta
herencia de la dialectica platonica sera aprovechada mas tarde por
la dialectica hegeliana, con la vinculacion reciproca de los opuestos
que engendra el movimiento de la superacion y del desarrollo.
Otra fuente de contradiccion interna en la teoria agustiniana es·
taba en la exigcncia de la gracia gratuita afirmada por San Agustin
contra las exigencias racionales de justicia. Si, de acuerdo con sus
premisas, es necesaria la existencia del libre albedrio y de la eleccion
voluntaria para la exis encia de la voluntad buena y la perfeccion
del mundo creado, es evidente que existen en los hombres el merito
y el demerito, y que en consecuencia se plantea la exigencia de una
rcmuneracion adecuada procedente de la justicia eterna de Dios. Sin
embargo San Agustin, preocupado de salvar la libertad absoluta de
Dios, se niega a someter a la voluntad divina a esa exigencia racional
de justicia; pero eso llevaba, en sus ultimas consecuencias, a una negacion del orden moral y de la perfeccion de la creacion, cuya afirmacion habia sido precisamente, para San Agustin, el fundamento de
la teoria del libre albedrio.
Estas y otras contradicciones, procedentes del esfuerzo de satisfacer exigencias opuestas, no permiten a San Agustin el llegar a una
solucion definitiva del problema del mal, y dejan asi una her encia
de investigaciones y discusiones ulteriores al pensamiento sucesivo.
Pero en esto, justamente, debemos reconocer un aspecto de la gran
fccundidad del agustinismo. En toda la historia del pensamiento humano en general, el desarrollo y movimiento ulteriores se hallan estimulados por el planteamiento, mas bien que por la solucion de los
problemas. Y por eso decia justamente Aristoteles que debemos
agradecer a nuestros antecesores, no solamente las verdades que nos
han enseiiado, sino tambien los errores 0 las insuficiencias de sus
teorias, que planteando nuevos problemas dan estimulo al pensamiento
y la investigacion sucesivos.

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                <text>Una de las características del pensamiento de San Agustín que demuestra su fervor de vida espiritual y su exigencia de sinceridad, está en esa inquietud y esa insatisfacción interiores que siempre le impidieron detenerse en una solución alcanzada y considerarla definitiva, mientras la honda conciencia de los problemas 10 impulsaba a profundizar continua y ulteriormente su investigación. Esta insatisfacción y conciencia de problemas ulteriores, se convierten luego en una fecunda herencia legada por San Agustín al pensamiento sucesivo y, especialmente, al neoplatonismo cristiano procedente de su enseñanza. De manera particular, semejante herencia nos aparece visible en relación al problema central de la filosofía agustiniana -así como de toda la patrística-, es decir, el problema del mal.</text>
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                    <text>Es dificil analizar con jnsteza en filosofia, sin estar familiarizado,
al menos instintivamente, con ciertos hechos que se observan muy
a menu do cuando se sigue la evolucion de los problemas. Esos hechos
podrian dar tema a un estudio muy fecundo para la critica filosOfica.
Limitado por el objeto especial de este libro, citare solamente algunos
de eHos.

Ites
lfil·
fiar
cerde
prosejo

Uno muy interesante, es el siguiente:
La mayor parte de los problemas filosOficos han sido plante ados
en una epoca en que las ideas sobre su materia eran todavia confusas;
los conocimientos, insuficientes; los analisis, muy deficientes 0 com·
pletamente nulos.
Una vez planteados los problemas, ese planteamiento primitivo
ha determinado una orienta cion, una direccion segun la cual han
venido a agruparse las nuevas teorias y los analisis e investigaciones
ulteriores. Como, casi siempre, la cuestion primera se planteaba muy
simple, con dos tesis opuestas e inconciliables entre las cuales era
forzoso elegir, son esas dos tesis primitivas las que han servido de
nucleos para toda la cristalizacion posterior.
Por eso ciertos problemas se presentan aparentemente, a pesar del
tiempo transcurrido, tan abiertos, tan terminantes y tan insolubles
como al principio; hasta se experiment a a veces la ilusion de que no
se ha adelantado un solo paso. Pero mirando mejor, Haman nuestra
(*)
(*)

l.a edicion:
2.a edicion:

Aiio

1907

Aiio 1915

�atencion, por nna parte, la falta de semejanza de much as interpretaciones clasificadas dentro de nna misma tesis, y, por la otra, las relaciones, a veces singularmente estrechas, que unen frecuentemente a
interpretaciones clasificadas dentro de las tesis opuestas. Un proceso
analitico de distinciones y subdistinciones descompone hasta el infinito
los puntos de vista, y nos impide afirmar absolutamente la falsedad
o la verdad de ningun argumento 0 teoria. Hay entonces un procedimiento que da resultados sorprendentes: es el de prescindir completamente del problema primitivo; estudiar los hechos y tratar de
coordinar las teorias como si aqueI no se hubiera planteado; y, rompiendo asi los lazos artificiales que las unian, dejar a las ideas
reordenarse naturalmente segun sus relaciones logicas. A todas esas
interpretaciones, teorias y soluciones cristalizadas en la direccion que
les habia impuesto el problema tradicional, cuando los terminos eran
mas ambiguos y los conceptos menos precisos, las dejamos polarizarse
libremente; y, entonces, sorprende el camino recorrido: much as definiciones se han precisado; muchos problemas estan resueltos; han
nacido otros nuevos; en cuanto al problema primitivo, 10 mas a menudo no hay lugar a plantearlo: se ha desmenuzado en muchos otros,
o bien se encuentra que no tiene senti do preciso.
Y ocurre asi que, en las cuestiones filosOficas, el progreso real es
muy a menu do mayor que el progreso aparente. Un escritor contemporaneo ha hecho observaciones ingeniosas sobre el desecamiento de
las viejas cuestiones, que acaban por fosilificarse, convirtiendose en
verdaderos quistes del pensamiento. Pero no explica como, a veces,
el trabajo vital se ha continuado dentro de esos quistes, y en su interior la solucion esta pronto a brotar (si es que no ha brotado ya),
porque sucede con estos problemas (que evolucionan dentro de un
planteo tradicional) 10 que con las crisalidas: conservan por mucho
tiempo el mismo aspecto exterior, ocultando alas miradas superficiales las profundas transformaciones que se operan en su seno.

Sea de naturaleza 0 simplemente de grado la diferencia entre la
ciencia y la metafisica, es 10 cierto que la facilidad que se encuentra
para pensar y discutir dentro de la primera, resulta en parte de que
las palabras tienen alIi un senti do preciso; 0, mejor, un senti do que
es mas 0 menos el mismo para todos, annque sea a menudo bien poco
preciso. Esto depende de que la ciencia toma como datos, sin discu-

�tirlas, ciertas nociones que son comunes a todos los hombres pOl'que
son precisamente los datos de la percepcion.
La metafisica, al contrario, se caracteriza porque emprende el
analisis de esas nociones; y como en este analisis se puede ir ma,s
o menos lejos, puesto que hay grados en el proceso de abstraccion que
10 constituye, result a que una misma idea es tomada en metafisica
en grados diversos de abstraccion, sin que pOl' esto se deje de sefialarla
con una misma palabra.
He aqui una de las razones pOl' las cuales solo los espiritus superficiales pueden tomar, en metafisica, esas actitudes simples y decisivas que pueden ser, en la ciencia, tan naturales y legitimas. En La
eiencia, el grado de abstraceion en que se piensa, esta estahleeido por
una eonveneion taeita. En la metafisiea, habria que estableeerlo en
eada easo por una eonveneion expresa; pero no se sigue casi nunca este
procedimiento que deberia ser erigido en regIa invariable.
Cuando el algebrista avanza progresivamente en la abstraccion,
va representando pOl' simbolos nuevos los valores que de aquella
resultan. En las ecuaciones de segundo grado, representa, pOl' ejemplo,
b
- pOl' p. Ahora bien: supongamos que en lugar de tomar este simbolo
a
nuevo p, hiciera uso del mismo simbolo a, y llamara a a la razon
b
a
cuidado de establecer en todo momenta el grado de abstraccion en
que es pensado a. Si se omitiera esta precaucion, sobrevendria la confusion mas absoluta, pues una proposicion cualquiera referente a a
podria ser verdadera 0 falsa, segun el grado de abstraccion en que
se colocara el p~nsamiento. Pues bien: en un estado semejante se
encuentran todavia la mayor parte de los problemas filosOficos.
Tomemos una no cion cualquiera: sea la de materia, tal como es
dada porIa percepcion. Despojandola de ciertas propiedades que la
psicologia muestra no ser mas que fenomenos subjetivos, obtenemos
una nocion mas abstracta, que seguiremos llamando materia. Llevando
mas lejos el analisis, podemos hacer aquella nocion mas y mas abstracta; y, en todos esos grados de abstraccion, emplearemos siempre
la misma palabra. Resulta de aqui que toda proposicion cuyo objeto
sea la nocion de materia, 0 que tenga simplemente una relacion cualquicra con esta nocion, puede ser verdadera 0 falsa (0 mejor to davia,

�es a menu do verdadera y falsa) segun el grado de abstraccion en que
se coloque el pensamiento.
Del hecho a que nos referimos, se ha visto solamente una parte.
Se ha visto bien que la verdad 0 la falsedad de una teoria (mejor:
de una formulacion verbal) en ciencia, es cosa muy distinta de su
verdad filosOfica y es independiente de elIa; se ha repetido con toda
exactitud que es posible superponer alas teorias cientificas una teoria
metafisica cualquiera, como es posible tambien no superponerles ninguna. Esa verdad ha lIegado hasta a ser un poco banal (1) ; pero se ha
visto con igual claridad esta otra verdad complementaria: que, siempre
por las mismas razones, es posible superponer a una teoria filosOfica
pensada en un plano de ahstraccion, una teoria filosOfica cualquiera
pensada en otro plano de abstraccion mas profundo.
Ahora bien: puede creerse que muchas de las teorias que se han
sostenido en filosofia, son verdaderas en ciertos grados de abstraccion,
sin perjuicio de ser, en otros, falsas 0 desprovistas de sentido; sohre
todo si se tiene en cuenta que el hecho de que se pueda, analizando
una nocion contenida en una teoria, lIegar a otra teoria diferente
o a una opuesta, no prueba que la primera sea falsa en su circulo de
abstracci6n. De donde la necesidad, para el que analiza, de distinguir
con toda la precision posible, estableciendo en todo momento en que
circulo de abstraccion entiende colocarse, como el musico establece,
notandola previamente por una lIave, la verdadera significacion de
10s signos que van a seguir y que podrian tener mas de una.
Estos dos hechos: mantenimiento de la polarizacion impuesta
a las ideas por el planteamiento primitivo de los problemas, y empleo
de la misma palabra para expresar una idea tomada en distintos grados
de abstraccion, son muy dignos de interes, 1.0 porque sugieren dos
reglas preciosas para la discusion filosOfica (la de tratar los hechos
(1)
He aqui, sin embargo,
un pasaje en que uu escritor
serio no ha escapado a la
confusion:
«Cuando Mill, en efecto, declara que en todo juicio la afirmacion
se refiere a los ohjetos, a la objetividad,
se guarda bien de decirnos 10 que son esos objetos, esa objetividad.
Nadie ba gastado mas talento que eI en explicar
el objeto por e1 sujeto;
y, en el momento
de investigar Ia naturaleza
del juicio, no tiene otro argumento
contra sus adversarios
que
el de llamarlos
al objeto. lOlvidaria
MiII en el capitulo
XVIII,
que ba consagrado
los ca·
pitulos IX, X, XI, XII, a demostrar
que el objeto se reduce a 10 subjetivo?»
(J. PAYOT, De
la Croyance, libro I, cap. 1).
Ahora bien: se ve claramente
que en el pensamiento
de MiII no ha habido contradiccion.
Como logico, como hombre de ciencia, habla de los cuerpos, de la realidad
objetiva;
y como
meta fisico, es decir, en un plano de abstraccion
mas profundo,
reduce el objeto al sujeto.
Si quisiera proyectar su leoria logica 0 cientifica
sabre ese plano metafisico,
bastariale ira·
ducir, diciendo v. g., en Ingar de cuerpos, estudos subjetivos
que re/crimos
a unal rcaUdad
exterior. Mill esta tan libre de contradiccion
en este caso, como si hubiera escrilo un· tratado
de fisica, en el cual hablaria, naturalmente,
de cuerpos, de objctos y de materia, no obstante
su idealismo.

�y las ideas relacionadas con una cuestlOn, como si esta no se huhiera
planteado nunca; y la de establecer expresamente, cuando pensamos
o cuando examinamos el pensamiento de los otros, en que grado de
abstraccion entendemos colocarnos); 2.° porque ocultan a tal punto
el progreso real de la filosofia, que la creencia de que no hay progreso
en esta rama del conocimiento ha po dido generalizarse.

Un tercer hecho, de otro orden, y no exclusivo este de las ciencias
filosOficas, debe todavia ser seiialado.
Sea una teoria cualquiera, de que se sacan ciertas consecuencias.
En el caso mas frecuente para nuestro ejemplo, la teoria es mas
o menos clasica, y las consecuencias estan de acuerdo con las ideas
corrientes 0 con las instituciones establecidas.
Aparece una teoria contraria; se entabla la lucha, y los partidarios
de la nueva teoria desenvuelven sus consecuencias practicas completamente opuestas a las de la teoria primitiva.
Pero la reaccion logica de las ideas acaba por mostrar muy a menudo que, por mas que la nueva teoria sea la verdadera 0 que la nueva
interpretacion sea la justa, ha habido un error mas 0 menos grande
en pretender sacar de ellas consecuencias contrarias 0 demasiado contrarias a las de la teoria 0 de la interpretacion tradicionales.
Asi, cuando se produjo un reaccion contra las explicaciones asociacionistas de los fenomenos mentales, y se formularon criticas como
la de W. James, bastante justas en cuanto a la explicacion, desde el
punto de vista teorico, fue forzoso reconocer, sin embargo, como hizo
el mismo J ames, que la nueva interpretacion no cambiaba los hechos,
y que muchas de las explicaciones asociacionistas quedaban adquiridas
con la simple condicion de traducirlas en lenguaje fisiologico y de
hablar de elementos cerebrales don de se hablaba de ideas (1).
La concepcion de los fenomenos psicologicos inconscientes, fue
igualmente combatida; pero mientras se eliminaba esta nocion, contradictoria si se toma el terII1ino conciencia en su senti do mas lato y
el termino psicologico en su senti do mas restringido, se sigue reconociendo, y cada vez con mas amplitud, el papel de 10 inconsciente en
psicologia.
Hasta se ha visto algo de esto a proposito de las consecuencias
higienicas de la teoria microbiana. Despues de haberse creido que la

�lucha debia limitarse en adelante a combatir directamente el microbio,
y sobre todo a evitarlo, se ha reconocido que esta consecuencia tenia
algo de demasiado absoluta, sobre todo despues de los recientes descubrimientos sobre los medios de defensa del organismo. Hay casi
siempre mas oposicion entre las teorias que entre sus consecuencias.
En las ciencias sociales, el hecho es notable. Pasense en revista,
por ejemplo, la mayor parte de las teorias penales, y comparense sus
diferencias profundas con las relativamente pequeiias de sus conse·
cuencias.
Comparense en pedagogia las innumerables teorias; no hay modo
de ponerlas de acuerdo. Comparense despues sus aplicaciones practicas.
Pero el caso mas tipico que pueda tomarse, es el del sistema
utilitario: al principio se deducen de eI consecuencias morales, juridicas, penales, etc., que se ereen destinadas, tanto por los partidarios
como por los adversarios, a revolucionar totalmente la sociedad; pero
l:;tevolucion de la nueva doctrina la conduce poco a poco a justificar
la moral tradicional y las instituciones establecidas; a justificarlas,
naturalmente, por razones distintas.
He querido hacer notar estos tres hechos, porque hay cierta con·
veniencia en tenerlos presentes en el estudio de los problemas que
engloba historicamente la cuestion tan debatida de la libertad. Restame
adelantar que la idea directriz de este libro es que en esa cuestion
tradicional ha habido un progreso y se ha llegado il un acuerdo mucho
mayores de 10 que se cree; y que 10 que impide ver este progreso y
este acuerdo es la inercia historica del problema, traducida en este
caso por la tendencia a tratar muchas cuestiones distintas como si
constituyeran una sola.
Es este, pues, un libro de analisis. He procurado aclarar, distinguir,
precisar a aqui y alIa en ese bloc de idola fori y de ignorationes elenchi.
Seria deseable que todas las cuestiones filosOficas fueran removidas
de tiempo en tiempo por este metodo, que creo tan fecundo, de tratar
los hechos y las teorias relativas a un problema, prescindiendo de su
enunciado tradicional; 10 que verificaria y constat aria el progreso realizado, haria desvanecerse las contradicciones aparentes, y permitiria
a las ideas reordenarse naturalmente segun sus verdaderas relaciones
logicas, dejandolas, en todo caso, en estado de ser claramente pen·
sadas y criticadas utilmente. Inutil agregar que la confianza que tengo
en ~ste metodo es independiente de mi esperanza de haber obtenido
eiito en el presente ensayo.

�§ 1. En esta primera parte del capitulo, las palabras fuerza,
cuerpo, movimiento, etc., se toman y deben ser entendidas en el sentido que les da la ciencia; en el sentido en que son empleadas, por
ejemplo, en un tratado de fisica elemental.
Las palabras ser y acto 0 hecho, en la significacion en que se las
emplea en el lenguaje corriente y en que parecen claras al sentido
comun, sin mas analisis.
§ 2. Supongamos un cuerpo sometido a la accion de varias fuerzas con respecto alas cuales esta en las condiciones de un movil, es
decir: que sufre simplemente su accion de una manera pasiva.
Ese cuerpo, en el caso tomado como ejemplo, no agrega nada
alas fuerzas del mundo exterior; no modifica en nada el efecto que
ellas tienden a producir, y, en este sentido, se puede decir que depende
totalmente de esas fuerzas, 0 de ese mundo exterior.
§ 3. Supongamos ahora que una 0 varias de las fuerzas que en
un momento dado concurren a producir el movimiento de un cuerpo,
estan en ese cuerpo mismo; que este las contiene, 0 las produce (como
se prefiera). En tanto que la suposicion del § anterior podria ser
realizada por un bote que nota conducido por la accion de los vientos
y las olas, a cuya fuerza no agrega ninguna pro pia, nuestra suposicion
actual seria realizada por un buque de vapor, considerado en un
momento en que su caldera estuviera cargada y su helice en movimiento (abstraccion hecha, naturalmente, de la accion del hombre).
En este segundo caso, podemos considerar: A. Loa movimientos
del cuerpo; B. El cuerpo mismo.
A. Los movimiento's del cuerpo pueden ser considerados a su
vez: a) en relacion a la totalidad de las fuerzas del universo (las que
son exteriores al cuerpo mas la que esta en el cuerpo) ; b) en relacion
alas fuerzas exteriores al cuerpo, solamente.
a) Considerados en su relacion con la totalidad de las fuerzas
del universo, los movimiento del cuerpo serian (teoricament
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nos) calculables y previsibles por esas fuerzas. En ese sen . Q?5);u@e---!t" //"
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decirse que son determinados por esas fuerzas como antec d~tes.
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�b) Considerados en su relacion con las fuerzas exteriores al
cuerpo, los movimientos de este no son determinados; no serian, aun
teoricamente, calculables y previsibles con esas fuerzas solamente como
datos.
En resumen: los movimientos de un cuerpo que contiene fuerza,
son determinados con relacion a la totalidad de la fuerza universal
(la que esta en el cuerpo, mas la que esta en el mundo exterior),
e indeterminados con relacion al mundo exterior, 0 alas fuerzas que
10 represent an. El movimiento del buque a vapor puede ser calculado
y previsto, en un momenta dado, teniendo en cuenta el viento, la corriente y la tension del vapor; pero no puede ser calculado ni previsto
teniendo en cuenta solo el viento y la corriente.
B. En cuanto al cuerpo mismo, no se puede decir en ningun
sentido que dependa (totalmente) del mundo exterior; es independiente de el, parcialmente al menos, porque una parte de la fuerza
universal esta en eI, 0 es el. En ese sentido de no totalmente dependiente del mulndo exterior, podria decirse que ese cuerpo es libre (1).
§ 4. Muchas confusiones son de temer en la consideracion de
estas relaciones entre los seres, sus actos y el mundo exterior. Importa,
sobre todo, distinguir bien el sentido de los terminos que deben emplearse y precisar rigurosamente el alcance de las formulas a que se
llega, segun que se consideren esas relaciones desde el punto de vista
de los seres 0 desde el punto de vista de los actos.
Sea el caso de un buque cuyo movimiento percibimos desde lejos.
Ignoramos si el movimiento depende solamente de las fuerzas exteriores al buque (viento, corrientes), 0 si contribuye a la produccion
de aquel alguna fuerza que esta en el buque mismo (como el vapor) .
Si tomamos el buque mismo coqo sujeto de esa cuestion, la plantearemos mas 0 menos en los siguientes terminos: el buque, en este
momento les movido como un simple movil: como algo pasivo, por
10s vientos y las olas; va a merced de elIos, -0 bien, en el momenta
en que 10 consideramos, agrega alguna fuerza propia alas exteriores
a el, contrihuyendo as! a la produccion de sus propios actos? Ese buque, en dos palabras les totalmente dependiente del mundo exterior,
o es relativamente independiente de el? I.a cuestion que se plantea
a proposito del buque, como puede plantearse a proposito de cualquier
ser, es la de la independencia, la de la libertad de ese ser respecto
del mundo exterior. As!, en nuestro caso, si resulta que el buque ha

==

(])
Entienda el lector el termino
solo en cse sentido:
libre
no totalmente
dependiente del ntundo exterior, con prescindencia
de todo recuerdo,
asociacion
u opinion
reIacionada con Ias cuestiones en que habitualmente
se cmplea esc termino.

�sido abandonado con los fuegos apagados, y ha quedado flotando sin
gobierno, diremos que es movido, que es llevado por los vientos y las
aguas, que sufre su accion pasivamente, que depende de esas fuerzas
exteriores; y si, al contrario, llegamos a saber que el mo~miento del
buque es una resultante, no solamente de las fuerzas exteriores del
viento y la corriente, sino tambien de la concurrencia, con esas fuerzas,
de otra que esta en el buque mismo, como el vapor, no decimos entonces que el buque es movido, sino que se mueve (1) ; no que esta
a merced de las fuerzas exteriores, sino que concurre con ellas para
producir sus propios movimientos; decimos, no que es pasivo, sino
que es activo; no que es dependiente, sino independiente, parcialmente al menos.
En cuanto a 105 actos, la cuestion mas natural a proposito de ellos
no es una cuestion de independencia 0 de libertad, sino de explicabilidad 0 de determinacion. Si pensamos, no en el buque (un ser) sino
en su movimiento (un acto) en un momento dado, ensayaremos la
explicacion de ese movimiento como una resultante de las fuerzas
concurrentes; y esta explicacion sera, en uno y otro caso, identic a por
su naturaleza; entre el movimiento del buque y sus antecedentes mecanicos, la relacion es siempre la misma, e importa poco desde este
punto de vista que una parte de la fuerza antecedente sea 0 no producida en (0 por) el buque.
Pudiendo, pues, la consideracion de esas relaciones, hacerse desde
dos puntos de vista, plantea dos cuestiones:
A proposito de los seres, la de su independencia
pecto del mundo exterior).
A proposito de los actos, la de su determinacion
cedentes) .

0

libertad

(res-

(por sus ante-

EI termino libre, en el sentido en que 10 hemos tom ado, es naturalmente aplicable a los seres.
EI termino determinado, en el senti do en que 10 hemos tomado,
es naturalmente aplicable a los actos.
Se puede, pues, en la significacion que hemos dado a ambos terminos, hablar inteligiblemente de seres libres 0 no lib res ; de actos
determinados 0 indeterminados; no tendria sentido, en cambio, con·
(1)
Este cjemplo del buquc pucde tener el inconveuiente
de haeer pensar en los lri·
pl!bntcs,
de 105 cuaics hay que hacer abstraccion.
Imaginese,
en los dos casos, un buque
ahandonarJo; pero, en eI primer caso, abandonado
con los fuegos apagados;
y en el segundo,
al&gt;3ndonc~j() ("J" Ia culdera ~n tension y 13 helice en movimiento;
0, si se prefiere,
imad·
nf'se !a lot:Cnloloril 0 .... La b~!e humaine
de Zola, y ('omparesela
con los "agones que ella
arr3:=tr::1.

�servando estricta y rigurosamente esa significacion, hablar, pOl' ejemplo, de seres determinados, 0 de actos libres.
Conservando estricta y rigurosamente esa significacion; pero claro
que podria darse otra a uno cualquiera de los dos terminos, 0 a ambos,
ya consciente y deliberadamente, ya pOl' confusion 0 vaguedad de pensamiento. Entonces se hablaria de actos libres, de seres determinados;
y nos interesa saber en que sentido (pOl' 10 menos en los casos que
parece mas natural prever), a fin de evitar confusiones posibles.
§ 5. Asi (empezando pOl' los actos) : se podria hablar de aetos
libres en dos sentidos. El primero seria el siguiente:
Los actos, hemos dicho, son considerados mecanicamente como
guardando con sus antecedentes una relacion de previsibilidad (1)
(practica 0 teoria), que es siempre de la misma naturaleza. En nuestro
caso del buque, que el movimiento dependa solo de los vientos y de
la corriente, 0 que dependa de los vientos, de las corriente y de la
tension del vapor, en nada altera la relacion que el acto en si mismo
guarda con dichos antecedentes, mientras no se trate de otra cosa que
de esta relacion. La diferencia solo aparece cuando el acto es considerado, no ya en si mismo, no simplemente como un movimiento, sino
como un movimiento del buque; esto es: cuando ya no consideramos
los actos sino Los aetos de Los seres, 10 que equivale a considerar los
seres indirectamente. Acto libre quiere decir aqui, pues, acto libremente
ejecutado (pOl' un ser); de manera que quien es realmente libre es,
no el acto (al que se aplica el termino pOl' extension), sino el ser que
lo ejecuta. Aunque se hable de actos, el punto de vista adoptado es
el punto de vista individualizante; el punto de vista de los seres.
Preguntar si tal acto es libre, en este sentido, equivale a preguntar si
el ser que 10 ejecuta, 10 ejecuta libremente; si ese ser es libre en ese
momento. En resumen: se trata de una manera indirecta de plantear
el problema de la libertad de los seres (2) ; de una variante un poco
confusa de ese problema, simplemente.
Pero, en la expresion aeto libre, este calificativo podria tener un
significado completamente distinto del anterior: podria tomarse como
equivalente de indeterminado; no de indeterminado con respecto a los
antecedentes exteriores al ser que 10 ejecuta, pues este seria todavia e]
sentido anterior (vel' § 3, b) , sino de indeterminado en la significacion
(1)
analisis
(2)
acto ... ».

No olvide el leetor que estamos en el plano de la dencia
elemental:
evitese
de esas nociones
(como «actos», su «previsibilidad»,
etc.),
por ahora.
Es casi el enunciado
vuelto por pasiva: «5i tal ser ejecuta Iibremente
actos,
«Si tal acto es ejecutado
libremenle
por tal ser ... ».

todo
0

tal

�categorica del termino;
antecedentes.
En resumen:

de indeterminado

con relacion a todos sus

1.0 En el senti do estrictamente riguroso que hemos adoptado, no
puede hablarse de actos libres (0 no libres) ; la nocion de libre conviene inteligiblemente a los seres y no a los actos.
2.° Sin embargo, por extension 0 indirectamente, puede hablarse
de actos lib res en la significacion de actos libremente ejecutados por
un ser, 0, 10 que viene a ser 10 mismo, de actos indeterminados con
relacion a 10 que no es ese ser.
3.° Podria todavia hablarse de actos lib res en la significacion
de actos indeterminados en absoluto. Pero hay que notar bien que esta
acepcion, mas 0 menos impropia, es completamente distinta de la anterior; y que, si no se las distingue claramente, debe sobrevenir por
fuerza, al tratar estas cuestiones, la confusion mas absoluta.
§ 6. Tambien podria hablarse de seres determinados; pero
igualmente merced a una transposicion del punto de vista, esto es:
pensando, no propiamente en los seres, sino en los hechos, en su encadenamiento anterior, en la serie de cambios antecedentes. Esta
cuestion no se plantea entre un ser y el mundo exterior, entre un
ser y 10 que no es eI en un momento dado, sino que tiene un caracter
historico 0 genesico. Asi, a proposito de nuestro buque que contiene
fuerza, podriamos decir:
"Bien: el buque no depende del mundo exterior, del no-buque,
en este momento; pero eso no impide que yo pueda explicar como
ha llegado a ser 10 que es; como fue construido, como se formaron la
madera y el hierro que 10 constituyen; y, sin mayor dificultad, como
entro, como se incluyo en el esa fuerza por la cual contribuye a sus
propios movimientos: como se formo el carbon, como arde ... " Pero
se ve claramente la transposicion de los puntos de vista: aqui se trata
de la explicacion de hechos por sus antecedentes.
El lector reconocera, sin la menor dificultad, la diferencia entre
las dos cuestiones; pero no sin gran tendencia a pensar que solo una
de ellas es la que verdaderamente importa, la que toca a los gran des
problemas cientificos y morales; y precisamente las consideraciones
que hemos hecho en este mismo parrafo sobre el buque "libre", parecen muy a proposito para afirmar el pensamiento, que seguramente
ya habra nacido, de que nuestro "punto de vista de los seres" es artificial 0 ficticio, y que el natural y unico de importancia es el de los
hechos.

�Algo distinto se demostrara mas adelante; pero en esta parte de
nuestro estudio, ni podemos anticipar esa demostracion, ni arm entrar
a definir las relaciones de este "problema genesico" con el del determinismo propiamente dicho. Que esas relaciones son estrechas, es algo
que se ve con claridad; pero no es el mismo problema ni una variante
de el. En efecto: el nuevo envuelve, en cierto sentido, la cuestion de
si el ser que nosotros hemos considerado era verdaderamente un ser;
en otros terminos: si teniamos derecho a individualizar en el caso
particular, 0 si la adopcion de ese punto de vista era, al contrario,
artificial y ficticia. Todo esto requiere un analisis ulterior; ahora se
trata unicamente, de distinguir las significaciones posibles de los tel'minos, y de fijar las que nosotros adoptaremos.

§ 7. Los terminos fuerza, fuerzas, que hemos empleado en la
parte anterior de este capitulo, pertenecen al vocabulario habitual de
la ciencia elemental; pero, no siendo la nocion de fuerza del mismo
orden que las de cuerpo, movimiento, etc., en el sentido de que no es,
como ellas, un dato de la percepcion (externa), creen muchos que el
lenguaje de los tratados element ales deberia "expurgarse" de tode&gt;
termino dinamista. Lo que es indudable, de todos modos, es que el
analisis de la nocion de fuerza empieza ya dentro de la ciencia, y que,
pOl' consiguiente, aun dentro de la ciencia misma, podrian distinguirse
dos pIanos de abstraccion: el de la ciencia elemental, y el que podriamos llamar del analisis cientifico en el cual se ha sometido a
analisis la nocion de fuerza, pero sin plantear el problema de la
percepcion, ni analizar los datos de esta (1).
(l)
Es mi deseo que mi estudio no se complique
con cuestiones ajenas a su objeto, y
que sus condusiones
no sean afectadas por 10 que puedan
tener de discutible
0 incierto
esss cuestiones,
mientras sean elIas separables. Por eso, y no solamente por 10 que tiene
ya en si de convencional
Ia determinacion
de Ios plauos de abstraccion,
hago esta deter.
minacion,
intencionalmente
con decta vaguedad,
para que mis expresiones
satisfagan a Ios
partidarios
de Ias dos opiniones
que se oponen a proposito
de un problema
separable,
a
saber: si Is ciencia y Is filosofia
difieren
radicalmente,
0 si,
81 contrario,
la segunda DO
es mas que Is continuacion
de Is primers, sin que exists entre ambas una linea precisa
de demarcacion.
Asi, he tornado como base algo que puede reducirse a una cuesti6n
de
hecho: cuando digo que el analisis de Ia nocion de fuerza empieza dentro de Ia ciencia,
el lector queda en Iibertad
de entender
simplemente
esto: que Ios hombres
de ciencia
(fisieos,
etc.) analizan
de hecho esta nocion,
y discuten
corrientemente
sobre ella. Por
10 demas,
es includable que, 8 ese analisis, se llega insensiblemente
por Is sola impulsion
del pensamiento
en su esfuerzo por precisar ciertas ideas; y se llega asi, sin soIncion
de continnidad,
a especnlaciones
ampliamente
filos6ficas,
si basta para merecer este nombre
un gran caracter
de generalidad.
Mientras
estas especulaciones
(aunque
se trate
de Ias
grandes cosmogonias)
se mantienen
en «el punta de vista de Ia experiencia,
para el cna)
el objeto se presents
como externo»,
no parecen
sino una extension
del conocimiento
cientifico.
Por consiguiente,
si hay algun momento preciso en que el proceso inteligente
presente un caracter n nevo, es, sin duda, aquel en que se emprende Ia critica de Ios datos

�Como resultado de ese aDlilisis de la nocion de fuerza, algunos
homhres de ciencia conservan como legitim a dicha nocion; otros Ie
suhstituyen la de energia; otros la resuelven en movimiento; pero
estos analisis, hechos en otro plano de ahstraccion, en nada alter an los
teoremas fisico-mccanicos, cuyas formulas, para el que 10 considere
necesario, pueden ser traducidas, simplemente, del lenguaje dinamico
en que generalmente se enuncian, al lenguaje energetico 0 al cinetico.
Con las conclusiones que nosotros hemos estahlecido, pasa exaetamente 10 mismo. Formuladas en el lenguaje dinamico habitual a la
ClenCla elemental, emincianse con igual facilidad en terminos ener·
geticos, cineticos, etc. Dejo al lector la facil tarea de hacer esta traduccion, si 10 necesita para satisfacer sus creencias 0 habitos cientificos;
quedando estableeida la suhsistencia, en el que hemos llama do con·
vencionalmente plano del analisis cientifico, de aquellas conclusiones,
con todas las distinciones y definiciones formuladas.
§ 8. Igualmente parece que subsistirian esas proposlClOnes relativas a los seres y a los aetos, en cualquier plano metafisico en que
conserven sentido estos dos terminos: seres y aetos, y se admitan como
legitimas las nociones que se expresan.
§ 9. Ciertas restricciones 0 dudas que la lectura de este capitulo
ha podido sugerir, se refieren a cuestiones completamente separables,
y pueden ser dejadas de lado, pues no afectan Las distincidnes (de
cuestiones y de tenninos) que hemos querido estahlecer.
Asi, y ya dentro de la eieneia, pudiera objetarse que la distineion
entre seres no lihres y lihres no es exacta, si se la qui ere haeer con·
de In percepcion
y del conocimiento.
Y aun es preparada esla critica por investigaciones
e
inlerprelaciones
de orden cientifico,
relativos a In fnocion de los sentidos, como, par ejemplo,
Ios descubrimientos
que, reduciendo
a movimiento
In luz, el calor, el saniclo (en el sentido
objetivo)
aparecen
como despojando
ya a los cnerpos de propiedades
con que se presentan
a In percepcion.
Pero, con lodo eslo, es includable
que el conocimiento
se transforma cunndo
se plantea
el problema
de la percepcion
y se emprende
el analisis
de la nocion de exte·
rioridad.
Conducido
a rigor absolnto de logica, este analisis lleva ya sabemos adonde;
pero
como el solipsismo
es «un horror», se haee necesario
hacer hip6tesis
mas 0 menos verasimiles; y de aqui ]n posibilidad
de un numero infinito
de teorias del conocimiento,
que son
solipsismos
detenidos,
desviados
0 complelados
por hipotesis...
Pero
he dicho que esta
cuestion es separable.
Es comuo que intenten el analisis de la nocion de fuerza, escritores cientificos.
Ejemplos:
La vie et la mort, de Dastre
(hipotesis
energetica);
Tratado de biologia de F. Le Dantec
(hipotesis
cinetica),
cuya lectura, en cuanto a estc punto, debe ser preparada
con ]a del
articulo
La place de la vie dans les phenomenes
naturels,
publicado
en 10s numeros
322 y
323 (1902)
de la Revlte Philosophiqlte
por el mismo autor,
de cuya doctrina
tendremos
que tratar especialmente
en otra parte de este libro.
(Esta demas advertir
que cuando
esta clase de antores, hombres de ciencia sin preparacion
filosofica,
pretenden
profnndizar
mucho mas alIa del plano de abstraccion
de la ciencia,
10 que hacen a veces conscientemente, otras sin quererlo 0 sin saberlo, sus analisis solo por excepcion
pueden ser exactos
y nuevos).
Para la parte historica
y metafisica
del problema
de la fuerza,
vease el importante
EstlLdio sobre La percepcioft
y La Juerza, en Le personalisme
de RENOUV1ER,
donde esta tratado a fondo este problema en sus relaciones
con el de Ia percepcion;
natural mente, desde
el punto de vista personal
(monadologico)
del autor.

�sistir en que los actos del ser libre son previsibles por el mundo exterior
solo (por 10 que no es ese ser) , en tanto que los actos del ser no libre
no son previsibles por el mundo exterior solo (aunque 10 sean por el
mundo exterior mas el ser mismo) ; y se diria que todo ser, aunque no
contribuya con fuerza pro pia a la produccion de sus actos, tiene una
forma, una posicion, etc., que hay que tener en cuenta para preyer
esos actos. Asi, para calcular e1 movimiento de un buque, aunque sea
conducido pasivamente por las aguas y el viento, es necesario conocer,
por ejemplo, la forma de ese buque, que es un elemento del calculo.
La observacion es, indudablemente, exacta; pero deja siempre subsistente una diferencia entre este caso y el del buque a cuya marcha
contribuye la fuerza del vapor que el mismo desprende.
Otra observacion, de orden igualmente cientifico, seria la siguiente:
la distincion entre seres que contienen fuerza y seres que no contienen
fuerza, es falsa: todos los seres tienen fuerza, y pueden ponerla en
libertad en ciertos casos, contribuyendo asi a sus propios actos; de
manera que no habra que oponer ]os seres que no contienen fuerza,
a ]os seres que contienen fuerza, sino ]os casos en que ]os seres no
contribuyen a sus actos 0 movimientos con la fuerza que les es propia,
y los casos en que los seres contribuyen a sus actos 0 movimientos con
la fuerza que Ie es propia. Todos los seres sedan, pues, cap aces de
obrar libremente (aunque no siempre esten obrando asi) en el sentido
que hemos dado antes a este termino.
Y, sobrepasado el punto de vista cientifico, pare?e muy legitima
una especulacion metafisica en esta direccion: el ser, por e1 hecho de
ser, es libre; no 10 hacen ser, es el quien se da ...
Pero, por razones de metodo, rue go al lector que, por ahora, deje
de lado todas estas cuestiones, y las demas analogas, cientificas 0 metafisicas, que puedan sugerirle los ejemplos que he tomado (como e]
del buque) , provisorios e intencionalmente groseros. En efecto: la nocion de libertad podra ser mas 0 menos extensa; podra aplicarse a
todos los seres, 0 a algunos solamente; en todos los casos, 0 en algunos.
Se podra decir que algunos seres son libres y otros no, 0 que todos
los seres son libres 0 cap aces de obrar libremente en ciertos casos;
pero siempre se discutira un mismo problema, problema de dependencia 0 independencia: el problema de la libertad, que es un problema para seres, y es distinto del problema de la determinacion, que
es un problema de actos. Esta distincion, con las que de ella se derivan,
es 10 unico que por el momento he querido fijar.

�§ 10. Si aplicamos al homhre, considerado como productor de
actos (y hecha ahstraccion de la conciencia, por el momento), las
consideraciones anteriores, hahremos planteado respecto de eI varios
prohlemas.
Ante todo, el de la lihertad propiamente dicho: si el homhre depende del mundo exterior, 0 si contrihuye con fuerza propia a la
produccion de sus actos (en algunos casos por 10 men os).
Conjuntamente con el prohlema anterior, se plantea el que hemos
considerado como una variante de el; en este caso, el de la determinacion 0 indeterminacion de los aetos del homhre, con relaci6n a lo
que no es el hombre (§ 5, 2.°).

'za,
no
)ia,
con
de
ido

Otro prohlema, completamente distinto, es el de la determinacion
o indeterminacion de los actos del homhre en el senti do ahsoluto, con
relaci6n a la totalidad de los antecedentes.
Finalmente, el "prohlema genesico 0 retroactivo" del § 6, que no
hacemos aqui mas que insinuar, pues no hahiendo iniciado su analisis,
no es posihle aun dade su formula precisa.

lma
de
leje
me·
)eI

noIe a

nos.

,dos
pen·
proque
van,

§ II. Bemos dicho que los actos que ejecutan los seres (contrihuyendo elIos mismos a su produccion), se presentan (siempre sin
profundizar mas alIa del plano de la ciencia, y admitiendo de esta,
sin analisis por ahora, el concepto de causalidad y el de hechos 0 fenomenos separados, etc.) como determinados si se los considera con
relacion a todos los antecedentes (el mundo exterior mas el mismo ser
que ohra) y como indeterminados si se les considera con relacion
a los antecedentes del mundo exterior solamente. Un acto del ser A
seria determinado con relacion a la totalidad del universo, que se
compone de A mas el mundo exterior a A: (T = E
A) y seria m·
determinado con relacion al mundo exterior: (E = T - A).

+

Vamos a suponer ahora que el ser A tiene conciencia (y para
ponernos de acuerdo con la experiencia corriente, imaginemos que es
el organismo del homhre, prescindiendo por ahora de las diferencias
posihles entre mecanismos y organismos, pues solo nos es preciso para

�seguir nuestro racioclDlO en esa forma, admitir el hecho evidente de
que en un organismo hay por 10 menos tanta libertad (en nuestro sen·
tido) como en un mecanismo.
En teoria, la conciencia puede agregarse a A de dos modos imaginabIes para nosotros, que corresponderian alas dos teorias corrientes
sobre las relaciones del cuerpo y el espiritu:
1.0 Como un simple reflejo 0 epifenomeno in activo, sin mas
funcion que la de constatacion;
2.0 Como fuerza activa.
Adoptemos la primera hipotesis: la de la conciencia pasiva
o epifenomenal. l Cual sera, de los dos antes seiialados, el punto de
vista propio y natural de la conciencia?
§ 12. Para dar la respuesta, que es clara y surge por si misma,
basta tener en cuenta que 10 que hacemos nosotros, artificialmente
y desde afuera, para considerar los actos de un ser en relacion con
10 que no es ese ser, 10 hace la conciencia, pero naturalmente y desde
adentro. La conciencia, en un momento dado, corresponde a un ser,
se siente ese ser, se identifica con eI; por consiguiente, por el solo
hecho de ser, por el solo hecho de darse, de concienciar, ella resta algo
a la totalidad de las fuerzas 0 de las causas; y ese algo sustraido son
las fuerzas 0 causas que ella siente ser. El punto de vista natural de
la conciencia es el de considerar sus actos, no con relacion a la totalidad
de la fuerza universal, sino con relacion alas fuerzas exteriores, con
relacion a 10 que no es ella, pues es ella la que considera.
La conciencia corresponde a un ser. Su punto de vista es el punto
de vista de 10s seres; el punto de vista individualizante.
Cuando el ser ejecuta un acto a cuya pl'oduccion contribuye con
fuerza propia, la conciencia 10 siente asi; siente que el acto no es
causado pOl' el mundo exterior; siente, en resumen, la libertad del
ser: su libertad, y la in determinacion del acto con l'e1acion a 10s an·
tecedentes exteriores, a 10 que no es ella.
Este sentimiento no es una ilusion, ni hay en el la mas minima
parte de ilusion.
§ 13. Si en lugar de la hipotesis de la conciencia epifenomenal,
adoptamos la de la conciencia activa, las consideraeiones antel'iores
sobl'e el punto de vista de la conciencia permanecen verdaderas
a fortiori. Lo que hayes una fuerza nueva, de otra natura1eza, agre·
gada a las que el ser agregaba ya al mundo exterior; y las enormes
complicaciones que aparecen para el ana1isis, debido alas cuestiones
nuevas que aparecen: causalidad psicologica {su existencia y su natu-

�raleza); aplicahilidad de la nocion de hecho 0 fenomeno, etc., etc.
Pero se puede prescindir en este momento de tales complicaciones.
Tenemos ahora dos lihertades: la del ser con respecto al mundo
exterior, que persiste; y, dentro de ese ser, la de la fuerza consciente
con respecto alas otras. Para·la conciencia, en este ultimo caso, el ser
mismo a que se agrega sera total 0 parcialmente exterior a ella, for·
mar a aparte de E; eso es todo.
§ 14. Asi, pues, puede decirse en cualquier caso que el punto
de vista propio y natural de la conciencia es el de considerar sus actos
con relacion a 10 que no es ella; punto de vista de lihertad y de in·
determinacion (relativa).
De lihertad: siento, cuando produzco un acto, que soy yo quien
10 produzco (0 contrihuyo a producirlo). Me siento libre.
De in determinacion : siento que mis actos son indeterminados,
porque pOl' el hecho de sentir, de considerarlos, de constituirme sujeto,
resto, de la universalidad de los antecedentes, aquellos antecedentes
que son yo, y considero mis actos con relacion a los antecedentes que
no son yo. 5iento que mis actos son lihres, en el sentido de lihremente
ejecutados (§ 5).
5i yo siento y afirmo, pOl' ejemplo, que puedo en este momento
continual' escrihiendo 0 dejar la pluma, ese puedo implica un yo que,
pOl' el solo hecho de sentirse, resta antecedentes a la totalidad de los
antecedentes del acto a efectuarse; y este acto, con respecto a los an·
tecedentes rest antes, que son algunos antecedentes y no todos, es
efectivamente, indeterminado.
Tal es el punto de vista de la conciencia, 0, si se quiere, de la
conciencia personalizada: el punto de vista de los seres. Desde eI con·
sideramos nuestros actos, no artificial 0 convencionalmente, pOl' un
esfuerzo de ahstraccion, como en el ejemplo de que nos servimos en
otro lugar (el huque de vapor), sino natural e invenciblemente. Aqui,
el esfuerzo de ahstraccion se necesita para adoptar el otro punto de
vista, y pensar en la determinacion posihle de nuestros actos pOl' todos
sus antecedentes, entre los cuales estamos nosotros mismos.
Y aquel puuto de vista individualizante 10 transportamos a los
demas seres, sea ahstracta 0 razonadamente, sea concretamente por la
simpatia. Lo ultimo solo es posihle cuando atrihuimos conciencia al
otro ser; y el transporte se va haciendo mas frecuente y mas natural
a medida que el otro ser se va haciendo, por su similaridad con nos·
otros, un sujeto mas natural de simpatia. El punto de vista individua·

�lizante es el de nuestras relaciones corrientes y vitales con los demas
hombres: de ser a ser. EI amor, el odio, la gratitud, los consejos, la
venganza, el castigo: de conciencia a conciencia.

§ 15. Preguntarse si la conciencia es un simple re£lejo de la
actividad organica, 0 si es ella misma una actividad independiente de
aquella, es plantear, en el fondo, un problema de libertad, a saber:
si la conciencia depende totalmente del cuerpo, 0 si es, en parte al
menos, independiente de el. Despues de habernos preguntado si
el hombre es libre con respecto al mundo exterior, nos preguntamos
si, dentro del hombre, la conciencia, el espiritu 0 como quiera llemarsele, es libre con respecto al cuerpo. Acabamos de decir que, sea cual
sea el senti do en que se resuelva esta cuestion, hay, en mayor 0 menor
grado (y siempre en el senti do que estamos dando al termino), Iibertad del hombre. Pero hay todavia una complicacion.
En el espiritu distinguimos nosotros distintas funciones: y, mas
o menos convencionalmente, establecemos divisiones en el. De aqui
que, dentro del espiritu, se planteen problemas de libertad, cuya formula general sera esta: si tal fun cion psiquica 0 tal manifestacion del
espiritu depende 0 no totalmente del resto del espiritu (0, si se quiere
extender el problema, de 10 que no es ella) .
La solucion de los problemas de esta especie es, teoricamente,
muy simple. Si la funcion 0 manifestacion mental que se considera es
realmente algo activo, en el sentido de representar 0 ser una fuerza,
son aplicables las sencillas consideraciones que hemos hecho sobre los
seres que contienen fuerza. Hay libertad.
Practicamente, todo es menos sencillo, por 10 que vamos aver
en seguida.
§ 16. Se llega de dos modos a estos problemas de libertad dentro
del espiritu: consider ando a este abstractamente, 0 consider andolo con·
cretamente.
Considerarlo abstractamente es distinguir en el funciones 0 aptitudes diversas. Podemos entonces preguntarnos si una de estas "facultades" es independiente de tal otra 0 de todas las otras.
Considerando el espiritu concretamente, solemos distinguir en eI,
vagamente, como circulos concentricos que corresponden a los diversos
grados de concentracion, de sistematizacion 0 de personalizacion de
la conciencia. Asi, ciertos estados de conciencia accidentales, exteriores,
adventicios, forman parte de mi yo, son yo, si llamo yo a toda mi

�conciencia; pero seran exteriores al yo, si entiendo referirme
personal fuertemente unificado.

al yo

Por representaciones esquematicas se pueden aclarar estas dos
maneras de considerar el espiritu:
En la figura I, representamos por el entremezclamiento (deberia
ser por la compenetracion) de los signos+ 0 V, el "tornasoleo" (I)
de las funciones mentales 0 facultades. Damos esa forma al esquema,
para adaptarlo a la concepcion moderna psicologica que ve en las
diversas funciones mentales mas bien aspectos distintos de los feno-

menos que facultades separadas (2). Esto mlsmo nos dice que tal manera de considerar el espiritu es esencialmente abstracta.
Por 10 demas, se comprende desde luego que todo problema de
libertad, planteado desde este punto de vista abstracto, 0 sea a
proposito de una "facultad" como sujeto, se complica de hecho con
cuestiones psicologicas dificilisimas: hay que saber si, cuando se usa
una palabra como nombre de una manifestacion psiquica, hay ahi
realmente, 0 no, algo mas que una palabra; hay que verificar hasta
que punto es legitimo, en el primer caso, erigir una manifestacion
en funcion separada; y, sobre todo, hasta que punto es legitimo considerarla como una actividad. Toda la psicologia puede ir envuelta en
(1)
«La trams de Dueslra vida mental nos presenta, no lres colores complementarios
que adicionados
nos daTian Is unidad de conciencia,
sino que es parecida a una tela tornasolada
en que dislinguimos,
por convencion,
tres cIases de reflejos,
sin pader lraZ3r
no obstante una linea de demarcacion
entre Ios tres tintes, tan instables
que nos huyen
en cusnla nueslro aniiIisis qui ere fijarlos, dejando cada uno de elIos, insensiblemente,
reaparecer los otros dos, a los que ocultaba».
(C. Bos, Revue Philosophique, abril 1903). Es
una imagen muy feliz.
(2)
V. Hoffdings
(y, en general,
casi todos los psic610gos contemponineos),
y los sutilisimos
analisis
de Bergson,
que conservan
lodo su valor aun cuando su valor se 108
independice
de las doctrinas
a que han servido de soporte.

�una cuestion de este orden. Pero si se admite la solucion afirmativa,
la fun cion 0 actividad mental es libre en el sentido que hemos dado
a este termino. Sea un conjunto de fuerzas (hablamos siempre en el
lenguaje de la ciencia elemental), en el cual distinguimos las fuerzas
parciales F, F' y F". No solo el conjunto F
F'
F" no depende
pasivamente del mundo exterior T - (F
F'
F"), sino que cada
una de estas fuerzas aisladas (si aislarlas es legitimo en algun senti do ) ,
no depende tampoco pasivamente de 10 que no es ella: F no depende,
ni de F', ni de F", ni de F'
F", ni de T - F, y el raciocinio se aplica
alas otras dos fuerzas. Como hay varias actividades dentro de otra,
hay varias libertades dentro de otra. Tal es la solucion que, realizan·
dose el supuesto anterior, admiten los problemas de esta clase, si
alguna admiten; esto es: si es legitima la abstraccion que los plantea.
Los que mas claramente tienden a resolverse en el senti do de la
libertad, son los problemas concretos de cuya formula da idea clara
la figura 2. Cualquiera de los circulos concentricos representa una entidad que, si contiene 0 es fuerza, es libre con relacion a 10 que la
rodea, a 10 que no es ella. Es un emboitement de libertades.
Como en este caso no se trata de abstracciones, sino de realidades
concretas de intuicion, los problemas de esta segunda serie pueden
plantearse y discutirse sin las complicaciones que obscurecen los de
la serie abstracta. Esto no quiere decir que no exista, y esta vez indis·
tintamente para unos y otros, una nueva complicacion, de orden
distinto.
§ 17. Esta nueva complicacion consiste en que los problemas
de libertad dentro del espiritu, deben ser pensados de distinta manera
segun la solucion que se postule para el problema, antes consider ado,
de las relaciones de la conciencia con el cuerpo .

+

+

.~..-J.!...
f .....
-.. ••..

((~M~
...•.•.........

+ +
+

�Tomemos como ejemplo los problemas concretos. Si se admite
que la conciencia es simple epifenomeno, habria que representarla·
esquematicamente como un reflejo inactivo, en otro plano, de la actio
vidad organica:
Supongamos que en el plano Ps (fig. 3), el circulo exterior c
representa toda la conciencia, y el mas interior p la parte de ella
fuertemente integrada, sistematizada 0 unificada en personalidad. Ese
circulo interno de la conciencia no es mas que el reflejo de la actividad
de 0', que vendria a ser la de cierto grupo 0 sistema de elementos
nerviosos, siendo 0 la actividad organica 0 corporal de todo el hombre.
En cambio, si admitimos la hipotesis de la conciencia activa, esta
actividad psiquica y la organica deben representarse en el mismo
plano; por ejemplo, asi:
Si se tratara de los problemas planteados abstractamente, las
mismas dos suposiciones sedan posibles. Una manifestacion psiquica,
por ejemplo: la voluntad, podria ser, ya una actividad de orden psi.
quico, independiente de la actividad organica 0 nerviosa, ya el reflejo
psiquico, el epifenomeno, de tal parte 0 manifestacion determinada
de la actividad organic a 0 nerviosa.
De aqui que sea necesario para plantear y discutir problemas de
este orden, declarar expresamente cual de las dos hipotesis sobre las
relaciones psico.fisicas se postula como verdadera, 0 por 10 menos,
cual es aquella cuyo lenguaje empleamos.
Notese (para distinguir mejor los problemas), que en una u otra
suposicion los problemas en cuestion se resolveran (mientras un
sujeto sea 0 tenga una fuerza) en el senti do de la no dependencia
total, aunque, naturalmente, en grado 0 de modo distinto. Asi, en la
hipotesis de la figura 3, considerese el plano F, de la actividad fisica:
no solo 0, todo el hombre, es libre en el senti do de que, al obrar,
contribuye a la produccion de sus actos por la fuerza que hay en el,
sino que, dentro de 0, la parte del sistema nervioso cuya actividad es
0', se encuentra precisamente en el mismo caso: hay alIi fuerza, y por
consiguiente, como ya se ha explicado, 0' es libre, en el senti do de
que contribuye a la produccion de sus actos, los cuales son indetermi·
nados con relacion a 10 que no es 0'. Y si p es la conciencia de 0',
debe constatar, sintiendola, esa libertad de 0' y esa in determinacion
de los actos de 0', a los cuales actos considera, no con relacion a todo,
sino con relacion a todo menos 0' (p se siente 0': el punto de vista
de la conciencia) sin que haya en todo esto ilusion alguna. Y si, en vez
de la hipotesis de la figura 3, adoptamos la de la figura 4, la libertad

�de p es directamente evidente, con su corolario: indeterminacion de
los actos de p con relacion a T - p.
§ 18. Los problemas de esta especie pueden ser muy numerosos,
'J en la pura teoria, infinitos; pero, si se tiene en cuenta la realidad
psicologica, los mas naturales deben ser dos: uno entre los del punto
de vista abstracto; otro entre los del punto de vista concreto.
Como la funcion psiquica que consideramos esencialmente activa
es la voluntad, el problema tipico de la serie abstracta es el de la
libertad de la voluntad. Preguntarse si la voluntad es libre, equivale
a preguntarse si la voluntad depende 0 no totalmente de 10 que no
es la voluntad; cuestion que se resuelve pOl' si misma, si la voluntad es
realmente una actividad. La unica dificultad esta en la complicacion
del problema con esta ultima cuestion psicolOgica; con la teoria de
la voluntad, todavia tan obscura.

Entre los problemas concretos, el que se plantea naturalmente es
el de la libertad de esa parte de la conciencia fuertemente integrada
y unificada que constituye la persona empirica. El problema es vago
en cierto senti do, pOl' 10 impreciso y ondeante de los limites del sujeto
a cuyo respecto se plantea; pero, en cambio, la personalidad es practicamente el sujeto de las relaciones vitales y morales. POI' eso, en
tanto qne el problema de la libertad de la voluntad es un problema
de psicologia abstracta, el de la libertad de la personalidad tiene un
supremo interes concreto y practico. De hecho, las relaciones de conciencia a conciencia son de persona a persona.

§ 19. Al considerar en este capitulo la conciencia, hemos distinguido nuevos problemas. Si quisieramos enumerar y sistematizar los
principales de 108 que hemos aislado hasta aqui pOl' el analisis, estableceriamos 10 siguiente:

�Hay, por una parte, problemas que tienen una mlsma formula,
y que no son mas que casos particulares del problema general de la
libertad de los seres. La multiplicidad de estos problemas depende
de que se pueden tomar como sujetos varios seres (en el sentido mas
general, comprendiendo actividades consideradas logicamente como
entidades) .
Si se toma al hombre como sujeto, tenemos el problema de la
libertad del hombre: si el hombre depende totalmente del mundo
exterior. Variante de este problema, aplicado a los actos del hombre:
si los actos del hombre son determinados por los antecedentes exteriores al hombre.
En vez de tomar como sujeto al hombre, podemos tomar como
sujeto una forma 0 manifestacion determinada de su actividad. Podriamos plantear asi muchos problemas, de sujeto abstracto 0 concreto,
dentro de la misma formula general. Entre ellos hay dos principales:
1. Si tomamos como sujeto, dentro del hombre, la voluntad del
hombre, planteamos el problema de la libertad de la voluntad (libre
arbitrio, etimologicamente): si la voluntad depende 0 no totalmente
de 10 que no es ella. Variante: si los actos de la voluntad pueden explicarse integramente por antecedentes exteriores a ella.
2. Tomando como sujeto la personalidad, tenemos un nuevo problema de libertad, cuyas formulas es innecesario repetir.
Dentro de la misma formula general de los problemas de libertad,
todavia cabe el discutidisimo problema de las relaciones psicofisicas,
si la conciencia es un simple reflejo epifenomenal de los fenomenos
materiales (en el caso, de los organicos, y especialmente de los nero
viosos), 0 si es una fuerza capaz de obrar sobre ellos; si es, 0 no,
activa. Este problema, de solucion dificilisima, debe ser estudiado
aparte, no solo por su importancia y especialidad, sino porque interfiere con los anteriores (§ 17).
Ahora, independiente de esos problemas sobre lihertad de seres,
cuya formula general es la misma, se plantea el de la determinacion
de los hechos, que por ahora es un solo problema para nosotros, pues
no 10 hcmos analiza do.
Aunque todavia no hemos hecho mas que empezar a deshastar la
cuestion, resumamos en un cuadro los problemas ya distinguidos (con
prescindencia de este ultimo); y para poder, cuando convenga a la
hrevedad, designarlos mas facilmente, vamos a ir estableciendo ya un
simbolo convencional para cada uno.

�§ 20, Nada mas artificial, 0, en todo caso, nada mas poco vital
qne la antitesis entre no-libre y libre, establecida, como 10 hemos
hecho, a proposito de una comparacion entre un bote y un buque de
vapor, 0 entre un vagon y la locomotora que 10 an'astra, Sin duda,
considerados en el momento del acto, difieren; pero basta, como ya
10 hemos sugerido, remontarnos un poco hacia atras siguiendo la serie
de antecedentes, para vel' como entro de afuera, en el buque 0 en la
locomotora, la energia activa; y, pOl' consiguiente, si en vez de plantear
el problema L (0 su variante L') en el momento de la accion, 10
planteamos, para el buque 0 la locomotora, tomando en cuenta un
espacio de tiempo anterior determinado (mayor que el transcurrido
desde la epoca en que se introdujo el carbon y se 10 encendio, y, para
evitar complicaciones, menor que el transcurrido desde la construccion de la locomotor a 0 del buque) , esas maquinas nos aparecen como
no·libres. No sucederia 10 mismo si el sujeto del problema fuel'a un
hombre 0 un caballo; aunque tomaramos en cuenta, no solo 10 que
es exterior al hombre 0 al caballo en el momento en que ejecutan
un acto, sino 10 que ha sido exterior a eI desde hace un ano, pOl'
ejemplo, no lograriamos explicar totalmente el acto en cuestion pOl'
los antecedentes exteriores al ser que 10 ejecuta (quedando abierta
la cuestion de si 10 lograriamos planteando el problema con una
retroaccion mayor).

Asi, todos los problemas de formula L pueden plantearse pura
y simplemente, 0 sea para el momento mismo, sin retroaccion, -0
bien con retroaccion. Esta ultima puede ser determinadamente mayor
o menor, y puede ser indeterminada. Ejemplo de todos los casos: dado
el sujeto S, yo puedo preguntarme: si depende totalmente de 10 que
actualmente no es el (problema L, sin retroaccion) ; si depende totalmente de 10 que no ha sido el en ningun momento de un lapso
anterior (el mismo problema con retroaccion: LI'), lapso que puede
ser de un ano, de dos, de cic&gt;n (V" u,. ano, LI' dos anos, V" cie,. an os ); y fi·
nalmente, si depende totalmente de 10 que no ha sido el en cualquier
momento de todo el pasado (V" ex&gt; ) ,
Se comprende que, a medida que se va dando retroaccion al problema, se va perdiendo la libertad de mas y mas seres; 0, para no
hablar impropiamente (pues no se pierde nada, y es solo cuestion de
puntos de vista diferentes), el numero de seres que realizan las condiciones de libertad en cada nuevo problema (cada problema, con

�(Si

el

hombre

totolmente
no
PRODLEMAS

'"
~
:ll

(Si

tal

..:l

totalmente

~

no

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eB e1).

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que

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10 qne

I

voluntod)

(Si lOB octOB del hombre)
Be explieon
totolmente
por

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de

la

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•

(Si

que

no

eB el

(Si
10

perBonolidad

de-

pende

totolmente

de

la no·perBonalidad).

de. 10 vo-

eB exphcon
por
10

eB la

de

Bonalidau

Be
por

eB la

la

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cxplicon
10

VorianteB

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(Si 100 oCIOB de

voluntad).

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(Si

10

hombre).

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10

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0

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0
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depende
de

que

perBonolidad).

por

expliean

L.
tal Ber

totolmente

10 que no eo eBe Ber).

�mas retroaccion que los anteriores), va siendo menor. Van pasando,
por ejemplo, el buque de vapor y la locomotora, que estaban clasificados como seres libres, al grupo de los no-libres (1), mientras la
libertad de otros seres sigue todavia reductible con esa mayor retroaccion.
Verdaderamente, siento deseos de pedir disculpa al lector por
hacer tantas distinciones y refinar tanto el analisis; pero, aun sin
esperar el momento de discutir los problemas, podemos ya desde
ahora, aunque solo se trate de plantearlos, dejar entrever hasta que
punto era necesario proceder asi. En efecto, esta cuestion tan capital:
-si un ser obra por si mismo 0 si 10 hacen obrar-, se resuelve en
muchos casos de una manera 0 de otra, segun como se la entienda.
Si considero el buque de vapor en el momento mismo de su movimiento, digo con razon que se mueve por si mismo; y si considero
que ayer el buque no tenia carbon y que alguien se 10 trajo de afuera,
digo en otro senti do que no se mueve por si mismo, sino que es movido.
Un hombre, en este momento, ejecuta un acto cualquiera, por ejemplo,
un crimen: yo me puedo preguntar si obra por si mismo, en el sentido
de saber si es eI quien obra realmente; eI, tal y como es ahora, -0 si
10 hacen obrar; y, en este caso, dire que es el quien obra si movio el
brazo por su voluntad; y dire que no es eI quien obra si averiguo
que otro hombre Ie condujo el brazo por la fuerza; pero en otro sen·
tido, aun en el primer caso, dire que no es el quien obra si averiguo
que, antes han introducido en el una causa de accion que ha determinado el acto actual, por ejemplo: que 10 han hipnotizado 0 que Ie han
hecho beber un licor. Preguntar, pues, si un ser obra por si mismo,
no expresando si la cuestion se pone sin retroaccion 0 con ella, y con
cual, es plantear un problema en terminos ambiguos que engendraran
casi fatalmente confusiones.
§ 21. El analisis del problema de la libertad con retroaccion
es complicado, porque hace pensar en todo 10 siguiente:
l Que se entiende por "un ser"? lEn que sentido:se dice que la
causa de un acto esta en un ser 0 fuera de eI; que este obra, 0 no"
por si mismo? Cuestion poco embarazosa cuando solo se plantea para
un momento dado, pero muy compleja cuando se tiene en cuenta la
sucesion del tiempo. Sea nuestro ejemplo de un mecanismo de vapor:
nada parece mas sencillo que decir en un momento dado, 10 que es
una locomotora; pero supongamos que, teniendo en cuenta los ante·
(l)
(&gt;-

Entiend3SC

n~jrjuens(.:

pli'.:Jriones.

cv~tGndo

sicmprc:
Jesde el punto de vista de los hechos tornados
las complicaciones
seiialadas en e] § 9, que intcrfieren

como ejemplo.
con estas ex·

�~edentes anteriores, tratamos de averiguar si la locomotora se mueve
pOl' si misma 0 si es movida. Yo se que ayel' introdujeron en ella e]
carbon y el agua. Ahora bien: ese carbon y esa agua i forman parte
de la locomotora?; mejor aun: i son locomotora? Cuestion nominal 0
convencional en realidad, pues solo se trata de saber a que llamo
locomotora; pero, segUn la convencion que adoptemos, tendremos que
hablar de una manera 0 de otra, pues una misma proposicion sera
verdadera 0 falsa segun cual sea esa convencion. lLlamo locomotora
al mecanismo de hierro mas el carbon y el agua? entonces hablo bien
diciendo que la locomotor a se mueve pOl' si misma; pero entonces,
tambien, ayer no habia locomotora. lLlamo locomotora solo al mecanismo propiamente dicho, sin incluir en eI el carbon y el agua? entonces hablo mal si digo que la locomotora se mueve pOl' si misma, y debo
decir que es movida. Pero aqui surge una cuestion que sigue a muchas
cuestiones nominales, y que, ella, no 10 es: l cual de las convenciones es
mas natural? La primera pudo parecermelo cuando solo pensaba en
el momenta presente; al pensar con retroaccion, adopte la segunda,
y dije que la locomotora es movida. Probablemente, pareciendonos
mas natural este segundo punto de vista, acabaremos, en el caso, pOl'
quedarnos con la convencion de que el nos sugirio.
Pero continuese el analisis, y vease adonde vamos a parar. Pensando con retroaccion y refirieildome a ayeI', cuando la locomotora
no tenia carbon y agua, continue concibiendola y nombrandola como
"la locomotor a", conservandole en mi mente y en mi lenguaje su
identidad. Pero sigo retrotrayendo: retrocedo hasta la epoca en que
no habian acabado de construirla y no tenia caldera; todavia, casi
seguramente, seguire diciendo que era la locomotora, sin caldera; pero
en otro momenta anterior, no tenia bielas ni manivelas; en otro anterior, ya, propiamente, no habia locomotora, sino piezas separadas;
en otro anterior todavia, no habia mas que una masa de hierro fundido; y, antes, moleculas de hierro formando parte de trozos de
mineral.
Ahora, pido al lector la mayor atencion sobre 10 que sigue; en e]
caso de la locomotora, todo 10 anterior no engendra dificultades serias,
ni de pensamiento ni de expresion, porque el momenta en que penetro
La,energia (1) en el objeto (locomotora) es posterior al momenta en que
fue pensado ese objeto como locomotora y denominado asi; pero si
la fuerza 0 energia que engendro el acto del ejemplo hubiera estado
(1)
Carbon, agua:
el movimiento
visible.

nos referimos

a Ia energia

que engendre

el acto del

ejernplo,

0

sea

�leve

en los componentes, y hubiera sido aportada con ellos j que confusion
para pensar y para hablar! Concebimos a un animal como un agregado
de celulas; estas celulas eran depositos 0 continentes de energia (sin
perjuicio de la que despues tomara del exterior el ser total) _ Luego,
desde que ese animal existe como tal animal; desde el momenta en
que 10 concebimos y nombramos asi, tiene energia por la cual obra.
5i planteamos, pues, el problema de la libertad con retroaccion hasta
el momenta 0 epoca en que el animal vino a la existencia, diremos
que este obra por si mismo; pero si damos al problema mayor retroaccion, ;.como debemos pensar y expresarnos?

a e)

arte
alo

que
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anlas;
[un-

de

el

rl

:ias,
etro
que
o

SI

ado

Nos sobreviene un estado de espiritu confuso: pensamos que, aun
cuando no se conciba ya nada claro, por 10 menos queda adquirido
esto: que hay seres que solo poseen energia que entro en ellos despues
que adquirieron su identidad, y otros cuyos elementos formadores ya
se la aportaron al constituirlos; que estos ultimos merecerian bien el
nombre de seres lib res, porque 10 son desde que existen; pero en seguida recordamos 10 que hay de convencional en esto de decir que
un ser existe, y que es un ser, pues en cierto sentido puede decirse
que un hombre existio siempre, con una existencia dispersa, en los
atomos antes separados y hoy unidos que 10 constituyen; por otro lado,
pensamos que, en la misma locomotora, desde cierto punto de vista,
pasa 10 que en el an~mal, no ya con la fuerza del vapor, que efectivamente entro de afuera despues de existente el ser, pero con la
energia que ya existia en los atomos componentes (una de las cuestiones del parrafo 9, que nos ha venido al espiritu) ; y que, asi cualquier cuerpo bruto. _. Dejemos por ahora la cuestion de perderse en
esta penumbra: algo nos ha quedado, y es la sensacion de la impor·
tancia capital de esta cuestion de la retroaccion en los problemas de
la libertad, y ya, con ella, la conviccion clara de que, sin tener presente continuamente esta cuestion, con las distinciones y cambios de
punto .de vista que ella presupone, todo 10 que se escriba sobre tales
problemas tiene, fatalmente, que ser impreciso.
§ 22. Nuestro cuadro de la pagina 62, en cuanto a los problemas,
tendria, pues, que ser completado todavia con nuevos enunciados y
simbolos. Habria que poner, para cada problema, un enunciado sin
retroaccion y otro con ella, acompaiiados de los simbolos respectivos,
10 que omitimos por tratarse de algo que el lector suplira facilmente.

�§ 23. Los problemas que hemos aislado por nuestro analisis
anterior, son problemas distintos. Decir que son distintos no quiere
decir que tal de ellos no admita alguna solucion que implique solucion
determinada de otro u otros. Los proble.mas solo son los mismos si
las dos soluciones se confunden, -las dos: la positiva y la negativa,como en el caso de L y L'. EI otro caso solo significa que hay relacion
entre los problemas. Por ejemplo: la solucion afirmativa del @ , hace
necesaria la solucion afirmativa del L @; pero la negativa del @
puede conciliarse, ya con la negativa, ya con la afirmativa del L @
(admitir que la conciencia agrega al cuerpo fuerza 0 causa de accion,
obliga a admitir, a fortiori, que el ser consciente en que eso pasa,
agrega fuerza 0 causa de accion a 10 que no es el; pero no reciprocamente). Otro caso: la solucion negativa del @ trae (a menos de
admitir la contingencia en 10 material), la so1ucion determinista del
problema de la determinacion de los actos, que vamos a designar asi:
problema D; pero La solucion afirmativa del @ no obliga a admitir
La indeterminista en el D, pues la conciencia puede ser una causa de
accion y sus actos estar sujetos a determinismo; etc.
§ 24. Aplicando el anterior criterio al problema D: lseria este
un solo problema?
Al referirnos a e1, 10 hemos encarado, de un modo bastante ge·
neral, -mejor
todavia: bastante vago,- como "el problema de la
determinacion de los actos por sus antecedentes". Basta empezar a
pensar sobre esto, para comprender la complejidad de la cuestion. He
aqui, por ejemplo, una serie de reflexiones que parecen presentarse
naturalmente.
Ante todo: si todo hecho depende totalmente de sus antecedentes,
se explica 0 determina por ellos, parece que nunc a hay comienzos
absolutos. Parece que los habra, al contrario, si hay hechos, algunos
por 10 menos, que no dependan totalmente de sus antecedentes. Si
preguntamos si hay 0 no comienzos absolutos, lhemos enunciado eJ
mismo problema? Cuestion a examinar: por el momento nos parece
el mismo, por 10 cual, sin perjuicio del analisis ulterior, escogeremos
una formula mas general que la de cualquiera de los dos enunciados,
la cual puede ser esta: relacion de los hechos con sus antecedentes.
Ahora: si un hecho es determinado por la totalidad de sus antecedentes, 0 si no hay comienzos absolutos, parece que en un momento
dado y dados ciertos antecedentes determinados, solo un hecho es

�posihle, y no mas de uno; nos preguntamos si realmente
y sohreviene el enunciado de un problema: (,es el mismo?

sera asi,

Mas hien nos parece que s1. Sin emhargo, no nos atrevemos sin
mas meditaci6n a afirmarlo decididamente: no seria completamente
ahsurdo sostener que las conclusiones negativas no coinciden forzosamente, y que podria, por ejemplo, no depender l1n hecho de sus antecedentes, y, sin emhargo, ser posible no mas que en un senti do. Ni
parecen tampoco imposibles en rigor comienzos absolutos que no
fueran, sin emhargo, posibles sino en un sentido. Tamblen hahria el
deher de examinar si efectivamente la soluci6n afirmativa de la primera cuesti6n impone la de la segunda; si realmente y en rigor, no
podria un hecho seguir siendo considerado como dependiente de sus
antecedentes aunque fuera posible en mas de un sentido. Cabe, pues,
duda sobre si se trata de dos problemas 0 de dos enunciados alotr6picos del mismo.

!isis
iere

:ion
1,-

ion

])
/(8)
ion,
!lsa,
lca-

de
del

Y, en cuanto se inicia el analisis de cualesquiera de los problemas,
o del problema en cualesquiera de los enun~iados, empieza nuestro
pensamiento a remontar de consiguientes a antecedentes, 10 que,
cuando los hechos de que se trata son (0 se consider an como) los actos
de un ser cualquiera, equivale a plantear los problemas genesicos 0 con
retroacci6n a que ya nos hemos referido: los problemas Lr, tan relacionados, segun ya 10 notamos, con los problemas D, y que ya han sido
enumerados. Prescindiendo, pues, de ellos y deteniendo aqui el analisis, tendriamos por 10 menos dos enunciados de equivalencia discutible
(que de paso vamos a representar por slmholos, para el caso de que la
brevedad hiciera conveniente el uso de estos) :

IS1 :

itir
de

tes,
zos
nos

&amp;

Si

L!1

el
ece
nos
los,

tes.
ltento

son

Relacion

de los hechos

Si los hechos
ambiguos.

con sus antecedentes.

son posibles

en mas de un sentido.

Mejor:

si los posibles

Esta cuestion
podria
limitarse
al pasado
(si el pasado pudo ser de otra
manera que como fue), al presente
(?) y al futuro
(si el futuro es amhiguo);
y aun variarse de olras muchas maneras.

�A menu do hab1aremos de estos problemas como de uno solo
(D), sin distinguirlos mas que en 10s casos especia1es en que convenga
a la discusion.
§ 25. Va adjunto el cuadro de los problemas que hemos aislado
como problemas distintos 0 que podrian serlo. Llevan respectivos
simbo10s, que he creido conveniente adoptar para 10s casos en que la
brevedad pueda exigirlo (e11ector agregara menta1mente los simbolos
de 10s problemas con retroaccion) (1).
El result ado de este analisis preliminar ofrece un aspecto mmucioso y escolastico. Sin embargo, era indispensable. Despues, la continuacion del mismo analisis matizara toda esa geometria, estableciendo
las re1aciones, 1as transiciones, 1as penumbras y hasta 1as confusiones,
porque para pensar bien hay que hacer como el dibujante que traza
primero el contorno, y despues, con el claroobscuro, completa, y
atemia la rigidez falsamente precisa del esquema inicial.
Pero antes tenemos que detenernos para mostrar como y hasta
que punto se han confundido los problemas en 1a discusion, en todas
las epocas, y, parece osado afirmar esto pero es exacto, por casi todos
10s pensadores. Tal es el objeto del libro II de esta primera parte, en
el cual vamos a entrar ahora y cuyo resultado justificara abundantemente la prolija suti1idad de nuestras distinciones iniciales.

§ 26. Los problemas que hemos distinguido por un analisis
sencillo, han sido tratados de hecho en la filosofia como si fueran uno
solo, 10 que ha mantenido la confusion (Introduccion, I). Cierto es
que se han intentado distinciones, pero incomp1etas 0 inconsecuentes,
sin que e1 pensamiento de 10s escritores haya podido 1ibrarse nunca
de la polarizacion di1ematica impuesta por 1as dos tesis primordiales:
"libertad" versus "determinismo".
Invitamos a1 lector a hojear con nosotros algunos libros, tomando10s casi al azar e indistintamente entre escritores del mas diver so
valor. Encontraremos 1as confusiones en todos, desde 10s simples vul(l)
Esta encuadernado
en tal forma que la pagina pueda mantenerse
abierta y a la
vista durante
la lectura
de toda la parte siguiente
de la obra, en que necesito emplear
10s signos con profusion.
Mucbo bq dudado
sobre la conveniencia
de adoptar
estos sim·
bolos:
pero, sin elIos, seria necesario
emplear
tantas palabras
para bablar
con claridad,
que el esfuerzo exigido al lector hubiera sido aun mas ingrato.

�(Si
(Si

L
w

(Si

(f)

'"
:;

tal

no

depende

de

10 qne

es eI).

(Relacion
parte~
cion
del

S
...

PROBLEMA
PROBLEMAS

(Relacion
chos

de
con

cedentes)

Ios

sus
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heante-

L @
de

es

10

que

L'@

el).

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por

10

que

no

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el

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con

de este).

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depende
de

10

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expIican

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'" I. ".. "" \
es Ia voluntad).

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PROBLEMAS

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1

llOmbre).

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0

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L

PROBLEMAS

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~
~

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el

10 perexplican
10 que

es 10 personalidad).

Variantes
de

Ios
(Si

equivalentes

problemas

Ios actos

L.

de tal

se explican

totalmente

10 que

es ese ser).

no

ser
por

�garizadores hasta los espiritus originales. Y este analisis, preciso para
aclarar nuestras ideas sobre los problemas de la libertad, nos pre·
parara para abordar su discusion.
Las confusiones son de divers as clases 0 aspectos. Algunas de elias
son tradicionales, clasicas, hasta el punto de haberse organizado en
problemas: creaciones historicas y no logicas; problemas espurios de
la libertad, cuyo enunciado ya encierra en si mismo, 0 sugiere, por
equivoco, la confusion. Las otras son las &lt;;,onfusionesinnominadas.
Unas veces, hay altern ancia de dos 0 mas problemas: el autor pas~
de. uno a otro, en el curso de la discusion, sin notarlo, y se pueden
senalar esos cambios con la mayor facilidad. Otras veces la confusion
es simultanea, por una mezcla grosera de sentidos. En este caso, to·
davia, no es dificil descubrir y demostrar el equivoco. Mas 10 es cuando,
por ser el equivoco sutil y continuo, nuestra inteligencia percibe como
un tornasoleo de sentidos distintos, y, si bien puede con relativa facio
lidad determinar cuales son estos, no puede delimitarlos bien. Basta
hay casos en que el mismo autor, sea por las definiciones que admite,
o por el metodo que resuelve seguir, crea la confusion, 0 la hace
nccesaria.
EI capitulo I, que sigue, trata de los problemas espurios de la
libertad; y despues se entra en materia, examinando confusiones de
todo genero sobre la materia viva de los textos.

§ 27. Los verdaderos problemas de la libertad son, sin perjuicio
de sus relaciones, distintos entre S1, Es cierto que, como ya 10 expli.
camos, la solucion positiva 0 la solucion negativa de algunos de elIos,
implica, a veces, la solucion de otros; asi, por ejemplo: si el espiritu
agrega ~lgo alas caus;s de accion puramente corporales (afirmativa
del
claro es, a fortiori, que el hombre agrega algo alas causas de
accion del mundo exterior (afirmativa del L@ ; pero la reciproca no
seria verdadera, y seria perfectamente posible que, representando el
hombre una fuerza dentro del universo (afirmativa del L@), sin
embargo, dentro del hombre, la conciencia fuera solo algo positivo
(negativa del @). Con igual facilidad se distinguen otros problemas.
En resumen: se trata de problemas logicamente aislables, que deben
separarse para la discusion, y que son, ademas, problemas reales, que
admiten ser planteados, resueltos, en su caso, y, si no, por 10 menos
entendidos y discutidos claramente. EI mal ha estado precisamente en
que no se haya hecho asi.

CID,

�Pero los que yo llamo problemas espurios de la libertad, se encuentran justamente en el caso opuesto: en vez de ser problemas
reales que no se han planteado clara e independientemente, son, al
contrario, problemas que se han planteado y discutido de hecho, sin
que hubiera debido hacerse asi, porque se trata de problemas que no
son reales, que no tienen sentido, 0 que implican confusion 0 ambigiiedad en los terminos, etc. De manera que, en cuanto uno de ellos
se plantea expresa 0 tacitamente, ya la confusion es forzosa.
Como ejemplos de estos problemas espurios de la libertad, citare
los dos mas vulgarizados.
§ 28. El primero de ellos es, empleando los terminos en que
habitualmente se 10 presenta, el de saber "si el hombre se determina
siempre por motivos". Si la afirmativa fuera verdadera, tendrian razon
los partidarios del determinismo contra los de la libertad; y al contrario. Otras formulas, mas 0 menos corrientes: "si dependemos de los
motivos"; "si somos esclavos de los motivos", 0 si nuestra voluntad
10 es; etc., etc.
Este problema aparece, y su discusion se mantiene, debido a un
estado de espiritu confuso; en efecto: por motivo, puede entenderse,
y entienden los autores, ya el hecho exterior, objetivo, que es tornado
en consideracion por el sujeto, ya las ideas, raciocinios, y en general,
estados subjetivos por los cuales este toma en consideracion a aque!.
Asi, puede decirse, en un sentido, que el motivo de mi huida fue la
aparicion de una serpiente, 0 bien, en otro, que el motivo fue mi percepcion, 0 en general, todo el estado subjetivo. Ahora bien: en e]
primer sentido, el problema de si el hombre obra por motivos, equi.
valdria a preguntarse, aunque en forma confusa, indirecta y obscura,
si el hombre depende en absoluto del mundo exterior (L &lt;ED ) _ Y, en
el segundo caso, hay que tener en cuenta que los motivos en senti do
subjetivo, ideas, raciocinios, etc. (1), forman parte del hombre: son e]
hombre (parte de eI) ; 10 que nos indica que, en este caso, no se piensa
realmente en el hombre, sino en su voluntad, 0 en su personalidad,
0, en general, en una parte 0 aspecto mas 0 menos claramente delimitado del hombre, considerado en sus relaciones con los actos intelectuales (2). Lo que se discute entonces es uno de los problemas © ,
obscuramente concebido.
Las mismas ambigiiedades, acrecidas, se comet en cuando se discute
(1) Se sabe que algunos hacian entrar,
entre los motivos, los estados afectivos;
10s distinguian
con el nombre de m6viles, etc.
(2)
0 inteIectuaies
y afcctivos, en el segundo caso de Ia nota anterior.

otros

�ennas

al
sin
no
lbi10s

[ue

na
6n
&gt;DLos

ad

"si el motivo mayor pre domina siempre". En este caso, la ambigiiedad
no se produce s610 a proposito de la palabra motivo, sino tambien de
la palabra mayor, confundiendose e1 punto de vista objetivo y el subjetivo en la apreciacion de la fuerza 0 importancia de los motivos.
Son, ya, varias confusiones; pero todavia hay la siguiente: cuando
nos preguntamos si el hombre obra por motivos, podria entenderse
que se trata: no ya de motivos exteriores al hombre (primero de los
casos referidos) ; no ya, tampoco, de motivos como ideas 0 sentimientos
con relacion a la voluntad (que era la segunda acepcion) ; sino de todo
motivo, en el senti do general de causa u otro analogo, en el cual caso
ya nos pasamos a los problemas de actos, preguntandonos si los actos
del hombre tienen 0 no motivos 0 razon de ser; si se explican por
todos sus antecedentes; y estamos en el problema D.
El que plantea la cuestion en esa forma, discute, pues, en globo,
tres cuestiones separadas, por 10 menos: (L @, un
y &amp;).
No quiero decir que, gracias a un esfuerzo sobrehumano de refi·
nada y constante distincion, no pudiera llevarse adelante una discusion
semejante, en logica estricta; pero, en la practica, en cuanto aparece
nuestro problema espurio, todo esta perdido.

©

§ 29. El segundo de los problemas espurios, es el de "si el
hombre depende de su caracter" ("si es esc1avo de su. caracter", "si
puede independizarse de su caracter", etc., etc.). Una de las soluciones,
como en el problema anterior, seria la tesis de la lihertad, y la solucion
opuesta, la tesis determinista; siempre concebidas estas dos tesis como
las soluciones opuestas e inconciliables de un solo problema.
Segun el senti do que se de a la palabra caracter, este problema,
o es absurdo, 0 es el enunciado obscuro de alguno de los problemas
reales.
El caracter de una persona, tal como es pensado ordinariamente,
es una simplificacion, 0 esquematizacion, para construir 0 pensar la
cual se quita mucho a la realidad ( los detalles particulares que no
entrar en la sistematizacion) y se agrega tambien casi seguramente
algo (para simetria de la caracterizacion). Claro es que, en esta
acepcion, el caracter es algo ficticio 0 ideal, y el problema no tiene
sentido.
Otras veces el caracter es pensado como una realidad, pero solo
como una parte de la realidad psicologica. Seria un conjunto de fenomenos psiquicos significativos, 0 habituales, que conocemos de una
persona, 0 que inducimos por sus actos, y que, a su vez, nos permiten
practicamente inducir sus actos futuros probables. En este caso, el

�"caracter" es una parte de la persona psicologica; y preguntarse si el
hombre depende de su caracter, es estudiar las relaciones de una parte
del hombre psiquico (el residuo, 10 que no es el caracter) con el resto
de eI, exactamente como en los problemas ©, con la sola diferencia
de que este se plantea invertido: no investigamos la dependencia 0
independencia de una parte 0 manifestacion del espiritu con respecto
al resto del espiritu, sino, al contrario, la del resto del espiritu con
relacion a la manifestacion mental que consideramos y a que damos
un nombre: diferencia puramente verbal, en el fondo.
En un tercer sentido, el caracter, si procuramos completar en el
caso dado el concepto que de el tenemos, para identificarlo con la
realidad, puede llegar a confundirse con el hombre mental mismo,
y entonces el problema es absurdo.
§ 30. Hay que agregar que, con respecto a los dos pseudo-problemas anteriores, se agrega a las confusiones seiialadas la que result a
de plantearlos y discutirlos, sin distincion, ya a proposito del hombre,
ya a proposito de los actos del hombre (§ 4).
§ 31. He aqui como plantea la cuestion de la libertad el autor
de una obrita (1) elogiada pOl' Paulhan (2), y que, realmente, con·
tiene bastantes cosas buenas, pero en la cual estan casi todas las con·
fusiones, com~ no podia menos de ser una vez enunciado el espurio
de los motivos.
"Somos, amigo lector, dos adversarios en presencia. Oye el tema
de nuestro debate, y juzganos. - Yo me que do hoy en mi casa, porque
llueve; sali ayeI', porque hacia buen tiempo; voy a comer, porque
tengo hambre; y, entretanto, hago encender mi fuego, pOl'que tengo
frio! Son Jnuchos porque lno es verdad? Y bien: yo pretendo que hay
siempre uno antes de cada una de nuestras acciones; que no haCeJIlOS
nada sin un motivo visible 0 escondido; que ese motivo es el que nos
determina a obrar; y me llamo, a causa de eso, determinista.
"Mientras estoy escribiendo, vienen a llamar a mi puerta: me
mandan una carta. Es un amigo que me invita a cO,merpara esta tarde.
lIre? Delihero; comparo el pro y el contra. La lluvia dura todavia;
he empezado un trabajo que urge; estoy bien en mi pieza ahrigada:
otros tantos motivos para quedarme. Pero, pOl' otra parte, mi amigo
se disgustara con mi ausencia; en esa comida se hebera buen vino, se
rena, se divertira uno; y ademas estoy fatigado de escribir, de permanecer sentado delante de mi escritorio: otros tantos motivos para
(1)
(2)

RENARD,
PAULHAN,

L'homme est-il libre? (Cito
La volonte.

traduciendo

de Ia segunda

edicion

de Alcan.)

�salir. Peso unos y otros como en una balanza. Han sido mas pesadoslos ultimos, y respondo que acepto la invitacion.
"Yo sostengo ahora que en todo caso semejante, en que luchan
unos con otros motivos contrarios, son los mas fuertes los que triunfan
y determinan nuestra conducta. Al hacerlo, sigo siendo determinista.
"Mi adversario dice a su vez: "Yo me he quedado en mi cuarto
como usted, y hasta Ie confesare que la lluvia no es extrana a mi resolucion; no oculto que he tenido, como usted, un motivo para obrar
como 10 he hecho; pero diferimos sobre dos puntos. Ante todo, hay
acciones a las que no veo ningun motivo. lPor que, pOl' ejemplo, se
muerde una una en este momento? Usted no 10 sabe. lPor que, de
esas dos hojas de papel que tenia usted del ante, igualmente blancas,
igualmente gran des, tomo esta mas bien que aquella? l Cual ha sido
su motivo determinante? Una vez mas: usted no 10 sabe.
"Abre usted la boca para decirme que, de ordinario, sabe pOl'
que obra. Estoy convencido de el1o. Acaba de exponerme detalladamente los motivos que 10 deciden a salir, pero es aqui donde estamos
todavia en desacuerdo. A su juicio, los motivos que 10 impulsan son
mas fuertes que los que 10 retienen. Segun mi opinion, 10 son porque
usted qui ere que 10 sean. Usted puede cambial' de decision y quedarse
en su casa; los motivos en pro y en contra seran siempre los mismos;
solo su voluntad habra cambiado. Usted compara sus motivos a los
pesos puestos en los platillos de una balanza; consiento: p'ero hay
alguien que los pesa y que con su mano hace inclinar el fiel del lado
que Ie parece. Esa es la verdad. Entre dos partidos puede usted elegir
indiferentemente el uno 0 el otro, porque tiene el honor de ser libre.
Es nuestra voluntad la que se determina ella misma.
•
"Tal es la cuestion sometida a tu juicio, amigo lector. Mi adversario se llama defensor del libre arbitrio; en cuanto ami, sostengo el
determinismo".
Se percibe el ondeo de la ambigiiedad. En algunas frases se expresa, 0 se sugiere, un problema; en otras, otro diferente; y sobre
todas £Iota como un vapor de asociaciones confusas. POI' ejemplo:
cuando se dice "pretendo que hay siempre uno (un porque) antes de
cada una de nuestras acciones", se piensa predominantemente en la
relacion de nuestras acciones con todos sus antecedentes (D); y probablemente, un poco tambien en los problemas
0 ©). Sigue la
frase "que no hacemos nada sin un motivo visible 0 escondido ... "
y todavia predomina la cuestion de la relacion de los actos con sus
antecedentes, si bien el nos sugiere tambien el problema de seres, por-

0

�que, cuando se dice que no hacemos nada sin un motivo, parece que
se tratara de motivos exteriores al nosotros @ 0 un ©). Pero en la
continuacion: "que ese motivo es 10 que nos determina a obrar", el que
se enuncia claramente es ya el problema de seres: si somos determi·
nados a obrar (se entiende: pOl' causas de accion exteriores al
nosotros); y ahora, el que esta en la inteligencia es un problema
L (el @, si pensamos en todo el hombre, 0 un ©, si, como es mas
probable, entendemos los motivos no como objetivos sino como
pensados) .
Cuando, en seguida, describe el "determinist a" la lucha de los
motivos, el autor y ellector conciben claramente un «J, y aquelllama
yo a una parte del espiritu, fuel'a de la cual estan las ideas-motivos.
Ese
parece que 10 resolviera porIa libertad, cuando emplea esta
frase: "yo peso los unos y los otros ... "; pero en seguida, y esto es
conforme con la intension del autor, 10 resuelve contra la libertad a]
expresarse asi: "estos ultimos han sido los mas pesados ... ".

©,

En cuanto al adversario, "el defensor del libre albedrio", empieza
pOl' hablar de acciones sin motivo, 10 que sugiere la solucion in deter·
minista del D (aunque puede interpretarse todo eso en otro senti do) ,
y despues, cuando dice a su contradictor que los motivos son mas
fuertes "porque usted quiere que 10 sean", que "su voluntad solo habra
cambiado", que hay alguien que pesa los motivos y despues inclina
la balanza, entonces plantea evidentemente el problema de la depen.
dencia de una manifestacion 0 parte del espiritu con relacion a 10
que no es ella: un ©, que, a estar alas expresiones del interlocutor,
seria el de la voluntad, y, a estar a su pensamiento, seria mas bien
el de la personalidad.
Y como se parte del principio de que son dos adversarios, qu~
sostienen "dos partidos" en una cuestion ("la cuestion" entre el "libre
albedrio y el determinismo"), claro es que no pueden reconocer, ni
podran ya reconocer jamas, que discuten mal; que el primero de ellos
podria, pOl' ejemplo, sosteneI' que todo acto humano tiene un motiyo,
en el sentido de que depende de la totalidad de sus antecedentes, y
aplicarse pOl' eso el nombre de determinista, sin perjuicio de estar
de acuerdo con el segundo para admitir que la voluntad no esta
pasivamente sometida a los motivos, entendiendose, portales, ideas,
o ideas y sentimientos, con 10 cual seria partidario del libre arbitrio
en su sentido mas literaL .. y tantas otras distinciones. Fatalmente,
ya es imposible pensar claro.
§

32.

En cuanto al otro problema espurio de la libertad:

el

�del caracter, -si se quiere, con la inspeccion de un solo libro, ver en
accion toda su virtud confusiva, reparense ciertos pasajes del Ensayo
sobre el Libre arbitrio, de Schopenhauer. EI ejemplo es notable, por·
que, en esa obra, el autor, habitualmente, piensa alto y firme (salvo,
siempre, las confusiones fatales), y por eso contrastan mas los para·
logismos y errores que la palabra caracter parece evocar por su sola
presencia cada vez que aparece.
Vease, por ejemplo, capitulo III, 3.° Y 4.°. EI autor se cree obli·
gada a sostener, como consecuencia de su "determinismo", que "el
caracter del hombre es invariable"; que "permanece el mismo pOT
toda la duracion de su vida"; y, en seguida, todavia, que "el caracter
individual es innato"; que "las virtudes y los vicios son cosas innatas";
todo esto, con afirmaciones del mas estrecho absolutismo: justificacion
de los proverbios exagerados vulgares: "ladron un dia, robara siem·
pre", "10 que entra con el capillo sale con la mortaja"; negacion de
las influencias educativas, etc.
Pedimos al lector repase esos pasajes, asi como otros posteriores
en que se trata del caracter (en el capitulo V, en el apendice II, etc.),
pasajes que no transcribo aqui, por extensos. AlIi se ve como las ambiguas cuestiones sobre el caracter engendran la confusion, por el
siguiente proceso.
EI autor ha sostenido que los actos del hombre son consecuencia
necesaria del modo de ser de este (0perari sequitur esse), 10 cual es
una aplicacion del principio de causalidad. Todo esto sufriria excepcion si el hombre, alguna vez, cometiera actos que no estuvieran de
acuerdo con su modo de ser; luego no los comete ; luego ese modo de
ser 0 caracter es invariable; luego nada puede modificarlo, etc. Se ve
como el paralogismo ha sido engendrado por la ambigiiedad del ter·
mino caracter, que puede querir decir, ya la manera total de ser del
ser, ya una simplificacion, esquematizacion 0 idealizacion de esa manera
de ser. Para comprender mejor esto, pongamos un ejemplo.
Supongamos que yo parto del principio de que las manifesta·
ciones meteorologicas de una regIOn son una consecuencia necesaria
del clima de esa region. Entendiendo l~ palabra clima en el senti do
amplio, el principio es verdadero. Tan verdadero, por 10 demas, que
es puramente verbal: una tautologia.
Supongamos una region como 1\.lejandria, donde las condiciones
climatericas son tales, que solo puede llover en rarisimos casos. Si yo
quisiera aplicar la anterior proposicion al caso de la lluvia en ALe-

�jandria, diria que, a consecuencia del clima de este lugar, solo puede
llover alli raras veces: es una verdad.
Pero supongamos que yo razonara asi: el clima de Alejandria es
seco pOl' naturaleza; luego, si es un clima seco, alli no puede llover.
Mi absurda conclusion depende de que he simplifieado 0 esquematizado el clima de Alejandria. Pues bien: exactisimamente el mismo
paralogismo es el que se comete cuando se dice: el canicter de tal
hombre es bueno; luego, no puede cometer un acto malo; tal hombre
es ladron, luego tiene que robar; es avaro, luego no hay que esperar
de eI una limosna, etc. "Seco", "bueno", "ladron", "avaro", son simplificqeiones. Seeo, tomado con absolutismo, seria un clima ideal (0
mejor, ficticio) de Alejandria, y no el clima real; como bueno, ladron,
avaro, entendidos a 10 Schopenhauer, son caracteres ideales 0 ficticios,
no reales, de individuos.
En realidad, hay hombres que rob an casi siempre; otros que a
veces rob an y a veces no; otros que no roban casi nunc a, y tambien
otros que no roban nunca; como hay climas en que llueve casi siempre;
otros en que llueve una veces y otras no; otros en que no llueve casi
nunca, y, tambien, otros en que no llueve jamas. Pero la asercion de
que los fenomenos meteorolOgicos dependen del clima, y la asercion
de que los actos dependen del caracter, no es mas ni menos verdadera
en unos que en otros, de todos esos casos. Puede un hombre ser bueno
a veces y otras malo, 0 mejor, obrar a veces bien y otras mal, como
hay paises en que llueve a ratos y en otros sale el sol, sin que el
principio de la causalidad, el "determinismo" (D) que Schopenhauer
sostiene en su libro, sufI'a excepcion.
El paralogismo podria continual' y agravarse, en esta forma: el
clima de Alejandria es naturalmente seco; sus manifestaciones tienen
que responder a su naturaleza, en virtud del determinismo; luego,
aunque se realicen obras, plantios, etc., no se puede modificar el clima
de Alejandria en el sentido de hacerlo mas humedo. Este paralogismo
es el de Schopenhauer, cuando niega, en nombre del operari sequitur
esse, la influencia de la educacion. Excuso demostraciones.
Asi es como "el espurio del caracter" engendra estados del mas
confuso ilogismo en las mejores inteligencias. En nuestro caso, se ve
facilmente cuales problemas han sido confundidos. POl' una parte, es
el D, el de la relacion de los actos con sus antecedentes, para el cual
adopta Schopenhauer la solucion deter.minista: esto, cuando pOl' ca·
racter se entiende el modo de ser completo y real del hombre, del
cual (mas el mundo exterior, naturalmente) dependen los actos del

�hombre. Y, por otra parte, el problema que se confunde con el, es,
como 10 explicamos antes (§ 29), un © obscuramente concebido e
invertido (si los actos del hombre dependen de una parte 0 manifestacion especial de el, que seria el canicter), y tambien (todo mezclado en un estado mental indistinto) un problema ficticio ( si los
actos del hombre dependen de una ficcion esquematica, que llamamos
su caracter).
Terminamos citando, de los mismos pasajes, esta frase en que se
ve claramente el
"Es... en el caracter innato, ese micleo verdadero del hombre moral todo entero, donde residen los germenes
de todas sus virtudes y de todos sus vicios". La concepcion del nlicleo
muestra claro el
que, en ese momento, esta en el espiritu de autor,
y que interfiere con el D cada vez que se habla del caracter.

© :. ..

©

§ 33. A veces, se trata en obras sociologicas, historic as 0 de
otra indole, del canicter nacional; y a proposito de su naturaleza,
de la posibilidad 0 imposibilidad de modificarlo y de otras cuestiones
conexas, se trata, para los pueblos, problemas analogos a los de individuos, con las mismas confusiones, alimentadas por los mismos equivocos, y todavia, por la vaguedad propia de esos asuntos.

§

34. Naturalmente: to do esto no quiere decir que la confusion
debe forzosamente producirse en cuanto se habla de motivos 0 de
caracteres. Un escritor po~ria dar un sentido claro y preciso alas
palabras, sostenerlo consecuentemente, y, por consiguiente, discutir
sin confusion. Lo que queremos decir es: 1.0 que siempre seria preferible evitar esas formulas, para no crearse dificultades artificiales;
y 2.° que en la practica, esas formulas han engendrado confusiones
pululantes.
§ 35. Bouvard y Pecuchet, que, como se sabe, eran mucho mas
inteligentes de 10 que Flaubert creia, deMan, naturalmente, discutir
"la" cuestion de la libertad, y deMan, infaliblemente, plantearla con
estas formulas. Asi cometian todas las confusiones que haMan cometido los filosofos, y no cometian ninguna que estos no habian cometido. Es sorprendente: estan los dos espurios: el de los motivos y el
del caracter; el primero, con su inevitable complicacion de los motivos
mayores y men ores :
"Y Bouvard nego positivamente el libre arbitrio.
"-Sin embargo, dijo el capitan, iYo puedo hacer 10 que quiero!
Soy libre, por ejemplo, de mover la pierna.
"-No,

senor, porque tiene usted un motivo para moverla!".

�"Bouvard 10 interpelo:
"-l emil es la causa de que no de usted su fortuna a los pobres?
"El especiero, con una mirada inquieta, recorrio toda su tienda.
"-jToma!
jNo soy tan imbecil! jLa guardo para mil
"-Si fuera usted San Vicente de Paul, obraria de otra manera,
porque tendria su caracter. Usted obedece, pues, al suyo. jLuego no
es libre!
"-Es una chicana, respondio en corD la reunion.
"Bouvard se mantuvo firme, y designando la balanza sobre el
mostrador:
"-Se mantendra inerte, mientras uno de los platillos este vacio.
Del mismo modo, la voluntad: y la oscilacion de la balanza entre dos
pesos que parecen iguales, figura el trabajo de nuestro espiritu cuando
delibera sobre los motivos, hasta el momento en que el mas fuerte 10
empuja, 10 determina" (I).
Despues de este planteamiento, si Kant, Leibnitz y Spinoza hubier an entrado en la tienda e intervenido en la discusion de nuestros
personajes, no hubieran aumentado mucho las probabilidades de llegar a una solucion clara.

La confusion fundamental de las obras, generalmente, ya se revela
en el titulo, que es casi siempre la enunciacion directa 0 indirecta de
un problema. Despues,_no hay mas que hojear casi al azar para mostrar confusiones: groscras 0 sutiles, nunca 0 casi nunca faltan, y no
siempre son raras en los grandes pensadores.
Lo que sigue es un trabajo que no terminaria nunca. Yo procurare
limitarlo a una extension razonable: nada mas que 10 indispensable
para dejar bien preparada la discusion que se hara en el libro III.

§ 36. El titulo de la obra de G. L. Fonsegrive, Essai sur le libre
arbitre (2), ya implica la confusion de los problemas, dado que el autor
se propone tratar, y trata, sin distinguirlas, de todas las cuestiones
que nosotros hemos separado. Este libro comprende dos partes: una
(1)
(2)

Edicion
Charpentier.
Cito por la segunda

1904. paginas
edicion

292 y 293.
de F. Alcan.

francesa

1896.

�historic a y otra cntlca. La segunda, en la cual nos fijaremos especialmente, se abre con una definicion previa.
A este respecto, como veremos, la actitud de los diferentes autores
es distinta: muchos prescinden en absoluto de toda definicion, y as]
las confusiones se forman solas; otros adoptan una definicion clara
que corresponde a un problema; pero despues no guardan consecuencia
y discuten mas de uno; otros definen por acumulacion, haciendo en·
trar varias cuestiones en el enunciado. La transcripcion que sigue (1)
es un ejemplo de esto ultimo.
"Antes de abordar la discusion del libre arbitrio (postula que es
una cuestion), es indispensable determinar la naturaleza y la extension
del problema (del: ya da por sentado que es un problema) ...
"Llamamos libre arbitrio al poder en virtud del cual el hombre
puede elegir entre dos acciones contrarias sin ser determinado por
ninguna necesidad". En esta frase, cuando se dice: el poder en virtud
del cual el hombre puede, se piensa fundamentalmente en el problema
L @, y 10 mismo cuando se dice sin ser determinado: es evidente
que se esta pensando en la relacion del hombre con el mundo exterior
y se entiende por libre arbitrio la independencia de aqueI con respecto a este. Pero ciertas palabras de la frase traen asociaciones del
problema D: algunas (como necesidad, y la misma palabra determinado), en la forma &amp;, y otras (elegir ... acciones contrarias) mas bien
en la forma Lili. Y preguntar "si el hombre puede elegir sin ser d€lterminado por ninguna necesidad", ya es hablar de un modo que hace
pensar confusamente, porque, si bien, en rigor, cuando se dice ser determinado por, debe entenderse que el sujeto agente que viene despues
debe ser externo y no debe ser ni comprender el mismo sujeto recipiente que es determinado, en cambio la palabra necesidad hace
fatalmente pensar en la relacion de un acto del hombre, en su determinacion, con respecto a todos sus antecedentes. Sin continuar este
analisis se ve, pues, que esta primera frase enuncia el problema
L@, con asociaciones de los problemas D. "El hombre para ser libre,
no debe, pues, ser constreiiido por nada exterior (aqui es el problema
L, clara y precisamente expresado) ; su voluntad no debe tampoco ser
la consecuencia de su naturaleza y de su caracter, como el movimiento
de una rueda es la consecuencia del movimiento de la maquina de
que esa rueda forma parte, 0 como una £lor resulta del desenvolvimiento de su tallo". (Si esta frase tiene algun senti do, 10 que podria
discutirse ann prescindiendo de las ambigiiedades relacionadas con eI

�canicter, etc., ese sentido seria probablemente este: que los actos del
hombre no dependen de sus antecedentes 0 no pueden preverse por
ellos, aunque entre ellos se tome en cuenta al mismo hombre, 10 que
dada una solucion negativa del D (&amp; 0 L!1) que no es consecuencia
Iorzosa de la solucion afirmativa del L
que la definicion postulaba
en la frase anterior. De manera que ya la tesis que el autor llama
libre arbitrio, comprende, por 10 menos, dos creencias, de las cuales,
o podrian admitirse las dos, 0 podria admitirse la primera sin admitir
la segunda, 0 podria no admitirse ninguna)

®

Sigue el autor: "En consecuencia, la accion producida por ellibre
arbitrio debe siempre quedar indeterminada hasta el momento de su
produccion; es decir, que la accion contraria debe siempre quedar
posible; por consiguiente, ninguna inteligencia debe poder predecir
infaliblemente la accion libre en un tiempo distinto del de su reali·
zacion; ellibre arbitrio tiene, pues, por dominio la contingencia".
Aqui se trata de acciones ("la accion producida por el libre
arbitrio" la "accion libre"), y se trata de su in determinacion absoluta;
problema D, claro.
Y sigue inmediatamente este otro parrafo: "La volicion producida
por el libre arbitrio no debe poder explicarse sino por el ser que la
produce; debe ser, pues, espontanea".
Ahora es el problema L, clarisimo.
(Sigue otro parrafo que no nos interesa citar, por el cual se
atribuye alas "acciones libres" el caracter de inteligencia, ademas de
los de contingencia y espontaneidad que ya les han sido atribuidos.)
Ahora bien: en rigor logico, un escritor tendria derecho de daJ',
para el libre arbitrio 0 para cualquier nocion, una definicion acumu·
lativa como la de nuestro autor, incluyendo en la connotacion de ella
mas de un atributo de los que no deben estar forzosamente unidos:
En nuestro caso, por ejemplo, solo se llamada accion libre a la que
reuniera las tres condiciones indicadas; y se discutiria sobre todo eso
a la vez. Pensar asi seria embarazoso, expuesto a confusiones propias
y ajenas, pero, en suma, logicamente legitimo. Tal no es, sin embargo,
la actitud mental del autor. El acumula la nocion de imprevisibilidad
o contingencia a la de espontaneidad, porque cree que son insepa·
rabIes, porque cree que la primera deriva de la segunda, como, por
10 demas, 10 dice expresamente algunas llneas mas abajo, en este
pasaje que nos sera utillsimo para mostrar un estado de espiritu que
es muy comun a proposito de esta cuestion, pero que generalmente
es inconsciente, y raras veces consciente como aqui.

�"Creemos al contr ario (de Leibnitz) que si el hombre es libre,
el alma puede modificarse por si misma, y por consiguiente que el
conocimiento perfecto de su estado presente no bastani para predecir
infaliblemente todas su acciones futuras".
Expresamente se declara aqui ("por consiguiente") que el indeterminismo (problema D) es una consecuencia de la libertad (problema L). Ahora bien: esta es confusion patente. Lo que se deduce
de la libertad en el L, esto es de que el hombre obre por si mismo,
de que sea causa de sus actos, es la imprevisibilidad de sus acciones
si se prescinde de el, 0 sea la imprevisibilidad relativa a que se
refieren los problemas L'. Pero si en vez de tratarse de esa imprevisibilidad relativa, se trata de la absoluta, el indeterminismo no es una
consecuencia de la libertad; el mismo autor, unas lineas antes, nos
decia que la volicion libre se explica por el ser que la produce; y los
deterministas dirian que precisamente por eso, porque se explica, se
puede 0 se podria teoricamente predecir.
En la misma pagina (308), insiste el autor en su confusion
expresa: "Con la humanidad entera, hacemos de la expresion accion
libm el sinonimo de accion independiente
(L). Solo que deducimos
de la independencia la imprevis;;bilidad (D) .... ", etc.
Estas ultimas citas nos mostrarian, pues, si ya el lenguaje empleado en la misma definicion no nos 10 hubiera revelado desde el
principio, que la acumulacion de mas de un problema en la definicion,
es confusion y no metodo. Entonces, despues de una definicion semejante, podra un libro traer much as cosas valiosas: erudicion, pasajes
utiles aqui y alla, buenos argumentos parciales; pero el todo sera
fatalmente, necesariamente, confuso, impreciso, falso.
Y asi es: repasamos el libro, y los siguientes pasajes nos dan una
idea del estado de confusion del autor, que pasara a ser el del quie
lea un libro de ese genero.
Pagina 311 (planteando la tesis del determinismo): "Nada es
dueno de si en el universo, nada es libre, todo 10 que sucede dehe
suceder". La estructura de esta frase presenta como equivalentes las
tres afirmaciones que contiene, en la primera de las cuales, sin embargo, se trata claramente del problema L (en la segunda, parece
que del mismo), y, en la tercera, evidente del problema D.
Pasajes como el anterior, como el que contiene la definicion, y
otros mas citados antes, se encuentran raramente, porque no es natural
en los escritores el estado de espiritu que presuponen estos saltos
bruscos de una cuestion pensada y eXIJresada claramente a otra cues-

�tion distinta, tambien pensada y expresada claramente. Lo comun es
que las cuestiones confundidas esten, no como distribuidas por capas,
sino mas mezcladas. Vease 10 que sigue (pagina 311) :
"Fatalistas,
conclusiones,

determinist as, estan,
cualesquiera

efecto: l que me importa

de

sean sus divergencias

acuerdo

sobre

las

de doctrina;

en

que la necesidad que me encadena venga

de adentro

0

exterior

por un determinismo

0

pues,

de afuera, que yo sea ligado (attache) por un fatalismo
interior?

l Estoy por ello menos

ligado ?"
Hay aqui una confusion inmensa; y el lector ya ha de estar preparado para verla: el espiritu del autor no se coloca bien, clara y
permanentemente, ni en el punto de vista de los seres, ni en el punto
de vista de los actos. Analicemos: comparando 10 que el llama fatalismo con 10 que eI llama determinismo, siente que hay algo que
queda igual en las dos doctrinas; y, en efecto, tiene razon: hay algo
que queda igual, y es el ser mi acto (mi acto; no yo) tan determinado
en el primer caso como en el segundo. Pero, como hemos explicado
en el parrafo 5, hay tendencia a hablar de actos libres y no-lib res,
y a llamar actos no-libres a los actos que se explican por todos sus
antecedentes, 0 sea a los actos determinados. El autor pasa de este
senti do, al otro sentido en que se puede hablar de actos no-libres,
esto es: al de actos no ejecutados libremente; y por esto piensa y habla
de un ser no libre, de un yo encadenado, ligado. Es claro que no
tiene sentido hablar de un ser, de un yo, encadenado por un determinismo interior; 10 que tiene sentido, es decir, que los actos de ese
yo (algunos de ellos) obedecen (por 10 menos en parte) a un determinismo interior al ser que los produce, y no puramente exterior a
el. En ese caso, el ser, el yo, es libre, y el acto es determinado. Yo, no
estoy encadenado, ligado, forzado, ni nada semejante; y el autor ha
sido llevado a emplear estas expresiones por su estado mental confuso.
Hojeando, veo pasar por las paginas 409 y 410 uno de los ©
(seria infinito citarlo todo) ; por la pagina 411, el espurio del caracter,
y subrayo esta frase caracteristica: Hay, por consecuencia, en el canicter de todo hombre, algo que viene verdaderamente de el (!). Por
la pagina 423 desfila el de los motivos, con una distincion entre la
hesitacion y la deliberacion, en que aparece la balanza, y que termina,
naturalmente, por la confusion de siempre: "Veamos ante todo si hay
en la decision algo que sea verdaderamente nuestro, y que merezca
ser llama do voluntario y libre". Demuestra que si, 10 que es facil, y

�estas demostraciones Ie producen sensaClOn de evidencia en favor del
indeterminismo, como si se tratara de la misma cuestion.
Pagina 430: " ... las conclusiones posibles son mas 0 menos probabIes, pero ninguna es necesaria. El ser razonable se siente entonces
indeterminado: es en eso en 10 que consiste la materia de su independencia y de su libertad. Despues siente que es el mismo el que hace
cesar la indeterminacion, y siente entonces el acto de su libertad".
Parrafo en que es permanente la confusion de cuestiones L y cuestiones
D, en forma tal que todo analisis seria artificial.

mga
smo

pre·
'a y

llnto
rata·
que
algo
lado
cado
~res,
I sus
este
bres,
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e no
eter.eter·
lor a
[),no
'I'

ha

fuso.

s©
ieter,
!l .;a· POl'

re la
nina,
i hay
rezea
eil, y

Pagina 434: " ... El hombre, pues, se siente libre y se cree libre.
Rompe pOl' si mismo indeterminaciones; nada fuera de el puede rom·
perlas, porque esas indeterminaciones tienen lugar en la parte inma·
terial de su ser ... " Este pasaje es mas interesante que los anteriores,
porque, en vez de dos fundamentales, son tres los problemas que se
mezclan y que en el espiritu del autol' son "el problema" de la libertad: el L, el D, y, como se ve pOl' el fin de la cita, tambien @, 0
sea el de las relaciones de la conciencia con el cuerpo 0 con el mundo
material.
Este problema@,
como he dicho, tiene relaciones con los otros,
pero es distinto. Los autores, muy a menudo, no 10 distinguen y 10
mezclan con las cuestiones sobre libertad y sobre determinismo. EI
parrafo citado es un ejemplo. Vease este otro (pagina 449), donde
hay evidente confusion entre el mismo @ y el L: "l Cual es, pues,
la causa de que ningun hombre sensato tenga a Victor Hugo y a Newton pOl'puros automatas (el autor ha estado discutiendo el @, y todavia piensa en este problema), y de que, sobre todo, nadie consentiria en
ser tenido en concepto de tal pOl' los otros hombres? Es que todos
sentimos en nosotros algo de puramente nuestro (ahora se ha pasado
al L), el placer, el dolor, la sensacion, la imagen, la idea, y, para
nombrarlo con una sola palabra, el pensamiento".
Paginas 451-52: "Creemos, pues, poder concluir: nos creemos y
somos lib res, nuestros actos dependen de nosotros (L), nuestro caractel' entra como factor en la constitucion de nuestros actos (espurio),
y nosotros mismos, porIa
actividad racional que somos, entramos
como factores en la formacion de nuestras ideas (?), en la resolucion
de las determinaciones (el D, que predomina ahora) que sentimos en
nosotros, y pOl' eso mismo tambien en la constitucion de nuestro propio
caracter (espurio). Asi, todo 10 que en nosotros se eleva sobre las
pasividades (en oposicion de las cuales piensa e1 autor en actividad:
L) organicas y sensibles sin elevarse hasta la certeza absoluta y nece·

�saria (cuestiones D, que pasan otra vez) del conocimiento racional,
es decir, como 10 habia visto Aristoteles, el medio en que se encuentran y coinciden nuestras dos naturalezas (aqui parece que pasa algo
que tiene que vel' con el @) , todo eso forma la materia indeterminada
y c.ontingente (D) donde se ejerce nuestra libre voluntad {@)))".
Una vez mas: cuando, al analizar uno de estos parrafos, nos refe·
rimos a los distintos problemas que el autor confunde, y 10 hacemos sea
dando una explicacion, sea limitandonos, pOl' brevedad, a poneI' entre
parentesis el simbolo del problema, no queremos expresar que en esa
frase el autor piense clara y precisamente en ese problema exclusi·
vamente, y que en la frase siguiente pase a pensar en otro, y asi sucesivamente. Ya hemos dicho que este caso no es comun. POl' 10 general,
sobre todo el pasaje £Iota una bruma hecha de asociaciones de los
distintos problemas, sin perjuicio de que, a menudo, predomine en
unas partes la concepcion de uno y en otras la de otro; es como si de
un mismo lugar, pOl' ejemplo, de un jardin, se desprendiesen varios
perfumes: a veces nos vendrian todos mezclados; otras, diriamos que
pre domina el de las rosas 0 el de las violetas, sin perjuicio de sentirse
los demas; en ciertos momentos podriamos tambien decir que nos
llega uno solo... Esta comparacion, bien impropia, puede, sin embargo, hacer comprender que es 10 que pretendemos cuando, en un
punto del pasaje, anotamos el simbolo de un problema. Entiendase,
pues, todo, con cierta vaguedad, como es de buena psicologia. Lo
que queremos es, unicamente, mostrar como se tratan estas cuestiones;
que estado de confusion mental es el habitual en los que creen resolverlas y en los que creen comprenderlas.
Continuo citando: "El determinismo (pagina 508) nos parece,
pues, deber, poco menos que fatalmente, inclinarse al pesimismo ...
Un hombre bueno es bueno como una buena maquina 0 un buen
uti!, 0 si se quiere, como una planta benefica 0 un caballo excelente;
pero no es ya la causa de su bondad". Siempre a causa de la misma
confusion entre L y D, el autor saca (al fin de su frase) la consecuencia
de la solucion negativa del L (comparando al hombre a una maquina,
y diciendo que no es la causa de su bondad), y atribuira, y hani que
el lector atribuya esas consecuencias al determinismo, que en rigor
de terminos seria una teoria relativa a otro problema; y asi la confusion se mantiene a si misma, y se extiende.
Algo absolutamente igual ocurre con este pasaje (pagina 552) :
"Es claro que un determinista eonvencido, pintor, eseultor, poeta, 0
novelista, no podra representar mas que hombres esclavizados".

�§ 37. La parte historica del mismo libro, esta tambien, natu·
ralmente, llena de ejemplos de confusiones (a veces las del autor se
complican con las de los filosofos a quienes cita 0 juzga) .

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rigor

Pagina 22: "Acabamos de hacer presentir ya que Aris'toteles
acuerda al libre arbitrio una parte mas grande que Socrates y Platon.
Observa los hechos de mas cerca; esta habituado a las mas delicadas
observaciones psicologicas no menos que alas especulaciones meta·
fisicas mas elevadas. Ahora bien: es muy dificil a un observador atento
de la conciencia humana no descuhrir en ella la creencia en un poder
(pouvoir) del hombre sobre sus acciones (problema L). Aristoteles
cree, pues, en un poder (puissance) del hombre (sigue el L), en una
cierta in determinacion de los actos (el problema D, como si fuera
el mismo), en un libre arbitrio (expresion que designa a la vez la
solucion libertista del problema L y la indeterminista
de] problema
D; luego, confusion absoluta).
"Asi, no se puede casi negar que Aristoteles haya creido en el
poder (puissance) del hombre sobre sus acciones (L), en una eleccion
libre, imposible de determinar y de prever" (D) (pagina 29).
Nota. - Las confusiones del autor son, a menudo, mucho mas
groseras que las de los filosofos que analiza. Esto se ve a proposito
del mismo Aristoteles, y mejor todavia, naturalmente, a proposito de
los filosofos modernos que han pensado con mucha claridad y profundidad sobre estos problemas, como Leibnitz. Asi, cuando el autor
confunde el Leon el D, es, generalmente, pensando el L sin retroaccion, 0 con poca. Este es el caso en que la confusion es grosera .
No asi cuando se piensa el problema L con retroaccion, porque, como
ya 10 hemos sugerido en otro lugar, la retroaccion plantea el D, 0, en
todo caso, cuestiones con el relacionadas. Ademas, cuando se piensa
el L con retroaccion, decir que el hombre tiene "poder sobre sus actos", que es "el padre de sus actos" 0 "la causa de ellos", puede
implicar, en el espiritu del que asi piensa, la cuestion de los comienzos
absolutos, que es una de las formas 0 variantes del D.
Pagina 57: " ... el destino admitiria entonces (segun Seneca) una
cierta ambigiiedad (D); pero se ravisse en seguida y nos muestra la
realizacion de la condicion comprendida, tambien, en la orden del
destino, de manera que ninguna ambigiiedad (sigue el D, en su misma
forma L!h) queda subsistente. No somos, pues, independientes". (Ahora
es el L! Notese el pues, que muestra 10 enorme de la confusion.)

�Pagina 70 (resumiendo a Alejandro de Afrodisia) : "no se puede
negar tambien que haya contingencia en las cosas. Sin duda el fuego
es necesariamente caliente y la nieve fria necesariamente; pero, (,es
necesariamente como el hombre esta sentado 0 de pie? Evidentemente
no. (,Quien no ve que puede levantarse cuando esta sentado, y que
puede sentarse cuando esta de pie?" (Confusion inanalizable de las
cuestiones sobre contingencia, ya muy confusamente concebidas, con
la del poder del hombre para obrar sin causa de accion exterior en
un momento dado.)
El siguiente pasaje de la pagina 209 es muy significativo. Lo cito
por eso, aun cuando es posible que el lector, para comprender bien
mi analisis, necesitara leer el capitulo dedicado a Leibnitz: "Es, pues,
verdadero decir que Leibnitz, queriendo solamente rechazar la libertad de indiferencia, acabo por rehusar al hombre todo poder efectivo
sobre sus determinaciones". Claro es que 10 que Leibnitz suprimio (al
analizar a fondo la nocion de contingencia), no fue el poder del hombre sobre sus determinaciones, sino la ambigiiedad de esta determinacion, 0 sea su posibilidad en mas de un sentido. El autor confunde
siempre las cuestiones D y las cuestiones L, por 10 cual cuando juzga
suprimido el indeterminismo (D) juzga suprimida la libertad (L).
Excuso mas citas de esta obra, asi como emplear el otro procedimiento para mostrar confusiones que consistiria en citar separadamente pasajes en que se toman los terminos en un senti do y despues
otros en que los mismos terminos se tom an en sentido distinto.
Voy a segregar, sin embargo, una cita que va a servirnos de
ejemplo de una de las formas mas comunes de confusion.
§ 38. En el capitulo dedicado a Descartes, hay (paginas 151 y
152) unas citas de este filosofo. Entre esas citas estan los siguientes
pasajes:
"Porque ella (la libertad) consiste solamente en que nosotros
podemos hacer una misma cosa 0 no hacerla, afirmar 0 negar, perseguir 0 evitar una misma cosa".

"0 mas bien consiste solamente en que, para afirmar 0 negar,
perseguir 0 evitar las cosas que el entendimiento nos propone, obramos
de tal manera que no sentimos que ninguna fuerza fuerce (constraigne)".
Y sigue un tercer pasaje en que Descartes identifica la libertad
con el poder de obrar bien.
El autor del libro percibe facilmente que hay en Descartes confusion, porque el ultimo de los tres pasajes (el que no transcribo)

�~ro, ;,es
temente
, y que
, de las
las, con
'rior en
Lo cito
er bien
s, pues,
a libel'~fectivo
mi6 (al

~lhom.etermi'nfunde
[)juzga
Id (L).
proceparadalespues
to.
nos de
; 151 y
uientes
osotros
per-

11',

negar,
bramos
(cons-

es conlcribo)

se refiere a una cosa distinta de los otros. Llega tambien a hacer notal'
que el segundo pasaje "restringe el libre arbitrio a la ausencia de
coercion (contrainte}", y 10 juzga pOl' eso como no cquivalente al
primer pasaje, y menos amplio que el. Pero 10 que, naturalmente, no
ha nota do, es que ese mismo primer pasaje ya es en si ambiguo, y
debe, si no tal vez en rigor logico (porque podria darsele en sentido
univoco estableciendo convenciones expresas sobre el significado de
Ios terminos) pOl' 10 menos psicologicamente, provocar y mantener
una confusion. Tratemos de hacer este analisis, que es sutil y dificil,
pero muy importante, porque, como iremos viendo, la frase es tipica;
algo asi como una formula general de las confusiones mas comunes.
Si "nosotros podemos hacer una misma cosa, 0 no hacerla".
Cuestion ambigua, pOl' esto:
Al decir nosotros, ese nosotros (0 cualquier otro sujeto que se
tome para la frase: yo, tn, el, el hombre, un hombre, etc.), ese sujeto
es un ser que tiene 0 es fuerza. Al considerarlo como sujeto, adoptamos
el punto de vista individualizante, que consiste en considerar los actos
del sujeto con relacion, solamente, a los antecedentes exteriores al
sujeto (L'). Si pensaramos asi con perfecta claridad y pureza, y si nos
mantuvieramos consecuentes, esta cuestion seria simplemente el problema L', equivalente al L, y entonces, el primer pasaje de Descartes
equivaldria justamente al segundo.
Pero hay dos causas para que el pensamiento del lector, al leer
esa frase, ni piense con claridad y pureza ese punto de vista solo, ni
se mantenga consecuente en un mismo punto de vista.
La primera resulta de la ambigiiedad del verbo poder, que, en
cierto sentido, significa capacidad (grna que puede levantar cien toneladas; reverbero que puede hacer hervir un litro de agua) ; en otro
sentido, indica posibilidad 0 contingencia; y este segundo senti do 10
tiene, ya exclusivamente, ya mezclado con el anterior ( noviazgo que
puede romperse, navio que puede naufragar).
La segunda causa viene de la forma disyuntiva, que provoca la
idea de contingencia 0 ambigiiedad de posibles, y viene asi a reforzar
a la anterior. La presencia de esta idea de contingencia significa que,
ademas de la cuestion anterior, pensamos en una segunda distinta;
que al mismo tiempo que pensamos en si los actos del sujeto dependen
o no de los antecedentes que no son ese sujeto (cuestion de la libertad
de ese sujeto: L' 0 L), pensamos tambien en si los actos, de ese sujeto,
son 0 no posibles en mas de un sentido (D).
A cada momento encontraremos en adelante esta formula ambigua.

�No la inclui entre los problemas espurios, porque, en esta, la confusion
es menos fatal y podria evitarse lOgicamente; pero de hecho, es todavia mas comun que la que engendran aquellas.

§

39.

Otra clase de libro:

un "texto", el de Rabier.

La cuestion se plantea en las paginas 537 y 538 (I), Y se discute
en las siguientes. Veamos la entrada en materia:
Ya, en el titulo del capitulo (XXXIX), se ha sentado en principio
que. se trata de una cuestion. EI titulo es este: LA LIBERTAD
- CRiTiCA
DELDETERMINISMO.
Y, en la tercer a linea, se menciona "la cuestion
de la libertad". Ya queda, pues, convenido desde ese momento, que
hay una euestion que tiene dos soluciones: una que admitira la libertad, y otra, el determinismo, que el autor va a criticar.
En ese estado de espiritu, el lector lee 10 siguiente: "Pero ahora,
esa libertad (la de perfeccion), que es un fin, leI hombre tiene en SI
el medio de tender a ella? (2) Entre ella y su contrario, les eI capaz
de elegir? (Bien pronto, como se ve, nos encontramos con la formula
que acabamos de analizar hace un momento. La confusion se va estableciendo.) lO bien no puede mas que asistir, testigo inerte e im potente, al conflicto de la razon y de las pasiones, y ceder docilmente
al vencedor, sin jamas contribuir a la victoria? (Desde ese momento,
desde que se ha lei do esta frase, todo esta perdido!! Ya el lector
queda entendiendo que, en la cuestion, hay una solucion determinist a
que, en oposicion a la tesis de la libertad, sostiene que el hombre
es "inerte", pasivo, "testigo impotente ... " Ya la solucion determinist a
del problema D quedara irremisiblemente confundida en su mente
con la solucion inertista, con la solucion inertista extrema del problema L. Agreguese, todavia, que a clausula tiene pOl' sujeto a "el
hombre"; pero despues habla de la razon y las pasi~nes como de cosas
exteriores a ese sujeto que asiste, cede y jamas coniiibuye a la victoria,
10 que muestra que el sujeto en cuestion, desp~s de haber empezado
pOl' ser el hombre, ha pasado a ser una parte del hombre; seguramente
la voluntad: de modo que tambien hay confusion entre L @ y L @ ).
Sigue el autor: "He aqul el problema" (siempre uno) "TESISOPUESTAS
DELDETERMINISMO
Y DELLIBREALBEDRio"(como titulo de un §: la
confusion se confirma). "Precisemos en cuanto sea posible el objeto
(1)
ELiE
RABIER,
Le~olls de philosophie, psyehologio. 4me edition, Paris, Hachette, 1893.
(2)
Traduzro
cOl1servando
la construccion
francesa
de esta frase, que cs un solecismo
en nuestro idion13, para no alterar psicologicamenlc
cI pasaje.

�del debate. Al preguntar si el hombre tiene la libertad, queremos
preguntar si el hombre "tiene el poder de hacer 10 que no hace y de
no hacer 10 que hace" (cita de Condillac: vuelve nuevamente aquella
formula ambigua; la confusion aumenta). Pero, para mas claridad,
opongamos una a la otra (la polarizacion historic a del problema en
forma dilematica) la tesis determinista (negacion de la libertad) (el
autor, con este parentesis, cierra toda puerta para escapar a la con·
fusion) y la tesis del libre arbitrio: 1.0 en el orden psicologico 0 subjetivo, 2.° en el orden objetivo, 3.° en el orden logico.
o.cipio
RITICA

estiolt
que
liber-

1,

ahora,
: en Sl
capaz
rmula
1 esta'
impomente
nento,
lector
linista
ombre
linista
mente
I pro-

a "cl
~cosas
ctC'ria,
lezado
mente

~@).
UESTAS
§: la
objeto

1.° DESDEEL PUNTODEVISTASUBJETIVO.
Tesis determinista: DadO'
un estado del alma (motivos y moviles), no hay para la voluntad mas
que una solueion posible". (Suprimo, pOl' sencillez y brevedad, la
emmciacion de la tesis opuesta; la que he transcripto, que pretende
ser la determinista, pareee ser la negativa 0 inertista del emboite de
la voluntad planteado en su variante equivalente L' @ (1), pero con·
fundido con el D, puesto que se plantea la cuestion sobre posibilidades
en uno 0 mas sentidos. Aqui hay una cuestion muy sutil: podria emplearse la expresion del texto, en rigor, si ella quisiera decir sOlo que,
siendo la voluntad inerte, no activa, los actos de la voluntad son determinados pOl' 10 que no es la voluntad, y que, si ocurriera 10 contrario,
si la voluntad fuera activa, sus actos, como no serian totalmente
determinados pOl' 10 que no es la voluntad, quedarian, aun dado un
mismo estado exterior, posibles en mas de un senti do ; y, al decir
posibles en mas de un sentido, entenderiamos referirnos no a una
posibilidad absoluta y real, sino a esa otra aparente posibilidad en
mas de un sentido que resuha de la ignorancia 0 faha de datos completos sobre los antecedentes, como cuando yo digo que es posible
que llueva hoy, que tambien es posible que no llueva, con 10 cual nO'
quiero decir que son realmente posibles en si una cosa y otra, sino
que 10 son relativamente, para mi, pOl' faha de antecedentes. .. Pero,
aunque se pudiera, pOl' convencion, expresar asi un problema L'
cualquiera, ese sentido convencional no se sostendria un momento;
seria psicologicamente inestable. Lo que digo, tan sutil y teorico, seria
para el caso de que el autor hubiera pasado conscientemente todO'
eso; de hecho, esta de mas, pues el autor se expresa en la forma en
que 10 hace, simplemente pOl'que su pensamiento no es claro. Seguimos
citando) : 2.° "DESDEEL PUNTODEVISTAOBJETIVO.
Tesis determinista:
(1)
Pi do que se vea el cuadro, pagina
de otro modo tendria que complicar tanto
escribir iotcligiblemcolc.

68, me es necesario
referirme
a Cl a menudo;
cada explicacion
que casi me seds imposible

�'''Todos los acontecimientos futuros son, sin excepcion, predeterminados
pOl' el estado presente del Universo. - Tesis del libre arbitrio: EI
porvenir no es en su totalidad predeterminado pOl'el presente, y ciertos
acontecimientos futuros, a saber: los que dependen de la voluntad,
son ambiguos 0 posibles en diversos sentidos". Ahora el problema, "La
cuesti6n", es exclusivamente el D (enunciado &amp;); y la confusion
queda establecida definitivamente, sin remision. El lector queda pen·sando, pseudopensando, como el autor, que la primera de estas tesis
equivale a aquella otra anterior de que el hombre es pasivo e inerte,
simple testigo, etc., 0 que, en el mejor de los casos, esta ultima es consecuencia necesaria de la primera; y ya, sobre este asunto, no podni
pensar con claridad, nevermore.
Sigue una nueva enunciacion de las dos tesis desde el punto de
vista logico, a proposito de la aplicacion del principio de contradiccion
alas proposiciones relativas a hechos futuros concernientes a la voluntad. Esta enunciacion, tomada de Aristoteles, es, como la anterior,
un planteo claro del D L]1. La confusion se consolida, si aun es posible. Despues, en los dos capitulos que dedica a "la cuestion", el autor
no hace mas que pasar de un sentido a otro de los terminos, confun.dirlos, mezclarlos, y produce el mas raro efecto el trabajo de su talento
claro, metodico y bastante esquematico, sobre esa materia confusa,
toda pastosa de confusion.
Asi, hay momentos en que discute problemas de la formula L;
pOl' ejemplo, en la pagina 579: "Cuando un hombre esta en las tinieblas, sin saber a donde iI', permanece inmovil. La luz se hace; el
ve su destino, su camino, marcha. Pero, les la luz la que ha puesto
'en movimiento sus nervios y sus musculos? Asi, el motivo hace el acto
de la voluntad, posible, inteligente; no 10 produce". Esta defendiendo
.aqui la actividad de la voluntad; trata del L @. "Pero los deterministas instan: olvidais que alguna inclinacion se mezcla siempre a
nuestras ideas, algun movil a los motivos. Ahora bien; si la idea es
simplemente representativa, la inclinacion, seguramente es motriz: es
ella la que fuerza (entraine) a la voluntad". Sigue, pues, discutiendo
la cuestion de la actividad 0 pasividad de la voluntad. Mas abajo: "los
determinist as deberian probar que la voluntad cede siempre a la indinacion mas fuerte; en el cual caso se seguira, en efecto, que la voluntad es inerte y no posee ningun poder automotor". De manera que,
aqui, el problema es, para el autor, el L @. Lo mismo en la nota de
la pagina 550, que trae esta cita de W. James: "Cuando fuerzas extel'iores obran sobre un cuerpo, decimos que el movimiento result ante

�ados
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lsion
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L;
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es
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sigue la linea de fa menor resistencia 0 de la mas fuerte traccion. Para
simbolizar el drama mental en terminos de mecanica, el determinist a
dira que la voluntad sigue la linea de menor resistencia 0 de la mayor
atraccion. Pero es un hecho curio so que nuestro lenguaje espontaneo
no sea de ningun modo compatible con esa ley. En todos los casos
dificiles, 10 que parece al agente es que esta en presencia de una linea
mas dificil que otra, y que Ie ofrecia menos resistencia, aun en el
momento en que ha elegido esta otra. EI hombre que, bajo el bisturi
del cirujano, reprime gritos de dolor; el ciudadano que se expone al
ostracismo pOl' deber, siente que sigue la linea de la mayor resistencia
en ese momento. Habla de vencer, de sobrepujar (surmonter) sus impulsiones y sus tribulaciones. Pero el perezoso, el ebrio, el cobarde,
no tienen costumbre de hablar de su conduct a de esa manera; no
dicen que resisten a su energia; que sobrepujan a su voluntad; que
dominan su valor; y asi en los demas casos". Siguen mas consideraciones en el mismo sentido, que no transcribo pOl' no hacer mas
extensa la cita, y esta termina asi: "La unica definicion de la accion
moral conforme con las apariencias es, pues, esta: la accion en la
linea de la mayor I'esistencia". Es clarisimo que aqui se trata de un
problema L; en especial, de un L ©' indudablemente el ~, que es
el que debia plantearse un espiritu que .mira las cosas desde un punto
de vista tan vital y concreto como James. RabieI', pues, al hacer esta
cita, piensa el problema de la libertad como un problema L. Lo mismo
en este pasaje (pagina 557): "De hecho, los hombres creen en su
libertad, y se atribuyen, con razon 0 sin ella, el poder de elegir entre
varias resoluciones, permaneciendo los mismos los antecedentes". Se
ve, porIa expresion, que se trata de los antecedentes exteriores al
hombre (puesto que el hombre se ha constituido en sujeto y ya no se
toma en cuenta a el mismo como antecedente de cada acto suyo) ; se
trata, pues, mas 0 menos claramente, de un L, 0, 10 que es 10 mismo,
de un L'. Y asi en muchisimos otros pasajes. Entre tanto, en otI'os, se
trata patentemente del D. Y en casi todos, de mas de uno a la vez, confusamente. Inutil hacer mas citas.

los

§ 40. La Science Positive et fa Metaphysique, de L. Liard (I),
trae un capitulo sobre "La Libertad". Vamos a recorrerlo.
En el primer parrafo (pagina 381) se plantea la cuestion: " ... En

�este caso (si la actividad consciente esta limitada a seguir el desenvolvimiento de los fenomenos en el espacio y en el tiempo, a medirlos
y a unirlos por los lazos de la causalidad y de la substancia), como la
aparicion de los fenomenos no depende de nosotros, y como tambien
se imponen a nosotros las leyes conforme alas cuales los unimos, la
impulsion y la direccion de nuestra actividad vendrian de afuera
(l como esta pensada esta ultima frase?: del sentido general de los
primeros parrafos, se desprende que con retroaccion; por consiguiente,
cuando dentro de un momenta se pasa al problema D, como vamos
a verlo, la confusion no es tan grosera. Pero, como no se ha expresado
si se piensa con retroaccion 0 sin ella, ya hay confusion forzosa y con·
siderable: ya esta sugerida allector la creencia de que hay, sobre este
problema, una teoria; teoria contraria a la libertad, que sostiene que
1a impulsion y la direccion de nuestra actividad vienen de afuera;
y 10 natural es pensar esto sin retroaccion. El lector ha pensado, pues,
en la solucion inertista del L
Sin emb argo (sin embargo: luego
10 que sigue va a oponerse a 10 anterior), verdad 0 ilusion, nos parece
que nuestra vida consciente no esta regida (reglee) de una manera fatal
(este termino fatal, rico en ambigiiedades, se entiende aqui como forzoso, necesario; sugiere una cuestion D, y, por consiguiente, ya la confusion se esta haciendo; esta confusion es menor en el pensamiento
del aut or, que piensa el L con retroaccion generalmente, pero grande
en el del lector, quien ya esta pensando mas 0 menos vagamente en la
oposicion del determinismo (D) y la libertad (L). Sin emb argo, es
posible que el lector haya entendido la expresion reglada de una manera fatal, como equivalente a reglada de una manera neccsaria por el
exterior, 10 que seria posible, en parte por la vaguedad del mismo
termino, en parte por la significacion recipiente que da a la frase
el pasivo "reglada"; en este caso, podria el lector estar todavia pensando solo en cuestiones L, pero bien pronto va a establecerse resueltamente la confusion) y que a veces se dirige (nuestra vida consciente)
hacia fines puestos (poses) por ella misma" (sigue el L) .

® ).

"l Todas nuestras acciones son fatalmente determinadas? lLas
hay libres? l Se encadenan mecanicamente las unas alas otras como
una serie continua de movimientos, en queocada movimiento nuevo es
en todo determinado por los que 10 han precedido y por las circunstancias con que va a encontrarse, 0 bien al contrario, las hay que no
tengan toda razon de ser en los antecedentes? (Ahora, si, estam08 cIaramente en el D: se discute la relacion de los hechos de la voluntad
con sus antecedentes. El autor habla de los antecedentes en general,

�de todos, y no solamente de algunos que serian los exteriores. La
confusion, para el lector, ya esta establecida.) Cuando en nosotros un
posible abstracto pasa de la potencia al acto, (,es siempre unicamente
en virtud de su ligazon con los actos anteriores (sigue el D, claro) ~ es
a veces en virtud de una razon de otro orden y de una iniciativa que
nos seria propia?" ( ... de una iniciativa que nos seria propia. Es posible, casi seguro, que el autor escriba esta frase pensando todavia en
una forma del D; pero ya, en el mismo, hay faha de precision. Y en
quien queda definitivamente consolidada la confusion, es en el lector:
ya queda este pensando y creyendo que si los actos de la voluntad
dependen rigurosamente de sus antecedentes, entonces el hombre no
puede tener iniciativa propia; y que, para poder admitir que el hombre tiene iniciativa propia, es necesario rechazar la creencia en la
determinacion de los actos por los antecedentes; y, como ellector no
piensa con retroaccion 10 de la iniciativa propia,·o no 10 piensa exclusivamente con retroaccion, esta creencia que acaba de formarse no es
ni siquiera discutible: es una falsedad grosera).
Sigue, en el aut or, una frase que muestra como el, efectivamente,
piensa ahora el problema L con retroaccion: "en el primer caso (determinismo) la individualidad humana seria una apariencia; nuestros
aetos irian a perderse (soy yo quien subraya) por lig:zones mas y mas
lejanas, en el torrente de los acontecimientos exteriores, etc.". Se mezclan las cuestiones de retroaccion (§ § 6, 20, 21) con todo 10 que se
esta discutiendo...
Pero pronto vamos a ver como ni aun mantiene
el autor consecuentemente este punto de vista, cuando piensa en el L_

l? (,Las
as como
luevo es
circunsque no
mOB claroluntad
general,

"Pero, aunque no hubiera, en el campo de la conciencia, mas que
un solo acto substraido a la ligazon mecanica de los antecedentes y
los consecuentes, ya seria bastante para revelarnos la existencia de
una causalidad no mecanica" (pagina 306). Nueva e interesante cuestion: el autor sobrcentiende en esta frase que la afirmativa es la
solucion favorable a la libertad, en la cuestion entre la libertad y el
determinismo de que se trata en el capitulo; pero se ve que es otra
cuestion: ahora se supone que el determinismo admite que toda causalidad debe ser mecanica, y que la tesis opuesta al determinismo se
satisface con que haya casos de causalidad no mecanica, aunque sean
siempre de causalidad; de manera que ya no es el D; (,de que cuestion
se trata? de una intimamente relacionada con el @. En efecto: si
la conciencia es pasiva, si no agrega fuerza a las del cuerpo, si no
desempeiia mas que una funcion constante de epifenomeno, entonces
no hay mas causalidad que la mecanica, a la que el cuerpo esta so-

�metido; si, al contrario, la conciencia es activa, esta actividad agregada
a la del cuerpo, puede, ella, no estar sometida a una causalidad de
orden mecanico, aunque estuviera siempre sometida a una causalidad,
y, por consiguiente, fuera siempre verdadera la solucion determinista
del prohlema D. Ahora esta pensando, pues, el autor, en el prohlema
@ ; pero no, 10 que seria legitimo, consider andolo como un prohlema
independiente cuya solucion seria prep aratoria como la de una cuestion
previa, sino confundiendolo con los demas que trata como si fueran
uno solo.
(Pagina 387) : "Ateniendonos rigurosamente a la ohservacion del
sujeto, la conciencia depone en favor de la lihertad: ella nos atestigua
que tenemos la iniciativa de algunos de nuestros actos (en este momento se trata clarisimamente del L, y del L pensado sin retroaccion
o con poca, porque es asi como se plantea la cuestion la conciencia.
De manera que ya la confusion es ahsoluta: el autor no mantiene el
punto de vista de la retroaccion, que hace que los problemas L se parezcan mucho al D y tiendan, si no precisamente a confundirse con el
D, por 10 menos a plantearlo 0 a hacer pensar en el. Por esto hahiamos
anunciado que el autor no mantendria su punto de vista). A cada
resolucion voluntaria, sentimos que el partido contrario al que hemos
adoptado huhiera• podido serlo igualmente por nosotros (transicion
por la cual va pasando el pensamiento del autor del L al D). Antes
de ohrar, concehimos, en efecto, como posihle uno y otro, un acto y su
contrario (ya paso al D, en su forma L!1 relativa a la amhigiiedad de
los posihles) ... el que sera preferido no nos determinara (nuevamente
el L!) mecanicamente (involucracion implicita del @) como una
bola en reposo es puesta en movimiento por un cuerpo que la choca
(se piensa el L sin retroaccion ninguna, atribuyendose a la tesis contraria a la lihertad la solucion inertista de esc prohlema) ... ;,A que
esa concepcion de la contraria de un acto, si solo este acto era
posihle? (cuestion de posihilidades: el D). ;,A que esa lucha de
razones opuestas, si la resolucion estaha predeterminada
(D)
por
estas 0 por aquellas, excluidas las otras (nadie sostiene eso; pero
no analizo esta frase por no complicar). La verd'ad es que 108
motivos no pueden terminar ellos mismos su querella, y que nosotros
Ie ponemos fin (nosotros le ponemos fin: vuelta al L) por una razon
de fuerza irresistible: nuestra lihre voluntad (el L se piensa en forma
de un ©, que es el
puesto que el sujeto, el ser a proposito del cua]
se plantea el L, no es el homhre entero sino una parte 0 manifestacion
de su espiritu: la voluntad; esto, no muy claro, a causa de la confusion

®,

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que hay sobre esos motivos, por no expresarse si se los tom a en sentido
objetivo 0 subjetivo
). ;,No nos basta entonces intervenir para
romper el equilibrio
?" (sigue el L), etc., etc.
§ 41. Las dimensiones de esta obra no pueden extenderse mas
de 10 razonable, y, en este momento, 10 lamento, porque 10 mas instructivo que podria hacer seria transcribir todo el resto del capitulo,
con su analisis al margen. Este analisis mio, escrito, no podria ser muy
preciso, por el tornasoleo constante de la confusion; pero iria sugiriendo y facilitando al lector el analisis mejor que el mismo haria
pensando en este plano mas hondo don de se utiliza mas alla de 10
expresable. Podemos, sin embargo, llegar casi al mismo resultado de
la siguiente manera: yo hago el resumen esquematico de esas veinte
paginas, y, en el curso de ese resumen, hago las indicaciones fundamentales; el lector interesado en ahondar estas cuestiones, tom a el
libro del senor Liard, lee atentamente el capitulo, acompanando esa
lectura con la de mi resumen, y hara cumplidamente el trabajo, que,
ya en e1 peor de los casos, seria un buen ejercicio de logica viva.
Dando, pues, ya por leido el principio del capitulo (la parte a
que se refiere mi paragrafo anterior), entramos en la pagina 388. El
autor, que esta analizando "el testimonio de la conciencia en favor
de la libertad", dice que ese testimonio nos atestigua "la accion del
yo" (L). Que "sin la libertad esa accion seria ininteligible": esto es
cierto, y aun tautologico, si se sigue tratando del problema L, y, en
efecto, en problemas L sigue pensando principalmente el autor en este
parrafo, si bien los piensa preferentemente en forma de ©' pero no
sin que, entre la oscilacion de sentidos del L @ al L
y al L @ , tor·
nasoleen tambien cuestiones D: "Supongamtts que haya en nosotros
instintos, inclinaciones, habitos, sin una potencia superior a esas ra·
zones de obrar variadas (esa potencia superior forma el sujeto de un
©' en el pensamiento del autor: se trata, mas 0 menos, de un @ ) .
Cada uno de nuestros actos sera determinado por una u otra de esas
tendencias (aqui parece que pasara el D; se trata de actos y de determinacion de actos; pero vamos a ver en seguida de que problema se
trata realmente), y la trama continua sera, con la conciencia en mas,
semejante a la red de los fenomenos fisicos ( sigue pareciendo el D. Se
vera en seguida que no es. Habra sido, sin embargo, sugerido allector) .
Entonces, ;,donde estoy yo, en ese tejido compacto. .. Se dira que 10
que me determina son mis instintos, mis inclinaciones, mis habitos, mis
pasiones, y que asi yo soy verdaderamente la causa de mis actos? Pero
para que todo eso sea mio, es necesario que yo me 10 atribuya, y

®

�l como hacerlo si yo no me distingo de ello? (El problema es, pues,
un
el L ~, pero pensando en su forma alotropica L' ~: por eso
se hablaba antes de actos; de manera que, por ahora, el autor no es
demasiado inconsecuente, ni el fondo de su pensamiento, demasiado
confuso. Sigue el parrafo con formulas de ese problema L'
(puede
convenir ver el cuadro, pagina 68): "Si todo es determinado en m!
por inclinaciones preexistentes ... " y se continua con formulas L:
"automata consciente", "espectador inerte", "acciones en que no figuro
para nada", "papel pasivo", "mis capacidades", "acciones que correrian fuera de mi", "accion de aquellas cuya produccion no me pertenece verdaderamente", que "no es mia"; pero, de cuando en cuando,
cruza alguna expresion del vocabulario del D ("accion determinada"),
y acaba el parrafo con esta frase en que se afirma la libertad (L):
accion que "emana de mi iniciativa, de mi mismo", pero que no esta
pura de confusion, como bien 10 muestra esta otra frase anterior: "si
es mia, no esta prise en la cadena mecanica de los antecedentes y de
los consiguientes ... "; se ve que aqui hay, por 10 menos, dos confusiones: la de pensar el determinismo (problema D) en oposicion con
la libertad (problema L) , y la de dar por sentado que, en caso de haber
determinismo, este ha de ser mecanico.

©:

®

En el parrafo siguiente se exponen argumentos de los "adversarios de la libertad". Primero plantea el determinismo (D), bien, salvo
una confusion posible a causa del empleo de la expresion "nuestros
motivos". Sigue esto: " ... no obramos jamas sin poder dar cuenta de
las razones que nos han determinado a ello". Nos han determinado:
cuestion sobre libertad de seres: el L, nuevamente; en especial, un
L ©, si "razones" se entiende en sentido subjetivo, como es evidentemente la intencion del escritor. Sigue, en nomhre de los adversarios
de la libertad, distinguiendo el determinismo psicologico del mecanico,
con 10 cual se tiende a aclarar una confusion que se habia producido
antes. Se pasa a la cuestion de los motivos (paginas 390 a 391). Hay
grandes confusiones, como esta: "ella (la voluntad) es determinada
en el senti do en que se resuelve": ellector esta ya bien preparado para
notar, sin indicaciones, que aqui se aplican a un ser (aunque sea
abstracto) 10 que se ha supuesto 0 inferido para los actos.
Despues de concluir la argumentacion de los adversarios de la
libertad, el autor entra a conciliar los dos sistemas. Viene, entonces,
una parte debilisima del capitulo (paginas 393 y siguientes). Primero,
se sugiere que, en las epocas en que la historia "se desenvuelve con
lenta regularidad", no hay libertad, en tanto que cuando su curso

�Ie peruando,
ada") ,
I (L):
lr: "si

s y de
confu)n con
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onces,
mero,
e con
curso

regular se interrumpe y perturba (revoluciones), se revela una espontaneidad que se pone de traves en la corriente, en apariencia fatal,
de los acontecimientos, para cambiar su curso". Es como si se pensara
que los terremotos 0 los cataclismos geologicos, son fenomenos menos
"determinados" 0 mas "lib res" que el desgaste de las montaiias 0 las
formaciones aluvionicas. En seguida, parece sugerirse que aun aquellos
actos bruscos son determinados; y se concluye con esta frase: "No es,
pues, en el desenvolvimiento de la humanidad a traves de las edades,
donde hay que buscar la libertad" (pag. 395). Y, con esto, empieza
un paralogismo curiosisimo, que lleva al autor, defensor de la Iibertad, a irla negando, restringiendo cada vez mas: "l La encontraremos en el circulo mas restringido de nuestras relaciones con los
otros hombres, en la historia individual? Tampoco" (395); y siguen,
despues, otras restricciones.
Llamo la atencion sobre la interesantisima psicologia de ese paralogismo. Depende la confusion fundamental, de oponer (confundiendo
L y D) libertad 0 determinismo. Como eL autor, a medida que pro/undiza, va /undando mas hondamente eL determinismo
de Los actos, se
cree obligado a ir restriJngiendo La Libertad de Los seres.
A veces, para mayor confusion, cruza el @: "Se ha hecho consistir a veces la Iibertad en el poder de modificar los movimientos que
tienen lugar en nuestro organismo". Parece evidente que el sujeto de
esa frase es la conciencia. Y es efectivamente ese problema @ el que,
un momento despues, sale a £lor de pensamiento y viene a compIicar
mas de confusiones la solucion que el autor ofrece al fin. Veamos
como:
"De ordinario no se presta una atencion suficiente a ese poder de
las ideas; es, sin embargo, un hecho considerable en la historia de
nuestra vida mental, y es quiz a por haberlo desconocido y despreciado,
por 10 que numerosos sistemas han seguido un camino falso a pro posito de la cuestion que nos ocupa. Es inevitable equivocarse sobre la
libertad, negarla 0 desnaturaIizarla, si no se ha determinado de antemano todo 10 que constituye su materia. Mostremos, pues, desde luego,
que la idea tiene por si misma una potencia espontanea de realizacion"
(paginas 309 a 400) .
EI pensamiento del autor sigue, ahora, una marcha que importa
una doble confusion, que es quiza, desde nuestro punto de vista, la
mas interesante de todo el capitulo (400 a 404. Desearia que se leyeran
con atencion esas cinco paginas).
La primera confusion consiste en esto: el autor demuestra (bien,

�y con hechos bastantes)

la realidad de esa "potencia de realizacion"
de las ideas. Pero se ve claramente que eI no se da cuenta, 0, en todo
caso, no tiene presente en ese momento, que esa conocida ley psicologica de la tendencia de las ideas a realizarse, ley formulada y comprobada en el plano de la ciencia experimental, no implica solucion
alguna del problema
y puede adaptarse, tanto a la hipotesis de
la conciencia activa, como a la hipotesis de la conciencia no activa
(vease § 17). En el primer caso, esa potencia 0 fuerza de las ideas
es una manifestaciol1 de la actividad de p (fig. 4, pagina 60) ; en el
segundo caso, es manifestacion de la actividad de 0 reflejada en p
(fig. 3, pagil1a 58). El estado mental en que el escritor conduce la
discusion, 10 lleva a ir tomando las pruebas de la tendencia de las
ideas a realizarse, como pruebas 0 signos de la influencia activa del
espiritu sobre el cuerpo. Si el lector examina la conclusion final del
capitulo (fundamentalmente en la pag. 404), notara la accion para10gizante de esa confusion.

CID,

Y la otra confusion (cuando hablo de dos confusiones, y en todos
10s casos analogos, ya 10 he dicho, esquematizo. La expresion false a
el pensamiento, y el que comprende tiene que restablecerlo. Lo que
hay en nuestro caso es un tornasoleo ondeante de acepciones y conclusiones que se cOl1funden), COl1sisteen ir estableciendo una solucion
(libertad) del problema L, y servirse despues de esos hechos y arg mentos para dar por establecida una solucion (indeterminismo) del
problema D. Vease: "Nosotros estamos siempre en relacion con (no us
tenons it,) el exterior por las impresiones que nosotros (expreso y
subrayo los pronombres personales) recibimos de el incesantemente,
y por las inclinaciones que a el nos llevan (portent); sin embargo,
nosotros estamos lihertados de el". Continuamente nosotros: el problema de seres. "Terminada la crisis de que bablamos (reflexion sobre
las inclinaciones, que transform aria el mecanismo de finalidad) nosotros nos pertenecemos verdaderamente, porque podemos entonces
conferirnos la ley de nuestro desenvolvimiento". Sigue la formula del
L. Complicacion: si se pensara con retroaccion y profundamente, podria ser el it, en la relativo a los comienzos absolutos; de manera
que se va pasando mentalmente al D, pero sin mas bases que los
hechos y argumento que fundaron la libertad en el L). Sigue desarrollandose la demostracion, y su conclusion es esta: "Por la reflex ion
pasamos, pues, de la necesidad a la contingencia" (D!).
La contingencia sale aqui como de una boite it, surprise. Ninguno
de los hechos anteriores la supone; ninguno de 10s argnmentos an-

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teriores la prueba. POl' una parte, puede el sujeto ser causa de sus
actos, sin que estos sean contingentes; pOl' otra, la existencia de la
causa final como /en6meno psicol6gico es tan compatible con el determinismo, que 10 seria con el determinismo puramente mecanico que
habria que admitir si se admitiera la solucion negativa del problema
@, en el cual caso, senciHamente, cierta actividad de cierto elemento
nervioso se manifestaria psicolOgicamente como concepcion de fines,
como voluntad de realizarlos, etc. Pero el lector que no haya hecho
las distinciones necesarias (y no las hace quien no haya empezado
pOl' distinguir bien los problemas) cae fatalmente en la confusion del
autor.
Esta continua hasta el fin del capitulo.

~ 42. La obra Le cerveau et l'activite cerebrale de A. Herzen (1) ,
trata estas cuestiones (no hay que decir que como una sola), especialmentc en el capitulo III y en el apendice de la segunda parte.
La definicion inicial es esta (pag. 156): "POI' liberal moral,
interior (de otro modo Hamada libre arbitrio), se entiende una
"facultad" que permitiria al hombre quercr una cosa mas bien que
otra, independiente de toda causa 0 motivo, externo 0 interno, que
venga a determinarlo a tal 0 cual resolucion 0 decision".
Nada mas interesante que el analisis de esta definicion. Es completamente ambigua y engloba cuestiones L y cuestiones D es una
confusion tal, que el que deja pasar la frase sin critic a ya esta condenado a no pensar claro.
"Que permitiria al hombre (se trata de un ser)...
querer
.
independientemente
de toda causa. .. que viniera a determinarlo
";
esta frase, csqueleto gramatical de la definicion, es la expresion del
problema L @; sahel' si un ser, el hombre, es independiente de causas
que dehen ser entendidas como causas que no son el homhre, puesto
que se dice que viniera a determinarlo. Se piensa, con motivo de tales
expresiones, en el problema L @.
Pero, pOl' otra parte, estas expresiones: "una cosa mas hien que
otra", "tal 0 cual resolucion 0 decision", sugieren cuestiones D sohre
la contingencia 0 posihilidad en mas de un senti do de esas voliciones,
resoluciones 0 decisiones; de esos aetos del homhre.

�Y aumentan mucho mas todavia la confusion, estas expresiones:
"causa 0 motivo, externo 0 interno".
Prescindiendo de la ambigiiedad ya analizada, del termino "motivo", he aqui como agrava la confusion el termino "interno":
En primer lugar, no se sabe si causa 0 motivo interno sera fisiologico 0 psicologico. Podria entenderse una u otra cosa. Si es fisiologico,
entonces se supone que los libre-arbitristas postulan actos independientes de las causas d"e accion organicas, las cuales, entonces, solo
pueden ser resultado de la actividad de una conciencia que no estara
limitada a ser un simple epifenomeno, con 10 cual se involucra el
problema @: cierto es que el que admita la solucion afirmativa
del @, admite la afirmativa del L @; mas no al contrario; esto, no
10 distingue el lector, de manera que es una nueva confusion. Si se
piensa esa causa 0 motivo interno como algo psicologico, sera un
estado de conciencia (probablemente de orden intelectual), y, como
se dice que ese motivo 0 causa viene a determinar al hombre, se 10
pensara, a causa de la estructura de la frase, como algo que no es el
hombre; luego, por "el hombre", se tiende a entender, no todo el
hombre, propiamente, sino una parte del hombre (puesto que se habla
de algunos de sus propios estados de conciencia como de algo que
viene a determinarlo, de algo con respecto a 10 cual es independiente)
de donde la confusion entre el problema L @ propiamente dicho
yun(Q).
En segundo lugar, como no se sabe bien de que manera ha de
entenderse esto de ser determinado por causas internas, result a que,
ademas de la tendencia psicologica de que acabamos de hablar, 0 sea
de la tendencia a pensar un (Q), la expresion produce otra tendencia:
la de pensar, no en el ser, porque no es natural pensar 0 discutir sobre
la dependencia de un ser con relacion a si mismo (en nuestro caso,
a una parte de si mismo), sino en sus actos, porque es a estos a los
que result a natural considerar en relacion con toda clase de causas,
tanto las exteriores al ser como las interiores a eI (que son parte de
el). Nueva causa psicologica para pensar cuestiones D.
iY esto no es mas que un analisis grueso!
§ 43. A cada momento siento la necesidad de interrumpir
exposicion para insistir sobre esto:

mz

Los analisis, en la forma en que Los hago, en la forma en que
forzosamente hay que hacerlos por medio del lenguaje, esquematizan,
y presentan el estado mental de confusion, distinto de lo que es en la
realidad psicoLOgica. Cuando yo muestro que una frase, como la an·

�led. fisio,siologico,
indepenIces, solo
no estara
olucra el
firmativa
; esto, no
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Idencia:
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:ro caso,
os a los
causas,
&gt;arte de

en que
natizan,
gS en la
, la an·

teriormente analizada, se entiende en dos sentidos, como tengo forzosamente que expresar de un modo claro cuales son esos dos sentidos,
y explicarlos separadamente, tiendo a sugerir la creencia de que la
persona en cuya inteligencia esta la confusion (autor 0 lectores), piensa
con la misma claridad las dos significaciones, y piensa cada una indio
vidualmente,
aunque piense las dos al mismo tiempo. Tambien se
sugiere la creencia de que la confusion que ha de resultar ha de ser
una determinada, la misma para el autor y para cada lector y para
cada momento. Todo esto es falso y grosero. Ante todo, si bien es posible y no muy raro el caso de que se confundan dos 0 mas significaciones que se piensan clara mente, 10 mas frecuente, 10 mas psicologico,
es que no suceda asi: de hecho, las significaciones estan cancebidas
de una manera indistinta, incompleta; para hablar con mas exactitud,
10 que se confunde son las tendencias a pensar de uno u otro modo.
Despues, ni siquiera es propio decir que estan las dos significaciones
mezcladas: pasa aqui, en estos casos mas complejos, algo que W. James
nos explicaria muy bien; algo como aquel caso de las sensaciones, en
que decimos erroneamente que dos 0 mas estan mezcladas, cuando
10 que hayes otra sensacion parecida a una y a otra. EI psicologo
supo ver, y el escritor supo explicar que, cuando saboreamos el cafe
con leche, no experimentamos
dos sensaciones adicionadas: el gusto
a cate mas el gusto a leche; sino un estado de conciencia, el gusto a
cafe con leche, que se parece algo al del cate, que se parece algo al de
la leche, que recuerda el gusto del cafe, que recuerda el gusto de la
leche, pero en el cual seria ficticio distinguir los dos sabores. En
nuestro caso, que no es mas que la aplicacion de 10 mismo a psiquismos
mas elevados y complejos, habria que mostrar como, cuando se habla
de personas que piens(JJ1,una expresion 0 frase en mas de un sentido,
que confunden
dos teorias, etc., frecuentemente
el lenguaje nos
tr.aiciona, pues 10 que hayes un estado mental confuso, del cual, decir
que contiene las distintas concepciones, es tan ficticio como decir que
el sabor del cate con leche contiene el sabor del cate y el de la leche.
Finalmente, tratese del escritor 0 del lector, la confusion real, la confusion psicologica, no es igual a la que obtenemos nosotros por el
analisis reflexivo del significado de las frases: la confusion psicologica
no se superpone a la confusion 16gica; la confusion de hecho, no es
generalmente
la confusion en que se incurriria si, perdoneseme la
paradoja, confundieramos como seria razonable hacerlo. Por eso, un
lector dado confundira a su modo, y otro lector confundira al suya,
y aUn un mismo lector podra confundir de modos diferentes segun

�Los momentos. Solo el que comprenda bien todo esto, tendriL bastante
perspicacia para no ser victima de nuestro esquematismo y suficiente
benevolencia para no reprocharnoslo.
§ 44. Despues de aquella definicion, el autor ya no podra
pensar sino confusamente. Asi es: abre la discusion con esta afirmacion
absoluta: " ... nuestro punto de vista cientifico nos obliga, como consecuencia lOgica inevitable de todo 10 que precede, a declararla
(a la libertad) una ilusion". Desde este momento, ya quedara entendido que el sentimiento de la libertad es ilusorio; y, como el autor
ha confundido los dos problemas, se pensaran como falsas la solucion
indeterminista del D y la libertista del L, sin discernirlas, y como ilusorios la creencia, sentimie~to, idea, conciencia, etc., del indeterminismo, y la creencia, idea, sentimiento, conciencia, etc., de la libertad;
estado mental ilegitimo, pues si bien podria haber ilusion en ambos
casos, como podria no haberla en ninguno, tambien podria haberla
en un caso y no en el otro.
" ... cientificamente hablando, la libertad consiste en poder seguir
sin obstaculos Las leyes de nuestro propio ser" (pag. 157). Esta frase
puede entenderse de tal modo que resulte absolutamente exacta. Pero,
a causa, por una parte, de su estructura (por tener un sujeto), y a
causa, por otra parte, de uno de los terminos (seguir), da lugar a un
modo de entenderla que es el mas frecuente de hecho, y cuyo analisis~
es muy interesante:
Si se dijera que los actos de un ser se explican por las "leyes de
ese propio ser" (combinadas, naturalmente, con las leyes del mundo
exterior), hablariamos un lenguaje bastante claro, y hariamos una
afirmacion relativa al problema D, una afirmacion determinista, que
solo diferiria de la forma en que se expresa esa tesis en el enunciado
de ese problema, por el uso del termino leyes (hablar de explicar pOl'
leyes, en vez de hablar de explicar pOl' fenomenos antecedentes):
aunque este termino, tal vez, introduce alguna complicacion, estamos
claramente en el susodicho problema D, y ni tenemos tendencia a salirnos de el, ni contrariamos con ninguna de nuestras expresiones la
tendencia del lector a ponerse en el punto de vista de ese problema.
No asi nos expresamos como nuestro autor: se habla de "seguir leyes",
y, cuando se habla asi, se sugiere la idea de un ser que obedece a
algo exterior a el; pOl'consiguientc, de un ser sometido, obligado, constrenido; de un ser pasivo; de un ser no libre en el sentido L. Las leyes.
que no deberian ser concebidas sino como proposiciones que presumen 0 ensenan como ocurren los hechos, son concebidas como potencias

�podra
'macion
no conclararla
lenten1 autor
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:ntes):
stamos
a a sa-

mes la
blema.
leyes",
[Ieee a
" consIleyes.
presu:enClas

que hacen ohrar (recordar a Comte y todo 10 que tienen de sensato
y justo sus explicaciones sohre el estado metafisico). EI mismo estado
mental hay en el autor (sin duda que podria logicamente no haherlo;
pero psicologicamente, 10 hay: se ve, se siente) cuando continua su
frase asi: " ... 10 que no es ahsolutamente el podel' de dictar esas leyes
o de dirigirlas, como se 10 figuran los defensores del lihre alhedrio".
Acostumhrado como estoy a analizar la psicologia de los autores que
escrihen sohre estas cuestiones, me hastan esas frases para prever
con seguridad de acertar que un "determinista" de esta clase, hecho
determinista fundamentalmente pOl' argumentos del D, pero que confunde el D con el L, ha de creer justificada pOl' esos argumentos la
solucion negativa (inertista 0 antilihertista) del L, no solo con retroaccion (si llegara a pensar asi), sino tamhien sin retroaccion, en
esa forma en que es grosera y evidentemente falsa. Asi sucede, en
efecto, y recomendamos la lectura de esa segunda parte, con su
apendice, como un huen specimen de la psicologia de estas confusiones:
en ciertos pasajes, el auto I' defiende la lihertad en el senti do L; pero,
en otros, 10 lleva a comhatirla en confusion de L con D, pOl'que sostiene
la tesis determinista en este ultimo, y no la distingue de la solucion
antilihertista del primero, ni, dentro del primero, distingue entre el
L simple y el V. Asi, en tanto que en la pagina 159 explica como legitimo el sentimiento de nuestra lihertad (L), porque alIi esta pensando
directamente sohre los hechos y no arrastrado pOl' teoda, ya en la pagina 160 -la siguiente- empieza su pensamiento a tomar una marcha
que 10 va a llevar a una actitud contraria: el proceso (dehe seguirselo
en la ohra) es este: cita el argumento de los "sostenedores del lihre
alhedrio" hasado en la coneiencia de la lihertad, y, al suponerlo enunciado pOl' ellos, Ie da una forma tal que "lihertad" querria decir
principalmente la solucion indeterminista del prohlema D. Naturalmente, el autor, contrario a esa solucion, pasa a mostrar que ese sentimiento no tiene ni la universalidad ni la autoridad que se Ie atrihuye;
y, en el curso de la discusion, se ve hien como suhsiste, continua 0 pOl'
10 menos intermitentemente, la involucracion de L y D; ejemplo: esta
frase ". .. pero no se desprende en manera alguna que pucda camhiar
de decision sin una causa que se la haga camhiar", hase que se piensa
amhiguamente, pues, pOl' una parte, sugiere la cucstion de la relacion
causal de los hechos y sus antecedentes (D), y, pOl'otra, como se hahla
de "causa que se la haga camhiar (la decision; al homhre), se piensa
en el L; y el resultado es que cuando, concluido ya ese capitulo, entra
el autor (apendice, que empieza en la pag. 173) a mostrar que es "10

�que mantiene la ilusion del libre arbitrio", esta en un estado mental
en que declara ilusorio al "libre albedrio", no solo en uno de los sentidos que eI da a ese termino (indeterminismo en el D), sino en el otro
que tambien Ie da, a saber: libertad en el L, y aun sin retroaccion.
Ellector seiialara facilmente frases y pasajes; yo cito aqui solo la mas
caracteristica (pag. 174): " ... y, mientras mas crece la importancia
del acto, menos se admite la libre decision del individuo; siempre se
reconoce mas la eficacia de los motivos exteriores". De los motivos
EXTERIORES: el autor, contrariamente a 10 que sostuvo en otros pasajes,
identifica ahora el "determinismo", su tesis, con la afirmacion de que
el hombre depende de causas de accion exteriores; de 10 que no es el
hombre. [Recomiendo tambien el parrafo en que esta esa frase, como
ejemplo de la confusion entre el punto de vista de los actos y el de
los seres (§ § 4, 5, 6) : vease como se piensa en seres determinados por
si mismos (serianlo sus actos; no los mismos seres), y cuan confusamente se piensa a causa de ello.]
Otra frase digna de citarse hay mas adelante: " ... asi la psicologia fisiologica no ha lIegado todavia al conocimiento de la relacion
constante entre la organizacion especial de cad a individuo, las influencias que 10 hacen obrar (yo subrayo) y las reacciones que de aqui
resultan".
Pero 10 mas caracteristico de todo, en el mismo sentido, seria ver
tt
como acaba el autor por transcribir y adoptar los conocidos pasajes
de Spinoza, en que se identifica al hombre que obra con la piedra que
cae, y tambien otro de Priestley, en que esta la usual comparacion con
la balanza; sin embargo, reservo estos pasajes, y suspendo aqui e)
analisis de esta obra, porque me propongo hablar en otro Iugar de
esas explicaciones de Spinoza, como tambien de una tesis de Schopenhauer (el hombre es Iibre de hacer 10 que qui ere ; pero no de
querer 10 que quiere), que tambien nuestro autor adapta y desarrolla.

§ 45.
William H.
"Todos
preSIOn, en
lidad de la

De la obra The free-will problem in modern thought, por
Johnson (1), paginas 52, 53 y 54:
los argumentos en favor del determinismo son la exdiferentes form as, de Ia exigencia teorica de la universa·
causacion (D). Si A es elegido en Iugar de B (aqui hay

�asociaciones del D L!1, porque se trata de la posibilidad 0 imposibilidad'
de los hechos diversos A y B, y asociaciones del L, porque elegir su·
pone un sujeto que elige) es necesario que haya alguna razon para
hacer esa eleccion particular (sigue un estado mental de la misma
indole), y esta razon (cruzan confusiones sobre los dos sentidos de
"razon", como pensada y como causa material de accion), sea que se
la encuentre en un estado del cerebro, 0 en las voliciones de los antepasados (esta causa puede ser la misma anterior, si las huellas de
las voliciones de los antepasados 0 de sus concomitantes fisiolOgicos
estan representadas por el estado cerebral) 0 en la coercion (constraint)
de un motivo prevalente (el espurio), es una condicion antecedente
(D, ahora en su forma LG) que determina la eleccion (a causa de este
termino interfieren nuevamente asociaciones del L) tan ciertamente
como cualquier causa fisica (asociaciones del @) determina su
efecto (D LG) .

; In·
aqui
ver
;ajes
que
I

con

Li e]
r de
cho·
, de
olla.

ex·
:rsa·

Los argumentos POSltlVOS
en favor del indeterminismo (naturalmente: siempre se piensa en La cuestion y en las dos soluciones) son
practicamente reducibles ados. EI primero es la llamada conciencia
de la libertad, "la inmediata afirmacion de la conciencia de que en el
momenta de la accion somos lib res". (Ahora es el L, claro. Y hasta se
emplea una frase: "en el momenta de la accion", que muestra que
dicho problema es pensado sin retroaccion.) El segundo es de orden
etico, y es que la libertad de eleccion (ahora veremos en que senti do )
es un postulado necesario para la interpretacion de los hechos de
nuestra naturaleza moral. Es la conviccion, en los terminos del profesor
James, de que 10 que debe ser puede ser (ahora es el D: el D~),
y de
que los actos malos no pueden ser predeterminados (fated), sino que
pueden los actos buenos ser posibles en su lugar (el D ~, claro) .
"El argumento psicolOgico en favor de la libertad es la llamada
conciencia de la libertad, 0 la conciencia de un poder selectivo y directivo (vuelve el L), en virtud del cual nosotros podemos, dentro de
limites, controlar el curso de nuestro pensamiento y de nuestra conduct a (el L, confusamente). Es un deber formarse una idea tan clara
como sea posible de 10 que realmente es el testimonio de nuestra conciencia. .. Se concedera en general que significa muy por 10 menos
esto: que en la formacion, y, por consiguiente, en la realizacion de
nuestros propositos, nosotros (se ve que ha pasado al L), como individuos psiquicos (interesantisimo: de pronto aparece el @, y se
mezcla tambien!) somos causalmente eficientes (tesis afirmativa del
L, en general). En su sentimiento de la libertad, la conciencia no

�testifica. .. (1). Testifica, sin emb argo, que el individuo es realmente
un acto mas bien que un pasivo espectador en el juego de la vida
(el L clarisimo. Notese, 10 que es muy importante, que, habiendose
al principio planteado el D, despues no se discute casi; se dicute el
L, y la impresion de evidencia que produce su solucion afirmativa,
se extiende psicoLogicamente, por la confusion, a la solucion indeterminista del D), que sus acciones son determinadas por el (el L,; sigue
aplicandose la observacion anterior) y no por medio de el (for him)
por algo que esta afuera de la propia personalidad (sigue el L', clarisimo. Planteado en esta forma el problema, deberia ser imposible
confundirlo con el D) ... Si el senti do del poder causativo es una ilusion (el autor ha hecho sentir que 10 es), como el determinismo
mecanico debe sostener ... " (2) . Etc. La p alabra determinismo, aunque
vaya calificada de mecanismo, sugiere el D; y continuara en la mente
del lector la extension ilegitima de la impresion de evidencia de la
tesis libertista, a la indeterminista. La utilizacion involuntaria de esa
impresion, que, en la oscilacion, en el tornasoleo de sentidos, esta
pasando continuamente de una creencia a otra diferente, es el hecho
mas notable en la psico-logica del pasaje.
Pasa el autor, sin solucion de continuidad, a una pretendida explica cion de 10 que seria, segun la hipotesis determinist a, la ilusion
del libre arbitrio: esa explicacion es la de Miinsterberg, por la cta]
"la voluntad. .. es resuelta en un complejo de presentaciones 0 sensaciones". Y es evidente que, ahora, esta tratando otro problema:
el @, el emboite de La voLuntad, que Miinsterberg vendria a resolver
negativamentc. La misma observacion hay que haccr sobre esta cita
de Loeb, que viene en seguida: "La voluntad es solo una funcion del
mccanismo de la memoria asociativa". (En realidad, esta cita, y la de
Miinsterberg, serian, mas bien que soluciones negativas del @ explicaciones psicologicas en que podria basarse su solucion negativa.)
Algunas citas mas:
"En general, puede decirse que la discusion toma ahora un mas
. amplio caracter que nunca, siendo su "storm-center" en el presente,
la rclacion entre cl cucrpo y el cspiritu" (31. Mal modo de prcscnlar
los hechos: como 10 hemos visto, la relacion entre el cuerpo y el espiritu, considerada bajo cierto aspecto, constituye en efecto un
(1)
Se comprenclc que, ('uando snprimo partes de 108 pasajes que cito, 10 hago por
brevedad. En tales casos, me preocupo ,muy escrupulos31nente
de que la suprcsion
no dane
al pensamiento
del autor.
(2)
Paginas
53 y 54.
(3)
Pagina
11.

�problema de libertad (el @, asimilado a los L). Pero no hay que
sugerir que ese es el centro de "ia cuestion", sino que, de los problemas
ilegitimamente involucrados, hoy se discute mucho ese, 10 quc da un
aspecto especial a 10 que de hecho es ia cuestion.
Pagina 50: "l Puede el hombre, pOl' el ejercicio de su voluntad,
vencer 0 modificar las disposiciones con que nacio, 0 es cada pensamiento y cada acto controlado pOl' ellas? (el espurio del caracter, en
forma larvada: gran confusion). Esta es realmente la cuestion psicologica de la relacion de la volicion con las previas tendencias y habitos
U. como va a ser la misma cucstion? esta de ahora parccc cl @, con
retroaccion; pero pensado confusamente), y se discute mejor en esta
forma. .. (continua el autor afirmando exprcsamente que se trata
siempre de la misma cuestion; y 10 que hace es hacer pasar un kaleidoscopio de formulas confusas, como la que sigue:) Cuando nacen
motivos en conflicto: l es el hombre capaz (asociaciones del L
de
elegir uno u otro de ellos (pido especialmente que se yea parrafo 38),
o es la eleccion inevitablemente (esta palabra sugiere que la tesis
"determinista" implica la solucion negativa del L @ determinada de
antemano (porIa confusion analizada en el parrafo 38, se ha pasado
al D) pOl' previas tendencias a la accion ?".
Pagina 66: " ... y el mismo sentia, seguramente (Hercules, en la
alternativa de escoger entre una vida heroica y una vergonzosa), ser
mas que un espectador interesado que esperara...
la solucion del
conflicto. EI sentia, podemos decir, que tenia esta solucion en su propio
poder ... Aqui, pues, reside el argumento moral en favor de la libertad
de la voluntad: es la creencia de que dos posibilidades estan abiertas,
y de que esta en po del' de uno hacer actual a una 1.1 otl"a de ellas, la
que .hace imperativo al deber ... etc., etc.". Mezcla del L y el D: espec·
tador que espera, L; dos posibilidades, D.

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cita
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Mi plan, al disponer la composicion de esta obra, es el de dejar
para su segunda parte, entre otras cosas, el analisis de los pasajes de
los pensadores origin ales, del cual sOlo se podra obtener la principal
utilidad despues que se haya hecho la discusion de los problemas.
Pero, siendo mi intencion aqui mostrar cuan poderosamente influyen
sobre la manera como dichos problemas son pensados, voy a citar
algunos pasajes de dos de los escritores contemporaneos mas potcntes
y originales: W. James y H. Bergson, cuyos admirables analisis han

�transformado la ciencia psicologica, y aseguran por si solos a sus
auto res un puesto de excepcion en la historia del pensamiento del
hombre, aun sin tomar en cuenta los meritos del uno como moralista
y del otro como metafisico. Mas adelante me propongo tratar de las
doctrinas de ambos, en cuanto al objeto especial de mi estudio; pero
10 que en este momento deseo, es hacer sentir allector esta impresion:
icuan gran des seran esas confusiones y cu.an potente fuerza la inercia
historica que las engendra y mantiene, si pueden influir sobre tales
inteligencias! Anticipo, pues, unas pocas citas, que bastaran a tal
objeto.
§ 46. En los Principios de psicologia, de James (1), despues
del extenso analisis sobre la voluntad, su relacion con las ideas, el
esfuerzo, se entra en estos terminos a la cuestion, que el autor, tambien,
piensa como una: "Si admitimos, en consecuencia, que nuestros pensamientos existen, debemos admitir que existen de la manera como nos
aparecen, a saber: como cosas que sobrevienen unas tras otra, a veces
con esfuerzo y a veces con facilidad; siendo la linica cuestion, esta:
el esfuerzo, cuando existe, les una funcion fija del objeto, que este
ultimo imp one al pensamiento, 0 es una "variable" independiente tal
que, con un objeto constante, una cantidad mayor 0 menor de eI puede
ser hecha?" (2)
l Que problema acaba de plantears.e? Analicemos: se pregunta,
no si el esfuerzo es una funcion fija, sino si el esfuerzo es una func 'n
fija del objeto: una funcion fija del objeto, que este ultimo impone
al pensamiento. No se pregunta si el esfuerzo es una variable en
absoluto, en abstracto, sino si es una variable independiente;
una
variable independiente, tal que, con un objeto constante (no con todo
constante, sino con un obje1to constante, solamente; el sujeto en, que
se piensa no se da como dato constante), una cantidad mayor 0 menor
de el puede ser hecha. Se ve, pues, que, en este momento, en el pensamiento del autor existe, como unica, 0 en todo caso como muy
predominante, la concepcion de un problema de formula L, 0, tal vez
mas precisamente, de formula L': problema para seres. Se trata de
un ser, de un sujeto (0 de sus actos), considerado en sus relaciones
con 10 que no es el. Si el objeto de que se habla es el mundo exterior,
10 objetivo, el sujeto sera el hombre, y el problema tenderia a ser
el L'@. Si el sujeto del esfuerzo es solamente una parte del espiritu
(y parece este el verdadero sentido, aunque haya alguna confusion
0)
The Principles 0/ Psychology, New York, Henry Holt and Company, 1893, vol. II.
(2)
Pagina
571. En la traducci6n
de este como de much os pasajes, me inclino
mas
a la fidelidad
que a la correcci6n,
en vista del fin especial para que traduzco.

�al respecto), una parte del espiritu de la cual no forman parte, a la
cual se consider an exteriores las ideas, entonces el problema tiende a
tomar la formula L'
sea @ 0 ~. Pero, en cualquier caso, se ve
que se piensa, no en la determinacion 0 in determinacion de actos en
absoluto, sino en la determinacion 0 in determinacion de actos con
relacion a 10 que no es un cierto sujeto: es, realmente, la formula L'.

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1 espiritu
~onfusion
393, vol. II.
inclino

o.

mas

He aqui, ahora, como continua James: "En verdad, este (el esfuerzo) nos aparece como indeterminado, y como si, aun con un objeto
que permanece el mismo, pudieramos hacer mas 0 menos (esfuerzo)
a nuestra eleccion. 5i realmente es indeterminado, nuestros actos futuros son ambiguos 0 no predestinados: en terminos corrientes, nuestras
voluntades son libres". Llamo especialmente la atencion del lector sobre
este pasaje: he subrayado en ella frase en que aparece una conclusion
nueva e ilegitima que no se desprende de 10 dicho anteriormente.
James esta considerando actos (esfuerzos) del hombre, con relaci6n
al vb jeto, segun 10 ha dicho expresamente; y cierta apariencia Ie ha
sugerido la hipotesis de que sean variables aun permaneciendo el
mismo el objeto ("with an unchanging object") ; piensa, pues, en la
indeterminacion relativa, con respecto a (T - A) (§ 11) : problema
L'@. Cuando, en seguida, dice: "si realmente es indeterminado", au.n
se podria entender ese indeterminado en el mismo senti do relativo;
pero el autor concluye, de esa in determinacion, que nuestros actos
futuros son "ambiguos 0 no predestinados", y esto implica la mayor
de las confusiones: de la in determinacion de que ha hablado antes,
indeterminacion relativa (con relacion a 10 que no es el sujeto: problema L') no se desprende la indeterminacion absoluta (con relacion
a todo; con relacion al sujeto mas el sujeto: problema D) que va
implicada en la imprevisihilidad, en la ambigiiedad de futuros. Y, para
complemento de confusiones, el autor, al hablar, al mismo tiempo,
de "voluntades lihres", introduce tambien el punto de vista de los
problemas ©. No se hace, ni aun se intenta hacer, la menor distincion;
y la confusion, en tan distinguido pensador, result a tan grosera como
en los escritores comunes. "5i la suma de esfuerzo no es indeterminada
(equivoco, siempre, entre el senti do absoluto de esta palabra y el
relativo) sino relacionada de una manera fija con los objetos mismos
(con los objetos; determinada con relacion a los objetos, solamente;
sentido relativo de la palabra determinado; punto de vista de los
problemas L') de tal manera que cualquier objeto que en un tiempo
dado llena nuestra conciencia, estaba desde la eternidad destinado
a llenarla "then and there" (tendencia psicologica hacia el D, hacia

�un cuestion de det~rminacion absoluta, 0 mas precisamente, de predeterminacion: problema D Li1), y "compel from us" (vuelta al L!)
exactamente el esfuerzo, ni mas ni menos, que nosotros Ie concedemos
(se ve la continua confusion entre las tesis negativas, confundidas una
con otra, y las tesis afirmativas, confundidas una con otra, del problema D y del problema L) entonces nuestras voluntades son libres
(problema L @; todavia confusion, dentro de la formula L, entre L@
y los ©) y todos nuestros actos son preordenados". Realmente, parece
imposible: esta identificacion ilegitima de soluciones distintas, de
cuestiones distintas, se encuentra, ya sabemos, en todos 0 casi todos
10s escritores; pero, en pensadores de esta altura, la regIa es que
aparezca mas velada; no tan patente en las palabras, ni acusada tan
clara mente pOl' esa oscilacion grosera y brusca que ocurre en el mismo
parrafo, hasta en la misma linea.
"La cuesti6n de hecho en la controversia sobre el libre arbitrio
es, pues, extremadamente simple (una controversia, un problema, una
cuestion: todo falsamente simplificado). Se refiere solamente a la
surna de esfuerzo de atencion 0 consentimiento que nosotros podemos
en un momento dado producir (v. § 38). La duracion y la intensidad
de ese esfuerzo, lSOll funciones fijas del objeto 0 no 10' son?". (Este
es un pr~blema L: si "el objeto" es 10 exterior, 10 objetivo, es el
problema de la libertad del hombre; si "el objeto" es el objeto del
pensamiento considerado como un estado de conciencia al cual ~
aplica el esfuerzo, seria un ©; pero siempre un L, y la confusion
fundamental del autor esta en sacar del problema planteado asi, consecuencias relativas a la determinacion 0 indeterminacion de los actos
con relacion a todos los antecedentes de estos, consecuencias re1ativas
a la previsibilidad de los actos, etc.)
Facilmente se pueden indicar, en esta misma y en otras obras de
James, pasajes en los cuales los terminos "libre arbitrio" 0 "libertad",
"determinismo", etc., considerados siempre como las dos soluciones de
un mismo y solo problema, se toman, ya en un sentido, ya en otro.
Asi, y sin continual' el analisis de este pasaje especial (el cual sigue
asi: "Ahora bien: como acabo de decirlo, parece que el esfuerzo fuera
una variable independiente, y que pudieramos ejercer mas 0 menos
cantidad de eI en un caso dado". La formula cuya ambigiiedad hemos
explicado en el § 38, da lugar a que se utilice la sensacion de evidencia
que, para la in determinacion relativa, nos da el punto de vista de la
conciencia,. como 10 explicamos en el paragrafo 12, a que se utilice,
digo, esa sensacion de evidencia en favor de la indeterminacion abso-

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luta), concluyo por ahora con este autor haciendo notar que, cuando
pasa, para diseutir la cuestion, del punto de vista cientifico 0 experi·
mental, al punto de vista moral, como 10 hace en la misma obra citada,
y sobre to do en su celebre estudio The Dilemma of Determinism, (1)
siempre confunde los dos sentidos, y, a pesar de haber plant~ado "el
problema", como acabamos de ver, con predominancia del punto de
vista de los seres, pasa continuamente al punto de vista de las actos
y a la cuestion de su ambigiiedad; esto, sin perjuicio de la confusion
tambien permanente con los ©. No haria mas citas; pero no puedo
omitir una importantisima: acabamos de ver como plantea James el
problema en su Psicologia, y como, para eI, es este simple, sencillo,
claro. Ahora bien: en el estudio que acabo de citar, tambien James
plantea "el problema". "l Que enseiia el determinismo? Enseiia que
aquellas partes del Universo ya sentadas en absoluto (already laid
down) determinan (appoint and decree) 10 que las otras partes han
de ser. Que el futuro no guarda en su seno posibilidades ambiguas; la
parte que llamamos el presente es compatible con una totalidad solamente. Cualquier otra complementacion futura que la fijada por la
eternidad, es imposible ...
EI indeterminismo, al contrario...
admite que las posibilidades
pueden estar en exceso sobre las actualidades, y que las cosas no reveladas todavia a nuestro conocimiento pueden realmente en si mismas ser ambiguas. De dos futuros alternativos que concebimos, ambo&amp;
pueden ahora ser realmente posibles; y uno se hace imposible solo en
el momento mismo en que el otro, al hacerse real, 10 excluye ...
EI determinismo, al contrario, dice que ellas no existen en ninguna
parte (las posibilidades, que el indeterminismo dice "que existen en
alguna parte"), y que la necesidad por una parte y la imposibilidad
por la otra son las unicas categorias de 10 real".
Y sigue: "La ouestion se relaciona solamente (nOtese la simplicidad de todo esto) con la existencia de posibilidades, en el estricto
senti do del termino, como cosas que pueden, pero no necesitan, ser".
Ahora bien: aqui se ha planteado un problema, y ese planteo se
declara expresamente por el mismo autor, simple, inequivoco, claro.
En la otra obra tambien se planteo el problema, y tambien se declaro
10 mismo sobre ese planteamiento. Y, no obstante, en la psicologia se
hacia un planteo confuso, en que se sugerian varios problemas: el de
la dependencia 0 independencia del hombre con relacion a 10 que no

.-,

J-

and

(I)
The will to
Co, 1897 (articulo:

believe
and other essays in popular
philosophy.
Longmans
The Dilemma
0/ Determinism),
paginas
150 y siguientes.

Green

�·es eI, el de la dependencia de ciertas manifestaciones mentales con
relacion a 10 que no es elIas, y el de la posibilidad de los actos en uno
solo 0 en varios sentidos; todo esto confundido, con predominancia,
tal vez, de la primera cuestion; entretanto, en este otro articulo, se
da un planteo, bastante claro, del ultimo problema, a cuyo punto de
vista, por 10 demas, no permanece fiel el autor aqui tam poco: vease,
por ejemplo, como cuatro paginas despues del planteamiento (1) cruza
una cuestion sobre "independencia".
§ 47. En la obra fundamental de Bergson, se hace, al mismo
tiempo que la explicacion de una nueva concepcion de 10 mental, la
aplicacion de ella a un problema que el autor escoge como tipo de
problemas ficticios. "Hemos elegido, entre los problemas, aquel que
es comun a la metafisica y a la psicologia: el problema de la libertad.
Tratamos de establecer que toda discusion entre los deterministas y
sus adversarios implica una confusion previa de la duracion con la
extension, de la sucesion con la simultaneidad, de la calidad con la
cantidad: una vez disipada esta confusion, se yerian quiz as desvanecer
las objeciones dirigidas contra la libertad, las definiciones que de ella
se dan, y, en cierto sentido, el problema de la libertad mismo" (2).
~No es ya sorprendente notar cuan sencilla y categoricamente, ya
al entrar en materia, Bergson admite, sin salvedades, sin distingos, sin
reservas, que 10 que los hombres han discutido como el "problema de
la libertad" es un problema?
to
Pues bien: no solo confunde todos los problemas en uno, como
se ve por esa frase del prologo, sino que, y esto es 10 mas sorprendente
de todo, sus confusiones ni siquiera son menos groseras que en cualquier otro autor. La extraordinaria fuerza de la inercia historica se
muestra como en ninguna parte en los pasajes ambiguos que, cada vez
que se trata de nuestro asunto, aparecen en esa obra, en esa obra tan
honda, tan suti!, tan precisa, salvo esos casos especiales, y tan original,
que el comprenderla solo, enorgullece.
Van en seguida algunas citas. Entiendase bien que 10 que quiero demostrar con ellas, unica cosa que corresponde en esta parte de la obra,
es que el autor incurre en las mismas confusiones que son comunes.
Eso no quiere decir que, a pesar de ello, no trate los problemas con
la originalidad y profundidad que son cualidades de su inteligencia;
pero desde este punto de vista, debo estudiar sus teorias en otro lugar.
Veamos un parrafo que empieza en la pagina 126 y termina en la
(l)
(2)

Pagina 155.
H. BERGSON, Essai sur les donnees immediates de la conscience. Paris, Alcan, 1889.

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128. Comienza asi: "Es, pues, una psicologia grosera, engaiiada (dupe)
pOl' el lenguaje, la que nos muestra al alma determinada pOl' una
simpatia, una aversion 0 un odio como pOl' otras tantas fuerzas que
pesan sobre ella (los que hablan asi, aunque literalmente se refieren
a "el alma" toda entera, piensan solo, como se ve, en una parte del
alma, la que no es esa simpatia, esa aversion, ese odio que obran sobre
ella, y piensan, pOl' consiguiente, uno de los problemas L (Q»). Esos
sentimientos, con tal que hayan alcanzado una profundidad suficiente,
representan cada uno al alma entera, en el senti do de que todo el
contenido del alma se refleja en cada uno de ellos. Decir que el alma
se determina bajo la influencia de uno cualquiera de esos sentimientos,
es, pues, reconocer que se determina a si misma". Que se determina
a si misma: es clarisimo que el autor, en este pasaje, piensa en la dependencia 0 independencia del alma con respecto a 10 que no es ella:
el problema L. lustamente el mismo senti do da unas lineas mas adelante al termino libre: "un acto libre, puesto que el yo solo habra sido
su autor". Algunas lineas mas abajo vuelven a ser sugeridos problemas
mas 10 que nos interesa es esto: "Pero la sugestion llegaria
a ser persuacion si el yo entero se la asimilara; la pasion aun repentina, no presentaria ya el mismo caracter fatal ... " ifatal! he aqui un
termino que se refiere a otra cuestion; a las de las posibilidades:
al D Lfrl En seguida, el escritor vuelve al primer senti do L: "Es del
alma entera, en efecto, de donde la decision libre emana ... , etc.".
Otro pasaje, mas breve, en que se pasa sin transiciones del uno
al otro de esos mismos problemas diferentes: " ... y la conciencia no
afirma, no comprende siquiera la determinacion absoluta de los actos
futuros (problema D, sobre la determinacion de los actos) : he aqui,
pues, todo 10 que la experiencia nos enseiia, y si nos atuvieramos a la
experiencia, diriamos que nos sentimos lib res, que percihimos la
fuerza, con razon 0 sin ella, como una libre espontaneidad (problema
L, sobre la independencia de un ser, 0 L', de sus actos, con respecto
a 10 que no es ese ser)" (1).
En otros pasajes, los terminos "libertad", "libre", se emplean,
evidentemente, en un sentido que corresponde, no a ninguno de los
problemas anteriores, sino a otro todavia; al
si la conciencia
agrega energia al mecanismo material. Ejemplo: " ... nos elevamos pOl'
grados insensibles de los movimientos automaticos a los movimientos
libres. .. Si el placer y el dolor se producen en algunos privilegiados,
es verosimilmente para autorizar de su parte una resistencia a la re-

©;

CID:

�accion automatica que se produciria: 0 la sensaclOn no tiene razon
de ser, 0 es un principio de libertad. lPero como nos permitiria ella
resistir a la reaccion que se prepara? .. etc.". Es evidente que aqui
se entiende predominantemente como problema de la libertad el problema
si bien hay (0 por 10 menos se produce en el lector cierta
confusion con el L @ (el nos que subraye).

CID,

Escribe Bergson, en la pagina 108: " ... la nocion de inercia llega
a ser asi, por definicion misma, mas simple que la de libertad" ...
"Considerada desde este nuevo punto de vista, la idea de espontaneidad
es incontestablemente mas simple que la de inercia...
Cada uno de
nosotros tiene, en efecto, el sentimiento inmediato, real 0 ilusorio, de
su libre espontaneidad, sin que la idea de inercia entre para nada en
esa representacion ... " Estos pasajes, relacionados en el pensamiento
del autor con el problema de la libertad, en los cuales se opone la
espontaneidad a la inercia, la espontaneidad de los seres a la inercia
de los seres, se refieren claramente al problema de si los seres dependen
o no totalmente del mundo exterior, si obran ejerciendo una actividad
pro pia 0 si obedecen pasivamente alas fuerzas exteriores: el problema
L. Ahora bien: en seguida (pagina siguiente), viene este otro pasaje:
"Sin embargo, a posteriori, se invocan contra la libertad hechos precisos, los unos fisicos, los otros psicologicos. Ya se alega que nuestras
acciones son necesitadas por nuestros sentimientos, nuestras ideas, y
toda la serie anterior de nuestros estados de conciencia ..." Advierta el
lector el cambio de punto de vista: en los primeros pasajes se trataba
de la independencia del ser con relacion a 10 que no es el (espontaneidad, en oposicion a inercia); ahora, habiendose pasado a pe~sar
no en el ser sino en sus actos ("nuestras acciones"), se considera la
relacion de esos actos nuestros, no solo con relacion a sus antecedentes
exteriores al nosotros (10 que seria asi el mismo problema L', variante
de L), sino con relacion a todos sus antecedentes (puesto que se hace
entrar entre esos antecedentes a "nuestras ideas, nuestros sentimientos
y toda la serie anterior de nuestros estados de conciencia", de manera
que el autor cae, y hace caer al lector, en la confusion entre el problema L y el problema D, al presentar, como 10 hace, esta objecion
como una objecion contra la libertad de que ha hablado antes. La
confusion, el cambio del punto de vista ocurren justamente como 10
explique en el parrafo 5, y si yo mismo hubiera deseado arreglar ad-hoc
un ejemplo, no 10 hubiera ideado mejor que este.
Conviene aclarar un punto. El hecho de que un autor, al tratar
principal 0 incidentalmente cuestiones de "libertad", "detcrmina-

�razon
a ella
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la

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cion", etc., comet a confusiones, no significa que esos pasajes no tengan
valor: pueden tener muchisimo: 10 que hayes que la confusion, 0 daiia
la justeza del analisis, 0 Ie impide lIegar a la profundidad que hubiera
podido alcanzar, 0 conduce al autor a sostener opiniones erroneas
o exageradas por una consecuencia mal entendida (por ejemplo:
cuando el partidario de cierta solucion de uno de los problemas se
cree obligado a sostener opiniones que son solucion de otro problema,
distinto, pero que eI cree que son la solucion del mismo problema),
0, tambien, muestra entre los autores 0 entre las opiniones discrepancias
o coincidencias que no son mas que aparentes, etc., etc. Como ejemplo,
ademas de tantos de los citados, puede verse el pasaje del libro que
empieza en la pagina 112 y continua hasta la 115: es un analisis del
problema de las relaciones entre el cuerpo y el espiritu, desde el punto
de vista de la dependencia 0 independencia del segundo con respecto
al primero (problema @) ; pero ese analisis esta todo enturbiado por
ambigiiedades y asociaciones de los otros problemas.
De la pagina 116: "Pero nada dice que el estudio de los fenomenos. .. nerviosos... no nos revelara...
alguna energia de un genero nuevo que se distinga de las otras dos (]a cinetica y la potencial)
en que ya no se preste al calculo" y, en seguida: "quedaria solamente
entendido (en el caso del descubrimiento anterior) que los sistemas
conservativos no son los unicos sistemas posibles" ... Ahora bien: ante
todo, podria un sistema no ser conservativo, no serlo en el sentido de
que en el se creara fuerza, y, sin embargo, esta fuerza podria prestarse
al calculo, 0 a alguna forma de prevision, por 10 menos en teoria. En
otros terminos: para postular la creacion de energia, el comienzo de
accion, 0 algo analogo, podria no ser en rigor necesario postular la
imprevisibilidad; esta cuestion, sin embargo, es delicada, y se tratara
a su tiempo: 10 que he querido seiialar en cuanto a ese primer punto,
es la faha de una reserva, la faha de una sospecha de que pudieran
no ser equivalentes esas dos formas del D; pero, sobre todo, y esto
es 10 mas interesante, he querido mostrar como el autor. cuando supone
que la conciencia agrega fuerza a las del cuerpo, se siente obligado
a suponer que esa fuerza agregada ha de ser de naturaleza incalculable
(10 que, en su pensamiento, supone imprevisible; alin cuando el ultimo termino es logicamente mas extenso); y esa suposicion no es
forzosa. Hay, pues, confusion del @ con el D.
Citemos ahora algunos pasajes en que el autor cnunCla claramente, consider andolo como el problema, un problema determinado,

�y otros pasajes en que enuncie tambien claramente otros problemas
distintos considerandolos tambien como el mismo problema.
Pagina 121: "Los deterministas se apoderaran de este argumento:
el prueba, en efecto, que nosotros sufrimos a veces de una manera
irresistible la influencia de una voluntad extrafia": clarisimamente el
problema L @, sobre la dependencia 0 independencia del hombre con
respecto al mundo exterior.
Pagina 131: "En resumen: somos lib res, cuando nuestros actos
emanan de nuestra personalidad entera". " (sentido del mismo problema L).
Pagina 132: "En una palabra: si se conviene en llamar libre a todo
acto que emana del yo" ... (mismo problema).
Pero, en la pagina siguiente (y entendiendo tratar siempre el
mismo problema; declarandolo expresamente; estableciendo la oposicion de las dos tesis: "La tesis de la libertad...
Pero el determinismo "los adversarios del determinismo no hesitan en seguirlos en ese
mismo terreno y en introducir en su definicion del acto libre ... "
" ... el error fundamental del determinismo y la ilusion de sus adversarios"), en la pagina siguiente, decia, cita pasajes de Stuart Mill, y
escribe el otros que se refieren no ya a la independencia del hombre
con respecto a 10 que no es el, sino a la previsibilidad 0 imprevisi- ••
bilidad, a la posibilidad en uno solo 0 en mas de un sentido, de los
actos del hombre ( D). Veanse esos pasajes: aqui transcribire solo
los del autor mismo: " ... los defensores de la libertad (siempre como
si fuera la misma cuestion) ... afirman que, cuando cumplimos una
aceion libremente, alguna otra accion hubiera sido igualmente posible.
Invocan a este respecto el testimonio de la conciencia, la cual nos hace
sentir (saisir), ademas del acto mismo, el poder de optar por el partido contrario. A la inversa, el determinismo pretende que, dados
ciertos antecedentes, una sola accion resultante era posible". "La ar·
gumentacion de los primeros implica, en efecto, que a antecedentes
dados corresponde un solo acto posible; los partidarios del libre arbitrio suponen, al contrario ... "; y sigue la conocida discusion, originalisima, de este problema de la ambigiiedad de los posibles.
Esa discusion (sobre la cual se haran algunas reflexiones en otra
parte de este libro) esta impurificada por los cambios de puntos de
vista (el de los seres y el impersonal de los actos) de que se trato
en el parrafo 4 y siguientes. Vease, por ejemplo, este parrafo: "Para
fijar las ideas, imaginemos un personaje llamado a tomar una decision
aparentemente libre en circunstancias graves: Ie llamaremos Pedro.

�La cuestlOn es saber si un filosofo Pablo, que VIVIera en la mlsma
epoca que Pedro, 0, si -se quiere, varios siglos antes, hubiera po dido,
conociendo todas las condiciones en que Pedro obra, predecir con
certeza la eleccion que Pedro ha hecho". Fijese bien ellector en estas
palabras: "conociendo todas [as condiciones en que Pedro obra" (I) ;
habria que agregar, conociendo a Pedro, si se quiere tratar el problema
de la posibilidad de los actos en uno solo 0 en mas de un senti do ;
pues, si se dan solamente las condiciones en que Pedro obra, no se
trata de la determinacion de los actos de Pedro pOl' todos sus antecedentes, sino de la determinacion de los actos de Pedro pOl' una parte
de sus antecedentes, esto es, pOl' los que no son Pedro, 0 no estan en
Pedro; pOl' 10 menos, asi es como sera pensada, 0 asi habra tendencia
a pensar la cuestion, pOl' el hecho de tomarse a Pedro como sujeto;
de aqui la ambigiiedad entre el L', que no es mas que un L enunciado
a proposito de los actos, y el D que el autor se propone discutir. Ciertamente, cuando indicamos la necesidad de estas distinciones (§ § ci·
tados), no se sentia su importancia, tan element ales parecian; result a
ahora que, pOl' falta de elIas, trabajan en falso hasta las mas altas
y admirables inteligencias.
Pagina 167: "Se llama libertad la relacion del yo concreto al
acto que ejecuta (sentido correspondiente al L@). Esa relacion es
indefinible, precisamente porque nosotros somos libres (nosotros: id)"
" ... se ve la espontaneidad resolverse en inercia (sigue el L) y la Iibertad en necesidad"; este ultimo termino ya sugiere el D, al cual se
pasa inmediatamente en este otro pasaje: "l Se definira en efecto, el
acto libre, diciendo de este acto, una vez cumplido, que hubiera podido no serlo ?".
EI libro termina estableciendo esto: "el problema de la lihertad
ha nacido, pues, de un mal entendido". La demostracion del autor,
sea cual sea su valor, se relaciona solo con el problema D, en especial
con el D L!1; no con otros problemas que, en el curso del libro, han
sido englobados con el.
Podria citar, con el mismo proposito de mostrar confusiones, pasajes de la otra obra de Bergson, Materia y memoria, en la cual
aparece desempeiiando un papel importantisimo la cuestion de la
retroaccion; pero, como he dicho, reservo un lugar en este libro para
el examen detenido de las ideas de este autor en cuanto se relacionan
con los problemas de la libertad.

�§ 48. Terminare este capitulo citando algunos pasajes de dos
importantes obras modernas que tratan sobre estas cuestiones.
De la obra de E. Boutroux, De La contingence
des Lois de La nature: "La creacion del hombre, ser consciente, no se explica, pues, pOl'
el solo juego de las leyes fisicas y fisiologicas. Su existencia y sus actos
imponen a la naturaleza modificaciones de que ella misma no puede
dar cuenta, y que aparecen como contingentes si nos colocamos en el
punto de vista del mundo fisico y del mundo fisiologico. l Que importa
al hombre, sin embargo disponer mas 0 menos de las cosas, si vuelve
a encontrar la fatalidad dentro de si, si sus sentimientos, sus ideas,
sus relaciones, su vida intima, en una palabra, son gobernados pOl' una
ley especial que los determina de una manera necesaria? La independencia del mundo pensante con relacion a los mundos inferiores,
lpuede alcanzar al individuo, si todos sus actos son implicados fatalmente en el sistema de los hechos psicologicos; si, con relacion a ese
sistema, no es el mas que una gota de agua arrastrada pOl' un torrente
irresistible?" (1). Magma ambiguo e inanalizahle, en que los distintos
problemas, 0 las soluciones de esos problemas, 0 los sentidos de los
terminos, aparecen, en algunos casos, confundidos, y, en otros, mal
relacionados entre si, esto es: ilegitimamente asimilados 0 ilegitimamente opuestos debido a la polarizacion tradicional de las ideas sobre
esas cuestiones; pOl' ejemplo, cuando, despues de establecerse (rnuy.
confusamente) la solucion libertista del @ (no explicabilidad del
"ser consciente" pOl' "el solo juego de las leyes fisicas y fisiologicas"),
se dice que el hombre "vuelve a encontrar la fatalidad dentro de si".
despues de haberse hecho intervenir tambien la contingencia; ideas
ambas, la de la fatalidad y la de contingencia, que corresponden
al D L!1, asi como corresponde al D ill la de determinacion necesaria,
que tambien aparece. En seguida, inmediatamente, se habla de "independencia" del mundo pensante (parece nuevamente un sentido
del L), y se afirma que ella no importa al individuo si los actos de
este son "implicados fatalmente en el sistema de los hechos psico·
logicos" (sentido del D), y, como una suposicion equiva.lente de esta
ultima, se da esta otra: "si... no es el mas que una gota de agua
arrastrada pOl' un torrente irresistible" (la solucion inertista del
L (8), ahora!).
"Parece, pues, que sea forzoso renunciar a toda contingencia (2)
en el orden de los fenomenos del alma, si se admite de una manera
(1)
(2)

Dcuxiemc
edition.
Pagina 112.

Paris,

Alcan,

1895, pa~ina

112.

�ues, por
us actos
) puede
)S en el
importa
l vuelve
s ideas,
por una
Ildepen'eriores,
IS fataln a ese
orrente
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~ (muy
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~ica8"),
de si".
; ideas
ponden
~esaria,
~e "insentido
~tos de
psico~e esta
e agua
,ta del

absoluta la ley de la conservaClOn de la energia. .. (esto ultimo tiene
que ver con el D, con la relacion de los actos a sus antecedentes, y
podria adelantarse aqui que admitir la verdad de la ley de la conservacion de la energia, obligaria, parece, a admitir la determinacion
necesaria de los hechos por sus antecedentes, pero que la reciproca
no seria verdadera, pues aun no conservandose la misma, la energia,
o no teniendo senti do esa ley, podrian los hechos ser determinados
por sus antecedentes, como tambien ser posibles en un sentido solo;
claro es, esto no hay que decirlo, que podrian no serlo) ...
" ... Ella no es tampoco (la ley de conservacion) un juicio sintetico a priori, puesto que la tendencia del hombres es, al contrario,
a creer que dispone de sus actos" (1). Lo que he subrayado es notable:
la solucion libertista del L@, aparece ahora substituyendo en el razonamiento a la contingencia, 0 sea a la solucion indeterminista del D),
y aparece tambien como contraria a la ley de la conservacion de la
energia.
En la pagina 123 aparecen los dos espurios: "A despecho de las
apariencias, un individuo, una nacion, el hombre, en fin, no es nunca
completamente esclavo de su caracter".
"En la resolucion que sigue a la consideracion de los motivos,
hay algo mas que los motivos: el consentimiento de la voluntad dado
a tal motivo con preferencia a tal otro. EI motivo no es, pues, la causa
completa del acto. l Es por 10 menos su razon suficiente? Ciertamente
que es siempre el motivo mas fuerte el que triunfa, pero porque se da,
apres coup, ese epiteto precisamente al motivo elegido por la voluntad.
Quedaria por probar que la voluntad elige siempre el motivo que
por si mismo ejercia de antemano sobre el alma la influencia mas
fuerte. Ahora bien: lno sucede que la voluntad convierte practicamente en preponderante a un motivo que teoricamente no era la resultante de las fuerzas que solicitaban el alma ?". 5i bien se habla de
actos, es evidente que el que prepondera en el pensamiento del autor
es el punto de vista personalizante; se trata de la dependencia de los
actos de cierto sujeto con relacion a 10 que no es el (not~se como
ese sujeto es unas veces "la voluntad" y otras "el alma") ; seria, pues,
un problema: L', predominantemente el L'@: pero, en el espiritu
del autor, ese problema esta confundido con el D, y 10 prueba acabadamente el transito inmediato de aquel problema a este; en efecto:
la demostracion continua por una alusion al principio de causalidad,
a proposito del cual se pregunta si "admite alguna contingencia", y

�nuestro pensamiento se encuentra de lleno en el problema de la
determinacion de los actos voluntarios con relacion a todos sus antecedentes, en favor de cuya solucion negativa 0 indeterminist a se habia
producido ilegitimamente un estado mental favorable por la consideracion del problema de la determinacion de los actos de la voluntad
con relacion a 10 que no es la voluntad, confundiendose la solucion
negativa de este con la de aqueI.
Esta confusion continua en las paginas siguientes; por ejemplo,
en la 125: " ... ella (la voluntad) puede despertarse y obrar; puede
luchar contra las pasiones mas fuertes ... etc."; y, 'unas lineas mas
abajo: "Si la produccion de determinaciones voluntarias es el orden
de fenomenos psico16gicos en que se manifiesta mejor la contingencia ... ".
Se dice, en la pagma 129: "Si es asi, hay el derecho de admitir
que los fenomenos psicologicos no son absolutamente determinados,
sino que encierran (recident), bajo las uniformidades de sucesion que
ofrecen todavia al observador, una contingencia radical", concluyendo
sobre el problema D. En la pagina siguiente, se sigue hablando de
"fatalidad absoluta" y de "contingencia"; pero se dice tambien, como
afirmando la misma cosa con otros terminos: " ... a mas que todos los
otros seres, la persona human a tiene una existencia propia, es por
si misma su mundo (est it elle meme son monde), puede obrar s!n
ser forzada a hacer entrar sus actos en un sistema' que la ultrapasa",
y este es un senti do del otro problema.
Concluire sefialando los dos primeros parrafos de la conclusion (1),
donde se hace una historia del problema en un estado mental de
confusion completa. "Cuando, en la antigua Grecia, el hombre adquirio conciencia de si mismo y reflexiono sobre su condicion, se creyo
el juguete de una potencia exterior (ideas del L(8)), impenetrable
(vaga idea del D, en cuanto "impenetrable" se refiera a inteligible,
como explicable por sus antecedentes 0 como previsible) e irresistible
(L (8)), que llamo el Destino (como el destino se relaciona con la
"fatalidad" dc los actos futuros, estas son ideas del D, y persisten las
del L por cuanto se piensa en ese destino como en algo exterior al
hombre, que fuerza al hombre. Todo esto se confundia, entonces, en
el estado mental que el autor atribuye a los griegos, el cual, en cuanto
a la no distincion de las dos cuestiones, es igualmente el suyo propio) . .. Se sorprendio de haber aceptado sin examen ese yugo vergonzoso. Probo substraerse a el, romperlo, y, en efecto, 10 rompio.

�nplo,
me de
mas
Irden
'ntinmitir
ados,
que
endo
o de
:omo
S

los
pOl

. sin
lsa",
(1),
I de
qui:eyo
Ible
ble,
ible
I la
las
. al

Ya no fue el mundo el que Ie dicto leyes; fue eI el que dicto leyes
al mundo. Adquirio conciencia de su libertad (L @). Pero pronto
desperto en eI una nueva inquietud. lBastaba en efecto que fuel'a
libre con relacion al mundo exterior para ser efectivamente libre?
No sentia en si movimientos impetuosos, fuerzas irresistibles...
(en
este momento no debemos decir que el autor confunde, aunque conserva el mismo termino libre en sentidos diferentes; pero he aqui cmil
pasa a ser en seguida su estado mental) : Ausente del mundo exterior
(la potencia soberana de que el hombre dependia), lresidia ella en
8i mismo? l Era el esclavo de sus pasiones, de sus ideas, de su naturaleza? (Aqui se piensa al hombre en relacion pOl' una parte con
sus pasiones y sus ideas, pOl' otra con su naturaleza; en el primer sentido, ya no es el L @, sino un L ©, y ya no se trata de la libertad del
hombre con respecto al mundo exterior, sino de la libertad de una
parte 0 aspecto del espiritu con relaci6n a 10 que no es ella, estando
las pasiones e ideas en ese no-sujeto; en el otro sentido, decir que e]
hombre es 0 no es esclavo de su naturaleza, 0 no significa nada, 0
significaria que los actos del hombre derivan 0 no de la naturaleza
de este: completa confusion en todo eso). lLa fatalidad volvia a posesionarse de el ... ? Ahora se trata de la fatalidad, y las asociaciones
del D se confunden mas con las del L (8) y las del L©, en esa niebla
mental inanalizable .
§ 49. Siento la necesidad de terminal', pOl' 10 que me limit are
ados 0 tres citas de La Lib€'rte et le Determinisme de Fouillee (1), a
cuya doctrina, pOl' 10 demas, reservo en esta obra especial estudio.
He aqui el planteamiento inicial (2) : "EI problema es el siguiente:
Encontrar en las leyes mismas de nuestra dependencia (nuestra dependencia: el problema L @, cuya solucion negativa se postula) 10
que suple practicamente a nuestra independencia (mismo problema)
y produce en nosotros el sentimiento practico de ella; producir asi en
el seno mismo de la necesidad (otra cuestion: el problema D, confundido con el anterior) un progreso hacia la libertad" (de manera
que libertad es concebida como oponiendose tanto a dependencia como
a necesidad: ya la confusion esta establecida: persistira en todo el
libro). EI parrafo siguiente empieza asi: "Lo que el determinismo
encierra de mas solido y de verdaderamente cientifico, es la explicacion de los actos pOl' su relacion con (sous le rapport de) sus antecedentes cronologicos (el determinismo
queda concebido como una
(l)
(2)

Troisieme
edition,
Paginas 1 y 2.

Paris,

Alean,

1890.

�tesis que se opone a la de la libertad, y por la cual se sostiene a la
vez, y como cosas identicas 0 no separables, la depedencia del hombre
y la necesidad. Y el lector ha podido perfectamente notar, por esta
sola y breve cita, como la confusion que hay en el espiritu del autor,
10 ha llevado a postular la dependencia del hombre, porque, en su
calidad de determinista, cree en la determinacion de los actos por
sus antecedentes, y no distingue determinacion de Ios aetos de dependencia de Ios seres), de sus motivos y de sus moviles". Aparece la
cuestion de los motivos, todavia, por consolidar la confusion.
En esas piiginas iniciales, emprende Fouillee el aniilisis de la idea
de posibilidad, discute sobre la posibilidad de los contrarios, a proposito de ese mismo "problema" que se relacionaba con la dependencia; y ademiis, postula tiicitamente la accion de la conciencia sobre
10 material,
0 sea la solucion afirmativa
del .@ (1), sin discutir
propiamente ni establecer naturalmente la relacion de cada una de
sus soluciones con las de los otros.
En todo el libro (y sin perjuicio del valor de tantos aniilisis y
discusiones) persisten la alternancia 0 la confusion de los sentidos.
Ejemplo: En la piigina 35, el problema es el L: "Segun los partidarios
de la libertad, potencia exenta de constreiiimiento (contrainte) ... "
" ... obramos siempre hajo la idea...
de un poder que nos atribuimos. .. de una independencia de que dotamos a nuestra naturaleza
interior ... frente al exterior". Pero, justamente en los piirrafos anteriores, discutia sobre la ambigiiedad de los posibles, a proposito de
los contratantes que cumpliriin 0 no cumpliriin sus contratos. "En la
hipotesis de la libertad, es cierto, no estamos seguros de que el contratante cumplirii efectivamente el contrato ... "
Pero tal vez ningun piirrafo seria tan adecuado como este, de la
piigina 230: "La voluntad (se toma por sujeto la voluntad: ideas del
L@ 0 del L'@) no puede realizar el ideal del acto libre (acto libre:
veanse, en el § 5, las significaciones que puede tener esta expresion)
sin pasar por tres momentos ... Si por hipotesis, consideramos el yo
antes de que haya producido ningun acto bajo la idea de la libertad
(como en los niiios) (2), 10 encontramos determinado principalmente
por el exterior y por 10 que no viene de si mismo (esta idea del yo
como dependiente de 10 exterior a el, es la solucion negativa del L @;
pero no se emplea la palabra dependiente sino la palabra determinado,
(1)

Como

puede

verse

en el parraIo
3.
autor.

l'etat abstrait ... », en Ia pagina
(2)

Ese parentesis

es del

que

empieza:

«Cette

possibilite

ne reste

pas

Ii

�10 que trae confusion con el D. Veanse, en el § 6, las acepciones posibles de la expresion seres deter,minados); es todo entero esclavo de
la conformacion del cerebro {ahora es (ill el, confundido con todos
los anteriores, y sin que se sospechen siquiera las distinciones necesarias ni el relacionamiento justo de las soluciones del uno con las
soluciones de los otros). Es ese el primer momento, en que las determinaciones del yo inteligente (no de todo el yo, sino del yo inteligente:
un
especial) son presupuestas (posees) por fuerzas extranas (solucion negativa de ese
en formula L') herencia (ahora, complicaciones enormes por la cuestion de la retroaccion que aparece con ese
termino; efectivamente: es complicado decir si son extrafias, y en que
sentido, las peculiaridades que vienen a un ser por herencia pero que,
en el mO,mento de la "determinacion", estan en el, son el. Se comprende, pues, que no se pueda pensar, si 10 relativo a la retroaccion
no se aclara), medio, excitaciones del exterior (ahora ya volvemos a
estar en el L@, sin retroaccion), -mas bien que no los presupone
(pose) y no los afirma el mismo en su conciencia. Su actividad no se
ha ejercido todavia sino por reacciones puramente reflejas (no reflexivas) (el parentesis del autor confunde mas todavia), en razon compuesta de las acciones del exterior y de las fuerzas enmagasinadas en
el sistema nervioso. (Ra vuelto el @). Esas reacciones reflejas eran
como la traduccion exacta de 10 de afuera por 10 de adentro, de 10
fisico por 10 mental {sigue el mismo (ill, que se da por resuelto, en
cse caso, por la negativa, 0 sea por la no libertad de la conciencia
con respecto al cuerpo, sin base alguna para hacer la afirmacion, y
sin percibir ni establecer, como ya se dijo, las justas relaciones de
este problema y de sus soluciones con los otros problemas y sus soluciones). No era, sin embargo, una completa fatalidad (D) es decir una
completa pasividad (L)", i" ...es decir ... "!

©

©

§ 50. Y con eso ya alcanza para sentir cuan imperiosamente
se impone repensar la cuestion. Racer nuevos argumentos, descubrir
aspectos nuevos, es necesidad secundaria al lado de la esencial de
deshacer las confusiones para poder apreciar y utilizar la obra intelectual de riqueza incomparable que atraida por estos hermosos y vitales
proble,mas, ha realizado la inteligencia humana.
Ya se entreve como esa confusion utiliza una parte del trabajo
intelectual; como conduce al error, llevandonos continuamente a concluir sobre una cosa cuando hemos empezado a razonar sobre otra
distinta; a sostener 0 a combatir una tesis porque creemos deber sostener 0 combatir otra y no comprendemos con claridad ni la diferencia

�ni las relaciones logicas de ambos; y como "la cuestion" tiene infinitas
relaciones, y es vital y omnipresente: es como un inmenso iman que,
extendido a 10 largo de la filosofia, la polariza toda. Por esa polarizacion viciosa esta falseada la relacion entre las filosofias y entre los
filosofos. No puedo resistir a la tentacion de anticipar un ejemplo,
de autores de los que he citado ya: Schopenhauer es un gran defensor
del "determinismo"; Bergson es un gran defensor de "la libertad";
cuando leemos sus libros, los pensamos en oposicion; y, en efecto, sobre
algunos problemas, por ejemplo, sobre el de la ambigiiedad de los
posibles, hay verdadera oposicion, sosteniendo el uno la posibilidad
en un solo sentido, e inclinandose el otro a la ambigiiedad, aunque la
doctrina que procura probar mas expresamente es la de que el problema esta mal planteado y no tiene sentido. Pero sobre el problema
de la libertad del hombre, seria mas bien interesante comparar sus
opiniones y su lenguaje: no solo la aplicacion del operari sequitur esse,
y multitud de frases como esta: "nuestra causalidad inmediata y ...
nuestro poder personal gracias a los cuales las acciones que nosotros
hacemos son verdaderamente nuestras", del libro del filosofo "determinista", podrian pasar, y reciprocamente, al del filOsofo "libre-arbitrista" que escribe estas otras: "un acto libre; puesto que el yo solo
habra sido su autor, puesto que el expresara el yo todo entero" y que
compara el acto libre produciendose en el yo al fruto que se desprende
del arbol, -sino que seria interesante estudiar hasta que punto e]
estupendo analisis del filosofo de hoy a proposito de la retroacci' ,
cuando describe como la conciencia organiza el pasado en el presente
("ella prolonga el pasado en el presente, porque nuestra accion dispondra del porvenir en la exacta proporcion en que nuestra percepcion, grossie por la memoria, habra contraido el pasado. Responde a
una accion sufrida, por una reaccion inmediata ... he aqui la ley fundamental de la materia. .. Si hay acciones libres, 0 al menos parcialmente indeterminadas, ellas no pueden pertenecer mas que a seres
cap aces de fijar, de loin en loin, el devenir sobre el cual su propio
devenir se aplica, de solidificarlo en momentos distintos, de condensar
asi su materia y, asimilandosela, de digerirla en movimientos de reaccion que pasaran a traves de las mallas de la necesidad natural. .. La
independencia de su accion sobre la materia ambiente ... ") (l) hasta
que punto ese analisis, digo, no es mas que el magnifico acabamiento
de 10 que queria pensar el filosofo de ayer, cuando en la primera frase

�que cite, agregaba el adjetivo que yo he subrayado: "inmediata", y
cuando escribia otras como esta: "Pero esta libertad. .. nos substrae
a la contrainte de los objetos presentes, y ... nos vuelve superiores
a los animales" (I).
Por oposiciones ficticias, la humanidad se cree obligada a elegir,
a abandonar una cosa para poder conservar otra, no solo en los casos
en que realmente 10 imp one la logica, sino en otros, muchi~imos, en
que no es asi; y en ninguna cuestion como en la presente, esta tan
humana tendencia a tomar 10 complementario por contradictorio se
manifiesta falsamente exagerada, debido a la polarizacion histOrica.
Yes, en estos casos, un descubrimiento inesperado y feliz, descubrir
que no estabamos obligados a abandonar una parte tan considerable
como creimos del tesoro intelectual que nos fue legado.
No al objeto, pues, de decir cosas nuevas, que seran escasas y
pobres, sino al de mostrar, con un esbozo rudimentario, la fecundidad
de un trabajo que es necesario que mejores espiritus realicen, responden los siguientes incompletos analisis.

Esta obra fue completada por conferencias verbales, que no se tomaron taquigraficamente. Naturalmente,
dada la epoca en que fue escrita, todos los ejemplos
han quedado anticuados.
Pero las distinciones
fundamentales
que alli se hacen,
no se han tenido en cuenta en la Filosofia y en la Ciencia, 10 que hace persistir
las mismas confusiones, como 10 muestra, para tomar un ejemplo altisimo, el libro
de Planck "A donde va la Ciencia", en el cual se sigue oponiendo determinismo
o causalidad, a "libre albedrio", como si se tratara del mismo problema, y como
si existiera esa oposicion...
(Por ej.: Capitulo "Causalidad y libre albedrio").
En cuanto a los descubrimientos
de la ciencia de este 5iglo, 10 que han hecho
es multiplicar
libertades -en
el sentido de no dependencia: electrones y todas
las demas entidades que se mueven dentro del atomoy multiplicar
la imprevisibilidad priictica, sin que esto se relacione con el indeterminismo, 0 sea con la
admisibilidad
0 no admisibilidad
metafisica de la categoria de posibilidad.
Indeterminacion
e incertidumbre
son dos nociones; y a proposito, p. ej., del principio
de incertidumbre de Heisenberg, podria verse mi conferencia "Transcendentaliza·
ciones matematicas ilegitimas", publicada por la Facultad de Filosofia y Letras de
Buenos Aires en 1940.

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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Es difícil analizar con justeza en filosofía, sin estar familiarizado, al menos instintivamente, con ciertos hechos que se observan muy a menudo cuando se sigue la evolución de los problemas. Esos hechos podrían dar tema a un estudio muy fecundo para la critica filosófica. Limitado por el objeto especial de este libro, citare solamente algunos de ellos.</text>
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                <text>VAZ FERREIRA, Carlos</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República.  Montevideo : FHC, UR , 1947, Año I, Nº 1 : p. 39-125&#13;
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                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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                <text>Publicación Periódica</text>
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        <name>CARLOS VAZ FERREIRA</name>
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                    <text>LECCION
DE

INAUGURAL
DE LA CATEDRA
BIOLOGIA EXPERIMENTAL

Todas las verdaderas vias de la investigacion tienen comienzo,
pero no fin: son infinitas en una sola direccion. .. Se entiende cual es
el sentido. En una de esas vias que iniciara el celehre Malpighi, conocl
al Dr. Rodolfo Talice. Era un amanecer feliz del clinico y del hombre
de lahoratorio. Enfehrecido con la ohra de Krogh y el capilaroscopio,
estudiaha los trastornos capilares en las enfermedades del sistema
nervioso. Nos encontramos en el Instituto de Neurologia, creacion del
superior espiritu de Ricaldoni. Operahan sohre el dos inducciones
inmediatas: la del Prof. Angel Gaminara, nuestro primer parasitologo,
y la del notahle galeno que dirigia el Instituto. l Que ilia a prevalecer,
el lahoratorio 0 la clinica? Invitados por nuestra Facultad de Medicina, llegan a Montevideo los sahios franceses Brumpt y Langeron.
Durante tres meses, trahaja con ellos todas las horas del dia. Y la vocacion de Talice por la clinica queda definitivamente conjugada con
su vocacion por la Biologia experimental.
Por otro camino hahia iniciado su carrera docente en esa simpatica persona que es dohIe, estudiante y profesor...
Estudiaha Medicina y enseiiaha, en el liceo, idioma castellano. Luego, en su misma
Facultad, fue Ayudante honorario del Lahoratorio de Parasitologia,
para ascender, por concurso de meritos, a ayudante interino, y por
concurso de oposicion, a ayudante titular ... En su carrera de triunfos,
ocupa muchos cargos de responsahilidad, llegando por concurso de
oposicion, a profesor agregado de Historia Natural medica y Parasitologia, hace ya veinte aiios. En 1935, por competencia notoria, asciende a Profesor Titular y es nomhrado, al mismo tiempo, J efe de
Seccion del Instituto de Higiene, del cual desempeiia actualmente la
mh-direccion. Integra el Consejo de la Facultad de Medicina y desde
hoy, por sus meritos, regenteara la catedra de Biologia experimental
de la Facultad de Humanidades y Ciencias, en cuyo nomhre tengo el
honor de hahlar ahora.
EI Dr. Talice curso Zoologia y Botanica en la Sorhona; Mi-

�crobiologia en el Instituto Pasteur y en el Colegio de Francia;
Helmintologia en la Welcome Foundation de Londres ... Cultiva
preferentemente la Medicina biolOgica 0 la Biologia medica. .. Es un
medico-biologo con una obra importante en Biologia parasitaria.
Muchos biologos han abierto el surco desde la Medicina. Asi acontecio
('.on los creadores del nombre, Treviranus y Lamarck. Por esas relaciones, Singer considera al padre de la Medicina, Hipocrates, tambien
padre de la Biologia. La raiz no es unica, pero no cOlTesponde discutirlo aqui.
La Biologia esta siempre creciendo, diferenciandose, rectificandose
e integrandose. Lo que ya es, asombra, y 10 que se presiente que sera,
da vertigo. Y todo no esta en 10 que es y en 10 que se presiente.
Numerosas son las obras y numerosos los titulos honorificos del
Dr. Tadice. Entre sus triunfos, mencionaremos e1 "Premio Clurens", de
la Facultad de Medicina de Paris; el Premio Soea y el Premio Dighicro
de la Facultad de Medicina de Montevideo. Su cultura es compleja,
como conviene a un profesor y a un invcstigador.
Quien supiera nada mas que la asignatura que enseiia, no podria
enseiiar bien ni siquiera esa asignatura. Y nadie domina cabalmente
ninguna materia y menos el grandioso mundo de la Biologia. Ademas,
para saber Biologia hay que saber much as otras cosas que no son
Biologia. Todo profesor que 10 sea de veras, enseiia mas y menos de
10 que sabe. Para enseiiar, naturalmente, es muy importante saber;
pero no es 10 mas importante. No nos precipitemos: tampoco 10 es la
Pedagogia en su doctrina estricta. Claro que el contenido de la enseiianza es capital. Y eI va junto con las maneras de aprender mas que
con las maneras de enseiiar. Lo mas importante es, pues, la capacidad
de aprender del profesor, su dominio de metodos y tecnicas, su agudeza
de observador, su sagacidad critic a, su induccion espiritual, su orientacion, la enseiianza de "claves" para moverse en el gran mundo como
un hombre verdaderamente despierto, no como un sonambulo (para
muchisimo de 10 que es la Naturaleza, e1 hombre se mueve como un
sonambulo), enseiiar por problemas, no solo por asignatura...
Esas
condiciones que son eminentes en los grandes profesores, no son extraiias al Dr. Talice. Y mucho me place seiialarlas.
Lo primero es el plano en que se vive la vida del espiritu. Loa
imperativos de la Facultad de Humanidades y Ciencias son la originalidad y la profundizacion, 0 si se prefiere, la profundizacion
en 1a
originalidad y la originalidad en 1a profundizacion. .. Sin investigadores, sin creadores, sin profundizacion, sin originalidad nuestra Facultad sera nuestra, pero no existe ... Su nombre seria falso.
Debemos tender -y sera la mas alta mision docente de nuestra
Facultada que los alumnos se transformen en discipulos y los discipulos en maestros y a que nadie reproduzea 10 que puede produeir y
sin la funestisima actitud de originalidad versus cultura, se afirme la
norma cervantina: Lo que yo se deeirme no buseo a otro que me
10 diga.
Hay much as maneras buenas de iniciar una facultad como esta.

�Al juzgarse la forma que se prefirio y que se desenvuelve mejor de

10 que puede creerse con la perspectiva de otra forma de iniciacion,
no debe olvidarse que sus recursos son extremadamente restringidos.
Se obtendra un mayor presupuesto. EI proposito de todos es tratar
a los profesores no solo como medio, sino tambien como fin, de suerte
que la Facultad exista para 10s alumnos y para 10s profesores, 0 sea,
para que los unos y los otros encuentren el clima y los medios que
favorezcan la obra original. Es esa su superior existencia para el pais,
sienrlo algo nuevo en el mundo de la cultura.
Cierto que puede surgir obra de trascendencia casi de la nada y
del sacrificio. Pero 10 uno es imprevisible y 10 otro, ilegislable.
Se trabaja sobre todo con las ideas y la pasion que las enciende,
asi como con los hechos que las sugieren ... y luego, la cimentan.
POl' ejemplo:
-Ia idea 0 la ocurrencia de contar las estrellas, de catalogarlas,
a primera vista parece un absurdo, una tonteria, un idiotismo 0 una
locura, y esa simple ocurrencia fue Ia primera base cientifica de Ia
Astronomia ...
-Ia idea 0 Ia ocurrencia de contar los cromosomas, aparece carente de toda trascendencia, casi una estupidez, empero, de ahi nacio
Ia Citologia genetic a ;
-Ia idea 0 Ia ocurrencia de pesar el aire ... habra parecido un
entretenimiento de espiritus ociosos, de ilusos, de dementes, y desde
Torricelli adquirio una importancia inesperada ...
-Ia idea 0 Ia ocurrencia de introducir Ia balanza en Ia Quimica
ha hecho de Lavoisier el fundador de Ia Quimica moderna, casi, diTiamos, de la Quimica.
-Ia idea 0 Ia ocurrencia extravagante de oil' nuestro cuerpo, creo
el metodo de auscultacion del cual no puede ni podra prescindir jamas
el medico, hizo justamente celebre a Laennec.
-Ia idea 0 la ocurrencia de golpear con Ios dedos sobre nuestro
cuerpo, como quien explora Ia mayor 0 menor cantidad de vino que
hay en un toneI, creo el metodo de percusion, del que tampoco podra
jamas prescindir el medico ...
-Ia idea 0 Ia ocurrencia de introducir el termometro en Medicina,
creo una practica medica absolutamente imprescindible ...
-Ia idea 0 Ia ocurrencia de hacer cortes seriados del cerebro, da
inmortal permanencia a Stilling;
-Ia idea 0 la ocurrencia de aplicar el metodo de Golgi al estudio
del sistema nervioso de embriones singularmente de animales de exigua
talla, fue la piedra fundamental de Ia inmensa obra de CajaI;
-Ia idea 0 Ia ocurrencia de someter el espectro a la influencia
de un campo magnetico, sin resultado en las tentativas de Faraday, es,
con Zeemann, uno de Ios principales fundamentos de Ia Fisica-matematica moderna ...
Es obvio que nada de eso se hace con dinero. Y puede suceder
y sucede que el espiritu se ausente pOl' su presencia y que invocando

�Al juzgarse la forma que se prefirio y que se desenvuelve mejor de

10 que puede creerse con la perspectiva de otra forma de iniciacion,
no debe olvidarse que sus recursos son extremadamente restringidos.
Se obtendni un mayor presupuesto. El proposito de todos es tratar
a los profesores no solo como medio, sino tambien como fin, de suerte
que la Facultad exista para 10s a1umnos y para 10s profesores, 0 sea,
para que los unos y los otros encuentren el clima y los medios que
favorezcan la obra original. Es esa su superior existencia para el pais,
sienno algo nuevo en el mundo de la cultura.
Cierto que puede surgir obra de trascendencia casi de la nada y
del sacrificio. Pero 10 uno es imprevisible y 10 otro, ilegislable.
Se trabaja sobre todo con las ideas y la pasion que las enciende,
asi como con los hechos que las sugieren ... y luego, la cimentan.
Por ejemplo:
-la idea 0 la ocurrencia de contar las estrellas, de catalogarlas,
a primera vista parece un absurdo, una tonteria, un idiotismo 0 una
locura, y esa simple ocurrencia fue la primera base cientifica de la
Astronomia ...
-la idea 0 la ocurrencia de contar los cromosomas, aparece carente de toda trascendencia, casi una estupidez, empero, de ahi nacio
la Citologia genetic a ;
-la idea 0 la ocurrencia de pesar el aire ... habra parecido un
entretenimiento de espiritus ociosos, de ilusos, de dementes, y desde
Torricelli adquirio una importancia inesperada ...
-la idea 0 la ocurrencia de introducir la balanza en la Quimica
ha hecho de Lavoisier el fundador de la Quimica moderna, casi, di·
riamos, de la Quimica.
-la idea 0 la ocurrencia extravagante de oir nuestro cuerpo, creo
el metodo de auscultacion del cual no puede ni podra prescindir jamas
el medico, hizo justamente celebre a Laennec.
-la idea 0 la ocurrencia de golpear con los dedos sobre nuestro
cuerpo, como qui en explora la mayor 0 menor cantidad de vino que
hay en un tonel, creo el metodo de percusion, del que tampoco podra
jamas prescindir el medico ...
-la idea 0 la ocurrencia de introducir el termometro en Medicina,
creo una pnictica medica absolutamente imprescindible ...
-la idea 0 la ocurrencia de hacer cortes seriados del cerebro, da
inmortal permanencia a Stilling;
-la idea 0 la ocurrencia de aplicar el metodo de Golgi al estudio
del sistema nervioso de embriones singularmente de animales de exigua
talla, fue la piedra fundamental de la inmensa obra de Cajal;
-la idea 0 la ocurrencia de someter el espectro a la influencia
de un campo magnetico, sin resultado en las tentativas de Faraday, es,
con Zeemann, uno de los principales fundamentos de la Fisica-matematica moderna ...
Es obvio que nada de eso se hace con dinero. Y puede suceder
y sucede que el espiritu se ausente por su presencia y que invocando

�10s mas puros ideales, se exploten estos a favor del mas opaco utilitarismo. Un temor de males asi habra sentido Bradley, director del
Observatorio Astronomico de Greenwich, cuando la rein a de Inglaterra,
despues de visitar su instituto, Ie manifesto el proposito de mejorarlo
economicamente. "Rue go a vuestra Majestad -contesto
entonces
Bradley- desista de su proyecto" y dio esta razon: "Si el puesto de
Director da ventajas en dinero, no seria mas un astronomo quien 10
ocuparia" ... Similar observacion anota Einstein en el prologo a una
obra de Planck.
Notable ejemplo de obra grande con instrumento pequeno y sencillisimo, es la Optica de Newton. j Que magnifica labor realizo con
IIll simple prism a ! EI genio y otra epoca. .. Pero no, todos y siempre
pueden hacer mucho con poco. Nada justifica no hacer nada. Esto no
deben olvidarlo nunca los jovenes, los profesores, jovenes y no jovenes,
y quienes se sientan inclinados a la investigacion. Los gobiernos no
eleben acordarse nunc a de la obra salida de la nada y del sacrificio,
de la pura cabeza y del puro apostolado: ellos tienen la obligacion
elf' dar recursos para la investigacion y la creacion artistic a ...
Sin mayor tradicion es posible "acomodarse" en medio de todas
las tradiciones y no ser menos, sino mas original, pero sin rccurso
lcomo se organiza 10 que requiere recursos? .. En una Facultad moderna, seria necesario un presupuesto anual no menor de cien mil
pesos para la investigacion en Ciencias Biologicas solamente y su ensenanza. Y no es esto delirio de biologo, aunque el termometro acuse
fjebre: es razonable equilibrio de hechos, de medios y de fines.
Enfermo de sus ideales estaria -yes
una de las peores enfermedades- quien sostuviese que sin los cien mil pesos, ni uno menos, no
se puede hacer nada. Pero...
(este pero vale pOl' muchos pel'os) la
Facultad actualmente solo dispone de cincuenta mil pesos. No hay que
creer en milagros, pero hay que hacerlos ...
Nuestra Facultad avanza con abnegacion y fervor de profesores
y estudiantes. En el ano transcurrido, ha hecho mucho en comparacion
n los medios que posee. Para cumplir una nueva etapa en su estructura
y funcionamiento, tiene que contar, cuanto antes, con un presupuesto
suficiente. Esperemos, trabajando, que asi ocurra. EI ensayo con un
presupuesto minimo, pOl' mas venturoso que sea, no puede ser mas que
un ensayo parcial. En eI no hay que buscar la presencia de toda una
facultad definitivamente estructurada: hay que percibir la direccion
de su desarrollo y su inicial proceso formativo previamente a todo
enjuiciamiento critico.
EI legitimo prestigio de una facultad depende sobre todo de sus
profesores. En la nuestra de Humanidades y Ciencias, los hay excelentes. Y hoy, con el Prof. Talice, se incorpora otro de los mejores de
nuestra vida universitaria. En Europa gano horizontes y profundidad
para ganar mas horizontes y profundidad en su pro pia patria ...
No se esta del todo en el pais y en el momento si no se sale un
poco de ellos, como no se esta del todo en la Tierra si no se sale un
poco de ella ... La mayor lejania es quedarse entre, que es como que-

�darse entre nubes, desde donde ya no se ve para abajo nl tampoco
para arriba.
Como pobladores del Nuevo Mundo, nuestra tradicion se elabora
n~enos excluyendo que asimilando ... Y se da este privilegio en nosotros: poder realizar un selectivismo en las tradiciones a favor de
n Ilestra originalidad y de nuestros fines.
Aceptar 10 universalmente valido y convertirlo en propia vivencia
no es simple imitacion: es comprender que pOl' ahi se va mas pronto
al encuentro de si mismo con el sentimiento de elevacion y el anhelo
de sobrepujarse ...
Si comparamos 10 que podemos hacer de inmediato con 10 que
se hace en paises cuyo progreso cultural es grande y cuyas fuerzas
economicas son muy superiores alas nuestras, el desanimo nos impediria ir a don de tenemos que ir segun nuestras posibilidades, siempre
que no nos reanimara una justa apreciacion de causas y efectos.
Buscamos ganar impulso, no perderlo. Naturalmente, no seria del
todo cuerdo tomar como modelo las universidades antiguas, 0 una
etapa muy primitiva de universidades actuales, pero tampoco seria
del todo cuerdo pretender en la iniciacion 10 que madura el tiempo,
muchas lluvias y muchos soles. .. Comparando nuestra natividad con
los origenes de las universidades mas gloriosas, se imp one la conviccion
de que los comienzos mas afortunados parecen, en si mismos, muy poca
cosa ... lY que hay mas importante que salir de la nada?
Para salir de la nada en el plano de los cursos superiores, se creo
una catedra de Ciencias Bio16gicas. lNos conformaremos con una sola?
No se trata de conformidad, es cierto, se trata de poderes. Y hay que
luchar para conseguir mas recursos.
En una Facultad en la cual la relacion entre la enseiianza y Ia
investigacion debe ser mas intima que en cualquier otra Facultad, las
Ciencias Biologicas tendran que dividirse en varias catedras y subdividirse en cursos.
Una u otra Ciencia de las biologicas parece mas Ciencia y mas
Biologia y puede ser... pero esta fuera de duda que independientemente de los dones personales, de la vocacion y preparacion, biologo
es tanto el taxonomista como el morfologo, como el citologo, como e]
histologo, como el embriologo, como el fisiologo, como el bacteriologo,
como el geneticista, como el bioquimico ...
Nadie puede dominar todas las Ciencias Biologicas, ni siquiera en
sus tecnicas, que son maneras superiores de aprender y pOl' consiguiente, de enseiiar, que en su esencia es ensenar a aprender. Lo que
mas importa es que se sepa aprender y ello presupone saber pensar,
saber observar, saber plantear y discutir teorica y experimentalmente
los problemas en procura de solucion correcta.
Hay que evidenciar para que el convencimiento opere en las decisiones, que las Ciencias Biol6gicas constituyen, en nuestro medio y en
muchos otros, la mayor posibilidad de obra original, sin que sea Hcil
el hallazgo de hechos nuevos de verdadera significacion cientifica.
EI Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias ha apro-

�bado, para el futuro, las siguientes catedras de Ciencias Biologicas:
1.0 de Biologia General y experimental
(transformacion de la
hoy lIamada catedra de Ciencias Biologicas) ;
2.° de Zoologia, la que a su vez tendrli que subdividirse en dos,
una de Invertebrados y otra de Vertebrados;
3.° de Anatomia comparada;
4.° de Embriologia que, como la de Zoologia, habra que dividir,
a su tiempo, en dos catedras, una de Invertebrados y otra de
Vertebrados;
5.° de Botiinica, cuya division en catedra de Fanerogamas yeatedra de Criptogamas se producira fatalmente, y
7.° de Paleontologia.
Dr. Talice, vuestra catedra se abre a 10 infinito. La observacion
y la experimentacion rigurosas no se cierran en si mismas: por del ante
esta siempre la grandeza de la Vida ... A vuestra alma bien habida no
son extranos tales ejercicios. Desprovista en si de instrumentos de
trabajo, contais con vuestro Instituto y los demas del pais ...
Vuestro espiritu generoso y vuestra doble vocacion -por
las
Ciencias experimentales y por la ensenanza- venceran todas las di·
ficuhades de vuestra catedra, tan pobre en recursos materiales. EI
Consejo y yo personalmente estamos seguros de elIo. Como veis, os
pedimos mucho y os damos poco. .. Es la regIa en el ministerio de la
ensenanza y de la investigacion. Esperemos dias mejores con heroico
optimismo, poniendo la frente al porvenir por el cual sentimos mas
sultdades que por el pasado, de suerte que sea mas nuestro en la reali·
zacion de la originalidad en la universalidad.
Hay que sembrar mucho ... Toda semilIa no germina; ni todo 10
que germina florece; ni todo 10 que florece da frutos; ni todo fruto
madura; ni todo 10 que madura es bueno. .. Sembremos con ordenado
ritmo y sembremos como el viento. El viento siembra mas alIa de todos
los surcos, mas alIa de toda tierra labrantia, mas alIa de todo regadio.
No siempre se sabe donde cae la simiente, pero la tierra se pone
verde. .. Es el verde nuevo que amanece a la nueva luz del tiempo.
El entusiasmo es el viento de nuestras almas y siembra prodigamente
todo 10 que hay en las almas. No de otro modo la Vida triunfa de la
Muerte en la totalidad de la existencia: vence sus propias leyes de
economia con una asombrosa exhuberancia.

Profesor Estable,
nores:

Senores Consejeros y Profesores,

Senoras y Se-

Toda leecion inaugural involucra -en
algo 0 en muchoun
examen de conciencia, de confesion en aha voz, ante superiores, cofrades, amigos y discipulos.
La del creyente que habeis de escuchar no pretende desviarse de
la norma provechosa.

�iLeccion inaugural!
Para la Facultad de Humanidades y Ciencias: un Profesor mas.
Para el nuevo Profesor, ahora oficializado: una Catedra mas.
No atisbeis, en la alusion, un alarde de inmodestia.
EI docente duplicado mira a su pasado, a su interior, un instante,
permitidlo, antes de enfrentar el futuro y para percibir mejor 10 de
afuera.
Nuestro estado de espiritu no puede ser el mismo, por obvias razones, que el de hace una decada, cuando, en una ceremonia semejante,
para nos memorable, e~ el Salon de Actos de la Mansion de Esculapio,
dictabamos la primera clase como titular de Historia Natural Medica
y Parasitologia.
l Como no sentir mas abrumadora aun la responsabilidad, que
comparten, sin duda,' quienes, Miembros del Tribunal 0 del Consejo,
han querido honrarnos con una designacion que impone, de nuestra
parte, para ellos to dos, Autoridades de esta naciente y promisor a Casa
de Estudios, la gratitud emocionada, tan honda como sincera?
No dariamos plena satisfaccion al vibrar de nuestra intimidad si
no aiiadieramos, especialmente, para nuestro viejo y distinguido amigo, el Profesor Estable, el testimonio de la mas afectuosa y reiterada
admiracion.
Obra inmensa la de este experto de las neuronas, que heredo de
su Maestro Caj alIas cualidades reveladoras del sabio: independencia
intelectual, amor a la ciencia, perseverancia en la labor, la religion
del honor y de la patria. .. Obra inmensa, marcada de un sello caracteristico, original y relevante. Su autor, nimbado del justo prestigio
que fluye de su vigor y amplitud, ha colmado, mientras, el orgullo de
sus compatriotas, marcando un rumbo cierto a la inquietud juvenil y
prodigando alicientes invalorables a los subyugados por el trabajo,
pero, al mismo tiempo, al sobrecogernos su volumen, su enjundia, se
apodera de nosotros, inevitablemente, el sentimiento que esta arca,
que eI deposita en nuestras manos, es una herencia bien suya, y que
la antorcha, luminosa y erguida, pasa a estos nuestros puiios concientes
aunque tremulos de no lograr conducirla tan enhiesta, tan alumbradora y tan firme.
Va nuestra esperanza asida a su ayuda prometida, que sabemos
jamas menguada, va como respaldo de nuestras inocultables imperfecciones 0 limitaciones, que, para colmo de nuestros males, se agudizan con las dificultades inherentes a la embrionaria formacion
cientifica lugareiia.
iSabio y grande, sabio y bueno Profesor Estable!, me habeis
honrado, al entregarme este sitial, con vuestro gesto abrumador, con
vuestras palabras. Las propias, en estos momentos, no podrian traducir
nuestro agradecimiento. Aceptad, en la expresion de Longfellow "el
silencioso homenaje de los pensamientos callados".

�De Biologia general y experimental se trata.
Una Catedra, es un conjunto heterogeneo, aunque armonlCO, de
-seres y de cosas: locales, materiales, docentes y discentes, medios para
trasmitir ensefianzas, estimular aptitudes, despertar las energias som·
nolientas.
De las partes: ifaltan tantas!
No nos animamos a decir demasiadas ...
Ausentes quedan los reproches, los desanimos ...
Las que faltan vendran, suo tempore, a pesar de todos los apesares.
Pero, quizas, falte tambien. .. el biologo!
Excluido Don Clemente, falte quien pueda, en nuestro medio, sin
retaceos, ostentar la toga que distingue tan noble cuan dificil oficio.
La afirmacion, no constituya sorpresa para nadie.
l Donde esta el biologo?
Ricaldoni, galeno insigne y recordado, erudito para to dos, ante
los privilegiados que disfrutaron de su intimo convivir, y lograron
asomarse al bello balcon de su sabiduria cautivante, se mostro, a ratos,
a su modo, un biologo magno y sutil, y siempre un preceptor de mo·
destia contagiosa.
Como el, al poneI' en marcha su afiorado Instituto, trocando el
'Sustantivo, inquerimos: l donde esta el biologo?
Como el, "mi ritrovai en una selva oscura".
Tampoco nos arrancaremos los oj os, al igual de Edipo, con la
ilusion de ignorar el panorama que se nos ofrece; pOl' el contrario,
hemos de mantenerlos bien abiertos para enfrentar los obstaculos y
preyer las posibles panaceas.
No nos atribuyais, en la evocacion, pretensiones de comparar actores, sino, tan solo, circunstancias, con la diferencia que el Maestro
debia ir de 10 general a 10 especial, nosotros de esto a aquello.
Como tantos en este pais, ha tiempo que habitamos, gustosos, e]
templo de la Biologia. A su vasto recinto penetramos pOl' una de sus
puertas 0 uno de sus numerosos ventanales. En el cur so de los afios,
recorrimos solamente algunas de sus estancias, debiendo sofrenar, a
veces, el deseo pOl' incursionar en otras.
Lo unico exigible, pues, al estudioso que hoy se situa en uno de
sus altares centrales, es que sea, pOl' 10 menos, el biOlogo en potencia,
con la exacta nocion de su mision, que aluda, mas que a la obligacion.
profesion, a la vocacion-devocion; en quien palpite el culto fervoroso
que impone la curiosidad mantenida, el afan reiterado en la captacion
del biologismo, la capacidad, en fin, de poder ir mas lejos.
Tal han creido los dictaminantes del Concurso, en un informe
cuyo enunciado aceptamos plenamente. Baste agregar que nos sentimos
dichosos de esta ocasion, que se nos brinda, de disfrutar mas largas
jornadas en la casona acogedora del hogar comun. Que la auto-eonciencia no nos habla de un Sensible apartamiento de la ruta habitual.

�Que hay, en nosotros, impresion de retonares. Gllusiones? No son, ellas,
poderosos fermentos para la voluntad?
Ello representa algo. GEs b astante ?
El devenir 10 dira, sin retardos; dira si, bajo sus alas replegadas,
se hallllba oculto nuestro ensueno.
Y no tema nadie el prolongamiento empecinado de una gestion
que, a despecho de la preocupacion pOl' los deberes ineludibles del
cargo, no pueda mantenerse a la altura deseada y conducir a los
objetivos esperados.
Hallaran los alumnos, en nosotros, al mentor convencido, a traves
de varios lustros, como Zinsser, que el lap so empleado en el adiestramiento de la juventud es mas bien un privilegio que un compromiso.
Viejo colega de nuestros estudiantes, cuyas ansias de volar nunca truncamos, hemos aprendido, junto a ellos, tanto como 10 que pudimos
ensenarles. l Que puedo pedirles, en cambio?
Ante todo, la polarizacion mental, el "esprit de suite" y el mismo
entusiasmo que arrancara a Miguel Angel aquello de que: "no hay
sino el trabajo y la embriaguez de la creacion que infunden sabol' a
la vida".
Tras la confesion, el codigo y el credo.
Biologia general. lUna ciencia? -No, muchas ciencias:
Las bioestaticas, que incluyen las "logos" de la forma, del organo,
del tejido, de la celula.
La embriologia y fisiologia.
Las biogenicas, las biofisicas, las bioquimicas, alas cuales incumbe
ardua tarea, aunque tan solo 20 de los 92 elementos conocidos integran
la materia organizada.
Las biotaxicas: taxonomia, biogeografia, paleontologia.
Ecologia, genetica, psicobiologia, biofilosofia;
y biologia pur a y biologias aplicadas al reino animal, al vegetal,
a la homocultura con sus innumerables corolarios.
lPuede, un biologo, abarcar tamano campo del conocimiento?
Que sepa, al menos, hurguear la esencia de los fenomenos, buscan el vinculo de los hechos, disparatados en apariencia, el intra y
el extra-individual.
Biologia experimental: babel de tecnicas multiformes:
plancton, injertos, trasplantes, macro y microscopia y todas las escopias
particulares, las otras micros (manipulacion, diseccion, incineracion),
analisis fisicos y quimicos, aparatos, color antes, reactivos, grafias,
dibujos, fotos, cine, inscripciones, controles, mediciones, potenciales,
cifras, curvas de la bioestadistica.
La escueta y deshilvanada enumeracion: una danza de sarabanda
en el cerebro.
GQuien puede adquirir suficiente habilidad en todas elIas, en el
supuesto caso que se nos ofreciera el cumulo de instrumentos ne·
cesarios?
Ademas, nada es simple en biologia, toda simplicidad es en ella
sospechosa. Un hecho engendra cientos.

�"Buscabamos una virtud y tu nos traes un enjambre", Ie decia
Socrates a Menon.
"Descubrimos una cosa y ella nos devuelve una nidada", argiiia
Montaigne.
Buscamos el substratum de toda accion vital y se nos aparecen
-para
desenganarnos- las radiaciones mitogeneticas a distancia.
Ademas, el progreso en el descubrimiento no es una invariable
promesa de luminosidad. Surcada la biologia pOl' senderos entrecruzados, penetramos en ellos con ansias de clarida des, barruntando
avenidas, y se nos presentan, empero, redobladas maranas. No es mas
facil leer en las paginas de la vida que en los palimpsestos de los
arqueologos.
Y del fenomeno hay que ir alas leyes, pOloque ellas no pueden
ser, para el biologo, cosas reveladas ni absolutas, ni impuestas desde
10 alto 0 desde alrededor, sino e1 enunciado sintetico de multiplicadas
observaciones particulares, sumario de aconteceres, fecundo en significancias generalizanteso
Y hay que ir tambien alas teorias, utiles segun el consejo de
Sainte Claire Deville,
"en les admettant sans y croire"
Y hay que ser, alternativamente, meditativo como un monje,
jubiloso cual un nino, diestro como un juglar, activo cual un obrero,
solido como un soldado contra las acechanzas del error, las seducciones
antropomorficas, los geometrismos imposibles, la ofensiva de los matematicos, las superposiciones de 10 in vitro a 10 in vivo.

Pasa la Biologia pOl' una etapa crucial de su historia: acaece para
ella la fase critica, si no hallais osado el empleo del vocabulario de
los fisicos.
Admite Huxley, el eminente zoologo de Londres, que esta en la
posicion que la quimica y la fisica ocupaban un siglo atras.
Los biologos, largo tiempo meramente observativos, manejan, en
la epoca contemporanea, diestra, rutinariamente,
el procedimiento
experimental. Esto ha conducido a la e1aboracion de una inmensa
cantidad de principios y, rapidamente, a una ilimitada extension del
dominio de la ciencia.
Su metodo primordial: la observacion verificada, comparativa,
repetida, pero reconociendo en pie el lema claudio-bernardiano, que
la unica fuente cierta de adelanto es la experimentacion.
Experimentacion en el lab oratorio de los hombres y en el mas
amplio y prodigo, e inagotable, de la naturaleza.
Su material: el Cosmos entero de la vida: floras, faunas y pro-

�tistos, donde nada y nadie es desdenable, porque un toque de la
natura confiere parentesco a todos sus integrantes.
Nadie es desdenable. Ni ese Robinson Crusoe, sin Viernes, que
es el protozoario, sirviente sin patrones, que salva su vivencia merced
a su propio esfuerzo, que no es necesariamente simple; el protozoario
inmortal que se pierde a si mismo para encontrar la vida en su progenie, y que, para ello, en pocas horas, multiplica millones de
descendientes; el protozoario milagrero del rejuvenecimiento, encrucijada de incidentes individuales y especificos; protozoarios milenarios
cuyos esqueletos, apilados, son las todavia imponentes Piramides
egipcias.
Nada es repelente: la perla es una enfermedad de la ostra.
Nada es desdenable: hay valor grandioso en 10 pequeno; trascendencia inmediata 0 lejana en 10 aparentemente despreciable pOl'
10 nimio. lNo fue en los organos reproductores de la langosta que
alguien descubrio el secrcto de la determinacion del sexo? lNo fuel'on
las gallinas javanesas, nutridas de arroz descorticado, que llevaron al
hallazgo de las magicas vitaminas?
Nadie es desdenable: la bacteria horaria; la efimera adulta cuyo
nacer y fenecer transcurren entre los dos crepusculos de un dia; los
dos meses de la mosca; los cuatro de la hormiga (nunca solitaria),
el ano de la vlbora, los 25 del coral; los 100 del pajaro; el arbol patriarcal que puede cumplir sus cinco mil aniversarios.
Los pluricelulares sin 0 con celoma, con 0 sin mesenquima; radiados, asimetricos 0 simetricos, segmentados 0 no, protocordados,
branquiados, cordelados. .. los antropoides, insurrectos pasivos de la
jaula, que habran de revelarnos un dia, el germinal' de la psiquis de
su pariente, el bipedo humano.
Nadie es despreciable, las algas azul verdosas del genero Gloeothece,
10 mas cercano a la completa simplicidad, en la frase de Coulter, los
hongos, los musgos, los helechos, las 250.000 especies de vegetales, co:q
sus 500 gimnos y 130.000 angiospermas.
En la sucesion de seres multiformes surge el mundo animado
como un unico e inmenso individuo, un "totum" vagamente concertado, pero un "totum" al fin y al cabo, mosaico de piezas infinitas,
interdependientes todas, indispensables todas.
Sin los micro-organism'1s, usineros incansables del carbono y del
nitrogeno, apagado quedaria el fuego de la vida. Cada especie depende de otra para satisfacer alguna necesidad de su existencia. No
puede, no, la vida, permanecer nunc a en equilibrio; el cambio de
uno implica el reajuste de otro. Los seres viven unos a costa de los
otros, como los ideales, en la similitud de Keyserling.
Torrentes de protoplascras, arrolladores, que logran invadir, apoderarse y someter a la substancia orgiinica, pasiva, pero energica en
su obstinacion. Individualidad que se enfrenta a la supervivencia de la
colectividad. Asimilacion: propiedad capital del citoplasma. Destino
de cada organismo que no es simplemente el vegetal'. Historia de cada

�individuo que recorre, mas 0 menos paralelamente, la cronologia de
la especie.
Complejo herencia-variacion, prominente en cuanto temario hiologico. Las etapas historicas, sahrosas, de la tesis preformacionistas,
la del homonculo, jalonada de espermatistas y ovulistas, no fue arrasada, completamente, por la antitesis epigenesica y las que vinieron
despues; los guisantes milagrosos del monje jardinero de Bohemia
que fundara el mendelismo, las mutaciones del holandes De Vries,
los cromosomas, artesanos de la herencia, domesticados por Morgan
en sus drosOfilas, las maravillosas cristalizaciones de la genetica moderna, ciencia autonoma y trascendente.
Sin emhargo, todos los misterios no han quedado develados.
Movimientos innumerahles de los animales, reticentes en los vegetales, tan variahles en cantidad, cali dad, ritmicidad y perfeccion:
huidas, viajes, avifauna emigradora, estivacion, invernacion.
Metaholismo del herbivoro, carnivoro, autotrOficos y heterotroficos; especificos y eclecticos, savia y miel de los insectos; hematofagia,
omnivorismo, fitofagia, aerobios y anaerobios; hranquias, traqueas y
pulmones.
Tropismos asombrosos, tactismos, irritabilidad, sensibilidad, juego
de afinidades, psiquismos.
Reproduccion, sexualidad, partenogenesis, metamorfosis, maltusianismo.
Y por encima de todo y de todos: el ciclo de los ciclos, entre fases
destructivas y constructivas; la vida £Iuye como una corriente; ciclo
celular, vital y material; crecimiento; adultez, senectud; la vida es
la muerte y la muerte es la vida.
No hay vallas que detengan al hiologo en su audacia: todo 10 ha
removido y continua removiendolo, sin pudores ni fatigas: la superficie de los seis continentes: montaiias y hondonadas, campiiias y vergeles, espacios ahiertos y reconditeces; estanques y oceanos: su limo
y el sedimento de sus profundidades que procura con las redes y los
largos brazos de los sondeadores; grutas y cavernas, £Iorestas y arenales, el verdor de los tropicos y la blancura de los glaciares; el agua,
la tierra y los aires, 10 erguido y 10 hundido, 10 que £Iota y 10 que
se hunde, 10 abismal, 10 abisal, 10 pelagico, 10 suhterraneo.
Escasos rincones azoicos existen en el planeta; pululan ciertos
dipteros hasta en las lagunas petroliferas de California.
Ni siquiera el firmamento puede apartarse de su interes: el coloso
solar motoriza la extraordinaria fotosintesis clorofiliana, eje del ciclo
vital; y el satelite lunar preside mas de una periodicidad organica.

Lejos estamos de los griegos, profetas anticipadores de la doctrina
transformista: de Anaximandro, Xenofanes, Empedocles, Democrito
y Aristoteles. Distantes, tambien, de la alhorada y del ocaso del me-

�dioevo con las interpretaciones heterodoxas de Agustin y Tomas de
Aquino.
Mas cerca de Linneo y su "System a Naturae", del Conde de Buffon
y del Caballero de Lamarck, y de Geoffroy Saint-Hilaire cuyos
argumentos aplaudiera el anciano Goethe desde el fondo de la
Germania, del Baron de Cuvier y del genial navegante del "Beagle"
que bautizara el Darwinismo, de Wallace ... No olvidemos qqe, en
trance de explicaciones, los paleontologos oficiando de juglares, barajan los aiios por eones... y nos cuentan, friamente, que han sido
necesarios 1.000.000 de aiios para transformar el mas antiguo equino
tetradactilo en tridactilo.
No hemos llegado al final; ni sabemos cuando, ni como llegaremos
a conocer su mecanismo intimo. Pero la pretendida crisis del transfor·
mismo es solo paradoja.
Los postulados de la espiral, 0 del arbol evolucionista, siguen
siendo nuestro pan de cada dia. La evolucion es, para el biologo, 10
que la doctrina de la conservacion de la energia para el fisico·quimico: un preliminar sine qua non para proseguir actuando.
Las ideas evolutivas son la base de todo el pensamiento moderno,
tanto cientifico como filosOfico. La evolucion bien comprendida: sin
exclusion de estacionamientos seculares para algunas formas; implicando vastas degeneraciones, muchos fracasos, miles de callejones sin
salida, con accidentales vias de adelanto, tranl'lformacion progresiva,
no del conjunto sino de una parte de la inmensidad viviente en el
sentido de un mayor tamaiio, una mayor complejidad, armonia entre
las partes, una creciente auto-regulacion, una mayor conservacion de
la experiencia del pasado y su aplicacion en el presente y, sobre to do,
un aumento y refinamiento de las facultades psiquicas (Huxley).
Progreso biologico en suma, cocktail de progresiones y regresiones,
duelo de triunfos y hecatombes; 10 sencillo no implica transicion a 10
complejo; la seriacion es una invencion humana.
Evolucion que revela cl atributo fundamental y comun del ser
vivo: la capacidad de adaptacion al ambiente. No os comunico novedad alguna.
El hombre no podia ser olvidado en nuestra rapida ojeada. Ese
que representa la culmina cion del proceso que ha seguido su camino,
sobre el planeta, desde hace la friolera de mil millones de alios, 0 mas.
Homo sapiens: no concretamente un animal, mas, un animal de
80 trillones de ceIulas.
No creais que a el nos conduce la filiacion galenica de nuestra
cultura.
Por otra parte, todo medico digno del titulo plenario, puede,
debe sentir la vida como un biologo.
Las leyes biologicas, extensivas, deben rendir cuenta no solo de
las plantas y animales sino tambien de los humanos, en estado normal
o patologico.
Reclama Carrel, con grandes gritos resonantes, la ciencia del
hombre.

�Insiste Cajal en que el ideal supremo es resolver el problema
-de nuestro propio yo.
No ha de llevarnos la biologia a asimilar, integramente, las divagaciones humoristic as de Wells, de raiz zoologica, que van de la
conduct a del mamifero al proceder humano, ni los antropomorfismos
seductores de Fabre, 0 los poeticos y atrayentes de Maeterlinck, de
estirpe entomologica. Ningun insecto ha llegado a ser ni siquiera
moderadamente inteligente. Los rigidos senderos del instinto, pOl' com·
plicados que se nos pinten, requieren muchas menos celulas nerviosas
que las centralitas dirigentes de la men or inteligencia.
Hablamos del hombre como entidad, espiritu y carne, del que
Sir Charles Sherrington definiera, magistralmente, ante la Asociacion
britanica: especie singular, biolOgicamente joven, unica en su modo
dc vida, en su tipo de organizacion social, en su herencia y en su
tradicion.
Y de la biologia humana no hay sino un paso a la sociologia
biologica. La transicion no es irrespetuosa; puede serlo cuando el
biologicos
sociologo, mal informado, recurre a apuntalamientos
ad hoc.
La sociedad contemporanea, transida de los moldes anejos, todo
10 espera de aqueIla.
l Cuando, los valores economicos, actualmente en auge y supremacicos, quedaran definitivamente supeditados a los sociales y los
ideales humanos reemplazanclo a los primeros?
Ahi estan, esperando adecuada divulgacion, las jugosas reflexiones
de Haldane sobre la biologia y el arte de gobernar, y las de Huxley
sobre las ideas de progreso, las relaciones entre el individuo y la
colectividad, el control del promedio del nacimiento y la eugenia, el
ideal en pro de un standard de vida mas elevado, el problema de la
esterilizacion de los debiles mentales, el de la inmigracion.
Un gobierno que actuara biologicamente, pOl' ejemplo, deberia
considerar el suministro de la alimentacion adecuada como una rama
importante de la defensa nacional, y la urgente creacion de un Ministerio de la poblacion.
La guerra no existe, realmente, en el mundo animal; no hay
guerra biolOgicamente justificable; la "struggle for life" es una lucha
y no una contienda beIica. l Hay acaso en ella, vencidos 0 vencedores?
No existe un solo instinto humano que no se de, tambien, en los
animales.
La mejor comunidad sera aquella que contenga menos individuos
ineptos en los puestos que desempenan.
En cuanto al mito del racismo: archiprobado esta que no hay
cspecies sino razas geogr.lficas humanas. Insensato es mencionarlas
cuando se nos confirm a que, la gran mayoria de los africanos nativos,
no son negros puros, sino mezcla de genes caucasicos procedentes de
cruzas con linajes camiticos; y que la India es mas crisol etnico que
el propio Nuevo Mundo, la "libre cabana de libres potreros del poeta
nativo". No insistamos; de la Geopolitik, y del "Lebensraum", de

�Ritter y Ratzel, de Haushofer, solo quedan rastros de amargas remlniscencias.
El hispano Cuatrecasas, en sus ensayos humanistas, sobre Biologia
y Democracia, insiste en que se distinga el derecho intangible de la
vida de 10 que es tecmca devoradora de la civilizacion. Y que esa
tecnica no pueda instalarse al margen de aquel soberano derecho,
ni, mucho menos, que pueda arrollar el genuino ritmo de nuestro
vivir. Puede que de alIi emerja el dogma irrealizado de la fraternidad
internacional.
El neohumanismo est a de pie, enarbolando el estandarte de
Castelar: la libertad integral alcanzada y realizada en el espacio.
Jeanselme injerta principios biologicos en el terreno de la erudicion y de la his tori a ...
Prenant, de la Sorbona, publica sus conferencias sobre "Biologie
et marxisme", pronunciadas en la Universidad obrera de Paris ...
Beltran sigue su huella en Mejico y, de un modo consecuente,
quiere aplicar el metodo del materialismo dialectico al estudio de
la vida ...
Se mira asi, en la biologia, mas que en las otras ciencias, un instrumento de liberacion del hombre actual.
Liberacion oh! paradoja, en la que no pensaron, seguramente,
ni el hombre cavernario de Neanderthal ni el de Cro-Magnon.
Al encarar, en 10 futuro, no ya los seres aislados sino los asociados, los llamados sociales, los que se agrupan en familias 0 en rebanos, los colonizadores, no os extraneis que nos adentremos, a la
postre, en el sequito de los inquilinos y de los comensales al cual
pertenecen el higueron de nuestros palmares rochenses, los "Bernardos ermitafios" que esconden su innata debilidad en la caparazon
abandonada, escudo artificial que deben cambiar a medida que
crecen y que protege, asi, el suculento abdomen del paguro de la
voracidad de los vecinos glotones que cohabitan con el en el fondo
de las aguas.
No os extraneis que nos adentremos en la secta de los esclavistas
y en la de los mutualistas para llegar, finalmente, a la gran pleyade
de los parasitos. Parasitismo, fenomeno tan aiiejo quizas como la
primer jalea germinal, tan difundido que
.
"ma qual'e quell'animale vivente, in cui no sia possibile trovarsi altri
piccoli animali viventi".
Francesco Redi, el naturalista-poeta, ya en el siglo XVII, habia
enunciado una verdad que abarca toda la escala botanica y zoolOgica:
hiperparasitismo del micleo de las amibas por las critidineas de
Dangeard, del pez macho sobre el pez hembra, parasitismo placentario
de los mamiferos ...
No os extrafieis que nos atardemos en analizar los rasgos de esos
seres incontables, ni retardados ni regresivos, simplificados en ocasiones, especializados siempre, estupendamente adaptados a las particularisimas condiciones del albergue elegido.
Mundo sin fronteras, de vago preterito e incierto futuro, sin cesar

�cambiante, proteiforme, a cuyos representantes tentados estamos de
llamarlos astutos por sus hazaiias, carnavalescos por su ropaje, extravagantes por sus menus, y que no se definen por sus atributos de
nocuidad.
Por que no aprovechar las ricas sugerencias pan-biologicas de que
son capact's?: argumentos evolucionistas, del mejor cuiio, a granel;
conceptos de especie morfologica y biologica, poder cancerigeno; herencia, mimetismo, castracion parasitaria, concurrencia vital; en los
cromosomas de Ascaris megalocephala del caballo encontro Van
Beneden la prueba decisiva del "omnis cellula e cellula" de Virchow
y del "omnis nucleus e nucleo" de Flemming.
Algunos matan, estupidamente a su huesped; son los que aun no
se han amoldado suficientemente a este, ni este a aquellos.
Nada es despreciable: "los collares codiciados, deslumbradores,
que brillan en el cuello de las potentadas, sobre las tiaras de los
Emperadores, las insignias de los Maharajaes, no son mas que embriones de gusanos solitarios calcificados en sus tumbas" (Joubin).
Vanitas vanitatum!
Los parasitos no son monstruos; son los mas exquisitos, 0 absurdos
o inverosimiles mecanismos de adaptacion vital. Para ellos, como para
todos, sin distincion de jerarquias, ser es luchar, luchar es veneer,
veneer es adaptarse, adaptarse es vivir, vivir es perpetuarse bajo el
imperativo de los dos unicos formidables resortes del orbe organico,
los que Schiller llamara el hambre y el amor.
Llegaremos, en fin, alas
simbiosis, ejemplario de equilibrio
trOfico, de componentes diversificados, guardandonos de escurridizas
interpretaciones finalistas. Nos aguardan las mentadas orquideas cuya
tuberisacion por filamentos micelianos desentraiiara la paciencia de
Noel Bernard en Indo-China, las micorrizas, los liquenes, las mixobacterias, los tumores de las plantas debidos a Bacillus tumejaciens,
los micetomas digestivos de los insectos ...
El biologo piensa, por necesidad, geognificamente: cuando explora, anota, observa, 0 enseiia.
Un biologo de esta Facultad no podria olvidar su uruguayidad en
todo senti do : medios, personal, alumnado heterogeneo, manifestaciones
locales, escasez de produccion, precaridad de especialistas, pobreza de
documentos fehacientes. En cambio, jcuanto territorio virgen para el
curioso, a pesar de los Arechavaleta, Larraiiaga y los otros!
Si la colaboracion es indispensable en cualquier ciencia, j como
no ha de serlo en esta!, j como no ha de serlo en esta tierra!
Empeiiosamente propiciaremos esa colaboracion coordinada de
los que saben y de los que quieren enseiiar cuestiones biologicas, para
aprender nosotros mismos. El control del plan y del programa de los
colaboradores por el propio catedratico sera una medida fructifera en
bien de la unidad de accion, proficua para las correspondientes libres
discusiones y los planteamientos en mesa redonda. Nos preocupa en·
contrar el justo termino medio entre la especializacion excesiva y el

�interes harto disperso: el sabelotodo adquiere nOClOnessuperficiales
de mucho y ninguna profunda de nada.
Auguramos el advenimiento de las estaciones biolOgicas, marinas,
lacustres, fluviales 0 terrestres, las mismas que Charles Richet glorificara mediante sus famosas realizaciones sobre anafilaxia ejecutadas
con tentaculos de actinias, Delage y Hertwig con las suyas sobre fecundacion artificial, Loeb estudiando la fisiologia celular de los equinodermos, los esposos Lapicque con sus contribuciones a la cronaxia.
Estaciones inspiradas en las que ha sembrado el hombre sobre
las costas, rios y laderas del globo: Wood Hole, Napoles, Roscoff,
Banyul-sur-mer, Concarneau, Arcachon, Argel, Monaco, Trieste, Odessa,
Koenisberg, Heligoland, Heildelberg, Ostende, Helder, Bergen, Plymouth, Baleares, etc., etc. Ciertas de elIas, visitadas, despiertan, en
nuestra memoria, gratos recuerdos.
Adyacencias del Solis, Coronilla, Polonio, han sido, por ahora,
los puntos de mira autoctonos. En la zona atlantica, bien dice Rosello:
"el agua que es limpia y rica en sales, deja entrar hasta muy hondo
la mirada, y sobre la playa, al abrigo de los islotes, el mar se recuesta
siempre en ondas silenciosas y lentas, entre los penascos del cabo y
de las islas, y, en el fondo, tranquilo de la ensenada, vive y prospera
un cortejo de curiosos animales: sertularios, asterias en floracion,
hidromedusas, erizos marinos, ofiuridos, patelas, etc., envueltos por
una abundante vegetacion de algas multicolores ... "
iCuanta belleza, cuanta riqueza escondida y apenas explorada,
cuanto atractivo para los amantes de la vida! Y no solamente para
extasiarse, pasivamente, ante ellas ...
Las auguramos sin tardanzas, esas estaciones biologicas, con la
imprescindible ayuda de otras Facultades, Escuelas e Instituciones.
De la investigacion hemos formula do mas de una mencion. Sera
polo de nuestras directivas. En minima escala al comienzo, pero con
fe en sus posibilidades. Repetiremos 10 de Hunter: "no creas, prueba".
Abelardo, el primer presidente de una Universidad, hace casi mil
aDOS,seDalO la duda investigatoria como la esencia de la educacion
cientifica. Desde el Prometeo de la leyenda no ha cesado el hombre
de lanzarse al asalto de 10 ignoto. Hubo descubrimientos-ascensiones
de los biologos pacientes y de lent a percepcion, hubo descubrimientosrelampagos a cargo de los sacudidos por chispazos de originalidad.
Admiramos los ultimos, no negamos nuestro elogio a los primeros.
En cuanto al azar, ya sabemos que no favorece sino a quienes 10
merecen.
Investigaremos con los jovenes en un amplio senti do : aprovechando las intuiciones, planeando experiencias, valorando las hipotesis,
controlando los resultados, disecando los protocolos, midiendo las
consideraciones, criticando las conclusiones, filtrando la informacion
bibliografica convertida hoy en avalancha, comentando lecturas de los
descubrimientos y descubridores geniales, valorizando las encuestas
regionales.

�Ningun biologo, argonauta avezado 0 aprendiz, podra impedir
que los bajeles en que navega rumbeen, tarde 0 temprano, hacia las
islas encantadas do florece el jardin de la filosofia biologica, alIi donde
son huidizos los horizontes y enarenados los caminos, junto a los
arrecifes agoreros de naufragios.
Se nos antoja cada dia menor la brecha entre la ciencia, la filosofia y los hechos de la existencia cotidiana.
El hombre no reconoce mas limites a su potencia. Como objeto
medible, dentro del mundo, dice Eddington, ajustadamente, que se
coloca equidistante, en tamano, entre el atomo y la estrella. La humanidad global, de igual modo, ahi esta entre el electron y el Universo.
Formulamos leyes, pero en biologia hay excepciones para todo,
habra siempre excepciones para estas pobres leyes parciales, las unicas
que podemos redactar.
Sienten los biologos el significado de la vida como un desafio
perenne: cada ano los lleva, indudablemente, mas cerca de una solucion; sin embargo, ella todavia se halla lejos, para Sir Oliver Logde.
La ciencia del siglo se agita, convulsivamente, entre los dos grandes infinitos que imaginara, temblando, Pascal, los que Jean Rostand
se place en aludir: "los astronomos, en el infinito de la grandeza
inconmensurable: los fisicos, en el infinito de la pequenez inconcebible. Los biologos, ellos, se colocan en el medio de ambos, pero, sin
abandonar su tarea, para admirarse 0 espantarse, no necesitan sumergirse en los abismos pascalianos, les basta escrutar la propia substan cia".
l Quien duda, casi, que fue en los liquidos de un charco arch iancestral donde un dia, hace un millon de milenios, 0 mas, plasmo en
vida la jalea primitiva, como forma superlativamente complicada de
la materia organica?
l Se repetio nunc a mas el acto? l Podra el hombre repetirlo aIguna vez?
El preterito foso, insondable, entre 10 mineral y 10 viviente, ha
ido perdiendo su profundidad y su negrura. El Imperio de loorganico
y el de 10 inorganico no parecen, hogano, tener fronteras tan hermeticas.
La desintegracion del atomo, la trasmutacion de los met ales,
realumbran la esperanza en los hasta ahora fracasados alquimistas de
la celula. La imaginacion de los humanos, codiciosos, atrevidos 0 visionarios, se pierde en el espacio.
,Desde que Woehler sintetizo la urea, una centuria larga atras,
se han sintetizado miles de compuestos organicos y, no obstante, no
logramos atIn ponernos al nivel de la naturaleza portentosa.
Las diferencias, antano esenciales entre 10 que vive y 10 que no
vive, se denuncian ahora solo formales.
Y en Rusia, fermentario eslavo de neobiologos atrevidos y pujantes, escribe Lepeschkin que no existen ni mole cuIas ni substancias
vivientes, sino, unicamente, materia viviente, 0 sea una mixtura in-

desc'
el c
elec
Cha
no

la
los
que
pro
del

�descifrable de elementos qUlmlcos coloidales que se amalgaman en
el complejisimo protoplasma.
Sabiamos de los virus, que hoy reconocemos en el microscopio
electronico, y de las virosis, de los inframicrobios enigmaticos de
Charles Nicolle, hermanos de los genes nucleares, de los virus que
no logramos hacer pulular sobre materiales inertes.
Sabiamos de los fagos misteriosos que crecen, tal una sombra, a
la vera del elemento bacteriano para acabar con el; espectros para
los cuales imagina Vallery-Radot la concepcion indostanica: todo 10
que palpita lleva, en si mismo, su germen destructor.
Y sabemos, desde hace poco, mas que sorprendidos, de los virusproteinas, desentrafiados pOl' Stanley en los "mosaicos" del tabaco y
del tom ate.
La vida de los cristales de Costantin vuelve a actualizarse.
En las tinieblas, desgarradas pOl' reIampagos, alguien vislumbra
ya el arcano del cancer.
lDeberan los biologos ceder la palabra a los quimicos-fisicos?
lRevisar la doctrina pasteuriana?
lAdmitir la endogenesis de Wollman?
lReivindicar la plasmogenia de Alfonso Herrera y el espontanismo
trasnochado?
lReemplazar el antropomorfismo porIa
ley de accion de las
masas?
Los hilos de Ariana de la vida se enredan en nuestros dedos, acaso
jugueteando con nuestro candor. Para comprenderla, lno seria menester que el hombre no fuera, eI mismo, una de sus emanaciones?
Proseguimos preguntando.
l Cual es la fuerza embrujada que coordina los batallones celulares del metazoario y los federa y los regula sin imponer tiranias?
Los pOl' que siguen flotando en nuestros pensamientos.
Proporcionemos, como 10 quiere el Maestro Vaz-Ferreira, nuestra
creencia en 10 que se sabe y en 10 que no se sabe.
j Cuidado: la sed de verdad crea, en el desierto del conocimiento,
mirajes engafiosos!
Cuesta aceptar que alIi don de comienza la fe, la ciencia termina,
en la cruda frase de Haeckel, el discutido monista.
El hombre seguira sintiendo el impulso pOl' descubrir algo, ser,
poder, fuerza, elan, que moldea los destinos del mundo, algo fuera
de el, mas grande que el. ..
El biologo, a fuerza de andar y de escrutar, acaba pOl' edificar
su moral y su religion sui generis...
Fusion de fe y creencia. Asi
es el hombre.
En cambio aquel astronomo hindu, impecable en el calculo de
los eclipses, cuando el fenomeno se producia, echaba mano del tambor
para espantar el demonio que queria tragarse al astro; y a la pregunta
del europeo respondia, sonriendo: "una cosa es la fe y otra la ciencia"
t Tonwsend). EI hombre es asi.

�Biologar, filosofar, ensefiar, investigar, intuir, sofiar.
Cualquiera sea el verbo conjugado, relegada no quede al olvido
la situacion universitaria del personaje.
La torre de marfil no Ie veda su entrada. AlIi puede instalar su
alcazar para, como el monarca oriental, cada tarde, dialogar con las
estrellas 0 los angeles de la fantasia, pero ha de bajar prontamente,
en los amaneceres, al lugar normal de su labor, a mezclarse con sus
alumnos.
Bajar a menudo a la arena donde se debaten sus semejantes, empujados al combate a instancias de impulsos 0 idealismos. Que asi
10 haga, porque no puede, el verdadero universitario, permanecer
sordo 0 insensible alas palpitaciones del pueblo, a sus reclamos, apetencias 0 dolores, a sus anhelos. Habra de platicar con eI, sentir con
el, con un elevado espiritu de extension universitaria, el que nortea
en la agitacion del Claustro reformista sud-americano.
Mentas de Marafion, re£lexiones juiciosas de Ortega y Gasset, de
Santin - Carlos Rossi, arengas de Palacios!

Basta ya de evasiones del cientista hacia los campos, para el
aventura dos, en que retozan los autenticos estetas 0 los tremendos
metafisicos.
No nos reprocheis, en demasia, la excesiva dosis de interrogantes
que han intercalado esta disertacion. Ni las dudas que se han infiltrado en ella. Valery, en su galana forma, nos induce a desconfiar
de las expresiones demasiado puras; 10 camhiante se ennoble; la incertidumbre ineluctable no es, para la biologia, su menor heraldo de
grandeza.
No creais a mi programa en extremo simple; nos anima el proposito de ajustarlo continuamente; de permanecer porosos al consejo
ajeno y atinado.
Aula y estrado han llenado su primer deber.
Pero la Catedra es tambien taller, sobre todo taller.
Sera el nuestro pequefiito y provisorio, pero taller al fin.
Por sus puertas, entreabiertas, percibimos ya la llama ascendente
y llega hasta nosotros, el calor de la fragua encendida.
El yunque, impacienta por poblar sus ambitos de esas sonoridades
que son, del "laboremus", las oraciones emulantes.
jDejad, pues, que el obrero mayor vaya hacia ell
Previamente, recibid, por vuestra presencia, por vuestro tacito
estimulo, mil calidas gracias!

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Montevideo : FHC, UR , 1947, Año I, Nº 1 : p. 19-38&#13;
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                    <text>ACTO INAUGURAL DE LA FACULTAD
DE HUMANIDADES
Y CIENCIAS
El 3 de Mayo de 1946, en el Paraninfo de la Universidad, se
celebro en sesion solemne la inauguracion de la Facultad de Humanidades y Ciencias, con asistencia del Presidente de la Republica,
Dr. Juan Jose de Amezaga; Ministro Interino de Instruccion Publica
y Prevision Social, Dr. Juan Jose Carbajal Victorica; Rector de la
Universidad, Dr. Jose Pedro Varela, altas autoridades de la ensefianza
y numeroso publico. Hicieron uso de la palabra el Sr. Rector, el
Sr. Ministro y el Maestro de Conferencias y Director de la Facultad,
Dr. Carlos Vaz Ferreira.
El hecho de no haberse sacado version taquigrafica de la conceptuosa improvisacion del Dr. Carbajal Victorica impide que su
discurso acompafie a los que van a continua cion.

Es con una gran satisfaccion que participo en esta ceremonia de
trascendental importancia para la cultura del pais, pues no cabe duda
que la creacion de la Facultad de Humanidades sefiala un jalon fundamental en la historia de nuestra Universidad. Por fin la Universidad
tiene en sus manos los medios para formar un Instituto de Ensefianza
reclamado insistentemente por la opinion publica desde hace muchisimos anos y que dicho sea de paso, nos ponia en una situacion de
inferioridad, no solo con respecto alas universidades de fama mundial,
sino aun en relacion con las de la misma e inferior categoria. En efecto;
la creacion de un centro de estudios humanisticos en la Universidad
significa que el Estado ya no la consider a como un simple organismo
de preparacion profesional. La cultura desinteresada de la investigacion y el estudio por su valor intrinseco y sin la preocupacion del
provecho ulterior, tienen ya su sitio desde ahora en adelante en
nuestra Universidad, que en este aspecto, vuelvo a decirlo, se encon·
traba en una situacion de injusta inferioridad con respecto a sus
similares del extranjero.
Numerosas dificultades ha sido necesario vencer a traves de los
anos para que esta ansiada realidad tuviera un principio de ejecucion.

�Fue preciso hasta destruir un prejuicio lamentablemente generalizado,
segun el cual la enseiianza no tiene sentido si esta desprovista de una
finalidad practica y fructifera.
En un ambiente de incomprension y de frialdad fueron pasando
los aiios, aiios perdidos para la extension de la cultura en el pais que
sera preciso recuperar a fuerza de espiritu de trabajo, de perseverancia,
y de dedicacion por parte de las' autoridades, de los profesores y de
los estudiantes.
Me ha tocado participar en mi calidad de Rector de la Universidad, en el proceso de elaboracion de esta ley y quiero dejar constuncia que fue una de mis preocupaciones fundamentales pugnar porque la nueva Facultad tuviera por signa distintivo la ausencia de todo
eRpiritu profesionalista, eliminando, como se pretendia que a ella Ie
correspondiera, la formacion del profesorado de enseiianza secundaria.
Felizmente esa finalidad ha sido obtenida y el futuro podra decir si
habia 0 no razon fundada para nuestra particular insistencia.
De acuerdo con las normas que ya han sido trazadas, la actividad
de la Facultad deb era desplegarse en dos aspectos netamcnte marcados: por un lado, una enseiianza que busque la extension cultural
dirigida a grupos relativamente numerosos, y por otro lado al estudio
profundo mediante la investigacion reservada a los que buscan la
especializacion en las distintas ramas del conocimiento.
Sin duda, para la enseiianza cultural del primer tipo que responde
a un ansia que el numero de alumnos que se han inscripto 10 demuestra, las puertas de la Facultad nueva deben estar abiertas de par
en par, mientras que todo 10 contrario debera acontecer con los cursos
de profundizacion e investigacion los que deberan estar reservados para
!os que acrediten, mediante exigencias severas, la indispensable preparacion previa, sin la cuul no se concibe un estudio especializado
en la cabal acepcion del vocablo.
En 10 que respecta a la integra cion del cuerpo docente de la nueva
Facultad, debo manifestar con toda franqueza que la Ley de su creacion contiene una disposicion que considero erronea. En efecto, se
exige preceptivamente el concurso de oposicion para la provision de
las catedras permanentes, abandonando en consecuencia las norm as
de la Ley de octubre de 1919, normas que la practica de mas de un
cuarto de siglo ha demostrado que fueron previsoras y verdaderamente ajustadas alas realidades del pais y alas exigencias de una
buena politica universitaria. Efectivamente, esa ley a cuyo dictado
se ajustan todas las otras Facultades de la Universidad, establece eI
sistema de nombramiento directo mediante quorum especial que solamente puede ser alcanzado en caso de que el candidato pueda ostentar
antecedentes cientificos y meritos profundos, suficientes, claros y notorios; el concurso de oposicion entra a funcionar sOlo en el caso de
que la equivalencia de meritos entre diferentes candidatos impida una
eleccion justa y acertada. Es de hacer notal', ademas, que esa disposicion legal que establece como unico medio de provision de las catedras el concurso de oposicion, constituye una evidente invasion contra

�la autonomia de la Universidad desde que, a mi modo de ver, esa
materia depende de su decision privativa.
Seria pecar de excesivo optimismo el suponer que la Facultad
de Humanidades haya de ser desde ahora, por el solo hecho de su
creacion, el instituto que todos aspiramos tener en la plenitud de su
funcionamiento. En puridad de verdad, solo se nos ha entregado un
instrumento para trabajar con recursos muy modestos por cierto. La
creacion de la Facultad es el fin de una etapa y el principio de un
largo camino para obtener la plenitud y la madurez que todos anhelamos.
Entre los numerosos problemas prlicticos que suscitan la preocupacion actual de las autoridades universitarias, senalamos especialmente el que se refiere al local en que deberan funcionar las aulas
de la Facultad de Humanidades. Con un espiritu de cordial colaboracion, que corresponde destacar, las Facultades de Medicina y de
Derecho han prestado sus salones en las horas en que no se dictan
sus propios cursos. Mediante esta formula, esencialmente precaria, pero
que es 10 unico que fuera dable obtener en las actuales circunstancias,
se podra esperar a que la Facultad de Arquitectura se traslade a su
nuevo local dejando libre el que actualmente ocupa en la calle Cerrito,
para asiento de la Facultad de Humanidades.
No es esta tampoco una formula a la que corresponda darle caracter definitivo, desde que el citado edificio dista mucho de lIenar
las condiciones que pueden y deben exigirse para el funcionamiento
correcto de la nueva Facultad. Pensando en ello y en otros problemas
de insuficiencia de locales universitarios, hace ya muchos meses obtuve
del Consejo Universitario que se remitiera al P. E. un proyecto de
nueva emision de titulos de edificios universitarios que podian ser
financiados sin aumentar las partidas presupuestales y que permitiria
contar de inmediato con los fondos necesarios para construir la Facultad de Medicina, incorporada al inmueble que ha de ocupar el Hospital
de Clinicas.
Si esa iniciativa prosperara, el excelente edificio de la Avenida
Gral. Flores, de solida construccion y buena conservacion, seria por
muchos anos el asiento ideal para la Facultad de Humanidades, y,
alm para la Facultad de Ciencias Economicas que funciona en condiciones precarias en los bajos de este edificio.
Pero como Uds. comprenderan, los efectos practicos de este proyecto, en caso de merecer buena acogida en el Parlamento, han de
aplazarse por un termino no menor de dos anos.
En sintesis, nuestra preocupacion frente a la magnitud y variedad
de problemas que debe resolver esta joven Facultad de Humanidades,
se atempera cuando pensamos que a su frente esta Vaz Ferreira en
cuya capacidad y notoria versacion tanto confiamos y que 10 rodea
en el Consejo Directivo un selecto conjunto de universitarios cuyo
asesoramiento tiene un valor insuperable. Nadie mejor que ellos podran guiar la Facultad en sus pasos iniciales, lIenos de riesgos pero
tambien pletoricos de infinitas promesas.

�Antes de terminar, me ha parecido oportuno aprovechar este
Eolemne acto para dar cumplimiento a una decision del Consejo
Universitario y cuya efectividad debio dilatarse en virtud de diversas
circunstancias, la principal de las cuales fue el estado de salud del
Dr. Vaz Ferreira en aquel entonces.
Efectivamente, hace ya mucho tiempo el Consejo Universitario
confirio al Dr. Vaz Ferreira la maxima distincion que esta en sus
manos otorgar, esto es, el titulo de Doctor Honoris Causa de la Universidad. Se tuvo en cuenta para ello los altos meritos contraidos por
el Dr. Vaz Ferreira en los multiples y excepcionales servicios prestados
por eI en la ensenanza en todas sus ramas. Hoy, en esta oportunidad
tan significativa para el, que ve realizado uno de sus mas caros ideales,
es para mi una gran satisfaccion entregarle el diploma que 10 acredita
como tal y felicitar de todo corazon al viejo amigo, con quien juntos
iniciaramos los estudios universitarios alIa por el ano 88 del siglo
pasado, que a traves de una vida consagrada a la cultura ha ganado
titulos sobrados para ostentarlo.

Ya he expresado pUblicamente mi agradecimiento hacia la Asamblea Legislativa, que quiso designarme para dirigir esta Facultad;
aunque mas grande todavia debe ser ese agradecimiento por la fundacion de la Facultad misma, desde hace tanto tiempo necesidad
nacional. Eso era 10 principal. En cuanto al recuerdo de mi persona,
10 interpreto como una especie de premio de constancia. Dado que
las virtu des chicas, la constancia y las otras: la puntualidad, etc., no
son la especialidad de todos 10s hombres nuestros, a pesar de que
son el cemento de las virtu des grandes, creo que no ha estado de mas
este ejemplo de que, trabajando treinta anos por conseguir cosas
buenas, a veces se puede conseguir alguna ...
Y, en este mismo acto, me toca expresar tambien mi profundo
agradecimiento hacia las autoridades universitarias, que me han hecho
objeto de una alta distincion, al otorgarme el honroso titulo de que
me hace entrega nuestro digno Rector.
Y mi agradecimiento, tambien, alas carinosas referencias de que
se me ha hecho objeto.
Estos sentimientos de gratitud me han obligado a referirme a mi
persona; pero, cumplidos tales gratos deberes, hagamosla ya desaparecer, pues he venido a este acto con un doble proposito, que, ahora,
es a Uds. a quienes toca agradecerlo: primero, no hablar mas de mi;
y, segundo, no hacer un discurso.
No un discurso, sino una explicacion.
Pues la hace oportuna el hecho de que, en un pais que, desde
hace' tanto tiempo tiene razon para enorgullecerse de su ensenanza
pUblica: primaria, secundaria y superior profesional, solo hoy po-

�damos celebrar un acto como este, en que inauguramos una institucion
similar a las que, ya tradicionalmente, funcionan en todos los paises
cuya cultura es del orden de la nuestra; un acto en que nos congratulamos por haberse conseguido al fin algo que se sentia como cada
vez mas necesario para integrar nuestro regimen docente, y cuya falta
hacia de nuestro pais un pais anomalo y culturalmente desequilibrado.
l Cuales fueron las causas de ese largo retardo? Lo he explicado
muchas veces y muy detalladamente; aqui, solo corresponde un muy
breve resumen.
El primer proyecto tendiente a crear un instituto de enseiianza
superior independiente de todo fin utilitario y de la preparacion de
profesionales, fue presentado en nuestro pais hace mas de treinta
aiios; y ya, desde el principio, suficientemente detallado y completo.
Se comprendera, pues, 10 que habremos sufrido los que, en ese largo
periodo, y entre tantas esperanzas seguidas de tantas desilusiones,
hemos luchado por una realizacion de aquel ideal cultural, 0, cuando
menos, por la implantacion de algo que, aunque incompleto y deficiente, asegurara, por una evolucion ya asi necesaria, la mas plena
realizacion de aquel ideal para el futuro.
Pero j que grandes, y que trabajosas y... que absurdas fueron
las dificultades! Y las he llama do "absurdas", porque ten go que decir,
sin paradoja, que la idea por cuya realizacion se luchaba tuvo dos
clases de enemigos: los adversarios y los partidarios; y que estos liltimos fueron, de hecho, los enemigos peores.
Los adversarios, en efecto, solo oponian los argumentos vulgares: esos que los espiritus estrechos oponen a la cultura desinteresada
y superior. Son los tan conocidos: "no es practico; no es 10 litH ni
10 que el pais necesita ... "; me cuesta reproducir tales argumentos:
en el mejor de los casos, no son sino una ilustracion mas del paralogismo eterno de falsa oposicion.
Esa resistencia, tal vez no habria tardado tanto en ser vencida.
Pero mas grave fue, en sus efectos, la accion de los partidarios. Para
estos, era buena la idea; pero el modo de realizarla habia siempre
de ser otro distinto. Y, en todo aquel tiempo, fueron apareciendo y
sucediendose los proyectos, modificativos 0 sustitutivos: numerosisimos proyectos, de los cuales pudieron no ser malos algunos; pero
aun esos mismos se obstaculizaban y se anulaban entre si; y aun, a
esa interferencia de bueno mas bueno, se vinieron a agregar, despues,
otros proyectos de equivocadas 0 malas tendencias: POI; ejemplo:
como la palabra "humanidades", ademas de su senti do originario (estudios humanos en oposicion a los divinos 0 teolOgicos) tendio a
tomar un sentido restringido, que excluia las ciencias propiamente
dichas, hubo gran peligro de que la institucion a crearse se estrechara
(falsa oposicion, tambien) en ese senti do limitado. Otra tendencia a
estrechez y limitacion fue, en un momento, la preocupacion de subordinar la nueva enseiianza a fines profesionales, como la formacion
profesores. Y tambien fue peligro muy grave una tendencia
,~tBli L/l {',
clase, nacida en cierto momento de nuestra historia pollt"
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......
"t. •.•• ..::...

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�traer el gobierno de la nueva institucion a la Universidad, de la cual
ha de ser, esta ensenanza superior propiamente dicha, 0 desinteresada,
precisamente el micleo central.
Entre tanto, y mientras seguia siendo imposible la realizacion
directa de aquel ideal, que debia completar y central' nuestra ensenanza, surgian aqui y alIa meritorios intentos para suplir aquella
triste deficiencia. Instituciones privadas, alguna muy similar a la
pUblica que habia sido proyectada, pero con las limitaciones que
sufren en nuestros paises las creaciones que no tienen en el Estado
su base economica. Y, pOl' otra parte, algunas de las mismas Facultades profesionales, en laudables iniciativas, pero que tambien tienen
que encontrar sus limitaciones, en este caso pOl' el destino y necesidades de esa clase de ensenanzas.
Ya tal seguia siendo una situacion, pOl' tanto tiempo prolongada,
y que parecia no dar esperanza, cuando la Asamblea, comprendiendo
pOl' fin que era necesario concluir con el juego de los proyectos y
contra proyectos y con la esteril busqueda de 10 perfecto, sanciono
-tomando
much as cosas, en verdad las mejores, de aquel primitivo
proyecto de mas de treinta anos atras- sanciono, repito, en un momento feliz, la ley a que vamos a dar cumplimiento: creo la Facultad
de Humanidades y Ciencias y la dio a la Universidad.
Que facil seria -pero que de esto para los que puedan encontrar
agrado en esa clase de tareas- senalar, en esta creacion, deficiencias
y omisiones, empezando porIa que se refiere a todo 10 material, pues
la Facultad recien creada ha de empezar a funcionar hasta sin local,
sin instalaciones ni material de ensenanza ... Todo eso, y todas las
demas imperfecciones, no importan: en 10 social, como en 10 biologico,
el crecimiento y el perfeccionamiento -se entiende: de 10 que es eficiente y sano- es proceso felizmente fatalizado. Y aplico, a esas defidencias de iniciacion, la que se decia, precisamente, a proposito de
lagunas y deficiencias de aquel antiguo proyecto. Decia su autor, y
aplico esto a la ley que vamos a cumplir, y al mismo cumplimiento
'que Ie daremos:
"Si se examina en si el proyecto que yo he presentado, se encon·
traria que es malo. No hay nada mas facil que indicar, pOl' ejemplo,
Catedras que pueden existir y que no se crean; que indicar la sustitucion de algunas de las Catedras que yo propongo pOl' otras; que
reglamentar de otro modo su funcionamiento, etc. Pero, el proyecto,
no hay que juzgarlo en si; hay que juzgarlo como un nucleo de segmentacion: precisamente como algo destinado a no quedar como es;
como se juzga pOl' ejemplo, un almacigo... Supongamos que en un
terreno incultivado aparece alguien con un paquete de semillas variadas, un paquete pequeno, modesto, y hace un pequeno almacigo;
y que se dijera: "esta mal hecho; los arboles que debieran elegirse
no estan to dos, se debieron traer mas de esos y menos de aqueIlos;
estan demasiado cerca; estan mal ubicados ... "
"Ya sabemos; no se trata de eso. Precisamente esta mal porque
esta bien: esto es; esta mal porque es almacigo, porque no esta des-

�tinado a quedar como es. En seguida se Ira sintiendo la necesidad de
otras Catedras; pero, en cuanto esten fundadas algunas, no hay fuerza
del mundo que pueda impedir su completacion (en su tiempo). En
seguida esto crece y se perfecciona solo; y llegara un momenta en
que se dividira. Ni siquiera es razonable tratar de preyer de antemana como: pero ello tiene que venir. Cuando esto haya progresado, no quedara tal vez nada de su organizacion primitiva, como no
queda nada del almacigo despues que algunas de sus plantas se desarrollaron, y se llevan a donde deben llevarse, y se les agrega otras ...
Es asi como hay que juzgarlo para mirarlo con buena voluntad".
Bien: Las dificultades se iran venciendo (y quiero decir expresamente que, para obviar las mas grandes de ellas, estamos recibiendo
auxilio muy eficaz de las autoridades de la Universidad, y muy especialmente del Rector que tan dignamente las representa). Pero si
me refiero alas dificultades es porque deseo, a proposito de ellas,
llamar la atcncion sobre un hecho, el mas feliz y grato de todos; y
es que las mayores de esas dificultades actuales provienen precisamente de que los que tanto nos esforzabamos pOl' propugnar y conseguir la creacion de la ensefianza superior desinteresada, y la concebiamos como una necesidad y como un deseo nacional, no solo
teniamos razon, sino que teniamos mas de 10 que nosotros mismos
pudimos creer: La Facultad se abre con una inscripcion de cerca
de tres mil alumnos!

Ahora lque hay que hacer? 0, mas propiamente, lque hay que
empezar a hacer? lQue dcbe empezar pOl' ser, hic et nunc, la Facultad de Humanidades y Ciencias del Uruguay, en su iniciaci6n?
La respuesta tiene que ser una sola:
Simplemente, puramente, un rincon de nuestra ensefianza en que
se estudie por estudiar.
Si: 10 que se necesitaba entre nosotros era una institucion, una
Facultad, distinta en su fin legal de las Facultades profesionales, en
que se estudiara pOl' estudiar: no para algo ajeno al estudio, sino pOl'
el estudio mismo. EI pasado de nuestra ensefianza crea, para nuestro
pais, una institucion especial, nacional, propia, nuestra: Adelantadisima la ensenanza superior profesional, e inexistente la superior pura
(se entiende: como entidad diferenciada), teniamos que crear, fomentar, desarrollar, algo como un claustro de ejercicio espiritual, en que
se estudie pOl' el estudio mismo; pOl' el placer y porIa superiorizacion del estudio, de la cultura y del trabajo espiritual desinteresado.
lPor que (esto, aqui)? Porque una organizacion desequilibrada
de la ensefianza publica, que ha durado tanto tiempo, podria haber
acostumbrado demasiado, a demasiadas personas 0 -era
de temer
que asi fuel'a- a estudiar solo para obtener titulos profesionales,
empleos, etc.; 10 que es bien legitimo en si, y muy util para los individuos y para los paises; pero no es lo unico.
Solo que -y quiero enfatizar esto- quizas precisamente esa

�inscripcion exuberante, que tantas dificultades materiales nos va a
crear, debe confortarnos, al hacernos sentiI' que el daiio habia estado
lejos de ser profundo y definitivo. j De modo que, a pesar de aquella
organizacion unilateral de nuestra enseiianza; a pesar de las costumbres
que ella creara, habia tres mil personas que deseaban estudiar pOl'
estudiar, independientemente de toda aspiracion a profesiones, a si·
tuaciones productivas 0 rentadas!
De este hecho -en verdad inesperado hasta para los que fueramos mas optimistas-,
result an ahora nuestra principal esperanza
y la orienta cion de nuestra direccion inicial.
Que es, 10 repito, problema del momento actual.
Mas adelante se podra, 0 no, pensar en otras direcciones; pOl'
ejemplo, en imitar a otros paises; en imitar sus instituciones: se pensara en si convendria 0 no establecer un plan fijo y reglado de estudios; en si convendra 0 no crear carreras academicas, etc.... Entre
tanto, tenemos el deber inmediato y nuestro: hacer bien posible, y
estimular, el estudio pOl' el estudio.
Entre tanto, el claustro de ejercicios espirituales.
Y para nuestra accion, en estos dificiles principios, pedimos
much a ayuda, mucha simpatia, y much a indulgencia.

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                <text>Acto inaugural de la Facultad de Humanidades y Ciencias.&#13;
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                <text>El 3 de Mayo de 1946, en el Paraninfo de la Universidad, se celebro en sesión solemne la inauguración de la Facultad de Humanidades y Ciencias, con asistencia del Presidente de la República, Dr. Juan José de Amezaga; Ministro Interino de Instrucción Publica y Previsión Social, Dr. Juan José Carbajal Victorica; Rector de la Universidad, Dr. José Pedro Varela, altas autoridades de la enseñanza y numeroso público. Hicieron uso de la palabra el Sr. Rector, el Sr. Ministro y el Maestro de Conferencias y Director de la Facultad,  Dr. Carlos Vaz Ferreira. El hecho de no haberse sacado versión taquigráfica de la conceptuosa improvisación del Dr.  Carbajal  Victorica impide que su discurso acompañe a los que van a continuación.</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República.   Montevideo : FHC, UR , 1947, Año I, Nº 1 : p. 11-18&#13;
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                    <text>Antecedentes de la Facultad
de Humanidades y Ciencias
La ley que creo la Facultad de Humanidades y Ciencias resulta
el coronamiento de una serie de iniciativas manifestadas a 10 largo de
tres decadas. EI primer proyecto de una ensenanza superior no profesional -profundizacion,
produccion, investigacion, estimulo al pensamiento original- fue presentado en su catedra de conferencias por
el Dr. Carlos Vaz Ferreira en el ano 1914, luego de una extensa exposicion, que abarco gran mimero de disertaciones, tendiente a ambientar
su realizacion. Dicho proyecto, en realidad, ofrecia dos direcciones
ejecutivas:
a) La creacion de organos especiales de ensenanza superior no
profesional, fundando un Instituto de Estudios Superiores con catedras
de profundizacion e investigacion de ciencias, filosofia, artes, pedagogia, cuestiones sociales, etc., no subordinadas a ninguna profesion,
y cuyo mimero 10 determinaria el monto de los recursos que se pusieran a su disposicion. Tal Instituto, sostenia el Dr. Vaz Ferreira, debia
ser considerado "como un micleo destinado a desarrollarse y, oportunamente, diferenciarse dividiendose en las distintas facultades que
con el tiempo habrian de existir en nuestro pais".
b) Disolver ensenanza superior, no profesional, en las otras ensenanzas: en las de las facultades profesionales y en las de SecundariaPrep aratoria, Normal y Primaria.
Anos despues, en 1925, el Consejo Nacional de Administracion,
siendo Ministro de Instruccion PUblica el Dr. Carlos Maria Prando, remitio a la Asamblea General un proyecto de creacion del Instituto Nacional de Cultura que tendria por finalidad "dictar cursos libres de
extension universitaria y cultural dentro de las siguientes materias:
Historia de la Filosofia, Historia de las Civilizacion, Historia del Arte,
Historia de las Religiones, Historia del Uruguay, Historia Americana,
Filosofia de la Historia, Pedagogia, Ciencia de Educacion, Estetica.
Biologia, Psicologia, Sociologia, Filologia, Etnologia, Arqueologia, Antropologia, Geologia en sus relaciones con la Historia, Economia Social,
Literatura, Artes, Ciencias, Matematicas y Ciencias Fisicas y Quimicas".
En sus fundamentos, el mensaje expresa que atiende a "una exigencia de nuestros progresos morales, que imponen en el orden intelectual contornos mas dilatados que los de la ensenanza profesionalist a y utilitaria" y que el Instituto proyectado debia considerarse como

�un bosquejo de Facultad de Filosofia y Letras, pues contenia sus elementos fundamentales, 10 que permitiria hacer un ensayo de ella, sin
impaciencias ni precipitaciones, y con la ventaja, a la vez, de ser menos
cerrada, de no ser profesionalista, y de ajustarse en sus gastos a la
situacion financiera que el pais pueda permitir".
Posteriormente, en 1929, el Dr. Carlos Vaz Ferreira, en ese entonces Rector de la Universidad, presenta al Consejo Universitario,
-que 10 aprueba con leves modificaciones y eleva al Poder Ejecu- .
tivo-, un proyecto de Instituto de Estudios Superiores, refundicion de
10s que habia presentado en 1914. Propugnaba la creacion de las siguientes catedras:
Ciencias Matematicas (esta designacion, como todas las siguientes,
se entenderia en un sentido amplio, comprendiendo Ciencias
afines, conexiones y proyecciones de cada rama cientifica).
Ciencias Astronomicas.
Ciencias Fisicas.
Ciencias Biologicas.
Filosofia del Derecho y de las Ciencias J uridicas.
Ciencias Sociales y Economicas, con aplicacion especial al problema social.
Ciencias Historicas en general.
Historia Nacional y Americana.
Estetica y Filosofia del Arte.
Historia del Arte.
Filosofia de las Ciencias.
Historia de las Religiones.
Psicologia.
Filosofia.
Pedagogia y Ciencias correlacionadas,
a las que se les agregarian cinco mas cuyas materias iria determinando
el Consejo Directivo del Instituto segun las necesidades e indicaciones
que se presentaran. "La indole y funcionamiento de esas catedras se
entendera ampliamente en el doble sentido de que, por una parte los
profesores estimulen y dirijan la profundizacion y la investigacion en
su caso, y por otra parte, encuentren en su propia funcion estimulo,
motivo y facilidad para dedicar ellos mismos actividades en esa direccion".
EI Consejo Nacional de Administracion envio el proyecto a la
Asamblea General, pero reduciendo a seis las veinte catedras que el
primitivo establecia, no llegando a ser tratado por las Camaras.
En 1938 el Poder Ejecutivo, siendo Ministro de Instruccion PUblica el Sr. Eduardo Victor Haedo, envio a la Asamhlea General un
proyecto de creacion de una Facultad de Humanidades y Ciencias dividida en cinco secciones: a) Ciencias fisico-quimico-naturales. b) Letras
(Literatura e Historia). c) Filosofia. d) Bellas Artes. (Dihujo, Pintura
y Escultura). e) Pedagogia.

�EI Consejo Directivo de la Facultad podria otorgar el titulo de
doctor en cada una de las especializaciones comprendidas pOl' dichas
Secciones y el diploma de profesor pOl' cada uno de los cursos completos comprendidos pOl' ellos, asi como el titulo de profesor de enseiianza media en Filosofia, Letras e Historia.
La Comision de Instruccion PUblica de la Camara de Representantes introdujo diversas modificaciones al proyecto del Ejecutivo.
Entre otras, elimino la Seccion de Bellas Artes pOl' considerar que
ellas necesitaban "su sitio propio en la universalidad de la cultura, y
no puede una Facultad de Humanidades y Ciencias abarcaI', sin mengua
para su obra esencial, esta actividad, que solo seria en ella un organo
secundario y menos atendido, perdiendo jerarquia y realidad". Asimismo, suprimio la Seccion de Pedagogia porque, en su concepto, correspondia a la necesidad creada pOl' problemas que deberia resolver
la Seccion de Enseiianza Secundaria y Prep aratoria. Aprobado en esas
condiciones en la sesion del 10 de setiembre de 1941, paso a la Camara de Senadores, cuya Comision de Instruccion Publica elimino la
division en cuatro secciones a que habian quedado reducidas la seis
del primitivo proyecto del Ejecutivo, pOl' considerar que era preferible
que la ley no 10 estableciera preceptivamente, expresando que 10
esencial en ese momento era constituir la Facultad y determinar sus
funciones principales, dejando entretanto a la autoridad docente la
organizacion de los cursos en la forma que 10 juzgara mas adecuada
hasta que la experiencia permitiera una reglamentacion eficaz. En
cuanto a la formacion del profesorado de la enseiianza media, que la
Camara de Representantes habia suprimido del proyecto del Ejecutivo,
quedaba de nuevo establecida como uno de los fines de la Facultad.
Este proyecto fue sancionado pOl' el Senado el 30 de diciembre
de 1941.
EI 18 de enero de 1943, el Poder Ejecutivo, siendo Ministro de
Instruccion Publica el Dr. Cyro Giambruno, solicit a al Consejo
de Estado la consideracion de un proyecto de decreto-Iey pOl' el que
se creaba una Facultad de Humanidades. Las funciones que Ie adjudicaban eras las siguientes:
a)
b)

Investigacion y enseiianzas superiores de Filosofia, Letras, Historia y Pedagogia.
Formacion del profesorado de Enseiianzas Secundaria y Normal.

Vigente este decreto-Iey, permanecio suspendido en sus efectos.
EI 15 de marzo de 1943 el dip uta do Dr. Dardo Regules presento
a la Camara de Representantes un proyecto-Iey ya estudiado e informado pOl' el Consejo de Estado y que no llego a tratarse pOl' term inacion de su gestion.
La diferencia fundamental con el proyecto del Dr. Giambruno
-aparte la eliminacion de la clausula porIa cual se encomendaba a
la Facultad la formacion del profesorado de enseiianza mediaestaba en que reestablecia para la nueva Facultad su dependencia de la
Universidad, contra la autonomia concedida pOl' el primero.

�El 13 de noviembre de 1944 el mismo Dr. Regules presenta a la
Camara de Senadores otro proyecto mas reducido, capaz de merecer
sin dificultades el apoyo de los diversos sectores parlamentarios, y que
el Sr. Rector de la Universidad Dr. Jose Pedro Varela habia sometido al Consejo Central Universitario. Realizando una labor de sintesis de las diversas iniciativas, la Comision de Instrucci6n PUblica del
Senado presento el proyecto definitivo que fue aprobado el 17 de
mayo de 1945. Elevado a la Camara de Diputados se aprob6 el 3 de
octubre de 1945, poniendose el cnmplase a la ley, con fecha 8 de
octubre de 1945.

LEY DE CREACION

DE LA FACULTAD
Y CIENCIAS

DE HUMANIDADES

El Senado y la Camara de Representantes de la Republica
del Uruguay, reunidos en Asamblea General,

Articulo 1.°
de Humanidades

Crease en la Universidad de la Republica
y Ciencias.

Oriental

la Facultad

Art. 2.° La Facultad de Humanidades y Ciencias tendra como
finalidad esencial, la ensenanza superior e investigacion en Filosofia,
Letras, Historia y Ciencias.
Sus cometidos seran, entre otros, los siguientes:
A)
B)
C)
D)

E)

F)

G)

H)

Fomentar la especializacion y la investigacion superiores.
Extender la cultura por medio de la divulgacion oral 0 escrita.
Instituir cursillos de especializacion que abarquen cuestiones cientificas, historicas, artisticas, filosoficas y pedagogicas.
Organizar investigaciones de seminario sobre asuntos que atanen
ala cultura superior, especialmente los referidos al estudio de las
cuestiones nacionales 0 americanas.
Proyectar y programar todo cuanto considere indispensable 0 conveniente para propender al acrecentamiento de la cultura superior de la Republica.
Organizar series de conferencias 0 cursos especiales que podra encargar por termino no mayor de un ana cada vez, a profesores
nacionales 0 extranjeros que hayan acreditado su competencia en
trabajos 0 investigaciones originales.
En casos especiales, y por dos tercios de votos del Consejo, las
designaciones directas podran extenderse hasta por dos periodos
anuales mas.
Organizar expediciones tendientes al cumplimiento
de los fines
establecidos en este articulo.

�Art. 3.° El Consejo Directivo de esta Facultad consideranL, con
preferente atencion, Lassolicitudes de aquellas per.sonas que deseen realizar tentativas originales de investigacion importantes y dignas de eStimulo, relacionadas con Las materias cuya ensenanza imparte, procurando proporcionarles adecuado apoyo. Los materiales bibliograficos,
cientificos, de lab oratorio y demas instrumentos tecnicos de propiedad
de Los institutos oficiales quedan afectados para la mejor realizaciOn.
de estas investigaciones, en Las condiciones y con Las garantias que estableceran Las propias autoridades directivas.
Art. 4.° La Facultad de Humanidades y Ciencias sera dirigida
en un primer periodo de cuatro an os, a partir de la promulgacion de
la presente ley, por un Director y un Consejo honorario de seis
miembros nombrados por el Consejo Central Universitario a propuesta
del Rector.
Este Consejo establecera Las condiciones del ingreso y estructurara
Los planes y trabajos de la Facultad.
Dentro de Los dos primeros anos, a partir de la promulgacion de
la presente ley, el Consejo Central Universitario, por mayoria absoluta
de votos, y oyendo previamente al Consejo de la Facultad, dictara el
Reglamento Organico de la misma.
Art. 5.° El Director tendra la Presidencia del Consejo yejecutara
sus decisiones. Desempenara ese cargo, al fundarse la Facultad, el
Maestro de Conferencias, doctor Carlos Vaz Ferreira.
Si este no pudiere ejercerlo, temporal 0 definitiva;mente, el Consejo Universitario, por mayoria absoluta de votos de sus componentes,
nombrara el reemplazante.
Art. 6.° El plan de estudios solo comprendera estudios desinteresados y la ensenanza sera impartida en forma que la separe nitidamente de aquella que se imparte en Las Escuelas y Facultades profesionales.
Art. 7.° El cuerpo permanente de profesores sera designado por
el regimen del concurso de oposicion.
Art. 8.° La Facultad de Humanidades y Ciencias se regira, en
todo lo aplicable, por leyes y reglamentos universitarios.
Durante el primer periodo su representacion en el Consejo Central
Universitario sera ejercida por el Director.
Art. 9.° La Facultad de Humanidades y Ciencias dispondra de
un fonda para becas, de seis mil pesos anuales. Estas pensiones seran
discernidas de acuerdo con Las disposiciones y garantias de llJ;ley numero 8.609 (de 26 de Diciembre de 1929).
Art. 10. Incorporase al item 25.02 G. 31 del Presupuesto General
de Gastos, hasta la cantidad de cincuenta mil pesos para atender Las·
obligaciones de organizacion y funcionamiento
de la Facultad de Humanidades y Ciencias, mientras no tenga aprobacion su presupuesto,
que sera tomada del producido del impuesto de estampillas de biblioteca, reorganizado por la ley numero 10.589 (de 23 de Diciembre
de 1944).

�Art. 11.
de 1943.

Derogase el decreto-ley

numero

10.358 de Febrero

11

Sala de Sesiones de la Camara de Representantes, en Montevideo,
a 3 de Octubre de 1945. - Luis BatHe Berres, Presidente. - Arturo
Miranda, Secretario.

Ministerio de Instruccion Publica y Prevision
Ministerio de Hacienda.

Social.

Cumplase, acusese recibo, comuniquese, publiquese, insertese en
el Registro Nacional de Leyes y Decretos y pase a la Contaduria General de la Nacion, a sus e/ectos. - AMEZAGA.- Juan J. Carbajal
Victorica. - Hector Alvarez Cina.

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                    <text>ACTIVIDAD
BIOLOGICA
y ESTRUCTURA ELECTRONICA
5.

Comunicaci6n

(l)

(La sintesis de la sulfadehidrotiotoluidina)
(Comunicacion del lahoratorio de quimica orgiinica e investigacion
de la Facultad de Humanidades y Ciencias)

En nuestros estudios sobre las relaciones entre la estructura electronica de ciertas substancias organicas y su actividad biologica hemos
adoptado la hipotesis de que un gran numero de fenomenos biologicos,
p, ej., la actividad quimioterapeutica, la respiracion, la actividad de
las vitaminas, etc., es debido a la accion mutua de substancias que,
por resonancia, pueden formal' electrones disponibles, las unas y fisuras electronicas, las otras. Nos hemos ocupado a este respecto de las
sulfamidas, del acido p. aminobenzoico, de las carboxamidas, de los
componentes del complejo de la vitamin a B y del pirrol; describiendo
las formulas electronicas de estos compuestos.
Hemos en esta ocasion tambien expresado nuestra opinion de que
10s nucleos heterociclicos pentagonales (pirrol, tiofeno, furano) pOl'
su disposicion geometric a y pOl' su capacidad de formal' electrones disponibles, estarian predestinados a formal' derivados con propiedades
quimioterapeuticas. Esta hipotesis encontro apoyo con respecto al furano, siendo el nitrofurano, segun noticias llegadas del congreso medico realizado en San Francisco, en julio de 1946, una droga con poderosa actividad quimioterapeutica.
En la presente comunicacion nos ocupamos de otro nucleo pentagonal, del micleo tiazolico, que forma parte del famoso sulfatiazol.
Segun nuestra opinion esta ultima droga es tan activa pOl' tratarse de
una combinacion de la sulfanilamida con un nucleo tiazolico, pudiendo
emitir los dos compuestos electrones disponibles. Indicamos aqui aIgunas formulas de resonancia del sulfatiazol (I a, b. c.) caracterizadas
(Ib y Ic) pOl' electrones disponibles.

�La poderosa actividad del sulfatiazol parece tambien estar relacionada al hecho de que la tiamina, (vitamina hI)' substancia activa
en el desarrollo bacteriano y antagonist a de las sulfamidas, contiene la
mitad de la molecula constituida por un micleo tiazolico.
Nos ocuparemos en esta comunicacion de otro derivado tiazolico,
la dehidrotiotoluidina, bien conocida en la quimica de los colorantes.
Esta substancia de color amarillo posee, segUn nuestra opinion, mucho
interes tambien dentro de la quimica hiologica. Su formula IIa. esta
caracterizada por un micleo tiazolico entre dos micleos bencenicos.
Ademas tiene un grupo amino libre y una de sus propiedades es que
los color antes derivados de ella, p. ej., los colorantes azoicos, preparados por diazoacion del grupo amino, tienen afinidad por la fibra
celulosica. Esta propiedad y el color mismo de la dehidrotiotoluidina
no se explican segun la formula, IIa mencionada; pero las formulas
o. quinoidas IIJ b y c pueden explicar su color amarillo (absorcion en
el espectro visible) y ademas, por los electrones disponibles, la facultad
de asociacion con la celulosa en su estado polarizado formando grupos
de oxonio.

Opinamos que por su facultad de emitir electrones disponibles,
por la forma geometrica de su molecula y por su grupo amino libre
ya la dehidrotiotoluidina debe ser un compuesto con actividad quimioterapeutica. Tiene la ventaja de ser un producto de la gran industria,
£licil de obtener calentando la p. toluidina con azufre; en esta reaccion
dos moleculas de p. toluidina pierden 5 atomos de hidrogeno (de ahi
el nombre "dehidrotiotoluidina").
Pero tiene la desventaja de ser
bastante insoluble en agua, forma, es verdad, con acido clorhidrico una
sal soluble en agua, la cual es muy facilmente hidrolizable. Sin embargo tenemos el proposito de hacer examinar la dehidrotiotoluidina
sobre sus supuestas propiedades bacteriostaticas.
Por otra parte nuestro proposito fue el de sintetizar partiendo
de la dehidrotiotoluidina el analogo al sulfatiazol, introduciendo en
la molecula el poderoso resto sulfanilaminico, para obtener asi un

�nuevo compuesto de la gran serie de las drogas "Sulfa", que por su
grupo -S02-NHseria soluble en alcali diluido.
Para la introduccion del resto sulfanilaminico H2N--Ar--S02--NH-se utiliza en general el p. sulfocloruro de la acetanilida HaC-OCHN-Ar-S02Cl
que reacciona facilmente con las aminas (en este caso
con la dehidrotiotoluidina) obteniendose asi la sulfanilida correspondiente, en la cual el resto acetilo puede ser facilmente desplazado al
calentar con acidos minerales. No hemos podido utilizar este metodo
tan simple aqui en el Uruguay por falta del acido elorosulfonico
HC1SOa para la preparacion del p. sulfocloruro de la acetanilida. La
fabric a de acido sulfurico de Montevideo, que trabaja con camaras de
plomo, no puede aun fabricar este producto tan importante para la
industria de las sulfamidas, y las casas importadoras de productos quimicos no importan el acido clorosulfonico, ni muchos otros productos
de gran interes cientifico como los cloruros de fosforo porque no les
da suficientes ganancias. Con los cloruros de fosforo los acidos sulfonicos pueden ser transformados en sulfocloruros.
Por 10 tanto hemos empleado otro metodo para la preparacion
del sulfocloruro, que necesitabamos, un metodo aplicado por nosotros
ya en 1929, que consiste en introducir una corriente de gas de cloro
en suspensiones de mercaptanos, 0 disulfuros organicos en acido clorhidrico concentrado (2). Este metodo es mas simple y economico que
la cloruracion de disulfuros 0 mercaptanos en medio de acido acetico
glacial, encontrada por Th. Zincke (3) y nos dio siempre muy buenos
resultados.
Como mercaptan 0 disulfuro apto hemos elegido el p. nitrofenilmercaptan 02N-Ar-SH
y el p,p'dinitro-difenil-disulfuro 02NAr-S-S-Ar-N02,
cuya preparacion es posible por accion de N2S2
sobre p- halogeno-nitrobenceno y cuyo grupo N02 despues de la
condensacion del sulfocloruro correspondiente con la dehidrotiotoluidin a es apto para ser reducido al grupo amino.
Nuestra sintesis nos ha conducido asi por las siguientes etapas: benceno (III), monobromobenceno (IV), p. bromonitrobenceno (V), p. nitrofenilmercaptan (VI) (y disulfuro), p. nitrofenisulfocloruro (VII),
a la p. nitrofenilsulfo-dehidrotiotoluidina
(VIII) y la p. aminofenilsulfo-dehidrotiotoluidina (IX).
III

IV

V

VI

VII

o 0 0 0 6"

�Hemos preferido partir en el laboratorio del monobromobenceno,
pues es mas facil conseguir una cantidad bien determinada de bromo
que de cloro. En la nitracion (4) se obtuvo junto al derivado para
en escasa proporcion el isomero orto nitrobromobenceno (5). El tratamiento del p. nitro-bromo-benceno con disulfuro de sodio dio la sal
de sodio del p. nitrofenilmercaptan, el disulfuro correspondiente y
diferentes productos secundarios, como ya es mencionado por E. Fromm
e I. Wittmann (6) y Ch. C. Price and. G. W. Stacy (7). De acuerdo
con estos ultimos autores hemos obtenido tambien un producto del
P. F. de 135°, que consiste principalmente en una mezcla eutectica
de dos moleculas de p.p' dinitro-difenil-sulfuro y de una molecuia de
p.p' dinitro-difenil-disulfuro.
Tambien hemos preparado el p. nitrofenilmercaptan tratando la
p. nitranilina diazoada con el xantogenato de potasio y saponificando
el producto de reaccion con potasa alcoholic a segun el metodo de
Leuckart (8) .
El p. nitro-fenil-mercaptan y el disulfuro respectivo pudieron por
cloruracion en dispersion de acido clorhidrico concentrado ser facilmente transformados en el p. nitro-fenil-sulfocloruro (9), el cual en
solucion eterea reacciono facilmente con dos equivalentes de dehidrotiotoluidina formandose asi el clorohidrato de la dehidrotiotoluidina y
la p. nitro-fenil-sulfo-dehidrotiotoluidina (VIII) (P. F. 190°). Esta fue
reducida en solucion de acido acetico glacial con un exceso de zinc
ohteniendose asi la p. amino - fenil- sulfo - dehidrotiotoluidina (IX)
("sulfa-dehidrotiotoluidina")
(P. F. 257°) como producto final. El
compuesto fue identificado por las siguientes reacciones:
1)
2)

3)

4)

El analisis cualitativo del N y del S fue positivo.
La presencia del grupo amino libre fue comprohada por diazoacion y obtencion de un colorante rojo con beta naftol
ademas por transformacion en una sal clorhidrica soluble
en agua.
El grupo -HN-S02se puso de manifiesto al disolverse el
producto en soda caustic a diluida y titulacion cuantitativa del
grupo -HN-S02(acido) con soda caustica 1/10 normal.
El nitrogeno de la substancia fue determinado cuantitativamente segun el metodo de Kjeldahl.

Tanto la nitrofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina como la aminofenilsulfo-dehidrotiotoluidina son de color amarillo. Para un cuerpo con
un grupo nitro este color amarillo no es extrafio, mientras que para la
aminofenil-sulfa-dehidrotiotoluidina este color es explicable segun la
formula (IXa) (orto y para quinoida con un sistema de doble ligazones
conjugadas). SegUn esta formula aparecen tambien 4 electrones disponibles, los cuales segUn nuestra opinion deberian conferirle al producto una actividad quimioterapeutica. En su solucion alcalina que es
sin color, la p. aminofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina parece corresponder
a la formula IX b y no a la IXa, (en su forma ionizada).

�Proximamente dispondremos de mas cantidad de la para aminofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina y haremos examinar sus propiedades
bacteriostaticas 10 mismo que con la dehidrotiotoluidina.
Para preparar mas cantidad del producto deseado intentaremos
otro metodo de preparacion, el cual ya hemos iniciado. Partiendo de
la acetanilid a (preparada por calentar largo tiempo anilina con acido
acetico glacial) se obtuvo por la accion del cloruro de azufre S2Cl2 (10)
el disulfuro correspondiente, ya conocido (HaC-CO-NH-C6H4S-) 2 (10) (ll). Esperamos que por la accion del cloro en solucion de
acido acetico glacial este disulfuro se convierta en un sulfocloruro,
para condensarlo con la dehidrotiotoluidina y desplazar entonces el
grupo acetilo. Nos damos naturalmente cuenta que el cloro no permanecera in activo frente al grupo CHa-CO-NH-.
Solo los experimentos podran demostrar si la preparacion del producto final sera
perjudicada por esto.
La utilizacion de un para halogeno-nitrobenceno en la preparacion
del p. nitrofenil-mercaptan 0 del disulfuro respectivo nos da oportunidad de explicar tambien por la teoria electronic a la mohilidad del
halogeno en las posiciones orto y para de los halogeno-nitrobencenos,
que no aparece en los derivados meta respectivos. Con este fin presentamos del sistema de resonancia de estas suhstancias la forma benzoida (X) y quinoida (Xa) (para u orto) con una fisura electronic a en
posicion para u orto. Es geometricamente imposihle que esa fisura
electronic a se forma en posicion meta. En presencia de soda caustica,
de sulfhidrato, sulfuro 0 disulfuro de sodio, es decir de aniones
OH -, SH -, SNa -,
- S -,
- SS - estos se adicionaran ala fisura electronic a, neutralizandose la carga positiva de la fisura electronica con la carga negativa del anion. Estaremos pues en presencia de
productos de adicion (XI) en los cuales un cation sodico figurara
tambien como polo positivo. Volviendose el sistema de resonancia de
los halOgeno.nitrobencenos a la forma henzoida, XII no hay mas lugar
para dos substituyentes en la posicion para u orto. Por 10 tanto se
desplazaran probablemente en la misma proporcion los halogenos de
un lado, los grupos OH, SH, SNa, S, y S·S del otro. Habran asi reaccionado 50 % del producto y se transformaran en solucion alcalina
en caso de los nitrofenoles 0 nitrofenilmercaptanos en productos quinoidos estables (XIIa), 0 en el caso de los dinitro-difenil-sulfuros 0
disulfuros en productos insolubles, que seran eliminados del juego de
la resonancia. Esta comprendera entonces solamente el 50 9"0 de la
materia prima, que fue reproducida en la reaccion y cuya mitad nue-

�vamente sera transformada y asi sucesivamente. Comprendemos porque
esta reaccion necesita tiempo y no es nunca cuantitativa.
X

Xo
+

No aH H.,

Hal

I

0

1

-

/~\:.

a

0

XI

XII,

XII

+

H:I1

No Ha

-

+

a

I~' H.1JaH

II

N +

/"'-.

o

a

N.aH

10

1

\I

/N~
o

/N'Z
0

0

ON.

Queremos en fin hacer notar que otro compuesto de la serie del
tiazol, de constitucion muy relacionada a la de la dehidrotiotolnidina.
es la primulina (XIII) la cual tiene un micleo tiazolico y un micleo
bencenico mas. De este producto (la primulina-base) se sabe, que de
puede sulfonarlo y que sus acidos sulfonicos solubles tiiien algodon en
amarillo sin mordiente. La primulina y sus acidos sulfonic os correspondientes deben tener seglin nuestra opinion propiedades quimioterapeuticas interesantes, pues pueden suministrar electrones disponibles. Por esta razon tenemos el proposito efectuar tambien su preparacion y la sintesis del derivado sulfanilaminico correspondiente,
la "sulfaprimulina" (XIV).

Con respecto a la literatura empleada, especialmente para la preparacion de los sulfocloruros debemos hacer notar que por faha en
Montevideo de la mayoria de los vohimenes del "Beilstein" y de muchas revistas europeas, nuestra tarea se vio algo dificuhada. La bibliografia citada no debe ser entonces considerada completa.

�Con Ia colaboracion de Ias Srtas. M. Amado, 1. Elena, E. Lambantov, M. Merola, A. S. Olalde
y Ios Sres. B. Landau, y E. Moccia No"

1.

PreparaciOn del p. nitro-fenil-mercaptan
disulfuro

y del p. p' dinitro-difenil-

Del monobromo-benceno que hemos obtenido pOl' bromuracion
del benceno hemos empleado la fraccion que destilaba entre 150 y 159°.
A 80 grms. de monobromo-benceno hemos agregado lentamente y
agitando (a fin de que los vapores rojos no salgan del refrigerante)
una mezcla de 150 grms. de acido sulfurico concentrado y 60 grms. de
acido nitrico concentrado al 63 %. Una vez agregada la totalidad de
la mezcla de nitracion se hace elevar la temperatura lentamente a 120°.
Despues de enfriarse la masa cristalina es tratada con agua, filtrada y
lavada con mas agua. POl' cristalizacion con alcohol algo diluido hemos
recibido el p. nitro-bromo-benceno, ya conocido de P. F. 126°.
En las soluciones madres hemos encontrado, en pequeiia proporcion, el isomero o. nitro-bromo-benceno de P. F. 43° mas soluble.
Del p. bromo-nitro-benceno obtenido hemos utilizado 40 grms. correspondientes a 2 equivalentes, que hemos tratado en solucion aleoholica con 1 equivalente y un exeso de un 50 % de disulfuro de sodio
(preparado calentando el Na2S 9H20 en una proporcion de 7,5: 1 con
azufre). Despues de haber calentado la mezcla de reaccion 4 horas
se dejo enfriar, se filtro y trato el producto solido obtenido con agua.
Lo mismo hicimos con el filtrado cuyo alcohol fue previamente evaporado. De este tratamiento hemos recibido soluciones rojas que contenian el p. nitro-fenil-mercaptido de sodio cuya formacion es debida
a que se empleo un exceso de disulfuro de sodio.
Las soluciones al principio claras fueron precipitando lentamente
el disulfuro correspondiente. Tratando dichas soluciones con acido
clorhidrico en exceso hemos recibido el p. nitro-fenil-mercaptan de
P. F. 77°, soluble en agua caliente.
Los productos anteriormente mencionados, insolubles en agua, no
constituyeron el disulfuro puro; pero como 10 mencionan E. Fromm
e I. Wittmann (6) y ultimamente Ch. C. Price y G. W. Stacy (7) son
una mezcla de productos. Asi hemos encontrado tambien la mezcla
eutectic a (P. F. 135°) de 2 mols. de p. p' dinitro-difenil-sulfuro y de
1 mol. de p. p' dinitro-difenil-disulfuro, a la cual se refieren los ultimos autores citados. La proporcion de disulfuro que hemos podido
aislar pOl' cristalizacion (acido acetico glacial) fue relativamente pequeiia. (P. F. 168-170° que coincide con las indicaciones de la literatura, siendo el P. F. del producto en el estado purisimo de 181-182°).
Queremos hacer notal' aqui que solamente el mercaptan y el disulfuro podian ser transformados pOl' cloruracion, como 10 describim08
mas abajo, en el p. nitro-fenil-sulfocloruro pero no las otras sustancias
secundarias 0 mezclas.
Hemos preparado el p. nitro-fenil-mercaptan tambien segUn el metodo de Leuckart (8) pOl' diazoacion de la p. nitranilina introduciendo

�el compuesto diazo en una solucion de xantogenato de potasio calentada a 60-70oc., agitando de continuo, tratando el producto obtenido
con potasa alcoholica y acidulando al fin con acido clorhidrico.

Hemos introducido durante algun tiempo una corriente de cloro
en una dispersion del p. nitro-fenil-mercaptan 0 de disulfuro correspondiente con acido clorhidrico concentrado, segun indicaciones de
J. Pollak y E. Riesz (2). Luego se fiItro obteniendose ya el sulfocloruro
bastante puro P. F. 79-80oc. de acuerdo con las indicaciones de la literatura (9). Es insoluble en agua y soda caustica, forma con la anilina
en solucion eterea el clorhidrato de anilina y una anilida.

La dehidrotiotoluidina fue purificada por trasformacion en su
clorohidrato con acido clorhidrico, fiItracion y precipitacion con soda
caustica.
Se trataba de una dehidrotiotoluidina de origen europeo, elaborada por una de las grandes fabricas de colorantes. La purificacion se
puede tambien efectuar por extraccion con eter. Las impurezas son
insolubles.
La condensacion fue efectuada en solucion eterea con un equivalente de p. nitro-fenil-sulfocloruro y dos equivalentes de dehidrotiotoluidina, calentando a reflujo al bano maria durante algunas horas. Luego
se destilo algo del eter y fiItro el producto precipitado, constituido
por el clorhidrato de dehidrotiotoluidina mezclada con algo de producto de reaccion. En el fiItrado el eter fue evaporado totalmente. Las
dos fracciones asi obtenidas fueron tratadas con soda caustica diluida,
fiItradas y precipitadas con acido clorhidrico, el precipitado fue disueIto en alcohol, y este concentrado hasta que el producto se deposito. En las soluciones madres quedaba algo de producto, soluble en
alcali pero no precipitable con acido clorhidrico, con propiedades de
un mercaptan (probablemente el o. aminotiocresol, formado por descomposicion parcial de la componente dehidrotiotoluidinica en el curso
de las operaciones). La p. nitro-fenil-sulfo-dehidrotiotoluidina
,depositada fue disueIta para su purificacion en acido acetico glacial y precipitada con agua: Producto de color amarillo, soluble en soda caustica, propiedad caracteristica para el grupo -S02-NH-,
precipitable
con acidos miner ales. Es tambien soluble en alcohol tomando color
anaranjado al agregarle soda caustica. P. F. 1900 con descomposicion.
Investigacion cualitativa de azufre y nitrogeno positiva.

La p. nitro-fenil-sulfo-dehidrotiotoluidina fue reducida en solucion
de acido acetico glacial con un exceso de polvo de zinc calentando du-

�rante una hora. Luego se filtro y precipito el filtrado con agua obteniendose asi un polvo amarillo. Para purificarlo se disolvio en acido
acetico glacial 0 acetona precipitandolo con agua. P. F. 257° con descomposicion.

Investigacion de azufre y nitrogeno: positiva.
Investigacion del grupo NH2 por solubilidad en acido clorhidrico,
diazoacion y formacion de un colorante rojo con beta naftol: positiva.
Irnvestigacion del grupo -HN-S02por solubilidad en soda caustica:
positiva.

Titulacion en solucion acetonica con soda caustic a n/l0.
cador empleado fenolftaleina).
Para grs. 0,1 de sustancia se necesitaron 2,5 c.c. de NaOH
Calculo teorico: 2,55 c.c. de NaOH n/l0.
Dosificacion del N segun el metodo de Kjeldahl.
Grs. 0,1 de sustancia necesitaban 7,4 c.c. de acido sulfurico
Porcentl/.je del N encontrado: 10,36 %
Calculo teorico para la formula C20 H'7 Na O2 52 del peso
cular 395: 10,63 0/0.
V.

Preparacion

(Indin/l0.

n/l0.
mole-

del p.p' di( acetilamino)-difenil-disulfuro
(p. ditioacetanilida)

Hemos calentado partes iguales de acetanilida y de monocloruro
de azufre (exceso de 100 %) de una ados horas a 100° (10). EI producto de reaccion fue tratado con acido acetico glacial, filtrado despues
de cierto tiempo y precipitado con agua. EI producto fue disuelto nuevamente con acido acetico glacial 0 alcohol y precipitado otra vez con
agua agregandole algo de soda caustica diluida para facilitar la precipitacion. Luego fue reducido con un exceso de zinc en solucion de
acido acetico glacial y el filtrado precipitado con agua. EI producto
asi obtenido (mercaptan) calentado con acido clorhidrico y agua se
oxido nuevamente al disulfuro (F. J. 208°-209°).
(F. P. segun las indicaciones de la literatura, 213-214° (10) (ll).

Por cloruracion del para-nitrofenilmercaptan y del disulfuro respectivo en medio de acido clorhidrico concentrado fue preparado el
para-nitrofenilsulfocloruro, el cual al reaccionar con la dehidrotiotoluidina dio la para-nitrofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina.
Este compuesto
fue convertido por reduccion en la para-aminofenil-sulfo-dehidrotioto.
luidina, ("sulfadehidrotiotoluidina").
Esta substancia, como tambien

�la dehidrotiotoluidina misma senin examinadas con respecto a SUB
propiedades hacteriostaticas. La facultad de estos compuestos de suministrar segun sus formulas de resonancia electrones disponihles hace
prohahle su actividad quimioterapeutica. Por la misma razon y por
estar muy relacionadas estructuralmente con la dehidrotiotoluidina
seran tamhien examinadas la primulina hase, la primulina sulfonada
y la para aminofenil-sulfo-primulina ("sulfaprimulina")
la cual te·
nemos el proposito de sintetizar.

Nos es grato deher agradecer al Honorahle Consejo de la Facultad
de Humanidades y Ciencias, hahernos proporcionado los medios para
efectuar este trahajo; y al Sr. Decano de la Facultad de Quimica y
Farmacia de haher puesto a nuestra disposicion un lahoratorio.

(1)

(2)

(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)

(10)
(1I)

Comunicaciones anterioreii: Anales Asoc. Quim. Argent. N.o 160, p. 76 (1943),
Chem. Abstr. 38, p. 519 (1944), Archivos Soc. Biol. Montevideo XI, N.D 3-4,
p.159 (1944), Chem. Abstr. 38, p. 5701 (1944), Anales Asoc. Quim. y Farm.
Uruguay, t. 46, N.D 2, p. 5 (1943), Chem. Abstr. 38, p. 4479 (1944), Anales
Asoc. Quim. y Farm. Uruguay t.'47, N.D 2, p. 131 (1945), Chem. Abstr. t. 40,
p. 5079 (1946), Ph. (Rev. Asoc. Estud. Quim,) 1945, N.D 2, p. 14.
J. POLLAK y E. RIEsz, M. j. Ch. 53/54, p. 90-99 (1929), Chem. Abstr. 24,
p. 351 (1930). (Del resumen en los Chemical Abstracts no se puede llegar
al sentido de este trabajo; ademas el resumen tiene errores). Ver tambien
H. E. FIERZ,DAVID,E. SCHLITTLER
Y H. WALDMANN.Helv. Chim. Acta 12, p. 667
(1928) Chem. Abstr. 23, p. 4680 (1929).
TH. ZINCKE, Liebigs Annalen, 391, p. 65 (1912).
Basandonos en indicaciones de H. ERDMANN: (L. VANINO, 2.3 edicion. 1923,
t. 2, p. 442).
Ver BEILSTEIN,4. edicion 1922, t. 5, p. 247.
E. FROMM e I. WITTMNN, Ber. D. Ch. Ges. 41, p. 2264 (1908). Ver tambien
Yu. O. GABELY A. L. SHPANION,J. Applied Chem. (USSR) 12, p. 1485, Chem.
Abstr. 34, p. 6244 (1940).
CH. C. PRICE Y G. W. STACY,Joum. Am. Chem. Soc. 68, p. 498 (1946).
LEUCKARTy LUSTIG J. pro (2) 41, p. 199, Belistein 4.3 edicion, 1923, t. 6,
p. 339/340.
Comparar BEILSTEIN,4.3 edicion, t. II (1928), p. 72, BLANKSMA,R. 20, p. 129,
ECKBOM,Ber 35, p. 653, R. S. SCHREIBER
Y R. L. SHRINER,J. Am. Chem. Soc., 56,
p. II4-II7 (1934). Chem. Abstr. 28, p. 1674 (1934), J. BARBER,J. Chem Soc.,
102, p.l0l
(1943), Chem. Abstr. 37, p. 4374 (1943).
SCHMIDT,Ber. D. Ch. Ges. II, p. II 71; BEILSTEIN,3.3 edicion, 1896, t. 2, p. 816.
LEUCKARTy LUSTIG,J. pro (2) 41, p. 203, BEILSTEIN,3.3 ed., 1896, t. 2, p. 817.
Reduccion a la p.mercapto acetanilida, ver Gabel y Shpanion (6).

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                    <text>Maestría en Ciencias Humanas. Opción en Literatura Latinoamericana
Tesis para defender el título de Magister en Ciencias Humanas

ESCRITORAS URUGUAYAS entre el silencio y el ocultamiento:
formas del género (1879-1908)
Lic. María Bedrossián

Director de Tesis: Prof. Dr. Pablo Rocca

Montevideo, 2014.

1

�Aprobación con aval

Informe sobre la tesis
ESCRITORAS URUGUAYAS entre el silencio y el ocultamiento: formas del
género (1879-1908), de María Bedrossián

Como se sabe, en el curso de las dos últimas décadas se ha intensificado
los llamados “estudios de género” en clara consonancia con las reivindicaciones
sobre el lugar de la mujer y el reclamo sobre sus derechos en las sociedades
contemporáneas. Pero esta perspectiva –política y teórica– ha dado resultados
académicos aún escasos en el campo de las letras de la región y, menos aún, en el
más restricto ámbito uruguayo.
Aparte de lecturas parciales sobre textos de algunos autores (sobre todo
Petrona Rosende de de la Sierra, Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreira,
Armonía Somers, Clara Silva), en relación con textos literarios escritos por
mujeres los episodios más ambiciosos de este abordaje político y teórico desde la
crítica literaria y cultural se ubican en la recuperación de una temprana novela
decimonónica de Marcelina T. de Almeida (Por una fortuna, una cruz), por parte
de la investigadora uruguayo-sueca Virgina Cánova; la publicación de una serie
de trabajos a cargo de María Inés de Torres (La Nación, ¿tiene cara de mujer?) y,
en parte, la realización de un encuentro sobre Mujeres y literatura en el Museo
Blanes de Montevideo a comienzos del nuevo milenio. A todo esto debe sumarse
los estudios sobre mujer, cultura y sociedad uruguayas que, a su tiempo y por su
lado, han llevado adelante sobre todo María Julia Ardao, Silvia Rodríguez
Villamil, Graciela Sapriza y Lourdes Peruchena. Y, desde luego, los estudios de
José Pedro Barrán.
Si, como se dijo, el siglo XIX recibió algunos abordajes cercanos, el
simple inventario –ya no el catálogo preciso– de las mujeres que escribieron o
publicaron en el Uruguay durante este período fundacional está muy lejos de
haberse realizado. Por el manejo de otras herramientas teóricas y metodológicas,

2

�la historiografía literaria no prestó mayor atención a esta imprescindible tarea,
desde Alberto Zum Felde hasta el colectivo de críticos que construyó en 1968 y
1969 Capítulo Oriental. La Historia de la Literatura Uruguaya, pasando por
buena parte de los Diccionarios de Literatura, aunque en alguna medida tal
carencia se haya subsanado, en ciertos casos, en la versión más actualizada del
Diccionario de Literatura Uruguaya (2001). La languidez contemporánea de este
tipo de estudios desde la bibliografía sigue postergando una labor positiva sin la
cual toda teoría (siempre imprescindible) gira en el aire.
Quizá quien más se haya aproximado al punto haya sido Carlos Roxlo en
su pionera, abundante al tiempo que débil Historia crítica de la literatura
uruguaya, publicada en varios tomos hacia fines de la década del diez. Hay que
advertir que, con la transformación epistemológica decisiva que se produjo en los
últimos tiempos, transcurrió un siglo exacto desde la publicación de esta obra de
Roxlo. Nadie se propuso hacer esta tarea de estado de situación y de balance, con
la excepción de algunos artículos que, más bien, se orientaron hacia el siglo XX,
como un texto de Arsinoe Moratorio publicado en la Revista de la Biblioteca
Nacional (1976). Nadie, a pesar de tantas declaraciones de principio, hizo luego
un recorte sobre tal corpus.
Después de un relevamiento escrupuloso, esta tesis de la Lic. María
Bedrossián aborda, por primera vez, un repertorio de textos escritos por mujeres
en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX, aunque estas últimas, en rigor,
pertenecen ideológica y estéticamente a la centuria anterior. Textos de Margarita
Eyherabide, Adela Castell, Celina Spikerman y Mullins, Ernestina Méndez
Reissig, entre tantas otras, si acaso habían recibido una mención pasajera en
alguna de las historias literarias o las antologías generales poéticas del país; nunca
de prosa, siempre más escasas. Pero el trabajo no se limita al razonado catálogo,
tarea que igualmente se afronta ya que, en este punto, la situación local ha sido de
una extrema complejidad dada la reconocida desidia en que se encuentra el
patrimonio bibliográfico del país en el curso de las últimas décadas. Con un
dominio teórico serio, a la vez que científico, la Lic. Bedrossián enfoca distintos

3

�aspectos centrales a la relación sobre la mujer, la sociedad uruguaya de su época y
la construcción de los discursos estéticos correlativos.
Seguí, estimulé y apoyé todo lo que puede este trabajo desde sus inicios.
Tuve oportunidad de leer sucesivos borradores a lo largo de cinco años, y una vez
concluido luego de muchas horas de trabajo y discusión, entiendo que se trata de
una contribución de una notable relevancia que significa un avance cualitativo de
primer orden en un campo de estudio en el que se cruza crítica e historia literaria
con historia social y cultural.

Prof. Dr. Pablo Rocca
Montevideo, abril de 2014.

4

�Agradecimientos y dedicatoria

Este trabajo tiene su origen en los nombres de algunas mujeres que
vivieron en el siglo XIX y en torno a ellos se vertebra. Me los brindó Lourdes
Peruchena, quien con generosidad y agudeza me alentó a que “les diera carne”.
Imprescindibles fueron las frecuentes y preciosas indicaciones de Pablo
Rocca. Su amplitud de miras, las referencias bibliográficas de última hora y la
ejemplar paciencia con que guió este proyecto fueron un estímulo impagable. Sus
diestras preguntas ayudaron, de forma invariable, a encontrar mejores respuestas.
Quiero, por todo ello, agradecer a los profesores Pablo y Lourdes.
Ni que decirse tiene, en fin, que dicha investigación no habría llegado
hasta aquí sin el amor de Luis, Clara y Cecilia.

5

�Índice

Agradecimientos y dedicatoria.................................................................................5
Resumen...................................................................................................................7
A excepción de El Parnaso Oriental de Raúl Montero Bustamante (1905) y del
Diccionario de Seudónimos de Arturo Scarone (1942) –en los cuales
encontramos breves noticias y reseñas de las poetas o narradoras– nada hay
sobre estas mujeres escritoras. No aparecen en la voluminosa y casi
contemporánea Historia Crítica de la Literatura Uruguaya (1912-1917), de
Carlos Roxlo; no las registra Mario Falcão Espalter en su Antología de Poetas
Uruguayos (1807-1921), de 1922, ni Hugo D. Barbagelata en Una centuria
literaria: poetas y prosistas uruguayos (1800-1900) de 1924, ni Carlos Reyles
en el plan que dirige titulado Historia Sintética de la Literatura Uruguaya
(1931), ni Alberto Zum Felde en Estética del 900 (1929), y en el Proceso
Intelectual del Uruguay y Crítica de su Literatura (1930 y reediciones
ampliadas y corregidas de 1941 y 1967) así como tampoco en su Índice de la
poesía uruguaya contemporánea (1933). No las nombran los estudios en general
abarcadores de Alberto Lasplaces (1939), ni la tan criticada por
omnicomprensiva Exposición de la Poesía uruguaya desde sus orígenes hasta
1940, compilada por Julio J. Casal en esa fecha última. Ni siquiera en una
antología más acotada y que recoge en su título la condición de minoridad
aparecen mencionadas o incluidas estas mujeres (Antología de poetas
modernistas menores, compilada por Arturo Sergio Visca, 1968). No da cuenta
de ellas Carlos Maggi en el capítulo introductorio de Capítulo Oriental. La
Historia de la literatura uruguaya (1968-69). No aparecen en el Diccionario de
Literatura uruguaya (2001). Nuestro siglo XIX continúa, en gran medida no
sólo para las mujeres-escritoras, en un cierto estado de orfandad de lectura
crítico-historiográfico-teórica. .......................................................................... 18
b. Trasgresión conservadora: la escritura casi invisible.................................75
Dicho cuento pertenece a la colección de relatos incluida en el tomo I de
Sueños y Realidades, Buenos Aires, Imprenta de Mayo de C. Casavalle, 1865:
211-235. Hay muy pocos análisis críticos de esta historia. Uno de ellos es de
Irene S. Coromina (2009) en Espéculo. Revista de estudios literarios.
Universidad
Complutense
de
Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero43/jmgorriti.html. Trabajos de María
Gabriel Mizraje sobre la obra de Gorriti se encuentran en Argentinas de Rosas a
Perón (1999), y en La escritura velada (historia y biografía en Juana Manuela
Gorriti). http://www1.lanic.utexas.edu/project/lasa95/gorriti.html (consultado
en agosto 2013).................................................................................................. 96
Corpus.............................................................................................................. 236
Fuentes............................................................................................................. 237
Crítica y Teoría................................................................................................ 237

6

�Resumen

Este trabajo se centra en los discursos literarios de autoras uruguayas
publicados en libros y en prensa periódica entre 1879 y 1908 que no han sido
abordados aún por la crítica académica salvo en menciones circunstanciales.
Detenerse en un corpus casi desconocido tiene sus riesgos. Requiere
pensar en esa trama que se teje cotidianamente en la escena privada, que forma
parte de la política y que puede participar de procesos de transformación social
(Schmukler, 1990), lo que nos lleva a transitar por obras que surgen a instancias
del ascenso de la burguesía (Masiello, 1997) y atender a las representaciones de
género dado el rol fundamental que cumplen en las conformaciones culturales de
una nación. Implica a la vez circular en torno a los dispositivos verbales con que
se construye y emerge la subjetividad femenina y junto con ello, explorar
particulares modos de pensar y quizá de experimentar cierta realidad en el
contexto de disciplinamiento de un siglo pedagógico e historicista.
Es también poner de relieve las estrategias que utilizan las mujeres para
escribir (y leer) en un medio desgarrado por la discordia civil y la injusticia social,
observando la influencia de los conflictos políticos en sus temáticas y
evidenciando además una “rica subcultura literaria femenina claramente
definida” (Gilbert y Gubar, 1998: 12) que funcionó en el contexto regional.
Aproximarse a esta literatura –ejemplo paradigmático de las relaciones
entre Historia y género– ubicada en la encrucijada de prácticas asignadas,
silenciamientos y discursos eminentemente patrióticos, es leerla a contrapelo de
sus oscilaciones entre el tono confesional de la gran tradición lírica femenina y la
elusión de una poética patriarcal.
Observar aspectos de la evolución de dichos textos, en guerra o alianza
con la cultura masculina, permitirá valorar, a través de un análisis riguroso e
inclusivo, otros métodos para una interpretación posible de la evolución de la
literatura uruguaya.
Palabras clave: escritoras uruguayas/ siglo XIX/ representaciones del género.

7

�Abstract

My work focuses on the literary discourses of uruguayan writers of the
XIX century, published in books and periodicals between 1879 and 1908 and have
not yet been addressed by academic criticism, unless on circumstantial mentions.
Stopping in an almost unknown corpus has its risks. Requires thinking
about this plot that weaves daily in private scene, forming part of the politics and
can participate in processes of social transformation (Schmukler , 1990), which
leads us to transit through works that arise by request of the rise of the bourgeoisie
(Masiello, 1997) and serve the gender representations, given the vital role they
play in the cultural conformations of a nation. It involves circulating around
verbal devices with which it is constructed and emerges female subjectivity and
with it, explore particular ways of thinking and perhaps experience some reality in
the context of disciplining of a historicist century by antonomasia.
It is also highlighting the strategies that women use to write (and read) in
an environment torn by civil discord and social injustice, observing the influence
of political conflicts in their subject and also showing the "rich female literary
subculture clearly defined" (Gilbert and Gubar , 1998: 12) that worked in the
regional context.
Approaching this literature –paradigmatic example of the relationship
between history and gender– located at the crossroads of pedagogical
requirements, assigned practices, mutes and eminently patriotic speeches, is
reading against the grain of its oscillations between the confessional tone of the
great female lyric tradition and the elusion of patriarchal poetics.
Interpret aspects of the evolution of these texts, in war or alliance with
male culture, allows to assess, through a rigorous and inclusive analysis, other
keys, other methods for interpreting the evolution of the uruguayan literature.
Key words: female uruguayan writers/ gender/ nineteenth century

8

�Capítulo I
a. ESTADO DE LA CUESTIÓN E HIPÓTESIS: “Medita y abísmate
Marcelina”1
Una de las tareas que esperan al lector de hoy es mirar la producción
textual del siglo XIX latinoamericano para entender las formas que asume el
silencio y las figuras oblicuas a las que se recurre para expresar lo indecible. En
ese marco, investigar la literatura de mujeres del Uruguay de la primera
modernización y los inicios del XX es trabajar un corpus sobre el cual no existen
paradigmas de lecturas ni rastreos académicos sistemáticos. A este problema se
agregan otros, como los que detecta Pablo Rocca en el mapa general de la
literatura en nuestro país: “Basta hojear cualquier historia literaria o del campo
artístico que se prefiera –y hasta cualquier diccionario– para comprobar sus
enormes incomodidades y aun las arduas zozobras para armonizar un mapa de
veras nacional”.2
Este quehacer hermenéutico implica leer fragmentos pugnando por
constituirse en obras, “textos-depósito” en los cuales no es fácil descubrir su
contrapartida literaria. El carácter informe de este objeto de estudio remite a una
dimensión escurridiza del propio acontecimiento que se busca captar. ¿Qué
pueden decir las escritoras del siglo XIX y cómo aprender a leer sus
producciones? ¿Cómo analizar praxis discursivas marginadas por el predominio
masculino en los espacios culturales?
Ya en 1882 Ernest Renan planteaba que “la esencia de una nación reside
en que todos los individuos tienen muchas cosas en común y también que han
olvidado muchas” (Cfr. Mingo, 2011: 116). Pero el olvido que preconiza Renan es
sólo justificable en un sentido “pragmático ”.3 Los estados fueron construidos a
1

Carta Nº 2 de Ángela (seud.) a Marcelina de Almeida. Son siete epístolas publicadas en respuesta a
la novela Por una fortuna una cruz (1864) cuyo subtexto denuncia un caso de matrimonio por conveniencia.
2
Rocca, Pablo. “Para una revisión del canon nacional. La literatura minuana (1920-1950)”.
Disponible en http://www.sadil.fhuce.edu.uy/literaturaminuana1920-1950/ (consultado en mayo de 2012).
3
Mingo, Alicia: “Nación, democracia y humanismo en E. Renan” en Contrastes Vol. XVI, 2011.
Publicación on line en http://www.uma.es/contrastes/pdfs/016/Contrastes%20XVI-06.pdf (consultada en julio
de 2013).

9

�partir de un canon histórico y literario por el cual no solo se pueden olvidar ciertos
textos sino también a ciertos sujetos. Hasta hace muy poco, los proyectos
literarios de las escritoras latinoamericanas del siglo XIX eran percibidos como
acontecimientos localizados y aislados en los que se destacaban el estudio del
papel del sujeto biográfico y se relegaba la importancia del estudio del sujeto
histórico como activo agente de transformación cultural.
Puesto que desde el inicio de las investigaciones sobre la producción de
mujeres uno de los temas centrales ha sido su visibilidad, nos urge encontrarlas
para poder contar su historia. Esta es una de las causas que nos mueven a
contribuir al armado de un mapa de conocimiento de la literatura de mujeres en
Uruguay a partir de lo que podría considerarse su despliegue alrededor del canon
y su análisis desde una perspectiva de género. Siendo el canon una herencia de
textos recibidos como legado histórico-cultural, conformado por las escalas de
selección e interpretación de los materiales del pasado, se trataría, en suma, de
realizar una operación de “despeje” para acreditar el presente y para dar paso a un
“cuerpo” que nace en un momento de encrucijadas políticas, sociales y culturales
como lo es el fin de siglo. Es necesario precisar, desde luego, que este trabajo no
funciona como un proyecto contracanónico sino de lo que se trata de hacer es
aplicar una perspectiva analítica a textos considerados como “respuestas a la
autoridad masculina”, como “demanda social” y como “impugnaciones
contrahegemónicas en relación a los textos hegemónicos” (Pratt, 2000: 82-83).
La comprobación de que hasta la fecha existe únicamente la antología
–“esos grandes espejos del canon” (Pratt, 2000: 72) – de Raúl Montero
Bustamante de 1905, y ni una sola historia de la escritura de mujeres uruguayas
que comience en el siglo XIX (algunas incluyen miradas parciales sobre una
época, o sobre una que otra autora pero siempre formando parte de un texto más
general), permite incluir alternativas partiendo de la base de que ninguna tradición
literaria está herméticamente sellada por la continuidad de una sola y única voz.
Yuxtaposiciones de multirrelatos y de silencios, muchas veces no coincidentes
entre sí, pelean sentidos históricos en batallas de interpretaciones y de códigos
materiales. Este juego de delicados equilibrios lleva a ejercer una labor de

10

�microanálisis para poder leer los matices de dichos textos, tratando de alejar
argumentaciones totalizadoras.
La discusión que se plantea en este trabajo se limita a unos pocos libros de
la época en cuestión, así como también a las huellas de las escritoras y de otras
que aparecen en la prensa del momento, en particular en un conjunto de revistas
culturales. Creo importante incluir el trabajo de Adela Castell, quien no publicó
libros hasta lo que he podido saber, pero aparecen sus poemas en varias
publicaciones además de tener un alto número de intervenciones en la Revista
Nacional de Literatura y Ciencias Sociales.
Esta selección apuesta a delinear un lugar en tanto creadoras de espacios
simbólicos, contrastando en materiales poco transitados y en otros que tienen un
cierto grado de representatividad para recomponer escenarios discursivos del
momento. Por cierto, reflexionar sobre la temática requiere tener en cuenta un
aspecto fundamental sobre el cual Pablo Rocca llama la atención:
“Con todo, hay que prevenirse contra dos peligrosos movimientos
contradictorios: el que se cierra sobre el conjunto habilitando la falsa ilusión de
que todos sus integrantes tienen propiedades comunes sin distingos ni
variaciones, y el que sólo analiza el caso particular como si este no tuviera
relación con los demás y con la época en que se formó y desarrolló su obra.
Claro que hay que zafar de este movimiento de pinzas si no se quiere incurrir en
el trazo grueso. Cuanto más difícil hacerlo es en relación a grupos de
comunidades pequeñas y relativamente aisladas de los centros de poder cultural”
(Rocca, op. cit., 2008: 3)
Asumiendo el riesgo “de incurrir en el trazo grueso” nos enfrentamos a un
grupo de mujeres que coinciden en el auge positivista con temáticas e inquietudes
comunes. Todas cuentan con muy pocas publicaciones en libros. Algunas se
conocen entre sí como lo demuestran las dedicatorias de sus poemas, pero también
se preocupan por establecer redes con las escritoras de la vecina orilla, a quienes
reconocen los “lauros inmarcesibles que han merecido”, así lo expresa Clara
López de Britos (1892)

11

�a. Las Musas orientales. Relaciones entre política y género: un corpus

En el Paysandú de 1879 situamos el primer extremo. Entonces y allí la
maestra Dorila Castell de Orozco publica Flores Marchitas en el Establecimiento
Tipográfico de “El Pueblo”. Se trata de un pequeño libro con poemas que se
vinieron escribiendo desde 1874 y cuya venta se destinará “al socorro de las
víctimas del Segura”4. No será la única mujer que ofrece su creación literaria
como obra de beneficencia. En 1907 Francisca Ofelia Bermúdez, amiga de
Ernestina Méndez Reissig, ofrece su selección de poesías bajo el título Corolas
Blancas y dona las ganancias a la “Conferencia de Señoras de San Vicente de
Paul de la Parroquia del Cordón en sus Bodas de Plata”. En la apertura del libro
el Arzobispo Mariano Soler celebra la edición y saluda a la autora, porque “es
muy caritativo su pensamiento” (1907: 10). El magisterio, el altruismo y, como se
verá más adelante también la patria, funcionan como motores que las impulsa a
publicar, algo que quizás no considerarían de no presentarse esta posibilidad.
Los tópicos de Dorila Castell son en muchos casos relativos al contexto
socio-político, cuestión que se disimula bastante bien entre otros temas como la
familia, la naturaleza, la belleza de las sanduceras, la patria. Semblanzas a “Los
treinta y tres orientales”, a “España”, “A los señores fundadores de la escuela
popular ‘Eduardo Mac Eachen’”, y algo sutil se desliza un poema denominado “A
la Habana” dedicado “A los distinguidos ciudadanos (desterrados por el gobierno
de Don Pedro Varela)”, en referencia al célebre episodio de la deportación a La
Habana en la Barca Puig en 1875. Sin desperdicio es el diálogo entre dos
orientales que reflexionan en las desgracias de la guerra. Entre 1895 y 1896
4

Se trata de una inundación del Río Segura “que sin duda alguna supera en magnitud a todas las
del siglo fue la de «Santa Teresa», que empezó el 14 de octubre de 1879 con la avenida del río Guadalentín,
que al unirse con el Segura, también en crecida, ocasionó el día 15 la inundación de toda la Vega Baja hasta
el mar. Como muestra de la intensidad que alcanzó, hay que resaltar el enorme caudal, 2.500 m³/s, que
circuló por el Segura a la altura de la ciudad de Murcia. La acción combinada de estos ríos se repite el día 7
de noviembre de 1880, provocando la rotura del Reguerón”. Por más información ver:
http://amigosdelosriosmurcianos.blogspot.com/2010/09/las-grandes-inundaciones-de-la-cuenca.htm
(consultado en noviembre de 2013).

12

�aparecerán otros textos en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales
dirigida por José Enrique Rodó, Víctor Pérez Petit y los hermanos Martínez Vigil,
a lo que se agrega sus intervenciones en Búcaro Americano. Sabemos que dicha
revista publicó composiciones poéticas de casi todas las señoras que en esa época
se dedicaban a escribir. Sin embargo, tenemos noticias de que pocas las uruguayas
pudieron hacerlo. Dorila Castell fue una de ellas.
En 1883 la Tipografía Renaud Reynaud de Montevideo saca dos leyendas
en un mismo librillo: Aglae… y la segunda Una cruz. Según Micaela Díaz de
Rodríguez, estas dos historias se inspiran en la realidad. Una trata de los destinos
de las mujeres durante el levantamiento de Venancio Flores y la otra de un crimen
en la campaña que resultó impune.
¿Por qué escribir sobre el sitio y caída de Paysandú (1864) en 1880 y luego
publicar en 1883? Este último es el año en que el general Máximo Santos inicia su
mandato con un “gobierno más militarista que el de Latorre, pero al contrario de
este, que prescindió de las divisas tradicionales, Santos tiñó fuertemente de
colorado su gobierno.” (Méndez Vives, 1975: 32). En 1884 se creó un sector del
Partido Colorado denominado “Gran Partido Colorado”, con Santos como jefe
indiscutido.

El

complemento

natural

fue

que

Santos

glorificara

los

acontecimientos más impactantes del pasado colorado: la Defensa, la Cruzada de
Flores, la hecatombe de Quinteros. Estamos frente a una producción de autoría
femenina que trata temas “masculinos” en la época del santismo. El contenido
político partidario con que se aborda la guerra da cuenta de un capítulo nacional
observado desde una perspectiva que narra la confusión entre la historia individual
y la historia de la Patria, haciendo foco, quizás a modo de denuncia, en el cuerpo
de las mujeres.
Algo similar sucederá a principios del XX con las novelas de Margarita
Eyherabide y con la poesía de Celina Spikermann y Mullins. Afincadas en el
trasfondo histórico fusionan política y ficción al escribir sobre la yuxtaposición de
las luchas fratricidas en el espacio doméstico, emergente sobre el cual reflexionan
estas “escritoras patriotas” tal como anteriormente lo hiciera por ejemplo Juana
Manuela Gorriti en 1891 (Iglesias, 1993).

13

�En 1885 aparece en Montevideo el único y breve libro de Adela Corrège,
consignado por José Pedro Barrán, quien probablemente fuera el primero en dar
cuenta de la existencia de Tula y Elena o sea el orgullo y la modestia. Dedicado a
Teresa Mascaró, la autora insiste en la importancia de recibir educación para no
caer en las trampas de la seducción masculina. Con una intervención
explícitamente moralizadora y prescriptiva, la narración se construye desde un
paradigma pedagógico que busca enseñar a las alumnas de la escuela pública el
cuidado que deben tener para no caer en tentación.
Cinco años después aparece un librillo de poemas cuya autora se esconde
bajo el seudónimo de Zulma. Las Páginas íntimas... salen en 1890 de la Imprenta
Elzevirana del diario La Tribuna Popular de Montevideo. Luego de leer algunos
de los fragmentos que allí aparecen queda claro el motivo del anonimato. Se
maldice a la sociedad porque “la justicia que pesa en tu balanza no la haces
extensiva cual debieras pues criminal no es solo el que mata”. No hay ley que
condene a los hombres que engañan a las mujeres. El castigo es para ellas por
“haber pisado el primer escalón hundiéndose más tarde en un abismo” y el
generoso perdón que obtienen los hombres es un tema recurrente a lo largo de sus
composiciones. Ejemplos palmarios de la benevolencia con que se mide la
conducta de los hombres se encuentran en las novelas uruguayas Tula y Elena, y
Estela, siendo un tópico que se reitera en las novelas españolas y francesas que se
leían por estos lados y asunto que merece atención en los Manuales de urbanidad.
Pero las páginas de Zulma también muestran otras conductas que llaman a la
compasión: el amor hacia hombres casados, madres solteras que siguen
enamoradas a pesar del sufrimiento de haber sido abandonadas, mujeres que han
entregado sus cuerpos por confiar en promesas falsas.
Clara López de Brito escribe desde Paysandú y en 1892 publica un corpus
poético cuyo título es Acentos del Corazón. Se trata de una obra que demuestra la
importancia que nuestras escritoras daban a la producción literaria de las poetas de
la Ondina del Plata y de otras publicaciones de la generación argentina del 80.
Una actitud que confirma que “en el siglo XIX existía una subcultura literaria
femenina rica y claramente definida” (Gilber y Gubar, 1984: 27).

14

�En 1896 María Herminia Sabbia y Oribe es otra de las que adscriben al
Partido Blanco, lo cual no se infiere por lo que se dice en sus textos. Publica su
libro Aleteos, Primeras Poesías, dedicado a sus padres y a sus amigas, respaldado
en Eduardo Acevedo Díaz, Carlos Roxlo, Arturo Giménez Pastor y Ángelo De
Gubernatis. Con piezas de 1895 presenta tan solo una parte de su producción. La
otra parte, un tanto dispersa y fragmentada, aparece en distintos medios de prensa
del momento.
Otra de las autoras con más proyección y renombre es Ernestina Méndez
Reissig, quien cuenta con la obra más consistente y acabada. Publicó sus textos
líricos y en prosa en varios medios de prensa nacional e internacional, y en ese
vaivén por los géneros irá perfilando sutilmente algunos cuestionamientos a la
postura oficial sobre el matrimonio y el papel de la mujer. El poder, el espacio y la
teatralidad que se generan en este cruce se yuxtaponen provisoriamente en sus
cuentos, que a veces coinciden entre sí pero que también pelean sentidos
históricos en batallas de códigos materiales e interpretativos. En 1899 aparecen
sus poesías en unas pocas revistas de la época y a partir de la primavera del 1900
los recoge en un libro titulado Lágrimas, en el cual también hay cuentos. 5 Este
volumen tuvo una segunda edición por el sello de la Librería de Dornaleche y
Reyes, en 1902, año en que también aparece Lirios, del mismo estilo que el
primero. Ambas producciones incluyen juicios críticos pertenecientes a escritores
y escritoras contemporáneos a la autora, un corpus que también merece un
detenido análisis. Ernestina era prima de Julio Herrera y Reissig. Esta proximidad
familiar con el poeta más notable del cruce de los siglos, y quizá el más
importante de toda la lengua en su tiempo, debió beneficiarla en alguna medida,
ya que varios de los saludos de las páginas de sus dos libros son de habituales
colaboradores de La Revista cuyo director era el célebre primo.
Apenas iniciado el siglo XX aparecerán los trabajos de Celina Spikermann
y Mullins. En San José de Mayo la Tipografía La Minerva edita Rosas y Abrojos
(1902) con poemas que surgen en 1899. Motivos florales asociados a los ciclos de
la vida y a las glorias de las epopeyas orientales se plasman en páginas inspiradas
5

La Revista (1899), Rojo y Blanco (1900), Búcaro Americano (1896).

15

�en Espronceda y en Virgilio. En Flores marchitas (1905) la autora despliega
desde su propia perspectiva política algunas reflexiones en verso y en prosa sobre
el pasado reciente, la Patria, los perfiles de sus héroes (todos del Partido Blanco)
salpicando aquí y allá con algunas anécdotas costumbristas y remedos de críticas
literarias a la producción de sus colegas.
Un año después, Margarita Eyherabide, originaria del departamento de
Cerro Largo, es la única del corpus seleccionado en esta tesis que escribe dos
novelas. Estela de 1906 se edita en Melo; Amir y Arasi ya se publica en
Montevideo en 1908. En esta fecha y con este título se cierra el corpus de esta
investigación. La lectura del trabajo de Eyherabide, en especial el de esta novela,
nos lleva a confirmar la hipótesis de Doris Sommer en Ficciones Fundacionales:
“Localizar el elemento erótico de la política, para revelar cómo los
ideales nacionales están ostensiblemente arraigados en un amor heterosexual
«natural» y en matrimonios que sirvieran como ejemplo de consolidaciones
aparentemente pacíficas durante los devastadores conflictos internos de
mediados del siglo XIX. La pasión romántica, según mi interpretación,
proporcionó una retórica a los proyectos hegemónicos” (Sommer, 2004: 22).
Las novelas tradicionales latinoamericanas del siglo XIX intentaron llenar,
como necesidad de las nuevas naciones, el vacío de Historia y se propusieron
como la historia deseada, remediando simbólicamente las contradicciones sociales
mediante historias de amor heterosexual que representan razas, partidos o
intereses en conflicto. En las obras de Eyherabide aparecen preocupaciones
propias de fin de siglo como la exaltación de un modelo de maternidad y la
adaptación y asimilación del progreso, proceso que tiene aspectos positivos y que
la autora se ocupará de destacar. El siglo de las máquinas, en especial del auge
ferrocarrilero, marcó un mojón histórico en la forja del nacionalismo económico
(Méndez Vives, 1975: 64). Aún así, también la problemática del “pobrerío rural”
no se soslaya en la obra. En las capitales departamentales del norte y del este, los
niveles de miseria alcanzaban marcas altas. Barrán y Nahum han demostrado que
este fue un caldo de cultivo para los levantamientos blancos de 1897 y 1904. En
torno al 90 los impulsos nacionalistas empezaron a manifestarse en el terreno

16

�económico. La comprobada voracidad del capital extranjero (caso de los
ferrocarriles, por ejemplo) hizo que el culto a la empresa privada fuera puesto en
tela de juicio. Esta fue una época de discusión de las leyes ferrocarrileras, que en
1884 y 1888 motivó debates y exposiciones tanto a nivel estatal como
universitario (Juan A. Capurro, Ministro Carlos de Castro, Francisco Bauzá), un
proyecto al que también atendería Margarita Eyherabide, además de su
preocupación por el problema de los límites con Brasil.
Por último integramos a una escritora que escribe en prensa. Adela Castell
es la maestra escritora más reconocida de la Revista Nacional de Literatura y
Ciencias Sociales. Sus poemas y composiciones aparecerán a lo largo de los tres
años que dura dicha publicación. También escribirá en la revista Búcaro
Americano, y además, según Raúl Montero Bustamante (1905), en La Alborada
del Plata, La Ondina del Plata, La Floresta Uruguaya, El Almanaque
Sudamericano.6 Podría equipararse a Ernestina Méndez Reissig en el volumen de
poesías, cuentos y discursos publicados. Por momentos, sus exposiciones
adquieren visos críticos hacia a la Patria, el amor y el lugar que ocupa el sexo
femenino en la familia. Algo que importa destacar es que según la sección de
6

En dos lugares se encuentran noticias biográficas de Adela Castell, siendo prácticamente la única
de quien tenemos datos concretos. Uno es en el Parnaso Oriental de Raúl Montero Bustamante (1905) y el
otro es un sitio web. Es interesante atender lo que Montero Bustamante quiso señalar como relevante: “Nació
en 1864, recibiendo su diploma de maestra en 1880. Ya nombrada sub-directora del Instituto Normal de
Señoritas, en 1882, se graduó de maestra de 3º grado en 1886, comenzando, en 1887, á dirigir la primera
escuela de aplicación en esta República. Todas sus energías las ha encaminado, durante su vida entera, á la
formación del carácter del niño, Como prueba de lo que afirmamos, ahí están sus conferencias, una de ellas
pronunciada últimamente en la Asunción, la que le mereció, por parte de la prensa local, elogios calurosos
que han sido como una nueva consagración de su ilustración y talento. De palabra fácil y elocuente, es una
notable oradora, siendo de notarse que ha sido la primera mujer que ha subido á la tribuna en las repúblicas
del Uruguay y Paraguay. Como escritora hablan bien alto todas sus colaboraciones, en prosa y verso,
aparecidas en La Ondina del Plata, La Floresta Uruguaya, La Alborada del Plata, Boletín de enseñanza, El
Almanaque Sudamericano, La Revista Nacional, etc, y numerosos diarios, tanto del país como de la
República Argentina. Ha cultivado, sin embargo, con especialidad, la poesía, reflejando sus versos, unas
veces, las vibraciones ó inquietudes de un alma sensitiva; y otras, las ideas y conceptos de un cerebro
equilibrado. Es que unas veces parece pensar con M.me Angebert, que la poésíe est la philosophie en fleur; y
otras, con el autor de Jocelyn, que la poesie c'est le chanl inlérieur.”
Más datos de la vida profesional de Adela Castell (así como de María Eugenia Vaz Ferreira)
aparecen en Biographies of uruguayans authors (1921) de William Belmont Parker, un editor estadounidense
que se dedicó a realizar una colección de biografías de escritores argentinos, cubanos y uruguayos. Lo que allí
se destaca es que se trataría de la primera mujer en hacer una ponencia en el Ateneo de Paraguay, se conocen
sus discursos en el Club uruguayo de Buenos Aires y en el Congreso Científico Americano realizado en
Montevideo en 1900. Finalmente se hace referencia a la solicitud que hicieron en 1920 más de doscientas
personas a la Cámara de Diputados por una pensión y reconocimiento oficial para la escritora. Ver en
http://wikilivres.ca/wiki/Adela_Castell

17

�“Sueltos” del número veintitrés de la Revista Nacional de Literatura y Ciencias
Sociales (10 de febrero de 1896) la escritora habría terminado “una breve novela
en forma epistolar, que aún no ha decidido a dar a la publicidad”. Acerca de este
posible libro no hemos podido saber si realmente se concretó este proyecto.
Es necesario señalar que también otras mujeres incursionan tímidamente
en algunas revistas de la época. Sara Arias, Matilde Crispina Romero, Clara
Gianetto, Casiana Flores dan a conocer, de forma muy esporádica, sus cuentos y
poemas. Por esto mismo, nada o casi nada hemos sabido de ellas en las diferentes
modalidades del discurso crítico, como se indicará en el inciso siguiente que se
ocupa, en consecuencia, del estado de la cuestión sobre las más específicas
fuentes de este trabajo.

b. A la luz/oscuridad de las fuentes: están los nombres pero no sus vidas…

A excepción de El Parnaso Oriental de Raúl Montero Bustamante (1905)
y del Diccionario de Seudónimos de Arturo Scarone (1942) –en los cuales
encontramos breves noticias y reseñas de las poetas o narradoras– nada hay sobre
estas mujeres escritoras.7 No aparecen en la voluminosa y casi contemporánea
Historia Crítica de la Literatura Uruguaya (1912-1917), de Carlos Roxlo; no las
registra Mario Falcão Espalter en su Antología de Poetas Uruguayos (1807-1921),
de 1922, ni Hugo D. Barbagelata en Una centuria literaria: poetas y prosistas
uruguayos (1800-1900) de 1924, ni Carlos Reyles en el plan que dirige titulado
Historia Sintética de la Literatura Uruguaya (1931), ni Alberto Zum Felde en
7

Raúl Montero Bustamante publica en 1905 El Parnaso Oriental. Una Antología de Poetas
Uruguayos, una edición ilustrada con medallones foto-grabados de varios poetas “amparados en una suerte
de frenesí lírico que invadió a la sociedad uruguaya del Novecientos.” (Rocca, 2004). En ese heterogéneo
conjunto también se incluye a cuatro mujeres. Desde el Parnaso de Lira de 1835 al de Montero Bustamante
se cuadriplicó la presencia de voces femeninas.
En el cuarto medallón aparece Adela Castell, mientras que María H. Sabbia Oribe, Ernestina
Méndez Reissig y María Eugenia Vaz Ferreira se muestran en el siguiente. Es evidente que hay una mayor
presencia de mujeres comparando con la primera antología, pero sin embargo, el número de textos que se
publican es mucho menor al contrastar los veintitrés poemas de Petrona Rosende de la Sierra del Parnaso
Oriental con los dos a tres textos por cada una de las escritoras.

18

�Estética del 900 (1929), y en el Proceso Intelectual del Uruguay y Crítica de su
Literatura (1930 y reediciones ampliadas y corregidas de 1941 y 1967) así como
tampoco en su Índice de la poesía uruguaya contemporánea (1933). No las
nombran los estudios en general abarcadores de Alberto Lasplaces (1939), ni la
tan criticada por omnicomprensiva Exposición de la Poesía uruguaya desde sus
orígenes hasta 1940, compilada por Julio J. Casal en esa fecha última. Ni siquiera
en una antología más acotada y que recoge en su título la condición de minoridad
aparecen mencionadas o incluidas estas mujeres (Antología de poetas modernistas
menores, compilada por Arturo Sergio Visca, 1968). No da cuenta de ellas Carlos
Maggi en el capítulo introductorio de Capítulo Oriental. La Historia de la
literatura uruguaya (1968-69). No aparecen en el Diccionario de Literatura
uruguaya (2001). Nuestro siglo XIX continúa, en gran medida no sólo para las
mujeres-escritoras, en un cierto estado de orfandad de lectura críticohistoriográfico-teórica.
Recientemente se dieron a conocer dos antologías que incluyen poemas de
Dorila Castell de Orozco: Los poetas de Maldonado. Palabras entre la Sierra y el
Mar de Alfredo Villegas Oromí, de la Editorial Botella al Mar (2013) y la
Antología de poetas sanduceros de María del Carmen Borda, Montevideo, Fondos
Concursables MEC, 2007.
La única mujer que realiza una antología de poetas de principios del siglo
XX es Antonia Artucio Ferreira en su Parnaso Uruguayo (1902-1922) publicado
en 1923. Allí se encuentran algunas presencias relevantes tales como Delmira
Agustini María Eugenia Vaz Ferreira, Juana de Ibarbourou y Luisa Luisi, 8 así
como de otras cuya producción no es tan conocida: María Carmen Izcúa Barbat,
Ester Parodi, y la propia Artucio Ferreira.9
8

Por su parte, en su ensayo crítico A través de libros y autores (1921-1925) Luisa Luisi estudia la
obra de Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou, que entre otros configuran el mapa literario de los años 20.
Este trabajo no incluye a las escritoras investigadas, ni tampoco aparecen en su otro ensayo Literatura del
Uruguay en el año de su Centenario (1930).
9
Sobre Artucio Ferreira, dice Pablo Rocca que “Intentó hacer una antología lo más ampliamente
nacional posible, integrando a poetas del interior del país –ella misma estaba vinculada al departamento de
Florida–, que nunca llegan a ninguna posición destacada ni siquiera de consideración en Montevideo, salvo
que se radiquen en esta ciudad- puerto-tentacular, o que se tramen con los circuitos literarios de poder
capitalinos. En la antología de Artucio Ferreira hay nombres que no volverán, o que volverán al pasar en
otros libros semejantes: los jóvenes Casiano Monegal y Carlos María Onetti y el veterano Luis Onetti Lima

19

�En las contribuciones a la bibliografía de la literatura uruguaya de Walter
Rela (1963) se encuentran estudios aplicados a la poesía en los cuales aparecen,
como era esperable, nuevamente las autoras canónicas. Jorge Medina Vidal
reflexiona sobre los problemas de la lírica femenina en su Visión de la poesía
uruguaya del siglo XX (1969), pero es un ejemplo aislado de mediados que no
abarca caso alguno de los que se estudian en esta tesis. Algo semejante, aunque
con otras herramientas interpretativas, sucede con el trabajo de la poeta y
periodista Arsinoe Moratorio sobre la mujer en la poesía del Uruguay, un estudio
que va de 1879 a 1969, en la que de nuevo las ausencias refulgen.
En donde más datos biográficos y literarios encontramos de una de las
escritoras seleccionadas para este estudio es en la sólida investigación desde la
perspectiva del género que Lourdes Peruchena desarrolla en Buena Madre,
virtuosa ciudadana (2010), en la cual se aborda la maternidad y el rol político de
las mujeres de las élites de nuestro país en el período comprendido entre 1875 y
1905. Su itinerario, que no se centra en la interpretación literaria, comienza con el
concepto de Ilustración europea plasmado en el “contrato sexual” que rige la
institucionalización de la familia y las formas de circulación privado-público, en
el papel de las esposas-madres influyentes en nuestra sociedad y en el marco de
los debates del pensamiento laico y católico de la época. En lo que se refiere a la
literatura de las mujeres se analizan poemas y un cuento de Ernestina Méndez
Reissig, ensayos de Martha Costa del Carril y textos de Laura Palumbo del Pino,
siempre en función del objeto central de su trabajo.10

(de Melo, cerca de la frontera noreste con Brasil), los jovencísimos Julio Casas Araújo y Valeriano Magri
(de Minas, centro este del país), los también noveles Enrique Amorim, José Pereira Rodríguez y A. Milans
Martins (de Salto, litoral oeste, frontera con Argentina). Se trataba de cubrir todos los puntos cardinales de
la poesía” en Anales de Literatura Hispanoamericana
2004, vol. 33: 177-241.
10
Martha Costa de Carril, hija de Ángel Floro Costa, con los seudónimos de Gala Placidia, “Mlle.
Petrol1io” y “'Tía Clara”, ha publicado numerosos trabajos en los diarios “El Siglo” “La Razón”, “Diario del
Plata” y “El Plata”. En octubre ele 1908 obtuvo el primer premio en el concurso literario de la Biblioteca de
Mujeres de Buenos Aires, premio instituido por la señora Emilia L. de Gorostiaga, presentando un trabajo
titulado “La madre” (sobre feminismo). Scarone, Arturo (Op.cit).
Laura Palumbo del Pino diserta sobre la Educación Especial que debe recibir la mujer. Montevideo,
Imprenta Rural, 1901. En esta conferencia se demuestra la influencia de Isidoro de María, José Pedro Varela
y Jaime Roldós y Pons. El centro de la charla gira en torno a la misión de los dos iconos de la sociedad
uruguaya, la madre y la maestra, como las encargadas de preparar a las niñas para la sociedad moderna que
les espera. La educación de la mujer es para la autora, una cuestión de Estado. (Cfr. Peruchena, 2010: 253).

20

�Por su parte Pablo Rocca, en su estudio sobre las antologías poéticas
uruguayas menciona que en alguna de ellas se incluye a Aida Castell y a María H.
Sabbia y Oribe “nombres que hoy nada dicen porque, en buena medida, dejaron
su decir por aquellos días o poco después.” (Rocca, 2004: 189).

c. Genealogías de la academia nacional: Estado de la cuestión

Si bien nuestro objeto específico de estudio no ha sido abordado en forma
continuada en nuestro país, es notoria la vastedad temática acerca de mujeres
escritoras del siglo XIX en toda América Latina. Sin ir más lejos, en el escenario
rioplatense hay múltiples publicaciones y lecturas sustanciales que han
enriquecido este enfoque, tanto por contenidos afines como por los procesos
transitados. Los aportes de las argentinas Silvia Molloy, Francine Massiello,
Graciela Batticuore, Liliana Zucotti, Gabriela Mizraje, por solo nombrar algunas,
configuran perfiles importantes para dicho campo de trabajo, puesto que se
preguntan por el papel de la mujer inmerso en la dialéctica público-privado,
sustentan bases para pensar en la igualdad y la diferencia, contribuyen al
conocimiento profundo de la presencia femenina en la cultura literaria y en las
organizaciones sociales, mostrando la rearticulación de los discursos sobre género
y familia en relación con el devenir político. La base de sus investigaciones,
especialmente la de Masiello, es el estudio de las configuraciones de género
cuando el Estado transita de una etapa tradicionalista a una modernizante.
Desde hace unos años, todo lo que tiene que ver con la presencia y
ausencia de las mujeres en el proceso y en los estudios históricos, viene siendo
discutido desde diferentes ángulos. Con muy diferentes enfoques y alcances, las
mentalidades de la época han sido estudiadas desde los años ochenta con los
primeros aportes de las historiadoras Silvia Rodríguez Villamil y Graciela
Sapriza, quienes con sus innovadores marcos interpretativos analizan desde el

21

�género la situación de las mujeres en nuestra sociedad. 11 Más adelante, en la
década de los noventa, los relevantes estudios de José Pedro Barrán exponen la
sensibilidad dominante de la época y el escenario de absoluta sumisión en que
vivía, o debía vivir, la mujer ideal según el modelo burgués, ideología que habría
tenido vigencia o impregnado, en mayor o menor grado, a toda la sociedad. Otro
análisis que conviene señalar – así lo confirman en sus trabajos tanto Silvia
Rodríguez Villamil como Lourdes Peruchena – es el de Yamandú González
¿Obreras, madres o prostitutas? La cuestión femenina en el Uruguay de fines de
siglo XIX (1990) dado que comprueba la existencia de polémicas sobre la mujer
entre los distintos grupos sociales.
Más recientemente y tal como ya lo hemos señalado, Lourdes Peruchena
(2010) aporta múltiples dimensiones desde la categoría de género para estudiar la
maternidad y el rol político de las mujeres de las élites en el período comprendido
entre 1875 y 1905. En este trabajo se consigna la historia del concepto de “madre”
y se analiza su evolución desde la Ilustración europea hasta la implantación de sus
formas en nuestro contexto. Se evidencian los alcances de los “contratos sexuales”
dentro y fuera de la familia, las formas de circulación privado-público en el rol de
las esposas y madres influyentes en nuestra sociedad, el pensamiento laico y
católico de la época plasmado en las propuestas institucionales y su posterior
implantación en ciertos modelos de conducta. Su recorrido por dicho período da
luz a procesos sociales que ofrecen un marco de referencia ineludible a este
proyecto.
El fenómeno literario en tanto emergente de su contexto, es un quehacer
solo explicable dentro del amplio marco de –y en diálogo con– escenarios sociales
y procesos históricos. Ensayar interpelaciones desde diversas perspectivas
teniendo como eje a las mujeres, la nación y la literatura, implica considera lo
femenino como metáfora que representa una era interesada en la alteridad, en la
diversidad,

en

lo

marginal.

Importan

en

este

sentido

los

abordajes

11

Entre los trabajos de Silvia Rodríguez Villamil y Graciela Sapriza destacamos Mujer, Estado y
Política en el Uruguay del Siglo XXI. Montevideo, EBO, 1984 y artículos varios sobre el voto de la mujer y
los feminismos de comienzos de siglo. En particular Mujeres uruguayas a fines del siglo XIX: ¿Cómo hacer
su historia? Montevideo, EBO, 1983. De Graciela Sapriza, “Hilamos una Historia, La memoria sindical
desde las mujeres” (1989) y Memorias de Rebeldía. Montevideo, GRECMU-Punto sur, 1988.

22

�multidisciplinarios de las letras nacionales de Hugo Achugar (1995), de María
Inés de Torres (1995) y de Pablo Rocca (2003). Se debe mencionar también
trabajo de rescate que realiza Virginia Cánova (1990), quien presentó en esa época
una bibliografía de “olvidados” de la literatura nacional decimonónica, en la cual
confirma 35 obras anteriores a 1888, año de publicación de Ismael. Junto a esto
analiza artículos sobre el feminismo en la prensa y su desarrollo en las
conferencias de José Pedro Varela y Eduardo Acevedo Díaz en 1857 y 1872
respectivamente. Otro de sus aportes fue el descubrimiento de la primera novela
feminista del Uruguay publicada en 1860: Por una fortuna una cruz de Marcelina
T. de Almeida. En esta misma línea trabaja Leonardo Rossiello (1994) para
presentar autores desconocidos del Uruguay del ochocientos.
Por su parte, José Pedro Barrán menciona a dos de las mujeres que
conciernen a este estudio. En Amor y Transgresión en Montevideo, 1919-1931
encontramos esta breve referencia: “El amor romántico y el estilo poetizador de
lo real se halla en la novela que la uruguaya Margarita Eyherabide publicó en
1906 con el título Estela” (2001: 242). La narración de Adela Corrège es
considerada en la Historia de la Sensibilidad en el Uruguay como “lo que tal vez
sea la primera novela escrita por una mujer” (1990: 43).
Más allá de algunos panoramas generales contemporáneos de los estudios
específicos que se acaban de reseñar – que en su mayor parte, no atienden
específicamente las propiedades estéticas de estos discursos – esta tesis se
encuentra con la dificultad y el desafío de objetos viejos que no han sido casi
tocados y a los que se pretende observar desde una mirada nueva, la perspectiva
de género, que no deja de entender los textos examinados como literatura y, por lo
tanto, portadores de una retórica particular e histórica. Un campo casi inexplorado
para la investigación que obligó a llenar vacíos de información sobre la identidad
de las autoras y a no poder descubrirlos en muchas ocasiones. Ese es uno de los
primeros límites y desafíos que acompañan e interpelan a la teoría.

23

�d. Una época de disputas (políticas) y de avanzada (del género)

Hacia 1880 el positivismo pasó a dominar el ambiente finisecular. Como
veremos más adelante, algunas escritoras del período, en especial Corrège y
Eyherabide, advierten sobre ese “peligro”.
Por otra parte, en el análisis que Zum Felde realiza sobre la Generación del
900 se afirma que la literatura uruguaya correspondiente al período de la
modernización se caracteriza, como el resto de América Latina, por las normas del
modernismo estetizante canónico. El “fermento finisecular” obraba en un pequeño
núcleo de la intelectualidad uruguaya y según el crítico es notorio el avance del
Realismo en las novelas escritas alrededor de 1895, donde ya no habría rasgos del
Romanticismo (Zum Felde, 1967 [1930]). Si bien la producción de estas escritoras
se ubica en el marco de una literatura modernista, su estilo y estética adscribe casi
en exclusiva al Romanticismo. En sus discursos literarios, las representaciones
femeninas siguen la dominante de estereotipos que van desde la monja cautiva del
hogar como ofrenda en sacrificio al dios burgués y salvaguarda casera del alma
del hombre, hasta la mujer como flor de la virtud en el jardín doméstico,
sacerdotisas de la humanidad, objeto de deseo por antonomasia si está enferma o
agonizante, símbolo universal de fenómenos naturales o espectro de degeneración
(Dijkstra, 1986).
Como toda práctica literaria estas obras se enmarcan en los discursos de la
época interactuando de una u otra manera con la sociedad que las circunda y en
muchos casos produciendo homologaciones. Con todo, lo que interesa son las
fisuras producidas por las tensiones entre escritora, literatura y sociedad. En
distintos grados e intensidades aparecerán reflexiones sobre la guerra y sus
consecuencias para las mujeres, el matrimonio y la maternidad, el amor, la Patria,
el materialismo, el advenimiento de la modernidad, la educación y el papel de la
mujer. Micaela Rodríguez demuestra que no es tan idílica la vida en el campo.
Méndez Reissig se referirá al carácter asesino del indio, pero sin dejar de
mencionar la avaricia del conquistador Pizarro y la maldad del patrón dueño de la
estancia; advierte sobre el desventajoso lugar de las féminas en distintos ámbitos,

24

�reflexión que ya había sido plasmada anteriormente en alguna que otra pieza
poética de Adela Castell. Eyherabide también permite hablar al peón Panchito;
piensa en el castigo que merecen las madres que obstaculizan el amor de sus hijos,
y presenta algunos sutiles cuestionamientos al discurso masculino sobre la honra
patriótica en el marco de la llegada del Progreso. Celina Spikermann y Mullins
toca temas políticos y Zulma da voz a las madres solteras o a las amantes de
hombres casados.
Aun dentro de los parámetros culturales dominantes, muestran con énfasis
–en microrrelatos– sus reparos al lugar asignado históricamente. En sus textos
aparecen los hombres que abandonan a las mujeres, la emancipación femenina, la
conflictiva relación de los esposos a la interna del hogar, el lugar de las
apariencias. Pero también es similar en todas ellas la búsqueda de voces
autorizadas para sostener sus relatos y justificar su aparición en la escena pública
como escritoras. Ellos son los dueños de la palabra y serán convocados de manera
explícita en el dominio del discurso, en el dominio del libro como símbolo y como
objeto material (resultado de decisiones editoriales) y en el dominio social en un
sentido amplio. Algo que merece destacarse es que Micaela Díaz, María H. Sabbia
y Oribe y Celina Spikermann y Mullins escriben a favor de una facción política y
simultáneamente se inscriben como sujetos femeninos patrióticos que contribuyen
a la nacionalidad y a la ciudadanía. No existe –que sepamos– al menos por ahora,
su contrapartida en el ámbito del gobernante Partido Colorado. Si bien las demás
escritoras no hacen mención a temáticas políticas, presumo que Dorila Castell y
Margarita Eyherabide puedan ser también autoras “blancas”, ya sea por los
lugares geográficos desde donde escriben (Paysandú y Cerro Largo) como por
algunas marginalias ajenas respecto de sus obras que provienen de fervorosos
miembros de ese Partido.
Los temas en general se estructuran alrededor de protagonistas femeninos
en sus espacios domésticos y en el caso de dos novelas y algunos cuentos ese
tema se enlaza con las guerras civiles. El común denominador es que, viviendo en
momentos de reorganización política y cultural, se presta atención a la realidad en
tanto devenir histórico. Las continuas y reiteradas semblanzas a los treinta y tres

25

�orientales o a la Patria por parte de casi todas las poetas dan cuenta de ello. Aún
así, este tópico no es el central Se da una consistencia de temas e imágenes,
producto de una cultura burguesa en formación, basada en valores que implican
un desplazamiento sociopolítico a favor de las relaciones aparentemente
universales y subjetivas entre hombres y mujeres individuales. Todo se juega en la
pasión del encuentro, la silueta percibida, la dulzura de un perfume y el embrujo
de una mirada o de un beso. El combate atroz contra los requerimientos de la
carne, la densidad del deseo y la intensidad de lo negado, el conflicto entre el alma
y los sentidos se plasman en una heroína que es espejo de moral cristiana (Rama,
1968).
Tanto las novelistas como las poetas insisten repetidamente, por lo general
en largas digresiones, sobre la finalidad de la mujer, el valor del matrimonio y la
maternidad. Ya en 1901, siendo consecuente con la tradición del “siglo de la
pedagogía” y con la creencia del poder benefactor de la educación, Laura
Palumbo del Pino escribe Educación especial que debe recibir la mujer en la cual
refiere “a los dos íconos de la mujer en la sociedad uruguaya del novecientos: la
madre y la maestra, las dos versiones marianas” (Peruchena, 2010: 253).
En los relatos aparecerá siempre la voz autorizada del sacerdote y también
la del médico intercalando la moral de la época. Recomiendan la vida del hogar y
la consagración a la familia, advirtiendo a las lectoras de las consecuencias de no
seguir el camino correcto. Presentan el dualismo moral de la mujer como ángel o
demonio para ejemplificar conductas virtuosas. La maldad-bondad y el viciovirtud serán los ejes en torno a los cuales se estructurarán sus narraciones. En
cuanto a los aspectos sociales, aparecen los personajes del pobre y el rico. El
pobre se caracteriza por la resignación y humildad, el rico habitualmente mantiene
una actitud paternalista. Si a la pobreza se llega por un descenso social injusto, ese
personaje se vuelve loco o bien conserva una dignidad y unas formas nobles que
lo hacen ejemplar. El rico debe ayudar al pobre y el pobre debe trabajar, ahorrar y

26

�ser virtuoso. La enfermedad acecha constantemente a los indigentes y a los
enamorados. La sociedad (y así lo harán también Eyherabide, Corrège, Larrosa)
tiene derecho a censurar a la mujer con el suicidio o con la entrada al convento.
En las novelas el amor aparece como un impulso natural que lleva a las
protagonistas a las más heroicas acciones. Las escenas amorosas se constituyen
con diálogos cargados de tópicos, exclamaciones, quejas, desmayos, puntos
suspensivos. El clímax lo proporcionan las dificultades para la unión de los
amantes. Y son de orden las soluciones felices. La fidelidad conyugal se preserva,
los hijos alejados de sus madres las reencuentran, la mujer tentada por el pecado
se arrepiente. Redunda el sentimentalismo, la nostalgia por el pasado y su
reconstrucción histórica, la omnipresente idealización del paisaje, de atmósferas,
lenguajes y situaciones, la conformación de los personajes femeninos como
heroínas anónimas de la historia y modelos románticos de virtud.
¿Qué las motiva a escribir? Simón Palmer dice que “en las ciudades
pequeñas era de buen tono que las señoras de la sociedad culta escribiera
pequeños poemas, por lo que abundan los dedicados a padres, hermanos, tíos y
demás parientes”.12 Según las mismas autoras, la audacia de producir textos en
una época en que en nuestro país existía un incipiente mercado editorial, no tiene
otras pretensiones que “hacerse amar por sus lectoras” y ser útil “para el recreo
del bello sexo” como lo expresa Lola Larrosa, o para “revelar sentimientos
patrióticos” según Celina Spikermann y Mullins. Solicitar indulgencia frente al
“poco arte” o la juventud con que escribieron será el leitmotiv de todos sus
prólogos.
En sus textos reflejan las mismas virtudes morales y cívicas que la
sociedad les exigía, en la cual las reglas se derivaban de la condición femenina. La
modestia es el valor más ensalzado y el yo escribe en un mundo eludido de
referencias. Los sistemas de constitución narrativa están normativizados tanto por
la literatura como por la familia, dado que la mujer es un punto de articulación
12

Simón Palmer, María del Carmen. “Escritoras españolas del siglo XIX o El miedo a la
marginación” en Edición digital a partir de Anales de Literatura Española, núm. 2 (1983), Alicante,
Universidad, Departamento de Literatura Española, 1982, pp. 477-490. Edición digital de la Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes en http://www.cervantesvirtual.com/obra/escritoras-espaolas-del-siglo-xix-o-elmiedo-a-la-marginacin-0/ (consultado en diciembre 2012).

27

�entre esas dos instituciones. El hogar se concibe como un espacio de prácticas
productivas femeninas, recinto que puede irradiar hacia la sociedad en conflicto
(un medio desgarrado aún por la discordia civil y la injusticia social) modelos de
belleza sencilla y de pacífica convivencia. No se dan consideraciones sobre teoría
literaria pero sí sobre el significado del acto de escribir. Cada una, las poetas y las
novelistas, todas a su manera, tratarán de dar sentido al acto de escribir, dando sus
motivos para tal atrevimiento. Lo hacen para ayudar a las víctimas de la
inundación del Río Segura de 1879 en España, para enseñar a las párvulas a
cuidarse de la maldad de los hombres o de las lecturas perniciosas, para entregar
ramilletes líricos a la familia, a las amigas , para exaltar la libertad y lo nacional,
tal como adscribe el credo romántico.
2. PARA ROMPER UN SILENCIO
a. Límites
La cota de las obras estudiadas se extiende desde 1879 a 1908. Las dos
décadas y pico que abarcan la cronología aquí anunciada no intenta enmarcar la
actividad literaria de una generación diferenciada. Tampoco se circunscribe a
determinado género. Este tramo sirve más bien como una encrucijada en que se
intenta dar cuenta de cierta producción situada durante los primeros atisbos de la
modernización en nuestro país, pero simultáneamente todavía dentro de la
corriente literaria romántico-sentimental, aunque no en el mismo grado ni del
mismo modo. Siendo mujeres burguesas, han logrado su parcela de protagonismo
en el afianzamiento de los cambios históricos contemporáneos, pero sin renunciar
a su docilidad y encanto. Se traslapan figuras distantes como lo son Micaela Díaz
de Rodríguez y Spikermann y Mullins. Coexisten la fragmentación y la
continuidad de ciertos temas dado que todas escriben en una época jalonada por
toda clase de conflictos. Se afanan en ser discretas pero simultáneamente entablan
una disputa al demostrar su voluntad de sostener el desafío de producir textos. En
esta narrativa, junto a la de Eyherabide, las temáticas giran en torno al amor y a
una expresión de subjetividades que traducen los conflictos de la Patria y de la

28

�Nación pero desde un plano más general y en respuesta a los daños de guerras
civiles.
Este trabajo observa las vinculaciones entre el proceso de modernización
económico-social y la modernización política en Uruguay y la literatura de
mujeres. Nos proponemos tomar en cuenta tres dimensiones de este corpus. En
primer lugar, el eje común de escritoras que no están incluidas en el canon
nacional, mujeres apartadas de las que sí merecieron integrarlo: María Eugenia
Vaz Ferreira, Delmira Agustini y Juana Ibarbourou. En segundo lugar, el
desarrollo de ciertos tópicos a lo largo de este período tomando como bisagra el
900, y en tercer lugar contrastar temas en dos novelas de la misma autora, la única
que conocemos hasta ahora con una producción de dichas características. Además
de comprobar la inexistencia de análisis específicos alrededor de dichas obras, y
de la “asimetría sexual de las fuentes”, como dice Michelle Perrot, 13 se fue
abriendo un nuevo vacío a partir de la investigación realizada.
Importa destacar, aunque excede los objetivos de este trabajo, la presencia de una
escritora uruguaya, contemporánea a las seleccionadas pero de mayor estatura
literaria. Se trata de Lola Larrosa de Ansaldo,14 autora cuya propuesta narrativa
con visos realistas es de muy diferente calidad y extensión en comparación con los
relatos de las escritoras mencionadas. Amiga de las uruguayas Aída Castell,
Dorila Castell y Clara López, aparece en las investigaciones orientadas al rescate
bibliográfico de Lea Fletcher (2007), en los abordajes sobre autoras argentinas de
la generación del ochenta de Bonnie Frederick (1993), y en los estudios de
13

Perrot, Michelle. Mi historia de las mujeres. Buenos Aires, FCE, 2009.
Nació en Nueva Palmira, Uruguay, en 1859. Por razones políticas, la familia debió trasladarse a
Buenos Aires tras haber sido despojada de casi todos sus bienes. Fue en esta ciudad donde Lola pasó la mayor
parte de su vida y desarrolló su carrera literaria. En 1876 comenzó a publicar en La Ondina del Plata y poco
más tarde en La Alborada del Plata, revista fundada por Juana Manuela Gorriti. Compartió con ella la
dirección del periódico y en 1880, en ausencia de Juana Manuela, fue la única directora y cambió el nombre
de la publicación por “Alborada literaria del Plata”. Escribió para diarios de Buenos Aires, del interior y de
algunos países sudamericanos. Su primer libro, Suspiros del corazón, es una recopilación de sus artículos y
fue publicado en 1878. En 1882 dio a conocer Las obras de misericordia, un libro de ensayos literarios que
fue severamente juzgado en el Anuario Bibliográfico Argentino dirigido por Alberto Navarro Viola. Le
siguieron, ya con apellido de casada, las novelas ¡Hija mía! (1888), El lujo (1889) y Los esposos (1893). A
diferencia del libro anterior, las novelas fueron recibidas con elogio por la crítica. El lujo anticipó los asuntos
que trataban las novelas de la época, referidos con la figuración, el ansia del dinero, la especulación y la
banalidad que entonces habían invadido un vasto sector de la sociedad porteña. Entre 1886 y 1887 se casó
con Enrique Ansaldo, quien perdió la razón. Lola se sobrepuso a tan penosa circunstancia y, compartiendo la
atención de su pequeño hijo, prosiguió la actividad literaria. El 28 de septiembre de 1895 fallece de
tuberculosis, a los treinta y seis años. (Fletcher, 2007:16).
14

29

�Gabriela Mizraje, quien la define como una profesional de la escritura cuyo
quehacer literario se desarrolló íntegramente en Buenos Aires. Hemos accedido
únicamente a uno de sus libros, Ecos del Corazón (1878), ya que los demás no se
encuentran en los repositorios de la Biblioteca Nacional ni en otras bibliotecas
públicas (por ejemplo, la Biblioteca de la Facultad de Humanidades y Ciencias de
la Educación, UdelaR). De todas formas, consideramos importante señalar
algunos aspectos de su obra. Hasta hace poco, no figuraba ni en nuestro país ni en
el vecino, en ninguna antología ni historia de la literatura de mujeres. En el
capítulo sobre “Las mujeres escritoras” de la caudalosa Historia de la literatura
argentina, Ricardo Rojas no hace una somera mención de las tres autoras
extranjeras radicadas en dicho país15. No obstante ello, recabamos comentarios
sobre el trabajo de Larrosa por parte de dos críticos contemporáneos. Uno es el de
Setembrino Pereda es en el número sesenta y tres de La Revista Nacional de
Literatura y Ciencias Sociales del 25 de noviembre de 1897, quien reconoce el
valor de su obra .16 Y el otro es el juicio realizado por Alberto Navarro Viola en su
Anuario Bibliográfico, en donde sugiere a la autora que lo mejor que puede hacer
es dejar de escribir.17 A diferencia de nuestras autoras, Larrosa abordó el tema de
la pobreza de las mujeres –quizá porque ella misma la padecía– en sus cuatro
novelas: Las obras de misericordia (1882) Hija mía (1888), El lujo (1889), Los
esposos (1893). Este y otros temas sensibles a la problemática social emergen en
la “colección de artículos literarios” de Ecos del Corazón. Con una notoria y
15

Rojas, Ricardo. Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, Guillermo Kraft, 1960.
Ver nota sobre artículo de Setembrino Pereda.
17
Alberto Navarro Viola fue corresponsal del Ateneo de Montevideo y de la Sociedad Universitaria
de Montevideo. En su Anuario Bibliográfico de la República Arjentina (Críticas, Noticias, Catálogo) del Año
IV, Nº 469, 1882: 293-294, se refiere a Las obras de Misericordia (Ensayos literarios, Cuadros de
costumbres) de Larrosa: “Carlos Guido y Spano, de quien se publica una carta á la autora, encabezando la
obra, asegura que ésta le ha dado algunas horas de solaz en sus dolencias: frase cultísima, que no quiero
llamar también ambigua, ya que sólo percibirán su alcance ático los que hojeen el voluminoso libro de
pretendidos cuadros de costumbres. Francamente, las lecciones de historia, jeografia, historia natural,
aritmética ,–falta la jimnasia, para llenar el programa escolar– que se prodigan en enseñar al que no sabe,
desmentidas en tantos pasajes por errores de apreciación, como el de considerar provincia á Madrid–p,
527,– y las trascripciones, hasta de 8 páginas seguidas, de Escriche. Angela Grassi, Angelón–las citas de
Clara López y los versos desmesurados de Adela Castelli, no son propios para solazar a un lector
consciente, ni prueba siquiera tino, ya que no buen gusto, en la elección y en el manejo de autores favoritos.
La Sta. LOLA LARROSA, dispuesta como parece estar á dedicarse con empeño á las letras, debe aconsejarse
sin recelo de personas capaces de contrariar sus inclinaciones, desviando con provecho las tendencias de su
espíritu hacia rumbos más propicios y acaso de más vuelo para su corazón de mujer”. (Cfr. Frederick, 1993:
11).
16

30

�explícita influencia de la literatura de la española María del Pilar Sinués y la
configuración del ángel del hogar, Larrosa se explaya sobre este significado para
confrontar a las “emancipistas”. La autora considera que tal tema “es un problema
más difícil de resolver que la cuadratura del círculo”, ya que es “absurdo” quitar
al hombre sus derechos, porque de hacerlo, la mujer “viene a convertirse en un
ser excepcional, extraño a los dos sexos, porque ambos la desconocen y rechazan
de su seno” (op. cit., 1878: 35). Sin oponerse a la instrucción femenina, la
condiciona a que sea para “formar bien a los hijos y a la familia” porque “un
alma sensible y virtuosa puede llenar nuestra misión en el mundo quizá con mejor
resultado a veces que con una inteligencia bien nutrida”. Y dice más adelante:
“primero ante todo seamos buenas, luego seremos instruidas” (Op. cit., 1878: 37),
dado que para ella existe una “incompatibilidad absoluta entre el pudor y la
emancipación”. No obstante estas contraposiciones, también afirma que muchas
mujeres evitarían caer en la prostitución si enfrentan su pobreza “dedicándose a
la enseñanza de idiomas, de pintura, de bordados y de otras mil cosas”. Es decir,
por un lado “la misión de la mujer es ser bálsamo de las penas y aflicciones del
hombre” pero, por otro, reconoce que la mujer pobre podría valerse por sí misma
en el caso de ser instruida.
La colección de artículos de Larrosa incluye este tipo de reflexiones,
además de cuentos sobre el amor entre personas de distinta clase social (Alida,
Esther), y sobre la muerte de los amantes causada por unos padres demasiado
apegados a bienes materiales. Aunque se rige por los patrones de belleza
imperantes– la “misticidad de su frente”, el celestial brillo de los ojos, el corazón
exento de toda mancha, mujeres dulcemente serenas, mejillas de alabastro y
dientes nacarados, juveniles cabezas profundamente melancólicas, “ángeles del
sepulcro” y “vírgenes americanas” que sufren pero no se quejan– y por valores
morales

cristianos,

aparecen

cuestionamientos

a

los

casamientos

por

conveniencia: “Será preciso que nos esforcemos en probar las tristes
consecuencias de los matrimonios hechos por interés?” (Larrosa, 1878: 9). Este
pequeño libro de menos de cien páginas insiste en la virtud de despojarse del
materialismo para alcanzar la salvación. Los personajes que encarnan la maldad

31

�serán los propios padres, quienes envilecidos por el orgullo, la avaricia y la
ambición, propiciarán el dramático desenlace de jóvenes que prefieren morir antes
que desobedecer la autoridad de sus progenitores. Este es un tema recurrente para
algunas novelistas como la española Ángela Grassi (sus libros eran publicados en
nuestro país), Marcelina T. de Almeida, Ernestina Méndez Reissig y Margarita
Eyherabide.
Por su parte, Setembrino Pereda analiza el estado de la cuestión de la
literatura de mujeres uruguayas del momento y Lola Larrosa es calificada como
una mujer extraordinaria, porque “venciendo las preocupaciones de la mayoría de
las de su sexo que cree que la mujer ha nacido tan solo para atender las tareas
domésticas”, pudo colaborar en medios de prensa argentinos y uruguayos. 18
Escribió varias “interesantes producciones” con “estilo galano” y “sentimientos
delicados”, por su“amor a las virtudes” y “morales enseñanzas”. Se lamenta la
falta de reconocimiento de las cualidades de alguien que escribe “con una trama y
desarrollo combinados correctamente”, dado que “la bondad de su corazón
siempre esta abierto a expansiones generosas y a las nobles emulaciones del
espíritu”19. No obstante, inmediatamente explica lo que Larrosa, “nacida para
amar y padecer”, le escribe en 1891:
“Vivo solo para mi hogar. Trabajo ahora vistiendo figuras finas de
cartulina, cromos, oleografías, etc. Y, permítame esta vanidad: he resultado una
especialidad en el arte de vestir figuritas. Si mis libros me los retribuyeron
espléndidamente, igual caso me está pasando con estas figuras, que a pesar de la
situación actual del país, me las pagan con creces”.
¡Qué interesante seguir profundizando en las relaciones entre economía y
producción literaria de mujeres. Es otro aspecto de la vida moderna y de los
apremios de aquellas que no tenían medios suficientes para dedicarse a escribir.
De qué clase de retribución espléndida estaría hablando Larrosa al equiparar la
18

Según el artículo de Pereda la autora escribió para publicaciones argentinas como La Tribuna, La
Nación, La Prensa, El Álbum del Hogar, La Moda Ilustrada, El Correo Español, La Juventud (Mendoza) y
La Estrella de Tarja (Bolivia), así como nacionales como El Indiscreto, La Floresta Uruguaya (Paysandú),
El Paysandú.
19
Se refiere a las novelas: Ecos del Corazón (1878), Obras de Misericordia (1882), Hija Mía (1888),
El lujo (1889), Los esposos (1890?).

32

�ganancia que le proporcionaban sus libros con figuras de cartón. Y a esto se
agrega lo que dice más adelante: “Vaya esto, por la frialdad que demostraron mis
compatriotas cuando se les pidió socorro para mi hogar en desgracia”.20
Se sabe que la autora tuvo que sostener su familia sobrellevando además
los problemas psiquiátricos de su esposo. Pereda la define como una mujer
“distinguida y desgraciada”, de “noble talento y noble corazón”, de “estilo ameno
y lozano por la ingenuidad y sentimiento que imprimía”, de “rostro bondadoso y
simpático como en sus bellos ojos pardos retratábase el alma angelical”.
La tendencia a moralizar es habitual cuando la crítica literaria masculina se
refiere a la literatura de mujeres, lo que se demuestra más aún en la descripción
del trágico final de Larrosa como el de una belleza que languidece, “esqueleto
lleno de luz”, ángel hogareño y modelo del sacrificio que finalmente muere en
plena juventud. La seducción de estas imágenes sigue funcionando casi al borde
del siglo XX. El crítico se arroga el derecho de ser una fuerza social que reconoce,
o se disputa ese objeto de deseo.
Habiendo sido contemporánea de una generación de escritoras de cierta
proyección como Elvira Aldao de Díaz, Agustina Andrade, María Eugenia
Echenique, Silvia Fernández, Eduarda Mansilla de García, Ida Edelvira
Rodríguez, Josefina Pelliza de Sagasta y Edelina Soto y Cal, Lola Larrosa no se
distancia de sus amigas orientales. Por lo que nos informa Alberto Navarro Viola
hay referencias a Adela Castell y a Clara López en sus Cuadros de Costumbres.
También hay poemas de dichas autoras dedicados a Lola. A pesar de ello, su
vínculo con las uruguayas es menos fuerte que con las argentinas, a quienes se
asemeja, entre otras cosas, por su actitud de escritora de oficio que publica
regularmente (lo cual indica que su escritura era más que un pasatiempo
esporádico), por expresar ideas comunes de la comunidad femenina de su tiempo,
por mantener su propio estilo y por obtener cierto éxito en su época.
Por otra parte, las historias de Larrosa, al demostrar la desesperación
económica, la ubican lejos del sentimentalismo, y aunque Ecos del Corazón
mantiene una postura conservadora respecto a la función de la familia y la
20

En la misma nota sobre Setembrino Pereda.

33

�creencia firme de que la mujer debía dedicarse a su marido y sus hijos, en casi
todas sus novelas aparecen las crisis y el asedio por problemas económicos, la
dependencia de los caprichos de patrocinadores ricos y la disrupción por la muerte
o la enfermedad. Forzada por circunstancias a ganarse su propia vida y sin la
educación o entrenamiento para otro empleo, la heroína típica de Larrosa no tiene
otra opción que la costura, o lo que es lo mismo, ser miserablemente pobre
(Frederick, 1993). Lo notable es que siguiera escribiendo a pesar de la crítica tan
poco estimulante que recibía. Así escribe en La Prensa, en octubre de 1882:
“Entonces, la mujer, ese ángel custodio del hogar, no era reconocida
como tal, sino que despreciada se le oprimía hasta el extremo de negarla los
sagrados derechos que como madre tenía sobre sus hijos…Bajo ese yugo, los
sentimientos bellos y humanitarios de la mujer, habían llegado a degenerar de
sus principios augustos, enmudeciendo su corazón y acallando la voz de su alma
generosa. No existía la unión y el amor de la familia, por que había sido arrojada
del seno de ella, el alma que le alentaba y daba vida. (“La mision de la muger”,
La Prensa, Buenos Aires, 21 Octubre de 1882: 1.)21
En las creaciones literarias de Larrosa y de las escritoras seleccionadas
encontramos pequeñas “prácticas de resistencia, alguna trasgresión, y de seguro
muchas obediencias y acatamientos” (Peruchena, 2010: 274). Adoptar los
formatos dominantes de una tradición eminentemente masculina las lleva a actuar
con un arsenal discursivo que las resguarda por no exhibir ni mostrar el cuerpo. Al
insistir en lo doméstico como única esfera incontaminada de acción visible y
posible, también tendrán que utilizar elipsis, paráfrasis, cortes abruptos, juegos de
suspensiones y velámenes orientados por un lado a la contención, y a la moralidad
de una perspectiva romántica decadente pero también a ejercer una mirada de
soslayo.
Los críticos las absuelven y les permiten circulación cuando consideran
que sus textos son buenos para las familias, edificantes para señoritas, o sanos
para las madres. La dulcificación es el rasgo constitutivo de sus trabajos. Gravitan,
de un modo obsoleto para la época, en una estructura idealista y cándidamente
21

Bonnie Frederick. “ Women s view of their own history: Argentina 1860-1910” (1997: 4).
Disponible en biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/lasa97/frederick.pdf (consultado en marzo de 2013).

34

�amatoria con una retórica del cliché que autojustifica las expresiones amorosas
castas que se mueven entre lo heroico y lo cursi. Pero por otra parte, lo político se
inserta en el interior de la casa, cuestión que se plasma en los sesgos ideológicos
de las recreaciones afectivas, en las duplicidades de la elaboración patrióticoreligiosa y en las digresiones argumentales y adiciones marginales que los fuerzan
a una relectura. En esta perspectiva de análisis, Nancy Armstrong (1997) plantea
que la creación del sujeto moderno empieza con la escritura sobre las mujeres. En
Deseo y ficción doméstica: una historia política de la novela la reflexión se centra
en romper la dicotomía público-privado al afirmar que lo privado es público.
Indaga en la articulación de los discursos socio-políticos y desmantela el universo
supuestamente apolítico del hogar para demostrar por un lado el poder que ejercen
las mujeres en ese ámbito y por otro, la intimidad doméstica como empresa de
carácter político. Estos aspectos que desarrolla la investigación de Armstrong son
útiles para argumentar que lo femenino en el siglo XIX, más que una presencia
silenciada se reivindica como el lugar de la alteridad impuesta.
Una interrogante que se presenta es si entre las condiciones de producción
y los mecanismos de circulación nos es dado advertir hasta qué punto la familia
opera como unidad productiva de la clase social decimonónica a la que casi todas
estas escritoras pertenecen. Son mujeres que escriben y son descritas en el sistema
– casi nunca en contra de él, a no ser por las expresiones que irrumpen muy
ocasionalmente en sus escritos – pero siempre lo hacen “a pesar del sistema”. La
relación entablada entre ellas y las viriles y afincadas personalidades del círculo
cultural del momento pone en evidencia la censura a su cargo. El entramado vital
de estos discursos hace que en unos y otros textos puedan leerse las huellas
dejadas por el orden de legalizaciones de la ideología conservadora, tendientes a
macerar y homogeneizar. Las escritoras y sus obras se mueven entre las sutiles
hebras de la heteronormativa, entre la discreción y el escándalo, entre la intimidad
y la difamación, todo lo cual obliga a una interpretación más compleja de sus
estructuras.
Indagar por un lado, en las tensiones entre el Yo enunciador femenino y el
entramado institucional en representación desde el cual ese Yo accede a la voz es

35

�buscar desentrañar los distintos “mecanismos contractuales” por los que estas
“escrituras” se vinculan y son autorizadas por una incipiente institucionalidad. Es
atender a las “economías del deseo” y cómo dichas economías marcan las
políticas culturales de ese entonces (Molloy, 2012: 41). A este aspecto se
relaciona el fenómeno de la autonomización de los escritos que aquí se presentan,
horizonte desde el cual habrá que pensarlos.
De estas consideraciones se deriva una doble vertiente de abordaje: por un
lado el análisis crítico y por otro, la metodología usada. Cada texto surge en un
entramado que parece coagular en un campo único de espacios, tiempos y
pliegues similares en relación al sistema literario precedente y posterior. Las
narradoras, y algunas otras que publican en prensa se centran en la guerra y el
pasado reciente y articulan con el contexto político. Pero la cuestión del amor
estereotipado sigue siendo el hilo conductor de todas las temáticas. No obstante,
en lugar de la urgencia benjaminiana del pasado irresuelto, este trabajo es una
apuesta a la discontinuidad para rescatar lo singular de dichas escrituras aun
donde estas rayan en lo efímero e inconsecuente.

b. De La cotorra y los patos al silencio lacrimógeno de las vírgenes

Si bien las mujeres escribieron en distintos medios, es inquietante percibir que
a lo largo del siglo XIX y de los primeros años de la centuria siguiente hay muy
pocas publicaciones literarias de uruguayas. Pero a esta inquietud es alarmante
cuando se comprueba que al prometedor inicio de una literatura de la “Eva del
Arte” (según Alejandro Magariños Cervantes) de Petrona Rosende de la Sierra–
una precursora a favor de la defensa del bello sexo– se produzca un silencio de
casi treinta años. Como ya se ha investigado, en 1860 aparecerá Marcelina T. de
Almeida con su preocupación por la situación de las mujeres cuando se dan los
matrimonios por interés (Rossiello, 1990 y 1994; Cánova, 1991, 1998). Sólo a

36

�comienzos del siglo XX encontraremos temas por el estilo en los poemas y
cuentos de Méndez Reissig y de Zulma (seud).
En esos años de silencio y vacío de literatura de mujeres se encuentran algunas
voces aisladas en publicaciones periódicas, más hacia el fin de siglo, cuando las
confrontaciones entre liberales y católicos también se daban en torno a la mujer.
Registramos unas pocas intervenciones femeninas que argumentaban, tanto de un
lado como del otro, con la pretensión de autoconstituirse. Lo que dice Vareliana
en “Ideales de la Liga Patriótica” del número uno de la revista Fiat Lux del Salto
Oriental en 1891 es un claro ejemplo de la persistencia de la idea hegemónica del
cumplimiento de los deberes del género: “ es la mujer la que educa al hombre
cuando es niño, la que lo estimula cuando joven, y la que lo consuela y lo anima
en la edad viril […] haced que podamos decir 'yo soy la mujer del hombre fuerte'
” (Op.cit.: pág.3).
En la bisagra temporal del Novecientos sigue resonando la voz del hombre:
“Un profundo silencio siempre ha sido de las mujeres el más bello adorno”.22 Este
es el escenario y aquí están las que se atreven a ser dueñas de la palabra. La
complejidad radica en que si ellas estuvieron consagradas “al misterio de la
reproducción maternal y casera”, habría que ver si algo de lo que tienen para
decir “vale la pena dejarlo estampado en un relato”, señala Perrot (1995).23
Abordar esta selección requiere tener en cuenta tres hitos anteriores: la
poesía de Petrona Rosende (1835-1837), el cuento de Eloisa B (seudónimo)
denominado La caja de costura (1857), y la novela de Marcelina T. de Almeida
Por una fortuna, una cruz (1860). A partir de esta fecha se produce un salto
importante hasta llegar a la poesía de Dorila Castell. Según Virginia Cánova
(1991), dichas escritoras plantean claras vinculaciones con el pensamiento
feminista del siglo XIX. La obra de Marcelina T. de Almeida no sólo sería la
primer novela uruguaya de una “representante del bello secso” (sic) conocida
hasta ahora sino que presenta la peculiaridad de tratar el tema del matrimonio
obligado para la mujer. Se trata una narración de largo aliento “sumándose al
22

Frederick, Bonnie. La pluma y la aguja. Las escritoras de la generación del 80. Buenos Aires,
Feminaria Editora, 1993.
23
Citado por Peruchena, Lourdes (2010: 13) : Perrot, Michelle en Le Monde, Paris, 31 de agosto de
1995.

37

�hecho de que aparentemente –de acuerdo a la cultura uruguaya del siglo XIX–
ese objeto no podría existir allí por su temática y por el sexo del autor”.24
El primer cuento publicado en nuestro país con un seudónimo femenino
fue La caja de costura de Eloísa B. (1857). Allí se plantea la complicación que
enfrenta la mujer al tener que elegir entre la lectura y su misión en el hogar,
problemática a tono con la discusión que se daba en la época respecto a la
educación y la lectura femenina. Tal como lo recuerda Susana Zanetti existen
campos literarios que posibilitan conocer la relación de las mujeres con el mundo
de la lectura (Zanetti, 2002). Estos nuevos contratos culturales fueron motivo de
agrias polémicas y escaramuzas discursivas (entre hombres) en torno al acceso a
la educación y el posible status de la mujer que escribe.
El impacto de la novela de Marcelina T. de Almeida se percibe en un
conjunto de cartas publicadas en 1861 por una mujer que no se da a conocer pero
que se presenta como una amiga de Marcelina. Se escriben para denunciar un caso
verídico semejante al que se relata en el libro. Al principio reconviene a la “pobre
amiga” que se le “antojó escribir una novela” ya que “quien te hubiera dicho,
cuando en tal cosa pensabas, que tendrías hoy razón para decirte contigo misma
por una novela una cruz” (Carta I). De todas formas y a pesar del reparo inicial,
aconseja escribir otra novela que pueda responder a las malas críticas recibidas, y
le aconseja que antes de “liberarla a la publicidad” la lea a sus amigos en primer
lugar. Finalmente, reconoce las virtudes de la autora: “para mí escribir es más
difícil que construir una casa o fabricar un reloj. Tú tienes un talento tan lúcido,
un estilo tan elegante, una imaginación tan viva, escribes con tanta facilidad”
(Carta I: 6).
Estas cartas demuestran un aspecto de la repercusión que tuvo la novela en
la medida que posibilitó denunciar una situación similar y por lo visto bastante
frecuente: “Marcelina, sabes que las mujeres nos vamos alborotando? Tu novela
me sacó a mí y yo saco a Jacinta” (Carta VII: 31).

24

Santancreu, María José. « Quítame de ahí esas novelas”, en Insomnia, Nº 33. Disponible en
http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Santacreu/Quitame.htm (consultado en noviembre 2011).

38

�Desde el trabajo de Marcelina T. de Almeida no encontramos libros de
mujeres hasta 1879, el año de publicación de Flores Marchitas de Dorila
Orozco25. A partir de este momento aparecerán tímidamente algunas obras
surgidas a instancias del ascenso de la burguesía (Masiello, 1997).
Reflexionar sobre el papel de las mujeres en la historia cultural obliga a
reestructurar y redefinir no solo el conjunto en que se inserta sino el instrumental
crítico. Esto supone un reto para todas las disciplinas, al ponerse en cuestión al
conocimiento producido sin haber tenido en cuenta el género como categoría de
análisis para un conjunto de problemas que sí lo incluyen: “el tiempo, el trabajo,
el valor, el sufrimiento, la violencia, el amor, la seducción el poder, las
representaciones, las imágenes y lo real, lo social y lo político, la creación y el
pensamiento simbólico”.26

Capítulo II
25

En la colección de poemas de Flores Marchitas aparecen textos fechados en 1874.
Perrot, Michelle. Les femmes ou les silences de l’Historie. París, Flammarion, 1999. (Citado por
Guardia Sara en Andreo, Juan y Guardia, Sara Historia de las mujeres en América Latina. Murcia,
Universidad de Murcia, 2002: 495).
26

39

�1. POLÍTICAS DEL ESPACIO LITERARIO: MOVIMIENTOS DEL
GÉNERO AL HILO DE LA NACIÓN

Dice Said que los textos literarios son un campo dinámico que cuenta con
un sistema de tentáculos tendidos hacia el autor, hacia el lector, hacia una
situación histórica, hacia otros textos, hacia el pasado y hacia el presente (Said,
2004: 215).
Detectar los nexos entre identidad y conciencia cultural así como los diálogos y
conflictos que pudieron contribuir a la creación de una imagen de mujer en el
circuito de relaciones de productividad y recepción de sus obras literarias es
evidenciar las características sui géneris de una producción minoritaria y marginal
–a pesar del predominio de la modelización masculina– y valorar una particular y
dialógica visión del mundo.
En la América Latina decimonónica se producen diversidad de novelas,
diarios, cartas, poesías, crónicas y ensayos escritos por mujeres, lo que demuestra
el dinamismo del movimiento literario femenino. Surgen en un contexto de
cambios en la Constitución y de permanentes crisis políticas de los EstadosNación, cuestiones que también se asociaron a un clima de preocupación por el
sistema educativo. Este escenario permitió, en cierta medida, el acceso a un nuevo
circuito de producción y difusión de textos de mujeres. 27 Sin embargo, la literatura
uruguaya por un lado, y la prensa nacional por otro, ofrecen un elenco más bien
pobre si se compara con Argentina, en donde ya existían publicaciones periódicas
femeninas desde 1830. La poeta oriental Petrona Rosende de la Sierra dirigió La
Aljaba (1830) durante el rosismo, y su intensa actividad periodística se desplegó a
lo largo de dieciocho números semanales. Durante todo el siglo se irán sumando
ejemplos de la misma índole: La Camelia (1851), probablemente dirigido por
Rosa Guerra, Álbum de Señoritas (1854) de Juana Manso, La Alborada del Plata
(1877) de Juana M. Gorriti y Josefina Pelliza de Sagasta, y su secuela La
Alborada literaria del Plata (1880) que en su segunda época tuvo al frente a Lola
27
Pratt, Marie Louise. “No me interrumpas. las mujeres y el ensayo latinoamericano”, en Debate
Feminista (México D.F), vol. 21, abril 2000.

40

�Larrosa. Francine Massiello (1994) da cuenta de la existencia de abundantes y
variadas publicaciones de mujeres argentinas cuyo corte era tanto políticopartidario y literario como de modas. Es llamativo que sean dos uruguayas,
Rosende y Larrosa, quienes ocupen un lugar directivo en la gestión de dicha
prensa. En nuestro contexto, por el contrario, lo que se encuentra son
colaboraciones asistemáticas de unas pocas mujeres lo cual es un problema que
plantea un esfuerzo de pensar dialécticamente la evolución cultural de esta
literatura y la materialidad de los lenguajes y medios en que se inscribe. Si bien
las voces de estas mujeres comenzaron a ser rescatadas, sus cruces dialógicos
apenas han sido revisados, lo cual exige, por un lado, tomar conciencia de la
precariedad y de las ambigüedades que las afectan dentro del marco de la
institución literaria, y por otro, la actividad reflexiva de entenderlas como un
espacio de autorrepresentación y de trasgresión al interior de la ciudad letrada.
Es necesario preguntarse sobre la reconfiguración de las dimensiones
simbólica y material de la cultura de la letra en el caso de las mujeres que
escriben, en una etapa de transición y de cambios críticos, colindantes con la
ampliación y fragmentación del público lector. ¿Cómo vincular la visibilidad de
“esa trama que se teje cotidianamente en la escena privada, que forma parte de
la política y que puede participar en los procesos de transformación social”?
(Schmukler, 1989: 203). A partir de dicha interrogante sobre las distintas formas
de vinculación, se pretende observar el movimiento de las representaciones del
género en algunos los textos masculinos y las transferencias que se establecen al
respecto tanto en lo que leen como en lo que escriben las mujeres.

a. Escrituras y lecturas cómplices

Junto a la importancia atribuida por Benedict Anderson al capitalismo
impreso en el proceso de construcción de una “comunidad imaginada”, Edward
Said consideró el siglo XIX como uno de los momentos claves en ese proceso,
porque “se compuso un gran número de textos […] por todas partes se

41

�encontraban organismos e instituciones encargadas de difundirlos y propagarlos”
(Said, 1990: 232-233). En este escenario de gran circulación de libros ¿Qué leían
las mujeres de entresiglos cuando, aún a pesar de esto el acto de lectura todavía
estaba mal visto, tanto desde el bando liberal como del católico? 28 ¿Quiénes
podían escribir y qué tipo de textos? ¿Son escritos femeninos o de autoría
femenina? Nelly Richard plantea que más que hablar de una escritura femenina
convendría, mejor, sin importar cuál fuera el género sexual del autor, referirse a la
“feminización de la escritura” (Richard, 1993: 133). Es decir, hay que
interrogarse si estamos frente a una suma de prácticas que descontrolan la pauta
de la discursividad masculina/hegemónica. En este sentido, Richard concuerda
con Diamela Eltit, al expandir la categorización de la feminización de la escritura
a otros espacios marginales de agrupaciones humanas igualmente oprimidas:
“Si lo femenino es aquello oprimido por el poder central, tanto en los
niveles de lo real como en los planos simbólicos, es viable acudir a la
materialidad de una metáfora y ampliar la categoría de géneros para nombrar
como lo femenino a todos aquellos grupos cuya posición frente a lo dominante
mantengan los signos de una crisis [...]. Parece necesario acudir al concepto de
nombrar como lo femenino aquello que desde los bordes del poder central busque
producir una modificación en el tramado monolítico del quehacer literario, más
allá que sus cultores sean hombres o mujeres generando creativamente sentidos
transformadores del universo simbólico establecido” (Richard, 1993: 133).
A través del análisis literario del corpus seleccionado se intentará verificar
si la subordinación se reitera al nivel de la creación estética, puesto que las autoras
asumen silenciamientos parciales no solo de vivencias privativas de la femineidad
sino también de una visión particular del mundo desde una perspectiva
minoritaria. Lucía Guerra denomina a este proceso como “presencia de la
ausencia”29, por medio del cual básicamente las narradoras reproducen una serie
de caracterizaciones que aluden a la manera en que el discurso liberal masculino
inscribe la feminidad.
28
En la página 35 y en el capítulo 4 de este trabajo se hace referencia al planteo que realiza
Fermina Milans en el ejemplar Nº 2 de la Revista del Salto (Setiembre/1899: 10).
29
Lucía Guerra. “Estrategias femeninas en la elaboración del sujeto romántico en la obra de
Gertrudis
Gómez
de
Avellaneda”
(1985)
disponible
en
http://revistaiberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/.../4263 (consultado en junio de 2011).

42

�En los textos del ochocientos, ser mujer es, esencialmente, conformarse
con los códigos culturales de comportamiento y autocensurar su propio lenguaje.
El período en que surgen las obras se caracteriza por la circulación de discursos
pedagógicos, aunque también misóginos (Dijkstra, 1986), y en el Uruguay se
agregan las disputas político partidarias que articulan planteamientos sobre la
pacificación social. En los primeros tramos de la modernización capitalista
aparece, fuera del conglomerado unitario del foco culto, esta minoría que
responde con diferentes proyectos estéticos al impacto social. A propósito de sus
expresiones literarias, consideramos que no es posible analizarla cabalmente sin
atender su reverso, es decir, sin incluir lo que significó el acceso a la lectura. En
este sentido, Susana Zanetti estudia la función político-educacional de la narrativa
a través de diferentes representaciones sobre la mujer y su influencia en las
potenciales lectoras:
“Las novelas iban articulando tipologías, inducían lógicas de lectura,
diseñaban lectores ideales, alentaban la lectura placentera o afinaban los
resortes del didactismo en procura de dirigir las conductas públicas y privadas.
[...] Valiéndose de las representaciones del acto de leer calibraban también sus
mecanismos de seducción, propiciando el encuentro de las afinidades electivas,
que rara vez durante esta etapa [fines del siglo XIX] llegan a la puesta en escena
de la lectura como impulso a la escritura (Zanetti, 2002: 108).
Por su parte, en el trabajo “Lectoras en diálogo en América finisecular” (1997),
incluido en El taller de la escritora: veladas literarias limeñas de Juana Manuela
Gorriti (1999) Graciela Batticuore se centra en textos de autoras peruanas y
argentinas que diseñan la imagen de la “lectora” en el contexto del debate sobre la
educación de la mujer: “modelo y contramodelo, objeto de admiración o de
escándalo social, la lectora es la moza mala, la mujer sin dedal o la redentora de
todos los males que aquejan a la sociedad cercana al fin de siglo” (Batticuore,
1997: 46). Con observaciones de este tipo es posible demostrar dos tendencias
complementarias: por un lado, la defensa de la “nueva idea” que propicia una
reforma educacional basada en la ilustración de la mujer, piedra angular sobre la
que se edificará la moderna sociedad latinoamericana y, por el otro, la necesidad
de controlar un saber que puede resultar peligroso y excesivo, por lo cual resulta

43

�indispensable fijar límites y elaborar un canon de lecturas recomendables,
advirtiendo sobre las nefastas consecuencias que para un alma no ilustrada puede
traer el consumo de páginas encantadoras y por eso mismo fatales.
Los límites, ideologemas y argumentos sobre el acto de leer en ese
escenario consistirán en esta doble presunción acerca de la lectura, preocupación
generalizada, de la que participan hombres y mujeres, y que nos habla no sólo del
lugar central que ocupaba el libro en plena expansión del “capitalismo impreso” y
de los posibles efectos de una producción cultural que rápidamente se
industrializaba, sino también de los rasgos inherentes a la naturaleza femenina,
sobre los cuales se elabora este dispositivo de lectura, el que, por otra parte, deriva
de aquel dispositivo mayor de saber y de poder, señalado por Michel Foucault,
que se organizó desde el siglo XVIII en torno de la “histerización del cuerpo de la
mujer”. (Foucault, 1977: 127)
El tópico de la mujer en riesgo por ser lectora aparece en una de las pocas
novelas españolas de autoría femenina que se editan en Montevideo en 1878. Se
trata de El Copo de Nieve de Ángela Grassi, y su planteo se basa en que “hay que
quemar los libros para que la mujer no se contamine con su veneno”.30 El
conflicto central de la protagonista es su inminente separación matrimonial
motivada por su imaginación que se vuelve enfermiza por leer a George Sand,
entre otros “miasmas ponzoñosos”. Sin embargo, la autora extiende su juicio a
ciertos libros. De lo contrario, no hay cómo explicar que cada capítulo tenga un
epígrafe (o dos o tres) que da cuenta del archivo y de la biblioteca de Ángela
Grassi. La presencia masculina moldea el sistema de voces a través de las cuales
se escribe su relato. Las citas expresan el contenido moralizante y ortopédico que
narra el lugar que se asignaba a la mujer. Algunos de ellos son Chateubriand,
Balzac, Lévis, Bignicourt, Stahl, Lessing, Napoleón, Fay, Diderot, Zanda,
Rousseau. Y aunque mujeres como Mme Girardin, Mme de Petigny están en la lista,

30
La primera edición de El copo de Nieve (1876) fue publicada como folletín en España. Ángela
Grassi (1823) tiene una considerable trayectoria literaria debido a sus piezas dramáticas, musicales, poéticas,
periodísticas, pero sobre todo por sus novelas de componente social, religioso o moral. En 1878 la Tipografía
El Bien Público la edita en Montevideo y en 1881 lo mismo sucede con Marina. Narración histórica.

44

�subyacen las mismas representaciones del género en cualquiera de sus sentencias
disciplinantes:
“Un libro bueno y una mujer buena, corrigen muchos defectos; un libro
malo y una mujer mala, echan a perder muchos corazones” (Girardin). (20)
“Solamente a expensas de la felicidad, puede una mujer intentar
sustraerse a las trabas severas que fueron impuestas a su sexo” (Petigny). (212)
La pretensión de Grassi es hacer “una cruzada sensata que imponga
silencio y diga basta a la inmoralidad que amenaza para siempre la unidad de los
hogares”. Critica las ideas difundidas desde la “cátedra, la prensa y la tribuna
sobre la libertad civil de la mujer”. La autora no pone en “tela de juicio el respeto
al marido, jefe natural de la familia” (Grassi, 1878: 130). Y nuestras escritoras
son parte de la misma cruzada, con la excepción de algunas resistencias que
ejercen Méndez Reissig y de Zulma (seud.).
Grassi opina que “la literatura debería ser un faro” (85-86). Reflexiona
sobre el ministerio moral del escritor, confrontando a George Sand y sus
seguidoras francesas y españolas quienes con sus novelas intentan promover la
emancipación femenina (129). Invoca el “sagrado sacerdocio” que debe ser la
escritura (123). El alma de la mujer se define como “Atlante sobre cuyos flacos
hombros descansa el edificio de la familia. Un solo paso en falso y el edificio se
derriba” (161)
Si disponen de medios, las mujeres como Clotilde, protagonista de El
Copo de Nieve, se dedican al cuidado de los hijos, el ocio estéril, a la veleidad de
la lectura, o a la espera indefinida de un varón siempre ausente en la guerra o en el
trabajo rural. Quizá, como en la novela de Grassi, las pudientes corren más peligro
que las otras, porque tienen la posibilidad de leer libros que les dan ideas
contrarias a la virtud y provocan una transformación en hábitos y actitudes que
pone en riesgo la moral tradicional. Definida semejante a Eva (131) por las
emociones y tentaciones a las que se ve sometida, Clotilde se pregunta por la
naturaleza del amor y el sentido del matrimonio. Para ella es una “institución
funesta que solo sirve para aherrojar perpetuamente entre sí a dos seres nacidos

45

�para ser libres” (127). Se opone al “positivismo” del espíritu masculino y no le
parece tan sublime la maternidad ya que “hay que ocuparse de las calcetas”. Su
“imaginación enferma” hace que no escuche a su esposo, la autoridad que
establece el modelo de mujer y madre cristiana. Persiste en el gusto por encerrarse
en la biblioteca y así “dar rienda suelta a la loca de la casa como llama a la
imaginación un autor célebre, y la loca hacía de las suyas, sacando las cosas de
su quicio y trastornándola por completo” (57). Frente a esta conducta, la
narradora aconseja a la mujer que “antes de tomar un libro debe preguntarse por
las cualidades morales del autor” (128). Juana en cambio es el prototipo de la
pobre y honrada, capaz de resignaciones y sufrimientos heroicos. Una de sus
características es, entre otras cosas, que no “devora libros”. Grassi explicita su
argumento basado en las concepciones religiosas y filosóficas de Aimé Martin y
de Kant, que le servirán para fundamentar la desigualdad entre el hombre y la
mujer y la importancia del matrimonio que “no debe ser contratado sin una
simpatía recíproca, por cálculo, por ambición, por la arbitraria tiranía de padres
codiciosos.” (129).31 Pero así como critica una forma de casamiento imperante en
su época –sobre lo cual Marcelina T. de Almeida ya había escrito antes en nuestro
contexto– también reacciona contra el siglo “de la hipocresía”, “de la falsa
ilustración y el falso progreso indefinido” en el cual los hombres “han rasgado
las tablas de la ley a favor de la máscara” (86).
La inspiración de las escritoras uruguayas nace de la intersección de estos
modelos literarios, sus vivencias personales y la búsqueda de sustento en la
autoridad literaria32. Un pacto de escritura que puede entenderse quizás como una
variante del contrato sexual, y que se traduce en lo que Adela Castell dice en la
Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales de julio de 1895 “no mojo la
pluma en luz de estrella sino en luz reflejada”. La escritora burguesa no puede, o
31
Dice Ángela Grassi: “Sé que Kant, un célebre escritor, ha dicho: detrás de la primera educación
que brota en el seno de la familia, se oculta el misterio del perfeccionamiento y la felicidad del género
humano. Y otro no menos célebre, Aime Martin, murmura al oído de la mujer que va a ser madre: Está
atenta, he aquí el momento de engrandecer tu alma, porque va a transmitirse toda entera al ser que mora en
tus entrañas. No permitas que ningún otro pensamiento más que el tuyo penetre en aquel santuario (…) La
suerte de tu hijo dependerá de la fuerza y el entusiasmo que emplees en grabar en él la salvadora máxima
primera.”(Pág. 141)
32
Una escritora que no menciona Ángela Grassi ni como referente de sus lecturas ni como una mala
influencia es Mme. Mathilde Bourdon. Muchas de sus novelas se publicaron como folletín desde 1874 en
Montevideo en “El mensajero del Pueblo”.

46

�no debe, renunciar a la docilidad y al encanto para tener su parcela de
protagonismo. Sin embargo existen otras mujeres, que estando fuera del plano
literario se integran al debate liberal de la época y reivindican la lectura como una
de las armas de promoción y de cambio en sus vidas. En los distintos artículos de
Fermina Milans, Alcira Paiva y Deolinda Bajac de la Revista del Salto (1899) se
encuentran referencias a la importancia del libro como oportunidad para “adquirir
la exquisita coquetería del espíritu” (Paiva, N° 6, 1889: 46), para destacarse: “el
brillo y el respeto que impone la mujer científica deslumbrará” (Bajac, N° 4,
1889: 27). El libro como “instrumento de civilización o de barbarie” para
Fermina Milans, es “una fuerza motriz mayor que la de una locomotora en su
máxima velocidad” pero dependiendo de quién sea que lo “esgrime” y “de la
doctrina que él encierre”, de tal forma que puede ser “un agente principal del
fanatismo o del progreso” (Milans, N°2, 1899: 9-10).
Lo que se infiere de todas estas concepciones es la certeza de que los libros
–la literatura– tienen sus efectos en la sociedad. Grassi llega a pensar que están
“estrechamente entrelazados”, y “si la sociedad principia a modelarse sobre la
literatura, esta a su vez acaba por modelarse sobre la sociedad” (85).

b. Representaciones del género en la literatura masculina del Uruguay
moderno

Analizar estas obras es extender una línea que se relaciona con las notas
peculiares de la estética romántica rioplatense. Ángel Rama se refiere a la
herencia social o liberal del Romanticismo europeo volcado en el retrato de la
“individualidad nacional”, en el culto a los héroes, en el lenguaje emocional de
una literatura que será una “gran síntesis en la que se resumen todos aquellos
elementos” (Rama, 1968: 185). Por otro lado, el énfasis en delirios,
desvanecimientos, duelos, amores imposibles, la fuerza del destino, la
inviolabilidad de los juramentos y la sublimidad del amor espiritual, es la otra

47

�herencia que derivará en la novela sentimental de la centuria siguiente como texto
de felicidad (Sarlo, 2000).
En el siglo XIX la literatura aparece marcada por la diferencia de género.
Existe una literatura para mujeres y de mujeres con el tono apropiado para impedir
manchar la honra, el orgullo de las familias y los sentimientos morales y
cultivados. Según Dijkstra (1986) los avances científicos, el desarrollo económico
y el ambiente intelectual se conjugaron en esa época para crear paradigmas que
tendrían una influencia determinante en el siglo XX, fundamentalmente en las
concepciones acerca de sexo, raza y clase. Este autor da cuenta de la existencia de
la ola de misoginia decimonónica que tuvo lugar en Occidente y la pone en
relación con las obras científicas del momento. Basta nombrar El origen del
hombre y selección sexual de Darwin (1871) o La inferioridad mental de la mujer
de Julius Moebius (1900) o Sexo y carácter de Otto Weininger (1903), quienes
con sus fundamentos refuerzan la situación desventajosa de las mujeres.
De ese modo se fue creando un universo de opiniones culturales que la
redujeron a cumplir el papel de gracia ornamental asimilable a la intuición, a la
docilidad, al sentimiento y al sacrificio. A partir de la década de los cuarenta se
fue consolidando la imagen que definiría el ideal femenino secular, el cual:
“estimulando los mejores sentimientos del hombre y realzando su vida íntima, el
ángel del hogar implícito en su retrato de la mujer tiene un efecto psicológico y
moralmente redentor sobre los gobernantes masculinos de la casa y de la
sociedad” (Kirkpatrik, 1991: 64).
Otro eje de esta investigación conlleva atender lo que algunos hombres
han escrito en su esfuerzo propagandístico, intenso y continuo, cuyos logros
apuntaban a mantener la subordinación y el control de la mujer en el imaginario
social, en ese polifacético período denominado por la historiografía como
“modernización” que, como se dijo en el capítulo inicial, se ubicaría entre los años
setenta del siglo XIX a los primeros lustros del siglo veinte.
La relación entre industrialización, secularización y literatura dotó a la
vida cultural de un perfil diferente. La cantidad de bienes y servicios,
independiente de la marca religiosa, experimentó un crecimiento sin precedentes a

48

�nivel mundial. La masividad y el consumo son procesos que traerán aparejados
“dictaduras científicas, los pluralismos en ciernes de signo radical,
convalidaciones del orden oligárquico amenazado, introspecciones exigentes
acerca del destino nacional” (Rilla, 1999:13). En cuanto a los consumidores del
objeto libro, estos se verán beneficiados por la nueva situación de las imprentas y
de las primeras editoriales. Graciela Batticuore estudia el fenómeno en el contexto
de la vecina orilla:
“La expansión de un mercado editorial y libresco hacia fines del siglo XIX
y comienzos del XX, momento de emergencia de los primeros best-sellers
nacionales y de irrupción de múltiples colecciones, dirigidas a un público
popular o de elite, que ponen en primer plano la comercialización del libro como
un bien de cambio en la dinámica de mercado. Dicho momento coincide con un
fenómeno más general vinculado al consumo, la expansión económica y las leyes
de oferta y demanda en un país con una población cada vez más numerosa y
socialmente estratificada […]” (Batticuore, 2007: 127).
La nueva y moderna sociedad uruguaya, cuyo tono lo comenzaba a dar la
clase media, era plural pero inequitativa, débilmente tensionada y “proyectaba
más bien una matriz igualitaria, ciudadana, polémica y por extensión partidista,
pero raramente excluyente cuando argumentaba a favor de su legitimidad” (Rilla,
1999: 19). El Uruguay de la época era esencialmente burgués en la medida en que
se sostenía en valores y en resultados de la propiedad privada, en la apertura de
caminos hacia el comercio minorista, la industria, la agricultura, el empleo
público y la educación. Cabe tener en cuenta la heterogeneidad de los “sectores
populares” –un conjunto marcado por los obreros, la diversificación de oficios, el
anarquismo, el socialismo y la fuerte inmigración que recibe el Río de la Plata–
que se oponían a los valores de la burguesía (Zubillaga, 2000).
Entre 1890 y 1905, la sociedad uruguaya se fue modificando a partir de la
nueva distribución internacional del trabajo y de su integración a la economía de
mercado, los impulsos nacionalistas en el terreno económico –sobre todo en la
banca, en el proteccionismo industrial, en la política de tierras públicas– y el
proceso de concentración urbana, fenómenos que empezaban a manifestarse ya en
la década del noventa. Estos hechos no tuvieron efectos similares en el campo y

49

�en la ciudad, por la simple razón de que esos espacios estaban en relación
antagónica. Tal conflicto, implícito y latente en la realidad del país –situación de
la que dan cuenta varias de las narraciones estudiadas en esta tesis– se iniciaría a
mediados del siglo XIX y duraría hasta el XX bajo la forma más o menos
permanente de un enfrentamiento entre el hispanismo criollista o tradicional por
un lado, y el cosmopolitismo innovador, por otro33. Es decir, nace la lucha entre
los viejos y los nuevos modos de producción ambientada en la caída de la tasa de
natalidad y la emigración hacia los países vecinos, generando una reordenación de
acuerdo a las necesidades impuestas por los centros metropolitanos. Los
problemas políticos se tradujeron en las versiones bélicas, entre 1896 y 1904, que
articularon una fuerte impugnación blanca y colorada en torno a la cuestión de la
unidad y legitimidad del Estado y de sus instituciones. Otros procesos que
integran el fenómeno de la modernización por presión exógena o empuje propio
(Rilla, op.cit.: 1999) promovieron disciplinamientos múltiples en las instituciones
económicas (la banca, el crédito, la moneda) y políticas (el papel del Estado, la
educación, el trabajo). Sin embargo, dichas prosperidades eran frágiles y
determinadas por múltiples factores de la economía mundial. El progreso, por
tanto, estaba ambientado en la capacidad del país en operar en un mundo
restrictivo por la gran influencia británica. Es fundamental remarcar que estos
nuevos modos de producción implicaban cambios en la sensibilidad uruguaya:
“[…] modificaciones del sentir para que a la vez ocurrieran transformaciones
sustanciales en la conducta. Y así, sensibilidad y cambio económico entrelazados,
no son ni causa ni efecto el uno del otro, sino factores que tanto se abren camino
juntos como se limitan y se obstruyen el paso. Lo que cuenta en estos lazos entre
sensibilidad y modo de producción es, entonces y antes que nada, advertir su
correlación, notar que cierto esfuerzo de ascetismo de toda la sociedad fue
contemporáneo de su 'modernización' y que ambos fenómenos se alimentaron
mutuamente y se necesitaron." (Barrán, 1990: 11)
Entre la orientación al ascetismo por un lado y los procesos intelectuales
que paralelamente se desarrollaban en el momento, se destaca una generación de
33

El trabajo de investigación de Silvia Rodríguez Villamil, pionero en el estudio de las
mentalidades en nuestro país se encuentra en Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850-1900): la
mentalidad criolla tradicional. La mentalidad europeizada. Montevideo, EBO, 2006 [1968].

50

�pensadores en el “destino nacional”. Los hombres del noventa, “fiscales del
Uruguay

tradicional,

pastoril,

ganadero,

despoblado,

latifundiario,

monoproductor, extranjerizado” (Rilla, op. cit:, 1999: 27). 34 Arturo Ardao señala
que hacia 1895 comienza “a producirse, lentamente un cambio de posición en la
conciencia filosófica uruguaya” (Ardao, 1956: 15) y cobran impulso “nuevas
modalidades mentales” (Zum Felde, 1967: 7). Los contenidos ideológicos que se
negocian entre católicos y liberales, entre catecismos y manuales de urbanidad,
irán definiendo un conjunto de comportamientos y tendencias en la vida de las
mujeres, de los niños, de los adolescentes (Barrán, 1996). Se irá gestando una
nueva espiritualidad, una nueva intimidad en beneficio del pudor, del recato y de
la “gravedad”, y sobre todo, se irá desarrollando también una forma de controlar y
educar de diversas maneras en la modernizante sociedad de una época crítica y
escéptica. En este escenario surge la necesidad de una “tonificación intelectual”,
tal como lo expresa Herrera y Reissig en el primer número de La Revista del 20 de
agosto de 1899, en la cual se ofrece un programa que apela a Stuart Mill, Spencer,
Chateubriand y de Vigny para sacudir el “letargo intelectual” y el “desmoralizado
espíritu literario”:
“¿A qué se debe esta apatía, esta pereza ignominiosa, esta dejadez turca
que ata todas las iniciativas, que cloroformiza el ánimo intelectual, que extiende,
por decirlo así, sobre la fría almohada de la indiferencia, los brazos paralizados,
que roba sus energías al vicio de la adolescencia, que cierra el libro como una
pieza que no hace falta, ejerciendo sobre el espíritu de nuestros hombres, en
virtud del más triste contagio, la caridad del opio [...] La atmósfera que se
respira está rarificada por los detritos de la política, cargada de un desánimo
pesado que entorpece la marcha de cualquier iniciativa culta. Entre tanta
anomalía, nos ha costado decidirnos a entrar en el palenque, atemorizados por
run-run de los pesimistas y flemáticos que calculan el fuego de los volcanes con
una barra de hielo”.
La misma percepción ya la tenían unos pocos años antes Rodó, Pérez Petit
y los hermanos Martínez Vigil, los editores de la Revista Nacional de Literatura y
Ciencias Sociales, quienes también aludían a esa etapa decadente del “estado de
la vida cerebral de las nuevas generaciones”. Con su publicación “científica y
34
Francisco Bauzá, Eduardo Acevedo, Julio Herrera y Obes, Carlos María Ramírez, Ángel Floro
Costa, Aureliano Rodríguez Larreta, Pedro Figari, Martín C. Martínez, entre otros (Rilla, 1999: 27).

51

�literaria” aspiraban “a sacudir del marasmo en el que yacen por el momento las
fuerzas vivas de la intelectualidad uruguaya”35.
El agudo espíritu crítico de estos intelectuales parte del fondo común del
“vacío espiritual” que sienten los artistas y escritores del Novecientos. El realismo
y el positivismo filosófico, que a fin de siglo vienen “algo retardados en su
marcha hacia América” (Zum Felde, 1967: 7), se entrecruzan con el
romanticismo de corte hugoniano y otras corrientes, denominadas por Hugo
Achugar como “lirismo neo-romántico, el criollista, social, y el propiamente
modernista o canónico”.36 El Modernismo, que en 1895 aún era un “lujo
intelectual de unas minorías” (Zum Felde, 1967: 21) se irá estableciendo en un
“ambiente de dispersión de influencias, impronta de esa generación” (Brando,
1999: 100). Desde el punto de vista filosófico, el pensamiento de Spencer,
Schopenhauer, Marx, Nietzsche irán moldeando una complejidad de ideas que
parecerían contradictorias. Real de Azúa afirma que “Salvo a nivel de escritura,
todo deslinde entre modernismo y romanticismo resulta extremadamente frágil.
El modernismo fue, a cierto plano, prolongación de la postura antropológica del
romanticismo”37 puesto que fue un período –no solo una estética– “designante
globalizador de determinados trazos estilísticos, temáticos y de actitud vital, en
un lote de escritores latinoamericanos, cuyo período creativo, juvenil y
definitorio, transcurrió entre los años 1885 y 1905” (Real de Azúa 1977: 1).
Los trabajos de José P. Barrán muestran una nueva relación entre el alma y
el cuerpo, con la temida y a su vez dominada mujer, con su omnipresencia y con
el control de la sexualidad.
35

Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales, Montevideo, N º 1, 5 de marzo de 1895:

Pág.1.
36

Ver Achugar, Hugo: “Modernización, Europeización y Cuestionamiento. El lirismo social en
Uruguay
entre
1895
y
1911”
en
Revista
Iberoamericana
disponible
en
http://revistaiberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/viewFile/3613/3786. (consultado
en junio de 2013).
37
Carlos Real de Azúa, en su “Ambiente espiritual del 900” dice: “El determinismo materialista, el
escepticismo, el nihilismo ético, el amoralismo nietzscheano, el esteticismo, la concepción decimonónica de
la libertad, suscitó hacia fin de siglo con abundante ilustración en la Literatura, cierta divinización del
impulso erótico y genésico sin trabas, muy diverso, sin embargo, de la trascendente pasión romántica
encarnada en las grandes figuras de 1820 y 1830. Lo que le peculiarizó entonces, en la doctrina del amor
libre, fue un sesgo político social de protesta contra la regla burguesa y de desafío a las convenciones de la
generalidad”.
Disponible
en
http://www.archivodeprensa.edu.uy/biblioteca/carlos_real_de_azua/textos/bibliografia/elambienteespiritual.p
df. (consultado en enero 2013).

52

�En este marco de superposiciones, ellas escribieron unos pocos textos,
paralelamente y en simultáneo a la dramaturgia de Sánchez y Edmundo Bianchi, a
las narraciones realistas de Javier de Viana y Carlos Reyles, al teatro de Ernesto
Herrera o de Orosmán Moratorio y a los cuentos de Benjamín Fernández y
Medina, para nombrar tan solo algunos ejemplos (Achugar, 1981: 16). Dice Zum
Felde que “hacia 1895 el romanticismo había muerto totalmente en la novela”
(Zum Felde, 1967: 22). Sin embargo, esta afirmación no se cumple del todo para
las autoras seleccionadas. A pesar de que en esta época confluyen y antagonizan
movimientos como el Parnasianismo, Simbolismo, Criollismo y todo un
caleidoscopio literario que va desde el Ariel de Rodó hasta la torre de marfil de
Julio Herrera y Reissig, el Romanticismo persiste y casi que predomina en sus
obras.
Achugar alude a la diversidad de proyectos poético-sociales existentes:
“El neorromanticismo de un Zorrilla de San Martín, la retórica civilista
de Roxlo, la exploración verbal de casi todo Herrera y Reissig, el lirismo
criollista de un Elías Regules, de un Juan Escayola o de El Viejo Pancho, hasta el
lirismo social de poetas como Armando Álvaro Vasseur, Ángel Falco y Carlos
Zum Felde.” (Op. cit.: 16).
Todas las escritoras, desde las mínimas a las más representativas,
convivieron con múltiples propuestas estéticas. La experiencia común fue la de
estar tensionadas a partir una conjunción de fuerzas contradictorias: por un lado la
exposición del yo y, por otro, la consolidación (o exigencia) de su imagen como
literata.

2. LA “MUJER-OBJETO” DE RELATOS

53

�En este escenario se configura un aluvión de discursos que, a modo de
dispositivos de regulación, intentan encausar la naturaleza femenina que siempre
está peligrando.
Luis García Fanlo (2011) analiza el concepto de dispositivo desde la
perspectiva de Foucault, Deleuze y Agamben, y aporta algunas claves para
comprender mejor la operatividad de esta idea para este trabajo. Según el
investigador, Foucault considera que:
“Un dispositivo no se reduce exclusivamente a prácticas discursivas sino
también a prácticas no discursivas y la relación, asociación, articulación entre
estas resulta un requisito excluyente. Los discursos se hacen prácticas por la
captura o pasaje de los individuos, a lo largo de su vida por los dispositivos,
produciendo formas de subjetividad; los dispositivos constituirían a los sujetos
inscribiendo en sus cuerpos un modo y una forma de ser.” (García Fanlo, 2011:
3)38
Por tanto, a un discurso determinado, el dispositivo le asigna un sujeto que
le garantice su veracidad, prestigio y autoridad.
Gilles Deleuze define el dispositivo como “una máquina para hacer ver y
hacer hablar que funcionaría acoplada a determinados regímenes históricos de
enunciación y visibilidad” (Cfr. Fanlo, op. cit., 2011: 4), mientras que Giorgio
Agamben señala que:
“Cualquier cosa que tenga de algún modo la capacidad de capturar,
orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos,
conductas, opiniones y discursos de los seres vivientes […] y que conforman una
red de poder-saber. Un dispositivo no es otra cosa que un mecanismo que
produce distintas posiciones de sujetos precisamente por esa disposición en red:
un individuo puede ser lugar de múltiples procesos de subjetivación” (Cfr. Fanlo,
op. cit., 2011: 6)
De modo que las mujeres fueron un objeto que por mención u omisión se
transformaron en un elemento desde el cual analizar la construcción de la nación.
Esto podría evidenciarse en algunas descripciones y opiniones sobre ellas y que
38

García Fanlo, Luis. “¿Qué es un dispositivo?”, en A Parte Rei. Revista de Filosofía. N° 74. Marzo
de 2011: 1-8. Disponible en: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/fanlo74.pdf (consultado en enero de
2014).

54

�constituyeron imágenes hegemónicas de fuerte perdurabilidad en el imaginario
nacional del siglo XIX. Imágenes que, paradójicamente, no informan acerca de las
mujeres reales, sino del pensamiento dominante, ya que como dicen Duby-Perrot,
nada sabemos de ellas: “si hasta los tenues rastros provienen de la mirada de los
hombres que gobiernan la ciudad, construyen su memoria y administran sus
archivos” (Duby-Perrot, 1991: 144).
Los modelos a seguir oscilaban entre la madre abnegada y la casta esposa.
Ambas representaban un enigma “acechante” a causa de su sexualidad, de su
contacto biológico con la naturaleza y de su relación con el mundo material por
medio de la concepción y del parto.
Cabe mencionar que las imágenes literarias femeninas muchas veces
corresponden tanto a la doctrina eclesiástica decimonónica como al paradigma
que la cultura burguesa pretendía establecer para la mujer. En Uruguay, Monseñor
Mariano Soler acotaba que “ese ser débil, perteneciente a un sexo que si bien es
susceptible de todo género de virtudes [...] tiene más peligro con las seducciones
de la novedad o con el atractivo de los placeres” (Barrán, 1990: 171). Esta
ambivalencia se convierte a su vez en el talón de Aquiles del burgués seguro y
dominante, porque la mujer significa ser “araña devoradora por un lado, objeto a
embellecer con lujo por el otro” (Barrán, op.cit., 1993: 173). De esta concepción
da cuenta la literatura modernista en la cual se funden imágenes de la frívola y
tentadora, capaz de generar infelicidad y desorden en su entorno con la abnegada
y sacrificada madre. Constantino Becchi ejemplifica la mujer sensual y por eso
mismo impura:
Vade Retro (fragmento)
Musa libidinosa, la que, insana
Te arrojas al fangal del sensualismo
Para extraer del fondo del abismo
Harapos con que el vicio se engalana.
¡Apártate!... retírate al profundo
Antro de lo ignorado, no deslices
Tu planta impura ante la faz del mundo39
39

Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales, Montevideo, Nº 48, 25 de marzo de 1897:

382.

55

�En el otro extremo, la mujer será objeto precioso, artificial y bello que ha
inspirado a tantos poetas y prosistas. Así lo expresa Juan Francisco Piquet en el
número 21 de la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales: “Mujer:
soberbia en tus actitudes de diosa y sentimientos de ángel” (Piquet, 1896: 328).
Por su parte, Julio Magariños Rocca describe “En páginas de álbumes” del
número 23 de la misma revista, una escena del matrimonio Daudet-Geoffrin para
ilustrar a su amiga María Luisa de qué se trata ser una esposa “que ha sabido
endulzar la vida de su dueño”:
“Daudet reclina su hermosa cabeza de artista contra el pecho querido, y
empieza a sentir una canción sin palabras […] gorjeos de ave cantora desde el
oculto nido […] la mano suave y delicada de la esposa adorada y adorable juega
con la cabellera y barba del provenzal mimado. Es una explosión de ternura y
cariño para el rey de su pequeño mundo en cuyo instante un beso inmenso lo
aduerme, porque así lo quieren de consuno la gloria, la felicidad y el amor.”
(Magariños Rocca, 1896: 358)
Más adelante aconseja a su interlocutora: “confía en Dios y cree que la
felicidad está dentro de los muros que circunda tu hogar”. En esta afirmación se
plasma la ideología del burgués: “el hogar era esa fortaleza en torno a la cual
había levantado muros espesos e impenetrables, era su reino” (Barrán, Caetano,
Porzecanski, 1997, I: 50). De todas formas, el autor advierte que siempre hay
atender una máxima que tienen “los criollos de este suelo”: “la mujer es un
instrumento que deja oír sus melodías y sus vibraciones de dulzura infinita según
la mano que lo pulse”. Concebida como objeto musical y alimento del cual
nutrirse: “la mujer es un manjar de los dioses si no lo guisa el diablo” (359).
¿Cómo se verían las mujeres a sí mismas en dichas representaciones,
siendo que su figura ha sido construida y caracterizada a lo largo de la historia
desde una visión única, masculina y oficial? Analizar el entrecruzamiento de esta
producción discursiva, tanto divergente como posible desde la enunciación,
evidencia dichas construcciones en el marco de una red compleja de
significaciones, que desde la Ilustración –cuando la homogeneización cultural

56

�surge junto con la idea de nación asociada a la de “respetabilidad” y civilización
de las costumbres– se institucionaliza y tiene el valor de verdadera etnografía por
la clase de datos que brinda sobre la incidencia en las identidades nacionales y
también sobre la creación y reproducción de mecanismos de exclusión y de su
reverso en el medio social (Marre, 2003: 28).
Los artefactos culturales, funcionales a los intereses de una clase social en
particular, siguen, inventan y recrean una idea de nación, o de mujer, que se
vehiculiza por la burocracia, secularización, edición y difusión de textos
configuradores de sistemas de percepción y ordenamiento del núcleo social.
Habermas plantea que uno de los resultados de que la Ilustración promoviera la
instalación de múltiples prácticas tendientes a cumplir objetivos orientados por la
utilidad y el servicio fue la construcción de la noción de “esfera pública política”
y de “opinión pública” (Habermas, 1962). Este proceso produjo la “privatización
de los comportamientos” produciendo simultáneamente un fenómeno de inclusión
y exclusión en virtud de que algunos medios, los periódicos especialmente,
crearon una comunidad crítica formada por todos aquellas personas que como
lectores y escritores participaban de alguna manera en los temas de discusión. De
exclusión, porque las habilidades necesarias para participar no eran del patrimonio
de todos y porque el debate político quedaba fuera de la mayoría por considerarla
carente de los conocimientos necesarios. Pablo Rocca reflexiona sobre este
fenómeno en los albores del siglo XX latinoamericano, y analiza la gravitación de
la lectura de revistas de actualidades en “la formación de una serie de patrones de
comportamientos” del “numeroso público letrado femenino” así como la función
de inclusión que cumplen en la “democratización del espectro de receptores” y en
el ensamblaje entre lo público y privado (Rocca, 1996:149-150). La compra de
novelas y otros productos literarios contribuyó a formar la sensibilidad de las
mujeres aunque permanecieran casi encerradas en sus propios hogares.
El ocultamiento permanecerá a lo largo de todo el siglo, y aunque
parecería que la prédica masculina irá variando de tono y de encare, el sustrato
será casi el mismo. Católicos y liberales concuerdan en que la naturaleza femenina
debe estar necesariamente sujeta a la autoridad del varón y circunscrita a lo

57

�doméstico, a la vez que se extrema el puritanismo de las costumbres hasta un
grado exasperante colocando a las mujeres ante una disyuntiva de hierro: la de ser
ángeles o demonios. Barrán demuestra en sus investigaciones las conexiones
profundas entre la burguesía, el poder sobre la vida privada y lo económico y
cómo “el burgués precisaba la intimidad” (Barrán, Caetano, Porzecanski, 1997, I:
49-50).
De ahí que la burguesía y su discurso político produjeron también una
nueva tipología de mujer que encarnó la idea de privacidad e intimidad, funcional
para la toma de poder, creando así un tipo deseable de feminidad que se enlaza
con las políticas de domesticación de la cultura.

a. Universos discursivos

En ninguno de los textos que integran el corpus de la tesis surge un
personaje de características similares al que aparece en Juguete cómico en un acto
y una prosa: Una mujer con pantalones, de Orosmán Moratorio, estrenado en el
Teatro Cibils, el 13 de junio de 1877. Pía (interpretada por la actriz Graciela
Romeral) denuncia “las leyes embudónicas: lo ancho para ellos y lo angosto… la
punta… para las pobres mujeres”, refiriéndose a las consecuencias de su
liberación una vez que decide asociarse a un “club de mujeres” y probarle a su
esposo que “valemos tanto como ellos”, ya que “bastante tiempo los hemos
soportado… encima”. Se queja de “estos hombres que piensan que nosotras no
servimos más que para lo que a ellos se les antoja”, y solo “valemos para tender
la cama… para hacer sus gustos y para espumar el puchero” (12). En otro
momento, Pío, el esposo, alude a las “marimachos, parásitas” (14), incompatibles
con las mujeres de saludable poder benéfico y “altar del corazón del hombre”.
El modelo femenino de Moratorio se contrapone casi totalmente a las
caracterizaciones de Arasi, Doña Jovita, Aglae, María, Estela y Sabina. Ninguna
de ellas espera el reconocimiento público de sus derechos, no descuidan su deber

58

�de angelizar el ambiente y sus deseos naturales corresponden a los de la clase
media: la modestia y la misión de proveer cariño, paz y moralidad dentro de la
familia sin exhibir un afán de consumo de bienes materiales. Lo mismo sucede
con Ester, la heroína de Quebracho, a quien, en la novela homónima de Demetrio
Núñez (1887-1888) “la rabia se le retrataba en el semblante” porque, debido a la
miseria que padecían ella y su madre, tuvo que acudir a los prestamistas. El no
poder acceder a la pensión de Viudedad durante la presidencia de Máximo Santos
(“El gran Mariscal Mínimo Santero”)40 provoca la muerte de la madre y por ende,
el cuestionamiento de Ester a la autoridad: “no puedo creer que alguien bueno sea
amigo del Estado, que esté del lado de quien comete infamias, tortura al inocente,
roba el pan del infeliz y lo coloca en la dura alternativa de morir, robar o
prostituirse” (237). La audacia de Ester la lleva a portar un disfraz masculino para
ir a la Revolución, entre otras peripecias que demostrarán su arrojo y valentía en
varios frentes.
Otros textos, como por ejemplo el de Pedro César Dominici, publicado en el
ejemplar número siete de la Revista del Salto del 23 de octubre de 1899, permite
ilustrar, de forma concentrada, todos los habituales estereotipos de género que
todavía se manifestaban un año antes de comenzar el siglo XX:
Hermosura y nervios, belleza, desdén y orgullo.
eres frágil porque te enamoras de un perfume,
de una flor, de una piel teñida.
Eres frágil, porque tus cabellos ondulan
a merced del viento, porque tus ojos jamás descansan,
porque tu vaho es la brisa del pudor convertido en voluptuosidad,
el mareo de una Virginidad fogosa, la huella silenciosa del misterio.
El amor es tu hoguera, allí te incendias.
El amor es tu altar, allí está tu cáliz.
El amor es tu crepúsculo, allí están los esplendores
Y tus sombras.
Tú vives del recuerdo: eres la frívola adorable
La nodriza divina que reparte la ambrosía
Y el brebaje a los profanos del santo himeneo.
Tú purificas o corrompes,
Tú haces ablución en los ritos misteriosos
40
Núñez, Demetrio. La Heroína de Quebracho. Edición Ilustrada. Tomo I. Montevideo, Biblioteca
Ilustrada de Andrés Rius Editor, 1887. Tomo II, Montevideo, Librería del Plata y Casa Editorial, 1888.

59

�Del dolor, o caes sensual abrazada al vicio
En los mudos santuarios del placer.
Eres ángel, eres estatua, eres esfinge. (59)
Este pasaje ilustra las formas ambivalentes que asume el deseo masculino
por la fragilidad de esta divina nodriza de pudor voluptuoso, de virginidad fogosa
de esfinge, de ángel frívolo incendiado por amor.
Otro tema de fin de siglo que les concernió a los hombres casi más que a
las propias mujeres: el tipo de educación a la que ellas debían someterse. En la
misma novela de Demetrio Núñez aparece un monólogo de la madre acerca de su
deber y consagración a la educación de su hija, además de verter opiniones sobre
los colegios pupilos y sobre su concepto de felicidad para las mujeres:
“[¿] Acaso para ser feliz necesita una joven estudiar el cuerpo humano y
cosas por el estilo? Se hará muy sabia, pero esa sabiduría no le servirá de
mucho, y en cambio, la inocencia y la candidez no ganarán nada, y esas prendas
me parecen más valiosas para una joven. Yo a mi hija no la formo para ser una
mujer de escaparate, que concluyen su misión al apagarse la última bujía del
sarao. Pregúntale a la mayor parte de esas mujeres qué es el hogar, qué es el
amor y creed, contestarán probablemente hablando del último figurín o de la
última representación del Solís. ¿De la familia? No habléis de la familia. Eso es
cursi. De los hijos, qué horror, son una desdicha que solo se pueden tolerar
teniéndolos algo lejos.[…] Seré antigua, seré monomaníaca, pero Ester será
educada a mi modo y a mí manera, y que sea instruida, enhorabuena, me agrada,
lo creo conveniente, que sepa tocar el piano, que conozca un poco los idiomas,
todo es santo y bueno, pero primero, que aprenda a ser mujer de la casa, que
aprenda a zurcir, a coser, a remendar, antes que bordar en cañamazo o cristal,
que aprenda economía doméstica en vez del álgebra, y que sepa el catecismo
antes que anatomía, la historia y la astronomía” (Núñez, Op. cit., 1887: 193).
La mujer debe ser “buena y virtuosa, una respetuosa hija del presente,
buena esposa y buena madre” (194). Sin embargo, existen otras madres con una
posición contraria, quienes por eso mismo se terminan alejando de Doña
Mercedes. Para el autor, este modelo de “pedagogía materna” permitirá a Esther
no terminar siendo una “mujer de escaparate que concluye su misión cuando se
apaga la última bujía del sarao” (191).

b. En la prensa y ensayos críticos

60

�El “poder de la escritura” se erige en fundante y contenedor del mismo
objeto que prescribe. La identificación entre escritura y disciplina corre paralela al
acto fundacional de la ciudadanía. La proliferación en múltiples formatos de
artículos de prensa, de la hoja suelta, la folletería y el libro, abarcó toda la
centuria, intensificándose hacia finales del siglo, cuando la modernización se hizo
palpable en las ya crecidas urbes latinoamericanas y la densidad demográfica
reclamaba su mayor difusión, pero acompañados del celo de una vigilancia más
escrupulosa. Esto significó que la violencia de las pasiones, la soltura de los
cuerpos y lenguajes quedaran inmediatamente normativizados por gramáticas y
manuales (constituciones también). Habría que pensar en una tensión y si acaso
lucha no siempre bien resuelta entre los universos postulados por la escritura
reguladora y la dinámica de la realidad.
A mediados del 1800 Sarmiento y Alberdi, escribían que “la lectura
femenina debe ser controlada y sobre todo encausada hacia el establecimiento de
una moral republicana, básicamente formadora de madres buenas, trabajadoras
y con sensibilidad cívica” (Cfr. Batticuore, 2005: 40). A fin de siglo siguen las
mismas preocupaciones sobre lo que la mujer puede o debe hacer, como la que
manifiesta Sebastián Angeleri, en el número 7 de la Revista del Salto (23 de
octubre de 1899):
“¿Queréis que, esclavizando el hombre al hombre, y éste a su bella mitad
del género humano, llamada la mujer, pudiera dar la libertad al pensamiento y a
la palabra, cuando empieza a inculcar en la niñez las nociones necesarias a
cultivar el sagrado árbol de la libertad?[…] Inculcad los sentimientos de
igualdad, acostumbraos a crear elementos que se habitúen a respetar las ideas
ajenas como desearían respetaran las vuestras, dad libertad a la mujer para que
a su vez inculque a los niños las máximas que en su libertad práctica le surgirá,
ilustrad a la juventud y habituadla a raciocinar con lógica haciéndoles
comprender que no deben ser autómatas de las ideas ajenas. Igualdad, libertad y
fraternidad”. (56)
Tanto lo que dice Sarmiento a principio de siglo como Angelieri hacia el
final, ejemplifican los sistemas de constitución narrativa y de representación
normatizados en los cuales no se encuentran formulaciones cuestionadoras de la

61

�institución familiar. Los siguientes fragmentos, elegidos sobre todo de un corpus
básico de la prensa de la época, pretenden ilustrar diversas configuraciones que se
hicieron desde mediados de siglo sobre la situación femenina en el contexto de
producción de las autoras consideradas. Las ambigüedades se inscriben en el
reconocimiento de las desventajas para la mujer, aunque dicho movimiento se
hace únicamente para reafirmar la superioridad masculina:
En 1855 dice el Dr. José G. Palomeque:
“Si no fuese un hecho palpitante y notorio la poca importancia que
nuestras autoridades locales y aun los mismos habitantes (con muy pocas
excepciones) han dado y dan a la educación del hombre, podría casi asegurarse
que una arraigada convicción es la causa de que esté sumergido en el más
completo olvido lo que se debe a la mujer. Pero careciendo de instrucción como
generalmente sucede no es prudente fiar a su consejo lo que se debe decidir de
una familia entera. De esta deplorable calamidad surgen esos males que muchas
veces condenan a los cónyuges a la más espantosa desgracia y al oprobio” (Cfr.
Ofelia Machado Bonet, 1969: 150).
Desde otra perspectiva, Agustín de Vedia, bajo seudónimo Álcimo,
expresaba en el editorial del Nº 1 de El Iris del 15 de abril de 1864:
“Nos representamos a la mujer como ángel de la naturaleza, que con el
roce de sus alas diáfanas reanima las sienes abatidas, que con la dulzura de su
sonrisa destierra la amargura de nuestra alma, que con la intuición de su acento
nos revela nuestro destino y con su ejemplo sublime nos guía al porvenir. […]
Pero no es especialmente aquí donde comprendemos y apreciamos la visión
augusta de la mujer, no es en el centro de los acontecimientos políticos, no es con
la voz atronadora de los combates, no es con el acero vengador en la diestra, no
es con la mirada instigadora del genio que nos figuramos a la mujer
desempeñando su glorioso destino. […] La mujer es el sagrado depósito del
amor, santuario de la pureza, abre a sus halagos la sensitiva su delicado pétalo y
esparce en la existencia del hombre el rico perfume de su existencia”. (Vedia,
1864: 3)
En esta publicación (que saldrá en dos épocas, la primera en Montevideo y
la siguiente en Buenos Aires) hay una sección dedicada a “las lectoras
inteligentes”. En su segunda etapa en que aparecen textos de Juana Manso, y de
Marcelina T. de Almeida. En estas páginas Álcimo se dirige a sus lectoras:

62

�“Hemos comprendido que en el sufragio de las lectoras inteligentes
estriba el éxito de nuestra empresa, porque la parte esencial de El Iris,
consagrada a la literatura amena, bebe sus suaves inspiraciones en esa mitad
preciosa del género humano, copia de las bellezas escondidas en el albergue
divino que entrevé la poesía cristiana flotando en los esmaltados del infinito”. (3)
El redactor se autodefine como “defensor de las mujeres” y por eso postula
que la revista no se abrirá “a la producción que ataque la más mínima de las
susceptibilidades del corazón y del espíritu, en las delicadas creaciones que
aspiran esa suave atmósfera de pureza y candor, que imprime en sus rostros el
encanto indefinible del rubor”. (Vedia, op. cit., 1864: 2)
Idealizada como ser pasivo y frágil la mujer no tiene iniciativa ni deseo
más que acompañar el proyecto masculino. En la misma línea conservadora
propia de sus contemporáneos, el autor pretende dibujar un perfil adecuado a los
requerimientos de la época:
“[…] pintar a la mujer como es, le imprimiremos ese sello divino que debe
resplandecer en ella, le revelaríamos a sí misma, desplegaríamos a sus ojos el
vasto dominio de su angélica y regeneradora misión, la despertaríamos a su
verdadero destino, depositaríamos sobre su bella cabeza y en su mano delicada,
la corona y el cetro del orbe”. (Op.cit., 1864: 2)
No obstante, ese amor que manifiesta Agustín de Vedia acata las
condiciones que impone la ideología del burgués:
“Siempre he anhelado ver a la mujer circundada por una ola de misterio,
de castidad y de modestia. Siempre me he complacido en amarla y admirarla en
los límites estrechos de su apacible mansión, y nunca he podido comprenderla ni
estimarla fuera del radio encantador de la familia. La mujer es la mariposa del
jardín del hogar doméstico […]”. (El Iris, Montevideo, N◦ 3, 15 de mayo de
1964:45)
El ámbito doméstico es único espacio en que reina la “tierna e indefensa”
mujer quien “con su abnegación influye en el destino de los hombres”.
Esta actitud de veneración absoluta del redactor responsable no condice
con otra sección dentro de El Iris. Adolfo Vaillant es el autor de una columna

63

�denominada “Tipos Populares” en la cual se caracteriza a negros, a bandidos, a los
gauchos y también a la mujer. Este es ejemplo palmario de una construcción y un
diseño para marcar al “otro”. Una empresa como esta requiere de múltiples
microtecnologías desplegadas en leyes, normas, instrucciones y consejos que
diferencian y distinguen. El sujeto debe estar bajo control, etiquetado y preescrito
para ser un artículo rentable o de consumo.
En casi toda la prensa consultada se encuentran reflexiones acerca de lo
femenino, ideas que más tarde irán permeando la construcción de personajes
según dichos patrones y modelos.
En 1899 Antonio Catalá propone perspectivas más liberales para las
mujeres, aunque no ausentes de cierto proteccionismo:
“Sí, contribuyamos todos en el hogar, en la escuela y en la prensa a la
dignificación de la mujer. Que sea ella religiosa si quiere, pero religiosa
consciente de sus creencias, con el convencimiento que presta la razón serena y
no con la torpe impulsión de la fe ciega”.41
Con el objetivo de encontrar huellas no tan silenciosas de la presencia
femenina, indagamos también en el semanario El Uruguay. Dirigido por el blanco
Javier de Viana lo define como “hijo de la desgracia” dedicado a la política, las
artes, las letras. En tanto“órgano de la colonia uruguaya en la Argentina” informa
en su página inicial del 1º de febrero de 1905, que el censo arroja que 81.375
uruguayos residen en el vecino país. La causa de la emigración se explica por lo
que “todos ya saben, por la pasión política, la incuria gubernativa, el gesto
airado de mandatarios truculentos, por el egoísmo criminal de oligarquías
infandas” (Pág. 1). Con una propuesta que se asume como crítica del gobierno de
turno y promotora de los valores nacionales, se anuncia con beneplácito la
publicación de poesías de Ernestina Méndez Reissig, María H. Sabbia y Oribe y
María E. Vaz Ferreira. Interesa por ejemplar la presentación que el autor hace de
las mujeres-madres uruguayas en la época de la gesta independentista. Así las
describe Mainumbí:

41

Revista del Salto, Salto Oriental, Nº 4, del 2 de octubre de 1899: 29-30.

64

�“En nuestra tierra, en la época históricamente lejana de la epopeya
emancipadora, las madres gauchas, las chinas bellas y altivas, duras de alma y
de músculo, acompañaban á las huestes luchadoras en los días azarosos de la
tremenda aventura. Con un chambergo informe sobre la crin bravía; encerrada
en tosca bota de potro al breve pié ebarna, á barcajadas (sic) sobre el lomo de un
bagual arisco, iban por llanos y por cuestas, bajo soles ardientes y bajo fríos
intensos, sin que les rindieran las marchas, sin reposo y sin sueño, sin que les
amedrentara el horror de los combates.
Allá iban distribuyendo besos y caricias, grandes y nobles y dignas hasta
en sus soberbios desprecios de los convencionalismos morales. Verdaderas
leonas, fueron dignas de sus cachorros, fueron las hembras celosas, fuertes,
sublimes, de los leones de antaño, del tupamaro indomable, del gaucho soberbio,
del oriental altivo de todas las épocas.
Y esas madres persisten aun. Han cambiado los tiempos, se han
modificado las costumbres, pero la mujer uruguaya, sigue siendo la misma, sigue
siendo la sana y recia virgen criolla, sigue siendo la matrona de alma espartana
que educa sus hijos en la religión de la Patria y los prefiere muertos á
deshonrados. […]
Y á la belleza, á la elegancia, á la energía, al patriotismo, une una
inteligencia privilegiada, que no solo brilla en el trato social, sino que llega a
perpetuarse en obras de indiscutible valor, como pueden dar testimonio las
estrofas hermosísimas, exquisitas en el fondo y en la forma: de María E. Vaz
Ferreira, de María Herminia Sabia Oribe, de Ernestina Méndez Reissig y tantas
otras que hoy olvida mi apresurada pluma de cronista. Publicamos en este
nuestro primer número, el retrato de la egregia y bellísima poetisa María H.
Sabia y Oribe de quien esperamos ofrecer á nuestros lectores más de una
deliciosa página.42 (El destacado me pertenece).

Esta es otra imagen de las uruguayas muy diferente a las que se construyen
en las obras que venimos estudiando. Sanas y recias vírgenes criollas, duras de
músculo y “dignas hasta en el desprecio de los convencionalismos” serán como
leonas que distribuyen besos y caricias a las milicias combatientes. Esa era,
precisamente, la imagen de las mujeres bravías, provenientes del pueblo, que
había construido una épica nacional sobre todo en las novelas del ciclo histórico y
en el cuento más notorio de esa saga (“El combate de la tapera”, 1892), que
Eduardo Acevedo Díaz publicó desde 1888, según lo hizo notar la crítica desde
muy diferentes perspectivas pero que, sin embargo, confluyen en este punto
(Ibáñez, Rodríguez Monegal, Lago, Rocca, etc.). El propósito de publicar estrofas
42

El Uruguay, Buenos Aires, Nº, 1º de febrero de 1905: 15.

65

�“hermosísimas y exquisitas” de las bellas, elegantes, enérgicas e inteligentes
escritoras no se cumple al menos en los primeros seis números, los únicos a los
que pudimos acceder hasta ahora.
Comparando estas caracterizaciones con las vertidas por Carlos Roxlo en
su Historia crítica de la literatura uruguaya (1912-1917) se puede apreciar una
considerable distancia. Aún cuando estas fechas son posteriores a las cotas que
manejamos, es de interés comprobar que, en una época en la que ya desde hacía
rato las mujeres reclamaban sus derechos, se explicaba que el “verdadero trabajo
de la mujer” se halla en el terreno afectivo y moral:
“Preguntad a las pocas intelectuales con que contamos si no se sienten
aisladas en el armonioso concierto de los espíritus, si no se saben menos mujeres
[pág. 33] […] Lo que sé y me consta es que el nombre de esposa y madre me
parece que expresan debilidad, pudor, ternura, confianza, consuelo, sacrificio
[…] La naturaleza ha dado a la mujer órganos para la lactancia ¿Qué quiere
decir esto? Que el destino de la mujer es la maternidad. La maternidad santa es
el laboratorio del futuro bendito [pág. 43]. […] entre dos que se aman, hay uno
que obedece y que se sacrifica. Ese sacrificio no es doloroso. Ni siquiera parece
sacrificio. Es la consciente abnegación de la voluntad que se satisface llorando
de alegría, al sentir el divino placer del amor” (pág. 44).
A lo largo de esta pesquisa no se han encontrado juicios acerca de la
literatura femenina propiamente dicha a excepción de los que leemos en la
selección de críticas que incluyen las obras de Sabbia y Oribe y Méndez Reissig.
La mayoría de los escasos y breves comentarios que hemos detectado son sobre
aspectos ajenos a los textos en sí, como lo es la belleza, la inteligencia y la
juventud de las escritoras. Algún que otro aspecto sobre la realidad social y
literaria de las mujeres se encuentra en la ya comentada crítica de Setembrino
Pereda sobre el trabajo de Lola Larrosa de Ansaldo, que tampoco escapa a la
manifestación de juicios sobre la vida y los valores de la autora43.
43

“En la República Oriental del Uruguay, fecunda en preclaras y vigorosas inteligencias, no ha
brillado como debiera con luz propia, en el zenit de las letras, la mujer literata. ¿es que la naturaleza no la
ha dotado de talento ni de amor al estudio? Por el contrario, entre nosotros es proverbial la inteligencia
precoz y perspicaz que ella posee. En la ardua carrera del magisterio, por ejemplo, lo ha demostrado
acabadamente.
Brilla en el cielo como un astro refulgente de primera magnitud y cuenta con educacionistas como
María S[tagnero]de Munar, Adela Castell, Aurelia Viera, María Zoralla, Enriqueta Compte y Riqué, Victoria
S. de Servino y Luisa R. Guarnaschelli, entre tantas que honran con su ilustración y sólidos conocimientos
pedagógicos el personal docente nacional.

66

�Ejemplo de las contradicciones de nuestra modernidad en torno a las
esferas de la literatura y el género, Pereda se pregunta por las causas de que las
mujeres no hayan podido destacarse como escritoras, descontada su inteligencia
natural y su desesperación por la falta de acceso a los conocimientos. La reforma
vareliana se piensa como un aporte fundamental para la educación femenina,
aunque en su reflexión el autor no explora los motivos por los cuales no logran
salir de su estado de Bellas durmientes. Su pretensión es rendir homenaje a
Dolores Larrosa de Ansaldo, y a su vez pensar sobre el problema de la mujer
literata en el contexto nacional. A lo largo del artículo tratará de responder a esta
cuestión dando cuenta de las causas de una ausencia que justifica, entre otras
cosas, por la ineficiente educación recibida, originada por las luchas “intestinas”
de emancipación nacional, situación que provocará que las mujeres posean
“conocimientos limitados y embrionarios”.
“De ahí que muchas inteligencias femeninas, ungidas por el óleo
perdurable del talento, se hayan visto abandonadas a sus propias fuerzas,
actuando en un teatro sin vastos horizontes, sin porvenir ni emulaciones,
condenadas como Ícaro a no remontar su vuelo a los inconmensurables espacios,
como Prometeo, al martirologio de la desesperación, aprisionadas en la roca de
la ignorancia, y como Tántalo al suplicio de no poder aplacar su sed intelectual
de saber, a pesar de sus relevantes disposiciones naturales”.(185)

¿Cuál es entonces la causa, se dirá, que no haya figurado en los albores de nuestra intelectualidad
al lado de Francisco Acuña, Alejandro Magariños Cervantes, Heraclio Fajardo, y otros en el país, y de
Juana Manso y Juana Manuela Gorriti en la Argentina?
En 1891, estallando la misma circunstancia decíamos que la educación deficiente de los primeros
tiempos en que la enseñanza casi se concretaba en saber leer y escribir y contar superficialmente, y las
continuas luchas intestinas que se han producido en el país, desde la emancipación política hasta hace
apenas un lustro, no han permitido a que luzca con todo esplendor su genio, pues sus conocimientos han
tenido que ser muy limitados y embrionarios. De ahí que muchas inteligencias femeninas, ungidas con el
óleo perdurable del talento, se hayan visto abandonadas a sus propias fuerzas, actuando en un teatro sin
vastos horizontes, sin porvenir ni emulaciones, condenadas como Icaro a no remontar su vuelo a los
inconmensurables espacios, como Prometeo, al martirologio de la desesperación, aprisionadas a la roca de
la ignorancia, y como Tántalo al suplicio de no poder aplacar su sed intelectual de saber, a pesar de sus
relevantes disposiciones naturales.
José Pedro Varela en su magna reforma, y no obstante las turbulencias políticas que la han
sucedido, tuvo la patriótica virtud de despertar la inteligencia de la mujer uruguaya del insomnio en que
yacía.
Bella durmiente de nuestra intelectualidad, la vara mágica de la escuela moderna, como el capullo
de flor al beso de la brisa, abrió su espíritu vivificado por el Jordán de la educación, y si bien poco se dedica
a la cuestión literaria, consagrarse en cambio, en crecido número a sentar los sanos principios de la moral
universal y el sentimiento cívico desde los bancos escolares” (Revista Nacional de Literatura y Ciencias
Sociales, Montevideo, Número 60, 25 de noviembre de 1897: 185-186).

67

�Setembrino Pereda se refiere a la reforma educativa y a la escuela moderna
como un Jordán que vivifica, que despierta la inteligencia de la mujer, como vara
mágica a la “Bella durmiente de nuestra intelectualidad”. Reconoce la ilustración
y los sólidos conocimientos de las maestras de aquellos días, pero tal como hemos
visto, lo que más le interesa es destacar las virtudes literarias de Lola Larrosa,
quien a su criterio se asocia a una vida de “relevantes prendas morales”, de
sacrificio, resignación y santidad.44 Compara a Lola Larrosa con Juana Manso y
Juana Manuela Gorriti, ya que “demostró tener materia prima, capacidad
intelectual propia, disposición apreciable para figurar dignamente en esa
brillante pléyade literaria que empezaba a lucir en el cielo esplendoroso de las
letras del Plata”.
Si bien este análisis rescata una figura femenina de las letras uruguayas, se
trata de otro ejemplo acerca de las diversas representaciones del género que se han
ido superponiendo de acuerdo a la naturaleza del proyecto ideológico y social
masculino en el marco de la modernidad y de las relaciones históricas de
subalternidad.45
c. En los manuales de urbanidad

Utilizar obras prescriptivas que circulaban en la época intenta producir un
saber inteligible sobre las mujeres. En los manuales de urbanidad se revela “la
importancia concedida a los comportamientos y las actitudes por encima de los
sentimientos íntimos o las posibilidades económicas reales” (Barrán, 2001: 219).
Las buenas maneras debían “regular los actos de la vida social limando y
vistiendo la agresividad y el deseo sexual” (Barrán, Op. cit., 2001: 220).
Funcionan a modo de una instancia legitimante que construye el aparato estatal, el
44

Hay que señalar que comentarios críticos por el estilo se reiteran para la producción literaria de
Sabbia y Oribe y de Méndez Reissig.
45
Otros escritores que hablan de la literatura de mujeres son Acuña de Figueroa y Magariños
Cervantes, quienes celebraron la poesía de Petrona Rosende, denominándola “Safo Oriental”. Ver Rocca,
Pablo: Poesía y Política en el Siglo XIX (Un problemas de fronteras). Montevideo, EBO, 2003. (pág. 59).
Según Elena Romiti, Acuña también la llama “la décima musa” y Magariños Cervantes como la “Eva del
arte”. Ver Romiti, Elena: “Los derechos de la mujer y la escritura”, en Synapsys (pág. 21) disponible en
http://www.dfpd.edu.uy/ipa/materiales/rev_synapsys_0.pdf#page=20n (consultado en noviembre de 2013).

68

�militar, el institucional, además de configurar las nuevas formas de acumulación
de riqueza, la distribución de nuevos saberes, el papel de la familia y el lugar de la
mujer dentro del espacio doméstico (González Stephan, 2002).
La literatura de conducta de hombres y mujeres se remonta a siglos atrás,
pero no fue hasta el siglo dieciocho, particularmente en Gran Bretaña y en Estados
Unidos, que los manuales superaron al libro de cortesía escrito para la
aristocracia. El aumento de la popularidad de este tipo de texto, fue “una señal
inconfundible del incremento de la clase media” (Armstrong, 1987: 298) porque
estarían representando la creación de un espacio ideal e independiente de
prosperidad y orden existente en paralelo al mundo de la agitación comercial. En
este sentido, la literatura de conducta con instrucciones de cómo crear un espacio
doméstico tuvo un verdadero impacto político. Es más, en sociedades como la
uruguaya, donde las hostilidades continuas amenazaban quebrantar el estado tan
precario, dichos textos podrían haber desempeñado un papel especialmente
importante, ya que prescribían un modelo social y económico que traspasaba
divisiones políticas y a su vez podían ser adoptados por familias de la clase media
independientemente de opciones partidarias, fortaleciendo intereses y valores
comunes en su deseo de prosperidad y bienestar en el hogar.
A este trabajo, con todo, le interesa el entramado de intimidad-privacidad
con emergencia pública que alude al proceso de disciplinamiento, y analizar las
“puestas en escena” que asumieron las mujeres en el imaginario social. El manual
que tuvo mayor difusión en el continente latinoamericano durante la mitad del
siglo XIX fue el del venezolano Manuel Antonio Carreño, cuyo título completo
era El Manual de urbanidad y buenas maneras para el uso de la juventud de
ambos sexos, en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y
etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales. En principio
salió como folletín en Caracas durante 1853. Se hicieron innumerables ediciones
del manual completo y de compendios, que en Uruguay tuvieron profusa difusión,
usándose también como objeto de estudio en las escuelas. La edición de 1899 –la
única que pude consultar– es una edición abreviada que trata de los deberes

69

�morales del hombre y las mujeres para con Dios, con la sociedad representada en
figura de los padres, de la patria, de los semejantes.
Como máscara burguesa cuyo objetivo era, entre otros, vigilar a la mujer,
encerrarla en espacios y a su vez excluirla de otros, el Manual fue un discurso que
ofició como micropolítica social y corporal. Desplegó un dispositivo que puso en
marcha micropenalidades. Utilizó un método de diseño, de defensa y de
protección de una clase social en la cual el poder masculino insistió en ver a la
mujer domesticada y limitada, debido a que “no tiene límites individuales
definidos” tal como razonaba en 1903 Otto Weininger en Sexo y Carácter. (Cfr.
Zizek, 2003:207-211).
Si trazamos un paralelismo entre lo que sucede en el escenario doméstico y
en el público se observa que en ambos espacios los individuos se dividen en
series, se segmentan movimientos, distribuyen el tiempo, reducen las
potencialidades del cuerpo. Norbert Elías señala la importancia que adquiere para
el proceso civilizatorio el imponer conductas para la configuración del individuo,
admitiendo la forma en que lo influyen las exigencias y las prohibiciones sociales
“que modelan el hábito social en cada persona y, en especial, también el tipo de
angustias que tienen una función en la vida del individuo” (Elías, 1993: 51).
El manual de urbanidad también puede entenderse como creador de
imágenes, como discurso en relación directa con las estructuras sociales y en
particular con las dinámicas del poder político y como cartografía disciplinaria
para regir el cuerpo de una ciudadana obligada a representar roles que convienen a
la sociedad decimonónica. La instruye para que se convierta en refugio de las
almas masculinas, sobre cómo ser adecuadamente sumisas y ofrecer a sus maridos
todo su valor en pago a su inversión en solvencia espiritual. Moldean una
identidad grupal al estar dirigidos a un sector de la sociedad que debía conservar
de una manera tipificada unas normas que regularon el comportamiento
interpersonal y colectivo. Une en un solo proyecto lo público y lo privado como
los dos escenarios indispensables para el buen desempeño del ciudadano.
Una obra de estas características opera directamente sobre el cuerpo, el
espacio familiar (físico y psíquico, individual y colectivo) y también sobre la

70

�lengua con medidas preventivas y de corrección. Perfila las condiciones de
funcionamiento y enunciación del sujeto legal como parte del proyecto de
modernidad de las nuevas naciones latinoamericanas en el siglo XIX. (González
Stephan, 2002).
La lista de prescripciones abarca desde el aseo hasta las reglas de etiqueta,
desde las recomendaciones sobre la gestión de la casa, los deberes durante la
noche, los vestidos que deben usarse para cada ocasión, el trato a la familia y a los
vecinos. El manual parece proceder de un tratado de moral que irá modelando el
comportamiento femenino de acuerdo a unas normas que siempre tendrán más
peso para las mujeres:
“XVII- La mujer encierra en todo su ser todo lo que hay de bello e
interesante para la naturaleza humana. Pero la naturaleza no le ha concedido
este privilegio, sino a cambio de grandes privaciones y sacrificios, y de
gravísimos compromisos con la moral y con la sociedad” (27)
XIX- La mujer tendrá por seguro norte, que las reglas de urbanidad
adquieren, respecto de su sexo, mayor grado de severidad que en los hombres
[…] La mujer que tomara aire desembarazado del hombre, aparecería inmodesta
y descomedida” (28).
X- Estas reglas son más importantes para la mujer que para el hombre,
por cuanto su destino la llama al gobierno de la casa […] so pena de acarrear a
su familia una multitud de males de alta trascendencia. Hablamos de gobierno de
la casa, de la inmediata dirección de los negocios domésticos, de la diaria
inversión del dinero, y del grave y delicado encargo de la primera educación de
los hijos, de que depende en gran parte la suerte de estos y de la sociedad entera”
(44-45).
Los alcances de esta domesticación/represión cubren los espacios más
insospechados, alcanzando también a marcar lo inadecuado en ciertas conductas
masculinas: “no está permitido a un hombre el permanecer en su casa sin
corbata, en mangas de camisa, sin medias, ni con los pies mal calzados”
(Carreño, 1899: 55), como tampoco el de “llevar la mano a la cabeza, ni
introducirla por debajo de la ropa con ningún objeto, y menos con el de
rascarnos. Todos estos actos son siempre asquerosos, y altamente inciviles” (23).

71

�Zonas, flujos, gestos, expresiones que deben estar claramente delimitados
para ser cubiertos (“no salgamos nunca de nuestro aposento sin estar ya
perfectamente vestidos”, 53) eliminados (“la costumbre de levantarnos en la
noche a satisfacer necesidades corporales, es altamente reprobable”, 48) o
modificados en aras de la obtención de un cuerpo aséptico, hierático, serio,
distante, contenido.
La escritura normativa flagela las pasiones: “dominemos nuestro ánimo y
nuestro semblante, y mostrémonos siempre afables y joviales” (187),
“sacrifiquemos nuestros gustos, nuestras antipatías y aun nuestra comodidad”
(217) hasta circunscribirlas a zonas abyectas y culpables. La civilización es un
acto de intramuros, de espacios cerrados que la escritura ha cuidado en delimitar.
A la par de las políticas de coerción, se impartió el hábito por la higiene: el
aislamiento y desinfección de todo elemento o sujeto contaminante. Como parte
de una nueva sensibilidad se desarrolla una fobia por el complejo cultural de la
“barbarie” y una compulsión por la corrección y limpieza: “Jamás brindemos a
nadie comida ni bebida alguna que hayan tocado nuestros labios”; o “el intentar
beber en el vaso en que otro ha bebido, y comer sus sobras”, recuerda
insistentemente Carreño para evitar no sólo el contacto de flujos, sino una
familiaridad ya poco apropiada para el orden que se deseaba imponer. El cuerpo
mismo deberá ser objeto de una serie de estilizaciones donde la moda ejercerá una
función preponderante, porque toda su materialidad estará asociada, sobre todo la
del cuerpo femenino, a lo sucio, bajo, feo y corrupto. Son tiempos modernos, pero
no para liberar el cuerpo: “No está admitido el nombrar en sociedad los diferentes
miembros o lugares del cuerpo, con excepción de aquellos que nunca están
cubiertos” (124).
Como parte del programa general se implementaron también una serie de
estrategias que introdujeron un “contacto controlado” en todos los ámbitos de la
vida privada y pública. Esto implicó un discreto distanciamiento entre los cuerpos:
“jamás nos acerquemos tanto a la persona con quien hablamos, que llegue a
percibir nuestro aliento” (32) o “la mujer que tocase a un hombre no sólo
cometería una falta de civilidad, sino que apareciera modesta y desenvuelta; pero

72

�aun sería mucho más grave y más grosera falta en que incurriera el hombre que
se permitiese tocar a una mujer” (120). El ojo punitivo llega a los límites de una
vigilancia extrema: “También es un mal hábito el ejecutar durante el sueño
movimientos fuertes, que a veces hacen caer al suelo la ropa de la cama que nos
cubre, y que nos hacen tomar posiciones chocantes y contrarias a la honestidad y
al decoro” (48).
La formación de la ciudadanía, necesaria para las nuevas condiciones
mercantiles, se apoyó sensiblemente en la estigmatización que recae sobre la
mujer: la severidad en la domesticación de su cuerpo y voluntad está en estrecha
relación con la propiedad de su vientre –imbricando familia, propiedad y Estado–
haciendo de ella la custodia no sólo de una educación que reproduce la contención
y la docilidad en los hijos/as sino también la vigilancia de la hacienda privada.
Una “buena dueña de casa”, además de ser discreta –inadvertida– debe ser
ahorrativa con los bienes materiales y con el deseo de su cuerpo. Las exigencias
de conducta plasman la desigualdad de género, pero esto tiene su razón de ser: “el
precio de su cosificación ciudadana guarda una relación inversamente
proporcional con el incremento de la riqueza privada –eje de la nueva sociedad
liberal– y con numerosos descendientes que pasarán a engrosar en calidad de
cuerpo letrado del estado republicano.” (González Stephan, 1999: 25)

Capítulo III
1. LAS NOVELISTAS: literatura de alianza con la conciencia burguesa
a. Nudos de una escritura bitextual
Los sucesivos acercamientos a estas obras hizo entonces necesaria la
exploración de las características de los campos intelectuales en los que las
autoras buscaron legitimarse. A su vez, requirió atender las operaciones artísticas

73

�de un sujeto femenino que escribe desde un no lugar demasiado emancipado para
resultar tradicional.
Como se ha visto, dada la ausencia de fuentes referidas a su creación,
circulación y recepción, procuramos dar respuesta en un conjunto de
informaciones surgidas en textos de autoría masculina, que a modo de red
intertextual, diseminan variados y sutiles elementos significativos como
constantes que recorren los diferentes géneros discursivos.
Escribir implica no sólo poder sino también osadía. Una exigencia que
opera tanto para los varones como para las mujeres. Cada escritor arriesga su
prestigio y su dinero en la empresa de publicar. Cada novela genera aplausos de
los amigos o bien diatribas de los enemigos; valoraciones que a veces se dan a luz
lo cual favorece debates de crítica literaria entre articulistas de un mismo
periódico o entre varias publicaciones. En medio de esos vaivenes publicitarios,
las mujeres viven su propia paradoja: por un lado la resistencia a entregarse a
actividades no hogareñas, pero por otro recibir la mayor consideración justamente
por ser señoras y señoritas. Si bien en estas obras aparecen discursos
favorecedores de la perpetuación de la “mitología burguesa” (Scott, 1993: 427461), es cierto también que leyendo de soslayo se puede encontrar un espacio
desde el cual ofrecen perspectivas otras acerca de las particulares vivencias del
hecho social y político. Esto no quiere decir, como señala Nelly Richard, que
vayamos a sobreproteger dichas producciones, porque eso podría prolongar su
invalidez, marginándolas del campo de batalla de la cultura donde se pelean las
estrategias de los signos. (Richard, 1993: 134). Como dice Armstrong (2004)
refiriéndose a las novelas de “ficción doméstica”, son documentos que señalan el
carácter político de la historia cultural. En este trabajo se pretende, entonces,
incorporarlos a la dinámica de cruzamientos de secuencias históricas, desplazando
el punto de vista de la valoración para preguntar, en cambio, qué dicen estas obras
a la interna de la literatura uruguaya.
Es posible rastrear sus diálogos con las tendencias estéticas emergentes,
dominantes y residuales, las estrategias de ciertas modalidades de enunciación y el
uso de determinados géneros al momento de elaborar el discurso sentimental

74

�sobre el cual las emisoras configuran sus ideas acerca del amor, el matrimonio y
las divisas políticas a las que adscriben en el marco de las guerras civiles, temática
muy presente en varios de los relatos. Aunque inevitablemente estas mujeres se
ubican en un devenir tensionado por el contexto que impone una cultura de la
diferencia sexual jerárquica, su itinerario conduce a la pregunta por la
visibilización de lo femenino en tanto que funciona según códigos, marcas y
tradiciones diversas a la masculina, pero inserta en esta. De esta forma, según la
llama Elaine Showalter, toda la literatura de mujeres es de carácter bitextual (Cfr.
Muñoz, 1999:18). Una literatura que trabaja a dos voces y que “funde lo político y
lo cultural porque funde los lenguajes con las relaciones sociales de poder”
(Ludmer, 2000: 11).

b. Trasgresión conservadora: la escritura casi invisible

El concepto de habitus de Pierre Bourdieu parece una herramienta
adecuada para analizar el campo de la cultura que se constituye en el Uruguay de
la época. Por habitus se entiende el “conjunto de juicios calificadores que
permiten definir la belleza estética y configurar los criterios dominantes”
(Bourdieu, 1979: 252). Quienes definen el gusto artístico, según el autor,
necesitan un “capital cultural” cuya aplicación garantice las esencias de los
valores legítimos. Siguiendo esta línea, la posición de prestigio para una mujer
escritora es la de quien textualiza el canon, cuya génesis y formación nos remite a
la literatura moralizante de herencia historicista-romántica. Dicha matriz acentúa
el fervor nacionalista e inscribe la virtud, la honestidad, la instrucción de las
costumbres, la decencia y la utilidad como valores constitutivos. No solo adscribe
a las premisas literarias asumidas por las instituciones, sino que otorga sublimidad
artística a las transmisiones de doctrina cristiana y contenidos morales. Sin
embargo, Marina Mayoral consigna otra realidad para explicar la situación de la
escritora del siglo XIX. Considera que “no escribe con sinceridad lo que piensa y

75

�siente, sino que ofrece en la mayoría de los casos una imagen estereotipada y
falsa de sí misma y del mundo” (Mayoral, 2002: 3). Por mimetismo pasivo o
subordinación filial a la autoridad paterna de la tradición canónica muchas sólo
obedecen el protocolo que reproduce formatos de subyugación. Lo más común en
esta época es que si una mujer tomaba la palabra lo hacía para rendir tributo
conformista a lo establecido. Pero en tanto se concibe a la “literatura” como una
red de tráficos de sentidos e influencias, se habilita al curso de formas alternativas
de la subjetividad.
La dilatada presencia del Romanticismo en América Latina, que tiene
consecuencias decisivas en el proceso literario general, determina especialmente
la trayectoria de la narrativa de estos “ángeles custodios de la nación”. La lentitud
con la que sus códigos abandonan la escena literaria le permitió metamorfosearse
y adaptarse a situaciones histórico-culturales. Por un lado, el escribir “como
mujer” –es decir sobre el mundo doméstico y maternal– fue condenado como obra
sin importancia y, por otro lado, el escribir “como hombre” –sobre cuestiones
públicas y filosóficas– fue igualmente censurado porque en el ejercicio de esa
escritura la mujer podría perder su feminidad (Mataix, 2003).
El Romanticismo colabora a su vez con el proyecto fundacional
republicano, sirvió también, como señala Achugar (1998), para apuntalar el
patriarcado social. La mujer como objeto de reflexión, el matrimonio reafirmado
como la célula básica de la sociedad, la apología del amor que conducía a través
de la ensoñación al altar, la condición de los “enamorados”, la educación, todo
ello se plasma en la narrativa romántica de mujeres. Por esto mismo puede
señalarse que de los discursos de la feminidad republicana, derivarían, por una
parte, las asociaciones imaginarias mujer-patria y familia-nación como estructura
alegórica básica recurrente en los textos, y por otra, unas premisas de época sobre
el ejercicio de la literatura, también muy sólidas: de acuerdo con la estricta
separación entre las esferas de actividad masculina y femenina, la mujer debía
hacerse perdonar el pecado de intrusión en lo público a través de la escritura,
demostrando que ese ejercicio respondía a unas motivaciones didácticas,
moralistas, dirigidas a asentar a sus congéneres en el modelo patriarcal

76

�convencional (Mataix, 2003). La costumbre del sentimentalismo, la nostalgia por
el pasado y su reconstrucción histórica, la omnipresente idealización de paisajes,
atmósferas, lenguajes, situaciones y personajes, conforman un universo de
heroínas anónimas de la historia, ocultas siempre tras figuras varoniles es
redundante con el discurso decimonónico femenino.
Modelos románticos de virtud, patriotismo, ética y defensa de los seres
queridos desfilan por este conjunto de obras que se producen en época de
reformulaciones de proyectos de nación, abriéndose paso a la visibilización en
tanto nuevas identidades culturales, aún cuando la mentalidad dominante de las
mayoría de las autoras se oriente a la conservación de los viejos sistemas de
valores relativos a la cuestión de género. María Inés de Torres (1995) define a la
segunda mitad del siglo XIX como una etapa caracterizada por la gran riqueza de
discusiones y polémicas sobre la temática de la mujer. Los textos se ubican
transversalmente en un escenario donde se moldean, esconden, resisten (siempre
dentro del marco de determinado horizonte de expectativas) una serie de normas,
leyes e instituciones. No estamos ante un periodo homogéneo, sino de
transformaciones profundas, rupturas y discontinuidades ¿Cómo se imbrican las
escritoras en esa dinámica cultural que paulatinamente se va transformando hacia
una sociedad liberal, laica y secularizada?.

c. Artificios del silencio y del pudor

Lo genérico sexual y la construcción de la subjetividad están mediados por
la etapa histórica. Las micropolíticas del Romanticismo literario crean el proyecto
fundacional republicano, sistema creado por la clase letrada masculina en el cual,
según María Inés de Torres: “La mujer no puede ser asociada [...] más que con el
sufrimiento, y esto porque no se la puede visualizar con una vida independiente,

77

�donde haya algo más importante que la ausencia- presencia del varón” (Torres,
1995: 37). Esa presencia a la que Margarita Eyherabide, Adela y Dorila Castell, C.
Spikermann y Mullins, Clara López, Ernestina Méndez Reissig, solicitan
indulgencia: “lector, te ruego que, por bondad única, no seas conmigo demasiado
exigente” (Eyherabide, 1908: 220). Sin embargo elige arriesgarse: “tengo la
audacia de someterme a tu juicio crítico”.
Esa introyección de valores puede tener que ver con la influencia de la
literatura moralizante de otras mujeres cuyas obras se publicaban en folletín en
Uruguay, tal como es el caso de María del Pilar Sinués.46 Ya hemos mencionado
que Lola Larrosa incluye numerosas reflexiones sobre el ángel del hogar de
Sinués en Ecos del Corazón.
Varias novelas de la autora española se publicaron en Montevideo. En
1861 aparece Amor y llanto. Colección de leyendas históricas originales a través
de la Imprenta La República. Se siguió en 1871 con La confianza de los padres
publicada por la Imprenta Liberal (séptimo folletín de El Mensajero del Pueblo),
en el mismo año también sale La corona nupcial en dicha imprenta. En 1878 se
edita La mujer en nuestros días; obra dedicada a las madres y a las hijas de
familia por la Imprenta Rival. Finalmente, en 1890, sale de la Imprenta España
Un nido de palomas. Ignoramos si todas estas narraciones se estampan con el
consentimiento de la autora o sin él, y nos preguntamos por los criterios
editoriales para elegir estos títulos entre su prolífica trayectoria.
En 1870 El Mensajero del Pueblo publica una novela por entregas: La
corruptora y la buena maestra (1868) de Fernán Caballero. Más adelante
aparecen las novelas de Mathilde Bourdon como folletín en “El mensajero del
Pueblo”. En 1874 fue La abnegación, en 1875 La mujer del oficial, La granja de
los Cedros y Valeria o los primeros cristianos (Novela histórica), en 1876 otras

46
María del Pilar Sinúes (1835-1893). Publicó más de un centenar de obras, muchas de ellas
novelas en las cuales se explicita el ideal femenino que toda joven debía tender para lograr la felicidad.
También fue colaboradora de la prensa española y americana así como de revistas de gran tirada en las que
aparecieron algunas de sus obras. La más famosa es El ángel del hogar. Obra moral y recreativa dedicada a
la mujer (1859) del que luego hará un desarrollo más amplio en 1881. Por más datos sobre vida y obra de
Pilar Sinués cf. Gómez Guadalupe y Ferrer Morant. Hombres y mujeres: el difícil camino a la igualdad.
Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2002.

78

�dos: Las tres hermanas, escenas de familia y Las apariencias y la realidad, y la
última fue Dionisia en 1877.
Si bien estos folletines son anteriores al período aquí estudiado, interesan
dos cuestiones. Por un lado, las conexiones entre las autoras y las grandes
tendencias de la literatura de siglo XIX: “la folletinesco-sentimental, la históricopatriótica y la filosófico-didáctica (Rossiello, 2008).47 Y por otro, no se pueden
separar el estudio de las condiciones de publicación de los textos y la
interpretación de su sentido (Chartier, 2006: 1). A partir de los datos
proporcionados por el registro de la cultura letrada de la época, se puede analizar
la composición y los cambios del incipiente campo editorial y de su producción. Y
al mismo tiempo, ensayar algunas hipótesis de carácter más general orientadas a
examinar cómo se reconfiguraron las dimensiones simbólica y material de la
cultura de la letra en el caso de las mujeres, en esa etapa de cambios críticos
derivados de la ampliación del público lector.

2. APROXIMACIONES A UNA LITERATURA SUBORDINADA
a. El dispositivo pedagógico al servicio de la disciplina sexual en Tula y Elena
de Adela Corrège

Si, como se dijo al comienzo, el magisterio le permitió a la mujer circular
por un nuevo espacio desde el cual asumir la escritura y la lectura y moverse con
47

Cf.r. Rossiello, Leonardo: “Formas y Funciones en el relato uruguayo”. Disponible en
https://www.google.com.uy/?
gws_rd=cr&amp;ei=tEy6UoKyE9KEkQe6_oCgCQ#q=leonardo+rossiello+tendencias+de+la+literatura+del+siglo
+XIX (consultado en enero 2011).

79

�mayor facilidad en el ámbito de la alta cultura –sobre todo en aquellos cercanos a
la política y gobierno educativos– al momento de abordar su trabajo las maestras
escritoras serán voceras privilegiadas para aconsejar, disciplinar y advertir contra
los peligros de una naturaleza femenina expuesta a excitaciones inconvenientes.
Esto parece confirmar por tanto lo que dice Pierre Bourdieu acerca de que “la
violencia simbólica no tiene éxito más que cuando aquel que la experimenta
contribuye a su eficacia” (Cfr. Chartier, 2000:200). De este modo, los discursos se
multiplican sumando voces a ese coro de bien intencionadas escritoras
privilegiadas que procuran evitar la caída de las jóvenes, ya sea por “las perversas
doctrinas de los libros” (Grassi, op.cit., 1878: 85), por “la seducción de un
calavera”, o “por el orgullo y el lujo” (Corrège, op.cit., 1885: 60).
En este sentido, la relación de la mujer con la escritura se verá
ampliamente transformada por el acceso masivo al magisterio, hecho sumamente
importante, pues la docencia dota a las nuevas generaciones de una imagen social
que articula el modelo femenino tradicional con una participación en el ámbito
público, por ejemplo la prensa, como en los casos de Dorila y Adela Castell. El
papel de “maestra escritora” será adoptado por aquellas que deseen emprender
trayectorias literario intelectuales y a partir del cual resulta menos conflictiva una
representación femenina legítima de la figura de autor. El magisterio está a medio
camino entre el hogar y la academia que, si bien tuvo sus limitaciones, permitió
una identidad diferencial de base y una plataforma de ingreso a la cultura letrada.
No conocemos noticias biográficas de Adela Corrège. Tal como ella
misma postula en el prólogo a modo de carta dirigida a Teresa Mascaró de Santos,
cuya “sombra benéfica ampara estos bosquejos que salen a la luz pública sin otro
fin que manifestaros mi más profundo aprecio y tributo a la instrucción que se
sigue en las Escuelas Públicas del Estado”, el acto de publicar se justifica en
tanto cumple una función didáctica (Corrège, 1885: 5-6). Peruchena analiza dos
cuestiones al respecto: el grado de influencia de Teresa Mascaró en la sociedad de
la época y las actividades filantrópicas como un “ejercicio de poder” de las
mujeres (Peruchena, 2010: 77-84). La escritura es otra forma de obra de

80

�beneficencia. A su vez preserva uno de los pocos lugares, el de la maestra, como
netamente femeninos.
Gravita en la autora el interés por la educación de las mujeres, algo que
viene la literatura didáctica y moralizante del siglo XVIII. Pero se reduce a
presentar un extracto de virtudes y vicios enfrentados, sin interesarse en describir
la cultura de sus personajes ni su profundidad psicológica. Tampoco entran en
crisis con la razón hegemónica al considerar la instrucción como herramienta para
que las mujeres desarrollen la fuerza de voluntad y no se dejen vencer hasta la
degradación (sexual). Alude al peligro que corren las que se dejan llevar por la
tentación, y ese es el único motivo por el que apela a la educación: “la mujer se
instruya, y la mujer será fuerte. Haced que conozca su importancia y la veréis
combatir y vencer. Así la inteligencia desarrollada, conocedora de sus derechos y
obligaciones, esa inteligencia avasallará su corazón cuando inconsciente
estuviera dispuesto a dejarse vencer por una pasión, incompatible con la virtud y
la moral” (65).
Los términos educación e instrucción se polarizan: el primero se inscribe
en lo moral-religioso y el segundo en lo intelectual-social, y la sexualización de
ambos se convirtió en el lema del siglo XIX (Jagoe: 2007). Conservadores y
liberales coinciden en la importancia de una madre virtuosa como modelo a seguir
por los hijos. De otro modo, el impacto de una mala educación tendría
consecuencias funestas y el correspondiente castigo: soledad, abandono, fealdad,
enfermedades incurables, muerte
En Tula y Elena, las mujeres que se apartan de la norma se redimen en el
convento y los hombres pecadores serán perdonados mediante la confesión
redentora. La mujer nació únicamente para “hacer la felicidad de los hombres,
debe caminar por la senda de la religión y el honor” (Carreño, 1899: 27). Los dos
personajes se construyen siguiendo la estrategia dualista y se enmarcan en ideales
domésticos. La sujeción de la Sofía de Rousseau, la concepción de matrimonio de
Locke, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Engels, por
solo nombrar algunas obras de tradición filosófica, dan cuenta de esta división
cuyas imágenes literarias encontraremos en las novelas españolas y francesas

81

�publicadas en folletines que se leían en el Plata. Las abundantes digresiones
morales que exponen la maldad/bondad, el vicio/virtud, la clase alta/clase baja,
serán los ejes con que Corrège construye su relato. La influencia las escritoras
españolas es evidente desde las palabras iniciales del primer capítulo: “Estábamos
en las inmediaciones de Madrid, en un pueblito llamado Aranjuez” (8). Y, como
en Ángela Grassi, la simplificación de la realidad en el tratamiento del amor y sus
sueños de moralidad para el que es bueno. El malo mostrará un ardiente y
obsesivo deseo de venganza, tema que dará a múltiples maquinaciones,
reflexiones e introducción de nuevos personajes. Sobre esta conducta recaerá un
castigo ejemplar. En Tula y Elena, muere el hermano del conde que había
secuestrado a su sobrino, y la pecadora Elena es encerrada en el claustro. En
cambio, Tula es la figura contrapuesta a su hermana, estereotipos y espejos que
reflejan el mal y el virtuosismo. Enamorada de su hermano adoptivo, vive en el
campo y no quiere salir de sus límites, y por eso mismo no pone en riesgo su
moral tal como su contraparte. La ambición de Elena por el lujo y la sociedad
madrileña, la decisión de irse de la comarca paterna con su amante despreciable,
la lectura de ciertos libros, y en definitiva, la falta de gobierno de sí, culminará en
su retirada al convento como forma de expiar sus culpas.
Dentro de un contexto romántico como el que atraviesa esta novela,
podrían verse dos niveles de análisis. Por un lado, la opinión o construcción
cultural en torno a la conducta femenina; por otro, la actitud que la mujer debería
asumir desde tal construcción a lo que se agrega el impacto de dicho modelo en
instituciones, prácticas y experiencias sociales. Así, en su pureza y abnegación
Tula es el personaje antónimo a la coqueta Elena, contraposición que estaría
representada a un nivel concreto por el antagonismo arquetípico entre la rubia y la
morena, por ejemplo. Dicotomías propias del patriarcado que en la tradición
cristiana asume la forma de la Virgen Maria versus Eva, figuras que representan a
la mujer en dos únicas alternativas históricas. Tula es quien acepta dócilmente el
papel asignado por su sociedad al adoptar la compostura, la moderación y el
silencio que la convierten en un ser pasivo y subordinado. La caracterización
prototípica en la que se reitera la abnegación como rasgo dominante pone de

82

�manifiesto un ser estático contrapuesto al orgullo de Elena Aguilera, “que solo
piensa en Rafael, que se entrega a la lectura y a las ilusiones propias de
imaginación exaltada” (52). Ella es la que volverá “al hogar con la vergüenza en
el rostro” y “sepultarse en la soledad del claustro” (96).
Elena solicita al padre poder acompañarlo a la ciudad: “Quiero ver esos
grandes establecimientos, esas damas con lujosos trajes, y esos espléndidos
salones donde todo es bello… ¿me compras un lindo aderezo de oro?”(16). El
padre “notó con tristeza la ambición de su hija, sentimientos de dolor
embargaron su alma” y, antes de acceder al pedido, le dice que “el lujo es el
verdadero corruptor de la sociedad, trae consigo desolación, miseria, ruina y la
desesperación de la familia […]” (16). La posibilidad de integrarse al espacio
urbano a través de las compras es una actividad condenable para el honor y el
patrimonio masculinos. No obstante, una vez en Madrid, la joven de dieciocho
años “que solo piensa en realzar su hermosura que aminoraba cada vez más”
(10) comienza a verse solicitada por los objetos suntuosos, es llamada por el lujo,
la moda, las fiestas. El despertar del deseo y la necesidad de satisfacerlo llevan
implícita la conducta de derroche y el despilfarro de la fortuna, gasto que se
relaciona con un cuerpo seducido por las joyas y los vestidos, susceptible de pecar
para satisfacer sus deseos. Consumir se asocia al deseo sexual, y por lo tanto a la
tentación, al adulterio y la deshonra. El amor al lujo y la vanidad se presentan
también como trampolines hacia el desorden moral y la ruina económica. La
mujer/Nación que no ha sabido contenerse dentro de sus posibilidades económicas
termina convirtiéndose en adúltera o prostituta. Si el dinero y la propiedad son
patrimonio masculino, la mujer que desea incorporarse al espacio del intercambio
económico y acceder al gasto no le queda alternativa que convertirse ella misma
en mercancía. En el siglo XIX el hogar ya no se consideraba como un lugar de
producción sino de consumición; las velas, el pan, el jabón ya no se hacían en
casa: “Hacer la compra empezó a cobrar importancia, y el buen gusto en la
elección de artículos de consumo, y la calidad de vida y el bienestar de la familia
(en lugar de su proveniencia) eran indicativos de una posición social respetable”
(Guardia, 2012: 130).

83

�Otro aspecto que aparece en la novela es el de las mujeres que aún siendo
“buenas” y puras, se enamoran del hombre equivocado, motivo por el cual quedan
deshonradas, lo que las obliga a tener que aceptar la condenación social,
traducidas en enclaustramiento o muerte. Las mujeres inquietas tienen un destino
trágico. ¿Cuál es el sentido de ese triste final para una ingenua muchacha que por
falta de experiencia, o por amor quizás, abandona el mundo seguro de sus padres
y se arriesga a construir un futuro incierto? Tal como hemos señalado
anteriormente, la opinión o la sanción moral de la comunidad afectaba más a las
mujeres que a los hombres. Es precisamente en esta diferencia que se construye la
obra. Para que no queden dudas de los riesgos que corre una mujer, dentro de la
novela aparece la breve historia de Pura, una ingenua e inocente muchacha que es
seducida y abandonada casi de inmediato. La profunda tristeza que padece la
joven al darse cuenta del engaño traerá aparejada su muerte en pocos días.
La añoranza de la autora por el pasado conservador –“la noble y
distinguida familia de los condes de Benavente, moraban en un hermoso palacio
de la calle principal, que era el centro de reunión de las personas más
distinguidas de la corte madrileña” (19) – por el ambiente idílico del campo, por
la riqueza como un bien que se recoge y no que se produce con esfuerzo y trabajo,
revelan una mentalidad colonial y el imaginario de una nobleza ya perdida. La
novela podría representar esa lucha entre la espiritualidad como un ideal y el
materialismo que impera en la época. El hogar paterno se presenta como un
universo cerrado con fronteras permeables que si bien impide el encuentro con los
“otros” y protege la línea de entrada frontal, se ve finalmente sorprendido y
vulnerado por la debilidad de sus muros internos hacia los que nunca ha mirado el
patriarca y es por donde finalmente le roban o se fuga su hija “hacia el futuro”.
Porque, ¿cuál era el horizonte de expectativas imaginado para Elena en el mundo
paterno? El aislamiento, la paciente espera de un muchacho digno de las elevadas
cualidades de la joven, o la reclusión solitaria e indefinida, ya que en esta historia,
solo existía un candidato para dos hermanas, que para colmo es hermano de
adopción y vive con ellas desde recién nacido. En ese ambiente rígido, monótono
y exclusivo, la apasionada Elena sueña con otras cosas. De esta confrontación

84

�surgirá el conflicto dramático, que lleva al choque entre padre e hija, y el forzoso
distanciamiento entre ambos mundos cuando las circunstancias obligan a Elena a
tomar la decisión de cruzar el umbral. Hay un quiebre del orden, una transgresión
en la desobediencia filial, una ruptura de los códigos para iniciar un camino de
emancipación. No obstante, Corrège obstaculiza esta posibilidad, creando un final
donde Elena se encerrará aún más.
Más allá de que en torno a la educación giran principalmente el
reconocimiento de la capacidad intelectual como individuo y la necesidad social
de un Estado cada vez más liberal, Corrège la utilizará como medio para que la
mujer no tenga un final deshonroso. Que las mujeres sean educadas en la pureza
utilitaria es también la propuesta oficial masculina, “de tal modo que dicha
formación sirva para construir los cimientos de la patria futura y anhelada,
puesto que la mujer debe, a su vez, educar a sus hijos” (Mizraje, 1999:23). En
plena polémica de fin de siglo entre católicos y liberales, Corrège traduce su
postura en un método pedagógico en el cual “habían incurrido en la falta, debían
sufrir la pena […] porque la sociedad tenía el derecho de censurarlas” (45) y en
una propuesta educativa en la que “la opinión de todos se somete a la de uno: a la
del padre, justo, honrado, prudente y cariñoso” (39). El hogar es el lugar para
“saborear la felicidad de la vida” y si “queréis dicha no la busquéis en los
salones”, porque “el viaje de Elena a la ciudad fue la causa de su perdición y la
desgracia de la familia” (40). El fin de la educación es únicamente moral, y es
una tarea casi docente a la que los hombres deben comprometerse con un rol
docente: “Felizmente esos hombres se esfuerzan en instruir a la mujer poniendo
con esto en sus manos el escudo de la razón, fuerza moral, es cierto, pero
invencible” (58). A lo largo de toda la historia será el padre, “que sufría más que
la esposa” (77), quien lleva adelante las acciones para recuperar a su hija, incluso
ocultando sus preocupaciones a la madre. Él es quien toma todas las decisiones a
la interna del hogar. A las mujeres les queda apreciarse a sí mismas para
sobrellevar “sus debilidades naturales” (65) y no recibir la condena social al ser
engañada por un hombre. “Haced que la mujer se instruya y la mujer será fuerte
[…] así, la inteligencia desarrollada, conocedora de sus derechos y obligaciones,

85

�esa inteligencia avasallará al corazón, cuando inconscientemente, estuviera
dispuesto a dejarse vencer por una pasión incompatible con la moral y la
rectitud” (65).
La religión es la que guía a la mujer extraviada por el camino del
arrepentimiento: ¡Santos Evangelios que guardáis la palabra del Redentor, porqué
sois tan olvidados!”(91). Esta afirmación y la moraleja “sobre la importancia de
los buenos sentimientos, la moral y la virtud desarrollados, robustecidos y
mantenidos por el trabajo en el estudio y la fe en la religión” (98) permite pensar
en la obra de Corrège como una respuesta al debate ideológico del momento. Los
liberales anticlericales se opusieron a la “confesión auricular aunque compartieran
una parte importante de las pautas de moral sexual defendidas por el clero”
(Peruchena, 2010: 220), tuvieron una concepción de igualdad entre la esposa y el
esposo –aún cuando sostengan juicios descalificadores del ser femenino y
compartan la misión del padre de familia (Peruchena, 2010:216)– y estuvieron en
“el bando del Progreso y el Positivismo”. Frente a estas ideas la autora responde
con un proyecto literario. Así ya lo habían hecho Marcelina T. de Almeida, y
también Micaela Díaz. Corrège escribe sobre la importancia de la religión en la
instrucción de las niñas durante el gobierno dictatorial de Máximo Santos en un
momento en que “parece haberse comprendido, justamente, la prédica vareliana
respecto de la posibilidad de una educación igualitaria entre hombres y mujeres”
(Peruchena, 2010: 198). Otro aspecto destacable es que la novela consagra la
educación en el hogar, la ley masculina y el rol docente del padre, y sin embargo,
se escribe para las niñas que van a la escuela. Importa observar que Corrège no
contempla a la educación de las mujeres como una forma de sustentarse y ganarse
la vida mediante el trabajo, así como tampoco escribe sobre los beneficios del
conocimiento científico, cuestión que estaba en el tapete en ese momento, ni
recaen sus reflexiones sobre la misión de la madre en la educación de los hijos. Es
precisamente lo que no está planteado donde en definitiva se aprecia mejor aún la
propuesta y el convencimiento de la escritora, para quien una buena educación
debe tener fundamentos cristianos. Parece que el “gran siglo de la pedagogía”
(Peruchena, 2010: 275) no lo alcanza todo. Corrège preconiza el encierro de Elena

86

�en el convento y el de Tula en el hogar. En su propio discurso la escritora da el
predominio a la voz masculina, excluye a las mujeres de la cultura y se opone a la
circulación femenina de los espacios, aunque ella misma aproveche lo público
para manifestarse a favor de sus ideas.
b. Abanico de interlocuciones sobre el amor y el horror a la patria en las
novelas de Micaela Díaz y Margarita Eyherabide

El siglo XIX aparece atravesado por el problema de definir una idea de Patria,
de configurar una Nación, de otorgar soberanía a los nacientes Estados, cuestiones
íntimamente enlazadas a la reflexión sobre el territorio y sus límites. Pero también
esto se complejiza porque ese territorio es un espacio no conocido, inexplorado y
no sometido. Escritura, territorio y Nación se constituyen entonces en aspectos
indisociables. De allí que conocer la tierra, hacer el mapa, trazar los límites,
relatar y describir su constitución, son formas todas de estabilizar fronteras y
asignar valores. Con ello, este problema se articula con el de los límites en el
ejercicio de la acción política y las prácticas escriturarias de las élites letradas que
intentan construir una Nación a su imagen, entre las fronteras externas e internas,
no solo políticas sino culturales. No es preciso aclarar que existen abundantes
ejemplos de literatura uruguaya escrita por hombres que da cuenta de estas redes
de sentidos. Entre las más conocidas aparece una, invisible para los críticos que
hemos consultado, que en el marco de este trabajo merece rescatarse. Si bien no se
trata de una obra escrita por mujeres, los dos tomos de la Heroína del Quebracho
de Demetrio Núñez (1887-1888) cuentan la historia épica de Esther, una mujer
que se viste de hombre para ir a la guerra en contra de Santos. Se narran las
peripecias de la protagonista, pero también se denuncia la situación de extrema
pobreza y vulnerabilidad de “los hijos del país que habitan en el campo” que “no
tienen asegurados ni los más mínimos derechos” (Núñez, 1887: 137). Se advierte
sobre las razias, las levas, el robo, la violencia y la tortura de las autoridades sobre
los inocentes paisanos, se solicita protección para la campaña, se muestra la
complicidad de los prestamistas judíos con el gobierno, las operaciones

87

�financieras poco limpias, y también se discurre sobre el tipo de educación que
deben recibir las mujeres. Esther acompaña a su pareja a la batalla. En este relato
de guerra se superpone el de la heroicidad femenina, produciéndose y
significándose mutuamente, con concepciones similares sobre los conflictos ya
sean reales o imaginados. Y en el caso de algunas autoras –Micaela Rodríguez y
Spikermann y Mullins (al mismo nivel que Demetrio Núñez), o la Ernestina
Méndez de Lirios y las hermanas Castell en algunos de sus pasajes– la guerra es
una continuación de la política por otros medios (o la literatura como continuación
de la guerra por otros medios).
Al ser una época signada por gestas de independencia primero, las civiles
más tarde y los enfrentamientos con países vecinos, algunas escritoras
comprenden la “verdad” del pasado y subrayan de qué manera guerras y política
las han despojado del espacio doméstico que hubiera debido pertenecerles. En este
sentido, la convocatoria a la paz que abunda en sus textos es algo más que un
dócil ejercicio de humanitarismo. Es una fórmula (también política) que denuncia
la precariedad en que las guerras y las luchas civiles dejan a las mujeres, quienes,
al perder su ámbito, pierden el único sitio en el que legítimamente ejercen un rol
social reconocido.
Estas narraciones podrían considerarse en varios sentidos como “relatos de
movimiento”, en el sentido que le da Michel de Certeau al decir que “se trata de
relatos que no se cansan de poner fronteras, las multiplica pero en términos de
interacciones” (de Certeau, 1980: 138). Por un lado, el escenario de la guerra se
yuxtapone al espacio del hogar hasta invadirlo, esbozando un diccionario y una
lógica común a ambos. El vocabulario que describe los vínculos familiares se
utiliza también para explicar problemas políticos y vicebersa. También se
desdibujan fronteras entre lo público y lo privado, cuestión que permite introducir
la idea de “puente” en tanto los textos pueden definirse como “relatos animados
por una contradicción dinámica entre cada delimitación y su movilidad” (de
Certeau, op. cit., 1980: 138). El espacio de la novela, como unidad polivalente de
las operaciones que sobre ella se efectúan, dado que “el espacio es un lugar
practicado” (129) en la cual aparece “la ambigüedad del puente: unas veces

88

�suelda y otras veces opone insularidades (…) es una transgresión del límite,
desobediencia a la autoridad del lugar, representa la partida, la fuga al exilio, de
cualquier forma la traición de un orden” (140). Los movimientos se ejercen hacia
el interior del relato, donde la frontera es el género, el que está del otro lado a
pesar de ser extrañamente familiar. Pero también hacia el otro: el judío de
Eyherabide, el indio de Méndez Reissig, el negro de Dorila Orozco, los colorados
en Díaz. Y hacia afuera, el relato es un “vagabundeo al exterior” que cruza el
espacio privado para darse a conocer (de Certeau, 1980: 144). La literatura de
mujeres puede verse, de acuerdo a esta línea, como una oportunidad de “salida”
fuera de los límites asignados para “dislocar” ciertas perspectivas.
La guerra remueve la intención patriótica de la continuidad entre la casa y
sus hombres, la patria y sus héroes. Las tramas muestran cómo, mientras se
construye la patria, se destruye el ámbito postulado como “natural” de las
mujeres, quienes finalmente deben lanzarse a las retaguardias de los ejércitos, al
exilio (Zucotti, 1993: 82). Los personajes masculinos adquieren honor en la
medida en que anteponen el deber militar a todo y están dispuestos a arriesgar no
sólo su fortuna, sino la vida de sus hijos; los femeninos en cambio colocarán el
amor a los hijos en primer término. La casa, más que un espacio opresor, se
constituye en el no-lugar simbólico de un mundo destrozado desde el que se
expande y multiplica la muerte (Zucotti, op. cit., 1993: 81)
En estas obras se destaca la mujer de una élite acomodada alrededor de la
cual se organiza la trama, desde donde se mira el mundo en estrecha vinculación
con el espacio doméstico y la crianza de los hijos. Enmarcadas en ambientes
rurales, las historias de Díaz y Eyherabide acusan el problema del
empobrecimiento como consecuencia de las guerras civiles. A partir de esta
configuración se identifica el progreso racialmente blanco y culturalmente
europeo, cristiano y capitalista. Las cualidades definitorias son la castidad, la
represión del deseo, fidelidad a Dios, al padre y al esposo. Arasi, Doña Jova,
Elena y Estela se delinean bajo dicho canon y prefieren sacrificarse con el fin de
inspirar acciones elevadas.

89

�La apropiación de dichas valoraciones pone de manifiesto la subordinación
corriente y patente en la representación estereotípica, en la cual ellas carecen de
cuerpo y de perspectiva interior, tienen místicos sentimientos, expresión
melancólica, son vaporosas, delgadas, flexibles, mimosas, de poéticas cabezas y
de ternura infinita. Realizan trayectos del campo a la ciudad o al revés en una
especie de itinerario vital que transforma completamente la problemática de su
ser. No obstante, dentro de esta lógica, las escritoras plantean discrepancias con
respecto a lo que acontece a las mujeres y específicamente, sobre el amor a la
patria en momentos de luchas partidistas. Un ejemplo de las ambigüedades
afectivas que contraponen la patria y la familia se comprueba en la afirmación de
Doña Jovita: “Hijo, no encuentro conformidad para pensar en tu situación. No
me atrevo a creer que las guerras fraticidas necesiten tu brazo como un honor del
ciudadano” (Eyherabide, 1908: 135). Similar es el sentimiento de Milka Gautier,
en la novela Estela, quien ruega a su esposo dimitir al llamado del combate.
Luego del consabido discurso sobre el honor militar, la Patria y la familia –que
para los personajes masculinos es lo mismo, mientras que para las mujeres la
Patria es una competencia– Milka decide dejar a su hija pequeña y acompañar a su
marido a la batalla.
Estos registros dan cuenta de la vicaria relación de las mujeres con la
nación. Sus creaciones proyectan valores e intereses estético-ideológicos de
inspiración cristiana que siguen la dominante romántica, que ya incluso en el siglo
XIX manifiestan un valor anacrónico. La integración de la literatura conservadora
escrita en el habitus dominante genera una experiencia estética que legitima esta
producción siempre y cuando se una a las moralizaciones discursivas que la
sociedad les exigía. Todas las escritoras, en mayor o menor medida, plantean
cuestiones acerca de la realidad nacional. El recuerdo para los “valientes
uruguayos” que dejaron sus vidas “al grito de guerra civil” (Méndez Reissig,
1902: 67). Heroínas como Aglae o doña Jovita, modelos de virtud y devoción
familiar, se construyen como una hagiografía de mujer casada. Con “santa
resignación”, Aglae parte al exilio a causa de la muerte de su esposo en el Sitio
de Paysandú, pero en cambio, doña Jovita cuestiona el llamado que siente su hijo

90

�por servir a la “pobre patria, qué tremenda rival”. Malvina enloquece (Díaz,
1880: 31) otras se suicidan, otras esperan indefinidamente el regreso de los
hombres.48 Pese a sus diversos grados de identificación con una nación establecida
territorialmente las escritoras compartieron en sus textos la preocupación por la
construcción de repúblicas independientes y más pacíficas. Denunciaron
amargamente, desde un lugar ambivalente, la lucha civil. Díaz de Rodríguez
escribe “cuentos militantes”, por llamarlos de alguna manera, que jerarquizan a la
mujer en su desgracia y en ese intento, trasciende lo estrictamente político.
Eyherabide alude a modernización económica insensible y despareja, a la
violencia que sufre el niño del campo por la falta de educación y a los problemas
limítrofes en el nordeste en lo que se refiere a la navegación del río Yaguarón. El
desenfreno del dolor y la justeza de intenciones se plasman en vivencias
concretas, lo que hace a estas obras muy distantes de las poesías románticas sobre
la patria como entelequia irrepresentable, cerrada a mitologías y símbolos
enajenados de cualquier experiencia. En estas historias, se articula la realidad de
las mujeres donde lo personal y lo colectivo, lo familiar y lo político, se funden en
figuras “de lágrimas perladas”, peregrinas desterradas, paradigmas del héroe
romántico en busca de una Patria que no es más que frustración y pérdida. Entre
este y otros temas se intercalan digresiones de carácter moral que revisten
estereotipos masculinos al uso, pero advierten sobre la importancia de la
instrucción femenina, sobre la actitud paternalista que debe tener el rico hacia el
pobre, el valor de la maternidad, la vida del hogar y la consagración a la familia.
La retórica empleada se sumerge en una atmósfera de silencios donde el amor
aparece como el impulso natural que lleva a las protagonistas a las más heroicas
acciones, traducido en estrategias narrativas de puntos suspensivos, palabras
entrecortadas, paréntesis y suspiros. Dice la narradora de Amir y Arasi: “Muchas
veces nos hacemos y seguiremos haciéndonos esta pregunta, ¿qué es vivir?...
¡vivir es crucificar el alma; vivir…quizá, quizá vivir es morir, es sufrimiento,
pesar, inquietud, congoja…” (Eyherabide, 61). Spikermann y Mullins dice estar
“llorando siempre con el corazón herido” (13). A lo largo de su poética Clara
48
Estas situaciones específicas se verán más adelante en algunos cuentos de mujeres que se
publican en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales (1895-1897).

91

�López insiste en la vida “maldita” de las mujeres (12) y por eso “dobla
tristemente la frente como flor marchitada” (López: 1892: 3). Méndez Reissig
siente “henchido el corazón por hondas penas, en el pecho sollozos contenidos”
(Méndez Reissig, 1902: 15). Estas son las imágenes predominantes en literatura
de mujeres del Uruguay de entresiglos.

b.1. Dos leyendas (blancas) sobre las ruinas de la Patria: entre el Sitio, la
locura y el exilio de las mujeres

El proyecto estético-político de Micaela Díaz se publica en 1883 como
leyendas verídicas en Montevideo durante el militarismo de Santos, presidente de
facto entre 1882 y 1886. Su trabajo evidencia las consecuencias en la vida de las
mujeres que desde dos décadas antes venían soportando momentos dramáticos: la
resistencia de Paysandú entre diciembre de 1864 y enero de 1865, ante el embate
combinado de la alianza política y militar de Venancio Flores, Bartolomé Mitre y
el Imperio del Brasil.
En el prólogo de Aglae revela que: “Las simpáticas imágenes con que un
escritor de la culta prensa oriental ha pintado la dulce y sencilla existencia del
laborioso habitante de la campaña, a la sombra bienhechora de la paz, ha sido la
inspiración que me ha movido a escribir esta verídica leyenda”, escribe en el
prólogo de su novela Aglae.
Cabe destacar en principio su vinculación con el sistema de escritura
imperante, al plantear de entrada la necesidad de dialogar con el escritor de la
“culta prensa”. En segundo lugar nos queda claro que con sus dos relatos Díaz va
a contradecir las idílicas imágenes de la vida en el campo. El matiz irónico lleva a
preguntar si será este un intento de denunciar una situación, de proponer una
alternativa estética válida, o solo se trata de utilizar la escritura con un propósito
de adoctrinamiento partidista. El drama tiene por protagonista a Aglae, madre y
esposa, “hermosa y discreta”, que pertenece a una familia que en el presente de la
narración se ha empobrecido por efecto de las guerras civiles, cuando a fines de

92

�1858 vivía en una casa montevideana donde “el lujo era el resplandeciente aseo”.
A causa de la enfermedad del marido, vende sus joyas y todos se trasladan a un
campo al Norte del Río Negro donde llevan una vida aparentemente dichosa.
Pero, a pesar de que esta mujer sonríe con miradas de infinito amor, que
permanece en muda contemplación en la poética soledad, que sobrelleva
“grandes sinsabores” (14), que admira con pundonoroso escrúpulo el rancho, el
ombú, el clavel, la madreselva y el jazmín, no está del todo conforme con su
existencia. Una lectura de soslayo desde la perspectiva de género nos hace prestar
atención a lo emergente en la voz narradora: “sus principios y su educación la
llamaban a otro centro de más sociabilidad y cultura que aquel que vegetaban ella
y los suyos”. Y más adelante: “La agreste soledad de la campaña la aterraba,
aquella existencia que llevaban sus caros hijos de rudas tareas la contrariaba,
porque era opuesto a sus más altas aspiraciones”. A su hijo le dice: “por ahora
tenemos que vivir soterrados” (Díaz, op.cit., 1883: 19).
En consonancia con el deber ser de la mujer ideal, se preocupa por el
futuro de sus niños: “soñando para ellos vastos horizontes” (20).
Se dramatiza en forma exasperada la relación de las mujeres con el ámbito
doméstico. La casa, más que un espacio opresor, se constituye en el no-lugar
simbólico de un mundo destrozado desde el que se expande y multiplica la
muerte. El hogar era “tranquilo y venturoso, aunque efímero y transitorio” (23).
Cuando el General Flores “invade” el Norte del Río Negro en 1863,
Víctor, el esposo de Aglae, se alista en la Guardia Nacional, en la “compañía de
caballería que mandaba el capitán Olivera” (24). Como era previsible, el marido
muere en el sitio de Paysandú (1864). No se nombra en ningún momento a
Leandro Gómez, el jefe y mártir defensor de la ciudad (aunque sí a Venancio
Flores), pero está presente en la historia su proclama a los soldados: “El cielo os
bendiga, porque tal vez sobre las ruinas de Paysandú debido a vuestra resolución
de morir por la Patria, hayáis salvado la República”.49 A consecuencia de este
hecho viene el exilio en Entre Ríos de la mujer e hijos del caído. La patria se
49

Caetano, Gerardo. Antología del discurso político en el Uruguay. Montevideo, Taurus, 2004.
Proclama de Leandro Gómez a sus soldados desde las “ruinas de Paysandú (20 de diciembre de 1864): 176177.

93

�describe como un abismo que todo se lo traga, como un agujero negro: “Aglae
desesperada miró con terror el suelo de la patria que así la maltrataba, negándole
los despojos mortales de su caro esposo. No quedaba nada de la morada donde
se arrullaban sus castos amores” (25). (El destacado me pertenece)
Interesa la alusión/elusión del nombre blanco o colorado, que solamente
se percibe en la descripción de los gestos de preocupación de la madre (por los
problemas que podrían generarse con los vecinos de saberse la orientación política
de la familia) o de alegría del novio frente a la hija que se coloca una flor de color
blanco en la cabeza, “aquella flor, emblema del talento y de la pureza de sus
preciosos dones simbolizados en la nítida flor” (13). En cambio Domingo Núñez,
el capitán del Partido Colorado, es un hombre “sin instrucción, pero de mucha
sutileza y perspicacia, exaltado, rencoroso, vengativo, tipo ridículo, bilioso, con
una honda cicatriz en la frente, el ojo bizco y la mirada torva” (13), que
incendiará ranchos y robará ganado durante la guerra. Se caracteriza por su
“rencor oculto en los sombríos profundos del alma, para más tarde manifestarse
feroz en el confuso desorden de la malhadada guerra civil” (15). El tópico de
ángeles y demonios, o de bárbaros y civilizados, se desplaza ahora a las facciones
políticas.
No ignoramos en esta obra la presencia de nostalgias e inquietudes
reaccionarias, de intereses estéticos en los que la belleza artística se identifica con
discursos de inspiración cristiana y de corte político. No obstante, lo que dice
Aglae, en su “ardorosa indignación” trasciende cualquier partidismo: “¿qué
pecho sensible no se estremece con la idea aterrante de una próxima e inevitable
guerra y teme sus resultados como el más aterrador de todos?” (16). Frente a la
noticia que llega desde “fuentes verídicas de Gualeguaychú”, que “a más tardar
dentro de cuatro meses invade el General Flores”, la protagonista se inquieta por
las calamidades que vendrán: “quedaron divagando sus ideas sobre la doliente
imagen del pasado que se alzaba palpitante en su memoria, a través de las
nebulosas sombras de un tiempo ya lejano”. (17). El infortunado desenlace del
Sitio hace prever que además de la heroica muerte de Víctor se agrega la
imposibilidad de encontrar ni sus restos, ni los de la casa de Mercedes. En un

94

�fragmento que demuestra el sentir de la narradora se dice: “el viajero de aterrada
mirada vagaría por un campo árido e inculto, para ir a clavarse con sumo
asombro sobre un montón de ruinosas y calcinadas paredes que se destacan en la
cuchilla cual funerario túmulo erigido por el dolor en la memoria del
exterminio”. (25). La expresión doliente del paisaje atraviesa el físico de la
protagonista, quien “mira las ruinas con ojos hundidos y la luz de sus pupilas es
opaca y triste. El rostro enflaquecido y bañado de amargura. Y en su frente antes
tersa se veía el surco indeleble y melancólico del sufrimiento. La pobre viuda
cuya quebrantada alma había recibido una herida incurable…” (27) se acerca a
las “ruinosas paredes” de su casa. Frente a la contemplación del desastre “el
terror, la angustia, y el dolor impreso en aquellos rostros era testimonio
elocuente de las tribulaciones del alma” (27). El recogimiento cristiano y la
resignación marcan la inexorable decisión de la partida, o afirman quizá un tipo de
tristeza que las mujeres sienten al verse sin alternativas: ¡Adiós risueñas
alboradas de mi Patria! […] ¡Adiós suelo querido que me vio nacer, os abandono
para siempre llevando mi alma herida y quebrantada por el dolor cruel! (36).
Ocho días después, la fugitiva partía embarcada en una ligera falúa (37). Con la
sentencia de que “nunca más volvieron a suelo oriental” se cierra esta leyenda en
la cual la metáfora de la ruina se espeja en la “arruinada” vida de las mujeres.
Aglae no quiere detenerse en su pasado, como intenta hacerlo el ángel de
la historia de Walter Benjamin, porque no puede despertar a los muertos, ni
recomponer lo despedazado.50 Pero es necesario mirar hacia atrás, y también mirar
el entorno, porque el futuro ya no existe. El futuro es la pérdida del paraíso. En
esta dimensión se podría inferir que la continuidad de la cultura hegemónica
implica en cierta medida la ruina física, en especial de las mujeres. En este punto
es que proponemos una segunda lectura a lo que dice en su trabajo Georg Simmel
cuando señala el conflicto entre la naturaleza y la cultura en Las Ruinas. Para este
autor “el encanto de las ruinas consiste en el hecho de que una obra del hombre

50

Benjamin, Walter. Tesis sobre la Historia y otros fragmentos, disponible en
http://www.bolivare.unam.mx/traducciones/Sobre%20el%20concepto%20de%20historia.pdf (consultado en
julio 2013).

95

�es percibida, finalmente, como si fuera producto de la naturaleza”51. En la novela,
claro está, las ruinas son de otro tipo. No seducen, no se producen por fuerzas
innatas sino por fuerzas humanas, y por tanto, tienen otra significación. No
resultan de “la venganza de la naturaleza por la violencia que le hizo el espíritu
al conformarla a su propia imagen” (Cfr. Souza, 1998: 137). Son las ruinas del
espacio doméstico que se pueden leer como una metáfora que representa el
momento de la decadencia de un estilo de vida. Para Aglae y sus hijos las ruinas
de su casa son un motor de la tensión entre el impulso por sobrevivir en libertad y
la fuerza de la decrepitud que provoca una guerra. Aglae parece desplomarse de
terror frente a la contemplación del desastre. El proceso de desarraigo y
mutilación que le toca vivir la convierte en ruina humana, una sobreviviente que
decide peregrinar a un no-lugar como el exilio. En las grietas de la escritura de
Díaz aparecerán los términos de estas fragmentaciones, y sobre todo, la necesidad
de demostrar a la “culta prensa oriental”, como ella misma la llama, que no hay
una estetización posible para la vida de las mujeres en la campaña.
Este mismo tema continúa en la segunda “leyenda” de Díaz. Una Cruz
trata de un crimen que resulta impune por el aislamiento en que fue perpetrado. Se
narra en primera persona, y el motivo es porque “me sentí tristemente
impresionada por la presencia de una humilde cruz a la orilla del poético Yi”
(30). Al llegar a un paraje encuentran un rancho de dos ancianos y su hija de
dieciséis años. La madre toma la palabra para narrar el enloquecimiento de
Malvina a raíz de haber sido testigo de la persecución y muerte de su prometido.
Si bien no se hace mención explícita a blancos y colorados, nuevamente se da
cuenta de la vulnerabilidad en que vive la gente del campo. Díaz no apunta al
restablecimiento de un idílico e ilusorio pasado menos complejo, sino que se
permite una tímida pero verista denuncia sobre lo que viven las mujeres
desposeídas de la razón, de su identidad, de la familia, de la palabra. Una Cruz
puede compararse al cuento “La novia del muerto”, de Juana Manuela Gorriti. 52
51

Souza, Jessé e Oelze, Berthold. Simmel e a Modernidade. Brasilia, UnB, 1998, pág. 137-144.
Versión on line: http://es.scribd.com/doc/51820334/A-Ruina-Georg-Simmel (consultado en junio 2013).

52

Dicho cuento pertenece a la colección de relatos incluida en el tomo I de Sueños y Realidades,
Buenos Aires, Imprenta de Mayo de C. Casavalle, 1865: 211-235. Hay muy pocos análisis críticos de esta
historia. Uno de ellos es de Irene S. Coromina (2009) en Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad

96

�Aunque el argumento es diferente, ya que en este caso la pérdida de la razón
femenina se debe a la transgresión de un límite, la protagonista también es una
víctima de la fatalidad debido a la muerte de su pareja en la batalla, y a
consecuencia de esto, cae en la demencia total. En tanto significante poderoso de
las ficciones inspiradas por el rosismo, la locura en Gorriti denota
simultáneamente el sufrimiento de la mujer ante la muerte del hombre amado, su
impotencia ante el absurdo de la guerra y su sentido de abandono ante el vacío
creado por el final abrupto del amor. “Mientras tenía un objeto, el loco amor era
más amor que locura; abandonado a sí mismo, continúa en el vacío del delirio”
(Foucault 1998: 59). La ausencia del hombre arroja a Malvina a un ámbito que le
niega la posibilidad de ser: “aquel estupor ofuscó su claro entendimiento, se
oscureció totalmente el brillo de su razón, el terror y la desesperación desgarró
su alma y enlutó su corazón” (Díaz, 1883: 34). La yerta faz no dijo una palabra
más, no vertió una sola lágrima, la idea fija y constante.
Por otra parte –aunque los finales de las historias de Díaz son trágicos y en
Eyherabide, por el contrario son más optimistas al restituirse el orden a través del
final feliz– la admiración por la patria se convierte en objeto de crítica moral en
ambas autoras. El tono confesional y las aseveraciones finales de los relatos nos
informan sobre la posición del sujeto histórico frente a los conflictos nacionales.
Estas autoras comprenden la misión eminentemente social de la literatura y
tienen clara conciencia de la fragilidad de un Estado nacido entre fuegos cruzados.
Sus obras podrían considerarse parte del proyecto pacificador, pero es en el
planteo político donde radica la unificación en materia literaria. En tanto Díaz
(más adelante lo hará de igual forma también Spikermann y Mullins) escribe a
favor del Partido blanco, está clara su intencionalidad de contraponer la
Complutense de Madrid http://www.ucm.es/info/especulo/numero43/jmgorriti.html. Trabajos de María
Gabriel Mizraje sobre la obra de Gorriti se encuentran en Argentinas de Rosas a Perón (1999), y en La
escritura
velada
(historia
y
biografía
en
Juana
Manuela
Gorriti).
http://www1.lanic.utexas.edu/project/lasa95/gorriti.html (consultado en agosto 2013).

97

�“inmaculada divisa” a personajes asociados a la maldad por ser colorados. La
influencia política es lo que determinará la desgracia o la alegría de las mujeres.
Esta es su preocupación central, además de responder a “la culta prensa”, aunque
pueda momentáneamente desdibujarse a causa de la intercalación, a lo largo del
planteo y desenlace, de fragmentos de ambientación realista.
Díaz nos ubica en esta estética cuando el abnegado ángel hogareño es
destruido ahora por las fuerzas sociales (el conservadurismo encarnado en el
poder paternal y el liberal oportunista y especulador desde el poder marital) que se
la disputan en tanto objeto de deseo
Siendo los personajes principales de extracción blanca, los colorados se
representan como salvajes que encarnan todo el potencial destructivo del ser
humano cuando, a la falta de educación cívica de los instintos naturales se le une
un ambiente social y un régimen político que alienta las tendencias más negativas.
Incapaz de pensar por sí mismo, el capitán colorado es un fanático que pierde toda
su humanidad: “tenía delante de sí un hombre a quien podía hacer el más ciego
de sus asesinos, a quien bastaría una leve señal para que cometiera los mayores
atentados”. Y el más grande de todos los desastres es, sin dudas, es el pasado roto
que dejará a su paso. Esta imagen atraviesa todo el escenario del relato, y recuerda
a lo que Leandro Gómez dice en aquel momento político a los habitantes de
Paysandú y de Salto: “En la ruina de los orientales será envuelta vuestra ruina”
(Caetano, 2000:176)53
El linaje romántico se cifra en la ruina como metáfora del cuerpo de las
mujeres, en la locura como espera de la muerte, en la descripción e historización
del paisaje local. En estas leyendas de la Patria se formula una nación en tránsito
que textualiza esa lucha desde lo narrativo en la medida que se presentan los
dilemas políticos de la época. Usar “aquella flor, emblema del talento, que
perfumaba la poética cabeza” era un gesto que denotaba una preferencia política
visible y provocará efectos en el ánimo de los personajes.
53

“Proclama de Leandro Gómez fechada en noviembre de 1864”, en Rafael Pons y Demetrio
Erauzquin: La defensa de Paysandú. Recopilación de documentos, narraciones, extractos de la prensa,
bigrafías, episodios y recuerdos personales que reflejan el momento político que tuvo lugar la heroica
defensa de Paysandú. Montevideo, Imprenta a vapor de El Laurak-Bat, 1887. (Cfr. Caetano, 2000: 176-177).

98

�El círculo doméstico es un espacio de constante actividad en el cual una
multiplicidad de códigos sexuales, e ideológicos se entrecruzan (Armstrong,
1991). Las autoras se refugian en eufemismos, circunloquios y metáforas, pero
Díaz no omite los factores básicos del empobrecimiento económico de la familia,
y tampoco las condiciones en que Aglae se va al exilio, ni las causas de la locura
de las mujeres en el interior profundo. Es importante subrayar que su novela
concluye con dos elementos altamente significativos: la alusión al destino del sexo
femenino y la dicotomía económica que otorga al hombre un papel productivo
mientras a la mujer se la relega al espacio privado, evidenciando en toda su
dramaticidad la situación del segundo sexo. El destino social que comparten
ambas protagonistas de los dos relatos hace de ellas seres igualmente infelices y
su sacrificio no es recompensado. El silencio, las lágrimas y el ocultamiento se
encuentran íntimamente asociados y en las dos leyendas el silencio es un signo
casi sagrado, símbolo de la prudencia, mientras que las lágrimas son una
demostración del sufrimiento experimentado. Sin embargo, y a pesar de todo, se
exige constancia y resistencia de la mujer. Exteriorizar lo mucho que se sufre
quitaría valor al sacrificio, si no es que simbólicamente lo anula. De tal modo que
el sufrimiento consiste no sólo en el hecho en sí, sino también en saber sobrellevar
la carga.
Sin dejar de tener en cuenta las condiciones intertextuales, las
protagonistas son impotentes para cambiar el curso de sus vidas y solo lloran las
ilusiones perdidas. Su absoluta claudicación se puede considerar como el
principio de una tradición en la narrativa femenina latinoamericana a la que Lucía
Guerra denomina la “trayectoria de heroína frustrada” (Guerra, 1985: 715)
recurrente en varias novelas del siglo XX en las cuales el destino trágico se
concibe como normal y prosaico. Estas leyendas remiten nada menos que a la
intersección entre recuerdos personales y la memoria cívica, y por lo tanto,
pueden ser leídas como zona privilegiada para analizar los cruces entre de la vida
privada y vida pública de las mujeres en épocas de conflictos bélicos.

99

�b.2. Amores fundacionales y reconciliación entre Brasil y Uruguay en Amir y
Arasi

Los acontecimientos se ubican en “18…” en Villa Artigas, un pueblo al sur
del río Yaguarón, actual Río Branco. Aunque no se especifica la fecha, el fin de
siglo es evidente dado el problema que se plantea desde el inicio de la novela
respecto a lo que significó la modernización del campo para los dueños de los
saladeros. La crisis del tasajo –“la gran industria uruguaya de la época”– se debía
a los nacientes frigoríficos, al proteccionismo brasileño, a los costos que los
saladeristas asumían en las operaciones financieras impuestas por Cuba o Brasil, y
a todo esto se agrega la baja de precios debido a la crisis de 1890, la competencia
argentina y el escaso radio de otros mercados. Aunque la situación mejoró
momentáneamente a causa de la guerra civil riograndense, hacia en 1900 la crisis
se agudiza (Barrán y Nahum, 1973: 117). Eyherabide alude a estos hechos
enfocándose en las consecuencias que tuvo el cierre del saladero del padre de
Amir, cuya enfermedad mortal se inicia por tal motivo. Las preocupaciones
económicas que atraviesan madre e hijo por la falta de trabajo se verán agravadas
por el estallido de la guerra. Como telón de fondo aparece el problema de no tener
“la navegación libre” del río Yaguarón “esas barcas que cruzan son brasileras y
no hay ninguna que sea oriental” ( Eyherabide, 1908: 99-100).
Amir es el joven uruguayo que parte al campo de batalla, y Arasi es la
brasilerita que lo espera. La representación del acceso a la nación moderna como
un proceso que implicaba una nueva restructuración de la identidad histórica, y el
cuestionamiento de algunas tradiciones que en su momento fueron de utilidad en
la constitución del “ser nacional” se plasman en los personajes femeninos y en una
propuesta de nuevas formas de concebir la nación y su desarrollo futuro.
Doris Sommer da cuenta de la típica novela en la cual el matrimonio
ejemplifica consolidaciones aparentemente pacíficas durante los devastadores
conflictos internos, que en este caso se enlaza a la cuestión de los límites entre
Brasil y Uruguay. Amir y Arasi pertenecen a dos pueblos fronterizos y terminan

100

�casándose. “Vuestro beso, es una deuda mutua de vuestros corazones, y simboliza
una deuda entre dos países” (223). Una confirmación de la hipótesis de Somer de
que “la pasión romántica, proporcionó una retórica a los proyectos
hegemónicos” (Sommer, 2004:22).
El proyecto civilizatorio que describen los romances nacionales coincide
con el período romántico en el cual el discurso historicista era el discurso por
antonomasia. De esta forma se articula una doble vertiente que permite dos
lecturas: la meramente sentimental por un lado y la histórica que incluye el
proyecto nacionalista y educativo por otro. La novela de Eyherabide plantea un
proyecto que mira hacia el “Señor Progreso” y una resolución al problema de la
“usurpación” de su patria (100). Su historia no es en absoluto ingenua en el
sentido político, sino que respalda una ideología de cara a un futuro ideal y resulta
testimonio de la heterogeneidad social y de la fragmentación política y territorial
uruguaya.
También importa señalar una modificación en torno al lugar común de los
discursos acerca del honor patriótico. En esta novela Amir deserta de las filas para
cuidar a su madre, porque “comprendí que había dejado a una pobre mujer, sola,
sin recursos, quizá abandonada. Pensando en el peligro de la Patria, había
olvidado el peligro de mi madre! (158). Aquí hay un desvío con respecto a lo que
se esperaba del varón patriota. Dorila Castell será una de las primeras en
cuestionar el sentido de las “revoluciones” a través del diálogo entre dos paisanos
que discuten el significado de lealtad a la patria. Abandonar la guerra y ponerse a
trabajar la tierra es el consejo de Don Ramón a su compañero (Castell, 1879
[1875]:40). Los amigos se declararán “enemigos de la lanza, de la espada y del
cañón” (45).
Como se verá en el capítulo cinco de este trabajo la conflictiva se reitera
en otras publicaciones de mujeres. En la Revista Nacional de Literatura y
Ciencias Sociales aparece un relato de Sara Arias en el que un hombre dimite del
llamado patriótico por privilegiar a su madre y a su novia, quienes en caso
contrario quedarían desamparadas. A esto se suma el pronunciamiento de Doña
Jovita sobre el deber ser y la situación de las madres y esposas cuando los

101

�hombres parten a la guerra. Dichos movimientos podrían estar funcionando como
un intento de reconciliar el amor a la mujer y a la patria en igualdad de niveles, y
no de una sobre la otra como en la mayoría de los relatos con dicha temática. Vale
atender lo que dice la madre al retorno del hijo. “la guerra es delicia para unos,
pesadilla para otros […] Jamás me detengo a pensar porqué causa se producen
las guerras civiles pero si siguen tan afectos a guerrear tendremos que aconsejar
a las jóvenes esposas que vayan a dar cuna en países más tranquilos” (186). La
madre se siente en el deber, como “mujer uruguaya”, de decir la verdad, de hacer
comprender “que es una vergüenza que el país esté en guerra todos los días,
debierais saber lo que es el corazón de una madre” (186). Hacia el final de su
parlamento solicita al hijo y en su persona a todos los hombres: “Dejad que
nosotras también pensemos, permitid que nosotras también veamos claramente
las cosas” (186). Cuestiona el amor a la Patria: “Si es tan grande esa patria, por
qué se desafían por ella, si todos tienen un asilo que les pertenece de derecho, si
todos son hijos, si todos son hermanos” (187). El diálogo concluye cuando Amir
estampa “amorosamente” con la mano, la “bella boca” de Doña Jova. El
muchacho siente que hay que huir del “laberinto de filosofía inquietante” de su
madre, porque quizá podría llegar a demostrar que la guerra civil es un mal que
implica mucho más que el dolor materno. El joven siente que sus dos lógicas
“jamás se hermanarán porque se combaten a porfía” (188). Ella protesta contra
las guerras, contra su exilio. Aunque se resigna a los hechos, es capaz de expresar
lo que siente en un discurso propio en el tipo de angustia que trasuntan los
personajes femeninos. En la discusión que ambos mantienen sobre la “ley de los
hombres” (188) aduce que el pensamiento femenino es superior al de los hombres:
“una lógica sana contra una lógica caduca! (188). He aquí otro confrontación
íntima que las guerras desatan en la familia, uno de los tantos combates que se
despliegan a lo largo de una novela que narra pérdidas económicas por el cierre
del saladero, “que era nuestro campo de lucha” (38), lo que trajo otros problemas
de índole educativo –como tener que dejar de asistir a clases particulares para
ingresar a un colegio en el caso de Amir (62)– o de índole laboral como

102

�encontrarse en la disyuntiva de viajar a la capital a falta de trabajo en el interior, o
tener que cruzar la frontera para conseguirlo (52).
Diferente es la lucha estratégica que establece una escritora con su público
y con la crítica, negociación que se manifiesta permanentemente en el terreno de
lo literario. A la vez que pide perdón a sus lectores, a quienes considera “jueces”,
por su “falta de conocimiento práctico de la vida” también dice que “tengo la
audacia de someterme a tu juicio crítico” (219). “A pesar de mi espiritualidad yo
sé entretenerte” ya que “es como si Dios me dijera: escribe. Y yo, tomo la pluma
y escribo, escribo… sin dificultades de ideas que huyen, como mariposas sutiles
que no vuelven, ¡las alas de mi imaginación son muy libres y yo no les imprimo
violentamente sellos nuevos que demarquen la ruta nativa de sus vuelos”. Al
posicionarse como mujer que escribe desde el no saber o de la inexperiencia
parecería asumir una defensa estratégica de tal modo que no se le exija
demasiado. En otro pasaje se justifica al llamarse a sí misma “aficionada que
escribe por entretenimiento” ya que “adivina todas las pasiones por intuición; mi
corazón no las ha sentido, pero sabe ahondarlas y las comprende” (219).
El reencuentro de los amantes, la vuelta a la casa blanca, a la patria, y la
unión de dos pueblos serán los argumentos que estructuran el final de restitución
en esta historia: “Amir clavó los labios en los de ella, en delirio santo. Sublime
beso de dos repúblicas abrazadas y profecía del progreso” (223)

b.3 Estela: Maternidad santa y perversa en el debate de la nación

Aún cuando Estela fue escrita dos años antes que Amir y Arasi,
corresponde observar la importancia que le da la autora a la línea temática referida
al vínculo entre los hijos varones y sus madres. En las dos novelas aparecen

103

�modelos maternales opuestos (la santa y la coqueta), pero el común denominador
es que ambas atormentan a sus hijos únicos entre caricias, besos y celos. Hijos que
se dividen para colmar expectativas de su madre y de otra mujer: “Dios me daba a
elegir entre las dos!”, dirá Ernesto (Eyherabide: 1906: 174). Y el amor filial se
presenta como un ardor tan sensible que despierta interpretaciones ambiguas.
Porque la obra de 1906 está dedicada a la propia madre de la autora y es
particularmente llamativo que siendo así, la Bella Numancia es el personaje
destacado por la ambición y por la posesión afectiva de su hijo, pulsiones que
finalmente la llevarán al suicidio. En esa instancia asoma la sentencia de la voz
narradora “Su amor por el lujo y por la ostentación estaba por encima de todo, de
todo” (170). No obstante, con su gusto por los salones y su afán de dinero: “dos
mil francos no me alcanzan para encargar un traje regio” (136) se puede explorar
un quiebre del modelo de domesticidad tradicional. “Lucir, deslumbrar, ostentar
era la sola aspiración de su alma”. Este tipo de mujer, de vida fastuosa y
derrochadora, ha abandonado el domus cerrado y el papel de hija sumisa, esposa
obediente y madre abnegada, para convertirse en la reina de los salones que ya no
se debe a la familia sino a ciertos compromisos sociales que ella elige tener. Ha
sido criada para satisfacer las exigencias de la sociedad y ya no se trata de la
figura invisible, sino de una mujer que se hace visible (una mujer a la moda), que
explota su belleza y talento para conquistar prestigio, influencias, dinero y poder:
“que tiemblen los enemigos de mi dicha” (136). Su naturaleza conserva algo de la
duplicidad de la que es madre pero que simultáneamente está dispuesta a
satisfacer sus deseos: “Oh lucha terrible la de una madre con su hijo! decía
Numancia con desesperación. La lucha entre mi vida y mi muerte. Yo le di la vida
y él me la quita (136). Si el “ángel” encarna la represión o negación, la cocotte es
el placer, se sabe objeto de deseo y aprovecha esta posición desde su naturaleza
especuladora: “es la reina de los salones del mundo elegante” (174) y es la que
prefiere “todo, hasta la muerte, menos la miseria” (153).
Este modelo de maternidad –en el cual se entrecruza la maldad y la virtud–
oscurece las oposiciones binarias tajantes que posibilitarían una intervención
disciplinaria más simple. Estas pautas de coincidencia y contradicción ponen en

104

�circulación un lenguaje que trata de ser femenino en los intersticios de esas
tensiones. Aún cuando la madre esté centrada en sí misma –”defenderé mi vida y
aún lo haré a costa de otra vida” (136) – y por eso mismo pretenda matar a una
futura esposa (entre otras cosas por ser de extracción social más baja) la prometida
será el futuro del contrato social necesario para continuar el sistema establecido
que se quiere conservar, así que la sobrevivencia de la ‘energía vital masculina’
depende esta vez del sacrificio materno. En el caso de ser madres de mujeres,
como Milka y Estela, la cuestión es distinta. La madre llega al extremo de
sacrificarse para no ser una carga económica. Pero además será quien acompaña a
su esposo “el capitán Federico Guillermo Hughes Deiser” cuando “el extranjero
pretencioso invadía el suelo del terruño amado” (137).
No obstante esta es otra mujer, al igual de Jovita, que pondrá en cuestión la
ida de su marido a la guerra. Llega a pedirle que presente su dimisión, lo que
resulta inaceptable para el capitán del ejército: “¿en presencia del enemigo? No,
nunca! El honor vale más que la vida”. Frente al dilema acerca del valor de la
vida de su niña, el hombre “con una voz en que vibraba el entusiasmo bélico”
argumenta que la pertenencia a un ejército “simboliza el honor nacional”. “Tu
honor, tu honor” dice la esposa…qué desgraciadas son las guerras, ve a luchar
por el honor de tu patria, que es el amor a tu hija, pero yo iré contigo. Sustráeme
por Dios de esa agonía terrible” (140).
La madre capaz de darlo todo por sus seres queridos también aparece en El
Copo de Nieve, pero en las narraciones de Ernestina Méndez Reissig y en dos
personajes de Eyherabide, las madres son un impedimento para la consumación
del amor de sus hijos.
La educación de las mujeres es apenas mencionada en estas novelas. En
Amir y Arasi aparece tan solo un breve comentario sobre la influencia de la
formación en el carácter de la mujer:
“Generalmente se empeñan en proclamar la diferencia de carácter que
opera en la mujer de siglo a siglo. Pero hoy se encontrarán igualmente mujeres
tan valerosas y decididas y casi me atrevería a asegurar que la educación de la
mujer de hoy, tan diferente a la de entonces, menos discreta y muy libre, influye
poderosamente en el carácter y las ideas de la mujer actual” (60).

105

�Este comentario demuestra en parte la necesidad de legitimación como
escritora profesional y a la vez mundana. La decisión de incorporar elementos
coloquiales (pucha, gambas, mequetrefe, pata) y simultáneamente un vocabulario
refinado y cosmopolita (bouquet, boudoir, Jeune jeux, chef, chansonette, dile
tants, Belle doux, boureau, Fleury de beige, ei troubler le semmel, heureuse, vie
et foire du brut) habilita a incluir varios niveles discursivos sin dejar de marcar el
límite social. A esto se agrega términos científicos – heliogábalo, opsofagia,
factotum, clown, eskol, deus ex machina– como parte de una preocupación, quizás
de una ansiedad, por atender su imagen más que a la construcción de un proyecto
escriturario, al que pone en riesgo por la profusión de tantas palabras no
pertinentes al argumento.

b. 4. La estética del folletín y sus desvíos en las novelas de M. Eyherabide

Otra aproximación posible a esta novela viene de la estética del folletín. El
clímax en el tema del amor lo proporcionan las enormes y continuas dificultades
con las que se encuentran los personajes para poder unirse. El obstáculo más
frecuente es la diferencia de clase social pero también existen situaciones en que
el amor no es correspondido, o el deber patriótico se configura como un
imperativo mayor frente a la pareja. El folletín remite a una forma de lectura y de
escritura, a pesar de que la obra esta presentada en el formato libro. Por cierto, la
asociación amor-patria resultó atractiva a algunos escritores del género y
centraron el conflicto en el sacrificio amoroso que debían hacer aquellos a los que
fue encomendado dirigir la nación. De aquí resultan escenas de gran patetismo
donde la renuncia amorosa va acompañada de un discurso de exaltación patriótica.
Pero Margarita Eyherabide se desvía del lugar habitual de la expresión para que
recaiga en la voz femenina. Doña Jova cuestionará este planteo, característico de
las novelas del siglo XIX y da su propia versión. En los folletines la historia de

106

�amor se yuxtapone a la historia de la nación mediante héroes que son amantes
esposos y encarnan los ideales del liberalismo hispanoamericano. Pero en Amir y
Arasi se da un movimiento diferente en el caso de Amir, quien deserta de las filas
para socorrer a la madre, tal como se ha señalado.
Como en la mayoría de las novelas de folletín aquí también se prescinde
del rigor histórico del pasado y además no interesa excesivamente remansar la
acción de lo que vive Amir en el campo de batalla. Las otras dificultades, las que
remiten a la consecución del amor, siempre irán acompañadas de amargura,
ansiedad, tristeza. Los celos también forman parte de este desquiciamiento típico
de los amantes a la vez que son móviles de acciones más dramáticas. En las obras
de Eyherabide las madres celan extremadamente a sus hijos, incluso se llega al
suicidio en el caso de Numancia, la madre de Ernesto en su novela Estela.
Es recurrente el tema de la pobreza. Tanto a la clase alta como a los
“menesterosos” les puede sobrevenir una desgracia que les lleva a una situación
de vulnerabilidad casi inhumana. La tragedia suele consistir en la muerte del padre
de familia, por lo cual se asocian la orfandad, la enfermedad prolongada, la
pérdida del patrimonio y el desempleo. El empobrecimiento de Doña Jovita viene
con el fallecimiento del esposo, y el de Estela, el personaje principal de la novela
homónima, con la muerte del padre y posteriormente de la madre. En Amir y
Arasi en particular, pero también en el cuento “Una Cruz”, de Micaela Díaz, se
atribuye subrepticiamente la culpa al gobierno, inoperante en este campo.
El esquema folletinesco de pobres/ricos es utilizado por algunos autores
para ilustrar ideas democráticas y progresistas; otros, en cambio, lo usan para
atacar el progreso y defender la tradición, pero unos y otros se esfuerzan en
persuadir el publico de la necesidad de una armonía social y en hacerles soñar con
la posibilidad de un pacto en el que se respeten los valores de la burguesía. 54 La
nobleza, por el contrario, salvo alguna excepción, se caracteriza por la opulencia,
la mala conducta y la depravación; su papel es el de anti-héroe. En las novelas de
Eyherabide las mujeres buenas se desmayan o enferman, mientras que las malas
son coquetas, orgullosas y amantes del dinero (y del derroche). El sufrimiento
54
Aparici Pilar, Gemino Isabel. Literatura menor del siglo XIX. Una antología de la novela de
folletín. I. Barcelona, Anthropos, 1996.

107

�amoroso y el amor es la fuerza de la mujer pobre que finalmente será quien triunfa
en la adversidad.
El acceso a la modernización o el deseo de acceder, generó un cuerpo
textual narrativo del cual esta obra forma parte. En diálogo de cerca con los
procesos históricos en cuestión, muestra sus contradicciones y devela las
incoherencias de una sociedad finisecular liberal en la que sobrevivían costumbres
y valores coloniales. El relato se basa en “el amor natural heterosexual y en los
matrimonios, que proveen una figura aparentemente no violenta de la
consolidación de los conflictos a partir de la segunda mitad del siglo XIX”
(Sommer, 2004:6). Apelar a estas relaciones tenía como objetivo que las elites
letradas conquistaran los corazones de los ciudadanos fomentando intereses
comunes (como el amor) antes que la utilización de la fuerza. En la lectura de
Sommer el éxito de un proyecto de nación está relacionado con el éxito de las
relaciones amorosas. Cuando esto no sucede, cuando estas relaciones fracasan, se
debe a que los conflictos de los Estados-nación emergentes no permitían construir
un

proyecto

común.

Esta

interpretación

alegórica

de

los

“romances

fundacionales” resulta muy productiva a la hora de comprender el trabajo de la
ficción en los procesos de imaginación de la nación.
Si bien Amir y Arasi posee algunas características de los temas
folletinescos, también se desvía de dicha estética. La búsqueda de formas
expresivas abiertas a registros de la oralidad del peón del campo es en un intento
de instalar la circunstancia histórica presente y de la urgencia de liberar la palabra
de la hegemonía del lenguaje. Bajo este prisma, se incorporan toques del color
local en tanto necesidad de visibilizar subjetividades y modelos identitarios en
diálogo con un contexto en que la voz de la alteridad opera como un espejo que
gestiona (y valida) las transformaciones sociales y subjetivas. Panchito sufre los
castigos “bárbaros” de su padre, es el cómplice de los amores secretos de Amir, es
el que termina como lisiado de guerra porque “la revolución me ha birlado una
pata y la que venga me atrapará la cabeza” (213) y será el primero en encontrar
al “Señor Progreso” jugando a las escondidas en su propia casa.

108

�A su vez, al atender la trayectoria discursiva de la performance amorosa de
Arasi, se observa que presenta todos los elementos de la espiritualidad cristiana,
pero en un momento de premura no duda en visitar a una bruja para que adivine
su futuro.
La familia y la nación se interconectan a través de dos sentimientos de
mutua dependencia, pero desde un lugar diferente, ya que el amor y el honor
encuentran su correlato en el cuidado de la madre y no tanto en la defensa de la
patria. Por lo tanto, si examinamos el universo político e ideológico del debate
que aparece en estos textos, podrían verse las complejidades que operan en las
pequeñas fisuras que sufre el discurso de la domesticidad en una coyuntura de
guerras y cambios sociales, y poner en cuestión las definiciones de identidad
nacional, los vínculos entre los sujetos, los postulados y los ejercicios de poder
involucrados en esta red de sentidos.

3. MICROPOLÍTICAS DEL ENTORNO

En estas novelas la oposición entre campo-ciudad irá más allá de una
cuestión paisajística, y se manifestará en una serie de binarismos para
ficcionalizar la patria, en los que la perspectiva de las autoras, proyectadas como
narradoras o a través de sus personajes, tendrán algo para decir. El campo es el
escenario ideal de los castos amores de “triste dulzura y delirio santo”,
cristalización simbólica de todas las virtudes y zona cívico-moral opuesta a la
turba envilecida que habita en las ciudades. En esta dicotomía no hay
ambivalencias, porque la visión nostálgica e idealizada no se da únicamente
porque se trata de un espacio de albergue del folklore o de valores populares, sino
porque supone la promesa de la diferencia moral. Existe una praxis cotidiana
reificada en la interacción de elementos morales-prácticos y estético-expresivos
que hace más accesible el significado político de la vida en el campo en el sentido
de una estetización de la política. Un fenómeno que nos lleva a reflexionar en el

109

�modo de iluminar la situación de una historia vital y en la renovación de las
interpretaciones de las necesidades por medio de las cuales las mujeres perciben el
mundo de su época.
En el caso de Jovita y Amir la ciudad se ve con desconfianza, como
espacio de impiedad sede del capitalismo, de falta de solidaridad, de
reduccionismo utilitarista; mientras que para Aglae, la protagonista de Díaz, será
el lugar de una vida con más expectativas. El campo es para Eyherabide la sede de
la religión y la moral, compendio de las virtudes castizas de una nación, de la
caridad, las viejas costumbres, la hospitalidad, la pobreza santificada (aunque
también salvaje y carente de educación). Para Díaz de Rodríguez es el
aburrimiento, el fanatismo, el regionalismo, la corrupción. La dicotomía campociudad es un espacio discursivo e ideológico más que geográfico. Henri Lefebvre
en su tan citado ensayo La producción del espacio (1974) concibe al mismo como
una tríada conceptual que incluye prácticas espaciales (localizaciones particulares
con características de cada formación social), representaciones del espacio (atadas
a las relaciones de producción y al orden impuesto por esas relaciones) y espacios
que la imaginación aspira a cambiar y a apropiar. Este entorno “vivido”,
generador de significados, es allí donde se incorporan las sensaciones, emociones,
visiones, fantasías, deseos, frustraciones, memorias y sueños . Es una esfera de la
coexistencia de múltiples trayectorias, lo que a su vez se define como el
movimiento del lugar a través del tiempo. Aunque tienen una limitación física
estos espacios están repletos de experiencias y son a los que acuden las escritoras
para trazar otras geografías y diseñar escenarios propios. La combinación entre lo
vivido y lo percibido está arraigada al mito del territorio, y, como plantea Patrick
Imbert es “el mito que imponía el apego a la tierra como fuente hermenéutica
primaria” (2009: 76). Definido como un lugar de identidad el territorio se funda
en solidaridades diversas. En las novelas de Eyherabide, los personajes no quieren
desligarse de su región a pesar de las dificultades económicas que atraviesan.
Trasladarse a Montevideo y abandonar el establecimiento paterno –aún cuando ya
es insostenible mantenerlo– es casi un sacrilegio. El único movimiento posible
para Amir y su madre será ir a la ciudad más cercana ubicada del lado brasilero.

110

�Junto a ellos, hubo otros exiliados que lograron pasar la frontera únicamente con
lo que llevaban puesto, ya que, como dice un vecino: “cuando pensé en emigrar
las caballadas, y estaba para pasar la frontera, una partida enemiga me los
arreó” (Eyherabide, 1908: 211). En este caso, el patriotismo y el nacionalismo
tienen significados y apoyos diferentes. Sin embargo, la dualidad de la propuesta
de esta autora se traduce por un lado en la idealización de un pueblo fronterizo (en
donde hay falta de instrucción para clases bajas, empobrecimiento para los
hacendados, falta de trabajo para los jóvenes) y por otro, en el triunfo de la
modernidad (inscripta en el progreso de los adelantos tecnológicos). Parece que el
paso de la barbarie a la civilización es conveniente, y la literatura tiene su misión
al respecto.
El desplazamiento puede ser una tragedia, pero también una salvación. En
las novelas estudiadas la migración ciudad-campo-ciudad es necesaria. Aglae
termina sus días en Entre Ríos, luego de la muerte de su esposo en el sitio de
Paysandú, y Amir y Jovita concluyen expatriados por las guerras civiles. Nunca
se nombra la ciudad del lado brasilero en la que Amir consigue trabajo. Se tienen
que ir, porque como dice Don Álvaro a su socio “en esta región apartada,
acabándose los saladeros que eran nuestro campo de lucha ¿qué hacen dos
hombres como nosotros? ¿Qué comen nuestros hijos? (46). En un país “de
revueltas” en el cual “cada seis o siete años hay guerras” también se piensa en la
imagen que se da al extranjero: “que somos cuatro gatos y rabiosos” (211). Es
necesario arreglarse lo mejor posible con estas dos caras, la ida por el regreso en
Amir y Arasi, y el doble exilio de Aglae: de Montevideo a las afueras de Durazno
y de allí a Entre Ríos.
Otro aspecto relacionado a los movimientos pero en términos más amplios,
es el privilegio que Eyherabide le da al futuro. Como en la mayor parte de la
literatura decimonónica, esto se vincula a la ideología del liberalismo y la
formación nacional. El desplazamiento de la historia de amor a la historia de la
nación se facilita generalmente mediante personajes representativos así como un
héroe que es tanto amante esposo como leal patriota y encarna los ideales y la
visión histórica del liberalismo hispanoamericano.

111

�Méndez Reissig ambientará algunos de sus relatos en los jardines
paradisíacos para volver a contemplar las ruinas del pasado familiar y describir
amores castos entre arroyos y trinos. El “poético paisaje” despierta nostalgias y
otros significados que parecen estar basados en el reciclaje del mito bíblico que el
Estado Nación utilizará como archivo. En el marco de la modernización, la
cuestión del desplazamiento era tomado aún con malestar pero simultáneamente
se reconocía que el mundo había dejado de ser estático. La pobreza (que en ambas
novelas es provocada por las guerras) implica partir y también romper con la
comunidad. A este panorama –gobernado por nuevos acuerdos y proyectos, el
pragmatismo, la técnica y el interés económico– Amir no le pone resistencia . En
la novela aparece la lógica de la aceptación no solo desde la perspectiva de los
personajes, sino que la misma personificación del “Señor Progreso” quien
proclama que “hay que cambiar los medios de producción… ¿la diligencia?...
¡Mi Dios! ¿La carreta? –¡uf!– qué matraca para un don tal que soy yo... (216).
Lo que vendrá es el automóvil y el ferrocarril, porque el progreso “se cansó de
caminar a pie”.
Inmediatamente después de la larga descripción de este advenimiento,
habría que atender la productividad de significaciones que se generan a la interna
del texto. La escritora solicita también que se tenga en cuenta al “poderosísismo y
respetabilísimo señor progreso” testigo final del “sublime beso” entre Amir y
Arasi, beso que “simboliza la deuda entre dos países” (223) o lo que es lo mismo,
la “unión de dos repúblicas hermanas en el hormigueo reverberante de la acción”
de la locomotora y de la presencia frecuente de los ingleses en la estación, a una
cuadra de la casa blanca, lugar de residencia de la pareja. En este sentido el
proyecto literario de Eyherabide no desconoce la existencia de una nueva
racionalidad. Una mirada que trata de lograr un ajuste para resolver conflictos
nacionales, como el de los límites para la navegación del río Yaguarón:
“Tranquilas embarcaciones que ostentan como un día de fiesta, lucidas
banderillas blancas y celestes, que armonizan con el verde, amarillo y azul de las
banderas brasileras, se mecen gallardamente. Y los verdes camalotes de flores
lilas, inclinándose al rápido movimiento del oleaje, parece que nos dicen: – ¿No

112

�ven cómo no nos engañábamos? ¿No ven que somos tan vuestros como de ellos”.
(224)
En esta nueva configuración de los territorios recién iniciado el siglo XX,
ya no hay en dicha literatura una valoración defensiva de lo local, ni una
desconfianza de la alteridad. No hay amenazas para la armonía del pueblo, sino
más bien una confluencia que se inspira en un futuro más global. Tanto es así que
los posibles pretendientes de una amiga de Arasi son ingleses, brasileños y
orientales, y a todos se los ve como buenos candidatos. Este proceso pone de
relieve las transformaciones idealizadoras pero aún en conflicto con las tensiones
sociales e históricas de un Uruguay que, como otros estados de América, buscaba
afirmar su identidad dentro de nuevos valores que rompen con una percepción
única del mundo. Una identidad que se construye frente al resto de los países y a
su vez, frente a las divisiones políticas internas.
De todas formas se debe atender también a un límite discursivo que se
traduce en la exclusión de Montevideo como un lugar de residencia, a pesar de
haberse planteado la oportunidad de la mudanza. Resignificar ese espacio que va a
cambiar toda la organización de lo cotidiano deriva quizás de una posición, que en
este caso en particular es la de una escritora que vive en Melo. Las condiciones de
producción de este discurso y sus modos de funcionamiento estereotipado no
impiden abrirse a otras perspectivas para reflexionar sobre los espacios de
frontera. Se trata de legitimar la reconciliación de dos países, y sin embargo, no
sucede lo mismo con la capital y el interior.
a. Políticas del ámbito doméstico

La escritura es una pauta de distinción que representa un imaginario social
e identidades colectivas. Como se ha visto estas historias son inicialmente
ambientadas en el campo, en escenarios pintorescos, “poéticos” y en hogares
“como un Edén”. Pero también aparece la insistencia en lo doméstico como única
esfera de acción visible y posible, o como el único recinto incontaminado por las
pugnas de poder. Esto no condice con lo que sucederá más adelante, en tanto que

113

�es precisamente en ese espacio que se inserta lo político. El simple gesto femenino
de ponerse una flor blanca en la cabeza, puede ser un asunto delicado y de la más
alta política. Tanto Amir como los hijos varones de Aglae, reciben lecciones de
“instrucción y moral” mientras las mujeres se mueven entre el silencio y la
resignación en el interior de sus habitaciones. No aparecen en estas novelas
conventillos ni prostitutas ni arrabales ni obreras ni mujeres de extracción popular,
ni rancheríos, con excepción de que Eyherabide se refiere a los peones del
saladero para dar cuenta del estado semi-bárbaro en que viven y de la necesidad
de instruirlos para propiciar un cambio de vida. Como obras nacidas en la bisagra
del siglo XX, es esperable una reflexión, aunque sea breve, sobre las ventajas de
la educación femenina. Lo cierto es que, aparte de Corrège, muy pocas mencionan
el tema y en el caso de hacerlo, también como Corrège, lo hacen sin tener
conciencia real de que la base de sus planteos es subsidiaria de mecanismos de
dominación organizadores de todo el cosmos según su dependencia con el poder.
En cuanto a las dificultades para concretar el amor entre los jóvenes, son
varios los cuentos de Méndez Reissig y en dos novelas de Eyherabide que
plantean la presencia materna como único obstáculo. La rígida y autosuficiente
pareja madre-hijo no comporta un vínculo saludable y balanceado. Todos los
personajes son en esencia entes afectivos y se definen, a nivel ontológico, en
términos de la pasión o del dolor que sienten.
Como ya se dijo, los “otros” son “los colorados” para Díaz y Spikermann y
Mullins, o los judíos, los bandidos, los menesterosos para Eyherabide, o los
negros de Dorila Orozco, o el indio en Méndez Reissig55.En estos dos últimos
casos se aprecia una duplicidad de sus discursos mezclada con la mojigatería
propia de estas escritoras en su observación hacia ciertos individuos, quizás
criticando para evitar la crítica, o temerosas de verse atrapadas desviándose del
código tácito del decoro. En la forja de la nacionalidad, esta literatura paga los
costos de una integración demasiado referida a la medianía y a ciertos estereotipos
sociales y culturales, lo que a menudo terminó ambientado la sanción a la
55

Otra caracterización siniestra de los judíos y sus arreglos económicos con el gobierno de Santos
se puede encontrar en La heroína de Quebracho de Demetrio Núñez. El judío es el personaje malvado que
hará la vida imposible a los protagonistas a lo largo de la extensa novela. También se encuentran frases
despectivas en “Ante el Calvario” de Méndez Reissig, quien se referirá “al pérfido judío” (1902: 12).

114

�diferencia. Durante tiempo atrás muchos de estos conceptos habían comenzado a
permear la sociedad uruguaya a través de un amplio sistema de relatos, símbolos,
mitos, tal como lo fue la frecuente prédica nacionalista (Caetano, 2000).
Socialmente acreditadas por el estatus de su clase, el patetismo será el
gesto más eficaz que encuentren las escritoras para regimentar su escritura de
mundos bucólicos y anacrónicos. Su modo de escribir define posiciones, lo cual
no es exclusivo de la mujer pero en ellas se presta eficazmente cuando se
transgreden las fronteras del espacio doméstico. Porque pone en movimiento el
cruce interdialéctico de varias fuerzas de subjetivación

Capítulo IV
1. LAS POETAS: el lenguaje mudo de las flores para una Patria agonizante

Lirios, tumbas y la fugacidad del tiempo. La patria, la madre, las ilusiones
perdidas. Jóvenes agonizantes, lágrimas, bocas ardientes y oídos castos. Violetas,
la “dulce calma”, nostalgias por la muerte, crespones adornando ambientes
solitarios y mortuorios. Una suerte de soplo helado envuelve a las mujeres a

115

�quienes “jamás fascinó la vida”. Sus tristes evocaciones y lúgubres melodías se
tañen con la lira eolia, juguete romántico favorito, pieza popular del moblaje
hogareño, analogía de la mente poética durante el siglo XIX (Abrams, 1982). Esto
no quiere decir que la contrapartida masculina no haya utilizado abundantes
“cosas muertas” para inspirar su estética de cementerio. Basta leer por arriba los
títulos de los textos de La Revista, entre tantas otras publicaciones, para encontrar
réquiem, ruinas y seres etéreos. Frecuentes visiones lúgubres, nocturnas y
sepulcrales son tópicos predilectos que responden a una caracterización tardía e
imitativa del Romanticismo europeo.
En esta literatura encontraremos pautas complejas de coincidencia y
contradicción que pusieron en circulación un lenguaje de un yo femenino forjado
en ciertos estereotipos sociales y culturales que desde tiempo atrás habían
comenzado a permear la sociedad uruguaya a través de un amplio sistema de
relatos, símbolos y mitos.
Pensar en las relaciones entre escritura de mujeres y la sociedad de ese
momento es ubicarse en la situación histórico-discursiva y en el sistema simbólico
que eventualmente legitima dicha expresión. Reflexionar sobre las problemáticas
de la institución literaria en la época fundacional de las repúblicas, enmarcadas
por el proceso de modernización, es considerar la normatividad social y la
distribución de los roles de género en las distintas escenas culturales.
Siendo predominantes las imágenes luctuosas en la producción poética
cabe preguntarse el porqué de la omnipresencia de la muerte en un momento en
que las mujeres se consideraban “figuras que dan continuidad al grupo familiar”
y “las que gobiernan y articulan las dos esferas: pública y privada” (Peruchena
2010: 11). Quizás, por esa misma función asignada (y autoasignada), el deseo de
morir aparece como una constante. Y si bien es cierto que dicho sentimiento
aparece con igual intensidad en la poesía escrita por hombres creemos que existen
algunas diferencias en su tratamiento. ¿Cuál es el valor de estos relatos– si tal
como dice Perrot– ellas están “consagradas al silencio de la reproducción
maternal y casera, enterradas en la repetición de lo cotidianamente doméstico, lo
que realizan ¿vale la pena dejarlo estampado en el relato?” (Perrot, cfr.

116

�Peruchena 2010:13). Intentamos responder a estas cuestiones haciendo foco en el
análisis crítico de algunas producciones. En el Uruguay de entresiglos las mujeres
parecían quedar fuera de cuadro, y sin embargo, encontramos ejemplos
pertenecientes a la élite letrada, que, a su manera y con todas las limitaciones,
toman la palabra.
Celina Spikermann y Mullins, quien se define a sí misma como una “gran
patriota” de “corazón blanco”, utiliza tonos trágicos y admonitorios para dirigirse
a los orientales por sus luchas fratricidas, a las mujeres que abandonan a sus hijos,
a los “padres de la patria”. No importa quiénes sean, a todos los ubica entre
cipreses y “lágrimas de sangre”. Las “montevideanas, ávidas de visitar nuestras
hermosas necrópolis”, desean morir “antes de que el invierno helado cubra con
su nieve los cabellos”, como “el tronchado nardo que cae, con sus perfumes y
destellos”. Es una mujer que anhela “morirse llena de ilusiones” (14).
Expresiones como esta, de 1905, son similares a las de Méndez Reissig, en sus
Quejas del corazón (1899):
En vano busco venturosa calma,
que anhelante mi alma
Pide á gritos, cansada de sufrir;
Nadie escucha mi llanto dolorido,
Y el corazón herido
Sólo espera la dicha de morir” (Pág. 1)
Dichos versos aparecen en un momento de cambios paulatinos en el país,
referidos al modelo demográfico, al ingreso progresivo de la mujer al mercado
laboral y al incremento gradual de la matrícula femenina en los niveles medios y
altos de la enseñanza, así como también a las transformaciones en el plano de las
costumbres (baste mencionar como ejemplo el retraso de la edad promedio del
casamiento). Todo este proceso provocó “un conjunto de modificaciones, lentas
pero sensibles, en el plano de los modelos y los roles de las mujeres, que
desafiaban aspectos sustantivos de la cultura fuertemente masculina y patriarcal
por entonces dominante” (Caetano, 2004: 330). A estos factores se agrega que
desde Europa y Estados Unidos llegaban los ecos de las primeras movilizaciones

117

�feministas (Peruchena, 2010). Pese a esto, el tema de la igualdad de los derechos
ciudadanos para mujeres estuvo relativamente ausente en el discurso público de
las dirigencias políticas. Algunas, precisamente las que no son estudiadas en este
trabajo, se preocupaban por los conflictos que vivían por su condición de género.
Sobre esto se refieren los textos de Virginia, seudónimo bajo el cual la uruguaya
María Abella de Ramírez desplegaba una intensa y activa campaña periodística en
La Plata. No es difícil imaginar por qué fuera del Uruguay es donde se pueden
crear centros feministas, órganos de prensa y escritura de ensayos al respecto, tal
como lo hizo dicha autora con el célebre: “Programa mínimo de reivindicaciones
femeninas”.56
Durante este siglo, la lucha por nuevos derechos quedó monopolizada por
las mujeres trabajadoras integradas en los emergentes sindicatos, las cuales
trataron también de incorporar demandas propias de su género. Testimonios de
esta proceso son los discursos de Mercedes (seudónimo sin identificar) y de María
Gigop, quienes en 1884 y 1889 respectivamente, proclamaban por un lado la
integración en la Asociación Internacional de Obreros de Montevideo, y por otro,
la organización entre las compañeras lavanderas, planchadoras, alpargateras,
costureras, paliteras y cigarreras. María Gigop las describe “vestidas en harapos y
otras semidescalzas corren en todas direcciones en busca de ocupación o trabajo,
siendo imposible encontrar, vuelven a sus casas rendidas de cansancio. Aquellas
que encuentran algo deben someterse a las voluntades ajenas”.57 Y yendo un
poco más allá en este juego de opuestos con los textos de las poetas incluidas en
esta investigación, Mercedes dice: “Si hay un Dios, como nos lo quieren hacer
creer, paréceme que no permitiría semejantes injusticias”.58
56

Ver en Machado Bonet, Ofelia. “Sufragistas y Poetisas” en Enciclopedia Uruguaya, Nº 38, Junio
de 1969: 154. Allí se explica que: “El “feminismo” orientado hacia la obtención de la plenitud de los
derechos civiles y políticos de la mujer, nació en el Río de la Plata por iniciativa de la maestra uruguaya
(recibida en La Plata, 1894) María Abella de Ramírez (1863-1926), quien fundó en 1903 el primer centro
feminista en dicha ciudad. En 1906 presentó al Congreso Internacional de Libre Pensamiento, realizado en
Buenos Aires, un “Programa mínimo de reivindicaciones femeninas” y desarrolló amplia labor y constante
prédica desde 1899; en 1900, en El Día de La Plata, bajo el seudónimo Virginia y por medio de la revista
Nosotras fundada en 1902. Creó la “Liga Feminista Nacional” cuyo órgano era La nueva mujer y editó en
1906, su obra “En pos de la justicia”.
57
“Zubillaga, Carlos y Balbis, Jorge. Historia del movimiento sindical en el Uruguay (III). Vida y
trabajo de los sectores populares /hasta 1905. Montevideo, EBO, 1988: 151-152.
58
“La mujer y el trabajo”, en La Lucha Obrera (Periódico Semanal defensor de la clase obrera),
año 1, Nº 13, Montevideo, 8 de junio de 1884: 2.

118

�En cambio, los textos de nuestras autoras no integran dimensiones
relacionadas a estos aspectos. Tan solo encontramos tibias intervenciones sobre la
importancia de la educación y la mayoría de las veces es para afirmar y conservar
ciertos valores que se sienten perdidos. Esta constatación no es novedosa, por
cierto. No nos referimos a las obvias diferencias de estilos, de preocupaciones y
de clases sociales. Lo que merece introducir otras voces femeninas es ampliar el
espectro y dejar asentado que otras mujeres transmitieron un modelo diferente de
ciudadano.
La muerte predomina y atraviesa la poética estudiada pero el marco está
dado por el saludable gesto de ponerse a escribir. Hay que indagar en los
significados de estas tramas discursivas. Las mujeres se inscriben exclusivamente
en la ética cristiana –o dispositivo de vigilancia, según Torres (1995)– en la virtud
de herencia androcéntrica, en el tema patriótico instalado en una época de
conflictos interpartidarios, y en las fuertes asociaciones entre la religión y la
nación. Elementos como éstos provienen de un imaginario esencial que ya se
venía construyendo mediante la generación de intelectuales como Zorrilla,
Acevedo Díaz, Blanes, Varela, Bauzá, Ramírez. 59 Importa observar cómo este
background se plasma en los textos y se dirige hacia una sola dirección, que en
estas autoras se traduce en recibir simbólicamente el pésame, luego del consabido
agradecimiento por la recepción de sus obras y las peticiones de perdón por haber
intervenido activamente como escritoras. Desde la publicación realizada en la
Tipografía El Paysandú, Clara López de Brito (1892) se dirige al lector para
manifestarle que:
“Al dar a la prensa mis humildes producciones no abrigo la pretensión de
conquistar para mi frente los lauros inmarcesibles que han alcanzado Ida
Edelvira Rodríguez, Josefina Pelliza de Sagasta, Silvia Fernández, Agustina
Andrade y tantas otras poetisas argentinas, que han sabido arrancar armónicas
liras, melodías sublimes de inimitable dulzura y sorprendente belleza”. (IV)

59
Methol Ferré, Alberto, “Relatoría” en Achugar, Hugo (coord.). Cultura Mercosur. Políticas e
industrias culturales. LOGOS-FESUR, Mdeo, (1991:46).

119

�Su única pretensión es obtener “el sincero aprecio de mis lectores y una
palabra de aliento de mis amigos para seguir adelante” (IV), sentimiento que se
reitera casi invariablemente en las dinámicas escriturarias femeninas. Sabbia y
Oribe llamará a sus versos “primicias del corazón”, Méndez Reissig dice en
Lirios que son “páginas escritas sin ninguna pretensión, fruto de mis horas de
ocio y tristeza”, textos “grises” que de todas formas entrega “a la crítica de mi
patria” y que “con toda gentileza brindo a mis bellas compatriotas”.

a. Universos culturales del Romanticismo

Una de las cesuras artísticas del movimiento romántico nace a partir del mito
del poder germinal y morfológico de la naturaleza. Nace el valor de lo contingente
y lo cambiable, flujo que devela regiones interiores y que se abre hacia un nuevo
lenguaje sentimental e imaginativo, con formas muy variadas “que tienden a lo
irreal pero vuelto a una realidad visible” (Wolf, 2007: 6). La inspiración
romántica se traduce en un repertorio de imágenes que no sólo es visto sino
sentido simultáneamente por el conjunto de todas las facultades; adquiere
resonancias que funcionan como identificación con el paisaje. Es en esta época las
flores se veían como seres animados, tal es así que en varios poemas de Méndez
Reissig se establece un diálogo entre las flores mismas.
“En la novela Heinrich von Ofterdingen Novalis ve en la flor el símbolo del
amor y de la armonía primordial que caracteriza la naturaleza. Más avanzado el
siglo, se añaden maneras de entender e interpretar la naturaleza desde
tradiciones lejanas, como la japonesa. En Oriente, la sugerencia de estados de
ánimo y la costumbre de expresar pensamientos y sentimientos por medio de las
flores tiene una gran importancia, aunque a lo largo del siglo XIX, época
denominada significativamente de las reposiciones, se recuperan en Occidente
antiguas tradiciones, sobre todo las que proceden del pasado, y más en concreto,
de la Edad Media” (Sala 2003: 187)60.

60

Sala, Teresa M. “Naturalezas artificiales. El lenguaje de las flores y las cosas mudas” en Materia
2, Naturaleses, 2002: 185-202.

120

�En el siglo XIX se da un auge de la botánica tanto en la literatura como en la
ciencia y en las artes decorativas. Angelo de Gubernatis, uno de los presentadores
de la obra de Sabbia y Oribe tiene un estudio denominado Mitología de las
plantas. Leyendas del reino vegetal (1878) en el que se recuperan ciertos aspectos
del mundo medieval en donde las flores eran una fuente de deleite. Proliferan
estudios botánicos de naturalistas ingleses que contribuyeron de forma importante
a la constitución de nuevos repertorios decorativos, como The Grammar of
Ornament (1856),61 un libro con multiplicidad de láminas dedicadas a las flores o
su similar en España: El lenguaje de las flores y el de las frutas con algunos
emblemas de las piedras y los colores, de Florencio Jazmín (1870).62 En el área
del diseño y la arquitectura Émile Gallé (1846-1904), fundador de la escuela de
Nancy creará un jardín botánico como motivo de inspiración de sus objetos de
cristal y Louis Majorelle (1859-1926) tendrá su biblioteca- jardín.
Una comprobación que surge al leer las composiciones líricas femeninas es la
abrumadora presencia del repertorio vegetal con que se definen subjetividades. No
solamente en las temáticas, sino en los títulos de los libros y las guardas
decorativas que abren o cierran cada poema. Nos preguntamos por la elección y
significación que se hacen de determinadas flores, ya sean marchitas, nuevas,
emblemáticas u ornamentales. Los títulos se repiten en varias ocasiones: Flores
Marchitas (Dorila Orozco y Spikermann y Mullins), Lirios de Méndez Reissig,
Rosas y Abrojos también de Spikermann y Mullins. “En el camino de mi vida
nunca hallé flores” (Spikermann y Mullins, 1902: VII), Dorila Orozco dice que
“el mundo está sembrado de abrojos” (1879: 13), Sabbia y Oribe respira “el
suave perfume de los lirios” (62) y “el miosotys es la flor que retrata mis anhelos”
(61) Más adelante, en 1913, Delmira Agustini dará un giro erótico a las flores de
loto y a los jardines perfumados de Cálices Vacíos. No obstante, la tendencia de
utilizar estos símbolos no es exclusiva de las mujeres. Por citar a modo de
61

Jones,
Owen.
The
grammar
of
ornaments.
Disponible
en:
http://digital.library.wisc.edu/1711.dl/DLDecArts.GramOrnJones (consultado en junio de 2013).
62
Dicho libro consta recopila cuentos y poemas de temáticas florales, además de un diccionario,
una gramática y variadas ilustraciones que asocian las mujeres a las flores. Ver la publicación on-line:
http://books.google.com.uy/books?
id=ZIYKAQAAMAAJ&amp;printsec=frontcover&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false
(consultado en noviembre de 2013).

121

�ejemplo, el modernismo hispanoamericano potenció la perfección de las flores
perversas, exóticas y lujuriosas de Darío, Nervo, del Casal, Carrillo y Lugones
con sus perfumes enervantes y seductores, herederas de Flores del Mal de
Baudelaire (Litvak, 2013:154-155)63. En nuestro país las flores de los hombres
son más discretas: Violetas y Ortigas (1880) de Alejandro Magariños Cervantes,
el importante pasaje del Tabaré de Zorrilla que se inicia con: “cayó una flor al
río” (1888), o su famoso Himno al árbol, la tradición nativista de los cuentos de
Javier de Viana Macachines (1910), Yuyos (1912), Cardos (1919) y Abrojos
(1919) y también Alberto Nin Frías refiere al mundo vegetal con obras cuyos
títulos son similares: El árbol (1910), El culto al árbol (1933) y en 1919 Un
huerto de manzanas. Víctor Pérez Petit acusa el tópico floral en 1906 con la obra
de teatro La Rosa Blanca y en La música de las flores y otros cuentos (1924).
Son múltiples las variantes del binomio mujer-flor: “pobre azucena, moriste
destrozada por el cierzo” (Méndez Reissig, 1902:9), “soy la silvestre violeta sin
perfume ni color” (López, 1892: 52). Y la identificación de Spikermann y Mullins
es más afín a la etapa en que escribe sus versos: “yo solo soy la tristeza, que cual
mustia sensitiva, en el jardín de la vida dobla inerte la cabeza” (1902: 22).
Muchas escritoras las adoptan como seudónimos para firmar sus composiciones
en la Ondina del Plata: Pasionaria, Adelfa, Violeta, Azucena, todas amigas de
Dorila Castell (1879: 35).
Con su perfume “tan místico, tan puro e inocente” las violetas “son el
lenguaje del alma” (Castell, D. 1879: 6). El alma también es una “pálida flor sin
encantos ni perfumes, marchita por el soplo de la fatalidad” (Spikermann y
Mullins, 1905: V). Muy distinto es el sentir de Méndez Reissig: “En el jardín de
la vida, eres cual rosa entreabierta” (1902: 7). Los versos de Spikermann y
Mullins se definen “cual níveas rosas de fragancia exquisita” (op. cit.:13) y se
ofrecen como “ramo para el bello sexo del Plata”. (op. cit.: V). Zulma en su
poema “Amor, esperanza y fe” expresa lo que sucede a una mujer cuando es
abandonada: “La rosa, el lirio, la violeta, el nardo/ Que ayer con su perfume me
63

Litvak, Lily. “Las flores en el Modernismo hispanoamericano” en Creneida, Dpto de Literatura
Española. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Córdoba, Nº 1, 2013: 134-159. Disponible en
http://www.creneida.com/revista/ (consultado en enero de 2013).

122

�embriagaban/ Presentanse a mi vista ya sin brillo/Aroma para mí ya no más
exhalan” (Pág. 33).
La cantidad de duelos, santuarios, cementerios y elegías a las amigas muertas
propician esencias, guirnaldas, ofrendas y floreros por doquier. La personificación
y el diálogo entre flores es un recurso utilizado en “Como mueren las flores”
(Méndez Reissig, 1902: 40), “Nocturno” (op.cit.:30) y también en prosa; ejemplo
de ello es su cuento “Quejas” (1902: 69) cuyo motivo es el diálogo entre rosas,
violetas y margaritas.
También existen otros significados e identificaciones para las flores como los
que les atribuye Díaz. Una flor de color blanco en la cabeza de la hija de Aglae
tiene un contenido político. Para Spikermann y Mullins las “Siemprevivas” y las
“Flores Silvestres” serán para los amigos: Liborio Pérez – un maragato asesinado
el 23 de octubre de 1882, a cuya memoria la escritora dedica un poema en cada
uno de sus libros, y por lo que ella misma dice, se trataría de un periodista a favor
de cierta ideología política– Diego Lamas, Aparicio Saravia, los treinta y tres
orientales.
Se puede comprobar que ninguna elige un búcaro de intensidad cromática o de
aromas embriagadores. No aparecen por ningún lado las flores rojas, o
anaranjadas, símbolo de artificios, de coquetería, de seducción. Siempre se trata
de Flores silvestres (Spikermann y Mullins, 1902: 38), Lirios, Flor de lis, cardos,
Ilusión, y todas están habitualmente marchitas, pálidas, solitarias y de olores
castos para llevar a las tumbas de las amigas (Spikermann y Mullins, 1901: 32;
Sabbia y Oribe, 1894: 22). Entendemos que “la sensibilidad se alía
particularmente a la estética y el simbolismo de las flores puede llegar a ser una
misteriosa representación de los tormentos del alma” (Sala, op. cit.: pág.186) y
los episodios de la existencia humana con los ciclos de la naturaleza (amor vida/
dolor-muerte), con el ritmo de la tierra en el que la fragilidad de las flores deviene
la manifestación de la transitoriedad de la belleza. Sus experimentaciones estéticas
se asocian al sentido que Florencio Jazmín expresa en su Manual de Flores: “la
mujer es la flor” (Jazmín, 1870: 116- 119). No obstante esto, el uso alegórico de
la flor es indefinido. Cada una posee un simbolismo propio, oscilando entre la

123

�ofrenda, el testimonio, o el valor ornamental. Aluden a la primavera, a los jardines
“que traen efluvios de ambrosía” (Sabbia y Oribe, 80) pero también a la pasión
ardiente:
“Las flores todas tienen un emblema o símbolos que son el teatro de amores
inocentes y la cuna de amores pletóricos. ¡Qué bellas son las flores! ¡Pero
ninguna tan fragante y hermosa, como aquella que recibimos con alborozo de las
manos del bien amado! Esas flores olorosas (símbolo de pasión ardiente), que
adornaban su pechera, son galantemente desprendidas en éxtasis de amor, para
nunca olvidarlas, y entregadas a la que antes que las flores, ha recibido el
corazón del que se despoja de su adorno” (Spikermann y Mullins, 1900: 15
[1905]
En el cáliz pequeño de las flores se guardan “los más ocultos secretos”
[…] toda la eternidad del recuerdo y toda la inmensidad del cariño”. Spikermann
y Mullins se pregunta “¿qué es la vida sin cubrir su senda con los blancos y
castos azahares?” (15).
La omnipresencia floral en los textos de Spikermann y Mullins se retrata
en las montevideanas llevando ramos y crespones al cementerio un dos de
noviembre y prácticamente todo su libro tiene que ver con un ambiente de luto.
Para Sabbia y Oribe las flores representan “los efluvios de la flor de la Ilusión”
para resistir a “ese grito del caos del cielo”, o cuando ofrece al amante su amor:
“guarda la flor, recuerda que su cáliz el sueño de mi amor, entero, esconde. Es
muy pequeño y sin embargo encierra el afán de mi vida” (77), la “flor de mi alma,
la única inmarcesible”. (79) Méndez Reissig se refiere a la amistad como una
“bella guirnalda” tejida con “laureles, azahares y jazmines” (11), y a su propia
alma como un jardín en el cual solo se encuentran “las mustias flores de mi alma”
(13).
De entre todas, la violeta y el lirio son las escogidas. Leirion en griego, su
significado se asimila a la blancura, pureza, virginidad, inocencia, nombre elegido
por Méndez Reissig para su segundo libro. Uno de los aspectos importantes de
este sistema de símbolos es que el culto a la naturaleza fue también un refugio
contra las falsedades humanas, contra el positivismo, contra un paisaje cada vez

124

�más industrializado. Naturalezas artificiales, jardines donde vivir ante la amenaza
de la realidad oscura ¿anhelo de embellecer la fragilidad y a la muerte?

b. Flores Marchitas y otros textos de Dorila Castell (1879)

La maestra Dorila Castell de Orozco y Zambrana (1848-1930) cuenta con
varias composiciones poéticas y narraciones en prensa nacional e internacional,
además de dos libros de poesía, Flores Marchitas de 1879, que incluye textos de
1868 y Voces del alma de 1925. Su trabajo es un claro ejemplo de la vía de acceso
que abrió el magisterio a la literatura de mujeres, ya que sus versos, como ella
misma lo explica en la Revista Nacional de Literatura, se originaron en el aula.64
Desde 1868 participó en asociaciones altruistas como la Comisión Pro
Damnificados del Pacífico y la Junta de Socorros a favor de Francia. La
publicación de su primer libro surgió, dice, en respuesta a la grave situación
acaecida por las inundaciones del Río Segura en 1879, y las ganancias de su venta
serían destinadas a la reparación de los daños.
Desde la Tipografía del Paysandú salió su librillo de poemas dedicados a
la madre, a la Patria y a las flores, aunque aparecen dos discursos reveladores de
juicios valorativos y de estrategias femeninas para la elaboración de
subjetividades. En 1877 escribe “Composición”, texto declamado por “una
negrita de 6 años en un día de premios”:
“Porque es igual nuestra alma
Con sus ropajes negros
al alma de los blancos,
Como ella es inmortal
Mostradle al pobre negro
La cima de aquel Monte
En que expirara el mártir
De nuestra redención.
64
En Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales, Montevideo, Año I, 25 de octubre de
1895, Nº 16: 215.

125

�Decidle que rasgando
Las brumas que lo ocultan
Veré brillar en su alma
La luz de la instrucción
Redime al pobre esclavo
Cual redimió a su pueblo
El justo de Israel
Destroza las cadenas
De la ignorancia impía
Derrama en su alma oscura
Perfume de azucena
Oh! Sí, cual dijo Cristo,
Tendedle la mano
El negro no es esclavo
Sino de su abyección
Llevadlo a ese banquete
De las naciones libres
Que brillan las auroras
De paz y de instrucción (12)
En la Antología de Poetas sanduceros realizada por Carmen Borda (2008)
se consigna que este mismo discurso se publicó en el diario El Paysandú, por la
trascendencia que se dio al hecho insólito de que fuera Dionisia Morales, una niña
afrodescendiente, la que lo pronunció. No obstante, la retórica que pretende ser
caritativa frente al “alma oscura” del negro se revela prejuiciosa. Cuestionando la
esclavitud y las injustas relaciones entre blancos y negros se hace visible la doble
moral de la sociedad tradicional que considera que “el negro no es esclavo/ sino
de su abyección”. No existe una toma de conciencia integral en este
planteamiento, como tampoco lo habrá en Méndez Reissig frente al indio, aún
cuando los textos intenten cargarse de tonos compasivos.
Juana Manuela Gorriti está presente en la dedicatoria de algunos textos de
1875: “astro del genio es tu alma americana/ danos tu luz que nos refleje
siempre” (14). Ese mismo año también María Josefa Mugía recibe sus muestras
de admiración: “Tú eres ángel que con arpa de oro cantas y lloras” (48). El

126

�cariño es para Adelfa, Violeta, Pasionaria y Azucena quienes escriben bajo
seudónimo y la invitan a publicar en La Ondina del Plata, lugar para “las musas
americanas” (35). La autora duda pero finalmente accede no sin cierta reticencia:
“probemos, pero ¿si acaso esa miel se me acibara, de quién será la culpa? Tuya y
de esa Pasionaria que tentando la paciencia del director, me reclaman con
gracia y galantería las flores mustias de mi alma”. (36)
A este respecto es interesante señalar que Dorila Castell y Clara López son
poetas del litoral, y puede ser que el contacto con Argentina les haya
proporcionado una red de amistades y vehículos para expresarse desde un espacio
más abierto que la sacralidad provinciana les permitía. La actividad creadora de
las otras escritoras inspira a las uruguayas a la aventura literaria, aunque sean muy
escasos los registros poéticos en los que inscribir sus derroteros. Un ejemplo de
esta hermandad la muestra Clorinda Matto de Turner en sus lecturas realizadas en
el Ateneo de Buenos Aires, en 1895:65
“En la patria uruguaya, donde se guarda la bandera de los Treinta y Tres
y se hace memoria de los héroes que “tomaron a ponchazos” los cañones del
enemigo, pulsan la lira de Apolo dos hermanas en la sangre y en el arte: Dorila
Castell de Orozco y Adela Castell. Tierna como paloma la primera, canta para
las almas sedientas de consuelo, y abandona esa entonación cuando el
patriotismo la exalta. Las composiciones tituladas Un día más, Anhelos, Dudas,
La campesina, son las más popularizadas; pero las mejores formarán un volumen
próximo publicarse, cuyos originales deleitaron las horas que pasé en la culta
Montevideo.
Mas asimilada al modernismo, Adela, burila sobre planchas de concha
madre, estrofas filosóficas, como las siguientes que tomo del perfumado manojo,
siempre
al
alcance
del
gusto:
¿Cómo tu imagen fue a quedar grabada
Cual con buril de acero
En mi intranquila y soñadora mente?
No ves que no lo entiendo...
¿Cómo en nerviosa célula es que pudo
Fijarse tu recuerdo?
Si tu recuerdo es sol ¿cómo engarzado
Quedó en marco de nervio?
65
Clorinda Matto de Turner, “Las obreras del pensamiento”, Boreales, miniaturas y porcelanas.
Buenos Aires, Imprenta de Juan A. Alsina, 1902: 245-266.

127

�No comprendo por más que me lo expliques
Ni llegaré a entenderlo,
Corriente cerebral que sea el cariño…
¡Materia el pensamiento!...
¡Ah, qué extraño problema! Me parece
que no he de resolverlo;
Renunciar a creer que tengo un alma
Si con otra yo sueño…
Junto a las dos poetisas ya de renombre americano, están como capullos
que se abren en llenos de perfume y colores, Ernestina Méndez Reissig y María
Vaz Ferreyra [sic], presuntas glorias uruguayas; y como pensadora elegante y
concisa, Casiana Flores. No olvidaré a Lola Larrosa de Ansaldo, autora de las
novelas El lujo, Los esposos, Hija mía, así como de trabajos sueltos, unos
reunidos en un tomo con el nombre de Ecos del corazón, esparcidos otros en
diarios y revistas. Lola, que apenas a los 38 años de existencia, el 25 de
Septiembre último, vistió el sudario de la muerte, en condiciones dolorosas que
no es del caso recordar.”
Las hermanas Castell escribieron en Búcaro Americano, la revista dirigida
por Matto de Turner que aparece en 1896 (hasta 1908), definida como un
periódico para las familias. La tinaja de barro llena de flores representada en la
portada pretende llevar a sus lectoras “toda la flora literaria exuberante hoy en
América”:
“Esta revista por tanto, exalta a la mujer escritora, entregada al
sacerdocio de las letras, artífice de una lucha heroica en el trabajo periodístico y
editorial. En esta línea, Búcaro incluye artículos y fotografías sobre la
venezolana Carmen Brige o las uruguayas Adela Castell y Dorila Castell de
Orozco” (Martínez Hoyos, 2010: 56).
Clorinda Matto de Turner (I852-1909), nacida en Cuzco, exiliada en
Argentina por su adhesión al gobierno de Cáceres y por su problemática relación
con la Iglesia, decide continuar en Buenos Aires con una importante tradición
periodística femenina. Un grupo de esclarecidas escritoras afrontaron la situación
cultural en que se desempeñaban asumiendo su vocación con independencia y
romper así el monopolio que en el oficio mantenían los hombres. Existe el sentido
social y el contenido doctrinario implícito y explícitamente manifestado en esa
producción. En estos aspectos se encuentran las fuentes de una corriente que se

128

�propone la búsqueda de un modo de ser femenino diferente del modelo estático de
mujer que se hallaba aún vigente. De allí que las reflexiones y críticas de las
escritoras giraban en torno a los elementos que componían dicho modelo. Búcaro
Americano surge como espacio al servicio de la literatura hispanoamericana, en
especial de las escritoras, y en defensa de la emancipación de la mujer que
reclama el progreso de la sociedad moderna para que ella,
“pueda cumplir satisfactoriamente los deberes que esa misma corriente
evolutiva le señala, no solo como a madre y esposa, cargos fáciles de desempeñar
porque el corazón los dirige; la mujer como suegra, como madrastra, como
nuera, como cuñada, como amiga, tiene delante escollos difíciles de salvar si no
es el cerebro ilustrado y la voluntad educada los que vienen a tomar parte directa
en su modo de ser”.66
Se publicaron sesenta y cinco números de esta revista de aparición irregular,
con tendencia mensual o bimensual. Esta larga continuidad se interrumpe en el
número 42 (25/III/1901), sin razones valederas explícitas, y se restablece cinco
años después (15/VI/1906), en una segunda época, que no presenta cambios
significativos. Con frecuencia se deja constancia de su difusión y recepción
exitosa en Hispanoamérica, así como del nutrido aporte de colaboraciones. La
necesidad de educación y profesionalización de la mujer es el otro núcleo vital de
la revista. Si bien la creación literaria en sus diversos géneros sigue siendo parte
de la propuesta, va decreciendo considerablemente a lo largo del tiempo. Sólo en
los

últimos

números

se

intensifica

la

participación

de

escritores

hispanoamericanos. Los textos predominantes son de tipo histórico, leyendas,
crónicas, informaciones nacionales e internacionales de interés para la mujer.
Según Hintze:67
“Las tapas reproducen fotografías de escritoras o mujeres destacadas en el
campo intelectual: la médica argentina Cecilia Grierson, María Emilia Passicot,
las autoras uruguayas Adela Castell, Dorila Castell de Orozco y Ernestina
66

Zanetti, Susana: “Búcaro Americano: Clorinda Matto de Turner en la escena femenina porteña”
disponible
en
Biblioteca
Virtual
Miguel
de
Cervantes,
2010.
En
http://www.cervantesvirtual.com/obra/bucaro-americano-clorinda-matto-de-turner-en-la-escena-femeninaportena/ (Consultado en marzo 2013).
67
Hintze, Gloria: “La revista Búcaro Americano y la presencia de la mujer en el periodismo
literario”,
en
Revista
de
Literaturas
Modernas,
Nº
30:
115-131.
Disponible
en
http://bdigital.uncu.edu.ar/2618. (Consultado en junio de 2013).

129

�Méndez Reissig, Carmen Brige, y otras más. La revista en sus dos épocas
reproduce numerosas ilustraciones: retratos, fotos de personajes, monumentos
históricos de Perú, facsímiles de páginas de textos de escritores de prestigio
como Guido y Spano o Ricardo Palma”.

Dejamos constancia que no accedimos a los textos de las uruguayas, pero no
es difícil imaginar el tipo de producciones que habrán presentado. Este hecho
podría ser tomado como indicador de su consolidación como autoras en el proceso
de secularización, y del imaginario moderno de nuestra sociedad que permite
pensar en un escenario en el cual se proyectaron fuera del ámbito local, un
movimiento similar, quizá como el que tuvieron que dar para salir del círculo
privado. Como observó Bonnie Frederick: “Ninguna mujer que leyera Búcaro
Americano podía dejar de verse como parte de un movimiento internacional: las
mujeres de todas partes escribían literatura y bregaban por los derechos de las
mujeres” (1993: 28).
Dorila Castell desplegó su actividad literaria también en revistas uruguayas,
tal como se verá en el capítulo siguiente de esta tesis, en el cual se comenta la
presencia femenina en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales,
dirigida por los entonces jóvenes José Enrique Rodó y Víctor Pérez Petit. Pero si
comparamos los textos de dicha publicación con lo que aparece en el segundo
número de La Revista, dirigida por Herrera y Reissig, existe un detalle que merece
comentarse. En ninguna producción femenina leída hasta el momento se encuentra
una sola alusión a los senos. El cuerpo femenino es una representación eludida,
quizá suplantada por otras simbologías florales o religiosas, o por el enlace mujermuerte tan caro a nuestras poetas. El núcleo semántico radica en un proceso
metonímico que se focaliza en los ojos, las manos, la frente, el talle, la boca, el
rostro. Sin embargo, en la segunda estrofa de “La Morocha” asoma una parte
silenciada:
“Derrama cuando camina
En torno de ella un clareo
De luz y sombra, que creo
Que algo extraño la ilumina,

130

�Y si graciosa se inclina
Para cortar una flor
Se columpian con primor
Dos capullos frescos, suaves
Que dan envidia á las aves
Para su nido de amor” (La Revista, Año I, 5 de setiembre de 1899: 46)
Sus textos en la revista de Rodó son muy diferentes a los de la revista de
Herrera y Reissig. Haber sido una de las pocas en insertarse en una publicación
como la Revista Nacional probablemente haya coartado su libertad de expresión,
si es que esta frase puede aplicarse a las autoras estudiadas. Probablemente Dorila
Castell cuidó la temática y el estilo de su producción en este escenario. Tampoco
se encuentra algo así en su pequeño libro. Acercarse al “momento poético” del
Novecientos pudo significar un cambio en la actitud de la poeta, quizás esto
posibilitó una visión más amplia que no excluye la feminidad corporal, aunque
sea concebida desde una mentalidad masculina.
Otro aspecto que interesa mencionar es el cruce entre poesía y política en
varios de sus poemas, uno de éstos dedicado a “los distinguidos ciudadanos
desterrados por el gobierno de Don Pedro Varela” en la Barca Puig hacia La
Habana:
Allá van los desterrados
Nobles hijos de este suelo
En amargo desconsuelo
Queda triste el corazón
Allá van!...tal vez las olas
Rompen furiosas la nave
¿Verán La Habana? ¿Quién sabe?
Viaja fiero el aquilón. (1875, 46)
Se demuestra también preocupación por las continuas guerras civiles en un
texto de 1875 en el cual se reproduce un diálogo entre “dos paisanos orientales”
(40-45) que da cuenta de los permanentes alzamientos en armas en la campaña y
sus efectos en hombres, familias, economías. Sin dejar de hacer una crítica a las
levas se da un concepto de Patria en rebeldía con lo que se pensaba comúnmente.

131

�A su vez se establece la diferencia entre una revolución interna y lo que sucede
cuando se viene de afuera “a robar la tierra querida”:
Ya se acabaron los días de Patriotismo y bravura
Usted me dice que abandone la guerra
y me ponga a trabajar […]
No será amigo un dolor
Que venga la guerra ahora
Que destroza y desflora
Lo mejor de los ganados,
Y destruye los sembrados
Cual langosta asoladora?
Y aquellos que en su ambición
Nos buscan para carnada […]
Y no crea compañero
Que yo sea un mal patriota
La sangre se me alborota
Cuando veo un estanciero
Muy soberbio y muy fullero
Despreciando nuestra tierra.
Si otra gente nos trae guerra
Rompo el arado y me voy.
¿quién de ardor no se estremece
Con ganas de pelear
Con la gente que a robar
Viene la tierra querida?...
Que la sombra bendecida
De los bravos treinta y tres
Se levante si otra vez
Se ve la patria oprimida.
Invariablemente casi todas las escritoras escriben loores a la Patria, siendo los
treinta y tres orientales las figuras más celebradas. A excepción de Micaela
Rodríguez (que se referirá a otro tipo de héroes), Adela Corrège (quien utiliza la
política únicamente para aprovechar el contacto con Teresa Mascaró y dar a
conocer su pensamiento) y Zulma (cuyos textos se inscriben en otro registro),
parecería que es un tema obligado a todas las poetas.
En su papel de maestra Dorila Castell valora también otra circunstancia más
allá del lugar común del patriotismo, ya que en 1874 escribía sobre “los señores

132

�fundadores de la Escuela Popular Eduardo Mac Eachen”68. Nuevamente el
contacto entre poesía y política pero a un nivel más sutil. La autora nada dice del
nombre mencionado, pero al explayarse sobre la función redentora de una
enseñanza que no es solamente trasmisión de religión, de geografía, o del alfabeto,
sino que, fundamentalmente implica “no olvidar el libro de la Constitución” (60),
pone en igualdad de condiciones la educación religiosa y la educación cívica. En
Flores Marchitas se dan muestras de manejar ambas esferas dada la variedad de
temas que aborda en su poética: la mujer, el amor, la Patria, el cristianismo, las
poetas argentinas, y dado que es un libro para ayudar a los españoles inundados,
también escribe sus consideraciones sobre la política en España en relación a la
revuelta de Castilla de 1520:
“sean iguales el siervo
Y el Señor.
El trono de tus reyes
Es ya fútil quimera
Caduca derrumbóse
Y alzose la nación
Al encontrar la idea
Que acarició Padilla
Alumbrará a Castilla
Fraternidad y paz” (fragmento, págs.:56-57)

Si bien parecería políticamente correcto incluir algún poema a la España
bravía, es interesante observar que haya elegido destacar ese hecho histórico y a
Padilla dentro de un amplio repertorio temático. Aunque no le alcanza con esto. El
8 de diciembre de 1879 propone a las mujeres “arrancar de nuestro pecho las
68

Sobre dicha Escuela Popular no hemos encontrado información más que en una página de
Internet que alude a las primeras logias masónicas en Uruguay y al apoyo a la educación primaria que debían
brindar según los objetivos de sus estatutos. La personería jurídica de la logia fundada en 1870 fue firmada en
1901 por Eduardo Mac Eachen como ministro de cultura de Lindolfo Cuestas. Ver en:
http://www.uytech.com.uy/escuelahiram/escuela%20filantropica%20masoneria.htm (consultado en enero de
2014).
Otro dato que importa sobre Eduardo Mac Eachen es que en 1872 lo suspendieron de sus funciones
como jefe político de Paysandú, dada la sospecha de que había intervenido o participado en las elecciones
sanduceras. Si bien se le inicia un sumario, a los pocos días se le restituye a su cargo. Ver en:
http://www.paysanduhistorico.com.uy/ampliarart.asp?id=529

133

�joyas que lo engalanan, depositemos gustosas para aumentar el óbolo de la
caridad” (71)
“Yo tengo mis humildes versos, son hijos queridos de mi pobre inteligencia,
gustosa voy a entregarlos a esta distinguida comisión, para destinarla al socorro
de los inundados. Aceptadlo como única ofrenda que puedo ofrecerles” (72).
Poemas que valen como joyas, como hijos queridos, como ofrenda y también
como posibilidad económica son ideas que se manejan desde temprano en la lírica
femenina y que seguirán a lo largo de un buen tiempo, tal como veremos más
adelante. El quehacer literario de Dorila Castell continuará en revistas de todo
tipo: desde la culta Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales, hasta la
campera El Fogón, en la cual posteriormente su hijo, Oscar Orozco con
seudónimo Un oriental, también escribiría sus décimas. Una de ellas es la famosa
“Retruco”, publicado el 15 de enero de 1900 (año III) en dicha revista, cuyos
fragmentos finales utilizó o modificó Carlos Gardel en su canción de debut “Sos
mi tirador plateado” (1939).69
Dorila escribió, que se sepa, hasta 1925. Ese año pubicó Voces del alma con
versos para las nietas, los hijos, el esposo ya fallecido. Han pasado varios años
entre uno y otro libro, y sin embargo aún se mantienen los “anhelos de morir”
(88) característicos de las uruguayas:
“Yo quiero
Deshacerme del fondo pesado
De sustancias que forman mi
Cuerpo,
Y después convertirme en perfume
De la flor inmortal, eso quiero (Pág. 17)
También permanece el fantasma del “horrido fragor de las armas, y el
bárbaro alarido de los que luchan con pujante ardor” (123) haciendo referencia a
la “Guerra de Aparicio” de 1870.70 Nuevamente se hacen presentes los caudillos
69

Sobre la biografía de Oscar Orozco y su trabajo en la Revista El Fogón ver:
http://gardel-es.blogspot.com/2012_04_01_archive.html (consultado en noviembre de 2013).
70
La “Revolución de las Lanzas” movimiento armado que lideró el caudillo blanco Timoteo
Aparicio y transcurrió entre 1870 y 1872. Este conflicto culmina con el acuerdo de coparticipación en el

134

�blancos en las poesías de mujeres. Detalles nada sutiles que van construyendo los
ecos de la política de un país entrelazados con los silencios y los lamentos
femeninos. A Dorila Castell le tocó vivir la ausencia del esposo por causa de la
guerra: “deseando estaba que llegases, mira: nuestro hijo tiene una boquita roja,
un diente más precioso que una perla, se formó con mi leche, haré una joya”
(128). En la incertidumbre se pregunta: “estás vivo? estás muerto? Estás herido?
(123)
“Oh malditas las guerras que destrozan
La fuerza más viril de la Nación
Anulando la ley en que reposan
La justicia, el Derecho y la Razón” (123)
El trabajo de Dorila Castell en prensa se continuará analizando en el capítulo
siguiente de esta tesis.

c. Amantes y seductoras en las Páginas Íntimas… Zulma (1890)

El librillo de Zulma es un caso marginal ya sea por su temática, por estar
escrito bajo seudónimo y por ser el único que presenta una muy mala calidad del
material impreso.
No hay pistas de quien pueda ser su posible autora, pero es casi seguro que
no se trata de ninguna del corpus seleccionado.
“Mi agonía es atroz!” dice el yo lírico, y por eso mismo le urge revelar un
secreto: “escuchadme” suplica a su hijo, a quien solicita guardar unos “pliegos”
que “servirán como escudo santo” porque en ellos está escrito el nombre del
progenitor, “un nombre para ti desconocido”. La entrega del documento conlleva
también un ruego: querer al padre “cual yo lo quiero a él”.
“Y si llega a acordarse de mí, dile,
Pregúntale, René,
Porqué en el mundo te dejó sin nombre
poder de los partidos tradicionales.

135

�Y a tu madre también?
Que me perdone, dile, si a ofenderle
Un instante llegué,
Que me muero, me muero en él pensando,
Pensando solo en él.” (4)
La singularidad del fragmento muestra un panorama aproximado de esta
breve y única obra que Zulma publica en La Tribuna Popular de la Imprenta
Elzeviriana. Detenerse en ella es prestar atención al lugar en que se ubica la mujer
a través de una poética que da voz a todas las que invariablemente dan “malos
pasos”: las seductoras, las que abandonan a los hombres, las amantes de casados,
las madres solteras, las que “olvidan sus deberes”. La subjetividad expresada en la
vivencia de los personajes permite reinscribir nuevas representaciones de lo
femenino. Aquí aparece la apasionada del amor libre, la maldición a una sociedad
que no se compadece por las mujeres ingenuas que creyeron en un “infame que no
tiene corazón” que las hizo “hundirse más tarde en el abismo”. Para ese
“criminal” no hay ley ni justicia que lo condene: “uno obtiene la muerte, otro el
perdón” (Pág. 28-29).
En estos poemas el yo se desplaza entre lo femenino y lo masculino. En
este sentido, consideramos el esfuerzo por abarcar o comprender una
masculinidad representada desde la perspectiva y experiencia de las mujeres. Al
dar voz al hombre abandonado por una mujer se estaría concretando una escritura
que desvirtúa o problematiza, consciente o inconscientemente, la intencionalidad
diferenciadora y jerarquizante del discurso varonil. Este recurso será utilizado
posteriormente por Celina Spikermann y Mullins en su poema “Ven!”, en el cual
un joven agonizante pide “a la niña de tez de nácar y cabello de oro” que no lo
deje morir solo y también por Méndez Reissig en el cuento “Silvia” (1900). Pero
la comparación sirve únicamente en el sentido objetivo de apropiarse la voz del
otro género y no aplica para la dimensión analítica de los contenidos.
En “Mi última carta a Edelia” la voz masculina se queja de la inconstancia
y la traición de la “mujer de piedra”, y pide a Dios que haga justicia para que ella
“pueda sentir remordimiento eterno”. El sentimiento amoroso deviene en deseo
de venganza porque “mi amor propio ofendió sin compasión”. Representada como

136

�una metáfora de la frustración erótica, la mujer es una “impía” de “corazón de
roca”, la que “mata esperanzas e ilusiones” (12-14). En “Ayes del alma” por el
contrario, la mujer se reconoce indigna al haber traicionado a un hombre. No
obstante ello, confiesa que su vida no puede amoldarse a lo preestablecido:
“No puedo resistir: yo necesito
vivir errante, sola sin destino
el espacio cruzar cual cruza el ave
y los mares también cual el marino” (7)
Esta especie de libertad femenina es intolerable para el hombre, quien
como un Dios, la condenará a ser un “lodo inmundo”. Alejados de modelos
estándares, los poemas de Zulma plantean posturas transgresoras que agencian
situaciones en las que se ven envueltas muchas mujeres. En “No hay imposible”
se da cuenta de una de las problemáticas más comunes pero a su vez más secretas
y transgresoras. Asombra que se proclame con orgullo la decisión de una mujer a
consagrar su vida a un amante casado y que además se diga que esa actitud es un
ejemplo a seguir:
“Hoy amo con delirio
A un hombre que me adora, él es casado,
Y el sello de la infamia ya lo llevo
Y ante la sociedad ya nada valgo.
Más ¿qué importa?, yo vivo a él consagrada,
No me acuerdo del mundo y sus placeres.
¡Creerán que soy tal vez muy desgraciada,
Soy la más feliz de las mujeres.” (8-9)
Según la autora, esta es una historia real, avalada y digna de imitar.
“Este ejemplo que cito es verdadero
No hay imposible habiendo voluntad
Así pues, imitad a Elbia en todo:
Elbia se llama la que supo amar” (9)

137

�Algo por el estilo se repite en “Olvídate de mí” al declararse enamorada de
“quien vedado el amor está”. La intención de Zulma es escribir sobre lo que está
silenciado, sobre las condenas sociales a las mujeres.
“A…” es un enigmático fragmento que elude nombres y actos, pero a su
vez se evidencia el deseo: “en el pecho por él una llama que ardiente se
inflama…tú sabes por qué” así como también una mujer que se hace cargo de su
experiencia: “moriré dichosa, llevando tus caricias, tus besos, tus abrazos” (21).
Y más aún en “Muero amándole”: “él causaba mi placer y mi fe la pagó con
falsía”.
Otra página, la única en prosa, trata del “Diálogo Íntimo” entre dos
amigas: Sira y Leila. La historia gira en torno al desconsuelo de Sira por haber
sido rechazada. Creyó en un amor fingido, “cayó” en “una falta” y por eso mismo
recibe el castigo de tener que hacer silencio: “debo callar”. En cierta medida
Leila le reprocha el haberse “olvidado los deberes para más tarde lamentarse”, a
lo cual Sira responde que su delirio e idolatría la llevaron a ese destino personal,
además de porque “temía que otro ser más feliz que yo en la tierra pudiera
arrebatarme su amor”. Siente “haber perdido la calma, el sosiego”. Su embeleso
la llevó a recorrer “la senda de las envenenadas flores”. Sira lava con sus propias
lágrimas “la mancha de mi crimen” (Pág. 17-19)
Un eufemismo como el de “no hacer bien los deberes” se repite
constantemente en todo el librillo, y es una consecuencia de la prueba a la que las
mujeres “ciegas”, “frenéticas” y “delirantes” se ven sometidas para demostrar su
amor: “probote que te amaba con loco frenesí”. Esta exigencia las deja en
desigualdad de condiciones. Nos preguntamos hasta qué punto la entrega sexual
era deseada realmente o era producto de la insistencia masculina. En “Olvídate de
mí” se llega incluso a reconocer que el hastío es la consecuencia de estar con
hombres que ni siquiera son queridos ni deseados:
Por qué, Dios Mío, yo mi amor un día
A un hombre que no quise le entregué
Sin pensar que más tarde ¡ay! El hastío
Apoderarse había de mi ser? (35)

138

�Quizá estos versos de Zulma son los de una mujer “que no puede ocultarte
que es mucha su pasión” (30), y puedan ser leídos como una demanda social, o
como una respuesta del subordinado desde el ambiguo uso de la voz lírica. Una
voz indulgente frente a las desgracias del género femenino, pero realista, violenta
y vengativa cuando se ubica del lado masculino. Sin embargo, el lugar de
privilegio lo tendrá ese hombre por el que siempre se “derraman abundantes
lágrimas”. El consuelo es el recuerdo, y en caso de no ser correspondida, la mujer
está dispuesta a que “en silencio dejad que te ame yo”.
De todas formas, aún dentro de esa mirada condescendiente, en estas
páginas íntimas, por mínimas que sean, se protesta por la situación desventajosa
para la mujer, se avala a la que lucha por el amor de un hombre casado, habla una
madre soltera y también las que no quieren el matrimonio como único destino. Por
esto mismo podemos considerar a Zulma como portadora de una voz única que no
se resigna a “repetir migajas del monólogo masculino” (Pratt, 2000:73).

d. Acentos del Corazón de Clara López de Brito (1892)

En 1892 la Tipografía El Paysandú da a conocer los poemas de Clara
López, íntima amiga de Lola Larrosa, cuya producción se inicia en Gualeguaychú
en 1877. Su pretensión es, como se dijo anteriormente, entregar al lector
“recuerdos dulces y tristes” (3). Esta autora destaca que no aspira a los lauros
“inmarcesibles” que son exclusivamente para las poetas argentinas (IV) y de su
estima da constancia en los epígrafes que utiliza, por ejemplo, de Gertrudis
Gómez de Avellaneda o dedicando también algunos de sus textos como ofrenda
de amistad a Eufrasia Cabral, María Josefa Mujía y Lola Larrosa.71
71

Sobre Eufrasia Cabral existe muy poca bibliografía. La menciona Lea Fletcher en su artículo:
“Del Percal a la Palabra”, disponible en http://www.elarcadigital.com.ar/modules/revistadigital/articulo.php?
id=1072 (consultado en enero de 2014) y se sabe que escribió en La Lira Argentina, un «Periódico de
literatura, ciencias y modas», que apareció en Buenos Aires, en 1878, los domingos; su redactor era Pablo
Della Costa; su director, F. Bayrrogui Matheu. Colaboraron en él José Gramajo, Raimunda Torres y Quiroga,
Venancio López, Eufrasia Cabral, Eduardo de Ezcurra y otros.
Sobre María Josefa Mujía (Sucre, Bolivia 1812-1888) Quedó ciega a los trece años, circunstancia
que marcó toda su producción poética: no en balde se la ha llamado la “poetisa del dolor”. Todas sus
composiciones aparecieron dispersas, en periódicos, revistas, álbumes, etc. Se la ha encuadrado en la primera

139

�En su “maldita” vida no “ha gozado ni un minuto de placer” (8), porque
“la dicha en el mundo es meteoro que brilla y se apaga” (17). Al joven poeta
llamado Máximo Bascans (del cual no encontramos dato alguno) le advierte: “no
soy ángel, no soy bella, soy la silvestre violeta, sin perfume ni color, ave agreste
que en mi vida canto y lloro entristecida” (52-53). No hay esperanzas en el
porvenir: “veo mi senda tortuosa sembrada solo de abrojos y aparto mis ojos de
tan áspera aridez” (55). Tampoco se puede esperar un consuelo del pasado: “no
pidas un recuerdo alegre, en esta vida solo hallé amarguras, tristezas y dolor, tan
solo tiene mi alma pesares y congojas” (63).
Entre el padecimiento y la férvida plegaria (10), López intercala su deseo:
“quisiera ser la brisa que agita tus cabellos, estampar en tus labios dulce beso y
enlazada en tus brazos espirar” (12). El amor por el hombre y por la Patria se
asemejan: “anhelaba contemplarte, Patria, y respirar tu perfumado ambiente”
(6), “yo quiero vivir” (19). Se define como “uno de esos seres sencillos y
desgraciados que nacen predestinados a sentir, solo a sentir” (44), y como mujer
que se identifica al sentimiento, se ubica en el polo opuesto de la que tiene otros
ideales: “no ambiciono saber ni quiero ciencia. Quiero tu amor” (42). Esta idea se
reitera en otros versos en los cuales López defiende su postura: “seré pobre pero
no soy ambiciosa, tengo un alma generosa que solo sabe amar” (37).
Un detalle interesante es que “Armonías de la tarde” (45) de 1887 lleva
como epígrafe un verso de Estanislao del Campo: “El alma del que sufre es noche
triste: toldada está por el pesar sombrío”. El mismo texto y con idéntica función
será utilizado en 1900, en el poema “¡Escúchame!”(6) de Spikermann y Mullins
(1902).

e. Aleteos de María Herminia Sabbia y Oribe (1898)

de las dos generaciones románticas bolivianas. Datos extractados del Diccionario Histórico de Bolivia de
Josep M. Barnadas, según el sitio www.archivoybibliotecanacionales.org.bo/abnb/.../Biografia_M_J_M.pd
(consultado en diciembre 2013).

140

�Angelo de Gubernatis, el ilustre filólogo orientalista envía una carta
fechada el 9 de setiembre de 1896 dirigida a María Herminia Sabbia y Oribe,
quien decide publicarla en su idioma original como preludio a su libro de
poesías.72 En esas páginas manifiesta que “la joven poeta se revela especialmente
en el verso Pensando en ti” (op. cit.: 1898: 9). Sabemos que este escritor fue
amigo de Eduardo Acevedo Díaz.73 El 8 de diciembre de 1897, por su parte,
Acevedo Díaz escribe a la autora rogando disculpas por su tardanza en
responderle en tercera persona:
“Si por causa de las agitaciones en que vive, ha demorado la devolución
de su precioso libro de poesías, manifiéstale que en sus horas de descanso ha
sido para él un deleite la lectura de sus estrofas de inspiración tan noble y tan
pura que le han inducido a recordar y a creer posibles aquellos perfumes
desconocidos el mundo que al mover sus seis alas en la región de la aurora,
esparcía el ángel de Milton y la incita a perseverar en su afán adorable por el
predominio de las cosas del alma que son siempre nuevas y hermosas como las
pálidas estrellas en las noches azules, aún para los espíritus que ya no sueñan
con un ideal venturoso”. (10)
La carta está redactada inmediatamente después de concluida la
“Revolución de 1897”, movimiento armado que de marzo a setiembre fue llevado
a cabo por militantes del Partido Nacional contra el gobierno que presidía Juan
Idiarte Borda. Liderado por el caudillo Aparicio Saravia y secundado por Diego
Lamas, tuvo a Eduardo Acevedo Díaz como ideólogo y como participante activo
72

El Conde Angelo de Gubernatis (1840 - 1913). Filólogo nacido en Turín. En 1862 fue nombrado
profesor de sánscrito en la Universidad de Florencia, pero habiendo contraído matrimonio con una prima de
Bakunin, se fue interesando en las ideas socialistas, por lo que rechazó el cargo y pasó algunos años viajando.
Fue readmitido en el mismo puesto en 1867, y transferido a la Universidad de Roma La Sapienza en 1891.
Adquirió cierto renombre como orientalista, como poeta y como publicista. Fundó la revista “Italia
Letteraria” (1862), la “Rivista orientale” (1867), la “Civittà italiana”, la “Rivista europea” (1869), el
“Bolletino italiano degli studii orientali” (1876), la “Revie internationale” (1883), y en 1887 fue nombrado
director del “Giornale della società asiatica”. En 1878 emprendió la redacción de su “Diccionario biográfico
de los escritores contemporáneos”. Entre sus trabajos sobre Oriente y su mitología se cuentan la “Piccola
enciclopedia indiana” (1867), las “Fonti vediche” (1868), un célebre tratado sobre mitología animal publicado
en 1872 y otro de mitología vegetal (1878). También publicó una enciclopédica “Storia universale della
letteratura” (1882-1885). Su labor como poeta se concentra en los dramas “Gala”, “Romolo”, “Nala”, “Don
Rodrigo” y “Savitri”, entre otros. Disponible en http://www.lastraonline.it/p/storia.php?idpag=357
(consultado en setiembre de 2013).
73
Acevedo Díaz tuvo la intención de vincular a Florencio Sánchez con de Gubernatis. “Mi sabio
amigo, el profesor Angelo de Gubernatis, solía celebrar reuniones en su casa, vía Lucrecio Caro, a las que
concurrían los más distinguidos hombres de letras; y con ese motivo pensé llevar allí a Florencio para
ponerlo en relación con dramaturgos selectos que lo alentasen con su habitual gentileza y notoria pericia en
el arte”. En Crónicas, Discursos y Conferencias. Páginas Olvidadas. Montevideo, Claudio García editor,
1935:215.

141

�en el campo de batalla, aunque tuviese que retirarse antes 74. También Carlos
Roxlo escribe a Sabbia y Oribe desde la “profunda admiración de sus dotes de
poetisa”. Justificándose en su papel de crítico le señala algunos defectos que
“residen más que en la forma, en el carácter excesivamente familiar de los
asuntos escogidos por vuestra inspiración” (Pág.11). Da el visto bueno a las
“delicadas estrofas” de “Relicario” y “Confesión” y aconseja: “una vez que
vuestros ojos interiores se bañen de la luz de otras perspectivas, vuestra musa,
que es hoy crisálida, se moverá con alas de mariposa y de picaflor”. Afirma que
la “poesía es hija del dolor”. Desestima que la escritora pueda sentir un dolor
auténtico ya que “a vuestra edad el dolor se sueña pero no se siente”, sin embargo
no por eso dejará de ser poeta, “dado lo afiligranado de vuestra versificación y lo
intenso de vuestra sensibilidad poética, es seguro que prestarán sombra a vuestro
numen, los laureles que bordean la fuente de Helicorne” (11).
Arturo Giménez Pastor, otro de los escritores blancos de la Revolución del
97, le agradecerá a la escritora ya que “las buenas impresiones con que la sana
poesía que los inspira ha dejado en mi espíritu”. La elogia por “cantar a los
afectos íntimos, las emociones tranquilas, el hogar, la ilusión, el amor” y está
seguro de que “a su edad, el corazón es siempre lira, la palabra verso y la vida
poema” (12).
Lo único que sabemos de esta escritora es lo que dice Raúl Montero
Bustamante. Es poco y está viciado de comentarios entre esquivos y melifluos:
“Ha presentado un libro de versos titulado Aleteos, que señalaron á la
inspirada poetisa á la atención pública. Desde entonces ha colaborado con éxito
en todas las revistas literarias del país y en algunas del extranjero. Sus versos
hondamente sentidos y generalmente inspirados en asuntos tiernos ó familiares,
han merecido conceptos elogiosos por parte de la crítica.” (Montero Bustamante,
1905: 326)
74

Sobre la biografía, bibliografía y ediciones críticas de la obra de Eduardo Acevedo Díaz, ver los
estudios de Pablo Rocca: “Los destinos de una Nación. EL imaginario nacionalista en la escritura de Juan
Zorrilla de San Martín, Eduardo Acevedo Díaz y su época” en Hugo Achugar y Mabel Moraña (Eds.)
Uruguay: Imaginarios Culturales Montevideo, Trilce, 2000: 241-259. También se puede consultar el
exhaustivo índice bibliográfico de Eduardo Acevedo Díaz compilado por Pablo Rocca y publicado en la
página de SADIL http://www.fhuce.edu.uy/index.php/letras/seccion-de-archivo-y-documentacion-delinstituto-de-letras/bibliografias-e-indices/477-eduardo-acevedo-diaz extractado de Cuentos completos,
Eduardo Acevedo Díaz. Montevideo, Banda Oriental, 1999. (Edición crítica, prólogo, bibliografía y notas de
Pablo Rocca).

142

�Desde 1894 Sabbia y Oribe dedica textos a su tía María Oribe de Muñoz, a
su amiga Elvira de los Reyes, a la memoria de Carolina L. de Soria, a Panchita y
Matilde Piedrabuena, a María Lía Albarracin, a Casiana Flores, y a Julieta Maines
Rondeau. En su único y breve libro también aparecen dos poemas traducidos al
español de la poeta italiana Ada Negri, que junto a Angelo de Gubernatis serán los
únicos referentes literarios extranjeros. Ambos fueron allegados al Partido
Socialista italiano, y si bien excede al objetivo de este trabajo analizar algún tipo
de relacionamiento político entre escritores militantes del partido blanco y estos
autores, es interesante atender nuevamente al entramado de poesía, política y
género que unas cuantas escritoras de esta selección han utilizado.
Ada Negri fue según José Carlos Mariátegui “un valor artístico digno de
ser tan altamente cotizado”.75 Sus numerosos libros se titulan Fatalitá (1892),
Tempeste (1894), Maternitá (1906), Dal Profondo (1910), Eliseo (1914), La
Solitarie (1918), I1 Libro di Mara (1919). Aunque Sabbia y Oribe no explicita a
cual de estas obras pertenecen los tres poemas que eligió incluir en su libro –Beso
muerto, Flor Temprana y Fraternidad– descubrimos que fueron extraídos y de
Tempeste.
En “Mi pensamiento” la autora expresa su contradictoria y ambigua
relación con los libros, relación que le despierta visiones mágicas a las cuales no
se atreve a penetrar:
“Hasta que un libro recibí: ese día
Tomaron un nuevo giro mis ensueños”
El libro leo de nuevo
Despiertan mis dormidas ilusiones
Alzándome cual mágicas visiones
Que, en mi embeleso, penetrar no atrevo” (13)

75

Mariátegui, José Carlos: “Mujeres de Letras de Italia”. Fechado en Florencia, 28 de junio de
1920; publicado en El Tiempo, Lima, 12 de octubre de 1920. Disponible en
http://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/cartas_de_italia/paginas/mujeres%20de%20letras.htm
(consultado en mayo de 2013). En dicho texto se revela su concepción y su crítica (por cierto que bastante
negativa) en torno al modelo imperante de poesía de mujeres, el cual contrapone al de la poesía de Ada Negri.

143

�A fines del ochocientos sigue siendo peligroso, aunque más aceptado, el
vínculo mujer-libro. Si bien se asume la posibilidad de recibirlo y también de
releerlo, se sabe que este acto requiere cuidado, porque sus efectos pueden ser
complicados: “tomaron un nuevo giro mis ensueños”.
“Confesión”, la pieza que más agrada a Carlos Roxlo, es un
autocuestionario cuyas respuestas están versificadas. Esta sección abarca buena
parte del libro, y siendo que algunas interrogantes y respuestas parecen de carácter
“inofensivo” hay otras que permiten desentrañar aspectos de la vida privada y
personal, así como testear lo que se permitía dar a conocer de sí misma:
¿Qué color y qué flor prefiere usted?, ¿qué perfume?, ¿qué animal les es a
Ud. más simpático?, ¿qué color prefiere usted en los ojos y los cabellos?, ¿qué
destino es el más digno de compasión? ¿Qué vicio detesta usted más y cuál es la
virtud que más estima? ¿Cuál es su ocupación favorita? ¿Cuál es el descanso que
prefiere? ¿Cuál es según usted el ideal de la dicha terrestre? ¿Qué edad tiene
usted? ¿Qué nombre habría elegido usted? ¿Cuál ha sido el momento más bello
de su vida? ¿Cuál ha sido el más triste? ¿Cuál es su principal esperanza? ¿Qué
personaje histórico es el más simpático? ¿Qué personaje de novela o teatro?
¿Qué país preferiría habitar? ¿Qué escritor y poeta prefiere usted? ¿Qué pintor y
qué músico? ¿Qué divisa elegiría usted si debiera usar una? ¿Cuál es la obra
maestra de la naturaleza? ¿De qué paraje conserva usted más agradables
recuerdos? ¿Qué pueblo extranjero le es más simpático? ¿Prefiere usted la cama
dura o la cama blanda? ¿Cuál es para usted el ser más querido? (61-67)
La costumbre de incluir un texto autorreferencial o poesía confesional se
reiterará en Spikermann y Mullins y también hay ejemplos por el estilo en autores
masculinos.76 En este conjunto, que va desde dar a conocer una preferencia como
el gusto por la cama dura o la cama blanda o brindar información sobre la edad de
la escritora, se cuela el tema político. Es de notar que ambas incluyen la misma
interrogante sobre la divisa que elegirían “en caso de que se tuviera que usar una”
y las dos se comportan de igual forma: eluden contestar directamente sobre el
tema aún cuando es evidente la respuesta. Sabbia y Oribe dice al respecto:
“Aunque suele vencerme la pereza
He elegido (tal vez cause risa)
76
Ejemplo de ello es “Confesión” de Ubaldo Ramón Guerra, cuya extensión ocupa casi cuatro
páginas en La Revista, Montevideo , Nº 9, Año I, Tomo II, 10 de mayo de 1900: 398-402.

144

�Una insignia que ostento con firmeza
Es labor Omnia vincit mi divisa” (66)
Su poética pretende ser de “inocente calma”, de “profunda ternura”, de
“ilusiones vivas”. La mujer será dichosa en el “santo hogar” que el cielo le depara.
Allí puede “gozar el alma, de paz y de ventura”, porque puede cumplir la función
esperada: “del hombre aminora dolor y penas, haciendo con plegarias llevadera
su amargura.” Sin embargo, la actitud Sabbia y Oribe es reveladora de otra
interioridad, en cierto sentido opuesta a la de las demás escritoras, en tanto se
muestra como un ser deseante de otras realidades que no son exclusivamente la
muerte o la patria: “en mis labios un beso reverbera y siente el corazón ganas de
amar” (78), aquí el amor tiene un lugar preponderante y no secundario: “¡oh!
Cuan bello es en la hora discreta, en que nada interrumpe le placer de pensar en
quien se ama” (79). La vida puja más que las ansias de morir de Méndez Reissig,
Clara López, Spikermann y Mullins: “¡quiero, quiero vivir!”(77), y ni el silencio
ni el ocultamiento tienen cabida: “¿y por qué callar, tener oculto mi constante
delirio? (76).
Por lo que sabemos hasta ahora, otros textos poéticos de su autoría se
encuentran en el número 6 de la Revista Nacional de Literatura y Ciencias
Sociales, en el Parnaso de Montero Bustamante hay dos producciones: “Navidad”
y “Lidia” (326-327) y un poema en La Revista.

f. Lágrimas y Lirios de Ernestina Méndez Reissig (1900-1902)

“Ernestina Méndez Reissig ha dispersado al
azar sobre los periódicos literarios los versos
tiernos é inspirados de su musa doliente. Ha
cantado al dolor y á la melancolía y sus
composiciones todas llevan el sello de su
temperamento triste y apasionado. Es autora de dos

145

�libros de versos y prosa, Lágrimas (1900) y Lirios
(1902).” (Montero Bustamante, 1905: 328-329)77

El año 1902 fue especialmente productivo para esta escritora. Se publica la
segunda edición de Lágrimas (1900), y aparece Lirios por primera vez. Se trata de
dos obras con el mismo estilo: un pórtico con saludos de autores renombrados,
una selección de poesías en la primera mitad del libro y textos en prosa en la
segunda. Lirios se inicia con los augurios del poeta Pedro J. Naón, en cambio
Lágrimas conlleva varias páginas de comentarios acerca de la poetisa y su obra.78
Aquí se presenta una miscelánea de críticos contemporáneos, poemas de su
autoría y de otros escritores americanos, relatos en prosa y máximas como las que
siguen:
“Una mujer inteligente, educada y noble, es carga demasiado pesada para
un hombre trivial, necio y vano, una mujer ignorante pesa a todos y a veces,
hasta sus mismos padres.” (Nº 1)
“Los que al hablar de la mujer lo hacen en ridículo énfasis, desconocen
sus muchas virtudes, deberían, antes de pretender mancillar su sexo con torpes
banalidades, piensen que lo único verdadero y legítimo que tienen es la madre.”
(Nº 8)
“Si Dios, al formar el universo le dio a los hombres talento, sin otorgarles
el monopolio de este, y a las mujeres, la coronó con las espinas del sufrimiento y
de la resignación, faltándoles a unos lo que les sobra a los otras, ¿en qué consiste
el equívoco? ¿Cuán tonta pretensión de superioridad de los primeros sobre las
segundas?” (Nº 9)
77

En la antología de Montero Bustamante se publican tres poemas de la autora: “Corazón”,
“Crepuscular”, “Ensueños y Realidades” (328-329).
78
Sobre Pedro J. Naón se sabe que fue un poeta argentino, autor de Eglantinas en 1901 y Trovas
breves en 1909 y que colaboró con varios poemas en La Revista de Julio Herrera y Reissig (“Ruinas”,
“Elena”, “Ágata”). Pereyra Rodríguez dice: “José P. Naón escribió también en La Nueva Atlántida “La Musa
de Guido”, diez serventesios en que superabunda la onomástica helénica y mitológica. De Naón había dicho,
presumiblemente, el propio Herrera y Reissig, al presentarlo a los lectores de «La Revista», el 10 de enero
de 1900: «De todos los de su generación es el que sobresale en la otra orilla y, a nuestro juicio, su
individualidad literaria, de primera categoría y de una robustez inapreciable, está destinada a marcar
rumbos y a dejar huellas profundas en el campo literario del continente»”.Véase el artículo de José Pereyra
Rodríguez: “Las Revistas literarias de Julio Herrera y Reissig” en Revista Nacional, Montevideo, Tomo
XLIV, Año XII, Diciembre de 1949: 132.

146

�“Muchos hombres, al oír hablar de las buenas cualidades de la mujer,
hacen muecas de disgusto, otros muchos se enfadan, y los más se muerden la
lengua, impulsados por la mezquina condición del llamado personalismo
masculino” (Nº 10)
“Juzgar a las mujeres en general con dureza, es el privilegio de los
grandes ignorantes, como si fuera lo mismo llamar asesinos a los hombres todos,
por un crimen cometido” (nº 11)
“Los que miran en el matrimonio el interés del vil metal, haciendo caso
omiso a las virtudes, deberían llamarse, en vez de pretendientes, Bon viveurs”
(Nº 23)
Corresponde preguntarse por el motivo que tendría la autora de incluir
estas reflexiones denominadas “Breves”, en su mayoría sobre la condición
femenina, al final de un libro que consta de narraciones y poemas a favor del
papel tradicional de la mujer. Si nos detenemos en esta actitud contradictoria se
observará que a lo largo de la obra aparecen ciertos matices cuestionadores de
situación de las mujeres en general, pequeñas fisuras a las idealizaciones acerca
del hogar, el matrimonio y las potestades masculinas, tal vez también una llamada
de atención a la inoperancia de las leyes al Código Civil de 1868, que
establecieron que la mujer debía obediencia al marido, y éste tenía el deber de
protegerla. También puede ser una acción que evidencia un progreso que
abandona los candorosos romanticismos y la sensiblería para dar cuenta de
realidades concretas.
Como en otros textos de autoría femenina se insinúa un vaivén entre la
crítica negativa hacia la mujer y simultáneamente hacia su comprensión y defensa.
Quizá se trata una estrategia la de afirmar simultáneamente lo que se niega. Una
de las razones para explicar dicha actitud podría ser la del temor a ser censuradas
por opinar públicamente sobre estas cuestiones. Sabemos que solo les era
permitido componer sobre sentimientos, así lo refuerza Clorinda Matto de Turner
a la escritora en las primeras páginas de Lágrimas (XV-XVIII). No obstante, se

147

�reprocha explícitamente el matrimonio por conveniencia, tema clave y recurrente
en las escasas publicaciones de las uruguayas del ochocientos, y que se arrastra
desde 1860 en Por una fortuna una cruz de Marcelina T. de Almeida y que
seguirá como preocupación hasta 1908 en Amir y Arasi, la novela de Eyherabide:
“Siempre que ve a un hombre haciendo trizas el honor de una mujer, me
digo: ese es un miserable; cuando le veo vanagloriándose de sus conquistas
pienso: ese es un imbécil y cuando lo contemplo, haciendo suposiciones respecto
a las mujeres sin conocerlas, añado: ese es un desgraciado.”(Eyherabide, op. cit.
1908: 214)
Dentro de esta línea, varios cuentos de Méndez Reissig acusan al
“personalismo” de la conducta masculina que no cuida, juzga y hace daño a las
mujeres, tomándolas como objeto de reparto. Sin embargo, un detalle interesante
es que no son los hombres la única causa de este infortunio. En Sibila la narradora
dice:
“Ella le amaba hacía tiempo; él había sido su único amor; él, su Carlos,
por quien había luchado años enteros contra la más cruel é injusta oposición de
su madre, de aquella madre que soñó verla unida, no á aquel niño de cabellos
rizados como era entonces el joven, sino á un hombre inmensamente rico que
podía ser su padre” (79)
Habiendo dado el paso de hacer una crítica a las madres interesadas en el
bienestar económico sin importar la felicidad de la hija, parecería que la escritora
teme extralimitarse, y como forma de compensar, en algunas de sus “Breves” la
autora alude con extremado rigor a ciertos comportamientos femeninos, con
expresiones enfáticas en aspectos considerados como negativos, haciendo
hincapié precisamente en aquéllos sobre los cuales se han referido los hombres al
momento de cuestionar la inteligencia del otro sexo. Son recurrentes las alusiones
a la traición y a la falsedad entre amigas, al defecto de las mujeres que hablan
demasiado, cuestión que causa animadversión no solo a Méndez Reissig sino
también a Eyherabide.
La segunda edición de Lágrimas, ampliada y corregida de la casa
Dornaleche y Reyes lleva un título que se repite en otras obras poéticas de la

148

�época. Ya Agustina Andrade escribía un libro homónimo en 1878 79. Consta de
once cuentos y cuarenta y seis poemas. Cumple con el estilo finisecular de
presentar su retrato en la primera página –hay fotografías de todas las escritoras
seleccionadas, a excepción de Clara López, Dorila Castell y Zulma– a lo que
agrega un prólogo de TAX80, un juicio de Matto de Turner, y opiniones de
“distinguidos escritores y poetas” todos extranjeros, a excepción de José Enrique
Rodó. Desfilan juicios y saludos de Emilia Pardo Bazán, Eva Canel, Bartolomé
Mitre, Carlos Guido y Spano, Quintino Bocaiúva, Casimiro Pietro Valdéz, Carlos
de Gante, Eduardo Díez Medina y Remigio Romero León. El motivo es casi
evidente: realzar una obra que, aún construida desde los estrechos márgenes que
establecen lo esperable de la escritura de mujeres, pugna por destacarse en el
ambiente literario local. De todas formas, la autora precisa justificar la
intercalación de tantos enunciados favorecedores de su obra, algo que dice hacer
“despojada de toda jactancia”. Más segura que las demás escritoras deja claro
que “nunca se arrepentirá de haberles dado publicidad” porque entiende que sus
versos son “primicias tan queridas” (VI).

g. Conexiones trasnacionales de poetas patriarcales

Los escritores y críticos latinoamericanos opinan sobre la poesía de
Méndez Reissig, lo cual da muestra de los sistemas de apoyo que precisa una
autora que se describe a sí misma como un “alma desolada que deja flores, besos
y lágrimas en la tumba de la hermana” (VII). Se trata de la literata, alguien que
alumbra una figura de mayor proyección pública, de más amplio registro y que
trata de construir un “yo” autorial y profesional a pesar del discurso socio-cultural
79
Agustina Andrade (1858-1891) escritora argentina, colaboró en el Álbum poético argentino
editado en 1877 por La Ondina del Plata. Publicó luego en La Tribuna, dirigido por su padre, y fue en ese
ambiente que se formó su estilo poético, influenciado claramente por Víctor Hugo y Gustavo Adolfo
Bécquer. En 1878 reunió sus versos en un volumen titulado Lágrimas y en 1879 publicó Flor de un día. Lojo,
María
Rosa.
Dossier:
escritoras
argentinas
del
siglo
XIX.
Disponible
en:
http://www.academia.edu/5700946/Dossier_escritoras_argentinas_del_siglo_XIX (consultado en noviembre
2013).
80
“Seudónimo el Dr. Teófilo E. Díaz, usado en la prensa periódica durante muchísimos años”.
(Diccionario de Seudónimos de Arturo Scarone. Montevideo, Claudio García y Cía., 1942).

149

�que tradicionalmente segrega, que condiciona la escritura de mujeres, que
determinan su interpretación y recepción, y que desencadenan a su vez formas
elusivas (autocensura, automarginación, exclusión). En esta obra, y en menor
grado en la de María H. Sabbia y Oribe, es donde mejor se ve dicha estrategia
como una necesidad de legitimarse frente a la dificultosa inserción de la mujer en
el campo literario decimonónico. En este conjunto de celebraciones (la autora
explica que tuvo que hacer una selección dado que su intención no era presentar
“un folleto de juicios”) los hombres se dirigen a Méndez Reissig como padres
amablemente machistas y tutores de la “niña” escritora. Importa preguntarse cómo
se veían a sí mismas en su lugar de productoras de artefactos culturales, a través
de esas miradas, de esos mismos objetos y en una época como ésta.
En la América Latina de fines del XIX, esto es, en el momento de su
compleja entrada a la modernidad, existen implicancias ideológicas de la
construcción de género y sexualidades en los debates sobre la identidad nacional y
relacionado a esto, la doble presión de la dependencia cultural, no solo a nivel del
país con respecto a Europa y Estados Unidos, sino de las mujeres en relación a los
hombres. Sin duda que ambos procesos moldearán los debates sobre identidad y
formas de producción de literatura de mujeres de este período. ¿Qué pueden tomar
prestado, o no, las escritoras con el propósito de autoconstituirse o formular
nuevas expresiones?
La cantidad y variedad de juicios a favor de la obra unánimemente afirman
que su valor está dado por “escribir con el corazón y con el alma”, por el trasunto
de sentimientos delicados y “por la inocencia de la niña”, que representa “un
búcaro de fragantes siemprevivas”. En Lirios se incluye únicamente a Pedro J.
Naón, en cambio, en la segunda edición de Lágrimas son ocho hombres, la
mayoría diplomáticos, y tres mujeres. Carlos de Gante dice haber pasado “horas
enteras recorriendo sus brillantes páginas, de la primera a la última”. Lágrimas
es una “fuente de aguas cristalinas para mitigar la sed de mi alma” (XXIII)81.
81

Carlo de Gante nació en Tecali en 1864 y murió en Puebla en 1936. Abogado y escritor.
Procurador de Justicia y magistrado en Tlaxcala. Miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y
Estadística. También fue impresor y periodista. Colaboró en El álbum de la juventud, La República de las
Letras y Musa del campo. Ver en Muñoz Fernández Alvaro. Fichero bio-bibliográfico de siglo XIX. México,
Factoría Ediciones, 1995. Disponible en http://www la literatura mexicana del.elem.mx/autor/datos/391

150

�Guido y Spano se refiere a la obra como “un libro suspirante, como una lira al
roce de auras primaverales” y a la autora como un “alma pura y candorosa.
Melancólica poetisa de oriente.”(XX). José E. Rodó saluda con “su más
distinguida consideración por la intimidad del sentimiento” (XXII). También
Bartolomé Mitre escribe a una mujer de “alma sensible, gusto delicado e
inspiración poética melancólica” pero sutilmente espera “que su enlutada musa
se corone con las flores que embalsaman la vida, embellecen la juventud y son
emblemas de felicidad” (XX). Nuevamente aparece la habitual asociación entre
flores y poesía de mujeres en el saludo de Quintino Bocayuva desde Río de
Janeiro: “agradezco la obsequiosa oferta de su bello ramillete poético” (XXI) así
como en el del escritor boliviano Eduardo Díez de Medina, que se siente
gratamente sorprendido con “el delicado búcaro de fragantes siemprevivas
impregnado de un delicioso perfume: el sentimiento!82(XXIII). Juan Crisóstomo
Centurión83 reconoce en el estilo poético el valor de estas composiciones “que es
como el esmalte que hace resaltar la belleza del pensamiento” (XXVI). El
destacado militar de la guerra de Paraguay se extiende en sus consideraciones
sobre el trabajo de la autora “que escribe con el corazón y con el alma”, que ha
descubierto “el secreto de la fama”. Hay críticos que con irónica benevolencia
aluden al “tomito de versos” (Casimiro Prieto Valdés84), o al “librito” de una
autora, cuyas cualidades merecen atención, y así lo expresa Remigio Romero y
León85:
“¿Hay naturalidad en la coleccionista de versos que analizo? ¡Cómo no
dudarlo, si su autora es una niña que no conoce el engaño, si es una artista que
tiene convencimiento de su vocación! La niña no conoce todavía el mundo, pero
embellecida por la inocencia y el candor, vive al abrigo de sus padres, no sabe
que hay espinas en el sendero de la vida, ignora la traición y la falsía, el crimen y
el engaño, la hipocresía y el vicio existen y conmueven el seno de la sociedad.
(Consultado en diciembre de 2013).
82

Eduardo Díez de Medina (1881-1955). Poeta, ensayista, político y diplomático boliviano.
Quintino Bocayuva (1836-1912), periodista, escritor y político brasileño. Presidente del Estado de
Río de Janeiro de 1901 a 1903.
83
Juan Crisóstomo Centurión (1839-1909). Docente, periodista, traductor, político, diplomático.
84
Casimiro Prieto Valdés (1847-1906). Escritor y periodista español, radicado en Argentina. Fundó
en 1880 la revista Almanaque Sudamericano que dirigió hasta 1906.
85
Remigio Romero y León (1871-1942). Abogado, escritor y poeta de Cuenca.

151

�Para las almas puras, para los corazones virginales y tiernos, el mundo no tiene
sino pájaros y flores. La lectura la ha hecho conocer que el mundo es malo, y
esta idea, hondamente arraigada en su alma, ha conmovido su naturaleza
delicada y sensible de mujer”. (XXVIII)
Este discurso moralista presenta el modelo restringido de la mujer que
escribe o que consume libros. La denomina “coleccionista de versos”, y la
considera una ingenua niña a la que hay que señalar el efecto casi pernicioso de la
lectura sobre su naturaleza femenina. Esta práctica se concebía como símbolo de
un deseo transgresor.86 Para cerrar su análisis el escritor del Guayaquil Artístico
aconseja:
“Versos que no son sinceros, porque no son sentidos. Perdóneseme la
franqueza, pero no es un sentimiento verdadero, capaz de inspirar una emoción
estética ni producir una obra de arte”.
Y advierte: “La penetración constante de una idea, y nada más, ha
obrado en el ánimo de la señorita, hasta hacerle sentir una especie de tristeza,
que es la inspiradora de sus cantos”. (XXIX). Al final sugiere:
“Yo le aconsejaría que contemple con más calma la pródiga naturaleza
uruguaya, que lea libros de Zorrilla de San Martín, y que componga versos
americanos. El dolor, verdadero o fingido, conduce a la duda, a la
desesperación, y yo no conozco poesía escéptica” (XXX)
Este es el único autor que desarrolla juicios no muy halagüeños en torno a
las cualidades esperables de una bella, virginal y cándida escritora. En general
sucedía que para la crítica literaria masculina del momento era inevitable
comentar sobre realidades extra-literarias y reemplazar la auténtica reflexión sobre
la escritura de mujeres. Pero de alguna manera parecería que la autora da más
importancia a la reseña de sus prendas morales que a la opinión sobre su obra.
Esta deliberada presentación de referentes literarios de la época implica una
duplicidad de actitudes, necesaria tal vez, dado el contexto en que esta literatura es
leída. Probablemente es un indicio de la auto-conciencia de su propio proceso
creativo, y de la percepción del estatuto social y profesional que adquiere en ese
tránsito de lo privado a lo público.
86

Sobre este tema se puede ampliar en Fernández Pura-Ortega Marie Linda. La mujer de Letras o
la letraherida. Madrid, CSIC, 2008. Versión on-line: http://books.google.com.uy/books?
id=Tgf1i5TjpvUC&amp;printsec=frontcover&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false
(consultado en junio de 2013).

152

�Son muy diferentes el tono y los comentarios de las tres únicas escritoras
que envían palabras a Méndez Reissig. La asturiana Eva Canel, reconocida autora
de varias novelas, periodista y autora de literatura de viajes que en 1899 está en
Buenos Aires.87 Desde allí aconseja que para escribir “procure modelos
castellanos, de prosa cuanto más sencilla y castiza mejor, para recrear su
inteligencia, que promete tanto. No inclinarse a la literatura enfermiza”. La
propuesta es sujetarse a los modelos literarios tradicionales y no a aquella
literatura que se aparta de la norma saludable, asociada a las corrientes de ese
modernismo latinoamericano que “se apoya por un lado la celebración
decadentista del cuerpo como locus de deseo y placer y, por otro, ve ese cuerpo
como lugar de lo perverso.” (Molloy, 2012: 27).
Por su parte, Clorinda Matto de Turner aplaude en su Tarjeta postal de
1900 la llegada de un “ramillete en forma de libro” de una poetisa “ungida por
las musas”. Más adelante agrega que: “Hace tiempo que venía gustando el aroma
de florecillas literarias, tímidamente esparcidas en tal o cual revista por la
delicada mano de una casi niña poetisa uruguaya. Su nombre corre loado entre
la falange de poetas y prosadores americanos.” (XV). Da cuenta de sus
concepciones literarias: “La poesía la comprendo como sentimiento. Así en lo
épico, en lo guerrero, en lo pastoril el que da alma a la fantasía, color a la frase
y música al conjunto, ese será poeta, aunque ignore el número de sílabas, las
acentuaciones y las licencias.” (XVI). De esta correspondencia nos enteramos que
los primeros originales de Méndez Reissig se publicaron en Búcaro Americano, la
revista dirigida por Matto88. Emilia Pardo Bazán, en 1901, es más cauta en la
87

Los libros más importantes para conocer a esta autora “de agitada biografía” son Por la justicia y
por España (1909) y Lo que vi en Cuba (1916). Como nacida en la metrópoli, es tradicionalista, pero
reconoce ciertos límites emancipatorios. Representa a la viajera que es al mismo tiempo profesional de la
escritura. Como intelectual, es por ende muy observadora de sus pares latinoamericanas y de la condición de
la mujer. (Sánchez Dueñas, 2013: 241-244).
88
Tal como se dijo anteriormente, Clorinda Matto de Turner funda en 1896 el Búcaro Americano,
Periódico de las Familias. Desde allí propicia la participación de la mujer en todas las esferas de la vida
pública. La revista se inscribe en una destacada trayectoria argentina e hispanoamericana, cuya característica
predominante consiste en estar dirigida por mujeres lo cual permite señalar la presencia de un periodismo
femenino que, en términos amplios, puede calificarse de literario. En el Búcaro Americano, Año VIII, Nº 65,
mayo 15 de 1908, aparecen tres poetas uruguayas entre otras colaboradoras: Perú: Carolina Freire de James,
Mercedes CabeIlo de Carbonera, Dora Mayer. Colombia: Soledad Acosta de Samper, Casiana Flores;
Uruguay: Dorila Castell de Orozco, Adela Castell, Emestina Méndez Reissig; Cuba: Juana Borrero, María
Springer; México: Severa Aróstegui, Laura Méndez de Cuenca; Ecuador: Dolores Sucre; Puerto Rico: Lola
Rodríguez de Tío; Venezuela: Polita de Lima, Carmen Brige; Espafia: Concepción Jimeno de Flaquer;

153

�manifestación de sus opiniones: “Recibidos y leídos con mucho gusto sus
preciosos verbos, le agradezco el envío” (XIX). Un detalle a señalar es que no
aparece ninguna mujer uruguaya saludando ni celebrando la obra. Recordemos
que en su libro de poesías, Spikermann y Mullins se referirá a Méndez Reissig
como inteligente y destacada autora, y que junto a Aída Castell eran las que en ese
momento enviaban poemas a publicaciones periódicas. Tampoco nombra a
Eugenia Vaz Ferreira siendo que los trabajos de ambas aparecían casi a la par en
la prensa de aquel entonces. Quizá Méndez Reissig busca otros referentes
culturales y procura que eso se vea, lo que estaría demostrando la necesidad de
una visibilidad propia con el respaldo de autoridades de más nivel que las locales.
Así, la crítica y el reconocimiento simpático son maneras de dar respuestas a esa
necesidad, más allá de la pose y de la construcción de la propia imagen.
El esfuerzo interesa, no solo por lo que revela de la escritora, sino por lo
que revela del público a quien va dirigida esa imagen y de las relaciones de
mercado entre escritor y lector. La autora se representa a sí misma como la mujer
que escribe y que es valorada por ello. Y aunque su forma predilecta haya sido el
patetismo, que hoy se puede leer (según la complicidad de lectura que se escoja)
como “poco literario”, no disminuye, creo, la eficacia del gesto. Porque lo que hay
que ver es que “La imagen proyectada es el escritor y también es su máscara:
hecha de lo que es, de lo que busca ser, y de lo que el público espera que sea.
Espejo revelador o escudo defensivo es un producto que busca ubicarse
provechosamente” (Molloy, 2012:155).

g.1. “Ni Estro ni astro”, el prólogo de TAX

“Esto es un prólogo de TAX”. Así comienza lo que dice no ser
presentación, sino juicio crítico sobre una poesía definida como lo “sentimental
desesperante expresado de forma artística”. Se justifica el prologuista advirtiendo
que “Puede ser también un auto-bombo de quien acepta formularlo sin tener
Argentina: Maria Emila Passicot, Elia M. Martínez, Josefina Pelliza de Sagasta, Carlota Garrido de la Peña,
Teresa Mafié, entre otras.

154

�talla,

preparación,

antecedentes,

tradición

poética,

estro

ni

astro”.

Inmediatamente afirma: “La explicación de estro es porque jamás he formulado
un cuarteto, ni quintilla, ni rima alguna digna de publicación” (X). Como todos
los demás hombres que son invitados por la autora para emitir una opinión sobre
su obra, Teófilo Díaz discurre en frases galantes: “Ernestina es una estrella en el
cielo de la poesía, el honor que me dispensa juzgo como un haz luminoso de
espigas de su amistad, su dulzura, su compasión, su amor, su melancolía”.
“Triste y dulce” al mismo tiempo, estas poesías son “exclusivamente subjetivas”, y
su mérito está en “el estilo correcto, la rima exacta, la inspiración de fondo, y
delicadeza de la forma” (XII). Más allá de los reiterados elogios, también celebra
que la obra contenga “notas poéticas de interés más realista”. Rescata el tono
decididamente romántico con la vista puesta en la pintura de paisajes:
“Creo que debo insistir en el mérito característico de las poesías de
Ernestina, consistente en el matiz de desconsuelo, tristeza, escepticismo dentro de
la fe misma; matiz que, persistente y marcadísimo, hará conocer á la autora, por
la sola lectura, envuelta en su tul negro, como un estilo, á semejanza del célebre
Turner de Londres, que pintó todos sus paisajes á través de transparente
neblina”. (XII)
Y los juicios favorables serán también para las narraciones, definiendo a
Ernestina Méndez Reissig como una “publicista en prosa”

g.2. “Callar, siempre callar, vivir muriendo”

El silencio y la muerte en vida predominan en una colección de poemas
escritos en español y traducidos algunos al portugués y al italiano. A su vez,
Méndez Reissig traduce textos de Anthero de Quental (Consulta, Soneto, Voz
interior, Muerte-amor) y de Julieta de Melo Monteiro (Corazón resucitado)89. Los
89

Antero de Quental (1842-1891) fue un poeta portugués. Muchos de sus poemas iniciales se
escribieron en un estilo romántico que más tarde abandonaría. Sus primeros libros de poesía son Raios de
extincta luz (1858-1864), publicado en 1892, Primaveras románticas (1872) y Odas modernas (1865) obras
con clara influencia del socialismo utópico. Rechazó el romanticismo tradicional que le había llevado al éxito
y defendió el compromiso social de la poesía. A finales de la década de 1860, Quental, que era un aristócrata,
abogó por la reforma social y realizó viajes políticos por Francia, Canadá y Estados Unidos, participando en

155

�propios están dedicados a su hermana Esperanza, ya muerta, a sus padres, a sus
amigas María H. Sabbia y Oribe, a Francisca Ofelia Bermúdez, Zoalina Iriarte y a
Clorinda Matto, y llevan por títulos tales como Delirio, Deseo, Un sueño,
Sconforto, Ignívoma. Precisamente, en este último poema, la autora advierte sobre
la potencia de su poesía para “vomitar fuego”:

Yo he de probarte que la lira mía,
Que bellos himnos á mi amor le canta,
Tiene también terribles vibraciones
Que sin desprecios, sin insultos, matan!.
Yo he de probarte, sí, que de mis labios,
Do brotan frases de ternura llenas,
Con su voz cadenciosa y triste, puede
Ante el mundo quitarte la careta!
No obstante, y más allá del ideal de sentir y probar la vibración de sus
palabras para quitar las caretas, se contradice en otro poema también del 1900:
No divulgues tu pena: calla y sufre.
Reconcéntrate en ti, confía en el cielo.
Echa sobre la infamia obscuro velo,
Espera resignada y cree en Dios.
Y en ¡No llores más…! donde el corazón es una tumba que guarda los secretos y
las lágrimas:
Sea tu corazón, amigo mío
las Conferencias democráticas (1871) de las que surgió el socialismo portugués. Pasados los años, y enfermo
de tuberculosis, renegó de muchas de las actividades de su vida y se entregó a las lecturas de pensadores
pesimistas como Schopenhauer y Hartmann, lo que refleja en sus sonetos, reunidos y publicados en 1886, y
que describen su evolución espiritual con el telón de fondo de los sucesos políticos y sociales de su tiempo.
Información extractada de http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3136 (consultado en enero de 2013).
Julieta de Melo Monteiro (1855-1928). Escritora, jornalista y educadora riograndense. A los 19
años publica sus primeros poemas en Preludio y en 1892 los sonetos a los que llamó Oscilantes. Con
Revocata, su hermana, fundó el primer órgano literario femenino, el periódico Corymbo, que circuló casi
sesenta años. Fundó otra revista denominada Violeta y colaboró con varias publicaciones gaúchas.

156

�Una tumba ignorada.
Que guarde de tu vida los secretos
Y el ataúd de tus lágrimas!
Cada uno de estos pasajes ejemplifica en forma contundente el vaivén
problemático en el que se sitúan las mujeres de fin de siglo. Fronteras lábiles que
reflejan a su vez los movimientos de un Estado que transita de una etapa
tradicionalista a una modernizante, y en donde se configuran y consolidan
diferentes relaciones de los sexos (Masiello, 1997). Todos estos motivos trasuntan
en el seno de una poética que se posiciona en la contradicción más o menos
encubierta. Las autofiguraciones oscilan entre la necesidad de dar a leer una
producción personal y el resguardarse incluyendo otros poetas y traduciendo los
propios al portugués y al italiano 90, entre dar consuelo al alma en “el anhelo de
pulsar mi triste lira” y el “complacer mi vida y tus afanes, brindándote mis
versos”. En varios momentos se insiste en que no se busca la fama: “Yo jamás he
soñado con la gloria”, “no es mi afán aspirar al vate del lauro”, “no me excita el
aplauso”. Lo evidente es que ninguna de estas confesiones se hace en voz baja.

g.3. El contrato matrimonial y el lugar de lo femenino como presencia dolorosa
e inmóvil
La segunda parte del libro es para una prosa ubicada en una zona de
exceso sentimental en la cual la figuración de lo femenino está asociada a la
muerte. Como escritora finisecular, construye de manera calculada una pose
marcada por el género, “más precisamente, por la dis-función del género”
(Molloy, 2012: 221), una pose lacrimosa y palpitante, susceptible a todas las
vicisitudes del sentimiento. Este diseño se volverá más resistente aún en las otras
autoras, quienes plantean un único modelo de mujer para una época en que nuevas
subjetividades y formulaciones de género hacen entrar en crisis el concepto de lo
femenino como categoría fija.
90
Las traducciones de algunos de sus propios poemas en orden sucesivo de aparición:
“Desconsuelo” traducido al italiano como “Sconforto” (1899), “Desejo” como “Deseo”, “Tu amor” como
“Teu amor”, “¡Oh Luna!”, traducido al italiano.

157

�La serie de narraciones de Méndez Reissig incluidas en Lágrimas, se
titulan sucesivamente: Fantasía, Silvia, Celos y Rencor, Último adiós!..., Sibila,
El beso de Judas, Trinidad, Una venganza, Breves, Una reliquia, Una promesa.
Me detengo en Celos y Rencor, de 1899, por considerarlo paradigmático
del tópico de la mujer amada en la muerte pero que en vida, se la escamotea.
Dedicado a la “distinguida escritora española señora Eva Canel”, la historia
comienza con una desavenencia matrimonial a raíz de los celos de la esposa.
Como venganza de la humillación sufrida, la estrategia de la mujer es mentirle a
su esposo diciendo que no está enamorada de él, que únicamente se casó por
interés. Esta situación desemboca en que el hombre decide alejarse “hacia el ala
oeste del castillo” con el pequeño hijo, dejando abandonada a la mujer en su
habitación, quien poco a poco irá enfermando hasta morir. Durante los seis meses
que dura este conflicto, ella irá suplicando diariamente a su marido que la deje ver
a su niño, cosa que logra casi al final de sus días y solo en las horas matutinas. A
determinada altura de los acontecimientos aparece el médico advirtiendo que
María está en riesgo de muerte si llega a sentir emociones fuertes. En el último
intento de resolver las cosas pide una entrevista a su esposo. A pesar del silencio
impenetrable y de la tenaz negativa de la autoridad conyugal ella se anima a hacer
un tímido reproche aún aceptando todas las condiciones impuestas:
“–Pero, objetó ella conmovida– el niño dejará de amarme….
Él guardó silencio. María continuó: - no insisto más. Se hará lo que usted
dispone.
Luego se retiró murmurando quedo:
–¡Yo no le enseñaría á odiar á nadie, sino á amar á quien debe!.
Él tomó como un reproche aquella queja. ¡Cuan cierto era que jamás se había
preocupado de enseñar á su hijo que amara á su desgraciada madre! (pues como
tal la consideraba, convencido de su inocencia); él podía guardarle todo el
rencor que quisiera y odiarla hasta el extremo, pero no debía inculcar al niño
estos sentimientos impuros.
María estaba ya en mitad del corredor, cuando oyó un sollozo; se detuvo, y como
aquel llanto siguiera, se volvió hasta el estudio, que era de donde partía.
Ricardo sollozaba amargamente, con los brazos cruzados sobre el escritorio, y
sobre ellos apoyado su rostro.
Ella se dirigió hacia él; tendió sus brazos hasta rozar con sus manos aquella
cabeza idolatrada; luego le llamó por su nombre de pila. Carlos enderezóse

158

�violentamente, y dando con su cabeza en el pecho de su esposa, la hizo caer; se
apresuró á levantarla, pero ella estaba ya de pie.
Quedaron un rato en silencio. El, con los ojos fijos en ella, vio cuan pálido y
demacrado estaba su rostro, cuan hundidas sus sienes y sus ojos. . . Ya no era
aquella risueña mujercita de mejillas sonrosadas, que en otros tiempos llenó de
encantos su hogar: hoy se le presentaba cual la imagen de sus remordimientos.
María rompió el silencio:
– ¡Oh!. . . ¿tú sabes que yo mentí?. . . Te lo juro por nuestro hijito; yo, sólo á ti he
amado, Ricardo mío; mi estado te prueba las heridas que ha hecho el injusto
rencor en mi corazón ; yo sé, tan bien como tú, que tengo un pie en la tumba; yo
le he pedido á Dios la muerte; ya que tú no has tenido clemencia para mí, ¿qué
me puede importar la vida!. El, delirante, la estrechó en sus brazos y oprimió sus
labios, sin advertir que de ellos brotaba espuma rosada. La cabeza de María
cayó pesadamente sobre el hombro de Ricardo.
La sentencia del médico se había cumplido.”(Méndez Reissig, 1902:73-74)
La inclusión del extenso pasaje tiene por objeto ilustrar algunas
coordenadas referidas al vínculo matrimonial, la figura patriarcal, la
representación de lo femenino, la politización de la familia, el espacio de la
paternidad, el papel de esposa y madre, el contrato sexual en fin. Una de las
circunstancias que demuestran el resguardo y la intimidad del burgués es lo que se
dice en el pasaje que narra la visita del médico: “A la mañana siguiente vino el
facultativo. Era preciso salvar las apariencias, ¿para qué enterar á un extraño de
las intimidades del hogar?” (69).
Dicho fragmento evidencia la disociación simbólica de lo público y lo
privado. El motivo de la enfermedad no debía ser expuesto. En esta concepción de
la narradora hay un nivel de internalización casi “natural” de la separación de
ambas esferas. Este discurso es parte los tantos que propician modelos de
conducta que no cuestionan la formación de las identidades de varones y mujeres
desarrolladas a partir de la binaridad de los papeles correspondientes. Sin
embargo, aquí se nos habla de una enfermedad que la autora denomina
como“corazón herido”. Quizás se intenta recuperar a la mujer como un sujeto
equidistante tanto de su fetichización como ángel o como demonio, para explorar
el “lado oculto del corazón”, ese ángulo ciego tanto para la mirada médica como
para el letrado. Una enfermedad que nace como consecuencia del castigo ejemplar
ejercido por el marido omnipotente sobre una esposa-mártir que, sin opciones de

159

�dar batalla, finalmente muere por la imposibilidad, entre otras cosas, de ejercer su
misión materna. A partir de este hecho –no olvidemos que el motivo que originó
la tragedia parecería mínimo en proporción a la magnitud de sus consecuencias–
se puede inferir algunos aspectos de las relaciones entre hombres y mujeres dentro
del marco familiar que implicarían una cuestión tanto de índole civil como
política, obligando a un vaivén entre ambas lecturas. Con un jefe de autoridad
indiscutible se zanja la cuestión del gobierno de las mujeres. La mayor parte de
los teóricos clásicos del contrato, tanto Locke y Rousseau, concibe los atributos
naturales diferenciados por sexo, excluyendo a la mujer de la categoría de ser libre
e igual, lo que la hace incapaz de pactar. No obstante, sí sería competente para
sellar el contrato matrimonial. Inclusive pensadores para quienes la pareja era una
unión heterogénea al espacio democrático o una sociedad natural, como Proudhon
o Bonald, acuerdan en que el marido y el padre, respectivamente, son los
depositarios del poder (Peruchena, 2010).
Lo que interesa en este cuento es la carga políticamente sexuada en el uso
de la enfermedad como metáfora, como tropo literario, particularmente en la
esfera del letrado en plena configuración de la literatura nacional a mediados del
siglo XIX, poder de las letras en manos de un cenáculo masculino que
difícilmente las compartía democráticamente.
Tanto

las

narrativas

melodramáticas

como

las

médicas

habían

estandarizado la somatización de los sentidos simbólicos del lenguaje corporal
femenino, en el entendido de que la mujer no era capaz de explicarse en el
discurso racional de la palabra y, por tanto, podía hablar solo a través de su
cuerpo. Necesitaba un ojo que la anatomizara desde la razón clínica. “Desde esta
lógica, el sujeto médico letrado era indispensable para descifrar el lenguaje
desarticulado del cuerpo de la mujer, y disponer sus sentidos (los de la lógica
patriarcal).”91 De este modo, el sujeto medico habló por ella, y sin tener en cuenta
la etiología moral de sus padecimientos, decidió su patología.

91

González Stephan, Beatriz. “La in-validez del cuerpo femenino” en Cuadernos de literatura,
Nº33,
enero-junio
2013:
164-186.
Disponible
en
http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cualit/article/view/5591/4464 (consultado en julio 2013).

160

�Este relato se escribe mientras que en el Uruguay se desarrolla el proceso
modernizador, lo cual implicaría la consolidación de la familia como una
institución que abandona paulatinamente “su carácter de unidad patriarcal o
paternal para adquirir el de sociedad conyugal, transformándose en una
institución más del Estado” (Peruchena, 2010: 68). Pero “Celos y Rencor” no da
cuenta de la definición de un nuevo vínculo ni de la penetración de la disputa
pública en lo más íntimo del microcosmos doméstico.
Otra historia de mujeres desgraciadas es la de “Sibila”, pero el motivo en
este caso es una madre dominante que no permite que su hija elija su pareja, y aún
estando en su lecho de muerte sigue imperando sobre el futuro de esa muchacha
“silenciosa, triste y mustia”. La presencia materna había separado a los novios la
diferencia de estatus entre ellos. Era una mujer de “figura altanera, que la
asediaba con enojos”. El fallecimiento de la madre promueve continuas visitas a
la necrópolis, donde finalmente se reencuentra con aquel antiguo amor. Sibila cree
escuchar todavía la voz de su madre “demandándole una explicación por su
presencia allí ante aquel hombre que había odiado en su vida por haber sido él
quien contrarió sus planes, y la joven, lanzando un grito desgarrador, cayó de
rodillas, ocultando su rostro entre las miserables ropas de aquel lecho” (83).
En una atmósfera de pompas fúnebres, el amor se abre paso debido a la
muerte de ambas madres, y se resurge el amor que había sido truncado por la
mezquindad materna. Los efectos del rígido control del poder matriarcal conducen
a la autocensura femenina. Las trasposiciones poéticas y narrativas avanzan hacia
una crítica al sometimiento y la represión burguesa.
Otro punto candente que preocupa a Méndez Reissig es el de las mujeres
que por motivos económicos pierden su status y por esto mismo son rechazadas
dentro de su grupo originario. En “El beso de Judas”, de 1899, se cuenta la
historia de una muchacha que descubre la falsedad de su círculo de amistades por
el solo hecho de “haber caído en la pobreza”. Utilizando su talento para la pintura
la joven expone un cuadro en la calle Florida, en el cual aparece la traición de
Judas, y lo dedica a la que había sido su mejor amiga. Además de recurrir a un

161

�discurso con matices irónicos para dar una explicación sobre este gesto, importa
atender a lo que Marta dice con respecto a la crítica:
“–El beso de Judas! . . . ¿Tú lo hiciste? –dijo Ema leyendo la firma de un
hermoso cuadro.
–Sí, y lo he hecho para ti.
–Lo expones. . . ¿No temes á la crítica?
– ¿La crítica, dices? Si ella es portadora de un sano consejo; si por medio del
precioso arte pictórico se me indican los defectos de que pueda adolecer este
mamarracho, la aceptaré gustosa y agradecida; pero si esa crítica no tiene
fundamento artístico, si sólo la guía el móvil de herir, de pretender ridiculizar
por el solo hecho de ser su modesta autora una aficionada, esa crítica sólo
reposará en la maledicencia y formulará reproches que me enaltecerán ante los
ojos de mis iguales, haciéndome decir para mis adentros: “Mientras los perros se
entretengan en destrozar esa tela, mi pellejo se verá libre de la herida de sus
colmillos”. El qué dirán los demás, nada me supone ni aflige.” (89)
Si leemos cuidadosamente estos textos y los articulamos con los momentos
en que se produce, los entrecruzamientos simbólicos nos llevan a la misma
dirección: al fracaso en los distintos planos de la vida, ya sea en la amistad por
motivos económicos, en el proyecto matrimonial por la intransigencia del hombre
con “su tonta superioridad”, en la violencia contra las mujeres, ya sea de parte de
sus madres o de los hombres con quienes conviven. Y hay algo más que la
escritora advierte desde su lugar de creadora, y es la violencia con que la crítica
trata cualquier obra de origen femenino, tema que trasunta en este cuento así
como en sus varias de sus Breves.
Otro aspecto interesante es el uso de la primera persona masculina en el
cuento denominado “Silvia” (1900). Por lo que hemos leído hasta ahora este
recurso lo utiliza también Zulma en algunos de sus poemas y Spikermann y
Mullins en un solo pasaje. Si bien los temas son los de siempre –el encuentro
casual, el despertar del amor, la muerte, la madre, la virtud, el abandono– el
animarse a utilizarlo es aventurarse a una nueva posibilidad estilística poco
explorada. Me interesan el modo en que la autora se ve a sí misma en este marco,
los rodeos a los que recurre para nombrarse, la simulación a la que debe acudir
para hacer pasar ciertos temas, los códigos de esta máscara y la represión que se

162

�ejerce contra sí misma al internalizar prejuicios convencionales. El personaje
masculino dice en determinado momento:
“Subí al tranvía. Hastiado por la monotonía del largo trayecto, decidí
tomar, como distracción, apuntes para mi cartera, valiéndome para ello de las
personas que viajaban conmigo.
¡Qué variedad! Frente á mí, dos jóvenes afanosas charlaban, ¡Pobrecitas!
Pretendían fijar mi atención, y en verdad que la fijaron; pues, ¡quién resiste á
detener su vista en dos mujeres para quienes el Carnaval existe el año entero!
Eran dos chillonas araras, importadas de la provincia de Matto-Grosso; no sólo
las miré con marcado interés, sino que hasta arrancaron una sonrisa á mis
labios; sonrisa que una de ellas retribuyó con placentero gesto, tomándola, tal
vez, como una prueba de simpatía!” (64)
La creación de una mirada y de una voz de varón en el texto de una mujer
es un fenómeno interesante por las características particulares que conlleva. Una
hipótesis sobre el uso del discurso del hombre es la posibilidad de aprovecharlo
para generar alternativas al lugar con que ellos contemplan tradicionalmente a las
mujeres. Pero ni Méndez y Reissig ni Zulma crearon alternativas al respecto. Más
bien reproducen la conmiseración devenida en soberbia y denigración frente a las
“dos chillonas ararás”.

g.4. “Silencio…no debo blasfemar!”

El silencio es parte de la estética literaria de mujeres pero en Méndez
Reissig se resignifica constantemente.
En “Una promesa” se cuenta la raíz del sufrimiento y posterior locura de
Hilda:
“Pocos meses después, Hilda se hallaba en el balcón de su casa. Era el
anochecer. De pronto miró hacia el suntuoso vestíbulo, donde sus padres estaban
sentados en mullidos sillones, contemplando gozosos á sus pequeños hijos, que
jugaban á su lado. Por las mejillas de la joven se deslizaron gruesas lágrimas, y
con voz quejumbrosa se dijo para sí: ¡He ahí á lo que está reducida toda mi
dicha!

163

�. ..¡Silencio!. . . no debo blasfemar. Yo lo quise así, y así ha sido no tengo ni el
derecho de consolar mi corazón, desahogándolo con quejas; yo fui ante el altar
de Dios, y en cambio de la reconciliación y dicha de mis padres, ofrecí aquel
amor, que era mi vida; aquel amor en que con ciega fe cifraba mi ventura. Hoy,
viendo correr al hombre idolatrado tras nuevas estrellas, sin hacer alto ante mí,
mi pasión se subleva. ¡Cuántas veces ahogué en mi garganta amargo grito, al
hallarme junto á él! ¡Cuántas veces mis ojos buscaron los suyos para expresarle
mi pena, el dolor que me consume y el inmenso amor que me inspira! Todo fue en
vano: yo he muerto para él.” (109-110).
Al igual que el cuento “Celos y Rencor” lejos de convertir el espacio
doméstico en espacio de cambio, las mujeres quedarán –hasta su despertar tardío
después de comenzado el siglo XX– en poder de cierta “barbarie de la
civilización” que dominará no sólo su cuerpo sino sus deseos a favor de la familia,
aunque la pasión se subleve.
En “Corazón”, un poema de Lirios, el silencio se asocia al orgullo
femenino:
“No olvides, corazón, tu orgullo,
y aunque te hieran, calla.
Corazón, sigue luchando.
Soporta con firmeza tu desgracia.” (20)

Recluidas entre las paredes de la casa serán las guardianas del orden,
muñecas de lujo, frágiles, aniñadas, enfermas (Barrán, 1991). La “nueva
cuadrícula burguesa” acentúa el sometimiento de las mujeres a la tutela y
administración de sus cónyuges. La casa prepara a los hombres y las mujeres para
el gran teatro del mundo porque el matrimonio es una representación continua del
ritual del amo y del esclavo, y por lo tanto, para las mujeres significó una cárcel.
El poder masculino permea todo y su disciplina aplicará a los cuerpos individuales
de todas y cada una de ellas. No obstante en estos relatos aparecerán algunas
observaciones al respecto. Las escritoras prepararán sus maniobras sutiles para
desmontar la polisemia de la violencia.

164

�g. 5. Poesía y prosa de Lirios (1902)

Las “grises” páginas de Lirios, así definidas por su propia autora,
contienen un poema de Pedro J. Naón (amigo de Herrera y Reissig) dedicado a
Ernestina denominado “Primavera”. Contrasta por su colorido y esplendor con las
ensombrecidas frases amargas de Méndez Reissig, prima del poeta más notorio de
la renovación lírica uruguaya por esa época. Al compás de sus lamentos se
formulan plegarias con el “pecho conmovido”, dolores como “crueles aguijones”,
la hermana fallecida rodeada de azucenas (Págs.8-9), y se destilan aromas de
flores que “elevan el espíritu” (11).
Permanece la amistad con Francisca Ofelia Bermúdez, a quien se dedican
versos y de quien se reciben “bellas poesías” (13). Sabemos que Bermúdez es
autora de Corolas Blancas (1907) y que en 1890 la Imprenta Elzeviriana saca un
libro de poemas de Constantino Becchi denominado Inmortales dedicado a la
“adorable” Francisca por su “alma noble y poética”. Las ciento setenta y dos
páginas de dicho libro están orientadas únicamente a expresar su amor y
admiración a esta mujer92. Quizás Ofelia Bermúdez fuera pariente de Pedro P.
Bermúdez, autor de un drama histórico en cinco actos y en verso denominado “El
charrúa” (Imprenta Uruguaya, 1853)93.
En Lirios hay una notable disminución de referentes literarios y
traducciones si se compara con la cantidad de la segunda edición de Lágrimas.
Tan solo dos autores extranjeros que de todas formas dan cuenta de las lecturas de
Méndez Reissig. Por un lado, el saludo de Naón y por otro el poema “Mensajero”
de temática amorosa traducido al español de Abdias Neves. Tal como la mayoría
de sus contactos se trata de un escritor y abogado vinculado a cargos diplomáticos
y políticos: llegó a ser Juez General de Piaui y sustituto de senador. 94
92

Edición
on-line
de
Inmortales
de
Constantino
Becchi
en:
https://archive.org/details/inmortalesverso00beccgoog (consultado en diciembre de 2013).
93
Información extractada de Bustamante y Urrutia, José Mª: “Catálogos de la Biblioteca América.
II. Catálogo alfabético de autores de folletos”. Santiago: Patronato Universitario Compostelano. La Coruña,
Roel, 1929, VII: 38. Disponible en: books.google.com.uy/books?id=AuEdxs12BKAC (consultado en
diciembre de 2013).
94
Abdias Neves (1876-1928). Para consultar sobre su biografía y obra; www.literapiaui.com.br/
(consultado en diciembre de 2013).

165

�En el libro aparecen –a esta altura sería extraño que una poeta uruguaya
desconozca la realidad de las guerras– varias entradas que tocan el tema común a
todas (con excepción de Zulma). Así dice “Reminiscencias”:
“La guerra entre dos bandos enemigos estalló, ensangrentáronse las
verdes cuchillas, y a los pocos días era horrible el espectáculo que ofrecían los
campos cubiertos de cadáveres destrozados por las balas y la tradicional y
acerada lanza” (100-101). Este suceso oficia de escenario para contar la historia
de Sor María de los Ángeles, enfermera de los soldados.
En “Voz interior” se narra traición de un militar, presentida por su propio
teniente, quien además profetiza su propia muerte en la última cena con sus
compañeros (105-107). Otro cuento es “Rápida”, en el cual perece un paisano
tratando de cruzar un arroyo crecido por las inundaciones para acudir al “grito de
guerra civil” (67). Cada una de estas narraciones son prueba “del fuego que tiene
en su corazón un criollo”, una demostración del “valor del uruguayo” (67).
Los demás textos en prosa son historias de suicidas, tópico
fundamentalmente romántico, pero llama la atención la cantidad de historias sobre
hombres que se matan a raíz del amor no correspondido o por arrepentimiento.
Esto en 1902. La única suicida aparece en el cuento “Remordimiento” en el que
una mujer muere desdichada por la falta de amor y el “despotismo” (palabra
utilizada por la misma autora) de su pareja (80). El causante de la desgracia
termina “descargando en su sien su revolver” (83). Las mujeres son más
delicadas: languidecen de melancolía, de angustia y de enfermedad, quizás por ser
hijas, esposas y madres no tenían derecho a ser más radicales sobre su cuerpo.
En “El alma de Didier” un suicidio se da por “un amor imposible” entre
dos seres de clases sociales diferentes, lo cual sirve para criticar a las autoridades
que aprovechan las “supersticiones y temores de la gente ignorante” para
mantenerse en el poder (77). La protagonista desmantelará la patraña del “señor
alcalde, un malvado sin religión” abogando por la instrucción de los campesinos:
“es preciso sacarlos de la ignorancia en que viven” (78). A esto se agrega un sutil
cuestionamiento a la decisión eclesial de dejar sin sepultura al cuerpo del maldito:
“él, si pecados tuvo que purgar caro los pagó en la tierra, aquí es donde Dios

166

�prueba, castiga y premia a sus criaturas” (73). No solo la autora se muestra
piadosa, también la joven irá a visitar los restos de Didier todas las noches,
durante dos años.
“Marina” es otro texto relativo al suicidio que introduce la opinión de
Castello Branco (sic):95
“Llamar cobarde al suicida, es escupir en la faz de un muerto. No se
puede ser más cruel ni más infame” (98).
La locura y la miseria extrema están presentes en Lirios como
consecuencias del poder político:
“Los gobiernos y mandarines que otrora azotaron nuestra patria,
dedicando especial cuidado a la infame tarea de la caza de hombres, hicieron
víctima a Luis, conduciéndolo a la capital en calidad de voluntario a la fuerza. Ni
las justas protestas del joven, ni las súplicas de la dolorida madre tuvieron eco en
aquellos corazones empedernidos por el vicio y la maldad.” (112) (destacados en
el original).
La soledad y la pobreza a propósito de las levas redundan en una prosa en
que la tendencia al suicidio es causada no por insanía mental, sino por la violencia
social, por la precaria seguridad y por el desorden en que viven especialmente las
mujeres, cuestión que Méndez Reissig denunciará de forma más o menos explícita
en este, un segundo libro que denota la evolución hacia formas veristas a dos años
de publicar el primero.

h. Celina Spikermann y Mullins (1902-1905): “en las selectas filas del
sentimentalismo para combatir al charruísmo”

A partir de 1870 comienza a predominar con firmeza en la sociedad
uruguaya un discurso de tono “nacionalista” que encontró su referencia
emblemática en La Leyenda Patria de Juan Zorrilla de San Martín. El período
95

Camilo Castelo Branco (1825-1890), escritor exponente del romanticismo portugués pero con
tendencias literarias veristas. Su novela más importante fue Amor de Perdición (1861). También se suicidó.
Fuente: http://www.luso-livros.net/biografia/camilo-castelo-branco/ (Consultado en diciembre de 2013).

167

�escogido para este análisis se ubica en una época de avance del proceso de
secularización, testigo de la prolífica llegada y entronización de las ideas europeas
promovidas durante la Revolución Francesa al escenario rioplatense, todo lo cual
nutrió al ambiente intelectual uruguayo, al proceso de modernización y a la
legislación social (Ardao, 1962). Un pasaje como “Amor de Madres” ilustra la
imbricación de las escritoras en el proyecto político del romanticismo en cuanto a
la justificación de la nacionalidad vacilante:
“¡Si la religión, como lo ha dicho Zorrilla, es el juez del tribunal del
mundo; la educación debe ser el faro que nos guíe e ilumine el azaroso camino de
la vida.
Si no nos educan moral y materialmente, llegará el día que el charruísmo
tornará, derribando los adelantos alcanzados por la civilización, convirtiéndonos
de improviso en seres ignorantes e inconscientes. La mujer educada y bondadosa,
puede ser para sus hijos, las fuente de la dicha, la sal de la felicidad, la
esperanza de una ventura superior, el porvenir brillante; reportándole a su noble
alma de madre, en el deber cumplido, una recompensa positiva e infalible, que es
la que concede el Supremo dispensador de la justicia. ¡Procuremos educarnos
pues, en las selectas filas del sentimentalismo! (40-41).
La potente prédica de Zorrilla se utiliza a modo de “guión disponible” para
crear una suerte de comunidad, al proponer estilos, bases y puesta en práctica de
conductas. Este texto da cuenta del notable grado de recepción e incorporación de
tales discursos, coincidiendo con esa mentalidad “criolla” tradicional, en defensa
de los intereses nacionales, de apego al pasado y a las leyendas solemnes, la
justificación y el homenaje a la independencia, reivindicando y glorificando a los
prohombres y a los mitos unificadores (Rodríguez Villamil, 2008).
Parecería que frente al advenimiento de cambios culturales promotores de
otro tipo de representaciones del sujeto y de cambios sociales que habilitan a las
mujeres a producir textos con un nuevo lenguaje, las autoras justifican el sentarse
a escribir únicamente para reaccionar como árbitros angelicales, actitud que
responde a lo que sucedía con los sectores dirigentes del Uruguay, los cuales
habían tomado conciencia respecto a la fragilidad del nacionalismo vernáculo.
Apuntaron entonces a reforzar la orientalidad con una estrategia política para
crear un dispositivo que tuviera el perfil de la mujer uruguaya modélica, y que se

168

�basó en discursos sobre su responsabilidad como vicarias de la maternidad, sobre
su amor y sacrificio en honor a la Patria y en su papel fundamental para fortalecer
a la familia tradicional.
Este dispositivo fue procesado tanto por hombres como por mujeres, tal
como vemos en otros apartados de esta investigación, pero nos interesa aquí leer
publicaciones de prensa contemporáneas en las que encontramos voces femeninas
que pueden oficiar de contrapunteo a estos enunciados, quizás por el bando liberal
en el que se ubican. Un ejemplo de esto es lo que expresa Vareliana (seudónimo
desconocido): “Alistémonos, pues, en las filas del ejército de esos obreros de la
idea, de esos verdaderos soldados de la democracia, y entonces habremos dado
un gran paso en bien de la patria, de la humanidad”96.
Ellas se enfrentan a una encrucijada que les exige ir hacia varias
direcciones, y todas en simultáneo: por un lado la tensión entre las ideas liberales
que se gestan en el proceso secularizador y que se traducen en la radicalidad de
los debates en torno a formulaciones sobre la educación y el lugar de las mujeres
en ese itinerario, y por otro, los puntos de fricción, los impulsos y los frenos de su
intervención en los espacios públicos. A esto se suman posturas que en muchas
ocasiones contrastan o adscriben a un Romanticismo que parecía fomentar la
participación de las mujeres mediante la revalorización del sentimiento y de la
individualidad, sin embargo a ellas “les resultaba difícil asumir los muchos
atributos que estaban en conflicto con la norma que relacionaba la identidad
femenina con la falta de deseo” (Kirkpatrik, 1991: 20). En el centro de estas
elaboraciones culturales, las escritoras permanecen atadas a la conservación de las
virtudes hegemónicas específicamente referidas a la figura materna y “a las
señoritas”, a las cuestiones ligadas a sus historias de vida y a sus búsquedas
poéticas. Y en este proceso describen ambientes helados de tumbas y sarcófagos,
remembranzas de héroes caídos y de postales antiguas, nostalgias, soledades y
cuerpos marchitos. Decisiones micropolíticas, tanto de ellas como de su entorno.
Herencias patriarcales y genealogías del pensamiento ilustrado que se afirman en
la ausencia de otros horizontes temáticos. Una de esas herencias se traduce en la
96
Fiat Lux. Semanario liberal destinado al fomento de la producción literaria. Salto Oriental, Nº 1,
Año 1, 21 de junio de 1891: 3.

169

�concepción del matrimonio como el locus natural de la mujer en tanto madre feliz.
Obras como el Tratado de la educación de las niñas de Fenelón, de 1687 junto
con el contrato social de Rousseau, serán sustrato, entre otras, de la construcción
del modelo de esposa y madre virtuosa, al que se le asignará un papel en el orden
socio-político y reforzando la binaridad público-privado (Peruchena 2010: 24).
La época en que aparecen estos poemas, abarca un período que se extiende
desde la presidencia de Bernardo Berro a la de José Batlle y Ordóñez. Este
período que “sería testigo de la declinación y caída del patriciado ‘original’, por
llamarlo de alguna forma, dando paso a nuevas generaciones donde es nuclear el
peso de la burguesía de cuño migratorio” (Real de Azúa, 1981: 96-105).
Ofelia Machado Bonet estudia la situación femenina en relación al
contexto histórico y apunta a los cambios radicales en la organización social del
momento:
“En 1889, en Montevideo, de cada nueve uruguayas, dos por lo menos, si
querían casarse, debían hacerlo con un extranjero. De estos, a su vez, por lo
menos, uno de cada cuatro, si deseaba contraer matrimonio debía casarse
necesariamente, con una uruguaya.
En la capital, el 24 % de la población ocupada, era femenino (22.828
mujeres en ún total de 94.863 personas ocupadas, que registra el censo de 1889),
pero, lo que es más significativo, sus ocupaciones eran relativamente calificadas,
pues tres de cada cuatro mujeres desempeñaban tareas en el comercio, la
industria o la docencia. En los cinco años anteriores se había producido un
curioso y fuerte descenso del porcentaje de la población ocupada en el servicio
doméstico (que es el 4,6 % en 1884 y cae al 2,8 % en 1889, en tanto que
paralelamente el nivel total de ocupación crece con intensidad) que, sin duda,
revela una atracción de la mujer por otras actividades remuneradas, de rápido
desarrollo en ese período”. (1969:149)

Barrán y Nahum afirman por otro lado que entre 1870 y 1900 el país pasó
por cambios muy importantes en lo que respecta a la vida material en cuanto al
fomento de la optimización del confort, la lenta tecnificación de la economía y el
modelo cultural de mentalidad burguesa que irá acompañando el contexto social 97.
La reforma vareliana supuso un avance en lo que se refiere a cobertura escolar,
97
Barrán, José Pedro y Nahum, José Pedro. Batlle, los estancieros y el Imperio Británico. Tomo I.
El Uruguay del Novecientos. Montevideo, EBO, 1979.

170

�pero en contraposición a la evolución de las condiciones culturales, entre 1880 y
1900 se experimentó la disminución del crecimiento demográfico a raíz de un
llamativo descenso de la natalidad y la existencia de dos únicas oleadas
inmigratorias. Asimismo, también se registran cambios en la composición de la
familia tipo, “siendo la esposa una mujer madura y los dos hijos el número ideal
de descendientes” (Peruchena, op.cit., 2010: 95). La estructuración social
uruguaya de la segunda mitad del siglo XIX es frágil en lo que respecta a la idea
de “conciencia nacional” o de “ser oriental”. Las élites vinculadas al Estado
asumieron esta carencia “cuando en el país adquiría vigencia un primer impulso
modernizador de signo capitalista y empezaban a perfilarse muchos de los rasgos
del Uruguay contemporáneo” (Caetano, 1992: 82-83). Factores internos y
externos se irán articulando para que, sumado a la necesidad de distinción y
conformación de fronteras económicas y sociales, se desarrolle un proceso de
definición de la identidad nacional, jalonado por una serie de empresas
intelectuales y artísticas que irían contribuyendo a esa tarea como lo fueron el arte
de Juan Manuel Blanes y la contribución historiográfica de las obras de Francisco
Bauzá y Carlos María Ramírez entre otros aparatos discursivos98. También se debe
tener en cuenta el papel de la Iglesia Católica en la elaboración patriótico-religiosa
y los contrastes con las posturas liberales alrededor del papel de la educación y su
influencia en la mujer. Los partidos políticos y su disputa por la nación tienen su
impacto en la literatura de varias escritoras. Importa señalar lo que se pone en
juego a la hora de pensar en lo que las mujeres “toman prestado” de la política y
qué es lo que están formulando cuando insisten en determinados ejes temáticos.
En cuanto a las manifestaciones literarias de ese momento, Achugar
entiende que el sistema lírico vigente en el proceso de modernización del Uruguay
surge como reacción, como respuesta y como proyecto estético frente a los
cambios del país, estableciendo conexiones entre determinados procedimientos
textuales y el entorno sociopolítico del que han surgido (Achugar, op.cit.: 1985).
El lirismo neo-romántico y criollista de Spikermann y Mullins y de Micaela Díaz
de Rodríguez entra en la representación del universo “supuestamente apolítico del
98
Historia de la Dominación Española (1880-1882), de Francisco Bauzá y Artigas (1884), de
Carlos María Ramírez, entre otras.

171

�hogar” y va reconociendo su implicancia histórica. En otro orden sucede algo
similar con la poesía de Sabbia y Oribe, que parece desinteresada de la realidad y
sin embargo las primeras páginas son para reconocidos militantes del Partido
Nacional. Quizás habría que sumar el Partido a ese “duelo entre el clero y la
burguesía liberal” (Barrán, 1988: 36).

h.1. Celebraciones (al cuerpo) de los aguerridos y valientes padres de la
patria

Flores marchitas de Spikermann y Mullins es una selección de textos que
incluye poesías, al igual que Rosas y Abrojos, pero ya en este último libro hay
proclamas y reflexiones cuyo cuño retórico será la Patria y la Nación. En ellos
repica la sensibilidad criolla de tendencia romántica, y la relación entre la moral y
la posición económico-social de la escritora (Rodríguez Villamil, 2008). Este
conjunto de escritos, que van desde 1899 a 1905, incluye analogías entre la vida
humana y el ciclo de las flores, sentimientos amorosos y remembranzas a los
héroes de la patria, juicios críticos a la obra de Ernestina Méndez y Reissig,
descripciones de paisajes del pueblo natal (San José de Mayo), reconocimientos a
los héroes sino también a los seres queridos, a los amigos especiales como
Fernando Rey Azopardo (hijo), Liborio Pérez y Enrique Escardó y Anaya. Pero
esto es más habitual en Rosas y Abrojos. La mayoría de los poemas de Flores
Marchitas se dirigen a las gestas patrióticas. Este libro se inicia con un prólogo
titulado “Cuatro palabras al lector” en el que se refiere al relativo éxito que tuvo
Rosas y Abrojos. Entre agradecida y llorosa la autora se define a sí misma como
una “flor marchita, hija de la reminiscencia”, que se cree en la obligación de
escribir debido a que:
“La patria abatida llora al mirar la caída de sus héroes, cual llora mi
espíritu patriota, el derrumbe de mis caros ideales. Pero soy uruguaya, y la
indómita tradición de la raza bulle en mi pecho y elevando sobre mi imaginación,
la imagen sublime de la patria, me muestra en su diestra a nuestra hermosa
bandera ese símbolo precioso, que forma el orgullo de los orientales, y la

172

�inspiradora del poeta, y me dice “sufre pero canta” canta por ella, eres mujer,
pero revélate en tus sentimientos patrióticos!” (op.cit.: pág. 1)
Las hazañas del Partido Blanco son el eje de un lirismo exaltado, donde el
mundo representado es el de la valentía, el coraje y la fuerza física del hombre.
Diferente es la estética de Rosas y Abrojos, enfocada a un sentir muy personal,
pero sin dejar de incluir su lealtad a los Treinta y tres orientales: “19 de abril de
1825” es del 1900 (10), “¡Gloria!” es de 1901 (18), “Himno Patriótico” es de 1902
(26) y “Loor” del mismo año (35)99. Quizá esta estrategia, como lo fue el
magisterio en otras escritoras, habilita la escritura de Spikermann y Mullins.
En Flores Marchitas las imágenes femeninas son escasas y se prioriza el
sentimiento de identidad y cohesión a partir de los mitos que constituyen el
imaginario colectivo del momento. Este segundo libro puede inscribirse en el
proceso de fortalecer la conciencia nacional, pero desde la perspectiva de una
mujer que pertenece a un partido específico. Se destaca el orgullo del ser “criolla”,
idea asociada a cualidades altamente valoradas, como lo indómito de la raza. En
cuanto a los aspectos morales, se realza el honor, el respeto por la palabra
empeñada, el patriotismo, la austeridad de las costumbres, el orden. Otorga un
gran peso a la vida familiar donde el eje pasa por ser una buena madre. En Rosas
y Abrojos la escritora admite que “no fue engalanada nunca con los ricos auxilios
del estudio, nací sencillamente amando con fervor a la poesía. Mi humilde
nombre no pretende traspasar los dinteles de la gloria pero sí espero oír vuestra
autorizada opinión al respecto” (VIII). He aquí la excusa perfecta para que no se
le exija demasiado: “este folleto nada vale” porque “nace de la inspiración
espontánea y sencilla nacida al calor de los primeros años” (VIII).
Los

poemas

de

Flores

Marchitas

son manifiestos

de

lealtad,

reconocimientos y evocaciones a Diego Lamas y a Saravia, nombre inmortal,
himnos a Lavalleja, a la Agraciada, a la Independencia, a la figura de Artigas, y al
conjunto de héroes “blancos”. Todo ello conforma una serie de postales y
monumentos, abrevados en el amor de madre y en el ideal masculino, así como
99
Quizás la escritora sea pariente de Juan Spikermann quien escribió La primera quincena de los
treinta y tres. Montevideo, Imprenta La Época, 1891.

173

�también en una clara reacción contra el batllismo. Spikermann y Mullins
pertenece a una fuerza política que en ese entonces polemizaba abiertamente sobre
las ideas de la nación y de los ideales cívicos y morales que a su juicio debían
nutrir el concepto de patria. La prédica nacionalista y el fervor que intenta
salvaguardar el protagonismo histórico de los fundadores de la nación, delatan los
puntos de fricción a propósito de esa disputa 100. La autora no se conforma con
escribir poemas de tema amoroso, sino que apela a sus concepciones sobre el
pasado, y su intención es la de influir en el terreno del quehacer político con
invocaciones casi religiosas: “Yo soy la que postrada, al pie del monumento ¡Un
himno de alabanza arranca al corazón!” (1905: 25). O con sus reparos hacia la
función de los militares: “Aparicio Saravia, el adalid moderno, ha sido, es y será
el predilecto de la patria. [...] Los generales de hoy en día, con excepción de
algunos, tienen ese alto grado por el sueldo; Saravia lo tuvo por sus brillantes
victorias! (1905: 29)
Los temas cívicos y patrióticos se describen con un estilo épico heroico
correspondiente a una segunda generación romántica. En su “Evocación” del 20
de mayo de 1898 recuerda una de las desgracias de la patria amada: el
fallecimiento de Diego Lamas, alma gigantesca. Aunque considera que su
pensamiento “literariamente nada vale” siente que igualmente debe expresarlo:
“la patria estaba muy lastimada cuando tú interviniste para salvarla”. En 1900 se
refiere a la epopeya cívica y militar de Lamas “ejemplo de las falanges del
futuro”:
“Los períodos políticos son como las fases de la vida, en cada uno se
desarrollan fenómenos diversos, de los cuales depende la mayor o menor
felicidad de la patria. Gobernar un país con acierto es lo más grande que se
pueda pedir, con talento es indispensable, con amor a los ciudadanos es
imprescindible. Pero desgraciadamente en esa fecha oprobiosa en que Lamas se
levantó en armas, gobernaba el país, un individuo desprovisto de todas esas
virtudes y cualidades necesarias para quien desempeña tan alta jerarquía y quien
posesionándose descaradamente del poder de toda una República (siendo
100
Caetano, Gerardo et alt. Los uruguayos del centenario. Nación, ciudadanía, religión y educación
(1910-1930). Montevideo, Taurus, 2000. En esta obra aparecen las reacciones de ataque y defensa entre
ambos partidos sobre determinados temas, como por ejemplo, las celebraciones vinculadas con los
acontecimientos patrios, o la confrontación sobre las ideales de nación, cívicos y morales que en su juicio
debían nutrir el concepto de patriotismo.

174

�extranjero) humillaba a los verdaderos orientales, y violando con su despotismo
odioso, las libertades que nos legaron en días mejores, héroes que han pasado a
la posteridad.” (31)
El texto se escribe tres años después de la revolución de 1897 y culmina
con un juramento: “Juro que mientras lata mi corazón patriota y tenga luz y vida
mi mente soñadora, siempre tendré un pensamiento para reposar en él.”(32).
Pero no solo de las gestas blancas se ocupa esta autora. También siente que
tiene algo para decir de “galas de la selecta literatura”, enfatizando en “la
inteligente e ilustrada” Ernestina Méndez Reissig, “honor y prez de las letras
uruguayas [...] que está a la cabeza en la legión de románticas soñadoras. Tan
solo aparecen los nombres y no a las obras de las “inteligentes y distinguidas
señoritas Francisca Bermúdez, María Eugenia Vaz Ferreira, Adela Castell,
María H. Savia Oribe, Sara Vera, y tantas otras fraganciosas flores, que
imitando a la modesta violeta se ocultan bajo distintos seudónimos” (7).
Se destacan las repetidas alusiones a la “inteligencia” de las autoras, lo
cual nos permite pensar que quizás lo que se intenta es afirmar la poesía no solo
como producto de sensiblerías sino como construcción del pensamiento: “No es
posible que la inteligente poetisa haya pulsado su armoniosa lira basada
únicamente en su acerbo dolor.”(8).
Spikermann y Mullins define a sus versos como “místicas canciones”,
reflejos del “espejo mágico del alma”, cuya razón de existir es hacer los honores a
un partido al cual suplica perdón por “si os ofenden mis cantares”. Se sitúa en la
esfera de la autoridad al dirigirse a “sus hermanas poetas”, sea por los años
vividos como por la experiencia ganada. La insistencia en la fama que no desea, o
en el talento del que carece, supone un reconocimiento de su labor dado que se
ocupa de un sentir especial que es el amor a la patria. Sus poemas, “flores
marchitas al soplo helado de la fatalidad”, se ubican en un locus de enunciación,
desde el que, como madre y esposa, suplica una paz incondicional entre las
divisas. Después de Tupambaé (1897) “la sangrienta batalla”, la escritora ruega
que se vuelva al “altar de la patria”, que “cobija por igual a todos los
orientales”.

175

�Pide a los hombres que piensen en que: “ la guerra civil horroriza, si con
lágrimas en los ojos y luto en el alma, lloramos el derrumbe de miles de
corazones orientales, hermanos todos, en la fraticida lucha. ¡Basta, pues, de
odios y rencores, basta!”, nos dice en “Olivos” (18). Con la misma intención de
Díaz de Rodríguez, la autora dice: “Arrojemos siemprevivas a los que yacen en
las solitarias y agrestes cuchillas” porque “solo el recuerdo de una madre, de
una esposa, de una hija, de una hermana” puede rescatar a tantas muertes injustas
en las guerras civiles. En esa misma página se alude a la espera, el sufrimiento, el
sacrificio femenino:
“¡Uruguayos, volved a la patria, que os esperamos con los corazones
henchidos de alegría y os abriremos las puertas de vuestros hogares,
alfombrando vuestro suelo con ricas ramas de olivo!
La mujer uruguaya fuerte y patriota, dispuesta a sacrificarlo todo en aras de la
patria […].” (19).
Sea como fuere estos textos son indicio de una negociación de una voz que
vibra con intensidad, y un buen ejemplo de la importancia que para Spikermann y
Mullins tenían estas cuestiones. Siendo fiel a su mentalidad criolla y conservadora
en su concepción de orientalidad, reivindica un tipo de conmemoración que
privilegia los referentes del pasado y de la tradición, pero en clave de mujer.
Como se puede notar, con un estilo esfumado y exclamativo la representación
femenina es la de un ser pasivo que únicamente está a la espera un regreso con
gloria de su hombre, una imagen que construía esta literatura y que estaba a
contracorriente de las ideas que ya por ese entonces defendían feministas pioneras
como María Abella o las que seguirán los ideas liberales con respecto a la
educación como forma de emancipación.
No obstante, hay algo en el orden del registro que podríamos señalar como
un despegue de ese lugar común en el que parece estar instalada. El tono épico,
que siempre perteneció al universo eminentemente masculino se apropia del
cuerpo de los valientes y aguerridos patriotas, retratos que no están privados de
cierta sensualidad en donde se desarrolla un tipo de masculinidad que llega al
culmen en el poema “Mi ideal”. Escrito en junio de 1903, para la “guitarra de un

176

�compatriota”, responde con “juicios sanos” a las señas del hombre que la autora
elegiría como único compañero de su vida.
Yo no quiero al hombre niño
Que abunda tanto en la esfera
Con amor a las polleras
Dando muestra de cariño;
Yo quiero al hombre que fino
Aunque criollito de cepa
A su promesa respeta
Cual la bandera sagrada
Quiero al hombre de palabra
Y de alma gigantesca.
Ese es el ser que yo quiero
Para no seguir solita;
No quiero al hombre damita
Quiero al hombre verdadero;
Quiero un criollito sincero
En un alma angelical
Que sepa siempre apreciar
Lo que en la vida es amor
Este es, mi Payador,
El tipo que yo llamo ideal.

Estas décimas son ejemplo del uso “letrado” de la cultura popular, del uso
de una voz, una alianza entre lo oral y lo escrito, no como elemento importante de
cohesión espiritual entre la tropa gaucha o como un relato de la vida pública de la
Patria, no como un enlace entre literatura y política sino como sentimiento que
discurre sobre el ideal de varón. Algo que llama la atención es que casi todo el
libro alude a gestas patrióticas y textualidades politizadas, sin embargo, en este
espacio para la payada –que podría ser incluso el más pertinente para un uso
político –se distancia del uso constitutivo del género y decide presentarlo bajo otra
clave menos convencional. Al quitarle el sentido de puja verbal pero sin apartarse
del todo de su lógica, Spikermann y Mullins estaría apropiándose de un lugar
diferente del habitualmente destinado para las mujeres, pero además lo hace
doblemente, tanto por el uso como por la temática. El uso “oral” de lo político y lo
histórico se plasma en algo más personal para definir valores asociados a la

177

�masculinidad. Se liga la imagen del cuerpo del hombre con un yo poético que
remite a categorías de género tradicionalmente asignadas a cada sexo,
apreciándose en su referencia a una libido activa en cuanto a que se desea y se
propicia el acercamiento a dicho cuerpo en su carácter de criollo; al que no lo se
quiere como “damita”, sino como hombre de verdad, heroico como los Saravia y
“payador” de alma angelical. Si como dice Josefina Ludmer: “el género no solo
disputa la dirección de los tonos (a quién dirigir desafíos y lamentos) sino
también la de los usos de los cuerpos, y cada vez, los sentidos de ciertas
palabras.” (Ludmer 2000:120) estaríamos frente a una mujer con una voz
desafiante en un ámbito público y que exhibe sus intereses, sus rebeldías. En el
ritual de la payada existe una lucha simbólica con un otro poderoso. Se
horizontalizan las relaciones o se reformulan funciones específicas, lo que no
quiere decir que se despolitice, dado el contexto de la obra, pero pone una
distancia mínima según en el circuito de interlocución en que se sitúa la autora,
distribuyendo fuerzas según el género que usa.
En “Confesión” (1905: 41) se presenta el consabido autocuestionario en
el cual se define al hombre como “el diablo civilizado” y a la mujer como “artista
consumada”. Las virtudes más estimadas para uno y otra son la galantería y la
modestia

respectivamente.

Es

interesante

percibir

el

doble

juego

de

identificaciones. En este sentido, si bien la referencialidad corpórea se ajusta a los
parámetros convencionales en torno al hombre-masculino y mujer-femenino,
aparece la actitud activa de la mujer cuando la autora/escritora tiene conciencia de
su ser en tanto sujeto de enunciación que no sólo ha recibido la palabra, sino que
además es capaz de apropiársela y manifestarla. El modelo cultural de género es
también una suerte de canon de la representación de lo masculino y femenino, lo
que estaría aludiendo a los olvidos de lo no dicho, a lo no permitido, a lo que
sugiere un cuerpo y lo que es apropiado o no para escribirlo poéticamente. Todas
las escritoras aquí estudiadas exploran el tópico desde un punto de vista idealizado
y de manera convencional. Pero esto podría verse también como una estrategia
para marcar su visión sobre algunos temas, emociones e imágenes que signaron

178

�una posibilidad de escritura, enunciados dentro de un discurso aceptado. En tan
solo unas pocas producciones aparece un desvío, sutil pero evidente, en las cuales
el “yo” femenino se expresa de forma velada sobre el tema de la maternidad o el
matrimonio, tal como hemos comentado anteriormente. La madre y la Patria son
un “deber ser” y por ende hay que analizar el sentimiento que despiertan en tanto
signos bifrontes entre el estereotipo y la posibilidad de una voz personal. El tema
del amor materno se presenta entre dos esferas dicotómicas: por un lado, el
nacimiento, la vida, la felicidad y, por otro, la muerte, la tristeza, el dolor y la
nostalgia. Para la distinguida dama “Teresa M. de Flangini” se dedica el
fragmento “¡Amor de madre!”, un relato sobre la desgraciada madre que por
necesidad tiene que entregar a su pequeño hijo al Asilo de Montevideo y así
salvarlo de la miseria. Se describe este lugar como “lleno de comodidad
confortable, pródigo en solícitos cariños, y donde hasta el lujo habita bajo sus
monumentales bóvedas” (39). Las causas sociales para haber llegado a esa
situación se explican por la falta de educación “faro que guía e ilumina” y de
religión. Esta es la misma línea de Adela Corrége: educar a las mujeres en la fe,
pero en este caso no es para advertir a las niñas para no caer en la tentación del
deseo sexual, sino a las madres, para que tengan “un alma noble, bondadosa y
fuente de dicha para sus hijos” (40):
“qué diferencia entre unas y otras madres. Si a una madre se le desgarra
el corazón por tener confiar a su hijo a los momentáneos cuidados de un Asilo
[…] ¿qué no debieran sentir, si su Ignorancia les permitiera ver, esas madres
desnaturalizadas que abandonan a sus tiernos hijos, los unos asesinados por sus
propias manos, los otros con vida y expuestos al peligro del más cruel abandono?
Madres infames! Esas mujeres, por desgracia llamaremos madres, deben haber
descendido de lo humano para entrar en lo diabólico.[…]. A mi juicio, la
existencia de esa clase de seres sin corazón (pues así las clasificaremos
inspirados por sus instintos de fieras) proviene en inmensa mayoría por la
carencia completa de educación” (40)
En toda su poética la autora adscribe fielmente a las ideas de Zorrilla, para
quien “la religión es juez del tribunal del mundo” (1905: 40) y de Isidoro de

179

�María101, especialmente en lo referido a la construcción de un perfil: “en la época
de Artigas [...] muchas mujeres orientales se singularizaron en la campaña por su
amor a la Patria,” (Cfr. Peruchena, 2010: 213). Se destaca en estas páginas la
magnitud del amor y el sacrificio en honor a la nación, además del reconocimiento
del papel fundamental que juegan las mujeres en el sostén de la familia y de la
patria. No solo se percibe la influencia de De María en lo discursivo sino también
en lo metodológico. El mencionado texto “Confesión” se estructura de igual
forma que El Catecismo de la República Oriental del Uruguay de 1872. A partir
de sencillas preguntas y respuestas se incorporan valores, se nos informa de los
gustos musicales y literarios, de tendencias políticas, creencias religiosas,
concepciones acerca del arte, de la mujer y del hombre, preferencias en general en
cuanto a ocupaciones, nombres escogidos, viajes, recuerdos, modos de vida.102
La Patria también es una madre y la Nación es como una gran familia
donde las mujeres siempre secundan al varón. Son múltiples en esta obra las
representaciones de montevideanas “ávidas de visitar las hermosas necrópolis”, ,
encantadas de padecer “un sufrimiento santo”. Sin embargo, cabe señalar una
permanente fluctuación en la configuración de imágenes femeninas, movimiento
pendular entre la espiritualización y la pasividad –tendencia imperante en la
tradición lírica e idealista del ochocientos– y la iniciativa de escribir, dando cuenta
de la necesidad concreta de tomar la palabra, dado que “eres mujer pero revélate
en tus sentimientos patrióticos” (2). La Patria habilita a las mujeres a hablar de
cuestiones públicas, pero también para que se las oiga. En “Escúchame!” , un
poema de Rosas y Abrojos la autora no se resigna al silencio y reitera casi a lo
largo de todo el texto: “¡escúchame te digo! (1901: 29). No hay lugar aquí para el
lamento sino para una exigencia de apertura a la expresión de la mujer y a un
reconocimiento de su subjetividad.
101

En 1891, Isidoro de María expresa en su obra: El libro de las niñas; compuesto
expresamente para la lectura de las uruguayas: “La mujer virtuosa, inteligente y laboriosa, honra
a su Patria, a la familia, y a sí propia. Aspirar a serlo, es acreditar amor a la Patria ” (Cfr.
Peruchena, 2010: 312) .
102

“El texto de Isidoro de María no se reduce al relato histórico sino que incorpora algunos juicios
de valor” dice Leone, Verónica. “Manuales escolares e imaginario social en el Uruguay del Centenario” en
Los Uruguayos del Centenario. Nación, ciudadanía, religión y educación (1910-1930). Montevideo,
Santillana, 2000. Pág. 156.

180

�Capítulo V
1. SILENCIAMIENTOS PARCIALES EN LA PRENSA

La pretensión no es construir un relato pormenorizado de los itinerarios de
los textos femeninos en la prensa periódica. Se trata más bien de un rastreo
específico que recoge expresiones de las autoras estudiadas en algunas revistas de
entresiglos. Esto responde a un seguimiento de las escritoras en los medios de
prensa, lo que nos permite observar las polaridades del campo cultural, el punto
de encuentro de trayectorias individuales de mujeres dentro de proyectos
colectivos, las diversas articulaciones entre política y cultura y conocer los
itinerarios de aquellas escritoras que pasan a estar presentes con sus espacios
propios en revistas.
Para este trabajo se ha realizado un pequeño corte, por fuerza fragmentario
dada la cantidad de producciones en la prensa, que toma como base algunas
revistas centrales del período, publicaciones que tuvieron un papel protagónico en
la consolidación del campo cultural. Siendo que en el Montevideo del último
cuarto del siglo XIX y primer lustro del XX hubo 302 diarios y semanarios (Cerda
Catalán, 1965: 12) el criterio de selección es investigar en documentos que den
cuenta de un registro que permita indagar una dimensión de la actividad de las

181

�mujeres. Identificar los actores que intervinieron y catalogar sus posiciones en un
contexto de entrada a la Modernidad implica, por un lado, atender las
construcciones ideológicas de los debates entre la identidad nacional, género y
formas culturales del período; y por otro, la definición del rol de las mujeres
plasmado en la confrontación y circulación de ideas en un escenario propicio para
el protagonismo femenino. El estudio de la relación de la escritora con los medios
de prensa en el período finisecular de nuestro país todavía presentando muchas
lagunas que reclaman mayor atención, dado el gran desarrollo que tuvo el
periodismo en la época.
Casi rozando los años noventa del siglo XIX sigue siendo escasa su
participación en revistas y semanarios uruguayos. En general utilizaron los
medios para publicar sus poesías y cuentos y en menor grado para apelar a la
necesidad de una educación progresista para mujeres (sobre todo en la Revista del
Salto). Quizás la prensa fue un trampolín, o un eslabón para difundir sus trabajos
literarios. Su presencia se constata en diferentes revistas no especializadas para un
público femenino, y por ende, lo que pudo haber sido una oportunidad no
favoreció la diversificación de su producción. Por la implicancia y factura de sus
contribuciones entendemos que no tuvieron un lugar para la opinión, ni para la
crónica, ni para entrevistas y tampoco para sus impresiones, es decir, no se les dio
espacio para cultivar el género y menos para comprender las claves de la
comunicación periodística. Muy distinta era la realidad en la vecina orilla, donde
ya desde 1830 Petrona Rosende de la Sierra escribía La Aljaba. Aquellas cuatro
hojas semanales dedicadas a la educación de la mujer llevaban en la portada una
declaración bastante urgente y moderna: “Nos libraremos de las injusticias de los
demás hombres solamente cuando no existamos entre ellos” (cfr. Masiello, 1994:
13). Sus dieciocho números se inscribían en la formulación de una “maternidad
republicana” que exaltaba los valores del trono doméstico en el sentido católico y
tradicional. Pero simultáneamente, incluían también una crítica de las luchas
fraticidas promulgadas por el caudillismo, abordaban el tema del acceso libre de la
mujer a los estudios de la ciencia moderna y rechazaban la idea de que la
educación corrompa al “bello secso”.

182

�La otra escritora de importante trayectoria cultural y literaria incluso en
Montevideo fue Juana Manso, quien tuvo una participación activa en el ámbito
educativo y en nuestra prensa de los años cuarenta. Según Liliana Zucotti (1992)
la autora comenzó a publicar algunos poemas en El Nacional, casi todos
vinculados a hechos históricos, acontecimientos públicos y necrologías: “A la hija
del jefe de policía de Montevideo”, “Una tumba”, “Una lágrima para ella”, “A
Corrientes vencedora” y “La mujer poeta”. 103 Cabe señalar que fue la única
escritora presente en la Colección de poetas del Río de la Plata compilada por
Juan Andrés Lamas, Juan María Gutiérrez, José Rivera Indarte y Teodoro
Vilardebó. La estructura básica de esta obra, armada en 1842 y reelaborada en
1852, incluye tres poesías de Juana Paula Manso “El Ciprés”, “Un preludio de
dolor”, “A Italia” (Rocca, 2011: 258-265).
A lo largo del ochocientos las publicaciones dirigidas por argentinas (y por
uruguayas que vivieron en ese país, como Rosende y Larrosa), se centran en los
reclamos por los derechos civiles y la ampliación de enfoques ligados a la
perspectiva del progreso. En su totalidad este periodismo ofrece una audaz mirada
sobre la situación femenina, lo cual no tendrá la misma replica en nuestro
contexto. Son muy pocas las mujeres que escriben en prensa y lo hacen con una
perspectiva más discreta. En las revistas estudiadas encontramos tan solo a dos o
tres autoras que se animan a repensar el quehacer doméstico y las obligaciones de
la madre y esposa. La conducta habitual es aparecer muy de vez en cuando en
pequeños espacios concedidos en semanarios o revistas locales, a excepción de las
hermanas Castell y Ernestina Méndez Reissig quienes escribieron asiduamente sus
poemas y también lo hicieron en revistas internacionales.
Las mujeres de los sectores dominantes publicaban, en la mayoría de los
casos para enseñar, modalidad en la que también se permitían dar opiniones sobre
otros temas, tal es el caso de Adela Castell con su discurso en conmemoración de
103

La fuente de información más completa sobre la escritora se encuentra en:
http://www.juanamanso.org/2010/06/itinerario-biografico.html. De este sitio extractamos el artículo de
Liliana Zucotti: “La Historia escrita por mujeres: Mariquita Sánchez, Juana Manso, Juana Manuela Gorriti”
en II Jornadas de Historia de las Mujeres Historia y Género. Setiembre de 1992, UBA, Facultad de Ciencias
Sociales.

183

�una fecha patria que aparece en el número diez de la Revista Nacional de
Literatura y Ciencias Sociales. Otras, como las maestras escritoras en el Revista
del Salto, creían en el programa positivista del progreso material y moral desde la
reflexión sobre la importancia de la educación laica. Si bien parecerían ser meros
ecos de la mentalidad masculina en el caso de compartir un tema en común con
los escritores, siempre se encontrarán matices que permitirán interpretarlas en sus
propios términos. Analizar sus textos implica entonces atender los desvíos de una
tradición literaria y comprender la voluntad que se necesitaba para realizarlos. Así
dice Pelliza de Sagasta escribió en 1885 que “La mujer argentina que escribe una
carta –una página, un libro, en fin– tiene que ser antes que escritora, heroica”
(cit. Frederick, 1993:11)
Tanto María Louise Pratt (2000) como Francine Massiello (1994), por solo
nombrar a dos estudiosas sobre la mujer y el espacio público decimonónico,
consignan múltiples intervenciones de escritoras latinoamericanas en fuentes
periodísticas, demostrando el amplio panorama de ideas que se manejaban en la
época. Pratt se refiere a los “ensayos de identidad” para caracterizar una práctica
en la cual las mujeres no tenían cabida. 104 Dueños del pensamiento y de la función
política, cultural e intelectual, los hombres “ensayan” el estatuto y la codificación
de lo femenino en las repúblicas fundadas en el siglo XIX. Por lo tanto, si las
mujeres querían escribir y hablar, debían hacerlo “como mujeres”. Esa era la
única estrategia que tenían para ser escuchadas en un intento de interrumpir el
monólogo masculino y el monopolio cultural. A pesar de ello, el ambiente
finisecular posibilitó aún más que antes el surgimiento de revistas dirigidas y
escritas por mujeres así como la conformación de clubes literarios donde se
debatían los problemas de la época. Por primera vez las escritoras no ocultaron
sus nombres para cuestionar su exclusión del discurso y las relaciones de
dominación y dependencia, utilizando para ello diversos géneros de escritura,
porque hasta entonces esa actividad estuvo reducida al ámbito privado.
104
En su artículo Pratt hace referencia a los ensayos de escritoras latinoamericanas sobre la mujer:
“Emancipación moral de la mujer” (1853) de Juana Manso “La Mujer” (1860) de Gertrudis Gómez de
Avellaneda, “Influencia de la mujer en la sociedad moderna” (1874) de Mercedes Cabello de Carbonera, “Las
obreras del pensamiento” (1895) de Clorinda Matto de Turner, “La mujer en la sociedad moderna” (1895) de
Soledad Acosta de Samper.

184

�El elemento femenino es escaso en la prensa uruguaya, lo que permite dar
un indicio del nivel de su participación cultural y cívica. Siendo el eje principal de
sus textos el amor romántico, tímidamente las mujeres se irán asomando a los
campos de la política y la cultura, aún en complicidad con el discurso
androcéntrico. En efecto, más allá de los quehaceres domésticos y de la
instrucción hogareña de los futuros ciudadanos, algunas escritoras se insertan en
los debates relacionados con el Estado y exponen su visión sobre la
modernización del país. En este sentido se destaca Ernestina Méndez Reissig
quien, como ya se vio, inicia su trayectoria como poeta en 1899 y más tarde, en
1917 aparece como delegada de la Liga Antituberculosa Uruguaya y secretaria de
la Comisión de Damas, además de integrar inicialmente el Consejo Nacional de
Mujeres del Uruguay (Peruchena, 2010: 29). Por más que las fechas de estas
noticias exceden las cotas que manejamos en esta investigación, el dato muestra la
evolución de una autora de poemas intimistas de corte neorromántico a una
escritora que aparece en las notas de Acción Femenina, revista de difusión de
dicho Consejo.
A pesar de los pocos espacios escriturales concedidos, algunas se lanzan a
la discusión nacional de ideas progresistas liberales confrontadas al clericalismo.
Escribiendo en los periódicos ensayan su capacidad de elaborar y producir
conocimientos. El uso público del lenguaje escrito descubre sus posibilidades de
aparecer en ámbitos donde pueden ejercer el derecho de opinión, experiencia que
las impulsa a dirigir sus energías hacia la defensa de la educación de las mujeres
para promover el ejercicio del derecho a capacitarse. El foco de reflexión sobre lo
educativo se generó mayoritariamente en los periódicos de corte liberal, logrando
la consideración de la problemática como un progreso para las ciencias y un
avance para el sexo femenino. En torno a estos temas se reformuló la relación de
la mujer con su hogar mediante una doble estrategia que se erigía y oscilaba entre
su control, disciplinamiento y emancipación.
Fiat Lux es un ejemplo de estas discusiones. En 1891 sale un semanario
dominical originario de Salto, cuyo título ya presenta un panorama de la difusión
de ideas vinculadas al progreso, a la modernización y a la civilización, reflejando

185

�de esta forma las tensiones que atravesaba el país. En acérrima defensa del
pensamiento ilustrado y liberal, María, Vareliana, Juana de Arco y Palas escriben
con preocupación sobre la importancia de dicha corriente entendida como motor
de avance para las mujeres. Los textos de europeos, como Daguerre o Michelet se
incluyen bajo un criterio editorial que confiere especial interés porque permite
seguir el proceso de entrada e instalación de patrones, así como de los modelos
educativos que se propugnan en este período. Muy pronto se advierte que cada
una discurre sobre la conveniencia de recibir una mayor y mejor educación que las
habilite a acompasarse con el progreso que experimentaba el país de entonces. Sin
embargo, mujer educada no era sinónimo de mujer libre de sus deberes familiares,
sino más bien del yugo religioso al que se veía sometida por haber recibido una
instrucción católica.
En la columna denominada “Los ideales de la Liga Patriótica” Vareliana
(seud.) llama a romper las cadenas con que el clero amarra a las mujeres. Para la
autora esta esclavitud impide el avance y triunfo de las ideas liberales, ya que es la
propia mujer quien secunda el poder de la Iglesia. Por eso mismo la propuesta es:

“[…] Combatir el mal en su origen, es decir, arrancarla del yugo
funesto de la enseñanza eclesial, que empequeñece su espíritu y enerva su
inteligencia hasta el extremo de abrigar la convicción de que su misión
más santa en las sociedades consiste en encerrarse en un claustro y
consagrarse exclusivamente a Dios [...] entregada a la siempre perjudicial
práctica del confesionario [...] y mientras todo eso acontece, las múltiples
y sagradas tareas que reclaman su presencia en el hogar se hallan en
completo descuido y abandono. Hay que debilitar la poderosa influencia
que ejerce el sacerdote en el ánimo de la mujer, conduciéndola casi
siempre a establecer la discordia entre el esposo y la esposa, el padre y la
hija, el hermano y la hermana” (Fiat Lux, 1891, Nº 1: 3)

El tono de estas afirmaciones y las expresiones categóricas no son
habituales en las producciones femeninas. La existencia de doctrinas “estúpidas y
falsas” que subyugan a las mujeres “engañadas y seducidas moral e
intelectualmente” ameritan a resguardarla en la intimidad del hogar, dado que la
figura sacerdotal disputa la autoridad del padre de familia. Para que la mujer no

186

�quede “abandonada y sumida en las tinieblas” es necesario comenzar “una obra
de reconstrucción social” que los directores de la Liga Patriótica se encargarán de
llevar adelante con la fundación de un “gran colegio modelo de enseñanza
elemental y superior para señoritas”, un lugar “sin banderas, ni color político”,
difusor de “la luz y la verdad”, para “inculcar ideas en las juveniles inteligencias
de la niña uruguaya”. (Fiat Lux, Op. cit.: 3).
Se incita a las lectoras a “hacer un pequeño sacrificio [...] para que todas
las niñas uruguayas puedan tener la conciencia de sus derechos y deberes [...]
encarnando así una vida que solo existe de nombre para nosotros.”(3). Este
fragmento vale como ejemplo de la internalización de convicciones y de las
respuestas femeninas al bombardeo discursivo de la época. Es interesante, pero no
sorprendente, que siendo una mujer la que trata este tema se siga descalificando al
propio género, tal como lo hicieron ambos bandos a lo largo del siglo. Se
reconoce la oportunidad de recibir instrucción pero se entiende que es en el
ámbito doméstico donde debe adscribirse. Es decir, la mujer de la ideología liberal
conservadora no se diferenciaba demasiado de la mujer católica. La construcción
del género se dirime en la disputa por el control de la conciencia y de las reglas
sexuales.
Las ideas cruzadas en el debate entre liberales y defensores de la Iglesia se
instalan en un período que va del 1880 a 1925, un tiempo en que “se originó un
movimiento perfectamente definido de lucha anticlerical, encabezado por lo más
granado de la ilustración universitaria de la época” (Ardao, 1962: 336). Las
mujeres no quedaron ajenas a esta fiebre liberal que coincide con la época
militarista de mentalidades “modernizadas” y progresistas, tanto a nivel de la
capital como en algunos puntos del interior. Este proceso, con obvias implicancias
en los modelos económicos y sociales 105 integra vertientes que las sensibilidades
“europeizadas”, asociadas al sector económico dominante, se preocuparán por
105

En Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850-1900). La mentalidad criolla tradicional
Silvia Rodríguez Villamil estudia los efectos de la modernización en todos los aspectos de la vida uruguaya.
Define el concepto como “un fuerte impulso-favorecido por grupos nacionales y por intereses extranjerostendiente a la realización de importantes modificaciones en las estructuras económicas y sociales que las
hicieran más aptas para integrarse al régimen de producción impuesto internacionalmente por los países
capitalistas europeos, según las necesidades de éstos” (1968: 10). Este proceso se verificaría en la alteración
de los “moldes criollos” y cambios demográficos cuyas consecuencias se extienden a cambios ideológicoculturales, modos de vida y costumbres.

187

�consolidar con una cosmovisión muy distanciada del modelo criollo tradicional.
Motivadas por el progreso de nuestra sociedad se abrirán expectativas que
destacarán la vinculación entre aspectos referidos a las creencias religiosas y a los
códigos morales, a la actitud frente a la cultura, a las relaciones interpersonales y a
la necesidad de adecuar los adelantos científicos y logros culturales de Europa.
Barrán (1989) analiza el impacto en las nuevas sensibilidades que empiezan a
gestarse debido a la renovación de modelos económicos y a la formación de una
sociedad burguesa. Esto se traducirá en la sustitución de varios planos en la vida
social que van desde la valoración positiva del ocio a una exaltación del trabajo y
del estanciero caudillo devenido en empresario, así como también el proceso de
estratificación entre clases conservadoras y las clases populares. La incipiente
burguesía nacional –integrada por las clases dirigentes en lo político-religioso y
conservadoras o privilegiadas en lo económico– instalaría el dispositivo
“disciplinado” que les era afín, la escuela vareliana basada en la obediencia así
como la paulatina montevideanización del interior del país por efecto de la
difusión de las premisas de cultura y sociabilidad forjadas en la capital. A estos
núcleos de coacción de un Estado en plena modernización, Peruchena agrega el
otro “medio de eficiencia superlativa” que fueron las madres de las elites, a las
que a su vez considera como “pacientes de una doble operación” ejercida por los
varones de su grupo social, quienes les imponen y las preparan para transmitir un
modelo, de manera tal que podrían llegar a ser no solo víctimas (como opina
Barrán) sino también victimarias (Peruchena, 2010: 115).
En este contexto de diversas acciones que promueven y a la vez inhiben la
participación de las mujeres, observaremos un conjunto de publicaciones
periodísticas en las cuales aparecen textos en donde ellas toman la palabra.
Teniendo en cuenta que accedimos únicamente a ejemplares digitalizados, queda
claro que tan solo se puede brindar una idea aproximada sobre este preoceso. 106
`Existen otras publicaciones o escritoras de las que no tenemos registro, como por
ejemplo la que nombra Juana Manuela Gorriti en una de sus cartas a Ricardo
Palma:
106

Ver periodicas.edu.uy

188

�“No sé si he hablado a Ud. de una cierta Adelita Bustelo, poetiza
(sic) y muy linda niña que de Montevideo se costeó aquí para pedirme un
autógrafo en su álbum de idem. Como en tales libros la prosa es
inaguantable, sin saber cómo hacer con la mía algún zurcido, imaginé
una historieta en dos palabras en que iba mezclado el nombre de U. como
un talismán, y además, autorizando grandes elogios a la musa dueña del
álbum. Como el nombre de Palma es una palabra mágica en las orillas
del Plata, al leerlo, todos los periódicos de Montevideo lo codiciaron, y
cuando nuestro amigo El Plata Ilustrado quiso apoderarse de él, lo vio
reproducido en tres diarios a la vez.”107

Así como Adelita Bustelo, están las presencias puntuales y esporádicas de
Casiana Flores y Sara Julieta Arias con uno o dos cuentos cortos en la Revista
Nacional de Literatura y Ciencias Sociales, Clara Gianetto, Aída Parodi Uriarte y
Concepción Mestre de Silva con sus poesías en La Revista.
Distinto es el caso de las hermanas Adela y Dorila Castell, quienes
ejemplifican la representación cambiante de lo femenino en el campo cultural y la
lucha por ganar acceso al reino simbólico de los medios de prensa. Si bien
escribieron sistemáticamente en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias
Sociales también lo hicieron en otras revistas importantes. 108 En el acotado marco
en que nos ubicamos pensamos que vale la pena rescatar su trayectoria, su visión
de las cosas y su protagonismo si es que existe.

a. La Idea Moderna (1893)
107
Batticuore, Graciela y Zucotti, Liliana: “Papeles de entre casa. Juana Manuela Gorriti”. (1997:
5), disponible en http://lasa.international.pitt.edu/LASA97/batticuore.pdf (consultado en abril de 2013). No se
dice la fecha exacta de la carta, pero el epistolario entre Gorriti y Palma se escribe entre 1883-1892.
108
Según la indexación que realiza María Isabel Fernández Prieto (1993) de escritores
latinoamericanos en la revista española El álbum Ibero-americano (1890-1909) dirigida por Concepción
Gimeno de Flaquer. Adela Castell ya había publicado, en setiembre de 1890 y desde Paysandú, un artículo
denominado: “Distintos aspectos” y un poema: “Cuando la luz de una ilusión ardiente”. Otro uruguayo
presente en dicha revista fue Juan Zorrilla de San Martín con su texto: “A Colón, un deseo” (1892) el cual
firmó como ministro de Uruguay. La investigadora maneja información hasta 1899, con lo cual no podemos
acceder a las publicaciones de uruguayas en el período 1900-1909. Por más datos ver en Fernández Prieto,
María Isabel. “Escritores Hispanoamericanos en El Álbum Ibero-americano. (1890-1899), en Revista de la
Universidad
Complutense
de
Madrid
disponible
en
http://revistas.ucm.es/index.php/DCIN/article/viewFile/DCIN9393110115A/20154 (consultado en noviembre
de 2013).

189

�Se trata de un semanario ilustrado originario de Salto que se presenta a sí
mismo como “literario-artístico, científico y comercial”. En los dieciocho
números que se extienden del primero de enero de 1893 al treinta de abril del
mismo año, registramos una sola intervención femenina que aparece en el número
doce, del 19 de marzo, firmada por María.
Fantasía
Ven, mancebo gentil de rostro pálido
Ven y riega mi corazón marchito con lágrimas de tus ojos soñadores
Deja depositar en tus labios coralinos el ósculo ardiente
De mi cariño santo
Más, no, tal vez el ángel blanco de mi bella ilusión
Caiga al cieno con las alas rotas al contacto de nuestros cuerpos…
Deja que te adore y en silencio te ame. (93)

Nuevamente el silencio y el ocultamiento, otra vez la resignación a cambio
de que no caiga al cieno el ángel blanco de las ilusiones. Un ángel que se precipita
con sus alas rotas si los cuerpos llegaran a tocarse. En esta “fantasía” se ruega el
acercamiento del mancebo para inmediatamente pedirle que se aleje. En este
vaivén del “sí pero no”, “sí pero nunca”, se mueven la mayoría de las expresiones
femeninas literarias del período.

b. La Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales (1895)

A fines del ochocientos los letrados montevideanos comenzaban a
inventarse una tradición para la literatura y la cultura uruguaya aunque siguieran
viéndola como una tarea del presente. El 5 de marzo de 1895 Daniel Martínez
Vigil, Víctor Pérez Petit, Carlos Martínez Vigil y José Enrique Rodó redactan un

190

�programa que plantea la necesaria existencia de una publicación periódica que
“reflejara con exactitud la vida cerebral de las nuevas generaciones” en materia
científica y literaria. El objetivo de la revista es “sacudir del marasmo en el que
yacen las fuerzas vivas de la intelectualidad uruguaya.” Con frecuencia quincenal
y a lo largo de casi tres años seguidos, desde el 5 de marzo de 1895 hasta el 25 de
noviembre de 1897, el criterio editorial fue incluir alguna que otra producción
femenina en cada número, aunque no esté explicitado en ningún lado. Predominan
los textos de Adela Castell y Dorila Castell de Orozco mientras que Sara Arias,
María H. Sabbia y Oribe, Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de
Carbonera aparecerán en uno o dos números de un total de sesenta. 109 Esta revista
funciona como indicador para seguir trayectorias significativas del combate
“cultural” de las mujeres en una época determinada.
Desde el primer número se da a conocer “La Eterna Canción”, poema de
María Eugenia Vaz Ferreira, siendo esta una de las dos piezas de su autoría que
encontramos en la totalidad de la colección. La segunda, denominada “¿Por qué?”
(pág. 378) se publicará recién en el número veinticuatro y sin el permiso
correspondiente: “Sin contar con la autorización de la autora y merced a la
influencia de un amigo, publicamos la siguiente hermosa composición debida al
estro de las más inteligentes poetisas nacionales”.
Idéntico gesto editorial se reitera en la Revista del Salto con otro texto
femenino, tal como se verá más adelante. Un acto ambivalente que anima a las
mujeres a cruzar la frontera hacia lo público.
Ya en el tercer ejemplar entra en escena Adela Castell “la primera de las
poetisas uruguayas” y “una inspirada cultora de la gaya ciencia”.110 Según los
redactores, la autora promete una “colaboración asidua” (pág. 36). Es notoria la
diferencia entre los elogios brindados a Castell y el silencio frente al primer
109

La
colección
entera
está
publicada
en
Internet.
Ver
http://www.periodicas.edu.uy/Revista_Nacional_Literatura/pdfs/RNL_60.pdf
110
Conocemos su imagen porque es uno de los cuatro retratos femeninos que aparece en El
Parnaso Oriental de Raúl Montero Bustamante (1905). Su fotografía está junto a la de Julio Herrera y
Reissig, Guzmán Papini y Zas, Emilio Frugoni, Ricardo Passano, Ubaldo Ramón Guerra, Guillermo P.
Rodríguez, Manuel Bernárdez y Daniel Martínez Vigil. Allí se muestra con una mirada recatada y discreta, la
única permitida para la época.

191

�poema de Vaz Ferreira, que casi se pierde entre cantidad de anécdotas y
reflexiones de varios escritores. “A Esperanza” es el texto que inicia la trayectoria
de Aída Castell en la revista. ¿Será casualidad que este primer paso se realice con
un poema sobre Pandora y la esperanza?
Se anuncia también que la autora, que “lleva el sello de su inteligencia
brillante y de su rara ilustración”, publicará un artículo en prosa para el próximo
número, lo que recién se concretará en el décimo. Sin embargo, en el quinto
ejemplar se incluye un fragmento que podría explicar de alguna manera su
presencia en dicha revista, en tanto sus versos no refieren al típico amor romántico
y lacrimoso sino que abarca otras temáticas que podrían resultar de más interés a
los lectores masculinos. La incertidumbre sobre la existencia del alma, el
cuestionamiento al desprecio de la materia y la herencia genética son motivo de
reflexión en los versos de “La duda eterna”. En el número seis, de abril de 1895,
se incluye un poema de Adela Castell y otro de María Hortensia Sabbia y Oribe,
“la inteligente y conocida niña111. Es presentada por un tutor o padrino, Ricardo
Sánchez, que se refiere a “la sencillez, naturalidad y sentimiento: versos fluidos y
sanas ideas, en resumen esa difícil facilidad que es tan raro encontrar en los
principiantes”. El poema “A mi madre” (pág. 93) oficia de saludo de cumpleaños
a modo de “Salve” dando cuenta de la común asociación entre la madre y la santa.
Por su parte, Aída Castell no necesita a los muertos ni a las flores para
expresar su interioridad:
“Ah, exclamé arrepentida, la montaña
La pesada cantera, es la manta que cubre los volcanes,
Los fuegos de la tierra” (Pág. 88)
En el octavo ejemplar Castell reflexiona sobre la felicidad y la tristeza
humana en general, compadeciéndose de sus infortunios pero trascendiendo el
plano de la simple conmiseración:
¡Qué pena el ser humano!
¡Qué lástima le tengo!
111
Sobre el fenómeno de aniñamiento de las poetas del siglo XIX, ver el trabajo de Silvia Molloy al
respecto sobre la representación y autofiguración de la escritora Delmira Agustini. (Op. cit., 2012)

192

�Quiero ser ángel o ave…
Pues en compadecerme no me avengo. (120)

Sorprende encontrar en el mismo número un cuento de Casiana Flores
denominado ¡Es tarde! Vale la pena comentar el argumento: Jorge, un escéptico
de orgullo sin límites, cae en la cuenta a sus 25 años, de que la vida es algo más
que divertirse y pasar el tiempo. Su crisis existencial se origina a partir de la
correspondencia que recibe de su antigua novia, una joven a quien “mucho hizo
sufrir en el pasado” y que ahora está a punto de casarse con otro. En un espacio
considerable –dos de las nueve páginas de la revista, lo cual es bastante si
comparamos con la amplitud de otros textos de mujeres publicados allí mismo–
para una trama que se basa casi exclusivamente en detallar las acciones del
muchacho para vengarse de la actual felicidad de la mujer.
En el décimo número reaparece Adela Castell, pero en esta oportunidad se
trata del discurso pronunciado en una “velada literaria” celebrada el 18 de julio de
1895 en el Club Oriental de Buenos Aires. “Fraternidad Americana” es la breve
proclama dirigida a los uruguayos exiliados en Argentina a propósito de
conmemorar la Jura de la Constitución. Dice sentirse “gratamente sorprendida
por la galante invitación de los socios del club” sin embargo, sus afirmaciones
tendrán más de crítica que de evocación patriótica:
“No porque se esté lejos de la patria ha de glorificarse todo lo que ella
encierra, porque a la par que en nuestras almas se levanta el himno de los
grandes entusiasmos para cantar sus glorias se eleva el anatema de las grandes
reprobaciones para condenar el extravío de sus hijos […] ha habido, como en
muchos países de la tierra, transacciones con el mal.” (Pág. 147)
Si se compara esta concepción con la de las demás escritoras se observa un
distanciamiento del sentimentalismo que las caracteriza. Con solo mencionar que
la idea misma de lo patriótico puede ser causa de tantos desastres y de
transacciones con el mal ya estaría implicando un análisis más objetivo y riguroso.
Más adelante, en el número once se encuentra “En un álbum”, poema
dedicado a Julia por tener el “mérito de ser muy simpática”. Allí explica que “no

193

�moja su pluma en las estrellas sino en luz reflejada” (175), frase que entraña la
forma de pensar su trabajo literario y de escudar sus propias creaciones.
En octubre de 1895 sale el número quince en el cual la autora denomina
como “costumbre criolla” a un relato llamado “Présteme el Angelito”, en el cual
narra una tradición “muy primitiva” que tiene la gente del campo de velar a los
recién nacidos durante cinco días entre polkas, pericón y cañas. “Un hábito de
gente ignorante” pero “que parecen estar más en armonía que los de ahora”. A
partir de esta afirmación Adela Castell plantea lo que considera como civilización
y como barbarie:
“Aquellos hábitos de la gente ignorante parecen estar más en armonía
que los de ahora, en casos análogos, con las creencias religiosas, pues como los
ángeles vuelan sin mancha, los hombres regocijados entonan el hossana de la
tierra para reforzar el hossana de los cielos, mientras que la civilización de hoy,
más hipócrita, o menos altruista, hace duelo cuando huye el ángel en vez de
felicitarse de que en el barro de la tierra no se enloden sus blancas alitas. Pero
tanto los civilizados como los salvajes, buscan pretextos para seguir sus instintos
de placer, y solo es grande el que tiene sobre sí mismo el suficiente dominio de
sofocarlos” (op. cit.: 229).

El reconocimiento de la hipocresía de la civilización y de la autenticidad
en la barbarie, así como de lo ambos tienen en común, permite un examen de la
construcción de estas ideas en plena modernidad. La interpretación de Castell
frente a este conflicto responde a una necesidad de la que Massiello da cuenta al
constatar que en esta época las mujeres cuestionan la filosofía positivista
(Massiello, 1997). Enfatizar en el exceso y en el desorden de los participantes de
la fiesta (sujetos desviados y de condición inferior) puede funcionar como un
trastorno del discurso positivista del conocimiento especializado y como visión
intermedia que desestabiliza algunas relaciones entre Europa y América. Por algo
la narración incluye la presencia de “Mister Amley”, un inglés que “tenía mucha
altura moral” pero que igual termina siendo arrastrado por “el delirio del baile sin
respeto ni consideraciones”. He aquí una concepción alternativa que mina las
lógicas binarias.

194

�El número dieciséis introduce a Dorila Castell de Orozco a través de una
carta en respuesta a Víctor Pérez Petit, quien le había solicitado anteriormente
“algo para publicar en la revista” (215). En dicha correspondencia emergen todas
las estrategias de la modestia para disimular la inseguridad que provoca a una
mujer entrar al escenario público. La autora dice no tener “ni arte, ni ciencia, ni
inspiración”. Explica que en la escuela “se sentía feliz porque era amada y
escuchada con veneración”, porque ese lugar “era mi teatro donde siempre
recogía aplausos que me halagaban porque eran espontáneos”. Y que de “aquel
delicado consorcio de la mujer joven y la niñez inocente tenía que nacer la
poesía”. En la escuela recorría “mi lira la escala de los dulces afectos, vibrando
más alta que todas, la nota que entonaba a la patria”. Justifica ser escritora no
porque lo haya querido, sino porque los niños fueron copiando sus versos y de
esta manera salieron del dominio de la “privacidad” de ese recinto: “volaron por
ahí como avecitas, y como eran tiernas y cariñosas, inofensivas, se hicieron
querer y algunas llegaron a la prensa y anidaron en sus columnas”. Tras realizar
comentarios elogiosos hacia la revista, acepta ocupar un lugar en la misma ya que
“constituye el más fiel y honroso reflejo de la intelectualidad uruguaya del
momento actual”. A continuación se publica el poema “A un alma enferma”:
“Y en esa sed inextinguible, ardiente
De hallar el cáliz de la dulce escencia
Vas aspirando la mortal congoja
Siempre anhelante” (Pág. 215).
Es un texto de considerable extensión en el cual se configura el
predominio de la zona afectiva sobre la racional, acendrado en la conciencia de
soledad y en tonos sentimentales e intimistas, con matices de desesperación y
pesimismo, todas construcciones típicas del Romanticismo. En el mismo número
aparece “Corina” de Adela Castell. Vale la pena mencionar el conflicto que se
plantea:
“Mujer nacida para amar, tenía
Valor, ternura y gracia;

195

�Las condiciones del hogar reunidas
Con ese temple del alma que agiganta.
Más nunca fue feliz, no halló a su paso
Un alma igual a la suya
Y si le halló jamás fue comprendida
Ni comprendió tal vez. ¡Problema extraño!
Incógnita por cierto bien oscura”. (217)
La ausencia de un referente a la altura del valor y de la capacidad de
sacrificio femenino, y sumado a esto la incomprensión mutua de los géneros,
condena a la mujer a la soledad más absoluta. Esta visión desencantada del amor
puede encerrar la posibilidad de destinos alternativos al matrimonio, situación que
Adela Castell no menciona explícitamente pero en su poética aparecerán reparos a
la situación de la mujer casada.
El número diecisiete reúne a tres mujeres. Junto a Dorila y Adela Castell
se publica en primera página un texto de Clorinda Matto de Turner. “Guirnaldas y
Coronas” dedicado “A César Orozco, del distinguido ejército uruguayo”, es el
relato de la Batalla de Huamachuco y de las acciones de héroes militares peruanos
en las que se destaca la figura de Cáceres. Aquí se plasma su concepción de Patria
y su preocupación por las relaciones entre Perú y Argentina, por la memoria, por
el culto a los héroes y la necesidad de rescatar para ellos un lugar de privilegio en
la Historia. Es la misma intención “patriótica” de Micaela Díaz de Rodríguez y de
Celina Spikermann y Mullins.
Dorila Orozco por su parte escribe “Rapsodia” (263), expresando el
despertar del alma “con ansias de amor” manifestada en la modulación de un
“dulce gemir” de los labios. Sin embargo se desea no tener cuerpo para no sentir:
¿qué no puede el alma tener otra vida/ sin cuerpo de fibras? En esta frase se
encauza la poética angelical y platónica propia de las “artes de agradar” (Gilbert y
Gubar; 1984:38) de las mujeres de la época. Sin embargo, en “Óptica del Amor” ,
otro de los poemas de Adela Castell, se incluye vocabulario científico para asociar
el amor a las leyes físicas y quizás aquí, dichas artes para agradar a los hombres se
canalizan por el lado de la ciencia :

196

�“Cuando la simpatía es tan naciente
Que se descubre apenas,
El deseo le aplica (como en la Física)
Una lente convexa” (RNL, Nº 17:260)
Reflejo, incidencia, normal, dispersión, la raya oscura de Fraunhofer,
divergencia, polarización, foco, mágica linterna, interferencia, convexo y todo un
conjunto de términos que en alguna medida intentan demostrar el nivel de
conocimientos que tiene la “cultora de la gaya ciencia”.
Es interesante comprobar cómo en un mismo ejemplar se usan tres
estrategias femeninas que encarnan miradas hegemónicas aunque diferentes sobre
el amor, el cuerpo y la patria, utilizadas quizás para seguir ocupando un espacio,
pequeño pero real, dentro del mundo eminentemente masculino. A su vez, al
integrar otros lenguajes tratan de distanciarse de los lugares comunes. Quién sabe
si Carlos Martínez Vigil no se inspiró en esta pieza de Adela Castell al componer
“de su cartera” un fragmento publicado en el número siguiente:
“El matrimonio es como un espejo esférico
cuya superficie cóncava
La ocupa la esposa y la convexa el marido
He aquí por qué en él se ven tan pequeño el hombre
y tan grande la mujer” (RNL, Nº 18: 275)
Clorinda Matto de Turner volverá nuevamente pero por última vez en el
número dieciocho, con un texto denominado “Plumas y Lápices” en el cual
explica su oficio de escritora y su capacidad para combinar los deberes del hogar
con dicha tarea. De acuerdo al tipo de contenidos, y dependiendo del destino que
haya que adjudicarles, usará la pluma de acero, la de oro o la blanca. Lo mismo
sucederá con el color del lápiz, que según el uso será rojo, negro, o azul. A la hora
de tener que elegir se quedará con los que le permiten unir su actividad de
escritora y su familia: “Mi lápiz negro y mi pluma blanca” son los que en
definitiva la habilitarán a una vida pública y privada simultáneamente.
En el número diecinueve Adela Castell presenta un fragmento con la
misma temática y metodología que el anterior. En “Estrofas” incluye términos

197

�como electricidad, relámpagos, claridad, luz, etc., para describir lo que sucede
cuando se ve o se escucha al ser amado.
Un cuento de Dorila Castell, dedicado a Clorinda Matto de Turner, se
titula “El amor de una india” (308) y se publica en el número siguiente. Pedro es
un hombre escondido en el monte por haber escapado de la leva. No quiso dejar
desamparadas a su madre y a su novia, y por eso mismo resuelve ocultarse en la
copa de los árboles. Esta situación no dura mucho al ser rápidamente descubierto
por un rival, quien lo mata en presencia de la mujer. Finalmente ella se suicida al
verse obligada a ir con el malhechor. Como ya se ha comentado, no es el primer
hombre en estas narrativas que deserta de la guerra (o de la patria) por cuidar a
madres y a sus prometidas.
El número veinte, primer ejemplar de 1896, contiene las “Minucias” de
Ricardo Palma, en donde aparecen sus consideraciones acerca de la mujer:
“Ella de Judas no inventó el beso
Que a Jesucristo sacrificó
Ni su alma al miedo prestando acceso
Fue ella el apóstol que lo negó”. (RNL, Nº 20: 323)
En este pasaje se la valora por no haber sido capaz de los gestos más
aberrantes desde la óptica cristiana, pero simultáneamente se permite una veta
humorística sobre esa misma santidad femenina en “Misticismo”:
“Luces, niña, cordón de escapulario
Sobre el cuello de tul de la camisa
¡Qué altar, padre vicario,
Para decir en él misa tras misa!” (Pág. 323)
A pesar de que estamos frente a una revista de “ilustres colaboradores” de
pluma masculina que integra varias tipologías textuales –desde novelas de folletín
hasta múltiples artículos de opinión– Adela Castell se atreve a expresar en
“Intima” que no hay porqué sofocar “las ansias secretas que en todo mortal
anidan” (327), y que habría que asumir el riesgo de que dichas ansias no sean
comprendidas. No obstante, la autora reconoce que en ciertas ocasiones es mejor

198

�“devolverlas hacia el alma y guardarlas allí cautivas”, cuestión que ilustra
nuevamente la ambigüedad del silencio femenino. En esa zona intermedia del
decir sin decir es donde parecería que las mujeres uruguayas han elegido
quedarse.
En la misma revista Dorila Castell publica una breve narración
denominada, como tantas otras de la época, “En un álbum” (328). Allí se refiere al
“hada hermosa de los buenos sueños” que hace crecer las “semillas de virtud” en
las niñas.
El número veintitrés trae la novedad de incluir el texto “La Tempestad” de
Sara Arias, considerado como un monólogo por la misma autora. Definida como
señorita “de condiciones intelectuales sobresalientes” la redacción se lamenta que
“no haya sido debidamente apreciada por el público” y la invita a seguir
escribiendo en las páginas de la revista. De estas afirmaciones se desprende cierta
valoración de la inteligencia femenina, por lo cual se fomenta su participación. No
estamos en condiciones de elaborar hipótesis sobre otros intereses que puedan
trascender este gesto. Tan solo constatamos que tres publicaciones como la
Revista del Salto, la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales y La
Revista tienen la misma política de promocionar al menos un texto de mujeres en
prácticamente todos sus números.
Arias compara una tempestad en el mar, que hace pedazos embarcaciones
y deja ruinas a su paso, a lo que acontece en el alma cuando no hay religión.
Jesucristo es el auxilio, el puerto seguro y el refugio en medio de las vicisitudes
(364). En el mismo número aparecen otros dos textos: un poema de María
Eugenia Vaz Ferreira y otro de Adela Castell denominado “Harmonías”. Aquí se
interroga –cuestión recurrente en la mayoría de las escritoras– sobre el sentido de
la vida privilegiando la muerte a estar en un mundo que es “abismo, oscuro
misterio” (380).
Más adelante, en el número veintiséis (año II, Tomo II), Adela Castell
persiste con sus inquietudes existenciales afirmando que “casi es un crimen
perpetuar la especie del ser humano”. Las ocho estrofas de “Sáficos” culminan
con una reflexión trascendente:

199

�“¿Por qué esas raras leyes que a los hombres
colman de libertades y licencias
mientras que la mujer como antes tienen
cual vil esclava?” (28)
La autora asume que el egoísmo “encarnado en el ser humano” y la “ley
universal del poderoso imponiéndose sobre el débil” es la causa de que “todos, en
el transcurso de sus vidas, desean no haber sido”. Este es uno de los pocos textos,
que junto a algunos de Ernestina Méndez Reissig y de Zulma, presenta una crítica
abierta a los varones por su tratamiento a las mujeres.
En los versos de “Tripentiálica” del número 28, la autora se confronta al
escepticismo, a la falta de “sed de infinito” de los hombres “impávidos y sin fe”
(Pág. 53). El yo lírico manifiesta su “temor” por una actitud masculina
aparentemente segura y fuerte pero sin sentimientos altruistas ni cristianos. Este
sentir tiene un corolario de desencanto y desilusión que se reitera en el siguiente
poema publicado del número veintinueve. En “Metamorfosis descendente” (70) se
observa el proceso de una mariposa que deviene gusano, involución similar a la de
un hombre que seduce a la mujer, pero que al final se muestra tal cual es. En el
mismo número también se encuentra “Amor Eterno”, cuento de Sara Julieta Arias
sobre el tópico del amor y la guerra.
La producción femenina en esta revista es de un total de siete cuentos.
Cuatro abordan la temática de las guerras civiles. Uno es el de Clorinda Matto de
Turner comentando una batalla peruana. Los otros tres relatos uruguayos –“El
amor de una India” de Dorila Orozco, la segunda parte de “Del libro de Alicia” de
la misma autora y este de Sara Arias– son similares en el conflicto planteado.
Hombres y mujeres debaten sobre el cumplimiento del deber patriótico. En estos
cuentos ellas tienen dos caminos: el cementerio como único lugar que permite su
libre circulación, y que reduce su campo de acción, o la espera en un escenario de
hospitales o de desfiles militares.
En la revista número treinta y uno se encuentran “dos hermosas páginas
literarias” del uruguayo José Sienra Carranza y del general Bartolomé Mitre,
ambas entresacadas del Álbum de Adela Castell. Este objeto es uno de los más

200

�utilizados como representación de la intimidad de las mujeres y según Unzueta, su
consumo, promovido por la prensa, se origina a mediados de siglo:
“En su séptimo número (10 mayo 1845), La Época introduce una nueva
sección titulada “El Álbum de las damas,”y un “Semanario” que sale
normalmente los sábados e incluye artículos de modas, arte y variedades. Uno de
ellos describe lo que es “Un Álbum”:“un librito con páginas doradas... propio
para el dibujo y hasta para el grabado. Es de nueva invención; importado de
Europa a nuestra América como el romanticismo y los botines de punta
cuadrada”. (Cfr. Unzueta, 2006: 249)112

La idea de “importar” un artefacto o discurso cultural describe la misión de
gran parte de la cultura letrada. Sienra Carranza define el Álbum como “una
verdadera asamblea de artistas, de literatos, de poetas y filósofos” (85) en el cual
cabe la admiración por la belleza o el talento de la dueña. Por su lado, Mitre
apunta que “la vida tiene una puerta abierta sobre la región misteriosa de lo
invisible, en cuya penumbra se confunden los sueños y las realidades”.
Extraer dos pasajes de un álbum “íntimo” y femenino para salir a un
escenario periodístico (más público que muchos libros) no debe ser considerado
como una simple nota. Este gesto proporciona un marco interpretativo indicador
de convenciones literarias y culturales que mediatizan la recepción del texto.
Siguiendo las pautas de Roger Chartier habría que examinar las maneras de leer
las páginas de este álbum en esta revista fundamental y en este contexto histórico
específico, lo cual podría contribuir a definir los sentidos del discurso y la
sociabilidad de los lectores.
“A él por ella” (103) otro poema de Adela Castell en el que se presenta la
duda, la desconfianza y el deseo de unos “ojos esmeralda” de los cuales no se
puede escapar por más que se lo intente. La sola idea de que exista “otra dueña de
esos ojos” motiva la expresión de sentimientos angustiantes que reaparecerán en
la última publicación de dicha autora.
112

Unzueta Fernando: “Soledad o el Romance nacional como folletín: proyectos nacionales y
relaciones intertextuales”, en Revista Iberoamericana, Vol. LXXII, Núm. 214, Enero-Marzo 2006: 243-254.

201

�En el número treinta y cuatro las estrofas del “El eterno dúo” se
estructuran como un diálogo entre “Él” y “Ella”. La mujer percibe alarmada que
el hombre está dividido entre dos amores. Pero el temo se diluye frente a
promesas apasionadas “que arden con la luz de volcanes y de incendios” (158).
En las siguientes entregas ya no aparece Adela Castell, pero sí su hermana
y también Mercedes Cabello de Carbonera. En los números treinta y seis y
cuarenta y siete se publica la primera y segunda parte respectivamente de un
supuesto diario al que Dorila Castell accede con permiso de su dueña para
transcribir algunas páginas. “Del libro de Alicia” trata de las memorias de infancia
de su dueña y en la segunda parte se cuenta la historia de amor entre un soldado y
una china. Estos relatos son construidos en función de los códigos básicos de los
estereotipos femeninos. No se registran nuevos usos –sería difícil encontrarlos
entre tanto protagonismo varonil– en ninguno de estos textos que parecen
“satélites” girando alrededor de autores masculinos. De todas formas, y pese a
esta realidad, en la penúltima publicación Dorila Castell presenta uno de sus
primeros escritos de 1876. “Adelfa” (281) despliega un yo masculino que invita a
la mujer a regresar al Edén y escapar así de una convivencia basada en el modelo
burgués: “ven a mí que en la selva tengo una casita blanca”, de hamacas en los
árboles a orillas del río Uruguay y alejados de “riquezas/de pompas vanas”.
Su última composición, en el número cuarenta y ocho, se titula “Un árbol”.
El ciprés, ampliamente utilizado en la poética del momento, será el símbolo
preferido de las mujeres que necesitan mostrar su desapego a la vida.
Los textos de autoría femenina culminan con el artículo “Opúsculo de José
Enrique Rodó” extractado de El comercio de Lima de Mercedes Cabello de
Carbonera. Se publica en el penúltimo número de una revista en la que la
presencia de mujeres ha sido constante de principio a fin, siendo un total de seis
escritoras uruguayas y dos extranjeras.

202

�c. La Revista del Salto (1899)

Testimonio del nivel cultural alcanzado en una ciudad del interior
finalizando el ochocientos tuvo el mérito de haber sido una de las primeras
publicaciones uruguayas que albergó la naciente corriente modernista. Horacio
Quiroga fue su director y colaboró con él lo más conspicuo del ambiente cultural
del departamento; el amigo Atilio Brignole, José M. Fernández Saldaña, Marciano
Diez Plaza, Luis A. Thévenet, Gervasio Osimani, Antonio C. Catalá, Camilo
Williams, Daniel Granada, y otros. El número uno de este “Semanario de
Literatura y Ciencias sociales” sale el 11 de setiembre de 1899, y repartió a sus
tranquilos lectores páginas llenas de ingenio y audacia, miscelánea de reflexiones
políticas, lecciones de ciencias, además de relatos y poemas de autores nacionales
y del extranjero. Sin embargo, a pesar de una contratapa poblada de avisos
publicitarios, surgen dificultades que impiden seguir adelante y la revista deja de
salir el 4 de febrero del año siguiente.113
En esta breve pero intensa movida periodística que abarcó veinte números,
se le otorgó un pequeño espacio a las mujeres para exponer y debatir sus ideas
sobre las nuevas resonancias que adquiere la educación laica en su relación a la
formación del Estado114. Los planteos alcanzan un espectro de propuestas que
113

Sobre la Revista del Salto está el trabajo de Emir Rodríguez Monegal (incluido en Las raíces de
Horacio Quiroga. Montevideo, Cooperativa Asir, 1961) y en una dirección más contextual, Leonardo Garet
en Literatura de Salto: antología y panorama crítico, Salto, Intendencia Municipal de Salto, 1990. Ver Nota
3 en Rocca, Pablo. “Para una revisión del canon nacional: La literatura minuana (1920-1950)”, disponible en:
http://www.sadil.fhuce.edu.uy/literaturaminuana19201950/PARA%20UNA%20REVISION%20DEL
%20CANON%20NACIONAL%20-%20LITERATURA%20MINUANA.htm#_ftn4 (consultado en setiembre
2013).
114
“Transcurrido casi un siglo de la creación de la primera escuela para niñas, todavía se
impugnaba airadamente la educación de la mujer. Por 1880, en un informe de los Dres. Carlos M. de Pena,
José Arechavaleta y Manuel Muñoz, que integraban la Comisión para examinar la escuela dirigida por
María S. de Munar, se rebaten argumentos contrarios a la educación, acusada 'de engendrar la vanidad, el
descoco, la desvergüenza y el impudor en el sexo femenino'. En 1882, siendo Inspector N. de Instrucción
Pública Jacobo A. Varela, se creó una institución que habría de dejar profunda huella: el Internado Normal
de Señoritas que se transformó en 1888, en el Instituto Normal .A partir del instante en que las mujeres
pudieron ejercer como maestras, siempre fue mayor la cantidad de ellas, en esa actividad. Durante la
administración de Jacobo A. Varela se entregó a maestras la dirección de varias escuelas para varones.
Similares progresos se fueron produciendo en la enseñanza media que en aquella época integraba la
Universidad. En 1879, el Consejo Universitario permitió rendir exámenes libres de Filosofía y Matemáticas

203

�incluyen una reflexión sobre el acceso femenino a la ciencia, su rol en el debate
positivista, y una defensa de ciertas libertades para las mujeres. Una enseñanza sin
religión no sólo permitiría a las escritoras denunciar los errores de ese tipo de
educación sino que también les abriría un espacio discursivo para enaltecer la
cultura nacional y latinoamericana frente a modelos europeos.
Este tema se encauza como una “zona caliente” que, dada la tendencia
modernista de la publicación, habilita en setiembre de 1899 a Fermina Milans a
dar sus argumentos, cuestión que demuestra la circulación y apropiación femenina
de ideas ilustrado-liberales. Milans discurre sobre la importancia del leer libros de
buena doctrina con el fin de producir “un equilibrio armónico entre derechos y
deberes, para afianzar a la familia, para avanzar hacia el progreso, y al bien del
hombre”. (N° 2, setiembre de 1899:10).
En el número tres Teresa Milans entiende la felicidad como quimera, pero
aún así aconseja no desistir en su búsqueda para el “perfeccionamiento del bien y
la virtud” (20).
En el cuarto número, del dos de octubre de 1899, Silvia (seudónimo de
Deolinda Bajac) percibe en “Regeneración” los cambios positivos para las
mujeres, porque “hoy se ha conseguido que sea intelectualmente considerada
igual al hombre” (27). La autora se alegra porque: “Lejos, muy lejos están
aquellos tiempos en que relegada al estado secundario como un ser inferior,
ocupaban el lugar de una ama de llaves más bien que el de esposa y madre. No
tenía ni voz ni voto ni aun para elegir la carrera de sus hijos.” (27)
Aquí se plantea el desacuerdo existente entre la realidad del espacio
familiar (privado) y la situación de la mujer en dicho lugar. Pero si bien se aclara
que “de hoy en más, la mujer dignificada puede levantar su altiva frente y ocupar
en el hogar su verdadero solio, un lugar tanto tiempo disputado” (27) lo cual
parecería un discurso de corte progresista con aspectos focalizados al derecho, el
a Luisa Domínguez, a solicitud de la interesada y con informe favorable del Dr. Antonio E. Vigil. Luisa
Domínguez fue ovacionada por la concurrencia que asistió a presenciar un hecho que por primera vez
acontecía en el ambiente universitario. El citado informe del Dr. Vigil afirma que los reglamentos no
contenían ninguna disposición contraria; así, pues, la Universidad de Montevideo nunca cerró legalmente
sus puertas a las mujeres; fueron éstas las que no se presentaron”. (Machado [Bonnet] de Benvenuto, Ofelia.
op. cit.: 1969: 150-151)

204

�Bajac concluye con una regresión al modelo conservador: “Debemos felicitarnos
de la altura que ha alcanzado en nuestro país la educación de la mujer, puesto
que ella es la base de la regeneración social, porque solo las madres pueden lo
que no podría conseguir jamás ningún maestro” (27-28). Por lo tanto, hay algo
mucho más importante que toda la instrucción que una mujer pueda adquirir y es
que “el hombre no olvida nunca las impresiones de la infancia grabadas en su
conciencia por los labios adorados de su madre” (27-28). Los beneficios de
educar a las mujeres existen en la medida que se adecuen a su misión social de ser
madre.
Se reiteran los gestos de publicar textos de mujeres con sus nombres
verdaderos, aún cuando deciden hacerlo bajo seudónimo –algo que se dio también
en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales con María Eugenia Vaz
Ferreira–, o dar a conocer poemas sin su permiso expreso. El motivo es “la
modestia de la Sta. Deolinda Bajac la impide firmar el artículo que publicamos.
La indiscreción es nuestra. La Dirección” (28).
En el número seis, de octubre de 1899, Alcira Paiva agradece “un retacito”
que le ofrece la revista para “cultivar a la par del hombre”. Sus “Reflexiones”
traducen dos cuestiones: por un lado, el proceso irregular y desparejo en que las
autoras se inscriben con el propósito de autoconstituirse, siempre y cuando se
muevan dentro de los códigos y por otro, la duplicidad que permite a la mayoría
de ellas superar el temor de verse atrapadas desviándose de la norma. Así dice
Paiva en su columna:
“El ejercicio de la pluma, ejercitado por la mujer, es una fuente de
grandes ideales, es la encarnación del sentimiento diluido en el crisol de la
naturaleza, capaz de moralizar una sociedad enervada por el tumulto de sus
clases, germinar las semillas de la virtud y arrebatar del hombre, la tristeza
causada por su rudo batallar en su afán constante de gloria, de renombre, desde
que junto a él, estrechado en íntimo consorcio, esté el cuidado del hogar, el
manejo de la aguja, el aderezo de la comida”. (45)
Si el afán de gloria y de renombre es la causa fundamental de la tristeza
masculina, la mujer, en estrecho e íntimo consorcio será la encargada de cuidar el
hogar y moralizar la sociedad. Este es un retrato de la familia patriarcal y del

205

�hogar liberal que alberga la virtud, la razón para el hombre y el sentimiento para
la mujer. Su educación, sus áreas de intervención y el acrecentamiento de su
belleza tienen razón de ser, si además de ser la madre solícita y próxima a la cuna
de su hijo, se hace también un tiempo para escribir “indicando a la madre menos
experta los medios para educar a su tierno infante”. Aquí se aprecia el trasunto
del discurso médico y moralista de Paiva que “haría transitar al amor maternal
por la senda de la moderación al someterlo a la guía de la razón” (Peruchena
2010: 122). La belleza de la esposa se traduce y expresa plenamente al “utilizar
los momentos que libre le deja su labor para compartir con su esposo las tareas
de la prensa, la confección de obras de índole educacional, artística, literaria”
(45).
Esta noción afirma la complementariedad de los sexos al interior del reino
de lo privado. A pesar de que la autora vincula prescripciones sobre la Naturaleza
y el orden social uniendo el concepto de utilidad con una representación
esencialista. No obstante, la autonomía tiene su precio y la mujer debe responder a
la altura, siendo el nivel más alto de exigencia para la obrera, ya que también ella
también debería escribir “las observaciones surgidas en medio del rechinar de las
maquinarias, del complicado mecanismo del taller, de las conquistas realizadas
en su profesión” (45). Ese hecho “la dignifica más que aquella que cae rendida
por el cansancio, ignorando los medios de allanar las dificultades que la
vencieron”. La sentencia final es acorde a los discursos higiénicos establecidos
para las madres:
“Cuanto ganaría nuestro sexo si en sus horas de ocio se dedicara a
estudiar, pensar, escribir, investigar los secretos de la naturaleza, si se esforzara
por adquirir la exquisita coquetería del espíritu, santa ocupación, que podría, en
razón llamarse, la higiene del alma.”(46).
La promoción de la mujer, siempre a través de una feminidad que se
identifica con la esposa y con la madre, se relaciona a proyectos de orden político,
al definirse sus obligaciones funcionales al Estado. De todas formas, y sin
subvertir dichos vínculos, ellas tienden sus propias redes, generándose a sí
mismas instancias de expresión y sacándoles provecho para hacerse oír.

206

�El último texto de autoría femenina se encuentra en el número siete. Allí
Zelmira Milans reflexiona en el “Objeto de la escuela primaria” y en su función
moralizadora que: “educa e instruye formando del hombre un todo íntegro,
armónico, amante de lo justo, de lo bello y lo bueno” (54).

d. La Revista (1899)

Se trata de una publicación quincenal dirigida por Julio Herrera y Reissig,
dividida en dos secciones: la “literaria” y la “militar y científica”. En la primera
participan varias autoras pero esporádicamente. Caracterizada por la variedad de
temas abordados, su aparición se debe, según lo explica su director, a la
desmoralización que sufre el espíritu literario del momento y por la falta de una
propaganda exclusivamente científica o literaria. (1899: 1)
Consultamos once números del primer año, y ocho del segundo. Desde sus
inicios se propone “tonificar el intelecto uruguayo”, aunque es conciente de haber
nacido en un ambiente “rarificado por los detritos de la política y cargado de un
ánimo pesado” (Pág.1). De índole humanística, y porque “la literatura es mora
por naturaleza” esta publicación se pondrá al “servicio de la juventud
universitaria”, y deja claro que ser parte de este programa implica no abrevar en
corrientes políticas ni religiosas.
En cada uno de los siete números de 1899 se incluye al menos una
composición poética femenina. Al siguiente año, sin embargo, disminuye su
presencia. Ya desde el primer día, el 20 de agosto de 1899, aparecen “Triunfal “y
“Un Sano”, dos poemas de María Eugenia Vaz Ferreira. Esta es la tercera revista,
además de Rojo y Blanco y de la Revista Nacional de Literatura y Ciencias
Sociales, que publican fragmentos de la reconocida autora.
En la segunda entrega se publica “La Morocha” de Dorila Castell de
Orozco, anteriormente comentado.

207

�En el tercer número se presentan dos textos poéticos: “Tiene labios de
coral” de Teresa Rossi y “Aves sin nido” de Adela Parodi Uriarte. No se registran
palabras de mujeres hasta llegar el número doce, en el cual se presenta un artículo
de Clorinda Matto de Turner denominado “La Escuela y el Hogar”.
Recién al año siguiente, en el número dos de la segunda época
encontramos a Ernestina Méndez Reissig: “Te entrego el corazón lleno de
amores, es tuyo... ¡sólo tuyo! dale vida, borrando sus tristezas y dolores”.
El 10 de febrero de 1900 la narración “Sombras” de Sara Arias (Pág. 127)
presenta una estética romántica con máximas al estilo de un catecismo sobre lo
femenino, la Patria, la Religión. Su planteo fundamental se basa en que la muerte
es la única realidad de la vida.
En el siguiente ejemplar se encuentran dos estrofas de “Azahares” de
Concepción Mestre de Silva, quien vuelve a publicar en el número ocho un poema
denominado “Auras”. Entre el número tres y el nueve no se registran textos de
mujeres.

e. La Revista Literaria (1900)

Dirigida por Raúl Montero Bustamante esta revista de frecuencia
quincenal quiere ser “reflejo de nuestra intelectualidad joven”. En los seis
números consultados aparecen abundantes artículos de pluma masculina, nacional
y extranjera, con autores que se reiteran a lo largo de la serie, Leopoldo Lugones
es uno de ellos.
Desde el primer número, de mayo de 1900, y hasta lo que pudimos saber,
en esta revista prevalece la poesía de Ernestina Méndez Reissig, aunque los
fragmentos publicados son extractados de Lágrimas. “Sigamos” es la pieza
elegida para el inicio de la publicación. En el número dos aparece María H.
Sabbia y Oribe con “A mi decadente”. Estas dos escritoras fueron amigas, así lo
demuestra el poema titulado “A María H. Sabbia y Oribe” que escribiera Méndez

208

�Reissig también en Lágrimas. Ya en el número tres comparecen nuevamente
Méndez Reissig con “Recuerdos” y Clara Gianetto con un poema llamado “A él”.
Recién en el quinto y el sexto número reaparecen dos piezas que pertenecen a
Lágrimas: “Hermana” y “No llores más

f. Rojo y Blanco (1900)

Samuel Blixen lleva adelante un periódico de actualidad literaria e
información general cuya meta es la de ser una publicación amplia y sin distinción
de divisas. Con un modernismo cercano al novecentismo brinda la oportunidad de
disfrutar de los artistas del momento, imágenes de paisajes, retratos, lugares,
caricaturas y dibujos de muchas y casi desconocidas firmas. En la página editorial
de junio de 1900 se afirma que “en vano se buscará en sus columnas las
preferencias o parcialidades por un color y si alguna vez esto sucediera, la
excepción será por el celeste y blanco”. La lectura de los diecisiete números
digitalizados hasta el momento se detiene especialmente en el “Rincón Azul” una
sección dedicada a las mujeres. Allí se encuentran fotografías de jóvenes damas y
los comentarios de Trilby, cuya retórica pretende construir una “mansión de los
eternos azules” para preservar a las féminas de “inaudita belleza” de “la
atmósfera candente, a veces fétida, de la política”:
“Más arriba del noticierismo frío y prosaico, a menudo banal, casi
siempre tonto, sobreponiéndose al mundo donde se ruge y al mundo donde se
ronca, existe la mansión de los eternos azules, de las dulces caricias, y de los
cantos de amor; el templo envidiable y envidiado donde la prístina luz de una
aurora sin término quiebre sus rayos en las esbeltas columnas de estalactitas y en
los mágicos muros de grutas de perlas y diamantes. Es el plácido rincón azul
consagrado al eterno femenino. Allí siempre es remanso, allí es claro de luna, allí
es fulgor de aurora que ilumina y no quema, que besa y no daña. Allí las
perfumadas praderas donde Diana caza sin lebreles, allí la blanca playa de
suaves ondas rumorosas donde refresca Venus su cutis satinado; allí Minerva
contemplando soles y enseñando ciencias., allí Apolo tañendo la lira de oro [...]

209

�Ese rincón es vuestro, lectoras mías, pálidas rosas, tímidas violetas,
blancos jazmines, airosos jacintos, y aristocráticos eyelamens. Este rincón es
vuestro, como es nuestra la dedicación de este cronista, cuyo anhelo, cuya gloria
sería adivinar vuestros deseos en el fondo de los ojos negros, en el reflejo azul de
las pupilas, en los verdes tintes de los iris, para elevaros a la región de ensueño,
a mi palacio de ilusiones, allí donde las hadas buenas canten eternamente la
canción eterna del amor, allí donde han sido proscritos el mar y las lágrimas,
para que no exista nada amargo. (Pág.19)
Esta larga cita espeja un tono determinado para una publicación que se
define como roja y blanca. Es similar al que utilizaba Agustín de Vedia para
dirigirse a sus lectoras de El Iris de 1864, quizás porque se trata del mismo sentir:
el hombre con capacidad de interpretar los íntimos deseos del alma femenina.
El dispositivo presenta a las “niñas” de apellido ilustre e histórico pero sin
llamarlas por su verdadero nombre. Asociadas a las “flores de invernáculo” como
lo ha hecho toda la ideología masculina decimonónica, la propuesta es que el
lector deduzca su identidad a través de las fotografías o simplemente se deje llevar
por el estilo pomposo y adulatorio que describe a las “señoritas mimadas” por
nuestra sociedad:
“Su belleza dice candor, bondad, hermosura del alma. Su apellido ha
brillado en todas las esferas de nuestra intelectualidad, ha atravesado, limpio
como un alción, las temibles borrascas de nuestra política, ha conseguido
triunfos en nuestras letras, los consigue hoy en la pintura.” (Pág. 19)
Si bien se dedican muchas páginas a caracterizar a las mujeres (a cierta
clase de mujeres) no encontramos una proporción similar para sus creaciones
literarias. En el primer número hay un poema de María Eugenia Vaz Ferreira y en
el cuarto aparece el retrato de Ernestina Méndez Reissig y una composición
denominada “Azahares”.
De María H. Sabbia y Oribe están los versos de “La eterna Visión
(fragmento)” a modo de homenaje a los “gigantes del amor”: Cleopatra y Marco
Antonio, Romeo y Julieta, Dante y Beatriz, Petrarca y Laura.
En el número once, siendo este el último con una composición femenina,
se encuentran los versos sin título de Celia Méndez. Imágenes crepusculares entre
“el azur de las nubes” y “la penumbra nocturnal” son el escenario para el “Hada

210

�de la noche” que traen poesía y misterio (Pág. 267). Rasgos de la estética
romántica y de la modernista confluyen en esta pieza que evidencia una realidad
lírica que fluctúa entre una y otra. No es casual encontrarla en el campo intelectual
que detecta Rojo y Blanco. Dicho texto no podría aparecer en la Revista Nacional
de Literatura y Ciencias Sociales, dado que la misma “no presenta fuera de los
artículos de Rodó y de Pérez Petit, mayores síntomas de modernismos” (Zum
Felde, 1967 [1930]: 21).

211

�REFLEXIONES FINALES

Dado que es imposible agotar la producción de sentido de un corpus (y
mucho menos en un acercamiento inicial) señalaremos algunos aspectos que
podrían ser fructíferos para abrir nuevas líneas de investigación.
Nuestro análisis de los textos de mujeres parte de la discursividad
romántica y su articulación literaria. El silencio y el ocultamiento funcionan, por
un lado, como la negación y el sacrificio supuestamente necesarios para que la
mujer ocupe el lugar destinado. Sin embargo advertimos canales de producción y
estrategias para trabajar oblicuamente sobre los temas que les preocupan, dando
un tratamiento simbólico a la maternidad (en algunos casos para desacralizarlo), al
matrimonio (visto como espacio de sometimiento), a la Patria (la honra masculina
y su deber patriótico son cuestionados al enfocar sus reflexiones en el abandono al
que se somete a la mujer como consecuencia de ello), a los conflictos bélicos
(demostrando que en dicha situación ellas son las que tienen más para perder) y a
la mujer (que no siempre es un ángel). El silencio conserva una sombra de
fingimiento e impostación y es una respuesta al primer silencio que impone la
lógica androcéntrica. La creación de ficciones parciales, fragmentarias y
provisorias contrarrestan historias oficiales. Méndez Reissig, Adela y Dorila
Castell, Sabbia y Oribe, Clara López se reconocen como autoras en diálogo con el
campo literario de su tiempo. Y sin pretensión de transformarlo, estas
elaboraciones discursivas presentan algunas ranuras por donde se puede observar
la realidad femenina.

1. La Madre Patria y la autoridad pedagógica se enarbolan en la narrativa de
mujeres

212

�Con su lógica y su táctica las autoras se colocan en el lugar de las
emociones pero permitiéndose una mirada personal sobre los horrores de la
patria y sobre la educación de las jóvenes. En el plano del discurso, el candor de
una leyenda de Díaz valida la experiencia de una escritura en el campo de
enfrentamientos por los significados. Deducimos que aún a través de sus lágrimas
y sus silencios las escritoras no se resignaron a ser modestas o pasivas, sino que
potenciaron, en un limitado escenario y con un modelo obsoleto, instancias para
hacerse oír.
Parecería que las obras se ponen al servicio de la nueva nación asumiendo
voluntariamente una posición política e ideológica, dando prioridad a sentimientos
locales y a apegos casi ciegos a lo sublime patriótico. Su mensaje pretende
restaurar la paz y la armonía frente a las guerras civiles, imbricando así las
necesidades y problemas de la esfera doméstica y de la pública.
Las recreaciones afectivas ilustran la cosmovisión de concepciones de
eminente raigambre hispánica y se ubican en el marco del fuerte debate entre
católicos y liberales que se dio en esos años. Las autoras, especialmente Corrège y
Eyherabide, reaccionan del lado del Espiritualismo frente a la ascensión y apogeo
del Positivismo de los años 80 y 90 (Ardao, 1968 [1950]: 227). Desde esta
trinchera liberan sus relatos de toda fisonomía peligrosa y este impulso les da la
posibilidad

de representarse

a pesar

de sus

posturas

muchas

veces

aristocratizantes. Es una lucha cultural para renegociar el contrato sexual
originario que las excluía de la esfera pública. Sin prescindir de sus compromisos
y de sus complicidades, invocan, en una tensión muchas veces contradictoria, a la
conciencia de los hombres.
Ni siquiera la arriesgada Zulma es capaz de romper con el patrón cultural
de su época, no obstante, las temerosas e impulsadas escritoras presentan “una
obediencia” estratégica de resistencia que, entre atrevimientos y sanciones, se
animan a publicar también en la prensa periódica, aunque sea para reproducir

213

�tópicos que ocupan un lugar central en los discursos de la construcción de la
nación115.
Siendo que esta es una literatura de doble voz, enfrenta el problema de la
escritora que se asume como productora de textos, y que simultáneamente debe
asimilar, en un gesto mimético, las representaciones de lo femenino como objeto.
Las autoras devienen sujetos literarios en el proceso imaginario de la creación y
sin ser figuras de primer orden, ofrecen un ejemplo paradigmático de cómo y con
qué limitaciones culturales e ideológicas realizaron la ambigua práctica de
publicar. Desde ese punto de vista merecen considerarse portavoces de un “otro”
imaginario del siglo XIX que habilita a una visión más amplia de épocas decisivas
de la historia nacional. Son testigos de excepción de la génesis de la modernidad y
testimonio de los primeros pasos de una tradición, con el valor añadido de haberse
realizado en circunstancias históricas cruciales, con escasos modelos previos y un
entorno hostil hacia las que osaban incursionar en las letras. No conforman un
único modelo de identidad, pero contribuyeron a la salida de los estrictos límites
del discurso de la sociedad provinciana.
La práctica de la caridad y el magisterio son puertas abiertas al quehacer
público, y en este sentido pueden ser vistos como una extensión de la maternidad.
La realidad de la dependencia económica de las mujeres se verá plasmada en

115

Por cierto que el proyecto de nación implicaba una mujer como ángel del hogar, y las
conexiones entre ambos motivos son objeto de la crítica en la última década. En “ Siglo XIX: Fundación y
fronteras de la ciudadanía”, en Revista Iberoamericana, LXIII/178-179, enero-junio 1997: 129-140
encontramos extensos trabajos en esta línea. El de Nina Gerassi-Navarro, “La mujer como ciudadana:
desafíos de una coqueta en el siglo XIX” reivindica la actuación y escritura de Soledad Acosta de Samper al
hacer ver la sutilidad e inteligencia de su mensaje:
“Por un lado, insiste en destruir imágenes que congelen y paralicen tanto el lugar y trabajo de los
hombres como el de las mujeres. Asegurándoles a los hombres su supremacía, les recuerda que a través del
hogar la mujer también tiene un rol similar al de ellos en la consolidación nacional. Por esta razón deben
incluirla en todo proyecto político. Simultáneamente su mensaje se dirige a las mujeres y, cuestionando su
subordinación, les incita a que trabajen por su propia valoración, que traten de hacer algo constructivo con
sus vidas. La responsabilidad de la mujer es educarse justamente para poder cumplir con el mandato que le
han asignado los hombres. Es por medio de este acto que la mujer puede trascender los límites de su hogar y
tomar entre manos la redefinición de su rol en la sociedad” (pág. 132) Disponible en http://revistaiberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/viewFile/6232/6408 (consultado en julio de
2013).

214

�personajes femeninos impotentes para modificar sus vidas, y sin más alternativa a
llorar sus ilusiones perdidas.
En ningún caso llegan a formular un proyecto de nación-estado pero las
mujeres del partido blanco exteriorizan más libremente su simpatía por esta
divisa. Parecería que Díaz, así como más tarde lo hará Spikermann y Mullins,
escribe reaccionando contra los gobiernos colorados de turno. En el caso de
Eyherabide, se muestra el apoyo al cambio y el progreso, pero no se ve una actitud
“progresista” en cuanto a los derechos de trabajo y educación para las mujeres.
Aunque las escritoras comparten preocupaciones y prácticas, no estamos
frente tesis políticas. Detentan el mismo ideario que defienden elementos
convencionales de la representación. Se manifiestan a través del sentimiento, pero
mediante sus intervenciones denuncian casi abiertamente las consecuencias de una
guerra civil.
En el caso de las novelas, el conflicto interno de las protagonistas –entes
sentimentales ligados de forma primordial a la naturaleza y a la divinidad– señala
la contradicción entre el amor de madre y el amor a la patria. Tal como lo hemos
advertido en su momento, la estadía en el campo se describe aludiendo al plano de
una existencia negativa, tanto para el hombre como para la mujer, a causa de las
guerras civiles.
En las obras de Eyherabide las esposas y madres compiten por el amor de
los hijos o esposos, ya sea con la patria o con otra mujer. Aunque se resignan, son
capaces de cuestionar el segundo lugar en que quedan situadas.
El pasado reciente se observa desde una perspectiva femenina pero, a
diferencia de otras propuestas de escritoras latinoamericanas, quienes piensan un
nuevo proyecto nacional posible, las nuestras describen tan solo el dolor de las
mujeres a causa de la contienda. Es por ello que el verdadero protagonismo reside
en la voz narrativa, una voz sobre la vivencia personal que no se amordaza cuando
tiene que expresar las emociones y las rupturas sufridas por la destrucción que
conlleva cualquier acontecimiento bélico.
El lenguaje utilizado se inscribe en referencialidades con pretensiones
objetivas, situación que se espeja en la introducción de los grandes temas del siglo

215

�XIX: el progreso y el positivismo. El tren, la locomotora, la industria y la nueva
infraestructura económica será el marco auspicioso para el Uruguay desarrollado
y libre de guerras.
La relación homóloga con la ideología romántica europea remeda a
Panchito, un personaje que oficia de buen salvaje, configurado a partir de un
encuadre rioplatense de características positivas y negativas. No se profundiza,
pero tampoco se ignora la realidad de ese “otro” marginal, el peón del campo, o el
afrodescendiente. Incluso, aún dentro de los convencionalismos, Eyherabide
registra el habla popular en algunos diálogos, esa voz que denota falta de
instrucción y utilizada como recurso para señalar la importancia de la educación
para los más desfavorecidos, y más aún, para evitar los brutales castigos que
imponía el padre, peón del saladero, a su hijo. Se protesta contra la forma común
que tienen “los hombres ignorantes” de educar a los niños mediante la violencia
física (Eyherabide 1908: 28).
La angustia del Sujeto Romántico surge de una sensibilidad espiritual que
lo liga al ámbito de la armonía primigenia que se ha perdido y que se plasma en el
debate interior sobre el triste presente. En la delimitación de los espacios –
impuesta por la burguesía capitalista representada por el “señor progreso”– el
campo es el ámbito de la perfección y la felicidad natural. Sobre esta premisa, la
obra de Díaz de Rodríguez presentará matices más elaborados. Siguiendo la
norma textual romántica las mujeres se caracterizan como objetos de amor que no
se diferencian de otras representaciones literarias de la época; la tez de azucena, el
talle de palma y el cuello de cisne reiteran su relación indisoluble con la
Naturaleza como ámbito divino.
Por momentos se advierte una mirada pesimista y desencantada de las
autoras en relación a la lectura del pasado, en el cual ya no hay lugar para el idilio,
y si bien, en el caso de Eyherabide, la esperanza está puesta hacia un futuro de
modernidad, cercano y esquivo a la vez para la joven nación, es también una
suerte de posibilidad que se ve amenazada por la mentalidad en tensión entre las
dos divisas políticas de la época.

216

�El seno materno es en las novelas un refugio para los males de la guerra, lo
cual resulta de una apropiación estética de los modelos románticos hegemónicos.
No obstante, sin apartarse de esta norma, Eyherabide y Méndez Reissig dan
cuenta de algunos resqubrajamientos del modelo imperante (algo de esto
aparecerá también en Spikermann y Mullins). Existen madres egoístas,
dominantes, están las que abandonan bebés en los asilos, las que no permiten con
sus exigencias la felicidad de sus hijos. Se emiten juicios morales respecto de
dichas conductas y prescriben finales trágicos para las que no se ajustan a lo
esperable. Numancia, la madre de Ernesto, es vanidosa, y solo le interesa un
matrimonio provechoso tanto para ella como para su hijo. Es igual a la madre de
Sibila, el personaje del cuento Méndez Reissig, pero en este caso la unión de los
amantes solo se da con su muerte. Doña Jovita también quiere a su hijo casi en
exclusiva y llora cuando aparece la rival, pero de alguna manera esta última se
preocupa por el contexto social y por los padecimientos de las mujeres durante la
guerra, protesta contra ese destino y aunque finalmente se resigna, es capaz de
expresar lo que siente. En la novela Estela se seguirá la norma textual de la
estética edificante y su desenlace reafirma el triunfo de la virtud y el castigo del
pecado, un castigo que acá será para una madre. Es el mismo esquema que utiliza
Corrège. En cambio, en Amir y Arasi, ambas mujeres, madre y novia, quedan en
igualdad de condiciones por sus valores morales, afirmándose así, los elementos
prototípicos del amor familiar.
Este grupo de textos puede leerse entonces, entre otros aspectos, como un
espacio de discusión política de la maternidad, el matrimonio y de difuminación
de las fronteras fijas entre lo público y lo privado, porque tal como señala Jinzenji:
“A partir do momento em que a família passa a ser vista como sociedade
em miniatura, e a medida em que os relacionamentos e os casamentos são
embebidos de significados políticos, as mulheres se tornam, inevitavelmente seres
políticos” (Jinzenji, 2010:35).
Las novelistas no escriben directamente sobre la igualdad de la mujer y su
emancipación pero sus miradas intentarán colarse a través de lo que el mundo
masculino les niega y tratarán de demostrar, que en la ciudad o en el campo, del

217

�lado de la “naturaleza” o en la riesgosa frontera entre la Naturaleza y la Cultura,
siempre están las mujeres. Lo están en un sentido positivo, por su conexión más
profunda con lo afectivo y lo vital –“el corazón del género humano”– por su
función materna y por su finura sensitiva superior aún en las inteligencias más
escasas y menos cultivadas. Pero también lo están en un sentido negativo: las
mujeres de la campaña viven en la desprotección y la dependencia. Esta será la
línea centra de la literatura en el país y en el Plata durante todo el siglo XIX y la
mitad del siguiente.

2. ECOS DEL SILENCIO: reafirmación del ángel pero con perspectivas
propias en la poesía

Aglae mira las ruinas de la patria luego del Sitio de Paysandú. El yo lírico
de Ernestina Méndez Reissig vuelve a los parajes en que la infancia fue un tiempo
feliz. Spikerman y Mullins rememora las gestas heroicas de los orientales. Quizás
es políticamente necesario mirar hacia atrás ya que no es posible no enfrentarse al
progreso inevitable. Las miradas se dirigen a los muertos. ¿Será tal como dice
Lucía Guerra (1995) que esta literatura es también un modo femenino de entender
el mundo?
Foucault denomina “discurso revertido” al que usa las mismas categorías
por las cuales fue descalificado o marginalizado, un discurso que reclama una
legitimidad propia de su perspectiva o condición (Foucault, 1980: 101). El papel
de la mujer que escribe a fines del ochocientos no fue unívoco. Por un lado, su
tema es el ángel del hogar, pero a su vez realiza la ambigua práctica de publicar,
que no es otra cosa que “el indicio de una desmesura, de una intención, de un
deseo, que sobrepasa la medianía, lo cotidiano, el mundo en su realidad, en su
generalidad” (Contreras, 2010:148-149).
El propósito de encontrar paradigmas estratégicos que nutrieran
ideologemas reivindicativos dentro de los valores de la época (los cuales no
pueden ser elaborados de manera explícita) fue uno de los vectores de esta

218

�investigación. En principio, la relectura de los textos obligó a difuminar el
conflicto sentimental y atender la historia trágica de las mujeres en el contexto de
la guerra para dilucidar aspectos vitales de la producción femenina del siglo XIX.
Diversos símbolos tales como “lira”, “cítara”, “arpa”, “canto” son los
adecuados para sublimar el llanto y liberar las penas. Kirkpatrick (1991) investigó
acerca de la problemática de la subjetividad del yo romántico y el sexo, y deja
abierta la posibilidad de que la expresión personal a través del desahogo
funcionaba como una forma de resistencia a las fuerzas represoras y opresivas del
yo femenino. La tensión constante entre el respeto a lo que se esperaba de una
mujer y la libertad para manifestar su individualidad, impacta, por un lado, en la
idea de escritura como catarsis personal y por otro, en la preocupación por la fama
y la posteridad.
Estas obras adquieren su pleno significado cuando se las lee a la luz de las
intrincadas redes de relaciones literarias, socio-sexuales, culturales y políticas que
presenta la escritura de mujeres. No se trata de novelas de acción, ni
sentimentales, ni de ficción histórica. Más bien son relatos en los cuales se
privilegia la voz que describe problemas sociales, políticos, económicos que
deben enfrentar las protagonistas. A través de la voz, los proyectos poéticos de
todas las autoras, con excepción de Zulma, cristalizan en mayor o menor medida
las luchas patrióticas, tradiciones históricas, la muerte y el simbolismo de las
flores. Presentan características propias de la ficción romántica, y en
consecuencia, detentan el mismo ideario social, político y educativo que
defendieron elementos convencionales de la representación femenina. Destacan
aspectos que iluminan dramas íntimos pero realizan movimientos de
distanciamiento con respecto a su anclaje referencial, “porque la hegemonía
lingüística que impone una cultura dominante nunca es absoluta, tiene resquicios
por los que penetran –a través del mismo lenguaje– concepciones que entrañan
ideas disímiles y contradictorias”. (Lois, 2003:22)116
Parecería que todas desean quebrantar un poder injusto, sobre todo el que
se relaciona a las decisiones políticas, pero en muchos casos reinstalan el sistema
116
Lois, Elida. “Como se escribió y desescribió El Gaucho Martín Fierro” en Orbis Tertius, La
Plata, Nº 9, Año VIII, 2002-2003:19-33.

219

�de exclusión que pretenden denunciar. No hay afianzamientos ni tampoco virajes,
más bien pequeños espacios para que hable la voz de una mujer que en su mayoría
de los casos pertenece a una clase (entendida como un grupo social que vive bajo
condiciones de existencia que lo distinguen de otros grupos por el modo de vivir
sus intereses, y su cultura). Esto se nota especialmente en los comentarios sobre la
“negrita” en Dorila Castell; el “plebeyo”, el “pardito” y el “indio” en Méndez
Reissig, y los peones del saladero en Eyherabide. Todas ellas utilizan un discurso
domesticador que verifica la perdurabilidad del sistema. Aquí se presenta la
relación conflictiva de la elite letrada y la elite dirigente en el proceso de
producción de un proyecto que contrabandea poderosas cargas de significaciones,
y aunque no se crucen fronteras, se advierte una sensibilidad que de lo confesional
se va orientando a lo social, especialmente en las que escribieron dos libros. La
evolución de su propia literatura muestra un cambio de tono que se asocia a una
toma de posición frente a una realidad inmediata que se vertebra en relación a la
literatura y campo político.
Se condena a la guerra por la disgregación familiar y a algunos
gobernantes por la imposición de reglas que hay que aceptar. Por esto mismo,
tanto en prosa como en poesía aparecen hombres que desertan del campo de
batalla, y esto no se ve como una doble derrota sino como una defensa de los
derechos desconocidos y violentados del habitante de la campaña. Quizás la
gratificación de la recepción de los primeros libros de Méndez Reissig, Margarita
Eyherabide y Spikermann y Mullins las lleva a una actitud algo más desafiante
que instalarse en el lamento y la resignación, aún cuando el marco que ofrecen es
el de la didáctica de los consejos. Spikermann y Mullins se pone al servicio de la
nueva

nación,

ejerciendo

su

“maternidad

republicana”

y

asumiendo

voluntariamente una posición política e ideológica que da prioridad a los
sentimientos locales y a los apegos casi ciegos a lo sublime patriótico. Lo hace
desde un registro poético, así como Díaz de Rodríguez lo hará en su narrativa. Su
mensaje pretende restaurar la paz y la armonía frente a las guerras civiles,
imbricando así las necesidades y problemas de las esferas doméstica y pública.

220

�Los mundos anacrónicos y bucólicos de Méndez Reissig con sus
evocaciones elegíacas, le permiten expresar su dolor en un abordaje más intimista
y subjetivo, pero no tanto como para no poder ver el afuera de una realidad que
fue bastante difícil de sobrellevar en lo que respecta al disciplinamiento y la
descalificación de las mujeres. Acusa recibo de los efectos de una vida bajo el
signo patriarcal al caracterizar los personajes femeninos como locas, enfermas y
ángeles sin proyectos propios, evidenciando una postura crítica en algunos de sus
textos. Decide no resguardar totalmente su intimidad, algo tan caro al padre de
familia. Por más que sus escritos se asocien al corazón más que a la razón, no se
acomodan perfectamente a la división de esferas, porque la razón empata con el
mundo público y en este caso entonces, estamos frente a una conjunción de
posiciones que parecen disociadas. A su vez permite recuperar un retrato de la
familia y las relaciones establecidas en su interior, favorecedoras del estado de
subalternidad de las mujeres. Su publicación puede ser entendida, por tanto, como
una forma particular de dar batalla fuera del hogar y ganar así una parte del
espacio público. Es evidente que Méndez Reissig, sin prescindir de sus
compromisos y de sus complicidades, tiene un proyecto más acabado para
desplazar y desnaturalizar, al menos en algunos detalles puntuales, el lugar de lo
masculino, lo cual implica demostrar que lo que parece ser no es.
En una tensión muchas veces contradictoria, la escritura de Zulma
propende sutilmente a desregularizar ciertas tesis desde su propia condición
histórica y material de producción, a trastocar ciertos juegos para socavar su
aparente legitimidad, como una práctica que conlleva a una resolución imaginaria
de pensamiento y sentimientos, verdad y libertad, necesidad y originalidad,
particularidad y universalidad, lo individual y la totalidad.
Junto a esto aparecen enhebrados otros temas que tienen sus dobleces: la
hermandad

literaria

femenina

que

tanto

agradece

Clara

López,

el

“aprovechamiento” de Méndez Reissig del fallecimiento de su hermana para
expresar otros motivos que le preocupan y para posicionarse como escritora
profesional, el magisterio como puerta de entrada de las Castell, el “uso de la
muerte” para dar un tono respetuoso, serio y virtuoso a sus composiciones.

221

�Diferente es la apuesta de Zulma, caso marginal de nuestras letras femeninas, que
escribe desde una escala de valores totalmente distinta del conjunto de autoras.
Todas dedican sus piezas, aunque no exclusivamente, para un público
femenino, a la familia y a las amigas. Spikermann y Mullins se dirige a sus lindas
lectoras, y sin embargo, utiliza tonos trágicos y admonitorios para dirigirse a
todos los hombres. Es a ellos a quienes les pide reconciliación política y olvido de
las guerras fraticidas, pero lo hace desde la más ensalzada virtud moral y cívica
que la sociedad exigía a las mujeres: la modestia.
Todas las escritoras presentan heterogéneos perfiles pero mantienen
posturas similares en cuanto a los modelos femeninos que propugnan en la nueva
sociedad finisecular. Sus ideas deben enmarcarse en los anhelos patrióticos y la fe
en el progreso modernizado y liberal. No se encuentran argumentos ni artículos
vindicativos de la obtención de derechos políticos y ciudadanos, ni discursos de
identidad de mujeres en estas publicaciones de tipo cultural. Pero con sus páginas
y pequeñas intervenciones, ofrecieron miradas femeninas sobre la Patria en
momentos en que se asistía a un cuestionamiento a lo nacional.

3. ENCRUCIJADAS: Susurros en la Prensa

De las dialécticas femeninas en los medios de prensa puede concluirse que
aún a través de sus lágrimas y sus silencios las escritoras buscaron, en un limitado
campo de acción y con un modelo obsoleto, instancias para hacerse oír en ese
ámbito público. Ya sea por la negación, por el sobreentendido, por las analogías
familiares imperfectas, por sus eufemismos, por su relación problemática con lo
físico, sus construcciones son potencialidades a desarrollar en tanto herramientas
críticas, ya que a pesar de todo eso se hicieron presentes en importantes revistas
de la época.
Sus textos, unos más ambiciosos que otros, cargan con un fuerte sesgo
ideológico en sus recreaciones afectivas, pero se muestran unánimes necesidad de
educación para el progreso, especialmente en la Revista del Salto. Sus

222

�concepciones se ubican en el marco del fuerte debate católico-liberal que se dio en
esos años, por eso mismo, sus acentos, mutuamente discordantes, reclaman un
derecho a la autonomía y a ejercer una autoridad discursiva que les permitirá
interpretarse a sí mismas. Recordemos que ninguna está formada intelectualmente
y que sus respuestas son deudoras de un escaso repertorio cultural sumado al
haber estado alejadas de ciertas realidades o temas candentes. No obstante algunas
se embarcaron en escribir en el período en que se debatía el papel social de la
mujer
Se registran muy pocas uruguayas en la prensa estudiada en comparación
con el número y la producción de las colegas hispanoamericanas, pero fueron más
visibles si nos fijamos en el momento anterior al período en que se circunscribe
esta indagación. La estética romántica a la que adscriben, exploraba, en general,
temas que confirmaban la moral de su tiempo, aunque está claro que escriben
porque quieren ser tomadas en cuenta y es probable que también intentaran
promocionar sus obras en distintos vehículos de comunicación. No debe
sorprendernos que acudieran a la prensa Ernestina Méndez Reissig, María
Hortensia Sabbia y Oribe, Francisca Bermúdez y las hermanas Castell entre otras.
La mayoría escribió poemas convencionales sin mayores pretensiones, pero
también esta es una forma de enlazar cultura y literatura. Tal como se advierte con
una lectura atenta ellas se inscriben en el doble movimiento que experimentan sus
letras: por un lado, la formulación de preocupaciones por temas nacionales y
utopías integradoras y por otro la utilización del “dispositivo romántico
sentimental” para no salirse demasiado del mandato de “escribir como mujer”.
Desde esta perspectiva, las escritoras indagan en su espacio íntimo y
apasionado, revisan la memoria y los sitios vividos y envuelven los recuerdos en
la nobleza y la santidad de los orígenes. No obstante, se trasciende la nostalgia del
pasado y se adquiere una forma que da sentido al presente y a su preocupación
patriótica. Una fuerza expresiva permanentemente ligada a lo fundacional y a las
raíces históricas, ya sea encauzada a las gestas patrióticas de prédica nacionalista,
o a la vida cotidiana y a las figuras familiares en Méndez Reissig o Dorila Castell.
La actitud romántica en sus poemas publicados en las revistas, describe y enaltece

223

�un paisaje costumbrista o una guerra como un fuerte motivo que alude a la muerte
y al alma errante en búsqueda de un destino propio, quizá de un cuerpo que se
describe a sí mismo, pero sin las urgencias de un compromiso político ni
femenino, tal como sucedía con publicaciones especializadas de tradición
periodística de mujeres que circulaban en ese mismo momento en otros países
como Argentina (Masiello, 1994) o España (Servén y Rota, 2013).
Evidentemente que se definen en un espacio textual muy acotado de
esferas masculinas, pero al mismo tiempo dicho espacio se articula en un sistema
de reflejos y niveles relativamente complejo. Las maestras y hermanas Castell
tuvieron su lugar en una publicación de intelectuales como lo fue la Revista
Nacional de Literatura y Ciencias Sociales y lo interesante es que ambas realizan
trayectos inversos: del libro a la prensa en el caso de Dorila, mientras que Adela
presenta sus poesías en la revista y más tarde anuncia un libro.
Todas estas mujeres recuentaron las letras de una tradición lírica, pero no
fueron originales en su tratamiento. Balances de préstamos, de continuidades y
rupturas se bosquejan en las redes de lecturas que aparecen en sus obras.
Sin duda que la pregunta y la respuesta por la calidad de sus textos
encierra una actitud política al intentar movilizar estatutos que determinan las
relaciones con el centro. Es leer para no excluir o para no construir una nueva
moral de exclusión, es leer para abrir nuevas vías a la interpretación del silencio y
el ocultamiento en obras escritas por las mujeres del siglo XIX.
Según Gilbert y Gubar, “la ansiedad de autoría” es el sentimiento
prevalente en las literatas y el ocultamiento “es una estrategia nacida del temor y
el mal-estar” (88). Fue más fácil dudar de sí mismas que de “la voz del censor”.
Lo que corresponde es preguntarse por lo que esconden detrás de la muerte como
denominador común de su poética. Barrán se refiere como “sentimiento
civilizado” a aquel que oculta a la muerte: “En la cultura civilizada la muerte
ganó poder de intimidar, ante lo cual el hombre lo negó, lo rechazó en los
pliegues más profundos de su conciencia como un hecho cuya exhibición y
recuerdo aterrorizaba” (2004: 285 [1990]). Sin embargo estas escritoras

224

�simultáneamente exponían, embellecían y visibilizaban la muerte. Se podría tratar
de una trayectoria inversa, que va de lo civilizado a lo primitivo, y quizás es en
ese movimiento en donde ellas construyen las condiciones de su propia visibilidad
como autoras.
Entre la fidelidad a lo oficial y su “saberse” escritora – no olvidemos que
son de las primeras en probar la escritura– cada una irá ilustrando aspectos de la
evolución de su propia obra en lucha o en alianza con la cultura masculina.
Entre sentimientos impregnados de modestia, de duda, de insuficiencia, de
autosupresión y culpa irán diciendo de soslayo, con criterios vacilantes que
responden a un período de transición, sus verdades dentro de una literatura
abrumadoramente masculina. Sus textos nos permiten valorar, en fin, a través de
un análisis más riguroso e inclusivo, otra clave, otros métodos para una
interpretación de la literatura uruguaya, ensayando instalaciones nuevas para la
valoración/legitimación de sus discursos.

225

�ANEXOS
1. Síntesis argumental de las novelas
a. Aglae…Una Cruz….Micaela Díaz de Rodríguez (1883)
La autora escribe dos breves Leyendas “verídicas” en 1880 y las publica
en 1883. La primera narra el impacto del Sitio de Paysandú en una familia, y la
segunda relata el estado en que queda una mujer por haber sido testigo en plena
campaña del asesinato de su novio.

Aglae
Víctor de la S… y su esposa Aglae de I con sus tres pequeños hijos viven
en la capital en 1858. Es una familia que, venida a menos por las “guerras
civiles”, tiene que ir a vivir al Norte del Río Negro por los problemas de salud del
esposo. Luego de cuatro años de pacífica convivencia, el General Flores “invade”
la zona. El corolario de esta situación es el alistamiento del padre en las fuerzas de
Leandro Gómez y su posterior fallecimiento en el Sitio de Paysandú. Sin poder
recuperar ni el cuerpo ni los bienes familiares perdidos por el saqueo, el robo y el
incendio perpetrados por los colorados, la madre e hijos se exilian en Entre Ríos.

Una Cruz
Al encontrar una solitaria cruz a “orillas del poético Yi” las amigas
intentan averiguar a quien pertenece. Al llegar a un paraje desolado encuentran
una vivienda con dos ancianos y su hija reducida al estado de locura. La madre
narra la circunstancia en que la joven presenció el asesinato de su novio. El

226

�crimen no se resolvió dado que nunca se encontró a quienes lo perpetraron. Fue
tal la impresión causada que la “insensibilidad ofuscó el claro entendimiento” de
la muchacha y el “terror y la desesperación desgarraron su alma”.
b. Tula y Elena o sea El orgullo y la modestia. Adela Corrège (1885)

Esta obra, dedicada a la señora Doña Teresa Mascaró de los Santos como
“tributo de gratitud que adoptó forma de novela, para las lecciones que se dan en
las escuelas públicas del Estado”, cuenta la historia de dos hermanas que
encarnan al orgullo y a la modestia. Tula tiene 16 años y un rostro angelical, pelo
y ojos claros; su mano “semejaba a la de una aristocrática dama”. Los
pensamientos nobles y las virtudes cristianas la hacen “humilde como la violeta”.
En cambio Elena, de 18 años, es de tez morena, de ojos negros y rasgados.
Su “andar firme” le da “una expresión de orgullo y presunción”. Ambas viven en
el campo de Aranjuez junto con sus padres, Santiago y Magdalena Aguilera. La
madre es una “segunda providencia” y el padre “honesto y trabajador”. El hogar
se presenta como un “lugar de dulzura, nido de vida” porque la felicidad “no está
en los salones, los aplausos, las delicias sociales, sino en el santo hogar”.
Con ellos vive Julio, un joven que apareció misteriosamente en la puerta
de la casa cuando era muy pequeño y fue criado como un integrante más de la
familia, sin tener idea de su origen, ni él mismo, ni los Aguilera. Se trata en
realidad del hijo de los condes de Benavente, quien fue secuestrado por su propio
tío debido a la “envidia” que este sentía por la felicidad del hermano.
En determinado momento, el padre y la hija mayor viajan a Madrid donde
sucede el encantamiento y “la perdición” de Elena debido a “su ambición y
egoísmo”. A su deseo por joyas y telas se suma la seducción que ejerce Rafael, un
madrileño “calavera” cuyo historial de conquistas –que llegó a costar la vida a
una de las enamoradas– no es obstáculo para Elena, que finalmente decide fugarse
con él. Mientras tanto, Tula y Julio inician su propia historia de amor. Luego de
varias peripecias Elena es rescatada por su padre resultando de todo esto su
ingreso al claustro para expiar sus culpas. En el lecho de muerte, el hermano del

227

�conde se arrepiente de todos sus errores y es perdonado en confesión. Luego del
reencuentro de los padres verdaderos con su hijo, Tula y Julio se unen en
matrimonio.
c. Estela, Margarita Eyherabide (1906)

Esta novela dividida en dos partes está dedicada por la propia escritora a
su madre y contiene un prólogo de la autora. Aquí se narran los padecimientos de
Estela, la hija de Milka Gautier y de un capitán que murió en una contienda bélica
en manos de Dierves, el envidioso soldado. Madre e hija quedan solas y en la
miseria, acosadas continuamente por Dierves, lo que provocará finalmente la
muerte de la madre de Estela. De la joven se enamora Luis Alberto, hijo de
Numancia, una madre caracterizada como la típica coqueta interesada que
planificará numerosos obstáculos para imposibilitar la unión de los novios y
arreglar un matrimonio por conveniencia. Si bien los diálogos entre madre e hijo
expresan un amor mutuo y exclusivo, lo cierto es que el hijo oculta el noviazgo y
la madre no revela sus planes de presentarle un buen partido. Al no poder lograr
su objetivo, Numancia se suicida, con lo cual se abre la posibilidad de concretar el
matrimonio de los jóvenes, quienes finalmente se casan y tienen dos hijas.

d. Amir y Arasi. Margarita Eyherabide (1908)

En Villa Artigas, un pueblo a orillas del río Yaguarón (actual Río Branco,
frontera con Jaguarao, Brasil), vive don Álvaro Ramírez con su esposa Jovita y
Amir, su hijo. Dueño del saladero de la zona, es el típico rico paternalista que
ayuda a los hombres “bárbaros” del campo, dándoles trabajo o ayudando a sus
familias. Con el cierre de su establecimiento por el “advenimiento del progreso”
llega también la muerte del patrón, quedando esposa e hijo en la miseria. Frente a
esta situación ambos deben resolver la disyuntiva de quedarse o tener que ir a
Montevideo. El deseo de Amir de estudiar en la ciudad se ve obstaculizado por el

228

�anhelo de la madre de quedarse en el pueblo. La visita de una familia de brasileros
que viven en el margen norte del río provoca el encuentro de Amir y Arasi,
quienes se enamoran de inmediato. El noviazgo se mantiene oculto a la madre.
Pero doña Jovita se entera, y sus celos no la dejan aceptar la relación. Mientras
tanto, deciden quedarse en el campo, a pesar de las inundaciones de 1889, de la
invasión de langostas y de la falta de trabajo.
A esto se agrega el evento de la “guerra”. Amir debe acudir al llamado
“contra el extranjero que intente usurparnos lo que es nuestro”. No se especifica
de qué levantamiento armado se trata pues la intención es discurrir sobre el amor a
la patria y a la familia. Cada uno de los personajes femeninos representa el dolor y
la incertidumbre de vivir a la espera del regreso del hombre. Amir deserta para
cuidar a su madre y los dos se exilian en Brasil para conseguir un empleo “hasta
que los disturbios acaben”. Luego de algunas peripecias menores, madre e hijo
regresan a Uruguay y se instalan nuevamente en la casa paterna. El amor de la
pareja se reestablece no sin antes estar amenazado por el padecimiento de Arasi a
causa de la ausencia del amado. Posteriormente el uruguayo y la brasileña se
casan. La escena final muestra a Arasi embarazada, recorriendo con Amir y Jovita
el nuevo escenario del progreso.

2. Textos de mujeres en los Anales del Ateneo (1881-1886)

El período que abarca esta indagación es escenario de la actividad y la
cosmovisión de la llamada por Zum Felde “Generación del Ateneo”, los cuales,
varones que en su mayoría, encuadran confortablemente con sus raíces patricias,
letradas y universitarias. Son “la segunda generación romántica surgida a fines
de la década del 70 que actúa en el proceso cultural de la nación hasta fines del
siglo XIX. Sus intelectuales eran hombres de acción política, que luego de la
caída de Santos vuelven al parlamento” (Zum Felde, 1967: 213-214). En el índice
general de 1881 a 1886 aparecen breves reflexiones de algunas mujeres y

229

�sorprende que no encontremos más que un solo poema, y que una de ellas
incursione en temas políticos:

“[…]¡La esperanza! flor arrancada del divino vergel del paraíso, trova de amor,
suspiro que la brisa lanza al rozar con su tímido aliento los pétalos de la
nacarada azucena, — nos remonta con sus alas á las etéreas regiones de lo
sublimo y de lo bello. Ella cuando el ángel de la desgracia se cierne sobre
nosotros, y el de nuestros jóvenes, remonta su vuelo hacia las alturas, impregna
nuestra alma de santa y pura resignación […].” (Castro, Sofía. “La esperanza”,
Año I, Tomo I, Nº 5, 5 de enero de 1882: 395- 396)

“[…] Armonía repite el canto de los pájaros, armonía el trovador que se inspira
en la naturaleza, armonía el llanto del niño que se mece en la cuna á los
arrulladores cánticos maternales. Todo armonía repite en nuestros oídos, todo
luz, todo verdad.
Desaparecen las borrascas de la vida para dar lugar á las leves ondulaciones de
la verdadera felicidad, y la felicidad solo es alimentada con las notas arrancadas
del arpa de una madre; todo es música, todas notas del corazón, pero todo es la
vida, y la vida es un sueño. . . . y los sueños sueños son.” (Chousa, Elena. “La
música”, Año I, Tomo I, Nº 5, 5 de enero de 1882: 398).

“[…] Flor sin perfume, corriente sin murmullo, hoja sin susurro, ardiente
verano sin brisa, extenso desierto, tal sería el mundo sin la mujer.
La mujer, ese ángel bajado del cielo, para secar las lágrimas del afligido, es la
que templa las penas del que sufre. Es ella, la que desde el hogar guía á sus hijos
por el camino de la virtud, para que más tarde, convertidos en ciudadanos,
defiendan á su patria en los momentos de peligro; es ella la que, albergando en
su corazón sentimientos nobles, convertida en ángel do caridad, si se halla en los
campos de batalla como gloriosa enseña de misericordia, oyendo el estampido
del cañón y el postrer lamento de un moribundo que lejos su familia, sin poder
regar sus heridas con las lágrimas de su amante esposa, ve refundidas todas
estas manifestaciones de cariño en la hermana de Caridad, que eleva fervorosas
preces al Señor, rogando por la salvación de su alma […].” (Guerra, Josefa. “La
Caridad”, Año 1, Tomo I, Nº 5, 5 de enero de 1882: 396).

Observad á la mujer, eso ángel terrenal, y en su rostro, puro, más puro quo
la primera gota de rocío que humedeció los pétalos de la nacarada flor, veréis
“[…]

230

�retratados los sentimientos que la animan, veréis la caridad reflejada en su
semblante. Sacrificios, privaciones, todo lo salva la caridad; el amor hacia el
prójimo vence todos los obstáculos que se oponen á su tránsito. El interés no se
alberga en su alma noble, la recompensa está en la satisfacción del alma; la
recompensa nos espera en la otra vida […]” (López, Elvira. “La Caridad”, Año
1, Tomo I, Nº 5, 5 de enero de 1882: 397).
El siguiente texto de Agripina Montes del Valle se escribió inicialmente en
un Álbum de Poesías que Federico Susviela Guarch regaló a Agripina Montes del
Valle, y que el mismo decide enviar en una carta a Magariños Cervantes para
publicarlo en los Anales:
“La poesía uruguaya.
Composición dedicada al muy honorable caballero Don Ramón Mercado, en
prenda de estimación:
Errante ignota armonía
Que arrulla bajo los brezos,
Que agita la undosa palma,
Y hace retemblar los cedros,
Y presta á las cataratas
La majestad del estruendo,
Y los extraños rumores
A los vagabundos céfiros;
Colorido misterioso,
Luz ingénita del genio,
Que alumbra las tempestades
Con ominosos incendios,
Y hace el trasunto de un ángel
Con resplandores aéreos.
Grito de guerra quo arroja,
Hondo y veloz el Pampero,
Del Plata en la inmensa mole,
De la montaña en el seno;
Nube de aromas errante
Que sube sin derrotero,
De la pradera á los sotos,
Do la colina al desierto;
De la pampa al mar lejano,
Y de allí. . . lejos, muy lejos. . .
Tal se apareció á mis ojos,
Tal reverberó en mis sueños
La uruguaya poesía,
Hija sola de aquel suelo,
Que tiene de sus verdores

231

�Perfumes vírgenes, frescos.
Y de los astros brillantes
Que bordan su limpio cielo
Como celestial corona,
Luz de mágico embeleso.” (Montes del Valle, Agripina. “La poesía uruguaya”,
Año III, Tomo VII, Nº 40, 5 de diciembre de 1884: 529).
“Las negras brumas de la ignorancia envolviendo las naciones en manto
funeral, impiden á los pueblos contemplar el radiante sol de la verdad, haciendo
que, dominados por un rey, vivan en la noche del olvido.
Un rey. . . . Un hombre dominando á millones de hombres, sin tener más
derechos, más facultades que las que le trasmite su padre al legarle una corona,
es todo lo menos que se pudo pedir de los pueblos, y todo lo más que puede dar la
ignorancia.
¡Sarcasmo temible de la suerte! […]” (Suárez, María. “La monarquía y la
República”, Año 1, Tomo I, Nº 5, 5 de enero de 1882: 397-398).

3. Presencia femenina en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias
Sociales
Año 1895
Nº 10- Adela Castell: “Fraternidad Americana”. (Alocución)
Nº11- Adela Castell: “En un álbum” (poema).
Nº 15- Adela Castell: “Costumbres criollas: Présteme el angelito” (narración).
Nº 16- Dorila Castell: “A un alma enferma” (poesía acompañada de una carta a
Víctor Pérez Petit en la que declara sus aunadas vocaciones pedagógica y
literaria).
Adela Castell: “Corina” (poema)
Nº 17- Clorinda Matto de Turner- “Guirnaldas y Coronas (Pintura de Aguazo)”
(poema)
Adela Castell: “Óptica de Amor” (poema)
Dorila Castell: “Rapsodia” (poema)
Nº 18- Clorinda Matto de Turner- “Plumas y lápices” (reflexiones literarias)
Nº 19- Adela Castell- “Estrofas” (poema)
Nº 20- Dorila Castell-“El amor de una india” (cuento)
Año 1896
Nº 21- Adela Castell: “Intima” (poema)
Dorila Castell: “En un álbum” (poema)
Nº 23- Sara Arias: “La tempestad” (cuento)
Nº 24- Eugenia Vaz Ferreira: “¿Por qué?” (poema)

232

�Adela Castell: “¡Ah no importa morir!” (poema)
Nº 26- Adela Castell: “Sáficos” (poema)
Sara Arias: “19 de abril” (reflexión sobre acto patrio)
Nº 28-Adela Castell: “Tripentálica” (poema)
Nº 29-Adela Castell: “Metamorfosis Descendente” (poema)
Sara Arias: “Amor Eterno” (cuento)
Nº 31- Adela Castell: “A él por ella” (poema)
Nº 32- Sara Arias: “Impresiones de Campo” (reflexión)
Nº 34- Adela Castell: “El eterno Dúo” (poema)
Nº 36- Dorila Castell: “Del libro de Alicia” (diario)
Nº 42- Dorila Castell: “A Adelfa” (poema)
Año 1897
Nº 47- Dorila Castell: “Del libro de Alicia” (diario ficcionalizado)
Nº 48- Dorila Castell: “A un árbol” (poema)
Nº 59- Mercedes Cabello de Carbonara: “La vida nueva” (nota sobre la homónima
obra de José E. Rodó, extractado de El Comercio de Lima).

4. Escritoras en el Diccionario de Seudónimos de Arturo Scarone (1942)

A tenor sobre lo expresado anteriormente sobre la escasez de las
publicaciones de mujeres en el período que circunscribe esta indagación cabe
destacar que sus textos casi se cuadriplican en los siguientes veinte años.
La segunda edición del Diccionario de Seudónimos de Scarone consigna
varias escritoras con piezas de mayor o menor destaque entre 1899 y 1941. Aquí
nos enteramos que desde 1903 Clotilde Badin dirigió durante cuatro años
consecutivos la revista Prosa y Poesía originaria de Colonia y que en 1899
aparecen varias mujeres iniciándose en sus primeras letras en la publicación
capitalina La Alborada. En algunas ocasiones se trata de un pequeño número de
poemas o breves composiciones, y en otros casos, los menos, son libros. En la
siguiente lista aparece primero el número de ubicación en el Diccionario, luego el
nombre verdadero del autor y entre paréntesis el seudónimo y año de publicación.

233

�Interesante juego: las mujeres nunca se identifican con nombres de caballeros,
algo que sí es habitual en el caso de los hombres.117
A continuación se presenta un inventario de los nombres de escritoras
uruguayas por el número de entrada en el Diccionario, y entre paréntesis los
seudónimos y años de publicación de sus trabajos:
28. Violeta Cerfoglio Berro (Alma, 1930)
29. Adelaida Mautone (Alma Herida, 1912)
34. María T. Lede de Saenz (Alondra, 1913)
43. Delia Castellanos de Etchepare (Almoreuse, 1915)
78. Candelaria Areta de Amorin (Aroma del Campo, 1929)
82. Raquel Saenz (Aspasia, 1925)
97. Berta Fleurquin (Bertha, 1936)
130. Carmen Ortega de Smith (Carmen Sánchez, sin especificar año)118
136. Felicia Ferreira (Celeste, 1902)
153. Amanda Velazco (Condesa Ada de Littof, 1916)
252. Adela Barbita Alonso (Elizabeth Durand, sin fecha)
284. Ercy Sosa (Ercy, 1930)
289. Sofía García Ferrer (Estela, 1901)
293. Zoila Aurora Cáceres (Eva Angelina, 1899)
296. Teresa Santos de Bosch (Fabiola, 1919)
312. Fany Vanzi Mussini (Fiammella, 1899)
322. Josefina M. de Pérez Curis (Flor del Lacio, 1909)
354. Raquel Saporiti (Fulvia, 1902)
355. Martha Costa del Carril (Gala Placidia, 1908)
364. Laura Carrera de Bastos (Gioconda, 1909)
380. Luisa Ferrer (Hipatia, 1922)
397. Rosaura Tejera Vera (Imelda, 1930)
117

Uno de los tantos ejemplos es el que aparece en el número 470 del Diccionario de Seudónimos
de Arturo Scarone: “JUANA DE LA FERLANDIÉRE. En nuestra capital, apareció en 1929 un libro de 152
paginas titulado Cartas Femeninas, firmado con el seudónimo tras el cual se ocultaba el destacado bibliófilo
compatriota Arturo E. Xalambrí. Más tarde, con su firma, publicó en 1932 un folleto titulado Apostolado del
libro y, años después, en 1938, una selección de poesías con el de Floresta Eucarística” (Scarone, 1942:
206).
118

Si bien no se consigna la fecha de El terruño ni de las publicaciones de la autora, sabemos por
Gabriel Lyonnet que se trata de una revista campera dedicada a “la literatura y la cultura de o sobre el medio
rural uruguayo, como su precedente, y de algún modo matriz, El Fogón. Director: Agustín M. Smith,
reemplazado en el Nº 362 por Agustín G. Smith. Julio 1917 a noviembre 1950. 400 Nºs. Montevideo. [Datos
de Guía de revistas culturales uruguayas de M. Barité y M. G. Ceretta.]”. [Publicado en Hispamérica,
Maryland, University of Maryland, Nº 102, 2005. Recogido en el CD adjunto a Revistas culturales del Río de
la Plata. Campo literario: debates, documentos, índices (1942-1964)] Ver en: http://fhuce.edu.uy/index.php?
option=com_content&amp;view=article&amp;id=594 (consultado en marzo de 2014).

234

�405. Obdulia Durán de Díaz (Isolda, 1913)
410. Juana Gadea (Ivone, 1932)
415. Angélica S. Dávila (Jacoba Beer, s/e)
424. Juana de Ibarbourou (Jeannete d’Ibar)
522. Ubaldina Maurente (Lubdiana, s/e)
525. Ángela Anselmi de Laborde (Luna, 1920)
529. Clotilde C. Pérez (Llana, 1931)
530. María Isabel Desteves (Mabel, 1930)
533. Delia Castellanos de Etchepare (Madre, 1921)
537. María Morrison de Parker (Magela, 1908)
557. María Arias de Anaya (Margarita de la Sierra, 1915)
558. Ana Soler (Mariana, 1884)
578. Amanda Bonetti (Mimosa, 1907)
583. Esther Parodi Uriarte (Mlle. Suzette, 1913)
584. Martha Costa del Carril (Mlle. Petronio, Tía Clara, Gala Placidia, s/e)
588. Aura de María (Morocha, 1899)
593. María Beriguestain (Natura, 1927)
595. María Alfonso Conzi de Duarte (Nay, 1915)
596. Julia Gilbert (Nayade, 1925)
601. Delia Mela Martinez (Nenúfar, 1929)
603. Angelina Morote de Porta (Nereida, 1940)
611. Zahara de Vera (Nieves, 1899)
612. Justa F. B. de Camblog (Nina, 1914)
647. Ernestina Méndez de Reissig (Pasifila, 1899)
648. Marta Gaye de Medina (Pasionaria, 1933)
671. Panchita Spósito (Piqueta, sin fecha)
698. Marcelina de Almeida (Abel, 1864)
715. Rosario Cabrera (Roja, 1915)
720. Rosa Álvarez (Rosa Alba, 1899)
721. Amira Pisani de García Lezcano (Rosa The, 1923)
728. Laura Carreras de Bastos (Ruth, sin fecha)
745. María Luisa Vázquez Ledesma (Satán, 1915)
760. Mirta Berbería (Silvia Guerrico, Los Príncipes Azules, 1921)
774. Angélica de Arce (Sofía, 1907)
776. María E. Leonet (Soledad, 1901)
777. Sarah Bollo (Sor Brígida, 1938)
781. Haydée Recayte (Stenia, 1920)
783. Elina Flores de Blixen (Stern, 1922)
795. Theckla Schneider de Bar (Tecla Huara, 1940)
801. Teresa Vilanoba (Teresa Vilar, 1931)
869. América Vignoli (Una Uruguaya, 1907)
870. Dorila Orozco (Una oriental, 1868)
909. María Teresa Pizzochero (Xenia, 1920)
933. Adela Castell (Zulema, 1895)

235

�BIBLIOGRAFÍA

Corpus

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disponible
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http://books.google.com.uy/books/about/Novelas_y_cuadros_de_la_vida_suramer
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                <text>Las obras depositadas en el Repositorio se rigen por la Ordenanza de los Derechos de la Propiedad Intelectual de la Universidad De La República. (Res. Nº 91 de C.D.C. de 8/III/1994 – D.O. 7/IV/1994) y por la Ordenanza del Repositorio Abierto de la Universidad de la República (Res. Nº 16 de C.D.C. de 07/10/2014)	</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>YURKIEVICH, Saúl: Quiroga, su técnica narrativa</text>
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                <text>Letras&#13;
Teoría de la literatura</text>
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                <text>El crítico argentino Saúl Yurkievich publica en Montevideo su estudio sobre la técnica narrativa de Horacio Quiroga</text>
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                <text>Yurkievich, Saúl</text>
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                <text>&lt;em&gt;Revista iberoamericana de literatura&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Año II y III, 1960 y 1961, n. 2 y 3, p. 91-99</text>
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                <text>Aldo Mazzucchelli</text>
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                <text>1961&#13;
2017</text>
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                <text>Escaneo: Mónica Pagola</text>
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                <text>Facsimilar papel</text>
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