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                    <text>JUAN ANTONIO ODPONE

LA HISTORIOGRAFÍA URUGUAYA
EN EL SIGLO XIX, APUNTES
PARA SU ESTUDIO

Apartado de la
?

Revista.Histórica de la Universidad
(Segunda época)

�JUAN ANTONIO ODDONE

LA HISTORIOGRAFÍA URUGUAYA EN EL SIGLO XIX.
APUNTES PARA SU ESTUDIO.*

Se ha dicho con razón que la historiografía en América Latina ha
participado de modo muy activo en la consolidación histórica de las na
cionalidades del Continente a lo largo del pasado siglo. Manifestación de
militancia intelectual más que sereno ejercicio científico, la reflexión his
tórica sobre el pasado y las creaciones historiográficas constituyen, por lo
común, la expresión de un compromiso ante la realidad, ya bajo su inme
diata faz política o bien como empresa constructiva de una conciencia na
cional en vías de sustentación.
Es cierto que semejante formulación incluiría muchos aportes, quizá
objetables desde una estricta delimitación del dominio historiográfico, pero
no cabe olvidar —y ello hace ineludible su consignación—, que la historia
fue, en buena parte del XIX, un arsenal ideológico donde las épocas, las
creencias y las doctrinas fueron movilizadas bajo los ideales del siglo. Im
pregnada por la cosmovisión romántica, que incluso propone una imagen
de continuidad para la vida histórica, la actitud del historiador se define
en un empeño actuante que aflora en el discurso parlamentario o la arenga
patriótica, asi como en la crónica, el ensayo o la biografía. Ejemplifican
esa actitud José Manuel Restrepo en Colombia; Mariano Paz Soldán en
Perú; Juan Vicente González y Felipe Larrazábal en Venezuela; Lucas
Alamán y Lorenzo de Zavala en Méjico; Barros Arana y Vicuña Mackenna
en Chile; Mitre y Lamas en el Rio de la Plata.
En el caso concreto de nuestro país, la vigencia de esa actitud mental
engendró una conciencia alertada que buceó en los orígenes de la naciona
lidad, y también señaló variadas respuestas a los problemas políticos, re
ligiosos o filosóficos que accedieron a la historiografía por la vía activa del
liberalismo. Si cabe hablar de desarrollo del pensamiento hisioriográfico
en este apretado y modesto dominio de nuestra historia intelectual, puede

Este artículo reúne algunas notas de un trabajo en preparación, sobre Historia y
pensamiento historiográfico en el Uruguay en el siglo XIX. El autor desea expresar
su reconocimiento a los profesores Jesús Bentancourt Díaz y Edmundo M. Narancio,
así como al señor Antonio T. Praderio por su asesoramiento bibliográfico.

BIBLIOTECA CE1L^ q

FONDO ODDONE1^b¿Z8

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-ajonap ja amxofuoa anb í()8 jap vjspi^ijuap ouismj}iso4 Jd vjnjso4 anb jvs
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3NoaaQ oiMOXMy Mvaf

�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
del Sitio de Montevideo. 2 Si bien carece de plan, la obra no está escrita
al acaso; refleja la observación prolija de quien sigue a diario las inciden
cias del sitio, llevando cuentas de los movimientos militares (aunque las
cifras incurran a veces en exageración), los muertos en la acción y las ba
jas por las epidemias que diezmaron a los montevideanos; las salidas de
ios defensores y el bloqueo fluvial; consignando, de paso, las negociaciones
de los bandos en lucha, ya las noticias de Buenos Aires o bien los sucesos
políticos del campo sitiador.
La intención de hacer historia —que no fue ajena al autor— se revela
en el carácter narrativo de la obra y en el propósito deliberado de escribir
la crónica de los sucesos. En 1846, el propio Acuña de Figueroa valoraba
su Diario con estas palabras: "...producción acreedora a la indulgencia
pública, por ser la única crónica escrita de aquella época memorable y por
la imparcialidad y verdad de sus relatos". 8 Sucesivas veces anotado con
datos complementarios, de aclaración, rectificación o adición de testimo
nios, aparece evidente la intención de añadir cierto rigor documental al
trabajo. Las notas ilustran y jerarquizan el relato rimado, agregando apre
ciaciones personales, citas de fuentes, datos de la Gazeta, proclamas mili
tares, y aún las enmiendas críticas que atemperan los juicios del cronista
ocular.
Tipifica pues, Acuña de Figueroa, una expresión temprana de la cró
nica en nuestros anales históricos. Si —como lo advertía Bauza— su tempe
ramento y su educación le situaban más cerca de los cuadros de la socie
dad colonial que de la estructura de la joven República,4 el apego a la
comarca donde nació, el respeto a sus tradiciones y a su historia, permitie
ron una transacción con las nuevas formas institucionales que el país asi
milaba, cediendo sus convicciones monárquicas e hispánicas mediante un
acatamiento apacible. El artífice del epigrama no desdijo entonces su for
mación literaria: clásico recalcitrante, su pluma amable, burlona y a ratos
punzante, lo identifica con la clásica literatura virreinal. Bauza le concede
una significación ejemplar en la función integradora que cumple la litera
tura como concurrente espiritual de la nacionalidad. En su opinión, es
Acuña de Figueroa quien incorpora definitivamente el tono heroico de las
luchas emancipadoras a la conciencia colectiva de lo nacional, mediante su

2.Su propio autor en la portada del Diario, explica la naturaleza de la obra: "Escrito
en versos de varios metros en la época misma, en el teatro y presencia de los
sucesos. Y posteriormente corregido y aumentado con notas curiosas y documentos
relativos a los mismos sucesos. Copiado y corregido en el año 1841 por el autor."
Cfr.: Francisco Acuña de Ficueroa, Diario Histórico del Sitio de Montevideo, cit.
La crónica rimada referida a temas históricos, tiene ya algunos antecedentes
en el Rio de la Plata. Amén de Barco Centenera, pueden considerarse precedentes
inmediatos entre otros— los Romances de Pantaleón Rivarola, cantando las hazañas
de los defensores de Buenos Aires durante las invasiones inglesas, y el poema ende
casílabo de Juan Ventura de Portegueda, liuenos-Ayres Reconquistada, Méxi
co, 1808.
3.Cfr.: Francisco Acuña de Figueroa, Diario Histórico del Sitio de Montevideo, cit.,
Prólogo y Advertencia en Obras Completas, v. I, t. I, Montevideo, 1890, pp. 7 y 8.
4.Francisco Bauza, Estudios Literarios, en Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos
Uruguayos, v. 9, Montevideo, 1953, pp. 5-11.

3

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Mvnf

�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
En época posterior, el tema nacional que el romanticismo vistió de
tono épico cobró su auge definitivo con Juan Zorrilla de San Martín (18551931) -T Su poema épico por excelencia, Tabaré, es la expresión más feliz
del romanticismo que remite los orígenes nacionales a una legendaria tra
dición indígena.
Zorrilla, como poeta, ha llegado incluso a definir una actitud reflexiva
ante la historia. Desde su punto de vista literario ha formulado ideas muy
precisas sobre el alcance de la historia, que traducen influencias ilustrati
vas de una época. La historia, para Zorrilla de San Martín, se convierte
en un elemento comunicativo y sensible que concurre a la apreciación es
tética de la obra o del personaje. 8 La intención moralizante y el enalteci
miento del pasado, poblado de héroes y gestas, prefigura ya en 1879, cuan
do La Leyenda Patria, sus ideas maduras explicitadas a comienzos de este
siglo. Concibe ahora la historia como una ciencia de observación y razo
namiento, pero, esencialmente, como una obra de arte donde priman ima
ginación y sentimiento. El sujeto de la historia es, para Zorrilla, el héroe
o el hombre superior que imprime una dirección al destino de los pueblos,
idea medular en la tradición historiográfica romántica del Río de la Plata.
Con una concepción lírico-subjetiva de la realidad histórica, Zorrilla
de San Martín rotula y culmina el ciclo poético de nuestra historiografía,
si se permite el giro, —poesía histórica unas veces, historia en verso otras—
donde el epos patriótico exalta valores del pasado impulsando una toma de
conciencia nacional.
La crónica y sus modalidades
Primo anuales fuere, post Historiae factae sunt, decía la sentencia que
Croce cuestionaba sosteniendo que la historia, dado su intrínseco carácter
de "contemporaneidad", antecede en el orden genético a la crónica, des
carnado residuo de lo ya no viviente. Fuera de esa distinción formal, ca
bría iniciar, sin embargo, en este caso, una visión panorámica del queha
cer histórico considerando las aportaciones de la crónica dado que cons
tituyeron —en general— sus más tempranas y modestas manifestaciones,
desde la narración cronológica de Larrañaga y Guerra hasta los anales de
Isidoro De-María.
Sin conceder a la distinción otro alcance que el de un criterio posible
de sistematización, la crónica, como género historiografía), puede agru
parse según ciertas modalidades características: crónica memorialista, na
rrativa, erudita.

Juan Zorrilla de San Martín, La leyenda Patria, Montevideo, 1879; Tabaré, Mon
tevideo, 1888; Descubrimiento y Conquista del Rio de la Plata (conferencia), Ma
drid, 1892; La Epopeya de Artigas, Montevideo, 1910; Detalles de la Historia rioplatense, Montevideo, 1917.
Cfr.: Juan Zorrilla de San Martín, La realidad de Artigas, prólogo a Héctor Mi
randa, Las instrucciones del Año XIII, Montevideo, 1935, p. XVIII y ss.

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sajdpiniu uEixasut as c 'BisiiETJoiuaiu apput ap Eaiupxa e¡ ap oxiuaQ
aNoaao oiMOXMy Mvnf

�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
período, por el Capitán José Raimundo Guerra (1784-1867) — describen su
cesos militares, fundaciones de pueblos, y dan noticias políticas de la re
volución; con objetivo criterio se hacen apreciaciones sobre las ideas fede
rales de Artigas de quien surge un afable retrato. Dada su ecuánime
apreciación de los hechos posteriores a la insurrección de 1811, constituye
uno de los primeros testimonios —como lo señala Pivel Devoto— que des
mienten la "leyenda negra" artiguista.

Con Juan Manuel de la Sota ( f 1858) 1X se amplían las posibilida
des de la crónica narrativa enriquecida con el aporte documental. Si bien
carece de un depurado método crítico, dado que se maneja con el simple
procedimiento de acopiar datos y documentación, señala una marcada su
peración en el género, en cuanto incorpora nuevos elementos para la cons
trucción histórica del pasado. Argentino de origen, se estableció en nues
tro país hacia 1830, donde despliega múltiples actividades, vinculado por
su carrera pública a la enseñanza y la administración. Su obra, por lo ge
neral, está al servicio de la organización nacional, en un período en que
las disensiones internas, la guerra contra la Confederación argentina y la
penetrante diplomacia brasileña amenazaban la estabilidad institucional
del Estado Oriental. Esa intención pragmática está en el ánimo del autor
cuando publica, en 1841, la Historia del territorio oriental del Uruguay;
dice en la introducción: ".. .mis deseos y mis esperanzas serán bien satisfe
chos si el esfuerzo de mis trabajos correspondiese a la necesidad con que
el país reclama ventilar sus deudas con los limítrofes, e hiciese ver el modo
como gradualmente se preparaba su Nación libre e independiente".12 Se
propone exponer con imparcialidad los hechos históricos de la Banda
Oriental entre su descubrimiento y el año 1817, aunque su criterio de ob
jetividad se resiente marcadamente en la apreciación de los años finales
del trabajo. Sus fuentes —dentro de las que no establece jerarquización
crítica— comprenden la Historia del Padre Lozano, las Décadas de He
rrera, el Ensayo del deán Funes, los viajes de Navarrete, la colección de
De Angelis, las Cartas Anuas y documentación de archivos de Montevideo.
Sin trascender la mera noticia, abunda en referencias geográficas, etnográ
ficas, datos sobre fauna y flora, hechos políticos, movimientos económicos
y administrativos, tratados y batallas. Ese mismo año de 1841 escribe una
ligera reseña titulada Noticias Históricas; narración onomástica con aspec
to de cronicón medieval, en la que subraya los hechos del descubri
miento, la conquista y la población de estas regiones hasta la gober
nación de Vértiz.
11.Juan Manuel de la Sota, Historia del territorio oriental del Uruguay, Montevideo,
1S41; Noticias Históricas [1841], en Revista Histórica, Montevideo, 1913, t. IV, pp.
145-60; Cuadros Históricos, [1848-49], [inéditos]; Catecismo Geogrdfico-Político e
Histórico de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, 1850; Errores que
contiene la Memoria sobre la decadencia de las Misiones Jesuíticas que ha pu
blicado en la ciudad de Paraná el Dr. D. Martín de Moussy, etc., Montevideo, 1857.
12.Juan Manuel de la Sota, Historia del Territorio Oriental del Uruguay, etc., cit.,
Introducción.
—7—

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
dad que le otorga cierto aire de empaque y erudición; ello, sin disimular
sus tesis a priori: es, en nuestra historiografía política, el abanderado de
la causa imperial de Brasil. En su análisis de la revolución y las luchas
civiles, así como en su visión de otros problemas de la realidad —esclavitud,
monarquía y república, anexionismo— se revela como el defensor conse
cuente de su majestad imperial, lo que, para la época en que investiga y
escribe, no implica contradecir su hispanismo.
Su visión de Artigas, sumada a la discutida calidad general del traba
jo, vinieron a sellar su desprestigio en la época de revisión de las tesis porteñas. Bauza, Melián Lafinur, Acevedo y Estrada le reservan un juicio la
pidario.
No podría omitirse —entre las manifestaciones de la crónica erudita—
el nombre de Antonio Díaz (1831-1911), 17 gracias a la relevante contri
bución que señala su Historia política y militar de las Repúblicas del Plata
desde el año de 1828 hasta el de 1866. En la reflexión de Antonio Díaz
prevalecen, al menos como propósitos, algunos principios teóricos sobre los
fines de la historia y los medios que utiliza. Es su intención, afirma, man
tenerse ajeno a las luchas políticas. Siguiendo el modelo clásico que para
la época encarnaba, una vez más, Cicerón —grato también a de la Sota—,
desea no formular juicios sobre los hombres sino limitarse a trazar el cua
dro de los acontecimientos. "El historiador ante todo —dice Díaz— no es
juez".18 "No debe crear, trastornar ni producir acontecimientos ni opinio
nes apasionadas... su verdadero elemento es la vida de los pueblos".19
Fuera de estas prevenciones liminares, la Historia del coronel Díaz ins
cribe, bajo el lincamiento formal de una crónica descriptiva, un cuadro
irregular, por momentos desvaído, de los sucesos nacionales comprendidos
entre la guerra del Brasil y la Triple Alianza. El relato aparece revestido
con un profuso aporte documental que se diversifica en declaratorias, tra
tados, alianzas militares, testimonios familiares y manuscritos de época,
aducidos, por lo común, con dudosa fidelidad. Pese a su notable extensión
—sus doce volúmenes constituyen un alarde para su época— esta singular
enciclopedia analística se resiente ya por una presentación desordenada, y
a veces incoherente, de los hechos, tanto como por el cuestionable criterio
con que utiliza las fuentes (procedentes, en su mayor parte, del archivo
paterno) a lo que se agrega frecuentes contradicciones o inexactitudes en
muchos de los juicios sobre acontecimientos y personajes notorios.
Si bien careció de una visión objetiva y comprensiva del período en
carado, y si tampoco su método y su orientación acertaron a resolver cues
tiones elementales de criterio historiográfico, la crónica de Díaz, conju
gando diversas circunstancias, alcanzó a gozar de cierto crédito, que Carbia,
por ejemplo, todavía le concede en 1940; prestigio de relumbrón ganado

17.Antonio Díaz, Historia política y militar de las Repúblicas del Plata desde el año
de 1828 hasta el de 1866. Montevideo, 1877-78.
18.lbid., t. I, p. 37.
19.Antonio Díaz, lbid., pp. 37-39.

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
de sus calles, la pintura de sus personajes populares y el cuadro ameno
de aquella sociedad colonial que le vio nacer.
En cuanto a pensamiento historiográfico, su obra toda —pese a las
distintas expresiones que abarcó y a las corrientes de palpitante y su
cesiva boga que marginaron su dilatado período de creación— no trascien
de los alcances de la crónica, ni supera sus limitaciones conceptuales. Ob
servador penetrante de la realidad, atento testigo de las querellas políticas
y de las fluctuaciones sociales, sublimó en la prensa, como periodista mili
tante y hombre de partido, su frustrada vocación de historiador. Las cir
cunstancias de su vida y las peripecias de la época de organización en que
actuó, consumieron en la acción diaria de la hoja editorial o el suelto
intencionado, sus mejores energías intelectuales. Su formación, en fin, tam
bién concurrió para privarle de una conceptuación histórica que es en
vano procurar en su bibliografía. Pero si careció de método y si la propia
modalidad narrativa resulta historiográficamente anacrónica, cuando en
tonces se agitaban verdaderas pasiones en torno a los criterios, los fines, las
posibilidades y la concepción de la ciencia histórica; si fue indiferente o
impermeable a los avances de la erudición, a las pragmáticas de la corrien
te filosofante, a las revoluciones ideológicas de Michelet o a las innovacio
nes naturalistas de Taine, cabe no obstante señalar la identificación de su
obra con un pasado que aún carecía de conciencia de sí mismo y no se
decidía a integrarse al espíritu colectivo de la nación. Fue un cronista del
Montevideo colonial, de la patria vieja y de la joven república, aplicado
con laborioso amor a perpetuar el recuerdo de sus gestas, sus hombres y
sus hechos mayúsculos y menudos. Del balance de su obra queda algo más
que el apego impasible al relato analístico y la versión edificante del pa
sado; tuvo otras proyecciones rigurosamente historiográficas en cuan
to alumbró posibilidades monográficas para la pesquisa erudita, o facilitó
una labor de revisión de los pródromos revolucionarios a la que se aplicó
con fructífero resultado científico la investigación histórica rioplatense.
Su replanteo simpático de la figura de Artigas, y su discrepancia con algu
nas tesis tenidas por verdades tradicionales, son antecedentes tempranos
de una reparación esclarecedora, realizada sobre bases críticas y objetivas.

DOS LÍNEAS VERTEBRALES DEL PROCESO HISTORIOGRÁFICO
Más allá de la crónica, con respecto a las orientaciones que
prevalecieron en nuestra historiografía del siglo XIX, podría enca
rarse su desarrollo histórico —con alguna salvedad— en torno a dos
grandes vertientes: la tendencia filosofante, propicia al ensayo inter
pretativo y a la fundamentación causal; y la corriente erudita, que ten
dió a la construcción historiográfica integrada con el aporte documen
tal y la depuración crítica. Las vinculaciones y contactos entre dichas
corrientes, que desmentirían un estricto deslinde, se ejemplifican en Mi
tre y López, Lamas y Bauza, cuyos trabajos obedecen a solicitaciones tan
to eruditas como filosóficas. Mitre es quizá un arquetipo de historiador
que se maneja sobre bases documentales objetivas, lo que no quiere
— 11 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
historia como lucha de principios opuestos y como reflexión sobre los
cambios en el Estado y la sociedad en su relación siempre actualizada con
el presente. Esta modalidad pragmática, asociada diversamente al libefalismo en política y al romanticismo en literatura, penetró en el pensamien
to sudamericano, y tuvo sonora repercusión historiográfica.
Las intemperadas luchas que sucedieron a la independencia política
invitaron a la reflexión constructiva y a la búsqueda de las causas pertur
badoras en el pasado, así como propiciaron los planteos sociológicos, las
profecías fatalistas y los juicios moralizantes. En el sur del ^ontinente,
desde el Pacífico al Plata, Bilbao, Lastarria y Amunátegui en Chile; Alberdi, Echeverría y Sarmiento, en Argentina; Lamas, Várela y Carlos Ma.
Ramírez en el Uruguay se proponen una fundamentación de la realidad
nacional a partir del análisis social encarado sobre bases históricas.
Dentro de nuestro proceso historiográfico, puede decirse que su curva
ideológica fue sensible a las mutaciones conceptuales y metodológicas que
ilustraron el pensamiento del XIX. Ceñida al patrón volteriano de Gutzot
con Alejandro Magariños Cervantes y sus seguidores, reflejó un temprano
intento de "razonar" los orígenes coloniales y extraer de su historia los prin
cipios de una regeneración social y política. Sometida, en una segunda eta
pa, al embate positivista recurrió, marcadamente con Francisco Berra, al
enjuiciamiento crítico de hombres y sucesos convirtiéndose en explicación
causal de la vida histórica con propensión monitoria. Infiltrada en nuestros
centros superiores de enseñanza, (en la Universidad, en el Ateneo y la So
ciedad Universitaria), la concepción filosófica de la historia se vistió con el
rigor determinista de las ciencias naturales, puesto entonces de moda por
Taine y Bagehot a partir de la verbosa filosofía de Buckle y Macaulay,
Flint y Laurent. En la docencia fueron sus portavoces Luis Desteffanis, y,
en plano menor, Isidro Revert, Marcelino Izcúa Barbat y Ramón López
Lomba; en el ensayo sociológico dieron la nota de su menguada expresión,
Ángel Floro Costa —en quien culmina el énfasis cientificista—, y Enrique
Kubly, con sus profecías ampulosas. Alojó contenidos contradictorios si se
piensa que el positivismo le incorporó a su ortodoxia; desde que positivis
mo —en teoría— implicaba una negación de toda filosofía (metafísica) de
la historia. Mas en realidad, el positivismo, obsedido por el concepto de
causalidad científica, propicia, a su vez, otras filosofías (o sociologías)
cuando encara los desarrollos, los fines o la problemática general de la
historia.
Como se señalara, sus delimitaciones de escuela no fueron muy rígi
das desde que, pese a sus disidencias teóricas y metodológicas con la orien
tación erudita, las vinculaciones y confluencias de ambas corrientes, fruc
tificaron ese contacto en obras perdurables.
Variadas tareas intelectuales cumplió Magariños Cervantes (18251893) 22 en sus años de peregrinaje por Europa, cuando pasea por París y
22- Alejandro Magariños Cervantes, Estudios históricos, políticos y sociales sobre el
Rio de la Plata, París, 1854.
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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
1770) y son frecuentes las citas del abate de Pradt, de Azara, de Funes, o
del reciente libro de Prescott sobre la conquista del Perú (1847).
Sin embargo, Magariños Cervantes, bien que precursor de la historio
grafía filosofante en el Río de la Plata —como lo destaca Carbia—, no
alcanzó a formar por sí mismo una escuela o una tendencia historiográfica.
Su afición o su interés —nunca su vocación— le llevaron a la historia, una
más entre las diversas actividades —periodista, editor, literato, abogado,
juez, catedrático, rector— que su vida le marcó. Del periodismo de comba
te y la acción política derivó incidentalmente a la historia con las preven
ciones y deformaciones características por lo demás de la generación de
proscriptos que —imagen de la historiografía liberal de su tiempo— aloja
ron en la historia sus querellas de partido para extraer luego de ella las
probanzas de sus principios e ideas. La exigüidad de su obra y de su in
fluencia contrastan en cambio con la dilatada proyección que —den
tro de la orientación filosófica— correspondió a Vicente Fidel López,
emigrado de la primera hora, que ejemplificó en su extensa y desigual
producción las mayores posibilidades de la corriente fatalista, como
gustaba llamarla, y las cambiantes modalidades que fue asumiendo, su
jeta a la variante del pensamiento europeo, desde los cuadros de Robertson y Guizot hasta sus postreras concomitancias metodológicas con las cien
cias naturales, en la línea de Buckle y Taine.

Vicente Fidel López, más perdurable que Estrada, es el modelo que
en el Uruguay inspiró a Francisco Berra (1844-1906), 26 cuyo discutido
Bosquejo Histórico de la República Oriental del Uruguay, aparte de su
gravitación pedagógica durante casi tres décadas, presencia en ese lapso
una etapa historiográfica de definición conceptual, al señalar el enfrentamiento de dos corrientes antagónicas.
Las cuatro ediciones del Bosquejo compendian toda una época de
nuestra docencia histórica. Las modificaciones sucesivas —sensiblemente las
introducidas en la última edición— impuestas más por preceptos pedagógi
cos que por orientaciones conceptuales, dejan en pie su dogma esencial:
la historia, disciplina normativa, debe ser encarada con criterio filosófico
y finalidad moral. "El fin práctico de la historia —decía Berra en 1895—
no es satisfacer la curiosidad ni aun exaltar el sentimiento patriótico, como
muchos creen incurriendo en gravísimo error; es servir de guía a la con
ducta futura de los hombres, mostrando cuáles son los efectos que fatal-

26. Francisco A. Berra, Bosquejo Histórico de la República Oriental del Uruguay,
Montevideo, 1866 (primera edición); Montevideo, 1874 (2a. edición); Montevideo,
1881 (3a. edición); Montevideo, 1895 (4a. edición); Estudios Históricos acerca de
la República Oriental del Uruguay. Defensa documentada del Bosquejo Histórico
contra el juicio que le ha dedicado el Dr. Carlos Ma. Ramírez, Montevideo, 1882;
Noticia Histórica. — Aspecto físico. — Instrucción, en Álbum de la República Orien
tal del Uruguay, compuesto para la Exposición Continental de Buenos Aires, bajo
la dirección de los Sres. Francisco A. Berra, Agustín de Vedia y Carlos Ma. de
Pena, Montevideo, 1882.
— 15 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
así como en sus derivaciones, el objeto de la discusión. Las diversas ins
tancias de lo que cabalmente fue revisión del pasado y definición de una
conciencia historiográfica, tuvo antecedentes, resonancias y protagonistas
en las dos orillas del Plata. Sus episodios más notorios, los artículos de Juan
Carlos Gómez, las réplicas montevideanas en la prensa, el Ateneo, la
tercera edición del Bosquejo y el Juicio Crítico de Ramírez del 82, la con
trarréplica de Berra y los debates del 84 en torno a Artigas implican la
reconsideración de una imagen histórica tradicional. El vuelo doctrinario
que cobran las réplicas a la edición del Bosquejo de 1881, acusa, con la
superación de los juicios que entonces encarnaba López, una objetivación
crítica del pasado que está anunciando la aptitud madura para encarar la
conceptuación histórica del curso de la vida nacional. El Bosquejo —por
contraste negativo— fue el espaldarazo de una nueva conciencia histórica
que por vez primera sugiere una visión orgánica del pasado, sobre bases
eruditas y críticas, con los trabajos de Fregeiro y Bauza. Es cierto que la
gestación de esa conciencia adulta responde a un proceso de larga data,
cuyos actores desde Montevideo o Buenos Aires protagonizaron en la cá
tedra, en la pesquisa del archivo o en las polémicas histórico-políticas. Pero
no es menos cierto que la definición de dicha conciencia vino a manifes
tarse a propósito del libro de Berra para luego sellarse definitivamente, en
1884, con la crítica de López por Fregeiro (no por simple coincidencia coe
tánea de la polémica Mitre - López), en el conocido debate periodístico a
propósito de Artigas. Desde entonces, las ideas históricas de Berra y su cri
terio histórico parecen ser cosa juzgada y como letra muerta se confinan
en el desván de la historiografía. Apagados los ecos de las retóricas leccio
nes del Bosquejo, silenciadas las voces críticas que se alzaron en su contra,
el saldo de su obra, la "lección", perdurable de su libro es negativa. Si
algo enseñó desde el punto de vista historiográfico, lo hizo con la ejemplificación de una forma errónea de concebir la historia. Y su paradójica
lección, arrojó resultados saludables en cuanto superación de las excentri
cidades de una escuela y de un modo de pensar que Croce sin miramien
tos desterraba al limbo de la "pseudo-historia".

Si fue prolongado el magisterio del manual de Berra en la enseñanza
media, la tendencia fatalista también se hizo sentir variadamente en
la docencia universitaria. Si en historia nacional pervivió durante tantos
años el influjo de Berra, durante esas mismas décadas, Desteffanis alentó
la tradición filosofante desde la cátedra de historia universal de la Uni
versidad.
En el Río de la Plata, 1866 es un año significativo para la historia de
orientación trascendente: en Buenos Aires señala el advenimiento a la cáte
dra de José Manuel Estrada, el portavoz de Guizot; en Montevideo, la
edición inicial del manual de Berra, como se vio, y el nombramiento, por
el gobierno de Flores, de Luis Desteffanis como catedrático de historia
en la Universidad Mayor, señalan hechos ilustrativos del auge de una
modalidad que se explayó en la creación historiográfica y en la docencia.
— 17 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
mismas revoluciones políticas". 34 Su apego a la escuela le lleva a aceptar
con calor tan delirante determinismo que, al fin de cuentas, no era más
que un ejemplo de la confusión que reinaba en la época acerca de las
fronteras de las ciencias del conocimiento. Por su libro circulan todos
los sistematizadores, mentores y profetas del progreso humano. De cualquier
modo, más por las ideas que supo transmitir que por su obra original de
que careció, merece un sitio en nuestra historiografía. Su producción es
meramente accidental y extrínseca a su vocación de docente, polígrafo y
bibliófilo, traductor y coleccionista erudito.
Paralelamente al magisterio universitario de Desteffanis, otros cen
tros de enseñanza montevideanos fueron sensibles a la influencia filosófica
del positivismo en su proyección sobre las ciencias históricas. Mencione
mos, al pasar, algunos núcleos de difusión de los estudios históricos. El
Club Universitario, fundado en 1868, donde Eduardo Acevedo Díaz, con
Guizot por modelo, traza una imagen del pasado del Continente en una
serie de disertaciones titulada: La civilización americana;S5 la Sociedad
Filo-Histórica donde se pronuncian conferencias sobre La mitología griega
bajo el prisma de la moral por Prudencio Vázquez y Vega,36 donde Gre
gorio Pérez lee su tesis acerca de El origen de la civilización americana 37 y
José G. del Busto habla de una división científico-filosófica de la historia
de la humanidad. 38 El Ateneo después, con sus veladas literarias, en las que,
en 1881, Palomeque diserta sobre la enseñanza de la historia como ejemplo
de generaciones presentes; 39 la Sección y la cátedra de historia del Ateneo
donde sus lectores José G. del Busto, Isidro Revert y Marcelino Izcúa Barbat
rezuman el tono cientificista que impone la furiosa boga de Taine; Isidro
Revert —también profesor de historia universal de la Sociedad Universita
ria— escribe en los Anales del Ateneo sobre La química y la física históricas^
La mecánica en la historia, Morfología y fuerzas de la historia; 40 Marcelino
Izcúa Barbat, por su parte, hace profesión de fe filosófica en un discurso
inaugural del aula de historia antigua del Ateneo en 1882, refiriéndose a

34.Luis D. Desteffanis, De los criterios históricos, etc., cit., p. 10.
35.Eduardo Acevedo Díaz, La civilización americana, en El Club Universitario, año III,
nn. 101, 102, 103, 104, Montevideo, mayo 25, junio 5, junio 12, junio 22 de 1873.
36.Prudencio Vázquez y Vega, La mitología griega considerada bajo el prisma de la
moral, en Actas de la Sociedad Filo Histórica, Montevideo ,22 de julio de 1874, en
Archivo del Ateneo de Montevideo.
37.Gregorio Pérez, El origen de la civilización americana, en Actas de la Sociedad FiloHistórica, Montevideo, 19 de agosto de 1874, en Archivo del Ateneo de Montevideo.
38.José G. del Busto, Disertación sobre la división más científica de la historia de ia
humanidad, en Actas de la Sección Historia del Ateneo del Uruguay, Montevideo,
15 de setiembre de 1879, en Archivo del Ateneo de Montevideo.
39.Alberto Palomeque, Discurso de apertura al inaugurar las veladas literarias en el
Ateneo del Uruguay, en Anales del Ateneo, año I, t. I, n. 2, Montevideo, 5 de
octubre de 1881^ p. 159.
40.Isidro Revert, La química y la física histórica, en Anales del Ateneo, año I, t. I,
n. 5, Montevideo, 5 de enero de 1882, p. 374 y ss.; La mecánica en la historia, en
Anales del Ateneo, año I, t. I, n. 6, Montevideo, 5 de febrero de 18S2, p. 468;
Morfología y fuerzas de la historia, en Anales del Ateneo, año I, t. I, n. 10, Mon
tevideo, 5 de junio de 1882.
— 19 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
ción, unitarismo y federalismo". Es una verdadera pesadilla científica que
da sin embargo idea de la desenfrenada vigencia que alcanzó el positivismo.
Sostiene que la "catóptrica social está tan avanzada hoy como la catóptrica
lumínica. Las razas que se mezclan y confunden, proyectan y combinan sus
enerjías físicas y sus cualidades morales, como las superficies tersas los
rayos de luz o de calor radiante. Los teoremas son los mismos. Siempre el
ángulo de incidencia es igual al ángulo de reflexión. De lo que se sigue
que las temperaturas sociales tienden a equilibrarse como las físicas...".46
Mención accidental corresponde a Enrique Kubly y Arteaga (18551904) por sus dos ensayos más significativos: Las grandes revoluciones
(1887) un grueso volumen que con aire de viejo alegato liberal reedita
las protestas de Bilbao ante la acción clerical, con mucho de Spencer y
Carlyle; un tanto anacrónico, conservador para 1887 y para el prólogo de
Pi y Margall que le precede.
Libertad, ciudadanía, soberanía popular, leyes políticas, analizadas
históricamente, en su faz sociológica, desde la antigüedad hasta los
últimos conflictos con la Iglesia, pasando por la Revolución Francesa,
seguidas por conclusiones de filósofo de la historia, al tono grandilocuen
te de estilo. En El espíritu de rebelión (1896), con énfasis erudito radica
las bases de la democracia en su evolución histórica, para concluir en el
dogma del progreso como idea central y condición de perfeccionamiento.
Tiene un acentuado tono profético, al plantearse la cuestión social del
momento con la macrocefalia industrial y su incidencia sobre la clase
obrera. Su diagnóstico desahucia al socialismo de Estado y a las "extrañas
utopías" de Marx y Lassalle, así como al anarquismo, que desprecia como
buen liberal de fin de siglo. Cree que el mundo está asentado —dadas las
inclinaciones natas del hombre por su interés individual— sobre la no
ción de propiedad. Proclama la libre iniciativa como panacea de los
males sociales y tiende, dentro de fuertes marcos reaccionarios, a una re
pública federal de acento conservador y jerárquico. El espíritu de rebe
lión, para Kubly, es la palanca del progreso constante e irresistible, a
cuyo conjuro se operarán las transformaciones sociales. 4r
b)

algunas manifestaciones de la corriente erudita.

En tiempos de Rivadavia, cuando a comienzos de 1827 llegaba a Bue
nos Aires, proscripto de Italia, el publicista Pedro De Angelis (1784-1859),
los primeros frutos del método filológico crítico y el auge de la corriente
neoviquiana auguraban una fecunda revolución en los dominios del saber
histórico europeo. No tanto por haber sido un temprano portavoz de aque
llas ideas históricas, sino por la influencia que irradió con su obra de acopio
y creación, se le debe preferencia en todos los estudios sobre los orígenes
de la erudición en el Río de la Plata. En su patria natal, procedía De An
gelis de aquella escuela de publicistas y estudiosos napolitanos que tras
las huellas de Vincenzo Cuocco postulaba una reivindicación del pensa
miento de Vico apuntando hacia una conceptuación científica del saber
46.Ibid., p. 375.
47.Enrique Kubly y Arteaga, El espíritu de rebelión, Madrid, 1896.
— 21 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
En el plano de las expresiones individuales, la labor heurística ha
perpetuado el nombre de Andrés Lamas (1817-1891), 49 que con su va
riado aporte historiografía), señala una vocación ceñida por una activa
militancia intelectual y política. Mentor de nuestra emancipación lite
raria en el 38, perdura por su aporte ensayístico, monográfico y docu
mental como un símil característico de la erudición en el Uruguay. Más
allá del tradicional esquema político de los hechos, su visión del pasado
se enriqueció con aportes de la geografía y la economía, la estadística y
la filología, la literatura y la reflexión sociológica. Su obra puede desglo
sarse en dos aspectos: metodológico y monográfico.
La fundación del Instituto Histórico y Geográfico en 1843, empresa
a la que estuvo estrechamente vinculado Lamas, recoge sus ideas juveni
les de 1838 al abogar en El Iniciador por la independencia científica y li
teraria de la Nación.
Poco después de publicar en forma de libro sus Apuntes históricos
sobre las agresiones del dictador argentino Juan Manuel de Rosas
(1848), mientras cooperaba con la empresa heurística de los emigra
dos unitarios en El Comercio del Plata^ Lamas encara la idea de pu
blicar las fuentes necesarias para la ulterior elaboración historiográfica.
En 1849 inicia la Colección de documentos para la historia y geografía
de los pueblos del Plata. En 1872, junto a Juan Ma. Gutiérrez im
pulsa la fundación de la Revista del Río de la Plata (1872-1877);
asimismo por esos años emprende la edición de la Biblioteca del Río
de la Plata donde aparecen bajo su cuidado las crónicas de Lozano
(1874) y Guevara (1882). En 1873, concreta su ambicioso plan de inves
tigación en repositorios europeos con las Instrucciones para la adquisición
en los archivos europeos de documentos inéditos que pueden ilustrar la
historia colonial del Rio de la Plata. Su aporte en el aspecto heurístico
señala una sostenida pasión de trabajo, sustentada desde sus realizaciones
del 40 hasta los últimos días de su vida, en cuyo lapso se mantuvo estre
chamente vinculado a los problemas de la realidad del país que lo vio
nacer.
Pensamiento y acción, erudición y militancia, se conjugaron en su
espíritu si no siempre con equilibrio, al menos con la definida vocación
del historiador preocupado y alerta. Como los historiadores de la escuela
romántica —Michelet, Thierry, Carlyle— Lamas ejemplifica la disquisición
sobre el pasado como pretexto para una actitud política; así surgen sus
Apuntes históricos sobre las agresiones del dictador argentino Juan Ma
nuel de Rosas, respuesta que la realidad inmediata propone a un espíritu
necesitado de explicarse, en términos históricos, la situación presente. El
ensayo aparece, en sus virtudes y sus flaquezas, como un analítico cuadro
político que va desde la guerra contra el Brasil hasta la renuncia de Oribe
de 1838, donde enjuicia la facción y la dictadura de Rosas en un bosquejo
cargado de pasión partidaria.
Pero su actitud posterior, a partir del resurgimiento de los estudios
49. Cfr.: Guillermo Furlong Cardiff, Bibliografía de Andrés Lamas, Buenos Aires, 1944.
— 23 —

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Nvnf

�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
fueron todas circunstancias que requirieron el extremo rigor de la crítica
aplicado a los elementos de primera mano.
En Buenos Aires, la corriente erudita de Domínguez, ya jerarquizada
por Mitre en cuanto al método, emite su profesión de fe científica, como
escuela histórica, en ocasión de la polémica de 1881 entre Mitre y López.
Es justamente a partir de entonces, en el lapso que cubren las dos
últimas décadas del siglo, donde se sitúan algunas expresiones singulares,
características de aquella tendencia que, a partir de la compulsa docu
mental y la erudición, postula una rigurosa exégesis de fuentes, por el mé
todo de depuración hermenéutica. El ochenta y el noventa recogen una bi
bliografía histórica que compendia, a los fines sistemáticos de este pano
rama, los frutos de la corriente erudita en el Uruguay del XIX.
Tras los festejos de inauguración del monumento de la Florida
(1879), la polémica desatada desde Buenos Aires por Juan Carlos Gó
mez, al negar significación independentista a la efemérides de 1825,
promovió una conmoción que trascendió del plano inicial. Y, al cabo de la
consideración de los antecedentes históricos del acontecimiento, vino a im
pulsar una disquisición sobre los orígenes de la propia nacionalidad orien
tal, ventilada en la tribuna del Ateneo y en sus Anales, en polémicas deriva
das de la prensa al folleto, en los periódicos de ambas orillas del Plata.
Todo este proceso espiritual que cubre los años 1879 a 1885; arroja un
saldo edificante para la conciencia histórica. Este período sin duda mere
cería, por su resonancia intelectual, por su repercusión historiográfica y
por su contenido afirmativo de la conciencia nacional, una consideración
muy atenta, que desborda por fuerza estos apuntes. Pedro Bustamante,
Juan Carlos Gómez, Berra, Lucio V. López, Fregeiro, Mitre, Carlos Ma
ría y José Pedro Ramírez, Alejandro Magariños Cervantes, Carlos Ma. de
Pena, Bauza, Melián Lafinur, Ángel Floro Costa fueron sus protagonistas
con ostensible o indirecta actuación. El clima que crea la creciente discu
sión propicia eco y respuestas, algunas de cuyas voces han recogido los
Anales del Ateneo.
En una segunda instancia, centrado el debate en torno a Artigas, Car
los María Ramírez (1848-1898) 50 impugna a Berra con su Juicio Crítico.
Periodista, hombre público, universitario, Ramírez estaba vinculado a
Berra por amistad y comunes aspiraciones. Sin embargo, no pudiendo
sustraerse al movimiento de reafirmación de la nacionalidad que se ven
tilaba con urgencia polémica, plantea algunas discrepancias con el libro
del educador que entonces (1881) aparecía en su tercera edición. El Juicio
Crítico revela la necesidad de objetivar en la historia la figura del caudi
llo y de la revolución oriental. Su vinculación con Fregeiro, sin duda in
cidió en la gestación de este opúsculo. Ramírez avanza una crítica de las

50. Carlos Ma. Ramírez, La guerra civil y los partidos en la República Oriental del
Uruguay, Montevideo, 1871; Juicio critico del Bosquejo Histórico de la República
Oriental del Uruguay por el Dr. D. Francisco Berra, Buenos Aires, 1882; Artigas,
Debate entre El Sud América de Buenos Aires y La Razón de Montevideo, Monte
video, 1884.
— 25 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
La monografía de Maeso (1830-1886), 67 no obstante su premiosa
elaboración, sirvió de base a un posterior estudio documental y crítico con
fines alegatorios. La documentación es exhibida con intención reivindica
toría, acudiendo a testimonios hasta entonces desconocidos.
Es, con sus limitaciones, una síntesis comprensiva que se propone
aportar las probanzas documentales para demostrar la espontaneidad de
la revolución de 1811. Encarado bajo la forma de un alegato, se remi
te al testimonio de los actores del proceso "como la única e ineludi
ble ley". Al asignar al movimiento emancipador una señalada proyección
nacional, avanza una interpretación moralizante de ese pasado donde aso
man "las virtudes o los crímenes de los hombres notables y de las gene
raciones pasadas presentándolas de relieve ante la admiración de los con
temporáneos". 58 Aun en su significación menor, Maeso representa una
valiosa contribución al acervo monográfico, así en la compulsa de testi
monios poco conocidos como en la erudición general que revela su tra
bajo, un exponente más del revisionismo histórico que asoma con pujan
za en la década del ochenta, impulsado por los debates acerca de la na
cionalidad, pero sustentado además por una bonificación de método e ins
trumental erudito.

La consideración de la figura de Clemente Fregeiro (1853-1923),59
implica reconocer, para los estudios históricos, una notoria ampliación de

57.Justo Maeso, La insurrección emancipadora de la Provincia Oriental en 1811, Sus
antecedentes y su espontaneidad, en Anales del Ateneo, año IV, t. IX, n. 50, Mon
tevideo, 15 de octubre de 1885, p. 310; El general Artigas y su época, apuntes do
cumentados para la historia oriental, Montevideo, 1885; Los primeros patriotas
orientales de 1811. Expontaneidad de la insurrección oriental contra la España en
la guerra de la independencia americana, Montevideo, 1888.
58.La insurrección emancipadora de la Provincia Oriental en 1811. Sus antecedentes y
. su espontaneidad, en Anales del Ateneo, año IV, t. IX, n. 50, Montevideo, 15 de
octubre de 1885.
59.Clemente L. Fregeiro, Compendio de la Historia Argentina, desde el descubri
miento del Nuevo Mundo hasta el presente, Buenos Aires, 1876, 3a. ed., 1881; Los
colores de la bandera argentina, Buenos Aires, 1878; Juan Díaz de Solís y el des
cubrimiento del Río de la Plata, Buenos Aires, 1879; Don Bernardo Monteagudo,
Buenos Aires, 1880; San Martín, Guido y la expedición libertadora del Perú, Bue
nos Aires, 1884; Vida de argentinos ilustres, Buenos Aires, 1885; Artigas, El Éxodo
del Pueblo Oriental, 1811, en Anales del Ateneo, Montevideo, 18S5; Artigas, Estu
dio Histórico, Documentos Justificativos, Montevideo, 1886; Lecciones de Historia
Argentina, Buenos Aires, 1886; Don Vicente Fidel López y un texto de historia ar
gentina, Buenos Aires, 1889; Un informe y un decreto. Fundación de pueblos en la
Banda Oriental, Buenos Aires, 1891; Noticias sobre la vida de don Hipólito Vieytes,
Buenos Aires, 1893; La Historia documental y critica, Buenos Aires, 1893; Síntesis
histórica del desarrollo histórico de la República Argentina, en El Censo Nacional,
Buenos Aires, 1895; Antecedentes de las invasiones inglesas en el Rio de la Plata,
en Revista de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires, 1897; La Defensa de Mon
tevideo y el Gral. Urquiza, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos
Aires, 1917; La vida de un revolucionario, en La Nación, Buenos Aires, febrero de
1918; La Batalla de Ituzaingó, Buenos Aires, 1919; Estudios Históricos sobre la Re
volución de Mayo, en Biblioteca de Historia Argentina y Americana, tt. VI-VII,
Buenos Aires, [1930] s. d.
— 27 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
ro—, concibe la historia a imagen de Taine, en su doble calidad de cien
cia y arte. Una fuerte impregnación filológica trasunta su formación eru
dita donde alientan, junto a la vieja savia de Tillemont, las recientes in
fluencias de Mommsen y de Droysen, los giros de Sainte Beuve y de Fustel.
"El trabajo del historiador —dirá Fregeiro— consiste, ante todo, en revi
vir por el espíritu estados que fueron de la sociedad (la fórmula —repe
tida más tarde por Groussac— no está muy lejos del pensamiento de Tai
ne) , coordinando al efecto inmenso y complejo material, fragmentario casi
siempre, por intermedio de la erudición que acopia y de la crítica que
depura y ordena". Y la raíz típicamente germánica y filológica surge de
su inmediata aclaración sobre la misión de la crítica: "...no basta
estraer un papel de un archivo oficial o privado, es indispensable estu
diarlo en sí, en su procedencia, en su concordancia ó contradicción, con
otros documentos igualmente auténticos é igualmente autorizados". Y con
cluye: ".. .el material científico es indispensable, pero la crítica lo es tan
to como éste". 62 Su refutación a Madero abunda en disquisiciones de mé
todo, muy ilustrativas, por lo demás, acerca de la diferenciación de enton
ces entre ciencias "racionales" y ciencias históricas. Para él, los textos y do
cumentos son para la historia lo que son para las ciencias naturales los
experimentos y las observaciones. Sus discrepancias con Madero tienden
a dejar establecido: que no es posible hacer historia con documentos iné
ditos si éstos no se depuran con reservas críticas; que más alia de todo aco
pio de material inédito, la verdadera erudición se maneja con la crítica
paciente y sagaz que reúne y ordena, clasifica y juzga. 63 Tal como ya lo
había dejado establecido en su contribución inicial sobre la batalla de
Ituzaingó (1888), ensayo de crítica histórica y militar; o en su perfil de
Monteagudo (1880), cuyas convicciones se ven robustecidas en sus postu
mos Estudios históricos sobre la Revolución de Mayo. 64

62.Clemente L. Fregeiro, La historia documental y critica cit., pp. 4 y 5 .
63.Ibid.
64.Clemente L. Fregeiro, Estudios históricos sobre la Revolución de Mayo, etc., cit.,
Prefacio.
En Anales del Ateneo Fregeiro publicó El Éxodo del Pueblo Oriental, capítulo
de una obra mayor que no llegó a aparecer y que vino a quedar reducida al an
ticipo documental aparecido en 1886, con el título de Artigas, Estudio Histórico,
Documentos Justificativos, Cfr., Anales del Ateneo, año IV, t. VIII, nn. 41, 42, 43,
Montevideo, 5 de enero de 1885, 5 de febrero de 1885, 5 de marzo de 1885; pp. 64
y ss., pp. 81 y ss., pp. 169 y ss.; Cfr.: Carlos Ma. de Pena, Introducción, en Anales
del Ateneo, año IV, t. VIII, n. 41, p. 64.
Su correspondencia con Setembrino Pereda y con Luis Melián Lafinur con
tiene referencias sobre sus proyectos de encarar una Historia Nacional como con
junto integral, abarcando no sólo historia política, sino institucional, literaria,
económica y cultural, tarea que programaba llevar a cabo con un equipo de in
vestigadores uruguayos. Pensó en escribir —lo dice en carta a Melián Lafinur— un
Bosquejo Histórico de la República Oriental del Uruguay, al ejemplo de Oncken,
con la colaboración de Francisco J. Ros, José Henriques Figueira, José Salgado,
Setembrino Pereda, Carlos Oneto y Viana, Luis Melián Lafinur, Carlos Vaz Ferreira, Carlos Roxlo, Benjamín Fernández y Medina. La carta, que, como se sabe, no
llegó a su destinatario ni se publicó en su tiempo (1917), figura en la Revista del
Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, t. V, n. 1, p. 292.
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�-La Historiografía uruguaya en el siglo xix
en el pasado para explicarse por vía retrospectiva la existencia indepen
diente de su país, en el momento culminante de la controversia sobre la
autenticidad histórica de la República. El preconcepto de la existencia
nacional —como se sabe— dinamizó variadamente la historiografía ameri
cana. La hipótesis del trabajo de Mitre, al "perseguir los orígenes del sen
timiento nacional como conciencia de la comunidad",67 es el supuesto
que dinamiza en Bauza la búsqueda atenta de los elementos físicos, geo
gráficos, políticos y sociales que dan cuerpo al ser nacional uruguayo. Por
eso es la suya la primera historia de los orientales.
Su interpretación de la Revolución de Mayo y la revisión de la figu
ra histórica de Artigas que emprende en dos de sus trabajos de 1870, 68
prefiguran ya su definitiva visión del proceso revolucionario rioplatense,
como lo ha señalado Pivel Devoto. Según Bauza, el movimiento de 1810
surge como un brote comunero amparado en planes monárquicos, contra
los cuales Artigas simboliza la idea republicana federal. Cree que 1810 es
una proyección del movimiento juntista de Montevideo de 1808 y que el
principio de la soberanía de los pueblos y la difusión popular del ideario
republicano deben remitirse al espíritu artiguista. Entonces, anticipándo
se a los grandes debates sobre Artigas, Bauza definió en estos escritos ju
veniles y en sus artículos de Los Debates las bases de una juiciosa apolo
gía, que más tarde emprendería a la luz de la crítica documental.
En la Historia de la Dominación Española en el Uruguay, ratifica
estas tesis con nuevos argumentos. Como Mitre, cree en la preexistencia
de la nación en la colonia, dada la vida independiente que en una comar
ca muy delimitada por las fronteras naturales habían establecido los cha
rrúas. "La colonia —afirma— entendió ser, y era, en efecto, la continua
ción de la antigua nacionalidad bárbara e independiente que le había
dado origen". Desde tiempos muy antiguos sus rentas propias derivadas
de su producción agrícola ganadera y su estratégica situación portuaria,
demostraron que el país en cierto modo se bastaba a sí mismo. Por ello,
la revolución no surge como un exabrupto histórico, sino como una na
tural consecuencia de un tradicional sentimiento independentista para
el que el pueblo estaba preparado por un instinto fraternal y democráti
co que alentaba en una sociedad donde se confundían las clases y donde
la conciencia igualitaria desembocó forzosamente en la forma de gobierno
republicano. Una explicación causal, a veces forzada por un rigor silogís
tico, encubre toda su diagnosis de la vida colonial. Su análisis de la do
minación hispánica se resuelve en un balance favorable de la gestión del
conquistador, aunque tras su juicio de valor yace una hipótesis de corte

67.José Luis Romero, Mitre, un historiador frente al destino nacional, en Argentina,
Imágenes y perspectivas, Buenos Aires, 1956, p. 140.
68.Francisco Bauza, La influencia de la República Oriental del Uruguay en América
del Sur; cfr.: Memoria presentada al Club Universitario, Montevideo, 9 de abril de
1870, en Archivo del Ateneo de Montevideo, Club Universitario, 1868-71, paquete 1;
además Juan E. Pivel Devoto, De la leyenda negra al culto artiguista, en Marcha,
Montevideo, 27 de octubre de 1950.
— 31 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
cientos Araújo, el Hermano Damasceno, Eolio, hasta la nueva promoción
de historiadores de este siglo que definirán Pereda y Salgado, Acevedo y
Pablo Blanco.
Su consideración, empero, está fuera de los límites asignados a este
esquema.

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II)PARTICULAR
Acosta y Lara, F., Signos de la Historia, en Anales de la Universidad, Montevideo, t. V,
1893, p. 1007.
Esta nómina sólo menciona algunos de los aportes tenidos en cuenta para la elabo
ración del presente artículo, no constituyendo, por lo tanto, una bibliografía comple
ta sobre el tema. Las fuentes se han intercalado en las notas al pie de página, donde
cada autor remite a sus obras más importantes.
— 33 —

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�La Historiografía uruguaya en el siglo xix
setiembre, 23 de setiembre, 6 de octubre, 13 de octubre, 27 de octubre, 17 de no
viembre, 1 de diciembre, 8 de diciembre y 29 de diciembre de 1950, y 2 de febre
ro de 1951.
Pivel Devoto, J. E., Prólogo a De-María, I, Montevideo Antiguo, Montevideo, 1957.
Pivel Devoto, J. E., Visión del país en 1856, en Marcha, Montevideo, 11 de enero de 1957.
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— 35 —

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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              <name>Title</name>
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              <description>An account of the resource</description>
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                <elementText elementTextId="139">
                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
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Gonzalo Marín</text>
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              <name>Rights</name>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
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              <elementText elementTextId="3000">
                <text>La historiografía uruguaya en el siglo XIX, apuntes para su estudio </text>
              </elementText>
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            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
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              <elementText elementTextId="3001">
                <text>Apartado de la Revista Histórica de la Universidad  (Segunda época)</text>
              </elementText>
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          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
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                <text> Oddone, Juan Antonio: La historiografía uruguaya en el siglo XIX :apuntes para su estudio /Juan Antonio Oddone..    Montevideo : s.n, 1959..</text>
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ja is asre^ungaad osojajBA sa 'sBpajjadun a SBpajjad sbzbj ap BjqBq as opuBn3
¿uamb Bred jofam? uB^ungaad Bred jojba B^isaoau as 'opiaqsui [a anb 'upporu^sui
ra so^uaiuiiaouoa uis ajquioq ja jofaiu sa anb uBjajiooA sa^uBjredo^jjB soj sopo^
opiren^ #opBiSop ub^ oÍBqBJ4 [anbB JB^ipaBj ap saoBdBa 'opajd uanq b safeiioj X
SBuinbBiu ap jBjq^q osoj3[ba sa 'souisaduiBa so[ b a^uaiuBnu^uoo Bz^sua as opuBn^
•^uana opquDBs ap n^uídsa ja o|os anb aoip as JopapaajB SBj^uaiui 'sajopBÍBqBj^ soj
ap BpuaiAiA b^ X u9pB)uami¡B b¡ ouioo 'SBumbzaui X sBuanbad sbsoo ap JB^qnq
'soduia^ sajBj ua 'jojba B^isaoau a svpüa^ja ñ s^puvuS svsoo duqos oiiont
as anb ua soduia^ auduiais isva uos apuvuS sa ugisaudo v\ anb ua sodwai}
•jojba aaambaj opaoBH buibj ^\ Bpo^ JBZBqaaj opnuam
b boijiuSis 'sopB^ua^od so[ axjua buibj bj jBZBqoaj X ofBqBx^ \e jBpunuaj jpap
jaaanb apand 'oqaaq ofBqBX| ¡a jod oBd jb jBpunua^ pBpaidojd B| b JBpunuaj
boijiuSis 'sa^opaasod so| b jBpBiSBsaQ -sapqap so^ b JBUBgua osoí^uaA a^uB^sBq
X sosojapod so¡ a^ire asjBga¡d ou ¡pifip a^uB^sBq sa '0^313 -sapqap so¡ b atregua
tu sosojapod soj a^uB angaijd as ou anb ísbsjbj sbsoo Bgip ou o 'ajjBO o anbqjos
bj ou anb 'aioap sa 'pBpjaA bj Bquosa 'aquosa uainb anb oiAqo oqoaq aoarej

OVOtíBA VI tílWHOSB 30 UO1VA 13 7
Bsanganq BioBJOOuiap bj ap sasred soj ua uaquosa
anb soj BJBd psBq s^pijBA uos X sognjojd o sopBiia^sap soj Bred uaiqurej ua^sixa
oaad 'ouistosbj ja ofeq uaquosa sauainb Bred sapuBjg uos sapB^jnoijip sajBx "so;sa ^*\
ax)ua BjregBdojd ap vumu bj ízBOija sbui Bre^jnsaj soubui SBXno ua sojjanbB jagoosa /
ap ototnf ja íbuijb ouioo ajqBÍauBui BjaaoBq ap a^iv ja íuaangijsap bj sa^JBd SBpo^ ua V
anbuns 'Bjaaoouooai ap pvpiov^vs bj íuanbojos bj sa^red SBpo^ ua anbunB 'pBpjaA

y

bj jiquosa ap uopa ja jaua) aqaQ sapB^noijip oauxo 'souaui opuBno 'reaadns aqap y
bj Jiquosa X BiouBJOugi bj X Bj^uaui bj jpBquioo Bpuapjd Xoq uain^))

1H33H8
QVQH3A \n 33ltíOS3 N3IÍ10 VhJVd SBQV11D0UIQ OONIO

�Asimismo se necesita valor para decir la verdad sobre sí mismo, sobre nosotros
mismos, los vencidos. Muchos que son perseguidos, pierden la facultad de reco
nocer los propios defectos. La persecución parece la más grave injusticia; los
perseguidores, ya que persiguen, son los malvados; ellos, los perseguidos, son
perseguidos por su bondad. Pero esta bondad fue golpeada, vencida, esposada;
luego era bondad débil, defectuosa, insostenible, que no contaba, porque no es
lícito admitir como propia de la bondad la debilidad, como se admite que la lluvia
debe ser mojada. Decir que los buenos fueron vencidos, no por buenos, sino por
débiles, requiere valor.
La verdad no puede escribirse sino en lucha contra la mentira ni puede
expresarse de modo genérico, elevado, ambiguo. A tal especie, esto es, genérica,
elevada, ambigua, pertenece exactamente la mentira. Hablar de alguien que dijo la
verdad, implica que antes algunos, muchos, o uno solo, dijeron algo distinto, una
mentira o cuestiones genéricas; él en cambio dijo la verdad, esto es, algo práctico,
concreto, irrefutable, precisamente lo que se necesitaba.
Poco valor se necesita en cambio para lamentarse, en general, de la maldad del
mundo, del triunfo de la brutalidad y para sacudir la amenaza que flota sobre el
espíritu, cuando se vive en una parte del mundo en que eso aún se permite.
Muchos se comportan entonces como si estuvieran bajo el tiro de los cañones,
cuando sólo están bajo el tiro de los binóculos. Van gritando sus vagas reivindica
ciones en el mundo amigo de la gente inocua; demandan, genéricamente, la
justicia, pero nunca hicieron nada por tenerla y piden genéricamente la libertad, la
de obtener parte de aquel botín antes largamente repartido con ellos. Encuentran
verdadero sólo cuanto les suena bien. Si la verdad tiene que ver con cifras, con
hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exije pena y estudio, entonces no les
corresponde, nada tiene que los embriague. Sólo exteriormente se comportan como
los que dicen la verdad. El mal que sufren es no saber la verdad.

II. LA SAGACIDAD DE RECONOCER LA VERDAD
la que es difícil reconocer la verdad, que por doquier sofocan, muchos creen
que escribirla o no escribirla es problema de carácter; creen que basta el valor; y
olvidan la segunda dificultad: encontrar la verdad. En ningún caso se podrá decir
que encontrarla sea fácil.
En primer lugar, no es fácil darse cuenta de cuál verdad vale la pena decir.
Hoy, por ejemplo, ante los ojos del mundo entero, los Estados de gran civilización
se sumergen, uno tras otro, en la extrema barbarie, y además todos saben que la
guerra interna, conducida con los medios más despiadados, puede, de un día a
otro, transformarse en otra exterior, reduciendo quizá nuestro Continente a un
montón de escombros. Esta, sin duda, es una verdad; pero, naturalmente, existen
además otras verdades. También es cierto que las sillas sirven para sentarse, y que
la lluvia cae de arriba para abajo.. Muchos poetas escriben verdades de esta

�ap uauaiAOjd sasred so^iaia ua ireuiai anb sajqBJojdap sauoiaipuoa sbj jBna bj ur^as
'Bpipuiqip a^uauíB^jB] 'li^uido bj 3ajis 'SBpBOOAinba sauoisnjauoa o^os o 'sauoisnja
-uoa íbobs a^uuad ou anb pBpjaA ap ojduiafa 01110^ o^uaiuiB^oduioa oidojd
ja ajqos sauoisnjauoa SBpBuiuua^ap Bjja ap jbobs BJBd uqaip aas aqap pBpjaA Bq

VWUV CmOO 31QVT3NVN OVOtíBA VI H30VH 30 31HV 13 III
jBjadns jod sapuqnaijip sai} ufib
irej&gt;anb 'Bjaaaouoaai ap z^d^a sa X pBpjaA bj Jiquasa BJBd qjsij i^sa oun opuBn^
pBpjaA bj jiquasa ap bju^jb bj b ^sa ou Buosaad Bjjanby 0040
unSuiu X uij a)sa auap pBpjaA bj oaaj opunuí a^sa ap sBiuajqoad soj sajqBfauBui
jaaBq ap pBpiaBdBa auaq ou 'soqaaq souanbad 0J9S b^oub anb Buosaad Bq
•jBjqo uaqap ouioa iredas 'upia^uasaadaj j^ b sbiobjS 'sajquioq soj anb
BjauBiu j^ ap 'pBpjaA bj j^uasaadaj ap pBpijiqisod bj Bpmjaxa isbo 'oSjBquia uis
'BJBpanb jBnsBa buuoj Bjsa ug jBasnq uis ^sBq X ojx^^ui uis unB JBJ4uoaua apand
as oaad 'ojx^^ui jaua^ ouanq sa 'Basnq as opiren^ pBpijiaBj sbui uoa juqnasap
uajaand as 'pspjaA bj jBj^uoaua b iiBAajj anb oqaaq ap sauoiaBn^s o sap^pjdA
ap sa^^d 'sap^pjaA SBqanj^ BUBsaaau uoiaBaijdB bj B)Bipauiui Bas ou opuBna
unB 'BaqaBJd Bzireuasua a)UBipaui 'soaqij soj ua sajquinbpB sauoiaou uo Buo^siq
bj X Biiuouoaa bj 'oaqaajBip omsijBua^Biu ja jaaouoa uaqap 'soiquiBa sapuBiS ajqos
sopBaijduioo sauuojui uaquosa Baoda Bx^sanu ua anb sojjanby japuaadB uapand
as anb sojx))aui X sajqisaaaB sauoiaou uajambaj as uoiaua^ui bj ap SBiuapy
•sauoiaBjaj sbj uaA iu soqaaq soj uaaouoa ou :opBoijduioa opBisBiuap sa opunuí
ja sojja bjbj sapBpa SBirefaj sbui sbj b ^uouiaj as uoiaBjnuuoj zqaj BXna 'sosouibj
soiainfajd ap 'sauoiaqsaadns sbÍoia ap souajj u^sg "SBUBsaaau sbui sauoiaou sbj
ubijbj saq pBpjaA bj UBJ^uanaua ou 'ojx^ a^uB)sqo ou X Bzajqod bj b iu sopB^ua^od
soj b uaiua; ou 'sa^uaSan sbui sb3jb^ sbj ap a)uauijB3J uBdnao as 'oijbj^uoo
jb 'SOJ4Q Jiquasa Buad bj ajBA anb pBpjaA bj jBj^uoaua aqBS ou a^uaS B^sg
oÍBqB BJBd BqujB ap aBa BiAnjj bj is Bp^u jaaBq apand aipBu anb X bjjis sa bjjis bj
anb ouis uaaip ou anb jaaouoaaj apand as uoiaBAjasqo BSopBpma ajireipaui ojo^
bsoo Bun b BiauB^joduii juajuoa
ua 'a^uauresiaajd 'a^sisuoa BaqspjB upiaBaja bj X ísa^uB^Joduii sbsoo sbj b uBjauqaj
as anb sap^pjaA uasaiq is ouioa 'o^uqsip uaiq uBuans 'jBjaua^ oj jod 'anb
bX :BiAnjj bj X SBjjis sbj ajqos SBjjanbB ap ojauaS jap sapBpjaA uos sBXns sbj anb
jaaouoaaj jiaBj u^ sa ou 'ojjiaap ouBsaaau sa '^ SB^uaA sajB^ X soxjsaBiu sajBj b
a^uajj 'S0J40 soj ua opBaqi^snf sbui BUBqnsaj X ojbo uapuaA anb 'ouisiuiisad ppurq
-ojdt BaoAOjd saj o^uaiuiB^joduioa ns ap pBpipjnsqB Bq sauaBiui sns opuaipuaA!
ubzubab 'BiauajoiA bj ua^ns sauainb ap so^uS soj jio BJBd sajqBqjn^jaduii souaui,
ou ojad 'sopB^ua^od soj jod jBqjiq asjBfap ui

oqis ns ua Biauaiauoa bj jaua)i

ap JBsad b 'a^sixa ou sojja BJBd 'p^qnaqip Bjauíud Bj^san^ apunq as anb oajBq un¡
ap sapajBd sbj sB^januí sBzajBJi^Bu uoa irejauqna anb sajo^uid b sajBjiuiis 'aiaadsa

�la barbarie. Tales opiniones miran el fascismo como ola de barbarie, que sumerge
ciertos países, como catástrofe natural
Según esta opinión el fascismo es la nueva tercera fuerza, al lado del capitalismo
y del socialismo (y por encima de ellos); por tanto, no sólo el movimiento socialista,
sino también el capitalismo, continuarán existiendo sin el fascismo. El fascismo es
una fase histórica, en la cual entró el capitalismo y, por lo mismo, es algo viejo y
nuevo a la vez. En los países fascistas el capitalismo no existe sino como fascismo y
el fascismo no puede ser combatido sino como capitalismo, como la forma más
escueta, más descarada, más opresiva y engañosa del capitalismo.
¿Cómo alguien que quisiera combatir el fascismo, podría decir la verdad sobre
él, si no quiere decir nada contra el capitalismo que lo engendra? ¿Cómo convertir
en practicable esta verdad?
Aquellos que están contra el fascismo, sin estar contra el capitalismo, ^jue se
lamentan de la barbarie que origina la barbarie, se parecen a los que quieren
comer su tajada de ternera, pero no quieren que se mate la ternera. Quieren
comerse la ternera, pero no quieren ver sangre. Basta que el carnicero se lave las
manos antes de llevar la carne. No están contra las relaciones de propiedad que
causan la barbarie, sino sólo contra la barbarie. Protestan contra la barbarie, en
países donde existen, precisamente, las mismas relaciones de propiedad, pero
donde los carniceros se lavan aún las manos antes de servir la carne.
Las acusaciones explícitas contra ciertas medidas bárbaras pueden ser eficaces
durante cierto tiempo, mientras aquellos que las oyen estén seguros de que
medidas similares no serán nunca aplicadas en sus países. Algunos países están en
capacidad de mantener sus relaciones de propiedad con medios menos brutales que
otros. La democracia presta tales servicios, para los cuales otros necesitan usar la
violencia; garantiza la propiedad de los medios de producción. El monopolio de las
fábricas, las minas, la tierra, crea en todas partes condiciones bárbaras; sólo que allí
son menos visibles. La barbarie se hace evidente tan pronto se precisa la violencia
abierta para proteger el monopolio.
Algunos países que no se han visto aún obligados, para salvaguardar estos
monopolios, a renunciar también a las garantías formales del Estado constitucional y
a cosas agradables como el arte, la filosofía y la literatura, escuchan con particular
complacencia a los huéspedes que acusan a su propia patria de haber renunciado a
tales comodidades, ya que esto puede ser útil en la guerra que prevén. ¿Reconocen
la verdad los que, por ejemplo, exigen en voz alta la lucha despiadada contra
Alemania: "porque es la verdadera patria del mal en nuestra época, la sucursal del
infierno, la morada del anticristo"? Cabe decir que se trata de gente estulta,
impotente y nociva. La conclusión de tales vaniloquios sería, en realidad, querer
exterminar a Alemania: todo el país, con todos sus hombres, ya que el gas, cuando
mata, no escoge culpables.

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ou jojuasa ¡a anb ap oqoaq jb sbiobjS 'jpap sa 'sauoioBanSij sbj ap X sauoiuido sbj
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•uoioonjxwd ap soipaui sajB^ ap saaop
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la^a 'opBjjoxresap jojbo ja 'SBpipnoBs sbj ap BiouajoiA bj 'ouaxia^ jap so^uaiuiBzijsap
soj opuBjnojBO anb 'soaaiuaSui soj ap bj sa a^uB^ioduii sbui bj 'upiaBJBduioa
uis 'o^ouiaiía^ un ap jBjq^q ap SBaauBui sajqisod sbj sbj^o^ ax^ug aid ap uojBpanb
anb so^jb Xnuí sop^rpa sounSjB Bqpou 'o^a^ jap Bau^oaj bj b o^ua^B sbui jb;s9
aod 'BpBafo Baauíud bj ua sbuioi sbj ojos bi^a uamb 'pBpijBaa ua 'X (ppanb oaaoB
ja) poo^s \9d%$n :Bioap 'ofBqaQ SButna ap uoisua^xa bj BiaA as SBUBOuauíBa^ou
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ja anb ua Booda Bun ua souiiaia anb bj^ ¡ajoa^sB^BO bj ap asBq bj ua saaquioq
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-uoo bj ap sauoqBjsa soaod Bo^sanuí sbsoo sbj jB^uasaadaj ap ojxiui a^uBfauia
aipBU b oSuip as ou opuqj ja ua X uoioob bj ap SBpBOBS sauoisnjouoo ap b^sia
ua ou 'BOuauaS a^u^^sBq buuoj ua Bsaadxa as o^sa ojx&gt;x upioona^sui bj ap auaiA
anb 'uoioBzijiAp bj uoo aoaoBdBsap X 'auBqjBq bj ap auaiA auBqoBq bj 'sojjio jy
aioadsa buisiui bj ap uos 'auBqjBq bj aod BpBuiSuo aioBqoBq bj aaqos sosanosip soj
uaiquiBX ¿ouanq asanj is BiaaoaoBdBsap ouaa^ui jg? ¿uBuiajB jas ou 'Bzinb 'aipioaQ?
aaosq anb aqBS ou Bqonosa soj anb ja 'sosbo soj ap aofaui ja ua 'X 'jbui ^j^p,,
iB^uaurej as 'sauBuiajB Msojjt b uBsnoB a^uauíBpidr^sg Bsioaaduii a BpBAaja 'BouauaS
:uuoj ua uBsaadxa as 'pBpaaA bj uaoouoo ou anb 'sajBioijaadns SBUosaad

�que su cliente o comitente, el mediador, ponía sus escritos a disposición de todos.
El pensaba: yo hablo, y quien me quiera escuchar, me escuchará. En realidad, él
hablaba, y quien podía comprarlo, lo escuchaba; sus palabras no eran oídas por
todos, y quien las oía, no quería oírlas todas. De esto se ha hablado con
insistencia, aunque no bastante; sólo cabe subrayar que "escribir para alguien" se
cambió en "escribir".
La verdad no se puede, simplemente, escribir; es indispensable escribirla para
alguien que sepa usarla. El conocimiento de la verdad es un proceso que escritores
y lectores tienen en común. Para decir cosas buenas, se necesita saber escuchar
bien y oír cosas buenas. La verdad debe ser dicha con medida y oída con medida.
Y, para nosotros, que escribimos, es importante saber a quién la deciñios y quién
la dice.
La verdad sobre ciertas condiciones deplorables debemos decirla a los que bajo
tales condiciones sufren más que todos los otros; y de ellos la debemos aprender.
No basta hablar a las personas que poseen opinión configurada; es necesario
también hablar a las que, dada su situación, convendría dicha opinión. Nuestro
auditorio cambia constantemente.
También se puede hablar a los verdugos, cuando no se les paga más por colgar o
cuando su profesión se vuelve demasiado peligrosa. Los campesinos bávaros estaban
contra cualquier tipo de subversión, pero ^cuando la guerra duró demasiado y sus
hijos, al volver a casa, no encontraron trabajo en las granjas, come^zaron a ser
subversivos.
Es importante para quienes escriben encontrar el tono justo para decir la verdad.
Lo que comúnmente se oye está dicho en el tono débil y lamentoso, de personas
incapaces de matar una mosca. Quien lo oye, encontrándose en la miseria, se
siente más miserable. Así hablan muchos hombres que tal vez no son nuestros
enemigos, sino más bien compañeros de lucha. La verdad es combativa: no sólo
combate la mentira, sino a determinadas personas que la propagan.

V. LA MAÑA DE PROPAGAR LA VERDAD ENTRE MUCHOS
Hay muchos, orgullosos de tener el valor de decir la verdad, felices de en
contrarla, cansados, quizá, del fatigante trabajo de darle forma manejable, im
pacientes por verla en posesión de aquellos cuyos intereses defienden, a quienes no
parece necesario usar de particular maña para divulgarla. Así el esfuerzo de su
trabajo se desvanece. En todos los tiempos se usó la astucia para difundir la
verdad, cuando la sofocaban o desfiguraban.
Confucio falsificó un viejo y patriótico calendario histórico. Sólo sustituyó ciertas
palabras. Donde decía: "El soberano de Kun hizo matar al filósofo Wan, por decir
esto y aquello", Confucio, en lugar de "matar", ponía "asesinar". Si decía que el
tirano tal, de los tales, cayó víctima de un atentado, ponía "ajusticiado". Con esto,
Confucio inició una nueva forma de juzgar la historia.

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saaopaj sns tsopBupsap uBqpsa sauamb b sojjanbB b 'soÍBqBxj sns sajB^aji sbia
jod jbSojj jaoBq ap pBpiun^jodo B| pxnSisuoo 'sBiuapy T^njosip BpiA jp bjbcI soipaui
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BpiA bj ua SBpBJídsm 'ssappja SBjpuaAB Jiquosap jb 'ojqsa ns ap Bpu^Saja bj uo^
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uoiaipaans Bpnp uis anb sojSbjiui (^iquosaQ -sireajjo ^p BjjaauoQ B| ajqos
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Baa updBf ja anb bX 'opiqíqo^d aiq ou o^uasa ja X '^ujjbÍbs^ ap jBnj ua BajO3&gt;j
'^BisnjjM ap JBnj ua ^updBfn piquosg 'uijBfB^ ap bjsi bj ua bsiu BisanSjnq bj ap
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ua souaui 'SBsoa ssqanuí ua a^uBfauías oaad 'oXns jap osjaAip a^upsBq! :sB^snf UBja
BpiA ap sauoioipuoa SBXno sred un aquasap 'Bjdo^n Bun ua 'ojoj^ sbuiox saj^ui jg
•so^snf soxjo jod 'sajBuopBU so^uaiuipa^uoaB so^jap ajqos
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jouoq ja japuajap b asjB^uBjaj&gt;B ajans anb BajBj ap asBjo bj aoouoo a&lt;j jBnsiA oduiBO
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ja anb aofaui sa vumunt( pvptu^tp uoisaadxa Bg upisiuins bj anb Bzajqou sbui aua^
'ouisiui oj jod 'sopB^ua^od soj uis ajqisod uaiquiB^ sa Buxjdpsip bj anb bX 'vioudip
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Bjjap ap jojo ja X soubjS soj ubdbs anb souisiui soj uos ou BJjaq bj ap sapBpqi^n
ubobs anb sog ofBqBx^ jap oíaaad ja X oStq jap oioaad ja sa pBpjaA ua a^uB^Joduii
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as opuBna ojos asjBsn 'o^up jod 'Buaqap ^saunuioa sasaja^uí Boipux a pBpiun
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anbjod .SBjpuauj s^qonuí b o^ipaia jBp ub^ia3 \\v%joiujl3% pvp3idojd&gt;t U3üip o\3nst
sp uv^n¡ us ñ jiopv¡qodM u3Q\p to\q3ndtj 3p av^n¡ ua sBip sox^sanu ua. anb sog

�pertenecían a las clases dominantes, pero lo divulgaban y toleraban su difusión,
traicionando así a la policía que protegía sus diversiones.
El gran poeta Lucrecio dice de modo explícito que pone gran confianza en la
belleza de sus versos, para la difusión del ateísmo epicúreo.
La alta calidad literaria puede, en forma efectiva, constituir la pantalla para
ciertos escritos. Pero, a menudo, despierta sospechas. Este caso se da, por
ejemplo, cuando se sirve de la vilipendiada novela policíaca para introducir, como
quien no quiere la cosa, la descripción de condiciones deplorables. Descripciones
similares justificarían, sin duda, la novela policíaca.
El gran Shakespeare redujo el tono literario, por razones bastante menos im
portantes cuando, a conciencia, imprimió aquella forma débil e ineficaz al discurso
con que la madre de Coriolano afronta al hijo a punto de atacar la ciudad paterna.
Ella quería que Coriolano detuviese la marcha de su plan, no a causa de
argumentos válidos o de profunda emoción, sino por cierta inercia que lo hacía
ceder a una vieja costumbre.
En Shakespeare encontramos también un ejemplo de verdad difundida con maña,
en el discurso de Antonio junto al cadáver de César. Antonio reitera que el asesino
de César, Bruto, es hombre honorable, pero a la vez, narra su delito que describe
en forma más eficaz a la usada para describir al reo; el orador se deja vencer por
los hechos mismos, dándoles mayor elocuencia que a "sí mismo".
Un poeta egipcio, que vivió hace cuatro mil años, se sirvió de método similar.
Era época de grandes luchas de clases, la clase dominante se defendía con gran
trabajo de su múltiple adversario —la parte de la población dominada hasta
entonces. En el poema, un sabio se presenta en la corte reinante, exhortando a la
lucha contra el enemigo interno. Larga, insistentemente, describe el desorden
causado por la insurreción de las clases oprimidas. La descripción dice:
¿No es así? Los nobles llenos de dolor, los humildes de gozo.*
Cada ciudad dice: arrojad a los fuertes de nuestro medio.?•
¿No es así? Las oficinas públicas abiertas; los registros tomados; los
esclavos se vuelven amos.
¿No es así? El primogénito de notables no se reconoce; el niño de la
señora se convierte en hijo de su esclava.
¿No es así? Los ciudadanos atados a ruedas de molino. Salen los que
nunca vieron el día.
¿No es así? Despedazan los cofres de ébano para sacrificios; con la
preciosa madera de Sesnem hacen lechos.
Mirad, en una hora la residencia sometida.
Mirad, los pobres se enriquecen. Mirad, el que no tenía pan, ahora
posee granero; cuyas provisiones son bienes de otro.
Mirad, cómo beneficia al hombre el alimento.

10

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ja a;uB sspnp sbj Pjqureq ub^ubüSb apuop 'sred jap sajosuajap soj b sopqauíoad
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bj ajq^pajdsap Bjapisuoa as ouisiuiisy soppojdxa soj b jqn oj jia Bznf a
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jbuozbj 'sosnqB ireSijxud anb soiuaiqoS so[ oÍBg BUBsaaau a)uauiB^¡B sa BpuBBdoid
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o)Jdia uoispaad X o\^o oqanuí uoa BipuajaQ 04U0^ ¡a BioBq as ^iMS so|ndruasa
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b jbjbs 'siBd pj jpsauaiq ja ja^q BJBd 'osndoad ^iM UBq^Buof 'o;ajjuBd un ug
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sa uapjosap jap Buapuoa n ^aod jb jBdjnaui jp^ip Búas ojaj sopB;ojdxa soj b
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anb jBj;uoaua uis ubuiuibo 'sred jap soiooSau soj uBjSuip anb soj '
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SBJJ3A b ba anb ouBpidojd jb uaaaua^iad
ou ísaABu auaq BJoqB '^ Bred BOJBq ^Xoqsuoa Baunu anb ja 'pBJij\
oqaaj auaq BJoqB 'BjjBjnuí bj ajqos jBsuBasap
BqBso ou anb ja ísaoBfed soj ua asjBiSnjai ap ub;bxj sojafasuoa soj 'pBJij^
*saj)ajBd oq^na aasod 'ojjBna un asjioqsuoa bjjkxJ ou anb ja 'pBJij^
soireqaj aasod 'jbjb BJBd Xanq Biua;
ou anb ja íBpBUBui aasod BJoqB 'saXanq ap oSnX Biua; ou anb ja 'pBJij^
uaXnqLqsip oj BJoqB 'saaqod soj b
oStq uBipad anb soj ísoaauBiS aasod BJoqB 'oSix; Bjua; ou anb ja '

�rebelarse contra la imposición del comportamiento insensato; el desinterés por la
familia que no necesita interés. Se insulta a los hambrientos por su voracidad, a los
que nada tienen que defender por su cobardía, a los que dudan de su opresor por
las dudas sobre su propia fuerza, a los que quieren hacerse pagar el trabajo que
realizan por su pereza, etc.
Bajo gobiernos similares, pensar, en general, se considera cosa vil y desacredita.
No se enseña a pensar y donde el pensamiento se manifiesta, se persigue. No
obstante^, siempre hay campos donde se puede señalar, sin peligro, los buenos
efectos de la razón; campos donde la dictadura la necesita.
Se puede mostrar, por ejemplo, los éxitos de la razón en el campo de la ciencia
militar y la técnica. También para remediar las insuficiencias de la reserva lanar,
gracias a la organización y la invención de sustitutos, se necesita la razón. El
empeoramiento de los alimentos, el adiestramiento de los jóvenes para la guerra,
exigen razón; esto se puede describir. En cambio puede evitarse con maña la
exaltación de la guerra, del impensado fin de tanto esfuerzo cerebral; el razona
miento que deriva de la pregunta: "¿Cuál es el mejor modo de llevar la guerra?",
puede llevar a la pregunta: "¿Tiene sentido esta guerra?"; y se puede llegar
también a la pregunta: "¿Cuál es el mejor medio de evitar una guerra insensata?".
Cierto, en la práctica resulta imposible formular tales preguntas en público. ¿Es
imposible disfrutar del modo de pensar que se propaga, es decir, hacerlo eficaz? Al
contrario: es posible.
Para que en época como la nuestra sea posible la explotación, que permite a la
parte de la población (más pequeña) explotar a la otra (más grande), es indispen
sable una actitud particular de la población, actitud fundamental que debe ex
tenderse a todos los campos.
Un descubrimiento en el campo de la zoología, como el del inglés Darwin
puede, de un momento a otro, convertirse en peligro para los explotadores; no
obstante, sólo la Iglesia se ocupó de ello, mientras que la policía de nada se dio
cuenta.
En estos últimos años los experimentos de los físicos llevan a ciertas conclusiones
en el campo de la lógica, que sin duda representan peligro para toda la serie de
dogmas al servico de la explotación.
Hegel, el filósofo estatal de Prusia, que acometió difíciles búsquedas en el campo
de la lógica, procuró a Marx y Lenin, los clásicos de la revolución proletaria,
métodos de incalculable valor.
Las diversas ciencias se desarrollaron con bastante complejidad, pero en forma
desigual y el Estado es incapaz de vigilar cada punto. Los precursores de la verdad
pueden escoger un campo de batalla relativamente inobservado.
Todo depende del hecho de que_se enseñe un modo justo de razonar; una forma
de razonar que interrogue por cada cuestión y cada acontecimiento, desde su lado

12

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oj)sanu anb :B^sa sa (sajuB^Jodun sapBpjaA sbj^o jBJ^uooua apiduii aoouoaaj as ou is
anb ojad 'B^sBq ou o^uaiunaouoaaj ojaui oXna) oj8is ojjsanu ap pBpjaA ubjS Bg

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Bpunjip as p^pjaA bj anb BJBd B^saaau as bubui Bg
ajquioq ja jod SBpBaja sbsoo sbj BzajBJiqBu bj b uBJodJoaui
as is 'oSjb jaoBq ajiand as afBsred un aquasap anb Bisaod Bun uoa b^sbjj
jpnjxud bíubjS bj b uaquuad anb X 'a^op ouioa o^iode uaAof
bj anb sBjjaq sbj b 'sox^o íoutsadurea uaAof jap jopbjbo a^uajaaxa jb uaXnqu^B oj
soug o^uaiuiiaa^uoaB zqaj a^sa jBgznf jb opjanaB ap B^sa ou ojqand jg aaajBdBsap
uppipjBui bj x SBJjaq sbu^Sjb a^op ouioa B^iodB anb BqaBqanuí Bun uoo bsbo
as ouisaduiBO jap ofiq ja :oiuouitqBui un XBq Bip uanq ug oSjoa as ouisaduiBa un
'ozod ja ua 9J1^ as Buisadurea Bug -B^pjBiu B^sa b^ubjS bj anb aaxp ojqand ja ojx&gt;x
•sasapuBjji souisaduiBa ab bíubjS Bun souiBSip 'bíubjS Bun ap Buo^siq bj
apand as 'ojduiafa joj sojxiui sosjaAip ap JBajj apand as o^sa b
oupsap
ns aanq ajquioq ja anb jbxisoui apand as 'ou^sap ja a^qos sosjnasip soj b 'jBjaua^
ua 'asjauodo ajqísod sa uny ooiaiqog je ajBOSBuiuasap anb ap sa^uB 'Buasiui bj ap
SBsnBa sbj juqnasap ap a^BX) uainb e B^saxiB a Buasiui bj ap ajqBsuodsaa sa —sou
-aaiqoS soj ou— oupsap jg oupsap jap oqanuí irejq^q saouo^ug soiuaiqo^ soj ua
asuaid as Buasiui bj ua anb JB^iAa uaqap Buasiui bj b sBUBuinq sbsbui sbj uaanpuoa
anb sooiaiqoS sog anb jod uBJB^^uooua 'oood un uasuaid anb soj sopox
BjnpB^aip bj BJBd ouas adjoS
jas apand 'Buanb^qB} Bun ajqB anb ajquioq un opBaijduii BJ^uanaua as anb ua
sosaaojd soj sojxi^ 'SBiau^jsunajia sbj sbjxi^ ap Bsoianuiui u^iaduasap Bug Biaijod bj
b O)xa)ajd jBp uis 'sojxiui soqanuí ap asjBsajdxa apand X SBjnpB^aip sbj BJBd osojS
-ijad o^uaiuiBsuad sa 'a^uauíBnuquoa uBiqui^a anb 'sox^o soqanuí uoa o^afqo BpBa
ap u^iaBjaj Bg oqanuí jb^ou ojJBfap uis 'JBaijdB apand as bijiuibj Bun ap oui^sap
ja Opuaiquasap uaiquiB} ojaj Baiuiinb bj b X BiSojoiq bj b JBaijdB apand a
sop^jua^od soj
b uBdBasa 'oduiap un a^uBjnp 'anb u^pBSqsaAui ap sajo^aas ua JB^iajafa apand as
(jiuaAap ua jas jap Buixpop bj 'BapaajBip bj 'sa o:^sa) jbuozbj ap opoui opiaajBj
sajojiaauaA soj b jauodo Bqsaaau as anb oqaaq sa uaiquiB^ 'u^ia
-aipBxiuoa Bun aaaja X ajns 'sbsoo ap opB^sa BpBa ua 'bsoo BpBa ua anb
•sopB^ojdxa soj b JBuiiuBaj BJBd Buia^sis uanq sa 'ouo^suBX) opBj ns b
ajopuBp sbsoo sbj jBjapisuog ouiqjn ja jas aqap adjoS ns 'jBJBdsip jajxid aqap
ou oSiuiaua ja 'uajBdsip sojja anb ap sandsaQ apj^j bj jod jauíoo Buapua^ajd iu
ajquiBq Bupua^ ounSuiu saauo^ug ¡sbui asBJiS ou jo ja anb 'asaiAn^ap as Bung bj
anb! ísoub jiui a^irejnp a^uauíaiqisod 'B^sa ouioo BjaiaauBuuad opoi anb UBjaisinA
— iIII*^ •*[^• • &gt;-/
•soiquiBa sapuBjS soj b sajpsoq Xnuí uos sosojapod sog ajqB^nuí X ouo^isubxj

�continente se hunde en la barbarie, porque las relaciones de propiedad de los
medios de producción se mantienen mediante la violencia.
¿De qué serviría un escrito valeroso, que mostrase la barbarie de las condiciones
en que estamos por caer (lo que es cierto), si no se desprenden las razones por las
cuales nos encontramos en tales condiciones? Debemos decir que los hombres son
torturados porque no cambian las relaciones de propiedad. Claro, si lo decimos,
perdemos muchos amigos que están contra la tortura, porque creen que las
relaciones de propiedad se pueden mantener aún sin ella (lo que es falso).
Debemos decir la verdad sobre las condiciones bárbaras en nuestro país, y que
se puede hacer lo posible para hacerlas desaparecer, o sea, algo que permita
cambiar las relaciones de propiedad.
Debemos decirla, sobre todo, a los que sufren más que nadie estas relaciones de
propiedad, que tienen el más grande interés en cambiarlas: a los obreros y a
quienes se pueden convertir en sus aliados, porque efectivamente no poseen
medios de producción, aunque están interesados en las ganancias.
En fin, debemos proceder con maña.
Debemos superar estas cinco dificultades al mismo tiempo, porque no podemos
indagar la verdad sobre la barbarie de ciertas condiciones, sin pensar en los que
sufren tal estado de cosas; y mientras —combatiendo cada impulso de pusila
nimidad— tratamos de descubrir las verdaderas relaciones, mirando a los que están
preparados para utilizar el conocimiento de ellas, debemos también pensar en
ofrecerles la verdad, de tal modo que se convierta en arma en manos suvas, y con
tanta maña, que el enemigo no descubra ésta.
Tal se requiere, cuando se pide al escritor escribir la verdad.

14

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v DIRECCIÓN GENERAL DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA
|

VISION PUBLICACIONES Y EDICIONES

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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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                <text> Brecht, Bertolt: Cinco dificultades para quien escribe la verdad /Bertolt Brecht..    Montevideo : FHC.DPE, 1985.. 14 p..</text>
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                    <text>4H

UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
Departamento de Lingüística

RECONSIDERACIÓN PSICOLINCUISTICA
' DEL CONCEPTO DE ERROR ORTOGRÁFICO

\
Por

Lie.Luis Ernesto Behares
Profa.Raquel Erramouspe de
Bentancor

401.9 BEHrec
Reconsideración psicolingüísti
FHCE/120329

Pre-Publicaci^n de

--• --

......

Actas de las VII Jornadas de Dislexia
Montevideo 1984

UoA
12032^

�tif-1
TH

1.. EL CONCEPTO DE "ERROR ORTOGRÁFICO^

La ortografía se ha encarado coao una disciplina curricular para cuyo do^inio se organiza el aprendizaje y/o enseñanza de
un corpus de conocimientos a adquirir* Dichos conocimientos se lo
grarían mediante el adiestramiento mecánico de funciones tales co

\

mo coordinación visomotora, reforzamiento mnemotécnico, prácticas
regulares de articulación fonética, etc.
1 asociacionismo sostiene que en el caso del sistema lin
güistico del español, aparentemente alfabético, los grafemas se -asocian a los sonidos. Por lo tanto dichos grafemas se aprenden —
practicando destrezas motoras y perceptivas adecuadas que permitan
discriminar y producir las formas particulares de las "letras" y
las secuencias combinatorias de dichas "letras" según lo exija la
••.-.•.

#

•

• .

ortografía convencional.
Pero el problema no se limita a ubicar correctamente tal
o cual grafema o secuencia de grafemas sino más bien consiste en
comprender la estructura misma del sistema operativo que se pone en práctica para llegar a re-crear internamente esa ortografía con

vencional.

Si el niño se equivoca siempre de la misma manera frente
a las situaciones similares esa falla sistemática no es un error.
El sistema no comete errores sino que procede por conductas estra
tégicas regulares jerarquizadas de acuerdo a una estructura cognitiva que se organiza según sus propias leyes. El error es un cuer
po extraño dentro del sistema y la insistencia en su corrección ais
lada puede llegar a desestabilizar dicho sistema.
Recientes investigaciones han concluido que ni el mecanis
mo de asociación ni la imitación pueden dar cuenta del desarrollo
de la adquisición de la ortografía.
Aún cuando la asociación fuera posible en ciertas sitúa -

ciones muy sencillas de correspondencia inequívoca fonema - grafe
ma, las relaciones más complejas y la correcta aplicación de las

\

�reglas ortográficas exigen una comprensión inteligente
En cuanto a las supuestas imitaciones de la escritura del
adulto que hace el niño;son demasiado sofisticadas y serla equivo
cado considerarlas como tales ( Anderson 1982 )•
El componente intencional en la elaboración del sistema de
escritura resulta ser más significativo que la copia de las produc
ciones del adulto
Esos "errores" sistemáticos configurarían etapas creativas
positivas sobre las cuales se van a apoyar las conquistas posterio
res,

La ortografía no consistiría pues en la absorción de ele
mentos aislados que luego se proyectarían según la codificación or
tográfica lo exija ni se puede pretender que esas unidades asi in troducidas atomísti^amente y sin procesamiento operativo puedan ser
^ usadas luego correctamente de acuerdo al modelo convencional

ti

i!
.•

i-

r

•

i:
i

i'

•

I

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t

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^,r^^,^^^

i

i

-3-

2. NUEVE ETAPAS EN EL DESARROLLO DE LAS ESTRATEGIAS
... ESCRITÚRALES

•'••

Para estudiar el tramo inicial del desarrollo escritural

\
hemos tomado tres muestras de niños :
a.niños de Jardinera - 3 a 6 años - que nunca fueron
objeto de alfabetización, pero que demostraron en un 100 / po
seer alguna estrategia de manejo de la página y del lápiz con fi
nee específicamente escritúrales, es decir, diferentes al dibujo

y al rayado;
b.niftoa de primer año - 6 a 7 años - alfabetizados en
base al método analltico-sintético con apoyo gestual tomados al
promediar el año lectivo;
c.niños de segundo año - 7 a 8 años - alfabetizados en
base al mismo método y tomados también al promediar el año lecti.
VO.

•.

' ^^.' '

Se les sugirió a cada grupo las tareas siguientes y en
este orden :
Io ) escribir una carta a su maestra;
.2) enunciar por escrito el nombre de tres juguetes que
deseaban tener;
3o) dibujar esos juguetes y escribir al lado su .nombre.
Evaluando el material extraído hemos podido delimitar nue
ve tipos (de A a I) de "escrituras" e hipótetizar una secuencia
evolutiva entre ellos compuesta de nueve etapas, clasificadas en
tres grandes periodos.
A continuación analizamos cada periodo y sus etapas.

( Cuadro 1 )^

\

�\

ETAPAS

PERIODOS
.•

PERIODO

TIPOS DE ESCRITURA

lera. Etapa

Tipo A: Trazo

2da. Etapa

Tipo B: Trazo y direcciona-

lidad

PREFONOGRAFICO

3era. Etapa

1^ta. Etapa

Tipo C: Diferenciación
Tipo D: Imitación convenció
:

nal •

,

' ••;

5ta. Etapa

Tipo E: Representación fon
gráfica esquemática

6ta. Etapa

Tipo F: Fonografía de- baja
convencionalidad

7*a. Etapa

Tipo G: Representación pura
mente fonológica

PERIODO
FONOGRÁFICO

* 8va. Etapa

PERIODO

Tipo H: Reconocimiento de
los factores grafemáticos
convencionales

ORTOGRÁFICO

9na. Etapa

Tipo I: Representación orto

gráfica

Cuadro 1: Períodos, etapas y tipos de escritura.

I#

Periodo prefono^ráfico.

Se caracteriza fundamentalmente por escrituras en las cua
les no existe aún correlación fonema - grafema y por tanto no se
da ninguna significación propiamente verbal. Consta de ^ etapas:
\
Primera Etapa
Aparece el Tipo A de "escritura" caracterizado por el

uso de trazo (generalmente ondulante) de tipo para-escritural. El
manejo de la página es aleatorio, dirigiéndose el trazo en forma
horizontal (la más frecuente), vertical, circunvalar, bustrofedó-r
nica, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda. Se puede re
conocer una fase inicial en la que no aparece segmentación en el
trazo, con esporádicas rupturas de la cadena mediante trazos en
sentido diferente; y una fase posterior en la cual se da ya la sej;

�Yf

- 5 -

Mentación de " para - grafemas " los cuales rara vez son recurren

.tes y diferenciados (véase Figuras la y Ib),
* ^egunda Etapa..
i':: ••:-••••

•

••.'••

'',

Aparece el Tipo B de "escritura"f caracterizado por una
direccionalidad intencional y constante, usualmente horizontal
de izquierda a derecha aunque es también posible la direccionalidad
bustrofedónica. Sólo uno de los niños utilizó la escritura con di
reccionalidad vertical (en columna). Este tipo supone la segmenta
ción "para - grafestática", pero no tiene aún diferenciación "paragrafemética".
Es^ muy frecuente que los niños suscriban una raya a modo
de renglón en su escritura (véase Figura 2)^

Tercera Etapa
Aparece el Tipo C caracterizado por la diferenciación "pa
ra • grafemética" con atisbos de imitación de los grafesas convencionaleS^Con confusión entre "letra" y "número" (véase Figura 3)

Cuarta Etapa
Aparece el Tipo D donde surge la imitación convencional\
de los grafemas..^

Eñ el ejemplo se observa la mezcla de números y letras y
el uso exclusivo de los grafemas A E C I E R B (casi todos conte
nidos en el nombre de la niña : Verónica) además del "para - grafe
i^

ía ¿y el número 8.
Es muy difícil determinar cuando se pasa a la representa
ciÓn fonográfica a partir de estas secuencias ya convencionales y
combinatorias (véase Figura í^).
II# Periodo fonográfico.
Se caracteriza por la utilización de la correlación fone^
ma - grafema}que implica el significado propiamente verbal de las
secuencias.

Consta de tres etapasy dos de las cuales se dan únicamen

�- 6 -

te en niños ya alfabetizados;

^Qui^ta Etapa
Aparece el Tipo

de representación fonográfica, que mue¿

tra como resultado final de la adquisición natural de la escritura
un intento esquemático de representar la cadena sonora. Éí de des.;

••'^-..

• • ..

.. ,,:•• *• • .-•.

tacar la discriminación fonológica que los niños hacen * obsérvese

•^

:\

que no sé escriben"las consonantes implosivas* que la correlación*:

¡i

es sólo aproximativs en cuanto a la cantidad de fonemas trañscrip;; :

¡I

tos-por palabra^tc. . - " •

.•
".
•
^••^••;.••••
.?. ••• •••••-•. .;.

•.,..- ^,..
•-..:.•' cv^^-

una constante (que aparece ya en los Tipos C y í&gt;) es la ^ •

p
^

fí:

utilización de aayásculas exclusivamente (véase Figura 5)
Sexta Etapa
Aparece el, Tipo F, fonografía de baja convencionalidad:
unidades sintagmáticas o de acuerdo al grupo fónico, ausencia de
ios límites de palabra como criterio operativo, representación pú f
ramente fonográfica*
Ejemplo . :
^

.-,.

Te ciero aun ho*
Tecierodesir epa^o conlapáo de 15 •••

Como este tipo corresponde ya a niños alfabetizados, la
escritura es cursiva. En rigor, exceptuando este matiz no hay a
nivel de estrategia nada diferente al Tipo E, aunque probablemejn ^
te aparezcan una mayor cantidad de grafemas inducidos*|

Séptima Etapa"•}..
•-•••'•••

.••.'•••

.• •

.

Aparece el Tipo G con representación puramente fonológi &gt;v ^
ca y segmentación de unidades en base a los cortes fónicos pero

.: ^

-.j:

|j
j;

mayor convencionalidad*i'
.

Ejemplo

:

•• ••. •

-

'

' •^|.;

ceremos salir al
patio porfavor

En éste estadio el concepto de palabra adquiere cierta
realidad natural para el niño, que lo reproduce al parecer mecáni^

s

j¿
! |j
• V.
i i!.

�\

^
- 7 -

cásente* Loe fenómenos de representación fonoló^ica pura que se
consignan son : - identidad v-b (usualmente se escribe b);
identidad c-qu-k (usualmente se escribe c);
identidad entre las palatales y las velares de
diverso tipo ch-y-11-j (usualmente escritos con y);
- sonidos "no audibles" no reproducidos (especia^
mente las implosivas);
unidad de los grupos fónicos representada por
unidad en la cadena escrita;
identidad de las nasales a-n; .
• ••••.•. •i

identidad de las velares sorda y sonora j-g;
-'

no representación de las vocales relajadas;
asimilación de consonantes contiguas (mb^a);
, reproducción, de palabras de. acuerdo a su for

aa usual de pronunciación : auja, gielo, etc.)^

III. Período ortográfico.

.

Se caracteriza por el uso convencional de la ortografía, diferente al modo fonográfico. Supone la utilización de s
trategias derivadas del manejo del lenguaje escrito convencional
o la instrucción específica.

Octava Etapa
Aparece el Tipo H caracterizado por la aparición del
reconocimiento de los factores grafemáticos convencionales, como
el bi o poli

grafematismo, el limite convencional de la palabra,

la separación palabra-partícula, etc.^pero mezclada aún con fono

grafía.
Ejemplo . :

ne cieros en tarcon danielara
-maestra megusta es crivir
.- maestra te voy a es traniar

-aun ce Karselo es peliador yvu al lociero
Al parecer - tal vez en forma metalingüística inducida

�- 8 -

por la metodología alfabetizante ^ el niño desarrolla estrategias
generalizadas que se observan en la segmentación espúrea de seudopartículas Lo mismo se da en niños de primero o segundo año

••••• "•Novena Etapa ^ • •

•'•"

•' ' :

' .

'

.\' \

Aparece el Tipo I con representación ortográfica ade-] •
. .

.

. .

•'.

.......

....

. .

••

.

•

.

• •I ; n&lt;

. cuada (aplicación adecuada de estrategias puramente ortográficas)jj
-^.,.•

, •^ •

'hny!

^

aunque con "errores".: |

Ejemplo

:

- La maestra es quariñosa.j I y

.•

-Cuiero un oso drande
....
¡
...
•
• •

-Me gusta tener un auto de colecsión

?i

C

Se emplean aquí estrategias de tipo ortográfico-meta
lingüístico a pesar de que no coinciden con. la realidad convenció;
nal de la ortografía A nuestro entender este Tipo I es el de los
"! &lt;¡

I

años del aprendizaje de la escritura, en el cual, tal vez, pudie

c&lt;

ran reconocerse fases graduales Comienza a observarse en niños

! y-

de segundo año

c;

•

'^•-'•

.

.•

1

f

1.••.•"'í; B
-*i
1i,
..• ••.••••
-• •
• •'••'••
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•
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• •• • •

•

• •

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•'••.• •••

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-H-t

i}

^ ••..........-• •^;*! 1;
...........
:•...;.
:- -:rlb

I¡:¡-

íI
.;

Iti

�- 9 -

3. DISCUSIÓN

Los tres periodos que hemos definido coinciden con las cla
sificaciones de otros autores y los seguimientos de casos^ publica^
dos. Varios autores ( cg Ferreiro 1982) han sostenido que lo que nosotros llamamos tercera etapa o de diferenciación es la etapa
Inicial aunque puedan reconocerse etapas previas en las cuales el
niño demuestra haber introyectado la "linealidad del significante"
y "atisbos formales" y "direccionales".

Bissex (198o) comienza a reconocer "escritura" en su hijo
Paul cuando éste produce textos similares a nuestro Tipo C y
C.Chomsky (1976) parte del mismo momento en el estudio de las orta
grafías inventadas por el niño en el aula abierta^
Nosotros creemos que la.secuencia [trazo no.segmentado ~^&gt;

trazo segmentado —^ direccionalidad —^ diferenciación —&gt; Imitación
convencional — representación fonográfic^, no debe ser parcelada
ya que describe en-forma inmejorable el cómo del pasaje del no-e5
critor al escritor.
Además, como indica Y.Goodman (1982) la escritura no coi^
siete únicamente en la correlación grafemática secuencial sino que
incluye además (y nosotros creemos que como requisito previo inelu
diM) int^^cional^d^d^ ^i^eccionalidad, presentación visual, pun
tuación..

&gt; ' Más especificas parecen ser las estrategias imitativas
que. actúan entre los Tipos C y D de escritura (diferenciación -^
convención). Allí los niños utilizan invariablemente la mayúscula,
lo que ya ha sido señalado por varios autores ( Soderberghs 1971&gt;

C.Chomsky 1976, Tol-n^ 1973 y Bissex 1980).
La mayúscula sirve de apoyo a la segmentación ^ya que
muy rara vez se conectan físicamente.

Por otro lado, es obvio que la mayúscula se percibe más
discreta y fácilmente que la cursiva. De hecho, los "malos lectores"

\

�- 10 -

descienden en su nivel al leer cursiva*

Según Ferreiro (1982), y lo confirmamos para nuestros
datos, los grafemas del propio nombre darían la pauta de conser
vación de significantes* Dice : "es la primera forma escrita d

tada de estabilidad" - ^ágina 269)*
Creemos que dichos grafemas permitirían alcanzar la
clave de la representación fonográfica.-^
Las letras de su nombre^pue^^serian los primeros gr&amp;
femas que el niño logra vincular con los fonemas y le sirven co
mo datos iniciales para estructurar un vasto número de estrate
gias fonográficas*
Las estrategias fonográficas que hemos observado en
nuestras muestras coinciden casi totalmente con lo observadopor
otros autores y e^ otras lenguas*

El uso de la estrategia muy frecuente en inglés (cfr*

Read 1971, C.Chomsky 1976, Bissex 1980), de utilizar el nombre
de la letra como ^eproducción fonográfica global (así, por ejem
pío, el verbo "are" se escribe R, el pronombre "you" se escribe
U) no apareció en nuestros niños.
Probablemente eso dependa de que en nuestro medio "el
nombre de la letra" no tiene una difusión temprana, como cuando
se recitaba el alfabeto*

Según Smith, Baker &amp; Groat (1982) las estrategias or
tográficas de los niños se asientan en su conocimiento relativa
mente explicitable de la estructura del lenguaje y nos informan
acerca de este conocimiento*

\

A partir de la quinta etapa a través de las estrate
gias fonográficas podemos saber qué intuiciones o hipótesis in
tuitivas manejan los niños en el plano fonético - fonológico*
En primer lugar, es totalmente claro que la percep
ción que tienen del lenguaje es de tipo fonológica y no fonética
Las correlaciones iniciales entre grafema y fonema soi

�- 11 -

altamente económicas, simples y sistemáticas.
^ En esta etapa el sistema fonográfico llegó a ser de una
consistencia monolítica, tanto en su realización como en sus va
lores fonográficos.
• - El tratamiento dado por ejemplo a la representación gra
femática del fonema oclusivo velar sordo /K/ ha sido sistemático
en las etapas sexta y séptima, en la cual el niño lo reproduce
siempre en base a &lt;c&gt; .
Esto explicarla la larga duración del período fonográ
fico puro y su supervivencia en el periodo ortográfico posterior.
Su carácter altamente operativo exige al niño una exhaustiva in
vestigación de sus alcances, con lo cual el pasaje a la convenció
nalidad es dificultoso, traumático y desestabilizador.
A pesan de que la percepción del lenguaje que el hiño
logra reconocer tiene la forma segroental mínima ( el fonema ) pa
rece claro,observando los comentarios que los niños hacen al escri.
bir;que ya en las'etapas pre - fonográficas hay reconocimiento del
carácter estructurador de la silaba. Al aparecer el grafema repr^
sentando al fonema, la sílaba pierde operatividad- como principio
estratégico.
El pasaje al período ortográfico implica :
a.experiencia con el lenguaje escrito convencional;
b.instrucción alfabetizante explícita o

c•

ambas•

Las estrategias de tipo ortográfico no son siempre ads
criptas, sino que muchas de ellas son construidas naturalmente en
base a la experiencia con textos escritos^guiadas por mecanismos
operativos no fonográficos sino ortográficos.

A modo de ejemplo, un niñoeicótico desarrolló entre
los 3 y los 5 años una natural pero marcadamente convencional orto
grafía en base únicamente a la experiencia con el lenguaje escrito*

�^ 12 -

Ese niño no habla sido alfabetizado.
Este tipo de estrategias, si bien estaban impulsadas en
su desarrollo por necesidades compensatorias de su patología, exis
ten naturalmente en cada niño o emergen al inducirlo a la lectura*
Para retomar el ejemplo del fonema /K/ representado en•
fonografía siempre por &lt;c&gt; ( casa, clero, ce, aunce, etc.),ahora
el niño desarrollará estrategias ortográficas induciendo que ante : ^.;
&lt;i&gt; y &lt;e&gt; debe escribir &lt;qu&gt; y asi lo hace invariablemente* Pjs ^.; j;

ro la generalización es inmediata y así el niño escribirá también\
una &lt;u&gt; después de &lt;c&gt; en &lt;cuasa&gt; para poner ••• casa " y en
&lt;cueso&gt; para escribir n queso "? .

:.'- iJ {j

•

^||

Aún en aquellos casos en los cuales la estrategia orto •J !|
gráfica tiene una correlación compleja con la estrategia fonográ-¡ [•
fica previa el ni^o es capaz de-explicitar sus mecanismos operatii ij

vos* Por ejemplo una niña escribió en el mismo trabajo &lt;nb&gt; y&lt;mv^| j|

i^

y al preguntársele qué era lo correcto explicó que ^nb&gt; era como •J j]

M se decía ^.pero que sabia que se escribía distinto y optó luego| |i
por &lt;mv&gt; •••'•••

-i i1.
t ^:

En este caso de estrategias ortográficas combinadas, la

||

generalización actuó simplificando uno de los puntos más controver

||

tibies y antieconóaicos de nuestro sistema ortográfico que presen
:•

•.

|h

""

|fi

ta también él resabios de fonografía pura mal resistematizados*
J

'. •••

|H
'

En estos vericuetos radican todas las dificultades de
•

Queda por señalar que el ritmo de desarrollo de cada su
'.

ij

.^*}',
• ". .
"¿..

organización de un sistema ortográfico inducido en la escuela,

'

%l
•I *'

'"

i!!
\\\
|í

jeto es diferente^dependiendo de muy diversos factores,fl
Sin embargo, estamos convencidos que las nueve etapas
\

que hemos descripto se cumplen en una secuencia ontogenética que

Ir

|||

•? t-

podríamos suponer generalizable a todo niño,^,
'
•

'

'

-

||j
ií

Naturalmente, no se pasa de una etapa a otra en forma
-.;•
..
'
••. - -'i!

abrupta, observándose muy frecuentemente reflotes de estrategias

%%

'M
de etapas anteriores, coexistencia de estrategias de dos etapas

H¡

j

i

�- 13 -

distintas nivelas de transición y,sobretodo en el período ortográ
fleo latericia de estrategias naturales anteriores con un manejo ^
patente que puede llegar a parecer natural siendo únicamente imi

tativo y adscripto ( es decir, no introyectado )•
Obsérvese, y puede quedar a modo de reflexión para los
pedagogos, que al concepto de M error ortográfico ft subyace una confusión entre estrategia natural y mecanismo^de adscripción irai

tativq^ no creativo^ni introyectadei

\

1 203

�T
- 14 ^

4^ APÉNDICE

[J?

•^^. J

Figura la - Tipo A - Trazo .( sin segmentación )

Figura lb - Tipo A - Trazo ( con segmentación )

\

Figura ^ - Tipo B - Trazo y direccionalidad

�\

Figura 3 - Tipo C - Diferenciación
( atisbos de convención )

F
-\

r

Figura k - Tipo D -

Imitación Convencional
( atisbos fonográficos)

120328

�- 16 ^

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Fi^ura 5 - Tipo

- Representación Fonogr^fica

ETOIPASA
DOBIEASA
DIBIENSIA
ETOIPASAD
OLOMASíELSI
ALISIAETOIP
ASADOMSBIR (?)
ASESAROAI

L-. fí

I fe

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~ 17 -

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{463) 1088^1105/84

\

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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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                <text>Reconsideraciones psicolingüisticas del concepto de error ortográfico</text>
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                <text>Actas de las jornadas de Dislexia, Montevideo 1984</text>
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                <text>BEHARES, Luis Ernesto ; ERRAMUSPE de BENTANCOR, Raquel </text>
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                <text> Behares, Luis Ernesto.: Reconsideración psicolingüística del concepto error ortográfico /Luis Ernesto Behares, Raquel Erramouspe de Bentancor.  Montevideo : FHC.DL, 1984.   17 p.</text>
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�320.09 NAR ide
Las ideas políticas en el Río

FHCE/074 1 I 0•
E. M. NARANCIO

Las ideas políticas en el Río de la Plata
a comienzos del siglo XIX
Contribución al conocimiento de su filiación
y desarrollo iniciales.
EXPLICACIÓN
En 1951 cumplimos un curso monográfico, en la Facultad, sobre
la Junta de Montevideo. Nos basamos en fuentes documentales
procedentes de los archivos de Buenos Aires, en especial el expe

diente n9 1944 de la Real Audiencia de Buenos Aires. (1)
Posteriormente fuimos desenvolviendo nuevas investigaciones
que ampliaron los alcances que originalmente dimos al estudio que
titulamos Ensayo histórico sobre la crisis de la monarquía española
y el Río de la Plata. Este trabajo, casi concluido, comprende los si
guientes capítulos:
(1) Real Audiencia, n^ 1944, Q.no 1^ Exped.te formado a repres.on,, de los S.S. Fis
cales de S.M. Sobre la extinción de la Junta llamada de Gobierno creada en la Ciudad de
Montevideo, etc. . . . Real Audiencia, n^ 1944, Q.no 2?,, Sobre disolución de la Junta lla
mada de Gobierno, creada en la ciudad de Montevideo, recurso de Súplica interp.to por
ella. . . . etc. [Sumaria información sobre los sucesos de Montevideo mandada levantar por la
Real Audiencia}, Recurso del Gov.or inter.o de Montev.o Dn. Xavier Elio contra la reso
lución del Ex.mo s.or virrey. .., {etc.}. Las tres primeras piezas en Museo Mitre, Buenos Aires,
la última en Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Tribunales, Le
gajo 259. Expediente n^ 32. La versión de este documento utilizado en nuestro medio sola
mente por Bauza, i se encuentra, por donación que hice en 1949 en el Archivo del Instituto v.
de Investigaciones Históricas, procedente del Museo Mitre. De ella tomé el escrito del doctq^ ^'.
Elias que publiqué en El Sol en 1949. 2 Últimamente, los documentos originales, a lo que^,
parece por la versión periodística (véase: Llegará hoy el Prof. Carbone para donar mantfs-'^ /
critos del Gral. Artigas, en El País, Montevideo, 18 de noviembre de 1955. Llegan los docji-, |
mentos sobre José Artigas, hoy, en La Mañana, Montevideo, 18 de noviembre de 1955. Dp-&gt;r, ' ,
cumentos históricos de alto valor serán entregados a nuestra Cancillería, en El Plata, Mon¿e-v ',
video, 18 de noviembre de 1955. Mañana se hará entrega de valiosos documentos sobre Jofpí^.\
Gervasio Artigas, en El Bien Público, Montevideo, 20 de noviembre de 1955. "No donamos. &lt;^&gt;
restituimos" declara Osear Carbone, en Acción, Montevideo, 21 de noviembre de 1955. .Va-'-,'-/
liosa documentación sobre Artigas, donaron en homenaje al Uruguay, en La Tribuna Popular, ~-&lt;t'
Montevideo, 22 de noviembre de 1955. Entrega de documentos inéditos referentes al General
Artigas, en El Día, Montevideo, 22 de noviembre de 1955. Documentos inéditos sobre Artigas,
fueron entregados, en El Bien Público, Montevideo, 22
nados y devueltos a nuestro país. Sin embargo hemos de
custodiarse es en el Archivo General de la Nación de Bue
estado al alcance del público desde 1949; la hemos de p
más, la tarea de los estudiosos.
1.FRANCISCO BAUZA, Historia de la domina
pp. 551 y ss. Montevideo, 1895.
2.E. M. NARANCIO, Un documento inédito,
tificación doctrinaria. Cómo se preparó la
deo, 16 de diciembre de 1949.
— 97 —

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�volucionario en sus orígenes y desenvolvimiento inmediato: el de la
historia de las ideas políticas en el Río de la Plata manifestadas en
ocasión de entrar en crisis la dinastía de los Borbones. Va de suyo,
por consiguiente, que no es una explicación de la revolución —la
que abarca muchas cosas más— sino, simplemente, una contribu
ción al esclarecimiento y fijación de algunas de las corrientes ideo
lógicas recibidas en nuestro medio en aquella época. Tampoco, en
este campo, pretende ser un cuadro total de la cuestión, desde que
no consideramos necesario, por ahora, el insistir sobre aspectos que
ya han sido objeto de otros trabajos.

OBSERVACIONES PREVIAS
Fuera de los muy valiosos trabajos del profesor Ardao, en el
campo de las ideas filosóficas, nuestro medio no ha producido es
tudios en profundidad, de investigación exhaustiva, sobre historia
de las ideas. Y ello es particularmente notable en el terreno de
las ideas políticas del período prerevolucionario y revolucionario,
aunque existen importantes obras parciales. (3)
Nuestra investigación, fundándose en fuentes que muestran la
existencia de un pensamiento político orgánico en el Montevideo
de 1808, han tratado de ir determinando algunos de los orígenes y
cursos de que se alimentó el ideario que justificó, apoyándose en
la doctrina y la ley, partiendo de las consecuencias institucionales
de la acefalía de la corona, la formación, primeramente, de un go
bierno propio y, luego, se avanzó en la fijación de criterios sobre
formas de gobierno. Con estos elementos iniciales proseguimos en
la determinación de fuentes todavía no evidenciadas del pensa
miento revolucionario en 1810 y aún del artiguista.
Hemos procurado expresar nuestras comprobaciones por el pro
cedimiento de enfrentar textos; en tal sentido aclaremos que no
debe entenderse que han sido apareados para mostrar palabras idén
ticas o giros semejantes. Lo que se ha buscado es determinar iden
tidades, semejanzas y vinculaciones ideológicas.
No es común, en este género de fenómenos históricos, poder
hacer concordar las ideas como pueden serlo los artículos de los
códigos; su ser se transmite bajo las más diversas formas y cons
tituyen un elemento sutil que hasta escapa a la misma conciencia
de aquél en quien influyen. En algunas circunstancias se las acepta
(3) Véase sobre estos aspectos parciales a HÉCTOR Miranda, Las instrucciones del año
XIII, Montevideo, 1913; Ariosto D. González, Las primeras fórmulas constitucionales en los
países del Plata (1810-1813), Montevideo, 1941; EUGENIO Petit Muñoz, Los documentos
básicos de la política artiguista, en CONSEJO NACIONAL DE ENSEÑANZA PRIMARIA Y NORMAL,
Centro de Divulgación de Prácticas Escolares, año V, nn. 27-28, Montevideo, mayo-junio de
1947; año V, n. 29, julio de 1947 y año V, nn. 30-31, agosto-setiembre de 1947; Héctor
GROS ESPIELL, La formación del ideario artiguista, en Artigas, Estudios publicados en El País
como homenaje al jefe de los orientales en el centenario de su muerte, Montevideo, 1951; EU
GENIO PETIT Muñoz, Valoración de Artigas, en Artigas, Estudios publicados en El País etc.,
cit.; EUGENIO PETIT Muñoz, Dos imágenes proféticas de la emigración del Pueblo Oriental, y
su influencia sobre el destino artiguista, en Acción, Montevideo, 6 de setiembre de 1950;
EUGENIO Petit Muñoz, Artigas y su ideario a través de seis series documentales, primera
parte, en Instituto de Investigaciones Históricas, Ensayos, Estudios y Monografías,
nv III, Cuadernos Artiguistas, ssü 1, Montevideo, 1956.
— 99 —

��b) la regencia conservadora de los derechos de Fernando VII,
la cual recaería en la princesa Carlota, hermana del Rey depuesto
y esposa del príncipe Juan.
La misión de Curado estaba dentro de la primera de esas orien
taciones de la diplomacia portuguesa. Fracasada la tentativa de en
trevistarse con Liniers, el comisionado portugués, que permanecía
en Montevideo, decidió retirarse.
Al hacerlo dirigió un documento al Virrey que era, en reali
dad, un ultimátum y tuvo con el gobernador de Montevideo, Elío,
una entrevista en el "camino de Pando". En esa reunión las nuevas
probanzas que allí se mostraron por Curado, permitieron acrecer
las sospechas sobre la traición del Virrey e, inmediatamente, previa
reunión del Cabildo de Montevideo, se acordó acusar a Liniers ante
la Real Audiencia, y el Cabildo de Buenos Aires, con asistencia del
Presidente, el Obispo y el Subinspector.
El documento dirigido con tal fin fijaba, en larga enumera
ción, los cargos contra el Virrey en estos términos:
"... el empeño que se advierte en querer sostener su mando el S.r Dn
Santiago Liniers debiendo haverlo renunciado por el solo hecho de ser
Francés, y hacer mas alarde de serlo que Vasallo de ñro Monarca: que á
ello debió obligarle el paso delincuente dehaber dado parte á un Prin
cipe Extrangero, antes que á Era Corte de los Sucesos y circunstancias de
estas Provincias, cooperando tal vez con esta acción á que el Gefe de los
franceses conciviese el deprabado designio de destronar á ñro Soberano
contando con la posesión de America: que Mr Gieque^ y Mr de Perichon
encargado de estos partes, lo fueron también de dar informes de palabra
cuyos contenidos se ignoran: que por la ultima Barca tubo cartas de Pe
richon el Sr Liniers dándole noticia de haver sido llamado á presencia
del Emperador de los Franceses, y esperanzas de ser socorrido por medios
indirectos con armas y Municiones, en circunstancias de no poder ignorar
Perichon los Planes que ya habia comenzado á descubrir Napoleón según
lo indicaban los papeles que la misma Barca condujo: que poco después
llegó un Emisario Francés conduciendo pliegos de Napoleón para el Sr
Liniers quien abrió, entre otros pliegos en la primera Junta diminuta
celebrada al intento, un Pliego del Ministro de Estado Francés donde le
manifestaba Ion iniquos Planes de su amo, la abolición de la Dinastía de
Borbón, la inauguración de José Bonaparte en el trono de España, ha
ciéndole responsable de la inobediencia á las Providencias que se le comu
nicaban: que estas no puede concevirse se proveyesen en francia sin el
allanamiento anterior del Sr Liniers, ni menos que sin contarse con su
prestación á las voluntades del tirano se remitiesen pliegos por su conducto á todos los Gefes déla America: que para las Juntas celebradas en
esa Capital en negocio de tanto bulto, jamas se há contado con el S.r
Obispo Consejero nato de S.M, ni con el Sr Sub-Ynspector Cabo Subal
terno del Virrey: que en virtud de los referidos datos, abusó el Sr Virrey
de la fidelidad de estas Provincias en la Proclama de 15 de Agosto: que
las retardaciones de la —Jura del Rey Dn Fernando indicadas por el S1
Virrey no han podido considerarse sino como torcidas y delincuentes: que
no consta se hayan abierto y reconocido los Pliegos que el Emisario
Francés entregó al Sr Liniers para los Gefes Españoles déla America: que
si consta quiso el Sr Liniers en cumplimiento de sus encargos remitir al
Virrey de Lima el Pliego qe le vino destinado: que quiso el Señor Liniers
permitir el regreso del Emisario francés que debia conducir sus respuestas;
y que se acongojó mucho el Sr Liniers sabiendo la Prisión desu Emisario
Perichon siendo preciso para tranquilizarle que el Brigadier d.n José
Manuel de Goyeneche le asegurase no tendría resultas (prueba de que
— 101 —

�— 301 —
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•futnuttf] ap pptjnop^ pj ap spatjpfstfj sattotapSttsattuj ap Ofn/ifsuj jap seido^ojoj ap OAiqa
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i'g 'oraox^ ja ajjo^ HDÍP aP oiJBpuajodiuaj^ jap n'jsui SBDijqnd
-ijd sauopisodxa sbj uoiDBjapisuoD ua Bjunf bj opiuaj Bq jBnb o¡ opoj B*d
Vjosasqns soroijiSaj sns A &lt;,¿ opuBujaq n#Q j'S Ib PePíPPíJ HH3P saa^3-i ^
jBjuayjo BpuBA Bjsa Jipad Bd opiuaj Bq b oaijouj ¡a 81-2isuod ap ajjBjmb A
'pSnjjo^ ap awo3 bj bjiSb b sojaz soj JBdiaoip 'ojqanj ajsaap bzubi^uo^
bj asJBjdBaap sopEjipajDB 8"juaiuiijuas A pBpiAOjd ns jod •&gt;*ZBdBD 'uoi^bu
ap jouBdsa 'oauop; 'osoqaadsos ou ojaSns ua BpüíAOJ^ Bjap opuBin ja
BSuod^ pBpni^ Bjsa ap -^ j ja jod Bqaaq Biounuap bj oap b ojbajJB uod
aisuajuas A anSznt 'ajuajaduioa pBpijojnB bjjo n 'ojujsiq jap Biauaipny
l1^ bj b ojubj BjsBq BjapBjnp A BpiaajqBjsa Bpuaijua as Bjunf BpBnuis
-u; bj anb]) ouBqijas^ oiuasBjjuí ja iuib oiJBjajaag jod A 'saqo ^ SB!I3
saJojaoQ sopijapj sojb Bjunf buistoi Bjap sajosasy jod OBÍija as anb :B*"a
SBuosjad sbj SBpBSijqo uojanj 8*bB buojo^ J3p s"uoiaBDipqB 8*jnajoiA sbj A
'ouipdas ja Op*uja^ U'Q op^uiB Anuí j'g A Aa^jj oouap uoisijd bj 'sasaauBjj
sojap jop^jadui^ jap sbjiui SBJjsaiuis sbj asjapuajua b uojeS3jj búa o^'oiom
p apsap 'souiaaA (¿ z 3P óu P uESuajuo^anb 011X3-5^ jap sojqanj soj sopoj
na BjjiAag ap Braajdng bj jod JBaja opBpuBur u^q as b SBjap ojdmaxa
b BpBtujo^ 'ojqan^ ajsa ap BujajjBqng A JBjnaijjBd bj otuoa oijq jaiABX
o^'objj n"Q jo'AO^) j'g opBaipni ja jod Bpipiaajd Bjunf Bjsa Bazouoaaj as
'j'jdB^ Bjap SBAioasqns 8*uopnjosaj A 8B*jsunDj;3 sbjb ajqBjdBpB sbui 0u'ao)
ap UBjd pbB BasajqEjsa as opjanoB joíatu uoa b Bjq A ojubj ajjua ja ua
anb :Bip ajsa ua opESajSuoa u^q as sBpuBjsui SBAno b 'ojqan^ jap ojoa ja
ajsa jas j-d 8}'uijbui^ A 'sb^jbuoj^ sojap jo (aro jb 3Sbjjesba opBjpuaasB uod
b 3)*rojBnSi 'SBqanjd 8*juBAajaj sbui sbj SBpBp auap 9*b ap '^po rosa ap
jojba A pBpiAijDB 'projjdB bijojou bj jlAaDuoD oq^aq Bq aj ojroBpunjuoD b
BzuBjadsa 'buojo^ Bjap so^iraauq soj j-d uoisbaui b*^jb asjBzijBajap osbd
n'Jadsa ns jaua bpbjjid oiJEpuiaaA ajsa jauaj Jod 'EDijqnd pBpijinbuBj) eje
isb jBsajaiui jod pBpni^ Bjsa ap asjBjJBdB oís *oub ajuasajd jap oAbj^
ap "^j ja BjjiAag ap ^jidB;) bj ua uoiDB^q bj jod EpiSija Bjunf Broajd
-ng bj ua 'ouBjaqog orosiro jb oijjiqjB ajsa opBjuaj uaiq 9 opuBro jap
uoiDisodap nsB AajjiA j-g omxq ja oipaaojd opjanDB oAna uis 'jBijojiJjax
B*pny fu bjb uaiq 'sosbd sojsa ua EanbuEJj aj A^"j bj b sosjnoaj soj ajjBd
ns jod asBAaja jo-ao) j*g ja an&gt; .-ajuaijjoa jap "¿\ ap */dng ujo opBjiD ja
asjjjdronD ou ojad asjaaapaqo Biqap oiJBpupaA ja orosiro isb opBSajjua
opuBxap A 'opjiAB^) jap sbidijouuis Buajaqaij^ jaSuy UBnf n*Q opijajaj
ja jaDEqap BqBDB Bip ajsa ap BpESnjpBro bj ua b BiouasnB
Bf 3p OOID
ua anb uojaisndsip *Bqaaj Bsa ua ^oapiAajuo^^ ap sajUBjxqBq^
soj sopBSaj^uo^) *ajquiapas ap \z 'a^uainSis Bip jb 'o^aaja Bjjpuaj
anb o^jaiqB opjiqBD un ap uauíB^Dip jap a^uaipuad opo^ ppanb Á.
ojjansaj oj osuacjsns ua píap as 'Baijqnd upiaBjiSB bj ajuB 'opjyqB^) ja
jod 'ojuauiouj jaiuud un ua 'opiaouoaa^ 'ajquianas ap 03 jap jaa
-apjB^B jb oapiAajuoj^ b pSajj anb 'Buajaqai^^ oiabu ap UBjidBD ja
jod ozBjdroaaj ns Á ojjg; ap uppnmsap bj piAjosaj
() ,/JBJUatJO
BpuBA Bjsa ojjas ap BjqBq ojjBaj oAn^ bsooijsbj BJjanS Bun Jij^ns b
sopBsioajd soroBaA sou o sojinbuBJj soobaia anb ja Bqijjsa ojjaua oroijjn
jod anb A íojsandap jas o 'ojJBiounuaj aqap anb rsjaiuiq oSBijUBg uq jg
jap soubo ua ojsand jbo BjjBq as sbiduiaoj^ SBjsa ap jojjadns opuso ja
anb JBSzní BjBd opsjqos ua^jBro usp sou [dis] uoiDoqos ap A pBpijBjjoro
-ut ap BjjBziq BiuBjaDsiro Bun b A 'opBjsjj jap sajBpnB^ soj ap oajdroa jb
'jbjijio opsjsa jb BqijBjaj ^p^ ja ua soroBqjasqo anb Bjanpuo;^ bjb sopiun
'jBpnp soroapod ou anb ap so^jbd sojsa uij u^ (-sEjjaroaj anb Jod Biuaj

�D.n Joaquín Conrado:]) Que mediante á ser estas provid.as tomadas enla
estreches del tpo, inst.as del Pueblo, y su gral contraste, se entienda facul
tada p.a corregir, ampliar ó modificar tanto el n9 de Individuos q la com
ponen, como qualesquiera otras deliveraciones relativas ásu erección y
procedim.108 consiguientes, délos quales particularm.t8 se([.. ,~i)(ha) tra
tado en este acuerdo: Que todos los Gefes militar.8 q.8 son presentes quedan
obligados á consultarla qualesq.ra genero de ordenes, que directamente
seles comunique por el Exrno. S.r virrey D.n Santiago Liniers, obien p.r
otra autorid.d déla Capital, ínterin las cosas subsisten en el estado q hoi
tienen, yque el objeto de la pres.te determ.on no se entienda ni interprete
por motivo alguno ser otro, q el de (evitar conmosion.' populares y)
conservar esta parte del Virreynato en la devida obediencia ásu legitimo
Soberano el S.r d.n Fern.do 79i defenderle hta donde nrás fuerzas alcanzen,
y en vn todo ypor todo servirle como fieles vasallos: ([y que en el mo
mento mismo q la Capital quiera sin estrépitos, ni violencia y abusos
desupoder escuchar y hacer just.a alas represent.8 de Mont., hechas antes
de ahora contra el Capit.n gral déla Prov.a, se someterá, según se ha dicho,
muy gustosa, y como spre. lo há acostumbrado, alantiguo systema de
G]). (6)

LA JUSTIFICACIÓN DE LA JUNTA
Desde el mismo instante de su instalación se quiso justificar
la formación de la Junta con argumentos de distinto orden que
aparecen en muchos textos cuyo número e importancia va acrecien
do, según las investigaciones los descubren, y que son dirigidos al
gunos exclusivamente a fundamentarla, otros, en que los argumen
tos sobre la licitud de la Junta aparecen junto a consideraciones
destinadas a otros fines. Hasta el presente ellos son:
A)Acta de la Junta de la que se transcribió antes lo más im
portante de la parte resolutiva.
B)Escrito en el que se relatan los sucesos que dieron lugar
a la formación de la Junta de Montevideo. Se enumeran los hechos
producidos desde que se conoció la proclama circular expedida por
la Infanta del Brasil Carlota Joaquina de Borbón; el envío de un
diputado montevideano a la ciudad de Buenos Aires; la orden del
virrey Liniers para que se postergase la jura de Fernando VII; la
llegada del comisionado francés, marqués de Sassenay, luego de su
visita a Buenos Aires y a su prisión en la Ciudadela; el arribo del
brigadier Goyeneche con pliegos que, de inmediato, fueron remi
tidos a Buenos Aires. Se refiere a las versiones que circularon de

que el Cabildo de Montevideo había solicitado se depusiese del
mando al Virrey y que se formase una Junta de Gobierno, según
lo ordenado por la Junta de Sevilla; a la proclama que promulgó
Liniers y a la contestación que le dio Elío al Virrey; al nombra
miento que Liniers hizo en la persona de Juan Ángel Michelena
para desempeñar el gobierno de Montevideo y a su llegada a esta
(6) La parte que transcribimos es una versión de lo publicado por Costa (Revista
del Archivo General Administrativo o Colección de documentos para servir al estudio de la
Historia de la República Oriental del Uruguay, vol. 9, pp. 154-156, Montevideo, 1919) co
rregida sobre el original del Archivo General de la Nación, Montevideo, con la adición de
lo testado legible no editado en la Revista,
— 103 —

�•sauiy souang ap miuatpny p&gt;a^^ bj ap 'opcjp
'fp6\ ainatpadxa jap apaaoíd **ss i. pg\ *d '9 ¿o ojuauínaop 'aatpua^fy 'asea^v (g)
•ss ^ ^^1 *dd 'p ^u oinaranaop 'aafptta&lt;fy '
oppajBdB ojnapjB un b Bjsandsaj ua 'buiiuchjb BurejDOjg (q

(g)

-apoin BpuaiiuoDa^j •ajuauíBApiuipp ojaadsaj jb UBAjansaj
Bf ap Binajdns Bjunf bj o n^ opuBUjag Aag ja anb BjsBq 'Bpuaip
-ny jBag bj jod 'souatu opuBna 'BpBjajo^ jas aqap uppn^jjsuoa ns
anb Á asjaAjosip aqap ou B^anbB anb apnapua josasy ja 'ojuaxui
-lAoui un asjauíaj *ojuaiDBpun^ uod 'apand anb soj ap 'soipaiu soj
sopoj jod Bjunf bj jauajsos ap ucnspap bj á ojqan^ ja ua ajsixa anb
uppBjiDxa bj Bjuana ua opuaiuaj A oapiAa^uoj\[ ap osbd ja opuaig
•B^uaAUOD oujod jBipamaj apuBui as anb BjBd jBjropjBd ja ajqos sap
-BpuojnB sbj b osiab ap as anb Á 4&lt;Bjjap bj ua pnjainbui o ojuaiui
-iaouj^ anboAOjd ou BpBuioj umanjosaj bj anb ajduiais 'sojuaiuiBU
-apjo soj opuaipaj^suBjj Á asopuaipaoxa unB 'ajuaraajqij sajuapisaj&lt;j
A saAajji^ soj b jBjqo aíap as aaajqBjsa as anb bj jod
i
-mu sp^ d^ ^1 óx \Z '¿I '9 Aaj bj bjid fojqan^ jap pnjBS bj
ou anb ajduiais asjijdujna aqap umsiAOJ^ jBa^ bj anb ap uchú
-ido ns BjsaijiUBiu josasy jgj #oapiAajuoj^ ap BApBujaqnS Bjunf bj
ap uppnjosip bj BqBuapjo anb upisiAoj^ JBa^ bj jaaapaqo Biqap is
ajqos oapiAajuoj^ ap jopBUjaqo^) jap Bjjnsuoo bj BtpBAa anb ja ua
*SBijg[ ap oiua^n^ asof 'oujaiqo^ ap JosasB jap uauíBjoiQ (^
(¿) 'oapiAajuoj^j ap ojjand ja JBanbojq uojazppap
uijp oAna b 'saiiy souang ap sapBpyjojnB sbj jauajap uojaipuajajd
jBno ja 'oapiAajuoj^r apsap upuBjaq un pqaBdsap as ojaap ajsa b
anb A Bjnsuiuag bj ap SBjouBdsa sapBpxjojnB sbj b pB^jBaj ns ap
osiab uap BiBjg bj ap ojg jap sapBpnp sbj anb oijBsaaau sa anb
íBja^nBD uoa opBÍauBiu Bq as A ouBjaqog ns BiDBq pB^jBaj ap o^uaiui
-i^uas un jod opiAoiu opipaaojd Bq ouBapiAajuoui oiJBpupaA ja
anb opuBjsa^iuBiu aAnjauo^ 'oapiAaiuoj^r ua opiqiaaj anj oiJBsiiua
ajsa anb ua bujjoj bj 'BpBzuouaiujod BjauBui ap 'BjjBiap íBjunf
bj jaAjosip ja Bja u^isiiu ns ap pBpijBu^ bj anb ap sajoiunj soj a^uB
ojqang jap uppBji^B bj ap bdj3db A Bpuaipny bj ap soSaijd opuapnp
-uod BqDog soiDij^Bd ap J^idijo jap oqiJJB ja ajqos Bpno^^; *ojaíqo
ns jijduinD opijxid jaqBq uis sandsap ODod BjaA bj b oziq as anb ja
'opjiqB^ jap sojqtuaira soj A oijgj jopBUjaqo^ jb osajd jpnpuoD ap
uij ja uod *uajag oijbsjod jap 'satu oiusiiu jap 3 ja 'BpB^ajj bj b
ÍBjunf bj ap uppnjosip bj ajuaiuBAanu opUBiupui 'Bpuaipny bj ap
A Aajjj^ j^p so^aijd uod opBjndip un ap ajqnjDO ap ^ ja oqiJjB jb
íoapiAajuoj^[ u3 BppajqBjsa Bjunf bj jitupdns ap sajiy souang ua
SBpBDipBj sapBpijojnB sbj ap uoispap bj bjsia 'BjjiAa^ ap Bjunf bj
ajuB opBjndip oiuod BJjan^) asof b jbiau3 ap Biunf bj ap uppnj
-osaj bj b íoujaiqo^) ap Bjunf Bun ap uopBaiD bj b f\i Bip ja ozij
-Baj as anb ja ouaiqB opjiqB^ b 3Sbdoauod as A sjaiuiq ap uapjo bj
asapsisaj jopBujaqof) ja anb ap BpuaSixa bj b íoijg ap uppotuaj bj
oip anb b jBjndod u^iDomuoD bj b íajqiuapas ap Q3 ja

�en Buenos Aires, bajo la firma de Español Americano. Exhorta al
rompimiento con la capital y ataca las actuaciones del virrey San
tiago Liniers, a quien acusa de traidor, comentando los documentos
emanados de las autoridades de Buenos Aires. Confronta las acti
tudes del Virrey y las de Elío y asume la defensa de lo hecho por
el gobernador de Montevideo. Compara la gestión de ambos du
rante las invasiones inglesas, poniendo de relieve la impericia y
cobardía de Liniers y la capacidad de Elío, enjuiciando, además, la
obra del gobierno de Liniers. Justifica jurídicamente la creación de
la Junta de Montevideo: alegando que, destronada la casa reinante,
los derechos de la soberanía han retrovertido al Pueblo español y
que éste puede crear nuevas autoridades, nuevas leyes y nuevas
Constituciones, como se ha hecho en España; reivindica para los
americanos los mismos derechos de las provincias españolas. (9)
E)Carta del presbítero José Manuel Pérez Castellano, al
Obispo de Buenos Aires, en la que defiende la posición de la Junta
de Montevideo. Sostiene que los españoles americanos son herma
nos de los españoles europeos, porque son hijos de una misma fami
lia, están sujetos a un mismo monarca, gobernados por idénticas
leyes y usufructúan idénticos derechos; que si los Pueblos de la
Península, privados del Monarca, han tenido facultades para pro
veer sobre su seguridad común y defensa, los mismos derechos caben
a los españoles americanos; hace notar, asimismo, que si Montevi
deo fue la primera ciudad de América que manifestó el deseo de
igualarse con las de la Madre Patria, ha sido por su tradición de
fidelidad y porque se vio obligada a ello por razones de imperiosa
necesidad, dada su posición geográfica. Concluye afirmando que
acata la orden del Prelado suspendiéndole en sus facultades como
sacerdote. (10)
F)Carta de Lucas Obes, a Echeverría, en la que defiende la
actitud asumida por los montevideanos y ataca la posición de éste
y quienes sostienen que la América no tiene derecho para hacer por
sí lo que han hecho otros Pueblos de España, juzgando que carecen
de facultad para elegir Juntas de gobierno similares a las allí for
madas. Le recuerda que, en una carta anterior, había convenido en
que por la abdicación de Fernando VII habían retrovertido al Pue
blo sus facultades, lo que legitimaba las innovaciones introducidas
en la constitución. Hace notar, luego, que en virtud de ser América
del Sur una parte de la Monarquía española y como consecuencia
de la doctrina antes apuntada, América tiene derecho a introducir
novedades en el gobierno; destaca que todos los distritos o partidos
y los pueblos pueden por derecho formar Juntas subalternas y con(9)Véase, Apéndice, documento ai 7, p. 156 y ss.
(10)Véase, Apéndice, documento n? 8, p. 166, tomado de DANIEL GARCÍA ACEVEDO,
El doctor José Manuel Pérez Castellano (Apuntes para su biografía) en Revista Histórica de
la Universidad, año I, n^ 1, Montevideo, diciembre de 1907.
— 105 —

�cluye por sentar la opinión de que el Pueblo de Montevideo está
facultado para actuar como lo ha hecho y para enviar un repre
sentante a la Junta que reconozcan por suprema. (11)
G) Escrito de Mateo Magariños y Ballinas en defensa de los
sucesos que tuvieron lugar en Montevideo cuando se rechazó la
destitución de Elío de su cargo de Gobernador y se resistió su reem
plazo por Juan Ángel Michelena. Se expone la doctrina que justi
fica el proceder de la ciudad de Montevideo y las arbitrariedades
legales cometidas al deponer al gobernador Elío; se señala que Elío
y el Cabildo de Montevideo acusaron de infidente al virrey Liniers
ante las autoridades competentes y demandaron su remoción y éstas,
sin emplazar y juzgar al Gobernador determinaron relevarlo, nom
brando, el acusado, al capitán de navio Juan Ángel Michelena para
desempeñar el gobierno de Montevideo; se destaca que no era equi
tativo se castigase sólo a algunos de los culpados por firmar y acu
sar de sospechosa la persona del Virrey, haciéndose notar los peli
gros que arrancaban de tal procedimiento, y que, asimismo, era
indispensable, dadas las circunstancias, juzgar a Liniers. Hace men
ción de las causas que dieron origen a las sospechas; sostiene que
el Gobernador de Montevideo tiene en su poder los documentos
que probaban la deslealtad de Liniers para con el Soberano espa
ñol. Destaca que en Montevideo se vio con sentimiento que se des
pidiese al enviado de Portugal, mariscal de campo Joaquín Curado;
alude a la misión del brigadier del ejército español, Manuel de Goyeneche, a la forma en que fue recibido por las autoridades montevideanas y a su reacción ante los ultrajes de que fue objeto. Señala
que el enviado de Portugal no intentó perturbar el sosiego de los
Pueblos sino sólo indagar los sentimientos de éstos. Se refiere a los
sucesos desarrollados en Montevideo el 20 y 21 de setiembre; se
extiende en reflexiones sobre ellos y aduce los fundamentos jurídicos
que justifican la Junta creada. Al desarrollar su argumentación ex
presa que el primero de los derechos del hombre es su conservación;
subraya que el pacto social es la fuente originaria del poder real,
derivándose, por tanto, su poder del derecho natural; establece los
casos en que el hombre, a pesar de haber abdicado del derecho de
su propia defensa, puede ocurrir a las armas sin mandato superior
para concluir sosteniendo la tesis, a fin de defender la actitud asumi
da por el Pueblo de Montevideo, que un Pueblo está legítimamente
autorizado por derecho a oponerse a todo lo que sea contrario a
su voluntad y a remover a las autoridades cuando no puede fijar
por otra vía su seguridad, ni atender a su conservación; expone la
jurisprudencia admitida que otorga licitud a la determinación del
Pueblo de Montevideo en el conflicto de competencia entre la auto
ridad del Virrey y del Gobernador de Montevideo; destaca la acti
vidad y celo del gobernador Elío y concluye manifestando que los
(11) Véase, Apéndice, documento o9 9, p. 167. La versión de este documento la difundió
mi profesor de Historia Nacional y Americana, el doctor Felipe Ferreiro, en los cur^ps de
preparatorios para Derecho. La tomamos de sus apuntes de clase.
— 106 —

�Tribunales imparciales de Buenos Aires oirán las quejas y repon
drán las cosas al estado que tenían antes de la llegada de Michelena a Montevideo. (12)
De todos estos escritos resulta que, en resumen, la formación
de la Junta de Montevideo se basa legal y doctrinariamente en:
a)el ejemplo de las que se mandaron crear por la Junta de
Sevilla que en una proclama datada el 3 de agosto de 1808 había
dispuesto se erigieran Juntas subalternas en las poblaciones de dos
mil y más vecinos (Acta de la creación de la Junta pp. 102-103 de
este estudio; escrito en el que se relatan los sucesos... etc., docu
mento np 4 del Apéndice pp. 144 y ss.).

b)la igualdad de las diferentes partes integrantes de la Mo
narquía española, esto es, que la Junta de Montevideo se había
hecho siguiendo el ejemplo de España (ad exemplum). Por consi
guiente, si las Juntas eran allí legítimas, también lo eran en Amé
rica. (Acta del 21 de setiembre; doctor José E. de Elias, documento
np 6 del Apéndice, pp. 154 y ss.; proclama anónima aparecida en
Montevideo, documento np 7 del Apéndice, pp. 156 y ss.; Pérez
Castellano, documento np 8 del Apéndice, p. 166; Lucas Obes, do
cumento np 9 del Apéndice, p. 167).
c)el derecho del hombre a su propia conservación que re
sultaba de la circunstancia de que la permanencia de un virrey
francés, sospechoso de traición, al frente del Río de la Plata, ponía
^en peligro la seguridad e integridad de los habitantes, los que po
dían ser entregados a la tiranía napoleónica y contra quienes los
portugueses podrían dirigir sus ataques. La formación de la Junta,
que procuraba evitar esos males, tenía, por ello, otro fundamento
concordante: la voluntad presunta del Soberano.
(Acta del 21 de setiembre; Mateo Magariños, documento np
10 del Apéndice, pp. 168 y ss. e implícitamente todos aquellos docu
mentos en que trata de probarse la traición de Liniers).
d)la voluntad popular, vale decir, que el Pueblo quiere
formar la Junta por que le asiste, para ello, el derecho resultante
de que, al faltar el rey, retrovertió en él la soberanía (Proclama anó
nima aparecida en Montevideo, documento np 7 del Apéndice,
pp. 156 y ss., Lucas Obes, documento np 9 del Apéndice, p. 167).
UN ANTECEDENTE
La voluntad popular y el derecho a la propia conservación
tienen como antecedente inmediato la doctrina expuesta en ocasión
del conflicto con Sobremonte, en 1806, durante las invasiones in
glesas. Allí se invocaron argumentos que, luego, repetiría Maga
riños y sus resonancias alcanzarían a 1810. Con razón Mitre ex
presó en la Historia de Belgrano: "El pueblo que escuchaba aquel
lenguaje atrevido, que abandonado por sus mandatarios habíase
(12) Véase, Apéndice, documento n? 10, pp. 168 y ss., tomado de Mateo J. Magariños
^E Mello, Reseñas Documentales, Defensa de la Junta de Montevideo (1808) en SOCIEDAD DB
Historia Argentina, Anuario, 1940, Buenos Aires, 1941.
— 107 ^

�reconquistado a sí mismo, dando y quitando el poder supremo, en
uso de su soberanía natural; que había adquirido el derecho de
llevar las armas y el estandarte de la nación, levantando fuerzas
superiores a todas cuantas podían hacerle frente; ese pueblo que
acababa de coronarse de gloria, y que veía rendida a sus plantas a
la soberbia Albión, no comprendía aún el alcance de lo que había
hecho, no sabía que era arbitro de sus destinos, que tenía los me
dios para ser independiente y que sólo le faltaba la voluntad de
cidida de serlo. El día que unos cuantos hombres comprendieron
esto, estalló la revolución". (13)
El escrito de Magariños defendiendo la Junta de Montevideo
sigue en muchos pasajes, a la letra, los anónimos bonaerenses de
1806 como se demuestra seguidamente. (14)
Defensa de la Junta de Montevideo
por Mateo Magariños.

Anónimos bonaerenses
agosto y setiembre de 1806
Se save que los oficios no se han
creado en España para acomodar las
personas, sino para que las personas
sirvan y desempeñen los oficios (1). No
es de presumir que el Rey haya nom
brado á Sohremonte para unos cargos
tan graves, y delicados, como los de
Virrey, Governador, y Capitán General,
solo por honrar su persona, ó por fa
cilitarle volsillo para el acomodamiento
de su familia. Quando el mérito y ser
vicios del Marques fueran distintos del
que ha labrado con la entrega de Bue
nos Ayres, no le faltaba modo al So
berano de corresponderle y premiarle
sin desengastar de su Rl. Diadema una
de las mas preciosas joyas que la re
comiendan, y hacen brillar, ni exponer
á sus Vasallos á los insultos, tropelías,
y extorsiones de una Nación según se
acava de descrivir, como la Inglesa.

1808
Se save por la Ley Rl. de Castilla,
que los oficios no los dá el Rey para
acomodar las personas, sino para que
estas lo sirban y desempeñen con con
cepto a los cargos que ellos tienen; y
el inhavil que no posé las cualidades,
o constitutivo esenciales, debe perderlo
por el mismo echo, y quando la inhavilidad consta de notoriedad, no se
debe esperar a sentencia, máxime en
casos urgentes y de difícil haver riesgo
enla tardansa, pr. qe. el orden de d10.
es no observarlo quebrantando con no
toriedad sus fueros y preceptos.

(1) Li. 2. tít. 5. üb. 3. R. C.
Los Dro. que han conocido los enga
ños que suelen padecer los constitu
yentes en nombrarlos, y lo expuesto
y peligroso que és á los subditos to
lerarlos, han acordado savia, y pru
dentemente, que si alguno se sintiese
gravemente molestado y oprimido de
su superior, en partes, y lugares muy
remotos, como acá en Indias, y otros
parages, adonde por la larga distancia,
y dificultad de recurrir alRey, no se
puede esperar oportuno remedio, puede
licitamente recurrir á otro Juez, que
no sea suyo, aunque sea absolutamente
incompetente. Porque dicen los que lo

Los dros qe. han conocido los engaños
y lo expuesto q.e es alos subdictos to
lerarlos han acordado saviamte. qe. si
alguno se sintiese ([agraviado]) opri
mido de su supor. en partes y lugares
muy remotos como aquí en Indias, y
qe. pr. la larga distancia y dificultad de
recurrir al Rey no puede esperar pron
to y oportuno remedio deve licitamte..
recurrir a otro Juez, aunqe. sea absolutamte. incompetente, y, ([(pr. qe. pT. el
peligro qe. hay en la tardanza é impo
sibilidad de ocurrir al legitimo supT..
puede) aun la Ciudad haver ligas
y confederaciones, levantar gente de-

(13)Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia argentina, en.
Obras completas de Bartolomé Mitre, vol. VI, p. 200, Buenos Aires, 1940.
(14)Véase, Apéndice, documentos nos. 1, 2, 3 y 10, pp. 131 a 143 y 168 y ss.
— 108 —

�han estudiado, y mejor lo entienden (2)
que por la dilación, distancia, ó impo
sibilidad de poder ocurrir al Superior,
para que quite la opresión, y por el
peligro que hay en la tardanza, puede
la Ciudad hacer ligas, y confederaciones,
y levantar gente de guerra para su de
fensa, ó entregarse á otro Dueño ó
Señor para que la defienda, y ampare;
y esto por dro. natural. Porque por la
misma razón deser dilatado ó difícil el
recurso Superior, pueden los Monges
prender á su Abad que los ostiga y
hostiliza, y ponerse bajo el amparo, de
quien no tenga jurisdicción alguna so
bre ellos; y haun el particular hacerse
Juez en su propia causa. Y el que está
obligado á consultar al Rey, dejar de
hacerlo, porque por la dificultad, ó
imposibilidad de consultar al Superior
es licito para el rigor, y disposición
ordinaria de las Leyes.
La necesidad, y el peligro de la tar
danza, es de tanta consideración, que
en sentir de muchos textos, y Doctores,
dice uno de los que van citados, que
carece de Ley, no la admite, y antes la
da. Hace licito, lo que no lo es; y al
Juez incompetente lo convierte en lexitimo. Altera, mas de una vez, no solo
los preceptos humanos sino también los
divinos, y los naturales.

guerra y entregarse a otro Dueño para
que la defienda y ampare, y esto por
dro. (natural por la misma razón de
ser en tal extremo qe. siendo)]) dila
tado o difícil el recurso a el supr. pue
den los Monges prehender á su Abad,
y ponerle baxo el / amparo de qn. no
tenga jurisdicción alguna sobre ellos, y
aun el particular hacerse juez en su
propia causa, y el qe. esta obligado a
consultar al Rey dejar de hacerlo pr. q.e
p.r la imposibilidad del pronto remedio
es lícito pasar el rigor y disposiciones
de las L.L. (1) en tales tro. qe. los D. D.
tienen la necesidad y el peligro de la
tardansa ([(y la necesidad es)}) de tan
ta gravedad qe. carece si L., no la ad
mite, y antes la da: hace lícito lo qe. no
lo es y al incompetente lo convierte en
Juez legitimo, y altera en muchas oca
siones los preceptos humanos y divinos.
(1) Bobadilla li.ro 2^ cap^ 17 n.os 108,
109, 110 Salya... de Regia protectione part
1* Capo, preludio 3?

(2)Bobadil. lib. Cap. 17 N 108 109 y
110, Salg. de Protec, part. la. Cap. 1? prlud.
3 á num. 100, nsq. ad 104.
En las materias de esta clase, la vo
luntad, y mente que se deduce por congeturas, o que se hace verosímil, se
tiene por voluntad ebidente y expresa.
De suerte que el que alega la verosi
militud, se dice que alega Texto de
Ley, porque la Ley manda observar lo
que es verosímil. En tal conformidad
que el que arguye con lo verosimil, ar
guye con razón natural, porque la ve
rosimilitud se tiene por parienta de la
naturaleza (3). Esto és expreso en el
dr0.; y siéndolo, lo és igualmente, que
el Publico no procedió sin voluntad
del Principe, á proclamar á D. San
tiago Liniers, por su Governador, y
Capitán á Guerra, porque és verosimil

En toda materia enque es difícil la
consulta el Soberano aprueva y confir
ma la que se acerca mas a su voluntad,
y lo que es mas verosimil, se tiene por
expreso. Desuerte que, el que alega ve
rosimilitud se dice, que usa del texto
de la Ley, porque esta manda guardar
lo que es mas verosimil; ental confor
midad, que el que arguye con ella lo
executa con razón natural, porque se
tiene por consanguinia de la natura-

(3)Pignatell. Tom. lo Cons. 139. N 12.
Vers. Verim énibvero 1. ul. Cap. Tomo lo
Discep. 58 N. 23.
que el Rey le nombrase mientras, a lo
menos, no pudiese embiar otro, si es
tuviese informado del esfuerzo, celo é
inteligencia que mostró, que és lo que
en el dia mas se necesita, para defender
— 109 ^

�y conservar la Tierra, que se halla
amenazada de enemigos, y se ha hecho
el obgeto de su embidia, por las pro
porciones que la acompañan, é infor
mes que les han dado de su vondad,
los que para su destrucción se han recivido en su seno; de cuyo particular
no puede tampoco prescindir el Pu
blico, mirando por su seguridad, y que
le pone igualmente en la necesidad de
tomar sobre ello sus medidas a tiempo,
antes de que estos Cuervos le saquen
los ojos, después de haverle comido el
corazón.

leza. Y siendo esto expreso en el Dro.
lo es igualmente, que el Pueblo proce
dió conforme con la presunta voluntad
de S. M. mirando por su seguridad
conserbación, quietud y tranquilidad.

1 que formó las Siete partidas era
todo un Sabio; y como que posehia co
nocimientos, y le asistía autoridad, de
lineó las de Capitán General, ó de
Caudillo, que es el titulo con que lo
distingue, en estos tres precisos térmi
nos: esfuerzos, maestría, y seso(4). Estas
qüalidades de tal manera son esenciales
á todo Caudillo, que el mismo Legis
lador advierte, que si el Emperador, ó
Rey, sale á la guerra, y no las posé,
deve nombrar al que las tenga, para
que Caudille diestramente á la gente.
La obligación en el Principe de buscar
Caudillo á proposito, arguye la necesi
dad de este en serlo, qual combiene. En
especial emanando, como se explica el
Texto, la obligación del Principe de la
calidad de los echos de la guerra. Pues
dicen, que todos ellos están llenos de
peligros, é de aventuras: é demás el
yerro que ay aviniere, non se puede
después vien emendar. E por ende non
se debe traer (la guerra) si non por
seso, ó por grande acabdellamiento. De
modo, que si por esta razón no puede
el Soberano usar en esta materia de su
plena potestad, y libre alvedrio menos
podra el subdito dejarse llevar de él
para aceptar el cargo, y exercerlo.

El qe. formo las 7 partidas era todo
un savio, y como qe. poseía conoci
mientos nada vulgares, y le asistía po
der y autoridad delineo estos tres atri
butos asaver esfuerzo, maestría y sesso;
qüalidades. .. / en tal manera esenciales
a todo Xefe o Caudillo, qe. el mismo
Supremo Legislador advierte, qe. si el
Emperador, o Rey sale ala guerra, yno
las posee deve subrogar otro en su
lugar qelas tenga pa. qe. acaudille y dirixa diestramte. ala gente; De modo
qesi pr. esta razón no puede un Sobe
rano usar en tales casos de su plena
potestad, y libre arbitrio, menos debe
el subdito dexarse llevar de su orgullo
pa. aceptarlo, y exercerlo, y y si lo
executa, no se quexe de qe. un Pueblo
amante de su sosiego e instruido délas
máximas de su constitución repulse (á
el qe. quebrantándolas altera) con ener
gía a el perturbador qe. selo perturbaba

(4) L. 5. tit. 23. Part. 2a.
Tenga entendidos los zoylos, que la
Representación y Autoridad de un Pue
blo caveza de un Reyno, no es tan pe
dánea, como á ellos se les ha figurado.
Sin embargo en prohivir la Ley, que el
qe. fue un año Alcalde, lo buelva á
ser, hasta no pasados dos, el dro., y la
practica dispensan si fuese aclamado por
unánime votación (6) No obstante tam
bién, de qe. en España muerto el Co
rregidor (lo mismo deve decirse del

La representación de /un Pueblo no
es tan despreciable como algunos se
han figurado, pues apesar de prohibir
la L. qe. el qe. fue un año Al^, no lo
vuelba á ser hasta pasados dos, el dro.
y la practica lo dispensan si fuese acla
mado pr. unánime votac". No obstante
qe. en... España muerto el Corregidor
o Govr. espira la jurisdicción de los
coadjutores de este y no deven exercer
mas autoridad, ni entrar en lugar del

(6) Lib. 9. tit. 3. Lib 5. R. I. Bobad.
lib. 3. Cap. 8. N 60 y 61 Evia. Part. 1 S. 2.
N 36.
— 110 —

�Governador) espira la jurisdicción de
su teniente, y este no deve entrar en
lugar del que le nombró, cesa la prohivicion, si el Pueblo lo elige (7). Lo
mismo pasa, quando se acava la paren
tela del Rey, que no quedando ningu
no de los de su Casta, á quien de dr0.
pertenece la Corona, el Pueblo elige al
que mejor le parece (8), Buenos Ayres,
tanto en la Reconquista de su Ciudad,
quanto en la elección del nuevo Go
vernador por muerte Civil del antiguo,
no miró a otra cosa principalmente co
mo al mejor servicio del Rey, y á la
gloria de la Nación.

qe. los eligió cesa la prohibición, y se
constituien con plena jurisdicción si el
pueblo lo Elige. Y lo mismo sucede
qdo. muerto el Rey no teniendo suce
sión legitima pues el Pueblo eligue el
qele parece. El Pueblo de Montevideo
en la conservocn. de su Gov.* no miro
a otra cosa qe. al mejor servicio del
Rey, y... gloria déla / Nación,

(7)Acev. lib. 3. tit. 7 leg. la. N 13.
L. 12 tit. 3. Hb. 5. R. C.
(8)Covarr. in Pract. Cap. 4 N 3.
Es el primero de los derechos del
hombre, la defensa y conservación de la
vida. Para asegurarla de los insultos
del mas fuerte, combinieron en unirse
en Sociedad formando Ciudades, y Po
blaciones; (1) al paso que para mejor
consultar este fin, tomaron el partido
de elegir uno de ellos por Caveza para
su Govierno (2). Siendo este el origen
de los Principes y Soberanos (3) cuyo
poder nace, y se deriva de la causa del
dro. natural; y asi la mas estrecha obli
gación de los Reyes es la defensa de
los Pueblos (4).
Aunque por estos principios el hom
bre en sociedades abdicó de si aquel
dro. de su propia defensa, é incumbe al
Rey aquien privativamente corresponde
el dro. de la Guerra (5) con todo hay
casos en que puede, y deve ocurrir á
las Armas sin esperar el mandato del
Rey. Estos son aquellos en que corre
un riesgo inminente su conservación, y
que no dan espera al recurso de su
Soberanía; porque ademas de que en
tales casos se procede conformemente
con la voluntad del Monarca explicado

El primero de los derechos del hom
bre, en su conserbación y por ello es
licito en propia defensa matar al agre
sor; y para evitar esto, y la Ley del
mas fuerte, combinieron unirse en So
ciedad, formando partidos y Ciudades,
ydirigiendo al fin caudillos, que los
Governasen, de donde procede el ori
gen délos Reyes y Potentados, deribandose todo su poder por estas causas del
Dro. natural; y por lo mismo es es
trecha obligación de los Soberanos la
defensa de los Pueblos, y aunque por
estas máximas abdico de si el hombre
aquel Dro. de su propia defensa, remi
tiéndolo a su Rey y Señor, natural,
hay casos en que puede y deve ocurrir
a las armas sin esperar mandato Supe
rior; como son: Quando corre riesgo
su conservación; Se teme traición a la
Patria; o se presume emoción Popular,
porque en tales circunstancias se pro-

(1)Societas co tendit, ut sum salvum su
communi ope, ac conspiratione. Grotius de
jure bell et pacis. L. 1 Cap. 2 S. 1.
(2)Ubi non est Caput Corruet Populus
Probev. Cap. 11
Porque naturalmente
las voluntades de los homes son de partidas,
los unos quieren más valer que los otros. E
por ende fue menester por derecha fuerza
que obiese uno que fuese Cabeza de ellos.
L. 7. T. 1? la. 2a.
(3)E por esta razón combino qe. fuesen
Reyes é los tomasen los homes pr. Señores
L. 7. ibi.
(4)Vnges cum Ducen Populum meum de
manu Filis tinorum 1 Reg. Cap. 9.... Otro
si la deven guardar de los enemigos de ma
nera que no puedan en ella hacer daño. L.
3. T. 12. P. 2a.
(3) Regalía incocusa de los Soberanos.
— 111 —

�— 311 —
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�Montevideo al de Buenos Aires; "destronada la casa reynante retrobertieron al Pueblo español todos los derechos de la Soberanía"
responde a Los Gemelos, el anónimo montevideano y, todavía,
Lucas Obes contesta a Echeverría que por la destronación de Fer
nando VII habían retrocedido al pueblo sus facultades.
He aquí los precedentes ideológicos inmediatos de la doctrina
que sostendría Castelli el 22 de mayo de 1810 y que llevarían a
Saavedra, en su voto triunfante a afirmar que la integración de la
Junta debía hacerse en forma que "no quede duda de que es el
pueblo el que confiere la autoridad o mando" y luego a Zudáñez
en 1811, en su Catecismo Político, a decir que, en este caso, (15) "la
autoridad vuelve al pueblo de donde salió". (V. cuadro 1).
(15) Ricardo Donoso, El catecismo político cristiano, p. 100. Mencionamos a Zu
dáñez porque si bien su Catecismo es de origen chileno su autor era de formación rioplatense, en las aulas de Charcas, de donde salieron, precisamente, también, Moreno, Castelli,
Rodríguez de Quiroga y Monteagudo. Del Alto Perú partieron anónimos dirigidos a Eli o en
los que se decía, entre otras cosas, nada menos que lo que transcribimos:
"Si buscamos el origen de los Soberanos, en la Ley Natural, Escrita, y de Gracia, sea
dentro del Paganismo, ó dentro de la porción escogida del Señor, no encontraremos que haya
sido otro, que el de la elección por las Naciones, ó Reynos. Esta elección supone potencia, y
esta potencia no faltará mientras hayan Naciones. Luego estas que tienen potencia por sí,
nunca pueden sin degradación de su racionabilidad ser comparadas con los Mayorasgos, que
ninguna potencia tienen por sí. En los Mayorasgos se suponen cosas inanimadas, como las
tierras, y animadas racionales, como los Ganados, que con las tierras, ó sin ellas se venden,
se compran y se dan. Pero en los Reynos no se suponen mas que hombres, aunque lo comprehendan todo. El hombre que es un compuesto de Alma y cuerpo, cuya principal parte, es
intelectual, que sublimado con la noble distinción del libre albedrío, piensa, medita, reflecciona, quiere, reprueba, teme, desea, espera y busca la verdad y perfección: nunca podía haber
disminuido su dignidad, sus prerrogativas, y privilegios en la sociedad, sino antes aumentán
dolas, como sucede en la fuerza, que la de cien hombres juntos es a la de uno solo. Y á este
fin cada Monarquía, y sociedad civil, es una persona moral unida para la felicidad de los
individuos de que se compone, cuyo bien lo dice la Ley 1^, título 10. Parte 2. Luego el hom
bre en el govierno que se fuere, nunca devia, ni deve perder, sino antes ganar; nunca devió
llegar al vil ultraje de ser parangonado con las especies inanimadas é irracionales, vendibles,
comparables, donablcs y renunciables, sino que antes devió ser, respetado, y exepto de qualquiera
oprecion de sus derechos, y livertad. Y qualquiera que diga lo contrario, no puede menos
que ser un degradante de su propia racionalidad, por un vil interés; por una vaja servilidad;
por una ruin condescendencia, y otras miserias que le precipitan hasta el delito de daño contra
la Nación, que todavía es más grande que el de daño contra la Magestad, porque después de
Dios, primero se deve mirar por el bien de la Patria, que por el bien del Rey; pues la Patria
es el todo; y el Rey solo una parte, y su hechura. Y si por Dios reynan los Reyes, no es decir
que Dios violente al Pueblo, sino que docilita los corazones á la ovediencia, porque de lo
contrario no habría quien obedeciese á otro hombre.
El hombre pues, que por todos derechos, no podía tener otro objeto que el de su propio
bien, y decoro en la formación de sociedad, viéndose en un solo cuerpo todos los de un
Continente, componiendo una sola persona moral, obligada á buscar su subsistencia y segu
ridad, y que tantas atenciones sin dividirlas entre sus propias partes con el orden adaptable,
no era posible desempeñarlas exactamente: eligieron uno, que como sentinela, ó Apoderado, vi
gilase con especialidad, y trabajase theoricamente sobre los objetos de la felicidad, rigiendo,
disponiendo, y mandando, con el nombre y autoridad de Soberano, que se le confería, y que
el resto de la Sociedad, obedecería como vasallos, poniendo en práctica sus mandatos; que es
decir, que la sociedad le confió la potestad que viene de lo alto, para que la administrase
en los diversos modos, que hay de goviernos en las Naciones. Pero sea del modo y clase, que
se fuere la elección, y su administración: esta no pudo durar en el electo soberano, ó sus
descendientes, sino mientras convenga á la sociedad; por que esta, que nunca había tenido en
sus disposiciones, otro objeto que la conveniencia, á su bien estar, faltando esta, pecaría
gravemente en no buscarla, cortando el daño, y suscitando el bien, en mudar ó reformar el
Govierno hasta acercarlo á lo mejor; porque hay diferencia de particular á Pueblo. Un parti
cular podrá hablar, pero no hacer lo que hace el Pueblo, pues la legitima potestad que viene
de Dios, la dá ó comunica el Pueblo, á uno, ó muchos; y como la dá, puede quitarla, refor
marla, ó reasumirla, según vea convenir á su bien estar, conforme á la Ley de Dios.
De estos principios es inegable, que los Reyes por sus derechos ó sus descendientes por los
de succesion, jamas pueden tener titulo de justicia para reynar, ó pretender reynar contra la
voluntad de la sociedad, porque donde esta recele, donde sienta sus perjuicios, y donde esta
no quiera: no hay derecho de succesion, ni cosa que valga en este punto. El mismo Dios
no quiso resistir la voluntad de su Pueblo, quando este le pidió otro govierno. El Profeta
Samuel, llevó muy á mal la petición, pero Dios le dixo: Oye la voz del Pueblo, en todo lo que
dicen, porque no te ha desechado á ti, sino á mi, para que no reyne sobre ellos. De este
modo se desechó el govierno de los Juezes, por medio de los quales reynaba Dios, y se adoptó
el que reynen los hombres, como se acostumbraba en las demás Naciones. Con que si el
govierno de Dios fue desechado, por el extravío, y venalidad de sus Juezes, con más razón
podrá ser desechado y quitado el de un hombre solo, por causa de su incapasidad, ó indolen— 113 —

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�LE D R OIT

NATURE &amp; DES GENS
SYSTEME GENERAL
Des Principes les plus importans de la Morale,
de la Jurisprudence, &amp; de la Politique
PAR LE

BARÓN DE PUFENDORF
Traauit du Latin par

JEAN BARBETRAC
PaoFESSEüR en Droit dans UUniverJité de Groningue, ^* Membre
de la Societe' Royale des Sciences Á Berlín.
Avec des Noces du méme ;&amp; une Préface, qui fert d'Introdudion á touc l'Ouvrage.
Editionfaite d'apris un Exemplaire rttoucbéde nouveaut
^ augmenté di la main de Mr. Barbetrac
,

TOME SECÓN D.

A L E !DE
Chez J. de WETSTEIN, 175^.

— 115 —

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�convención por la cual después de haber escogido una o varias
personas a las que se les confiere el poder de gobernar la socie
dad, aquellas a quienes se ha revestido de esta autoridad suprema
se comprometen a velar con celo por el bien público y las otras,
al mismo tiempo, les prometen una fiel obediencia. De lo que re
sulta plenamente esa unión y esa sumisión de voluntades que
acaba de formar el Estado y del que hace un solo cuerpo al que
se mira como una sola persona. (21)
Cuando se produce la acefalía de la corona, esto es, en el
interregno, siguiendo a Grocio, Pufendorf dice que el poder vuelve
a cada pueblo (rétourne a chaqué peuple), el cual, mientras tanto,
puede ejercer la soberanía por sí mismo o mediante diputados y
realizar los actos que juzgue necesarios para su conservación. (22)
La extinción total de la familia real vuelve al Pueblo la so
beranía y también entonces el Pueblo puede cambiar el gobierno
en aristrocrático o democrático.
El paralelismo con las ideas de Moreno es notable cuando es
cribe en la Gazeta de Buenos Aires que la acefalía de la corona
determinó que cada Pueblo reasumiese la autoridad que de con
suno había conferido al monarca y aun que cada hombre debió
considerarse en el estado anterior al pacto social que liga al rey
con sus vasallos (el segundo pacto de Pufendorf, entre gober
nantes y gobernados). Pero ha quedado subsistente el vínculo que
une a los hombres entre sí (el primer pacto social) porque "un
Pueblo es Pueblo antes de darse un rey". (23) (V. cuadro 2).
Pero la circunstancia de que tanto Pufendorf como Moreno
aludan a dos pactos no demuestra en forma definitiva que el uno
haya influido sobre el otro, ya que Ulpiano habla del pactum unions
como previo al pactum subiectionis y Altucio del pactum unions y
del pacto por el que se trasmite el poder del Pueblo al príncipe (24),
lo cual probaría la posibilidad de que alguna otra fuente sea el
origen de estas ideas de Moreno. Sin embargo el desarrollo con que
continúa la exposición de su pensamiento muestra que su inspira
ción procede de Pufendorf. Para probarlo nos apartaremos algo del
tema del subtítulo y volveremos a Pufendorf que explica que
durante el interregno, si el reino es muy extenso y es formado de
diversas naciones, diferentes provincias y grandes ciudades o cuan
do el príncipe ha sido despojado justamente de la corona, puede
darse el caso de que se forme un estado compuesto (Confedera

ción). (25)
El estado compuesto, es decir, aquel que se forma por la
confederación perpetua de diferentes estados, —sostiene Pufen(21)Pufendorf, Le droit de la nature &amp; des gens, etc., cit., pp. 286-287.
(22)Ibid., pp. 387-388.
(23)Mariano Moreno, en Gazeta de Buenos Aires, ed. facsim., t. I, pp. (599-600),
Buenos Aires, 1910.
(24)Rodolfo MONDOLFO, Rousseau y la conciencia moderna, p. 81, Buenos Aires,
1943.
(25)Pufendorf, Le droit de la nature &amp; des gens, etc., cit., p. 351.
— 117 —

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�ferencias entre algunos miembros del Estado compuesto, los otros,
que se mantienen al margen, deben entonces intervenir como media
dores e impedir que se llegue a un conflicto armado interno. De todo
lo dicho se concluye —afirma Pufendorf— que cada uno de los con
federados tiene entera libertad de acción en lo relativo a todas las
partes de la soberanía de las que no se ha hecho mención en el
Tratado de Confederación como que deben ser ejercidas en común,
de suerte que los otros Estados no pueden impedírselo legítimamente.
Por otra parte dice que cuando un príncipe ha sido privado con
justicia de la monarquía, el Pueblo entra, a justo título, en la liber
tad del gobierno democrático, bajo de ciertas condiciones y tiempo,
con lo que justifica la emancipación. (26)
Por su parte Moreno, luego de sostener, como se ha visto, la
reasunción del poder por los pueblos y aun por cada hombre, aun
que dejando subsistir el primer pacto social, sostiene que, al desapa
recer el vínculo real cada provincia era dueña de sí misma; (el
Reino constituido por diversas naciones, provincias, grandes ciuda
des, de Pufendorf, que al faltar el rey se divide en cada pueblo y,
luego, se confedera ?). Admite, seguidamente, la posibilidad de que
"reunidas las provincias que la antigüedad de íntimas relaciones ha
hecho inseparables, traten por si solas de su constitución" (el ejem
plo ilustre de las Provincias Unidas de los Países Bajos, según la
nota de Barbeyrac ?) y concluye (Gazeta del 6 de diciembre) negan
do la conveniencia de una confederación de toda América, aunque,
en el fondo, aceptándola para una determinada región ya que "la
naturaleza misma les ha prefijado esta conducta en la producción y
límites de sus respectivos territorios". Ideas estas que influyen en
Artigas cuando sostiene que se ha visto dividir "en menores estados
un cuerpo disforme a que un cetro de fierro ha tiranizado"; "Pero
la sabia naturaleza parece que ha señalado los limites de las socieda
des y de sus relaciones" y por ello, las promueve con el Paraguay
"siendo tan declaradas las que en todos aspectos ligan a la Banda
Oriental del Río de la Plata con esa provincia". (Acaso la "anti
güedad de íntimas relaciones" a que se refirió Moreno ?) Y Artigas
propone (1812), al Paraguay, unirse bajo el sistema de confederación.
(V. cuadro 3).
III Las ideas del Contrato Social de Rousseau. Ha sido indi
cada muchas veces, incluso atribuyendo a su influjo, con error,
toda mención del contrato o pacto social, como si Rousseau fuese
el único contractualista. Moreno, se ha insistido siempre, recibe sus
ideas y en efecto no solamente lo difunde, y lo cita en sus escritos,
sino que le sirve de inspiración sin nombrarlo, como en este caso:

(26) Ibid., pp. 385-386.
— 119 —

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'¡Ejota a^Buosjad un sa opsjsa un 9 uopsu euq 'uopBAjasuoa ns ^ auaiAuoa anb ojpnbB
opoj asJBjnaojd BJBd japod ns ap opijsaAaj Bjainbpnb BpEq as 'ojjodos ns ua jiuaA apand
on opEjjsiSsuj p anb ua sauoisnao sej ua snb 'bjouSi aipB^j •jEuopuEqB opniuuad sa sa[ ou
anb soqaajap souap uanap sajqmoq S07 'ppjBd X BauBjuanioiu Eun ap p ua naiqmBj ouis
'jejoi npuapipp Bun ap ose^ \a ua o^os ou 'a^qísjaAaj ap pEpipa e] noa an^ ajdmais ojad
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BJisanÁ jod Bsaa B['p X sojjosoa ap Eusnia pEpijoinE jj^,, ^181 SP nJcl^ 3P PP ssSijjy ap
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ByqBq anb ap Bujapora Bpuapuoo By ap oqodxdf ^p opp^s^ ya Á
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By ap ojuaujouu ya Bjsa ouajoj^ U^ qBjaqiy oppuas ns X BDiureuip
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sa ouBpBpnp oaipjn jap Buosjad bj A)
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-oS jap optaaipsijnf Bpox ^saa ouBjaqososuadsns na opspanb UBq 'j^janaS p^x
odjana na opiunaj ajuauíBuiijiSaj Bisa-nnjOA ns JEjsajiuBui opBjSoj UBq sojq
ojqand ja anb na a)UB)sni ja apsaQ-and soj anb ajdniais anb sa jnbB aQ

�Contrato SocialProyecto de Constitución
De los límites del poder soberano.El estado es una persona moral com
puesta de muchos pueblos cuia vida
Si el Estado o la ciudad no es sinoconsiste en la unión de sus miembros,
una persona moral, cuya vida consisteSu mas importante cuidado es el de su
en la unión de sus miembros, y si elpropia conservac.^ y p.a ella necesita
más importante de sus cuidados es el¿e una fuerza compulsiva q.e disponga
de su propia conservación, le es indis-ca¿a parte del mejor modo q. conpensable una fuerza universal y com-venga al todo. Y asi como la naturapulsiva que mueva y disponga cadaiesa ^^ acada homb. un poder absoparte del modo más conveniente paraiuto sobre todos sus miembros, asi el
el todo.Cuerpo moral y político deve tenerlo,
De igual modo que la Naturaleza dasoijre todos los suíos. (32)
a cada hombre un poder absoluto sobre
sus miembros, así el pacto social da al
cuerpo político un poder absoluto so
bre todo lo suyo. (31)

PUFENDORF Y OTRAS INFLUENCIAS IDEOLÓGICAS
EN LA REVOLUCIÓN ORIENTAL
En un subtítulo anterior vimos algunas vinculaciones posibles
entre el pensamiento de Pufendorf, el de Moreno y el de Artigas
en 1811, hecho que ya habíamos indicado en relación con los dos
últimos en otro estudio. (33)
Se trata de examinar ahora otras influencias que pudo haber te
nido Pufendorf en algunos aspectos de la revolución oriental. En el
trabajo a que hicimos referencia antes (34), concluímos que las ne
gociaciones del Armisticio de Octubre de 1811 produjeron el origen
del Estado Oriental de acuerdo con las premisas que entendíamos
haber probado con la documentación a la vista y que son las siguentes:
I

El levantamiento popular de la Banda Oriental se hizo
contando con el auxilio de Buenos Aires.

II El suministro de ese socorro había dado lugar a un pacto
tácito mediante el cual los orientales reconocían la auto
ridad de Buenos Aires a cambio de la ayuda para derrotar
la tiranía, lo cual beneficiaba a ambas partes.

III Al firmarse el Armisticio de Octubre quedó roto el lazo
"nunca expreso" que ligaba a los orientales con Buenos
Aires.
(31)Juan Jacobo Rousseau, Contrato Social, cit., cap. IV, p. 43.
(32)Véase, Apéndice, documento n&lt;&gt; 11, pp. 178 y ss. Debemos el conocimiento de este
documento a la gentileza del profesor Flavio García quien lo halló en el Archivo General de
la Nación de Buenos Aires y donó generosamente una fotocopia al Instituto de Investigaciones
Históricas en cuyo archivo se conserva.
(33) Edmundo M. Narancio, El origen del Estado Oriental, pp. 28 - 31, Montevi
deo, 1948.
(34) Ibid.
— 121 —

�IV En uso de la libertad en que se hallaba el pueblo oriental
armado "se constituyó" nombrando su jefe y dándose, más
adelante, otros órganos de gobierno.
V El Estado naciente, para el logro de sus fines inmediatos:
recuperación territorial, consolidación de la libertad en su
suelo, por la derrota de la tiranía, buscó, como medio, la
alianza con otros pueblos, a los que propuso la confede

ración. (35)
Respecto de los puntos II y III, es claro que Pufendorf da las
bases teóricas en que podrían fundarse los orientales para conside
rarse desligados de Buenos Aires. En efecto, en el Derecho Natural
y de Gentes se afirma que si el Estado se encuentra en la impo
tencia de proteger y defender algunos de sus ciudadanos, éstos están
desde entonces libres de las obligaciones que tenían a su repecto y
vuelven a entrar a su antiguo derecho de proveer por ellos mismos
sus necesidades como lo juzgaran a propósito". Por otra parte, allí
también se ha dicho antes, que "un pueblo se sustrae a su rey y en
tra a justo título en el gobierno democrático cuando implora en
vano la protección de su rey que no se encuentra en estado de soco
rrerlo, de suerte que quede reducido a defenderse por si mismo,
como puede, por sus propias fuerzas y por su propia conducta". (36)
Tales ideas tienen una relación conceptual evidente con los textos
orientales de 1812, en los que se justifica el haberse "constituido" o
haberse dado una "constitución social" o "constituirse por si" con
trayendo las obligaciones q.e les prescribe el objeto mismo q.e se
proponen llenar" y "erigido una cabeza en la persona de nuestro
dignísimo conciudadano don José Artigas" luego que Buenos Aires
al firmar un pacto con la tiranía que dejaba a los orientales sin su
protección, por el retiro de los auxiliadores, quedó el Pueblo de la
Banda Oriental "abandonado a si solo y que analizadas las circuns
tancias que le rodeaban pudo mirarse como el primero de la tierra
sin qe pudiera haver otro, que reclamase su dominio y que en el
uso de su soberanía inalienable pudo determinarse según el voto de
su voluntad suprema..." (37), como se prueba seguidamente:
PufendorfArtigas, etc.
17591812
4. Si les Habitans d'une Ville, ouhiban ya a recoger el fruto de sus trad'un Pais, se voiant pressez par 1'bajos cuando los tratados deocte. seEnnemi, implorent en vain la protec-pararon de ellos el auxo. poderoso,
tion de leur Roi, qui ne se trouve pasque.laCapl. generosamente les havía
en état de les secourir, en sorte qu'ilspresentado. Respetada la necesidad qe.
soient réduits a se défendre eux mémes,pudo haberles impulsado, nunca pudo
commes, ils peuvent, par leurs propreshacer una sanción tal qe. exigiese de
forces &amp; par leur propre conduite; leellos el sacrificio indecoroso de unir
(35)Ibid., pp. 22 y ss.
(36)Pufendorf, Le droit de la nature &amp; des gens, etc., cit., pp. 386- 387 y 548- 549.
(37)Edmundo M. Narancio, El origen del Estado Oriental, cit., p. 15.
— 122 —

�droit qu'avoit sur eux leur ancien
Maítre, finit, a moa avis, (3) lors qu'il
a eté long-tems sans se méler en aucune
maniere de ce qui se passoit chez eux;
car cela fait voir manifestement, qu'il
ne se suocie plus de ce Pais-lá, &amp; qu'il
l'abandonne. II peut bien arriver, qu'un
Roí ou un Etat Populaire soient (b)
contraints de laisser pour quelque tems
sans secours une Ville ou un Pais de
leur dépendance: mais il faut qu'ils
reprennent l'exercice de leur domination, si-tót que le péril est passé; autre¡ment le Peuple n'est plus tenu de regarder comme son Souverain, celui qui,
sans que rien l'en empéche, néglige
pendant long-tems d'exercer á son
égard aucune des fonctions de la Souveraineté (c).
Que s'il s'agit d'aliéner seulement
une partie du Roiaume, outre l'approbation du Roi, &amp; celle des Peuples qui
demeurent sous ses Loix, il faut aussi
que le Pleupe du Pais qu'on veut aliéner, y consente; &amp; ce dernier consentement est encoré plus nécessaire que les
deux autres. En effet, ceux qui ont
formé les Sociétez Civiles, ou qui sont
entrez volontairement dans quelque Etat
deja formé, se sont engagez les uns
envers les autres a ne reconnoitre qu'un
seul &amp; méme Gouvernement, tant qu'ils
voudroient demeurer dans les terres de
l'Etat oü ils se joignoient ensemble.
Ainsi, en vertu d'une telle Convention,
chacun a aquis le droit de ne point
étre ni retranché de l'Etat, ni mis sous
une domination étrangére, á moins qu'
il ne vint a y étre justement condamné
en punition de quelque Crime;
Si done l'Etat est dans l'impuissance
de proteger &amp; de defendre quelques-uns
de ses Citoiens, ceux-ci sont des lors
dégagez de l'Obligation ou ils étoient
envers lui, &amp; rentrent dans leur ancien
droit de pourvoir eux-mémes a leurs
besoins comme ils le jugeront a propos.
L'Etat, d'autre cóté, n'a pas plus de
droit sur ses Membres, que les prémiers
Fondateurs de la Société ne lui en ont
accordé. Et comme il ne s'est engagé á
defendre les Particuliers, qu'autant qu'
il n'en seroit point empéché par quelque'que Nécessité insurmontable; en ce
cas-la, il est censé consentir que chacun
se sauve comme il pourra. (2) II n'en
est pas ici comme des Membres du
Corps Humain, dont on peut sacrifier
quelcun directement &amp; de propos deli
beré, pour conserver tout le Corps. Car
ees Membres-la ne vivent &amp; ne subsis-

pa. sí los eslabones a la Cadena qe.
rompieron su esfuerzos los más gran
des. Ellos se creyeron un Pueblo libre
con la Soberanía consigte. y en la alternatiba dedoblar la rodilla ante
elTirano qe. havian oprimido, o entre
garse a la desolacon. o la muerte, se
decidieron por esta última proclamandomesu Gl. en Xefe y haciendo en
tender su resolución exforzada al Sr.
Diputdo. del Exmo. Supr. Govno. Dr.
J. J. Pérez pr. quien sexiraba aquella
negociación. Yo no veo en esto Sr.
Exmo. sino unos hombres qe. abando
nados así solos se forman y reúnen pr.
sí, contrayendo las obligaciones mu
tuales qeles proscribe el objeto mismo
qe. se proponen llenar. Yo admití la
honra conque me distinguieron me
comprometí a guiarlos hta. el fin, y
eché sobre mí los deveres qe. son
anexos al todo... [Artigas a Sarratea,
6 de agosto de 1812}.
Los lances déla guerra separaron de
entre nosotros los brazos fuertes de
nuestros auxiliadores, sellando estos una
convención p.a. la neutralidad reciproca
con Monte-video, y entonces nosotros,
en el goce de nuestros derechos primi
tivos, lexos de entrar en un pacto con la
tiranía, que mirábamos agonizante, nos
constituimos en una forma baxo todos
aspectos legal, y jurarnos continuar la
guerra, hasta q.e. los sucesos de ella so
lidasen en nuestro suelo una libertad
rubricada yá con la sangre de nuestros
conciudadanos.— V.E. no puede ver en
esto sino un pueblo abandonado á si
sólo, y que, analizadas las circunstancias,
quele rodeaban, pudo mirarse como el
primero déla tierra, sin q.e pudiese
haver otro q.e reclamase su dominio,
y que en el uso de su soberanía inalie
nable pudo determinarse según el voto
desu voluntad suprema. Allí obligados
por el tratado convencional del Go
bierno Superior, quedó roto el lazo
(nunca expreso) queligó á el ntra. obe-

— 123 —

�— ni —
TI8I '"!qdpP^i;qd 'U9p;pa Bjaajax '¿081 *P V 7 ffsq votjtatuy pj ap
efuaftuuqnysap ja apsap 'soptufj soppfss soj ap rstauo^ pfjo^stfj -xi8I '"^q^WHMd '^* ^7&gt;
ppupf) janupyi -q ^oef jouptfsa p&gt; sajSut jap oppnpvij^ -spuqo sns ap of3P¿jx^ -vq sottr pfutaif
*usp¿ tpmoqx *o^ pppatfftsttl atujtj pjs'o^ pj ap Ptauapua^apuj p^ 'HNiVd SVWOHX "(l^)
-sauopBjaqqap sns osajSuo^ \a jeoiuj \e opEpunuojd seSujv 3P osjnasrp
jb 'naiquiBj 'opsuiBij Eq as anb 'opiqBS uaiq sa ocuóa' 'sa anb s'tjPxnSnpuj aüoifP^Q Bun uoa
íBaimiá} as '6S¿I 3P 'aBjXaqjsg ap uppanpBJi e¡ ap opunSas ouioj p anb souiajB[Buas osou
-na ojsp OUJ03 'ipqy ap osajSuo^ pp ofEqEja ap essuj bj ua uojaiAnjsa Ena ap bidjb^ á
ajsa anb A sesod sop sej oqnq anb jssaad b eu¡|dui son 'jjopuajnj ña auau O[ oiquiEa ua A
Bpúodsajjoa aj anb ouBapauíBa^Jon oixai BXBq anb nis 'sauotaonxtsui sej ap ¿¿ oinajjjB jap
ajuanj ajqísod ouioa BazaJBds sa/ua^) ap &amp; jputtfp^i o'qoajiaQ p anb ap BpuBjsunajp bj ojad
'aiqsqojd sg -sap^napo soj b sopa ap A souBaijatuBauou sojxaj soj b ^opuajng ap :sa ojsa
•'Bía^aj sa jjopuajn^' ap Biauaniju; v\ 'ojaadsE' aasa na 'anb asjauodns Bjjpod anb ajuauqEJ
-njE^^ -ojxaj ¡a ua ojEipauíúi ap souiBDipui anb SEDiSpioapi sa^uaujoa sop asjauodjadns uaaajBd
"^)a;j;iod oiuaiui^suad un uBsajdxa anb '181 3P 'pjuaiJO uaSiJO ap saiuan^ sej ug (0^)
•ss A 9 -dd '•/ 'v&gt;ti*t^Q oppts-^ ^ap uaStuo /g 'OI3NVHV^ 'K oaNnwag (6€)
(SI8I ^P
•ozjbui ap ¿ 'afuatpua^apuj ;g :asua^) gBjapaj op^jsa jap BjqBjsd Bpap as ou jjopuaj
-n^ ua anb sa ojad 'uppp^apafuoa bj' uoa Bipunjuoa anb upppxapa^ bj bj^ anb oj 'a^
-apu¡ ;g ap SBuumjoa sbj apsap 'sajojaaj sns' b JBaijdxa bjb¿ opnSBajuoj^ b 'SJ8I ^ 'B
-oj BiAjas uppiuijap Bjsg •/ '-aja 'suaS sap ^ a^rt/pu vj ap ftoup 7 'áHOONaarid (8€)
^p ^TDJBf) JOíJ
BiDuapa^oíd ap SBjqo sbj ua Bpun^as bj '^opuajn^
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(0^) '(f ojpBio -A) IIIX Í?B
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-ajdxa ns auap anb ua scnuaumaop soj uoa X (^^) soXBn^BjBd X souaj
-jod 'sajBjuauo b o^DBd ua Jiun oipua^ajd opuBna ^jgj ua SB^pjy
jod BpinSas BDijxjod bj uod a^uBpjoauoD sa ojja X (8) jqo ns ap
buiSb^ Bun ua aDBq upiaiuijap BXna uopBjapajuoa bj ap Bapi bj ua

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souang ap oujaxqof) yB sayBjuaiJO sajaí
so^] -souiBqBjisaaau anb ap 'jBjiyiur
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-niauo^ ouiisiuSip ojjsanu ap Buosjad
By ua Bzaq^a Bun souopuai3ija 'jeoos
uopmijsuoa Bun ap ajduiais ojubsojd
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no 'sauíain suEjiqEjj sap juainajuasuoa
9\ je&lt;3 anb uisjaAno auiijiSaj ^uaiA
-ap uafn jnanbuiB^v ^\ '^j-sib^ ao jns
Jiojp jnaj jnoj juapjad 'ajsaj in^ inb
ajdna^ ay jg 'io")i ay 'uonuaAUO^ ayyaj
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JBj^(p sdjo^ ua auiaui ja9ija,s ap no
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SBd juaynaA au saydna^ say juop 'sjbj^
sas ap aijJBd Bun japaa iny ap uoijjpuoa
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xiBd By aJiBj ap ajissaaau By b Jinpaj jsa
xo^y un is an¿ -sajquiaj^ sas jns 'ajip
isuib jnod 'b ua uiBuinyq sdjo^ ay anb
'xna jns Jtojp ap juBjnB SBd bu sdjo^
ay isuiy juauíajBdas 3jaia ^g jajsixa
juaAnad xnsjoy^ sdjo^ sap sajquiap^
sas anb naiy ns 'sdjo^) ay JBd anb juaj

�Los principios generales llegaron por medio de Pufendorf en
tanto que las fórmulas concretas, en los textos norteamericanos,
como también la idea de la evolución progresiva de la confede
ración a la federación, como lo muestra el análisis de las instruccio
nes del año XIII, y otros textos de esa época y como, todavía mejor,
lo dice en forma explícita el artículo 59 de las bases propuestas por
Artigas a los comisionados de Buenos Aires, Candiotti y Amaro,

el 23 de abril de 1814. (42)
Finalmente queremos indicar una tercera influencia en el pen
samiento político de la revolución oriental: la corriente hispánica.
En efecto, el artículo 89 de las propuestas formuladas por Artigas
a Buenos Aires, por intermedio de García de Zúñiga, en febrero de
1813, dice que "la soberanía particular de los pueblos será precisa
mente declarada y ostentada como el objeto único de la revolu

ción". (43)
Partiendo de este principio Petit Muñoz da una "interpreta
ción dinámica del ideario artiguista: de la soberanía particular de
los pueblos a las soberanías provinciales, de las soberanías provin
ciales a la confederación", etc. y establece su origen posible en la

tradición española, de las ciudades y villas. (44)
La filiación inmediata de estas ideas está, a nuestro juicio, en

las Cortes de Cádiz (45) en una exposición que hizo en ellas, el
diputado peruano Feliú, (46) como se muestra seguidamente:
La soberanía particular de los pueblos.
Exposición del Diputado FeliúInstrucciones dadas por Artigas a
en las Cortes de CádizGarcía de Zúñiga para su comisión en
11 de enero de 1811Buenos Aires.
"Asi como la soberanía una é in-2 de febrero (?) de 1813
divisible se divide prácticamente en
quanto al exercicio de sus facultades,8^ La soberanía particular de los
así también se compone de partes realpueblos, será precisamente declarada y
(42)Edmundo M. Nakancio, El origen del Estado Oriental, cit., pp. 43 y ss.
(43)Comisión del ciudadano don Tomás García de Zúñiga delante del gobierno de
Buenos Aires, C. L. FREGEIRO, Artigas, Estudio Histórico, Documentos justificativos, pp. 133134, Montevideo, 1886.
(44)Eugenio Petit Muñoz, Artigas y su ideario a través de seis series documen
tales, primera parte, en Instituto de Investigaciones Históricas, Ensayos, Estudios y
Monografías, nv III, Cuadernos Artiguistas, nv 1, cit., pp. 185 y ss.
En el fondo la posición de Petit Muñoz no es contradictoria con, nuestra comprobación
por cuanto es posible que la filiación que él atribuye a estas ideas sea su origen remoto.
Algo semejante tiene lugar en relación con su tesis de que el origen olvidado del gobierno
representativo en América está en las juntas o congresos de procuradores de las ciudades y
villas (Véase también, EUGENIO PETIT MUÑOZ, Orígenes olvidados del régimen representa
tivo en América, ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, // Congreso Internacional de His
toria de América, t. II, pp. 433 y ss. Buenos Aires, 1938) y Julio V. González ha mostrado
la influencia de las Cortes de Cádiz (Véase Julio V. González, Filiación histórica del
gobierno representativo argentino, t. I y II, Buenos Aires, 1937).
(45)La publicó la Gazeta de Buenos Ayres el 17 de diciembre de 1811 (Gaceta de Buenos
Aires, ed. facsim., etc., t. III, pp. 54-55).
La Gazeta o los Diarios de las Cortes, que no hemos tenido a la vista, deben haber sido
el vehículo de estas ideas hasta el campamento oriental.
(46)El diputado Feliú alcanzó el importante puesto de secretario de las Cortes y se
destacó en la defensa de los derechos americanos. Había nacido en Ceuta y cursó leyes en
la Universidad de Lima y estudios en el Colegio de San Carlos. Enseñó en San Marcos. Por
orden de Fernando VII estuvo preso por ocho años en el Castillo de Benasque. (Véase: L.
A. EGUIGUREN, Diccionario Histórico Cronológico, t. I, p. LIX, Lima, 1940.)
— 125 —

�-o3v jaq^q ou souresu^d 'saDuo^u^ oraoD 'anb sa A
19p ugSuQ ansanu Jinpuoa jb soraiíip anb oj jpadaj anb jauaj ap
oqaaq ja uoa soiuBjuaxjua sou oÍBqBj^ aAajq a^sa b uij jauod jy
[*DjaJ BSOJOSlJ UBI BDIJBUI3J
-buj uojDBjjsouiap Bun aaajBd aui Bjs^
•sonpiAipui sns ap Biuns bj b jBuoiajod
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jBuoiDjodojd ÍJi^ap sa íauoduioa as anb
ap sojuacuaja soj b jBuoiDjodojd Bas
opuBnb ouis 'Bjap^pjaA Bjas ou A íbdij
-aujy ap BjuBjaqos bj auaii Bjja ua anb
ajjBd bj ap uoiaBjuasajdaj BjapBpjaA
Bun B^Bq anb osiaajd sa 'jBuopsu biubj
-aqos bj Bpoj ap uoiaBjuasajdaj Bjap^p
-J3A Bun BX^q anb BjBd oSan^ ^uoobu
bj ap ajJBd BjjanbB ap sojund souriSjB
ua opBjiasns UBq as anb sauoiaouiuoa
sbj ap ajuacujBpjBdun a BpsjjaaB jB^zn(
BJBd buijou ap jiAjas aqap anb oidp
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BinbjBuoiu bj ap SBpuiAOJd sbjjo sbj
ap uoiDoajoo bj ap BUBjaqos sa 'Eu^ds^
buibjj as anb oj ubumoj anb BinbjBU
-ora bj ap SBpuiAOjd SBunSjB ap uoia
-aajOD bj anb jxaap Bjpod aipBU oSan^
'saiuBjsaj sbj ap uoiaaajoa bj ap bubj
-aqos sa BUBdsg ap SBiauíAOjd SBun^jB
ap uopaajoa bj anb BJip aip^u íejjo
ap BUBjaqos sa BUBds^ ap BpuiAOjd
Bun anb Bjip aipBU ÍBpuiAOjd Brasira
bj ap ojqand ojjo ap ouBjaqos sa BUBd
-s^ ap BiauíAOJd Bun ap ojqand un anb
Bjip 'sand 'aipBjq -uoiaBU bj spoi ap bju
-BJaqos bj aknjijsuoa SBputAOjd sbj ap
SBiUBjaqos ap Biuns bj A ropijuas orasira
ja' ua BjuBjaqos Bisa Bpipuajua 'uauod

•pBjjaqij bj asBq jod opuaiuaj 'saj
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�tado el tema. A medida que se profundiza en la investigación de
la realidad pasada y sabemos más de una cuestión histórica y se
ensancha nuestro conocimiento en punto a ella, también se amplía
el campo de nuestras dudas (47) y de lo que desconocemos. A in
tentar su esclarecimiento esperamos poder consagrar un próximo
seminario en la Facultad.

(47) El lector las encontrará a lo largo de todo este estudio como corresponde a
una obra que aspira a mantener un riguroso carácter científico. Si otros, que no nosotros,
las resuelven o nos rectifican con fundamentos serios, lo admitiremos con satisfacción, y
desde ya los estimulamos a ello.
— 127 —

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�I - [Apuntamientos anónimos sobre la determinación que tomó el Pueblo de Buenos Aires de
substituir al virrey, marqués de Sobremonte, por Santiago Liniers. Se sostiene que tal reso
lución no había sido ni descaminada, ni falta de apoyo en lo legal puesto que, siendo el
salvamento de la República la suprema ley del Estado, no había duda fue la necesidad la
que los forzó a tomarla. Se exponen las razones porque sería desacertado volver a confiar
la defensa de la Plaza a Sobremonte y se hace notar que la intención del monarca español,
al encargarle del virreinato, fue de que pusiese la plaza en estado de defensa ante la pre
sencia del enemigo; se denuncia la ineptitud del marqués de Sobremonte, que justifica el
procedimiento del Pueblo; se apunta la doctrina que concurría a otorgar licitud a la deter
minación del Pueblo de proclamar a Santiago Liniers por Gobernador y Capitán General; al
desarrollar su argumentación en favor de esta tesis se establecen las cualidades esenciales a
todo Capitán General, según términos de Alfonso el Sabio, considerándose que cuando faltan
esas condiciones el Virrey debe cesar en el cargo. En último término se observa que, al cesar,
debe nombrarse a otro Jefe hasta que el Monarca lo confirme o mande a quien sea capaz
de cumplir su voluntad y que, por tanto, la, determinación del Pueblo no es escandalosa ni
ilegal, estando inspirada en el respecto a la Ley y al Soberano.]
[25 de agosto de 1806]
Aunque la determinación que tomó el Pueblo de Buenos Ayres de nó volver
á admitir por Governador al Marques de Sobremonte, y substituir en su lugar
provisionalmente á Dn. Santiago Liniers hasta la resulta de S. M., no faltaran
espíritus que la gradúen de arrojada, temeraria, injusta, escandalosa, é ilegal, por
que para todo hay hombres en las grandes Poblaciones, por los diversos resortes
que en ella se encuentran, y mueven; no obstante un discernimiento fino, y juicio
so, un espíritu verdaderamente Patriota, y un hombre prudente que prevé las
consecuencias, y procura evitarlas en tiempo, no la hallará tan descaminada ni qe.
le falten apoyos en lo Legal.
Bien savido es, que conforme á la máxima del dr0. de que el salvamento de la
República es la Suprema Ley del Estado: Salus Reipublicae suprema lex esto, si
la necesidad la disculpa, y ella nó llevara por norte otro obgeto que el de salvar
la República, asegurar al Rey una Ciudad, y Puerto que le és sumamente esencial,
y poner á cubierto las vidas, y haciendas de los havitantes, de la rapiña e inumanidad de una Nación que en todos tiempos, y en especial en los presentes no sigue
otra regla que la de lo útil, sin tener quenta en lo mas minimo con lo licito y
honesto: en una palabra, que no aspira mas, que á engrandecerse, y hacerse de
riquezas sea por los medios que fuese para hacerse espectable en el mundo, con
tentas y satisfacer sus pasiones: base sobre que estriba el fantasma de la Religión
que profesa.
No es dudable que la necesidad, fue la que forzó á Buenos Ayres á tomar
esta determinación. Si apesar de haver sido Reconquista la Ciudad por otro,
ó nó se temiera una nueva imbasion de los enemigos: es decir, si la guerra huviera acabado, ó los Ingleses huviesen salido tan escarmentados que probable
mente no se pudiese recelar que les quedase ganas de volver; combengo, que sin
embargo del descuido y abandono con que Sobremonte miró á Buenos Ayres po
día tolerarse que volviese á exercer el cargo de Governador y Capitán General,
porque en este caso no havia que temer de parte de los enemigos externos. Mas
hallándose la Ciudad amenazada de una nueva imbasion con el socorro que se
save pidió el General Ingles al Cavo, ó con el refuerzo, que es regular le embie
de Londres el Ministro Ingles, en virtud del parte que le dio de haver tomado
felizmente la Plaza con un puñado de hombres, y haviendo salido al fin aunque
desonrado, siempre ventajoso con los Caudales que el Marques les embio, y
otros que ellos se tomaron, los quales se dieron prisa de poner inmediatamente
— 131 —

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�que eligió el Pueblo? Es asaver, confiar la Custodia y Conservación de la Ciu
dad al que la supo librar délas manos del Enemigo. No es esto, no, reprovado
por dro., sino antes muy conforme / á él aunque sea substrayéndose, en cierta
manera, de la obediencia del constituido para Governar. Los Dros. que han co
nocido los engaños que suelen padecer los constituyentes en nombrarlos, y lo
expuesto y peligroso que és á los subditos tolerarlos, han acordado savia, y pru
dentemente, que si alguno se sintiese gravemente molestado y oprimido de su
superior, en partes, y lugares muy remotos, como acá en Indias, y otros parages,
adonde por la larga distancia, y dificultad de recurriral Rey, no se puede espe
rar oportuno remedio, puede licitamente recurrir á otro Juez, que no sea suyo,
aunque sea absolutamente incompetente. Porque dicen los que lo han estudiado, y
mejor lo entienden (2) que por la dilación, distancia, ó imposivilidad de poder
ocurrir al Superior, para que quite la opresión, y por el peligro que hay en la tar
danza, puede la Ciudad hacer ligas, y confederaciones, y lebantar gente de guerra
para su defensa, ó entregarse á otro Dueño ó Señor para que la defienda, y ampare;
y esto por dro. natural. Porque por la misma razón deser dilatado, ó difícil el re
curso al Superior, pueden los Monges prender á su Abad que los ostiga y hostiliza,
y ponerse bajo el amparo, de quien no tenga jurisdicción alguna sobre ellos; y
haun el particular hacerse Juez en su propia causa. Y el que está obligado á
consultar al Rey, dejar de hacerlo; porque por la dificultad, ó imposivilidad de
consultar al Superior es licito para el rigor, y disposición ordinaria de las Leyes.
La necesidad, y el peligro de la tardanza, es de tanta consideración, que en
sentir de muchos textos, y Doctores, dice uno de los que van citados, que carece
de Ley, no la admite, y antes la da. Hace licito, lo que no lo es; y al Juez incom
petente lo convierte en lexitimo. Altera, mas de una vez, no solo los preceptos
humanos sino también los divinos, y los naturales. Y que el peligro inminente, y
la necesidad que aprieta, no admite dilación, confiere mando, poder, y jurisdic
ción al que no le tiene, por quanto entonces nos apartamos con razón de las re
glas del derecho. Estas dosctrinas aplicadas al caso presente hacen ver, que el Pu
blico de Buenos Ayres no anduvo tan descaminado, quanto por haverlo desampa
rado el Marques de Sobremonte, y dejadolo echo presa del Ingles, puso los ojos
en Dn. Santiago Liniers, para que lo liberatse de tan grave opresión, y lo guar
dase, y defendiese en adelante. A lo menos no ha sido un ímpetu de aquellos que
inspira el amor Marcial, en que tanto se ha distinguido este venemerito Pueblo,
para recobrar su libertad, auxiliado de su primogénito, el florentisimo de Mon
tevideo, como ahora quieren decir algunos, que los obliga esta determinación á
comer el pan, con un poco mas de trabajo, que hasta aqui, no teniendo muelas
para mascarlo. Pues el miedo grave, capaz de hacer titubear al Varón mas cons
tante, no solo embarga la voluntad, sino que también ofusca las potencias, no
dejando á la razón en estado de poder deliberar con madurez, y acierto. Mas no
devió tanto su impulso á esta pasión, la determinación del Pueblo, quanto al
amor hacia el Soberano, el entusiasmo por la gloria de la Nación, el sentimiento
que formo de haverse dejado perder indevidamente la Ciudad, dando con esto la
ocasión á que la Religión se proscriviese, y el Santuario se profanase: sobre todo
lo que la hizo, digámoslo asi, saltar fue lo inminente del peligro, y la dificultad
en recurrir, que restablece á los Pueblos á la libertad de dejar, al que los man
da, y ponerse bajo de la salvaguardia de otro, que sea capaz de defenderlos, no
dando lugar á que todo perezca á un tiempo, ó que honras, vidas, hacienda y
religión se pierdan de un solo golpe.
Es de extrañar verdaderamente que los allegados al Marques; ó interesados
en su reposición, noten tanto, y censuren la determinación del Pueblo, no por
otra cosa, sino porque nó consta de la voluntad de S. M. pa. su remoción, aunque
á ella haya lugar en justicia, que esto creo no se atreven á disputarlo. Pero es
grande su equivocación en esta parte, porque en las presentes circunstancias basta
que la voluntad del Principe se presuma, para que se dé por expresa. En toda
materia en que no es fácil la consulta al que manda, apreva, ó confirma, lo que
se hace verosímil sea lo que mas se acerque. En quanto á últimas voluntades pasa
por dogma en la Jurisprudencia; y esto nó por otra razón, si no porque al muerto
no se le puede interrogar, sin embargo de que lo verosímil sea lo que mas se
acerque á la verdad. Por lo que és lo del dia, tanto importa que el Soberano esté
á la distancia, á que se halla, como si fuese muerto, porque ni en uno, ni en
— 133 —

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ap SBijajBtu SBy ug -odtuaij b Bpuodsaj anb BJBd 'jBjynsuo^ apand ay as osbd ojjo

�pretendiese desfigurarlos, ó colorirlos, el mismo Pueblo que en ellos se fundó
para no ponerse mas en sus manos, les hará resaltar los colores á lo natural, que
yo aqui no hago oficio de Fiscal, sino qe. suponiendo los echos, trato de dar
alguna ligera idea, de que la determinación del Publico, en quanto á acogerse á
la valentia de Dn. Santiago Liniers, mientras que S. M. como Padre le prové de
un buen Tutor, no es arrojada, ni escandalosa, ni tampoco tan ilegal, que no
tenga algún apoyo, haun en las mismas Leyes, á que se eré contraria. Si huviera
de escrivir Defensorio, ó Alegato, tal vez mudase de rumbo, ó digera algo mas,
sin embargo de que mi caudal no puede ser mas escaso. Pero combencido de mi
insuficiencia, me he ceñido á estos cortos apuntamientos, que tales quales ellos
sean, si no valiesen para canonizar el procedimiento del Pueblo, servirán á lo
menos, como lo espero, para hacer á los pocos, algo mas cautos en el hablar de
un Pueblo, que acava de dar las mas relevantes pruebas de su adhesión al Sobe
rano después de haverlas dado de su mas ciega obediencia á los mandatos de
sus Superiores, por respeto solo á las Leyes, y al Soberano, por quien supo
sacrificarse á los principio, en el medio y al fin.
Tengan entendidos los Zoylos, que la Representación y Autoridad de un
Pueblo caveza de un Reyno, no es tan pedánea, como á ellos se les ha figurado.
Sin embargo de prohivir la Ley, que el qe. fue un año Alcalde, lo buelva á ser,
hasta no pasados dos, el dr0., y la practica dispensan si fuese aclamado por unáni
me votación (6) No obstante también, de qe. en España muerto el Corregidor (lo
mismo deve decirse del Governador) espira la jurisdicción de su teniente, y este
no deve entrar en lugar del que le nombró, cesa la prohivicion, si el Pueblo lo
elige (7). Lo mismo pasa, quando se acava la parentela del Rey, que no quedando
ninguno de los de su Casta, á quien de dro. pertenece la Corona, el Pueblo elige
al que mejor le parece (8). Buenos Ayres, tanto en la Reconquista de su Ciudad,
quanto en la elección del nuevo Governador por muerte Civil del antiguo, no
miró á otra cosa principalmente como al mejor servicio del Rey, y á la gloria de
la Nación. Se ha movido á lo segundo en especial, por haver dado pruevas el
Marques de Sobremonte, de que no és para defender Ciudades, ni mandar, ni
batirse con exercitos, que es el fin con que principalmente lo constituyó de Vi
rrey el Soberano; y cesando ese fin, cesa también la voluntad del Principe, en
quanto á su nombramiento; y de consiguiente tenemos esta á la vista, se palpa,
y toca con las manos. Y ella es de que se tome á otro mientras S. M. lo confirma
ó manda aquien sepa cumplir con sus fines, porq. este Exercito, es decir, este
Pueblo, no puede estar sin Caudillo, ni el opulento Reyno del Perú expuesto á
que unas manos violentas lo arrebaten, asi como arrebataron esta Capital, bajo la
dirección y mando del Marques de Sobremonte.
Buen1. Ayres Agosto 25 de

1806
[Hay una rúbrica]

(1)L. 2. tit. 5. lib. 3. R. C.
(2)Bobadil. lib. Cap. 17. N 108, 109 y 110, Salg. de Protec, part. la. Cap. 1? prlud.
3 á nuin. 100, nsq. ad 104.
(3)Pignatell. Tom. 1^ Cons. 139. N 12. Vera. Verim énibvero 1. ul. Cap. Tomo 1?
Discep. 58 N. 23.
(4)L. 5. tit. 23. Part. 2a.
(5)Caitej. Verv. Sudex. N 171. Barb. in leg. 125. finan. 156 de judie.
(6)lib. 9. tit. 3. Lib. 5. R. I. Bobad. lib. 3. Cap. 8. N 60 y 61 Evia. Part. 1 S. 2.
N 36.
(7)Acev. lib. 3. tit. 7. leg. la. N 13. L. 12 tit. 3. lib. 5. R. C.
(8)Covarr. in Pract. Cap. 4 N 3.
— 135 —

�— 9a —
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souiaAap ajuamajuapnjd anb soj 'soiyixnB sopipad uauap anb socuaqBS X 'sanbng
sns sojjosou ap bdj^d unBq uajsixa íjBjaua^) ouisiui j^ osnpui 'sopoj b soiau
-oísijd opuapBq A 'soqanuí ajopuauíq a ajopuBjEtu bzbj&lt;j BJjsanu ap ojapodB as
anb Bdojx bj opuBjojjap saAiiye ns opBuiuiop souiaq anbuny *uoiDB^^ BJjsanf^
ap oSiiuaua oja^ X 'osoyynSjo j^p aiuauíajuauítuu; opBZBuauíB aA as yg
•sajiy souang ap oyqang o 'pBpni^ uD BjjBq as anb
ua osBa jb ajuauíayqisuasui souiE¿a¡y ouioa inbB a j 'soipaoi soy opiAiqojd X 'opij
-rauad asany ay ujj ya anb 'jbui Eijpuoduioa as anb jod 'uBpand 'Byjajauíojduioa
o 'Byjipadoii anb 'soynDBjsqo soy opuaiAouiaj Bsuapp ns b sajuaanpuoa sBiauapiA
-ojj sbj SBpoj jbuioj BJBd BiDuanaasuo^) BiJBsaaau jod apuaijxa as 'sBpBDipuy saX
-ag sbj X '¡BjnjEU *Ojp ya jod opBzpojnB oyqan^ yap oijapod X 'pBjjnaEjf Ejsg
"(8) sojq
-tuaiui soy soyya X 'BzaAB^ bj X 'Brayy J3 sa Xa^ ya X (¿) PiCtts otao^ sa soj^psp^
sns ap pzanba^ pj a uatti ja anb san^f íbuisioi Bun sa anb 'Xa^ yap bj ap X 'BiJd
-ojd BsnBD ns ap joab^ ua Bjqo Biys^a^ Buiajdns ns ap Bsuajo uis X 'asjapua^ap
ap 'oap jBjnjBU ns auinsBaj oyqan^ ya (9) saXag sns ua EpEDiydxa BajBuoj^ yap
pBjunyoA bj uoa a^uauíauíjojuoa apaaojd as sosbd s^jbj ua anb ap SEUiapB anbjod
ÍEtuEjaqog ns ap osjnaaj je Bjadsa usp ou anb X 'uopBAjasuoD ns ajuauíuiui o3
-saiJ un ajjoa anb ua soyyanbB uos sojsg -Xa^ yap ojBpuBui ya jBjadsa uis SBrojy
sbj b jijjnao aAap X 'apand anb ua sosbd X^q opoj uod () Bjjan^j bj ap #o^p ya
apuodsajjoa ajuauíBAijBAijd uainbB Xa^ jb aquinaui a 'Bsuapp Bidojd ns ap -Ojp
yanbB ys ap paipqB p^paiDOS ua ajquioq ya soidpuijd sojsa jod anbuny
•(fr) soyqang soy ap Bsuapp bj sa saXa^ soy
ap uoiDBSiyqo BqaaJisa sbui bj isb X íjBjnjBu *Ojp yap BsnBD bj ap BAijap as X 'aoBu
japod oXna () 'souBjaqo X sadpuug soy ap uaSuo ya ajsa opuai^ -(z) oujaiAO^)
ns BJBd BzaAB^ jod soyya ap oun JiSaya ap opijjsd ya uojbuioj 'uij ajsa JBjyns
-uod joíaiu BJBd anb osBd jb (y) ísauopBjqog X 'sapBpnrg opuBUijoy pBpapog
ua asjyun ua uojaiuiqujoa 'ajjany sbui yap sojynsui soy ap BjjBjnSasB bje^
bj ap uoiDBAjasuoD X Bsuapp bj 'ajquioq yap soqaajap soy ap ojaujpd ya sg
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as pu^ DpuapaApD Dun ug 'sisa^ Dpa UDJOqojJoa anb sauoixa|yaj SDunBp uoBajBD
u^jsnpuos ap opow y 'opuapiAo^d o||anbo oqsajap oiu¡ji6a| uoa jduio) apand 'sopandxa
sojuauinBjD X sojdpuud so| ap pnjjjA ua X oBjd3 ns ap ouaduiasap p DJDd uajainbaj es
anb sapop^pna sd| UDunauo^ uainb ua 'jd4¡|¡ui o||¡pnD^ un ap Djisasau X oBjiuaua |8 Jod
opDzouauíD jopa ap osd^ p ua DJfuan^ua as anb ojsend 'sai¡y souang ap popnp D| anb
asopuppayiuDUi jmpuoa DJDd 'ojuDjaqog ns auinsoaj ojqan^ p anb ua sosd^ so| ua^apopa as
X pa^ pDpuo^nD D| ap uaBiio p ajqos SDapi uo^undD as 'íd^jijuí 0||¡pnD^ o apf OAanu
un asiiBap DJDd X Xay p iod opDjqujou jopDUiaqoQ p jauodap ojDd sai ¡y souang ap
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�ron; su furor mezclado con la venganza (por la abominación con que los hemos
mirado sin querernos prestar á sus lisongeras promesas) nos será funesto en el
caso desgraciado de no alcanzar nuestros esfuerzos á rechazarlos; y devemos
considerar, que los conocimientos que han tomado de la Tierra los que se sal
varon de las Naves les proporcionan ventajas para las nuevas ostilidades que in
tenten (apesar de la energía, que dá á nuestros ánimos el Amor á nuestra Reli
gión, á nuestro Rey y á nuestra Patria) la falta de disciplina militar de los que
podremos tomar las Armas, puede impedirnos la Gloria del Triunfo, aunque ja
mas podra quitarnos la de sacrificar gloriosamente nuestras vidas por aquellos
tres dignos obgetos de nuestro fiel amor.
Es pues volvemos á decir evidente el peligro en que se halla el Pueblo de
Buenos Ayres. El golpe que le amenaza de ser nuevamente subyugado por el
pérfido enemigo de su Rey, y substraído de la suabe, y apetecida dominación de
su Señor Natural, le sera mas sensible, quequantas calamidades puedan sobrebenirle. Pero ya hemos visto que el supremo dr0. de la Razón, y las Leyes Na
cionales lo autorizan en tales casos para correr á las Armas en su defensa, y
conserbacion; y que consiguientemente le son permitidos los medios pa. conse
guirla, y para remober los obstáculos.
Mas ¿que obstáculos podran dificultar, ó comprometer su seguridad, y quales los medios que necesite para ella? Por haora no necesita de mas medio, que
la de elegirse un Caudillo militar, en quien concurran las Cualidades, y dotes
que se requieren (9) para el desempeño de su cargo, y que puesto á la Cabeza del
Pueblo (10) dirija sus operaciones, y regle, el ardor, valentía, y generoso entu
siasmo de sus individuos, que primero quieren regar con su sangre la tierra,
que perderla á su Señor. Ni tiene otro obstáculo que el Gefe que lo perdió,
de quien desconfia justamente y aquien detesta con razón; clamando, y dispo
niendo á arrojarse á los últimos extremos antes que consentir que buelva á
tomar las riendas de su defensa; pues lo considera como un presagio cierto de
su nueva perdida.
Estamos en el proposito. Estos son los dos puntos á que á dirigido el Pue
blo sus clamores, y deseos para segurar los frutos de la victoria conseguida, y
perpetuar su prosperidad vajo del dulce vasallage de su amado Monarca Dn.
Carlos IV. ¿Serán justos estos clamores? Tendrá el Pueblo, ó podrá atribuírsele
algún principio de potestad para hacerlo; ó deverá censurarse su intento por
un atentado contra las leyes, contra las autoridades constituidas, y contra las Re
galías de S. M.?
La satisfacción á estas preguntas merecía un volumen en honor de la Ciu
dad de Bs. Ayr8. y que á una pluma brillante se fiase el desempeño de recoger,
y organizar en eloqüente estilo los sublimes principios de dr0. natural, y Divi
no; las máximas preciosas de los Savios Políticos; y los excelentes lugares de
nuestras Leyes Patrias, que hacen en favor de las pretensiones del Pueblo en los
puntos enunciados.
El presente papel apenas merece el concepto de una superficial pincelada
que no llega á bosquejar siquiera el quadro que podría formarse de la justicia
de los Clamores públicos, y los dros. del Pueblo intimamente unido con los del
Soberano para proveerse de su remedio sin dilación. Sin embargo los Savios que
saben pensar, y combinan los principios / no dejaran de conocer que en lo
poco qe. se apunta se ofrecen fundamentos no bulgares del lexitimo dro. conque
en el caso ha podido la Ciudad de Bs. Ayr. elexirse un Gefe para el mando de
las Armas en su defensa, desechando al que tenia por inepto y perjudicial, mien
tras tanto informado el Rey de todo lo ocurrido determina lo qe. sea de su So
berano Arvitrio.
No devemos entrar en el examen de los echos que han causado en el Pue
blo la aversión y desconfianza del Gefe de su perdida. No tratamos tampoco
de questionar sobre si ño hay otra autoridad que la del Monarca que pueda
juzgar sus desaciertos. Resérvese enorabuena para el severo juicio de S. M.,
pero siendo ellos notorios al Pueblo que los havisto con sus ojos, y ha experi
mentado sus funestos efectos; sin necesidad de mezclarse en juzgarlos (lo que
nunca ha pretendido) le dan sobrada causa á recelarlo para detestarlo, y en fin
para resistir ponerse en sus manos, porque de ellas á las del enemigo no ad
vierte distancia alguna.
— 137 —

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bj opBSauap 9SJ3Aq ap ja ua ojos anbjod íosbd souiauaj ou anb 'jpap sotuapod
(djqep^j^e sbui X joXbuj BjBq oj 'opiAjas '^ ns b uEjjodtuí anb SBijajBiu ua *Ojp
ns ap asaipjad seui anb ja sosbd sajBj ua anb ap "j\[ • ap soSjBoua *^ soj uoobj
-apisuoD ua opuaiuaj anbjod uaiA o 'Bjsní BjjBjapisuoD Jod as uaiA) pnjpijos bj
b XajJi^ #j ja Jod opipaDDB asopuajAEq anb 'sa isy 'opooi ojuiísip ap uojaipuaj
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-jb anb 'oSjEquia uis 'osaj^uo^ ja ua opBpjODB oj anj bsod bjjo ou A 'ojsg
•sjaiuiq *j jb bzbj^ bj ap jbjijij^ / opuBro ja asBuoisxm
-od anb 'Xajjj^. *j ouisiur jap jBjpijos ap ojso8y ap f\ ja pjqajaa as anb jBjau
-3^ osaj^uo^ ja ua uopnjosaj ns ajq^pnBj X 'BAijBjmba ?ajuapnjd Xnra anj opoj
uoa íuoiDBAjasuoa X Bsuajap ns BJBd SBuwy 3P ^PO 9 *IBJ^ iO^ sj3imi #jbj&gt; jb
jEjquiou X 'Xajji^^ "JS PP opuBui ja Jijsisaj 'SBiouBjsunajja sbj ua sajXy souang
ap pEpni^ bj opipod Bq anbuoa pBpijE^aj X *Ojp oiupixaj ja uaauaqiuoa ajuapaa
-ajuB jad^d ja ua op^oipui u^q as 3b sojuauíEpunj X soidpuijd soj anbuny
•SVIDN3XHSACIV
'SOfOf
UV0Z9^94 ou 'oj3(} ^tuauiitai^ oun px^niu anb auatquioo anb A 'o-jqanj ja aajvs
as anb outs nasap vjjpu anQ — 'bjijS sou anb 'BUBjaqog zoa bj ap oaa ja jiApjad
BÍap as EiDUEjsip joXbui bj ap jBsadB anb aaajB^ ¿uopsuruiop aajnp X 'aAEns ns
ua ajJBjn^asB ap 'sauoiaua^ui sajaij sns ap soja^qo soj JBuajj ap zsdED uoi^oejsij
-bs ',-ji ns ap ojjo n 'buxbjdb anb jb ajopuBp X 'Ejsajap anb apo IE ajopuBjinb
'sojoa sns uod osopBid Bjjapuaasapuoa anb ap BjBpnp uain^)? pBpjjapij X jouib ns
ap BAanjd Bsouiumj seui bj ajJBp ap eae^b anb 'ojqan^ jai^ ns ajsa ap saaouiEja
so\ 'Vi *S 3P soPí sosojouib soj ua jBuosaj uasaipnd aiuBisui ajsa ua i
'Buaj^ bj ap pniainbui o 'ojuaiuiiqora
ajjyja^ns Bpand anb 'p^pijBa ap Bas BjjajBui bj anb ap osb^ ja oSjBquia uis aX
•njaxa í-OJp bjjuo^ X soAisaaxa usas anbunB 'sojEpuEtu sns jijduina X 'sajjaaapaqo
ap ouiajjxa ja EjsEq 'saXajji^^ soj ap pBpjjojnB bjjb bj jBiadsaj b BSijqo anb
'SBipuj ap jBdpiun^^ Xa^ vj *SBjja ap uopdaaxa sa anb 'ajsa ua ou X 'saunuioa
sosbd soj ap UEjq^q jbjo uapand as anb saXaq sbj SBuiapy ¿sbjxjj b jbjjb^ aa^q
BDijqnda^ bj ap pnjBS bj ap Xaq Euiajdn^ bj anb jBsa^uoa ap EJBÍap tu ísEpinjij
-suoa sapEpijojnB X 'saXa^ sns bjjuod BjuajB 'bdjbuoj^ jap pBjunjoA Bjunsajd bj
ap oXodB ojnSas ja uod 'ojqan^ ja opuBjqo anb Jiaap b BjaAaJjB as uain^)?
¿sauoiaESijqo sBiSaj sns ap bpbjSbs
sbui bj ua bzubtjuod 'j^ ns b ajuauíBsojBpuBDSd ubj pjjBj anb jb aqaasap X 'uoid
-dbjsijbs ns ap ^po un BÍija as sauí^ sojsa JinSasuo^ BJBd jai^ ojqan^ ns #3b ja
Xa^ jap uoiDBAOJdB ap Bijas oj^? ¿ojSues Bjjsanu ap bjoS Buiíjjn bj ap oidi^ijd
-bs jb souiauodsip sou SBpuaiDBq SBjjsanu X 'seijiuie^ SBjjsanu 'sBuosjad SBjjsanu
ajxanui ap jejecIujb X 'sojjbajbs jod 'soiuicuop sns sojsa sopoj b oSsaij jEnSí
ua auod 'sajBuoypijaj^ SBDijauíy sns ap ajuBsajajuí ojund ajsa ap Bpipjad ej
•ab opuaiq X 'sojjsanu soj uod socusiui soun jod ouBjaqo ojjsanu ap sopBj^BS
•ojp soj opuBjapisuoD anb X fadiDujj^ op^uiE ojjsanu ap bj Bas ou anb bjjo
^poj souiBuimoqB anbjod 'uopBuiuiop Bjsn^nB ns ap oíea jbaj3suod b ojos ou 'op
-uBJídsB anb 'uoiDB^^ Bjjsanu ap X 'Xa^ ojjsanu ap oSiuiaua osoipo jap bijjb^ bj
japuajap ap opuBjBjj anb 'jBpnp ojpij Bja? sojuaiuiiaouoD sojsa ap oíb^.
•ojqan^ un ap Bsuajap bj anb ajuBsajajuí sbui sa aj BpBu anb X 'sojjbsb^ sns ap
joae^ ua Bjsandsip ajduiais Bjsa bdjbuojv ajq^uiB ojjsanu ap pBjunjoA Esop^id bj
anb soidpuud souisiui sojsa jod uij ua souiaqEg 'vutsttu vAns vj anb jvuntuoooxc^
(^I)EI SEUI ^juaiussojauaS opuEpjsn^ ojqan^ jap pnjBg bj jod onuijuoo ap BjaA
ouEjaqog ja anb X íEjja ap sajqBjBdasui sojquiaiui soj Bjsa X 'ez^aed bj sa inbB
anb 'pBpiun Biupui Bun X^q 'EDijqnda^j bj X Xa^j ja ajjua anb souiaqEg ^BDijqnd
BsnBD bj ap uaiA ja ojaSqo jod ajduiais uauaij SBjsa anb X 'saXaq sbj SBpoj uapao
Bjja e an^) :Btuajdng Xa^ bj sa BDijqnda^j bj ap pnjBS bj anb souiaqEg (jj)
ojuaui ns jianjsap ajuajuí jEiojEd ojXo^ un^jB anbuoo
bjou BjainbjBnb ap sajXy souang ap ojqang ouiisijapij jb ubajbs X 'sBapi sbj
usjoqojJOD anb sauoixaj^aj SBunSjB uoisnjauoD jod inbB uBJipBUB as ojuBjajju^
•bjbjj as anb ap osbd jb sauoispap sns opuBDijdB 'sBpBDijdB saXaj sbj ua JBjip
-aui ap oÍEqEJj ja asjBuioj Bjpod 'ojdaauoD ja ua Joíaui asjBDipsj Bjainb anb ja X
'opBDipui ajuauíajuBjsBq souiBÍap bX ojqan^ ja sSuaj ojsa BJBd anb *Ojp J3

�No se ha tocado pues en esta necesidad de lo que todos los buenos Vasallos
savemos se han alegrado; pero nunca estará de mas el haver dado algunas luces
en la materia para que los preocupados desprecien las sombras con que no po
cos críticos ignorantes pretenden, en aquellos corrillos en qe. hacen de maestras,
censurar la conducta de Nra. Iltre. y Leal Ciudad de Buenos Ayres criticada tam
bién con grosera malicia la Junta general de la parte mas noble, é ilustrada de
la Sociedad, que se combocó para tratar del importante objeto de su Seguridad,
y conserbacion, que devía ocupar todo el cuidado de los que no quisieron hacer
el repreensible, papel de ociosos espectadores, semejantes á aquellos á quienes elloquentemente increpa al gran politico Cicerón. (13).
Quando la accidental confluencia de la gente huviese causado algún desor
den (que á la verdad no lo huvo) los que saven, que no deve juzgarse del mérito
de las cosas por el éxito, ó los accidentes, confesarán que el Congreso en las
circunstancias fue de necesidad, y que exigiendo la de tratarse sin perder mo
mento de la quietud y seguridad Publica, habria sido responsable de gravisimos
cargos el Cavildo (único Magistrado que en medio de la calamidad experimen
tada subsistía en la razón) sino llama á los principales Prelados, Ministros y
Vecinos distinguidos para consultar sobre la necesidad publica, y acordar con sus
savios y juiciosos consejos del pronto remedio á los males que amenazaba la
confusión, y genero de anarquía en que nos hallavamos por el trastorno causado
en tiempo de la opresión del enemigo, de que acabamos de salir.
Mas ¿Quien ha dudado de la autoridad del Ayuntamiento para estas Jun
tas, no ya en el caso de que se habla, sino en otros de inferior apuro en nego
cios de publica utilidad? ¿No saben todos... Nó, es menester cesar. Ni se in
tenta una defensa, ni es capaz de la que merece la materia que forma este papel
confidencial, y de reserba pa. un amigo curioso, que deseaba algunas nociones
sobre estas cosas. Sin embargo los juiciosos hande confesar, que la mejor defensa
de este punto es la respetable autoridad que mereció el acto, ó Junta General
del Iltmo. Sr. Obispo, Prelados Regulares, y los Sres. Ministros del Supremo
Consejo de Indias (que existían aquí por fortuna de este Pueblo) y de nuestra
R1. Audiencia, que concurrieron a ella.
Buenos Ayres Sept^. 2 de 1806.
[Hay una rúbrica]

(1)Societas eo tendit, ut sum salvum su communi ope, ac conspiratione. Grotíus
de jure belli et pacis. L. 19 Cap. 2 S. I.
(2)Ubi non est Caput Corruet Populus. Proberv. Cap. 11
Porque naturalmente
las voluntades de los homes son de partidas, los unos quieren más valer que los otros. E
por ende fue menester por derecha fuerza que obiese uno que fuese Cabeza de ellos. L. 7.
T. 19 la. 2a.
(3)E por esta razón combino qe. fuesen Reyes é los tomasen los homes pr. Se
ñores L. 7. ibi.
(4)Vnges cum Ducen super Populum meum de manu Filis tinorum 1 Reg. Cap.
9. ... Otro si la deven guardar de los enemigos de manera que no puedan en ella hacer
daño. L. 3. T. 12. P. 2a.
(5)Regalia inconcusa de los Soberanos.
(6).... Por todas estas razones deven todos venir á tal hueste, non atendiendo man
dado del Rey. L. 3. T. 19 pda. 2; Ley 4^. ibidem; y el Sr. Gregorio López glosa 8 y glosa
4 es la 4a.
(7)Ley 9. Tit. 19 Pda. 2a.
(8)Ley 5a. Tit. 19 Pda. 2a.
(9)Ley 4. 5. 6. 7. 8. tit. 23. Partida 2.
(10)Cuidan algunos que Pueblo es llamado la gente menuda, asi como menestra
les y labradores. Esto no es asi. ... Pueblo el ayuntamiento de todos los ornes comunalmte.
de los mayores, medianos y menores. L. la. t. 10. Pa. 2.
(11)Salus Populi Suprema Lex esto. Cicero de finib. L. 5.
(12)Ley 9 titulo 1 partida 2a.
(13)Nonne repente omnes fere socii desernerunt, spectatoresque se otiosos praebuerunt
Leutricae calamitatis? Cicero de Officiis Lib. 2. C. 7— 139 —

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japjad Bjaq anb oy ota anb sandsap 'Bpuaijadxa Bidojd By oyjyq ay anb sandsap
•*a)uauiayqysuas bab^oj ay ou anbjod 'btaij o 'buj Bja sajuB anb 'uoysuadoJd euisiui
bjs^ -uoiDBqjasuoa Bidojd ns ap #Ojp oiusyui ya anb 'bso^ bjjo sa on 'BiouaSyyyp
•ajuaipjB A Bsomadiuy ubj san&lt;j ¿sayBtu sojubj jaoap^d 9 'sauaiA sojubj japjad b
aaAyoA ap osau opo) is ap JBÍayB BjBjuajin anbuoa 'soasap sris ap BpaauíaqaA
By A madcuy ya jBynayBa Bjpod uam^)? '^^qjl ^^ as Bunjjoj jod ys ^ *opB)sa onS
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'ajuauíaqaA joyop unSyB uBazapBd 9 (aiuasajd yB ouiod) SBzaq^a sns ajqos sajBur
sojsa sopo) zaA Bun ap obSibd oja^ -soíay o^ye Bjapisuoa soy is uaaBuaoiB oy anb
-unB 'Bjuauíijadxa 9 'aaapBd soy on SBJiuaim 'uBjuBdsa tu uEziJouiajB oy 10 'uois
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•ya 'opypjad asjaABq ap sandsap 'BjB3yjy)sní ay sbiu oubti^)? B)anpuoa ns ua -^ *j
ya b BDijusní 'osb^ ya jB^ayy ap saiuB unB 'asjapjad ap jouia) ya oyos yg
[9081 aP ^quiaiies]
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Di|duio oun jmBasuos ap DqoqoaD uamb 'sjaiu^ o6d|^uds d Jjpad X opDunjjop spui jdijjiui
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lu^poAjasuoa ap oqaaiap p aiqos sauopojapisuoa ua apuajtxa at jo^no |g *saj¡y souang ua
S9|6u¡ ouiajqoB pp o^uajuipapopa p DjiaDij anb sojsuansasuoa sd| aiqos oujp^uo o^pssg] - g

�piedra por mover para asegurar de firme tantos vienes, y ahuyentar mui lejos
tales males. La experiencia hace subir de punto los deseos de la propia / conser
vación, y en esto consiste el mayor dro., y el que pone á Buenos Ayres en térmi
nos de hacer quanto pueda, por no caer segunda vez en la pasada calamidad, y
en sus grandes Males.
No contaré por mal (aunque es bien grande) el robo de millón y medio de
pesos que nos han echo, sin embargo que este dinero hace suma falta al Estado.
Tampoco contaré el general trastorno de toda la Ciudad en su comercio, que al
punto experimentó la decadencia, y quiebra universal con la baja de sus efec
tos, consiguiente á la pobreza del Pueblo, y á la abundancia que se experimen
taba en la plaza con el franco Comercio de los Ingleses. Tampoco contaré el
desamparo de las familias que subsistían de los diversos empleos de los Padres
en Tribunales, y oficinas R8. Tampoco la ignominia y desprecio en que cayeron
todos los Magistrados; ni la emigración, que al Campo, y Pueblos de lo Interior
abrazaron casi todos, pasando mil trabajos é incomodidades, en el rigor del hivierno, los pobres á pie, y llevando á cuestas su ropita y cama, pisando barro y
descalzos, hasta las mugeres y niños. Todos estos males, buelvo á decir, aunque
grandes, pueden disimularse por transitorios y de corta duración, y por que no
son irreparables; pero la Sangre que se ha derramado para la Reconquista; pero
el numero de Ciudadanos, que falta, y entre ellos muchos Padres de familia, que
eran el consuelo, el abrigo, y esperanza de sus casas? ¡Ah Dios mío! Mas tam
poco quiero, que entre en cuenta todo este cumulo de miserias. Solo el mal de
los males hade considerarse, y con / el tiene la Ciudad de Buenos Ayres sobradisimo fundamento para nó fiarse, sino de si misma. ¿Y qual es este mal? Per
der para siempre á Dios, perdiendo á su Rey en todos los tiempos, en el de la
presente guerra, y en el de la Paz, como lo pensaba y trazaba el General Beresford; y como se huviera verificado, si el esfuerzo que pidió, y esperava, huviera
llegado antes que los nobles hijos de esta Ciudad la hubiesen dado la libertad.
Esta idea y este proyecto, al paso qe. era ventajosísimo para la Inglaterra,
era nuestra total ruina, no solo temporal sino eterna, y por consiguiente forzo
so. Este es el mal de los males, el terrible y espantoso. No quedando en la paz
restituida esta Ciudad á España se perdía aquí la Religión Católica, y si no fué
semos nosotros, ni nuestros hijos también los perdidos ¿Quien podrá á segurar
que no lo fuesen nuestros nietos? Perdido nuestro Rey en la Paz, perdíamos su
Govierno, y el de sus Leyes Santas. Este mal es tan grande, que aun mirado en
lo temporal es espantoso. Porque, ¿que nos darían en cambio? ¡Hai amados Com
patriotas! En cambio de tan Ilustre Iglesia, qual es la de la America Española,
compuesta de millares de Templos, de muchos y grandes Obispados y Arzobis
pados, de tantas Provincias de Regulares, y de innumerables Monasterios de Re
ligiosas, planteles de santidad, y refugio de la inocencia ¿que nos podrían dar?
En cambio de tan insignes Ciudades, de Territorios tan pingües y fértiles de las
mejores producciones y frutos de la Tierra; en cambio de tantas fatigas y des
velos de nuestros Reyes Católicos que en trescientos años han echo, lo que ape
nas cabe en tres mil (14). Todo dirigido á nuestra felicidad; y si esto es mirado
por lo temporal en cambio de sus fatigas y de lo que han echo por nuestra feli
cidad eterna, y á mayor honra de Dios ¿que és buelbo á decir, lo que nos darían?
Ya lo haveis visto en el corto espacio de mes y medio: no ha durado mas la
especie de entredicho religioso; y no podréis menos de enterneceros al ver como
salía la Magestad divina en la Sagrada Eucharistia, que por viatico se ministraba
á los enfermos de grabedad. Cotejad esta obscuridad con el lucimiento y pompa,
adoración y respeto, conque antes salía: ya os acordareis de las dificultades opues
tas para hacer los honores devidos á Dios, y acostumbrados por nuestras Armas.
Esto es lo que nos han dado en cambio. Todo esto no fue mas que el ensayo y la
muestra de lo que se esperaba: esto fue en los primeros dias, quando no estaba
bien establecido el dominio Ingles, y quando su falaz y estudiada política traba
jaba en reprimir su fiereza pa. engañarnos / con sus aparente dulzura, y apri
sionarnos mas fuertemente. ¿Que hubiera sido de nosotros después de asegurada
su posesión? ¿En que hubiera venido á parar la magnificencia del Culto Reli
gioso? ¿En que los Ministros del Altar? Apartemos la vista de tan orendo
Quadro.
Pensemos un poco sobre los efectos de esta idea del Gral. Ingles, en poseer
— 141 —

�— zn —
-jodun jap jbjbjj BJBd pooqraoD as anb 'pBpaiDos BI aP p^snyr a 'ayqou / sbuj aj
-jBd By ap yBjaua^) Bjunf By bi^ijbui bj3soj3 uod uaiquiBj opuBDijua 'sajAy souang
ap p^pni^ pay A 'ajjsnyy BJjsanu ap BjDnpuoD By JBjnsuaD 'sojjsaBj^ ap uaoEq
anb ua 'soyyiJJOD soyyanbe ua napuajajd soDijyjD-opnasd sounSyB anb üod SBjquios
sbj uapajdsap sopBdnaoajd ou soy anb BJBd 'saany sBunSjE opBp jaqBq sbui ap
BjBjsa BDunu 'pEpayjojou ns Jod BuajBtu Bjsa JBJjsnyi ap pBpisaaau EiAEq ou anb
-unB isy :opBjSa¡B UBq as Aa^ yap soyyBSB^ souanq soy sopoj anb ap 'pnjpiyos ns
b opuaipaDDB 'opyjAB^ ajjsnyy yap uopuajuí ap Bzajnd By oppouoD Bq Aajji^ 'Jos
ouisiui yg *ajuauiBu8iyBui jBjajdjajuí uBjamb oy sojuajuoasap o 'sojDapsap soun^yB
anb ap o3jBqcua uis 'osajStio^ ya ua opBpjODB oy anj 'bsod bjjo ou A 'ojsg
•oipauíaj oaiun ns uod saAag SBy b ojadsaj
ya ajuaiuayqBjiuipB pyypuoa is b 'sand ísjaiui^ *Jo^ *oqp b BZByj By ap JBnyip^ op
-ubui ya asBuoisiuioa anb 'Aajjy^ "joS ouistui yap JBjpiyos ap 'ojsoSy ap ^y ya pjq
•ayaa anb osaj^uo^ ya ua uopnyosaj ns ayq^pnBy A 'BAijBjinba 'ajuapnjd Anuí anj
opoj uod íuopBAjasuoD A Bsuapp ns BJBd SBUijy ap apo 9 (yBjaua) jod sjaiuyj
•joS IB JBJquiou 'sBiouEjsunojp SBy ua 'sajAy souang ap p^pni^ By opipad Bq anb
uod '-Ojp oujjjixay ya uaauaquiOD 'opBDipui UBq as anb 'soidpuijd soy anbuny
•pBpiDiyaj ns Bpoj sajAy souang b A
'soyuíuiop sns sojsa Aag ye 'ojyna ojapBpjaA ns ojnSass soiq b anb 'Bjaydtuoo A bsoij
-oy^ sbui bijojdia By Jin^asuoD ap babdb anb 'opEun^Jop yBjaua) un sjaiuiq o^eij
-ub q ua jBasap A jipad BJBd auai) anb BsnBD Bjsní A uozbj By oiuBnb Á 'sajAy
souang ap *Ojp ya sa ojuBnb bj^a as saouojua A íoyqang 9 p^piunuioD jainbyBnb
ap A 'pBpni^ Bun ap 'ouAag un opoj ap sbuisiui SBsa ap jojba ya uod 'jBynD
-ijjBd / un ap sBpBJBdas 9 'sBjuní sbsod SBsa ap joyBA ya 'sand 'asajEdurcr) *opBiD
-BjSsap yap jinq ap uozbj By A 'op^uiujop yap asjayBA ap *Ojp ya Bjas joAbui ojubj
'uBjnjuaqB as anb 'sbsod SBy ap BiauBjJoduii By Bas joAbui ojuBnb \ •jmiuip&gt;4 vsnp^
0uts uou fas 'v4im am^ "sopEuniJop sbvu sojjo uayBA as BsnBD Bjsní uis ou ojad
'sopoj uBijip 'BJjsanu Bdyno u; •oiabj^b ap BijBxanb oun^uiu ojad 'Byyajjsa ns ap
uBUBjuauíBy as sopBiDBjSsap sojsa sopoj, 'BpuaiDBq By 9 'Bjuoq By 'BpiA By ba ay oyya
ua anbjod 1bub8 soy anb ojjo ya anb oiqBS sbui 9 'ajuauíyBn^i Bas anbunB 'sojAayd
soy apjaid anb yanb^ ap asjEij ou BJBd uozbj auaij A 'ojipaia joíaui ap op^^oqy
yap asjayBA b *Ojp auaij ajuB^ijiy un 'ui^ ug :BpiA By ba ay oyya ua anbjod 'sopBio
-BjSsap ojoyig A oiAByq yap jinq BJBd uozbj auaij A 'sa^BiA sns ua ziyaj sbui ojoyig
ya A 'joíaui oiAByq ya JBDsnq b 'oip auaij jBDJBquia ajainb as anb ojjo :EpiA By ba
ay oyya ua anbjod 'opBiDBj^sap jod oaiyqng ya auaij A 'aq^s as anb yanbB ap Jinq
BJBd upzBj Bq^nuí A Bsnsa Bjsní uaiquiBj auaij A 'sauopBjna sajuanbajj sns jod
opsjipajDB A 'osouib^ sbui ooipaui yB JBUiEyy BJBd oqaajap auaij JBynDijJBd ufy
*opBasap A oqaaq Bq oy ouiod 'jBjiyiyq
ap) opBunjJop sbui JBasap BJBd BiDBj^sap ns ua ajuBjSBq A Bjsní Bsn^o auaij ajsa
'pBpn;3 By ap Bpipjad By ua BunSyB Bdyna BSuaj ou apo jauíijd ya anbuny
'uoiDBAjasuoD Bidojd BjjsanA ap *Ojp ayqB^auui a OAijiuiijd yanbB ap
osn ua BypBjnaojd A 'Bsuapp ua soauod ¡BuijEyB 'eiujbjb :pBjjadsap 'isy -oduiaij
ya opoj uBdnao 'Aag yap A soiq ap yEui JBjqB ug *soipaui soy sopoj jod A 'aqaou
A Bip opuBnSEJj / UBjsa anb By sa Buing BJjsan^ 'oSiuiaua ojjsanq uod A soyBui
soy uod ojubj sisas oy ou 'souanq sayouBdsg 'sajAy souang ap sayqou soíijj
•opunuí ya opoj ap
oyjas uaiquiBj ajainb 'sBijajBJig A soqog ap SBZjatq b A 'sopoj ap bjsod b saiBp^ soy
ap Bjoua ÍBjya ap Bpuadap opuBur ya opoj anb A 'ajuaipuadapui jas ajainb Byya
anb íosoido ajsa opunuí ya opoj anb A 'Bijjsnpui By jauaj ajainb Byya oyos anb íajd
-uioD opunuí ya opoj anb A 'japuaA Bjainb Byya oyos anb íjiaia jBíap ajainb aip^u
b BjjajBy^uj By anb 'BjaA as ojsa oyos uod A ÍByyB ap A bdb ap sayouBdsg sop^yns
-U0^ soy UBpuodsaj 'BJjan^ ajuasajd By e BsnBD opBp UBq anb 'soqaa sajuaiDaj soy
UBpuodsaj 'sBiJOjsiy-y SBy jajjoaaj ap oÍBqBJj ya asjBuioj uajainb ODoduiBj is A ísod
-uiau soy sopoj ap soqaa soy UBpuodsaj 'uaAajjB as ou (soood muí uos anb) soyBm
soy is A 'uoiDBjapoui ns jod japuodsaj uajainb ou uaiA ap sajquioq soy i
'sajuaS ap 9 yBjnjBU ounSy^ oqaajap Bjadsaj ou oyjBj^oy jod anb A 'opunm
ya opoj ap bjsod b asjaDanbiJua b bjicIsb oyos anb 'oubjix un ap uoiDBuiuiop
A oujaiAo^ un ofBq opoj yap Bijynjjsap as 9 'uBiJBqjasuoa By yBnjDB pBpipouioa
A BiDuaaap By is 'sayjBjunifejd A 'pBpni^ Bjsa ap oppny sbui oy uauoduioa 10 anb
'sajAy souang ap souiaaA soy b jsuiByy oiJBsaaau Bja inby 'SBiauanbasnoa sns A bid
-uajsisqns BJjsanu b oAijaadsaj oy jod 'zb¿ By Bq^a ap sandsap unB pBpni^ Bjsa

�tante obgeto de su seguridad y conservación, que devia ocupar todo el Cuidado
de los que no quisiesen hacer el reprehensible papel de ociosos espectadores, seme
jantes á aquellos, á quienes eloquentemente increpa el gran político Cicerón. (15)
Quando la accidental confluencia de la gente huviera causado algún desorden
(que a la verdad no lo huvo); los que saven que no deve juzgarse del mérito
délas cosas por los accidentes imprevistos, confesaran, que el Congreso en las
Circunstancias fue de necesidad, y que exigiendo la de tratarse, sin perder mo
mento de la quietud, y seguridad publica; habría sido responsable del gravísimo
cargo el Cavildo único Magistrado (16) que en medio de la calamidad subsistía
en la sazón, porque todos murieron civilmente por su capacidad (17), y asi se
declaró en el bando del SOT. Virrey, hasta que avisase de su nueba avilitacion en
el caso de reconquista (18); sino llama á los principales Prelados, Ministros y
Vecinos distinguidos para consultar sobre la necesidad publica y acordada con
sus sabios (19) y juiciosos consejos del pronto remedio á los males que amenaza
ba la confusión, y genero de Anarquía, en que nos hallábamos por el trastorno
causado en tiempo de la opresión del enemigo, de que acabamos de salir.
Mas ¿quien ha dudado de la autoridad del Ayuntamiento para estas Juntas,
no ya en el caso, de que se habla, sin Virrey, sin Audiencia, como estaba en aquel
dia, sino en otros de inferior apuro, en negocios de publica utilidad? No se inten
ta una defensa, ni es capaz de la que merece la materia el que forma este papel.
Sin embargo, los juiciosos hande confesar, que la mejor defensa de este punto es
la respetable autorización que mereció el acto, ó Junta General, del Ilustrisimo
Sor. Obispo, Prelados Regulares, y los Sres. Ministros del Supremo Consejo de
Indias (que existen aquí para nuestro consuelo por fortuna de este Pueblo) y de
nuestra R1. Audiencia que concurrieron á ella.
[Hay una rúbrica]

(14)1^ Castilla de España, nuestra hermana mayor tiene esa edad ¿Pero que tiene
digno de aprecio que no se halle en esta nueba Castilla? Si allí áy grandes Dignidades,
las misma ay aqui: si allí áy un estado florido y brillante, secular y Eclesiástico, el mis
mo áy aqui. Nada de esto se halla en las Colonias Inglesas ultramarinas, ni en ese cuerpo
federatico, e independiente de las diez y seis Provincias Anglo Americanas. Su único fin
es el dinero: todo lo demás les es indiferente; que diversos modos de pensar tienen nuestros
Reyes! Digalo Felipe II que oyendo ablar del abandono de una Isla de Asia, dixo ¿Hay
almas que quieran bauptizarse? ¿Se puede decir una Misa? con esto que logre, he echo una
rica adquisición.
2a. Aunque toda la America Septentrional y Meridional se pueda y devan llamar
Castilla, porque toda ella es parte de la Corona de Castilla, pero con mucha mayor razón
este territorio de Buenos Ayres, que desde el principio se llamó Castilla de Oro.
(15)Nonne repente omnes fere socii deseruerunt, spectatoresque se otiosos praebuerunt Leuctricae calamitatis? Cicer. De Offic. Lib. 2. C 7.
(16)Solo la jurisdicción ordinaria se conserbó siempre en los Alcaldes, y libre el
uso y el exercicio de nuestras leyes, porq. asi lo quiso el Gral Ings.
(17)La Audiencia se pudiera haber conserbado conforme á la ley 180 tit. 15 lib.
2, haviendo salido antes fuera de la Ciudad algunos oydores, ó uno solo.
(18)Le reconquista por si sola no pudo havilitar á los Oydores; ni reponer la
Audiencia á su antigua posesión, ya por que obtenía la juridicción en todo este distrito
la Audiencia de Charcas, hasta nuevo aviso del Virrey; ya porque es notorio en el dro.,
que las cosas se adquieren, ó incurren ipso jure, necesitan de declaración en quanto al
fuero externo.
(19)Proverb. C. 11. v. 14. Salus autem ubi multa consila.
— 143 —

�ja anb b ojaadsaj 'oujaiAO) ap Bjunf Bon jBjtdB3 Bjua () as ajuamajuainí?
-jsuod *ab A 'opuBtu jap sjajuiq b asaisndap as BqBjpijos 'oapiAajuoj^ ap opjiAB3
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[i] II8X
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�Virrey manifiesta al publico que reconoce y se sugeta a la Suprema de Sevilla,
creada por la misma Nación Española por falta de poder regir NRO. Rey Fer
nando 79 por los consavidos causales. Ahora vien, pues, ¿si se sugeta a la Junta
de Sevilla, como se opone al cumplimto. délo que aquella manda? ¿No dice
aquella que en todos los dominios de España y en los pueblos que pasen de mil
Vecinos se establezca una Junta Guvernativa, componiéndose esta de todos los
ramos q componen las Sociedades? ¿No es este un dominio Español como lo
es la Corte de Sevilla? Y si lo es ¿porque tan declaradamente falta al cumplimien
to de lo que aquella dispone, en circunstancias de que a la Princesa del Brasil le
dice que él y todos los Magistrados han reconocido y obedecido a la Junta ya
citada? El 10 o el 11 de Agosto a las 4 de la tarde llegó a Montevideo el Comi
sario Francés, en ocasión de que todo el Pueblo se allava lleno de regocijo con
los mejores preparativos para la Jura y coronación de Nro. mui Caro Rey Fernan
do 7o, y haviendose apeado en el Fuerte, le pregunta a Elio que que preparativos
eran aquellos: Este le responde que el 12 se jura a nuestro Soberano; lo llama
a parte y le dice q. suspenda aquella función respecto aque José Io hermano del
homicida Buonaparte era el que deviamos jurar, a cuyo fin se dirigían los pliegos
que conducía para el Virrey. Elio como buen Español y buen Soldado le echo un
ca. .. ps el infame Corso, y le dijo que si pudiera en aquel mismo acto juraría a
Fernando; y que a este y no a otro ninguno extrangero reconocería jamas el y
su Pueblo. Se hallaba a la sazón en esta el hijo de Liniers, y haviendole llamado
Elio, le impone de todo, aconsejándole haga que su Padre abriese los Pliegos a
presencia délos Tribunales. Se hizo efectivamente a la vela para esa a las 12 déla
noche, se abren los pliegos del modo dicho y en ellos ha resultado la infinidad
de ambigüedades y recuerdos intempestivos de la Proclama que promulgó. Poco
después ha corrido en esta una Copia déla Contestación que le dio Elio a Liniers,
con el encabezamiento "Copia déla respuesta a la Carta Capciosa circular reserbada &amp;a." cuyos contenidos deducían poco mas o menos el veneno que podía con
tener la reserbada.
Viéndose el Virrey desengañado que por parte de Elio y en los Magistrados
de este Pueblo en nada coincidían a sus ideas, sino que las ponen de manifiesto,
encierto modo, a los demás Magistrados de la Capital por medio de un Diputado,
manda que Elio pase a Buenos Ayres; el Cavildo se lo impide; pero Liniers pre
viniendo esto mismo, dispone benga Michilena de Governador para Montevideo;
llega este el 20 de Septiembre después de oraciones, mas vien disfrazado, que en
clase de Militar (pues venia con un Situyen, Sombrero gacho y plumero de gran
altura, que parecía un faisán) conduciendo pliegos del Virrey por separado para
todos los Gefes délos cuerpos, y en ellos la orden para que desde el mo
mento que los reciviesen, no reconociesen ni obedeciesen otras ordenes que
las de Michelena, prestando a este todos los auxilios que le pidiere. Fue a
Balbin, le entregó su pliego, este lo abrió y le dice q aquella orden no vie
ne por el conducto competente y que quando Elio se lo diese a reconocer, en
tonces obedecería al Superior mandato. Pasa a casa de García (Comandante de
Milicia) le da su pliego y le pide auxilio, este le dice que las Milicias no están
sobre las armas. Pasa a Murguiondo pidiéndole lomismo, después de darle su
pliego; este le dice, vien, vien — buelbe a casa de García, hace que lo acompa
ñase al Cavildo, fueron y enseguida se juntaron los Capitulares (en en medio de
estos pasos dio, sin entregarle a Elio el Pliego, ni menos haberlo ido a ber) les
dio el pliego, y al tiempo que se estaba extendiendo el acta del reconocimiento
en tal Governador a Michelena, y oficio para Elio para el mismo fin, se llenó la
Plaza de gente, con gritos muera Michelena; Traición, de LElio no saldrá
de Montevideo, muera también el Cavildo si lo recive; y en medio de tal tumulto
tiraron algunos tiros de fusil, sin causar daño alguno. El escriviente de Cavildo
que se hallava haciendo los borradores, al hoir tanto improperio y tumulto, rom
pió al momento todo lo que tenia escrito y como Michelena ya de intento venia
disfrazado, salió con facilidad del Cavildo y se fue al Fuerte; le entrega a Elio el
Oficio de Liniers y en seguida le exige que en aquel mismo momento le entregue
el mando y poniéndole un par de Pistolas al pecho, le intima arresto. Elio lejos
de cortarse lo abanza diciendole ¿quien le ha dicho a VM. so ca... que Elio
tubo alguna vez miedo a la muerte? y en el mismo acto que lo abanzo le pegó
una guantada que lo tiró contra el sofá y allí con sus mismas Pistolas le molió
— 145 —

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�charlo para España con pliegos, y a Dn. José Guerra de Diputado para la Junta
de Sevilla, el que dio la vela el 1 de Octubre a la Tarde. Este Pueblo está
muí distante de caer en los crímenes qe. los espíritus rebolucionarios y aun
viciosos, y egoístas partidarios del tirano, le quieren sugerir; y mucho mas lo
está también de creerse de que esa ciudad sea capaz de incomodarse quando se
palpa la eroizidad y el Patriotismo qe. siempre mira y ha mirado a la amada
Capital, y solo solo declara las malas disposiciones de un Govierno sospechoso
por todas circunstancias: cuyos vellos sentimientos creo mui vien se dispierten
para ebadirse de los futuros males. Montevideo jamas ha pensado remotamente
subyugarse a ninguna Nación Extrangera: Montevideo está combencido y ase
gurado de que tiene a todos un buen Militar Español neto y sin rebes, a su
cabecera; y este solo motivo es el bastante para que todo buen vasallo Español
viva alegre y contento, dándole incesantes gracias al gran Dios, de las Miseri
cordias por lo mucho de que nos ha libertado que como a facinerosos quería
el Sor. Liniers entregarnos a las manos de un deborador; como se infiere del
oficio que pasó el Tal Michelena al Cavildo desde que ya se vio en el Conelon,
amenazando la ruina de este Pueblo fiel a su lexitimo Rey Fernando 7o. Aqui
se dijo de mui cierto de que los Patricios, Arribeños, Andaluces, y Catalanes,
mal informados por Linierrs, déla realidad de todo lo sucedido, se alarmaron
pa. venir a rendir este Pueblo lebantado; como también los Negros y Mulatos
libres; pero luego que circule la realidad de todo, creo mui vien que mudaron
de sistema y se dará buelta completa al pastel; y ese Cavildo abrirá también los
ojos y los hoydos a las voces del brabo Hispano de que se compone y hará que
termine todo lo que en el dia es mas abominable; y mucho más, quando vea
que conpretexto de contener contrabandos, se aportan los Corsarios de esa Ca
pital para que intercepten el Bergantín que se despachó por esta Junta de
Govierno para España.
Que razón podía haver para que despachando Liniers el Corsario de su
nombre para Esa; () pliegos, no impartiese a este Pueblo la Noticia, por
si alguno quería escrivir? pues nada de esto hizo. Buena correspondencia le
retribuye a Montevideo, después que este fue el primer móvil de su fortuna.
El 2 del corriente llegó a Montevideo un Capitán de uno de los Cuerpos
de esa con Pliegos del Virrey y Audiencia, para el Govierno y el Cavildo, inti
mando de nuevo la abolición de la Junta. Este Diputado se desembarcó con
bastante julepe por lo mal impuesto que venia; pero luego que obserba en to
das las gentes del Pueblo la serenidad de siempre, que la Junta lo recive con el
mayor aprecio, colocándolo en el Palco Capitular de Comedia en la noche del
mismo dia que llegó y que el Pueblo después de la comedia le da un golpe
de Música no puede menos que decir qe. toda la Junta que el venia embiado
por mano, embiado por la Sala, para ser un testigo ocular de todos los mo
vimientos de Montevideo; pero que protestaba desengañarla haciendo ver quan
diferente era todo, de lo que el Virrey la instruía. Este Diputado llegó como
deve llegar todo hombre vien criado, con política y respeto; y como atal hom
bre vien nacido y atento no se hizo mas que corresponderle; pero a Michelena,
si le pasó lo que le pasó fue porque como abe nacturna de rapiña, pensaba devo
rar a nuestro Caudillo y Padres del Pueblo &amp;a.
El 21 antes de ponerse el sol, se acerco el Corsario de esa el Aranzazu, a
las inmediaciones de la voca del Puerto en distancia de mas de tiro de cañón, y
apesar de tener un viento duro y en popa para entrar, lo omitió, fondea, y al
poco tiempo tira un tiro de cañón, y como no se le contestase de la Plaza, se
mantubo 3 o 4 dias alli fondeado. El 23 sino me engaño llego el Corsario Belén
a eso de las dos de la tarde, el qual venia para conducir preso al Governador
Elio y a todo el Cavildo; pero como no tuvo efecto el Govierno de Michelena,
todo lo demás se fustró y por consiguiente se hizo a la Mar, nose si en aquella
misma noche al siguiente dia. Como en el Cavildo pleno que huvo, el Pueblo
pidió que asistiesen todas las personas condecoradas, tanto secular como exclesiasticas, sucede que el Padre Vicario se ocultó el 21 después dehaver dicho misa
por la mañana, haviendo echo lo mismo Dn. Bernardo Lecoq. De aqui sucedió
que una pandilla de enmascarados le intimaron a Lecoq y al cura saliesen del
Pueblo, y sino qe. firmasen como todos, los demás la elección déla Junta. Lecoq
no quiso, y digió hirse a la Capilla nueva. El cura tampoco quiso firmar, no
— 147 — •

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sojuaiunjuas souisiui soun sourejídsaj sopoj anb A ojjsanu ^a ap BpBU jBdajDsip
uis A auuojuoD sa 'opjiAB3 A oijBpupaA asa ap JBsuad ap opora ja anb (opupnp
souiaq sbuibí ojja ap A) opipBnsjad ajuauíBiuisiuuij sotuBjsg -asajSaj opuEnb
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ojjaqjosip o ojJijoqB ap bjbjj as is sbj^ -oujaiAoS ap uppnjpsuoa Bisa uoiDBqouui
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'Bjunf Bjsa ojqand ja pjquiou anb ua Bip jap z\ SBT B opBSBd jap J2 ja apsaQ
'sojuajuoa inm uojBjiiaj as anb oj uoa uopBJjsouiap BUBqjn B^sa oípo^ai oqanm
uoa piqpaj ojAan^ ja A sbidbj^ j^p b upajBq jb oijbs uojbdoj aj anb sbj uojbuos
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-ojduioD joAbui BJBd tojqan^ ja ua jaaauBuuad BiAap ajuain^isuoa ap A
sojja ua anb pBpijinbuBjj bj JBjsajiuBiu BJBd 'opjiAB^ jap odjb^ ja b
bj b sajBDOA 'sa-^S soí uojanj 'ojsandsip jas pjnSasB saj as anb oj uod auuojuoD
A ojinbuBjj oqDBjndoj ja opoi % sbj y 'BpBiDBjSsap auans Bun BqBJBdajd saj
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ouEJaqog ouisiui ja asaisndsip oj ou uijajuí BijaAjosip asou Bjunf bj anb japuaj
-ua sajjaDBq oiJBsaaau anj sojJBDBjdB BJBd anb 'sojuajuoD jbui soj ua upiDBjuaui
-jaj joXbuj ojuamijadxa as ojuauíoui ajsa ua A oSaij^ ja JijqB BJBd BiDuajsisB bj
Bjunf bj ap 'sajs soj b pjiD as Bijjauío^) J b Jiq BJBd sopoj UBqBjBdajd as anbua
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-nsns un ja ua jiAiDjad píap as A ojqan^ ja piAomaj as bidijou B^nauoD 'Bppajq
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BpBSBd zaA bj uojaiDiq aj anb soj uojanj sojja anbjod 'oipaur ajsa jod opjiAB^
jap A jopEujaAO^ jap asjBSuaq osmb ja anbjod ouis upzsj bj bdzouod ou anbjod

�délo que Vms. nos dicen estar impuestos de todo, es bueno los vean despacio
poniendo la consideración ymeditacion los puntos. En cuanto a lo que Vm. me
dice de habernos manejado con ligereza y poca cautela, devo decirle que en
esa es donde se han cometido tales enormes hierros; pues nosotros nos hemos
manejado con toda adbertencia y medidas de precaución para el sigilo. Con la
oportunidad de un Pliego para el Sup. Gobierno, que remitía el Embiado Por
tugués, meditamos sirviese de lazarillo para introducir el reserbado que se remi
tía de esta para la Audiciencia en solicitud de nuestra pretensión por los fun
dados recelos y desconfianzas del Gral. Gefe. Este pliego seintrodujo con toda
recerba, pero luego que en esa ser vio el contenido, se lebantó el grito en des
mensurada acusación contra los de Montevideo, vociferando tumultuosamente,
deslealtad, sublebacion &amp;a. Conque a virtud de estos hechos, en ningún modo
deven culpar de cautelosos y precavidos a los de Montevideo.
Ayer 4 a las 10 de la mañana entró en esta una Fragata Inglesa procedente
del Janeiro con 12 dias de nabegacion. Trae pliego pa este Govierno para el de
esa, la Rl. Audiencia, Cavildo y Obispo. Todos de la Princesa del Brasil Carlota
Joaquina. La Rusia y Austria pare an echo ostilidades a la Francia. Cordova,
Cuenca y Barcelona nos dicen están libres de Franceses. Adjunto remito a Vm.
un impreso del Armisticio echo con los Ingleses y creo según el que estos no
nos quitaron el bloqueo del rio: actualmente se hallan los navios en guerra
cruzando en la boca Amigo: ese Govierno nos trata como a declarados enemigos;
No nos ha avisado se despache la Goleta Liniers para España para que por
ella pudiésemos dar cuenta de nuestra persona a nuestros respectivos padres y
hermanos, y de las relaciones mercantiles, que tan estrechamente nos ligan, a
nuestros amigos, corresponsales y consignatarios. ¿Y que dirán unos y otros y
aun el Govierno, quando llegue a la Metrópoli un barco salido de el Rio de
la Plata, sin carta alguna ni noticia cierta de los havitantes y Govierno de Mon
tevideo? Dirán que es cierto quanto la malicia de nuestros contrarios han que
rido suponer, pero sepan estos que los de Montevideo, tienen arbitrios, poder y
energías, para dar prontos y directos avisos, de su lealtad y de su estado de fir
meza en la dominación de nuestro amado Fernando, y que también la tiene para
desfigurar las negras imposturas que hayan pretendido ponerles. Aeste efecto
se ha despachado un Bergantín, que ha mirado su salida con tanto odio ese
Gobierno, que ha incurrido en el gravísimo desatino de bloquearnos el Puerto
con dos Lanchas de fuerza para cortarnos toda comunicación marítima y ya ba
para 4 dias que las dos se hallan fondeadas a mas distancia de Tiro de Cañón;
pero deve saber que en Montevideo se miran semejantes bajezas con el despre
cio que corresponde y a que a otra cosa no deven dar lugar.
Nos hallamos sin tener que fumar, y haviendo ocurrido a esa G. tabaco del
Paraguay, se nos ha negado; parece también que por este medio se nos quiere
sitiar y afligir; y si la necesidad nos obliga a pitar Tabaco brasil, entonces será
quando se diga a boca llena los de Montevideo son tal, y tal. Sea todo por
Dios, aquien sinceramente devos pedir todos, nos concibe un Govierno Ilustrado,
recto y justiciero, con la total Tranquilidad y unión fraterna, de los nobles, lea
les y generosos havitantes del Rio de la Plata, y no basta Provincia.

5 - [Oficio de la Junta de Montevideo, al Cabildo de Buenos Aires, en el que pide el apoyo
del Ayuntamiento en su gestión para derribar al virrey Santiago Liniers, sospechoso de infi
dencia. Resume las actuaciones de dicho Virrey, demostrando su parcialidad y su connivencia
con el Imperio francés y adjunta documentos probatorios de sus afirmaciones. Historia los
acontecimientos ocurridos en Montevideo, a raíz de la censura dictada por el Cabildo contra
Liniers por sospechoso; las medidas restrictivas ordenadas por el Virrey; la destitución de
Francisco Xavier de Elío y nombramiento de Ángel de Michelena para Gobernador de la
plaza; la ulterior conmoción popular causada por eses disposiciones y la formación de la
Junta; afirma que el Pueblo resolvió formar la Junta para "ponerse a cubierto de nuevos
insultos" y que un "pueblo tumultuado es semejante al rayo"; destaca la decisión popular
— 149 —

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�tandas hagan combeniente el paso para arreglar las operaciones subersibas de
la campaña. En una palabra es licito acerlo quando la necesidad lo exige, pero
que necesidad habrá de instruir directamente a Napoleón délos acontecimientos
de una guerra ultramarina, quando estaba por medio la Corte de Madrid y era
mas natural que ellas los comunicase a su Aliado, si lo hallase por combeniente?
La necesidad, el motivo es vien claro. El extrangero, E. E., siempre se acuerda
que lo es, y no se aplaude tanto de los servicios que puede acer a su Soberano,
como de pertenecer a la Nación que le dio la Vida. Ellos nos desprecian aun
quando somos el instrumento de sus glorias; pero nosotros no queremos conocer
lo, todo nos parece licito, todo disculpable, y esta docilidad es precisamente la
que nos pierde. Si toleramos el ultrage, sino somos unos celadores severos del
honor de la Nación como podremos conserbar sus respetos? La frialdad conque
han sido mirados los partes en question, prueban con energía quanto ha decaído
en nuestros tiempos el generoso orgullo del Español. Si, el nos inflamara, si el
reynase como en la época de Carlos V., como huvieramos permitido que un
General de España se humillase a otro potentado extrangero hablando con la
espada en la mano, y a la frente de un Exercito vencedor? Para nuestro juicio
dista muy poco de tributar vasallage quien de este modo se somete; o quando
menos juzgamos, que estando establecido y prohivido hacer otros acatamientos
a los Principes déla Tierra que los que ellos permiten se rindan a nuestros
Reyes (como indica un Capitulo déla ordenanza Nabal, hablando de los Saludos
que deven hacerse a las Fortalezas y Buques Extrangeros) y no haviendo jamás
acostumbrado los Generales Franceses dar ni meras noticias de sus Victorias a
nuestra Corte, la oficiosidad del Sor. Liniers es un berdadero delito, sobre ser un
poderoso argumento de su afición del execrable enemigo del nombre Español.
Es abandonado el concepto? delira el Cavildo de Montevideo? no hay mé
rito para una censura tan agria? Todo puede ser; pero también nos engañare
mos en creer que es un delito pedir auxilios a la Francia (inconsulto el Soberano)
pa. la defensa déla Provincia? Este es un echo, cuya prueba insigne nos ministra
la Carta N 12 del f 32, y supuesta su verdad solo quisiéramos que el mismo
Napoleón, ese infame que tuvo osadía para reprender y examinar la conducta
de Nro, Amado Rey y Señor Natural Dn Fernando 7o por haver echo iguales
demandas en circunstancias de no tener otro recurso para desconcertar los pro
yectos de Godoy; que él mismo Napoleón, repetimos fuese el Juez de esta causa,
y la fallase guardando consequencia con sus principios. Pasemos adelante. Oblada
la corona por él Sor. Dn. Carlos 4o, recivió ese Govierno el Rl. Orden consi
guiente para la proclamación del actual Monarca. El Sor. Liniers ordenó desde
luego que se executase el 12 de Agosto último, pero al mismo tiempo se le
presentó un impreso remitido de Cádiz sin carta de dirección ni otro carácter
que el de la Ymprenta que lo dio a luz, y sin más datos cambió tanto sus
ideas que olvidando la eficacia del anterior expreso mandato se abanza a suspeder la Jura del Señor Dn. Fernando 7o hasta recivir ordenes consiguientes al
mismo Impreso. Nosotros declamamos contra este paso, y procuramos hacer vi
sible toda su intención, pero esto no obstante se quiso creer que era inocente, y
dirigido tan solo a disponer con mas desaogo la sumptuosidad y aparato de
aquella solemne función. Asi se dibulgó en los del Brasil, seguramente sin acor
darse que el oficio reserbado N 10, fojas 29, era un documento intachable del
verdadero motivo que causó la detención.
Haora pues preguntamos, si el Virrey creyó lexitima esta causal, como lo
anuncia su oficio, porq' es que la oculta? y sino la creyó lexitima, porque sus
pende la jura? no será temerario conseguir que su Edecán Vandevil le huviese
desde luego prometido (en las cartas que escrivió por la Barca, según parece
de la del referido N 12) esas mismas ordenes, relativas al Impreso que el
Exmo. Sor. Dn. Santiago Liniers esperava recivir. No por esto queremos que la
indiferencia sea cierta; pero es laudable, es inocente, ese miramiento, esa aten
ción, esa conducta siempre devil, y solapada de un Gefe Francés? Digalo el
Pueblo de Buenos Ayres que menos minado quanto es mas Español, procuró
con ruegos y amenazas apresurar el dia de la Proclamación. En estos momentos
arribó a la Capital Mr. de Sasenay, Emisario del Imperio Francés. Los pliegos
que condujo anunciaban que destronado Fernando 7o por la mas inaudita vio
lencia hiva a ocupar el Trono de España un hermano de Napoleón, y el Exmo.
— 151 —

�uamb b apo an aP pBJunjOA bj uoa asBjuoa anb souiBaja o^q 'sojnSas sbui soj
sojBp soun oÍBq ajuauíBspajd 'Bijas 'ojJBnjaap b asBSajj opuBna A 'sojjoso^q bjj
-uoa sapBpijpso ap UBjd |a JBjSajJB BJBd Bq^asap ojubiid Bijpuaj, '(yi *sj uopatuj
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sojqang soj jbuijb BJBd SBpijjam jeuioj ap soíaj 'asjBuSipui ap soíaj 'A^jji^ -jo

�mereció tanto aprecio tanto aprecio la conducta de su explorador, pero conbengamos al menos en que los cálculos serian menos expuestos a la falencia, cuando
eran mas fijos los antecedentes y de cualquiera suposición; y por consiguiente
que seria mas cierta nuestra conquista, o mas difícil nuestra defensa, en un
caso de inbasion: de forma que entonces se habria verificado de un modo el
mas funesto, que los auxilios indirectos del Sor. Liniers eran la causa de nuestra
perdición.
En fuerza de estas combinaciones, y con noticia Segura de los Xefes, que
por los mismos principios agitaban a la Corte de Portugal, tubo este Cavildo
la generosa osadía de censurar judicialmente la conducta del Virrey, llamándole,
no traidor, como creen algunos sino sospechoso como lo es en efecto, y resulta
de los anteriores apuntamientos. Pero su S.E. que vio preparada la tormenta, qui
so compensarla arrancándonos el Governador interino de la plaza a quien juzga
como el único y poderoso agente de la acusación: para esto sin respetar la
voluntad del Monarca, porquien govierna interinamente, le arranco el mando y
le confirió al Capitán de Navio General Juan Ángel Michelena; Intercepto las
comunicaciones de este Puerto con la Capital; Detubo escandalosamente la co
rrespondencia del Publico; se prohivio el Transito a todo pasagero; libro orde
nes anticipadas a los Comandantes, Militares de la Guarnición para que sostu
viesen a todo trance el nuevo Governador nada en fin cambio de cuanto pu
diera hacer este lance mas estrepitoso.
El Pueblo por eso mismo formo ideas equivocadas; conoció la violencia; se
creyó injuriado, y rompió los diques en las moderación. Juró no permitir que
un Gefe extrangero colmase la ruina del mas entusiasmado Español, y para
ponerse a cubierto de nuevos insultos pidió que se erigiese una Junta de Govierno... Que remedio havia sido concederla? Un pueblo tumultuado es semejante
al Rayo, donde halla mayor resistencia, allí es mas poderosa su acción. .. (No
huviera sido peor hacer una oposición inútil, que acceder a un partido que pro
metía en breve restablecer la tranquilidad y el sosiego?
Sin embargo el Exmo. Sor. Virrey parece que a echo un empeño de perder
los. De autoridad propia mando al momento disolver la Junta; a detenido los
oficiales y soldados de la dotación en la Plaza, que se hallaran en esa; ha des
tacado bancos de fuerza que detengan y persigan (como ya lo han executado a
nuestra vista) los que se dirigían al Puerto. Así fomenta el encono, y empeña en
nuevos desbarios a este fidelísimo vecindario. Nadie podrá creerla; el se ve per
fectamente hostilizado.
Los honrados vocales de la Junta de Govierno son intimados de disolverla
bajo graves penas. El Pueblo lo ha entendido y ofrece sacrificarlos en el mo
mento en que obedezcan. Ellos quisieran hacerlo porque no tienen empeño en
lo contrario, pero su seguridad individual corre un riesgo indubitable. Dóciles
pues a la Ley del mas fuerte, se mantendrán velando por el vien de sus conbecinos, mientras las circunstancias no varían; y este sera un delito, que provo
cará todo el enojo del Superior Govierno. De este modo ni ellos, ni nosotros
hallamos un partido que tomar en circunstancia tan peligrosas. El riesgo crece
por momentos; ayer, era un niño, hoy es un gigante. La discordia hace rápidos
progresos: el temor se aumenta: todo por decirlo de una vez acrece la consterna
ción y el dolor inútil de este noble Cuerpo. Nuestros vecinos obserban como
gusto esta disensión domestica, y acaso después de ella aguardan el instante de
perdernos. Nosotros no tenemos aquien volver los ojos si nos abandona B. E.:
B. E. cuyo patriotismo ha savido calmar mayores inquietudes en tiempos mas
adversos, es el único que puede empeñar con buen suceso toda su autoridad y
sus respectos, para que se abandone el Sistema del terror, en tanto al menos
que cesan los primeros terrores de la Pleve.
Juzga Exmo. Sor. Virrey si ha creído que con remedios violentos se curan
las conbulsiones del cuerpo Político. Montevideo odiará más su Govierno a medi
da que activase las providencias. Ya es imposible borrar la desconfianza con
que le mirara: Eternamente le llamaría partidario de la Francia; y la opinión
será un argumento que le confirme en su idea.
Cuanto más justo seria tolerar esa asociación de hombres buenos y pudien
tes que en todo tiempo servirían de freno al mismo Govierno, y no se le criti
caría de precipitado? No se dice que obras de concierto con Portugal, porque
pues se empeña el Virrey en quitarle unos celadores de su manejo? El los pide
— 153 —

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buibjj sbj 'sBuiTjtSaj X SBpBjadsaj sbui SBjunf sbj tu unB anb sojjanbB ap oijbjj
-uod jb Xnra ÍBjSau s^ra BiuranjED bj ap asjBDipuiA BJBd opBj ns b uajsa ajainb X

�Asesor en / tan asombroso evento dar un dictamen ajustado á las Leyes?
¿Donde están las que tocan este caso?
¿Acaso se debería dirigir por una
continuación de principios como sucede en diferencias frecuentes del foro? =i
En estas cierta analogía, ó similitud basta, y aun suele bastar q.e milite la misma
razón para q.e eadem dit jivus dispositio
Pero cual es la analogía del caso
presente con otros_dela ley, ni donde está esa identidad de razón para aplicar
las Leyes?
Sor Gobernador; todo esto es lo q.e trae de arduo el empeño
en que se le pone al Asesor, por razón del objeto
No obstante todo esto,
el Asesor dice, que la Real Provisión debería cumplirse siempre que no peligre
la salud del Pueblo
Con esta espresion lohá dicho todo, y le há costado
revestirse de toda la rigidez de un Catón y de toda la constancia y fortaleza
de un Regulo
Si, leha costado: porque el Asesor cree q.e este temperamen
to acaso irritaría á un Pueblo, que no entiende el dialecto déla razón cuando
esta enfurecido
A un Pueblo que no encuentra medio entre la permanencia
déla Junta y el derramamiento de sangre
A un Pueblo q.e no adopta arbi
trios, q.e puedan hacer fluctuar el amor á su Monarca
A un Pueblo que
se jacta del mas fiel, y q.e jura á gritos llevará a sangre y fuego cuanto se le
oponga —— Si esta se juzga una ecsajeracion hiperbólica, q.e vengan á poner
la ley algunos diputados q.e se abrirán las puertas délos muros
Yó re/ recuerdo [sic] q.e V. S. yá propuso este arbitrio, pero sin embargo se opina q.e el
cañón déla pluma del Asesor seria capaz de oponerse á destruir la fuerza de
este Pueblo
Si asi pudiera ser y si á costa de su vida se restablecieran las
cosas sin perjuicio délos derechos de su Soberano, el Asesor habría acabado sus
dias gloriosamente y no habria sucedido cuando mas otra cosa, que anticipar
por unos momentos un tributo natural y forzoso; pero incierto, que el ecsito no
seria otro, q.e hacer perecer á un Vasallo sin fruto
Después de esto el
Asesor pasa á averiguar si este dictamen será conforme á razón y á las leyes, y
aun no siéndolo, que dicta la prudencia?
No seria pequeño triunfo mover
cuando no se lograra convencerUn brocardico tan antiguo como el mundo,
dice: ad exemplum regis totus componitus orbis
El hombre para hacerse
visible y espectable se propone los dechados mas sublimes, y esta propensión
innata siempre ha sido laudable
El q.e obra al ejemplo del Soberano no
equivoca su conducta, y cuanto es mas exacto, es mas recomendable
De
esta compaginación de uniformes ideas resulta la armonía y el concierto, que
hace un compuesto perfecto
De que se sigue, que habiendo erijido esta
Ciudad una Junta Regis ad exemplum V9 conciliae ad exemplum, su resolución
no debe merecerse el odio délas superioridades del Reyno
Se ha dicho
que no se está en el caso; pero se repone q.e nunca dejamos de estar en la pre
cisión de imitar el Soberano ejemplo, y q.e no es cordura buscar / los remedios
después de vulnerada la causa. Si nuestra Península hubiera prevenido estos
peligros, no hubiera hecho con arroyos de sangre lo que podía hacer con un
plan de operaciones V. S. dice q.e ha visto caer en España los cedros mas encum
brados del Líbano, y q. no es mas fuerte q.e ellas, ni tiene sus virtudes y
méritos: que es hombre y q.e quiere verse rodeado de Varones q.e opongan suvalor y sufirmeza á la humana devilidad
Se acuerda del apotegma del
viejo Sócrates en la primera oración, oradme nicion á Demonico: no des á
nadie en rostro consu miseria, porque en todo domina la fortuna, y nadie sabe
lo que puede sucederle
El Ejemplo de Canarias es otro fundamento que debe suavisar el rigor déla
Real Provisión
Los documentos que ya sehan remitido á la Real Audiencia
demuestran, q.e la creación de una Junta deGobierno se creyó un paso escensial
para uniformar las ideas y sentimientos con la Metrópoli, y juzgaron aquellos
habitantes, q.e no debían aguardar el resultado déla Península para resolverse.
La unidad denuestra Santa Fé Católica, los intereses delEstado han sido los
principales ajentes de su heroica resolución
Aquella Audiencia no menos zelosa del cumplimiento délas Leyes q.e
Pretorial discernió la diferencia de casos, y siendo q.e aquellos no eran aplicables
á la presente Constitución, no solo ha aprobado el proyecto sino q.e dos de sus
ministros son Vocales déla Junta
Quando estas razones sino decisivas á lo menos congruenciables no persuadan
la estavilidad déla Junta creada, hablará el Asesor con el testo acaso único, termi— 155 —

�ua BpBayndas BuoyS ns X 'ojdijDsojd BjBpanb ajqmou ng íoqoíp Bq as 'jaaajad
Q -jopBjsinbuo^aj oyqan^ yap Buinj bj Bp^jajDap b)$j :yBjidB;^ BpBiaB bj uod
ojuaiundujoj un ap opBiaBj^sap Bip ya pSayy ísB)ou)BduioD oipacuaj XBq o^^
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A Dpijadiu) D| aAa¡¡aj ap opuajuod 'SD$a|6u¡ sauoiSDAU) sdj a^UDjnp ojjg ap X sjaiiny 060)4110^
ap U9¡4sa6 D| Djoduio^ 'oapjAa^uoyy ap jopoujaqoB |a Jod oponpo oj ap osua^ap D| auinsD X
oi|g Ja^ADX ODspuDJj ap so| X XajJi/^ |ap sapn^^D so| D4uoj^uo3 *sajiy souang ap sapopuo4nD
sd| ap sopDUDUia so^uaiun^op so| opuo4uauio3 'Jop¡DJ4 ap Dsnso ua¡nb d 'sjaiu¡-| 06D14U09
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SByua sbui oqanuí 'oso^^iyad jas ayans X apand sajjBd SBpoj ua ¡s '(apBUB) y^na
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-yanA buiixbui buisiut Bq¿Bip yap SBijBuipjOBJjxa sBpuBjsunojio SByua opBjyns
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�sombras de una famosa calumnia. El poder y la lisonja han estrechado sus anti
guos vínculos para consumar esta maldad. Aquel destruye nuestro comercio, devilita nuestra fuerza armada, conmina nuestros Xefes, fomenta traiciones al tiem
po mismo que la adulación grita contra nosotros; nos llama insurgentes, fanáticos,
temerarios, viles, infieles, y despreciables... Y que recurso nos queda? Someter
nos? Sufrir ese tropel de insultos? Callar? Compatriotas eso no, Vosotros sois
valientes; digalo el mismo aquien nuestro esfuerzo sacó del seno déla obscuridad,
con los créditos de Guerrero, que nunca mereciera si el arrojo del Montevideano
no le obligara pelear. Poséis, por fortuna una Plaza, un Puerto ventajoso; os
manda un Español, tenéis tropa, os sobra entusiasmo, sois vasallos de Fernando,
en una palabra; nada hay que temer; si os atacan, os defenderéis. Dejar que el
egoísmo desfogue su rabia combinando planes, para hacer la guerra a un Pueblo
hermano, por sostener en la silla al Amigo de Napoleón; Dejadlos emprender;
que al pie de nuestros muros su herror será desecho, como la nube a la presencia
del sol. No os acongojéis, todo está prevenido: el actual Govierno a todo atien
de con la actividad que lo caracteriza. Nose perdonara arbitrios pa. repeler aque
lla agresión injusta; pero adbertid que por ahora solo combiene tomar medidas
de seguridad, y sufrir up tanto los excesos de nuestro opresor, para que sus mis
mos extrabios colmen la juzticia de nuestra defensa y acaso saturada la medida
que el cielo ha puesto de sus delitos, caiga sobre él y sus seqüaces, el castigo
que tienen merecido.
Entre tanto, a fin de que el error y la seducción no acaven de prostituirlo
todo, yo sin otro apoyo que mi buen deseo, tomaré el cuidado de orar vuestra
causa delante délos Pueblos que nos rodean. Ablaré el idioma déla verdad, y re
futaré con solidez las miserables producciones s hombres postituidos, aquienes
el Xefe a confiado su justificación. Mis ofertas no son bañas; vuestro soy y de
la Patria. No temo el ceño de los tiranos: Siempre que la necesidad lo exiga,
ohiran ellos de mi, lo que todos saben; pero lo dicen pocos porque el pavor
les sella los lavios.
Entremos en Materia.

CONTEXTACION
De todo hay en el Mundo: hombres que sin tomar las armas en la mano
hacen heridas profundas a su Patria; hombres discolos, perversos; diremoslo de
una vez, embidiosos de la prosperidad ajena, y enemigos del vien de sus ciuda
dano. Con verdad, esta es una plaga cruel cuyos estragos no hay lagrimas que
basten a llorarlos. Pero, ojala que la misma humanidad no estubiese sugeta
al rigor de otros males! Seria un consuelo, si, quando alo menos viésemos ester
minado ese monstruo tétrico y furibundo que hemos conbenido en llamar lison
ja. Que diferente seria el aspecto del uniberso si su cetro de hierro no se hubiera
extendido por toda la redondez de la Tierra!
Huiría de los Palacios el Crimen; la abominación no seria el carácter de los
Gavinetes; resplandecerían los Tronos con la luz de la justicia; los Principes no
bajarían al sepulcro cubiertos de su propia ignominia; España no fuera victima
de sus malvados Ministros; Buenos Ayres mismo, no seria forzado a autorizar con
su silencio los excesos de un Xefe iniquo, y componer elogios a sus delitos. Esto
no se ha dicho para tirarun paralelo entre las consecuencias funestas de aquellos
vicios. Por ventura, nuestra defensa puede necesitarlo? De ningún modo. Monte
video abrigara sin duda dentro de sus muros algún detractor infame, algún emu
lo de las glorias de Liniers, algún enemigo de la tranquilidad publica, pero es
una ligereza atribuirle el principio de los debates del día. Lejos de nosotros este
zangaño detestable: el no tomará la menor parte en una qüestion que ha movido
únicamente la Justicia, la fidelidad y el Patriotismo.
Muí por el contrario, (este es el objeto de la presente declamación) si la
lisonja no fuera tan fecunda en recursos, como lo denota el reciente parto de los
Gemelos que se ha dado a luz en la Capital: si su descaro no tocara en lo infini
to; si su ocupación no fuera exigir monumentos al crimen Liniers en el seño
de Buenos Ayres hubiera hallado dos Panegiristas? Su infidencia seria disculpa
da, donde este mas conocida? No compatriotas, hagamos justicia a la ilustración
y virtudes de nuestros hermanos: ellos conocen que la circular del 17 de Agosto
— 157 —

�— 8^I —
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-sayqBjsajap uej sbiuisbui SBun ap BjapBpjaA uopBAOJdB can jod oa
'ojpBj oiuaiuipuasuoa un jod ou 'BijBdB adJO) Bun jod ou 'uopEjapora ap o^aaja
jod spjBjjBD anb sa p^pja^ 'jouopund ojjsanA opuaq usq ou ^ pp BraBjaojj
BI ^ ¿I PP JBjnajp bj anb oqaip Bq as opu^nb oiabj^b jo/Íbui p opujns spqy
'ojJBpnp apand aipBU 'sapij sios íaÍBjjBSBA opBjpuaaB BjjsanA ap sBaoqinba BpBU
s^qanjd souiauaj sapnjJiA SBJjsanA souiaaouoa sojjosou 'o^j ¿opBjnSp oqaa un ap
'uopisodns Bun ap 'sisajodi Bun ap BSBd ojsa anb sBjoujBduioa siaaja oja^
•sojuesojdbs sojaíqo sajx sojsa ap bijojíí bj
A 'jouoq ja sosají jauajuEui jod BpBdsa bj uojBUiBqraasap 'euje^ ns ap sajuBUiB
A uoi^ijag ns ap saJopBjauaA Xag ns b sajaij anb sBjjuaicu opBjiui Bq soj anb
-uoa pBpuBuuaq ap sauopBjaj sbj sojja ua BjjBq ou oappajuoj^ ^^^ souiBjBjaap
BJoqB apsap 'jn jap Baijauíy bj ap sajuBjiABq soj ap oíoua ja oj&gt;oj 'ouoaua ja
opoi 'jojn^ ja opoj Bjiauoa ou ojsa is ÍEpEujnsuoa uopiBJX ^un sa ou ojsa i
•uoajod
-B^^ oujsiui jap jBjnapjBd bjjbd oíbjj aj souiaqBs opijo ap soSaijg soj ap sbui b
:ejo^[ *jopBÍBqtu&gt;j jap sbotjou sbj b ajuainSisuoa asanj ou anb JBjadsa BjAap BpBU
'ijodojjaj^ bj ap sosaans sojap jopaq^s anb ojsand 'sajawBnbsojjsanA sajjijqB ua
opiuajap BjaiAnq as ou ^p~^ ja 'sojkjui sopoj aQ ¿uoajodB^^ b soptpuaA o ^Xag
ns b sajaij is rojaunid oj opuaip^auoa ^. ¿sEsaauBj^ o SBjouBdsg ZBdoJx UBja is
jbSbput ap ojuauioui ja ajsa Bijas j *jopuB3 jap sosnBjdB soj ajjua seáej^ sbjj
-sanA UBijBsid sopBAjBra so^ :ojjiaid3j b ojsandsip siBjjBjsa anbjod soujiub sojj
-sanA ua uoisajduii BijBq ou adjoS ajsg -sjaiui^ jod sopipad soxjixnB soj opuaia
-npuoa 'Aoqtuoa un sojjan^ sojjsanA b BqujB anb 'ajUEjsui un Jod pauodn^
'suojaajBg A pijpEj^ ap bj uoa ajjans BJjsanA jBUBuuaq BjBd SBjouBdsg
SBdojx uojaipid as 'ojjiaap osiaajd sgj *oubjix jap sbuiijoia siasanj o ÍBsajdaos ap
adjo^ un jod sopBziABjasa siasanj 'bzueijuod bj ua sopEgjEjajE anbBjBd ozjanjsa
ojjsanA.ap jopBJiuipB un ouioa 'opBijB un ouioa upajodBj^ b ojuid so as :BinbjBU
-oj^ bj ap ajuBjiaBq op^jsa ja oiauajis ua oíap a 'SBqaipsap SBjjsanu uojEjjnoo
so as íoJ^ijad jap bioubjou^i bj ua jaaauuopB BqBjnxud as 'souBuuaq sopuanb
'is :sBjoiJ}Bduioa 'i ^aroBjut ubj oSn^ un b ziAja^) bj jBjqop uBjaismb ou anb
sojqang soj Bjjuoa JBjado Búas ojaíqo o^na SBzjanj SEun 'sajouBdsg ap aiquiou
ja oÍBq jajaui 'EDijauíy bj ap uopipjad bj ajqBjiAaui jaaBq BjBd A 'sajodB^^ ap
Áag o\ asof b opsjuoD ua asjajauíos anb uBiuodojd as souaui BpBU soueuoiddbj
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'ja jod sopianpuoa soSaijd soj anb jeSsu Buanb as opuBnb 'opoj ap ajjauod
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-nao Jas b Eqi sauoqjog soj ap ouojx J^ ^nb biabs ojs^ ¿saÁa^ sojjsanu ap uoisiJd
bj BqBjsuoa aj o^^ ¿sauoiDBumbBra sns ap JopaqBS Bja ou sjaiui^ 'jopBdjnsn jap
ojo ja jod sopBUBi? 'sajopiBjx ap oiiajaxg anb ssra u^ijas ou aiuauíjuoa ojjsanu
jBsid b uasB^ajj opuEnb 'sBjouBdsg anbunB 'SBdojx SBsa anb opuBpiAjo bz^abd ns
b Bijpuod ^s Á33jj\ ja A 'sojjyqiaaj BiJdAap sajXy souang •jouBds^ ojuauíEuijE A
SBdojx o^ uasapsisuoa anb soijixnB soj sopo} osojsn^ bijiaid^j anb JopBJadrag ns^
b BqBrajojuí 'BiauíAOj^ Bjap ^px ^bjS ja 'orai}jn jo^ ^sojisiuij^ sns BJBd san
-oiaBpuaraoaaj ubabp aj as A jaij oSrray ui^uBSjag ja ajjauodsip BABpuBra saj as
opijo aQ -oapiAaiuojv 3P saJBjnaijjBd A oujaiAO^) jb a}ija}B ajsa opEpuaraoaaj
Bja ojja BJBd íiusuEg -jjv sp uoisira Bjap sBjjnsaj sbj ap A 'sauoiuido sns ap
'EiauíAOJfj bj ap opEjsa jap odraai} ap ^pipjad uis oísandrai jas b Bqtq uoajodBj^^
:araBjui sbto uoidibjj bj jauodsip b Bqszadraa as opora a^sa bq *opi}jBd oj^sanu
souiaJBino} saauojua 'BpBSn^qns sa is íso^ns soraajas 'aauaA Bjja is •BUBdsg bj
opBuadraa Bq as anbua b}u3ijSubs Bqanj bj ap ajuEjunuí bSjbs anb jb uozbjod
ap A opuEujaj b bdoa ap soraajnf íuoisa^ng ap Bjjan^ bj ua sajosaaaiuB soj}
-sanu uojaiaiq oraoa 'Bjndsip bj ua ajJEd soraarao} ojq; fsouJipiaap BJBd uoajodB^^
ap soiaaÁojd soj uauai} soutuuai anb soraBaA ÍEjnsuiua^ bj ap auans bj uafij
SBrajB sbj anb b oíip sajas 'somajadsa :sa}UB}iABq sajaij sns b osojuoq jas apand
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•sojnoouos ti9ta saxotnv sns oijbj^uo^
ua UBaaoA ojuBnb ap JBsadB ^sajqBdjnasipui uos '^j jap BuiBj^ojd bj A orapjn

�vacilante y complicado de las cosas? Complicado y vacilante quando era indu
dable la prisión del noble y Joven Monarca? Complicado y vacilante cuando se
savia que la casa de Borbon havia acavado de reinar en España? Complicado y
vacilante quando 180 ^ hombres inundaban la Península, sin otro obgeto que
sostener a todo trance los proyectos del Tirano? A vosotros raza iniqua para
vosotros hombres despreciables, para vosotros que no conocéis otro Dios que
vuestra fortuna, era con efecto a aquel estado complicado y vacilante. Para el
buen Español, para los Pueblos que todo expusieron solo por conserbar estos
dominios a su Monarca, para los que sufrieron un asalto sangriento, para los
que regaron con su sangre el 12 de Agosto las calles de Buenos Ayres. Para los
héroes inmortales que el 5 de Julio entre el horror del plomo y de la Espada
daban el último aliento inbocando a su Dios y a Carlos, para estos nohera vaci
lante, para estos la resolución estaba echa; pelear, morir, declarar la guerra,
proclamar a Fernando, publicar las infamias de Napoleón, prevenirse contra sus
asechanzas, y inspirar a su familias del odio contra ese tirano, trasmitir a todos
los sentimientos de una cruel venganza; esto era lo que devia hacerse sin trepi
dar, sin trepidar un instrante. Pero vosotros deslumhrados con la esperanza de
contraer nuevos grados de valimiento con nuestra esclavitud, mandasteis suspen
der el solemne juramento prestando el deseo que nunca tuvisteis de disponer
aquella función con mas aparato (va agregado al fin el oficio que da mas luz
sobre esta materia).
No negaremos que la circular, y el manifiesto fueron meditados por Dn.
S. Liniers, la Rl. Audiencia, y el Exmo. Cavildo, pero que importa? podrá esto
rebajar un tanto el mérito de nuestra censura? Liniers no es un voto en la ma
teria: La Rl. Audiencia ha dado buenas pruebas de lo que es, de lo que ha
sido, y será siempre, desde el año de 1806: el Exmo. Cavildo savemos de positi
vo que fuá victima de su credulidad, y que oprimido por una incompetencia
incontrastable, no podia abenturarse a su oposición sin exponerse a innumerables
desaires. Tampoco los savios pudieron admirar otra cosa en ambos papeles sino
la politica versátil de un Tribunal corrompido; la audacia de un Xefe ganado;
y el carácter noble de vuestros hermanos. Por lo demás ya hemos dicho que la
incertidumbre, las dudas, la confusión, devieron cesar después del arribo de Mr.
Sansney a Bs. Ayres.
En razón de todo dijo divinamente el Sor. Dn. Xavier de Elio Governador
de Montevideo: que si don Santiago creia que para tomar su partido devia espe
rar el esito de los sucesos de España, el era de muy distinto parecer: y es una
bajeza, o mas bien una puerilidad, digna de risa la critica de estas expresiones,
en que se ven derramadas las efusiones de un verdadero vasallo, como opuestas
a las leyes civiles y Militares porque en asuntos que tocan directamente a la fide
lidad, un acatamiento es muy disculpable y aun es preciso disculparse con vehe
mencia si el negocio apura tanto que se tema el funesto pensar de las autorida
des o el deseo de complicar a un hombre de honor en el crimen tan execrable,.
Tal Nro. caso.
Lo mismo decimos a la acusación de ingrato, enq'. desde luego huviera incu
rrido si por guardar consideraciones a un Francés complotado con sus hermanos,
no huviese abrazado con energía la causa de Fernando. Fuera de esto es un herror grosero persuadirse q' Elio deva el grado de Brigadier a otro que a su
mérito contrahido en la defensa de Buenos Ayres. Apelamos sobre esto a la
imparcialidad del Exmo. Señor Cavildo, jentes y tropas que desde la noche del 2
Trabajaron en prevenirse para recivir al enemigo, campado ya en los mismos arra
bales de aquella ciudad. Mas adelante daremos sobre este punto mas pinceladas.
Haora queremos instruir a nuestros lectores de la falsedad remarcable en
que han incurrido los Gemelos quando afirman que el arribo dle Señor Goyeneche y nociones consiguientes del estado de la Metrópoli, decidieron al Governa
dor de Montevideo, por el partido Victorioso: Que almas tan bajas! Todo lo
trastornan, todo lo sacrifican a sus empeños particulares! Buenos Ayres y la
Provincia enterano saben que nuestro Rey y Señor Dn. Fernando 7* fue procla
mado en Montevideo el día 12 de Agosto y que el Sor. Goyeneche arribó a nues
tra Bahía el 19? No save que a esta ha ya Liniers havia entregado la carta man
dando suspender la Jura y Elio descubierto su pausible modo de pensar con la
desobediencia a este mandato? Ipocritas, vosotros os burláis del Pueblo sensato
— 159 —

�— 091 —
•oajBqraasap ya aAap as oidia
-utjd ajsa b :uaaBq oy opoj aAajq ua 'opurasBismua X oSiure agEUEsred un 'Bjyansaj
Bdojj Bufy "opoui ojjo ap JBjado BABÍap oy ou odmaij ya anbjod ouis 'opBpjoaB
uByd un ap Bzjany ua X uoisiAajd jod ou 'sBqauo^ SBy ap ojjang yB oiSuip
as 'opoj oyopuBjnauaqB 'odraan oqanra jod 'ajuBypBq A ojjapui anb A 'BSiraaua
jod oaijj By 'bjsia Buanq ap ajuajy Bp^apuoj ppauEtuB anb SBjauouB^ ap uoisiAip
Bun anb 'jpap BjBjsBq 'sayyBiap soíiyojd ua soujauajap ou bjb^j *opBsid Bjaiqnq
By Baunu anb yanbB anb ByyupBnbsa By ap sbui jaqBS uis anbng ns ap opjoq b
oyos 9ja as ajuain^is bububui By b 'ajjB ya A 'Bpuapanjd By UBÍasuoaB anb sapBpiy
-buijoj SByyanbB uojBpjBnSB as iu 'uoiunqaj ap ajuajj un oía as ou oraoa 'Bjojjap
By oíij as ou oraoa ojad 'Bsomsaduiaj aqaou Bun ap p^ppnaso By opuBqaaAOJdB
sajXy souang BjBd ByaA By JBp opyosaj SBdojj sByap opBjsui jyyB :sBqajBUJ s^y
jifrjip BjBd BjsBq Bppadrai ns 'os^d ya ua opBjipajaB uaiA opuBÍap Biuoyoa By b
pqpjB (BpBuwy A ojpjaíg ya uoisajdxa Bjsa ua sotuapuajduKT)) VJLOM :sajquioq
sbuj X yiui uoa ynbB ap oqajBiu :sajXy souang b jB^sinbuoaaj Biqap anbv uos
-iaipadxa By Bisandsip aiuauíBjaiua oyyB apuop 'ojuijsui jod ouioa 'BpuBq Bjsa b
osBd 'yBjidB^ By opipjad ap sadsap 'otg yap Bp^uasug By ap ojjang ya japuayap
b opBuijsaQ 'BpBSBijquia Bunjjoj Bun ap soj^ejiui soy o 'osbdb yap soiSipojd
soy asjijqnasap b inbB uBzaiduia sa pisa íojuaiuipapusj^ua ns ap SBip soy ubz
•aidma inby '9081 aP ÍInf 3P íZ PP sajuB saaiuig Bja ojsa 'ojipaja uis jBjiyij^
un íojnaso ajquioq un íyBnSí uis opBJpuoyojB un íopipjnjB saauBjj un íupis
-ayojd ap JopE^nf un fopBuinsuoa BjsipuEqEJjuoa un ÍSEypjsEd ap BaijqBj Bjjap
ap jojaajip opunifos un :pBpXauopi ns b sayqBJOABj oaod sauuojuí jod oaijdb
opiAjas yap opBJBdas 'odjan^ ns ua opBnjdaauoDsap oiabu ap uBjidB^ upy
•soj^Bxa sojuaiiuiaouoa soy X 'sojnSas uos sojBp soy BDoda Bjsa apsap ojad ísajXy
souang ua oppouoo jas ap sajuB BpiA ns ap Bijojsiq By oíiy ojund b souiaqBs
M 'PBPJ3A ^\ 3P sayaouid soy uoa opBjBjjaj 'sjaiui^ oSbijub -uq ap ojpBnb
un sayjBjuasajd b soiuaAajjB sou sayBnSí sbuijb uoa opuBayad Bsuajap yBjnjBU
BJjsanu ap opuBsnq is soujBynuiisip sopiAjas uBjas sBjoijjBduioa sojjsanu 'soui
-Bjsajap anb ^px PP pSoyods By jaaBq ua aj'uiBpnuaui uauaijap as sauot^vqj^s
-qo SBjjsanA ojuEnb jod sapspiyBuosjad SBSOipo b soujaBJjuoa ap pBpisaaau By ua
auod soy as anb ojsand 'X :opBSajSB Bq anb z óu oíaiyo yB souiijiuiaj sou 'VJLOM
'SBjaBxa sauoiaBuiquioa X sojjaa ua asBpun^ :sapBpiyiqBqojd X SBJiu^^uoa ua Bp
-uny as ou 'jBjpuoyojB ap opeaede u^q sosuaiaui sojjsanA uainbB 'sapBpiuSip SBsa
BJjuoa sauoiaBjuasajdaj sns ua oqaip b *^) -\ *j^ p coa opjanaB ap 'ouisira ya oj
-UBn^) -sapBpyBui SBJjsanA ojsajap anbuoa BiSjaua By ap oaijuajnB oiuouiijsaj un X
'p^piAOJd ns ap ayqiauaqui ojuaumSjB un 'BXns 'ajuiBu^ip Bjqo Bun sa [••'] yap
p^pnp By b 'oapiAajuoy^ ap jopBujaAO) yap uoiaBjsajuoa By ojad ÍBpnp Bpoj ap
Bjany uauod soidaauoa sojsg *ajBjBdsip un opBiaunuojd siaABq otnsiui oy BjBd X
'is anb Jiaap siaAap sojjoso^ ¿sopBjsg sns opuaipBqui 'ajsa b BJjan^ By uaiquiBj
BiJBq 'opuBujaj ap soqaajap soy jaaayqEjsaj jod yBjidB^ By BjaipBquii yaij oyqang
ap Xa^ b oapiAajuoy^ X 'sy psof b JBuojoa opBjSoy siasaiAnq sojjosoa i ¿BUBdsg
b ByasopuaiaBq 'ouBjaqo^ yB BJjan^ By UBiJBq 'ByjB^zníos Bjaisinb opuBUjag X
'opuBujaj Bjjuoa BjByaqaj as BUBdsg i "SBjqByBd s^y tb '-pBpisjaAip bjjo uis 'Bsoa
buisiui Bun uBjnSij upianjijsuoa By ua BUBdsg X 'Xag ya anb X ;ouBjaqo ns b
anb 'BUBdsg b BjjanS By jBjByaap ouisiinoy sa anb oqaip siaABq sand opBjS oiuns
ua sajusjouSí uaiquiBj sios 'oyos ojsa sa ou ojag 'sayq^pajdsap X sayiA sios anb
opuBsajuoa sauoiuido ap siapnuí anb SBjjuaiui 'ajjanuí ap souiajin9asjad so anb
sajuBSi^) soy sojjosou íapuBjS Baoda Bjsa ap soauíSig soy siajas sojjoso^y *soSByB
soy ua ojyanqug ouauaA ns JBuiBjjap EjEd ozB^aj ya ua Basojua as anb ajuaid
-ja By ap ouioa 'Byya BjByqmaj sojjosoa aQ •pup^s'^ 9^p 9%¿9tts p^ sowa¿94o3 'jpap
b uojaiqajjB as 'opuBujaj aziyayui yB SBuapBD ap opbSjbd opuaiA anb soy b oía
-ojdo oujaja ap uBjiqjas sajuBÍaiuas sosbd ua Bzajajua bXiid 'upiDB^^ By ap saojaq
sojjo X 'Bqyy ap sanbnQ soy ap 'saji soy ap oyyní^^o ayqou ya opBjBjjaj 3a yBiajBd
-raí ajqraoq ya apuop asBjj Bun b bidubSojjb Bynoipij JBra^yy siapod sojjosoa oyo
¿pBpinbiui Bjjsanu X pnjJiA ns ajjua ajSBjjuoa ya oaia sbto jas BjBd "soj'raijuas
sns ap opuoy ya opoj jBsajdsa ajainb anb buijb Bun ap sopBsn uaiA sayoqjadi
soy 'BijajuBpad ayqBjjodosui Bun oraoa jBziynaipiJ BJBd ajuajy siauaj uny ¿soiabjj
•sa sojjsanA ap ounjjodrai o^ijsaj un asany ou anbjod jBuirajajxa opijanb siaABq
uainbB youBdsg un ap sajuBrasBisnjua X sayqou 'sarajij sosBd soy uoa 'ayqisuajdaj X
yiAap Bjanpuoa BjjsanA ojajoa ua jauod BjBd BipBso siauaj 01003 ¡Bqanasa so anb

�Sin embargo los militares huvieron admirado la impavidez con que Dn. San
tiago se entretenía en componerse su gorro blanco, y hablar de cosas indiferen
tes con sus amigos, en tanto que el infeliz penetrado del agua y del frió, se
vehia abandonado a si mismo, y sin mas recursos que sus brazos para desembarcar
el petate, proporcionarse algún alimento, y pensar en defenderse si el enemigo
por desgracia huviera resuelta atacarlos antes de emprender la primera marcha.
Con efectos no havia remedio pues ni una pequeña guardia se huviera
aportado en tal qual distancia del Puerto, si el Ayudante D, Juan José Biamonte
escandalizado de aquel desorden, no huviese por si mismo tomado una medida
necesaria. Yo no se si seré creido, pero es un echo que en aquel momento no
se guardava otra regla que hacer cada uno lo que se le antojaba: Aqui se vehia
un Soldado secando la ropa, otro alia que disparaba el arma, otro que hiba alia
a la Choza a tomar un mate, otro que con mil trabajos atrabsaba un pantano,
otro que estaba a bordo de la Lancha, porque no hallaba arbitrio para desem
barcarse; todo en fin era una confusión, todo un caos, en el qual huviera sido
fácil quedar sepultados si cien hombres huvieran atacado a Nro. Exercito solo a
la Bayoneta o la espada. Al fin el todo Poderoso, cuya voluntad irresistible
dispone los Sucesos y las cosas del modo mas conforme a sus altos designios qui
so por su misericordia salvar a Nros. guerreros de este conflicto. Al otro dia
campamos en Sn. Isidro, y como no se havian tomado providencias para tener
un acopia de víveres, a poco que la lluvia hizo intransitables los campos, cada
hombre se vio precisado a implorar la misericordia en el vecindario, o sacrificar
su dinero para facilitarse una ración de hambre: Solo el entusiasmo de nuestras
tropas pudo tolerar tanto, y continuar su marcha venciendo a cada paso mayo
res obstáculos, hasta ponerse sobre los Corrales de Miserere, arrabal de Buenos
Ayres. Desde allí la guarnición Inglesa fue intimada, pero viendo que este paso
no ofrecía esperanza en negociaciones, es constante que dio la orden de retroce
der hacia el parage donde está situado el Combento déla Recolección y que
huvieramos dado este paso vergonzoso al frente del enemigo, si el mismo Ayu
dante Biamonte no instara para atacar al retiro, donde nos alojamos esa misma
noche después de haber ganado una victoria, aunque pequeña muy importante.
En esta posición era ya indispensable atacar la Ciudad y Dn. Santiago
que la conocia, resolvió hacer un movimiento combinado con las fuerzas del
Mar, disponiendo que entre tanto estos batían la Fortaleza y despejavan las
Calles, nuestra Infantería desalojase al enemigo de todos los puntos que ocupaba.
. En tanto pues que se esperaba un viento favorable para la Escuadrilla, sucedió
que un trozo de Miñones se empeñase tan deveras en una guerrilla que batiendo
una guardia considerable, le ganase también el Cañón enfilado a la calle de la
Catedral. Este golpe asombroso, produjo tan singular alarma, q' el exercito acam
pado en el Retiro sin esperar ordenes ni escuchar otra voz que la de su aliento,
pidió a voces la vatalla, y antes que se le concediera que la havia emprendido
difundiéndose en desorden por todas las calles. El Torrente era tan impetuoso
que a no estar clavado de firme al Cavallo de Dn. Santiago necesariamente le
huviera llevado consigo: y bease aqui toda la parte que tubo en el comvate. En
tró en la ciudad como uno de tantos cada hombre hizo más de lo que devia
y el qd2 más fue un testigo de sus hazañas. Apeló a sus Ayudantes y a la oficia
lidad para comprobar este echo; y si alguno de ellos dijese que salieron ordenes
que se dispusieron ataques; que en lo natural se deve a otro principio la retoma
de Buenos Ayres que a el entusiasmo del soldado, con gusto pasara la nota del
[] mas calificado. Tomando aqui las voces de un gracioso Militar, tubo
tanta parte como el Cid Campeador quando después de muerto lo sacaron a
cavallo y se ganó la vatalla. Si los Gemelos pudieran hablar en este asunto con
la propiedad que aquellos que han tenido en el una interbencion inmediata, se
abochornaran de haber dicho, "que el garante de la felicidad y la gloria de la
Nación, fue el General Liniers; y su denuedo y constancia afirmaron la domi
nación sacándonos del grado de impotencia y nulidad a q' haviamos llegado".
Ha sido prudencia pasar en blanco los sucesos del 5 de Julio, porque su deidad
en esta época descubrió todo lo que tenia desmentida, y se dejó ver a los ojos
de Sesenta mil havitantes, con los trages de su condición miserable.
Con efecto, el abandono en que dejó la Plaza, su vergonzosa huida su
Carta al Exmo. Señor Cavildo, enque dándolo todo por perdido, se lisonjeaba
— 161 —

�— 291 —
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ap opspina ubjS ja 'z j^p aqaou bj bjjoj ua joABd n -sajiy souang ap oujaja
jopBjsinbuoaag ja jas BJBd BiauapiAOjg Bjap sojajaap soj ua opBuijsap JBjsa ap

�cidos a costas del soldado y punible disimulo del Virrey veréis los otros llenos
de honores; los otros llenos de aplausos; todos soberbios, todos engrehidos, y
hasta los traidores como Guayt, Nan, González, Onet, Lima &amp; &amp;a. los veréis
respetados del sufrido Español, cuya Patria impunemente han agraviado. Final
mente, hemos olvidado que la escandalosa capitulación del General Beresford, y
los tristes resultados que ella produjo a la provincia, y a el honor de la Nación
entera, que tiene un interés en el mejor cumplimiento de semejantes actos?
Las impresiones de esta intriga son muy profundas para olvidadas: Liniers jamás
se ha sinceradode ella, y mientras no lo haga, nosotros somos autorizados para
echarcela en cara. No se ha sincerado, dise, porque su contestación al General
enemigo lejos de justificarle, es la prueva mas insigne de lo que hemos repetido
tantas veces, asaver; que es una maquina, o es un malvado. Un malvado, si, sus
esculpaciones son como dijo Berresford, un catalogo de embustes mal combina
dos: una maquina, si, son sinceras, pues á nadie le ocurre que una Capitulación
dado con el objeto de cubrir las operaciones del enemigo pudiese pasar de acto
particular y pribado. Berresford devia presentarla en consejo de guerra; en con
cejo de via publicarla para satisfacer a la Nación; y la Nación reclamar su
cumplimiento, como lo ha echo después con la mejor eficacia. Mas la oficialidad
del 71 no darian en rostro a Berresford con su silencio, si huviera llegado a
retirarse de Buenos Ayres sin pedir el reembarco de sus tropas, conforme a lo
estipulado? Aquien pues, sino al Exmo. Sor. Dn. Santiago, pudiera ocurrir que
sus conbenios quedarían sepultados en lo secretos de una confianzza? Fuera de
esto era el acaso arbitro para usar de esta condescendencia en materias tan deli
cadas? Asi podia el defraudar al Español de las glorias que conseguían sus ar
mas, rindiendo a discresion a los Conquistadores de Buenos Ayres, solo un des
pota podrá creer otro tanto? Aquel que no lo sea, dirá con nosotros, que el
Xefe de la Provincia, por este solo echo vien encaminado, devio perder la cabeza
en un cadalso.
No se presentan al pie de esta pintura los Camilos, los Poosiones, los Aristides&amp;a.; pero si se agolpan los Forses, los Godoys, los Espeletas, los Solanos, los
Cagigales y otros que a proporción que fueron favorecidos de la Madre España,
se empeñaron en perseguirla hasta esclavizarla, porque el hombre ingrato solo
respeta la mano que le ampara cuando ve el cuchillo a la garganta.
Decid GEMELOS, estos hombres no se hallaban en un predicamento mas
elevado que nuestro Aquiles? No hacían un papel incomparablemente mas bri
llante, que el de un Virrey de Buenos Ayres?.. . Pues con todo, ellos prevarica
ron y han sido victimas de su ambición desmesurada.
Yo os hablo con los exemplos, porque os creo incapaces de ponderar la fuer
za de unos conceptos morales; pero si por fortuna os hallareis en este caso, os diria q' el hombre criado para gozar un Ente infinito, no puede este obrar en sus
criaturas un objeto que le barie.
Vosotros ponderáis la moderación de Liniers, y nosotros creemos que quanto
habéis dicho en orden al Presidente de Charcas.&amp;a., sea una verdad incontestable,
pero os falta provar, que Liniers sometiendo a Pizarro, a Aviles, o vien renun
ciando al Virreynato, no huso de aquella ipocresia tan frecuente en los hombre
que hacen alarde de poseer el maquiabelismo y la superchería en alto grado. Asi
como vosotros que para ensalzar al Extrangero que os manda, no haveis trepidado
en rebajar el concepto de todos nuestros Generales, postergándolos a los de otras
Naciones que han servido en nuestros Exercitos mas para engrandecerse a si mis
mos y a su Patria, que al infeliz Español que los alimentaba. Vuestra opinión no
es nueva en España; en el Siglo de su decadencia empezó a generalizarse y no ha
servido de poco en el dia, para apresurar su caída. Quienes pensáis que han
abrazado el partido de la Francia, sino aquellos que como los Gemelosaprecian
mas un extrangero perfumado, que un español rancio? Quienes los que han le
vantado los brazos al cielo al ver la Patria en peligro de ser subyugada, sino los
que como vosotros están mas de un siglo, clamando por mudar de dueño, y ser
esclavos de una potencia extraña? Temblad infames, que el parangón formado
entre los Generales extrangeros, y los de España, tal vez algún dia os saldrá a la
caza: yo os daré en rostro con el, y un Tribunal mas justo que el que nos llama
insurgentes, decidirá si soy vosotros vasallos de Fernando.
Mienten vuestras lenguas, y os hacéis reos del mayor delito en persuadir al
— 163 —

�asjBiuijiSaj apand ojos uoianjoqaj BUBjjxa ubj anb oqaip b ouuSjb anbunB ^
•ojqan^ jap bj anb pBpuojnB
sbcd opiuaqjajuí Bi^eq ojja uaanbuis 's^ujajjBqns sbjjo ap uoiaaaja bj aa oijuisuoa
Bjsa A Buiajdng Bjunf buti 'bjjijsb^ ap oíasuoa ubjS jap SBuinj sbj ajqos ojusqaj
'SBnSijuB saAaj sbj b uoiaBjapisuoa jouaui bj jvpiutiS uis Bjnsuiua^ bj ojsa jod
anb BinbjBuoj\[ bj ap jajaBj^a ja UBazajqBjzaJ sbuijb sbj anb ojubj BjsBq BjapBjnp
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SBAanu 'sapBpuojnB SBAanu JBaja opnd 'oaijijod jas ns ap ajuBjsui jauíud ja ua
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-an^ jb uojaijjaqojjaj ajuBuAaj bsb^) bj BpBUOjjsap anb sounqaauoa sojjosojsj
•Epepunj naiA A Btuijixaj seui bj eos pBpuojnB ns anb ap JBsadB ÍBJBq oj
'i "SBpuBuiap SBpBjaj^aj SBJjsanu b auuojuoa BpaaojdpBpuouadns bj opuBnb
opuBin ja ua Jiisixa ap ejeíaQ -opuBui ja jod opBuoiaiquiB ou oujaiAO^ oa
-anu j^ ¿ofvavov vjas opot A ^^o^pp^Po vun ap oíijps p oiqan¿ pa pauo4 'pppixnS
-as Pxjsanu saupt}UP¿p2 'Bjunf bj oqaip Bq saaaA SBjuBn) ¿sajBjndod sauoraouiuoa
uis BsnBa Bjsa ap UBazouoa anb sopEjndiQ BpuBiu ou Biauapipny *j^j Bjanbjo^
¿BuinbBui ubjS Bjsa uBÍauBui oíainf ojjsanA ua anb sonpiAipui ap ojauínu ouoa
ja jb^usbd BjBd sauoiSaj sns BqBiqua ou sjaruiq osojajBA ja anbjod 'isb sa is
OJa¿[ -ajJBd jouaui bj opiuaj ou anb ojijap un ap oiJBpuiaaA jb souiBdjna sojjo
-sou tb 'sojauíaf) soj uapuodsaj ojuaiuiBJiui ojsní uej y 'BÁBasiA ^ &lt;BPÍIBO 'B9
-njEjB3 'upSBjy ap soj 'bjjijsb^ ap soj 'sBunjsy ap soj ^íianjEpuy bj ap sojqan^
soj ^oq opuaiDBq UBjsa oj ouioa 'uppB^ bj ap sbjjoj^ sbj BSuajsos A 'saJopiBjj
soj auiuuajxa uainb ^sa^a-^ sojjsanu b Bpijsní BSBq uainb souiauaj '[]
oijaduij ja ajqos jnSas bj b^ieo anb oduiaij sa anb 'opBuoiajodojd UBjd
ja Bisa anb oujaiAO^ ojjsanu b asiAB oubjijl jap bidiusb bj A 'japod ja opuBnb
'isb A íeijjb^ bj ap sajosuapp soaiojaq ap jajuBjd un jas BJBd opBijuoa Bq
sou ojaia ja anb b^ 'soiuajBqjasuoa sou sojjosou :BinbjBuop\[ bj ap ajJBd ajqou
Bjsa ap uopjod ubjS Bun uod opbabdb BABq saauBjj jap Bjjiqana bj anb bjsbjj
•opBjuajB oubuibj Jijuas uoa anb 'BZBuauíB sou anb sajBiu soj sopoj soiuajjjjns
sajuy ¡ajjBÍBjjjn b ba^jjb as bjsia BJjsanu b *,b janbB ap opBiaBjSsap 'ojubsojdbs
ojaíqo un sa ja :BUBds^ bj jbajbs ap ubabob anb sojjanbB ap ua^Biui bj oapiAaj
-uoj\[ ap ojqan^ ja ua soiuBjauaA íopoui ojjo ap souiBsuad sojjosou oja^ 'sozbjba
b asjBiujBD uaAap sauoiaouiuoa sns SBpoj anb UBSzní sajBuoiDBjji ap ojuníuoa
un ouiod sojqan^ soj jbjiui b sopBjquinjsoDB anbjod 'oijBpuiaaA jb jauajuoa BJBd
'BpBuiJB Bzjanj bj opBajduia soiuasaiAnq anb UBjaisinb biubjij bj ap SBjsi^ojodB
soq ^ajqBjadsaJ zoa ns jaaapaqo ouis Bpanb sou osjnaaj anb 'Bjunf bj Bazau
-Buuad A aaja as anb apid opBjiJji ojqan^ ja is ísouBuuaq soidojd sojjsanu uoa
BJjan^ Bun ua JBjjua ap ojund b auod sou as A 'BZJanj bj jod BZBuauíB sou as japod
jap opuBsnqB is ÍBsnBa euisiui bj ap zaní uaaBq aj anbijijsní as anb BjsBq 'apx IB
japuadsns ap zaA ua is ísajBunqujL soj uBjiBsap sbj 'sBíanb sBJjsanu asJBqanasa ap
soíaj is íopEjBjap souiaq oj jbj ouioa sojjosou is 'osoqaadsos sa ajax I3 ís ^^bjod
^sajjBjap sajuapaaajd soj apopiauaqiuoa Bjjnsaj ajJBd ubjS ua ojisodojd ajs^
'BijBuoianjoqaj ap ojajida ja Bp-as uainbB
'Bjunf bj ap uoiaBaja bj Baijijsní anb BsnBa bj ua souiaaAuoa sojjsanu b jbiujojui
ap jipuiasajd soiuapod ou ojad 'ajuBjapB jBSBd ou ap ouiiub ua souiBqBjsq
•BUBdSJJ
aaijajuí bj ap sopEijE sapuBjS soj ap ouBiujaq un ap sajuaSB soj uos sand 'opoj
ojpauíaJ -.ouBjajaA sojijauíauaA jap soj ouioa 'pBpisouiiuB BpBajduia bjbui Bjjsatu.
aiiuajd ou anb paiuaj :oapiAajuoj^ jap soj omoa soiaiAjas sojjsanA anSBd so ou
anb pamaj :saSBuauio sns BipuaJ sajuB uainbB 'uoiaBJodjoa ajq^jadsaj bj uoa oqaa
Bq oj ouioa Bazouoasap as ou Bip un anb pauíax :sajAy souang ap sajosuapp soj b
otuoa 'pnjijBjSui ns Jijuas BEq so ou anb paiuaj ojad ísojJBjaunuiaj BjqBS ja anb
ua sopBijuoa 'osozuoSjaq sbui unn soiai^ija^s sojjo A 'ajsa siaaajjo sbjb sns y
•opuBJopB siBjsa anb ojopí ja jaaajBdBsap oqaa B/ÍBq Biaijsnf ap adjo^ un opuBnb
sopBjJBdB souiajaA so ojos jBnb jap 'opunSas ja ua ouis siBjsa ou oíainí ojjsanu b
anb uaiA ísojbj soiuajjxa sojsa ap oun opBaoj siaABq 'oipaiu A^q ojq -sojBsuas soj
ap Bjnsuaa bj b sojauodsa A sapBpijijand JiAijasa BJBd opBjuasap siauaj o osjaAiun
jap sajuBjouSí sbui sojqan^ soj uoa siBjqBq anb opiqaja siaABq Bpnp uis sojjosoa
OJa&lt;j • • • jopBdmsn jap SBapi sbj 'jBjjaauoasap BiAap uoiauajap BÁna 'Bídsa un ap
aS^iA ja jBjijpBj A 'ojauoisjjd opBiaBj^sap un b BsiuiBa jBp sa anb oj ajjua jinS
-uijsip soiuaABS 'odimaua ja uoa pBpiuBiunq bj sotuBjnsuaa sojjosou anb opunj^

�por la proximidad y urgencia del peligro, nosotros creemos que esta salida ar
guye muy poco conocimiento de nuestro sistema legislativo. Según este la mayor
necesidad solo haria permisible sobstitucion de un consejo, en lugar de aquel
que (según se dice), para perdernos se unió con el enemigo, dejando ilesas las
demás autoridades, como los Governadores, Capitanes, Generales,&amp;a., al menos
mientras el mismo sostituto o el Soberano, con conocimiento de causa, vinisie en
removerlos, si los consideraba digno de este castigo.
Tal era el orden, pero vosotros lo haveis visto: La Nación, sin respetar otra
voz que la suya, dijo en Sevilla; hágase una Junta, y se hizo: bajen de su Silla
los Gefes que nos goviernan, y sobstitoyanles unos consejos particulares, cuyos
miembros, sean sacados de entre nosotros mismos
Y q' resultó? Ellos de
saparecieron como si jamás huvieran asistido.
Ahora querrán decir a los Pueblos que son injustos, rebolucionarios, insur
gentes
y que sus deliberaciones chocan con las de un Govierno rigorosa
mente Monárquico. Dirán mas; vosotros haveis aplicado un remedio, del qual
Nra. enfermedad no necesita: nosotros podíamos permanecer en los empleos con
feridos por el Soberano, sometiéndonos a vuestra Junta Suprema, para libertar
á éste," y rechazaran el enemigo: Vosotros deviais conformaros en lo posible con
lo que está escrito en el Código Antiguo: Deviais mirar en nosotros la imagen
del Monarca perdido. Que derecho, que facultad tenéis para robarla? Vosotros
sois un populacho, cuyo ser en lo politico es meramente pasibo
Si descon
fiáis de nosotros, si nos tenéis por reos, juzgadnos; pero no lebanteis con vuestro
mero sufragio unas Juntas que nos son desconocidas. A esto responde el español:
Yo soy un hombre libre; formo una sociedad, a la qual me sugeté con el fin
preferente de proporcionarme todos los vienes posibles; me veo en una orfandad
política; estoy emancipado por la muerte civil del Padre de mi gran familia;
hoy puedo disponerlo todo; han buelto a mis manos las facultades que les tenia
conferidas; por eso lo he trastornado todo; y no cesaré un punto en la reforma
hasta tanto que mis providencias, o la libertad de Fernando el amado, hayan
restaurado orn.perdido
Asi habla el Andaluz, el Aragonés, el Catalán &amp;. Y porque no podrá decir
la mismo el Americano? Su Patria no es libre? No forma una parte esencial de
la Monarquía? También no han retrobertido a ella los derechos del Trono?
No podrá también usar de ellas, como usan en la península? O civilmente se
identifica, o es distinto. Si lo primero, puede: Si lo segundo, pesa entonces sobre
nosotros la terrible Ley de Conquista, puesto que no podemos tomar parte en las
determinaciones grales. de la sociedad que constituimos.
Lo entendéis, Americanos? Pues abrid el olvido, y, meditad sobre una qüestión que interesa demasiado, a vosotros, y a vuestros hijos, Canarias es una Colo
nia como la vuestra: es pais conquistado; pero ella tiene su Junta.
No temáis las reboluciones de lo interior, ni os aterre el exemplo délo
pasado. Aquellos Pueblos si alguna vez se han conmovido, vosotros saveis las
causas, y deveis conocer q' el tiempo es muy distinto. Oy se trata de una reforma
que deve ser grata a todo buen vasallo: De una reforma que le asegura por mu
chos tiempos la buena administración de Justicia: de una reforma la más precisa
para el restablecimiento de nuestra gran Monarquía. En España las Juntas no
han causado otras conmociones, sino aquellas que temen los Tiranos, y las que
devia temer un Godoy, y el Govierno corrompido. Para ellos han sido funestas;
para la Nación las más felices. No por esto queremos imitéis Nra. conducta; ha
ced lo que gustareis. Montevideo orgulloso de haber merecido los títulos que
dieron buestros opresores a los fidelísimos Pueblos de Madrid, Victoria, y Sevilla,
reposará siempre tranquilo sobre la rectitud de su conciencia, aunque a solas
llore vuestro descuido. En medio de todo él, os jura el amor de un hermano
que ni os ofende, ni se considera ofendido. Un Francés lo persigue; vosotros no
tenis parte en este crimen, y para nosotros todo permanece en el mismo estado,
sin otra diferencia que haver sido los primeros que en la América comenzaron
a sentir el influjo funesto de la traición más horrenda que vieron los siglos.
Montevideo, Novre. 10 de 1808. A Español Americano. — [Firma ilegible]
— 165 —

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�9 - [Carta de Lucas Obes, a Echeverría, en la que defiende la actitud asumida por los montevi
deanos y ataca la posición de éste y quienes sostienen que la América no tiene derecho
para hacer por sí lo que han hecho otros Pueblos de España, juzgando que carecen de
facultad para elegir Juntas de gobierno similares a las allí formadas. Le recuerda que,
en una carta anterior, había convenido en que por la abdicación de Fernando Vil habían
retrovertido al Pueblo sus facultades, lo que legitimaba las innovaciones introducidas en la
constitución. Hoce notar, luego, que en virtud de ser América del Sur una parte de la
Monarquía española y como consecuencia de la doctrina antes apuntada, América tiene de
recho a introducir novedades en el gobierno; destaca que todos los distritos o partidos y los
pueblos pueden por derecho formar Juntas subalternas y concluye por sentar la opinión de
que el Pueblo de Montevideo está facultado para actuar como lo ha hecho y para enviar un
representante a la Junta que reconozcan por suprema.]
[1808?]

Mi querido compañero:
Bien descubro en los consejos de Ud. el buen afecto que me profesa pero por
ventura estoy yo en actitud de tomar hoy otro camino que el de la firmeza y
resolución vivo seguro de la rectitud de mis deseos soy el mayor entusiasta para
mi nación, creí que en este lance debía exponerlo todo, me sonrojaba de no
haberlo hecho y cuando pienso que por el derecho de mi soberano, por el bien de
este pueblo por de esa mi patria y el de todos la provincia corren un peligro mi
vida y mis intereses me lleno de satisfacciones muy por el contrario me indigno
y exalto al ver que Ud. y otros paisanos de mejores talentos hagan tan poco
honor a la América que juzguen no tienen derechos para hacer por si lo que han
hecho otros pueblos de España, Uds. están fomentando el orgullo del agareno
que se cree superior en todo a nosotros, que nos considera como conquistados y
como un quid distintum del español nacido en la península, pues nada menos
que esto se da a entender cuando se dice que no tenemos facultad para elegir
las juntas de gobierno que allá se han formado ellos. Ud. me dijo hará dos
correos que convenía en la retrocesión de facultades al pueblo por la destronación
de Fernando VII y toda su real familia y que esto legitimaba las novedades intro
ducidas en la constitución, ¿y cuando nombra al pueblo, de quién habla Ud?
^no es de la monarquía española? ¿y cuando dice la monarquía española no se
comprende también la América del Sur?. Luego, si el pueblo español o más claro
la monarquía española resumió las facultades endosadas al soberano y por esta
razón arbitra de introducir novedades en el gobierno, también lo será la América
como parte integrante de ese gobierno, nación, reino o como Ud. quiera llamarle.
Amigo mío, o somos o no somos, si lo primero, confessar que podemos, si
lo segundo, dejarse amolar del agareno. ¿Con que ha creído Vd. y creen mis
paisanos que el pueblo de Sevilla tiene un derecho no solo para formar una
junta y conferirle facultades, no solo para que mande en su distrito, sino en todas
las provincias y hasta las colonias mismas? ¿Y entonces a donde va a parar aque
llo del pueblo? ¿Será Sevilla sólo el que llena la amplitud de este nombre?.
¿No le parece a Ud. que está bueno?. Seguramente ello será así pero lo que veo
es que la Junta Suprema ha mendigado un voto de las demás provincias, que las
de Asturias y Galicia también se titulan supremas, sin duda por que tienen un
derecho para hacerlo así, como todos los districtos o partidos y los pueblos en
particular para hacer sus juntas subalternas. He violado el precepto de no hablar
en esta materia, por que sé que es inútil hacer uso de la razón para destruir el
empeño. Yo siempre opinaré que no sólo estamos facultados para hacer lo que
tenemos hecho, sino también para llevar nuestro voto a la junta que reconozcamos
por suprema, que pensar de otro modo es establecer una distinción, la más odiosa
entre la metrópolis y la América.
Ud. dirá que me engaño y así estaremos siempre con que lo mejor es
callar hasta que decida el tiempo.
— 167 —

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as ^ajquiaj^as ap [3 |a X q^ \a oapiAa^uoyy ua sopD||OjjD$ap sosasns so| d ajaj^aj a^ 'sopa
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�siendo pr. fuero y dro. vencidos se les apliquen las penas. .. ([en proporción al])
proporcionadas ala... atrocidad de sus calumnias,? / como se ordena pr. el mis
ma aqn. demandan la remoción de su necesaria persona de esta Plaza y sin su ri
guroso juicio sele aplica el fallo... a qe. pr. ultimo debia condenársele? Si las
sospechas propagándolas estos Cuerpos las tuvieren cilenciado y llegado a oidos
délos Tribunales de la Cap1, p1. otros conductos qe. no fuesen los de ellos mismos,
requiriendose [?] sus conocimientos pa. indagacneB. secretas podrá tal vez colorirse
el procedim10. déla Cap1, o de su Virrey no para ser removido ad libitum nT0.
Xefe si no pa. ser citado de comparendo; pero proveerlo después el mismo é I. C.
las demandaron pr. escrito baxo de sus proprias firmas, dirigiendo un Regidor
pa. hacerlas mas autenticas, es un procedim'0. tan violento y reposado como se
patentisara la conducta y proceder del. .. acusado. / Los dros qe. han conocido
los engaños y lo expuesto qe. es alos subdictos tolerarlos han acordado saviam**.
qe. si alguno se sintiese ([agraviado]) oprimido de su supor. en partes y lugares
muy remotos como aqui en Indias, y qe. p^. la larga distancia y dificultad de
recurrir al Rey no puede esperar pronto y oportuno remedio deve licitam"5. re
currir a otro Juez, aunqe. sea absolutamte. incompetente, y, ([pr. qe. pT. el peli
gro qe. hay en la tardanza é imposibilidad de ocurrir al legitimo sup0T. puede
([aun la Ciudad haver ligas y confederaciones, levantar gente de guerra y en
tregarse a otro Dueño para que la defienda y ampare, y esto por dro. natural
por la misma razón de ser]) en tal extremo qe. siendo) dilatado o difícil el re
curso a el supr. pueden los Monges prehender á su Abad, y ponerle baxo el /
amparo de qn. no tenga jurisdicción alguna sobre ellos, y aun el particular ha
cerse juez en su propia causa, y el qe. esta obligado a consultar al Rey dejar de
hacerlo pr. qe. pr. la imposibilidad del pronto remedio es lícito pasar el rigor y
disposiciones de las L. L. (1) en tales tros. qe. los D. D. tienen la necesidad y el
peligro de la tardansa ([y la necesidad es]) de tanta gravedad qe. carece si L.,
no la admite, y antes la da: hace lícito lo qe. no lo es y al incompetente lo con
vierte en Juez legitimo, y altera en muchas ocasiones los preceptos humanos y
divinos.
A la reminiscencia de estas savias doctrinas de nra. constitución deve ceder
la / preocupación de algunos sensatos o ignorantes, pues sin separarse de tan
recomendables máximas ocurrieron ala Cp1. eligiendo de Tribunal ([pa. conocer
de sus sospechas y.. . y remoción del mando en sujeto español é imparcial]) al
Supr. déla R1. Auda. con el Illmo, Sor. Obispo, Ale. del 1^ voto y Embiado déla
Suprema Junta el Brigadier dn. Manuel de Goyeneche y deviendo ser su primer
pronunciamto. en materia de tanta gravedad el admitir las denuncias de un xefe
y capitulares notoriam'e. Españoles... y ordenarles la remicion de sus comprovantes y comparendos por. si o por. Apoderados, pues con sus. .. empleos y fin
cas estaba afianzada la calumnia si pr. tal la rotulaban, se desentienden / de los
qe. componen el. . . I. C. y emplazan al Sor. Gobor. ordenándole entregue el man
do al oficial de más graduación, pero sorprehendido deste ilegal procedim'0. y
la necesidad de su asistencia al zelo de una Plaza jurada y confirmado su nombram'. pr. el Soberano ([se le hace presente]) (contesta ala Junta creada) y qe.
esta pronto á remesar [?] y exponer los. . . motivos qe. le impulsaban á sus sos
pechas, y sin mas contumacia, qe. este juisioso discernimiento se nombra pr. el
acusado pa. Gov. al Capn. de Navio dn. Juan Aug1. Michilena, y reteniendo con
malicia la correspondencia ppfl. entra este nuebo electo, como el ave de rapiña
valiéndose del tenebroso manto de lanoche anticipando oficios del sospechoso
magisdo. alos Xefes militares y de Oficinas de esta Plaza ([qe. le encarga la]) pa.
qe. se le reconozca, fingiendo en ellos qe. el Sor. Govor. dn. Xavier Elio servia
pr. comicion, y qe. como dada pr. el / convenia á S. M. relevarlo, procedim'0. el
mas exótico qe. se ha visto, y qe. solo pudo nacer de un talento. .. ofuscado y
nada libre délas sospechas . . . imputadas: Presindo aora ([délas . .. omnímoda
Potestad, qe. confiere]) de si ([. . . esta o no en la potestad de un virrey. . . re
mover ad. livitum una clase de empleo jurisdicional como este, o si pr. las excep
ciones de la misma Ley municipal de Indias qe. prescribe los limites de su poder
esta exceptuado, pues assi se deduce de las terminantes espreciones de ella misma
en quanto ordenando qe. estábamos obligados a obedecer y cumplir sus mandatos
aunqe. sea excesivos y contra dro. después délas protestas ordinarias / excluye el
caso de que la materia sea de tal calidad, que pueda seguirse movimiento o in
quietud a la Tierra. —
— 169 —

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ap sauoisou sbuiiSjb jauaj ap jBxap JopBjaadsa *0odd ja opuaiAap od
•3íbjjbsba asjnp ajsa sajuB ojuBnb ajjipuaj Bja • • • p^jjEaj *8pjaA
ns ap aÍBuauroq ja *9b Biaouoa BjouBds^ *3,uiBjnd bujjb ns na A 'soubjij^ sopp
uoiaajdo Bjap ojJBiABjSBsap -Bd Eqanj opuaiaajadB Bianj ojos apx '*u aP *ovav
opBuiBj^ai ja *ab *jd ouBjaqog ounjiSaj A ([ouStp í ¿¿ 'opuuaj p^unfpu ^5*])
ajuaaouj 'bo^O ap • • • upiaBaipqB A 'sojjsiui jq • • • soumuí 'bojU ap soSaijd uoa
sasuBJ^ oijbsiukt) ""'j^p ojjapuadsns 'ed jBUjajuí Baijdns A 'orasiui ja 'id u^qBj
-aíqo as *3b sojnaBjsqo A saaiqo opuBjjadojjB *ab ojauqjd opsjnaaxa / ouis *OuAO^)
•Jodn jap sauapjo uis ojos ou opBuiBjDOjd A opBjní ajasjaABq ap aanpap as *3b
•opuja^ ó¿ ja ouBjaqog ouiisijiqEiuB jap ja jBAOJd ojos opuBjsaj íounxcud jap joujb
oujaij ja oj^suas opoj Bjpnpap ojja ap A 'BSija^DBJBa aj ouojou sa -ab ja ouioa oiu
-a3 un ua 'osjab ajsa uis (\sotoaAoMl ua A • ••saouv¿^ atuaiuvtx4oj4 otuaS un ua])
opBJisnjj *8b A 'opBajJB^B Bq aj oíau^ui ajsa #ab ojdaauoa • • • ja oijiauoaaj aj 'ojjns
-ut opoj ap [-ujj ajjua] otavaaMf aj 'ab 'odj jb -ab oíasuoa ÍBpuaja^ipui ns ap bj
onpuoa bj asBAjasqo Bqaadsos • • 'sos Bpoj ap asopuaiAajd 'b A 'r^fo^n^ ap oaiffj
-04 svsoa ap opBjsa ja ap *a)(j ns b a¿aisn4uit Bjomap uis opuaijjBd *ab *8d uajag
BDBuin^ jap 'ajuio^) /a 'oíih ^s b jBjjsnji ap (BpBsuaduioaaj seuieí *ab) BDijijod
A pspuoq / bj oijg ap J3iabx "dq "Jg ^ oqnj uoajoda^^ onjjsuoui ja oíSpip *ab
^aaupjj. oiJBSimo3 auiB^uj ja ojjan^ ajsa b opBSajj sand 'pBpjaA Bjsa ap SBaoAtnba
BpBU SBqanjd oSeijubs -uq *j jb opBp uBq aj as ojja ap A 'opJaj i,¿ ja ouEjaqog
• • •ouiisxjiqBUJB *oju A 'ouiixojd jb • • -pBjjBaj A jouib 'jouoq jap Bpuas BjapBpjaA
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sand 'opEjpijos iu oppajadE Bq as iu *3b esod 'sosaaxa sns ap uoiaajjoa bj sojja
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sounSjP ap sajax soí 3P SBÍ SBaijajBd '' ' ubj opis UBq ou '3b pBpjaA bj y
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ojjnA oaod ap ''' UBjas _^? 'Buua^j 'SojU ua souiBAjasqo JOjop uoa '3b 'ojuíx
-AqBj ja ua Jiwnaui ou ''^d BpBjiAa A 'Bjjaiqnasap Jas aAap Bqaadsos jouaui
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:sojja ap uoiasuiquioa Baojdiaaj bj A -sojq soj ap pBpjBtiSi bj Bjsa apuop j^

�Jas justas causas / qe. han influido á las sopechas se dará una pincelada ([no
délo de oficio, y, secreto qe. puedan tener los Demandantes,.. ., sino délo qe....
notoriamte. se save, y (qe. pr.) corre F. tertulias, cafeses Pulperías y cafeses,
pues deduciendo en estas si de ello sólo se premissas el argumento preciso se
convensera con evidencia, qe. si esto solo da mérito a la sospecha deducen consequencias nada o]) aunqe.... vulgar (y nada profunda en conocimtog. de ofi
cios) pr. la notoriedad de algunos hechos pa. qe. deduciéndose de ellos el crite
rio de la verdad puedan los ([Críticos deducir}) Políticos ([disculpar la cinceridad y adhesión conocer la]) elevar sus meditaciones con algún mas acierto en
desagravio de un Pueblo fiel, y constante ala Soberanía de su legitimo Sober...
y adhecion a su Rey y Sr. Dn. el legitimo 7^ Ferndo. natural Ferndo. 7' y qe. solo
^econocen y obedecen, y a sus legitimas autoridades con la mayor voluntad.
En Sepbre. de 1806 le sugirió la sangre francesa qe. corre por sus venas a
•el Exmo. Sr. / Dn. Santiago Liniers dar parte como si fuera su legitimo Soberano
al Pérfido zorro Napoleón, y suponiendo la victoria devida a sus disposiciones
militares arranco ala nación, qe.le distinguia en el mando y abrigaba en sus
entrañas el concepto ppco. qe. en todas épocas ha merecido atribuiendo. .. la
pral. parte de su gloriaá 4 de su nación q. concurrieron en masa con los legíti
mos y verdaderos Españoles, qe. exponiendo sus vidas y caudales meresieron
eternisar sus nombres, y sepultando en el olvido y queriendo si le fuese dable
sobre las cenisas de estos levantar los clarines de su fama pa. los Franceses: leer
dho manifiesto y encontrareis qe. no nombra un solo Español y q. recomienda
•el mérito de los franceses suios atribuiendo su marina a Dn. Hipólito Mordell
y su fuersa Terrestre alos qe.le seguían teniendo la vilantes de expresarse qe.
aunqe. su uso diario del idioma conservaba los sentimientos de un verdadero
Franses, ¿puede decirse mas / pa. ver patentisada nra. injuria y detestar la con
ducta de un caudillo, qe. mereciendo el aplauso de unos Pueblos fieles y gene
rosos les deslumhra su gloria, ... y desnudan del crédito y reputación, qe. justamte. se han adquirido? El aprecio de la buena reputación, y el amor déla
lionrra son atributos tan íntimos déla nación, qe. pr. un axioma legal se defien
den los fueros de sus prerrogativas, vita et fama pari passu ambulant; si bien la
estimación del buen nr&lt;v es conocida enlos Estados desde su mayor antigüedad, y
odiada la injuria aun délos mismos Enemigos, qe.le deseaban la muerte: Meniion GraI. de Dario contra Alejandro, atravesó su lanza en el pecho de un sol
dado, qe.le maldecía, diciendole a par del golpe, yo te traigo, y sustento pa. qe.
pelees con / tra Alejandro, y no pa. qe.le injuries, o quites el crédito y honor.
Es demasiado notoria la utilidad e interescencia del Estado en qe., no solo este
sino los mismos particulares defiendan su conducta reputación y buen nre., pues
assi podran las pasiones dirigirse al bien ppco, perciviendose mejor los frutos
déla vida civil, y la naturalesa tocará la medida y grado de perfecion, q.le son
propias, con las condiciones del contrato social, hábitos, usos y orden gral. y
^con todos los demás principios del dro. político viendo cumplida la exactitud, q.e
demandan enla defensa del crédito y honor no pr. los recursos del poder arbi
trario, ni del despotismo, sino pr. los déla naturaleza perfeccionada,: ¿y habrá
Español qe. no se irrite con un despojo violento y otros como este de su reputacn.? Habrá sensato qe. no lamente la triste suerte de su nación, pr. estar a
su / cabesa un Franses, qe. deviendo ser el sosten de sus victorias, y aplausos los
substrae pa. esmaltar la Corona de un traidor y ganarse con el concepto de par
tidario, y zeloso desu elevación? No puede ser, dexara de tener sangre ilustre si
quando llega el preciso momento de sacrificarse pr. la Patria, no manifiesta ala
faz del mundo los obstáculos, qe. pueden poner en compromiso el éxito de su
gloria. ¿Pero... pr. ventura son estos solos los quexidos amorosos délos... fie
les... leales y Reconquistadores Montevideanos? Oh! y con quanta alegría repri
miendo sus paciones los darían al cilencio hasta... mas feliz época, pero, pr. su
desgrasia, ([repite estos y otras evidentes sospechas de su corason]) (cotejan los
ecos resonantes de sus) expresiones cediciosas en el ultimo manifiesto en qe. dan&lt;lo quenta / ala enroscada serpiente de Bonaparte, le dice, qe. ocupada su Majes
tad Imperial en arreglar los destinos déla Europa, o mas bien los del Mundo
entero. . . que no deve cilenciar q'.los franseses qe. se hallaban en el Rio déla
Plata... han sido los primeros d tomar las armas y distinguirse, viendo Fran
seses en todo... Que jamas le aplaudirá tanto los servicios, qe. ha hecho ala
nación Española, como la vanidad, qe. le resulta de partenecer ala nación Eran— 171 —

�— ZL\ —
•opoi ojoajuoD •••Bjijjns -ob ap Bzusjadsa BjnSas bj • "uoa ajasjBuapuoa Bjamb
-ab b ouaAunB^ -jabsajBnb ap Bjansuoa as souasB • • • sns ap oituíajaasip osopBid
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ns ap pBpuSajuí b-j '3j\[ biabs ns ap oumbpB bidubjui ns ua 'ab sojuarorpnj soj
b UBífipsap BpBu ua #ab A 'sojsní soidaaajd sojb ajuaipaqo A osojoiub 'jaij oíijj
ap ojdaauoa opBAaja ja jaaajauísap UBJBq aj saioionpas sosoipiAua sounSjB ap
-Bipijjad bj ajuaAui • • -sa(B¡n ap as^ja B)usnb tu ojsa ju • • -p^sa • • 'ojad {sofpq
-auup -toj^ ap uotovuStput • • ma otpua4tjt^ ja salputjn sojtutfut) opujns Bq '3b bj
bjos zaA Bun sa ou (soisaijiuBui * * sojjsanA ua opBSuaiaBjBa siaABq jbj -jd *ab b)
íoquaSouiud aisgj -biubjij bj BpBJjaisap A oinSjo ja opijBqB 'ejjijsb3 ap sauoai
soj sauozBJoa A sBsajBjjoj "íbiA ua jBjoqjBua A JaDBuaj sjajsiA • • -soSiuiaua *sOjA
ap aj^uBs A ouinq 'OAjod ja uoa ojjsoj *ojU *0puoa *3b ua sojuatuoui sosoiaajd
sojjanbB ap soBpjoay *eouija^j A soSiuib '^¿ *ojU ap ajqou sbui ajj^d bj Ejuaunj
•adsa *ab 'ouijsap ja ua bzubi^uod BSap nj -jd sbjjiidui ou 'j^iji^ jouiy ap SBqanjd
sejuej opBp Bq so ab oíipj un ap sajouiBj^ soj jio '¡EjidB^ *aj\[ BjjaídsiQ
•sauoqjog sojap bsb^)
•j-g A ajjsnji • • 'Bjap BjuBjaqos bjb pBjj^aj • • -A ^?} A pBpijaauís Bjap jas ap Bq
ojunijj ja sand (\Mtut¿4o japoíf ap vq ou ut^ p&gt; oxa4]) íopituudo ja Bjjuoa sad
^joS sns an^oqBsap A 'BpuaaouSt bj bjjuod sojij sns a^odB • • • EpuaaipajBui Bj-8b
seui *jd jBppjo sbujbí Bjpod ou pEpijajsod bj *ab A 'sojjasB sojsa ap soauuajnB
sojuatunaop apx on^ip 'o^* ap ¿apoif ua UEjsuoa 'siapnp oj o^^ qBjidB^ ajpBj^
bj A ajsa / ouioa sosojaua^ A sajuBjsuoa sajvaj sojqan^ soun jBupnjB *Bd A uap
-jo ns ap otxPÁtuoo oj auiudtur as BsuanSjaAsap bjubj uoa *3b BJiudB^ ap 'ojUiBp
-ueui ja A uopajd BpiSij bj sa Bjs^ 'jBjnjBU Bsuajap buisiui ns ap BpiajjjEd sa *3b
'pBjsiuiB Bun opuBjxajap ojio ja A asopuaipuajuasap oun ja uajdmna ou 'sasuojqp
sajouijbui ua sopidjnasa sajquiou sns jEjsa ap SEu^ip spwjp ' * * sop SBjsa ojad 'as
-aipid *ab 'oiJBjaumu [oua]utp ja asBjijpBj aj'ab ViU *ouuajj uaAOÍ un^ 'odt otustut jv
•opuB^jBaua A 'Bdojnq b asaiífijip o\Á uopBOJEquia asBjduioa aj opiAjas jap uopuajB
bjjo bjjoj b Bpuajapad uoa '3b #Bd 'joao^) 'j jb B*pjo SBjaijjsa sbui sns oiUBdun
ouBSiísd opBuiB ns b^ opuBnb sasuvdj oijesiui^ ja p^pnr^ buiissijiaou Bjsa b opB¿
-ajj BiABq ou uny 'sauopuajur srsoqaa&lt;fsos A SP^itjuníajtf sns ap sobd ja soiubjuis
souiapjoaaj opuBna #3b • • -A 'sauopBjaqijap sns ap oiajaas tu 'oadd oj b iu oji'p
-aja JBp ou A JBjxajap *Bd ojnABd JBp sa uajuaiiusap oj SBpuapiAOJd sns opuBnb
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sopo) 'id jpuitutjia oqaa orna 'uoisrquoa sbui ap ouajj oxap oj ('0,uiB)unXy ouix^
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Bijas ojad 'sBp^ABJAqns SBjq^jBd SBjap • • -oixaiuoa ajuBuiuuaj ja ajqos bijbsijbub
sauotaaj^au SBqanj^ / [sa] 'uopuaiui SBaijoqBip sns ap '0}uii)uadajjB jbjoui ja unS
-as • ' 'opBsuaduioaaj BjqBq '3b 'auans -BJu ap jBjamx IB ^^JiJjds^ ns opBp A 'sojj
-Bsua sojauíjjd sns ap oiuiajd opin^uiisip ja opis BjqBq jbiijiui (¿) uajpu un -3b
jauodns asopuaiqap A •' -ns uauafuoa uouatpn4 'ab 'sajouBds^ soifuanj • • 'sajq
-ou A sojajjan^ soj 'id ojjijsb^ un ua opBijndas ouisBpnjua ajqou ns ap sauíjBja
soj UBuansaj oj ^A ¿jB^idB^) ajjsnji bj ua -ayi ns opBjipajoB Bq oj ouio^ ¿ • ' • ÍEp
-inSui)Sip bijtuib^ Bun ap bi^ubjj ap bjsj bj ap ojjoua jiAapuB^v 3p ooqajja^
•jj^r uBaapg; jauíijd ns Pjtjy ap uosaaqns jap op^p Bjq^q aj 'ab aaaj^d so sajjBiap
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ap sauoisajdxa sns SBpsaBS uos pptSutf sa sand 'pBpjaA ns ap siapnp ou ísia^ oj eá
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sojjosoa / siBijaaj^ ¿apx 3JS9 9P p^^^aj bj ap JBpnp siapod ajquioq ouisiui jap
ajquioq ja an^uijsip as oariijod jap asBjj bj unSas sand 'uos oj ou "3b sojap sojiná
-uiisip BjBd 'souBapiAaiuoui sajouBdsq? ' • •SPauputoa sajupsauaiut sPfsa auqos upa a
-ap apan4 7 'f\[ '^ 'ab sajjPfap soj Putuafau aj'ab ja A soqap4sap soj anSaafua aj'ab
ja púas ptaupu¿ ap pjs¡ Pjap ojjotua uoqatua¿ Mj^ upaap-^ uatut¿4 ns anQ • • 'psaa

�genero de insultos, pr. seguir la triste suerte de su arrelatado so / berano el 7
Ferd. centro y fin de todas sus esperanzas.
Me llama la ternura propia de un ignocente Hijo a q^ le trata de obscurecerlle
el mertto el poder y el despotismo, pero enlas ultimas postrimerías voqueadas de
sus Unes y quando y quando ya tenga el suelo q. pisa regado con las ultimas..
ultimas gotas de su noble sangre solo respirara y... con un valor como de fiera
a qn. le quitan los parvulillos de su fecundidad, diciendo viva FerA pues p^. el
muere con gusto el Pueblo montevideano.
Pero no es regular dexar en cilencio aquel 3 capitulo subrayado pues como
Español... nato me llaman los sentimientos de mi... sensibilidad... Que ja
mas le aplaudirá tanto los servicios, qeha hecho ala nación Española, como la
vanidad, qele resulta de pertenecer ala Francesa...
La gratitud y buena correspondencia es virtud tan estimada délos hombres,
qe. en todas edades, fueron y serán detestados los qela aborrecieron. Franc0. 1*
Rey de Francia borro todo su nre. pr. la ingratitud con q. trato al Mariscal Juan
Jacovo Tribulcion. El Populacho de Londres brindando pr. la salud del caballo
que causo la muerte de Guillermo 39 su libertador se prostituio a una memoria
eternamte. dicteriosa, y Ptolomeo Rey de Egipto dando muerte a Pompeyo, quan
do derrotado pr. Cesar en la Thesalia, le busco como a qn. otro tP. havia restau
rado al Trono se concilio pr. su incorrespondencia la indignación déla posteridad.
El poder déla gratitud arranco del pecho de Dario aquella exprecion en medio
de sus Triunfos Mallem unam Zophirum integrum, quam center Babilonias. Es
una ingratitud abominable autorisar con su firma... / a una Potencia extrangera
su fatuidad, (qe.pr. tal debe tenerse) impericia y falta de politica. ¿Dime Sor., el
Rey de España no te llena de favores? ¿No le deves tu subsistencia? no te hace
el distinguido honor de premiar alos qeles propones sin merecerlo? No te recogió
entre los Españoles yalos tuios qdo. tu Me. Patria os espelia? No te liverto déla
perfidia, y terror, con qe. trataba ([de] devorar átus semejantes essa nación pr.qn.
clamas y de qe. te jactas ser mas qe.delo servicios qe. dispensas ala qe. te sostiene?
pues pr. qe. usando déla mas detestable y luciferina incorrespondencia has de de
nigrarte con los ridiculos partos de tu devil talento? Llegaran los siglos futuros,
y perdida la suerte de los sucesos padecerás parecerá relucirá el borrón de tus
tristes conceptos, y de qe. es causa y acreedor tu demerito, é ingratitud. ¡España!,
Madre / Patria!, ¡oie los lamentos del... menor detus Hijos, espele del de tus
mismas entrañas, ([unos ingratos... como estos a tus]) a todos los ingratos de
tu bondad y liveralidad des, premia el mérito, agradece con dadivas, délos frutos
en qe. abunda tu fértil suelo y encierra su profundidad los servicios qe.te. dispen
sen y pero no cries en tu fecundo vientre la roedora vivora del Estrangero, ni
permitas qe. la ilustre Dinastía délos Borbones enlace sus cienes... y reparta
su cetro. . ., con. qn. solo aspira á devorarlo y dar en tierra con la fée, qe. en
ellos depocito el cielo cuia religión defendieron con tanto derrame de.. . de
sangre, y los Mártires nacionales de nr. suelo p1. conservar la ilesa del poder délos
Tiranos. Ah! con quanto juvilo vendeciriamos la mano omnipotente del Dios
délos exercitos si restituido nro. amabilísimo Ferdo. al Solio délas Españas é Indias
diese su R1. animo alguna prueba (?) sobre ([esto en remuneración / del amor
innato desús verd3.] vasallos qnes. como vieran su centro en el ello conociendo las
duras cadenas a qelo sugeto el la iniqua mano del mayor de sus aliados, qe.solo
pudo abatir la gravedad desús subdictos]) como fuera de su centro levantaron
el grito déla venganza. .. esparciando a el ayre délos.. . dulces y resonantes ecos
de uno a otro Polo viva Per^^, muera Napoleón y todos sus sequases.
Pero me he arrebatado demasiado, llevado del honor y (vasallagé) vasallague
(?), qe- ([caracterisa el devil]) he sa^rificado al Soberano, ([y pr. ella dispensa
ran]) qe. pr. cuios atributos ([me perdonaran]) espero sea menor la censura de
mis conciudadanos, y q. siguiendo el Hilo déla question, quando no tengamos
la suerte de Ariadne qesolo p*. el dio con la Puerta del laberinto,. .. nos ilustrava con las leves nociones vulgares, como dixe más arriba,. .. pa. conbenser
enlo posible y con las leves nociones vulgares, como dixe mas arriba el justo
procedimto. de esta novilissima fiel y Reconquistadora Ciudad.
Quando la Suprema Junta de Sevilla (piedra angular, y firme apoyo de
nra. eterna suerte y felicidad, y a qen. ([pr. sus votos vehementes rendimos])
como tal ha baxado la cerviz todo honrado español, en representac déla augusta
— 173 —

�sopjiqjB soj sopo JBjuaj ap sandsap (ub) '3b X 'asjijuadajJB uis jaij biuojoo
Bun ojjnsui as sbuibí -3b 'Bjjsaip BjopBjOAap ns ns ppt^ ns uoo jBjndsip uBjq^s
opajsiuig jap sojngus p sojua uaonjaj bX X sajqtuou soino *s Tap Bopauíy Bjap soj
-ajjan^ sajqpuaAui soj ^íbjjbsba "ojU *jd sop^uopuBS X (sopBjdopB X) sopppaj
sojb sojsando •3,u*jp¿tatuvip ([upqpfsa ou '3b ojos 3b]) sojo^d opuBjdopB (soíop4
opuatoajqvtsa) JopBjsigaq u-ja [an-] as^Sojqns as jaoapaqo aqap -ab ja *b uasaisinb
X 'BiuBjaqog Bjap / sojanj soj uafBjjjn omsijodsaQ ja o ja japod ja \&gt;Pb X 'uop
-Bqjnj ViU aa Jinjjuí uapand ou jBnb BpBO ap jajOBjBO X 'oajdcua ja angixa anb
SBSopiní sauoixajpj saovxao, sbj 'uopuajajd BuBJjxa Bpoj • • • jijBqaj -Bd ojuauíng
-jb ojapBpjaA ja X ojans 'ojU ap uoiopnjp X ap opBjsa jg -UBpuBiuap anb sbatjbS
-ojjajd X sojanj soj X 'opBiqtu^ un ap •n3B)uasajdaj bjjb Bjap uainjjsui sou sajoj
-yaodxa soiabs sns X "\ -^ SBjjsanu ap oijunjuBS ja X 'BjipnBu; sbiu uoiouajajd bj
Bi^uBgaja uoa jijBAaj -Bd sauopou ^¡ui^punqB uvjsajtf ua¿qv ^anijod bj ap sisBjua
soj X 'BDiJojaj Bjap sodojx scj #jaj3BjB3 ja X oajdraa ja u^puBuiap 'ab 'sauoia
-Bjsajuoa sbj pnjijaBxa uoo jmftiavxa vj jipam *Bd odurea ajuapijns uajqB ojgjs
•ou ap uoiDBjjsnj; bj Bpoj X / soamjod 'sojU ap sojuauínuom soq 'Bdojn^ ap jbj
-uaupuoo ajiBq ja ajqos solauvtu 'so/u ua sosoqaadsos ap ojajaida ja uoa vtstt^ pjv
uaiuaaajd ou Bsoa bjjo Bas ou opuBnb #ab aj&gt; sajjox opuBDijijja uanbt¡/pa as A
'apidajj as • • '^tp pj *ab oaja oj^ ¿Bipjoasip X 'uopipaa Bj^p BjopBjoAap buibjj bj
japuasua • • • -Bd 'ajJO3 nsap '30iYL SOT ojnABd jbujoj ajjaaBq ap axap apiPispq ¿as
ap atiap #ab X *0uAO) 'jOdns jap BiaBaídsjad bj uajuaAui sojuaujngjB soaiioxa soj
-uBnb uoa opBjn^ jbosubj^ 'jg ja ajjsiuiuins • • -'ab 'samjoju; soj asjpojoo UBjpod
•ab 'ojXo^ joXbuj ja BjipBns^ad as ¿opBiqin^ X ajuappuoo oxusiuj ns b 'ab sjaiu
-}1 oSbijubs *nQ "jS ouix^ jap soiuisoisbj sojb o jipa jo sbuí ap ajuaga^j adpujjx
ouBjaqog ja 'ab oungjB Bjaajo as ¿oéaisos X p^pij / inbsuBJj ns Bioajds X sojqan^
sns bujb -3b ^px. un ap •„&lt;^ spjsa ap -ajjjoo X jBnsn jtqpq ja sa aÍBnSuaj ajsa -3b
'asjipBnsjad opidnjsa sbui ja Bijpod jj 'soqoa sotu&lt;fo¿(f sns3b pjxojo^p spiu uPt
-tsaoau ou ppptaoM} A ¿ouoq oppjostuap otna 'a^ax un p spsotunfut a 'spsjpf spapt
ap sopp(fnaoa¿^ souaut sototpqns snsap so¿jo uooo '3%tuptoa¿tp 'jj 'y 'g uoo outs
ja uoo ¿apuatua as¿a¿anb ou A 'anSptn nsap uoppnutfuoo pj aj¿tua^a¿(f ¿a¿anb
ou p pqnSau as '3b A '' • '^^pj *&gt;jp ¿vsncf ap PtitjpSau bj uoo Bsjndaj oj 'pui¿o¡a¿
ns oppts^ ap svtoua¿ajuoo spj Bounu -3b sbui Pt¿tStxa ojjna ojup} ap pppaaou pun
sosnqp sotsa ap vtu¿o¡a¿ pj opuBnb X 'oqoaq BiABq aj *3b sojsaijiuBtu X 'sauoxo
-buiauoo SBjap 'sauaax sotsa uis opora ojjo ap jBqoadsos *jd bjbj^ Bjap op^ / jap
jBjuapo BpuBg Bjap Bgajjua bj ouiijui aj opuB^ apsap X 'ojqan^ ajsa ap oijbs as
•nOBjuasajdaj BpBAaja ns ap jBsadB BuñgjB bsoo 'uoOPtuasa¿^a¿ Ptjv pjp ^/jBjsajuoo
uis BqBpjBnS aj as*3b otouajto ja '^ ([A PzuPtfuoo PunSutu pj ^p]) opBUBSuasap
•3b BjSBq 'saÍBJjjn soAanu oijjns safpjfjn soj soptta4a¿ 'ab souiuuaj sajBj ua pBpij
ojnB ns ap oíopjaxa ja ua osubijb osupt^p as sajuB ouis 'Bjunf Bqp ap uoiOBajo
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�de su medido discernimiento, tentó avivo la palca [?] p. sepultar con sus ceni
zas los inquietadores de su reposo, (y qe. y es una) y agregar este eslabón mas
ala dulce cadena, qe. sostiene el... edificio de su Monarquía independiente y
libre pa. operar en el basto imperio suelo qe. domina. Si el Mundo entero save y
le consta, qela Suprema Junta de Cebilla {[es la cabeza. . . esta^) es la q.e da mo
vimiento á nr. á este precioso ficico, y mercantil á este apetecido Continente, y
(qe. las estipulaciones desús qe. los demás Potentados ligan en la actualidad sus
estipulaciones, y tratados recíprocos con ella, como representante del absoluto y
Soberano poder, ¿no es un delirio p. . . creer, qe. deceando morir pr. Ferdo. sus
fueros usos y costumbres no se luche enla otra decicion qe. enla de sostener...
con rigorismo sus preceptos? Sera guiado pr. principios entrar á convinar... /
con un Pupilo los methodos económicos déla Escuela olvidando el Preceptor
y Xefe de ella? Ni qe. disposiciones determinaciones podria podia. .. convinar
el mas esperto q. no.. . fuessen evulsibos evulsibos del orden legal y atentar los
quilates, y partos proprics déla seguedad? En otras circunstancias nos serian. ..
útiles las resoluciones proprias de nra. suerte, reciproca con las Potencias extrangeras qe. tanto anelan pr. nr0. su enlase, pero si las qe. han de ser el timón segu
ro de nra déla flotante nave qe. nos sostiene se.. . se esperan pr. momentos en
nra. radas; ¿á qe. sensato sele objetara con ello, qeno le pese su gravedad y perciva, qe. tanto el como nosotros seriamos el ludibrio y juguete déla.. . délos /
Gavinetes de Europa? y qe. hoy creyendo y qe. levantábamos un pendón, o rasgo
de Independencia, aprovechando la ocasión de un dolor y aparente déla en la...
frente del mejor délos Monarcas nro. Ignocte. Ferdo.?
No, Españoles nobles y generosos déla America del S. sepultar (si necessario
fuese) vros. frutos, aguantar la sobrellevar con unión Va. indigencia {si tal que
réis llamarla) qe. la Aurora no tardara en poneros en cituacion, qe. seáis la
embidia délos mismos, q. intentan precipitar. Desde la mas negra captura en qe.
los asesinos y parricidas de Bonaparte quieren sepultar á Ferdo. el os habla de
corason, y como tierno Padre condoliéndose de vosotros mas qe. de sus ofensas
ultrajes, os dice sostener amados leales Americanos essa joya de mi R1. Diadema,
qe. con tantas fatigas adquirieron mis ascendientes (...) pr. las lagrimas, sudores
y desvelos de nr08 Pe*. y Abuelos (?) Herm8. y Abuelos, y qc. no podra / desgas
tarse un solo quilate sin qe. la mano Santa del Dios délas venganzas, qe. lo depocito en el Solio de Castilla {[tome entregando^) encargando a vosotros su cus
todia tome parte pa. . . matenerlo ileso. Portugal. . . nación culta y política de nro.
tP., cuio Soberano ha sido, y sera el qe. se conduele de nros.. .. infortunios, no
os quiere precipitar, como debilmte. han opinado algunos Zoylos, ala la conserva
ción de vro. territorio es el qe. anela, y tomando parte en ellos os incita y amo
nesta, y el Embiado mas fue pa. indagar. .. los sentimientos de estos /.. . Pueblos
qe. pa. perturbar vro. Sosiego, el tpo... Son nros. Herm8. iguales en los trabajos,
y pr. ello deponiendo.. . aquel recelo, qe. havia fomentado el govierno / pertur
bador del Privado Godoy, ya se enlasan con los nr08. sus exercitos y haciendo
causa común contra un mismo enemigo tratan de dexar á cada cual el dominio
directo de su Soberanía. ¿I como puede calcularse qe. sus fríos pensamientos des
mintiesen los ppcos manifiestos, qe. nos ha dirigido pa. recordarnos el patri...
el devido y justo patrimonio déla R1. casa de Borbon? Serian frustradas todas
las No es posible abrigue el magnánimo corason de un Principe cristiano aman
te de la Paz, y estrechado con tantos vínculos de sangre una perfidia de esta
clase, pues su perspicacia mira con un anteojo de no pequeña magnitud, qe. con
la suerte de Europa {es la qe... . deve decidir sobre las demás) deve medir y
sancionar sus reales intenciones, pa. qe. desagraviado pr. los procederes de un
Infame Mr0. sacrilego, qela nación y detexto detexto pr. sus echos vuelban aque
llos preciosos momentos en qe. la R1. familia de Braganza / era el mas feliz ins
trumento déla del juvilo de la de Borbon; Si Montevideanos si el Sr. Mariscal
Curado, forma quexa de sus ultra. .. su micion ha de cubrir la inculpabilidad
délos Españoles, y el Principe... justiciero solo tomara... medidas {a el desa
gravio de un Xefe qe.) contra el... pa. deslindar el origen y causa... impulsiva
de esta paladeada ación.
Pero he sido mas lato de lo qe. imaginabais he sido demasiado lato en es
tas disgresiones, y pr. ello sin salvar el justo proceder délos Habitantes de este
— 175 —

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ojafqo ja sa a'b 'pBpiuuiapui a uopBAjasuoa ns b japuajB iu pBpijn^as ns bia bjjo
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Bjsa soidiauíjd sajBnSí jod 'oíaijauaq ns ua sBpijjadxa ouBjaqog jap sauoiauajuí
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-jjiABqur bj opuBnb A 'oqaa otustuí ja jod ojjapjad aqap 'sajBiauasa OAijnjiJSuoa
o 'sapBpjjEno sbj asod ou anb jiABqui ja A 'uauaij sojja anb soSjbo soj b ojdao
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BjBd Aa^j ja Bp soj ou sopijo soj anb 'bjjijsb^ ap -j^j Aa^ bj jod ^abs a
•pBpijinbuBJj A pnjainb 'upiaBqjasuoa pBpun^as ns
jod opuBjiui -j^ • ap pBjunjOA Bjunsajd bj uoa auuojuoa oipaaojd ojqanj ja anb
'ajuauíjBnSí sa oj -ojq ja ua osajdxa ojsa opuais ^ -BzajBjnjBu bj ap BiumSuBsuoa
jod auaij as anbjod 'jBjnjBu uozbj uod Bjnaaxa oj Bjja uoa aAnSjB anb ja anb
'pEpiuuojuoa jBjua íjiuiisojsa sbui sa anb oj JBpjEnS BpuBui Bjsa anbjod 'Aa-j bj
ap ojxaj jap Bsn anb 'aaip as pnjijiuiisojaA BSajB anb ja 'anb awansaQ -osajdxa
jod auaij as 'jiuiisojaA sbui sa anb oj A 'pBjunjOA ns b sbui BDjaaB as anb bj buj
-jijuod A BAanjdB ouBjaqog ja BJjnsuoa bj jiaijjp sa anbua bij3jbui Bpoj u^
•BpuiAOJ^ Bjsa ap pBpaidojd na Aajjj\ 'ajuouiajqo^ ap sanb
"JBW 'ouix^ jap uopisodap bt sajAy souang ap jBjidB^ bj b *j^ • pAojdB soaij
-oui soAna jod A íBiuBjaqos ns jajauíOJduioa uBpand anb sojnaBjsqo soj opuaiA
-oujaj Bidojd 'ssnBa ns ap joabj ua JBjqo jod 'BijBSaj Buiajdn^ bj ap oiabj^b
uis *BSuajap jbjiubu ns ojqan^ ja opuaiuinsaj 'saAa^ sns ua Bp^puijsap 'bojbuoj^
jap pBjunjOA bj b auijojuoa apaaojd as SBiauBjsunajia sajBj ua anbjod 'jBjndo^
upiaouia auinsajd as o íbijjb^ bj b uoi^ibjj auiaj a íuopBqjasuoa ns oSsais ajjoa
opuBn^) :uos ouioa íjouadng ojBpuBui JBJadsa uis sbiujb sbj b jijjiuo aAap A
apand anb ua sosb^ ABq 'jbjiubu 'jouag A Aa"^ ns b ojopuaijiuiaj 'Bsuajap Bidojrd
ns ap *ojq janbB ajqmoq ja is ap oaipqB sbuiixbui SBjsa jod anbunB A 'sojqan^
soj ap Bsuajap bj souBjaqog soj ap uopBSijqo Bqaajjsa sa omsiuj oj jod A íjbj
-iubu *ojq jap SBsn^a SBjsa jod Japod ns ojxjj asopuBqijap 'sopBjuajo^ A saAa^j
sojap uaStJO ja apaaojd apuop ap 'uasBujaAO^ soj anb 'sojjipnBa uij jb opuaiS
-jjipA 'sapBpni^ A sopijJBd opu^uijo^ 'pBpaiaog ua asjiun uojaiuiquioa 'auan^
sbui jap Aai bj A 'ojsa jbjia^ BjBd A íiosajgB jb jbjbui Bsua^ap Bidojd ua ojiaij
sa ojja jod A upiaBqjasuoa ns sa 'ajquioq jap soqaajap soj ap ojauíud j^
uojaB ouioa ojaajBd
-moa 'uoiaBjyj bj ap uaiA ja jod ojaa ns ap opBin^ anb jb ajuauíBjuajoiA opuBÍod
-sap 'jopEUJ3AO) ap bzbjj Bjsa b aqaAOJd 'upiaBsnaB jap uopnjosqB o 'ojjb^
ja jBpjBn^B uis opuBnb 'sjaiui^ oSbijub '(j 'jos 'ouix^ ja 'jaaouoa BjBd Bp^aja
Bjunf Bjap sojadsaj soj BqBjuaj b Biauanaasuoa ua anb A Upxat^v aqa^ as p^jpu
saxofita^uioo sop ajfua ototní ja atuatpua^ anb ap buioixb jBSaj janbB ap Bia
-uaasiuiuiaj jaaBq uis 'upiaBjosap Bjjsanu ap Baoda bj Bja anb sopipBnsjad 'sojjo
ap upiaBdnaoajd bj BABuiuuaiap A 'sounSjB ap '[Pto]-uaatpajpiu bj oaiji ouioa
SBpBjjaqBasap ubi uos ou *3b * • "3b 'uBasouoa ojans 'OJu ap sajuBuiB A sosoiainí
soj -8b *Bd 'jBjnjBu *Ojp jap soidiauíjd • • */C uoiaBjsiSaj 'BjU b sbui uBajaaB ur/Cocfp
as *9b SBjap sauoixajpj SEunSjB ajBq omsiin oj jod A 'uoijsanb iiu * * *ap oj
-aíqo -jBjd ja sa -8b -ajJJoa jap
jap \z A QZ PP sauoiaB sbj ua ojqan^

�en tal manera esenciales a todo Xefe o Caudillo, qe. el mismo Supremo Legisla
dor advierte, qe. si el Emperador, o Rey sale ala guerra, yno las posee deve su
brogar otro en su lugar qelas tenga pa. qe. acaudille y dirixa diestramte. ala
gente; De modo qesi pr. esta razón no puede un Soberano usar en tales casos
de su plena potestad, y libre arbitrio, menos debe el subdito dexarse llevar de
su orgullo pa. aceptarlo, y exercerlo, y y si lo executa, no se quexe de qe. un Pueblo
amante de su sosiego e instruido délas máximas de su constitución repulse (d el
qe. quebrantándolas altera) con energia a el perturbador qe. selo perturbaba ¿Pe
ro acaso oio de esta savia máxima el obedientisimo Cavildo y Xefe militar? Diganlo sus... sus acuerdos, y serán el testimonio mas autentico de su lealtad y
vasallaje, en qe. sin perjuicio de sus dros. obedecieron y cumplieron dando posecion / a un hombre armado, y qe. qe. ala menor expresión hubiese sido... vic
tima de un pueblo fiel generoso, y amante de su Monarca, sin ocuparse en otra
cosa estos respectables Magistrados, qe. en contener y suavisar... los procederes
de unos Españoles qe. al paso qe. crecían sus buenas ideasfluctuaban en un
mar de confusiones, observando la obediencia, q8. rendían a un Embiado del Sup
Govno.; privados de su correspondencia ppca, y qe. odiando la mutación,... del
Xefe qe. amaban esparcían sus voces pa. su permanencia, (y con lo qe. revestidos
ya del poder y respeto qela.. . qe. conlas de viva Ferdo. 79 echos a la verdad, qe.
los pusieron en continua vigilia y espectac"... discurriendo arbitrios pa. preca
ver el menor insulto y qe. no (como se verifico) tomando el I. C. y su xefe mi
litar. .. demanda de rondar con los demás cabos subalternos hasta qe. asegurada
/ la persona de Dn. Juan Ang1. Michilena se le salvase del furor de un Pueblo
qe. frenético y fuera de si lo miraba como fin de su... independencia política, y
sustraídos á de (?) la Soberanía de su lejitimo Ferdo. cuias aclamaciones eran el
Secreto (?) (Santo?) y la permanencia del Xefe Dn. Xavier Elio su contraseña pa.
ser respectados.
El gozo y regosijo qe. reportaron estos Cuerpos sintieron todos los Cuerpos
constituidos en Autoridad qdo. observaron reunidos sus votos, y respetada y ase
gurada la Persona del Embiado, lo pueden pregonisar las grasias con qe. amones
tando al Pueblo tributaron con el devido homenaje al Supremo Hacedor el 25
de corrte. enla Iglesia Matris de esta Ciudad.
La representación de / un Pueblo no es tan despreciable como algunos se
han figurado, pues apesar de prohibir la L. qe. el qe. fue un año AR no lo vuelba
á ser hasta pasados dos, el dro. y la practica lo dispensan si fuese aclamado pr.
unánime votac". No obstante qe. en... España muerto el Corregidor o Govr.
espira la jurisdicción de los coadjutores de este y no deven exercer mas autoridad,
ni entrar en lugar del qe. los eligió cesa la prohibición, y se constituien con
plena jurisdicción si el pueblo lo Elige. Y lo mismo sucede qdo. muerto el Rey
no teniendo sucesión legitima pues el Pueblo eligue el qele parece. El Pueblo de
Montevideo enla conservac". de su Govor. no miro a otra cosa qe. al mejor servi
cio del Rey, y. .. gloria déla / Nación, y Elio conociendo lo q8. iba a perder con
admitir a dn. Juan Ángel Michilena y desprehenderse del actual en unas tan cri
ticas circunstancias. La fée qe. de en el Xefe qe. manda, da valor a sus subdictos,
y suele ser las mas veces pronostico fixo del acierto y victoria de toda emprehensa
los y victoria. La actividad, zelo y desinterés del S.r Dn. Xavier Elio nos ponen
á cubierto de toda... sensura, y si algunos de estos luminares magestuosos no
fluiesen como de un proprio original; la imparcialidad y Hechos fideos y sus
acciones nos lo calificaran. En 9 de Sepbre del año p.p^o. tomo pocesion del
mando reciviendo esta Ciudad ysus fortalesas en el mas calamitoso estado, sin
auxilios, sin socorros, y lo q8. es mas sin arbitrios (sino su espíritu militar, y é
incansable empeño y constancia ha construido obras de la mas precisa y urgnte
ne- / cesidad, ha empesado su trabajo personal dando exemplo alos demás ¿y qen.
no se enternese y anega en lagrimas como la Magdalena quando trae a la memo
ria aquel venturoso dia... en qe. los jóvenes de noble educación los ancianos,
los deviles, y el Xefe los mis. .. mismos Militares Magistrados, en su consorcio
y los mismos Sacerdotes del Santuario olvidando el reposo todos de de su natural
su ser, su carácter y su reposo natural, y con un patriotismo y entusiasmo inaudito
inaudito a una con el nr. digno Xefe pusieron los primeros framentos pa. la
elevada obra del Cubo y Fuerte deSn. Ferdo.? Pues aquel juramento qe. presto el
en estos días con su Pueblo de morir antes q8. ser otra vez entregado a ageno
— 177 —

�— su —
ojos A 'jtAta uoiaBposB ([pBpapos]) bj ap i-uopipuo^ sbj oos si'tuBidojd saAaj
sbj ig •saÁa'j sbj ap oipaui j*d ouis asjBaijuaA apand ou ojsa A 'opoj jb ajjBd Bp^a
opuEuapjo n'DBAjasuoa ns ap opBpin^ ja BsajBjtUBU j'd aaauajjad sojqan^ sojb ig
•sojqan¿ soj ua apisajBjsa A 'saAai jBjaip ja BiuBJaqog bj ap oidojd sa ig
•BiuBjaqos 8,-uiBidojd BtuBjjas 3*b bj sa jbjS pBjunjo^ bj i*d
opiSiJip sojqan^ sojap japod a)s^ "soins soj sopo) ajqos 'ojjaua) aAap oanjjod A
jbjouj odjan^) ja jsb 'sojqcuaiui sns sopo) ajqos onjosqB japod un 3-qtuoq BpBDB
•ep BsajEjnjBU bj oinoa isb ^ -opo) jb BSuaAuoa a'b opoui joíaur jap a)JBd vpv^
BSuodsip s*b BAisjndtuoa Bzjanj Bun ap Ejisaaau Bjja *d A u'OBAjasuoa Bidojd
ns ap ja sa opBpina ajuBjjoduii sbui ng 'sojquiajuí sns ap uoiun bj ua ajsisuoa
Bina sojqand soqanuí ap B)sanduioa jbjoui Buosjad Bun sa opE)sa j^
osaj^uo^ ja "d *sa)uajd
-ng A sopB)ndjQ sojjbsjujo^ sojb SBpua^aApB A 'bijosiaoj^ uopn)j)suo3 /

[¿1181]
tDi3U9|j3Apo ^p DpjnBas duosjaoj^ ¡Duopo^ U9pn)ipuo3 p opaXojj] -

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SDoiuaiojd j^a^ P '" 'Xibs oí I '601 '801 "s00 ¿I *-^B3 tZ jqn BII!PBqa (I)
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*sb ojruj) un auai) (&gt;b)a q oijoj jb Bjjapuodsajjoa *3b *9Bd Buiíjjn bj u^j
•sojja 'sd opBuoiajodojd o8i)SBa A^q ou
sojijap soina A •acuBjut 'oij^ 'Aopof) opBAjj^ opi^a^ ja 'sjaxui^ o^BpuBg 'uQ "ioS
•ouix^ ja b [o8tn]iup^ 'U(7 v oiuiajd #8b ja oidiaajd bj ocuajjxa onbiui a)sa BjSBq
sopBuiB sB)oij)Bduio3 [spfotxfp]&lt;fiuo3 ig ¿BdBp^ jap jaaajBdBsap BjjaA asB)snS *8b
'opBjg OAUBjjadns ub) u^ JoptBJX un ap Biauauíap bj 'ja^aap A '¿a^oj)sB)Ea joAbui
jama) ns ¿^uaj Bijpod '^081 9P ^e P u9 BíJ:lBd 9Jp^J^ ajqiaudAui bj b opuB)Bj)aj
ouisBtsmua o)buut ns ap Bjasuid • • -jppsut4 ^sa #ab asjaaja apand oja¿(? ¡jouBds^
un ap uopB)ipaui bj / nttM^s i v ¿pppuouup *sd oujai) ub) ojpEna an^)
(Bpo bj anSis)
•mbB sotuajjaaui bj '3b O)ubjj *OjU ap * * -Bijouiaui A
uoiaBjnp Buja)a ns *d anSixa *' * *3b A jouBdsa un ap BpipnBjdB uaiq Baunu vpo bj
Bxnqip *3,uibiabs *3b opB)sa * * * ja ua BUBds^ bj BqBJjuooua as A 'pBpinbiui bj BqBjj
-uq oj)siuicu jbui ns uoa *3b Aa^ un ap p^paid bj O)ijaui ns opBiwajd Bq sajBnb
sojidA s^aiuiq o^EijuBg -np *jg 'orox^ jap sojuntjx sosoijo)atA soj oipuaduioa ua
•3bunB jbzijbub osBa jap Ejanj ou oja^ :Buajiqaij^ "iSuy UBnf ^a opsiquia ja
oqjnjjad '3,uipjos so)uauiouj *¿d *3b 'pEpiyinbuBj) Bjap siBjnj^ip so sajuB uBiua) -3b
ja)aBjBa A jas / jb SBSoa sbj opuaiuodaj -sb ja 'jd ajqdag ap yi jap opjana^ ojnp
-bui ns ap uoianjosaj bj uoa pptu ja ua opBdiapjBd of&gt;pstifnbup¿t optap^moo (sop
•fjuas) bA siaABq #3b A 'sojja upí ua o)iaodap soaijjuoa sosa *Bd BiauapiAOJd biabs
bj *3b 'pBpjjonB ap ouajd ja uoa sBxanb 'm^. ubjio sojja A 'jb)tcIb;5 aj)snjj Bjap
pBptAOjd ap souajj A 'sajBiajBdun sajBunqijx soj UB8sní pSsnf oj issb 'souBapiAa)
-uojq ig •SBiauB)sunajp sspo) 'jd opBJuoq A ouatuauaq ojqan^ un b osoiaip
•oa un ap ezueSu3a A oiqojdo ja v ('vd4 v^p) jauodxa osopiní opB)ua)O(j un^
-uiu (^ Ptuppo¿4 oí \_(¿) otjppupaa] ofjppupa^ opP^tuoq A osoj^atunu un '3b uoa
SPuappa svppsa&lt;f 7 ¿vtpsap spi asM&gt;osojuuasap • • mauasap) Bjpod ou as ou Bqajo)uy
Bsouiumj ns ap soAbj soj puptfssj ap 0*70,9 p axqos sotupao- A ^a&lt;i uts ajqna sou
•3b 'aqnu Bsojqaua) bj / adisip "opjaj ouiiubuSbui *3b BjSBq sand • asatqnq ts A
souapi 'siasuad swajia oj o^^ • • -ciatuoyi 'oj^? pBpxjnu ns uaanpui SBqaadsos sBina
un ap oiJBjqqjB japod ojos ja *id asjBxsjaj A asjaAjosip aqap 'oiuiuioq

�alos q.e se asosian pertenece regular las Condición.* déla Sociedad, es claro y
manifiesto, q.e solo los Pueblos deben ser autor de las Leyes a q.e estén Sugetos.
Estas son proposición. de eterna berdad en toda especie de Gov.no avn q.
sea Monárquico, no siendo despótico, y Tirano; pi q,e en toda monarquía Vien
Ordenada el Poder Soberano legislatibo reside enla Nación, q.e son los Pueblos, y
solo el executivo ([q.e les havia]) en el monarca. Los Reyes de españa no content.
con el govierno executivo q.e les havia Concedido la nación se usurparon el de
recho soberano legislativo p.r naturalesa incomunicable inalienable, é imprescrip
tible: este ha debuelto tanto alos Pueblos de España como deAmérica, p.r la
prisión del Rey Fernando, Y pues los Pueblos de españa usando de este soberano
derecho legislativo están formando su constituc.11; los de America, q.e se creen
con igual inconcuso derecho, también forman la suia, dexando ambos ilesos los
derechos del Rey femando al Gov.no Executivo q.c ([inicam.te]) (unánimemente)
le han Concedido unos y otros. Pueblos.
La prim.a atenc." de una Constituc.11 Civil, es reglar el gov.n Executivo, p.r q.e
siendo arbitrario, brebe será despótico y tirano, como lo ha hecho ver la expe
riencia en todos tpós, y de ellos tenemos exemplos muy recientes. Poseídos de esta
berdad, y obligados déla urgente necesidad han formado antes del Congreso los
Diputados délas Provincias una Conctituc." Provisoria en q.e olbidando su des
tino, y abusando de la confianza publica, exceden abierta y descaradam.tc sus
poderes, vsurpan([do.]) Sacrilegam.te el Soberano poder legislativo de los Pueblos,
se hacen superior. á ellos, se declaran incapases de ser juzgados p.r el Superior
Gov.no y aun p.r los mismos Pueblos, se atribuien Alteza, y en una palabra some
tiendo los Pueblos, se colocan en el Trono.
/El Pueblo de B. Ay. q.e a nombre de los demás Provincias ha creado el
Gov.r executivo, y viéndolo corrompido, lo ha rectificado, observando aora la
gran corrupción, la alta traic,c la despótica Tiránica constituc.11 délos Diputados,
Cree propio de su dever, p^ impedir p.r lo pronto el despotismo y Tiranía de
estos y la q.e es Consig.te aun Gov.no arbitrario, establecer provisoriam.te las ins
titución. síg.te las q.e siendo botadas, y admitidas p.r la Voluntad Gril. de las
Provincias tendrán toda la fuerza de Provisoria Constituc.11 Nacional.
1,, El Poder Soberano legislativo reside en los Pueblos: Este p.r naturaleza (es)
incomunicable, y asi no puede ser representado p.T otro sino p.r los mismos Pue
blos: Es del mismo modo inalienable, é imprescriptible, p.r lo q.e no puede ser
Cedido, ni vsurpado p.r nadie. El Poder executivo, esto es, las execuc.n de las leyes
q.e los Pueblos huvieren establecido p.r Voluntad grál, pertenece al monarca el
Sai D.n Fernando 7o, y durante su Cautiverio ala Junta Superior Guvernativa de
las Provincias del Río de la Plata.
2M Los Señores del Gov.n0 executivo prestarán ante el Pueblo de B. Ay. un
solemne juram.t0 de sus fieles al Soberano Pueblo puesto de todas las Provincias,
de conservar ilesos sus derechos, y los executivos del Rey D.n Fernando 7' cuias
veces exercen, y de ni guardar secreto en lo q.e se tratase, siendo contrarío alos
referidos derechos, Lo- mísmoharán respectivam.1*5 todas los Corporac,ne los Jueces,
y Cuerpos militar; y elPueblo de B. Ay. recívírá este juram.to p.r si y anombre
de todas las Provincias. En cada Provincia se hará el mismo juram.to p.r las
Juntas Provinciales, Jueces y demás Cuerpos ante su respectivo Pueblo q.n lo re
cívírá igualm.te anombre de todas las Provincias.
3a,, Los Vocales del Gov.no Superior Executivo, y Secretarios se mudarán
detres en tres años, y lomísmo se hará con los Vocales de las Juntas Provinciales,
para efectuarse esto cada Provincia apluralidad de Votos eligirá uno ó dos suge
tos q.e tengan todas las sublimes qualidad. q.e se requieren p.a Vocal del Superior
Gov.no y B. Ay. nombrará dos ó quatro del mismo modo. Estos al fin de los
Tres años, ó quando hubiere de mudarse el Gob.no se hecharán en Cántaro, y
p.r suertes se hará / la elección publica á la Vista detodo el Pueblo. La misma
Conducta observará cada Provincia en la elección de sus Vocales, (con respecto a
las Ciudades deq.e se compone). Con este Sabio arbitrio de las Suertes se evitará
en gran parte la compra de Votos, y se pondrá alg.n freno ala ambición y codicia
q.e Suele intervenir en la elección p.r in mediatos sufragios.
4a,, Los Vocales de las Juntas Provinciales q.e abusasen de la Confianza
publica podrán ser removidos legalm.te p.r el Superior gov.no aquien estarán
— 179 ^

�— 081 —
sbj UBJBq ouisiui oí ([s])ojqang ([so])j ap ojsnS A 'dojddbjsijbs b sodjana sojap
S3J3UOJO3 A sap&gt; Jiíajg ou'ao^ jouadng ja BJBpina 'o)Bjauojo;g ja Bjq a'b s'JBj
"HIW I 3 sopBj8 sbui BJoqB j'd japaauoa Bjpod ou ou'aoS Jojjadng jg "B(J
•BpuiAOjg bj ap cjanj sosjnaaj soj oSisuo^) ua^j) 8-b
sajuaiuaAuoaui saABjS soj jejiao B-d Bppsnf ap jeunqux oqp ja ajo^ sbsiib^ sbj
UBJBuiuuaj as BputAOjg BpB^) 0^ *soub sajj ojos UBjBjnp A s'Áy B*g ap Bpnsnf ap
jBunqujL ja opuBjq^q oqp souiaq a'b opoui jap ojqang ns id sopiSaja sopBJjaj saj)
9 'sop ap osanduioa Bpxjsnf ap (^)([op])BunqiJx ja opuBmdaxa btdoiaoj^ ns
ap sajouaui A 'saJOiBtu soajduig soj sopo) Ji^ija jBpuiAOjg Bjanf BpB3 "B8
•soub sajjojos oijajsiuiin ns BJBjnp
A ísajBao^ soj ^P noiaaaja bj asjaaBq aqap oqp Bq as 8b opom jb 'awang bjb
ubjbp as 'sopiSajg ap sandsap A 'sojo^v ^p pBpijBjnjd b ojqan^ ja jd aiuajad
-moa ojauínu ua s'piSaja uBjas 8*b saaaníuo^ sojap uopdaaaxa b biduiaoj^ ns ap
sajouaui ouiod 'saJoiBoi isb soajdm^ soj sopo) BjaqaAOJd on*AO) j*dn jg "0¿
n"an)i)suo^ bj j*d op^^joao ajanj
anboj n'DB)OA i*^ JBjaqijap 8*d ojqangja opo) ap SB)unf o 'uoisiuio^) BpuiAOj^
BpB^) na 8,'uijBnSi UBjBjqajaa as sasaoi sa na sai) ap A í'oopBdjnsn BjainbjBnb
BJjuoa soqaajap A p^punSas 'pBjjaqq ns ja(a)O)d *d EpoiAOj^ Bpsa na Bjaaajq
-B)sa as jBpuiAOjg opBunqijjL (u^) ([as A opijo ns
aqap 'opBunqpx ja
^y s"9 aP
Bjatp as 8*b8'boinoa A]) 'sojqan^
soj ap soqaajap sopBjSBS A pBpijnSas (pB)jaqij bj ap noj33a)Ojd bj a)sa o^jb^
ojn^ b 'sounqijx SOI nBjas sosa auans BjasaiBa aj sauainbB A 'ejij na uBjpuod
as 'sop s'Ay 8*g A 'sojqang sojap soqaajap soj ua ojsandun seui ja 'B)OiJ)Bd sbui
ja 'ojdnjjoDui sbui ja ojaSng un sorSBjjns i*d BJBjquiou EpuiAOjg BpB^) ou*ao)
joi)adn jap sajEao^ soj apBj 8-b opoui ouisiui jap BJBq as uoiaaaja Bg sounqjj)
soqanu asjiSaja UBjaAap 'sajBnb soj sopinpuoa 'soub saj) ap opBdsa ja jd 'ou
ojio A *js saui un sBuosjad sbuisiui SBun j*d opBunqpx I3 ajfa-iaxa as 8,-uiunuioa
A jBjnSaj 8*b souiajanb 'nBasso^ ajqaja^ ja aAuasap 8*b saiuaiuaAuoaui sojb O)
-sandxa Bisa opBunqiJx jap oppjaxa opBnuiiuo^ ja oiUBnb j'd x "ojiaa^q uBjpod
Bpin^asuo^) ou A 'Biauaaij bj Bpipad saouoiua 8*b 'ojqang jap uoob^oauod bj od)
oqp ap saiuB asiaajd 8*b aiua^jn ub) Bas bso3 bj 8*b Jas oub 'oi^ijo ns apuozBj
ua ajuaiuaAuoa Á oijBsaaau uaisSsní 8'b oj sounqijx soj jauodxa UBjpod saauoiua
A n'amisuoa Bju'Sas Basauauad jas 8-b oj soi^Bjjns ^d jBjaqijap -d Bpuodsawo^
aj 8*b saui jap Eip jaiujjg ja bzbj^ bj ua ojqang ja ajunf as sasaui sai) / ua saj)
ap 8*b taaajqsisa as 'sojqang soj id SBqpBJiuoa A 'sBpiaouoa usas g'uoiaBdjnsn sns
a'b ajainb ounSuiu 8*b j-d 'Bpuaaij Bisa j^Sau apand on'AO^) ja ouioa o^ag *ojq
-ang ja jedoauo^ UBjpod On#AO) jap Biauaoij BiAajd bjuod oíaaja ojna B"d ísBiunf
A SOIDIUIO^ sns ua Ja^ SBjasopuaiDBq A 'opuBpojad 'JBjnarwBg onpiAipui o u'3Bjod
-J03 b*Sjb ap ou'ao) jap n-DBdjnsn bj BJiuoa sojqang soj ap soqaajap sopBj^B^
A 'pBptjnSas 'pBwaqij bj jaSaiojd ai'ureaiun bs u#3B^tjqo ng •OAiiBjsiSaj souaui
oqanuí iu OAijnaaxa japod u"Sjb UBjpuai ou sounqjjx sog •pEpiAjjDB ns aqjaua
as ou a*b d sounqijx soí oaui^ ap uBpaaxa ou 8-b opBpin^) jBiaadsa Bjpua) as
oqísaans oj ua ([SBpBsog o')ub oiaBAjar^ üq A BajjBg usnf n'Q 'sai^ajx ojjjodijj;
UBnf n'p ^íijbx p opBindiQ 'zajag UBijnf asof üa 3oQ 'ouBjSjag fUBj^; u'p
op'aig jauojo;^ jap SBuosjad SBijjauíauaq sbj 8^uiBjjosiAOJd n'Suoduioa oj 8*b SBia
•uiAOjg sbj SBpo) ap ajquiou b souiajanb aon)i)sui Bjuojd ns Bsajaiui 8*b oqanm
oj j'd x 'Uí.i ouisiui ja uoa BJoqB souijmjisui oj sonosojq]) -sBpBuapjo uaiq sb^
-ijqndag sbj opBunqiJX j^ uoiaiaajqBisa soujaiqo^ sojap sauooEdinsn sbj BJjuoa
sojqang soj ap pBuaqij A 'soqaajap sopBjSBS soj sosají jBAjasuoa bjb^ "b9
'SBpujAOjg sbj ap Japog ja aj-uiEqanu apid A 'Biojduii 8b oj ?d íoiaaja ajuBjjodun
Xnuí A 'opjAap ns BSuai OAisaans oj ua sb aaainb A 'sbjjoi SBtauíAOJg sbj id opBA
ojdB A opjAiaaj anj o)sg *oqaaq ns BiJBDijijsní sauainbaiuB SEpuiAOig SBuiap sbj
ap ajquiou b A is j'dBsn^^ Bjsní uoa sojjaAouiaj Japod ap pEjjnoEj bj OAjasaj as
'oipauíaj ounjjndo aiua^jn ja jauod UEupod ou biouejsjp ubj3 bj t-d
sbj 8b A asjadiuojjoa uBjaipnd on'AoS jojjadng jap saj^aox ^oj a'b
Bjunf (['miad]) Bjap u'Dbjbjsui Bjua '^y s*g ap ojqang ja opuaiAajg
•sojox ap pBpijBjnjdB outs
sauapjosap jeiiao B-d n'3BuiBjDB ua ou 'bujsiuj Bjja j'd sopiAouiaj jas uBjpod 'ojjas
uaqap ouroa 'sbioujaojj sbj ap SBjnqaaq opuais A ípBpiun bj jBAjasuoa B'd soja^ng

�Juntas Provinciales respectivo ala guarnición de sus Provincias. Entre estos Gefes,
y Coroneles p.r su Turno rotará la Inspección (y comandancia general) mudán
dose de año en año de unos aotros.
10a,, No podrá imponerse alg.n Tributo alos Pueblos, sin q.e sea examinado,
votado, y admitido p.r voluntad grál de los Pueblos, y durará el ímp.to tanto
quanto dure la necesidad ([la necesidad]) á Juicio de los mismos Pueblos.
11a,, No podrá el superior gov.no por si solo declarar la Guerra, y ha2er la
Paz con Potencia extrangera sin el consentím.to de las Provincias, Si el caso diere
lugar se votará p.r los Pueblos, y lo q.e resultare de la Pluralidad se hará. Pero
si huviere urgencia la decretará el Sup.r Gov.no con laanuencia de B. Ay,a q.e
p.a este apretado lance tendrá la Comisión de todas las Provincias. Enlo demás
se entenderá solam.te el Sup.r Gov.no con las Potencias extrangeras.
12a,, El Sup.r Gov,no ni otro alg. ni podrá Ceder puerto ó parte de ñtro
Suelo, á potencia alguna extrangera. Eso seria dividir, comunicar, y enagenar la
Soberanía, q.e es de Suio (indivisible) incomunicable, inalienable é imprescriptible.
13a,, Se dará la imprenta Libre en los ([mismos]) términos q.e en su último
decreto sobre la materia la establece el Sup.r Govno; Empero queremos q.e los
sugetos q.e haia de nombrar el Cavildo sean á satisfac." del Pueblo, y q.e no harán
ningunos Jueces q.e de ellos elijan los nuebe censores qe pide el decreto, sino
q.e se saquen p.r suerte del mismo modo q.e previene el Sup.r Decreto ps los
q. haían de servir en caso de apelac.
14a,, Como preservativo, y ante mural contra Despotas, y tíranos se establece
la celebre Ley del ostracismo, reducida áq.e todo Ciudadano q.e sobresaliese en
ingentes Caudales como vgra en mas de un millón dep8, ó en muchas relación.*
con q.e pueda formar gran partido, y sojuzgar la Patria, sea expatriado p.r un
año convocando (p.a ello) el Pueblo y resultando su expatriac." de la maíoría de
votos, lo q.e tamb." se practicará en cada Provincia.
15a,, Las Leyes de Indias ([.]) dadas alas Colonias en tpo q. lo eran, quedan
sin efecto, p.r haver mudado de condición los Pueblos Americanos. Estas, / y las de
Castilla como emanadas de la usurpación, q.e hizieron los Reyes á la Nación, de
quien es privativo el Soberano poder legislativo, quedan del todo abolidas, y
solo tendrán lugar enquanto sean conformes al derecho natural, y délas Gentes,
al modo q.e decimos de la Instituta, y derecho de Romanos. Pero p.r quanto es
necesario un brebe Cuerpo legislativo, se nombrarán tres ó quatro Letrados los
mas impuestos en el Derecho natural, y de Gentes q.e se redacten las Leyes, y
formen un brebe, y sencillo Código. ([En lo Criminal tendrán presente dhos Le
trados la legislac." Inglesa, p.r parecer lamas Conforme ala libertad, y seguridad
de los Ciudadanos.]) Concluido el Código, Votado y admitido p.r la Voluntad
grál de los Pueblos, tendrá entonces y no de otro modo vigor y fuersa de Ley.
16a,, El Ministerio deformar Leyes y hacer Constituc.n es un empleo extraor
dinario de la República q.e nada participa del imperio executivo ni del poder
legislativo (este) es incomunicable y carece naturalm.te de representac." El consis
te enla Voluntad grál de los Pueblos, la q.e no puede ser representada sino p.r si
misma, p.r q.e ó es propia, ó agena, y siéndolo ya no es la de los Pueblos: a
qui no hay medio. Queda pues extinguido el moderno é impropio nombre de
Representantes de los Pueblos, con el q.e p.r ambiciosas miras se condecoran
vanam.te los Diputados, y solo se llamarán Comisarios q.e dependan forsosa y
enteram.te de la Voluntad de (sus) ([los]) Pueblos, y estén sugetos como los
demás ciudadanos al Sup.r Gov.no -^^
17a,, El estado tiene un íntimo enlace con laRelig." entre las muchas q.e hay
una sola és la Verdadera y esta es la Católica que profesamos. Queda pues ex
cluida la tolerancia civil de Cultos, y muchos mas la Religiosa.
Esta es la Constituc.n Provisoria q.e p.a subvenir ala presente común urgente
necesidad cree oportuno el Pueblo de B* Ay.* empro ([..]) de la publica liber
tad, y seguridad délos Ciudadanos, en protección y defensa délos Sagrados droi
délos Pueblos, yexecutivos de ntro adorado Monarca el Rey d.n Fernando 7.
Y ruega alas Provincias amantes de la Común felicidad sedígnen p.r Voluntad
General admitirla. Mas aun quando esta p.r desgracia de los Pueblos, no tubiese
el deseado efecto, quiere y es su Voluntad sirva de ínstrucíon, y poderes alos
Comisarios Diputados y Suplentes, para el Congreso; reservándose la facultad de
añadir las que con el tiempo jusgue mas conveniente. Quiere p.r ultimo / el
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�— ^81 —
ap sauopBSiyqo A 'soqDajap sbui ap A 'pBpyBn^í 'pBpunSas 'pBjjaqiy 'soyqang sopp
BiuBjaqo^ By oa UBinjjsuj soy a'b SBiJoiuain opuEiuioj uA 'soidiDujjd jod UBdas
e*b BjBd nBassog ap y^iDos ojbjjood yap yBiDUBjsns oy sayopuBDiydxa vA 'sopBUop
-uaju; uaiq sojDopui sopp BzuBuasua By soiqBS soy oSjbd ns b opuBinoj p^pni^
BpED na soyqang soy Jiifaja UBjpod a"b bdijojjjbj BiuiapBDy Bun ap oipatu jod
sauopBSiyqo A soqaajap sns na opuBJjsnyi UEiBq as oqamn BjpuaAuoa 'nopnjjJsooD
ajuBÍavuas bjjo n Bisa Jod asajSaj ap pnmdB ua uajjBq as soyqang soj yb bjb&lt;j

Bjauíudun as ys soinaABS yu 'osajdcoi Bqasonnny
•uasaipid A 'uasBuiBpB bj BqB^ynsaj ay Byya ap 0*b uaiq ya soyqan^ soy adyoS yB
opnaiaonoa yb yd BijanosjadBy opuBpnm Bsuajd ByB ByjBp ap oijJiqjB ya ouiojas
bsod By JBdujEJjua Bja yb soisa ap noiauajuí By Bpiaouoo s'dsap B'd nojBAjasaj
as^ 'nojaxip Bp^n 'sopyjanbaj anbunB 'Byya ajqos Jpap a'b nBina) 0#b nojaxip
i'pnB Bjsa b sosjnaaj nasaiqnq ou a*b Bjuana Bpcq on sopBSoqy ^asj'd sanainbB
sop oyos/í 'sajnajajipui nojBjjsour as sa íuojBAOJdB By oanp 0u'AO&gt; lo'dn^ ya
noa sopBjndiQ soy Bjanajadmoa na nBq^yyBq as noiamijsuoa By ajqos 3"b noJBSByna
,-Ay B-gap oyqan^ yap saaaA SBy nBiaEq a-b zaip soyB BpBSajjua A BjpaABBg oubjij^
ya j'd opEjjajsap ejoijje^ un rd BpBuuoy anj BuosjAojd uoionjijsuoa bjs^
•soyqan^ soyap pBp
-yBn2y By BpBaypn (jad 'paaajnB soy ouiod ojsa yd isb opnBpanb s^y "gap sojaSns
j*quiou b SBpBsiaajd UBijaAa^ ¿aaauajjad say oip joda'b o'Aipuy soy *^y *gap
•quiEsy Bjua jauajuEiu UBupod oujod? ísopsindiQ sns JBajsoa napand SBnadB
Bzajqod ns yd yb t'AOjg SBy 'oAijnoaxa oyBd i íB-yquiEsy BunSuiuB asJiJajsuBjj
apand on 'ayqBainnmoany BzayBjnjBn j'd Bisa opnais A 'soyqang soyap BiuBjaAOSBy
8}'inyBujJOj ajsisnoa japod ajsa oa 'OAijBysiSay oyB*d sa ys yb yd 'soyya jod
-ayqBjsa Bajquresy Bun ap oi'mBjaqiyapjB soyqang soyj'd uoidbjoa Byd

•odtoaij oaod ubj jeuj3ao^ B*d SBiauBjsip SESjEy oBjua Bjyanq A BpinaAap asjBajsoa
ya Bjuana aDBq say sajouajuí s-AOjg ssyap ojaaya nnSniuB sand Í8-^y s'gap soy
j'd at'niBaion SBpiSaj jasap i'aojj sbjb bsozjoj By jaaBq ou jod odj sonaui oqa
-nxn jod ou A 'oyuajij ua oiuaijjap say^ao^ soyap pBpiyiqooiB By aaayq^jsa a
* Bjo^q
•UOpBJOA By ajUBip
-ara oots oaoAinba uis BpiaoooD jas apand oo a'b By ísoyqang soyap 'yBi3 pBinnyoA
Byap onis noiauBSBy aAjaaj on a*b isb opuais rsopojap boijoob jBSayy yb an^iyqo
o'b B'd bsod bjjo Bjsaj ay on ib A 'j^yndod uopBjdaaB Byap sajnB Bzjany ns auaij
BAa'b a,'uiBDijDBJd japuajua b jBp sa 'soubjix ^p bsubsa b sopo^^ o sayajjB^) j'd
BDiyqndas oyosis a*b j'd soyqang soyjod ajOAas uopnjusuoD Bya*b *oqp Bqa
tZ
•pBjjaqiy Bjajoa bju ap BiuajsisyB noisaqpB atujij ysjojnsap SBAijisod^ sapaj SBqanjd
oduiaij o^jByi'd uap ab BjsBiy soja3uBJjxa oujod souacu yB sopBjBjj jas ojubj jod
uaqap r^yya bjjuod jijuas ya ua uos^ 'opBjBdas nBqas ajuaniBiJBjunyoA opBjjua uBq
is q 'BsnBD 'bju ap BuiajsisyB noisaqpB auuiy yBjojnsap SBAijisod^ say^aj SBqanjd
oduiaij oSjByi'd nap a*b Bjs^q soja^uEjjxa ouiod souaui yB sopBjBjj jas ojubj jod
uaqap :^yya bjjuod jyjoas ya ua uos A 'opBjBdas u^qas ajnauíBijBjunyoA opBjjua
UBq ys o 'BsnBD 'Bjuap yBiaos ojDBd OAano ya oa opBjjua u^q ou soyy^ 'saJByndog
SBjunf A 'soisiujo^) soy oa OAisBd A 'oaijdb ojoa ap sopinyaxa jas uaqap BjpaABBg
A 'aqoauo^o) soubjjx soyap soijbjd3 A 'souijoyjB3 soy 'sByouBdsg sajjo^ A '3a"g
ByB sojDipB soy sopox "soyya oa ^Bqa'b BzayBto A 'bubzi^ By JBjjBdB A 'soyqang soy
jBpjBDsa osiaajd sa 'ayqBpnyBS onis baisou Bas say on BpuBAjasqo nsa*b s*d ojadma
ísoyqang soy ap ya A yBjnjBo -ojp ya j'd Bp^ySaj sa uopnjijsuo;^ Bjsa anbnny
*I
'BDiyqnd uorujdo By jod sopipnaqajdaj A sopinSjB
uBas 'oyya j'd uajapajam anb oSijsbd oujisiabjS yap sbujb A sajuaydng A 'sotj
-BSIUJ03 soy ua sajapog sns ap OE^Bq anb sosaxa soy obdzouod 'sopoj sByopnayqBS
anb BjBd Bsnajg ByB napas BiDuajjaApB A uopnjjsui Bjsa anb 'yAy 8*g ap oyqang

�los ciudadanos, enseñándoles a no ([.])conf([. .])(un)dít la libertad con la
licencia, la subordinación con la esclavitud, la independencia é igualdad con la
Anarquía, infundiéndoles un entrañable odio a la ambición y codicia pestes
desoladoras de los Estados, y un amor índecíblea la medríocridad, al trabajo a la
gloría, y el respeto debido alos preceptos de la Religión. Las memorias qe salie
ren de algún provecho podran remitirse a el editor de Gazetas, especificando la
Ciudad ó lugar donde son hechas, para q.e se conosca el ínteres qetoma cada
Pueblo en su libertad é ínstrucíon, entre la emulación en ellos, y se comuniquen
a porfía unos a otros sus conocimientos y luces, y todos conoscan qe los America
nos no han nacido para vegetar y morir en el abatimiento y oscuridad de su
origen.
Esto que sigue pertenece á la ^ primera estrella q.e llama á esta segunda
Como no fuese tan fácil hallar entre notros un hombre tan sabio como el
d.or Franclin q.e hiso el solo la Constitución délos Ingleses Americanos, se tomó el
advitrio deq.e todas las Ciudades y Villas nombrasen un letrado, p.a q.e reunidas
todas estas luces se supliese aquel defecto, y la formasen tan buena o mejor q.e
lade los Estados, Unidos del Norte, y bien claro es, q.e esto no es transferir al
Congreso ningún poder legislativo, ó executivo, ni mucho menos quererlos hacer
tan absolutos y despotas q.e decidan á su arbitrio de la suerte délos Pueblos.
Eso seria salir de un Amo para entrar en muchos, y loq.e mas es, abandonar el
Trono que ocupan los Pueblos, por elegir los pesados grillos y cadenas que hande
arrastrar miserablemente toda su vida. De aqui es, q.e formada la Constitución
p.1 el congreso, aun quedan en libertad los Pueblos para admitirla ó rechazarla;
porque los Pueblos dados sus poderes, no han a peado del trono, son formalmente
el Soberano en quien reside el ultimo juicio, y de cuya aprobación recivirá
la Constitución vigor y fuerza de ley.

183 —

�•\

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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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                <text> Narancio, Edmundo M: Las ideas políticas en el Río de la Plata a comienzos del siglo XIX /Edmundo M. Narancio..  Montevideo : FHC, 1955..</text>
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UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA
FACULTAD DE

tltUMANIDADES Y CIENCIAS
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J. Bentancourt Díaz

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La filosofía de la historia
de -Arnold J. Toynbee
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La filosofía de la historia
de Arnold J. Toynbee

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FACULTAD

DE

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J. Bentancourt Díaz

La filosofía de la historia
de Arnold J. Toynbee

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La filosof1a de la h15tc&gt;ria de
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Montevideo

1 9 61

��La filosofía de la hisroria de Arnold J. Toynbee
I
REPERClTS/OJV GE ER11L DE L.1

1

OBl~ 11DE1 01'1

BEl

1
;

""J'andis que Je .. i11 vcnt c urs the1chaiP.nt fié,1 c n·
d a n s l es anu a les ch:.,
g u c 1t es el 'aull c fois. le" 1noyc ns d e ~e t!éta1rc eles
lil ; d e lc r barue léti, ele d l· jo uer les sott'i · 111a r1ns
ou d e 1&gt;aral, scr l e~ \ol 'i cl 'avion s, l 'f1 n1c in, oquail
fl !a fo 1'i lOll LC''i les 111CanL:itio n s qu ·cllc sa ,,111, con si&lt;1&lt;'· 11it 'iL't iet1 \)c1nc-11t les plu'i h tL 'l l t:''\ p1o ph é lt&lt;l'&gt;.
ell e se 'h crcha it des 1cf11 gcs, des incl icc. , d cc; co11~ ol a li .Hts dnns le 1cgi~rre cnLie1 des son' en h s. cl e5
sc 111c 11l

&lt;'anl:&gt; lcu1 s i111 agcs,

ne.tes ·1nl t'· 1ieui's, d e· &lt;llliludcs ancc,t rales...
\/ ·\ 1.1 RY.

"\'a1 1etc I",

p.

(Paul

1 t-15) .

Cuanclo t111 cspírittt e11lra &lt;'ll crisis clrl1e reft1giarse c 11 l a tttopía
para 110 caer e11 la d eses¡leración . ¿ Qtté lltt ~a11 coo n1illonc &lt;le co·
razo11es &lt;lcsolaclos e1t tina Et1ro 1&gt;a suc L1cli c1n ])Ol' clos f!tlcrras lrc 1nc 11llas ?
;,Qtté })tlc&lt;lf'11 a11l1clar esas al111a atril&gt;ltlatlas &lt;JtLe l1a r1 a is ti&lt;lo al &lt;les111oro11amie11to ele to&lt;lo st1c:; ' alorf's? U n co 11 ttelo llara , 11 j11fortt111i•l,
t1na esp era11za (le r~cle11ció11~ o at1 11, c11 el }l or ele los c:tso"', lu . &lt;&gt;gt1riclacl de st1 inclt1cta1llc c~ícla JlHra afro11tar1a co11 e toiri s1l10 ~ ~iri­
liclnd. l11clagar olJrc la 111ó 111í11i1na p si))iJirlacl ele a],·ació11, o mori1· co11 los ojos al&gt;i&lt;'rtos.
Et1ropa cnyó d e Sll r r clestal con el t e rril&gt;le l&gt;att li ~1no clr f ttcgo

rlc l 14. al 18. ''l\osotras, las ci vi li z~c1 oncs -·c~criJ, ín V r\ léry c11 abrí 1
de- 19L9, e11 Sll J&gt;riruera carta sol&gt;re ''Lfl cr ic;;is clel C "' l)Íril11~~~. sa}&gt;cmos
altora qt1e so1110 n1ortale .., . \~ c11 l úlli1110 trxto ele Jii ·toria conte n1porá 11ea se l1a csla1n1&gt;atlo s tc título: ';IJo qtt e r c11 r e~e 11ta la ¡&gt;ri111c ra
gt1 rra mt111&lt;lial: la &lt;leca(le11cia ele Ettro¡la!' }i'. Po11teil, ''lli Loirc Génc·
ralc co11t c1n1&gt;orai11c . ', ¡l. 515) .
A ese e .. lac1o clr e píritt1 rcs¡&gt;o11clía ttna e tr11 a liternl11ra a¡Jocalí1)lica o a go r e ra. Pc::;imi ta &lt;'n lt11os ca . . os., 01&gt;t i111ista c 11 otro::,, l1tt «al&gt; a sic1n¡lre &lt;.l e cntrniiar 11ttcs lro ele tino. ¡&gt;cngl~r comcnzal, a . ti fa111obo lil&gt;ro co11 e ta ¡&gt;c tt1la11tc afir1nació11: '~E 11 este li11ro se a.co111ete
¡Jor Jlriu1era \·ez el i11ten lo &lt;le prc&lt;lecir la 11i~Lori a~ . Y Toy·11l)re., l11cgo ele seiíala1· la re1)c tició11 ele Ja ei' iliza&lt;'iOll&lt;'5, e ¡&gt;rcg t111ta: ''¿Nos
~slá r eserva&lt;lo ta1ubié n ese rit1no ele &lt;le(•li11 acjó11 y caíJa, &lt;·01110 t111

-

5

�desti110 del qt1c ni11gi111a ci,rilizació11 ¡&gt;t1ccla tc11er esperanza de escapar?'' Y en la ¡&gt;ágina sigltic11te: '; ¿ Qtt; (leJ,c111os l1acer 11ara sa},rarno- ?:: (Civi li::&lt;1ció11. p. 54 ) r 55 . .... o])rC lo- tít11lo de las obra~ tlc To)"ll·
bee, ,~. Obras, nota final ) .

Re 1&gt;011die11clo a u 11 angt1s tia11tc prol)lc111a qt1e ~e pla11tca])a e11
escala 11ni\ cr al, esa literatt1ra 110 Jloclía clcjar ele alca11zar 1111a cxtraordi11oria tlif11sión. Eso lle,·ó a Lt1cic11 FcJ&gt;,r1·e a tildar, a la ¡lareja
Spe11rrlcr • To\r11bec de ''Dos filosofías o¡&gt;ort1111istas de la l1i toria''.
e
.
'
Ila],ía, ade1nás, t111 crudo &lt;lcsc11g.aiío f rc11t c a los va tici11ios de t111a
I-listoria &lt;1t1e, mo\i&lt;la por c.1esig11io 11aeio11alistns, l1allía pro111eliclo
triunfos qtt c r cst1ltaron derrota . Es cttrioso ol)ser,rar q11e el d11ro ala·
qtte c¡11c S¡&gt;engler dirigía co11tra Ra11kc, e r c¡)rod11ce e11 Toy11l&gt;ce, }r
cle ~(}c las ¡1ri111c r a 1)ági11as ele 11 }¡),ro, co11tra l\:Iommsen. Y el 111is1110 alé r)r a11tes citado inicia co11 c~tas clift111tlida ~ palal&gt;ra ... : ''l.1D l1i ·toria es el ¡&gt;ro&lt;l Ltc to más peligro ~ o q11c l1a)ra cl:il)o1·ado la c¡11í111ica
del i11t clecto"', ]o qtie los fra11ccsc, 11a 11 lla111atlo e l ''proce ... o ele Clío''.
Los \ CJ1cido 110 aman la l1i lori a. (.Y qt1ié11 no ba res11lta&lt;lo \ 'C llciclo 11 las l'1lli111as contiendas? I~a lli ' toria &lt;ftlC se conclenal&gt;a era Ja
11 i st ori a cr11cl ita, ri gt1rosa111c11 te a¡&gt;cgacl a a lo l1ccl10 .
e ¡lrc f ría
n1a11cj ar a éstos con fantas ía y &lt;l e c11fac1o; o 1&gt;ie11 Sltjet a rlo al a11ilJo
de llicrro ele t111 sistema. "'Los 11istoriaclorcs tie11en el privilegio, clc:-&lt;le l1acc alg1111os años - dice FcJ&gt;,·rr - ele ser colocados e n el ))a11qttillo J&gt;Or t111 lote 'aria&lt;lo d e l1on1J1re 1&gt;ro111i11c 11tes - poeta , 11ovc li tas,
y,criocli s la ~ , c11 ay·i tas- cp1c'I &lt;li ~ tra)'e11&lt;1o c11 fa, or &lt;le Clío alg t111o:s
1110111c11los &lt;le t111a "ida &lt;les linacl a a o lro~ c11 ltos, con1 pre11&lt;1 cn i 11111 &lt;liata111c11tc (a:,Í, por lo m e uos lo a cgt1ra11) lo t}tte, e n año &lt;le es tt1&lt;lio ~
cxcltt _ i,·o~, lo - l1istoriaclores no 11a11 illo ca1&gt;aces d e adcp.tirir y ex·
presar ''. (";Con1})ats pour l'l1i ~toi r e:', ¡&gt;. 119 - 120) .
1

'T

7

1

Ol&gt;cclccic11do a un estaclo &lt;.1c e~ 1 &gt; írit11 colccti\'O, inezcla ele eles~ ~­
p e ració11 )" ele e ccpticismo, la ollra &lt;le 'I'o}"tlllee d ellía alca11zar t111
éxito estrt1 c11clo o. La e &lt;licic&gt;ne" :e 111 t1lli ¡&gt;li cal&gt;a11 , su non1l&gt;re e r e p e tía c11 cli arios y r e, ·i s ta '} e11 la tril&gt;1111a ) r en la cát e dra. ¿A &lt;Jtli ~ 11 c
l1a atraíclo? I11le11tcn1os l111a p e qttc ña lis ta:
l~l clilc ta11le, el i·e acio a la cr11&lt;lició11 y el ri gor cirntíficos,
al gt1staclor &lt;1 &lt;' e e ·v iejo gé11e ro litcr~rio - C{l.Út1 el clecir de F 1&gt;\'rcqt1 c, &lt;le ele L11cia110 a Font 11ella, se llama Diálogo de los 11111e rtos ...

1·

Al sociólogo~ al es¡&gt;írit11 ~i~t ct11it ti co, an1a11te de lo principio~
a]&gt;'-;Olt~Lo - · l·Ia11 sido los ~ociólog')!:! lo &lt;1t1c n1 á ~ rápidame11te ... e l1a11
a¡&gt;ro1&gt;1a&lt;lo &lt;le la 1&gt;ect1liar t er111i11ología ele 1 'o)rt1l&gt;ec }" la l1 a11 clif ttncliclo.
Pero 011 lan1IJié11 &lt;los sociólogo . . , llcckcr ' " Ii~rol1licl1 qt1ie11e l1 a11 o ·.1
,.T
.
'
.)
tc11~t o CJ\lC • O)r11],ee e - tá })OCO ' 'er _a&lt;lo e11 ociología'' y qt1c ,;
cxtra~10 qt• c. t11~ 1.1om];re qlte d e lt11a 111a 11e ra ta11 ¡)r eci a mancja1la el ma~cr1al soc1olog1co y obtenía r cs11ítacl&lt;&gt;s . ociol&lt;)gicos es tuviera ta 11 ¡)oco
111f ormaclo r cs¡1ecto a otros trallajo · rcaliza&lt;l os en el mismo cam¡&gt;o'' .
(''To)·nl&gt;cc y la sociología sistcn1,\tica '', ¡). 4.2, 11 • 39) .
2.

6

-

�3.

A los filó ofo , di,•itlitlos e 11 clos lJn n clos, 11110 l o sal11cla con10
un Jog1·ado
intc11to d e r acio11alizació11 lra cc11cl c11tr &lt;l e ln l1islor ia :. l
'

otro, for1na&lt;lo e11 los pri11 c i ¡Ji os lóg i c o~, g~ n os~o ] ógicos y C }lÍ stomol ó~icos &lt;le Diltl1ey y Rick c rt, c o1110 es e l ca o ele C1occ, lo re~i lle fr ía111 11. e} 1ta
• }1a110
'
• r1. a . .. •'· .. '" e~ l1Tl va" ta!!,o
te. Dicr
: '.. To {&gt;S tan 1·1
t &gt;ro &lt;] e }i1slo
tardío &lt;le la fa1110 a l1i&lt;;toria &lt;le- l a civiliz nc ió11 &lt;le lltt&lt;'l&lt;lc . . . :", 1111 ':J¡.
Lro qt.1 e poro nos en sefia'' (Qt1adc r11i d ella ''"Critica·', rov. 19..J.7).

Al l1istoria&lt;lor y el t eóri co ele ]!l. l1i::ilori u, ea1n1&gt;0 ~n c-l &lt;ftl ~
l1a Sl l eita&lt;lo las nt a) ores ol&gt;j eci ~11 cs &lt;(ll e ' a 11~ &lt;l e t1 e Ja reft1tació11 si~­
t e111ática 11a ta el jtiicio c1 cs¡,ccti vo o irónico ( l arrot1 , Fcl,vre, Rc11icr,
4.

, B e, ·a11, etc. )

11o t l c a~t'', al 110111l1rc C'o111ú11, al 11o u1] )rc tlc l{t
call e~ para qt1ic n se cl al1or ó, p rccisan1 c11 te, el (.'0111¡Je1zdio . .1:\ l \ ' lll!?.o le
atraía, segúi1 la expresión d e l len r),. (le lVI a1 1 ~·esa i11czcl :i a!!'r acla1• le &lt;.
dia gnó tico ¡)csi n1i ta y d e e I&gt; ra11 1.: a r cco11fo rt a 11t c co 11 ll tt h a¡&gt;[J)' c&gt;n&lt;l
a l&gt;a.se de co11Yicc i ó 11 rcli gi o~a ~,. ( 1. . La e r a ele la 111 n"as·". Jl . 19 - 20 i •
"\ol&gt;re e t e l1om]Jrc co1nú11, la JlCr~o 11 a li &lt;lad ele To)·t1 l1c"' ejerció t111 lec·
to fa cinador. Ante tocio 11o r s11 estilo, c ti )~as '"'a r ac lc r islicas &lt;le li ri s ·
ino, fa 11tasía, tono eo11 fi cl c nci a l, c t cH .._e)ia l JrP1110
11 otro a¡)Íl11lo.
Y lt1ego por s t1 a JlCC to fí-. ico. Fí ic:i )- cs1&gt;i r il t1al111c11le 'fO)' tal&gt;cc ti 11e u 11a fi gt1ra c at1li,·a11te .
\ s11 Jlcgacl a a los E ... tnclo - lJ 11 i(l o~~ tt n a
r cvi'"' ta n eoyor1cina l o d escri l1 ía a ... í: ,.. A Jlr i111 era 'i ta~ r110l &lt;l T 0)·11b ee e la r ér)lica o cci cl e 11t a l el e t111 D a la i - I .. n111n : a 11g t1loso ) r ase ~ li·
co rostro, l1c rn1osos cal)ellos l&gt;laJ1cos, p ót11111o- S;t l i c 11 t s ) r ll1 111 ir10~0~
ojos'' . Para la m entaJi&lt;l a&lt;l p o¡)u lar u¡Jar pc·c &lt;·01110 tt 11 i11s¡&gt;iratl o, t111
11ue' o profe ta. P o r e o, c11 Et1ro11a .. cle n o n1 í 11a e '~ l o)r11b cei r110'~ a t1:1
r eciente c ulto qt~ c Ctl.en ta co11 e 11tt1 ia t a f l igrc -cs .

5.

Y, ' 'last

]l 11t

....

'

�II
VIDA , FORl/J-lCION l ' OBR.4 DE AR1V OLD J. TOYN BEE
"El q u e c"lo c.:"l rihc es u 11 ingle-; &lt;.l e la el a"..:
n1ccl ia. de .38 a iio' de edad . Poi upuc to. su na·
cionalidad. edad v 111eclio soc.:ial &lt;lctc1 n1in a n en
alto grado - to1n::ido" e n conjunto- e l p u nto clC'.
' ¡,ta tc... dc e l e ual &lt;.li\ l'd el pano1an1a llel n1undo.
I.. n i ca lida d . co1no 11os u cccl c a todo'i \ a rada
u no de !lo ~ot1 o:-., e-;, en 1na} 0 1 o n1eno1 g 1ad o. t -.
c la \ O d ~l relativi~n10 hi ~ tótil o " . (1\ rnold J. I o} ll ·
bcc. &lt;111i/i:ació11, 1&gt;. 27) .

l.

Jtºida.

Ar11ol&lt;l J. Toyn1lee tiene a l1ora 71 aiio . Nació, e n f'Í ce lo, c 11
1889, en \111 l1ogar de la clase 1ne&lt;lia i11g.lc a , clnse ele la qtie ~i c1111&gt;rc
se con idc rará i11te gi·antc. P ero d e la cla e n1 eclia st1¡)erior, . i 110 ¡&gt;o.r
tl fortt111a , al m eno ¡)or t1 c11lt11ra. Stts fa111iliarcs r c¡l r c. e11ta n &lt;ll·
ver so tipo d e l ambiente cl1ltt1ra l in glé el e la ))tle11a é ¡loca v ictoriana. El niño se d esarrolló e 11 lt11 111e &lt;li o cxc1t1i i to. ) - e to e i111 p o rtante . To}r11l)ee será siem¡)r e t111 ari tócrat a ele la cultt1ra. E~ t e C "',
para mí, 11no d e su s rasgos n1 ás seclt1 ctorc .
U110 ele t1 tíos, Arnolcl T oy111&gt;ee, e l111 co11ocido 11ist o ria clor.
Ftte a11tor d e t1n fa1noso lil&gt;ro t itttl a clo ";I Ja r ev olució n i11clt1 tri al~'
(v. Franco·vicl1 .. ' ' To)·nlJee, H ei&lt;l eg ~er }r \X711ite l1 c ad"', p. 11, y A rtl1ttr
REDFORD, " Tl1e Eco:.1omic Hi -tor}r of E11 gl a 11cl 17 6 0-18 60~", ¡&gt;. 13 ~ .)
De otro de st1s tíos, Pcrcy Franl l a11&lt;l .. r c if)i ó, ct1 ando t enía 13 a íio -,
el o])se qt1io del ¡&gt;ri1ner atlas l1ist ó ri C'o , scg t'111 lo r ecu e rda él 111is111&lt;'
con cmoció11. Má e1noti,·o aúr1 e l r cctt e rclo qtle co11serva de st1 tío
abuelo H enry 1,0)' lll)ec . Era tln vi '"'j o lo]Jo 1nari110 qu e 11a ])Ía r ccorri&lt;lo todo~ los mare , qu e se j actal&gt; a ele 110 l1 c]Jcr coman&lt;l a &lt;lo t1t111ca
un l&gt;arco a ' rapor y qt1e, c11 s11 vej ez, lle11ó la ine11te del 11iiio co11
n1ara\•illo .. a aventuras, co11 paisa j es y ¡&gt;t1 e1&gt;1o ~ inso ¡1 cl1 aclo . Lo6
r elatos inaca])a1&gt;1es d el viejo H c11ry &lt;lcc;n rrolla r o n en 1 0)"11}Jcc tl 110tablc capaci&lt;lad d e imaginació11, S\.t ir1 aci n1lle ct1riosida &lt;l!l . tt fina Jl C11ctración para d esentrañar oc11ltas "igni íica cio n e e n el 1&gt;a 11o ran1a d el
n1t1ndo. Villra a11te m o11umento y 1110 11t aíias . Expresa tt r econ ocimie11to ante e as oll ra l1t1ma11a o &lt;li,Ti11 as qt1e lo l1an inspira &lt;lo: '"l~ l
Parnaso y el I·I eli có11 y el Acroco1·i11to, e l Eo l ponié11dose en el ¡&gt;11c11te de oro de San Francisco; la Via A¡&gt;ia ) r el n1 ar interior del J a·
pón a la l11z d e la 111na ... la Gra11 l\1t1ralla Cl1i11a ct1lebrc an&lt;lo sol&gt; r e
1

8 -

�co11torneadas mon tuñas; el 111 t1ro ro111a110 c1L1e coro113 l as eres las lle]
!Io,vsteads . . . e 1 1&gt; rfiJ de Jos ra ea cielos 11eo) orl~i110 ,·i::-los de de
el este; los r11lll'OS al1nenados d el ICrcn1li 11 a las &lt;lo y 111c &lt;lia de la
n1aclrt1~a&lt;la
en lt11a nocl1e i11vcr11al. .. el Yall~ cl cl río Co1111ectict1t
....
ve tido del rojo y dorado del otoño; el valle n1ogol ele Sl1ill&lt;a y el ,-alle olo1na110 clel llcl&gt;rón ... ' ', y t111a larga lista q1tc t e rn1i11a c o11 '' ·l
lJttsto de Ncfcrtiti tJUe está en el 1nt1seo de Berlín~,. (E . . tt1clio, X~
0

216 - 217) .
A í ent1111era a cacla t1110 ele ti fa111iliare , a catla lltlO ele los
011jetos do111éstico ~ . Pero tina e ~ J&gt;&lt;"cial cJc,·oc-ión, 1111 ¡)artic t1lar agr a ·
decin1ie11lo tri11t1ta a st1 n1aclrc ara Editl1. &lt;'-So, .. l1i:,toriaclor - &lt;li ce
"'
al co111enzar la Ci vilizació11~ J&gt;. 1 ]- 1&gt;orqt1e 1ni 111ac1re lo i'11e ar1 les
qt1e yo"'. ) r cierra el Prólogo al Estztdio confe a11do qu e s t1 dct1&lt;lt1
ma)ror es 1&gt;ara co11 st1 ma{lr~ qt1c "'orie11tó ¡lor }Jriu1 era \.·ez 11 1&gt;r Jla111ier1to. . l1 acia la l1i toria nl cr c11a 111 i ~111a 11i::-toriadora··. Cua11do
11 11adre i11a11ife tó carecer (Je i·cr11r~os t1fi · i c11t&lt;' ~ para &lt;larlc al 11i·
ño 11na ecluración e~ u1crncl a. la n1aclrc se encar gó &lt;1e la tnrea . Ga11ó
cli ~1c ro puJ,licando li llro.. . po¡&gt;ttla res d e !1i' Lo ri a e occ~a . Ft1e clln
i11i~111a ll pri1ucra 111aes tra: 11 ac ía clormir a tt l1ijo le} é11clolc troi;os.
d e la l1i toria ele l11 glatc rra lo i11ició e11 l g11 to ])Or la ¡&gt;ot-... í~t co11
lo~ \ 'C r ... o de tl a11tor pref rido, RolJ e1· t Hro,,·ni11g. De c"' te 1&gt;0 ta co11fie~a To)r11l1eeton1ó la cxprc ió11 ' r to y rcs¡ltl l:'lla ~ ( (' /1alle11 gt&gt;
&lt;tncl r&lt;&gt;S]J(Jtis c) Cfll :'. c11 f.itl isi ~ l en1 a, e iíaln l a g' 11 c il) &lt;le las ci,riliza•
c1011e
.
To)rn]Jee alcanznrá 11 !)lt vitla .. ntisíac ·ion r c]c to&lt;la 11ntt11·alcza:
}}O ecrá 11na i11-t1p cral&gt;l ct1 ltl1ra C'}á_icn, l "Jlclrá l.111a aclt1ació11 doce11te )" política d e tacada, logrará ]a f an1a, ]a fo rl1111u, la l'º Ilt1 lariclacl. Pero el &lt;1ra111a y a\Í11 la tragctli u ac11&lt;liero11 s t1 existc11cia. ]) •
tl pri111Pra e 1&gt;osa )1 ij :i &lt;l r 1 ~ra 11 l1 e l c11ista (-;.¡ llJ e rt 1\1t1rra)".. ]lt1 ll&lt;l ele
di,rorciar e . tl ¡&gt;a(lr 111t1ri&lt;.) loco. Y lt11 0 ele ~. 11~ J1ijos e c;11iC' irló.
Estos contra, tes no lo allat icro11. acó ele llo J111e ' o
l 111C'11to ... c¡11e
nt1trc 11 s11 filo ofía, s1&gt;ec ial111ente ac4t1el q11c ~ir,re de co lo fór1 a todo
s t1 i st en1a y qt1c él r e pro&lt;lt1&lt;'e .. co1uo ie1111lrC co11 ltna c•ita ·Jñ . . ica
c~ta ,·ez &lt;le Es&lt;1t1ilo: Pátlz ci 1liát l1 os. }lO r el st1frj1ni nto a la sal1i&lt;l\1ría.
Entusia 111a la idea de traza r el r e trato }l.... Ícológico~ e l p erfil e~ ·
piritual ele Toy·n],ec. Y &lt;111izá sea e llo &lt;' .. "'11cial })ara ele c11truf1 nr 1,t
nat11ralez~ de st1 o1Jra. P ro &lt;lclle1110 ~ ir al a11álisi, de ~ Ll .. idea . ii1te rr\t111 ¡li~11clo nqt1í
l e e f1t111 a(l o croqt1i ... .

2.

Forr11flciór1 .

1'0)•11l&gt;cc ct1rsó ::,tts ~ ttrclio c:1 lo 111ás cli ... l i11~11idoc; cc11tros el&gt;
e11scfía11za: Jlri111e ro n 1\ ootto11 Court . cl100] y \\1incl1 c..,tc r, llt ~g(,
e11 Oxf orcl (y e n el colegio Ila 11 iol, u 110 ele lo 111á ~el ec to el ~ la l.t ll ¡.
ersi t aria ci u clacl) , 111 á ta r&lt;I c11 la Eset1c la &gt;-\rc111 co lóµ.i a Brit á11lca
d e Atc11Js. ){eci1lió - dicr - ''t111a c&lt;lucacic)11 l&gt;a acla cn~i c 11lc r a1n c 11t c c11 Jos cl ási&lt;·o griego'"' y Jati110 · ( Ci1 i l i::.ació11, ¡&gt;. 12 ) . Llegó a . e r
u -=.1 ¡1crf ec lo jen1 ¡1lar clcl sclr o lar i11~lés . Co11occ ele m emoria a los
\

7

9 -

�at1tores clásicos . Ft1e d efiniti\'ame11tc n11resacl0 por el ''milagro gric·
ao·'. El mismo confiesa que no I)lted e }lensar 11ada poético si110 e11
la lencrua arieaa . Y s11 Estzidio se inicia co11 vci11tidós clísticos elegíatt
o
t:&gt;
,,"'(-· l
d
l
.,
(
s
cos en arieuo clásico que co111po11en t1nn 'ic a e a11tor
yg¡rra·
o
e
·
d
f eos bios ) . Los t1ltimos c11atro , ·ol1ilne11es clel Estz1d10 nos 11a11 cparado algunas sor1&gt;resas. fia l1nbido u11a 1nodif icación del Pla11 primi ti"-o. Tern1inar la obra, d e pt1és clel i11te rlt1rlio ])é lico, le pareció
c11n1plir u11a nt1eva etapa, . . egún explica en dos Prefacios del vol. VJ [.
Y csc1·il&gt;ió, por tanto, u11a ''i\ue,-a ,·ida d el autor'I', p ero esta vez en

(Scri¡1toris vita nova ) .
Cre o qt1e la infl11en&lt;'ia d el 11ele11ismo f tte la iná proft1nda qt1e
l1a experi1nentado en su forn1a ción. Fue el &lt;lerrt1n1J,e ele aqt1ella ado ..
rada civilización lo qt1 e le s11girió una filosofía d e la l1istoria. Hay
t1n l1ilo de t111ió11 e11tre Sa11 Agustín, Vico y nuc tro at1tor, toclos ellos

latín

d e primido ). acor1gojac10 - a11te p érdi&lt;1=i ta11 1rc111encla. 1-a&lt;la ntá"
ilus trativo que esta co11fc ión st1ya : ''La guerra tle 1914 (Toynl&gt;ee te nía entonces 25 años y era f e llo1u en Oxf or&lt;l) i11~ e11co11tró explicando
T11cídides a los estucliantcs d e Balliol q11e se preparal&gt;an })ara egttir
las Literae Huma11iores ; y e 11 es.e mon1c nto mi cntc11{limie11to se iltt·
mi11ó ele sú1&gt;ilo. La ex¡&gt;eriencia ¡Jorq11e estábc1111os p&lt;1sa1ido en 11,z1 estro
1nzindo act11czl ya habi(t si(lo vivicla ¡Jor T11ciclides e1i el suyo . A11ora,
en una nu eva lectura, lo co1111lre11día e11 otra fo1·ma, p erci}Jía el ver·
dadero si g11ifirado d e sus palal&gt;rns., los ~e11ti111i entos latentes e11 us
fra ses, que sólo al1ora 1ne c-on1no\ Ía11, al 11a llarn1e a n1i vez en c ~a
cri is l1istórica q11e le indujo a csr riJ1ir stt ol)ra. Tt1cídicles, tal 5&gt;e
, ·eía., l1abía pisado a11te ese rui._ 1no t erre110. El y la gen era ción a
que p e rten ecía liabíari estcido &lt;11ites qz-1.e yo, arit&lt;&gt;s qii e 1ni propia
ge11eració11, er1 el estadio d e la ex71erie11cia lzistórica al &lt;1z1e resp ectiva1nente l1abían1os arribado; e 11 r ealidad, ll prese11te l1abía ido mi
f11t11ro. Pero esto co11vertía en allst1rda la notació11 cronológi ca cr1te
calificalla a n1i n1u11clo co1no ''1node r110' "'y co1no ''antigt10'' al d e 1.. u.
cí&lt;lides . Pese a Jo qt1 c p11diera sostener la cronología, el 11iu11do d e
TiL cídides y el niío ]Jropio acababa11 de prob&lt;1r qz1e era11 filosóficam etite co1ite111poráneos'' ( Civilizccció11, p. 16 - 17. E ta cita y las qt1e
sigt1en son fu11damentale . Los subrayados son 1111estros) . En el }lre f acio d e la 2~ e dició11 de ''El }Jen sa111icnto l1ist órico &lt;le los griegos'',
co1·rol1oralla : ''En esencia, las experien cias 11istóricas fJlte a1·rancaron
estos 1)en samicnto . en el alma griega son sin1ilares a las cx¡Jericncias
por las que i1osotros estamos pasando'' ( Greel.: H istorica l Tho11gl1 t,
1

p. XXIX) .
En otra oportt1nidafl i·elata stJ con ct1rrcncia a t1na co11f er e11cia
d el l1istoria&lt;lor Alfre&lt;l Zimmern. ''l\Iientras estal&gt;a sentado, esc11cl1ando, las divisio1ies co1ivcncio1i&lt;tles entre el ''[Jltsado'' y el ''presa.11te'' y
entre lo ''c1ntigzio'' y lo ''nioderrio ~, se d esvaneciero1i e1i ni i m ente y
no ha1i v1,elto a niolcstarla d escl e entonces'' (Es tudio, X, p. 232) .
•
Esto i gnifica, lisa y 1la11amcntc, aceptar los princit)ios de la rep e tición d e los l1ecl1os históricos y ele s t1 i11tt: m1)oralidad. Lo gt:avc
· es que tal posició11 constituye nada menos que la negación d e la his-

10

....

�toria, que se caracteriza J)Or la

i11gu]a1·idacl ele su

11ecl10 y por u

11ociór1 de tie1111lo concreto.
Pe1·0, cleja11do 11tte tra críti ca para ct1a11clo a11alicemo
u s is te ma de las ci \ iJizacion c:-s, co11 ve11gau10 qt1c su filo ·o fía 11acc al cor1-

jt1ro d el de lt1mbra1nic11to qtte le 1&gt;ro&lt;lt1ce el p;e11io griego y·, e 11 Jl &lt;ll'ticular, e se giga11tc el e la l1ibt o riog rafía fJllC p rrucídides . I o f u c
To)rn]&gt;ce el pri1nero e 11 cxpc-rj1.-1 e11tar e .l e11 'ació11. La l ectt1ra de 'l.La
Guerra clel P clopo11c o'" 11a cortado la re piració11 a má d e un l1i ~­
toriaclor o filó ofo &lt;le la l1i tori a . El ¡&gt;1·i111er sacl1dó11 e r e ·illc Cl1a11~
do Tt1cí&lt;litl~s coniir a, co11 ace11{lra&lt;Jo org;11llo, &lt;JUe qt1ic r e esc1·iJ1ir
'"t111a l1i t oria qt1e q ttc &lt;le })ar a ... ic 1111&gt;r c~'. F:l ele ..1 o si ego e acenl tí a
ct1anclo o]Jser\. a111os lo }Jroce&lt;lirnie11tos m e to d ol ógi co del l1i toriaclor
ateni e11 e. De fo1·1na ció11 ofí ti ca , l1ay r a os e n ql1 e se aparta clel cla·
~to concre to ¡1ara e le" a1.,·e al rci110 ele la all tracc ió11 . El 111á ilt1 tr ativo e el fan10 o ~'Diálo go ele 1\Ielo.' (lil)ro \ , LXX.1 V - C.1 III ) .
llí
Tt1cí&lt;ljd es alJanclo11a lo partict1 lar e 11iLlórj co -- ln ex1Jccli ció11 &lt;le lo ate·
11ien es contra la i la tle l\1e l o_- para pla11tear .. en for111a all lracta el
pro y el contra &lt;le la ¡&gt;olítica imperia]i ...t n, &lt;le t a l 1na11e r a cp.1e la c xnpr ~a
se d el) ate, clice J. d e R o111illy·.. con10 ' "t111a t e is !ll taf í ica'' ( ~·TJ1u c}~­
dide et l'impériali m ~ atl1é11 i 11·~ , p. 231) . P ero, ol) re todo, el carác ter ele e a gra11 conflagr ació 11 cle1 1nt111clo ~ri ego, "11trc l111a 1&gt;ot c11 c i~1
n1a rílima, &lt;lemocráli&lt;'a., &lt;le µ r an cl esn rrollo i11clt1 tri a l y co111 er ci al, )'
ttna poten cia conti11c11ta], i11ilita ri8ta, co11"-rr' a tlo ra } &lt;le eco11o n1í,1
atra a &lt;la , e \ oca &lt;le i11111c (_l ia lo J o~ co11f li ctos n10Je rno &lt;1c 111 gIn lcrra col\
lo gra 11cles e11ore el Ja gt1e 1ra 1 l co11ti11e11t. c t1ro1lco, ) Ta ~ e llan1~11
ailoleón, G11i lle1·1110 11 o 11 i tlcr. L a i mpr&lt;' ió11
nccr1tt1a ct1a11clo
e lee el })riincr di-ct1r . . o de l&gt;eric les., qt1e ci&lt;&gt;rr a el lil)r o I ( cxl - cxlv l,
en el qt1e el j efe ateni '"'11 e a11aliza l a ... po ... i1l ili&lt;l a cle . . &lt;le tc11as )T E ¡&gt;arta
y traza la e trategia ele u pro 1&gt;ia c iudad. I•:::- p~ rta , di ce P ericl c , . . óltl
}&gt;Ue&lt;l e ve11cer en t1na gtte rra ],re,·c y ft1l1r1ir1 a 11te (es decir, tin a \:t)rclaclera blitzlcrieg) . F:n ttr1~ g11crra ele rec t1r~o ... , t e11 a~ ería sieu1 t&gt;r c
la ,~ e n ce&lt;lora. ";. 1 - t1c"' lra 111ar i11 a - co 11 tinú n P eri e le - con ... tit ti' e llt1 c tra ft1 erza y sl'ílorío. Lo l1 {1)1jto inarino 110 J1a ce11 n1ás a¡llO 1&gt;ar a
la gue rra te rrestre tl c lo lJU e Ja exp e rie 11c ia c on ti11 c 11 tal d el l o~ le·:,
pued e er\'Ír pnra ~onvc rtir e &lt;l e pro11lo 11 navega11lc . l o le sc&gt;rá
posilllc improvisar la ci en cia 11aval·'. Y t err11i11a c 11 fo rma arrog a11tc :
'"Cosa 11ota1&gt;le e ser &lt;IL1e ño (lc l n1ar. R cfl c"io11 a cl S&lt;)IJr e es to: i f11 ~ ­
~emos i11 t1larc ¿ l1alJr ía otro ¡1L1 &lt;?1&gt;lo m á
i11ex1&gt;t1g11al&gt;le qtt 11 0 otro ?"' E. a estrategi a, e l1a o1l er\•aclo .. es la &lt;l e Ingl a terra fr ente a
sus e11emiµc:::; continc11tale., y la ¡)nla1)rns ele P eri clcs pt1dic ron b&lt;'l'
1&gt;ro11t111ci adas por \\..illiam Pitt tl otros Pri1l1e ros l\1i11i tro . . .
Se trata, co1110 e \·e, d e un 1&gt;ro1&gt;lema el " co 11f ro ntaci o11c l1is t,)rica ' siempre r&gt;o il)l e~., p ero qu e 110 }&gt;tted e11 i11cl11cir11 0 a e rror. 1~alll·
l&gt;i é11 e 11 la , ,¡,Ja de todo l101nl&gt;r c l1ay c t a ¡las o circt111s t a11c ia i gua 1 . .
o pareci&lt;l a . ,])ero no e la gener ali zació n o l a a11éllogí a lo qt1c i11lc resa a Ja l1istoria, ino ¡)reei .. arne 11tc Jo 1&gt;ect1Ji ar y co11 cr c to. IIi tóricamc11lc no 11ay clos cxi te11ci as igt1nle .
Otro i11flt1jo., co11f e ado ¡)or el pro¡,io "f oy11llce, f t1 e el de pc11~

11

•

�glcr. '~E11 el ''erano de 1920 - di e c11 Ci vili~ació11, p. 19 - 20- el
prof csor N amier, q11e acahal&gt;n &lt;le l1acer111c ver la Europa Ce11tral, puso en mis 111ano La decc1dencia de Occiclc1ztc de Spcnglcr. Al leer
esas pági11a ... , rcbo -a11tes de lt1111inos~ ¡)enctra?ión l1istórica, .c~111ene.é
a pregu11tarn1e si Spengler no l1a]Jr1a conclt11do ya toda n11 i11,·e ligación, a1í11 a11tcs que la re i&gt;ectiva prcg1111t~s -para 110 l1alll~r
de la respt1e ta - se l111])icran f orm11laclo en 1n1 mente. U110 de mis
¡&gt;t111tos princi¡&gt;ale era qttc el objeto de los estltdios l1i stóricos por
reclt1cido q11c f ticra, ]o co11 titl1Ía11 sociccla(lcs co1npletas y no frag·
u1~11tos arl&gt;i tra1·ian1ente aislados, con10 lo Estados nacionales de Occiclc11te actt1al o lo est:iclos - ci11cln(l clcl n11111clo greco - 1·0111a110. Pen·
alla tan1llié11 cp.1e las l1i -toria.., (le todas la · C'cicdade de la e pecic
llan1acla ';ci, ilización:' eran - en cierto e11ti&lt;lo- paralelas y conten1porá11ca . AinJ&gt;o- ])U11tos eran ta111]&gt;ié 11 carcli r1alcs en el ibtema &lt;le
}le11glcr. Pero c11ando l)l1 -q11é e11 st1 lil1ro t1r.a respuesta a 1ni prcg1111ta ncerca &lt;le las géne is ele las ci,·i}i¡;aciones, hallé q11e todavía
q11cda]&gt;a tarea por 11acer: c11 e e ¡&gt;t111tf1 - 1ne pareciópe11gler era
rutt)'" 1&gt;oco il11111i11adoran1ente dog111ático )" clctcr1ni11ista. Segú11 él, las
ci,,i}izacioncs 11acía11, se d esarrollal&gt;a11 .. (lecli11a]Ja11 y desaparecían co11
i11varial&gt;le co11fo1·1ni&lt;lad a t111 infle~i1lle l1orario; y no se dalla explicació11 algt111a ele 11acla de esto. Lo C(tic S1&gt;cr1glc1· había clescul&gt;iertcl
era sólo 1111n ley (le la nat11ralcza, v se la &lt;1e1Jía aceptar co11fiando e11
el 111ae tro: ;¡&gt;se di-~it. Este f l(tf nrllitrario }Jarccía dese11gañadoramc11·
te i11-rligno clel ge11io brillante &lt;l e 1&gt;e 11gl~r: ) .. caí en la cue11ta, ento11ccs., de t111a &lt;liferc11cia de ]as re ¡&gt;ccli,·as trarlicionec;; nacionale . Donde
el 111étoclo alc1ná11 a priori no clcjó c 11 J)la11co, ' 'eamos qtté 1&gt;11ede l1accr el en1piri n10 i11g]és. E11sayc1110 ~ posi]Jlc'"' ex¡Jlicacioncs alter11ati·
vas a la luz &lt;le los l1ecl1os y o))sCr\ emos có1110 soportan la prlteba''.
1

1

Re11t111ciamos a 11acer 1111a co1n¡)aració11 d e S¡&gt;engler y Toy111lee.
Es provccl1oso l1acerla y n111cl10: ~tttorcs lo l1a11 i11tentado. i Jean
Pot1illo11 so ti en Cflle '·elle lot1r11e1ait 1&gt;011rtan t a11 1lénéfice de Spen·
p:lcr': (v. B i],}iograf ía. art. cit., Jl. 190) y F &lt;"'111 eca l\I111íoz mi1111niza 511.s
cliscre¡la11cias (''la oposició11 c11l!liri 1110 - nr)riorismo, como re¡lrese11tativa ele la contraposici ó11 Toyn]Jee - S1lc11g ler, debe ser red11cida
consideral&gt;leu1e11tc'', Nún1ero, Nos. 23 - 24, p. 212), la mayo1· parte &lt;le
ello : y me 111110 a su opi11ió11, co11siclcra11 qt1e a nt1e tro a11lo1· lo

sal''ª~ preci~a111c11te Sll adl1esión. al tradicio11al en1¡li1·ismo l&gt;ritánico,
Sll carencia ele espíritu sistemático y de }ll'O}&gt;Ósilos políticos 11acionale , ~u mayor co11oci1nie11to - jt1slo es clccirlo- de la l1i~toria misma.

s~n, c' iclc11te1nentc, el 1&gt;ro&lt;l11cto

clel antllicnte a1Jocalí¡ltico de
nt1cstro t1cm1&gt;0, de la caída o r11i11a ele ciertos valores ele los 11otallle . . ca1nl&gt;ios a ~tte asistin10..., y q11c 110" co11mt1e'' e1 1 y' desaso iega 11 .

An11los

1

Por&lt;ftte re .. Jlond1an a un cstaclo (le espíritu colectivo su obras alcanzaron gra11 dift1sión ~ pero e l1a11 n10 traclo efímeras . Es 110 table
lo ocurrido co11 ~1 1i1&gt;ro ele Spc11f!.lC'r. L11cgo ele 11n éxito estrt1e 11 doso
y !1~l11~i11a11tc, cayó rápi&lt;lan1e11tc c11, el 111nyor desprestigio. A¡&gt;enas
apa1cc1do, 11110 (1~ los pci~sadorcs 1~1as ca1&gt;acitaclos para rcf tttarlo, H.
RICKERT, no ere)' o conven1e11tc cl cclicarlc n1ás CJlle el trozo de una no-

12

�ta, pero en f 01·ma contunclente : 'De111ttestra gra11 confu ió11 en e to8
prol)lemas el lil&gt;ro &lt;le Os,,·ald S¡&gt;englcr .. la '"Decadencia de Occi&lt;lc11te'' qt1e - con10 antes ''Re111llra11dt edt1cador'' ). el lil)ro de Cl1an1l1crlain ollre "'Lo ft11~clame11tos del ~iglo rl ,.~,_ Cll el estado ele e -·
píritu dcjaclo por la gt1erra 111t111dial l1a alcanzaclo, })Or moti,·o fáciles &lt;le co111¡&gt;re11clcr, tt11 éxito se11saci&lt;.l11al d e 111o&lt;la . El libro, e11 cier·
tas partes, no de ja de tene r interé ; ¡&gt;ero ct1a11do preco11iza co1110
métoclo 1tllevo el 1&gt;e11s amic11to d e 11na ''inorfo1ogía de la l1i toria universal'', esro rs, una biología gc11eralizaclora c1e la ' 'icla l1is tórica, toclo bt1eL1 co11ocedor de lo escrito sol&gt;re e t ns materias comprende al
pt111to c11á11 j11gc1111a es la :'11ucva'' idea. La ft111 cla1n e 11tal lógica &lt;le
esta ''n1orfología'', qttc Spcng.ler i11te11t a c - talJa ) ra r efuta&lt;la int1 ·110
antes de e crita (''Ciencia ctiltt1ra l )' ciencia natt1ra1·~, p. 36) . H rZI~G.A, por st1 flarte~ constata])a la i1111 re ión qttc pro&lt;lt1 cía al ca]10
de ¡&gt;oco tic111¡&gt;0; '" los diez años el e trnz:.1&lt;lo, st1 esqt1ema ele la l1i, toria tt11i, ersa l apa1·ece con10 u11 111at1so1co 'rª ·ío }" allandonaclo. Lo
ra go carical ttrc cos, las cor1cc¡&gt;cio11c-s tr 11i 1a e ralee; ar]Ji trari a~., la imetría acrol&gt;áticn co11 qi1e st1 at1tor lo co11cil&gt;ió l1acía11 que tl clificio f uc r inl1allita1&gt;le d e. de el 1&gt;ri111er 111on1c 11to ¡&gt;ara la Ili ~ t or ia.
Los co11ce1lto spe11gleria110$ e ra11 otrac;; ta11las tral&gt;ac;;, cacla t1na el e
tl cla. jfj ·acio11cs t1na can1j a •lr ftic-rta J&gt;ara el ¡&gt;en a1ni(\11to l1istórico'I' ('·El co11cepto de la l1i torin )- otroc:; e 11 ayos''. p. 63) . Lo~ ju icios se J1acen Juego t ermi11a111"'\s tl 1arl'Olt: ... t&gt; ciertan1e11t~ t111a t oría raclical111cnle fal a:: (e11 E~1lrit'~, 1 ? 192., 11. 120 ) . o i111plcn1~11l ~
(le .. pecti,·o e11 Crocc: '~el el&lt;' acrc&lt;litarlo i11a111otr~to ... :~ ..., ... el l1 t1clrio ( p(lsticcio ) de Spengler·'. (''T orí~
l1is lorin ele la l1i. toriogra·
fía·', p. 2í5} .
iendo To)·11bce l1n ec:JlÍritu e_e11cial111 cnlc ]j},1·csco, &lt;le ext1l&gt;cra11te ct1Jtt1ra literaria, ería i11acallal&gt;l la 1111111cració11 ele i11flt1 t1ri ¡i
qti e _e )1an ejcrci&lt;lo ollre él. Citaré l as 1rtás in11&gt;orta11t ~ y C\ic) 11lf'"-.
para pa~ar lt1ego a e t11cliar ]a pro1li:t e. ·1&gt;cric11cia ' 'ital, la co11ti11ger1c ia l1istórica c¡t1c lo llevó a la f or11111 lat'i ó11 rlc ~11 cloct1·ina.
.
En priu1cr tér1ni110, B er g. 011, ele] c¡u c to111a la idea ele la
lución ere&gt; adora y clcl élan ' rital, y 31 q U&lt;' cí la a Jlrof ti ió11 ( tla(l a t11 nos c¡t1e 25 veces sólo en el t. Ill t.lcl Est11clio ).
D Goetl1e ton1a i11fi11ida&lt;l c~e . í1nllolo$ y ani to.., : ''La clav - (lice- la l1allé. . . en el Fa1lslo el e Goctl1c, cl15ro c~i t1 (l i o., ta11 co11cic11zt1do co1no el qt1e ren1izamo
ol1rc el ...1gr1 111 e 11ó11 &lt;le Esq11ilo. 111c l1al1ían im¡lt1esto. aforlt1nacJ:in1ent , rt11rn111 c la 'riela &lt;l e co1e 0 ial" ( Ci ili:ació11~ p. 21 ) . Toma de él el 111i lo de. 1 ·fi tófe l c~ la f11 c rza cle l 111 nl
con10 pro,orali\ a y &lt;&gt; ·citante ele la r ali:r.aciti11 clel J-.ic11: Ja co11 Jl·
cicin de la vic)a con10 esfuerzo y co11tic11cla Jl .r111ancnt cte. }i~l 111&lt;Í$
distraído tic lo lectores &lt;lel E~ti·dio ~ aJlc c1t1c el Fa11sto ~!:)tá citatJo
casi por e11tero e11 e, e lillro.
To1na &lt;1e Jo filo ofía cl1i11a el 1&gt;rocc~o alteruati,ro d l r po o )~ la
activi&lt;la&lt;l; los l1on1l)rC'i ¡&gt;a a 11 &lt;lc l csla&lt;l&lt;&gt; del 1' i11 ( f(tti c lt1&lt;l ) ni (lt~ l
Y&lt;1ng ( agitac.ió11 ) . E llo se ~1&gt;rcci::i, e n '-tl si.. t c 111a, 11 la ley· &lt;1 c f{ctirada y Rctoi-110 ( w ·ithdrazual a11d R &lt;&gt;tl1r1L ) :
e ·ió11., éxta i ' ac,
c1on ...
1

1o..

''º·

4

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.

13

�Y, para texminar, toda esa mt1ltitud de ai1torcs ~e ~?n sus co~­
paúeros de viaje. Digamos, solamente, qi.1c su predilecc1oa .. va l1ac1u
los poetas: ante todo, los cl~sicos; y'. e~t~·e l.os moderno~,, aquellos
que le suministran mitos y s1mholos s1gn1f1cat1vos (Bro~1ng, Mereditl1, Byron ... ) Una lista bastante con1pleta de esa multitud de att·
tores puede encontrarse en los "'Reconoci1nie11tos y Gracias'', las últimas 30 páginas con que cierra su obra. (Es ti1dio, X, 213 · 242) .
Pero no sólo es lib1·esca la forn1ación espi1·itual de Toynbee. La
vida cobra siempre su tributo. El mismo lo ha recordado en cierla
oporlt1nidad, desde luego con la cita clásica cor1·cspondiente, en este
caso de Horacio: ''Echa a la 11aluraleza con la l1orquilla; ella siempre volverá'' (Naturam expellas fztrca, t&lt;imen usque reczirret) .
¿Que f ué lo que lo llevó a meditar sollre la muerte de las civi·
lizaciones) la pl11ralidad de las misn1as, Sll desarrollo unif orn1e y la
posillilidad de salvar la nuestra? Poclrían1os decir que ello f i1e, como en otros espíritus, la pé1·dida ele la i111 ió11 novecentista y el dt1ro
impacto de la gi1erra. En eso l1ace J1i11capié para señalar la diferencia funclamental entre su madre y él, entre t1na generación y otra.
A ese cam]Jio dedica especialmente el ca ¡&gt;Ítl1 lo segundo de la Civilización. A proJlÓsito del 609 aniversario ele la ascensión de la reina
Victoria, clescri))c la satisfacción y el O]lli111i mo de los hon1l&gt;res del
siglo XIX, la ''alucinación fin de siecle''. 'Los miembros de la clase
media i11glcsa. . . dieron por cierto e11 ] 897 s11 imagina1·io 1nilaaro.
Desde su punto de '1rista, la Tiistoria l1c1bía acabado. Con re pecto a
los asuntos internacionales, había fi11alizac1o en 1815 con la }Jatalla
de Water loo; con resp ~cto a los interno.. , en 1832, mediante la legislació11 sobre re¡)re_entación parlamentaria· e11 uanto a lo imperiales, e11 1859 al sofocarse la rellelión ]1i11c1 í1. Y le asistía toda la razó11 al congratt1lar e a sí mismo ¡&gt;or el ¡&gt;ern1ancnte e tado de felicidad &lt;1ue esta conclu ión de la l1istoria le 11a]Jía conferido'' (p. 29).
Describe el mi mo estaclo de e-píritt1 c11 los E~tados Unidos y en
Prusia. Y ter1nina por señalar : ''Rcst1l1 ó extraño, empero, qt1e cp.1icnes clebieran estrOJlear la sit11ació11., tal ron10 st1crclió en 1914, f11csen los 1nilitarista pru ianos ( q11e al igl1al CJlte In clase media in~le·
sa, alemana y a111ericana, te11ía en realiclacl tar1 poco qt1e ganar co1no
mucl10 que perder J, al real)rir d elif&gt;e racla111e11tc el mal cerrado libro
de la J1istoria '' (p. 32 ) .
Diga1n·º·, al pa ar, que la i11e ta)&gt;iliclad de e a ''felicidad'' y de
esa ~r~?qu1ltdad !lt1rgt1esa, l1allía iclo )fa dcn1111ciacla por algt1icn q11e
~scnb10 en la ~1 ma Inglaterra, Carlo 1\'larx. "El Capital' había ·io, en ese sentido, una profecía y lt11n ncl,·crtc11cia. ~o deja de reconocerlo Toynl&gt;ec ct1ando dice: ':. . .. cxi ... tía11 ¡&gt;11el&gt;lo,.,. y clases ta11 desc~11tentos co1no los franceses o los surc11o co11 la .. ca1·tas que les l1abia11 toca~o e11 la tiltima vuelta &lt;l(':l j11ego el&lt;' la l1istoria; ¡&gt;ero qltC
estallan lrJos ele ª.ceptar q11e el jltcp.o lttll)icra t c1·minado. Eran todos
Jos }&gt;tiel&gt;los otnct1(1os Y todas la clases n1 c11c tero as · y · cl1á11toc; 111i1
llo11es eran!'' Íll· 31).
'

14

�'r

El e tado ideal v• clefiniti,·o -e c-0111110,·ía
1 carro flc la 11istoria (el ]11~ger1iaz1t, clice Toy11l1c") se 11011ía el 11t1 ,·o n 1110,Ti111i 11to. Con10 ., ¡&gt;cngler~ o]&gt;- t&gt;r\·a qt1 nt1estra .¡,,i 1iza i )11 z.10 se llrcoc tt ¡&gt;al&gt;a -i110 J&gt;Or el d e!'arrollo téc11ico .. del ··có1110 l1a c rlo··. El (ll"C"-.'.l~io -.e
l1acía tc11c1lroso: otra g.t1erra ¡)ollría ~11accr el -ai&gt;ar e r no 't)lo a lo
l&gt;cligera11tes ~ino a la totalirla•l ele la raza l1Lt111a11a·~. ¡1. 38 ) .
•

¿_ cló11llc orr pt1e..... 11t1c -tra ci,riliza Íf)n'? i.Es llOs iJ1lc sa},rnrla? ¿Poflc1110 cle"cttl&gt;rir .. ll d -c11lac e t11tli a11c1o el ¡lro cc ~o el la;;;
civilizacione ? A11í e tá el co111ic11zo tl la filo sofía de la l1i~loria el . .
To)~nb e.
ll 111adr tenia la "' gttritlnel 'ictoria11a: l 11ijo la 11alJÍ¡1
perdiclo ( To~rJ t]Jcc r . ca¡&gt;ilt1la e- to' ¡1ro],J .. 111J.s Cll 1 ' rolttlll 11 "' r e]
stt E tztdio .. e'11e ial111cnte 11arl XIII.
: ··I~o qt1c 11 ,.a a i11\1C~ ti gar
las relacio11
11 tr lo" l1ecl10 -··, ¡1. ·i2 ~s . )

J

Y &lt;liga1110". ¡&gt;or último, qt1 e To)'!'11]l
~ 1lroft111c1ame11t r "li!!ioso. El proJ,le1na "-lll&gt;r 1no del l10111llr .... o}lr l:i ti e rra C' .. }lara &lt;~ l. 11allar la -al'' ª ión: las i'riliza io11cs 111i 111a ~ s ""' 11. c 11 ~ .... te c 11titl • ~ ir
ie11ta ,¡ la relinió11: )"' el lÍlti1110 ¡&gt;rO!!rc-.o e ¡1irill1al · 011~ tnlnlll c ...
'"i111 at1111 11lo act1111t1lativ·o 11 los 111 rlio el !!ra " Ía·"
i i/i:,_flc i&lt;)11.
ca¡&gt;. XII )~ Xlll . Toclo ~11 _ i ~ t .. 111a t r111i11 a. ',!! tt11 la x11r "siú11 tl"
J\lfo11so J{e~"' es. e11 i111a .: 11ifo11 111a fir1al o T.. nlt;:: J)&lt;"O· : •• irt , ··. J&gt;.
198) . Y filarrOll. ató}i O. a}ifi 'U a ... j ""ll -.i .:- l ClllU: ~·o lllla lf' l&gt;rÍ41 tl '
la ci,rilizació11 a Ja t ología &lt;le la l1i ..Jt&gt;ria· ~ (e11 '")~ ... ¡)ril · .. fl . .11::! ) .
\

1

Ileli 0· io~o.

_í ¡,pero d qtt '· creclo? Na c )" ~
&lt;Itt ca &lt;l ,11lro cl f•
tina fa111ilia prot -1a11t , alg t1110:: el , . &lt;~lJ~~os r11i ~ 1111 ros ~ ra 11 ¡1t1rita11 ) ...
fanático . 1\c }Jla do ~ i11stitt1 i o 11 c~ ti11ic-u ... el la i gl f·~ia nlúlicu - el
"'ª ·rifi io el la l\1i ... a )r la J rarqttía- . i•c1rqt1 oll c' cl cf' 11 al ¡1ro¡&gt;ó ,ito
··111t1~"

f&gt;rá ti ·o &lt;l flttrar má::! flJ"
tt1cione . . "C ttlarcs rl
s t~ n1u11t1o.
r1cs" } r a(l111ilc ··,JllC 1 a Lo ¡•rol
cttatrocicntc)~ añ ~ c ... a arn1a&lt;lt1ra

las 111á ... r e ia .. r)' 11trc Ja . . i 11 ~ ti­
irt(·Iu . "c 11tlt1 a tocia' la~ &lt;' i, ili z c it 1

~ tn11lf'

&lt;le nrrcljar l ~j'"~ 1lt~ ::: Í 11a&lt;'c
f ttc ¡•r ..111alt1ro··. ( ii i li::ació11. 11 .

291 .. 292 .
Pero J&gt;r t ncl r 11CtL. illarlo 11 a1 "' tt11 0 ... 11 lo ~ c rc rlo~ cri ... ti'" 110 ~
es i111¡Jo i)Jlc. ( \f. ¡.: l11clio, I .. ¡1. :..38 11. :~. trarl. ca~t. . tl ... i- tc1t1ali zaió11 de la ]1i~toria ~ la ci' i li1.1ci&lt;l11 c le l1a &lt;larlo ltn co11&lt; · •~ ¡,1&lt;) Jlttrf' jt1
de la
'gra11,le~ r .. Ji!!io;i ,·· o la ~ "·i ~ l (':- i n " t111i,·c r-.nl .... ) r nt111•¡11 •
ler111in e ... tt ol&gt;ra e ttl 111¡)la11tl&lt;) la Vi ... it)11 Jlrat1 1c n tl e Fra 1\11 n .~ lic' {).
lo l1a e &lt;liri,,i nclt) 1111 i11ter ct &lt;l&lt;&gt; ¡&gt;ro 11&lt;1lJi s a c ... 1. i11 ... c'llita ··f' f)Jt11111ió11
,Je - a11to~··: Cri to. Dt1•la.. l\la1·ia. I ~ i ...... (..iJ1r·l c ~., I ~ htnr. l\.\\Y!1tl\Tir1.
a11
.
~li 11·t1el l\Titra. átt!!&lt;i. l c - )" arcá11 gP-l .. ~ .. J11 a 11 IJn11ti ta. l .111 c r r.r. io. J&gt;Ulrinrcn )T ¡&gt;rofc tas~ Zaratu ... trn.. a11 [&gt;,,,Jr,. 1' Jnh t.111 a
n11 1~ a J&gt;J0. 1• rat1&lt;' i .....
r.o Ja,fi r )~ J11a11 '\7 ... }e~"~ ·a11 .111a11. ~1•&gt; '1,i . ~t¡ &gt; c)""' l •le ~ ). r\·a11 ~c~li ~tn ...
Ze11ú11, (:or1f11&lt;·jo, .'a11 f~s l ll=tll. •&gt; &lt;' rat ...... f,1 . . 111iírtir ~ ..... '111 t,1·r'g&lt;)rto.
koka~ . a11
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.... a11 ll e11i1 , l~ J•Í c ttr•&gt; .
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11l,•11io 1arco J\urc lio. 1111) 11j c ~ )r er111itaiios. i\T:iría 1~ " •lalc11a ..
• a11 Fra11ci co y· ll4tra al1rP-,tinr: 011111'' ' • n11 c fi el • t111 c tr1(&gt; /), 1 i~ i11t ., .•
ccrlitr! ¡&gt;re&gt; 11r1l1is ( J~.,111rlin, X. ll· )iJ3 · 19 l) . ¡ lt .xtraf1a 11t1lrit)a. l1 e lerogé11ea lcta11ía ! ¿
&lt;¡tté oíclo~ llegará'(
1

-

ló

-

�3.

Obra.

E11 la personalidad de Toynl&gt;ee alternan el p11blicista, el profe·
sor y el serviclor del Estado .
Fue jefe de 1111 lntellige11ce De¡)t. y asesor del ~oreign . Office
dura&gt;1te las dos gt1erras mundiales. Las relaciones internacionales
constituyen u11a de st1s especializaciones. En ese sentido, cumple las
sigt1ientes tareas :
·
- Es co11seje1·0 11abitual de todas las delegaciones lJritánicas a
las confcre11cias de paz desde la de V ersailles .
.
- Ft1ndó y dirige el Royal Institute of lnternational Affairs . S
encargó de editar t1n anuario titulado "'Exa1ne11 d e las relaciones i11ternacionalcs'' . Ese I11stitl1to se d cf ine a sí mismo de esta ma11era :
'·El R. l. of l. A. es un ct1erpo 110 oficial y apolítico, ft111clado en 1920
para estimt1lar y fa cilitar el estt1dio cie11tíf ico ele los prol1lcma internacionales. El Instituto, con10 tal, e tá impe diclo, por las clispo·
sicione de st1 propia Carta Real, ele to1nar }lO ... ició11 en cualquier a.!'! ·
pecto de esos 1&gt;rol&gt;len1as. Las opi11ionc~ expresadas en e ta pt1l&gt;licación no perten ecen, pl1e , al lnstitt1to''. Las pt11&gt;licaciones son lil&gt;era·
les y lo at1lorcs gozan de indepcnde11cia en st1 jt1icios. Hemo poclido
consultar los sig11icntes volíi1nenes : ''Et1ro1la Central y del Suclestc,
1945. 1948'', ''Si11dicatos soviético . St1 paJlel en la política lal&gt;oral
de los Soviet '' y ''El comc1·cio oviético co11 la Europa Or1c11 tal,
1945 · 1949''. El propio Estitdio l1a sido }lt1l&gt;licado por ese I 11 tituto.
- De de 1910 a 1924. f11e profe or &lt;le E tttclios Bizantino y Griegos Modernos, en el l(ing"s Collegc ele Lo11elres .
- Corrcspo11sal del ''l\1ancl1c ter G11ardian'' en Grecia dt1rante el
conflicto ele l 925.
- Es profe or de Hi toria Internacional en la l . .ni,·cr idacl d e
Londres, y es su especialización lo as1111tos del Ccrcar:o Oriente .
- Prepara una ""llistoria de lob Tratado ele Paz'', en doce volúmenes, l1abienclo rccil&gt;ido para ello t1na f ttcrte &lt;lotación de la Ft1ndación Rockefeller. A mi juicio, é ta crá realn1enle t1 primera o]Jra
de Historia.
Ha pt1lllica&lt;lo las sigt1ie11te ol&gt;ras:
l. La nacio11alidad y la g1¡err&lt;1, e11 ] 915.
2. La 1iuevc1 Euro¡&gt;a, c11 el 1nisn10 año.
3. El 11roble11ia occide11t(1l eri Grecia, y e11 Tz1rquíc1, en ] 922.
4. El pensamie11to histórico griego ( 1-Iay traclt1cción ca tclla11a
en ''El legaclo de Grecia'', Ed. Pegaso, Ma&lt;lricl, 1944) . La 2~ clic.,
ele 1950, comprende t1na exte11sa a11tología ele trozos d e l1istoriadore
gri~gos, ordenados por tenias. Es 11na o)Jra n11 eva, muy di ti11ta ele
la anterior.
5. Lrt civilizació1t y el carácter gri&lt;&gt;gos, qt1 e es, jttnlo con la
anterior, &lt;le 1924.
•
6. El 1r1111ido d espués de ltl co1ifere11ci&lt;l de !et ¡&gt;az, en 1925.
7. T1trqi1 ía, en 1926.
0

-

16

�8. J' iaje a Cliinct, en 1931 .
9. Un Est1tdio de la Historia. "ol.. . I - III .. en 193.:l~ \'Ol~. 1\7 -'' j.
en 1939., Cltarcnt a )- lln día.. ante - de qt1e e~ l e 1lar a la 2(1 !!tierra 111t111dial. De e ·os eis primeros ' 'olún1c11e l1a~ 111t1 ~ l1n ~ reccli io n c~ Jl O~L riore . El Sr. D. C. on1er\Tc11 11izo t111 l'onz¡Je11rlio rle so- seis \ olrín1e11c y· flte pl11Jlicado c 11 t111 to1110., e11 19lJ6.. co11 ln a1&gt;rol&gt;a 'Í(Jtt.
algu11as correcciones ) r t1n Prefacio rlr 1 altlor. 1-Ia) trallttcc ión ca~t'- ·
llana de lo 11ri1ne ro ,·ol11r11~11 C's rl el l~s111cl1o n í con10 d l Con11&gt;&lt;!11dio. Emecé Editores . B11enos ir s= 1951 ) .;;igts.
Vol . II · X, en 1954. e 11a pttlllic•arlo ltn nu e\o co1111) 11tlio
del r . D. C. '""0111er,·ell ollrc e. tos c t1 :itro t on1os .
E l a11 t o r a11t1ncin 1111 ,-ol. XI co1 1l ' ll i n(1o 111 ~1 ¡las ) p un 110111e 11 c l :1t or ueográf ico.
•
'
10. La civilizació11 ¡Jucsla n ¡&gt;r11 eba. ~ 11 1918. (I:Ia) t rncltt ){&gt;11
castel la 11:i.. En1ecé.., 194 9 .
11. La ,g11 c rra ) ' lc1 cii·il i::ació11, 11 1951 . Es tt11a -c1°ccití11 el cli~­
tinta~ o¡linio11e , -ertidas por To)·nl&gt;ec c1 ~tt E ·tz1dio ollre e l lll'Olll 1na de la n t1 c rra: ~; fttc real1Lac1a (lOr 1\lll erl \ i an r1 Fo ~\fl e r. l ll a)p trn&lt;]uGción cu . . t lla11a.. E111ec ,, 1952 ) .
12 . El n1z1ndo :r el Occiderzt .. 11 19:-3. l~ t111 :\&lt;1 la11to ele la
1&gt;artc el l IEstz1dio cl e&lt;licacl a al ' · : 011tal'lo lle l,t · i·~ ilizacio11c... &lt;' 0 11lcn1·
llorá11ca ·:. 1I·Iay trad. as t ... :\T. \ g11ila r. i\ladricl 19:-3) .
13. Có1110 la lzi ~roria greco - ro111 r1 11 a il11n1ina la lzi~ to r: a 1111ii· rsal. nota • rc ... \1111 cnes d e &lt;lo Ja se~ ele .i\. J. To\nl1c
.. fr11 t1·a tl a la
•
. . egltncla, n la Facultar! de F'i]o . . ofíu ~r e l rn~ &lt;l ~ l ~t &lt;lri1) í(tte l n~
pt1hlicó en 1952.
14·. Luego tlc recla ·taclo c~ l tral&gt;njo. el autor 11 fll1J1li f·a clo lllll ·
cl1a ol&gt;ra. Enlr"&gt; eIJ ~::c: La reli[!iór: ) f' el lli"iflJr ia(/or ) r La c.i t ili=11cici11
helé11ica &lt;1 e~ a1·roll a r1 as ¡&gt; ec t o~ &lt;lt!&gt; . . t1 ' 'i ... ! ' 11 ele la l 1i~torin. ¡le ro 11tl
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~la(] a nt1 c,~o.

Para la claboratión de este l r:d1ajo. int crc":1n fund llnc nta lanc nl r l,ts &lt;pi e
h c1nos ntuncraclo &lt;&gt;. 10. 11 v 12 v r¡11c cita1no' con ins non1htt'
tuclio, CiTJili:ar.ión. (,u cr1a ¡ ,, T1111do, r c~ pt' li\'!1111c111c.

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de l\ ·

�111
1

LO ADMIRABLE EN LA OBR..4. DE TOYNBEE
"Toynbce es probablemente el hombre más cul·
to de n uc5t10 ti empo" (1\J f onso Reyes, "Sirtes",
p. 199) .

El Estudio de la Historia ha sido un verdadero acontecimiento
literario. Tanto sus edicioneE 01·igi11ales como l as d el Compendio &amp;e
transformaron en '']Jest - sellers '!'. Inte1·esó al l1omllre culto como al
hombre común. Ello no se explica sólo por su cloct1·i11a o mensaj e,
sino por sus m é1·itos literarios . La ollra no marcará, creemos, un jalón d e importancia en la historiogr afía ni e n la filosofía d e la historia, p ero ti en e ),,ª asegu r ado un puesto d cstac:i&lt;lo en la historia d e
la literatura inglesa .
Deslum]Jra, ante todo, por su eru&lt;lición. L a obra es lJastante más
que ina])ordable para el l1ombre d e ct1ltu1·a apen as m ediana. E stá r epleto de citas e11 griego, latín, ale1nán, fran cés y aún en árab e, si;1
clar la resp ectiva traclucción. En áralle es tá escrita la última f1 ase
del largo trabajo, antes de poner l a palalJra Fi1iis : ''Todos volve1·éis
l1acia Dios'' (El Ko1~án, X, 4 ) . Hasta los capítt1los mi mos su elen llevar títulos en latín, griego o ale.má11 .
Cada una d e su s partes, cada uno d e su s c~ sill ero s, va repleto
de una multitud d e ej emplos 11istóricos . Salta de la 11ist o1·ia d e ua
pueblo a la de otro y d e una é poca a otra e n proct1 ra de analogías,
J: es uno de sus encantos lo so1·presivo e i11só)ito d e esas confronta·
ciones. Maneja y baraja constantem ente seis mil años de l1istori a CtJ n
¡)asmosa y d esconcertante facilidad . E o l1izo cleci1· a Ortega y Gasset
que Toynllee '' no 11ace sino pasear por la l1is toria el alma de tu1·ista
que Dios concedió al inglés'' ( 4~ conf Pren cia) . St1s volúmen es vat1
a11itos de notas y A¡léndices . E stos, qt1 c estliclian m onog1·áfic am en te
algunos p11ntos especiales, su elen ser 1nayores qt1e el t ex to misn10.
No es que su erudición l1istórica sea cxl1a11sti va, ni podría sc1·lo; m aravilla la diversidad d e conocimientos y la r apidez co11 que se tra, lada de un t erritorio a otro de los mismos .
Las r efer en cias 11istóricas van siempre a co1npañadas de ej emplos
ex traídos de la literatura, esp eci al111ente la a11tigu3. En esto, sí, c1·eemos que es insuperallle . Si en al gt1n se11tido puecle aceptarse la afirmación d e Alf onQo Reyes, es e~1 lo qt1e se refier e a la cultura hun1anística. En pocos lt1gares se estudia a los clásicos gri egos y latinos
4

-

18 -

�con10 en Inglate1·ra. To)~ nb e e la n1c jor d c1110 ... lraci611. 1\l r dactnr
s11 larga lista de R econocin1ie11to,, agra&lt;lccc al 1110&lt;1 -t p rof sor qt1 "
lo i11ició, antes de i11gre ar a ~l i11 c l1c . . tcr .. e n l art lle opiar a lo'
autore griego in u ar de la traclucció11. "F ... la 1r1ás ,~a lio~a l e ió11
solJrc 111étodo intelcct11nl qtte 11a)ra r ecillido ~·o ja111ii -'' l r: 226 .
To)r11bee 110 ~ólo co11occ a estos a11tor ~: los 'Or10 " a f 011do .. ¡la lal&gt;r3
por palabra: by lr ea rt; do111i11 a 1 ~ nti&lt;lo lit 'ral ~r fig11raclo ele ~t1s
expre iones: 'C ' re que 11a glo ~a&lt;l o cntla l111a ele ~t•~ frases.
on10 1111
l1un1anista del R 11a i111i nto - 1111 Era 1110 o 1111 I.or 11zo ' ralla- ' rive en la atmó fcra d e . . o- CJll ritlo. t xto . ("" t1 ~ ita~ ) r atí11 -11s co 111po icio11c ~ ori i11ales 11 gri ego o latí11 i10 cln11 la . . e11 ~ ación d }l tt1lan ia ~ ino el e 11att1ral ,• . e n ci lla fa111iliaritlacl .
c acla ¡&gt;a -o
P ero la c11ltt1ra lil&gt;re"'ca 11 0 al1o!!Ó
11 ~ 11 illili&lt;lt1d.
....
de~cul&gt;rc s11 1iris1110 . '11 fa11tasía. D a11í la nl&gt;11nda11cia d i111áu •
n e~. R c11rr'"' a
llas para 11a r gráfico 1111
11 pto. 1 1 0 l l&gt;a~ta
'-efialar la plt1raliclad r]
iviliza io11cs ~p el ª'º el nl•n1na ~ ¡1aralizada ~ o c1 et c11iclas a n1 dio ca111ino: el clica 1&gt;t1 ~11 a - ¡&gt;á!!iT1a_ a 111 o~lrar 11 0 ..
la en1pi11acla laclc ra qt1 l1a s a11ir) o l !! · 11cro lt11111 &lt;1110'1 la' figttra-.. )· a·
e 11te ... q11e l1an quc cla&lt;lo arro ta cl as ~ las q11
a1í11 ~i!!t l 11 s alnr1&lt;lo ],
pen&lt;li c11te. E ... 11otaJ1) la 111oci '11 q11 1 1&gt;rocl11cc11 - )· en e ...to ' ,}¡ ....
ti -:11Tt1c d e l 1111111n11i:? La re11ac 11ti - ta ' 110 .;:;ó}o l a
co- a;;;. lt1 !!nr o; 'r
•
l1o n1J,res &lt;le la 1\.nti~ii rl ad, "l ll Ja ... 111 á' -=c11 i]}a... ir 1111.... ta11 ~in~ ,f e
u vi&lt;ln oticlia11a co1110 c ~ a .. ""f11 c 11l ~ &lt;l e ng ttn nl on1i n zo &lt;1 la
rl)Cnti11a. 11 los jar&lt;lir1 ~ 1011di11 11-..c ... ti l\. c11 i11 nto11 , clo11cl t ;;; t ttl'O y·
e~tá 1 ónfalo ele 111i oikoun1 11é. el cc11trcl el 111i 111t111cloª" ~r . :.1~ .
Otra d e la notas qt1 e c:eclttce &lt;-=-- _tt c ... ti] o "011fid "ncial. "&lt;~ t1n11tl )
lee1110 a rrov·11l1cc
- &lt;licc l\Iatlnt11conoc 1110 ~ al 11 mllre ta11lo Ce)•
mo al l1i . . toriac]or··. ~~l má$ al1 ... lr .. to 1•c11 ~n 111it 11to .. 1 ~1 111ás al ·jn&lt;lc r ,.,.·
fer n Í&lt;t ltistóri ca. ' Tall SÍ Cm }ll'C l' f "r icl =t .. :\ \111 11101)\ lJ(O pnrt lCU lar
~ll
xi ~ te11 c ia. "" .on1pre ndí
slo c11a11•ll&gt; 111c c r1 c,111tra l &gt;a c11 ... ••. · :1
oca ión en qttc 1 a11tor tt1\ro &lt;¡11 .. .... -.. 011. e 11 otra~ mu cl1 n..... i111j} ,1re . Xflrc;;;io11c qn c aparecen a ca &lt;la 11~1 ... o. "' "g11i,J a ... cl i11l "' r a11l '":
\ferídica an ; &lt;1ota ¡&gt;crso nal. Co11 c" ... l .. r ec t1r-..o..... •) 11J1~e ti e11c t~ l clcn1
ele ga11ar i111cs tra a1ni tad.
lárcase t111 tr,ín ... ito en e l C!:ililo tlc 'l'o)'11b c "'t1an clo nl&gt;ntl&lt;l 11a
u ~ r(~flr·xion e
i tc111áti ca ... pura a11c•rclar t111 l r. 111 a r&lt;' li g\o ... o'I ¡1uc ... ] l Ura él '~la 1·eli o~ió11 .. al fi11 '. al ea l10 la l a rt"a ' Cl'ia t1 c la rnzn l1t1111n11n'
Civili=rrci&lt;ÍTl ¡&gt;. ]]8 . ~ tl .:: fra se ~ ª'1t1u·· l' ' JJ c, 11to 11
1 te i1
e] ttn '~rn1ón. ))eja n _11" ncJoraclc1 at1tor , c]il ... icos o n1ncl "'r110 ... ¡&gt;nr.
11111lti1&gt;l. ca r las ita ]Jí1lli a ... : ~ •1 c . . 11íritt1 ~e ' "11c l\· 1&gt;roft'ti eo y nrlo ..
tri11ar]or. tl lnl1or acl&lt;¡ttier ],o - caractc r _ &lt;l e 1111 111i11i ...t riel "' a!!rat l ~.
No ,¡. lo... r c t o 'file c;;;c to110 cloc lri11 :.i l llll C fl c ICl\f'r ... o ]&gt;t' ]o ... 1'f' lO ·
r e l1i"1&gt;u non1n rica 11 0~ . r1 e,cr cícJ o. . o 1l c sc~ ... u c.' t1llt1ra ]Jíl•licn: J lí'l'll
,~ q11 ~ol&gt;rc lo é.lr1 g lcl ajo11 ~ J ,~ f ~cto c . . 111 ilgir·o. J~ . . t a .-~ ... t111n ,),~ la-1a/011 s.. v· 110 &lt;1c Ja . . 111e 11 orr.s, ,J .. "'' llt) tnJ 1 ~ c; xito 1111l&gt;lic itario . )' r
&lt;1111
c 1,0)'' ;ll&gt;c : ... eg 1í11 Ort~o·a y ( ,, ~ ... e t nt'i11 · .. ¡t 11c1o t1l111 J1lla11tí.. i1110 :-.u
sa)&gt;cr, 110 e fi)ó-..ofo ...
ÍilO tlfl lt&lt;lltl}&gt;r
t.l c Í ' &lt;JU o:: arerr:l 111i ~ ti­
ci ri-10, I' .. ,Jago 10 y prc cli cac]or· ( ] J ·.' ro11fcr 11 ia ) .
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19

�Toynbee es, además, fiel i11térpre.te de los scnt~mientos m...ás notables y altruistas de nuestra época y de todas las ~poca~ . Scnalaremos sólo uno : su radical oposición a la gt1crr'!_. Sin dejar de reconocer el papel que l1a tenido ci1 el d esar1·ollo l1istórico, no d eja d e
condenarla en todas las ocasiones . S11 espíritt1 anti]Jélico es tan pronunciado y decidido, que l1a podido f or111arse un ]Jl1en volt1men co11
pasajes extraídos del Estudio sobre el t e111a ( Guerrct y Civilización l .
''La gue1·ra, -dice en su Prefacio- -: se clec;taca entre todos como e l
principal agente empleado por el l1om1&gt;re para derrotarse a sí inis·
mo social y espiritt1almente'' (p. 10 ) . Pero 110 es el suyo un pacifismo cómodo, el del ''personaje antil1eroico &lt;JUC r el1uye la ~tPrra ¡&gt;or
la común debilidad de la natt1raleza l1t1mona y 110 por el l1orror de
cometer un pecado'' (p. 14) . Constanteme11te clama tanto por la negativa personal a participar c11 una empresa n1ilitar corno por la resistencia unánime a la agresión . Y es i 11d u&lt;lal&gt;lcmr nte este problema, el que más lo apremia en st1s co11sideracioneq olJre la p er sp ectivas de nuestra civilización: ''Trc adquisicione d e la tecnolo~ía occidental - la concentración, y, si1nt1ltánean1cntc, la dismint1ción d ~
la Oikoumené y la i11vención de las arn1ns 3tómic~s- l1accn in1perativo, para el hombre en proceso de civilizacjón, la abolició11 de la
guerra'' (IX, 524) .
(
Y, por fin, difícilmente co11cilia1l1~ co11 lo dcn1ás, al1nque no en
'
11n in ~lés, su 11t1morismo. Toynllcc filo$of a, al)orcla tema
graves, re·
curre a profundas citas clásicas : }&gt;Pro ta111]Ji é11 clivierte. Elo!!ia el
''~squen1a de la llistoria'' de W cll, cu anclo tr~ta a lo pe&lt;p.1efi~s t cr1omorf os, los antecesores de los 111an1íferos . PC'ro f&gt;ierde ti eguridad - agrega- cuando pasa d e lo primiti,ro a lo madt1ro ''ct1a11&lt;lo
se ve obligado a tomar las medicla ele ese i11 '•t1lar terion1o:·fo et cri:ilizado q.u~ se llamó W. E. Gla&lt;lstone:'. (Estucl:~, III~ p . 194) . O cua11do se d1v1erte con los coloquios ele t1na Jt1nta ele E .. tudio Ili tórico~
de una universidad inglesa. O ct1nnclo, 11allla11clo clel ·arcoi nio'' ~e
J,urla, de. un f as~i ta ])ritánico qttc &lt;Juería q11 i tarle al idiotna in!!léa
sus ter~1nos latino~ para volver ·al viejo ajón, llamando a) bus,
folkswain; a la logic, redecraft, e le. Toy11llc-c, sc~í111 Lt1cicn Fel&gt;vre,
desborda hunioitr J1asta cuando n o ~e lo }lrOJ&gt;Onc ...

-

20

-

�'

IV
SISTE111~4

DE L:1S C/1/ILIZ .4.CJO:VE
"Ha~t a

ah ora la l1i ·t oria 'e h a r epetido un a•
' e1n Le \ Cces a l ¡)1odt1cir ')oc1ctl,1&lt;.le~ hu111ana dt.
Ja C'J)\!cie ~ qu e pc1tcnccc n ue.. tr a "'ocicclall Úl ·
cidei1tal". ( \ J. ·10\n bce, C1v1li:ac.io11. p. 5 1).

Entramos aqt1í en la parte lnccl11lar t1c la obrd (le To) 11bee. Procuraremos 11ace1· una ex¡)o ició11 &lt;'lar a, si 11tética ) .. so bre todo .. olJjctiva. El comentario o la glo ... a brotan espon Lúnea111e11 le a ca &lt;la afir·
mación su)-a. Lo re¡lrimircn10 . J -o e fácjl sintetizar la.., 7.200 ¡)ñ·
gi i1as de u Estz,dio. Para )1accr e 3 ~ í11 i: esis, co11tn1no · co11 ].1 a) t1dJ
del propio autor. 011fe .. ó. ei1 i ~rta oportt111iclad, ({lle 1 pla11 í11t c gro de su tralla jo ft1e co11cebiclo ~ú1Ji ta1ncn le ) co11 ... i !J;naclo c11 })re,·c.;
insta nte en lllla ola 11oja ll e lt Ct1acler110 d~ 11ota~. E .. el r&gt;la11 ele
trece punto qtte figura al comic11¿0 el e st1 ollrn.
partir &lt;1el 1. ' ' lI
lo modificó. El pttnto 11. e 11 ,·ez tlc ··Lo - rit1110 - en la" l1i , toria~ el ~
la civilizacio11e ~~ e tituló •vLa le ~alidad ) r la lil)crtacl en la l1i ~ to­
ri a "'. El pro¡&gt;io To}-11bee l1 a l1ecl10 t111a e ·¡1os ieió11 ~i11L é li a d e Stl.'.:;
teorías en los tre primero&lt;;\ y cu lo trc t'1lti1110.; ca¡)Ítttlo" &lt;le ll (~t­
vilización y en di,·er ~ os lugares d e - t1 E:;tl1rlio. Por lo tl c111 á ~ .. rli~tj t1·
tos at1tores - recomenclamo - a Lu cicn Fc1&gt;\'fC .. B nck r .v· Friil1li cl!.
Franco'\icl1, Iarrot1 et1 ''E 1)rit ~ ( ,._ Ribliografía ) - 11a11 l1ce110 llll ('nas expo icio11es clcl i te111a c11 ... Lt 0 11jt111to a11nqt1c 11in!.!t1110 ti
l lo ~
pudo considerar la ol)ra co111pleta.
e a fi11nlirlacl ol&gt;cdccc i ~ tt :t] ..
mente la re(lacció11 del Co111 ¡1e1zdio {JOr D. C. 0111er\rell, a l111c¡tt tl e
él se ]1a}ra dicl10 con razór1 CfllC ·" n1t1 tila el nl ont1111t&gt;11 to ) ll !' f or111 a Ju ..~
perspccli~· as'' { l3rrot1., c11 ''E ~ 1Jrit~', 1&gt;. 116).
En ge11ero.1, ToynlJce d esarrolla en -su olJra 10" igi.1i llte-, t c11la ~ ~
~

1.

'r

crítica de ]o J1i tori3clore.. crt1clito .. • 11acio11alistas, so te11ie11do que 11ay qt1c a)J arrar e ~ os ca111 f&gt;O:::, in á n1111&gt; lios )" l10mogé11 eos qt1e 011 l a ci' ilizaciv11e .
IIace

tiria

2. D efine la ci,rilizació11, o u1ejor, la civi l1 zacior1c. . llacc clt'
ellas un minucio o rccue11 to y def ie11&lt;lc el i11éloclo cou11&gt;arat i' o 11 trc
las mi mas.
1

3.

Empleando e e n1étorlo analógico, e --tuclia c.Jete11i&lt;la111&lt;'nle el
largo proceso de las civilizacionc : llS '.!;ne is, .. 11~ &lt;lc"arrol los, t1 -

-

21

•

�colapsos, sus desintegraciones y ot1·os pro1Jlen1as concomitantes, como los contactos entre las civilizaciones·

~. Habiendo extraído, de lo anterior, generalizacio?cs, estud.ia
si el proceso se cumple de manera total e inexoral&gt;l~, o s1 11ay alµ;un
campo para la libei·t~, para la libre iniciativa y acción (]el homl&gt;re.
Hace el diagnóstico de nuestra propia civ~lización, sosteniendo que puede salvarse y sugiriendo :1lgt111as solt1c1ones .

5.

6) Co11cluye señalando qué es lo que detern1i!1a la vocación de
los historiadores y a qué procedimientos de1Jen sttjetarse ·
Los primc1·os y últimos puntos son de 01·den metodológico, y
110 haremos referencia a ellos sino circunsta11cialmente . Expondremos su sisten1a de las civilizacion~s de act1crdo a lo consignado en el
Estudio (las refere11cias se 11ace11 de acuerclo a 1orno y página. Hemos
usado la edició11 original: para los tomos 1 - III, la 4~ in1 presión de
1942; para los tomos IV - VI, la 5() de 1951; para los tomos VII · X,
la l~ de 1954·) .

A)

De/ i11ición de civilización.

HalJiendo i·echazado la actuc:tl producción 11istórica por st1 especialización -fruto del ''siste1na indt1strial''- y poi· su nacionalis·
mo -fruto de la actual concepción del estado 11acional- ToynlJce
desea ''estal&gt;lecer la presencia de algún objeto del ¡Jensamiento histórico qz1e sea co11stante y absoluto. Nuestro i&gt;róximo paso, pues, es &lt;lescullrir zin campo inteligible de estziclio histórico iridependiente de los
puntos de vista y tareas locales y tem¡)orales de los liistoriadores. , (1,
16) . Ese ''campo inteligible de estt1dio 11istórico'' e la civilizació11,
o mejor, las civilizaciones, pttcs él ostiene el principio de la pluralidad &lt;le las mismas, recl1azan&lt;lo la unidad o continuidad 11istórica de
la civilización.
A defi11ir ese ''campo inteligillle'' dedica t1n capítt1lo (1, 17 - 50).
No es posillle entender a Inglaterra, ino integra11do, co11 Francia y
demás estados europeos y americanos, u11 mundo mayor que 1lan1a·
mos Occidente, Sociedad o Civiliza ·ión Occiclcntal.
En otro lil&gt;ro cla esta definició11: ''Por ''ci,_.iJización'' entiendo la
unidad n1ás })equeiia de estudio 11iblÓrico a que e llega cuando se
i11tenta ente11der la l1i toria del pro¡)io paÍ5: los E tado l!11ido.., por
ejemplo, o el Reino Unido. Si se intentara entender la l1i toria de
los Estados Unidos en sí misma, sería ininteligible; no po&lt;lríamo ent~nder el papel desempeñ~(lo en la ,,jda norteamericana por el gobierno federal representativo, la clcn1ocracia, el indu trialisn10, l:i
monogamia, el cristiai1ismo, sin n1irar n1á allá de los lín1i tes de Jos
Estados Uni&lt;los, más. allá de sus f ron ter a l1asta la Etiropa Occiclental y los _otros ,pa1sc~ de ?Jtramar f t1nclaclos por etiropeos occide 11•
tales; y, hacia atras, mas alla de Sl1s orígenes locales }1 asta la }1 istoria
de la Europa Occidental siglos antes ele &lt;Jlle Colón 0 Gaboto crt1 zaran
el Atlántico. Mas para l1acer inteligibles en la práctica la liistoria y

22

-

�las instituciones norte ame1·ica11as, no es 11ccesario n1irar 111ás allá de
la E11ropa O ccide11tnl 11ast a la Et1rop~ Orie nt al o el n1u11do isl á111ico ..
ni 1nás allá de los orígen es de nt1 e~tra ciYili zació11 et1rop a o ccicle11tal 11asta la declinación y caída ele la ci,·ili zació 11 gr e co - r o 111 a 11 a . Es0

tos límites temporales y e paci al cs no r e,·ela11 la t1ni clacl i11t e ligiblc
de la '\rida social de la que E ' t aclo"' 11idos Gra11 Brc t aü a, F ra11C'in ll
Holanda son una parte; llá1nasc Ja Cri ti a11&lt;la &lt;l Occicle11ta1.. CiYi ii1,1·
ción Occidental~ ft1ndo O cci &lt;le 11tal. i111ilar111c11tc ._i se p a rt u G r ecja, Ser,·ia o Ru s ia~ )- i e trata ele e 11tcndc r ... tts 11 i ~ t o ri a_, '"'e arrill a
a tina Cristiancl a (l Ortodoxa o i11 t111clo l&gt;iz a11ti 110. '"" i . . e p arte de f!lrrueco o Afgat1i ' l á 11 .. ) r i se trata d e e 11tc11der s t1 l1i. tori a .
arri bt.1
a ttn mt1ndo i l.í111ico. Párta ~ c (le B en gala o 1) ~o re o R aj ¡&gt;t1ta11a .. ).
se e11cl1entra 1111 1nt1ndo l1 in&lt;lú. Párla-,e d e Cl1 i11n o J a 1)ón, ~r s
11cue;:tra un n1t1nllo &lt;l 1 L e ja110 Or i ent e·~ t Cii·i li=r1ció1l. p. 269 · 2- 0 .
Con,·i en e c iiula r cp.1 e e t1 ese 1ni _r110 li1 &gt;ro st an11la s t 3 afir11t:tción: ''ran y , ·ie n e n las ci,ri li iac i o 11es~ p er o l a C i,ri li zació n ( co11 innyú ct1la ) logra en cacla oportt111ic1a cl r ee11cor11arsc e 11 11t1e,ro" c j r 1n pla·
r e.. d el tipo., ( ]l. 3 i . E11 co11t r a &lt;l icci ó 11 co11 l o tl ic 11o e11 el Esl11dio
de &lt;Jlle el d esct1l&gt;ri111i 11to cl e G olJ in cau d e 1.'q11e 110 l1 a)r tal ·os~1 O·
mo lltla Ci,rilización ú ni ca COll
1n a ~~ ú scl1l a, ft1 e un in1po rt a11tc l ogro ,Je intt1ició11 l1i ~ tóri ca·' ( I : 15i ) .
La ci,·ilizaci o11 e_ son, })U S: ti ¡1os &lt;Jlt e ;1 ~e ¡&gt;ro¡&gt;o11e co l jar.

e

B)

Plziralidncl ele civilizario11es y 111étoclo cor11par&lt;ctivo.

Lu ego de ... o t c11er q t 1e 110 l1a~· lt11a ci,·il izaci .. 11, ~ i110 111tílti¡llc_ «ivilizacio11 es, cti)·a -cct1 c11cia o r 1&gt; tic ió11 ¡&gt;ucele "t ti&lt;liar -e .. 11 ac-e 1 i·c·
cuento d e las n1is111a- : e n t ot a l.. 19 (1, 13 1) &lt;flt c}e ,·a f i11 al111 c11 l nl
nún1 ero d e 21 (1, 133) al el &lt;.1ol1lur c11 cl os la ·1i ... ti a11c - o r, &lt;l( l o 4·~ ).
la del Extre1no Ori c11te . La - a clttalc ~ c..1 11 c i11 o - O c.ci d c 11tnl --:r i 1i3na Ortodoxa, I slá111i a, I·li11clt'1 )'" &lt;.lcl ExtrcJ110 ) ri 11tc- ) icte ' ·fu~ i­
lizaclas·' -cri -tia110 t11011of i -i L a~, ·ri l ia 110:, 11 s t o ri a 11 0~. j ltc 1i,&gt;~ .. 11a r!'Ís~ l&gt;udist a - l1ina)~a11i a 110 )~ j a i11as J1i11cl t1 e ~- t l 51 . l\{ :j ... t nrfl c l1 a blará de otra ~ fo ... ilizad as t1 ti 111¡&gt;0 ¡):tsn&lt;l o5 .
La ci,ilizació11 Cris tinn a O ·ci&lt;l c 11lal )r la ' ri~ ti a n o - Ürl oclt1xn ¡&gt;r• ·
viene n de la l1clé11i a , (Ja q11e 11osotros ll a111a111os 1\11ti !!.t1 a ) ) ? ~ l&lt;l lo
lleva a e ludiar e l 1&gt;roble111a 1lcJ 11ar c11 l r co - 11a t r r11i e) a d : fil i ac1Ótl f' Il
]9 )r 29 grado: ) r 01·igi11a les, e (l ecir ~in ¡)nr 11tC;:,CO a11t ' ri o r 11i ¡1osterio1·- e nlrc toclo e l conjt111to .
De e a s r c]ac io11cs de "·1&gt;al r·nitJ ¿1&lt;l ~r fil ine i()11ª : 1. q11 111 ~í~ a lr:.1·
jo su ate11ción ft1 e ~•Ja r c l ació11 l 1i~t&lt;jri ca c 11tr In . . ocic&lt;la cl O cit1 :1tal y la IIe lé 11ic a ". De ~ cullriú 11to11c ~ ' ·vori o f 11 ó r11 "' 11os 50&lt;'t al eq11 e era, evid c nt c n1 c 11t ~ la e e11c ia ele e a rc l ac i&lt;j 11·~. El Jlrin1 cro ,] ..
e o fe11ó1ne110- f i1e el I1111) ~ rjo Ron1 n110 t111 l~'s1a clo
11 i ·ersr1l, &lt;]tl •
perso11ificó a toda la socic da&lt;l 11 ltS11i ca e:1 la 1il1 i111 a f n e el ' lt l1i ~­
toria. ¡\ e -e i1n1&gt; crio ya lo l1 a l»ía al ca11zado la ·· ;11oca ele tt1r1&gt;til r•- '"
cia -"" (Tinz e o/ Tro11bles), c¡11 Jo ll ,-ó n s11 el ~ i11t ur ac i(•n.
I~ 11l rc el int ~ rrcgno e11tre la ci,ri}i¿u ció11 l1 c lt. 11ic·a tl ~ a1&gt;arcc ic.la )r
la ci\ ilización occiclc11tal c1uc 11a d e él{l~r cc c r, lta) &lt;l os i11stilltcione ·:
1

•

23

�''la iglesia establecida por la prol'ªf!ª~!ó11 ele la r:.Ii~ión cris tian:'' )"
efímeros estados prO\"ocados por la llan1ada Voll".erwariderztn0 de
los ))árbaros''. A los cristianos los lla1na el Prolc tarzado l nterno y a
los bárllaros el Proletariado Exter110 (1, 52 )' 53) ·
Ya está al1í todo el sistema ele las civilizaciones de Toynl1ce. Las
civilizacio11cs son múltiples, pero co1n1)araJ,}es. l·I ay l1na que cor10cen1os l&gt;ien: la 11elénica. Se trata &lt;le &lt;lescu1&gt;rir en las otras las n1i: mas ''relaciones'' ol)servadas. ''La ci vilizac jó11 11elé1•ica fue el tipo de
civilizació11 en1pleado con más frectt '"' J1C'ia por Toyribee para constrt1ir
sus secuencias tipo'' (Becker y Frol1 liC'l1, OJl. cit., p. 21, n. 17) , qui~ii,
como dice G. F. GAUTIER, porqt1e es ''el único ejempla1· rea11ne11t•!
accesillle de la muerte de una civilizació11., el úni co cadáver l&gt;as tantc
bien conservado para prestar e a u11a di secció n .. , (''Ge11séri c, roi de;;

vandales .. ,, p. 3 ) .
En efecto, a continuació 11 ele lo c itaclo: e l at1tor señala rasgo "' c] e
la decadencia clel mundo a11tigt10 que l1a ele e lttdiar, a lo largo &lt;I r
todo stt lillro, como rasgos d e la c]ecadc11cia d e t ocl a ci,~if ización.
Comienza luego l1na rápi&lt;la r e' i ta de 11na snrie de c i, ilizac;c;.
nes .. para tcrn1inar sostcnie11do q11c e lla ~ $011 comparables. St1 larp;o
capítulo sollrc la posi])iliclacl el e un C?"ttt&lt;lio C&lt;ln1para1i,ro de la. ('i\il ·
lizaciones (1, 51 · 181 ), termina sostc11ic11c]o q11c iÍ el m étoclo con1pa·
rativo y generalizador se en1plea e 11 la Antro1lolo.S:.Í:l-; la Et11op.raf ía o
la Prcl1istoria, p11ede emplearse ta111l)i é 11 e11 la IIisloria. ' ' QLte cla en
pie el l1ecl10 ele que se admite qL1 c esa prin1er 3s sociedades son st1sceptil)lcs de un estudio comparado c r1 tocia la exten ión e11 qtte las
conocemo . ¿Qué l&gt;ase l1ay para 111&gt;c 11er q11,"' el mismo n1é toclo c1t&gt;
eslt1dio no podría a plica r . . e a tt l1i~tori a~ !&gt;3 arlas si l os p c rclidoo
testimo11io.. Jlega ra11 a Dlle lra tna11os ·1 Y, por analogía, ¿ qt1é l&gt;:i:,e
l1ay para tt¡loner que las l1istori~s ele las civjliznc io11e - qt1e 11an logrado dejar testimonios simila reb a los ele la Jli toria p ar excellerice- 110 ¡&gt;oclrían igualn1 ente eslttdi nr. e c 11 f orma comparativa?'' ( I,
180) .
~

1

C)

Gé11esis de las civilizaciones.

En. las civili:lacioncs sin }larente co, e l 11aci 1nie11to se pro&lt;lt1cc ¡&gt;or
el pas aj e de una sociedad 1)rin1iti va a 1111a civiliznció11 por n1e tlio &lt;le

una mutació11 l&gt;rusca; por e l trá11 sito tic 11na co11di~ión es tática a
una condición dinámica.
En Ct1anto a su n1otor, l as civiliz ncio11e no nacen de con tli cion'"s
f avor?blcs, s i 110 d e la ad,·er iclacl. I~~ e l 1&gt;np&lt;!l del n1nl._ el c1esaf ío
del diablo a,ntc la obra divina, l o &lt;ftI J&gt;ro'' OC:l la r éplica rle Dio'.
Su _t eor1a clel ~eto y R e pu -ta - Clz allerzge &lt;tnd R&lt;&gt;:,¡&gt;orise : clz&lt;t·
lle11ge
e l1a tradu cido por r e to ' prO\'O&lt;'acio'
af - · ·t · ,
·
11 , e]"
•
'
" e 10, lilCl ac1on O CX I·
gencia;. respo~~e, p or respuesta o r é 1,lica aclcct1ada) l1 a alca11zntlo
gran cl1\'t1l ~ac1on, no por Sll i1o·re&lt;la d s1·no }lO . ] f
·
·
,.
d
ll
d
•
'
r
a
orma
n1111t1&lt;·1oba
en qt1 c es l a csarro a a.
Descarta la raza y el m edio geo{rrúfi &lt;·o co1110 c1·e adores ele civi·
lizacioncs (1, 207 - 270) con
a1·gt1n1e11to co11ocic10~ &lt;1ue se encl1entra11~

24 -

�por ejc111plo, en 11ucstra ''"l. TílODUCCIÓi\ Al. ES'fUOIO DE L,\ IJ1STORI,\ ...
l11. 178. 182).
Co11 .. igna el Reto y Re l&gt;t1 e~ tn co11 lnr!!n~ ¡&gt;rt1e),a míticas y cli\'Í11ns (1, 271 · 302), de ct1l&gt;rie11tlo Cjttc locla l~ s leyendas pre .. c11tnn
l1éroes n1itológicos lt1cl1ando co11tra obst:'.\cttlo - .
Hay ci neo cla es de pro,·ocac ioncs : clo 1)1occ &lt;len del co11tor 110
físico y tres &lt;lel contorno l1t1ma110.

l.

La adv&lt;!rsiclad geográfir·c1 (

tiw11lu
of l1arcl cot111lries, II,
31 · 72), C{lte exige del l10111bre t111 esf t1 erzo rrraclor. El 11rol) le1na f u c
planlrndo c11 11t1e::itro lil)ro (¡l. 179 · 180) . To) t1l&gt;er act1111t1la ¡&gt;t·t1c}&gt;ati
histórica s }. 1níticas. l -rlises no estu,ro lar1 c11 !lCli~ ro f r c11tc a lo$ Cí clopes o los Pr~le11clientcs, con10 frente a Ja 'itla l'ep.alacla &lt;.Jttc le
ofrecían Circe o Calipso. Otra 011tra¡&gt;ruel&gt;a: per/i(la Ca¡1z1a.

El llan1(ldo df&gt; las tierras 11z, ei1 a~ (strr11t1ll1" of 11e'"" p:rotJ11d~ ..
II'I 73 - 99)" e c]ecir'I
. , la. atracció11 ele tier ras ' 'Írge11 e· o i11 t1ltn · qtt"'
2.

¡lrovocan t111a acc1on '\·1goro a.

3. Golpes~ contrastes o d&lt;&gt;rrtJI as in c .;; f&gt;&lt;!ra&lt;las ( ti1ul1 lt1 of ll lo'\'$,
II, 100 · IIJ) inician la erie &lt;le Ja ¡&gt;ro' oeacio11 e l1t1mn11n"' ca¡la e
ele dar nacin1iento a civilizacio11cs. F~jctllfllos 111tíltiplc : t llas frc11te a las destruccio11es r ealizadas J)Or los f&gt;&lt;'r a.. , : Roma d l~s¡)tl ' , fl e
Allia; los oto111ano &lt;le })tlé de Angora; J&gt;rt1~i :1 fre11t a las &lt;lc~va::;­
tacione.. nn poleó11ica ; Verclú11, etc.
of t&gt;re ... ttrcs'\ 11, 112 • 207) : Egi¡_,to a11te
la presión extc1·ior ~ Dell1i mier1 t r:t ~ e, t tt , 1 0 c. ·¡&gt;trcsl ~t n los a ln&lt;111 ~; 1

:1

1

Presiorz cs ( tin1t1lt1

estado 111cro,·ingio ÍrC'nte a ] ¿1 ¡)re ió11 úral1 ~ tPoitiers): e l caroli11 ~ io'\
que nace e11 Att tra ia.. 01n c li t:la a la ¡&gt;r ió11 g r111á11icn . } 110 11
Nc11stria. En A111 ~rica, Ctlzco y T ;10C' l1ti t l ár1, e i t1clacles cx11t1c-..tas &lt;fttc
fueron C'1JlÍtalc i111¡&gt;orta11te y 110 lo f ltero11 C l1ol11l a ~r Tlnsc&lt;~l a. citt·
da&lt;les al&gt;riga&lt;la del interior.

5. Perscr;z1cio11cs ( timulu. of ¡1c11alizatio11 ., I f .. 208 - 258), &lt;1t•c
llevan a la ,.í ·tir11a a r c«:1ccio11cs c11&lt;;rgica::; : &lt;"ri tin11i ·mo'I f n 11nriot a~
en el i1n¡&gt;crio oto1nano .. jt1clíoct, te.
En lo(lo e. to l1a\~
ttn &lt;;011tc11i,Jo cl.11 \vir1ist :1: la clttra lt1clla ¡&gt;or lu
.,
vicla )' 1 -t aclaplació11 al u1cclio {físico o 1111111n110 ). l)cro, ;.a Ill élS f11 erte pro,·ocac:ió11 t11á ft1crtc r~1)lica? 1o ~ i &lt;&gt; 111¡&gt;rc: laL1"t¡1 icrto lí111ite~
11ay ''ttll a ley ele la co1111&gt;~n"'~1&lt;. io11 e~~~ . el ·. .
--1lo {lct{icn Toy"11 l&gt;t'C
el últin10 ca¡lílu]o tlPl t. 11 , 25C). ~19l l . I.. a c i,,ilil.icjó11 e 4t 11,\i11a,·:&gt; 'I
¡&gt;or ej'"'JllJllo 110 r10.cC' e11 el t11c&lt;li o 111á ~ t1av ) f ª' ora lllc, 1'\ort1c a.
ni ta1111)oco c r1 el 111á-, ncl,·er so .. Gro r1la11cliu, ~it10 a 111itacl de cau1i 11 0,
en l s1a11clia. Le}· gc.r1 cral : '~La 111 ás cst i111 t1l ~111 le }'&gt; 1 o' ocnció11 se c11cucntra en t111 t 'r1nino 111cd io Ctl trc la dcfic i c nc i a el e sc,·e ri d n&lt;l )' \111
cxce o &lt;le la 211i tn3~ .
1

1
\

0

D)

Crcci111ic.11tos o d esa rrollo · d e l&lt;cs ci1n'li:.ario1L&lt;&gt;·.

NacP.r i10 es 11n cla~ el prol&gt;le111a e c1ttrnr, e1·c&lt;'cr, el arr{Jllar c.
Hay e i vi lizocio11cs Jlarnliza &lt;l as o clctc nicl ns a rn íz &lt;le la severi tl all tlcl

26

�Reto. Las alcanzadas por la parálisis infantil son cinco: las de los
polinesios, los esquimales, los nómades, los otomanos Y los espa~~a­
nos. Realizaron un esfuerzo excesivo (Toynbe emplea la expresion
francesa tour de force) y queclaron agotadas (III, 1·111) ·
Las civilizaciones se desarrollan a raíz de un esfuerzo , constante una creación continua. ''Las civilizaciones crecen a traves de un
él~n que las lleva de una provocaci?n a u11.ª, resp11esta ,Y a un nue"-~
desafío, y de la diferenciación a la integrac1on y de ah1 a 11na nueva
diferenciación'' (111, 128) .
.
Como causas del desarrollo, no acepta totalmente n1 1) el do·
minio progresivo del medio humano (111, 128 - 153), ni 2) el dominio progresivo del m edio físico ( III, ] 54 · 173) .
Las ca11sas principales son :

3. La eterealiz&lt;tción (III, 174· -191 ) o espiritualización progre·
s;va de todas las actividades l1umanac;, la lran posición de las preoC'.lpaciones materiales y groseras a 11n plano e piritual o mental elevado. Podríamos llamar] a la teorización del esfuerzo . ''El l1omhre
primitivo es l1ecl1ura de la nat11raleza, está enredado en una lucl1a
ron las realidades aml)ientes, no puede inde1)enclizarse del poderÍ&lt;l
de éstas . El l1ombre civilizado, en cambio, cttanto más progresa más
libre es del am]Jientc, maneja m e jor st1s propios i·ccursos para i·calizar una existencia etérea, es decir, cletern1i11ada por impulsos de
orden espiritual'' ( G. Francovicl1, op. cit., p. 23, V. igualmente, J. B.
D., op. cit., p. 182) .
4. Transferencia del Reto y lft Respz1estct (111, 192 - 216) del
exterior al interior, o sea, reno,·ación co11 tan te del esfuerzo, según
idea inspirada en Goetl1e y en el élan vi tal de B e rgson. Pero si en
la génesis de las civilizaciones el Reto procede del contorno ext erior, en el desarrollo de las civilizacionc ese Reto procede del i11te·
rior mis1110 ele la Sociedad - Dicl10 de otro modo, si el nacimiento de
t1na ci,·iJización está determinado por lln f acto1· extraño, el crecimiento de esa misma civilización procede lle su interior, esto es, co11a ..
titt1ye un acto de auto - dete1·minación.
Si tales son las causas, ¿cuáles son las ma11ifc taciones concretas
del crecimiento? Toynbee 11ace su análisis (111, 217 y ss. ) a tra,·é~
de dos fenómenos:

1 ~· Rela~iones de las civilizacio11es y los individuos (llI, 217 24 7). ·La sociedad es un campo de :irción, pc1·0 la f11e11te de toda ac-

ción está en los in&lt;livi&lt;luos q11e ln componen'' . El pensamiento el "'l
autor es a~·istocratizan~c. ~a CÍ'\' Í lizació11 se ele arrolla por la acción
de los genios o tina m1nor1a creaclora . La masa obe d ece 0 icnie (mimesis) . ''Eso es lo qi.1e disting11e raclical111cnte a las socied:cles primitivas de las civilizaciones verdadera '' (L. Fe1lvre, op. cit., p. 123 ) .

. 2. In.tera~ci~n entre los individrios (111, 248 .. 262) . La mas a es
pasiva, rut1nar1a, inerte. A11te nue,ras e:xige11cias, la ininoría se retira
'

-

26

�~T

t1clvc co11 st1 11ttC''ª respuc ta. E 1 ~1 ley ele la R etirada ). Retor1io
l Witl1dra,ral n11c1 R tl1r11) . I·la)r ¡&gt;tl !:!: t111 ril1110 '.\11 1 el 5arro1lo, ·~1
el qtte la c¡t1ictt1cl )" el esf11erzo . . e nltcr11a11 ~ll ~~iv·:t111e11te.
Para iltt~trar sos caso_, ,~ic!1 e t1 11a gn1 rín tl g 'lt1io : Sa11 Pal&gt; l&lt;&gt; ..
a11 Be11ito, Grc:rorio el Gra11cl"'. l!!11aci(l tl
T...o\Tola~
Bt1cla'I Da,·id" So•
Ión.. Fi lo1&gt;é111e11c~. Cé ar, Lcó11 1... á ttri ·o~ 1\1 a l10111a.. P e cl!·o el Gra11cl
Le11in, Garil&gt;alcli, Ili11dcruJtlr!! .. Tt1 ícliclc-:.. J 11ofo11l • Fla,·io Jose fo ,
Emilio OlJi,Tier
Iaqt1i:i,·elo Polil1io.. .l ,1rc11clo11 , 11Jn J n1clí111.. ..011{ 11cio, Ka11t, Dn11tc }" Ha111let llll. 263 - 332 ) .
Pero lns cx¡&gt;erie11cias cle11lro c]C' e~ ¡&gt;roce~o p;c11e ral ~ 011 cli-..ti11tas: e e11 eso f)t•P ... e diferencia11 lns ci,ili1ario11cb l111as de otra!:-. '~Ca­
da ltna tiene llll ,.;tilo~ cada lllla llOllt.' stt é11f nl'ÍS 11 diferc 11le.., ª"'f&gt; P&lt;' ·
tos ele la acti' i•la&lt;l l1t1111ana. Lo' g ri ge s se clirigicron pref r \ill i11 tll
l1acia lo e ... t 'tieo: lo l1indt1e~ l1tic·i:1 lo r,'l]i g io ~o: la ci,·iliznc ic)11 o idental s i11&lt;'li11a l1acia el n1aqt1i11i::-1110·· ( "· l .,ra11co\·icl1. op. cit .. [l. 15 ' .
s 1ialar c~a diferencias cle (li · ,t el tílti1110 ·upítttlo del t. III (37- 390 .
\

1

1

E)
ncs.

Cola¡J o , o &lt;Jliiebra

1 breaA·clo101zs

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ivili::,&lt;1cio1l '·.

e l1a e tt1diado l naci111ic11lc&gt; '. e l l1 )... arrollo ele l a c i,,i]izac iui 11c }11 go la declina~ió11: 11tra11 e1 1 &lt;Jttic\l ra ¡&gt;ara lt1 ,~o clt -

•
~111tcgrarsc.

Co111ic11za11 lü~ ~'&lt;.~ })Ocas &lt;le t11rl&gt;1tlr..11 eia1'"' (1., i111 c c•f TrottllJ .... [~ l
brcah·llozv11 ele la &lt;·i,rilizació11 l1cl ;11i a e i11it·ia co11 la g l1 rra &lt;lc l l't' lo¡&gt;o11c-.o. To) 11llce r,\c!1aza las igtti 11t c~ l orí a &lt;tti e ]1a11 lrata&lt;.lo clt'·
cx1)licar c .., 05 ·ola¡lsos l l\-, - · 118 :

l.

La~ crÍ.\ ÍS c&lt;ísrnic&lt;1.s. ~

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tra&lt;lo_ J&gt;Or t111a (} ~ ·atl Il{;ia g 11

c11c·ió11 gri !!U - t' ~l, cial·l l10111l&gt;r' u la ·i\~ iliz¿1c i ó11 _t111 arl':: ... r. 1 &lt;1 l t111i v r.:::o.

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J&gt;,;rcliclo clel con1&lt;t11rl11 ·"ol&gt;r&lt;&gt; c•l C&lt;Jlll&lt; rn&lt;' fi~ict&gt;! rc1lr--s lllatln ..
por &lt;~jc111¡•lo, Jl Or t111a cl ec]inac·ió11 «le Ja le; ·r1i&lt;·n. I . . a &lt;.·011~icl 'ra t111a
co11 cct1 lt&lt;'ia o t111 ... í11lon1a el la tl ' cac.l ·11r· ia, 110 ""ll 111oti\ro.
4..

J&gt; ~ rlliclc1 &lt;l ·l ct&gt;T1la11ll&lt;J .,)brc &lt;'l t'r&gt;11 t o1·11 0 /111111&lt;1110, o .., a. i 11,·a~i o1 1c o a:salt&lt;.1 ... d f t1 ;&gt; rza ~ c.!..xtcr11a""' . l!J J'f' ·l1aza&lt;la ¡&gt;or 1•1 a11t ~ ric11· .
. . . i t111a ,.¡,rjli:1.u ·ió11 110 a~11a11ta e~ ~ . . :1 .... a]to:::. e~ 1•ort¡t1e "'~lá 11 &lt;¡t1ie],1·a.
1~ 11 tlcl'ir1iti,r n ~ a! r .._ ]iazar ".'&gt;. a l~t&gt;rÍa ~ . 'I &lt;l)r11]Jec ""(l.._t: 11 •]ll "' la

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·
d
.
· se vuelve fiJ. a ' rttti11aria ' mecan1ca.
n te ed esapo, esa o ]le d 1enc1a
.
,
~
peao 0 falta de entusiasmo de la n1asa, las ru1nor1as, en vez e rectort:)as, s~ vuelven d espóticas.

2. Rigidez d e las institz,ciones (Tl1e intractability of. inst.ittt ..
tions, IV, 133 - 24.4), incapaces de ajttstarse a las nueva~ .ex~~enc1as.
Toyn1lee 1·ccurre al sím1Jo1o d el ''vino 11t1e,·o. en odres ,vieJOS' y enumera ltnos quince impactos en qt1c se aprecia ese fenomeno.

3.

Némesis clel espírit1i, creador (Tl1e Ncmesis of Creativity, l\' ,
245 - 581 ) . Esta venganza consiste en qt1e t1na civili~aci~n, lue~o ?e
una re pt1csta adecuada, tiende a no cvolt1cio11ar y se idol1za a s1 misma. Asun1e dos forma , u 11a pasiva y otra activa.
La pasiva (''dormirse sol&gt;rc lo lat1reles ') tiene tres a sp ecto ·:
1 ) Idolizació11 o idolatría de lln yo tra11sitorio; 2) Idolización de una
in titución efímera; 3) ldolización de tina t écnica efímera.
La acti,·a (''precipitarse a la rt1ina ') ti en e dos aspecto : 1) El
n1ilitarisn10; 2 ) La intoxicació11 de la ' 'ictoria.
F)

Desi11tegracio11es d e las c ivi li::&lt;1cio11&lt;&gt;s.

Las socieclades en &lt;p1ie])ra }Jt1cclcn &lt;jttc &lt;lar p etrificadas o e11 estado de i11crcia y Ilt1e d en también r cc u¡&gt; í.'rarsc, llcro Jo más frecuente
es qt1 e corran a stt clesintegración (V, l - 22) .
La de i11tegración se manifi esta ¡&gt;or el Cis1na esci ión o di cor&lt;lia entre los gr t1pos sociales y tina crccic11te conf11 iór?. espirit11al, y
la P&lt;1li1ige1iesia, i 11tcnto de recu1&gt;cr nció11.

l.

Cisnza ert el cuer¡Jo social (V, 35 - 375 ) , que

e n1anific ta
e11 la for111 ación de tres fuerzas opt1e"' ta -- : ] ) la 1ninoria dominante ;
2) el prole tari ado interno; 3) cJ prolctnria&lt;lo externo. El ''¡,roletariado', no l1ace refcrcnci3, e11 To) 111&gt;cc~ n 11na condició11 eco11ómica
o social: ''el proletariado es u11 cs ta c]o &lt;l e sentimie11to n1á que un
as11nto cJc circt1n ta11cia exterior '; e. ttna f t1cr7.n cli . . cr e1&gt;:inte CJUe e tá
''en'' ¡&gt;ero 110 for111a ya parte ';&lt;le ' t111a oc.:icdnd d e terminada.

. . 2.

Cisma c&gt;n el alma (V, 376 - 568 y VI, 1 - 168) e el . i gno es·
p1r1tt1al &lt;le Ja clesi11tcgración. Ticr1e f 01·1na ¡&gt;a i vas y activas.
Las forma pasivas se r efi eren a ciertos :1 pee tos p icolóaicos, a
lo rasgos qt1e adcp1icren le n1iemllro ele 11na ociedacl en de int gra~i?n, con fr~c~1en~ia antagónicos : aliandono y auto - contralor, d eser c1on ) r n1 a rt1r10, lmpote11cia .. pcca cJ o~ f&gt;ro111iscuidad. °\... tie n e tl G
a ~r.c;to ~ arlí~ticos }" espiritt1"le : ' rt1]crarización y barllarización .. co 11 •
f '.1 1011 y m e~cl ª. ? e le~ gua , sin ere t b m o rcl i gi oso . E ta f orm ~ p a.
sn a~ on. un 1nd1c10 de impotencia frente a la co ntrariedad e . O bien,
&lt;lel 111 flt130 &lt;le Jos p roletar1ac1 0 interno y· cxtcr1 10 sob }
·
, d
.
·
r e a m111or1a om1na11tc.
. L as f orinas activas son aqtiC'llns &lt;fttc 1&gt;tt ca 11 e sta bl ecer e ti 1os u.1 e
vida. Se prcsc11l ~tn dos e tilos \·io1c11tos :

-

•

�Arcaisn10~ tent:ttiva d e t111 retorno al ¡&gt;a - aclo (fa . . c is n10
porativi n10) en la costt1n1bres., &lt;'l arte: la ~ lc11 üt1a ( c1la '"11~1
trato Social., c1e Rot1 eat1 co1110 el E'' a11 gcli() &lt;1 1 . rc ai~1110 ) .

a)

o r0 11-

b .)

F11ti1risn10 Cftle bt1 C':t d a r t111 . . :11to l1 aci:? el ¡1o r\' C11i r tcom11nis 1110 ) . Ej 111¡llo : P e dro e l Gr a r1&lt;l c ~ Clís l 11 "... , ~ tal i11 , i 0 11 0 l a~ ia
y· ct1hismo.
):'" dos es ti lo" amables:

Dcspreoc1171ación o &lt;lf' .'irtí' ~go .. c-1 el lo · q11e .. ll Ol" el -iclia
alJandono o e CC})tic-i 1110, c~c a¡&gt;a 11 u s11~ r ~ ]l Oil al)ilidad ' .5 (c 'i ~ t 11ciali n10 cor11í111 o ' ri1l a ar ) . T('Vtll)ce ita a lo E toico - ta t a r a x i~1 ) ~ lo::;
}Jt1di ta (Nir,ra11a) )~ otro- .
e)

d ) Transfigz1rc1 ción, el ,}e l o~ c¡t1 r e Jlt1 cli an la r cali cl n&lt;l y l&gt;tl'·
e a n t 1n . . u ti t tt to 111te r1 o r o in 1-.. t 1 o t e o 111 o 11 ln ivitc1 Dei d :· . i\ 0 11~­
tín ) . Ejcn1 ¡&gt;lo ele la , -olt1ci ó 11 ele 1 i clca 1 juclío : &lt;le un n1 lck o pr1r1ci pe terrestre a t1n l esía .
•

•

•

~

•

I

Pnli11{{crz e. in o i11t e nlo ele r cc11¡lc rac i&lt;i11 . f~ 11 .;e ¡1crioclo. la
111i11oría do111i11a11 t r. r e a t1n Est n&lt;l&lt;1 ll 11 i rersal: el prolc t nri o.(lo j 11 t rno. tina lglesin
1iit crsal; )r el 1 1 rnl ~ t a ri a&lt;l o ~xt cr110. barzcla'\ ¡!tt&lt;?.rrcr&lt;1s. E ta 1lancla~ &lt;l c~ lrl1j;c11 el E~t ..1l!o lJ11i,yc r ~ a J. ~in l1ace r Jt ncl a ¡1o r
í 1ni'"'n1a .. . P e ro la I glesia t · 11i\·c r - ~tl pc r&lt;lt1ra ) r cr,..irá rl c ·ri -ñlilla

3.

a ntte\·a

4.

ci,·ilizac io11P .

Análisis d e las d csintc(!r&lt;1ri&lt;&gt;11 e$ (\ 1 1. i - ; - 3~ 6) .

el sa),•.:iclor on ]a .:: : ~, J a,
pt1ecle basars en la f tt e rza.
a)

•

&lt;¡11

fr ac a~a 1)orque l ttl o r &lt;l&lt;' rl 110

al s a},Taclor c1el r ~l jo ,J " la : r11 áq t1i1• a cl&lt;'l tie111110·
\~Tc-]1 ... ) ..
qt1e trata de atra~ar o arl clar1la r l a l1or n (o (1 ' ' 'ia j ar l1 :1&lt;'ia at rá o
]1acia afl clant ) y qLt e ter111i11 a ¡1c,r tra11sfor111a1'. e c il u11 -~~ 1,· atl o r ·0 11
la e pacla, trata11f]o d e lle var n ti ¡&gt;u c ], ]o a l ai·cai 1110 o al ÍL1luri-..111 0.

l&gt; )

el filósofo coro11 a clo ( co1110 l\ [ a r c o 1\urelic) ~· r¡11 ti c 11
ecl1ar 111a110 i g t1al111 c 11t c a la c -11at1a .
Y el -olo c a so de r cct1pc r uci ó 11 c fcc li\rrt . c'CJJl 1 q tt ~ cl n ¡11
salto a otra c~ f e ra:
e

c¡t1 •
... 1111

d) el Dio c11carnaclo c11 u11 l1 0 1111l 1·e . fl t) t111 sa},ra rlor sino 1
Sa lvaclor: el úni co qt1e, a ¡&gt;el a 11&lt;l o a la T ra 11 ~f i " ttració11, 1n1 &lt;le c r
eficaz.
''Hemos c]c-c11J&gt;icrto qt1
i 111 ¡&gt;osiJl le ' 'ncl i r~c &lt;le t111 ¡&gt;re ... i1 t &lt;"
intoleral,Ic ni alta11c)o l1a c ia a tr á~ o l~ ac in nc) f• l a 11tc 11 la c orl'i e 11l c
c)cl rfiempo, ni tl'nlancJo c) c )o !! r :tl' l'll t) c:,H J&gt;Cg &lt;&gt; &lt;' Oillll} to cJt:. la , ,¡,Ja
a costa ele la a11ic¡t1ilac.ión &lt;l cl )ro. Ile n1os Joc7 ra&lt;lo )ra t 111 ali 110 &lt;1,~ t 11
estilo de vi&lt;la altcr11ati,·o c1t1c ¡)ro:11c lc 1..&lt;lar luz a lo lfll C la;Jl•il~tit

29

�•

en las tiniebJ as y en la somlJra de la mu erte, para encaminar nuestros pies por el sendero d e la p!iz'' (Ll1cas, I, 79) ·
''Y esta feliz evasión d e 11uestras aflicciones l1a de e ncontrarse
afiliándonos como cit1dada11os de tina Civitas Dei de la que es r ey
Cristo crucificado. E sta manera de comprender nuestra partida de
la Ciudad de D estrucción no es un a cto d e d esidia; es una ''retirada
con arreglo a un plan'' ; y el plan - con10 la P?sión de Cristo lo pro·
clama- no es salvar11os escapando d e lln p eligroso y doloroso d esconcierto mu11dano, sino hacernos de la iniciativa a fin de, a nuestro
riesgo y ve11tt1ra, salvar la Ciudad d e D es trucción de su condena, co11virtiéndola a la Paz de Dios' ' (VI, 167 ) .
Es el único caso de Palingen esia. P e ro esa r ecuperación pt1e&lt;le
no realizarse en éste, sino en el Otro Mi111do:
''Hay otro significado alternativo ele la palalJra ''palinge;iesia ' ' .
Si no significa ni el r enacimiento ele ttna socie d ad munda na q11e se
desintegra, ni el 11ttevo nacimiento ele otro r epresentante d e la misma
esp ecie munda21a, ni tampoco la adquisición d P un estado s11pramu11dano que se logra escapa11do de todo 11 aci111ie11to &lt;le cualquie1· índole
qt1e sea, sólo puede significar la consect1ción de otro est a do sttpramundano al que se pue d e aplicar, d e mancr 3 esclarecedora, la imagen del nacimiento, en razón a q11c este o tr o estailo es un estado de
vida positivo, aunque éste e11 u11a cli111e11sió11 espiritual má elevada
qtte la vida de E ste mundo ... '' (VI, 174 ) .

5. El rit1no d e las d esintcgracio11cs &lt;VI , 278 .. 326) , en que estt1&lt;lia los movimientos u oscilacionec. ele d err o la y r ecuper ación qt1c
ocurren dt1rante la d e integración. 'f oynlle c fij a esas oscila ciones e 11
tres y m eelia, es d ecir, a cada de rro ta si 2t1e ti n a i·pcuperación p er o
lt1ego de la tercera r ecuperaci ó11 la 1111cva d errota e fatal y d efinitiva.
En lo que se r efier e a la crisic; (le l a ci,·ilización occidental, cree
qtte estamos en una oscilación y m e dia. '' La primera d e rrota la cons·
tituye las guerras r eligiosas d e loe; iglo XVI )~ XVII; la st1b igi1iente rect1peració11, ftte el p eríodo de tolerancia r E.' ligiosa qt1e iguió, dt1·
rante los siglos XVII y XVIII; la segtt11da d erro ta f t1e Jr es el período de guerras nacio11alist as qu e cozn ~nzó a fin es &lt;lel si :rlo XVIII ) (VI,
315, resumido por B eck e1· y Frol1licl1 , ¡l. 32 - 33 ) . El párrafo sobre
''.Lo.s sínt,?mas d,e l a 11i""toria occ.i&lt;lc11tal'' t c1·n1i11 a con ltn a visión opt1m1sta: ¿ Caera el f11e go cele L1a] ollr e la Ci11cl a d de De -trucción?
S.i la, 1~espue ta depe~cliera ólo ele Cl1ris ti a11 ( orno el p er -onaje e
s1mbol1co, pued e decirse el cristia11•l ) , n11 estro c onocimiento d e la
t1nifor~ida.d d~ la naturaleza l1t1m an a i1 0 ~ i11 c]i 11 aría a pred ecir ql1 e
el destino 1~m111 e11te d el cristi a&gt;10 e la n1 t 1e rt c y no la ,•ida. P ero ...
el protagonista l1t1n1ano no qt.1 eda librac]o a stt solos r ecursos en la
l1ora decisiva d e su d estino. Scgú11 J ol1n B ttn,ran C11ri tian ( 0 el·
cristiano ) se salvó gracias a Slt contac to con el E va;lp:elista. Y, pucgto que no podeinos supo11cr qt1 e Ja 11 a t11ra leza el e Dios sea nicn o
constan~~ que la l1um an~, ¡)ode1nos y dellc1110 rogar para qtte J a
suspens1on
d e la senten c1a que Dios otor•ro
' u~ nti e st ra soc1c
· d a d en
.
r
otro t1cm¡lo no nos sea r el1t1sada si la r erlam a mos con esi&gt;íritu coii-

30

•

�•

trit_to )~ el corazón qt1el)ra11tado'' (\ TI, 320 - 321), y Gilerra~ p. 25 • 26 }.
A continuació11 el a11lor e -111:-lia tre$ ¡)rodt1ctos de la d esintegración de las civilizaciones : lo Estaclos l-11i\·cr.. ale~, las I~Ie~ia U11iversales y las Edade I-Ieroica::- : '" e l1a ~eñalaclo qt1c l a t11in o1·ías domina11tes prodt1cc11 filo ofí3 ~ q11e a v eces in ... ¡)ira11 Estaclos Uni' erba·
les, qt1e lo Jlro1et:iriado i11ter11os procl11ce11 r cligio11e superiorc .. qt1e
t ratará11 ele incorporarlo · a ello ini ~ n1os a Ig lt&gt;~ in:::. l . .uiver a le·, y
que los proletariado extcr110 ¡)rodttccn E(lacle., IJ e r oica qt1e co11st itt1ye11 las tragedias de 1ns b a11da'"' ele gt1err as ]1á,,·llaras "' (' 7 11, p. 1) .
Estos ''fenóm enos l1is tóricos $C I1 n1 e ro s ttlJ¡lrodl1&lt;'tos ~ n cacla ca ~ o,
de la d esintep:ració11 ele ll11a ,_O&lt;'ictlad en ¡)articltlar"' ( ¡l . 2 ), }'&gt;ero o tie11e a co11ti11t1ació11 ql1e 11t1ecl en "·e tt1cli ar .. e ('ll st1 111éri lo e ..cltL·
si, ros "". Nosotros lo considera111os, en st1 siste1na, el e ntro d e la &lt;lesintegraciones., ). no ,·a1no , por ta11to'I a nc;i g11arles apartados e - pe~
ciales. La expo i ció11 será esrlteta, $a},·o c 11 lo r e ferent e a la .. i "·l sias., plle to que es el~ im¡)or t 2n c ia eL1 el ~ i . lc1na.

Estados [l11ii·crsales (VII, 1 - 379 ) . - E l c~tt1di o e l1 nce para
desc11lJrir si los e tado t111i, cr sal es so11 fi11c-.. c11 ~í i11i~1110 ~ o "" i111¡llc ..
medios . La co11cl11sió11 e " ele q11 c ' a1111 qt1e 11111cstre11 t111a f ttert e l c 11dencia a creer q11e ...,on fi11 es 11 . . í 111i"111os la ·vercl a d s qi1 c r e¡lre cntan 11na fa se e11 l pro ceso de la clf' 111l e~ra ió11 :oci a l y·.. si 11~ ~· 3}µ1ín
i:rnificado d etrás ele ello.. ólo lo ticne11 c11 ' rirt11cl &lt;le ::-el' u1ctlio::- ¡1 ar a
un fin cp1e e tá Íl1 e ra ) r n1á ~ allá d e ello ~ 111i. 1110~~ ·. E~~ fi11 C"' 1 ele
incluir a lln 111ayor nlÍ111e ro e11 un a ci11rl ,1da11ía cct1111énica, p ro &lt;le
ello no apro,·crl1a sino ]a i ~l f'si a ("\' !l.. 375) .
Iglesias U1iii:ersnl&lt;'s (V ll. 381 - 568). - I~a$ i:rl inc: lt11i,·er nles
no on, co1110 los otros dos s11l)pro&lt;ltlc t · el ] ~1 cJ c ... i11tc gr ..1c ió11 , i 11'-l l·
turionc ef írne ras. La I ~] e ... ia l Ti1i' er al- cl al •o ra,la flL) r llll }lrolf'lariado i11terno cli s corda11tc~ 110 p c rtc11ece y·tt tl la ,·icj a c iyj]j za ·i t )J \.
RPc11aza ]a irlcn fl e ql1e l as i!!lc i ~t;; -c;o11 rór1 eres q11c corro 11 ~·
de t rU)' Cll las j,·ilizacion c (\ 71I'I ~81 - :191 ) .. tal co1110 a11arecc c&gt; ~ ,1 itl a
en GilJlJ011., Frazer'I etc.'I co 11 r I)ect o :il 1)a 11el clcl c ri ~ Liani ::-1110 ·~ 1i
1

l a c.i\:·i lización a11ti~u=i.
Con i&lt;lera 111Pgo &lt;¡11c ''el cri.:--li~:1i.;;.1110 e~, }l Or a í d ccirl
e] l1t1 ·\·o, lar,·a )' cri álidc1 11tr&lt;' t11 arif)O. n y· 111ari¡losa ... ]~ - nl go t ra11sito·
i·io qt1c ~ir,rc dC' ¡111 c11tc entre 1 ''ª ·io qt1c SC[)ara ln.;; c i,1 ili znc i o11t~ .;'l
( Civilizc1ció11. f&gt;. 278) . Y el e ~$e e j e 11111l o ·011 crclc&gt; 1&gt;nsa a la p. 11crali zació11 : ""Ln I gl e ia l~nÍ\Cl'... al ¡&gt;11ecle c..c ~ t1ir 11 "rtlt1ra11tlo ¡&gt;nr:-i cc1 11' 'ertirse e11 Ja c1i::-áli(la d e l a qttc c \·c11t11n l111e-11tc -..u r girá u11 .. 1111 'yª
ci,iliza&lt;'ió11"". ''J. . u n1Í s111a rclarit)11 e 11lrf.. 1111:.i &lt;'Í\iJjza&lt;·jó11 CJHC cl Pt·li·
11a ) r lt11a re-li gió11 &lt;¡t1 e sr&gt; ~le' a .. ll ll&lt;"tl P ca)J.::c r v: « r~c r11 1111a rloet·11a &lt;le
ca~os'' (-~CiL·ili=.&lt;.~ción:- ¡). 2.3 ). 21·). I .. a lc )r ~('\ t1 cr nl 11o&lt;lría er ; ta: _ o
in11)orta qt1c ll11a civilizació11 c}p . 'l r&gt; n r '""zra ~ f{t• c•lará t1 11a iglc ia .
Por &lt;los razo11&lt;:&gt; all a ndo11a lt1c nc) la irlf•n {l la i glesia cc•tllO ·risáli&lt;la : ]
porql1~ no s i ~ 111¡&gt;rc 11r1a ci\ iliza · ic)¡1 ~ fi]i al {l e oira por
m edio &lt;Ir t1na iglesia; 2) ¡•orr1 uc la i µ. lcsja i 10 &lt;l csc111pci)a 1111 t11 c ro
1

papel de i11ter111 c &lt;1iario ¡)ara lti ~t;o &lt;l c_n¡la r cccr.
410 y SS .)

-

31

( l~'s tc1clio,

' TII, ¡&gt;.

�•

•

•

· ,.
la que considera a las propias c1v1La tercera interpretac1on es
. .
d f. . d
in e 1n1 o, c.:;
11.zaciones como promotoras de un progreso, rel1g1oso
d las civ·ilizaciones
decir ''que los st1cesi, 0 surgimie ntos Y cai das e
·
·
1
·
·
t d la rcliaión
'' · '' ... esca1ones pa'
f t1e1·an at1x1l1arcs a crec11nien o e c.
o
.. : .'
'' (e. ·z ·
.
,
.
;
1
clas en el Jllano rel1 u1oso
ivi
1zacio11,
ra alcanzar cosas ma~ e eva
t'l.
,
•
h
p. 282) . Se co¡1firniaría aq~1 í l~ ~erclad de Esqt11lo: pathet mát o.,,
''por el sufrimiento a la sa]J1dt1r1a .
Pero esta nt1eva interpretación crea varios prchlemns :
1

l) Re a¡Jarccería la teoría del progreso li~e~l, nalltral1nen~e. ~ue
e11 el terreno religioso. ''Parecería qt1e el mov1n11ento ele las c1viliz~­
cio11es pucliera ser cíclico y rcct1rre11te, ,!11icn.tr_a~ q~~ el de la r eligión sería sólo línea continn_a. a_scc~dcnlc ( C1v!lr;;r~czo:1,_ P· 2~_) · ~~
ct1yo caso, el ordc-11 ele las c1,·111zac1oncs 110 seria o]o c1 onolot'.:"1co, :)1no ct1alitati''º y j e r árquico :

1.

Sociedades }lrimiti,·as.

2.

Civilizaciones primarias.

3.

Civilizaciones sect1ndarias .

4.

Reli giones superiores .

(Es tudio, VII, 448) .
Pero si las civilizaciones so11 ''las criadn~ de la reli gión'' ).
si '·Ja f t111ció:1 l1i tórica de las ci viliz::icione e~ servir, con su caída c..,
de escalones para t1n proceso fJ rogrc"i,·o &lt;le In re\ e lación ele ttna irttuición r eli gio a carla ,·ez má Jlroft111el a'', st1cecl (&gt;ría ''que nu e tra
propia ci,i1izaciór1 secula r po~t - cri tia11a occirtc11tal ¡1oclría se1· ei1
el mejor de ]o Ct!SOv, llna r ep cti eión 5ll}&gt;Crflua de la Ci\ i}izaCÍÓn grc·
co - romana pre - cri ti311 a·' ( Civilizr1ció11, p. 2S 1 ) p 285) . Porc¡t1c la
civilizació11 occiclc11tal i10 11a creaclo l.111a nt1 cva r eligión: ''en el mundo de 11oy, el ct1lto &lt;le Leviatán e&amp; ... tril&gt; ai•~ ). ' '" e l co111t111is1no, qtte ca
otra de nuc tras últi?n as r e ligiones, es l111a t&gt;á gi11a ac~da d el lil1ro
del cristia11i n10 - una ¡~ágina n.rra11 cncla ele é l ~r n1al le í&lt;la·' (ibi&lt;le111,
¡). 285) , y tocio ello, por tanto, una regr e ió n. Por eso estt1dia '' i la
civilización filial es en esa serie f!_e11e:ilóg i ·tt la ·'o,·ertt1re" de ]a CJ&gt;Í·
f anía cle una iglesia o i la i11 i 111a civili zación ~ l1 , 1n i·egrc ~ión de ·
de ese alto nivel &lt;le logro espiritt1nl~' ( Est11clio-: ' ' ll, 526 v• ss . )
Stt co11cli1sió11 es inesperada, llOr f' lar c 11 'Ontradicción con su
propio sisten1a d e las ci'"?iliz&lt;'cio11cs, y ton1 a el to110 ele una admo11 ición. Las ci"'ilizacioncs erían '', ana r CJletic io ..1e de gc11tiles'' ( e&lt;T tt11
Mateo, VI 7; aq11í a1lt111dan la ·ita l&gt;ílJlica ) , ¡1cro ;'la f t111ción l1i ··.
tórica dP la i glesi a cri liana no 11a .. i&lt;lo el e scr \'Ír sólo d e c ri álida entre la ci,1 ilización gr eco - ro111a11a y S lt ci,1 ili zac iones filiales''. ~-~o
l1abría entonces razón para s 11 po11e r qt1c el cr!stia11i 1no llegara a r
rccn1plazacl? ..ror t1 11.a, r.~ligió11 st11&gt;crior., &lt;lif&lt;'rr•11Le, sc-parada y clis ti11·
ta qttc ser'' Ira de cr1sal1da e11t re la tllll( 'J'f (~ &lt;le la I)l'C~c111c ci,,i}ización
occidental y el 11aci1nie11to de st1s l1ija '. "·El 111á · grande st1 ccso nue-

2)

1

1

-

32

-

�vo no será ento11ce9 el n1onóto110 ttr ~ i111i c 11ltl c., e otra ci,1 il iza ió 11 ... "'"
ct1lar del .. c110 de la ielesia cri ti ~1 n ,1 ... .~e r [1 to da, ía la Cr t1cif i. ió11 ,. slts c o11~e ct1e21ci a espiritt1ale ~., ( Ci i li ::aci ó11. ¡}. 287 ). 286) .
La aparc11te r cgr c .. ión de la l o·lcsia l\l ilit nl1t c r ndica 11 cp1e l• 1
tenid o qt1 e lt1cl1ar con el pofle1· ser·t1l ar ( Est11dio ' 711, 5t15 )- ss . ., 1&gt;artic11clo &lt;le 1 }lªl~ ado Hildellrando ) }. a l111 t L 11&lt;.l rú &lt;J tl " 11tcl 1ar co11tra ~1
¡Jecado )~ el dolor.
Pero l prcgre o r eli p. ioso 11 0 tic 11 cl e s i11 ...&gt; a l .1 ul,·ació11 incJi, i·
dual. ¿I.1a r li gion e ~ so11 ¡&gt;o r c~o .. irre111e dial1le111c11 te a 11ti · ... oc-ia lc-.:&gt;
Teru1i11u Toy 11IJce o t~11i e 11cl o la &lt;'oin ·i tlcn c-ia e11tre lo fi11 c-~ i11cl i ,.¡_
dt1ales cl cl cr c .,rt.'11tc ,-.. lo fin e ~ocialcs ,.. c·ol c lj\ o .
oci c tla cl "~ n1 á ~ lll'illliti\ a qt1e &lt;o·
nocen1os e 11 la ,.i(la r eal o e 11 r c l:tto.:: .. -11n 1i11i5 tr a 1l j m il lo~ e) 1&gt;011dad 11att1ral 1 a n gr ande c-01110 1 ~1 &lt;ftte se cl a e 11 j,ri lizacio11cs o -o ·i -dade r eligio ª"" 111ét c}c, ·acl a. ·· . : ~ l a~ ~ i J o~ 11c.11111lre . . 110 l1a11 tc 11itJ•)
qtte e pcr a r e l otl'vcnim ie nto d e la.., r cli ~ io11 ~ ~ll J lc ri orc::-~ c¡ t1 e1111 11 i ·
n:in e n el c1·i~ lia 1i . n1 0 .. i1ara 11a l1i \i tur e c 11 ~lt ,·icla ter r~11 a l , a fi 11 ci '
lograr e11,•e 11tt1alme;1tc, tle""¡&gt;ttés ele la n1t1c rl ~ .. 1 c:-taclo ll c te r 11~
felicicla&lt;l c 11 l otro 111t1n tl o ~ ¿, qu é~ &lt;l ifc r c11ci a l1a) tl e~ ¡&gt;t1 és clel acl v&lt;-·11 i1nic11 to ol&gt;re la tierra ele la ._ r cli!!i 011c.; ~l.1 lle ri ore~ )' (le 1 cr i ~ t i a 11 i ...

U ltiu1 0 (lr c l&gt;lema:

1110? :

( Civi lizaci ó1z.

t111 ' la ~

p . 299

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3()2) . . . l l

r c,p11e ,

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c111e, ·· 1, ajo

l or-

aln1a a1&gt;ro,' ccl1 a lo 111 C'j o r {lO. il)lc Stt~ o ¡)or lt111i cl ncle' es ¡&gt;irilt1a} c ~ .. ~~ '" - l aln1 a ri ti a 11a p t1r (l nl ·a1lza r .. . t111a 111 eclit l :~
m a )' Or del ~ t11110 )l ic11~" "" 1 Jl r ogrc.:--o "']Ji r itt1a l e r ía .. . t111 att111 11to
llCllllllt)ati,ro el e Jos 111eclios &lt;.l u·r ..lt"ia· lib1 &lt;/enz., Jl. 302, 303 ~r :316).
Edades lleroic&lt;ts ( . . II1., 1 - 8- ) . - . e c~ tta cli a la cfín1c r a ,·itla cl •
la band a., l&gt;ár)1 a r as &lt;l e •!':ltc rra r1 l ra,ré!; ele lo.3 ... ¡tr11i llt ... f i1ó111 ne.&gt;"':
cstalJl cci1nie11lo cle l li n1 Ps o f r o 11lr'.\ra r11i li ta rc~ : i 11t e rca 111 l1io~ 11l r •
una ci,rilizació11 &lt;ftl se ele int 'gr¿\ )r tt J&gt;r le la r iado :\t cr110 : la ¿1cumt1la ción de J&gt;rc~i o 11 c ~ : el catac li~n 1 0 )r • 11~ co 11~cc~1 11 ... i ..1..i.~ .,, ,, t111 j11 icio fi11al . . ollre ll ~i •!! 11ifi ca ió11 . ··:--'ocial111c11t la l~ tl a&lt;J 1-I ro ica e~ t 1t1 u
gra11 loc t1r a e i11cl11 ~ 0 t111 gr a11 c r i 111 i 1 : !&gt;ero c 11 t (•r1n i110 ... c111ocio11a lc::c una gr n11 x ¡&gt;eri c 1 1c ia~' l lo q t t ,} ¿1 lugur a 1 11 «ci111ien lo ele l111 a llº ·
~ ía é ¡l i ca : ¡ &gt;e1· 0
11oca cr - n ..., i Ja co r111 &gt;a ra1110 co11 1 l)ª l) 1 el In
igle ia · cri sálid a cr c acla por 1 ¡.} r o lc t,lriatl o i11ler 11 0 l ib irl ·111 , ¡l . 78
V 82 ) .
•
7
)
a c 11 e l t. l. T o) 11llc &gt; l1 a]l Ía a cl l a 11ta t1&lt;&gt; c~ t c jltÍ&lt;"io Cfllt' r tlu c
al n1í11i1110 l a s i!!ttifi ·n i ó 11 ele lat: i11\·a_io 11c Jl úrl1 ara!5 e11 los co111 i \t l·
'
zo ..· el e la I~ tlatl l\I &lt;l ia : :.l\1ie11t r ..1_ In igl sia } 't! rl er1ccía a l ft1t11r o al
))ar q11c al 1&gt;a aclo'i l o~ est a d o_ ~t1 ccso 1·e~ ll árl,a 10". tal c-0 111 0 l 11111• rio, J&gt;erte nc ía 11 al ¡&gt;a~arl o t ot a l ~r C' '\c · lt1-.i,, a 111 &lt;~2 1t . . . E" ta c~&lt;:a~a t ~­
tin1 a fl e la co11tril Jt1 c i&lt;)11 &lt;l los l&gt; á rl &gt;a ro~ a la ,·jc]a tl &lt; l:t ~o &lt;• i ctl a cl t l t cid 11tal l1 a],rí..1 c ~~n 11cl a liz a cl o a 11 \t :- ll"O' l1 j loria tf ()r ~ clt~ la !! 11t"l'aió11 p nsacla-: qt1 c se i11 clir1alla11 n co loca r n los l)ú rl la ro~ ca i a In altura r1 c Ja i!!lc ia 111i::111 a co 1110 crencl o rc~ clc 11ucstra &lt;' tt1lt1ra () &lt;' &lt;' i ll c 11tal ... E11 re alicl a cl~ l&lt;&gt;. )Já rl&gt;aro~ d J&gt;O ita(Jo~ c11 &lt;'l lr11¡&gt;e ri o llo111n110
lJOr la J.o/J ·e.r1~·rt11(/&lt;.' r1111 g l O f ll 1'0 11 l o~ a ll l Ol'C' ~ ele lltJ CS l J' O ~ C l' e~ ¡li ri ·
tt1al ... tto })t1c clc 11 11i icrtai cra 1&gt;r c tt•11cl •r la cli .. ti11&lt;: ió 11 (lC' l1al1 r &lt;la&lt;.I 1
d en cri

tiar10, 1111

33 -

�edad 11eroica f t1e u11 epílogo a la historia helée 1 gol pe mor t a1. . . Su
d l
d
·
nica y no un preludio a la nt1estra'' (1, f&gt;ág. 83, 35 Y 86 e a tra · casl.)

G)

Contactos entre civilizaciones.

Se estudian los encuentros o colisio11es entre ci,rilizac~ones co11temporáneas (VIII, 88 - 629) y a través del tiempo, es decir, de u11a
civilización con otra u otras desaparecidas, lo cruc da lugar a los llamados ''Renacimientos'' (IX, 1 - 166) .
En lo primero, rfoynbee ])usca, en especial, s~ñalar ~SJ?~Cto~ del
impacto de la Civilización Occidental sollre las otras c1v1l1zac1011e~
vivientes - Rt1sia, el ct1erpo principal de la cristiandad ortodox~,. l.a
India el mu11do islámico, los judíos, el Cerca110 Oriente, las c1v1J1zacio~es indí~enas america11as- ; en la parte sistemática analiza la ..
característica~ de esos contactos, llegando a esta1llecer algt1nas leyes
generales como la de qt1e ''el poder de penetración del elemento Je
una civilización es inversamente proporcional al valor c11ltt1ral ,le
ese eleme11to''; y para dedt1cir algo de lo qlte pt1ede ocurrir entre el
mundo y el Occidente, estudia lo t1cedido e11 el mundo greco - ro111ano, destacando la réplica religiosa d el 1111111cla orie11tal por medio tle
los cultos de Cristo~ Mitra, Ci1lcles, etc.
En c11anto a los ''Renacimientos~', los co11sidera como la práctica nicromántica de evocar f a11la 111as. En ci ")rtos casos pt1ede, como
en el n1ito de Anteo, dar nueva energías; p ero generalmente e os
renacimientos resultan ficticios y e tériles . El contraste entre el mt1n·
do viviente y los fantasmas evoca&lt;lo e scé.ala con las palallra q11e
la sombra de Aquiles di1·ige en el Haclc a Ocliseo: ''Preferiría er
labrador y servir a otro, a un l101nbrc i •1cligcr1tc qttc t11,riera pocos
rec11rsos para mantenerse, a reinar sollrf\ toda. las legio11e ele Jo ~
muertos''.

H)

Legalid&lt;id y libertad en l&lt;t liistoria.

Es é te un problema ft1nclame11tal para qt1icn, luego de t1n est11dio istemático de las civilizacio11es, se pro¡&gt;on e l1ace1· el cliagnósti·
co de la actual. Por eso extraña c111e i10 fig11raee en el Pla11 primiti·
vo, a11nq11e el at1tor sostiene (IX, p. 167) qtte se lo pla11teó ele de 1927.
En general parece ttna réplica a la crítica que n1creció ]a pri·
mera parte de st1 o]lra, es1&gt;ecialn1c11tc la qtt c le diri!rieran
Collin!r·
0
lvoocl y el 11istoriador Fi l1cr. Este, e11 el Prcf acio ele u "'Historia ele
Ettr~p~:', incorpora el . iguiente Jlárraf o, (ftte J1a siclo mtty cita&lt;lo e11
ºI'º 1c1on a Toy nbee: '·Una cierta e. ci lació11., si11 ~m1largo .. me ]1a sid? negada. ~on1~Jre · n1ás a]JÍO "' ) p 111á ert1cl i Lo 'JllC }PO l1a11 di ccr111do en la l1~._ tor1a t111a trama, ua rit 1no, lt11 cli c ño predet rinina&lt;lo.
Estas
, rer 1111 a ciner(J'encia
·j.
. darmo111a se, me ocultan. Sólo loo-ro
I:"'
o
gu1en o a otra,,ª .1 co1no la ola. igt1c a la ola~ ólo ttn gran IiecJ10 qtie,
Jluesto q11e es un1co, no permite la rrencralizaciotle . ólo llna reu·la
· .1
d
I:"'
'
n
]·
~ara e 1 11 ~ tor1auor: qtte el&gt;e r econocer c11 ~ l &lt;lc~arrollo de los de~·
tinos l1t1ma11os e~ jt1ego ~e. lo co11ti11gc11tc y ele lo iilipre'i ' tO. E to
no es una doctrina de c1n1smo y de &lt;.'""I&gt;rració 11 . El }1ccllo del ¡lrO·

34 -

�grct.o está csrri lo c·lara1nentc y C'Jl gr:l11&lt;lc~ letra~ 11 Iu~ Jlá~i11 a ~ el e le.:
l1i~Loria; pero el }&gt;rOf?;re o no s t111n le)" t1alural. El terre no ga11 a (l tl
}lOr l111a ~c11cración JlUe&lt;le se r p rcli&lt;lo f&gt;lll' la i g 11i 11t c . El 11 c 11 s a111i f.~11·
to &lt;1&lt;' los 110111l&gt;r&lt;' pt1ede flltir J&gt;Or catt&lt;'C'~ q11 co11d11ce11 al &lt;l a trc ~r
a la l&gt;arl&gt;nric··.
rfO)~ ll}&gt;CC ·itn (larte e] C'"-t e lrO?.O )r )&lt;&gt; rC'Íllla 71 Ja }l. }95. l~ tl·
111&lt;'11ta ta111l&gt;i -;11 ar111,lia111e11t '·La i&lt;lca &lt;le Ja 11i-.toria~· ele' Colli11 ~''"ººt1.
Pero lla111a la atcnció11 la élt1 ... c11c·i ·1 &lt;lf' Jos ¡&gt;rin&lt;'i¡&gt;ulc tratacli ta .
Ji~l p 11~n111icnto d~l autor e~ cclc~clico: 1111a 111rz&lt;'la el&lt;' Co111t c ( e•
Burklc) )r .. " a11 gt1 tí11. Acc¡&gt;ln., ~ con t11ucl1a ftt(•rza , c¡ttc la nC&lt;'t ~i&lt;1atl
y la .. "-leyes 11alltra1 sº' se c111n1&gt;l ""11 c11 la l1i ... torié.l. ¡1C'ro qucclu 11 11 111 n r gc11 1il&gt;ra&lt;1o a la lil&gt;crtad 11tt111a11a, &lt;¡tt c cttr11¡,f c ta111],i é n l111a )&lt;:-. ~r. la
Ley ele Dios .
E~t11clia 1&gt;ri111eran1"'nt el rc¡&gt;ttflitJ el e c ... n "·I .c~r de Dio~·· .. a CC J•l ~ &lt;la ele unligtl&lt;&gt;: }lOr J~ n1 e11talicla&lt;l ct1ro¡&gt; c~t. "", '~ l1a ))11s ado. &lt;1i C'~ .. tt11 ..1
,,¡ i&lt;&gt;11 111á-. ]&gt;r&lt;&gt;Ítt111l a &lt;l cl ~e ·re to &lt;1 r l 11i,1cr . . o 'Jtt c la d Jo~ 1-&gt;rc.&gt;fc~ t a -..
de 1-=r¿tcl. ele .. tle~fl c 1\.111ós. a trél\~~~ cl • a11 J\!?.tt ~tín J1a-.tn 11&gt;11 Jaltl1í 11
)~ Bo~ st1 c t''
IX . ~] 7 ) . !:ios ti 11 c 'Jll tt Jl C!::itt1clio el 1 ¡,ro]Jl 111 a "·r1el ...
]}e,•ará 111á:-; allá el lo ... línlite ~ &lt;l e la ~ l . ·~ 11alttralc -. 1"
. no5 e olc.)c ará
,]e 1111c,ro f rc11l él la I"e~ de llio ..... ., ( 11. 219 ) .

,,r

Ji:~ c·o11 gra11 c11t11 ia · 1110 &lt;Jtl C • c ñula el ~0111rti111ie11to de los ª ' t11 1·
to~ J11t111a110~ a las 1 ) ~ natt1ral .
~í c 11 lo a t111to ~ priva&lt;lo el' c a cln ¡)c r &lt;)llU l c•&gt;1110 lo c.le111t1 c~ lra 11 J,).., 0s la(]i... 1ic a
11 &lt;fti e &lt;" Lt u - llrl l tl~
c·o1111&gt;ailía ele 'C ºttr&lt;&gt; e tc ... i·c¡litie11flo arg u111 11to. xpt1e t e
11 el i .
J. J&gt;. 18() • 181 , en lo fc nó111 c no c &lt;·o11&lt;»111i c-o _ f i los~ l . y c 11 la
l1i:, l&lt;)ria ele la;;; &lt;'ivilizacio11 e -.. E n f' 'c ~ '11ti•lo, c - tttclia riltlltl!:' c í&lt;'li c&lt;&gt;'..
el (,-uPrra ~r J&gt;az c11 ' "arios i, c rÍt) rlc &gt;~ lii ~ t t1rit ·o::: . llcganclo i11el11"i''r a
pres n t ar cttaf1ro... &lt;1 los n1is111 &lt;&gt;- ( ¡1. 2:-3. 268 · 9. :.. 73 ~- 285 . ~" 1ínla
las cat1sa ' c¡11c XJ•lican Ja fr c·t1t•r1 ·ia &lt;1 :-. Ja ~ l(') ~ 11Jt11ra }e5 11 ] ¡t J1j..,.
tori:a .. ¡•ara t r111i11ar ele laru11rlo &lt;Jll JJ&lt;l ~011 i11e xc)ra ltlc::: : ··Ja ... "'&lt;&gt;lucio11f' ... ~ cr á 11 &lt;lec-i&lt;li&lt;las 1 ~or 1 ct1r~&lt;• &lt;~ r la .. rc·l acio11cs l111111a11 a ... .. ~r 11 &lt;.l
1&gt;rcei-..a111cr1 tc cc&gt;11 "llS 011;:?,é11 c r c .... ) c&lt;.111"i!!\&gt; 111i , 1110 .... ¡110. a11t c totltl.
co11 Dic.)~ s11 ,'al\1 3clt)r~ (p. 317 . "·Jf a }" lc }"&lt;'S . .. }&gt;ro no ~ c..ltl i11 cx t)ra-

l&gt;lc.c ", ( ¡&gt;. 318).
a11nli~nr c11lor1cc-, la r cs is tc nf'ia &lt;1c lc1~ a ~ t1nlo~ l111111a11o i;; a l a~
lc)rcs 11ait1ral~~, fija 'la &lt;li,er-;iclacl clr~ c~¡li ~clrlitl.., ¡laralc lo~ e11 la l1i ... lt&gt;ria &lt;f e la~ clifc r " 11tc - i\7 iliza&lt;'io•1t•,".. };~!'.' a clif erc~11 c ia · 110 StJ rl ~ 1iala -

Al

&lt;las t"i110 c11 •I&lt;&gt; caFo : en t1a11t &lt;1 ¡\ la cluració11 &lt;le· l a:, fa . . t' tl c &lt;' l'&lt;' &lt;' Ín1icnl&lt;l. &lt;JllC J•tt c c1c cr 111a~ror o 111&lt;'t1t1r: )r 11 &lt;' t1n11l&lt;l a la cli v·c r-..a fl&gt;r111a ele aC'lttar la r lic:rió11
c 11
1 a &lt;' ' ll'•tl '• 1·aícl.1 •l e l a~ ci,rili za c io n .... .
k
I~ ~ "i11l&lt;&gt;111átiC'o c1uc . ólo cle clic1t1 ,f,, . . t•úg in a!; ) 111c,Iia (37il i1 :l:-;
a
el 'tacar la!" clifc)rr-11t·ias c 11trc 11r1a f' i' i liza&lt;'i(;?l "v· lra . 11 ·a111J,ic&gt; t1 c&lt;li&lt;¡t1c l 111 rca li,Jall los fli cz \ ft ,ltí11t '&gt; 1\ ·~ rl "' l T::s111&lt;li c&gt; a . ~tucliar·
cJ c·t11t1¡&gt;li111i 11t c ~ c'11 la::: 111i...,111n~ .. ,Je ley· . . !:! 11alural ~ .

'r

;,Jlor &lt;Jtl&lt;~

:::ictlll'rc a c lt'1au la I P~" c-.. 11alnral f',? E~ tl'). qtt c . c 1·ín
·a~i tr11a a110111alía -: l'rcse11ta trc~ 11 &lt;&gt;~ il&gt;ili•la1IP ' : 1) , "i111¡&gt;l c a1&gt;ari1 \Jlt' Ía
&lt;le i11cl1TllJ)lintÍPfll(&gt;, J&gt;Or i g 11orn11&lt;'ia :ituc~ lra. 2 ) l11l ~ rv· 11ci&lt;) 11 (lel ••l.«ta·.
3) C:t·ea ·ic~11c s origi11alc elcl l1ornl&gt;rc c11 "'tt"' rt; l&gt;li c a . ' i•lo c1
110

-

35

-

�'lt.
·b·1·dad se mani.fiesta la lil&gt;crta&lt;l l1t1n1ana, cp1e aún en este
u i1na pos1 1 1
,,
•
J · d
caso no cumple sino la volt111ta&lt;l clivina.
El l101~1llre vive. &gt;3JO
l eyes, y u11a d e e11ª es }a Ley ele Dios ' &lt;1ue e la ]1J&gt;er
l ta&lt;l m1s
,,. n1a l&gt;aJO
otro noml&gt;re más ilustrativo'' ( p. 395) . P e ro esta ey es i1npronosticallle e i 11excrt1table "' (p. 172 ) ·

?s

J)

Las p ers¡Jectiv&lt;is de la ci vilizació11 uccide1itc1l.

Esta larga investigación soJ&gt;re la n atttralcza ele las civilizacionc
y st1 comportamic11to, d el&gt;ía ter1ni11ar con un clia g nóstico de la nttc~tra. Era s11 remate o]Jligado.
,.
.
Sin eml&gt;arao, el auto1· lo inicia con ci e rto e c rup11los, co11 c1er·
ta aversión (di;tast&lt;', IX, 407). La cosa l1a])ían ca n11&gt;iado mt1c l10 d e5de que concilliera el ¡&gt;la &gt;1 &lt;le la ol&gt;ra - l1acia l 929, época d el crack
de Wall Strect- y 1950, e11 que e cJi ·1,0 11e a
cri1&gt;ir e ta parte. E11cucntra al"unas co11cliciones f a\.·oraJJles J&gt;ara sefialar e as ¡&gt;cr J&gt;"'c tiva':
''la Ci,riliz~ción Occidental es ql1izá la iínica ele la vivie11te 1·epre e 11ta11tes d e su e ¡&gt;ecic qtte no 111t1e lra i~no i n&lt;l !"' ct1til&gt;le &lt;le e lar ~" ª eu
desintcgració .1'' ( ¡). 411), ''la ca i con1 }lleta lt 11i ficació11 ele todo e l
oikoztnien é'', ''el 1&gt;a1Jel úni co d e ] u 111odcr11a :-oriecl a d occiclental co1no a gen c ia unificadora de t1n c:i111po ele 01&gt;c r acio11es Jiteral111ent ·
in1111dial:' ( ¡&gt;. 414) ; y les progr e o flel c11te11cli1nie nto univer a 1: ;;u11a
d e la co11 ecucncias d e esa ex¡&gt;a11.,ió ·1 n1tin&lt;lial cJc;l OccicJcntc ]1a i&lt;J o
la d e colocar e11 11na n1isn1a })r ecio a ¡&gt;e ro p rccJ ria ca11a ta tocl o Jo
11ue\'OS ele la Huinanidad'" (¡&gt;. LJJ ¿J. 1tl 5) .
P e ro aún a ·í ¡&gt;nrecerá r c l a ti,,a 111cntc JlOl&gt;r&lt;· c~tc colof ó11 al i t~­
ma. A urne la forn1a de lln 1&gt;al..l11ce ge11 era l tlc la ilt1ación actual,
l1ecl10 por u11 l101nJlre 1&gt;arti ct1 lar111 cntc ver 3&lt;l c&gt; e 11 lo a t111tos intc::;1acio11 ale .
Entendemo c¡11e no e aqt1í ¡,10 en el correr ele tocla ll ol,ra:
donde Toy11bee form11l~ u diag11ó tico . 5ie1n J&gt;re &lt;fttc lo l1ace se c]i~­
c11Jpa ele que 110 &lt;fttiere traza r el l1 o r óc:.copo el nl1c-.tra ci,·ili.la ció11 ~
1l3]&gt;la ele '·1&gt;oc:i]1i!icla&lt;lcs· ~ en11&gt;lea tér111 i11 0 ~ clt1lJit;1 ti,1 0"- : .:&lt;jttizá·· '~¡)o ­
dría t1ce&lt;ler'"', etc. Gc}·l l1a &lt;lcs taf'aclo e l 1)a 1&gt;~ l (le la J)al al&gt;ra "&lt;¡t1izá'""
( ¡&gt;erl1a1)s) en Toyn]Jec ( au11c1ue '1!?,r cg-a qtt c gc11cr a l111 entc Jlro~ i !.! tte su
argt1n1 entación co1no i 110 la l1 !1 l&gt;i~~e Jlro11t111cja&lt;lo) . La , crclac! e ~
&lt;JtlC esas prccat1c·io11 es . e mczcla11 n t&gt;rof ccía · i11f! 1111a .
1

•

•

¡&gt;re. ag1os rr1 ran ell tor110 a tres pttnlos : 1 ) Per'¡&gt;e LÍ\' a }lUlítica- . 2) Per ~¡&gt;ect i\1 a eco11ó111 ico oci a le_. 3·) ]&gt; rspecti,·a e piritt1a lcs . St1 co11clt1~io11c so n l tt CJtr c , -a n&lt;l ela11 1nra 11 la Ci ·il i=&lt;ició11:
;;I..1a alvación qt1izá
t ~, co1no ort1r;c t u11 f r c·t1 nt c 1ne11Le, r1 i1co11tra1: lt11 can1ino i11tcr111 edi~. E 11 el ca111po }lo lítico. c~tc j 11sto 111eclio
s~r1a algo ~ue 11 0 ft1c.ra n1. la -.: Ol&gt;crar1ía ili111i ta&lt;la ele lo c~tacl o~ 1&gt;art1c11lare 111 el d cs¡&gt;ot1 n10 irr in e(lia1&gt;1 clc t111 f.-0 J,icr 110 111 t 111 ,Jial ccntraliza~lo; e 11 ~l ~~111¡&gt;0 econó1~1i co, a l (J'o &lt;Jlt C 110 f tt ra 11 ¡ tllJ&gt;rcsa ¡&gt;rivacla sin _r e ~r1cc1?11 al~u11:i 111 ocinl1s1110 a 11l trar1za!· ( }&gt;. 4.] . Y e 11
otro lt1 gar : . ¿ Qt1e &lt;lcJ,e1nos. l1 accr }&gt;~t ra . a l var 110 ? E ,1 política..
tal&gt;lec~r u11 l te11•a coo¡&gt;erat1'' º cor1 ... l1 tue1011 a l &lt;l e &lt;ro]&gt;i rno 1111111 di al .
En cco11on1ía, 11allar tr~accio 11 c .. J&gt;ráctic·ns e 11tr al ¡11 iciati,ra ¡&gt;ri,rat1~1

u

h

3G

�'r el

socialis1110 ( ' ' :irialJles C!?.tÍ11 la s 11 ° cc~i&lt;lacl"'s concreta~ &lt;le lo cliver os tie n1¡&gt;0 ) . ~~11 la ·vicla clc l CS])Íritt1, \•ol\ cr a colocar la ~11p erc -- ·
trt1ct11ra er11lar , ollre fu11da111 11lo ~ r c1i!!.io
o~. llo,·
..
. ' e rcaliza11 sf11crzo e11 &gt;1 t1e ' tro 111t111clo occiclc11 tal JlHra 11 al lar 1 ca1n ino &lt;J1l co11cl11zca l1acia 11110 ele esos olJ j cti \ 0 . • i ll11]Jiéra1110 - al canzaclo lo tr&lt;' .. ,
¡loclría111os .. fl't1tir110 110 poco c:~ 1tro s ele J1a)l cr ~n 11ado nt1cstra ¡Jr '·
~ e11te 1Ja talla J&gt;Or la u per'ri'rene ia de tll&amp;C t ra ri ,.¡ lización ., p. 15 ) .
Y }lre, ic11clo el po il&gt;lc scc1&gt;tic i...1110 frc11tc a c;e re11aci111ic11lo e pirit11al e11 e l 1&gt;lano rcligio o. tra tn ,1 c x¡)]icarlo t IX, 63 7 ~ 64 1) cot1
palal,ra .. q11c traclucen, iná qt1 c 1111a &lt;lcclt1cció11 ló ~ica, llll fer' ie11lf'
a11l1elo ¡&gt;crso 11al. l. o .erá cie11tific·o el i1rocc&lt;li 1níe11to; pero, llara 1
crc,~e 11tc .. e ~ r cco11fortante.
•

1

1

1

4

37

-

�V
CRITICA DEL ~5 ISTE/ll/A
" La rea 1ic!n cl se 11acc n atura lcza cu a nclo Ja conid era1t1 Js con referencia a lo un i\·cr a l, ~e haLC
h i toria l 11 a11clo la co11siclcran1os con 1 cfercncia a
lo )&gt;a t iicular e i11clividua l". (H . Rt ckcrl , " (;icn cia cultura l } ciencia natura l'', p. 98-99) .
1

H e1nos desgajado un árbol f r o11do o . 1 o- )1 a que dado un e cp.1 "le to .. mo tra11do e11 el aire u s ml1ñones ele. 11t1&lt;lo.. . Lo de~ecl1ado 110
es simple )1ojarasca; en la ol)ra ele Toy111Jce &lt;' , qt1izá, ma gnífi ca flo·
ración. Pero ese sacrificio cr=t i1cce ario. Qu críamo a i lar lo &lt;¡t1e ~ l
considera 11t1evo: el estt1&lt;lio si t en1 áti co (lel in a terial l1i t ó ri co, el conjt1nto elaborado con ese p1·occ&lt;li111icnto. Porqt1e 11t1C"lro jt1icio &lt;lcl&gt;c
referir e a ese conjunto y no al in1ncn o 1nate ri al act1111ul a cl o c 11 a po}-u
&lt;le su s t esi .

f lj

Objecio11es d e d etalle.

,;.--

La o]Jra &lt;le Toynllce e t111 cxcitnn l ~ &lt;lcl e ¡&gt;íritu. Es in ae11io ~.
y acerta&lt;la la obser,·ación &lt;le l\l a rrot1 tl c¡t1c .. a ol&gt;ra e ~ t111 'R
· c to .,
que pro,ro ca e11 el lector inteli gc11te u11a '; R ¡&gt;tte~t a"", 0 1: .. ona11te o disonante, pero iempre ele inte ré~ en ' Es1,r it'', ¡&gt;. 120) . D e al1í t111a
1nt1ltitt1cl ele olljecio11e , m11cl1n '"' ele lla c1c &lt;letal le.
En pri1ner t é rmi110, la r efer e11t cs a la inf or111 a~i ó11 d e l at1tor . N o
on meras crítica ele e p eciali ta : .. &lt;lif ícil &lt;111 c 1 i11ont1n1c nto 1uis1no p11ec1a 1na11ten er se incólun1c . i stts l'ilarc · e tn11c tra11 cl é }Jil e~ . El
11ola11dé R c11ier dice q11 e ~:cada ' 'cz c1t1c e r e fi re a la l1i toria de
lo Países B ajo r e t1lta tIJlerfi ci al }r a¡lro. i111 a ti\·o, ct1anclo 110 ap ar ece como fra11 came11t~ m al i11for111aclo ~ (o¡&gt;. cit., p. 217 ) . E . . o 5C
r epite oomo un coro para cada J1i t o ria na ·io11 al. E l ocia] is ta lfe11ri
ele Ma11, lt1ego ele eñalar "' q11 c l1 a ¡&gt;eT111a11ccitlo o]Jr e mlt l1a
Lle ~­
tione al nÍ\'el d e l co11ocin1ie11to &lt;l e t111 lect o r d e ¡1cri ó &lt;lico-·.. (o¡&gt;. c it .,
p. 39) destaca al gt1nos d e s11s e r rores, cor110 el &lt;le ere r &lt;¡t1 el t "r111i110 ' comu11i ta'' ¡&gt;rO\'Íe n c ele la Co 111L11t' 1 ele Parí de 1871. c t1a11(I,
ya 1arx y E11 ~c1 ~ til11l a ro11 e11 l 81l8 01110 Co1nu11i t a s11 fan10 - o l\l nnificsto. ( Esl i1dio, t. V , }l. 179, n. 5)
En gc11e ral, los 11i tori a d o r cs l1 a11 rcac ·io r1 a&lt;lo frc 11te a u ataqt1
a la es¡lecialización l1i..,tórica, c fiala11&lt;lo, 11 trc otra ~ cosa , crue e ·t~
ataque no se l1ace cxte11si,·o a la e p ecializació11 en otras cie 11 cias .
1

-

38

�En el IX Congreso Internacional de Ciencias Histórica , realizado en París en 1950, Marrot1 pronuncia t1n informe sob1·e ''Historia
de la Ci,rilización. Antigiiedad''. En él le reprocl1a a Toy11bee, presente en el Congreso, aludir sin1plemente a una civilización helénica
que a])arcaría toda la Antigiiedad, sost e11iendo qt1e l1ay que di tin·
guir tres conjuntos o civilizacione : la de la ciudad A11tig11a (poli ·, ,
la l1elenística - i·o1na11a y la cri Liana del Bajo Imperio. Al discutir e
el informe y p1·esidiendo el propio To nllee, conte ta a 1arrou oatenien&lt;lo qt1e, e11 el prollle1na del conocimiento, es 11ece ario di ecar
la realidad para pe11sarla. Que t1 di ección del 111t111do greco - ron1a·
no no co11tradice la de J\Iarrot1: ''a1nba pueden er repre entacio11e"
de la realiJacl de'"' de distintos ángulo de "·i i.ón .. , .
qt1e lo do períodos qt1e agrega [arrou e tán conte11ido .. e11 t1 co11cepto de Civilizació11 Helénica, pero como e tadio de decadencia. De la discu ió11~
interesa destacar la inter,'"ención de ~ alter Tri tscl1, de Viena, qu e
va al meollo de la ct1e tión: ''Explica11clo el 1nétodo de l\1ax
e))er
que llsa repre e11taciones de tendencia- bajo la forma de '"ldeall) ·
pen'', U d. ( l\Iarrou) se cleclara decidiclan1e11t&lt;' 11ominali. . ta para qt1i ~n
esas tendencias no sería11 sino a)) tracciones •v i10 realidade . Perf~ ctamcnte : esos tipos no 011 sino e encía . . , 111ientras que la - ci,.rilizacione e'yolt1cionan y se metamorfo ean co1110 existe11cias en el tictn·
po'' (lXe. Congre I11ternational de
cie11cies Historiqt1e ~ '', 1, 331
ss . y II, 153 s . ) En otro lt1gar .. agrega Iarrott: '· u formación lltlmanista, profuuda pero e trecl1a, l1a 11ecl10 de To:11}Jee un griego ..
¿qué digo?, tln ate11ien e. No e "tá j)teparaclo para apreciar y co1u ..
prender Jli el períorlo 11e1enítico, ta11 rico }y fecundo .. ni la época i111perial'' (en ''Esprit'' p. 120 - 121) . La 1n5 n1a objeción en Pt1lgar \ idal re pecto a la civilizació11 a11dina.
llí, egún la in\ e tigacioucs
del arq11eólogo indio Dr. J11lio C. Tel1o, l1ay que di .. ti11&amp;11ir tre, i,.¡.
lizaciones: de Cl1a,in, de Kolla,va y la del I111¡)erio l11caico.
SolJre el tipo de conf rontacione -- lltilizado - la ci,riliza ionesse le 11a11 l1ecl10 m11cl1a olljecio11es. Res11man1os:
1

1

1) La definició11 n1i - 111a de ci\ ilizació11 (''a11 inteligi)) le f i le] of
hi tory'') es endel&gt;le y enig1nática. fiay tre concepto ~ el e '' i'riliz~1ción'': el l1i tórico, trozo del cle,fenir 111101ano y ocial del que "e fijan los 11ecl10 ~ el sociolóe:ico, qt1e procura e tableccr t1s lc-)..C..., : el filosófico, q11c indaga e11 s11 e encia. Toynl)ee 110 alca11za a 1)rccisar el
suyo, o los conf1111dc todo .
1

2. El inve11tario de la ci,rilizacione (21 en total, etc.) e co;1vencional y poco rigt1ro o. A títt1lo de ejeu1plo e ta co11 ic]eracio11cs
de l\larrou sobre la ci,·ilizacione abortada : ''Tomemos el ca .. o &lt;le
las cinco ''arrested civilization '': poli11e io , e &lt;Jl1i111alc ... ., 11ón1ade , c . . ·
parta11os y osmanlíe . E ltna cla ificación artificial la q11e rcú;ie dos
civilizaciones pri1nitiva - ¿y por q11é elegir a lo poli11e ~ io )r Jo
esqt1imales? ¿Por qué no tam1Jiér1 a los amazonio y los 1&gt;antúes? -,
t1na clase técnica lo "'nón1ade '' no 011 llna civilización, i110, desde la Mauretania a la l\1a11cl1uria, una erie de varicdade fronteriza'"'
t

-

39

-

�de diversas civiljzaciones; los escitas, por ejemJJlo, son t 1_n fr!cies i1ómade de la civilización irania )., y, por fi11, (los casos part1culare : &lt;lcjemos a los osmanlíes - o]Jjeto de parle ele T_oyn])e.c de un, tratamiento privilegiado (el Imperio Otoma110, ttn 1m¡ler10 &lt;1~ nomade
in partibzis agricolrirzim, y los j enízaro , perros ele guarcl1a d e t111•t
tropa de saqueos) ; el caso de Esparta es para n~sotro 1~uy claro.
No l1ay t111a ''civilizació11 espart:ina"', no l1t11&gt;o tn~s ql.te impl e J&gt;l'O·
liferació11 de síntomas mórllidos e11 Esparta a partir del momento ei1
que ésta, dejando de 1&gt;articipar en el i1n¡Ju]50. creador d_e la .civilj.
zació11 l1elénica, se estancó e11 t1n co11sc1·vacior1smo reacc1onar10: e
t1na ramazó11 seca del árbol l1elénico y no se la p11e&lt;le con iderar pór
separado como 11 11· ''can1po inteligi])le'' (le in vestigación l1istórica'' ( e11
''Espritª', p. 123) . Aquí se evide11cia -aµ- r cgamos nosotro - el espíritu 1·adicaln1ente ate11iense de Toynbce {11i iquiera Temístocles l1ul&gt;iese considcrac1o a lo e partano~ co1110 no griego ) y e l "'proft1ndo
influjo de la o])ra de Tucídide .

3.

Personal1nente nos parece ilógico no c parar la civilización
11elénica de la romana y separar lt1 ego la ele Crj tia i1a Ortodoxa y la
Cristia11a Occide11tal que tie11e11, re p cctiva111c11te, ac1i1ella raíce .
ílf.~

Y, f i11a l1ne11te, e te '' jl1icio &lt;l escon. oloclor~' de ~farrou: "'A
Toynhec lo pone ciertamente en gttar&lt;lia u e11• jclo empirista de lo
concreto llara e\ritar la tentación iclr a lista (y ele })&lt;? o critica el orga·
11icis1no extrc1no ele ll &gt;l Spengler) ; co11 todo yo creo que no l1a ¡&gt;o·
elido lilJrarse de suci1mbi1· a ella : ''la · civiJi¿acio11ec; - dice - on CO!l·
juntos en qtte toela la partes e .. tán en C'ol1c ió11 i·ccíproca y e afee·
tan n1l1t11ame11tc'' (111, 330) . ¿,Pero ct1ál e- la realidad de e e toclo?
Tengo ¡)lc11a concie11cia ele Ja gra\·cclatl &lt;l la cuc-tión n.., í pla11teacla ~
no l1ay en la l1ora act11al prolJle111a 111etodo]ó ~;co má grave para la
etnografía, la l1istoria. la ociología y el J&gt;e11~Jn1i nto e11 general qt•·~
el de la ''t1nidacl e11 materia ele ci\·i1izaci,)n''. ¿E~ \111 dato &lt;le la experiencia? ¡\To! ¿E ~ una ilt1sió11 '? No n ~cl1a 1 a}15111·do. ¿Es posi·
llle? ¿,E"" t111 f i11 qt1e &lt;l e]Jc1no ¡&gt;ro ¡lo 11cr~10 ? ¿ -n fin c¡11e ¡&gt;odc1110.'
alcanzar o t111a es1&gt;era11za esca tol ógica? 'T,o&lt;la i111c tra c·oncc¡lció11 &lt;le]
ho~l&gt;_r~ está ~llí ~n jt1ego. Pe1·0 toe.lo el 1nu11(lo ¡,t1ede ap1·cciar.. i mi
ol)jec1011 no1n1na.l1 ~~ e,, ac~¡.: tacl,a1 cl frata~o raclical d e ]a e1n¡lrc a el e
Toynl1ee: los ,- ~1nt1un o]) j eto
ele &lt;fttP J&gt;rct cn&lt;I " tratar u teoría 110
soi1 má qt1e a1&gt;straccio11Ps rarifíc·'l,l n::- e ~e J&gt;o cl cro o e f tterzo no al&gt;r:t·
za sino f a11ta ~ ma s'' ( i1licle111., ¡1. 125 ) .
Otro conocido ~1i to~iacl~r, LL1cic 11 Fcl&gt;,·r ~ ntlllter~ u o1ljecione Y no tc11 emo 1ntc~e s 111 n ecesi(la&lt;l ele r ¡1rodltcirla ac¡t1Í. E · te
l1istoriador
acepta el meto&lt;1o co tl1fl3ra t I\"C&gt; c 11 a 11 toria v seña a ~
.
eJemplo ele lfc11ri Pire1111c, pro¡&gt;t1 gnac] r clc l 111 ; toe] o conlÍlaratÍ\'O , ,
1n c111bargo, autor de u11a 'na ·iot1ali~ta'' ; Hi toria ele D él•1ica~· ...
Pero , aO'rcrra
· '•C om pa1·~mo , i' · p ro co1110 l11sloriatlorc
·
o
t".I •
. l ro -="con la
alegr
1a. t&gt;ervcr a de sumergirnos
(le ~ a 21 co11c ]11·] Ja , .a.
,
,
. . , e11 Ja lJ ~~ ~l"
~ "'
ClaS., SJDO COll la alegria. sana y. ft1 crt ele C&lt;.l[&gt;tar
/o co11cre t o. . . C 0111·
pare1no , no par~ fabricar , fi11al111e11tc;, &lt;.'on 11 cc·lto . c1iirlo. . 111 ezclauo 3
co11 l1ccJ1os 11111cl ue , rttso y ro111n110 , 11 1&gt; ,'l t ¡ I&gt; t11•r1• 11 o, 110 e,. qL1e, co11·
º

40 -

]

}

•

}

]

�cc¡)tos abstracto de Iglesia U11i er al, E ta&lt;lo l T11ivc r al o i11'' ª ionr
l&gt;ár]Ja1·as ... '' ( OJJ. cit ... p. 140) .
Se le re11rocl1a, igl1nl111c11tc , erro re lóp;ico o ele rnzona111ie nto .
Aceptado qt.1e la i11\·a ·ió11 de lo g alo o V Prdú11 l1aya11 ~iclo '"de suf íos"" para los ron1ano y los lia&lt;lo . res1&gt;ccti,n111c11te ; aceptado que
a111llos encontrará &gt;1 ''"réplica ., ad c-i1ndél . Pc&gt;1·0 11i l o r o111a110 ni lo
Aliado crean ci,1ilizacio11 ~-- ~ e o epi odios 110 e tá11 en la Gén e i
de las Civilizacio11es, con10 cj en1plo (le los cuales f 11eron o loca do .

El 1&gt;rocedimie11to

e re¡litc alJt111clantcm e11lc c11 Toy11ll ce .

enLH-

&lt;lo u 11 })ri11ci1&gt;io, u11n mt1ltilt1d ·d e ej ""t11plo vien e a confir111arlo. l? "·
ro el prol&gt;le111a e q11e no l1acen al ca .. o, 110 co11fir111an lo qt1e ~ e po ~­
tt1la, at1nqt1e ea11 cierto . ie11&lt;lo la realidad t a11 ri ' a , e11 la l1i t ori a
pt1ede encontrarse ejem¡l]o &lt;le t1nlqt1ier co a, i11á imc cuan&lt;lo e lo "'
rcú11e co11 datos legenclario , initológi co y literario , y, aún a é to ... ,
e le da ~ entido alegórico. D ] ca1n1&gt;0 d e e -ttt&lt;lio ¡1roJ&gt;t1csto, la civilizacione'-', alta a lo caso ' ' J1aciona 1 ~ .. o ""¡l arroqt1ial -'.f:... c1t1 e l1a] ía
co11dena&lt;lo. En una confe re11 cia c 11 l o E $lado l . .11i&lt;lo de .,. orte 111 é rica, el profe or Geyl analizó d .P te11ida111 ~ nlc t1na de la a cv ra ci c 11e de Toy11llee ollrc ttn te111a qtte Jo. O)re 11te
i1orte an1e ri cano
o11ocen bic11. Al l1a1llar d e l Reto del ontor110 p.cog ráfico , ele ía To) 11l&gt;ee: -'La iltt&lt;:!lració11 clá . . ica el nt1e ~ tro Jl r e e11te t e m a
11 11t1e .. tr a
propia l1i toria occi&lt;le11taJ, e~ el r e "'t11tado d e la con1pc t ti cia e11trc
mec1ia docena de difere11te grl1pos ele colo11i z a(lor ~ por 1 do111i11io
de la A n1érica el 1 1 orte .. ., . , l.t argt1111c 11tació11
l&gt; a alJa 11 qt1 e los
colonc de l tteva I11 glatexra afro11taro11 tl.11a r cµ.i ó11 111á inl1 ospitalaria qt1e lo f ra11ce e , coJ011iL..lclorc llel l~ n11adá y· la Luisia11a ~ ]o"' l10la11cle e , (le la IJal1ía clcl II11cl~o 11 ~ lo C .. ])aiíolcs .. ele la Florida r 1,.
jico; o lo i11gl e e - d e \ 7irgi11ia. '·La }Jri111 •·a ol1..,c1' a ió11 - tlicc G e) l
- e q11c el rc ..;t1ltac1o tl e esa co111¡1etcr1c in 110 111arc a e l 11a il~1i P11to tl c
t1na nt1cva ci,·ilizació 11.. . La socie tlacl o civilizació11 11orte a111e ri ca11a
110 es, e11 su p1·opia lcr111i11ología, lt11a 1111c'' ª y (li ti11ta ci' iliza ció11 . ..
sino parle i11tegrante de la g r a r1 ci' iliz:lció11 o t·citlc11tal, 1111a d la ·
v intiuna . ''N t1e ...tro pre c 11 t e l &gt;1111 'I", el ice 'I''o ., 111&gt; • ..~ ~ tl C t ro pr ' 11 ..
te t e ma'' &lt;' la ClJC tió11 ele &lt;Jl.t é ro a 1&gt;rovoc a 1 11aci111i e11to d
ci,rilizacio11e ~ ' . Pero ati11 a~ í'I Ge} l ¡)rocc cl r a ~~lttcli a r la · ·a11 - a ~ tlPl
tri11nfo ele lo colo110 (Le
uc' a 111glalc rra .. el .. 1ttll~tru 11 clo c¡tt él 110
¡&gt;ro vino d e la dific t1 ltacle el 1 co11tor110, ~ i 110 del el e arrollo c1e lo ~ tt·
ceso Ctlropcos e 11 lo- iglc~ XVII )" X ) l r. Cll lo- &lt;]ll e intcr~· i11i cro11
E 1&gt;aña, llolan(la &lt;"' I11~lat erra. .. ita i11 c lt1~0 la .. l'al al)ra .. ele Pilt lor&lt;l
Cl1atl1an1 ) 'l1a11clo ~ e jncta]Ja ele ""l1a]Jcr g n 11 a clo \111 ' ri a 11 lo . . ca11\pos d e l&gt;atalla de le111a11ia:·. "La cl&lt;1.-.icn i1t1 . ., lra --ió11 d 1 tcn1a tlt~ l
1-leto y la Re pl1e ta - co11 ·l11y G ' Y1110 es !5ir1&lt;J t111a clá~ica iltt""trarión de Ja i11a11cra ei1ca11tat1ora111e 11tc 111occ11t {110 q11icro lla111arla
i11e crt1pulo a) co11 qt1c "foy11l&gt; ee j rcita t"l arle ele c1 cf i1cle r tl cat1a. . . Y é · te 110 es 1.111 ca o ai s luc.lo ..• .. Í;Jo tt110 11111v• ' ara c t rí. . tiC'o. 11:
110 ejen1plo de lo i1111t1111 e ra1&gt;lc. arg111l1&lt;"'tllt)s f alacc · y la · el ttlO trn·
cio11e e f)ttria s de qttc e "'tá 11 110 el lil1rr&gt;"'I l º(,D l&gt;al ·s \\' Ítl1 l1i torians &gt;".
p. 149 - 154) .

e'"·'

41

•

�Otro ejemplo en Marrou: ''La r&gt;rcsió11 tt1r~a fue el ci~~ento de
la monarqttía de los HalJshurgos; esto explica ll1en la ev-oluc1on ~e la
monarqttía austríaca, que se derrumJ~a ctt~ndo clesapa1·ece el est~mtt·
Iante (Agrego : ¿y por qué no reacc10;1a 1gua!ment~ ante el est1m 11lante Napoleón o Hol1enzollern? J. ~·
~ero Viena no es, con:io
Atenas la encarnación de toda ltna c1, 1l1zac1011 . La curva de la 1118·
toria ;ustríaca, ¿podría confundirse con la. ~el conjunt~ de la"c~v~·
lizació11 occiclental? El proceso no es e .. 1lcc1f1co del fenomeno c1\--1·
lización'' ( op. cit., p. 122) . En c asos con10 éste - dice Ortega y Gasse t en st1 9~ confrrencia- ''tropeza1nos con una de las trampas del
11istoriador inglés~'.
Distorsión de los )1ecl1os para encajarlo dentro del si tema. Ya
se sabe el pa1&gt;el del ''proletariado externo'', las )landas hár]Jaras q.u~
a o-reden y matan tina civilización. A partir del t. VI, Toynllee 111t1~oduce mt1cl1os ct1adros, di,rididos c11 metict1lo os ca illero- o columnas, al estilo de Spengler. Y a todo cl eJ&gt;e extrañar que coloque e11
el casillero de lo ''bárbaros'~ que agrcclc11 al Imperio Aqueméni&lt;l·,
}- destroza11 la Civilización Siriac , a ¡lo . . 111a eclonios! (Estudio, VI .
331 y VIII, 735). ¿Bár]laros el &lt;li cí¡&gt;t1lo de Aristóteles y sus griego ?
Isócrates pensa1&gt;a, evidentemente, de n1a11era &lt;lia1netralmente o¡luc ~
ta (En V, 608, n. 3, Toynb ee trata de explicar el asunto procediendo
a un ct1rioso desdo1llamie11to de Alcja11clro: ''Ja conquista del Imperio Ac1ue111énide por Alejandro e , en ~lt a {Jecto macedónico, ltna
biirJ&gt;ara V olkeriva11.derung. . . Pero aclen1á . ele ser llil jefe de !!llerra
l&gt;árl&gt;aro, Alejanclro ft1e un misionero ele Ja Ci, ilizació11 Helénica, y
fue e] 11clc11i ino y no el barllarisn10 lo c¡ttc final111ente e extendió
como f r11to de las empresa de Aleja11clro~') .
Al tratar ele confirmar en lo l1ccl10_ t1 ... r1r1 il1 i]idade de la ide11tidad f or111al de toda las civiJizacione... , la r cgt1 l a rid ad y repctició1l
de stts ¡&gt;roce o la tarea de To)~11l&gt;ee e \'t1cl\~c clra1uática. u ele C:,perada J)ú ~ qtte&lt;la termina con frect1cn c ia e11 t111 fracaso: To}rnllee ~e
limita a con . . iclcrarlo l1na excepció11. Pero ·011 Jo ca os aparentemc11te confir111atorios los qt1e más se: le ]1 an &lt;li . . c:t1ticlo. El auto1· va co11
sus moltlc a cnjtJiciar cada ci vilizació11, qtti&lt;~rc descubri1~ en ella ~
sus estaclos o igle ias universale , stt V&lt;;Iker\va11cle ru11g, su Tirne of
Tr~t1ble,, etc. ~ el~. La. analogía clcsct11licrta a ' Í on sorp1·enden tc:
J ~110 ~esar Y Jo e St~l1n son con te1n porá11eo e iclé11tico -= porqt1e e ·tan u])1cados en el n11 mo e tadio ele tt11 r coi rielo rerular. E.. iná~ :
algt1no &lt;le ec;;os e taclios d esconoci(los ¡&gt;or e cncia ele ft1ente )1i tóri·
ca , pt1eden reco11 titt1irse gracias al si tc111a. ''Tratemo de iclentif j ..
car. ~ ta ~. oci c1acl ( iríaca ) for111t1la1lclo ttna Í&lt;T\talación e 11 tre u ]1i ,_
tor1a, ele la qt1c co11occmos el últi1110 tra 1110 v la }1 i toria de la c•ciedad Bel' nic~, que nos ca~ ~n. ucrt. c:on;c~r en toda 11 - etapa .,
~!' .96 tr~cl. ca~t.) . ~ o .' t1~r~m1r1a, ' '1clcr1t 111c11te, el trabajo de euI ist1ca e 111vc t1gac1on 111 tor1ca : 110
l&gt;astaría el e ... qt1cma. y e ~ que
.
T oyn b ee maJlCJa valores y COn&lt;·eptos 'l)&gt; olt1to · }a e· ·¡·
· ' l V'J·
d
e,
.
'
.
lVl izac1on, a
a,. etc. ~ ..
Y Sta l1n on lo n1i _r110 porqL1c a ·tiían en la ''Epoca de
Tui 1lulc11c1as y opta11 por el c ... tilo tic ,~ida ''f t1 t t1r1s
· t a '' . p ero, ¿que'

.J?.)

1

1

'!

ª!:

12

-

�l1izo e11 partic1.1lar Cayo Julio Cé ar? ''E11trc la 111a110 de e tos ''com·
¡&gt;aratistas'' - dice Ii'c]&gt;vre- , telescor&gt;ia11do a A~t1rl&gt;a11ipal c11 a11 L11i
o a Sesos tris e11 Lcni11, la ' rit_la qt1e bu ·ea11 se le e f tima. le110 de, -oción ve1·Jlal por la Vida y má r c~¡lcto ¡&gt;or la vicla '' (o p. cit.,
1

p. 141) .
La f órml1la &lt;lcl f{eto • Rcs pt1esta l1a recilli&lt;lo amplia ace1ltación.
Nosotros 111i .. mos la cou1parti1nos co1110 11orma ele vida: el e'° f uerzo
fre11te a la adver idacl e fcc1J11{lo. Esta i&lt;lca e 'ieja y e pre enta con
f1·ecue11cia en el JlC11sa111ie11to u11tigl10, clc:-.&lt;le ''la lt1cl1a e la i11aclre d . .
todas las cosas'' (le Ileráclito l•a la el '' Acl a tra ¡) :&gt;r a r)era'' ele l\1arco Aurclio ( qt1e si e crillió e11 griego f11c cli,11lgaclo e11 latí11 ) . P ero
l1a recilli&lt;lo olljecio11e . To)r11l&gt;ce l1acc Ja crítica del deterruini n1 0
geográfico y luego, al pasar reví ta a lo reto y la re pt1c ~ta en la
g~11esis de las civilizacio11e.._ .. co111ic11za preci n1ne11tc por sc1'"'ialar 1 :,
t.lc- aiío del contor110 fí ico. l·Ic aqtií la' o1ljcciot10s de Go11rolt: 1&lt;?)
A1 111i::-mo p1·inci¡)io dcter111i11i ta o]lc&lt;lcce el co loca r la co11clicion" ~
f?cográfica desfavora1lle clont.lc a11tcs e ... ta}Ja11 la favoralJlc . 2'?)
1,oynbec e une a los qt1e acl1crcla11 al frío tina ncció11 e . . cncial en lo ,
i&gt;1·ogreso el e la ci,rilizació11 y f rcct1cn trn1c11 te 11 a]&gt; la &lt;le la acció11 o¡&gt;orífera y la infl11 ~11cia llelctérco ele lo trópi&lt;·os. Y bien: la r eg:io·
11c polare no l1an en:re11tlrado ni11!!,t111n ci\ iJización UJJCrior. 39 J
¿, C11anto t11ás p:ra;1{lc e el reto ta11to 111á, i1nporta11lc e s la &lt;'iv'ilizació11
c11gendraclé:t? No, c11 n1t1c110 ca o l)l'O(ltt&lt;'C el a11iq11iln111ie11to ele lltl
1&gt;ueblo. ;. La mi ina i11citació11 ¡J1·ocli1ce . ic1n¡)r el i11i , 1110 re ltl lat1o '?
'fampoco. Por tanto .. la le)- 110 .:&gt;C Cl11r1r&gt;le. 19) ':Qttecla ¡1or })rol&gt; al'
q11e el 11ombrc e l1a ''11elto civiliza&lt;lo 11or la co11qt1j ta de tierra · &lt;li·
fíciles. Es má fácil creer &lt;JllC' l1a l1ccl10 protl(tctivas e a · tie rJ'a , el if ícilei:, eo11 truye11tlo &lt;liql1 .. , t c.-: porq11~ e ra ) ' ª 1111 ci,·i 1iza&lt;lo '' (artÍcltlo c11 '~ 1\nnale~'', ¡l. 4.115. iJ50). Ta11tologí,1s co1110 la últi111a se le
11 an pña lacio 1nl1cl1~ : l111a C'ivilizació11 j)Í rrl agíli dacl }&gt;Ol'&lt;f lle el cclina, o clccli11a porque picrclc agiliclad ...
Ortega y Ga ~e t 110 llegó n 11carar el l)í'Ol&gt;lcn1a fu11&lt;la111e11tal (]el
'" iblema to)r111lecia110 .. i110 e11 alg11t10 párrafos ele u 12~ y \'1lti111a co11 ..
ferc11cia. De ese ~j tC'111a no a 11~liza i110 el co11c~¡&gt;Lo de E!::tla&lt;lo ni·
ver al y la fórmt1la l~clo y I{ .. SlllLC"sln. Lo l1ace co!1Íro11tá11tlolos cot1
su ¡)rO¡Jia_ teoría.._, las C[tl clicc l1a clr cx1&gt;011e r r1 lt ie111¡lre a11u11·
ciado y 111111ca 1&gt;t1IJlicado lil&gt;ro sol&gt;rc In razón ' 'ital o 11istórica ( lo
' rl1elve a }lron1e tc-r allí &lt;·011 el t Íl tilo &lt;le '' ltrora dC' la ra1.ó11 11 i ... tórica ''. DcE-:l }&gt;arccido Orte g.a, 110 alle1110~ i l1a c.l ej aclo i11écli to e e 1i)Jro) . 1~11 eta anto a Ja i clea el E~taclo l J11 i \ Cr . :1l, J&gt;art del e jc1111&gt;lo el
To)T11J&gt;cc - el lm¡Je rio R 111ur10- qi1c ;stc: tlicc Ortega, ol&gt; rr'' ª d ·
ele aft1'!ra, y • es }&gt;re ·iso olJ "•·, 4ll' el . . tl ~ adc11tro. l Ú ~ i1111lorlu11te · 111c..:
parece11 . . U5 co11 iclcra ·ion ~ ollre la teoría clcl R lo· Re t&gt;ttc la. Pt&gt;·
&lt;lcn1os res11mirlas así: l '.&gt;) Dt1ra11te los 300 i11il o 1111 millón ele año ~
&lt;111c lleva el 11on1l&gt;rc sol&gt;rc la tierra l1a rreil1i&lt;lo tl sa fio~ d 1 contor·
no fí ico y no l1a11 11acido ci,,ilizacio11~' f-i110 c11 lo , últi111os 6.000
años. O &lt;licito ele otra ma11cra, el Rctt) e 1&gt;er111a11c11te y la . Re pt1c. la mtty con ladas. 2'&gt;)
i11gl111a ci1·ct111 la11ciu e , &lt;.le por í, n1cra acl7

1

43

�versidad. ''Todo lttgar ea, a la vez, f nci]icla&lt;l Y. ~ificultad ... ~i el. Reto fltera pltra dificultad, el 11om1Jre . t1c11n1J&gt;1r1a )' no l1al)r1~ !11storia'' ( 11~ co11 f. ) 39 ) Un m ismo R e to ~ 11 cu cntra re~~~estas d1 t1ntus :
el j 11 vicr110 de rrotó a Xapoleón en Rt1s1a y le ¡1erm1t10 ,·en cer en Holanda, etc. 49 ) Algt1nas civilizacio11e - rli cc Toyn]Jec- se d esarrolJa,n
''en tin ltt 0O'ar inclcseable ql1e las de111ás 110 aceptaban. P ero e to, maa
· '' ( 11 ª· con f'.. !\
hien qt1e aceptar el R 'eto4 es no te11e r otro re,~ e d 10
59 ) Existen tres posi])ilidades : qt1e el contorno f 1s1co sea todo f ac1l1dad, co111o creen los optin1ista , o loclo 11o °' tili&lt;lad, o un sist en1a co111binado ele facilidades v dificulLadc c; . Lo qt1c :importa es el l1om]Jre .
Pero &lt;le él ''no se pu; de l1ace r u 11a 11 i toria naturalista; el 11omJ)re
no es natural'\ tie11e infinitas p osi]JiliclaclPs, 11a&lt;1ie puede d ecir d e qué
es ca1&gt;az; i11clt1so si el plan eta f itera el e_tr11í&lt;lo acaso podría llevar
una exi ten cia inter¡llanetaria '' ( 11 ~ co11f. )
Y, final111 entc, ollr e las P er pectiva - d e nu e tra civilización, su
diagnóstico l1a ido co11sider aclo i11gc11t10, incongr11 ente porqlte pret ende atar elen1 e11tos incompatilJle , e tc. l lranga, l11ego de d ecir '' que
no se Je,' a11ta 11111cl10 de la c·pinió11 ,}el 110111l&gt;rc d e la calle'', t ermi11a
que ''el m c11saj e de Toynhee parece &lt;le 1111 a tt1Jlimc pobreza'' ('' Cuadernos Amcrica11os'', 1948, 4, p. 137 y 138 ) .
\ 2.
..

Re/ itt&lt;tción sistemática al siste111r1.

..J

Pensamos plantear esta r efut ación c11 lor110 a los sig11ientes p111t·
tos : la l1i toria 110 es ltna cie ncia de ~c11 ~ ralizaciones ; la l1i "toria no
r epite tts ¡&gt;roce os ; Sltstancia y ¡)r oce o : la teo ría de To)·nb ee es u11a
doctri11a teológica y t eleelógica d e la 1list ori a ~ ... 11 m étodo es apriorÍo·
tico y no e111¡&gt;iri t a; ll filo ofí:t es 11113 fil o ofía d e decade n cia y, vi
e qttic re, de alvación.

Lci liistoria no es urict cie1iri&lt;t &lt;le f{&lt;' tteralizaciones.
'-

El siglo XIX, orgullo o de stt de arrollo ci &lt;&gt;11tífico y el e la extraordinarias liazañas r ea]izntl as gracia.. a la a¡)licación d e la leyes
ci.cntíficas, p.rete?&lt;lió exte11der a} c n111 }JO ele }a Jti toria e} m étodo pro·
p10 de la c 1e 11c t~ n~turales. Qt1izá, co1110 lo ree&lt;&gt;11oce Toy11IJec mi mo, 1&gt;orqt1c 011 ... 1clcro el prese nt e ce&gt; in o 1111a i LL1aeión d efinitiva y
a]&gt;so~ltta ~ r&gt;cro má aú~, !J ~jo el i11íl11jo clel C\'Olt1cioni mo, porqt1c
co11s1dero el proce .. o 111 tor1co com o r ecr11 la r ,. uniforme .
porque la l1j to ria ~e rc ~i tía a e e trata. Fraca ado el i11te11to,
,
~1ento, ~e comc11zo a :ice ptar al fi 11a l t1 c t&gt; e nii n10 i alo la exi te11·
0
c1~ de do o-ru¡&gt;os d e cienci a ~ oct1¡&gt;a &lt;l a ele e lt1diar do tipo~ de fenomen,o : lo c¡uc e tah an d entro el 1 ca111 ¡)o ele la 11aturaleza y se
cumpl1an el e act1crdo al princi1)io ele la n eccsiclad , y lo qtte caía; 1
clentro .&lt;le la e fc,ra 11t11nana y se c11n1p1ía 11 ele actt erdo al priilcipi o
de la 11l&gt;crtncl.
E o~.... dos orri·upos &lt;1~ c1c11c1as
· · to111ar o11 e1·1 t111to
·
.
.
no111llres
y c i &lt;"11cins •le J e p 111
, ··t u , en n·Itl
· : · c1cnc1as l &lt;le la. natt1raleza
.
i
1cy.,.
ch1enc1 a natt1r? . ,Y c1e~c1a . ct1ltt1ral, e n f{i ck c rt; cieJicias de lo h cc os e1e i·e¡&gt;c t1 c 1011 y c1en c1as ele lo l1cc ¡108 ele
·,
X enopo l .
t1ccs1on, en

44 -

�Pe1·0 esto sig11ifi&lt;'al&gt;a t1n ele dol1lan1iento ele la rcalidarl o, i11á ~
si1nple111cnte, el reconocimiento ele &lt;tttc cxistía11 (los realiclaclc : t111a
i1att1ral y otra e piritt1al. Los clo grt1¡Jo de ciC'11cias clife rían .. llll&lt;' ,
e11 ct1anlo al objeto ele estt1dio.
Los atttorcs cita&lt;Jo ~ e dicro11 c t1c11ta ele la p-r3 eda&lt;l del 1)roJ1l&lt;'"n1a y se resi tic1·011, c11 111ayor o n1c11o r graclo, n acc1&gt;tar esa partición
de la rcali(lad e J1 clo . A í, XF OPOL: ''E11 la rcali&lt;latl de la &lt;'O ~ a ., 11i
una re1Jctició11 e realiza de 111a11era a1lso lt1ta111ent e idéntica. Lo el ia ·
y las nocl1cs qt1e se l'C'}Jite11 eter11 t1n c11t c, no e pal'ccen del toclo. A ~ ­
¡&gt;ecto c1el ciclo., tr111 ¡)era tura, grado 11 i gror11étrico y (luració11 re pecti va., co111 I&gt;i11aclo ele la n1an era tnás el i --tj 11 la, c]a11 casi a cada (lía )'
a cacla nocl1c carácter cli tinto ele loR (flle l e 11an J&gt;r~ce(li&lt;lo. Lo n1i mo octtrre &lt;'011 la e taeione qt1c ~~ re¡&gt;itcn cacla año, "i11 Cjlle 11i11g1tna se 1&gt;arczcn J&gt;Or co1111)leto a l a a11álo••a &lt;l 1 afio '1t1terior. La 1111.;;;ma tierra., eJ1 tt tra .. lació11.. c1·11za cada tlía
cada año JlOrción &lt;li::;tinta del e ¡&gt;aC'io., a ca11 a del mo\irnic nlo trasla torio d l sol. Lo 111i 1110 oct1rrc ron todo lo '"' clcn1ás l1crl1os, físico., &lt;jttí1nico , 1&gt;iológico"' )~
sociológicos. Cada tino de ellos., al r e l' tir e, pre c11ta variacio11e~ rl
forma., ele dime 11 .. ió11 .. ele ca11ticla(l ele f t1e rza.
'l\·Io&lt;lificá11close ta1nl&gt;ié11 lo l1 ecl10.. &lt;lr uce ión cada vez q11e se
re¡&gt;ilc11, sígtte e la i111¡lo il)ilidad ele e tallleccr cli tinción al~11n,1., ,]rs&lt;le este 1&gt;1111to ele ,,.¡ ta., entre a111I&gt; s órcle11e ele f e11óme110 '~ (' Teoría
ele la llisloria'', ¡&gt;. 3) .
Iie1&gt;et ició11 y ~ t1ce ió n no 011., p11rs, clos ti¡)os &lt;le 11ecllo : tollo r('·
nó111c110 1&gt;re c11la a111l&gt;o~ ca1 act l' C'S. Pcr"' c~ t1ir t1110 tl ot1·0
prol&gt;l "'111a (le i11v . ti~ttC'ió11 cie11tífica., c... &lt;l e ·ir,. ,Jr 1't1 é1oclo.
Rickert e u1á lcrmina11te .: '~Pttc , lo que 110 11a. 111á CJtlC 1111a
reali(]a(l e1111&gt;íriea'', las cie11cias no se &lt;libti 11gttc11 r&gt;or si1 ol&gt;jcto si1to
J&gt;Or lt n1étoc lo. '"; ¡&gt; a1·a lo f int"'s (le la e laf-&gt;i f icación ele la c-ienci a ¡&gt;articu la re~ 1to es ¡10 · il&gt; le enco11 t ra r clo~ t- rtt]&gt;Os &lt;l objeto" qttc !--e &lt;li~­
ti11gan t1no clrl olro ¡1or u ser , e ti cir, a la i11a11 c ra inisn1a c·o1110 l
cuer1&gt;0 e &lt;li.,ti11gt1e (le l al111:i "~. i.!La o¡&gt;o ic-ió11 al con cepto ló ~ico el ~
la natt1raleza co1110 exi tencia (1 la~ cosaf., c 11 t1 a 11to que e tú cJcter111i 11a&lt;la c~í111 l&lt;'}-c 1111ivrrsa1cs, no ¡1tt&lt;'dc ~er a . 11 , ·cz ino tt11
concc1&gt;to lógico ig11al111 c11te. Tal e , a 111i llélrC'f'C'l'., el co11r }&gt;to &lt;1&lt;'
l1istoria , c11 el n1á a111¡llio .:;;c11ticlo for111al el&lt;' Ja Jlal n1&gt;ra, e " el eir, r]
co11cc¡)tO (l ·l s ttrccler i11gttlar., e11 tt J&gt;Cc11liariclacJ e i11cliviclua1ic1a(1.
Este co11cc1&gt;lo Cbtá c11 OJ&gt;O ició11 f or111al al &lt;'011c t&gt;to cl ley t111i\-er ... al
y te11&lt;1 rcn10 qtic 11a1&gt;] ar, por lo ta11to., al el ¡,ri&lt;lir la - &lt;'Íe11cias parli c11larc , &lt;le una &lt;li ti11ción entre 1 111 &gt;t&lt;,do 1iat11rt1 li ta ~ e l 111 éto&lt;l&lt;&gt; liistórico·' t OJ&gt;· cit., ]&gt;· 4.3 y ..is) .
Reco11oci&lt;lo el carácter t111itario ele In r c:iliclael f'IllJ&gt;Íri a .. ¿ ótnl&gt;
e no. ¡&gt;r&lt;' c11 ta? Ri c1"-ert clc111t.:1e- tra l l "'~011~intti&lt;l=tcl·' y 11 "'l1cler&lt;)ge11eidacl~', es rlC'cir, la r&lt;&gt;~liclacl &lt;'~ 11tt1tal&gt;l y .,i11g11lar ( Ca1&gt;.
) . l{c:}leclo a lo ¡&gt;ri111cro. dice: "'1. . oclo flt1}·c ... ~ re. ¡&gt;celo a lo -c&gt; ~t1 11clo: " lodo e diferC'11te!.' . I'ara ]1ac . . r racional a la rcn litl&amp;.ld., el conori11aic11~
ricntíf ico tran sforma lo co11ti11110 c 11 &lt;1 isc rcto y lo 11 eterogé11co 11 1l o,
mogenco.

45

•

�Ahora bien · qtié visión de la realidad nos dan las ciencias naturales? O dicli~ de otr:i manera, ¿cómo se no&amp; aparece esa realid.1d
estudiada bajo el método t1att1ralista? Est~ es, como s~ sa]Je, el g~a~
aporte de la esctiela de Baden y, en part1ct1lar, &lt;le. ~1ckert. ~ed1~0
a ello todo un libro, ''Los límites de In conceptuac1on en la c1enc1a
natural'' que resume en el que t1tilizamos. De 1·aíz neo • kantia11a,
parte d;l concepto de naturaleza &lt;lado por el filósofo de . Koenigsherg: ''el de la existencia ele las cosas en Clt&lt;111to es detc1·.m1nad~ se·
gún leyes universales'' (p. 31 - 32) . Para alcanzar esa u111versal1dad,
el método naturalista prescinde de lo que es singular . ''Lo que ha)~a
en ellos {las cosas y los procesos) de puramcn1e i11clividt1al será co11siderado como inesencial y no entrará en la ciencia'' (p. 75) . Procediendo por allstracción, no recoge it10 lo unif ormc y i·epetib le, lo
que puede tra&lt;lucirse en leyes. Quizá parezca ext1·año, porque el
l1om]Jre de cie11cia tralJaja sol)re miles de ejemplares y olJ er'"ª 11a ·
ta el más mínimo detalle. ''Pero, }lOr mlty lejo c¡ue llegue al an:t ..
lisis -arguye Rickert- la ciencia de la natt1raleza no podrá nunca
exponer en conce¡ltos todas las peculiaricladcs de los o])jetos investigados''. ''La con1binació11 de toclos los conceptos formac1os por la
ciencia natural soll1·c rcalida&lt;lc individualc 110 poclrá n11nca i·eproduci1· la ¡&gt;eculiaridad e individualidad d~ t1n solo ol)jeto real iq11iera. El que crea lo co11trario tendrá C.[Ue considerar, con Platón, lo
universal como real y no ver en lo particulnr e i11divid11al má que
un complejo de t1ni"·er aliclacles. Ma e ste realismo ele los concepto ·
pa1·ece supe1·ado hoy. Lo i·eal lo e11contramo e11 Jo partic11lar e individual y no pttede constrt1irse con elemento ttniver ~ a]c '' (p. 80
)r 81) .
Es necesario ª'"erigt1ar, pues, i t•l&gt;si te aqt1el postt1la&lt;1o de 11nif ormidacl y de i·elaciones con tante qt1e pcrmi te el e tab lecimiento
d.e leyes, postulado ql1e está en la l&gt;a e mi .. ma el~ las ciencias teó·
ricas, Y qt1.e es el pt1nto ele partida &lt;le Toy11bee. Se sost11,·o J' se sigue sosteniendo c1ue e tas ciencia proceclía11 cons iclerando Jos fenó·
o:ienos s11b. speci~ aeternitatis, ) r de al1í lo ¡)ri11ci¡&gt;ios de i11tempora·
11dad Y un1.ve1·sal1da? que se 1&lt;' rcco11oc(~ll a 11 lc)Tc . E cierto q11c
Toynlle~ dice, e~ ~1~rta o¡lortt1ni&lt;la(J, qttc ~ lt pro1&gt;ó~jto e e tudint·
;s. fenomcn~s lu t~nc~- sub sp_cci_e_ temporis (Ciuili;;,ación, p. 18) .
ci o es.o esta en f1 a11ca con tr ~cl1cc1011 con . ti tare a de '' estal')lerer la
presencia en el fonclo ele a]gú11 ol&gt;jeto clel ¡•e11sa111j nto ]1i tórico qt1c
sea co 11 stante. Y &lt;tbsol11to:~ ( Estt1dio, J, J&gt;. 16) ~ con su c1·iterio de la
contemporane1&lt;lad de toclas la (•ivilizacioncs, la i&lt;le11tida&lt;l formal tle
sus proceso y u i tc1na todo .
. ¿Se Cttm ple el pri 11ci pio el e u11if or111 icla&lt;l? Dice&gt; CROCE : ''El pc:t·
sam1ento común ' lo n1i n1o CJttc e 1 f 1·1oso;f.ico "ª1,e 1&gt;1e11
·
qlte 1a rea 1·l·
d acl no e con tan te n1· u111· forn1c
' ]&gt;1cn
·
.,
Y qt:t . antes
e "' ta' en ¡ler¡lett1a
· · E~.~la ¡&gt;c1n1anc11cia )" t1111foru11·
·
·
dtran
d formac1011 ' evolt1ció11 Y &lt;l C\'en1r
.ªd dqtiel .se .postula (y que se co 11 icler3 tlcc;¡ltl; Í&lt;ll a1n e11te como rea·
l 1 a o &gt;Jet1vu) 110 e itl l
.
o a 1n1'· "'111a o¡)orlttnt&lt;lacl
}lr~\ctica 11 qttc se
. .
trata eIe c·m1t1r la~ &lt;lifer~tl .¡
. l
~
'"'
&lt;·ª Y con ic crnr 11niforn1e lo clif erc11te )r

-

46

�constante lo mutallle ; el postulado d e la t1nifor1nidad d e la natm·aJeza es la necesidad ele un trala111ie nto d e la r ealida d , qtte e l1ace
unifo1·me por razo11es de n ccesi&lt;lacl '' ('"Lógica con10 cie11cia d el co11ce1&gt;to puro'', p. 243 ) . E~ta finalidad práctica de 1&gt;os l11lar la 11nifor1nidad, ql.te ]levó a Croce a d efinir l as ciencias d e l eyes co1no '~ tra11s­
c1·ipcio11es taquigráficas, d e valor prag1nático, sol)r c l a r ealidad viva
y mt1taJ)le'', l1allía sido ya r econocicla por Rickert: ''A$í, pue , la u11iversalidad del concepto natttralista y el a])is1no abierto e ntre él y Jo
real singt1lar, carácte1· en el cual l1en1os 11allaclo stt esen cia t eóri ca,
es jt1stan1ente la conclición n ecesaria para t1 aplicació t1 práctica'' ( op.
cit., p . 82) .
¿Se cum1)le el princi¡)io d e la i·epe tició11, las relacio11es cons~
ta11tes que ha ce11 posible el estal)lcci1nie nto de leyes ? Volvamos a
Croce : ''El ve1·dadero fi11 d e las ciencia 11att1rales 110 es la cl a e si·
110 la ley, y, e11 la l ey el ri gor ele la verdad es in(luclal)le, tanto que
¡&gt;or m edio d e la l eyt&gt;s q11e se l1 a11 d escl.tl)icrto es llosible nada m e ..
nos que formar pre,isione ele lo ql1e l1a ll e uceder''. Pero, ¿ e
ct1mpJe11 si en1pre esa })revisiones ? ro., co11tcsta Cl."oce, ''porq11e en
ese com])i11ar y r ecomllinar clebe 11al)er ¡lroc1u cido a]g"tt11a inodif icación ( aunque 110 })erci])ida })Ol' 11osotro ) , y n1ie11tras ta11to ]1an
Sllcedido cam])ios en la r ealidad toda, ele 11yo co1nplejo nada e scp:irable. . . Las le)'es inexorabl es d e la 11a t11rnl eza so11 l e}'"es que e n
todo momento son violadas'' (''Lógi ca'', ¡). 21.l - 2 y 244) . La trtejor
prt1e1la está e n lo progre o d e la ciencia: cacl a })OCO o mayor tie1upo, los científicos d e])e11 modificar tts le) es 11ara po11crla d e acu rdo con la muta})le i·eali&lt;la(l. Porq11e, con10 cli&lt;'e Crocc e11 otro lt1ga1·,
''la afirmación ele qt1e l:i 11al1traleza no tien e l1i toria cl el) c entende rse en el senticlo ele qt1c ]a naturaleza como e11te ele&gt; r azón y meclitació;.1 ab strac ta no tie n e l1is toria porqt1e no exi te . o, digaino , 110
es nada real; y la afirn1ación op11estn d e qt1e l a naturaleza es for1nación y vida l1istórica d e]Je en tcncler se en el otro i g11ificaclo d e qtte
la realidad, la única i·ealidacl , e toda ella d esarrollo y ,, ida~' (''Teoría e 11istoria de la l1isto1·iografía?', p. 107 ) . ''La Je)r. l111a vez lop;r a·
da, se ]1a]la so1netida a t111a ¡)e rpe ll1a confrontación co11 los l1ecl1os
y es abandonada si no l1ay n1 a n era d e qttP co11cuerde con ellos'' (F.
KA UFlVI.\N , ''l\1ctodología d e la cif'11cias socia le '', Jl. 80. V. to el o el
capít11lo ''Hecl10 y l ey'') .
Cosa n1ás grave a1l.11. Esas mi n1as ciencias 110 }lt1edcn mante·
11er se en su noción d e nalt1raleza allstracla e irreal, y 11a11 con1e11za &lt;lo
a ' ]1istorizarse'' . V ca1nos lo oct1rriclo co.1 la Fí ic a. La t eoría &lt;l&lt;' Ja
R elativiclad dcslrt1ye las 11ocio11e d e es1)acio y ti cn1po a]) ~o lt1tos, la .;
de velocidad infinita y adició11 d e , ..e]ocidade:;. ''Dos o]Jservadore c 11
movimiento uno con r espe&lt;'to a] otro, aL1·j))ttirá11 clt1racio11e difcr c11·
tes a lln mismo f c11ó1neno y., atles11ás, sus nlc{lidas de 1011gitucl erá11
cli sco1~dante . El tiempo y el espacior e 11 ec,tc l111iver so, tie11e n u11
carácter r elativo"' (P. CouoERC, ''La r élalivité'', p . 4.2). ¿Po ició11 J el
observador? H ecl10 si11g11lar , 11ecl10 11istórico. Pero d cj en10 e lo qtte
es otro prol)lc111a.

47 -

�~n lo qttc antecede .hem.o&lt;; v! to lo .qt1e. pasa c?n las. ciencias generalizadoras. ¿Y la H1stor1a? IIay c1e11c1as - ,dice R1ckert
cp.1c
110 se proponen establecer leyes 11at11rales ;. es mas, que n.o s~ preocupan en absoluto de formar conce1)tO 11111versales; esas ciencias s?11
!as ciencias 11i:slóricas, en el sentido má nn1 Jllio de la palabra. . . QttJeren cx¡loner la realidad -qtte nt1nca e gc11cral, sino con~tante.mc~tc
individt1al- en su individualidad'' (¡l. 96). Este es el caracter 111tr1nseco de la I·I istoria formulado desde la Antigücclad, por ejemJllo, ell
el famoso ~ 9 ele ''La Poética'' de Aristóteles: ''la poesía trata so])re
todo lo qL1'"' es g~ne1·al y la Historia ele Jo ¡)artict1lar. Lo general, es
decir, qué cosas dirá o liará verosímil o nccesa1·iamente tal o ct1al
perso11~, y es a esta representación c¡ue D}lttnta la poesía, at1nque
atri))uya non1bre propios a s11s per onaje ; lo partic11lar, e lo que
l1izo o le pasó a Alcibíades''. De al1í la 011cl11 ión ele Rickert: ''La
Historia no quiere generalizar al n1oclo cor110 lo l1ace11 las cie11cia~
natL1ralc ., . Y s11 famoso apotea111a: ''La rcaliclacl e l1ace nat11raleza
cua11do la c·o11 icleramos con ref ere11cia a lo llniver 3}; se l1acc Hi -tori ct1a11do la con icleramos con refere11cia a lo i&gt;articl1lar o i11divi- ·
dual'' ( t&gt;· 97 y 98 - 99) .
Que pl1eda o 110 l1al)er u11a ciencia ele lo i11gula1·, que p11eda o
no l1accrsc ttna cc11ceptuación particularizaclora, es un pro1&gt;le111a gnoseológico q11e no tenen1os por c111é })lantear a&lt;JllÍ.
Acc1lte1nos &lt;1t1e la realidad l1icitóric:l contenga lo general; pero
como esa realiclad e ien1p1·e contint1a }- 11etcrogénea, para en1¡&gt;lear
el lengt1ajc de Ilickert, contie11e, adc111á", Jo ¡&gt;artic11lar y lo ing11lar.
Los l1isloriaclore r econocen el princi1&gt;io el In generalidad y ni iql1iera })tlc&lt;lc11 rcn1111riar a él. E stt ¡&gt;t111to &lt;l particla , pero lo cla11
por 0J)ree11lencli&lt;lo. E tudia11, ¡&gt;or ejc111¡&gt;lo ocieclade ]1umana -~ actos l111n1ano : \•ale decir, se e11caran con 1111 1·n. ~o llniver.. al. el ele Ja
naturaleza l111111ana. Otro ejen1 J&gt;lo: . cría itll (JO ~¡]lle l1acer 1111a 11 istoria ele los 11ecl1os ¡&gt;o:iíticos sin tc11cr e11 cL1C'11ta algo con tante e11
esos l1ccl1os &lt;111e JJO~ l1ace dominarlo", l&gt;rcci. a111&lt;'nte, ele nat11ralcza
política: J:&gt;ero los l1i toria&lt;lore 1nar&lt;' 11a11 ele i 1•1t1C'&lt;lia to a lo ¡)artict l·
lar Y s111gt1lar, 1&gt;orqt1c, l1i tóric3n1C'11l , r1i In 11at11raleza l1t1111ana 11i
los 11ccJ10 · polítiro son con lét11te e i11111oc1ifica1&gt;les, i110 varial&gt;lc:: .
¿ Renu11ciar a Jo . i 11gt1lar? ería rc1111 n&lt;'i ar a lo l1i tórico. ¿ Vol,'er a
lo ~eneral? E ~, co1110 dice Croce, (&gt;!' tc11clcr 'o],rer al Paraíso, al
E&lt;le~ · La verdad. e que la inoce11c~ia 110 se r co11qui ta: cuanclo la
perd1mo , la 1&gt;ercl11110. }&gt;ara ien1prc. La ge11 er~tlización ,~acía las coas, cm poi&gt; rece al n1ínimo tl co11tc11i&lt;lo. I)or e o Lucien Fel&gt;,Tre n
su ~ tudio · ol&gt;r To)' t1bee, ter1ni11a clicic11c1o f)tte, al creneralizar 'llegarian10 a la conclt1 ~ión del ~,¡ jo l&gt;il&gt;liotccario clell"' 11á mori1&gt;tt11do: ' Los l101111&gt;rc~ naciero11, a111:iro11 }p 111t1ri rott ~'.
La cic11cia l.1i tóri~a ~~nsigna lo '"°¡ 11~t1 lnr ¡&gt;orc¡lie 110 ql1ic1·c c111J&gt;Ol&gt;recc~· la real1(Iacl l11stor1ca. To111cn10 co 1110 cjcnlplo el ParterlÓ?t.
Gcneral1za11&lt;Jo 1&gt;o&lt;lría1nos decir:
- 'fo{1os los fltae1&gt;lo tiene 11 iclens re'lio 1·0 . . .::
- 1'oclas las religiones i111¡&gt;licn11 rito~ ~ c~;~ 111 onia .

-

48

-

�- Para su 1·ealización se destinan lugares o locales especiales, ea
d ecir, constrt1ccio11es o inonttme11tos religiosos .

Por tanto, podríamos suponer el Partcnón aunque no lo tuviéra111os, n1altrecl10 y mall1e rido.
Pet'o, ¿,es qt1e el Parte11ón es sólo eso? Señalaremos apenas algunos de st1s rasgos para ver cómo la complejidad singt1lariza. E l
Partenón, es, por cierto, y c11 primer término, un monumento r eligioso, a11nq11e ya, e n es to, d e u11a religión partic11lar. Es, aden1ás,
tina o])ra típica del arte griego, nt1eva si11gula ridad. E tam])ién la
expresión d e l p e11sa1niento filosófico y cie:1lífiC'o rl e la é poca. Basta
recordar st1s famo sas correcciones ÓI)licas, d e tcrmi11adas por la reflexión filosófica y la o])servación científica de que los sentidos e n ga·
fian. Es, aclc111ás, la ex1)r csión d el porl&lt;'rÍo político y económico atc11ic11se ; expresió11, i gualme 11tc, de l a políli&lt;'a ~ocial y electoral rle Pericles, qt1e JJrocural)a, con su s co11s tr11ccio 11es~ 110 sólo asegurar el
prestigio y la glo1·ia de Ate11as, sino 11111i11i trar trabajo a su s l1ab1ta11tes, o])te n er e l a¡loyo d e 11na citL&lt;laclanía atj f ecl1a y mucl1as otra
cosas por el estilo. Agr ;g11cse, aclen1á , que la obra trastlnta el ge11io
individtial de su s constructores, Fidias, l ctinos, Calícrates. El interé '

{le los l1istoriadore . . 110 es 11na n1anía: ~e ven olJligados a ello, forza·
dos a ello, por la 11at11raleza misma ele Rtl disciplina.
Cuanc]o atie11den a lo ge11eral, los l1is loriadores s11e len 11tilizar
provecl1osan1e11le el n1 étoclo analógico o comparativo. Así, e dice:
Pisístrato es 11n prí11cipe re11acentista; el papa Gregorio el Gra11de
es t1n Catón Pele iástico, o t1n eó n ul de Dio , como reza u epitafio;
Florencia es la Atenas del siglo XV . Pero, fuera de e a vaga ) r lejanía similitttd, ¡ cuá11ta dif e r e11c iación !
¿ Qtié lograríamos i sólo em pleáran1os el 111é todo generalizador ?
Partan1os de este postt1lado: el cnr áct c1· insulnr d e l11glatcrra explica S ll poten cialidacl marítima, o, &lt;licl10 con el p eculiar lenguaje c1e
Toynbee : ante el desafío clel i11ar, l os in gle ' CS cr ea11, como respt1e tu ,
stt marina. ¿Puetl e sacar se t1na gc11eraliz3ció11? La gen erali zació11
sería de este ti })O: a las mismas co11clic1ones geográficas corre po7tde11
las misn1as respuestas. Pero i empleamos el método comparativo lle~aremos a estas com¡&gt;robaciones : 1-lay mucl1as otras i l as que no 11an
desarrollatlo st1 mari11a; Inglaterra 111isn1a no fue sje1n¡1re una pote11cia n1arítima y aprendió d e st1s vecinos, danef!es, norn1andos, noruegos, l1olandeses . Pero, ade1ná , ¿,es posil)le co111parar l1asta el fi11 '?
¿Se fla alg11n caso si1ni1ar al de I11glaterra? No lo l1ay·, i1i }&gt;t1edc d ar·
se . ¿ Qt1é se l1a 11ecl10, pt1es, al generalizar? Se l1a empoll recido }3
r ealidad, se Ja l1 a de pojado d e to cla st1 ricp.1cza ¡)a rticulnrizadora.
La 11istoria d e t odas las civilizacio11 es presc11ta a~¡)cctos comu11e~ :
orga11izaciones y teorí.:i política --, econom ía, religió11, arte, etc. To1ne111os uno c11alqttiera de e os a pecto : por ej em¡)lo, la organización
política. Todas las 'iocieclades l a l1an t eni&lt;lo: pero ollservamos qu e
son diversas, que ca cla sociedad lta pasaflo de t1na forma a otra (por
ejen11•lo, ele la ari.. tocr3cia a la d emocra cia ), qt1e la for111as u cesivas 0 11 frect1cnt e n1e nte ai1lagó11icas, romo ocurre rá1)ida1nente dt149

-

�rante la Revolución Francesa. Pero podríamos . generalizar,
es decir,
,
.
, .
buscar un ritmo o proceso regt1lar, t111a suces1on s1st~m.at1ca, como
Platón, Aristóteles y Polibio lo 11icieron. l A1111 que el ultimo, la ~cr­
&lt;lad sea dicl1a, discutió el asunto) . Para llegar a esa generalización prescindimos de todos los datos co11cretos . ¿Cuánto du1~a u113
monarqt1ía, o una aristocracia, o u11a oligarq11ía, o t1na democracia?
Prescindiremos de los caracteres específicos de cada forma: ¿Es !o
mismo la mo11arquía griega que la francesa? Ol&gt;sér·vese qt1e en Atenas, no es lo mismo el antigt.10 ba~ilet1 c1tte el arconte rey, ni en
F1·ancia la monarquía es igual con San Luis que con Luis XIV. Debemos prcscinclir de todos los elementos conci-etos . ¿ Q11é nos queda? Una serie de ge11eralizaciones, u11a teoría política llniversal. Pero, ¿es eso Historia? Evidentemente no: ]1a dejaclo de serlo.
Llegamos pues a esta conclu&amp;ión 11rovisoria: Las ciencias generalizadoras -y tal es lo que 11a querido l1acer Toyn1lee- son uc1
sustituto ficticio de la verdadera realidatl, elaborado con fi11es prácticos. La Historia, en cambio, trata de reflejar la i·ealidad viva y
mutable, l1ecJ1a de singularidades . No ca1n))ia11 los términos del prv·
l&gt;lema porque en vez de est11diarsc acontecin1icntos particulares (l1istorias nacio11ales o sucesos 'parro1uiales'') e estt1dicn conjuntos más
amplios, como las ''civilizaciones''. Ellas ta1n lJié11 son singt1laridades.
En esos casos -dice DE M1c1IELIS-- ' ·J o gen ~ral de que puede oct1·
parse la llistoria no es &lt;le 21i11gt111a n1a11era aqt1ello que se contrapo·
ne a lo i11~i,1 idual, i110 simple1nentc t111 indi,-idual más grande y
más complejo'' (''El problema ele las ciencia 11i tóricas'', p. 27) . Eliminar de ella lo particular significa, lisa y lla11a111e11te, eliminar de ella
Sll l1istoricidad.
En virtud de lo expresado, la ol&gt;ra ele Toynl&gt;ee no e llna obra
de Historia. aunque lleve ese 1ítt1lo y el attlor e clesignc a sí mis1no, frecuentemente, como l1i toriador.

Al1ora bien, si el objeto &lt;le 1as ci~ncias es uno, la re ali da&lt;l ú n ¡..
ca, Y lo que marca las diferc11cio~ e11lrc las ci&lt;.&gt;11rias es el método,
¿no puede someterse la iníorn1ac1ór1 11\c;;tórica al método O'eneraliza·
cl.or, t~l. como lo l1a l1ecl10 Toynl,ec? F~fecti,'n111c11te, tal ~osa es lí·
cita. Sin clttda - el ice R1.clre1·t
~
- e l 111 '"loeIo natttra 1·1 ta e prolonga
dentr~ de la e.,~era . de la cultttra )r cs¡&gt;c ialmcnte no del&gt;e decirse
&lt;Jtte ~olo 11ayn. c1c11c1as ct1lturalc l1i~ tórica . Recí J&gt;rocamcnte puecl c ..
e11 cierto sc11t1do
· , &lt;Ie lllt proceclcr 111· torico
, · ' e11 el
.
. ' l1alllar ..e t a1111l1en
seno de
(o¡&gt; · c1· t ... 1&gt;. "16) . p ero el rcst1ltnclo ele e ... e
. .la c1enc1a natttral'
.
deS la. 111{ormaci,
' ·
l
somet1m1c11to
011 111·&amp; t or1ea
,
a }lrocc o «ene1·a]izador 110
.
.
es H 1stor1a,
es oc1olor.t" ia • ''Si T ºY n 1&gt;ee e c111pe 11a
- e11º emplear la pa~
'l
·
t . ,,
l a J&gt;ra 11s or1a para dese ··1 ·
· COlt1¡&gt;ar3ti,To tle la civili·
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7
stt forma tradicional''.
ª co .!.0Cen10"', la 111 tor1a en
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-

60 -

�Mucl1os autores, antes ele T oynbee, l1an querido presentar como
Ilist o ria científica, como ú11ica Ii i st oria científi ca, tales elltcubracion es . De ellos se octt¡la D E MrCIIELIS en el § V d el cap. II d e Sll obra .
Tra 11s~rillimos esta cita, qt1e es l ar ga, porque p ar ece una r éplica directa al pro¡) ósito de Toynbee : E sos at1tores . . . '' qtúsieran llegar a
definir s t1 i&gt;resunt a cien cia ele la l1isto1·j a de manera tal que satisf aciese u 11a do1Jle exigen cia: ser cien cia, es d ecir, d el mismo modo qu e
lo son las ciencias teóricas del 1nt1ndo físico, ]a n1ecáni ca, la física, la
química, la bjo}ogía, )' , por ]o t anto., cien cia de ley es ; y, al mism o
tic1npo, co11te11er , r eprodt1cir ele al gt111a n1anera ]a r e alidad hi stórica,
es clecir, ser t111:i es¡)ecic d e l1isloria gen eraliza da, lln compendio o
u11a conde11sació11 d e toda la 11istoria . Por esto aspiran a qt1c st1 cie 11cia f ormt1le l eyes el e de p e11den ci a d t&gt; lo ~ í en ó111cnos, o sea, i11dt1zca
relacion es cn11stc1ntes y rzecesrzrias entre a11tecedentcs y consect1e11tes,
y te11ga })Ol' fi11 de l :.l s propias investigacio11es con1 probarlas con o¡lortun as c orifro11tacio1ies y observctcio1ies co111 ¡1arativas, p ero a la vez le
exigen l1acer es to d e n1 anera ta 1, ql1e re presente lo que l1ay de m ás
i1n1lorl a11te, d e n1ás su st an ci al, d e m ás co11stante e11 l a hi storicidad.
En otros t érminos, quisieran qi;e la cie1icia d e la liistoria diese d e zt.n.
golpe lct liist orict e ritera , qttc narr ase en t111a sola t odas las historias ;
que st1stituyese por 1111 sistema ele ¡1ropo ~i ciones gen er al es todas l ae
innttin eral)les p1·o p osi cio11es particttlar es, en las ct1ales e r egistran los
innu1ner a1Jles momentos clel acaecer l1ist órico . D e aquí el carác l ~ r
f orzosame11te 11 í])rido, d es&lt;le el ¡)11nto ele ·vi ~ta l ógico, d e l a may or
¡)arte d e las p r oposicio11es con l as cu ales &lt;lel)ería constitttirse la cie11cia d e la hi storia y d e aquí ta1n])ién el q11 e aquellas qt1 e qt1isier an
¡&gt;resentarse y pro])ar se como gcner n lidad e~ d e orde11 t eórico, se r e·
su eJ,ra11 C011ti11uat11e11te C71 sim}l lcs COlllJ)rOlla cion e~ &lt;Je r&gt;erm an en ci as
existen ciales, las Cltales, n o ollsta 11te cl1alqt1ier ext e11 ión ma yor en el
tiempo y en el espacio, no p11ed an ten e r jamás el car ác ter de l eyes .
D e este 1nodo, la cien cia qt1e se ex ceptlta no es ni cien cia t eórica ni
narració11 l1ist órica, o, p a ra d ecirlo ine jor, es z11ia esp ecie d e hist ori&lt;t
l1 echa 1n ediante abstracciones, c o111¡1ctraciories, p aralelis111os, a la cual
se da por actor cil gén ero lii11nano, corisiderado e1i lo qzLe tierie cle
consta1item e1ite igual e1i el 11iodo ele comportarse y d esarrollcirse, y
qt1e se cree l1 a])er r e duciclo a ttna forma radical1nente diversa d e ]a
h iste ria ordinaria sólo Jl orque se su stitt1ye e 11 ella In considera ci ú11
ele las acciones de los i 11di, idt1os en particttlar por la consid eraci ó11
d e las accio11C's en conjt1nto'' ( op. ci t .., p . 66 - 67. Los Sltl)rayados son
n11estros) .
So1net er el 111aterial 11i stóricv a e os proced i111ientos es tran forn1 ar la IIistoria e11 Sociología. \Volfflin qui o 11 acer , c 11 la l1istoria
del arte, lo que T o) 11])ee con las civilizacio11es, sos tenie11do qi.1e ''¡)ocl1·í a esc ribirse t111 a ] 1istoria d el d esarrollo clel i11odo occidental de
ver, en qt1e las difer en ci as de carácter indi,·id11al y nacional no lt1vicra importancia algu11a co11sidcra1lle'' ; y e tableció co1110 su ideal ''tina
11istoria d el arte sin 11on1l&gt;res'' (V. las críticas a esa posición en E.
CAss rRER, ''Las ciencias de la cultt1ra'', p . 95 ss., y E. RoTHAKER, ''Fi1

1

-

ól

-

�losofí:i de la Historia'', p. 27 ss.) Cuando se juzga un 11,echo en "u
concreción e indi,·idualidad, en st1s pect1liaridaclcs, se esta dent1·0 de
la Historia. Pero ct1ando por m~dio de la a1lstrac~ión .s~ ~e despoja
de sus elementos concretos e indivi&lt;l11alizadores - s1mpl1f1candolo para sistematizarlo- se está dentro ele las ciencias ele leyes. Cua11do 1a
1&gt;ropia l1istoria se empobrece de &lt;latos }. se ve precisada a prescin·
dir de infinidacl de elementos partic11larizadores, como oct1rre con la
Prehistoria, se conft1nde con la Sociología .
Es d ifícil señalar los procedimientos ele la Sociología, qtte tic·
ne se l1a dicl10 tantos p1·ocrramas como cultores. El drama de esta
'
'
disciplina
es estar
reqt1eridao clesde dos polos opuestos, la Filosofía _)r
la Historia. Tra1laja1· con postulados a]Jstractos y absol11tos o partir
del dato l1istórico. Con todo, parece prcelominar esta última tende11cia, la llamada Sociología l1istó1·ica l V. Barnes y B ecl(e1·, ''IIistoria
del pensamie11to social'', t. I, cap. XX) . Pero esa escuela 11a trazado
su programa, especialmente a partir de lo artículos de MAX WEB~:n
sobre teoría y inetodología de las ciencia soci alcs~ re umidos en el
cap . 1 ele ''Economía y Sociedad''. ""eñala aqt1í las diferencias e&gt;1tr~
Historia y Sociología : ''La sociología co11c;trt1yc co11ceptos - ti pos y se
afana por encontrar i·eglas ge11eralcs clel ncacrer. Esto en contrap(lsición de la lfistoria, qt1e se esfuerza por alcanzar el análisis e i1n pt1tación causales de las personali&lt;la&lt;lc5, e. trt1&lt;' t11ra s y a&lt;'ciones inc)i,·iduales. . . Co1no e11 toda ciencia ge11eralizaclora .. es co11dición &lt;le la
pect1liaridad d e sus ,o.}lstraccione3 el qt1e Jo ~ concC'pto tengan que
ser i·elativa1ncnte vacíos frente a Ja rcalit.lacl co11creta de lo l1i stórico'' (1, p . 18).
El conc r1,to allstracto qlte proptt o corno r ect1rso et11·ístico y (le
investi~ació11 es el ''tipo ideal''' lograclo no r&gt;or ~encralización o si1nplificación pro1nedial, ino por rac io11alización ttlópica. Para fijar el
tipo ideal se ¡&gt;arte de la realidad - clcl elato l1i tórico- , ¡)ero ;10 !-ic
elige de él si110 lo más significati~o y col1cre11te lo más inteliO'ible )e
f avorallle. El tipo ideal con1prenc1e todo ol&gt;jcto' socia]: p11ccle
refC;rirse a tipos 11t11nano : el ''l1on11Jrc clel R(~11acin1 ic11to"~-i el '~urierro &lt;lel
. ·l o V'' , e l '' Je
· f e d e empresa c:ipilali ta''; Ilttc&lt;le referir e nt:- si ºtenias
s1g
o doctrinas económicas : ''capitali 1110'', '' ociali 1110 ' · a esc11ela ar.
'.·cl a&amp;1co
, . ' , '' ron1ántico ', ' "J&gt;arroco''; )" cie i rrual
' manera a to·
t1, t1ca!:):
&lt;las la creacio11es J1i tórica imaO'inal&gt;lcs . 1.,i (&gt;Os icl~a les on las ''civi1·izac1ones
.
'' d e T oyn 1&gt;ce )r, en gc11e
e ral, toclo lo ql1e forma s11 p ec11liar
11ome11clat11ra: ~'estados .e ~glc i.l ltr1i' er -alc '', ''1&gt;ai1 da gtterrera ......
te. Se l1an sc11alado co1nc1clc11cias c;a ~ i co1t1¡&gt;le ta e] 1\Inx W ]Jcr ,r
Toy11l&gt;ce sol&gt;rc algu11os tipo (por cj c111¡&gt;lc, ari .. ina y miiiiesi -) .
·

~e-ro . el tni. 111~ \\f e1ler, al sl'.)1\a lar la

lal&gt;or¿1ción )' el e111pleo
?el t.1po idca.l, 1n&lt;l1cal&gt;a s 11 J&gt;eligl'o . El Jlri111c ro e~ la. caída 11 el
idealismo. S1?111vre rccon1 enrla1&gt;a e l éllttor , , 0 1,'cr o]lrc lo Ji cc}10 re~lc ' 11 º ol''1&lt;lar c¡t1e -11 ti¡&gt;os ra11 irreales . No [&gt;t1do lillrnrsc él
m1sn1 o ele. aqt1cl pcli
o·ro · Y e :s~ q11 e 1 e Jl1r1lt1
, · )l11111a110 e c11a1nora e1e
.
o
stts ~&gt;ro¡&gt;ia s crcacion,cs ; e11 e te ct1:0, t cr111inn ¡&gt;or co11si(le1·ar t1s ti¡&gt;os ideales coitio inas i·eale &lt;Jue la ])l'OJl iit rcali&lt;la«l l1istórica. Tal lo

ó2

-

�s11cc•li&lt;lo con stt li 1&gt;ro ''La ética )Jrolc~la11 tc }' el c...spí ri lll ca J&gt;i ta] ist a' ".
U11a y otro cra11 111t1 110 tná -- co111¡&gt;lejo &lt;l e lo &lt;jttc ll})Ot1ía ~ · l&gt; rr.
(V. ]{. 11. rl,A\\'NI~\~ .. '=Religió11 ~¡1 1,} tl1 c ri ... c of ca1&gt;ita]isn1"' 11. 32 al
ca1&gt;. IV) . 'c,ltt('iclo f)Or ll pro¡&gt;ia &lt;'rcnció11 clcl ti1&gt;0 icleal del ca¡&gt;it, lista f)t1rita110, &lt;&gt;f&gt;lÓ ¡&gt;or la i111a gc11, ro111' el }lCrro cJe la fálJula, a]Jar1&lt;lona11&lt;lo Ja flrcsa \'erclaclera.
rl,oy11ll c , (Jltc c111¡&gt;lea el 1ni -1110 111t~ loclo r i11 conocerlo ( . Bcclcer y Fr&lt;&gt;l1 liC'l1, 11ota 4, 39, 11·0 )' t1l ), cayó c11 el r11i s1no clef ~to. ()11iso [&gt;roceclcr &lt;I&lt;' a&lt;'ltCr&lt;lo con el C'lllJ&gt;iri~1110 i11 ~ lé., ]&gt;e ro la ' 'c rclacl , ~
qt1c, ]&gt;Or r11~"clio ele t1na e .. lra1Jolia('iÓ11 (1\'la11cl,,t1lc, Jl. 27), sa ltu clf•l
111étoclo i11•111ctivo al &lt;lecluctivo, 11l c t in11clo {l&lt;'itlro ele sus rót11los ro::, ..ts
c1t1e l1is t órica111c11 lc&gt; no co1·respo11&lt;le11, ¡&gt;ero &lt;t tt&lt;' tonvicnen a ll i t c 111 u .

¡J,, liistorict

110 T&lt;&gt;¡&gt;it c

SllS [)rO C(&gt;SOS .

la ]1i ~ tol' i:t co1110 c rc ació11 o con10 r }lCl ició11. La f)O i&lt;'ión ele Toy·111lc
la tl &lt;Jll C la l1i torin r c¡)itc u3
})roce o :;~ la vi ja ¡&gt;o ició11 l&gt;íl&gt;lica efe c¡t•&lt;' ':11n&lt;la l1ay nt1c'o 1&gt; njo ·l
sol'I'. To&lt;la filo ~ ofía ele r c ¡&gt;ctició!1 &lt;'. t111a filo;.,of ía ~ cé¡)tica )~ ))C.., i·
111i'"' ta ~ J&gt;ero, acl e111á.,,, inútil. E11 c fcelo : las ivi]izacionc 11ace11, se~
dcsarrolla11., e11tra11 en q11i el&gt;ra, •lccac11 y &lt;' de .. i11tegr a 11 d e act1 c rclo
a ttna 1)c rfecla iclenliclad f or111al. f.:11 las é1&gt;oca ele d ec ad c11cia, (&gt;Or
E

11 cccsn rio co 11c~]Jir

e je1111llo, se o1Jscrvan Jos 111i 1 110 ~. ¡&gt;ror&lt;'."" OR: lo qttC' Toy11l&gt;e lla111.1
'·e] ci s111a c11 el al111 ¿1~~, for1na "" ar tís tica ~ y el e 1&gt;c11sa mic11to qt1c- e re ..
pitc11, etc. E11 ca(la é¡&gt;cca ele clccacl C' 11cia l1ny, por co11 ig11ie11t , 1111 ..1
filo sofía &lt;le clccacl 11cia. Si l1a11 l1 .1))iclo \Yc~i11ti1111a ci,,i}izaciones )", J&gt;or
ta 11to, ' rc i 11 l i t111 a el cadencia:;, c·:icl a tt 11a el e · l la. c 11g e ¡1clró lt f ilo"' of ía
de UCCac] c11cia. rf OVn J&gt;ee ttl\ O ve itllÍ llll '111 l e ~~ or : U ]i)&gt;rO ~ Í tlt't·
"'
til: JlOr rc 1)eti(lo. 1"ocla filo , ofín s, 11 cfcelo, t111a 1ealizació11 l1i ~ l Ó ·
rica. I&gt; ro i las cli ~tinta civilizacio11c~ r e1&gt; t cr1 stt ci lo'! e11 cacla 1111a
de llas sr tli c ro11 ya tocla las fort11a _ ¡&gt;o~ il&gt;l e~ ele filo , ofía. E ~ &lt;lcC'ir.
se clicro11 ya c11 la 1&gt;ri111c ra civiliza ·ió11. 1~: 11 la ~ &lt;l 1ná fue 111 ra )'
'·va11a r c 1)ctició11 ele gc11tilc ., ( &lt;' 1110 ~'ttsla clccir Toynllcc) y, ¡&gt;or
ta11to, ~111&gt;crfluas. Aplíc111P e csl&lt;' criLPrio al r es to d e }a ~ rcalizari&lt;•·
11cs l1is tóricas - c11 lo 1--olíLico, cco11ó111ieo, artí tico, etc . - y :; ' 'c rá
stt al&gt;sttrclo. No J1ay po illiliclacl el e 11t1&lt;''' ª ·rc ~1ciói.1 })Oélica: ya se &lt;lio
toe.la la JlO C~ Ía C'tt la 1)ri1ne ra c i vili.l~ci&lt;)11.
l~s lo es, ¡&gt;r "cisan1entc-, lo grave el&lt;' la filo ~of ías c111e co1nc11ta1no · :
el co11 ~ i ,]erar el d cvc11ir con10 ·c11cl t1~0. I .. a 11 i~toria
t111 rt1 r o tlOJl·
ele toelo ~ e r e ¡&gt;i te. I o l1ay ca111 ¡&gt;o 1&gt;ar:1 11ttC\'as crcacio11e~. El 110111·
l&gt;re está ataelo a t.1n cle~tino i11cxo ral&gt;lc y &lt;:arcce, fJOr tan\o: e] lil&gt; c r·
ta&lt;l. To,}a, ía }e ~ &lt;[tt cclaría ¡&gt;or cx¡&gt;lica1· flOr qt1 ; 1111})0 creaci&lt;)11 11 }¿1
prin1c ra ci,,ilizació11 y vana rc¡lc ti ·ió11 ~ 11 lao;; :5 igt1i. 11te ~ .
lncl11so la ni t ·clología ]1istórica ¡)icrcl loclo i!!11ificaclo. N o l1:ly
ningún l1ccl10 l1i~tórico qtte avcrip.11ar: lo&lt;lo 'J tá )' 3 dado. No 11'1}"
;ná- c¡tt c clcflt1cirlo. El único 111 ~toclo - la ló~ica, . la lógica for111al.
Por 1ncclio ,J ésta, y a¡&gt;riorí tica111r11t&lt;', s al&gt;r1110 ~ e l pa ado, l y&gt;rcsc11te y el f 11 t tt ro. ~:11 otra 1&gt;alabra .. : se nea l&gt;ó la 11 i -Loria.
I&gt;or aiiacli&lt;lttra, la 11i$toria J&gt;ic&gt;rclr, c11 es tas filo ofías .. totlo scnti1

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53

�do. Discu1·rimos y transitamos eternamente por u11 ~endel ele pre_juieios, grandezas y calamidades. Nos encontramos ohl1g~dos . a 1·~al1zar
siempre la misma tarea, una fatigosa tarea que termina 1nev1talJ]emente en la ruina. Cierto es que 'fo)rnlJee ¡)rocura escapar a este
sinsentido de la historia con la deri,ración teológica que in1primc ~
su sistema. Pero no sólo hay co11tra(licció11 entre la idea de i·epeti·
ción de las civilizaciones y la de ltna meta fi11al. Esta misma no
puede satisf ace1·nos: en primer término, porqu&lt;:: t10 somos conf~de~­
tes de la divinidad e ignoramos SllS pro¡lósitos; y, en seg11nc10 ter1111no, porque no alcanzamos a comprender el se11ti.do de esas la1·gas y
repetidas experiencias para llegar, finalmente, a un objetivo qtte la
omnipotencia y la bondad divina pudo depararnos sin tanta menuda
v• cruenta adversidad .
No podemos aceptar ninguno ele esos dos pri11cipios: el (le qltC
no disponemos de lihe1·tad para nltevas creaciones inéditas o el de
que la historia carece de todo sentido . La l1istoria es, precisame11tc,
el campo típico donde se ejercita la lillertad. l - ello, ante todo }'"
sobre todo, porque no está escrita de a11ten1a110. En esto con i te
precisame11te la oposición entre 11aturalcza e 11istoria. El mundo físico o natural puede comportarse de ac11erdo a leyes inexorables y
fatales (aunqt1e, según lo hemos dicl10 ya, tampoco sucede así) ; c11
cambio, el mundo 11istórico es el de la conquista paulatina y gra·
dual de la libertad . Si pretendemos &lt;lcsct1J)rir un ritmo prcestalllecido en la l1isloria o p1~efigu1·ar un n1o&lt;lclo de desarrollo 11istórico como quien diseña un recorrido ferroviario, no nos corresponde a 11osotros, míseros e impotentes seres l1t1n1ano , más que someternos a
él. Y esta implicación fatalista, al exin1ir110 ele obligaciones y re3·
ponsahilidade , condt1ce a la allulia y la negligencia, a una fácil actitud acomodaticia frente a lo que nece-,aria1ncnte, mecánica1ne!1te
sobrevendrá. Esto es lo inacepta1&gt;1e. '' tic tro ml1ndo - dice ORTEGA
y GASSET- es la dimensión de f atalida&lt;l qt1e integra nuestra vida.
Pero esta fatalidad ' 'ital no se ¡)arecc a la mecánica. -o son1os &lt;lis·
parados sol&gt;rc la existencia como la l&gt;ala ele un ft1 sil., cuya trayectoria está al&gt;solltlamente predete1·minada. La fatalidad en que caemos
al caer en este m11ndo - el m1111do sie1n pre es éste, éste de al1ora-cons~ste en todo_ lo co11trario. Et1 \ ez d~ i1uponernos una trayectoria,
nos 1n1pone var~a~ ,Y' C'onsecuente1nc11Le, no f tterza. . . a elegi1·. ¡Sorprendente ~011c~1c1on d~ nt1estra vida! Vivir es se1itirse fatal 11 ie 11 te
forzado a ejercitar la l1l&gt;ertad, a deciclir lo qt1c ' 'amos a liacer en e .
te mundo.
i un solo instante se clcja cle . . ca11sar a nuestra activida&lt;l
de decisión. lnclusi"·e ct1ando ele es¡&gt;crado nos a1&gt;andonan1os a }o
que quiera venir, l1emos deciclido no c1c-ciclir'' (''Obras completa ':, t.
IV, p. 170 - 171) . La l1i toria es la ¡&gt;alcstra 21at11ral donde e dilucidan. las proezas y l1azañas de la lil)e rta&lt;l l1u1nana . y es e on es t e cr1·
ter10 con el qt1e reivinclicamos lo clos 1&gt;ri11C'if&gt;ios conden d
l
l
d
·
a os por as
f 1·1~so f,1us &lt;l ? &lt;cea
enc~a : a travé"' ele la l1i~~oria el I1omhre progresa
~01 el cam1~0 d~ la 11llertad y en ello cstr1 lla, (lrecisamente el sentido de la h1stor1a.
'
1

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54

-

�Sl1stancic1 y f1111cic)n, ·" r y tie1npo.
E11 &lt;1cf in i ti''ª, el u ... ten to filo óf ico ele ,.l'o" n 1&gt; e e co11._iderar 11 "
ci\• ilizacio11c ~ y (leinás ti¡los co1110 ~c11ciag y t1~ta11cia con ta11t e~ y n

cuya cta1&gt;a'-, can1)Jio o estadio l1.1y i gt1al111 cnte iclentidad forn1al. E a
co11 ~ i(]c1·ació11 cli111i11a el ti 111¡&gt;0, &lt;Ill e l&lt;&gt; 111cno , elin1ina1Jle . E11lrc
otras c&lt;&gt;sas, e el tie111 ¡&gt;o el c¡t1~ s i11 ~ t1 la riza lo ~ ]1ccl1os . I 11clt1 i ,·e ~ ¡
co11~tata1110 al&gt; olttta i&lt;le11ti&lt;la&lt;l c-11Lr
&lt;Jos l1c c:11os los &lt;lifer 11cia ~ 1
clisti11to 1110111 11lo &lt;l e . lt aca cer. ~o l1a)" &lt;lo clía i gttalc~ co1110 110
l1ay ,(os cxiblc11C'jas l1t1111ana~ i ~ta a l c~ . Ji::-,a co11 "' i'l cra&lt;'ió11 ¡&gt;r sc i11 clc,
¡&gt;ttes, de la rcali&lt;lacl, &lt;fLte está lrll~J'ª acla ¡&gt;or el tic111¡Jo.
ÜR'rEG,\ Y GASSET destacó ~1 ¡&gt;rc&gt;l&gt;lc111a c11 s tt 12~ confcrcnria: ·'1\
e tais socic&lt;1n(1cs Toy11l&gt;ce la lla111a ''ci\ i li~ ac io11 c ''. P ero al l1accrl•&gt;
se proclar11n 1101111,re ,} 1 Jnétoclo e111¡&gt;íriC'o, ~i11 (lar3c C1.lC11ta ( ¡)Ol'&lt;JU'
e11 fi]osofía s &lt;l e lt11a inocencia flarncli ~ínca) &lt;Jtte JlO ~ tula la ic] a 11 1 ~·
110.., c111¡&gt;írica: l" ic]ea ari tot ~ li ca el' ~1.1 :s t a 11 ¡~,. Ta111llié r1 1\ri. l Ó t cJc~
clicc &lt;¡tac el \'et'&lt;laclero t1j eto r ea l e, la :,ta ta11c ia, c111c se ])a ... ta a ..,¡
111i 111a, ) r D esca rte la defi11e con10 lo '}ttc 110 11cce ita otra co. a 1&gt;ara
exi..,.. tir. rf oy11f&gt;CC arÍ totéli co ~ Íll sa l&gt; c r}c, 110 ~Q }&gt;Cella CjllP, fra ... ' ' CÍ Jl·
0

tici11co ~iglo ,Je filo ~o fía, l1c1110 ~ vi lt) &lt;}llC tocia r aliclacl e ~ el s r · · i11·
susta11te':, incligc11te, mene teroso, &lt;¡tte 110 e l&gt;afl la )'"~ si11 e111l&gt;nrgo, e ~ .
E to 1&gt;arcce 11Jtra1)araclógico a cau;a clr &lt;JllC 110 ~ l1f'n10 l1 a])ilt1a&lt;lo a la
conccpció11 griega, ¡)ara el ct1al el se r es ~J ser ''sL1 la11te '. . . Toclu
la cir11riu &lt;lcriva11 ele la ide a griega clcl sr r; J&gt;Or ta11to, lu rcfor111u
ele e ta it1 ca tic11r cor110 consecttc11cia la rr11ovac ió11 l&gt;á .ica ele la~ cic1l·
cia y la llO il&gt;ilitlacl d e ql1e n1t1cl1 .&gt; - i&gt;rol,le111 as r ccil1an olt1rió11'".

ca¡1ílt1lo (e l
Il ,] ' . . tt obra '"La.. filo of íns
ocialc tle 11tt ~ tra época de ri"i s·" a Jl1a11t c3 r, aunqt1e ele ele· _u
flartict1lar J&gt;tt11lo &lt;le ,~¡ ta~ es te ¡)rol&gt;I 111a. Califica ele "·fatal rror ·
la ¡&gt;rctc11 .. ÍÓ•1 ele eo11.., iclcrar caela gra11 &lt;'i, ili.lac ió11 o t1ltt1ra : ti¡&gt;&lt;&gt;
l1istórico - &lt;'t1ltt1ral!"J co1110 esc11cia o 11~ ta11 e ia, e (1 cir, c·o1110 tlll ~
uniclacl co11cr 11tc •\" real, co~110 lltl:t totalicla&lt;l &lt;'errada el i11t cµ raC'it)11
co111¡&gt;leta )" J&gt; rfile~ inco11f1.111clil&gt;I C's . Bastaría li111itar la críli a, t1
este caso, a 1 011cc¡&gt;lo de "' ci,·i l iz.i&lt;·i ó11 ~' - c¡11c Toy11bee d ef i11c ele in anera in1¡&gt;reci a e i11sa ti factoriar&gt;arn &lt;)lte to&lt;lo el si te1nn c1ucclara
rcft1lat1o. E stos at1tores (s~ re fiere 110 . tilo a Toy11llce, sino lan1l&gt;ié1l
a Da11 i le Y ky, .'1&gt;c11glc1· y otros- "'~t• J&gt;011c11 &lt;111c toda la ct1l l 11ra tlt~
ca&lt;ln t1110 clc . tt '"' ''r&gt;rototipo . .,, alta~ c11llt1ras y ''ci,ilizacioncs~' e ·tá
co1111&gt;lct a 111e11te i 11 legrada y r c 1&gt;rcf.c11 ta 1111 a toln lidacl in tc n cio11 a l111c11te co1111&gt;&lt;ttil&gt;lc y ·a11 sa) r11ente t111ifica1la'' ( Jl. 262 - 263 l . Proc ele l11cgo n ele Lr11ir e e conc pto co11 al'''"t1111c11tot' (}ttc 110.:; Jlarecen ' 'alcd cros.
SoROKIN

clc&lt;lica

t1n

A

1

}9 I.;o Ji , ti 11tos f c11ó1ne110 , c111c i 11 tcgru11 la e _t ruct 11ra tl t111a
civi lizació11 110 so11 col1erc11tc ~ e i 11 tcr,J ¡&gt; ~11cl icn te- . ''El ca111 [)O c11·
tero ele tocio~ lo fe11ómenos ct1ltt1ral s &lt;tt•c i11tcgran ca&lt;la 1111a &lt;l e •
tas 'cttllttras! 1..liJ&gt;O' o ''ci,riliznc io11 c '' c ... t1r1a e .. 11eric ,}e parqtt\~
ele recooida cl~11flc e arrojan 111illo11 c~ ele fc11ó111cno.. cultt1rnlc " clif •
rc11te . ~Sólo 1111a ¡)arte de ~stof csln cattsal y· rn.tt al - si~11ifirnti,·a·
1ne11te tltticla con Jns otras ¡&gt;arte ; olra (&gt;arte e tá formada &lt;le si111·

-

óó

-

�o semi - a rrrupacioncs '·ret1nidas'' solament e por laPles arrn1paciones
º
· ·d a d espa.c1a,
. l · 1N o s~t1
zos indirectamente
causales º o por la prox1n11
interdependientes : una pa1·te puede ca1111liar ~in que n1ngun ca~1ll10
tenga lugar en las que están a su alredeclor'' (.P· 263) . Es decir, .la
realidad presenta una complejidad que se l1a ignorado o despreciado por abstracción.

2&lt;&gt; No se puede dar una premi ~ a n1ayor o último pri~cipio .de
cada una de esas culturas. Toynbec dice, &lt;le t1na manera 1mprec1 ~n
y superficial, que la civi]ización l1elénica f t1e predominaJ1temente catética; la l1indú, religiosa; y la occidc11tnl, mecánico - tecno]ógica ·
''Cada una de estas civilizaciones - con1cnta Sorokin- ha sido creadora en distintas esferas de la cultt1ra en clif e r entes p eríodos de su
existencia'' (p. 264) . Sentimos natural r e i _tc11cia a conside1·a1· la civilización romana - parte integrante, scgú11 Toy11bee, de la civilización helénica- como ''predominante1nc11te C$t ética'' . Tal rasgo o
premisa mayor no l1a podido estalllecerse in clara violación de los
hechos.
39 Si esas civilizaciones tienen una unidad col1erente e inco11fundible no podría l1aher discrepancia, e11tre los disti11tos al1tore.;,
en cuanto a su número. Al1ora llien, ''la civilización r.1ágica ele S1&gt;cngler se compone, para Danilevsky, &lt;le do civilizaciones diferentes
- la persa y la árabe- mientras qt1e Toy11l&gt;ee las divide, por lo m e·
nos, en cttatro: la persa, la siria, la ára1le y la ortodoxo - biza11ti11a.
La sola civilizació11 h elénica de Toyn1lce es co11siderada por Da11ilevsky como formando dos civilizaciones, la griega y la romana·' (p.
268) . En conclt1sión, ''donde uno de nuestros intelectuales ve un organismo cultural único, los otros ven clo o n1á , y al contrario'' (¡&gt;.
268) . Precisamente porque no on ti pes realc , sino ideales .
4 9 Toynbee da, en cierto mo1ncnto, tt }Jro1&gt;io concepto de ci ..
vilización: ';Por civilización quiero clecir la i11ás pequeña unidad &lt;le
estudio l1istórico a la cual se llega cua11do e intenta ente11clcr la
11istoria del propio país : los Estado U11iclo , por ejemplo, o el Rei·
no Unido. Si se intentara e11tender la l1istoria de los Estados U11idos, en sí misma, sería ininteligi),}e ... '' (v. Ja cita completa n1ás
a~ras,. Ca¡). IV, A . D~fi1iició1i de civilizació11). Para comprender la
111sto1·1a de los EE. UU. nos es necesario conocer la civilización occidental. P ero nada más : ''no es 11ccc ario 111irar más allá''. Esto no
es exacto. Si queremos comprender la for111a de aob ieron d e Jo
EE. UU. A. debemos ir 11asta los 01·ígc11es del e ~ado: si la monoga~i~, ~asta las f o~·mas d~, o~·ga ~izació11 f a1niliar prel1i:&gt;tóricas; i
el cr1st1an1smo, necesitamos mirar·' el Jlcnsamiento nieao la religión 11el~raica y 11a ta las forma n1ás pri111iti'\·a &lt;le :CügÍo' .i cla&lt;l. Y
f 1:1~ prec1san1cntc por esto que f oy111&gt;ec 11u1&gt;o de esta}Jlecer la i'iliac1on .o. ~arc~,tezco ~e las civilizacio~1e~. Son dos ''campos inteligilJlesº'
la C1~1l1za~!on Occ1clcntal y la Cr1 · t1a110 - Ortodoxa. Pero - ob ervn
Sorok1n- desde los tiempos de Pcclro e l Gra 11 c.le casi nada de la
historia de Rusia es inteligilJle, a incnos &lt;JLlC se c~tudie primero ]~

56 -

�ele la Et1ro1&gt;a occi&lt;lc11tal'' ( t&gt;. 269) . La '" rece la 1&gt;rag111ática ~, el ' crjterio o¡Jcrativoº' &lt;le rcfc,yn]Jee CL in a Iccu atlo : ' 'fo&lt;lo 1ll1Cn texto c JeJllClttal (le l1isloria 111l1estra &lt;¡11c e s i1111lo il&gt;lc eg.reg ar la \tf'i11tit1nü
civilizacio11c ele To)'Jlbce ol&gt;rc la 1&gt;a (; ti c 11s c 1jterio ''. 'l1fr&lt;' '~e l
error IJás i co de ace¡&gt;tar con10 i:stc111a r1c civiJi zació11 o cu1Lt1ra algo
qt1c de ni11gt1na nta11e ra es t111a t 111i&lt;l acl ~' ( 1&gt;. 271 ) .
5 9 Si &lt;' os ser es o st1 ta11cia 110 tiC'11e n r ealidad efectiva - si110
racio·nal o i&lt;leal- toda la co11 icl craciot1 &lt;'s ol»re su 11a&lt;'i1r1iento, U&lt;'·
sarroJJo y inuc rle so11 falsas ( l' · 273 ) . Y 'oroki11 ]&gt;t1e &lt;l c ref titar fáciJn1e11l&lt;',
c11 las p áginas si gt1ic11 tcs, los ofisn1 a s de st1s au lores ol)r
,. .
esos top1cos .
Este e 11110 ele los n1ás gr aves y 1&gt;rof11ndos l'rollle1nas de la act11al e J&gt;C&lt;'ttlació11 filo sófica y cic11tífica. Par~1 1)e 11.... ar el u11Í\"r1· o el
l1on1lJrc &lt;lel&gt;ió co11cel&gt;irlo co1110 l1 0111ogé11co y u11iforme. El ser 11')
se le })l'CsentaJ&gt;a sino co1no f 1111&lt;1 a111ent nln1c 11tp 111t1la ])l e y e l 1&gt;e11 a1nic11lo ¡&gt;ar ccía 110 poder acoruocl nr~r a lo &lt;¡tic era flt1ye11t y lra11..,itorio. F11c el arcl 110 pro]JJc:&gt; 111a que la fi lo~ofía :rriega 1&gt;la11t ~ó, c ~ }JC­
ciaJ1nc11te con lleráclito y Par111é~1i&lt;l e s, c11 tre l tleve11ir y e l ~er. Para evitar el conflicto., se le qttitó a l ser &lt;li11 a111iciclad y mo\i111i C'11to;
se le ¡&gt;royectó e 11 t1n J11t1n clo ele
c11ciaR cter11as
i111nt1tnlll e » Par ..1
)"&gt;lató11 ( co1no lu e~o !Jara e l cris tiar1i ~ 1110 ) el se r ele la i~eali&lt;lacl e ra
el ser falso y def or111e del 1111111tlo i11f C' rior de lo
e11t id o ; e l e r
vcr&lt;latlc ro y c tcr110 es el de o tro n1\1t1clo. N1coL l1 a e ñalacl o ró1no &amp; •
proccc.lió a la st1s la11 tivació11 &lt;lcJ ser~ 11 aC' if11&lt;lolc ¡l c r&lt;ler di 11a1ni ci el a&lt;l
al &lt;l esi g11árc:elc, ¡&gt;ri1l1c ro, co1110
ón y, 111á ~ tarclc, co1no to &lt;&gt;i1iai.
("' lli stori c is1110 y e"ris te11cinli 1110', ¡&gt;. 333) . '~e 11al.lía protlttcido l a
e l in1i11 ac ió11 ele] tie n1 llO y co11 el! &gt; ... ~ &lt;' l a l)lecía tt11 rliv orcio e11t re Ja
razó11 y los 11ecl10 . Y a Baco11 clcc·ía: ¡,'La razór1 rest1cl"e la 11at Llralcza c11 a)J traccio11c '' .
Co11ccl)ir al $Cr como s11s la1tlc • t111iíor111e fue r eco11forta11te y·
pro ,·cc·l1 0 o . Rcco11fortantc, ¡lorq1 1c e l l1 0111l&gt;rc c c;; car&gt;n ))a a la f 11g.c1·
cicla el el 3tl &lt;'Xi lc11cia }lar a co l&gt;ra r ""\ it 1n ctcrr1a''. Y de a 11i e l &lt;log111 a
estirn t1la11tc &lt;1&lt;' la salv aci ó 11 . E l 110111 l)r c "e s iC'n te n1ás e guro er1 1111
orde11 a1&gt;so1t1to &lt;JLt C c 11 u11 o r&lt;l~ 11 111t1tn 1&gt;1 ~~ y at'111 a e s te ítlti1110 110
po&lt;lía r eco11occrlo propia111e11tc co1110 or&lt;l t,11, de igual n1o&lt;lo qltc ll &lt;l
}lO&lt;lía reco11ocer co1no ''ser'' lo c"a11tl)i,t11l~ . l)rovccl1 oso, ¡&gt;o r&lt;JU C ·e
con i guió 4}0111i11 nr iuejor n la 11alL1ralcza co11ci l) ié11dola co11. t a11 lt"".
Ca i 11 a la e l ¡&gt;resc nte, las &lt;'ic11cias lcór jca y 11al t.1ra le {JrocecJía11 romo si la i1att1raleza repitiera stts }Jrocc . . o ·, r c accit)11a11do siC'1 t1J&gt;rc (lC"
rnan cra rt1ti11aria. E e n1étocl o 11att1ra Ji i:- t a f11c e l c1ue, con el Po i1j.
' Ti. . mo, e ' ll1j:,o i11trocltici r e 11 lo e lt1{l jo l1i ... Lórico . Lo l1ccl10 l1 t l·
ma11 os ~e resí ti e ro11 a c~a clictacl11rn ele Ja r azó11 . De a l1í st1r2ió
~l
'
l1i tori ci 1110. Lt1ego, la ¡, ro11ia cic11cias l1 ttlJicro11 c1e ac11nitir la f u11damcntal l1i torici&lt;l a&lt;l J e la pro¡)ia natt1r a lcza. Y la fi}o ~ ofía 1&gt;la11tcaría, cor1 lf&lt;'! iclcggcr. la in1po il&gt;ili,fa ll ele 11t1 n afir1nació11 aJ&gt; ~ ol l1ta
&lt;lel ser, o, &lt;li cl10 (le otra 111a n era, la n rcc aria tcn1poralidacl clel ser .
Su e in llres~•, lia dicl10 algt1ic&gt;1, l1a tra11 f or111:.clo la on to - logía c 11 t111a

to
1

•

on to - cro111a .

-

ó7

-

�En una notable comunicación al XI Congreso Internacional de
Filosofía realizado en Bruselas en 1953, el p1·ofesor JACOBO TAUBES
resume así el ''vt1elco o revolució11 copernican3'' del pensamiento occidental sollre estos tópicos: ''El tiempo, como dialéctica dinámica
del 11ombre, tra11sf orma toda sustancia en función, dest1·uye todas las
relacio11es sustanciales, y no sólo en las matemáticas y la física. Estas no han l1ecl10 más que ponerse a la cabeza de las ciencias del período moderno en su tende11cia a transformar toda sustancia en función, toda realidad en proceso, toda materia en energía, y con ello
dete1·minan toda una nueva modalidacl de pensamiento'' (v. ''La
apoteósis de la Historia'', Xle. Congrcs Inte1·nationale de Philosophie'', vol. VIII, p. 7 - 10) .
Toynbee insiste en considerar la ''civilización'' como sustancia,
es decir, ''como el sustrato que soporta las cualidades o propiedades
que le son inherentes, y que permanece invaria])le a través de los
cambios'', según la definició11 de FERRATER Mon~ (''Diccionario Filosófico'', 3ª edic., p. 903) . Por lo menos, como agrega el mismo
autor, es necesario ''integrar el concepto de sustancia en conceptos
más dinámicos'' (p. 906). El fundamento filosófico de Toynl&gt;ee lo
lleva a sostener : } 9) La civilización antigua y la occidental son dos
cosas (o seres) distintos. No existe entre ellos más que un lazo de
afiliación. No puede aceptarse o sostenerse que la primera sufre
cambios tales que se convierte inscnsi]Jlemcn te a la segt1nda. 29) Si
dos civilizaciones se ponen en contacto n1antiencn sus caracte1·es individuales. No se prod11cen mezclas. U11a cosa definida a la Civilización Cristiana Occidental y otra la Ortodoxa Oriental. El marxis·
mo, creación dP, la primera, no existe en Ru sia. En una palabra,
Toynhee niega el proceso, el mo,·in1iento, la interacción verdadera.
Cada 11na de sus civilizaciones son cosas o sustancias definidas, con·
clusas, quietas .
Hay un a11tago11ismo irreductillle e11lrc co11 tancia e l1istoria,
entre sustancia y desarrollo, entre ser y tic111po, q11e ha venido a resolverse en favor de los últimos . Si ele la realidad se trata, abrazamos f antas111as o abrazamos sing11laridatles.

Llegamos a estas conclusiones c111e ¡lucden parecer duras, pero
son verdaderas:

1~ . Toynl)ce ignora, los post11Iados lógicos, gnoseológicos y epistemolog1cos de nuestra epoca respecto a la Historia. De los autorC$
que más l1cmos utilizado en lo que a11tcce&lt;lc, no cita a Rickert. Cita
11na ve~ a Dilt11ey (1, p. 3, n.), ~n forma precisamente opue ta al
pe~sam~ento de ese autor: '"La~ c1e11cias &lt;lcl espíritu - dice Diltl1ey
all1- t1ende11 a adoptar los metodos &lt;le las cjenciai; de la 11 att1rale·
za'' .. Dilt.hey se encarga 111ego de clc1110 trar &lt;111e eso es impo il&gt;lc.
N_o cita sino una vez a. C1·~~e (X, ~3~) ~ sólo para d ecirnos qi.te oclio
anos antes de la p11lJl1cac1on de ·1 eorta e Historia de la Hi toriografía'', el profesor Zimme1·n, a quic11 expresa su agi"adecimiento, le

68 -

�11a1lía co111t1r1icaclo qt1c ''toda v "l'UU&lt;lcra l1i ~toria es l1i toria co11l 111JlOrá11ca .. , . De a 11 í clcclu jo T 0)·11l&gt;cc :;u ttlca ti c ] a co,1te111 r&gt;ora11 &gt;i&lt;lacl
&lt;le toclai las eivilizacio11es,
(1ccir, la iclc r1tit1a&lt;1 for111al &lt;le stt llrr•ce ' o. I,a cita tlc Crocc, '"'og11i \"era l&lt;lr ia i~ f-:loria co11 te111¡lora11c¡,:
sie11ifica cosa lotal111 cnte cli ti11ta, a ~al&gt;c r, &lt;[ttc 1ocla o])ra ele 11i ~ 1ori,1,
c11alc1t1icra sea e l }&gt;Críoclo qttc
t11clic, lleva l a n1arcn de la é1&gt;0&lt;,a
clcl ntt lor.
29

Tc&gt;y11],cc l1 acc ol&gt;ra ocitllc)µ- ic·a, J&gt;Cr•l ip.nora igua 1111 &lt;'ntc la
teoría )~ 111 c to&lt;lología ele ('Sa &lt;'ic11&lt;:ia. 'l,oclo C"l lil.&gt; ro de Becl"f.'r y l ,r(.&gt; l1licl1 es s1 1 clc111,lslra&lt;'ió11. Ei1 vn11{&gt; IJt1 ~c31r1&lt;&gt;Ci, a través ele los clicz
lún1c11 cs (lcl J,'st11dio, el nomlJrc &lt;le Mu. ~ (' IJc1-, co11 e l qttc 1)re..:e11ta t~11to 1&gt;arcciclo.
1

''º·

1

Dc&gt;clrirza teológicr1 y t c/~Jl&lt;'&gt;l!.ica el &lt;&gt; la liistoria.

FJI cstal&gt;l ·i111 ic11to &lt;le l e)" - ·i 11tífica e!°' ro ,1 útil, pt1c s 110 ~ aJlacita ¡&gt;ara J&gt;rc, c r. Es cicl'to &lt;fll l' la r ali&lt;lucl 110 de¡&gt;ara "' ic1111&gt;r~
1

crcacio11c i11(·clita_. Pero n1ic11lras t~"''ª"' 110
producen (o no se
l1acc11 oslc11si))]e ~ ), la le)'" n1ar ·l1a J,i c11 .
11
st ti&lt;) io co1111&gt;arati'vo ílc las c·i~, ¡ li/.a&lt;'ioncs, )1l1 ca11clo 11 ella"\
a11alogÍé;}S o i(l c 11ticl acles, }&gt;ttccl
cr ¡&gt;r&lt;&gt;V ~c l1o s o. Lo l1i ~ t o ri adorcs
111is1110 11san esa co11fro11tacio11c ? ¡&gt;ero ~i1 1 ¡&gt;er&lt;l Pr ~u . c11ticlo 110111i11ali la. l,cro Toy111&gt;cc no se qt1 c(la al1í.
o &lt;Jtticrc lin1itar e a l1 ncc r
el i11vcnlario ele l aR civilizacio11es, tt ro11 tla cíc laca. El 1nito (]e i-. Í·
si fo es c) c ~ oJnclor. Pre e11tar&gt;1os el ct1atll'o ele e sa rt1ti11aria fati ga,
n1o~ lrar110.
l cc111c11 terio d e l as ,. i11ti t111a ci \ j) ih a cio11e ~, JlOtlría l11111&lt;l i r11os 11 la i1111&gt;olc11cia o la clc--e 1&gt;crae i&lt;)11. llt l ~ &lt;'3., pues, e11co11tr~rr
el se r1ti(lo &lt;le tocia la 11i toria el r eclo1· (le tocla s:. tarea y el ol&gt;j ·ti''º
a &lt;)tl C 11os co11clt1c .
¡, Qt1i ;11 e el promotor el to(Jo el 1&gt;roc ' O? Toy11l&gt;ee r to111a e l
l1i lo ele San 1\ gt1. t ín. La l 1istori a se c11111 ¡ll (l e a 11erd o a l }res 11a·
t11ral s, c¡11c -011 el e C'reació11 clivi11a ; o tlc a ~uerclo a la li1) crtacl l1t11nana, &lt;fttc e la Ley ele Dio . Dios c¡t1ier " llc~va r11 0 a ttn fin, &lt;Jtiicr
llc,'arnos ''1&gt;or e l s11frin1iento a la sa J,iclt1ría· , ]lOrque ''el 'ciior en ~ .
tiga al &lt;p.te n111a, y azota a to&lt;lo l &lt;Jttc rcci l&gt;c ¡&gt;or l1ijo ' . E -a el iret;·
ción clivi11a cst;\ se iialacla c 11 el co111i '1 1zo 111i5tllO &lt;le la
1&gt;eric11 cid
l1t101a11a ro11 la fór111t1la del J{ to )r l{c. }lllC. la, la pro ocació11 atá11ica que rl Pc icl c la r ~plicit cJi, i11a . ) f p nc1•1Í có1110 lu co1nenta Alf 0 11 so
Reye , : ''l i &lt;Jtlé tlccir cp.1c 110 , a~o111 J1ra 1111 ¡.~o o e ~ a canclo1·osa teología co11 q11e 1&gt;roct1 ra expli ·ar e l origc11 el l 111al, ¡&gt;ara n1c jor gara11t izar el trit111f o &lt;.lcl lJic11; Dio l1i z(J la cr a&lt;'ÍÓ11 ~ la crcació11 c::-tal&gt;a (&gt;Crfccla; a fi11 d e &lt;li,1crt1r~c 11 cg nir 11acié11clola .. tt1''º qt1 e
i11,'e11ta r l i11a 1, el cleterioro, y e11co111c11,ló a 1 &lt;li a]&gt; lo que 1 111et icra
za11ca(l i l la a lo lar,ro ele la jor11acla 11 i tórica. A ¡&gt;e ar del t ti 111011io &lt;lcl "'J.,a11 to'', al~ri.gamo cl11cJa ~ al rc.._ ¡lc&lt;· to ... '' (op. cit., p. 205 ) .
) r c .. a fir111,. clirecció11 .. e !-'i"llC 111 a 11ife ta11clo en todo el J&gt;roc&lt;!·
so . Al c&gt;sltt(l iar ''La i11 .. piracio11cs ele lo~ 11 isloriadorc ~ ? "foy·11l&gt;c :-.
cl cstaca la 1&gt;0 il&gt;ilitlntl ele inl11ir IlO ~lica111c 11te la l1i loria, ya ~11e el
i11t elec to 110 es si110 t111a facultacl tlel al1t1a. Y tlice : ''Ct1a11do i11vc ..
¿

1

ó9

�ti u amos las relaciones entre los l1ecl1os de la l1istoria, estamos trata';. do de ver a Dios a través de la l1istoria con nt1estros intelectos''
(X, 113) . Pensamos en Gt1iherto de Nogent, el cro11ista medieval q.t1e
llamaba a la 1ª Cruzada la Gesta Dei per francos, la gesta de Dios
pnr i11termedio de los francos. Sin e111]Jargo, Toynh~e se .mof~, en
cierta oportu11idad, ele la expre ión llrt1tal ele. un escritor .:1ctor1ano :
''Es la volt1ntad de Dios qt1e los negros se v1sta11 con tejidos de algodón ingleses'', o que los cl1inos f t11ne11 opio ...
Pero:

•
Este mundo es el can11no
para el otro, que es morada
•
sin
pesar.

A eso van1os, a eso nos condt1ce la acción divina. La l1istoria tiene u11 sentido : alca11zar una meta. Es claro que la idea de meta o
culminació11 de la civilizacio11e~ e tá en o¡&gt;osició11 a la de las especies repetida_ y co11frontal&gt;les. La teoría cíclica 11a cedido a11te el
dogma. Se l1a prodt1cido t1n salto &lt;lescle el 1nétodo analógico al catecismo. El sistema se 11a t1·ansfor111a&lt;lo e11 t1na f uCPta más de la '\·ie- •
ja doctrina provi&lt;le11cialista y el sttstento &lt;le 11ecl1os históricos e1r1 ..
píricos es reen1plazado por la adopción de ttn factor extra o al1istórico.
Su tesis no es sólo ''11na reafirn1ació11 c1cl ¡&gt;t111to de vista positivi tt\ ''
o '' ll co11cepción es, en último térinino~ 11att1ralista''~ segí1n el juicio
de Colli11g,vood (Idea de la Historia, p. 187, 190 y 192). Su tesis e5
contraclictoria y su pecado es dolllc: la necesidad causal en la 11i toria, 1)ro¡&gt;ia del 11atl1ralismo, es ltJ&gt;lantacla por la necesidad trasce11dental, ¡&gt;ropia del provide11cialis1110.
Ya e11 el t. 1 l1allla de la inc ta. Pt'!ro l&gt;icn se la puede concelJir
como u11 es1)ejismo que pro,,oca eso re110\ adü .. y monótonos e f t1crzos 11t11na11os. "'Es posible -d.ic ~ allí- &lt;Jtte la raza ht1mana llegt1c
a exti11gt1irsc in qt1e la meta l1nya . ido alca11zada en ahsolt1 to''. Lt1c·
go, el senticlo teleológico de la l1i toria ~e va prerisando. Rea paree••
la Civilizació11 ( \Vitl1 capital C) . Y la in1agen &lt;le la rt1eda. Las civi1izacio11cs so11 coino ruedas qt1e cla11 111011óto11as vt1eltas en tor110
o exaca st1 cl1irriante eje; pero el carro avanza. ¿,!lacia dónde?
tamente l1acia el Reino de Dio-- con10 en la Civitas Dei. El Rci110
de Dios 110 es de este ml1ndo, qt1c 11unca ¡&gt;oclrá ]illrarse del pecado
original. A¡&gt;enas si llegaremos a ser una Pro,·i11cia de ese Reino.
¿ Có1no se aprecia ese avance? ¿V c1nos ig11os de prog;reso e11 el
mundo ele 110)~ ?
o se manif ie t3 11i en los aclclantos técnicos 11i }JO·
líticos, ino en l111 incremento de los ·valcre espirituale , en t1n f ortalecimic11to del f ervo1· religioso \ el 111i~1110 To)rn)Jee de ... cubre a su
alrededor algu11as risillas escépticas) .
E11 suma, t1n fi11al reconforla11te ¡)ara el cre)rente, pero que carece c1e l&gt;a ~c cic11tíficn y filosófica. La o])ra &lt;lP- Toynllee es una o1&gt;ra
de fe, t1n P.n ayo de conte11ido rcligioCO'.o y moral; toda la l1i toria
quecla concc]~ida allí .como i111 {lra111u miíltiple q11c, a la postre, 11os
condt1ce a Dios. Y s1 descartamos lt1 l1i1&gt;úte is fi 11alista es porque
1

60 -

�ella está c11 co11tradicción co11 1 pro¡l&lt;) ~ ito c111¡&gt;iristé! a11t111 ciaclo. ]~ .. a
te i coloca e l ol&gt;j cti''º en l.111 1111111clo tra,c· ·11rl i1lc tftte 110 ¡&gt;ocle111t)!:'I
a¡&gt;r 11 &gt;1&lt;lcr 11i con los 1&gt;rocc&lt;Ji111i 11to &lt;~111¡&gt;iri .. ta ni con 11i11 gt1110 c1e
lo · 111c&lt;lios 01«li11nrios '~e co11oc in1i nto.
(J na filo"ofía teológica ele la lli loria e cli g11 a el .. ;cr c. t11clia c.l n.
T11cltt o co11:;icl ra111os qtte c11 e l &lt;le a rrollc1 &lt;lel ¡&gt;c11 a111ie11t o l1 a tc11iclo a1 g ttno~ r&lt;']c,Ta11lí' nt é rit o~: l1a ,1J11tril&gt;ttí&lt;1o, por ejc111¡1lo, a cl&lt;'S·
trt1ir Ja i&lt;IC'a &lt;I&lt;' &lt;f tl&lt;' los l1er l10 · l1i stóri cos ol&gt;c&lt;lecc11 a la cagt1alicl acl o
la irracior1 a]i,Ja&lt;I o la arl)itrnriC'cl,l&lt;l. I~ cli g11a &lt;l e cstt1 cli ar e., at111c¡ttt ,
~011fe sa 111os 110 &lt;'01n¡1artirla ¡&gt;or clos r,tzo 11c" fu11 c.la1n e11ta Jr : la ¡&gt;ri111 c~1·a, }&gt;Ol'&lt;JllC colocn con10 n1otor &lt;le 1:-. l1i tori n a a l!!;o &lt;Jll e'I f)Ol' l t íl&lt;!fi11ició11 111is111a, es al1i . tóriro e ir1cog11oci l&gt;le co11 los ¡)rocccli111i c11los
l1allil11alcs &lt;le c·o11oci111i e11to; l a cg u11cla ~ 1&gt;or&lt;1t1&lt;..}!\ c 11 el ca o &lt;l ~ l ¡&gt;ro' ricJ 11 c iali ~ 1110 cr i ti a110, e tina cloctri11a tc lco l&lt;'• gica . El }&gt;l'O\' i(l c 11ciali~1110 110 traza la l1i ~ loria d e los l10111 l&gt;rc-.., !-. i110 la de Dios. No l1ay
l1ccl10 .. l111111a110~ .. ino cli,ri 10- 1~ or i11t r111c clio ,]e lo 110111l&gt;rc... . (;&lt;?sta
D &lt;?i ¡&gt;c r frc111 c&lt;1s, co1no clecía 1 crc&gt;11is ta111 (li \•a l. ,·c11li1110 c i rto r ecalo c11 \ ' Í11 c t1 lar a la augu la cli,,i11i(la&lt;l c 11 estos 111 11t1 &lt;los 111 11c l c rc~
tcrr 11al s (y, ac1 c111ás, no falta la &lt;l&lt;lct1111 c11tac i&lt;)n 11ece aria .. . )
tesis fi11ali ta , J&gt;Or Sll 1&gt;a rtc, i1111&gt;li ca la ,, ¡ ~ió11 11 0 ele t1n ft1tt1ro in111 ccliato, s i110 &lt;l e t111 fttlttro clefi11 iti vo . I•:11 ese caso.. e pre e i1ta ) a C&lt;&gt;1110 1111a tesis ele' iltt111i11ació11 cxcc1&gt;cit•11a J. T Jo~ c¡t1 c 110 C'11trcga n1 os ~1
los csltt&lt;l i os la i l&lt;) ri cos ¡&gt;a el ce •11os clc~111 asi acl o c 11 e l propó ito ele a vcrigt1 ar el ¡&gt;aaS(lo ct11110 para ¡&gt;r l c11cl ~ r l a 11 t.ar 110~ a &lt;''-I&gt;lirar c1 ftatttr&lt;).
Pero l1ay algo 111t1 ·110 nlá gra\·c aí111. . 'e s ltJlOll t1 11 fi11 c111c e"" e 11
sí n1i s1110, 11111y &lt;lifícil o i111I'º il&gt;lc el e eles 11lrailar. Y lu ep.o-: a&lt; Pillaclo e e Sll f&gt;ll to, co11. idcran10 ~ toílas Ja ·o~a - o ¡&gt;roce os a ~ ¡ ile l Jlnsaclo co1110 &lt;1 1 1&gt;rc c11tc, con10 oric11t aclos &lt;'&lt;&gt;11 arrc!!lo a e e fi 11. ;, l &lt;&gt;s
111 ~1 1? I~s &lt;Jll C J)io .. q11ÍC'r llc ,'ar110. , ,]irá Toy·11l&gt;&lt;'e .. por "el ... uf ri1nie r1to a la sa l&gt;i&lt;lt1ría·'. ¿:\o~ ,~ a ),ic 11 '? J~ CJ t• c Dio .. co1110 c.l i cc11 lo ~
1nt1 t1l111a11c - y t a1111&gt;i '11 lo
ri-..tia110 ... , c 11 o l1.. ~ oca:,io11cs" ·l ~ 1ncntc y 111i ri cor&lt;lio o'' .
Pero Ja co11cc 11ció11 t eol ógicn el&lt;' T 0)·11 l&gt;cc 110
orif!i11 a 1. I•:11co 11tra111os t111a p.ra11 si111ilitt1cl c11lrc s t1 1 &gt;cr1~a 111 i c t1to y el c1f&gt; ~u ~ ¡&gt;rc&lt; l•~­
ce or&lt;'s e 11 ese l&lt;'rrc110, e })C'C'io l1n c 11lc lle&gt; s t1 e l. ~~s a C' .. le a t1l c1 r al
qt1c 1nás cita c 11 !S tls co11siclcraci&lt;,11cs fi&lt;&gt;llrc '·La lr•g.ali cl acl y la lil&gt; ~' r­
ta(l e 11 la lais toriaº' . Hay co11ci(lc 11cia c 11lrc a1nll os, 110 sc)Jo 11 ~11
te. i ¡&gt;ro,Tic.J c11cialis ta, ino c11 e l 1&gt;a1)~ 1 &lt;tt• c IlO$"-ttc t co11ficre u la
''cat1sas s c t111&lt;lari at-"' y el qite To)r11I• e a~ig11a a la le)r ._, 11 a lt1ral cs.
B ,\l{'JES, l lli&lt;'ll co11ocido socic)logo 11o rl a111 ·ri&lt;·a110'1 11 a ali fica &lt;Jo a
To,rnl&gt; cc 01110 "Ürosio ) 1" an ~t• ~tír1 co11 ' ' &lt;'!':i l i111 c 11ta 111o&lt;ler11a · : '' r110Ícl J os J&gt;ll rl,0)' 111) e : Oro Íll S atl&lt;l
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la l1i -to ri a .. l1a)· troz.o .. acl111i ral1l c el&lt;"! l1i ~ t&lt;&gt; ria 1&gt;ro¡1ia111c11t cli ·11 a. 1~
lo qt1 c Crocc, ta11 co11lrario a toclas la: filosofía~ tl c la l1 i~lor i a, r cc&lt;&gt;nocc c 11 111 11c·l os el e eso~ e 11, a)ro . ' I~ 11tre los lif,ro &lt;l e fil osc,fía el e la
l1is toria - &lt;lir c c 11 s lt Lógica .. [&gt;. 300- se c11 c11c 11tra11 olJra , lllH&lt;'"-lra~
&lt;lcl genio l1t1111a 110 . • • }lOfqt1c l1a11 Hielo, n 111c11t1clo, a&lt;l111iral.)Jes lil)ro

61

�•

de historia, surgidos por reacción mental contra l1isto1·ias superficiales''. Basta recordar el ''Discurso'~ de Bossuet y el ''Ensayo sobre las
costt1mbres'' de Voltaire, que no son lillros a11tagónicos. V oltaire
presentaba su obra como complemento de la de Bossuet, que mucl10
admiraba. Incidentalmente, Toynllee trata al~-i1nos problen1as de
l1istoria, tanto en sus Apéndices co1no en el texto inismo de su ]ibro. Y lo hace co11 originalidad y estl1pe11cl:t penetración. At1menta nuestra capacidad de comprensión e i11tcrpretación de cierto:3
aco11tccimientos. Pero esos a1&gt;ortes son es¡)orátlicos )'· lo más grave,
al ir lttilizados en función del sistema total, qucclan fatalmente desvirtuados.

Doctrina apriorística y

110 c&gt;111

piristu.

Lo que pretende ser original en 'f oyn1&gt;e~ es el estl1dio co1n¡&gt;arati\70 o analógico ele las civilizaciones Jlara extraer ne allí }lri11cipios generales del devenir 11istórico y ,leclt1cir, por tanto'} l1acia dó11·
de se dirige nt1estra propia civilización occiclcntal.
Se jacta de ajustarse a un 1&gt;rocedi1nic11to c1npirista . ''Los i11ves·
tigadores científicos - decía STU'"\RT MrLL- cla11 el nomlJre de le)re3
empíricas a las ttniformidades cp.1e la olJSf'r\·ació11 o la experimentación han mostrado qt1e t:xisten ... '' Toynlle" ]Jttsca esas t1nif orn1ida·
des, pero su }lrocedimiento no es rcalme11t~ e1npírico. Si lo ft1era,
no podría comllntir, como con1~&gt;ate, co11tra la investigación l1istórica
'~p1rtic11larista'', ''nacionalista''\, ''parroq11ial'' o ertidita . E;i ésta &lt;lchería encontrar 11l1evos sostenes de su teoría. El estudio com1Jarati·
vo de las civilizacionc que propone, exi!!e t1n estudio previo y n1int1cioso de cada ltna de esas mi ~ mas ci,rilizar.;ic.11cs .
El empirismo ciPntífico ha creado n1icrosc:opios para 11acer vi~i­
}J] e lo dimin11to y tclesco¡Jios para aproximar lo q11e está le jano. Y
bien, la eurística y la in,·estie;ación 11i tórica on los microsco1lios y
los telescopios de nuestra cie11cia. Logran mostrarnos lo mt1y pequeño y lo muy a11tigt10. El conocimiento prolijo &lt;le cada ejen11Jlar 110
puede estar en contradicción con el del género o especie ge11eral .
Por el contrario, actúa en su apoyo. El conocimit,n to e1·udito de cada hecl10 11istórico 11abría de])iclo servirle a ToynJ&gt;ee para fortalecer
su doctrina, si l1t1biera empleaclo realme11tc el 1nétodo en1pírico . Pe·
ro si sólo atiende a las generaliclacles, a lo~ ''ca111¡&gt;0 an1¡)]io '' - como dice- , es porq11c su método es apriorí tico y los detalles le mo·
lestan.
·
El Dr. Ge)rl l1a demostrado qt1e el procedimiento de Toynllee
no es empirista al confrontar SllS proposiciones precisamente con los
detalles, es decir. con el conoci111icnto 11istórico 1&gt;0.:;itivo. E11 su eitsayo tit11lado: ''Toynllee otra vez : Em1)i1·i 1no o A priori n10'' l1a l1ecl10 t1n magistral análisis de tres páginas ele To) 11l&gt;ee qt1c so 11 - dice
el profesor l1olandés- sólo \1 11 ejc111plo c1 e lo qt1c oct1rrc en las trc ·
inil páQ;inas de Jos 6 primeros vol1i111cncc; . lle aqt1í Slls palal&gt;ras finales: ''El si s.tem~ ele. Toyn1Jee, ~o será tan a~r~s i vo como el de Spe11 •
gler en sus 11n¡&gt;l1cac1ones llol1t1cas, pero e:-:,, ese11cialmcnte, no nle1

62

�11os irrac io11a] y a1)riorístico.
1 f)rcscnt nrlo l&gt; a j o el di fr az &lt;l e 111c!totlo cicnt íf ico y c111 pi ri sta no so la 111c11 t . t1l&gt;1 ~ '' ª al i1ni vc r ~ i t ari o q1ae
l1ay c11 111í; n1 c co11 &lt;lt1 CC' a la ¡&gt;rote ta, ]&gt;Ore¡ u e creo c¡tte la c·l ari cl url
el e 1&gt;e11sa111i c11lo Cf' cy11izá la 1n ás a1&gt;r 111ia11tc 11ccc i clad &lt;1 11t1 c ... t ro
JlCrtt1rllado n1t111cJ o'' (op. cit., p. 157) .

1111&lt;1

f ilosnfío d e

d ecndc11cir1 y,

i se &lt;¡11 ic r~, el e salvrtció11.

o liay c1os existen ci as l•i . tó ri ca1nc 11tc ig u a les. Pt1eclc co1n¡&gt;rol&gt;arsc c11 e l c aso el(\ los gc1n&lt;'los, ele 11ot a l&gt;lc 1}ar 0ci&lt;lo f ísi co y p icológ iro, e11gcnc1raclos si1nult á n f' a111 .! tit e e n e l 111 isn10 vientre, "'lt1ra &lt;l&lt;&gt;
e11 11og nr y é 1&gt;ocas co n1u11cs., f' l &lt;' . Ct1cla tino ct1111¡llc Sll de ti110. P er o,
co11 tocio, la e ·¡leri c11cia &lt;le c t1 a lc1t1ie r &lt;' l' l1 t1111a110 a pro' ecl1 a a "U5
co11g ;n e r cs . . i cn1 pre atravcsa1110$ 1&gt;or ci 1·c;t1 11 la ri cias JlO r eci e] a a l a
qt1 c otro afrontó ant es qu 11 0 . ., o tro - , y ti co11clt1 ct a pt1 ele iltt trarr1os . Lo Jlacl re l1 acen co11sta 11 te a &lt;],. rtc11ci as a tts ]1i j o.- y ]".., 111n i11 i t ran e l cat1clal ele s t1
X]lCri c11ci as . P or rf'gl a ge11era l., l1 ay qt1 c
con f csarlo, 1t11n gc11c r aci ó n Jlr c.. , ta ]&gt;Oca a tc11cicín a l as a cl111oni cio11c ~
c) c la a11tcrior. E so e l&gt;lt no. Y J&gt;Or a lgo oc·t1rrc.
I.. .1 0 ql1 e s11cccl c en el pla110 in c1iv iclt1al !'tt eec1 i gu al1r1c r1tc 11 ~ 1
colccti, 0 o so cia]. L as cxpcri e11cias ele 1111 a oricclacl })t1cd cn
r''ir a
otras, y es a í con10 se c ntc11clió cl t1r a 11l~ 111tt&lt;'l10 ticm¡lo la 11is tori a,
&lt;'on10 ''1n acstra ele la ' 'i cla "' . A esa f i11a lielacl 1 &gt; r a~111 áti c a ol&gt;e clc &lt;·c11 crce111os 11a1&gt; ~rlo &lt;lc rnostra cl o - l as c ie n c ias lc&lt;) r icas o g 11c rali zaclor as . f~so es lo c1t1e 11acen , C" n el cat11 ¡&gt;0 soc ia l, tocl a l aR is t 111 a ti zacionc so ciológica. : tratan &lt;l ' ' r có1no a&lt;·tt'1a 11 y ¡lrocccl en J o~ g rt1f&gt;OS o colecti,1icl a c1 es ¡&gt;a r a }&gt;l'C\'e r aco11tcci111i 11to )T ¡&gt;recl1 ]&gt;Or1e r la at~­
ció11. Ya lo clccía l ft111d ac1o r 111i 1110 ele la Sociología co1110 c ie ncia :
''Cie11cia, d e do11 clc previsi ó11 ~ ¡&gt;r cvi ió n , el e c1 0 11c1c acció11.. , .
1

i t e n1 a &lt;l e T oynl&gt;ec Jluc1 o t e n er c~ a a¡&gt;li cación prác- t icn .. p~ ro
Stt ' ]ogro 11311 sic) o
11de ]&gt;) CS . ¿ J•:sl é11110S f J'C lll C á ll na ad V rs ic)ae} ? 0,~ ­
l&gt; Cll10S Jlroc11rar
11contrar la r é ¡&gt;lica a t1 cci1 acl a. ;, Es 1n11y f11 \rle e l
tl csaf ío? Tos 0 11,,i c 11e elt1cli r el rcto'I q t1 c f&gt;ttcc1 Jlara1izar 1111c 'tr a~
fu erzas .
i &lt;lor111ir e o ll r c lo.., lat1rclc" 11i c111l&gt;or racl1 ar ·c e) \ 'Í c t o rias . l\ láxi111as 111 r a le , ¡)r ecc¡&gt;los (l e co11&lt;11t c ta ~ 1&gt;rovc1·1lio-::, o r gla
c clifi e a11tc , ge11C'rnl1nente acc¡1t al&gt;Jcc;.
¿,Es r e alr11 c11te e o lo c1u c Je i11tc rcsa a To)'nllee ? C rcc n10 c¡ttc
110. rfoy11))CC C J&gt;l'Opon e, Íllll(J a tllC'Jlta }111c nt C, \ TC l' CÓDl O C Í Ol' Ol a ll Y
&lt;l eca cn las 'iv ilizacio11e }", fin a lr11c11tc, có1110 e ¡&gt;o ilJle ~ a],, ars .
La clecafl c11cia, a11te t c &lt;l o. I•:sa ¡&gt;reo t11&gt;ació11 "-ltrge ele la e 0 110 inía n1i 111a ele la ollra. E a ''La ~ ele i11l gr acio11e cl e l a.. ci,,ili za i &lt;&gt;11c~~' q11 c clec1ica el 1nayor cs¡•acio - t o1110:-, V, VJ, VII y
111- , )"
e e l te 111a c111e ~ t á prese11tc c11 cacl a lt11a ele stts }láginas . ~ 011 11l&gt;)' t1gar1tes los trozo c 11 qt1 e e 1 ~ 1 tli a 1 c i 111a c 11 el a ln1 a : s 11s ol&gt; ~ r·v acion cs so1&gt;rc los t e1111lera111e11l os los cn r acte r :,, la i11clin acio 11c ele
l.ltt3 ~ po ca ele o cc)ivc m czc]atJ l' élS~OS ele la clccncle11cia a n l i ~\la CO ll
asr&gt;ect o c arac tc rí ticos d e l 11111 n( lo nc t 11 o l. '"· I 1ª )" n1 a1ca dos ri l&gt; e lc el e
pe i111is1no &lt;'n é l, in cltt o d e tl c rro ti 1110 - el ice s lt anti gt10 co111¡&gt;aiícro ele Oxford , L. B.
amicr- . ''I o cs¡lc ra (y q11izá no clr~cc) J.i

El

'I"

63 -

•

�perduración del Imperio Britá11ico, ni la st1pren1acía de Europa, ni
el predominio occidental, posiblemente ni siqt1iera el domi11io d el
l1on1bre sollre la tierra. . . Y si al1ora trata de tranquilizarse a sí
mismo y a los demás, en lo que se r cf ierc al futuro de la raza l11tmana en su conj11nto, sus intencior1cs r es1tltan forzadas, m enos a11ténticas qt1c st1s presagios de r11i11a, y dif íciln1ente infundan convic·
ció11'' (''Avenues of l1istory'', p . 13 ) .
Todas las filosofías de la decadencia p«rte11 de un principio: 1·l
de la caducidad, desintegración y m11crte ele las civilizaciones . E~a
constatació11 i11spiró las melancólicas pn lnllra ., de Valéry-; la co11cc1&gt;ción cíclica ele S1le11gler, el sistema ele Toy11llec . Creemos qt1e se exagera la origi11alidad de estas ide 1s . Tocla la .1ntigücdad gr eco - Jatir1a
¡Jarticipó de ese p e imismo c11ltL1ral. Ttt''º st1 1ná" clara y conscie11te expresió11 en Poli1lio y provocó las lágri111 a ele Escipió11 y E miliano sobre las ruinas de Cartago. E s cierto, el tie111po d estr11)'.. e, ' ' arra;,·
tra l1acia la nacla los mo11t11nentos y }og in1¡l rio ·'' &lt;~A.Ro~ ) . P er o ta111J,ié n cr ea, )"ª qt1 e sólo se destrttye lo cr eado. E l error de lo d ecadenti tas es oll ervar sólo el impttlso &lt;lc_tr11ctor clcl tiempo, e i ~11orür
ll olvidar Sll prodigioso impt1lso vital y c reaclor.
Pero, ¿todo lo destruye el tien1¡)0? ¿ t a&lt;la se co11serva? osotros
podríamos clecir, con H egel, qt1e nada e clc&lt;; truyc, qt1e to&lt;lo sul)si ·
te . Porq11e cada n11eva síntesis co11tiene la tesis y la a11tite is prc&lt;·cdcntes . Dice RAYMOND ARON en cierta O))Orltt11id ad : ''El Partcnó11,
una vez cxi stc11te, no ptiede e p erar c1c lt clt1ració11 n ada más Cftle la
destrttcción '. Co11cillámo lo d estruido, l1 ccl10 polvo sin forma. ¿ llallrá r ealn1entc &lt;lcsa¡Jarccido ? Su scnticl o clcl cqt1ilibrio y la armc.&gt;nía, de la er enidad y la euritmia l1an q11cd ado defi1riti,·am e11te i11cor¡&gt;oraclos a la ]1i toria del arte. Lo q11e el P arten ón aportó vi,·irá, at1nc111e cl e~truído, en cada tino ele lo arti ·tas y arqt1itecto el (']
f ut11ro, desde luego fJll e con m11cl1os otro aporte . T odo lo qt1e ,~}
l1on1lJre l1a creaclo, se incor¡lora a nt1cstro acervo, lo e11riqt1ece .
En ese sentido, la civilización anti gi1a 110 es una cosa m11erta.
Toy111&gt;ee n1is1110 es la más 1&gt;erfecta clcn1ostración ele qt1e vive . Vive
en nt1cslras iclcas, en nuestras costtt1111)res, en n11estras institt1 cione .
Un com1&gt;alriota de Toynllee - Sir lfENRY SuM ER MAIN E- clccía, ])ajo el d eslL1n1l&gt;ramiento del ' 'milagro ~ri ego '' : ''Exceptu ando la ft1 e rzas ciegas &lt;le la naturaleza, nada se 111L1evc en est e ltni,~er o CJtl e 110
sea griego })Or su s orígen es"'. To1ne1110 ct1al&lt;1t1 i ~ra d e lo caracte r ~
de nt1estra civilización. ¿E cristian a ? E l cri tia ni mo n aci ó n el
n1undo 11ele ní ti co y se empapó de l1ele11i 1110 para poder ¡&gt;en c trar ei1
el munclo ge11til. N uestra civilización occiclc11tal n ace e11 la Eclad
Media y tien e, co1110 u11a d e su clestacacla t11anift&gt; ~ taciones, la e colástica. ¿Puede co11cellirse el to1ni ~n10, ¡&gt;or ej e111¡&gt;lo, sin Ari tót cle ?
Los anti gt1os valores de la civilización tz ri ega ' ri,·en m ás pro f t1ticl amente enraizaclcs e11 n11estra civilizació11 &lt;]tt c lo ' 'alores llroclan1 acl&lt;)
p~r algunos doc tri~1a.r~os ? e ayer o ele lioy . Y e, te 11ecl10 nos }le r 111 itc
af1 rn1 ar qu e las e 1v1l1zac1ones n o in tt c r e 11 , c¡tte la l1ist oria 110 es lt c1
cem enterio ti c civilizacio11es desaparecidas .

-

64

-

�T"'as filosofías ele la d ecaclenria se ins¡&gt;iran en mlty cli,rcrso y ra·
zona]&gt; les motivos ; 11ay cp.1c rcco11otcrlo. J&gt; ro tocia ella l&gt;tl can cfialar la sim ilitttel C'11tre esta elC'cac1c11cia a c lt1al y la del n111nclo a11tigt10. l~s posiJ,Je cstal&gt;lecer, como lo 11acc 111i11ucio a1ne11te Toynl&gt;ee,
r1ota1&gt;1 cs y or1&gt;rc11clente coi11ciclc11cia c11trc t111 l1ecl10 y otro. }&gt;ero lo grave es c1t1e se oct11tan las cliferen cia ~ : la clecad e11cia actt1al
1,rescnta caracteres c1t1 e 110 ti 11 t1 Jlrecc cl 11tc al ~ttno, lo qt1c en v &gt;rclacl octtrrc ic111prc. Tos li111itar&lt;'n1os a scfiaJar ale unos que están c11
f rar1ca o¡&gt;osició11 con los cl c Ja clr-caclcncia a11ti g11a:
1 Q Es c:trac l&lt;'rÍs tica &lt;l e 11t1c t r a fpoca el ascrn o y prrclo111inicl
ele las inn a R; c 11 la c1ecacl 11c ia ar1tigt1a, por el contrario, es cara('·
t crí~tico el ¡&gt;oclc r c¡ttr- acl q tti r cn c i ertoq ~e iiorc , lo JJOt &lt;?11t i ores r on1a11os, con 1os c111e comienza a ]&gt;Crfilar &lt;' e l f t1lt1ro fel1da]i . n10. ) s i
Toy11 l&gt; e 11 a l&gt; la tl e 11n }Jrolc tari ncl(l i 11 lcrno c11 aqt1ella a11 l igii c(l ael,
la v r&lt;lad es qt1&lt;' los cri s tia11os c·o11 ~titl1Íar1 ttr1a minoría, 11é r g ica )
J&gt;t1ja11t e si se qt1icre, p ero t111a 111inoría al fi11.

2Q Lo tÍJ&gt;i co ele la clecacl "11cia n11ti&lt;rt1a es la d c ... pol&gt;larió11 el")
11111&gt;crio; lo tít&gt;ico &lt;le i1t1e'- tra ¿;poca c.-. la tt 11erpol&gt;lación, un 11ola·
1&gt;lc crecimiento clc111ográfico, 111uy ~~¡&gt;ccial111&lt;'11te c 11 el u111nelo occicl c11tnl. ORTEGA Y GA SET~ e 11 ' l~a r c11elión ele la · u1a ~ a '', da cifras
1n11y sig11ificativa
al r es¡)ecto.

39 E s tarno. l1oy l&gt; ajo 1111 ré~ i111 c 11 ele co1101nia m11nclial: en 1:1
clccaclc11cia ro1nana se proclt1jo un r ' torno a la cco1101nía 11a l t1ral.

4 9 E ra"' go ele nues tra é¡&gt;oca t111a ir111&gt;r . . .. io11a nte mecanización;
caracteriza a la d ct' aclencia clcl 111 t1n flo a 11 ti!!llO ltna 11otoria i 11 ~ ttf icienci a téc11ica, lias ta el pl111to c1 e c¡11 e 111t1r11o!S la con iclera11 t111a tic
las ca1i.. as f 1111cla111c11tales dC' e, ~l clccaclcncia, e 1&gt;ccialmc11tc Jlorqttc
coi11cidc con la clis1ni11ución ele lo csc}a,·o .

59

Ha,' .•
•

e r1 el tra11cc aclt1al - co1no lo clC"~ta ca IIt1izinga en ''E11-

trc la
0111 l&gt;ra ele1 maña11a -~- t111a ¡&gt;artic t1 lar a11to • conC'iC'11ria, ~- .
1&gt;ccial111cnte l1is tórica; e11 e l a11ti g110: ¡lre&lt;lo111i11a la inco11 cienria o
la i·esignación.

l o es la cxpcri e11cia d e otra~ . ocie claclc

lo qtte mt1eve a

To}~ 11-

l1 cc . I.Jas civilizacionc ~ 11an r e¡&gt; ticlo . 11 procc . . o c11 , -ei11lit111a o¡&gt;ort11·
niclat1cs . P e ro la clcrivació11 t cológ i a y t l co l ó~i ca que i111¡l ri111c ¡1
su si:stcina 11os seiíala tina "ttert el i ... ti11 ta o, ¡&gt;or lo n1eno .. , l tO in·
f 1111cle t111a &lt;'~1&gt; cra11za. Aquí e 1&gt;roelt1ce t1n salto clel ¡&gt;e imi n10 al o¡&gt;·
ti111i 1110, ''t111 OJlti111i 1no - cot11c11ta ÜRT1': G1\ Y GAc; ETque . 1&gt;re·
ci o cttrar o co rregir ele toda Ja . . 111 c 11l c • To qtai ero decir qtac la
,~erclacl ea el J&gt;C i111i mo. Al1ora ~ e e tá cayc11clo del otro laclo &lt;le
est e 11t1c,ro vi cio.
adie 11a i111¡&gt;t1 cs to a la r ealidad que t ern1ine },¡ s1,
co1110 las ¡&gt;clícttlas norteamerica11a. · 11a&lt;lic tic 11c dc1·ecl10 a e ·i ~ir ele
Dios que J' reficra l1a cer de la l1isloria l1t1111 a11a una dt1lce co1ncclia
1

-

66 -

�en 'rez de dejarla ser una tragedia. Ha)r qt1e dejf.lr a Dios qt.tedo en
la infinita am plitt1d de su albedrío' ' (4~ conferencia) .
No le gt1ía a To}-nhee la finalidad de aprovecl1ar el ejen1¡&gt;l~ aje110. Le mueve la desesperación de la mt1erte, el dolor de la ca1da Y
el deseo &lt;le atisbar la más mínima JlOsil&gt;ilidad de salvarse. ¿Dónde
encontrarla? No la enc11entra en la acció11 l1t1mana. La desct1l&gt;re
en el pla11 divino y sólo la podremos ol&gt;tener por medio del r11ego ·
''Debemos orar por el aplazamie11to de la sc11tencia'' (VI, 321), Y
mucl1as otras expresiones similares . Cua11clo el 11ombre sufre, gi1ne
y desespera, 110 tie11e otro i·ecurso, co1110 el niño, que elevar una stí ..
plica ardiente y aco 11gojada. Hay toda t111a teoría de la oración e11
To}rn)&gt;ee. Todo termina en el Padre11uestro. ''La salvación a1lie1·ta
a todos los l1om1&gt;res. . . es lo q11e pedin1os al deci1·: ''Venga a 11os el
Tu Reino'' ( Civilizació1t, p. 303) .

Un aln1a noble, pero un teórico cncle])le; una sensibilidad agt1da y exc1t1isita, jt1nto a u11a i11for111ació11 "&gt;ltperficial; 1111a deslt11n]Jrante cultura 11t1manística, pero 111anejada con laxos procedin1ientos lógicos; ttn es¡)Íritu fervoroso e ilt1mi11ado, en contraste co11 st1s
intc11tos sistc1natizadores : tal la i111presió11 qtte 11os deja el atttor es·
tt1diado.
No cnco11lramos mejor re1nate a este tral)ajo que las ¡lalallras
finales clcl estudio . qtte RE)JIER clc&lt;licara a ToJynbee en una de su ...
ol&gt;ras. Este dcl&gt;e l1alle1·las leí(.lo co11 1&gt;onacl1011a sonrisa, especialmc r1te por el lz 11moz1 r que las impregna:
''L·n a -1lccto de Toynlleeismo n1e a1&gt;rt1ma. St1 manera de e cri lJir es nota1&gt;lc. Su estilo es Grecia, la Bi1llia, Francia y la lengt1a de
mucl1os pttc1llo , con la quintae en cia cxtraílla ele ellas para lil&gt;erarse de la tira11ía del Logos, lo qtte lo lleva a entra1· e11 posesió11 clel
ritmo ele toc1o idioma. Es el estilo ele t1n l10111llre d e aln1a recta. E ::ic
liJ)rO JlO ¡.&gt;ucd e ser una mistificarió11 . ¿ Qt1é es, entonces? At111qlte
no exr&gt;resa la decepción de los cle111ús, c.;tá 111uy cerca ele expr e ar
la propia. Soñan1os, a ·veces, &lt;jtle e11te11 clcn10~, l 'ºr fin, el n1isterio
rlc la vida, qt1e l1en1os resuelto el e11ig111n ele las r elacione 1111n1a11as.
Despcrlnmos y cl,..ci1nos : ''Es gra11(lioso esto, y debo conservarlo'' .
A la inaiia11a sip;t1ir11te, i·ecordamos la f ór111t1 la. Pero es inane, in ll "'ta11cial. To)y111lcc ttr\TO lt 11a ' 'isión. Soñó &lt;Jll t~ J1oclía redt1cir a fórn1t1las el t1niver -o l1t11nano. St1 error co11si -tc c 11 )~ aberse ma11teni&lt;lo cr ;_
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palallrus . IIahría d c1lido excla111 ar : 111ir1¡111 son111iavi so1n1iiz11n. Y
e cril&gt;ir t111 ¡&gt;ocn1a sobre ... t1 cx¡&gt;eri c11cia. Pref cre nte111ente en grjc go'" (''Ilistory : its purposc a11d 111c tl1ocl'', p . 218 - 219 ) .

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C,\SSIRFR, E. - "Las ciencjas ele la cu ltura ".
COlJDERC, P. - "La rélativité".
C..ROCI~. B. - "Lógica con10 ciencia ele] concc1Jto puro''.
( 'ROCE. B. - "l caría e historia de Ja hi toriog1 afia'.
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FERR \ TfR J\lOR.\ , J. - "Dicciona1 io filosófico".
G \ t ' fIER, G. F. - "Gcnséric. roí &lt;.les 'an&lt;lale~»'.
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>La Filosofía de la Historia de Arnold J. Toynbee </text>
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                <text>Bentancourt Diaz, Jesús</text>
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                <text>La filosofía de la historia de Arnold J.Toynbee / Jesús Bentancourt Díaz. -- Montevideo : FHC, 1961; p. 68</text>
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                <text>Bach. Gonzalo Marín</text>
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                    <text>•

,
r·

Cuadernos de EPISTEMOLOGIA

•

Nº 8
•

Gustav BERGMANN - Kenneth W. SPENCE

OPERACIONALISMO Y CONSTRUCCION DE TEORIAS

Facultad de
Humanidad es y Ciencias

(Aula de Epist. emología)
1 9 6 3

50.194
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J.

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•

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.

OPERACIONALISl\~O

Y CO!'fSTRUCCION DE TEORIAS

.

1

Gustav BERGMANN - Kenneth W. SPENCE

-

1 -

. Durante la dltima dácada los psicólogos han ad quirido una creciente conciencia de los problemas
me ..
' todol6gicos do su cienciaº Esta tendencia del pe~sa~ .
......s&gt;
.___.
mi ento ha sido una parte de un movimien~o más amplio ,
el empirismo científico , que gan6 impulsp a trav~s de
la int egración de las ideas desarrollad~s en Inglate rra (Russell) y en el continente (círculo de Viena)
~ con la tradici ón pragmatista norteamericanaº En psic~
logía, como en otrBs ciencias 9 estos análisis metodo lógicos han dado ~nfasis a dos aspectos diferentes de
la tarea científica . Cierto número de psicélogos, Tol
man (17), Skinner (13) y Stevens (14), estimulados
por los escritos de Bridgman (3, 4) 9 han cer.trado
sus esfuerzos en el componente empírico del método
científico . Bajo l a consigna del operacionalismo han
considerado cuidadosamente y han enumerado los requi sitos que deben cumplir los conceptos científicos pa•
ra ser comprobables y pos eer , de ese modo, significado emp í rico º El segundo aspecto, el compcneLte formal
~

�•

2

•

(te6rico) del esfuerzo c i ent í ficc ha sido llevado a
primera línea en psicología P.rincipalmente por los es
critos de Hull (6, 7, 9) y Lewin (11, 12) . Por sus ·
continuBdos esfuerzos para adaptar ciertas es tructuras teóricas articuladas a ci e rtos dominios de datos
acerca de la conducta,. el primero ha tratado de mos trar el rol esenc ial que desempeña la s ist ema tiz a ción
formal en la explic nc i6n científicaº ~l último ha SUE
rayado también el r ol de la teoría en sus escritos,
pero no ha i ntentado aún la construcción de teorías
rigurosas .
•

En el más amplio marco del empirismo cient í f i co ~
h a sido claramente reconocida la na turaleza complemen
t aria de estos dos componentes del rnátodo científico .
Se podrí a aún decir que uno de los principales ·logros
de este movimiento filosófico ha sido la evaluación y
la ubicación metodolóbicamente correcta de estas dos
modalidades del pensámiento científico . Infortunadamente, en psicologí a no siempre ha habido una adecua da apreciación de la insuficienbia de todo enfoque
que desdeñe uno de estos procesos cie~t í ficos complementarios entre síc El presente trabajo se ocupa de
algunos de los problemas que han surgido ~n la ps ic ología a través de los intentos de
desarrollar estos
...
aos aspectos del método científico .
-

2 -

Ningún cuerpo de conocimientos empíri,c os puede ·
ser estructurado sin definiciones operacionales de
los t~rminos usadosº Reconocemos con toda claridad e~
te requisito metodológico básico. SiTu embargo 1 querríamos llamar la atención aquí sobre una cierta tende11cia a usnr estos rr cri ter·ios operacionales " ilegít_i

�3
m m ntü , como un m dio d criticar ensayos t~6ricos
qu ~on , por lo m nos, metodológicamente correctos .
L b~rc r al d som jantcs críticas ha sido a menudo
un tludabl0 u~cupticismo ac rea del valor científico d las t orías 'Xaminadas. Por supuesto , no debe
h b r auaa~~ sobre: léi expresión e tal{)P opiniones
u L&lt; mpru c1ue las gLn ralizacion ~s de u11 cicntífi.co pa
ruzcan oxcasivaP o si L~us t orias no parecen premiso
rinu º P .. o üxprcsar dichas dudas c11 forma de argumen
to m todol6gico 1 conf'unde el problema . Aún 1.as t eo 1·ias ~8 t ril~d o procipi tadas deben ser eliminadas
orlos me ios corrlspondj_cnt s, dado quu de otra
forma oxiPtr ~1 peligro de qu tuoriaP promjsorias
'üan tambi n d scchaaas sin buenas razones . Por es to ,
un Ll ·stado actual e la~
iscusi6n ser ía útjl esta
blccer cuidadosamente los límit~s y la Jegítima csfe
ra e acci611 acl análisis operacionaJ_ 2 .
-

-

Aún antes d que un científico comience a estu liar algunos aspectos del fenómeno en que está inte r sudo por ejemplo el apr :.ndizaje de 11.n laberinto
por par·to de un an:LmaJ_ o la memorizac i.6n humana , debe
tenor , al menos a título de ensayo, alguna idea acer
ca de cuáles pod~rían ser los ''factores importantes" ,
es decir, accrc 2 de cüáles son los determinantes del
fcn 6mcno estudiado . Estas ideas son extraínas obviamente de sts conocimientos y de su marco teórico de
referencia . En una situación más avanzada, si algún
factor iinportante ha llegado ·ª ser cuantificado,
se
.
lo llama va1"iablc . Algunas v e ces la pala~bra '' condi ción" es usada tambén en este contexto, y hablamos
de las conaioioncs bajo las cuales se da e l fenómeno º
Un punto importapte que debe ser destacado aquí es
que no l1ay principios metodol6gicos o ''recetas opera
cional es '' que puedan garantir que no haya sido deja1

�..
•

•

4

do de lado ningún factor import&amp;ntc . Un enunc i ado
que_ diga ·''El operacional i smo requ i ere que todas las
eondicion os se an tomadas en cuenta '', puede serbastant e engaffoso . En efecto , una expl icación que exc l u
ya inconscient eme nte un factor importante (o candi -~
ci6n determinante) conduriirá a formulaciones diferen
t es de l&amp;s leyes empíricasº Por ejemplo , contándonos
qué manipulaciones hizo, qué indicadores leyó al medir peso y volumen), y qué cálculos r ealizó a partir
de los números .(división, P/V) , un físico primitivo
nos podría dar una definición metodológicamente co rrecta de su constrv.cción emnírica Yldensidad de un
líquido 11 • Y esto a pesar de que no prestó at en ción a
la temperatura de su laboratorio , que era una de las
condiciones de las cuales dependía? por lo que sabe mos, el r~sultado de sus manipulaciones y cálculos,
pero que no ~ad ía t e n~r en cuenta en esa etapa de su
investigaciónº Lo peculiar es tá en que podemos ir de
qUS palabras a. lo inmed iatamente observable . I!a esta
blecido todas las condiciones bajo las cuales dirá:
''La q.ensidad de este líquido es 1 9 3'' . Po r lo tavi to,
sabemos qué significa, y esto es todo lo que la meto
dología gene ral pv.ede ex i ,_J' ir a este nive l de las 11;
madas definiciones operacionales de las construcc io nes emp íricasc•

Histórica y psicológicamente, la crt~ación de
conceptos útiles es una part e esencial de . cada logro
científico . Sin embargo , desde el punto de vista
del análisis metodológico~ si el científico ha definido sus conceptos, solamente ha preparado sus herra
mientas. El ·trabLjo exp lica tivo comienza propiamente
allí, y puede rcali~ars e , sólo después de que hayan
sido es tabl e cidas las construcciones emníricas
.
Y
es
•
•

•

��6

·.e l "mismo. ." líquido proporciona jiferentes "va.lor es
de densidad'' a. tempera turas dist i ntas, comprendería
que eso no puede realizarse. Pero enton c e~ podría
tratar de identificar los líquidos registrando su
densidad a una· temperatura comúnº Estrictamente hablando, esta ''densidad normal" es una ·nueva construcción 4. Lo peculiar está en que , aún si la nueva~construcción resulta satisfactoria para los nro p6sitos actuales de nuestro f í sico , no se han dete~
minado aún todas l~ s condiciones, porque 9 simnlemente9 al menos teóricamente, hay siempre un número ig
finito de e llas. Sin embargo, podría haber tomado
todos los factores relevantes para sus propósitos ,
es decir, dentro del intervalo de especif icación y
variación determinado por sus expe rimentos y por la
general ización a que tienden : La nrueba de l budín
cqnsiste en c9merlo y no en un crit e rio operaciona l
que a l nivel de las leyes em
.-·particular º Vemos pues
.
p í ricas, los científicos no nueden obtener ayuda
del ope racionalismo º El· cien t í fico tendrá que confiar en su propio ingenio y · en lo que pueda extraer
de .algu11a teoría previamente articulada .
•

' Habiendo formulado con fuerza esta limitación
deloperacionalismo, es necesario estab l ecer los ·fun
damentos científicos real es y puros de la ex i genc ia
de una cuidadosa consideració11 de 1•todas las condiciones''. En el carnpo más comple.jo y maduro de las
ciencias i1aturales (física y química) e.stamos razonablemente seguros de que conocemos y controlamos
_prácticamente todas las variab~es necesarias para
la completa descripción funciona l in~entada . A la :in
versa 1 en las ciencias biológicas y social es no es
éste el casoo ~qui, la complejid a d de la situac ión

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�8

bras y ovejas , es decir , 0n construcc i ones operac i onal0s y construccion ;s tLÓricas , 0s n~cLsariament~
arbitrarioº De h0cho , mucho de lo que es usualmente
llamado t~orizar Ln las.ci 2ncias empíricas cons i ste,
como lo expondr~mos más adelantG, on la cr~aci6n a~
estas construccion J s empíricas qu~ organizan la búsqueda de l· yes e:mpíricas . Y por esta razón, a Vt..;ces
nos rof0rimos a algunas de ~llas como cor,struccione;s
teóricas . Eso L.·S todo lo qu t.:. qi 1f1 r 1..: mos sifSnificar con
· esa distinción º
•

- 3 -

•

•

Yendo ahora a la discusión d e los aspectos t0ó ricos del m~todo científico en psicología, una de
las tar:uas má.::&gt; important e s par __ c ~.: ría S ·J l ... la clarificación de; los t~rminos ''m'todo 11 ir:&gt;ot~tico d e ductivo"
y ''t~cnica postula ti va'' . Ci e rto núm vro Q.0 confusio nes pu_cd é·n surgir, y ~ vid e nt 1 munt o han surgirio, de -u
na . ambigüedad en el significaao d e e stos t6rminos .
En 1Ó6ica y mat ~ máticas s e r e fi ~ r e n a un sist ema d~
l ~ nguaj c formal d e sarrollado como cons ~ cu uncia de un
conjunto b·!sico de r e lacion 2s (llamadas postt1lados o
d e fi.nicion c s implícitas) \;ntr u t(rminos indl-finidos
· d e otra man e ra . L~ axiomática d e Hilb c rt es un ejemp~o sobr c salic nt v d a lo qu e e s un sist ema formal. La
-int 6rpr c tación por medio d e dcfinicion 8 s coordinadas
...
que r e lacion en los t:rminos form~lLs con co~struccio
. n ~ s empíricas hac e factibl e e l uso d e ~ st G m(todo
por part e d ü los ci entíficos .
...

•

•

•

•

Es d ocir, que e l ci nntífico t ~ órico pue de nartir d ~ un conjunto d ~ t'rminos ind e finidos a, b 9 e,
u st abl 5 c ~ r los postulados (d e finicion e s imulicitas)
'
•

'

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r

q

tul

i

ci n
oco

, y mo trar
p . ul doo,

ntonc s qu ,
lo~

~n

virt rminos a , b , e ,

rt

t ' r ino.
o pu to, x, y, z , d finidos por
m i
Llo , ·um 1 n x eta nt la fórmulas que
pr(
t
1
1 y
mp rica • Eot
istc.;ma formal
pu
. _, r 1'int rpr
rJo'' ntonc e coordinando una
el',· b~ ·e
conr truco ion
p rica~ (variablus
p im
1
) o i
e
lo t'rminos original~s
, b 9 e (t or
f nom nol6 ic ), o bi n con los t~r i1 o
C! o 1 pll
o r ( o r :í ,.
o f
o no 16 i e a ) • D ~ h 0110 9 11' y poco.·
j rnplo , . i
q u l1ay algu110, d un
IJ ' to lo
:r1
1 u
confí
x lu. ivam nt· para d\.;sa•

r ollar 1 P Cltncia. mpíric~ º En r alidad , aún ~n
o tr , 1 m' o o po tula ivo fu una conquista
r i
ur ida d la
e id~d du una organizacjón
. i~t(m tic y
una clarificación pi~t mológica .
En ia práctica ci n t:ífica y parti ularm nt\., ,.,nq;s
lon studios psicol6gico · r ci nt
(ltull), \.,1 térmi
no '' rnat n1átjco d uctivo'' ha ido u a o n un sun
do if ~ nt al el t'rmino formal 1 gico-g~om:trico
ya d finido, aunque la djstinci6n no haya sido siem-

i=

pre clara º

En la forma 'n qu~ el cien ífico nti nde usual
lD nt
1 t ' rrni110, ~.. 11nótodo mat\.;mático d ductivo con
sist
n hac r conjeturas o hip6t~sis _n cuanto a J_a
1 \cci6n d construccion s (variables) y de las rcla
cio11 s qu~ ~stas ti~ncn entre sí, y n la más avanza
da noción , no si mprc s guida n la práctica misma de
los psicólogos , de una completa y ~stricta ~labora ­
ci6n deductiva d~ las consccu~ncias implicadas ~n las
rclacion~s ~stabl~cidas . Obviam~nt , tal procedimien
to no s n~ccsariam~ntc hipot~ti~o deductivo en el
prim r s(]ntido .

�10

Esta distinción 1'38 c;s p c cialm.;nt o importante pa ra una corre cta comprGns ión d~ los sistomas
teóricos
,
.adelantados por Hul l , que usar ~ mos como ejemplif i cación de lo s p~incipio s genc ral8 s dados en los pará grafos pr e c ~ d cntes . Es posibl e en contrar la s afirMacioncs más div
. dfsas · r 8s nJcto a varios aspectos de
l as teorías d ~ Hull º Tanto ~s así, que un autor (Lcwin, 12) afirma qu ~ lo s t~rminos (conceptos) d e Full
..·ostán más o menos b i en definidos op~racionalment8,
p ~ r o es tán faltos d e propiod3dos conceptuales . En el
otro extremo 7 s t: oye d ec ir que sus construccion e s
son a l tn111en t c tr;Óric&amp;s y carcct,n por completo d G r ef ~ r cn c ias emp íric as . F,stos puntos d 1 vista conflic tualcs parec e n ha·b\.. r sur gid.o d 3 la t \. rminolo~ía de
Hul l, particularmente d e su uso d G términos ta l es co
11
rno ' 1 m8.ten8.tico - d e ductivo , itcor1c cp to s ind e finidos" y
" postulados" .
•

~

•

·
Podrían
habors
o
evitado
lo
s
m al ~ nt ~ nd i dos s i hu
.
·· bics u habido si cmpr,· una clara compre ns ión a_ e l hecho
d t) que e l t r; or·i zar de Hull e s h i potét ic o de_d1:tctivo
sólo en ~ l s~gundo sign ificado ant e riormen t e e sbozado . Hull no comienza con un conjunto de t~rminos nuram c nt ~ formal e s , que no t ~ ngan otro significado que
~ l que l es ha sido imputado por un conjunto de d e fi nicion ~s i mplícitas , y d e l cual sean d e rivados enton
-c es nu ~ vos términos y t e or emas d emostrables por me dio d e d c fi11ic ion ~s coordinada . .; .- En cambio , comi en za
un r ~a lidad con t 'rminos dir a ctament e d e fi~idos oneracionalmc:11t G. Iní'ortunadam ~n t \] , l os llamó '' conceutos ind¿,finidos", cr e ando así la e rr6n va Ímpr cs i611
d e qu ~ com en zó con t~rmino s nuram~nte formales en
l os cual us no ~s tán nunca dadas las conexion e s con
construccion ~ls ump íricas . Un e xame n cuidadoso de los

�11

do· '' conc pto . ind fi ido '', jn mbargo , mos í
¡u no. on otra co~a qu lo qu llamaríamos
un 1 n unj m no~ ~ofi1 ticaao variables xperimeg
t 1 ~ b~ icar,
s d cir, la ~ variables observadas y
m ni pul d . · n 1 labor torio 6 .
11
tr

.J

mbnrgo , 1 punto s ncial a aestacar es
qu
o~
i
m
d postulado s d Hull no contiwnen
i finjcion . implíci a
qu r lacion n Ptas variabl. ·r1jci 1 · (conc ptos). En rigor , sus pos·tpla do no .~on otra coi·a qu d finicion s qu; a su vez
d fi1 n nu v º conotruccion
stabluciéndolas como
fu11cion
t mática a la. va1~iabl o inicia]. s (con
e pto~) e Por j mplo, n una r ci~nt~ formulación
modific l' a su t aria d la conducta adap ativa
"mp , Hull da como posttlado lo que es rualmen·te
un' d finici6n e su· t6rmino hu lla d~l est ímulo
(stimt.tlu trae ) , (~) :
.
s
(
-ht
-kt'
• = a logS
1-~
) e
Sin

'

donde
us la int ensidad d l \ st ímulo físico; t el
ti mpo d · duración de S; t ' e l tiempo trans currido
dcsd
1 c~s8 de ~; ~ ' Q y ~ son constantes empíri cas . Aquí, el ~rmino huulla del estímulo ha sido
cr,ado nuuvamunte a partir de las variables indepen
di l1t s 8 1 t y t ' por medio d~ una t~cnica matemáti
Cl'.1 7 •
- -

-

Surgen ahora algunas prvguntas qu ~ s~ r ~fie ren
a la situación científica de tales ''postlllados" , cu
yaQ r spucstas revelarán un rasgo característico de
la tuoría du la psicología . ¿Son est as fórmulas con
J turas r(sp~cto a las l eyes ~mp íricas de la psico=
logia? Obviamente no ~n al mismo sentido que la ley
d los gases o que la fórmula de la atracci6n de

�12
~cwton ,

en f í s i ca puss no hay objetos emp í ric os r e f0ridos ind~p~ndi e nt~s , hasta ahora , nara la variabl8 r e cie nt 8mentc definida . ¿Cuál e s Gl pos i bl e uso
~·de~ tal.e s construccione s a prior i ?

..

Para dar una r e spu e sta satisfactoria a est e ú l
timo int e rrogant : d C? b'- 'mos examinar la tarea básica
d e l~ psicologíaº Como cualqui &lt;:; r otra ci e ncia , · i~::
psicología concib e sus probl emas como la tarea a¿·
e stabl e c ~ r int e rr e lacion e s entr e un conjunto de variab l ~s, más caract e rísticament 8 entr e variables de
r e spue sta p·o r un lado y una multiplicidad de var·iables ambi ental es por otro . O, en la d 8notaci6n mate
m.ática usual:

Y1

[2] .

=

f1 (x, , x2' x3, •• ••i

y 2 .=·· f 2 ( X 1 '
•

X

o o o o • • o o o o o o •

2'
•

X3'

o o •

o •

••••'
•

•

X )

n

X

n

)

o o o o e o o

.

ym = fm (x 1, x2 ' x3 , •••• , xn)
El probl ema e s aquí dobl e : 1) la obt e nción de
l :a s curvas empíricas y 2) la det L· rminac ión de su far
ma · mat em~tica , e s d ~ ci~ , la ·natural c za e sp e c í fica
d e las funcion e s f 1 , f 2 , •• , fm . Res olvi endo e ste pr Q
bl1;.:ma 9 la fí s ica pue d e comenzar con pr e suncj on e s a c a rea de la f or ma e sp ¿ cffica d e las funciones ~u e
d e scrib dn situacion 2s e l emental e s, e s d e cir, situa?ion ~ s d e es tructura s impl e , con un núme ro muy limi
tado d e variabl t s, pu ~ s e s po s ibl e gé n ~ ralizar o el~
borar hip6t e sis de es tas funcion e s a partir d e la ob
s e rva ción ex pe rimental. Situacione s más complejas
pued un su r man ~ jadas adt cuadame nt e me diant e combina•
•

•

�13

ci n
y d duccion
d
fórmulas básicas . En
l ur
d
tn 1 borrci6n , 1 f í sicq encuentra a
ve
conv ni nt
mpl ar nuevos t ' rminos auxiliar es
(por j mplo , fu rza , n m c~nica} d finidos a par tir d 1
v riabl
original s .
Por otro 1 co , ~n J. icoloria , 1 ndm~ro de var
bl
qu p r ticipan ún n la má. simpJ.c situaci ón
1
·o port mi i1to , u pu da
r producic1a c:xperime g
t 1
nt ,
· t n r' nd , y 1
s ructura d
suo in t rr J cion u t~n compl j , qu
ot~mos imposibilit~
do d
e r ún un·1 prim r conj tura n cuanto a
1 f rm 11't r ' ica
1
cu".:)cion
dirl;c am 11-e a
p rt.tr
lo..,,
to. l lnpíricos in u 8.r ~J.gún artificio t 6 ico 'UXiliar s . Lov t~rminos a finidos po r
l o· ostuludo~ d Hull constituy~n ~xactam~nte un artif i cio aui . Int~ntan 11 nar 1 vacío ntr~ los ~os
co11juntocl
variabl o , 1 qu manipt1J_a el o bscrva_dor y l qu mid la r pu stav obsGrvadas . Técnica
rnun t , p1.. t 11d n dnr lo m dios para d u t rminar un a
j u t rncional con l~ curva ~mpírica •
.J

r

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E~t

Q

asp~cto.dc

.. •

nu

tro análists puede ser quizá m jOl"' ilitstrado 1nc.dian
una 1Jr_vb considerac ión
d la más ~ rcci~nt formulaci6n d~ la teDria del comp o r tami~n~o stmpl8 d Hull (8) . -La·figura intenta
d a r u11a i~up r cs_ t.;ntación gráfica del orae·n· jerár c1uico
de l os t Tminds involucrados . Las var1ablés básicas
( d finid~s opu racionalmcnt~ en form~ direct~) de las
cual~s partu la construcción , como se ve a la izquie r
da ,

-

0011°

T

1

= tiempo de duración de s 1

s, :::

i ntens i dad d~ un estímulo f í sico , p . e J • '
campanilla , palanca .
•

�•

14

•

s·

2

•

=

est í mulo r e f orzant e ( obje tivo), p . e J • ' co•
mi da .

=

pe r í odo de hambr e •
•

ti empo t r anscurrido ent r e l a r espues ta a S
1
y l a apari ci ón d e s •
2

N - ndmero d e pr esentaci on e s d e l a se ctien cia S 1
s2 , es de cir 9 en s ay os .

Hay además vari os asp e ctos
mostrados a la d e r ~ cha g
R1
•

R2

--

m e d i b l ~s

de l ·a r e s pues ta ,

•

'

amplitud d e la r espues taº
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mátiea d la l y
mpíricas que rel~
do el
d variabl s . IntJnta hacer
...~o nu vo térn1inos a partir de las vari.!
u rt qu
n la forn1ulaci6n fi gin l
d
mpírica apar zcan olamcnte los
l y
ta cadena d variables inter
tr moa d
r aliza d 1 modo ilu~trado ~sque
E to
n la figura. L s lín as punt adas indi
u
v ri bl
int r días, mostradas sobre
--nt
n d riv d
n far a
calonada de las
Entr r n algún d tall iría más allá de la
idn d
t trab jo. E
ufici nt indicar
u la
cu cion s r cional
fjnal ~ xpresavariabl
d r pu ta como una funci6n de
bl 1nt rm dia r e d nt , pot ncial xcita
(1) D b notar t mbiGn qu las variables de
u ta apar e n do~ v c ~ n 1 diagrama; una
obr
1 pu~nte como d 'rivadas con~trucciones in
m dia (r 1 , r 2 ), y una v z como variablts defini
op racionalm nte en forma ind p ndiunte (R 1 , R2 ) .
Estos dos conjuntos de t'rminos formalmtntc di
nt e (las ~ y las ~) son entone s identificados
l xito d la coAstrucci6n depende de si esa it ficaci6n es confirmada por los datos expe rimen
s Si eso ocurre , la abertura de la extrema deha Q 1 puente se cierra y se logra la formulación
s ada de la ley empírica . Finalme~te, para comple
la desoripci6n del diagrama, las líneas sinuo-dirigidas hacia la base simbolizan la consumadn de e.~ce ·operacional con lo ''inmediata
Para lograr completitud meto
~tee~
la atención, posiblemcnt ~ o
cotisiderable ·importancia (que
oc

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í 194 35

�16

do un poco a oscuras en el pr e s ent e enfoque) c on
r e sp8cto a la ~d e t e rminación d e la forma r ac i onal
. compl e ta y fina l d e la l ey emp í r i ca º Po r 11 f i nal y
·compl e ta" se ent i end e la es pe c i ficac i ón pr e ci s a de
todas y cada una de las func i 6nE:s que conectan l os
qo s conjun tos d e var i abl 8s . Sin 2mbarg o , mu chas deduccion e s ac e r ca de l as forma s y t and enc i as de la s
~urvas. d e comport ami ento pue d en se r extr a í das s i al
g unas d e l as fun c ionc0 med iad ora s ( po s tulados) sones pcc ificada s , a c ond i c i ón de que l as f un ciones que
p(J r man ez can s in esp~ ci f ic a r sean válida s p ara el pa
trón gen e ral dado po r :Ju pues t o . De he c ho , muchas de
l as dGd ucci onGs compr obab l es hec has por Hu ll a partir de ese conjun t o pa r ticul a r son d e es ta c l a s e ,
pu es has t a aho r a ha i nd i cado s ol am8nte de un mod o
gGn c r a l ol ti po do func i ones que se hallan
más
allá
....
d0 l t(rmi nos H en el esquema ante rior .·

-

- 4 •

•

Pa r a con c luir este análi s i s puede se r de a l gún
in te r és i nd ic a r cómo esta ést r uctur a te 6rica de
Hull s~ r e l 2 ciona con l a con c eu... ci6n de l a naturaleza
de l a teo ría ps ic ológ i c a esbozada po r To l man en su
a l ocu c ión como pres i dente de la Ame rican Psyc hol ogica l Assoc i at i on y en t ra bajos.ante ri or es ( 16 , 17) .
Tol man comi enza con un s i ste~a de e cuac iones [2] y,
c omo Hull y cua l quie r otr o c ondu ct i s ta me todo l ógico ,
conc i be la tarea de l a ps i co l og í a co1no una de t e rmin~
ci ón de l a fo r ma de las fu~c i ones . En s u esqu ema ,
Xn ) están
l as variables i ndepend i ent.es (x 1, X2 ,
agr upadas en dos c l ases , varia b l es amb i en tal e s y de
d if erenc i as ind i vidua l es , y las va ria bles de uend i eg
t es son algunos aspec t os de l a c onduc t a . Res pecto a
0

0

•

,

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b

moa

como d com
e mpon n

a

la variab e
_.• t rm diaria '' ld
u
a u v ! e
1 on la con

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n

n una lín a
ull tal como

r e d nt
y
uno d loe
qu ma m to
rizar, r1 lo he
un n v l muy g ne
al á
ug rir y
1nt 1•m diaria posi
la d finición y n el
noia
hip6t sis , te )

-

Tal conv rg ncia
n
6ricos qu a menudo
dos ntr sí, su i
p icología un acu rdo
a qu par ce imponerndi nt a formular
contacto con los da-

-

--D de Luis González

��19

NOTAS

(i)

El pr · · nt trabajo apareció en~ Psychological
R vi~w 9 1941, v . 48, p . 1- 14 , y es ·á incluido
en Marx, Mel ron, Psycholoeical Tl1eory, NeVi1 York ,
Mac Millan, 1951 .
·

(ii) Lou 11 m o. u:nc~r·r ados ·ntrc paréntesis en e l
u
xto, ro1nj.tc 11 a la bibliografía proporcionada
al final ª (Notas del traductor)
•

•

1 - E. te artículo ~stá basado un dos trabajos leídos
por los autor·Rc ~n un Peminario acerca de los as
pactos actuales d la t or·ía de la conducta en
un° ruuni6 de J_a Mj.dwesturn Branch de la Amerirealizada en 1940
can Psychological Asnocia tion
•
en Cl1icago .
•

2 - El rucie 1 t · tr. al)ajo clu Stcvcns ( 15) sobre este

tema so distinguv por una actj_tud muy cautelosa
y circun pecta al r~spucto~ El principal in e rés
d0 es te trabajo, sin embargo , es integrar la dis
cusi6n metodológica de la psicoloLÍ, , con la~ moder
na filosofía de J_a e io11c ia, problema que ha s ido
estudiado an·toriormente por uno de nosotros ( 1, 2)

3 - Para satisfacer las más rigurosas distinciones
del empirismo científico , se debería hablar aquí
de cadenas rcductivas (Carnap) mejor que de clases de operaciones º Sin embargo una investig2ci6n
más profunda de estos puntos conduce directamente a la investigación de las r eglas qu e determinan nuestro uso de los nombres de objeto y del
marco de ref erencia espa cio - t empo ral . Aún siendo

º

�20

este problema fascinante como lo es 9 no parece.
que la clarificación metodológica en psicología
necesite ir tan l ejos en epistemo lo gía y en _e l
~nálisis . lógico propiamente dicho; por lo menos
en· l·a _-·práctica, todos los psicológo~ e.firman que
sólo los fenómenos físicos son el mat0ri a l que
concierne a la psicología, como a cualauier otra ciencia natural.
•

4 - Vale ¡a pena mencionar, sin embargo, que estas
dos construcciones están en una r~lación jerárquica, es d~cir, qu e la clase de las operacio nes (cadena reductiva) que ll eva a una de e llas
es una subclas e de la que lleva a . la otra. Esto
_es también verdad8ro en psicolog ía para conceptos tales como crit8rio de apr en diza~e y crite· rio de rLt~nción . Hay , por supu es to, una múltiple int erdependencia de hec ~0 entr2 construccio
nes y l ey es . Creemos aún que la clara distinción analítica hecha en este ensayo entre: cons truccion e s empíricas y l~yes empíricas es justificabl e d entro de la metodolog ía científica,
y deb8. proporcionar esp~cia l utilidad para una
más clara apreciación del punto d e vista operacibnal en la psicología de hoy . Rin embargo al
nivel del análisis ló gico , la clarificación de
la cabal int ~ rdep e ndencia entre l oP términos y
el sistema total d ~ hipót es is constituye una de
las principales tar eas de la filo s ofía cient ífi
-.
1

•

5 •

Poi~

otra ·parte·, r~n e l l enguaje más r:s tricto del
~mpirismo científico, todas estas expresiones
son algo .. criticabl. es
- 9 y deberían ser r eemplaza-

'

•

��22
rrectamente a Hul¡ sustituyendo sus expresiones
conceptos indefinidos y definiciones por operacionalmen te definidos.
7 - Debería entenderse claramen te que a pesa r del
de ·térmi nos tales como huel l a del estímulo,
potencial excitato rio, etc ., no están implicadas referencias fisiológicas par~ estos t~rmi ­
nos arbitrariamentG
definidos . Debe llamarse
.
también la at ención sobre e l hecho de que por
e?te procedimiento , estos términos derivados se
transforman en constr ucciones emp íricas º' · s i
se prefiere, están definidos operacionalmente
de modo directo . Son metodo lógicamente compara
bles a conceptos físicos tales como momento,
energ ía, etc .
,
•

uso

8 - La obte11ción de dato·s empíricos bajo varia.cio-

. · nos concomitantes de algunas variables, está
en psicología reciér1 en sus comienzos .

9 - Esta dltima caractLrística del diagrama sigue
el método de representación .grá fica sugerido
por Fcigl y Koch en su clarificación de la relación existente entr e lenguaje emp írico y len
guaje formal en psicología (10) •
•

BIBLIOGRAFIA
(1) Bergmann, G. On sorne methodblogical prob l ems of
psychology . Philos. Sci. , 1940, v . 7, p. 205 - 219.

(2) Bergmann, G. Th~ subjtct matter of psychology .
Plhylos . Sci ., 1940, v. 7, p . 415- 433 .
-

�da cono rning b havior theo

Vniv rs1ty Library)
R T ; Hall
Mathematicq.

N w Haven ,
oaracter of th motivat"ion
tat Univ of Iowa 19'9

~ .~gress

in psycholo
1940 , p 16 ,

the reflex
Ps chal

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>Operacionalismo y Construcción de Teorías</text>
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                <text>BERGMANN, Gustav - SPENCE, Kenneth W. Spence</text>
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                <text>	&#13;
Operacionalismo y construcción de teorías / Gustav Bergmann - Spence, Kenneth W.&#13;
Montevideo : FHC. Aula de Epistemología, 1963; p. 24</text>
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                    <text>UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS

Arturo Ardao

La voluntad de conciencia en Reyles

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c!ad ' g1. 'idcz.. Por cjcn11&gt;lo. ~icl1, h,. no e 1&gt;c1 ~ tó que l.1
\Oluntad ele don1ina ibn. b:t e de "ll filo ofaa. Ctl:'a 1&gt;a1:i rlil. t:n
1 i111pc1 i la 'oluntad Je
n icn ia 1&gt;1 te Lo1 a de Ja a ¡&gt;il aci ·
11
u1Jc1io1c ... del 111ortal. que aqu lla l'· 1c ia ontlcn.1. ' qut
n.:&gt; .. lo forja ilu ion ' dtu abl • in que
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n nu~t1 a 1ca
lidad
p1ofunda 1&gt; rquc :tlLn del incon .. icntc. ' J
xi lCHt i.1
p;i ad:i . p1 c1?tc ' a·''º futu1. d la htnnanidad. hal1lan 1&gt;01 1&gt; (:l
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( 1 3_ . l 11 e i t a e i t 1le ' ] 936 ) •, fE!! o ~ l 1 11 l 1 38 .
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cli111&lt;'t1 ... ic;11 J, á ...ira ,Je la f'c•t1cif•11 ia i)r.... ,..,fi a fl I~ ~- ] 0 ... 111 ...~ c1a 1J efi11iti\fUJll~tll " i11t 'P"1·n,Jn '• ff1rr1111la tl~1 &lt;" 11 J, e 1 r:1 1l1" ] 1 . l." •' • 11 .. tittJ·
~e .. ti cor11' J 1' i,í11 111at ,~r iali ~ ta ,¡ p ]a r ~ li1la1l. 'i .. tu la 111atcria c&lt;,111
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�a veces ¡lreficre decir. E s in rent1nciar a lo e1uc e la moral tenía
ele e encial, en ct1anto moral d e la vida, qt1e e prodt1ce su evolución.
Por algt1nas vertientes, la filoso/ ía de la vida d el 900 fue tal en
la pro1,ia metafí ica, ontologizado u principio inspirador, en con1J&gt;romiso a n1ent1do con la tradición es¡&gt;irill1ali ta. Por otras, mantuvo
respecto a la filosofía primera una caute la a gnóstica, here dada co11
mayor o menor fidelidad , del precedf'nte positivismo. Por otras, toelavía, se apoyó en la metafísic a d el n1aterialis1no. Fue el ca so d e
Reyles, cuyo e11é1·gico vitali mo de pri1ne r plano expresa sólo u11a
filosofía d e la acción. Era in n1enosca}Jo de t1 r eiterado materiali n10
1netafísico qt1e e da]) a su igt1almente r eiterado vitalismo é tico.
La constancia en R eyles d el vitali.c;mo con10 doctrina mora], e ~
110 ólo insepara]Jle ino taml&gt;ié n olicl ari a de la constancia d e su
materialismo como doctrin a m etafísica. E st e mate riali mo m etafísico
era u11 matcrialisn10 d e la f t1erza; el \ italis1no ético era un vitali m o
ele la voluntad. P ero esta noción d e volunta.&lt;l con titu}~e, prcci ame nte .
el inconmovible n exo c11tre u ontología y stt é tica , d esd e que por
ella e manifie ta el principio ttnive r al d e la ft1e rza e11 el flon1ini o
ele la acción l1un1ana. St1 n1ora l d e la vida e r a e ntonces, al mi mo
ti e1npo, u11a moral ele la ·volt111tad. E l , ·itali mo ct1lminaba e n u11
' 'olt1ntaris1110, en la línea d ecl a rada d e ' cl1o¡lc nl1aue r y ie tzscl1 e. si11
e¡ue e. ta a cenden cia, })OJ" mucl1 a. i1nplicaC" ione 111e tafí i ca que tt1, ·ie ra, afectara ]as ba e r e ali ta. y n1a t'"'ri a li ta d e t1 filosofía prin1 era.
Si la ine tafí ica 1natc riali ta d e R ey le e n1antien e c11 pie en u . .
e n . . a)·o d e 1910 a 1938, t a rul)ié11 stt 111 or a l \'itali ta y voluntari ta.
Pero e ta últin1a sólo en Jlrin ci1&gt;io , e 11 c t1 a11to apego a la noc ion c~
&lt;'apita les d e , .ida y voluntad. E n otro ... e11ti&lt;lo, 1111a varia ción se introel\1ce d esd e lo.. Diálogos Olím¡)icos, c11 la v e r ió11 el e la . . egu11cla el e
esa noc ion e~, la noció 11 d e v olunt a d. Por e a vari ación, co11 la ina)·or
economía con ceptual, i l&gt;i~ n co11 (I erro &lt;'l1e lite r a rio, dio c au ce exprc~i ·vo a l a e volución -a c a~o c ri ~i . - - co11 &lt;JtlC' re 1&gt;c r ct1ti ó e11 ... ti con&lt;'ie nC"ia la Gt1erra clel 14.
E11 La 11111 ert&lt;&gt; del cisn &lt;'. la a&lt;ll1c .. ió r1 el e R e )rlc al ¡&gt;rin ci pio d e la
v olt1nt&lt;1d de doniinació11, o de dominio ? o de pode r , el e N i et zscl1e, 110
&lt;"onocía r e erva ·. E ta ,-ol11nta(l lleval&gt;a en e l cam¡&gt;o el e lo l1 ecl10~
J1t11na11 0 ~ , al i1n1&gt;erio 11att1ral ele la ft1 erz a, al trit1nfo d e lo ft1 c rt e~
sol&gt; r e lo &lt;l é l)ilc . I""a ' 'moral ele l a V i&lt;la '' r e t11tall a .. e r la ''moral ele
la Fuerza"' . E ra
ietz cl1e, ''el ~ r a 11 re yo]t1 cio11a ri o de la filosofía, ...
'f ttie 11 la colocal&gt;a ol&gt;re s t1 .. "·c rcl a cl ero f t111cla111e nto ele lticha y egoí~ 1no 11nive r .. a lc . ~'li c ntra
] fru ~ tr aclo volt1ntari 1110 &lt;le st1 111aestro
Scl101&gt;e nl1 at1e r l1a cí a cae r a la '', rolt111tacl ele vi\rir"' c 11 el a]&gt;i 1no d el
11 irva11 a, e a plica l&gt;a ol&gt;erl&gt;i a111c 11tc a &lt;fttt&gt; l a ·~ e1nllra\·ec·cr c 11 1a criat tt ra l a ' ·olt1ntacl ele &lt;lo1ni n ación .. ,.
J~11 lo e11sa) o::; ¡&gt;o te riorc"', e ·a 11i c t z~e l1 ea 11 a " olt111tacl d e &lt;lo111i11 ac ió11 a¡&gt;arcce r c rtificada ¡&gt;o r lo qlte lla n1 a R ey le l a volu 11tad cl&lt;&gt;
co11 c i en c i&lt;1. No invoca a é t a e l i 1ta gar ele a q11é 1la. , e la acliciona.
J-&gt;cr o c 11 lo t é rmi11 0 c11 &lt;Jttc lo l1 ace, i1n1&gt;ort a ur1a r e, ·isió n tan profttn &lt;la (Je] c·o11tlicio11an1 ie11to 11or111 a ti,·o el e la e·o11dL1 c ta 11t11na11 a., q11c
1

�"'(llÍ\'aJ,~, ('11 ,,¡ f,,,.,f,&gt;, al ,·ntc·f.!.&lt;)ri••,J rt-&lt;·l1a/cJ ,1,~ Ja
Lra:--111t1la&lt;'ÍÓ11 '"'
va Jo r ,~ '' J&gt;re,. o 11 i z a 'l a f &gt;o r · 1 J&gt;r tJ fe~ o r ' 1&lt;• l l a ... i 1&lt;' a . ' f l l e ·o tt 1a n l &lt;J e 11 t u ia 111&lt;&gt; l1nl&gt;ía al11&lt;la&lt;I&lt;&gt;. 1~ 11 la fc)rr1111lu &lt;I&lt;· (!~l · a •011Ja111i ttl&lt;&gt; ,] ~ la
\•olt111ta'I ,)p "'&gt;11&lt;·i~11•·ia a la ' '&lt;&gt;lur1l:t•I •l &lt;' tl&lt;J111i11acjó11 , ~e er1 icrra to1J,,
1·1 11&lt;&gt;11&lt;),, gir&lt;&gt; &lt;' J&gt;"ri111c11ta&lt;I&lt;&gt; ,,,,,. la &lt;lt&gt;&lt;·trir1a nt&lt;&gt;ral &lt;J e l{ cy J ......
:-o í
&lt;'&lt;&gt;1110 ~ll 111ctafí"i"a 'i g t1ic) i ·r1&lt;l&lt;J 111ut• riali la ~ ~ lt 111oral !:! Í«rttió ÍC'n,ft&gt;
\1 itnli~ta }r \&lt;&gt;lt111tari . tn. CcJJllc&gt; ' ' '&gt;l1111l é:•l'Í:,la, to,Ja,'Íu
igt1ió afc rrn,la
f&lt;&gt;rr11nl111c11l&lt;~ n la \'&lt;,lt1111a&lt;1 ele •l&lt;&gt;111ina&lt;·i,)rl. J&gt;&lt;·ro ~ó l&lt;J for111al111 c 11t c.
l,a i11 ~r. rc·ic)11 c11 Piia &lt;I ~ Ja \' &lt;Jl1111tacl 1Jc"' &lt;'fJ11cic11C'ia, at111,¡t1 c en a¡&gt;a·
rif'11cia ft1,·ra t111 111ati¡;.) J&gt;&lt;&gt;r nt&lt;Jtll«ttl c&gt; .. s u,. tí111t1I&lt;&gt; ~ tlo era c 11 rca licla&lt;I otra e· ~a &lt;(tt&lt;' Hll 11e!!acic)11. ~ tl Pf ~c 11 tif J c&gt; y 1&gt;rc1y ~ccio 11 c cyt1 c le
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&lt;•11 la 111atcria, &lt;]ic·c : ··Del cgoí.. 1110 a~tt/aclo J&gt;Or la~ l va&lt;lt1ras ,]&lt;~ lc.t
111á~ vi,Ja .. a la &lt;ftl
ti 11cl la ,¡,Ja fatal111 11tc. la ct1a] &lt;licl10
clt•
1&gt;a~o ., 11'&gt; acaln 11lra ~ ¡&gt;ntala &lt;JllC la c1ietacla-. J&gt;Or c·lla i11i 111a Jl ara &lt;Jilalnr ~u J&gt;l'OJ&gt;Í&lt;l i11111crio, l1rola , c·o1110 flor c 11 ra1 la C!'Jli11 osa .. c' l allrtaí~1110. f) c la \'olt111tacl ele &lt;lo1ni11a&lt;'ió11 .. e~1•c&gt;lca&lt;la lct111J)ié11 Jl Or la 1na ....
,.¡,Ja •I&lt;' la ~ ilu ~ ion es ·v ital ~, 11acc le) &lt;JllC 11&lt;l ' ' it&gt; "'Í&lt;'tzc..&lt;·11&lt;': la \&lt;)lt111lacl ele' co11cic11cia .. aci&lt;'alc., tl&lt;&gt; f rc110 ele· a&lt;¡tt•; lla...
ltrt1i s111cJ ~
\Olt111la&lt;l cJ,. &lt;·011&lt;'ie11c·ia :&lt;ltt elc1 ~ &lt;'&lt;&gt; :5 a ~ for111i,Jal&gt;lcb i11vc11ta&lt;la ~ Jl&lt;lr &lt; 1
a11i111al 111á. l)clico ~r) ) &lt;Jll • i~11ora e l re ... to ,¡ la crf'ació11."' (2)

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e s a vr&gt;l111ztrt&lt;f ele c&lt;&gt;1zcie11cia. r¡11e 110 vio
i&lt;&gt;tzscli&lt;', l1aJ&gt;ÍH :--('
r&lt;·fc riclcl c11 ])iál&lt;&gt;g&lt;&gt;s ()fín1¡&gt;ir.r1s. ·0111&lt;l e · ¡&gt;re~ió 11 ,Jcl cc:píri ttl a1&gt;olí11 e&gt;.
•·11 co11tra~tr, co11 la \' Olt111tacl &lt;le la 11al11ralezn ( qt1ival e nt e a l é1 ' &lt;&gt;7
lt111tacl ele &lt;lo111i11nció11 ) ex¡&gt;rc:--ió11 clcl c ~ 1&gt;íritt1 clioni._íaco. ) a c 11 TJ&lt;1
11111&lt;'.rl&lt;' ,¡,.¡ cistl&lt;' co11for111 c a la 111íti ·a a11títc~i ~ niC'tz cl1cJ11a, l1al&gt;Íc.t
c11car11aclo c11 Dio11i ~os la }lrc111io~a ' 'olt111tacl &lt;l e clo1ni11ació11 ,fcl it1!"ti11ltl \Ílal. 1~ 11 ~'' 110111llrc , tracl11cic1o a lo t ~ r111ino ele },t ft1erza ~
f'I &lt;ll'C.l ~ c.x¡&gt;rc:-sa n1cntc r cfcriclo al 11alttrali\il1110 gC'rn1a110, r csttltal&gt;\l
allí c·o11tl~tta,fa "'la flor lati11a ~ ... C'l i&lt;l&lt;'ali~1t10 ele la ct1lttara fraJl&lt;'e~a.
1\llora , al &lt;lcsenlacc ele la gt1crra Cfll C o¡&gt;tl o a Francia y AJe111a11ia.,
e~, a la i11\ rsa., la 'ol1111ta&lt;l ele ro11ciencia rc¡lre rntaliva ele I . .t1le&lt;'in
~ c1lcar11a•la 11
¡)olo la qttc r&lt;'~t1Jta trit1nfa11tc.
1

Pla11tca Dio11iso_ el cliJe1111: ;'la clc-~¡&gt;iaclacla y a la 'e¿ f ·u11&lt;l a
volt111tacl &lt;le la 11att1raleza. &lt;JllC 111ata ~ 1&gt;cro &lt;fll 1nata11clo vigori~'1,
'¡,rjfica ) r rcn , o la artificjo:::a y· ~t1til vo/z¡11t.arl de co11cie1icia, &lt;Jll C
lt1 l1a ¡&gt;or li1&gt;crtar"C ele las tira11ía ~ el ac¡ttélla, rcfu~iándo.,t&gt; e11 Ju ~
fortal eza~ clcl c~r)íritt1 ~T l al111a.~' l-laJlla11clo J&gt;Or Gern1a11ia, e· 1&gt;ro11t111cia ~ i11 \' :l&lt;'Ílar 11or la }lri111cra. J{ t&gt;lica
polo J&gt;Or ],oca ele I .ulccia: " ... r co11ozco la \ olt111tacJ &lt;1 la i1att1raleza, l'ero c11 }a.., ro, a~
l1t1111a11n!' 110 la ace¡lto y· rijo fre11t&lt;' a ella In 1}&lt;&gt;lz111tr1cl d&lt;' r&lt;&gt;1zrie11ci":
1

('..?) l'a11 01 a111n\ del 1111t11clo ª' t 110/, p. 1 ~; J· !.!.º '""'· J&gt;. ~9. 1 º" Cll'd.\OS clcl 'olu1nl'n ele 1932 1capa1c-ccn en el dl 1938 rnn10 una p.1rte del n1i ·n10, con el nuc\'o
titulo el \" "~ r ar de fond&lt;J de la c11''" 111undi.tl". li ~cra111c n tc lctoc.acla su fcn1n a .

....

'

�el fin de la civilización no es el hombre superior sino la dicl1a comú11

}. la superioridad de todos los hombres ; más alta ~rtl1d ~ue la fuerza
es la uracia · más noble don que el pensar el sentir; mas fuertes lo"
o
el crecl1os
del' l1ombre que los derechos del más fuerte. ''
No soslaya Reyles Sll pronunciamiento. ''Lo importante es escuclriñar una a t1na las recónditas cau~as d el conflicto y ver lo que co11,·iene más para la salt1d del mundo: si la razón de Ge1·mania o la
razón de Lutecia. Después Zeus decidirá.'' Llegado el mome11to e J
cisne resucita. Zet1s d ecide : ''Yo quiero qt1e la razón de Lutecia, por
er la más favorable a la ambición humana~ impere y sea la i·azón
&lt;lel mundo; pero también qt1e esa i·azón no olvide su olímpico orige11
y lleve siempre, como Palas, lanza y escudo.'' (3) Era la afirmación
ele la voluntad de conciencia no vista por NietzBcl1e. a que "~elvc
e11 la década del treinta.
D e esos pa . . ajes se recoge la impresió11 d e qt1e la noción ele ,·o·
lt1ntad de conciencia tic11e su origen en el propio R eyles. Esa impre·
.. ió11 se refuerza a través de un docun1ento excepcional, por · tl carácter. en la l1istoria de Dltestras letras, como e La co1ivers&lt;1ción d e Carlos Reyles, por Gervasio Guillot 1\1uñoz, t e tin1onio d e t1na f r ecuentación personal comprendida entre fin es d e 1929 y principios d e 1933.
Dice Guillot: ''Acerca de la voluntc1d d e con ciencia ( d e qtie l1abla en
Diálogos Olímpicos ) R ey les 11are reflexiones sobre el valor d e lo
cleontológico, confrontándola con la volu1itad d e dominacióri." .«\ con·
tinuació11, estas palabras d el propio Reyles : ''Lo que N ietzsch e n o
'io ni vislumbró siquiera, e que d e la volzi.ntad d e domi1iación , imf)Ul ada por las ilusiones ''italc~, urge la ,·olt1ntad d e conciencia, qt1e
es st1 acicate de ])t1ena ley. La ' 'oluntacl de con cie11cia, tal como yo
Ja concil)o, nos impulsa a un mt1ndo li]Jertado de la inicua ley d el
c·osmos.'' Y más adelante : '' ie tzsch e, como me lo l1an oído d ecir
111á
d e una vez, no ,r¡o ni vi lr1mbró sic1t1iera que la volt1ntad d e
&lt;10111i11ació11 ( cimier1to ele u filo o fía) e11gen clra la "-olt1ntad el e
con cie11cia.'' (4) .
in en1lJargo, era ele Fot1illée &lt;Jtte ¡)roccclía. Con 111ención expre·
")a de e a proC"edencia la l1abía r egistraclo Re) le ele pasac]a e11 r111a
t&gt;ági11a ele La 1nuerte del cisne; }lero entonce.. para calificarla, con1u
a la &lt;&gt;x¡&gt;ar1sión d e la vida de Gt1y3u, de ''tina argucia'' más d el n eoidealismo fran cés d e ti época, vanamente afanado en proporcionar
fundamentos naturales a lo ,·alores clá icos d el altruí mo. (5) Sj11
\'Olver a aludir a Fouillée, la l1ace st,ya a partir d e los Diálogos Olinit&gt;icos, para contrastarla a la voluntad d e la naturaleza o a la volu11lad de dominación, como fórmula de una n1oral que si sigue iendo
(le la vida no es ya literalmente del principio agre ivo de la fuerza.
(3)
( ~)

J)1alogo:, (J/1111/11ro\, i:·d. 1919, T, p. 4~. i 3· 1 i, 67; II, p. 83.
Gct\asio (,uillot ~ lu iio1. / .a co11ve1·sació n de Car/os R e}1les. 1933, P'· 37

' )J. J· ..,tc puntuu.I testimonio de la univc1... alidacl ele intereses hun1anos v fi lo ólicO'&gt;

de lle' les, a•d co1110 e.le "ll 'cr...ación . ..,e 11alla C\pecia ltncntc ª'alado por la calidad
del tc..,tigo.
I ~ n· ur·, l1 rlt·I t ir 1r. •p s .... &lt;l-Ri .

s

�l.1u r1&lt;&gt;&lt;·ió11 clr- v&lt;,lt111tacl &lt;Je c&lt;&gt;,1c·ic11cia la J1aJ,ía a 'L1ñaclo F'o•1iJlt~ ...
c·11 btt 1lf ,1rr1l &lt;1&lt;~ ¡,,,-; irler1s-f11&lt;&gt;rzr1s ( 1907 ), }Jara 0 1&gt;011erla elelilJeracla111c11tc, c11 el n1i tno terreno '\iilaliHla y \'Olt1ntari ... ta ele l,. ie tz..,cl1 c a ia
' rolt111laeJ ele~ ¡&gt;e&gt;clrr. Ji: ra anterior a é la y 1r1á rl C'&lt;' i. iva: '" i ~ c·i rt&lt;1
e1t1c l&gt;t1 gca1110 y c¡t1crcn10. el }Jt1rl1 r, ;, ¡&gt;or &lt;fll&lt;~ &lt;'&lt;'gt1cra })tteele i\TiC'lz, 11
11cg ar &lt;111 c )&gt;&lt;,,. -.o 1ni 1110 l&lt;'t1c1no ., n1ás 1&gt;rof1111cla111c nt c &lt;jtlC' toclo 1 •
&lt;lc111á~, la \'&lt;•lt¡11tacl ele co11cic11cia ?~' ( 6 ) J{ c) le ~ ~e referirá ta111l&gt;i ~ 11
lt1&lt;'g&lt;&gt; a la 111is111a ccµt1cra. Pero Jo &lt;Jlte n tt jttiC'i o ''no vio 1 -iclz. c l1 &lt;'·~
c•s &lt;fllC ele la vc&gt;lt111tacl el e &lt;lo111i11acic)11 11acc Ja volt1ntacl de concic 11cia.
rtta11,Jo ¡&gt;ara ~,011illéc, a la in'' rsa, lo &lt;JUC 110 l1a1&gt;ía ' 'i to era &lt;jtlC' l:l
v·&lt;llt111tn&lt;I •le! lloclcr era 1ne11os ra,Ii ca l &lt;JLI C la ,.·olu11lacl ele co11r jcnria .
1\ lits aJJú ele &lt;! a e]i cor&lt;lancia, lét 11oció11 el volt111tacl ele con ci&lt;" tt cia
era c11 l{cylcs, co1110 c11 Fol1illc;c, c~ l f ttncla1n nto ele Jo ' 'alor s 1110ral s &lt;)tic el nltrt1i s1no in1pone a la 11al11ral gra,.ritació11 cgoí-;tn clC'l
i11c)i,,iclt1&lt;&gt; "Ol&gt;rc . í.
ta1nl&gt;ién c 11 R y les co1110 11 Fottilléc, c r' ta
~ ic111¡&gt;1·c Jlara trazar la línea c]i,•isor iét co11 l i&lt;"tzscl1c , ¡11 r c nt111 c iar clcl
1&lt;&gt;•le&gt; a 1 J&gt;arcn tc~co con él.
JTotailléc c11tc11clía aún l1al&gt;cr itlo 1 i11 ¡&gt;iraclor inicial clel ale111á1i.
1\I fi11al el&lt;" ~11 vicla, en 1912, escrilJía: ''Ya e11 el capítt1lo ele:- Lrt li/Jertr1cl y el &lt;l&lt;&gt;t&lt;&gt;r111i11isn1.o ( 1872 ), ti l11laclo c&gt;cesicl&lt;td d&lt;' ll1l&lt;t e.r.plic&lt;1&lt;'iÓ1z el&lt;' la i11tc&gt;lig&lt;&gt;1ici&lt;1 ]1al)ía1nos J)asaclo Ja }) icología c11 la 11orion c~
ele 1&gt;o•lcr y &lt;)(' voluntad ~ qtte ictzscl1c el l&gt;ía pro11to r el111ir l&gt;ajo C" l
11on1J&gt;rc ele J·ozu11tad de poder. llal&gt;íamo ]1('cl10 ver qu e el po&lt;lc r l&gt;
f11crza, cst á co111pre11dido en la iclcas 111i 111a , porque la ideas ::,0 11 .
c11 clcf in i ti,,n~ el irecciones y cleter1ni 11 ar io11c ~ ele la vol11ntacl r ac · i o11an&lt;lo frente a los ol)jetos exteriores. "E lo e, cse11cial, l1a &lt;lirl10
l ictzscl1 mi s1110 a ¡&gt;ropósilo de n11c tra teoría; e l1a de cuiclado cl c111asiaclo l1asta al1ora la fu erza creadora clcl })Cn. an1ie11to'.
clifcre11cia ele
ictzscl1e, e la "·olu11la&lt;l de concie11cia )- no el i1n1)lc
¡)oclcr lo qt1 a n11c tro juicio co11 tittt)'&lt;' la ex¡)licació11 raclical ele'
la C"\'Olt1ció11 }l&amp;icológica ... '' (7 )
E s mt1y ¡&gt;oco &lt;lespué c1t1e Rl'ylcs ton1a ¡&gt;o c .. ió11 cle fi11iti,·a &lt;Ir·
e ·a i1oció11 ele ,~ol1111lacl de conciencia ¡lara expresar co11 ella C'l e go
ele s11 filosofía 1noral. Las consec11cnci as ele e te se go f t1cron 1n11cl10
111ás in1¡&gt;ortn11te. de lo qt1c p11diera o Jlecl1ar e por la sola ro11f ro11lació11 ele las fór111ula , tan del gt1 s to cle ltna é ¡&gt;oc a qt1 c .. e co11111lacía e11 resolver e por ella . En la le tra, e tratalla apena d e t111a 'arianlc n el se110 del ,·olu11tarismo ético ' 'ilali:sta. IJa "·olt111ta(l ele co11ic11cia ¡larcce 110 ..,er 111á q11e ttna 111o&lt;laliclacl ele la 'olt1nta&lt;l &lt;l e &lt;1&lt;)1

1

•

1

(fi) .\ . Fouilléc. J'foralt• des i&lt;lc!l's-fn,·&lt;&lt; \, 2t.l ed , 1908, ¡&gt;. 39.
(i) 1\ . J..o uilléc. I .. a jJi,,vcholo.~ic des i&lt;lc_cs-fo,cc\, ¡&gt;rc facio a la edición de l&lt;ll ~
(la pri1ncra "" d e 1892). E11 el 111i'ln10 sentido. \ gu'&gt;tin Guvau l.n l a /&gt;Id/oso
/Jhit· &lt;'/ la .sociologic d'A /{red Fouillc'e, 191 3. p. 22•1: ''5c le &lt;lc berá haberse anticipado
a :\ict14'chc exponiendo en Ja pri1nera ed ición de la libertad )' el &lt;lcte1 niinz~1110 la
:coría de la ltni\ er..,al voluntad de poder} J&gt;Cro para upc1arla luego y con1 1&gt;le tarla
¡~o r . u teoría prop.ia de la univer. a l vo fu11la&lt;l de conciencia.'' (\ 'éa e ta1nbié n p. 5i) .
l•outlléc se cxtcnc.116 '&gt;Obre la n oció n ele vol u11tad d e co11cienr1n e n su obra pó't un1 .1
¡.~ qui ~t· &lt;i'u111· i11tcr/1r&lt;!ta tio11 du 111nndt'. J&gt; a1i-;, 1913

9

�1ninació11. ) : sin en11&gt;aro·o l&gt;Or e:,a , ·aria11te, i11\ ertía total1n ente la
solución del ¡&gt;rob lema r~o~·ai, sin alir e ele l J&gt;lan tea111iento l1istórico
que l1abía sido st1 punto de ¡&gt;artida.
Sin menn1a de st1 diversidad de pers¡&gt;ectivas, la antítesis nietzscl1eana de l~ a¡)olíneo )' lo dioni síaco fue para Reyle antes ética
que estética. Apolo personifical&gt;a la 1noral del ideali smo espiritt1alista, la de la razón armonizadora: Dioni o , la 1noral &lt;lel reali ... m o
vitali sta, la ele los instintos belicosos. El pronuncian1iento e11 Jo ~ Diálogos Olíni]Jicos a favor de ''la razón &lt;le L11tecia'' o t e11ida por Apo](J.
~ignificaba t1na inversión ética co1npleta resp ecto a L&lt;t muert&lt;&gt; d&lt;&gt;l
cis1ie, por más que aparezca velada l&gt;ajo la forn1a ele co1npro1niso &lt;le
lo apolí11eo con elementos clioni íacos. O ¡&gt;ara elecirlo en otros tér111i11os, &lt;le la volu11tad de conciencia con la voluntad de dominación.
Todo el compromi o e encierra en una noción que de al1ora e11 aclelante pasa a primer pla110 e11 la en ayí ti ca co1110 e11 la 110,·elística
rC)' leanas : la noción de ilLisióri vitctl. Eludiendo la r ecaída en el e-;1)iritualisn10 tra(licio11al, t1stituye la c] c fi11ición d e ideali 1110 ¡&gt;or la ele
i l11 e--. ionismo. No son valores de i1n¡)r·rio iclcal los Cflte crea la ,-oluntad
ele co11ciencia, $tno ilusiones má o m eno.. podcro a.. fJtle ayt1elan a
1

•

•

\ lVlr.

Aunqt1e e a nc ción (}(' ilt1sión vital tt1,·ier ~1 Laml&gt;i é11 ~ tl orige 11
c11 Nietz cl1e, la solidariza al1or3 Rey l es con la "·ol1111t a(l de concicnci a
para rectificar la 11uda volt1ntad ele clon1inación d e aqt1 él. E11gendrudas las ilt1sioncs por la ,,ida en la di11ámica ele lo i11 con sciente a
la conciencia, conc:titt1yen 11n tri11nf o ele ésta ol&gt;rc la l)elico ida el &lt;lc1os instintos. Se conclensa el [.!Íro en un pa aje co1110 é te : '' o]Jre el
punto, a f ucrza de considerarlo ele de todo los ángt1los, 11e tcni,]o
ciertas intuiciones y visluml)res no exenta~ ele ori ginalidacl ) r ~ra'\·i­
clcz ... Por ejemplo, Nietzscl1c i10 e p er ca tó &lt;p.tc la volt1ntacl d e (lominació11, l&gt;ase ele st1 filoc;;of ía, cr ea para dilatar su im llerio, Ja ' 'oluntad de conciencia, protectora de la a ¡)iracio11e tt¡)eriore del mortal, que aqt1élla parecía condenar, , .. qt1e 110 ólo forja il11 ~ io11e dttra]}les, sino que éc;tas 011 i1uestras realidacle ¡&gt;rofun das ¡&gt;orq11e alc11
clel i11con~cientc, ) r la exi tcncia 1&gt;a ada, })l'e ente y aca ... o f utt1ra ele
la J1un1 aniclad )1 ablan por lloca &lt;le ella .'' ( 8 )
l .1 a ilt18ió11 vital es forja&lt;la por la 'olur\ta&lt;l ele concie11cia. Pero
c-01110 no se trata del e J&gt;Íri ltt a ¡&gt;olí11eo C'11 "" tt ~en ti do rae ion al e lá i co.
la representa R eyles por otro ¡&gt;crsonaje 111íticc, si ])icn ])ajo el ])~­
,]rinaz~o de A polo, stt introdt1ctor en la a. amlllea ele los clio~e ~ ~ c-x¡&gt;rcsión, por lo tanto't de ltn 1netan1orfo ea lo apolíneo frente al J&gt;Uro
,}ionisíaco: Panclora. ''Aquí t1r~e declarar - ex plica el pro1&gt;io R eyle ~­
c1t1c en la mitología griC'ga, Pa11dora c. una cl ei da ~l 111.a)éfica: 1&gt;aj:i
a ]a Tierra para esparcir los 111ales y ca ti~a r a Pro1neteo'I "ªl~ dC'cir.
a la l1t1ma11idad, qt1e le l1a rollaclo a Ze11 el fuego ele la inteli gencia.
la chi spa cli\'ina. P ero "'ª re,,e_ti&lt;la co11 lo. e:11car1to-, .. l1ecl1izo~ , en1 (S)

[ &gt;a1101ru11 a \

dt l

11 11111rlo

tu/11 (1 / ,

p. 9:\ :

•

-

10

l~g,o

\1t 111.

p.

l~O .

�l11·ujc10 1l c la ilu s i,)11.
111j vc·r, c·l 111il&lt;&gt; &lt;JU cclc) Lrt111 ~&lt;&gt;: 11&lt;&gt; aJca11/.&lt;&gt; a
ciar la fl&lt;&gt;r c·11l111i11al. Ji:11 111i fi &lt;'cic)11 , J&gt;a11c1oré1 e:;. co 111&lt;&gt; la il u~ió11, Ja
c111c· (' 011\ ¡,..rt r. lo ~ 111al c~ 11 ~s 1&gt;cra 11z a'5: lare H &lt;JU C está c 11 ínti111a r&lt;• l ..1c·if;t1 e·o11 le&gt; ~ atril&gt;ut&lt;&gt;S )' ' ' irltt c1cs &lt;¡ta c le otorgaro11 lo~ clios l'.' s.~' (9 )
&lt;l e f ,,rt 11211 &lt;&gt;r/&lt;&gt; &lt;ÍP/ ris1ze :si 11 ~a lt a r c]e u. !!07 11 r..;. t'Íra
&lt;lia111 c lrnl111 c 11t' "ºl&gt;rc e ll o~. I..1 a c 11sayís1i c:1 ele llrylc ele la cl&lt;~cacl a ,J c J
:~() - lal&gt;&lt;•r •lcJ fi11 n l ,f e Btt v jela c 11 . . tt l1is LÓl' ica Cátcclra &lt;le (:0 11f~rp 1 1-

f ,a 11101·a l

c ias,. l1alla cc11trr1 cla &lt;'ll l111a r cf Jcx i()11 o l&gt;r el g r ~ 11 t e 111a co11t r 111lJ&lt;&gt;rá11cc• &lt;I&lt;• la &lt;·011,Ji ci e) n l1u111a11a ele el e e l ú11gttlo e) c la vo1t111la&lt;l &lt;I&lt;'
c·c&gt;11 c i c 11eia , la ilt1 ~ i,)11 vitnl , e l rc&lt;·o11fo\trt1iclo 111ito el e )Ja nelora . f. . a fjJ .,&gt;.:&lt;llia tlr l()'"i vale&gt;rPS ,,,,,, l1a1&gt;ía 8C~l 1iclo a In filo"'ofía &lt;lt"l oer ., C!"- GC'[! Ui c1a
a s u ' C/. J&gt;&lt;&gt;r u11 a fil osofí ~ cl e l l10111)&gt;rc. Fi ~ I a . t t clc ,·o ió11 e~l ~ ti ·a
J&gt;Or e l l c n rr l1aj ~ &lt;l e lo 111itos, glo a )r 1&gt;rofu11eli/.a al1ora, &lt;le ¡&gt;refcrc11cia
a 1() eli,·i11os clá i co"'~ lo~ 111oclc r110 l1l1111 a 110 &lt;le Do11 Qttijo te ),. D &lt;Jl l
.lt1a11. J)c la a l&gt;s lr vcci&lt;) n o lí1n¡&gt;i ca, ro11 la 1nc,•it a1lle &lt;li -t ancia &lt;l cl n1 ár111c&gt;l . ,fc"'c ic r1,J c a la c·~íli,Ju l111111 :i 11i1l uc) el e los &lt;1o. g-ra11 cle mito~ scÍl&lt;&gt;ri al cs - c 11 sc11ticlo l1iSJJ Ú11ico )~ 110 11i c tz c·l1 a110 .. Don y Don- c¡t1c &lt;li &lt;&gt;
1~~ 1&gt;aíia al cs¡&gt;íriltt t1r1i, er al . . .i Do 11 Jttan r r Jlre c11ta a tl 111oc1o iH
volt111tafl ele clo1ni11ació11: ¡ &gt;o~c~i ó 11 } crcac i&lt;)11 , Don Q11ijote al , U}O la
,o]u11ta&lt;I ele concic11cia, co 11 :-- ti &lt;'Ortc jo ele ilt1 sio11 cs Cjtti111 cra~ . 111c11t ir a~ y , t1 c1in~ &lt;¡ti c 110 &lt;la11 razor1cs el e exjslir~ o1&gt;rar, 1&gt;cnsa r, i11\rcnta1.
11cs&lt;lc e 1 i 11 lr a111 t1nc] o ele la ~o 1&lt;'&lt;1a&lt;l j 11so11cl al) le &lt;le ca el a t1110 , &lt;''
!"-Ólo f an l as111a go ría y loc11ra lo &lt;[ltC t10 ~ co111 t111i r a )' ~ostienr c 11 1a
rc lació11 co11 lo ele1nás. Pero ese '"111ar a,rillo-,o Ron a1nllttli mo &lt;lr l 110111l&gt;rc'' .. &lt;(ttc c 11ca rna conio 11aclic e l p ersonaj e ele Ccr' a11te , ava11zc.l
11 aci a t111a 111c t a qt1e no e
)'a f i ci ó 11 11 i cs¡&gt;c j i~111 0 : la uni ó11 del ~c'·11ero 11t1111a110, ol&gt;ra ele la volt1ntacl ele cor1c ic11 cia: ''El c. píriltt, &lt;&gt;rga110 1&gt;r c 11 ¡,o ele la vol1111tad, l1ará fataln1cnte la co111t111ión.. por c¡11 c
es tá 11 el rt11n llo fijo clcl el sti110.' ( l O) De 1 c~oí. ino a2;re i vo e1 e ln
f t1 c rza, a 1a ~oli el a ri clad 1111 ¡,·crsal J&gt;Or l C'~ ])Í ri t11. E~ ¡1a r aclo j a l1nc 11 l&lt;'
J&gt;Or e ·ta OJ&gt;li111i~ta forrn a &lt;l e elonqt1ijotis1110 qtt c c;,c ct1m1&gt;1c c11 el a11ti g110 11i lz cl1c a110 la ¡&gt;o terga&lt;'iÓ11, ) ra qtJ C 110 al&gt;oli i ón ~ é tiC' a ele ]e&gt;
(lio11is íaco: la r c8ttrrección clel ci 11c-.
1•:11 la i11si st e11tC' filo ofía ttrlt:,rtta) a &lt;le l icleal, cJ e Jlrin cipio. &lt;l C' l
:-.ig lo, f ,a 11111 c rt e d&lt;&gt;l ris11&lt;&gt; 11a1&gt;ía siclo e] a11ti A riel. El clo11quij otis1110
fi11al el&lt;' Rcvlcs
aC'orta cli$tanC'ias. Panc1ora s co11f u11de ca 1 con r l
•
p;cni ccillo ele Prós¡lcro, re¡lresentan &lt;lo &lt;'01110 él la esfer a de i cl&lt;&gt;alida&lt;l
qttc ori e nta a la acció11 11t11na11a, con la n1i ~111a f t1n&lt;lame ntaciór1 in111a11c nt c &lt;l
los ' "alorc" e n la ,,.icla. t\ ~í como Aric1 '' tien&lt;' Jl or i1n¡&gt;t1l~o
to&lt;lo l 1110,ri111i 11to agce11r]c11te ele la ·vi&lt;la''., • e . . ''clcsd e lo cl[.J&gt;i]&lt;' . .
t'S ÍllCl'ZO.., el e ra io11a}ida&lt;l de} J1on1l&gt;rC f&gt;re hi.;¡ lÓrÍ CO ... , e } )1é rOC' epÓ11i1110 c 11 la CJ&gt;OJleya ele la e p ccie'' ( 11 ) . el 011a111J)t1li mo de la vita 1
' 'oluntacl &lt;l e co11cie11cia que flc1Jcn10~ a Panclora ''nos l1a 11ccl10 salir
&lt;le la a11i111ali&lt;la&lt;l ~r forjar e n la tini c1l lns r.o n sttclor, lágrima. y an~rc
(9)
{10)
(l I)

nclual. p. &gt;I : J·~go

p 91.
Pa11 ora111ns del inundo actual , p
98; l:.. go \11111. p. J2'l.
. l ti&lt;:I, cd. l C)'lO. R:tt&lt;clona. pe; 11 0-111 .

Pn11orru11aJ

del

1111L11do

11

\11..111,

�nttestro propio y ¡&gt;rodigioso desti110. '' ( 12 ) lden ti dad en la raíz y e11
el f1,.1to. Pese a todo lo que la expresión su giere de vano e i11ef icaz,
las ilusiones de Pa11dora se incorporan a la realidad no menos qt1e
los ideales de Ariel, para Lransf ormarla mejorándola. Si no le es
clado al l1ombre ''considei-ar st1s grandes enst1eños: libertacl, justicia, amor, como verdades lógica -, cabe aceptarlos como ilusione~
,·oluntarias, qt1e sobre dar 1)ábt1lo a la acción fecunda se transf or111an en los dominios de la co11cie11cia en realidades morales y ver&lt;lades vivientes.'' ( 13 )
Las consecuencias éticas e l1an aproximado l1asta ser la misn1a!6.
"f eóricamente, la ilusión 'rital del mito de Pandora, engendro de la
,·oluntad al margen de la lógica, 110 es el ideal como valor del mito
de Ariel, de estirpe racional. Por eso aqt1el clonquijotismo, si se llama
gustosamente ilt1sio11ismo o sonambulismo, i·el1uye cuanto puede la
c!enominación ele idealismo. Doctrinaria aunque inútil reticencia e11
nom))re de la vida, en línea divergente del otro donquijotismo volunlarista de Unan1uno. La voluntad de conciencia importalla al fi11., t1na
i11clinación ante el orden normati,·o ele la razón .

•

( J 2)
( 13)

l'a11 01 t1111a ~ &lt;le/
l 'a1101 a111as dt J

actual. p. ()U ; f~g.o ~ 11111 , p. &lt;J8
111 t111do art ual.
1.,. '-~'&gt;-: ¡·!.~O ,\11111, p . )} .).

1111u1do

ti

-

12

�</text>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>La voluntad de conciencia en Reyles / Arturo Ardao.&#13;
Montevideo : FHC, 1962; p. 12</text>
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••

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS
ENSAYOS, ESTUDIOS Y l.fONOGRAFlAS

NUMERO VI

•
--•

•

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•

-•
•

.
DEL
EL PRINCIPISMO
..
SETENTA

•

UNA EXPERIENCIA LIBERAL EN EL URUGUAY

'

POR

JUAN ANTO 110 ODDONE

AOVERTENC.1A DE
ED~iUNOO ~f.

NARANCIO

OI RECTOR DBL
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTOlUCAS

•

-

f

1.

UNIVERSIDAD DE LA RBPUBLICA ORlllNTAl DEL URUGUAY
FhCULTAD OB HUMANIDADES Y OENCJAS

•

MONTEVIDEO

1956

1
•

�•

•

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•

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'

�EL PRINCIPISMO DEL SETENTA

�•

Eiemplar N'!

-

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IN ST ITUTO DE

INVESTIGA CIONES

EN~A YOS,

ESTUDIOS Y

HISTORICAS

MO~OGRA FI A S

..

NUMERO VI

o

EL PRINCIPISMO DEL
SETENTA
UNA EXPERIENCIA LIBERAL EN EL URUGUAY
I NT ROD UCCION
P OR

JUAN ANTONIO ODDONE

ADVE&amp;TliNC.IA OH

FDML1 1

)

M. NARAN CIO

DlitECTOR DEL
INSTITUTO OH INVESTIGACIONES HISTORICAS

UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAl;
FACULTAD 011 HUMAt..'lDAOES T CliNC.l .AS
M ONTBVJ DIO

1956

989 505 000 pr1 eJ 4
FHCE/168679

16 8 5 7

o

�•

�FACULTAD DE HUMANIDADES Y CiliNCIAS

EDICIO ES
DEL

INSTITUTO DE INVESTIGACIO ES IIISTORICAS
PUB1.JCADO:

I: Inauguración

r

plan d e
trabajos del ln.stituto de Investigaciones El istóricas, Montevicleo, 19·18.
ENSAYOS,

E.sTUDIOS

y

ltfO!l{OCRAPÍAS.

Tomo 1: Gazeta de
\Jontei,zdeo, volumen I, 1810* octubre-clícíembre, Advertencia de
EMILIO RAVICNANI, Introdu cción de JtJAN CANTER y Estudio Preliminar de M. BLANCA PARÍS y Q. CABRERA P1ÑÓN, ~Iontevideo, 1948.
BIBLIOTECA

DE

DocuinENTOs

li\-tPRESOS

PARA

LA

RAROS

A1'ttERICANOS.

B1sTORIA

DE

LA

REP ÚBLI CA

ORIENTAL

oE.L

l RUCUA,.. Tomo I: Cultura. Fuentes para la liistoria de la Univer·
sidad. Actas d el Consejo Universitario, 1849-1870, Introducción de
I'ELlPE G1L, con XXI láminas, ~1onte\ideo, 1949.
Tomo II: Descripción
de las fiestas cívicas celebra.das en A-lontevideo, mayo de 1816. Ora·
ción inaugural, pronunciada por Larrañaga en la apertura de la
lliblioteca Pública de i't'Jontevideo, 1816, Introducción de EDMUNDO
?-.1. ~ARANcro, Recon5trocción bibliográfica por AnBELIO RAl\tÍREZ,
con apéndice do cumental, Montevideo, 1951.
BIBLIOTECA DE

IMPRESOS

RAROS

Al'l-IERJCANos.

Esruo1os Y Mo~ocRAFÍAs,
FEDERJCO PAl, l\IA. El Congreso de

ENSAYOS,

V:

CUADERNOS

AnT1cu1sTAS.
BEATRIZ BoscH, Un

Abalos.
hijo de Artigas en Entre Ríos, Montevideo, 1951.
L

ENSAYOS, ESTUDIOS y

MONOGRAFÍAS,

11:

ALA.l\flR-0 DE AvtLA MABTEL,

José Toribio A-f edina, historiógrafo de América, l\.1ontevideo, 1952 .
Torno Ill: Ga~eta de
r.tontet•ideo, volumen 11. 1811, enero-junio, Advertencia de El\tlLIO
... , ro1F.r \

OE

l

'\.trREsos

RAROS

AJ\.tEnICANOS.

y EDJ\tUNDO M. NARANCJO, Introducción de JUAN CANTEB
y Estudio Preliminar de M. BLAN CA PARis y Q. CABRER.'\. P1ÑÓN,
RA\IGNANJ

~tontevideo,
l)OCUMENTOS

1951.
PARA

(A 1-USTORIA DE LA REPL8LJC\ ÜRIE"'llTAL DEL
RELATOS DE VIAJES, J\IEMORIAS y AUTOBIOGRAFÍAS,

Tomo 11:
J' iaje de William Toller a la Banda Oriental y Río de la Plata
&lt;'n 1715, Ad,•ertencia de En,tu:-100 l\I. ' ARANCIO y Esta dio Preliminar
&lt;le RAÚL \ 7AZ FERR&amp;JRA, Montevideo, 1955.
l'RuCUAY,

J\fA1'UALES AUXrLIARES PAR&gt;\ L.\. J"iYt:STJCACJÓN HISTÓRICA, J: }U\N
ANTONIO ÜDDONE, Poder Ejecutivo-Poder Legislativo, 1830-1951. Ta-

blas cronológicas,

~Iontev icl co,

-

1955.

V-

�ENSAYOS, ESTUDIOS Y ~10NOCRAFÍAS,
l, EucENIO PETIT MuÑoz. Artigas y su

111:

EN~AYOS, ESTUDIOS y l\IONOCR.AFÍAS.

J UAN Al"T0:'\10 ÜDDO'NE. El
de EDl\IUNDO ~!. 1\All,\NCIO,

CUADERNOS

ideario a través
documentales, Primera parte, l\Iontevideo, 1956.
princip1~mo

VI:

d,.l setenta, AdverLencia
l\f ODLC\lideo, 1956.

EN

ARTICUI STA S,
de seis ~erie..;

PRENSA:
DoctJ;\tE'\'TOS PARA LA 111STORIA DE LA REPLBLIC\. ÜRIE'\ r \L DEI.
l RUCUA '\'. Tomo III: Dorninación luso bra!&gt;tleña, La reve&gt;lución orien-

tal de 18::2-23.

VII: h1ARTH \ e \7\tPOS DC: G \R \·
BELLJ. Antecedentes de la gestión retolucionaria prom&lt;n:idrz por la
Diputación &lt;lel Cabildo J{epre en tante de t.-lontei1deo en la ciudad
de Santa Fe en el año de 18:!3.
EN A '\OS. ESTUDIOS y Mo~OCRAFÍ &lt;\S.

EN

PREPARACIÓN:
E!\~AYOs. F.sTuo1os Y l\.Io"ocR \FÍAS.

•

1\7 : Ct.. \ DER'\'OS .AnT1c:u1sT.\ . '.!.°
EUGENIO PETIT rrlü1'oz. lrtigas )' su ideario G través de seis 5cries
documcntale~. Segunda p.:rte.

•

-

\ '(

-

�}) \ E Tl T l!I

1

¡;;¡ In titulo de in\e .. tigacio11e hi tórica incorr&gt;or&lt;1
corL El 1&gt;ri1u·j pi rno de] elenta, lle j ur1ri Jlrz.tonio Ü&lt;ldone,
1111. 1111 coo ntÍTIZ&lt;'IO a la, serie J~n ayo , I~ tud io y
lonografías.
/!,"'/ r&gt;res&lt;'Tlle es ztn Lr flÚajo lle ¡1asaje de curso e.laboratlo
en el cm innrio de 1Ji torin acjonaJ &lt;JUC tui e b&lt;1jo rrzi lli1 Cl CÍÚfl CTL lo años J952 y 1953. J;l tribu1u1[ ericargacfo de
¡uzgar lo lo ct1lific:ú cun l&lt;1 nota rnás r1lta y recomentló Sll
¡J11 blicacirín. /) · g1acirr1.la1n •nt ", la l ucult,1d, ¡Jor razones
Jinanci 1&lt;1s no ¡1utlu ellitarlo, cuT11D &lt;l bía )'es fJOr llo que
,.z autor hrr 1cs11 ~!to co r1 ,, co1l los gasto t!e la irn¡&gt;resión.
Lutt /1&lt;'chos r&lt;·cié1L ·x¡1ue los ,¡ 'rnue:ltrari los tropiezos que
t;cn ' fl &lt;'11 csl&lt;: ¡1aís ¡&gt;a1r1 c111n¡&gt;lir su labor los e nlros tle
ino&lt;'stigaci&lt;Í11 r.i ·ntíf/ca tlesinter "Satln. [&gt; :.;e a todo p rs:~iir 111os t'TL nu stro p1o¡Jósito tle s guir publicanclo co1no
1
pu&lt;l,1111os, a 1uir11eóg1n/o si es ¡&gt;r •r.isn.
i nu&lt;· t1r1s fu-tura e&lt;liciones carecen del alto nivel
técnico 1l • la'i ¡1ri1ncras 110 erá ifldudable11i 11te rLuestra
!tI res¡Jonsabilil[a,/..
1

1

1

/~ l ·st11tlio t!e (Jcf&lt;lonc coristitu y · el ¡&gt;ri111er intento &lt;l
ur cynfoquc global 'Tt r¡u "l autor sigue lrabojariclo. 11ás
~

• hu pro lido \:O con l'I n{un ro l el tos 11fanuales
a11,1'l1ar c~ ¡1ara lt1 In ·e t1gacio11 llistó1ica. ) U \ N )\ NTONIO 00001 E
'/'ab/tt.; ( 1u11olcig1 ·c1\, f&gt;odcr l~jccutir o - l'o&lt;ler Lcgislalivo 18301' l1 ~lont , ¡leo. 10 .
L J

i

-

\JI -

�que una época, aquí se estudia un cierto estilo de vüla que
privó en el país durante la segunda mitad del siglo pasado:

el principismo.
La fuerza vital de ese movimiento llegó a tener tal
vigor que sus ideas, en cierta medida, perduran hasta nues~
tros días y, en un proceso de impregnación, se infundieron
en los mimos núcleos que fueron sus opositores. La gran
misión histórica del princi pismo fue qztebrar al militarismo
- uno de los últimos estremecimientos de la lierencia co·
lonial - antes mismo de que hiciera su eclosión, por la
destrucción de los supuestos ideológicos en que se basó.
Esa herida de muerte que tenía en el flanco la tiranía desde que nació le imposibilitó la supervivencia, impidió su
continuidad y su transformación en sistema y la condujo
1886. Así el principismo
a diluirse en la Conciliación
hizo posible nuestra democracia.
Es este el primer estudio, de vastos alcances, sobre el
principismo que se emprende en el país. Había una laguna,
de las tantas que liar en nuestra historiograffa, sobre este
tema que, casi siempre, sólo ha servido para telón de fondo
a biografías de los dictadores combaiidos por los prin-

oe

• •
c1p1stas.

Afortunadamente las nuevas generaciones, formadas
en la escuela del rigor científico, piensan, con justicia, que
wles estudios integran un género decadente en cuanto
historia. Oddone. que no lz.a seguido ese gastado camino,
nos o/rece aqití los primeros resulta&lt;los de sus investigaciones encarallas sin preconceptos y con seriedad.

E.

~1. ~AR.\ 'CIO

Director

-

\ ilJI -

�El r&gt;re ente ens~1yo concurre " (lelimitar la órl&gt;ita l1istórica y las frontera ideológicas de aquellas agrupaciones
polític&lt;'"' de cstir¡1c liberal y civilista que, en Ja el ~cada del
setenta &lt;lel pasado siglo, (1 icron en 11 nmarsc pa rti&lt;los de
prjnc•i pi os. Con rn iras a un plnul&lt;'arn icnlo general, se l1a
centrado c1 anúlisi~ entre la ]'az de abril y el fi1otín del 75,
clc11t ro ele cu yo In p o 1)11cdcn ja lonnrsc la n1a&lt;l 11 rcz política
y ]n floración doctrinnria de In gencrt1cióri (lcl 72.
I"'os J&gt;rop(&gt; iros del trabajo son tn11 pr ·ci o con10 limitado ,: ¡&gt;rett·ncl • explanar In - lí11en, "ardinales de una
fecunda conrnociún Pspiritual - OJJcru&lt;la en lo l1ál1ilos
J&gt;olíticos, en Jos ¡&gt;rincipios institucio11ul ·s y c11 las ideas
filo úfi(·o-roligiosns
cuya cxperien "Ía breve cr1 el ticn1po
~;j se ntiendc n u &lt;'ÍÍrru·ro el ~curso, l1und '}, no ob ~ tante sus
rní · s en Ja n1i n1n cutrniín ele nu estra vida hi tórica. \ 7a
co11 llu - aunque obvio sen decirlo &lt;JllC en rnodo alguno se nvnnza una eluridaci()n exhau tivn sol&gt;re el ten1a,
sino una ntcrn introducci(ín a tui e tudio n1onográ fico ne rcn d" Jn cscncln Jlrinci 1&gt;ista en el ruguay·.
Se obscrvnr:í, sin dutln, )' &lt;¡uizli co11 razón In frecue11tc citn d l texto J&gt;Cl'iodísti o o su repetida colación, uunc1nc
el nutor picn n que su cor1 urso insi tente se vuelve vía inc cusa ble pn rn una caba 1 &lt;'ua nto vi vi ntc con figt1ración &lt;lel
¡1ro --eso. 1,al e la gravitnci611 del diario r11ensajc doctri11nrio tJUC ya en 1873 uno de" los 111ti c:::clnrc"ido"' órgn110

-

JX -

�de la prensa liberal podía avizorar, más allá de su tiempo,
el alcance de su prédica.
"La prensa, - rezaba uno de los editoriales de El Siglo con el carácter que tiene en las Repúblicas Sudamericanas,
donde se estiende su influencia á todas las esferas de la
actividad humana, es el gran archivo donde el historiador
ha de venir á buscar un día no sólo la estructura física
de los sucesos, sino la filiación de las ideas que le dieron
. ,,
origen .

Así, pues, - y valga la cita en descargo de citas la prensa periódica inviste el a poi te medular de la inve::,tigación, ello, naturalmente, sin eludir el obligado concurso
de otras fuentes.
Por lo demás, crecidos y numerosos son los tributos
que reconoce la obra como para discriminar cierto mérito
propio en i e tanta labor ajena. En única instancia, sólo
quisiera mover a reflexión sobre las abiertas posibilidades
que propone a la inquietud l1istórica el iimero ideológico
inserto en nuestro pasado independiente. A~~ndido a í su
cometido inicial, recién entonces se habría. justificado el
propó5ilo de este ensayo.
JL \~ ..~NT0:\10 ÜODONE

11ontevideo, marzo 9 de l 93tJ

-X-

�... " la libert ad e 1t todas /a.e; esferas, la lib ertad para todos, La libertad conio punto de
partida, la libertad corn o n1 edio la libertad
como fin."

Jo t

P EDRO

RA 'IÍREZ

(Cue~tiones Oriental~s. Polémica con el
Dr. Juan (.a1/os Go111ez. El Siglo, 28 de
~cticrnhrc

- XI -

de 1872)

��TEMARIO
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CAPÍTULO

•

•

1

HACIA EL PRINCIPISMO
1851 - 1872
-1851-1868

-El clima político luego de la Paz del 51
-Tendencias y partidos políticos
-Los primeros intentos fusionistas

-Los antecedentes políticos del principismo
-Partido conservador: Juan Carlos Gómez, I osé
María Muñoz
-Partido blanco: Bernardo P. Berro y los vicentino'
-Gestación del principismo

-Cenáculo de El Siglo
-Club Universitario
-1868-1872
-La crisis económico-financiera durante la administración
Batlle
-Las concesiones del régimen a los elementos personaJistas y la oposición liberal
-Proyecciones pQllticas de la Revolución Oriental del 70
-Aglutinamicnto de las fracciones coloradas

-1-

�-Las ideas radicales de Carlos María Ramírez
-La guerra civil y los partidos
-Curso de Derecho Constitucional
-La Bandera Radical

CAPÍTULO

II

LA óRBITA POLfTICA DE LOS PARTIDOS
DE PRINCIPIOS
1872 -1875
-La administración Gomensoro y la situación financiera
- Realidades y ficciones de la Paz de Abril
- El banquete de l.a juventud
-Reestructuración de los partidos políticos
- Partido colorado: Club Libertad&gt; Club Colorado.
- Partido blanco : Club Nacionali3ta, NetoJ.
- Partido radical: Club Radical.
-Definición ideológica del principismo : los Programas de prin• •
c1p1os.
- El clima pre-electoral (1872)
- Los incidentes políticos
- La abstención nacionali ta
- El cisma del Club Libertad
- Las elecciones de noviembre
- La renuncia de J osé Pedro Ramírez
- La expectativa pre idencinl
- Elección de José E. Ellauri
- Divorcio definiti\lo entre principistas y neto .
- Las elecciones de Senadores ( 1873) y la evidencia de una
trasformación político-social

- La crisis económica y su proyección política
- La caída del principi1mo

-2-

�III

CAPÍTULO

EL PRINCIPIS1\i10

DOCTRINARIO

-Concepción filosófi ca
- filiación: espiritualismo ecléct ico
formación: Alej o Villegas
Luis J osé de la Peña
Plácido Ellauri
-concepción del mundo y Ja vida:
omnipotencia del inclividno
librepcnsamit nto racionalic; ta
moral cívica

-Filosofía política
- filiación: la ideología liberal de Constant, T ocque·
"·ille, Laboulaye
las influencias del constitucionalismo anglo-sajón:
rlamilton, Blackstone, Price, Story
- teoría del individuo :
derechos y g arantías individuales
-concepción del Estado
t eoría de go bierno

CAPÍTULO

IV

LAS SOLllCIONES PRINCIPI TAS ANTE LA
REALIDAD NACIONAL
- Políticas
- reorganización institucional
reforma constitucional
ley electoral y registro cívico
descentra! izari ón administrativa
reforma judicial y legislación penal
Guardia Nacional y ejército permanente

-3-

�e:.-·- -

-Sociales

'
~educación

cívica
el cometido de la prensa
-alfabetización

-Económicas
~el principismo frente a la crisis económico-finan·
ciera (1868-1875)
empréstitos extranjeros
reducción del presupuesto
•
impuestos
emisión menor
.: :
••

•

-4-

1

�CAPÍTULO

..
'

I

HACIA EL PRINCIPISMO

•

1

��Stn.tARIO:

El clima político luego de la paz del 51. - Tendencias y par·
tidos políticos tradicionales. - Los primeros intentos fu.,ionis·
tac;. Los antecedentes políticos del princípismo: Partido
Conc;ervador, Juan Carlos Cómcl, José ~f aría ~1 uñoz; Partido
I)lanco, Bernardo P. Berro. - Ce,tación del Principismo: El
Cenáculo de El Siglo; El Club ('nivcrsllano. La cri"-IS
económico·íinanciera durante la Administración Batlle. - Las
concc.,1ones del régimen a los clemenlos personaltstas y Ja
oposición liberal. Proyecciones políticas de la Revolución.
Oriental del 70: aglutinam1cnto de las fracciones coloradas;
ideas radicales de Carlos ivlaría Ramírez: La Guerra Ciuil r
Los Partidos, Curso de Derecho Constitucional, La Bandera
Radical.

Al amparo de la pacificación de octubre del 51, los partidos
orientales posponen sus diferencias. Depuestas las armas, los
tradicionales adversai ios parecen procurar -a la sombra del
paclo que pro1nete zanjar su dilatado pleito- nuevas formas de
convivencia que posibiliten su pacífica gestión.
Las íracciones doctrinarias del Cerrito y la Defensa anle la
tri5te experiencia de nuestros partidos, incompatibles bajo la
férula de los eaudilloc;, vuelven a plantear las ac;piraciones que
desde el campo sitiador y la ciudad sitiada habían perseguido, por
encima de la contienda, un anhelo común de reconstrucción
orgán ira de esos partid oc;, dec;poj ándolos de las viejas divisas que,
a su modo de ver, encarnaban las tendencias anárquicas de un
pcrsonalisrno que oh taba sistemáticamente a nuestra definitiva
consagración institucional 1 • Los principios de gobierno que desde
nuestras élites ilustradas sostenían Manuel Herrera y Obes y
1 Durante la D&lt;'fen.-.a clr \Ioule\ ideo Lamas. Suárcz y Tlerrera y O bes
cl&lt;•Cinían ac;Í la tcsJtura doctnnnr1a frente al caudillismo: "Creemos que las
antiguaq foccioncq nC're,.1tnn al nit•nos nuevas formoc; para aspirar en aclelanle á la particjpación del poder; en su antigua forma las j u1gamos del
todo y por .,¡empre inca p1ccc;. df' gobernar. . " (Cfr.· La nue11a era ( Organo
de la ocicclad ·ecrrta Nacional), 11 de frbrero de 1816, n9 J, cit. en Lt ts
~fr11\'IJ l \FI1't n, Etégcsts de bandería-;, ~Ionlc:vuleo, 1893, en Biblioteca Na·
cional, f\fonlcv1deo, Colección. llelián. La/inur, t. 35.)

-7-

�Andrés Lamas, Eduardo Acevedo y Jaime Estrázulas, Bernardo
P . Berro y J osé María Muñoz, vienen a consignar su escisión c on
los caudillos que, desde Rivera a Flores y desde Lavalleja a Oribe,
definen la línea personalista que ha presidido el tortuoso sendero
de nuestras enconadas luchas civiles. En la fusión de un calificado
núcleo de aquellos elementos civilistas se concretan las primeras
aspiraciones encaminadas a ree!tructurar los módulos de nuntra
c onvivencia política.
Con esos gratos auspici os inició Giró su gestión de Gobierno,
aquejada desde sus orígenes p or el estado calamitoso de nuestra
hacienda y p or las divergentes opiniones que : uestionaban de
h echo el acuerd o entre s us colaborad ores.
L os primeros fracasos de la p olítica fusionista, tang ibles e n
la equívoca unión que promoviera la Sociedad de AmigoJ de!
PaíJ en 1852, volvían a revelar la cruda vigencia de las p asiones
d e partido, !upuestamente superadas en el r osado optimism o de
los firmantes del pacto de Octu bre. E n la prensa, en el p arl am ento, en la opinión, las diferen cias latentes volvían a concitar
animosidades en el clima p olítico de 1852. Ante las trib ulaciones
de Gi ró y la reconstrucción m ás o menos expresa de las viej as
divisas, com enzaba a resquebra jarse la efímera p olítica de fusión.
Los cambios en el ministerio, con el ingreso de Berro y Brito del
Pino, aceleraron el proceso estimulando los recelos del pa rtido
colorado, que v olvía a aglutinarse en actitud h ostil fren te a la
amenaza de una restauración blanca. 1
La erección de las di visas er a ya un h echo y a s u evidencia
palmaria responden los sucesos consumados entre el n1otín del
18 de jul io y la constitución del Triunvirato ejecutivo de setiem bre. Con la caída del bam bolea nte gobierno f usion ista volvió a componerse - con alguna variante - el cuad ro de fuer1as
q ue presidiera las contiendas no lejanas.
Flores, for tuitamente ~l evado a l p oder omnímodo y caudillo
indi~ut ido en su parti do, impone el rigor colo rado desde el gobier no provisorio co n el tcn1iclo regreso de Pacheco y P alleja ,
hom bres fu erte~ del régimen.
No ob!tante, la ' oluntad person al y la política del caudillo
e:ran rC3istidas con audacia por una fracció n colorada antipe rso1 (.fr.; rarta de f ranclJCO l lordeñnna a Andrél LtJmn1. 'lonlf"VI lt'o, 31
de julio de 1853, t"n Archrto General de la f\acwn , ~lontcvadeo, Fondo E%
Arch11·0 y 1\f uJt o ! fittÓrlco Nac ional, C8J8 97, carp. 3, cit. en ]UA "&lt; F . PrVF.T
l)l\OTO, l l istoria de los partidos políticos en el Urus11a), t. l . pp. 21 ~,. 215,
11f ontcvi&lt;leo, 1942.

-8-

�•

' nalista que evocaba insistentemente la tradición de la Defe nsa,
bajo cuya advocación comenzaba a adoptar la den ominación de
partido conservador. 1
Surgido en el clima febril de 1853, a la vuelta del m otín del
18 de julio, fueron sus tempranos padrinos de pluma y espada,
el doctor Juan Carlos Gómez, apóstol doctrinario, y el doctor J o1é María Muñoz, vehemente militante. S u altisonante prédica doct rinaria, ya desde Ja Cámara o bien en la prensa con El Orden y
luego con La Libertad, condena el provisoriato de Flores y anatematiza el caudilli5mo. Define así el divorcio paulatino que,
gestado en los días del itio Grande, escindirá a las fracciones
principistas y netas dentro del partido colorado. La elección de
Flores por la Asamblea de marzo del 54, implicando una nueva
imposición del caudillism o, excitó las celosas pasiones del partido conservador, que recibió su bautism o revolucionario en lc1s
j ornadas de agosto y n oviembre del 55.
El ideario principista de la nueva agrupación, que e n cierto
m odo recogía las pragmáticas de la Socieda&lt;l de Amigos d el
País, define en El Orden s u programa doctrinario : " El imperio de
la ley; La realidad de la Constitución; El mantenimiento de la
paz ; l ,a consolidación del orden; La obediencia á la autor idad ;
El sostén &lt;lel Gobiern o Constitucional de la República; La su·
resión constitu r ional &lt;le los Presidentes; La m oralidad en t l
Gobif&gt;rno ; La pureza en la Adtnini tración; El afianzamiento
del crédito público ; La pronta acción de la justicia ; E l prog rec;o de la República por todos los m edios que condu zcan á
ma) or ci"ililación y prosperidad ... n os proponem os tolerancia
y respeto por las opinion es disidentes de las nuestras, y sincerid ad y moderación en el so tén de las propias. Entre los m edios
con c1 ur cntes á la consecución de los fines que dejamos enumerad os. fijamos éc;tos á nuestra línea de conducta: P or lo que hace
al f'xterior - el respeto de lo tratados con las potencias extr8njc rac; .. . ; la concec;ión á su comercio de todas las franquicias
con1patibles con las exigencias del Estado. P or lo que hace al
interior. - la contracción al desenvolvimiento de los intereses
n acionale&lt;; y absoluta prescindencia de cuesti ones de va na teoría
y ele personalidad estéril. En este sentido promoveremos incansablemente: La introducrión y desarrollo de toda industria que
EL Orden, 25 de j uli o de 1853, cit. en J U A~ CARLOS G ÓHEZ, S u octuc.ciún tn la prtnsa J e ¡J/ on tet:td.eo, t. I, p. 19, ~1ont ~ v1d eg,
1

-

9 -

�promete al país riqueza ó bienestar .á los. ciudadano~. ~a inmigración extranjera por todos los medios dir~ctos o 1nd1rectos cr,ie
están al alcance del Estado y de los particulares ; La educac1on
moral, intelectual y material del pueblo; La imporlación de capitales extranjeros; La plantación de seguras instituciones Je
crédito; El crecimiento del comercio, de la agricultura ó del
pastoreo; El ensanche de la navegación á vapor en nuestras costas y ríos; La multiplicación de las vías y medios de comunicación á través del territorio ... " 1
El doctor Gómez, alejado del país en 1843 por su desintcligencia con los hombres de 1a Defensa, se había reincorporado a
nuestra política en 1852, cuando los comicios le llevaron a la
Cámara de Diputados que abandonó para desempeñar la cartera
de Gobierno y Relaciones Exteriores. Ahondadas sus diferencias
con el caudillo colorado, emigra de nuevo - esta vez a Europa - para no regresar hasta 1857, en la víspera de las aciagas
jornadas de Quinteros. A su muerte, en 1884, el doctor Bustamante, evocando su avasallante figura, escribía: "El había tomado de la moral estoica el culto austero del deber, es decir,
d el deber que no transige con nada ni con nadie; del cristi:inismo doctrinal y primitivo, el espirituali:;mo exaltado, la abnegación y el dogma de la fraternidad universal y de la filosofía
política de los fundadores de la Unión Americana, aquel espíritu
de libertad civil que jamás tuvieron ni griegos ni r omanos, formando así, con esos diversos elementos - él esencialmente refractario á todo eclecticismo político un Yasto colectivismo
sociológico'' 2
El doctor l\i1uñoz, soldado de la Defensa y más tarde rep1 eeentante en las Cámaras doctrinarias del 52, condenó la política
florista con la violencia &lt;le su ten1pcramenlo y con el "igor de
sus convicciones. Su arresto ec;:pectacular, su furi osa ca1npaña
contra el caudillo desde La libertad y su participación acti' a en
los conatos revolucionarios contra el Fuerte, le alejaron de ~.Yon­
tevideo, consumada su ruptura con la fracción mayoritaria colorada, en un voluntario ostracismo que c::e prolonga hasta 1870.
Ambas figuras - Gómez y l\iiuñoz definen una típica
pauta liberal de corte doctrinario dentro del partido colorado.
El Orden, ~l on tevid eo, 27 de julio de 1853. ci t. en J u ,~ CAJ\LOS
CÓ•tE7., Su octuacion en la prensa de 11/ontetidco, cit., t. I, p. 20.
2 Pcono Bt. 5i Ar.t \NTE, Juan Carlos Góme:, en Revista Nacional. año
v. 51, pp. 443 } 61.
1

ºº

-

10 -

�Rcprc~cn l an, en la rigid z de sus principios

y en la alti' r:&gt;z ele su

mo r nl cívica. las il!Cas de la generación rornnnl ica de In Guerra
Grande: culto 1 gcndnrio de los héroes &lt;le la l)Pfl'n·a. cxulta&lt;lo
con épjco ... acentos ~ sagrada devoción de los principios liberales ;
inclinarión a la oratorin grandilocuente y nl pcriodi~n10 de con1 hntc&gt;. confor1nan el tono c!e su prédicn, no sien1prc acorde con !os
npr ·1n ios de la crudn realidad políli"a, pero en todo rno1nen to
inflexible en su linea civilista. I\lovidos por su rornántico lirismo
Ycncralian el dogn1a del siglo - que Crocc ele igna religión de
la libc1 tad - oficiando anle ~us ídolos heroico . los I. . n1nnrline,
l o~ 1lnzzini. los J.,incoln y ]o- Wac:hington. Su individualic;;mo intransigente ) un cxtre'"n10 liberaJic;;n10 ele hnrricada. de estirpe
francesa. conducirú a In pritnera pron1oción de ~a Gironda confcrvadora al t rágico epílogo &lt;lel JJaso el~ Quinteros. Año m:ís
t arde. a la luz de unn r"'rcnn perc;pcctiva. In generación principi ~ a
del 72 - scgundn pi on1nC'ÍÓn clootrinnrin - venía a cnj uiciar,
de cnrn a la expe1 icncia, In porfiadn utopía clr ~us maestros: "Es
prc"Í~o no flagelnr y pz osr,1 ibir ñ los pnr:idos y á los círculos
- P.SCI ihía José })edro Ran1írcz - sjno hacer que los partirlos
y Jor:; círculoc;. que son el país mismo, concur!an á In ohra. corrig iendo "llS hábitos de~arrcglados. 1noclificando sns ideas extraYiaclas. Pí'ro r.so e precisa1ncntc lo conirnrio de lo r¡uc \'ll. hace,
porque
se colocn en el Olin1po de una idcaliclarl ji 1posiLle
}' no ve ciur1ndanos. en la noble acepción e.le csla J&gt;nl3hri. ~ino
•11 l0s
lnzzini y en los tipos C"ccpr:ionalcs de In hurnanidnrl enter a. \ 7c.1. c111picza á vivir en un inundo de abstracciones , de idealidad -:. · :í f n1nili~ r iznrse clcn1asiado con las épocas heroicas de
la hi~ torin que no son, por cierto. las época3 ordinarias de !os
puchlos''. 1
I~ n el accrnclo juicio ele Ra1nírez se proyecta el pr r.ec;o del
r ornantici'.'\1no con~crvaclor clescle el principismo conscr,•ador que
le ha 1 r.hasaclo. pero que aú n le reconoce como guía y origen y
r.01110 el n1ñc; señalado anlcceclcnlc h islórico de sus ideas y su comuni dad po lítica .
I..n gcnr rarión ]ihcrnl clel partido colorado t U\'O n El '&gt;i{!.la
- desde l 8ó3 - su 1nás ca raclcrizada exprc~ión . z All í recibió

''el.

Cnrtn de ! osr Pct!ro Ram ;re: a J uan Car/n ~ G ón1 ~ z. ' fonlrvideo,
19 de •H·t il'111brc de 1072, en El Si!{lo, Cuestiones Oricn talel, 19 de setiembre
d(~ 1872.
z Julio J fcr rcra y Ohc-.;, en el ocaso de su 'irla, c;1lvuba clC'l olvido en
r &lt;'tro!:ipcc th a diagno.i.:, lo..; prolegórnenos &lt;le 1.l 5zt;lo. '' .. on p:&gt;lo conoci&lt;lo1t
1

-

11 -

�•

11u temprano bautismo p olítico J osé P edro Ramírez, luego de i11cursionar en el periodismo literario desde el diario El Plata.
Ramírez fué uno de sus primeros redactores políticos, junto con el
doctor Carlos de Castro. el doctor G regorio Pérez Goma r, A dolfo
V aillant y Derm idio De María. Al "cenáculo., de El S iglo ingresa - ya en la presidencia de Batlle aq uella "juventud
r omántica y batalladora" - al decir de Julio H errera - llamada
a inscribir en nuestra historia p olítica las aspiracion es del princi·
p ismo doctrinario : es la hora de la incorporación de Carlos ~1:J ­
ría Ramírez, precoz y t alentosa pluma, J ulio H errera y Obes. el
cáustico periodista que regresaba de la campaña militar paraguaya, José Pedro Varela, flamante corresponsal europeo y, en fin,
Pedr o Bustamante, Bonifacio ~lartínez, los Ferreira y Artigas,
J osé Ellauri, Carlos ni uñoz. 1
Alrededor de El iglo, la j U\ entud del Club Universitario,
devota de Constan t y Tocque\ ille, iniciada en el librepensamiento
loa orígenes de El Siglo, y en verdad, que no carecen de interés hi&lt;.tórico .. .
El Dr. Nicolaco tJerrera. en unión con Don Ad olfo \ aillant Iorrnul6 el proyecto de fundar un diario qne sería el órgano de esa política evolu tiva.
Aceptada la idea por un grupo de intelectuales del partido c:e procedio a
compra r una 1n1prenta con dinero que subrninii.t.ro el Dr. ~Ianucl ll errcra y
OIJe., y el 19 de febrero de 1863 aparecía el pnmer número de El Siglo ...
1 a filia ción política del diario era vbible, pero para facilitar su acc1. n !e
rec.olvió no ponerle di vi e.a part iclaria y hacer ealn dP moderantismo ... "
CCfr.: JtLro JIERRERA Y ÜBE..,, El ··cenáculo" de El Siglo, en Ret·isca ;vacional, año \, nº 53, pp. 262 y ... s.)

CAru.os Gór.tEZ llAEDO, José Pedro Ramírez, en Revista 1\acional, año I, nO 6, p. ~62. 1\cc:rca de. Jo.; periocJi~ta;, que alternan en la redacc1on de El :,r¡¡lo, \'éase pp. 145 y s&lt;:.
"El pre!'t1gio de El Siglo era inronmencourable -recuer da Julio Herrera y Ober-. Lo quo hacia emocionante y dramática c. 1 propaganda contribu)' endo a aumentar s u popularidad era el hecho de qu:: todo el país
1aLia qttt" cletras de cada artículo de polé1nica e~i tía un hombre, que
detrás ele] diario había un grupo de homLre" dispue... tos a asumir Ja respon!-abilidad de eus opinione~ y de "lli&gt; actos en todo.;. los terrenos : y
remo loa redactores de loo:. diarios gnherni-.tas y .. u., dcícnsore~ se hallaban en el ntismo caso, todos los díac: había un duelo o un:i hecatombe
en per,pecth o. Las manifestaciones populares con rib1•1c-. de mazorcadas.
n&lt;... c•nc·ontr .h.1n en la 1·allc a .. u pn.;o para dc1no::trarlc:, r¡ue no las
tc míamo!. 51 desde el diario oficial nos an1cna:rahan cnn cn1pa,telar la
imprenta, los invitábamo .. a pasn r por ca,a v o c--pcrcíhan10 d1sti uec:tos
a Tt"cihirles a balazo . . . Loe; artículos de El 1~ o conmo\'Ían la CJ p1n1ón
pública y enloqucc1an al gobierno. que tan pronto e;~ enfurecía y recurr1a a
Ja violencia Je la C"1rr~l y del de,t1erro . como qc "-Ometia y pedía capitulación,
o{reciéncio)c a Joc;r Pedro Ramírez la or:;r.nizaci ·n rle un ~lini .. tt'.rio de) quo
8Crín j1·f~ ..." (Cfr.; J 1.10 l 11.nn1 HA Y Oe1 '• El ''Cenáculo" de El 'iglo,
&lt;.Ít., n Ret ilta 1Vacional, nño V, nO 53, p. 276 )
l ]UA'I

-

12-

�racionalista por la" enseñan1as de don Plácido Ellauri y las lecturas ele Francisco Bilbao, y ebria de fe romántica hacia la demoC'racia norteamericana que enaltecía por entonces Laboulaye, conformará su doctrina ci\ilista y liberal, pronto elevada a la catego·
rÍ3 de dogma en función del culto fervi ente de los principios absolutos que regían so conducta cívica y moral. Desde El Si:.!;lo
cumplió su rudo aprendizaje político - en las turbulentas a g uas
del partido colorado - toda aquella élite juvenil cuyas tempranas
inquietudes, aún fluctuantes entre el -verso y el drama, el ens a} o
o la n ovela, eran incipientemente vertidas en las columnas de
i I Plala, el Iris o la Revista Literari.a. El Siglo asistió así al
t r án~ito de sus meditaciones especulati\ as hacia la órbita material ele la problemática que definía nue tra existencia política.
J~n e~e diario trasiego de la prensa perfila el principi mo con~&lt;'r\•aclor su temple doctrinario, forjado en los rígidos moldes
&lt;~el constitucionalismo liberal y en el ejemplo de la democracia
ri o rleamericana, bajo cuya advocación enfrenta a la~ llamadd1
tc11de11cias personalistas que - a su modo de ver - confi guraban
la réinora ele nues tra evolución institucional.
Asin1is1no en las filas del partido blanco alentaba una reacc·ión de sano principismo tempranamente gestada en la resistencia
del núrleo doctoral a las tendencias on1nímodas de loe; caudillo~.
11:sr grupo, que penetraba en sus orígenes hasta el Cerrito, pued-:
t~ pificarse en la figura de don Bernardo P. Berro. Sus ideas principistas, latentes } a en 1838 en el Catecismo de la doctrina puritnna con serva&lt;/ora, emanan de su filosofía política ba"ada en el sistcrna r&lt;'publir.ano representativo. y condicionada a una elevada
rroral cÍ\ ic a y un prístino pro~ra1na doctrinario en el que se exch.".&gt; e la acción de los partidos tradicionales. En ese entendido
adhiere a la política &lt;le fusión desde la Sociedad del 18 de f ulio
y la Socieda(l de Amigos del País y transa luego con sus correJi.
E( onar io~. en oposición al florismo avasallan le del 5 1., para cerrar
&lt;'~ pac;o al empuje caudillista. Aun entonces, convencido de la
g1avitación funesta de las divisas. clama por su dec;aparición
e·orno único cxpedientf' \ iable hacia la formarión de nuevos par.
tidos de principios. "Berro no creía en la posibilidad de una evoluc·ión clr los partidos personalic;tas en partidos de te is o &lt;le principios''. afirn1a Pi\'el DeY oto ~ "!ostenía que la fuc;i ón sí, podía contribl!ir al acl\"enin1iento de los partidos de ideas''. 1
l JUAN

E. Pnr.L

ílt\'OTO,

!.as ideas politica.s de Bernardo P. Berro,

p. 17, 1'i&lt;nle\i&lt;lco, 1951.

-13 -

�Según el inventario ideológico que traza Pivel, Berro encuadra su concepción política en el modelo norteamericano que proponía Tocqueville, reaccionando no obstante contra las corrientes
r omántico-liberales francesas a cuya influencia adjudica todos
los desbordes con que el despotismo ha jalonado la revoluc:ón
sudamericana. 1 Sobre esos supuestos llega a estructurar una
cierta filosofía de la historia nacional: cuyo programa entraña
la desaparición del caudillismo y la guerra ci,·il. así como la concreción del ideario republicano. Puede decirse: en fin. a la luz
de su credo político. que la figura de Berro representa el más
decantado exponente del ciYilic;mo doctrinario surgido en el seno
del partido blanco .
En la línea principista de Berro, si no en su ideario ini~mo,
Agustín de Vedia, al frente de un grupo de exilados blancos, leYanta desde Buenos r\ires la bandera puritana desde las páginas
del diario La América (1865) , tenaz opositor del general _litre
y la política de la Triple Alianza que secundaba el general Flores.
Gravitanle y decisiva influencia ejerció sobre la j uYentud
ilustrada del partido blanco, la \'Ígorosa personalidad de Agustín
de \ 7edia, en cuyo pensamiento se anticipa la renovación del principismo nacionalista del 72.
En la atmósfera de canden e violencia y enconadas pasiones
que sucedió al asesinato del general Flores se elegía nuevo presidente de la República, por una equí,·oca ma\ oría, al general
Lorenzo Batlle, que \'enía a representar dentro de su partido. por
su carácter y sus antecedentes. la mediación ecléctica entre el
caudillismo y el principismo. "Hombre de principios. !oldado de
la Defensa de I\1onteYideo -proclamaba entonces Batlle- no me
apartaré del cc::tricto cumplimiento de la le). Propenderé á la
unión del partido colorado gobernando con los hombree;; 1nás
dignos de ese partido, sin esclusión de n1aticec;; y c;;in exigir otra
cosa para los cargos públicos que el patriotisn10. la capacidad,
la honra&lt;lcz ... "2
Su temperamento contemporizador, como era natural dada
l

Jbid., pp. 4 y

~e::.

llan ifie(to del Gral. Lorenzo Batlle, }Q de marzo de 1868, en Archir.o
r Biblioteca Pablo Blanro Acet cáo, i\lontc\ ideo, ,lfanuscrltOJ del 1lfu$eO
llistonco /\acional, t. CCCL\ I, Archii 10 del (oronel Dr. José G. Ptl/omequt:,
2

La Rttolucio11 Oriental de 1870, t. 11, f. 33.

-

14. -

�la efervescencia de los ánimos, le concitó la oposición de los
grupos colorados que, desde el principismo o el caudillismo, con·
denaban su política conciliadora invariahlemcnte alribuída por
unoc; y ot1 os a dchilidad per~onal del gobernante. Durísima
prucha fue para el general Ilatllc la tarea }&gt;residencial: El clima
político perlurhaclo hasta el incontrol pasional por la ola de Yio·
lcncia- c¡ue el 1nismo día del asesina lo de Flores se in iriara con
el inútil sacri fi cio ele Berro : el ensoberbecido caudillismo coloraclJ
que an1enaznba sistemáticnn1cnte "con levantar el J&gt;Oncho" nnte
el gobierno; los 1 ccla1no clcl principic;mo que no podía tolerar sus
concesiones al elemento pc1 sonal; todo el país atemorizado - en
los prolegóincnos de una grave crisis econó1nica - por el {an.
tas1na de la incon\'crsión y el curso forzoso que crecía de5&lt;le
l 86t1 a la som hra de las especulaciones financiera- del Barón de
~Iauá. Corn¡&gt;l '1ncntariamente. el partido blanco. excluído del po·
dcr en 1865, vcnín a !'"r. desde su no dis1ninuída pujanza, otro
de lo" serios n1otivos de h1quictud. y no el de menor entidad.
En los hechos, los ten1ores concebidos no defraudaron 1~s
augurios pesimistas. En rápida ) demoledora sucesión los inmedia·
tos aconteci1nicnlo'"' 'inieron a cuestionar todo el programa cons·
tructi\ o que se propu"iera el gobernante de 1868. 1\1 al1amiento
prepotente de las "mil lanzas" de l\Iáxi1no P érez y su pronto
son1cl in1iento a Carahnllo siguieron nuevas vcntaj as para los netos
que provocaron la c~cisión definitiva del liberalismo conser,·a&lt;lor,
desde entonce~ declarado enen1igo del t égimcn de natlle. '·gobier·
no de tripotajc y ele cando1nbe·' según el punzante estigma de
Juan Carlos Cón1c1.
Ante los pritneros iunagos ele los descalabros bancarios 'JUC
prolo ngaban In &lt;'ri is. la cfínH~ra sublevación cursistn de Carahallo
vnl\·ió a c\'iclcnciar el peligroso ai }amiento en que se iba rele.
gando al Presidente, ahora abandonado por con5ervndorec; } por
ncto5, y por a1nhos hostilincnte a1ncnazndo de tal modo, que
r.on1enzaha a &lt;¡ucbrarsc su hasta entonces enhiesto principio de
autoridad.
I..n crisis económico·financiera. pc&gt;5C a la incon,•ersión y a
la deprimente \ igencia del cur'o forzo~o sobre el comercio~ era
incontenible en toda su 1nagnitud. JJa forzada r enuncia de Bustamnnlc, contra lo que c~peraba el general Ilatllc, no parecía
conjurar la bancarrota. 1 I~l ruinoso expediente de la garantía
1

El doctor Pedro Bustamante proce&lt;:anclo al gobierno del General
Dntll&lt;.·, cxprc&lt;:a ha al elevar su renuncia: " ll abiéndome significado V. E. en
1

-

15 -

,

�&amp;ubsidiaria del Estado al caduco papel moneda, vino a complicar
con creces la situación prolongando la agonía monetaria de los
Bancos libres, exhaustos luego de sus incautas emisiones. Fer·
nando Torres, reconstruyendo el caótico cuadro de nuestra eco·
nornía, escribía en 1871: "Estos tres años [1868, 1869, 1870]
íueron infaustos; todo en ellos fué contrario á la prosperidad
pública, causas políticas y causas naturales: el cólera (en
el 68 ) interrumpiendo la faena de los saladeros y reduciendo casi á la mitad la esportación de la República; conmociones políticas agitando todos los ánimos, infiltrando en ellos la descon·
fianza del porvenir; baja en los grandes mercados de uno de los
productos más pingües del país : la lana; epidemias rurales "X·
terminando grandísimo número de ganado vacuno y sobre todo
lanar ... las terribles lluvias del principio de 1869 que destru yt!n
casi por completo los cereales ... hacen igualmente fatal ese año.
30.000.000 de pesos de producción perdidos en dos años! Tales
pérdidas producían perturbación en todas las fortunas . . . La
inevitable exportación del oro en reemplazo de los productos
que fueron deficientes. La suspensión repentina de gran nú mero
tl rminos amistosos el deseo de que renunc iara al cargo de J\Iinistro de Hacienda, bignificándome además qu e mi separación del gobier no era cond1c1ón
indi--pt:n~aule, para poder dar sol ución á Ja cra-.as econumica y polí tica qu~
iitra' ie~ a la República en estos momento~ ; y no queriendo por mi J&gt;&amp;rte
torturar inútilmente el ánimo de \. E . o ejercer Ja menor presil' n obre
1- u e~pí ritu , ni servir tam poco de pretexto ú los d escontentos para seguir
a ~itan do y convulsionando al paíc., he resuelto d ejar sati_fechos los dei,eo•
dt \ . E. hacie ndo forn1al renuncia de la ca rtl'ra que e.e e.in ió con fiarme y
que jamá ... habría renunciado en pre~encia dt: una rebelió n armada ... ll osti·
JiJ..aJo d e-=de un pnncipio en mi march a por la impura liJ?a de todos los
in tcrci-ea inmorales y de todai; las aspi raciones hac:;tardas, que na tu ralmente
no p odía n conformar t-e con el e~ t aultci rn ienlo de una admini~trac 1 L n regular
y honesta, y ~ encido al fin, rn á~ que por la ener gía de "ti!&gt; de~ec.pe r adoa
t.·~f ucn..os por la s in-.inuacione~ de ' rE., por el t.°"'pectáculo &lt;le ~us an~icJ10t'S
y temores } por el con~cncimiento de que no puedo contar con !!u apoyo
para llevar adelante la obra a QlHl } o le of rcci concu rrir, y c1n la cual no
hallo ~a lvación posible para la República, ~oto siento al deja r el puc'!&gt;to qu~
ecc·pté á in--toncia-, ele \. E. que VE. no haya creído poder cumpli r Ja
tole mne promc~a en \'irtud de lo cual me presté ñ acun1pañar lo, y que un os
c:uantos descontentos y alguno e4'peculadores de-.graciado.;, capitaneado, por
un h ombre, [alude al Baruo de ~l auá) no ...oti ... fe cho aún con haber e~ tafado
al pueblo, esplotado nuestras de,gracias, medrado con todo~ nue5tros an ter &lt;l rt.... gobiernos, y burlúndoo;e de nues tra-. Jeye· chiles y penales, hayan teli ido
bntotante poder para torcer Ja ,·oluntad y Ja march3 Je ' 'E. . - para da r el
'llt'lro á una c;ituación que ali:o bueno prometía al paí-. ... ''·(Cfr.: ()
o
(, I ilin1stro de llarienda Pedro Bustamante al Presidente. de fa Repú' /ica,
1 oren::o Bntlle, tn Ct u 1,r:11,t o '-.1 í\\'AR T \ARCAS, Pedro flu stamante, en Re·
'' .1 l\1ar.1011al. a'lo V, 119 56. pr. ~l'l 216)
0

16 -

�ele operaciones con1erciales y provectos industriales. La rápida
liquidación de negocios importantísimos en muchos pueblos de
la República y la extinción de la casi totalidad del crédito ...
produjeron la terrible crisis financiera que todos hemos presenciado ... " 1
Luego de la retirada de Pedro Bustamante del Ministerio
de l lacienda. a la que sin duda no era ajeno el Barón de lVlauá,
Ja tirantez fue agudizándose rápidamente. Por entonces Carlos
María Ramírez reaccionaba briosamente contra la p olítica de
Batlle calificando a sus colaboradores de "adulones y mojigatos",
mientras que el impulsivo ministro de Gobierno, 1osé Cándido
Bustamante, amenazaba al periodismo combativo con el jurado,
Ja cárcel y el destierro. El principis1no conservador, en el desborde
dr su fibra partidaria. sella el despre'-tigio del gobierno. No era
difícil presentar ante la opinión pública descontenta y dec:concertada una causa única de todos los males. De~de El it!,lo c;o
íulminó la presidencia de Batlle como "la más Iunesta de las
administraciones que nuestro país soportara". El ministro Bustamanle, hoinbre íuerte del régimen, decidido a quebrantar la oposición demoledora de nuestros doctrinarios, sanciona el destierro
y Ja prisión de algunos periodistas de nota. El hecho, unido al
triunfo ele lac; Jic;tas oficiales en las elecciones de noviembre rle
1869, llevó la oposición al paroxismo. Su violencia excedió la
rncdida que el tambaleante gobierno podía soporlar. Fue la hora
ingrata del 1&gt;rincipismo. En aras de la pureza inmaculada de los
principios y en el desenfreno de su adolescente pasión política, la
c-rítica de los Ramírez en El iglo ) de Varela en La Paz ultrapasó
los límites extremoc; de la cordura. llegando a sostener la licitud
de la rebelión contra el gobernante. a diario apoc;trofado como
"concusionario y malversador de fondos". 1\ e a altura la campaña depresiva emprendida por el principi n10 ronser' ador desde
la prensa. ro1nenzaba -quizá sin quererlo- a cuestionar todos los
actoc; de gobierno cumplidos desd~ el clía en que el general
I.. oren10 Batlle ac;umiera la prec;idcncia de la República. u ideaJi'-1110
'\ehen1ente y ciego por entonces - hizo trastabillar ha ta
f us e i 1n irnlos el régimen institucional. coc;tosamente soc:;tenido. La
oposición despiadada lino a ser\ ir así de pretexto inmediato 3
J.'1 rtNANOO TORRES, !llemoria sobre la llacienda P ública pr,sentad«
a &lt;;[..'. t•I /'rc.~11/cn te de In República pur el ll1 111st10 de llac1c11da intertno,
~lonlt\idcn, 1871, en 81bhoteca flac1011al, ~Iontcvidco, Colecc1on. 1lf elián La·
l

/111ur, t. ó 1.

-

17 -

�la reacción blinca que alentaba en In sombra d la proscripción
desde la mue1te de ¿on Bernardo P . Berro. El malestar 'f el
recelo sistemático que el gobierno inspiraba en la opini ón "f'Or
obra de la prédica opositora, fueron esgrimidos como últin10
argumento por quienes desde Montevideo, Buenos Aires o Entre
R íos, insistían en negar la legitimidad de la situación p olítica
que sucediera al 20 de febrero de 1865.
La invasión de 1870, pronto encarada por el partido de Ja
Rec;;tauración como Revolución Or-iental, venía a r epresentar en
nuestro tortuoso avatar histórico el habitual expediente con que
se reaccionaba - dada la vigente vic::ión de la cosa política ante la exclusión del partido blanco, los desastres económicos y
la pregonada inoperancia de Lorenzo Batlle.
L:i rápida propagación del tno' imiento de Timoteo Apurir·io
y Anacleto 1\-Iedina. con la consiguiente alarma nacional. cnmbió
bru camente el rumbo de la prédica principista. La in' asión de
los caudillos blancos, que comprometía con su posible triunfo
l as posiciones del principismo, llevó a El Siglo a dec:cribir un Yiraje en redondo para proteger - ahora junto a Batlle y una vez
más invocando la tradición ele la Defen5a - la lega1iJad de las
instituciones y el principio de autoridad que la r e\ olución amena.·aba. José Pedro Ra1nírez y Julio H errera y O bes claman ac;Í
p or la unión de todos los coloradoc:; sin cH"tinción de matices,
mientras Aparicio acecha desde el Cerro y la -nión a la capital
en j aque. Carlos 1\-Iaría Ramírez, posponiendo su repugnancia
por el régimen, acompaña al general Cregorio uárez en calidad
de secretario de campaña. Testigo de las atrocidades cometidas en
la sangrienta batalla de aucc abjura de la guerra ci\ il. abandona
el ejército y retorna al periodisn10 despojado de su divisa partidaria. Convencido de que "la guerra ciYil por la guerra ci\·il
no tiene término·' y decepcionado de los viejo p.1rtidos. propone
ahora. dec;.&lt;lc La Banclera Raclzcal - a partir del 30 de enero
de 1871 - la formación de una nueva a!!rupación, concretando
las aspiraciones de su flaman te folleto Ln gue rra ciiil y los ¡.artidos. P or lo pronto, sus trabajos cristalizan en la erección del
Club Radical. "La asociación - decía su prin1er programa adopta la denominación de Radical. c1eyendo significar de t'Sa
m anera todo el alcance y toda la verdad de sus propósitos al
ele\ arc;.e con magcstad sobre los interese lran"itorios que engendran las divi iones accidentales ele los b3ndos para buscar la
solución fundamen tal de las cue:,lioncs permanentes, CU) a a pre0

-

18 -

�ciación puede delinear en el futuro verdader os partidos de principios que luchen siempre en el terreno pacífico y legal ... " Y
agregaba: "La asociación Club Radi cal relega al juicio tranquilo
de la historia, todas las tradiciones del pasado y sólo fía s u poder
y su prestigio á la h onrada ap1ic:ición de su programa en el
presente y en el porvenir de la República". 1
La incipiente ejecutoria de la n o' el fracción principista que
se definía en rígida ortodoxia apa1 Lán&lt;lose de Jos partidos tradicionales, tuvo por entonces. ante la incierta rnarcha de la r evolución que desangraba al paí , una acogida feliz por su oportu11idad y su alcance gcneroc;o. José Pedro Varela, Miguel Ilerr'ra
y Obes, I:duardo fl ores, 1osé Ma1 ía Castellanos. Eduardo Brito
del Pino, Emilio R omero, Gonzalo Ramírcz, Aurcliano Rodrí~ueL
Larreta. J acobo A. V arela, Cristóbal alvañach (h. ), Carlos \{dría de P ena, se s uman a las aspiraciones de nan1írez conformando
una decidida opinión favorable a la conclusión de la guerra civil.
Al promediar el año 1871 los esfuerzos encaminados a la
pacificación nacional son un r eclamo día a día insi tente. El solo
hecho de la revolución itnpidc c ircunstancialmente el acercamiento doctrinario que asoma por encima de las divisas y que
sucederá a la Paz ele Abril del 72.
Entre las voce5 de aliento que llegan hasta La Bandera l?.adical se escucha la de Agustín de \ ' edia, procedente del campo
r evolucionario: donde preside un núcleo principista del partido blanco. La coincidencia de principios que obser\·an los ilustrados publicistas es un hecho significativo de la reesl1 ur luración
partidaria que se ª' ecina. Según Rnrnírez, en tnuchos de los párrafos de s u folleto sobre /.,a Guerra Civil y los partidos, Agustín
de Vedia "ha \'islo reproducirse c;us mic;mas ideas y t1 aducirse
sus nlistnns in1p1 esiones al recorrer el vasto desierto librado al
cncarni7arniento de la g uerra". a
El .)igl-0, por su parlr, desde el principic;mo colorado comienza a bregar por la h onrosa conclusión de las hostilid ades.
El revés dr l\ilanantialec; sella por fin la suerte de la revolución. J,as gestion e~ pacifistas. indccisamenle iniciadas, c;e &lt;lemnran o f rae asan ante la mutua intransigencia de Jos handoi;;, frente
a u11 creciente consenso nac ional que viene reclamando, con la
1

la Bandera Raclical, i\fonle,·idco, 29 de enero de 1871,

n9

l.

La idea Radical y la idea ret•olucionaria, en
La !Jandera Rud1cal, f\.Iontcv1Jco, 5 &lt;le febrero de 1871, nº 2.
2 CARI oc; '\JAnÍ\ RA;\tÍRt-z,

-

19

�tolerancia recíproca, la definitiva regeneración de los partido!t
orientales. Entre tanto, en uno y otro partido, el fecundo acercamiento ideológico de los hombres de principios venía reagrupando a las fuerzas políticas que frente a las divisas tradicionales 1e pronunciarían a la vuelta de la Paz de Abril.

•

-20-

�CAPÍTULO

L

ORBIT

II

POLITIC1\ DE l.10
DE PRINCIJ&gt;JO.
(1872·1875)

PARTIDO.

��•

5U~!AR1 0:

La adminic;tración Gomen&lt;=oro y la situación finan ciera. - Realiclndes y ficciones de la Paz de Abril: el B~'!:'Juete de. La
f uLentud. - Reestructuración de los partidos pobllcos: Partido
Colorado: Club Libertad, Club Colorado; Partido Blanco: C~u?
Nacionalista, Netos; Partido Radical: Club Radical. - . D~f~n1·
ción ideológica del principismo: los pr~~amas de ~r!nc1p1oc..
El clima pre-electoral (1872): los Jnc1dentes polit1cos; la
abstención nacionalic;ta · el cisma del Club Libertad; las elecciones de noviembre; Ía renuncia de J osé, Pedro R~mír~z; ~a
expectativa presidencial - Elección de J ose E. Ellaur1 ;_ d1vorc10
definitivo entre principistas y netos. Las elecciones de
senadores (1873), y la evidencia de una transformación político·
social. - La cri"is econlmica y su proyección política. - La
caída del principismo.

El l 9 de marzo de 1872, al término de su período legal. el
general Lorenzo Batlle -aún no concluída la paz definitivaresigna en el presidente del Senado la primera magistratura que
asumiera en 1868.
Por entonces, el anhelo pacifista era unánime clamor en el
seno de los partidos y en las voces de la opinión. Las zozobras
económico-financieras del 68 y su penosa proyección sobre la
adn1inistración Batlle habían doblegado el erario, luego de dos
años de devastaciones y apremios bélicos, al último límite de su
estabilidad. Arruinadas las cosechas, diezmadas las haciendas,
vigente la inconversión, retraído el comercio, una inminente bancarrota general amenazaba con el desquicio total de nuestra economía 1 •
Comentaba El Siglo en los días inmediatos a Ja Paz de Abril: " ... no
es uno de los menores obstáculos con que tropieza el gobierno el que nace
del lar.llmoc,o cc,tado en que al subir al poder ha encontrado á la Hacienda .. . " ( Cír.: Reui.sta de la Quincena, en El Siglo, l\(ontevideo 14 de
abril de 1872, n 9 2223.)
'
Por otra parte, era alarmante el abatimiento de nuestro crédito en
Europa. "Pocos me«1es después de mi llegada a este país ~sc ribía desde
Londres Alejandro l\lackínnon a Ernesto Velazco en carta confidencialencontré mi posición sumamente difícil á causa del mal crédito que go·
l

-23-

�En los bandos en pu3fla el agotamiento mutuo y la inde·
cisión de las acciones militares vol\ ía nece3ario e impostergable
el ce.se de las hostilidades al cabo de una camp3ña que languidecía
en guerril1as y escaramuzas.
Las gestiones pacifistas, que sufrían un impasse desde el malo·
grado acuerdo gestado por Lamas y H errera y Obes, logran
cuajar en definjtivo entendimiento bajo la presidencia provisoria
de Tomás Gomensoro.
Las fórmulas de pacificación aceptadas por los contendiente3
j alon&amp;n un nuevo capítulo en la evolución de nuestros partido:l
políticos. Las estipulaciones de abril sancionan de modo tácito una
nonna de coparticipación de ambas fracciones en el gobierno ce!
país. La transacción en sí, y el otorgamiento de las cuatro j ~ f3.
turas departamentales a los r eYolucionarios, permitían vis1umbr~r
un cambio de frente en la política de juPgo unilateral que el partid o colorado había observado invetcradamPnte hacia su advcrs::irio. Í\.sÍ lo percibía por entonces el doctor José l\.1aria Castellano3
r eflexionando sobre las consecuencias de la Paz de Abril. "Indu ·
dablemen te -decía Castellanos- la solución que han tenido ~0$
sucesos no es la n1ás ajustada á los principios ni satisface l:i3
a3piraciones de los que creen que los derechos acordados por
las leyes pueden ser materia de pacto esencial para poder e j ercer los el ciudadano, pues esos derechos nacen desde el rnoment1&gt;
de la promulgación de la le}, no necesitan declaraciones ó pacto.;
po~t eri ores para poder ejercerlos~ pero es preciso conYenir. no
ob"tante, en que después de tantos aiio- en que el desconocimiento
de todos los derechos políticos del partido caído era el principio
sostenido por el partido que c_taba en el poder, el reconocimien¡o
de esos derechos, aun cuando pactadoc;. ) sólo puestos en práctica
en parle. importa una gran conqui~ta ". 1
En el clima optin1i~ta que auguraba la pacificación, la ju1A1ba r.ucs:ro pnis, ... cr~ inút11 rlirigirnlc 11 cn~a financier~ .... todJs me
daban. inci11ycndo t&gt;l Banco &lt;le I.on&lt;lrr• ... v Hío dr Ja Plata, la mi-.n1a contestación: que dif ícilmcntc ~e negociaría .t 1.000.000 al tipo de 60 y
forn1ándosc un sindicato con 5 a 10 p: ele descuento' porque el director
&lt;lcl llaneo Dr. llolt no tenín nin'l'una ~nrantia en un país que decía &lt;1e
contrabn. en con:-tante '~uc rra ch1l y en b:.ncarrota' ". (Cfr.: Carta de
Alr111ndro llarl.-1nnon a l r·.cs:o I cla:co, Lonclrc:;, 19 de junio de 1872, en
/lrrhit·o ' B blote(a Pa blo ntrznr.o .Acct·edo, l/nnt · 1 ii/1•0, ~crción .llanu.scritos

dt•I .llusco,

l.

CCCX.\ \, 1lrchi1·0 de /). Tomás J' illr.lba, f. 67.)

1 Cfr. : JtJ\:'i
~lont evideo , 9 J~

E. Pt\"tL Dr.YOTO, la hora del µrincipi.smo, en ilfarcl1a,
::eticmbre de 1953.

-

24

�ventucl montevideana ilustrada define una señalada reacción frente
a las prácticas ele los partidos tradicionales y, por encima de las
di\'i~a . . , se aviene a procurar nuevas fórmulas de coexistencia.
"Creo que lo que nos separa no son los principios opuestos de
nuestra profesión política -observaba Eduardo Brito del Pinosino los intereses y sobre todo las pasiones nacidas á la sombra
ele las primeras luchas cle nuestros grandes caudillos, acrecida,
enconada, y perpetuada hasta nuestros días por los excesos de la
guerra civil prrdurable en que vivimos envuellos" 1 •
1~·1 • iglo, viviendo "la re' olución interior que se ha operado
en lo espÍI itus", barajaba las conclusiones que el balance de la
situación arrojnha: ''\os hemos dejado llevar en estos días por
la 1nucheclu1nbrc, en,·ucltos en la oleadas del pueblo, he1nos podido sentir sus latidos, escuchar su voz, penetrarnos de sus aspir aciont"c: y se ha fortalecido nue!"tra fe } se ha robustecido nuestra
esperd111a en la pi óxima regeneración de esta República. Entiénda .. e l,i~n, al hablar de próxin1a rrgcneración no entendemos, no
queren1os significar que en un abrir y cerrar de ojos, como por
enc:alino:; se ''ªYª á transfonnar Ja faz del país, á desaparecer los
odio . ú mo1alizar los partidos, á crearse una administración
regular y ordenada, á educarse el pueblo, á garantirse completan1cnlc la propicclod y á desarrollarse la agricultura. Por mucha
que ,ea nuestra fé en la virtud de los principios democráticos leal
) rectan1cnte aplicados, no pcrtenccc1nos á la escuela de lo" dulcan1ara polílicoc;, no conorc1nos el fa111oso e~pecífico qu&lt;" de la
noche á la mnnana puede vc1 ificar el milagro de regenerar á un
pueblo. sabc1nos que el pueblo es uno de los indispensables elernentot; para tocln elaboración social y que no e"tá en n1anos del
homb1e precipitar la madurez de los pueblos al calor artificial
de ~d¡;¡ l cn1as que no tienen consonancia con las costumbres. Pero
sí crccn1os que las circunstancias permiten ya marchar con paso
inás seguro á la rcali:tación &lt;le ese' ideal que consiste en asegurar
al 1nn; or nún1cro posible ele los indivjduos que co1nponen una
sociedad la n1ayor íeliciclad posihle en la tierra, á garantirle á
todo rl libre ejercicio ele su libertad y de sus derP.choc: indivi&lt;lualcc:. ('rec1nos que la República toca á un período de su historia en que, n1uerlo el caudillaje y encendido en el corazón del
1 /Ji.~curso

de Eduardo Brito del Pino, 13 de obril de 1872, en El banquete dr. In ju1 cntud, Colcccic}n de los discursos pronuncíados en el Banquete q1 e 1111 o lugar en la 11ochc del J:J de abril de 1872, '\lontc:\ 1Jeo, 1872,
p. •17, en Dibliotectt Nacio11al, l\fonlcviclco, Colección fJ!elián La/inur, t. St
1

-

25 -

�pueblo el anhelo por conservar la paz, cabe dar amplio desarrollo
á los abundantes gérmenes de riqueza que atesora este suelo que
ha11 de ser poderosísimos elementos para ambientar el reposo
pu, blico. . . ,, 1 .
Aquel consenso doctrinario que proclamaba bajo nueva luz
la coexistencia de los partidos vino a formularse como primera
manifestación teórica en la profusa oratoria del Banquete de la
Juventud, que sucedió a la Paz de Abril 2 •
Las ideas y los principios que en aquella circunstancia se
proclaman invisten la reacción de un calificado núcleo de opinión frente a la eslructura que mantienen los viejos parlidos.
La concreción de la Paz de Abril es así la coyuntura feliz de
sus aspiraciones, el decurso inicial de la r econstrucción política.
ahora ,·iable gracias a las garantías que otorgan la paz, la libertad
y la concordia. Fe en el porvenir, que anticipa nuevas formas
de convivencia partidaria bajo la égida de los principios y la
más amplia tolerancia para todas las opiniones; abjuración de
la guerra civil y la promesa de una regeneración cí,·ica que relegue a la historia los juicios sobr e el pasado, compendian los
ideales de los comensales del 13 de abril.
Carlos María Ramírez, en el exordio de la oratoria, volvía
a condenar el extravío de los bandos tradicionales, insistiendo
en las ideas de c;u folleto La guerra cit,,il )' lo'i partidos. a! mis1no
tiempo que trazaba el deslinde doctrinario del inn1inente programa
de principios del Club Radical. "No más nue~tras discordia ci\'i-

nº

1Vo hay que alarmarse, en El Siglo, ?\Ionte' ideo, 11 de abril de 1872,
2220.
1

2 El Banquete de la Juventud se llevó a cabo en la noche del 13 de
abril de 1872 en el gran salón de la Confitt·ría Onental.
cgún el te~ti·

mooio de La Paz. "concurrieron do ..cienta&amp; pcr-.ona!) jó\'enes y algunas que
no lo eran y fueron in\.itadas igual". La comida ~e sirvió luego de las
seis de la tarde y a las siete Carlos f\laría Ran1íre1. pronunció el primero de
los di-.cur!'os que !'e prolongaron durante cuatro hora ... llicieron u ...o de Ja
palabra: Carlos ~laría Ram irez., Carlos Ambrosio Lerena, .\ lcjandro . de
Zumarán, Daniel f\-1uñoz, el coronrl Emilio \ ' idal. Emilio Ron1ero, J ulio
Herrera y Ohc~, Pablo De \fa ría, Gonzalo Ramírez, Juan ,\ . Ranurez., l lo·
rencio Escardó. Franciqco Estrázula~. Eduardo Rrito del Pino, ~li~uel ll e·
rrera y Obe-., Eduardo De ~lacchino [sic], ~Ianuel Bcrdicr, A. Carc1a Lago.;,
Jaime E trá1.ulas, J o'ié i\laria Castellanoq, .\lf rcdo Ca .. tellanoq, Ildefon ..o
García Lagos, J osé Pedro \'arela, Jacobo 1\. Varcln, Jo.-.é \laría \I uñoz..
Ernesto \ 'elazco, Aurehano Rodríguez., Lconcio Correa, .\nton10 C:ir·
valho. Jorge Jbarra, José Pedro R nmírez. Poblo Coycna y egundo Flores.
(Cfr. El banquete de la jutentud, etc .• cil.; La Pas. ~lontc\ideo. 16 de
abril de 1872, n9 355.)

-26 -

�les -decía el joven catedrático de Derecho Constitucionalllegarán á punto de ca\ar entre los orientales sangrientas fosas
y odios irrcconci] iablcs ... No más Jos supue tos pat ti dos orientales en el ciego é incesante furor de la contienda . . .
o más el
viejo cal abolo de Estado ... I\o más entre los orientales un solo
desterrado ... ,, t.
Compartiendo ideas afines, J osé Pec11 o Varela -o rganizador
clcl Banquete- ratifica su confianza en la 1nisión de la ju\'entud
que con su in1pul-o obrará la reestru cturación de los partidos 2 •
"I .a juventud de Montevideo, el cerebro de la República. . . nacida entre el lurnulto el&lt;" las pasiones enronadas, crcrida entre
los motines, &lt;"nlrc la!' asonadas, entre las revu eltas . . . ¿De dónde
venirnos. á dónde varnos los hombres jó\'encs de la Rcpúh1ica? .. .
J)éhiles acaso por el número somos f ucrtcc:; por la conciencia de
nuc"tras convicciones, por el culto que profesarnos á los principios
democráticoc:;, por In aspiración á radicar la libertad y el bien .. .
Cuarenta año~ hace qur nuc~tros partidos se agitan inconscientes
&lt;'n el torbellino ele lns pasionM políticas . . . Esa es la hi~toria. el
d unlismo de los partidos políticoc:., la conmi,tión de los elementos
nu\s cncont1 ados para la rr.ali1nción de pequeñas aspir&amp;riones.
l ~os caudillos rntregando ií los hombres ilustres é inte1igcntes la
rrrlarrión de )oc;; clocu1nenlos públicos, ln mentira dr }ac; palabras
ofirin)cc;, la f ni c&lt;l:td &lt;l&lt;&gt; los doctrinas que jamás ~e ponen en
prárl ira ... De e e camino &lt;]U&lt;:&gt; han r ecorrid o s iempre arrastrados
por el estuario de ]ne; pac:;ionrs necesitarnos ~epararnos ... entrando
en la c:.cnda c¡ur conduce al establecimiento de la lihcrlad. á la
raclirarión de Ja j usticia y del derecho. 1'odo nos une: sólo el
r.stravío ele In pasión política nos separa 3 • Por cc:;o yo me siento
!Jitcurw ,¡,. Carlos ~!aríu Romírez, 13 de ahri] de 1872. en El banquete de la j111 entud. etc.• cit .. PabJo De ?\1oría i:;e pronun cia en e] mismo
scnl irlo cxprr."anclo: "La íiesto que en e5te in.,tnnle celcbnnnn" in1porta un
upl 111&lt;10 á la paz ele la ílepúblira, y aún signífi C'n 1nnc;, sie:nifira una pro·
tc,.tn trr.mencla y &lt;'J oc11en1e no qoJo contra la guPrra civil del prcc;rnte "ino
cnntra 1oclns J a~ guerras civilc!'\ de los tiempos futuros" (! bid., p. 27.)
1

prnp ·,.ito dt! )oq trabajos de J os~ P edro \ 'a rela en favor de la Paz
clt• A hril, el doc•tor ,\ leJandro \lagariños Cervantc~ con.;ignaha en el Banquete
el&lt;· lo J1n cn111&lt;l: "I u .. anta cau"a dt• Ja pn,1, cuen ta entre sus primeros atletas
ul jovc·n escritor ... quien Jrqdc las colurnna'i del perióclicn que fund ó C't·
prc• .. :1mrnte para hu har pllr In paz hace un año, viene de ..plt•gundo á todos
)oc; viento~ 11 hundt•ra si n flaquear •.. " (Ibid .• p. 31.)
:? , \

lgualmr.nt c -.e pronuncia Eduardo Brito del Pino concurriendo a delirnitar los principios del partido rad1c11l; "J uzgan1os que nos divide una
3

-

27-

�f elíz y orgulloso de haber contribuido en algo á la r ealización de
la paz, que nos permite contemplar esta primera manifestación
colectiva de la más grande, de la más fecunda de las revoluciones
mur alla, y yo creo que es u na sombra ; l a sombra del pasado. Creo que
lo que n os separa no son los principios opuestos de nuestra profesién polí6ca,
sino los intereses y sobre todo las pasiones nacidas á la sombra de las
p rimeras l uchas de nuestros gran des caudi11os, acrecida, enconada y perpe·
tuada hasta nuestros días, por los excesos de la guerra ci-.·il perdurable en
que vivimos envueltos. Creo que con distintos colores sobre un t rapo enar·
b olado por cada uno en Ja punta de la lanza, hace cuarenta años que nos
venimos devorando los orientales, en sen icio de los caudillos y en provecho
de los esplo tadores y en pura pérdida de Jos principios y de q ue los hom·
bre de bien sean verdaderos correligionarios p olíti cos ... Tal v ez con raras
escepcionec;. todo&amp; los presentes Jo c-.omos .. . ¿Qué nos dhide en la re!?ión
de l as ideas? ... En el terreno d e los h echos no me Jo d igá ic;, harto lo sé
yo, y harto lo saben todos. . . P ero ¿ c-.on contrarias nuestras doctrinas?
Jamá..-. sobre Ja banda blan ca ó sobre la banda colorada o::ó e::-cribir partido
alguno, ni aún en esos momentos de " értigo y estravío, otros orincipios p olí·
t icos que Jos que están escritos ... p or todos nue,lros con::tituye ntes en la
tabla de la ley íundamental. . . Hay alguno entre los ciudadanos de ambos
colores políti cos aquí presentes á quien sus afinidades con lo' bandos que
nos dividen, á quien la divisa que ostenta, or!!ullo ..o en los días de com ·
bate, le obliga á renegar de las grandec: verdades y prin cipios republicanos
y d emócrata-, ... que e ... tán consagrados en la Con'-Litucr ' n de la R epública?
Todos creemos permanecer fieles á la Con~lituci ó n del Estado --in separarnos
en nada de la doctrina de nue::-tro partido. '-e bien q ue todos hemos sido
alternathamente au tóc ratas y libcraie::i, gubern i~ ta s y rerolucionario5 ... To·
dos hemos sabido sostener nue ~ tros nu1los gobiernos con tra la re\'oluC11 n
cl ~l partido contrario : y hemos sabido plegarno-. a la re\'olución de nuestros
amigos aun contra los buenos gobiernoi. de nuest ros an t agonh~ta::i . Dc""de la
altura olímpica del gobierno hen10:. lanzado los iracundos rayos del poder
público contra la revolnc ion } cuando no:. ha llcr!ado el n1on1ento de !ormar
en -,us fila s hemos aclamado la insurrecci~ n como el primt•ro d e los derechos del pueblo y hemos lanzado el anatema de las lc,·es ... 1ure la cabeza
del déspota que las profa nó. . . pt~ro en la re\'ohl( ion como en el eobierno,
¿cuál ha ~ido la bandera de los partido .. ? Gobierno, para combati r las re·
voluciones hemos in, ocado ~iempre las facuhade consti tucionales del po·
der público. Y R e\o)uc ion, para d er11bar á lo ~obiernos hemos apelado
á la libertad constitucional del p ueblo. . . arriba ó abajo siempre la Cons·
t itución por bandera, aunque no ien1pre la honradez y sincer idad. . . E~ta
t·~ la vtr&lt;laJ. Dt.&lt;luu:o ele ac¡ uí que la Con-.titución ~~ nue .. tr.i comú n lian·
dt.·ra... los hombre... han obedecido 1nác; á '-\IS pasione'I q ut' á ..u ... ideas
y en vez de hacer política con for me á sui:. c ree ncia .., han e je rcido 'eni:tanzas
y oometido ('rÍmenes con arreglo a su_ odio" &lt;.In que por e50 pueda tomar c;e
esas pasiones y esos crímenes con10 programa p ern1anente d e nin~uno de
los partido... (on esta ide a pt·rtenezco al número de los que c r"e n q ue
no t·stá lejano el día en qu e tend rá ténnino feliz nuestra lucha in,en .. ata ...
pt.r~ para lJcgar á la ~tnión d~ los orientales no e mcnc--tcr que ninguno
ahd1que de "llS (' reenc1a-, polat1ra .. , &lt;.Ínn que ha .. tn que cada uno a ·n ... te c:u
conducta a s uc: ('reencia' . . . Salga del "-UÍrag io libre un gobierno hone~to y
\trdarlt&gt;ramente liheral ..." C /b u/., pp. 47 y !:".)
Ll Dr. J osé ~laria C:t .. tt•llanoc; .. ubraya :!~imb1110 k• caducidad de las

-

23-

�&lt;JUC ha habido has~a ahora en la R epí1b;ica : de la rc\·olución ele

las ideas." 1
Desde su galana elocuencia. Julio licrrera y Obe~, !Jrincipista
y r ecalcitrante colorado, reitera con \•ehemente entu~iasmo la fe
común en la coexistencia que permite otear un nuevo y fecundo porYrnir para las aspiraciones ci,·ilistas. ,; Esta fiesta espansiva y cordial entre francos y declarados adversarios políticos. . . es In subli1ne manifestación csterna de la re' olución
interior que se ha operado en los espíritus; aquí está marcado
&lt;'On signos inequívocos el largo camino que en medio del choque
tu1nultuoso ele las pasiones han hecho en la conciencia las ideas
elevadas y los sentimientos generosos. . . Este banquete en que
lon1an asiento confundidos los hombres de todos los partidos ...
y ~in que ninguno haya tenido que abdicar las ideas y las creen&lt;'in:, que defendía ayer y que soctendrá mañana, es el s!mholo
de r~e otro grnncle, espléndido banquete nacional en qt:e tendrán
tan1hién su asiento y su cnbicrlo toda~ las ideas, todas las ac;pirar·iones, todos los intereses que se agitan y Lrabaj an der.tro del
lcr1,.no inviolable de Ja ley. I:n este momento nosotros ce:ramo3
el pa~ndo ec;téril de las luchas armadas de partido y abrin1os el
p~ríodo f er unclo de los luchas incruenta&lt;; de la de1nocracia, que
en ''cz ele tener por árbitro ]a suerte 'ariahle de Jos a1 rnas, tienen
por j ucz supren10 la opinión del país, manifeslada libremente en
l ... s urnas electorales. 1.a República. en \ e1 de caudillos jgnorantes
y viciosos nos pide ciudadanos auc;teros é ilustrados, en \·ez de
fnngrit·ntas ,·ic;tcn iac;, nos pide in~t ituci ones sabia ; en vez del
cj '• reílo agurr rielo nos pide cá1naras populares. . . levantemos un
altar á Ja nueva deidad que va á pre~iclir en adelante los destinos
poHt icos del país ... : la tolerancia ... l .. a causa de nuestros maJes
ha estado en haber llevado Ja intransigencia y el fanntisrno político
que c«grin1cn los partjclos tradicional&lt;'c;: "f.n historia no~ c- nscña que
todns nnc ~ tras dic;enciones, toda"' n111·stras g1u.•rra s chHcc:, no han l"nido por
c:nu a ti triunfo de una iclta, la c:alvaei{n dt: un principio ••• no l:an sido
1n6s 9ur. el rt• ultudo ele una honda dh·ic:ión que naci ', con razón el 42
que ds·l1111 conclui r el 51 y que c:in ral'.l··n nl~una ha continuado hacta aho·
r n. . . ;. "'onic'~ nea .:o partido~ político-. en la 'crdadera acepci&lt;)n de Ja
palabra? l\o, 501110"&gt; blancos ó colo rad o!' hoy, porqnP nue&lt;:tro; padrl s ts·
tu\i~ ron en ~InntP\ideo ó &lt;"'111\'it·ron en el Cerrito, y loe; odios nacid os en
r.q111·Jla época c:e han ido pcr¡u·tunndo ... Los p:inidoci político, concluyen
&lt;'n r&lt;:tn ticira con la paz t.l1•l fJl, de cn!onccs acá no l:a h::.l&gt;ido sino
1n11 i&lt;1n!! pcr onnlcs." ( / /;id., p. 65.)

&lt;fj,jo;3"

) ¡·Úll·¡•• p.

-1

i•1r.

29 -

�hasta convertir en crimen lo que es un derecho sagrado de cada
uno . . . Tolerancia recíproca de uno para otro, respeto escrupuloso
del Gobierno á las opiniones de todos. Tal es el remedio que
nuestros males necesitan y el objeto á que deben ocurrir todos
nuestros esfuerzos y aspiraciones. El período que se abre es de
labor y de lucha. . . Que el nuevo grito de á las urnas! que va á
reemplazar el viejo grito de á las armas! sea un grito de paz en
vez de ser un grito de guerra." 1
La invocación de Julio Herrera y Obes se resuelve en rígido
programa doctrinario con el discurso del doctor J airne E.strázulas.
El pensamiento maduro del antiguo ministro de Berro condiciona
el futuro político a la estricta observancia de los derechos individuales en cuyo sentido se avanza a proponer la r eforma del
texto constitucional. "A pesar de que la solución no ha sido de
grandes principios no por eso la paz tal cual es deja de ser
grande. . . Con tal que al salir de las urnas electorales tengan
la sensatez y el acierto de llevar al gobierno á un ciudadano
ilustrado r recto que sepa respetar r hacer respetar el ejercicio
de los derechos individuales, estoy seguro que hemos de poder
alcanzar la Reforma Constilucional sin la demora en el tiempo
y l os defectos que para esa obra cuenta la Constitución existente ... Vengan... comicios extraordinarios para la elección de
Cámaras constituyentes. pero puramente constituyentes. . . si consultados sólo los intereses y necesidades de la república "amos
abiertamente á trabajar la reforma conC&lt;titucional por el camino
indicado, seguro estoy que por ese medio llegaremos necesariamente á la tranc;formación de los partidos tradicionales, despo·
jándalos de los harapos del pasado para convertirlos en ' 'erdaderos partidos de principios como deben exiqtir, y que allí en
esa lucha, sean cuales fueren nuestros años y nuestras situaciones
del pasado nos hemos de di\ id ir en progresistas liberales de un
lado, en matcnedores a/errados al pasado del otro~ pero produciendo el bien y mejorando la vida de la República para el porvenir." 2
Concluyendo, todas ]as manifeqtaciones j uhilosas del Ban·
qucte vienen a confirmar el impu}qo generoqo de aquel núcleo
en
juvenil montevideano, que a la \'Uclta de la paz reacciona
nombre de ideas y principios- contra los desvíos que adjudica
l

l bid.• p. 18.

2 Jbid., p.

60.

-

30 -

�a los partidos personalistas. Etiológicamente se define como la
juvenlud de ropaj es r ománticos e inspiración espiritu alista, que
egresa de la Universjdad, y encuentra incompatible su concepción
del mundo con el estado an árquico que vive la República. Aflor an
en el curso de los r epetidos brindis y los ampulosos discursos,
los insistentes r eclamos y ]as cálidas protestas de confraternjdad

y lolrrancia n ún cuando las voces par tidarias no se han extinguido.
M ás a11á de las inspiradas inten ciones del Ban quete, las fu erzas tradicionales ag rupadas en torno a los caudillos reclaman un a
legítima part e en la dirección del gobierno, &lt;lesde s u gr ávi tanle
influencia como fu erzas vivas de nuestra realidad política e histórica. Bien puede decirse que, en cierto modo, h a expirado la
h ora feliz del caudil1ismo, al men os baj o la férula prhnitiva que
intermitentem ente imponía desde 1830, pero la sombra de su
puj anza y su brío combativo volverá n a c uestion ar los más caros
anhelos de los j óvenes del Banquete pacifista. Al amparo del
n oble ideal ism o juvenil que presidía aquellas liberales re ílcxiones,
las esperanzas con cehid as se r esentían ante la inestable situación.
De todos modos, con10 saldo incuestionable, de1'e subr ayarse - nota
ej emplar en nuestros anales políticos- Ja reunión de un nu mer oso
grupo de ciu d ad an os que podían, al men os teóricamente, deponer
sus pasion es de partido par a convenir , desde un nuevo crj terio,
en la apreciación de nuestro pasado histórico y en la programación de nuestro futuro institucional. El h ech o, de capital
importancia , era ad\'ertido por un o de los orad ores como signo inequívoco de cierto r eajuste inminente de la vida política.
"Veo aquí reunida la juventud m ás distinguida de la P atria
-con~ign a ha en su discurso el doctor J osé María Castellanoscelebrando la terminación de la guerra civil. y esa juventud n o
pertenece á un círculo ó partido, pertenece á los partidos t odos.
Consider o este h ech o corno un o ele los acontecimientos más n otables desde nuestra constitución política . .. " 1
No obstante, much os de los juicios y apreciaciones que
accrr a del pasa.do y el presente del país en1itían los co111ensales
&lt;le Abril se resentían de fi cción. Al decretar la abolición de las
divisas, aquellas buenas voluntades trasponían los límites de la
reolidad. Precisamente. temiendo por la estabilidad d el precario
equiljhrio se preguntaba el diario de J osé P edro V arela: " ¿ Esa
unión de la juventud dura rá solo el tiempo que n os encontremos
1

l bid., p. 65.

-

31-

�juntos en torno á la mesa de un banquete?., 1 • Fundados \ harto
j ustificados luego los temores de La Fa=, ia pacificación de abril
de 1872 -como la de octubre del 51- establecía el jalón inicial
de un arduo proceso de adaptación a nuevas formas de convivencia cívica. Al día siguiente del Banquete nadie ha ol,·idado
que, como lo establecen las propias estipulaciones de pa1. toda,•ía
está pendiente el pleito ciudadano ahora diferido a las urna~.
No se habían extinguido en el clima político monte' ideano
los ecos de los discursos fratern os del 13 de abril. cuando 'uelve
a promoverse desde la prensa y la opinión el debate que. abierto
un año antes con la escisión de Carlos l\1aría Ran1írcz del pa1i.ido
colorado y la fundación de La Bandera Radical, \'enía a rPrlantear el discutido ensayo de la fusión de nuestros partido~. predicado por Lamas y execrado por Gómez. Sus primeros antecedenlec; se referían a la épora de Giró con el infeliz y efímero
intento de aboli r los bando:s tradicionalec:. Andrés Lan1as había
sido su p1 ofeta ortodoxo y el gobierno de Pereira la más
palmaria demostración de su di, orcio con nuestros hábit f'ls po!Í·
ticos. Ante el emblema r adical que ahora enarbola el nue\ o gu ·a
de una nueva fusión -no de partidos sino de hombres- se
levantan las voces airada.5 de los que, desde filas colo r2d as condenan en nombre de los muertos de Quinteros y de l:i libre
coexistencia de los partidos. todo intento que rememore !a tradición fuc:ionista de Giró. l .a1nas } Pereira.
El S:glo, ya en guardia frente a loe: trabaj oc: ra dicales pre\·cnía, en la víspera del Banquete, acerca de las intenciones que
~o~layaba en su co l e~a de principio.; La Pa=: " ... Entre noEotros
la cauc:a de la fu sión está vcncicln quizá para no volver á ]e•:an·
tarse; la razón en la historia asocia su anatema p::ira hundirla,
imposible es refundir en uno solo todos los c:ic:teinas ... I.1~ fu sión
no sólo es inmoral sino que es irnposible. porque no pueden
rcsun1ir~c en uno todos los pensan1icnto'5, todas las espir3cione~.
todas las pasiones y todns las arnbicione-., que siendo legítimas
son c:cntimicntos respetable.., del corazón hun1ano" 2 •
Los hombres del partido conc:er,•ador no podían to!erar el
dcs,·ío que a sus ojos habían sufrido quienes se proclan1aban
mento res de un nuevo progrn!nn po1ítico que condenaba a los
1

[.a Pa:. ~(onte\ideo, 13 Je abril de 18i2, n9 313.

:?

El Srplo, :\!ontt\ ideo, 12 de :ihril &lt;le l8i2, nt' 2221.
-1~

-

�partidos lradicicna!es: "La fu;,ión iniciada en 1851 y terminada
en la revolución de ju lio del 52; la f uc;ión practicada en 1855
y terminada en la revolución de Quinteros &lt;le 1857, la fu sión
&lt;lesprcslif?iada, la fu sión antipática: la fusión maldecida, la fusión inn1oral co1no la llamaba el Dr. Juan Carlos Góme1. es la.
solución que con nuevo r opaje se n os ofrece en 1871 para nues·
tras cncslioncs políticac;. El mayor defecto que p uede Lener toda
iclea política que ac;pira á los hon ores de una solución I ráctica
e~ no ~c r practicable y el menor de los defectos que Liene la idea
ele f11sión es n o ser practicable . .. Todo partido con :irrnos más
ó mnnoc:: aparentes y visibles. r~p ond e á una necesidad sCJcié~1 , á
ana tendencia rnás ó menos instintiva , á una ac;piración más
ó menog inconsciente. P or eso mueren, lo tnismo que nacen
espontá neamente por su propia virtud aj enos á la voluntad v á
los cálculos de los hombres. 1\ingú n partido n3Cl" Íu&lt;' ra de
t irmpo. ni mucre sino cu anclo debe morir, ni vive c:.ino cuando
t it-ne r azón de ser ; son la obra del tiempo y de l o~ acontecí·
1nientos y es necer.;ario dejar que el tiempo y loe; acontecin1ientos
rcalicPn su obra providencial de transf orrnación incesante:' 1

r:n

realidad no era la fu sión de los partidos rn sentido e'tricto el norte político de loe; rednr tores ele La Pa=. "Se propende
ú la regeneración de los partidos -dice el órgano r adicall"vnntanclo sobre ellos Ja propaganda independ iente de las ideas
y no encerrándoles en el circulo abrumador ele la tradición que
r ófo ~i rv,.. para mantener una agrupación dic;ciplinada v personalí.. ima'' 2 • Se proponía así "la uni ón ele los c iudad ano~ nue pr of r.rian igunles principio.:;, aunque en la lucha de los handos ha,·an
n1i:itnc!í&gt; rlloc; ó sus padre en filas opuestas" 3. Los redactores
f,(l f ronJr.cuencias de las fricas, en El Siglo, ~Ion te\ ideo, 15 de
mayo cl t 1872, nO 221 t
Fn lo.. mcc:cs inrnrrliatoc; a la Paz de Abril. mit:ntrac; en las página" de
l.rr !'ni se h•trnsifi cahn la propaganda contra lo" partidos tradiciona}cc;,
podía }P.erc:e en Fl Si~/o cl el 7 de mayo· "Las tcndcnc·ia' fuc;ioni,tas empieza n
á 1nanifr. c:ta r~t:. la idea de la r.on1nic;;ti ín de los particlos pronto ec:tará t:n
• a1npañu: pero no "º"' ton1ani ele c:orprt:c;a; In esperábamos. tr&lt;"emo" que
.,¡ ln f11&lt;:i ón es malo. rn teoría c·ci n1'Í" nuila atín en la práctica. Creemos que
tal c;j&lt;:Lf~ntn cien vt&gt;ce r.n-.nyaclo y cien \ eccc; dec:echadl) y mal !tto no ce; lo
n111• n1•cc• ita la Rcpú hl ir.n y por e"o ,., Qll&lt;' no no" canearemos de combatirlo .•. Li bertad. es lo tíni co q11r ncr.csita la Hrpúhlira." ((fr.: Actualidad,
tn Ti.'l Sigln. \l ontc"Yi&lt;lco, 7 de mayo de 1872. n9 2236.)
1

2

Ln Pr:z,

~l 11n t 1•\ idc•o, 9

clr ma)O de 1872. n'&gt; 331.

,\f r.nifiesto del &lt;:lub f~rulic al, \f onlc \ itlt o, 30 de rnsyo de 1872, en
í' .. ;:, l\lonlc\ idlO, 2 de junio de 1872, nV 319.
3

J 11

-

~3

-

�de La Paz ante la ofensiva que emprendía José Pedr o Ramírez
desde El Siglo aclaraban el alcance de sus opiniones : "No se
pretende. . . lo que sería utópico y contrario al espíritu &lt;le las
sociedades modernas, destruir la diversidad de opiniones; lo que
!e busca y se quiere es reunir en un esfuerzo común á todos los
que piensan de un mismo modo, á todos los que buscan el triunfo
de unos mismos principios" 1 . Los elementos de la novel institución partidaria que surge a la vida como fruto temprano de la
convivencia principista sienten la necesidad imperiosa de abandonar "los partidos tradicionales en su camino de errores y de
estravíos" 2 en el entendido de que esos partidos son ya "incapaces de responder á las exigencias del presente y á las necesidades del porvenir ... Tal vez el presente les pertenezca todavía,
pero el porvenir se les escapa y viene á manos de los que abandonan los errores y las preocupaciones del pa'-ado" 3 .
Ensayo prematuro parece ser la empresa del Club Radical;
arraigados en la entraña histórica de la sociedad oriental los
partidos tradicionales condenaban, con la fuerza decisiva que
ejercían en la opinión, aquella asociación política que a pretexto
de principios liberales pretendía abjurar de las divisas.
En otra actitud -en cuanto ajuste de ideales y realidadeslos conservadores y los futuros nacionalistas propendían a la
transformación de los partidos -mediante la propaganda principista- sin abandonar su bandera ni condenar su pasado.
De ese modo, se definían en dos planos divergentes sendas
actitudes del principismo: por un lado, quienes sin r enegar de
su divi"a adoptan la prédica doctrinaria como programa de su
partido ·t; por otro, quienes renunciando a las Yiejas banderas
procuran, fuera de las agrupaciones blancas y coloradas, la
erección de una nueva fracción política dectinada a obrar la
transformación civilista que anhela la República.
A la luz de la polémica que con ese motivo mantienen
1

Ln Paz, f\fontevideo, 9 de ma}o de 1872, n9 331.

:2

1bid.

Jbid.
i Decía Julio Herrera y O bes en su di!&gt;curso del Banquete de Ja
Juventud: "Nosotros estamos probando practica mente que no es necesario
recurrir ó las utopías generosas de las f uc;ioncs; que no es ne ce~ario que
un pendón de ignomini~ c~bra los colore! q1~e ,,simbolizan. qus tradicion ~s
en el pasado y sus asp1rac1ones en el porvenir. (Cfr.: Discurso de l ulio
Herrera y O bes, en El banquete de la juventud, etc., cit .• pp. 18 y ss.)
3

•

�El Siglo y La Paz, el órgano conservador, como en el fragor de
la lucha contra Aparicio, vuelve a abrazar los viejos principios
del partido colorado. "El Siglo formará en las filas del partido
político que desde 1843 viene manifestando en medio de las
luchas más bastardas, de los errores más lamen tables y de los
extravíos más dolor osos, una tendencia constanle hacia el establecimiento de gobiernos legítimos que hagan una verdad las
instituciones liberales que nos rigen, ó en otr os terminos, EL Siglo,
servirá la causa de la comunidad política que ha sido llamada
por razón de s u distintivo de guerra el P artido Colorado" 1 .
En verdad , la actitud conservadora responde al temor de una
victoria electoral del partido blanco, para cuyo conjuro no escatimará concesiones dentro de filas coloradas 2 . Veladas insinuaciones primero. directas negociaciones luego, moverán a los elementos de El Siglo a estrechar posiciones junto a los hombres
de La Tribuna y Los Debates para enfrentar al adversario tradicional.
Con miras, pues, a presentar un frente único en las elecciones, se agrupan los contingentes del florismo y de Ja fracción
conservadora en una r eunión p opular encaminada a aunar posiciones. 3 JJa r eunión cristaliza en la fundación de un club color ado
que, contemporizando las miras ele José Cándido Bustamante y
de José P edro Ramírez, se deno1ninará Club L ibertad. 4
1

El Siglo en el período de lucha, en El Siglo, 'ttiontevideo, 5 de

may o de 1872, nº 2237.
2 En el flf ani/iesto del Club Libertad se consigna: "Entrará á la lucha
electoral con s u organización de partido político, sostend rá candida turas de
6U co1n11nidad, si n aceptar en ningú n caso y por ninguna consideracit n pactos ó fusiones con el partido blanco cuyos resultados han sido siempre
contraproducentes y funestos . •. " (Cfr. : El Siglo, 1\-lontevídeo, 1 Q de junio
de 1872. n9 2257.)

nº

3

Reunión. popular, en El Siglo, Montevideo, 19 de mayo de 1872,

224.8.
" La reunión se efectuó el 20 de mayo en el Teatro Nacional, asist iendo, &amp;egún cálculos de El Siglo, unos quinientos ciudadanos. José Cándido
Bu ~ tnnu1nte propu~o como nombre Club de la Unión del Partido, pero J osé
Pedro Ramírcz y Julio llerrern y Obes, en sendos discursos que reivindican
los d erech os del partid o colorado, recuerdan su ejecutoria, exaltan l os prin·
cipios liberales que identHican al partido de la De-fensa y proponen el nombre
do Club Libertad. Se decidió que llevase tal denominación y el acta de
adhesión quedó a disposirión de los interc c:.ados en las imprentas de La Tribuna y El Siglo. (C fr. : La reunión popular, en El Siglo, ~fontevideo, 21 de
mayo d e 1872, nº 22119.)
Al día sig uien te, el { rgano colorado principista dando cuenta de los
resultados que surgían de la re unión popular, presen taba, a modo de sim-

-

35 -

�En verdad, la pregonada unión del parlido color ado no llega
a concretarse sino parcialmente. No todos los conservadores
seguirá n las aguas de J osé P edro R amírez y Julio H errera y Obes
tendiendo la m an o en el seno del Club L ibertad a quienes apuntalaban el gobierno de Batlle. El doctor J osé María M uñoz - su
intransigen te adversario- en una declaración enviada a El Siglo
niega su adhesión al Club Libertad. 1 P or otra parte, tampoco es
unánime el con senso de los color ados netos par a un buen avenimiento con el grup o doctoral; Fran cisco Bauzá, que representa
desde Los Debates la fracción personalista más recalcitrante del
p artido colorado, aglutina a sus part idarios en otro círculo, en
principio llamado Club Liberal y defin itivamente proclamado com o Club Colorado . 2
No obstante transitorias connivencias, y pese a la vaguedad
bólico espaldarazo, las credenciales con que sur gía Ja nueva agrupaci ' n
poliuca: "El Club Libertad no es un grupo aislado de ciudadanos ni e!
una asociación de determinadas individuali&lt;ladc.., es el partido colorado que
se reúne en un propósito común, es el partido colorado que se organiza y
que &amp;e hiergue Lsic] adoptando por lema la mágica palabra Libertad que
ha siclo la deidad de sus ofrenda&amp; y el ideal de su&amp; aspiraciones y levantando
en alto la bandera que legaron á sus hijos los héroes de nuestra epope".ta
legendaria... La batalla decisiva que va á librar... e debe encoutrarnos
unidos en una única idea y en un propébito palriótico y común y si las
lanzas de nuestros adversarios se han quebrado ante los cuadros de nuestra
infantería, hoy igualmente las maquinacione::o reaccionarias han de estrellarse contra el cuadro con1pacto de nuestras voluntades. En los momentos
solemne~ que atravesa mos, cuando -vrunos á jugar en el palenque del libre
&amp;ufrar;io nuestra legítima preponderancia en la dirección de los de::tino:&gt;
nacionale.-, sería antipatriótico y funesto preparar la di soluci ~ n de nues1ro3
elemento&amp; y la pérdida de nuestras íuerzas con csac; r ivalidades ~iem pre
mezquin as y siempre condenables que han comprometido tantas vec s el
triunfo necesario de las buena&amp; causas ... Creyentes de un dogma político,
aoldadoc; de un partido, usaremos de un derecho irrenunciable quemando un
cartucho centra las dos agregaciones políticas que se prcc:.enten en el campo
disputándonos la corona de los triunfadores: el partirlo 'iejo de los blanco"
y el partido nuevo de Jos f usioni-.tac; ... " (Cfr.: El Club Libertad, en E l
Siclo, ~Ion le\ ideo, 23 de mayo de 1872, nQ 2251.)
l

Cfr.: El SiJlo,

~lo nte\ ideo,

23 de mayo de 1812,

nO

2'.:51.

Cfr.: La unión hace la /uer:a, en El Siglo, :\Tonte' ideo, 19 de junio
de 1872, nQ 2257.
La agrupaci n que encabezaba Franci!:co Bauui -c-onsigna Pi\•cl De·
voto de filiación católica, rechazaba la uni ' n con el grupo principi-,ta que
obedecía a las direcl1vas liberales. En ese c:.entido condenara, Junto al
ObLpo Jacinto \ 'era, la Pro/t.sión de Fe Racionalista ele julio del 7~. con }3
que nue ~ tro libre pensamiento proclama su rupt ra forma l con la Iglesia.
(Cfr.: J UAN E. Pf\'EL J)I,\'OTO, !listoria de los purlidos políticos en el
ll rugun)', cit., l. II. p. 119.)
2

-36-

�expresa e.e su programa. el Club l.. iberlad tipiíica en verdad la
línea del principi rno conscr\•ador. a cu¡ a prédica pnrece obedecer
au programa: ... '"se propone nntc todo consolidar una situación
de instilt:cioncs, de garantías } &lt;le libertad ... en esta como en
todas Ins cri5is políticas de plegará á todos los \ ienlo3 la bandera
de los grandes prinr.ip!os que consliluyeron la gran epopeya que
inmortnlizó la defensa de ft.1ontevidco." 1
Una sen1ana despué~ que la reunión popular del T atro Na.
ciona] Eancionara la Iun&lt;lación del Club Libertad, el Club Radicnl
hacía Jo propio al definirse como entidad política mediente su
progrn:nn de principios.
Los antcccclcnles ideológicos ele la nueva agrupación proce·
den del 1nismo cuño liberal que nutrió a los redactores prinri·
pistas ele El .Siglo. u:; fi guras rectoras, Carlos 1VIa1 ía Ra1nírez
y J osé Pedro \ 7arela, procedían del partido colorado conservador
y a sus diarios colegas de El Sialo les unía -si no un idéntico
credo- una común tradición ideológica . Como oportunamente
se consignara, su prédica efectiva comien7a en el apogeo de la
reyo]ución con el alejamiento de Carlos l\.Iaría Ra1nírez de la
redacción &lt;lr El .)iglo y la íundarión ele lrz Bandera Radical.
J osé Pedro V arela, hasta entonces fer\ iente rol orado, abandona
el perión1co conservador para emprender. en la tesitura de Carlos
fvlnría lta1níre1, y desdr el diario La Pa:, ~u campaña por la
pacificación ele la República ) la conn1i tión de los partidos.
1\ la vuelta de la I&gt;az de Abril, los elementos principistas
que ce agrupan en torno a la redacción de La Pa= confían en la
\ olunlad popular del sufragio 1&gt;ara iniciar una era de rccupc·
l ut.ión. 2 Reflexionando c;ohrc la cnlraiía y el destino de nucslro"
partidos tradicionales, que aún se encuentran en trance de con1·
pro1nctcr }ac; conquistas institucionales con el empuje de sus pa·
!:ionc~, el Club Radical define su posición principi:&gt;ta: "Dos
carnino~ ~e prc~cntnn &lt;lrsdc luego á nuest ra elección - puntua·
lizn ha el \Ionifiesto del (1ub Radical- . Fusi onar con todos lo·
0

1

.Jani/i,..sto del C/11[t l.ibcrtad, en El 5iglo,

d e ] 8i2,

11º

~fontcvidco.

1? de junio

2257.

En los últi1nos clíu~ clr• rna yo ele 1872 se con tiluyó la Co1ni~ión Di·
f &lt;'ClÍ\ u del Club Haclical integrarla por: Cario~ l\[11rÍ•1 Il an1 rrz. presidente,
l:dunrdo Drito del Pino, \·icepr1&gt;c:icl ent1', A urclio Berro. lesorero, Cri tóbal
'n)\nñ nc h th.) y Jncoho . \arela. c:t·cretario-.: J!dcfo:iso García 1 ,., ;;,
Al r(linuo Hodrí~1H'.7'., Jo~ é .i\Iuría Castellano~, i\li~H c l llerre1a y Obcs, Gon·
ro!o llarnírc7. y Jo sé Pedro \a rclJ, VO( ale.,.
:.!

.., ,..,.
-

,')¡

-

�elementos gastados, corrompidos y retrógrados de los partidos en
que respectivamente hemos miliLado, formar con ellos cuerpos
políticos rivales y estimular su antagonismo ya demasiado amenazador y violento, halagando á cada uno con la idea de su
respectiva superioridad fundada en sus pasadas glorias y en los
crímenes del contrario y llevarlos y acompañarlos así á una
competencia perjudicial y un triunfo de resultados mezquinos,
en que los elementos progresistas del partido vencido quedarán
esterilizados para el bien público, mientras l os estacionarios y
retrógrados del partido que triunfe se levantarán como una rémora al progreso del país. O bien, unirse por las ideas, prescindiendo de la tradición, los hombres que profesen el culto de
unos mismos principios constituirse en asociación política al
gervicio esclusivo de los intereses progresistas y liberales del país,
procurar por todos los medios legítimos la exaltación á las más
altas magistraturas nacionales de los hombres de ambos parlidos
más capaces de servir aquellos intereses y aquellos principios
y esforzarse así por conseguir uno de esos triunfos verdaderamente fecundos, duraderos y gloriosos, los únicos capaces de
regocijar al país entero en que la victoria no perlenezca n i á los
colorados ni á los blancos, sino á los más ilustres hijos de la
República. Nuestra elección está hecha. El primer camino ha
sido trillado por todos los partidos desde que nos constituímos
en nación. Los triunfos por ese medio adquiridos han sid&lt;' fatales.
Ellos han conducido á la República al lastimoso estad,, en que
se encuentra. Nosotros creemos que es acto de patriotismo ensa) ar
el segundo, convencidos de que él conduce á la paz rrparadora
y fecunda, a Ja libertad benéfica asegurada por todos. Al imperio
de Ja justicia imparcial, al reinado de las leves soberanas y al
empleo de todas las fuerzas vivas del país en la obra de su civilización y de su engrandecimiento." 1
Cuando ve la luz el programa del Club Radical, su desvinculación con los partidos tradicionales es ) a un hecho consumado. "El Club Radical e una asociación nueYa é independiente
que no reconoce solidaridad con ninguno de los partidos del
pasado." 2 Dicho programa, lábaro del principismo puritano,
Afani/iesto del Club Radical. 1'fontevideo. 30 de mayo de 1872, ca
La Paz, f\fontevideo, 2 de junio de 1872, n9 3-19.
l

Programa del Club Radical, f\Iontevideo, 30 de mayo de 1872, arl. 19,
en La Pa:, \fontevideo. 2 de Jun10 de 1872, n9 3-19.
"El Club Radical aspira a disolYer a los antiguos partidos mostrándoles
:?

-

38-

�traza la ejecutoria que preside su conducta política. "El Club Radical - reza el programacondena y rechara la fusión ó
amalgama con partidos ó elementos personales de ideas y aspiraciones distintas de las suyas propias, fundando su fuerza moral
en el presente y sus esperanzas de fuerza material para el futuro
en la estrecha uniformidad de los principios y propósitos que
forman el vínculo inquebrantable de la asociación". 1 La n ovel
agrupación preconiza, bajo su bandera, la más amplia tolerancia
como base primaria de la convivencia cívica, abj urandCJ de los
gobiernos unilaterales y de su fórmula "gobernaré con mi partido
y para mi partido". 2
En el aspecto doctrinario, el programa de prineipios del
Club R(l(lical supera sin duda, por su concisión y rigo r, al del
Club I.. ibertad 3 ; establece la teoría de los derechos individuales
bajo la forma de libertad de prensa, libertad de reuniór. y aso·
ciación, libertad de sufragio y seguridad individual como pre·
misas ineludibles para el ejercicio pleno de la vida política 4 ;
proclama el principio de la igualdad ante la ley, ya del individuo
c·1 antagonic:mo interior en que c;e agitan y Ja verdadera solidaridad que envuelvr á mncho11 de Jos que aparece n como intrans1gente~ adversar101 .•.
El Club Radical c;eñala á cada partido s u~ errores y t1uc; crímenes; reconoc&lt;&gt; á cada partido sus c;ervic.ios y sus méritos, y combinanclo ... la más
rígitla F-everidad de convicciones con la más humana fraternidad de scnti·
miento11, quiere ciellar la alian1.a moral de todos los hombres de princi pio•
rontra todos los elementos de violencia y de de c;ord en ... " Así rezaba la
r ircular que t;Uc;&lt;'rita por el pre'lidente del Club Radical, Carlo!l ~faría Ra mírez., l!C remitió a ''los compatriota~ de los Departamentos" adjuntando el
Programa y el Afani/iesto del Club. (Cfr.: La Paz, 1.1ontevideo, 17 de
junio de 1872, n9 386.)

Pro{lrama del Club Radical, ~lontevideo, 30 de mayo de 1872, artículo 20, en La Paz, ~1ontevideo, 2 de junio de 1872, nº 349.
l

2 1bid., "articulo
to~ ~an o&amp;, liherales y

5º: El Club Radica] anhela ver a todos los elemen·
progrrs1slas sin distinc1ón de colorct1, convocados al
tr ahaJO reparad or de la adm1ni«1trac1ó n pública. y condena co mo la más
nbom1nable cfr- la' fórmulas política aquel1a que por boca de los maJÍs·
11 ado111 e&amp;e drcir al put-hlo : gobernaré con mi partido y para mi panido ...
Art. 10...l:.J Club Radi cal, viendo en la fraternidad el lazo que da vida y
f 11t•ru á In~ nacion&lt;"s combatirá las aberraciones del fanati .. mo político, Ja
perpc-tuación de odi o!', la .-clorificación de las venganzas y demostrará prac·
tirnn1t·nte que Ja divero;idad de ideas y aspiracione1 no debe nun ca dividir
en ej~r~· ito8 ent'm1go~ y fcroceq á los hiJO&lt;. &lt;le una nu ~ ma lterra."
3

/bid., articulo 8.

.e

/bid., nr1 íc111o 11.

-

39-

�o bien del ciudadano, en sus respectivas vinculaciones con el
Estado. 1
Para el logro práctico de estos propósitos prevé la reforma
constitucional que permitirá "restablecer el imperio abscluto de
la igualdad y de asegurar el más amplio goce de las libertades
sociales á todos los habitantes del Estado" . 2 Consigna arimismo,
en el orden de las realizaciones materiales, una serie de aspiraciones que vienen a concretar las necesidades más urgentes por
'ºEl Club Radical quiere el r einado de la libertad política en sus
más amplias manjfestaciones. Libertad de prensa , bajo la esclusiva é inviolable jurisdicción del jurado. Libertad de reunión y asociaci n sin más
límite que el r espeto á la tranq uilidad pública. Liber tad de sufragio eficazmente garantida por la imparcialidad y la abstenci ' n de las autoridades civiles y militares en el acto de los comicios públicos. Libertad ó seguridad
ind ividual á cubierto de las interpretaciones fraudulentas que se han dado
al a rt. 81 de la Constitución.
Art. 9, El Club Radical quiere el reinado imparcial de la igualdad ya
t'n las relaciones del ciudadano con el Estado ya en las de los ciudadanos
entre sí, y pugnará por el más estricto cumplimiento de las ley es que re·
guJan aqu 1 ..agrado principio!'
(Cfr.: Programa del Club Radical, ?\Iontevideo, 30 de mayo de 1872 en
La Pa:, .\lontevidco, 2 d e Junio d e 1872, n° 349).
l

~ (Cfr.: 1\lani/iesto del

Club Radical, l\1onte\'ideo, 30 de mayo de
1872, en La l'a:, ~lontcl1deo, 2 de Junio de 1872, n9 349) .
Pro nrama del Club Radical, l\lontevideo, 30 de mayo de 1872, cit. art.
15 ''El Club Radie.al propt ndcra á que el paí-, inicie la reforma de la
Constituci ón y con ese objeto dcfcndcra } propagará los siguientes princ1p10~ constiturionale5: Con ...agración cxpre~a de todos lo-. d erechos individuides dcclaníndo!&gt;e nula toda ley que suprima ó re~ trin ja pre\entivan1ente
su ejercicio. Apropiaciín á nuestro estado ~ocia l y á nue ... tra organización
política J e }as piQrantÍa&lt;l de) habeas corpus inglés y establecimiento preceptivo del juicio por jurados en materia criminal. Imposición de la rcsponea.bili dad á todos los funcionarios públicos por l os actos ilegales en q ue
dañen derechos ó interc~c s d e cualquier habitante del país. Prohihic1 n
abcoluta haJO -.everas rcsponSJbiliJadt:s, de que los tribunale• apliquen
]PyC'l dcrogatonas de Ja Con:;tituci1ín dt:l Estado. E'tensi n del plazo d1•
residencia fi jado á Jos miemhros del P oder Ejecutivo. Elección d el Pre·
sidcnte por intermedio del colegio de electores nombrados al efec to y con
e~ oxclu h·o manda to. Extenc:i n del derecho de sufragio á t od o ~ la~ c)a:;es
de la sociedad con un o:.io;.tcma electoral capaz de a egur3r la re prc .. entac!ón
ele la" minoría~. Dt·rogoción de alguna de las incompauhilidades par .1·
mentaría&amp; c&lt;.tahlPctdar;, por ~l art. 81 de la Con "&gt;tituc1 n. Plantcación d el
n111nicipio administrativo, judicial r militar sobre la ba"e de una de.:;centralización prudentemente combinada con la injt•rcncia política ele] poder rcn·
tral. Orga nización de la Guardia Nacional ó las mili c ia~ !'obre la bac:e de
la elección popular con arreglo á los prin ci pios uniformemente a dopt:ido111
Pn toda lo Unión americana y en otro .. puchlos libre . ,\ .:i~naci ó n de nn
fondo y r enta~ cbica · e!prccin é inviolablemente afectac. á Ja ohra de l t
r.ducación pue5ta al alcance de t odos los habitante" del E tado y en general

-40-

•

�que atraviesa el país luego de la devastadora guerra civil y el
consiguiente quebranto de la hacienda. 1
En filas del partido del Cerrito iba a operarse asimismo,
luego de la Paz de Abril, un saludable movimiento de opinión
tendiente a encauzar al partido blanco en la senda de los prin·
cipios. No ob~tan te, antes de la pacificación menudearon, una
y otra vez, 1as tentati vas de trocar Ja divisa tradicional por una
ban dera doctrinaria. z
todas la~ reformas que tiendan á garantir la libertad y á consolidar el gobierno del pueblo por el p ueblo''.
Y en el ~l a n 1ficsto &lt;.lt· l lluú Radical se apuntaba:
" Prcdt:::tinacla por el más fehL concur~o &lt;le circun:.lanc1as favorables á
elc\'arsc en poco tiempo á las más altas cun1bres del progreso en todo
sentido, n uestra infortunada patria ha siclo convertida, por el choque i nfecundo y perpet uo de SU:&gt; partidos personales en un pueblo estacionario
&amp;i no ret rógrado. En cuarenta años de \Ída independiente ¡cuan pocos
c:,fucrLos hechos ('n el sentido ele la reforma y el mejoramiento de las 1ns·
titucjonc9 ! :\J icntras otro~ pueblos cultos, en cuyo seno se agitan verdaderos
par tidos dt! principios, van conc;ignanclo en sus leyes fu ndamentales todas la!J
grande \Crdadcs morales y políticas puestas en evidencia por la civ1hzación &lt;lcl c:iglo en que vivimos nuestros partidos de guerra nos mantienen estacionados en el año 1830 con una Constitución que fué adelantada en
Fu tic1npo, pero qui· reclama en nt1C!&gt;lra época seria~ reformas para ser
pue:.-ta rn arrnonía con los progrc ..os á que, en lac; ideas como en las costun1brcs pliblicac; ha llegado felizmente nueqra patria por el simple transcurso d l tiempo y por la sola fuerza de las cosas á pesar ele la letra de
~uc; Jeye y de In inacción de lo&lt;; p .. n1dos •• . Convencidos de que los dog·
n1a" funda1nf!ntalcs de la igualdad y Ja libertad concagra&lt;los en principio en
111 Constitución del [-,taclo, han c:iclo sin embargo clrsconocidos y atacados
c•n clic:posiC'ione!il ('~periales ele In n1is1na Con stitución, contrariac; á la igual·
dad y ú Ja.., leyes v1grntes re tricti\·as del cje1cicio el" la libertad en algun a9
de suc; 1nás útiles, más necc .. nrias y más grandio,as manifestaciones, darcinos nue¡;tro sufragio paru legi,.luclores en lo ... próximos comicios á aq11e·
Jloc; de nuo9~ros ciudadanos que, "cau cuales fncrcn sns opiniones sobre la
tradici6n de Jos partidos, t•stén cli .. pueo:.to!' ú en1pre11der Ja reforma &lt;le la
Con,tilución en r.l c:cntido de rc-.tnhlccer el imperio abc:oluto de la igualdad
y de ª""t;11ra r el nuís an1plio goce de las libertades so c ialc~ ú todos lo:&gt; hahitantt·s del E.;tnclo.''
Cluh Radical en el orclen de lo" interc,es materiale"
p1ovovt ni incansah!P.n1ente el dec:arrollo de la indu tria, la agricultura y del
('on1"rcjo, de la inrnigraci •n c-.trangc·ra, ele las vías ele romunicación y de
In&lt;: in tituciones ele crédito; trabajando también por la forn1acit}n de la ec:·
tudísticu genera l, por el a1 reglo de la Deuda Publica y la reforma de nu r c:.
tro Fi t nut renti ticu.'' (Cfr.: Progrnmn dt&gt;l Club Radical. ~lon1ev1dco, 30
rll' 1nnyo de 1872, en La /'n:, ~I onlc\id eo, 2 de junio de 1872, n9 3-19.)
t Arl. 131 ''El

''El partido nacional elche reivindicar la gloria ele haber desplegado
ante ... que ninguna otra colecth idad política la ancha bandera cl1.1l principi.,mo
ju~pirúnclose en l a~ fecundas lecciones de la hi--toria y en la cor riente &lt;le las
idea" n1oderna-.. El partido nacional ha :;ido la prirnero. colectividad pol ítica
!l

41 -

�Durante la contienda del 70, desde la imprenta volante del
ejército rebelde, el periódico La Revolución anticipa el surgir del
nacionalismo. Con el cese de las hostilidades esa expresión prin·
cipista transfirió a La Democracia donde, a partir del 19 de junio
de 1872, se cumpliría una nutricia y fecunda prédica doctrinaria.
En el primer número del órgano nacionalista se inscribe la pro·
fesión de fe política que, identificando a la nueva fracción blanca,
adoptará como distintivo el lema Club Naci-0nalista. Bajo su
proposición "paz y libertad electoral" esboza los principios de
la futura organización institucional; en tal entendido condena a
los partidos exclusivistas, reclama la reforma de la Constitución
y de la ley electoral y preconiza la descentralización ódminis·
•
trat1va.
"En la lucha electoral en que vamos á entrar -advertía
La Democracia- los partidos deben buscar su bandera fu era de
las terribles peripecias revolucionarias que dejamos muy atrás,
para ofrecer á la Nación, otras perspectivas que sus agitaciones
y su continua inseguridad, que es la única que repr esentaría
en el presente una tradición más ó menos gloriosa pero ligada
eiempre á los hombres y á antiguas divisiones. El pasado debe
5er relegado al juicio tranquilo de la historia ... El ptirtido na·
cional, congregándose bajo la invocación del espíritu democ rá·
tico, fiel á su lema, ha aceptado la paz como una cond ición de
vida para la nacionalidad y !e propone aunar y combinar los
esfuerzos para salir de la crisis que atravesamos. . . El par tido
nacional ha reconocido y reconoce que el hecho accidental de la
paz sería solo una tregua si se hiciese esperar la solución radical
de los problemas que ec;terilizan y conmueven nuestra e:"tistencia.
Iluminado por esa verdad se propone pugnar p or todos los medios legítimos, por las conquistas liberales que han de dignificar
á los hombres y á los partidos abriéndose otro campo de acque ha gobe rnado el paí~ en nombre del paÍq, la primera que ha !abido
prec:cindir de )a, tradicione~ hi qtó n co~. El partido nacional ha nacido de
los pandes exigencias sociales y políticas del pueblo... u progTama era y
e~ el pograma del porvenir . .. E.l partido contrario, unido y compacto al
porecer se agrupó bajo un lema tradicional y cscl11 ~i~ista, dt&gt;c;cchó tod a
idta dt' fratC:'rnidad y tic lanzó á la lucha electoral. .. como un ejército entra
en ba.tal1a á la \ 'OZ de sua genera le9. Comprendimos dc~e el primer momento
que ece part ido estaba condenado á uf rir una d~rrotn moral... Lo" re·
e11ltodot1 no dco;, minticron nuc"tras prcvi&lt;.ionc•." Tal el editorial de La Demo·
crncia en que •e ragtrean los or í~cnc" del principi .. mo hin neo. (Cfr.: Lo$
tri.un/o.~ de la buena cau.sn, en La Democracia. ~f on tc\' idco, 20 de ºº' icmbrc
de 1872, nQ 154.)

-

'12 -

�ción. . . '.\ ue:: , lros estravíos y desórdenes no son esclusivamente
la obra de los hombres. Emanan en mucha parle de los profundos
vicios de la organización social y política. Trabajar por supri·
mirla, por levantar á la República de su postración en t.•l interior
y exterior es el programa de La Democracia.,, 1
La plataforma doctrinaria de la fracción nac ionalista se sis·
tcmatiza en forma orgánica en el Manifiesto del Club Nacional
del 7 de julio del 72.
I ndudablcmenle, la exposición de principios del !vlanifiesto
señala una etapa de superación en la línea evolutiva del partido
blanco. "El Club Nacional de ivlontevideo levanta como bandera
electoral para los próximos comicios y como nimbo de unión
entr e sus correlig ionarios políticos ]a siguiente declaración de
principioc; y propósitos á cuyo triunfo consagrará sus esfuerzos.
I~l Club
acional admite como un principio fundamental de
libertad y de justicia la coexistencia de ]os partidos. . . no con·
&lt;lena ni glo rifica los partidos del pasado. . . y condena todo
e~f ue rzo que tienda á la organización ó perpetuación de partidos
ó bandos personales, de partidos esclusivistas y tiránicos que
renovar ían las cfllamidades de otras épocas poniendo en peligro
las ronq uicitaCj á caro precio alcanzadas, en favor de Ja libertad
y del orden." 2
Tal el espíritu contemporizador con que el nacionalismo en·
írenta a los demás partidos " sin odios ni esclusiones" al punto
d e proclamar la prescindencia de todo color p olítico en la elección
d e los candidntos a los cargos de gobierno, inclusive la primera
mag istratura del país.
"El Club Nacional, consecuente con su! declaraciones y con
el espíritu elevado que lo anima, propenderá á la Representación
·acional y á la Presidencia de la República á los ciudadanos
más capaces de realizarlo, p or sus virtudes y por su t alento y no
vacilaría en escogerlos fuera del seno de su comunidad política,
siempre que estén de acuerdo con las ideas y propósitos fundamentales que ella profesa ... S iendo loCJ Representantes del pueblo
legisladores y á la vez electores de Presidente de la República,
Nuestro propósito, en La Democracia,

l

1872,

nQ

~1ontevideo,

lº ele junio de

l.

1llani/H!5to del Club ''acionnl, ~lontevideo, 7 de julio de 1872, en
Riblioteca .\ac1011a/, ~lontev1dco, (oler.cion. llelián La/1.nu.r, t. 108, y en La
lJernocrac1a, \lontt:v1deo, 9 de Julio de 1872, n\&gt; 36.
2

-

i13 -

�vicio de que adolece la Constitución actual, el Club Nacional no
hará depender la elección de sus candidatos de la adhesión á
determinada candidatura presidencial sino que se fijará principalmente en las aptitudes y condiciones que reuna para desempeñar
dignamente el cargo de Legislador ... " 1
El centro de gravedad del Manifiesto descansa en le delimi.
tación práctica de los principios, cuya fórmula sintetiza declarando que.. . " sostendrá para sí y para Jos demás, á la par
de las garantías individuales que ]a Constitución consagra, la
libertad de prensa, la libertad de asociación y de reunión, la libertad de sufragio". 2 En lo que r especta a las realizaciones
concretas propugna, como necesidades vitales de su hora: " el
mantenimiento de la paz. . . El r establecim iento del orden y
la m oral administrativa ... El afianzamiento del crédito público ...
La reíorma de la ley de elecciones con arreglo . . . al sistema que
mej or consulte la representación de las minor ías . . . La creación
de la Alta Corte. . . mej oramiento de cárceles. . . abolició n de la
pena de muerte por delitos políticos . . . El fomento y la mayor
difusión de la educación é in~trucci ón del pueblo ... La difusión
de la enseñanza agrícola é industrial. . . en que se cifra gran
parte de la riqueza y el porvenir del país. . . y la conveniencia
de que la Constitución de la República sea reformada, adaptánd ola á las exigencias de la época ... " 3
A m itad de cnmino entre la P az de Ab ril y las elecciones
d e noviembre del 73, Jos partid os orientales, librados al impulso
vivificante del combate cívico se empeñan a fanosamente en una
fecunda obra de recuper ación, conscientes de q ue el país trasponía los umb rales d e un nue\'o período de efecti vo acondicionamiento de todos los valores democráticos q ue conformaban nuestra estructura política. Recom posición, reajuste. transformación,
caracterizan la fisonomía y e encía de los pa rtidos que por ent onceq - a mediad os del 72agita n .su bandera y difunden
sus idea~ . El fenómeno no responde, en última instanci:i, sino al
proceso de emancipación espiritual con que n uec;tras fo rmas men·
t ales enfrentan los usos y p nlrone intelectu al e~ de cuño colonial.
" Se ha arrancado el cetro a España, per o no hemos q uedado con
1

1bici.

!l

1bid.

3

1bid.

•

•

�su e~píritu ", consigna Leopoldo Zca. 1 Al cabo de cuarenta años
de cruentas luchas parece cerrarse el convulsionado paréntesis
temporal con que nuestro ciclo histórico rinde obligado tributo
a la secesión política de la metrópoli. A lo largo y a lo h ondo
&lt;le esos cuarenta años nuestro país se debate en procura de un
pasado legítimo. El pasado hispano ya no le pertenece; niega
su auténtico pasado y, al insistir en la anarquía y en la guerra
civil, sig ue marchando de espaldas a la historia. Una ulterior
etapa orgánica y constructiva. a inaugurarse luego del interregno
militarista ( 1890) , consumará la asimilación dialéctic=i de ese
pasado que aparecía de~pojaclo de su entraña esencial.
El Siglo, pulsando el latido de su tiempo, revelaba una singular sagacidad histórica cuando - actor de los sucesos- le
avi1oraba en tajante perspectiva: " ... ec;te país se encuentra á
nuestro juicio al principio de la evolución histórica verificada
ya en Chile y en la República Argentina. e ha iniciado la transición del período de las guerras civiles, con su séquito obligado
de caudillos. partidos personales, y divisas, al período de reconstrucción política y administrativa. En tal iluación nos explicamos perfectamente el trabaj o de descomposición y transformación que se está elaborando en las entrañas &lt;le los parlido~ .
Estos han estado hasta ahora organizados para la lucha armada,
porque la guerra civil constituía la trama de la vida política. J. .a
intransigencia, no en los principios, que esa intran"igenc..ia no es
más que probidad política, la intransigencia con las personas que
militaban en opuestas filas era la primera virtud del partida ri u
porque l o~ partidos eran legiones armadas, porq ue los correligionarios eran can1aradac; de campamento ; porque los adversari os
eran los en eniigos ; porque el lazo de la unión entre los partidarios no era el programa de sus ideas sino r l color de su &lt;li' i~a ." 2
I naclccuada5 ante el planteo principi"la, las estructuras de
los p a1ti dos tradicionales 5C resienten por su anacroni"mo y procuran, dentro de nuevos cuadros, enfrentar la lucha -no menos
dura- que se ayecina en los albores del r égimen civilista.
este respecto observa El Siglo : "Al iniciarse la evolución
J r.o po r no Zr\, Do-; etnpa"&gt; del pensanziento hispano-americano, Del
ro11u111tirisn10 al positn isn10, pp. 22 y 23, 'lé, ico, 1919.
t

~

. 1t11ar.ión de los partidos, en El Siglo, l'\lontc\:idco, i de diciembre
do 1872, n( 2108.
1

-

45 -

16 8 6 7

�que señalamos los partidos se encuentran constituídos en una
forma inadecuada para la nueva era; de aquí proviene la perturbación que les agita, sin darse ciertamente cuenta de ella. Los
que han combatido como hermanos, cuando de combatir se trataba, no pueden comprender por qué no se entienden al emprender
la reconstrucción. . . No nos desalientan ni nos descorazonan las
divisiones de los partidos. El movimiento de opinión que la
impulsa es á nuestro juicio saludable . . . Es que las it!eas fermentan, que las convicciones se elaboran; y que si flaquea la fe
en los antiguos Dioses, es porque empieza á vislumbrarse la
augusta divinidad que rige las soluciones de los pueblos modernos,
la libertad democrática,,. 1
La pregonada renovación ideológica se cumplió desde los
clubes principistas eludiendo expresamente el lema filiatürio que
los confundiese con las antiguas divisas. Ante el análisis, y como
fuera anotado en su oportunidad, el contenido de los tres programas no presenta diferencias capitales. No obstante, y más allá
de los programas teóricos, la fuerza de los hechos vino a modular, para cada agrupación, un contorno específico que iesultaba
de las fórmulas efectivas que las fracciones principistas adoptaban
para lle\'ar a la práctica s us supuestos d octrinarios.
in duda, el partido radical se resentirá en mayor grado en
su encaje con la realidad. Su prístino programa princip~sta, concebido con arreglo a un cuadr o cabal y certero de nuestros
partidos, es incompatible sin embargo con nuestra deficiente
estructura política. Al margen de las élites ilustradas, las masas
pueblerinas l la ingente campaña no conocen otra alternativa que
el car a o cruz de las divisas, cediendo así a sus convicciones
tradicionales o a la coacción del más fuerte. A falta de un nivel
cívico mínimo, que aún no acusa el país, es condición ineludible
para la viabilidad de los principios, que ellos se avengan a la lid
dentro de las fronteras de los partidos de divises para cumplir
una acción vivificante que por entonces no puede conciliarse con
solucione::, extrínsecas. Los juicios - a menudo ligeros- que
han relegado el principismo al n1ero terreno especulativo, acusando una postura predominantemente teórica, incompatible con
nuc-tro convulsionado proceso histórico. sólo podrían imputarse
-en rigo r- a lag 1niras que pron1ueve en su acción práctica el
partido radical. El Club Ra1.lical condena su propia ge~ t ión a
.!

/bid.

-

46-

�una imposible utopía al querer rea]i¿ar por si mi mo, con propósitos inmaculados pero con menguadas fuerzas, la transformación
política fu era de los partidos existentes y frenle a la orfandad
cívica de Ja República.
Julio IIerrera y O bes, enfrentando a José Pedro V arela, correligionario en principios, adversario en los hechos, le ieprocha
su despego de la realidad denunciando -ya en la hora crepuscular del partido radical- la esterilidad de sus esfuerzos:
"Y ese es j uslamente el cargo que yo hago á los radicales, que
profesando unos mismos principios y persiguiendo unos mismos
fines, hayan raleado sus filas por la deserción, debilitando nuestras fuerzas sin aprovechar las suyas, robusteciendo así indirectamente el partido personal y retardando la obra patriótica de
reconstrucción política y social que elaborábamos juntos y que
juntos habríamos apresurado y tal vez si no consumado estaba
ya á punto &lt;le consumarse. Si es necesario transformar y disolver
los partidos, es necesario que esa tranc;formación se opere dentro
de los partidos mismos por el r oce silencioso del tiempo y de las
idcac:.. Empezar por segregarse &lt;le Jos partidos para dirigirlos;
empezar por declararse sus enemigos para exigir después obediencia y respeto es una pretensión insensata. Esta es la gran
el ifcrencia que hay entre los radicales y los conservadores. Los
unos e tán en las nubes, mientras que los otros están en el camino
práctico .'' 1
F: I propio órgano radical testimonia su flagrante quimera
ruando pretende prescindir del concurso de los hombr~ de partid o~ e!udiendo el inexcusable punto de partida que debe presidir
todo intento de reforma. ''Ni el Club Radical ni sus sostenedores
-decía- pretenden tener en sus manos la llave ele oro que abre
]ac;, puertas del porvenir; lo que creen y lo que sostienen es que
~&lt;;a l!a,•e no puede estar en manos de los que ayer non1ás empuña1 on la lan1a ó la espada fratri cida, de los que hoy no la han
roto. sino que la han recostado á Ja pared ... " 2 Ol"'ida el radi"1rando como el mosquito, en El Siglo,
do 1873, u 9 213 l.
1

I on tevideo, 19 de enero

Nuestra táctica, en La Paz, ~1ont ev idc o, 13 de junio de 1872, n9 360.
Pl'"C a "u dogmá tica actitud el raclicalillmo avalúa los escollos que
cl1·bC'riÍ orteor para disolver los partid os tradi cionales "1nostrándoles el
nn1u gon i.. 1no interio r en que s e agitan y cnl-uclvc á muchos de los qu e
upurcr • n como inlran'&lt;igenles adver~ anos...
o n os alucina sin embaq~o.
ni In \ t&gt;rdacl ni la santiJad de nuestra cauc:.a. Grande es en el temperamento
!?

-

47 -

�calismo que fuera de esos hombres que ayer empuñaron la lanza
y la espada, las fuerzas doctrinarias cavarían en un peligroso
vacío. Olvida, en fin, que sólo mediante la prédica principista
dentro de filas tradicionales y la educación cívica del pueblo
-que es blanco y es colorado- arraigarán los hábitos demo0ráticos que enmohecerán la lanza y la espada.
Anotando el mismo vicio de inadecuación !que señalara
Julio Herrera, Agustín de Vedia salía al paso del idealismo radical
con prudente advertencia: "La bandera que nosotros hemos enarbolado en la prensa es precisamente la condenación del tradicionalismo histórico que se ha pretendido imponer á los partidos;
á su sombra han podido y pueden agruparse, con absoluta prescindencia del pasado, todos los elementos liberales y progresistas. . . no les exigimos ni tenemos derecho á exigir á los
ciudadanos una retractación de sus antiguas opiniones. ó una
condenación del pasado en que han militado tal vez con un
propósito sano y patriótico. Deseamos simplemente que se asocien
á nosotros en la obra del bien presente y en el trabajo fecundo
del porvenir y es aquí solamente donde diferimos con el Club
Radical. . . No podemos aceptar ese juicio severo y fulminante
de los partidos orientales que se desata en el manifiesto del
Club Radical .... , 1
Por tales razones, y mejor aYenido con la realidad del país,
el Club Nacilonal no condenaba los partidos tradicionales sino
"que relegaba el pasado al juicio sereno de la historia". Dentro
de las filas de su propio partido el nacionalismo se propone lle\ar
a cabo su obra constructiva, ton1ando &lt;lcl pa~ado el caudal de
experiencia necesario para la obra del porvenir. :!
nervioso de nuestra ra1.a, la influencia de los recuerdog y del número, del
ruido y de la fal~a gloria. El odio anda ligero su camino y Ja idea hace
á pa ~o lento ~u jornada. Las pasione-. brotan en un ..cgundo como el rayo
y como él tambi~n de~lruycn; las con\' ice iones "º elaboran con el andar del
tiempo como las corrientes subtcrránc&gt;as de agua y como ellas forman una
fuente inagotable de ,·ida •.. Ardua cmpre.:a c ... formar un partido de prin·
cipio.::. pero de la realización de ese traba jo todo lo c'pcra nuei;tra patria . .. º
(Ln Paz. 1'1ontc\'ideo, 17 de julio de 1872, nO 386). La utopía radical no
r c.. ide en sus propó.. itos "ino en 11 creencia ele que desde fuera de los
partidos tradicionales &amp;e l ogrará la tron ~ fonnación política del paí'.

El programa del Club Radical, en La Democracia. J\lon tc' ide&lt;', 2 de
junio de 1872, nº 2.
l

'.?

"Lo' prcocupacione" de) pa .. ado no han ciatlo t it&gt;mpo hac;ta nhora para

,·cntilar y rcsohc r Jo-; cuestiones que afectan &lt;le una tnnncra directa el pro·

-48-

�La fracción conservadora, dirigida por J o~é Pedro Ramírez,
se avino a integrar el Club !Jibertad aceptando, en principio, una
alian1a de hecho con el elemento personalista. El principismo
colorado entiende con ello propender a la evolución del partido,
y, ante todo, cerrar el paso a los blancos en las elecciones de
noviembre de 1872. Definiendo sus puntos de vista, decía El Siglo: "Nuestra tarea no es sólo de propaganda, sino de acción.
Mientras predicamos lo que entendemos por la verdad y el bien,
luchamos en los clubs y en las urnas para triunfar de los blancos
y para someter los elementos reaccionarios y disolventes de nuestro partido al culto sincero de nuestros grandes principios políticos''. 1
Cabe consignar que el núcleo conservador del Club Libertad
mantiene, sin proclamar un lema tradicionalista, un marcado
apego a las tradiciones de su partido, pues en ellas encarna el
origen y la esencia de los principios liberales que susteota. "Nos
llamamos liberales -manifestaba El Siglo- sin tener inconveniente en declarar que somos los antiguos colorados''.2 En la
línea del partido de la Defensa y confiando en su auspiciosa
gestión futura promueven los conservadores una política exclusivista, }Jroponiéndose elegir a sus candidatos dentro del coloragrcso y c·I engrandecimiento de la República. La generación pasada nos ha
legado una tarea inmensa cuya rea}jzación no poclf•mos ni debemos trans·
n1 itir 11 la generación futura co1no la recibimos... El pa.;ado debe servirnos
para Ja ohru del porvenir; la expericncja justamente debe ser la fuente
de n11 ec;trac; incpiraciones; pero al tocar el pasado poclcmoc; proceder con la
altnro nt•ccsarin deduciendo ~oto las con"ecuencias que pueden aprovecharse
para la obra futura." (Cfr.: Cuatro palabras á la prensa, en La Democracia,
l\lontcvi&lt;lco, 19 de junio de 1872, n9 l.)
1

Carta de / osé Pedro Ramíre: a Juan Carlos Gómez, \[ontevideo, 20
de octubre de 1872, Cuestiones Onentales, en El Siglo, ~Iontevideo, 20 de
octubre de 1872, n° 2370.

z e advierte

a~imi sn10

cierta condescendencia -de circunstancia9-har.ia el 11er.tor personali .. ta que acon1paña al grupo con"ervador en el Club
Libertad: ''El Siglo -dice el órgano principista colorado- formará en las
fila~ &lt;f,.¡ partido político que dc .. dc l8c1J viene n1anife.,,tando en medio de
)a!\ lur.hn8 miís bastardas y ele los errores más lamentables y de los estravíoa
mtÍ!\ doloroso11, una tendencia constante hacia el establecimiento de gobiernos
lcgítirno~ qu e hagan una v&lt;'rrlacl de las instituciones libcrole~ que no~ ri·
gen, ó t•n otro!&gt; término ... Fl . i!rlo ~er' irá la ca11c:n de la comunidad política
quo hn "ido llnn1ada por ra.1.t)n clr !'ll &lt;Ji,tintho ele J!llerra el partido colorado".
( fr.: 1~·1 ~ i¡!/o, \l on te\ ideo, 15 dt~ junio de 1872, nO 2274 y 5 de mayo de
1872, nQ 2237.)

-- '19 -

�dismo, en marcado contraste con los restantes grupos principistas
que, a esos fines, postulan prescindencia de banderas.
Por encima de las divergencias que dieron caracteres propios
a las fracciones principistas, debe señalarse como último número
del balance que al tiempo de la proclama comicial de Gomensoro
(julio de 1872), la incipiente transformación de los partidos es
ya un hecho saludable en nuestro medio político: la cbra de
regeneración que se ha propuesto el principismo está encaminada
y, sea cual fuere su destino inmediato, el saldo que la compro·
bación arroja permite augurar una feliz evolución en la línea del
civilismo democrático que postula nuestro liberalismo doctrinario.
Más allá de los desvíos radicales o de las circunstanciales concesiones conservadoras al personalismo colorado ha germinado
una nueva simiente en el árido suelo político que hasta la víspera
no conocía otro matiz que el de las viejas divisas. La reacción
contra el fatalismo histórico ha comenzado. La escuela de
Echeverría y Sarmiento, Lastarria y Bilbao, abre un cauce fe.
cundo a nuestra evolución institucional. Frente a la barbarie
anárquica y desquician te ya no se podía optar sino por la ci uifi.
zaci-On, gestada a través de "una unión r esponsable" - al decir
de Echeverría- desde aquella "escuela de la religión de la ley",
que postulaba Bilbao y hacían suya nuestros partidos doctrinarios.
El manifiesto de Gomensoro del 19 de julio de 1872 11rologa
la intensa campaña electoral que culminará en noviembre, ocasión
en que los flamantes partidos de principios someterán a la vo·
luntad popular sus pregonadas aspiraciones. El gobierno pro\ isorio prometía ser garantía de orden y legalidad y parecía encaminado a observar una estricta neutralidad en los comicios:
" ... mi gobierno -declaraba Gomensoro-- garantirá á todos
la libre c1nisión del pensamiento, la libertad de reunión y todos
los trabaj os lícitos que tiendan al convencin1iento y no a la Yiolencia y al fraude. Cuanto más difícil es una situación. tanto más
eficaces son lo principio para sal,· arla . . . tengamos fe en la
eficacia ele la verdad de las institucione.9. en los principi os liberales con que se han salvado otros pueblos y en la tolerancia
por las opiniones de todos ... H 1
1\o obstante. luego del cierre del Regi~lro Cívico en el curso
de cuya confección la Democracia había denunciado algunas
irregularidades, comienzan a sucederse~ junto con las tachas. las
1 To~t

\s Co.\n::'\ ono, l l•·cciónc.s de 1872, p. 5, ~lont e"·!.lco. 18';'2.

-

SO-

�prot~tas ele la prensa nacionalista sobre la inscripción fraudu-

lenta qu e se cumplía profusamente ante la indiferencia o el
amparo oficial.
f"rente a las primeras denuncias, el principismo colorad o,
sopesando los reclamos de La República y La Democracia, admitía Ja irreg ularidad de la marcha electoral. "Demasiado sabemos
- confesaba El Siglo - que ho y es absoluta1nenle in1po~ible la
rei¡Jización de un ideal perfecto de verdad y legalidad á que aspiramos . . . por qué milagr o h abría de convertirse r epentinamente la lucha armada de que apenas h emos salido rn escuela
de vida democrática? I\o pidamos á los hombres y á las cosas
más de lo posible ... Trabajemos sin dcc;canso para aproximarnos
cuanto sea posible ... P e ro si descubrimos en la obra 'lue h emos
emprendido defectos que de antemano nos decía la san?. razón
que no podían dejar de aparecer en el cr ítico período que atravesamo~, n o cometamos la insensatez de retroceder y empezar
dr nuevo la obra ... en el pueril empeño de llevar á cabo una
obra perfecta ... no sembremos de nuevo la ola de la guerra
civil, arrancando de cuaj o la semilla de la paz que á costa de
1antas fati gas estamos sembrando ... " 1
Pero el malestar acr ece con la proliferación de denuncias
eohre ilegalidades cometidas en el interior del país 2 sin que a ello
obste el celo empeñoso desplegado por el diligente ministro de
RC'laciones Exteriores docto r Julio IIcrr era y O bes. 3 A fin es de
setiembre hace crisis el enrarecido c lima preelectoral en que conviven nuestros partidos. Desoídas las prote5tas de los dirigentes
radicales y nacionalistas, la Comisión Directiva del Club J\'acional

r

1 El Registro Cf t•ico
~f o ntc• ,· idco, 5 de c:etiembre

la

propa~andrz de
1872, n 9 2335.

La República, en El Siglo,

de
2 " • •• con el acuerdo de ustecl
ec;cribía 1. P. \ arela al Presidente
Comt•nc:or&lt;&gt;- araba de pa,.arse una ci rcular á todos los gefeg políticos, una
c·i rcular donde "e hace gala de la s 1náa avanladas idea~ liberale... Esa cir&lt;·tilur y su manifiesto serían una {arc;a indip;nn i só lo c;irviesen para cubri r
e on el rnanto simpático de lo!t n1ús austeros principios democráticos, una
n ·ulidad en la que campean á n1en11do triu nfante, la explotación de las
pu ~ i o n cA oficiales, la violencia y el fraud e"; co ncluía dei.tacand o las 1ncorrc·crioncq del J efe Políliro &lt;le Ourazoo. L11iq Eduardo Pérer., del de Pay•anchí. Eduardo ~1a r Eachen, y c•I cJ,. ~l o n tc•vidro, coronel Pagola. (Cfr.:
I n s1t11ación, Carta al S r. D. Toniás Comen soro, de /. P. 1'arela, en La Paz,
f\Jonlcvidco, 23 de octubre de 1872, n9 456.)
Cfr.: La Democracia, dc~de el 18 de agocito hac;ta fin es de nov iembre
clr• 1A72, donde diariamente ~e co nsignau denun cia~ sob re irregulandades en
hu; la &lt;'hat! dt•l Rt'gi!:!tro.
3

-

51 -

�de Montevideo convoca a una r eunión en la Barraca de I rigaray
para encarar la actitud a asumir frente a los abusos en tachas
e inscripciones del Registro Cívico.
En elevada actitud principista definía así la situación el
Manifiesto del Club Nacional del 6 de octubre : " ... e! partido
nacional ve defraudadas en estos momentos sus esperanzas, y
retardada la realización de los grandes propósitos con que em·
prendió la lucha elector al. En momentos tan supremos &lt;.orno los
presentes, cúmplenos conservar inalter able el depósito de nues·
tras creencias y estrecharnos en torno á la bandera d e los principios que hemos pr oclamado y sostenido ... Cúmplen:&gt;5 dar un
alto ejemplo de abnegación y de civismo conservand•), la templanza y moder ación que son el más fuerte escudo de los partidos
de principios . . . Es esa la más noble ofrenda que podemos deponer en los altares de la patria" 1
De ese modo se anticipaba la abstención del partido en el
próximo acto eleccionario, decretada oficialmente por la Comi.
sión directi\•a del Club l\'acional el 9 de n oviembre. La propaganda
&lt;le l a Democracia en los días subsiguientes se centra en torno a
este epígrafe: ''La abstención es un deber porque es un deber
dejar sol os a los que cometen un acto oprobioso, cuando no se
tienen los medios para impedir su r ealización''. 2
Como resultado de este accidente político, el equilibrio - en
cierto inodo precario - que mantenía unidas en aparente cohesión a las dispares figura· del Club l ibertad cedió ante tl empuje
de las fuerzas hac;ta entonces contenida'-. La eli111inación 'irtual
de un sector del tradicional ad\ersar io ' enía a abreviar una eta·
pa en cuya función se habían gestado los acuerdos coloradoc;.
La fracción colorada neta decide entonces desprenderse del lastre
principista para copar las urnas con sus propios elementos.
Jo é P edro \ 7arcla - ex colorado Y,
en r azón de la abstención
•
tan1hién decretada por su partido. :nero observador de los he·
ch os - colun1braba la inminente anarquía del Club l .. ibertad:
Jllani/icsto y Protesta &lt;lcl Clu b /\'acional. ~[ontc\ idcn. 6 de octubre
de 1872, en La Deniocracia, i\lontcvideo, 8 de octubre de 18i2. n9 105.
t

~

La Dcniocracia, ~lont c\'idco, 16 de no\:icn1bre de 1872, nº 138.
El :o de novicmhrc "C separan de lo redacci ón de La /)emocracia Alfredo
\ 'úsqncz J\ cc\'cclo y Román Cnrcía. o&gt;ntcndicndo que hahía finalizado ~u
n1i si1~n c•n la prcn~o. J\ gu tín de \ 'r.tilia continúo nl frt•ntc del periód ico
nnci&lt;1nnlistn. ( CI r.: la Democracia. ~JonlcYidco, 20 de no\ icmbre de 1872,
nO 112. )

-

52 -

�':Rcsul•lta Ja co1nplcta ahsl&lt;'nción del partido blanco, alejados temporal y definil iva1nente del campo elector al todos los elementos
neutrales ... clueiio absoluto el partido colorado del terreno de
la acción, estamos baj o el imperi o ele la más violenta anarquía.
Fraccione. s ant agónicas e inconciliables son las que constitu} en
c~e parl ido, pero como resultad o natural de la situación insostenible en que se encuentra desde que empezó la lucha electoral,
hoy c~as mismas f raccioncs se divi&lt;len y subdividen hasla lo infinito. l~o hay dos opiniones conformes : no hay un solo centro
político que tenga alguna constancia y que sea capaz de domina r
el ele borde de la anarr¡uía. Desde los más austeros principistas
hasta los más reaccionarios y 1nás personales, todos los elementos
const i t uli vos ele lo que se Barna el partido colorado levantaron
por úuica JJnndcra al iniciarse la lucha electoral la de 'guerra
al partido Llonco'. 1'odos sus csf urrzos, todas sus aspiraciones,
~e reducen ñ vencer al tradicional acl\er,:)ario. Vencido éste, alejado del can1po electoral. el vínculo de unión del partido colorado
dcsapu1 ecc . . . Vuelven á formar entonces en campos opuestos
las facciones antngónicns que realizaron la fusión inrnorul ... Pe1 o no en balde en la prenoa, en los clubes, en los cafés, en las
reuniones pri\•ndns, en todas partes, se ha sostenido á capa y espada que no hahía La}c5 disidencia" . .. no en bal&lt;le se ha tenido co1no bandera el Progran1a e.le] Club Libertad que vago e indcr-i o dejaba ú cnda uno Ja facultad de inlcrpreta1lo á su anlo·
jo. . . .. e unieron para vencer á los blancos. sin preocuparse de
In ... n1c&lt;lios . . . l Obtenido el triunfo con la abstención del parliclo
nnciona li ta] ... IJega ahora el rnomento ele curnplir !a parte
secundaria del programa del Club l..ihertad. llevar á la Repre::cnlación Nacional :1 los ho1nhres m¡'is inteligentes y más honorab~cc ... Pero ahí 1nuere In decantncln unión y empieza la anarquía ... ¿ CuúlPs son Jos ho1nbrcs más inteligentes } 1nú honorables del ]Jílt ticlo colorado? No se cnticnclcn siquiera el Dr. José
I)cdro llnrnírez y Pedro ílusta1nnntc y eso solo 1nuestra á la evidcucin ha~ta dónde es profunda la anarquía ... :' 1
1872.

1 (Cfr.:
119 488).

La anarquía, en La Paz, ~Ionlcvjdco, 2 i de novicn1bre de

Yn un 1nc~ antes -el 23 ele or.tuhrc- el 1ni~n10 Joc:ú Pt·dro \ 'arela
h.. hín Vi!dn1nbrucln In nnarr¡nin que c:e ~ec:tahn en el cocno del Club l.ibcrtad:
t•n rnrtn nhicrtn ni Prc"id cn l1• de la Hcptiblica. e cribe: "Corno lo suponían todos 01¡ncllo que npr1•cinn impa rcialmente lu situaci • n de la Rcpúhlicu, el nún11•ro 11q11í. allí f'l f rat1Uf' ,, la \ iolcncia han dacio el triunfo de
luQ I:cg1s1ru-. ó l.1 darán scg11ru1nen1 e en l:i ... urnus al partido colorado en

-

53 -

�El cisma era ya inevitable cuando nuevos hechos fundamentaron los temores de Varela. El Coronel Pagola, jefe político
de la Capital, procedía a incautarse - en oscura maniobra - de
unas mil balotas de sus subordinados, cuyo indisimulado propósito ponía en tela de juicio las garantías ofrecidas por el Presidente
de la República. Las renovadas promesas de Gomensoro, deslucidas ante su indecisa actitud frente a Pagola, motivan la enérgica
renuncia del doctor Julio Herrera y O bes quien, al abandonar la
cartera de Relaciones Exteriores, denunciaba - en los prolegómenos del cisma pre-electoral - la alianza entre principismc• y personalismo, agrupados en el Club Libertad. 1
Pese al malestar que anunciaba la inminente ruptura, ambas
fracciones prosiguen discutiendo en torno a la confección de las
listas, en cuya instancia sobrevendrá la escisión definitiva. En
aquellas febriles jornadas de noviembre, la baraja de nombres y
candidatos fue dispuesta en toda la gama de sus posibles combinaciones.
Algunos elementos colorados, condenando el desconocimiento
de ]os principios del programa del Club Libertad que, el su modo
de ver, involucraban esos malabarismos de última hora, se apartaron de la agrupación colorada ante la evidencia del desacuerdo.
Uno de ellos, el doctor Pedro Bustamante, principista de uota, decía en su carta renuncia a la Comisión Directiva del Club Libertad:
"La unión del partido real y positivamente no existe ni c~i stirá
jamás ... al separarme del Club Libertad no es mi propósito
abstenerme sino antes que nada llevar mi pobre concurso indivitodos aquellos departamento" que no 11e hallan dirijidoc: por ~efe s políticos
del partido con trario. Son pue-; las dos f raccioneci antag1)n1ras. que existen
en el c:eno del partido colorado las qu e van ú di putar-.c el predominio de
Jo República, á decidir cuol será el ciudadano 011e ocupe la futura pre·
~idencio de Ja República ... " (La Paz, ?\fontc\'ideo, 23 de octubre de
1872, n9 465.)

"El Gobierno de \ '. E. -decía Julio llerrera y Obe' en 9U renuncia
al cargo de ?\1inistro de Relaciones Exteriores- marcha á pa4'os ag1gan·
tod oci por el camino de los gobit'rnos clectorale .., de aqut·lh1~ golnernos tlec·
toral es que c:egú n lo decía la circular .;obre cleccione' á lo;; Jefes Políllcos
de los DepartamenlOC&lt;, C&lt;On usurpadores íorlo ..o ... por el fraude ó la violencia
de la c;obcranía popular. Por que e"' '-er gohierno electoral e.. timula r con
la impunidad )' la gratitud los moynrec ecr:án&lt;laloc; --iempre que tcng:in por
objeto y JU!ilifirath o trabajar por una candidatura c;.impática al gobierno, al
mismo tiempo que aplica el cac;.t1go de la dc.. titución y dt• la onimo~idad
ñ 1odot1 }ne; que no ~inen ciegamente c:u~ trahaio con c:n influencia v ~u
poder." &lt;Cfr. : Eot,ARDO ACE\'f:DO, Analts Históricos dtl l ruguar. t. 111, p.
1

656, ~fonte,• ideo, 1933.)

-

54-

�dual á otro centro electoral si es que todavía quedan entre
nosotros una docena de ciudadanos dispuestos á luchar por el
bien y á no dejarse imponer o dominar por los que en realidad
no son los más sino los más audaces y griton es". 1 Bonifacio
Martínez, asimismo desafecto a la lista que aceptara Ramírez,
adopta idéntica actitud que el doctor Pedro Bustamante.
La carta contestación del doctor Ramírcz al doctor Martínez
es un valioso clocu1nento cÍ\'Íco que sienta - frente al pr oblema
electoral - ]a verdadera tesitura del grupo más pujante de las
filas principistas conser"adoras CU}a rectoría inviste, precisamente,
el veterano director de El iglo. En rigor, el doctor Ramírez entiende que el único m odo de cerrar el paso a los elementos personalislas es concurrir a las urnas, for1oc;amente con listas mixtas,
dadas las concesiones que la necesidad in1porir. "Creo tener
- declara Ramírez - tan to ó más culto á los principios que Vd.
Cnrta d~ Pedro Hustamante a l osé Pedro Ramíre:, I\fontevideo.
17 &lt;le ncl\Jcmhre de 1872, Incidentes electorales, en El Siglo, ~1ontevideo,
19 ele no .. icmbrc de 1872, n9 2397.
En el tex to ele la respuesta de José Pedro Ram írez a Pedro Bustan1nn tc. se trnsunta el agitado clima del Club Libertad ante las decisivas
jornadas ele novicn1brc, en n1omentos de confc·cciona r las listas de cand iunto~ a la Asamblea. Dice el director de l:.'l Siglo :. "Estoy cansado de ser
ac'tt!'ado y de reci bir desengaños y ha de pcrmi tirn1e vd. que hable la verdad y que ponga en su lu gar á cada uno de los que c:algan á la prenc:a
t•n estilo más ó menos suave y ron palabra~ má s e} n1cn os almibarada! á
ncihnra1n1c tnns la lucha en qne ec;toy empeñado. \ 1d., mi amigo ha querido
hnc1•r hoy lo que ahora seis mcc:es hac1a J). J o.. é l\ laría l\luñoz, pero D.
Jo1: ~ ~\Ja. l\Iuñoz e" D. Joo:é l\ la. l\Iuño1. y \d. ce; \rd.
E!'a es simplemente
In difc·r1""'ncin pero la diferencia es tan capital que O J oc:é la. l\Juñoz era
conscc111•ntc consigo mic;mo procP.di11nclo con10 procPd10 y \ 7&lt;l. comete una
dcscon111nul incon&lt;:ccucncia queriendo ahora imitarlo.
l&gt;on J oc:é ~la. l\Iuñoz. desde hace añoc:, vive encerrado en una resis·
ten ·ia invencible ú toda lran Gacción con principio&lt;;, con propCGitos y con
hoinbrt•s que no c:can sus homhrcc:, c;us rirop&lt;Í"Ítos y su5 principioc:, y \ 1d.
pnr &lt;'l contuuio. ha vh·ido sometido ú la cruel impoc:icií n de lo::. acon·
tccin1i1•ntoq que se proclucían en épocas en que Jo.:; mi--mos á quienec; Vd.
nc11c:11 hoy c:c aislaban y se abstenían ..• '\o nos hable \id. ahora en medio
di' Ju 111chu y cuando cc;tamos contpromct tclos en ella con el propio ao:en·
timicnlo cl&lt;• Vd. con la austeridad de un Ca l1;n, ni nos acuse porque Lransu n1os. no y¡( con l o~ dictadores prepotentes ú qu ienes yo no dejé de comhnt ir 1111 qolo din mientra e; Vd. sellaba lo~ labio..... Procediendo como he
¡¡ror&lt;·dido en la confección de la lista que ha rer.omcnclado la Comisión
D1rl'&lt; t ivn no he qiclo si no consecuente con la actitud que de acuerdo con
Vd., con J11 1io JI Prrc•ra y otros amigos, as11n1imos al constittúrse y organiinr~c f'l Club Libertad.
En1 onct 9 convinimos en la necec:idod de rcconc;truir el partido liberal
c:on to&lt;los s11q elemenloq, buP.no~ y maloc:, prometiéndonos modificarlo y
&lt;lcp11 rarlo por la acciún per"-e\erante de la propaganda y el ejen1plo y si
1

-

55-

�y que el doctor Bustamanle, y no he creído prevaricar aceptando

... [las listas mixtas] en todas partes los ciudadanos más austeros y más intransigentes llegado el momento de la acción, sea
ella militar ó pacífica, pero acción al fin, han aceptado elementos
que no representaban la más completa austeridad y la más alta
ilustración á condición de asegurar el éxito de la lucha y de no
desnaturalizar en su esencia los propósitos del centro político
á que pertenecen. Con más razón estaban obligados á proceder
así los que habían definido nuestra actitud por el hech o de organizar el Club Libertad en las condiciones que arrancaron una seria protesta del Dr. J osé María Muñoz y que V d. y Bu$tamante
no aprobaron sin duda cuando continuaron perteneciendo al Club
y formaron parte de su Comisión Directiva . . . Cuando aceptábamos formar parte de una Comisión Directiva en la que V d.
y yo y los hombres de nuestras afinidades y prop ósitos están en
una insignificante minoría, podría aspirar á otra cosa que á constituir en la Cámara una ma) or ía ilustrada inteligente y honorable? ... Los partidos que luchan con su organización de partido
y aspiran á presentarse unidos en la lucha, tienen necesariamente
que hacer concesiones, á las exigencias de círculo y á la veleidad
de opiniones. En los movimientos popular es y en l a acción política no se puede proceder con el perfecto criterio con q ue una
academia de sabios juzga las aptitu des y los méritos de los diversos candida tos que se le proponen par a ingresar en su seno" .. .1
En \'Íspera de la reunión del Club Libertad en el Teatro an
Felipe. J osé P edro Ramírez insistía en su prédica principista traoc;Í no hubiera pensado, y c;j a . . í no hubiera proce&lt;lido habría seguido á
D. Jo. . é ~la. ~l uñoz ó habría i&lt;lo á engro ar Ja .. fiJn.;. del Club Radical.
Por el contrario, entonces llcvan1os tan lejo.. nuestros propó.,,itos de
conciliaciC:n que aceptamos tener c.ó]o una reprc.. entación en Ja propor·
ción ele uno á cinco en el seno de la Comi-.ión Directh·a y nos sometimos
ú soportar todos los cargoc:, todos los rl•prochc.; de los que, en mi concepto,
e:-&lt;agcran el culto do lo principios y le crean con .. u intransigencia, cuyos
altos n1l \·iJes reconozco! resi . . tcncia y antipatías populares.
l loy, procediendo como he proccclitlo y co1no han procedido otros que
t icnen tan ta estimación co1no \ d. por su dignidad y por .. u lealtad política,
nn he hecho sino ser consecuen te con la act it utl que entonces me impuse
rt•ali1..anclo los \Cntajo&lt;&gt; que ºº" proponinnlo~ oht •ncr .. . \ li pa rtido e. . tá
tomado ... " &lt;Cfr.: Carta de Jo5é /&gt;edro Ramin.·z n Pedro Bustamnnte,
\ lontc.niclt•o, 19 de no\icmhrc ele 1872, l nr:itle.ntcs electorales, en El Siglo.
1\lontc\'idco, 19 de novit•n1bre de 1872, n9 2397.)

Carta de José Pt.•dro R'lnl 're:. n !1011i/ncio lfartínc:, ~fon tevirlco,
20 (1 • "º' icmbrc de 1872, en f l 1,;lo, ~Iontevidco, ~O de no' ien1bre de 1872.
n Q 2398.
1

-

56-

�tando de acallar recelos y evitar nuevas deserciones. "Hemos
sostenido siempre - puntualiza - que el partido colorado y el
partid o liberal eran sinónimos . . . La calificación de liberal significaba la bandera política, el programa y los principios del
partido ... el color de la divisa no constituye doctrina. no puede
ser el único lazo de una asociación política ... " El diario con·
servador exhortaba a la calma en medio de aquella confusión
de opiniones e intereses y ahora, a su turno, también se aferraba
a un precario equilibrio &lt;le fuerzas que se deshacía nnte el reclamo de las ambiciones personales.
En la reunión del Teatro San Felipe, José P edro Ramírez
juega, aún a triunfo, su última carta electoral. Tienl' la convicción
ele que e) único medio de obtener la consagración del principismo
sobre los lemcntos netos del partido colorado reside en la confecci ón &lt;le una lista mixta; esa fue por otra parte. la línea de
conducta que se trazó desde el primer momento, como única so·
lución ,•jable: "En política - clecía - los hechos se toman como
eon. no como deberían ser; se busca el bien posible, n o el bien
absoluto ... con una lista ele candidatos todos intachables, todos
ilustrados, era una utopía el triunfo decisivo sobre los elementos
p ersona1es, obtenido en un día, desde que ese triunfo tan completo sólo puedo ser fruto &lt;le algunos años de lucha, de la marcha
progresiva ele las ideas, del trabajo pausado de la propaganda". 1
Consecuentemente. la asamblea del Club Libertacl, compuesta por
! etccirntos ciudadanos. sancionó una lic;ta integrada por una mayoría principista, aunque presidida por José Cándido Busta·
ruante. 2
Por cierto que la lista - pese a su encabezamiento personaJic;ta - - traducía el tTiunfo clocl rinario, por cuya razón los cand orn bcro:;, que contaban con superioridad numérica en le masa
colorada, no podían aceptarlo. J osé Cándido Bustamante es el
primero en renunciar. Le siguen Paullier y Alejandro l\1agariños
1 la.~

r./aurlicnciones de principios. en El Siglo, l\lonlc\ ideo, 22 de no·

'icmhrc clo 1872, nº 2100.
~

Jbid.
1 n li ta aprobada por el Club TJibertatl el 20 de novicntbre se inte·
,,-nba ron los nombre" de Jo ...1~ C1intlido Buc;tamantr, .Joqé Pedro Ramírez.
Julio llcrrcru y Obeq, José ~[aríu '1\I11ñoz, Francic;co A. \ idnl, Ilonifacio r..Iar·
tínt•z, i\lcjunclro !\l ngariño~ Cen.antec;, Juan Cnr]og Blanco, J oi:.é E. Ellauri,
Tc:u:ic rlc 'l\:1..inos, J 11an A. Vñ1q11c1.. (Cfr.: Candidaturas cle/initiias en El
...,iglo, (\fonlt'\ ideo, 22 dr no\·icmhre de 1872, nQ 2100.)
'

-

57-

�Cervantes mientras que en las reuniones de los cafés y en las ter·
tulias partidarias se comentaba que la pretendida lista mixta
respondía a una combinación de signo conservador. 1 El viernes
22 de noviembre el cisma del Club Libertad estaba, de hecho,
consumado; los elementos netos disidentes habían resuelto la
estructuración de una nueva lista, con arreglo a sus privativos
intereses. "La división de los círculos se dibuja más que nunca
pronunciada ... El cisma provocado tiende á acentuar más y más
la división del partido colorado'' ... escribe José Pedro Ramírez
en El Siglo del día 23, 2 reiterando en última instancia su llamado
a la unión colorada: "Es tiempo ya que de una vez por todas
se declare pública y solemnemente si el partido colorado es una
colectividad política con principios, tradiciones y propósitos co·
munes, ó si el programa por todos aceptado es una bandera bajo
la cual se abrigan adversarios irreconciliables ... El tiempo apre·
mía y cada hora que pasa agrava la situación". 3 Pero era ya
demasiado tarde. El periódico conservador hace pública la renuncia de José Cándido Bustamante al Club Libertad, fundamentada en que "Ja lista de diputados aprobada en el San Felipe era
el resultado de la combinación de un círculo"; con la renuncia
circula una proclama dirigida por los netos disidentes del Club
Libertad: Bustamante, Pedro J. Varela, Juan J . Costa, Federico
Paullier, Francisco Laviña y otros, en la que después de exaltar
las glorias militares del partido colorado y recordar suc;, tradiciones más esclarecidas, jnvitaban para una reunión en la Cancha
de Valentín a efectuarse el propio día 23 a las 3 de la tarde. El
resultado íué la confección de una nueva lista de candidatos en·
cabezada por José Cándido Bustamante y Pedro ' 'arela, que en
su gran mayoría respondía a los reclamos de la fracción neta.
La Comisión Directiva del Club Libertad, parcialmente des·
integrada por ]as sucesivas renuncias de principistas - Pedro
Bustamante, Bonifacio Martínez - y candomberos luego - José
C. Bustamante y sus amigos - comprendió que. a escasas. horas
del acto eleccionario, era imposible reestructurar la lista aprobada
el 20, lo cual venía a significar que los elementos principistas,
solos ante las urnas, sufrirían una aplastante derrota electoral.
No nos entendemos, en El Siglo. ~fontcvideo, 23 de noviembre de
1872, nº 2401.
1

2

!bid.

3

1bid.

-

58-

�Frente a la adversa eventualidad di cha Comisión publi~ó un l\Ianifiesto aparecido en la mañana del domin..,.o 24 de noviembre
o
'
en el que aconsejaba la abstención. "La coalición que á última
hora se realizó entre fracciones diversas del partido colorado no
puede resistirse con trabajos improvisados en 24 horas ... y la
Comisión Directiva inspirándose en los sentimientos más eleva·
dos ... ha r esuelto suspender los trabajos emprendidos y aconse·
ja á sus correligionarios que se abstengan de concurrir á las ur·
nas con la lista que el Club Libertad había proclamado ... " 1
Con acentuada frialdad se cumplió el acto electoral en la ca·
pital de la República. El Siglo anotaba que habían sido muy con·
sidcrables ]as abstenciones y corto el número de ciudadanos quo
a cudieron a emitir su voto: "Se abstuvier on de votar en 1\tlonte·
\•ideo los principis tas, los blancos y los radi cales, sólo votaron
pues, los colorados netos y los partidarios del Gobierno". 2 Cen·
1urn ba, po r otra parte, "la influencia directriz del gobierno, quo
Ee ha hecho ~entir en la formación de la lista que ha obtenido
ln ma yo ría. confeccionada en virtud de una tran"acción de última
hora en tre los elementos ofi ciales y los colorad os n etos". 3 Algunos clcn1entos principistas de la Co1nisión Directiva del Club
Libertad se prrstaron a la tr ansacción con los netos y, en consecuen~ in , fu eron incluí&lt;los a última hora en Ja lista triunfante,
entre olroQ, los no n1bres de Julio Ilcrrera y Obes, Pedro Busta1nantc y 1uan Carlos Blanco .
Al cnho de los tres días que mediaban entre la r eunión del
T cntro San Felipe y la de la Cancha de V nlentín. los términ os
ele la ecuación electoral se había n invertido: e] núcleo principista
- rnnyo ría en la lista del día 20 - pasaba a ser minoría en la
del 23; en verdad, pese a Jos denodados esfuerzos de J osé P edro
R a111í rcz, la r ealidad numérica de ambas fracciones venía a im·
pon(•r, p or la fuerza incontro\'crtible de los hechos, esa solución
de último 1no111ento. Los g uarisn1os electorales, a despecho de los
uc:r.rih~ n

t•I l\Tanificsto ele·) Club Libertad : Juan P. Ramírez, Lorenzo
L.atorr1', J o t: P. Rnrnírcz. EJuarclo Vú1qucz, Angel Abalos, Carlos Gurmen·
&lt;l •1., l{ on111uldo Castillo, Lconrio Co rr1•a, Julio JJ errPra y Obe", Juan C.
Blnnco, J 1111n T1' . Santo", Enrique Pr.rerln, Torib10 Vida l. (Cfr.: La Comisión
/Jirrr:ti1 ·a del Club Libertad, en E.l Siglo, l\lonlcvi&lt;leo, 2•1 de noviembre
d1· 1872, n~, 2102)
l

Nft ista de la qu 1 ncena, en El Siglo, '\lon te.,·i&lt;leo, 27 de nov iembre de
lll72, n Q 2 105.
:.?

3

Jbid.

-

59 -

�trabajos del doctor Ramírez, denunciaban la derrota - al menos
en la capital - del último baluarte del principismo. Consecuente·
mente, el doctor Ramírez, amargamente aleccionado, decide retirarse de la vida política y renuncia a la dirección de El Siglo,
admitiendo expresamente los cargos que se le habían venido
imputando : "El resultado de la lucha electoral con sus episodios
que son del dominio público, me imponen el deber de r etirarme
de la escena política, empezando por separarme de la prensa
periódica. Reconozco que son justas la mayor parte de los cargos
que se me hacen y renuncio á levantar aún los que no lo sean.
Mis amigos políticos y sobre todo la noble juventud de :\1ontevideo, necesita de otro publicista en la prensa y de otro ciudadano
en los trabajos de la política militante para realizar 5us altos y
patrióticos propósitos. Yo me he gastado y me he quebrado en la
lucha y no puedo ya responder á sus generosos esfuerzos en bien
de la patria. Por fin, en medio de la derrota vergonzosa que
hemos sufrido, y en la cual me asigno la peor parte, sólo aspiro
a que se reconozca la sinceridad de mis intenciones, única cosa
que estoy dispuesto á defender" . 1
Al aceptar la renuncia del doctor Ramírez, El Siglo refirmaba su tesitura principista: "El Dr. Ramírez reconoce lisa y
llanamente, sin ambajes ni subterfugios, que se ha equivocado.
En consecuencia se siente quebrado y gastado para continuar la
lucha en que ha perseverado por diez años. . . En cuanto á El
Siglo, seguirá siendo lo que ha sido ; seguirá defendiendo los
principios que ha defendido. Afirmará la bandera que las últimás oscilaciones de estos días empezaban á hacer vacilar y será
siempre un instrumento de propaganda puesto al servicio de la
libertad y de las instituciones". 2 La dirección del ór~ano conservador {ue entonces asumida por Julio Herrera y Obes y Jacinto Albistur, incorporándose a la redacción política el joven
Pablo De l\1aría. flamante egresado de la" aulas uni\•ersitarias. 3
En '\·erdad, el fracaso que pregonaba Ramírez - magnifican·
do sin duda su propia derrota personal - no privó al principismo
de su esclarecido aporte a las Cámaras del 73. Si bien no resul1

El Siglo. l\fonte,·ideo, 26 de no\'icmbrc de 1872. nO 2401.

El Dr. Ran1íre:, en El Siglo, :\lontevidt!o, 26 d e no,·iembrc de 1872,
n'&gt; 2·10 t
2

s El Siglo, ~Ionle\'idco, 26 de no\'icmbrc de 1872, nQ 2·10~.

-

60-

�taban vencedores en los comicios los partidos de principios la
lista colorada mixta de l\lontevideo, los nutridos \:Otos del nacio·
nalismo que, desoyendo la abstención, gana ventajas en San José,
Canelones, Florida y Cerro I..argo, y los triunfos parciales del
partido conservador en otros departamentos, permitieron el acceso de la élite doctrinaria a la Legislatura del 73.
Paralelamente a la campaña electoral de novien1bre, ya se
hara j aLan en el año 1872 nornbres y posibilidades para la futura
presidencia de marzo ele ] 873.
El doctor José l\.Iaría l\:I uiíoz era en rigor - por su filiación
política, sus condiciones personales y su limpia ejecutoria cívica el obligado y unániinc candidato de los partidos de principios.
Ausente quince años del país, su fi gura, saludada con veneración
luego ele la I&gt;az de Ahril, encarna un elevado sín1bolo ci\ ilista.
Al prorncdiar el aiío 72, el doctor 11uñoz de"collaba en la nómina
ele posibles candidatos presidenciales. La sonada renuncia a la
Co1nisión Directiva del Club Radical y su r ígida intransigencia
con el personalismo ni1nbaron su figura con un halo prestigioso. 1
I~n el curso de Ja polémica que sostenía el doctor Juan Carlos Cómr.l con José Pedro Ran1írez a fines ele 18í2, el viejo teÓ·
rico del partido conservador rinde culto a la person:ilidad del
doctor l\1uño1 y lanza a publicidad su nombre desde Buenos Aires pnra la próxima elección presidencial. 2
J)on rr o1nás Go1ncnc;oro, por su parte, según la opinión pública a~piraha a la pi i1nera n1ngistratura. in embargo, su actitud
!rente a los grupos colorados y su plataforma electoral, eran aun
''El Dr. \f uñoz -&lt;lice La Pa:.- que con el proceder intachable de
sn larga y truh111nda -vida pública, hu sabido levantar'e á ~í mismo el más
nito ele }05 pcdr·stalcs rn que puc&lt;le mostrnrc:c á sus compatriotas el ciucladono ele un ¡111chlo libre: que sr ha conqui--tado entre propioq y extraños
una n•p11tuci1~11 inrnaculnoa ante la que se inclinan re pctuosos hac:.ta los
mismos qu•· co1nhatcn lo nctitud pn•scindentc que hn a 11mi&lt;lo en los últimos
oiio«1, el IJr. \luiíoi radica nui'\ y nuis ec::c pedestal ... 'freinta años de \ 1&lt;la
¡l\ihlica intorhnblc" trcan &lt;Í un ho1nhrc una Jlersonalidud política de In que
no p111•dc dnclarsc !'in ju licia. El IJr. l\Iuñoz ha cnnc¡ui .. 1aclo ante" cic al.ora
y uliorn el clcn·clio incli~r.utible de que naclie pueda &lt;ludar de él." (Cfr.:
La /1&lt;1:, lont1)viclt•o, 2 i de mayo ele 1872, n9 317.)
1

''El l)r. 1\f uñoz es para n1í -c::oc;tcnía Juan Carlos Gómez en octuhro riel 72- la cncarnnción pcrf1•r.ta de la lucha contra todas las prepotcn·
c•ias pt rsnnalc", cnntra tocias las des' iacioncc; de los principioc;, contra todas
la indil!nirlndt•s dr!l ef(oí.-.mo y contra todo" )oc; arcnturlos ele la f ucrza al
cltrccho.'' (Cfr.: El iglo, \lnntc,idco. 9 de octubre &lt;le 1872, nQ 2359.)
:.!

-

61 -

�indefinidas al promediar el mes de octubre. No se sabía a ciencia
cierta si sería candidato de los colorados netos o de los principistas conservadores, pero aunque Gomensoro carecía en el consenso general del arraigo del doctor 1\Iuñoz, su candidatura, en
razón de la jerarquía oficial - y dados los tiempos que corrían disponía de no menguadas posibilidades para alcanzar el triunfo. 1
Como posibles presidentes en el coloradismo neto se insinuaban P edro Varela, Fernando Torres y José Cándido Bustamante,
que sin duda aguardaban la decisión de Gomensoro para concretar o deponer sus preten iones.
El partido blanco no ~e presentaba al evento con candidato
propio. Obviamente sus posibilidades eran menores y en la hora
de las definiciones sus representantes elegirían entre los nombres en juego.
El principismo consen 1ador. si bien no oculta dec;dt! El Siglo
su preferencia por el doctor .l\1uñoz. demora ostensiblemente la
proclamación de su candidato pre. . idencial. E~ factible suponer
que su deliberada dilación obedecía a una hií bil e~trategia: al no
pronunciarse en forma expresa por el doctor i\luñoz. o bien. no
excluyendo a Gomensoro. e demoraba el ejercicio de la poderosa
influencia oficial en fa,·o r del coloradi5mo tradicional. 2
A comienzos de noviembre Gomensoro, cerrando expeclativas, t oma partido por la fracción neta y con él se \'uelca la deciCarta abitrtn áe lo~é Pedro 1'artla al &lt;\r D. Tomás Gomensoro,
La Situación, en La Po:., ~lonlc\ ideo, 23 de o t 11 ~;: &lt;le 1872, nO 465.
l

"El nombre del Dr. Jo~é Ja. ~Juñoz ~e ha prnnunciado ya al
hablar de la pró'&lt;ima pre idc ncia. Lo ha lan1.ndo á puhlicidad el Dr. D.
Juan Carlos Gómcl como t( rn1ino de la poli nli•' U q11e ha , (!nido !'o .. teni ·ndo
desde Bu(·no ... i\ ircs con el Director de El . 11: 'o. i"\acJa hay que repr ochar á
la pcr.. onn lidnd del Dr. !\Juñoz ... pero ere.. tun que al lan:.nr su candidatura
el Dr. Gomr.: en los rnnnttfllOf nctuale'i lt hn quitad" grande&lt; probabilidad~'
de ¡.xito_ El tiempo dirtÍ .si nos equitocamos.'' &lt;Cfr.: Rerista de la quinctnn, en l:..'I Siglo, l\lonte\ id eo, J 6 d • octubre de 1872, n9 2379.)
Por C"OS mi ..n10 &lt;lía Jo.:é J&gt;c.Jro \ farelo d1•nun ciubo Jo actitud caute·
lo'a d • loe: conserYaclore , ••n In c11c .. 1ión pre idc•nciol: "No cé .. ¡ C" Vcf.
dcfin.i tivamen t1• ahora ~Jc•(•Ía n Tomá Con1cn oro •n !'agaz ob::-Cr\'ación- ~l
cand1Jato de lo con~ervador1• , como creo que c•llo rni ... mo' no lo . . ahen,
pero c;é que no es \ ' d. u r:anflúl11 0 declararlo, ' Jo prueha á la c,·i&lt;lcncia la
actitud \'uga ~ indeci"a ele !:/ ."&gt;i~lo ... líor todaviu, rni ·nt ra no ~~ rl!ali·
cen _Jos &lt;·lccc~ones de repri• t ntanlc , (¡c rá \ ' d. por
mi ma razón un
cand1cla10 obhga&lt;lo, r •al o npnn•n tc, de la' 1lo fro ccion • del portido colo·
ra1lo. J\mba.q ner.c .. itan de• \ 11. pnru tr iunfar: unn para que• le t:on P-f"\'C el
poder que llene hoy en su mono ..... la ot ro pnro q111• Ja lle' e á él .;epa·
randn :í us B&lt;hrrsarin .. . '' &lt;Cfr.: La situación, en La Paz. ¡\fontc,ideo, 23
de octubre de 1872, nQ 165.)
:?

- 62 -

�6i,·a gravitación del oficialismo. "Candidatura de fr aude, de coac·
ción y &lt;le violencia'', como la calificará el órgano radical, ella
despierta y enciende los encontrados intereses que se agrupan en
torn o al debatido problema presidencial.
Desde el diario La Paz, el radicalismo levanta frente a la
candidatura candombera la bandera principista que simboliza el
doctor José María Muñoz. 1
"l.,a candidatura nacional del Dr. Muñoz" - tal la había proclnmado el diario de varela - venía a sancionar la tácita elección de las otras fracciones doctrinarias. 2 El pronunciamiento
de Gomcnc;oro aumentó los recelos que inspiraba a los nacionali5tas e hizo, de hecho, innecesaria la cautelosa expectati"' a que
Ji a e;; ta &lt;'n~onces obser\ ara el p1 inci pismo colorado. Así, pues, des·
de IA JJcrrzocracza se clamaba por un candidato nacional que gobcrna e f ue1 a de los partidos, en m omentos en que sólo el doctor
l\l uñoz podía ofrecer e-as garantías. 3 En el in es de febrero el
Club /Vacion al consagraba oficialn1cnte a Muñoz. 1 El partido con~
En el sr.no ele 1 Club Rruléral c:c resuelve presentar oficialmente la
r.andidut11ra de Jo--é i\ Iaría ~111001 rl clía 7 de no\.icn1hn•. "Los elementos
del J•nrtido colorado -decía t•l rcl1toriul dl'l diado La Paz del 9 de no·
' it rnhrc- con trurioc; á a la candidatura ele Gomcnc:oro scran in1potcnles para
' cnc1 r Ja coalición de la inmoraliclad y ele la fuerza. El partido blanco
&lt;lchilitado por una luclia sin éxito, nulificaclo por los regic:tros, sin fe y sin
cc;p ·rantn, no pod1 ía de ningún n1odo torcf•r el rec;.11Jtado de unas elecciones
c¡1H' su u ulin1.,cn bajo la presión rlc la f11cr1n público. 1~ 1 partido radical,
pcq1u ño 'n 11ú1ncro, pero cura influcncin c:ohrc la opinión imparcial de la
Hcp{1hHca no pued e &lt;lesconocerqe, no tendría mic:.i{111... c;j los elementos
honrodo"' que e:xic:ten e.n los 'icjos particlos cont 1nua,.en en el trabajo impocilil1~ de· triunfar ai.,.Jados. ;, Qué hacf'r cntoncr..,? Oponer á la candidatura dr. f1nudc. de coacci ·n y de ~i olcncia ele f). Tomiís Gornensoro, la
candidatura nacional ele D. Jo.. é I. i\J11ño1, ciar :í tocJoc; loe; elementos que
se ngitan 11ic:p1•r«O". un propóc:i to y un Iin conuín: hacer que concurran
todo y c.ada unn con &lt;IH handcra. con c:u oqi:uni1...1ción y con sus homhres
ñ Ju r.onquic;ta de nn n1ic;n10 rc,.11ltndo ... '' (Cfr.: La situación, en La Paz,
~t onl! ,¡cJ1 o, 9 de no\ien1bre de 1872, nQ •178).
t

: "I lega Ja elección de pre iclentc, ¿ QuP ranclidatos sirven para la
Ju rlin? ¿Acnc:o un Llaneo y un eolornclo? No. l\l uñoz y Gomensoro. Un
principistn y uno que ha dcn10..,trado no ~crlo. "aho pre ·iclente otro candi·
dnto. ¿Quién tralHlJÓ por "" clt&gt;cción? lo.; netn~ rlc an1bas ili1 isas unidos
á nlg11n11.; an1igos pcr--onal1 s del Dr. Fllauri" (Cfr.: E pur si mnove, en
h'l Siglo, ~lonlc\i&lt;lco, 5 de abril ele 187•1, n9 2796.)
3 l\'11c~trn sit11acü)n

política y cco11ómicn, en La Democracia, f\.lonte·
'icl co, 10 de dicicn1b1c el e 1872, n 9 158, y it de ft.•hrLro de 1873, n 9 203.
" Ca11didaturn a la Presidencia de la República del ciuclaclano Dr. D
)osé lfr.rfa 11/uño:. A nue .. tro con1 patriotas y corrcligiona n os políticos:

-

63 -

�ser vador, por su parte, reclama "un h ombre de principios honorable y enérgico,, para ocupar la primera magistratura y pulveriza
la candidatura de Gomensoro y las eventuales de Pedro Varela,
José Cándido Bustamante y Francisco A. Vidal. 1
La interrogante que margina el problema presidencial durante el período que antecede a la elección de marzo permite sin
embargo barajar posibilidades. Por encima de todos los candidatos el doctor Muñoz es quien se sindica con mayores posibilidades
de triunfo. 2 Fuera de su influencia oficial, la candidatur a GoNuestra línea de conducta en la crisis actual está por el programa político que nos ha servido de bandera en la lucha electoral; ese programa que
consagra n ue~tras aspiraciones y responde á las grandes exif',encias de Ja
época á un candidato digno y capaz por sus \'Írtudes y sus talentos, de
hacer efectivas aquellas patrióticas aspiraciones... nos hemo::) acercado al
ciudadano D. J osé l\Ia. l\Iuñoz á fin de obtener, como hemos obtenido de
su parte, la franca manifestación de los prop ·sitos fundamentales que Jlevaría
al gobierno de Ja R epública... Según sus propias declaraciones el ciudadano D. J osé f\.1. l\1uñoz sólo subiría al poder para hacer un gobierno nacional sob re Ja base del estricto cumplimiento de la Con ..titucit.n de la
República ; para in icia r y desarrollar una política de rt paraciún, de paz
y de concordia y para co n~erti r en una verdad práctica el régimen de
igualdad y de justicia, dentro del cual todos los elementos nacionales están
llamados á fraternizar en la labo11 común de la civilización y del progreso.
Por los anteceden tes de su vida pública de quince años á esta parte, por
las condiciones de su carácter perc:onal y por las seguridades que ha dado
antes de ahora, creemos que el ciudadano D. José ~la . .1\luñoz, responderá
en la Presidencia de Ja República tanto como puede exigirse en la situac1 n
presen te, ó les legítimas a ... piraciones naciona les.. . Declaramos que nne ..tro
candidato á la P residencia de la República es el ciudaclano D. Jo ...é ~ [ a.
~ [ uñoz. Juan P. Carai·za, Octavio Lapido, Bernabé Carat1in, Josf. 1·á:aue:
Sagastume. Juan José de flerrera, loanuín Requenn. Ricardo Alt•arez, Carlos
Lerena, Agustín de T' edia. {Cfr.: La Democracia, ~Iontc\·idco. 20 de febrero
de 1873, n9 217.)
Cfr.: Las épocas nue11a~ y los hombres tie¡o~. en F.I Sudo, ~[onte·
video, 20 de diciembre de 1872, n° 2~28 y El Siglo, J\/ontetideo, 16 de
febrero de 1873, nº 2·170.
1

"El puebl o estaba sediento de verdad y de ju&lt;:.ticia. guspiraha por
un gobierno que supiera romper defin1t1\'an1entc Ja cadena de la~ tradiciones
de partido; que hiciera efectiva" las garantiac:. primordiales del hombre y
del ciudadano, que admini strara la hacienda pública con ~abia econon1ia y
encerrúndo"e en su propia }' legítima esfera de acción an1parase el ejercicio de todos los derechoc. y libcrtader;, dejando cumplido d~arrollo a la
inicia ti' a )' á la actividad del individuo. Ese gran mo\'imi cnto de opinión
nacional c¡ue re,istiú tan incqu1\'oca-:. n1onifc tacione .. , había señalado como
candidato gc.nuino del pueblo a un ciudadano que pron1ctia llevar al poder
y que hubiera Jle"a&lt;lo sin duda el contingente ele Ja 1nú:. leal y decidida
, 0 }11ntad en fa\'or de Ja rrorC!aniz.ación económ ica y política tan impcrio~a­
mente rerlnmndn por el poi... Los elt·mcnto" ad\er"º' ú e ...a candidatu ra,
Ji\'ididos entre sí por intcrc;c.; y combinaciones p11ran1cntc per.. onales, sen·
2

-

6J, -

�mcnsoro parece, por la heterogeneidad de sus Repre:;entantes adeptos, justificar el carácter circunstancial de su nombre, esgrimido
por los elementos netos de ambos partidos para cerrar el paso al
candidato principista. 1
La popularidad de !\Iuñoz es sometida a prueba en una man ifcstación de fuerzas programada en su homenaje y como adhesión a su "candidatura nacional" para el 27 d~ febrero en la
Plaza Constitución. 2 El caluroso apoyo que en la ocasión se le
tributó vino a consolidar en la opinión la esperanza en las crecida posibilidades que se ofrccínn para su triunfo inmediato. 3
tínnse de antemano vencidos c;,j no "C unificaban en torno de un candidato
cupoz dt· conciliar sus encon trada" prctcni;ionc : hallúronlo al fin. El Dr. D.
José I:llauri fné designado por la cntidaJ rn:is aparente para &lt;lar cohe,ión
ii aquellos elementos, y levantarlo c:ohrc ei;c pedc tal, alcanzó la victoria
obre el candidato del puchlo' '. 'falcs palahras escribía con profunda
nn1n1g11ra. clcc;de Buenos 1\ ir c-., don Agu tín ele Vcdin al rcgre"o ele 'U deportnl'it)n 11 Ln Jlahana. (Cfr.: :\r.us-rÍN DE Vt:DIA, La deportación a La Habana
c11 la !larca l'uig, Buenos Aires, 1875.J
"Esta tierra -escribía J uan D. J ackson a Félix Frías el 7 de fclircro de 1873- se puede con1parar al Vl'suhjo, risueña en apariencia mjentras
no du señale..; de vida. pero te1nible cuando lac; da, y de&lt;:.graciaclamente se
sicnt(· n e lr&lt;·1neci1nirntos sordos y e1nitc vapores, pronósticos des~raciado' que
niucho ten1cmos veremos en este mes . . . Go1nen1:1oro •.. hace lo que está a su
u lrance pnra ganarse la prrsidcncia, hay c¡ uc ec:;coger entre él, Varela y
Ella11ri y aún B11stan1antr, aunque la opinión general de todo lo re~ular de
Jos partidos c:;!'r.i Dn. J o&lt;:é ~Iaría 1 Inñoi: l)ios sube lo que sucederá ... •
(Carta de l uan D. Jackson a Félix f 'rfas, \.[onte\iidco, 7 de frbrero de 1873,
en /Jibliotc ·a .\acronal, E•ucno ,\ ircc:, 1llan11scritos IJ, nº 12.282.)
t

z Cfr.:

!.a Paz, l\Iontcvideo. 27 ele fchrcro ele 1873, nO 566 ; El .Siglo,
~f onlc\ i&lt;lco, 27 de febrero ele 18i3, n9 2178; la Democracia, ~lonte't1deo , 27
J · febrero de 1873, n9 221.

a La prcn.;a principi!-la invitahn al pueblo para la manifestación en
11.pnyn o la candida turn. \luiio1, con c.,tas cxprc ione-.: e "convoca á todos
lo-. habitante de la capital c;jn dic;tinci 'n de naciona lidad ni de extremos
ni de opinionc-. políticas que c;ÍJnpatict!n con 111 candidatura del Dr. José
,l\luríu ~l11ñoz para prcc:iclcnte de la Reptíhlica. Los n1anifestaciones popul ar &lt;'~ ele! Ja clac;e y con el objeto de la que hoy debe efectuarse, son una con1H•c11t•ncia neccc;aria del principio dcn1ocrático de gohcrnar con la opinión
¡nihlieo... Nacílc puede !'cr indiferente ñ la c ric;.jc; política por que atraviesa
&lt;·l poíc: y CJlll' va á resoh·er'&lt;c con 111 clccciíin de pre ~i dente de la República
1•l 1 1 r~"&lt;i1no 19 de marzo... El objeto prin cipal ele 111 manifestación fué
poner d1• manifiesto, hacer r ·i~iblr. y tangible In popularidad de la ca ndi~
duturn clcl Dr. Jo«é l\laría .l\l11ño1. q ue sus necio-. ach·er&lt;iarios ron c;u impo1enci11 pn1 a c•ornbntirlo hlljo r.I punto ele vi-.tn ele c;1111 talentos y virtucle&lt;1, ha n
dacio 1•11 ll111nar candidatura ele fon1ilin... El \Ínico objeto real y poc;itivo
de 111 nt 1nifc•c:tación '1" hny. e" r\ idc•nciar que ~1 voto de la .i\ c:arnblea rec:pondc y re: fie l intérprete de 111 'ol11nt1ul nacional... ,\1 n1i&lt;&gt;rno tiempo

-

65-

�Entre la nómina de los candidatos accesorios - Andrés Lamas, Manuel Herrera y O bes - también figuraba el doctor José
E. Ellauri, quien por su moderación representaba - dentro del
partido colorado - un temperamento equidistante entre Gomensoro y Muñoz. A cierta altura había sido bandera de los candomberos, antes que se pronunciasen por Gomensoro; ahora, sus fluctuantes posibilidades contaban con un corto número de electores
la manifestación de hoy es el mejor desmentido que podemoc; dar á los que
nos atribuyen la ridícula pretensión de querer imponer al paÍ5 nuestras ideas
individuales y nuestras simpatías de familia y de amistad". (Cfr. : El Siglo,
hlontevideo. 27 de febrero de 1873, nQ 2478.}
Comen taba La Democracia al día siguiente de la manifestación: "El
gran meeting de ayer hará época si n duda en la República. Jamás se ha
visto reunión púl&gt;Hca má:, numerosa y e cogida. y en pocas ha resultado
ciertamente mayor espontaneidad y entusiasmo. El comercio tenía en ella
sus mús dignos representantes. los partidos se encontraban allí conf undidos .. . " (Cfr.: La Democracia. I\fontc\'ideo, 28 de febrero de 1873, nQ 222.}
El Siglo apuntaba: ··~Jontevideo entero puede dar de ello fe: jamás
ee ha \Jslo en e ta ciudad, ni en el ca _o de acontecimientos patrióticos una
manife«tación más espontánea, más numero a y en la cual hayan estado
reunidos como ec:ta ' ez lo~ di\'er~o" t•lementos &lt;le esa colectividad que se
llama pueblo. :;\lás de 3000 per--onas e con!!rcgaron en ln plaza pública á
Ja ~ola in\'ilaci6n anónima puhlicacln ta mañana en La Pa:, La Democracia
y este diario •.. '' (Cfr.: El . iglo. l\lont '\'ideo, 28 de febrero de 18i3, n9 2 i79.)
La Po: recogía en s 11 editorial las palabra pronunciadas por ~f uñoz
dc!cl • los balconc de :::u re idencin: "Gobernaré, dijo contestando á uno de
los jÓ\'enes orad ore qu,. le había dirigido la palabra, gobernaré si fuese
~lc\aclo a Ja primera rnagi~ tratura del paí , gobernaré con ti pueblo r por
e/ pueblo" &lt;Cfr.: La /'a:, ~lontevidco, 28 de febrero de 1873, n° 567.)
Oec;pu(.s el~ la derrota, }oi'é !\laría ~luñ oz, en un documento que enaltece
la aust~ridacl ch·ica de su canicter. munife-.taba a c:.u" conciudadanos: "Veri·
Ciencia la elección &lt;le pre iclcnte de 1 Repú hlica dcho á mi conciudadanos
r ol país en g&lt;.•ncrnl 111 manifc-.1oción de mi má alta gratitud por el alto
honor con que ha sido f ª' orcci•lo mi nombr~ por todo. los órgano&gt; de
opinión pública que hon daJo á n1i candidatura la ~ignificaci i" n de la" más
nohlt·s y patriótica&lt;1 a pirncione.3. El poi" no c:c engañaba: yo habría llc\'ado
al J&gt;oJc r l'úhlico el con tingen te de In mó leal y tlecidida voluntad de entrar
de lleno en la era do rcorgnni1..ncivn política y cociaJ que me imponía la
opinión púhlicn. .1\ lo adrer ario d · mi candidatura debo manifc5tarlc3
qn~. rcconocicn•lo ju ticio en Yario" de sus npreciaciont.'" rl' pecto á mis
aptituJe, de hombre púhlico, han c:iclo muy inju to en oponerme una ambi·
ci6n \'U}gar y en negarme lo cualiclod • Je buen ciudadano dispu' to siem·
pre ñ prcstor ñ lo Patrio loe; c:cn icio que ~tón en 11.1 e fera de mis
facuhn1lcc.. l)e las cal11n1nins é in uho5 que e me han dirigido durante la
di!cusión ele mi ca ndidattnn, no h • tomndo nota. Lomentuncin, en mi rol
de ciuda&lt;lnno, que hayan iclo d •fraucloda la" • pcranza"' cfcl paí )' haciendo
por u ícliciclnd, e pero que el Sr. Dir •ctor de La Pa: e ..irva dar
puhlicidnd ú e to lineo en 1•1 pcri6dico que ho ido uno de lo'" primeros
y el mú genuino l rgnno el• lu proclamación &lt;le mi C3ndidotur.:i. Jo~é 1lfa.ria
!il uñnz, ;\f ontc"iilt•o, 5 ele tnor1..o de 1873". (Cfr.: !.a Pa:. ~Jontevirleo, 6 de
n1arzo de 18i3, nO 572.)

'º'º

-

66-

�adictos y con la propaganda de El Siglo, que prohijaba alternativamente su nombre junto al de J osé María Muñoz en una hábil
e~pecu1arión que sin duda le favorecía. "Muñoz ó Ellauri. Ellauri
ó Muñoz·' era la proclama de El Siglo con lo que, sin abandonar
a su candidato favorito - Muñoz - se atraía al grupo de Ellauri
y a los representantes indecisos a quienes se ofrecía así una doble posibilidad de votar contra los netos.
La víspera de la elección presidencial la ~ituación parecía ser
la siguiente: la candidatura Gomensoro, auspiciada por las fracciones netas coloradas y blancaq, también. por imperio de circuns·
tancias, representaba la oposición al princir i~mo y a su ostensible
y temido candidato; el doctor l\1uñoz, unánimemente apoyado
por los conservadores - mera estrategia es la proclamación da
Ellauri por El Siglo - y naciona1istas es. en apariencia, inminente triunfn&lt;lor de la jornada. El doctor Ellauri, que resistía su proclamnción y no aspiraba gobernar. era sostenido por siete electores
adictos y subsidiariamente - como último recurso frente a Gomensoro - por los elementos del principismo colorado.
i o ob~tante, en el mo1nento de proceder a la primera votación rn la Asamblea, Gomcnsoro contó con veintitrés electores,
diez y nue\·e Muñoz y siete Eliauri. Los candorriberos, seguros de
n o conseguir el triunfo de Goinensoro, deciden consumar la derrota &lt;le Muñoz trocando su candidato por Ellauri; así alcanza
éste la mayoría necesaria y resulta electo, inopinadamente, por
treinta votos contra cliez y nueve. 1
1

"{Jno efe )oc; candidatos ele El Siglo, el Dr. Jo&lt;:é E. Ellauri
ha siclo ~·lccto pre~idente constitucional ele la República por una mayoría
de 30 votos contra 19. Los 30 votos han siclo los 23 gomen&lt;:oristas unidos á
Jo~ 7 clt1.111ric;tns que e ic;tcn en Ja A&lt;:an1hlc•a c;cncral. Los 19 votos en
contra hon siclo los 9 reprc&lt;=cntantcc: nacionaJic;tas que sostenían ]a candi·
dntura ~ t uñoz y loe; 10 conscrvadorec; que soc;.tcnían la!'! candidatu ras alter·
nntivas dt• \1uñoz y Ellauri. Este resultado contradictorio, de aparecer el
doctor Ellauri sostenido por suc; ach·erc:arios naturales y de corazón, contra
~U!'I amigo" y correligionarios vcrclodcroc; c:e elche á las evoluciones é intrigas
de últin1a hora. La candidatura Ellauri había -.ido ele hecho eliminada ayer
duronto el día por no ser posible forrnarlc mayoría en el Cuerpo LegisJntivo. En vi&lt;.tas de esto y de Ja rc,.is tcncia públicamente manifestada
del l)r. Ellauri para ser lJevado á Ja prc••dcJcncia de la República, sus
an1igos hicieron converger todos sus trabajos para in1pedir el triunfo do
la candidatura calamitosa de D. Tornás Gomcn&lt;ioro, concurriendo á fortalecer
In dol Dr. I'vluñoz que el país entero aclamaba y que contaba en la Asamblea con un fuerte núcleo de 9 nacionnlic:ta"-. En conc:ecuencia se contrajeron co1npron1isos que una vez contraídos no era po•dble ron1pcr honorable·

-

67 -

•

�El primer sorprendido parece haber sido el propio Ellauri
que no deseaba ni esperaba semejante derivación. En consecuencia, convencido de que su elección no provenía de una voluntad
mayoritaria expresa sino de la imposibilidad de elegir a otro candidato, previendo falta de apoyo en la Asamblea y en la opinión,
presenta su renuncia espontánea el 19 de marzo. 1 Luego, ante el
asedio insistente de una comisión delegada por la Asamblea, acep·
ta el retiro de la renuncia a cambio de su confianza.
Pero el panorama seguía siendo confuso. Los conservadore~ aceptaban a Ellauri a regañadientes y veían, con decepción
mal disimulada, la derrota de Muñoz consumada por los candomber os. 2 Los nacionalistas, fieles a su candidato, desde La Demomente. Cuando los gomensoristas, que habían cantado su triunfo jactan·
ciosamente se convencieron de que estaban perdid os; cuando '\ieron que los
sostenedores de la candidatura J'\f uñoz resistían el cohecho con que se
les quería arrastrar á la candidatura Gomensoro, arm1 nica hasta el último
momento en sus fines y propósitos, cuando '\;eron al fin que las 'ehementes
aspiraciones del país iban á ser colmadas con la presidencia del Dr. ~ [uñoz
echaron á un rincón al Sr. Gomensoro y levantaron la candidatura del
Dr. Ellauri, como una estratagema para obligar á los ellauristas á despr enderqe de los muñozi ~ ta s y llevar á los nacionalistas, por odio á Ellauri,
á la candidatura arruinada de Gomensoro. En momentos de entrar á la
Cámara el Sr. Camino aseguraba á los nacionali .. tas sostenedores de ~Iuño z
que no tenían compromiso alguno por Ellauri y los instaba con la amenaza
del triunfo de éste á que se unieran á los Gomensori~tas garantiéndoles el
tri unfo de la eleccicn. Si los muñozistas hubieran aceptado, el pastel
estaba hecho; los gomensoristas volvían á su candidato de corazón y de
intereses y los ellauristas quedaban burlados y el país ec.taba perdido.
Pero por fortuna los nueve re pre.,.entantes nacionalistas r echazaron la pro·
posición declarando que serían fieles al compromi&lt;10 contraído con los
conservadores para so .. tener la candidatura del Dr. :\Iuñoz y esto desconcertó
los planes siniec.tros y fala ces de los candombero!!. . . .:\ sí es como ha sido
electo el Dr. D. J osé E. Ellauri Presidente de la República, con sincera
alegría de ~u' ad\'er,ario5, por necesidad y de circunc..tancias y con ver·
dadera rabia y dec,perho de sus electores por fuerza ... ,, (Cfr.: La elección
presidencial, en El Siglo, ?\1ontevideo, 4 de marzo de 1873, nO 2.J81.)
1

El Dr. Ellauri dirige un manifiesto al pueblo explicando la situa·

ción : .. Creía yo y creí sinceramente cuando lJcgó á mi noticia que había
1ido electo presidente de la República, que la impotencia de las do' fracciones en que estaba di\idida Ja 1\ c;amblca había impuesto aquella transac·
ci6n de última hora, pero comprendiendo que en esas condiciones mi can·
diclatura no podía representar la voluntad de la mayoría de la .Asamblea
ni contar acaso con el concurqo de la op1n1 n pública, t•lt•vé en el acto
mi renuncia de tan elevado cargo,'. (Cfr.: /1 mi"i conciudadanos &gt;" al paíJ.
en El Si,./o, 1\lontc\iJeo, 4 de marzo de 1873, nO 2481.)
Cfr.: la situación, en El Silllo, \fontevideo, •t de n1arzo de 1873,
n" 2181 y Po 1ciones definidas, en El Siglo, ~lonle\'ideo, 5 de marzo de
'.?

18i3,

nQ 2~8~.

-

68-

�cracia repudian en Ellauri a su tradición d e partido y al elemento
co]orado neto que lo consagraba; por s u parte, los radicales, con
idénticos 1notivos, lanzaban desde La Paz su fogoso anatema contra cJ nu evo gobernantc. 1
1\nte la situación insistentemente adver sa, eleva Ellauri por
segunda vez su renuncia al sentir que a su alrededor se fo rmaba
-según su propia expresión- "un peligroso vacío". Suceden
entonces el desconcierto y el malestar, y ante el g rave ri esgo que
vuelve a plantear dicha renuncia se reiteran desde di\'ersos sectores
las exhortaciones para que el presidente se reci ba en su car go. En
estas ci rcu nstancias se pro duce en la Plaza Constitución un despliegue de fuerzas armadas con la evidente pretensión de in1pedir la
rcnu nc in pre~entada por el doctor Ellauri. U n nuevo r echazo r ecibe
la ncgnti\'a de Ellauri por parte de la Asamblea y el indeciso
el nndor, compelido
a gobern ar, emite un Manifiesto r efiriendo
Jas co ndi cio nes en que aceptó - en esta segunda instancia- la
pi esiclencin.
"Elevé pues, por segunda yez tni r enu ncia -declara Ellauriy ella ha producido una nu eva crisis p olítica que ha alarmado á
todos los ciudadanos bien intencion ados por los p eligros que
dej a cntre\'er y así como antes pude co rnprcnder que me faltaba
conc urso &lt;le opinión ahora tengo la franqueza de confesar que
siento reaccionar la opinión en e] sentido de mi permanencia en
el puesto para el que f uí elegiclo y que \'Uclvo á verme r odeado de
Ja mayoría d e los ciudadanos ruyo ronscjo y apoyo necesito. La
gran mayo ría de tod os los ciudadanos, de todos los cír culos p olíticos 1ne rodea y me exige que retire Ja ren un cia que había elevado
y con10 nlC aperc ibo que en efecto pod rían producirse sucesos graYCS á insistir en ella, he r es uel to retirarla p orqu e no me siento con
bastante coraje para afrontar la respo nsabilidad de los males que
pueden sob r evenir al país.'' 2
I~J dc~plicgue militar en la Plaza Co nstitución revestía, p or s u
inns ita&lt;lo tono coactivo, la g rnv c&lt;la&lt;l de un hcrho sin precedentes.
"Desgraciadamente -observaba El .')iglo en un balance de los
acoutccirn icntos - la intervención de la fuerza armada vino á
ag ravar la situación . Los batallones, que deben estar sumisos
1

Cír.: I a Den1ncracia,

~fontcvitlco,

marzo de 1873; y La Paz,

~Ion­

t r\ iclro. nllll lo de J 073.

z 11 rnis conciudadano~ )' al pflÍs, Jo É E.
lc\ irico, •1 &lt;ll· n1nr:1.o de l8i3, nQ 281 1.

-

69

ELI••\

u1u, en El Siglo, U.1on-

�siempre a la autoridad legal, exigieron que el Presidente retirase
su renuncia." Y agregaba: "Exigir con las armas en la mano un
acto político del presidente de la República, es sublevarse contra
la autoridad del mismo, es infringir la Constitución del Estado,
que es ley suprema, y la ordenanza militar que es ley de ejército" .1
La Asamblea, lesionada en sus fueros, condena desde la bancada
principista la asonada militar y pide Ja jnterpelación del ~Iinistro
de Gobierno. 2 Por primera vez, el Ejército de Línea como expresión de la fuerza armada, surgía en actitud amenazadora en el
escenario de la vida cívica.
Las censuras vertidas en Ja prensa y en la Cámara r evel:iban
los alcances del insólito suceso. El militarismo, que alcanzaría
primacía a la vuelta del motín del 75, había asomado por primera
vez el 2 de marzo de 1873. "El fin no justifica los medios -manifestaba El Siglo-- y lo que hoy se hace con propósitos sanos,
mañana puede emplearc;e con planes atentatorios y crimina!es.
Aceptar el hecho producido el domingo, sería dejar sentado un
precedente funestísimo". 3 Y el órgano principista. columbranrto
las posibles proyecciones del hecho, envol\ ía en su observación
una profética advertencia: "Ayer iban los batallones para obligar
al presidente de la República á que continúe en su puesto. l\Iañana
podrían ir á exigirle que renunciase á él. Emplear Ja fuerza armada
en determinar soluciones políticas que comprenden á los poderes
públicos es siempre peligroso.,, -t
El flamante presidente de la República '·enía a resultar de tal
modo el híbrido saldo de la puja entre lac; fracciones d octrinariag
y n etas. i se miden las consecuenciaq de la elección. el panoratna
no podía c;pr más desalentador para el nuevo jefe del Ejecuti\'o.
Ante los elementos netos el triunfo de Ellauri sólo venía a si!?nificar. en verdad. la derrota de l\luñoz : para los hombree; de principios, Ellnuri constituía el elevado precio pagado por la derrota
l

La situación. en El Siglo,

~lo ntcvideo,

4 de marzo de 1873. n9 2:181.

z Dirigiéndoc;c

a la Cámara decía el Dr. J osé Pedro Ramírez: ºEl
hecho era :,urnamcn te gra\•e; importaba un acto verdaderamente cen~urable,
,·erdadcrornente digno de r cpresi ' n y de co~ ti j!o . .. '' (Cfr.: Diario de Sesione i de la Camnra tic Repretcntnntf'~ de la República Oriental del l 'ru·
guay, t. X\ 111, p. 136 1 l\lontc\'ideo, 1879.)

l.a in:erpclación , en El Siglo, ~Jont e\ ideo, 6 de marzo de 1873,
2183.
3

n9

'4 /

liid.

- -o -

�de Gomensoro. Su tortuosa elección resulta, por ende, de la imposibilidacl material de dirimir por sí - principistas y candomberosel problema presidencial. En este vicio de origen reside su forzosa
inoperancia fu tura. P oco podía prometer el nuevo Presidente
-investido bajo semejantes circunstancias-- en una época en
que aún primaba en la cruda realidad política, un cerrado exclu·
sivismo de partido. Ellauri, al fin de cuentas, no r epresentaba
genuinamente ni al sector candombero, defraudado por la derrota
de Gomensoro, ni al principismo en pleno, pese a la adhesión
que le tributará la fracción conservadora colorada.
P or fuerza de los hechos, los netos de ambas divisas saluda·
han desde su prensa el advenimiento de Ellauri como un triunfo
de su causa, aunque en rigor festejaban la derrota de Muñoz.
En fil as principistas di vergen las opiniones sobre el nuevo magis·
trado. El g rupo consrnador de El Siglo, pese a su reticente
frialdad inicial, salu&lt;la bien pronto en Ellauri el triunfo de los
principios liberales sobre el personalismo y propone el apoyo
incondicional al Ejecutivo corno única garantía de las instilu·
ciones. 1
1 Escribía Pablo De l\[aría en El Siglo el 5 de ma17,o : "Dos opiniones

antagónicas campean entre los hombreCJ de princ1 pi os. Los unos quieren
a han donar al nuevo golnc1 nn y echar -.obre él la rcsponc;abilidad de todas
Jaq calamidndes. Los otros &lt;·st1ín dispuestos á rodearlo y compartir con él la
dirt·c c i ~ n de lo!ó negocios públicos mientras se conc;en e fiel á c;u magn1 f1co
¡1rogrJn1a ele principios. I•1 partido conservador forma resueltamen te en las
fi)nq de estos últirnos .•. Dcr1 r al Dr. Ellauri en el vacío es decretar la
ruina de Ja patria... C1cc1nos que el Dr. Ellauri no ha sido fran co
en •u~ proceden• ; crccn1os que es j11~ tís 1ma Ja censura que guardan n11estr11CJ alrnas par,'\ lo conclucta del correligionario y del an1igo... El Dr.
Ellau1i como homhre. corno nrnigo, corno candidato, podrá merecer quizá
)ui; nHÍ'l ach.:c•rqaq y la" nuís j11Qtaq acuc;acioncs; pero el Dr. Ellauri como
f nn cionario. como aut oruln'I pública tní'rcce nuestro acetnmienlo y nuest ro
conr.urso micntr.1q c11mpln fielmente 511 programa y cjerLa el poder que el
puehlo le ha r.nnfiaclo, dentro ele loe; lí1nitc~ de In juc:tir.ia y In ley ... Ahanclonnndn al Dr. Ellaur i, con1hntiéndolo sisten1útir.an1cnte, har.iendo imposiblo
eu gohir.rno regular y trnnqu1lo c;Ólo una perc;pcctiva se clivi&lt;:a lúgubre y
vergonzosa: 1') r.1 gobierno clt&gt; Don Tom ~\c; Gomcnsoro ó el gobierno de don
P edro Varcla. E.; deci r cuatr o año., d1· dP-"Orden, ele corrupción y de anarq11 Í.i... (Cfr.: l'o~icinne'i rle/initlas. P. D. ~L. en EL Siglo, l\fontcvidco,
5 d1· n1nr:r.o cl1• 187.'l. n9 2 IR2.)
Y en el 111ic:mo ntin1cro, el artículo editorial consigna ha: "Políticamente In qur. no~ rontrnrinha era que &lt;•l Dr. Ellé111ri, que hnstn el l Q rle
rnor:ro fig11rahn al frente flp este diario con10 r.anclidnto á 111 Presidencia
de In RPp1íhJic11, hubiera e: ido ele' ado al pou er por el elemento m1íc; ciec;.
pre ti ~iado dr•l pní•. 'inicnclo pnrn vencer la candidatura clcl Dr. i\fuñoz v
&lt;:on l'llo el ~lc1ncnto sano que la ~oslcn ín. El triunfo del p.1rti&lt;lo per:-onal
ó cando1nbero crn pues negativo; se reducía á ha her in1peclido que triun·

-

71-

�El nacionalismo, sin embargo, defraudado en su candidato
el doctor Muñoz, condena al presidente Ellauri por la fracción
que representa y por el elemento que lo elevara a su cargo. Traduciendo la opinión nacionalista, Agustín de Vedia, años después
y luego del destierro a La Habana, evocaría con estas palabras
la elección de Ellauri: "Hay triunfos que abochornan como hay
derrotas que dignifican". 1
lguahnente la menguada pero combativa fracción radical
expresaba su desafección al Presidente, en quien encamaba la
tradición de las divisas: "Hemos perdido una gran ocasión -decía el editorial de La Paz del 2 de marzo- ha sufrido el país
una inmensa derrota". 2
fa&lt;:e la candidatura del Dr. J\-Iuñoz. . .. Toda&lt;: las dudas que aún pudiesen
abrigarse á este respecto, están desvanecidas en el manifie,.to que el nuevo
Presiden te de la República acaba de dar al pueblo... El Dr. Ellauri se
apresura a declarar al país que no tiene vínculos de ningún género con el
elemento que en fuerza de la necesidad ha concurrido á elevarlo á la
Preqidencia de la República, así como declara también que era la creencia
de que no contaba con el apoyo del elemento inteligente y sano de su
partido, lo que lo inducía á presentar Ja renuncia de su caq:to . . . '' (Cfr.:
La nuei•a situación, en El Siglo, ~Ionte\ideo. 5 de mar?o de 1873, nº 2483.)
Y el diario consenador abría enérgica campaña en suc; páginas, ]a de
apoyo decidido a las nuevas autoridadec;: "El elemento personal está ven·
ciclo. Es Ja gente decente y honorable. ilustrada é intelieente la que
ac:ume la direcci '·n de los destinos públicos ... Por odio al Dr. ~I uñoz "e
han plegado al Dr. Ellauri á quien han combatido ardientemente.. . Accp·
tamos al Dr. Ellauri cualesquiera que hayan sido las circunstancias de
i;u elección; lo aceptamos y rodeamos la autoridad que invic:te no ~ólo por
haber sido uno de nueo:;Lroq candidatoc, c;ino porque llama á su lado á un
ministerio digno y honorable y porque reprecenta de~cie ahora su i:obierno
&lt;"1 impP-rio de las inc:titucione" v c:obre todo, el prprfominio d,.! elemento ~nl)
del paíq ...... " (Cfr.: los sucesos de hoy, en El Siglo. ~lontevideo, 4 de
marzo de 1873, nO 2481.)
1 "E~e

J!T&amp;n movimiento nacional de opini '•n que revict ió tan inequÍ·
vocas manifestacione", había -.eñalado como candidato genuino del puehlo,
á un ciudadano [~fuñoz] que prometía llt&gt;\'ar al poder )' que hubiera lle·
vado sin duda, el contingente de la mác; leal y decidida voluntad en favor
de la reor~aniz.ación económica y política tan imperio&lt;:amente reclamada
por el país. Los elementos adverc;os á ec;a candidatura di\'ididos entre sí
por interesec; y combinaciones puramente per-.onn}e ... ~intiéndo"'e de antemano
Tencidos si no c;e unifican en torno de un candioeto capa7. de conciliar su•
enrontratla"l prctcnc;ioncll: halláronlo al fin. El Dr. D. J o!=é E11n11ri f 11é de·
8 ignado como la entidad máq aparente pnra dar cohec;i¿n á aqut-lloc; elemen·
tos y levnntado i:ohre ece pcdec;tal, alcanzó la victoria ..obre el can?id.a~o d~!
pu P-blo. llay triunfo" que abochornan r.nmo hay dPrrotas que rlu?"Juf1r.a~.
(Cfr.: ,\ca ~TÍ~ DE ' 'EDtA, La deportación a La Habana en la Barca Puig.
cit .• pp. 10 y 11.)
~ ''liemos perdido ... una gran ocasi ' n -&lt;lccía el editorial de

-72-

La Pa.%

�No obstantP, eran dispares las apreciaciones sobre la situación y sobre la per.,.onali&lt;lad ele I~llauri dentro de la comunidad
radical, en CU}O seno las divergencias personales venían cnturhinnclo nquella su hora crepuscular. 1 I...as discrepancias habían
co1ncn1ndo en el fragor de Ja campaña electoral del í2, con las
disidencias entre Carlos l\1nría Ramírez y J osé Pedro \ ·arela.
Ahora, di\•iclido el partido y anulado en ]as urnas de novien1bre
drl 72 a las que no había concurrido, recibe- su golpe de gracia
con In clf'rrota del candidato principista. I ..os agresivos editoriales
clP !.a l'az arreciaron en sus últimos días de existencia. contra el
gobierno ele T•:llauri. "Puedo asegurarle desde ya -decía el director del periódico a José Ma. Castellanos- que La Paz, cuvo
título me pertenece csclusivamentr y cuya dirección no estoy
dispuesto á ahandonar, no sostendrá el gobierno del Dr. Ellauri
pasando bajo las horcas cauclinas ele las far as indignac; que
venin1os presenciando hace tres días.. . trataré de demo~lrarle
que las conveniencias verdaderas del país aconsejan combatir
drl 2 ele n1ar10 - ha 'lt1frido e) paíc; una inrncni;a derrota.'' (Cfr.: Nuestra
derrota, 'n La Pnz, 1\Iontt•vicleo, 2 de n1nrzo ele 1873. n9 S69.)
Jo~I· Pedrn \arela n1anifc taha nclrmás en carta abierta a Joc:é ~[ería
Cnstclluno : ''El gobierno riel Dr. Ellauri c:crá en renlidacl un ~obiemo del
particlo colorado, una adminic:trnción colorada.. . in1potcnte pnra hacer Ja
fclic•irlucl del pníq ••• El gobierno del Dr. Ellauri reanuda ptu•c: la cadena
de l&lt;Jc: gohiemos &lt;l • partido que hubiéramoc; tronchado, tnl ve1. para c;iempre,
r.on PI advenimiento al poder clcl Dr. J\.111ñoz ... [). José i\luría I\luñoz estaba
en f'oncli&lt;'innes ele c:~r 1•l único que hubiera podido inaugurar un ~obirrno
\'.erd11dcra1nente nnr.ional, no só)o por la~ cuolidadcq morales del hombre,
sino i1or c•l conc11r&lt;io q11r. le huhil'ra pre&amp;1tado el pnehlo c·ntero, sin dic::tinción
de C'olorí'C1 ni do partido político". (Cfr.: La l'czz, 1\.lonte\ ideo, 6 de marzo
di' 1873, n9 572.)
Joc:¡é ~faría CaC1tcllanoc; y José Pedro \arela dic:crepahan s11c.tancial·
nu•nte n·spcclo a la actitud a 0&amp;1111nir frente al gobierno ele Ell~uri. "1'o creo
-le clccín Cac::tl'llnno~- que nna prop:iganrla corno Ja que \'el. ha 1n1~iado
fC/\ la que convengn ií lo" intcrc~cs bien entendidoc: el(•] país ni á loe; de la
n@ociacicín ele q111• fonnnmoc. parte ... no creo con Vd. que el Dr. Ellauri
c1t el r •prc-.cntanlc tic In n1ás absurda intrnnc::igcncia de partido, clel más
rcfin11clo t•goÍ"-mo político y de Ja'\ mÚ!\ cc;trecho!\ ulr'lc;, 1 n1e fundo para
no pensar corno Vd. que nueqtro conHÍn arnigo Carlo&lt;J ~laria Rarnírez ó
C nnznln su hr.n11uno ( q111· no tengo prt•scnte t&gt;n t''-te n1omento cual de los dos
hn irln) n1c d1•1·í,1 hncc poco ti •n1po: que cstnhan tan modificadac; las ideas
d1 Elluuri que le hahín oíclo dPcir: estaba convencido que no se podía
lin1•er hucn gohi1•rno ~ino prescindiendo de los nntig110~ particloc; ... Fl Dr.
Fllu11ri no ern 1 cantlidalo del canclombc. el cnnclomhe lo ha ~levado
po1011c \t•Ía pt•nlido c:u cnndidaturn". Concluía Cac;tellanos afirmando que
n J;lla1n i no le unía ningún comprom i"O con }oq elemento~ perc;ono lista5.
(Cfr.: F/ Dr. ]o,é '1/a. Castellanos, en La Paz, Ionte\:Hleo, 3 y 4 de marzo
&lt;lo 1813, n9 570.)
1

-

73 -

�á los gobiernos que se elevan por medios ilícitos ; que no es una
cuestión de personas sino de principios fundamentales la que
entraña la elección del l 9 de Marzo; que el Dr. Ellauri simboliza
la más absurda intransigencia, el más refinado egoísmo político
y las ideas más estrechas". 1
El 15 de marzo, La Paz se despedía de la prensa montevideana, epilogando su segunda y p ostrera época. Paladín del
radicalismo que con un depurado programa doctrinario pretendió
extinguir los partidos tradicionales que eran exacto reflejo de
nuestra realidad, purgó en las urnas de noviembre y en la Asamblea de marzo su inadecuación con las formas prácticas que había
sancionado nuestro avatar político.

La escisión de los grupos principistas del viejo tronco de
los p a rtidos tradicionales h abía recorrido 'a un la rgo camino
entre la P az de Abril y la elección de Ellauri. La prédica doctrin aria, fustigando sin descanso la acción de las fracciones personales, y la reestructuración de los partidos en 1872, puntualizaban
ya las diferencias, de índole y objeto, que separaban a los nuevos
antagonistas. Las ocasionales concesiones del principismo conser·
vador dentro de filas coloradas no pac;ar on de combinaciones
electorales de circunstancias. A comien1os de 1873, de regreso
de su experiencia del Club Libertad, el dia rio doctrinario confesaba: " El s;glo, que en setiembre se e forzaba por mantener al
partido colorado unido bajo Ja bandera de la libertad. convencido
hoy p or la experiencia de la impo _ibilidad de la empresa. rompe
t odo vínculo con las fracciones personales y tremola su bandera
con profun da fe en que a la lar0 a ha de vencer todas las resi~­
tcncias y triunfar de todos lo~ oh táculos··.:?
Ahondadas las diferencias luego de la elección de Ellauri.
que en cierto modo consignaba la mutua derrota de principi, ta•
y netos en cuanto al f raca"o de sus rcspccti\•os candidato,, ~e
opera una definitiva ruptura entre an1ha- fracciones. La escuela
política civili!:tta. duramente aleccionada. ya no \•ol,·erá a confundirse con la~ bandera' de l o~ viejo" partidos. La prensa princi·
pista, que había contribuido clcci ivarncnt e a operar esa mutación,
,s aludaba el hecho como índice auspicioso de nuestra eYolución
Cnrta át Josr. Pedro J'nrt!fn n Jo sé ~In. Ca .. tcl/11no ... El Dr. José 1lfa.
Castellano&lt;r, en La Paz, l\f on le' iclco, 3 r ~ de n1nn:o Je 1873. n9 570.
1

:3

Candidato, en El Sis/o,

~ l ontc\'idco,

-

íl -

l i de enero de 18;3, nº 2138.

�política : "no es cierto que en e(;,ta República la división de partidos sea entre Llancos y colorados. Hoy se dividen los partidos
en principi tas y can&lt;lon1hcros ó en principistas y netos. . . La
transformación ele los partidos está consu1nada. Inútil es negarlo." 1
I~l principismo, en efecto, había inculcado un reno,·ado aliento
&lt;le civismo en nuestra azaro~a convivencia partidaria. Su filosofía política, re.1urnada del liberalismo constitucional y dinamizada por el cj cmplo nortca1nericano, ha trazado un arnplio
prograrna de rC'gencrnción institucional, CU} os frutos tcm prano-::
recoge, a la h11. de su prédica, en ]os albores de unn época de
rccuprrarión ini~iada, bajo su auspicio, desde un régimen de
amplia coexistencia pnrticlnria. "Han cesado las estériles luchas
ele bando~ y los cornbalcs que en notnhre ele intereses raquíticoc;
\ieníamos prescnr.iando desde hace cuarenta años -anota El Siglo- con mengua de la cligniclnd nacional y perjuicio de los
intcrc.scs ele la pntrin. I~s otra luchn más civilizadora, es otro
cornl1alc inñs noble y generoso el que se inicia: In lucha de Ja
dcn1 or.racin -el cornhate en la tribuna pnrlamentnrin . . IJ cmos
1legndo f clizn1cnte á un resultado que hace alóunos año- nos
hubiera pnrcciclo un sueño : á la constitución de una Asamblea
vcrda&lt;lcrarncnlc nacional. porque es aceptada por el paí:; entero,
porque en c1la todos los partido están reprc~entndns.'· 2
En lu Cárnara de Representantes el principismo promoverá
con el ejemplo la pregonada revolución espiritual. 1\l!í se coní uncliriín e onscrvndorcs y nacionnlistns en propósitos y nc;piracion&lt;'s cornunc~, así corno 1nás de unn 'ez e&lt;;trechnrán fil as blancos
y colorados n l'los pnrn cnf renlnr la conlición principistn. 3 "La
1

To~ pnrtidos orienta/e,~. en Ff Siglo, !\lontc,idco, 18 &lt;le octubre de

1873, nn 2662.

2 Prn) celos i111portuntcs. en L'l Siglo, l\[ontevideo, 11. de marzo de
1873, n 9 2190.

n "'1'oclos pocl •mos 1ccortlar lo que aconteció a r.1íz de la Paz de
Abril y nntcs de las clcccio111 "'· En los do ant1ruos p1rt1 lo.,, el blanco y
f•l l'olorndo, se agitnha la a .. pi1aci ·n ñ la nueva vida. ñ la vida de la libertad
y &lt;I~ In cl1•1nocrac.:ia. l º' hon1l11cs qttf' en uno y ot ro p.1r1iclo trahajahnn par a
rt•nli1ur r.sln aspirnci1'1n, trotaron ele inoculada al part1.lo entero ñ que pert nt' tan
,\hí e ttin lac, c::cc::iont•s cclchrncl.1s en &lt;1 Club Libertad y en el
Club Varionul. En 11nn y otro "C redactaron y nprohoron programas liberolcc . J :t' h11cnn&lt;1 idea" cund~n y 1•c::taban .í pu,to Ct" p1c;ar ñ la ptáctica.
Fntonc: ' fné cuando lo" hombre net0&lt;1. recalcitran tes al progrec;o, rebeldes
á la!\ id&lt;'U", prot Hitaron conttn c::io" p1ogresos y ~e separaron viole ntamente

75-

�fuerza de las ideas, la realización de sus aspiraciones llevadas á
la práctica tenían necesariamente que operar esa descomposición
química que hoy se verifica en el cuerpo legislativo separando en
nuevas y distintas capas los elementos homogéneos de uno y otro
p art 1.d o,..l
La experiencia legislativa deslumbró sin duda a los princi·
pistas del 73, empeñados en transformar las bases de nuestro
comportamiento político. En el debate parlamentario se cifraba
el alcance de las incipientes conquistas alcanzadas: "Constatamos
pues, con lo que sucede en el cuerpo legislativo, la era de transform ación y de progre o en que han entrado los partidos políticos
de nuestro país. J\ las luchas armadas suceden las luchas de
principios. á la razón brutal de la fuerza, la fu erza irresistible de
la razón, á la prepotencia del sable, la omnipotencia de la palah ra . . . " ..Al promediar el año 73 ' 'ucl, en a mo\'ilizarse las f ucrzas
políticas que ahora concu rrirán a la elecciones de senadore de
noviembre. La lucha que se anuncia promete asumir, desde la
prensa doctrinaria, •l carácter de una ejemplar contienda cívica.
En su lranscur_o, •l principismo vucl,·e a ~aludar con optimi mo
renovado Jos síntomas del adyenin1icnto de una nue' a época.
"Derrame la opinión por todas parles su 1nanifestaciones. sean
1

de los con cn·odorc y &lt;le los nacionnlLtn•. Entonce de,enterraron su' divi~ ~ de guerra y dij •ron: ¡Nado Je principio ! No otros 'h irnos de
trad1riontJ y de intcrc.scf. Fuero los ut opi tas y lo ide ' logo ! Nosotros
&amp;Orno~ y cremo c:icmµrc blanco . y colorados netos ni más ni mcnoc;. .. Los
con ·nnclor y nncionnJi to pcrmonccicrc)n fi el • ó c;u prograrnac;, Coro·
pararon lo programo y 'i •ron que en t&gt;llo no habín diferencia! u tonciales.
Fueron ñ In Cómurn y in ncucrclo pre\ io c:e •ncontraron \'Otant.lo juntoc:.
Se lrn1 ó de lcgir ca ndiclo10 para In Pr • idencia de lo República y nacio·
nnh to y con cn·aclorca coinciclicron que el mejor cnndidalo era el que
mús fielmente irnboliz:'l ·l rompimiento con Ja trtulir.i6n del tripotoge. Pero
&lt;'orno no "º" pnrtidn pt.".T$Ona/e3; corno :int •ponen lo principio' á ln'I pcrono!'t acolaron la clecci6n de lB ,\ 1nblca v continuaron trabajando con
ahinco pnrn mejorar lo •iluación de la Rr.pública. Entretanto Jo.-. neto~ de
amhn 11i\' i n de t.' 11 radn rlc ,·er que i hicn lograron impedir lo elección
del l)r. ~luñoz no con iguir.ron cictcner el progre&lt;o de la opini ' n ) la mejora
do lo tulmini lraci.Sn rníblicn. mnnr.ontunan u~ e fu .. n:n para a e~11r:1r &lt;iU
mayorí11 ~n el : nndo por medio de 111 pr6:cima clccci · n." (Cfr.: El rglo,
~1onte\• iJco, 23 do octulirc de 1873. nº 2666.)
1

TranJ/ormnci6n ) progreso de /aJ idl'as politicnt, en El
te,idco, 10 de julio de 1873, nO 2581.
2 I bid.

-

76-

r~lo, !\1on-

�la prensa, Ja tribuna, los comicios, las grandes válvulas que sir·
van á expandir el espíritu público y entonces las aspiraciones
encontradas de Jos centros públicos, no estando comprimidas, no
estallarán como antes con estrépito. La lucha en el terreno tran·
quilo de la c.Jcmocracia, marca evidentemente para nue:;tro país
el advenimiento de una nueva época. Son los viejos errores que
se derrumban. on las prácticas, que han hecho, su tiempo, ce·
dicndo su lugar á ideas más patrióticas, y á principios más
nobles. . . Y ya nos parece oir á nuestros hombres práctico3
llamarnos ilusos y tachando de paradojales nuestros Juicios. Pero
cuidado! Los hechos han de demostrar, tarde ó temprano quienes
&amp;on los que sostienen la verdad y quienes los que pagan tributo
á vanas ilusiones". 1
I~ l acerco1nic-nto entre las fracciones principista~ que r ealizan
obra c:onj unta en la Cámara se estrechó acentuadan1cnte durante
el períoclo electoral; en verdad, luego que- el partido conservador
hubo acallado sus entusiasmos por la causa colorada y ante Ja
identidad de miras con que junto a los nacionalistas apreciaban
los problemas del país desde la pren a y la Cámara, "rnía a consurnarsc -de hecho- un entendimiento tácito que n1ancomunaba
a an1hns tendencias doctrinarias bajo una amplia bandera principisto. 2
I ndudablcmcnte, el ejemplo que propone el principic:n10
en 1873 resulta Ja hermo~u concreción de aquel bagaje ideológico
que había presidido su derrotero de 1872. l'uestos a prueba oo
la práctica &lt;le la vida política los principios democráticos de su
dogma, deben consignarse la fecunda lección dictada y la señera
huella que su diaria y sostenida prédica liberal está trazando en
nuest rn nvatnr institucional.
"l'.. ntre dos años"; éste es el título del editorial con que
1

Fl • iglo, f\lontevidco, 17 de ago to de 1873, n9 2612.

2

Cfr.: l os l'artidos, en El Siglo, \lont cvidco. 23 de octubre de 1873,
2666; l'artido~. non1bre~ y á1iisas, C'n El iglo, \1onteviclco, 6 de no\ Ít.Jmhrc ele 1873, n!J 2677: &lt;:a,,didaturas en .'&gt;oriano, en El Sif{lo, l\Iontevideo,
13 ele novicn1lirc de 1873, n9 2683; Cerramos las filas, en El Siglo, ~fonle·
,¡cJc~o. l:l df' no,·icruhre de 1873, n9 2685; 1f ~pcctos de la lucha electoral en
El Sis/o, l\lontcvitlco, 21 ele noviembre ele 1873, n9 2690 · Las eleccione; de
Soriano, en ¡;·¡ Siglo. i\Iontc\ ulco, 27 de novien1brc de iB73, n O 2695 · L~
f'lccr:iones del /Jurazno, en J:ºl Siglo, 'fonlrvideo, 27 de novien1hre de '1873,
n9 269:&gt;: Saluda"io.'i al port•rnrr, en El Siglo, ~[ontc\ ideo, 17 de dicien1hre
de 1873, n9 2711; la Democracia, l\lontc\ ideo, novie1nbre de 1873 todo~ los
.
'
nu111cros.

n9

-

í7 -

�El Sigl() saluda al año 1874 el l 9 de enero. "El año que expira
deja en los límites de la tumba como patrióticas ofrendas todos
los abusos corregidos, todas las conquistas del progreso r ealizadas
ó consumadas en su transcurso. La arbitrariedad substituida por
el imperio de las instituciones, los gobiernos personales, producto
de Ja violencia y de la fu erza, cediendo el puesto á los gobiernos
de principios emanados de la voluntad nacional manifestada en
el ejercicio del derecho de sufragio; el caudillaje prepotente
abatido y derrotado en ambas orillas d el Plata; las ideas de
esclusivismo y de persecución que han sido la semilla de t odas
nuestras r evoluciones y guerras civiles, d ominadas por las ideas
de t olerancia á todas las opiniones y de respeto á todos los derechos, y bajo su influencia los partidos enemigos coexistiendo al
amparo de las instituciones y desarrollando armónicamente su
actividad dentro de la esfera de su derecho sin choques violentos
ni cataclismos políticos. El orden sustituyendo á la anarquía; la
libertad al despotismo; la paz á la guerra civil. La libertad de
la prensa, la libertad de reunión, la libertad de sufragio proscriptas y perseguidas largo tiempo por los gobiernos despóticos,
coronando el edificio de nuestras instituciones políticas y sociales." 1
Una incipiente conciencia ci\ iHsta se ha e:estado al amparo
e influjo de esa bandera cuya acción fecunda. más a11á de la
capital, ha prendido en el interior de la República donde hasta
er no existían más que blancos y colorado". "La idea ha forn1ado una escuela: la escuela ha engendrado el partido. La idea
que le dió 'ida continúa animándole y atrayendo á él nuevos
prose·1·1tos,, . ,,Así se operaba, paulatinamente, sin los renunciamient os utópicos que proponía el radicali'-mo la tran'-Íormación n atural de
Jos partidos tradicionales por aquel "roce silencioso del t iempo
y las ideas'' que anticipara Julio Herrera y O bes. "Los h ombre3

ª'

Entre dos años, en El Siglo, ?\Ion te\ iJeo, 10 de enero de 187 i.
2723.
l

n11

El Si1:/o y el partido principista, en El Siglo, ~l on te,·idco, 21 de
febrero de 187 i, n O 2i62.
2

"1.o hcnnosa r ealidad qne palpomos ahora, era hace al::runo~ años una
utopía, un sueño, una quin1cra. . . Cuán grande" son }o.. rc..ultarlos obte·
nidos! Un mo' imiento \'igoro o de opinión .. e produce en l'l 'cno de lo campaña; Ju prepotencia del caudillage, antes dueño ab,oluto de lo~ dc-.tinos del
paL, se halla. quebrado . .. " (Cfr.: La t·ictoria, en El . glo, ~lonterideo,
16 de diciembre de 1873, n9 2il0.)

78 -

�escépticos y r ecalcitrantes al progreco de las ideas, ... nos decían
cuando empezábamos á predicar estas ideas: 'Vds. se hacen ilu·
siones, no ven las cosas como son en sí; los hechos han de
desvanecer ese rastillo de naipes que están Vds. levantando. La
transformación ele los partidos tradicionales no existe sino en la
fantasía de algunos visionarjos de la Capital. Vayan Vds. á la
campaña y verán que allí no hay principistac;, n ncionali"tas, ni
con ~ervadorcs; hay blancos y colorados con10 los ha habido t oda
la vida, nacla más'. Callamos entonces y esperamos. . . Lo único
que dijimos fué: 'f.stamos persuadidos de que las elecciones no
se van á reñir como ustedes creen entre blancos y colorados;
sino entre princi pistas y 1lan1cn Vds. como rnej or las cuadre á los
aclvcrsnrios ele principios'. . . Jian venido las elecciones y los he·
ch os han confir1nndo plenamente ... nuestras previsiones. No han
sido la:- divisas de la guer ra la bandera de la lucha. Esta se ha
empeñado en un nuevo terreno ... Hoy han sido las luchas entre
l as traclirioncs y los hábitos del pasado y la necesidad y aspira·
cionc-; del presente. &gt;lo se han presentado aún los candidatos
--&lt;:orno se presentarán un &lt;lía- llevando en la mano su programa
po1ítico, claro y definido. Acabamos de ~alir de la guerra civil.
Il nn npnreciclo ya los elementos del nllü\ o período que se inicia
pero aún la !'Íluación eslit en embrión. . . el resultado de las
elccci ones ha dcn1oslrndo que no e;, sólo en la comunidad de
principios y &lt;le doctrinas. E"c es el verdadero la10, el único
'\"Ínculo, lo que f 01 ma y rnantiene hon1ogéneos y compactos los
partidos. Fuera de ahí no hay más que interese~ p~rsonales ... " 1
El ejemplo ele los co1nicios ele noviembre del 73 era evidente,
y el triunfo iclcnlógico que el principismo se atribuía re~ultaba
incuc tionable.
e estaba en el camino más recto hacia los go·
hicrnos emanado" ele la voluntad nacional inediante el ejercicio
del derecho de suf regio.
f,a cxc~pr:ión con/irn1a la regla, en l~'l Siglo, 'lontevidco, 13 de enero
de 107•1, n9 2731.
t•p;tín lu prcnc:a principist.1, lo" netos c:e negaban a reconocer la trans·
fl}rn1ación &lt;111e S&lt;: venía operando en los partidos políticos orientales. Anota
L'/ Siglo: "E-. c:ing11lur lo que acontece en ln e fcrn política. l.oc:; Ór1?anos
clr. los colorntlos y blancos nr.tos como si obedccicc:cn á una n11c,ma con"ip:na
ui1•gun reflucltnnu·ntc la radical trnnsfonnnciún fl\IC ha sufrido Ja divi5ión
y &lt;·la.,ificaci&lt;ín &lt;lo loe:; partidos en la República. Para ello.¡ aquí no hay má4'
&lt;111 • hlanco-; y color111loc:, ·y entre tanto, ello" mismoc:, á despecho de &amp;us
nfirinncionec:;, don ~on "'" conducta t c:timonio de lo contrario. La Tnbunn y
l jn Putrt&lt;J c;r dun la 111ano y comhaten á La f)emocracin l a El Siglo •
(Cfr.: f'l Siglo, l\lont••vi&lt;lco, 6 de OO\Íc:mbre ele 1873, n9 2677.)
1

-79-

�Si bien la pregonada evolución no había jalonado todo el
camino que le asignaba el vehemente entusiasmo del órgano
principista, el año 73 marcaba una etapa de fecundo aprendizaje
civilista : "Las elecciones que eran no hace mucho la acción de
guerra ó un simple movimiento militar dirigido por la voluntad
omnipotente de tal ó cual caudillo, son hoy un acto pacífico de
la vida democrática en que todos los ciudadanos y todos los
partidos se disponen á ejercer un derecho con arreglo á su con·
ciencia libre. . . Prensa libre que ilustra la opinión discutiendo
todos los candidatos; coexistencia pacífica de todos los partidos
y participación de todos ellos en los trabajos electorales ... todo
ello es un triunfo, un gran triunfo de nuestras ideas . . . Son las
doctrinas liberales las que triunfan ... " 1
Fue un período de dura prueba para aquellas doctrinas que
debieron enfrentar a las divisas, pero en su saldo debe anotarse
la saludable experiencia con que los partidos principistas superaron las anacrónicas formas de convivencia política que daban
difuso contorno a nuestro mundo histórico. Fue un año de programas, de discursos, de verbosa dialéctica, de esgrima parlamentaria, mas no por ello el principismo descuidó su presente y
su realidad. Ante su hora, el principismo del 73, que en teoría
proclamara el imperio de la razón y la apoteosis del individuo,
había consagrado en el orden institucional el punto de partida
para la organización definitiva de nuestra estructura democrática.
Su reacondicionamiento del pasado, en función de un presente
vivo que se proyecta hacia el porvenir en una acerada visión de
la realidad nacional, consigna, con cifras definitivas, su fecunda
empresa civilista y su tenaz vocación constructiva.
En la feliz interacción del programa y la obra principista
pudiera definirse el epígrafe que pre ide su derrotero político
de 1873: "Que el pasado es el caudillaje y la guerra civil entre
los partidos tradicionales. El presente es la reconstrucción de los
partidos políticos. Y el porvenir es la vida democrática en toda
su pureza." 2
A specto3 de la lucha electoral, en El Siglo, ~1ontcYideo, 21 de no'fiembre de 1873. n 9 2690.
t

En polémica con El Uruguay el redacotr político de El Siglo escribe : .. Lo que constituye el presen te, Jo que da fisonomía propia á la
época actual. . . lo que explica muchaci aparentes contradicciones é inco nsecuencia.. es el hecho de eqtar~e actualmente elabo rando e:sa profunda
trans(ormach,n. En el&gt;te período chocan las tradiciones con las aspiraciones;
:?

-80-

�Por lo que toca al año 1874 el cuadro político de fuerzas
continúa, en sus grandes líneas, el desarrollo enunciado para el
año antecedente. En el á1nhito de los partidos de principios, con·
servadores y nacionalistas, desde sus respectivos frentes, continúan
mancomunados en su ideal de unificación liberal 1 mientras prolas divisas con las cloc trinas; los antiguos vínculos formados bajo la tienda
de campana, en la p&lt;:rsecución y en el dei;;tierro, con los lazos que espon·
tanean1cntc se forman por la comunidad de aspiraciones, de tendencias y
de prop6.,ito&lt;;. /:,'l Uruguay se obstina en no dar un paso adelante. Quiere
que la&amp; tradi r.ionc~. la identidad de divisa, predominen sobre la identidad
de las doctrinas. Reanima la visión del pasado; quiere apretar los ]azos
que In inconsecuencia política de los que se dicen liberales, sólo por haber
llevado cliviqo. colornda, ha aflojado y relegar á un porvenir remoto lo que
cabalmcnlf' debe c;cr la obra del tiempo presente, combatir las preocupacio·
neq, &lt;lifundir la 'crdnd, aplicar el escalpelo de Ja sana crítica de los partidos y clc•moslrar que no la igualdad de la divisa, sino la 1dentidad do
div1qas hace homogénea y da cohcsi ' n y fuerza á los partidos. El Uruguay.
en su nfán de demostrar que los JiLerales que llevaron divisa blanca y 109
liheralc" de divisa colorada están separados por abi.,mos insalvables. agrupa
habilrncntc tocla'i In~ disidencias c¡ue han surgido hace dos años entre nacionalistnq y conservadores: disiclencias que no prueban más que una cosa
que nosotros hemos rcronocíclo y reconocemos: que aún no ec:.t1í completa
y con~11n1ada la fu sión entre todos los elementos que han de formar el gran
11arti&lt;lo lihr.1 al; que aún cada una de las fracciones no se ha desprendido
rompl&lt;'tnmcnle ele su~ antiguos lnzog, que hay liberales conc;crvadores y Ji.
hcralcs nu&lt;·ionalistos ; en una palabra, que estamos con ..agrado!IJ á la labo·
rioqa tnr&lt;'u ele la reconstrucción de Jos partidos, que es la obra de hoy.
que vhintoc:. en el presente y no en el por11enir. Pero hemos so!ltenido y
11ostcncn10~ que el pnsndo no p11Pde resncitnr. ¿Dónde están hoy, hemos pregun tado, loe; caudiJloq prc•stigio oc. ·;io ¿Quién es el Jefe d el Partido Colorado?
llan dr!ilnpnn·cirlo. Flores y Oribe no han tenido sucesores. Lo'\ anti~uos
pnrtidot1 han queclarlo acéfalo" y tienen que hu!!car s u lazo de uni ón en la
común doc·trina. Y como no hay una doctrina blanca y una doctrina colo·
rada, sino unn doctrina 1ibertul y una tedenc1a á la arbitrariedad, ec;ta
doctrina y cc:;ta tendencia son hoy las que con.,,t1tuyen la verdadera divic;iÓn
de Joq partidos .. .t• (Cfr.: l'asaclo. Presente, Porvenir, en El Siglo, ~fonte•
video, 16 de abril de 187•1, nQ 2895.)
l

,.f.05 hombres ele La Den1ocracia, nacionalistaq, aunque unidos con

los conc;rrvarlorec:; por el círculo de las ideas y de la comunidad de los pro·
p ósitos no forman ~i n embargo, con los hornures de El Siglo una sola y
única ogrupncióJ1. Con«crvadorcc, y nacionalic;tas están destinados, en una
época no remota ú fundir e en un c;Ólo purt1do: el partido liberal; p ero hoy
p or hoy, en el momento que cscribin10~. «1on dos fracciones homo~éneas que
con ..piron á un fin común. ~on "umandoq de,tinados á una 'luma que aún
no está terminada ... º (El Siglo, ~lontevidco, 8 de rnar10 de 1874, n9 2775.)
., Pero, ¿porqué c;e pregunta };/ Uruguay. . . si conservadores y nar ionalic;ta5
profe!'lnn lo" misnios principios no c;e íunJcn en un c;o}o partido '&gt; . . Las
descompo,.irione«1 y agrupaciones de las fra cciones políticas no c;e vcnhcan
con ec.a rapirle1 inc;tantúnea que el colega cree poc;ible, porque ]o-!. partidos
ee componen de dortrinas y de hombre y éstos tienen hábitos y pasione1
que rclurdun el eÍcl to de la ~olución de las ideas. Por eso los fenómenos

-

81-

�siguen ahondándo~e las inconciliables divergencias que les separaban de las fracciones netas. 1
Bajo la vigencia plena de aquella profesión d e fe p olítica
enunciada en los días de su definición doctrinarja, los partidos
de principios, fieles a los programas del 72, proseguían empe·
ñados, en 1874, en la misión emprendida con el auspicio de la
Paz de Abril. "Amurallémonos en los principios, n os decía hace
d os años nuestro tribuno el Dr. Gómez. Amurallémonos en los
principios r epite mi voz débil pero sincera, que este es el medio
más fecundo de servir á la patria. . . Las transacciones sólo pro·
ducen r esultados transitorios. Los triunfos duraderos -sentenciaba el joven r edactor de El Siglo Pablo De-María- sólo se
alcanzan con las armas de la verdad y de la justicia. El que
antes de ahora hubiese hablado así habría sido tachado de utopista. Hoy se reconoce que las paradojas de un día son las
verdades del día siguiente". 2
No obc:;tante el paulatino afincamiento de la prédica princip;sta en nuestras f ormas instituciona1es, el gobierno de Ellauri
e"taba amenazado en el orden material por la estrechez de recursos
que heredara de las administraciones precedentes.
La balanza económica venía acusando -a consecuencia de
Jos movimientos susultorios de la crisis del 68, de los descalabros
de la guerra civil y de la crisis monetaria- un alarmante desequili brio. "Si el crédito del E stado se hall -i ho y debilitado -declar aba
el Ministro de Hacienda a comicn1os de 187·1 débese en primer
lugar ú la Deuda Pública que ab~orbe la mitad ó más de las
r entas gracias á administraciones despilfarradoras y derrochadoras.
á las locuras de muchos, y á lns luchas frecuentes en que hemos
\'Í\'ido. Un país de 4.00.000 habitantes que deduce la mitad de
sus rentas. ó sea, cinco millones de pe5os para el sen ·icio da
d eudas \'iejas. no puede menos de sufri r }3c; consecuencias deplo·
rablcs que estamos sufriendo hoy: agréguec;e el atraso de la
riqueza y de la producción nacional, la fal ta de u11a confianza
políticos requieren siempre ti mpo pnrn producirce y C'co explica Ja aparC"ntc
anomalía que El (} rugua) cnc.uentr 1 '' (Cfr.: .4) cr )' hoy, eu El iglo, l\lon·
tcvidc.•o, 8 de octubre de 1874, n O 2915.)

nº

Cfr.: Entre dos aguas, en El Siglo, ~fontcvideo, 4 de julio de 187 f,
2867.
1

El partido conservador )' la elección pre~itlt!n c iol P. DE ~IARÍA, en
El Siglo, f\lontevideo, 4 de diciembre ele 187 l, n O 299 t
:?

-32-

�perfecta en la ec;tabilidad de ]a paz, la crisis comercial y mone.
taria, la misma oposición que se hace al gobierno y se completará
el cuadro de abatimiento". 1
Las dificultades financieras, acentúan la depresión a que
aludía el ~1inislro en su mensaje de enero de 1874.
El Poder Ejecutivo, ahogado por el déficit y apremiado poT
]as erogaciones del presupuesto, e imposibilitado de lograr nuevos
empréstitos honrosos, propone soluciones de emergencia (venta
del Mercado Viejo y de los cuarteles, economías en el presupuesto,
venta de la deuda pública afecta a la conversión de los billetes
bancarios) bajo forma de proyectos que las cámaras remisas no
sancionan con la premura que la situación reclama. Un hálito
de desconfianza entorpecía las gestiones del gobierno de Ellauri,
cuvns graves peripecias económicas anunciaban un desenlace in·
cierto, pero nnda halagüeño.
El mensa je del Poder Ejecutivo del 15 de febrero consig.
naba: "f..,a situación creada por el progreso sucesivo del déficit ...
cuya influencia sobre la 1narcha general de los negocios de la
industria y el co1ncrcio, no es hoy dudosa para nadie, se hace ya
insoportable; y si ella pudiera prolongarse hasta fin de año, difícil
será prever toda la g ravedad de los peligros con que amenazaría
al país y los conflictos que produciría". 2
Culminaha así la fun esta incidencia del año anterior en las
rcntns nac-ionales. En ] 873 se debió hacer frente a las conse·
cucncias de Ja guerra civil. soportar una calamitosa crisis monetnrin y padecrr una epidemia que complementó el descalabro con
In con iguienl&lt;.' restricción corncrcinl. 3
La ficticia prosperidad que había inmediatamente sucedido
a la Paz de Abril con confiadas in\ ersiones de valores y auge
general ele los negocios, al amparo ele una confianza ilimitada
en la paz y In coparticipación de los partidos, se detiene brusca·
niente en 187i1.. J..a aguda crisis comercial de ese año acusó, con
creces. las ruino~n~ con~ecucncias de aquella inflación que en el
graficis1no de l~cl unrdo Accvc&lt;lo se traducía como "fiebre de los
l

Ernr nno ,\ c;F.\'J.DO, Notns y Apuntes. Contribur1ón. al Estudio de la

l/1&lt;:toria

Ec.011tí111ir.o y

Finan riera de la Rcptíblica Oriental del Uruguay.

t. J, p. 252, !\loutcvidco, 1903.
2

1lfcnsajt del /'odcr Ejecutil'o, Iontevicleo, 15 de febrero de 1874, en
EouAnoo ' Cl.\l L&gt;O, 1\'otas y Apunte&lt;:, etc., cit., t. J, p. 272.
3

l úid.

-

83 -

�•

•

n~goc1os en u~ org~n1s~o profundamente debilitado". 1 Los pre-

cio~ ah~ra ba1an, d1sm1nuyen las importaciones y se extrema la

reticencia del mercado. 2 El pánico sucede al optimismo, la re·
tracción a la expansión, y desde allí -lo que es más grave
el
malestar se proyecta hacia el gobierno, blanco eterno de t odos
los descontentos. "Languidece el comercio -decía El Siglo al
e sbozar las líneas generales de la situación- escasea el metálico ;
los bancos no prestan; decaen los negocios y se siente paraliza·
ción y malestar. Y como consecuencia de este estado de cosas
se alza un. clamor de queja y descontento y en vez de buscar las
causas de la p en osa situación que atravesamos se acusa á los
Poderes Públicos y con especialidad al Ejecutivo porque no p one
r emedio con unos cuantos decretos que hagan afluir el numerario,
renacer Ja confianza y el crédito.'' 3 Las calamidades agropecuaria , en fin. con mortandad de haciendas y pérdida de cosechas, complementan el cuadro sombrí o que antecede y, en cierto
modo pre figura, el cisma político con que se inicia el año terrible

&lt;le l 8i5. "'
Fracasado el empréstito que se había intentado negociar en
L ondres, por s us des\·entajosas condiciones (~1isión P érez Goma r·
Bustamante), malogrados los proyectos discutidos en la Cámara
durnnle el período an terior y menguadas las r entas nacionales por
lo .. recto de In cri::i comercial, el Ejecutivo se ' e abocado a una
inminente bancarrota.
1~11nu ri encom ienda el Iini_terio ele llacienda al doctor Pe~r.o
Bu tamnntc, antiguo ministro &lt;le Batlle en los albores ~e la cr1~1s
del 68. El flamante ministro recibía la cartera en s~t1en1hre s1.n
f ondo en ln T esorería ni recursos para arbitrarlos, ~ fin de. cu.br1r
lo ga.,tos del pr c:u puec:to de los dos meses antenores ( 1ul10 Y
to ) . \ Tcnci ndo dificultades de toda índole pudo abonarse
0 0
el remanente. Pero continuaba en pie el problen1a de los mcc;es
l

/ bid.,

l.

JI.

p. 210.

: /bid.
a f.'/ Sigl&lt;&gt;, l\font~' ideo. 30 &lt;le oso lo de 1871, n9 2913 .
., " "'cgtín una comieilln e pecinl 'le In que forman parte
~cñore!
Domingo (] rdoñnnn Lu cn llcrrcro y Oh. ' . Enrique .Artaga,·ey~1n. d~lll87;
1 87.1~ Jo riquC7Jl• ogropccnnrin uf ri6 uno mortandad de se1:;. ~· on~
ª
.
el
l
illon y medio de 'nea · temeros ) caen m 1
,d:. ~:e'º. :o~~f1oe:°. .' '1~ ::'ce snrio ogrcgor que en 1874 E~ pcr~it&gt;rod.
tor- lnt n&amp;,r. la! 0 cho J mnh: · trigo o,;olundn n un '!ullón me ~o1 i)
( r - En noo \ CE\ll&gt;O J\'otas y Apunles, etc., crt., t. 11. P· - •

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cds!

JlC O!.

r ·: '

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-

S.1 -

�subsiguientes. Improbos esfuerzos cumplió el mi?istro Bustaman~e
con miras a Ja salvación económica del gobierno de Ella un;
empero, todas sus gestiones, más o menos viables en principio,
epilogaron en el fracaso.
El Ejecutivo convoca a la Asamblea General para un período
extraordinario haciendo presente en el l\1ensaje la imposter gable
necesidad de- procurar recursos para cubrir el déficit y establecer
un cierto equilibrio entre los egrec:.os e ingresos en los últimos
meses del año en curso. No obstante se cierra el año 1874 con
un déficit de S 3.632.000.
!'ara los enemigos del principismo y los Dulcamaras p olíticos
la a1arosa coyuntura sr·ñalaba oportunidad, por demás propicia,
ele procesar al gobierno doctrinario. A la sombra de la crisis,
especulando con la opinión dec.concertada y la iner cia de Ellauri,
ec armaba entre tanto el bra10 de la reacción que una vez más
volvciía a cuestionar la vigencia de las instituciones liberales.
I~n la pertinaz oposición de las fracciones netas - m ás quo
oposición obstrucción- con la que cerraban el paso a las providen cias del Ejecutivo, hiPn pudiera caber el designio de perder
al gobierno del doctor Ellauri. A principios de 1875 rl asesinato
de l{omunldo Castillo configuraba, en un gran sector de la opi·
nión pública, un concluyente an ticipo de Ja anunciada conspiración
que se cernía sobre el pnís. J,a prensa opositora, desde La Tribuna, El c·ruguay, lJ&lt;L Patria y tarnhién - aunque con otras miru - ele ele !Ja /)ernocracia y [Ja le/ea, vapuleaba sistemá ticamente
ni régi rncn snhrayanclo su iner cia, su inadecuación a la r ealidad,
y su ineptitud frent e a la cri~is econón1ica. A la campaña perioclísLicn se sumaba In cerrada oposición &lt;¡ue cu rn plía en la Cámara
In han rn clu neta , condenando de plano las soluciones que frente al
nng ustioc;o problen1a er.onón1ico arbitraba el Poder Ejecutivo.
l~llnu1 i, en &lt;'fccto. p1 c.;enta al T'arlarn&lt;'nto dos proyrrtos de ernic;ión
111enor po r Joq Bancos en un plnzo de once añ os, n1ediante el adelnnlo ni J~stnclo de clos millones de pesoq en or o c;cllado a cambio
ele l ít u los ele dcudn pl'1blicn. l ,a mayoría ca1ulombera desecha ec;te
crilc1 io y vuelve a insi"tir en la emisión p or la Junta de Crédito
J&gt;úhlico que con cl cn~1ha el principismo y que, por otra parte, no
r •stilt nha como solución inmPcl inta.
En el clin1n c1c violencia que margina aquellos últimos &lt;lías
del régin1rn el doctor P edro Bustamante as ume, en nombre del
priucipismo doctrinario y desde s u investidura mini,terial, la
defensa del proyecto del Poder Ejecutivo frente a la indiferencia

-

85-

�hostil o la intransigencia agresiva de la bancada de la izquierda. 1
En su incisivo discurso denuncia las maniobras de la mayoría
personalista de la Cámara contra el P oder Ej ecutivo, y el ímpetu
avasallante de esa facción, que a esa altura, ya no trepida en
"imponer los ministros al P oder Ej ecutivo". Escéptico en cuanto
al principio de la emisión menor - al que se opone en teoríaBustamante le sostiene ahora a todo trance cual obligada tran·
sacción con la realidad. Luego de demostrar la necesidad del
proyecto como imposición de circunstancias mide, con alcance de
profecía, el destino que aguarda al tambaleante go bierno : ' 'Quiero
suponer, señor Presidente, que esta hipótesis va á realizarse ; que
el proyecto del P oder Ejecut ivo va á ser desechado, y que el
proyecto de la minoría de la comisión va á ser sancion ado. ¿ Qué
suerte le queda á este proyecto? Y me intereso, señor Pres idente,
doblemente por ello porq ue podría también preguntar: ¿Qué
suerte le queda al P oder E jecutivo? .. . ¿Cuál va á ser la sit uación del Gobierno? Desechado el proyecto del P oder Ejecutivo
(sancionado por el Senado) por la Cámara de Representantes
-desechado el proyecto de la Cámara de Representantes por el
honorable Senado, ¿ qué queda? . .. Nada. Y si queda nada, qué
viene ? . .. Creo que vale la pena pensar en eso un poco. Est a si·
tuación es ya sin n ombre ; será una situación sin remedio cons·
titucional . .. "2
La severa diagnosis del estado político y financiero de la
República que traza P edro Bustamante, envuelve el último alegato
del principismo, aferrado al gobierno de Ellauri . No se defiende
al doctor Ellauri en su persona: se pretende impedir la caída de
un gobiern o nacional que, pese a liinitaciones y defectos
esen·
constitu ye una garantía del régimen
cia de su misma índole
ci\i i1ista.
El rechazo del proyecto de emisión menor vino a confirmar
así l a bancarrota del gobierno. En la Cámar a, baluarte de las
jornadas doctrinarias del 73, se decide sin duda el destino de
nuestra Gironda. Exhausto el P oder Ejecul i'&gt;'o, la negativa a su
últi mo rccun,o venía . pues. a itn plicar su virtual cesantía.
El Siglo, avizorando la crucial alternativa abría un interro·
1

Así denominada en razón de su ubicaci ón en la Sala de Se;;iones.

La últtma batalla polí tica y finan ciera del go·
bi1:rno del Dr. Ellauri. Páginas Olt·idadas, en Retiista JVacional n9 146.
p. 296.
2

Pr.ono Bu

TArtt A:'iTE,

-86-

�gante por demás elocuente: "Rechazando en general la Cámara
de Representantes el proyecto del cnado, ha declarado que no
quiere ocuparse del asunto, es decir, ha declarado que no qt;iere
dar r ecursos al Poder Ejecutivo. ¿Que vendrá de esta situación?" 1
La agonía econórnica del régimen, se proyecta sobre la armazón
vital de las instituciones. Ante la indigencia total de recursos, se
desquiciaban los resortes de la Adn1inistración, cuestionándose de
nuevo ]as conquistas que el civilismo había empeñosamente con·
sagrado.
Con los sucesos que marginan la primera quincena de enero
de 1875 se abrevia, en rápido trán1ite, la sentencia del proceso
principi ta. Los incidentes electorales del 1° de enero y la san·
gricnta j ornada del 10, no hacen sino precipitar -como concurrentes violentos- el oscuro desenlace que había pre\ isto el
doctor Bustamante. 2
l~n los prolegómenos clel l\.lotín, el principis1no, por encima
de e~cisiones pasajeras, vuelve a presentar un frente único de
lu rha a los grupos netos que se disponen a avasallarlo. El Siglo,
[.,a /)e111ocracia y La. Idea aglutinan una vez más a conservadores,
nacionalistas y radicales. J
!.a cuestión
3020.
1

n9

recurso .~.

en El Siglo, \tontcvideo, 8 de enero de 18i5,

Cfr.: rontocatoria, en El Siglo, fontcvideo, 3 de enero de 1875,
nQ 3017; La elecciorl- de Alcahle Ordinario y /Je/en .~ or de Alenores, en El
Siglo, \lontrv1deo, 3 de enero de&gt; 1875, n9 3017; llabltos democráticos, en
/:,[ ."}1glo, ~1011tevideo, 3 de enero de 1875, nQ 3017 ~ Logica de los sucesos,
en Fl .'ligio, \lontcvideo, 5 de enr.ro de 1875, n9 3018~ A las urnas, en
L'l • iglo, ~lnntcv1deo, 5 de enero de 1875, n9 3018: L11 prueba de hoy, en
f·,'l Siglo, l\1ontevidco, 6 de enero dr: 1875. nQ 3019; Al Pueblo, en El Siglo,
.1\1ontcvideo, 6 de enero de 1875, n O 3019; E'l gran 1niting del ntiércoles. en
L'f Siglo, lontevidco, 8 de enero de 1875, n'&gt; 3020; t ll pueblo, en El Siglo,
lonrcvidt·o, 9 de enero de 1875, n9 302 J : Al pueblo, en El iglo, Jonte\ ideo,
10 tic ~ncro rlc 1875. n9 3022: Al nueb/o, en E.·1 .~1glo, ~lontcvideo, 12 de
f'ncro ,Je 1875, nQ 3023; La Democracia, ~1onte\ulco, 11 de enero de 1875 ;
JuA:-. E. Pl\1J,t. DF:vo10, llistoria de los partidos politicos, etc., cit., t. II.
2

a EJ 6 de enero tic·ne lugar la reunión de la Barrara Eolo, a la que
concurril'rnn - st&gt;gÚn El Siglo- más d1• 500 pcr,onas " lilitares y simpleci ciudnclunos; hornbreci &lt;le todo" los partido-. sin abdicar de sus respec·
llvaci conviccioneq tH' encontraban allí trlt•ntifirados con la grandio.,a idea
de dc•Ícndt•r la libertad electoral... o se trataba de pactos ni de liga.:, ni
ele f 11,.ionc~ ni de bastardos acomodanucntu-. personal e"... No se cxijía á
ningún (' iuclnclano que abdicase de sus conv1rc1one"... ¡ o! Eran homhrrs
y no m1iq11inaci 10&lt;:1 que e.e reunían. Eran c11ulodonos 1ihre~ é independiente~
y no in"lrumcntc1" t:iegos qjn volunracl lo" que .. e asociaban para llevar á
C'abo Ju nui~ grnnJioi;a obra de civi ... mo de 111 época actual. l\brió la reunión

-

87 -

�Vive Montevideo en un clima de zozobra cuya caldeada atmósfera tiñe de subida violencia la simple elección de Alcalde
Ordinario y Defensor de Menores. En ocasión del acto va a librarse el encuentro entre las fracci ones personalistas mancomunadas y los partidos de principios unidos ante la emergencia. Está
en cuestión por entonces la vigencia del sistema que ha postulado
nuestro liberalismo doctrinario, así como el ensayo de convivencia
política, de garantías individuales, y de libertad e]ectoral planteado a partir de la Paz de Abril. "No es cuestión de blancos y
colorados, subraya El Siglo, no es cuestión de partidos lo que va
a debatirse, los que proclaman lo contrario falsean a sabiendas
la verdad ... Se trata de una cuestión puramente social." 1
Los actos del 15 de enero vuelven a introducir una nueva
fisura en nuestro proceso histórico. El civilismo sufre una de sus
más sonadas derrotas. aunque su consagración es ya previsible.
Pese a las persecuciones, a la r eclusión y al destierro, "el vuelo
de la idea" no se ha detenido. El fecundo rimero ideológico que
ha legado el principi&lt;;mo a nuestra gesta política animará el espíritu cívico desde la Revolución Tricolor, el bregar del Con"titucionalismo, la r ebelión del Quebracho y volYerá tras su destino
--een 1890- con el gobierno civilista del doctor Julio rlerrera
y Obcs.
Entre tanto, los partidos personales habían definido. por el
momento a su fav or, la cric; is del 75. pero en pago de su cuestionable victoria surgía, encaramada con la activa colaboración del
Ejército &lt;le Línea. una nueva fu erza que imprimirá su deprimente
sello a nueslra e' olución institucional.
el Dr. Oupont, redactor de La Idea... El Dr. ~luño1.. como Pr~ ..identc
abrió el acto interpretando en su aplaurlido di:,cur.. o lac. ideas y lo~ le•·
timientos que animuhan á todo Jos ciudaclanoco congregado-.. ll icieron o-snceshamt•ntc de Ja palabra los 5eñorcc.. \ gu,tín de \'celia, Dr. D. Pablo De
~[aría, 1). Anc.elmo ))upont, Dr. Jo.. t• \ .1zquez ..,aga ... lun1c, 1). Eduardo Floree:,
y el Dr. Julio Ilerrcra y Ohc ... LI r Alfredo Ca .. tt•llono" le. ·ó una carta
del Cdtc. Pc•rccla. . . Loi; concurrcntt:c. nombraron por aclamación en medio
de una c:al \ 11 de entn instas apl::iuc;os la comi .. ión encargada de prc .. idir }r s
lruhajos t'n la qur f'Alnban ronfunclido elemento .. de ta .. trc~ fraccioncc: prin·
cipistus: Dr. J.,:i&lt;' ~fa. \tuñoz, Dr. ,\ gn,tín cJe \ Tt.&gt;clio, D. Eduardo FJorec,
TtC'. Coronel E. Pt•reda, l)r Juan JO'-é ele 1lcrrcra, Dr. A urcliano Rodríguez,
'i. 1\nt onio \ 11lalbn, I&gt;. Rufino G11rn1éncle1, Dr. 11 éctor García " ' ick .•. ••
CCfr.: F:l ¡.;rnn miting del miércoles, en El S r;:lo. ~lontc\· idco, 8 de enero
de 1875, nº 3020.)
0

l

¡ .11 las urn as! , en El Siglo.

-

~f on tc'

88 -

ideo, 5 &lt;le cnt·ro de 1875, nº 3018.

�CAPÍTULO

I~ fJ PRi i~CII&gt;ISi\10

III

DOCTRINARIO

��SUMARIO:

Concepción filo~ófica. Filiación:

eqpiritualismo ecléctico;

for-

1

n1ación: AleJO \ i1Jegas. J.. uis J osé de la P eña, P lácido Ellauri.
- Concepción del mundo y Ja vida: on1nipotencia del individuo;
Jibrcpcnqam1ento racionaJic;ta; moral e ívica
- Filosofía política:
filiaci ón: Ja ideología liberal de Con!'tant, Tocqueville, Lahoulaye; influencias del constitucionahcmo an~Joc;aj&lt;ln: Hamilton,
Jlla ckstone, Price, tory. Teoría del individuo: derechos y
garantías indhidualcci. - Concepción del Estado.

I..a gcn~rarión principista del 72 - tribuno , parlamentarios,
I1ornhres públicos, periodistas- procedía de un común cuño
r.c:prrulativo. "Esencialmente liheralcs y r evolucionarios" -al decir de Julio llerrera y Ohcs- el temple &lt;le su vida pública y de
su moral cívica responde invariablemente al rulto de ciertos principios que, en su ulterior instancia, drqcmhocan en un cerrado
rrrclo de fundamento espiritualista. Sr hace pues materia previa
el clelinC'amiento de las f r ontcras y perfiles de ese espiritualismo
en cuya enl raña se modulan y definen los postulados principistas.
Bojo rl mic:mo d eno tninoclor filosófico se sustentan su acenclrndo rulto de la libertad y la razón. su fe dogtnática en aquellos
inílcxibles principios y los ríg idos márgenes de un in&lt;lividualismo,
en cuyas coordenadas se inscriben una teoría política y econó1nirn -y su conexa pro} ección gocial-, un deísmo racionalista
en religión, y, una concepción &lt;lcl nlunclo y ele la vida, en última
in~tnncin rornántica.

El e&lt;:piritualisrno ecléctico con~lituye la filiaci ón primera del
principisn10 ren1itida incucstionabJemrnte al pensamiento francés
&lt;le la tc1nprnna n1ita&lt;l del siglo X1X. Su insistente gravitació 1
y su frcunclo germen obligan, si no a un anñlisis pormenorizado
1

1

-nquí ocioso- a un somero trazado de su índole y su proyecC'ion, nl rnrnos para ubicar su dingrnma ideológ ico con miras a un
posterior cotejo 'nlorativo que permita estiinar la correlación y
&lt;'01 rcsponclcnciu de los vínculos.

-

91

�•

El eclecticismo francés, fundado sobre una metafísica espi·
ritualista, intenta desde el obj eto individual
espíritutras·
c::ender hacia los objetos universales - Dios, Alma, Natura lezamediante procedimientos inductivos. Ligado estrechamente a las
vicisitudes histórica s en que desenvolvió su desti no, el espiritua·
lismo ecléctico encarna la reacción frente al desborde r evolucio·
nario que, desde la Ilustración a la I deología, amenazaba al
pensamiento fran cés al prologar se la Restauración bor bónica.
Divorciado de los extravíos de la apología absolutista que preconiza ba la escuela monárqu ico-tradicional, y equidistante entre
D estutt de Tracy y de Maistre, el eclecticismo p rocuraba, ha jo
el influjo del idealismo alemán y la escuela ec;cocesa, armonizar
las dispersas di recciones en cuyos enmarañados senderos t ransit aba el pensamiento filosófico francés desde comienzo del siglo XIX.
E l derrotero filosótfico del espiritualismo ecléctico puede
j alonarse desde el método analítico de Laromiguiere hasta la
ontología r acional de Cousin. Su consagración oficial en tiempos
de Luis Felipe --como distintivo filosófico y también político del
r égimen -le per mitió aglutinar y, en cierto modo. monopolizar
de h echo, los cánones intelectuales del período orleani ta.
F ilosofía oficial, su vigencia no trascendió la casa de Orléans.
Sus giros panteístas y sus expresas indefiniciones comienzan a
p rivarle, de modo visible luego del 48. de la adhesión ciega con
q ue contaba, para ser paulatinamente desplazado en casi todos
los órdenes por la S\'asallante corriente de las posiciones natur alistas.
Fué entonces, por aquella su hora feliz, cuando la escuela de
Cousin hizo pie en el Río de la Plata. Por esa época en los albo·
r es de nuestra 'ida in titucional. aún gravitaba en nuestro incipiente mundo intelectual la cosmo\'isión escolástica. legado del
pasado hispánico que \'i,·ía en nuestras for111as mentales sin re.-..ignar ~e a ser a imilado hi tóri camente como tal. o bien, con las
palabras favoritas de llcgel, sin decidir:,e a consumar su rcali·
zación dialéctica .
Bajo los au picio de su apóstole:, liberales. c1nergía el cspi·
riluaJis1110 en el Río de la Plata en circunstancias históricas por
demás oportunas.
Buenos 1\ircs vivía al influjo e{erYescente de las idea~ poli-

- 92 -

�ticas y filo óficas del viejo mundo a cuyo ampa ro la juventud
ilustrada procuraba cohonestar el poder creciente del g rupo r osista. Su espíritu, que alentaba en el efímero y granado Salón
Literario, r ecluído en las asociaciones secretas, fu e empujado
luego al exilio, ante los fundados recelos federales. Montevideo,
obligado refu g io, recibió la pléyade de la emigración porteña.
Nutrido y rlic;par era su bagaje ideológico: Saint imon, Lamen·
neis, F ouricr, Co usin, resabios de la Enciclopedia y la Ideología,
liberalismo doctrinario de Constant; todo vertido en el ag ua·
f uertc de un r oinanticismo de acento avasa1lante que aún pregonaba los últin1 os ecos ele la épica batalla del 11ernani.
I,Ja emigración del 37, fecunda generación r ománti ca, "que
se escondía cu s us libros europeos a estudiar en secreto" --como
evoc-a . a rrnicnt o- introdu cía con los Cané, los Alberdi y los
~Titr e un estírnul o liberal, r enovado r cuanto vivificante, en aqu el
Montevideo qu e aún n1iraba a la Colonia. l Jn en1igrado argentino, Alejo Villega~, en los días de Ja proc:cripción, había incorporado la orientación ecléctica n Ja cátedra de filosofía de la
Casa ele Es/tulios Ge11e1alcs. 1 El auge, efímero por cierto, con
que tl'-'omaba el ansimonismo, detiene y retarda - sensiblemente
.a pnrtir de El l niciarlor ( 1838) - la asimilación del eclecticismo
a nuestro nicdio, consngi-nclo de 1nodo &lt;lcfiniti"o en la Cátedra
de Don Plácido Ellauri.
El obligado parén tesis que ah1 e la Guerra Grande a aquellas
incipicutes inr1uieludes nrrastra al conflicto a los hon1b r es de la
Defensa y del Cerrito que deben hacer la guerra desde el campo
de b ntn ll n con las arrnns. o con la hoja periodística. in embargo,
no ~e cclip a ha ta el oraso el pcnsa1nienlo doctrinario. Los ecos
del t irncro ideológico &lt;lcl 37 estin1 ul an nuc\•as inquietudes. P or
oh1n ele los hechos, las e trechas \'incu lacion de la plaza sitiada
con lns potcncins curopras pern1iticron acrisolar. tras los muros
d e In Nueva Troyrr. un polifacéticlo pris111a de opiniones y cor1 icntcs del rnÚ!'\ ' a1indo cuíio. i\:lonteviclco, amparo de la prosc 1 ipción ro ii;;ta. íue U'-Ín1is1no. en función ele las alianzas políticas
d e In h ora. e •11tro pcrrncnhle y receptivo frente a las corriente~ ,
preÍ&lt;' l'Cnlc111cnlc íranccsn&lt;1, de in"pirnción libcrnl. 'lo faltaba quizá
razón nl r esentido gaceti llero federal cuando. a su modo, satirizaba
1 An1uno ,\no.\ O, E~piritualismo y Posituismo en el Uruguay, Filosofí~
u11it•crsitarias cu la scguflcla 111itad del siglo 1Y.. IX. p. 26, i\féxico 1950.

-93 -

�a la capital oriental convertida por entonces "en un extraño
museo". 1
Al promediar el conflicto, el clima espiritual montevideano
acusa nuevas incidencias. En 1847, el Gimnasio instituído por
el argentino Luis J osé de la Peña es oficializado como Gimnasio
Nacional. 2 Desde sus aulas, como luego desde la cátedra de filo·
sofía de la Universidad a partir de 1849, de la Peña comenza~
a difundir el espiritualismo ecléctico, estimulado con la adopción
del manual de Géruzez como texto oficial. 3 Su discípulo Plácido
Ellauri le sustituye en la cátedra universitaria desde la cual, du.
rante casi cuatro décadas (1852-1888) . se erige en maestro. apóstol ejemplar y figura venerable de nuestro espiritualismo ecléc·
tico. La docencia de Don Plácido Ellauri - numen filosófi co de
la generación del í3- significó un singular estímulo ideológico.
La orientación escolástica, que como herencia colonial aun
acusaba vigencia, 4 es obj eto de severa revisión crítica bajo la luz
del espiritualismo racionalista. al comienzo de la segunda mitad
del siglo . IX. 6 En fin . en el magisterio de Plácido Ellauri c;e
define fil osóficamente nuestro principismo. Los fundamentos de
su moral cívica. su devoc ión por las libertades individuales. su
culto de la razón t odopoder oc;a r econocen un último poc;tulado
que descansa en el individualic:.mo de la ontología espiritualista.
Ya no sólo la prédica ex-cát edra sino también el vivo ejemplo de
Don Plácido Ellauri arraigaron en la j U\'entud que pac:aba por
su aula. "Formó una escuela li beral. no imponiendo autoritarial

• •• • • • •• • • • • •• • ••• •

• • • • • • • • • • • •

••

Quien quiera hablar en francés
En Catalán. Vaccongado
Todo idioma arrcvec;ado
•
Y que no ~epa quien e~
) hal1ar..e en un cntrcn1éO en un e::&lt; traño muc;eo
J ª&gt;ª hoy a ilfon tetrfrleo
T,t.trilla Federal, en Cancionero del tiempo de R osas, p. 29, Buenos
Aire", 1911 .
2 i\RTIJRO

.AnD ..\O, Espiritualismo )' Positit ismo en el Uruguay,

etc~ cit~

pp. 21, 29 )' 30.
3

/bid.

" I bit!.

Cabe con11ignaT que en nuf'Qtro poí el coloniaje -como coordenada
c11ltur.1l- no hul&gt;ia arraigado profundamente; por ello, no llc~ando a eri·
gir e romo canon e piri tual. su .. rc ~ ouio"&gt; f ucron .. uperado y º"imiloJo:» !in
pena a partir de la Unhcr iJad.
6

94. -

�mente una doctrina -escribía Sansón Carra.seo- sino inculcándola con la prédica y el cjrn1plo, haciendo del aula que regenteaba
una cátedra libre en la que la controversia no tenía vallas". 1
Juan Carlos Blanco, principic;ta de nota, diría e\ocando al maestro
en la hora póstuma: ""fo no he visto, señore~, ni en Bain, ni
Spenccr, ni Stuart Mili, ni en ninguno de Jos grandes pensadores
que siguieron al eclecticisrno, yo no he visto infundir e~c concepto
de la pcrc;onalidad humana, de la fuerza de las ideas, de la propia
autonomía, como lo infundía con su palabra y con su ejemplo
el dorlor Plácido Ellauri. l\ilás que eruditos y enciclopédicos
elaboraba espíritus el doctor Ellauri, formaba ciudadanos, formaba cararterc templánclolos con el fuego de los grandes ideales.
He ahí nuestra deuda dc- gratitud, la deuda de tres generaciones
ele estudiantes. I~a filosofía ha podido cambiar, como cambia
el pensamiento huinano, pero la fe en la libertad, en las convic·
ciones austeros, en el poder de la voluntad, pero ese fermento
de estoicismo puesto rn nuestras nlrnas por el doctor Ellauri,
queda nhí, íinne y perdurable como base de granito". 2

El principismo propone un reajuste de la vida institucional
de acuerdo a Jaq directivas de su escuela polític-a, y consagra el
primer ec:;fu erzo orgánico y viable {In fusión no lo fu e) ele rearon·
dicionar nue.-:,tra anárquica existencia política con arreglo a las
pragrnñlicas del civilismo democrático. Su \•ocación cc;piritualista,
se a justó en su prédica doctrinaria y en su gestión fecunda al
curnpli1nif'nlo clc un len1a erigido en verdad absoluta: el intlivir!uo
es to&lt;lo. el Esta&lt;lo es 11nda. Tal fue en ''erda&lt;l el tajante po"tulado
del 1ihrralisn10 principistn que e"gritnía la on1nipotencia del indi·
vid no romo suprcrno principio .• Tnl el leit rnotiu de su filosofía
pnlít icn y econó1nicn pregonada en la cútcora con el c;ello de
Constnnt y J,ahou1aye por Carlos faría Ramíre1, o bajo la advocnciún de Ilastiat y Rauc11 illart por Carlos de Castro y Pedro
Bustn1nnnte.
I~n torno o] dogma incliv idualistn pues, se estereotipa la teoría
de los rlr.rr.r.hos individuales y de las libertades públicas: garan.
t ínc;, n1ás ga1nntíns y sil'mpre gnranlías se rrclaman al Estado
para crue el h1dividuo pueda obrar libremente, según su propia
1 ARTURO Ann\O,

Espiritualismo

y

I'os1'tiuismo

en

el Uruguay, etc., cit..

J&gt;. 4 t
2

.

l bid., p. jl5.

•

¡,

-

95-

�conciencia. De cara a la realidad histórica de nuestros gobiernos,
que habían desconocido muchas veces esas garantías, su prédica
venía a llenar un vacío en nuestra deficitaria convivencia civil.
El culto del hombre como individuo procede de un supuesto
férreo. La interpretación de la realidad propia del Principismo se
define en la línea del racionalismo moderno ( Descartes, Male·
branche, Spinoza, Leibniz, Wolff) . Su concepción del mundo, ba.
sada en una ciega fe racionalista, inscribe sus notas p eculiares en
la "unidad e invariabilidad de la razón" como diría Cassirer. La
razón, de tal modo, viene a ser un instrumento m ediante el cual el
h ombre -omnipotente a su conjuro- podrá alcanzar la verdad
absoluta. Directamente de Dios procede esa razón, fuente de t odo
conocimiento y, a su vez, único camin o hacia Dios.
El supuesto ontológico del dogma. filosóficamente maduro
en 1872, se revela en la Profesión de Fe Racionalista del princi·
pismo universitario. "Profesamos que todo hombre ha recibido
de Dios, ser supremo y creador del Universo, la razón, /u: que
alumbra a todo hombre que viene á este mundo; única facultad
que poseemos para alcanzar la realidad. único órgano para cono·
cer la verdad, para distinguir el bien del mal; único revelador
de los gérmenes eternos de luz y de \ erdad que Dios ha depositado
en el alma de todo ser humano, soberano juez en todo conocimiento, en todo lo que afecta al alma, en todo lo que afecta al
corazón ; suprema autoridad en nuestros juicios y apreciaciones
sobre todo lo existente, único medio de comunicación con Dios ;
única luz que n os sirve de guía en la vida. con cu\ a sola a\ uda
se conoce todo hombre en el santuario de su conciencia, dec::cubre
su mic;ión. descubre á Dios y re,•cla la armonía que exi,te en la
naturaleza humana v en todos lo órdene- de la existencia". 1
Tal caracterización del indi"iduo. que hunde sus orígenes en
la metafí~ica iluminista. 1nodula el tono ma\'or de la teoría poli·
tica del principi-..mo en torno a Ja libertad abc;oluta. en el atnplio
alcance que le asignaba 1osé Pedro Ramírez cuando proclamaba:
" .. . la libertad en todas las c~fcros, la libertad para todos, la
libertad como punto de partida, la libertad como medio, la libertad
. " . ..como f 1n
Profe.sión de Fe Racionalista, en El Siglo, -'l ontcvideo, 28 de julio
de 1872. anexo al n9 2303.
1

Carta ele José Pedro Ran1ire: a Juan Carlos Góme:, ~fonte\'idco,
28 &lt;le Sl'tit·rnhrc de 1872, en Cue.:i.tiones Orientales, en El Siglo, ~Ion te' ideo,
!!

28 de !!elicn1Lrc de 1872, nO 2335.

96-

�DC' igual modo el individualismo racionalista regula las relaciones entre Estado e individuo, motiva sus ideas económicas,
radicales en cuanto a libre iniciativa y, en fin, conforma sus
miras sobre Ja en cñanza con10 medio de erradicar los vicios que
aquejan nuestras institucionrs, proponiendo la ele' ación de Ja
prensa a una suprema función educativa de carácter social. Alienta
en su cosmovisión un idealismo que identifica lo existente con lo
inmancnt~ y concibe toda la realidad como racional. al modo de
Ilcgel ruando encara a la razón absoluta como té1 n1ino final del
dc~envol\. ímiento dialéctico.
Sc1ncjante visión c!el universo y de la vicia se oponía Iorzosarnente a la concepción escolástica que nos legara nuestro pasado
hi pánico; a~í un cauto alejarniento de los dogmas teológicos fue
operándose desde las primeras generaciones que transitaron la
lJniversidad, al influjo del e pirituali~mo metafísico que apuntaba
h acia un dcísn10 racionalista. Los discípulos de Plácido Ellauri
hocen suc; prirneras esraramuzac; contra las creencias tradicionales
cle-;de El Iris (18(&gt;4.) y la Revista Literaria ( 1865) impugnando
ni cal olicis1no en nombre del racionali,1no que por entonces pregonaba J?ranc i ,co Bilbao. Con la inslalnción del Club ( niversitrrrio. •n 1868. se señala una etapa dcci iva en la clef inición de
ur¡uelln juventud. l•.n el C'lub Universitario, étnulo de los salones
litera rios de la época 01 lcanista y ele la egunda República. aquella inquieta juventud, rnuy al día con las corrientes europeas en
hogn, discutía con pa ión las propo~icioncs pre entada en for1na
de· ensayos, \ crsando gcnernhncntc sobre asun tos fil osóficos, rcligiosog n soc·inlc ·. La ardiente n1ilitancin ideológica de aquellos
prccocc::; t1ihuno ... pre taha n los polén1icas el agitado furor de
)ns cont ic11dns poi Íl icns. '\'a se prcc;ientcn. hacia 1868, los arrchnt o~ grunclilocucnlcs y Jos nrre!;to~ ron1Únlicos de los ora&lt;lorc,,
per iodistns y parln1nentarios riel 73. 1 }Juedc decirse, pue , que
en el (;/ub Uuiucr ~itnrlo se tcrnpln el dogma filosófico cuya sin1icutc JH ovPnía dc•l inngislerio ele Don Plácido EHauri.
I .. n CXfH t' ión adulta, aunque precoz dentro de nuestro proces o
tncntnl ele nc¡uC'lln postura filosó fican1cnte ccnlracla en torno al
rnr·il)11111is1no surge corno expre,.ión ele definitiva ruptura entre
11uco.:t1 o librcpcn~n111icnlo uni\ ersitario y el dog1nalisn10 católico
t 1 adicional con lu llan1ada l'rofcsión ele /?e Raciona/isla suscrita
1 1/r.tat del Club
1ft cueo de \To11tctidco.

Unir cr.~it,1rio,

l.

-97-

I.

afio 1868. en Biblioteca del

�•

por los miembros del Club Racionalista, flamante derivación del
Club Universitario. Y no casualmente coinciden en el tiempo, en
ese año de 1872, la formulación teórica de una actitud mental
en cuanto concepción orgánica del mundo y la vida, y la concreción definitiva de los programas políticos y sociales de los
partidos doctrinarios. 1 Oc urre que ambos - Profesión y programas-- responden a una misma exigencia esencial tendiendo
ambas afirmaciones, convergentes y unívocas, a satisfacer las
exigencias de su credo espiritualista. En la Profesión de Fe se
r econoce sin esfuerzo la línea especulat iva del r acionalismo moderno. Allí alienta la separación que traza Spinoza entre la
enseñanza de la verdad y las reglas de conducta que deben se·
guirse, su concepción de Dios, las relaciones con el mundo y
el h ombre, y la crítica spinoziana de un Dios sujeto a las pasiones:
"Profesamos la existencia de un sólo Dios, er Supremo, creador
y legislador del Universo, única fuen te de razón de todo lo que
existe; esencia del bien, de justicia, de amo r, de r azón y de
belleza; ser inmutable; soberana y perfectísima inteligencia; luz
de todas las luces ; suma unidad, suprema armonía. Y juzgamos
como n egatoria de la conciencia humana, como con traria á las
r evelaciones de la razón, como sacrílega, como blasfematoria,
como impía; como desquiciatori a de todo orden en el mundo;
toda d octrina que niegue la existencia de la Di' inidad como
causa única del Universo; T oda doctrina que predique más de
un Dios, que confunda á Dios con el mundo; toda doctrina que
predique la negación de la unidad di,•ina; t al con10 el dogma
cristiano de la Trinidad que es la negación de Dios mismo. Que
predique la mutabilidad, la materialidad, la humani1ación, la
encarnación de Dios; que predique el tniJagro, abrogación de las
leyes de Dios por Dios n1ismo ; toda doctrina que haga de Dios,
soberano bien y soberana perfección, un ser mudable. \'Oluble,
sujeto á error y á arrepcntin1iento, capaz de odio. de ira y de
vengania." 2 La idea de la perfección de Dios que surge de la
Cfr.: Programa del Club Radical~ \lonle\ idcn, 30 de mayo de 1872,
en
Paz, ~ l on te\iJ eo, 2 de junio de 1872, n9 319; Programa del Club
/\'aciona/, l\Jonte\'idco, 7 de julio Je 1872, en La Democracia, ~lont~\'ideo,
9 de julio de 1872, n9 36.
1
l~&lt;J

z Profesión de

ft!

Racionalista, en El Sis/o,

de 1872, n 9 2303, a nexo.

-98-

~lontc\ideo,

28 de julio

�Profesión recuerda el modo de demostración axiomática que
empleaba Descartes. 1
El principio de la autodeterminación humana, y el del origen
divino de la librrtad qui1..á no sean ajenos al aforismo de Spinoza:
"I~l fin del Ec;tado es la libertad". Dicen los adherentes del
Club Racionali.sta : "Profesamos que todo hombre ha recibido de
Dios la libertad, don sagrado, prerrogativa de dirigirse en la
vida, en la investigación de la verdad, en el conocimiento de lo
bello, en la reaJi¿ación del bien; derecho á examinar todo lo
existente, derecho ilimitahle á analizar sobre el hombre, sobre
Dios; sobre la aturaleza; facultad irrcstringible de buscarse los
medios más nobles, más puros, más lej ítimos para el desarrollo
del espíritu, el cultivo del sentin1icnto, la purificación del alma
y la salud del cuerpo;
carácter inviolable de nuestra dignidad
personal- . ) r juzgamos como opuesta al testimonio irrecusable
de la ronc:icncia, como desdorosa, &lt;l&lt;'nigrante y aniquiladora de
Ja nohlc1a y la dignidad humana; juzgamos como falsa, como
sacrílega, como in1pía toda doctrina qu~ restrinja ó niegue al
hombre la lihcrtaJ, el derecho pcrsonalísimo de creer, ele pen&lt;&gt;ar,
de j u1gor sobre todo lo que atañe al problerr1a de nuestra exis·
tencia, al destin o del hombre, á su relación con los demás seres,
á su relación con Dios." 2
No cscapnn asimismo al ligero análisis ciertas influencias
inmediatas entre CU) as voces prima la &lt;le Francisco Bilbao, que
postula una ruptura definitiva con el catolicismo, opuesto
en
su modo ele ver- a su progran1a emancipación mental. 3
En síntesis, Ja Profesión de Fe Rncio1uzlista del 72 puede
csquematiTnrse en el planteo de los siguientes supuestos: noción
de Dios omnipotente (Desearles); autonomía ele la razón (Rous·
scau); principio del libre albedrío (. pinoza ) ; bondad innata de
la condirión hun1ana y tendencia hacia la pe1 fección (Rousseau) ;
teoría clrJ deber; inmortalidad del alma (espiritualismo) .
El .)iglo. rector de la prensa principista, permanece
en la
tesitura clcl Club Racionalist(J;- fi el a sus postulados del 72: iU
1

E. Bní.un:n, llistoria de la Füoso/ia, t. JI, pp. 81 y ss., Buenos Aires,

1953.
l'rn/rs1ón ele Fe Racionalista, en El Siglo,
de 1872, n9 2301, ant"\O.
2

~font

video, 28 de julio

8 Cfr.: L1 oro Loo 7EA, Dos etapas del pensamiento hispano-americano,

etc., cit.

-99-

�propaganda -expresa o tácita- no p odrá disimular su adhesión
al credo racionalista, y p or ende, su cerra da oposición al catoli·
cismo anti-racionalista, ya en el orden d octrinario de las convicciones, bien en el aspecto práctico de las r el aciones de la Iglesia
con el Esta do.
Concluyendo, la actitud filosófico-religiosa del pr incipismo
liberal se define en la interacción histórica de dos procesos espirituales -europeo el uno, nacional el otro- que se conjugan
por 'ez p ri mera en nuestro derrotero ideológico.
L a p ostura de las élites principistas r evela. una vez más, el
dil a tado eco del liberalismo europeo en el Río de la Plata a cuyo
llamado obedece nuestro liberalismo ver náculo. L iberalismo y
catolicismo tipificaban p or entonces dos acti tudes antagónicas
frente a la \ ida : a la exaltació n de las potenciac; individuales. de
los '-upuestos terrenales de la existencia y al culto de la libre
iniciativa que pr om ueve el liberalic;mo. opone la coc;movi'-ión
católica su sentido ul tramundano de la vida y un rie:ido acatamien to dogmático. q ue excluye la di~cu.;ión racional. El problema.
que había cobrado particular virulencia en Francia con moti,·o
de la e cisión de Lan1ennais de la ortodoxia católica. culminó en
la época de Luis F eli pe con la controverc;ia que protago nizara
1\1ontalembert fren te a l ataque de Quinet } ~Iichclet en la cátedra
y alvandy en el gabinete. Ju]e.c; ~ imón y Amadeo J acque-.. sin
proceder del mismo cuño liberal. definían en la década del 40
la tónica del librepensamiento anticatólico fran cés. La po,tura
racionalista-liberal qut?' adoptaban dr,pué.::. de promediar el ,jglo
I.. abou layc, (estelar ) Bilbao. núrnrne inspiradore-. de la ju' entud
ilustrada del Club c.:niversilario, dió u color definiti\'O a nuestro
principisrno doctrinario.
El otro proceso - de orden nacional- que concurre a p o'ibilitnr ~tas ideas que involucran todo un 'it aje religioso y filosófico. se refiere a la tradic ión hispánica. ~ i hien la religión
católir.n arraigó en nuestra soci ·dad colonial. 'U dogma no logró
ejercer una influencia niayúscula en la conforn1ación mental de
su pohlación. Fcnó1neno singular en J\ n1érica -con10 hicn lo
oh"rrva J\rdao-, n uc-tro país eludió. por obra de las circuns·
tancias h i-,tóricas que jalonan su tránsito colonial. aquel lc,,.ado
aún hoy gra\ ita ntc en mucho~ pa1s{;s americano'. Por nue5tra
condición de mera plaza fuerte, el clero no a~entó en In Banda
Oriental una Iglc ... ia poderosa como en la principa}c.. ciudades
del \ 1 irrcina to. Carente de l lni\!er -idad colonial. la ("•colá tica
1

-

100 -

�-sin tradición uni\'ersitaria- penetró trabajosamente lle.:;c1e crntros y hacia grupos restringidos. I..a relativa amplitud de miras
que se advierte en las personalidades eclesiá--tira-; de nue,tra
Colonia y primeros años independientes - P érez Castellano,
J_,arrnñagn- atestiguan el aserto. Nuc tra niversidad, de neta
inspiración espirituali ta, contribuiril, a partir ele su fundación
en 18'19, n consumar nuestra autonomía rrlig io~a y filosófica.
IJibcralismo rncionnlista. puc-~, procedente de Europa, y débil
t radición cscolásticn en nuestro medio, se conjugan para provocnr,
ni rncnos en ]os círculos univcr itarios, cuando no en la población,
un dchilitnmicnto progrcc;ivo de la fe católica. mús tarde favorec ido incuc!"t ionablcmentc con la penetración de 'la fil osofía posi• •
l lVl ta.

J,ormncln en los cánones del cspirituali~mo ecléctico y el
cleí 1no rn&lt;'ionalisln. la generación principisla proyecta su \'Ísión
clcl mundo y la vicln - u sensibilidad vital. diría Ortega- sobre
c:u rcnliclncl hi~tó1 ica . J~n esta proyección su.-.tancial c:e define,
con tono 1 onu:íntico y acento liberal, su acendrada vocación política.
Con nlirns a unn cleli111itnción ele términos no ~críu ocio a
cuestión - pre\ in n la filiocic'&gt;n y definición ele la íil o~o fía polítiea del pi incipisr110- prcci ar el alcance y significado que
aquí se ndj11dic·n al concepto nbst rncto de generación. i cada
generación -corn o piensa Ortega- "representa una cierta altit ucl \•itn1 de de In cnnl c:e siente la cxic:tcncia de una manera
cletc1 rninncln" se hncc lícito hnhlar ele ge neración principista en
cuanto nlinoría rf•ctorn que. desde su ciicun lancia tc1npornl.
proyecta unn peculiar actitud frent e a la realidad nacional.
on
con1en1poráncos. proceclcn del 1nis1no cuño fil osó fico y adoptan
la" nli c:n1ns corrientes litcra1 ins y romúnLicac;. J osé J&gt;cdro Rnmí rcl,
J ulio IT~1rcra y Obcc;, 1\gustí11 de V&lt;!dia. Cnrlos l\.Iarín Ramírcz,
J nsí· P c&lt;ho Vnrcln, Gonzalo Ramírcz. Frnnci.::co I.. a\'andeira. P'nhlo
I&gt;e- ln1 ía, Juan Car Jo, l1lnnco. para no non1hrar c;i no a In fi gurn3
ptornincntc~ ele In ju,rnt11cl ele la d[.radn del 70, que llega nl
npogco ele c;u n1nclu1 cz l ~n1prann en 1872. 1
La línea filintoria del principis1no reconoce la gravitanle
4

l Junto~

han cnnvh·ido e n In" aulas unh er~i t nri a•, ~n el clu b político,
cn In rcd rH'f' itÍn d1•l pcdc)clico, en los salonPs clcl Club Unir ersitario. en la
prisiú11, !'n &lt;'l d ccitiorro, •n la religj ' n de los prin cipios: n1últiplc y fecu ndo,
pues, fue eu conlncto \ital.

-

101 -

�primacía del pensamiento doctrinario francés, que circuló profusamente en nuestros cauces mentales desde el espiritualismo, el
romanticismo y el liberalismo, coordenadas filosóficas. literarias
y p olíticas que respectivamente blasonan la rígida estructura del
credo principista.
Generación fogueada en el avatar de la vida pública, su
profesión de fe política se inspira en las teorías del liberalismo
constitucional que postulara en tiempos de la Re~auración
Benj amín Constant, el apóstol de "la soberanía de la ra;ón de la
nación". Prudentemente apartado de los excesos revolucionarios,
Constant rechaza la autoridad ilimitada del pueblo, aunque cree
que la jurisd icción del gobierno termina prccisarnente donde
empieza la libertad de los individu os. 1 '"Los ciudadanos -reflexiona Constant- poseen derechos indi,·iduales independientes de
toda autoridad social, y eso derechos ~on. la libertad individual,
la libertad religiosa, la libertad de pensan1icnto. la garantías
contra la arbitrariedad y el derecho de propiedad .. , ~ Su filosofía
política desea n a en el principio de la libertad, al que condiciona
el pleno de-.envolvimicnto del espíritu humano. y en la idea de
justicia que en su teoría viene a configur3 r la verdadera sobe-r anía. Así, la acción estatal debe centrar~e n torno a la custodia
de la seguridad general y las gnrantín- indi\'idual .. , para hacer
efectivas paz y justicio. Celo o guardián el-. la Jihcrtacl religiosa,
llega a proclamar la separación de In I gtc~ia ~ el J~.. tado. Su
ideario político aloja pues. potcncialn1ent
el nódulo liberal de
los principio que nut•-.tra generación doctrinaria Jc,·antará como
bandera de combate cívico: lini iJaci.ón de los pocler ,¡,.¡ Ejtado,
libertcul de prensn )' de opinión, lib r/.&lt;ul religio~a. libertad de

en.scñan;a, int·iolabilidad de la propi'cclad )' áeJccnLrali=ación ad• •
•
ministrat11r
a.
J~l patrón lib ral de Conc:tant e; impone en In cJac;es ilu5tr!·
das del l{ío de In l)l ntn, nnturalm nt re&lt;: pti,·:i~ fr,nnt al liberalismo europeo gracia o aqu •1 l"mpcram nto indi"iduali--ta con
que hahin arraigado ·I ron1nntic i rno n e tn latitud •. al ejemplo
de un Eche,· ·rrin, de un Flor ncio \ 7arcla o un ] uon Carlo1

Có1nez.
Proboblementc los influencia

de Con lant ~e dilatan luego

R ~ \ ~to~o G. GttTr:1.L, lli:storic de la.s ideaJ política •, t. lf, p. 19l,
BGrcclonn, 1930.
1

• ::? B~~JAi\tÍ:-J Co!'i~TANT, CourJ de politiqu conJtitutionntlle, t. J, p. Jl~.
Pan , 18, ~.

-

-

102 -

�del fecundo viaje de Echeverría a París, de donde trasladó al
ámbito rioplatense todo el bagaje intelectual del a\'asallante ro·
manticisn10 francés floreciente por 1830. Oficialmente nuestra
Universidad, con el sensible atraso que impone su tardía inaugu·
ración, difunde las ideas de Constanl entre la juventud estudiosa
de Montevideo desde la cátedra de Derecho Constitucional del
doctor Carlos &lt;le Castro, desde el curso de Derecho de Gentes
del doctor Gregario Pérez Gomar, y en su madura elaboración
doctrinaria dese.le la cátedra de Carlos María Ramírez, a partir
de 1871.
El pensamiento de Constant acentúa su grav itación en nuestro
medio culto a través de los escritos de uno de sus discípulos,
Eduardo Laboulaye, versado constitucionalista cuya opinión -ge·
neralmcntc la más recibida en la materia- era acatada con respe·
to por &lt;'l principismo uni\•er itario. 1 Laboulaye heredaba aquella
lrarlición liberal que desde Ja ideología revolucionaria y a la luz
del inclividuaJis1no racionalista insistía - particular1nente en la
primera mitad del siglo XIX- en la exaltación de las libertades
individuale en nombre de los derechos naturales, a cuyo reclamo
se n1cno"cababa el omnín1odo poder tradicional del Estado. 2
I~cluardo I..nboulaye, máci. bien divulgador inteligente que pen·
snclor original, n1nnifiesta desde ]a cátedra y en sus escritos una
celoso devoción por la doctrina de los derechos natura}ec¡, a cuya
últin1a juf&gt;tifirnción obedece su análisis &lt;le la Constitución n orte·
an1cricana. \uestro principisrno, desde la pren a o la cátedra, la
trihuna o el jurado. hito ele sus obc;;.er\•acionc' y sentencias capÍ·
lulo ele fe. l)cslumh rado por las ideas liberales que pregonaba,
uanclo no por sus acentos e inflexionc::, ron1ánticas, los jóvenes
ilu ... trndo~ del 70 le elevaron con fórmula _ grandilocuentes al
nltnr inconrnovible de sus elegidos.
na opo1 luna cita de Labou·
lnyc l'n ·l jury, o en el Pa1larucnto sentaba opinión rara \.eZ
c.011tro\'c 1ticln. En verdad tuvo en sí I..ahoula) e el n1érito circuns·
tnncin l ele nglutinur y condensar lac:. ideas del fc&lt;leralic;,mo estatal,
itnplícitn en la teoría política de la revolución americana, y la
típicn concepción ele la libertadc:- ingle~as. \ ..:.t ingr ·-;aron orgá·
uicn111c&gt;11tc nl ideario principista. sistcmnti.7.adas por Laboulaye,
}oq cl ocl 1 i une:. nalurnlistas y conlraclualcs que arrancando de
1\Iilton r J..ocke, C11ocio y Pufcndorf cuhninnn con los escritos
E. L ,\DOlTJ. \ Yr, l/l~·tar et ses limit&lt;:s, prof11 11 nmcntn catado en El Siglo.
r l.'strulio~ sobre la C1111stit11ción de los 1;s1ado.~ ll nidos, Sc~illu, 1869.
2 Cfr.: H. G1.111.LL, llistoria ele la~ ideas polític a~, cit., t. II, pp. 21 L
y 215.
J

-

103 -

�de Adams, Paine y J efferson en la Declaración de la I ndependencia Americana.
En cuanto a las libertades inglesas, Laboulaye contribuyó a
divulgar el análisis apologético que desde el ángulo de la filosofía
jurídica realizara Sir William Blackstone en los Commentaries
on. the Laws o/ England, cuya obra, en cuanto a la amplitud de
los derechos individuales, ejerció poderoso influjo en la revolución americana . Siguen a Blackstone en la linea liberal anglo·
sajona Priestley, Price y el jurista suizo de Lolme, panegi·
rista del gobierno civil, de la institución del jurado y de lai
garantías del Habeas Corpus. En suma, a través de Laboulaye
nuestro pensamiento doctrinario asimila definitivamente la tradición británica de la Magna Carta, del Bill de Derechos. de la
Petición de Derechos, del Habeas Corpus Act, cuyos postulados
amalgama la Constitución escrita de los Estados Unidos. 1
El más e cueto análisis de la teoría política del principismo
no puede eludir la consideración de la figura de Alexis de Tocqueville. CU}'a originalidad de pensam iento se proyecta con decisiva influencia en la definición de su filosofía política. La
exégesis de sus ideas. centradas en torno a su libro La Democracia
en América, permite situar claramente la filiación de nuestro
liberalismo en cuanto fundamentación de la estructura democrático-republicana.
Tocque\ ille venía a salir al pac;.o del liberalismo ortodo'\{o
de la Restauración que, a título de contener lo excesos de Ja
ideología revolucionaria del 93. comenzaba a adoptar las poc;turas
y giros conservadores que tipificarían la conciencia de la hurgue~ía liberal que se impone luego ele la revolución de 1330. -~
esa concepción, un tanto inclinada hacia las derechas. opone
T ocqucville su teoría de la libertad. que descansa en el concepto
ele igualdad: traza un in' entario prolijo y exhau~ti,·o de los
basamen to~ qu~ sustentan el orden democrático. CU) a concreción
práctica descubre en los E'tados Lnidos bajo la forma de sus
in t itucioncs republicanos. 2 Cree que los gobierno_ populares
educando al pueblo en e.;;,as doctrinac;. den1ocráticas y particular!bid.. p. 96: Jo11N E. RANOAl. t, f~fl formación del pensamiento modt•rno, pp ..13, y ss., Buenos Aires, 1953: ll1:Nnt l\hc1u·:L, L'idée de l'Etat,
P oric., 1898.
1

''fl·

Lr.s grandes oeu1 re~ poi ·rques de
cliia1•el a nol jours, p. 223, Pari&lt;a, 1950; Guron DE Ruccn.no, toria del ¡;.
bt•raN.,n10 europeo, pp. 203 a 207, Bori, 1925; fn:."EnLllO CROC.E llistoria de
Europa en el $iglo XI.Y, pp. 159 y 160, Buenos .A ire , 1950.
!:? Jr.AN JACQUES CHT.\',\t,11r.n,

-

104. -

�n1cnte en el principio del sel/ govcrnment lograrán un equ ilibrio
cxcluyc·nte &lt;le toda tiranía. IJcjo de los planteamiento5 dialécticos
al modo efe Ilegel, •'dio el prin1cr libro vcrdadcran1entc filosófico
sobre Ja hi toria política -anota Fuetcr-, enseñó a di_cernir
hnjo los {enón1enos exte1iores la esencia íntima ele ]as cosa , a
vor un cncadcnan1icnto allí donde Ja mirada ,·ciada del pragrna·
t i la o del &lt;loctrina1io político creía encontrar oposicione - incon·
cilinblc ''. 1
Según el testimonio de Snr1nicnto. los escritos de Tocque,·ille
eran ) a familiares a la generación rornántica que militaba en los
snl one~ porteños. 2 • in duda dc.. dc esa procedencia se afincó en
iviontc' ideo con el bagaje ele la emigración d el 37. En arnbas
tnúrgcncs ele} l'lata u acción -ya directa o bien indirecta por
la prédica de sus epígonos- f uc ele influencia decisiva en la conf 01 mación ideológica ele ac¡ucJla csl irpc liberal.
I~n ivlontcvicleo, la obra de 1'ocqucvil1e alienta en las teoría'
filosófico-polítir.as que Pérez Gomar expone en la~ páginas de
E'L Iris y en sus confcrencins soh1c Derecho \ntural de 1861, así
con10 gravita en In cátedrn de I~conomín Política de Carlos de
Cnst1 o. l.atcntcs en las J&gt;l irncras exprec;iones dar.trinaría del
¡u incipic;n10, las ideas de 'focqucville r.on forrnan c;u títpica con·
c·cpción política y su fe dogmfítica en las institucioncc; clemocráticnc;. 1 n cátrclra ele Cnrlo~ i\Iaría Rnmírez. y ]ac; páginac; de
/ ,a flan&lt;lera l~nrlicnl. El Siglo. I..n Paz } La Dcrnocrar.ia. cuando
no lo· c·itas en la Cárnara, están revelando a diario la poderosa
sug ·stión que cjercic1a en nue,tro medio intelectual ele entoncec;,
In figura -genial ~in duda- de Alexis de Tocquevillc.
Concluyendo. si fuera precic;.o anotar en trazo sintético los
111ln ns írnncc~cs que definen In fili~ción política de nuestro princ•ipisn10, las cifras del halnnce inclirnrían: Benjamín Con'-lnnt en
lu si~ten1nli1ación clá ica del liheralic;.1110 doctrinario: 1\lcxis de
'l'occp1c\'ille c11 el e qucn1a instilucionnl ele la dcrnocracia y
J•:dua rdo J.,nbo11h1) e en In di fusión ele las teorías políticas, maduras al calor de la xpcricncin nortenn1ericana.
t rn\'és de lns cxpo"icioncs de 1'ocqucvillc v ele los csr.rilos
de T..ahonln\ e dccoc1nboca en la ci1tedra de J)erccho Conc;titucional
del 7 l el alu, ión tcór ico del con lilucionalii;;n10 n o1 tearncricano.
~

l

Fn. F1 c:rFn, llistoria de la historiografía n1oáerna, t. TI, p. 238,

íl llCllO~ J\ l"CS, l C)!)J.

Cír.: Jn É Lt I:,
llixico, 1916.
!!

no~1~·no, Las ideas políticaJ en Argentina, p.

-

105 -

l •l·J,

�Taylor, Saint George-Tucker, Story, Curtis, son profusamente
citados por nuestros principistas --especialmente en el debate
parlamentario- como los más típicos representantes de la filosofía social del Norte.
Taylor y Tucker, teóricos de la llamada "dinastía de Virginia" 1 propendían a hacer efectivas. en el orden práctico, las
garantías democráticas, en cierto modo cuestionadas por la gobernante aristocracia mercantil del Norte. Por ende, combatían la
centralización administrati,·a, se oponían a los grandes ejércitos
permanentes y a la creación de un Banco Nacional. Sus teorías
de gobierno ofrecen no pocos fundamentos a la cosmovisión
política de nuestro principismo. 2
Curtis, representante del idealismo puritano de la Nueva
Inglaterra -repetidamente citado por ) osé Pedro Ramírezjunto a Bryant, Greeley, Beecher, Halleck. y Willis 3 , representa
la reacción social más típica frente a los desmesurados avances
del progreso material que propugnaba la ma} oritaria cl:ise com~r­
cial y financiera. 4 Con sus mismos argumentos el principismo
espiritualista enfrentará los primeros síntomas del advenimiento
positivista.
Particular arraigo tienen en un dilatado sector universitario
las ideas del constitucionalista Joseph Story. Inspirado en las
teorías inglesas e influído por Blackstone s, sus idea~ expre~an las
limitaciones opuestas en nuestro medio a los desbordes de l:ts
teorías políticas fran cesas. tory previene contra la amenaza potencial de un poder legislatiyo avasallante y sienta la doctrina
del equilibrio y restricción mutua de los podere-, que hará suya
el principismo. ·~ La filosofía práctica del sentido con1ún, que
preside sus Commentaries on tlz e Constitution. se advierte f'n
aquellas reticencias con que nuestros dottrinario" pretenden n1iLigar -volviendo los ojos a Inglaterra- los excesos ron1ánticos
de la teoría política liberal fran cesa.
l

R.

CETTEU.,

Historia de las ideas políticas, cit., t. 11, p. 199.

Cfr.: \ 1 • L. PARRt~r.roN, El de.~nrrnllo t!e las ideas en los Estados
U nülos, t. l 1, pp. 19 ) ~ lO. Fi ladclf ia, l 9·11.
2

3

/bici., t. 11. p. 350.

·1

Jbit!.

n / bid., t. If, pp. 4 tl a ·117.
fl

I bid.

•

-- 106 -

�oJri

la teoría de los
'- • mad'* el contorno y la
OIO 4e Jaa ~9ativas indi·
a lnlplraci6n de Ja Constitución
[I .qgrteamerlcana, habla procurado
éto IU alcance en forma expresa
clo q11e 1entaba el criterio liberal
oatenaible de 101 constituyentes,
concretaba el primer intento de
herencia colonial enclavada en
no. 18 decidía a ser pasado- una
u eoluc1onea absolutas al remedo
MQella vieja fórmula que posponía la
timo de la fuerzL El jefe político, el
ouando no el propio Poder Ejecutivo,
bajo dispares pretextos, las garantías
.U. neceaario por au flagrante eviel tJt.Jlplo para demostrar la vigencia de
ppao en nuestro proceso histórico
do aislo la pervivencia de hábitos
g oluntadee arbitraria que cues111 l• aeguridad individual, el dere·
e
resión e incluso, el primero
la propia vida. La prolija conlot aoutltuyentes del 30, se
contorno de nuestra realidad

�cátedra Carlos :\1aría Ramírcz- son el atributo pri1norclial de Ja
p ersonalidad humana, el más sagrado pa'rimonio de los individuos r deducimos ele aquí que el l1ombre no puede irresistiblemente buscar la sociedad para abdicar ese atributo. para dilapidar
ese palrin1onio- que la sociedad no puede ser ~ino un estado en
que el hombre obtenga ]a rnás amplia consagración en sus atributos. la más segura poc.esión &lt;le su patrimonio. La cuestión de
los derechos indi\idua:cs es la cuestión fundamental de la ciencia
constitucional y política' 1 1 ~ afirmaba el j o~e11 caledrático de
Derecho Constitucional en 18íl. revelando en su preci::io concepto
la actitud mental de aquella generación espiritualista que. in1huída en Jos doctrinarioc; francec::es. replanteaba frente a distinta
realidad histórica las aspiraciones liberales oue inquietaban a los
conservadores de la monarquía parlamentaria.
No fue c;;Ín embargo en el piélago de la especulación abstracta
donde encalló la devoción cívica de la generación del 72. La
inveterada 'i olación de las g3rantías in&lt;li,·iduales. le hare ad,•crtir
que sin ~u práctica vigc&gt;ncia s imposibilita todo anhelo r~cons­
tructivo. En este sentido antepuso a las conquic;tas materiales la
fundamentación efecti' a de los derecho:; y garantías indiYiduales.
Ello le Yalió, en su hora y po~teriormente&gt; el juicio ad,·erso de
quienes, en la - aguas de l posili,·ismo. enfrentaban la recuperación
nacional desde el ángulo exclusiYo de la proc:pcridad 1naterial. 2
Los partidos de principios, al día con su legíLin1a realidad
histórica, reputaban incuestionable ) preYio a todo progran1a
p olítico el goce tranquilo de esos derechos. 1\~í lo entendía Carlos
María Ran1írez cuando en el curc;o de una polémica respondía
a los reproches de 1\ngcl Floro Co,ta: "¿ Con10 quiere que no
levantc1nos sobre todo la bandera de los derechos indiYilluales
cuando hace pocos años que la mazorca ª"on1aha su cabeza en
nuestras calles y todaYÍa ayer el 1ná- débil } deleznable de nue tros gobiernos de partido no cncontraha barrerac; de ningún
género en el camino de la inás estúpida arbitrariedad? ¿ Cón10
quieren en fin que no j u1guemos digna cle hombres serio~, de
verdaderos patriotas, la difusión continua, infatigable. de los
sanos principios liberale~. del respeto de los derechos del ciudadano, del culto a la" libertades públicas v a las for1na - conc:titu.
cionales, cuando todaYÍa pululan en todos los puntos del horizonte
0

1 CAnr oc; :\1 nÍ.\ R,, ·Mínr.z, Conferencias de Derecho Constitucional,
p. 171, Biblioteca .\'acional, .\Jontciideo, Colección Jllclián Lafinur, t. 190.
!? A Nct:L

FLono Co!&gt;rA, El Banco 1.\'acional, BuenC1, .Aire~. 1874.

-

108 -

�político. ante la conciencia nacional aun indcci::a. los mismos
elementos del pasado que podrían, en unas h oras ele manco1nunamicnto ponernos otra 'ez á dos dedos del abi:::n10 con la dictadura o la anarquía?" t
Atenié nclo ·e al enunciado teórico ele l os derechos individuales, el princi pisn10 reconoce. co1no prcr rognti' as f undan1cnlales :
las garan tías indi, irluales, la libertad de opinión y de prensa, la

libertad de profesión y de defensa. la igualdad ante la ley y el
derecho c11} propiedad. "En 1ni opinión -decía a la Cámara de
Rcpre entnntcs J o é Pedro Ran1írez · baj o la palabra derechos
in&lt;livi&lt;lunlcc:, se cornprenclc no sólo la seguridad pcr onal. el derecho de no ser privado de la libertad si no con arreglo á las
lcyr.s, sino el derecho de no ser rnenoscabado en ninguno de esos
derechos que son inherentes á la nacionalidad del hon1bre y clcl
ciu&lt;la&lt;lnno coino es el derecho de no ser so1netido á pt i'-ÍÓn sino
ú n11; rito de orden de juez con1pctcntc. de no ser coa1 lado en s u
lihcrtad, el dt&gt;recho de \ iajar ... el derecho de ernitir su penc::a.
rnicnto r.o n ar r eglo á las leye'- vigente", el derecho de ª"ociarse, etc.
Y nlás diré en el caso de Yiolarsc en un ciudadano la libertad de
pcnsa111icnlo, se cometería un atentado no solo contra la seguridad
inclividuol. s ino contra la propiedad n1isma ... " 2
l~a di stin ción d e los derechos individuales elche ser p1esidicln.
con arreglo n su jerarquía, por las garantías individuales. El
principismo procede a deli1nitar su án1hito entendiendo que p"r1
hacer efectivo el ec;píritu constitucional en la n1ateria es preciso
dictar normas co1nplementa rias que puntualicen su alcance y protejan al individuo contra los ele inanes del poder.
1\ ese fin obedece la carnpaiia que desde lu prensa y la
Cúrnarn se llc,•n a cabo para lcrrninnr con las innu1ncrables arbitrnricdadcs c;orncticlas al a111pa r o clcl a1 L. 81 de In Constitución,
en fnr1nu ele ntt·ntados que se perpetúan contra la scgu1iclnrl de
los hahitnntcs del país. ''IJa cguri&lt;lad indiYidual. puntualiza
El • iglo. es pue,, la hase de locln 'º~icrlad ci\•ilizada·'. 3 IJas mediJa.... prontus ele seguridad que autorizn el artículo 8 1 de la
&lt;:on titució11 , suspen'ÍYas de las gnrantías individualc~, vuelven
p1 ccnrio el goce ele las libertades fís icas, suj eto a la contingente
Carta &lt;!t• (arios fil. Rarnírez. a 1'111gcl Floro Costa, Río &lt;le Janeiro,
9 ele J11ltu de 1871, l'O f.l 1glo, :'\lontcvi&lt;lco, 28 de Julio dl' 1871, nº 2886.
1

.Jo f. P1 ono R \:\fÍREZ. Diario de Sesiones de la Cáu1ara de R epre·
1e.fl ta11tcs, cit., l. XVIII, p. 3-19.
!!

3

¡;t :iiglo,

~Ion le' ideo,

18 de rnanr.n de 1873, nO 2193.

-

109 -

�voluntad de las autoridades. El escrupuloso Código de 1830 preveía y constreñía esos posibles excesos desde su artículo 143,
pero en la práctica se eludía caprichosamente el precepto.
José Pedro Ramírez, Pedro Bustamante y Ambrosio Lerena
llevan a la Cámara la voz del principismo con sus proyectos de
ley encaminados a delimitar los derechos cuestionados. El proyecto de Ramírez representa, a través de la tradición liberal
inglesa del Habeas Corpus, la reacción típica del parlamentarismo
civilista frente a los desmanes del Poder Ejecutivo, hasta entonces
árbitro indiscutido, de hecho, en cuanto a interpretación del texto
constitucional. Su articulado ,.iene a definir, en apretada síntesis,
los principios capitales de la teoría clásica de los derechos individuales. 1 El primero de los artículos establece las limitaciones
efectivas que el propio texto constitucional ha formulado a su
artículo 81; sigue pues el principio del acatamiento constitucional.
El segundo, al refirmar la constitucionalidad de sus miras, sienta
como garantía de seguridad individual el principio del Habeas
Corpus; el cuarto artículo, en fin. define expresamente su pregonado principio de la responsabilidad civil de los funcionarios
públicos. El informe de la Comisión Legislativa que integraban
Octavio Lapido. , .icente Garzón, I saac de Tezanos. Laudelino
Vázquez, Juan José de Herrera y Julio Herrera r Ohes, al expedirse sobre el proyecto de Ramírez. tejía así su elogio : "comparando la doctrina que él encierra con las disposiciones del Código
fundamental del E~tado y con los principios que constituyen la
base de toda sociedad bien organizada encuentra que es digno
de figurar como derecho positivo de un pueblo libre... 2 Análogos
puntos de vista sustentan Pedro Bustamante y Ambrosio Lerena
en sus respectivos proyectos sobre la materia.
Ante la preocupación legislativa por las garantías indi\'iduales. decía El Siglo el 3 de mayo del 73: "La reacción al bien
no podía ser más completa. Las ideas á que El iglo ha consagrado su propaganda. su inteligencia, su acción, han obtenido
el triunfo más fecundo y más honroso. el triunfo ante la opinión
pública ... se declara que el más encumbrado mandatario público
puede ser arrastrado al banco de los acusados. puede ser demandado ante un juez de paz por el último de los habitantes del
\ réase: Pro)'ecto de José Pedro Ramírez, en Diario de Sesiones de la
Cámara ele Representantes, cit., t. X\ 111, p. 157.
1

Informe de la Comisión de Legislación, en Diario de Sesiones de la
Cámara de Representantes, cit., t. X\-111, p. 309.
2

-110 -

�Estado, puede ser condenado á multa, á pri ión, á trabaj os pÚ·
blicos ... Sin embargo. ni una cen ura, ni una refutación. ni una
protesta se levanta para cerrar el paso á ec;;as nuevas ideas que
avanzan y que triunfan no por la ralÓn de la fuerza sino por la
fuerza ele Ja razón ... Para nosotros todos los trabajos legislativos
tendientes á asegurar el goce de la libertad ele los habitantes del
Estado no son más que manifestaciones de una fórmula suprema,
no son más que líneas que vienen á converger en un mismo punto:
Ja paz como resultado de una armonía entre el 01 &lt;len y la libertad".

1

Brillante fue. en el curso de los debates parlamentario'. la
gestión cumplida por los h oinb res de principios en cu .. todia clt.J
&lt;]Uc consideran el mandamiento má' sagrano de su credo político:
Ja clcf&lt;"nsa de los de rechos individuales. ''I~ legiclo diputado dec;pués
de la Paz de Abril -evocaría José P ero Ra1nírez ele ele el exilio1ni primer cuidado. casi mi preocupación. fué aprovecha r aquella
1cncr·ió11 genero a para hacer oír en el recin to de la leji,Jatu ra
los ncrntos más airados contra esos atentados á la c;;pguridad
incli\'idunl, contra esa absorción de la individualidad humana,
verdadero soherano de las drmocrnciac;. por In personalidad pre·
J&gt;otentc clC'l Estado, resabio inveterado ele nurstra cducarión colonial, que menguados políticos han perpetrado á despecho de In
propnganda 111ás inspirada y de Jac;; rcsi.,tcncias más enérgicas". 2
Precioso p~rrafo que desentraña las rnoti,·ueioncs e enciales de la
filosofía política del principismo: clá~ica oposición -antap;ónicacntrc indi,•i&lt;luo y Ec;;tado, que recuerda las lin1itncionec;; que los
derechos naturales in1ponían al E'tado en la teoría d e Benjamín
\.on tnnl: a&lt;&gt;piración n1anifiec;;ta hacia la libertad política. último
fin ele la suciedad. en que se definen todos los derech os natu·
rnlcs.ª
'{ ngrr.gaha JO!'é Pedro Rnmírcz: " ... c:.i Jos ci udadanos de
un ptH•blo lihre no se preocupan ele garantir la lihertnc1 intli,·idual,
d.- r.olor.arla bajo la égida exclu-.i\•a ele la ley, y á cubierto de la
prPpotcncin guhernativa. su rol se cstinguc. para dar lugar al
siervo ele In antigua organización social. rc~ortP. pnsÍ\'O y abyecto
de cornbinacioncs bastardas, 'ej aloria~ del destino del hombre
J /~/

~f ontcvidco,

Siglo,

!! Jno.;~: PFono RA!'llÍílEZ,

3 ele mayo de J873. nQ 2526.

la deportaciJn a La llabanu en la Bllrca Puig,

r.i't., pp. 27 n 29.

a

Ré/lction~
JIENRI l\licHEL, L'idée de

n1.NJA'.\IÍN

e it., 1. 1,

p. 171:

Co

·sT.\NT,

-

111 -

sur les (onstitutions, Oeuvres,
/'L.tat, cit., p. 3111.

•

�y de los planes visibles del creador". 1 En la línea del liberalismo
de Constant atiende Ramírez las sugestiones de Laboulaye, su
discípulo, cuando demuestra la hostilidad del hoinbre moderno
hacia la intervención del E.stado, en cuanto autoridad, en el privativo dominio de su conciencia, "santuario in, iolable" como lo
define Carlos María Ramíre:z, donde no puede admitirse la ingerencia estatal: "La conciencia es liberada
escribe Laboula' cel individuo existe·'. 2
Bien pudiera resumirse la concepción naturalista de los derechos individuales que postulaba el principismo en las palabras
que pronunciara el director de El iglo - a modo de profesión
de fe liberal- en una de las reuniones electorales del 72: .. El
Ciudadano! El hombre! He ahí la 'erdadera magcslad en la
tierra: he ahí el 'erdadero soberano en la democracia. Los
derechos in di, iduales ! He ahí la palabra fundamental en la moderna organización de los sociedades ~ no consintamos que á
ningún título se menoscabe y conculque uno solo de esos derechos,
no necesitamos que se atente á la personalidad del hon1bre. n1il
veces más sagrada todavía que la del ciudadano. porque al fin
el ciudadano es un tipo augusto, creado por las sociedades modernas para subplantar al \asalJo y al súbdito. pero el hombre ea
una creación de Dios arrojaJa sobre la tierra para llenar su
destino que no está en la potestad de los ho1nb1es contrariar ó
anular. Maldito sea quien ose n1enoscabar los derechos inalienable¡ é in1presrriplihles de la personalidad humana! . . . defendamos todas las libertades que concurran á hacer una verdad de
la soberanía del pueblo. . . r.1aldito 5ea quien ose de hor más
cometer la insensatez de poner obstáculos á la libre e1nisión del
pensamiento. Por fin. señores. en el ejercicio del derecho do
asociación que presupone la inviolabilidad de los derechos indi' idualcs } la inviolabilidad de la libertau de prensa, sea1nos tan
enérgico5 como circunspectos ... '' 3

1 Jo~i PEDRO RAMÍRU,

. pag. _?8 .
ctt.,

E.

La deportación a La Habana en la Barca Puig.

La liberté ant1que et la liberté moderne, en
l\hcHtt, /.'idée Je L't.tat, cit., p. 314.
:?

LABOULAYE,

HENRl

Palahras del Dr. J osé Pedro Ramírcz, en una de la" primeras reuniones electorales de todas las fracciones del Partido Colorado, publicadas
por El Siglo, ~lontc\·ideo, 28 de :-eliembre de 1872, n9 2335.
3

-

112 -

�Nuestros partidos lihernlcs. cuyo brazo cler(.'('ho de~can"-a en
el periódico, serán los n1ñs celosos y porfiados &lt;lefen~ores de la
libertad de pren-a. i bien ele acuerdo con el enunciado general
de ese derecho. nacionalistas y conscr\·aclores presentaban ciertas
diferencias en cuanto a su lin1itación legal.
Eu ocasión Je discutirc:;c en Cá1nara el proyecto sobre ley
de irnprentn, 1\gu t ín de Vedia expone sus ideas al respecto.
Establece el principio &lt;le la lihertad ele expresión co1no garantía
constitu&lt;·ional, co11cibiéndoln con arreglo a una n1uy an1plia latitud, únicn111~ntc li1nitada por la rcsponsahilidad ante los abusos
extre1nos. Ningunu autoridad puede li1nitar la franca crnisión
del pcn~an1 i cnto y de la;:, opiniones, ya verbales o escritas. puesto
que en Pilas re;:,idc por su condición, un derecho inalienable, inherente al hornbre e n cuanto indi,·iduo. 1 Y persiguiendo una absoluta libertad de conciencia propone la libertad de discutir, } aún
de atacar el dogrna religioso.
El g1upo conservador acorde con la tesitura del legi~la&lt;lor
nacionnli la, apoya su proyecto, aunque propende -difiriendo
con los po Lulados de La !Je111ocracia- a una limitación más
J&gt;rccisa y cercana de e e c.le1echo. que proteja contra el desenfreno
de la lihcrtad de palabra. . e opone a una peligrosa irresponsabilidad de la prensa, que volvería a cuestionar dc~de otro extremo
-no 111cnos peligroso- la cfccliYiclnd de esa garantía. Cree
El Siglo que e necesaria Ja acción clcfen si va ele la legislación
penal frente a los cielitos que, como calu1nnia o injuria, tipifican
los extravíos de In jJrensa. l~n la línea doctrinaria de de Lolme,
Story y I~lackstonc. los r.on.;;,cr\·adore~, apegados a la concepción
ju1 ídica de Jos c·on ...titucionalistas anglo!:iajoncs, propenden a las
li1nitnciorH'S de la legislación penal. I~n cuanto a garantías, nuestros pnrtidos ele principios n1ucstron unánirnc acatamiento a la
institución del ju rndo. .N ncionalista , radicales y conser\•aclores
rcconocc11 en el vPreclicto popular ele) jurado -como en E-ta·
dos Unidos entonces- la supre1na dcfcnsa frente a los desbordes
de la libre expresión. 2

\'rorA,
XV11J, p. 236.

1 Prn)ecto de Lr...,· 'iobre /tbertad de. expresión, dt• .\c usIÍN nr

t:n f)iario de Sesiones tic la Cú"i.ara de Rcpre!&gt;e11tan tes, cit. , l.

Cfr.: La Ccn.~urrz, en !.a r•a:. I\lontc,irleo. 22 ele ap;octo c1,. 1872,
n9 444; La Democracia, ~[onti•virl~o, 16, 20 &lt;le mayo de 1873; El Siglo.
~foolc\'i&lt;lt.·o, 18, 22 &lt;ll· mayo &lt;le 1873, ns.. 2538 y 2512.
:J

-

113 -

�Consagrado a estimular Ja propaganda de los principios de
la libertad individual, nuestro liberalismo predicó con reiterada
insistencia la libertad de profesiones. En ese sentido su acucioso
interés promovió, en aras de una ilimitada libre iniciativa indi.
vidual, ciertas exageraciones. Aunque concretamente se proponía
bregar por el franco ejercicio de la abogacía fue llevado. en la
extensión &lt;lel principio, hasta el extremo paradoja! de reclamar
la exención de título académico para ejercer la medicina. 1
A una extrema concepción del liberalismo responde el pro·
yecto de ley que suscribe Julio Herrera y O bes sobre libertad
profesional_ 2 persiguiendo su vieja consigna de emancipar al
individuo de la tutela del Estado. "Déjese al interés individual
el cuidado de atender á sus propios asuntos; déjese en libertad
al individuo de gestionarlos por sí mismo ó de confiarlos á las
personas que le inspire confianza, y no se empeñe el Estado en
ser tutor eterno de todo, y en impedir que actúen ante los Tribu.
nales todos los que no están revestidos de un diploma de capa·
ciclad oficial, que no siempre garante capacidad real y efec.
tiva ... " 3
Julio Herrera veía en la exigencia del título universitario
una traba y una imposición que venía a menoscabar el ejercicio
de uno de los primeros derechos indi,·iduales. Posponiendo. en
gracia a sus principios, los pri\.ilegios que entonces usufructuaba
su propia profesión. pregonaba el conocimiento popular de leyes
y trámites que nulificac;e el mo:iopolio de la toga. 4
El liberalismo, tradicionalmente vinculado desde sus orígenes
a la afirmación del derecho de propiedad. 'ino a consagrar su
defensa como uno de los primeros postulados del dogn1a de lo5
derechos individuales.
Así lo entendió nuestro principismo, empeñado en hacer efecti\'as las garantías legales con que se rodeaba al derecho de
propiedad. Exprec;amente consignac.lo en la Constitución. los sistemáticos abusos que obstaban a ~u libre ejercicio venían reclaT.a libertad de pro/e.~ión. en El Siglo, f\ionte' idt'o, 8 de abril de
1873; El Siglo, ~Ionte\'ideo, 28 de febrero de 187'1, nQ 2768.
1

2

Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes, cit., t. X\ 111,

p . 240.
3

Cfr.: El Siglo, l\lontevideo, 28 de febrero de 1874,

.i

El Síslo, ~lonte\'ideo, 8 de abril de 1873, n~ 2:&gt;10.

-

114 -

n9

2768 .

�mando la sanción de leyes complementarias que le amparasen
eferti\lamente. Manifiesta el doctor José María Muñoz al exigir
esas garantías en el Senado: "La propiedad está mandada respetar
por dos artículos de la Constitución muy terminantes. Es sagrada
é inviolable para ante toda autoridad y para los particulares ...
¿Qué es pues lo que ha podido hacer infeliz esta disposición tan
terminante de la ley fundamental? Es precisamente el abandono
de eso que se llama teorías de eso que se llama utopías: es que
no hay autoridad pública con derecho á obediencia sino dentro
de la esfera de sus atribuciones ... ,, 1
Con el despertar de la filosofía individualista el individuo
se yergue frente al Estado, hasta entonces absoluto, para postular
sus reclamos tendientes a una delimitación precisa de sus dominios. Individuo y E~tado, cada vez más antagónicos en su acción
y sus prerrogativas. se en frentan durante el siglo XIX desde
distintas doctrinas políticas y filosóficas. El individualismo, que
madura en el siglo XVII 1 al calor del racionalismo filoc;;ófico y
Be concreta en el :X J'( en su plena vigencia político-social preside
el derrotero de todas aque1las teorías que desde la Revolución
procuran c1nancipar al ho1nbre --como áto1no socialde la
tutela agobiante del Estado. Sobre ec;e supuesto descansa la
cosmovisión política del liberalismo tradicional que propone la
libertad como condición para el pleno desenvolvimiento del espÍ·
ritu humano. Según Benjamín Constant el Estado debe limitarse
a mantener la seguridad general y a garantir el pleno goce de
l n~ libertades dentro de la paz pública. El Estado representa la
justicia }' la paz. I~a es su &lt;''-fera legítima. 2
En tal tesitura. t:l principic;.mo aferrado a la teoría del Fstaáo
gunrtlirín hace el clásico distingo liberal entre autoridad e indi\ ¡.
dualidad. José Pedro Rarní rcz define posiciones al respecto: "hay
dos escuelas respecto al Estado. Una. . . la e:;;cuela que quiere
ver al l~stado inlcrYiniendo en todos los ramos de la activiclad ...
Otra. In que no quiere ·ver al Estaclo intervini endo sino con la
intcr\'Cní!iÓn inclirccta. dirernos así. concurriendo á garantir la
seguridad exterior y el reinado de la paz, de la justicia y del

1

Diario ele

:.: llt.:'\J,\.,tí:-o

Sc~iones

de la (amara áe Scnadore'i, t. ;,IIT, p. 135.

Co~~• \ ~T,

CourJ de politiq11e constit11tionnel/e, cit. ln tro-

duction.

-

115 -

�orden en el jnterior ... " 1 "Al Estado proteger, al indi, iduo obrar"
es el lema de nuestro liberalismo receloso de toda inter\'ención
estatal que pueda gravitar sobre el dominio pri\ ativo del individuo. "Que limite (el Estado] su misión á proteger la libertad
i ndividual. el verdadero, el supremo, el sólo interés público.,
propone Julio Herrera y O bes. 2 Es Ja expre~ión \'igilante del
liberalismo frente a las intromisiones estatales tal corno surge ele
los escritos de Constant y de las observaciones de su discípulo
Laboulaye quien, ante la experiencia democrática que ha presenciado, concluye que en los Estados Unidos "el Estado es pequeño
porque el individuo es grande". Su concepción del Estado corno
organismo regulador, proviene lógicamente de la cerrada estructuración del indi"iduo, ser omnipotente al que deben prestarse
todas las garantías para que pueda desenvolver libremente su
destino. No podía admitir otro contexto la teoría de los derechos
individuales que termina de enunciarse, y en cuya función se
desarrollan Jos postulados esenciales de la filosofía política del
principismo. 3
Las sucesivas conmociones políticas que siguieron al comienzo de nuestra vida independiente hicier on reflexionar más
de una vez sobre las bases que sustentaban el ordenamiento institucional del país. Andrés Lamas, Manuel Herrera y Obes. Bernardo
P. Berro, Juan Carlos Gómez -entre otras iluc;tres personalidades- h abían sopesado desde distintos ángulos el problema de los
principios ele gobierno. La generación del 72. en1peñacla precisamente en la reestrucluración de nuestra convi' cncia político.qocial,
se abocó a su planteo con ac ucioso interés y sólido bagaje doctri1

Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes. cit.,

t.

XVIII,

p. 537.

z Las 11iejas y las nuevas ideas, en El Siglo, 1'Iontc\ideo, 19 de abril

de 1873,

n9

2501.

a Sobn· e.1 individuo y t•l Estado véa--e: Con/erenria ele Derecho Cons·
titucional. 1\"ociones generales sobre el indir•iduo y el Estado. en La Bandera
Radical, ~lonte' ideo, julio 9 de 1871. n&lt;I 21; CARl.OS ni: C .\STRO, Curso de
Fconomía Política, f. 207; Diario de ~es1onc~ de la (amara de Represen·
tan tes, cit., t. X\ 111. pp. 537 y ~s .. 180 y ..,.... 339 r ""· '. Fl pro)'ecto del Se·
11ador Camino, en El Siglo, l\Ionte\ i?eo. 19 de abril. de 1873. n9 ~50 i;
¡;¡ Estado y los ferrocarriles, en El 1g/o, ~Ion te\ ideo, 2 de abril de
1873. n9 2505; Un buen precedente, en Fl 5,g/o, \I ontcvidco, 28 de mayo
ele 1873, n9 25·16; La prenr;a ~in doctrinas, t'n El Sislo. i\lontevideo, 13 de
noviembre de 1874, n9 29i6.

-

116 -

�nario 1 meditando la1 gamentc en torno al planteo teórico de los
cánones políticos de nuestra organizarión republicana.
Nuestro principis1no - &lt;'01no se puntualizara - hizo cuestión
capital del respeto de las libertades individuales como ba"e de las
libertades pública y &lt;le la eficiencia dernocrática. De ello c;u concepción del Estado, mero sostén ele las in~tituciones, y su fe en la
soberanía popular. J~l gobü~rno - como lo proclarnara Don Carlos de Ca--tro desde la Cátedra de Economía Política - es limitado
en su n1andato. no es dueño ahsoluto y despótico ele todo. u presidente elche ofrer.cr garantíns para el ejercicio de todos los derechos
y moralidad en la ar11ninistración de los intereses públicos. 1
El fundarnento rnotor ele la teoría ele gobierno principista
clr.Qcan.:;n Pn la vigencia de la libertad política. plf'na y sin retaceas,
pese a los peligros que involucran sus excesos. Pedro Busta1nante,
irn ocabn nsí la libertad desde la Cámara: "yo digo que todo país
que renuncia á los hcneficioc; ele la libertad y á sus inmensa ven..
,
.
.
,
t aJn" por 1r. rnor a sus 1nconven1enles es un pa1s n1no, v es un pa1s
r.ondennclo ñ etPrna tutela, ii ser pcrpetuan1ente esrlo,·o civil ó
políticamente". )'" agregaba definiendo en torno a la libertad el
con1etido del gobierno democrático: " . .. la n1isión actual ele los
podcr&lt;&gt;s públicos. la 1nisión nrcrsnrin~ no es dirigir la actun1idad,
no es prcYcn ir todos los males y los inconvenientes que la libertad
puede tener: es garantir el libre ejercicio de todo" loe: derechos
y clej ar que los pueblos por c:í, ello~ por c:í hagan uc:o de su activirlad cómo y de )a 1nanera que }es parezca 1nejor )' llHlC: con\'C11Íente ... " 2
En el mi.-.mo sent ido se pronunciaba J oc:é Pf'rlro Ra1nírrz con
I' inquchrantahlc en los hencficio" de la lihe1 tacl: "Crecn1os que
In C'scnc·in del principio de la libertad aplicacln á todas las insti·
tucioncc:. hun1anas. hn de traer Ja íe] icidad dr- los puehlo". con
J&gt;rcfert&gt;ncin ú las comhinacionr.c:. Rrhitrarias de lo hombre~; y estarnos dispuestos ;;Í c:u frir las conc:.ecucncia" de In veleidad ele los
pueblos nuí · bien que persuodirlos &lt;le la falscdud de un sistema
que est ií hosndo ~n ln naturaleza y que ha sido promulgado por
e) Cr&lt;&gt;ador Suprcrno ... Yo creo qne es preferible hundirse con
e os principios en la hora ele la adversidad ..... 3
~

1 CAttl.OS DE

e \STllO,

Cur~n

·-

de Fronon1ía Politico, cir.

Pi onn Bl 'T\M.\:'\lE, /,a libertocl de t•nlisión, en Retista Nacional,
76, p. 90.
:.!

nQ

a /)iario ele Sesiones de la Cán1ara de
p. 232.

-

117 -

l~epresencan;es,

cit., t. XVIII,

�Procura en realidad nuestro liberalismo doctrinario un acuer·
do entre la democracia y la libertad política, al modo de Tocqueville, coincidiendo con él en señalar los riesgos del extremo individualismo. Se pretende fundamentar un gobierno libre sobre bases
racionales: de allí la necesidad de educar al pueblo en la escuela
del civilismo democrático, para evitar su opresión por unos pocos,
o por uno en nombre de la soberanía, al ejemplo que presentaba
Rousseau en el Contrato Social.
Lo esencial de la libertad política consiste - como sostenía
Constant - en una distribución tal de los poderes que cada uno
se mantenga en los límites de sus atribuciones respectivas. "Se
trata de deslindar las atribuciones de los poderes públicos - observa coinciden temen te 1ulio Herrera y O bes - demarcándoles con
toda precisión la esfera en que pueden desarrollar legítimamente
su acción, sin choques, sin trastornos, encuadrándose en el movimiento armónico de nuestro mecanismo constitucional. Recuérdese que en la división de poderes está la bac;e indispensable de
toda libertad política y social y se comprenderá cuánta es la importancia que tiene, cuánta la calma y madurez con que debe ser
tratado y resuelto". 1 Se reacciona así frente a las prácticas abusivas del Cuerpo Legislativo. que frecuenten1ente interfería la órbita privativa del Ejecutivo, desde la doctrina constitucional de
la independencia de los Poderes.
En cuanto a los principios rectores de su teoría política, el
principismo - fuerza es consignarlo una ' ez más - ha seguido
con fidelidad las huellas y el ejemplo de las ideas rectoras de la
lla1nada Hdinastía de Virginia,, particularmente encarnadas en
Thon1as Jefferson, en quien culmina la línea del constitucionalismo
angloc;aj ón trazada dec;de Locke a Paine .
... obre la base de la libertad se postula la igualdad ante la
ley. la sumisión a lo~ derechos naturales. la fe en la soberanía
popular como origen del gobierno y el derecho extre1no de
revolución frente a la autoridad tiránica. Predominio del poder
civil. educación democrática y autonomía local. complen1entan el
cuadro que sustenta a las instituciones republicanas con que el
principis1no se dispone a enfrentar los problen1as de la realidad
nacional. 2
Diario &lt;le Sesiones de la Cámara de Rcpre .~entnntt&gt;s, cit.
:? Cfr.: 'Sobre teoría dt! gobierno: Diario de Scsío11e5 de la Cámara de
Reprt· ."~11tn11tes, t. X\ 111, pp. 451 y 535; t. XXI, p. 660; La buena doctrrnn. en /:'/ Siglo, ~lonle\'idco, .i; de no\.icmLrc de 18i·t, n9 2968; Las re·
clr11nnr.ioncs contra el I::srado, en 1:.1 Siglo, ~lonte\'id e o, 6 de marzo de 187•1,
1

n9

2773.

-

118 -

�•

CAPÍTULO

IV

LAS SOLUCIONES PRINCIPISTAS ANTE
LA REALIDAD NACIONAL

��•

SUl'tlARIO:

•

Programa político: rcort?anización institucional: reí orma con~
ti tucional; ley electoral y regist ro cívico; descenlralizaci-: n
ndrnini-trnth u; reforma judicial y legislación penal; guardia
na&lt;·ionnl y ~jército permanente. Arbitrios sociales: la educaci:o
'¡, ica y el co1nctido &lt;le la prensa; alfabetización. Las solucio·
ncc. cconóruicns · t.•l pdncipisn10 írenle n In crisi.. cconómicohnancicr..i ( 1868-1875)
: empn~stitos
extranjcro5; r educción de
.
.
.
,
presupuesto; iu1puc~tos; em1s1on menor.

Ahocado a su tarea de reorganización el principismo contempla en su programa la n ecesaria revisión de nu eslro código constitucional. Pretende así aj uslar la Constitución del 30 con la realidad his tórica a cuya luz nueslra Carta. en má::i de un aspecto, parece ir quedando rezagada luego de cuatro décadas de vigencia.
Df'sde la cátedra de Derecho Constitucional, el doctor Carlos
~fa ría l{arnírez ju tificaba la urgencia de ese reclamo: "La reforma de la constitución , reforma periódica, oportu na. pero reforma al fin, es principio indispensable de todo buen pro~rama
de política ... 1\ cuarenta años que lleYamos &lt;le vida soi-disant
con.¡titucional, abs urdo sería suponer que no hubiesen can1biado
nue.'i/ras costumbres. nuestra.s circunstancias y nuestra .~;tuación,
&lt;le manera que no se hace más que interpreta·r la voluntad de los
constituyentes al pretender que ese carnbio si rva de bnse a la
lransfor1nar.ión de nuestras instituciones. El estudio ha demostrado a la &lt;'\ idcncia, cuan plnga&lt;la de irnperfeccioneq, de di&gt;ficiencias
y de c1 rores está la Constitución de 1830, que a ~c;ar de no haber
imperado un solo clía con verdad y con provecho, los partirlos
políticos se en1pcñan en n1antcner como un símbolo inviolable,
nca~o porque les parece buena con10 hanc!ern de combate, sin serles incón1oda como norn1n práctica de acción ... " 1
1:11 la hora de ln definición principista l os programas de los
Clubes conc;ignan, expresa o tácitan1ente, la irnpostergable nece1

e \íll º"

l\t \ ílÍ .\ RA~tínr7., ron/err.n rú1.~ de Derecho Constitru:ional, cit..
J&gt;p. 61 y 62, fliblio11•c C1 1\ ncional, ~Iont ev icle o, &lt;.olecr:ión rllelian Lafinu r, l. 190.
1

-

121 -

�,

sidad de ajustar, mediante la reforma de su texto, la Constitución
de la República a las exigencias de su tien1po. 1
A partir del año 72, la prensa doctrinaria insiste en la re·
forma 2 : "Obra de la inteligencia humana, Código dictado en los
albores de nuestra vida revolucionaria. la Constitución de 1830
no es ni puede ser la úlLima palabra de la perfección, y la fórmula
más acabada del progreso ... Critiquemos los errores de la Constitución, hagamos palpables sus defectos, parangonémosla con los
grandes modelos que nos ofrecen las sociedades libres para que
el fruto de tan patrióticos esfuerzos sea la reforma de la Constitución, que abrirá á no dudarlo nuevos destinos á la patria y
nuevos horizontes á la democracia, á la libertad y á la República.,, 3
Y denunciando el sentimiento reformista de la opinión pública
declaraba El Siglo : "La idea de la reforma constitucional no ha
nacido de tal ó cual cerebro, es una aspiración unánime del pueblo, es un verdadero sentimiento nacional. En el debate de la
prensa oriental no se ha alzado una sola voz para atacar esa
fecunda idea, ni se ha hecho senti r una n1anifestación contraria
á ella en ninguna inteligencia, en ningún partido, en ninguna fracción del pueblo. Convicción que se ha venido elaborando virtualmente desde hace muchos años en el curso de nuestra turbulenta
exjstencia nacional el pensamiento de la reforma de la Constitución surge hoy prestigiado por el movimiento de opinión más
vigoroso y más enérgico que se ha manifeslado entre nosotros ...
El Artículo 15 del Pro1ITama del Club Radical e:)tablccía: "El Club
Rad ical propenderá á que el país inicie 111 reforma de la Constitución".
(Cfr.: Progranuz del Club Radical, \font evideo, 30 de mayo de 1872, en
La Paz, lfontevideo, 2 de junio de 1872, n Q 349.)
"El Club Nacional - reza el l\lanifiesto de principios de dicho partidnreconoce la conveniencia de que la Constitución de Ja República sea re·
formada, adaptándola a ]as exigencias de lo época y á la marcha progresha
de la i;ociedad." (Programa del Club Narionol, \font t'\ i&lt;leo, 7 de julio de
1872, en Biblioteca Nacional, ~fontevideo, Colección ilfelián La/inur, t. 7 y La
Democracía, ~l on te,ideo, 9 de julio de 1872, nQ 36.)
1

Cfr.: Cámara.~ Legi.~lati1 as y Cámaras electora/ef, en La Democracia,
1'1onte\'ideo, 7 de julio rlc 1872, nO 34; La Den1ocracia, l\lonte\'ideo, 25 de
julio de 1872, n&lt;&gt; 41; La Paz, 1\-fontcvideo, 11 de julio de 1872, nO 394;
La Reforma de la Constitución, en El Siglo, l\fonte,ideo, 16 de mar'º de
1873, nO 2492; La reforma con stituc1onal, en El Siglo, :\lonte"ideo, 18 de
marzo de 1873, nO 2-l93; El Siglo, ~lonte\'iclco, 3 ele ma) o de 1873, n° 2532;
El Siglo, ~Jontevideo, 10 ele Junio de 18i3, n9 2557 ~ El Siglo, ~[onte\'ideo,
21 de julio de 1873, nº 2565; El Siglo, ~lonte,ideo, 21 de octubre do
1874, n&lt;&gt; 2953.
2

3

El Siglo, l\Ionte' id eo, 10 de n1ayo de 1873,

-

122 -

nO ~53~.

�La reforma constitucional es una prenda de paz y de concordia,
de adelanto y de engrandecimiento. en ella han de luchar dos
únicos elementos antagónicos, el pasado y el porvenir, el estacionamiento y el progreso, las aspiraciones liLerlicidas y las aspiraciones liberales." 1
En el mismo sentido se pronunciaba el órgano del partido
radical: "creen unos que nuestra actual constitución crea una
organización demasiado centrali ta á la República, creen otros
que no consagra lo bastante las garantías y los derechos indivi·
duales. y que. con algunos de sus artículos, dejan ancha puerta
para lns arbitrariedades del P oder Ejecutivo; piensan éstos que
estahlece más de un principio reaccionario que está en abierta
oposición con el espíritu liberal que preside y debe presidir á sus
disposiciones; y piensan aquellos que es defectuosa en su origen
y que el pueblo oriental necesita revalidarla y hacerla realmente
suya ... " 2
El primer supuesto de la reforma constitucional reside en una
ratificación de la soberanía, que aparecía menoscabada a través
del acta de aprobación firmad a por dos poderes extranjeros de
acuerdo con las estipulaciones de la Convención Preliminar &lt;le
Paz de 1828. "Es preciso - decía El Siglo - arr:incar de una
vez por todas esa página depresiva de nuestra a11tonon1ía nacional;
es preciso demostrarnos como un pueblo independiente y soberano". 3
Propicia asimismo la mentada reforma la incorporación definitiva de los principios y garantías que consagren. en un plano
de estricta igualdad, la plenitud de las libertades políticas y civiles, o bien. en los términos con que lo consigna el rlub Radical
en su l\1anifiesto del 30 de mayo del 72, "emprender la reforma
de In Constitución en el sent ido de restablecer el imperio ab~o­
luto de la igualdad y de a~egurar al país el amplio goce ele las
libcrtnclcs sociales á todos los hubitanlcs del I~stado ''. ·l
Se condena la cenlralización administrativa que ampara la
Constitución del 30 y se propugna. a la luz ele la experiencia de
1

E.'/ Siglo, i\tontevideo, 21 de junio de 1873,

n9

2565.

2 T~a

Reforma Constitucional, en La l'a:, ~lontcvi¿cn, 11 de julio de
}872, n'I 39·t
:i f,a rr./ormn de la Constitución, en El Siglo, ~lonlt::,· i&lt;lco. 16 de mnr·
zo de 1873, n9 2492.

La

'4 Jlfardfic\lo del
Paz, ~Iontc\ideo, 2

Clnb Rrulirnl, Jontc,id&lt;•o. 30 de n1nyo de 1872, en
de junio de 1872, nCJ 319.

-123 -

�Tocqueville, la autonomía local mediante la organización de los
municipios que la reforma pretende introducir expresamente en
el texto constitucional. "No hay pueblo libre que no haya hecho
de la comuna la escuela primaria de la libertad" rezaba la cita de
Laboulaye que La Deniocracia lucía como epígrafe. 1 Mediante el
gobierno comunal se postulaba la descentralización administrativa
como garantía frente a la absorción que en nuestra vida política y
social venía ejerciendo la capital. "Es necesario que la vida po.
lítica penetre y se extienda en todos los ámbitos del país,,. prego·
naba El Sig!o concretando las ideas acerca del sel/ g01Jemmen!,
acabada expresión del gobierno del pueblo y por el pueblo. "Cree·
mos que una de las más importantes reformas es la organización
municipal. En ese punto es más necesario crear que refor1nar.
El único vestigio que en la actual organización se encuentra de lo
que algunos autores de Administración han llegado á llamar el
poder municipal es la 1unta Económico Ad1ninistrati\a que existe
en cada departamen lo. Trece Juntas. He ahí todo lo que hay de
municipal en la República. Falta el pequeño municipio que en
cada pequeña localidad administre y fomente los intereses de ~a
misma ... la 01 ganización municipal es la base de la descentra·
lización administrativa ... este sistema aleja el peligro de que ln
"El Club I\acional ha comprendido t·ntre las necc"'idades mñs ''iables de la actualidad el establecimiento del Gobierno ~Iunicipal, confiando
á los pueblos y di~tritos rurales el manejo de sus propios intereses, abandonados hasta h oy, cuando no abolidos por una ce ntrali zac i ~ n admini-.trativa.. La centraLzacion da al Estado las fuerzas que arrebata al indi"i duo.
La debilidad de éste constituye e l poder de aquél . .. La vida municipal es
una prolongación de lo ~ intere&lt;-es indi\'idualcs... La~ in ...tituciones mu!licipales son para la librrted lo que la escuela de prin1eras lel ras para la
ciencia (Tocque\'ille). :'\o ha)' un pueblo libre que no haya hecho ele; la
comuna Ju t'~cucla pr1n1aria de la libert1d (l.aboulaycl. 1\llí prin&lt;"ipia la
existencia del ciudaJano. El municipi-0 &lt;''- la e cuela en In que los indi"iduos
se ensa)an en el 1nancjo de lo~ intereses." (La Institución municipal, en La
Democracia, \lontevidco. 6 de ago~to de 1872.)
••1.a soc.1cdatl americana -escribía Laboulay~- podía con ... tituir::e en
p ode r ejcc ull~o con10 lo hizo, porque aquella ,ocicdad ec:taba organi1.ada tfe
tal 1nodo que el gobierno Íl'ncral jira dentro de u•1.i e .. f('ra tle las 1n:is limitadas. Adminislruf1on provin cial y 11111nicipal, ju,ticia, cd11caci: n. rclioió:-t
todo qe encuentra f1n.:ra Jt• In ac:ci~n gubernamental. ¿Quién se encar~a de
ello? El n1i,mo país... ~e encuentran la.:. e~cuclas con1unales, a las que
t odo el mundo t•n,·ía a su&lt;: hijos p nrn recibi r una cducocic)n st'lida y pa·
t ri ótica. ll e aquí un pu eh lo que todo l.'nlcro snhl· leer y a quien cn sefin
desde la prinll•ra l'da&lt;l a ann1r a la patria y a r.onoccr la con&lt;:tituci 'n. Aquel
pul.'blo l.' ui aco&lt;:t11n1brado ni ~el/ covernn11~nt. e&lt;: decir. a ~oh 0 rn11rct~ e sí
n1ic;mo, 1•n la rnunicipaliclad y t'n el E':ltndo." 1 E. LADO ULA Yr., E'tudios sobre
la Co11..stit11ción de los 1:.·srados Unidos, cit., t. 11, pp. 191 a 193.)
l

-

124 -

�vida del país refluya á la capital, dejando abatidas y sin vigor
las extremidades de la República". t
Como eficiente salvaguarda de los derechos individuales, cuyo
pleno ejercicio hasta entonces dependía del arbitrio, y a menudo
del capricho del Jefe Político departamental, el Municipio prome·
tía el goce, desde su esfera autónoma, de las garantías que en la
práctica - por su dependencia absoluta del poder central - no
prestaban las Juntas Económico Administrativas. 2
Ante la opinión reformista resulta una aberración el meca·
nismo electivo que consagra al Presidente de la República. Ana·
tematizan el vigente sistema mediante el cual los propios legisladores eligen en el seno de la Asamblea al primer magistrado. Se
pretende mediante la reforma constitucional, instituir un cuerpo
electoral ad lzoc cuyo cometido expirará con la elección del Presidente, según el uso consagrado en la Constitución norteamericana. 3
Se apunta asimismo, en aras del liberali~mo racionalista, la
definiti\'a separación de la Iglesia del E5taclo. '"Libera chiesa
libero stato" es el lema de nuestro libre pensa1niento, que deplora
el compromiso consagrado en el artículo 59 de nuestro código
fundamental. 4
Organización 1lfunicipal, en El Siglo,
marzo de 1873, n 9 2.500.
1

~1ontcvide o ,

27 de marzo de

Cfr.: Reforma Jlfunir.ipal, t•n La Democracia, :L\Jontevi&lt;lco, 6 &lt;le ngoc:.to
dt• 1872, n9 51; El presente )' el pon enir, en La Den101 racia, 1\lon·
tevideo, 19 d1• i;eticmhre de 1872, n9 75; Una atribución importante
de las municipalidades, en E'l Siglo, ~lontc\ ideo, 3 &lt;le dicicmhre de 1872,
n9 2109; f.'l J\funicipio, en ¡,·1 Siglo, ~lonrc' ideo, J'' ele abril de 1873,
n9 250 i: l'rorcr:ro de Organización. "'unicipal, en El Siglo, 1\lontevideo,
10 de junio ele 1874, n9 2810; Organización. J1/unic.;ipal, en E'l Siglo, 1\lon·
tcvidco, 27 de junio &lt;le 187•l, n 9 2872.
2

3 flcqpt&gt;r. lo n Ja t•lt•cción dt'l pri111r.r n1anclutario se coinr.idía por en·

tonccs con LoLoulaye: "La Con..,tituci6n ordena q1u• la clccr.ión del Pre·
eidcntc se hago por clcr•torcs nonthrados expresan1entc al efecto, y que por
carla Estado huLr&lt;i tantos cJectnrt'c. prcc:idcr1t·i11lrs co1nn rcpn~c:entantcs y se·
nndorc hoya •' n PI ConKre..n Ft•deral." (E. L\HO UL.\ Yf , Estudios sobre la
lºo11 t11ucit)11 tic lo~ Estados fl nirlo~. cit., t. JI, p. 168.)
El ór~ano radical aducía con el ejemplo en favor del régimen do clec·
torcs pre idcncinlc"': "~tús felircs que no&lt;ootroc: f':n cuanto ñ oq~nnizaci o n in11tit11cional ..• los Ec:tnrlos Unido11 y la República Argcntinn hacen &lt;le la
r,)ccci1ín de sus legislador&lt;'" y del Presidente &lt;l~ In Rcptíltlica dos artos
~··poru&lt;los clo In sohuru nía popu]ur .. .'' (la J&gt;a;:, ~IontP'ticleo, 10 de octubre
do 1872, n9 45 l.)
4

Cfr.: A La Ra;,611 Católica, en El Siglo, l\lonle\ itlco, 6 &lt;le junio de

-

125 -

�En los primeros meses del año 73 el doctor Bustamante se
hacía portavoz de ese consenso reformista elevando a la Cámara
de Representantes un proyecto revisor de la Constitución, favo.
rablemente acogido por una casi unanimidad. Días siguientes
el diario conservador, unificando la vocación reformista que alien·
ta en la opinión, justificaba esos anhelos: "Nuestras aspiraciones
están en el porvenir. Sin embargo nuestras instituciones permanecen encadenadas al pasado. Un esfuerzo y habremos conseguido
amalgamar el espíritu de las instituciones con el espíritu del
pueblo. La Religión de Estado, negatoria de la libertad de con·
ciencia, de culto y de propaganda; la centralización administrati·
va, que mata la iniciativa de las localidades, haciendo imposible
la organización municipal, el sel/ government de los americanos,
la función de elegir Presidente de la República confiada á la
Asamblea, que hace que tengamos todo menos legisladores verdaderos, son principios constitucionales incompatibles ya con la
fecundidad de las libertades individuales, con el desarrollo de las
fuerzas activas el país, con los intereses bien entendidos de la
República que r eclaman horizontes más vastos y campo más garantido para el desenvolvimiento portentoso". 1
El empuje reformista. trascendiendo la esfera de la pro·
paganda periodística y Ja discusión parlamentaria. se concretó en
la aprobación de una ley que declaraba que el interés nacional
exigía Ja revisión constitucional. dándose con ello el primer
paso en el camino de la reforma, que según el precepto e-stablecido
en la Carta, debía continuar la próxima Legislatura. Perentoriamente, los legi~Iadores principi~tas se empeñaron en esclarecer la
interpretación del texto, fijando con precisión la latitud de algunos artículos. a cuyo amparo se venían perpetrando la! má9 flagrantes arbitrariedades. A ese fin responden. como va se consig·
nara, los proyectos de J osé Pedro Ramírez, Pedro Bu~tamante y
Ambrosio Lerena - entre otros - que llevaron al Parlamento no
sólo la voz de la doctrina, sino también, y con mucho, un freno
efectivo a los desmanes de la autoridad.
Arduo esfuerzo implicaba sin duda la defensa de las garen1873. nO 215 l; El Arzobispo de WestminJler, en El Siglo, !\Ionte,·ideo,
19 de diciembre de 1873, n9 2713; Creación del Obispado en la Cámara de Representantes, en El Siglo, ~fonte\ideo. 7 de julio de 1871. nº
2869; los márt;res del siglo X/ ,,Y, en El Siglo . l\lonte,ideo, 10 de julio de
julio de 187 i, nO 2872.
l

La reforma de la Constitución, en El "zglo, \Ion te\ ideo, 16 de marzo

de 1873,

nO

2492.

-126 -

�tías que el sector principista cumplía en el seno de la Asamblea
frente a quienes acataban, resignada o indiferentemente un estado
de cosas que entendían inherente a nuestro turbulento proceso
histórico.
Ante uno de los tantos problemas que planteaba p or entonces
la interpretación de nuestra Constitución, El Siglo efectuaba, con
ecuánime juicio, un crudo balance ele nuestro pasado, al tiempo
de señalar consignas inmediatas e ineludibles a que los partidos
liberales debían ajustar su programada obra de reconstrucción
nacional. Precioso documento que ilustra sobre la discutida ade·
cuación del principismo con los problemas de su hora, "iene a
consignar en verdad la legitimidad de aquellos d esvelos y ]a vigencia última de los principios que definían su profesió n de homL1 es prácticos, ante la diaria y terrena realidad de su presente. El
inexc usable testimonio de esta página, absuelve, sin duda, de la
extensa cita. ''~o se puede dar un solo paso en el terreno legislativo sin tropezar con alguna cuestión constitucional que su rge
inopinadamente de las dudas que sugieren las disposiciones del
Código fund amental, unas veces expresas, pero en abierta oposi·
ción con las prácticas establecidas y con las ideas que esos pre·
ccdcntcs abusivos han generali zado y elevado á la categoría de
axio1nas. Otras veces, vagas, deficientes, oscuras, al punto de que
sea necesario interpretar y aún adivinar su espíritu y s u alcance,
y algunas también, como sucede con la Reli gió n del Estado, en
pugna con 1a R azón, con las idea~ del ~ig1o y hasta con los principios constitutivos de nuestra organi1nción política y c;ocial. Todas
cstns dudas y co1nplicaciones de grn' edad y trascendencia primorclinl para el porvenir y Ja felicidad de nuestro país han dor·
rniclo hasta ahora en el olvido y la ignorancia en que nuestra vida
turhul&lt;'n ta y anormal ha tenido condenada á todo lo que no se
relncionnha intirnamc nte con las ncces iclade~ del tnon1ento, con la
satisfacción de las tnás desenf renadag pasiones ó el remedio á las
nmcnnzas más tr~n1endas de prcponderanria y absorción que ponían en peligro la libertad y la independencia nacional. Nuestra
vicln política ha sido hasta ahora tenaz } de~esperacla lucha entre
el cnuclillaje y la civilización , entre la libertad y el d espotismo, á
punto ele que la nctiYidad nacional no ha t rnido otra manifestación
sr.nsihlc que la vorágine de revoluriones y guerras civiles que nos
l1a nhsorhiclo y a1 rehatado en vértigo infernal. En lo administrnti vn co1no en In p olítico y f:n lo político con10 en l o legislativo,
t nclo hn siclo pre,·ario, irregulnr. arbitrario. como la situación en
que ' 'ivíun1os. 1'odos e5tos actos no son sino r emedios, expe-

-

127 -

�dientes más ó menos eficaces practicados bajo la ley tiránica de
la necesidad y sin más regla ni medida que la autenticidad del
mal con que luchábamos. No tenemos pues vida constitucional
--confesaba El Siglo- ni hemos tenido por consiguiente ocasión
de contraernos á las cuestiones constitucionales, ni tiempo para
r esolverlas autorizadamente con entera calma y libertad de espÍ·
ritu fijando las bases de nuestro derecho práctico-administrativo.
Esa es la tarea, no la menos ardua y patriótica por cierto, de las
que pesan sobre los hombros de la presente Legislatura. Todat
esas dudas y cuestiones, nos han asaltado en tropel desde que
hemos dado el primer paso en el terreno práctico de las institu·
ciones. De ahí esas discusiones frecuentes e interminables sobre
el sentido verdadero de una frase de la Constitución ó de la
verdadera interpretación de sus preceptos con que la Cámara de
Representantes ha absorbido casi todo su tiempo en el presente
período. Bien n ecios los que por ello le hagan reproches! Pobres
é ignorantes políticos los que desconozcan la utilidad, la necesidad,
la urgencia de aclarar las disposiciones de la ley en que están
consagrados y garantidos todos nuestros derechos y toda nuestra
libertad! No es tiempo malgastado, no, el que se gasta en dar
leyes reglamentarias de la Constitución que protejan la libertad
individual contra los abusos y desmanes in\'eterados de la autoridad ! Ese adelanto y progreso moral está más arriba y mucho
antes que todos los adelantos y progresos materiales imaginables.
~1ás bien di cho, el verdadero progreso material no es posible sin
el progrec:o moral. La libertad y ]a justicia es la bac;e de la prosperidad } grandeza de las naciones,,. 1

La legi-.Iación electoral de abril de 18~0 no garantía fehacientemente el sano ejercicio de los derechos electorsle3. La práctica viciosa de nuestra existencia política había unas \'eces burlado
mediante el fraude. otras &lt;lec:conocido mediante loe:; abusos, las
garantías primordiales del sufragio. A la sombra de los "go·
biernos electorales" la Yiolencia y Ja coacción habían inYeterada·
n1cnte dcs,'irtuado quizá el n1ás esencial de los principios de
nuestra organización republicana. 2
Otrn ru~stión constitucional, en El Siglo. ~[ontevideo, 10 de junio
de 1873, 11° 2557.
1

::?

(fr.: Lrr r~pre~~ntacian de la.~ minorías. en La Democrar.ia, f\[onte-

vitleo, 18 de julio de 1872, n9 39; Cuestiones eltctora/e(, en El Sigfo, l\f on·
tcvideo, 5 de dicíembrc do 1872. n° 2-109; Ley electoral, en El Siglo, l\fon·

-128-

�Denunciando los males que aquejaban al régimen de elecciones
el doctor José Pedro Ramírez expresaba en la Cámara: " Más que
un defecto de nuestras leyes (que no son malas ) por falta de la
costumbre, y sobre todo, por probidad política, hemos hecho con
frecuencia una farsa y una burla del acto solemne y más digno
de respeto : el acto del sufragio popular. En este sentido nada
hay más legítimo, nada más plausible que el propó::1ito de ga·
rantir en cuanto sea posible, la verdad del sufragio". 1
Entendían los partidos de principios, abocados a la reorganización institucional del país, que era artículo de capital importancia el reaj usle de la ley de elecciones. 2 En ese sentido, y con
tcvi&lt;leo, 21 de noviembre de 1873, nº 2690; los /raudes electorales, en El
Siglo, ~[ont evicleo, 18 de mano de 1871, nO 2783; Ley de elecciones, en
El Siglo, l\Iontevicleo, 16 de al&gt;ril de 187jl, n 9 2805; Derechos r debere J
electorales, en La Democracia, l\1onte\ ideo, 2 de junio de 1872, nO 2.
A través del eQcepticis1no de El Siglo, se tiene una cruda idea de
oqueJln primaria etapa electoral: "D1gámo-.lo francamente y sin an1bages.
No existen en la práctica ninguna de las garantías que a.;.cguran el libre
cj1·rcit·io del derecho electoral. No hay urnas electorales. La \Otación ~e
verifica en m11chaq n1esas al aire libre. 1'oclos llevan generalmente su re·
vóhcr en el bol .. illo. Las listas que sincn para \ Otar anclan i111 prcc.as en
papeles ele di~tintos coloree., de suerte qu e todos saben la lista que vota
coda ciudadano. La formació n ele los listas drmo trativas del resul tado de
la \'otar.if n e"tú confiada escluc:i\'amcnte ¡j la buena fe rlt&gt; la mPsn. Con
tales elemen tos ; pu ede haber verdad en la &lt;"lccci·· n? ¿Pu cele razonable·
mente afirm arse que esta sea e~presión de la voluntad populur 7 Y no ha·
lilen101; rl" lns infl11e11l'iac; que intervienen cuando en la elección e hac · --cntir
1 influenria oficial. No l1ablemoc: del hatalJl&gt;n Je U1 banoo::, de los fuerzas
de línea.. . No nos hagamos iJu .. ioncq, mientra e; no c:e modifiquen las con·
dicione matenall•s del acto de la \'otar.i 'n, no puede haber nadn que c:e
OF&lt;'mcje ri In Yr.r&lt;latlcrn elección . •. " ( Cue.\tiones electorales, en El Siglo,
?iJontc.. idco, 5 de di ch'mbre cle 1872, nº 2109.)

Disr.urso de f 0~1~ Perlro Rnmírez en lrr rñrnarn de Reorcsen'antr.'i.
/Jinnºo de Sesiones de la Cámara de Repre~cnta ntes, etc., cit., l. X\ III.
p. 315.
2 Coinciclentcmente, consP.rvnclorc" y nacionalistas elevaban sn reclamo
rcforn1ist11 en cuanto a la ley de t'leccioncc;. t:l iglo ex pre aha: "El poder
el•· toral. la fucnt~ ele los demás poncrcs, ec:1&gt;era todavía el día de su orsaniwcicín. 1h mos dicho que Ja r,.formn de 111 ley c!e elecciones ·~ la brse
prirnordinl de la pnz pública.. . El f ruu&lt;le. la eorrupci 'n de l sufragio, el
fnl can1icnto de la ley electoral; he ahí la cauc;a más común de lns re,·n·
lucionl s cuyo recuerdo registra nuest ra historia... En el anulan1iento de
Jn lihcrtarl Plr.cto1 nl y no en otra pnrte. han ido á buscar gcnernln1ente nuc •
troR n' volucionnrios el pretcQto que debía !'len irles ele prop•1ganda y han·
llera &lt;fp lucha . .. Quitemos á la guPrra ch·il &lt;'1 único prctc!;to que pueda
Jlroducirla ... " (ley ele Rcgi.stro Cívico, en El Siglo, }ifontcvidco, 11 de
agosto de 1874, n° 2898.)
La Democracia, por c:u parte, consignaba parecidas aspiraciones: '' ... mi·
t

-

120 -

�miras a la reivindicación del principio de la soberanía popular,
los doctrinarios reclamaban en sus programas del 72 la pronta
reforma electoral. 1 Atacando el sistema de representación mayoritaria, nuestras fracciones políticas conservadoras, radicales y
nacionalistas, bregaban por el principio de la representación
proporcional, a cuyo amparo se atendería la opinión de las minorías en el Parlamento. 2 Haciéndose eco de las ideas de Stuart
Mili, La Democracia proclamaba así ese derecho: "La legislación
que más pugna tal vez con el espíritu adelantado de la época e!
la que corresponde al sufragio electoral. . . &amp;a legislación, á
nuestro juicio contraria al Código fundamental, da el triunfo á las
mayorías absolutas de los partidos en acción y deja sin repre·
sentación á una porción considerable del país. La ley autoriza
así una enorme injusticia ... La minoría de la oposición es en el
poder una bandera contra los desmanes de la mayoría. . . y una
promesa de orden y de iniciativas liberales. La misma mayoría
debe interesarse debidamente en que una minoría de la oposición
esté representada en la vida política. Esa oposición es necesaria
para evitar la desunión y la subdivisión que acabaría por perder
á una mayoría confiada, negligentemente en su dominación absoluta. . . El interés legítimo del país, que es en definitiva el interés
bien entendido de todos los partidos, aconseja la reforma de la
ramos la cuestión electoral como el punto de partida para llegar á elegir un
Gobierno cuya legalidad sea incontrastable para todos y cierre para siempre
]a era de las guerras chiles. .. Para ello e! necesario hacer una verdad del
derecho de sufragio ... " &lt;Derecltoj ) deberes electora{ej, en La Democracia,
]\fon te video, 2 de Junio de 18i2, n9 2.)
"Si hay una ]ey urgentemente reclamada t.s sin duda Ja que ~eng~ á
r eformar nuec;tro sistema electoral, cuya imperfección y deficiencia hemos
hecho rec;altar infinitas veces. f\Iá~ que una ley electoral que garanta .••
]o que tenemol; ahora es una máquina de fraude. . . Las urna~ electorales
han :&gt;ido verdaderas urnas cinerarios de la libertad y del derecho. . . Era
necesario el advenimiento de una época de tolerancia, de justicia en que
todos los partidos político'!! tuvieran participaci n en la C'osa pública para
qne la nece-.idad de la reforma electoral por todos reconC1rida, fuese también
por todo~ reclamada." (Ley de Registro Cit·ico, en El Siglo, ::\lonte\ideo, 26
&lt;le junio de 1874, n9 2861.)

Programa del Club Rndical, \Iont evideo, 30 de mayo de 1872,
en La /'a:, l\fonte\ideo, 2 de junio de 1872, n9 3.19; .llani/ie.sto del Club
l\',,cional, f\.lontevideo, 7 de julio de 1872, en Biblioteca l\'acional, Colección
Afeitan La/inur, t. 108.
1 Cfr.:

2

l bid.

-

130 -

�ley electoral de acuerdo con e1 espíritu de la legislación moderna". 1
No obstante el reclamo de las minorías, que por primera vez
planteaban sus exigencias ante nuestra legislación eleetoral 2 , el
derecho a su representación proporcional en el Parlamento fue
desatendido.
A fin de encauzar las garantías inmediatas que autoricen la
libre emisión del sufragio, los partidos liberales hacen hincapié
en el reordena1nien to del Registro Cívico, cuya defectuosa estruc·
tura amparaba manifiestas irregularidades en la práctica electoral.
Según El Siglo la reforma del Registro Cívico estaba encaminada
a uimpedir el fraude, conservar la pureza del sufragio, dar ga·
rantías á todo ciudadano en el ejercicio de su derecho electoral,
corregir los vicios y defectos que encierra la actual legislación
y obstar así á que se r eproduzcan los vergonzoios atentados de
otras épocas ... " 3
La De"iocracia, encarando el problema en forma concreta,
apoya el proyecto de Alfredo de llerrera CU) as oportunas innovaciones prometen saludables resultados en cuanto al logro legítimo
de las eleccione~. 1
Aún latente la amarga experiencia que para el partido nacio.
nalista evocaban los comicios de noviembre del 72, las fracciones
nacionalista y blanca llevan al Parlamento las ª'piraciones de los
electores y de los partidos que reclaman garantías para la emisión
del sufragio. Subrayando las viciosas prácticas que aquej aban
a nuestro sistema electoral Agustín de Vedia, al elevar su pro·
} ecto reformista a la Cámara, insistía en las ideas que desde
La Dcrnocracia venía pregonando a partir &lt;le 1872. "La falta de
un censo general de la población de la República, indispensable
Cfr.: Las instituciones, en La Democracia, !\fontevi&lt;leo, l 9 de j unio
de 1872, n9 1.
Así puntualiza el naci onali,.mo ci11&lt;1 re clamo~ tn cua nto a los derechos
de Jns minorÍaCJ: "Si la democracia es el gobierno de sí mismo, es indispen·
eahle reconocer á las minoría c; lns dPrcchos que c;c le nie~an y abrirle~ el
rc;ccnario de la vida política." (El presente y el porvenir, en La Democracia,
,\Jonl&lt;·video, } Q de setiembre de 1872, n9 75.)
1

Cfr.: ]UAN E. PI\:EL D tVO TO, llistoria de
Urusuay, etc., cit., t. 11, p. 207.
2

de

8 Escurhemo.~
187·i, n 9 2968.

[03

partidos politico1 en el

al Senado, en El Siglo, ~t ontevid eo, 4 de noviembre

' Cfr.: La le)' de eleccion~s. en El Siglo, f\lontevideo, 19 de abril

do 187•t

-

131 -

�para dar base al sistema de la representación proporcional; re.
forma fundamental á que debemos tender, si queremos incorpo·
rarnos al movimiento progresista de las nuevas sociedades; si
queremos que sea una verdad entre nosotros, el Gobierno del
pueblo por el pueblo, y no una conjunción á favor de la cual
es casi siempre una minoría la que rige los destinos del país
sofocando muchas veces las aspiraciones y voluntad de In verda·
dera mayoría ... " Y luego de plantear esta precisa aspiración
agregaba: " . .. me refiero á la ley sobre formación de Registro
Cívico. Esta es la base de toda legislación electoral. Dictando
una buena ley de Registro Cívico habríamos dado un paso avan.
za do en el camino de conseguir el verdadero sufragio; de garantir
la libre emisión del voto popular." 1
En el curso de la discusión parlamentaria en torno al pro·
yecto de Agustín de Vedia, el elemento conservador, al prestarle
su apoyo, formulaba algunas criteriosas observaciones de orden
práctico que nuestra experiencia electoral confinnaba. "l\'1ientras
que éste [el sufragio] no venga á ser el resultado de un respeto
sincero y sin límites á acto tan au~sto -decía J osé Pedro
Ramírez- no creo que sobre esta materia. . . pueda adelantarse
n1ucho sobre lo que ) a tenemos. Repito que no es de las leyes
de quien dependerá el que lleguemos á la situación que desearnos
para el país. Pero pueden tomarse algunas precauciones. . . para
garantir hasta donde sea posible la verdad del sufragio y esas
garantías se toman en ese proyecto presentado. . . Garantiéndose
contra loe; abusos de la inc:;cripción se adelanta 1nuchísimo ... '' 2
Parecidos puntos de vista sustentaba la comisión legislativa
a quit-n se encomendó el estudio de los proyecto~ presentados por
\ 'edia y Bernabé Rivera. Los graves obstáculos opuestos a su
aplicación, fundamentalmente por la pésin1a organización electoral
del interior del país, aconsejaban que no se legislase de inmediato
sobre una reforma completa de la ley de elecciones; la Comisión
se limitará pues a "dar el primer paso'' dictando una ley sobre
formación de Registro Cívico, uque tienda á depurar las fuentes
del sufragio y garantir eficazn1ente su libérrima expresión.'' 3
Pro)ecto de ley presentado a la CánJara por Agustín de iredia, Diario
de Sc~iones de la Cámara de Representantes. etc. cit., t. XX\'!.
l

de José Pedro Rnm.ire: en la Cámara de Repre&lt;ientantcs,
Diario de Sesiones de la CámlZra de Representantes. etc., cit., t. XX\ I. p. 315.
:? nisC'UT,&lt;;0

"L:i pnmern en re ronoc&lt;'r la nece~idad de proreder á una r..:!fonna
radical Je ln ley electoral \'igent&amp; es esta Comisión: necesidad urgeutemeote
:l

-132 -

�El 11 de diciembre de 1874 quedó definitivamente sancionada
en el S6mado la ley de Registr o Cívico. Las innovaciones introducidas por la misma eran de gran trascendencia para la marcha
fu tura de las prácticas electorales. Como lo consigna Pivel Devoto
se consagran en ella cuatro principios fu ndamentales: la obligatoriedad de la inscripción; la cr eación de una con1isión inscriptora
integrada por el Juez de Paz y cuatro ciudadanos; ]a constitución
del jurado de tachas de integración popular -tarea hasta entonces
r e.servada cxclusivan1ente a funcionarios judiciales con lo que se
lintitaban las funciones de los Alcaldes Ordinarios- y, por últiino,
re.clamnda por )ne: notorios adelantos de la filoc:ofía política y por el moví·
miento progrec:ista de las sociedades modcrnac:, a que debemos incorporarnos
i;i qucrcn1oc: que lac; in"-tÍtuciones que nos rigt•n c:ean una verdad práctica;
cree tamhién que ec; necr.sa rio ante todo hacer que clc .. aparezcan las dificul·
tn&lt;les serias que nacen, ora de los vicios graves cl el c:i stc-ma c-entralizador que
tlcsgracin&lt;lan1f'nte impera en casi tocloc: los ramo s ele Ja '\dministración Púhlic:n, orn de la pésima organi1.ación ele )as instituciones loca)e,., con que no
podrían jnm1ís rocxistir o armoni1.arse aquellas TC'Íormas aconsejadas por el
espíritu de la época, vinjendo doloroc:amcnte 1í C"-leril1zarc;e r'1 á escollar en la
p11ictica 1-1i no !'C rcmue\'en primero los inronvenil'nte~ y peligros que obstan
ci !\11 inmediata plantcaci 'n. Otra clificultacl no 1nenos gr::ive con que tenrlría
'1"º l11chnrge al emprcndC'r tan importnntí~imo con10 n1 ido trahajo gería la
fnlt n nl11;ol11ta clr un censo gene ral de la Rcp1íhlira, oprr1c:ió11 que &lt;leLe practicar o previamen te como hac:p necesaria a fin d(• que In ley electoral que
5&lt;' clictr., p11f'da dar al pueblo la rcpresP-ntac:ión proporcional y le~ítima aue
ticnf' derecho á r.xijir y no "-e rc"-Íf'nla .. n c&gt;lla ,¡,, 'ic:ios capitnlr.s que pro ... tituvan r.n su mi .. ma e"-encia, n11e"-tro c;jc¡tr·ma rlc gnliicrnn snh,irtien&lt;lo la simpliiclnrl de lo~ prinr.ipio11 f unclamcntnlt•'I de c:11 or~ani1aci 'n... Pero si á
juicio el~ c11tn comisión y en \Írtud cll• lnc; ra1oncc; e p11cc;tac:. no es Jlegado
el r11on1cn to de prncr.dcr a aquellas raclir.nlcs reforrna-., crt'e c:in Pmbarf!'O que
,J,.hr. clnrsc el primer pnc:o en r.Qe anhelado r.arninn dir.tnncJo una ley sohre
forinaci{1n de Rc&gt;gis1ro Cívi&lt;"o - bac:r. incli .. pcn snhle rlc toiln 1 cµi11laci én Electorol que ti uncla á depurar las fuent es clt•l sufragio y ~urantir eficazmente c:u
Jihérrima t•xprcsión ... " ( ln formt' de. la Comis;ón t't1Car1?nda del estudio ele
los Pro) reto~ ti e le.y .~ obre Re/orn1a El f'rtoral. S11c:('rih1•n: V Garzón. J
I'. Rnn1írr.:, r. 4. T. erenn, J. R,._qur.nrz y Carcín, Junn J. de /l~rrera Diario
de Sr.s;onc'i rle la Cámara de Repre.~en tante~. cte., c:it.. t. XX\'l, p. 145.)
1~·1 Sif(lo rl"calcaha la urgencia de la ll'Ío1 ma: ... no dche &lt;1er sancionndu prcr.ipitaclnmc-nle -d~cía ,.¡ óriz;ono cnn&lt;:t•r\'tHlnr·- pero tnmhién &lt;"9
i11ilispen 11nhln que E'"ta ley qncrle c:ancionacln para que p11rcla entrar á regir
el próximo nño en que cleben efectuar~r las eleccioneq de Represen tantea y
St•norfnrcs." (E/ Siglo, l\1ontcvidco, 26 de junio de 1871, nº 2861.)
Cfr.: rlau~urrt y ronvocnfórirr e-rtranrdinnrin del cuerpo legi5fativo, en
El Siglo, ~1ontcvi&lt;lco, 16 de julio de 1874, nº 2877.
El intr•ré' 'C acrecen taba, como lo clt·~ ta r.a 1an1hién la pren«a, porque.
5nnnionada In nccec: irlad de la reforma ele Ja Constitucic)n, la nueva legislatura
tcn&lt;l.ríu el carácter de Con&lt;1tituyente.

-

133

�el establecimiento de severas sanciones para funcionarios o ciudadanos fraudulentos. 1
Considerando los legisladores, que "sólo con una inscripción
lej ítima. . . resultado de la verdad y no del fraude y el engaño .•.
pueden tener el derecho los que se sientan en las banca.&gt; de la
Asamblea Legislativa, de considerarse los verdaderos mandatarios
del pueblo" 2 trataron con esas medidas de abolir, o por lo menos
dificultar en lo sucesivo los abusos y los fraudes que hasta enton·
ces imperaban como normal expediente. 3
La magna tarea reconstructiva era sin duda superior a las
menguadas fuerzas principistas. Todo estaba aún en cuestión~
luego de cuarenta años de vida independiente. El principismo
enfrentaba un pasado inorgánico que, en verdad, hacía temer por
el futuro destino de la democracia. Pasado que ahogaba al presente e inspiraba a un periódico de la época esta amarga reflexión,
trasunto de la triste reaHdad del país: "Entre nosotros, como en
la mayor parte de las Repúblicas Sudamericanas. . . no existe la
verdadera democracia, tal cual la concibe y establece el derecho
moderno. Hay una oligarquía y nada más". 4
El estado en que al presente se hallaba nuestra administración
de justicia estimulaba el escepticismo que sobre la eficiencia de
nuestras instituciones abrigaban los partidos de principios. Ante
su crítica constructiva, resultan anacrónicas la centralización del
poder judicial --que requiere asimismo la Alta Corte de 1usticiael sistema de cárceles imperante, la exclusión del jurado en ma·
teria civil y la caduca legislación penal vigente.
Las aspiraciones hacia una reforma integral de nuestra defi·
Cfr.: J UAN E. PrvEL Dr:voro, Historia de los partidos politico1 eri el
Uruguay, etc., cit., t. II, p. 218·19.
l

Informe de la Comisión encargada del estudio de los proyectos de ley
sobre Reforma Electoral, ~1ontevideo, 26 de mayo de 1871, en Diario de Se·
3iones de la Cámara de R epresen tantes, etc., cit., t. XX\ l, p. 145.
2

Comentaba El Siglo lurgo de la aprobación de la ley por el Se·
nado: "No pretendemos que la ley recientemente sancionada no deje cabida
á la perpetuación de los abusos y fraudes, porque eso c1:1 imposible, dificilí•imo sobre todo tratándose de una ley que es s. lo una parle del sistema
elect~ral · pero sí aseguramos que ha de ser más difícil en adelante cometer
esos abu~o"' y fraude~." (Por fin! , en El Siglo, ~lonte\ ideo, 12 de diciembre
de 1874, n 9 3000.)
3

El 1 oto público y el toto secreto, en El Siglo. ~[ontc:video, 9 de
•costo de 1873, n9 2606.
·1

-

13..t -

�citaria administración de justicia -&lt;londe prevalecía en todo su
vigor la jurisprudencia hispánica- ya habían sido consignadas
en los programas del 72. 1 La prensa liberal insistió reiterada.
mente en la necesidad de reorganizar y actualizar un sistema de
justicia, sometido a los vicios que su origen y su práctica habían
configurado, y a la lentitud con que se cumplían los procedimientos
j udicinles. 2
Atendiendo tales reclamos y compenetrado de la necesidad de
la reforma, el Ejecutivo nombraba a mediados de 1873 una comi·
sión revisora de nuestra administración judicial. 3 El extenso
informe c1nanaclo de la Comisión, complementado por el proyecto
adicional del doctor J osé Pedro Ramírez, constituyó la base del
plnn definitivo que aprobó la Cámara de Representantes y que
preveía: creación de cuatro juzgados de lo ci\il, hacienda e intes·
taJos, dos juzgados de comercio y tres juzgados de crimen para
toda la República; establecimiento de cuatro ficcalías competentes
en lo administrativo, en lo administrativo-contencioso-judicial, en
lo civil y en lo criminal; erección de tres tribunales para atender
en los asuntos civiles y comerciales. de hacienda, intestados y
criminales; además proponía a la Cámara - siguiendo las legis·
luciones más avanzadas- la supresión de los Alcaldes Ordinarios,
"El Club Radical se c.. forzará por con ... cguir que c:e haga in1ned iata·
mcnt~ práctica la organización clel poder judicial por la Con~litución del
E~tado, crcándogc la Alta Corte de J 11slic ia y estublt•ciéndose ju~ces Letrados
en lo'&gt; Departamentos para lo cual t•l paí~. en "llS diversas conH1nidade&lt;J
política ..., cuenta con el nccc• ...ario y competente p1 r.;onul'" (!llani/ieslo del
Club Ratlic"I· \lnntcvideo, 30 de mayo du 13i2, en La Paz, !\1onlev1cleo, 2
de j11nio ele 18i2 nQ 319.1
l!.l purt ido nucionul propugna ni por : "la creación de la Alta Corte do
Ju ticia, c•l mejoramiento de Cúrct&gt;lt·~ y f11 nda&lt;'i&lt;ín ele In Penitenciaria, la
al1olit'Í' n de Ja pl'na ele muerte por dt•lito... político ...•·. ( l'rogra111a del CIMb
l\'flr.Íonnl, ~Jonle\'ideo, 7 de julio d1• 1872, llibliotc&lt;'a 1Vacional, ¡\fonlc' ideo,
c;olccción 11/elián l.afinur, t. 108.)
l

La Democracia, 'fon tevi·
/ns cárceles, en La De1110·
Fl presente y el porr..cntr,
en La fJc 111orracia, ,\lo11lt'\ ideo, 19 &lt;le c:eticrnhre Je 1872. nQ 75; 1~·1 jurado, en
El "'iglo. \Ion Le\ ideo, 25 do n1urzo do 1873, n? 2500; }"[ ju rudo en rnateria
titll, 111 l l Siglo, ~fontr.vidf'o, 29 de· rnarzn de 1873, nQ 2502: Las obras de
lujo r las obras ele ncce~idad, en EL ::nglo, .1\lonlcvi&lt;leo, 2 Je abril de 1873,

2 Cfr.: La 1ldn1inistraci&lt;ín de /nstir:ia, en
d"º• 1V d1• ugo ... to ele 1872. nV 50 : f,,fl rc/01111a ele
era in. ~lont&lt;•vidco. 18 de ago1&lt;to de 1872, nQ i2;

n" 2305 •

Ta con1i ión cc:taha integrada por los doctor&lt;'" Joaquín Rcquena, ~fa·
n111•l H"1 n•ru y Ol ...c, lltlcfonc;o García I ago!', Alejandro ~lagariños Cervantcc;,
l intloro For tcza )' Conrado R ückcr. (ce r.: EoUAf\00 .1\CL:.\'LVO, ,111ales I / islÓ·
ricos, etc., cit., t. III, p. 751.J
•i

-

135 -

�suplantándolos por Juzgados Letrados departamentales, y elevaba
a cuatro el número de los Juzgados en lo civil; sus disposiciones
tendía°' en fin, a abreviar los trámites judiciales y a anular los
fallos basados en leyes inconstitucionales.
El proyecto, que venía a sancionar las aspiraciones de los
legisladores principistas, recibió cálidos elogios con motivo de su
aprobación en Cámara. "Aunque esta Lejislatura no dictase más
ley que la de Administración de Justicia -comentaba El Siglo-habría adquirido títulos a la consideración pública, porque esta
ley, por la importancia de los beneficios que va á producir, es
suficiente por sí sola para señalar un puesto distinguido á la
Asamblea que la dictó . .. " 1
No obstante, la pertinaz obstrucción de los partidos netos,
esta vez por medio de su representación en el Senado, detuvo
el impulso principista. La mayoría candombera se pronuncia
a fines del 73, en la Cámara alta, por el aplazamiento del
proyecto, 2 y los mismos elementos, al promediar el año 74, imponen su negativa en la Asamblea General, posponiendo la reforma
de la administración judicial. De ese modo se malograba una
fecunda conquista institucional en función de intereses electorales.
El quid del rechazo, en efecto, radicaba en la supresión de loi
Alcaldes Ordinarios, cu ya influencia era manifiesta, y no pocas
veces decisiva, en el resultado de las elecciones departamentales. 3
Ley sobre administración. de justicia, en El Siglo, l\lontevideo, 28
de noviembre de 1873, nQ 2696.
1

Cfr.: Aplazamiento del pro·yecto sobre Administración. de Justicia, en
El Siglo, ~[ontevideo, 3 de diciembre de 1873, nQ 2700; El Pro} ecto de Reforma judicial, en EL Siglo, ~fontevideo, 12 de abril de 1874, nQ 2802; Trabajo de zapa, en El Siglo, ~[ontevideo, 27 de junio de 1874, n 9 2862.
l\fec;es más tarde la Comisión Permanente del Senado proponía eD
razón de apremios económicos, respecto a los Jueces Letrados y ante la imp o~ibiltdad de su nombramiento, la simple extensién de la jurisdicción do
los Alcaldes Ordinarios, cuya supresion entiende impostergabl~. "Como
jueces legos loti Alcaldes Ordinarios no conocen la ley ... son irrec:¡ponsablcc;.
ll e ahí pues drc;conocidas y falsificadas las condiciones ec;encialcs de toda
in ..titución judicial." (La Jurisdicción de Jos Alcaldes Ordinarios, en El
Siglo, Montevideo, 29 de marzo de 1874, nQ 2792.)
Cfr. además: Reforma de la Administración. Ju dicial, en El Siglo,
1'lontcvideo, 28 de marzo de 1874, nO 2791.
2

Cfr.: Reforma de la Administración Je Justicio, en El Siglo, ~Ion­
te\'ideo, 19 de julio de 1874, n9 2864.
El Uruguay condenaba con estas palabras la maniobra política perpe·
trada frente la reforma judicial: "Contra nuestra legítima esperania y contra
)oc:¡ votos unánimes puede decirse de todos los hombres honrados que anhelan
el bienestar del paí~. la re forma de la Administración de Justicia... ha
3

-136-

�En materia penal nuestra legislación seguía apegada al espÍ·
ritu colonial hispánico en cuanto a principios, formas y procedí.
mientos. La inadecuación del rígido derecho español era, a esa
altura, manifiestamente denunciada por el modo de vida y 101
hábitos sociales del país. 1 Así lo entendía la joven generación
que condenaba la dependencia retrógrada que en ese aspecto aún
ee observaba. La iniciativa de la reforma procede del Poder Eje·
cutivo, 2 que designa una comisión codificadora integrada por la
élite del foro principista: Gonzalo Ramírez, ] osé Maria Muñoz,
Juan Carlos Blanco, Francisco Lavandeira y Alfredo Vasquez
Acevedo. Un año más tarde, en agosto de 1874, la comisión daba
cuenta de sus trabajos con el proyecto definitivo del doctor Gon·
zalo Ramírez. En él se consagraba la institución del jurado y se
suprimía la pena de muerte, propendiendo asimismo a "demo·
cratizar la ciencia del derecho hasta el extremo de justificar el
principio -hasta el presente tan infundado- de que nadie !e
r epule ignorante de la ley, despojando a ésta del tecnicismo fo·
rense que la mantiene eternamente vedada al conocimiento del
pueblo." 3
La pertinencia del jurado en lo civil, venía a sancionar aquella
vieja aspiración principista que cifraba en el jury la más demo·
eido rechazada por la Asamblea Nacional. Sensible es qu~ el espíritu de
círculo y puras consideraciones de partido hayan sido suf 1c1enles á impedir
que so sanl:ionara una reforma urgentísimamente reclamada por todas las
claEes sociales." (Cfr.; Entre dos aguas, en El Siglo, ~Iontevideo, 4 de julio

de 18i4,

nO

2867.)

En oportunidad dt! dictar el decreto puntualiiaba el Poder Ejecutivo:
"I n legislaciC:n criminal actualn1ente vigente, dictada para épocas de com
plcto oscurantismo y para puebloc; subyugados por el más ab!-oluto dec;potismo
político y religioso, no tiene razón alguna de existencia en la República que
cuenta corno una &lt;le sus más prt&gt;ciosaq conquistas Ja instalación del jurado
r,riminnl y cuya Carta fundamental consagra el culto de las garantías indi·
'id un les hac;ta en los presuntos reos." (Cfr.: EDUARDO AcE\'l'E.DO, Anales His·
lricof, etc., cit., t. 111, p. 755.)
1

"Una de las más alta" necesidades del paÍc; es indudablemente la
rcíorn1a completa de la legislación en materia penal. El Poder Ejecutivo,
r:on1prendiéndolo así, encargó á una comisi&lt;&gt;n reC\petable de abogados la
rcdnccic}n nt- un proyecto de Código para ser sometido oportunamente á
In nnción legi-.Jativa. La comisión ha trabajado patriótica y desinteresada·
m~nte... La reforma de la legislación penal es un grand1 0110 paso dado en
~l s~ntido dc·l perfeccionamiento ... " (El Siglo, 1\tontevideo, 4 de setiembre
Je 1871. nº 2971.)
2

1 EDUARDO AcEYEDO,

AnaleJ HistóricoJ, etc., cit., t. III, p. 755.

-

137 -

�crática expresión de la justicia popular, 1 cuyos beneficios proponía aplicar ahora al esclarecimiento de las causas civiles.
La abolición de la pena de muerte significaba la conquista
efectiva de uno de los postulados primer os de la teoría de los
derechos individuales. Dentro de su planteo era garantía pri·
mordial la inviolabilidad física del hombre cuyo principio, amén
de otras consideraciones. llevaba a rechazar la última pena. 2
El proyecto presentado por los codificadores implicaba un
señalado adelan to y una realización efecti,·a que se anotaba el
principismo en el orden práctico de su h aber. La Democracia,
j uzgando el Proyecto de Código Penal preEentado por Gonzalo
Ramírez, expresaba : "fórn1ulas claras y sencillas . . . un conj un to
breve de preceptos basados en los axiomas de la conciencia y del
sentido común, que sirva de guía al jur ado sin ligar su conciencia
y so criterio natural á la conciencia legal al criterio del legislador,
verdadero en general_ pero que falla en cada caso práctico sometido al examen y apreciación del jurado." 3
1 Cfr.: El ¡urado, en El Siglo, ~l o nrevideo, 25 de marzo de 1873, nO

2·199; El l urado, en El Siglo, 1'1ontevideo, 26 de marzo de 1873, nO 2500; El
¡urado en materia civil, en El Siglo, .1\ fonte.,,ideo, 29 de marzo de 1873,
nQ 2502; El jurado, en El Siglo, ?\lontevideo, 27 de mayo de 1874, nQ 2837.
Por su parte, obse rvaba La Democracia: "Entre las innovaciones que
aconseja la ciencia del derecho, se comprende el establecimiento del juicio
por juxado en materia civil que acaba de ser adoptado por la Con\'ención
de Buenos Aires, y que importa la nu]ación de las prácticas ordinarias del
antiguo régimen que llegan á hacer de los juicios un acto ciego y maq1 inal." &lt;La Administración de justicia, en La Democracia, l\lontevideo.
1° de agosto de 1872, nO 50.)
2 Cfr.: Art. 79 cll"l Proerama del Club Radical, ,\fonte"ideo, 30 de
m'lyo de 1872, en La Paz, 2 de junio de 18i2, nº 349; El derecho de cal·
tigar y la pena de muerte, en El Siglo, :\Iontevideo, '1· de abril de 1873,
nt• 2507; La teoría de las penas, en EL Sit:lo, \fontevidco, 6 de abril de
1873, nO 2508; El ob¡eto de la pena, en El Siglo, \1onte\'ideo, 9 de abril
de 1873, nO 2511; [ n condenado a muerte, en El ::,1i;lo, \Iontevideo, 2:&gt; de
j ulio de 187•1, n9 ~88-t..
3 La /)enrncrnczu, ¡\.[ nnte\·iclr.o. ~eticn1hn· de 18i t.
El Siglo. no obstante la aprobacijn y el apoyo que prestaba a las idea"
ir~piradoras del proyecto, cuest ionuba ernpcro .... odecuaci · n a la realidad
:s11&lt;"ial de nuestro medio: "El proyt•cto prc,entacfo por la Comisión - 1nonifi1•sta EL ::,iglo- nos parece un bello trah,1jo filo .. ófico. pero tal \ez ado·
Jc.-ce del incon\enil'nle de no haber tenido ha&lt;-tar te en cuenta las circunstancias del paí-. para el que ~e ha formulado. "'ltn cn1bargo, e&lt;.la circnns1nncia eq, en nue tro concepto muy Ílnportnnte. dentro de los principioc; ele
Ja jusi icia y del derecho Cll hen gradaciones que deben c;er apropiada-. á la
11ecc5idad de Ja sociedad para la cual "C legisla.'' ~El Proyecto de Códi~o
Pen'1l, en E.'/ Siglo, f\fonlcvideo. 2 de ..eti1.•ml re de 187 l, n9 29'&gt;3: C•r.
además: El proJ ecto de Código Penal, en Ei ig/o, 1.lonte,·idec 13 de se·
tiemLre de 1874, n° 292-l..)

-

138 -

�El alarmante crccir.1 iento de la clase militar. gravo~a carga
en el erario nacional, vol\: ía a plantear durante la presidencia de
Ellauri el proble1na d~ ~u adecuaJa compatibilidad con nuestro
régimen democrático. Guardia \acional y Ejército Permanente
eran las soluciones, a \'Cces antagónicas, con que se encaraba por
entonces el dilern a de la fu erza armada.
El liherali~n10 principic;t1 dcpo:&gt;itaha ilirnitada con fi anza en
la institución de la Guardia \ ncinnal. cuya experiencia democrática y republicana provenía ele una prestigio a tradición, gestada
en las jornada.. clel civilismn francés v nortearnericano. Su efi cicnC"ia r.in1en tnha la 111ás efect iva garantía de la soberanía nacional
y el' los dc1echo indi,·idunle;;;. En su carácter ciudadan o se define
su t•i::encia típicarnente repuhlicnna: " ... creo que la institución
de In Gu~r&lt;lia lacional -a firrnaha José Pedro fiamírcz- es una
de lu" que más íntirnarncntr. r.aractf'rizan el sistema de gobierno
que nos hemos cl nclo: el gobierno del pueblo por el puehlo ''. 1
f~'l Siglo recog ía la yoz clel principisn10 rindiendo culto a la
inst il 11riún popular: " I..a Guardia !\acional es el \•erdadero ejército de un país republicano - r~rribía J ulio IIcrrera y Obes-.
Allí &lt;londe el pu rb lo es soberano, es el misn10 pueblo armado el
que elche encargar ... e &lt;le la conc;crvación del orden públir.o. Podrá
conv&lt;'nir el tener una pequeña fnerza pcrmnnenle que evite el
inconveniente de distraer &lt;le su~ tareas dinrins á los ciudadanos
para ir á pasar P-1 día en un r.ucrpo ele guardia. P ero cuando
¡&gt;eligra la paz pí1blica ó cuando un poder extranjero amague la
inclcpr.ndt&gt;nria ó la honra del paí"', es el pueblo, el pueblo en
mn ·a 1 quien debe acudir ú defenderse. Ay del pueblo que en
c·n os sc&gt;mcj antes confía su guat da y su defensa á un ejército
nit•rcr·nario ! No de otra suerte brotan en las naciones la-. dictaduras ; no de otra suerte se crean lo" poderes irresponsables; no
de' ol ra ~nrr le ílorr.ccn el n1ilitaric:;mo y ~) caudillaje." 2
El 1n ilitaris1110, latente an1enaia del orden df'1nocrático, amagabn erigirse -por obra forzosa ele las guer ras civ iles- como
clase pujante eu ros r eclamos involucraban marcado riesgo para
n111• tra eslabilidacl institucional. como para n uc tro n1cnguado
t•ru r iu. IJas luchas intestinas aparecían co1no causa dctern1inante
1 /Ji~c

urso de José Peclro Rf1r11írez en la Ctímnra de Representantes,
] 7 Ut' junio de 18i3. /Jiario de Sesione..s de la la111ara de R epresentantes,
etc., 'it., r. XIX, p. 328.
2 f.o~

ej1:rcitos permanen:cs, en El Siglo,

l8i3.

-

139 -

~Iontc-. ideo,

9 de enero de

�del auge del ejército de línea, en razón de la viciosa práctica con
que los gobiernos estimulaban el celo de sus defensores, mediante
la copiosa prodigalidad de grados militares. Así se había llegado
a cimentar un incongruente presupuesto que destinaba, en tiempo
de paz, casi la mitad del tesoro para gastos de guerra. "Nuestro
ejército es una baraja compuesta de puros ases" 1 consignaba
El Siglo con agudo gracejo, denunciando la hipertrofia de la
plana mayor militar.
Abocado el Poder Ejecutivo al pago del prespuesto para 1873,
propone al Parlamento la adopción del sistema de enganche y la
emisión de una deuda de cinco millones de pesos para atender
al pago de las erogaciones militares. El clamor principista contra
los proyectos del Ejecutivo fue unánime. En la Asamblea, sendos
proyectos -de Vedia en Representantes y de Muñoz en el Senadotraducían la protesta contra la voracidad castrense, planeando la
necesidad de reducir la oficialidad, aminorar sus rentas y regla·
mentar la dispendiosa concesión de grados y ascensos. Sancionado
el aplazamiento del proyecto de Agustín de Vedia, su autor insistía
sobre el mismo en el período siguiente, advirtiendo los peligros
latentes que aparejaba la institución del ejército de línea. En sus
palabras de esa ocasión se refleja el recelo &lt;le las fracciones doc·
trinarias ante el progreso de la clase militar: "No creo que la
fuerza de infantería de línea preste servicios positivos al país;
más, creo que su sostenimiento afecta y menoscaba seriamente los
verdaderos y permanentes intereses de la República ... No puedo
convenir ... en que bajo un orden de cosas estrictamente consti·
tucional pueda ser necesario el mantenimiento de una fuerza de
línea que garanta el orden público ... Esa fuerza disciplinada se
convierte fácilmente en instrumento de opresión ; careciendo de
disciplina es una amenaza de anarquía y relajación. Y en todo
caso constituye una masa costosísima al país, estéril para la producción . . . La organización de esos elementos militares acusa en
una sociedad un estado propiamente anormal y enfermizo. Y
frecuentemente en nuestras repúblicas, como se ha observado más
de una vez, se ha juzgado exagerado el peligro, como pretexto
para conservar un ejército, cuyo objeto verdadero es apuntalar
una situación política que no hallaba apoyo suficiente en la voluntad nacional. . . A pretexto de mantener el orden hemos \'isto
á la fuerza de línea interviniendo en las funciones electorales de
El proyecto del Dr. Aluño: sobre empleos m ilitares, en El Siglo.
~fontevidco, 8 de julio de 1873, n9 2579.
1

-

140 -

�los pueblos, y viciando en su base el acto cardinal de la vida
democrática. . . Se ha visto á los batallones de línea ejerciendo
presiones sobre gobernantes y asambleas . . . La tropa de línea
-eoncluía el representante nacionalista- es una amenaza per·
manente contra el orden y la libertad pública!" 1
El debatido problema del presupuesto militar despertó una
abierta resistencia hacia el ej ército de línea, manifestada en la
prensa desde La Democraci.a, El Siglo, La Idea y La Tribuna.
Ante la nueva época de reconstrucción pacífica que \a a iniciar
la República, el mantenimiento de un poderoso contingente mi·
litar se considera innecesario, gravoso y. por añadidura. amena.
zante para las instituciones civiles. La Demol'racia y La l clca.
representando la extrema oposición al militarismo exprcc;an la
aversión que nacionalistas y radicales experimentaban hacia el
ejército de línea, por cuya supresión abogaban con calor. "El
ejército de línea permanente, fuera del plantel que requiere el
servicio ordinario del que puede y debe prescindirse también, es
para nosotros y será en todo tiempo, una escuela de corrupción
y de amenaza constante contra la libertad individual y la autonomía del pueblo." 2 El Siglo, oponiéndose en otro t ono, le con·
siderabn un mal necesario, y propugnaba, n o por la supresión,
l Acus1ÍN DE \ 71.DJA, Los ejércitos de línea y el derecho de tomar
y llevar arn1as, ~f onte\ ideo, 1875, B1BLIO J tCA o ARC Hl\ o PABLO .&amp;1.A :'-i co
AcEVEDO, l\lontevid eo, h, 6, 7.

El ejército Je Línea, en La Deniocracia, l\lonlcvirleo, 28 de junio
de 1872, n 9 28.
Fundamen tando Ja rauín de "ll voto de aplazamiento a la r eforma
militar, puntualizaba José Pedro Ramírez en Car ta abierta al diario El
Ferrocarril: "Si veo en el monstruo del esto do mayor que pega hoy eohre
111 ernrio un obstáculo á toda or~anización regular, !'Ca de Hacienda, f ea
del Ejército, no opino que se corte e"-e nudo Gordiano á Jo Alejandro sino
re petando los derechos adquiricJoc;, conc;ultan&lt;lo á Ja justicia y teniendo
eohrc todo prec;ent e que si muchos deben sus gradoc; y sus honores al fa·
\oritismo y ó Ja relajación de los gohicrnoc;, no faltnn quienes los drhen
1í mu y )P.alcs y muy e"clnrc:- ci d o~ servicioc; de ciQ n fITP ••• " (l a reforma militar
)' su. aplazamiento para el periodo ordinario, en El Siglo, ~fontevideo, 13 de
enero de 187·1. nº 2726.)
En la polémica con La Tri buna argumentaba El Siglo: "No hcmoc; de
contribuir no"-otros á fomentar in ~enc; at os antagonismoq cyue no tien en raz-ín
de eer. Doctores buenos hay, y doctorec; malos, militares buenos y miJilnrec; ma)o&lt;1. ;, Es ra1.ó n ésta para que se condene en mac;a á ]a clac:e mi·
litar y &lt;Í la C')ac;e doctoril ?'' (El militarismo y la clase militar, en El Siglo,
] ~ de f 1•brc•ro rlfl 187 l, nº 2758.)
Cfr. n1lcmás: E'/ ltfilitari smo. en Fl Si~lo. 10 &lt;lf· febrero de 187·l.
nº 2i5 i: El niiHtarismo r las rlases militares, en El Siglo, 18 y 19 &lt;1c Íe·
hrcro ele 1874, nci. 2759 y 2760.
2

-

�sino por su reducción al mínimo posible. Combatía con ahinco
al militarismo como espíritu de fuerza y le condenaba en cuanto
régimen conculcador de libertades, a la luz de la experiencia que
denunciaban algunos países sudamericanos y europeos. 1 Coincide
su actitud con la tradición norteamericana que, desde las teorías
de Taylor a las ideas de J efferson, abjuraba de los ejércitos
permanentes, por asociar su influencia a la entronización de la
opresión y la tiranía. 2
Pedro Bustamante, que había enfrentado en la Cámara ciertos
excesos principistas frente al Ejército, caracterizaba empero, en
uno de sus opúsculos políticos, a militarismo y caudillismo como
rémoras institucionales. Su madura reflexión le inducía a trazar
un paralelo entre ambos poderes puntualizando sus respectivos
peligros "No hay que decir que no gustamos más del caudillaje
que del militarismo, lo que decimos es, que, mal por mal, preí~
rimos aquél á éste. Desde luego, contra el caudillaje siempre hay
r ecursos de esas reivindicaciones armadas del derecho que llamainos r evoluciones populares, en tanto que contra el militarismo
no hay otro que el muy precario y casi siempre funesto de los
pronunciamientos o motines de cuartel. Apeado el caudillaje del
poder la vuelta al régimen legal no es imposible ; derribado ó
caído el j efe de los pretorianos, sólo es posible, en el mejor de
los casos. la dictadura civil. ¿Por qué? me preguntáis. P orque el
pretorianismo mucho más toda\·ía que el caudillaje inhabilita al
pueblo para el sel/ government, extingue todo espíritu político y
1
nO

El ilfilitarismo, en El Siglo, i\-Ionte,·ideo, 10 de febrero de 1874,

2754.
:! RAntOND

G.

GETTELL,

Historia de las ideas políticaJ, cit., t . II,

pp. 199 a 201.
R evelaba a«imismo una vez mó s la influencia de los C"'Crito~ de L~­
houloye, expresando Ja re~i ... tt•ncia doctrinaria a lo".&gt; e:tcesos del militnri&lt;omo.
"Estaba muy arraigada en \n1 éricn -esc ribe Laboulaye-- la opinión que
los colonos habían in1porlaclo de Inglaterra, que no hay nada más peligroso
que los ejérci tos permanente~. y que no debía fomentarse en manera alguna
el espíritu militar. El ..eñalar retiros equh alía, se decía, á crear un cuerpo
militar con s us recuerdos, sus tendencias y sus intere«es particulares; era
e.,:,tablccer un privilegio en una tierra libre y fundar una aristocracia. Así
que, de una parte el horror á los ejércitos permanentes, y de otra el odio á
lo~ privilegio&lt;;, dieron lugar a que en algunos estado&lt;;, hombres que estaba n
al f rcnlt! &lt;.!el ntovimiento, como . amucl Adame;, se opusieran tenazmente á
que se concediera retiro á }oc:, oficia}e.... Estt&gt; proceder era una irritante inju~t icia. La ~aran tía de Ja libertad no t"lribn en la auo:encia de l os ejér·
citos permanentes, sino en Ja presencia y en el cc;.pf ritu de los ciudadano~.
de lo C'lHU In gla terra
~uministra buen e jemplo." (E. LABOUL.AYE, Estudios sobre la Constitución de los Estados [nidos. cit., t. 1, p. 108 y 109.)

"º'

-142 -

�aniquila todo el elemento de vida regular. A la inversa del jefe
de pretorianos, que sólo se apoya en las bayonetas y en la cohorte
de empleados que sig uen su fortuna, el ca udill o domina y se
sostiene con sus partidarios y parciales~ con su pueblo, no divide
a los ciudadanos en gr emios ni hace del elemento militar una
casta privilegiada y s istem áticamente hostil á la clase civil, y esa
fracción ele la comunidad política á la que muchas "Veces tiene
que hacer forzosamente concesionPS para conservársela p r opicia,
juega entonces en Ja gesti ón de los negocios públicos, un cierto
rol que obsta á la total exti nci ón del espíritu y de los hábitos
políticos.,. 1
El g rupo conservad or inviste, por encima de l as voces que
dentro y fu era del principismo (/..a Idea, !A Democracia. !.. a Trihuna) f U"tigan el espíritu cn'-trcnsc, Ja opinión más ecuánime en
c uanto a los riesgos potenciales de una pujante fuerza de línea.
A un año del motín militar del 75, El Siulo. entre advertencia y
vaticinio. vislumbra el ori gen y la ubicación del militarismo en
nuestra vida histórica. ''El militarismo es un absurdo, e~ un con·
tra 11 cntido en las r epúblicas hispano-americanas. Infiltrado en
estos pueblos por el sistema colonial. cuando se realizó la emancipación ele la metrópoli drgeneró el militarismo en caudillaje.
Pero á raíz de la independ en cia. nació en la América española
un principio que andando el tiempo había de acabar con el cauoillaje. Ese principio era la demor.racia . .. nos h a tocado asistir
á la agonía del m onst ru o del caudillaje. y á l os priineros albor es
de la Yida \:erdadcra mente demoerática. . . no hay que hacerse
ilu~ iones -a~regaba encarnando los temor es del civilismo- . Una
nnción que en t ietnpos dC" paz o r ~anice y mantrnga un ejército
poderoso, no conse rvará por mucho tiempo su libertad. El ejérc·ito podcro-;o no se con forn1ará con esta r perpetuamente sometido
ni poder ci"i] en quien está delcga&lt;ln la soberanía popular". 2
"La prensa, cuya nli ión es grande y provechosa en todo~
los t icmpos, tiene h oy m ás que nunca un r ol im portante que
d esempeñar en los momentos azarosos y solemnes que los partidos
\ on n atravesar,,. a Tal el epígrafe con que el periodismo doctrina1 Pt:ono B u~TAMANTE, En,ovos, cit, en Gt·rLLF.R\IO ~TEWART YARCAS,
/'edro Ru.~tan1nnte, en R et·ista 1Vacional, año \, n9 56, p. 226.

Fl poder ndlitar en estas repúblicas, en El Siglo, \lontevideo, 28 de
enero de 187•1.. n O 2474.
:.!

:l

1.a J)eniocracia. f\Iontr\ ideo, 1Q de junio de 18i2, n9 l.

�rio soslaya, al socaire de la Paz de Abril, los nuevos horizontes
políticos que se columbran ante el viraje de los partidos tradicionales. Y es asimismo en la misión que se propone cumplir esa
prensa desde La Democracia o El Siglo, La Paz o La Idea, donde
reside el signo más típico de esa mutación política, si no la defi.
nición medular del principismo liberal Más allá de su propaganda
partidaria, el diarismo principista se propone cumplir el elevado
programa de educación cívica que el país reclama con insistencia.
Es necesario erradicar los hábitos impuros que empañan nuestra
democracia y volver efectiva la verdad de las instituciones que
luego de cuarenta años la República insiste en negarse.
"No vacilamos en afirmar -sostiene El Siglo-- que si la
prensa no tiene la facultad de hacer las leyes, de ejecutarlas ni
administrar justicia, hace algo que á la larga es más importante
que todo eso: contribuye poderosamente á formar y dirigir la
opinión pública: esa opinión que espresada por medio del sufragio
es el origen de todos los poderes ... " 1
La prensa principista, erigida en máxima cátedra de civismo,
cumplió una fecunda docencia política, cuya inspiración evoca
el derrotero del periodismo liberal francés. El aluvión doctri·
nario promovido por esa prensa entre la Paz de Abril y el Motín
de Enero no fue sin duda "geometría en el vacío", pese al escepticismo crepuscular de Julio Herrera y Obes. Su propaganda, si
bien procedía de una reducida minoría ilustrada, tradujo cardi·
nales reclamos del país a través de un diario mensaje de fe
democrática, dirigido a un pueblo al que se quería encauzar definitivamente en la hasta entonces intransitable senda del civilismo.
"La prensa debe hablar á la inteligencia del pueblo para ilumi·
narla y mostrarle la verdad -pregonaba El Siglo. La misión de
la prensa es convencer. Su propaganda no puede ser más que
un instrumento para inculcar doctrinas en todas las conciencias
y conseguir en el terreno positivo de los hechos, el tri unío do
los principios y de las ideas que constituyen su programa, su
aspiración y su bandera." 2
La prensa liberal dinamiza pues, los rígidos compromisos
estáticos de los programas de principios. Su doble propósito es
educar a los partidos para evitar la repetición de las penosas
1

n9

La prenJa política, en El Siglo, !\tontevidco, 29 de noviembre de 1873,

2697.
::?

1873,

Ln mejor derrota, en El Siglo, l\Iont cvideo, 19 de setiembre de

nº 2637.

-144-

�escenas del pasado, y a los ciudadanos para afincar los hábitos
democráticos que destierren el fantasma de la guerra civil. Fiel
expresión de las corrientes políticas de su tiempo, nuestro periodismo doctrinario prestó celosa atención a las corrientes de opinión y a los sucesos políticos europeos y americanos, siguiendo
de cerca, y con preferencia, las luchas del liberalismo en el viejo
•
continente.
Su influencia en el decurso histórico nacional ha gravitado
a la vez sobre la ciudadanía, en cuanto prédica sostenida de ideales constructivos y negación de la anarquía, y sobre el propio
gobierno al enfrentarle con un sistema de frenos y balanzas, denunciando las arbitrariedades, los fraudes electorales y todos los
atentados del poder. Desde este punto de vista la prensa independiente ha sido el monitor más efectivo de la gestión guberna·
mental. Mal puede concluirse que los periódicos principistas,
desde una oposición sistemática, provocar on la caída del régimen
civil en las jornadas de enero del 75. Por encima de sus arrebatos
y excesos circunstanciales, la prensa libre no fue intransigentemente hostil a Ellauri, como lo había sido frente a Batlle, y su
portavoz oficial -El Siglo- fue la mayoría de las veces, el má.!
decidido defensor del gobierno legal del doctor Ellauri frente a la
pertinaz obstrucción de los partidos netos.
La prensa principista, como se ha señalado, jalona inequívocamente una etapa de definitiva superación en los anales de
nuestro periodismo político; emprendió la suprema tarea de re·
construir nuestra convivencia cívica, rudamente quebrantada por
la acción corrosiva de las luchas partidarias, cubriendo un importante tramo en el derrotero de nuestra emancipación mental. No
ya implícita, sino expresamente, se plantea la prensa de entonces
en la tesitura americanista de Alberdi, Sarmiento, Lastarria y
Bilbao, la urgencia de consignas constructivas que encaucen nues·
tro unívoco destino nacional. De ese modo hereda la esclarecida
tradición del periodismo ideológico en cuya línea militaran El l niciador. El Comercio del Plata, El Orden, El Nacional y La América.
El Sigl.o, "diario político liberal" por autodetinición, ha gra·
vitado señaladamente en el decurso de siete décadas de la vida
nacional (1863-1920). Entre los publicistas de su temprana promoción, iniciados en el periodismo bajo la advocación de Juan
Carlos Gómez, figura el doctor José Pedro Ramírez que, desde el
editorial político o la dirección alternativamente, habría de imprimir al diario, durante los dos primeros lustros de su existencia, el
sello de su vigorosa personalidad. Integrante de la primera redac-

-

145 -

�ción, colaborador personal de Flores en la Cruzada de Abril, retorna a Montevideo luego de las jornadas victoriosas del 20 de febrero
para suceder en la dirección al doctor Carlos de Castro. AJ frente
de El Siglo y ya en franca divergencia con el caudillo triunfante,
forjará el temple de sus convicciones y su austera moral política,
puestas a prueba más tarde durante la oposición intransigente al
gobierno de Ballle. Doctorado en abogacía en 1857, egresaba de
las aulas bajo la inspiración filosófica de Don Plácido EJlauri
y el magisterio jurídico de Tristán Narvaja y Gregorio Pérez
Gomar. Espiritualista, suscribe junto a la juventud del 72 la
Profesión de Fe que consuma su ruptura con el catolicismo. En
política, sin renunciar a la tradición colorada, propugna -dentro
del partido conservador- el culto de los principios liberales.
Figura descollante de nuestro civilismo. ha sido el más hábil conciliador del ideal doctrinario con los apremios de la realidad polítjca. 1
Con Julio Herrera y Obes se identifica el tono cáustico e
incisivo de El Siglo durante el ciclo principista. Colorado por
tradición y conservador por convicción, elocuente orador y brillante parlamentario, universitario de nota, siguió en el campo
especulativo las consignas del racionalismo. invariablemente fiel
a la escuela espiritualista de su mae ~ Lro Plácido Ellauri. 2 "ivlatizó sus estudios de humanidades y jurisprudencia con audaces
aventuras políticas iniciadas en los disturbios de 1857 que hicieron
crisis en 1863. Echó su cuarto a espadas en la ;:&gt;rensa revolucionaria y en la campaña florista, y triunfante ésta, marchó a la
guerra del Paraguay con el cargo de Secretario del general oriental. La organización institucional de 1868 lo halló en la redacción
de El Siglo en cuyas páginas modeló su personalidad periodística.
"Los artículos de José P edro -diría muchos años después Julio
Herrera y Obes- escritos en párrafos oratorios y torrentosos eran como
aquellas e~padas de dos manos de los guet'eros medievales, que destrozaban
y ap)a5taban cuanto caía bajo el golpe de su tajo ... como periodista .•.
sufría los jnconvenientes de Ja excelencia del arma que es~rimía. Las es·
padas de dos manos por efecto de su peso, ofrecían el peligro de que si
el guerrero erraba el golpe se desarzonaba y quedaba expuesto a recibir
en la cabeza el golpe de maza del enemigo. Pero pocas veces José Pedro
erraba el golpe; y lu ego, ~ra de tal violencia el tajo que con el viento de
la espada solía derribar al contendiente sin herirlo ... " ( J ULIO HERJU:RA Y
OeEs, El "Cenáculon de El Siglo, cit., en Revista Nacional, año V, nQ 53,
p. 270.)
1

"El Janet urusn1ayoº llamaba a Julio Herrera y Obe-. el publicista
Angel Floro Costa, aludiendo a su espiritualismo ortodoxo. ANGEL FLORO
CO!&gt;TA, La metafísica r la ciencia, ~fontevideo, 1879.
:.?

-

146

�La brava campaña lo llevó al destierro y 1a marea revolucionaria
lo trajo nuevamente a los lares. El presidente Gomensoro, después de la paz de abril de 1872, lo llamó al Ministerio de Gobierno
y Relaciones Exteriores, cartera que re~ignó meses después para
ingresar a la Cámara de Diputados. Del Parlamento salió para
el destierro en la triste jornada de la Barca Puig." 1
Las convulsiones filosóficas y políticos que conmovieron las
últimas décadas del pasado siglo no log raron apearle de Jos rígidoa
dogmas de su primera juventud. Individualista por definición,
celoso opositor del Estado, representa al granado civilismo bajo
cuya consigna vuelve al gobierno, decantado en 1890, el principismo de 1873.
Cuando a fines del 72 José Pedro Ramírez abandona la r edacción política de El Siglo le sustituye Pablo De María, flama nte
universitario de intachable rectitud cívica. Don J osé María l\1uñoz,
el austero patriarca del principismo fue -al decir del doctor Petit
l\1uiioz- su "maestro de ideales como de h onradez cívica". Julio
llcrrera y Obes evocando la personalidad de Pahlo De l\1aría
anotaba: "Colorado exaltado entonre~, trajo a la redacción del
cliorio sus entusiasmos, sus energías, sus efervescencias juveniles
que hacían explosión en sus brilJantes artículos de propaganda y
de polémica, escritos con pluma acerada que tenía botes de lanza
y tajos de espada''. 2
Entre las jóvenes inteligencias que se reunían en el "Cenáculo"
de El Siglo, Carlos Maria Ramírez cobró rápi&lt;lo ascendiente
merced a ~u precoz talento. Carrera n1cteórica, egresa a los 19
niio~ de la l Jniversidacl ya redactor del perió&lt;lico e inn1inente
cntcdr títico de DGrecho Constitucional. Censor implacable ele la
ge tión del gene1nl IJatlle, 1r.vi\ e ante el jurado popular la elocuencia de llugo y la Yehe1nencia de Lnrnart ine. u creclo político
inflcxihlc no admite las transacciones que p1actica su herman o
Jo é I'cd ro y abjura de la divisa colorada para fundir en el n1ác;
p1 í tino rnctal su n1onecla cloclrinaria. Abandona El .5iglo }' el
partido conservador para iniririr una nueva prédica de inrnaculaclo
principi,.n10 desde La Banda Ra,/lcal. órgano efín1cro del radicalis1110 intr:tnsigcnte. Fiscal de Gobierno y ll acicncla ele Go111cnso ro.
1

1 H\ÚI. ~lo:--;11no

nota 1, n Ju1.10 IT ERnERA Y 0:.n:~ .
L'l .Arte de Gobernar, en Rei isla 1Yarional, n9 5. pp. 297 y 298.

J1

R u«TA:\tA:.\rr..

Jh 11111:11.\ 'i OnE&gt;•. El ''(;cnáculu'" de E'l Siglo, cit., en Rev:".sta
1
. l uno
- \ , nQ 5'.,,
' ,ac1011a,
p . ....,t- -r .
'
2

1 ro

-

I ·-(

-

�se aleja del país en 1873 en la hora del ocaso radical- desig·
nado ministro ante la Corte del Brasil. 1
Fiel a las sugestiones de La guerra civil y los partidos,
José Pedro Varela, asimismo emigra del partido colorado para
seguir las aguas de Carlos María Ramírez. Dentro del grupo
radical y constreñido por un idealismo incompatible con el juego
de la política práctica, ve consumarse, luego de la derrota de
Muñoz, la declinación de su partido y la agonía de su periódico
La Paz "muerto impotente -según su propia confesión- en el
abandono de la indiferencia pública". Eclipsado en la prensa
y la política se dará por entero a los problemas educacionales
que le acuciaban desde su decisivo viaje de 1868, para consagrar
-a la sombra de Latorre sus planes de reforma escolar.
Nacido al amparo de la coexistencia de Abril, el diario
La Democracia representa la tendencia nacionalista dentro de la9
fracciones antitradicionales. Su estilo conciso, su tono polémico
y su tajante intención, se asocian con la pluma de Agustín de
Vedia -director y redactor político- que lleva al Parlamento
la más depurada expresión teórica del credo liberal. Periodista
en ambas orillas del Plata, había levantado la bandera de los
principios en Buenos Aires, luego de la Cruzada, en las páginas
del diario La América, secundando luego la invasión de Timoteo
Aparicio desde la hoja La Revolu.ción. Alfredo Vázquez Acevedo,
Francisco Lavandeira, Román García y Domingo Aramburú,
complementaban por entonces la plana mayor de redacción de
La Democracia.
Los periódicos doctrinarios. baluarte del principismo del seten·
ta, por encima de matices y circun"tanciales diferencias, definen,
pues, una tónica ideológica dirigida a la renovación mental y social
de la Repúb1ica. Generosa y altamente íecunda ha sido. en este
"Lo'3 artículos de Carlos l\1aría, formados de párrafos lapidario!'!,
eran como las espadas modernas de combate, ligeras, flexibles, elegantes y
mortíf cra~. porque sus golpes son siempre de punta y van dirigidos al co·
razón. . . después que el exaltado colorado de 1869 se hizo radical y constitucionalista en el 70, su "juego'' tuvo otro defecto mayor. Del punto de
vi sta académico sus golpes eran irreprochables; pero como combatía fuera
de distancia, la punta de su espada no alcanzaba a herir en el pecho a sus
adversarios. Diríase que al sacarse la divisa de partido había perdido con
la nocion de las distancias y los colores políticos, la certidumbre de los
enemigos a quien debía combatir, y así se le veía un día aliado a los
mi!mos hombres ciue el día antes furio!amente atacaba .. !' ( JULIO HE·
RRERA y OnES, EL 'Cenaculo" de El Siglo, cit. en Revista iVacional, año V,
o 9 53, p. 270.)
1

•

-148-

�•

sentido, la experiencia periodística cumplida entre la Paz de Abril
y el ~1otín de Enero, al amparo de la coexistencia de los partidos
po]íticos. 1

El problema de la educación nacional aparece a los ojos del
principismo con la trascendencia de postulado primario del cuadro
institucional en que inscribe su programa.
La ímproba obra de la prensa, la prédica de los sanos principios, la legislación más avanzada, la legítima verdad de las
institut iones, serán palabra vana mientras no se eduque al pueblo,
y mientras la ciudadanía no tenga cabal conciencia de los derechos
y obligaciones que rigen la convivencia cívica. En e~te sentido
la ge~tión del principismo vuelve a poner el acento sobre nuestra
r.nndcnte realidad social y define en el orden práctico su más
rcle\•ante consigna.
La instrucción pública era uno, si no el primero, de los ruhros deficitarios de la incipiente sociedad oriental que aún oscilaba entre los hábitos del coloniaje y las prácticas republicanas.
Sometida al incesante aj etreo de la guerra civil y acuciada por
las diarias necesidades de un penoso subsistir, los problemas de
1 So bre el periodismo principista véase: Ar.usTÍN DE \ ' F.lHA, La reacción

civica ele 1880, en Revista Nacional, nº 14, p. 161; SANTIAGO l\IACIEL, Ora·
toria l'arlanienraria, Cadencias y Decadencias, en Revista Nacional, nº 38,
p. 295; Gt JLLt:Rl\10 STEWART ' ' ARCAS, Francisco Lal'andeira, en Revista Na·
r.io11al, ni? 13, p. 8 l; Jt.;LtO HERRERA Y Oors , El "Cenáculo" de El Siglo, ctt., en
/it!t i~ta 1Vacional, nº 53, p. 295; J UAN CAIU.oc; GÓJ\1EZ llA F.DO, l osé Pedro
Ran1írez, en Revista f'rºacional, n º 6, p. 258 ; RA ÚL l\t o"'TERO Bt'STA?&gt;tANTE,
La Tradir.ión Oriental, en Revista \neion al; At.ar.nTo PALO~lf.Qt; F, Escritos
tic Car/o, 1\farfa Ramírez, e n Revista del lnHituto Histórico r Geográfico,
lomo 111, nQ 2: [,\cusTÍN DE \ 't:DIA v J osi: P•1&gt;no RAMÍRF.ZI. I.a deportación
a l.a l/&lt;1bana en la Barca Puig, Historia ele un atentado célebre; J E t ALDO
o~A. } o.~é Pedro l'arela, en Revista Nacional, nº 86, p. 286: ANCEL FLORO
Cos l'A, 1~·cos del Partido Colorado, en Biblioteca f\1acional, l\Iontevideo,
Colección ¡\/elirin La/inur, t . 22; [ WA HINCTON Br.n 1( DEZ1. Los Oradores
de la Cámnra. R etrato~. Bocetos r Caricaturas de alguno~ dipu tados de 1873.
/'or un a/uionado, l\.1ontevideo, 1876, en Biblioteca Nacional, l\1ontevideo,
Colección 1lfelián La/inur, t. 11; JACK, Siluetas, en Sonetos, l\lontevideo,
189.1, en Biblioteca Nacional, l\Iontevideo, Colección. !t-1clián. La/inu r, t 66;
HA t'Jt,
lo NTf:RO Bus TAMANTE, Ensayos, Carlos Ataría Ramfrez, l\fontevideo,
1922: B'IZANTll'fUs, Bosqu.ejos políticos, l\lontevideo, 1886, Josl l\[ARÍA ]• ER·
N ÁNDI z SALDAÑA, Diccionario Uruguayo de Biogra/ias, l\1ontc\·ideo, 1919;
Et rc1.N 10 J&gt;r.. TIT l\.IuÑoz, Trazos para una silueta espiritual de Don Pablo
Dr. 11oría, en Revista Nacional, l\1ontevideo, t. L \ ' J, n'&gt; 168, p. 367; HAROLD,
/'criúdicos y pcriod1sta 5, en Anales del Ateneo, t. I\', p. 81, ~lontcvideo, 1883.

-

149 -

�eu educación aguardaban, tras forzosas posposiciones, la urgente
iOlución que su gravedad venía reclamando. 1
De hecho, las instituciones implícitas en la Constitución no
existían sino en la letra del Código. El analfabetismo y su secuela
de indiferencia y despreocupación inhabilitaban a buena parte de
la población para el ejercicio efectivo de la ciudadanía. En 1873,
Agustín de Vedia, el paladín del principismo nacionalista, con·
signaba esa amarga realidad. "Es una verdad dolorosa. . . que
la verdadera democracia no existe entre nosotros. La democracia
es el gobierno de todos; y nuestros gobiernos son siempre y
tienen que ser --dada nuestra condición social- la espresión de
la más afortunada, de la más audaz, de la más fuerte de las minorías, con relación á la masa común de los habitantes. La gran
mayoría del país arrastra -con corta indiferencia- la vida
miserable del coloniage; pesan sobre ella las cargas abrumadoras
y no disfruta de ninguno de los beneficios de la civilización ...
esa gran masa de preocupaciones y de tinieblas se levanta como
nn obstáculo invencible contra tod~ idea de reforma y de progreso". Y se preguntaba Vedia: "¿Pretenderemos afirmar la
República sin modificar su fundamento \ivo?. . . Eso sería pre·
tender edificar sobre lodo o sobre arena. La República no se
constituye sin ciudadanos. Estos no se forman sin educación, sin
aptitudes, sin inteligencia. ¿De qué sirven las declaraciones pomposas de derecho que consignan nuestras leyes, si no hay en los
ciudadanos aptitud para conocer y ejercitar su derecho?. . . No
tener conciencia del derecho y carecer de él, son dos cosas idénticas. La ignorancia que es el envilecimiento del espíritu no es
sino el pedestal de la tiranía. La democracia es el gobierno del
pueblo por el pueblo. Pero ¿qué ha de salir del seno de un
pueblo que carece de las aptitudes y de la idoneidad para el
gobierno propio? ... " Y hurgando el fondo del problema eleYaba
su proposición central: '"La cuestión de la educación del pueblo
es la gran cuestión de la democracia - la escuela es el fundamento
de la República . . . esa cuestión se ha dicho, refunde en ~í todas
las de1n~s cuestiones: no hay in~tilución. no hay reforn1a que no
necesite hallarla resuelta. . . En tanto que la política nacional no
se proponga el fin determinado de con1batir la ignorancia, podrán
e;, f'Ú n con~ii!na Ace,·edo, las ec::tadisticag re\'elnn la penoc::a po ~ tra­
citín de nul'st ra en~~ñanza. En 1872 la in!&gt;truccicin primaria de la República
l

romprendía 11 n total de 245 e-.cueJas para una población de 16.786
nltnnnos l'n todo tl país. (EDt..ARDO ACE\'EDO, 1Yotas ) .4p'.lntes, etc., cit.,
t. III, p. 71i7.)

-

150-

�aplacarse las dificultades opuestas á la organización definitiva de
la sociedad; podrán alcanzarse soluciones lran_itorias ó aparentes,
pero ahí es.tará como amrnaza terrible con tra la paz y contra la
propiedad, el triple problema ele la n1iseria, de la libertad y del
progrr~o". 1 Cotno sostenía Vedia, todo el edificio de nuestra
organización republicana reí'lan1aba en su base los sólidos cimientos de In educación. inexcusablr YÍa ele cn1ancipación.
El problema edu cati\ o trnía h ondas raíces en A1nérica latina.
En In hora crucial de las instituciones liberales. se preguntaba
Esteban Ech 'vcrría: ''Los que di cen que han lrabaja&lt;lo y trabajan
por In patria. los que se afli jen y desesperan, no viendo término
u sus rnalcs, ¿córuo es que no hayan pensado en echar n1ano del
único rccur~o que podía re1ncdiarlos. la educación de la niñez
ncan1inacln n la democracia?., 2 Bilbao. mae!!lro de nuestro principi mo liberal, haciéndose eco del palpitante problema educativo
an1ericnnu insistía, en su devoción práctica por la libertad, señalando el único camino posible: "~o sepa reino de nosotros ni
pueblo más de lo separado que se encuentra. Eduquémoslo en la
teoría de la individualidad, del derecho ele igualdad y de honor." 3
J&gt;ara la juventud del 73, al día con Sarn1iento y con Bilbao,
con Echcvcrria y con Lastarria, la educación popular se erige en
consigna cardinal del diario combate en la prensa, en la tribu na
y en la Cámara. Fueron sus apóstoles en la acción Agustín de
Vedia y Jo"'é Pedro Varcla. y s i a uno corresponde la concepción
del programa al otro pertenece su definitiva consagración . Agustín
de Vcdia clC'sde su mocedad hab ía co1nprcndido la gra\'itación del
problema. )·a en lü61. en El Ir:~~. el jo\•en periodista planteaba
con rigor axio111ático sus reflexiones sobre nuestro futuro. "Tene1nos la convicción íntin1a de que la rnayor parle de las desgracias
inclivicluales y sociales desaparccct án cuando In ilustración c:e haya
difundido lo bastante en las 1nasas, parn apartarlas del camino de
lo errores: que en la difusión de las lel ras c~lá la gran palanca
del progreso y de la ci\'ilización ..." 4
Disc11rso de Agustín de Veclia en la Cámara de Repre~enta11tes, en
JJia1io de Sesiones ele la Cá1nara de Representantes, cte., cit., t. X\ 111,
1

p. 367.

illanual de Eriseñanza, etc., en L1; 0POLDO
Dos t•tapas dt•l pensaniiento hispano-americano, cte., cit., p. 101.
2 E sTr:uAN Ecu1::vFRRÍA,

a FnANCisco BILBAO,

ZLA,

Sociabtlidad chilena, en I bici., p. 105.

1 .Act e-. rÍN or \ rotA, ,y ucstras ideas, en /;,'[ Jris, :\Ion te\ i&lt;lco, 15 de
abril Je lf61, n9 l.

-

151 -

�Vedia, estrechamente vinculado a Buenos Aires, traía a
nuestro medio asimismo la voz del principismo porteño, por entonces empeñado en análogos problemas educacionales. "Lo urgente,
lo vital, porque tenemos que educar a los ignorantes bajo pena
de la vida -clamaba Mitre en el Senado-- es robustecer la acción
que ha de obrar sobre la ignorancia que nos invade, velando de
día y de noche sin perder un momento ..." l
El principismo asoma por entonces en la plenitud de su vigor
constructivo, señalando las urgentes tareas a emprender. A la
fundación de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular
se suman los reclamos de los programas doctrinarios. 2 "El
Club Nacional ha comprendido --dice La Democracia- que la
educación pública es una cuestión de vida ó muerte para la repú·
blica que debe acordar el derecho de sufragio á todos los ciudadanos. La existencia de una clase numerosa de no votantes ...
es incompatible con la teoría del republicanismo y es un elemento
peligroso para las instituciones republicanas. . . Combatir la ignorancia es pues el medio más eficaz de resolver los grandes problemas que amenazan nuestra existencia social y política ..." 8
Idénticas preocupaciones denuncia La Paz donde alientan las
voces de Carlos María Ramírez y Emilio Romero, y la prédica
educacionista de José Pedro Varela, bregando por la instrucción
escolar y cívica : "para nosotros la capacidad política es necesaria
para el ejercicio de los derechos políticos y como es casi imposible constatar aquélla, debe ser condición indispensable para
poder usar de esos derechos el saber leer y escribir, es decir el
tener la posibilidad de conocerlos. . . Cuando menos esa base
rudimentaria de la educación es necesaria para entrar al mundo
de la civilización único en que se agitan los pueblos democrá.
,, 4
t1cos ...
1

JosÉ Luis

RoritERO, Las ideas políticas en Argentina, cit._ p. 163.

ftlnni/iesto del Club Nacional, l\fontevideo, 7 de julio de 187~ en
Biblioteca JVacional, l\Iontevideo, Coleccién !lfelián. La/inur, t. 108.
2

La educación popular, en La Democracia, l\lonte\'Jdeo. 20 de julio
4-0.
de 1872,
·1 Los principios políticos, en La Paz, Montevideo, 27 de diciembre de
1872, nº 517.
Cfr. además: Los gobiernos r la educación, en La Paz, l\1ontevideo,
28 de diciembre de 1872, nº 518; La institucion municipal, en La De~­
cracia ~Iontevideo, 6 de agosto de 1872, n O 54; El presente y el porvenir,
en La' Democracia, l\lonle\ ideo, 1O de setiembre de 1872, n° 75; La instruc·
ción Publica, en El Siglo, ~1ontevideo, 18 de marzo de 1873, n° 2493.
3

n°

-

152 -

�'

Electo representante nacionalista en los comicios de noviembre
del 72, Agustín de Vedia llevará a la práctica desde el seno de
la Asamblea sus miras definitivas sobre la instrucción y la ense·
ñanza, encauzando todas las .aspiraciones que desde diversos
aectores se pronuncian en ese sentido. Son sometidos por enton·
ces a Ja consideración legislativa el proyecto &lt;le libertad de
estudios del propio Vedia; 1 dotación de S 20,000 para la ense·
ñanza de VilJalba; 2 el de creación de la cartera de Instrucción
Pública, de Pedro Carve ;3 el de establecimiento de escuelas por
las Juntas Económico Administrativas, de Garzón, 4 coronados por
el plan ele reorganización total que eleva Agustín de Vedia el 9 de
mayo de 1873.
El extenso articulado del plan V edia partiendo del principio
de la enseñanza gratuita e igualitaria, postula la creación del
Instituto de Instrucción Pública y del Departamento general de
escuelas, prevé las rentas escolares propias en base a la contribución directa, propone la fundación de institutos normales, de
1ns pece iones y Juntas Vecinales, de colegios de enseñanza superior y cursos complementarios de enseñanza agrícola e industrial.
Fiel a las pragmáticas del programa del Partido Nacional, reglan1cnta el funcionamiento de los colegios de enseñanza superior,
las sesiones generales del magisterio y las bibliotecas escolares. 6
A raíz del proyecto de Vedia se hizo nutrida propaganda de
principios. Su plan legislativo coronaba muchos de los proyectos
que venía sosteniendo con ahinco desde 1868, venciendo dificultades y superando estrecheces, la Sociedad de Amigos de la Educación Popular.
I.. a juventud principista, entregada con ardor al problema de
la educación del pueblo, debió enf rcntar a la Iglesia, una vez más
-como ya lo hiciera en cuanto al dogma en Ja Profesión de Fe
Raciorurlista- en punto a la enseñanza religiosa. Como lo consigna Ar&lt;lao. la crisis de la fe, que comenzaba a gestarse por
entonces. debía oponer forzosamente dos criterios antagónicos
-laicismo y catolicismo- en cuanto a instrucción. Los j óvene3
Proyecto de ley áe Agustín de 1'edia, en Diario de Sesiones de la
Cárnnra de Representantes, etc., cit., t. X\.IIJ, p. 189.
1

:?

I bid., p. 161.

a / bid.,

p. 198.

.. /bid .• p. 315.
li

Ibid.• p. 370 a 378.

-

153 -

�adictos al Club L' niversilario y los principistas de la prensa liberal,
condenan con furor -al tono que en su tiempo habían impuesto
los escritos de Bilbao- toda intervención de la Iglesia en el
mecanismo institucional.
El artículo 75 del proyecto de Vedia, referente a la proh ihición de la enseñanza religiosa en las escuelas. reanudó el pleito
latente entre nuestro racionalismo espiritualista y el catolici~n10
escolástico. Mo11señor Jacinto Vera, portaYoz oficial del clericalismo. se dirige a la Cámara pidiendo la desaprobación del
Cuerpo Legislativo al Proyecto de Enseñanza. 1 X ue,•amente El
Siglo, estandarte del liberalismo racionalista, objeta los reclamos del catolicismo: "La enseñanza religiosa en las escuelas
públicas -sostiene frente a El A-Jensajero del Pueb!o- es un
ataque á Ja libertad de aprender y á la libertad de enseñar ...
El E~tado enseñando en sus escuelas una religión deter:ninada se
convierte en propagandic;ta &lt;le una creencia religiosa y al hacerlo
extralimita sus facultades. . . la misión del Estado no es la de
imponer tal ó cual religión ... tal ó cual dog1na. sino la de garantir
la libertad de todos para re~petar la libertad que tiene todo hombre de adorar á Dios según su conciencia ... " 2
El principisn10 rei tera entonces viejas posiciones. insistiendo
sobre el pro} eclo de ,, edia: "no persigue la cn~eñanza atea" -afirma El Siglo- sino la en"eñanza laica. con plena liberl3d de
pcn~amiento y de dogma. como lo establecen ~us má3 estrictos
principios filosóficos y políticos. "Escuela atea sería, si en ella se
enseña" e la no existcncin de Dios. . . pero es un absurdo y nada
más que un absurdo empeñar::ie en sostener que hay ateísn10 en
el simple hecho de no intervenir el Estado autoritariamente en la
propagación de determinadas creencias y en fiar la enseñanza
religiosa al seno del hogar doméstico. No"otros pugnamos por
la libertad y la libertad no es atea. Es al contrario la en1anación
más sublime de Dios .. , 3
1

nO

Primeras escaramuzas, en El Siglo, l\Ionte\'ideo, 16 de mayo de 1873,

2537.
~ lnstn•rcion

F1iblira, t•n FI Siglo, \fon'&lt;'' 1Jeo, 15 d&lt;' moyo de 1873,
nO 2536. Cfr. además: El fanatismo en campaña, en El Siglo, l\Jontevideo,
1 ~ de mayo de 1873, nº 2535; La enseñanza religio~a. en El Sislo, l\lonte·
video, 16 de mayo de 1873, nº 2537; Instrucción Pública en El Siglo, l\1ontevideo, 20 de mayo de 1873. n9 2510; Templo' y escuelas, en El Siglo,
1.fontevidco, 12 de ma} o de 1874, n 9 2826.
a l.n ~Jeñan;a religiosa, en El Siglo, ~Jonte,· ideo, 16 de mayo de
1873, n9 2537.

-

154-

�Con el proyecto de Vedia y su sonado debate parlamentario
y periodístico se aj U!-.tan criterios definitÍ\'OS en materia ele enseñanza rcligio~a. El laicismo en la in~truccié1n oficial. que será
sello distintivo de nue-tra educación popular. tiene en el pro} ecto
ele Agustín de Veclia su más temprana expresión legislativn.
José Pedro \ 'arela, de regreso d e su viaje a Europa y
Estados Unidos. trae en 11168. con la ami~t&lt;Hl y el consejo de
~nr1nicnto, 1 la" ideac; nutricias de su progran1a de educación común. 1'cmperam&lt;&gt;nto n1aduro en las lides periodíc;ticac; y políticas.
avnhía todo cuanto significa el atraso ele nuC' tra enseñanza y
dcc·i&lt;lc ernprender desde el llano, con sus i&lt;lens y su experiencia,
aqtH•lla lucha contra la barbarie. que -según , armiento- la
ciuilización venía reclan1ando con urgencia irnpoc;terrrable. a rie~go
ele pcrch•rse todo lo conquic;tado. Denunc-ianclo la filiación de sus
idea" r.ducacionales ~crihí a el propio V arela en 18í 1: "Pueden
sin duda encontrarse fecundas fu entes rn 1os e~critorrc; ruropeos,
pero por mi parte. he tomado por guía á los grandes escritores
norteamericanos porque n1e ha parecido qui! n1its pro\ cchosas y
n1ás ndnptables á nuestro país serían las iclea.; encargadas de ejercer influencia sobre poblaciones dcmocrátir.as y republicnnac:, que
las que tienden á obrar sobre los pueblo" ari-.tocrátir.o ele Europa.,, 2 Su concepción social de la escuela como f unclamento
inc:titucinnal del ordenamiento democrático. s · revela con singular
....
lucidez en el libro /.,a Fduración &lt;lel Pu eblo. "I..a escuela -ob5erva
\'nrc•la- es In hase de la Rrpúhlica. Sin ella porlrún vivir y
~ostcnc•rse los gobiernos des póticos: pero las cle111ocrncia sólo
r.ncnntrarán el d&lt;''quicio. el caos. mientra no eduquen el cao" ...
I&gt;c·hido ú la falta ele cclucaeión de nuestras ma'-a" é... ta.; per1nnneren
rcncra1n1ente aj&lt;&gt;na:) á todos los movimientos de opinión que se
OJH.'rnn entre nosotros. Sólo las pequeóas facciones del país que
!IP llnrnnn clases ele' adas. se agitan y pienc;an. T~l resto pcrrnanece
e trnño á todo; sordo lo mi ·mo al rug ido de Ja ... tormenta' revo1 Al regre"ar tic &lt;:u viaje, d&lt;'cÍa Sarmiento r.n B ueno~ Aires : '• ... yo

'""~º dt• un paí

f E..1ado" Unidos l donde la cdur.acirín

e~ todo, donde la

cclucnrión ha con~e~uido establecer lo. verdadera dcinocracia, igun1ando las
rnr.ns y las clac:irc;. l\o~otroc; n l'Ce~i tamot' escue)u., porque ella-. c:on la base
cln todo gohil·rno 11·public11no ••• ". ( EouAlWO Acr.\ F:Do, 11na/es 11 istóricos, etc.,
r.it., l. 111, p. 616.)
2 Jo

í:

Pi:uno

\'.\tU.LA,

!.a J:ducaciún del Pueblo, :\Ion tevi dco, 1874.

-

155 -

�lucionarias que á la dulce armonía de las grandes doctrinas quo
suelen llegar hasta nosotros ..• " 1
La acción de V arela desde la Sociedad de Amigos de la
Educación Popular, junto a Elhio Fernández y Carlos María
Ramírez, se concretó prácticamente en la fundación de establecimientos escolares. A la escuela Elbio Femández y su feliz experiencia, comenzaron a sumarse en la capital y en el interior
nuevas escuelas y bibliotecas públicas. A poco, la influencia de
V arela trasciende a la enseñanza oficial al incorporarse -junto
con el eminente educacionista Emilio Romero- a la Comisión
de Instrucción Primaria de la Junta Económico Administrativa
de Montevideo.
Condensa V arela su credo reformista en La Educación del
Pueblo, asimilando en punto a enseñanza las doctrinas más reci·
bidas por entonces en Prusia y Estados Unidos, que complemen·
tará con el aporte de su propia experiencia: la democracia efectiva
y práctica requiere el concurso de toda la sociedad y no el aporte
de una élite ilustrada que se yergue frente a una mayoría empe·
queñecida por la ignorancia. Para lograr ese fin, afirma Varela,
la escuela debe ser laica, independiente de toda tutela religiosa
o filosófica.
En la misma tesitura racionalista de Vedia, Varela define
posiciones frente a la Iglesia en su respuesta a la Pastoral de
Monseñor Jacinto Vera, que condenaba a ]as sociedades libres de
educación: "La Sociedad de Amigos de la Educacióri Popular
tiene por propósito fundamental el propender al desarrollo del
pueblo por el pueblo. . . Su objeto es puramente educacionista.
Como no viene a detentar ideas políticas, no sirve a determinadas
ideas religiosas. Las comunidades religiosas y las escuelas filosÓ·
ficas que se han organizado para combatir el catolicismo aspiran
!egún la palabra de SS. a descatolizar al pueblo, nosotros aspiramos á educarlo no formando católicos, ó protestante;;. ó racionalistas, ó ateos, sino hombres educados que seguirán el dogma que
, verda d encierre
.
"• 2
mas
"¿Queréis una prueba palpable -decía Varela- de que el pueblo,
el verdadero pueblo permanece completamente ajeno á todo movimiento?
Ved, Jo, que aquí nos encontramos reunidos. ~1ús ó menos todos tenemos
alguna inbtrucci&lt; n, r esultado de ahí que las ideas que he yertido tienen poco
interé" para vol-otros, porque al menos en el fondo las conocéis ya. l\fi trabajo eq pueq, hasta cierto punto estéril. ' ' engo á predicar á convertidos:•
(J OSE PEDRO \ .ARELA, La Educación dtl Pueblo, cit.)
2 CoNTRAPASTORA'1 en El Siglo, ~1ontevideo, }Q dt marzo de 1874,
nº 2i69.
1

•

-

156 -

�La obra educacional que amagaba revolucionar nuestra enseñanza, gestada al amparo del principismo doctrinario, no pudo
concretarse definitivamente hasta 1876, con la discutida adhesión
que Varela prestó al gobierno de Latorre desde la dirección del
Instituto de Instrucción Pública.
Educar y poblar. Tal era la consigna del principismo en el
orden social. A la ignorancia de la campaña y a su despoblación
ha achacado sistemáticamente las causas fundamentales de las
guerras civiles. Y al interior del país se vincula el problema del
progreso material, en cuyo desamparo -carreteras, ferrocarriles,
puentes-- se explican la menguada población y los mínimos ín&lt;lices inmigratorios.
Con intermitente celo se ha dedicado la prensa principista
durante la presidencia de Ellauri a la propaganda colonizadora,
que sin duda implicaba vastos y complejos supuestos; pero la
iniciativa periodística no llegó a cu aj ar en proyectos de ley o en
efectivas realizaciones.
Nuestro liberalismo se mostró dúctil y permeable a los avan·
ces del progreso material, siempre que no comprometie~en o
pospusiesen las conquistas institucionales primarias. Predicó una
política inmigratoria racional, preferentemente agrícola, adj udicando la iniciativa equitativamente al individuo y al Estado. La
propaganda inmigratoria no prosperó todo lo deseado en razón
de nuestra inestable economía, del clima de guerra civil que se
vivía y del atraso de nuestra campaña, cuyos factores negativos
empujaban hacia Argentina, la ola inmigratoria europea que por
entonces comenzaba a irrumpir en el Río de la Plata. 1
Como ee consignara al plantear la crisis económica y su
proyección política, el panorama económico y financiero del país
durante la presidencia de Ellauri era singularmente grave. 2 "Sé
Sobre colonizaricín e inmigración, cfr.: Esperanzas fundadas. en El
Siglo, ~fontevideo. abril 21 de 1873, nº 2528; Libertad de e3luáios, en
E•l Siglo, Montevideo, 2 de diciembre de 1873, nº 2716; Adelanto3 materiales,
en El Siglo, ~fontevideo, 20 de junio de 1873, nO 2565; La colonización por
cuenta del Estado, en El Siglo, J\;fontevideo, 24 de febrero de 1871, n° 2i64;
Trabajo notable, en El Siglo, Montevideo, 14 de julio de 1874 nº 2875;
E., timulos a la inmigración, en El Si8lo, Montevideo, 18 de julio de 1874,
DQ 2879; FnA"NCrsco BAUZÁ, Colonización industrial, ensayo sobre un sistema
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l

:!

\ ' éace pp. 82 y ss.

-

157 -

�que la situación es aterrante -decía en los últimos meses de 1373
José Pedro Ramírez en la Cámara-. . . Para mí no es una
novedad ni debía serlo para ningún Representante que íbamos á
llegar al fin del Presupuesto con un déficit. Ese déficit está
calculado en el presupuesto del Poder Ejecutivo en dos millones
y medio de pesos; y esto lo hemos visto desde el pruner momento ... sabíamos todos cuál era la situación; lo sabía la Cámara,
lo sabía el país entero. A quién podía ocurrir que después de
las situaciones que hemos pasado, de estar absorbiendo por años
consecutivos el futuro de las rentas de la Nación con empréstitoc;,
podíamos, el día siguiente de la tempestad arreglar todos los destrozos, realizar el arreglo y colocamos en un punto proporcional
entre los gastos y las entradas, entre los ingre~os y los egresos?" 1
Difícil era arbitrar soluciones al problema del presupuesto. Las
dos tendencias antagónicas que se enfrentaban en la Cámara ~ran
radicalmente intransigentes en cuanto a ideas económicas. El empréstito extranjero y la sanción de nuevos impuestos no llegaban
a cubrir las apremiantes necesidades; era necesario procurar
otras vías. El principismo se negaba a admitir la proposición
candombera de la emisión por la Junta de Crédito Público. porque
consideraba que accediendo desconocía su pregonado principio de
libertad absoluta en materia económica. Al promediar el año 73,
en ocasión de discutirse el proyecto de Ramírez que establecía la
Jibertad de emisión para los Bancos, se llegó a postular por la
Comisión de Diputados una enmienda en el sentido de extender
esa libertad de crédito a todos los habitantes de la República. que
podrían emitir billetes menores de diez pesos con la única condición de que se garantieran con títulos de Deuda Pública. I.. os
~erentec;. de los bancos levantaron su protesta ante la iniciatiYa
de la Comisión de IIacienda de la Cán1ara. Ninguno de lo~ proyectos llegó a concretarse, quedando en pie la antigua legislación
bancaria y. a la vez. el problema de la obtención de ruhros. 2
J_og elementos consen·adorec;. de esa Cámara apoyaron Jos
nuevos proyectos del Ejecutivo. no como la mejor solución sino
como la única practicable en el difícil momento. "Si el proyecto
del Poder Ejecutivo tuviese por objeto dar solución á la cuestión
ele principios que en el campo de la teoría y de la propaganda
se sostiene entre los partidarios de la libertad y los partidarios
Discurso de ]osé Pedro Ramírez en la Cámara de Representantes, en
Diario de Sesiones de la Ca.mara de Representantes, t. X...'\II. p. 376.
1

2 EouARDO AcEVEOO,

Anales JJ;stóricos, t•tc., cit., t. III, pp. 733 y

-

158-

ss.

�'

del monopolio -decía El Sigla- si viniec:e á alterar en sentido
restrictivo nuestra legislación bancaria vigente. entonces los rudos
ataques de que se hace objeto á ese pro}ecto estarían plena1nente
justificados y el Poder Ejecutivo nos encontraría en primera fila
para combatirlo. Pero nada de eso es cierto. El P. E. no prec:cnta
su proyecto como una solución de principios, sino como recurso
financiero del rnornento para atender á las más apren1iantes é
ineludibles obligaciones del Estado.
ro rnodifica en nada la
legi~lación vigente. no altera en lo más mínimo el estado de la
contienda cnt re libernles •v restriccionistas." 1
Se inicia rá entonces en Ja Legislatura una enconada porfía
-preludio y concurrente del colapso del principis1no- que enfrentará en sus posiciones irreconciliables a las dos fracciones
nntngónicns. "l. a cuestión financi era qu e nos agita ha te nido la
virtud de exacerbar las pasiones -consignaba Francic;co Ilauzáhasta el punto en que el debate ricntíf ico, absolutamente necesario
para alcanzar una solución radical, se ha transformado en pugilato
de handerías Iataln1ente ad\erso á los interese3 legítin1os del
paí~"· 2

El l\1ini!:;tro

con .. crvador. ante ]a inn1inencia

dl!l dcco.aco.tre, de-

cide, de cara a la realidad y como suprema concec:ión a sus
principios cconómiros, jugar su última carta, y con ella la suerte

del gobierno ele I·:llnuri, en el pro}c&gt;cto de concesión de la emisión
menor a los flanc o$ privados. ""\a no podrá tacharse con razón
al Sr. Ministro ele llacienda de que por terquedad en sostener
los principios ele la escuela cconón1ica á que pertenece. dec:.atien&lt;le
las necesidadr.c:. inás urgentes clcl E~ tado y arrastrn al país á la
ruina -decía El Siglo-. El Sr. Bustamante ha creído, con razón
ó sin ella, quA nntc la ahsoluta ca1 cncia de recursos podía y debía
aplazar lus soluciones radicales clel problema de la e111h;ión n1enor
y iuloptar un cspcdiente transitorio que rec:.ponrliese á lac:; angustiosas nccesiclnclcs &lt;lcl momen o. 1 a cuestión de principios e;,tá
pues nplazada }' es en el tcrr~no ele ln conveniencia en el que
dcbcn1os cxa1ninnr así el pro C?clo del Gobierno ..." 3
El proyecto de fluc;tamanle. cnc11ac.1raclo y concebido dentro
ele la C!:ilricta y apremiante realidad financiera del mon1ento.
Curstión dr t•icfa o muerte, en El Siglo, ulontevi&lt;leo, 20 de diciem·
brc de 1874, n9 3007.
1

2

El Siglo, ,\lont1•\'idco, 10 de novjemure de 1874.

n~

2973.

a /'ror&lt; druno~ con niétodo, en El Siglo, ~Iontc\.i&lt;leo, 22 de Jiciembre
de 1874, n9 3009.

-

159 -

�eJgnifica un nuevo esfuerzo del principismo dispuesto a mantener
el gobierno institucional de Ellauri aún enfrentando los hasta
ayer inconmovibles dogmas de su teoría económica. Ante la situación desesperante, no se trata -tal es el criterio del Ejecutivode encontrar una solución concorde con los principios o una
fórmula definitiva, sino un paliativo que permita salvar el crédito
y evitar la inminente bancarrota. La bancada candombera, encastillada en su oposición al Ejecutivo, y particularmente en su
aversión personal al Ministro de Hacienda, condena desde la
Cámara el proyecto, ahora con los mismos argumentos con que
impugnara inveteradamente al liberalismo económico. En efecto,
ante los apuros del Poder Ejecutivo, la fracción neta de la izquierda desecha la obligada transacción que propugna el doctor
Bustamante en base a la emisión menor, saliendo a su paso con
el proyecto de emisión por Ja Junta de Crédito Público que había
sostenido en el período anterior, cuyo expediente carecía, en
aquellos graves momentos, de inmediata viabilidad.
"Cuestión de vida ó muerte" -bajo cuyo lema defendía la
prensa conservadora el proyecto del Ejecutivo- era, en verdad,
la del arbitrio de recursos. La solución candombera de ningún
modo prometía conjurar la crisis en el término perentorio que
su gravedad le asignaba.
La defensa del doctor Bustamante frente a los cargos de la
representación parlamentaria de la izquierda es todo un alegato
probatorio, no de la inepcia, sino de la impotencia del principismo
para conjurar por sí el cataclismo económico-político. En su
brillante discurso el Ministro revista el proceso causal del caos
que amenaza al país ante la negación de recursos al Ejecutivo.
Precioso documento que revela ]a intransigencia neta y la angustiosa pendiente que precipitará la caída del gobierno de Ellauri.
"No sé en qué consiste la culpa del actual Ministro -decía Busta·
mante . ¿Es porque no ha podido hacer uso del crédito? Tampoco ha podido usarlo el señor Peñalva. Será porque no han
podido realizarse los cuarteles? Es imputable eso al Ministro de
Hacienda? Será porque la renta de Aduana ha disminuido en
cerca de un millón de pesos? Es imputable eso al Ministro de
Hacienda actual? Será porque no ha sido posible tomar dinero
en hipoteca sobre el Mercado? También será imputable eso al
actual Ministro de Hacienda? . . . Será imputable al actual Ministro de Hacienda la situación presente y los apuros que rodean
al gobierno . . . porque no ha dado valor á lo que no tenía, porque
no ha podido colocar ni valorizar lo que el Sr. Representante
-

160 -

�acepta como un valor realizable por la cantidad de 700.000 pesos,
las acciones de Ferrocarriles? Estas son Sr. Presidente las verdaderas causas inmediatas, á parte de las causas lejanas y más ó
menos mediatas que han traído al país á la situación en que &amp;e
encuentra: La disminución de nuestra principal renta que es la
Aduana y que deja un déficit de muy cerca de un millón de pesos
respecto al año 73; la imposibilidad de realizar las acciones del
Ferrocarril, la imposibilidad de obtener dinero sobre el Mercado.
l\1e parece. . . que nada de esto se le puede imputar á la persona
del Ministro de Hacienda actual. A menos que se le quiera juzgar
y condenar porque no ha encontrado el medio de convertir el
polvo en oro ... " 1
Así pues, librado a su propia suerte, el Ejecutivo impotente
veía levantarse ante sí una sombría reacción. El descalabro eco·
nón1ico, al conjuro de concurrentes políticos, ahoga al gobierno
doctrinario que arrastrará en su estrepitosa caída, a los hombres,
a) régimen y a los principios que cimentaban la feliz recuperación
&lt;.'Í\'Íca del 72.

La última batalla financiera y politica del Gobierno del Dr. .é'llauri, en Revista /\'acional, n9 116, p. 291.
1 PEDRO B usTA?ttANTE,

-161 -

��•

CONCLUSION

��Tal, la suscinta historia del Principismo. A esta altura, pa·
rece ineludible volver a asomarse al tema desde cierta postrera
pcrspcct i\'a, para tentar una valoración, siquiera provisoria, de la
gesta princi pista a la luz del proceso históri co nacional. Las cifras
del balance, a fuer de valederas, exigen un par de aclaraciones
previas. Ante todo, bajo la denominación genérica del Princi·
pisrno, cabe entender una actitud m ental -de corle doctrinario e
inqpiración liberal- manifiesta ante la r ealidad social del país
antes y luego de su auge selentista. Esa actitud, o escuela. como
también ~e le ha llamado, recorta su p erfil en la r eacción de
ciertas minorías cultas o ilustradas frente a la anarquía o la
autarquía que definían, a m odo de secuela del dominio hispano,
las nhcrnntivas de cosmovisión política vigente desde los albores
de In judC'pcndcncia. Asonadas, r evueltas, violencias, motines y
dictaduras dieron, desde su hora inicial, la oscura pauta &lt;le nuestra
azarosa vida constitucional. El Principismo, así encarad!&gt;, y con
distintas denominaciones, viene a ser una constante del pensa·
miento político latinoamericano, en cuanto d efinitiva secesión
espiritual con la Colonia. A los c uatro \Íentos del continente,
Sarmiento en Argentina: Lastarria en Chile, J osé María Luis Mora
en l\1éxico y José Antonio Saco en Cuba proclaman la urgente
tarea ele proceder a la autonomía intelectual de la joven América.
J.Jínea vertebral en la evolución histórica rioplatense, esa con·
ciencia doctrinaria surge, ya maduramenle dibujada, con la genera·
ción sansimoniana del 37. Con esa proceden cia se afinca en Mon·
tcvidco, arraiga con la generación romántica de la Guerra Grande,
inscribe su acento más típico con la generación espiritualista del
72. e i11cide, en proyección mediata, hasta muy dentro de nuestro
siglo. Sarmiento o Echeverría, Lamas o Gómcz, Mitre o los Ramírcz, conforman desde Buenos Aires o ya desde Montevideo, un
credo civilista y constructivo que clama contra el caudillo, el despot isr110 y la ignorancia, tremolando la bandera de la emancipación
nlentol.
Una sola de esas direcciones ha per!eguido el ensayo que aquí

-

165 -

�concluye, la del Principismo del í2, ubicándose en el ápice del proceso doctrinario, punto, quizá el más singular y sugestivo, de
los que hilvanan la trama de las ideas políticas en el Uruguay.
Precisada la latitud del dominio principista, ésta será, en consecuencia, una valoracjón en cierto modo parcial, dado el sesgo
del tema, sin la totalidad de los elementos de juicio que una estimación cabal exige.
Las minorías liberales del setenta. pues, empeñadas en un
profundo reajuste de los modos de con\ ivencia política y social,
tal como lo venía reclamando la infausta experiencia de los mal
avenidos bandos tradicionales. se proponen la superación de ese
pasado incoherente que comprometía el de~tino de la democracia
institucional.
La discutida adecuación del Principismo con la realidad de
su hora. bien merecería un capítulo de descargo ante la eicritud
sistemática de sus detractores. Pero aunque este libro no es de
todo apologético. ni tampoco encubre intención polémica, no puede
omitir un brevísimo juicio, que el autor ª' anza como mera reflexión sobre el tema, a modo de corolario de su exposición anterior.
El Principismo, más allá de sus utópicos desvíos o de su intolerancia doctrinaria, ha apurado, en breve trámite, una rendición
de cuentas con el pasado que se vol' ía incuestionable reclamo
luego de cuarenta años de equívoca vida independiente. Los hombres de su generación. acuciados por un generoso idealismo, dieron mucho de sí fascinados por el radianle fanal de la libertad
ci\'il. Supieron penetrar, en el fragor de la lucha en que estaban
empeñados. hasta el n1eollo de la realidad de su tiempo. donde
alentaba. como exigencia primaria de todo programa de superación, la plena libertad de opinión. de creencias. de enseñanza y
el goce tranquilo de las prerrogativas individuales. Por ese camino, erigieron en dogma todas las rei\'indicaciones de la libertad civil y política y de la personalidad humana. Empero, no encalló en el piélago de la especulación teórica la devoción de los
doctrinarios. Mo, idos por aquel ideal de libertad e individuo
-hombres del siglo XJX, al fin- supieron afrontar, a ejemplo e
inspiración de sus apóstoles liberales del orleanismo, la prisión,
el destierro y aún la muerte, en aras de su intransigente credo.
u siembra constructiva, supera, pues, en mucho, sus exageraciones e intransigencias. En el subsuelo de todo nuestro andamiaje
institucional republicano se descubre. a poco de rastrear. la huelJa
de una idea o de un principio nutricio inculcado por los liberales

-166 -

�del setenta. Lograron, y no fué menuda tarea, afincar en la inde·
cisa conciencia nacional la sólida fe en un fundamento de prin·
cipios como sustento primordial de la democracia uruguaya que,
aun en pos de su ideario, se abre camino en el presente siglo.
Su prédica, desde el Club Universitario, las cátedras de econo·
mía política y derecho constitucional, la prensa, los clubes o la
brega parlamentaria, compendia el tramo inicial en el devenir
del civilismo nacional. l·n largo itinerario, cumplido desde la
Sociedad de Amigos del País, la Unión Liberal, el Partido Ra·
dical, el nacionalismo del 72, el Consti.tucionali.smo del 86 y el
Civilisnzo del 90 jalonan la gestión del libe1alismo prinripista.
Bien es cierto que, no contando con la opinión mayoritaria,
el Principismo del Setenta no logró llevar a cabo muchas de sus
fecundas iniciativas, condenadas - unas veces p or la obstrucción
de las fracriones tradicionales, otras por la indigencia de recursos- a naufragar sin remedio en la instancia del proyecto y la
discusión Jegislath:a. No obstante, el autor cree que la misión his·
tórica &lt;lcl Principi~mo, de cara a sus aspiraciones y a la realidad,
está cumplirlo. con creces. Su revolución espiritual señaló rumbos preri~os. en los hábitos y las ideas políticas, y, en rnás de un
aspecto, posibilitó el régimen institucional que h oy rige a la
República.
Don Pedro BustamantP., vjejo maestro y porfiado militante de
la generación principista, nos ha dejado, al bajar al ocaso de su
Yida pública, un ceñido y sereno párrafo con CU) as palabras, precioso compendio de los ideas del 72, quiere cerrarse este libro :
" ... La generación que os ha precedido en el esccna1 io político
-evocaba IJon Pedro Bustamantc desde el Ateneo en 1 884~ se
retira de él cstenuada tras una lahor larga y penosa, y más acaso
que otra alguna acongojada, pero no &lt;le~cspcranzada . ¿Snhéi~ porqué? J&gt;orquc en medio de todo, y á despecho de todo, ella deja
más de un cjen1plo de valor cívico, de abnegación patriótica y
de consecuencia política que imitar, y ha sembrado en su ca1nino
unn sen1illa que confía será fructificada por los cuidados y co~r­
chn&lt;la por la mano de las generaciones que le han de suceder. Así
acontece sie1nprc. señores: sembrar y 1 ccoger son demasiadas operaciones para una sola generación. La que recoge no es nunca la
que sc1nhró, y gracias todavía cuando la siembra no exige el concurso de varias &lt;le ellas!"

-

167 -

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G \rtCÍ \, ~- J., Dermidio De 1llaría. Evocación de un periodista ejemplar,
en Rtvista /\'r1ciona/, ?\lon1t•,·idco. t. L, n9 1·19. p. 283.
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t. I l\ • n9 160. p. 25.
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J. C.; ARA~tBURÚ D.: PENA, C. l\l. de; .l\lENDILAHARZU, D.; PALOMEQUE, A.; Pi:rtr.z A. J.; COSTA, A. F.; Ls gran generación r Carlos

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Siglo, l\Jont cvid('o, 1871 -1875.
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Demor.racra, ~fontcvidco, 1872 · 1875.
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Fl l r11g11n1, \Ion le\ ideo, 1874-1875.
La /&gt;atrio, l\lontc\•idco, 1871-1875.

El
La
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El
l.a
/ .a

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COSTA, ANCEL FLono, La metafísica y la ciencia, ~1o ntevideo, 1879.
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mada de defensa libre, l\lontc\ ideo, 1873.
El Banquete de la Ju ventud, Colección de discursos pronunciados en el
Banquete que tut•o lugar en la noche del 13 de abril de 1872, ~íon­
tcvideo, 1872.
Escánda/11s del Foro. El abogado don Jaime Estrá:ulas espoliodor de
una familia, ~Ion te\ ideo, 1873.
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con alf(unos dr111//e.~ de la R. O. del L'rug11ay, l\lontevidco, 1873.
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que S. E'. el Se1ior Goúcr11ador provisorio de la República, Coronel
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al resignar "" él el ejercicio del poder discresional, etc., etc., 1\-lontcvideo, 1879.
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NES lhsTÓRICAS, Documentos para la Histona de la República O. del
ruguay, t. 1, ultura, l\iiontrvideo, 19-19.

u

e

Actas del Consejo Universitario, 1870-1875. Archivo de la Unitcrsidad,
~1ontevideo.

Documentación. del Archivo y Biblioteca Pablo Blar..co Acetedo, :\1onte·

,·ideo.
- -

Documentos de Julio lierrera y Obes.
Correspondencia de :i\Ianuel Herrera y Obes.
Archivo de D. Tomás \ 1illalba.
Documentación de J acinto .r\1bistur.
Archivo del Dr. l\fanuel Ilerrera y Obcs. Documento~ Ofic!ales.
1\rchivo del Dr. 1Ianuel Herrera y Obe~. E!1crito:&gt;.
Archivo del Gral. \ entura Torrens.
Archivo del Dr. J osé G. Palomeque.
Colección de documentos para la Historia de ln RcpúbHca O. del
Uruguay.
Compilacién de documentos para la Ilistoria de la República Orien·
tal del Uruguay.
Archivo del Dr. l\lnnuel Herrera y Obes, correc:pondencia pl.Tticular.

-

Documentación. del Archiro General ele la iV ación, :\Tonte\'ideo.

-

Fondo Berro.
Coleccié n Oliveres.
Adquisición Fregeiro.
J\dquisición Acevedo.
Fondo E x Archivo General Administrati\'o.

Documentación de la Biblioteca ,\ 'acionnl, Buenos i\ires ( ección Groussac).

-

Correspondencia
Correspondencia
Correspondencia
Correspondencia
y Obcs.

de Juan Jackson con Féli'.'C Fríaq.
de A. de Andrada con Félix Fríaq.
del cónsul argentino A. \ illega con Féli't Fría.:.
de Cayetano .\lvarci. con el Gral. Juaa E. Gclly

Frag~ ntos
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~lAIÚA, La r.risis de ln
~lontevidco, t. X\.XI l. n O 96.

RAMÍIH:.7., CA1tl.O

Nacion11l,
-

p. 171.

J.. eUTI Ctplos

econoniia política, en Rer ista

¡;nbiP-rnn y arlnii11 istración, en
lle.t•i$lll Nacionnl, ~lontcvid ·o, t. X ' X\'111, 110 1'11.
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VÁ:ZQUl¡z SAC: STIJMf.,

-

"'

179 -

�'

�INDICE ONOMASTICO

•

��Bilbao r ra nri C:.C'O : 13, 50, 97' 99,
1
145, 151, 154.
Blackstone ( véa5c; Blackstone, Gui·
llcrn10).
Dlackcstonc, Guillermo: 3, 91, 104,
106.
BJackstone, William (véase: Black.stone, Guillermo) .
Blanco, Juan Carlos: 57, 59, 95,
101, 137, 149.
Blanco Acevcclo, Pablo: 14, 24.
Bréhicr, E. ( véa~e: Brebier, Emi·
lio).
Bréhier, Emil io: 99.
fírito d&lt;'l Pino Cvéase: Brito del
Pino, E&lt;l11n1do).
Ilrito 111'1 Pino, Eduardo: 8, 19, 25·
27, 37.
Bryant (véase: Bryant, Guillermo

A balo!', Angel: 59.
AceveJo (véase: Acevedo, Eduar·
do).
Ace\'cdo, Eduardo: 54, 83, 81, 135,
137. 150, 155. 158.
Adams {véase: Adams, Samue]).
j\dams, Samuel: 104, 142.
Alberdi (véase: Alberdi, .T uan Bau·
ti-ta).
Alherdi, Juan Bautista: 93, 145.
Albistur, Jacinto: 60.
Alvarcz. Ri cardo: 64.
Aparicio (véase: Aparicio, Timo·

ºº·

tco).

Aparicio. Timoteo: 18. 35, 148.
Aramhurú. J)ornin ~o: 118, 1·19.
•l\rdao {véa~e: Ardao, Arturo).
Arclao, Arturo: 93·95, 100, 153.
Artngavcytía, Enrique: 84.
&amp;.iin (véase: Bain, Alejandro).
Bain, Alejandro: 95.
Bastiat (véase: Dast iat, Federico).
Bac:tiat, Federico: 95.
ílatlle (véac;c: Batllc, Loren10) .
Dar lle, general {véase: Batlle, Lo·
rcnzo).
Batlle, I~orcnio: 1, 7, 12, 14-18, 23,
36, s~. 11s.11i1.
Dnudrillnrt ("'~ase: B:iudrillert, En·
riq 11c Tosé León) .
Baudrillart, Enrique José León:
95.
nau1.á, Franci"CO: 36, 157, 159.
B&lt;"cch&lt;&gt;r (véase : Dcechcr, Enrique
\i·.).
B&lt;•echcr, Enrique W.: 106.
B(•rcJicr, 1\Innul'l: 26.
B(&gt;rrnúde1, Wa.;hington: 149.
flerro ( véa'"'': Berro, Bernardo P.).
Rcrro, Aurl'lio: 38.
Dcrro, R1•rnarclo P.: 1, 7, 8, 13·15,
18 30, 116.
Bilbao (véase: Bilbao, Franci,co).

e &gt;.

Bryant, C11illcrn10 C.: 106.
B11~tamant!'
(véusc: Bustaman te,
Pedro}.
Bustarnantc. doctor (véase: Busta·
mante, Pedro).
Bu tamant e, José C. (véase: Bus·
tamanle, José Cándido).
Bustuniantc, Joc;é Cándido: 17, 35,
57, 58. 62. 6·1. 6:&gt;.
Buslamante. Pc&lt;l rn: 10, 12. 15·17,
53-56. 53, 59, 82·8í, 95, 110,
117. 126, l J2, 113, 159-161. 167.
Camino ( vén~c: Cnn1ino, Estanis·
Jao).
Can1ino, E-.1ani&lt;"lno: 68. 116.
( anc ( 'l a5c: Cané, !\-1 iguel).
!\l 1~t11'l: 93.
Caraballo ( véa"e: Caraballo, Fran-

( ª"'"

( J&lt;ico).

Carahallo, FranciQro: 15.
~
uto. \ nton10.
. . _?6•
Cnrava
Caraviu, Dcrnahé: 6t
Caraviu, .T uan P.: 61.
Curios ~1nrí11 (,éac:c: Ran1írez, Car·
los .1\ laría).

133 -

�Cane, Pedro: 153.
Cassirer (véase: Cassirer, Ernesto).
Cassirer, Ernesto: 96.
Castelar (véase: Castelar, Emilio) .
Castelar, Emilio: 100.
Castellanos {véase: Castellano", José l\l aría) .
Castellanos, Alfredo: 26, 88.
Castellanos, José Ma. {véase: Castellanos, J osé María).
Castellanos, J osé ~la ría: 19, 24,
26, 28, 31, 37, 73. 74.
Castillo, Romualdo: 59, 85.
Castro, Carlos de: 12, 95, 103,
105, 116, 117, 146.
Catedrático de Derecho Constitu·
cional (véase: Ramírez., Carlos
~faría) .

Catón: 55.
Constant (véase : Constant, Benjamín).
Constant, Benjamín: 3, 12. 91, 93,
95, 102, 103. 105, 111, 112,
115, 116, 118.
Correa, Leoncio: 26, 59.
Costa, Angel Floro: 108, 109, 146,
149.
Costa, Juan J.: 58.
Cousin (véase: Cousin, \ Tíctor).
Cousin, Víctor: 92, 93.
Croce (véase: Croce, Benedetto) .
Croce, Benedetto: 11, 104.
Curtis (véase Curtis, Jorge Guillenno).
Curtís, J orgo Guillermo: 106.
Chevallier, J ean Jacque" ( véa!!C:
Chcvallier, Juan Jacobo).
Chevallier, J uau J acobo: 10 l.
Dl'·~laria, Dennidio: 12.

De-)laría, P. ( véa!)e: O e: -1\I a ría,
Pablo).
De-l\1aría, Pablo: 26, 27, 60, 71,
82, 88, 101, 147, 14-9.
Dc~cartcs (véase: Descartes, Renato).
Dcqcartcl&gt;, Renatl.): 96, 99.
Destuu de Tracv: 92.
Director dt• La Pa: ( véac.e: \ arela,
José Pedro).
Dupont (véa"e: Dupont, Anselmo).
Dupont, Anselmo: 88.

Echeverría (véase: E cheverría, Esteban).
Echeverría, Esteban: 50, 102, 103,
151, 165.
Ellauri {véase: Ellawi, José E.).
Ellauri, doctor (,éase: Ellauri, Jo·

sé E.) .

Ellauri, d octor ( ~éase : E 11a u r i ,
Plácido) .
Ellauri, José (véase: Ellauri. Jo-

sé E.).
Ellauri, Tosé E.: 2, 12, 23. 57, 63,
65-74, 82, 84-86, 139, 145, 157,
159-161.
Ellauri, Plácido: 3, 13, 91, 93, 94,
97. 14-0.
Escardó, Florencio: 26.
Estrázulas, Fran;:isco: 26.
E .. trázulas, Jaime: 8, 26, 30.

F ernándcz, Elbio: 156.
Fcmández Saldaña, José 1\Iaría:
149.
Fcrreira y Artiga~ (véase: Ferreira
y .Artigas, Fermín) .
Ferreira y Arti_gas {véa5e : Ferre ira
y Artigas, 1\{ariano).
Ferreira y 1\rtigas, Fcnnín: 12.
Ferre ira y A rti~as. 1\lariano: l~.
Flore" ( v•éase: Flores, \ enancio).
Flores, Eduardo: 19. 88.
Flore!', (!eneral (véase: :Flores, \ 'e·
nancio).
Flore!', ~ eitundo: 26.
Flore-.. \ enancio: 8, 9, 14, 15, 81,
146.
Forteza, Li ndoro: 135.
F ourier ( véac;e: Fourier, Carlos).
Fourier, Carlos: 93.
Fría e:, Féli~: 65.
Fu e ter ( véac:e, Fueter. Eduardo) .
Fueter, Ed. (véase: Fueter, Eduardo).
Fueter, Eduardo: 105.
García, Román: 52, 148.
C..arcfa Lagos, A. (véase: García
Lafto... Alberto).
Carc-ía Lago~. \lberto: 26.
García Lagos, Ildefonso: 26, 37, 185.
&lt;.,a1c1a \\ 1ck, Iléctor: 88.
Car.ron ' . (' éao;;e: Garzón, \'icente).
(; arlOO, \ icen te: 110, 133. 153.
C~ruzez (' é115e: Géruzez. Eugenio).

184 -

�Géru zcz. Eugen io: 9 t
G("u ell ( v{·aqe: Gcttell. Raim11ndo).
GettelJ. Raimundo : 102, 103. 106,
142.
Gettell. Raymond G. (véa se : Gette 11. Rairnundo).
Giró (v(~ese: Gi ró. Francisco) .
Giró, Francisco: B. 32.
Gomencoro ( véa .. c: Gomensoro. To·
mác:.) .
Go1ncnsoro, Tomác:.: 2. 23, 24. 50,
51, !13, 54. tl l·68, 71, 1:17.
Gómez. doc tor (véase: Gómez, J uan
Cario-.).
Gómc1., lua n C:arlo.. : XT. l. 7. 9,
JO, 11. l:l. J2, 33, 19. 61, 62,
82, 96. 102. 116. 145. 165.
Gómcz ll &amp;t•clo, J uan Carlos: 12,
119.
Goy1•na, Pahlo: 26.
C rcr. lcy (.,.c~a.. c: Grcclcy, l lor ncio).
Grcclcy. IIorac io: 106.
(; rocío ( \ éuec: Grocio. l l 11go) .
G rol' in. 11 u ~o: 103.
G11rm ,;nrl1•1, Ca rloc:: 59.
G11rn1éndc1, Rufino: 88.
~lalJ cc k

(\'~nc;c:

Ilcrrera y Ohe5, l\1anuel : 7. 12. 2.t,
66, 116, 135.
Jlcrrct a y Obeq, ~li g ue ! : 19, 26,
37.
l 1ordcñana , F rnnci""º: 8.
II11go (véa e : llugo, Víctor) .
l~ugo,

Iharra. J orge: 26.
.Jack: 1'19.
.T ack ... un, J uan D. : 65.
.lacq11es, Arnaclco: 100.
Jant:t ( véa-.e: Ja:iet, Pablo).
.f :inct, Pablo: 116.
Jcffr•rc:on (véase: Jeff P.rson, T o111ác;).

Jcffcr,nn, Thomas (véa!:e: J cffer~on, Tomác;) .
J,,ffer,on, Tomá ~ : 101. 118.
Jo é Pedro (\éa!le: Ramírez. J osé
Pedro).
1 ahnulnyc &lt;véa~c:
Ecluarclo).

fl allcck , Fit1-

fnn so de).

fl ,.gcl.

Guillermo

F.).
lfc¡:rcl. Guillt•rnto F.: 92, 97, 105.
lf crn•ra. Alfn·do df•: 131.
llcrrera, Jua n J. de (véase : IIerrcra , J uan J osé &lt;le).
llt r rr.ra. J un n J•Jc.é de: 6&lt;J., 88, 110,
133.
l lf•rrcra, J 11 lio (véase: l l errcra y
lJIJt•s. Julio) .
lfcr n·ra, l'\icolú-.: 12.
l Jl'rrcrn y O L e·~ (véase : I lerrera y
&lt;&gt; h 1 ·~. 1\l anuel ).
llr.rr1•ru y () he-., Ju lio: 11. 12, 18,
26, 29. Jo. 3 1-36, 111. &lt;ta. s1.

5 l. 55, 57. 59, 60. 78. 88, 91.
10 1. 110. 111, 116, 118. 139,
144, 146-149.
llcrrera y O bes, Lucas: 8 1.

-

•

1 nrnartine, .1\ Jfonco de: 11, 147.
la111n l\éace: L ·uua~, J\ n&lt;lré.. ).
J a rn 1q' .1\ ncl rés: 7, 8, 2•l, 32, 66,
116, l 65.
1 :in11•nnui~ ~ \c~a ...c: Lan1enr.ais, Felicité rlP).
J un1cnnnis, F1•licité rlr: 9.3, 100.
l apido, Ocravio: 61. 110.
Larornig11ii•rc (~éa!:!c: Laron1iguiere,
P1•cl ro) .
l orrunig11icrt'. Ptdro: 92.
l u1r.1ñ.1gu ( \'éasc: Larrañoga. Dárnnso A.).
1 arrnña~a . Dámuso ¡.\ . : 101.
l.usta rria (\. éa.;c: La-.ta rna . \"ictoriano J o~é) .
Las lurria, Vic toriano José: 50, 145,
151. 16S.
Latorro (véase: Latorre, Lorenzo).
l.utorr&lt;.', Lorenzo: 59, 118, 157.

)os) .

(véa.,c:

Labo ul aye,

I .u!Jouluyr, E. ( véas~: Labou layc,
Eduardo).
Laboulnye, Eduardo: 3. 13. 91, 95,
100. 103, 101, 105, 112, 116,
12 1, 125, 142.
l am;ir1inc (véase: I amartine, AJ-

Grcf'OI').
Hallr.ck. Fi tz·Crecnc: 106.
ll an1i lt on (véa;:,c: Ilu1nilton , Alcinnd ro).
lfen1ilton. Alejand ro: 3. 91.
ff arnlil ( véac:.c: Blanco. J uan Car·
ll e~r l

Víctor: l iJ7.

l ü.3

-

�•

~lich elc t ( véa~e:
~Iichel e t, Julio:

La' alleja (véase · Lavalleja, Juan

l\lichelet, J ulio) .
100.
1'1ilton (\·éas.?: \lilton, J uan) .
?vlilton, J uan: 103.
I\1inL,tro con-:,ervador (véase: Bustan1antc, Pt:Jro).
1\.linistro de IlatHe (véase: 5ustamantc, Pedrt' ) .
1\1inistro de Berro ( véa"e : Estrázulas, Jaime).
1'1inistro de Hac"en&lt;la (véase : BusLamantc, PcJro).
~fitre (véa e: .l\fitre. Bartolomé).
l\fi tre, Bartolomé: 1-1, 93. 152, 165.
~litre, general ( ,·éasc: !\litre, Bartolomé).
1\.fontalembert ( vPae;.e: ~f ontalembcrt, Carlos Forbes, Conde de) .
1'fontalembert, Carlos Forbes, Conde de: 100.
~font .-ro Dustamante, Raúl: 147,
149.
?.-f uñoz (",;ase: ~luñoz, J osé ~fa.
ría).
l\1uñoz, Car1o~: 12.
1\.iuñoz, Daniel: 26, 95.
l\fuñoz, doctor (\éa~e : ~1uñ oz, José ~faría).
1\1 uñoz. Jo~é I\f. ( \'éase: l\f uñoz,
J o~é 1\laría).
1\1 uñoz. J o-,,é 1\[a. ( \"é:ise: .'.\luñoz,
T o~ 'faría ).
1'Iuñoz, J osé 1\faría: 1, 7-10, 26,
36, 55.57, 61-68, 70-73, 76, 88,
115, 137, l~O. 147, 148.

Antonio).
Lavalle ja, Juan Antonio: 8.
Lavandcira, Francisco: 101, 137,
148, 149.
La viña, Francisco : 58.
Leibni.i (véase: Leibniz, Godof redo
Guillermo) .
Leibniz, Godofredo Guillermo: 96,
Lerena, Ambrosic (véase: Lercna,
Carlos Ambrosio).
Lerena, C. A. (véase : Lerena, Carlos Ambrosio ).
Lerena, Carlos (véase: Lerena, Carlos ,\mbrosio) .
Lerena, C:irlo&amp; Ambrosio: 26, 64,
110, 126, 133.
Lincoln (\éas2: Líncoln, Abraham}.
Lin coln, Abraharn: 11.
Locke 1véa::e: Lc;cke, Juan) .
Locke, Juan : 103, 118.
Lolme, de (véase: Lolme, Juan de).
LolmP, Juan de. 104.
Luis Felipe: 92, 100.

1\fac EochPn. E,luarclo: 51.
1'facchino, Eduérdo De : 26.
~f aciel, Santia ~o: 1·19.
Mackinnon, l\lejandro: 23, 2 i.
l\faAariñoq Ccr,::ntes, Alejandro:
27, 57, 135.
J\.taistrc, de (\'éase: 1\taistre, José
de).

1'fai.;t re, J osé de: 92.
l\f all·brancltc ( \'éa~e: 1\1 alebranche,
Nicolá:.).
l\falebranchc, 'lit.:olás: 96.
f\fartínez, Bonifacio: 12, 55-58.
l\lartíne~ doctor ( véa~c: ~1artínez,
Bonifacio).
l\fauá, Barón ele: 15-17.
l\'fau.ini Cvéa ... c: ~laa.ini, José} .
l\fazzini, J o!'.lé: 11.
Afccli na, Auocleto: 18.
ltfclián Lufinur (\éase: ~lclián
Laíinur, Luis).
?\fcli ón l alinur, Luis : 7, 17, 25,
43, 108, 121, 122, 135, 1J9, 152,
157.
1'-fichel, Enrique: 104. 111.
1tlicbel, 11. ( vén~e: 1\lichc], Enri-

Narancio, E. l\I. (véase: Na rancio,
EdmunJo ~l. ).
Naran cio, Edmun&lt;lo ll. : \ '111.
Nar\'aja, Tri tán: 1·16.
OdJone ('«!ase: Oddone, Juan Antonio) .
Oddonc, Juan Antonio: ' ' JI, VIII,

X.

Ordoñana, Dom iniz;o: 81..
Oribe (, éal'c: 01ibe. ~Ianuel}
Oribe, J\f anuel: 3, 81.
Ortc~a ( \'éase: Orte~a y Gasset.
J oEé).
Ortega y Ga~::ct, J o~é· 101.

que).

'fif ichel, I Icnri C' éasc: 1\fichel, Enr ique) .

-

186

�P. D. I\L (véase: De-~ Iaría, PJblo).
Poc:heco 'vP.a,e: Pachcco y O bes,

Pricc ( véa&lt;:c: Pnce. Ricardo).
J1 ri1 e, Ricunlo: 3, 91. JO~.
Prit.:~lley (véase: Priestley, José).
Pricatley, José: 10-l.
l'u!cnclo rf (véase: Pufendorf, Ba·
n)n de).

~lcl chor).

Pacl!eco y Obc", \Jt&gt;lchor: 8 .
Pngolo, coronel ( 'réasc: Pagola,
Juan ~l.).
Pago la, Juan ~l.. 51, 54.
Po ane ( véa ...&lt;': Painc:, 'fomás) .
Painr&gt;, 1'on1ós: 104, 118.
Polorneque, Albcl'lo: 119.
Palon1eq uc, J osé G.: 14.
Palleja ( \'éase: Pallcja, León de).

Puf~n&lt;l o rf,

Q11in ct (véa1H" Quinet, Edp;ardo).
Quiuct, EdKurdo; 100.

l'allcJa, l t:un de: 8.
Parrington \!. ( véa::c: Parrington,
Vernon l.).

Rnmírez

( véa"e: Ramírez., Carloa

\Ja1 íuJ.
R nn1:re1. ( \éa&lt;:e: Ramírez, José Pe·
dro).
R nn1írc1,, Carlos Iaría: 2, 7, 12.
17·19, 26, 2í. 32, 37. 39. 73.
9,), 101. 103, 105, 109. 112,
121. 117-1 19, 152, 156. 165.
Ramít c1. doctor (véase: Rainírez.
Jo"é Pedro).
R n n1ÍH!l, (;on1a lu: 19 26, 37, 73,
1oJ, 137. 138, 165.
Ron1írc1, J. P. (véase: Ramírez.

Parringlon, Vernon L.: 106.
Paullicr (véase: PaulHer, Federi&lt;'O).

PnulhC'r, Federico: 57, 58.
Pena, Cario' ,\ta ría de: 19.
Peña. dl' la ( véaEe: Peña, Luis
J o!.é de la).
Peña, L11i J U6~ ele la : 3, 91, 91.
Pcñuh:n (véase: PP-ña1va, Juan).
Pciiulva, Juan : 160.
Pcrt·da, con1andt1nte (véase: Pere·
clu, Enrique F.).
Pereda, Enrique F.: 59, 88.
Pereda, teniente coronel (véase:
Pereda, Enrique F.).
}lt'rcira Cvéosc: Pereira, Gabriel
Antonio).
Pr:rcira, Cahriel Antonio: 32.
P1~n·1, luis Eduardo: 51.
Pl~rcz, ~1úxi1nu: 15.
I1 ~rcz Cu"tellano (véase: Pérez Castellano, f\lunucl).
P1~ rel Cnstclluno, i\lnnuel: 101.
1'1~ re1, Gomar ( v~ase; Pérez Gomar,
(,n•gorio).
Pércz Gomar, Cre~orio: 12, 8'1,
103. 105, 1116.
Pctit ~l11ñn1. ( véusc : Petit ?tfuñoz,
Eue"n io) .
Petil ~Iuñoz, Eugenio: l •i7, 149,
l'ivel l\éasc: Pive) Devoto, Juan

José Pt&gt;dto).
Rarnírr.1.• Jo é Pedro: XI, 2, 11"
] 2, 17. 18. 23, 26, 3-1·36. 49.
53, 55·61, 70. 96, 101, 106, 108112, 11 5, 117. 126, 129, 132..
13:i. 13S. 139, l jil, 1·15·1•17"
149, 158, 165.
R amírc1., Juan A.: 26.
Ramírc1, Junn P.: 59
Randall, Juhn E. (\éa~c: Randall.
Junn 1:.).
Rnn&lt;lall, Juan E.: 101.
H1·&lt;111en11, .T oaqu in: 135.
Ilr1111cnn, J naqu í n ( 'éase: Requ&amp;nn y r.arcíu. Joaquín).
R equcna y García, Joaquín: 6.J.,
133.
ll ive ra (véase: Rivt'ra, Fructuoso) ..
Hivcra, B1•rnnbé: 132.
Hhera, F1 u c t1111~0: 8.
Roclrígut•1, \urcliano ( véa"e: Rodríg11e1. Larrcte, Aureliano).
Rodrigue z La rn.:ta, \u reliano: 19.,

E.).
PiYel l)C'voto ( \'ea"c: Ph el Devoto,
Juan E.).
Pivcl l&gt;t•voto, Juan E.: 8, 13, 14,
24, 36, 87, ] .~ ]. 133, 131-.
Pre.:iclt•ntc dt&gt; la Rc¡1ública (véase:
Ello u ri, .T osi! E.) .
Pn·~irl en t c de la fl c¡.itíblica (véase:
Gomcn ..oro, Ton1:i1:1).

-

Barón de: 103.

26, 37, 88.
Rorn&lt;•ro, Einilio: 19, 26, 152, 156.
Rornero, J o..,é Lnis: 105, 152.
J{u5os ( véa~c: R11sas, Juan ~Ianuel
ele).

Ros::i .:, Juan nlJnucl de: 9 t

187

-

�Rousscau &lt;véase : Rousseau , Juan
J acobo) .
R ousscau, J uan Jacobo : 99, 118.
Rück.er, Conrado: 135.
R uggiero, Guido de: 104.

Tocqueville, Alexis de (\éase: Tooque,ille, Alejo de) .
TorreQ, Fernando: 16, 17, 62.
Tucker (véase: Saint George-Tuc·
ker) .
\

Saco, Jo~é Aneonio: 165.
Sácnz de Zumarán, Alejandro: 26.
Saint George-Tucker ( véaQe: aint
George -Tucker, Enrique).
Saint Georse·Tucker, Enrique: 106.
Saint Simon Cvéase: Saint- imon,
Enrique de).
Saint Simon, Enrique de: 93.
Salvandy (véase: alvandy, Conde
de).
Salvandy, Conde de: 100.
Salvañach (h.), Cristóbal: 19, 38.
Sansón Carrasco (véase: rituñoz,
Daniel).
Santos, Juan F.: 59.
Sarmiento ( véasf': Sarmiento. Domin~o F.).
Sarn1iento, Domingo F.: 50. 93,
105. 145, 151, 155. 165.
S imon, J ules (véase: Simón, Julio) .
S imon, J ulio: 100.
·
Sosa, J esualdo: J49.
Spenccr (véac;e: Spencer, Herbert).
Spencer, H erbert: 95.
Spinoza ( véac;e: pinoza, Benito) .
Spinoza, Benito: 96. 99.
Stewart \ argac;, Guillermo: 16, 1·13.
144.
Story (véase: Story, José) •
Story, Jo!lé: 3, 91, 106.
Story, J oscph (,éose: Story, José).
Stuart f\fill (véai.e: Stunrl l\lill,
Juan).
Stuart Mill, Juan: 95.
Suárez (véase: Suátez, .T oaquín).
Suórez, Cregorio: 18.
Suiírez, J oaquín: 7.

\' aillant, Adolfo: 12.
Varela (véase: VArela, José Pedro).
Varela, Florencio: 102.
Varela, J. P. (\'Case. \rarela, José
Pedro).
Varela, J acobo A.: 19, 26, 37.
\ "arela, Jo~é Petlro: 12, 17, 19, 26,
27, 31, 37, 47, 51·54, 62, 63.
66, 73, 74, 101, 148, 149, 151,
152, 155-157.
Varela, Pedro (' éase: Varela, Pe·
dro J.).
Varela, Pedro J.: 58, 62, 64, 65.
\ á~quez Acevcd.J, AJfr&gt;!do: 52, 137,
148.
\"ázquez., Eduardo: 59.
\ ázquez, Juan A.: 57.
,. ázquez, Laude!) ino: 110.
\ ' ázqucz . a~a-,tume. José: 64, 88.
''edia ( véa~e: \ edia. Agustín de).
Vedia, A l?u~tín Je: 14, 19, 48, 52,
61, 65. 72, 88, 101. 113, 131,
132, 140. 1-ll, 148-156.
\.edia de (véase: \ ' ed ia, Agustín
de) .
\ ' elazco. Erne~to: 23. 24, 26.
\ era. Jacinto: 36. 154, 156.
\ idal. Emilio: 26.
'idal, Francisco .\ .: 57, 64.
\ idal. Toribio: 59
1
\ il1alba (l éase : ViJJalba, Tomás).
\ illalhn, \ntonio: 88.
\illalba, Tomsi"· 21. 153.
\ illegas, Alejo: 3, 91, 93.

Taylor (véac;c: Tay)or, Juan).
Taylor, J11nn : 106.
Te7.ano~, Isaac de: 57, 110.
Tocqnevillc ( vé&amp;!e: Tocqueville,
Alejo dto}.
Tocqueville, ,\tejo de: 3, 12, l•t,
91, 101, 105, 12·1.

-

Washin!.!lon
J or;:~ 1.

(,·éu,c:

" 7ashi ngton,

"a&lt;&gt;hingl&lt;•n. Jor~r: 11.
"11l i-. l\'éa.;c•: \Villi-., i\athnnicl P.)
" 'illi". Nnthan1l"l P. : 106.
" ' olf f &lt;véa .;;e'. \\ olff. Christian&gt; .
'°'"oJff, Christian: &lt;:'6 .

7 ca. I 1 OJ "ltio: •15. 99, 151.
Zumar-'n. \leiantlro . de (\'éase:
acni clt Zumarán, Alejandro).

188 -

�INDICE GENERAL

��Pi g1 oa

ADVERTE CIA. por Edmundo .l\f. Narancio .. .. . .. . . . .. . . .. . . .. . . VII
NOTA PRELII\llNAR ............................................ . IX
TE~IARIO .... .................................................. .
l
Capítulo J. Jlacia el principi ..mo ..•..............................
5
Capítulo TI. La órbita política de los partidos de principios (18721875) .......... ............ . ....... ' ..... ..... ....... ....... .

21

Capítulo 111. El principismo doctrinario ••.........................
Capítulo I\'. Las soluciones principistas ante la realidad nacional •..

89
119

CONCLU. ION .................................... .............. . . 163
DIBLIOGRAFIA Y FUE TE • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • 169
INI&gt;ICE O~O~tA TICO . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
INDICE GE~ERAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . • • 189

-

191 -

��Nl\.ER IDAD DE LA I\EPl. BLI C A
MO'\TE\IDEO

1A'\IDADE
i3

CERRITO

CO ~SEJO

Y CIENCIAS

CEI\TRAL U ' I\1 ERSITA RIO

Rector

c.

LEOPOl.DO

ACORIO

\ocales
IltiGO

r.

Al\10RÍN ,

BEnl"ttl1Dl-.7,

J ORGE

CARl.OS

l\.1ARÍA CAIVO, J UAN CARLOS DEL ( Al\TPO, J U\N

J.

COUTURE, C ARl.OS

Or1.no, Aca c;1 íN

A.

FYNN. A1.P'Ol\ SO

At RE1.ro

LAXALDE,

ALVAREZ. El\tn.10

ORIBE,

II.

A.

E.

BF-RTA,

)03~

CAPRA, EDUARDO

GACC,Y.RO, J ULIO GARCÍA

Lucc n1:'-íI, RoooLFO l\lEZZERA

ARI EL Onosco.

BERNARDO

RosENc.u.an,

l\IAuno C. Ro-.rn .t , CARLOS \ 1 AZ Fr:rutEJRA.

CONSEJO DE LA F;\C LT,\D

Decano
CARLOS \ \Z FEnn1:1n \

, .ocn1es

J lJ,\ N J osÉ C.\nr.AJ AL V 1cTorucA,

\

í cTon CA YOTA, PEono FEnnEmA

B•RrtllTII. CONSTA:'\C IO L\ZARO, ALFON SO LIA\IBÍ\c; DE A ZE\ EDO,

E~t u .10 OrueE.

J uc. 10

-

l\l.\nÍ,\

193 -

osA,

I ~.\AC

\.1 '-tE:'iE7.

�/

•

ERRATAS
PAG

DONDE

LINEA

DEBE DECIR

DICE

prologaban

15

29

prolongaban

15

36

v1genc1a

incidencia

61

17

Club Radical

Club Libertad

95

28-29

filosofía politica y económica

filosofía política

•

101

30

literarias

liberales

105

38

Fuster

Fueter

165

6

del

de

165

11

cultas o Ilustradas

Ilustradas

165

12

autarqu 1a

autocracia

165

13

de cosmovisión

de la cosmovisión

167

11

jalonan

jalona

167

26

Idea s

Ideales

�1 rsTITUrfO DE I":\' E.

TJC;ACIO~FS

IIJ1 TORICAS

DE LA

FAClJLT1\D DE I-I l\IA "\IDADE. 'r
JUA~

LI~DOLFO

Cil~l\CIAS

CUESTAS 1525

Director ( honorari o)
]efe de Jnvcstiga c ione.~
tl1\IL:'\DO ~f. !\ARA~CJO

Per5onal de auxiliare"
~f.

Rt' !'\ .\

Br.AN CA

S1ERnA

P.u.is

GIL DE

CAsTno SuÁiu:z

r.-tARTllA CAr.IPOS Dr. GARABELl.1

/~i\tELIA M&amp;LiNDEZ

Delegación en BlJENOS AIRES ( uipacha í56, 3Q B )

Personal
A1'1 \l.I\ FANELI I

Delegados en Europa

ESPAÑ _i\
SE\ ILLA,
1

El\111.IANO

Jos

I!'fGLATERRA
LO~DRE..~. l\1ARCARET FRANKLIN

-

195 -

��El número VI, de la serie de ENSAYOS, FSTUDIOS y
MONOGRAFIAS, in titulado F I Principismo del
Setenta por Juan Antonio Oddone, con Advtrtencia de Edmundo M. Narancio, terminó de
imprimirse en Max\vcll y Cía. Buenos
Aires, el 31 de julio de 1956. El
t1raje es de 500 ejemplares
numerados del 1 al 500 y
300 ejemplares del
1 al 300, total
800 ejemplares

�</text>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>Oddone, Juan Antonio&#13;
El principismo del setenta : una experiencia liberal en el Uruguay / Juan Antonio Oddone ; advertencia de Edmundo M. Narancio-- Montevideo : UdelaR. FHC, 1956; p. 191</text>
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�6 7.

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A^

EUGENIO PETIT MUÑOZ

LA VIVIENDA CHARRÚA
(Interpretaciones gráficas y dibujos en el texto de Conrado Petit Rucker)
A la memoria del Dr. Buenaventura Caviglia (hijo),
gran estudioso, intérprete sutil de hechos recónditos,
y bienhechor de estudiosos y de intérpretes, desapa
recido en momentos en que se hallaba en prensa este
trabajo, hasta el cual llegó el aporte de su erudición,
sus bondades y sus luces.

'V
La magnífica Exposición Panamericana de la Vivienda mínima
y media que se realizó en 1949 en el Ateneo de Montevideo, no
merece sino elogio como esfuerzo, como realización en general, y
por sus altas finalidades sociales,
Pero hubo en ella dos detalles que, aunque realizados con pa
ciencia y habilidad encomiables por su autor, el Sr. Rodolfo Maruca
Sosa, nos parece un indispensable deber señalar como erróneos para
que los millares de visitantes, los maestros y profesores, los niños de
las escuelas y los estudiantes puedan rectificarlos a tiempo. Se trata
de la tentativa de reconstrucción de la vivienda y la indumentaria
charrúas, que se han incluido en la exposición como homenaje a
nuestros primitivos habitantes, en lo que debe verse un nuevo mo
tivo de elogio.
El presente trabajo tiene por objeto solamente la primera.
Se ha dado como representativa de la vivienda charrúa la que
no fue su típica vivienda, su vivienda primitiva, la que correspon
día al período anterior al uso del cuero del ganado para el techo
introducido por la conquista, pero que fue no obstante la que pre
dominó aún después de la difusión de aquél en la zona de habitación
del charrúa. Y al intentarse la realización de una vivienda bastar
deada o "mestizada" por el uso del cuero de ganado europeo, se han
cometido dos nuevos errores:
a) El no haherle dado tampoco ninguna de las tres formas, a
saber: cuadrada, cupuliforme alargada con techo semi cilindrico, y
cupuliforme pura, o sea de base redonda, con tendencia conoide y ge
neralmente llamada choza en forma de colmena, que, sin contar una
cuarta dudosa (la mampara de tres paredes sin techo), aparecen des
criptas inequívocamente en fuentes de primera mano, sino una de
rivada de la segunda de las mencionadas o aproximada a ell
es sino una deformación de la misma, y que podría defini
cupuliforme alargada de techo semitroncocónico, pues su
— 37 —

989.502 PET viv
La vivienda charrúa /

0 ^ 4 i) 3 5
FHCE/034035

�— 8S —
bj b sbiu 'sBjqBjBd sns ap j^njxaj jouaj jb soiuauajB sou is
'japuodsajjoa BjaaaaaBd buijoj BXna X 'sBuaSipui sajBtuiuB ap sojana
uoa Bqaaq BpuaiAiA Bun 'saipuBjanb soj b jaaouoaaj soiuaqap anb
soj ua '44sopuBjXn^?í soj b asjinqiJjB ojsia souiaq opaiAQ ua ojog
•ofBqBjj a^sa ap o^afqo ojap^pjaA ja sa jbj X 'BtujBqa
BpuaiAiA bj ap oipmsa un 'ouisiui is ua 'souiBÍoBq 'jbuoisboo ojxaj
-ajd jbj bX opuBpiAjo 'anb BJBd oaijoui ajuajaaxa un 'opoj ajqos 'sa
souiipnjB anb b uoiaBaijiiaaj bj Bqaaq JBfap ap ojisodojd ja ojaj
•(Binsiui B^ ap Bjnjonjjsa 'Bpjambzj
JOTjadns ound bj u^) -oapiAa^uop^ ap oauaiy p ua BpBzipaj Bipaní A. buiiu
-jui BpuaiAi^ bj ap BUBaijaniBUBj uoiaisodxg bj ua Bpiqiqxa X Bsog BanJBj^[
oíIPH -aS Ia ao&lt;^ BpBiua^uí BiujBija spuaiAiA bj ap upiaanj^suooajj — -\ -oi^

•(•[ *^ijf) soqaajajqos souanbad sojubj
sojjo jas b iiBjjpuaA anb o\ ap sajuBj^ajui 'sa|qBai[dxaui HBiJB^psaj
a^jsd bj^o aod anb 'scuuamajdun ouioa opBuoiauaur Bq SBnjjsqa so^
ap oauBJodraa^uoa un^uiu anb 'souii}[n so^sa 'sojuamap 'oqaaj p aaqos
ajuauíBtJBJ^iqjB sopBaopa 'sBuaSipui sa[BraiuB sosjaAip ap 'sbui sojpns
soaana soun^p '(auodsip as anb ap SBaipj^ouoat sajuanj SBaiun sop
sb{ b apuodsajjoa xu 'BiAnjj b^ BJiuoa Bsuapp sa 'BipduiBa Bjjsanu
ap SB^ajjBa ua BjAspo^ asaaA apand ouioa 'jopajxa p ^p^q opd [a
anb opiqBS sa sand 'opBjsnfB oaoduiBj sa ou anb &lt;q 'opd uts oppana
'Bpipnp uopanj^suoaaj b^ ua 'sBuiapB 'aaajsdB anb oaana) sappaiBiu
sojsa jod SBpjnp^suoa sb^ BJBd sa^uanj sb^ jod sopBpuas soaiun sapiaaj
-Bui oiuoa o^pqBa ap o boba ap oj^na p opipBUB jaqBq 13 (q
X íounuiin p Bap anb ua 'opuoj p B^sBq 'ouiix
-bui p BzuBap anb ua 'BpBJjua b^ apsap ajuamjBnpBj^ opuapaaaap ba

�o "paravent" que al toldo o choza. Y, por un lado, sería muy arries
gado, en el estado actual de los conocimientos, asimilar sin grandes
reservas a los querandíes con los charrúas; y, por otro, la vivienda
constituida por la simple mampara o "paravent" quedará casi total
mente descartada para el charrúa, a través del presente ^studio, por
evidencias resultantes del análisis riguroso de las fuentes^. La aculturación parece, entonces, más bien pampa o patagónica. Dice así
Oviedo en el pasaje aludido: "Sus casas son un amparo, como de
medias cho^as de cueros de los venados é animales que matan, muy
pintados é adobados para defensa del ayre é del agua; é aquesto son
sus moradas" (1)."~~
No se ha conservado, in situ ni en la museografía, vivienda alguna
de los charrúas, lo que se explica dada la destructibilidad de las sus
tancias que la formaban, ni reproducciones materiales de la misma,
de época o debidamente autorizadas por la. crítica arqueológica o
etnográfica." r^~
Debemos recurrir, pues, a las fuentes escritas y a la iconografía
de época, abordando, por necesidad, las delicadísimas discusiones que
plantean. Al hacerlo así, debemos hacer dos aclaraciones previas:
&gt;•
1. Que aunque el P. Mastrillo Duran, en una de sus cartas
annuas, de 1628, dice que los charrúas "ni tienen casas ni sementeras
ni lugar determinado" (2), entendemos que sólo ha podido hacerlo
por ignorancia, o para justificar la resistencia de los charrúas a la
conversión evangélica, resistencia que quedaría explicada con la
exhibición de su estado de animalidad y de degradación.
También sin duda este mismo propósito denigratorio, cuyos al
cances en la deformación de la verdad histórica habría que revisar
de una vez mostrando las causas de que dimana, hizo decir al
P. Cataneo, en su relación del viaje de Buenos Aires a las Misiones,
que "viven como bestias, siempre en el campo o en los bosques, sin
casa ni techo" (3). Pero podemos ver cómo se contradice en seguida,
denunciando la falsedad de su anterior aserto, expresando que "las
mujeres son las que trabajan en las necesidades de la familia, y par
ticularmente en las continuas mudanzas de sus barracas" (4), con lo
que confiesa la existencia de viviendas.
Las pruebas de la existencia de la vivienda charrúa son indu
dables, como podrá verse en este estudio.
2.

Que las modernas investigaciones sucesivas de Outes (5),

(1)Gonzalo Fernández de Oviedo v Valdés. — Historia General y Natural de las
Indias. — Tomo II, pág. 173. — Madrid, 1855.
(2)Documentos para la Historia Argentina, publicados por la Facultad de Filosofía y
Letras de Buenos Aires, tomo XX, "Iglesia", pág. 537.
(3)Carta del P. Cayetano Cataneo, inserta en el "Cristianesimo felice" de L. A. Muratori y traducido del italiano por J. M. Estrada, en "Revista de Buenos Aires",
año IV, N. 43, tomo 11, pág. 332. Buenos Aires, 1866.
(4)Ibidem, pág. 333.
(5)Félix F. Outes. — Sobre las lenguas indígenas rioplatenses. Materiales para su
estudio, en "Revista de la Universidad de Buenos Aires", N. 99, año X, tomos XXIIXXIV, Noviembre de 1913, págs. 231-237.
— 39 —

�V

•(021-611
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NOSdQ saiavH^) "í48oj^a aajua OAnpuB anb ojauoisij^ onSijua,, 'yaipjB^ qdasof -g ya
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Jiaasq b aApnA ajuauíBijduiB sb^^ -Bouan^) upia^u B{ ap snqiaj uos 'SBnjjBq^ A
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BjiadQ \vjisjaaip a ¿timtffv ojoj Djjap vizijou a ajmasouoa aniut\ 9\pp o^ojvjvj,,
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svujo uoa sajBjnijna sDiauapiauioa sajqvtou uojnuas anb souaí^iput soqaip ap sajqiunjsoa
svuaia ajqos snjou uoa 'sajuaavApn sauoiSaj soj ap sawfo snqpj soj ap A AonSnu^j jap
jojuaijQ opuog oj ap soua^ipw soj ap opiaouoa oatismSmj ojjo^uaauj Í86I 8P iunf
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'sB^siuijojiun sauoisnjauoa sbj ajuBjsqo ou 'soaiSpjodoajuB soj uaiq
-uibj UBjsa oj unB ^ 'asaBuiiuiaiap aod BiABpoj u^^sa 'BaijsjnSuij une
A 'BaijBjou^a pBpiaua^oja^aq ap X pBpiaua^oiuoq ap sojaBxa sop^aS
sns anbunB '(x) wBnwBqa ofajduioa ubjl,9 ojjbuibjj (jj^) ojsand
-ojd souiaq j^na jb jBan^jna o^unfuoa ojos un UBinxijsuoa sauBnuiui X
SBUBqa 'sBouan 'sBnx^Bqo anb ap uoiaaiAuoa bj b (Oí) Ao\\ uaanpuoa
'(^) Xu8iqjQ4Q ap X (g) ojnpuB^ X SBAxajj ap (soub souiisjnJBj aod
uoaanj oj ouioa 'sBpBpiAjo opts ^aqeq uoaaiqap Bounu anb) sauoiaB^
-aadjaiui sbj uoa SBpBuoioBjaj^oa '^njJBqa X Busqa 'BouanS sotJBjnq
-B3OA soj aaxua sbzubfamas ajqcs *(¿) osuojy X Baaa^ X (9)

�etnográficos, a los que habría que dar para ello una generalización
que no sería, en suma, sino una petición de principios. En efecto,
D'Orbigny funda previamente su hipótesis de la unidad entre cha
rrúas, yaros, bohanes, chañas, minuanes y guenoas, no en observa
ciones hechas directamente por él sobre todos esos grupos, sino sola
mente en lo que llama la "identidad perfecta de costumbres" que
entre ellos habría, de hecho, señalado Azara. Y partiendo de ese su
puesto, sobre el que no vuelve más, hace después su diagnosis antro
pológica sobre uno solo de esos grupos, diagnosis que, en tales con
diciones, se nos hace forzoso suponer, a nuestra vez, ya que no
estableció reservas ni distingos, quiso referirla a todo el conjunto.
Pero si bien D'Orbigny da, en grueso, cifras relativas a la esta
tura corporal (elemento de clasificación que debemos sin duda con
siderar como muy valioso) (13), tales cifras corresponden sólo a
mediciones hechas in vivo, pues no tomó medidas esqueléticas ni craniométricas. Y, por el contrario, debemos consignar en este punto
el absoluto desamparo en que todavía permanecen las cosas, pues
hasta hoy, que sepamos, sólo han sido medidos un único cráneo y
un único esqueleto charrúas (los de Vaimaca-Peru), y ningún otro
esqueleto y sólo un cráneo chana entre los de todos los demás grupos
aludidos, y ambos cráneos arrojan medidas tan desemejantes entre sí
como que el primero es "netamente braquicéfalo" —¿un amazónido?— y el segundo hipsidolicocéfalo (14). Falta, pues, aún, hacer
las diagnosis correspondientes sobre un número grande de restos de
individuos procedentes de diferentes enterratorios. Pero, en grueso,
el gran complejo charrúa es una unidad.
X_ bien, el primer documento que aparece en el tiempo descri
biendo una vivienda charrúa es de Pero Lopes de Souza, el lúcido y
minucioso navegante portugués que recorriera en 1531 y 1532 nuestras
costas detallando su paisaje, naturaleza y habitantes en su célebre
diario, que, como se sabe, quedó inédito hasta 1861. Dice así en la
parte que nos interesa: "Mandei la hum marineiro a nado... e veo
e disse-me.. .que aquillo, que pareciam tendas eram 4 esteiras, que
laziam hüa casa em quadra, e em riba eran descobertas: e fato lhe
(13)J. Imbellom, De la estatura humana como elemento morfológico y clasificatorio,
en "Runa", Archivo para lag ciencias del Hombre, publicación del Instituto de Antropolgía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires,
; 1948, Vol. I. Partes 1-2, págs. 196-243.
(14)Las medidas del cráneo y el esqueleto charrúa pueden verse, con la bibliografía per
tinente, en Paul Rivet, Les dernieres charrúas, en "Revista de la Sociedad de Ami
gos de la Arqueología", año IV, Montevideo, 1930, págs. 52-65.
En cuanto al cráneo chana, se trata de uno de los pertenecientes a los 19 esque
letos extraídos de un túmulo de ese grupo en Rincón de Haedo, departamento de
Río Negro, por nuestro distinguido colega Sr. Carlos A. de Freitas, quien los con
serva en su poder, con la tierra que los envolvía, a la espera de las mediciones y
los análisis, químicos y demás, de los técnicos. El Sr. Freitas tuvo la deferencia de
facilitarnos dos para que los transportásemos personalmente al Museo Etnográfico de
Buenos Aires, como lo hicimos, en 1948, con objeto de someterlos a la diagnosis
del sabio profesor Dr. José Imbelloni, quien nos había hecho el honor de prometér
nosla toda vez que le llevásemos las pie^as. Medido uno de ellos, pues el otro no
estaba en condiciones, por el operador Sr. Marcelo Bormida, con prolijidad cuyas
cifras, en medidas e índices, publicaremos oportunamente, el Dr. Imbelloni, en
carta que nos ha dirigido, lo diagnostica como pámpido.
_ 41 —

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-subjj b souiba Á Bdnao sou anb Biaijou b^ ^a uoa Á 'aja^d Bpun^as
b^ ap ojjBtia ^a sa anb 'bjbj^ b^ ap oi^j ^b ajuaxujaauoa oj bjbjj anb
na BiJojsiq ajqa^aa ns ap ojqq \9 JBaqqnd b oa^ on anb opiqss sa
ojad '^SX na 'Bzopuap^[ ap oapaj uoq ap uoiaipadxa bj ap aj.ied
BqBuuoj anb 'zna^ bjub ap osuojy ojBaSoaS |a jod sopiSoaaj sojBp
uoa 'sauoisaj SBjsa b baijb{3j Bjqo ns ap ajjBd b[ Bpoj oiuoa 'oiqíaa
-sa B-q -Bn^JBqa ofa^duioa ubj ^b JinqiJjB souiapod anb BpuaiAtA Bun
aaqos Biaijou Bun uaiquiB^ Bp opaiAQ 'sandsap soub soaod Xnj^[
•soaunf ap UBJa 'j3a ap souiBqBOB
anb buijoj b[ ua ojauíJBin ns Bjaiqijasap a[ apjBj sbui anb X 'uBjuod
-uioa Bf anb SBzoqa sbx ap sBjaisa sb^ anb ap ^saauoiua 'Bjajua sou
oísa uoa X 'Bjjap^oj Bun ap ouis asjBjBjj Bipod oj^j #Baoq ap sauoxsiA
-oad sns X sboubo sns ajuaxuBjunf SBpBpjBná UBjua^ SBn^JBqa so{ anb
ua sajB^nj so^ b sa^aunf buib^ Bznog ap sado-q anb soiuaA 'oqauíd
-asa un ap 3sbjb.h as anb awaSns uoa souopuBjSBq 'BÍaAo BqBiUB[^
[buiiub ap as^p anb b JBjajdaajuí BJBd JB^n| p ajsa Bas anb uig
•(BfaAO ap Buaaid Bun X opsuaA ap soCbsbj X opBa
-sad uijuB^jaq ^e auiuojaÍBJj X SBuanbad sboubo sop uojb^bs X sa[Baunf
sns b uojanj*'*) '(¿x) t4BlII9AO 9P ^ujadsojd Bnq a 'opBaA ap soqpS
-bj a opsasad uiijUBSjaq ob aui-uiBjaxnjj a SBuanbad SBipBiup sBn^
uibjbjij a 'siBaunl' sns sob uiejoj* • mn rojiaasa BiqBq sajuB SBip soq
. "sajuBfauías SBip ua opaaBq aaqtunjsoa 'ajuaraa^qBq
-ojd 'bj3 ^Bna o[. 'oasaaj p saqaou sb| JBSBd bjbcí Bip asa soqaaj so^
opsaBS uBjaiqnq anb Baqdxa o|p X 'zapidBJ uoa aauod b asaaA^oA X
asjBjinb Bipod sajjsd sns ap eun Bpsa anb jauodns soinaqap 'BruaBqa
bsbo tb\ ap pBpqtqBjuouisap ^pBj b^ ap uop^japuod bj 'sajuanj sbj
ua 'soraaaaA unSas 'auiiusun sa oiuoa X 'jojBa ap ajuBaojos Bjp un i^^
Biqap 'ouBjaA ouajd ua 'ajuain^is ja anb 'aiaap sa 'ajjoj^j ojuaiA ja oziq
as anb ojijasa BjqBq 'ajquiaiaiQ ap Q^ 'sajuB Bjp ja anb opuBpaoaaj
san^njJod jap SBjq^jBd sbj XBaijdxa '^9x) ddag -j ja jod sqaaq sojbX
soj ap BpuaiAiA bj ap uoiadijasap bj jod ojsandiui oaijua uauíBxa un
b ajuBjap^ sbui SBjiajaiuos ap Bjuana b X 'BioqB lod soiuaqap 'oqaaj.
uaXnqiaiB aj BniaBqa uoiOBjtqBq bj ap sauoiadiaasap SBUiap sbj SBpoj
iSBa ouioa oaa^ -oqaaj auaij ou BSBa bj sand 'SBiBduiBiu oijBna ojps ap
Bjsandiuoa jbuijou BnuBqa BpuaiAiA eun BJjsaniu sou anb BiaaaaaBd
í 'XSX 9P 3^quiaioi(q ap X^ I9 Bzuog ap sadoq[ aqiiasa oj ojsg
•(SBXjsanu sbj ap BjauBtu bj ap sapaa ouis bjibu oía ou X :sBjiaiqnasap
uBja BqijjB X 'oipBna ua BSBa eun uBia^q anb 'sBxajsa &gt;^ usía SBpuaij
uBiaaisd anb ojjanbB anb auiofip X ouiA X -'opEU b oaaui.iBui
un bjjb apuBj^[) "(^x) msbssou s^p OB5pj Bp sapiai uiBuas :bija uibu

�mentable es que carezcamos de detalles sobre estos "apartamientos"
como sobre la forma de las chozas. Pero, lo mismo que en Lopes de
Souza, el material vegetal aparece inequívocamente aludido.
Las primeras descripciones de la jviyienda charrúa que hayan
visto la luz son de Don Martín del Barco Centenera. Son también somerísimas, pero claras, y aparecen en los cantos X y XI de la
Argentina, es decir, que pertenecen al año 1574, y se refieren, la pri
mera a la zona de San Gabriel, actual Colonia, y la segunda al delta
del Paraná.
Dice la primera (19) :
En siéndoles la parte ya enfadosa
Do viven la desechan, que de estera
La casa solamente es fabricada, ,
Y asi presto do quiera es mudada.
Y la segunda (20) :
Llegamos con favor de la marea
A la primera casa, y al buhío
Que es dicho Tabobá de paja y nea:
. Los Indios luego salen con gran brío... etc.
Conocidas son la probidad y exactitud históricas del arcediano
poeta, que el P. Sallaberry demostró minuciosa y concluyentcmente
en "Los Charrúas y Santa Fe", como su concisión, que daba ruda
mente, no obstante, en el verso "ramplón", valga la sentencia de
Mitre, la prolijidad del detalle esencial, y de ahí el valor de estas
brevísimas diagnosis.
Dice, en primer lugar, que la casa es de estera, y dice asimismo
que tanto la casa, aisladamente, como el "buhío" todo, vistos por
Centenera como testigo presencial, es decir, tanto las chozas como la
toldería entera, esta toldería charrúa que llevaba el nombre del ca
cique Tabobá (sabido es que los españoles generalizaron frecuente
mente la voz indígena "bohío" que se daba en la zona antillana a las
viviendas colectivas, para aplicarla también a las aldeas o tolderías de
otras regiones de América), eran de paja y "nea", es decir, de paja y
juncos.
En efecto, según el Diccionario de la Academia, nea es aférisis
de anea, y anea: "Planta de la familia de las tifáceas, que crece en
sitios pantanosos hasta dos metros de altura, con tallos cilindricos y
sin nudos, hojas envainadoras por la base, ensiformes y flores for
mando una espiga maciza y vellosa, de la cual la mitad inferior es
femenina y masculina la superior. Se emplean las hojas de esta planta
para hacer asientos de sillas, ruedas, etc., 2. // Espadaña, la - acep.".
La anea es, pues, la paja de totora, la de aterciopelada flor tu
bulada marrón, o sea un junco. Pero a su vez puede ser la cortante
paja brava, la de blancos penachos, que es también un junco, pues la
primera acepción de espadaña, a que nos remite la propia Academia,
(19)Martín del Barco Centenera, Argentina, Lisboa, 1602, canto X.
(20)Ibidem, canto XI.
— 43 —

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•n^ A vjvjj vj ap ojj^ 'Avngvuvj jap vjsinbuoa vj ap vijojsijj — •onvzo'j oaaaj "j
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p ouv ja ozjxj as anb vpvjfua vj ua opipaons oj auqos autuofuj — •oariQ OdHVDiiog
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vpuiaojj vj ua sma[ ap viuvduiwj vj ap sojauojsij^ sauütsuj — •anf&gt;avx oasiDNva^

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ap 'SBaoBji} sbx ap BqiuiBj bj ap 'BaoBqaaq ^}ubjj,, :a}uam8ts bj sa

�En su Histoire du Paraguay, publicada en París en 1756, dice
Charlevoix, refiriéndose a los guenoas: "Leurs Cabanes sont bientót
dressées, quatre piquets en font toute la charpente, des nattes grossierement travaillées, d'une espece de glaieul qu'ils tirent de leurs
Marais, en font les Mura^les; les toits son de méme fabrique; elles
sont si petites, que pour peu qu'une Famille soit nombreuse, chacun
a bien de la peine a y pouvoir étre couché. Une peau leur sert de
matelat [sic] &amp; une autre, de couverture" (24). (Sus cabanas son
pronto levantadas, cuatro piquetes forman toda su armazón, esteras
groseramente trabajadas de una especie de gladiolo (25) que sacan
de sus pantanos hacen sus paredes, los techos son de igual fábrica;
y son tan pequeñas, que por poco que sea numerosa una familia, cada
uno tiene bastante trabajo para poder estar acostado en ellas. Una
piel les sirve de colchón y otra de cobija).
Notemos que la precisión con que, por una parte, Lozano y
Charlevoix señalan el número de cuatro para indicar el de los postes
de sostén de las esteras, y por otra Lopes de Souza y Xarque, como
hemos visto, y el Dr. Saldanha y Dumoutier, según más adelante se
podrá apreciar, aluden a la existencia de varias paredes; y la no
menor precisión con que los mismos Xarque, Charlevoix, Saldanha
y Dumoutier certifican la existencia del techo, dan la certidumbre
de por lo menos un primer tipo de vivienda charrúa, de junco tren
zado, tres o cuatro paredes formando una planta cuadrada, y un techo
cuyas características trataremos de precisar más abajo luego de la
necesaria discusión, y obligan a descartar la hipótesis de que la vi
vienda charrúa fuera una simple mampara o "paravent" colocada
contra el viento, tipo primitivísimo de vivienda que otros pueblos,
especialmente australianos y americanos, usaron, y que Serrano, en
un trabajo reciente, supone, no sabemos con qué bases de verosi
militud, frente a tantos testimonios que la contradicen (incluso el de
Lopes de Souza, que si bien muestra una casa sin techo en verano,
le atribuye las cuatro paredes de una casa en cuadro, y no una sola,
como sería la mampara), haber sido la vivienda charrúa de verano, al
paso que la choza de juncos sería la de invierno (26).
Una excepción fundamental, con todo, debemos señalar: la de
los yaros. Recordemos que al comienzo de este estudio hemos dicho
que el grado de homogeneidad o heterogeneidad, en cuanto a lo et
nográfico, y no sólo en cuanto a lo lingüístico y a lo antropológico,
del gran complejo charrúa, está aún por determinarse. Nada extra
ño es, pues, que aparezca una excepción, vinculada, no al nombre
genérico de los charrúas, sino al de uno de sus grupos, que en este
caso es el de los yaros, en cuanto a tal o cual hecho etnográfico par
ticular, aún de los más fundamentales, y por consiguiente, a uno tan
(24)Charlevoix. — Histoire du Paraguay, tomo IV, págs. 93-94. París. 1756.
(25)Glaieul es, según el Grand Dictionnaire Larousse, una planta de la familia de las
irideas, de hojas largas, deprimidas y puntiagudas eomo las espadas, y glaieul des
marais, nombre vulgar del iris de los pantanos o falso ácoro.
(26)Antonio Serrano. — The Charrúa, en "Handbook of South American India
blicado por la Smithsonian Institution. Washington, 1946, pág. 192.
— 45 —
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opBzuaj) ojiq ap Bqaaq BUiBa '¿ofaui oaod buibo Bjuaj joXbui anbiasa
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ojans ja ua Bpsqaa 'Xanq o ajJJij ap jaid Bun B¿a BUiea ng * * 'Btniaua
jod oqaaj ^iqBq ou X 'ojans ja aod sopBuiBxiBdsap UBqB^sg *ojj jap
BnB ja usqBasnq anb uoa 'soaanq soSuoaod ua UBpsisuoa soiJBuijna X
soapsauíop soijisuain sog "ojuatA ja Bjdos apuop ap opsj jap
-jb X opBzuaj^ oaunf ap sapajBd sajdrais ap uBSBd ou anb 'sBu
sns souiiA bjjijo bj ap sosBd aauínb y) ' ($z) SOPUBC[ SOB
tnbB anb 'sazoaaj sajStj sop a 'jBjuoa ap siaAissodiui a sapuBj^ ojintu
obs tnbs anb 'sod^s a SBjqoa ssp ojn^as Jiuuop Bipod anbta^a o anb
ajaos ap 'sajOAJB ssnp aj;ua jb ob Bpipuaisa a 'j^asad ap apaj ouioa
opBSuBJ^ otj ap B^aj BuiBa 'joqjatu oanod buibo Bqup Jom-anbtaBa a
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BpBjtap 'toq no aaSp ap ajad Btun Bja BuiBa Bng • • -Buita jod opBqjaj
BtABq obu a 'oBqa ojad sopBtuBJJBdsa uiBABjsg *oij op BnSt? b uiBABa
-snq anb moa 'soao souojod ap uiBi^stsuoa sotJBUijna a soatjsatuop
soijjsuajn sq *o)uaA o Bjdos apuop ap opBj op SBpBtujB a ops5uaji
oaunf ap sapaj^d sajduits ap tuBSSBd obu anb 'SBUBq^a s^ns sb soiuia
maSjBui Bp sossBd azutnb y,, ^SBjqBjBd sns 'ojaaja ua 'asuBa^
•jBtujou BpuatAiA ap jaiaBJBa ja Bjsajd aj jBna oj
opoj : (¿^) 9^ ja ojos oSajj ajsa b sand 'otustuí jap 'BqtjjB ojj 4boub3
ua 'afBtA ap SBtp ojjBna b 'apuBJQ ojjBg jap jng jb Xntu BtABpoj
BqBjsa sand 'optjBa Btuija ap buoz ua oaodtuBj 'jtaap sa 'XBnSnj^
oipatu jap sauaájBui sbj ua 91A bj anb ua Bqaaj 'ouojo jap sautj B Bas o
*oXbj^[ ap 2^ Ia BP^sn BI outoa outs 'ouBJjag b uozbj saauojua BjjBp
anb oj 'ouBjaA ap BpuatAtA bj BJBd bX ou X 'soiput sojsa b ojasopuaX
-nqiJjB 'X69J ap afBtA ns ua 'aquasap ddag '^ ja anb oj ttjuaABJBdí^
ja ajuauíBsiaajd sa j^ 'BpuatAiA bj ap biujoj bj sa oj outoa ajuBjJodiut

�recuerda haber visto en descripciones de viajes y en iconografías re
lativas a la Patagonia (31), pues supone que la fuerza de los viento
de estas regiones requería un amparo muy amplio, como el que estos
últimos prestan.
El tenor textual de las palabras del P. Sepp se presta tanto a
la una como a la otra de ambas interpretaciones. Señalemos a favor
de la propuesta por el Dr. Caviglia el empleo de la palabra "caba
nas" (32). Pero nos inclinamos a pensar, para esta vivienda de los
yaros, en un "paravent" o mampara de una sola pared (fig. 2), por
ser éste el tipo dominante en los pueblos de la cuenca platense que
lo usaron en sus zonas más septentrionales, y en poblaciones brasi
leñas de cultura también bastante tropical (33), a los que conside
ramos más vinculados con los charrúas, y con éstos a los yaros, que
a los patagónicos, y porque las expresiones "extendida al aire" y "entre
dos árboles", que se emplean para mostrar cómo se instalaba la ha
maca del cacique yaro, sugieren que el resguardo de pared de junco
era mínimo y no formaba un ambiente ni medianamente cerrado. Nosólo alejan la idea de estar la hamaca rodeada de paredes, en cuadro
y ni aún siquiera en disposición abierta, sino también que, aunque
se quisiera pensar que haya podido estarlo, cuesta imaginar que dentro
del breve recinto delimitado por ellas cupieran, todavía, dos árboles.
Por el contrario, el contexto del documento parece indicar que el ca
cique no estaba protegido de los animales sino por dormir alejado del
suelo. Y, a mayor abundamiento, un indio reclinado en una hamaca
colgada entre dos árboles y protegida del viento sólo por un "para
vent" simple es mostrado, cabalmente, en uno de los documentos ico
nográficos relativos a indios brasileños a que acabamos de remitirnos
en la nota 33 de esta misma página: el correspondiente a los purí.
Con todo^ si se tratara de una choza de tres paredes sin techo,
como cree el Dr. Caviglia, habría que decir que esta descripción de
Sepp relativa a los yaros confirmaría la de Lopes de Souza relativa
a los charrúas (lo que expresamos sin olvidar que Lopes de Souza noda el nombre de charrúas a los indios que describe sobre la margen
izquierda del Río de la Plata, si bien su identificación con éstos,
por razones tanto geográficas como etnográficas está impuesta ine
quívocamente). No estaríamos ya frente a una excepción yaro, con
su localización Uruguay medio, sino frente a un hecho charrúa gene
ralizado. Por ello, no descartamos totalmente la eventualidad de la
existencia de un segundo tipo de vivienda charrúa, consistente en
la ya aludida de tres paredes en cuadro sin techo y de junco tren
zado (fig. 3).
(31)Agregamos nosotros ahora que, sin salimos de un manual tan conocido y cómodo
como el Handbook of South American Indians, publicado por la Smithsonian Institution, Washington, 1946, véase, v. gr., el toldo ona de tres paredes en disposición
abierta, sin techo, y de cuero, t. I, pl. 37, inf., y el tehuelche con pared posterior
inclinad^ hacia adelante, que no deja, con todo, de oficiar en cierto modo de techo,
pl. 39, inf.
(32)En el original alemán "Hiitten", y en la traducción inglesa cit. "Huts".
(33)Véase, v. gr., siempre en el Handbook referido, el "paravent'" de los caingang pri
mitivos, t. I, fig. 56, y el de los purí, pl. 110, inf.
— 47 —

�•(buisiui b¡ ap Bjn;anJia 'Bpjainbzi joijadns ajjsd b¡ ug)
•BrujBqa BpuaiAiA ap 'opBzi¡Bjaua3 'stnn odu un —aiuajajip buoz ua X oijj ap
Baoda ua B¡¡anbB b jBiujijuoa Jod— aiuaui¡en)uaAa Bjjep sou 'BpuiuipB jas ap
'anb B[ 'ddag -j ¡ap uoiadijasap b¡ ap aSjns anb 'ojbá BpuaiAiA b¡ ap (bijÜiab^)
-jq ¡ap b¡) a¡qisod uoiaBjaadjaiui bjio b¡ jianpBj) zba b¡ b Bijpod X 'jo¡sa ap
SEip so¡ BJEd opsiinb oqaaj ¡a uoa EnjjBijj BpuaiAiA b¡ Bijinii)suoa X Bznog ap
sadoq ap ojauíjBui ¡a jod bisia b¡ Búas anb 'ojpena opuBiujoj 'Bjjand b b¡)bu
-iisap Bjajsa o ¡BnjJiA Bjjena eun X sapajBd sajj ap oqaaj uis szoq^ — • -aig

•(buisiui b¡ ap Bjnjanjisa 'Bpjainbzi joijadns au^d b¡ ug)
'ddag 'j ap uoiadijasap b¡ ap saABjj b oipaui XBiiánjQ ¡ap ojbX BpuaiAiA b¡ ap
sa¡qisod sauoiaB^ajdjaju; sb¡ ap Bun omoa a^jns anb X 'ouBaaA ap BpuaiAiA omoa
SBnjjBqa so¡ b aXnqiais ouBjjag anb '4i^uaABJBd,, o ajdmis BJBduiB]^ — -^ -^ig

�Volviendo ahora a la vivienda charrúa propiamente dicha, y a
la misma precisión, más arriba señalada, relativa al número de cua
tro postes, debemos decir ahora que tal precisión, admitida, además,
como hemos demostrado que debe admitirse, la existencia del techo,
descarta a la vez la idea de que la choza tuviera techo de dos aguas,
porque ignorando los charrúas, como seguramente tuvieron que igno
rarla, la técnica de la cercha o triángulo formado por dos lados oblicuos
o pares y un travesano que los une como base, llamado tirante (fig. 4),

Fi". 4. — Choza de dos aguas, que podría haberse construido utilizando el
sistema de la cercha o armadura, sistema que los charrúas ignoraron, como
todos los pueblos primitivos, por lo cual afirmamos que no pudo ser así la
vivienda charrúa. (En la parte superior izquierda, estructura de la misma).

técnica que supone un gran progreso en la construcción que ni si
quiera los griegos conocieron, la choza de dos aguas les habría exigido
por lo menos los seis postes de sostén que son inherentes al techo
de dos aguas sin cercha, a saber: dos para soporte del travesano cen
tral y más alto, que divide las dos vertientes del techo, y cuatro para
sostener los laterales, como puede verse en la fig. 5.
El techo era, pues, plano, y hay que suponerlo entonces inclinado
hacia atrás para evitar que la lluvia se empozase en él si fuese total
mente horizontal, o formase un charco que molestase la entrada si
fuese inclinado hacia adelante o aún hacia uno de los lados (fig. 6).
Damos en la pág. 53 un grabado de la obra de Famin a que nos
referimos más adelante, que ostenta este techo plano inclinado hacia
— 49 —

�•(buisiui bj ap BJnjanjisa 'Bpjainbzi joijadns ajjBd B[ ug)
•ojxaj p ua BBpsip sajuanj sbj ap saABj) b aiUBUituopajd b\ ouioj aájns anb
'sbjjb Biaeq opsuipni ouB[d oqaa) uoa 'soaunF ap BnuBqa BpuaiAi^ — '9 -oi^

•(Buisítu bj ap BJiu.in.u8a 'Bpjambzr joijadns ajjBd
bj ug) •BnjjBqa BpuaiAiA bj B^sa Bja oaodniB) anb soiubuijijb anb oj Jod
'jBundB soniapod son ou 'ajuainSisuoa jod 'anb jap A. 'BnjjBqa BpnaiATA bj
BJBd uBjBuas ojxaj ja ua SBpBjia saiuanj sbj anb ojatunu 'oJiBna uoa ojjaaBq
ajqísod Bjanj anb uis 'saisod sias oqaai ja jBuodos BJBd opijanbaj bijcjeij
o Bqajaa bj asopuszijun ou 'anb SBnSB sop ap Bzoq^ — -g *oig

�atrás en una choza doble de cuero, mostrada como vivienda pata
gónica del siglo XIX (lámina I). El arquitecto don Juan Giuria nos
dice haber visto el techo plano inclinado hacia atrás en chozas de
Santiago del Estero, y el profesor paraguayo don Guillermo T. Bertoni nos amplía esta misma observación llevándola desde el Chaco
santafecinq hasta Tucumán, siempre con materiales vegetales.
1 Azara, ^n sus viajes de 1784, describe a los charrúas bajo la
impresión fresca de haberlos visto y oído describir por primera vez,
y anota: "Habitan bajo toldos de esteras" (34). Pero estas páginas no
vieron la luz hasta que Mitre las publicó en 1873 con el nombre de
"Viajes inéditos", y este libro, con ser una fuente preciosísima, pa
rece ignorado por la mayoría de los autores que citan a Azara, y es
porque, entre tanto, habían alcanzado enorme difusión los "Viajes
por la América Meridional", del mismo gran aragonés, compuestos
muy posteriormente, viajes que Walckenaer publicó en 1809, y que
infinitos autores, incluso nuestro Figueira (35), han copiado y aún
siguen copiando. Ahora bien, la descripción de los charrúas que da
Azara en esta otra obra parece mucho más cerebral, más construida,
pero menos pintada sobre lo vivo que la otra, y es en ella que dice,
olvidando lo que había visto y escrito veinte años atrás: "Ignoro cua
les eran sus antiguas habitaciones, cuando no tenían pieles de vacas ni
de caballos. Las que tienen hoy no les cuesta mucho trabajo cons
truirlas. Cortan de cualquier árbol tres o cuatro ramas verdes y las
encorvan hasta clavar los dos extremos en tierra. Sobre los tres o
cuatro arcos formados por estas ramas, y un poco alejados los unos
de los otros, extienden una piel de vaca y he aquí una casa sufi
ciente para el marido, la mujer y algunos niños. Si es muy pequeña
se construye otra al lado. Cada familia hace otro tanto. Se compren
de bien que no pueden entrar más que como los conejos en su agu
jero. Se acuestan sobre una piel y duermen siempre sobre la espalda,
como todos los indios salvajes. Es inútil advertir que no tienen sillas,
bancos ni mesas y que sus muebles se reducen a casi nada" (36)
(fig- 7).
Azara decrihe aquí, pues, en cuanto a la forma, y para este se
gundo período de la vivienda charrúa, que parecería haber abando
nado los juncos para cubrirse de cueros con la introducción del ga(34)Viajes inéditos de Don Félix de Azara desde Santa Fe a la Asunción, al interior del
Paraguay y a los pueblos de Misiones, con una noticia preliminar de Bartolomé
Mitre, Buenos Aires, 1873, pág. 177.
(35)José H. Ficueira. — Los primitivos habitantes del Uruguay, en "El Uruguay en la
Exposición Histórico-Americana de Madrid", Montevideo, 1892, pág. 144. Ibidem,
en separata, pág. 30. Figueira añade allí a los datos de Azara estos otros: "Las
dimensiones de estos toldos eran de 180 centímetros de largo, 60 a 90 de ancho,
y otro tanto de altura", y da como fuente de estos últimos la siguiente: Eduardo
Acevedo Díaz. Etnología indígena, "La Época" de Montevideo, Junio de 1891. Ahora
bien, no obstante nuestras búsquedas prolijas, no hemos podido hallar en la colección
de "La Época" comprendida entre 1890 y 1891 otro trabajo de Eduardo Acevedo
Díaz sobre charrúas que el que citamos en la nota 97 de la pág. 70, en el cual
no se hace referencia alguna a estos datos ni a otros de naturaleza etnográfica que
Figueira atribuye al mismo en la pág. 146 de su op. cit.
(36)Azara. — Viajes por la América Meridional, ed. Calpe. Madrid, 1923, pág. 44.
— 51 —

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ouioa sa^B) 'adag anbiaBa oxdoad |a uoa ubtaia anb SBnjJBqa ap

�ni siquiera fueron los dominantes ni aún para la etapa de la historia
del charrúa posterior a la conquista.
En cuanto a la forma, porque aún mostrando el uso del cuero
como material para el techo (cuero que aparece con su pelo intacto
exhibiéndose por fuera), un grabado de comienzos del siglo XIX nos
pinta a los charrúas teniendo por vivienda una estructura total
mente cupuliforme, es decir, no alargada sino de base redonda y
sin techo semicilíndrico, sino hemisférico pero de tendencia conoide,
de mayor altura (superior a la de un hombre), y lograda por la in
serción en el suelo de varias gruesas ramas que se van curvando
hacia lo alto para juntarse en un solo ápice central, y cubierta de
cuero sólo en las partes media y superior, es decir, dejando un es
pacio vacío a partir del suelo hasta una altura desigual de medio
metro a un metro, aproximadamente, hacia arriba. Se trata de un
dibujo firmado Gallino, que desgraciadamente no es el pintor italia
no del mismo nombre que vivió en Montevideo a mediados del siglo
pasado, porque, de haberlo sido, podríamos tomarlo como a un po
sible testigo de vista, dibujo inserto en la obra de Giulio Ferrario,
"H costume antico e moderno de tutti i popoli", tomo II, publicado
en Milán en 1821, y que puede verse en colores, fuera de texto, entre
las páginas 234 y 235 de la misma. Ferrario atribuye en el texto,
mediante una referencia de la pág. 235, este grabado a la vivienda
charrúa, pero cuando habla de ésta, copia mecánicamente a Azara
en su segunda versión, recién citada, de la misma, pues describe la
cupuliforme alargada de techo semicilíndrico, que no corresponde al
dibujo, y ello conduciría de primer intento a rechazar la autentici
dad de este último. Sin embargo, como la choza cupuliforme pura
aparece claramente descripta como vivienda charrúa por Dumoutier
en documento que más adelante acabaremos por aceptar luego de la
necesaria discusión y nos llevará a admitir así en la choza en forma de
colmena el cuarto tipo de vivienda charrúa, el grabado en examen
la confirmaría, y es por ello que una prudente reserva nos obliga a
admitirlo, aunque con las necesarias dudas, como posiblemente toma
do de algún apunte de viajero que verosímilmente lo sacara del na
tural. Damos a nuestra vez una reproducción fuera de texto de este
grabado (lámina II).
Otro grabado, que figura bajo el N. 6, como charrúa, en la
obra "L'Univers. Historie et description de tous les peuples", etc.,
tomo caratulado "Chili, Paraguay, Uruguay, Buenos Aires, Patagonie, etc.", de M. César Famin, edición de 1856, grabado que damos
también fuera de texto y luce al pie los nombres de Danvin como
dibujante y Branche como grabador, que ninguna autoridad espe
cial confieren a la obra (lámina III), reproduce exactamente esta
choza de Gallino sin la menor modificación, aunque introduciendo
cambios en los personajes del cuadro (personajes de líneas griegas y
no indígenas, por otra parte) para lograr otra composición artística.
El propósito de respetar fielmente tanto la forma de la choza como
el material de cuero con que está cubierta, manteniendo intactos
hasta los detalles de la cabeza y la cola colgantes del vacuno, se hace
— 55 —

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UBdnao anb X 'XBn^njj^ jap ajuauo jb sopBn^is sanbsoq soj aa^ua
SBUBXBnS soj anb aaip 'BJBzy b opuain^is 'oiJBJja^ (o*j;
rojaaja ug 'BtujBqa ofajdxuoa ubj jb uoianq
-ijjb ajqísodiui ou ojad Bsopnp ap BaijBjSouoai ajuanj omoa opBqBj^
ajsa uoiaBJapisuoa ua jbuioi Y/1/ r)u}ul'9l oiuoa 'o^xa^ ap Bjanj zaA
BJ^sanu b soiuBp oj osa jod X) oun^jodo aaajBd sou 'uaiq Bjoqy
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uajqna) (^f) t4BiujBd ip ^ij^oj ip auBdBa ojoj aj ouojdoa,, 'BpuatA
-ia bj ap buuoj bj b asjuapj uis X 'ojaadsB ajsa ua 'ajuauíajdtuis
'aaip sauaxnb ap 'sBUBX^n^ soj b 'ojxa^ ja ua 'oiJBJjag jod Bpjnq
-ij^b sa anb Bzoqa 'BiujBd ap SBfoq ap ajuaiuBAisnjaxa Bqaaq X 'jbj
-a^B^ B^jand uoa X ojans ja BjSBq BpBJjaa 'Bfsq sbiu oSjb anbunB ara
-jojxjndna a^uaiujBjoj uaxqiUBj Bzoqa Bun BJisaniu 'gf^^ X ^^ sBui9i?d
sbj ajjua opB^ia oiuoj ja ua o^xaj ap Bjanj opBjBajajuí 'ouijjb^) oiusiiu
-isb opBuuij X 'oiJBJjag ap Bjqo bj ap sajojoa ua opBqBjá ojjq
•ajsa ap bj ap ajuajajip b3ijbjou
-oat ajuanj Bun oiuoa BjJBJapxsuoa ap 'ajuainSisuoa ^od 'soiuauajsqB
sou X 'ouijjb^^ ap bj ap \ZSI 9V B^3aJ ^iusiiu bj BnjJBqa BpuaiAiA bj
ap BaijSBjd uoisjaA Bjsa b 'sBqaip sauozBJ sbj aod 'soiuinqijjB 'Of-81
ua upxaxpa Bjauíud ns ua opBaijqnd anj uauínjoA ajsa uatq tg
¿ajuBUBA jouaiu bj uoa uiib iu jbaouui ap oAnjsqB as
sojBp sojjo ap opuaiaajBa X 'ajuBfnqip aaiuud jb opBjuaiunaop uaiq
jauodns b pjtuiij as o 'bjjbj3JJB ostnb ou osa jod X isb ajuaiujBaj Bja
Bzoqa bj anb ajuBfnqip OAanu ajsa ojaaja ua Biq^g? -ajuapiAa

�����otras tantas del guenoa y 1 con otra charrúa, semejanza que en el
peor de los casos, es decir, si no se admitiese que el guayaná formara
parte del gran complejo charrúa, debería interpretarse como producto
de préstamos o aculturaciones, y otro tanto podríamos decir, enton
ces, de las analogías etnográficas.
Castellano
vosotros
si
padre
tu (posesivo)
nuestro
hoca
el (artículo)
ser
^
ser hecho de }•
tal cosa j
frío
en

Kaingang .
en
ha, ham
iong
en, am
ein, en
ientkü, etki

Guenoa
—
an
on
—
•—

Chan

—
eme
am

—

hek
ti

ten

—

ten

kujate
te, ke, gan

rahate

ti

—•

Charrúa

em
kan

—
gue

Debemos señalar, asimismo, que la voz ein, que en kaingang sig
nifica, como se vio, "nuestro", coincide con la terminación del nom
bre de dos caciques minuanes: Maulein y Saltein (46), y es casi idén
tica a la del toponímico Cuareim, de la zona minuana a la vez que
guayaná (47).
4.) Pueden señalarse además, como vimos, semejanzas etno
gráficas entre guayanás y charrúas, que el propio Ferrario recoge de
Azara, tales como las de practicarse heridas en brazos y piernas (48),
semejanzas que, dada la precisa localización de Azara, debemos re
ferir a los guayanás del oriente del Uruguay, que no son guaraníes,
como lo demuestra el idioma de sus actuales descendientes, los Kaingangs, que acabamos de citar, y no a los del alto Paraná, que son,
todavía hoy, un grupo guaraní.
5.) El nombre "guayaná" es muy semejante, por una parte, al
de "guana" (y no es imposible que los guanas de Azara sean los guenoas, pues de otro modo sería inexplicable la ausencia total de una
mención siquiera de pueblo tan numeroso e importante como éste en
la obra de aquél) ; y por otra al de "Guayaná", zona de habitación
fundamental de las culturas arawak, a que pertenece, por lo menos
(46)Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, del que Aurelio Porto
transcribe preciosos fragmentos en su monografía Primtiivos habitantes do RíoGrande-do-Sul, publicada en "Instituto Histórico e Geográfico de Rio Grande do
Sul, Brasil", Annais do Primeiro Congresso de Historia e Geografía Sul Rio-grandense, Vol. I, pág. 297. Porto Alegre, 1936.
(47)La terminación ein, por otra parte, es arawak, pues figura, y cabalmente, también,
como pronominal, aunque no para posesivos sino para personales, y no para la pri
mera sino para la tercera persona, en las voces alléin (él, ella) y kaujéin (ellos,
ellas), en el idioma kóggoga de la familia "arhuaca" de la Sierra Nevada de Santa
Marta (Colombia), según Rafael Celedón, Gramática de la lengua kóggoga, Paris,
1886, págs. 13, 14, 15, 16, 17 y 18.
(48)Azara. — Viajes por la América Meridional, ed. cit., pág. 45.
— 57 —

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�liante, por consiguiente, sin olvidar el toldo guenoa cuadrado con
lecho y claramente familiar, de Xarque y Charlevoix, no como un
tipo más a agregar con seguridad a los que venimos precisando dentro
del gran complejo charrúa, sino como uno más a incluir sólo eventualmente en la tipología, sin duda múltiple, de la vivienda charrúa.
Véanse, ahora, las palabras de Azara describiendo esta vivienda:
"El plano topográfico de cada casa se reduce a dos líneas para
lelas, de ocho varas y media de largo, separadas una de otra por un
intervalo de cuatro varas y cuarto y terminados en cada uno de sus
extremos por un semicírculo. Clavan en tierra, en la dirección de
cada una de estas líneas paralelas, ramas de árboles, que encorvan,
y añadiéndoles otras, que amarran fuertemente por sus extremos,
constituye el conjunto una serie de arcos, a un pie de distancia unos
de otros; amarran en seguida otras ramas horizontalmente, cruzando
estos arcos a la misma distancia, es decir, a un pie, y recubren el
total con paja larga que reúnen en los campos y que amarran fuer
temente a las ramas; todo lo cual forma una bóveda cilindrica que
se extiende de una de las líneas paralelas a la otra. Cierran los ex
tremos con ramas de manera que formen una bóveda cónica en cada
uno, y que ellos reúnen a la otra, la cual, como acabamos de decir,
es cilindrica" (52). Damos dos intentos de interpretación gráfica de
esta vivienda: uno con el vértice del cono hacia arriba, en que el
medio cono terminal pasa a ser necesariamente un cuarto de esfera
(fig. 8) y otro con el vértice hacia abajo, en el que la planta semi
circular de los extremos a que alude Azara se transforma, también
por necesidad geométrica, en triangular (fig. 9).
Y, por su parte, Sánchez Labrador, sin describir su forma, dice
a su vez que los chañas le edificaron, a su pedido, una choza, de la
que expresa: "Las paredes y techo eran esteras tejidas de unos jun
cos que llaman Boqui y se levanta a la altura de unas tres varas" (53).
Esta choza chana, que desde luego no podía ser colectiva porque es
taba destinada sólo a habitación del jesuíta, estaba en el pueblo de
los Layanas, que, según el mismo autor, pertenecía a los chañas (54),
a quienes identifica, a su vez, con los guanas (55). Era, pues, para
nosotros, tanto una vivienda chana como una layana-guaná, y, por
consiguiente, dadas estas identificaciones que hemos venido haciendo,
y especialmente lo que expresamos en la nota 49 (pág. 58), una
vivienda guenoa, aunque sin duda de pequenez excepcional.
Manejada con la misma prudencia con que acabamos de hacerlo
en cuanto a sugerir la posibilidad de ensanchar nuestras actuales con
cepciones sobre los límites del gran complejo charrúa con la inclu
sión en él del guayaná, y por consiguiente de confirmar nuestras no
ciones sobre la vivienda charrúa con las que se conocen sobre la
vivienda guayaná, esbozaremos ahora, a cuenta de someterla en opor
tunidad a los rigores de la crítica propia y de la ajena, una hipótesis
(52)Azara. — Viajes por la América Meridional, ed. cit., pág. 51.
(53)J. Sánchez Labrador, El Paraguay Católico, ed. Buenos Aires, 1910, tomo II, pág. 269.
(54)Ibidem, pág. 266.
(55)Ibidem págs. 267 y 331.
— 59 —

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'(boisioi v.\ ap Bjni.injjsa 'npjambzt joijadns a]JEd b[ ug)
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jap aaijjaA ja opuBaojoa 'oaiuoa ajjaia ajqop X oaiapuijiaiuias oqaai uoj bjjbS
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ap (¿BUBqa?) (¿Bouan8?) vuvnS spuaiAiA bj ap uoiaBjaadaajuj — *g -3ig

�más de ensanchamiento del gran complejo charrúa, atribuyéndole
también el grupo brasileño bororó. Nos tienta a hacerlo así, en pri
mer lugar, la semejanza entre este nombre y el del toponímico Po
roró, del Departamento de Lavalleja, el cual resultaría inexplicable
si no pensáramos en que fue impuesto a la región que todavía lo
lleva por alguno de los grupos indígenas que vivían en nuestro país
o de los que lo visitaron. Y dentro de estos grupos, no se le puede
encontrar ni una raíz guaranítica, como la que ostentan la mayoría
de nuestros toponímicos (a menos que pensásemos en la onomatopeya
guaraní "pororó", alusiva a la crepitación, y con ella a la comida de
maíz que por crepitar en el fuego es llamada así, onomatopeya que
carecería de sentido y de fuerza para explicar un toponímico de la
geografía local), ni una raíz pampa, como las que en uno que otro
ha podido señalarse. La imputación al charrúa parece, pues, indicada,
salvo que se admita una penetración esporádica y fugaz del bororó
como elemento intrusivo extraño al charrúa mismo. Pero es que, en
segundo lugar, nos tienta a incluir al bororó dentro del gran com
plejo charrúa, el parentesco que al bororó reconocen actualmente los
etnógrafos y etnólogos dentro del común denominador de los pueblos
gés del Brasil oriental, precisamente con el kaingang, descendiente
del guayaná a que acabamos de referirnos (56). Ahora bien, aunque
&lt;56) Puede leerse en S. Perea y Alonso, Inventario del acervo lingüístico conocido de
los indígenas de la Banda Oriental y de las tribus afines de las regiones adyacentes,
con notas sobre ciertas costumbres de dichos indígenas que señalan notables coinci
dencias culturales con otras tribus del grupo lingüístico arawak, ("Boletín de Filología",
Montevideo, t. II, N. 12, Setiembre de 1939, pág. 618, y Filología comparada de las
lenguas y dialectos arawak, t. I, Montevideo, 1942, pág. XCIV), el siguiente párrafo:
"Celedón (39X) nos dice además, que "EL ARHUACO (que tal es el nombre
genérico que damos a todos los indígenas de la Nevada [Sierra], [lleva], colgadas
de los hombros, cruzando espalda y pecho, cuando menos dos mochilas de variados
colores, tegidas por la esposa, en donde guarda el HAYO [coca], el AMBIRO
[tabaco] y el PORORÓ [recipiente de la cal], que le sirven para entretenerse en
la mayor parte del tiempo y para saludar cuando encuentra algún amigo". Y la
nota señalada (39X) corresponde a "Celedón (Pbro. Rafael). Gramática de la
. lengua kóggaba. Paris, 1886, ps. V, X y passim".
Sería tentador, entonces, añadir a lo que expresamos en el texto, que, en tercer
lugar, el hecho de que la voz pororó es arawak y significaba entre los antiguos
"arhuacos" de la Sierra Nevada de Santa Marta, que son los estudiados por Celedón,
el recipiente de la cal, y de que la masticación de cal (costumbre de origen polinésico, como es sabido) es señalada por Silva, según el Códice Vilardebó, como
costumbre charrúa, hace que la coincidencia lingiiístico-etnográfica, si bien no pre
cisamente dándose en el charrúa ni en el bororó aisladamente tomados, sino en su
correlación, es decir, entre el nombre de uno de esos grupos y una costumbre del
otro, tal como se la llamaba en el idioma de un tercero que puede ser tenido como
la raíz de ambos, aparezca estimulando más aún el ánimo a la admisión de la
hipótesis.
Pero el argumento es imposible porque hay error de copia en la transcripción
del Sr. Perea y Alonso. No es pororó sino poporo el nombre del recipiente aludido
(Celedón, op. cit., págs. X, XXII, XXIII y 71), recipiente que no es para cal des
tinada a la masticación, sino una "calabaza en que echan cal de conchas de mar,
para chuparla" (ibidem, nota 2 de la pág. XXII). Por otra parte, tanto poporo
como sus derivados popora, voz del verbo poporear, y el sustantivo poporeo, (ibi
dem, págs. XXII y XXIV), no son voces kóggabas sino españolas, aunque no se'
especifica allí su origen, pero sí el hecho, precisamente, de ser españolas: en efecto,
poporo figura como española y cabalmente con su traducción al kóggaba como "súggui", en el vocabulario español-kóggaba de Celedón (op. cit., pág. 71), y no aparece
en cambio entre las palabras kóggabas del vocabulario kóggaba-español que el autor
incluye en la misma obra.
— 61 —

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Bn^B jtajjoasa jBxiap BJBd 'SBJiajsa SBppaj s^p niBsn otdo^d sibui opd
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anb BpuiB 'uiBdBi sasaj ap sojnoa sunS^ a 4BnqBi b a)UBq[amas 4Bqpd
ap sBjiaj sBJiajsa ssuanbad SBinn ojbui op ojunf sazaA sbjbj a buijod
Biaaqoasap BiunS^ aaqos jbuijb uiBinnisoa sbsbo siaABpnuí SBns syM
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ap ojojoq soj ap sajBijiuiBj sbj oinoa sajqxuoq soj ap Bzoqa bj ojubj

�alí coman, alí cosinham, porérn mais limpias as tem do que ao seu
proprio corpo, que nunca vé agua, senáo quando lhe chove em cima:
a estos ranchos lhe chamam Toldo e ao seu ajuntamento Toldaría" (60).
(Acostumbran a armar sus mudables casas sobre alguna descubierta
colina y raras veces junto al monte. Unas pequeñas esteras hechas
de paja, semejante a tabúa, y algunos cueros de reses tapan, aun
que mal, tres lados de la casa, y la parte superior que sirve de teja
do, donde lo más generalmente usan esteras trenzadas, para dejar
correr el agua de la lluvia. La cuarta pared sirve toda de puerta y
sus alfombras o pisos son la propia tierra y algunos pequeños cueros.
Dentro de ellas no se pueden acomodar más que cinco indios; allí
duermen, allí comen, allí cocinan, pero más limpias las tienen que su
propio cuerpo, que nunca ve agua, sino cuando le llueve encima: a
estos ranchos les llaman toldo y a su conjunto Toldería).
Y tabúa es "nombre común a dos plantas de las cuales una per
teneciente a la familia de las tifáceas (typha minor) sirve para hacer
esteras" (61), o "paja de que se hacen esteras gruesas", etc. (62).
*''

—^) Vamos ahora a los documentos de 1825 y 1833.
El Capitán Silva, qu'e vivió en 1825 cinco meses entre los charrúas, escribió en 1841 en su preciosa memoria, que integra el hoy
llamado "Códice Vilardebó" y puede leerse en el Boletín de Filología,
húmero 6-7 (Marzo-Junio de 1938) : "Sus tolderías consisten en esteras
hechas con varillas de junco seco que van a buscar a los bañados y
que unen entre sí con cerdas de caballo. Estas esteras las sostienen
con horquillas de madera, puestas verticalmente, sobre cuya bifur
ión descansan palos transversales" (63).
Quedan los documentos de los que vieron a los charrúas en París
1833, y que Rivet publicó en su magistral monografía "Les derniers
Charrúas" en nuestra "Revista de la Sociedad de Amigos de la Ar
queología", volumen IV, de 1930.
Ante todo, debemos demostrar que eran efectivamente charrúas
para dar a sus datos la validez de fuentes, porque el historiador
Ángel H. Vidal ha negado que estos llamados "últimos charrúas"
(Ramón Mataojo, Vaimaca-Peru, Senaqué, Tacuabé y Guyunusa),
fuesen efectivamente charrúas (64). Se funda, substancialmente, para
(60)Manuscrito del Dr. Saldanha, cit. por Aurelio Porto en Primitivos habitantes do
• Río-Grande-do-Sul, en "Annais do Congresso", etc., cit., pág. 295.
(61)Simóes da Fonseca. — Diccionario Encyclopedico da Lingua Portugueza, huera
mente refundido por Joáo Ribeiro, Río de Janeiro-París, 1926.
(62)Diccionario da lingua portugueza, composto por Antonio Moraes Silva.
(63)S. Perea y Alonso. — Transcripción tipográfica y Exégesis filológica provisional
del "Códice Vilardebó", versando sobre la lengua y costumbres charrúas, en "Bo
letín de Filología", N. 6-7 (Marzo-Junio de 1938), Montevideo, pág. 10. Véase
además: Juan C. Gómez Haedo, Un vocabulario charrúa desconocido (Boletín ci
tado, N. 4-5, págs. 341-350), y S. Perea y Alonso, Filología comparada de las len
guas arawak. Montevideo, 1942, XLV-LVI.
(64)Al referirnos solamente al historiador Don Ancel H. Vidal como sostenedor de la
tesis de que los indios llevados a París por Mr. de Curel no eran charrúas, no ol
vidamos que Florentino Ameghino, en La Antigüedad del hombre en el Plata,
París-Buenos Aires, 1880, tomo I, págs. 465-471, había negado también que lo fue
ran, suponiéndolos cruzados con negro, y fundándose en razones somáticas para in
terpretarlos así. Pero como Rivet, con posterioridad a esta posición negativa del
— 63

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BJan^ aqBna^^ anb ap pBpqiqisod B^ Bpuas as 'ppi^Y "JS I9 JOÍ^ Pí^
-nasip p sa anb 4448BnjJBq^ sjaiujap sa^í5 'ja^i^j ap ofBqBJ^ p BJjsnji
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-BasuiiB^ iu 'oCobjbj^ uouiB^ iu UBjnSij ou 'aq^naBj^ JBdsB^) un
-ij SBpBjp SBjslAaj ap SB^sq sb[ ua ig o'^ ísojauoisiiu uasanj 'sopBA
-ajqns soipui soj bj^uoo bj^ai^j jod Bp^uapjo BjpjBq bj ap sandsap
sopBiuoj 448BnjJBqa sounqu^, sopBiuBjj sonpiAipüi oaup sosa anb a^JBd
Bun^uiu ua B^suoa oj^[ o'j isoj^osou souiapuodsaj 'uaiq BJoqy
•(59) ^aq^naB^ JBdsB^) ap p BqBjn^ij so^sa aj^ua
X 'satuBJBnS UBja [sauoisij^ sbj ap] Bjsmbuoa bj ap sandsap BjaAijj
oCbj^ anb sojauoisiui ap sodjano soj ap sbisia3j ap sbjsij sbj ua uojbj
-nij anb sajquiou soj^ anb ua (o#^ X í^njJBqa nqoj bj b uojaiaaua)
-jad anb 'oqnq osbob X 'sounSjB jaqBq opnd sojja ajjua^, anb jauodns
jiiuisojaA sa anb aaouoaaj o jad 444juBJBnS bzbj ap UBja [sBnjjBqa
SOpBUIBJJ SOJ BJJUOa J^UIJ BUBdlUBD BJ JBnj OAn^ '^8I U3 BpiJJ
-nao 'joijajsod uoiaBAajqns BXna ap zibj b 'uoiuj^ Jjog 9P BÍUOID
bj ppunj 'sauoisij/y[ ap BUBdiuBO bj ap osajSaj ap '8^81 na opuBna
jaua^) jb] uoJBUBdiuoaB oj SBijiuiBj sns uoa anb soipui soj ap
bj isBa 4bsbui bj 'ojauínu ubjS ja?^ anb u^ (o'j :isb ojjaaBq

�(68). Ahora bien, con este mismo nombre de Laureano y con el
apellido Tacuavé hemos descubierto su partida de bautismo en Paysandú, precisamente, a f. 43 vta. del libro a que más abajo nos refe*
riremos, como nacido el 8 de Setiembre de 1809 e "hijo legítimo de
Eustaquio Tacuavé y de Francisca Martínez, Indios de esta juris
dicción", y aunque no se dice allí que estos indios eran "vecinos
de este Pueblo", lo dice textualmente así, a f. 19 vta., la inscripción
del bavitismo de Apolinaria Tacuavé, la hija segunda, al parecer, del
mismo matrimonio, nacida el 18 de Agosto de 1807, al paso que María
Manuela Tacuavé, nacida el 11 de Agosto de 1805, que sería probable
mente la mayor (si es que no existían otros hijos anteriores sin bau
tizar, cosa no imposible pues la iglesia de Paysandú sólo se inaugura
en 1805) aparece inscripta a f. 2 como hija también legítima de los
nombrados, a quienes llama "Indios de este Partido". Quiere decir
que los padres de Tacuabé eran indios, aunque la madre de apellido
español y por ello quizás mestiza, y que vivían casados y con el
hábito de bautizar a sus hijos en el partido o jurisdicción de Pay
sandú, habiéndose avecindado en él, o sea, que tenían el arraigo y
las costumbres que hacen suponer los rudimentos de vida social ci
vilizada propios de lo que era entonces aquel pequeño pueblo cris
tiano de indios guaraníes, o por los menos de sus aledaños. Notemos
además que ni una sola vez se dice de ninguno de los dos padres que
fueran indios charrúas, no obstante haberlos tenido que mencionar
por tres veces el "Libro de bautismos", y siendo así que, como volve
remos a decirlo más abajo y con mayor amplitud, las anotaciones in
dican que el indio era charrúa cada vez que lo eran efectivamente al
guno de los inscriptos o sus padres. 3. Podemos aducir en oposición
a la tesis del señor Vidal un documento de procedencia doblemente
insospechable, por provenir del propio General Rivera, y por figurar,
precisamente, como parte de la prueba, en el trabajo del Sr. Vidal.
Nos referimos a la carta que el General Rivera publicó en el "Iris"
de Río de Janeiro el 30 de Octubre de 1848, en contestación a "0
Americano", carta que certifica la nacionalidad charrúa de tres de los
indios llevados a París por M. de Curel (que son los cuatro últimos
de los cinco que hemos mencionado), pues dice: "Se e verdade que
se repartiram os Charrúas, porque d'elles nao quizemos dar cabo; e
que tres foram levados a Francia por mr. de Curel, a quem foram
dados. E essa a cousa única exacta que O Americano escreve relativa
mente aos Charrúas" (69) (Si es verdad que se repartieron los cha
rrúas porque no quisimos acabar con ellos y que tres fueron llevados
a Francia por Mr. de Curel, a quien fueron dados. Es esa la cosa única
exacta que "O Americano" escribe relativamente a ellos). Y cuando
Rivera habla de charrúas, debe entenderse que sabe lo que dice. No
era tanta la confusión que se sostiene existía entre indios charrúas e
(68)Ibidem, pág. 14.
(69)Ángel H. Vidal, La leyenda de la destrucción de los charrúas por el General Rivera.
en "Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay", tomo IX, Montevideo.
1932, pág. 179, nota.
— 65 —

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�rían, según veremos, un "toldo o carpa de junco": y ni la vivienda
guaranítica primitiva, ni, menos aún, la misionera, eran así. Era así,
en cambio, como lo estamos viendo, la vivienda charrúa. Faltaba sólo
el barbote a nuestros personajes, pero ya no lo usaban en estos tiempos
los charrúas; k) Los dos elementos de que está compuesto el nombre
del cacique Vaimaca-Peru, son fonéticamente afines a un alto por
centaje de las todavía no muy numerosas palabras que hasta ahora
se conocen del vocabulario charrúa y sus parientes, (es decir, in
cluyendo las guenoas y las chañas aunque no las kaingang), pa
labras que, contando los nombres propios, pasan a penas de 200. No
debemos olvidar que ese nombre nos ha sido trasmitido por fuentes
francesas y debemos pronunciarlo, entonces, como la haría un francés,
es decir, como Vaimacá Perú. En cuanto a esta última mitad la se
guridad es total, pues en el escrito en que M. de Curel pide al
"Supr. Gob. del Estado", en 1833, se sirva recabar el consentimiento
de los cuatro indios para podérselos llevar a París de acuerdo con
las leyes francesas (76), escrito en el cual, como es sabido, sólo fi
guran los nombres de tres de ellos con los conocidos cambios de
Guyendita en lugar de Guyunusa, Sira en lugar de Senaqué y Perú por
Vaimaca Perú, este nombre Perú, que estaba originariamente escrito
sin acento, aparece claramente enmendado por el agregado de un
fuerte y grueso acento sobre la u final, trazado visiblemente por pluma
y por mano distintas (al parecer las del propio Mr. de Curel) de las
del fino calígrafo que había extendido el documento: la notación
ortográfica francesa Perú debía, pues, leerse Perú en castellano. La
reproducción fotográfica del documento, que damos en la pág. 68
y ve por primera vez la luz (77), lo prueba así (Lámina VI).
Y bien, Vaimacá recuerda varios nombres charrúas terminados
en á acentuada: el de los caciques Caytuá (78) y Abayubá (79), y
especialmente los trisílabos agudos Tabobá (80), también cacique y
toponímico hoy desaparecido, y los igualmente toponímicos Cayastá
(81) y Nogoyá, señalado este último por Serrano y Pérez Colman como
charrúa (82) ; los apellidos civiles Cuiacuá, Cuyucuá, Dinapá (83) y
(76)Archivo de la Escribanía de Gobierno y Hacienda, expediente N. 49 de 1833, cons
tituido por una sola foja, sin caratular, pero indizado bajo el rótulo Curel Don Fran
cisco, por dos indios.
(77)En el artículo del Sr. Vidal que citamos en la pág. 65 se transcribe este documento,
• pero sin acompañarse su reproducción facsimilar.
(78)Martín del Barco Centenera. — Argentina. Lisboa, 1602, canto XIII.
(79)Ibidem, canto XI.
(80)Ibidem, canto XI.
(81)F. J. Sallaberry, S. J. — Los charrúas y Santa Fe. Montevideo, 1926, págs. 266
y sígs.
(82)Antonio Serrano. — Origen del vocablo "Nogoyá", en "Boletín de la Academia
Argentina de Letras", III, Buenos Aires, 1935, pág. 360, y César B. Pérez Colman,
Entre Ríos. Historia. 1520-1810. Paraná, 1936, tomo I, págs. 51-59, y especialmente 53.
(83)Pablo Cabrera. — Datos acerca de los indios charrúas, en "Tribuna Social". Monte
video, Abril de 1934. pág. 35. Estos apellidos no aparecen en la nómina del Pbro.
Cabrera con el acento final indispensable toda vez que se trata de voces agudas
terminadas en vocal, pero ello es sin duda porque tales apellidos figuran escritos con
todas sus letras en mayúscula, y para ese caso no se usa el acento. Por ello revista sin
acento y con todas sus letras mayúsculas Cayastá, es decir, escrito como CAYASTA,
pero este nombre figura además en el texto con las letras siguientes a la inicial.
^ 67 —

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�Obaicá (84) ; las voces inchalá, jalaná, mautiblá, belerá, berá, chaloná y bajiná del Códice Vilardebó (85), y también varios trisílabos
agudos terminados en at, que por variantes de pronunciación o defec
tuosa captación auditiva del que los recogió pueden asimilarse a los
anteriores, tanto más cuanto que tenemos, del toponímico Marmarajá,
terminado en á acentuada, con que se conoce actualmente el Baumarajate que nos trasmitió como tal en el siglo XVIII Don José María
Cabrer en su conocido informe (86), y que, según es sabido, es minuano (87), la variante Malmajat, que nos da un acta del Cabildo de
Montevideo (88). Vaimacá interpretado como Vaimacat, se aseme
jaría entonces a Cumandat (89), nombre de otro cacique, a Malma
jat, y a perakat y gomálat, voces, estas dos últimas, del vocabulario
contenido en el libro La Cosmographie Universelle, publicado en
1573 por el viajero francés Thévet, y que se basa, en esta parte, en
datos tomados en 1555 por marinos franceses que hallaron en estas
regiones a unos indios "gros et grands" de cuya boca las recogieron,
y que Lehmann-Niestzche identificó recientemente, por razones et
nográficas, no con los patagones, como antes se había hecho, sino
con los charrúas (90), como a nosotros nos lo hacen ahora verosímil,
a nuestra vez, además, estas semejanzas lingüísticas hasta hoy no
señaladas por nadie, y que se robustecen, sin que tampoco nadie lo
haya percibido, al parecer, hasta este momento, con el hecho de que
la invocación a la luna, como objeto indudable de culto que estos
indios hicieron en 1555, coincide con la hecha en 1574 por un chaminúsculas, y entonces el propio Pbro. Cabrera acentuó correctamente la á final.
Debemos, pues, generalizar la misma eufonía charrúa de Cayastá y demás nombres,
que nos son conocidos como agudos, para deducir sin ninguna violencia que los
demás apellidos que hemos citado eran también agudos. La duda se disiparía acu
diendo a los documentos originales. Se trata de indios que fueron bautizados en
Santa Fe pero nacidos en la reducción charrúa de Cayastá, e inventariados en un
empadronamiento del siglo XVIII que fue facilitado al Pbro. Cabrera, en facsímile,
por el Dr. Biedma cuando éste era Director del Archivo General de la Nación
Argentina, pero el Pbro. Cabrera expresa que lo perdió, habiéndose valido, para
la nómina que publicó en 1934 en el trabajo que citamos, de una copia que feliz
mente había tomado, sin duda por precaución, del facsímile aludido. No nos ha
sido posible todavía trasladarnos a Santa Fe para intentar una compulsa de las
inscripciones en su original. Celebraríamos que algún colega lo hiciera.
(84)Ibidem, pág. 36.
(85)S. Perea y Alonso, Transcripción tipográfica y Exégenis filológica, etc., cit., en
"Boletín de Filología", N. 6-7, (Marzo-Junio de 1938) Montevideo, págs. 12, 13 y 14.
(86); Informe de Don José María Cabrer, en Melitón González. — El límite oriental del
territorio de Misiones. Montevideo, 1882, págs. 261-264.
(87)".. .Baumarahatc, que ern idioma Minuan significa Serró frió", confr. ^Diario para
os comisarios, astrónomos e geógrafos da primeira tropa], en "Collec^áo das noticias
para a historia e geografía das na^óes ultramarinas que vivem nos dominios portuguezes ou lhes sao vizinhas", Lisboa, 1841, VIL pág. 56. (Cit. por Félix F. Outes.
Sobre las lenguas indígenas rioplatenses. Materiales para su estudio, en "Revista de
la Universidad de Buenos Aires", N. 99, Año X, tomos XXII-XXIV, Noviembre
de 1913, nota 2 de la pág. 237). Véase también Aurelio Porto, O Miriuano na
Toponimia Riograndense, en "Diario das Noticias". Porto Alegre, 23 de Julio y
1. de Agosto de 1931.
(88)Acuerdo del 11 de Abril de 1763. (Revista del Archivo General Administrativo,
tomo 3., pág. 397).
(89)Ibidem, págs. 289, 390, etc.
(90)R. Lehmann-Niesztche. — Una desconocida expedición del año 1548 a la costa de
Patagonia. (Suplemento de "La Prensa", Buenos Aires, 6 de Marzo de 1938).
— 69 —

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(001)
(66)
(86)
(¿6)
(96)
(S6)
(^6)

(6)
(Z6)
(16)

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�tales en Santa Fe; al del indio Naybú, que el General Antonio Díaz
conoció entre los charrúas (105); a las voces tinú y caracú, que figu
ran en el vocabulario charrúa del Códice Vilardebó (106), aunque
esta última es también guaraní, sin que pueda afirmarse si la aculturación se produjo en un sentido o en el otro; y al nombre de algún
animal silvestre de nuestro país que hay que suponer charrúa por la
lógica de esta concatenación fonética que intentamos evidenciar: no
ya el tatú, ni el pacú, ni el yacú o pava de monte chica, que son
guaraníes, sino el pirú o pava de monte, sin contar el teru-teru, al
que razones onomatopéyicas han hecho sin duda que cargase sobre la
e de la sílaba inicial el acento que debía recaer normalmente sobre
la u de la final, transformando en graves los dos elementos repetidos
en el vocablo compuesto que de otro modo habrían sido agudos (107) ;
(todo ello lo decimos sin olvidar al Perú español guaranizado, que
significa Pedro, y en el cual no hay por qué pensar puesto que hemos
visto que hay también un nombre propio Perú entre los charrúas
de Cayastá, y un cacique charrúa Pirú, ni a las voces guaraníes pyrú
(pisar), pirú (flaco) y muchas otras más terminadas en ú acentuada,
porque lo importante es recordar que en el idioma charrúa se encon
traban también palabras de esa clase, y que, por consiguiente, su
presencia en determinado caso no tiene por qué obligar a pensar que
se trata de voces guaraníes, debiendo, por el contrario, tenérselas por
charrúas todas las veces que, como ocurre en este caso, circunstancias
de otro orden aconsejen con mayor grado de probabilidad que deban
atribuirse a los charrúas) ; 1) Haciendo la misma salvedad con respecto
a la existencia de palabras guaraníes terminadas en é acentuada, dire
mos que a su vez el nombre de Senaqué no parece fonéticamente
guaraní, y en algo se asemeja al de los caciques Sepe (108), Naigualvé,
Gleubiblé y Doimalnaejé (109), todos charrúas.
(105) Antonio Díaz. — Los indios charrúas, manuscrito inédito sin foliar, intercalado en
el tomo 4. de las Memorias del General Antonio Díaz, también manuscritas e
inéditas. (Archivo General de la Nación, Documentos pertenecientes a la adqui
sición Antonio Díaz). Se trata de un códice precioso para el conocimiento de las
fuentes documentales de primera mano para el estudio de los charrúas, que nos
proponemos publicar en breve.
^106) S. Perea y Alonso, Transcripción tipográfica y Exégesis filológica, etc., cit.,^ en
"Boletín de Filología", N. 6-7 (Marzo-Junio de 1938), Montevideo, págs. 12-13.
(107)La voz teru-teru, aunque onomatopéyica, difiere de la guaraní teteu, también ono&lt; matopéyica, con que se designa en esta última lengua la misma ave. Es sabido que
cada lengua crea sus onomatopeyas a través de sus propias tendencias fonéticas y
como, dado que teru-teru no es guaraní y debemos, por consiguiente, atendiendo
a la zona de dispersión de esta voz. que coincide con la del charrúa, suponer fun
dadamente, como lo hemos hecho, que ella pertenecía al idioma charrúa, ella nos
suministra un ejemplo más de lo que podemos considerar formas léxicas naturales
en este mismo idioma.
(108)Antonio Díaz. — Historia Política y Militar de las Repúblicas del Plata. Tomo 2.,
Montevideo, 1877, págs. 86-91; Eduardo Acevedo Díaz, La Boca del Tigre, etc., y
Modesto Polanco, Los indios charrúas, etc.
(109)F. J. Sallaberry. — Op. cit. pág. 266. No añadimos a estos nombres el de Daimanaejé, que Perea y Alonso anota como diferente de Doimalnaejé en su Inventario
citado, porque el último de los autores nombrados ha padecido error, sin duda
por no haber hecho una compulsa personal de las obras que cita como fuentes, y ha
berse guiado acaso por datos que le fueron suministrados verbalmente o en copias
mal tomadas por otros, lo que se explica dada la avanzada edad del filólogo nom— 71 —

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opun^as ajsa pEpijcaj ug •afanuEiuin^ ap p Bjcd aiuanj omoo tjBioos Bunqu^,, ua
opBogqnd ofBqBJi opBiía ns ua VH3Mav^ 'OJ^d \b X 'afaEU[Bui;og ap ajquiou \a BJBd
ajuanj: ouioa souiBip zaA BJisanu b anb BUiá^d b^ ua XjjaqBgcg b osuojy X eajaj
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�nio de 1833 (116), y denuncia, además, sus fuentes, citando, para otros
aspectos, a Azara y al P. Dobrizhoffer (117). La copia es somerísima,
pero visible.
El amigo anónimo de los charrúas que escribió en "Le National"
de París, dice en su artículo del 12 de julio de 1833, refiriéndose a
su vivienda: "...cortan del primer árbol tres o cuatro largas ramas
verdes, luego las curvan de manera de hundir sus dos extremos en
tierra. Sobre los tres o cuatro arcos formados por esas ramas, ex
tienden una piel de vaca que forma el techo. En menos de una hora
de tiempo un jefe de familia edifica así una casa suficiente para él
y su familia. Entran en ella, según la expresión de Azara, como un
conejo en su agujero" (118). La copia es evidente y, además, con
fesada.
En cambio, Dumoutier, el que mejor los conoció y estudió, dice:
"Sus habitaciones son hechas según las localidades, sea con grandes
cañas o ramas de árboles. Cerca de los arroyos se sirven de tres o
cuatro grandes bastones cuyo extremo más grueso hunden en la tie
rra, haciéndolos converger, y por el otro los atan, a veces en vez de
tener una forma cónica, su cabana es cuadrada, sus paredes son for
madas por juncos trenzados, o lo más frecuentemente por cueros que
forman también su techo. En estas chozas se encuentran a veces doce
individuos de los dos sexos y de toda edad" (119).
Pero luego dice: "Con las pieles desecadas de los bueyes o de
las vacas cubren sus toldos (carpas)". La copia de Curel, a quien aún
no hemos citado, podrá hacerse en seguida evidente, pues es la única
vez que emplea en castellano la palabra "toldos", palabra que no es
charrúa sino española, y que traduce por tentes, que hemos vertido
a nuestra vez como carpas, para referirse a su vivienda, en tanto
que cuando describe más arriba el otro tipo de habitación, no el de
cueros sino el de juncos, la llama, como se vio, cabana (cabane) o
choza (hutte). No es, pues, aquí, Dumoutier fuente primaria, sino
que lo es Azara, a través de Curel, pues veremos éste lo está copian
do. Siempre es Azara la fuente primaria única cada vez que se atri
buye al charrúa la choza de cuero. Como fuente primaria, Dumoutier
nos da, pues, los toldos de juncos, bien cupuliformes, con especial
diagnosis caracterizante de una choza en forma de colmena, pues
les atribuye forma cónica, (fig. 10) bien cuadrados, y lo hace además
de darnos también los toldos de cuero. (En cuanto a la choza en
forma de colmena, señalemos que Pérez Colman dice que el topo
nímico entrerriano Mazaruca "se hace derivar de la palabra española
Maza, apellido, y de "ruca", que significa casa en lengua cha
rrúa") (120). Desgraciadamente, el autor no da los fundamentos de
tal afirmación; pero hacemos notar que ruca es la voz araucana que
(116)Ibidem, pág. 81.
(117)Ibidem, pág. 79.
(118)Ibidem, pág. 91.
(119)Ibidem, pág. 106.
(120)César B. Pérez Colman. — Op. cit., tomo I, pág. 65.
— 75

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�carpa de junco), fabricado por ellos será levantado en el recinto en
que residen, para servirles de alojamiento" (122).
Por otra parte, la literatura etnográfica más moderna atribuye a
los charrúas, persistentemente, una choza de juncos como vivienda
originaria. Citemos por vía de ejemplo las siguientes obras:
Manual de Historia de la civilización argentina preparado con
materiales de la sección historia de la Facultad de Filosofía y Letras
de Buenos Aires^ por Luis María Torres, Rómulo D. Carbia, Emilio
Ravignani y Diego Luis Molinari, y ordenado por Rómulo D. Carbia
(págs. 120-121) ; César B. Pérez Colman, Entre Ríos, Historia, 15201810, Tomo I, pág. 157; W. Schmidt y W. Koppers, El método histó
rico cultural, Áreas culturales y su desarrollo en el viejo mundo y
Sud América (Traducción y anotaciones del Dr. Aureliano Oyarzún,
en "Revista del Museo Histórico Nacional de Chile", Año I, Número
2, pág. 165) ; Krickeberg, Etnología de América, trad. española, Mé
xico, 1946, págs. 168-169; Antonio Serrano, Etnografía de la antigua
Provincia del Uruguay, Paraná, 1936, pág. 102; The charrúas, en el
"Handbook of South American indians", publicado por la Smithsonian Institution, Washington, 1946, pág. 192; y Los aborígenes ar
gentinos, Buenos Aires, 1947, pág. 120.
Podemos afirmar, pues, como conclusiones a extraer de este es
tudio, las siguientes:
1.

En cuanto al material, deben distinguirse dos períodos:
a)El charrúa propiamente dicho, en que el junco fue ex
clusivo ;
b)El posterior a la conquista, y que llegó hasta la desapa
rición del charrúa en los comienzos de nuestra vida in
dependiente, período en que, si bien el junco dejó sitio
a la entrada del cuero, para que éste lo sustituyera mu
chas veces, no fue eliminado nunca por él;

2. En cuanto a la forma, sin olvidar el "paravent" o mampara
simple que parecería se dio entre los yaros, y que les sería exclusiva, y
sin que podamos precisar períodos, ni localizaciones o áreas de dis
tribución invariables, ni atribución alguna a grupo determinado, salvo
esa q^e hemos creído poder hacer con el "paravent" para los yaros,
en el Uruguay medio, y acaso con la variante grande de la cupuliforme
alargada para los guenoas y los chañas, coexistieron cuatro tipos de
vivienda:
a) tres con seguridad, a saber, la cuadrada de techo plano,
la cupuliforme alargada con techo semicilíndrico, quizás
con una variante de mayor tamaño y doble cierre cónico
para los guenoas y los chañas, y la cupuliforme pura y
de base redonda, de tendencia conoide, o sea la choza
en forma de colmena; y
&lt;122) Ibidem, pág. 16.
— 77 —

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�existencia. Pero hemos preferido eliminar esta choza de nuestra diag
nosis porque la consideración funcional de esta choza daría necesaria
mente entrada al planteamiento de otros problemas de orden etno
gráfico, a saber, el de determinar si ella estaba destinada solamente a
los ritos funerarios descriptos por Azara o si también servía para los
fines mágicos de las chozas de varones, llamadas "gar^onniéres" por
los autores franceses, conocidas en diferentes pueblos de los ciclos
culturales femeninos o de derecho materno, en las que tenían su sede
y su ceremonial, también espectacular y de finalidad deliberadamente
terrorífica para las mujeres, las asociaciones o sociedades secretas de
los varones descriptas reiteradamente por los etnógrafos.
Este interesantísimo asunto, sobre el cual la investigación, en
lo que respecta a los charrúas, no se ha detenido todavía ni siquiera
para señalarlo como una posibilidad a negar o por lo menos a dis
cutir, habría quedado totalmente fuera del objeto de este estudio,
y por ello nos hemos limitado a dejar constancia aquí de que es ésta
una interrogante más que queda abierta para la interpretación final
del gran complejo charrúa, y por consiguiente un objetivo más hacia
donde dirigir las búsquedas de los estudiosos (124).
5. El estudio de la vivienda charrúa como elemento diagnóstico
para una posible refundición del gran complejo charrúa en el cuadro
general de los ciclos culturales nos haría incluirlo provisionalmente,
tomando como criterio para la diagnosis, indistintamente, bien a la
mampara o "paravent", bien a la de techo conoide cupuliforme o en
forma de colmena, tipos que hemos llegado a precisar como dos de
los cuatro que en ella pueden señalarse, y según fuese el punto de
vista clasificatorio que adoptáramos, ya entre los correspondientes
a los del área que el método histórico-cultural, en las concepciones
de Graebner, llama de derecho paterno, o en alguno de los que en
los de Schmidt son llamados ciclo exogámico-monogámico, ciclo exogámico con totemismo de sexo o ciclo exogámico de derechos iguales;
ya, previas las necesarias discusiones, caso por caso, como asimismo
debería practicarse para decidir su ubicación en uno cualquiera de
los que acabamos de recordar, entre alguno de los que, sistematizan
do diversamente a ambos autores y a Ankermann, a Foy y a Koppers,
(124) Consideramos tanto más necesario el enfrentarse de una vez a este problema con
relación a las charrúas, aunque, como lo decimos en el texto, no con ocasión del
estudio exclusivo de su vivienda, que es lo único que nos habíamos propuesto
hacer aquí, sino en la oportunidad de abordar el examen de sus ritos religiosos y
el del grado posible de supervivencias o entremezclamiento recíproco de los ele
mentos femeninos y los masculinos en su organización social y jurídica, no sólo
por el panorama de sugestiones que en sí mismo abre el trozo transcripto de Azara,
sino también porque, como habrá podido inferirse a la lectura de nuestra refe
rencia a los bororó de Kejara en la pág. 62, los bororó, pueblo que intentamos,
con todas las reservas debidas, proponer como un posible integrante del gran com
plejo charrúa, tenían su choza para hombres, en la que funcionaban las corres
pondientes sociedades secretas y sus ritos. (Véase Claude Lévi-Strauss,
tion a l'étude de Vorganisation sociale des indiens bororó, en "Journal
ciété des Américanistes", Nouvelle serie, t. XVIII, (fase. 2), Paris,
270, 271, 272, 278, 283, 284, 285, 286 (nota), 287, 297 y nota, planchas
X (B), y fig. 15 de la pág. 273.

79

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p a^uauíBAtsaans opuaiuodoad ji apand anb souojBaijisBp ssuiajsis
ap sod^ sa^qísod sojjo ap ojjuap tbA 'laAi^ ap sauopBqoaduioa SBais
-B[a bX sbj un^as 'Baiaauíy ua uojBJiauad anb sauoiaBJ^iui ap sajuanj
sa^uajajip saaj sb^ ap ojjuap ouBipj)snB ua^po ap sb^ ua bX í^u^jaui
-nq pp X apiouBiusBi 'apioraSid rao^pquij a uopuB^uoj\[ uBuiuiouap

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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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                <text>Apartado del N° 5 de la Revista de Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
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                <text> Petit Muñoz, Eugenio : La vivienda charrúa /Eugenio Petit Muñoz..&#13;
   Montevideo : FHC, 1950</text>
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9561

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U03 O69|J6

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SVDN3D a saavaiNVwnH aa avnnDVd
vi 3a avaisa3AiNn

�'UNIVERSIDAD DE LA REP^BLICA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
Instituto de Filología
Departamento de Lingüística

Jorge Medina Vidal

LA POESÍA YÁMBICA GRIEGA
ARQUÍLOCO E HIPONAX
Texto griego con traducción,

introducción y notas

Montevide o

195^

028369

fUA.

�Los siglos VII y VI a.C.,que vieron el
florecer y la repercusión de las obras de^
Arquíloco e Hiponax, son bien conocidos como ,órmino de una- gran revolución. No atina
mos a ponerle límite en ninguna manifesta- •
ción política, económica, religiosa, cultu
ral,, porque traspasó toda la concepción del ;
mundo y de la vida de los griegos; como ;. si-'
una nueva adolescencia sobreviniera a la tra
dicionalmente llamada adolescencia he rol^-^
ca (1). , :

;••;...,

:

(1) Cf. G. Glótz , Histoire Grec.que , t.- I,
Parí^ I9Í4.8, c^p^'V, p.- 15^ y ss.
.

�El antiguo orden tribal se desmembra fren
te a un juego de influencias, que llava el in
dividualismo, como germen y como resultado. La
colonización, las ligas político-económicas lie
nan el Mediterráneo con la presencia griega en
uno de los primeros intentos que conocemos de
vida internacionalizada. Y afluyendo en el pía
no escatológico. la revolución se establece con

la implantación de los Misterios, que inquieta
a la teología homérica, se compromete con ella
y termina en los cultos de los nuevos crcoTT]peS.
' Pero a nosotros nos interesa la compren sión histórico-literaria de esto período, pa
ra ceñirla especialmente en Arquíloco e Hiponax, que trasladan la revolución al lirismo •
Entre los jonios la creciente ilustración, de

la clase gobernante y la inestabilidad políti
ca produjo, como dice Wilamowitz (2)^un nue

(2) Cf. U. v. Wilamowitz, Pié griochischo •
und latcinischo Lit.und Sprache^^^rlin 19Q5P19
-VI-

�vo auge en la producción poética. Ya no se
interesarán los griegos con el entusiasmo de
sus abuelos por los temas épicos, y el hexá
metro, verdadero milagro rítmico, será un me
tro inapropiado para expresar los nuevos sen
timientos. Pero la Antigüedad nunca fue his
torie ista. No se preocupó por una cronología
exacta; el pasado sobrevivió según su capaci
dad de quedar en un mito y,podemos agregar ,
según su permeabilidad a la poesía. Por esta
época los mitos ya comenzaban a ser históri
cos y .los poetas sin mucha conciencia elabo
raron otros nuevos. A los mitos'anteriores que

permitían cierta adaptación se los siguió uti
lizando,y de much&gt;s ^tr*s, si no fuera por

la

minuciosidad alejandrina, ni" el nombre cono
ceríamos. (Creo que la tragedia, especialmen^
te.de Eurípides, es un claró ejemplo de esto
proceso). .Otras causas, políticas y económi
cas, actuando como realidad o como carene i a

-VII-

�determinaron la ap^^ición, primero do la,
gí a y luego del yambo (3)

;

^„. Los instrumentos de mdsica que. acompaña-—

ron el canto epico^ tambión fueron desaloja —
dos. Los líricos ya no utilizarán la cítara ^
sino la flauta (ip que los griegos tomaron do
lidios y frigios, s^parándose desde este mo mentó el oficio da poeta o cantor y el oficio
do^ músico (5 ). ..

.•-..- r: :...

Dos hechos fundaméntalos marcan la apari

ción de la lírica, yambográ^ica: primero sus
aportes mótricos, y^ ..luego, esa.Xotbopía fe
roz que distingue la^ o^ras ..do^Arquíloco, Hi-

; (3) Cf. C. 0, Mullor, Historia do la^
ratura griega^ Buenos Aires 1^.6, p#' ¿Ü2.

Arist., Probl, XIX9 l^9 considera quó
la flauta so asocia mejor quo la lira^al rit
mo r. do la voz humana .

1

(5) Cf. Wilamowitz, op. cit.,p. 20.

-VIII-

;

�ponax, Simónides do Amorgo y Ananio. Parece ría estallar un mundo nuevo, pronto a la ri_so
tada, a la sátira, al odio, que contó con an
tecedentes en los cantos de algunos banquetes
ospartanos y en las fiestas de Dome ter, pro_pi
cias a la alegría y el desenfreno. El mismo Ho
mero nos dice : "Entonces comenzó el dios a

cantar bellamente (intentándolo de improviso,
a la manera que los jóvenes mancebos so zahie
ron lanzándose pullas unos a otros en los ban

quetes)" (6)o
Afín a esta libertad do expresión,los. po.
otas yámbicos so caracterizan por sor populares.
En esto se diferencian una voz más do los po

etas ópicos y elegiacos. So dirigen al pue
blo y buscan en ól sus temas. Son represen -

(6) Hom. Hymn. Horm. 55-57 (utilizamos la
traducción do Luis Segalá y Estalella).

-IX-

�tantos dol "domos",quo so acerca1 a su oxprosión literaria por primera voz^ se hacen, oír
destruyendo la antigua camaradería de los. "me
...joros" entre los olímpicos y los hombres..
Como siempre ^ otras causas históricas con
tribuyeron a esto divorcio: vina muy notable os
.el "orfismo", que trajo la separación (dosd o
.. esto momento absoluta) entro lo sagrado y 1 o
profano. Ya no so verá la antigua comunicación

ópica. Cada uno quedará on su sitio contomplán
dose, como se contemplarían los aristócratas y
los plebeyos,.
Esta actitud nueva repercutirá o n

el

"éthos" de los yámbicos. Aprisionados . o;ntro
-dos períodos do moral colectivista, los yámbi^
eos exaltarán el individualismo. En la oda d
anterior, Hornero vinculaba á los hombres a tra
vas do la "arotó", y,siglos más tardo, Platón
los vinculará con el ideal dol cppovi^og ; .En ••

/ 4
-X-

�esto período yámbico, ol "ethos" será una pro
yección del "yo".

Es fácil imaginarse los peligros que ence
rraba esta actitud. Para ellos no contaba 1 a
frase deifica que ensoñaba la moderación • inte
graron una cofradía con cierta actitud románti
ca de burla y desprocio.

El éxito fue rápido y efímero; fue casi un
• período de transición. Literariamente ol liris
mo yámbico es el antecedente do la comedia ,
antigua y nueva. Debemos ubicarlo entro el dos

conocido"Margitos"(7) y las obras do Aristófa
nes. So desintegró con relativa rapidez : u n a

•". (7) Cf. Arist. Poot^ ij. ; Eust J, com. Et.Nic.
6, 7. y Wilamowitz, O^e. , p. 20. Debemos recoraar
que el Margitos estaría compuesto do noxámetros
y trímetros yámbicos, ritmo esto último ompa rentado antes do los yambógrafos, con una com
posición satírica donde un necio "sabía "todos
los oficios, aunque todos los sabía mal".

-XI-

�parto rostara bajo ciertas formas do epigramas
llegando hasta Horacio, y otra so integrará on
la comedia.. •;•..-

"

-

- • ..

^II

La poesía yámbica es esencialmente j^nica,
y sus orígenes son asiáticos. A posar d o
la oscuridad que la rodeaV so supone que esta^
ría emparentada con el culto a Demóter (8) 9so^
gún lo re cuerda-; el. himno homérico (9)'.

(8), Do Arquíloco sé cónso^va un fragmento
(Bcrgk" 120, Diohl 19), pp.66-67 dedicado a o s_
ta diosa,
(9) "Yambo, lader castos, pensamientos,bro
meando mucho, movió;con,-sus .chistos a la cas
ta, señora a sonreir, a roir y a tener alogrC
ánimo^ por lo cual, en adelante,'lo fue siem
pre grata por sus modales". Hyran. Derv y^202-

205. (Traducción do Segalá y Estalolla)0La ad ..
jotivación : "la do castos pensamientos", nos
indicaría que on su origen estos chistos y sá_ ,
tiras no tuvieron el"carácter licencioso que

más tardo adquirirán.

-XII-

�nos dol siglo VII a.C#, comúnmente aceptado
como focha de creación do esto poema, los
griegos no sabían explicarso el origen d o
osos cantos, y, como en otros casos,lo con

erotan en un mito (10), el do la joven Eleu
sina,quo hizo re ir a Dométor angustiada por

el rapto do su hija^
La etimología de ict|i.[3o (11) so discu^
te sin quo podamos llegar a una conclusión
final.Es probablemente un termino de ori gen extranjero. Algunos lo emparentan con

el verbo

i e^ti^o

(lanzar) (12) y el verbo

(10)Yambo os llamada Baubo; más tardo
so dirá quo os hija do Pan y do la ninfa
Eco.

(11)Cf# Boisacq, p. 363.
(12)Quizá entusiasmados por ^a analo
gía con "troqued} de otro verbo Tpe)(a&gt;

: C

rror.'

-XIII-

�eviTCTCD

í insultar; recordando las pullas e 3n

sultos que se permitía "arrojar" mutuamente a
los iniciado^ en el misterio de la diosa. Som
mer lo deriva de F i-ccpSoq de F tS

; fuerza,y

^áppo- * paso, es decir t "marcha enérgica",
recordando su ritmo vibrante. También se pen

só en la exclamación iceX y el sufijo^ccpPo^que
encontramos en biOupctppOG y *'6p íappoq

(lat.

triumphus) (13),formado con una raíz frigia.
Repetimos en nuestro trabajo los principales
intentos de explicar el origen de la palabra
iccppOG no por sus valores lingüísticos, que
en casi todas las formas propuestas pecan de
arbitrarios, sino porque ayudan a comprender

el significado que los griegos atribuían a la

(13) El. lat. triumphus parece relacionarse
¡con el gr*,. Qp{a\^oQ por intermedio del etrusco; cf. ÍZm .Ern'out y ^Meillót, Dict. étymolo-

gique de la langue latine^,París 1^5-L,

-XIV-

^2[¡3

�..poesía yámbica. Además, el mito de Yambe, q u e
vimos en Hornero, también señala su carácter ale
gre, mordaz, vibrante, amigo del vino y los
banquetes, como el mismo Arttuíloco lo recuerda
para una composición similar %
Qg Aicovucoi

ccvccHTog hccXov eapai

\g cppevaq*
"Cuando el espíritu está inspirado por el vi-

/no ,
se siento inclinado a cantar el ditirambo a

III
La métrica tuvo en la Antigüedad 'una ím —
portancia que nosotros inconscientemente le"
restamos, porque la palabra en las lenguas mo

i • Cl4) Athen. 14, 628 a.
Bergk 77s Diohl 77^

• •

-

-XV-

*

-

&gt; =^ s?&lt; ., -

028369

�ciernas se ha ido desprendiendo de la música Es
to nos obliga a hacer un esfuerzo para com
prender en toda su importancia estética

ese

complejísimo círculo, conceptual y rítmico ,
del verso griego. Por eso, para facilitar

el

estudio de los textos de Arquíloco e Hiponax
que anotamos en'este trabajo, expondremos al
gunos- conceptos fundamentales de métrica ^rie
ga, deteniéndonos especialmente en el yamb o
y en algunas de sus variaciones (15).
El concepto de pie ( ito^^ ) es fundamen
tal, tanto para conocer el verso clásico, co
mo para notar sus diferencias con el verso mo
derno. El pie es un grupo de sílabas, breves
Y largas. La sílaba breve vale por una unidad

' (15) Para la redacción de este capí tu lo
nos ayudamos con la lectura de W. J. W. Kos ter, Traite de métrique grecque suivi d !un

préciTde métrique latine, 2a. ed. Leidenl953.
M. Lenchantin De "Gubernatis, Problemi e orien^
tamenti di métrica greco-latina, en "Introduzione alia filologia classica" a cura di Et -

tore Bignone, Milano 1951, p. 789 ss.
-XVI- .-^
- % jt

�y sirve para medirlo ( ^po^og Tcpahroq) y la sí
laba larga vale por dos .unidades Casi siem -

pre la silaba larga tiene una duración doble
con respecto a la duración de la silaba breve
(mora),.

'.^./...

El término pie so omploa a vooos para re
ferirse al verso o al metro, que veremos más
adelante. El pie puede ser racional o irracio.
nal. Los pies racionales tienen la relació n

entre arsis ( apcrig^ tiempo débil) y tes i s
( Seoiq, tiempo fuerte) (l6j dada por la uni
dad, os docir quo la relación se puede expresar
con números enteros.

Los racionales se dividen en racionales pa
res y racionales impares. Los primeros son

aquellos pies que presentan relación de pari
dad entre arsis y tesis, por ej,, el dácti -

(16) Cf, Koster, op, cit,, 11^15, p.
a.

\-XVII-

�lo ;

2;2

,

.

y los-segundos son los pies en que la reía ción entre arsis y tesis es impar^ por ej •,
e.l troqueo %

•

2*1

Llamamos pies irracionales a aquellos en que
no se puede expresar la relación entre arsis
y"tesis*con números enteros. Se forman con
la sustitución de pies de menor duración;por
ej., el espondeo (—'-—) sustituido por un
' "yambo '(V&gt; —') •

^á"Íl]lJLco-

Ion ( &gt;c¿d^ov , membrum). Según él número d e
- pies que se uneri^ el colon so llcana:dipodíá,
tripodía, tetrapodía, pentapodfa.- Pero el cjo
•

-XVIII-

�Ion no resulta de una unión inorgánica, sino

que exige que una igualdad rítmica dirija to
to el-período; &lt;5 st a

está dada por un acen

to principal; por eso decimos que el dáctilo
por sí mismo constituye un colon ;

Déla unión de dos dáctilos resulta una di~^
podía dactilica¿ En cambio^ el yambo- -(^/—-)
el troqueo

(—-\y) y el anapesto

(k.J\^/— ^

éste ya es un pie de cuatro "unidades) tienen
como unidad para formar di colon a la dipo ~
día8

' v

• '

•

•••••

El esquema de un colon yámbico sería f

Pero a veces^ para formar un ^.c'p.lon se

,

unen pies distintos, que algunos ^ llaman
. cfu^^Y^a

(17) Cf^ De Gubernatis, op, cita^ Po
-XIX-

�. • El colon puede ser completo o truncado,sin
pausa o con pausa. Entonces lo llamamos acataléctico y.cataléctico (de - xccTa\T) i ).
. Como ejemplo del verso ácatálectifco dare
mos ol do la tripodía yámbica . : •

—/

^^

El colon truncado o cataléctico puede ser i n
syllabum o in disyllabum • :En el primer caso
queda en el colon una sílaba y en el según d o
caso quedan dos.

' :'

*

'

Esquema de ejs. 5

cataléctico in disyllabum ;

A
cataléctico in syllabum :

^,

(El signo A indica que falta la última' unidad

-XX-

�y el signo A que faltan dos unidades).
Si el colon termina con dos catalexis (dis
minu^do en dos sílabas) lo llamamos braquica-.
taléctico %

i I

i

•

De la unión de varios colon surge un verso ( cfTi^oq ). A veces pueden tener el c o Ion
y el verso la misma extensión, pero se dife rencian porque el verso forma una unidad inde
pendiente, que admite la anticipación de una
sílaba final y 3a posibilidad de unirse o n
hiato con la palabra inicial del verso siguien
te. En cambio el colon no admite nada de. eso.
"Cuando dos o. más versos se unen los lia
mamos sistema ( cruavniia ) y si ese sistema se
repite, lo llamamos estrofa (^

Ahora aplicaremos estas breves referen —
""•!••'•

-••••.-

cias métricas al yambo que nos interesa espe-

�cialuiente^ Los antiguos lo. definían
&amp;eiKTOcos 9 o so^nostrativo'^porque

como
parece una

proyección del lenguaje hablado. Lo encontra mos en otros pueblos y en otras literaturas,por
ej., la india.
El -yac^^o 8stá formado por un pie ascenden
te de tres, unidades : una silaba breve que vale
la unidad y una sílaba larga y acentuada que
vale dos unidades. Se opone directamente a 1
troqueo, de ritmo descendente y de mayor sere
nidad.
Si el yambo está formado por un solo colon
( \^/ —- y

— ) lo llamamos monómetro,si por

dos, dímetro, y por tres, trímetro. Al ccmbi narse estos elementos se producen múltiple s
formas conocidas desde la más remota antigüe dad. La más corriente es el trímetro, que pue
de ser dividido en opGoq

y en cxaCcov . , co -

múnmente conocido por coliambo

-XXII-

o escazonte, y

�cuya invención so atribuyo a Hiponaz.
La Antig^edad nos presenta infinidad de
ejemplos, ya sea en la comedia, en los dra mas de sátiros, en la tragedia y en los poe
tas yámbicos. Estos últimos fueron los pri
meros en usarlo, en poon. as d'b intención sa
tírica , y el trímetro llegó a considerar s o
como el no tro favorito do oso"tipo do poosía.
El trímetro opGoq está formado por tres
grupos de dos pies., con doce sílabas (la úl
tima llamada anceps^, a^iacpopoq , porque pue
de indiferentemente ser breve o larga). S u
versión en las lenguas modernas es el endeca
sílabo esdrújulo, con ejemplos notables e n
Dante.
Su esquema sería ;

^U
Ej 2 Arquil. fragm. Bergk 35, Diehl

-XXIII-

�El trímetro yámbico o^a^ov es de invención
más reciente, su penúltima sílaba,en vez de
breve cómo en el: opGog

so un ritmo

ser

, es larga ^1o qu.o da al ver

irregular. En el último pie se susti

tuyo un yambo por un espondeo o tro^ueo.
Su esquema sería 1••^

^
Ej. : Hiponax, Bergk 11. Diehl 13.
..De acuerdo a la cesura .( ^ofx.rj , pausa del ver

so al final de una palabra o mitad de un pie) lo^
trímetros yámbicos pueden ser divididos en pentemímeros o heptemímeros (^evG^jiijj.epTfG-ecpeii^.tiJLepTf^ )#
En el primer caso la cesura está después del 5o s^
mi-pie (ej. : Eurip. Iph. in T. 825) y en el según
do caso después del 7 semi-pie iej\ : Esq.. Pers.

359).
'^Te sabe que el hexámetro y el pentámetrcr pue-

•XXIV-

�.den ser usados xcctcc cttl)(ov

o pueden unirse

para formar estrofas. En cambio el yambo suolo pxigir su asociación y sé influye mutuamen
te con los elementos que lo rodean. ÉnArquíloco, el yámbico más antiguo que conocemos ^es
tan representadas muchísimas de esas combina
ciones. El tipo más corriente es ol do los ápodos
( ért^boi. ) formado por dos versos de distinta
medida y llamado dístico ( &amp; lctti^ov . ).:
Un primer ejemplo lo tenemos en la unión
de un trímetro yámbico y uñ dimetro.
Ej. : Arquíloco. Eergk 88. Diehl 94 (p. 42).
,:,..

:

.

Bergk 94. Diehl ¿8 {p. - 36).

Otra manera de formar un dístico es unir
un trímetro yámbico y una tripodía dactílic a
cataléctica. .

•i:

:•

Ej. : Arquíloco. Bergk 93. Diehl ^6. (p. 4.0)*
^? . El epodo más característico es el asinár-

teto, atribuido a Arquiloco (l^-^Se caracteri

{!&amp;) Cfr." Plut. .De ^^sica c 28.
-XXV-

�zapo^ aL hecho do admitir entre dos pies unhia—
to o anceps. Lo integran ; un tetrámetro dac—

tilico y un itifálico (dímetro trocaico b^
quica tal éctico; tres troqueos opOog ). • •
v Su esquema será :

punto indica la supresión de una sílaba o
catalexiS'). Su nombre viene de los cantos li

cenciosos entonados en las Falagogías dé Dioni
sos. Un ejemplo sería : Arquíloco, Bergk 10 3^
Diehl 112.

•:.

'

: ;.-,.

..?.:.-V^.^ '•

-;'^

Para cerrar esta sumaria ubicación métrica
diremos que en Arquíloco o en Hippnax encontra
mos ejemplos de :
Trímetros yámbicos y tripodía dactilica cata -

láctica (1- \J \J — ^ ^ Ü). _

.

^

Epodos formados por tríiaotros y dínot^^os yin-

Hexámetro y tetrámetro dactilico^ Etc.

-XXVI-

�Entre los ejemplos de asinártetos :
Tetrámetro dactilico con tripodía trocaica (iti
fálico) y trímetro
(—~_

yámbico cataléctico

— • —. —., , — .— v^)#

Dímetro cataléctico (paremíaco:
—

—

.

'^ .

— —A ) c o n

itifáÜCO.
Enoplio (r— ""w^^^jij"""1"!

evo%kiog

pv&gt;B\iog , de origen guerrero) e itifálico.
Trímetro yámbico (^—^j—kj—^ — ^J—kj —)
con estribillo.

IV

ARQUILOCO
Muy pocos datos ciertos y precisos pose
emos sobre el desarrollo de la vida de Arquí
loco, pero de su misma existencia y del es -

-XXVII-

�queleto de una biografía que trae Eliano(19)#
.r^sobre datos de Critias, no hay ningún motivo
-para; dudar. Por eso'decimos qué es el primer
... •t

escritor griego que podemos individualizar.
Los ^n^iguos. cubrieron de leyendas (20) el
recuerdo—de-Arquíloe-o; todas eran desarro —
líos más o menos ingeniosos de su*propia po
esía ,* da to ; q^e~3resul ta • i nteresante •• porque nos
indicaría. :que carecían de otras fuentes pa..ra conoc^r ^u vítiac Esteb^n pues ^en una si

tuación muy similar a la nuestra^9^

Su aK\L^

;&gt;

V

se sitúa a mediados del siglo

VII a. C, f cuando ya se conocían perfecta -

mente los poemas homéricos y se iniciaba el
ciclo de Hesíodo. También debemos ubicarlo

(19) Aellam. Varia Historiav X,13.
*--

-

(20) Calimaco inaugura la serie de escri-

itores que desfiguran con leyendas la vida de
Arquíloco^ ^e quien dijo que "tenía la rabia
feroz del perro y el duro aguijón de la abe
ja".

-XXVIII-

�después de Terpandro (21) y de Calino (22) .
Cicerón (23) dice que Arquíloco floreció cuan
do reinaba en ftoma su primer rey
Dos datos muy importantes han sido utili
zados para determinar una fecha de su vida.

El primero parte de la interpretación de un
fragmento

(24) en donde se menciona un eclip

se de sol (25) que sería el preámbulo aun
desorden general de la naturaleza. Por datos

modernos se llegó al eclipse total delÓL-de ahril
del año 64^ a. C., visible en Tasos y el al
to Egeo a las 9 hs. 52 m. 44 s.
El segundo dato importante que poseem o s

surge también de la propia obra de Arquíloco.

(21) Plut. de"Más.-'"c- 23.

(22)- El célebre poeta elegiaco, tan com
prometido todavía con el mundo homérico.
!
(23) Cic. Tuscul. quaest. 1,1,3.

(24)Arquil. bergk 74. Diehl 74, P 7^.
(25)Aristót. parece darle una interpre
tación distinta. Cf. Ret. III, 17.

-XXIX-

�En un fragmento (26) se menciona aln^yde Lidia
Giges {27) como si fuera el arquetipo del hom
bre rico (2^)#Pero fijémonos que esta mención
no implic^ el ser contemporáneos; con la figu
ra de Giges ya había comenzado a elaborars e
^una leyenda y es a esa leyenda a la que se re
fiere Arquíloco.
Se buscaron en su obra otros datos biográ

fieos y se halló en un. fragmento (29) cierta
referencia a las desgracias de los magnesios.

En seguida se pensó en el dato de Estr; (30)
referente a la destrucción" de ^^gnesia, por

(26)Arquíloco , Bergk 25. Diehl 22,p.22.
(27)Herod. 1, 12.
(2^) Cf. Hauvette, Archiloque, sa vie et
ses poésies, París 1905, p. 15 y ss., y F .
Lnssorro .Les apodes dTArchiloque, París, Les
Belles Lettres, 1950, p. 219 y ss. :•

(29) Arquíl.'Bergk 20. Diehl 19, p.
'•'- ' (30) Estr. XIV

-XXX-

. 647.

.-.^•".

�los cimerianos en la segunda mitad del reina
do de Ardis (31)• Pero este dato es tan end^
ble como los anteriores. Arquíloco lo único
que hace en ese fragmento es repetir un afo
rismo popular.

Nació en Paros (32), hijo de Telesicles
(33 )quion dirigió la expedición colonizadora
que los hombres de Paros, alrededor del año
70^ a. C, enviaron a la isla de Tasos. De su
abuelo Tellis nos habla Pausanias (34).En un
mural de Polignoto, hecho en Delfos, que re
presentaba el descenso de Odiseo a los in -

fiemos, aparecería Tellis junto a la sacer
dotisa Cleobea que llevó a Tasos el culto á

(31)Por el 650 a.^ C.'..

(32)Lüc.^Pseudolog. 1, 1. Aristót. ,Peth.
2-23 dice que Alcidamas en una obra se reie-

ría a la veneración qué los de Paros sentían
por Arquíloco. Un testimonio sería el cele bre MMo numen tum Archilochi" especie de
APXL^?Xei0V 9 descubierto a principios de
este siglo.

(33)En un oráculo se lo llama: ' ^^áfg / "
(34)Paus. X, 2$, 3.TeXecrtxXeiog.
-XXXI-

�Demeter (35). Se dice que su madre era una es
clava de nombre Enipo .(36), En dos fragmentos
Árquíloco se^ dirige a sus amigos Glauco (37) y
Pericles (3^) y se refiere con viri!L entereza
a un naufragio en que pereció su cuñado. Pose
emos un fragmento de esa composición que secan
taría en el ^^^p i^emvov•••: , como homenaje a lo s

muertos .(40). Quizá obligado por la pobreza^se
trasladó a la isla de Tasos que nunca le fue
propicia (41)-y a Ia que varias veces se re-

(35)Hauvette, pp.cit.p. 44^ trae una interpretación&gt;que rechaza^según^la cual Tellis se

ría un ser imaginario (^a TeXq : los Misterios)
que por causas desconocidas se emparentó con
Árquíloco.

(36)Aelian. Varia Historia, X, 13. "•
(37)Arquíl. Bergk 54,- Diehl 56, p. 46.
• (y^) Arquíl. Bergk 9. Diehl 7, p. 12.
(39)Plut. De Aud. Poet. 6, 23 b.
(40)Arquíl. Bergk 9. Diehl 7, p. 12. •
(41)Arquíl.^ Bergk 21. Diehl IB, p. 20.

-XXXII-

�firió como sitio de dolor :
•;••• cüG TcaveXX^voov .ó^^ué eG Gacrov
"Toda la miseria de Grecia se reunió en Ta-

sos. (42).
En esta isla, en una de las luchas^ocurrió

el famosísimo episodio del saio y la espa d a
abandonada, que tantas repercusiones tuvo

en

-la antigüedad (43). No vamos a discutir su va
lentía en este episodio,* recordaremos solamen
te que él-,mismo se llama Gepcfn^v

del dios de

la guerra (44).^•
Para referirse a la vida amorosa de Arquí
loco^siempre se menciona a Neóbule :
TCTcocrcroucrav'

^Huidiza como perdiz" (45).
(42)Estrab. VIII,
(43)Arquíl. Bergk
(44)Arquíl. Bergk
(45)Athen. 9, 38^

6,-6. Bergk 52.Diehl 54^
6. Diehl 5 a, p. $.
.
1. Diehl 1, p.2.
f. Bergk 106. Diehl 9^,

-XXXIII-

�De Neóbule sólo poseemos ol nombre (l.6) y
las ansias que engendró en el poeta yámbico {4.7U
Sin que podamos explicarlo, estos sentimien tos se transforman en odio contra todos^ los
A^^cajJ-B ibes

(I4-8). Sobre estos
• .•

sencillos ele

.-,

mentos los a^jandrinos (k-9) y Horacio elabo
raron una leyenda infamante llena'de oposicio
nes dramáticas , donde un ser perverso persi gue a Neóbule con su' lujuria y sí lengua enfu
recida (50)0 No sabemos si este episodio ocu

rrió en Paros (51) o en Tasos; Del padre

d e

{¡6) Arquiloco, Bergk 71. Diehl 71, p. 30.
(Í^.7) Arqull. Bergk 28. Diehl 2Í|.; Bergk 81{..
Diehl lOij..
(lí.8) Arquíl. Bergk &lt;^. Diehl 88^ Bergk 92.
Diehl 87^ Bergk- 99. Diehl 29 Etc.
(k9) Cfo The Greek Anth. de W, R...Patón....,
Londres 1925, yol. II.
•
(50) E u s t •, 0 omm i 1 p. 851^,: J3.; ••
(51) En Dioscor. Greek Anthol. 1# VII ",

3519 l^s hijas de Licambo hablan de Paros ,
reina de las islas sagradas^" como si fuer a
su patria;Ilapov v^acov aiTnyrocTqv tepcov.

-XXXIV-

�Neóbule, Licambo, no tenemos mayores datos. A

veces se le asignan dos o tres hijas (52).Pin
daro (55) afirma quo la ruptura ocurrid por
la bajeza del nacimiento de Arquíloco. La le
yenda se cierra con la muerte violenta de Li

cambo y sus hijas (54), a consecuencia de sus
yambos^como dice el seudo-Acron (C55)&gt; ahorcado

con sus- tres hijas (5^).
Crisias le reprochaba a Arquíloco dar mal

testimonio de si mismo (57)• ^ra irascible y
rencoroso (58) ^n otro fragmento que conser
vamos parecería estar la imagen de su canto%

(52) The Greek Anth. p. 42. Julianus, L.
VII, 69.
(5^) Pind. Pith. II, p. 54 y ss.
(54)Hor., EpT"VI, 15. Epist. I, 19-25.
(55)nln ^um maledicum carmen scripsit ,
quo Lycambes tanto est dolore compulsus, ut
cum filia vita laqueo finiret".
oibe Avna\i^r\Q9/\i.v)po\i.evoq Tpicracov
0imrcepcov • Greek Anth. L. VII, 71^
Gaetulicus..

(57)Aelian. op. cit.

(58)Arquíl. Bergk 65. Diehl 66, p. 38.
•-XXXV-

�6 e i\T|9ag
"tomaste a la cigarra por el ala " (59) #
y los antiguos se escandalizaban de esta " ci
garra" que seguía cantando o chillando Se cree que fue muerto por un tal Calon-

da en una batalla contra los pobladores d e
Naso, mereciendo después de su muerte lóselo

gios del oráculo deifico

•

(6o).

V

SU OBRA.

.

"Summainhoe vis elocutionis; cum valí
dae, tum breves sententiae; píurimum sangui
nis atque nervorum, adeo ut videatur quibusdam,, quod quoquam minor^ est, materiae e s s e

((59) Luc.Pseudologista, 1, 1. ^ergk 143 •
Diehl $8 a.
(6o) Cuando su'matádor fue a consultar a
la pitonisa, ésta le contestó : "Mataste al
ministro de las Musas-, sal del templo".

X
-XXXVI-

�y
Neobule, Licambo, no tenemos mayores datos.- A

veces se le asignan dos o tres hijas (52).Pin
daro (53) afirma quo la ruptura ocurrid por
la bajeza del nacimiento de Arquíloco. La le
yenda se cierra con la muerte violenta de Li

cambo y sus hijas (54), a consecuencia de sus
yambos^como dice el seudo-Acron (C55)&gt; ahorcado

con sus^ tres hijas (56).
Crisias le reprochaba a Arquíloco dar mal

testimonio de si mismo (57)• ^ra irascible y
rencoroso (58). En otro fragmento que conser
vamos parecería estar la imagen de su canto^

(52)The Greek Anth. p. lj.2. Julianus, L.
VII, 69.
(5^)Pind. Pith. II, p. 54 y ss.
(5^)Hor., EpTVl, 13. Epist. I, 19-23.
(55)"ln ^um maledicum carmen gcripsit ,
quo Lycambes tanto est dolore compulsus, ut
cum filia vita laqueo finiret".
^erra Guvcnrepcov

/

• Greek Anth. L. VII, 71,p.

• Gaetulicus..

(57)Aelian. op. cit.

(58)Arquíl. Bergk 65. Diehl 66, p. 38.
••••••

-xxxv-

�6 e
"tomaste a la cigarra por el ala " (59)^
y los antiguos se escandalizaban de esta " ci
garra" que seguía cantando o chillandoSe cree que fue muerto por un tal Calonda en una batalla contra los pobladores d e
Naso, mereciendo después de su muerte lóselo

gios del oráculo deifico

(60),

V
SU OBRA...

"Summainhoa vis elocutionis; cum valí
dae, tum breves sententiae; píurimum sangui
nis atque nervorum, adeo ut videatur quibusdam,, quod quoquam minor- est, materiae e s s e

^(59) Luc.Pseudologista, 1, 1. ergk 143 #
Diehl S^ a.
(60) Cuando sumatádor fue a consultar a
la pitonisa, ésta le contestó : "^taste al
ministro de las Musas, sal del templo",
.^

-XXXVI-

�non ingenii vitium" (6l). Con estos socorri
dos conceptos de Quintiliano parecería ^ue
la Antigüedad termina de elaborar su ubica

ción y su crítica de la poesía de Arquíloco
Partió de un primer.instante de deslumbra —

miento y llegó a compararlo con Hornero (¿2)
y luego,en manos de retóricos y gramáticos ,
fue disminuyendo su fama entre griegos y la
tinos, porque el individualismo de sus versos
no respondía ya al ideal de hombre y de c.iudadano que trabajosamente fue elaborando la

postrera Antigüedad (63) •
Fijémonos otra vez en la critica de Quin
tiliano. El elogio se polariza alrededor de
su destino, del vigor y la robustez de

sus

(61)Quintil., jh^UOr. X, Í-59.
(62)Cf. Dión Crisóstomo, XXXIII, 11.
Ver además, Manara Valgimigli, La critica lett. di Dione Crisostemo, Bolonia,P5^4-

"" (63) Testimonio son los poquísimos frag
mentos conservados, que no pasan de trescien
tos, y ninguno mayor de diez versos.
~"

-XXXVII-

�períodos, de su brevedad vibrante. En el ñau
fragio do gus varsog&gt; los restos conservados son
una confirmación que nos" obliga a pensar en
la totalidad de su obra como digna del pues
to en que se la colocó^ El último juicio 1 o
hizo. Quintiliano , prob a blomcnto, ponsan d o
en la comedia antigua, en la nueva y en las
infinitas leyendas alejandrinas casi todas
extraídas de los propios versos de Arquílo
co y luego desarrolladas en el helenismo
talizado. La primera impresión de una lectu
ra consciente de Arquíloeo parecería ser la
de un poeta vital, con todo lo que esto implica^pero a través de los cristales de la

nueva Antigüedad, queda ^ poeta del odio yde
la injuria. Idéntico destino (quizá más" "jus
tificad-o)al de Hiponáx,/que* junto a Simóni ides de Amorgo y Ananio/ integran'^ el grup o
de los yámbicos. No podemos aceptar ese jui-

^-XXXVII-I-

�ció dramático de los poetas de la Antología.
Era irascible y violento, es cierto; pero aun
cuando conozcamos los riesgos de hablar sobre
un hombre y su poesía apoyándonos en brevísi

mos fr^gnentos CÉi|.)débemos limitar ese juicio(que
-los alejandrinos basarían también en fragnen^tos) con la cita de un verso de Arquíloco, to
mado de Estobeo ;

ou YaP ecrGXa ^ccTOavoucrt jiepTojieiv en ccvbpao'iv,

"No se debe injuriar a un hombre muerto" (65)
Su violencia encuentra un límite. Pero ese
fondo de bondad no es una ingenua defensa

a

través de los siglos. Ya en otro fragmento(66)
Arquíloco se siente rodeado por enemigos y ca

(6I4.) Los fragnentos de Arquíloco que pose
emos no fueron conservados con" el criterio que
desearíamos. Parecen mutilados por un loco.Re
cuerdan lo que servía para fines escolares de
los gramáticos o ejemplo de los retóricos o
apoyo para los datos de los historiadores. De
Arquíloco como de la Antigüedad, conocemos un
reflejo."

(65)Stob. I4., 57. Bergk 6Ij.. Diehl 65.

(66)Arquíl. Bergk 66. Diehl 67, p. 50*

\

-XXXIX-

�lumniadores^ hace vina extensa invocación

a

su alma para que persevere en la rectitud y
resurja del coro de "malintencionados"•
El mismo Quintiliano, que hace poco re cordamos, en la última parte de su ju ic i o

("materiae esse non ingenii vitium") defien
de la pureza interior del poeta. Si algo fa
lla en su poesía es lo que el mundo le ofre
ce como ocasión anecdótica de odio y de re chá¿Oé lamenta los materiales puestos a su
disposición, lamenta las circunstancias de
su vida y en lo profundo clama por su ' obra
no escrita, si su vida de poeta y de guerre
ro hubiera sido serena como la de un general
victorioso.
Pero faltaríamos a nuestro trabajo si,al

lado de la visión de los clásicos?no intenta
eramos nuestra experiencia personal. Esa ubi
cación, casi por necesidad, debe ser más am^
plia. En primer termino^debemos aceptar a Ar

�"Yo soy compañero del príncipe Enialio
y además conozco el dulce favor de las Musas"

Se nota la influencia de este tema de Árquíló

có en el siguiente dístico de Calimaco (st

^apa of\^a (pépeiq %¿ba9'&lt;f usv aotóqv
ei6oToq, e^ 6 oiva&gt; naípia ctdyys a aa i. (*)
Conviene aclarar que en todas las versíone s

que figuran en este trabajo el traductor ha tra
tado de ceñirse lo más posible al texto griego^
aún a riesgo'de hacer perder, a veces, algo de
su efecto estético en castellano. Ello por las

.finalidades didácticas que el trabajo se propo-^
ne y que han sido señaladas en la introducción^

..(**•} "Pasa cerca de la tumba del Battíada, que
sabía el arte del versó y ló mezclaba a la ale

gría del vino". Anthol. VII, lp.5, p. 22li.

�Ev 6opL [lev jxoi u.ata u.eu,aYu-evrj,'ev 6ool 6* ofvoq

I eructo ixoq, itívco b'év bopl

Atheñ. I, 50 f. Bergk 3. Diehl 2. Sinesio.Epist.
129, b.
En este dístico,escrito en la madurez de su vi
da, el poeta nos presenta con gran vivacidad mu cho de la vida del soldado de su época. Ofrece ciar
ta oscuridad su total interpretación.; pareceríares
ponder a un núcleo mayor de ideas sarcásticas so
bre las "ambiciones" de esos griegos que se entro
gabán a"la aventura guerrera sin mucho patriotis
mo (cf. Bergk 6, Diehl 6 a, etc.).acusación que,

desdó la antigüedad, se le dirigió al mismo Arquí
loco. Hay también un tono festivo, una agradable'
entrega al placer inmediato de lá bebida, en es
te soldado independiente que busca su "apoyo e n
,lá lanza mientras bebe". El desenfado de que hace
gala al elogiar el vino ismárico no apareja esce
ticismo frente a la vida ni nos permite remitir nos al famoso "carpe diem". Recordemos"el fragmen
to 7^ de Arquí loco, conservado en Athen. 1, 7 ^*•
1- ^v 5ool •••• -"-v ~':ory\ . Notemos el paralelismo,

que al mismo tiempo que le da un sentido figprado
de locativo al verso, le da un algo de repetición
popular.
1 ^aí"",a • Es- el pan de hogaza, comido por escla

vos y soldados, galleta de cuartel; su predicado
verbal ^E'^yuev^ insiste en la pobreza de esteaxi
mentó amasado, que no era hecho con grano de tri-

-4-

�"La lanza es mi pan, la lanza es mi-vino
ismárico, y la lanza es mi apoyo mientras bé

A"

go ( apiog ) y se lo nacía en grandes cantidades*

Etimología discutida Quizás se trate

do ünápa

labra dé origen semítico (Boisacq fict. • Et.p.599]T
Cf. la palabra hebrea "matzáh" que indica unas ^a
lletas secas, sin levadura,que se corne en la Pas cua.

.

2. Ióuccpog ; ciudad de Tracia y monte. del "mismo
nombre," sobre la costa; célebre por'su vino. Cit.
en el pasaje de Polifémo ,0d. t 198. Cf. Rob er t,
Homére, París 195^, p* 1527^Sn otro fragmento^Bergk
151,Arquíloco elogia el vino de Naxos
Cf. Escolio de Hybrias, en Athen. 15, 695 f.

�Ou Tot itoXX

eiri to^g TccvucrtíeTai ou6e Gausiaí

(Jcpev6ovai,. eua:

av 6t}. uaJXov Aprjg cruvay^)

ev Tceo lo)# t, Lcpscav oe gioXdcttovov ecrcreTai epyov

eicrt urt
EoBoinq óo^o ihXutoí.

Plut.. vit. Thes. c 5. Bergk 3. Diehl 3.
A estos dísticos elegiacos queda reducido e. 1
mayor fragmento que poseemos do Arquíloco, so
bre el ardor"de las batallas, íntimamente cono
cidas por él. Junto a su amigo Glauco va de Pa
ros a Tasos y teniendo la misma edad que Odi seo y Agamemnóru inicia su vida guerrera, atravo
sada de anécdotas y sacrificios.. según testimo
nio de su obra,del"Monumentum'Archilochi^ y sus
comentadores de la antigüedad.. •

Nos presenta el primer choque de los ejérci tos como un instante de furor, de entusiasmo di_
vino que "incita a la contienda". Entonces, los
soldados, arrastrados por Marte, se olvidan de
los arcos y las hondas para luphar ^cuerpp a cuer
^o con "^equeñas espadas". ^ t-e^ecov be jioX^cttovoV-

ecresTai epyov que traen la desolación. El acen
to de sus ideas y la utilería formal nos hace
recordar^as ^elegías jónicas de Calino o las
llamadas YTto9r¡xríi de Tirteo aunque nos parezcat
mucho más vivo y preocupado por la acción pre -Y
senté el arte de Arquíloco.
El pequeño mundo de Eubea,arrebatado por un pe
queño dios a una pequeña batalla, aparece en crf~
sis y agigantado cuando el poeta nos presen t a

-6-

�I!No so tiondon muchos arcos, ni muchas hondas
cuando^en la llanura, Ares incite a la contienda.
Harán las pequeñas espadas su oficio de lágrimas^

pues son hábiles en la batalla
'los belicosos dueños de Eubea".

en los versos finales a esos "belicosos dueños de
Eubea" que nos sugieren con su valentía el patrio
tismo con que defienden su tierra,~~
I.VotG:/

av ; cuando.

3,rt"&gt;sov ; ^ espada pequeña; agrega un punto a
la yaleijtía natural de los hombres de'Eubea,
^"oX")o''i;ovov

9no insistimos con su preciso sig

nificado : llorar mucho, por no restarle agilidad
a lá traducción.
^{-?^-'"•'rcri^ • .x),é.^/a~

, cabría traducir ; " pues

en tal batalla',' "refiriéndose a la lucha directa con
pequeñas espadas,
^- 5^ i^ov^c ^eq^iv^le a

^^-n^ov^r;

^ "experto ^

hábil". Cf. Platón Cratilo ^98'. Boisacq Dict.Ét^ /
p. l60.~ •

• 5 La isla de Eubea fue conocida en la antiguodad por la valentía de sus habitantes en la lucha
cuerpo a cuerpo,según Plutarco (v. The seo 5)^stoy
desde los "fabulosos Abante ^(cf. G. 0. Müller Hist.
de la lit. gr,. Bs. As. 19^^, P 22)^ primeros íia-

bitantes de la isla según Hornera (c^ Tlíada B
536-5^)* Pero en Hornero los Abantes aparecen
como pueblo de larga cabellera, belicosos, dese^an
do "siempre romper con sus lanzas de fresno las 00

�Aomói u,ev Zccícov

-Rapa Gcüivcd

razas en los pechos de los enemigos" (5I4Í4-) ••
también F. Lasserre í "Les éppdes d'Archiloque",
Budé. París 195Q^ P ^96^ aunque su traducción
de deo-JtOTai E^Boitiq óouo ixXuto1
nos pare
ce olvidar que aquí no estamos frente a un elo gio de la lanza, sino ante un adjetivo homérico
5 boup ixXutoí ; ilustre o famoso en la gue
rra, ya en la época de Arquíloco era un tópico ^i
la adjetivación de los héroes.

Plut. Lacón, inst. ^Ip
Qlimpiod. in Plat. Gorg
6 a.

Aristof. Paz 1296 y sa.

p. 28lpf Bergk 6, Diehl

Famosísimo fragmento, que., por comodidad en la

presentación del texto, separamos en dos pági ñas, y motivo de burla contra Arquíloco.
En un combate contra los pueblos de la eos ta
de Tracia, el poeta confiesa que abandonó sus
armas para salvar la vida. Es notable este ejem
pío de espíritu anti-militarista, este instin to de conservación que fue capaz de saltar so
bre la moral heroica y ostentarlo sin pudor.Plu
tarco nos refiere que, al enterarse los espar -

taños que Arquíloco estaba entre ellos, lo arro
jaron de la ciudad por ser el autor de unos ver
sos que iban contra su concepción de la guerra
y del ciudadano.^Parece una enorme risotada des
cendiendo sobre la "arete" clásica, y sobre 1 a
vida épica, sobre tantos guerreros e lograd os'pc^
su valentía que los llevaba hasta la muerte •
Arquíloco prefiere la vida a la gloria. Desde
Aristófanes, que nos da la versión más antigua,
-8--

�"Alguno de los Saios alardea de poseer mi escudo,"

el tema pasa especialmente por Anacreonte, Alceoy
Horacio^
1. Saúov

; habitante de una ciudad tracia del

mismo nombre. Después de romper sus relaciones con
Cleóbule, hija de Lica^jbes, Argüí loe o se traslada
avla isla de Tasos %
Ube 6^ coctt^ ovod paYiq
ecTTT]xev , donde lucha con los naturales de la is"
la, a los que r^e^erda con desprecio % Ecclcov tTs
1, El verbo aYcc\\o^.a t encierra la idea ¿^ ale
gre ostentación y vanagloria, que en español e ."i
casi imposible traducir directamente sin afecta 3^
a la versión. Por lo demás, en todo el .fragmento •
campea esa ostentación y una velada ironía sobre
las frases y las acciones heroicas, Cf, Müller,op,
cit, p, 17o, y la ed, de Romagnoli, 1, Bologna
19Í2, p, Ij.7 ^sa ironía se ejercita tanto en lo
que hará, el Saio con su escudo, como en lo que ha
rá el poeta (¡comprarse otrot) cuando abandone sin;
dolor y"con prisa el escudo que no pudo defender,
l,7tapa: 9dcp.vcp ; con un toque el poeta crea un
paisaje, una brevísima pres^ncia de 1^ naturale za,.

-9-

�a^icDUT]TOV xccXXmov oéx

ccutos
6
uos 6

e^e'cpuyov
Gavatou Te'Xo^.acTTtiG exe ívq
^'

e poético0 e^auTiQ xttÍctou.cci ou xaxíco.

2. evtog ; singular.
2*,Parec^ría haber contradicción entre ap¿oy,T
y ou xaxuo, que aparece en el último verso." Ar
quíloco trata de justificar el abandono de su e"s
cudo (sorprendido quizá por el enemigo) con e T
pensamiento ingenuo de que comprará otro. Además,
el primer escudo, por más "perfecto" que fuera
no alcanzó a salvarlo en buena ley.
k- ^ope^e^ i imperativo de eooco • Lit. í va
yase. Por su sarcasmo lo traducimos por "vayase
en malahora".

Baraibar y Zumárraga traduce así los versos de
Arquíloco puestos por Aristófanes en la bopa d,el.
hijo de Cleómino en La Paz * "Un habitanteo d e
Sais/ostenta el brillante escudo,/ que abandoné
mal mi grado / cabe un florecido arbusto". P a z
1296 y ss.•"~

rCf. Alceo, Í4.9 Diehl, Añacreonte, 28/Bergk, y
Horacio, Carm. II, 7, vs. 9-12 :
"tecum Philippos et celerem fugam
sensi relicta non bene parmula,
cum fracta virtus et minaces
turpe solum tetigere mentó"

"contigo conocí Filipos y la rápida huida,
y el arrojar el broquel sin heroísmo,
cuando fue quebrada nuestra fortaleza y has-

/ta los soberbios
el torpe suelo tocaron con el mentón'
-10-

�"arma perfecta, que cerca de unas breñas
/abandoné sin querer.
Si la vida salvé, ¿qué me importa un escudó?
¡Vayase en malahorai Me compraré otro mejor i^

-11-

�uev cTTOvoevTCí,nep LnXeeq^uóe'
aeu.cpou.e voq 9rr.X írjq Te'p^eTcc t ou6e itoX iq .. •
TOtooq Y^P ^cr^cc K^ua 71:0X1)9X0 icrBoto GaXacrcyqq
v, oi&amp;aXe'ouq ¿ ap-9^ o^tívrjq e^ouev

. aXXa 9eol y^P avqxe'oTOLcTL
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9LX
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Hpanrepriv TXquocuvqv eGecrav

ccXXote 6 aXXo^; e^e ^ To6e vv }i,ev
ETo^^iceG ' ,cri|ia^:(^ev 6^ eXxo^ avacfrs^vouev
6 eirepous eiiap^e i'^Tai* aXXa Ta

Stob"Plor. IV, 56-3O. Plut.^ De aud.

poet.^ 6.

Bergk 9 DTeEl 7.
Nos encontramos frente a un nuevo
Arqui loco , el elegiaco.
Conservamos más de ouaren
ta y cinco versos de este tipo, pero quizá sea
el presente fragmento
el que ^ respondiendo a
algo
que le tocó de cerca, la catástrofe ma

-12*

�"Lamentamos fúnebres preocupaciones oh Pericles,
¿quién de los ciudadanos o de la ciudad se de —

/leita en los festines?
^ hambres como aquellosj sumergían las ondas del
•

• •.

. /mar mugiente ,

por eso tenemos el pecho henchido de angustia
Oh amigo, los dioses nos dieron para el mal incu
. ./rabie

un remedio poderoso ; la paciencia
La desgracia toca a uno y toca a otro, ahora nos
/toca a nosotros
y gemimos por la sangrienta herida, a otros ya
r
:/les tocara.
Vamos, coraje, alejemos en seguida el femenil
/lamento#

riña donde murió su cuñado (según Plutarco, D -e
aud.. poet 6, 23 b)^tiene al mismo tiempo mayor
dolor y mayor resignación viril
El. soldado-poeta protesta contra los ciudada •nos ^de Paros que, a pesar do tantas muertes, s e
entregaban a los festines, y contra Poseidón,ima
gen del mar traicionero.

�Llora la muerte de Feríeles de Paros y sus com
pañeros náufragos en un episodio de la coloniza
ción y sabe ser irónico.y tierno, sabe alarga r
la mano y el corazón para meditar sobre la des gracia que"toca a uno y toca a otro" de los mor
tales

.

'Apela a los dioses para mitigar su dolor y el
de sus amigos, recordando que ellos les dieron a
los mortales un remedio poderoso í la paciencia.
-No. es pesimista- en los últimos versos afirma el
eterno valor .de la vida en una exclamación de co
raje..= .-..

~~

1 De este Pericles, por el texto solan^e^te sa
bemos que es querido por el poeta ; &lt;x&gt; cpiX (v .
"Utiliza la forma no contracta
pq
2. SccXicciq fiesta,convite.
'•
. 2. En la traducción del segundo verso segui mós la lección de La^sorrc , op cit#, p. 158,qu^^
rechaza implícitamente la traducción de HauVette, Archiloque,sa vie et ses poésies, Paris 19^5^

P. 17TT
3

'

TOtoeq

% tales hombres, tan brillantes can

dadanos.•'••: ••

•

•

'

ff

3 -Conservamos para ^^oXtKpXoi^Boio
0aX^^cT(7T]q '•
la tan conocida traducción ^mar mugiente" fami
liar a los lectores castellanos de Hornero.
9 aXXcc i tiene valor exhortativo, por eso
traducimos s vamos, coraje, etc.

�Alceo, Estesícoro y Horacio, entre otros autoreg
clásicos, expresan el mismo equilibrio entre el d
lor y el consuelo i

Alceo, F. 35 Befgl^¿ ^ x'o'xo^i eü^ov é
l!no es conveniente abandonar el
alma al dolor. "
Est.P.51,Bergk.

..,

-/;; %

;

^..^...^ ~..-•--Z - ^.., ' ""^

••* 'ATeX^^cTTa'ta yáp jtat a^ayava
Touq 6avovq:aq" ^Xe le iv ' ; '
•.'"Es muy vano llorar-a los muer v
*. ''"
tos".
:
• •
.•'••-.•"•.
Hor. Cárm*' I.2Í^.
..;
.
/
'
-.. . • - • , •
.

vs^ 19-2.0

: "^e(i lovius fit patientia -'•'
quicquid corrigere^est nefas"
" mas la paciencia hace más leve

. •

'••; :

aquello que no tiene enmienda^"

Hor&gt;Epod.16,^9"^0g-f vos,quibus est virtus,mLÜielr^ii
•• /tollite luctum,
Etrusca praeter et volate.
.

.

;-:, .

^ •.-.••'••

^

• - • . "/litora.

"vosotros, que poseéis la vir

tud, dejad el llanto mujeril
y volad más allá de la ribera
etrusca, "

�Ya|)T]\oí&gt; MeYaTiuov ApitfTocpocovTcc Te No^^ou

? c5 \ie^akr\

t

, tnte'vepGev

Ant Palatina VII,í(l|.l. Bergk 17. Diehl lé.4
Dos personajes oscuros de la ciudad de Naso',
Aristofonte y Hegatimo, le sirven para ejerci
ta r su ironía. Está lleno de vida anecdótica
este epigrama de dudosa autenticidad* pero hoy
día nos llega como un desconocido enisodio de

la colonización griega del siglo VII, como un
intencionado epitafio. ^Podremos afirmar qu e'
el tópico de la fugacidad de la fortuna humana,
anuncio del "ubi sunt", ya se personifica enes
tos dos seres, oscuros para nosotros, pero quf"
zas eficacísimos ejemolos para los contemporá^
neos de Arquíloco?
Cf. Boisacq, Dict. ótym., p.617.

-16-

��E tu.I 6

eyoc&gt; GepaTOov uev *vua\ioio

xai Moocrecov epa^ov 6cooov

Athen. XIV, 627 c. Bergk 1. Diehl 1.
Arquíloco, en este fragmento que comdnment e
inaugura sus ediciones, se nos presenta en su
doble aspecto de soldado y poeta. En los dos'
surge su espíritu individualista, y de esos dos
aspectos de su vida se siente igualmente orgu
lloso.

El Moucecov ,no nos presenta un caso de lite
ratura deifica.
1.Gepairtov-ovTÓq '. Como en Home ro , Ilíada.
B, 110;Him. Hom. . 32.20, aquí tiene el significado de "compañero de armas", el que sirve par
amistad a un guerrero más poderoso, por ej.,Pa
troció, compañero de Aquiles. Id. OcL , 19o •
Hes. Teog. 100.
l.^TvoaXíoio Scvaxto^ . El 3©^© Enialio, e n
sus orígenes fue un semi-dios que más tarde se
asimiló a Ares o Marte, dios de la guerra.
Do ^Evtxogrito de aliento en la guerra.
2.Ka i^ además.

,/, ^

2. El participio STCiCTauevoq , de e^tcmiixc^i ,
saber. El "dulce favor de las Musas" (MoucearvMouatov ) parecería consolarlo en la vida gue rrera. El mis m o verbo puede tener el sig
nificado de "presidir" o "ser jefe de una reu
nión", y,aunque inexacto,no carecería de senti
do.

-2-

�espondeo, se adapta perfectamente con su rit
mo entrecortado a lo que quiere expresar '• ot
mejor dicho, al sobresalta que quiere produ
cir en el alma de sus lectores La Antigüe dad se extrañó por su amargura y por el voca
bulario empleado, lleno de términos casero s
y de "germanía", desconocidos entre los es
critores cultos Hoy día nos resulta enigmá
tico en varios fragmentos
Muchos escritores de la Antigüedad, espe
cialmente alejandrina, lo admiraron y lo si
guieron Por el siglo III ^ C. lo imitan .;

Calimaco de C ir ene, Fénix de Colofón y Heron
das de Cos, en sus cuadros realistas Teócri

to de Siracusa le escribió un epitafio
Por conocer tan poco de su obra y del am
biente social, económico y cultural de .su^
^época (97)^.^^ estudio de su-poesía se re —

(97) De otros escritores satíricos ca's i
contemporáneos, el nombre a veces es lo úni
co que conservamos, por ej, Cércidas, E,s-

crión y Ananio
-XLDC-

�siente enormemente, porque intuímos que esta
ría demasiado comprometida con ella. A menudo
.es trivial! su risa es "clownesca", dolorosa
.hasta burlar^e de-los dioses (98), ^e sus
miliares (99) y-^e. sí mismo.

Cabe advertir que este trabajo presenta
las limitaciones propias de su fin, que es el
de acercar a los estudiantes de Lengua y Li teratura Griegas a varios textos de dos líri
cos de la Antigüedad, a menudo olvidados. Es
to justifica también algunas notas demasiado
explicativas y otras que recuerdan tiem pos

L. (98) Hiponax, Diehl 29, p. 8I4,. .

'

"(99) Greek Anthol. Leónidas de Tarento, VII,

-L- •

�verbales, declinaciones, et&lt;,destinadas a fa
cilitar la labor personal de quien utilice el
texto para su propio estudio Si este trabajo,
logra corresponder satisfactoria^ente a esa
función consideraré que mi esfuerzo ha sido pro
vechoso
Debo expresar mi reconocimiento a la Dra.
Lea Sestieri de Scazzocchio, Profesora d e
Griego en la Facultad de Humanidades y Cien cias, por haberme ofrecido generosamente

s u

ayuda para múltiples consultas que le hice ,
y al Dr Eugenio Coseriu, Jefe del Departamen
to de Lingüistica, por una serie de útiles su
gerencias e indicaciones, y por haber hechopo
sible que este trabajo se viera publicado

J.M.V.

�mos^como en Arquíloco, que estos datos 1 o s
exponemos para comprender la figura que s e

formó la Antigüedad de este poeta). Se dice
que era deforme, hábil y pedigüeño (89) ^ e
su muerte no tenemos noticias
Los poetas de la Antología lo ven como
una "maligna avispa que yace dormida", pero
"cuídate de el, pues sus versos rojos de fue
go tienen el poder de herir aun en el Hados"

(90) Su perversidad no descansa, hace daño
al que "pasa por su tumba" (91) y sus ceni zas gritan en "yámbico su odio contra Bupa -

lo" (92).
Su .sátira violenta es amarga e ingenio—

(89)Hip. Bergk 18. Plehl 2l|/a, p. 78.Bergk
'I?. Diehl 2k b, p. 80.* Bergk 19. Biehl 25, p.
82^ Etc.

(90)Anthol. op. bit. VII, lj.08. Leónidas ,
p. 221.r•••••'

(91)Greek Anthol. op. cit. Alceo VII,53é.
p. 289.
(92)Greek Anthol. op. cit. Pilipo VIIBJ4X&gt;5.
p. 219.......

-XLVI^-

�sa
crDvepyov outog ccvtí óecfn:o-tvr|

^e i-

suvouv, pe^atav e íq cctoxvtcc tov
nDos días de placer da la mujer % cuando se
casa y cuando se la lleva a enterrar!f (93)*
Pero en general se comprende que su gran
tema es la crítica social y la vida orientali
zada de los griegos de Asia^ Protesta coptr a
todo, sin olvidarse de la naturaleza que 1 e
hace pasar frío (9^J-) hasta cubrir sus pies

de sabañones (95)
A pesar de que presenta alguna variedadme
trica, tradicionalmente se loconsidera inven
tor del escazonte o coliambo (96)• Este me tro popular, cortado en su último pie por

un

(9^}Eetobo i|-, 22. Bergk 72, Diehl:-81V •
" (9^) ^ip. Bergk 17. Diehl. 2Í\, a, p.SO^ Cf^.Al
ceo', en Athen. X, Í4.3O a, b.

(95) Hip^ Bergk 19. Dieh^. 25., p.: 82,; .-M
^ (96) Ver p. XXIX. Heph. Man. c 5, lo. atribu
ye a Ananio, poeta con el que a menudo se) le
confunde.^

-XLVIII-

'"'..•,..'*

�cargar el verso con nuevos significados,y e n
*.

•

•

•

• *

el segundo, todo parece indicar una reunió n
casual o una imitación homérica.

^VI

HIPONAX
La poesía de Hiponax no puede independi—
zarse de la poesía yámbica, ni del mundo ar ^ quiloqueano. Es una faceta personal, pero uni
da a sus fuentes. Hay un raro fenómeno en su
vida c • nrepercuslones en su obra, común a los

poetas yámbicos. Así como Arquíloco odió a Li
cambo y a sus hijas^ Hiponax va a dirigir gran
parte de sus versos contra Bupalo (86^ un des
. {86)" Hipo .-Bergk 83. Diehl 70, p^ 96^ .Bergk
II• t&gt;iehl 13, p. 980 Bergk 12. Diehl 20,p.98,
etc.
-•'•

^XEV^

�conocido escultor que lo habría caricaturiza

do (87)• Da posteridad alejandrina, con este
material especialmente, construyo otra leyen
da, que termina con el suicidio de Bupalo.
De su vida conocemos poco^ Floreció a fi

nes del siglo VI a. C. (88) en la ciudad de
Efeso, a la que conocía íntimamente en su es
plendor y en su miseria. Sus padres eran d e
origen modesto^ Su padre se llamaría Pito y su

madre Prótide. Obligado por los tiranos Atena
^ -goras y Comas, protegidos por los persas, sa" le de Efeso y vaa la ciudad de Clazomene. Se
..cree que tuvo actividades políticas, y algu nos dicen que su vida azarosa lo obligó amen
&gt; digar y robar para vivir. (De nuevo insisti -

(87)En un estudio próximo veremos la mis
ma situación en Simónides de Amorgo, enemi g o
; mortal de Orodécides.

(88)Según el Mármol de Paro en la LIX 01.
Plin.,Hist.- Nat. XXXVI^ 5. Proel./ Chrestom,7.

-XLVI-

�quíloco como un poeta (67) que no se agota en
la sátira, y aun^diríamos, esa sátira es solo
una parte de su obra. Reacciona metafóricamen
te frente al mundo, va del elogio de los pla

ceres del simposio y el vino (68), de las he
tairas que alegraban con sus cantos y compa -

nía %
f TCETpaiv aioXXas Pocr^oucya wopcovas
uT]9rG e ivcov

"Benigna con los ext^anjeras es la afectuosa
sa Pasifile, como el higo de las rocas que nu

tre muchas cornejas" (69)
hasta la viril melancolía(70) ;
f

nal jjl

iV j

out

3 fv

Lappcov oute TspTiroXecDV

(67)Arquíloco, esencialmente^ es un poeta.
Su vida militar es una contingencia (me atre
vería a decir como la vida militar de Garcila
^o) pero su vida de poeta es sustancial con

él/

(68)Arquíl. Bergk S . Diehl 5 q,p, 6I4.0
(69)Athen. III, 59^ c. d* Arquíl. Bergkl9,
Diehl 15.
(70)./vrquil. Bergk 66. Diehl 67, p. 50.
-XLI-

�"No me divierten los yambos ni la alegría"

(7D*
Es un "hombre de pasiones ardientes, hen
chido de amor y de odio", como dice Nietzsche
en

"El origen de la tragedia", y no encubre

su fatiga por devolver los golpes que recib e
en su vida, que a veces parece la de un pira
ta o Es un soldado que no idealiza su oficio

(72) sino que lo transmite gráficamente e n
dos o tres rasgó^s . tomados de la realidad(73)*
Es un enamorado de la belleza, que tiembla por
su sensualidad (7^ o

'

Es tierno meditando sobre los sufrimien tos, siente el dolor de sus .-seres queridos (75)
y3 sobre todo^ sabe transcendentalizar ese do. -

.(71) TzetZo Anecdo I, 2l6 Arquilo Bergk 2o
Diehl 20o•"•'

(72)No es un "miles gloriosus"o .

(73)^rquílo
• (lk) Arquíl,
8i^.o Diehl lOi;,
(75) Arquílo
-XLI-I

,

• ,;

^;

Bergk 3^ Diehl 2, p9 ^ V[r.i
Bergk 29o Diehl 25, p 2^cBergk
po 52c.
Bergk ^o Diehl 7V Po 12^

�lor (76)• En un plano absoluto es pesimista
como muchos filósofos y escritores 4e esas
épocas (77)^ p^ro esto no lo inutiliza parala

acción (78)^ si debiera perecer totalmente lo
haría resistiendo-

..

Su estilo marca una ruptura con el mun

do homérico (79)* No se siente intermediario
entre los hombres y los dioses, aunque conoz
ca "el dulce favor de las Musas" (80) o
Más que el mundo exterior le gusta aven
turarse por su propia alma (8l) y no la tra_s
mite con abstracciones, sino que,todo lo con

creta en figuras plásticas (82)0 Cuando mira

^7) Arquílo Bergk 66 Diehl 67^ *po 50 o
(77) Cfo Hese opo I7I4., I78; Homo, riada T
85 ssoRecord0a Teognis I,i|.2lj. ss.y Ale e o

Bergk 35,
í (78) Arquílo Bergk 66 Diehl 67, po 50-^ ;
(79)^ pesar de deberle tanto en el lengua
je y temas'. Cfo De lo Sublime, XIII, 3

(80)Arquílo Bergk 1. Diehl lo

pe

(81)Cfo Wilamowitz, op,, cito po 19.

(82)Arquílo Bergk 660 Diehi 67, po 50eV^é
a su corazón como a un atleta (vo 2o-3)0
^XLIII-

�a los hombres, a menudo distingue una sola aris
ta, la que se presta a la burla y a la carica

tura (83)

Por eso algunos de sus fragmentos

nos traen el recuerdo vivo del mundo sarcásti
co de la novela picaresca.
Arquíloco es un poeta luminoso, y su obra
no tiene nada del otóte ivov itoiq^a,

que como

una marea inunda la Poesía de tiempo en tiem
po

No juega con el idioma, se sirve de

él

Si pudiera defenderse el enigma y el juego per
las resonancias misteriosas que deja en el al
ma, ni aun así los eneontramos en Arquíloco •
Cuando aparecen en sus versos nunca son

un

efecto buscado En un fragmento (8Lj.)" utiliza
un término polisémico para satirizar a un ti
rano^ en otro, (85) palabras de sonido seme jante; pero en el primer caso lo hace para

(83). Arquíl Bergk ^8. Diehl 60, p. i^8&gt;
(8íj.) Arquíl. Bergk '69. Diehl 70^ p. 5I]..
(85) Arquíl. Bergk 36. Diehl• lj.lf p. l^2.

�"Padre Zeus, no celebró el banquete de bodas"^

"Aqu^l no so librará de mí".

-35-

�'Opxov 6^ !voct&lt;pÚj9t)&lt;; pe

Te xai Tpaiteav •

Orígenes, Adv. Cois., II, ^k* Borgk 96, Diehl
95."~

Casi con seguridad este fragmento está diri
gido contra Licambo, recordándolo su promesa so
lomne do desposar a su hija ^eóbulo con el poe ^
tdm Emplea una locución relacionada con ciertos
ritos para jurar :

: (discossisti)^

^ ^ev ubcop eepope t
boXocppoveoucrcc xeLPl'5 TTjTepT) os

plut Vi^. Dem. 35 • Bergk 93, Diohl 86.
Plutarco cita tres voces este dímetro yámbi
co, como si fuera ya proverbial.
2. 6ÓXo9poveoucra •'.•• : ( bó\oc;-9povco ) que me

dita porfidias y astucias.
.56-

�"Ha violado un gran juramento,
por la sal y la mesa".

"La pérfida ofrecía con una mano
el agua
y con la otra, ol fuego".^^i

-57-

�Ev 6
tov xa^oeg fie 6pcovTa bsivoig ¿vtcc^e Í8ecr9ai
xaxoig
- ' Toofil. ad Autolyc. II, 53. Borgk 65,Diehl

66*
Esto fragmento nos presenta el antiquísim^

tema de lá ley del tallón, familiar al espíri
tu de Arquíloco que ya conocemos apasionado.
^• avTcqiE Í8ecr9ai - avuaiie lBougi ' punir,pa_
gar de retorno.
Para las correcciones y variaciones de es
te texto cf. en Lasserre^op. cit. nota a lap,

229.

A.710XX0V, %a\ ouTonq uev a
iuatve xcti crcpectg oXX^ cocr^ep oXXoetg.

Macrob. Sat. I, 17. Borgk 27, Diehl 30 ,
Tambión este yambo nos acerca al Arquíloco
furioso contra sus enemigos.
&gt;Vo

cf. Ox. Class..p. 68m Invoo a",

dios de la luz para destruir a sus enemigos.

-38-

�"So algo importante, al. que mo hace mal.
se lo devuelvo doblado".

"Rey Apolo, tú a los responsables descúbrelos,
y a ellos mismos destruyelos, así como tú des-".
./truyes".

2. oXXuco • destruir. Cf .'.Boisacq, p. 698;

Liddell-^Scott, vol. II, p. 1216.

^39-

�Ilcnrep Au^^áuBa, ^^oiov ecppaoto to6e;

tlq aag ^^ap^e ipe
as to itplv ^p^pe icrGa* vüv 6e 6rj

Esc- Hermóg. Ret. grec VII, 82O.Bergk 94,

Diehl ^^.
Arquíloco no solamente se enfurece contra
los quo le hicieron daño, sino que se ensaña,
se encrespa y los- ridiculiza hasta transfor marlos on "objeto de risa".
La antigüedad nos ha trasmitido la leyen
da del suicidio de LIcambo y sus hijas por la
acritud de las burlas do Arquíloco.
Parecería que el fragmento surgiera do una
anécdota que reconocemos relacionada con pala,
bras de Licambo on el t,lempo de la ruptura eh
tro Ne&lt;5bulo y el poeta ^l segundo verso tie
ne cierta ambigüedad,* no podemos ubicar lo que
trastornó el pensamiento de Licambo; ¿se re -.
fiere al rechazo de Arquíloco por yerno? ¿ o
s"e refiere a las burlhs actuales de Arquíloco,
que lo condujeron por su intensidad a un es
tado cercano al do la locura?'
:
"
Gaetúlico, VII, '^I, recuerda estos episo
dios y el dolor do Licambo :lf^sta tumba ala
orilla del mar es la do Arquíloco, el primero
que hizo llorar a la Musa lágrimas amargas.

�/I

"^Soñor Licnmbo^quo os lo quo dijiste?
¿Quién ha trastornado tu pensamiento. v•
que antes tenías firmo?'

r '

Ahora * par o co^a lose iudad ano s. ob j oTxT S'cT*t i s a"
* :'1 -ba^^

* '^""-

•:--'J-^

.

Tifié oT suave Helicén con sangro. ^jLicambo
bion Ib" sabe 1".

••'.."",.'•

También Horacio ^ocuerda la furia ^o
loop contra la familia do Ücambo :

"Parios ogo primus iambps
ostcndi^Latio, números animosquo
*
socutus Archilochi, non rqs ot agentia
verbév Lycambpn".
,^
• .. .\,.

(Hpist.^, 19, vs. ^3-25)

"Yo ful el primor o c^uo onso(ñé al La'tíio
los ya^bos parios,•

siguiondo la modida y el espíritu do" Arquíloco
poro no los pensamientos ni" las palabras
del quo acosé a Licambo"
. Cf., además,, Hor. Bpod. V^^ 11^JL^..^ ..

1* ,^taTsp

i padre, dicho con i^orifa.

U-eepaacrco :; coh a t

4

á^

t decir "o pensar.

' "•

: no contracto. Cfé Boisacq,p.

�AXX

gcXXog ccXXc^ Kapbír\v taíveTcu.

Ciem. Alej. VI, 7/ 3^ Sex. Empir. adv.math.
11-ll^. Bergk 3o, Diehl 41..—\
Es una imitación yámbica de un he^ámetro de
Hornero^. ..-

.^-.;

.

^.^^

•-•••'•

-:

1. naobir\v i corazón, también sede de. lo s
sentimientos, de la vida y de las pasiones.
•

..-_^. - - -*í"'
1#aívco
; enca^tar, alegrar.,,

.. Q :Zeus ,7caT&amp;'b---ZLU;"'"0'ov-tLeVoooavoí) mocitos,

cru 5 • epY

Xeicopya Ma
s te Mal'btxTi p^e'Xei..

,

Stob,.Blj^&gt;Piys. Ip 122. Bergk 88,
1

mocitos

i deminio, gobierno, acompañado

por un genitivo. Cf. Boisacq, p. 510. -

�"Uno al otro se alegran el corazón"^

: (0"d# .

,'228^ elt,s por "S,"."Clemente Alejan-

drinp.Strom*, Gf J y 3. .S, Bmp^Advy'• m^ t hXí,
llr^aAAocr ^a? :t -a^Ao l^-í-V ttv.r^p / éTCT^p.TieTaL
S que Segalá^ traduce ?\p. 6l5'.(cf.};
"Uno a ^otro se alegran de corazón"-

"Oh Zeus, Padre Zeus, tú que^gobie^nas el
s..

/ele lo

y observas las acciones de losfhombres sean
•^'••'••^'

.••

V'1 /buenas o malas,

la ferocidad y ^La. ^justicia d
..también te preocupan"^

l^

•

': ( epboo ) las acciones sean buenas
o malas, los actos* Cf • jLiddell, H^G.-S^ott^
Vol. I, p. 682.B-oisacq, p* -271*
2. e^^ -ooa'Q
3* ^.pcoovoq

-

Ecpopa^^

• tXeccq -eoy^^ ./ a^daz, criml

nal, traducimos con concepto^ generales

~

�\ auxa
~ é xe iva xai 9aXaacriov 8íov.
Ea Ilapov xai

Athen* III 76 B. Bergk 51, Diehl 53^
1.' Puxa

: higo, el negocio de-los higos.

Hauvette, Ob ci^ p 55* ctüxsu^^oooq

^f. Boi

sacq, p.. 92^'.""

1. GaXacrcriov

B íov

• la vida marinera^Ar-

quíloco exhorta a un amigo, o es exhortado por
' un amigo, a dejar Paros y su vida de comercian
te isleñorque giraba alrededor de la venta de
los higos,, el principal producto de Paros.
li.-X iva ^-exp Tva
aquellos "higos" ,pu ede
referirse a una venta^ especial o a la agitada
vida de comerciante ••...

^ 0r]pixov
í " 9^p "^Bestia, sobre todo fe
fc^^y salva je. Quizá este fragmento seaparte^
una fábula deArquíloco en la" que un z#orro pi
de, •jus'tioia. ai Zeiis. y. se .queja de un águila...
•

,
/^. •:../. ..^
14. usXe 1
j ueXo)

.-1*4-

.
•.:•• -;.;#. -.;• ^:,
, preocuparse •'

^ ^.y..
.:

�*Deja Paros y los higos y la vida marinera"

�PXabx , opa, |3a0ug yap ^^ xtí^aqiv TapacraeTai

^iovToq,ajicpi ó axpa Fupecov op0ov itfTaTai ve'cpog,

a^pa xe tjicavoq^ xtxavp.i o

ec, aeXirut^q cpopoq.

Heracl. Alleg. J^^i. c 5
Bergk 5I^, Diehl 56.

Teofr. III, 8

• SegúnLasserre , ob^ cit^ p
217, este Glauco (que también es un dios ma-

rino^ Oxo Classo p* 3^^) sería el jefe d e
una expedición preparada en el siglo VI• Re-,

chaza la interpretación alegórica del mito
grafo Heráclido, por la plasticidad y realis
mo do la escena Esta interpretación alegórT
ca también la utiliza Alceo, cf• Bergk lo /"

Diehl 30.
1 xú^ao'LV

, dativo plural de xú^a -

2 A pesar de que ap/cpt

significaría^

rectamente aquí ; "alrededor", la idea que
el poeta qujfere expresar a través de la tor
menta^o de la guerra que se avecina, es más
ajustada $ "sobre", para indicar lo fatal que
pronto va a caer sobre Tracia
j

2

Pupecov El cabo Gireo tendría dos cum

bres gemelas, estaría al norte de Tasso y s"o,

-lj.6-

�"Oh Glauco, mira, ya la profundidad del mar se
/agita en grandes olasj,
sobre el cabo Gireo se" acumulan las nubes,

señal de tormenta^ el temor nos llega de lo in
/esperado""

bre la ruta de Tracia* según Praccaroli t "I_JLiri

ci greci", Torino 1925 9 P ^l5 los giróos habita
rían en Eubea cerca del promontorio Cafareo,

*""

• 2e El adverbio op9o^ , habría qio traducir
lo por j "vert i cálmente", "en línea recta", por
razones idénticas a las anteriores^
2O LOTqjjLi ; preferí el verbo "acumular"
detrás de su acepción común relacionada con u h
fenómeno atmosférico, simboliza los malos que
se avecinan, •'

3 KiYavei

•

¡ sustituyo su sentido principal:

"alcanzar" por "llegar", Cf. Liddell — Scott ,
yol, I, p. 95^-O

5o aeXitTta

^ acontecimiento inesperado

3 El sujeto epopoq

al final de la frase

aumenta la' sorpresa de la expresión

�ouóe

^ Soa^pe^oicri ya^pov

aXXa

l o"[ii&gt;tpog

e tq
b

^
• I 718 p I

i6s lv

Tíoaa(9

Dión
Ch. 33í 17 e Galeno , in Hlpppcr Ted.
de artlc^ 3 , vol XVIII 1, 357, Bergk^^F^^ffieTTl
^ol
'
En este fragmento famosísimo en la- antigüedad,
Arquil^o o declara su entereza moral^ su deseo de
vivir en un mundo autentico, donde el buen capí tan sea el hombre consciente de su oficio y de sus
obligaciones. Se burla del falso guerrero afeita
dito y cubierto de rizos" que peligrosamente equi
vocó su vocación. Esta aspiración y este despre ció sirven para ubicar la interioridad de una ép_o
ca; ya los discípulos de la molicie y la ambición
empiezan a cerrar el camino a los valiente^ d e
"piernas torcidas" que en su pecho encerraban un

ánimo verdadero de lucha y sacrificio.
Más^ tarde ^urgi^ Un "tópico" de militar pos -..
puesto frente a militares fanfarrones ^ue implaca
blemente llevaban a la derrota a sus ejércitos .
Hay sátira y salud en estos versos.
1 ou cpiXecú

t vertimos textualmente^, su sig

�\?.•••.• t&lt;

MlNo quiero al g^an estratega de largas piernas,

que es' todo rizds. y.-..se ..afeita con esmero. . •••'.^.-.v..
Pero sí, undvpequeño^ de piernas torcidas •/.- •. v.:,

que esté f irmev • sobre sus pies, pieñó; de^valor".

nificado es más amplio ; "no me satisface"^ '; . •

1.De 6 iccrcX íaao\La i
pasos.

: ^ue camina a grandes

"•

2.Y^^poq : orgulloso, vanidoso, Cf.Lid*1-"
dell-Scott . voló I, p. 359 Como vimos.es fuer
teniente satírica la descripción del capitán que
cuida más su arreglo personal que su asconden gia sobre los soldados, frente a él está el pe
queño, bien parado sobre la tierr^, que--arras tra . con su simpatía", Detrás de .este ^cf^iHpog""

podría ' ocultarse-;la figura del PXat))( ' del frag
mentó Bergk-^Ij., Diehl 560 •-'/:- ,••&gt;•-.
• •

h&lt;&gt; poL^o^ • r

-i con las^pierna s.torcida s, ^a

tizambo o Cf. Boisacq,Vp.-' 8^4.3..:•
..,

, :

-• ^

^

:.-r-s

Encontramos- el^ mismo tema. enTirtpo ;. Licur

go., ín Leocr, 107., Bergl^ 10,; Dlehl \^^9 7 .

• i. ^

-Jj.9-

^

�evabe^ 36uqievGc&gt;v 6

ocXe'^eu TtpocpccXov evavTiov

cte'pvov^ ev boxoicuv ex^P^v ^^X^ciov xaTagua^e lq
adcpaXe'coG0 nal prpre vixcev auxpab^v a
^^Te v txri9e ig ev ot&gt;^) xaTaiteacov o6v)peo
aXXa xctpr^C)t^c&lt;v'^!^^ Xa^P

,f| \(r\v

^

xotcrLV acr^^
oG

Stob, Flor. III, 20-28^ Bergk 665Diehl 67.
En este fragmento tetrámetro trocaico cata
lectico,Arquíloco dialoga con su propio "cora"
z6nn, con su propia alma. Penetra, como dice
Croiset (Op,^cit^ t, íl, p, 198) en zonas más
graves y filosóficas, para descubrir su íntimo
abandono y la traición de los sereá.que lo ro
deaban. Aprende de Hornero a impostar la voz ccn
las palabras de Odiseo (Od, u , l8)fpero el
poeta-soldado no se encara directamente consi,go mismo, sino que imagina a su corazón c om o

un guerrero y lo exhorta al combate "cuerpo a
cuerpo", sin preocuparse por la gloria o la de
rrota, en un purísimo ologio de la acción
Se destaca la virilidad del que sabiéndose

-50-

�"Alma mía^ alma mía, agitada por males que te

/dejan perpleja.

jResurge^ opón el pecho a los malintencionados

y defiéndete atac^ndolos.
Levántate firme frente a los enemigos'y comba/te cuerpo a cuerpo,
no te enorgullezcas públicamente de las victo•/rias
y si te vencen no te escondas en casa para .lio
Mas, por las cosas dignas de alegrarse,no

/rar.
t e

/alegres demasiado
y sufre con medida la adversidad^
Recuerda que el fluctuar (de la suerte) t oca
/al hombre"•

limitado por la Necesidad, igual acepta caer&gt;
pero con la protesta en los labios. Conoce a
Zeus repartiendo con dos toneles la felicidad
y la desgracia , pero en ningún momento el pe
" simismo doblega esta valiente concepción d el
hombre. Ya nos dijo frente a lo implacable que
la paciencia es el remedio de los males incura

bles (cf. Bergk 9^ Diehl 7) 7 en ella se refu
gia ; "la energía de-I alma -en la desgracia,co
mo en la fortuna no ha de ser vencida por' los
males, ni exaltarse con los bienes; unos y otros
nroceden de los dioses, contra los que no hay
lucha posible'JJ. Girard, MEl...s&lt;^n^mient_9__reli gioso en Grecia", ed. La España Moderna, Ma —

drí'd, sTTT7'p~ 1Ó9
-51-

�. Esta misma concepción rítmica de la vida
deí hombre la encontramos también en .Anaximan-

dro de Mileto, Heráclito de Efeso, en los pita
góricos, Pumpodocles de Agrigento, Diógenes de
Apolonio, etc.

:
1. ArQuíloco dialoga con su corazón, dejan
do de lado toda pasión satírica, pero tomado
' 9 uu. a
como asiento del alma (anima) (cf.idén
tica traducción de J. Carriure ^ Theognis P .
Ele plaques Les Bolles Lettres., París í 9Ip3"7p ^4-

g

n. 1).

Detrás de la melancolía se nota al soldado
que se 'exhorta a vencer las debilidades pro —

pias con el ánimo esforzado.
1.Ku?tqu.eve

(

muxoco ) • El poeta plantea

en estos primeros versos una excelente

imagen

"tornadla del mar.
2.bocue:vnr;

: malintencionado, hos-til-,ene

2.;Con^ervamos el sentido estricto.
^

•' 2. El sentido sería j "atacando valerosa -

mente" ( •aoocrBcAXco ) (obiciens).
3* Utiliza una figura para expresar el va"lor. ( ctsovov ) (pectus).

Ip• — ^• M-^^s;

* ..

• Estas conjunciones introdu

cen dos frases correlativas de gran intensidad
por su oposición.
"•

1¡_: curo

;

. •

..,

•••

'

• . •.

a^aCab-qv * : (palam) públicamejn
i.•• r••
^52^ ..

�. .: Esta misma concepción rítmica de la vida
de i hombre la encontramos también en .Anaximandro de Mileto, Heráclito de Efeso, eh los pita
góricos, Empedocles de Agrigento, Diógones de
Apolonio, etc.'

'••

1. Arquíloco dialoga con su corazón, dejan

do do lado toda pasión satírica, pero tomado
Guue como asiento del alma (anima) (cf.idén
tica traducción de J. Carridre t Theognis. P.
Elogia que s Les Bolles Lettres, París 19ÍB,p¿^|.
.ñTi;.
Do tras de la melancolía se nota al soldado
quo se'exhorta a vencer las debilidades pro —

pias con el ánimo esforzado.
!•

xuaqueve

(

kukccco ) • El poeta plantea

en estos primeros versos una excelente

imagen

" t orna, d a d e 1 m a r .
2.

^eca^v-nq

: malintencionado^ host-il-,ene

migo......
"••••.*.' •.-•....
2.•Con^ervamos el sentido estricto.
„,'• •' 2. El sentido sería * "atacando valerosa -

mente" ( •koocBcXXco ) (obicions).
3 Uti^iza una figura para expresar el va'lor. ( ctsovov ) (pectus).

•

^ ..

• Estas conjunciones introdu
cen dos frases correlativasde gran intensidad
por su oposición.
•
™

• .

•

.•

1;..: ^u-ff)'

••

;

i.•••

'

•.••

a^aCad'qv % í(palam) públicamen
t:
^52- ..

. r

•

•

�te, delante de todos; se opone, k e v
casa).
Ij.. aydXXcD

:' (glorior).

9 titeo ..(en

X/•.

•"

.••&gt;

5. x^tinecrcov
: su verdadero significado
sería "abatir" (prostratus).
"6. '"Hemos conservado el sentido dex^p^oiai
s. pesar de restarle brevedad al verso^

"' ?? •; pu^^as

, jon. por peQuog , de.

;•"•••

peco^

E s"ta idea de. la., ley o.: r i triio . que pre si de e 1 des

tino de los hombres^ ese fluctuar de la Túx^^
es constante en el pensamiento de Arquílocoo'

(Cf. E'ergk 56, D'iehl 58). Su traducción lite
ral sería, ^ "recuerda qué ley gobierna, a
hombre 3^0 v "•';.;

los

. '•:.

Toognis utiliza el mismo tema ^

f

s iXróv tol.

^^p

v

e cru y ^Tcpt|HTO.L^iv etc epY^ocoi.v #ct
^0t.3 jj^rj.6 váx^^&gt; ^^^e cpíXo^x^ avia,
vOpouq e^^cppa tvs 8ec^v 6* e tp.^pjXE/vrí bcop^
av pr|L&amp;tcoq-9vri^O^^^

|pY

"X
pQ^ eg
g-Tiog^av^
g^

000 .otav )auTov ev'Q J^oTTÓoc ^^po tg.

Ó

"Ten coraje, alma iríia, en la intolerable pruo
ba del dolor A los cobardes únicamente so los
irrita el corazón; no te. entregues,por^ los
revesp^ sufridos,al odio y. a la peña, no ofli
jas a nuestros amigos y no ^ logros a los ene
migos. Un mortal no puedo fácilmente sustra^r
so a la suerte que. los diosos le envían, aun
cuando se oculte en el fondo del mar: rósplan

deciente o habite el lúgubre Tártaro (Teog.X.
I, 1029-1036). ":'•

••

. -53-

,-.

..•.:'."• ^/.

�Nov 6^ AeoxptXog uev rsp^ei, Aecocpi\o&lt;;^^.l eTUxocru^ i,

AecocpiXc^ 6e irívu^. xeiTríi, AeoxpíXoo ^* ^.xou

Herodiano alré- de los esqü¿ 57 2. Bergk69

Diehl 70.

'^~

•'"•'•'

^

En estos versos de intención política, Arquíloco se burla de un "tirano"-griego y nos en
trega ^con brevísimas notas,- las 'característi cas de esta clase de ambiciosos.;
' ", I vuv • Sin duda arrastraría un vigor del
que ahora carece porque desconocemos la parto
anterior. Quizá se opondría el presente al pas ado .

..'...

!• AecocptXo^ : Arjo^iXos • Este personaje
parecería s^r un d^magogo y su nombre un sar ~
casmo(de.Xaoq ^ 91X0^ : "amigo del pueblo").

1. Hay gradación devintensidad en el signi
ficado y traducción de ap^e t y
• 2. xeij^cci : es un verbo de múltiples sig
nificados : extendido, muerto, abandonado, da
do, establecido, inmóvil, en reposo, etc.^ e n
nuestra traducción insistimos en la caracterís
tica de los tiranos que creen que todo está a
su "disposición".;:•••••••

2. áxooe^to ' ( axoáco )• Creo, siguiendo a ^s

�"Ahora Leófilo gobierna, Leófilojr domina,
Leófilb tiene to^o ^a-sú -'"disposición y Leóf i
••:.••_•'.-:-:... ^.\'. //lo es^ llamado1'

lavotti, que en'la expre^ión XscocptXoq b ccwo^eTco \ ,,
hay un juego de palabras, que ya notamos e n
una nota anterior^ Su significado sería ^"Sea
llamado amigo del pueblo (Leófilo)"^ Cambia - - • V*H
mos el imperativo por un presente para^
carnos a la ironía do esa "invocación'^

' '• L • ""

' i'-. •

�i .

AXX
AXX . a^e'i .a^v xcdGc^vi Qof\^ bia
iTre xal xO iXcov ittóuaT

acoeXxe xábcov,

*i-^

L ^

ofvov sp^Gpov a^o tduy^s^o^^s Yap ^p.e tg ,
ev

Ateneo^ XI, 1^3. D. Bergk 5., Diehl 5

De nuevo estamos ante el Arquíloco riente
y.ebrio, según el recuerdo de Calímaco,el qu^
halla en el vino un"descanso para la dura vi
da del soldado. (Cf. Bergk 2, Diehl 2). Pare
ce incitar como un jefe á los que están degua
dia nocturna eñ el navio, esperando el pombate o la mañana.
. 1'. aXX^ crfe ; exhort^ción ^ probablemente di
rigida al esclavo escanciador*
1. xcdGcdvl
1#- v^e^

,

. (póculum),taza.o copa*. ;
. at. vaúg.... vecós# . •••.,. .

2:. 90l'ra : pOL.T.ato -co

^ ,

^: ; .-•

.Es más.complej o ,•

su significado en griego'que nuestra traduc -,
cióa y mucho más dinámico; indica : "ir y ve - '

-56- ..*

�pasa-con la copa entro los banc^s
do. la rápida nave,... •-^
^

,' .-•

r -•

abre las profundas ánforas y toma el rojo vi ,'

yjy

/no hasta las heces
Nosotros no podemos estar sin beber.
en-una ^uardia comq esta"^

"-

^-

nir", ^circular" (cf.-. Boisacq, po IO33) en
tro los soldados, ansiosos de vino,-; queabun • •':

da y parecería desbordar' las tapas ( rm¿\in.'^&lt;7T
de las ánforas ( xa5cov )o^
; ^ . ^ ^. ^

t
p rcyp^L 9 ^Q ^Ypeoo $ imporat. del áto
a toe t y . / a^o Tpoyo^ Él poeta "manda" tomar v ^
•, el rojo vino ( epoBpo^i, hasta el final , d e y
las ánforas

&lt;^'"•

;

•^

.

•.

.

;

^-

..: if.: vr|9.e iv :. .ser sobrio^ ..abstenerse de 'vino

;A-:---^^:"^^q)uXr!K^..^;.. (vigilia-) (Cf. Llddell- ^ '• .
-.- v^•. "Scptt, y,;o: 1.;; xi, p. 19^0. ^-...-^

�ashirtov ovbev
vbev ecuiv oib' ¿'
¿Wí'ilotov
oube
b 6ai){iacrtov,TC8 ibr\

en \LEGr\\-iSpir\G eQt\he vuxt
v

pov 6

X
K O

TOU XCl HtCTTCC Ti

av&amp;p&lt;-?(Ttvo ^ri^éis s6
p,T]5

^X9 ^ ¿ti

upu^v e taopcov'

otcív 5eXqutfi 0T]pe^ avu^fie LijJcovTai vo^ov

evccXtov ^a l crcpiv 9aXcxcro'r]^v
cdlXtsp

i^tl loou Y8^r!'i:a:l9 ^olctl b

T]5u\ i^v opog

Stob^
', Se ha querido encontrar-.on esto fragmen

to yámbico un dato astronómico,, que oermitiría ubfóar una fecha certera en la vida d e*
Arquíloco.. Se habló del 6 do abril del 6hr8 a.
C^, del -eclipse total do sol que fue visi
ble en Taso en las horas de la mañanaoTambién
siguiendo un breve dato do Aristóteles (Rót,
III, 17) que coloca^este fragmento en labios
de un padre^que se dirige a su hija, se :h a.
.querido relacionar inmediatamente a ese pa -.

dre' con Licombo ya esa hija con Neóbulc,ha_s
ta llegarse a la exageración de afirmar que
Licambp.declara'roto el orden universal por
que su hija rechazó a Arquíloco 1"

�"Nada es efecto inespe^ado, ni ^sombroso, ñ i
./se .puede-negar con*"jüranento^,;,^-:

^después que Zeus, Padre do• loa Olímpicos,
puso la noche al mediodía, oscureciendo labri
.

" .• •

v/liante luz dol sol^^

Vino "a los hombres un sudor pavoroso,
Ya dosde entonces--todo so justifica .
y ^todo puedeh e.sporar los hombres que llegue
'•'.••"•' '-;'••/a suceder.

-Ninguno de vosotros se ma^avillo por nada do •
'.^;.

/lo^ que vea,

si las floras pacen en oí sitio mo.rino de los
...

'

'

" ' •'/delfines

y a aqacHá s. las o las..^sonó ras . del mar sean más
'•
•/queridas

que el continente,.y si a é^toa sea agradable
•••.....

'•

. /la montan a ".

El tema desarrollado se extendió mucho _en
'• t^e^ los poetas de la antigüedad; Arquíloco so
l\cntrega por un instante al pcsimismo( en 5s
avbpaaiv ) poro en seguida so recupera, y cu ^brc de secreta .Ironía'los ilógicos ejemplos fi_
^

.
. asAiiriQ
is . i
q
"1,
: que
no sé
stí puedo esperar. Lid^
dell-Scott^ .vol'^'I, p/ 28.'
2. 9a^^a'

'

• ? maravilloso-, milagroso, Cf,

Boisacq, p, 335*'

:

tqGmitad del día,

-59^

�1^'
'• lf* t^^.9 : aoristo de ep^opeet';"
s-; .5 '..xaTtíeXítTc:

•' kcíI eití

5 "itLOTCD : creer, oersuadir* Cf* Boisacq ,

p. 787.
6. e'd : elisión de sti.
!.7# vopov evaXtov : perífrasis para indicar el
mar,

8#

%a\ crcpiv, es paralelo a toToi 6Ív# 9) \

se sobreentiende que el orimer término se refiere
a las "bestias que pacenTl, y el segundo a "1 o s
delfines"*. Respetamos el texto sin incluirlos en
nuestra traducción*^
9. vhr\e iv opoq

• boscosos montes*

En los últimos versos/especialmente, Arqüílo'co nos da un ejemplo inicial de literatura paradoxográfica (colección de acontecimientos raros y
maravillosos del mundo) que aparecerá luego e n
otros autores^como Calimaco de Cirene, Virgilio y
Horacio*
"Ante leues ergo pascentur in aethere corvi,

et freta destituent nudos in litore piscis,
ante peverratis aniborum finibus exsul

aut Ararim parthns bibet aut Germania Tigrim",
'"Antes será que ñor los raudos "vientos
los veloces venados apacienten,
confundiéndose así los elementos;

�"y que los mares de su seno ahuyente
los peces a los bosques africanos,
y de su aj?di,ente arena se •alimenten :. /
antes será que beban los lejanos
Partos del Rhin, trocadas las regiones, \
y-, del undoso Tigris los Germanos,"

(Virg# ^g^. 1-59. trad. de Félix M. Hidalgo
y Miguel Antonio Caro, Madrid 1909, p. 7).

"Terruit gentis, grave ne redirét
saeculum Peyrrhae nova monstra questae,
omne cum Proteus pecus egit altos
visere montis,

....-•-• •

piscium et summa genus haesit ulmo,
nota quae sedes fuerat columbis^'
et super iecto pavidae natarúnt. .
aequore dammae".

:"Puso espanto en las gentes, que no volyié
ra- el desastrado siglo de Pirra condolecida
de los portentos nuevos, cuando Proteo llev^
su rebaño de focas a la cu^bre de los montes;;
cuando el linaje de los peces se detuvo en-^
'tre las ranias de los'olmos, antes, asiento de
.las torcaces,-y •sobre el mar raso y tendidp.
nadaron los corz^s temerosos"
•í-.:
!?&gt;.,^# ^-;' .
'•• ';'.^ '

' '•: . . . /
'' \ - [ • / .

V-

(Hor. el, Carm.^^. 5-12.,Trad."Lorenzo Riber

-Aguilar, Madrid 1945, p. 585).

J : '&lt;:"

-él^

..•

�Toig Qeo ig TiGei tcc Tiavua* tcoXXc'x ig [lev e^
^^,,, xccxcov

avtpsg op9oucfLv j^eXatvíj xei^evoug s^t X^o
iio&gt;.Xrr&gt;i tg 6

avaToeiroocri xat uaX

es

*OTCTL'oog- xXivoucx ^ETteiT^ TioXXa yi'xvs'zn'i xax

xat 8 loo )(pnu'Q TiXavaTat xal voov Tmoríopog.

Stob. Flor, IV^ Ul-2.k* Bergk 56, Diehl 58.
Fn os te fragmento tetrámetro trocaico, Ar'quíloco nos da su 'conce^ción de la omnipoten •—

cia de los dioses. Este es un viejo tema, usa
do ya por Hornero y por Hesíodo que veía a Zeus
"doblegar a ".los, "soberbios y exaltar a los hu mi Idos (Op, -. 6 J,^. Luego fue tomado ^or otros au^

tores de la-antigüedad más.tardía; también es
tá representado en otras literaturas y en espj^
cial en la literatura bíblica.
En Arquíloco- no- es nijiguna novedad; ya vi
mos otros* ejemplos (cf. Bergk 9j- ^iehl' 7;Bergk

66, Diehl 67; Bergk 7Í1, Diehl 7I4-) que nos pre
sentaron su pensamiento sobre la vida como una
experiencia extraña y llena de hechos Impre —
vistos, presidida por un puGuog , superior y
misterioso. Pero^a pesar de concebir al hombre
como un ser desarmado en un plano absoluto, sü
viril melancolía le da nuevo vigor para la lu
cha ^n los planos-relativos, encrespándose con
-62-

�"Confía todo en los dioses, a menudo levantan'
a los hombres de sus males,.

'. .

(cuando están) postrados en la tierra sombría,
y a menudo arrojan al suelo a los bien afirma--

(dos

Entonces nacen muchos males, y por cosas de la
vida, va errante con la mente enloquecida".

tra la seguridad de su derrota.
El poeta siempre está presente, especial
mente en la belleza de su imagen del hombr e
arrojado al suelo por los dioses, para casti
gar su soberbia, "que hace concreta la abstrac^
ción de un dolor subjetivo, fuerte y reposa do.

'

•• "'•".
•- ' .

1. tl9t]íjlC

(

..'•/-.
' . • *!.

TiGefv

perativo. CfV; Boisacq, p.

•) infinitivo im

^

2. fxeXcctvT) ; es característico en la adje
tivación homérica hablar de la "negra tierra"^
que nosotros variamos levemente.

3*

pePrjwÓTdG ' (firmiter stantes),

El mismo motivo lo encont^^mos en Mimnorno do
Colofón : ' "-.••-..•• !

H^ ,oícc ^e cpuXXa ^¿S^ i TtoXoavGe^oq ^
^OT afijj aúY^C^b^e-ücci qeXtoo,
LxeXot Tcq^utov eicl XP^^o^ av6ecriv
-65-

�ixe9ccc9/ Ttpo^ GeviÓb
Geayv^is.iÓoTe^ b^nre xcchov

ov Krjpe^ 6e/ 7tapegtfí^w&lt;ji&gt;^jLe\o:i
fl M^t)^c7a TeA-o^ Yi
r¡ 6

ETept] -'Gavairo io*

... o ...... ^ .,..^. o .^. ..
.... O/.. b-. .•i...........^.......ouoe Tt^ e

G, .cb Zeuq ^,fj naxa TcoWa 5l6ol.

"Como larj hoj^^ que •gc.:-minani en la florida
primavera, K'.Je losvrayo^ fecundantes del sol^
así gor^ajiios por un noinen¿o fugitivo la flor
de la |uvent^d-¿ sin 'conocer ni '.el bien ni el
mal que proceden de ios dioses Las ; líe res nos
•

rodean, una :ir, co^duce -a la dura, vejes y. "la'
ó íjra,. a la muerte', c-, &lt;,.&gt; . e V•. • a ••. •• *&lt;&gt; • •. c • * • • o
o * • o. -o • ^- &lt;

.. r.d . r c o •. J i1, uo hay ñadí,© entre "los

hombres, al que Zeus no lo cubra de males".
• (Estob. Flor^ IV, 3Í^.-12 H. 'Bergk 2, Diehl
. 2).,-.. ; .•.^'•...•:

oalyo^covtov
YLYve'r^l' coaitep ovap
ov

"Breve es la vida como un sueño".

(Estob.^lV, 50-68 H. Bergk 5, Diehl

�También lo encontramos pn Teognis de Mega
ra; '•

;•

••• '" •

••; :- -;

••

•

•

Oo:sig3 Kupv sa.TT]^ xai ?^eobeop cut
7W-- Picol todtcúv ^coTop^q cqicpoTsccov

avac^oro i o^ i\^:T"'ta v ¡a i'''•-•*•^•!, V'*" &lt;^ l^&gt; tec í-i^
*Geol 5e xaTa ooeTeoov mav^cc t^^-ouctl voov

"Nadie^ olí Cirno,, es responsable- por su vic
toria Ó su error „ une. y otro-nos viene de los
dio'ses.. • • •. . . . .. . ... .. ...&lt;•.-. ............ ....
La ignorancia,- no,s inspira, a los hombres .. va

nos pensamientos, áón los•dioses los que cond^
con tp do según sus • voluntades.. " , •'• . '•

\-:'~

(Teognis,"Lib.. I, Í33-I3ÍÍ, .l[|J-lli2. Estob.
L^tXIX, 1. Bergk : Poetae Lyrici Graeci. Par s
1, p, lf-93 Pi^^^l • An the logia- Lyr i c a Gr ae c a %
Fase. .2, pp. .,10-11)..;. -..

Solón de Atenas;
•Foioé 6e -T'o't. 6'vTfuo ipi.kc^áov epepe 1 q6e
.... • ---: • :- ••' '
• '6fJ
ucop a b acp^xta Qecúv yLYve ^^ L ^• ^ a vatgjv o

"La Moira da a los hombres el bien y el mal
sin orden. Los dones "..de lo.s dioses inmorta .'. les son inevitables".

,

p

(Estob. :FÍor.- IX,' 25. Bergk. 13. Diehl I/6^-

�arfvf\$ xccl xoprj^ ^tjv rojVT^fop ivr orepayv.

Hefestión, c,15-l6^ Bergk 120. Diehl
Según el- escoliasta de las "Aves" de Aris

tófanes \Vj(A\. ), este verso pertenecería

a

un extenso Himno destinado a las fiestas de
Deméter,.adorada oon especíales-cultos en la
isla de Paros. El mismo escoliasta nos dice
que.esta.composición-le.valióla"victoria en
un concurso. Ese Himno : Iopa-x^oi , se 1 e

atribuyó-a Arquíloco desde la época de los
alejandrinos, pero carecemos de fragmentos y
noticias quo iluminen esta parte de su pro ducción. ^

.,-• :• .-^

•

.:.._.

• Es un verso asinartetq compuesto por. un

4ímetró yámbico y un dímetro trocaico cata^
Íctico. Junto al siguiente fragmento son qui^
zas "los únicos fragmentos hfmnicos conserva dos.

Íyp ig ' i fiesta o asamblea del ptie
blo. Cf. Liddell-Scott ^ v o 1^ II, p.129^.

.: 1. Deméter : la familia y la patria de
Arquíloco siempre estuvieron vinculadas a 1

culto de esta diosa. Pausanias(X, 28-5) díco
quo Tellis, su abuelo, llevó de Paros a Tasos el culto de esta diosa;

-66-

�"De la sagrada Demeter y de Core, celebrando
la fiesta".

G. Pascoli dice:"d"notevole che'Paro, la a
tria di Archiloco, sia,'dopo Eleusi, il paese
• :• prediletto di ^Ddmetor, si che l'isola si chia
md Demetrias. Archiloco foco anzi alie duó dee
un inno...". (Cit. por G. Lipparini : Ant. del

la lírica greca ant., Milán 1939* p. 63).
Cf. también Hom. himn. Cerc 203 y 1|92.
Cf. The Qx. Class. Dict.. p. 263 y LiddellScot^",... vol. I, p. 385.

-67-

�T^veXXa.
KaXX^vCHe1 xaip '''ava'^, 'HpanXeeQ,
aoToq ts Hat ^IoXaoq aiy^qTa 5uo.

KaXX iv iHs- XGc-Ip * ava^ ¡,? ^HpaxXees

i.-•

Esc.. Aristoí*-.- Av. 176'4'. Borg^^ 11^. • Diehl
120.

...— •.'

Este fragraonto do un canto coral yámbico^
conservado por el escoliasta do Píndaro en una
versión más breve, fue escrito en Olimpia en
honor de Hercules y su fiel Iolao.
En sí es un canto do victoria, que no de
termina ninguna singularidad dol semi-dios;

quizá por oso más táre^e se repitió en honor do
otros vencedores

(Cf. Pind. Olimp. X, 1), po

ro su origen soría la victoria que logró Hér
cules sobro Augias,'según el escoliasta

d o

Aristófanes (Ay. lf61|.).
Es notablo la musicalidad y el ritmo del
fragmento, acentuado probablemente por la"voz
do un corifeo que repetiría el estribillo.

l^^-3-5- TrfveXXa : voz
^^ •
'-68-

indeclinable

�"Tra la la.
Oh glorioso vencedor, Hercules rey, salud.'
Tra la la
glorioso vencedor,
tú y también Iolao, los dos terribles.
Tra la la.
Oh glorioso vencedor, Hércules rey,- salud."

que imita, según algunos, la modulaci^n do la
flauta y, según otros, el tañido do la cítara,
Puc usada en los cantos dé victoria como u n
estribi^lo o "Leitmotiv" © Correspondería al
moderno traía la (cf. 'Ld d del-Scott. vol.

II, p. 1788).
2. KoXkiv LHe-^aXXoq ,' v{%r\

• Es innoga -•••

ble que ol termino so fcronscondontaliza al sor.
casi un apelativo do Hercules .
I4..

I'oXaoq : auriga de Hercules y

compañero. Arquiloco utiliza el duallaxp^
para "referirse a ellos,"acercándolos en jorar
quía. Cf. The Ox. Class. Dict., p. J^57

-69-.

���Ou&amp;e BCCVCOV O ltp^$'OC; CD ETllTETpOcpE Tl)}JLB&lt;^

:..,- AAKAIOY.Anthjrri,536.

�Q Zeu TtaTepj Gecov

Ti
i p,
p

OXuu-Ttíoov 7taX.^u.

oux e^a^íaq
oux
e^a^íaq xpvaov^
xpvaov apy^pou

Tzotz. ~ad Lycoph. 69O. Borgk 30 A-30 B.Efohl

3^-35.
Esto fragmento y los siguientes (Borgk 1 6 ,

Dichl 24 a; Borgk 18, Diehl 24 a; Bergk 17,Dichl
24^?. Borgk" 19-, Dichl 25 y Diehl 29) los coloca ~
nos juntos por parecemos trozos do un mismo po_
ma o participar do un mismo clima poético.Nos in
troducen cñ el mundo y.ámbico do Efe so, la ciudad
de Hiponü^., en las miserias físicas y e^piritua
les do los hombres de las clases bajas, y 'sobro
todo, nos hablan do una "florida picardía", mu chos siglos antes quo Lazarillo gateara a ori —
lias dol Tormos.
El poeta so coloca en actitud burlona frente
a los dioses\ suplica, ^ero conoce la inutilidad
do su podido, y termina por insultarlos,"como un
sor resentido contra todo y contra todos.
Esa invocación a los diosos¿ propia de los p
otas ^picos o trágicos,es un dóbil recuerdo. Uti^
liza ol mismo Olimpo, pero la incredulidad y el
prosaismo nos dan su antítesis.
Su lenguaje ostá lleno do oscuridades (para
nosotros) ñor la abundancia de términos dialecto
los y do giros pro^ios do la "gormanía".
Hiponax increpa solo un mundo de injusticias,

-7k-

�"Oh padro Zeus, rey do los diosos olímpicos
no me diste el oro,;, rey de la plata".

y maldice^ hasta asustar a los poetas" mono —
ros do la Antología, quo so vengan fabricán
dolo otra leyenda tan cruel cpmo la-de Arquí
loco^:

.

.: ... -\,

,/.•

Leónidas nos da una muestra- í. "Basa ^u a -

vomento al lado de su tumba, para no.-dos por
tar a la maligna avispa que yaco dormida#••*•'.

o^ídate do el,, p.uós sus;versos rojos al fue
go,' tl^nonol pode ^• do herir aún ene 1 Ha —
dos". (AnJ-, Pal. VII, l].O8, p. ,2¿1). ,;;

1.. ^áXfius ^f, jónico por
2.
^i " : intorrog. ,* le suprimimos on nuqs
tra versión.
2. eboHccG : aor. primoro act. do
Cf. esto segundo verso con los fragmentos

Borgk 19, Diohl 25 y Dichl 29.

-75-

�, cpíX

Ep^q, Maiabeo,

toi, ^apTa y^P ^áxeos p

Tzotz. in anoc. ose. Lycoph. 855- Plut. do
absurd. stoic. o'pin. c 6. Borgk l6, Diohl 2Í\. a.
Trímetros yámbicos, oscazontos (coriambo).
1
Mata
! Madro do Hormes*"ontro los
dorios representaba á la gran Madro. Cf. The OxClass. Dicto^ p. 532.
"\-\
,1. "K^XXr|VLoq-a-óv

, adj. ^de Cilene,^ion-

to do Arcadia, quo,por ser adorado -aHíf" sirvo
do epíteto a Hciracs. Cf .Liddell-Sctb^t. v o 1.
i, P.:.ioq8. t_
2.

^2.

eTCso^o^altoi

piycia

^.^'

*

• t5.%^^ supplico.*•

: holado^Cf. Boisacq,. p. 8Í4.O.

^76^

�11 Hornos, amado fícrrnds cilonida^ hi jo do Mniá,
yo to imploro porquo do.sgraciadomc.nto ostpy
• &gt;

^•'

'inuy helado" ?

-77-

�Aog x^aivav

Iit^^ovaKTL xa I xt^rtacro'ía'xov

xai cappaXtaxpc xaaxepíaxa xai
cTffprt^ e^tfxovTa T.o.UTe'pó^

Harpoc. 117-8. Borgk 18. Diohl 2Íj. a.
1. El poota oxpono su nobroza omploan d o
ol vorbo en torcera persona singular, y agre
ga ol toque amargo do nombrarse a sí m 1 s m 'o
ITt^^ovaxTt como hacen los mendigos y los ció gos al pedir una limosna.
1.xuTcatfcncrxov (xuita^Gis)

: lo pono on di

minutivo (tambidn Y^a^vaV ^• Su traducción dT
recta sería : "capiiba" y "tuniquilla"; prefo"^
rimos insistir con nuestra traducción en 1 a
pobreza do su podido.
2.crapPaKov " : calzado para el invier n d
forrado"do piel. Cf. Liddell-Sopt,vol II ,

p. 1582.
3.Parecoría que ol poeta, para burlarso

do la inutilidad do su pedido, pide una suma
importante do dinero.

�^^
"Concedo lo^, a Hippnax uno. capa-y una mísera
".•--.

•-.••_•:••'••••.-•

/túnica^

y poquoñas sandalias do piol '-,&gt;.?.. [ ,..

y sosoñta dáricos de oro". .

' v : . - 'iv i.'.

•-. •&gt;'••* ¿ ;•
"i\*.\

*• •'•• *&gt;

\

^

�Aog ^XaTvav

Plut. do

I^^TCovaxTL, xapTa yap

absurd. stoic. opin. c 6. Borg 17.

Dichl 2k ^r^
1. Podríamos aplicar una nota anterior a ojs

to Verso (p. 78) o insistir en la gracia o iro
nía con que pido ayuda a los dioses.
2^ Sccp^;3axuco (8ftp.&amp;afvco)

:Mdcntibus crepito".

Es casi imposible trasladar esta voz onomatop^^
yica; quizá ostaría más cerca ól termino ': "cas^
tañó toar". Cf. Boisacq, p. lll^, y Liddell-Scott.
vol. I^ "p. ^05.•'

r

�\
lm^tl

"Conc^dele a Hiponax una capa, • •

;, .

porque desgraciadamente bate sus; dientes dé

A

'

V

/'b

! •^.•:.\^.^ ^* -.

? ./. ..'

. -i

-8Í-'

�hjxoi yap oux ebcoxaG

oute

xco x^

6acretav9 ev ^^ip-ocívi cpapp.axov
*

out

9/A//

acrxEprjcn toug ^^o6ccg 6acreLr)criv
cog p-rj jj^ol xt^ueTrXa pí]yvuTcci

Esc. Lycoph. 855. Bcrgk 19. Dichl 25.
A pesar de no mencionarlo, la identidad con
los podidos de los fragmentos anteriores hac o
pensar que el poeta reprocha a Hcrnios, la falt^ a ^.
do consideración para con su devoto (ot)&gt;c e6co^aG).
No hay odio, pero sí amargura y burla.

ca

2. En esto fragmento particulariza la tdnipedida : bn.aziav (baove;).
2.piyeuG ^piyousl Cf.

Liddell-Scott-vol.H.

P. 1570.
3.baaeL^atv # So sobroontlondo por la lec
tura de los fragmentos anteriores que las sandji
lias oran do piel; proferimos no traducirlo,por^
quo on castellano so perjudicaría con ol paralo_
lismo do
beccre tccv del verso 2.
ccg

: "abscondisti".

La conjunción toG parece- el testimonio der'
-82-í

�V
"Poro no me disto la túnica do piol
para remedio dol.invierno helado, -

ni abrigaste mis pies con sandalias
para que no me broten sabañones".

sus esporanzas perdidas. Los sufrimientos pro
vistos so van a cumplir por la .durc^za.-do

s u

suorto; vorá :brotar ( p^y^xo^ los sabañones
( ^{\LE'T;\a ) on sus piornas expuestas al frío .

a , ? *.

-85-

�J

6e
e g - ^cü i&gt;c i

. eX9&lt;dv "bu6ají

^^ frce v.v I titiídva^

6 i&amp;cüU- i
u jxvag;: dpY^po^' Tp
i ~to
~

xat

XX

. ' Escol^

Plut. "9. Diohl,;29.

• -Una ligera sonrisa volteriana cruza ostos'
versos quo plantean el tema do la Providencia,
pero al fin ostallan en "una frase amarga y, so
bro todo, despreciativa. Parecería que so íw' biora"resumido la parábola anterior do su mi*scria, en esto fragmento dirigido con ironía
al dios do la riqueza, "Plutón&gt;ffquo os ciego "
y "miserable do =- alma".
^2. TcpKta VTa oiKia
2.Ver nota p. 78.
3.Treinta minas do plata corresponderían
aproximadamente a cinco mil pesos uruguayos.

cppe'vccg : acus. do rolación.

/
f

�"Plutón, quo os muy cíogo,
on ningún momento llegó a casa a decir :
Hiponax, te doy treinta minas do plata y muchas otras cosas. jEs mise^able do alma1.11

-85-

�EpeVyap outo^ KuXXffvie Mcua&amp;o^ *E'pp.rf."

Rriscian. mótr. Tcr. gramm, III. i|26. Borgk

20. Diehl 27.
Justificamos la presencia do este frag mentó en nuestra traducción por las evidontes relaciones que tiene con el fragmento

Borgk l6, Diehl 2Í^ a. En esto

el poeta supli

ca humildemente; en cambio, en ol presento ',
duda do^ dios y9acostumbrado a su ánimo vio
lento, quizá en los versos perdidos, estalla^
ría su odio contra Hermos, como lo hace onel
fragmento Diehl 29, contra Plutón.
V

1. e tpco

9Kt
. jdn. por epco.

V c-/9^^9.

avopa^ to^to^^ oouv^

^ t

^ttaXe l p

Priscian. de metr. com. 2lj-7 Berg 21.Diohl

28.
!

1. p'LY^n " ": ( pi.Y"S". ),* "que hace tiritar

o temblar"^ Cf* Boisacq, p* 8IO

-86-

�"Por que diré así : Horraos. Cilonida,hijo dó
/kaia".

"Un dolor terrible descenderá sobro estos hom-

^87-

�^

A

•. BaXXs tv nal Xeúsiv

I^^n^

Choerobosc. syl. antic. I, 6, p. 195 c.Diehl

32.;
wl. xeXeucd
1.

: incitar, empujar. Cf. Boisacq,p&lt;

Xeuetv( Xeuco );lapidar.

\íanapiog oiic, B^oeue l ito^cra^.

Escol. heph. Bergk 22 A. Diehl 30.
Este fragmento, según Romagnoli, se." referiría
-a alguna costumbre de la gente del hampa de la^^o
ca de Hiponax.
• 1* - G^psuco : cazar. Cf. Liddoll- Scott ,

vol^ I, p. 799.

-88-

�"Los incitaba a que Hiponax fuera precipita
do y lapidado".

"Foliz el que ^caza quemando"..

-89-

�Arco 0"

oXecreiev ApTe^.i, ae be

" Tzetz. iñ Cram. An. Ox. III, 310, 17. Bergk

31. Diehl 3^^
Esta forma dialogada anunciaría ya ñor o 1
sVI el futuro género dramático^
1^ o\\uy,i

: destruir, fulminar, perder.Cf.

B^isacq tP ^98

9^ /&lt;•A

UXlYa CpOOVODQÍtV Ol Xa^-lV

Tzetz. ad.. Hosiod. Op. v. 336. IBergk 73 .

Diehl 66.
1*.
xaXtv ' ( x^^^co ):vino puro.
!• -Kemmo^ec;- til veo : cf. Boisacq, p. 785-

-90^

��Xpovo^ be q^euYeTca ote \LX\be elg a

Stob. Flor. 3. XXIX-i|2. Bergk 28. Diehl 62.

Esto fragmento, a posar do su brevodad, s o
contrapone a los fragmentos Bergk 21, Diohl 28;

Diohl 32 y Bergk 22 A, Diohl 30, por su clima
reposado, moralizante y ligeramente sensual. Es

tan lejos el Hiponax profetico do Bergk 21,Diohl
28, 7 ol que so presenta a sí mismo perseguido
a muerto por sus enemigos (Diohl 32).

püY0^
: on su ^cope ion "más corriente in",
sis te en el concepto dó "huida". Cf. L id d e 1T3
Soott,vol# II, p. I92I4..
1. ?i

: numeral...,-.-.•

1. apYo^ , jón.

-92-

��O |j,ev yap auTcíyv T]a^yr) Te xa! ptÍ86f}v
9ovvi6a Te xai ^idttcotov r\\Lepag
6aivu^e vo^, coctttep AapA|)axT]voe
xaTecpaye 6t^ tov xXrfpov cocfTe ^pT) axa-nre iv
opeta^j cJÍ^xa p-eTpia
xat xplGlvov xoX\Lxa5 ^o^Xlov yópTov

Athon. VII, 301}. B# Bcrgk 35. Diohl 39.
El ojo do Hiponax sicmpro descubro 1 a
faz burlesca del mando, poro su sátira easi
sicmpro se dirige al núcleo social, sin par_
ticularizars^, como deseando corregir las
fallas del mundo a "travos de la terriblo pi_
cota do sus versos. Contra un hombro anáni^"
mo, probablemente un griego do Asia Menor ,
va dirigido esto fragmento. Lo imagina m os
palaciego, fascinado por la vida do Orion te. Pero la suorto os mudablo y do un oxtro_
mo opulento ( GoyvLba/re xa! jj^ottooto^) pasa
a la miseria ( a^xa ^eTpia Tpooycov )•
1.Hemos conservado los dos advorb ios
en la"traducc^ón.
2.M.OTTG3TO.V
: "picadillo, jigote. Cf •

Liddel 1-Scott, v o 1# II, P. H57*
•-

•:

-9i|.-

�"Uno do estos,, silenciosa y abundantemente,
banqueteando todos los días menudos do atún
como un eunuco do Lampsaco, consumid su patri-

/monio ,
do manera.que ahora debe cavar la roca do las

/montañas ,
comer los higos contados, y pan do cobada,man*
jar de esclavos " •

%^Y j"^ xrrtecr0 ico • Cf.
Scott /.vol. I, p. 925.

Liddo 11—

^ cr^errte iv
: cavar, arar la tierra^
^* ^ie^rp toe
: medido, mediocre. Traducimos
con cierta libertad,
émuóWina : pan do Tesalia, cocido, sobro
las conizas,-..-.-.

-95-

�El ^jlol Yevoi'T;o TOipGevog, xaXif Te xat ^epe iva.

Hephaest. 30. Bergk 90. Diehl 79.

AaBeTe uod 0a luai ia 5 xoiko Bou^taXo^ tov

loc; y^P eip-i Kou^ ap-apTavc^ jíotltcdv

Suid. s. d.

Bo^-TtaXo^ . Bergk 83.Diehl 70.

.96.

�"Si me tocase una virgen hermosa y tierna"-

^-^_ . -fi-_-. ^Ifl

"Toma mi túnica, quiero herir los ojos de

/Bupalo,
soy muy hábil ,y no me equivoco cuando hió./ro".

^97-

�Qg oí jjlev ayet BomtaX¿p xcrcr)pcúVTO.

Tzetzes. Lycophr. ij-3^ Bergk 11. Diehl

1. JtaTapaop,a t

:

maldecir, imprecar.

Ti oxp ^ci^aV'oi Baojca"^ o'&lt;uvG;;HT}ü'a

Choerobosc# Epim. I, 280. Bergk 12. Diehl 20^

^98-

�"Parece que a ^úpalo todos ló maldecían".

"¿Cómo, viviste en la misma casa del mal

/vado Bupalo?".

-99-

�Mo^cra
^ eaGÍet ou xcrua xoqio^,
evvecp ,OTKog \(jr{cpt61 xaxoq xaxov o?tov
órj^ocrir) itapa 0iv

Athen. XV, 698. B. Bergk 85 . Diehl 77.
Este fragmento es una sátira lograda del
hexámetro y del estilo épico.
Según Ateneo (15p. 69^ b),que cita unafuen
te más antigua, ésta es la primera parodia de
la .literatura griega. El poeta invoca a la Mu
sa para que le inspire las "hazañas" de un fa

moso comilón, utilizando tópicos prestigios!
simos. Los últimos versos resultan más bien os
euros. Se refieren a las desgracias que sobre
vinieron a Eurimedón.

1) Eopu|ieóovTLaóea

: seguimos la lección

de Bergk que lo considera patronímico.
4) Traducimos "proceloso",muy conocido por
las versiones homéricas para insistir con s u
H:ono burlesco.
-100-

�"Cántame oh Musa, a Eurimedón, mar de Ca-

/ribdis ,
de vientre voraz, que devora todo el uni -"
/verso,
y cómo por una mala votación
la mala suerte lo destruyó^

Esa fue la decisión del pueblo en la orilla
../del proceloso mar"^

-101-:

�Ex be TT^g -meXXri^

, aXXoT* ^Api]

Athen II, I|_95 c.d.e. Bergk 39. Diehl 17,

"-¿102-

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�ÍNDICE DE LOS FRAGMENTOS.TRADUCIDOS.

ARQTJÍLOCÓ
Bergk 1 - Diehl 1 .••••••••^•••••••*•p.- 2
B.2- D.

; 2..........-

B .3 ~ D.3 ,,• ...... ... .... . . . .••
B.^

k
o

^ D. ^ . 5. A ...."56

B.6 - D.

^

B.^ 9 - Dv

6 a „, •" 8

7 f.. 12

b.17 - d. ..16^ f.....^...^16

b?19 - p.

.15^tt...xli

B.20 - D.

19 ?,,18

B.21 - D.

^8 .,,...,.20

B.22 - D. .20.,,,..^XLI
B.^ 25 ^T.D.t 22 ^.......^........,22
B.27.- D.

.^0.....^.........38

B.2o — D..

2/4. ........ . ... :• .'• .V.-. .^0

B.29 - D.25 ...........;........

�Bergk 30 - Diehl 26
B.

-36 - D.

B.51 - D. •

p.28

la..1*2
53 ....................1*1*

B.52 - D.5I* ..XXXIII
b.

53 - D.

5518

B.

^^. 3^ ,- p.(^ . ,5,6. ..^...;.;.1*6

B.

^ # 5.6, .-. ,P.... .. .58...^.-...62

B.

. . 50. -. p... , . . ¿O. ^...l*fl

B.

.-^65. r p... ... ^.38

B.

. .^,6^ .-.. D.. . ^ .67. ........^....•..50

B.? . Pa .". v . t , • 7^- ?•• •*.•••%•••••••••"••jhb. . , 71. - p.....71...............;...^.30
B.

^ 7l|^ r. p. .... 7]..........

^ .58

B.

,.77.r.P. ....77^.....XV

B.

,,01*..-.D... .101*.. •...¿..^......^.32

B.. ,Q5.r.D.\. 118..'.................^.30
B.

.88.-.P... t9lj.......1^2

B.

. ,92 ^- P.'.'. . ,87 .•".3k

b.

. ;93.T,Pt ....86...,^5^

b.

,91*.- p..., „, .88*.1*0

-110-

�Berglc 96 '-'Diélii % •••.••••••••••••.•• p. 36

b.

99^-1^."* ^'29::;.......:.......^..:3^

b.

ioé -*d. " • '98 ;;........:.*..... xxXin

b.

* 119 ^ vr- izo ;.;.......;..........; 68

b. ^ • 120 ;- *d.; ^ • T19 •;.'....^...;.•.'........' 66
B.

- 'll0 - ^D.^ *

^^ '^ "• ."• •• • • • • ."• • • XXXVI

HIPONAX
Bergk 11 - Diehl 13

98

B#

12 - D.

20

"

B.

16 - D.

2k a

76

B. .

17 -D." -Zk h' ........'.

B.

. .18-r-D^.

B.

. . 19. r. D.., . . 25

B.

..20.^.D.

80

Zk a....78
.

82

:27 ..............¿......

86

B.

%:21. r,P..^28 .................

"

B.

• 22, A. r,D. 30 ^....................

88

B.

28.-P..,.62.........&lt;.

92

B. .

30^,-50 B -Dv3lj., 35 ...........•••-:.7k

B.

31 - D. 36 .'

90
-111-

�Bergk 35 - Diehl 39...... p.

j9I4.

B.

102

39 ~ D.

17:.

B^^ . , ^72 ^-'D. " "81 ........... XLVIII
,P^~. • ' 73* '- ^'.' '" '^6'...........i.

90

b.. .-83^-d;'*''"70......

96

^B/^^ ^.-85 --u; " '^77 ........^^......:....-.-. 100
. B^. . . ^ 90"-' D*.

.

' 79"...... ......^......;

96

Diohí ¿9 ....................

8^

Dichl 32.•-•88

OTROS AUTORES GRIEGOS

35, 1#p. 15
ANACREO^TE - Bergk 8, Diehl 8

24

CALIMACO -Anthol. VII, J4.I5

'3

ESTESÍGORÓT- Bergk 51 . ..^......'........

15

ESTOBEÓ " - Bergk 5, ^ Diehl 5 . . .. ."'. . . . . . . .

6*4

GAETULlCÓ - Anthol.' VI, . 71 .....;..'..". 40-4l
LEÓNIDAS'1'Anthol. VII,^4q8 ...-......."

75

MIMNERIvIO - Bergk 2, Diehl. 2 .....^.... 63-64

-112-

..^^-.'••

�SI^ESIO, El. calv., XI, B .......... p. 29

SOL^^N - Bergk 13, Diehl l,vs.63-6^.... # 65
TEOGNIS, I, vs. 133-134, llf 1-142 ......
I, vs. 1029-1036

"

53

�ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN . . • . . J . . . ¡ .' p. V

r La poesía yámbica eñ la
literatura griega, p.XIE. ^
Principios métricos, XV.
Arquílocó, XXVII. Hipo ^
nax, XLV.
ARQUÍLOCÓ
HIPONAX

. . . . . . . . .....

1

...*..... . . ....

71

nota bibliográfica ^ ..... . . .-.105

índice de fragmentos traducidos^ . . 109 •
índice general .... . . . . . . . 115

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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              <name>Contributor</name>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>La poesía yámbrica griega : Arquíloco e Hiponax</text>
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                <text>Texto griego con traducción, introducción y notas</text>
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                <text>MEDINA VIDAL, Jorge </text>
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                <text> Medina Vidal, Jorge.: La poesía yámbica griega :Arquíloco e Hiponax /Jorge Medina Vidal..   Montevideo : Facultad de Humanidades y Ciencias, 1956; 112 p.&#13;
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