<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<itemContainer xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items?output=omeka-xml&amp;page=61&amp;sort_field=added" accessDate="2026-04-07T14:30:27+00:00">
  <miscellaneousContainer>
    <pagination>
      <pageNumber>61</pageNumber>
      <perPage>10</perPage>
      <totalResults>845</totalResults>
    </pagination>
  </miscellaneousContainer>
  <item itemId="690" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="945">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/470930939b0823116ad4fab4be950087.pdf</src>
        <authentication>9e170c187624f24adcf4238bda05f2b5</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8019">
                    <text>4/02/96
Apa:rece
apuntes;
la
indudablemente
dicho,
son dos
pa:ra coteja:rlas.
habe:r e e c r í.t o
allí
ese
bloc
significado
de

B

e ob r e mi e s c r t o r í.o un pequeno
bloc
de
p r í.me r a
hoj a
visible
está
esc:ri ta,
po:r mi mano.
Es una
lista,
o mej o r
listas,
puestas
una f:rente
a o t r a como,
Me imp:resiona
el hecho de no :reco:rda:r
esas
listas,
no entiendo
cómo apa:reció
y,
lo
p e o r de
todo,
no entiendo
el
los elementos
de las listas:
í,

B

HBl -HBl
ADA 1 - ADA 1
e. LP
,)
?
')

OF
ADA .:."

es
DTG
,JP

HB2
HB3
OF
ADA o")"'"

es

DTG
,JP

FG
FG
AFB-AFB

I

Le di vueltas
du:rante
todo un día
al p:roblema.
No encont:ré
asociación
lógica
de ningún
tipo
ent:re los
con~onentes;
si uno podía
co:r:responde:r
a las
iniciales
de una pe r aoria conocida,
ot r oe (como HBl,
2 Y 3) me
desba:rataban
la solución;
si
uno sonaba
a a:rchivo
de
p:rog:rama de computación,
los ot:ros no. Y lo más molesto
e r a el
hecho
de deduci:r
que yo había
cotejado
las
listas
y había
encont:rado
dife:rencias
ent:re una y ot:ra:
en la p:rime:ra columna faltaban
HB2 y~,
Y en la segunda
nada menos ~
c. LP; y justament
I~\..se punt~
c. LP ezEi~á~:r~t~t_
(despues,
hacia
la medianoche,
cuando
súbi tamente
se me develó
el enigma,
de s cub r
que hacía
bien
en
senti:rme
i:r:ritado
po:r
ese
punto:
no
coz r e sponcí.i.a con la f o rma de notación
elegida
p ar a las
í,

listas;

estaba

de

X

~j.

e ~p
d'

�A veces encuentr:o papeles viejos con anotaciones
rruas de hechos que había olvidado, o que había olvidado
que
los había
anotado,
y me
ataca
una
sensaClon
par:ecida, cer:cana al desconocimiento
de mí mismo, per:o
suele dur:ar:apenas unos instantes, hasta que se abr:en
los canales de la memor:ia y el apunte cobr:a cier:ta
vigencia: r:ec~~r:do~o cr:eo r:ecor:dar:,
haber:lo escr:ito, o
por: lo menos ~ó's wsucesos
que descr:ibe. Per:o ahor:a
pienso que ese abr:ir:se de los canales de la memor:ia
puede ser: un tr:uco de la mente, una falsedad par:a salir:
del paso. Al ir: leyendo el papel viej o, la mente va
cr:eando
la
irnpr:eslon de
que
r:ecuer:da, me
va
tr:anquilizando con una color:ación antigua que irr~r:imea
las imágenes
sucesivamente
evocadas
por: la lectur:a.
~~uando
se encuentr:a con esas
claves
que no puede
descifr:ar:, a las que no les puede adjudicar: ninguna
c61or:ación Me&amp;1::rta po r que no hay imágenes
ev ocadas ,
fr:acasa en el intento de engañar:me y no tiene mas
r:emedio que dejar:me abandonado
a la confusión,
al
sentimiento de ajenidad y a{LP~ te~s.
~J-JJ
.

�Una esfera vacía asciende desde el fondo del m3I. Nadie sabe cómo se
originó; es una esfera de apariencia metálica, perfecta, que dificiltnente podría
ser un producto natural aparecido en los abismos oceánicos. Es 10
suficientemente resistente corno para haber soportado sin deformarse las
enormes presiones de los abismos, y sin embargo, cuando se intenta analizaría,
cede fácilmente al instrumento de investigación. Como se ha dicho, la esfera es
hueca y está vacía; se busca ent.onces examinar a fondo la delgada materia que
forma la esfera. Se encuentra que no es metálica, corno parecía a primera vista;
tiene una consistencia porosa, como el corcho, pero son poros más apretados,
que no dejan pasar ningún elemento. La materia porosa es laminada, y con
vetas, como la madera, pero más que madera parecería tratarse de una especie

;t~

de plástico.
Se piensa que la función de la esfera es as ender a la superficie, ya que
está vacía y no hay en la materia que la compone que permita pensar en alguna
clase de función, ni siquiera en ninguna clase de actividad, una vez que la
esfera ha llegado a la superficie. Sólo ascender, y tal vez flotar. Pero se
preguntan para qué, ascender y flotar, y la respuesta es una sola: se trata de un
mensaje. El mensaje
que hay algo allí en los abismos oceánicos capaz de
crear una esfera t.al¡
. mensaje
e.

7

�IRRUPCIONES

(9)

La mejor forma de ontemp1ar a la gente que trabaja es desde cierta
distancia y con ambas man s en los bolsillos
aunque no me atrevería a
discutir con quienes ~
que hay otra forma mejor, que es desde cierta
distancia y comiendo un sandwich, especialmente si el sandwich se sostiene y
se lleva ala boca con ambas manos.

�e rlrJúhQ&lt;J
--05,-I02-!9b------~--

f~

A Q

V~~(

b I¿ 6

-El Lobo, ¿viene?
La niña desconocida irrumpió con esa pregunta en mi vida
y en la serenidad de la noche. Yo quise estar a la altura de
las circunstancias y respondí con tranquilidad y aplomo:
-No, no viene.
y en seguida fui más allá de lo que se esperaba de mí:
+No hay lobos -añadí.
Eso la hizo desconfiar,
porque
ella no había hablado de \\lobos.'.'
en general, sino de un lobo
concreto y específiCO: el Lobo. Mi respuesta chocaba con sus
expectativas,
con lo que le habían enseñado, y casi diría
con su experiencia de vida. La pregunta era si el Lobo iba a
venir o no iba a venir esa noche; su existencia no era algo
que estuviera en cuestión. En seguida me di cuenta de mi
error, pero no tuve tiempo de corregirlo.
-¿No existe, el Lobo? -ireguntó.
Yo no podía permitir que sú mundo tambaleara. Alguien de
su confianza,
tal vez su abuela, le había incorporado
la
figura necesaria del Lobo, y la niña ya probablemente
ponía
en tela de juicio la existencia de los Reyes Magos -puesto]
que permitía a un extraño introducir de ese modo grosero una
duda en su fe. Traté de componer las cosas, de conciliar, de
frenar el caos que comenzaba a desatarse.
-Antes -dij e, subrayando
la palabra-,
antes exist-ía.
Ahora no está más. Se murió.
La felicidad de haber encontrado esta elegante solución
me duró poco. La niña abrió muy grandes los ojos, gritó algo
que no entendí, y se tapó los oídos con las manos y empezó a
dar alaridos, y se alejó corriendo.
Mi mujer había contemplado la escena. t1e explicó:
-Antes
de empe za r con los g rí, tos, lo que dijo fue:
"¡Vlene 19ual!//
La niña tenía razón. El Lobo, claro, es un arquetipo, y
no puede morir. Si lo matan, viene igual, como en ciertas
películas de terror; viene un Lobo mucho más espantoso, más
terrible,
un Lobo muerto.
Un Lobo al que no se puede
detener, porque no se puede matar, porque está muerto. Y
viene igual.

�Cuando se llega a determinado punt-o de la vida, pienso
que
toda persona
se
encuentra, desde
luego que
31n
imaginár3elo, con una evidencia de que el mundo se ha
terminado. Hay algo que aparece y que dice, más o menos:
"Todo está pe rdido. Ya nada ser igual. Has vivido en vano";
todo lo
cual,
bien
mirado,
es
cierto
-aunque
no
necesariamente dramático. Todo depende de la idea de la
propia importancia que haya tenido hasta ese momento la
persona. Pero siempre es una experiencia dura.
Hay qU1enes sintieron eso que trato de decir, cuando se
enteraron de la caída del muro de Berlín. La experiencia de
mi abuelo fue menos espectacular, aunque no por ello menos
atroz. Era en tiempos de la segunda guerra mundial. Las cajas
de fósforos eran cuadradas y chatas, con una vistosa
envoltura rígida de cartón, y en su interior tenían la caja
propiamente dicha, que contenía fósforos de cabeza roja con
un cabito de papel encerado de col?r marrón, una especie de
rollito que resultaba muy placentero desenrollar. Ahora bien:
esa caja propiamente dicha estaba ligada a la envoltura
vistosa mediante una gomita, o banda elástica, de color rojo.
La gomita permitía tirar de la caja interior, haciendo uso de
una saliente en forma de uña, sin riesgo de que uno tirara
demasiado fuerte y la caja se soltara de la envoltura: se
podía hacer, pero había que hacerlo con intención. Esa gornta
permitía además que la caja se metiera sola en la envoltura
una vez que uno había retirado el fósforo.
Una mañana,
mi abuelo inauguró una caja de fósforos
nueva, y descubrió que no traía la gomita roja. Se dio cuenta
de que no era un defecto de fábrica: muchas cosas habían
bajado de caLi.dad , según se decía por causa de la guerra,
como por ejemplo los suplementos de historietas de los
diarios,
que
dejaron
de
venir
en
colores.
Quedó
desconcertado, estupefacto, desconsolado.
-¿Y ahora? -dijo, mirándose las manos, cada una con una
parte de la caja de fósforos, la envoltura en la izquierda,
la caja propiamente dicha en la derecha.- ¿Cómo vamos a
hacer?
V1V1Ó unos cuantos años más: pero ya no fue el mismo.
Aquel deaárumo , aquella perplejidad, son de esa clase de
cosas que no tienen retorno.
á

�IRRUPCIONES

(lO)

Parece que el futuro, al menos el futuro inmediato, y cierta zona del
suceder que está próxima a ciertos afectos nuestros --parece
que el futuro,
decía, nos resulta accesible anticipadamente, tal vez no como experiencia
directa pero sí, y esto sin la menor duda, a través de los pensamientos, o más
exactamente de los proyectos, de otras personas. Por ejemplo: yo ha~l~
tarde con X y me dice que va a venir a mi casa dentro de dos días y me~ traer
ciertos papeles, cuyo contenido específico yo desconozco; sé que son papeles
escritos por otra pft:sona, un familiar de X
pero no tiene sentido
est.erelato. No quiero dar los nombres exactos ni las circunstancias exactas, y
sin embargo sólo las circunstancias exactas ejemplifícan 10 que yo quiero decir;
hay un juego onírico entre el apellido de una persona y un lugar geográfico, y
hay toda una historia tras este y otros personajes que intervienen en la trama;
son historias penosas, o pasajes penosos de ésas historias, que me sabría mal
revelar en detalle.
De cualquier manera, ya hace tiempo que no intento convencer a nadie de
la existencia de los fenómenos parapsicológicos, pues por ahora es un terna al
que la humanidad ha cerrado los oídos, aunque los abra C01no pantallas
gigantescas para temas menos verdaderos, menos trascendentes o más
claramente inverosímiles.

�'Up

»&gt;

d)0}tl

vf41ffr\ll~

IRRUPCIONES

(3)/ Mario Levrero

Conocí
a
una
mujer
que
me dejó
con
la
desagradable
impresión de haber tomado contacto
con
una forma de vida completamente ajena,
como de otro
planeta
o de otra galaxia.
A su físico
no le cabían
r-proches,
aunque no puede decirse
que fuera bonita.
En realidad
no había
en ella
nada que llamara
particularmente
la atención,
salvo unas caravanas de
forma circular,
pl.at.e adae , demasiado grandes
para
sus orejas.
En cambio, desde
el punto de vista
psíquico,
me sentí
todo el tiempo como en presencia
de un monstruo, o en el serpentario
del zoológico,
observando
a un ejemplar
e~traño
detrás
de un
vidrio.
Había, en realidad,
un vidrio:
su extrema
frialdad,
su lej anía de lo humano. Hablaba con una
determinación
que no llegaba
a la vehemencia, pero
que llevaba
el tono de su voz, no exactamente
en
al tura de sonido...
(no sé deci rlo:
había algo así
como la
producción
de una frecuencia
de sonido
especial).
No era vehemente pero sí tremendamente
segura
de sí
misma, del
producto
que intentaba
venderme y sobre todo del resultado
favorable,
para
ella,
de su intento.
En ningún momento tuvo presente
mis necesidades;
yo le tracé
en pocas palabras
un
cuadro muy preciso
de lo que quería
saber y de lo
que creía
necesi tar pero ella,
por su parte,
sólo
deseaba
vender su mercadería
y en ningún momento
apartó
esa
idea
de su mente para
calibrar
mis
palabras
y tratar
de ajustarse,
o por lo menos de
hacerme creer que se estaba ajustando,
a lo que yo
le había señalado.
Simplemente desarrolló
su plan de
ventas como si yo no hubiera dicho nada y, por el
contenido
emocional de su mirada,
como si yo no
estuviera
allí.
Era una, máquina de vender.
El mal
efecto
que me produjo no se diluyó
cuando se fue;

�durante ho ras quedé disgustado,
con la clara
impresión de haber vivido una mala experiencia.

***
Uno va armándose el mundo en que quiere, puede o
acepta vivir, a partir de datos que va recibiendo
de~de que nace. Va armando un rompecabezas infinito,
al que siempre se le puede agregar, y de hecho se le
agrega, nuevas piezas, incluso entre dos piezas que
parecían perfectamente ajustadas: parecía que allí,
justo allí, la imagen, o trozo de imagen, estaba
completa; pero viene otra pieza y calza entre esas
otras dos
tan
ajustadas,
calza y
cambia
la
significación de ese trozo de mundo, tal vez del
mundo entero -de ese mundo que nos hemos creado o
nos vamos creando mientras vivimos.
Fuera de ese mundo creado, está todo lo demás. Lo
que no conocemos, lo que no soportamos, lo que nos
disgusta más allá del disgusto que podemos tolerar.
Fuera de ese mundo que nos hemos creado para poder
vivir, se halla el mundo real, incognoscible; el
mundo que no era para nosotros.
La mujer que vino el otro día a casa a tratar de
vender ~u mercadería había foomado parte, hasta
entonces, de ese mundo ajeno. Algo se alteró en mi
mundo para que ella pudiera entrar. No es que nunca
hubiera podido cruzarme con ella en la calle, o
estar ambos sentados en sillas de un mismo bar
(aunque en mesas distintas); hablo de una entrada en
mi mundo como pieza de mi rompecabezas, forzando un
dibujo.
No me gusta vivir en un mundo que cobija también
a esa mujer, pero de algún modo se coló, y tengo que
aceptarlo.

***

�En la cocina hay una hormiga, negra, de buen
tamaño, que va cargando con un pétalo muy rojo,
posiblemente de malvón, que tiene gran parecido con
una uña de mujer pintada con esmalte rojo. Me parece
que la hormiga lleva una carga demasiado pesada para
ella, y al mismo tiempo me llama la atención su
recorrido por lugares insólitos para una hormiga: va
por encima de la mesa, en parte del recorrido por
una pared, y también por la mesada. Lleva buena
velocidad y se mueve más como un cuadrúpedo que como
un insecto. Ella me ve, o me oye; nota que he
reparado en ella, y corre a esconderse, ahora como
una cucaracha. Yo le digo a Alicia que mire, pero
ella está ocupada en algo de la cocina y no me
atiende; cuando mira, la hormiga ya ha desaparecido.
Antes de de~aparecer, la hormiga tuvo tiempo de
cargar, además del pétalo, con una enorme esponja
amarilla,
una
de
esas
esponjas
sintéticas,
cuadradas, muy delgadas y absorbentes.
Me desperté y pensé que era sólo un sueño.
Después pensé: "Todo el mundo dice 'sólo un sueño';
deberíamos decir: 'nada menos que un sueño'''.

..... . . . . .. . ...... . . . .. ... .. . ............... . ... .

------

�PARA: LUCIA CALAMARO
DE: MARIO LEVRERO

IRRUPCIONES (4)/ Matio Levteto

-¿Cómo se esctibe un libto? -El hombte volvía
sienpte a la mí sma ptegunta. Yo no podía contescarLe,
no como él quetía.
-No sé -digo, confundido-. Es algo que no se puede
explicat.
Me mitaba con rencoz, y con lástima de sí mismo.
Cteo que la palabta exacta ea: \\tesentimiento".Y en el
fondo, él tenía tazón: yo no había aabido conptendetlo.
Peto en esa época yo no pensaba mucho en la esctituta;
el esctibit venía solo, desde lo ptofundo, y yo no me
pteguntaba mayotmente cómo se hacían las cosas. De modo
que yo también tenía tazón. Ahota que no esctibo, POt
lo menos no como antes, sigo sin podet explicat cómo se
esctibe, peto podtía explicat fácilmente cómo esctibit
un libto.
Yo no había sabido conptendet la difetencia enrre
esctibit, y esctibit un libto; esctibía lo que sutgía,
yeso
podía set un telato, o una novela cotta, o una
novela un poco más latga; o un attículo humotístico, o
un poema que jamás habtía de mosttat a nadie. Y ottas
cosas, que salían sin otta finalidad que la de nacet,
como pot ejenplo dibujitos. Con el tienpo se juntaban
unos cuantos reLacoa, y cada tanto (genetalmente cada
tantos años), cuando venía alguien a pteguntatme si
tenía algo pata publicat, podía oftecetle un libto con
esos telatos que 3e habían ido acumulando, o alguna de
esas novelas que quedaban inéditas durante años. Peto
hoy sé muy bien que hay gente que necesita publicat un
libto, aunque no lo tenga esctito; de hecho, la mayotía
de la gente que quiete publicat un libto, no lo tiene

1

�esc:rito; algunos no lo esc:ribi:rán jamás. Unos cuantos
sí, lo han esc:rito, con sudo:r y láq:rimas y quizás hasta
con sang:re, y han publicado su lib:ro, y ha:rán esfue:rzos
pa:ra esc:ribi:r ot ro que les coe t az á, todavía, un poco
más.
Aquel homb:re necesitaba
impe:riosamente eac:ribi:run
~~.
Tenia mucho da.ne ro , Vivía
en Eu:ropa, y allá
~
un gz:upo de amigo~ intelectuales
que lo uzq í.an,
po:rque e:ra inteligente, po:rque e:ra sensible, y po:rque
esos amigos estaban en situaci6n de pode:r ayuda:rlo en
el medio
edito:rial y en los medios
pe:riodísticos;
p:rácticamente,
las
cz ticas
elogiosas
ya
estaban
eacz tas. Y segu:ramente el lib:ro hab:ría me:recido esas
c:ríticas elogiosas, po:rque el homb:re e:ra b:rillante. Lo
t rat é unas pocas
hoz ae , llegué a aerrt rLo como a un
amigo, a que:re:rlocasi, y ~in duda a adnd:ra:rl0.
C:reo que el p:roblema p:rincipal pa:ra que yo pudie:ra
comp:rende:rlo su:rgía del hecho de que él e:ra muy :rico y
yo e:ra muy pob:re. Supo adnd:ra:rmi pob:reza comofUna ob:ra
de az t e t cuando llegó a la cocina de casa y vio el
p:rimus apoyado sob:re un caj6n vacío, ent:re muchas ot:ras
cosas que llamaban la atención po:r su p:resencia o po:r
su ausencia, se puso muy ae r o, y con una especie de
envidia que no llegué a entende:r hasta más ta:rde, dijo:
-Esto es la ob:ra de una vida.
Hoy soy un viejo cínico. Hoy p:robablemente le di:ría
que sí, que puedo enseña:rle a esc:ribi:run lib:ro, po:rque
realmente. hoy .sé cómo s~ pu~~~ibi:r
un" l-ih:rQ.,,q
c¡¡mnque s~go aa.n aabe r como ;:se eaet:±be- y se que Ya
ambición
de publica:r un Lí.bz o es una ambición
tan
válida como muchas or ras que a mí no me van ni me
vienen (no es que no tenga ambiciones;
es que soy un
excént:rico,
y
mis
ambiciones
no
siempre
son
compa:rtibles) •
Después conocí, en los talleres lite:rarios, a mucha
gente que quie:re esc:ribi:r.Cu:rioaamente, la mayo:rla no
piensa en esc:ribi:rlib:ros; más bien hay que empuja:rlos
un poco pez a que lo intenten.
Incluso hay quien, o
quienes,
tienen
lib:ros esc:ritos y no se animan
a
publ~ca:rlos. Pe:ro en aquella época, hace más de veinte
í,

í,

í

í

2

�años, yo no tenía toda esta expe~iencia. Y el homb~e se
volvió a Eu~opa sin que yo le dije~a lo que él cze a
que e~a un sec~eto ~o, la clave del a~te de esc~ibi~,
pensando sin duda que yo e~a muy egoísta y, si no me
equivoco, pensando al mismo tienpo que yo tenía zaaón l _
en ae r egoísta, pozque él también lo e r a, y él sabía ~
cuánto habla luchado pa~a ocupa~ el luga~ que ocupaba.
Yo, sin duda, quedé pensando que un poco del dine~o de
aquel hombne no me hab~ía venido mal, y que algunos
tienen mucho y ot~os no tienen nada.
Pocos meses después, me errt
e r de que ese homoze
había mue~to. Estoy segu~o de que mu~ió de eso, de un
lib~o no esc~ito. También estoy segu~o de que si yo le
hubie~a dicho cómo esc~ibi~ su lib~o, no hab~ía mue~to,
al menos no hab~ía mue~to tan p~onto, tan joven.
í

é

En una ~eunión, apa~ece el tema de los lentes que
usamos. Un amigo
aga~~a los ~os
y examina los
c~istales; comenta con aeombzo la q~an dife~encia que
hay ent~e uno y ot~o (soy miope de un ojo, hipe~mét~ope
del ot~o). Al devolve~ los lentes, comenta:
-Aho~a se explica todo.
No tuve valo~ pa~a p~egunta~le qué quiso deci~.

"EL PENTHOUSE", talle~ lite~a~io a ca~go de
Helena Co~bellini y Ma~io Levzero, comenaacá el cur so
de 1996 el p~óximo 15 de ma~zo. Más info~mación en los
teléfonos 908492 y 425655.

3

�IRRUPCIONES

(5)/ Mario

Levrero

Me desperté y pensé que era sólo un sueño.
Después pensé: "Todo el mundo dioe 'sólo un sueño';
deberíamos deoir: 'nada más que un sueño'".
Esta críptica reflexión apareció en la revista
POSDATA al final de un texto mío. Tal vez algún
lector,
si es que tengo algún lector,
se haya
quedado pensando
en la diferencia
entre "sólo un
sueño" y "nada más que un sueño" , para concl ui r
seguramente
que si hay alguna diferencia,
no es
demasiado perceptible, y.que el autor de semejante
reflexión debe ser un imbécil.
En realidad, yo había escri to algo diferente,
que quería decir todo lo contrario de lo que al fin
apareció diciendo:
Me desperté y pensé que era sólo un sueño.
Después pensé: "Todo el mundo dice 'sólo un sueño';
deberíamos decir: 'nada menos que un sueño'".
Nada menos que un sueño; nada menos.

*
Pero la errata viene bien. Nada de atribuirla al
azar o aquel viej o "duende de las imprentas", ni
siquiera a la distracción de un tipógrafo. Salta a
la vista que el responsable es el mismo Diablo, el
eterno acusador de los seres humanos, que cuando
hace algo no lo hace por azar sino que sabe bien lo
que está haciendo.
Los sueños son la única prueba que tenemos los
humanos de que somos algo más de lo que somos; sin
los sueños, pareceríamos
ser exclusivamente
una
1

�raza maldi ta de ladrones, estafadores,
asesinos y
predadores,
nacida para arrasar
al planeta.
Los
sueños muestran una acti vidad superior, una forma
de pensar
y de sentir
a la que
difícilmente
tendríamos acceso en estado vigilo Los sueños que
soñamos están fabricados por algo o alguien que no
es
exactamente
nosotros,
porque
despiertos
no
podemos fabricarlos --a veces imitarlos, y pocas de
esas veces bien.
Los sueños son la materia prima del arte y de la
ciencia y están en la raíz del instinto religioso.
Los sueños
invitan
y muchas
veces
conmdnan
al
hombre a mirarse a sí mismo desde una altura moral
que no siempre es la del yo de las vigilias y a
preguntarse si está bien lo que hace con su vida y
con la vida de los otros. Dormi r sin soñar se
parece a estar muerto.
Cuando uno piensa "es nada más que un sueño", no
es uno que piensa, sino el Diablo que se lo ~usurra
a uno en el oido, para que siga desentendiéndose de
sus sueños, es deci r, de su alma, y condenándose
sin apelación.

*
A menudo el sueño me reprende con cierta dosis
de humor. Había soñado con un mono que dormía en mi
cuarto, sobre un colchón en el suelo, entre unas
frazadas.
De
inmediato
la
mente
precisó
el
recuerdo: no era un mono, sino una mona. En el
sueño soñaba que yo estaba durmiendo,
y que al
despertar y encontrarme
con ese animal me sentía
muy extrañado. Al despertar del sueño, me sentí muy
extrañado nuevamente.
¿Qué estaría representando esa mona? Descarté a
mi mujer, que suele aparecer en mis sueños bajo
múltiples
apariencias;
la de
esa
mona
no
le
sentaba.
Me olvidé
del asunto hasta
horas má~

2

�tarde,
cuando
decidí
afeitarme.
(Los
varones
tenemos permiso
para
mirarnos
al
espejo
casi
exclusivamente
cuando nos afeitamos,
y a veces este
reencuentro
con la propia imagen trae insospechados
beneficios,
por
lo general
en forma de ideas,
recuerdos o descubrimientos
-como si el mirarse al
espej o distraídamente
lo despertara
a uno por un
momento de ese 01vido de sí,
de ese sueño tan
profundo que es la vigilia).
Mientras me afeitaba,
reapareció
el recuerdo de la mona del sueño, ahora
con una interpretación
que buscaba
salir
a la
superficie.
"Qué extraño,
eso de la mona", pensé.
"¿Por qué en mi cuarto habría una mona durmiendo?"
Las úl timas palabras
de la frase
fueron las
palabras
mágicas que me abrieron
a la comprensión.
La noche anterior
me había acostado muy tarde,
ya
de madrugada, hipnotizado
por la pantalla
de la
computadora
en
una
serie
de
operaciones
innecesarias.
Me había ido a acostar
sintiéndome
culpable,
y el sueño graficaba
ese autorreproche:
yo me había emborrachado con la pantalla,
y ahora
la mona estaba
durmiendo,
es decir,
ahora,
yo,
estaba "durmiendo la mona".

*
Pensé que era sólo un sueño.
Después pensé:
"Todo el mundo dice
'sólo
un sueño';
deberíamos
decir:
'nada menos que un sueño'''.
NADA MENOS QUE UN sUEÑo, Diablo. NADA
MENOS QUE
UN SUEÑO.

3

�PARA: LUCrA CALAMARO
DE: MARro LEVRERO

IRRUPCIONES

(6)/ Mario

Levrero.

Unas piernas
muy
atractivas,
en fundadas
en
medias de nailon color carne. La falda, muy corta.
La muchacha, joven y bonita, con cara despabilada.
Junto a ella, el novio -también
joven, pero no
boni to ni despabilado.
Los dos en un banco largo
con respaldo. Yo, en otr~ banco largo con respaldo,
sentado exactamente frente a la muchacha.
Yo tenía el estado de ánimo que puede tener un
tipo cuya madre en ese momento están a punto de
operar, o ya estarán operando,
a pocos pasos de
allí, en el sanatorio de la mutualista.
En ese
preciso estado de ánimo -detallemos,
hasta donde
es posible:
depresión,
impotencia,
dolor, miedo,
angustia,
aburrimiento,
impaciencia,
odiola
percepción
que yo podía tener de la muchacha la
hacía asemej ab Le. a un insecto. Con todo; ese foco
perverso que uno lleva adentro nunca se apaga del
todo, y sé que había una zona de alerta, una
especie de distraída inspección de lo que podría
considerarse una zona prohibida. La zona prohibida
era una masa de sombras sugestivas baj o la falda,
una penumbra que no dej aba ver pero que tampoco
decididamente
ocul taba. Sugería. Creaba un campo
apropiado para la ensoñación.
Después, la muchacha
empezó el juego de las
piernas.
Comenzó
lentamente,
mientras
el novio
todavía estaba despierto; cruza y descruza, junta y
traslada, abre y cierra; muestra la zona prohibida
un poco más, la sugestión es casi exhibición, pero
1

I----------------------~--------------~~------------------- --

�siempre se detiene en un límite impreciso -como
imprecisa era también la impresión de un olor a
medias de nailon calentadas por piernas bronceadas
al sol, de la que no puedo decir que haya habido
una base real.
Pero ya no tiene sentido describir la escena,
porque un tiempo después de estos hechos se film6
"Bajos instintos", aquella película donde Sharon
Stone practica un idéntico juego de piernas para un
grupo de policías. Si la película hubiera existido
en ese entonces, yo habría pensado con maldad que
la chica estaba imitando a Sharon Stone, y me
habría reído mentalmente de su estúpida osadía.
Pero como la chica fue primero, aun reconociendo
que Sharon Stone realizó. el juego de piernas con un
arte magistral, me queda la idea de que la chica
aquella lo hacía mejor. Sin duda, lo hacía mejor.
Mantuve todo el tiempo una expresión distante y
digna, especialmente en beneficio del novio. Mi
vista vagaba por todos los rincones del pasillo
pintado de colores burdos y se entretenía con
cualquier trocito de pintura descascarada o con
algún terrible diseño de baldosa. De vez en cuando,
como al azar, inspeccionaba el terreno prohibido, y
debo decir que la chica con su perseverancia y su
arte fue logrando que me distrajera bastante de mis
ideas lúgubres. El azar me fue llevando cada vez
con mayor frecuencia por los dominios de la zona
prohibida,
y
la sugestión
del
olor
a nailon
calentado por pierna se hizo todavía más íntima y
sutil.
Después
el novio
se quedó
dormido,
y de
inmediato la chica se desinhibió por completo;
siempre
fingiendo
movimiento~
casuales
y
distraídos, como si el asiento le resultara muy
incómodo, iba abriendo y cerrando las piernas en
distintas posiciones, como para que yo eligiera;
fue extremando el juego a tal punto que veces
2

�parecia que me quisiera mostrar el alma. Ahora yo
podia mirarla a los ojos para tratar de ver qué me
decian, pero ella no entró en ese otro juego que,
aunque no se crea, es más peligroso. Nunca me miró
directamente,
aunque sé que controlaba
segundo a
segundo
el grado de mi atención
con su visión
periférica.
Mantenia
la cara impávida,
con ese
gesto medio humoristico
que saben tener algunas
mujeres cuando quieren aparecer distraidas pero al
mismo
tiempo
quieren
que
uno
advierta
que la
distracción es fingida. Su mirada pasaba por encima
y a derecha o izquierda de mi cabeza, y se perdia
en un romántico
infinito
escondido
en la pared
descascarada a mis espaldas.
Más tarde, el novi~ se despertó, se levantó y
se fue. Ella se quedó, pero terminó el juego en e~e
preciso instante. Permaneció sentada quietita, con
las piernas
bien juntas,
la falda lo más baja
posible y la mirada clavada en el piso, como una
buena monja.
Entendi que yo habia recibido todo lo que me
era dado recibir, agradeci mentalmente a la chica y
a Di03 y, ya con otro estado de ánimo, me fui para
la cantina del sanatorio en busca de un sandwich.

3

�PARA: LUCrA CALAMARO
DE: MARro LEVRERO

IRRUPCIONES

(7)/ Mario

Levrero.

Hay una novela de Waldo Frank que no leí, cuyo
título en español es "Nunca acabará el verano", una
de las frases más desalentadoras
que conozco --y
que recuerdo año tras año cuando llega febrero y
después
viene
marzo
y
el
calor
sigue
allí,
empecinado, empeñado en disolverme las neuronas.
En uno de esos días empecé a leer una novela
de Carson McCullers donde se habla de este tiempo
de canícula y se hace una referencia a los días "de
perros". Me llamó la atención el juego de palabras
y me pregunté si el traductor no habría metido la
cuchara,
porque
sonaba
extraño
que
también
en
inglés se estableciera una relación entre el tiempo
caluroso y los perros. La curiosidad me llevó a
investigar en el diccionario y averigüé que no era
casualidad
ni falsía
del traductor:
lo que en
español es "canícula", y que efecti vamente deri va
de
"can",
en
inglés
se
dice
"Dog-star",
literalmente "estrella del perro".
En el origen está la estrella Sirio, de la
constelación
del
Can
Mayor,
que
antiguamente,
cuando la configuración celeste era distinta de la
actual, nacía y se ponía con el sol durante la
parte más calurosa del año, y esa notoriedad
la
hacía aparecer responsable del fenómeno. Es curioso
que entre nosotros se use la expresión "tiempo de
perros" cuando hay lluvia, viento y sobre todo,
frío, no sé si porque
nos encontramos
en otro
hemisferio. De cualquier manera, la expresión, que
siempre me pareció injusta para con los perros, no
se originó en ellos sino en una estrella.

1

�La autora del libro se refiere además a una
superstición relacionada con la canícula: lo que
empieza
durante
ese
tiempo,
no
se
terminará
mientras ese tiempo no se termine. Cuando uno está
sufriendo, la expresión "Nunca acabará el verano"
adquiere,
asociada
con
esa
superstición,
una
dimensión de un infierno: este sufrimiento será
eterno.

*
Lo más
irritante
del
mosquito
no
es
la
picadura, sino verlo, cuando pica, cómo lo hace con
un aire profesional, de. fría eficiencia. Lo mismo
sucede con algunas rosas, ese tipo de rosa que
abunda
en
las
florerías;
irrita
su
belleza
eficiente, seria, autoconsciente --en definitiva,
profesional.
A veces se preferiría una cierta falta de
prolij idad.

*
Me llevó casi cincuenta años descubrir que las
siglas
de
la Compañía
Uruguaya
de
Transporte
Colecti vo, Sociedad Anónima, o sea CUTCSA, siglas
que vemos y padecemos diariamente 103 montevideanos
desde que el mundo es mundo,
son un anagrama
perfecto de CACTUS. No lo descubrí por mérito de un
razonamiento, sino por una súbita revelación; y es
en casos como éste cuando me da por pensar cosas
extrañas. ¿Dónde estaba ese parte mía que se ocupa
de
anagramar
palabras,
en
todos
los
viajes
anteriores? ¿Qué significa exactamente la expresión

2

�"darse cuenta"? ¿Por qué nos gusta
algo sencillo y fácil de explicar?

creer que somos

*
Suena el teléfono. Atiendo. Oigo la voz de un
señor que me pregunta si tal es el número, y en
efecto, es mi número. Le digo, amablemente, que sí.
Él, entonces, dice:
-¡Ah! Buenas tardes -también amablemente y con
cierta alegría. Hace una breve pausa, como el tipo
de pausa que suele hacerse para situarse, apoyarse,
presentarse
y dar el mene e j e. Y en ese momento
corta la comunicación. Corta, o se corta; pero lo
cierto es que el señor no volvió a llamar.
Me quedé con la idea de que era un hombre muy
amable,
que
se
pasaba
llamando
a
todos
los
teléfonos nada más que por las ganas de saludar.

*
Encuentro la frase más inquietante
que puede
encontrar un esc r tor, y más inquietante
aún por
provenir de quien proviene:
í,

\\Se encomienda. a. la. pa.1abra. a.que110 que
puede logra.rse por medios honra.dos."
(Carl Gustav

no

Jung, "Paracélsica").

3

�1

n~~~Tn~~s

~--~.,...o

Ia

(8)/~ario Levrer~

hoja

de

papel

sobre

la

que

estoy

y la Buperficie del eBcritorio¡ he
puesto una revista para que la acción del bolígrafo
no estropee la madera, o la imitación de madera. He
colocado la revista con la tapa hacia abajo, y la
hoja de papel se apoya en la contratapa. Como este
procedimiento
lo vengo repitiendo diariamente desde
hace un tiempo, y siempre con la misma revista, he
terminado por advertir que en la contratapa hay un
aviso.
El aviso contiene una foto en colores de tres
seres humanos, o al menos de sus cabezas y, en un
caso, parte del cuerpo. Son tres caras sonrientes
que intentan parecer una familia feliz, y el aviso
insinúa
que
esa
familia
es
feliz
gracias
al
producto que publicita. La mujer, a la izquierda,
es más bien feúcha, poco atracti va; es un acierto
del aviso, porque nuestras esposas por lo general
no se parecen a actrices de cine; parece un aviso
destinado más bien a los hombres porque el hombre,
sí,
tiene
algo
de
actor
de
cine,
rasgos
proporcionados
y
agradables
y
unos
dientes
perfectos, aunque como actor no es muy bueno porque
se nota que la sonrisa es forzada. La sonrisa de
ella
es
más
auténtica,
como
si
la
hubieran
fotografiado por sorpresa en medio de una broma, y
este rasgo la hace simpática y más atractiva que si
estuviera seria. Pero al parecer
sus dientes no
eran perfectos como los del hombre, porque los dos
delanteros del maxilar superior han sido retocados,
o cambiados por otros en la fotografía,
ya que
aparecen más grandes y más blancos que el resto. Y

escribiendo

�los dientes
del maxilar
inferior
son bastante
desparejos.
Entre la cabeza de la muj er y la del hombre,
está la cabeza de una niña de cuatro o cinco años.
Tiene el cabello mucho más claro que los otros dos
actores, de modo que no impresiona como la hija, si
es que ésa era la intención del aviso. La sonrisa
de la niña es decididamente falsa, con algo de
desdeñoso hacia toda esa representación; eso la
salva: una sonrisa falsa que no intenta parecer
verdadera.

*

Desde un automóvil en marcha veo, allá adelante,
a casi cien metros, una extraña escena. Ya es de
noche y la calle no está demasiado bien iluminada;
con todo, se ve lo suficiente. El auto anda sin
apuro, alargando el suspenso.
La escena es así: dos hombres, que luego serán
tres, están parados en la calle, próximos al cordón
de
la
vereda,
entre
un
camión
y
un
coche
estacionados; no están exactamente quietos, sino
que realizan pequeños movimientos,
especialmente
con los brazos pero también con los pies. Guardan
entre sí una distancia rigurosa, y los movimientos,
muy
lentos
y
breves,
parecen
cuidadosamente
calculados. Lo más extraño es la posición de los
brazos: cada uno de ellos tiene un brazo en la
posición de pedir limosna, y el otro levantado,
rígido, más en una posic~on de hacer adiós con la
mano que de un saludo nazi. Pero también resulta
alucinante
esa
especie
de
simetría
en
los
movimientos, como si --primero los dos, luego los
tres hombrestuvieran
entre
sí una
fatídica
dependencia.

�Mi hipótesis inmediata: son unos individuos un
tanto
especiales,
ensayando
una
coreografía.
Objeción: no allí, en un lugar tan incómodo.
Segunda hipótesis: se trata de un rito religioso.
La misma objeción.
Lo extraño, lo que da a la escena su carácter
onírico, más que ese tipo de movimientos mínimos,
rebuscados y tan bien medidos, es el lugar; en un
teatro o una iglesia no me habrían llamado la
atención.
El auto en el que viajo se acerca lo suficiente
y, no sin temor, me pego al parabrisas para no
perderme un solo detalle. No hacía falta; ya desde
unos diez o quince metros pude ver perfectamente
--aunque esos vidrios no se ven directamente, sino
que se ven sus reflejos y las distorsiones que
imprimen al paisaje- pude ver, decía, el enorme
vidrio que los operarios trataban de disponer para
cargarlo en el camión estacionado.

*
Encontré
en
el
procesador
de
textos un oo.-tón que, al oprimirl-e-,
permite ir tachando t-e€lolo que se
escribe.
Lo
interesante
de
este
procedimiento
es
que
permite
ir
tachando
al masmo
tiempo que se
escribe. Me siento ten~o
de seguir
escribiendo así, siempre.

�IRRUPCIONES

(9)/ Mario

Levrero.

Sobre el fin del verano, todavía hace un calor
excesivo;
el tiempo
es tormentoso,
y salgo al
balcón buscando un poco de aire. Ya cayó la noche,
pero
el cielo
aún está claro. Unas nubes muy
cargadas pasan a toda velocidad allá arriba, rumbo
al oeste, o a lo que yo creo que es el oeste. Allá
arriba parece haber mucho viento, y aquí abajo hay
una leve brisa que a medida que pasan los minutos
se va haciendo más fresca.
Es
un
balcón
ubicado
a
los
fondos
del
apartamento, y no hay construcciones inmediatas que
me obstruyan la visión; a lo lejos, recién como a
una cuadra, se ve el frente de un edificio de
apartamentos.
Casi
todas
las
ventanas
están
iluminadas;
algunas tienen balcón. Muchas
tienen
cortinas
corridas,
o cortinas de tipo veneciano
bajas;
algunas de éstas tienen las tablitas en
posición
horizontal,
de modo que se puede
ver
perfectamente hacia adentro (una escena cortada en
rodaj as). Lo de "perfectamente"
es una forma de
decir;
estoy
sin lentes,
y aunque
los tuviera
puestos sería poca cosa lo que podría ver a esta
distancia.
Me llama la atención la actividad de una mujer
que está en una gran habitación, a la altura de mis
oj os. Está de pie, haciendo algo, con la cabeza
inclinada, bastante inclinada hacia abajo, y mueve
los brazos y las manos de una forma tal que me hace
pensar que le está cortando el pelo a alguien, al
parecer sentado en una silla. Este alguien sentado
no está completo; asoma sobre la izquierda de la
escena, a medias cubierto por una cortina y aun por
la pared donde se abre la ventana. Está quieto; en
realidad, está demasiado quieto, pero es razonable

�que esté quieta una persona
a la que cortan el
pelo.
Luego irrumpe en el balcón -un balcón amplio y
con algunas plantas al tas en grandes macetas- una
figurita de dos o de cuatro patas; si tiene cuatro
patas es un perro, porque para gato es demasiado
grande. Luego resul ta ser un n i no , un niño muy
pequeño. La distancia lo hace pequeño, y la manera
de caminar muestra
que todavía
no sabe caminar
bien, de modo que debe ser muy pequeño. Después da
unos gritos y vuelve a meterse en la casa.
Sobre ese balcón hay otro balcón, exactamente
un piso más arriba;
se ve, en contraluz,
a un
hombre fumando,
cómodamente
instalado
en uno de
esos sillones de lona donde uno queda embutido; o
al menos
así lo imagino, por la comodidad
que
expresan sus voluptuosos movimientos
al acercar y
alejar el cigarrillo a los labios. Después de unos
minutos,
llego
a
la
conclusión
de
que
los
movimientos
no son del brazo, sino de una escena
pintada en un cuadro muy grande que está contra la
pared en el interior de la habitación; no es que la
escena se mueva, sino que en el ventanal se mueve
una cortina de tul, apenas mecida por la brisa, y
hace ondular la escena del cuadro, o lo que yo creo
que es un cuadro. Reparo entonces en que la cabeza
del
fumador
es
demasiado
redonda,
demasiado
perfectamente
redonda. Es posible que tampoco esté
en el balcón, sino dentro de la pieza, y que no sea
una cabeza humana sino algo que está sobre la mesa,
como por ejemplo una gran bola de cristal, de las
que usan las adi vinas, cubierta con una tela, lo
que la vuelve opaca a contraluz. También podría ser
otra cosa esférica, aunque no imagino qué.
La peluquera pasó ahora detrás de su cliente, y
no la veo;
realmente
ya no creo que sea una
peluquera, ni siquiera que esté cortándole el pelo
a alguien. El cliente sigue muy quieto, tanto como

�podría estarlo un jarrón con flores, unas flores
que no alcanzo a ver. Los movimientos de la mujer
podrían haber sido los de ordenar algunas flores
sobre un florero. Tampoco sé si está allí, detrás
del
supuesto
cliente;
por
momentos
me
da la
impresión de que en esa pieza ya no hay nadie.
Bastante a la derecha hay una ventana con una
de esas persianas que dejan ver hacia adentro; es
una ventana pequeña, como la ventana de un baño, y
es posible ver la figura de una muj er duchándose,
frotándose sensualmente los pechos. La escena tiene
algo monstruoso, hay algo en las proporciones que
no me convence; hago unos rápidos cálculos en base
a comparaciones y deducciones, y concluyo que para
verse realmente lo que yo estaba creyendo ver, la
mujer debería tener el tamaño aproximado de una
ballena.
Después
la ilusión
se desvanece
con
algunos movimientos en la pieza; no era un baño
sino un comedor, porque se ve al fondo un gran
aparador con puertas corredizas de vidrio, y hay un
hombre sumamente obeso, o una muj er, con ropas
claras que podían haberme dado la impresión de
carne. Pero esa obesidad está lejos de ser la de
una ballena. Todo en la vida parece ser juegos de
luz y sombras.
Las nubes siguen pasando allá arriba a toda
velocidad; ahora son más escasas, no cubren todo el
cielo, y están formadas por jirones que se van
deshilachando. Ha refrescado bastante, aunque eso
no me compensa del calor que paso durante el día,
durante todos los días de este largo y penoso
verano. Se me tapa la nariz. Me estoy resfriando.
Cierro la ventana. Bajo la persiana. Ya no me
podrán ver.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8008">
                <text>[Irrupciones]&#13;
“Aparece sobre mi escritorio…”/ “El lobo viene…”/ “Irrupciones (3)”/ “Irrupciones (4)”“Irrupciones (5)”“Irrupciones (6)”/ “Irrupciones (7)”/ “Irrupciones (8)”/ “Irrupciones (9)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8009">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8010">
                <text>Originales mecanografiado de relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8011">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8012">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8013">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8014">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8015">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8016">
                <text>28 folios</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8017">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8018">
                <text>Original mecanografiado con anotaciones ológrafas. Fecha: 4/2/96/ Original mecanografiado con anotaciones ológrafas. Fecha: 5/2/96/ Original mecanografiado. Según consta en nota ológrafa el texto fue enviado a Posdata el 19/feb./96/ Original mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original mecanografiado con correcciones. Fecha ológrafa: 26/2/98/ Original mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="691" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="946">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/cfd762a1fe21849cd45866908c2af196.pdf</src>
        <authentication>354d5b35c462a61d45acf314099ade0d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8031">
                    <text>PARA: LUCrA CALAMARO
DE: MARro LEVRERO

IRRUPCIONES

(10)/ Mario Levrero.

Hacía mucho tiempo que no veía una mirada de
amor intenso en los ojos de una muchacha. Hace poco
vi una, y lamentablemente no estaba dirigida a mí,
sino a la muchacha que caminaba a su lado por la
vereda.
Dije "lamentablemente",
y no es verdad. Me
alegró ver esa mirada de amor; me alegró por el
amor, y por las muchachas.
y también me alegró por mí, por el hecho de que
no me estuviera destinada. Me habría asustado. Para
soportar esa intensidad hay que tener catorce años.

*
Por momentos recupero la mirada salvaje de mis
años más jóvenes. Me pregunto dónde he estado en
todo este tiempo.
Vuelvo a descubrir los ojos de los demás, ojos
en su mayoría
abiertos al miedo, por el miedo.
Caras que parecen fijadas en un susto antiguo. Ojos
redondos y fijos (esa mujer achatada y gorda, como
si la hubieran aplastado con el taco de un inmenso
zapato) (los ojos miran hacia arriba con terror,
como esperando que la vuelvan a aplastar). Ojos con
la mirada revertida hacia adentro, sin brillo, ojos
de hombres delgados que podrían llegar a matar con
indiferencia. Sólo algunos niños pequeños muestran

�en los ojos alegría y curiosidad, asombro de vivir,
como si a partir de cierta edad la vida se aceptara
sin preguntarse, sin extrañarse, ya sea un don o un
castigo.
Casi llego a visualizar una máquina monstruosa,
de alguna manera real: una máquina de fijar
a la
gente en un gesto (incluso la mirada de picardía de
algunas mujeres es demasiado estable para creer en
su actualidad) .
Vamos pasando por la máquina y recibiendo el
sello, la impresión, la marca, y después todos los
años son falsos; sólo puede repetirse una actitud,
un gesto, realizar un trabajo mecánico.
Caras de haber sido asustados por un grito, o
por un objeto muy grande,. o por un movimiento por
detrás de la espalda, o por algo que viniera de
arriba, o por un susurro casi inaudible desde un
costado (y hacia ese costado vuelven continuamente
la mirada,
di simuladamente,
con el rabillo del
ojo); caras de haber perdido toda esperanza, o toda
condición humana. Caras, en fin, de gente madura.

*
La mirada de amor de una chica a otra chica me
trajo otro momento:
una tarde probablemente
de
domingo,
en una de esas horas perdidas
de las
tar&lt;ip.~ "'p. "'r\TY1Í "'I}",
"'''¡::¡ndo
no hay nadie por las
calles y todo rezuma aburrimiento, aun en París. La
entrada desierta del Metro, donde habitualmente hay
mul titudes; esta entrada era en forma de túnel,
bastante sombría, ya no recuerdo en qué zona.
Adelante van dos chicas, dos sólidas chicas
con
sólidos
cuerpos
bien
desarrollados.
Los
pantalones vaqueros ayudan a exhibir, o a producir,
las formas. En un recodo del túnel como embudo,
cuando todavía el túnel no es propiamente
túnel

1l-__

-l....-.....-------1----

�PARA: LUCrA CALAMARO
DE: MARro LEVRERO

IRRUPCIONES

~

I Mario Levrero

Vuelvo sobre el tema, y no creo que por última
vez.
Pienso que hay pequeños trozos de mundo que a
lo largo de nuestra vida y a fuerza de recorrerlos,
vamos incorporando como algo conocido, aunque en
realidad no lo es. Sólo he~os aprendido a movernos
por ciertos lugares con mayor facilidad que por
otros; somos como murciélagos que chillan en la
noche permanente de su ceguera y sólo reciben del
mundo el rebote de esos chillidos.
Los trozos inco~~orados de mundo pueden ser
contiguos o no. Y
cuando esos trozos no son
contiguos, lo son en nuestra aprehensión de ellos;
tenemos cierta consciencia de una distancia física
que separa unos trozos de otros, pero de todos
modos, en nuestro interior, se agrupan como piezas
contiguas del rompecabezas y configuran un todo
homogéneo -el todo que es el conjunto de nuestras
percepciones,
o
de
la
memoria
de
nuestras
percepciones.
Por mayor que sea la distancia entre dos de esos
fragmentos, esa distancia está representada en
nuestra percepción globalizante por una delgada
línea, como una resquebrajadura en el cuadro de un
paisaje, y no puede ser de otra manera, porque
ignoramos la forma exacta de lo que nos falta, y
que es aquello que ocupa esa distancia. Un trozo de
mundo situado entre dos puntos geográficamente

�distantes,
puede
ser
representado
en
nuestro
rompecabezas
percepti vo por la experiencia
de un
viaje en av~on: tantas horas, algunas imágenes, el
interior del avión, unas nubes que a veces se ven
por la ventanilla,
el cuerpo y el rostro de una
azafata o de una compañera de asiento.
Cuando
se
inserta
una
nueva
pieza,
cuya
existencia no parecía posible o no se sospechaba,
entre dos piezas contiguas de ese rompecabezas que
es nuestra
representación
del mundo, algo parece
ponerse a punto de estallar
la mente se resiste
a incorporar de buenas a primeras esa nueva pieza
imprevista, y por lo general no sabe cómo hacerlo;
para la mente, la aparición de esa nueva pieza es
como la irrupción de una nueva dimensión
en la
realidad, y no sabe cómo manejarla.
Después, la
persistencia
de esa pieza, la realidad mani fiesta
de
su
presencia,
hace
que
la
mente
vaya
comprendiendo que el dibujo anterior que se formaba
sobre la superficie del rompecabezas era un dibujo
de aspecto coherente pero falso, y que ese dibuj o
debe
ser cambiado
por el otro que propone
la
superficie de esa nueva pieza.
Pero no es algo tan sencillo como esta forma de
expresión que he imaginado, ya que pieza y dibujo y
superficie
son
una
misma
cosa
imposible
de
representar más acabadamente,
al menos imposible
para mí. No se trata simplemente
de cambiar una
pieza por otra, de hacer un espacio
entre las
piezas contiguas para inj ertar la nueva; es una
operación
que consta
de una mayor
cantidad
de
elementos, porque implica la remoción de antiguos
hábitos
de percepción
e incluso de vida, y la
instalación
de nuevos sentimientos,
o de viejos
sentimientos que reaparecen modifi~ados, y es todo
el aparato psíquico lo que resulta afectado, ya que
este
sentimiento,
nuevo
o renovado,
invade
la

�totalidad del ser, que es uno e indivisible: no se
sin que sea alterado
puede al terar un fragmento
todo el conjunto.

*
Una gripe me dej ó como secuela, entre otras
cosas, una completa sordera del oído derecho y una
semi sordera del izquierdo. Descubrí que la sordera
incide di rectamente sobre el humor; me he vuel to
irritable,
fácilmente
exasperable,
a
menudo
intolerante, incluso intolerante conmigo mismo.
Recordando ciertos sordos beatíficos que vi o
conocí, pienso
que debe
existir
dos clases de
sordos: los asumidos, beatíficos porque ya no les
importa oír, refugiados en un mundo propio que han
sabido construirse amorosamente;
y los sordos que
no se aceptan en su limitación, los que, como yo,
vi ven ladeando la cabeza, buscando la orientación
que les permita captar la mayor cantidad posible de
ondas sonoras,
en una fastidiada
espera de la
normalización,
ansiosos,
nerviosos,
incluso
furiosos.
Conclusión: no hay peor sordo que el que quiere
oír.

*
veces me sucede percibi r al mundo como un
gran gallinero. En cambio, cuando estoy deprimido,
lo percibo como un gallinero pequeño.
A

�PARA: LUCIA CALAMARO
DE: MARIO LEVRERO

@@@@@@@@@@@@@Q@@@@@@@@QQQ@Q@Q@@@Q@@@@
IRRUPCIONES

(13)/ Ma~io Lev~e~o

Hab.l.azdel tiempo no me p arece algo tan t rí.v í.a.L
como han que~ido hace~nos c~ee~. De una mane~a bastante
gene~alizada y más o menos aeczet a o explícitamente,
los se~es humanos nos sentimos víctimas de, ent~e ot~as
muchas cosas, una especie de eno~me injusticia básica,
no localizada. No es una actitud ~acional, pe~o quién
sabe si en ella no subyace una ve rdad oculta: ¿qué
podemos sabe~, en definitiva, de los ent~etelones de la
c~eación, si la hubo, o del su~gimiento espontáneo, si
lo hubo, de lo que llamamos Unive~so?
Pe~o estos son temas p~ohibidos, po~que si uno se
pone a pensa~ en lo que está más allá de la
expe~iencia, pie~de
el tiempo y
se dist~ae del
p~opósito
fundamental
de
la
vida,
que
es
el
enneg~ecimiento del cielo con el humo de las chimeneas.
Mient~as tanto, a pe sar de la p roh.í.b í.c í.ón de
pensa~, el sentimiento sigue allí, y lo exp~esamos como
podemos, hablando po~ ejemplo del tiempo. El tiempo es
algo que no podemos cont~ola~, que siemp~e so~p~ende y
ma~avilla po~ su cap~ichosa mane~a de compo~ta~se. Si
lo ~efe~imos al tiempo, a ese ente inmanejable que nos
empa~eja a todos bajo la a~bit~a~iedad de sus dictados,
el
sentimiento
tiene
pe~miso
pa~a
exp~esa~se
Lí.bz emerrt e . "Qué ca.Lo r, ¿eh?" "Qué tiempo, ¿eh?" "¿Qué
me dice del t empoz a.L de anoche?"
"Qué f ri o, ¿eh?", lo
que podz a t raduca rae más o menos así: "Periaa r que la
vida humana en pa~ticula~, y la vida en gene~al, puede
existi~
sólo
en
condiciones
muy
especiales
de
tempe~atu~a, en un segmento ~elativamente muy pequeño
de la escala que mide el te~mómet~o. A veces ~ecibimos
un buen susto, como anoche. Igno~o qué fue~za oacura
nos hab~á c~eado, pe~o pod~ía t~ata~nos un poco mejo~,
¿no c~ee?"
í

�*
Leyendo un pe:r:iódico (LUP), me empezó a molesta:r:
en cie:r:to momento
(CM) la p:r:olife:r:aciónde siglas
(PDS), que continuamente
remí,tía a o t roe luga:r:es (OL)
del a:r:tículo, en busca del significado
(BDS). Esta
fo:r:made lectu~a inte~~umpida
(LI) se vuelve a menudo
engo:r:~osa,y si uno sigue de la~go (SDL) sin t~ata~ de
~ef:r:esca~el significado de las siglas, te~mina po~ no
entende~ y abandona~ la lectu~a (ALL). T~até de pensa~
pa:r:aqué usa:r:íanese sistema de siglas (SDS), y llegué
a la conclusión de que lo hacen buscando a.Lí.ví.a r las
repe t í.c one s fatigosas p az a el Lect o r (RFPEL),. me di
cuenta de que, cie:r:tamente, en esos a:r:tículos a veces
se :r:epitenmuchas veces nomb:r:esde g~upos (G), pa~tidos
políticos
(PP) o instituciones
(I), y entonces
me
p requrrt p oz qué se repe r an tantas veces los mismos
g~upos de palab~as (MGDP) y po~ fin comp~endí: la fo~ma
~eite~ativa
(FR) de const:r:ui:r:
los a:r:tículos (CLA) está
di~igida a una aup rema c.l ar í.dad de exposición
(SCDE).
Mediante
la FR se Loq ra que los art í.cu Loe queden al
alcance
(QM)
de
todo
tipo
de
público
(TTDP) ,
incluyendo a los débiles mentales
(DM), con lo cual la
llamada "p:r:ensaesc rí,
t a" ("PE") se pone
en condiciones
de competi:r:con la televisión (T).
í

é

í

*
Decía el homb:r:een el ba:r::
-¿Po:r: qué voy a esa peluque:r:ía y no a o t ra? Le
explico: en p:r:ime:r:
luga:r:,el peluque:r:o es un ve:r:dade~o
ar t í.ata , En segundo luga:r:, la peluque:r:ía queda a la
vuelta de mi casa. En t e rce r luga:r:, y es ésta la
p:r:incipal :r:azón, po rque
la
conve raaca on
con
el
peluque:r:oes más o menos textualmente así:
"-¿La:r:go?-p:r:egunta.
"-Sí, pe:r:ono tanto -:r:espondo.

�"Él dice que sí con la cabeza. Corta el pelo. Me
muestra el resultado en un espejo que sostiene detrás
de mi cabeza.
"-Muy amable -dice, cuando le pago.
"-Gracias -le digo yo, y me quedo pensando: ¿por
qué le dije 'gracias'?
-Después me di cuenta -concluye
el hombre del
bar-. Le di las gracias por el silencio.

*
En Buenos Aires. Sube una chica espléndida al
colectivo 70. Yo voy en el primer asiento detrás del
chofer; tengo que torcer el pescuezo para verla cómo se
mueve con una infinita gracia y se sienta, pasillo de
por medio, un asiento detrás del mio.
A cada rato me acuerdo de la chica y me vuelvo
para mirarla; en una de esas veces, advierto que lleva
en las manos un librito de tapas rosadas, delgado, poco
más que un folleto. Ahora me doy vuelta para verla a
ella pero también para tratar de leer el título del
libro, y a medida que pasa el tiempo me va resultando
imperioso conocer ese título, como si el libro
contuviera las claves para acceder a la muchacha.
Cuando me levanto para bajarme, consigo por fin
leer el título: "Quebrántame, Señor".
Me muerdo los labios y elevo los ojos al cielo. Se
me ocurren mil cosas guarangas para decir, pero por
suerte no me atrevo.

©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©

�PARA: LUCIA CALAMARO/GABRIEL PEVERONI
DE: MARIO LEVRERO

IRRUPCIONES

/Mario Levrero

(14)

Entro a una
carnicería
como parte
de mi
engorrosa exploración del barrio, porque ya es
inútil
que
intente
una
vez
más
en
los
supermercados: llego hasta la puerta y allí mismo
la publicidad estúpida y machacona me pone una mano
en el pecho y me empuja hacia la calle. Como muchos
otros
comercios,
en
los
I timos
tiempos
los
supermercados se han transformado inexplicablemente
en una máquina de picar cerebros, y todo lo que en
mi vida se había simplificado ahora se complica:
comprar el queso en la panadería, la pasta de
dientes en la farmacia, el café en el almacén. y la
carne en la carnicería,
aunque
la carne del
supermercado era de gran calidad.
El local de esta carnicería es amplio, y en su
interior trabaja una cantidad de personas. Aunque,
mirando bien, no puede decirse que trabajen; están
allí, con sus delantales blancos, en alguna clase
de amable reunión.
Una señora se aproxima, por detrás del largo
mostrador, y me pregunta qué deseo. Yo señalo una
vitrina con carne.
-Pulpa
churrascos
-digo-o
Nalga
de
para
ternera.
ú

1

�Ella se azora y va en busca de uno de los
carniceros ociosos. No lo llama en voz alta, sino
que va hasta la rueda de carniceros y le habla. Lo
trae casi de la mano. El joven se acerca y me mira
inquisitivamente.
-Quiere pulpa de ternera -le dice la mujer,
solícita, mirándome a mí.
-No hay -responde
el joven, dirigiéndose a
ella; después me mira fugazmente-o Ternera no hay.
Yo señalo un trozo de pulpa que se ve en la
vitrina. No es gran cosa, pero parece que se puede
comer.
-Ah -dice el joven, dándolo vuelta con la punta
de una larga cuchilla-o Es pulpa de ternera. Nalga.
-Bueno -digo, y me quedo esperando.
El joven se queda esperando también. La mujer
mira a uno y a otro, un poco anhelante.
-¿La va a llevar? -pregunta al fin el joven,
con impaciencia.
-¿Cuánto? -pregunto.
Señala
un
cartelito
con
la punta
de
la
cuchilla.
-Ahí tiene el precio -dice.
El cartelito decía "24.90",
y yo ya lo había
visto. Me impaciento, a mi vez.
-¿Pero cuánto pesa? -pregunto.
Toma en las manos el trozo de carne y lo lleva
hasta una balanza. La balanza indica algo así como
un quilo y trescientos gramos. Me quedo esperando.
El carnicero se queda esperando. La mujer nos mira,
anhelante.
-¿La
va
a
llevar?
-pregunta
al
fin
el
carnicero.
-¿Pero cuánto es? -casi grito.
Señala el visor de la balanza electrónica.
-Ahí dice -dice-o Un kilo trescientos.
Ya me cuesta hablar. Siento la boca reseca.

2

�-¿Cuánto cuesta ese pedazo de carne? -pregunto,
subrayando cada palabra.
Escribe el precio en la balanza electrónica, y
aparece en el visor la cuenta hecha: "31.75".
-Treinta y dos pesos -dice.
-Está bien -digo yo, alerta, pensando que me va
a tirar la carne a las manos. Pero ni siquiera hace
fal ta pedi r que la envuel va; en un arranque de
inspiración va y consigue una bolsita. La mujer me
mira con una expresión
azorada, como el que fue
pescado en falta, o trata de ocultar algo.
-Si puede, pague justo -dice.
-Tengo que cambiar doscientos pesos -digo.
Ella hace una pausa; ha llegado el momento que
tanto temía. Después confiesa:
-La
cajera
no está.
Tiene
que
esperar
un
momento, que ahora viene.
Yo ya había notado que desde hacía rato, casi
desde un principio, echaba nerviosas miradas hacia
un
sector
del
local
ocupado
por
una
gran
estantería. Ahora mira francamente hacia allí; casi
señala con un dedo.
Pasa el tiempo.
Yo tengo
en mis manos
la
bolsita con la carne, y pienso más de una vez en
dej arla sobre el mostrador e irme; es lo que hago
habitualmente cuando me maltratan. Pero ahora estoy
paralizado, subyugado, porque el transcurrir de las
cosas
tiene
un
atractivo
casi
artístico,
una
extraña coloración,
una atmósfera irreal de la que
no me puedo sustraer.
La cajera no viene. Después veo que está ahí, a
do s .f- -_ :0 por teléfono, y la si tuación me
fascina todavía más. Veo trozos de cajera detrás de
la estantería.
Se balancea
nrientras habla
por
teléfono. No puede dejar de hablar por teléfono ni
de balancearse.
Me paseo por el local, mirando aquí y allá,
pero mis ojos siempre
vuelven
a los trozos de
»-Ór

~-~_..:..

3

�cajera. Se acerca otra mujer y me pregunta si
quiero comprar algo.
-Sólo quiero pagar -digo-. Pagar e ir.me.
Me acerco a la mujer anhelante, que se ve muy
perturbada por la situación. Siento una auténtica
curiosidad.
-¿Ustedes
suelen
atender
al
público?
-le
pregunto. Ella contesta serian~nte.
-sí -dice-. La cajera ya viene. Lo que pasa es
que ahora está hablando por teléfono.
-No lo decía sólo por la cajera -insisto-. Lo
decía también por el carnicero.
-Ah, sí -dice ella, siempre seria-. ¿Usted vio?
Echa miradas nerviosas hacia la estantería que
le impide ver a la cajera. Por algún motivo, esta
mujer es la única persona que parece preocuparse. Y
no parece que fuera la dueña.
La
cajera
no
vino;
siguió
hablando
por
teléfono.
El
que
vino
fue
otro
carnicero,
corpulento, de ojos protuberantes y gesto adusto, y
con un manotazo me sacó el billete de la mano.
Manipuló
la caja.
Siempre
en silencio y
con
ademanes bruscos, me entregó el vuelto, mientras la
mujer lo miraba preocupada, anhelante.
En el barrio
hay
otras
carnicerías.
Será
cuestión de seguir probando.

4

�PARA: LUCIA CA~RO
DE: MARIO LEVRERO

Mi amigo el biólogo llegó de Estados Unidos, y de paso
hacia o desde Buenos Aires vino a visitarnos con su familia
-cuando vivíamos en Colonia. A los pocos minutos de estar en
casa mi amigo el biólogo salió al jardín del fondo, le pidió
a su hijo que llevara la filmadora de video y cuando todo
estuvo pronto y el hijo ya había gatillado el disparador de
la máquina, como un prestidigitador que acciona una varita
mágica mi amigo el biólogo metió un palito en un agujero que
había en la pared de ladrillos, y de allí salió
inmediatamente una araña negra de considerable tamaño, y en
actitud de enfrentamiento.
-Todas las paredes de ladrillos del Uruguay están
llenas de estas arañas -comentó mi amigo el biólogo, con
aire satisfecho.
Yo nunca volví a ser el mismo.

*
Después repetí algunas veces la experiencia en la pared
de ladrillos, y era infalible. Había cientos de ladrillos, y
cientos de agujeros, y cientos de arañas. Pero hay otras
cosas más sutilmente inquietantes, como por ejemplo los
microbios. Muchos toman consciencia de que estamos llenos de
microbios, por dentro y por fuera, y se quedan fijados a la
idea y no pueden escapar. Se pasan el día lavándose. Por
alguna razón, los microorganismos de adentro no preocupan
tanto como los de afuera; será porque si están adentro y uno
está vivo, es porque los domesticó, o fue domesticado por
ellos. En canmio afuera puede haber cualquier cosa,
caminando y arrastrándose por la piel, buscando un agujerito
por donde colarse. Sí, es una idea preocupante, y por eso no
pensamos a menudo en ello.
A mí no llega a preocuparme, pero sí me produce una
impresión de infinito desasosiego, una especie de malestar
no localizado pero que puede volverse intolerable, la visión

�de los finísimos hilos de araña que tapizan la pinocha y que
pueden verse especialmente cuando el sol está bajo. Por
extrapolación, se llega rápidamente a la certeza de que toda
la superficie de la tierra está cubierta por hilos de araña;
kilómetros y kilómetros, y cientos y miles y millones de
kilómetros y kilómetros de finos hilos tejidos por millones
y millones de pequeñísimas arañas. No sé qué es lo que me
desanima de esto, si la calidad o la cantidad. Lo que
siento, a la caída del sol cuando estoy en un bosque, se
parece muchísimo a una tristeza insoportable.

*
En el jardín del fondo de la casa de Colonia, durante
un verano signado por la Lucha Contra la Hormiga, descubrí,
tirado de panza sobre las baldosas, que las hormigas
pequeñas no son las más pequeñas; hay otras mucho más
pequeñas, casi invisibles a simple vista. Yo las pude ver
más bien como un movimiento, con mi ojo miope, que me
permite acercarme mucho a los objetos pequeños; pero después
confirmé su existencia con una lupa. ¿Por qué nadie habla de
esas hormigas tan pequeñas? ¿Habrá hormigas microscópicas?

*
¿Y las partículas de polvo que flotan en el aire, con
ese suave movimiento browniano, y que se ven especialmente
cuando el sol entra a la pieza a través de las tablitas de
la persiana? Me pasaba de niño, pero aún ahora no puedo
respirar mientras las veo -como si al no verlas ni pensar en
ellas, las partículas de polvo desaparecieran.

©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©

�PARA: LUCIA CALAMARO
DE: ~mRIO LEVRERO

O SOFI O GABRIEL

QQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ

IRRUPCIONESI

*

Ma~io Lev~e~o

16

(~

A .Al..inda Núñez

Necesito
esc~ibi~
pa~a
deso~dena~
los
pensamientos, buscando una mayo r coincidencia con la
~ealidad. No es que la ~ealidad sea en sí decididamente
deso~denada (igno~o cómo es), pe~o sí es que el o~den
de los pensamientos le queda siemp~e est~echo, yeso
es
molesto pa~a quien vive y los padece.

*
Du~ante una g~ipe, me quedé en cama y decidí
esperar a v er cómo evolucionaban Lae C05a5 antes de
toma~
alguna
medida,
po~que
conside~o
que
la5
enfe~medades suelen se~ una fo~ma de exp~esión que no
conviene ~ep~imi~ de modo ~adical.
Por la rarde , la f í.eb re había subido mucho y me
llevó algunas hez as errcorrt zaz la fue~za de voluntad
necesa~ia pa~a levanta~me y da~ algunos pasos ha5ta el
botiquín
donde
gua~daba,
errt re
ot rae
coeas,
un
medicamento eprop edo , Mi cue rpo estaba apaciblemente
~elajado e in5en5ible; la mente, po~ su pa~te, después
de algunos en5ueños ~eite~ativos y bastante abst~actos,
en los que al pa~ece~ buscaba afe~~a~se de alguna
est~uctu~a
sólida,
o po~
lo menos
~ígida,
había
comenzado a da.epe rearae, como f raqrnerrt ada en pequeños
planetas que se aleja~an ve~tiginosamente de ese cent~o
que suele se~ el yo. En algunos embates de lucidez, el
í

�vo.l.ve r a o ro an z az s e , pero sólo le era
yo procuraba
permitido
el papel de espectador.
Pensaba:
"así es la
muerte".
El yo se fugaba,
se dispersaba,
y era muy fácil
con~render que esa construcción
era muy precaria,
muy
frágil,
y no demasiado real:
de un momento a otro podía
desbaratarse,
como ahora, y yo de s apar ece r , como casi
había desaparecido
en esos momentos.
Todos esos sentimientos
y percepciones
de mí mismo
no connotaban ningún drama. Lo que me sucedía era algo
que no tenía irrportancia.
"Esta es una clase de muerte
que puedo aceptar",
pensé
sin
angustia,
y después,
cuando todo hubo pasado,
pensé que mi estado
gripal
había
sido
como un curso
acelerado
de budismo Zen.
También después,
junto
con
el
yo
volviel::on
las
aprensiones
y las pl::eocupaciones por cosas ninuas.
í

*
La luz crepuscular
disuelve
la irrealidad
de los
viej os muros y atenúa el ridículo
desafío
de los más
nuevos.
Los árboles
r ecob r an su dignidad
vi tal
y se
recuerdan
a sí mismos como dueños de una sabiduría
decisiva.
Todo transcurl::ir,
en general,
se
vuelve
misterioso
y por lo tanto
cierto:
es todo el mundo,
desvelado de contrastes
agresivos,
quien se recuerda en
todas sus dimensiones.
La luz
roja
de un semáforo,
en una
esquina
cualquiera,
brota como por primera vez, como naciendo
maravillada,
y su mensaje es una explosión
de amor que
me toca y me de ap í.e r t a, también a mí, en esa esquina
donde no esperaba
ya absolutamente
nada de la vida.
Ent re esos edificios
insensatos
que lo invaden
todo
hay, todavía,
un lugar que hace elevar los ojos y mirar
algunas nubes rosadas,
heridas
pOl:: los rayos de un sol
que ya no podemos ver.
Alguien,
dentro
de mí,
se
expande y respira
--nace,
como la luz roja,
en una onda
explosiva
de amor, en la dimensión del espíritu
que
había quedado sepultada por alguna clase de locura.

�Hasta el estr:uendo de los automóviles y de las
n~quinarias que destruyen y construyen sin ninguna
raz ón valeder:a la ciudad, par:ece cesar:, o atenuar:se
hasta una casi amabilidad, y los hombres que manejan
toda esa maquinar:ia recobran sin saberlo una inocencia
primitiva. Es un minuto fugaz. La luz r:oja se borr:a y
estalla una luz verde; más tarde, brota con el mismo
ímpetu de recién nacida una amarilla; en seguida,
retorna la roja, pero ya pasó el misterio, ya está
cayendo, así, tan pronto, la noche; ya la gente
advierte que yo no trato de cruzar la calle, y comienzo
a sentir el ridículo y el frío.

Lle do por una determinación cuyo
nada claro
egún descubrí después, al r ensar todo el
asunto- levant la colcha de la cama
omándola por una
punta, y allí eet
.erep
re las arañas que
encuentro, como si
b í.e ra es do siempre allí, y en
ese preciso instante m hub.í era sido dado pe rcí.b rLa,
al caer una venda de mis
como si fuera necesario
e imprescindible, dent
gún plan cósmico, que la
araña estuviera allí precisame te allí, y fuera de ese
tamaño preciso.
Luego, al
splazarse
carácter y
le pude pegar con una esco
í

�PARA: LUCIA CALAMARO
DE: MARIO LEVRERO

O SOFI O GABRIEL

QQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ
IRRUPCIONES/ Mario Levrero
(17)

A Car~a Var~otta.
~~~~.
Llamaron a la puerta, y fJl'ia ver quién era; en
aquella época yo todavía hacía~@as cosas.
Se trataba de una muchacha,
de aspecto muy
agradable, que se anunClO como vendedora de libros.
-No quiero hacerte perder el tiempo -le dije-. Por
una cuestión de principios no compro nada a los
vendedores ambulantes. Tarrpoco compro libros nuevos. Me
gustan las librerías de viej o, el olor de los libros
que ...
No estaba escuchando, y dejé morir la frase.
-No importa -dijo-. Déjeme que se los muestre.
-Entonces errtr +respond
y me hice a un lado
para hacerla pasar. Tuvo una pequeña duda, pero el
empecinamiento de vendedora se impuso al miedo de
muchacha. Entró, pasó a mi escritorio, se sentó en un
sillón que le indiqué mientras yo me sentaba frente a
ella, poniendo
un escritorio de por medio para
ahuyentar sus temores.
+Pe ro vas a perder el tiempo, porque no compro
nada, y menos libros -insistí. Ella aonrao, abrió la
bolsa que llevaba a cuestas y empezó a sacar volúmenes.
De cada uno de ellos hizo un breve comentarlO. Yo
más o menos sabía de qué se trataban, porque en aquel
tiempo aquella ciudad había sido muy castigada por
vendedores de libros, y si bien yo no les compraba, ni
los atendía con la misma gentileza que a esta graciosa
niña, mucha gente amiga o conocida sí habían comprado y
me los habían mostrado o me los comentaban.
Finalmente, a la chica se le terrr~naron los libros
y quedó en suspenso.
á

í

,

1

�-¿No hay más? -p~egunté. Ella sacudió la cabeza-.
Bueno -ag~egué, después de una pausa la~ga-. No voy a
comp~a~ nada, como te había dicho.
Se le pintó en la ca~a algo que pa~ecía desaliento
pe~o que tal vez e~a algo más.
-No vendí nada en toda la mañana -dijo-. Y todavía
tengo que ~eco~~e~ como veinte cuad~as.
La mí r
con simpatía. Podía ae r mi hija. No: mi
nieta.
-¿Que~és un café? =o f rec
Sacudió la cabeza-.
¿Té?
No.
-¿Un ~ef~esco?
Tampoco, desde luego.
-¿Un sandwich? Puede aer de pan blanco o de pan
neg~o. Con jan~n y g~uesos t~ozos de queso.
No, no que~ía nada. Po~ algún oscu~o motivo, sólo
que rí.a hace r una venta. Tal vez el error había sido
haoe rl.a errrrar r eso le hab rí.a abí.e rt o todo un camino
iluso~io, falsas espe~anzas.
Segu~anlente más t arde iba a llo~a~: cuando nadie
la vie~a. Aho~a se la notaba conteniendo las lág~imas.
Yo deseaba toma~la en mis b~azos y acuna~la.
-¿Estás segu~a de que no que r s un s::;IJ~~~h?
~
~
Sacudió ot ra vez la cabezf' sin ~vvb~
de
~
me estaba diciendo que nojJ e~taba segu~a. Empezó a
mete~ los lib~os en la bolsa. Quién sabe cuántas veces
más iba a f racaear, en cuántas cosas más, antes de
da~se po~ vencida. Y cuando se die~a po~ vencida, ¿qué?
¿Casa~se, p~ostitui~se, emig~a~? Y después, ¿qué?
La acompañé hasta la pue rt a, y la mí.r
e.Le
j arse
como si la ca~ga que llevaba f'uera demasiado pesada
pa~a ella. Cuando se pe~dió de vista, el sentimiento de
piedad
comenzó
a
t rae l.ada rae
lentamente,
muy
Lerrt
amerrt
e, y hacia el fin de la t ar.de , cuando las
somb~as se ala~gaban anticipando la noche, encont~é que
se había depositado con~letan~nte en lTIÍ.
"¿Y yo?", pensé.
é

í

•

é

é

QQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ

2

�PARA: LUCIA CALAMARO
DE: MARIO LEVRERO

O SOFI O GABRIEL

IRRUPCIONES/ Mario Levrero

(18)

Mi vista se posó en un objeto peculiar, muy
llamativa. Yo estaba en la larga fila de espera
para pagar una cuota en la caja de un Banco, y en
esas
circunstancias
cualquier
hecho mínimo
se
vuelve una fiesta para la imaginación. En este caso
se
trataba
de
una
caja
pequeña,
de
tapa
rectangular, blanca, ubicada junto a la puerta, a
la altura de una llave de luz y más o menos de
similar
tamaño,
aunque sobresalía
dos
o tres
centímetros de la pared. Tenía un dibujo rojo.
Pensaba en el misterio de las filas de espera
en los Bancos. La población del país no se ha
incrementado de modo notorio, al menos que yo sepa,
y las instituciones bancarias se han multiplicado,
como antaño los bares; los trabajos engorrosos se
han automatizado y las computadoras realizan en
segundos las operaciones que antes podían insumir
semanas; hay cajeros automáticos por todas partes,
hay máquinas que cuentan el dinero, muchos pagos se
pueden hacer en cambios y agencias de quiniela e
incluso en superrnercados ---y sin errbargo las
demoras en los Bancos siguen siendo idénticas a
como eran hace quince o veinte años, o tal vez
peor.
Pensaba en eso y en la mala entraña que hay que
tener para ganar dinero como ganan los Bancos,
cuando mi vista cayó sobre ese objeto en la pared y
ya no pude olvida~~e de él, aunque en otra fila, a
pocos metros,
había una
señora
argentina muy
llamativa y elegante que no miraba con malos ojos a
los ejos masculinos que se posaban en ella. Pero la

�cajita tenía una fuerza de atracción de orden
superior. Cuando la fila me fue acercando un poco,
vi que el dibujo

rojo era la imagen de una fogata,

y que arriba, o abajo, decía INCENDIO con letras
rojas, y de inmediato me vinieron unas ganas muy
intensas
de
oprimir
ese
botón,
porque
por
influencia de tantos años de dibuj os animados lo
primero
que Lmaqí.né fue que al apretar
el botón
instantánearr~nte se prendía fuego todo el edificio,
y en dos o tres segundos quedaba reducido a una
masa negra de escombros humeantes.
Después pensé que más bien debía serv r para
apagar los incendios, y no para p rovocarLos, pero
me llamó la atención que el botón estuviera tan ~
alcance de la mano, que incluso un niño -o alguien
con las pulsiones de un niño- podría sentirse
tentado a apretarlo. El dibuj o de la fogata era
como una mano de dedos rojos, abierta, con un dedo
más grande que los otros y en forma de rulo
levantado, como el copete de Woody Woodpecker. Para
cualquiera que tuviese un mínimo de sensibilidad,
ese botón gritaba "oprímeme" .
Cuando estuve más cerca, pude ver que no se
trataba simplemente de apretar el botón; la cajita
blanca tenía una ranura en la parte inferior, como
una gruesa línea con un ensanche redondo en un
extremo, seguramente
algo donde colocar
alguna
llave especial. En caso de emergencia, la persona
encargada de la llave estaría en el baño, o habría
salido a hacer un mandado, como sucede siempre.
Después
imaginé que
esa llave había
sido
instalada por fuerzas equilibrantes del universo, y
al ser oprimida por un chico travieso, o en alguna
emergencia, su verdadero efecto consistía en que,
en alguna parte mundo, estuvieran donde estuviesen,
los ignotos dueños de ese banco
(necesariamente
feos y obesos, muy obesos) se hundieran en el piso,
desaparecieran
por una puerta-tran~a
y
cayeran
í

�después de algunos siglos en el fuego del Infierno,
como castigo por hacer esperar a la gente en colas
interminables para ahorrarse el sueldo de los diez
o doce empleados que hacían falta.
Después, como pasa siempre, estaba por llegar
mi turno y tuve que pararme nervioso frente a la
caja. esperando que me llamara el cajero, mientras
bu- _d _
___
' bolsillos el dinero y los papeles
que, siempre, en esos momentos finales tienden a
desaparecer o a entreverarse en los bolsillos con
otr",""
papeles cuya existencia se ignoraba, y toda
esa actividad deshizo los juegos de la imaginación,
así como un promisorio
romance con la sólida
turista
que,
en
la
otra
fila,
iba
también
avanzando, aunque más lentamente,
rumbo a ese
trivial destino de la caja de un Banco.
POSDATA. Bastante tiempo después de escrito lo
que antecede, debí volver al mismo Banco, donde se
generaron
nuevas
historias
que
algún
día
irruropirán, tal vez, en mi memoria.
Ese día,
mientras volvía a mirar la cajita blanca, llegó un
hombre al que no sería capaz de describir +s lo
recuerdo un traje marrón y unos bigotes, y una edad
que podría andar por los treinta y cinco años-,
miró a un lado y a otro como para ubicarse en la
cola que le correspondía, vio la cajita blanca con
la llamita roja y sin pensarlo mucho se acercó y la
apretó con el grueso pulgar de la mano izquierda.
De inmediato levantó la cabeza y miró hacia todos
lados, como para ver surgir las llamas, o el agua,
o los bomberos, y cuando después de unos segundos
vio que no sucedía nada tuvo un ligero encogir~ento
de hombros. Me miró, como buscando complicidad, o
consuelo, y yo hice un gesto ambiguo elevando las
cejas, que debía entenderse como: "qué le vamos a
hacer; así va el mundo", O M. ~ ~
l[
/Lv&gt; I-e
ó

~

e; 1v~~(1

r.-

I

t+':

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8020">
                <text>[Irrupciones]&#13;
“Irrupciones (10)”/ “Irrupciones (12)”/ “Irrupciones (13)”/ “Irrupciones (14)”/ “Irrupciones (15)”/ “Irrupciones (16)”/ “Irrupciones (17)"/ “Irrupciones (18)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8021">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8022">
                <text>Originales mecanografiados de relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8023">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8024">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8025">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8026">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8027">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8028">
                <text>22 folios</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8029">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8030">
                <text>Original de dos mecanografiados sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados con una anotación ológrafa en la primera página/ Original de tres folios mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de cuatro folios mecanografiados sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiado sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original  de tres folios mecanografiados con correcciones y anotaciones ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados con correcciones y anotaciones ológrafas/ Original de tres folios mecanografiados con una corrección en la línea final</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="692" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="947">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/906e2a34174bc36c0973207e4607e706.pdf</src>
        <authentication>1723c287d8b435e33d38eab97a839904</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8043">
                    <text>PARA: LUCIA CALAMARO
DE: l-tARIOLEVRERO

©©©©©©©©(Q&gt;©©©©©©©©©©©©©©©CQXQ)(Qi©©©©©©©©©
IRRUPCIONES/Mario

A Juan Ignacio

Levrero.

(19)

Fernández

A veces dos personas que probablemente son muy
serias y no se conocen entre sí, pueden aparecer de
pronto como una parej a de cómicos. También podría
tratarse de una pareja de cómicos, que por error me
impresionaron a primera vista como dos personas
serias sin relación entre sí.
Hay un bar en mi tad de cuadra, cerca de casa,
cuyo local, muy estrecho, sierL1p
re está lleno de
parroquianos y es por lo tanto muy ruidoso; cuando
alguien necesita hablar por teléfono, el dueño del
bar se lo alcanza por la ventanita de un kiosco que
pertenece al bar, y la persona habla desde la
vereda, con el teléfono apoyado en una saliente de
la ventanita.
En esta situación estaba el otro día un señor
de aspecto serio; hablaba gravemente por teléfono,
en la vereda, junto al bar, de espaldas a la calle.
A unos tres pasos de él, junto al cordón de la
vereda, un horoore alto, con aspecto distendido, la
mano derecha en el bolsillo del pantalón, miraba
hacia un hipotético ómnibus que podría venir desde
la misma dirección que yo rrai a, y estallaba en
sonoras carcajadas mientras sostenía un teléfono
celular junto a la oreja izquierda.
Yo iba junto a Juan Ignacio y aprovech
como
sien~re, para tratar de educarlo.
-¿Ves? -le dije-. Seguramente están hablando
entre ellos.
é

&amp;

,

�él la idea lo divirtió, pero también le
pareció posible y aun razonable. y así fue como yo
terminé quedándome con la duda. ¿El hombre serio le
estaría contando chistes al que se reía'? Si era
así, ¿para divertir a quién habían montado la
escena?
A

*
Pensando bien, esa parej a de cómicos existe
desde hace muchos
años, quizás desde siempre;
aunque presenten algunas variantes, siempre son los
mismos,
como si
fueran
la proyección
de una
película. Uno es el que escucha al otro, o le da
pie con alguna pregunta para que haga el chiste.
No sé por qué siempre se cruzan en mi camino,
al igual que una pareja
de personas
bastante
mayores,
honilire y mujer,
que lograron hacerme
desistir de ir al cine, porque estaban en todas las
funciones, en cualquier cine y a cualquier hora que
fuera, y siempre se sentaban cerca de mí, por lo
general en la fila de atrás, y hacían todos los
ruidos posibles:
car~aelos, galletitas,
tos, y
sobre todo la mujer que no entendía y le preguntaba
al hombre; y el horrbre le explicaba con todo
detalle lo que él había entendido, en una voz lo
suficientemente audible para los oídos sordos de su
muj er, y para colmo la explicación era errónea,
porque él tampoco había entendido nada.

*
En la calle, dos honiliresvienen hacia donde yo
estoy, conversando animadamente; pasan a mi lado y
siguen de largo, de modo que puedo oír sólo un
fragmento muy incompleto de la conversaoaon . Los
horobre.3son más bien jóvenes y están trajeados como

�oficinistas
o
vendedores
a
domicilio.
Llevan
portafolios. El que habla -gordito, de bigotes- usa
un tono didáctico y vivaracho mientras se apoya en
gestos
y
ademanes
contundentes,
como
si
le
estuviera explicando al otro el funcionamiento de
algo que, para él, fuera muy importante. Dice:
- ...y
el
profesor
viene
atrás,
a
toda
velocidad, tirando los huevos para arriba ...

*
Estoy ante una enorme milanesa,
quitándole
nerviosa pero prolijamente la cáscara que tiene pan
rallado (no podía comer carbohidratos porque estaba
haciendo la dieta del Dr. Atkins).
Entran dos honmres al bar y buscan una mesa.
Tienen el aspecto de dos que se reúnen para hablar
de negocios. Al sentarse, no lejos de donde yo me
encuentro,
veo que
arooos miran
fascinados
la
operación, bastante avanzada, de desce ac aramí.en to
de la milanesa. Uno de ellos se deja caer en la
silla y le dice al otro, en voz bastante audible:
-Creía haberlo visto todo.

*
A diferencia de aquel matrimonio insoportable
que me alejó del cine, esta parej a de cómicos,
voluntarios o no, me resulta sumame n t e querible.
Bendito sea el sentido del hunlor; no creo que
exista mayor virtud.

�PARA: LucrA CALAMARO
DE: l1ARIO LE"VRERO
QQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ

IRRUPCIONES/Ma~io Lev~e~o.

(20)

+Le
"Harnlet" -me dijo un amigo, con el tono con
que pod~ía habe~ dicho "encont~é un teso~o en el
je roi.n? . Los ojos le b rí.Ll aban . Es un g~an Lectcr, y
tiene
una
erio rme
biblioteca,
p ero
su
fonnación
académica es más o menos como la mía: p r ácr.a camenre
nula.
Después hablamos de las sorpresas que si emore dan
los clásicos. Uno espe~a encont~a~se con la cosa
tediosa que le of~ecie~on en el liceo los p~ofeso~es de
lite~atu~a, y sin emba~go una y ot~a vez la expe~iencia
dice lo cont~a~io: los clásicos son f~escos, son
actuales, son fáciles, son dive~tidos. A causa de los
p~ofeso~es de lite~atu~a, descub~í el Quijote ~ecién a
los t reí.nt a años. Y hay una enormidad de clásicos que
nunca leí, pensando que son tan r~los y tan ~etorcidos
como quienes los enseñan c~een, o hacen c~ee~, que son.
í,

*
En Buenos Aires, estaba una tarde en una esqul.na
esperando el cambio de luces para cruzar una gran
avenida. Hacía calo~, como casi sien~re en Buenos
Aires, aunque fuera otoño, y no me sorprendió ver que
una mujer, parada junto a mí, mientras esperaba el
cambio de luces se qLtitaba un tapado de piel que
llevaba. Al quedarse ~.TA.Jt.A~l,tapado reveló un cuerpo
menudo y delgado, nadalespeéIalmente atractivo. Tan~oco
L
su perfil me decía mucho; ni linda ni fea, nada1v~~
especialmente memo~able. Se encendió casi en seguida la
luz ve~de, y/a~rancó a andar con esa velocidad de los
~~~

l.

�po rt efioe
que yo ya no t rs t aba de .í.mí.ta r . Y de un
mon~nto a otl::Ome encontl::étl::otandodetl::ásde ella, con
una idea fija: "Esa mujer debe sel::núa".
No fui el único poseído pOl::esa idea: en la vel::eda
de la cuadr a siguiente, del o t ro lado de la avenida,
ven an caminando t res hombres, bien t ra j eados y cada
cual con su portafolios, hablando sel::imnente-sin dudade
tl::abajo. Se detuyiel::on en seco
y
se quedal::on
contemplando a la joyen como a una diosa; quedal::onasí,
detenidos en un gesto, oLv.í.dadoedel mundo, y en cada
uno de ellos podía ad.í.v
í.narae el mismo pensamiento:
"esa muj e r debe se z; mí a?.
Más allá, sien~l::eal l::ítmicoy decidido paso de la
dan~, seguían pl::oduciéndose pequeños incidentes: algún
l11.Uchacho,
incluso algún niño, y los parl::oquianos de una
cafetel::íaque tenía mesas en la vel::eda, todos decían,
gl::itabm~o hacían algo pal::aexpl::esal::
su estupefacclón.
Yo tuve un instante de lucidez y me detuve a pensal::que
allí estaba sucediendo algo extl::año.Aquella mujel::no
tenía ninguna cualidad ostensible que pudiel::adespel::tal::
en mí ni en aquellos o t roe hcmb res un deseo de tal
maqn tud. Fue después que se hubo qui tado el tapado de
piel y se hubo puesto
en moYimiento,
que yo fui
golpeado por aquella idea como pOl::un l::ayo
...
y me aco rdé
de las feromonas,
sustancia que no
tiene oLo r pe ro se p e rc.í.becon el olfato, y es una
nítida señal hOl::monalde la mujel::hacia el hOfiIDl::e.
POl::
suerte, había leído hacía poco que esa sustancia fue
sintetizada
en Laoo rat o rí.oa, embotellada
y puesta ~
yenta. En la esquina, cuando ella se quitó el tapado,
me había llegado una ola de un p e r ñume cu r oaament.e
tenue e inofensivo.
Dej
de t ro t ar y del
de mí.r ar embobado cómo la
dama seguía conquistando admí rado res , y seguí el camí.no
que había pl::evistoantes del encuentl::o,pensando que en
adelante debel::íatenel::mucho, pel::on1.Uchocuidado.
í

í

í

é

é

GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG

2

�PARA: LUCIA CALM~ARO
DE: MARIO LEVRERO

©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©(Q)©©©©©©©©©©©©©

IRRUPCIONES/Mario Levrero.

(21)

La vieja ciega se abalanzaba sobre el puesto
callejero, enarbolando un bastón que no era blanco
y no era tampoco bastón, sino una larga varilla de
metal, pesada, que a veces golpeaba contra el piso:
i clinc, clang! Creí que quería atacar a la gente
del puestito, pero sólo quería tomar un ómnibus. Un
homb re del vf~9V
agarró del brazo y la fue
llevando ~~d~lasta
la esquina, donde había ~
un ór~ibus parado con la puerta abierta. Pensé que.~
estaría esperando a la ciega, pero de irunediato me
arrepentí del pensamiento; los ómnibus no esperan a
los ciegos ni a nadie. En seguida vi que el chofer
se había bajado y estaba discutiendo con alguien, a
los gri tos. Uno de los que gri taban decía: "Quer s
que te enseñe a mane j ar'?". Se oía el bastón de la
vieja golpeando: clinc, clang. Seguí andando hasta
terminar de cruzar la calle, y cuando llegué a la
vereda me paré j unto al semáforo y me di vuelta
para
observar
la
conclusión
de
la
historia.
Demasiado tarde. El ómnibus estaba con la puerta
cerrada,
ya
había
arrancado
y
ya
se
había
desplazado
unos metros.
La
vieja
ciega y
su
horrible bastón ya no estaban a la vista. Incluso
el grupo de mirones que se había formado en la
vereda para disfrutar de la pelea ya se había
disuelto. Todo se había disuelto; una explosión
fugaz de violencia que estalla de tanto en tanto
entre
los
constantes,
cotidianos
canales
de
violencia que se \Tan desplazando -normalmente- por
la ca.lle.

J-~~IÜ

é

�*
En Buenos Aires. Sube una chica espléndida al
colecti va 70. Yo voy en el primer asiento detrás
del chofer; tengo que torcer el pescuezo para verla
cómo se mueve con una infinita gracia y se sienta,
pasillo de por medio, un asiento detrás del mío.
A cada rato me acuerdo de la chica y me vuelvo
para mirarla; en una de esas veces, advierto que
lleva en las manos un librito de tapas rosadas,
delgado, poco más que un folleto. Ahora me doy
vuelta para verla a ella pero tarrbién para tratar
de leer el título del libro, y a medida que pasa el
tiempo me va resultando
imperioso
conocer ese
título, como si el libro contuviera las claves para
acceder a la muchacha.
Cuando me levanto para bajarrae, consigo por fin
leer el título: "Quebrántame, Señor".
Me muerdo los labios y elevo los ojos al cielo.
Se me ocurren mil cosas guarangas para decir, pero
por suerte no me atrevo.

2

�PARA: LUCIA CALAMARO
DE: MARIOLEVRERO

(.::::v::::vy:::::~Y:::v:?v:::v:?v:::v:?v::::: ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~__ ~ ~ ~ ~ ':::'V:YYY;:X::v;:::V;2vY0
="="C.rc:J':._ ~~

'C,I\""::I\~~h::;.~

(ATENCIÓN: ESTO NO FORMAPARTE DE LA COLlWNA:
Sofi,
Gabriel:
me parece
lmprescindible
que la
dirección
de la revista
apruebe
esta
colurrma antes
de
publicarse.
Si
piensan
que
puede
crear
problemas,
envío
otra
cosa,
porque
mi intención
no
es esa).
(Gracias).
1':'V.'\l':'V'-°\l~~~~~~~

~oc~~~~~~~----------~~~~~~ooc~~
00

00

00

00

00

'00

IRRUPCIONES/ Mario Levrero

00

00

00

00

":":\.r.v.:~~"='V~

(23)

-Ya no se puede andar
por la calle
-decía
el
hombre en el bar-.
La violencia
aumenta,
semana a
semana.
Ahora
ap a r e c i.o una
camioneta
que
encima
lleva
la
propaganda
de una
salchicha,
una
cosa
enorme,
obscena,
metida
en un pancito.
Te revuelve
el
estómago,
pero
vomitás
y
se
te
pasa.
Lo
realmente
malo del
caso,
lo violento
del
caso,
es
el sonido,
un corrido
me] a c an o de hace
cincuenta
años a todo volumen,
o un mambo de Pérez
Prado de
hace
cuarenta
y
cinco.
El
sonido
te
ron~e
los
tírr~anos,
y te mete el mambo en la cabeza;
después
te p a s áe
horas
tarareándolo
mentalmente.
Pero la
gente no se da cuenta.
Aguanta.
El hombre del bar toma un sorbo de café.
Nunca
lo he visto
tomar
otra
cosa
que café
negro,
en
pocillo.
Aparentemente
habla,
desde
la mesa a que
está
sentado,
conJ.ctueño
del
ba~
que está
detrás
del mostrador,
aunque no parece@ que el dueño le
prest~
mucha atención.
-Si la gente
se avivara
-dice
el hombre- no
compr a r i a más de esas
salchichas,
porque
cuando le

L

�faltan el reap et.o en la calle, con ese volumen de
sonido, de una manera tal que todos pueden darse
cuenta del poco respeto que tienen por la qente,
imaginate lo que harán cuando la gente n~ W&gt;ve.
Imaginate
vos
con
qué
estarán
hechas
las
salchichas. A lo mej or se accidenta un obrero y
chau,
igual
te
lo pican
y
lo meten
en un
frankfurter. Porque una vez que se empleza a
perderle el respeto a la gente, al ser humano, a la
inteligencia del ser humano, al derecho a pensar,
una vez que se pierde el respeto ya nadie puede
saber dónde termina la cosa. También Hitler empezó
gritando por un parlante.
"y después está esa propaganda de un diario,
por la calle, a todo volmnen. Un carrdón cargado de
televisores; conté treinta y dos, dieciséis de un
lado y dieciséis del otro. Pero la cosaf está,
nuevamente r en el sonido; t.e
Le v a sores que
pongan
mí.L,
si tienen plata para pagarlos. Uno mira si
quiere. Pero el sonido hay que oírlo, te guste o no
guste.
~¿Qué confianza le podés tener a las noticlas?
Quieren vender de cualquier manera, aunque sea a la
fuerza, machacándole el cerebro a la gente. Vender
más, ganar más, y que la gente se joda. Y la gente
con~ra, no se dan cuenta de que la están violando
en la calle. No piensan.
~Yo, ese diario no lo compro más. y
las
salchichas, Dios me libre. Ellos se reirán, qué les
importa que yo no con~re si ellos hacen su negocio.
Pero yo trato de defender mi dignidad; no me
respetan, no compro. Ya no tenemos~nadie que nos
defienda; el gobierno permite esta violencia porque
le conviene. Así la gente no piensa. Le¿ conviene
que no p í.en seh en los corruptos y ladrones, así
después se 01vidat1 y vuelvelta votar. Si la gente
pensara. .. y así los arrean, después, cuando las
elecc·ones. Con ruido, mucho ruido.
2

�"Pero

yo pienso.

Y no voto

a nadie.

*

r

Tengo 111-/cigarrillo
entre
los
dedos
índice
y
mayor de la7derecha,
lo llevo
a menudo a los labios
y doy pitadas
largas
y placenteras,
aspirando
con
profundidad
el humo. De pronto
me doy cuenta
de lo
que
estaba
haciendo,
y
miro
con
espanto
el
cigarrillo,
y luego un cenicero
repleto
de colillas
que hay sobre una mesa. "No puede ser",
pienso;
"no
puede ser".
Dej
de f umar hace más de dos años, dos
años y medio,
y a veces me permi to una pi tada,
o
dos
o
tres,
cada
varios
meses.
Taniliién
suelo
aspirar
las estelas
de humo que dejan los fumadores
que cruzo en la calle
o que por un favor
especial
del destino
vienen de visita
a mi casa.
Pero ahora
miro e s t.e cigarrillo
que llegó
a mis manos en medio
de un automatismo
completo,
y me doy cuenta
de que
he
perdido
todo
el
terreno
que
había
ganado
dolorosamente,
penosamente,
con esos treinta
meses
de ab s tinenci a; es toy ot ra ve z en 1as qa r r as -d:e-:ltl ~
.M.l~l..4~~,
sin saber cómo hacer,
ahora,
para empezar de
nuevo a dej ar de fumar.
"No sabía
que estaba
tan
tomado por
el
vicio,
no sé
cómo pude
llegar
a
esto",
sigo pensando,
sigo espantado,
enfrentado
a
una fuerza
que nunca podré vencer.
Me despierto
con el clima de tristeza
y derrota
que Ll.e vab a a cuestas
durante
el
sueño,
y no me
ali ví.a darme cuenta
de que era
un sueño.
En la
pieza
hay olor
a tabaco.
Pienso
que me levanté
sonámbulo a f umar , pero no hay tabaco
en la casa.
Tengo la garganta
irritada,
tengo gusto a tabaco en
la boca, y no he perdido
la sensación
de placer
ni
la culpa.
é

(::_
.••
~'~~~I~.~~~~.-::v::-:v~~
c~~~~~~jOCfVC~~~~~~=~~~~~~c~~~~~J

.••
~~J-::),-::

••••
-::••••
~~r.:v~~~~~

3

----------".-~~---~--------

--

--

�PARA: LUCIA o SOFI o GABRIEL
DE: MARrO LEVRERO

©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©@©
IRRUPCIONES/

*

Mario Levrero

(24 )

A Helena Corbellini.

En el barrio, y muy especialmente
en los calle] one s,
esos callej one s estrechos donde las casas de una y otra
vereda
se encuentran
muy próximas,
hay muchos
espacios
públicos que se vuelven de uso privado, o casi prlvado, como
si la calle pasara a ser una especie de patio del fondo de
la casa que le crece
a un costado.
Cuando
hay gente
observando, a veces apoyada en el marco de una ventana, el
que pasa por ese lugar es mal mirado; y muy a menudo yo no
atino a da rme cuenta
dónde termina el espaca o público y
dónde
comienza
el
privado,
de
tal
modo
se
ha
ido
domesticando
ese presunto
espacio
público.
A veces
me
encuentro, sin querer, invadiendo un jardín, o un aut-éntico
patio, sin haberme dado cuenta claramente de cómo hice para
llegar allí; me encuentro entre ropa tendida, o frente a un
pequeño
plantío
de tomates
o, peor aún, a una persona
tomando sol en una silla de lona o en un pe rezoao , Demás
está de cí r que me apr esur-o, en cualquiera de los casos, a
aa l.í rme de esos espacios, pero no siempre lo consigo con
facilidad. A veces me ha sucedido de querer salir y darme
cuent-a, no sin espant-o, de que estoy .í.nt.e rnándome
más y más,
enredado entre latas de basura, cuerdas tendidas, tejidos de
alambre o arbustos, y a veces llego incluso a p rec.i.p i t arme
dentro de una casa.
Hasta ahora he tenido suerte, porque no me han visto, o
si me han visto han hecho de cuenta, por algún mo t.í.vo , de
que no me vieron; lo cierto e:3 que no me he encontrado nunca
frente a nadie, por más que más de una vez me ha parecido
inevi t.abLe el encuentro.
T rato de aa Lí. r de allí adent-ro;
veo, a través de una ventana abierta, la calle a un paso de
donde estoy. Si me atreviera a aa l.í.r por la vent-ana, ae ri a
muy senclllo; pero temo que al verme salir piensen que estoy
entrando, o incluso, aunque advlertan que estoy sallendo, la
forma .-lehacerlo, pienso, los llevaría a creer que del mismo

®J

�modo he entrado, y sólo alguien con t orcadas intenciones
puede colar-se por una ventana: en cambao, pienso, si me
encuentran adentro, aunque no les parezca agradable ni
correcto, puedo al menos tratar de crearles una duda
razonable acerca de mis
nt.e
nc.í ones, y eequrament.e mis
palabras serán mejor aceptadas si las digo desde una
poai.c.i ón que, aunque confusa, como en la que realmente me
encuentro en esos casos, no tiene sin embargo el agravante
de la culpa: tendría que explicar solamente por qué estoy
metí.do en una casa ajena, y no explicar también por qué
estoy saliendo, o entrando, como ellos pOdrían creer, por la
ventana.
Lo cierto es que busco una salida, prescindiendo
de la tentación de la calle tan próxima, y me voy adentrando
sin querer, cada vez más: la casa se muestra más compllcada,
menos simple de lo que parecía vista desde la calle, con
algunos corredores que tuercen y se enroscan, o con puertas
que al abrirse hacia otras habitaciones me van alejando más
de la salida, y me introducen en una profundidad no
prevista. A veces oigo voces tras una puerta, y no quiero
detenerme a escuchar el diálogo: sólo quiero salir de allí:
pero no puedo evitar recoger algunas palabras, que me dlcen
algo acerca de la gente que habita la casa, y me siento como
un ladrón de intimidad, y más inseguro todavía que al
principio, porque si esa gente se entera de que yo he
recogido alguno de sus secretos, por más inocente que sea,
será difícil escapar de su reacción de furia: nada estaría
más justificado que una agresión violenta en ese caso. Me
apresuro, siempre en puntas de pie, siempre tratando de ser
liviano como el aire, silencioso como el aire, si fuera
posible invisible como el aire, y las habitaciones y los
corredores se multiplican, aparecen nuevas compLí.cac.í.one
s,
como escale ras que suben o que bajan, escale ras de muchos
escalones, escaleras que no me dejan alternativa porque no
hay otr a abertura, y por donde vine ya sé que no hay salida:
bajo por la escalera, o subo, y encuentro más habitaciones
o, a veces, corredores ahora de aspecto oficial, como de una
repartición publica, como de oficinas póblicas, con ese algo
entre maJestuoso y grotesco de las construcciones oficiales
o destinadas a finalidades oficiales, porque tienen cierto
tipo de grandeza, cierto tipo de pintura descuidada, cierto
tipo de deterioro, ciertas formas de fría neutralldad: allí
me siento un poco más seguro, porque es más probable que yo
.í

2

�tenga mayor derecho a encontrarme en un edificio póblico que
en una casa privada, pero recuerdo que no he salido de la
casa privada en la que entré, a menos que en ese barrio las
casas estén de tal forma comunicadas que el anter or de una
abra al interior de otra, o acaso me he equivocado, cuando
por descuido me encontré en el inte rí.or de la casa, al
pensar que se trataba de una casa p rí.vada y no de un
edificio público, y me llama la atención esa dificultad que
encuentro en el barrio para diferenciar los lugares públicos
de los privados.
Por lo general, la salida la encuentro cuando ya es de
noche, y en alguna pieza se oye el ronquido de alguien que
duerme, y el silencio en la casa es tremendo, y estoy muy
cansado, aunque ya me he habituado a moverme a toda
velocidad sin perder el sigilo: ya me muevo sin dudar, como
si el lugar me fuese conocido de muchos años, y sin embargo
todo es nuevo y extraño, pero me muevo sin dificultad porque
de tanto andar por lugares desconocidos me he acostumbrado a
nacer.l
o con seguridad, aunque esté siempre at.e
nt.o
, siempre
temeroso de un encuentro indeseado. Cuando llego a la calle,
casi siempre emerq endo de algún sótano, casi siempre es 'ya
de noche, y la aventura me deja un raro sabor en la
garganta, me deja un sentl.miento muy complejo comprl.ml.do
en
el pecho y un raro sabor en la garganta, un sabor como de
yodo o de algas marinas, pero más sutil, más dí.f i.ca L de
determinar.
í

í

3

�l_~_~ _O~_",--_~_0~_b_~;
------------------

Para: LUCrA o 50Fr o GABRrEL
DE: MARIO LEVRERO
@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@

qf,'~

{ \ (I..A ..•.

AÑo 2000 I Mario Levrero

MONTEVIDEO

En-

1~

callo,

t..(~re3i"t·lO.

00

a':::er-Can

unoo

~

odole~cente~

de

Ví.e nc n

parabrisas de los coches estacionados. El més alto, un flaco
con ojos vivarachos, sucio y despeinado, me señala con el
dedo y pregunta:
-¿Uruguayo?
-¡Claro! -respondo de inmediato, extendiendo los brazos
como me explicaron una vez que había que hacer para ser
convincente.- ¡USO yerba El Papagayo! -sonrío, tal vez forma
demas ado débil. El joven estudia la ai.nce rí.dad de la
sonrasa mí.e nt ras los otros, unos enanos de bigotes que lo
secundan, me pegan autoadhesivos en la espalda. Ya al salir
de casa me había encontrado con el 'vecino del mismo piso,
que también salía. Me saludó:
-¡Qué día para un Francisquito!
Por
suerte, p r'ev.í.e ndo
que
había
de
saLa, r,
fatalmente, a la calle, anoche me había quedado hasta tarde
est.ud.í.ando las tandas de la televisión.
-¡Fresquito,
fresquito!
-respondí,
con
una
sonrisa, mientras me lo imaginaba cocí.nándos e en una olla
llena de agua hir·viendo. Ya me había tenido que mudar, por'
haberme ·..vueí.t.o sospechoso en el ecu.r í.ci.c donde alquilaba
antes; estaban a punto de denunciarme. Acá es igual, pero ya
la dictadura es más desembozada que en el 96 Y he aprendido
a disimular.
El adolescente alto decide aceptar mi sonrisa y a
una seña suya los otros dos abren la marcha, siempre pegando
autoadhesivos en los parabrisas. Con todo, antes de llegar a
la esquina oigo que me gritan:
-¡Qué jabón, eh!
-¡Jabón y medio, Pompititas! +respondo con ener·gía.Doy
vue Lt.a a la esquina y m~alejO
a toda la velocidad de que
mis piernas son capaces, pensando que t.a
L vez hubiera debido
tomar aquel ómnibus. Lo 1 bía esperado, y cuando llegó y se
abrió la puerta me atacó la timidez, la dignidad, o algo
í

�así, y dejé pasar primero a una mujer embarazada y a dos o
tres viejas.
-¿Adónde
la
llevo?
-preguntó
el
chofer,
medí.o
canturreando con voz engolada.
Mientras se impulsaba hacia arriba, la embarazada
respondió a viva voz:
-¡A Pastas PuroHuevo!
Imitó tan bien a la locutora de la t.e Leví sa ón, que en
el inte rí.o r del ómnibus sonaron algunos aplausos. Detrás
intentó subir una de las viejas. El chofer repitió la
pregunta, pero la respuesta casi no se oyó. El chofer cerró
bruscamente la pue rta. la mujer cayó hacia atrás. Pude
agarrarla a tiempo y sacarla del escalón; el ómnibus
arrancó, y yo empecé a caminar en seguida, rápidamente, para
no dar oportunidad de que se me introdujera en una
conversación con la gente que no había podido subir. Por lo
general, la gente comienza a murmurar y rezongar, y a veces
eso genera una denuncia. Justamente, los titulares de un
d.í ar.í,o en el kiosco junto a la parada del ómnibus decían:
""ATENTADO A LA LIBERTAD DE E.,;{PRESION".
"La democracia
liberal en pe Lí q ro': . O sea, alguien que se había mam f eet.ado
en contra del abuso en la publicidad. O que simplemente
había arrancado un autoadhesivo del coche, o de la ropa.
Volví a la calle principal; de todos modos, ya no había
seguridad en ningún lado, y ningún lugar era mejor que otro;
salvo que la calle principal tiene más altoparlantes que las
otras, y después de unos minutos ya no se puede soportar la
repet.í.ci.ón de s Loqeiis , órdenes, amenazas y jingles.
Decido tomar un taxi. Es un lujo que no puedo
permitirme a menudo, pero esta salida a pagar el alquiler'es
sólo una vez al mes.
-¡Qué día para un Francisquito! -saluda el taxista. Yo
asiento alegremente:
V~~
-¡Fresquito, fresquito! ~J.
Digo una dirección y el
auto arranca. Apoyo la cabeza en el respaldo y cierro los
ojos.
domingo 28 de julio de 1996.
1:05

�IRRUPCIONES/

"'k

A María

Mario

Elena

Levrero

Rovira,

(26)

"Ma.ru1a".

mo rete n t o
1·3.
rlPr.~.
-;llC1t-Fl
lc.l+C! p~n.dr-.
1
p •••.
l a.b ra.
j liS t.a,
no
exacta
.t"" '- .•• ....,
_1 ._....., ••••._'"
d.QQF"-C.d.a.da.
d.Q~~'~Q.oi.::'n
OQ.iiJi
diría.
profesional,
si lo mí o fuera
ti:H.8.
prl::l±o::rOi.6n/&lt;'1Q..a
palabro.
juoto.
y la coherencia
del d s cu r so ,
J.d.H
l,:;8:H.j
U:H.t.'=:)
d.i.-tti'd:ti.:i e).::te)
que el
1e c b o r; debe r e c í.b.í r s lE darse
=uen~a ael
esruerzo
que
lo
sustenta.
Estoy
tratando
de
esc r b t r
mal,
de
p e rmr ti rme
incoherencias
y
fa1 t.as
de
ortoqrafía,
pero sólo he conseguido
to rpe zas de tipiado
que
me he apresurado
a corregir,
porque no es lo que pretendía.
No consigo ser incoherent.e,
y este ma.L es mucho más q r eve
~flQjar

QHi~~A

por

un

Q

í

í

de lo que se piensa.

*
He detengo
de pronto
en una calle
arbolada,
fresca,
a
contemplar
el extraño
espectáculo
que dan los árboles.
No sé
si es en esa calle
en especial,
o si
es así
en todas
las
calles
arboladas
y yo no me doy cuenta porque voy pensando en
otras
cosas,
pero
ahora,
en esta
calle
en particular,
me
Ll.aman la a t enc a ón los árboles
por lo distinto
de los otros
que es cada uno, a pesar
de ser todos de la misma especie.
Los
hay
deformes,
los
hay
que
parecen
enfermos,
con
hinchazones
en las
piernas
o enormes
barrigas;
los
hay
a ne xp.l Lcab Lemerrt e torcidos,
los
hay llenos
de formaciones
como forúnculos
o tumores,
los hay con c a r a.s terribles
y, en
defini ti va,
no hay ningún
árbol
que sea
el
prototipo
de
árbol,
ningún árbol del manual que enseña cómo ser árbol.
Pl.enso con qué facilidad
aceptanlos a esos árboles,
y
con qué
mayor
facilidad
todavía
parecen
aceptarse
entre
ellos.
Con los seres
humanos las cosas son de otro modo.

*

�Durante años, en la época en
pe rmí, tía
que las visitas
t amb n
frase que ahora me volvió de golpe
Sl no recuerdo mal, en un boliche,
í.é

"Nadie

sabe

el 11.1qardonde
..

Nos había parecido cargada
Otra frase de la pared de

que escribía
en las paredes y
escribieran,
tuve anotada una
a la memoria. La habíam.os oído,
con Ruben Kanalenstein.
Decía:

están

las

cosas" .

de sentido.
IT~ casa,

"Zara shl.1ramweni",

la había encontrado yo en
un libro,' provenía de un dialecto
.í.nd.í.qe na, y el autor del libro
la explicaba como el producto de la gran adrru r ac í.ón que ese pueblo
profesaba por los ex t r arrj eras,
los que para ellos
eran como unos
:lioses que habrían de llevarles
la prosperidad.
Yo creo que eso fue un cuento que los nativos
le h.í c er on
creer al autor, para salir
del paso, cuando el autor averiguó lo
que la frase significaba:
""Sólo la llegada de un ex t r arrj e ro podrá
calmar mi. enorme hambr e
í

?

•

*
En el
interior
del
ómní.b us hay poca gente
y un clima
familiar,
como suele darse en las líneas
de recorridos
largos
++p or que hay quienes
viaj an hasta
los úl c mos t r amos y ésos
se conocen, son vecinos,
y aun el guarda termina
saludándolos
por su nombre y preguntándoles
por la salud de los suyos.
En la
calle
se
ve una fila
impresionante
de personas
esperando
el momento de entrar
a una sala
donde va a actuar
un famoso cantante.
El guarda y el conductor
hacen algunos
comentarios,
lo mismo que un par de personas
sentadas
cerca
del guarda.
Por fin llega
el comentario
infaltable:
-La q ent.e se quej a de que no hay plata,
pero habría
que
ver ~uánto vale la entrada
-dice
el guarda.
Una de las mujeres
responde de inmediato:
-Ah, no. Se paga con tarjeta
-en el tono de quien dice:
es gratis.
-¡ Ah,
se
paga
con
t.a r j e t a !
-exclama
el
guarda,
exact.amente con la misma significación
en el t.orio .
í

2

�de inmediato
todos los temas.
El
un asiento
del fondo.
es q r a t I s algo
que
cuatro,
o quién sabe
y

todos
pierden
interés
en el tema, y en
conductor
enciende
la radio,
yo me vaya
Me pregunto
por qué creer&amp; la gente que
termina
pagando
su costo .í.n c a I tres,
cu&amp;ntas veces m&amp;s.
í

í

*
Tuve que escribir
lo que antecede
para
da rme cuenta,
muchos días después
de los sucesos,
de por qué se piensa
que
la tarj eta
"no se p aqe";
aunque mes tras
mes se tenga
la
evidencia
de que sí
se paga,
y mucho. La explicación
que
encontré
me sorprende:
se cree que la pobreza
o la miseria
son transitorias,
que son de hoy,
de e s ta semana,
de este
mes. Es una pobreza no asumida,
no creída,
porque la idea es
ant oLe r ab Le . No queremos
saber
que nunca
vamos a alcanzar
otra
cosa.
Pasamos las deudas al mes que viene,
porque ahí,
Sl,
vmClOSa andar bien.
La vida no puede ser
esto. Nuestra
pobreza
es un accidente
moment&amp;neo; no ha sido creada por la
vo r a c idad de unos enfermos;
no es mantenida
generaclon
tras
~eneraclon
mediante
pactos
ab omí.n ab Le s . Hay justicia.
Somos
libres.
La esclavitud
ya fue.
,r.:-v:-."\A(·~'-:-'"\P\r-:-.
..•.
r-:y:-...•.
P'r.:"l-:-.-v:-."\Ar-:
..•.
C.~Ar.:".~~~r-:-v:-.

ooo~~o~o~~o~do~oo~doo~oo~d~~

..•.
r.:..P\.~.'-2\f~.r.:"r-:

..•.
r-:..•.
r.:..r-:..•.
p.,-:-,...,c....,

3

�PAFUl.: 50FI

DE: HARIO

o GABRIEL

LEVRERO

{;:,(;~C,(;~(;-~',C:,r.-:;,(;~(;-~(;,;',(;:',e,(O-~c'(;-~'(;:je,(;,;',(;:",;-,,(;,;,,;:,
~~(;~(;~(~,n',r2¡r2,(;:',(;-:,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~0~~~~~~~~~

IRRUPCIONES/

"*

Mario Levrero

(27)

A L~o lvfaslíah

Se habla de los nifios asesinos
en contraposici6n
con
la
noc enc a que se atribuye
a los nifios,
y yo pienso
que esees un error,
y una falta
de memor a .
Cu arrdo niño yo era perfectamente
inocente,
y en muchos
aspectos
lo
sigo
siendo,
y sin
ernb a r q o estaba
repleto
de
.í.mpu Lsos a s e s an os , y los
ejercitaba
con insectos
e incluso
con algún animali to de más tamaño,
aunque la mayoría
de las
veces a.i n
x i. to:
pas
meses ti rándole
p í.ed r a.s a Los pá j aros
C:)11
una honda,
aunque nunca
le pude dar
a ninguno.
Si lo
hubiera
logrado
y hubiera
visto
al pájaro
muerto -r+c crno vi,
después,
.í.nf í.n i.clacl, en las
calles
del
centro
cuando fui
un
poco mayor-,
habría
sentido
una culpa
tremenda.
Porque uno
no quiere
eso. Uno, el a s e s ano , no busca un cadáver
Las t í.mo s c
y sanqrante.
Uno quiere
practicar
su puntería
en un ti ro
di fícil,
uno quiere
vengarse
de ese ser que vuela mej or que
uno,
uno
quiere
experim.entar
su
poder.
No piensa
en
r e su I tadc s r obedece impulsos.
Ya he contado
en otro lugar
que a los tres
años intenté
matar
a una recién
nacida,
con un diario
enrollado,
como
probablemente
había visto
que hacía mi abuelo
con las moscas.
Sl no hay algún adulto
responsable
cerca,
se puede clavar
un
clavo en la cabeza de un bebé para ver qué pasa,
sin por e s o
perder
la inocencia.
Pero los e.du Lt os r-eapon s ab Les , h ombr e s y
ICtUj
e r e s , e e dedican
cada vez más al trabaj o producti v o y cada
yez men03 a los hij03;
quiene3
perdieron
la inocencia
fueron
ellos.
.í

í

í

é

é

*

1

�Hace unos cuantos
años salí
una mañana teruprano a caminar
por la
r ambl a . Pr-ob ab Leme n t e , no había
madrugado;
todavía
estaría
por acostarme.
No recuerdo.
Recuerdo,
3l,
que estaba
muy preocupado,
aunque no recuerdo
por qué,
y que Lle vab a
puesto un sobretodo,
y que era un día soleado.
En la
r ambLa
no había
nadie
a la
vista,
s a Lv c tres
·::h1.cOSmuy exc i tados
que miraban
el aqu a . Cuando pase cerca
de donde estaban,
me llamaron.
-¡Señor,
señor!
¡Venga! ¡Hire! +-como s equ i, c arní.n ando , s a n
prestarles
atenc1.6n,
uno vino
corriendo
y me agarr6
del
brazo.
-¿Qué pasa?
-¡Venga a ver!
Fui a ver,
algo que me lastima
hasta
el día de hoy. Un
tratando
~ati t o, muy pequeño,
nadando,
ya
c as a
exhausto,
1.nfructuosamente
de llegar
a las rocas de la costa.
-¡~l lo tir6!
-acusaron
a coro dos de ellos
al ~ercero,
que tenía
un aspecto
entre
c ompuriq do y c i.n.í.c o .
Eran chicos
de la calle,
cle s a r r ap aclo s , SUClOS,
(~rroseros;
ah~ra se les veía d1.gnificados
por la presencia
de la Muerte.
El asesino
pugnaba por hacerse
el h ornbr e v a l z.e n t e , "':ir quería
adoptar
una actitud
desafiante
y decir
alguna grosería,
pero
no pudo. En ca:rnb1.odijo:
-¿Qué podemos hacer para salvarlo?
El hij o de pu ta
me ca rq ab a con todo
el
peso
de mi
.í.mpo t.e nc a.
í

í,

-N acla

-di j e,
t e rrrun arrt.e .
Evalué,
en un segundo,
m1.1
ac=iones
posibles,
pero ninguna
era realmente
posible,
y el
q a t to que remaba valerosamente
ya estaba
agotado,
remando
hundiéndose.No se puede hacer
=ada vez con mayor lentitud,
n.ada.
Los otros
chicos,
que
seguramente
compartían
con el
asesino
la
culpa
de haberlo
desafiado
a que lo
hiciera,
t.eni an tan F'oCOconsuelo
como él. Y como yo.
En ese momen t o, yo los odiaba.
Los habría
tirado
al agua
a lD.s tres.
Me di vuelta
y .seguí mi caminD, .sin más palabras.
-¡ Sef.i.or, señor!
-vinieron
corriendo
detrás,
después
de
haber deliberado
unos instantes;
los otros
dos arrast.raban
al
aoesinn
.c.J
-.l. - (."~
'Nn e
cierto
aue
1
Dios lo va a castic_~jar?
El asesino
ya no tenía
el menor rastro
de cinismo y era
todo c orop unc ón. Estaba evidentemente
arrepentido.
l\;lal que me
pesara,
merecía
el perd6n,
pero ::(0 sabía
que al perdonarlc'
í,

Q
o.J

í

�estaba
asumiendo
la
culpa.
¿Y si
el perdón
lo llevaba
a
.s equ r r matando? Pero ellos
t amb n eran,
son, víctimas.
Hiré
un instante
al cielo
con los OlOS cerrados,
desde una oraClon
s i n palabras,
y d j e:
-No. Da os no lo va a castigar.
Dios sabe que no Lo va a
hacer otra vez.
í.é

í

·:-:V~v'='\.r.:v-:-:, r:-:..•..
r.;,..,r:-:y':-:y:-:'r:-:v:-:v-:-:V:-:,.r~,r...v:-:y':-:,r::"'r:-:v::-..r.;,..,(·~'-'\.r...v:-:v~F-'¡..v:::."r..."r...·,F-V:-:v'0.r::)
(=-'\.~)\:::J'CI'C.J'C)'ckJ'c,¡,~I":::I"=-":::I',·::::J'cl'cJd'O
:::;l"=.I\::::/'CI'=.I\:;::,J"=-"~::::/":::I":;::'J'ClI:::;l\::::

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8032">
                <text>[Irrupciones]&#13;
“Irrupciones (19). A Juan Ignacio Fernández”/ “Irrupciones (20)”/ “Irrupciones (21)”/ “Irrupciones (23)”/ “Irrupciones (24). A Helena Corbellini”/ “Montevideo año 200. (Irr. 25?)”/ “Irrupciones (26). A María Elena Rovira, Maruja”/ “Irrupciones (27). A Leo Maslíah”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8033">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8034">
                <text>Originales mecanografiados de un relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8035">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8036">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8037">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8038">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8039">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8040">
                <text>21 folios</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8041">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8042">
                <text>Original de tres folios mecanografiados sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con anotaciones ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, con anotaciones ológrafas/ Original de tres folios mecanografiados, con anotaciones ológrafas/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con anotaciones “Número 100 a Posdata. Especial año 2000”/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="693" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="948">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/8cd8f6d9f30e08ce342ffd3109e9d039.pdf</src>
        <authentication>03a8b419225bb46b4ee101accdaa968b</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8054">
                    <text>Hace algún tiempo, yo había escrito esto:
Dej an en casa un papel impreso
Médico
del Uruguay.
Dice,
entre
textualmente incluso el subrayado:

del Sindicato
otras
cosas,

\\El cobrador
es tará de guardia
con sus recibos
en nuestras
oi i c i ne s todos los
v i e cae s de 15: 30 a
------------------------------------16: 30,
de
se i:
fe i:i ado
el
pr~mer
día
hábil
siguiente.
//

Cuanto más trato de entender qué quiere decir,
más confundido me siento. ¿El primer día hábil
siguiente a qué?, y fuera como fuese, ya no serían
todos los viernes sino algunos viernes, muy pocos,
porque los feriados no son tantos. Si el primer día
hábil siguiente es el primer día hábil después del
viernes, o sea el lunes, en primer lugar, por que
no decir "lunes", y en segundo lugar le di un
vistazo al almanaque y los lunes feriados son tres
o cuatro en el año, de modo que lo de "todos los
viernes" se hace bastante remoto. Por último, no se
ve qué relación puede tener un día hábil siguiente,
feriado o no, con la guardia del cobrador los
viernes de 15:30 a 16:30. ¿Qué pasa con el cobrador
cuando no está de guardia los viernes ésos que no
anteceden a un día hábil feriado?

Había escrito lo que antecede, decía, y no me
conformaba porque me parecía muy embarullado además
de obvio. Entonces le quité todos mis comentarios y
lo presenté como una simple irrupc~on exterior,
dej ando
para
el
lector
las
perplej idades
y
corrplicaciones. Pasó a entonces a leerse así:

�Dej an en casa un papel
~mpreso
Médico
del
Uruguay.
Dice/
entre
textualmente
incluso
el subrayado:

del

sindicato
otras
cosas .'

cobrador es tará de guardia con sus recibos
en aue s tras oficinas
todos los viernes
de 15: 30 d
------------------------------------16: 30,
de
ser
feriado
día
hábil
el
p r ime x
\\El

siguiente.

11

Ahora me parecía un tanto exiguo. De cualquier
manera, busqué algunos otros textos breves y con
apelaciones al ingenio del lector, y preparé esto
que llaman una colmnna. Como hago a menudo, le pedí
a mi muj er que me diera su op n ón r ella es una
lectora muy inteligente y con un agudo sentido
crítico -siempre que el tema no sea otra w~jer-, y
por lo general todo lo que me dice resu.I ta muy
atendible.
Esta vez fue inusualmente dura. Le
pareció muy floja toda la página, y esa versión
depurada
del
comunicado
del
Sindicato Médico,
sencillamente no la entendió.
-¿Para qué pusiste ese comunicado"? -dij 0-. No
se comprende qué querés decir.
-Bueno ... -traté de explicarle-. Fijate que es
absurdo hablar de "todos los viernes",
cuando
solamente se trata de tres viernes al año.
-¿Cómo, tres viernes al año'?
-Claro. Dice que el cobrador va a estar "todos
los ví.e rnea" siempre que sea feriado el día hábil
siguiente, o sea el lunes; como lunes feriados en
el año hay tres ...
-Pero no dice eso -dijo, mirándome con espanto.
Después pensó un instante, y me concedió:- Tal vez
le falta una coma, pero se entiende igual. Dice que
el cobrador va a estar todos los viernes, y si el
viernes es feriado,
va a estar el día hábil
siguiente.
í

í

�Entendí que había entonces que leerlo así:
\\El cobrador
es tará de guardia c on sus recibos
en nuestras
oficinas
todos los viernes
de 15: 30 a
16: 30, de ser feriado
[aquí vendría una coma] el
primer día hábil
siguiente."

Claro que yo lo habría redactado así:
\\El cobrador estará
de guardia
con sus xec i bo s
en nuestras
oficinas
todos los viernes
de 15: 30 a
16: 30. De ser
feriado
un viernes,
la guard~a
se
trasladará
al primer día hábil siguiente."

Sí, mi mujer tiene razón. Como en esas figuras
ambiguas, que muestran un jarrón pero en las que
después de un rato uno puede ver una pareja
besándose, tal vez después de un siglo yo hubiera
llegado a entender lo que se quiso decir. Es que
las mujeres
son prácticas.
A mí
estas cosas
ilógicas me paralizan y quedo dando vue Lt as en el
mismo sitia. Ella, en cambio debe haber probado,
inconscientemente y a gran velocidad, todas las
yariantes lógicas posibles que ofrecía el mensaje,
y se quedó con la que le pareció más útil y
sensata. Lo que yo trataba de hacer, también
inconscientemente, era tratar de comprender la
estructura psíquica de la persona que redactó el
comunicado.
Me vendría bien, le vendría bien a mi magullado
machismo,
enterarme de que
comunicado
lo
ese
redactó una mujer.
"Entre ellas se entienden,
claro", pensaría
yo, y
quedaría
más
conforme
conmigo mismo.

�PARA:

LUCIA

CALAl'v1ARO

DE: MARIOLEVRERO
(Ql@@(Q)@{Ql(Q)@(Q)@(.Q)(Ql@Q)Q1Q}(Q)@(Ql@{Qi(Q){Q)(Q:I@@@@Ql@(Q)@

IRRUPCIONESi

*

Mario Levrero

(30)

A Jorqe Califra

Cerca de casa hay un bar en mí, tad de cuadra,
cuyo local,
muy estrecb.o,
s í.emp r e está
lleno
de parroquianos
y es por lo
tanto
muy ruidoso;
sea
por
el
ruido
o por
la
fal ta
de
E:3paClO, a veces cuando alguien
n e ce s t.a hablar
por teléfono,
e;
dueño se Lo alcanza
por
la
ve nt an ta
de un kiosco
que
pertenece
al bar,
y la persona
habla desde la vereda,
con el
r e Lé f ono apoyado en una e a La en t e de la ventani ta.
En e s t a e i t ua c i ón e s t ab a el otro día un Sel1.CTde aspe:~,::o
s e r io : hablaba
gravemente
por teléfono,
en la vereda,
Junto
al bar,
de espaldas
a la calle.
A unos
tr e s pasos
de él,
= un t o al cordón,
un hombre alto,
con aspecto
cl.i a t.encia clo , la
marro
derecha
en el bolsillo
del
pant.alón,
ma r ab a hacia
un
hi pot.é t a co ómnibus que podría
venir
desde la misma dirección
=I-1e yo traía,
y e s t a l Lab a en a on or a s carca] adas
nu errtr aa
sostenía
un teléfono
celular
junto
a la oreja
izquierda.
Era .í.mpos ab Le no pensar
que esos dos e s t ab an hablando
entre
ellos,
y que el
serio
le
contaba
ch i s t e s al
flaco.
¿Para
qué los
teléfonos,
si
estaban
a tres
pasos?
Desde
1 ,,=.-1'~'
pera
1re
~~'-~'~'r
&lt;-L
.I.1,ac
....•.
I~_e rme
II
e r .
í,

í

í,

La escena duró apenas el tiempo ne ce s a r a o para que yo Le
Vlera y la disfrutara.
El del teléfono
celular
dejó de reír
y
sub
efecti vamente,
a un ómn bu s . El otro
seguía
hablando,
muy s e r i c, rrueri t r a s ye· c on t i nu ab a rol c arruno , e n t i.e ndo que
era amado por los dioses.
íó

,

í

í

Enorme letrero
hace unos cuantos

frontal
años:

de

un bar

en

Rosario,

Santa

Fe,

�"1!bierto

las

• re.s
24 rio

de~de las

8 de la

.•...

,{

manan.a·· .

*
Estoy s en t adc en un mur i. to,
esperando.
En la vereda
de
\\SOLUCIONE'=:;
".
e!""...frentehay un cartel
muy bien hecho que dice:
Habltualmente,
no me interesan
los carteles,
no les encuentro
may::~res a tz a c t vos;
a.i n
embargo,
vuel va una y otra
vez a
otras
est e,
aunque
podría
retirar,
y
de
hecho
miro,
en
dlrecclones.
con.
Por fin me doy cuenta
de que algo en 111l se di vierte
ahora
con
otro
algo
en el
cartel,
y vuelvo
a mirarlo,
e sp i r tu,
má s inquisi
ti v c . Pronto
descubro
el secreto
de la
d~versión:
bastaba
con leerlo
al revés.
í,

í,

*
Sí,
a veces
doy
vuelta
las
palabras
con
resultados
s orp r ende.nt.e s , pe ro nunca tan sorprendentes
corno el caso que
me r e La ró
rru
aml':~rc ,.JalICte hace
uno s
ou an to s
arioa :
su
de scub r nu e n t o s úb to,
en el espe] o del baño e r... un bar,
del
slgnl f í.c ado ocul to cle la célebre
marca de aparatos
s an tarios
"ZENIT RAJ:.tl". Cuando yo me fui a vivir
a Buenos Aires,
todavía
esta marca e efio r-e ab a en los baños de los bares.
Fue t.a I vez a parti r de e s ta anécdota
que al muclar n oe al
apartamento
que ocup amos ao t ua Lme n t e en l..lontevideo,
di vue I ta
de
anmed.ta to
la
mar ca
de
los
art-efactos
de
103
baños:
'SF..NITUR!.f, y pensé:
"Qué raro,
una marca creada
nv a r t.a e ndo
rutinas." Claro,
no estaba
mal, porque
el uso los artefactos
sara t a r os
conforma
una
rutina,
pero
me parecla
poco
comercial,
muy traído
de los pelos.
Si la intención
era esa,
deberían
haberle
puesto
"rutinas"
directamente.
¿Para
que
da r l c vuelta:'
y c on esa .í de a me quedé,
durante
más de un afio . He.ee urios
d.í a s me di
cuenta
de':lue
probablemente
los
f ab r a c an t e s no
nay an pensado
jamás
en La p a Labr a rutinas; e eq u r amen t e han
s an t e t a zadc dos p labras:
"'Sani taria
Uruguaya"
pero
eso era tan simple que me llevó
un año y medio descubrirlo.
í

í,

í,

.í

í

*
.-,
s:

�En Buenos A1res.
Sünó el tirrbre
de la puerta
del
apartamento;
no el del
po r t e r o eléctrico,
sino el de la puerta
del apartamento,
E•.Lqo
po~o
frecuente
p orqu e en
aquel
edificio
muy p róx i mo a l
Coriq r e s o h ab a una gran preocupación
por la e equ r íde.d , Casi
a i empr e que sonaba el timbre
del apartamento
se trataba
del
por-cero
humano q'~e venia
a alcanzar
alguna
c ar t a o algún
recibo
o algún aV1SO. Fui a ab r r con despreocupación,
y me
sorprendió
encontrar
a
un
indi viduo
c ompI e t ament e
de.sconocido.
He .sorprendió
mucho má.s la p r equn t a que me hi 20:
-¿U.sted puede creer
que yo sea un enviado de Dio.s?
Me tomé uno.s cuantos
segundos
para
estudiarlo
de la
cab e za a 10.5 p1es.
Era un indi v i duo correctamente
vestido,
un
tanto
e emí r r ado , más bien
Joven,
y no tenía
la apariencia
que uno espera
encontrar
en un loco.
Aguardaba mi r e sp ue e ta
aparen t.anclo firme za y s equ r de.d, COITlO s i tu vl e ra los talones
b i en af a rrae.dc.s contra
el piso,
pero aclv e r ti. que en su mirada
~a ansiedad
trataba
de parecer
lndiferencia.
Movi la cabeza.
-No -dije,
y cerré
la puerta.
í

í

í

í

�IRRUPCIONESj

*

(31)

Mario Levrero

A Gabríe~a One~~o

Busco durante
t.oda
una mañ ana en los
aVlSOS e coriorruco s
de: d.ía r a c : la t.a r ea me r e s ul ta más aqob í.an t.e que trasladar
1:0:38S de cemento.
Es un Leriqua j e críptico,
C8Sl .i.mpo s i b Le de
descifrar,
'-..7
al rru amc t.a eropc Lo poco que se puede e n te ncle r va
trazanclc
un panorama
demasiado
t.é t r í.c o del
mundo, y de nu,
nu smo , coreo para
que yo pueda soportarlo
sin v í.o Le n.c a . A190
me va royendo por dentro
:l siento
sus efectos
baj o la fo rma
de dolores
mus cu La r e s en la espald.a,
los hombr os , la nuca
y
todo
el
aparato
psiquico.
Me va dominando
una
profunda
depresión.
AdVierto,
no por primera
vez, que vivo en un mundo
3~3tlnto
del que Vlve la mayoria de la gente,
yeso
lo Slento
corno una a n s up e rab I e lnferioridad
y, en cualquier
caso,::omo
a_g~ ~ue preferiria
19norar,
u olvldar.
Por fln,
después
de repasar
y repasar
los aVlSOS, sefialo
con
tinta
uno,
el
ún i co que podia
c omp r ende r e intentar
r e sp orrde r : e oLi c i tab an a una persona
de más o men os mí. eciao ,
srn
n i.riq un a
e ape c í, f í.c ac í.óri
de
e ap e c i e.Li de.d .
Había
que
presentarse
y ver.
Por la tarde
me vist.o
con traj e y co rrbe t a , a r t ícu.l os que
uso en ocasiones
muy especiales.
El lugar
no quedaba lejos
de
~~
C¡&lt;:'
al
~1~
c
n
•...
rl
~~.
p
",'
bl
•....
-l
l~
1 -=&gt;
_c,_ ...•.
, &lt;.o -";:l'-' ~.~ .L· L.·._',
O~l_, emenL.e, Sl Dr¡ recueruo
roa en -'-'-,
ca l Le Ya-guar.:'n, entre
Colonia
y Hercedes,
o quizás
Uruguay.
Esperaba
encontrar
una casa de comercio
abierta
al públiC~, e
al menos al-gún cartel,
y p robab Leme n t e una larga
fila
de
.•
'"
~"l
~
n
t
'"
-;;'1.•.
·
l'
.,.
del'
b
.'
el
1 ,
!-,U.::i L·!..•...•.ct 1 e;::,..w
a O.lreCCl ori .i n - 1 c ac a no n a - la na'- a espeCl a .....
,
ni, nadie;
sólo
un portal
desierto.
Altas
puertas
de mactera
polvorienta,
blen
construldas
pero mal cUldadas.
Una puerta
,
e s c ao a ·:::e
rrad.a,
la
o c r a ab í.e rta.
Adentro,
tras
un o r e v e
de s c an s o, comenzaba
una escalera
hacia
el
prlmer
errtf'i nada
í

é

';:;llg:) ancianclc , s n de t ene rrne • Siento
la columna v e r t eb r a I
"
,
11';
="'rH~IJ,t:~.
·-'lu.-=
Ii"¡='
,~'r.~"-.~·,O=O
o o ...L ·:.i r l ::1a r i -.•..•.
'= -..J j;-' -, .•. ~ u '-1 '= LL·_ .~ ~ . .L. .•... ~ '- 0=01
.- ~
alma.
1=
ahi;
puede entrar
a19-0 me le .í.mpr de .
ne
Lo
prohibe
a I qún
p r nc ap o
secreto
''17
h ac e r Lo ;
deb c
hasta
la esqulna,
después
doy vuelca
y dlrllo
í

-t e-

í

í

�nue v eme n t e rru s pa303 ha s t e el portal.
Debo hacerlo,
me d.i qo ,
debo intel1.tarlo,
debo al menos averiguar
de qué se trata .
.ll~l llegar
al
portal,
no me de c eriqo . La misma fuerza
secreta,
el p r í.nc p o inaccesible,
me qu i a sin vacilar:
no te
clet eriqa s , no de be s hacerlo.
Es más fuert.e
que yo. Y en t onc es ,
de:3cie el f oricio del alma, me llega
nu, propia
voz diciendo
que
c a ene razón,
que eso tiene
razon,
que no debo entrar
allí,
que no esto T dlsel1.ado para
esas
cosas,
que debo tratar
de
curop Lí. r
con
rru,
destino
y
de j a rrne
de
fantasear
con
la
normalidad.
comienzo el lento
r e t or no a c s s a .
AliViado,
pero a30~ado,
v'í""
~f
1"
+~
1
""
..
~,,.-'1-'
-:t
+
ct~
v-•..-.
~e
L
...L L1:-" "__, .l_
l
caminc.
Nc va r i o el paso,
a .í.maqa ne.c.í ón e en t o que voy c c r r endo y s a.l t andc por
la
í

-.

-

"'"1

-

--.1

-

~-'-

__ -

0_'

.•••.

-"'-

í

--.

í

í

ca Ll e . ;::)i05 me va a ayudar,
Dios no va a pernutir
Que me
quede sin
t.echo ni que pase
hambre.
Perdón,
Dios mío, por
haber p e r da do la fe,
en un rapto
de locura.
Ya no intentaré
z-ehu.t r de mi deber.
Ya no seguiré
buscando
empLeo . Ya no
pensare
en deJar de escribir.

*
Cerca de la esquina,
el hornb r e se retorcía
corno presa
de
un ataque.
Doblaba
el
cuerpo
como si
se fuera
a caer,
y
e Levab a el brazo
izquierdo
doblado,
con la mano c r i ap ada en
forma de garra,
come- pidiendo
ayuda de modo cles e ap e r aclo. De
vez en cuando profería
un gri to ronco.
No había
mucha gente
en la calle,
pero los pocos que p aa ab an cerca de él lo hacían
=211..l.11.diferencla.
Cuando llegué
a unos
pasos
pude
oír
que
sus
gritos
,José.
formaban palabras;
estaba
reprochándole
algo a un tal
Después Vl el teléfono
celular,
apretado
con una mano contra
e_ oído izquierdo.
Al parecer,
.Jo s
había
metido
la pata
muy e e r ament.e r
cuando me hube ale· ado má s de media cuadra,
todavia
podia oír
Lo s b r
~dos de aquel honilire.
é

"PEQUEÑA IRRUPCIÓN

í

DE UNA LECTORA"

Con este
tí tulo,
me Ll.eq
un mens a j e de e=me i L desde
París,
con una e sp e c i e de ca r ta+nov eLa llena
de f r aomento s
mUJ.-T .:.nteresantes;
t. r an s c r Lbo uno de ellos:
ó

.-,

�".sC~T una per.30na

extremadamente
d s t r a i da . Bueno, no e3
tal
vez la palabra
exacta,
pero pued.o por ej empLo p as a r po r
una ca Ll e durante
un año todos
los
días
y ser
nc ape a de
de sc r i b r Las casas
o los
arboles
porque
voy
concentrado.
per s arido en otra CO.3ay no nu ro para el costado,
o si mi r o no
veo. O puedo de repente
tratar
de describir
una per.3ona y no
e.c orda rme Sl usa
lentes
o si
tiene
barba,
porque
nunca me
fij
Ad.nür o y me espanta
al mismo tiempo
la gente
que me
dice:
i ah ' i te compraste
zapatos
nuevos! r el primer
día que
me Lo.s pe·ngo. Porque
les
envidio
la
capacidad
de observar
tantos
detalles
que yo me pierdo
y por otro
lado,
ino puedo
creer
'=Iue todos
los días
se tomen el t.r-aba j o de mí r a rme Lo s
pies."
í

.í

í,

é

•

La Lec t.o r a se llama
Viviana
Jullien,
y al
urugua .•a y lee Posdata r equLarrnente , Le contesté
publico
estas
Lí n e a s con su au to r í.z ac i ón.
~T

parecer
p.~
por e=ma i L,

�IRRUPCIONES/

*

Mario

Levrero

(32)

A Pablo Casacuberta

A veces
me pregunto
si
lo
que
escribo
resultará
lnteresante
para algün lector.
Después advlerto
que no sé qué
qU1ere de cr r la palabra
"interesante".
De alguna
manera me
ll
doy cuenta de que es lo contrario
de "aburr1do ,
pero tampoco
tengo c La r o el sentido
del abu r r i.nu ent o .
Recuerdo
algo
que me explicaron
hace
tiempo
y voy a:
d1cc1onario,
y refresco
la notlcia
de que aburrirse
tiene
que
ver =on la hlstor1a
personal
de cada uno, ya que su origen
es
la e xp r e s a ón latina
"ab horrere",
o t.e ne r hor r c r . "Aborrecer"
t.a ene el rru amo o r i q en . "Abcrrezco.'f
lo que me ho r ro r za , y
"aburrirme"
es
otra
man.er a de percibir
lo
que hcr ro r za .
e' aro que hay un "rne" que hace má s a n t e r e s an t.e la e xp r e s aóri :
"rne abu r r c " equl vale a \'.Yllepr()voco horror
a mí, nu smo", o "rne
aborrezco"
que viene a ser la misma cosa.
Los
que se aburren,
ent.onces,
buscan matar el tiempo,
(que es una
manera de ma t a r s e , ya que el tiempo no se puede matar),
pa r a
n: sentir
ese horror
hacia sí mismos, y de allí
provienen
las
dlverslones.
"Dlvertir"
es, entre
otras
cosas,
una estrategia
de guerra
que consiste
en llamar
la atención
hacia
un 1ugar
d1stante
del objetivo,
para que el enemigo no se percate
del
obJetivo
verdadero.
,
Aburr1Y:llent.o y di versión
se relacionan
con el ::·Cl.10
"1 con
La guerra
que cada uno t.a ene c c-n s aqo mismo, y no con mi pobre
1
+e ••• ·' ..•..-_
r rH'
""',~
I-'-lPo
d- "'"__ l' 1'....
r=. má
s r._.r ariq
u.í,
lo . 1:_,'P_ ~'-'
"'-,-,
----'
...•.""',.·-.-c:.;.;.',.,t
__ .:J.""?r- O
•. _
L'::;
_
_
sigo pensando en
la
palabra
"int.eresante!!.
Una
de
de
las
, . .,
.,
":.nte res ar" es "afectar.'!
en e , e enc a cto que o an .lOS rCLedlC'-:JS
a: t:é!."TCÜIlO,
y que es más o me nos el nu smo de los
partes
pcll=iales:
las
pufialadas
interesaron
tal
~ cual
reglón
.i r.ce r co s c a I
de la
v c c í.ma ,
Aque Ll.o que nos
Ln re r e s a ,
nos
afecta
--r.:ara
b i.e n o para mal.
Ln t e r e s a r s e es
e nt.orrce s de j a r s e afectar,
y en genera..!..
a n t e r e s a lo llamati
V:', Le e sp e c t a cu La r , lo inusual,
es elecir,
aquello
que se impone, que llama la atención
hacia
Sl de un
modo con t urrden t e . A mí más b i en esas
c os a.s me mol e s t an , y
trato
de de] a rrne afectar
por otras
má s e enc i Ll a s y F r óx.í.ma s .
Hasta que me clov cuenta
de que no existen
COS5.3
s enc i Lla s , vr
í

í

,

1

í

�rio

e1':.i::Jtel1.

CO::JO.::JI.:;·ró1':.inlo.::J.

E1':.i::Jtel1.,

ci oa cu»

::Jí,

hu.nlilde::J

q·ue

no

llaman la atención
hacia
ellas
en forma contundente,
pero doy
f e de que pueden
llegar
a ser
tan
ant.e r e s an t e s , es de c i r ,
pued.en llegar
a afectar
tanto
como las c tr a s , o incluso
má s .
.í.nt e r e s an te .
Como me de c i a un amigo hace pace,
TODO
Absolutantente
todo:
cada
objeto,
cada
lapso,
cada
sentimient.o,
cada
idea.
Cada
f r aqrae nt.o
cle ob j e t.o ,
a n e t.an t.e .
que ;::·e aqo t.a es nuest.ra
capacidad.
cle elej arnos
,....
,
ar ecca r ,
nuestra
capacidad
de
investigar
las
-.
t
.0=_
=1 C1--l· &lt;:;~·tr
~._.:~
~.
p r r:~)e-iucen
e 11. &lt;:;
_•. .J,
~_nov edacle s que con "C.lnuamen·e
de c r , nuestra
capacidad
de relacionarnos
con el obj e to , De
ahí,
tal
vez, el horror.
r-

1,_) _

í.

*

-Dicen -dec~ía el hombr e del bar- que la q e rrt e v a j a menos
en ómn bu s porque no tiene
plata.
Yo digo que viaja
menos en
órrmibus porque
está
harta
de la basura
que te hacen escuchar
los choferes,
y sobre
todos de escuchar
las tandas
de avisos.
La q en t e viaja
menos en ómnibus porque
va a pie,
o toma un
taxi.
Las razones
para que sucedan
o no sucedan
las cosas no
s i emp r e son económicas,
como dicen
los
polí ticos.
La -gente
t.ambi
tiene
sentimientos.
No SC-IllC) S simplemente
con
í

í

é

c~j03

n

c

a

r

ne

.

Revolvió
en silencio,
una vez mas, ese café que ya debía
de estar
frío
en el pocillo.
El hcmbr e tiene
una 'lOZ grave,
caSl
diría
ronca,
una
voz que
desarrollaban,
antes,
~os
vleJos
caudillos
de los partidos
políticos.
-El
otro
día +a í.qu.í
hablando,
sin
que uno pueda nunca
.3aber a ciencia
cierta
a quién le hablafui a comprar ]amon
a la panadería.
A veces
tienen
el me j o r jamón que se puede
conseguir
en esta
ciudad.
Cuando me acerco
a la caja
a pagar
está
la
dueña
hablando
a los
gri tos
con una c Lí.e n t a , no
porque se estén
peleando
sino porque
ahí ti amb
n , lo que era
una suave música de fondo se convirtió
en una tortura
para el
ce reb ro. "·Dejé de c omp rar en los s up e rme r c adc s ",
1e digo a 1a
"·Dorque
at.acan
los
í.o
con esos
parlantes
a
toclo
v o Lume n , y ahora
tampoco
le
voy a poder
comprar
a
us t ed ": "Ah", dice la duefia , "no le gusta
la música".
"Córtlo"',
digo "':l·o, ''-ciSrtlono lile va a gustar
la mú s c a , s e ño ra " , '.7
..• e n tro
a e xp Lí c a r Le mi d.evoción
por
la
mu s a c a ,
desde
Canaro
a
Madonna, pasando por Schubert
y por Frescobaldi.
ó

í.é

due

ñe.,

me

rie

r

v

e

í

�aunque no se pueda creer +p r os qu
el hombr e del bar,
después de torcer
el gesto
tr a s probar
un sorbo de ca f
la
s e ño r a estiró
el brazo
y alcanzó
una perillita
neq-ra y el
s on do cie s apa re c
"·Cuando lo vea venir",
me d.í c e , !!voya
bajar
el volumen, porque
no quiero
perderlo
de cll.ente.
¿Le
parece
que en los
s upe rmerc adc s v an a hacer
lo mismo'?" Le
z ec orio c
que
no.
Y,
(vos
s ab s&gt;,
la
señora
cumple
r-e Lí.q í.c s ament.e su palabra;
me ve Ll.e qa r y mano t e a en s equ ída
"y

í

í.ó

é+,

í

í

ó

•

í,

é

p e r a Ll.a d(~o\~~~.iO
it\ enAJIJ6P •.l'it4dJ
)/I'r&gt;? 0,..- ~r 7-v lM~~
He sé ~,.....que €:otarl-ét bSiblanc{6
Guana;:;&gt;
y~11e-9~1
pero
al
parecer
vol v
al
principio
del
tema
recbndearlo:
-Ya
ves ,
en t on ce s ,
que
hay
esperanzas;
todavía
hab l.ando .
esperanzas
-cUJ o, y ya no siguió
la

í.ó

bar,
para
hay

�IRRUPCIONES/

Mario

*

dQ

A la mujer

1-.~. ..; _::..
j~' el. J

'=

verdes

sueños

del

"Verde
ramas ...

(33)

Levrero

ómn í.bu.s,

que

te

y

la

quiero

.

,Y.L.;

•

verde;

Era

la

lTLU]

verde

er

de

viento,

U

se a s oc a r án con
No sé por que los OJOS claros
muy cl a r os , de un
los suenas;
esos ojos eran claros,
a orrámbu La ,
v e r de submarino,
y ella
tenía
una pereza
de gat-o.
t.e n i a en la maric un sobre;
al
Co r r e o ,
2rec que por ültima
vez, a despachar
una carta.
Ella
cruzaba
18 de Julio,
t amb
n como en dirección
al
Correo,
y estaba
e compafiacia
por
una mu j e r mayor,
bast-ante
mayor; pense que sería
su abuela,
pero ma s
parecía
una t-ía,
o una criada.
La mu ch e ch a de 11.Ü3
suenos
la iba rezongando,
con una voz acorde
con la
Fereza
zson árnb u La que most-raban
los oJ os y t-odos sus
mov í.nu en t.os : ese momento tan
fugaz
de la pereza
al
de3pertarse,
cuando todavía
no llegó
la consciencia
del
día
a encarar,
y los
ensueños
p Lac ent.e ro s se
prolongan
en un comienzo de v1g11ia
que los recuerda
o que quiere
recrearlos,
o aSirlos,
no dejarlos
escapar.
La voz era
profunda,
ronca,
tal
C()n10
lo
hacían
sospechar
e n to r n ado s .
No
sé
cómo
fue
que
se
organ1 zaron
los
mov i.rru en t os
de
cada
uno,
pero
yo
me
encontré
cruzando
la
avenida
apresuradamente,
porque
estaba
por c emb a r la luz,
y de t en
ndome 1ueq o , a sal vo,
Junto
al
semáforo,
para
e ap e r a r La .
N:;
ab r i.q ab a
ninguna
a Lu s a óri e imagino
que t-ampoco n nqún deseo,
í

í

í

é

í

é

í

1

�,

porque
.i a
muj er
d.e mas eueno s e.st-á rna s allá
erotismo,
nc Lu s o ma s allá
del
amor y, v amo s
engafiarnos,
qué ilusión
puede abrigar
un vieJo
una n
a corno aquella.

del
a no
ante

.í

í

ñ

"El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.

rr

además es ley que la muj er de mis au e ñc s deba
perderse,
para
alimentar
mis e ue ño s , Pero yo quería
.seguir mirándola
un poco más, y la espere
junto
al
semáforo,
mientras
ella
cruzaba
perezosamente
la
calle
con su e comp añ an t e , ni s í.qu e r a un ómnibus, de
eS03
todopoder0303
sefiores
de
la
avenida,
seria
capaz de atropellar
a un s ue ño r de t odo s modos , a
ella
es a eventualidad
parecía
tenerla
c ompLe t.amerrte
sin cuidado.
Quisiera
creer
que me vio,
que me comprendió,
corresponder
a
mi
humilde
y callada
que
qui:so
fue
así.
adoración
pero
seguramente
no
me vio
no
Probablemente
no me haya
visto,
Y si
reparo
en
mi,
y
si
reparo
no
p
J
en.
corresponder
a nada;
pero,
en estos
casos,
no hay
que dar nada por sequro.
Tal vez era una diosa
que
baj ó el. la
Tierra
especialmente
para
ese
momento,
porque
los
d os
me quieren
y yo
taba
ese
estímulo
pero esto
es todavía
mucho mas difícil
de p r oba r .
El hecho
es que se detuve),
sí,
se detuvo
un
instante,
en mecha de la calle,
aun co.n la amenaza
de los
ómnibus,
y se llevó
una mano a la nuca,
y
sol t6
un broche,
permi tiendo
que se
expandiera
y
cayera
y ondulara
una cascada
internünable
de pelo
c ompLet a y absolutamente
negro.
Glorioso
espectáculo
para un solo e3pectador
consciente:
yo.
y

í

e

í

e

s

n.só

n

ama

e

c

e

s

s

í,

2

El pelo
negro
y
la
mirada
verde
provocaban
co r t oc t rcu to s en cada una de rru s a n ap s s , el pelo
Los moví.nu errt os
felinos,
la
mirada
verde,
______ ~~g ro,
í

í

í

�pe r e zo so s ,
estupefacto
prograrnado

med i o de la calle,
"':l ese
de
que
el
espectáculo
exc Lus vament.e para nLÍ.
en

s en t í.mí e n t.o
había

sido

í,

"¿Pero quién vendrá?
su baranda.
Verde
carne, pelo
amarga."

¿Y por dónde?
verde

r

Ella

soñando

en

sigue
la

en
mar

No continuó
en la dirección
del Correo,
Slno que
amba s , ella
y escolta,
doblaron
y siguieron
por 18,
hacia
Yaguar·:Sn. Yo Sl fui
al Correo,
pero
un rato
más tarde.
En ese momento me quedé allí,
junto
al
semáforo,
viendo
cómo la
muj er
de mis
sueños
se
perdía
entre
la gente.
Y se perdió
casi
en segu~da,
porque la gente era mucha.

jvarlott@adinet.com.uy

�IRRUPCIONES!Mario Levrero

(34)

En una esquina hay un hombre respirando, entre apoyado y sentado en uno de
esos muros bajos que a veces anteceden a las vidrieras de los comercios. Tras él,
se ve una cortina metálica baja. Es sábado, o domingo. Yo miro desde un auto que
,,",,,';., l.,
li.,., \ f.
detenido pr\.tI u, semáforo e;11It-.I""\.ir\.
¡::::c-- I U'a t..,.-rlr\
ru-;r\'f "o,-·,c-1I\::;:~Uo
la e;:::&gt;Lfullla y lue; ue; e;11I u
UI UII ,:¡e;IIIaIUI
UjU. L:::&gt;UII
Lal L~e;~II':¡,
F '~a,:¡
"'
·
~
rv
0'-'"
r rv r:» .•• ·1 .-•..•...•
"".t•...
,·
r\" ...• qu"
l·,•....
corti
•......•
e= ·l..•
etálic
...••....
h...•
J·.,.....
cuando
~Of1
ILlla,:¡
II
all"-'a,:¡
uaa:::&gt;,
~
cu,:¡a,:¡ lile; t IUVU"-'Ol Illayul I :::&gt;Lt;:La e; la,:¡
F"'\r'-ri¡

1

ti""\.

i""\t""

1

¡- ..•

antiguas y están muy sucias, en una tarde gris. Debía ser domingo; sólo los dorrnnqos
producen tal sentimiento de desolación en una ciudad.
El hombre estaba totalmente concentrado en respirar, como en un ataque
moderado de asma, pero seguramente no era asma, sino cáncer, o alguna otra
enfermedad mortal. Estaba muy demacrado; unas ojeras oscuras le rodeaban los
ojos casi por completo. Buscaba el aire con la boca entreabierta y lo forzaba a entrar
hasta el fondo de los pulmones, dilatando la palie inferior del pecho. Se le notaban las
costillas, aunque tenía la camisa puesta. Respiraba y miraba, pero no era mucha la
atención que le prestaba a lo que veía; todos sus sentidos parecían concentrados en
el esfuerzo para hacer entrar el aire, y en la apreciación del aire que entraba y salía.
Ya no le quedaba otra cosa que hacer; sólo tratar de seguir respirando, y él lo sabía,
y lo aceptaba, y aun lo disfrutaba, mientras muchos otros respirábamos sin damos
cuenta y no sabíamos qué hacer para entretenernos en esa tarde de domingo
Carn oió la luz en el semáforo; el auto siguió su camino.

*
La tarde se había vuelto gris y fresca. Yo tuve una inspiración y propuse cerrar
el negocio y salir a dar una vuelta; más concretamente, una vuelta por el Cementerio.
No era un paseo frecuente, pero mi amigo aceptó, aburrido él también de esperar
que entrara alguien al negocio. Pasamos primero por mi casa y le presté un pulóver,
porque había refrescado bastante más de lo previsible en esos comienzos delataría;
yo no sumé ningún pulóver pero luego, en la calle, tuve que levantarme las solapas del
saco. En el cementerio me sentí más protegido porque las altas paredes atajaban el
Viento.
Había pocos visitantes. Pudimos andar apaciblemente por los carrunitos y
recorrer con cierta mek+r-olia, subrayada por el color del cielo, esa especie de
pequeña Ciudad con habitantes ocultos y quietos. Cuando mi amigo se fue quedando
ensimismado, me pareció natural que respondiera desganada o tardíamente a mi
conversación y respeté esa necesidad de silencio.
De pronto me sorprendí pensando uno de esos pensamientos casi
mconsci entes , casi parásitos, casi subliminales, que a uno le llegan pocas veces
claramente a la consciencia; son pensamientos secundarios, por lo general
disparatados,
ingenuos y en cierta manera vergonzantes:
me sorprendí
preguntándome si a los muertos íos conservarían en naftalina. Ahora me recuerdo
descartando esa inquietud rápidamente, como de un manotazo, y seguramente me

1

�ha aria olvidado por completo del asunto, si un rato más tarde no hubiera aparecido
una razón para fijado en la memoria
Fue en el camino de vuelta al trabajo. Mi amigo salió abruptamente, de un modo
casi diría desesperado, de aquel silencio que yo había atribuido a la todopoderosa
presencia de la muerte. Con un tono ingenuo, casi perplejo, que no llegó nunca a
parecer tan humorístico como él habría deseado, sino genuinamente infantil, se
aclaró la garganta y dijo:
- A los muertos --fue
lo que dijo--,
¿los conservan en naftalina?
Dudé unos momentos, porque mi mente había quedado paralizada, estupefacta;
después noté que se recuperaba y empezaba a trabajar, primero con lentitud, luego
más rápidamente, en una serie de cálculos, formulando y descartando hipótesis a un
ritmo cada vez más vertiginoso hasta que al fin solté una carcajada.
-No
--respondí-o
El olor a naftalina viene del pulóver que tenés
puesto.
El pulóver que yo le había prestado.

IRRUPCiÓN DE UNA LECTORA

"En mi sueño, mi tía cantaba con voz aguda y llena de floridas escalas:
ILevrero-o-o-o!
¡Le-vre-e-e-eee-ro!'.
Y mientras, bailaba ensimismada por todo el
salón"

Esta irrupción pertenece a Gabriela Onetto, amiga y ocasional lectora (aunque
eso de que "le pertenece" no está muy claro porque parecería que, de una manera o
de otra, todos irrumpimos: la tía en el sueno, yo en el sueño, Gabriela en mi casilla de
correo electrónico).
jvarlott@adinet.col11.uy

.-,
e:

�IRRUPCIONESI Mario Levrero
1L-a
'" e»
",1..., ,-f"
.:&gt;ala ue

+"",+.-"
".... •..••
,h+".-.-':'",,,,,, V" h" ,-f"i.,,-f,,
Leauv e.:&gt; ':&gt;UULellallea. 1v Ile ueJauv

sobretodo marrón
IVII

"n
UII .:&gt;VleLVUV lila

V
J

u'

' '1 1

pañuelo blanco sobre la butaca que me corresponde pero, cuando vuelvo, vacilo en
",-"",,,,-,,rJ,,
+" •..•"" \.fU
""'e ,,+.-.-.
"""'''''on·'
"'ue 1
le pertenecen
I•..
e
••.•.
VI Iv ••.•.
el IV':&gt;,LelllV
vu a pel':&gt;
1a pueda decir
1 \.f
11
1, y que e""a
.:&gt; otra
persona tenga razón, porque siempre he sido distraído en cuestión de vestimentas, y
en algunas otras cuestiones prácticas. Pero no veo a nadie que enfile hacia el lugar
donde me encuentro, y decido sentarme.
La función comienza de inmediato. Al levantarse el telón se oye música y
aparecen unos actores que cantan. Yo me acomodo mejor, pero el resto del público,
en su mayoría, comienza a reírse despreciativamente; hay quienes gritan algunas
palabras, y casi todos se levantan y se van. Quedamos pocos espectadores; yo no
entiendo qué sucede y siento una cierta solidaridad con los actores, y aunqueno hay
en el teatro nada que me resulte especialmente atractivo, resuelvo quedarme, como
para acompafiaríos. Sin embargo, el escenario pronto queda vacío.
Hay algo en ese escenario, tal vez a causa de la iluminación; algo, que en
medio del silencio y de la soledad de la sala comienza a sugerirme un clima de novela
policial, o más exactamente, de misterio. Me siento imbuido de ese espíritu
aventurero de las novelas y decido subir al escenario por una escalerita lateral. Mis
pasos resuenan al moverme sobre las tablas.
Voy derecho a un armario y allí encuentro lo que necesitaba: un disfraz. Me lo
pongo rápidamente, sin darme exactamente cuenta de si es un disfraz de perro o de
lobo o de un animal de tamaño parecido. Puesto el disfraz, comienzo a andar en
cuatro patas con la disposición mental propia de un detective buscando pistas.
Atravieso algunas habitaciones vacías. En una de ellas, levanto una colilla de
ciganillo con la pata derecha y la examino detenidamente acercándola alojo miope;
luego la arrojo otra vez al piso, y me pongo a espiar por el ojo de una cerradura. Se
trata de una habitación pequeña. En su interior hay una señora que lava ropa en una
pileta.
Sigo reconiendo toda la casa y cuando paso nuevamente por aquella
habitación vuelvo a mirar por el ojo de la cerradura; veo que la mujer ya se ha ido.
Entonces abro la puerta y entro a esa habitación, y di allí otra puerta me permite
pasar al exterior.
11'
Me encuentro en un jardín, o un trozo de campo. Hay una mesa puesta a la
sombra de un árbol frondoso. Me ubico a un costado del árbol como para quedar
oculto a quienes puedan mirar desde la casa, y me quito el disfraz; lo escondo entre
unos matorrales, y me alegro de poder andar erguido.
Cerca de allí hay un bosque que me recuerda los cuentos infantiles; es un
bosq ~ como el de Hansel y Grete!, o como los bosques de Walt Disney. Y,
efectivamente, veo pasar no lejos de allí al Pato Donald seguido de sus sobrinos. Me
miro las manos y me doy cuenta de que soy el Ratón Mickey; es como si saliera de
un prologando estado de amnesia, y me alegro de haber tomado consciencia de mi
identidad. Entonces avanzo hacia un edificio, en cumplimiento de mi misión. En ese
edificio, lo sé, hay importantes secretos de Estado.
e» •

I

&lt;,

�Cuando intento subir una escalera, soy detenido por un hombre, mientras a mis

espaldas se aglomera una gran cantidad de gente, junto a la puerta de entrada. Hay
un clima de intensa sospecha hacia mí, tanto de parte de ese hombre que no me
permite pasar, como de la gente que me corta el camino hacia la salida. Vivo
momentos de gran confusión, porque no debo revelar mi condición de agente secreto
y al mismo tiempo necesito explicar mi presencia en ese lugar. El hombre de la
escalera me mira en forma amenazadora, y parece que va a hacer algo que sin duda
no me va a gustar. Afortunadamente, alguien me alcanza un raro instrumento, una
especie de acordeón, o bandoneón, y tomándolo en mis manos comienzo a tocar una
melodía, que resulta ser simple pero muy profunda, muy sentida. Temo que
descubran que no soy músico, pero las notas se van encadenando como por sí solas
unas con otras y la melodía se va resolviendo sin ninguna falla. El público aplaude,
conmovido, e incluso el hombre que no me dejaba pasar me tiende la mano y me
felicita. Por suerte, esta vez todo se resolvió sin mayores contratiempos.

jva rlott@adinet.com.uy

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8044">
                <text>[Irrupciones]&#13;
“(28) Hace algún tiempo…”/ “Irrupciones (30). A Jorge Califra”/ “Irrupciones (31). A Gabriela Onetto”/ “Irrupciones (32)”. A Pablo Casacuberta”/ “Irrupciones (33). A la mujer de mis sueños”/ “Irrupciones (34)”/ “Irrupciones (35) (Lucía)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8045">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8046">
                <text>Original mecanografiado de un relato édito</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8047">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8048">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8049">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8050">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8051">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8052">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8053">
                <text>Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, con anotaciones ológrafas/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con algunas correcciones ológrafas. El número 36 que originalmente aparecía mecanografiados es tachado y de manera manuscrita apara el número 35 y el nombre Lucía entre paréntesis</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="694" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="949">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/7b922f3f9538b01805eace9b49a4488a.pdf</src>
        <authentication>f39122d868ab4f0e7f9ee41329587524</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8065">
                    <text>IRRUPCIONESI Mario Levrero

(

Hay una pareja de cómicos que existe desde hace muchos años, quizás desde
siempre, y desde siempre me los encuentro en el camino
aunque es cierto que
hasta ahora nunca me había puesto a pensar deliberadamente
en ellos, y los
aceptaba como uno de los tantos dones de la Naturaleza.
Por más que presenten variantes, estos cómicos siempre son esencialmente
los mismos, como en la proyección de una película. No envejecen con el paso del
tiempo, y si bien a veces las caras parecen distintas, los roles son siempre fijos: uno
es el que escucha al otro, o le da el pie al otro con alguna pregunta para que el otro
haga el chiste. No sé por qué se me cruzan siempre, pero es así, y me alegro de que
sea así; cuando pasa mucho tiempo sin que aparezcan, no sólo comienzo a
extrañarlos, sino que me da por pensar si no habré ofendido inadvertidamente a los
dioses.
Vienen, por ejemplo, dos hombres caminando hacia donde yo estoy. Conversan
animadamente. Pasan a mi lado y siguen de largo, así que de la conversación puedo
oír sólo un fragmento muy pequeño. Los hombres son más bien jóvenes y están
trajeados como oficinistas o vendedores a domicilio. Llevan portafolios. El que habla
-gordito, de bigotesusa un tono didáctico y vivaracho mientras se apoya en gestos
y ademanes contundentes, como si le estuviera explicando al otro el funcionamiento
de algo que, para él, fuera muy importante. Dice:
- ...y el profesor viene atrás, a toda velocidad, tirando los huevos para arriba ...
Claro, nunca sabré de qué se trata. Es una imagen imposible de organizar en
mi mente, y al mismo tiempo es graciosa; o me parece graciosa tal vez porque
mientras hablaba el gordito me miró, al cruzamos, con cierto aire de picardía o de
una cierta complicidad
ese aire del artista que trata de calibrar a su público.
Recuerdo una escena de hace muchos años: estoy ante una enorme milanesa,
quitándole nerviosa pero prolija mente la cáscara que tiene pan rallado (no podía
comer carbohidratos
porque estaba haciendo la dieta del Dr. Atkins). Entran dos
hombres al bar y buscan una mesa. Tienen el aspecto de dos que se reúnen para
hablar de negocios. Al sentarse, no lejos de donde yo me encuentro, veo que ambos
miran fascinados la operación, bastante avanzada, de descascaramiento
de la
milanesa. Uno de ellos, que ahora recuerdo como gordito y de bigotes, se deja caer
en la silla y le hace al otro una observación en voz bastante audible:
-Creía
haberío visto todo --dice,
y se acomoda en la silla. El otro sonríe, y
luego me mira brevemente, para ver si capto la sutil ironía.
Hay otra pareja similar, pero con signo negativo. Son ambos bastante mayores,
hombre y mujer, y hace unos cuantos años hicieron que yo desistiera de ir al cine.
Estaban en todas las funciones, en cualquier cine y a cualquier hora que fuera, y
siemp _ se sentaban cerca, por lo general en la fila inmediatamente detrás de la mía.
Sin venas se sabía igual de su presencia en la sala por una serie característica de
sonidos: papel celofán de los caramelos, masticación de alimentos crocantes, tos, y
sobre todo voces. La mujer no entendía y le preguntaba al hombre, casi en un
susurro; el hombre le explicaba con todo detalle lo que él había entendido, con una
voz ligeramente gangosa, de volumen apropiado para los oídos un pocos sordos de

�la mujer. La explicación por lo general era errónea, porque él tampoco había
entendido, o en todo caso daba cuenta de los hechos de un modo tal que le quitaba
todo vuelo o toda poesía a lo que estábamos viendo.
-Él es el hermano. Fue el que se asustó cuando mataron al sereno, pero
ahora está arrepentido y volvió para buscar a la muchacha -decía
él, por ejemplo.
Pero ella no quedaba coníorme:
-¿y quién es, entonces, el que había saltado por la ventana? -preguntaba_ Y
así seguían, entre ruido de papeles de celofán arrugados. La furia creciente llegaba a
un punto tal que yo agotaba los chistidos y, a pesar de mi timidez, me daba vuelta y
los miraba fijamente durante un lapso considerable. Ellos se ponían duros, miraban la
pantalla haciéndose los desentendidos y quedaban callados por un rato, Pero no por
mucho rato.
Nunca conseguí entender, en un sentido general, los propósitos de las fuerzas
que manejan los asuntos del Universo; y menos aun consigo entenderlos en el
sentido particular de estas parejas que me hacen llegar, de tanto en tanto, para
alegrarme el día o arruinárrnelo. En el segundo caso, era una cuestión que sólo tenía
relación con el cine, porque cuando dejé de ir al cine, los dos idiotas desaparecieron
de mi vida --quiero creer que para siempre. Me quedó el reflejo condicionado, ese
temor absurdo que me acomete aun en mi casa, cuando me siento a mirar una
película en video. Algo en mí está alerta, a la espera del crujido del celofán, o de la
voz inconfundible del hombre, diciendo por ejemplo: "Ésta ya la vimos; acordate de
que al final ella se va con el marido", o: "Adentro del paquete está la cabeza de la
muchacha" _

2

.----~.~----~-----~~----~~~--~----------~------~~---------

�IRRUPCIONES/ Mario Levrero

No llegaba la factura de los impuestos municipales que,
según mis cá.lculos, debería haber llegado el mes anterior.
Estaba preocupado, pero de un modo u otro iban pasando los
días sin que tuviera tiempo, ganas o disposición para
averiguar qué pasaba, y después me acordaba tarde por la
noche, o de madrugada, cuando las preocupaciones pesan mucho~
más y uno ya no tiene posibilidad de hacer nada, salvo
preocuparse y desvelarse.
Después de unos cuantos días llamé a un teléfono de
informes, que curiosamente pertenece a UTE y no al Hunicipio.
Una joven me atendió con mucho esmero, se fijó en la
con~utadora y me comunicó los datos que había acerca de este
inmueble, referidos todos a la contribución imnobiliaria; de
los in~uestos, nada. Sugirió que llanlara a cierto número de
la Intendencia, que tuvo a bien facilitarme. Y nuevamente
comenzaron a pasar los días sin que yo llegara a estar en
condiciones de llamar dentro del horario apropiado; por lo
general, la disposición para estas tareas prá.cticas se me
despierta ~u,n~o" en la Intendencia ya no hay nadie que
atienda.Lt ltP.e.-~
Así estaban las cosas cuando, una tarde, volvía a mi
casa desde la calle. Junto conmigo entró una vecina, una
señora a quien conozco de encuentros sirr~lares junto al
ascensor. Nos saludamos e intercambiamos algún comentario
acerca del tier~o. De pronto aparece el portero y me entrega
la correspondencia del día. Entre los papeles veo sobresalir
el característico de la Intendencia, con un borde anaranjado.
ExcLamo en voz alta, con gran
alegría: " i Qué suerte:
!.6
.
i Llegaron
los impuestos!", sin que
en mi
voz ~~
detectarse ni el más mínimo atisbo de ironía. La vecina y el
portero me miraron en silencio, muy serios, casi diría
gravemente, con esa mirada que se reserva para los enfermos
incurables, hasta que llegó el ascensor. El viaje hasta mi
piso lo hicimos en silencio.

&amp;

*

Padece adicción al trabaio. No va a curarse, porque con
esa adicción
gana
di';ero
Y obtiene al mismo tiempo

)

�otra8 8ati8faccione8 lícita8, y porque aun cuando reconociera
que lo 8UyO es una adicción, difícilrnente encontraría ayuda
para el tratamiento; si uno rr~nciona el tema, el médico suele
mirar a lo lejos como si uno fuera transparente, y canmiar de
conversación
porque
la mayorla de los médicos sufre
justamente de ese mismo mal.

Irrupciones

de lectores

Irrumpe desde Chicago en mi casilla
correo, de una amiga y ocasional lectora:

electrónica

este

Me llegó por e r ro r un di e x i t.o que debía s e i: para mi hijo,
con la bienvenida
a su segundo año de col.Laqe , Por supuesto,
como se debe,
la primera
ecii c i oo estaba
dedicada
al cr~men y
cómo p cev en i xl o , C01J todas
las
recomendaciones
del caso.
Lo
que me llamó algo la e t eric i on, fue la recomendación
a todas
las
mUjeres
que tienen
la rae l e suerte
de andar' solas,
de
cruzar
la
calle
si
ven
que
se
acerca
un hombre.
"Muy
s en s e t.o/", me dije,
y seguí
leyendo.
En el pá.rz'afo siguiente,
ven i e
otra
recomendación,
ésta
dedicada
a
los
tiombxe s ,
s uqi x i encio que cuando ven que una mujer se eae s:ce , crucen la
calle
para no e ce c io x i z e i Le , La imagen me neurotizó.
O es el
perfecto
invento
de la ciudad del movimiento
perpetuo,
o todo
se conge1ar'á.
¿Qué c x e s ? ¿La gente pasa~~á constantemente
de
vereda a vereda,
sin lograr
avanzar
ni un centímetro,
o todo
el mundo terminará
chocándose,
frustrados
por no poder cruzar
para evitar
a los extraños
que se acercan?
Hasta no recibir
respuesta
no podré dormir.
Elisa Steinberq.
é

~ara
tranquilizar a mi amiga le respondí, desde lueqo, queqel
/" otro día iba por la calle y vi venir hacia mí a una mujer
sola; para no asu.s t arLa, comencé a cruzar a la vereda de
enfrente pero ella inició un movirrdento similar en el rrdsmo
instante, y se ve que le vino la idea de que yo estaba
tratando de acorralarla, porque se detuvo y comenzó a canunar
hacia atrás, sin quitarme los ojos de encima. Yo apresuré el
paso, porque quería ponerme a una distancia desde la cual
pudiera explicarle que no debía tener ningún temor, ya que no
2

�IRRUPCIONESI Mario Levrero

(~)

Era el día de comienzo de las clases, y en la calle apareció una bandada de
niños con guardapolvo blanco y moña azul; durante el resto del año no volví a vertos,
como si hubieran existido solamente para recordarle al mundo que aquel día se
fru-..,.,i•.,.....•
h·...•1....•'I·he.-f·...•
rf i.-.-",r.ft-irf ....•rf"
LCllllIllGU.la

la

IU

ILau

111

C::&gt;LIII...-LGI
uc

p ....•cidad de pint ....••
- rn.n'"

r:....•

I...-a a 1...-1U

u

u

IIILal

nci ....•
· rn

niños r".,.," •.,...,.a.-~·
...••
l a .,,, •..
der l....•
....•
rt· ...••
.,.·...••
- l....•
r ....•
n· ...•
cid ...•
rf rf"
i'-""'e O" ñd·...••
.,.rfo del nirio

l·...•inf ....•
la

IIIIGI

In.....•
,..•l\J1ir;' "y

I...-UIIU "'UGI I IVIII U

a

1" 1" e»

II...-IGI,
"1uc

~allal

la

IU::&gt;

I...-apa

IIIIU::&gt; I...-UIIICIIL
I

au

uc

11 ::&gt;

Ilal

IVI

pCIUC

allu

uc

la

I I I

que fueron.
Es una escena que veo todos los años, y que siempre me deprime de la misma
manera. Busco el consuelo de aquella frase inolvidable de César Bruto, para quien
los niños con sus túnicas escolares eran
~~
...como un ras;mO de blancaS obeiitaSII,
pero ya nada puede
impedirme la regresión: me veo en los primeros momentos del primer ario, allá en el
barrio de mi infancia; yo parecía ser el único nuevo, pues todos, quizás repetidores o
simplemente más vivos que yo, conocían y aceptaban las reglas del juego con total
naturalidad. Sabían que existía algo llamado recreo, sabían que se tocaba una
campanilla para anunciar el comienzo y el fin del recreo y la hora de salida; sabían
que la hora de salida era a las cinco, sabían dónde estaban las cosas en el salón de
clase y en la escuela; sabían todo.
Mi madre me había llevado hasta el salón y depositado en un banco que tenía
un asiento libre, junto a una niña cuya imagen o cuyo nombre jamás pude recordar.
Yo ignoraba que hubiera algo llamado recreo, y no tenía idea de la duración de la
clase, ni de ese recreo. Me parecía que no iba a volver a salir de aquel salón. Todo
era extremadamente diferente de lo que yo conocía, los niños eran desagradables y
olían a leche cortada y a tierra, y parecían muy sucios debajo de unas túnicas
limpias, demasiado limpias.
La maestra era una mujerona enorme con voz de hombre y brazos robustos y
peludos. No se usaba en aquel tiempo la palabra travesti, pero parecía un travesti
poco eficaz, y durante mucho tiempo yo tuve la secreta convicción de que se trataba
de un hombre vestido de mujer. (A la salida de ese primer día, un gentil varón
homosexual, de la comisión pro-fomento, rebosante de satisfacción no sé bien por
qué causa, nos ponía en las manos a cada uno un helado, que él mismo iba sacando
de adentro de un carrito de Conaprole, como si le hubieran frustrado una vocación de
heladero; ese gesto altruista no atenuó la desconfianza que siempre le había tenido,
pues era conocido de mi madre y a menudo lo encontrábamos por la calle; yo lo veía
hacer aquellos gestos y lo oía hablar, y me causaba la misma confusión que la
maestra J'
La maestra era una famosa católica militante, según mi abuelo, aunque él
lo decía con otras palabras. Mi abuelo contaba, además, cómo en los Viernes Santos
él se juntaba con otros obreros y organizaban un asado en un terreno baldío justo
frente a la casa de la maestra. Iban hasta allí en una especie de procesión, llevando
como estandarte una cruz hecha de chorizos y morcillas. Esta historia siempre me

�par-eció de mal gusto, aun de nifio, per-o mi abuelo la contaba con gran fruición.

(Nunca supe cuál sería la ideología de mi abuelo, si es que tenía alguna; pero su vida,
al menos en el tiempo que yo lo conocí, era una constante blasfemia).
Entre los repetidores, había uno que se destacaba por su aparente
constancia: repetía el primer año por cuarta vez. Era un negrito a quien todos le
decían "el burro". Durante muchos años llevé en mi subconsciencia
algunas
imágenes y algunos conceptos que formaban un todo incoherente e incomprensible,
como por ejemplo la imagen de "el burro" pasando al pizarrón y resolviendo un
problema en un instante, o haciendo una cuenta a la velocidad del rayo, o leyendo o
escribiendo con total solvencia; yo veía estas cosas, y me extrañaban, pero seguía
pensando en él como en "el burro", porque él era repetidor, y todos lo llamaban así, y
la maestra lo trataba con un desdén burlón.
En la clase había también un chico con un severo retardo, bastante sordo
y que hablaba, cuando hablaba, con una vibración metálica, como de chicharra
eléctrica. Cada tanto, surgía una voz emocionada (que quería ser trágica, pero tenía
un no sé qué festivo) desde el fondo del salón: "¡Señorita, el niúo ... se ensució!" Casi
no pasaba día sin que el niño ... se ensuciara, y en esas ocasiones la maestra no
sufría mayores penurias: "el bUlTO"ya sabía qué le esperaba en estos casos, aunque
también tenía otros pequeños quehaceres, como conseguir tizas y llevar recados; a
una sefia de la maestra, allá marchaba a ocuparse del niño que se había ensuciado.
El recreo era una pesadilla, con niños como fieras corriendo de un lado a otro,
pegándose y qritándose, tratando de hacerse dano mutuamente de un modo o de
otro, y las maestras aparecían de tanto en tanto dando carnpanillazos de advertencia
para tratar, completamente en vano, de imponer el orden; tampoco lo buscaban con
mucho entusiasmo, porque para ellas era la hora de intercambiar
historias, y
charlaban hasta por los codos en voz lo suficientemente alta como para tapar el ruido
de los niños.
Era un patio descubi e 110, con algunos árboles y pedregullo; yo me refugiaba
generalmente junto a algún árbol, como buscando ofrecer menor superficie. Trataba
de pasar inadvertido durante aquel tiempo infinito del recreo, que era lo más peligroso
de la escuela.
(continuará ).
jva rlott@adinet.com.uy

.-,

e:

�había nada más alejado de mi voluntad que hacerle daño, que
sólo quería hacerle un favor porque se la veía muy sola, y
como es sabido que esa clase de mujeres que andan solas por
esas calles no se detienen en renúlgos, no veía ningún
inconveniente para que uniéramos circunstancialmente nuestros
destinos, pero la perdí de vista cuando por caminar de
espaldas cayó adentro de uno de esos agujeros que hay en las
calles .'
jvarlott@adineLcom.uy

�IRRUPCIONESI Mario Levrero

"leA Raquel Garrido,

mi maestra de quinto

y de sexto.

Estaba parado junto a un árbol, durante uno de aquellos recreos interminables
que no me recreaban en absoluto. Llegó un chico mayor, tal vez de sexto, muy
apurado, y me preguntó: "¿Vos te acordás cuando estabas adentro de la barriga de
tu mamá?" Mi padre me había explicado algo no demasiado interesante acerca de
niños dentro de la barriga de su madre, y como no había oído claramente el comienzo
de la pregunta de este chico le respondí que sí, porque me había caído más bien
simpático y decir que sí daba pie a una conversación más larga.
Pero él estaba poseído por una especie de afán científico y de inmediato
empezó a llamar a gritos a un socio que tenía y que al parecer iba también él por el
patio interrogando a todo el mundo. "¡Vení, vení!, aquí hay uno que se acuerda", le
gritaba el chico. A mí no me gustó nada eso de que ahí había "uno"; yo había creído
que él quería entablar conmigo una conversación de igual a igual, y me decepcionó, y
casi diría me sublevó, sentirme objeto de una experiencia, como si fuera un cobayo,
aunque no conociera la palabra cobayo y probablemente no estuviera tampoco al
tanto de la existencia de ensayos de laboratorio.
"Aquí hay uno que se acuerda", repitió el chico cuando el socio estuvo junto a
nosotros y, dirigiéndose a mí, me instó a repetir mi respuesta. Yo apreté firmemente
los labios. "Dale, decile", me instaba. "¿Vos te acordás cuando estabas adentro de la
barriga de tu mamá?" Tanto insistió que al fin consiguió hacerme hablar.
"No", le dije, moviendo la cabeza de un lado a otro. El socio lo miró con desdén.
"[Pero me había dicho que sí!", exclamaba el chico, desesperado, tratando de
convencer al socio. "¡Me había dicho que sí!". Yo volví a menear la cabeza
gravemente, rnirándolo con cierto desprecio, a imitación de su socio. Se fueron; el
primer chico con un aire derrotado. "¡Me había dicho que sí!", le seguía diciendo al
otro, y el otro no parecía escucharlo y caminaba cada vez más ligero, tratando de
desprenderse de aquel embaucador.
Una tarde hice crisis, al llegar nomas a la escuela. No sé cómo me encontré
parado junto a tres escalones de mármol que descendían hasta al patio de recreo;
todavía no había sonado la campanilla indicando el comienzo de la jornada. Los nifios
alborotaban como siempre en el patio. Yo me sentí muy extraño. parado allí, con un
claro sentimiento de no pertenencia. En adelante, todos los días serían iguales. ¿Qué
había pasado con mi libertad, y con mi seguridad? ¿Por qué no podía estar en mi
casa, jugando en el jardín del fondo? Me inundó una enorme angustia, como una gran
mano que me apretaba la garganta y no me dejaba tragar saliva. Reprimí el llanto.
Pero a go debía estar expresando porque se me acercó una maestra -no aquella
bestia dueria del negro, que era mi maestra, sino una mujer sensible- y me preguntó
qué me pasaba. "Me duele la garganta", dije, y esas palabras mágicas me
depositaron rápidamente en mi casa, no recuerdo por qué medios. Estuve sin ir a la
escuela durante mucho tiempo, tal vez durante todo el resto del año. Empleaba el
truco de la garganta cada vez que me amenazaban con el regreso. Se me inflamaron

�las amígdalas, pero me salvé gracias a un pariente que asustó a mi madre con los

peligros de la operación y le recomendó la homeopatía. Tomaba unas grageas
dulces, pequeñas. Me hacían bien mientras no se volviera a hablar de la escuela.
Mi madre me conseguía los deberes -que muchas veces traía a casa el único
amigo que había hecho en la escuela; se llamaba José At1igas (de nombres de pila,
más un apellido con aire catalán)-,
y yo hacía los deberes en casa y de alguna
manera llegaban a la maestra. Probablemente haya habido algo ilegal en aquellas
maniobras. Salvé el año.

*
No recuerdo bien los detalles, pero al año siguiente no pude repetir el
truco de la garganta, y después de todo había una maestra distinta, que adoraba a los
niños y nos cantaba canciones y nos prestaba libros con personajes de Walt Disney;
no duró mucho, porque tenía un embarazo muy avanzado, pero tras ella vino otra; no
recuerdo cómo era, pero sin duda era mejor que aquella bestia esclavista de brazos
peludos, que tenía al negrito repitiendo año tras año para usarlo de sirviente.

*
Nos mudamos al centro y todo fue mejorando; las maestras nunca volvieron a
ser temibles, y oh, sorpresa, encontré compañeros más inteligentes que yo. En quinto
y sexto, tuve de maestra a la maravillosa señorita Raquel, y la escuela, por fin, cobró
sentido.

jva rlott@adinet.com.uy

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

La niña viene hablando, tomada de la mano de la madre; la
madre parece estar pensando en cualquier otra cosa. La niña
cuenta:
- ... y
yo
vi
la
película. En la película había un
gashinero, y después había una gashina, y después ven í.a otra
gashina más chica.

*
Hay dos cosas capaces de hacerme soltar una carcajada en
la calle y en las barbas de los propios protagonistas, yeso
algún día me puede traer un disgusto. Una, son los pantalones
de fantasía
que usan
algunos honmres,
esos pantalones
livianos y
anchos,
llenos
de
colorinches,
que
asocio
invariablemente con muj eres de Las Mil y Una Noches. Otra,
son algunos que van hablando por teléfono celular. Los hay
recatados, que ocultan parcialmente el teléfono entre la cara
y el pecho, o se esconden a un costado de un árbol o una
saliente de la pared; ésos no me hacen gracia y hasta me dan
un poco de lástima, porque me imagino en esa situación y sé
que
me
sentiría
ridículo.
Los
que
van
abstraídos y
gesticulando me provocan una sonrisa, especialmente el señor
perfectamente trajeado y ya no muy joven, que va diciendo
" ...sí ... eso justaraente fue lo que le pasó a mi padre ...
con la entonación de quien habla con su psicoanalista. Los
que me hacen reír a carcajadas son los que usan el teléfono
para hacerse notar; echan miradas a uno y ?t~o lado, y cuando
{¡;¿"J.h\.....
1 ..
se cruzan con a1gu~en
_
ordenes a a gun
suba.I terno. Casi
todos
los homb res que
he
visto
con
pantalones de fantasía son sumamente delgados y tienen,
además de bigotes, unas piernas conmadas como si anduvieran
mucho a caballo, y tarabién una expresión de desconcierto y
desolación, como si los hubieran bajado abruptamente desde un
plato volador. Los que dan órdenes a supuestos subalternos,
en cambio, son gordos, o muy robustos, tienen anillos muy
visibles en varios dedos o una cadenita metálica en la
muñeca, y usan c~~era oscura.
ff,

�*
En Buenos Aires,
en la calle
Corrientes,
hay,
o por lo
menos había
hace pocos
años,
un viej o café
llamado
"La
Giralda"
-que la mayoría de los porteños,
por algún moti v o ,
pronuncia
"la yiralda".
Algunas veces fui a parar
a alguna de
sus mesas; recuerdo
a un mozo viej o que tenía
un trato
muy
agradable,
y recuerdo
que el café
que allí
servían
no era
malo. Pero más a menudo recalaba
en otros
cafés,
en parte
porque quedaban más cerca
de mi casa.
No sabía,
y lo supe
simul táneamente
con la noticia
su muerte,
que a La Gi ralda
iba todas las noches Homero Expósito,
el más grande poeta del
tango y, de algún modo inexpresable,
un amigo personal
al que
nunca vi.
Sus versos
y sentencias
me acompañaron durante
la
mayor parte
de la vida y le dieron
un color
especial
a mis
aventuras
y un abrazo afectuoso
a mis fracasos.
He hubiera
emocionado saber que estaba
allí
en esa mesa, a pocos pasos,
y tal
vez me habría
animado a
acercarrne
a él,
saludarlo
y,
sobre todo, darle
las gracias
por:
"Primero
partir,
y al

hay que
fin andar

saber
sufrir,
sin pensamientos

"Ayer pensó que hoy,
más que la esperanza."

y hoy no es

después
... "

amar,

posible;

la

después

vida

puede

''''Nos habían suicidado
los errores
del pasado,
latías,
rama seca,
como late
en la mufie c a mi reloj."

corazón,

\\Ya da la
aire su pincel

ya moja

''''Abre tu
río.

noche a la cancel
su piel
de oj era,
y hace con él la primavera. "
vida

sin

ventanas.

Mira

lo

lindo

que

está

y

el

el

rr

"Pero
nadie
v í.v í.ó
per f umarse y segulr." ...

sin

matar,

El mejor') y el más bondadoso

é

L{~~~

sin

de los

cortar

poetas

del

una

flor,

tango.

*
2

�En el Rosedal,

aparece una niña de seis o siete años, que

viene paseando con quienes son, presumiblemente, sus padres.
El padre dice algo que no oigo, pero que después reconstruyo
como "La rosa es la reina de las flores". La niña responde,
indignada:
-¡Pero no! ¡Yo, soy la reina de las flores!
y por si no la entienden bien, lo repite, con énfasis:
-¡YO, soy la reina de las flores!

Irrupciones

de lectores.

----- -

.~
Desde Buenos Aires,
casilla electrónica~
amiga
(y,
a veces, lectora
texto incluye "croto",
palabra porteña muy co~
de explicar, pero q..5J\puede
traducirse ~n
mucha eXigen~'-como
"bichicome" o, mejor,
"linyera". Dice así:
Ayer soñé con vos.
Te 10 cuen to po ique
me x e s uLtó muy
divertido.
Iba a visitarte
a Nontevideo,
me acuerdo de estar
viajando
en
un colectivo
e
imag-inándome
cómo
te
iba
a
encontrar.
Cuando llegaba,
te veía dando clases
de matemática
a un grupo de niños.
Estabas
medio c i o t:o, es decir,
con la
camisa afuera,
medio despeinado ...
La escena
era exact&amp;~ente
igual
a como la
había
iraeqi aedo ,
planteabas
una suma o
mu1 tip1icación
en el pizarrón"
y en ese
momento me daba
cuenta
y pensaba
"¡C1aro!., CÓZ110 no va a ser igual
a 10 que
imaginé,
si la que estoy
soñando
'e-.;-,'''-'1
_

~..rtal
Sí, me encanta actuar en los sueños. A pesar de que tal
vez ese del sueño no sea yo, nada me produce tal certeza de
existir como enterarme de que aparecí en un sueño ajeno.

jvarlott{@adinetcom.uy

�IRRUPCIONES/ Mario Levrero

Sien~re me pregunté dónde estaría la fuerza de las
ideologías (y llamo ideología a toda forma de ideología),
para convencer a la gente de tantas cosas absurdas y
obligarla hasta a dar la vida por ellas. Y nunca encontré una
respuesta hasta que me di cuenta de que estas preguntas sólo
puedo contestarlas mirando hacia mí mismo. En algún tiempo yo
también profesé algunas de esas colecciones de ideas ajenas,
y también yo traté de imponerlas a los demás. He miro a mí,
mismo en aquellos tiempos y pienso: ¿por qué lo hacía? Y así
es muy fácil encontrar la respuesta: lo hacía porque me
parecía más fácil arreglar el mundo para poder vivir en él,
que arreglarrne a mí. mismo.

*
Hi
familia se fue de viaje, y quedé
solo en un
apartamento muy grande y de paredes muy sólidas, que no
permi ten que el oído mantenga ese control automático de las
cosas que suceden fuera y dentro de la casa, los movilTuentos
del ascensor, los pasos, las toses y las voces de los
vecinos. Sólo se oyen los gri tos o los ruidos fuertes que
vienen de la calle. El silencio puede llegar a hacerse muy
incómodo, muy opresivo.
Una tarde estuve un buen rato en la parte de la casa que
da al frente, y fue haciéndose de noche y el resto de la casa
finalmente quedó a oscuras. He dirigí hacia el fondo, donde
están el baño y el donnitorio. Ya la oscuridad era total, lo
mismo que el silencio. t·1ientrasme iba acercando al fondo por
el largo corredor, pude ver de pronto cómo se iluminaba, allá
en el do rmí,
torio, la brasa del cigarrillo que un intruso
estaba fumando, sentado en la oscuridad.
La brasa de un cigarrillo que un intruso fuma en la
oscur~dad o, según recordé en seguida, la lucecita roja que
se enciende cada vez que el termostato pone en marcha la
estufa eléctrica.

*

�Hay dos tipos de personas que no se quieren a Sl mismas:
las que no se conocen, y las que se conocen demasiado bien.

*
Cada uno de nosotros lleva en su interior, más o menos
oculto, un niño imbécil. Es a ese niño que se dirige casi
invariablemente la publicidad.

*
Llevado por una determinación cuyo origen no era nada
claro -según descubrí después, al repensar todo el asuntolevanté la colcha de la cmaa, tomándola por una punta, y allí
estaba -como están sier~re las arañas que encuentro, como si
hubiera estado siempre allí, y en ese preciso instante me
hubiera sido dado percibirla, al caer una venda de mis ojos,
como si fuera necesario e imprescindible, dentro de algún
plan cósnúco, que la araña estuviera allí, precisamente allí,
y fuera de ese tamaño preciso.
Luego, al desplazarse levemente, perdió carácter y le
pude pegar con una escoba.

Irrupciones

de lectores.

Hace un tiempo había escrito sobre "mí, amigo el biólogo"
y el disgusto que me dio al descubrir que unas paredes de mi
casa estaban llenas de arañas. Recientemente, gracias al
correo electrónico, tomé contacto con él, que vive en EE.UU.,
y le envié una copia del artículo. He aquí fragmentos de su
respuesta:
Las vocales
con ac en t:o, y las
eiie s fueron
traducidas
a
extraños
jeroglíficos"
10 cual le da un a.r.ze misterioso
a tu
artículo"
mej ox ándo l o notablemente.
( ... ) s/os no te imaginás
qué pobre
es en arañas
es ta ZOlJa del país.
Hay poquísimas
e spec i e s , y no muy vistosas.
Es algo que extraño
de mi país.

2

�La fauna
aracnológica
del Río de la plata
es riquísima,
y
tenemos
especies
de extraño
colorido
y gran
agresividad.
Incluso
tenemos
muchas
espec~es
ponzoñosas.
Lo
más
interesante
es
que
entre
las
espec~es
mas venenosas
se
encuentran
varias
arañas
comunes que se alojan
en nuestras
casas,
mezcladas
con otras
especies
nlás o menos inofensi
....
ras.
Aun en las casas mas limpias
y os de ne.des he capturado
a la
Loxosce1es
1aeta,
famosa por su picadura
nec xo ti i z ent:e , capaz
de
mandar
a
hombres
co xpu l en tos
al
hospi tal
con
una
insuficiencia
renal
aguda.
No es
raro
encontrar
en
los
puestos
de verdura
la celebre
Phoneutria
Eei:e , poseedora
de
un poten te veneno rieu i o tió x i co , de esos que te paralizan
en el
momento en que estirás
el bsez o para agarrar
el
teléfono
y
llamar a la ambulancia,
dejándote
a mitad de camino, mientras
se te corta la respiración.
Pero no hay que olvidar
que estas
arañas" como su más inocente
parentela"
son beneficiosas
para
el hombre pues
des truyen
muchos insectos
parási tos
de los
cu1 tivos "
o
portadores
de
microbios
y
enfermedades
devastadoras.
Felices
sueños,
hombre, y un beso a tu mujer e
hijo.

Manuel

Quise
sabiduría.

con~artir
con
Gracias, Malalo,

Díaz

los
lectores
estas
por ilustrarnos.

jvarlott@adinetcom.uy

perlas

de

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8055">
                <text>“Irrupciones (36). Galocitas”/ “Irrupciones (38)”/ “Irrupciones (39)”/ “Irrupciones (40)”/ “Irrupciones (41)”/ “Irrupciones (42)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8056">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8057">
                <text>Originales mecanografiados de un relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8058">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8059">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8060">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8061">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8062">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8063">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8064">
                <text>Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo. El número original mecanografiado está tachado y ológrafo aparece el número 36/ Original de tres folios mecanografiados, con correcciones y notas. El número 39 que aparecía originalmente mecanografiado está tachado y aparece ológrafo el número 38/ Original de dos folios mecanografiados, con el número 38 originalmente mecanografiado tachado y sustituido por el número 39/ Original de dos folios mecanografiados, con el número 39 originalmente mecanografiado tachado y sustituido por el número 40/ Original de tres folios mecanografiados, con correcciones y notas ológrafas. El número 38 originalmente mecanografiado está tachado y sustituido por el número 41/ Original de tres folios mecanografiados, con el número 40 originalmente mecanografiado tachado y sustituido por el número 42</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="695" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="950">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/947dd37f10caf2c9d9889b86117ff9c7.pdf</src>
        <authentication>ff42a46c7fb502506bcb59e60288d495</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8076">
                    <text>IRRUPCIONES/

Mario

(44)

Levrero

Apareció
~I",-l.ntoa nuestra
mesa en el
cafe,
sin
que
s up
r amos CÓlTtO o en qué momento. Era un anciano
s onr en t e ,
al to,
de mej Ll ae e onr os ada s y barba
La rq a , blanca,
con
puntas
amarillentas.
Parecía
menos alto
de lo que era porque
estaba
encorvado,
más que por
los
arios,
por
una actitud
ex t r emaclame n t e respetuosa,
por el temor de mol es ta r , y para
estar
más cerca
de nuestros
oídos.
Nos preguntó
si podíamos
invi t a r Lc a tomar un café
con leche.
Se asombró cuando le
pedimos que se sentara
a nuestra
mesa,
pero
no se sintió
incómodo;
sentado,
empezó a hablar,
y siguió
hablando,
a
veces
coherentemente,
a veces
no tanto
':l El. menudo no
p od.i amos
saberlo,
porque
tenía
una
voz débil,
aguda,
y
hablaba
casi
susurrando.
Hablaba como para e a , sin mí, rarnos
directamente,
sin esperar
que asintiéramos.
Tal vez se olvidó
de que nosotros
estábambs
allí.
No sé qué hizo con la gorra
de marino,
como de capitán,
que traía
puesta;
ahora,
sentado
El. la
mesa, ya no la tenía
a la vista.
Le trajeron
el café con
leche y aLq un.a media luna,
y empezó a comer con av í.de z pero
dignamente.
Seguía farfullando
cosas,
entre bocado y bocado.
-Estuve
en la cárcel
-lo
oí decir,
de pronto,
y lo había
dicho
con naturalidad,
como si
fuera
un comentario
sin
importancia-,
ve í.n t e anos.
A veces movía la cabeza de arriba
abaj o, como es í.n t í.e ndo
a sus propias
palabras,
como apoyándolas.
-Yo era muy fuerte
-siguió
diciendo-,
partía
ladrillos
con las mari os -y se echó a reí r con una r s ta menuda, de
viejo demente; una risita
en i.
Hasticó
y tragó,
se llevó
otra
vez la taza
a la boca.
Levantó las manos y las m.ostró; eran enormes. Entonces me di
cuenta
de que ese
hombre era
una especie
de gigante,
un
fortachón
de brazos
robustos,
con músculos muy desarrollados.
-Veinte
años. ,-Ti, ji,
ji -se reía como si aquello
hubiera
s do una picardía.
Se reía,
con .í.ndu Lqe nc i e , de Sl mismo.
Nos ot r oe t erob í.én
nos reíamos;
era
un hombr e s .í mpé t í.cc , de
contagiosa
alegría
infantil.
Farfulló
algunas
cosas mas que
no entendimos.
Después dejó de reírse
-Lo maté con las manos -dij o, y se mi ró las manos unos
moment-os, y después las mi r
un poco más, asombrado, tal vez,
de que esas manos suyas lo hubieran
llevado
a la cárcel.
í

é

í

.í

í

í

ó

í,

�•

*
Una vez me distraj e toda una tarde de un doler muelas
escuchando por radio el relato de un partido de fútbol, con
la radio bien fuerte. No podía hacer las dos cosas al mí smo
tienipo, escuchar el relato y sentir el dolor, de modo que fue
una buena solución mientras duró el partido.
Ese
ruido que invade la ciudad,
cada día con mayor
fuerza, esos altoparlantes, esa violencia sonora que hay por
todos lados, ¿no obedeceré a razones parecidas? ¿No se estaré
tratando de tapar aLq ún dolor intolerable?

Irrupoíones

de ~eotores

dirigió hace poco "Destino de dos cosas
o de tres", de Rafael Spregelburd. El público subía a un tren
en la Estaclón Central, viajaba hasta la Estación Colón,
donde encontraba a los personajes sentados en un vielo banco,
y ahí mismo empezaba la función. Al respecto, me esc r.í.b
Ivfari
ana:
Mariana

Percovich

íó

\fieL'nes
de aociie ,
ü1tima
función
de
la
obL'a de
los
trenes.
Noch.e de ca I o x , en mi tad de la función
(hecha por dos
corai co s) pasa
un v~eJo.
tren
(real)
de ce x qa , Eer x uq i ao s o ,
fantasmal,
Leru:o , co n su
luz
y su
s on i do , de j erido en Lo s
es pec t ecio x es y en mí miszTIa una sensación
de vaga inquietud.
Duxeui t.e t.ode la
ob i:e ,
e s ii os dos
cómicos
en
cue s t i on
hab1 an de un ti x e r: que n U1JCapara.,
y al cual
desean
vol v e x.
Pero pierden
to.dos 10.s que pasan,
sistemátic&amp;üente.
Cuando. terminó
la función.'
una I::'Jarejita muy Jo.ven que
es taba
tomada
de 1a lTIalJO a mz 1ado,
me ría x:« y sonriendo
di cen : "Pe x d.imo s el
tren.
Iba al Dox aclo ". Soris: i e x ori una vez
más y se fueron
a la noche de Col on , Yo me que ae ahí sentada,
molía
v i dxi o
mi x erido 1a v i ej a es t.eci on , s in ti endo que alguien
en 'ui cabeza.

0racias, Mariana,
casilla de E-mail.

por

esa

irrupción

de

trenes

en

mi

.-,

¿

�*
Desde una ventan a alta,
en un edificio
de apartamentos,
una muj e r me hace adiós
agi tando un pañuelo
blanco.
No; es
una mujer limpiando
los vidrios.

.
1ott(~,a
"fl) din et.com.uy
JViU

.-,

�IRRUPCIONES/

*

Mario

A Fernando

Describa
ob-jetivc'
ti tulada

(45)

Levrero

Cabrera.

en no menos de quinientas
palabras
la que usted
c01'1sideL'e ~maqe1'1principal
"DesplazanÜen tos tI •

,:v

de un modo
de la l'1o"i.rela

Para
es te
t.rabaj o
nos
hemos
p r opue s t.o
de t.erier
el
movimiento,
como en una fotografía,
y mostrar,
como en un
cor t.e , el mome
n t.o de una percepción
muy intensa
del au j et.o
irruptor
(.5), seleccionando
para ello
un instante
del primer
encuent.ro
de S con lo que hemos dado en llamar
"obj eto
predominant.e",
es deci r, cuando ambos se reúnen, muy próximos
ent.re
Sl,
en
las
imflediaciones
del
punto
D -por
un
desplazarnient.o
del
obj eto predominante
(OP) hacia
S, a lo
La r qo del
segment.o cle rect.a
.í.maq na r o DE, p a r t a erido del
punt.o E y moviéndose
a lo La r qo de práct.icamente
tod,o el
segment.o.
El OP es en est.e caso una mujer, percibida
por S mientras
se
desplaza
hacia
él
con
la
mano derecha
ligerament.e
adelantada,
en la que lleva
algunos billet.es
(pape I moneda);
cuando llega
a su lado,
S comprueba que la mujer se encuentra
parcialmente
c~iliiert.a por ropa interior,
que momentos antes
podía haberse
confundido
con una malla de b añc de dos piezas.
La luz es escasa y no permite
una percepción
brillante
de los
det.alles.
Al detener
el movimiento y fij ar de este
modo la
escena,
ubicándonos
imaginariamente
en el pun t o de vista
de
S, podemos corrprobar que:
el
campo visual,
reducido
por
el
e.ce r carru.en t.o
del OP y por la inmovilidad
de los oj os de S, a quien hemos
detenido
en
su
recorrido,
abarca
en
su
conj unto
una
superficie
rectangular
que la
cercanía
de las
paredes
del
pasillo
y las
sombras producto
de una iluminación
escasa
estrechan
hae ta
convertirla
en
un
cuadrado,
cuyo
lado
superior
corta
el rostro
del OP aproximadamente
a la al tura
del labio
inferior,
mientras
que el lado
inferior
de es t e
cuadrado
corta
a la figura
aproximadamente
a la al tura
del
estómago. El foco de atención
visual,
punto de máxima nitidez
percepti va,
debe si tuarse
en la
confluencia
de una línea
í

í

�vertical

difuBa,

en la inBtancia

en que

comienza

a bifurcar.=e

insinúa el comienzo de una bifurcación hacia los márgenes
inferior izquierdo e inferior derecho del cuadrado, cortada a
3U
vez por una línea horizontal má s aparente, ligeramente
curva. El foco de atención está centrado entonces en un
pequeño triángulo o más exactamente en la insinuación de un
pequeño triángulo con un muy rico juego de luces y sombras, y
estas líneas son interpretadas como el nac í.mí.e nto de los
pechos que, apretados por el sostén (correspondiente a la
línea horizontal más aparente, ligeramente curva) tienden sin
embargo al mismo t.Lernpoa ser:,ararse(inic:ioo insinuación de
esa bifurcación señalada, frustrada por la línea horizontal)
a influjo de su propia naturaleza elástica.
Fuera de este foco principal de atención se observa
con dificultad la textura de la tela del sostén, que es de
color neq-ro, llena de euqe r-e nc í.a e t.ác tt Le s, dada por el
entrecruzarniento, en forma de malla, de gran cantidad de
finísimos
hilos
negros.
La
calidad
de
la percepclon,
deficiente come; hemos dicho por virtud de una ilurninación
poco apropiada, no p errní,
te apreciar la exacta distancia entre
un hilo y otro, ni si esta distancia
habilitaría, en
condiciones más favorables a la observación, la percepción de
pequeños trozos de piel por debajo del entramado.
O

*
Estaba, el tipo, parado en una esquina, como buscando un
taxi, pero comp rend
que su búsqueda era total e infinita,
que era alguien que buscaba incluso sin darse cuenta de que
estaba buscando, como si buscar fuera para él la única manera
de existir que conOCla; buscar, no importa exactamente que,
como si le faltara todo. Andaría más o menos cerca de mi
edad, est.ab
a bien trajeado, se le notaba solvente y casi
diría exitoso, y sin erobargo...
Cuando vio que me acercaba al lugar donde estaba él, me
calibró con un ojo de águila y calcuLó a toda velocidad si
era que yo le podía servir de algo. Llegó IWy pronto, desde
luego, a la conclusión inevitable de que no ye' podría
servirle de nada, Y de inmediato su mi rada me dej ó caer, C01110
un envase vacío que le hub í.e ra quedado en la mano, mientras
la boca le trazaba un gesto que creí de desprecio, pero que
tal vez fuera el vestigio de remotos pucheros infantiles.
í

2

�•

y

e í.n

tranBición,

al

a ne t.e.n t e ,

retomó

aquella

bú.sque de

infinita.

. . ..... . ..... . ... .. .. .... .. . .. .. .. . ... .. .. . . . .... ..
jvarlott(Q¿adinetcom. uy

3

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(46)

En un billete de $100, encuentro escrito con birome azul
este apunte:
"1 Hilda
1 Salus
1 Blister aspirina".
lv1edesconcierta, porque los
elementos no concuerdan.
Pregunto a varias personas y nadie cree que "Hilda" pueda ser
una marca oome rc a.lr y en cualquier caso no es una marca ni
remotamente tan popular como la del agua mineral o, menos
aún, la del ácido acetilsalicílico.
Entiendo que alguien haga una lista de lo "que tiene que
comprar, como por ejemplo:
í

"1 kilo de azúcar
1 Salus
1 Blister aspirina",
pero en este billete lo que no
calza
Hilda. Por que "1 Hilda". Me dicen que puede
tratarse de la lista de cosas
que una persona tiene que
hacer, como ir a ver, o llamar, a Hilda, y luego con~rar agua
mineral, y aspirina. Eso debería escribirse:
"1) Hilda
2) Salus
3) Blister aspirina",
y no lo que está escrito en el
billete. Lo que está escrito en el billete podria entenderse
casi cantoun poema surrealista. Dan ganas de continuarlo:
\'-1 Hilda

1 Salus
1 Blister aspirina
1 Lagarto
1 Cepillo de dientes
1 Martes de Ceniza
1 Hilo

�1
1
1
1
1

Flauta
Ocasión propicia
Guante rasgado en el
Tarde del Sr. Breton
Vacuna . rr

dedo mefi.í que

*
Entro en una f'a rmac a a COlli.prar chicles
(porque dejé de
fumar) (hace mucho que dejé de fumar; ahora el problema es la
adicción
al chicle).
Cuando me retiro
de la caj a,
con los
chicles
en el bolsillo,
se me acerca
una hermosa joven,
muy
elegante
y bien
arreglada,
exhibiendo
generosament.e un largo
y esbelto
par
de piernas.
Tiene
todo
el
aire
de
una
promotora,
y efecti vament e lo es. He agradan
las p r omot or as ,
suelen
elegirlas
no sólo bellas,
s no simpáticas
y corteses.
Ésta no era una excepción.
-Señor
-dice,
sonriendo
amablemente-.
¿Usted
tiene
dificultad
para mover el intestino'?
Quedo cortado
por
unos
momentos.
Me gustaría
salir
corriendo,
pero nunca desprecio
la oportunidad
de entablar
conversación
con una joven.
Si le digo que no, que no tengo
especial
di ficul tad,
seguramente
perderá
interés
en mí de
inmediato,
sin
dar
lugar
a
que
esta
naciente
relación
prospere.
-Bueno. . .
-digo,
mi rando
hacia
los
costados
con
desconfianza,
porque
me
molestaría
que
hubiera
gente
escuchando
una conversación
tan íntima.Yo no, pero tengo
una tía que sufre terriblemente
de estreñimiento.
La joven sonríe
triunfalmente,
y agi ta un tubo de color
negro violáceo
que tiene
en la mano y que hace juego con sus
ropas.
También tiene
en
las
manos unos
folletos
doride
predomina el color verde.
-Le
voy a obsequiar
este
producto
-me dice,
y de
inmediato
pasa a darme unas instrucciones
complej as a toda
velocidad-.
Si el atraso
en las deposiciones
es de uno o dos
día3,
basta
con una cucharadita
de café que se toma por la
noche; si es de más días ...
Dej o de escuchar
y no nece s to mi rar nerviosamente
para
los costados
para advertir
que el estrecho
pasillo
entre
los
mostradores
y la pared
de la farmacia
se está
llenando
de
gente,
y que hay varios
pares
de ojos y de oídos muy atentos
í

í

í.

�lO-

a

riue e c r-o

diálogo;
ven
ellos
también

que ee t n
quieren.
é

dando mue e c r-e e gratiB
de
Se
acercan
mas,
miran,

algo,
y
escuchan.
+Es t
bien,
está bien -le
d.í qo a la chica,
tratando
de
interrumpir
ese
fluir
interminable
de
indicaciones,
y
especialmente
el detalle
minucioso
de la frecuencia
de las
deposiciones-;
no me expliques
más, tengo muy maLa memoria,
me olvido en seguida de los detalles.
-Aquí le doy un folleto
donde está
todo explicado
-dice
entonces,
y me alcanza
el tubo junto unas hojas
impresas.
Me
mira con aire
satisfecho,
convencida
seguramente
de que ha
hecho una obra de bien,
no tanto
en la persona
de mi tia,
en
cuya existencia
probablemente
no cree,
sino con la convicción
de que yo ne ce s taba
el
producto
pero
no me animaba a
confesarlo.
Para confirmarme
esta
impresión,
agrega:
-Va a
ver cómo en seguida se mejora.
Yo tomo mis obsequios,
murmuro "gracias.'!
casi sin rru r e r Le, me
abro paso
entre
la multi tud que se ha reunido
a rrue s tr o
alrededor
y
s e.Iqo
ap r es ur aciame n t e
de
la
f a rmact a,
abanicándome con el folleto.
á

í

3

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

Los
gorriones,
según
creo,
no
tienen
dientes;
sin
embargo, a éste
que yo digo,
le vi una sonrisa
con dientes.
Una sonrisa
taimada,
de destructor
perverso.
Yo estaba
en la
careta, mi randa por la ventana,
por debaj o de la persiana
a
medias abierta.
La ventana
es una puertaventana,
o ventana
francesa,
que da a un balcón largo,
en el fondo del edificio,
donde es tá , eri tr e otr as cosas,
mi dormi t.or í.o . Miranda por
debaj o de esa persiana,
con la
cabeza
a la
al tura
de la
almohada,
veía unos mal vories al tos,
muy al tos, que buscaban
la luz del sol en unas macetas inapropiadas,
muy bajas.
Eran
de
troncos
altos
y gruesos,
viejos,
toscos
y feos,
pero se
llenaban
de flores,
y las
flores
eran jóvenes
y hermosas y,
sea como fuere,
era un ser vivo,
que no debió ser mutilado
como lo fue más tarde
-pero
ésta
es otra historia.
Yo estaba
hablando del gorrión
perverso.
Aunque antes del gorrión,
y es
lo que le da forma a esta historia,
fue el moscón. El mos c ón
hembra, según nus cálculos.
Yo tenía,
como dije,
la cabeza apoyada en la almohada, y
miraba
el mal vón,
cuando ap a r e cao un moscón,
grande,
muy
grande,
y empezó a dar vueltas
sobre
una de las
hojas
del
malvón, por arriba
y por abajo,
y después en otra hoja,
y en
otra,
con unos movimientos
de apariencia
torpe,
rápidos
y
nerviosos
pero repetidos,
rei terati vos, como un borracho
que
camina en círculos
y tropieza
con sus propios
pies.
Según mi
experiencia,
esta
actividad
de los
moscones
significa
que
están
por poner huevos,
o di r ec t ament e los
están
poniendo.
Después,
si uno recorre
el lugar,
puede descubrir
un reguero
blancuzco,
como si se hubiera
derramado sal.
A eso, supe que
la gente del int.erior
le Llama "queresa",
sobre t.odo cuando
aparece en la carne asada que uno dejó sin guardar.
y
en e f e ct.o, me pareció
ver,
desde
mi posición,
que
algunas
hoj as del mal vón se habían
llenado
de huevos.
El
moscon se fue. La mañana, cerca ya del mediodía,
volvió
a su
calma aparente;
pero
siempre,
siempre,
aun si los
humanos
están
tranquilos,
siempre hay algo que se empeil.a en el mal.
Apareció
un qor r Lorrc c o, gordo,
con cara
de sinvergüenza.
Parecía
un dibujo
animado. Los gorriones,
por lo general,
no
tienen
una cara
expresi va.
Este
e a , Una cari ta
de niño
í,

�depravado,

con

aquella

~onri~a

llena

de

diente~.

Se

fue

derecho
al malvón,
derecho
a aquellas
hojas
donde el mascan
hembra había
deposi tado
con tanto
trabaj o aquella
enormidad
de huevecillos
blancos,
y ya instalado
en esas hojas
empezó a
mover las alas
frenéticamente,
y a r e vc Lce r s e , e a , como quien
da vueltas
carnero
o mejor
como quien
nada
en tirabuzón
debajo del agua, haciendo
caer,
o arrastrando
hacia
sí,
todos
los huevos del moscón. No se si
lo hi zo para
después
ir y
picotear
el suelo,
porque
delé
de verlo
y no supe qué paso
después,
o si simplement.e
se los llevó
entre
las plumas para
ir
e a r ví.éndos e Los de allí
con el pico.
Lo único
que puedo
afiL~nar
es
que
aquel
gorrioncito
montevideano
tenía
una
expresión
de sinvergüenza,
como tantos
chicos
sucios
que uno
ve por
la
calle,
y sabía
que estaba
haciendo
un dañ o, y
disfrutaba
con ello.

*
Silvia Bartram f ue la primera
que se animó a escribirme,
entre
los lectores
y las
lectoras
de e s ta s irrupciones,
a la
di rección
de correo
electrónico
que suele
aparecer
al pie
estas
cc Lumna.s . Le qu s t a leer
y le gusta
escribir,
y también
le qu s ta
resolver
y crear
juegos
de palabras
y acertijos.
Hace unos días me envió este
texto:
Clara manda a las
«ye s , cada manana., a la playa
mansa
para
lavar
las
calzas,
las mallas
.y las
faldas.
~lllnanda va a
la mar salada
al e I ba,
mas a Na tacha
ag-rada más Lavas: más
avanzada
la maiiene . Ac ebacie ya la
lavada,
~4manda danza
y
canta:
-La, lará.,
laralaI·á. ...
-¡Vaya payasada! -ha_bla Natacha .• cansada- ¡Clara la va a
ma t a.r !
-¡Basta!
-aclara
Amanda¡A danzar
y a cantar.,
Natacha!
Jv1aB'anatrabaj aI·ás 111ás.

Admí,ro este
se que existen
palindromática,

tipo de cosas.
He leído
hasta
en U; incluso
oí
pero esto no lo creo.

algún
hablar

cuento
en O, y
de una novela

�*
¿Era Marx quien decía que la historia se repite, sí, pero
la segunda
vez como comedia?
Hay
formas
recientes de
publicidad callejera que recuerdan a Hitler, pero esta vez
tratando de vender una rifa, o una entrada para el circo.

jYarlott(~adinet.com. uy

�.-,
..)

(48)

Un chico gordo, de cuatro o cinco afios, va t omado de la
mano de quien es presumiblemente su madre, una mu j er gorda,
de lentes. Los veo veni r hacia mí. por la calle; van caminando
en silencio, corno sumidos en sus propios pensamientos, yesos
pensamientos parecen agradables; hay un atisbo de sonrisa en
la cara de amb os . Cuando e st.án bastante cerca, la cara del
chico se ilumina con lo que ahora es decididamente una
sonrisa, y se dirige a la madre, con un énfasis adulto, con
alegría pero al mismo tiernpo con toda la seriedad que exigen
los temas trascendentes; le pregunta:
-¿Hoy que comemos, marru ? -'}T en la mirada se le ve el
brillo un tanto perverso de la antlcipación del placer.

*
Entro a un comercio donde venden artículos de limpieza y
cosmética. Me atiende una linda joven rubia, de sonriente
carita redonda. Le digo que quiero comprar repuestos para
cierta marca de máquina de afeitar.
=: Para dama o caballero? +p requnt.a,
Temo no haber oído bien. Sumido en el desconclerto, sólo
atino a murmurar "¿C6mo~1
mientras examino sus f accaorie s
buscando alguna expresión orientadora. Pero ella conserva la
sonrisa servicial y una clara ma racla de profunda inocencia.
fl,

*

Tuve que hacer unos cortes al texto, lo cual es un acto
de tipo casi criminal, pero no podía permitir que la lectora
se adueñara totalmente de mi columna, y menos
que la
d1recC16n de la rev1sta se d1era cuenta de que estoy
explotando a los lectores de un modo cada vez más descarado.
La lectora es, en este caso, Natacha López, quien trabaJa en
la producción de películas y ahora irrumpe con un SUel1.0que

�yo protagonizo, y (me) lo cuenta con, una gracla e nv a d í.ab Le .
Al parecer, yo estaba dirigiendo una pelicula, y.

t.ranscu.r.ría

()
que
no
ha...bía
rn.r smo
en
el
momento.
sea
de s e x xo I l o t empo xe I , todo co i ric i d i.a , ya sea en el rodaje
como
después
en la película
ya montada.
Entonces
e i:e un despe1ote,
pCJI'ql.1eb
i
cien tos de
i
pasando
en el mz srno momento
jl 1CJS
ie
es taban en tod:::;s 1
a 1a
y como era una
pel i.cul e de acc i on había explosiones"
cnc que s , pe.rsecuc~ones.
r~
~~~~7e~~
~ ••
'-'&lt;'-.lll-'.J..
L..-.~.J.. ~e1a~n
J'-'.
eb

e

act.o

Yo

e

cc

o

ae

s

s

edo

t.rataba

de

explicarte

co s e s L1peJ..-'l:::J1..1eS ta.
i xii t en t e j~, s~1"-}
u. LJ.:t
...•.
i«:
te

s

que

v

a

nivel

e

z

,

psoduac i on

de

nos

esta...bas

de 10 mas autoritario
'Yo,""
1
.L..l. L..-•....•...! '"" C;
importaba
un s evi o l , Te
que me
oe r ec i a e s c eb xo s o hacia
el J:txúb l i c o-, , h ec e xl e s ver una _pe l i cu l e
s
n~nr;;runa lógica
interna
TU
se
i
y \~OS zm.1y frío
te
.::::o
'
t.é
xm.i
ao
,-,.J..
cied i caba s
durante
horas
discutirme
a
que
cabro a" es
mal usado,
y no me dabas ni
a 10 que
}ro quería
dec i rt:e ,
Hacía mucho ca l ox ..Y vos tenías
un saco de lana qrue s e y
áspeI'a di x e c t.eme n te pues i.o s ob z e 1a pi el,
y yo es taba segu.ra
de
que
10 ae c i e s
a pz'opósito
pe s:e
enoJar'
a la
gente.
Llegábamos
a una eSI:)ec'~e ele huerto
gigante
con canaJ.etas
de
tierra
e reda , donde estaban
en fila
bi en o x de aad.i tio s ra.i l e s de
animalitos
chiquitos.
Había
ratones"
tieras t e x s ,
ardillas,
conejitos,
todos del tipo.
Y t e a i en montones
de qierio s (tae i z ,
qe cban z os , po io t.os , e t.cé t e s:e ) al 1edo , }l ¡::JOI'orden
tuya
tenían
que
p~J.as.
pob s ec i tos es i ebeu:
.:::t su
labor
y vos te pe s eabe s
esit.s:e
ot.ra
ellos
autoI'i t exi o,
te
vez
L

s

-

-

ri

"e

aob

s

s

e

ric

a

,

t.eba

bol

cuestionaba
la
lógica
de
la
situación"
con tes t.abe s me enoj
y me de spe s:té.

y

e

como

no

me

é

No me explico, Natacha,
como podé3
"escabroso" de un modo tan inadecuado.

u3ar

la

p a l abra

*
E3tá1:)am03.sen t aclo s a la mesa y ..JuanIgnacio, de un os o cho
año3, in3i3tía con mucho
te3ón en que le contara una
historia,

°

un

chiste,

°

le planteara

un

acertiJO,

cosas

que

�2

ser habituales de nuestros almuerzos en esa epoca.
Como yo no tenía gana3, o habí a agotado mi repertorio, le
respondí con impaciencia, mientras el tomaba un vasc de agua
para llevarlo a los labios:
-Ignacio, ¿ vos te c re s que el mundo e s un circo, y que
está lleno de payasos para divertirte? -dije.
-Sí -respondió;
luego bebió
lentamente
el agua que
que daba en el
vas o-: . Y vc.:s s c s une de e l Lcs -concluyó,
mientra3 apoyaba el vaso en la mesa.
é

.. . . . .. . . ... . . .. .. .. . . . . . .. . . . . ... .. . .. . . . . . .... .. .
jvarlott.(!i1adinet.com.

uy

�IRRUPCIONES/

Mario

(49)

L~vr~ro

En la calle,
un hombre grita
"·cigarro,
cigarro"
cerca de
v mientras
me VOy aleiando
sique su especie
de canto
rru oído,
morió tcno
con una voz taladrante.
En medio del bochorno de la
np.n.s,9 r
t.axde
en las
de ve rano
inevitablemente
me hace
r ---- -••••

~

-'

_&amp;

••

chicharras,
en aquellos
veranos
que pasaba
en medio de un
bosque de pinos,
cuando durante
horas y horas,
panza arrlba,
no se podía
hacer
otra
cosa que oír
de tanto
en tanto
el
ruido
inesperado,
como un e s t.a Llado , de las
piñas
que se
abrían
al .soL,
y ese canto
de la chicharra,
tan
llamati v o
pero
siempre
idéntico
a sí mismo, cuando parece
que se da
cuerda y se da cuerda hasta
que al fin aue I ta un sonido muy
prolongado,
que uno nunca sabe bien cuándo termina
porque se
d.istrae.
Después pensé:
"Este
hombre, en una vida an t e r i or ,
debi6 ser chicharra",
y todavía
oía su voz, y aunque no creo
en vldas
anteriores
supe
que
en una
vida
anterior
fue
realmente
chicharra,
que también se llaman cigarras,
y lo que
ahora qUlere es explicar
que, antes,
él fue cigarra,
cigarra,
y que ahora está contento
porque volvi6
el verano.
Llegc- a mi casa y busco en rru v e j o ci.í.c c one zí.c , y me
dice que al cigarro
se le Ll.ama así por el parecido
que tiene
con el
cuerpo
cle la
cigarra,
parecido
que yo no podría
d s cu tí c pC1rque hace mucbos afio s que no veo una clgarra
de
cerca,
desde
aquella
epoca
remota
en que mi ti í.o Ti to las
cazaba para
mí, en un balneario
donde se jun.taban
a veces
muchos parientes,
y me las ofrecía
encerradas
en una caJa de
fósforos.
~;iempre me asombró aquella
habiliclad;
"",::[0 j arná s pude
detectar
de dónde venía exactamente
el sonido.
Cada vez que
me parecía
haberlo
descubierto,
volvía
a oírlo
en otro lugar.
Recién en e s te momento se me ocurre pensar
que tal
vez fueran
varias
c i qa r r a s que se turnaban;
a í.emp r e creí
que era una
sola y que se divertía
escondiéndose
de mi. Y qué era lo que
hacía yo con la chicharra
que me regalaba
mi t.á o, es a190 que
no puedo recordar
ni imaginar.
Es muy pr ob abLe Lqu
e no me
animara a abrir
la caja.
Después de todo,
tal
vez adentro
de
aquellas
caj as de fósforos
nunca hube' chicharras,
y de alguna
manera nú tío me lo hacía
creer,
conill aquel otro
sujeto,
un
pintor
amigo de mis padres,
que me extraía
caracoles
de las
orej as y hacia
que me aparecieran
monedas en los bolsillos.
Sin emba rq o, recuerdo
haber visto
chicharras
muy de cerca,
y
í

í

í

�creo

ver

ral.

El.

.•......
l_lO

y

tr~n~p~rente~

. e .•....
';;'r-do '~&lt;..L
1""'5
1_ ••...•.1

qrue~~~,

como

de

d;=-o.'e,
~~- =. •

clo
-&gt;- e

r.on
-

51.1J

Una5

a Le e

at.r~ve;5ada~ por

mica.,

infinidad de nervaduras marrones.
Según el di cci onari o, t.amb n se llaman "chicharra" un
taladro para agujerar el hierro, y un instrumento de s cn do
cle s aq r aclab Le . En casa hay uno de éstos, pero lo llamamos
í.

é

í

*
Irrupciones

de lectores

Rodolfo

FOl1.seca

RnRrpr1n
nnr
'-'l~ ._~ - .~~ '-' 1:"' ~ ~

ca..sllla.. de

nrimprR
1:"' ~ ~~,,~
~ ~

.·-~o
\-t.\....

000-0

,"-L.JLt.L-1

~.
misteriosas,
cuando todo en casa y en 1 ct
calle está en
silencio. Cori mucho respeto fue tanteando el terreno, a ver
.
",.
,
~
...,
1"
Sl era pos1D~e
a1a~ogar. Despues me enV10
a~gunas pos~a~es ae
Helo,. ~escaneadasu V repintadas
por él, Y yo correspondi con
~
+
..
un a rch ve' que c enaa un sonido electrónico ma s b a en sutil.
Este sonido, según Rodolfo ...
.L

-

í

. me

111. Z

a.e'o o .r .~~
a r .'

o

, .

pa]a.r-o

lr .-..-. lr -.1-." ,-o ~ -.

A'J'

l~~CJ..r

....
i?.•.
CI..L!U..L.l.. CI. ,

,.

.

.

-.

.,

con t r apc s ~el ci: , al
que

g-.r'i to
.¡... , •• -. ,-o .-. -e-,
L-.J...C,l,iCLl

del

los

austIal~allDS
v
neDzelalldeses;
es
Ulla c'aIcajada
I eiqe
-l
.-'
7.,
7.,
- .•
,-.,
] ug-c1sa. .::;.~ znz paare
za
auo i e r e
conoc i ao
a~L'~a que
era
parecida
a la caL'cajacla
de Lav e I Le j e (ahora;
sa.ber de dónde
pecire
que
la
carcajada
de Lavalleja
e i:e larga
Y
c 11rro.~.=¡. y.:! es demasiado
pedirle
al prój iiao) = y se s uL ta. que la
..J--~---l
l'''''';::'

7'

~I/-

1--r11 p

l·~lrl

-' ....••...•..•.
-- -'- --' .•.•.
.,

'-:1 - . ..,:
#

hac"~a

.=t rl }'~ rl ¡-l .;
~.L"-.J'

--

---

-

,

.•••. --,...

.ri

••••••.

-.=i

..

n t: .=t
1-' '- --

-...J .•..••..••..•.•....

P ...-, 1·

-'....

n

r'( .•.7 P
.=:
'-' '--' /

.•. .••..•. ~

::-'I?
1~~l"".' ~~.t
(-'J
- - -- -

i:- F:- -r.i ----r ~

r:ie.l

111e.llC/~01]

-. 1
t.ode la vida
sin en coritz re xree con nadie
pase
que conoc i e s:e a..L
1 _
bicho
o a la caric i oo , has ta hace pocc1s días:
se me di o .id
¡ -.
"En ce.x ta u, la
co irici deric i e de que b usce ado o ii:e cosa
en ..La
enciclopedia
de
Hi cx os oi t , me encue o t s:o con
el
bi crio
con
cea ::o rri sa o xebado v t odo . v a 1 a. tarde
cae DC,'L casa a t.ome s:
,
,
.
leyó bi en : ae s e spe iaao por- mate
.

_'

-'

~

-i.

.L

no
l1'1ás ma te.

i ... J. a
Eue i:« cosa

�Después vinieron
esta f orma tan curiosa

otras
historias,
que
de tej e r s e una amistad

jvarlot.t{~2adinet.com.uy

fueron
pautando
a distancia.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8066">
                <text> “Irrupciones (44)”/ “Irrupciones (45). A Fernando Cabrera”/ “Irrupciones (46)”/ “Irrupciones (47?)”/ “Irrupciones (48)”/ “Irrupciones (49)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8067">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8068">
                <text>Originales mecanografiados de relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8069">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8070">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8071">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8072">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8073">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8074">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8075">
                <text>Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin número mecanografiado, en el lugar donde debería estar, aparece el número 47 ológrafo/ Original de tres folios mecanografiados). [Original si fecha ni menciones de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones de ningún tipo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="696" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="951">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/d40cb794a619aaf8131728cdedeca0b7.pdf</src>
        <authentication>4ecca89aaca60f26d20754382458bebb</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8087">
                    <text>IRRUPCIONESl Mario Levrero

(66)

P~LATO hiene del número anterior): SEGlJNDA y ÚL Tfll~ PAJ.~TE

~

. 't..J'W.¡1)
\""

Me recosté contra uno de esos pasamanos retorcidos y miré hacia arriba; no era fácil ver el
techo, por las muchas "vueltasy esquinas que presentaban las paredes, e incluso por momentos se
creaba la ilusión de (fue no había techo, o de que el techo era muy claro, como si tuviera una
claraboya, por(jlle la sensación que experimentaba era más bien de estar afuera que adentro; y sin
embargo el lugar en cenado y bastante estrecho, y además sin formas visibles de salida" Me
parecía imposible no poder desandar el camino; yo no había hecho ningún movimiento
extraordinario como pan haber accedido a ese lugar del que parecía imposible volver atrás; sólo
había caminado un poco distraídamente"
(~
No sé desde dónde, si salió de algún apartamento cuya p erta yo no tenía a la vista en ese
momento, o si venía desde un lugar parecido al que yo t ia
recorrer; lo cierto es que
apareció un hombre que de inmediato se acercó a mí de una manet-a que podía considerarse
amistosa. Era un hombre bastante mayor, al que sin embargo no correspondía llamar viejo,
especialmente porque tenía un aspecto dinámico y jovial, con una permanente sonrisa en los
labios, aunque cabe señalar que la sonrisa no parecía muy sincera" Este hombre se dirigió a mí
sin sorpresa, como si encontrar a alguien en mi situación fuera la cosa más natural del mundo, y
comenzó a hablar tluidamente acerca del edificio y sus raras formas arquitectónicas, y muy
especialmente acerca de la persona que lo había ideado y había llevado adelante el proyecto de
s_u_c_o_ns_tru-:-c_C::&gt;~&lt;ót::..l
A_I-:p~ar
e:...:c--.:er,
esa persona era una mujer" Pronto me di cuenta de que este hombre
era una de (sas pet"s.§)
quienes les agr-adahablar mucho, hablar constantemente, y creen que
sus palabras son muy interesantes para todo el mundo, sin detenerse a pensar en la oportunidad
de sus discursos. Lo interrumpí para preguntarle dónde estaba la escalera"
-¿Escalet"as? --preguntó a su vez, con expresión de SOtpresa;de inmediato sonrió,
como haciéndose cargo de que yo había llegado allí por alguna ruta poco legaL- No -dijo,
divertido-, escaleras no hay -y pasó a explicarme un complicado sistema mediante el cual yo
podría salir; pan empezar, había que pararse encima de esa baranda retorcida, que estaba
fabricada con algo parecido a aluminio esmaltado, algo liviano y elegante, ~~tálic{rígid&lt;D
Jf
pero no muy fuerte, y que al mismo tiempo por su forma no permitía ninguna base de
sustentación confiable; después, con los brazos levantados, había que aganarse con la punta de
los dedos de unos salientes que se veían allá arriba, como pequeños aleros, y forzando al máximo
los músculos ir elevando el CUetpOhasta alcanzar 10 que parecía ser el techo del apartamento.
Moví la cabeza negativamente, descartando con horror la idea" El hombre continuaba sonriendo
jovialmente, y al ver que yo no intentaba ninguno de los movimientos que me había indicado
retorno su discurso sin más trámite" Hablaba de aquella mujer con la reverencia y admiración con
que se habla de los pioneros; evidentemente, el hombre era un adepto a esa figura, y con sus
anécdotas trataba de crear una especie de leyenda. Contó que una vez ella fue capaz de importar
de Escocia sesenta litros, o cajones, o toneles de whisky; en principio entendí que se trataba de
litros, pero luego me pareció que era una cantidad muy pequeña para que ese hombre 10 señalara
como un ejemplo de solución magnánima; al parecer, el whisky había servido para llevar adelante
la construcción del edificio, no entendí bien, porque el hombre no 10 dijo, si por haber sido
utilizado pat"asobornar a los peones, o capataces, o responsables de la construcción material de

�la obra. El discurso daba la idea de una mujer con una gr-anvisión de futuro y un gran empuje,
capaz de llevar adelante un proyecto muy difícil, casi imposible, y a la vez necesario y generoso,
importante para el país. Era un discurso típico de los momentos más pujantes de la er-aindustrial,
y este hombre par-ecía dedicar su vida y toda su energía a este tipo de panegíricos _Yo no veía
manera de salir de allí y mi necesidad de un cuarto de baño se iba haciendo más urgente; imaginé
que ese hombre iba a entrar en el apartamento junto a cuya puerta estábamos conversando, y que
tal vez si yo me mostraba cortés y paciente con él, me dejaría usar su baño; pero en ese momento
llegó un grupo de personas, sin que me percatara desde dónde _Eran tres, cuatro o más hombres
de aspecto dinámico, más jóvenes que mi interlocutor, y tenían ropas claras, que incluso podrían
confundirse con túnicas blancas; por lo menos el que encabezaba el grupo estaba vestido así, ya
que a los otros no les presté mayor atención. Este hombre era alto, usaba lentes sin aros y tenia
una cara mas bien llena, aunque no redonda. El grupo podría pasar perfectamente por un conjunto
de estudiantes de medicina haciendo la recorrida de las camas de un hospital junto a su profesor,
en ese lugar, el! cambio, pensé más bien en ingenieros, o gente de algún modo relacionada con la
construccióhft&gt;~4ue era precisamente de este terna que trataba el discurso del otro hombre. Me
dirigí de inmediato a quien encarnaba ese rol de profesor y le pregunté por dónde habían llegado,
pues yo tenia sumo interés en salir de allí y no encontraba las escaleras.
-Ah, no hay escaleras -dijo el hombre, sonriente, mirando a sus compañeros como si
compartiera una ocurrencia. Todos, al parecer, 10 festejaron-e-. Sí, a veces llega aquí gente que
después no encuentra la manet-ade salir -y volvió a sonreír ampliamente.
A mí me resultaba de lo más perturbador haber llegado hasta ese lugar sin saber cómo. De
pronto, a uno del grupo se le ocurrió decir:
-Pero hay un ascensor.
-¡Claro!
-exclamó
el de lentes, muy solicito++ Casi no se usa, pero anda
perfectamente. Aquí está -agregó, señalando algo en una par-edblanca que había frente a donde
él estaba parado. Me acerque y vi que, en efecto, allí había algo muy parecido a las rejas de un
ascensor antiguo; es decir, una puerta corrediza hecha de pequeñas varillas metálicas, pintadas de
negro, trabadas de tal forma mediante remaches que al abrirse la puerta se disponen casi
verticalmente todas, ocupando muy poco espacio; en cambio, al correrse la puerta en el sentido
inverso, tienden hacia la horizontal, y hacen que 1 uerta cubra toda la abertura de la pared.
Detrás de esta puerta enrejada podía ver-se un espacl01 ~sCUt-Oque, supuse, seria la caja del
ascensor _
------¡Apriete el botón, apriete el botón! --me urgió una voz, como para evitar que el
ascensor fuera reclamado desde otro piso, mientras varios ayudaban en una tarea de adecuación.
Evidentemente, el ascensor no se usaba muy a menudo. Tenía un candado, que fue abierto, y
descorrieron la puerta. En el interior había objetos de madera, como paneles barnizados, incluso
un banco de escasa altur-aque COl-ríatodo a lo largo de la par-ed del fondo del ascensor, y algunos
listones de madera, también barnizados; creí ver además papeles de diario que cubrían algunos
sectores, como protegiéndolos del barniz que estuvieron aplicando 'S: esos eejet9B de madese. Las
paredes de la caja del ascensor eran también de madera barnizada, veteada, y tenían espejos
largos y angostos a los costados, pero no en el fondo. Me recordó esos objetos antiguos, como
reliquias, que pueden encontrarse a veces en las casas de remate.
-Ya está --me dijo el hombre de lentes-e-. Suba nomás, que todo está bien.
Yo mostraba cierto recelo, y se me notaba, POt-lo que insistió, amable y firmemente.
-Suba, suba -decía-_
No hay nada que tenler-_l\-1archaperfectamente.

t~

?

�Les di las gracias a todos ellos y entré a la caja del ascensor. Alguien cerró la puerta
enrejada y yo cerré unas puertas interiores, de madera .•..
ridriada, que permitían ver hacia afuera, y
sin necesidad de apretar ningún botón el aparato se puso en marcha. Arrancó lentamente, y en
pocos instantes cobró una velocidad importante, que en cierto momento casi llegó a ser de caída;
no logré ver gran cosa a través de los vidrios, apenas una impresión de pisos que iban quedando
atrás, o arriba, en parte por la velocidad pero sobre todo porque la iluminación de esos pisos era
demasiado pobre, o difusa, como para perrnitirme individualizar imágenes o al menos hacerme
una idea de cómo eran esos ámbitos; y cuando empezaba a temer que el viaje se prolongara
mucho más, y siempre a velocidad creciente, se sintió el accionar de unos frenos, suaves pero
efectivos, que fueron reduciendo gradualmente la velocidad hasta que el aparato se detuvo.
Había llegado sin ningún problema a la planta baja, o donde quiera que fuera que me habían
enviado. Salí del ascensor, pensando cómo debía dejarlo, si con las puertas abiertas o cerradas, y
vi que en el suelo de la planta baja había más papeles de diario y más objetos de madera
barnizados o en trámite de serlo; había además un tacho con barniz y un pincel. Miré alrededor
pet-Ono vi a nadie a quien preguntar qué hacer con el ascensor, y resolví cerrar las puertas,
aunque me parecía que antes debía acomodar en su interior esos listones de madera que estaban
sueltos sobre el piso. Finalmente me desentendí de estas cavilaciones, dejé el ascensor cerrado y
salí de ese pequeño espacio, pensando que por una puerta que veía, bastante amplia, con marco
de metal, accedería a aquel mercado y a sus cuartos de baño, pero me encontré en un espacio al
aire libre, más amplio pero también reducido, que parecía corresponderse con los fondos de una
casita. Se trataba de un jardín, con dos o tres árboles no muy frondosos, piso de tierra, y un cerco
todo alrededor que me aislaba nuevamente de la calle; ante mí estaba la pared del fondo de la
casita. Ahora no había duda posible: no tenia otra manera de salir de allí que entrando a la casa,
por una puerta que veía en esa pared; la puerta tenía una cerradura tipo Yale. También se veía un
par de ventanas, con los visillos echados. Mi necesidad de ir al baño ya era insoslayable; el
mecanismo de entretener al que duerme para que no se despierte comenzó a dar muestras de estar
perdiendo el dominio de la situación, ya que volvió a echar mano de aquel hombre insoportable
que hacía discursos allá arriba_ Apareció, sin ue su iera desde dónde, y trató nuevamen -con
aire
amable y sonri
e conversació - ero yo ya estaba alerta, me dije
las
cosas ha ian legado a punto insostenible, y logré despertarrne.
(Fin del relato).

�IRRIJPCIONES/

67

la puert.a del hotel, en el balnear o, caigo en la fascinación de los trabajos de una
hormiga que se mueve cerca de mis pies. E piso es de pedregullo. Es un día de viento
corL~iderabll La hormiga cat-ga con un trozo en rme de hoja ver-de, algo mucho más grande que
~11~_ 1:'1
'a
derriba
.. .J~ y a 'a
horn
r.,
~••
~.-.t"volver
sobre
~u~patas
Clla
.L.l ~r;~.~
\'l..:;llLV
1
tiCll
va ~
a ~~
11lC11UUV,
1
11 11 isa
15
lC
••.•.
uc~¡,u
v 1 VCl ~
&lt;l. ~""-~~~e
p&lt;ll &lt;l.1~
~
Vl
;1&gt;;1&gt;
cl&amp;.&lt;l;1&gt;
J
~T

-._,.....;.•..._ .•.
tU t.,_~_ .•.•..
y

1J"t..•. r_ •...•.•.•.•..•.•.
1h
IC·oJ&lt;l.1llrcll

llVJcl

~C5UU

~

r" •..•.
Á_
1:'."""
.• ,,_
&lt;l.V&lt;l.11L.&lt;l.llUV_ .L.;1&gt; Ull

.T

'"" ••..• ~ .•

C

_&amp;....,..._ .; .• r:.. ••.•. ;

UCI¿V

__

LlL.&lt;J.1U
••.•.
V

r.I .••••••••

"fuc,

_

+•.•,." .•.""a •...•-

.•••.•••.•..•••.

pVI

VU&lt;l.

P

lLe,

.....
;:..
~c

,...n,,_

•...",... t..."

'-1uC uv

g;

resultarájPorque me levanté pesadamente del a iento donde estaba tan cómodo y seguí el camino
de hormigas, en el que por cierto otras hormi as vivían fatigas similares, aunque con distintos
grados, y vi que el caminito se extendía hasta lUy lejos, hasta quién sabe dónde,.;y había que
fl.f1;~Mpor un túnel de rígidas matas de pastos ue fatalmente engancharían las hojas de cierto
tamaño. De cualquier manera, los hormigueros saben cómo regular estas cosas y a ellos no les
importa sacrificar cualquier cantidad de esos estúpidos individuos que sólo saben cumplir
órdenes,iO morder- el trozo que le han destinado y llevar-lohasta donde puedan, mientras les quede
alientfkual que nosotros.

Desde el mismo cómodo sillón, en el porche del hotel, sorprendo un movimiento particular,
muy leve, en un seto cuidadosamente podado en forma de muro que corre a unos cuantos metros
a fachada del edificio. El movimiento era como el aleteo de una mariposa o, para ser más
preciso, c
el ú~co movimiento de las alas de una mar-iposa al plegarse una contra otra. Tal
vez el movimiento üe e llamó la atención, a pesar de mi miopía, porque no seguía la dirección
del viento, que sopla a hacia mi derecha. Pero no pude distinguir ninguna mariposa.
Al rato, vuelvo a captar un movimiento parecido. Me obligo a un registro minucioso,
siempre a la distancia, forzando la vista, y me parece distinguir la forma de una mariposa~
"mal ipesa grande y oscura, pero no negt-a como esas mariposas nocturnas que suelen confu~
con murciélagos; su color era apenas un poco más oscuro que el verde de las hojas del seto1fal
vez fuera simplemente una hoja, o un gmpo de hojas, que a la distancia, por alguna razón, se
veían distintas. O un objeto cualquiera, o un capricho de mi imaginación. Porque si realmente
fuera una mariposa tendría que haber levantado vuelo, en busca de un lugar mejor; allí había un
viento molesto, no estaba protegida, no tenía nada ~e hacer allí. _ _
_. ~ ~
Hubo, al rato, un nuevo aleteó, y no pude más con la curiosidad. Dejé ~,.del
asiento y caminé sobre pedregullo y después sobr-e césped, hasta llegar-junto al seto. Y allí
estaba. Una mar-iposa rara -al menos, rara para mí-, con un delicado, complejo, delicioso
dibujo en las alas; de inmediato se me asoció ese dibujo con motivos persas, no sé bien la razón;
algo que hubiera visto en algún libro, o en alguna película. -4'awbi-én @t-eícomprender que la
mariposa era vieja, muy vieja. Estaba aferrada a ese lugar-azotado por el viento, y era el viento
10 que la obligaba a veces a mover las alas, porque probablemente no podía volar en @S~
CQt).dicienes: una de las alas tenía un pequeño desgarrón yeso probablemente le debilitaría tanto
la fuerza como la capacidad
rientación del vuelo. Pero había algo más que hablaba de vejez;
el esca:
del laborio o dib
tonos daban la impresión de haber sido opacados por
el tiempo
, ya que era el tipo de dibujo y de color que exigen
brillo, Y vi también una extr-ema vellosidad en el cuerpo y la cabeza del insecto, (iue me lo
~1l.C.1_1maginar como un anciano de barba. El conjunto imponía respeto. Por un instante tuve el
Impulso infantil de atraparla y guardaría en una caja. Pero en segui
pensé: que muera en
Ik.~

J~(u..",

)~

l..

\t- o~·
"O

\

�Iibertad. Y ahí 10. dejé,

aferrada

o. uno. remita del seto. Al otro dio. yo. no estebe o.llL Lo. bU:9cJUé

durante unos minutos por los alrededores, pero ya no estaba.

Por la tarde, una tarde ventosa y gris, fuimos en auto y quedamos estacionados sobre un
montículo desde donde a no mucha distancia se veía el mar embravecido. Es lindo observar la
violencia de los elementos desde un lugar protegido. Dejé perder la vista, ávida de horizonte
después de tant.a pantalla de computadora, hasta que de pronto me pareció ver algo imposible:
algo como una hormiga que llevaba una hoja verde más alta (iue ella, pero en el mar. "Wind
surf", dijo mi mujer, que también lo había visto. Sí, un hombre, aparentemente sin que ningún
poder' superior se lo hubiera ordenado, repetía la historia de la hormiga, y para peor en el agua.
'=.H La ~ela v,erde era c~ntinuamen~ azotada p.or el viento ya. veces con tal fuerza que derriba~a al
;;:U surtista. El se reponía, se orgaruzaba, volvía a armar trabajosamente todo el aparato. Después el
viento lo volvía a derribar, y él volvía a reconstruir el sistema. Y después el viento lo ""IGlvi9--tt"
\.. -aerrib~7pero no se le vio reaparecer. «¿Y ahora qué hacemos?" No había nada que hacer;
aunque hubiéramos tenido los medios y hubiéramos sabido a quien avisar, nadie podría haber
llegado a tiempo para salvarlo. Y el tiempo pasaba, del modo que suele pasar en esos casos; la
angustia suele estirar' al tiempo como un chicle; imposible tener una medida. Más de un minuto,
creo yo. Bastante más. Pero no cronometré, no miré el reloj; estaba pendiente de la falta de
sucesos en ese lugar donde había visto hundirse al hombre y a todo su equipaje, y tenía un
sentimiento de total irrealidad: yo no podría haber sido testigo de tarnaña estúpida tragedia. Y
allá surgió de pronto la cabeza. Y luego la tabla, y luego la vela. Y aquel aparato volvió a ser
armado trabajosamente. YCa hormiga siguió su camino.

y

................................................

kyolu}"t~k...

?

�(69)

Hace tiempo, por suerte, que no fue visita; pero sé, íntimamente, que no debe faltar
mucho ,t'c.u.u ~c.\.
1~ 1"'I1";"v1i"1'l~
¡:;&lt;:.' 111'l~ "lT'¡P'¡~
P&lt;:.'1"'I~tro&lt;:.'~ r~u.p
1"'I1'"ronllrp
111'l
n~uro1'"
...~L.:J&lt;C..\. hrorr.jh1p
'1 '-o rup lJ.L\J~~~·'-·
\.•..•. 1:'''''"\,
.1..1.1.

l.. -,1.I ..\.J

1"'I'H"~

,tJ~'\J"'kLJ..l.l.c.L

~

U-.l.l.L.t.

.l.J.:~.I~..I.~V.L'-·,

'-'~'t'&lt;C.u.J.I..'U'¡Jc.l.:o

.1

L'

.L

V.L

indecible. La veo cruzar la calle, desde mi ventana en el primer piso de aquel apartamento
que ocupé durante tantos años en la calle Soriano. La veo y veo que levanta la cabeza y me
mira -es a mi a quien busca- y trato de levantar todas las barreras posibles para impedir
que llegue: cierro las persianas, cierro la ventana, pongo una cadena en la puerta, y me
quedo allí aterrado, palpitante, hasta que me despierto sudando.
Bueno, en realidad fue así la primera vez, hará unos quince arios, tal vez no tanto. La
segunda vez fue un poco diferente, apenas diferente, pero 10 suficiente como para hacerme
pensar. La vieja seguía siendo horrible, pero no tan horrible; yo seguía teniéndolemiedo,
pero no tanto miedo, e incluso junto con el miedo había mezclado otro sentimiento, algo
parecido a la piedad, corno si dijera «pobre vieja". Volví a rechazarla, y volví a despertarme
inquieto, pero ya no sudando ni con palpitaciones, sino con una gran profundidad vacía de
pensamiento, un gran signo de interrogación.
¿Cótno será la próxima vez? ¿Llegará a parecerme una mujer hermosa? ¿O la piedad
será tan grande como para dialogar con ella aunque siga siendo horrible? ¿Dejaré que me
lleve? ¿En esta próxima aparición, o en la siguiente, o en alguna otra más distante en el
tiempo?

*
Irrupciones

de lectores.

Me escribe Jorge, un hombre que ha adquirido sabiduría ¿entro y fuera de
universidades. Me dice que está muriendo; que todos estamos muriendo, pero en él esta
consciencia se hace más lúcida y urgente como consecuencia de un diagnóstico médico. Le
pedí un comentario sobre este texto de aquí arriba, y me respondió, siempre gracias a la
magia del correo electrónico:

sabes que el tema me subyuga, me somete intelectualmente, me interna
descabelladamente en el rincón ineludible de los pasos inciertos, me deleita apurando la
ilógica curiosidad Esa Señora 'vieja horrible que levanta la cabeza y te mira, irá
mejorando sus relaciones contigo a medida que se acerque y consiga decir en tu oído que
sólo tienes que entrar con los despojos, pues ella desde siempre se ocupa del resto y en ese
resto jamás se le ha ocurrido incluir al sujeto. La verás menos vieja, casi hermosa,
transitar con tus cáscaras en el universo fascinante de las transmutaciones mientras tu
sujeto ... (aquí se agazapan los miedos adquiridos) ...quién sabe qué hace. '.'
cc •••

�*
"[Soy demasiado joven para morir!", "[Soy demasiado bueno para morir!" pensaba,
muy triste, el perro Snoopy; su casilla estaba amenazada por un enorme carámbano,
estalactita de hielo que podía desprenderse en cualquier momento, mientras Charlie Brown y
Linus le gritaban que saliera de allí, que corriera. El pobre Snoopy estaba demasiado
aterrado para moverse. Y su siguiente reflexión era: "¡Soy demasiado yo para morir!"
y ése es el asunto: el yo. El yo es 10 único que muere, el yo es esa ficción utilitaria
que el ser humano necesitó crear para sobrevivir. Pero el ser no muere -ese ser que es
ácido nucleico, y que es mis padres y mis hijos y mis amigos y todos los perros y todas las
hormigas y todas las plantas y... y detrás de ese mar de ácido nucleico hay todavía una
voluntad, la voluntad de vivir que 10 creó, y con unos pocos elementos y mucha paciencia
esa voluntad puede volver a construir la vida allí donde desaparezca El problema de la
muerte es el problema del yo. Por eso, quizás, como cada vez se quiere poner mayor
distancia con la idea de la muerte, y nos quieren hacer vivir olvidados de la muerte, y nos
quieren prolongar la juventud y que luego desaparezcamos limpiamente sin que los demás
se enteren demasiado de los detalles. _. por eso tal vez aceptamos ser masificados por la
publicidad, por los líderes, por las formas infinitas del trance y del olvido de la vida que nos
ofrecen, cada día más, esos oscuros organizadores de nuestra esclavitud.
Cuando llega la hora de morir, si nuestro yo está disuelto previamente, no hay muerte.
Podemos disolverlo voluntariamente, por medio de una sabiduría que ciertos trabajos
permiten alcanzar; disolverlo y crearlo voluntariamente, como se carga un programa en la
computadora a partir de unos archivos sueltos. También podemos hacer corno la mayoría, y
dejar que otros disuelvan nuestro yo a su antojo mientras, de paso, construyen sus pilas de
moneditas; lástima que de esa forma habremos pasado vanamente, sin haber siquiera atinado
a soñar con nuestro real, positivo, verdadero Ser.

Posdata: Snoopy se salvó porque Charlie Brown le hizo negar hasta la casilla el
aroma de una pilla recién hecha, su comida favorita, y la gula se impuso al terror y
Snoopy salió corriendo hacia la pilla un instante antes de que el carámbano cayera y
partiera la casilla en dos.

.-,

¿

�IRRUPCIONES/ Mario Levrer

(71)

Hi amigo había vi '¡ - do nu..ichas expe rí.e nc as de tí.po par-anor-mal, y
es t oy seguro de que
leyó la ment.e" carrtí.dad de veces;
esto,
al
corrt re ra o de lo que la gente cree y esper-a: no implica ru nqún "pode r"
especial
sino más bien! en la mayoría de los casos!
alguna clase de
debilidad,
ya que esos fenómenos se dan a expensas del \'yo-'-'. Pero voy
al hecho de que mi amigo, con esas experiencias,
se había vuelto muy
crédulo
y sugestionable,
y muy entusiasta
de lo maraví.Ll oeo y lo
inexpllcable.
Hace unos cuantos anos, este amigo me visitaba
con t re cuenci.a porlas t a rde s r t omábamos mate , fumábamos y charlábamos.
Hás bien e 1 que
charlaba
er-a él:
era un gran conver-sador
y s i.emp re tenía
alguna
hi5toria
interesante,
y si
no era
interesante
la
hacía
aparecer
lnteresante
por el modo de contarla.
A veces se hacia la hora del té y
entonces
lo invi taba con té,
pan tostado
y queso.
Como yo era muy
pobre, él siempre insistia
en comer la cáscara del queso, diciendo que
era lo que más le fiustaba,
y lo mí smo con alguna
tostada
que se
quemara.
Después de un tiempo fui advirtiendo
que su presencia
en mí. casa a
la hora del té se hacía
cada vez más fr-ecuente,
como si va ní e ra
expresamente
para eso. Esa presencia
no implicaba
ningún gasto extra
importante,
ya que además de que él no er-a exigente
con las tos t adas y
el queso,
por mí, parte
poru.a un montonci to de un té ba r ato en un
colador- metálico
y después echaba agua hirviendo
en la taza,
a t rave s
del colador;
nada de sobrecitos
ni de otras sofisticaclones.
Y si había
segundas y terceras
tazas,
salían siempre del mismo pufiadito de té.
-¿Cómo lo querés? -le preguntaba,
o le habré preguntado la primera
vez, porque de ahí en adelante
era él siempre quien sacaba el tema.
-Para mí, bien cargado -decía,
':l se quedaba mí rando fijamente
la
taza. Ye- prefería
el té ba en liviano,
casi incoloro.
Le servía entonces
su taza de té bien cargado, echando el agua por el pico de una caldera
que había calentado
sobre un viejo primus, me servía mi taza de té bien
liviano,
y seguia escuchando sus histor-ias.
Empecé a notarle
una mirada rara,
ent.re burlona y desafiante,
y a
veces murmuraba cosas que yo no lograba entender
bien,
algo acerca de
un t rucc , pe ro nunca dec.i a nada claramente
po rque , después
supe,
estaba acechando, queria sorprenderme,
aunque a veces la frustración
lo
obligaba
a casi
delatarse
con esos
refunfufios.
Después yo no me
acordaba de esa conducta extrafia y nunca me había detenido
a tratar
de
entenderla,
hasta que un dia no pudo más y estalló:
-¡Basta~
¡He doy por ve nci.do ! -gritaba¡Hace noches que no
due rmol ¡Decame por favor- cómo lo hacé e , o me vuelvo Loco !
=; Cómo hago qué? -P r e qun t
con el mayor asombro.
-¡Cómo hacés con el té!
-No entiendo.
y
me expllcara
las
cosas
Al rlnal
consegu1
que se calmara
detalladamente:
él me pedia té cargado, y yo le se rvi a t.é cargado. A mi
í

é ,

�me gust-aba claro,
y me lo s e rva a claro.
Si él pedía
ot-ra taza,
se lo
vo Lvá a a servir
ba e n cargado.
Y siempre
pasaba
el agua por el mismo
co Lado r , ¿ Por qué en el
caao
de él salía
carqado , y a mí me salía
c.Larí, to? Bien pod.i.a ve r que yo no t-enía nada oculto
en la manga, y
había
revisado
varias
'veces la ca Lde r a cuando yo estaba
distraído;
y
había
revisado
las
tazas,
y todo parecía
no rmal e
nof e ns í.vo , Venía
casi diariamente
siempre
con la esperanza
de descubrir
el truco;
porque
tenía
que haber' un truco;
er-a imposible
que la misma agua y el mismo té
dieran
resultados
tan diferentes,
y a pedido.
Bueno, era algo que yo hacía
automáticamente,
y no sé s i. alguna
vez lo había pensado.
¿ Té bien
cargado?
Sencillamente,
hacía
que el
chorro
de agua moj ar'a todas
las
hoj as de té.
¿Té bien
li va anc&gt; Un
cho r r o r i ní. t o que pasara
siempre
por el mismo si tio,
tocando
apenas una
pocas hojas.
Nunca se me habría
ocurr-ido
pensar- que para alguien,
una
cosa t-an sencilla
pudiera
constituir
un mist-erio.
.í

Irrupciones

de lectores.

A veces
ej empLo :
"Hoy

esperebe
rr

¿ es

mis

de

corresponsales

ta.1'cje

que me las

lo

mz smo

con

en t.ré

a

t.1'aj eren ,
paloma

me

una

cuentan

tienda

y uu.en t.res
s ir:

que

cosas

a

fascanantes;

ve l.s s ,

comprar

escucllaba
paloma?

rr

por

.Mien t.res

prequri t.es tales
o

rr

¿ tiene

como

sombreros

riearos &gt;", comencé a aescuor ir en los escepare t.es los o}~je tos
más iricre irües : un cruc i t xjo ebso Iut.emen te veroe .• plumas verdes r lnlev"Os
vez-des en t.re ángeles
ae col 0.1-' ro j o , lJa.1'cos ezu.ies , sales
smsri LLes .•
ve Ls.s blancas...
Mi.Taba toclo como en un ext.reiio
sueño.
Una vixqeri con
flo.1'es
en la
msno,
un ercánoe :
de alas
pla teadas
y senasú ias ,
un
cenae ieoro rieqro orot unao , Tr i aen t.es ro; os al cos ta&lt;..10de un buaa y un
~n&lt;..üo con 1..111 c i.qerro
en la mano. lias allá
se sa: v ineben
senumer ios de
to talmen te

todo

t ipo ,

aj os y careco Ies , Y lo

Es t.sb«

en una caj i t:s ,

al

cos ta·jo

asncno dO.l'a&lt;..10
s .•
t:e , en',7~an{jo
Lucec i t.es cuando la luz lo t.oceba , No pude evz tal::·lo.
Cotnpré ese anillo.
Ese anillo
que cuanclo cnxca me nuai.ere encan tado l Iever
en mis cledi tos
qorai tos.
Doreái.s uno y con la
p iear«
vezde , duenne en l1U allJa] ero .
Espere ...
de

cs Lever«

"Ti.

la

es taba

srii.,

con

con

su

los

ojos

p ieari. ta

.1'ojos ,

verde

los

de

alfile.1'es

fan t.s.sie ,

ae

b.1'illan

n

Mariana

ojos

Un relato
con efecto
hipnótico
llenos
de imégenes y brillos
.

...

Percovich
no puedo

... . ..... . .. . . . . . . . ... . .. . ... .... . . ......... . ...

agregar

nada,

tengo

los

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(72)

LAS AVENTURAS DEL RATON MOUSE.
l. - Hi amigo el
Allí
medio del

r::ttcm House.

estaba

el

ratón

Hou se ,

muy quieto,

m rándome
í

fij amenne

desde

el

L'i.v i.nq .

En realidad
nD estaba muy quieto,
sino que Dreves
tanto en tan~o su frágl.l euerpeeillo
y le haeían oseilar
Es raro el
ratón
House,
verdadero
ratón,
aunque me pregunto
euando deeimos "un verdadero
ratón".

por as a de e 1. r ID,
un
-' ,
que queremos dec r exactamente
No

qué es

lo

temblores
reeDrrl.an de
los largos bl.gotes.

.:.a.;;,,'
"-

í

El ratón t"Iouse e's mi amigo ':l ':lo no debería
hat:::,er estas
reflexiones,
o
por lo menos no debería
compartirlas;
si
él
se enterara,
seguramen'Ce se
sentiría
muy mal, porque se ve c La r amerrte que él es de aquellos
que aceptan
con toda naturalidad
a sus amigos y no se les ocurre reflexl.onar
sobre ellos y
menos que menos cuestionarIos.
Sin embargo, no creo que pueda dec ar se que yo lo estoy
simplemente he dicho que es raro,
que me resulta
misterioso.

euestionando;

Después de todo,
¿qué cosa no es rara,
qué cosa no es misteriosa?
¿,De
qué eo sa podemos deeir
sin temor a equavoc arno s , "yo esto
lo conozco"? El
hecho de que el ratón Nouse no se parezea a ningún otro ratón no me da dereeho
a pensar en el ratón House como en una esper:'ie de rareza o mons tr zuoai.dad , ¿i~ué
es ser ratón? ¿Por qué ratón,
y no oso, o culebra?
¿Qué fue lo que decidió que
el ratón House fuera el ratón House , que un ratón fuera un ratón?
Vuelvo a
preguntarme:
¿qué es ser ratón? Con esto quiero decir:
¿por qué la Vida eligió
tantas
múltiples
formas de manifestarse?
¿ Por qué pre,:::,isamente un. ratón'? ¿ Por
qué no es todo osos? Múltiples
osos, todos iguales
entre
sí,
o bien un solo
oso que ocupe el cosmos. ¿Qué fuerza
especial
de vo Lurrtad o de deseo,
que
a.mpu Lso
annomanado y remoto llevó a esas formas plurales
de la Vida y, entre
ellas,
a la f'o rma ratón?
y entre

todas

Las

f ormas

ratón,

el

ratón

House,

mi amigo.

�IRRUPCIONES/ Mario Levrero

Las aventuras

aquí
2.

()

del ratón Mouse.

va imagen a)

El ratón

Mouse va de paseo.

El r at.óri Iv10use sali6
a la calle
con idea de explorar
el
mundo. Hacía
muchos días
que estaba
allí,
quieto,
en el
li vlng,
sin
hacer
o tr a
cosa
que mover los
bigot.es;
los
ratones
tienen,
a veces,
conductas
incomprensibles.
~;ali6,
y se perdió
rápidamente
de vista,
como un rayo.
Pensé que nunca
voI vería
a v e r Lo, pero
a los
pocos
días
estaba
de
vuelta,
otra
vez
en
el
living,
qUleto,
casi
nmóví.L, los
oJ os b r i Ll ant.e s y los
bigotes
con su t embLor
c ar-e ct.e z i s t í.co . Quien lo ve, no lo diría;
pero yo, que lo
conozco,
estoy seguro de que en estos
días
el ratón Mouse ha
visto
muchas
cosas
y
vi vido
cantidad
de
maravillosas
aventuras.
.í

*
(Aquí va imagen b)

3. - Yo

rollO

al

Yo amo al
veo el difícil
no sale
an te
,;. ebrantos
de
r at.óri House, a

ratón

l'10u.3
e.

ratón Mo ua e . 'leo su delicada
y tierna
figura,
y permanent.e ej ercicio
de su dignidad
de ratón
el
gato,
sino
ante
todos
los
p r ob Lernae
y
e a+e, vida,
y no puedo
iue n oe que amarlo.
El
su manera, es grandioso.

*

�..

aqul

va imagen c)

4.- El ratón

Mouse tiene

sueño.

Ya es de madrugada.
El ratón House ha tenido
una jornada
difícil,
ahora
está
cansado.
Sus
rojos
oj illos
se
entrecierran,
pero
él
t.odavía
no se da por vencido:
sigue
allí
en el living,
como si
esperara
algo,
qUlen sabe que
cosa.
¿Qué puede esperar
un r a t.ón? Huchas veces me ha-go esta
pregunta,
cuando Lo veo p a r ado allí,
de madruq ada , mientras
yo comí e nz c a qua r da r mis cosas
para
i rme a acostar.
Yo
t amb n t.e nqo sueño,
ahora.
í.é

Cuando
clue rrne,
el
rat.ón
House
s uefi a
con
un. hilo
eno rmerae nt.e La rqo y enc rmement.e
de Lq adc ,
que se extí.e ride
hasta
que se pierde
de vista
tras
una arboleda
lejana.
Hace
unos días,
sin ernba r qo , zsono con una cosa informe,
pequeña,
marr6n
y con pelos.
El
sueño
t.ranscurría
en
un lugar
desconocido,
y no se
veia
gran
cosa
del
paisaje;
s610
recuerda
un suelo
de tierra,
muy irre-gular
y seco,
y ese
objeto
cuyo significado
no logra desentrañar.

/
~,
e:

�IRRUPCIONES/1\.farlo

Le\lrero

(~

- Ya llegaron los escoceses. Trajeron las gaitas_ ¿Qué les digo?
Estoy parado en la pue1ta del cuarto de mi 8nligo [uan; alguna que otra. vez, ll1Uy
de vez en cuando, me despierto antes que él La madre probablemente ha intentado
despertado sin n"layor éxito. Yo 11.0intento despertarlo, SIDO hace!' que aproveche
poéticamente su sueño.
Él trata de recordar una improbable cita con escoceses, o incluso la propia palabra
"escocés", ya que en ese momento, su p1":i.fne1'
contacto con la vigilia, todavía está
dominado por el fluir onírico. Según me explicaría más adelante, le parece que actúa
ese mecanismo de proteccíón de los sueños, igual que cuando hay alg1..Í11.
ruido que a
uno 10 podría despertar pero el sueño 10 integra, dándole una explicación inofensiva,
creíble, y uno sigue durmiendo. "Escocés" entonces pasa a qUe!'e1'decir algo, 11.0nlUy
pt'eciso, pero no i.fnporta; el significado que se le inventó a la palabra le permite
un rato más sin despertarse del todo.

=s=:

Tambíén puedo decirle:
- iY cómo hacemos entonces con el asunto de las gallinas?

O:
- En la puerta hay un :niño con bigote postizo_
0., sírnplernente:
- Una escalera blanca y una escalera azul.
Es mi forma de pr01uocionar el surrealismo en un mundo :muy apegado al sentido
común, Todavía 11.0he llegado a conocer 1..U1.a
n"lay01'belleza que la del absurdo.
Cuando más tarde rni at1.ligorecuerda estas intervenciones mías, 10hace con una
expresión de asombro ínfíníto.
- Este tipo
- le cuenta a la madre, con 1..Ul
desconcierto que no llega a Se!'otra
cosa, ni siquiera fastidio; 1MS bien parece 1..Ulapt'eocupación por mí, por mi salud.Hoy me dijo algo, no sé qué de un árbol que apareció en la cocina _
- Un ombú -le recuerdo.

Irrupciones de Lectores.
No puede decirse que, estríctamente, mi atniga Alinda sea una lectora. Es, ante
todo, mi profesora de Yoga También es pintora Y cuando 11.0tengo ánimo para recibir
rni lección..
, se sienta en la cocina a dibujar y a tornar café, y a veces también escribe:

�o~o
"Guardando elj silencio elj rniserable curaj urdió su henliaj de discoj contra ~
vieja tia/ diamantina/ Atravesó el espacio/ exterior con aquella/ flecha h~
alambre de púa_
vr
y guardó silencio j el miserable curaj urdió su hernia/ en su vieja tia que ~
diarnarrtma / disco atravesó lajvic'tt'ola hacia elj espacio donde pudo j ver pOi' !-")1' ,
vez.
Miserable .. el cssxe] uso 5U flechaj diamantina pat'ajlanzat' a su vieja tiaj con su
hernia de di5co/ al espacio exteriorj' donde pudo ver/
urdír-&gt; venganzaj extrema.
El cura miserable j hundió su flecha hechaj de alambre de púa ..j en [ula-ula! su]
vieja puta tiaj portadora de herruaj' de díscc.j' Lanzóla desde allij al espacio exterior/
adonde pudo ver] que su tia eraj 1..ID
gato_
y guardó el silencio j y tuvo cura/ la hernia de disco/ de su vieja tia/
diamantina.j/ Atravesó el espacioj COUl.O
una flechaj hecha de alarnbre / de púa, [Úah!
/-fin-_"
=

Me doy cuenta de que vivo en el tiempo COfl1.0
en 1..IDa
prísíón, y la u1.ayot'pat'te
de 185COS85que hago es para tratar de engañar al tiempo .. o para no darme cuenta de
que no 10puedo engañar, Hago pt'ogt'at~1itasen la computadora, y en su mayoría tienen
relación con el tiempo: almanaques, alarmas que suenan avisando que debo pagar
alguna cuenta que está pOt' vencerse o avisos de que he estado demasiado tieulPo frente
a la pantalla.
Borges 10 decía de un modo perfecto:
"El ti.f.~mpoes la sustancia de qut:.~
estL~1hecho. El tiempo es un rio que me arrebata .. pet'O
yo soy el rio; es un tigre que me destroza, pet'o -yo soy el tig·re.:es un fuego que me consume ..
pero -yosoy el fuegr..? El mundo, desgraciadamente .. es real: yo .. desg-raciadamente ..soy Borges ."
Desde luego, cuando me doy cuenta de estas cosas es peot'! porque no sé qué
hacer, lvIe pongo a pt'estat'le atención al paso del tieulPo, y sí, es peOi~,no hay peot'
forrna de perder el tiempo que rnirarlo p85ar_ Y el corazón parece acompasarse al tictac
del reloj, y el reloj pat'oce en1.!-ieZat'a correr, y el corazón atrás. Huyo de esa
consciencia Entonces vuelvo a distraerrne, y cuando tOU1.0consciencia de nuevo, a la
hora siguiente ..la semana siguiente, o el rnes siguiente, claro, el tiempo se me fue. Y no
hay otra alternativa: se pierde de este modo, o se pierde de este otro.
Qué problema pat'a los avaros: he aqui algo que; pOi' suerte, no se puede atesorar,

�IRRUPCIONES¿ Mado Levrem

No sé si tendríamos

dI)

ambos rutinas fl1.Uyrigurosas que nos hacían coincidir

I
1
1
1
1
1
11
1
por un azar t o d as 1as noc h es" o 501. era e1 acto
ae
encen d er la
lUZ
10
que la
uamaoa;

tarnooco
sé si todos los días la horrruaa
era la rrusma. o si era síemore una distinta,
J.
U'.l

porque vaya uno a distinguir una hormiga de otra, Quiero decir: vaya uno a
distinguir una hormiga de otra hormiga de la misma especie" ya que esta hormiga
en particular era de una especie más gí'ande que las comunes, y tenia otras
particularidades.
El hecho es que, pOí' las noches" o rnás bien las madrugadas" en rnedío del
silencio, yo rne instalaba en el baño, casi sie:rnpí'e con un libro" y en un momento
dado advertía con el rabillo del ojo izquierdo un leve movimiento. Después me
acostumbré a la presencia de la hormiga" y podría decir que la esperaba, y e
incluso que si tardaba mucho empezaba a preocupat'fne. Pero nunca falló. Venía
caminando por la cañería exterior" pintada de blanco, pat'a el agua caliente, y
nunca supe desde dónde venia. No hubo manera de encontrar un principio para su
recorrido; parecía que se creaba por genet'ación espontánea en ese preciso instante
en que yo la veía. Nunca pude detectar una boca de hormiguero apropiada,
aunque había algunas" sí" de otras hormigas y en otro sector del baño. Tambíén me
costó mucho averiguar adónde iba" pero eso sí 10 pude lograr.
1\.1ecostó mucho averrguarlo pot'que esta hormiga, y hablo de ella como si
fuera una sola r y creo que sír que era siempí'e la misma, esta hormiga .. a diferencia
de sus hermanas o primas de lUe11.0rtamaño, rne veía. Las hormigas de cierto
pequeño tamaño ignorat1.la existencia del hombre: podrán suponerla, por iridicios,
pero estoy seguro de que no nos ven. Uno puede acercar un dedo a una hormiga,
que ella 10 esquivará, o trepará pOt' él, y seguirá andando tranquilamente sin darse
cuenta de que el obstáculo apareció allí súbitamente, C011.1.0
llegado de otra
dimensíónj la hormiga común 11.0se altera, no se preocupa .. no se pregunta - - - probablemente pOí'que no ve muy lejos" aunque se trate de cosas muy grandes.
Para estas hormigas r esas cosas grandes como por ejemplo nosotros los humanos,
pertenecen realmente a otra dirnensíón, distinta de la suya.
Pero esta hormiga noctámbula sí veía, y se escondía apenas yo hada algún
rnovímíento. Y·una vez que se escondía, no conseguía encontraría, aunque parecía
imposible que algo negt'o pudiera reelrnente ocultarse en esa bl.aneura lisa de los
azulejos y de la cañería esmaltada, POí' eso 11.1.e
costó mucho seguida en todo su
recorrido ..hasta ver que llegaba a la ventana, y desaparecía por un agujerito en el
marco de madera pintada de verde. Según supe más tarde" ese orificio conectaba
con el hormiguero de unas hormigas especiales, aladas en cierta época del año; en

�esa época aparecían y quedaban, algunas de ellas, atrapadas en el baño,
ignot'31"ltes,a causa de la posibilidad de volar de que podían salir caminando pOt'
aquel agujetito.
Hay otras cosas para decir de esta, y de muchas otras hormigas; tengo más
de dos y rnás de tres veranos completos ocupados en mí difícil relación con las
hormigas, a veces de colaborací ón, a veces de simple observación, a veces de
enfrentamiento
como en el caso del último 311.0que pasé en una ciudad del
=

interior, cuando unas hormigas chiquitas, muy tesoneras, Ilegaron a meterse en mis
platos de comida y aun en mí c311:La,
y finalmente me derrotaron en toda la línea.
Fue una guen'a que duró todo el Vet'31"lO,
y que perdí a pesa!' de que yo parecía
tener todos los trnmfos, y de que estaba desesperado y dispuesto a todo.
Pero estas son otras historíasj rne excedí en mis recuerdos y me dejé llevar
por camines que no esperaba recorrer ahora, Esta vez yo sólo queda evocar a
aquella hormiga solrtarra, Sien"lpí'euna y sola, en cierto n"lodo una compañía, un
algo viviente en mi soledad, un ser que noche a noche, quizás al influjo de la luz
que yo encendía, quizás simplemente pot'que éramos, ambos, rnuy tigurosos en
nuestras rtrtirias, aparecía C011:LO
una rnotrta negra sobre aquella bl.ancura y hacia
un complejo recorrido, en muchas partes fuera de mi vista, un recorrido cuya
finalidad nunca fui capaz de comprender.

�IRRUPCIONES!

Mario Levrero

-Este tipo de morre da -dij o el clego pausadamente- dej ó de
circular hace más de cinco afios.
-Usted no es ciego -repliqué con desprecio, o más bien
con ese tono aparentemente
despreciati va que s lc trata de
ocultar el despecho, el temor o la culpa.
-No -respondió-.
No soy ciego -metió
la mano en el
a nt.e
rí.o r de su inmunda chaqueta y extraj o una billetera; de
allí extra j o a su vez un pe que ñc clo cume n to p Le st a f cado+.
Inspector Pergolesi, de la Brigada de Homicidios.
Yo me arranqué la barba p os tí.z a y sonreí diabólicamente,
Sln declr una palabra.
-Ah -dijo, entonces. Y movió la cabeza como para expresar
un sentimiento de fracaso.
En la calle, alguien comenzo a tocar el acordeón.
ó

í

*
Re vu e L v s: una carpe t a que contiene relatos de euenoa, y
encuent.ro una
ee rae
de
h o j ee
un í.de
s
con
un
broche,
co rrespc nda en t es al mes de octubre de 1979. Los relatos del
martes 16 ocupan dos páginas; no hay nada con fecha 17 ni 18;
los del Vlernes 19 ocupan tres páglnas. Ahora bien: entre los
relatos del martes 16 y los del viernes 19, hay una página
sin fechar,
sin
título,
sin
la menor
indicación.
Dice
textualmente lo que sigue, y ninguna otra cosa:
1.2.3.4.~ -

6.7.8.9.10.11.1 .13.14.15.16.17.18.-

La gente va al zoológico
a ver a un mono
llamado Saúl.
El mono hace piruetas muy divertidas
y la gente se ríe
pero hete aquí que el mono se escapa por la chimenea
y roba a un niño pequeño
a quien arranca de los brazos de su madre,
una señora gorda con bigotes,
y toda la gente chilla y protesta
pero después se aburre
Y se toma el autobús para su casa
mientras la madre desesperada le grita al mono
que le devuelva a su niño
que no se lo coma
porque si no, qué va a cenar ella esta noche.
El mono se encoge de hombros
y se trepa más alto en el árbol.

�19.- Después, eructa unos escarpines
20.- que van a caer a los pies de la madre.

Has t.a ahí el texto.
Si sólo corrta r a con mi memoria, y no
e s t.uv i e r a e s c r t.o con mi máquina de escribir,
y no recordara
buena parte
del contenido
de todas las otras
hojas,
dlria
que
es la primera
vez en mi vida que lo veo. Ni siquiera
puedo
estar
se\~uro de que lo haya e s c r to yo. Ne' lo recuerdo,
en
absoluto.
Tampoco diría
que no reconozco
mi estilo,
porque
ciertamente
se parece
mucho a alguno de mis e s tí.Los , y lo leo
y
lo
releo
y no abomino
de él,
y la
presunclon
de mi
paternidad
no me ofende.
Pero me desespera
no poder Lraaq ne r para que habré pue s t.c
esos númer os .
í

í,

í

*
Irrupciones

de Lectores.

Nubia,
una mujer
misteriosa,
t.itulado
''-Un caso",
a mi dirección

me escribe
lo siguiente,
de correo
electrónico:

"I.ba para el Shopping.,
al Ds s c o , a comprar comida, .Y como
las veredas
están
rotas
en varios
lugares
Jl no rai xo al s ue I o
cuando cal1uno,
PLAFFFFFF,I
planché,
psimexo
las
sod i I Le s jl
1uego todo el cuerpo se me j un t.e r on a 1as bal dos as. .4...4...4iL4...4...4Y•
podía
l ev eo t e xme del
un
de
do l o i: . UUTJTT.í
acercó
bas t.or: mar xon y s orabr e xo
{po i: el
Eri o 10 del
sombrero"
supongo)
y me quiso
ayudar.
He oEreci o la mano. He eqe r ré. de
ella
jl tiré
para e l ev e rme a su altura.
PL·.4FFF s eiio i: al suelo
con has t on .Y todo.
He puse
de cos t.ecio, apoyando
una rodi 11 a
.4Y .4Y tratando
de que el do
s: no me impidiera
xme , ¡.4y!
Conseguí
ergl.urme
de a poco.
¡Pez'o el
s eiio x esta.Da en el
suelo!
¡Y se que j ebe ! «Ye estoy
viejo"
pe s:« qué t.tet:o
de
ayudar'
si
no
s i xv o para
ne.de ,
buena
la
b i ce ».
decía
lamentándose.
T[ '3/°.1 pe xecie ,
con L e s xocii I l e s lastimadas
(las
sentía)
le
tir-onea.Da el
so.br'etodo,
le
agaz'r-aba
la manga,
tz'ataba
de s ub.í r Lo , deme la mano le decía"
y nada.
Bolsa
de
J..DaJ..Das
(como v u.Iqe.xmen te se di ce) , En eso ',reo J~'L¡e se acerca un
mucb acb o y de un solo y px ime i: env i on 10 I
ta y se agacha
a tomar el .bastón.
Precioso
.bastón,
v eo , con mango de pI et:e
No

Io

pa

re

even

2

�tr-abajada.
El muchacho
con el p:r-ec~oso baston"
nos mi s:o, .Y
.
.
sal i Ó co xx i en do . (~i i i ,-,-1'1I B11STc)N NI BASTeN"
HE LO ROBA!!!!!
»),
y
sí"
se
1o r obo,
riotaás ,
El
s ombx e so,
cuecli os
(muy
a
moder-no) I
b ebi e
quedado
j u s to
al
1edo
de
un
cbe i qu i to
mucrr J.J..
i e n t:o
-?-,1=,- - ~
-:"'1'1-,-~1
,~nue __~
_~,.Irl
s=C ~l e
HIU,::!
L-'~ •
\l_ j.l".lcJ.l(}.:,
_
~
'-;t'
JJ

Haciendo
de t x i pe.s cose.z on me aqaché
y se
10 di.
El s erio i:
siguió
q'uejándose
pero
no precisaba
tanto
su bastón.
Se fue
medio
enclenque"
caminando
despaci t.o con el
sombr-er-o en la
mano.
He vo Lv.í pax-a mi casa.
No estaba
par-a. com¡::'Jxas. 1-.-1e
curé
las
xocii l i e s con yodofón
y me cambié
las
medias
r-otas .Y el
pan t a.1 Ó11 s U e i o . B Ul:¡'_•.lL.4iLlL.lL.lL.4JI. ;¡
Después me enteré:
Nubia es una artista
plástlca
q r an acti vidad
en Club de Grabado,
"':/ además
es
narradora
con a.Lqurio s premios
en su haber.
Está por
un Li b r o . Y no se Ll ama Nubia, sino Gladys Afamado.

que t uvo
poeta
y
publicar

*
fui a dormir,
como casi
a ernpr e , muy tarde.
Sabía que
a la mañana s qu.í en t e , en a Lquna parte
del munclo , un cuadro
de ffttbol
que representaba
a Urusruay disputaba
la final
de un
c ampe ona t o. De modo que no me sorprendió
cuando cerca
del
mediodía
fui
despertado
por un q r ari estruendo
en la calle:
b oc r.na a , srritos,
cornetas,
voces que careaban
repetidamente
"U'rucru av , Uruquay",
cohetes.
Eso duró mucho rato.
Dormité un
poco más y me levanté.
}-Ie srusta hacer
ver que aunque mis horarios
de sueño no
son muy r equ Lar e s , de t.oclo s modos estoy
enterado
de las
cosas.
Ado:pté un aire mundano:
-Así que qan.ó Uruguay +comerrt
-No +me respondieron-.
Perdió.
Hubo una pausa.
-Ah -dije,
y supe que iba a t.erie r un día chfícil.
He

í

í

é

•

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(78)

~~iempre pensé que el Coco era hijo de la Ch qu i t.a , porque
ambos tenían
en el lomo algunas
manchas muy s mí.Le r e s -negro
sobre blancoy, aunque vista
del lado de afuera
la cabeza
era un poco distinta,
la ment.a l íciad
de ambos era ba s t arrt e
pareclda.
Coco era
bastante
feo,
con
la
cabeza
un poco
q r ancle , o mas que grande,
ab u l tada
en la parte
p os t e r i or ,
corno Sl t.uv i e r a un gran chichón;
en c ambi o la Chiqui ta había
sido
proporcionada
y
elegante,
linda.
La
Ch i.qu t.a ,
a
diferencia
de I
Coco,
t.e ni a una
compr en s i ón perfecta
del
ada orna español.
El Coco era más a n t u tl vo , más \'·psíquico
Y
muy in te 1il;rente él t.amb n .
La Chlqulta
no tenía
la independencia
que tenia
el Coco.
A ella
no le
gustaba
salir
sola,
y a.í empr e esperaba
que
a l qunc la sacara
a pasear
aunque siempre estuvo suel ta,
allí,
en el balnearlo,
donde nunca supe que se atara
a los perros.
Pero a ella
le qu s t aba la gente
y tal
vez tenía
rru edo cle
ale] a r s e mucho zsan compañ.í a , porque
siempre
esperaba
que
alguien
la .í nv t a r a a salir.
Ba s taka
con decirlo,
hab l ando
con cualquiera:
"Bueno, dentro
de un rato voy a pasear por la
playa. H La Clnquita
salía
afuera
y se sentaha
rígidamente,
como
he c.í.e nclo la guardia
en la puerta,
y desde
afuera
lo
miraba
a uno
a
t. r av e a de
la
p ue r ta
de
un modo f a j o
a neopo r t.ab Le . No d.ecía nada, pero la p r e s a.ón p s a co Lóq i c a era
muy f ue r te .
Una vez, un amigo y yo habíamos estado
con los dueños de
la Chiquita
en un Luqa r n o muy alejado
de la casa de e Llcs ,
pero lo suficiente
como para que la Chiquita
se siLtlera
en
tierras
extrafías.
De algún modo que no entendimos,
los dueiios
desaparecieron,
y la
Chiqui ta
quedó pegada
a nosotros,
y
no s ot r os teníamos
que a z en la dirección
opue s ta a la de su
casa.
Pero
no había
f orma de que
no nos
s qu í.e r a ,
La
echábamos,
la
amenazábamos
con
piedras;
nada.
Ella
se
retrasaba
un poco,
pero
venía
siempre
atrás.
Al
final
comprendí.
+No s ab e vol v e r a la c a s a -le dij e a mi anu qc+-. Le voy a
e xp a c a r .
lentamente
Le hablé
He agaché ..•::l,. la Ll.amé a mí,
traté
d.e pronunciar
las
palabras
lo
mejor
p os í.b Le,
como
habland.o cori un n i no pequeno.
Tal vez no era ne c e s a r i o , r.e ro
así fue COrtLO lo hice.
í

í

í

li

•

í.

í,

é

í

í

�-le
dlj e,
e e a Lanclo el rumbo
-NoBotroB
v amo s para
allá
cru e
Ll e v ábamoa-r ,
..".
t-u
ca s a
-a-gregue,
queda
para
allá
.1
el
umb opuesto-o
Si
t
con nosotros,
no vas a
llegar
a tu casa.
Para ir
a tu casa
tenés
que ir para
allá
I i. a señalar
el
correcto-,
y cuando
llegues
a la
Avenida,
doblás
a la derecha.
A cuatro
cuadras
de allí
está
tu casa.
He levant-é,
y no b í.e n lo hice
la Cb i.q u i ta se d i o mecha
vuelta
y sali6
corriendo
a toda velocidad
en la dlrecci6n
que
le- había
indicado.
Aunque yo había
t-enido
la
.í n c a ta va,
nunca había
c r e idc demaa adc en ella;
el resul tado nos de]
L'l e c e r a la
estupefactos.
:\Tos que dernc s mirándola,
y la vimos ---~-Aven1da y ~oblar
a la derecha.
ñ

J..

s

eñe.l

+

v

aridc

o

r

v

o

v

r

e

n

s

umbo

í

í

ó

í

Tlempo cle-spués yo est-aba en Europa.
En un frío
anochecer
vi 'lamente
a
la
Ch i.q ui. ta;
t-enía
una
=ecordé
de
pronto
a n.se n s a t.e
urgencia
de verla,
más a que cualquier
amigo o
día.=: había
pa r a e n te . De ap ué s me enteré
de
que
por
esos
mue rto.
1',luri/j de parto;
era muy chiquita.
Cuando 71 al Coco,
r e con oc i. a la
Ch i q u.i t a en segu1cla.
Tenía
esa
finura,
esa
.i nt.e Lí.q e nc a .
De algún
modo se 11.120
aIrLl90
de cantidad
de gente
que 10 recibía
en S..1. casa y le
daba de comer : nunc a un F-erro callej e r o tuve- tal
aspect-o de
ri
o bien.
En algún
morne n c o,
una
senora
amiga
lo
adopto':'
oficialment-e,
y le compró un collar,
del cual el Coco .s empr e
e s t uv o muy o rqu Ll os o , y hasta
le p aq
una p a t en t e y le pusela
cb.ap ta
co:(~rando del
co l La r . Pero
el
s qu
s a erido
el
perro
de muchos;
iba y venía,
se quedaba
un tiempo
aquí y
o t r o t.Lernpo allá.
1'-'11 ma d r e me cont6
que cuando ella
Jugaba a
las baralas
por las n och e s con sus amigas,
llegaba
el l_-OCO y
se ac omodaba en un sillón
que yo hab a oomp r ado , uno de esos
a.í Ll orres d.onde uno se hunde en un asiento
de cuero -::¡ue forma
como una bolsa
sobre
unos aros
de hierro.
y que
a cierta
hora,
alrededor
siempre
de las
once,
el
Coco "se p on a a
p r.ac tí c a r yega".
Bueno, yo mismo llegué
a v e r Lo más de una
vez; en c i e r to mcmen t o , COTClO Sl r e c i bí.e ra una orden .i rraucit b Le
para
nosotros,
se tiraba
de pronto
panza
a r r i b a y quedaba
como muert-o;
parecía
que
ni
respiraba.
No mOV1a ni
un
mú s cu Lo . 101i madre me contó
que la primera
vez se asust-aron;
c r e a e.n que le
había
p a s aclo a Lqo malo,
que e e t ab a realmente
muert-o.
Pero
al
rat-o hacía
un pequeño
mo v í.rru ento
con una
í

í

ñ

í

ó

í

í.

íó

í

í

--,

¿

�pata,

de

e e t.L ramiento

o

acomodo,

y

de3F'ué3

con

otra.

Y al

de meda t ac ión ,
flnal,
de3pué3 de mucho rato de e s a e3pecle
.i ncorpo r ab a bruscamente
otra
vez v
a ser
e_ oerro
de
~ volvía
~
slempre.
Como la Ch í.qu í,ta,
me ac cmpafiab a en mis La r qo s paBeoB peor
el balneario.
Pero el Coco no ven.i a caminanclo de t r s , corno
hacía
ella,
que parecía
mí, tar
todos los movimientos
que uno
hacía,
a n o que se adelantaba
o se a t r a s ab e , investigaba
el
munclo olfateando
aqul y allá,
int.ercarnbiaba
alguna
c La s e de
información
con a Lqún colega,
aunque s empr e yo era
el ej e
del paseo;
cuando salía
conmigo, salía
c orimí qo, y no era cosa
de pe rde r.se de v s t a por ahí,
o cambiar
el rumbo; o s equa r a
otro.
Una
vez
se
me ocurrió
hacer
un
e xpe r í.merrt o d.e
teleFatía;
COlnoel Coco claramente
no entendía
español,
traté
de env i e r Le lmágenes,
y no palabras.
Formé la imagen de
L,
del Coco, cruzando
la c a Lle al llegar
a cierto
punt.o de la
lf
cuadra.
Ln e a s t
en esa irnagen;
le llenviaba
la orden mental
de que,
cuando
llegara
a cierta
marca
ahí
en 1a cu ad r a ,
cruzara
la calle.
y llegó
al lugar
indlcado
y cruzó la calle.
y cuando
estuvo
en la
vereda
de enfrente
mo s t r o un total
como p r equn t ándo s e
desconcierto,
rru r o a un lado
y a otro,
"'qué mí.e r da estaré
haciendo
aquí ff,
y después
quedó p a r ado
mí, rándome f i j ament.e, como esperando
mas lnstrucClones.
á

.í

í

í

í

é

á

Siempre se había bu r Le.dc de la perrera,
que lo persegula
.í qu aI
aunque ruv a e r a la
chapi ta
cori la p a te nt.e , porque
al
balneario
le estaban
molestando
los p e r ros aue I tos.
Una vez
lo
enlazaron
en la
puerta
de
la
casa
de mi mad r e r lo
agarrarc·n
dormido,
confiado,
aunque
mi madre
e s t ab a ahí,
sentada
a su lado.
Lo rescató
en seguida,
pero no quedó muy
b a en , t en a la garganta
lastimada,
y como un desencanto
de la
. ,
J
v ; ·2ta Y o.e 103 seres
humanc s . Cuando lo fui
a ver,
segula
lSfual, y en t onc e s estuve
hablándole
durante
un largo
r a co , y
eso lo an i mo, y ernp e zo a comer cle vue I t.a , Pero F·oeo cleap ué a
ap a r ec
envenenado,
mue r t o, en la calle.
Alguien,
y t odos
Lmaq namos qu i en ,
alguien
que,
como sucede
s empr e , val a
mucho meno s que él,
lo había
env erie n ado . Yo, en Montevideo,
me enteré
por un aue ño . Estaba
nevando.
El Coco tenía
mucho
frío.
Yo lo
agarraba
en brazos
y
lo
apretaba
contra
mi
cuerpo,
pero él seguía
helado,
y la nieve 3eguia cayendo.
í

í

í

ó

í

í

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8077">
                <text>[Irrupciones] “Irrupciones (66)”/ “Irrupciones (67)"/ “Irrupciones (69)”/ “Irrupciones (71)”/ “Irrupciones (72). Las aventuras del ratón Mouse”/ “Irrupciones (73)”/ “Irrupciones (74)” “Irrupciones (76?)"/ “Irrupciones (78). A la mujer de mis sueños” </text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8078">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8079">
                <text>Originales mecanografiados de relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8080">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8081">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8082">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8083">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8084">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8085">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8086">
                <text>Original de tres folios mecanografiados, con correcciones ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, con notas ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con una corrección que luego fue tachada en el primer folio/ Original de un folio mecanografiado, sin fecha ni menciones de ningún tipo. Se adjuntan a este folio dos más sin numerar que continúan la narración/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y anotaciones ológrafas. El número 74 originalmente mecanografiado aparece tachado y sustituido por el número 73 ológrafo/ Original de dos folios mecanografiados, con el número 73 mecanografiado tachado y sustituido por el 74 ológrafo/ Original de tres folios mecanografiados, sin número mecanografiado, en el lugar donde debería estar, aparece el número 76 ológrafo/ Original de tres folios mecanografiados, con el número 78 mecanografiado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="697" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="952">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/abb21f3eeb98a0906cbf12b93673b815.pdf</src>
        <authentication>0d3969d48667d66a5728a74eca99d379</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8108">
                    <text>IRRUPCIONES; lVlarioLeyrero

Cuando

!I1tlO,hubo

los fantasmas. Aunque

(80)

1]·11a13xg.atemporada durante la cual padecí de un miedo intenso a

Si me

hubiera topado con alguno, probablemente no me habría dado

rnPftt~·
1n~ t"'-lftt~C't'"r"l~~
{"inp ·Hn tpt'r¡-í~ P"Y'"l-tl
'\...-\..•.••.•.
.I..LL·~~ ~'-'&amp;.J .Lc..u.LL·C.~~.lLL'C.~
\..1'-"'-' J \.J L''L..'..lL.LI.C\. '-'.L c..UJ.. 1n~
~\.JLJ

".-1F"'1.~:

r'\ •.T''1~.a..•
-~tn..•.
-:

\.t-V.:l cl6Lt-JL~J.lV.:l

.•.
..,.
.••.•
-1"} 1r\~-~"..ir\\-"
l-J&lt;:lld

~V.:l

VJV.:l.

••-.a.t.....•
+'\&gt;~..:1+'\ta.
,_'VlJ.\.~LLclllU.·~LLL,

{--fI-;,+'l~

rlp

'\..+\...'

1n~
rh-iC'tp&lt;:,
·u
h
-i~tnt-'¡pt~&lt;:'
~\J,-" ,•...
.I..1..L
•...
'L'-.·¡",}
J 1'"lC'
.L(;'~'
..lLL....'L·\.J.L.L\..·L·'C.t.....:':'

temí~~:t, ..
LLlJ

1,..• t.r\.,-tr,

t=rv.•• -..::1.
.:lVL'~L

"'-~.r-.••
-e-

LV\.t-V FV~

P&lt;:'~~

\""L..'c.lA,.;I

1.•..
-.: +'1r"p1-'i.:;l:~
~~

l~V\.lLL.:l,

C'';h~-tl~&lt;:'
.~("\-tl
••.•'c.\\..'cuJ.c.t......'
\-·VolJ.
r~",;:l

\.1 U·L

~-':&amp;:i

+-ri,Q.

.:lL lUL

apareciera de pronto un bulto blanco y me diera lID susto. Estaba seguro de que no podría
resistir algo así, de modo que jamás me pregunté qué vendría después; mi imaginación
llegaba solo hasta el susto, probablemente una voz que dijera "[buuuuu!". Si los fantasmas
abrigaban otros propósitos, yo 10 ignoraba, y no me 10 preguntaba, y ni los chistes ni las
historietas informaban nada al respecto.
A veces me despertaba de madrugada y en la penumbra veía bultos sospechosos, que
con la primera claridad del sol habrían de revelarse C01UO ropas amontonadas sobre una
silla, pero que mientras tanto me mantenían despierto, sospechando, fingiendo con los ojos
entornados que seguía durmiendo -porque si ese bulto era realmente un fantasma, y veía
que yo me movía o abría los ojos o cambiaba la respiración, zas, nadie me salvaba del susto.
Entonces repartía el susto en cómodas cuotas de aprensión, mucho mejor tolerables, hasta
que aparecía la claridad del día. O eso creía yo, porque seguramente parte de mi vigilia era
sueño, de esos sueños que repiten los temas de la vigilia y no permiten descansar
Ya un poco mayorcito, encontré tal vez una forma de exorcizar a ese miedo, que ya
no sentía pero que seguramente allí estaba, solapado. El recurso fue materializar al fantasma
en una fotografía. El truco, que alguien me explico o que 1e1en alguna revista, consistía en
una doble exposición: se saca una foto de una persona con cara de terror, no se hace correr
el rollo y se vuelve a sacar la misma foto, pero ahora con alguien disfrazado de fantasma
ubicado frente al protagonista, asustándolo. El fantasma recibiría la mitad de la exposición, y
por lo tanto se vería transparente. El proyecto me fascinó, y de inmediato quise realizado,
para 10 cual tuve que convencer, con muchísimo trabajo, a los únicos actores posibles que
en ese momento tenia a mano: mi madre y mi abuela. Mi madre y mi abuela se resistieron
tenazmente; en es-pecial mi madre, ya que mi abuela era capaz de cualquier cosa con tal de
verme contento.
El problema 11l3s gl-ande eran los vecinos. La foto, por un tremendo error de
concepción de todo mi operativo, debía sacarse en la terraza, donde había luz natural; la
cámara de cajón que yo tenia no servía para interiores. Nuestra terraza, que al mismo tiempo
era azotea de los pisos de abajo, estaba expuesta a 13s miradas de quien quisiera asomarse a
cualquiera de las innumerables ventanitas que se veían por encima de nuestras cabezas, de
un lado y de otro; había grandes probabilidades de que cualquier acción nuestra fuera
00 ervada, y mi madre era altamente sensible al ridículo. Se resistió, pues, tenazmente, y
sólo mi propia tenacidad pudo derrotada. Pero fue una victoria a 10 Pirro, porque mi madre
colaboró de mala gana, yeso en la fotografía se nota.
Yo seguí cometiendo errores. Para facilitar la inmovilidad de la escena durante el
lapso que iba desde la primera a la segunda torna, pasando por la entrada de mi abuela (el
fantasma) en el cuadro, no tuve más remedio que sentar a mi madre en una silla. A pedido

�r111o,ella se había vestido C01110
para salir, creo que con un VIejO tapado de astracan, o dS11e
llamaba ella, y la cartera colgada del brazo. Y así se sentó en la silla, mirando hacia una
pared vacía, al rayo del sol, con un fondo de plantas en macetas y de otra pared vacía La
expresión que después se vería en la fot.o, tanto del rostro C01110 corporal, era de un mmenso
fastidio teñido de una cierta curiosidad temerosa; ninguna relación con la expresión de
horror que yo esperaba
Después de afirmar bien la cámara t0111écon mucho cuidado la primera foto, tuve
también mucho cuidado de no correr el rollo, e hice entrar a mi abuela en el cuadro. Mi
abuela se había echado una sábana por encima, pero C01110se había resistido a hacerle dos
agujeros para los ojos, y no quería andar a tientas, hizo que la sábana se abriera a la altura de
la cabeza y por allí miraba. Mas que un fantasma parecía el intento de vestirse de árabe para
un baile casero de disfraz. Con las manos sostenía los bordes de la sábana, para que no se
volviera a cerrar tapándole los ojos, y se puso de pie frente a mi madre, que seguía
esperando sentada en la silla, rnascullando una puteada tras otra. :VIedio mucho trabaio
controlar desde la cámara, sin movería, que mi abuela quedara efectivamente dentro del
cuadro; yo iba y venia, entre mi abuela y la cámara, acomodando a mi abuela unos
centímetros más para este lado o para este otro, y en ningún momento presté atención al
hecho de que, con su escasa estatura, ligeramente encorvada, con esas manos aferradas a los
bordes de la sabana, resultaba una figura mas patetica que terrorífica; cuando la foto estuvo
revelada, se vio claramente que no evocaba a un fantasma en 10 más mínimo: aparecía C01110
una figura especialmente lastimosa, algo COUIO un leproso medieval, o uno de esos
mendigos de la India; si todo hubiera transcurrido mas cerca de estos días, podría haberse
pensado en una imitación de la Madre Teresa de Calcuta. Después apreté el disparador por
segunda vez y las autoricé a moverse, cosa que hicieron a toda velocidad y desaparecieron
de la terraza en un instante. Nunca supe si hubo vecinos mirando la escena, pero es casi
seguro que 3L
y después, C01110 siempre, 'vino la desilusión -tras varios días de espera, ya que
había que terminar el rollo con otras fotos y mandarlo a revelar, 10 cual no se hacía de un
momento a otro; todo demoraba Ahora hace mucho que no veo la foto; es posible que se
haya perdido, pero durante muchos años me SÍlVIÓ de terapia; pocas cosas en el mundo han
sido tan eficaces durante tanto t.iempo para hacerme soltar una risa abundante y despiadada,
Por supuesto, 31 uno quería que realmente el fantasma apareciera transparente. la exposición
debía ser la mitad de la que se necesitaba, y no la mitad de la doble exposición que yo hice.
Es decir, yo luce una foto común, al sol, Debí hacerla en interiores, en una penumbra muy
calculada para que saliera corno debía salir, es decir, corno la foto de un fantasma. Pero 10
peor de todo era la puesta en escena, esa silla, esa expresión de mi madre, las plantas de
fondo, esa actitud entre humilde y benévola de mi abuela, que lo últitno que parecía
expresar era una voluntad de asustar a su víctima. A cualquiera que mire esta foto y no
conozca la historia, la intención exacta del fotógrafo le tiene que resultar absolutamente
imposible de comprender.

--,

.:

�IRRUPCIONES/

(82)

Mario Levrero

__ " __ "

1_

v i. v i. eIH_1U
e s tuv e
Aires
ap a r c amer...
t c que tenía
una co c an a p Laq ada de
un a 1,:·e3E~·::lillaT
j:r
pe re c i a n o h abe r mane r a
-t
.
t:
de '--'~\~'::l._&lt;....'~
-fl1
r ach4.l..'·_'-"1' \~U.r
·-ic
~~léi.dCt:, u.s ao a
c a e r ea c i-1 a.se- ,~

En

...
-",

'ri.'

.•

?-¿r-,

un
en
cuo a r a ch ae . Ez an
de
e:" .í.nu.na r La s .
de
--r- eL-'1-- el.
""1-1 FU.L
.",--.....- e.=:JG}ia.

í

un tí empc p e r o reaparecían
tr an s f o rmada s : mut.an te s de19B.dB.3 'jT
largas!
de color
claro,
corno las
qu.e aqul~p
ven a menudo
baj o
las
carcLl.::oanascon
s an dw.íche s
cle
los
bares.
Esas
cucarachas,
según pucie de duc r r en rru exp e r enc a bonae r en s e ,
son clegas;
no huyen ni se inquletan
cuando uno enclende
la
luz.
En c aml; i:, tienen::omo
c orop en s ac a ón un oído f i n e i.mc; el
~eLcr
rUldo
las
espant.a,
y desaparecen
a una
velc::ldad
::...:r:::reíble. S:r.:. much o rná s rápidas
que SU3 an c e s t r-os . Y 31 1::1e:1.
,
n CJ IJ r (:J (). 1~ e -=
tleneL
~na
cierta
elegancia
y su 301a vista
r-epu Ls i n , n : la forma cle hu a r da ple
a cIue uno s e elT(üe,::lne
..
en p e r e equ r r La s c omo a las
c t.r e s ,
cuando
ap a r e c en muy a
,
,
merrudc y andan
Lo e t.a r rc s CionCie
quarcia
husmeando
por
une, cs: u.i e r e 11brarse
de ellas,
c orruda
y
nav:rue
t- .í .•-..-. .-i p veneno.
l-~
'-'
:·10 sé
cuá I marca
fue,
pero
hubo un eucarachl:::::lda=rue
3e·~rLlr.;.creo
produj o una mut ac ón
a s omb ros e ,
e.uncrue ruedo
e s ta r ecru vo c ado ; c abe la p os b i Lí de.d cle que se t.r a t a r a de
otro
tipo
de insecto,
aunque me sorprendería
que fuera
así.
Lo que aparecló,
al desaparecer
las
cucarachas
cláslcas,
fue
una variedad
de cucarachltas
enanas,
de color
tlrando
a lila,
azul
ve rdo e o, fuert.e,
con forma de qo t a +con una c aoe za
t:
--1 0::&gt;1-· .-.¡-,' 1,=, 1-·-i .-, ~- .-:¡ L +- &lt;=&gt;
, !
_._-'-&lt; ~.:j...•..~~
:l
Parec:"an
una cola
redondeada.
'-=, ~-' ..L. -"'-- '-".1
cte hi e r r o
e smal L. aclc ,
Fleza3
r: 1 1-·'P
P o r decenas,
brl1lan-:e3.
hFarecieron
de ,~i
una n02he. Con
·=l·-'....a...--·-f
:a luz encen¿l~a.
Y no huían
nl de la luz ni del
ruidc.
El
, . ,
1
1
e en t.a.o.c .sup e rcie s a r ro Lacio era el
que .las -e.rala a
coc n a en f orroa
n s t.an
a era
el o
r
c a r e r e ci.e n
hecho.
5e abalanzaban
adentro
de la cafetera.
1 31
de j era el
~~
~
J
1
-F ..
peSll.l.O con un tanQO ce ca~e,
al ot.ro día a'oa r ec i ari a Lcruna s
",,1
_ ...•...
ah:.lgadas ahí adentro.
Por e30 me e.co s t umbr
vuelta
p oc i L'l o . Y:'uando
me mudé, ".,7 21.1an::1.0
c amb
de p a i s ~! Lue qc de
c.í uctad, le s equ i h ac i errdo por co s t umb re , perci t.amo.ien por Las
dudas cle que en cu a Lqu e r momento aparezcan
esas mut an t e s .
í

í

í

ó

F

'-J'

\--'&gt;."-

í

í

í

-t ~

1

-e

':"a

í

...,

,

.í

táne

Lo

cle

4

é

í.é

í

t

,

L

~

..

�e.=!

y

vuelta

el

u. e
- rol

oí

t.~

-ec.A..L"::;!'-f''_-.1.1

eca

é

(_-1' P_'

~'u

.í, ,.-,

tod.a

-

1,5. verdact

,5.cerca

de

mi

h,:51:;'lto

cate, en el crue rm..rcha 'gen te
T'-l""I-1l',,-)~-;.r- P
esotérica .
_L'~

~

.•__

de

d.ar

ha querldo

"'"

*
Irrupciones de lectores.
Lrrurop e un ejército de ratones en ruí, casllla
electr6nico. Fueron dibu4ados por Yamandú Castelar,
,.

qu í.en

cu c e :

"He he
Ra

vez ,

La

jl

1J()

tielJE

en

-1-J-.,·

...
-Ós-Ós-;

1..~ .••
..!Ll] aL¡ L.f:::::.

Descle

hayan

.í n ap

eje

semana

,

tenqD
..•..
-1.,.,~_-1.¡C::
L..I 1-.LJ.~
tal 1-

,

.

osrs e s ~ oriaao
..-,-"1'
'-:i
L. f:::::

3/

1"10USE

ti~ll}

r~n

el

el

1 '0': 1-, .•.,,,,; ~ "\,-.1 '--J
'_&lt;..L.\'" L~..1'-&lt;..l....L'~

e l qune ,

es
de

que

su

//

Lue qo, me

haLaq a mucho

que

ma s

t o rpe

s ciibujitos

a r ado a un dibuj ari t.e de verdad.

(dibujos
Castelar)

00

f

01,

03

f

04 r

05) (Ilustraciones

de

Yamandú

2

~~- --"-.r---~----

�..

I

..,.,J

..

�����IRRtJPCIONES¡1\fliJ:"io

L~tll·ef·(J

(83)

.Ias mariposas revolotean alrededor de mi cabeza
el viento las dispersa/ ya es el viento de primavera
pero en mi casa todavra es invierno
el viento las distrae y las dispersa
Las mariposas
vuelven a reunirse trabajosamente
alrededor de mí cabeza
corno alrededor de una lámpara
Mí cabeza es una Iampara que arde todo el tíempo
Algunas maríposas
se queman en la llama
con un chisporroteo
y luego
renacen transformadas
en otras marínosas
.•.
que el viento dispersa
distrae y dispersa
aleja y trae
une y desune
mariposas con alas arrancadas por el viento
mariposas
con polvillo de sus alas/ escamas gríses arrancadas por el viento
moléculas de maríposas disgregadas
flotan y se reúnen formando nuevas mariposas gríses
mariposas nocturnas
de una tarde de primavera
el sol de primavera las depríme las quema/ el viento las dispersa
maríposas viejas
mariposas viejas
también llamadas campos magnetices
también llamadas
codornices
albnrruna
niñas de miel y almendra
. nantes de perfil
iconoclastas
humedades de ot0110
babas del diablo
mariposas nocturnas
tambíen llamadas

�prefijo inseparahle
tam.hiénlhnnadas
flores de papel
tambíén Ilamadas

que denota carencia

manposas diurnas de brillantes colores
la sal de la tierra
el pan y el vino
tembíén Ilamadas cielo inaccesible
también llamadas hambre
tembíén Ilamadas inocencia
tambíen Ilemadas
como yo rne llamo
como nosotros
como tanta gente que el viento dispersa
Maríposas diurnas de habitos celestes
con brillos amarillos / con el 0l'0 y el juego
mariposas de adrenalína
de ácido fosfórico
proteínas de espuma y de viento
principios de Íl1.CelüdtU1.1hre
lugares / de maxíma probabilídad de hallar a un loco
Mariposas de lujo í prímaverales
mariposas con aire decadente
mariposas de papel
como flores de plástico
maríposas de plástico
corno bolítas de naftalína
):·0 no quiero
esta libertad de los Iocos/ mariposas: que el viento se las lleve
que el diablo que las trajo se las lleve
yo soy un hombre honrado
que busca gana!" su pan y algunas proteínas
no necesito mariposas diurnas
ni nocturnas
no necesito este dolor de espalda
no necesito estas
piedrítas de colores
piedritas de dolores
1'0 as
anaranjadas
verdes
amarillas
violetas
cenicientas

�abochornadas
pálidas
quebradas
alfombradas
juguetes del viento írresponsablej' juguetes de los niños COUlO el viento
la Iíbertad galopa en las Ilanurasj' las mariposas lloran en mi cabeza calva

Mariposas de cuarto menguente/ languidas mariposas famélícas
mariposas atropílladas que caen con giros lentos
mariposas en formol / maríposas pinchadas con 1.ID. alfiler
mariposas con naftalína/ con naftalina
congregación de mariposas mustias/ cónclave de mariposas antiguas
evanescentesj' deterioradas / agujereadas/ mariposas nocturnas
de cuarto menguantey maríposas no clasificadas por los zoólogos
lepidóptero s inexistente s/ aullantes / con dentaduras postizas
mariposas con alas apolílladas / polillas/ mariposas que fueron gusanos/ mariposas con un
pasado earoz] con 1.ID. pasado atroz
mariposas que reptaron/ mariposas que royeron/ mariposas que se debatieron en su forma de
gusano durante siglos mtermínebles adentro del capullo/ mariposas enfermasj' mariposas
freudíanas
mariposas clavadas con alfileres sobre mi espalda/ aleteantes mariposas fijas/ mariposas
muertas
mariposas con zumbido de mosquito / con persistencia de tábano/con
olor de caballos! con
esencia de pulpo
mariposas que se arremolinan y se dísperserr/ se arremolínarr/ y se dispersan
:r••.laliposas llevadas de aquí para allá por el viento de primavera
cuando es invierno en mí casa y en mí l'opa
cuando es ínvíerno aun en mi cabeza.
(1974)

�mR(J]'ClO;::!.I:@ü;M:a.:tio

!~~!!'_.

~

... la: matipul;.'I.\ .rt1.f(lk,t~'ln a:b:~d.ed,)t de rna cabe aa
ellJÍ!l1.to
11.::di:l't:c:a/
~,Cl.el ehrlo::nt,:o d.&gt;.:l'rlIn.a.,.r&gt;.:tt
1'I'!XOen mi"aJIl

d'¡Í!nt

1, ti!:

toda1.fÍ3. ~linV:it!:r:n)
u ha d;i:tme ylu di:l'enll

1fl¡,~tiI,I):iU

'!ü",:b.t I'!n Il :D'tt:rt.±ce 1:1;:1"1:1;3.~:O
same n te
aw.d",f(ot ,:lo!, 1I1.icalo,:,:.l
COIll.oII!f.h,;"fed"x d.~una lim1'a:ta

l,fi CIln.,Sa es U11.il.lím1'am

Ll1!e Ilxd~ todo el b:mpo

.il.\ 1i1LlI mJU:tp 1) I iU
le qü'.: m."'I.11en \:i. lh:o:w.
con lLfl,:hl:l'l):r:t'I:oteo
y:lu.e~(,

:o::aac e n 1:1il:n1:6):t:OlJ!.W
en t:t.u JlUlrip OII.U
1)

qye

ehr:i!:nt,;, d:ilpena
,1:i:t:ate y d.:II1' e:r.: a
al!:}l ytm~
une ~,d.l' I "l•n. e

cun ahJ =ad.lll

m.a:tl:{'OliU

1',)f el •.•.
:i!:ntr.o

:DJ...1:Npo:a.:;

con l'0hrJA, d." ItU LUU/ ~sr.;l..=U r;:tiiel iU%Ill1.1:ad.llllh)xehr:i:nu,
m'l li,: tl.ID ,1e m..u:tp u S;.'l.\ di: ~:re~adas
tl:,.tan yle :re·ti:nen ;lo):t:OlJ!.:f1QO 1lut1JiU marif'olill ~rlI~1
mu:ip (o I i!.SJ1.I;II: ttl.X11.il.l

d~

tl.M

tazde de l' ri:m.J.'-''-::el

e l rol de l':r.irnave:ra li!.Sde1':time W quema/

ma.ripola] '.ri:;u
ma.:r:if'olilS

1J:I'!fL=

timb2i'n lli.maoo
cam1")1 :IIIJ.'I-!in¿·t:b:01
tam bi:'"n lli.lll.i3.r.1a1
C(tdI;lr.n.i::el

íI.!ltWu:tn.a
n.UlaS (lO'! mi;: 1~.'alrne ndra
dJ;un1Ul.te I de l' e rl:L1
:i:onoewtia

humedadcs de (,to:o:rLll
m tus del (tkl. bl,
mil.ripolas
talll.b:i

:Ilo(ttunill

n 'lhm.¡!.ddl

l' J:d:ijo bw,: l' ara 1,;;' qu~ c'le:l1.l)ti. cure lL.::h
tam bi:: n lhmad.a.l
±l''!&gt;'1 (1.0:: :Plil,d
tamb:rn

lhm.ad6.'o

íD.lI.:tipn~a~ dtl&amp;.f1l.¡u

d~ 1:ttilbntl'!:cnloto::l

P.1 ,-,:i::ntu W d.:il1'ena

�la ialde h ti:::U;1
el p an y~l'.r1no
tuJ·bii·ll. fum.adiU c:iex. ÍIl.8J:o:e:íb:k:
ta:n~·ll. IWn.ad.iu harn.bre
ta:n~n fum¡ida: i:rLo.:eltclil
tall~'!L .!hnL!.da:
C (11lL1)

~,I:Imt:::

CIJtn.I)

nn:l)t.xnG

Ib.1O.(1

com» tanta ~~TLtefue ehr:i:::fltn d:ispe:C:;1
lo!:a:r:ip')I aJ: d'±IJ.x:r~'UI .1&gt;., 1t;ib:ií')I e e:k:: te =
C0:' 11.1ttillil d.llI.ll.r:i1l:.a/ c o n eln:l))
mu:ip o I iU .i.~
tld:re ruLl±fL8.
de iÍJ:nl) f(J::b:~:ti:(,

~rel jüe\!jo

l!atdn.al: de '~ll)1J.jIl;l, yde ui!nro
p:rtnc:ipi1 S de me ~rtrl-um bre
hLc tI.:tf.! 1.1' dP. mi:&gt;:im.a p:l:O tu 1:tih:1ad ,ie haJh:t: a un :h C
14arip(,saJ:

o)

.1&gt;., .bJ.;: •.I' p:ti:l:na,¡e:talel

mu:ipOliU

con itirf, decadente

mu:ipOlas

de papd

de plúti:o

C(I[[l¡) ftr:rel

de pwti:o
e 1) me bo libu de n.a:ftúin.a.

mu:ip('liU

Yo

:11.0 q1Ji:::I))

de :h: llco:/ :IIlJUipOllU: q=

elul:i:tJerta.ri

•..hr:iento

el di!. bll que !al tzal' :e la! IIe,re
)'J IOy1Lll. :lmmw. hnnzado

se

w lleve

qu::

qu:: l1wca ~ana:r:u.pan )rq1.Ull!l
no ne 1:e li itl) m.a.:.ti:P 1)$ iU d:f:w::n.as

p:l).,t~=

runoc turnas
no nel:f.:::i!:oeste do1r:t: d.e e:pt!.l:L:L
fl(! ner::elijÍl)

ectu

p lo:dJ::i:ta~ de 1: (1 1&gt;:re a
pi;dJ::i:ta.:; li.~dolJo:D';1
!1lj'u

arla:t:anjida:
ve:t:d.el
1.f,::~td.a:·=
tI.:I:liL:t::i1

viil:tiU
C"'ni::io:nw
1UJILi¡a:;

a~ e hoznadas
pcilrla:
qu::t=d.a::
3.1J, mb:t:ada.:
ftJ-tlLet.;,: del ",*,nto :lI'"reSpOl1.Iab1&lt;:/ jlLf¡lLdr.s de ir: niños 1:0:111(' ehrrnto
la libertal! ~allpa en W 1ll.n1J.:tas/ la! mariposa: ll,:t:an..,n mi.:a.beu.l:ahra

i..LutpOltll

o1f! ('

irto m

11.f;1.L1.lÜ"·

••• lJ:n.r¡lLi18.1

1llIl:t::ip")IJJ :ta.m.e'b:a:

�m.u.ipo~~J atropillid.a::

'ltt.o:: caen cun ~±r1:'1lent,)!
lIW.r.:i¡:,(I~as
~:n. fO:OUD.ol!1lUI.l::tp0:01a~ pi:ncltad;:u
,~l)ll1.J.:n a:If:ik!!
~(llas
C')lIllA.ft:Lll:n.tJ./
c o nnaftalma
cOIlf,:to!:~~.d:tn. de :m.a:t:iposaJ m.1.JJtiu/
,:o:i·nch'lfe de m.a.rip,:osas ;'U1.t:f,tJ.aJ
tva:ne:I:='::fl.tt!!s/
d.~t.:tt't&amp;1d.aJ/ Sf.;'ll.T-t'eild.aJl :m..a..:tip11:;¡1J: noc turnas
de ~ 1lJl.rt1) lll.o; 11.(, ua:n"tl;,./ :ma.rlp (o 111.: n» o: W jfr adas P u f :lo s ~ 1.101, ~"s
le P i:10:0Pti". :D:'I :I1l~ :.:i: ti: nb', s,.. ;1ulh:n:to:: s,.. e 1) n cle n tad 1J.:td.S P (,s ti!: a::
mll.:l::lp 0:0
I as e (1 n ;üu
mil:tipI:I::as

Q1J.l

m.a.:t.;¡l'~,sill

.::li.\f'J1.d¡;t.:

lo

ti.

l' ,)hlla.dJlJ / l' 1)l:i!J.u /

llt}lta1o:nl

JXl.í1ri:pl):HU

:a:u:trip 0:0Sal: '1ue f1.l~ ti) n ~tl' an» s,.. :IIlJutpI):;ll ': 1):11.un

q1.LF! :D)~IF.::t(ln/ m.a.ripO!li!.S 1:1.1.1.1': =1.: (:t.~bal::i::to:n. e n, ::1J.

I;:u:n. i:1.liU:::D:S :a:.ll;te 1U1.1!:::pili.a./ al:!tt:iwte:

ft):r.1l1il.

=~

c uando el :i:n,.r:eml' en micdll4 ~.ren mi:D:'pa
cuando el ;tn,.ri!:tI1./.1 aM en mi~8.re~;1.
(1974)

d,e ~tlJi1.11.Úd·u.:r.a.:n"te =t1'ti ±lltl~:tilltn..t"b1t·= ildent:D:. dt.:l,=ap1.Ll1J/

m...:I.:cl!lnal!Ul flj¡:u/ :l11a.:r.:il1~I:iU lIL1J.l~rt.nJ

CI":f'L :~1JJll.brll) tifo! mosqtL:tt(,I/
I!ft:l'l pe:c:i:tell.t:a
a:1~ti"tWLÚ / t:I.'J:rL¡) ,t.x de 1:a.'bi.:a.1it=/
fn&lt;l.rlplJlas '1tJ.~ l.'I.nI!molina:n. :\r.e ,hpena:n/ le a:r:tf,mo1:ina:n./ yl" ,:U;pelloln
1..1atipI):as :~vl!l.oias de aqtJ.:i:l'ata l'llli P')I el '.ri::ntú de 1'rima"ttu
m.J..:tipO!lrJ.¡

l' asad» a to:oz] e" n un l' dllado a t!o) ~

t~(I:n,

f.:=t.=:n.cu d~ p1.Upo

l(Liltifll,::a: ~:n.D:.:t:Illi.u/

ln.a:drl)Sil!i

:~·lJJtil.:n.i'-l=

�v

___
~~~~~

~UPCIONES/

~~~~~/J

Mario Levrero

(84) ~

Situación dramátic.a, que a veces se da. He distraigo con
la computadora,
mi familia está de viaj e quién sabe por
dónde, se hace tarde de noche, me olvido de comer hasta que
siento vah.ido s "de., h~
v
corro 'hasta la he Lade ra,
~ entonces
para encontrar que no hay nada. 0, como aquella vez; algo
peor que nada: un plato con unas rodajas finitas de ~~~e
parece carne, aunque es demasiado blancuzco; si es carne, es
carne hervida, que me hace mal, y no me gusta, o bien carne
de cerdo, pero tratada de un modo tal que no se le reconoce
t-etalmente.
El examen olfati VD no da resul tados de ningún
tipo, lo cual es algo mejor que ~i fittbieLd resulcFao un olor
a ~odrido, pero como estimulante para la secreció~ de saliva
t" ~
completamente nulo. Hay, clar~
otr~~o3ibilidades,
d buscar en el freezer
y deshelar alqUl~ ~&amp;~a que quién (sabe
JI.{
JIQ
é podría ser, pero eso significa tiempo, es decir, edg~ que w/J#
h.. ~.J..
f
Ot'
ye:::::Ht&gt;="l.rengo porque :rtfe estoy desmaya-rdo de laamb..J?e.~ Entonces la e
cultura viene a mi rescate: aunque nunca lo Le
ni vi la
película, me viene a la mente la historia de "Viven", que me
habían contado, y pienso: "Si ellos lo lograron, ¿por qué yo
no'?", y ahí mismo me dedico a hacer rollitos con las tajadas
de carne y a buscar la forma más disimulada de tragarla, de
modo que toque lo menos posible las papilas gustativas de la
lengua.~
es así como voy sobreviviendo.
-

I\¡ ~,,~\--

í

lVt!u

J,/v. ~

h ~~ \~\4o

,

*

Irrupciones de lectores: hoyes
alguien que dice llamarse
Verónica quien irrumpe en mi casilla de correo electrónico
con estas líneas:
«Tengo un amigo que tiene
una afición
curiosa/
que le da
algo que él define
como "morbo". Mi eiai qo pregunta/
a todas
las mujeres que conoce,
"¿puedo revisar
tu cartera?".
Algunas
contestan
que
sí.
Yo siempre
se
10 permito.
Porque me
divierte
tanto como a él.
Veo desfilar
entre sus manos y sus
oJos atentos
mi pequeño pack de mequi l Lej e , rnr agenda =L«
abre,
recorre
10 que anoto,
comenta,
i riqu i e i e+, el estuche
con los lentes.
A veces se topa con algún tampón y se ríe,
como s..! 10 esperara.
Otras
veces
hay
libros,
discos,
cas se t tes , dibuj os. Cuando termina pone todo en s u 1ugar y

�s e a tencid:

"hoy

es

td. muy

dbu.r.ridd"~

"jugOSd"~

"hoy

es

td. muy

cul i:e ", "siempre lo mismo". Después te cuenta lo que había en
la cartera de otras~ las que revisó el día anterior~ cómo se
enojó Fulani ta cuando le descubrió x cosa. Es un ericarit:o , mz
amigo. En serio.»
También Verónica es un encanto; casi todos los días me
llega algo suyo, siempre algo interesante, algo lúcido, algo
gracioso. Por mi parte, creo que yo soy un poco como ese
amigo suyo que revuelve, pero no en las carteras, sino en las
almas de mis lectoras. ¡Morbo!

*
Casi siempre que fabrico un programita en la computadora,
por más sencillo que sea, al probar luego su funcionamiento
aparece alguna cosa no prevista; completamente
lógica, pero
que no fui capaz de prever. Eso me hace sentir mal. Incluso,
la repetición de este hecho me va creando una especie de
complejo de inferioridad.
Sin embargo, se me ocurrió hoy,
debería alegrarme: quiere decir que todavía puedo pensar como
un ser humano.

*
Reflexión en una tarde soleada: Hay dos tipos de personas
que no se quieren a sí mismas: las que no se conocen, y las
que se conocen demasiado bien.

�IRRUPCIONES/ Mario Levrero
(85)
Agujero en un buzo celeste (primera parte)
Hasta hace pocos días fui el feliz poseedor de un buzo de
color celeste, aunque este detalle del color es un dato sobre
el que no me atrevería a hacer una declaración jurada, pues
,",

,', -,

'

,

'

j

,',

l.,

.•

".,1

\.

••••••• '

•

.•

,

,J'

,

"'.,,

•• ',••••

•

,

.""',

,

'

'."~

,1

" •••

••

"

••

,

.:., ••.•

,¡

~

'.'"

•

5'."

1,.

,

lo'

,"0.

"

• ~

'~'

~,~.

••• '

•• "~,'"

~

•• ".'

_

_ ~ ,.

.,,"

_ _

~

.,

_

~

__

.•

relación a las palabras, aunque a menudo descubro que también
esto es una ilusión. Por ejemplo (y ya al decir "por ejemplo"
tengo la impresión de que me estoy repi tiendo, de que la
historia que quiero contar acerca de los trucos de mi memoria
ya la conté en otro lado, pero no sabría decir dónde, ni
cuándo, ni si es realmente así); por ejemplo, decía, recuerdo
haber buscado afanosamente, hace ya algunos años, entre todos
los libros de Borges un pasaj e que había leído pocos días
antes, y no lo pude encontrar. Se trataba de una traducción
de "Las mil y una noches" (o "Las mil noches y una noche", o
como fuera que Borges prefería
llamar a este libro) que,
según mi memoria,
Borges
comparaba
con otra traducción,
mostrando terribles y abismales diferencias
a lo largo de
tres o cuatro nutridas carillas llenas de ej emplos. Todo lo
que logré encontrar fue un par de citas, en un par de líneas;
y si bien no quedó demostrado que nunca haya existido aquello
que yo creía recordar con tanto empecinamiento
-memoria que
hasta incluía la posición del principio
y del fin de ese
tramo del texto (sobre la mi tad de una página impar, y la
mitad
de una página
par
respectivamente)-,
tampoco pude
encontrarlo en todos estos años para demostrar lo contrario.
Pero como nada hay más lej os de mi voluntad que hacer esta
simple
historia
demasiado
complicada
y demasiado
larga,
convengamos en aceptar que el buzo era celeste.
Era celeste, y sigue siéndolo, porque todavía existe; en
estos momentos está encima de una silla, en mi dormitorio,
mezclado
con otras ropas. Sin embargo, no debo vol ver a
ua arLo porque a mi muj er le cae mal que lo use, y yo debo
respetar sus sentimientos
aunque no logre compartirlos ni
comprenderlos.
Le cae mal porque en estos días al buzo le
apareció un agujero. Ese agujero, que en un principio era muy
pequeño,
no
recibió
ningún
tipo
de
tratamiento
y
fue
creciendo hasta hacerse bastante visible (está situado más o
menos a la al tura del estómago, de modo que esta opinión
acerca de su visibilidad me parece bien fundada) .

�Ella, mi muj er, ha tenido un papel protagónico en la
aperí.c.í ón y en el crecimiento de ese agujero, y es tal vez
por ese motivo que se siente mal cuando lo ve. Aunque, en
primera instancia y antes que con mi muj er, la aparición de
ese agujero, aunque no su crecimiento, tiene una profunda
relación con la herencia de mi padre que, si bien no me dejó
ninguna fortuna, me dejó en cambio una herencia entre
genética y cultural muy cargada de cosas. Entre esas cosas,
algunos tics, algunas conductas, e incluso un gran lunar en
una pierna.
Que haya una relación entre la herencia de mi padre y el
buzo celeste no significa que yo haya recibido el buzo como
herencia; mi memoria me señala de modo contundente que lo
con~ré yo nusmo, en Buenos Aires, hace unos doce años. Estaba
en un vidriera a un precio de oferta que era casi un regalo;
no pude resistirme y lo compré, aunque me cuesta mucho
resolverme a comprar ropa. Pero el precio era ridículo. Sin
embargo, lo compré y después casi no lo usé.
(continuará, tal vez)

*

Irrupciones de lectores: escribe Laura Álvarez Camiou a
nu casilla de correo electrónico; me trae estas imágenes que
quiero compartir:
\\...

venía

una

niña

con

un

vaso

de

ce iixe s co

ce s x

más

grande que ella.
Resu1 ta que ella
tropezó y se le cayó toda
la bebida.
Primero me detuve en el gesto desesperado de la
niña
que no tenía
consuelo
por
haber perdido
todo el
contenido del vaso. Ella se fue (pob.cec i ta) llorando y con un
chaparrón de xez onqos del padre sobre su cabeza. Me quedé
como hipnotizada
mirando el charco de refresco.
Como la
baldosa era de esas rugosas,
el efecto
de la 1uz , de la
efervescencia
de
la coca y los
cubitos
de hielo
era
impresionante.
Te juro que por unos momentos sentí
que la
baldosa parecía
beber y festejar...
en s exxo que por unos
momentos creí que estaba bebiendo.
El efecto
con la 1uz del
sol fue bá.rbaro ...
1!

Casi diría que lo estoy viendo, Laura.

�llUlUPCICBBsl

lfarío

Lev.rero

(86)

Agujero en un buzo co1osta (segunda parta)

En realidad,
no estoy tan seguro de que este buzo celeste
lo haya ccmprado en Buenos Aires;
es cierto
que en Buenos
bres
compré un buzo,
tal
vez dos;
también es cierto
que
había una oferta
y que los precios
eran verdaderamente como
un regalo.
Pero no estoy seguro de que sea este mismo buzo,
porque creo recordar
que el buzo, o uno de los buzos, que
compré en Buenos Aires hace unos doce años, lo primero que
hizo cuando me lo puse fue agujerearse
debajo de un brazo, y
si bien es cierto
que uno no anda todo el tiempo levantando

los brazos para exhibir el agujero sobre la axila, y menos en
Lnvi e rrio , cuando uno Ll.e va encima generalmente un saco, una
campera o un sobretodo, también es cierto que siempre cabe la
posibilidad de hallarse en una circunstancia tal que uno se
vea obligado a levantar un brazo en público, dejando a la
vista ese agujero. Se me dirá que es lo mismo un agujero
sobre la axila que un agujero sobre el estómago, pero yo
afirmo rotundamente que no es así; un agujero en la axila
sugiere una transpiración tan fuerte como para agujerear la
tela del buzo, mientras que nadie pensaría que uno se pusiera
a transpirar copiosamente por la piel que cubre el estómago.
y aunque así fuera, la transpiración de la piel del estómago
no
está
asociada
con
un
olor
fuerte,
para
muchos
desagradable,
que se produce por
la corrupción de la
transpiración de las axilas. A lo que voy es que si alguien
levanta un brazo y deja ver un agujero en su buzo sobre la
axila, todo el mundo cree de inmediato sentir un fuerte y
desagradable olor a transpiración, aunque ese olor no exista.
De modo que tal vez el buzo celeste no lo haya comprado
en Buenos Aires, sino posteriormente, en Colonia. O incluso
en Montevideo, hace de esto mucho menos tien~o. Pero no
importa; estos detalles son más bien accesorios, y no hacen
al grueso de la historia que deseo narrar en este tranID del
relato, que es el tramo referido a la herencia de mi padre.
Sea como fuere, yo usaba, en lugar de este buzo celeste,
un buzo marrón que me v~a
mejo~al
cuerpo y que era -y es,
porque todavía lo teng~ más abrigad9]; hace años que, en los

�día~

de

frío,

todo

el

mundo me ve

con

e e e buzo

marrón.

Sin

embargo en los últimos tiempos me he vuelto sumamente
sensible, o alérgico, a una serie de sustancias e incluso de
situaciones, como nunca antes lo había sido. Por ejemplo, me
he vuelto alérgico a la aspirina, lo cual es una de las cosas
más tristes que le pueden ocurrir a los varones de mi edad,
que deberían tomar diariamente
cierta pequeña dosis de
aspirina para prevenir el infarto, o al menos descansar en la
ilusión de que lo previenen. Otra entre las cosas cosas a las
que me volví sensible, o hipersensible, es a los efectos de
la electricidad estática que puede cargar cualquier prenda de
lana o de ciertos tejidos sintéticos. Me invade un gran
malestar, una angustia infinit~ana
impresión creciente de
algo que me está sofocandC\ y
anas de llorar; en este
punto me doy cuenta de lo qbe s
e, me quito el buzo de un
tirón desesperado y zas zas zaa zas se oye una serie de
chasquidos y chisporroteos: el buzo marrón se había cargado
de estática y me estaba haciendo daño, no comprendo de qué
manera o afectando a qué órganos, pero indudablemente me
estaba haciendo daño, porque me lo arranco y siento un alivio
inmediato de angustias y sofocaciones. Entonces puedo volver
a ponérmelo, pero quedo en estado de alerta, en tensión,
porque quiera o no quiera está acechando el pensamiento de
que en ciertas circunstancias que tal vez dependen de la
temperatura ambiente, o quizás de los movimientos de mi
cuerpo, el buzo puede volver a cargarse, dando lugar a la
repetición de todo ese largo y penoso proceso del cual sólo
tomo
consciencia
cuando
ya
he
ortado
demasiadas
incomodidades. En cambio, al buzo
el del agujero
reciente, no le sucedía nada de eso, y por lo tanto a nú
tampoco. Podía usarlo durante todo un día,
la temperatura
que fuera, y nunca me afectaba, ni hac
chispas ni nada
especial al sacármelo. Era un buen buzo.
(tal vez, continuará;

~

tal vez)

*
Irrupciones de lectores: hoy se trata de Katia. Irrumpe en mi
casilla de correo electrónico con semejante historia:

2

�« ... estalla
con fuerza paralizante
un chillidito,
mezcla
de terror
y agonía tal,
que no supe cual me sacudió más. Salí
a defenderlo.
Era en un terreno de la vereda de enfrente:
la
primavera,
con unas hojas enormes de "taco de reina" es cudebe
una gatita
chiquititita,
recién parida,
arrancada
y tirada a
la muerte lenta,
que se revolvía
contra las dentelladas
de un
enorme perro al que la plan ta le metía sus propias
manos-

hojas

entre

los dientes,
en un intento
por alejarlo
de su
aterrorizada
víctima.
Me volví
cómplice del "taco de reina"
sin parar
a pensar nada y me quedé entre
las manos con una
gati ta tan negra y tan mojada, que parecía
un pedaci t.o de
noche de 11uvia. Tampoco lo pensé, y una toalla
azul de mano
pasó a ser su rebozo y la fui secando y, cosa más importante
aún,
calmando,
serenando.
iEntonces
le
aparecieron
las
estrellas!
¡Era una nochecita
estrellada!
Cuando se secó, en
su pelusita
suave
aparecieron
unos pelitos
blancos,
que
mirados de lejos
parecían
las estrellitas
en ese pedacito
v i vo de noche.»
Aquí estamos,
lágrima viva.

Katia,

todos

tus

lectores

llorando

a

3

�IRRUPCIONES/

Mario Levrero

(87)

Sí, aquel buzo celeste era un buen buzo. y todavía lo es,
salva el detalle de ese agujero demasiado visible porque,
desafortunadamente,
en medio del bagaje genetlco-cu~tural
heredado de mi padre está la tendencia a dejarme caer algunas
gotas de café sobre el estómago siempre, o casi siempre, que
intento beber café de un pocillo. Esto no se corresponde con
ninguna percepción núa directa, sino con una deducción: janlás
me doy cuenta de que me esté cayendo café sobre un buzo o una
camisa, pero las manchas de café aparecen, y estoy seguro de
que si esas manchas se debieran a alguna otra causa ya me
habría dado cuenta, porque no me parece posible que mis
distracciones sean tan graves como para pasar por alto el
hecho de que alguien se me acerque y me arroje contra el
estómago unas gotas de café o de algún líquido similar. No;
lo más probable es que yo nusmo me chorree nuentras bebo, que
es exactamente lo que le sucedía a mi padre. O al menos eso
es lo que afirmaba mi madre, ya que yo tampoco logré nunca
apreciar el momento exacto en que a mi padre le caía el café
encima. Pero, lo rrdsmo que a mí, y por algo era mi padre, las
manchas de café siempre le aparecían en la ropa.
Entonces, si la responsabilidad profunda y principal de
que apareciera un agujero en el buzo celeste corresponde a la
herencia de nu padre, hubo también una responsabilidad
circunstancial de la que bien podría decirse que precipi tó
los acontecimientos, y en este caso el agent.e fue mi mu j er.
Ella se molesta por las manchas que aparecen en mis buzos y
de tanto en tanto me insiste para que los haga lavar; cuando
las cosas se demoran un tiempo mayor del que ella considera
razonable, entonces es capaz de secuestrarlos y lavarlos ella
misma. Esto fue exactamente lo que sucedió, más de una vez,
con el buzo celeste. Y se ve que ella cuando lava pone
especial empeño en hacer desaparecer las manchas de café,
puesto que fue precisamente en la zona de esas manchas donde
apareció el agujero.
Creo haber dicho ya que era un agujero pequefio, apenas
como un punto
de
tejido
saltado.
Se
fue
agrandando,
seguramente a causa de los nuevos lavados, y más tarde

�a n c Lue o

por

el

~irnple

e~tiro.miento

del

tejido

0.1

ponérmelo,

hasta que llegó a tener un tamaño verdaderamente llamativo.
En los últimos días, si venía alguien de visita, casi antes
de saludar yo estaba pidiendo disculpas por la falta de
prolij idad; reconocía que ese agujero sobre el estómago era
desagradable a la vista y producía una mala impres1.on,
incluso una mala impresión poco definida, que quizás sea la
peor clase de malas in~resiones. Y además tenía que explicar
el problema de mi alergia a la electricidad
estática,
enfermedad que para el común de las gentes presenta una
apariencia poco verosímil. Me daba cuenta de que me miraban
con suspicacia, como si pensaran que yo en realidad tenía
algunas otras razones, ocultas, para usar ese agujero en el
buzo, aunque no pudieran imaginar cuáles, salva la simple
desidia. Esos pensamientos eran sumamente injustos, ya que
antes de pensar en té~~unos de desidia, bien podrían haberse
dado cuenta de que me resultaría mucho más sencillo cambiarme
el buzo que inventar toda una fantasía acerca de una alergia
absurda, pero la gente piensa sin detenerse a pensar si sus
pensanuentos son justos. Tal vez no pensaban eso; tal vez no
pensaban nada, y simplemente me miraban con suspicacia porque
es la n~nera de mirar que tiene la gente ante circunstancias
que salen fuera de lo habitual. Es lógico que se hayan
acostumbrado a pensar que aquello que sale fuera de lo
regular y previsible lleve oculto algún sentido maligno o más
comúnmente algún beneficio para el que lo ejerce. Porque hoy
en día todo se hace por interés; todo el mundo se afana y se
afana y se afana por ganar dinero y el dinero no le alcanza
para cubrir todas las necesidades que cree tener, y cualquier
distracción de lo que es afanarse para ganar dinero le parece
una pérdida de tiempo incomprensible; pero verdaderarr~nte no
sé córr~ he podido llegar a este punto de nu razonanuento o,
mejor dicho, hacia dónde conducía este razonamiento, que me
ha llevado un poco lejos del agujero en el buzo celeste.
Para ser breve: las cosas llegaron a un punto tal que ya
no podía seguir usando ese buzo sin arriesgarme seriamente a
perder el respeto y aún la estima de mis amistades; de modo
que un donungo en que nu mujer se puso los lentes y vio el
agujero en el buzo y dio un grito de espanto, le dije que sí,
que está bien, que me iba a comprar un buzo nuevo. Y sin más
salimos audazmente hacia el shopping.

�(todavía puede

Irrupoiones

de

leotores:

zambullirse en mi casilla
breve, efervescente:

oontinuar)

vuelve
la
inefable
de correo electrónico

Nubia

con

a

este

\\Se pretende
que en i s er: tes
el p ce s en te"
que frenes
el
1en te que es tremece el mes, que en tregues
ese pez verde que
crece"
crece
de sed.
Que enternecer
el creer en el merengue
de eme...
es perder.
Se tej e" se des tej e" se en1en t eae , en
redes.
¡Plebe! Que el perenne
semen remede el verde que crece
en el ser.
Fenece el c x e tense"
qué pequeñez
perder
el ser
terrestre.
¡Peste"
peste"
peste!
¡Qué preñez
hereje
se
desprende!
Me he de perder
el
ej e del
tren.
¡Que Se1 ene
enti xeve i:e el pesebre
en el celeste!
Es leche decente. 11
Nubia

Excelente, che.

�IRRUPCIONES/ Mario Levrero

(88)

Agujero en un buzo celeste (IV)
. ,
l.oa

,

,

snoppinq
en busca de un DUZO nuevo fue
planificada
y
llevada
a
cabo
con
una
seriedad
casi
profesional, algo que más tarde me hizo acordar a esas
películas que muestran la planificación minuciosa del asalto
a un banco. En base a experiencias anteriores, de esas que
uno preferiría no recordar pero, afortunadan~nte, quedan
grabadas a fuego en la memoria, fuimos previendo y en lo
posible previniendo las contingencias más desagradables, como
por ejemplo que me tiraran chorros de perfume o que hubiera
parlantes con publicidad; cuando no elaboramos una estrategia
para enfrentar estas situaciones, luego sucede que mi mujer y
yo nos ponemos a pelear en el lugar menos indicado, que es el
lugar de los hechos. Ahora pactábamos
las bases de la
estrategia:
-Si hay parlantes con publicidad, me voy, y si yo me voy,
vos también te vas -declaré
tajantemente;
la idea era
eliminar las discusiones pero sobre todo ev tar que llegado
el caso me obligara a esperarla durante horas en la calle o
adentro del auto.
-Está bien -dij 0-; pero siempre hay música -aclaró de
inmediato.
La

a.L

í,

-La música

la aceptaré

-respondí,

adelantando

el mentón-,

sier~re que no sea Beethoven.
-No hay cuidado -respondió, pensando sin duda que en esos
lugares no son capaces de poner otra cosa que cumb í.as o
música pop; comparto esa opinión, pero yo no quería correr
riesgos.
-y si hay desodorantes de aniliiente,
nos vamos -agregué.
Tarobién quedó
clararnente establecido
que
el
único
objetivo era la compra de un buzo que sustituyera al buzo
c leste agujereado, y ninguna
otra cosa; que
ella no
aprovecharía a entrar en tiendas o supermercados, porque
después era posible que nos desencontráramos, y yo quedara
dando vuel t.a s insensatamente durante horas sometido a todos
los vejárnenes que tuvieran a bien infligirme, y más que nada
porque en un shoppil)g soy totalmente incapaz de orí.e n t arme
sin ayuda; no sólo ignoro por completo dónde están los

�rnejore~

lug~re~

p~r~

compr~r,

o

lo~

rná~

~decu~do~

p~r~

aquello
que busco,
sino
que además a los pocos minutos de
estar
allí
no puedo distinguir
un tipo de local
de otro tipo
de local,
y después
termino perdiendo
incluso
toda noción de
lo que busco.
Me marean
las
luces,
la
gente,
el
ruido,
algunas
chicas
de minifalda,
el movimiento,
no sólo de las
chicas,
sino el movimiento en general.
Mi mayor preocupación
suele
ser mantener
los pies bien apoyados en el piso,
y dar
cada paso muy conscientemente
y con el mayor cuidado,
porque
por alguna razón para mí incomprensible,
no hay en el mundo
nada más resbaloso
que los pisos
de los
shoppings.
Supongo
que
será
una
cuestión
de
marketing;
probablemente
haya
quedado
firmemente
establecido
que
los
sentimientos
de
inseguridad
con respecto
al propio
equilibrio
aumentan las
ventas.
Conmigo, sin
embargo,
pierden
plata;
hago todo lo
posible
por
evi tar
ir
a los
shoppings,
ya
que
detesto
r eebe Larme y caer,
y detesto
tener
que hacer
esos continuos
esfuerzos
por evi tarlo.
No veo por qué debería
p e rnu tir
que
me mortifiquen
de esa forma,
cuando ya la vida,
de por sí,
hace bastante
por morti ficarnos:
el
paso
del
tiempo,
las
enfermedades,
los
gobiernos,
el
clima,
los
mosquitos,
los
desengaños
amorosos,
la publicidad...
-y encima esta
gente
que se empeña en pulir
los pisos
hasta
dejarlos
brillantes
como espej os,
y después,
como si
no fuera
suficiente,
los
encera.
Esta vez las cosas no se presentaron
tan negras
como en
la vez anterior.
Claro que la vez anterior
fue en la víspera
de
la
NaVidad pasada,
y por
algún
motivo
ese
día
en
particular
hace
sier~re
que
las
cosas
se
presenten
más
siniestras
que en días normales.
Ya desde afuera
se veía como
un oscurecimiento,
y unas luces psicodélicas
que trataban
de
perturbar
las percepciones
y el entendinúento
desde antes de
pisar
las escaleras
de acceso.
Esa vez no había planes,
y el
asunto de las luces
no me pareció
una razón suficiente
para
da rme vuelta
y voLve rme a casa;
mejor dicho,
sí,
me pareció
una razón más que suficiente,
porque
era
un anuncio
bien
claro
de lo
que cabía
esperar
adentro,
pero
no tuve
la
rapidez
mental
necesaria
para
encontrar
a r qument oa con los
cuales
tratar
de convencer
a mi muj er de que la
empresa
parecía
demasiado
arriesgada,
y no pude merios que hacer de
tripas
corazón y seguir
avanzando.
Adentro,
era el infierno.
Habían
colocado
un armatoste
especial,
todo
su
interior

2

�forrado

con una

e~pecie

de terciopelo

rojo muy

vivo,

y con un

mostradorci to, tras el cual había una joven, toda de rojo
t arob n,
disfrazada
de
diablo
(i nada
menos
que
para
Navidad!). La joven tenía una especie de máquina de flit y
con ella echaba largos y contundentes chorros de perfume a
los que pasaban cerca; y había una música estruendosa que
superaba todo lo conocido en materia de decibeles, pensada
como para ensordecer hasta la séptima generación de los que
habíamos caído en la trampa. Di un grito de horror; me volví
hacia salida y traté de correr, pero mis pies patinaban sobre
el piso encerado, y mi mujer me aferraba la ropa, no sé si
para evi tar que me cayera, para evi tar que me fuera o para
tratar de hacerme caer, pero aun con ella a rastras logré, en
un esfuerzo casi sobrehumano, patinar todo el canuno hasta la
puerta y salir.
í.é

(¿ con tinuará?

)

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(89)

ADVERTENCIA del autor: el texto que viene a continuación
es una pequeña pieza literaria, y no una crónica. Las cosas
que allí se dice que ocurren, ocurren en la Lmaqí.nac ón del
personaj e que monologa, y nadie debe creer que cuando se
habla de vidrios rotos o cerebros que explotan se hace
alusión a hechos físicos visibles y comprobables por un
número considerable de personas dignas de crédito. Las
personas y los roles sociales que se mencionan, aunque puedan
corresponderse con personas y roles sociales de existencia
efectiva y comprobable en el Ll.amado mundo físico, en este
texto cllil~lenel rol de personajes,
es decir que son
ficticios, y no responden más que a la imaginación del autor.
Las expresiones como "terrorismo" o las alusiones a sistemas
totalitarios, expresadas en relación a formas agresivas e
invasoras de publicidad sonora, sólo se refieren al espíritu
de las mismas, quizás inconsciente, y no presumen por parte
del invasor un ejercicio deliberado de alguna fODma de
ideología, entendiendo que quienes utilizan esas formas
agresivas de la publicidad no están necesariamente motivados
por un afán ideológico sino por el muy sano y democrático
afán de ganar mucho, mucho dinero. M. L.
í

Pasa un "ehieul. ATROZ E!!! tirand. bambas de
ec;i eles. bambas ac;ústic;asATROCES -YO
ESTABA
TRATANDO DE ESCRIBIR estaba en mi easa y. me creía
prategido PASA UNA COSA TERRIBLE QUE TE APlASTA el
unid. derriba las paredes la músiea golpea una v.z grita
alga, me da érdenes
es una terrible pesadillaTODO SE
DESTRUYE estampidas de animales en la selva CAEN
PEDAZOS DE VIDRIO, DE lADRILLOS. CAEN PAREDES nadie
está a sal"., la b mba de unida te aplasta eantra el pise,
te a anada
estallan las aidas. estalla el c;erebre,tu
sangre sal iea las paredes ·TODOS ESTAMOS
UERTOS
quieren ve der por las buenas 8 par las malas APlASTAN
para vender alguna p.rqueria LOS MUERTOS BAIlAN
c;emprenVAYAN VENGAN BAILEN par la plata baila el ana

�IREN OIGAN OIGAN OIGAN nadie nos ~efiende-se
iniCii.
la tempe~"ada de caza del Hombre ESPECIEEN EXTINCiÓN
~'me puede ser VíA UBRE bembas a~ústi~as aplastan niñes
~entra las paredes SE METENEN TU CEREBROte invaden la
casa, te invaden el ~uerpe NADIE NOS DEFIENDE NADIE
PUEDECON ELLOStienen mu~h. dinere NADIE PUEDEes de
~ien~ia fi~~ián NUNCA PENSÉ EN ALGO Así nadie les
~entiene DÓNDE ESTÁ SÚPERMAN DÓNDE ESTÁ BATMAN
DÓNDEESTÁROBOCOPni el Presidente ni el Inten ente ni
el Ministra del Interior ESTOES TERRIBLE nos arrastrames
en pes de les trezes de ~erebre TRATAIIOS DE PENSAREN
EDIO DEL CAOS ¿qué hemos he~he para que nes edien
así? qué di~e el arzebispo, qué di~e el Papa, dende está
.e.n,
~áme es que Dius permite este
qué vi.len~ia,
~uánta vi.len~ia
en esta ~iudad NOS APLASTAN nes
atrapellan nes reban el alma NOSROBANEl ALMA S!!!! ~ete
e caza la ~alle CAIlPO DE CONCENTRACiÓN
"entevidee estames indefenses PASADE NUEVOESEVEHíCULOATROZel
terrerisme
a~ústi~e! 111 CASA de~ibeles OH 111 CASA
megateneladas ARROLLANDO
TODOA SU PASOejer~en TODO
SU PODER DESTRUCTOR-Ius
niñes Ileran les animales
huyen YO NO COMPRARÉESA PORQUERíAn. votaré NO
VOTARÉlas almas gimen lOS CUERPOSBAILANEN LA NOCHE
ETERNADE LA CIUDAD CONDENADAla ~iudad aban enada
PERO RESISTIREMOSera mi casa RESISTIREMOSHASTAEl
ÚLTIMOHOMBREsí

�IRRUPCIONES/

Marío Levrero

(90)

,

IU\
\

"

Había quedado debiendo el final de la historia; pues
bien, se verá que teL~na sin mayores complicaciones, ya que
la nueva aventura en el shopping fue mucho menos traumática
que aquella otra en la víspera de Navidad. Esta vez no había
nadie que le echara a la gente chorros de sustancias
ofensivas, y si bien la música estaba a un volLm~n muy, muy,
muy alto, en este caso había dos atenuantes. Uno: no era
música digi tal, como las de los discos compactos o la que
suelen transmitir por las radios de FM y que tiene la virtud
de taladrar el cerebro, metiéndose demasiado profundamente en
los laberintos perceptivos e intelectivos, sino que la música
era "en vivo". Dos: por la mí.sma razón de que era "en viva",
uno podía alejarse de ella, y a cierta distancia el sonido se
diluía un poco en sus estridencias, especialmente el sonido
de una tror~eta que alguien soplaba como si en ello le fuera
la vida. Tal vez le fuera, pero no sonaba exactamente como
Miles Davis, ni la música impresionaba como compuesta por
Mozart. No vi la cara del mocito que soplaba porque no miré
hacia la derecha, lugar desde donde avanzaba el frente
sonoro, sino que giré rápidan~nte a mi izquierda y sin dejar
de pisar con mucho cuidado sobre aquel piso resbaloso, traté
de interponer la máxima distancia entre ma a oídos y aquella
guaracha. Cuando llegué a un lugar donde si uno gritaba podía
hacerse oír, le pregunté a los gritos a mi mujer cuál era el
plan. Ella me gritó describiendo velozmente los próximos
pasos; primero en ese nivel donde estábamos, luego, si era
necesario, por la escalera hacia arriba. Estiró un brazo
rematado en un índice extendido y gritó un nOlUbre imposible
de recordar, el nor~re de una tienda. Allá fuimos.
La escena se repitió varias veces en distintas tiendas:
vendedores solícitos, tratando de que su rostro no expresara
tan claramente como lo hacía el sentimiento de que durante
los fines de semana preferi rían mil veces estar pescando,
jugando al mus o ejerciendo de cualquier otra fODma su
derecho a la diversión, antes que estar allí atendiendo al
público. Unánimemente ignoraban las cualidades de las prendas

�que vendían, y fundamentalmente ignoraban si acumulaban o no
electricidad
estática,
v
no
parecían
fantásticamente
interesados en averiguarlo. Hacían hincapié en el color, cosa
que estaba bien a la vista, pero ninguno se quiso con~rometer
con el problema de la electricidad. Yo pasaba repetidam.ente
los dedos por la superficie de los tejidos, y sien~re
encontraba unos pelitos sospechosos; por lo general, si
tienen pelos perceptibles con la yema de los dedos, lo más
probable es que se carguen de estática; y además es también
muy probable que me produzcan en todo el cuerpo una picazón
insoportable.
Pasábamos de un lugar a otro, con eficacia y velocidad.
Hi muj er preguntaba por marcas o colores, yo preguntaba por
la estática y manoseaba los buzos, el empleado movía la
cabeza durante un rato y se iba a seguir charlando con algún
con~añero
en
los
mostradores
del
fondo.
Nosotros
aprovechábamos para sacar más buzos de los estantes y
t.o c a r Lo e .

Después
subimos por
la
escalera
mecánica
sin que
sucediera ninguna desgracia, y repetimos la rutina varias
veces más en distintos locales de la planta superior, hasta
que de pronto... lo vi. Lo vi y supe que era el buzo que
necesitaba, y que no iba a encontrar otro similar. Lo vi, lo
sefia Lé y exclamé: "i Es ése!"
Bueno, yo no tengo la culpa; quería terminar con esta
historia, pero por algún motivo en la revista me prohibieron
que escriba más de 3.000 caracteres. Van 2974; así que sólo
puedo agregar:
(continuará)

2

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8088">
                <text>“Irrupciones (80)”/ “Irrupciones (82)”/ “Irrupciones (83)”/ “Irrupciones (84)”/ “Irrupciones (85)"/ “Irrupciones (86)"/ “Irrupciones (87). Agujero en un buzo celeste (III)”/ “Irrupciones (88). Agujero en un buzo celeste (IV)”/ “Irrupciones (89)”/ “Irrupciones (90). Agujero en un buzo celeste (V)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8089">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8090">
                <text>Originales mecanografiados de relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8091">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8092">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8093">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8094">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8095">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8096">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8097">
                <text>Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de siete folios mecanografiados e impresos, sin correcciones. Se adjuntan cinco imágenes de ratones referidas a una Irrupción anterior sobre la cual el autor hace mención en ésta/ Original de seis folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y anotaciones ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y anotaciones ológrafas/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de tres folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="698" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="953">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/e7f89e3d405867c75debe8122bf20efe.pdf</src>
        <authentication>e1e9972e80cdc35724e0e6fd36bc4bff</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8119">
                    <text>IRRUPCIONES/

.••
x~
~~,,~ .~~
J.YJ..J... J.llUJC.L.

Mario

-~
,-::..
J.ll.L..L.'-J

(91)

Levrero

l.-.~~~
~
J.J.a •.....
.J...a

...J·~~...Je1.7~
.JV

\...J.VJ.J.U

s efia.Lab
a ~~
~a
y qr

;;:'CJ.J.

í

t.ó :

.J...

\...J.

w ,I

Pero es

amarillo! ", en el tono de quien ha encontrado una babosa en
la sopa. Según ella, el único color de buzo que puedo usar es
el color café, y no voy a decir que no tenga razón; pero no
habíamos
encontrado buzos
café que
cumplieran
con las
condiciones esenciales para un buzo, mientras que éste,
cremita, se mostraba completamente inofensivo.
Le pedí a una amable en~leada que lo sacara de vidriera y
me di a la tarea de pasarle por toda la superficie, con
suavidad y amor, al buzo, la yema de los dedos. La cara de mi
muj er mostraba desaliento, incredulidad y amargura. La cara
de la emp l.e ada era completamente neutra; ya dij e que era
amable, y lo era, pero se le notaba que hacía un esfuerzo por
no salir corriendo de la tienda para ir a triscar alegremente
por los prados, o lo que fuera que esperase de un domingo.
Por nu parte, me llevé un disgusto cuando pregunté el precio;
era muy alto, más del doble de lo que costaban otros buzos.
+Vamo s a seguir mirando, y si no encontramos algo mas
barato,
volvemos -le dije a la empleada,
como si le
importara. :Hi mujer dio un suspiro de alivio y salió de allí
taconeando, con la evidente determinación de encontrar por sí
misma un buzo de color adecuado; en ese momento sentí que si
le daba un par de agujas y un ovillo de lana café, hasta era
capaz de tejerlo.
No encontramos, sin erobarqo, nada apropiado,
del precio y a pesar del color, tuvimos que vo
A
molestaba pagar ese precio, especialmente
rque se trataba
de un shopping y
tengo prejuicios ha .a los shoppings.
No
sólo se me ha metido en la c
allí todo es más caro,
sino que además creo que
son sucursales de
casas
centrales
que
est
lugares,
y
que
las
mercaderías que llevan al n sobrantes, cosas que no
pudieron vender en las casas centrales. Seguramente nada de
es +::'0 es cierto, pero ya dije que eran prejuicios, y los
prej u c os sori muy difíciles de desarraigar; se hincan con
gran profundidad en la mente de los seres humanos, y son
capaces de desafiar incluso a la experiencia, y a los
consejos de los sabios. Por otra parte, la idea de que en los
í

í

�shoppi."lqs

Loe

precio.=!

e on

mée

al to.=!

no

e.=!

tan,

tan

descabellada,
porque
ALGUIEN pagará
por
el
lujo
de la
edificación
y el mantenimiento,
por el mocito que tocaba la
trompeta
o
cualquier
otro
de
los
muchos
despliegues
artísticos
y cul turales
con que se busca elevar
el espíri tu
de los
concurrentes,
por
la
cera
de los
pisos,
por
los
guardianes
de
la
seguridad,
por
todos
esos
aparatos
electrónicos
más o menos sofisticados
que hay en distintos
lugares,
por
los
chorros
de perfume,
los
desodorantes
de
ambientes y por una serie
de detalles
que se me escapan pero
sé que existen.
Así que no puedo
evitar
un desagradable
sentimiento
de haber
sido
estafado,
de estar
pagando una
especie
de impuesto
por
cosas
no deseo
y que incluso
me
fastidian
mucho,
pero,
¿qué
se
puede
hacer
cuando
uno
necesi ta intensamente
un buzo y es domingo? ¿Por qué estos
comercios
están
abiertos
los
fines
de semana,
y los
otros
están
cerrados?
Evidentemente,
en este
mundo hay muchas,
muchas cosas que ignoro.
Antes de llevarme
el buzo me lo quise probar,
y ya en el
probador
intenté
ocuparme de cierto
pequeño defecto
que le
había visto,
y que consistía
en un muñequi to verde pegado a
la
al tura
de donde la
gente
suele
pensar
que tenemos el
corazón.
Era como un saurio
que alguien
hubiera
bordado sobre
un trocito
de cuero o una materia
más o menos rígida.
Estaba
muy bien pegado y vi que iba a tener problemas para quitarlo.
Así fue que ...

(con tinuará)

2

�IRRUPCIONES/

Mario

(92)

Levrero

ih~
~~

El buzo amarillo me venía bien al cuerpo, aQque,
aunque ~
di3gu3tado por e3e muñequito publicitario
que le habían
puesto, discutí el precio, obtuve una importante reb a j a, lo ~\
va
encontraría la anera de
.paqué v..•. me lo llevé,. .•.pensando que
.•.
..•.
neutrali zar al muñeco. Todo el camino de vuelta mi
se
mantuvo en un 3ilencio omin030, porque yo lo había c n~rado a
pesar de su opinión. Pero
cosas no salieron ta 1 mal, ya ..
~n .. ~
que lo es t rerié y después nc ~ manché muy a menudo, y~~
vinieron días más calu ros e . dej
de usar buzo hasta el
próximo invierno.
Mientra3 lo usaba, vivía sin embargo baj o el permanente
oprobio de aquel muñequi to, y durante unos d i as anduve sin
tieTIi~r
intentar quitarlo. Cuando por fin lo intenté, vi
que
u - !lo estaba rrmy bien pegado, unido probablemente con
algún
es vo sintético de
I tima qene rac i on , Probé con
bencina y con alcohol; inútil. Y cada vez que tironeaba para
ver si aflojaba, el tejido comenzaba a abrirse, amenazaba con
agujerearse, y alrededor
del muñequito
3e agudizaba el
aspecto de cosa que se va ajando.
Pensé en comprar alguna in3ignia neutra, pero la idea no
me gustó porque quién sabe en qué me podría meter sin darme
cuenta. Al muñequito se le podía hacer cierto daño en lo que
era propiamente el bordado, con algo puntiagudo, como la
punt.a de un cuchillo; pero sólo desflecaba el hilo verde, sin
quitarlo realmente; apenas se le iba una especie de pelusa.
uj er me deacubr
una t.arde rasqueteando al saurio con
uña, y me dijo que estaba loco; que ese dibujito era una
marca prestigiosa, un símbolo de distinción. Yo le dije que
si algún día me veía comprando algún objeto para prestigiarme
con su marca, que directanlente me pegara un tiro, porque para
qué seguir viviendo así. Tarctbiénle dije que a los jugadores
de fútbol les pagan por llevar propaganda en la ropa, y a ITü
no sólo no me pagaban nada e í.n o que me habían cobrado
bastante por el buzo, y que qué clase de estúpido le parecía
que yo era para andar haciéndole propaganda gratis a nadie.
1,Hentras hablaba seguía raaque t eandc el dibuj o con la uñ a ;
probableIT~nte todavía se adivinara que se trataba de un
saurio porque la marca es conocida, pero visto objetivamente

-

(909

é

ú

í.

í.ó

�o.

cuo.lquiero.

le

ho.brío.

po.recido

mo.,::,bien

un

loro

con

lo.,::,

plumas alborotadas. y pasaron los días, hasta que una mañana
me desperté COY.. la solución, que sin duda había pergeñado
durante un sueño: había que usar un cutter
o "corte" o
"cortante" -que de todas estas formas lo oí nornbrar-; es esa
especie de cuchillito de láminas que se van ron~iendo y
tirando, afiladas como hojas de afeitar, que se guardan
dentro del mango hueco, y que para romperlas hay que tener
cuidado porque sólo se puede hacer de cierta manera; si se
hace de otra, salta a los oj os. Yo te~v
r os de estos
cutters
porque los había comprado en
fe~
ac a años, y
aunque no me habían servido de mucho, yo ~_ ~ que algún día
les habría de llegar su momento de gloria. Con uno de ellos
fui separando cuidadosan~nte del tejido esa especie de cuero
blando que soportaba el dibujo, y descubrí con alegría que
estaba unido sólo en algunos puntos; había que cortar algunos
hilos clave, y el resto se despegaba fácilmente. Es cierto
que el buzo se dañaba un tanto al ir dando los tajos, pero
supongo que ese debilitamiento del tejido no tendrá un efecto
inmediato, y que al buzo, ya sin el muñe qu to, podré usarLo
todavía durante algunos años, antes de que corr~ence a
fOL~lársele y a crecerle un agujero, como el de un buzo
celeste que yo tenía y cuya historia tal vez cuente en otra
oportunidad.
í

í

í.

(Fin de ~a historia de~ agujero en un buzo ce~este)

�IRRUPCIONES/
-Jefe,
,_,-..,.- .•...:J.,-¡-a,

\",,---,'.L..L. "- \....\.....&gt;..L

,-....-.
V.L.l.

Mario
¿le
"...

u,.L.L

Levrero

puedo

..; ,-..,"t'Ton
J \...Y "-..L.L
.1

(93)

p ed r
í

un

f avo r ?

r~" v ,-...0
v...J\-ou. .•...
v...J,
,-;'00

I~O
\-f.\...

+me

p requrrta con toda
salgo
iba con él, sigue

pongo un pie en la ve reda , ot ro joven, que
canúnando unos pasos.
-Podé s p ed rLc +r esp ondo , sin corrprome t e rme . El joven no me
entiende, no me oye bien, o tal vez oye el rechazo ~~e quería oír:
8.sentinúento, y se aleja sin de c r
hace con la cabeza un gesto
más nada. Quedo desconcel::tado.
í

í

Es todo un asunto, eso de salil::a la calle y encontl::a-.
Jóvenes, y a veces no tan Jovenes, que piden dinel::o.E
genel::al,
piden "pa ra el ómn.í.bue y en muchos casos me resu t evidente que
es ciel::to:jovencitos con mochila, libl::oSo cua
que piden
"un peso" y van juntando monedas, ap re t ándo.l
en una mano, tal
vez pOl::expel::ienciade que si se pide mucho todo junto, nadie da.
?

,

í

Algunos
son
al::tificiales en
su
cortesía,
como
si
se
estuviel::an bUl::lando, o practicmldo
un oficio. A ésos no les doy
nada. Ni tan~oco a los gandules cómodos, o sobel::bios, que piden
desde lejos, sin n~~lestal::seen Sep8~al::la espalda de la pal::edo de
la co Lumna, y con un a re d.í.v
e rt í.do . Hay dos, uno corrtra una
columna, otl::Oapoyado en un coche. Yo paso a val::iosmetl::os,cel::ca
de la pal::ed,en un lugal::donde la vel::edaes muy mlcha.
-¡Eh, eefio r ! -me gl::itauno de ellos, sin moverse de donde
está. Yo me hago el sOl::do.-¡Eh, tío! -y da un silbido. Se l::íen.¡Eh, viejo! -agl::egauno al final, dfuldose pOl::vencido.
í

-¿ Tiene

una moneda, abuelo? -en esa mí.sma zona, un hombr:e
gor:dito, con la cabeza l::apada,que se hace el sin~ático. Tanillién
él me gr:ita desde lejos. Huevo la mano de recha, con el índice
levantado, en una señal de negación. Qué cantidad de ineficaces. Y
lo p rí.me ro que t end ri an que ap rende r es a no decir:me "abuelo"'.
A veces apal::eceuna mujer: joven con un bebito de pocos meses.
Pide "pa ra la Le che del nene"; desde luego, no le doy nada. Pienso
que es un bebé alquilado, o pr:estado; o quizás un muñeco, por:que a
esos bebés nunca los veo despiel::tos. Si la mujel::fuel::ala n~dre,
pOdría dar:le el pecho y pedir para con~r:al::
cal::ne,por ejen~lo. De
cualquier: rr~nera, me molesta que pidan par:a esto o pal::aaquello;
no n~ inter:esa en qué se gastarían nú dinel::o,sea en boletos, sea
en leche, sea n bebidas o en dr:ogas, o que sin~lerr~nte lo quiel::an
par:a ponerlo e el banco.

�Puede darse el caso, pero hasta aho ra no he dado nunca una
moneda por temor. CUffi~doel aspecto del que pide, o los que piden,
es atemor zant e , algo en mí, se rebela, y aunque mí, respuesta
parece, y seguran~nte es, la menos prudente, digo que no. Lo nusmo
que a esos fastidiosos que quieren contarme una historia larga y
cargarme de culpa.
í

Eso de pedir por la calle tal vez tenga relación con la
necesidad, pero también con una especie de juego. No deja de ser
una forn~ de comunicación; para el que pide y para el que da, o el
que no da. ¿Por qué salgo con monecías en el bolsillo, yo que
antes, por principio, no daba? Esa pulseada, cuando los gandules
tratan de man.í.pu
La rme y yo me resisto, o esa retirada agradecida,
del chico que está lejos de su casa.
están los que no piden. Esos hombres desastrosos,
esas
mujeres envueltas en una serie de trapos, que llevan sus cosas en
bolsas de arpillera, que buscan un lugar donde acomodarse para
dormir. Siento por ellos una sin~atía ilTInediata.Pero no piden; no
sé cómo hacen para sobrevivir. Tendrán sus sisteIT~s. Algunos están
chiflados, como esa mujer negra que discute todo el tieIT~o con un
ser invisible. Otros tienen una retirada entre sabia y benévola,
como si estuvieran n~s allá del bien y del mal. Probablemente lo
estén. Todos ellos, cuerdos o no, tienen en común la dignidad, esa
c~alidad tan rara de encontrar/o Y la libertad, condición nms rara
aun.
y

~~~

~~.

�_IRR_UP_C_I_O_RE--'s/'-M_a_r_i_O_L_e

v_r_ec....:.r....:o

Miro

hacia

gente

por

lleve

di~traigo

la

ventona

pue~ta,

tr.:r.tar

ob~ervando

una multa_

el

hora_

chofer

pone
la

la

multa,

gorra

(todo

frent·e

de quien

para

compañero

al

de

quien

e~cribe

qu a e áe

por

termina

fin

por

de

lo~

lado~,

de

e~cribir

limpiaporabri~a~

la

infr·:r.ctore~

la

Pero

no e~ pora

dirige

hacia

de~prender

ella,

lo
lo

revoloteondo

boleta,

~er·~ del

infractor'?
re~pue~ta

continúa

re~i~tiendo_

acercel

al

pen~ado,
c~erto~
hizo

coche

adherirme

del

~alga

de

Yo no
que

porque
del

pero

de~pegarme

de

tenian

c-omoyo habia

yo todavia

ignoro
al

conductor,

que e~ el

c-oc-he por
delantera,

5ino

y volar,
a'.ranc-a

pen~odo;

del

otrc_

y aún

a~i

la

del

la

~e

muLee ,
Se

¿lograra
llevar5ela
qué

~upue~ta

no ve

recuerdo

baja

~e 5igue

lo~ a~ernejabo a

la

e~o lo

'=lueme
que

c-o~a~ no euc e den
a

todavia
la

boleta,

y lo

que no e~ta
al

r~~arar

izquierda

no me

calle

agitando

no parece
por

~e

haber

y me !5orprende
la~

la

boleto

rompe_ Nadie

y realmente

de modo que

Sale

la

a L coche_
y

que

general
atra~,

infrac-tor

la

de mi

infrocci6n,

la

ni

comercio,

lo

La boleto

de

campo vi~ual_

viente.:

e~cena;

de

el

derecha

vi~t·o

de la

tanto,

infrac-tor,

y e e va lentamente_

mi

haya

un aire

del

por

parte

vient.o

~i hay ma5 coche5

pLenes o que fue

}T

~ale

la

~igue
con uno

¿Como ~e enter·:r.ra'? ¿Cuando'?

no ~e de~prende

infractor

~ujeta

limpiaparabri~a~

herrnano~ Coen o de Tarantino,
el

t.:r.mbién

·:r.rranca,

de

vez

mientra~

in~pectore~

la

no ~e acerca

a pagorla'?

d·:r.rno~
El otro

ver

Ye. e~t.oy pendiente

~ujec~on

puedo

lo~

t·al

e í,n

en un libro_

hacia

para

o

105 et610go~

int·en~o

de5aparecen

cargo,

infr.:r.c-tore~,

y la

al

coche,

vidrio

coche;

pregunta5;

de alli

nl0tcr,

el

obligodo

Por fin

50ltar5e

el

lo
eu

cuyo ~eñalero

En e~e c-o~o, ¿qué ~era

~e agita,

haci·:r. l·:r. puerta

marc-ha el

lo

e~cena_

Pero

del

alormo

de e~ta~

hombre ~e acerc'a

lado

c omo intentando

momento,

agitando~e

L05 in~pectore5
con

igualmente

rato_

de lo~

a la

de~de atra~

Pone el
vi~ual_

un

parabri~a~,

queda
c-ontra

e~a~ calle~?

ninguna

el

al
El

luego

hoC'emo~ todo~

multa,

e~cribe

pem tie Lón de

en e~o que

infractor,

de

aparece_

nariz,

o a otro~

coche

que

debajo

que

no

a

de que
El

d.az Le tiempo

la

le~romo~

.:r.e Lej e ce e del

nariz

~uena

que

~upue~ta
al

avi~o

y otra

bo Lea l.Lo del

c-alle,

algo

e~t·oc-ionar

por

infractor

infr.:r.ctor,

contra

bolet·a

hay_

Se mueve,

por

pien~o_

~orprendo _ El
~ujeta

¿E~tora

en un primer

efec-tivaroente

rodea

boleta

comienzan

orrancarlo

pora

per~onaje~

como la~

la

y miro

por

un

la
me

de poner

~eñalero_

qui~iera

el

de

Pero

acompoña_ Hoy

~alen

libreta
í,

y ~e

en

al

la

de mi campo vi~ual_

alegremente

No tengo

de

o 01 meno~ no ~e hace

izquierdo

pañuelo

y ~e acerc-a

_ No lo~

comercio

Pero

~o~pec-har ~i no lo~

_ La ~upue~t.a

vi~ta
del

defen~a_

movimiento~",

1I.pla~to un poco rna~ la
a

una

el

que

_

actitud

~6lo

en un claro

apagar

c-omo e

panore~~ma
de la

bolet.:r.

coloca

de

~o~tiene

moyorio

afuera

la

otro

muy largo~

guardarlo

el

de

t·:r.rde gri~ _ Lo~ do~ in5pectore5

Una !5eñoro ~ale

negro~

c-omobue c arido

libreta,

actividad,

campo vi~uol_

a

di~traidamente

de la

01vid6

la

no ~e permite

enc-endida~,

~e

~ac-a un

que no podriamo~

par~imonio~amente,
en 5U irritonte

multa

"e~quem.:r. fijo

razone~

alguna

toda

el

cuodro

c-on lentitud,

y vuelve

todo~

ob~ervando

llamorion

cuenta

la

que

mano que

intentar

le. enrolla

~eñalero

que
.:r.lli

que tienen

en e~t·a

uno~ pelo~

proC'ede

ropo
clima

e~ uno de ello~;

O de

y una

!5egún lo

de tran~ito

luc-e~ del

~610 veo

e

para,

un·:r. ide.:r. del

actitud

pronto_

viento,

un~forme _ Mir·:r.hac ia
5implemente

la

la~

aparecer

o ma~ bien

calle

hacerme

o un comerc-io;

der!la~ e~ uniforme),

infractor
dobla

de

regre~ar

y flotan

lo

el

El c-oche tiene
pien~a

la

de

a do~ in~pectore~

En reolidod,

un c-oche e~t·ac-ionado
e~ta

(.!.:...~

viento,
en

e Ll.a,

de mi c-ampe.

�~cí)®

IR=:;::R:;..::UP=CI=O::;:HE=s..:../.....:M:..=:ar=i:..=o.....:L=.;e::..:vr=e=ro=--¡Tira,

tira!

¡Tiram~

r~pr~5~nt!!.ci6n; r~piti6
de una
ello

de

p

La

para

lo 5uficiente

ocupar

c

otra vez

! -la

rrie

y dio un pa50

5upue5t.a victima

agr.!!.dable, 5ig1ll.0 contando

rep~tió

í.e

vieja

la fra5~ d05 o tr~5 v~ce5,

para

omo

el lugar

qu~
que

de

s

e

pe

r

ec

e5tar

í.a

5i~mpre

a un c05tado.

Con voz

h.!!.biaquedado

paralizada,

omp errd.i.e

c

r

la victima.-

r

¡Tira!

la

mejor

y lu~go

un tanto

cabalmente

a

en

chillando,
que

ma5

parte

abandon6

normal,

no

pero

qué

5abia

de

5U

el lugar
no por

hacer.

Lo

la !'it·uac:ión,y volvió

a

¡Tirame

-empezó

¡Tira!

de

la

pierna!

mcv

e

r

s

e

a

e'hillar nuevemerrce .
Era un almac~n
familia

entera

inmóvile5,

con 105

que la vieja
r~piti6

~n la p~riferia

hipnotimada.
Oj05

muy

el climax

d~ la C05ta.

e L gordo

madre,

abierto5

y

ocupaba

padre

fijo5.

de 5U narración;

lo mi!'mO. Cuando

No

ahora

~l lugar

D~tra5

hij o, 105

re5piraban.

Al

cambi6

de

d~l m05trador

y el gordo
de lugar

la victima,

par~c~r,

un par

105

habia

tre5

hacia

de vece5

chillid05

una

e5taban
rato
y

ma5

5em~jaban

c:ontra un p.i s o de m05aiC'05.

que s e rompian

v.i.d r.i.o e

redond05,

prolongaba

exactament~

de una ciudad

La gorda

Me aC'erqu~ al m05trador.
-¿Me van a atend~r?
L05

tr~5

-dije.-

gord05

Qui~ro

re5piraron

y

c:omprar c:igarrillo5.
5e

movi~ron.

Me

miraron.

Tardaron

un

in5tante

en

r ec orroc e rme .

-C6mo

no, 5~ñor.

La mujer
El muchacho
5alian

Con mucho

5e movió

hacia

gU5tO

un05

p.!!.56
tra5 una cortina

de 105 ojo!', 5aludó

Irrupciones

de

1ectores.

-dijo

e5tante5

~l hombre-o
y comenzó

¿Qu~ c:igarr05 qui~re?

a ordenar

d e la vi5ta.

y d~5apareci6

innece5ariamente

La vi~ja

me miró

la mercaderia.

con llama5

que le

y 5e fue.

Una

)

*

e5timada

corre5pon5.!!.1de

e-mail

que

5ere5i5tea

5ernombr.!l.da, me

cuenta:
qu~

··'50ñ.:-:

d~st.;zzt.;zl.;zdo.
p~o

vivi.;z

en

i.Lusu.ruui e s:

~sp~~ndom~

y fum.;zndo,.

b.;zz t=poco

n,;¡bi,;¡ ned.i:e ,

z.;zto,

no

lo

convex s er
id.;z,

podi.;z

.;zunqu~
peligzoso

pozqu~

haga5

l.;zs

est.;zz

de

pa5ar

l.;zs

c.ll~s.

f!!Ilozm~.

tuzqu~s.;zs,

qu~

h.;zy

do!!!l so.

z smb l:«,

Le

P.;zzece

que

1!i

.;z.Ill. Asi

qu~

como ~st~b.;zmos

muy

~ll CU.;zllt.;zcolunm.;z

de mi

t.n

fl.;zc.;:s
de: luz;

y

se

hec i:«

Des epex ec i e .
~.;z

l,;¡s

c e s « .;z
c.;zll~s

1!i .;zmig.;z ~st.;zb.;z s~lt.;zd.;z

de. vuo!!!lt.;z ex « mucho

o!!!l zegzeso

y

.;zm.;zzill.;zs,

s aLi:e

yo

Lex qo , no

.;zmig,;¡ s e

Ap.;:z~ci.;z.

el: c emi no

y

~st.;zb.;z sucio

v~d~s,

y p.;z.E~ci.;z .;zb.;zndon.;zdo p~o
~"2

o!!!ll.;zy h.;zbl~b.;z.'!loS u."Zz,;¡to
D~s.;zp.;zz~ci.;:.

Todo

zos.;zd.;zs,

11.;zd.;z.1:z.;z de: noche

.;z un bolich~

.;z c e s e p~o

mism.;zs

g.;zllin~o

~s t.;zb.;z v.;zcio

como

Ap.;:z~ci.;z.

volv~

l.;z m.;zllOe.s aand i éridanas:

con e5te c

Todo

yo m~ sf!!Ilt,;¡b.;z con
s e p.;zz~ci.;z

un

C(\/!/O

de: qu~.

invisibl~
l.;zzgo

po!!!ligzc.so

':-:z.;:mos muy

ellcolltI~b.;zmos.

1:n o!!!l
.;z c.;zd.;z

s s i . D~spu¿;s

Y

m~s

.;znim~b.;zmos .;z c.ruz;.;zz Le pU~It.;z de.L bex . No s e v~i.;z .;z ned.i e ,

170S

m~ d~sp~te
Dentro

novela

ez.;zn

110

c.;zmin.;zndo de

qu~

be z ,

~s.;zs luc~s

contzol.;zz.

t~.;zmos

.;zt~z.;zd.;zs,

con

ez «

con l.;zs p.;zz~d~s

quo!!!ned i:e pint.;zb.;z

un.;z .;zmig.;z f!!Il un

~st.;zb.;zn muy

qu~

coloni.;zl~s,

s e not.;zb.;z qu~ h.;zci.;z siglos

~ncont.r.;z.Emo!!!con

muy

un.;z c.i.ud ad

L.;zs c.;zs.;zs ~.;zn

que

p~IO

qu~

de:

o!!!l d~

estoib.;zmos

es « I~illmf!!Ilt~

pobz~s,.

nos

No supe

si

ib.;zmos
ll~gue

un.;: cu.;zdz.;z .;znt~s.un
omí.ensso

e5e mal

tiempo
,

c reer

é

recordar

y mi an6nima

rato y e5cribi

amiga

'.105mi5ma

que
es

e

lo

50ñé

yo ma emo

!'ent·irae5tafada.

la novela,

ya.

y me
A!'i

pondz

que,

é

a

an6nima

e sc rí.b.i.r
amiga,

una

no me

�IJtJtUPCIOHES/ Mario

Capte
refugio:!

de

Levzero

reoj o un movimiento

mun.í.c.í.pe Lee,

próximo

m.~yor que 'lO, grandote,
en realidad,
acercar:!e
porque
el

pene

lo

muy r cbue t.o,

pen~o mejor

que el

é

en

bu:!c:a de

apoyo;

sue Lc s i.n violencia,

enc-ima del

banc-o,

farfullando

in5ult05,

iria

parió

y ahora

~' Les

fue

pero

\Ti una mano grande

durante

vereda

toda

que lo

parió

una irreverencia)

Á todo
tiempo

alguna~

quedar

Yo :!egui

ofic:ina

de

andando

e.Ll.o e

cuerpo;

ademán de
uno~ pa~o~,

y cuando vi

(que

es os

ee decir,

hizo

y meno:! en la

hombre que cei.a ,
incorporar:!e;

tot.alment.e
enfa5i5;

de una t.abla

med.í.e e,

a e5a hora
el dia,

que no era

calle.

Mire a mi

prefieren

llamar

pero

de la
lo

y para

del

tarde

5uficiente

y el

a ~er.

í.ó

tenia

ac-c.!!'tado en
ma5 bien

bemco ,

v oLv

3u c·~beza habia

todavia

empapar tot.almente

brazo

dejado

como formar
la

!!'uelo.

3eguia

c-omoun rezongo.

La g.jrra

ya habia

el

tc.c-ado

Lae pi.e r na s

que ee ten~aba
que Ll.evabe

de llover,

un charco

gorra

del

en

en la

pero

habia

en un tramo de

hombre que habia

eobr e el charco.

+v oLv.í

a decir,

ó

c-on el má smo tono

de rezc.ngo,

pero

(t.al vez

e~t.oy

ca!!'i divertido.

e!!'to, yo no e~:t.aba .i.nactxi.v o.

quedar

urios

Lnusua L con el

Un hombre joven

lio~,

1:'

eeEuer ao s por

ha:!t.a

baldo~a~,

a Las C:05a~ y darle

banco para

en

y 5in dema5iado

.~

noche y todo

cabez·~ jU5t.amente

-La puta
diciendo

un movimiento

que ee e~t·aba c'ayendo,

o c.Le r amerrte el

bajando

ó

banc o de

maL Luqar par.~ bu:!c·~r .~yud.~.

hac-ia

en voz baja

de agua;

la

donde falt.aban

ca í.d o con la

al

ac:tividad

-dij

el

del

y v.í, a un hombre mayor,

a muy buena velocidad.

que !!'e agarraba

cayo en un charco

llovido

cabeza

en cémer a Lerrca,

a ayudar

e ó.Lo vi

e s f ue r ao . El hombre s e .í.nc or por

cabeza

atra~,

religio:!.~;

+Le put.a madr e que lo

el

p.~:!aba cerca

la

aunque a mi tampoco me gu:!ta metermeten

"temploN) de una organización
el

Gire

que e:!t.~ba haciendo

y ~e alejo

hombre joven

ca:!o me detuve,

cuando

eequ.ine .

ee e:!t.aba c-ayendo hacia
pero

alrededor

extrai!ío

a la

frente

tiempo

al

.i.nc crp or e r ee y 5U fraca50.

al

hombre c:aido,
E5tire

el

30Y

alma;

de Los que no ee apre~:uran
pero

habia

ido

girando

y errce s de hec erme ver

bre ao derecho,

a actuar,

len~ente

hab.i.e e5tudiado

y pue e mi mano derecha

para

da r Le

eLr ededoz del
!!'u intento

al

de

alc-anc-e de La

~uya.
-110

-dij o,

que yo ~'a habia
era

en 5eguida-.
c-alibrado;

aprec-iablemente
-¿Llamo

tipo

mayor que la

a alguien:'

de ayud.~.-

ahora,

en ~eguida,

lo

intent6,

la

y era

y nuevamente
la

una po:!ibilidad

e:!t·ruc·t.ura del

hombre c e.í.d c

fraca:!o.

\Ti que no que r.í.e

c-abeza.

n.i.nqún

c on vivacidad.

vaya

Hire

-re~pondió,

Yo no podi.a c onvenc erme.

que me voy,

c-on tot.al

eh.

~eguridad;

y v oLv

a

í.ó

intent.ar

.i.nc or por e r ee,

y

a frac-a:!ar.
comenzado,
de pie

a

é

a irme

tenian
5U

lado,

de

todo

alli
el

del

hombre.

porque
derecho

5in pre!!'t.arle

Ál p.~5ar de nue•..
r o por alli
ra~tr05

Y nuevamente

El hombre ce í.d o ~acudió

e:!td :!eguro? -in~i5ti.-

Me ap r eeuz
habia

sue.Lc uened tambien-

¿Que hago? ¿Me voy?

-3i, va~'a,
volvi6

mia.

-pregwlt.e.

-3i, ~i -re~pond.io
-¿Pero

Capaz que e e v í.ene al

aunque no !!'oy prec-i~ament.e un enano,

Loe que
del

ayuda,

Wl05 quince

Ni de 5U gorra;

eetsuv.í.e r en viendo

mundo a pen:!ar
~610 queria

que

robarle

m.i.nutio s ma:! t.~rde,

e~to ultimo

me llamo mucho la

la

yo lo

esc ene
habia

s í.n 5aber

derribado

c ómo

y que,

o matar lo.
de regre:!o
atenc-ion.

a c:a5a,

ya no habia

'"

�IRRUPCIONES/
Elvis

Mario

(primera

de

(97)

Levrero
ill~a

serie

de cuatro

partQs)

Pienso
que el edificio
es demasiado maj es tuo s o para la
f unc i ón que cumpI e r es una construcción
antigua
y sólida,
con
mucho
lujo
de
mármol
y
de
laboriosas
.í nc r us t ac ones
met á.l i c as . Sobre una pared,
a la derecha,
hay un piano,
y
junt.o al piano un hombr e r éste le da la espalda
a otro hombre
que está
junto
a otro
piano,
sobre
la pared
izquierda;
el
hombre de la
izquierda
t.rata
de ens ena rme una est.ructura
musical
básica,
sobre
la que es posible
componer cualquier
melodía;
el
otr o se ocupará
de e.ns en a rme a escribir
una
melodía determinada.
Uno me explica
la t.eoría,
luego el de la
derecha
toma un papel pent.agramado y me explica
el val.c r de
cada
nota
y,
según
su
lugar
en
el
pentagrama,
su
correspondencia
con las teclas
del piano.
He muestra
que la
redonda tiene
un valor
relati va de 4 y se escribe
con un
cuadrado
o con
un
rectángulo
grande;
la
blanca,
valor
relativo
2, con otro cuadrado,
más pequeño; y la negra,
valor
relativo
1, t.iene una representación
visual
muy compleja:
un
círculo
que concentra
la
atención
sobre
un detalle
de la
realidad
como si
uno mirara
por
el
visor
de una cámara
fot.ográfica
reflex
con telémetro
incorporado;
a t.ravés de ese
círculo
se ve nítidamente
y en color,
y el resto
aparece como
v s t o a ti r av s de un cristal
despulido,
unos matices
de gris
medio esfumados,
borrosos.
Cuando miro esta nota,
veo que en
ella
se representan
varias
escenas,
una de las
cuales
se
corresponde
con la realidad
inmediata
de lo que sucede dent.ro
del local,
e incluso
fuera
del local
si es que uno mí r a a
trayés
de la nota por los yentanales
que dan a la calle.
Un
hombre de sombrero y lentes,
que t.iene cierto
parecido
con mi
padre
pero
es
más corpulento
y
con
un
inefable
toque
extranjero,
nos mira desde un pasillo
a través
del vidrio
de
una puerta
cerrada;
a veces queda enfocado
por el círculo
nítido
dentro
de la nota.
El teórico,
desde rr~ izquierda,
me
explica
que lo
que está
dentro
del
círculo
es una not.a
musical,
y que le- que está
afuera
y ocupa todo el resto
del
espacio,
también es una not.a musical
y t.iene el nÜSITtO valor
relati va; que cada nota es por lo tan te- doble,
como uno (le
esos juegos visuales
de figura
y fondo de la Gestalttheorie,
pero
no
simultáneamente
doble;
depende
de
dónde
quede
í

í

é

�centrada

la

atención..

La

corchea,

en.

cambio,

ee

un.

círculo

partido,
como en otro
tipo
de telémetro,
con el cual,
para
enfocar,
es preciso
hacer girar
una ruedita
que hace deslizar
el obj e tí. va, de modo que la imagen partida
se acomode en una
de
las
red.
tades
del
círculo
hasta
que
se
continúe
perfectamente
en la otra mitad.
Cuando vuel vo a casa me encuentro
a mi amiga L.:
está
parada
en medio del
c oc r edo r que lleva
a la cocina.
Tiene
puesto un camisón.
Le digo que es preciso
sacar
la basura,
y
le entrego
dos bolsas
de nailon
negras;
una de ellas
está
húme da . He vaya
lavar
las
manos, y pienso
que L. debería
hacer lo mismo, porque el contacto
con la bolsa
húmeda dej a
en la mano una sensación
pegajosa.
Conuenzan a llegar
unos niños y me imagino que habrá una
fiesta
infant.il.
l-.1:imadre está
trabaj ando con afán
en la
cocina,
como si preparara
un gran banquete.
La casa me parece
mucho más grande
que antes.
Salgo
a la
calle,
después
de
atravesar
cantidad
de habi taciones
va c i a.s y silenciosas,
en
penumbras.
El color
del
cielo
es también
oscuro,
como de
tormenta,
muy carqado,
con algo
raro.
La casa está
rodeada
por una inmensa valla
circular,
de tejido
de a.Lamb r e . Frente
a mí hay un portón
cerrado.
Se acerca
un desconocido
y me
inforrúa
que
elementos
subversivos
tratan
de
ir~edir
que
llegue
Elvis
Presley,
quien
actuará
en la fiesta.
Oigo el
ruido de una moto y pienso que llega
Elvis.
Vuelvo a la casa.
(Continuará)

�(INSOMNIA N° 10)
IRRUPCIONES/ Mario

Elvis PrQsIQy

Levrero

(98)

(2/4)

Ahora que es tá
Lumí nada veo que mi. casa parece cas a un
palacio;
hay unas
enormes
columnas
de mármol,
y es muy
lujosa,
a l t a y ampl í.a . El lugar
donde va a desarrollarse
el
espect.áculo
t.iene las dimensiones
de un pequeño es t ad.ío , En
las grad.as hay mucha gent.e, esperando.
Mí.en t r-as miro hacia el
escenario,
queda a mis espaldas
la parte
habitual,
común, de
la casa, y allí
se ha reunido nu fffiY~lia.
El ruido
de la moto se oye ahora
con mayor claridad,
luego
cesa,
y
casi
en
seguida
aparece
Elvis
Preslev,
ac ompañacio de su secretario,
un suj eto a quien no logro
ver
con claridad
y que pronto
desaparecerá
ent.re
el
público.
Presley
usa pantalones
vaqueros
y una campe r a oscura;
es un
hombre delgado
y sencillo,
no 111Uy
al t.o. Va hacia
el centro
del
escenario
y se pasea
con un mí.c r f orio,
hablando
en
inglés.
Luego se ace r ca a nosotros.
He toma de una mano, y
con señas hace que también mis padres
accedan al e s cena r a o .
Nos present.a
como sus anfi t.riones
y pide que nos aplaudan.
Yo
sal udo con una inclinación
de cabeza y me alej o rápidament.e
para no interferir.
Tengo intención
de observar
desde lejos,
desde
el Limí. te entre
la part.e
hab í. tual
de mi casa y esa
parte
que parece un est.adio.
Oigo el sonido de una carrpanilla,
y veo que corresponde
a
un teléfono
monedero que está
instalado
sobre una pared a nu
izquierda.
Vacilo
en atender;
tal
vez sea una instalación
precaria,
necesaria
para
la organi zación
del espect.áculo,
y
atender
sea
cosa
exclusiva
de
quienes
están
a
cargo.
Efect.i 'lamente,
se acerca
una señora (;fOrda, con un vestido
de
falda
muy ampLia , y un aire
humíLde ,
casi
diría
vulqar,
aunque con un dejo de toque oficial,
como el que podría
tener
la presidenta
de una comisión
barrial.
Descuelga
el t.ubo y
nuentras
escucha me hace unos gestos
de irrpaciencia,
dando a
entender
que
quien
habla
le
está
planteando
problemas
t.riviales
y
fuera
de lugar.
La conversaClon
se prolonga
durante
largo
rato,
sin
que la
muj er
diga
una palabra;
mantiene,
sin
embargo,
su (;festualidad
y
sus
ademanes de
a.mp ac í.errcí.e . Hientras
tanto
Elvis Presley
da por t.e rrrunada su
.í

ó

�e.cc ue c

í,

ó

n,

que

como

be L

ee

po r

ci e rto

ltlUy

b x e v e: ,

y

o.bo.ndono.

la escena;
yo no he tenido
oportunidad
de verlo
ni oi r l o
actuar,
distraído
con el teléfono
y los ademarie s de la mujer.
Presley
se me acerca
y,
en lo
que parece
ser una
costumbre
suya,
vue I ve a t.oma rme de la mano y me lleva
al
interior
de la casa,
donde se alojar¿;
entiendo
entonces
que
su actuación
todavía
no ha comenzado, que sirrplemente
se ha
limitado
a saludar,
presentarse
y presentarnos,
y que la
verdadera
actuación
suya tendrá
lugar
mas tarde;
quizás
se
hayan previsto
números de otros
artistas
para
entretener
al
público.
Como si conociera
perfectamente
mi casa,
se instala
en una pieza
sin necesidad
de que nadie
se lo indique,
y
rr~entras deser~aca
sus cosas dice una palabra
en español,
que
me suena 111Uy
ní tida,
muy bien
dicha.
Le digo entonces
que
habla muy bien el español,
pero él dice que no, que no va a
hablar
más que en inglés
porque cuando habla en español
teme
quedar
en ridículo
por su acento
extranj era.
Yo ne í.e t.o en
que su español
es muy bueno,
y le
explico
que nosotros
en
Uruguay
tampoco
hablamos
realmente
español
ni
usamos
el
verdadero
acento,
y para hacerle
entender
la diferencia
digo:
"Los españoles
hablan
así ... n, y empiezo a imi tar
con mucha
t.o r'pe za la forma de hablar
de los gallegos.
Me doy cuenta en
seguida de que eso no tiene
s entí.do y me callo,
esperando que
Presley
no haya
advertido
mi confusión;
y aunque no da
muestras
de percibir
algo ex t zafio en mi comportamiento,
de
todos modos me siento
muy incómodo.
.í

( con tinuará)

�(INSOMNIA N° 11)
IRRUPCIONES/ Mario Levrero

~

(99)

.~

1 •• .; ~
~ 1
l.:J-LV-L,:)
a-L
Acompano a 1:;'
se supone
que le
espera
un gran b anqu e t.e ; pero
el comedo r está
a oscuras
y
desierto,
la
mesa
está
vaCla
y no hay
nada
preparado.
Sequimos andando :/ llegamos
a la cocina,
donde t ampoco hay
gente.
La luz está encendida.
Presley
se sienta
ante una mesa
bastante
vieja
y poco cuidada,
y yo mí r o alrededor
y sobre la
heladera
veo una caja muy q r ancle , donde se que mi madre ha
guardado la cOIT~dapara el banquete;
le quito
la tapa y en su
interior
09610
encuentro
una
fuente
sopera
con
algunos
pescados.
Los pescados
están
dispuestos
en hilera
y cada uno
de ellos
exh í.be un oj o rcLUyn tido
y Ll amat a vo, redondo,
con
un círculo
negro muy marcado alrededor;
por debajo
se ve
salsa
con tomates,
papas,
huevos y acei te.
Tomo uno de
pescados
por la cola;
es de color
{~ris met Lí.c o, plomo zo . Lo
exhibo ante
los ojos de Presley,
diciéndole
que
lo único
que he encontrado
para comer. Él me dice
corté ~ ñe nt.e que lo
lamenta pero el pescado no le gusta.
Le digo
ue me espere un
poco;
que rru, madre organizó
todo,
y yo
a buscarla
para
averiguar
qué está sucediendo.
Ahora la casa se ve más ordenad.
silenciosa,
como si se
hubiera
ido todo aquel público.
e s c ena r i o, t ambí.én
,silencioso,
1
junto
a unas mesas
pequeñas;
están
contando
la
recaudaci6n
por
ven t a de entr~
y ha~en
c-ori las
pilas
de monedas.
Un asiento
~
tendria
cup a r mi madre
está
vacío.
Desciendo
tres
escalones
a lo lejos
que alguien
me hace
Sei1.~:.arece
ser
un portero,
o al
menos es
alguien
de
uni~
y está
junto
a una puerta
En ese lugar
el
edifl'_.lo
adquiere
un aspecto
de cosa o icial,
algo +como todo
lo oficial~, 1. una majestuosidad
decadente
y gastada.
Las
o son ambiguas,
como un llamado y al mismo
a dirección;
su mano traza
en el aire
una
-""-~""-----'-t'\:Le,
creo entender,
yo debería
segui r. Cuando
al portero,
me hace una nueva seña hacia un lugar
no muy preciso,
supuestamente
en la
vereda
de enfrente,
cruzando
una gran avenida,
y en esa vereda
veo a mi madre
recostada
a la pared
de la estación
de ferrocarril.
'I'ambí.én
í

é

x

�ella

me hace

e efie.e

p a r e c í.cle e a.

10..5

del

portero,

c:.9J

~Cl:y(l_-

en dirección
a otra pared,
perpendicular
a la avenida,
y que
se mete muy adentro
en un ensanche de la vereda;
junto a esa
pared
h ay una mujer
que usa
lentes
oscuros,
r-e dcrido s , y
comienza a caminar
hacia
mí. La reconozco,
aunque advierto
que
es t
muy
enve j ecida
y
su
rostro
se
ha
vue L to
desagradable.
Yo no quiero
saber de nada con esa muj er y me
d.í equ s t a que mi macl r e trate
de ligarme
con ella;
rete alej o
apresuradamente
por un camino de tierra
pedregullo
que se
abre
a mi derecha.
Allí
se
me acerca
una perrit
amistosa,
que me sigue y trata
de jugar ccnrruqo, pero
veo
un03
perros
grandes,
negr03,
con
aspecto
peligrosos.
La perrita
se esconde en un edificio
al'
SE PODÍA ENTRAR;
se
sabe
que
allí
adentro
hay
grande3
peligros,
entre
ellos
un plantel
de perros
guardianes
del que
aquellos
de la calle
forman parte.
Entro al edificio
con nu I
á

°

precauciones
y cuando
encuen;:O~:~i
ta la ,levanto
en
brazos,
para ponerla
a salvo~~
despues trato
de
salir
de allí,
t amb n con infinitas
precauciones
para
no
hacer
ruido
o movimientos
que puedan
crear
una
alarma.
Alcanzo la sallda.
Los perros
que estaban
en la calle
parecen
distraídos
con algo
que ven a lo
lejos
y que les
llama
poderosamente
la ~\jl}fiÓI}.
Siempre con la perrita
en brazos,
cruzo la calle ~1!l.Fn&lt;§-8~/i-8ho.
í.é

(continuará)

2
=

�(INSOMNIA

N°

IRRUPCIONES/

12)

(100)

Mario Levrero

(4/4)

Elvis

En la vereda
T_.r_~

1_

Ue.Lé1L·ULé1

ue

de enfrente

1~_1.;_~

.l:"U.l..l.C.l.é1,

u.n ei

1 __

ue

hay una serie
'1

__

de entradas

~..:

e.l..l.é1.=1 L·.l.elle

.i...._1

Cé1L L·e.l.e.=l

L

a la

..:_l

Le.LeL.l.UU.=I

_

é1

patentes y vacunaciones de perros, y al caminar por allí,
siempre con la perrita en brazos, noto después de un rato que
unos barrotes
metálicos
desvían
insensiblemente
hacia
el
interior del edificio a quienes andan por esa vereda; yo ya
estoy dentro del edificio y me encuentro en uno de los pisos
superiores, buscando la f orma de bajar, sin comprender cómo
he podido confundi r de tal f orma el camino. Las escaleres son
complicadas,
y as a como subí
sin da rme cuenta ahora no
encuentro una manera simple de bajar. Aparecen otras personas
que vienen desde pisos superiores, de v s tar a gente que
está presa, o incluso en f e rma , porque hay señales de que el
lugar también incluye un hospital. Esas personas tienen un
aspecto entre irritado y culpable.
Por fin me encuentro en un lugar que me resu L ta mas
conocido, porque en un tiempo allí podía obtenerse la cédula
de ident.idad. Recuerdo que desde ese lugar se puede baj ar
hacia
la calle
San José por
una
escalera
retorcida
y
estrecha. Mientras desciendo por esa escalera, veo sobre las
paredes unos carteles en inglés que parecen ser la publicidad
de alg6n producto. Pienso: "espero que no haya ningftn cartel
que diga PROHIBIDO SALIR CON PERROS; evidentemente, yo sé que
generalmente no se puede ENTRAR con perros, pero yo no entré,
sino que venía por la calle, y no es culpa mía que la calle
se contin6e aquí adentro; sin embargo, tienen el derecho de
p roh b rme SALIR con perros. Pero no hay n nqún cartel que
prohiba
ESTAR
con perros,
y entonces
por
ahora
no he
transgredido ninguna ordenanza porque no entré con perros ni
salí con perros."
No es cierto que no haya entrado
con
perros, pero eso es lo que pienso, en un razonamiento muy
confuso. En rigor no encuentro ningftn cartel con ningftn tipo
de prohibición
acerca de los perros, aunque sí hay muchos
carteli tos
publici tarios
en
color
sobre
los
escalones
finales; es una publicidad de teatro o de cine para nlnos.
Dejo a la perrita en suelo y cruzo a la vereda donde está
mi casa, al menos el sector de mi casa que funciona como un
í

í

í

í.

í

�eet.e.dí.o . Allí
hay también un bar,
y a travéB de la ventana
veo que El vis Presley
está
eape r ándome acodado al mostrador.
He acerco
a
él
y
le
digo
que
me ha
sucedido
algo
cOl~Jletanlente
extraordinario.
Hablo
en inglés,
con mucho
trabaj o. Sentado a una de las mesas está mi abuelo.
El vis me
ayuda a anuar
las
frases
en inglés,
sugiriendo
palabras
cuando yo tartamudeo
o vacilo.
Quiero
contarle
que me he
encontrado
con esa mujer que ha envejecido,
pero él ya conoce
la historia;
dice que la mí ama mujer se la ha contado no hace
mucho tiempo. He r e au.I ta muy extr afio que él la haya conocido.
Ella
entra
en
ese
momento al
bar,
mirando
en
todas
direcciones
como si buscara
a alguien;
segurrouente me busca a
mí. Yo baj o la voz, y le digo a Presley
que no podernos seguir
hablando de ella
porque acaba de entrar,
y que sería
inútil
hablar
en inglés
porque
ella
lo
ent.iende.
"Ella
es muy
lnteligente",
digo,
con anlarga ironía,
y El vis
Presley
me
sonríe
de manera comprensiva,
casi cómplice.

(Fll1 del relato).

*
Festejando

el numero

100 de Irrupciones.

Acostumbramos a festejar
números redondos,
como el 100, o
el 1.000,
o el 10.000.
Otros son menos interesantes,
como el
2.000.
Pero el 100 es el que más nos atrae
porque es igual a
todos los dedos de ambas manos por todos los dedos de arabas
manos. Si tuviéramos
4 dedos en cada mano, festej a r í.amos el
número 64, y t.a I vez lo escribiríamos
así:
100. El 65 se
escribiría
tal vez 101, y el 128, 200. Salud, pues.

~,

L..

�(INSOMNIA Nü 13)

IRRUPCIONES/

~~T~,

.l

a.

~ ~,'-~,~~,~
e..=; +L,....1..
Cl.Lll-" \_,1
~,~

concepto

(101)

Mario Levrero

.-J ~
\-1.,,-

,-~,'u,,,~
\-{

1 ~ ~
-L..I....JI-=.r

1~,e
.l..

,-' +~, ~-.-, ~
\_,
f__ \..J.L.. C:,::)

"literatura" del concepto
amant es de la li teratura,

~

~'~~p~'J.l.L,-' P~~l~'
~
L· \...,Jl.ll_
_J.L \_l~:...a.

"libro";

me

;::.

de .SD
- r

P_c_,~;=;
--¡ __

refiero

a

r el
105

,
.
o sea a esos aOSClen~os o
lectores
t.r-e s c i en t.o s uruguayos
que tarde
08 temprano
t e rmínari
po8r
corioce r ee
personalmente,
j'
que
aderná s
de
leer
t amb én
escriben
a veces, y a veces hasta publican.
El libro
ha sido,
y es,
un soporte
maravilloso
para la
Lrt.er at.u r a , Desde el
pun t.o de vista
p r ác t co no le
cabe
ninguna objeci6n y casi no puedo pensar
en leer sin pensar en
un libro
(incluso,
tal
como comentábamos con una amisra, casi
no podemos pensar
en comer, sin pensar
en un libro;
pero eso
ya entra
en el terreno
de ciertas
patologías).
Y sin embargo8,
parecería
que
a este
espléndido
y prolongado
matrimonio
literatura
+ libro le ha llegado,
como a todo matrimonio,
la
hora
de los
cuestionamientos.
La culpa,
como s í.emp r e , la
tienen
los hacedores
de dinero.
í

í

Las editoriales
y los
literatos
estuvieron
desde
un
primer
mome
n t o relacionados
por
ese
sencillo
y un ve r s aI
e aquema amo-esclavo.
Ej ernpLos no fal tan,
sin Ll eqa r a casos
extremos
como el
de Emilio
Salgari,
y sin necesldad
de
e j emplos todo el mundo está a co s t umbr aclo a asociar
al talento
con la rr~seria
o la pobreza,
y a los editores
con tipos
bien
ves tidos
y due ños de au t omó vi 1es,
ya t.es y edi f i ci os. Es to no
implica
necesariamente,
aunque
a menudo sucede,
que
los
editores
arruinen
la
vida
de los
literatos;
la
relación
causa-efecto
es mucho má s complej a.
Y
a la
larga
podría
decirse
que s i , que los
edi t or es arruinan
la
vida
de los
literatos,
pero
este
"a
la
larga"
implica
una ee r i e de
consideraciones
socio16gicas
que no soy el más indicado
para
desarrollar.
Quiero
decir,
para
hacerla
simple,
que
la
Editorlal
X que edita
al literato
Y puede mantener una buena
relación
con el
II terato
Y I Y no robarle
ni engai1.arlo ni
e s ta f a r Lo ni
quedarse
con el
dinero
que Leq timamente
le
co r r eaporrde a Y, pero que, sin ernbargo, la exí.e t enc aa de la
Edi torial
X sumada a la existencia
de las edi toriales
X1, X2,
( ... ) y Xn da como resul tado una concepción
del libro
y una
í

í.

�concepClon
a la larga

del literato
para t.ocio el

que son
mundo.

funestas

para

el

literato,

y

*
Pero estoy cometiendo un error
al hablar
de literatos
en
general;
las
cosas
se ven más c Lar amen t e , me parece,
s i.
hablamos
de
es c r t.or e s
aficionad-::¡s
y
es c r t.or es
profes i onal es.
Son los dos grandes
c amí.no s que puede el eqi r
quien
se dedica
a las
let.ras;
caminos que puede eLeq r , o
quizás
caminos que lo eligen
a él,
ya que,
a pesar
de la
creencia
popular,
pocas cosas de la vída están
determinadas
por la voluntad.
El escritor
puede yiyir
de la literatura,
o yiyir
de otra
cosa.
Desde el momento en que elige
o es eLeqí.do por la
primera
opción,
es poco probable
que el a f c í.o n aclo , si
lo
era,
siga
siendo
aficionado;
lo más probable
es que pase a
ser un profesional
y se quede en eso.
Sin embargo a veces
arribas categorías
pueden coexistir
en una misma persona
y, a
pesar de ello,
podría decirse
que el escritor
aficionado
y el
profesional
viven en mundos muy distlntos,
come' es distlnto
el
Inundo para
el
hombr e
que
escribe,
mientras
está
e sc r í.b í.e ndo , y para ese mismo horobr e , cuando llega
el momento
de vender,
o de dar a conocer el fruto
de su trabajo.
í

í,

í

í

Pero
se
me acaba
el
espacio,
y ni
siquiera
empece a
desarrollar
el tema.
A manera de ej e r c c.ío, que el lector
lntente
separar
la idea de literatura
de la idea de libro;
al
menos, comprender que son dos cosas d i s t nt.a s . Decimos: "voy
a leer
un libro";
habría
que empezar por decir,
o pensar:
"voy a leer un texto".
í

í

(E~ta nota forma parte de una ~erie, "Literatura,

literato~,

li.bro~" que ~e alternará

con otro tipo de Irrupoione~.- M.L.)

.-,
¿

�(INSOMNIA N° 14)
IRRUPCIONES/ Mario Levrero

Capté

de reojo un movimiento

(102)

extraño

cuando pasaba

cerca

del banco de unos de esos refugios
municipales,
próximo a la
esquina.
Giré la cabeza y vi a un hombre mayor,
es decir,
mayor que yo, grandote,
muy robusto,
que estaba
haciendo
un
movimiento
inusual
con el
cuerpo;
en realidad,
se ea t ab a
cayendo hacia
atrás,
en cámara lenta.
Un hombre joven hizo
ademán de acercarse
pero
lo pensó mej or y se alej
a muy
buena velocidad.
Yo seguí
andando unos pasos,
porque pensé
que el hombre joven iría
a ayudar al que se estaba
cayendo, y
cuando vi que no era el caso me detuve,
aunque a mi tampoco
me gusta
meterme en líos,
y menos en la calle.
Miré a mi
alrededor
en busca de apoyo; sólo vi actividad
en la oficina
(que ellos
prefieren
llamar
"templo")
de una organización
religiosa;
mal lugar para buscar
ayuda.
-La puta madre que lo parió
-dij o c l a r ament e el hombre
que caía.
Su cabeza había
tocado
el suelo
sin
violencia,
y
ahora él hacía
esfuerzos
por incorporarse;
todavía
tenía
las
piernas
encima del
banco,
y las
fue baj ando hasta
quedar
totalmente
acostado
en el suelo.
Seguía farfullando
insultos,
pero en voz baj a y sin demasiado
énfasis;
más bien
como un
rezongo.
Vi una mano grande
que se agarraba
de una tabla
del
banco, v el brazo que se tensaba
en el esfuerzo.
El hombre se
incorporó
a medias,
pero volvió
a caer.
La gorra que llevaba
en la cabeza
cayó en un charco
de agua;
a esa hora de la
tarde
ya había
dejado
de llover,
pero había
llovido
durante
toda la noche y todo el día,
lo suficiente
como formar
un
charco en un tramo de vereda donde faltaban
algunas
baldosas,
y para en~apar totalrr~nte
la gorra del hombre que había caído
con la cabeza justamente
sobre el charco.
-La puta que lo parió
-volvió
a decir,
con el núsmo tono
de rezongo,
pero
(tal
vez es t oy diciendo
una irreverencia)
casi divertido.
A todo esto,
yo no estaba
inactivo.
Soy de los que no se
apresuran
a actuar,
para
darle
tiempo
a las
cosas
y darle
tiempo al alma; pero había
ido girando
Le n t amerrte alrededor
ó

�ba co para quedar frente al homb re caído, y antes de
ver había estudiado su intento de incorporarse y su
fracaso. Estiré el brazo derecho, y puse mi mano derecha al
alcance de la suya.
-N -dijo, en seguida-. Capaz que se viene al suelo usted
taOOiérfVy era
una posibilidad que yo ya había calibrado;
aunque no soy precisamente un enano, la estructura del hombre
caído era apreciablemente mayor que la mía. Y nuevamente lo
intentó, y nuevamente fracasó.
-¿Llamo a alguien"? -pregunté. El horrbre caído sacudió la
cabeza. Vi que no quería ningún tipo de ayuda.- ¿Qué hago?
¿Me voy?
-Sí, sí -respondió en seguida, con vivacidad. Yo no podía
convencerme.
-¿Pero está seguro? -insistí.- Mire que me voy, eh.
-Sí, vaya, vaya -respondió, con total seguridad; y volvió
a intentar incorporarse, y volvió a fracasar.
Me apresuré a irme de allí porque los que estuvieran
viendo la escena sin saber cómo había corr~nzado, tenían todo
el derecho del mundo a pensar que yo lo había derribado y
que, ahora, de pie a su lado, sin p rest arLe ayuda, sólo
quería robarle o matarlo.
Al pasar de nuevo por allí unos quince minutos más tarde,
de regreso a casa, ya no había rastros del honilire.N/" de su
garrar @"ªto {,l timo me llamó mucho la a.tención.

....... .. ... .. .... . . ... .... . ... . . ... . . . . ... . ....

"2

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8109">
                <text>[Irrupciones] “Irrupciones (91). Agujero en un buzo celeste (VI)”/ “Irrupciones (92). Agujero en un buzo celeste (VII)”/ “Irrupciones (93)”/ “Irrupciones (94)”/ “Irrupciones (95)”/ “Irrupciones (96)”/ “Irrupciones (97). Elvis (primera de una serie de cuatro partes)”/ “Irrupciones (98). Elvis Presley (2/4)”/ “Irrupciones (99). Elvis (3/4)”/ “Irrupciones (100). Elvis (4/4)”/ “Irrupciones (101)”/ “Irrupciones (102)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8110">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8111">
                <text>Originales mecanografiados relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8112">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8113">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8114">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8115">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8116">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8117">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8118">
                <text>Original de dos folios mecanografiados, con correcciones ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y notas ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y notas ológrafas/ Original de un folio mecanografiado, con el número 94 ológrafo pero sin notas o correcciones/ Original de un folio mecanografiado, con el número 95 ológrafo pero sin notas o correcciones/ Original de un folio mecanografiado, con el número 96 ológrafo pero sin notas o correcciones/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y notas ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="699" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="954">
        <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/b64f7e52993ff7b699c730aed07d61fe.pdf</src>
        <authentication>5d6eab6feb18d3d1df2df7e9e7acf636</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="5">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="8130">
                    <text>(INSOMNIA N° 15)
IRRUPCIONES/ Mario

(103)

Levrero
(2/?)

~L·--~ - - -,L ct L·ctllUU

-, - - - -- -- -, , ---

U~¡::jctLLU.l..l.ctL

,

- ----ct.l.y
u n o- zs

________

~

J-. __

p~ll¡::j CUlU ~ll L-U¡::j

acerca
de
los
escritores
y
los
libros,
y
anotaba
las
diferencias
entre
aficionados
(amateuIs) y profesionales.
Si bien
creo que el aficionado
vi ve en un mundo y el
profesional
en otro,
ambos pueden coincidir
a veces,
aunque
sea ter~oralmente,
en una única persona.
Yo mismo, que soy un
ejen~lo
nítido
de aficionado,
desde el momento en que en~iezo
a escribir
regularmente
para esta
revista
me transformo
en un
profesional.
Si mañana me surge
la
imperiosa
necesidad
de
e s c r í.b í, r
una
novela,
pasaría
de
inmediato
a
ser
un
aficionado,
porque en nu caso es iIT~osible
la transforraación
en un novelista
profesional;
tal
vez por haraganería,
pero
sobre
todo por fal ta de interés.
El dinero
no es estímulo
suficiente,
y soy totalmente
incapaz
de ponerme a escribir
algo que me va a dar mucho trabajo,
y que no sé hacer sin la
inapreciable
colaboración
de eso que llaman "Inconsciente"
o
"musa".
En cambio,
en
la
producción
semanal
de
estas
Irrupciones,
a veces mi trabaj o es
nsp rado,
y a veces es
forzado
por la necesidad
de entregar
en fecha.
A veces estas
Irrupciones
están
escritas
por un aficionado,
a veces por un
profesional.
El profesional
no es mej or que el aficionado.
Tampoco es necesariamente
peor;
hay quienes
desprecian
a los
se ganan la vida con su li teratura,
del mí.amo modo que
quienes
Be
z i.e n de 10B tontos
que e a c r í.b en a í.n ganar
---.r..'**".L..I..t~ro.
Son, como decía
muncio s cia s t. n t oe , aunque a vec es uno
al mismo tie
c.
Si Kafka es el más claro
ejemplo de escritor
aficionado,
el más puro y el mej or, si un Stephen King o un centenar
de
e s c r t or e s como él pueden ser ej empLo s claros
de e s c r tores
profesionales,
tenemos
el
caso
de un García
Hárquez,
el
aficionado
que escribió
Cien Años de Soledad y el profesional
que escribió
casi
todo lo demás que lleva
su firrna;
y entre
todo lo demás hay una obra maestra
llamada
Crónica
de una
Huerte
Anunciada,
y una buena cantidad
de relatos
y novelas
muy valiosos.
No digwnos que una categoría
es buena y la otra
es mala sino
que el
aficionado
escribe
por
necesidad
de
escribir,
y el profesional
por necesidad
de ganar dinero.
Eso
.í

í,

í

í,

í,

�no

impide

que

a

ve oe e

el

aficiona

o

termine

haciendo

mucho

dinero,
ni
que
el
profesional
a
veces
escriba
cosas
inspiradas.
Demos
un
paso
más,
y
aceptemos
una
propuesta
estereotipada,
y por tanto
fa,lsa,
pero
tal
vez útil:
el
aficionado
no
puede
convert1rse
en
profesional,
y
el
profesional
no puede convertirse
en aficionado.
Si las cosas
fueran
tan
n tidas,
se haría
clarísimo
que la
li teratura
escrita
por
aficionados
debería
circular
libremente,
sin
generar
derechos
de autor.
De ese modo se
eliminaría
el
factor
distorsionante,
o sea
la
Editorial;
el
creador
se
comunicaría
directamente
~
el lector,
por lo general
a su
vez también
un creador,
\C) ediciones
baratas
de b aj s í.mo
tiraje.
O a través
de Internet,
o del correo
electr6nico.
Si
esto
parece
un
delirio,
sin
err~argo
es
lo
que
viene
sucediendo
con la poesía,
el
reducto
de los
aficionados,
am.ateurs por excelencia
que ni
erechos 3~I"\V¡~¡
autor.
Desde hace
décadas
a mayopoetas~~
f í.n an c í.er-, sus
libri tos,
y aho'r
. cula:t\lj ve
mente por la
í,

í

red, porque los edi tores
descubr?-eron
h~ce mucho tiempo
la poesía
"rio se vende".
~l4(Dij o un poeta argentino,
cuyo nombre ya recordaré:
poesía
no se vende porque la poesía no se vende")

ej&gt;~

Para
Internet,
hasta

que
''-la

quienes
tienen
la
posibilidad
de
navegar
por
aquí hay una dirección
donde hay buena literatura
y
libros
gratis:

&lt;http://www.chasque.apc.org/civiles/index.html&gt;.

�(INSOMNIA N° 16)
IRRUPCIONES/ Marío

Levrero

(104)

Cómo pasa
el
tiempo.
Parece
que
fue
ayer
cuando
festejamos
el
número 100 de Irrupciones,
y ahora
estamos
festejando
el segundo aniversario
(real,
no virtual,
ya que
son exactamente
104 semanas,
de modo que no importa
si las
fechas no coinciden
para nada, ni siquiera
el mes) .
¿Cómo podríamos
festejar
este
segundo aniversario?
Tengo
la
impreslon
de haber
agotado
mi capacidad
de
imaginar
festejos.
Por ejemplo,
alguien
llama a la puerta.
Tiene en la
cabeza
un gorrito
de papel,
arrLarillo
brillante,
con la
layenda "MUYFELIZ SEGUNDO
ANIVERSARIO",aunque del texto se
ve poca cosa porque las letras
son grandes y rodean el gorro,
que tiene
la clásica
forma cónica,
cómica,
cónica
cómica no
(no sé cómo resol ver esto;
es cónica,
y es corru ca , pero las
dos palabras
juntas
no deberían
ser usadas
en un texto
que
intenta
ser
prolijo)
(tarapoco la
palabra
"prolijo",
pues
originalmente
no tiene
el significado
que le atribuimos
entre
nosotros,
y si este texto
lo lee algún español,
o cualquiera
que
hable
un esp año I no
rioplatense,
como lo
haría
un
mexicano,
o un checo que haya estudiado
eSF~ñol en España, o
incluso
en Holanda,
o, no sé,
tantas
variantes
posibles
de
nacionalidades
y de idiomas
estudiados
y si
vamos a
fijarnos
en estas
cosas,
terminamos
por no decir
nada;
es
enorme
la
cantidad
de
expresiones
que
no
se
usan
con
propiedad,
aun entre nosotros
los periodistas
o mejor dicho:
especialmente
entre
nosotros
los periodistas).
Ent.onces, las
letras
que se ven en el gorri to, para quien lo mí. ra eví. tanda
caminar alrededor
de él, y siempre que quien lleva
el gorrito
tampoco gire
y enfrente
a su interlocutor,
si es que están
hablando,
pues
de
otro
modo
no
podría
llamarles
"interlocutores"
(se puede presumir
que estén
hablando,
pues
no es habitual
que alguien
abra la puerta
y se haga silencio,
por
más que hay sin
duda muchas si tuaciones
capaces
de
conduci r a ese resul tado.
Por ej emplo, que ambos personaj es
sean
mudos ,
o muy tímidos,
de
una
timidez
casi
diría
p a t ol óq c a , porque
el tímido
común, normal,
puede intentar
hablar
y tartanmdea,
pero no se queda necesariamente
mudo,
salvo que el otro personaje
sea demasiado imponente,
como un
qor í.La de dos metros de al to, o una mujer bellísima.
Si quien
í

�llamara a la puerta fuera un acic Le ecen t e y si la muj er que
atendiera la puerta estuviera desnuda, el enfrentar la s{illita
materialización
de una fantasía
recurrente
produciría
al
personaj e un shock considerable) (y cuando digo "el personaj
me doy cuenta de que estoy cayendo en una ambigüedad, y
alguien podría entender, en vez de lo que quiero declr, que
es el adolescente quien sufre el shock). Pero en este caso
cuando llffiuana la puerta soy yo el que atiende (cosa de lo
mas improbable, ya que jamá.5 concertaría una entrevista con
alguien
capaz
de venir
con un gorrito
cónico,
cómico,
amarillo,
aunque
tuviera
una leyenda
alusiva
al segundo
ani ve rsar o ) Y sin embargo no me doy cuenta de que la leyenda
dice "}fUY FELIZ SEGUNDO ANIVERSARIO" porque no alcanzo a ver
todas las letras; veo unas letras eue I t as que se pierden
hacia los costados y hacia la parte posterior del gorri to,
pero por otra parte no parece
razonable leer esas letras
antes de encarar
al que tocó timbre y ver si hay que
saludarlo o ponerse a la defensiva, porque casi siempre los
que tocan tir®re no lo hacen por un motivo altruista sino al
contrario, por motivos profundamente egoístas, como se verá.
el!

í

(contll~uará en el próximo

aniversario)

�(INSO:MNIA N° 17)
IRRUPCIONES/ Mario

Literatura,

Levrero

literatos,

libros

(105)
(3/?)

li t e r a t ur a y algunos
de
su origen
en una
sus aspectos
prácticos
y sociales
tuvieron
taller
de
p reocupaci ón:
¿qué
deci r
a
los
al UITtnOSdel
pub.l aca r
li teratura,
o a cualquier
autor
inédi to que quiere
un libro,
hoy, en el U'ruquay?
Estas

reflexiones

acerca

de

la

Hace unos cuantos
añc s
la
respuesta
era
sencilla;
se
trataba
de elegir
entre
un número no demasiado
grande
de
editoriales
locales,
y la respuesta
podía variar
de un año a
otro,
según los
cambios observados
en la polí tica
de cada
una.
Ahora la
respuesta
no es tan
sencilla,
y de ahí
la
preocupación,
y la necesidad
de reflexionar
sobre el tema.
La
narrativa
(novela,
cuento)
nunca
tuvo,
salvo
excepciones,
una repercusión
edi torial
.í.mpo
r t.an te en cuanto a
ventas:
pero
mal que bien
se publicaba
todo
aquello
que
alcanzara
cierto
nivel
de legibilidad
e interés
literario,
y
much as veces sin que alcanzara
ningún tipo de ni velo Si bien
en algunos
casos
los
estantes
de
la
editorial
quedaban
de ejemplares
sin
vender,
ningún
editor
murió de
hroUbre ~l antes,
ni ahora).
Después comenzaron a conjugarse
factores
v
(y
odio
invadir
el
terreno
de
los
sociólogos),
tales
como el auge de los med os audiovisuales
y
la pérdida
de interés
_ tura,
el empobrecimiento
y
adelgazamient.o
de
la
sociales
que
eran
las
principales
del
a
e
narrativo,
las
crisis
insti tucionales
y
polí t í.ce ~,
el
libro
como fuente
de
información
en un mundo cada
vez más desconcertante,
y
algunas
cosas más. En resumen: si habi tualmente
una primera
edición
de cualquier
novela
o libro
de cuentos
tenía
un
ti raj e de 3.000
a 5.000
ej emplares,
estos
números fueron
haciéndose
mas y más pequeños;
hasta
hace poco se imprimía
500 ejemplares,
y actualmente
se manejan números mas pequenos
aún,
ya
que
las
t.é cn í.ca s
computari zadas
de
edición
e
impresión
reducen los costos,
aún en pequeños tira]es.
í

�Pero aun todo eBO pertenece
a un ANTES.
EBO
era ANTES de
la
invaBión
del
mercado
uruguayo
por
multinacionales
de
origen español que se dedican,
entre
otras
cosas,
a fabricar
libros.
Actualmente,
las
edi toriales
uruguayas
directamente
NO PUBLICAN
NARRATIVA,
sal va contadísimas
excepciones.
Es
má s : a Lquna s de las
edi toriales
nacionales
más fuertes
se
agruparon
en un experimento
similar
al de Alianza
Edi torial
española,
para editar
libros
bajo un sello
común. Pero esta
alianza
tampoco publica
nuevos tí tulos
de narrati va. Y al
respecto
han comenzado a manejarse
ciertas
políticas
un tanto
irritantes,
como por ejemplo la de no avisar
directamente
que
no quieren
narrativa
y en canmio decir
al autor,
después de
:MESES de espera,
que su novela o sus cuentos "no tienen nivel
auf ac en t e ? • O "La a emana que viene te contesto",
promesa que
se repi t.e de semana en semana sin
que nunca aparezca
una
respuesta.
Eso es cruel,
y tiene
la finalidad
de desalentar
al autor,
para
que no vaya a alimentar
a La s editoriales
extranjeras,
o para que no se edite
por su cuenta creando un
nuevo competidor.
í

Qui zás
los
edi tores
no
saben
de
las
sutiles
y
maravillosas
operaciones
esp r t.ua Le s e intelectuales
que a
veces deserr~ocan en un texto.
Ellos pertenecen
al w~ndo del
dinero,
y su meta es el dinero
(desde luego,
el dinero
es la
meta de cualquier
empresa comer c a.l r es la definición
de una
empresa comercial.
Y en ese mundo, la manipulación
es cosa
corriente.
Hasta se fabrican
guerras
para
vender armas, de
modo que no debe extr aña r de la crueldad
de los que ven en el
libro
nada más que un producto
a colocar) .
Pero los autores
inéditos
pueden ir enterándose
de estas
y
otras
cosas
y, en principio,
no
aceptar
la
critica
li t.eraria
de los edi tores.
Luego veremos si
aparece
al quna
Bolución.
í

í

í

�(INSOMNIA N° 18)
IRRUPCIONES/ Marío Levrero

(106)

Tía X (1/2)
Si
camb

í

á

me a e e rdara
de su nombre,
r s e I.o +por que existió
fuera

t.e nd r i a de todos modos que
de ma .i maqí.n ac í.ón y estoy

obligado
a
decir
de
ella
cosas
que,
si
bien
no
son
extremadamente
ofensivas,
por lo menos no son bonitas,
y en
esos casos no me parece bien poner el nombr e verdadero
de las
personas;
como no me acuerdo,
o no me acordaba
en el momento
de empezar a es e ribi r es t.a s 1.i ne a s , 1a 11amo \'.tí a XI! con
doble razón.
En rigor
no era una tía,
o por lo menos no era una tía
mía; tal
vez fuera
tía
de mi madre o, mejor dicho,
la esposa
de un tío
o más probablemente
de un primo de mí, madre. Este
primo pertenecía
a una rama de la familia
que proviene
de mi
abuela
materna
y que estuvo
siempre
en franca
desventaja
numérica ante esa otr a rama, casi diría
tronco,
originada
en
mis otros
tres
abuelos,
t.odo s italianos,
que producía
una
.í.nrrume r ab Le cantidad
de parientes.
A este
primo lo llamaré
Franqois,
s610 para utilizar
esa q del teclado
que tiene
tan
pocas oportunidades
de lucirse.
No recuerdo
bien
las
facciones
de tía
X;
hoy se me
superponen
en la memoria con las de Eva Perón, y es posible
que la memoria no se equivoque por mucho ya que la mujer del
tío Franqols
era po r t e a y tenía
eequ r amen t e el estilo
de las
mujeres
porteñas
de esa época,
que transcurre
poco antes
del
auge de Per6n y Evi t.a . No puedo recordarla
muy bien porque la
vi pocas veces,
aunque desde cierto
punto de vista
tal
vez
demasiadas
para
mi qu s t.o , pero
demasiado
pocas
de sde otro
punto
de vista,
ya que debe ser
delicioso
poder
escribir
Lar qamen t e y con detalle
sobre un p e r soria j e así.
ñ

Toda es __
.a r ama de

la

familia

s empr e
í

estuvo

d s tant.e
í

de

nosotros,
o nosotros
de ellos,
no sólo por el hecho de que
ellos
eran una minoría
étnica
sino sobre todo porque eran los
parientes
ricos.
Al menos, eso creíamos,
y especialmente
eso
creía
mi madre, que nunca les perdonó
su riqueza;
en cierto

�momento de 3U vida
nc Lus o rompió con t.odos e Ll os de modo
abrupto,
para siempre,
y sin motivos que yo tenga muy claros.
Es probable
que ellos
hicieran
una ostentación
exagerada
de
esa
riqueza,
o
que
su
porte
fuera
excesivamente
aristocrát.ico;
es probable
que hayan qoLpe e.do a mi madre
duramente
en algún
complej o, sentimiento
de inferioridad
o
zona dolorida.
En ese
sentido,
ahora
se me hace bastante
claro
que tía
X cumpLí a una
función
de,
d qamos ,
sutil
hostigamlento.
Lo cierto
es
que
entre
esos
parientes
había
varios
profesionales
un ve r s tarios;
uno de ellos
me atendió
como
dentista
allá
por mi adolescencia.
Tenía
manos grandes
"Ti
fuertes
pe r o
suaves,
y
un
trato
sumamente
.senc Llo
y
agradable.
Se llamaba
Eduardo
y
yo
le
tenía
verdadero
aprecio.
Pero E'ranco í.a , que probablemente
fuera
hermano de
Eduardo,
no
era
profesional
universitario
sino
empleado
bancario.
Era gordo y pelado,
blando,
y con el paso de los
años se hacía más blando y más fofo.
También con el paso de
los afio s iba ascendiendo
j erárquicamente
en su empleo, y era
justamente
para
traernos
noticias
de sus ascensos
que nos
v s í.t.ab a tía
X. Llegaba,
y apenas cumpLí.do el mí.ni.mo ritual
de
formalidades
y
cháchara
insustancial,
informaba
puntualment.e del nuevo cargo y del nuevo sueldo de su esposo.
Después se iba.
.í

í

í,

í

í

í

(concluye la semana próxima)

2

�(INSOMN"IA N° 19)
IRRUPCIONES/ Mario Levrero

(107)

Tía X (2/2)
Una t-arde mí, madre me Ll.amó
desde el jardín;
el j a rd i n
.
.
1
'
,,d
......,.es t ao a en c r e
a casa o.ei r r enc e y .i a crei. r or» o . nao i.a 1'..LegaclO
tía
X y había
dicho
que me traía
un regalo.
Esta anécdota
Jamas fue olvidada
por mi madre, que la r e La tó siempre igual
prácticamente
hasta
el fin de sus días,
sin poner ni qui tar
nada. El regalo,
tía X lo traía
dentro
de uno de sus guantes
(era un día gris,
de otoño o de invlerno;
tía X tenía
puestos
unos guantes
negros,
de cuero blando,
con una piel
grisácea
alrededor,!.
(Recién ahora me pregunto
qué est-arían
haciendo
ahí,
en ese inhóspito
jardín
entre
dos casas,
mi abuela y rru
madre con la recién
llegada.
Había viento).
Tía X s acó el
regalo
del interior
de un guante
y rete lo alcanzó;
yo quedé
unos instantes
sin saber qué hacer,
porque lo que veía en su
mano era un s í.mp I.e boleto
de ómnibus.
Tardé en aq a r r a r I.c y
darle
las gracias,
porque no entendía
bien
en qué consistía
el
r eqa l o . Seguía
esperándolo,
mí.e n t r a s ella
me retiraba con
ai re e a tí s f e cho , En realidacl,
").70
t.e n.i a c an t í.de.d de }.)olet-os
e mí La r-es , porque el hombr e que alquilaba
la casa del fondo
era .i nape c to r de CUTCSA"TI siempre me traía
paquetes
enteros,
apretados
con unas gomitas negras,
gruesas.
Bueno, el regale
de tía X era ése, el boleto
del ómnibus que la había traído
a
nuestro
barrio.
No había
ninguna
razon
para
que-darme ahí
parado y seguir
esperando.
I

"

,

,-

í

Pocos años más tarde,
t-ío Franyois
Y tía
X Lleq a rori
súbi tamente en un auti to que se habían compr ado , Nos subieron
a él,
quiero
decir,
nos subieron
al auto a mi madre,
a mi
abuela
y a mí,
y nos llevaron
a pasear.
Nos mostraron
un
t.e r r eno que se habían comprado en un lugar de loteo
reciente
(reciente
en esos
años),
el
Pinar,
Pinamar
o algo
por el
est-ilo.
El terreno
vacío no se diferenciaba
en nada de todo
el
resto
de bosque
que hab amos estado
viendo
durante
el
viaj e; nunca ent-endí bien por qué tuvimos
que baj ar allí
y
c amí.n a r de un lado a otro,
mientras
Fran·;:ois r e ap r ab a fuerte
í

í

�y Bonrela con aire de feliz propietario.

Al Bonrei!:",
mostraba

con orgullo un diente de oro.
Luego nos llevaron a una especie de parque privado, tal
vez un elub de golf o algo parecido. No cuelqu i era pcd i a
entrar allí; había que pasar una barrera, junto a la cual un
ceremonioso portero, de unifoITüe blanco, anotaba el apellido
del que manejaba. No recuerdo qué gracia tenía entrar a ese
Luqar protegido por una barrera; no recuerdo que hayamos
baj ado y que nos hayan invitado a tomar el té, por ejemplo,
aunque es posible que así haya sucedido. No tengo memoria de
que en todo el paseo hayamos baj ado del coche, más que en
aquella parada en el lote recién comprado.
Esa tarde, como a emp re, tía X tenía un cuello de piel,
una piel con unos pelos duros, negros, quién sabe de qué
aní.ma l, que hacían juego con un lunar con pelos que ella
tenía en la mejilla derecha, cerca del labio; pero eran los
pelos del cuello de piel los que me pinchaban la cara cuando
se agachaba para da rme un beso. Y de tío Fran&lt;;ois sólo
recuerdo el brillo del diente de oro, y la nuca gorda y
blanda, con varios pliegues, que yo no podía dejar de
observar fijmnente mientras él manejaba.
í

(1995-1998)

�(INSOMNIA N°

2 O)

IRRUPCIONES/

Mario Levrero

Literatura,

literatos,

libros

(108)
(4/?)

Esta serie de reflexiones partia de la necesldad de
encontrar un camino para que .los escritores aficionados
·11·'"
(ama c eu i:s , ~03 que escrlDen por neceslaaa vlSCera~) tuvieran
la posibilidad
de darse a conocer, al menos entre sus
cofrades. Las editoriales nacionales no estén publicando
tampoco lo hacen las
narrativa
inédita,
al parecer
mul tinacionales de origen español que han copado la plaza
nacional;
sospecho que no se animan a pub La car autores
inédi tos, porque prefieren .í nc Luso refritos de autores con
cierta trayectoria.
Lo único que aparecia como posible y deseable para esto s
autores inéditos era la autoedición, o la publicación en
Internet, la gran solución de los poetas que ahora se
extiende a los prosistas.
-t

.,

*

Paralelamente
a
estos
articulas,
hubo
un
breve
intercanmio de mensajes por correo electrónico con mi editor,
Pablo Harari. He parecía poco ético hablar de los editores en
qene r-a.lsin deci r de ellos nada dernaa í.ado aqradab Le , y que
Pablo se enterara recién al verlo publicado, de modo que le
env
un adelanto. En un mail que r-e
ap orrde no sin cierto
enojo a mis provocativas
reflexiones, dice, entre otraB
cOBaB:
í

é

\\Creo que ce.e s -pc'~' pas i ón- en el :manicJuei srao de e s c r i t.ox
bueo o vs. edi i ox malo.
TIo te aseguL"O que hay I en tLB esos
dos
t.é xrai no s , todas las combinaciones
pos x o.i e s , Y de.be bebe c
ssn
dudasedi t.o x e s muer r o s de b.erab re de la misma l"aane.r:aque debe
habe.r: Ee si e t e xo s y e s c uI t.ox e s , ..
aparte
de tantos
.y tantos
e scri to.r:es que i ue x on jl son edi t.oxe s . ci tás
no
a Kafka. ..
.
.
.
:1 su ex~stenc~a
creo que bab x i emos sa.bido Le
s~ no b ubi es:o sido
pOI"que =coritii e sus deseosun edi tC'I" se e aoe rqo de pub.l i ce x
su obIa.
=

En .b.r:eve: no ca~go en e.l man~que~smo con t.xe xi o ya que
pa.r:-a mí 10 Jv1...4S .irapo x t an c e es el creador y no el edi t ox I
•

I

�que c r e ac s on s~erapI:e hubo
al menos como los describís

(y h.abrá!?)
vos.'

miel] tras

que

edi tores /

no.

cuan t.o a separaL'
1i t e i:a tura
de 1i b i:o e LEO
que es
pe rt i aen t e ya que,
S~
as í no fuera/
aCIue110 que no r::uv~ese
Eo xme de 1i bi:o no sería
El p rob l eme 1....-":; que los
literatura.
escritoz"Es
necesídad
de
ser
pub1 i ceclos
(libro,
tienen
i evi
s t:e , ~,"e.b.,etc. j l::Jaz'aque su obs:e se realice.
El S opa l.' te
con
las
epocas
pero
la
finalidad
no.
La Le1ac i or:
cambia
coo i l i c t i v e c x eado r rpub l i c i s t:e existe
desde el momento en que
ambos se prec~san.:
es un t i x otieo de pocle xe s , La solución
es
la existencia
de ieo l e s de juego
claras
y justas.
No está en
la autoedición
o en la ausencia
de ciexecho s de autoI':
ese} es
c r ee x el ube s o guetos. //
En

*

~JJJ
l1á3 allá de alguna. d~screpanc a, me parece que t.odo lo
que dice Pablo es mas [at.endible, pero especialment.e la
reflexi6n de que el aut.ornecesit.a al edit.or, cualquiera sea
el aoporte mat.erial del t.ext.o.En realidad, para el aut.ores
un gran alivio no t.ener que usar demasiado esa part.e de la
ment.eque ee ocupa de los neqocí.o s práct.icos.
í

La cosa es: COrCL() hacemos para que el edit.or vuelva a
cumplir 3U función en lo que re3pecta a la narrativa.

*
en e30 e3tábamo3, cuando recibo una gran 30rpresa: me
llega un bolet.ín de la Editorial Trilce, que dirige Pablo
Harari, y leo en su parte editorial que se comenta la
existencia de esta serie de artículos e incluso se recomienda
su lectura. Entre otras cosas, dice Pablo: " ...coincidimos en
lo e3encial: hay que dar oportunidades para que sean edit.ados
::ruienes nunca
lo
han
hecho
antes,
superando
el
'mercantilismo' de la industria editorial. r
y

De modo que en este panorama no todo es t.inieblas.
que seguir pensando y dialogando.

hay

��������������</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="18">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6137">
                  <text>Fondo Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="49">
              <name>Subject</name>
              <description>The topic of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6138">
                  <text>Literatura uruguaya</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="39">
              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6139">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="48">
              <name>Source</name>
              <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6140">
                  <text>Colección Mario Levrero</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="45">
              <name>Publisher</name>
              <description>An entity responsible for making the resource available</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6141">
                  <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6142">
                  <text>1940 - 2004</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="6143">
                  <text>Familia del autor</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8120">
                <text>“Irrupciones (103). Literatura, literatos, libros”/ “Irrupciones (104)”/ “Irrupciones (105). Literatura, literatos, libros”/ “Irrupciones (106). Tía X (1/2)”/ “Irrupciones (107). Tía X (2/2)”/ “Irrupciones (108). Literatura, Literatos, libros (4/?)”/ “Irrupciones (109)”/ “Irrupciones (110)”/ “Irrupciones (111)”/ “Irrupciones (112)”/ “Irrupciones (113). De vuelta”/ “Irrupciones (111?). Las aventuras del Ingeniero Strúdel (1)”</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8121">
                <text>Literatura Uruguaya</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8122">
                <text>Originales mecanografiados relatos éditos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8123">
                <text>Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8124">
                <text>Originales de Mario Levrero</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8125">
                <text>SADIL - FHCE - Udelar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8126">
                <text>1940 - 2004</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8127">
                <text>Familia del autor</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8128">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="8129">
                <text>Original de dos folios mecanografiados, con notas y correcciones. Corresponde al Nº 15 de Insomnia/ Original de dos folios mecanografiados, sin notas ni correcciones o notas/ Original de dos folios mecanografiados, con anotaciones. Corresponde al Nº 17 de Insomnia/ Original de dos folios mecanografiados, sin anotaciones. Corresponde al Nº 18 de Insomnia/ Original de dos folios mecanografiados, sin anotaciones. Fechado entre 1995 y 1998/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones ológrafas. Corresponde al Nº 20 de Insomnia/ Original de dos folios mecanografiados, sin correcciones y notas/ Original de dos folios mecanografiados, sin correcciones. Corresponde al Nº 22 de Insomnia/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones ológrafas]2 folios mecanografiados). [Original con correcciones ológrafas. Corresponde al Nº 24 de Insomnia]3 folios mecanografiados). [Original en tinta verde. Corresponde al Nº 111 de Insomnia, originalmente el autor pone signos de pregunta y luego en tinta azul agrega el número 111]2 folios mecanografiados). [Original en tinta verde. Corresponde al Nº 111 de Insomnia, originalmente el autor pone signos de pregunta y luego en tinta azul agrega el número 111]</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
</itemContainer>
