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                    <text>CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ

LA JORNADA DEL FOSO DE ZAMORA
Durante medio siglo había resistido Alfonso II el Gasto las más
feroces acometidas de los ejércitos musulmanes en las abruptas mon
tañas de Asturias, Álava, Castilla y Galicia. Vencido a veces y a veces
vencedor, había al cabo conseguido salvar la independencia de su
reino, que se extendía a la sazón a lo largo de la costa cantábrica,
apoyado en el mar y con la cordillera cántabro-pirenaica a guisa de
muralla. Poco después de su muerte (842) Ramiro y Ordoño fortifi
caron algunas plazas al sur de los montes, para proteger los posibles
caminos de acceso al embrión de España, todavía serrano. Hasta el año
883 fueron las nuevas fronteras del reino de Asturias repetidamente
atacadas por las huestes sarracenas. Pero la anarquía que estalló en
el Al-Andalus en los últimos decenios del siglo IX permitió a
Alfonso III defender la raya del Mondego, del Duero y del Arlanza
y ocupar y colonizar las tierras situadas al norte de esa línea fron
teriza (1).
Con el nuevo siglo sobrevinieron momentos de peligro a la obra
de restauración del Rey Magno. Mas por fortuna para los futuros des
tinos de España la fiera acometida, que pudo retrasar o frustrar aquel
brioso renacer de la España europea, aunque subió veloz e impetuosa
desde el Guadiana hasta el reino de Alfonso, acabó estrellándose im
potente ante las peñas y los muros de Zamora. No obstante la furia de
su empuje, faltaban a la formidable máquina guerrera, cuyo trágico
fin presenció el ancho Duero, las recias manos de un conductor ex
perto. Porque un hombre vano y fatuo puede, audaz, convertirse en
caudillo de un movimiento engañosamente arrollador, si acierta por
acaso a excitar las estultas pasiones o los impulsos conservadores de
las masas medrosas y miopes, pero jamás conseguirá por su propia
ceguera dar cima a empresa alguna que no pueda fraguarse en los
obscuros sótanos del instinto vital.
El ataque contra el reino cristiano no fue obra de la iniciativa
oficial del gobierno de Córdoba. Abd Allah se hallaba a la sazón com
prometido en ruda lucha con los rebeldes que se habían alzado en
toda España contra la soberanía del Imán (2). La empresa fue ideada
(1)En mis "Orígenes de la nación española" estudiaré el reinado de Alfonso III. De
las páginas que le consagraré en tal obra proceden lns que siguen.
(2)Sobre Abd Allah véanse Dozy: Histoire des musulmán d'Espagne, 2.a ed. II,
págs. 21-93 y la magnífica y novísima Histoire de l'Espagne musulmane de Lévi-Provencal, I, págs. 230-279.

�por un guarnicionero, activo propulsor de la guerra civil, y llevada a
la práctica por un príncipe ambicioso y astrólogo (3). Era éste Ahmad
Ben Muawiya, hijo de un tal Muhammad, llamado el Gato y nieto a
su vez de Hixam I. Hermoso de rostro, dotado de un espíritu despierto
y vivaz, un poco astrónomo, dado a la astrología, audaz e ingenuo,
embaucador y crédulo, Ibn Abí Ayub dijo de él: "Una gacela tiene
por padre un gato" y "Oh, señor, te han ceñido la espada, pero te
caerían mejor un mirt y unos pendientes". Puso el arma en sus manos
para atacar a Alfonso, el guarnicionero Abú Ali Al-Sarrach que es-

(3) Se han ocupado de esta campaña con mayor o menor brevedad: Dozy: Histoire des
musulmans d'Espagne, ed. Lévi-Provencal, II, págs. 132-134; Barrau-Dihico: Recherches sur Vhistoire politique du royaume asturien (718-910), Revue Hispanique
LII, 1921, págs. 208-209; Cotarelo Valledor: Historia crítica y documentada de la
vida y acciones de Alfonso III el Magno, último rey de Asturias, 1933, págs. 447-450
y Lévi-Provenqal : Histoire de l'Espagne musulmane. I, 1944, págs. 269-271. Todos
ellos han dispuesto de laB mismas fuentes: 1 Muqtabis de Ibn Hayyan (988-1075);
la Crónica de Sampiro, obispo de Astorga hacia el 1035; Al-Hullatu al-Siyara de Ibn
Al-Abbar (1198-1260) y el Bayan al-Mugrib de Ibn Idari, muerto en 1306. Es porme
norizado el relato de Ibn Hayyan; había sido extractada por Cayangos: The History
of the Mohammedan Dynasties in Spain, II, pág. 463; ha sido publicado por Melcho^
M. Antuña: Chronique du régne du calife umaiyade 'Abd Allah á Cordone, Textes
relatijs a Vhistoire de VOccident musulmán III, págs. 133-139, y yo he dado a la
estampa nna parte de la versión inédita del mismo, debida al P. Antuña, en La
España musulmana según los autores islamitas y cristianos medievales, I, págs. 248-253.
Las indicaciones de las demás fuentes son brevísimas; pueden verse en la ed. de
Flórez: España Sagrada, XIV, pág. 460; en la trad. de Cas mi: Bibliotheca arábicohispana escurialensis, II, pág. 35, y en la trad. de Facnan: Histoire de l'Ajrique et
de VEspagne intitulée Al-Bayano' l-Mogrib, II, pág. 231.
Ninguno de los historiadores modernos mencionados ha explotado intensivamente
el pasaje de Ibn Hayyan. Dozy le siguió con puntualidad pero sólo en sns líneas
generales. El carácter ceñidamente erudito de la obra de Barrau-Dihigo se avenía
mal con toda detención pormenorizada, y además en sns días Be hallaba todavía iné
dito y sin traducir el Muqtabis. Cuando Cotarelo redactó su obra ocurría otro tanto
y aunque al publicarla muchos años después dispuso de la versión inédita de Antuña,
no supo sacar partido de ella y trazó un relato confnso y erróneo, bajo el peso de la
desacreditadas noticias de Conde y de los extractos de Cayancos. Y Lévi-Provencal
ha huido de propósito en su magnífica obra de toda narración detenida y literaria,
para evitar repetir las páginas de Dozy.
Quizá todos estos estudiosos han desconfiado, además, tal vez, de los pormenores de
Ibn Hayyan. Me ha decidido a otorgarles plena fe la que me inspiran las fuentes uti
lizadas por el gran historiador cordobés autor del relato. Sigue de ordinario a 'Isa
ben Ahmad al-Razi, tercero de la gran familia de cronistas andaluces, los "Rasis",
muerto, según lo más probable en 989 y muy escrupulosamente informado (SánchezAlbornoz: En torno a los orígenes del feudalismo II. Fuentes de la historia hispano'
musulmana del siglo VIII, págs. 230 y ss.). Para trazar la historia de la jornada de
Zamora 'Isa al-Razi dispuso, de otra parte: a) De un escrito de puño y letra del
califa Al-Hakam II (912-976) en que recogia noticias del juez de Córdoba Al-Mnndir
ben Sa'íd que murió en 966 a los 82 años (Facnan: Al-Bayano, II, pág. 259, nota 4) y
que era pues un mozo cuanto el supuesto Mahdí atacó a Alfonso el Magno, b) De
algunas páginas de un antor contemporáneo del suceso, de Muawiya ben Hixam, apo
dado el Sapientia, muerto el año 913, poco más de una década después de la empresa
que va a ocuparnos, y emparentado con el caudillo que la llevó a término — los dos
eran Omeyas y descendían de Hixam I (Sánchez-Albornoz: Fuentes... págs. 132
y 88.). c) Y del poeta Muñan ben Sa'id, apodado el Comensal, que vivió durante
el reinado de Muhammad (882-886), según resulta de dos pasajes de Ibn al-Qutiya.
(Trad. Ribera, págs. 57 y 70), y que conoció por tanto a los actores qne intervinieron
en la campaña del año 901.
En el relato de la empresa de Zamora que trazo arriba sigo las páginas de Ibn
Hayyan ahora comentadas. Me permito BÓlo localizar los suceBos en torno a Zamora
conforme a mi conocimiento de los alrededores de la ciudad, e hilvanar, la narración
de la campaña, conforme a mi costumbre. El lector puede comprobar la puntualidad
de mi composición acudiendo a las fuentes citadas en esta nota y al final del pasaje
del Muqtabis, todavía inédito, que reproduzco como apéndice.
— 26 —

�eondía bajo su capa de ascetismo su natural rebelde. Era su placer el
guerrear, se le llamaba el Murawid por sus repetidos ataques a las
fronteras de los politeístas; pero si no tenía ocasión de combatir con
los infieles, en su deseo ardiente de luchar, Abú Ali prefería a la paz
el pelear con sus hermanos musulmanes. Tiempos propicios a hombres
de su temple y de su audacia corrían en España. Sus crueldades, pero
sobre todo su impotencia para mantener la paz dentro de la comu
nidad de los creyentes y para hacer sentir su fuerza a los cristianos,
privaban a Abd Allah de la estimación y del respeto de sus subditos.
Cualquier aventurero podía encontrar amigos y soldados para levan
tarse con un trozo de tierra del emir. Muchos audaces codiciosos ha
bían ya seguido este camino. Y los grandes rebeldes españoles, alzados
hacía tiempo contra Córdoba en los valles del Ebro y del Guadiana
o en las serranías andaluzas, se habían tallado verdaderos reinos in
dependientes que el soberano no podía someter. Los ascetas y místicos
musulmanes de Al-Andalus se hallaban siempre prontos a combatir
contra las autoridades ortodoxas y Abú Ali Al-Sarrach odiaba como
todos al emir. Había llevado en secreto las negaciones entre Umar
ben Hafsun, caudillo de los renegados del Sur, y los Banu Qasi de
Aragón. Vestido de tosco sayal de lana, calzado con abarcas de esparto
y montado en humilde pollino, cruzaba en todas direcciones el país
predicando sañudo la guerra contra Abd Allah y aunando las volunta
des de los jefes del partido español (4). Pero fracasaron sus intentos y
entonces ideó un nuevo y más osado plan: proyectó reemplazar al
príncipe cobarde y asesino, que levantaba odios o provocaba a mofa,
por un emir capaz, estimado del pueblo, lo bastante bravo para atraer
a su partido y mover a entusiasmo a las masas islamitas, y lo bastante
dúctil para gobernar a su dictado y ser instrumento de su juego. Abú
Ali creyó encontrar el monigote seductor que precisaba en el príncipe
Ahmad, el Quraixí, un omeya nieto de los emires cordobeses. En se
creto fue seduciendo a la gacela de que hablara el poeta. Nada más
fácil que arrojar de su trono al déspota cobarde que lo ocupaba en
tonces. Bastaba con ganar fama y partidarios en una gran campaña
contra el reino de los politeístas, para después, entrar triunfante en
Córdoba. Y la embestida a los estados de Alfonso ben Ordoño no era
empresa imposible. Las tierras de muslimes, fronteras de las ciudades
de cristianos, se hallaban pobladas de ardientes berberiscos, castiga
dos por las aceifas de las tropas astures y gallegas anhelaban luchar
para vengarse pronto de sus debeladores, acogerían como un libertador
a quien las predicara la guerra a los infieles y le seguirían con fervor
hasta después del triunfo. Con ellos podía organizarse un formidable
ejército y, azuzando su fiera exaltación, vencer y arrollar a los cris
tianos. Después de la victoria, España toda se levantaría para sustituir
al príncipe cobarde por el bravo, al vencido de todos por el de debelador de los idólatras gallegos; y ante las cabezas de Alfonso y de sus
(4) Da noticia de tal negociación Ibn Hayyan en el Muqtabis. Recogió tal noticia y des
cribió las actividades de Abú Ali Al*Sarrach Asín en su estudio "Ibn Masarra y su
escuela: Orígenes de la filosofía hispano-musulmana", Obras escogidas I. Madrid,
1946, pág. 43.
— 27 —

�condes, clavadas en las lanzas de las vanguardias' del caudillo, ee
abrirían las puertas de Córdoba, al omeya que venía a continuar la tra
dición de sus mayores.
La raposa engañó a la gacela. El hijo del Gato se decidió a em
pezar su carrera triunfal y un día salió Ahmad de Córdoba, caballero
en un potro, al mismo tiempo que los habitantes de Muneza veían
marchar hacia los alrededores de la ciudad de los emires, a un hombre
vestido de lana, jinete en un pollino y calzado de esparto, que decía
llamarse Abú Ali Al-Sarrach. El nuevo pretendiente se alojó fuera de
Córdoba en casa de otro omeya, primo suyo y reservando sus propó
sitos, se dirigió a Fahs al-Ballut (5), en tierra berberisca.
No había errado en su elección el guarnicionero Abú Ali. Durante
las primeras jornadas del drama imaginado Ahmad Ben Muawiya es
tudió su papel de salvador de la comunidad de los creyentes musul
manes y lo representó con maestría. Desde el monte Al-Baranis excitó
a las cábilas de los alrededores a defender el islamismo agonizante,
se hizo tener por adivino, fue largo en el prometer de la victoria, cegó
sus ojos con engaños y al mismo tiempo que difamaba al emir
Abd Allah, invitaba a todos a la guerra santa con los politeístas (7).
La semilla no cayó entre espinas y abrojos sino en campos abonados
por fanatismos y odios; los fieros berberiscos (8) interrumpieron sus
trabajos, se juntaron fervorosos a su libertador y asegurado éste de la
firmeza de sus resoluciones, marchó con ellos desde Fahs al-Ballut hasta
Trujillo. En la zona situada al mediodía de Trujillo, Ahmad se esta
bleció primero con los Banu Al-Raxid, en las orillas del Guadiana,
y peregrinó después por las aldeas de los Nefza. Se presentó ante ellos
como el Mahdí, como el profeta, como el salvador de los miáslimes
y consiguió también que aquellos bereberes se le unieran. Era ya jefe
de una hueste fanática, la empresa maduraba, necesitaba sólo perfi
larla, señalarla un fin concreto y próximo. Frente a aquella zona occi
dental de la España islamita, se alzaba arrogante la ciudad de Zamora,
junto al Duero. Durante los tiempos de los antepasados del supuesto
Mahdí había permanecido abandonada y despoblada. Nadie impidió
que la ocupara el tirano Alfonso ben Ordoño —"maldígalo Alá", decían
los sarracenos al nombrarlo—, los creyentes le permitieron luego po
blarla con sus gentes y con traidores muladíes de Toledo y, después,
nadie estorbó al cristiano la construcción de una tartísima muralla
guarnecida de fosos y de torres (9). Este abandono indiferente, acarreó
(5)Los musulmanes españoles llamaron Fahs al-Ballnt o "Llanura de las encinas" a la
región de Pedroche, sitnada entre Hinojosa del Duque y la Sierra de Almadén. Asi
resulta de varios pasajes del Kitab Al-Rawd Al-Mi'tar Fi Jabar Al-Aqtar de Ibn
'Abd Al-Mun'in Al-Himyari aprovechados por Lévi-Pboven^al en La Péninsule
Ibérique au Moyen-Age, Leiden, 1938, pág. 188, n. la.
(6)Los musulmanes españoles llamaban asi a la Sierra de Almadén: Lévi-Pbovení al : L'Espagne musulmane au Xéme. siecle, pág. 176.
(7)Asi llamaban los musulmanes adoradores del dios único • los cristianos adoradore^
del dios trino.
(8)Sobre la colonización berberisca en España véase Lévi-Pboveníal : Histoire de l'Espagne musulmane, I, págs. 60 y ss.
(9)Ibn Hayyan describe asi en sn Muqlabis la repoblación de Zamora por Alfonso III:
Dice 'isa ben Ahmadi Este año (280) ee dirigió Alfomo hijo de Ordoño rey de Ga— 28 —

�a los mahometanos graves daños. Desde León, dos jornadas al Norte de
Zamora, hacían ya los politeístas correrías en tierras de muslimes, y
causaban estragos en sus campos. Desde Zamora las aceifas se hicieron
más frecuentes y las tropas de Alfonso se adentraron cada día más y
más en las comarcas habitadas por bereberes musulmanes. Con cuerpos
de jinetes intentaron poner remedio al mal los defensores de las re
giones fronterizas islamitas, enviando una expedición contra Zamora.
Mas la caballería sarracena halló en ésta una obstinada y dura re
sistencia y nada consiguió frente a sus fuertes muros. Solicitaron
entonces la ayuda del Imán de los creyentes, mas ocupado el emir
Abd Allah en combatir con los rebeldes, desoyó su demanda y hubieron
ellos solos de proveer a su defensa. Pronto ni esto les fue posible. Al
contagiarse las fronteras del virus de discordia que, corrompía el emirato,
las luchas y las enemistades que se encendieron entre los que habitaban
en la vecindad de los infieles, les impidieron acudir a la guerra contra
éstos, les obligaron a renunciar a combatirlos, les forzaron a acogerse
a su benevolencia y aun quizá les movieron a someterse al pago de
parias humillantes.
Pero a pesar de sus contiendas intestinas, los bereberes de las
fronteras del centro y del occidente de Al-Andalus deseaban con fervor
la guerra santa, entrar por tierras enemigas y vengar sus afrentas. A
ellos envió mensajeros Ahmad el Quraixí, para excitarles a combatir
a los habitantes de la maldita Chaliqiya —"confúndalos Alá", diría el
príncipe en su carta —y para requerirles a que se unieran a sus
tropas, a fin de castigar a los idólatras cristianos y apoderarse de la
odiada Zamora. La voz de Ahmad Ibn Al-Qitt sonó como un anuncio
de redención en Mérida, Badajoz y Toledo. Cuando en esta y en las
otras ciudades fronterizas se leyó su misiva, como en Fahs al-Ballut
y como en Nefza, las gentes corrieron presurosas junto al Mahdí que
Alá les enviaba. Si los más impulsivos y entusiastas disputaban por
marchar los primeros a su encuentro, los menos fervorosos e impa
cientes avanzaban también, arrastrados por el temor o por la fuerza.
La tímida gacela de que hablara el poeta, se había trocado en
el caudillo de un tortísimo ejército que integraban casi sesenta mil
infantes y jinetes. Con él salió el Nefza, camino de Zamora, y con él
cruzó el Tajo, por donde lo cruzaba la vía romana que subía de Mérida
hasta Astorga. Marchaban los rudos e ingenuos bereberes alrededor
de Ahmad Ibn Al-Qitt y se le aproximaban a porfía para escuchar
de sus labios los felices augurios del ya cercano triunfo. Por la es
tulticia de sus sueños y la debilidad de sus inteligencias, sus fanáticas
huestes le juzgaban profeta y creían, sin átomo de duda, las predic
ciones y patrañas del tímido príncipe sacado a escena por la ambiciosa
audacia del guarnicionero Abú Ali.

licia a la ciudad que estaba despoblada y la reedificó, pobló y fortificó, se la dio
a habitar a los cristianos y colonizó sus alrededores. La reconstrucción se hizo por
los habitantes de Toledo y bajo los auspicios de ano de sus cristianos se comenzó
la edificación de sus murallas. Desde este tiempo quedó poblada, aumentaron sus
habitantes, continuó su colonización y se hicieron fuertes en ella los habitantes
de la frontera". Véase además Leívi-Provenqal: Encyclopédie de VIslam IV, pág. 1281.
— 29 —

�El hijo de el Gato, aguzaba el ingenio para mantener y aumentar
el fanatismo de sus tropas. Ora explicaba como maravilloso el copioso
sudor de su caballo, ora, comprimiendo en secreto ciertas ramas, apa
rentaba él mismo la misteriosa emanación de un jugo prodigioso; y ya
se ocultaba largos días a la curiosidad devota de sus gentes, ya se pre
sentaba fastuoso y deslumbrador a revistarles. En el camino se le
juntaron nuevos y numerosos contingentes de Toledo, Talavera, Guadalajara y Santovenia y en el acto procuró excitar con artificios su
entusiasmo. Primero se sustrajo a sus miradas varios días, y después,
cuando su deseo de verle y de escucharle se habían superado, se pre
sentó ante ellos montado en un caballo blanco, cubierto de blancas
vestiduras, tocado con un turbante blanco y ceñida la espada por un
blanco tahalí que hacía juego con el trotón, el turbante y el vestido.
De esta manera revistó el Mahdí todo su ejército, espoleó luego a su
caballo, emprendió con él veloz carrera y de improviso, en un alarde
vano, frenó el corcel y le detuvo en seco.•/
Tanta estulticia alarmó a algunos jefes de la tribu de Nefza. Prin
cipalmente desplació el Mahdí a Zual ben Yaix. Temeroso de que tal
vez su ligereza le llevara después de la victoria a arrebatarle el mando
de sus gentes, comunicó en secreto sus recelos a sus íntimos y se pre
paró, con sus amigos, a aprovechar la primera ocasión para perder
al pretendiente. Pero a pesar de la decisión de esta insignificante mi
noría, jamás había avanzado contra Alfonso un ejército más exaltado,
fanático y temible. Con sus fingidas predicciones, sus gestos teatrales
y sus falsos prodigios, Ahmad Ibn Al-Qitt había logrado un ascen
diente sin par sobre las rudas mentes de los bereberes, sus satélites.
Sin replicar, ejecutaban éstos todas las órdenes del supuesto Mahdí,
anhelaban con frenesí acometer a los infieles y no dudaban un mo
mento de que conseguirían la victoria. Fanatizados así tantos miles de
hombres, más que había conseguido jamás reunir caudillo alguno
contra el reino de Alfonso, su ataque a las fuerzas cristianas podía
augurarse irresistible.
El fingido profeta que avanzaba con su ejército por la llamada
"Vía de la Plata", cruzó el Tormes junto a las ruinas de Salmantica,
atravesó por el solar de la vieja Sarabis (10), prosiguió su camino
por la feraz llanada que habían convertido en desierto las aceifas de
Alfonso y acampó al cabo con sus huestes frente a los muros de Za
mora. Sólo le separaba de ellos la corriente del Duero, que allí se
remansaba y se remansa para ofrecer un ancho y hondo foso a la
ciudad cristiana. Tras el Duero y sobre las rocas tajadas que bajan
verticales hasta el río se elevaban las murallas recién renovadas de
la plaza. Como hoy la cúpula y la torre catedralicias, alguna torre
cilla, construida quizás conforme al nuevo gusto que los mozárabes de
Toledo habían importado, rompería, tal vez, la chata silueta del
recinto murado.
(10) Sobre la vía romana de Emérita Augusta a Asturica Augusta que atravesaba el Duero
por Zamora véanse: Saavedra: Discursos, Real Academia de la Historia, Madrid, 1914,
y Blázquez: Vías romanas del Valle del Duero y Castilla la Nueva, Madrid, 1917,
págs. 15 y ss. y Vías Romanas de Botoa a Mérida • Mérida a Salamanca, Madrid, págs. 7-8.
— 30 —

�Desde su campamento, establecido donde se alzan hoy los arraba
les de Cabañales, de Pinilla y de San Frontis (11), el supuesto Mahdí,
tuvo el penúltimo de sus gestos solemnes. Ahmad escribió a Alfonso
una arrogante carta, que llegó a ser famosa y que se recitaba luego
en las fronteras musulmanas. El hijo de el Cato invitaba al rey cris
tiano y a sus gentes a convertirse al islamismo y les amenazaba con
la muerte, si rehusaban aceptar su propuesta. ¡Inútil pero magnífico
ademán! La gacela andaluza trataba de intimidar al oso astur. Un
mensajero fue el encargado de entregar la nueva al tirano Adefonso,
de exigir de él pronta respuesta y de regresar presuroso junto al nuevo
profeta. El mensajero de Ibn Al-Qitt atravesó el Duero sin tropiezo,
ante él se abrieron las puertas de Zamora y, con las precauciones de
costumbre, fue llevado a presencia de Alfonso. Se había éste preparado
a la lucha, había congregado un gran ejército y le rodeaban algunos
de sus hijos, los infantes, y los condes y potestades de su reino. Oyeron
todos el enviado del Mahdí leer la carta insolente y audaz de eu señor
y el príncipe y sus gentes permanecieron impasibles. Pese a la reciente
introducción por los mozárabes del arte y del lujo musulmanes (12),
Alfonso y sus nobles ignoraban el árabe. Un truchimán les tradujo
en seguida las amenazas del jefe sarraceno y un rugido de cólera fue
la única respuesta que obtuvo el mensajero. Menguado de seso había
de ser aquel malvado que osaba dirigirse en tales términos a Alfonso,
el gran caudillo y el gran rey, que había vencido muchas veces a los
generales islamitas, que había conquistado muchedumbre de plazas
y castillos, que había pactado de poder a poder con los imanes an
daluces y que había llevado la raya de su reino hasta más allá del
Mondego, del Duero y del Pisuerga. El rey astur y sus magnates se
lanzaron furiosos hacia las puertas de Zamora dispuestos a castigar
la afrentosa insolencia. Alfonso, colocó sus jinetes en vanguardia, el
Mahdí colocó los suyos en la primera línea y, de este modo, más que
nunca hasta allí en la historia de España, se hallaron frente a frente
Europa y África. De una parte se ordenaban los nietos de los cántabros,
astures y gallegos, mezclados con los hijos de suevos y de godos, y
de la otra, no los hispanos cultos, los nuevos árabes o los viejos sirios
sino solos, abandonados a sus fuerzas, los bereberes de africana estirpe.
Desde Zamora avanzaban los herederos de la última civilización medi
terránea que los siglos habían conocido, los hijos de la iglesia cris
tiana que había venido a predicar el amor y la igualdad entre los
hombres y los viejos invasores germanos que estaban elaborando un
mundo nuevo; contra Zamora arremetían no los representantes de la
nueva cultura musulmana, los futuros maestros de los pueblos latinos
de occidente, sino una muchedumbre de toscos, fanáticos y rudos be
reberes, hostiles a toda cultura del espíritu, bárbaros detentadores del
suelo, fértil en ideas, de Hispania. Sobre la cinta de plata que los mus
limes llamaban "Río Grande" sólo un viejo y caduco puente, testigo
(11)Repito que he segnido sobre el terreno el desarrollo de la empresa relatada por
Ibn Hayyak.
(12)Véanse: Gómez-Moreno: Las Iglesias Mozárabes, Madrid 1919, y Sáhchez-Albobnoz: Es
tampas de la vida en León hace mil años. 4.a ed., Buenos Aires, 1947.
— 31 —

�pétreo de la gloria romana, se alzaba como un símbolo entre la Europa
progresiva y el África salvaje.
En el viejo puente hubo de empezar el combate. Pero estrecho
escenario para tamaña lucha, pronto las caballerías cristiana y sarra
cena se buscaron en el lecho del Duero y el río grande vio pelear
con frenesí, durante un día, a las tropas de Alfonso ben Ordoño, con
las huestes de Ahmad ben Muawiya Ibn Al-Qitt (13). En la fiera
contienda nadie consiguió aquella jornada la victoria. El ímpetu bra
vio de los soldados del Mahdí se estrelló horas y horas contra la resis
tencia rocosa de los me^ntañeses del príncipe asturiano. A unos y a
otros sorprendió peleando la lenta llegada de la noche^ tal vez uno
de esos crepúsculos de fuego de los estíos castellanos, en los que el
sol poniente se despide de nuestro puro cielo con un maravilloso juego
de luz y de color, que siembra los espíritus de adivinaciones de tra
gedia.
Con el nuevo día se reanudó la lucha. Los cristianos llevaron al
principio la peor parte en el combate. Los sarracenos consiguieron
atravesar el "Río Grande" y empezó a pelearse en la orilla derecha
donde se alza Zamora. Se elevan sobre rocas tajadas los muros de la
parte más estrecha y fuerte en que acaba la plaza, mirando al suroeste,
pero mientras frente al arrabal de Cabañales descienden verticales
hasta el Duero, a los pies de los que coronan la iglesia y el castillo
se extiende una lengua de tierra donde hoy se desparraman los barrios
de Santiago y de Olivares. Tras ella desemboca en el cauce del Duero
el arroyo que viene del bosque de Valorio. Puebla éste la entrada de un
vallecillo angosto. En medio de la llanada que rodea a Zamora forma
aquél una a modo de serpeante garganta abierta entre colinas, que
sólo en parangón con las suaves ondulaciones de la inmensa planicie
amarillenta pudieron parecer a los muslimes ásperas y difíciles (14).
Atravesado por el Mahdí el "Río Grande", la pelea se agudizó segura
mente al pie de la cerca del castillo, en la hondonada que presiden
desde el siglo XI las iglesias de San Claudio y de Santiago. Después los
islamitas empujaron de modo irresistible a las tropas de Alfonso hacia
el estrecho valle de Valorio, al otro lado de la loma y barrio de San
Lázaro. Combatidos rigurosamente por los vencedores jinetes y peones
del supuesto Mahdí, los cristianos retrocedieron a lo largo del valle.
Algunos, dando por perdida la batalla y desviándose del camino que
lleva hacia Zamora, huyeron veloces varias millas hacia el Norte; mu
chos murieron peleando en la angostura y otros cayeron prisioneros
en ella; pero los más siguieron probablemente resistiendo junto a
Alfonso hasta que cambió la suerte de las armas.
Zual ben Yaix había combatido bajo los estandartes de la hueste
de Ahmad y con sus tropas se hallaba en la vanguardia de las tropas
bereberes. El triunfo del supuesto profeta renovó sus recelos, platicó
con sus íntimos sobre los peligros que de la victoria podían deducirse
(13)Las fotografías que acompañan a estas páginas acreditan la posibilidad de que se com
batiera en el lecho del río.
(14)No encuentro otra plausible reducción geográfica del abrupto valle de que da no
ticia hiperbólica el relato musulmán.
— 32 —

�����para ellos, y juntos decidieron abandonar el campo con sus tropas para
atenuar el éxito o trocarle en derrota. Zual ben Yaix y sus amigos
cumplieron sus acuerdos sin demora, volvieron grupas a sus bestias
y, acompañados en su fuga de parte de sus hombres, procuraron
arrastrar tras ellos el mayor número posible de soldados. Algunos les
siguieron en efecto hasta el campamento donde había comenzado la
batalla, recogieron en él sus tiendas y bagajes y continuaron su mar
cha hacia el Guadiana. La inmensa mayoría del ejército prosiguió,
sin embargo, peleando con los politeístas; mas éstos pronto se dieron
cuenta de la maniobra de Zual y los suyos y al punto comenzaron una
enérgica reacción ofensiva. Aprovechando el desconcierto que la huida
del grupo de traidores hubo de producir en un sector al menos de la
hueste islamita, los peones y jinetes cristianos la acometieron con
mayor esperanza y con mayores bríos, y.fué tal el empuje de la contra
ofensiva que comenzó a ceder el frente, sarraceno. Alfonso y sus sol
dados arreciaron entonces en su ataque y al cabo consiguieron obligar
al Mahdí á retirarse hacia el angosto valle de Valorio y a repasarle,
luego. Perseguidos de cerca por quienes tenían por idólatras, huyeron
los islamitas hasta el Duero, le cruzaron y, al alcanzar sus tiendas, reac
cionaron, creyéndose salvados, pues no esperaban que los cristianos
osaran pasar el "Río Grande" después de un combate tan largo y tan
sangriento. Pero Alfonso y sus tropas no cejaron en su ataque, y se
lanzaron tras la retaguardia sarracena, para no dar sosiego al enemigo.
Los musulmanes intentaron al punto impedirles que cruzaran el Duero
pero fueron vencidos, y los cristianos les siguieron hasta sus campa
mentos y en ellos les combatieron con denuedo, mientras la obscuridad
no acudió en su socorro y no forzó a los politeístas a retirarse hacia
Zamora.
Durante aquella noche muchos muslimes abandonaron al fingido
Mahdí y, convencidos del fracaso de la empresa, se pusieron en salvo.
Pero Ahmad ben Muawiya llamado Ibn Al-Qitt, conservaba aun su
prestigio profético para la mayoría y, con las últimas ficcifones y los
postreros augurios de victoria, consiguió todavía retener a su lado a
muchedumbre de ellos. Con la aurora llegaron los cristianos otra vez
a acometer a los mahometanos y aún sopló a su favor el huracán
de la victoria. Mientras el sol alumbró a los ejércitos prosiguió la
refriega, mas al caer la tarde flaquearon las fuerzas sarracenas
y Alfonso, viendo ya ganada la contienda, quiso rematar, de modo
señalado, el triunfo con tanto esfuerzo conseguido. Cuando llegó
la noche, no se acogió como las precedentes al refugio seguro de
Zamora. Durante las tinieblas podían huir los enemigos y escapar de
esta forma a la venganza de su espada. Para evitarlo, seguro de su
fuerza y sin temor a sorpresas y emboscadas, pernoctó con su ejército
bajo el cielo estrellado y puso cerco al campamento sarraceno. En
vigilia constante transcurrieron las horas, cuantos muslimes intentaron
huir aquella noche cayeron en poder de los cristianos y, al alumbrar
el alba, Alfonso renovó su acometida a las huestes del pretendiente
astrólogo y profeta. Comprendió este que no había ya salvación posible
para él, que le aguardaba el cautiverio sino sucumbía en el combate
— 33 —

�y tuvo el último y más bello de sus gestos solemnes. El hijo de "El
Gato" supo morir con heroísmo. Montó en su potro, le espoleó con
fuerza, se lanzó a rienda suelta contra las filas de los politeístas y se
batió con bríos hasta perder la vida. Junto a él, y como él, cayeron
peleando, acerados y heroicos, sus más fieles devotos. La matanza de
muslimes fue entonces espantosa, el rey astur conquistó y entró a saco
el campamento sarraceno y la cabeza del supuesto Mahdí, clavada
sobre la puerta de Zamora, pregonó muda su victoria.
Con mueca trágica y sangrienta, los despojos de Ahmad Ibn AlQitt anunciaron también el engaño de Abú Ali Al-Sarrach. Un necio
propicio a ser juguete suyo podía exaltar con falsos prodigios a las
masas y hasta saber morir con heroísmo, pero no podía vencer al
monarca gallego. Con solo fan^tismo no puede derrotarse a tropas
regulares y menos si son también fanáticas; y el falso asceta, el guar
nicionero Abú Ali había olvidado que, si los bereberes eran creyentes
fervorosos, y guerreros fortísimos, los soldados de Alfonso se hallaban
igualmente encendidos de devoción por sus creencias, eran no menos
bravos, y disponían de un caudillo diestro y decidido, audaz e inteli
gente, gran general y gran lector, que luchaba no por afán de medro
sino consciente de la grandeza de su obra de restauración de la España
cristiana y rodeado en ella del entusiasmo de su pueblo. La difícil
victoria conseguida aseguró en el Duero por medio siglo la frontera
y permitió que al norte de su mansa corriente prosiguiera el rápido
fraguar de la sociedad y del reino de León y con ellos el fraguar de
la porción más vital de la España europea.
El más temible ejército que había acometido al reino de Asturias
en sus dos siglos de existencia había sido vencido, deshecho, aniquila
do. El día de Zamora, como llamaron los musulmanes durante muchos
años al desastre, fue el más grandioso triunfo logrado por Alfonso en
su largo reinado. No se ocultaron las proporciones del fracaso a los
muslimes. Sus crónicas le confesaron en sus páginas, sus historiadores
intentaron explicarlo como resultado de la traición de Zual ben Yaix,
el mundo oriental le superpuso en una turbia imagen al día de
Simancas (15), en los finos pliegues de la memoria sarracena perduró
erguida la viva silueta de Zamora, a su alrededor surgió muy pronto
la leyenda y a las generaciones musulmanas se trasmitió el recuerdo
de la ciudad cercada por siete fosos y por siete murallas, ante las que
en efecto, se había roto el fiero ímpetu de los bereberes del Tajo
y del Guadiana el 12 de julio del año 901 de la era cristiana, 288 de
la Héjira.

(15) El Mas'udi en sus Praderas de Oro (Trad. Barbier de Meynard, I, pág. 363), supone
a Abd al-Rahman III atacando Zamora en su campaña de Simancas del 939 y perdiendo
en los fosos de la ciudad hasta cincuenta mil hombres.
— 34 —

�APÉNDICE
Fin del relato de Ibn Hayyán sobre la empresa de Zamora (*)
Traducción de MELCHOR M. ANTVÑA t
Dice 'Isa ben Ahmad: He encontrado en un autógrafo del califa
Al-Hakam Al-Mustansir Billah con referencia a este Ibn Al-Qitt que
se rebeló contra el padre de su abuelo, el emir 'Abd Allah, lo siguiente.
Refirióme el cadi^Mundir IJen Sa'id que abandonó Córdoba este Ibn
Al-Qitt movido por una doctrina en virtud de la que aspiraba al trono
y se alojó con nosotros, y su potro, en casa de un primo mío, pero sin
dársele a conocer ni mentarle nada. Salió después y se estableció en
Nefza con los Banu Raxid a orillas del Guadiana. Entre ellos perma
neció durante algunos meses. Les manifestó el asunto que traía entre
manos y escribió a las gentes de los alrededores invitándolos a sumár
sele, haciéndoles brillantes promesas y excitando su codicia, hasta el
punto de que aceptaron su propuesta los habitantes de aquella región
y fueron a unirse a él una multitud de ellos. Se creció así hasta enviar
misivas a los moradores de Mérida, Badajoz y Toledo y a los de esta
frontera, los que acudieron con prontitud, llegando a ser tan crecido
el número de sus partidarios que no se sabe de ninguno a quien se
haya unido tan considerable contigente. Se internó en la ciudad de
Zamora que es de las primeras de la Chaliqiya y habiendo atacado
al enemigo lo derrotó en el primer encuentro. Pero después le hizo
traición la gente de esta frontera; mientras él atacaba al enemigo le
abandonaron los soldados y habiéndose concentrado las fuerzas ene
migas contra él, cayeron sobre los que le quedaban y fueron muertos
él y hasta el último de los suyos. Había ocupado este personaje en
el ánimo de sus partidarios un puesto de gran distinción. Me ha refe
rido mi tío, testigo presencial de la expedición, que cuando ordenaba
sus huestes en orden de batalla les hacía observaciones y si veía que
había algún hueco en alguna de sus filas indicaba que lo llenaran y
se volvía a su sitio. Sus órdenes eran ejecutadas sin replicar, dice, y
me contó uno de los habitantes de Muneza: A raíz de la partida del
pretendiente Ibn Al-Qitt se nos presentó un hombre vestido de lana,
caballero en un pollino y calzado de esparto; le preguntamos: "Quién
eres tú? Séate Alá misericordioso", y contestó: "Soy Abú Ali AlSarrach", hirió luego el lomo de su jumento y se encaminó hacia la
parte de Córdoba. Su mismo deseo le perjudicó. Dice 'Isa: Muhámmad ben Hixam, apodado el Gato, era abuelo
de este rebelde Ahmad, hermoso de rostro. De él dijo Ibn Abi Ayub:
"Cosa la más peregrina que jamás se oyó: dicen que una gacela tiene
por padre a un gato. Oh, Señor mío, te han ceñido la espada, pero
te caerían mejor unos pendientes y un mirt". De Muman el poeta
(*) Signe en el Muqtabis a los pasajes coya versión inédita del mismo Melchor Antitña
he reproducido en La España musulmana según los autores islamitas y cristianos
medievales, I, págs. 248-253.
— 35 —

�es la siguiente composición en la que halaga a Ibn Al-Qitt, dirigiendo
la palabra a Mansur el Maganí: "Decid a Mansur Abú Nasir: por el
plectro y por la cuerda, ¿es que no has juzgado hoy al hijo del apo
dado Gato superior* a la luna llena? Ninguna criatura mejor que él
ha creado el Dios clemente. ¡Oh Abú Nasir! ¿No es por él por quien
la tribu de Quraix ha dado las diez vueltas en torno a la Caaba en
su tiempo? Como si en sus ojos tuviera (fuego) produce encanta
miento cuando mira.
Hace mención Mu'awiya ben Hixam, el Sapientia, de este Ibn AlQitt en su "Libro que trata de las Genealogías" y dice: Este Abu-1Qasim Ahínad ben Mu'awiya ben Hixam ben Mu'awiya, hijo del emir
Hixam hijo de Abd Al-Rahman ben Mu'awiya era del número de los
que se aplicaban a la ciencia, al estudio de la astrología y al conoci
miento de la astronomía. Estaba dotado, además, de un espíritu
pronto y dispuesto. Se levantó en tiempos del emir 'Abd Allah ben
Muhammad cuando reapareció la guerra civil, reclamando el trono y
manifestando el pensamiento y deseo ardiente de hacer la guerra santa.
Marchó por tierras del centro, recorrió los distritos habitados por
bereberes, mostrándoles la austeridad e invitándolos a la guerra santa
contra los infieles. Gran multitud de bereberes del centro y del occi
dente, de Toledo y Talavera, acudieron a agruparse en torno de él.
Con ellos penetró en Chaliqiya dirigiéndose a la ciudad de Zamora,
a ella perteneciente. Sucedía esto el año 88 y ocupaba el solio de la
Chaliqiya a la sazón Adefonso, hijo de Ordoño. A este monarca y a
los cristianos que se le habían unido puso sitio en Zamora durante
tres días, pero luego desertaron los jefes bereberes y le abandonaron.
No obstante él persistió firme en el ataque al tirano acompañado de
los valientes que le quedaron, hasta que fue muerto al cuarto día y sus
soldados fueron exterminados, excepto unos pocos que le sobrevivie
ron. Dice que era este Ahmad un hombre superior en mérito entre la
gente de bien y de bello aspecto.

— 36 —

�ESTUDIOS EN TORNO AL ORIGEN DEL ESTADO ORIENTAL
(Trabajos del curso de investigación que sobre el tema desarrolló el profesor
Edmundo M. ISarancio en la F. de Humanidades y Ciencias durante el año 1946).

ADVERTENCIA
Cuando en 1945, desempeñamos por iniciativa del Dr. Eduardo
Acevedo —que nos otorgó entonces, como todavía hoy lo hace, su más
decidido apoyo por nuestros trabajos históricos— una misión en los
archivos de Buenos Aires, para la fijación de fuentes de interés para
la historia de Artigas, pudimos compulsar en el Archivo General de
la Nación de esa ciudad una serie de probanzas que autorizaban
pensar la posibilidad de que el armisticio de octubre de 1811 fir
mado entre Buenos Aires y -Montevideo, al dejar al pueblo oriental
librado a sí mismo y determinar las primeras reuniones de orientales,
había dado origen al estado oriental. Con esta idea corroborada por
algunas fuentes editas, abordamos en el año 1946, en un curso de la
Facultad de Humanidades y Ciencias, el estudio del tema, con el firme
propósito de realizar los trabajos sin que pesara en nuestro criterio,
ninguna idea a priori a la cual tuviéramos luego que acomodar los
datos procedentes de la investigación. Este género de procedimientos
no arraiga con nuestra particulares convicciones sobre la historia como
disciplina científica. .
Las indagaciones se proyectaron pues, con el ánimo dirigido a
estar con todo rigor a lo que de ellos resultara, — exponiendo las
fuentes, procediendo a su análisis y sacando las conclusiones a que ra
zonablemente pudiera llegarse. — Con ello se pretendió también, dar
a los alumnos del curso, una enseñanza sobre métodos. En base a
estas directivas se iniciaron, por los estudiantes del curso, varios tra
bajos, algunos de ellos se terminaron, otros quedaron inconclusos, no
por falta de capacidad o voluntad de los autores, sino por otras ra
zones, que no son del caso consignar pero a la que no es ajena la
carencia de espíritu de colaboración que se halló en los encargados
de custodiar materUdes cuya consulta era necesaria.
Por ello se publican por ahora, luego de pacientes investigaciones
en repositorios nacionales y extranjeros, bajo el título de "Estudios
en torno al origen del Estado oriental", tres trabajos que componen
una serie orgánica.
El primero se refiere a las relaciones entre Montevideo y Buenos
— 37 —

�Aires durante el último virreinato que culminaron con el armisticio
de octubre.
El segundo es un breve capítulo sobre las primeras asambleas de
orientales del que, por su jerarquía se ha omitido, el examen de la
doctrina que más adelante explicó y justificó la formación del estado
oriental en la última de ellas, lo cual se hace en el tercer trabajo.
Se constituye éste por la versión de las clases dictadas durante el
curso de 1946, modificadas solamente con el fruto de investigaciones
realizadas^ en su parte final y provista del aparato erudito pertinente.
Al darla a la imprenta no se ha querido variar fundamentalmente
el estilo para no quitar a la exposición su carácter docente, aspecto de
ella que nos interesa evidenciar.
Deseamos por último, que quede constancia de nuestro agradeci
miento por las facilidades que se nos dieron en el Archivo General
de la Nación Argentina de Buenos Aires, y en el de Montevideo.

E. M. N.

— 38 —

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                <text>Durante medio siglo había resistido Alfonso II el Casto las más feroces acometidas de los ejércitos musulmanes en las abruptas montañas de Asturias, Alava, Castilla y Galicia. Vencido a veces y a veces vencedor,  había  al cabo  conseguido  salvar  la  independencia  de  su reino, que se extendía  a la sazón  a lo largo  de la costa cantábrica,  apoyado en el mar y con la cordillera cántabro-pirenaica  a guisa de muralla. Poco después de su  muerte  (842)  Ramiro y Ordoño fortificaron algunas plazas al sur de los montes, para proteger los posibles caminos de acceso al embrión de España, todavía serrano. Hasta el año 883 fueron las nuevas fronteras del reino  de Asturias repetidamente atacadas por  las huestes  sarracenas. Pero la anarquía  que estalló en el  Al-Andalus  en  los  últimos  decenios  del  siglo  IX  permitió   a Alfonso III defender la raya  del Mondego,  del Duero y del Arlanza y ocupar  y colonizar  las tierras situadas al norte  de esa línea fronteriza.</text>
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                  <text>El Fondo Luis V. Muxi consiste en una amplia cantidad de documentos originales, manuscritos e impresos, de naturaleza en su mayoría histórica y política, que cubren aproximadamente el período 1800-1890.&#13;
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                    <text>— S6 —
•BUBlunij UOÍ^ipíIBB ^^ Bp Biaort 'TpJBtlUif'J

ií oraainiBSUod ap foiio iis 'Bapaod fiuiib ns 'otosíanse ¡A 'ipjBdoag
ap uraaod oratjjn ja sa BmBpjj sg 'amauíjBapi a Bai^ojouoj;)
•ajjE ns ap Bjmpoq ajuatpaqo sa otuaá ¡ap
ptA i -FainB^^ jÍ ojqixauui -Í3[ ns bi.il'iiijojsohjí ap oqnq aob ua
a^lanta ap ^nwa orasira [a na 'e^a ap ojtpluioa Á onpiaA 'asaaaodtni
a;aaantAisaj:djo8 Á j^gjatna ejnd sotJEsaoau so^uaiiaipaaajd so[ ap o ti
-anp A ^ojdinais optiB^t^ap 'saiqisua;so soqoaij soi ap b{[b sera 'eptA b^
JBmp jaacif aqes aiJB p oja^ '3i^b jo a^np anb oj Fjnp epiA E^j
• • aiofin^) uop A sa]iiAja^ ¡ijjanBpJBOS [EJiaadsa on^^no ja
ouie 'entrioiQ ap joiitej jo Fjsa ou f^Í f^sj op fjjb sbiii :ajeaod ns uoa
apunij as ^jfi omoa fPía ns i 'miPIaoH ap hoze^ fj ¡FjjBOJFqF
BJBd soob nata soj e ^e^o^ Fqeiisooan a ni) Biauauadxa ajdpjnra ap
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na ap bj sa Bjqo ns ap noisnpnoa bj íaAiAaiqos as gn oraaíi jg
•sajqnioq
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soruaá soj sopoj^ •aqasziai^j Bqasnad 'ltBptA iin ou 'esaaajni ora añb oj
BJqo ¡tu sg,, •pnjJtA BaoAjnba A Bjsannj na o 'uopijsaadns ua opBiiuoj
-SQBJ] oeq Bsojpaui ^apa bj ^í sajara; ja anb bj b '•ofBqHij jap pBpq
-EjBj ^sa 'upEU jaaFt; on aajnp un ap A otao jap ajqraoa ua aieqraoo
opuFua Bisaq 'ajqBoiiBjm JopBfBqBj; ^a ajdtuais sa ajqraoq jg
•jaSuy jaiü^tK ap
Bianj FaBiuoraap BpsjaAsap bj ouioa 'uBtujiq^ íl^j^^ ap EjjaaBZB^joq
EaijrañBui fj jas apand anb A 'BJaqtj A auiipaj anb ofBqBai ns —^"}p
I B!H!a BI anbunn upptpjura BjapepjaA— unmoa ofBqBJt jf .taiiodo
japod ap asa so osjaaxa sera ja 'bjija Bpuqojd ne ap oipora na oma^
ja aasod oí^ajpud nnSjB ts j^ 'Bjqo ns ají A umsitn ns ap ^epua3pta
sej uoo A ofeqejj ns noa BpBaijiraap; Fisa oraa^ nn ap spp eg

jawap j3p uojf aj o

ouisiiuis^d pp setu^od
OddVDS S07^V0

�lie poesía. Todas sus otras obras conducen a ésta y al desolado pen
samiento que la informa. Y dicho su canto, Leopardi muere.
En la lamentable vía crucis del poeta por las ciudades de Italia
—imagen del mundo reacio— IVápoles es la estación final y un refugio
en cierto modo placentero.
El poderoso panorama de sol y de fuego cuadraba bien a su
agonía titánica, y su muerte, a los pies casi del volcán, adquiere la
significación de un símbolo prodigioso. El Prometeo jorobado de Reeanalí ha hallado, al fin, su Cáucaso; y allí, sobre el plano mayeslático
de aquella realidad colosal, perdido para los hombres, como un Epimentdes. un Edipo, o itn Moisés... el daimon es devuelto al fuego
y a los demás elementos, vencido y humillado, al parecer, por la
"arcana malvagitá".
Si la vida de Leopardi, en el aspecto sustancial del padecer decondición. —-y tan oportuna, también— trae el recuerdo del Prometeo
esquileo. Y no es metáfora, en el caso presente, el que el hombre de
carne y hueso rivalice con el símbolo poético^ o lo es, pero con el
mismo irónico y parado jal sentido de un heroico ^iordano Rruno
contrastando un grande Farinata. Dignidad y sentido prometemos hay
en la vida y la obra de Leopardi, como en Lucrecio. Heroicidad y
filantropía; rebeldía y pasión redentora, y, en la raíz, la pregunta por
el hombre y por el "mundo, por el destino y por la marcha de las
cosasr Zeus o teiforme Mona para el litan esquileo; ^arcana malvagi
tá", naturaleza, "brutlo poter". para el Prometeo jorobado de Reeanati,
ühv un proií-LcniH de Ja redención, esto es, la situación cu que
el hombre existe es, por naturaleza, y contra naturaleza, injusta c
ilegal. Eslá el hombre, criatura descentrada y fuera de ambiente, como
un contrabando en la creación. Pero es problema también que el
Su existir es un vaivén infruetuoso en el seno de una dualidad,
lo cosmológico; en lo ético, un modo de ser suporlicial v un modo
profundo de ser; hay un hombre vano y menospreciable, se aduce,
frente ai real, exacto y eredíblc. Es un mundo inrsluble. en alternativa,

geni lo, aunque tamil leu poderosamente atraído por su centro.
Una irrefutable^ draeilificarión, que engendra y justifica la burla
del escéptieo, planea entonces, a la mirada sin amor v sin eompren-

que una humanidad estéril infecta y afea el espacio.
Pero una pertinaz sabiduría no deja de recordárnoslo: sólo el
dolor ordena ese caos de liviandades. Sólo por el dolor despierta el
hombre al problema de su redención, o, lo que es lo mismo, a su re
beldía lúcida. Para ser serio, necesita un abismo.
— 96 —

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-sni B[ saauo4ua aiü) soai|Bjra X BOBOiSipj soigaiulne uo[ ap no^JBui p
'anL op^nas jopEjqnmpap X O4piao un ap bbui Bjjopna '34JB jap oi9
-r^saad^ap a4uain^tBuoa ra nu^ X ^Bisauuui bj ap Batfa404ST^B-oarao4BTd
pEptuuaSu;,, c[ 'BunSp Bpnp uig -aquatUBaiira oipaurjoiui ns jod
o '34JB p u^ X opqniís p uj .ivjqninpu apand ojos oprauopaj4na o
opirajop aj(pnoi^ p anb BAi4BOTjiu!n TS uorana^ur a pBprraiyqns ^EzapuBX^
bj spo4 UBjqoaaj Bpp e[ X p^pipaA ey 'oiaatdíiap aaqumq ya bjbj
[Bniac X 04nyosqB oraE[aa.i X Bianajanoa
Eqaag pspipu ey aiUB aaauanbadraa aa oyoqrats p taauoiu

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ey X 'ajjns anb aaqraoq pp puaATim pmyiaB bj ea anb 'Bayaqamojd
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ub b naiqiUB4 ajquioq outoa Buaídsap 'ao|op \n Bjjatdsap anb yg
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ap a4naraBnoa sa naiaa^ ^jBdrax pirnTU^uTiii X o^nBj ap bjii4Bitia 'ajnraou
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anodo.rd X BiaaXojd o ja^ oji^ann ajqna^ap í jayBA BoraBTjaqap anb
oy o aoinayBA anb oy Biaunnap ¡Bisid bhii X napjo nnn aa joyop yg
as pBpiyniiourai ny anb uoa 'a4janra ap odi4 ouap ap o 'pupipiiouiui
ap uop^ana aun sa ^ouoq ya ^ -jouoq ap noi4Bana Enn sa Epp Bg
•pepiyElJoraiu ey ap íoab^ b bob bX 'ip^^doag ocubiiu
ya na oraoa ^ono^. OA40 uoa ^X ^oíaa^ang na oraoa a^^anra bj ap BaABA4 B
B3B bX 'noyanapaj By ^od B4nn3aad ey sa opnnuí ya Jod BinnSajd By X
'opmun ya ^od B]nn3ajd By sainByd as ^tayns je aaqraoq ya a^draaig

�En el comienzo del poema, nna imagen clara y sencilla, la más
íntimamente vivida por el poeta, adquiere, en forma espontánea y
cida y olorosa, que eleva su aroma hasta los cielos, y alegra la "árida
espalda del formidable monte", es, aunque el poeta no lo haya, quizá,
pensado expresamente asi, el nombre con su alma inútil, dando su
amor y su belleza, en el seno de la naturaleza, no enterada ni exo
rable, sobre la muerte.
Leopardi ha sabido bailar en forma genial esos símbolos sencillos
y directos, en las situaciones más corrientes: no usa el símbolo a la
manera de Vigny, más preponderante, abstracto e idealizador; su arle,
bien, en asir una representación concreta de la que ohjetrv uniente se
desprende un sentido simbólico, con tanta más amplitud y potencia
cuanto más indiferente parece ser el poeta a ello.
El paisaje de Ñapóles le evoca el recuerdo de la desolada campiña
romana, en que también florece la retama, "amante/ de tristes sitios
que ba olvidado el mundo/ y de afligentes suertes compañera".
Se adivina en esta evocación la angustia mortal que lo dominó
cuando, luego de ea primera evasión de Recanati, pudo al fin visitar
la Roma de sus sueños y de sus lecturas: la realidad presente lo de
rribó, y buho de volver, más enfermo que nunca, de esa primera,
venial,"dádiva de su libertad, a su cubil provinciano.
Es evidente que la congoja del precito no hubiera sido menor, ni
distinta, aunque hubiera tenido ante sus ojos, rediviva, su Roma de
Catón, su Roma de Rruto: la prisión no es Recanati, es el mundo;
la prisión está en la vida misma, en la disparidad Hombre-Mundo.
Entonces lo descubre.
—Aqu i en la á ridu e spalda
Vestí!.'ío"e\term ninté
que n ingunu olLru fio•r ni árbol alegran,
trio eii tonno esparces
r^nlen
la en Ioe? desu o Y te ha .„.,
ii e
que eiivuehe lit ciudad
señora en otro tiemp o de los hombres.
y del perdido .
con su inf u 1Lo y grave aspecto
fe v r
ifrecer' al &lt;
Ahora
de tn tes sitios qne Vi ol&lt;ndudo el mundo.
de iifhgcnte suert.:B co mpane ra (li
do dt las ru mas, que tan!.^ ha Btr^ ido de
la meditar
ll MIC lo pu. ti eos, i
u ba tenido efiicacia t an honda,
y duradei
iahda d, comí
^arac
ante
e tsts qmb vemo desple¡

(1) 'fcn Retama1. Traducción de Cuu-os Sesera. Edfel

�— 66 —
X oni.iii..s sa oisg -sbsoo sbj sepo^ ap p^piaiipsa B[ ap |a lojuaimBs
-uad onistuí un amaino] qm-iBAui ii.ioAO.id sbuiiu sb| ap oíandiu; [g
-SEiauajaup jí sbziii? famas ap oiui^iaaiioa tioauia A ofnriaj
un na 'aj.pnojí |a no ropo] ap pup^n^^ ej ñaiqui*, oaip! as 'pnpis
-joatp Esa ap a pBpip-jupI usa ap boab-h 11 anlt oiJfn[iLU •oS.iBqma uis
&gt;sg -saiBiJOicm etqnapjBd siq ap b| anl, .gqtumipB sbiii pnipiijiíi fiíin
ajuaiufr-iapRpjaA anL SRzj.tn] ssaiun -sonpiAipm Jp oipaiiuaiiii jod un
-Oiaaajjad as A it^oj.n^ap os 'aaaja [inpiui;[iini| bj 'bijO)sh[ b¡ ap o^jü[
o¡ y '^"i ^[ ap ^I ™l&gt; ^HWiüíi^ fiPm saaaA ¡iui sa ^iuuídsa o[ ap
puprpqLMíauadiui b^^ -oraBA jucpjnlt vdn^o anh jFiínT [a onb Á -opoiu
•Aann sa -opimos ouap un ua -ajipuo.| cpDJ -ajr[iuoM ja op.s • -n[B
^d X '[Buau^d opom ojj^oiul Bou^pl osa o|^ aJi|os anL ojirp sa
•pjd |O 'somaiinpamo.il! so^ 'sa[imi;uB soj 'siMpai.l sv.\ -sa.piu sbj "sojj
^or 'saioi-iJc soi nos lopiaouoa A oI.ija .i|iiaiiiBuja|a'Oí sa orín iijina b
ejsojd son opmini (a auh o¡ A Bqinsaad a¡ opunui [a anL O[ oporu ns
i; janodinoaoj oiih btjbi| 011 |.&gt; aní -isoa upo] b [iFpijBin^^i.io ruanb
-ad [ ap oipnjd pp opnjaq^ 'oibur^ ap .ioiob p, isb ji.wp opu(I
[a anL aqitB jopua^a ojapnpjaA (a -SBajBi upiiBJ^i sb[ r^ed pvp!|tqiB
•uasni ap X cpiínjoiuír ap utiiiis bj piipiiBuiíípo ap iiopiia4.utl n^
-as omomiíAom ja ajdiuais üJi|jrd zaisni.iA jiaj.iui cXn.i opsap 'ojjaid
-sap a.U[Luoi| jaiuud |ap upiurui b¡ jod -opjBAa^iTu; a eaiuti zbj ns uj
opB[inasap aju3iin;a.uaj X 'sbjjbÜ Aod opuduj omoa 'opiizijiAoimn anj
opuura ja 'BomaiuBpnnj X sozjanjsa sojjoio ap pU|ii.jBiiai b¡ bab(|
•Fisaod usi-á B| anli
opjíadaí X ofap sbiu 'oiquica 110 'sa upw -s.ipBpqtmiííuo sBsouisüd na
-adaí [qniaiMA m^ jod sopilfaj. unas anL pi 'soajiajo^d X sopBJidsui
•SBiaod sapuBJÜ sbui soT ap OAijBAiad sa anL o|pg -Bisaod b, ap sbki
mura JEJÍn[ uia -aiprní ap sa o[ ou aiduod [oiau|sa AaqBq ns ap sa
ou aiih ^iuaj un AC([Ojjnsap pjaqap iaod [a usb.i aisa ua iianjiURj^
•E3OJ buii n BpEiB Bfin^B un ap BpB.iadsasap BZJanj iq noa !Ub aap[B
'sojnaujA sopuoq sbui boj .md sEjp b BpRuapnaiia -i;ui;uinq ^piA B[ anfa
X ^biuoSb ainojmoa^ X EpEui^qo ap 'ojsiiBq^a aubraiB 'opus^d un ap
(iioniaj B[ 11a.) EzuBjadsa 34ua.aBuaj aadinais B| ap iupn| ^aiaaimí ap X
upiA ap SBiusim suiia o a ajsp j4uoa oai^BEUB.ip 'ojup^ ^oii a -sniíiaud soi
ua aiufilTdpd X baia üuoisiq puais uuSis sbuliu süsa anl) ouiisaaau
B3 !BB3MOinq snumj siq ap Biauasa^d baoui B| monq ou anb sa ^
'' ' !PÍA !' o;í"V,. ^aoii B[
ap opis jambimia ua 'r fu dina o Bad[o,i sb| oíd [a anb odiuan [ü 'oais
-asqo odiiomad X uoíhiBABd omoa 'aadmais b.oosb sBI omauuBsuad la
•Biuaiap aaisn^ sbui b| úsb tqjiaap Jod 'sa Btuo^ onb'.iod íbibb([ osa
X 'ttBu^Biu pBpnra r¡,, 'Binoy b opB^qiuou eq Bjjod ^g sofo so^sanu

�elemental, aunque hay que saberlo; y no sólo saberlo: hay que te
nerlo presente siempre. La diferencia entre el hombre dormido y el
hombre despierto -—única clasificación que admitiríamos-— no está
tanto en las cosas que uno sabe y que el otro ignora, sino en la acti
tud frente a lo que ambos pueden saber muy bien: mientras uno lo
olvida constantemente, el otro lo repite, lo remueve y lo registra cons
tantemente.
Del pensamiento de la caducidad de las cosas, como del de la
desproporción entre el hombre y el cosmos, lo habitual en la poesía
es el tránsito al pensamiento de los valores eternos, y, por ende, a la
actitud mística, de conformidad superable en la esperanza.
Leopardi no incurre en ello. Ya hemos visto cómo Lcopardi, por
tí deb^lad extrema v minuciosa a la condición li liman a •—oue es el mas
alto valor que su pensamiento registra en la existencia, y en el que
gran transferencia Hombre-Dios; permanece, "hombre entre los hom
bres", en la etapa de alerta y de registro, o, como hoy se diría, en la
etapa fenomenológíca, indagadora, de la investigación y de la expeEl dolor le otorga el privilegio de una renovación constante del
problema, y, por su insistencia sobrehumana, el problema mismo,
dominador y flagrante, será la solución que se patentice en su poesía;
la solución está en la férrea atracción e inexhausta virtualidad y sufi
ciencia de lo problemático mismo, secreto éste del conocimiento poé
tico, o fórmula huraña y difícil del saber que, ya cu insuperable ins
tancia, cede a lo poético por donde lo humano se acucia sin condiLa solución del hombre es ser problema, o es en estar constitu
yéndose siempre, por vigilancia de su voluntad, como problema; por
que, en el fondo, el hombre, puesto en la existencia, es para sí cosa
resuelta o llega a serlo por sí, pero lo demás, que lo problemaliza y
ble, es lo que debe solucionarse y ordenarse ahora.
Halla, en cambio, Leopardi, manera de agregar a la actitud de
todos una nota personal al descubrir tras aquellos esparcidos vesti
gios de vencidos esplendores, el esguince de la "arcana malvagita".
¿Quién duda de nuestra con ilición ? ¿Quien quisiera pensar que
el hombre lia nacido sobre un lecho de rosas? Venga aquí. Ni extensa
ar^umentación, ni iógico pormenor, son necesarios; el simple gesto,
ahí, eso, basta.&gt;
Esas ruinas son lección evidente, y un trágico espejo en el que,
al par que el hombre —criatura llena de sentido, y creador de cosas
llenas de sentido, que apelan al sentido— se mira integralmente en au
orfandad y en su condición miserable, ve también a la potencia que
lo manipula, superándolo ostentosamente en bus "progresivas suertes",
no se sabe tras qué sentido, o con que total sin sentido.
El pathos de la naturaleza llega en La Retama a su clima más
intenso. Allí era la indiferencia; aquí es, además, la crueldad.
^ 100 —

�— roí —
-Buuad ouajua oaiim p ua A 'J¡ "fap as on ib ba on anb 'aporaui a
puiSjBin pBpi[B,^ ua 'o inorares no d us ap A pujim[oA ne ap uopiuado
aod 'opi^JSAuoa 'e3nj ssa f ainajj Risa aaqiuoq [a 'B[ja na op^ajEquia
im attb sauoiacja^joa Á sanoiaunj ap ofnjj un ap Fipaq
oiatsuRj} tíun sa RptA RJisanu í ruipisuBJi ap nos soiuauíom
sol BOP1 '^^P^FP11! "P!11 "I n3 'POIU oiUBiin [ag -^aiqejnp opeisa
un F^nai ^Btia p ua o¡;s un Baunu Rj^Sa^ iu 'auai^p as Eaunn fubui
•nq pupaiaoa F[ anbiod 'ipjRdoaq oaip 'npiaisiiB-n ap uos snüoda sbi
sBpo t "Ibi o moa oiuu oiuauíBATiBif jua o^ací ^anjOTa ua omiTii un ap
o 'oijosiq; opKsnd un ap uaÜBini o|os 'aiuasa^d opoj ap pepiae^ín^ A
'jBiaajdB apaud ouuumq oiafns p 'oiuaiuiEsuad p ^od op^fiji
•BpiA Risa ua
oSaisos A pBppnaj ap sapnpuiprn sosh^ bo[ op aesad b ajdmais sa o^ A
-uoa bi opas apand omoa cpm ubi sa atili 'jiaap so 'joad ei ajdraaw
a-iqruoi[ p anb^od 'joad b^ aidmaia sa data as anb ua nooda n^

}P

�nente y sustancial para los juicios y las valoraciones. Todas las cosas
pasan si el hombro permanece, porque el hombre sabe soltar y retener.
Y la situación del hombre para lo hondo y definitivo de sus esines se escuchan en el siglo XI\ progresista \ técnico, que se eseuMir¡
ligio
que el c mino trdz do
abandonaste y h n atrás volviendo,
lu deserción api lides
y la llamas progre o
Tas pequencics los ingenios todos,
van adul ndo en lanto
harén de ti No vo
con tal vergüenza bajaré a la tierra,
&lt;
y bien f cil me futra,
desatinando adrede cual los otros
eanlandote al oído ha.erme acepto .)
Pero en ramblo el dtprecio que yo guardo
para ti dentro el pecho

oprime a aquel que al siglo propio increpa.
De este mal que contigo

Libertad vas sonando

siervo a un tiempo

solo por quien surgimos
de la barbarie en porte y por quien sólo
civilid d tenemos que a lo prospero
guia las co as publiras
La verdad te displace
de nue Iro sino v el mezquino puesto
que natura nos dio \ I e pal das
ruinmente las volví te asi a la lumbre
que la evidencia v fugitivo llamas
a quien la busra vil
y magn mmo a aquel
que mofándose astuto o oloiado
a los astros levanta el mortal grado
Es el glo en efecto el que lia de mirarse en aquel espejo trá
gico y recibir la lección perentoria de las ruinas; es decir, todo lo
fluctuante, onatnbulo e inauttntico que huye por vacío interior, con
las cosas humana hacia la superficie y la malvende por pompas y
Pero el prohlema es comple o, porque en la época que quiere
comenzar en tiempo de Teopardi el faratter ilusorio o ficticio no es
precisamente lo qm predomina o miJuye, sino, por el contrario, un
sentido de la realizaciones po ítivas y practicas, en cuyo nombre se
atacan la falsedad y limitaciones de la épocas anteriores.
— 102 —

�ajqmoq jop bj onb 'spuBlsna ua 'odij oras ira pp '^ooda b[ X ojqinoq p
auna upiaioso bj ojqEjiAoin ao 'Bionoiiraa bj opora asa ap BpBojuiijg
•(b^uoj
bt on onb opon n^ tío uo uotOBaijinsis bohío bj joa O ^souoiobotjtuÍ) i a op
opunul oti oo ojqiuoq pp baiieoijiu^is uotoiujijiuoo bj oiuoniBjsnr job
apood Ojqiooq pp uoioboijioÜis-ui ej ¡te opaop ojquioq jo opuB.iijmJíis
jjnSoa op opoiu un ao onli) ajqnioq pp aopnoijiuüis-in o 'uoioeoijiu
-Ste ej o^uoaojtpoi so 'uoínjiisuoo souoiobotjiuííis sBjjonbfl oob ojujha
oqio p bjbiI *is o 'ojqmoij pp ooideoijiu^tb b[ bjbi! jEjinj mi ^ínq
ujodo cnn op üanapEoijiiiiiis op otjos ti\ uo is joa op 'eond 'bjbji og
•oppaod oopcoijioSie apoi op opipowA Á Bpipom
'Bjouojopj uo ouoFauoo ^&gt;a jÍ lo[qisod oppBorjro^iB Bpoi op oinsira
oi;noo p uo Btpeso ns iod Boiqn os Euod A oiuots onb ojqtuóq ^^
•jo^roo^tud oooj opBpAOjji o opBJOoÜi na n ^iuoii^^^ opBp
-noBOBiutnb A onofoj bbui na opsop une LotuonnBsuod opo| op opi^JjsB^
A opmoiuoo opHA p ajdmoia A 'ojuoipoqo oujoioj p 'pBpiaooan bsoj
na A jijóos na jo.d opioijop ajqtooq p no 'sopijijana 'l aouopoEjj
-aqB op oponin ou oo 'jooaJEdttaop Bia^q 'osjitunsqna j oaj'OA[oaip op
-ond BQBiutiq uoprpooo b^ 'csooíd ojuoiobjooi onb o-tqtuoq p oo ig
•osjOAiun p ao onb oioonuEBoad un op —ojqBdpia
BjaBif A—' ojqBsnodsoJ ojjuoo ouioa oj^na oa A o ala ob onb ojuoiobuoo
-ojnB BjniBt.io B^ ¡BOBinnq oopipuoo bj :oao[I bou onb b ojond p Boa
Ejombpno ^BimouoinB op A pBpm^ip ap so onbaod 'ojdoioia oopüApa
op A uoiooopoj op so anb lajuopteip X oipoin otnniBo on 'sajno-on
A sojoa ap BoojJBq uoisnjojd B[ na BpBzqt.iaiBO 'upiSipj bj A 'notaito
na A uoStjo na bibta ap jopood bisbij asjBijojjjadiq o asjoooqjaqosoo
opond onb 'biouoio b^ 'Bjudaip uo sojiioijjoo sBquiB ojiuo Xbjj
•aaiqijoojjod X BO|qEJüdne aoo
-oiBnjr sBjuBj bejjo ouioo jOpooojjaj uBjaqop —Etn^op ap X tioixJTpj op
odi) opoi— Bui^op p X npi^íipj bj oaiqoíBi 'bjjo ojub :Bp¡[ps bboi X
apjTiunq beoi zoa bj b ea ip^^doaq ap pnpjaA bj ¡oaa ea on ojoj
•^ooijnnjjB,, soojojoj sojqTaodmt
o 'ajdinaia BjBd SBpBiooniBiiJj 'fapBpmno^ot sBoip^oje opuBnoa coiq o
'oiuouiop jap BZBuauíB X npioEooAa bj ooj bX 'oaoj^nod jap X biouoio
^i ap ojiqínB p uo onao ouquioa uoo uoduinjJi ^Einiíop jap X aonoi^
-|joj a[ op opuamiA 'onb aojpnbR aopoj uoo 'oiuouo,m X ajqij ubj
ojduiois 'ipjBdoo'j jippoioo Bijoooied 'jsioijjodna uoiubxo un o^
•BoGtpuoui uopnpa
aootBOA oj anboOB 'ofojdmoo X [toijjp Xnm íjpijip so Btnojqojd jg
¿biou bj op X oojop jap Eiood |a o 'saonj sej op oj^is jo 'osjejun^ojd
oqBO ^upzGj auajj uom^? ipjBdoog op oraaimjaod jo 'ajqisuojduioaoi
o "oouBoiBjp ubi eos aub jqs OQ •sooBiutiq asmojip aoj ap 'BíBtjduita
jod ftopFmoaoaop X osjbj ojnonOBO]UBjd jo 'ooisutitjdo ooiSoj ib ojunf
'BooAOjd osa X 'BzajBJiuEU bj op X ojqiuoq jap pBpqBjBj en^ijoB bj b
joouoa aaojed osaj^oJd jg •pop^^a / op ujqiuou uo 'oooj X oiqjaqos ap
BsnoB 'aouopiaod bbj ajoaoiBnpJB opuEoojisBjj '¡p^^doog 'pBpaoA bj ap
OJqmoo no upianji bj BtoirejOBf bj bjsbij Bitjitqiuoo anb oj^t8 un y

�y el mundo: en una se rebela lo individual contra lo colectivo; en la
olra lo personal contra lo cósmico universal, y es también escisión y
rebeldía del hombre consi^o mismo.
El hombre, que ha adherido por fatalidad de su ser nacido y
dad, el mundo y el destino, de pronLo encuentra, por debajo de todas
esas seductoras y expeditivas construcciones, su vida en irredimible
soledad c insatisfacción y se descubre como víctima de una felonía,
explotado y aprovechado, en no consentidos planes y proyectos, con
su autenticidad aplazada, en rebeldía categórica, y sin significado.
Y por primera vez, en forma radical, en busca de un significado cabal
que no se base en sustituciones ui fáciles transferencias.
en la justificación o congruencia de la crítica, casi siempre acertada,
por lo demás, en la voluntad con que ese hombre intenta reasumir
su destino, desvirtuado por las soluciones y sentencias de la colecti
vidad.
El apostrofe al siglo contiene la expresión de un desencuenlro
entre el hombre y el tiempo, entre progreso individual y progreso
colectivo. El hombre no puede renunciar a la consagración de la
individualidad, al-"aé lo qué eres" o como quiera llamársele, a su
peculiar destino y a las exigencias de su realización personal, en ar.as
de las conquistas progresivas de las generaciones, porque ello equi
valdría a BusLituir la realidad concreta del hombre por la de una
abstracción parásita —incapaz de resistir el cotejo con lo individual
y que sólo existe y opera eu tanto duerme inconscio el hombre- un fantasma sin tiempo posible.
Tras esc ideal, aparentemente noble y generoso, no es raro encon
trar una gran cobardía y un miedo fundamental: es el de rehuir la
responsabilidad de aquella consagración individual por el temor pre
^oncebido a su fracaso, o a su imposibilidad, o a loa esfuerzos y sa
crificios inauditos que su realización exige.
Pero ningún ideal colectivo, ni siquiera el gran ideal de una hu
manidad mejor futura, puede edificarse con nulidades individuales,
O con individuos previamente anulados y destituidos de bus exigenLa solución inesperada y paradójica de una imposible transfetencia de lo individual en lo colectivo, con que responde Lcopardi
al prodigioso albor de su época, sólo se comprende desde la excepcio
nal suerte del hombre, ligada siempre a la configuración de un des
tino individual por inembargables exigencias, y que, en lo que a él
respecta, poco o nada espera de la civilización en sentido cuantitativo,
antes bien, ésta se le aparece aquejada de una provisoriedad tanto
El Hombre es, cu su fatalidad más profunda, una criatura a la
que el pensar apenas nutre y convierte; de ahí la novadora rudeza del
lenguaje individual. Sólo es claro el lenguaje de las actitudes abs-

— 104 —

�^ sot —
'opranj opoj ajue asjaaajUBiii opipod bíbij 'Eja oj anb na jbjoj op^aS ^^
na ^ '0a^ onioa ouijarna TpjBcioarí anb oiTBjjxa or ajnamBjsnr s^
'pippnninti
ap uozbj na auri-ij&gt;sa or namb E.ijuoa ajdmais a Ara tía a^ 'Brauau
-Edfi na oai^oj ojaBxa ubi 'omaran^ae ajsg -pBpanuajua B[ ap uoznj
Bf b opuBjade oqaaq pip^'BJopeiBidBap A j^bj 'nppnaqdxa J OAanu ap
-noa aod 'ojja ap a ^a ap uaqpaj A 'eotiBinnq soaanj sus ap pmmajd
BJ uo BlJaje A Bpranj 'BptA Bun ap opijuaes [a uoa UBnoijB as to^an[
sosbíI sa^B^^BABaixa n o^oa 'prps aiaiuaaxa bT A 'pepi^aanaá A
onpiAipui OJiua BAiiuiiÁsip esuat c¡ onbaod 'opeanea^ SBin oipasF
A 'BsopppTita npiaünna^nB cnn aSixa bou ajuasaad osea ja oaaj
•BpHjrxa A BijHMontHaap vaBd B[ia aa|o^ aa^a aaainb pBpiuBinni^ bj ap
oiaipaaaA ¡^ üzapniüS ni uoiapaijiisiif nía oiuaiuiiiuasaj na A 'rtpuj
-¡I pepajo^ naniuomap ua 'HBonj;siioni A a[qi^i[aiutui as^enJOi aaa^tid
Bnnminj ^njeijo B[ anb na OATBiaap A oaijjja ojuml un a^sa s^
•Bso.m^u
BopaB^d [B^uanrnjiBu; BiaBütja 'oinpsip o ojjb bbiu oiaiaae oj]o anb
Bijodnri 011 ap naiíJciLi tb ^jaiia] B(iap o ^B^nai on anb ^pnpjaA ap o oí^
ajqrüíA ^^m sajaiu; iib b oitiajj ajq¡[ Bpanb ajqmoi¡ ja A 'sBninb^ara
aíuanqBn^fi o sapnnjü aiuauíjnn^í scpeuiclip jas napand sop sbj '[boj A
Biajiuo;&gt; joTjaHti noiaBaijiii&gt;ftB Epoi Bpiaa.iüdBsap íoin^i oayiajodrn na
BpEJiidnjB o 'rsiiaiajd prpjaA o|ps jas ejajpnd uaiq bjjo b^ uj 'Bia^a
•Tja noa o ja (I osoubSu^ BjHipisaj ean na anb oj anbiod 'bjjo bj anb
na¡({ BFni BJnjsod fijsa jbzijo[ba Ejoipnd anb onn^[B oidpuijd 'BJanj
isb w 'Bwi^q ov ¿osa ind anb mai BpB^? ¿Bi.iasira ñs ua opinrsap
opiBfap A opiüfodsop BJBd oajis ojos anb 'znj B[ ap EpiAajjB biujoj
bjjo Bjsa .ibzt|Baij bso 'ajqmoq jb BzrnbjBjaf A BaijiituBni anb '^saanj,,
ap o[^¡b un no-^? ¿sBjqaitnj an^? ¿Bjea sa ziq an^)? ¿onio^?
•itznj bj b SBjqannj sbj nojaucjajd
sajqinoq eoj xn ^^oiaBijaqxa o aipojdaj un 'npnainudaí Bnn oinoa
jjjb sBjsand 'Braaod pip ajulBaB oiuoa ubjiiStj anb sujqBpd bbj Bsopiaj
•snu a Baijajojd BUBjjxa uoiaBaintiiíis uun ubjiiod 'BjnjjB Bjsa ~v~
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'^ajuajod 'otnisiapip^ 'ojuaiinirsuad jap osn nanq [ap ¡o^aJ oiuajniBS
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BpBianBisunajia noa 'oÜotj opua.ínqijjsip 'ptipjaA B[ b npjEdsa sbj j3a
-joa ap 'utj ua ' ^ajqnioq jap opBjS [Bjjoru ]3 'osojapod A opnnaaj
oniínb ns ap opjpuRans 'amapnidnif a BpBJinaasap boijoj ua 'jaaajjBna
ap 'BaijuaiitBui pBijaqij ap souilubj soauojja jod ot.ibziibi te 'oíjbz
-[ABjasa ap íajqiunpBsod BntíiqniE ns ua BAinbsa bj os o 'nnjjtAsap o
fiuotaiBJi 'BuopunqB as Hijojaa.i ajqBuBjjua B.ína '..ojuannnsuad^ jap
sBsuadxa b opB.ii^oi 'zeibj osaj^ojd ap 'ounifps sisBiua uOa 'BsnaB oq
"M¿oaoj A oiqjaqos,. ojis ns b ipjBdoaq 'Bnnis ua 'Bsnae anb ^q?
•ajadns
A auapsap oj ^JEjnaijJEd^^ ajqmoq ja anb onBjjxa ea ou 'ojuej jod ÍA
'jBjnaijJBd na auBin ajqnioij nrtóu¡u b asa ojad 'eajBjaua3 A sbjobjj

�rebelde y solo; que haya podido, no por, sino a pesar de su enferme
dad incurrir en rebeldía y disentimiento, y mantenerse incambiado,
porque, lo psicológicamente patente es que lo ordinario en el entermo
—cuando como en este caso se llega además a la desventura física
y al dolor puro y simple— es que caiga en la comunidad de las ilu
siones^ la mera razón de la enfermedad conduce más a esto que a lo
otro, a no ser que interfiera un destello de verdad y de sumo bien
que puede darse en lo uno y en lo otro nó.
Hay un doble o triple heroísmo que nos obliga a pensar en la
cantidad de salud que es necesaria para producir, mantener y cultivar
tales enfermedades; y a tener que admitir que una poesía y una fi
losofía como la de Leopardi, esto es, una actitud vital como la suya,
sólo por el concepto de una vida heroica se explican pleñaría y ex
haustivamente. Sólo una fuerza de superior linaje se obstina en fide
lidades tales en el seno de tales condiciones.
En su vivir, Leopardi se plantea constantemente, se plantea y re
plantea con tenacidad diamantina, su congrua irremisible polaridad
entre esas tinieblas y esa luz; entre un tipo y otro de vida: categorías
eternas del pensar y del anhelar humanos están aquí, asimismo, no
menos eficaces y militantes, aunque insospechadas.
El heroísmo de la verdad ea la dimensión fundamental del alma
noble, y la definición específica de lo humano, porque el vivir hu
mano solo puede ordenarse v planearse auténticamente como tal en
función de una identificación final y categórica, y es esa exigencia
de identificación final y categórica la que no solamente da lo humano
del ente que llamamos hombre, sino ese otro ente que llamamos
La obra de Leopardi, más que pensada, destilada —su "enferme
dad" lo convirtió en alambique, y sus poemas e ideas fueron "cris
tales" tan pacientes e implacables como los de la naturaleza...—
responde a eso; y La Retama nos da, en la forma escueta y descar
nada de este peculiarísimo estilo vital y poético, una solución, si in
esperada y abstraen, inteligible.
En efecto: la luz y la verdad a que nos convoca Leopardi no
conducen sin más a la percepción lisa y llana de nuestra miseria y
al desprestigio del hombre, sino a la edificación y a la percepción de
una dignidad en el hombre; de una dignidad renovada y restaurada,
pura y exenta de compromisos, y más fiel al hombre a pesar de su
negativídad aparente. Esta "vita nuova" sólo puede brotar a la vera
de la muerle, que es foco y haz de todos los compromisos y gráva
la muerte desprestigia al hombre, y su dignidad —mondada o adel
gazada, pero propia e inalienable—, sólo puede ser una dignidad fren
te a la muerte. Nadie sin dignidad quiere salvar la vida, ni nadie
quiere conservarla o eternizarla sin dignidad; oscura o breve, nuestra
vida tiene ese lampo triunfal de que podemos gozar con toda nuestra
audacia y nuestro atrevimiento, retando de igual a igual al sino; ella
es el signo de lo identificable en nosotros, y el resorte, camino y nor— 106 —

�— ¿ot —
•aiarpj as nanpuoa B[ ap pepiiuiiú^^i b^ f anb q na 'pepra
-Fmmj X 'nopesígiAp X pBpaiaos —FiAcpoi nos o[ on— sainapAinba
sopFpjiuea uob ou sand 'orasitn o^ jod ouFtuni[ ajnamajqmpadsoeni
anb une -[BiiiiqEq fuuou tq EjKd (opezT[tAtani a piaosut eiAepoi opnars
an^^is ajqinoq [a 'oAiqna zoaaj ñu jod X 'sapna sO[ jod sapjoiii-oaiíitq
•oi.n o tíB3[{pianpajii¡1 soiaaia X^q anb 'aiuBisqo ou 'jaqes anb Xe|j
BUBtAT[ X Bpmja BzaqEa e[ uoa jesed
jpod ajqmoq p sapna n\ ofcq Eooniam bj ap laiuaujipni sauoi^epi
Eliqjp b[ ap 'Jiaap e BÍfa^ as 'is o^ad 'opirena Buodiai ou 'jaaajBdE
-eap ap ¡jqBq auanm E[ ap Eiua[qojil p osiqau; íajqmoq jap pepim
-iim z^nai e^ ap asjttaBS uapand soiopuBzmiiniLu X eoppuen^iASap
ojos onb.iod 'opBAwd bbiu ^aqcq ns u-ied 'uoiaiiuj a^qijja; noa 'BuiBp
-3J ajqnioq p anb sBina[qo^d t^q ap oinainiBrotjB un b^bji 'BpBAap
X a^qou bbui Biauaia B^ op eiujoj B[ na uriB '^arnaai b^ X osaj^ojd p
anb JBSuad opipod Eq as oaijnuaia oiuanuEuoznj |a no^ saonj scuap
-ajBHBJi saiqísoduii ap BpBjaqrj pBpHrnt'íA!t&gt;uí •&gt;UIoa 'o^qnioq [g
•ppjed X oia]dtuoani 'ten oppap aod 'opoi
Un b o 'Biaiduioaui Bianaisrxa Bnn b ^ouiAtp 01 ap oQiiajjajm oaiiiu
-ijap un na unB 'jauodiur ap X ^n^a^^B ap saaBd^a somos anb o^anljB
opoi ap appiaunua^jí uopicpra B[ na X ouiiijJJa^ o^tiü^o p na o.iubtjb
as oiuaiminnaina o^jsann anb BJBd ^BaTsri oms fb jo ni oíos ott ^bj^
-ajuí BaiiJBiBa npniBnptAipu; nun ap ornaad opBisa p oraoa 'upra^zipu
BJisanu ap oinairaB^qtunpap pp 'ai-md bjio aod 'somEiisaaa^
•auanui b¡ aA(|os sauop
-luijap SEipBi SBjjaia na oíaoJiuoa 0| omoa 'pepiuaJia bj ajqos sisai
-pd'iq SBuap na aaqnq apand Bpjpjad X nopüziiibABjafeap üjur; sand
'aiionra ap ojiibo opEujinjaiap mi o 'pepin-iap ap oipaa oprntiauai
-ap nn ouisiuiisb Baiiiu^is oisa opoi Bpuauadxa ns ap uoiaBzpou
-ouiaod bt na bX ajqnioq p BJBd X lBimouoinB X pBptiBs^aAEun
'BpuauBUi-iad ns ap e| Bire-uua peptuíiip B[ ^p npu^AiA ^\ ^ uopipuoa
O oip^isa opoi na ainauíBiiqosqe pai Jas ap oms 'ouaídsap jBisa
ap o[os ou opoiu un sa anb 'pupmáip B| ap onaiqn X pej-a Aiun oxau
toiuBq?IqBH jojba Ta noa opBp Bq 'pvpiiritip B¡ noa opep sq anb Tg
•opB^ipp Bisa anb b s^puaSixa sB[ ap X peptu^ip lis ap Fpuapnoa bi
noa Bapdsa o( —ajqmoq pp opepaa^d on jas p ^iqiuoq pp apaoae
X Ejaina p^pipnoejad B[ íuozbj b^ 'Jpap nn sa •••—uozej ns oaad
'ainaiUBAiiiuipp aHJtnnp X jaaaaad Basnq ajqmoq p X — ^.jnpups,,
ns na ^osiqaní *jABp sa X BzapjniBU ns na ?ísa ona— ub^iiej as X ubs
.ubo as Boiuairaimau sog -uozbj b^ jod 'somaimiiuas so[ ap pBpqiqej
•au; bi apua[[B 'opiÜixa X 'opEiuaiuepunj X opiqaauoa oiuompuoiaBj
jouoq ap uoiisana eun ea aijanin b¡ b RJpuodo as anb pFpipiJonrai
B[ nny -ounsnoa ap 'soiaajB eo[ X BpnaSipiui b[ X 'p^iunjoA b[ jod
(ipepidena X Bpipnajduia 'sojiosou na Ejopuagijuapi uotaBiado B[ ap ai.

�La ciencia es hija del hombre, pero sus caminos se separan con
sumada la génesis, como el arco y la flecha. Y el hombre no puede
tener conciencia de sí mismo sino mediante un desasimiento y una
renuncia de esos orbes de ideas o de acciones que le deben la vida
estudiada repulsa, que luego él mismo volverá a franquear, pero con
distinta razón y conciencia. Esta diáslole y sístole, desde el hombre
a los productos y desde los productos al hombre, ignorada por el
hombre que se piensa meramente en filósofo, o en investigador, y
hasta en poeta.,., las salte muy bien el hombre que, consciente del
juego, se piensa a sí mismo, inicial y radicalmente, como condición
humana, y edifica sobre ella otra forma de orgullo y de arrogancia.
Y otra forma de ser educado, sociable y civilizado.
"Sólo sé que, enfermo o sano, pisoteo la cobardía de los hombres,
rechazo todo consuelo, todo engaño pueril, y ten"o el valor de sos
tener el estar privado de toda esperanza, mirar intrépidamente el de
sierto de la vida, no disimular nada de la infelicidad humana y aceptar
todas las consecuencias de una filosofía ^olorosa, pero verdadera. La
complacencia de ver arrancado el manto a la encubierta y misteriosa
crueldad del destino".
No es posible exigirle más al hombre; pero no se le puede exigir
menos tttmpoco. Asi se agolan también las posibilidades de lo humano
y se cumplen, de sorpresivo modo, la culminación de la individualidad,
y la exigencia pindárico-socrética, por un Fausto distinto, pero no
menos ambicioso y voluntarioso. Tal es, asimismo, la etopeya del
hombro noble por excelencia, be.tle Dnnlo preocupación tuerte de la
poesía italiana v que alcanza en LcOpardi, con nuevo vigor, una fundamentación iin pies ion ante.
Y en el desvivirse incompartible de esa criatura se opera la mos
tración impositiva de lo humano, que ya no aparece disperso y tras
cendido en categorías de lo real, y fnncionalmente conexo e imbricado
en lo demás, sino todo junto, solo y legislando su ser enLero y su futuro.
El hombre, pobre J de onformizos n embros,
aunque m su alma es alto v genero^
neo de oro o galla rdo.
m de esplendida vi da o de valiente
gur
haré risible alarde
mas de fortuna &gt; de podi r mendigo
sin vergüenza e muestra v se derlur
hablando abiertamr nte y a sus roaai
valora en forma iginal
no creo, sino ebtult o
a aquel que hedió
y de fétido orgullo
los libros llena, ex^elsos hechos, nueva
felicidad —que el cielo mismo ignora.

�ríos y soluciones, o enigmas.
De un trato familiar y vulgar consigo mismo, ptiede pasar a la
orpre.a radical Je un aer-ú-miamo, con novedad ab.olola y peli6roSa,
y ala eoiiscuien te perdida cíe todo contorno habit Lia I en Que se afir^
me y reconozca. Ocurre con el hombre que aunque indudablemente

diversa y abigarradamente en sucesión de tiempos y lugares, y esto
lo confunde eon una multiplicidad de formas aproximativas, rivales
o pasivamente vecinas, en que se quiebra —hasta desaparecer y dipu
társele, por el propio sujeto humana, hipótesis o piadosa maravilla—•
el ser-sí-mismo básico y productor.
Por lo mismo, en cada momento es mucho mas —por ser también

ción, es capaz de revelarle. Tiene un ser, tiene indudablemente un
ser real en la realidad, pero no dispone de él abierta y francamente,

necesidad y obligación ineludibles, o nostalgia perenne en él. Pero
qué sea como hombre mientras aspira a hombre, y qué sea aquello
que el llamaba vida y mundo cuando, convertidas las condiciones, des
de el puro ser hombro las considera, eso no logra dilucidarlo desde
tan instable y escurridiza dualidad por la que, o se piensa el hombre
en formas abstractas y mediatas, pero no su grave y rudo peso, o se
lo experimenta en directa y sorda convivencia, pero no se lo piensa,
porque el hombre, sorprendido en su reducto es en cierto sentido, una
y sólo accede a un pensamiento cuando admite mundo y constelaciones,
JJe tai modo solicitado, ninguna criatura es mas íaciimente aunl—
terabíe; se diría que el fraude le es constitutivo^ la misma consigna

es exceso y milagro de la voluntad el que pueda, a pesar de tales te
naces remoras, permanecer firme en su puesto y en su senda, sordo
a las expeditivas soluciones del mundo, y resistente e indoblegable
también a infundadas ambiciones que por su ser trepan y en su inte
rior se desmandan. T" que todo ello no sea nada más que por un tipo
de conducta a Ja que nada de lo que el mundo y, a su turno, el pen
samiento, ofrecen, puede adscribírsele como galardón o estímulo. Es

fórmulas negativas v por gestos de ascético deslinde.
Leopardi ve cómo el apremiado optimismo de su si&lt;do está trai
cionando radicalmente al hombre, por un lado, al ofrecerle lo que es
de suyo imposible —"la felicidad de la vida es uno de los grandes
— 110 —

�— III —
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juüiq pTiitiioipBjg ^ ajqiuoq omoo op^^^odc aniíis ¡oiaaniu bj op 11 tu
-O|qu..d p ruiDia^ -pHpiiuíip baihhtisiioü u( 'oimioioii ofoiA [o 'oiuoiut

•adiia oSubj us op niíjjdsa |o opinqi]S3a -otnsTuí oJ(pnoq [op p 'otustui
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anb sBtii.qqo.id sopuiu^ bo^ •snoiiuaiiiBüT osiqjui o sopuioiru! 'soptoal
•jAu.i OS.11-JHU k uBzatdiiia •odiuoii ns op ouisrmiido |op ziq b¡ y
•bptJanni B{ BJBd o.irqjitiu opuisBUiap ^01^3 • • -s^soo stq sb[&gt;oi o.iqos
'p 1100 opifid iu 'tm^sap [3 oiub iizaqno tq ofuq in qiBpi.iq.qni uu b
sootpouiad 90[ eopoi i 'oaj.. ara ^i A 'oiuisioipjut .ios 'o^ts pp A oÁm
'osajsiiutl pqi JOpRioojdsouout oiuoo A t?iuo[iout Bijosíqtj bi op jopap
.uajiío pin oinoa opiqoajdsap eiijag^^ -^soorpoiiod so[ op Bijosop],, rr
Bzpsua 011b eptA B[ ap nipoiuoo iq b ai.ianuí tq jp.ija.ttl op tqiüJ^iojj^j
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ou^sop ns op BÜnjstiEjj un ipjudoaq v^d so o^iís pqi o.iqiuoq 13
•uopuopoi bj ap sod na opBjuoiunpunj
ozionjso un ibuiojui jopod eied o^ipupsa-TcInii oaippjora osed p so 01
-uoiuitoouo.í oXuo ^ooobjb p opoi añil tío sopoi souotoipuoo sur B]Sia ap
™,&gt;.i.).I a|raaiu| i iilojil .ibc[ ni ap &lt;ii|aa aia noa u|jjRdo ja 'oirol
mío jod 1 "ouBintur ot op uai^oboj í a itjins p? ^oijbJiuoo us tía &amp;ttta
.nüiuüuoa B.iyJitq a piqqiHinq ns apiBistp 011 ^opiuOAtioo poní. 'ojJBoip
-Búa pi oinaniaplmis -ouptiBa ouioiur ap pupisoaati uis -onb oiqtsod o[
opotu p^ ap JBzinbJBiaf p *sa oisa '—^ououotupap o[3tt&gt; pp soiu^aui

�En el problema del hombre, como en laa demáa cosas, la primera
exi^encia metódica radica en el planteamiento rigurosamente fiel. Y
es justamente esta exigencia fundamental la tpie soslaya el optimismo.
El optimismo, contra toda apariencia, suele tener muy corta la
esperanza y muy mezquino el concepto del hombre. Aquello provoca
una rápida satisfacción en los más próximos aledaños; esto trae una
sistemática fuga ante la verdad para la que no se supone con suficiente
aguante y resistencia al hombre. De modo que el optimismo, en sn
única vaga forma posible, por lo demás, puede quitarle al hombre
por el lado sustancial de las honduras y sorpresas de la esperanza
mucho más de lo que le dé por el lado ocasional y fugitivo de la
"oferta" optimista.
Cuando se piensa en estricta función de lo humano, y hasta cuan
do se despiensa, y no de las instancias generales, abstractas y de trans
ferencia, se percibe cómo hay más grado de afirmación y de dignidad
en el pesimista, con su actitud de repulsa categórica y con su no
a la vida, pues brotando está todo eso de la disconformidad, y de la
insaciabiliilad de los deseos, y entrambas cosas de la conciencia de
un derecho mayor irrenunciable con la que los logros reales se
contrastan.
La vida es una cuestión de honor. Por eso el hombre se ve obli
gado a asumir su condición miserable, y a levantarla como bandera
y convertirla en cláusula imperativa de su justificación en la existen
cia. Su honor le exige ser grande expresamente por donde más se lo
humilla, y a causa de ello.
No hay en realidad otro optimismo que la fe. Pero la fe, no la fe
fórmula por pretensas razones, sino esa rara, intempestiva seguridad
quo llena al hombre tras la laboriosa v férrea asunción de sí mismo,
y que, como la galladura en la yema, logra ver luego pegado a todo
cuanto existe, la fe sólo se conquista allende todas las pruebas y mor
tales sinsabores del pesiuiismo más obstinado y consecuente, que el
hombre alerta y lúcido profesa a manera de propedéutica y vía as
cética. Y es, tras la plena desjerarquizacion, el hombre convertido en
¿Qué es, en suma, lo noble y lo grande de un pensador, de una
grande alma? Es, desde luego, 'la fidelidad estricta a lo humano;
empieza por ser el no ceder en el terreno de las exigencias fundamen
tales, aunque el mundo descargue sus invectivas, y los demás hombrea,
capturados por distintos órdenes valorativos, olviden y escarnezcan;
y la gloria se esfume.
Al siglo que corre seguro opone la imagen varada del hombre
y de su soledad le da esa intrepidez que llega al desafío, y esa segu
ridad que llega a la misericordia, o a un amor que hasta en burla
se ampara.
Reaparece el tipo del varón antiguo, reacio y omiso tanto frente
a la marcha de las cosas, como a la sabiduría pragmática del mundo.

�— 11 —
-ap X ojjbjtjS Ejnd BzajBjjoj ajuaiaijns X '^eaunu., a^^ Juqnasap BJBd
ajqmoq ja ua pvppffSsB ajuoroijns XbH 'oinjosqn ^paunu,, un X 'oqaatj
jop uppBOTjdxa X nopmi[[tqtsod bsjbj Eun auodns 'ajsa bjjuoo sojnjnj
boj b o smnap soj ojqos ojliis jb 'sond 'jbzjbsu;¡j 'Bounu o 'ajdniais
japaons optqap btj o 'Barasnq ojasira oiubi no ojquroq p anb 'pBpiaA
Qp uoiauapaj bj anbjod 'ajciuiou ja aiuipaj as anb fcja no o rn 'ojjíts
p na Va o^r -BzoiBanjBn bj ap -uatqmej 'boi^bp uopipuoa bj noo X
íodinaij opoj ap X ojííis jap BBajjFTn^Bjd bbj ap ojjuap X 'osaaBoad pp
anead u apjnuipaaai o ojuapaají —onanjaov omn;^ [ap aois^d ^o— sapj
-nauíBpunr oaBtlniBsot) X pBpojos na ^oaqmou jap EatJÍBai notaipuoa bj
ap npnapuoa ej noa BaadQ ojp Baad sopir|¡oaodn oh saaqmoq boj ap
canjaoj bj X ojBpnttosa ja BSiisa X 'aiua.redsuB.u X finua^ui Bniaoj ua
pBpaaA bj noa saado ipnpjOA bj ap Bppnis X aina^istmajuí jouib na aod
BzraajaeaBO as ¡paadoa'i ap ltajqou aaqraoq,, ja \pnqe ajqoa,, b-^
•aoonoosap onpjAipni ojdoad ja soaoA smjaniu anli npi.iBtpBaat Bsa
uoo X '[Biippipui upiadaaxa bj ua asasp apand ojos bjujuioij esa noa
anbaod ^sajBaauo^ sanOTanjos sbj ap oatliuais aiuasnu Bjsa 'js osa 'anb
ubjb omnua^ mi Xbij BjsBjaonooi aoanj ns snaj j^ -buisiui uotaipuoa
ns na aaquioq p sa anb baja uozgj zojaj Bsa ap 'zojoj BjsijBnopBa
omoa X Bjsipmopejjj awoa BnoTsaadmi amauiBApBUjaijB 'tjuBdoa'j
•orij sbhi apsap njvaua sbj
oiad 'sBapi sbj nuapsap on :oajioojb oj na opBJjuaa Bjsa ajqmoq Ia
•EXodu os orasijBuoiJBj asa anb p aaqos opijuas-ms ja j^a jaanq sa
bjsi|buoiobjji oji^s* jap oppuas ja ÍBtnajsis onioa bajes oj as aiiiarujBia
ouisrjBiioraBj jo n; HsojjBd sns ap B^uz bj b ba ^ojuíj sa anb ^ajqnioii ja
'so o lúe ua ! orna j] xa jaub^ no onroo ajso ua Xblj uozbj^uts b jubj aub JOd
a uozgj ajjuo jrLíoia aob Janoj ua ojstsuoo ou Euiajnojd J'J "ajqiuoq
jap o^npjaA bjseij X olub uozbj bj 'ajjnao otuoo ou X 'uoznj ns ap
oiub jas ap bij ajqmoq ja anb ua Bjsa —uozbj kjjo ap ajquiou ua aoBq
oj as anb jo d 'ajdmojs ojjoBTAOjd— ovusjjbuoi.ibjji jap oppuas j^j
•soiiojB^ijqo X aopunoaj ojuoui
-pnT 'Bjjanbtt Jod sopBpmosap 'sajcjisod sonrraco sopo u^a 'Bzanbij
joXbui noo 'X 'sojuajoqui sapBjjnoTjTp sbj b X sBuiojqojd soj b soqoaq
ubjso sauainb e ojduiais uBJBu^^ndaj anb 'Booda bj ap e^jan opnisBm
•ap X sB-iBio opBiSBUiop sauoianios sbj b BJBjnaJiua as aub oobiobsut a
oipajspBsui jBUoioBjjj opuoj un b Bjade as ib oprpuajduioa jas ajiand
ojos uozbj bj bjjuoo uozbj bj ap osn ajsa 'soqiuB ua 'opoj uo^)
*jb]oi X ojnjosqB oppuas un ua ^uojattduaoajd^ bj sa ipjndooq ujj
•(sauoTOBiuixojdB
sajoXitnr b soujionpuoa aqap —ooiuojBjd opimas ua jbioob oj— ajjnu
oj anb oopa opuoj ja jod 'nEassnofj na oapjjod oj uajq ib) oduiajj
ns ap Bijosojij bj BjnSas anb ja X aiquioq ap jBapi ns ojjua apmj
•sap p Biado aub bj 'ouBpBpnp otuoo opiqaouoo ajqmoq pp bj 'boijij
-od npjoBdnaoajd bj sa nBassnojj u^ -ojupsip sa soqniB ua oppuas ja
o^ad íBsuajdaJ ipjBdoa-]; anb 'nBassnoa p ojdniafa ja Bjsa omppj¿

�nunciarlo. Por el orgullo, la (soberbia y la dureza en el sufrimiento
merecido e insoslayable, y por la adhesión consciente a la causa de
La verdad comporta la comprensión y el amor, y por éstos, la
fraternidad sustancial, activa y eficaz del género bumano unido en
primordial inteligencia con un vínculo indestructible, la condición
humana, vivida y experimentada en cada criatura. Sólo el sufrimiento
o la conciencia del sufrimiento y del peligro presente o inminente
centra al liomore en si nusiuo y en el prójimo, y borra de su mente
la categoría "enemigo", que el goce deja subsistir en loa planos super
ficiales; la conciencia del problema, en suma. Y esta conciencia del
problema, del problema uno en lodo tiempo, había sido, no diremos
suprimida, pero sí atenuada, o desviada, por diversidad de móviles,
serios y hasta heroicos, unos; despreciables y mezquinos, otros —como
se fustiga también en el clamor profético de Tolstoi— por el optivista y naturalístico, en términos simplistas, uno de cuyos tu a mía un en*

es muy sencillo de decir para quien, no llevado por el dolor al fondo
mismo de la condición humana, habla del hombre sin serlo, sin expc-

nidad —y el belicismo es uno de sus aspectos— como ocurre cuando
en los problemas humanos -—moral, política, ciencia - lo general y
abstracto se sobrepone a lo concreto, reacio a las bipostasis, que tanto
atraen y deslumhran, no obstante.
^-,, ii,.11j i oe
j tíos
i
__
ci
nomiire coma contacto con la numaniuaii
maneras.
superficialmcnte, en la relación "social"; radicalmente, en la relación
directa c inmediata consigo mismo. Leopardi, el solitario y el recluso,
ha llegado a Ja unión entrañable con la humanidad por el camino
de su hondura, y por ello conoce el peligro real que la humanidad
vía ti 1 e. .La primera forma, en cambio, los desconoce en sn urgente
actualidad y presencia.
El poeta, asumiendo así su ingénita cualidad de profeta —-todo
hombre es profeta cuando habla de su condición^ puede fallar, desde
su sensible atalaya, con un argumento insuperable en el que es pro
blema clave de la convivencia, la paz y la guerra entre los hombres,
que por lo mismo que es un problema del que los políticos y los con
gresos han hecho ya fundamental pretexto de su existencia como tales,
parece ser, con ser decisivo, poco serio y poco importante. Los políticos
uo pueden resolverlo porque en realidad no lo conocen, aunque o pemito, vive demasiado orgiásticamente los vapores y atracciones de su
substautia prima , con olvido y menosprecio de la segunda. ..
Guando se comprenda que el único enemigo es la naturaleza, el
"brutto poter", la "arcana malvagitá" —y para ello hay que ser con
^ 114 —

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�y en civiles costumbres
pare re a todas superar ¿qué impulsos,
infeliz prole mortal, qué pensamiento
Baria tí el corazón, al fin, atiza?
No sé si triunfa en mi piedad o risa.
Como, de árbol cayendo, ínfima poma
que en el tardío otoño
de los puebfos de hormigas los albergues
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�ni en el de lorio donde

pie el leído o por li lieslua alemas
le 'ai, ma'mihijli ,le la na,,,, ll.n , li ,.p,,..M d^.'rd ili,", ', ,1,']

El poeta infliae al hombre la mueide. como anles la mili leiiti i
ele eti ptqninie i -to o d, en h^n e\nlo y \inlukto I'iirinio lo
ítilun lene lirmuio- n ,1,

lúe,!,, lo rlllrriila a su real (leslino. Omile

.unza I i mmni Tilid id .pie pe i U ne, , ...eilnii, i .líos i ilasuli
el, liill.l, mi. in 1 .lilis . . .11.1, litis con ,|ll. lo. linuilii . ilinin.all
la paitt _ra&gt;p v n .pon, .lili .1, ,1 1111.111... ni. pin i.iniorl ilul i I .me.
por 11, p ule, l e.pilllle, i, luí, „ i ..... nt

i.liiim.sl, id i , i. I lionili.t

elli .l.spiii. ilt tan tup.o, i in.pl „ ahí.. nialisi. , iiiulii. , n li

...i kailthillo, lle enniptllsitloii n.it.iiia
Su olistina. ion ., ,11 .ni tniluiont. solo int, la itiiuile pn, di
dtptn.r ti ludo liiiin oio . .1, . ele linil t si.pi ,no ,, -to s,,.^, u
paradd.pras ¡Inminorione. El hombre está orilleado iliifinili. oneiilt
, tu finiii i txlnii-tiii eot loii.lininti

I'tu. la.nl,un i.,, .tutu

mainel.],,. Miserable t ilele/tlalile trente a la suerte y el liado -t
ari^a,,li en la real aulonooiía de su aiilneoiicieneio. El enipeipi, n,
tiiiu.nio líenle al mundo es una exillarión de si líente i si
1 tstt .,, ..li.i.imo de ,„ se, piopio no itod pira .„,,(„ ,,,a
tlon t .onei^niloil di su 1, ,¿ u,j ,y,slen.ial i li d,-p,t-tl^i id i ni
luort dldad .pie el "sipln" da —el "sialo" de lodos lo. sialo smo
a la muerte, a su muerte, que di mismo elabora, di mismo eolnpone

tsp.in dispnisl, j ap.isl.il, ton I, i.lidij'. y la niiin,e un

Ira Idionoso li,l,Vo, pit.tsion, , „„, lu,, utt, y [ rt.n'i iln ol ,s, ,
ts. n nlti illa niisini tir^ida .1, siano posilno y ahiuinadi por los
yalo.i, y,tal,, qu, el homhu 1, tutu^a
Toda la alano-i ne atiyolid inteuoi ,L tontiiit, ,n la posit,.i.la.l
de esta muerte amada hasta la einliriaiuiez y el , \i -i, y tsto, s.^nos
positi.os ,._,,s.n y solo,yii.lin po, la yuli paia iluimniili de nu.yo

-

118 —

�— 611 —
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BiqBij anb ^? ¿pFpyiBiJoraur bj ap Bjnmioj niara bj biobij osotdufuf^
X opEisnsB aXnq anb ajqiuoq jb jiajos X Jiqap ap bsiiob X iojj B[
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oinajE Bjsa as opu^na 'uiisn^y iing osuad 'pupiaA buii u^aiu ag
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aiuaraBAiiaaja sa aiqraoq ja anbiod 'ajqBiiAaui sa opianaBsap ja
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-nps ouioa a9ms 'sojanuas X sot^tisaid sns ouaiiuBra BpjA bj sBiiuaira
as 'a,uaiqraB X nu 'jBjniBiraoa EpiA bj 'Fiíod aiqraoq [a anb pjp
papi p X Bisandrai a BiioiBÍiijqo BpiA hj aiiua opjanaBsap ja ua
•js ap ojoqrats X EpuBisns oiuoa tionpa aiuaraspianj
aiuatjnra oidoíd ja anb Biojuapoi X BiojiBiaqij ai jan tu fj Ouis kBiaA
ns e Bjiauod ap oqaaij ja jod ^auodmi ^jaiod onniq^ jo anb aiíamu
bj ou 'sa FpBznreuinq iojj fj Fjqop as anb fj ^iue oijanm e^

�dominado en tanto poeta por la afectividad pura, tipo de angélico
amoroso y heroico, que está en la vida todo entero aunque no lo
parezca, se vuelva hacia ella con tan lúcida y positiva convicción, y
dé las espaldas a Ja inmortalidad pregonada en el mundo como ante
nn fraude mezquino?
Cuando decididamente se necesita la inmortalidad, esto es, cuan
do decididamente se siente y se experimenta el hombre como sede
y lugar absoluto de una inmortalidad real, es forzoso el que se ponga
en guardia y vigilancia, aún en irónica manera, contra sus vanos sus
titutos a los (pie púdica y airadamente saque el cuerpo refugiándose
lijamente discernido como la inmortalidad misma.
Leopardi no es un suicida; por ese lado, ni aún loa que a toda
costa desean vivir deben temerle. El suicida típico —irrealizable, si
se quiere, en el hombre— ama su destrucción. Leopardi nó; necesita
de su muerte.
Un hecho que Axel Munthe comenta, aunque en forma pueril,
es ilustrativo de esa misteriosa posición que la muerte busca en Leo
pardi, y de la fina estrategia que éste usa con ella.
Cuando el cólera azotaba a Ñapóles, dice el autor de San Michele, Leopardi "que había suspirado por la muerte en exquisitos
versos, desde su infancia, fue el primero en huir.. .".
La opinión, no obstante ser la de un hombre iteligente
es. cetn
se ve, bario superficial. Es, con todo, la opiniói
r^ue suele adoipt.
la generalidad de doctos e indoctos cuando abusa
del a. he nran
tas "claras y distintas'' con que operan en el m
ido.
Un
j
oveíi si
enjbargo, puede contundir a un anciano, y nn * razóti liln
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ios razo
e 1í
misma. "Me encontraba terriblemente
teni
er
ni
mes
I11
has tiad&lt; déla vid
-es&lt;•^ribe Leopardi en 1819— y en grandísimo dentí no sé qué indicio de enfermedad que
seo de matarnle, cuaiodo
el preciso momento en que deseaba morir,
me liizci temer la mué:rte
icdiíilamenite t
síón y ansiedad ante aquel temor. No he
ap
sentido jamás con mayor fuerza la absoluta falta de armonía entre
los elementos que iornian la condición humana. El hombre se ve
obligado a temer por su vida y a procurar conservarla a todo trance,
precisamente cuando más le agobia y cuando fácilmente se decidiría
a privarse de ella por su voluntad, pero no por otras causas".
Sutil psicólogo era el recanatiense; y lo que agrega "el amor a
la vida a el amor al propio bien" equivale asimismo sin violencia a
"el amor a la muerte...". Pero ese "propio bien" es cosa de la volun
tad, que sólo puede ser una voluntad, no digamos ni buena ni mala,
sino una voluntad de hombre, cuando se expande en todo el ser y
rige su conducta sin compromisos. Cuando ella vacila, pululan en
tomo al hombre dioses y demonios. Y si la voluntad es un explorador
del destino, la inteligencia ha de ser su dragomán sumiso. La inteli
gencia, operando sola, puede confundir a la voluntad en sus secas y
paradójicas paralizaciones de cobardía; pero la inteligencia que no
— 120 —

�cmd noio^^au ns X sajojBA so^^ ajjua orne 'jas oh X xas ajjua o^os Bjq
-Bjua as on Buiajyp ja ¡saiojBA op^ioans ^q 'johif jod 'ajqraoq jg
Jijaría oa jajanb ajqtsod ^a on oja^ -jp-Bisa ap opn^fap otns jtjsixa
ap Ezaiot.li bj ajqmoq ja aBiBa^s apand oy joXboi \bju un sa 'opiAi*
jaqoq ap sandeap Bianajsixo-ou bj oja^ 'jEtn un sa BianajHTxa b-j
•Ojapisa uaiq optj
-naa un anajj ojad íeajqmoq boj ap pBpqsjoj bj xod Buoinaui ap Bpjj
-adax las apand asBjj Eisa X ¡ojjaia sg "ibui nn sa Biauajsixa vj
^aijantn BpEUTtmoiap sa oinBi na ^aijanm ej ts apsap a^nant
-Bsoixadnq Bqauoa 'BBido.id sauoiaisoduti b X b^jojea e oiafns osaaoxd
omoa —^^\\*^ n^ Bisa anb aijanm bj ap ^omsiin oj jod *X ^ptA bj ap
xjaop apand a^qutoq jo ojob X—- aiqiuoq ja xod Bqaip 'spiA vj
•ojos ubi pBp
•maaA BaTiaSo^a^atr na ^tBjaiBtoa osaans sa aut^od oiaaXojd tu Etatiou
lonai apatul on BptA BjjBanu anh bj ap 'ajdtnais odmaijsap jnpuBj
-sns na X Bisnfui auanm bj 'B||anbE o 'luninj omoa ouotun fij atnnsE
opiiEtnnqno EpiA EJisann atibjod ^BpiA Bjjsanu ap noiaEuiuqna b;i anb
bj ts :apnop aod X 'sjadsa bou auonm anb '^and 'j^a ap fij ag
•sa^as omoa upiafipGj^ap
X uoian;i]Hap BJisann ojja noa X 'oaisjj oqaaq 'nptaanjisap Bjjsan.ii
so janliB na ojteni oj ÍBpiA bj ua ajuaui;niii; pBpqtqtsod fj Bpoi ap
afBztpuajdF ja sa ajaontn bj ap Btauauadxa bj :ouisiui jbita osooojd
ja B^sa sa ¡ajjaniu bj ap Btanauadxa aun X^q X aiíanra bj b opaira nn
Xbjj -upiaEjSBBUoa tis X jbjua oqaaq jap uoiat¡mneuoa ej oms 'jeiiaijub
ouampuaj un ajjanm bj sa on 'opujsa onBtnnq o| ap bjiiu ej opsa^
•jtAiA ojjsann b ajnajaqui o^jf sa a^anm bj anbjod 'sajojBA
nnSas natqnjEj bob on anb ajjanut jBti^Ejt opand ou ^sojoiea ui t^as
BpiA Fnn BjdaaB ojos anb ajqraoq ja anb sa j^ -jouoq ap uorisaea enn
uuio^ auodtnt sou as jjala ap tipiaE^tjqo ej 'o3jbi¡uio tns X 'saaaA sBqa
-nm ji.iora somBiJEasajj 'opnnra jap sojiEjnatjaj sopt^tj boj ua ojjanm
jsjianb íopnnm ja outa 'ojqmoq jb EtjsnSnB onb oj ajjanuí fj sa oy
'somaaajam anb oí opoj jEjsmbuoa b sopF^tjno somFjsa 'sajouiou Oj
-UBna ua 'anb X 'jofant X sbui oqaitm somaaajaui anb UBJBaiunraoa sou
on 'BBpBapjna X sBpEjjajB 'Etanaáijajut ej X uozbj bj ib auodns as anb
oj ap Jiobj saín Bijas —EpBjngtjBiiFjj X Bsinto— noiaBuqs ajqijjaj bxj
-Banu ap rpqBS BAijrpadxa ouioa aijanm bj jFjdaoB 'jtiom JBasag
•Biaiisníui Bnn b Jojjoq ja 'opnoj ja na
•sa ajjamn Bjjata b xomaj jg -p^piuSip Fijsann oanf na Bjsa anb na
ajqrpnjaní jaqap no omoa aaajBd^ BanoraBaTim^TB X BETanBjsimajia sbjjo
ap sod na jt o 'saanojna Jijotu on íBajodsa son ^ajnaisnoa on uozbj
BJjsanu X 'ajjanm bj napid bou 'soqaajjjBín X sopB^ijBj 'sojuatuiijuas
sojjsann saaaA bejdb; anb 'opsj ojjo joj 'qjotu ojisann b ^ajib ojnara
-otn jainbiEna tu 'ajjanm Bjjsanu sa ajjanm jambisua ou anb i ojn^
-os oqaaq ajsa eonaui oj Jod ajjanm BJjsanu s ojaadeax noa Xbjj
oíainb
ap Bjanj X BpijjaAjad BianaStjajuí snn ea pBjunjOA bj b opto ja anod

�y simple, ya que a la no-existencia no revierten ellos normalmente,
por proceso inmanente, sino negados y destruidos.
En el centro de esa colisión está el hombre, abrumado de valores
y Bentido, con su experiencia de la muerte.
La total, admirable coincidencia, que la ciencia calcula a veces,
de ser y no ser, como el buceo y el saliente de una impronta, es impo
sible, por inlerpósita persona, ese ambiguo inasible remanente que
se alza con el hombre.
El hombre, criatura de razón y sentido, es creador de sentido
en lodo lo que hace. Si I.eopardi huía del cólera era porque no podía
morir en ese instante, ni era aquélla —no la muerte por cólera, sino
la mtierte-cntonces - la muerte adecuada y oportuna, según razón y
sentido, según el hombre, para quien, por otra parle, ha proclamado
libre y obstinadamente su madurez, para la muerte. Porque una muerte según razón y sentido, dicha y declarada por el hombre, congruente
con su vivir característico y con los signos de su conducta específica,
sólo puede ser una muerte cu libertad, "por nuestra voluntad y no
La cercanía o lejanía de la muerte, de la que va y viene en nues
tra inda, y es como el pulso de su palpitación está dentro de nosotros,
queremos salirle al encuenLro como al meoílo activo y fecundo.
Estar maduro para la muerte es sentir por ios senos mismos de
la mucrLe la libertad total con que nuestra personalidad culmina y se
consagra en aquello que era el sentido de todos sus actos, aun en
la vida vaga e irreflexiva: la elaboración de una actividad libre y
autónoma.
Que nuestras cosas tengan un sentido, no depende de ningún po
der ajeno a nosotros; depende exclusivamente de nuestra pretensión
y de nuestro arbitrio. Y si vivir es un aprendizaje de la muerte, afirmacion es ésta que no ha de interpretarse únicamente con valor de
figural y anagÓguo, en sentido liumano y crítico— sino como la Babia
e intencionada coordinación de los actos y fuerzas de nuestra vida
en la que estas se exalten por Ja conciencia de su finalidad y de su
plenitud lograda. Aprender a morir no es recibir sentido, sino impo
ner sentido.
es fuerza que elabora y crea auténticamente; bien mirado, el mundo,
a los fines de las determinaciones superiores, es "res nullius", cosa
que el hombre encuentra a su paso, con existencia perdida y mos
trenca. Si a ios ojos de la ciencia, el mundo es riquísimo y potente,
como naturaleza y universo, a los ojos del hombre autónomo, hecho
conducta moral, es pasividad tristísima que él termina por adoptar
y prohijar en la lucidez de su fuerza y en los planes de su pensamiento.
Conciencia de hombre es también conciencia de ser la única fuerza nue autenticameutc labora y crea, y por ende, la única lucrza a
la vista que tiene y que da sentido. Esto le significa también estar
— 122 —

�p sa BpiA na ap oyas epca na pFjjaqTy jsaj^) •Bjanpuoa ne opuBzipi
•Bd X pEpij8aim na opuBpinbsap 'apupsa oy X apiAip oy anb ayqnyosny
a oubjixd odaana un omoa BpiA By na Eysnjaui ay aa ajjanm Eq
•ajaantn iq : aiqnioq-yttnt ya 'ouyisap-Bjyuoa ns 'omajd
-na a^uBautjyuoa na naiqniEy BJiuanaua 'ouijsap na Bjyuanaua anl) od
-inayj ib 'pByiaqyy na ap Bjyn;Bq X oinaiuifiaimqd fa ua 'ajquioq y^
•oaea Bpoa na Bmsyra B[ ap opBipnysa A opüiuautnpunj
oy A -Biuana ajqraoq ^p unianain; B| O[nS pBppBjjonnii a^BUJOxa
A. ajqiauaiao Bnn anb Bai8o|oino A BaiajjBiaui Btpunfua cayj smn ap
^opa BJüd Biojoaa A BppeA aiJanm Bun 'iaqei[ apand Laand 'ábji
•BindpjBui bbi
as anb uoa BtSa^ijiaa aina^paiin B| jod X 'oidoad aaa na na "jnTaa me
'jBjnp^ad ap a^qiuoq pp oippdojd oappadaa p sbijiub ap uoiaBnaape
tq jod ouia ^BBiuann p jod o^a oSp UBaijrii^p pBpipj.ioinuT B^ m
3)janni bj íu : aoinainiipaaojd anjaui ap jojea nn 'ajipnoq pp s^api
ap pinaranjpai p na uanap p^pipLiouim b¡ X a^anru b-^ -aajEzip,
-^ouiui ap opíBa un e 'aaqp aae n^Rd 'a opa 'oejEaijpiiap! a Jjjjnpjad
'jas EjEd BjnmnXoa omoa 'a[BAtnba anb asnaom ap o^psa un Xtjj
¿soqaaaap ans X oí^paajd na 'bsobd na upa uoa apnnjuoa X 'auaiuu bj
BzBjq^ Eiimra pB^jaqq b¡ opu^no aj^noo anb? 'opq ojio jod 'o.iaj .
•ajjanm
asEmEp 'nopdnjjt BpEppanTajduit ap X pBp iu b uinu-ni 3p btujoj Bpa
B opa íotqiuBa X iippBjaqnpB na na njuaianoa 'jpap s^ 'uopcjnpjad
-BAiqnitjsaoa a[qiaodrai 9^ ^\ bsoo un opg -pBpipiJouim bi ap mnoa
ajjantu ei ap ejnjunXoa b( uoa ojue; jpjnao apand R[p X ípB^aqt¡ b[
ap X Biieninq upiaBaijiioapt B| ap apua Jod X 'pBiunpA B[ ap Bo¡naiui
-Tjnasuoa 80^ ap ojaiaas p bo oidoid jas na ua nopBjnpjad p.'j
•oajRzíiBiJoumi b^b bX 'pBpamsaní
BpBpAaiji a a]qjiJBdraoani na 'ojdniais ouisrui onteuoa X Bjaunm ne b
asjtjom ojad 'ainatiiBAiiiuíjap X ppi aajppxa X as^ijoui e^s bX :efu
-ip o| aaucji pj na anb uppnaim o ou^ia p Baa ejainbpna 'RppmtTA
-aap o RppnEuajj 'ajqraoq pp uopisodstp BauB^uodsa X ajqq B[ na
Bditmjji anb oirej^xa odaana joXboi p aa Bi[a anb-iod 'pBiJ.iqq bj b
opasieqo joXboi p sa 'Bpnapnn;noa Baisjj X opaira ojubj ua 'a)janni
B[ anb 'opBj un jod 'aajnao -—opoi na so.ijoson jyieyxa nn ísoaioeou
B ainajj ejaa 'upyadnwainy enn 'app^adnsui pepraBdo Enn 'pmiABpaa
í somos anb jas pp a^jBd Einjoj 'eomaj^oí oy anb ^a aod opopiu p eae
Bjainbpna 'somos anb oy aaqBS anbaod 'ojopuaiqna somos anb oj jas
ap opom un 'ea oyaa 'uoiaBaijtyuapi Bjyeann sa 'o^sa .ipap ajaiub 'p^y
-jaqti bj— Baoa ej^o Btiniftitu BJBd on X 'a]uBfj Etuitap omoa 'omsim
la Bj^d jt^sixb un u^ o \ oyya ua Eazouoaaj as anb onis *ja b aytiaJí
Bjaa anb ojpnbB na ^iymyi oj anb EpBn 'ousjixa ap Bpnu aj^uanana
¿u oyafns ya anb na,, ;ya^aH aaip omoa 'aisisuoo pBuaqyy Ey ig
BiyBj anb o8p ap Bianapuoa By omoo 'aysrxa
anb o3[B ap Bianayanoa sy oiubj ou sa ajqmoq ya na aoyg op spnaya
-uoa By \ •tíetlínnn aaj^ P uoa ^ p^piApaB Bun uoa oyos jBiea :oyos

�destino propio del hombre como conducta moral, y su búsqueda afa
nosa, iniciada ya en el accionar enmarañado y vago de la vída coti
diana, es la operación que une a todos, al más insignificante sujeto
inmerso en la vida vulgar y a los grandes arquetipos evadidos hacia
el planteamiento final y definitivo, en quienes la condición de libres
espera su autetilicidad de la confrontación con la muerte. Porque
auténtica libertad &gt;ólo puede aer libertad frente a la muerte! ai definimos al hombre por la libertad, necesitamos de la muerte -—pacto,
sohrecnlendimiento o victoria—- para nuestra condición de librea y
de hombres.
¿Y qué puede ser libertad frente a la muerte sino un pensamiento
de eternidad, y a su turno y por lo mismo, qué puede ser la eternidad
sino un pensamiento de libertad^
La eternidad no puede tener otra definición o sentido que la
baga apetecible a la libertad humana que esa misma libertad; pero,
por otra parte, necesitamos de la eternidad, o amada muerte que
le dé paso, para que la libertad siga siendo libertad.
Hay un éxtasis de negar, no menos lógico que el éxtasis de la
afirmación y de la alabanza: de inmortalidad, o de muerte que la
equivalga, depende, al fin, la dignidad del bouibre, porque por entram
bos costados puede ser cercado y atropellado basta el desquiciamiento
de su condición v mesmedad, l-o el nombre en función de ninguna, snío
entrambas en función del hombre, en la libre, secreta y caprichosa
diversidad de su consentir o nó.
El problema para el hombre, frente a la instancia última que es
la muerte, es el mismo que frente a los obstáculos diversos surgidos
en la vida: seguir siendo libre; defender su integridad en su libertad,
ya que la muerte puede ser el mentís que no sólo la invalide en el
instante de morir, sino, retrospectivamente, en lodos los actos que
concienda. Su trabajo, diario y vitalicio, de libertad lo enfr^nta booes teniente Juego ai morir condigno de una muerte propia.
El ner, e animal n homlme, sólo tina a eguit alendo. El
instinto de conservación, propio del mero animal, por el plano de
la razón y del espíritu es la apetencia de inmortalidad, propia del
hombre.
El hombre tiene que luchar no sólo por su perduración, sino por
dad no se querría perdurar. Ser hombre oliliga a tener que dar fe de
sí; autenticidad es identificación, vale decir, el poder el hombre dar
te de si con pleno consentí m ieu to de su voluntad, porque sm pleno
consentimiento de su voluntad no hay identificación, y por tanto, no
hay hombre o ponencia del hombre en el cosmos, y esto por decisión
libérrima del hombre mismo. El hombre puede renunciar de ante
mano a muchos atributos y ambiciones, pero le es imposible renunciar
a su autenticidad, ya que en ella está la operación misma por la cnal
es, y le es necesaria incluso para decretar, por pleno consentimiento
de la voluntad, no ser. Como en todas estas cosas anda en juego no
— 124 —

�SB[ 'OnJEtpna UEg •SBpB-ERsnOa ^ BBpBtinDB Bjí BBpnilOJ SB[ B OBpj X
oun^-Eodoui aadmais aaajBil X bdia bj ap os-nia i o jaaadjojua b auaiA
anb ajjanin e{ p soqied ouoioTpBjjuoa ^ oAisaoxa asa sa uaiainb on
sajqinoq so[ onb o^y -ajuaiJinn ojqmoq pp joaBq msiiü Buoaj n^ atib
aiduus na^Bmi ET Ha riDRj BjanRin ap BtBana oh Bjatipuoa b^b^j
•osjaApü is un b ajnojj ajqraoL] ap on ns nos
*BJopBaiTnuapT pBpraTo-iaii BpEilniíu^a^imji na ai-^antn n^ uoa aj(iiooi^
aiuanreiiíainj op^isa bi| O4.hI 'opRanbsB j opBziJOJJot[ 'B[[a a(nn opipaa
-oiiai Á uaiianui b^ ^od opciídsns^^ Bi[ ajuaniBAi^BUjaip 'ip^edoa^
•aoranis.) ra soutos ou bí 'aíuauíBAitoaja 'o;sa apnatfy
-opea-ia
Eanipni.iB naimaj as anb oi^onui b^ j BptA f[ aa ^j 'pfipm
-jajo B[ 'sa ojsa 'iJArjiuipp X [uiauasa upiaBj^iqísad tjb jod Bpiutjap
pBi^qti Bt X 'pejjaq^ !![ jod ^piuijap X epeuniuaiap pjom v^npw
v\ íiBJont Bianpnoa na jod opBtnuuaiap ajqiuoq ja ¡eiaupuoa EjiuaS

opnena 'auaiA ib 'EjpnaA ojos anbjod 'oinaid^ Fiaap onioa 'bo.ijobou
bjjo Xbjj •pepqBiioBjad Bijsanu ap opijuas [a X pepip^oejad BjjBaun
'EAijBJadnii apjaipuoa ojubj na 'sa anbjod 'soraesuod anb ua oaiun
O[ 'joüi.i na 'sa atib X 'aajjosaj BajBipiaad sehi bo.iisouu uo:&gt; BpBOTUpni
cEpiB9nad somapod anb 'eptA Bj^sanu ua Bjsa anb ajjanuí niin Xbtt
•oinapiíBBuad asa ap e[[e sbih auanra
bjjo jaqBij apatid anb soniEpnipE anbniiB 'ojuainiBaijad uajaonn ap

-Bhod hoibutb OHI9 sa Oh jtata oj^Baiin anb bt ap X 'aaanajjad boh anb
'souaHí ib ajjanm B^-iaia noa 'ajjantu bt hoo a^nainEnEipijoa jbjiioo hts

o^jBHiHa hib sotnanap 'nB44aiana BBj^jBiBd 9Bsa anb tiotauajm Bptmiojd
vi opuaiíJBdnioa una o^a^ -^Boajosou bouiiaia on bX 'e[p oprojA eq
opuena X LE^[a opiuaA ei[ on ^^oiuiata SBJjnann 'sand 'aaanaj.iad sou
BpBU na 'sapin soj ap opna-uoq sbih ja 'eand 'ajtanra ^j,, :ojnaidg
ap BBjqB[Bd sbibj SB[ uBqBHEJina anb 0^ sa pBpqjqrsodnn b^s^
*pBj jaqiT na aj jaiAnoa as b ^sa o moa jas na ajjaiAixoa as
Bj^nbB ia^anni bj jBsuad sa BpBn b^ jBsuod oraoa a[qrsoduiT hbJj
•Bpaaeq BJBd ejsa ajqutoq p 'BXBq v^ on opunna X
'ajuaisnoa on ajqiuoii p 19 iBSiaAnin BiAajd pBpjaA Xeij ou anbjod
'Bpnauod o uoptsodojd Bim o 'nppejoqojjoa mm o jas ap unjqBq
pBpp^nainB ns X nopeaijijuapr ns 'jraap sa 'BpaaBq b o pBpjaA bi
juqnasap B o op^^qo Bjsa ajqntoq I3 -pi ouioa a^njoB epand BTp anb
tí^ Bnj^noa eiDusjsna b^ ajajaap eopBiajaap p X 'ajojaap so[ pBjunpA
BBS anbjod Bas naiq 'ajaotio as so[p Jod X ajtijdea so[ pcjunpA Esa
anbjod eos naiq "ajuBJado X paj sa Bpuajspa eXna 'saaopA X eem
jod autjapoinB as anb s^iap pBjuiqoA Bim orne 'pBjun]OA Bnn o|os

�cosas en la existencia adquieren sentido por parejas: el hombre y
la mujer, el placer y el dolor, la salud y la enfermedad, la vida y la
muerte; y es habilidad suma la del que, con olfato de alano, busca
efectivamente, un poder sobrenatural en nosotros. Y su revelación
entraña la ardua paradoja de que hay que estar lleno de vida, de
fuerza y de salud, para estar enamorado de la muerte y sentirse,
como Leopardi, maduro para morir'.
Si no el e^traño hecho no so produce; ocurre en cambio la eva
sión indigente y lamentable hacia cualquier tipo de sobrevivir, o
hacia el tipo general de muerte que es una especie de sensualismo
transportado por inercia a la muerte.
Hay quienes traen la ostentación de un inmenso y desafiante poder
que luego se nos revela provisorio; Leopardi, con su bárbara, belicosa
y arrogante humillación nos trae, sin galas, la inmensidad de una
dignidad capaz de fecundar, no menos poderosamente, el limo o el
espíritu de la existencia.
^Un poder sobrenatural?
El hombre, por amor, ha suscitado e impuesto valores, y el amor
los hereda, y los transporta y disemina; porque "el amor y la muerte
son hermanos", y hay "una gentileza de morir" "alta la frente" sin
mas esperanza que en la muerte misma hecha nombre, ídentilicados
vina y muerte, muerte y amor hombre y muerte, en culminante resistencia al hado, que es, con faz de otra muerte, el antagonista de
la libertad, de la libre disponibilidad de lodo futnro y de toda po
sibilidad, latente en nuestra volunLad.
Muerte en libertad o libertad ante la muerte. Sólo actuando desde
adentro, con el viviente en su recta acción; con el muriente misino eti
su ín son da b le estrategia, puede asírsela e interpretarla, en consentíesta muerte de Leopardi del "todos tenemos que morir" del mundo!
Junto al ^todos tenemos que morir del mundo esta justamente, en
ilógica contigüidad y aparente continuidad, aquella inmortalidad re
chazada por Leopardi, inmortalidad gratuita y en cierto modo regala da con violencia al hombre no asumida por este desde si v consigo.
He aquí cómo la mnerle en Leopardi llega a ser una hipótesis
nueva y revolucionaria, y la fecunda, audaz instancia de una secreta
originalidad de la vida.
En ausencia de otro poder aliado y consagrador —la historia del
cosmos es la de un incomprensible interregno— nuestra voluntad está
para quererlo todo.
I orque en el mundo moral —el hombre es una conducta moral—•
la verdad es lo que la voluntad propone.

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                    <text>- 96 •aoiaadns BzuBuagua bj ap ojuaiuiBJBOua ja na ssiauapuai
SBeaaAip ap onioa uaisixa anb na oipam jap oiubj soaidij ojio aod
ucjanj anb Á Baiptaaiem bj ap oua.ua} p na BiauB}jodmi Bpioouoa
-ai ap soa}uaa opBj un aod nBianj anb sauoian}i}sui aiSaja ap opB}BJ}
somajj •sopiuoaaa sasjsd soj na buisiui bj ap aoiaadns Bzusuasua Á
Boi^uiaiBin Ban^na ap soa^uaa so^ eopoi je^isia a|qBouoBjduii opaa
-Bd sou 'uoisuu BJ)sann ap piaaiBin ojuaiui^drano p ojunno u^
•a^uBppB sbui a^namaA
-aaq sopiinasip uBaas A 'oipara oajsanu na omoa isb sopBjisiA soajuaa so\
ap eoun^p na sauoiaipnoa sbj ap naniBxa pp nBJiSans so[[a íbjsía ap
go;und soisa ap onn Bp^a Bd)nB^d as anb na sonitujai sof nos sapna
ojaBa^sqB na aaaa|qBisa somaaB^najni ou upiaanpoJim Bjsa n^ *B[asaaa
-aajo apand anb uoianjiisni b^ A 'bjbjj as uoioBinaoj ^Ano ap Bnosjad
b^ :sapianasa b^sta ap so^und o saao^aBj sop nanaiAjaim 'sopHainrfd
naiaaa souinuaj so^ ua pnoiaBaoA npiaaaps b^ ap osaaoad ja n^
•BJOiaaa uotaaB Bun aaaaafa apand pBpisaaAiu^^ Bjjsann ap
SBianat^) A sapBpiuBuinjj ap p^ijnaB^ bj anb ua ouaaaa^ ja op^a^ aoX
-bui na B^aajB anb bj 'natqniB^ 'Bisa s^ 'aoiaadns bj b BiJBpunaas bzubu
•asna bj ap afBSBd ap Bd^^a bj 'jBtaaoj BzuBuasua ap souiuua) na 'sa
oisa íojprjdxa aoBq as noiaaajas ap aajOBJBa ja apnop BdB^a bj ap uoio
-Bjapisnoa bj b soxnaaBjimij sou 'souBjdmai ^nm nos ojjoaiBsap oan^nj
ja ua uaXnjpi aiuauíBpunjojd sbhi anb soj anb ajqtsod sa X 'jbuoiobo
-oa uotaaajas ap sosaaoad XBq nopBonpa bj ap SBd^^a sbj SBpoj ua anb
oiaap sa uaxq ig 'oipnisa ap oduiBD ja JBiiraijap aq^a 'opoj a^uy
•oipant oaisanu
ua Bijasns Bpiaajaa noxisano bj anb SBtuajqoad soj b Bionaaajaj jBiaadsa
uoa A soadoana sasiBd sosaaAip ua SBApaadsaa sauoiaipuoa sbj ap oip
-n^sa un ap aSans ouioa jb^ 'soaiiBuiajBui soj ap jbuoiobooa uoiaaajas
bj ap Btuajqoad ja JBUiuiBxa sa auuojuí aiuasaad jap oiafqo j^

SO|
|duodddoa

Í MVflt

�En razón de las circunstancias mencionadas, y de otras de orden
práctico, las instituciones visitadas fueron las siguientes:
Francia:

Universidad de París: Facultad de Ciencias, e Instituto Hen-

ri Poincaré (nuestro informante: Prof. Dr. Laurent Schwartz)
Collége de France, París.
Universidad deNancy: Facultad de Ciencias, Departamento
de Matemática (nuestro informante: Prof. Dr. Delsarte, jefe
del Departamento).
Italia: Universidad de Estudios de Milán: Facultad de Ciencias, De
partamento de Matemática (n. i.: Prof. Dr. Ermanno Marchionna)
Politécnico de Milán: Facultad de Ingeniería, Instituto de Ma
temática (n. i.: Prof. Dr. Bruno Finzi, director del Instituto).
Suiza: Universidad de Zurich: Facultad de Filosofía II, Departa
mento de Matemática (n. i.: Prof. Dr. Bartel L. van der Waerden, jefe del Departamento)
Escuela Politécnica Federal, Zurich; Sección Matemático-Fí
sica, Departamento de Matemática (n. i.: Prof. Dr. A. Pfluger,
director de la Sección).
Gran Bretaña: Universidad de Londres, University College: Departa
mento de Matemática (n. i.: Prof. Dr. Harold Davenport, jefe
del Departamento)
Alemania: Universidad de Erlangen: Facultad de Filosofía, Institu
to de Matemática (n. i.: Prof. Dr. K. Nóbeling).

2. ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN EN LAS DIFERENTES
INSTITUCIONES
FRANCIA
Describiremos brevemente el planteo del problema tal como se
presenta en París. Esto no es, admitidamente, típico para el resto de
Francia, pero siendo París el centro capital del trabajo en Matemá
tica superior en Francia, la situación allí es más significativa.
La enseñanza superior de la Matemática está fundamentalmente
en manos de la Universidad de París, a través de dos de sus órganos,
la Facultad de Ciencias y la Escuela Normal Superior. Mejor que ex
presar en nuestras propias palabras lo relevante para nuestro estudio
respecto de estas instituciones, citamos pasajes relativos a lo mismo
del catálogo de la Universidad ("Livret de TÉtudiant 1953-1954") y
haremos algunos comentarios adicionales.
Empezaremos por la Facultad de Ciencias: Condiciones de admi
sión: "Baccalauréat", "Brevet supérieur" o equivalente; o dispensa
por ser egresado de diversas "grandes écoles".

- 96 -

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-aanaoi^ aun aaaBdaad A anod saauapg ap ai[noB3 9un?J
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-jaqaaj ap sjnaiaajip 'saqajaqaaj ap saaipui 'saqajaqaaj ap sajBqa „
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•ui anb sojBJJBd s&lt;q aiuauqspadsa souiBita) :ttsaouapg ap sapnia
a^d siaaAno saqanoqap sap nSaady,, :sopBsaa^a so| Ba^d SBpipg
•aoiaadns BzuBuasua b^ BJBd oiíaatu
-iisuoa ou oaad 'sisai enn ouis aaainbaa ou pBpisaaAUQ ap opsaoiooQ
ig qBUtSiao souauz ^b Bun 'stsai sop A BaniBpuaoi-q b^ aaatnbaa op^aoi
-doq ^g •saaotaadns soipnisa ap sop^aijiiaa^ f ap sauopButquioD
-imaaiap ap Bun ap uotsasod B| aod aiuauíBDti^uioinB opBaoio
un sa BaniBpuaarq B3 *uaiiuipB anb saiuBTJBA sb^ A SBUio^dip A sopBaS
soisa ap soitsmbaa A BzapaniBU B^ aBzi^BUB b a^aiua inb^ apuodsaaa
-oa on^ •44aiisaaAiuQtp ib^oidoq,, í44saouapg sa ibjoidoq,, í 44sanbtiBuiaqi
-b^[ ap saanaiaadns sapnia4p araojdiQ,, í&lt;4saouapg sa aauaarj,,
-iq3 ia anbisXq^ sanbiiBUiaqiBi^ ap saanaiaadns sapnia4p
: BoiiBraaiBj\[ ap saiusipnisa so^ b sa^qísaoos sopBaS A

�en la práctica el centro de trabajo en Matemática pura y aplicada
de toda la Facultad.
En cuanto se refiere a la enseñanza de la Matemática, la "École
Nórmale Supérieure" trabaja en estrecha conexión con la Facultad
de Cieneias, y su cuerpo docente es parte del de la Facultad. Algu
nas características se mencionan a continuación:
"L'École Nórmale Supérieure a pour objet propre de former des
" professeurs pour toutes les branches de l'Enseignement secondaire.
" Les études sont done dirigées (vers) l'agrégation... mais l'École
" Nórmale est en méme temps un centre d'études supérieures, oú se
"forment des travailleurs pour les laboratoires,... de futurs docteurs
" et professeurs des Facultes de Lettres et de Sciences.
"...Les eleves sont recrutés au concours... Les eleves sont im" matricules á l'Université dont ils suivent les cours. Mais en outre,
" des enseignements spéciaux complémentaires leur sont donnés par
" des inaitres des Facultes..."
Además de los centros de enseñanza e investigación vinculados
a la Universidad de París existe en París el "Collége de France", que,
desde mucho tiempo atrás, poseyó dos cátedras de Matemática su
perior, y ahora posee tres (profesores Mandelbrojt, Leray, Lichnerowicz). La naturaleza particular de esta institución es bien conoci
da y sería ocioso dar detalles. Baste señalar las siguientes citas de la
publicación oficial mencionada (que incluye referencias a todas las
instituciones culturales de nivel superior en el territorio de la Aca
demia de París), que definen perfectamente su carácter, en particu
lar en lo que interesa en este estudio:
"D'abord il se recrute sans condition de grades; par la il lui
" est possible d'appeler á lui des savants qui ne sont pas des profes"seurs de carriére, mais qui se sont signalés par des découvertes, par
" des vues personnelles, par des travaux originaux. II suffit qu'on soit
" en droit d'attendre d'eux, dans le domaine de leurs recherches
" propres, des resultáis nouveaux... ses enseignements ne sont assu" jettis á aucun programme. Nulle part la recherche scientifique ne
" jouit d'une indépendance aussi large... Chaqué professeur choisit,
" d'année en année, le sujet de son cours dans le domaine scientifi" que qui lui est propre, et généralement dans l'ordre particulier de
"recherches auxquelles il s'applique a ce moment..."
A estos comentarios sobre las diversas instituciones sólo nos
resta agregar que la experiencia de nuestro breve contacto con las
mismas, y conversaciones mantenidas con destacados miembros del
cuerpo docente, en particular el Prof. Dr. Laurent Schwartz, corrobo
ran las expresiones citadas. Cabe destacar que, globalmente, el nú
mero de estudiantes en la carrera de Matemática en la Facultad de
Ciencias (sin contar a los que siguen cursos de ésta para otros estu
dios) es proporcionalmente muy grande, así como es grande también,
y mayor que en los demás centros visitados, la proporción de estos

- 98 -

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sisaj. Bun X oipnjsa ap soub oajBna uaaambaa anb 44sopBaoioop^ 'sou
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B[ X ttBat^BinaaBi^[ ui Baan^g,, v\ : BaijBiuaiB j\[ v\ na sopBsaaaiui so[
B sauopBzipiaadsa sop aiuatuBaiSBq aaaajo SBiauat^ ap, pBjtqtiOB^ b^
:saiuain5frs so[ nos oipn^sa oa^sanu BJBd saiuBAapa soqaaq sog
-BHiajBJ\[ ap BJ3JJB3 ^\ 3p |BI3UaS UOI3BZtnBJO B^ X ^BUOI^BOOA UOIO
-aaps b[ aaqos soniBSJaAnoa ^na p uoa 4BunoiqajBj^[ *g uq *joi,j p
anj a^usnijojuí oajsanu 'inisiq^ 'i(j 'Joj^ 'ouisiui pp apf pp Bpuas
-nB ug 'uBpj^; ap soipnjsg ap pBptsjaAin^ B[ ap SBpuai^ ap ps^pia
-Bg vi ap BapBuia^Bp\[ ap oinaniBiJBdaQ |a ua uopBnjis B^ jeutinexa
sanij soj^sann b ajuesajaiui sem sa 'opesa^dxa uapaj o\ jog
•BjiaiuaSuj ap pBjpaBg Bjjsanu ap Boiisip
-Bjsg X BapBuiaiBj^[ ap oini^suj pp so\ X op^uoianam ojnijjsuj pp
oiuaiuiBnopunj X sojisodoad so^ aaiua soppaiBd sosoaaninn JBAjasqo
somtpnd qpiBjg *y 'iq X (jo^aajip) pnig *g 'i(j sajosajo^d so^ uoa
sauopBSjaAuoa ua X bjisia BJisann ng *soai}Bnia;Bni buijoj on 'jpap
3[ba íuoprniisut b^ ap SBidojd svjjajjea sb[ na nopBaqdB v\ Bp^q
Buqdpsip e^ ua ofBqBj^ p B^napo —sauopBat^qnd sns u^nSpea^B o^
oinoa— uopeSnsaAui b^ na UBfBqBJj soaqniaiui soXna BaijBuiajBj^[ ap
ojnjiisuj un aasod uaiq ts *oaiuaajqog p oiqui^a ua oaag *sauopnj
-nsui SBquiB b saunmoa nos saaosajoad sosoaamnu anb opora ap 'sp^z
-ubab Xnm sa sisoiquiis b^ *Bai^Bxua^Bj\[ ua ofBqBJi p B^aadsaa anb O[
ua X 'sBsauBfiux sauopn^i}sui sop sb^ ap osbo p ua anb somaaiQ
•(oÍBqB SBUI I3A) BZing
sa ofdmafa oi%q 'SBa^o sb^ t4BpBaqdB Bpuap,^ b^ b X ssun sb^ t4BJnd
epuap^ v\ b a}uauia{qisuaiso sepeaipap, 'aouadns aiuainBaijua^nB Ba
-ijxjuap BzuBuasua ap sauopnipsui ap uopxsodBixnX b^ soadoana sas
-iBd sosaaAtp ua Ba^uB^d anb Biuajqoad pp aiuBsaaa^ut o^dtuafa un sa
osBa a^sg *nBpj\[ ap soquiB 'oaxuaaiqog p X soipnisg ap pBpxsaaAiug v\
uoaanj o\ uoisiiu Ba^sanu ua Btpij ua SBpBiysiA sauoianinsux
viivíi
b^ ap sogoaacsap sa^uaiaaa Xnuí ap Bipa^nS
-uba vi v i^B Bn^is as anb 'sauaAof aiuaiuaiuBuiiuopaad 'soaiiBuia^
-bui ap odna^ pp uoisua^xa b^ aBqoaduioa souiipnd osanasu^ai oXna
ua *4j^[Bqanog,, odnaS pp oiaBuiuias pp, pajsauíta^ uoiunaa bj b ix%
-sisb b zpBAvqag *joag p aod opB^tAut aas ap aouoq p sounAn^ *Bip
pp sa^uauíuioad sbui soa^Buia^Bui so^ ap sounSjB b BtaBaisoui ajuaaop
odaana pp uoiaBaauínua Bpíd^a Bug *SBuaapoui SBiaoa^ sapuBaS sbj
-aaia v 9i9\j9i as anb o\ ua aiuauqBpadsa 'Bai^BUiajBj^ b^ ap ogoaaB
-sap pp saao^oaa soa^uao so^ ap oün Xoq sa stasg anb sopBzipiaad
-sa sopi^aia so^ ua opxqBS uaiq sa anb aB}ou aaa^q BiABpo^ ^qeg
•Bipaui BzuBuasua b^ ua Bpips ns Baiuanoua BjaoXBui v\ uaiq is
í uopBSiisaAui b^ b X saaoiaadns sopeaS so\ v Baídss anb saiuBipnjsa

�ficados de "maturitá" clásica o científica indiferentemente (análoga
mente para el Politécnico). Este hecho está impuesto por la ley, pero
parecería que no sería siquiera deseable restringir la admisión a los
estudiantes con la orientación científica, puesto que la experiencia
parece indicar que la orientación clásica —o humanística— provee
frecuentemente estudiantes intelectualmente bien condicionados —
aunque con menos conocimientos de la materia— para seguir la en
señanza de la Matemática; no sucedería esto con tanta claridad en la
especialización físico-matemática.
La Facultad y el Departamento no parecen hacer esfuerzos visi
bles para fomentar el ingreso a las carreras mencionadas, y la afluen
cia a las mismas parece ser considerable. A pesar de que la natura
leza de la enseñanza varía poco de una de las especializaciones a la
otra, y una buena parte de los cursos son comunes, la composición
del estudiantado varía considerablemente, en particular en cuanto a
las razones de carácter ulterior que presiden a la elección de su ca
rrera. Los "laureados" en Matemáticas y Física encuentran, a la par
de los de Física, una salida relativamente considerable y creciente en
la gran industria, con un cierto porcentaje dedicado a la enseñanza
media, la enseñanza superior y la investigación en relación con el
Consiglio Nazionale delle Ricerche. En cambio el grueso de los
"laureados" en Matemática se dedica a la enseñanza media y sólo
una pequeña fracción encuentra salida en alguno de los otros cam
pos. Esta diferencia se refleja aun en una muy notable disparidad en
la composición del estudiantado en cuanto a sexo.
Una de las cosas a notar en relación con nuestro problema es
el poco estímulo que ofrecen en la actualidad en Italia las universi
dades a la investigación. En muchos aspectos esta situación se ase
meja a la que existe en nuestro país. En todos los demás países de
Europa occidental que hemos visitado la mera existencia de grados
superiores para cuya consecución es requisito indispensable la inves
tigación original fomenta, en una escala que rebasa las exigencias
que esta situación plantea, el desarrollo de la investigación practica
da por personas que no integran el personal docente. Esta situación
no existe en Italia, donde el Doctorado es la denominación común
de títulos profesionales y diplomas de estudios académicos y no exige
el desarrollo de la investigación. Por tanto ésta se realiza en las uni
versidades solamente en cuanto es parte del trabajo de los docentes
y en cuanto es realizada en colaboración con el C. N. R., coincidien
do las más veces ambas circunstancias. Esta situación coincide con
lo que sueje considerarse como un período de decadencia de la con
tribución italiana al desarrollo de la Matemática, contribución que
fuera prominente a fines del siglo pasado.
SUIZA
Como instituciones más representativas en relación con nuestro

- 100 -

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-opdo aiuaraejnd isbo X sojanitad ojjnna so^ na sopBfipjd aiuauqBia
sosjna uoa 'eajisauías oqao BDJBqB ttBuio^dip,, jap BuiBj^ojd ¡^
ap namsxa a^nBipaui opBqojdinoa a^na^Ainba o (Bocpuna
-as BznBuasua ap Buio|dip) tw^^.líJ^iiBj\[,, B^ na uajsTsuoa 'a^^jap ap
sBiauajajip uoa sa^nSí 'BJaaiBa B^ b osajSui ap sauopipuoa SB^
•sauoianipsut eop sb^ ap Bapi?uia^Bj^[ ap soiuauíBjJBdap
soAt;aadsaj: so^ ap sajaf 'jaSn^^ #y *j(j X uapjaB^ aap uba -q -g ug
saaosajoad so^ ap upiaB^Aui ^ipaoa aod apsisB ap oíSajiAtad [a souitAnj
sauoiunaa SBXna ap Bun b t4qaijn^ ap oapBuiaiBj\[ oiJBUiuiag9i p o^unf
-uoa ns na SBtuapB uauapuBui X ^sauoianiiisut sop 9v\ ap saiuaaop sod
-jana so^ ap a^JBd ubuijoj soadoana soaiiBuia^Bui saaofaui soj ap sou
-n9jy 'BaaAas aiuanuB^nanaBd sa pBpx^BuiSiJO ap BiauaSixa b^ pna B[
BJBd sisaj Bun ap X Buxojdtp pp. ascq b^ aaqos eauoianipsui s^quiB aod
opB^joio opBaS *t4opBaoiaop,, pp p ua tu &lt;tBrao^dip9, pp jaAiu p ua
iu 'sauopninsui SBquiB aaiua BaiiBuia^Bj\[ ap soipnjsa so[ ua pAiu ap
a^qisuas BtauaaajTp enn a^sixa ou 'jBAaasqo soraipnd anb o\ aog
•sosana ap oninm oinauu
-pouoaaa p aod ojpnsaa aiuaui[BiaaBd Bjsa Buiapoad ajsa ísauopnpj
-sut sop sb^ ua UBjaBaqdnp as *souaui p *a^uauipuiaoj 'soipmsa soqa
-nin op^uas a^sa u^ 'SBtdoad sBaiuiapsaB ssaaaaBa opuBuiaoj 'sbuiou
-ojnB sBugdpsip ouioa ouis *sapuoisapad SBaaaaBa sb^ ap. saaBipxnB
oiuoa ops ou *sajBanjBj^ SBpuai^ X Baiunn^) *Baisj^[ 'BaijBuia^Bj^ 'Band
npuap bj b SBpBunsap sauopaas sajqBaapisuoa uaiquiBj auai^ 'ssa
•aaaBa SB^sa b ajq^paadB ozaanjsa un Baipap X '-a^a 'soaiuunb 'sojaa^
-mbaB 'soaaiuaSm sajBuoisajoad Buiaoj *pBpisaaAiug bj ap Btauaaapp b
'Baiuaa^p^ Bpnas^ bj uatq is *aBn[ opunSas ug *sauijB SBuijdpsip
ua ofBqBJi ja ua oqoaajsa a^uauíBA^Bjaa o^aB^uoa un Xeq opusna une
'sopBaBdas ajuarajB^oj uos sajuaaop sodaana boj *Bpuanoasuoa ug *(bz
-UBuasua ap jBaapaj uoianiíjsui Baiun bj *oqaaq ap) j^aapaj uppnjtj
-sui Bun sa Batuaajijoj Bjanasg bj SBajuaiui 'jBuojuBa sa pBpisaaAiug
bj 'sBaijqnd uos sauoian^isui SBquiB anbuns *aBnj aauíiad ug
•btjbjj lap oiaadsaa Bidiaasap uoiaBniís
bj uoa sajBiuauínpunj sBiauaaajip sbijba 'oSa^quia uis ^XBq ísBpuaia
ap aoiaadns BzuB^asua ap sauoianpisui sop ap Biauaisixaoa bj ap
ojdinafa oa^o sa aisg #pBpnia Buisini bj ua b^ts 'jBaapag Baiuaajtjog
Bjanasg bj X qaian^ ^p pBpisaaAiug bj siBd aisa ua souiB^siA *Btuaj

�" A. Organización y finalidad externa del estudio.
" El plan de estudios de la Sección IX de la Escuela Politécnica
"Federal está organizado de modo que... garantice una formación
"lo más amplia posible en Matemática y Física... Sólo en los dos
" primeros semestres... la enseñanza es común a los estudiantes de
" nuestra Sección y a los de Ingeniería; a partir de ahí se desarrolla
"en forma totalmente independiente. Puede acentuarse preponde" rantemente el estudio de la Matemática o el de la Física, pero aun
" en los semestres más avanzados el matemático debe considerar la
" Física, y el físico la Matemática como parte integral de su estudio.
" Durante el estudio ha de evitarse la especialización prematura.
" La finalidad externa del estudio es la obtención del diploma en
" Matemática o en Física el cual, por su validez federal y la ampli" tud de los estudios que le sirven de base, constituye una recomen" dación para su poseedor en todo el territorio de la Confederación
"y en, el extranjero... Se recomienda a aquellos estudiantes que de" seen dedicarse a la actividad docente el adquirir... en base a un
" examen especial, el certificado de formación y capacidad pedagó" gicas.
" B. Recomendaciones generales respecto del estudio.
" 1. Mateniática' La dificultad fundamental en el estudio de la
" Matemática consiste en que la comprensión plena de los hechos ma" temáticos requiere un alto grado de capacidad de abstracción. Ha
" de desaconsejarse el estudio a toda persona que no sea capaz de
" depurar sus ideas y de traducirlas en conceptos precisos con cierta
" facilidad. La experiencia prueba, sin embargo, que sólo el estudio
" desarrolla estas aptitudes en el grado requerido; por lo tanto no
" puede iniciarse con los fundamentos primeros de la Matemática,
" sino que comienza en el medio. Mientras que desde allí se erige el
" edificio de la disciplina, es constantemente necesario ir ahondando
" los cimientos. El estudiante debe tener presente continuamente am"bas necesidades.
" Otra dualidad no menos necesaria es aquella entre el conoci" miento particular, los problemas singulares concretos y su resolu" ción hasta el resultado numérico por una parte, y por otra las ideas
"y los puntos de vista generales. En la Matemática los nuevos pun" tos de vista generales y significativos siempre han surgido en co" nexión con problemas concretos; sin vinculación con los hechos par** ticulares a los cuales se aplican, son meros esquemas vacíos. Por
'* otra parte el conocimiento particular se convierte en un fárrago
" amorfo si no se le somete a un orden conexo encarado como un
" todo orgánico.
" Durante todo el estudio ha de controlarse, mediante la apli" cación de los teoremas matemáticos a ejemplos y la resolución de
" problemas, si se ha asimilado plenamente su contenido. Sólo quien

- 102 -

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sojjo anb oj ajuauipaj udpiidjdwoo apsnd d^udiuvanoo vfvqvu^ „

�la Universidad— concentrán^ose más en una exposición breve pero,
a nuestro parecer, magistral de la esencia de la disciplina matemá
tica y de su enseñanza, cumpliendo así específicamente con la mi
sión de encauzar la vocación del estudiante.

GRAN B R ETA N A
En este país solamente realizamos una breve visita al Departa
mento de Matemática del University College de la Universidad de
Londres. Si bien en teoría cada uno de los Colleges "que forman esta
Universidad debe extender su campo de enseñanza a todas las ramas
de la enseñanza superior, hay una inevitable polarización, debida
aunque no sea más a la gravitación hacia ciertos centros de los ele
mentos docentes más destacados de determinada rama. Es así que el
University College es quizá en el terreno de la Matemática pura el
más destacado de entre ellos.
El Departamento atiende a tres tipos de estudiantes: los que se
especializan en Matemática ("special degree students"), los que bus
can una formación científica más general y menos profunda ("gene
ral degree students") y aquellos estudiantes que requieren conoci
mientos de matemática cómo auxiliares para otros estudios. Además,
por supuesto, el Departamento atiende a los estudiantes post-graduados que, por lo general, se dirigen hacia el diploma del College y
uno de los grados superiores de la Universidad (M. Se. y Ph. D.).
Dado el complejo y particular sistema de reclutamiento del estudian
tado en las universidades británicas, es muy poco lo que podemos
decir sobre la selección vocacional, y menos aún sobre lo que pueda
ser relevante para un estudio que tiene en vista nuestro problema
local. De todas maneras, al igual que en la mayoría de los centros,
no hay esfuerzo activo para atraer estudiantes a la carrera de Mate
mática. El panorama general de las oportunidades para los egresados
es también similar, siendo —para los poseedores del "special degree"
—en primer lugar la enseñanza media, y en menor proporción la in
dustria, el actuariado y la enseñanza superior e investigación. Es de
notar tque la Universidad de Londres es bastante típica de las univer
sidades británicas, si exceptuamos las de Oxford y Cambridge, que
poseen un régimen muy particular de enseñanza que las distingue
netamente de las demás y que no podrían ser un término de compa
ración con instituciones como nuestra Universidad.

ALEMANIA
También en este país nos redujimos a realizar una visita a un
Instituto de Matemática, el de la Universidad de Erlangen. Es ésta
una universidad relativamente pequeña pero bastante representativa
(unos 2.500 estudiantes). El planteo general de la enseñanza de la

- 104 -

�- 901 un cas uoiasaoA bj anb oiJBsaaau sa ou o¡p bjbj •jq
BJjsanu opuaXnpui 'jotiadns BzuBuasua ap uoian^isui spo) ap Biauau
-adxa B[ ouioo sop^jisiA soai)Bina)Bui soj)uaa so[ sopo^ ap o)ub) sp
-uapadxa B[ Bn^i)sa)B o[ jsb ísBiSBJauisoipi SB)jaia b BpBpauíA a^uaui
-jB[nai)JBd B)sa Buipiíasip Bjsa ap Ban^na b[ anb o)sand 'a)UB)Jodun
sa uppBaoA B[ ap Buza^qojd p Bai)BinaiB^\[ bj ap oduiBO p u^
•Bai)Braa)Bj^[ B[ ap Biuafqojd p a^pa
•i)jBd ua UBaqds as sajo^aBj soquiy *sopi)uas sopo) ua Bjnqna B[ ap
o^pjtJBsap p JB)uamoj ap A. 'BaqBpd By ap oqduiB sbui op^uas p ua
jopadns szuBuasua B^ jaaAoad ap uops^qqo b^ B)sa sapBpisaaAiun sb^
ap d)JBd ío^ 'iipiowooa ap ouiuua) p of^q eqojua as anb
-ixnB sajo)aBj Á SBA^ouia SBpuapua) ^sapn)iaidsa sap^qnaBj '
-a)ui pBppBd^a ap o^unfuoa ofa[duioa asa B)sa a)UBipnjsa pp a)JBd
JO^j *sop a)uauqB)uauiBpunj: uos sois^ 'BUiapojd pp sajuBisuoa sajo)
-36^ so[ asjBuiB^^ BiJtpod anb O^ sotuBuopuatn JBSn^ jaiupd u^
•a)uaraBauBi[nuiis Biuana
ua sopaua) ap a^isod o[ ua souiajB)BJ) sopBuoiaBpjjoa aiuauíBqaaj)
•sa Xnuí uB)sa b)sia ap so)und sop so)sa 00103 'BzuBuasua bj jaaAOjd
ap BpBJBaua uoTon)i)8ui B^ ap p A puoiaBaoA uoiasiuapo Basnq
anb Buosjad b[ ap p : saiuajjnauoa b;sia ap so)und sop apsap osjbz
-t[bub ap sq opBjsaua somaq O^ anb ua pAiu p ua puoiaBaoA uoia
-aa[as b^ ap Buia^ojd p 'uoiaanpoaiui b| ua souiBJafxp
•aiuiojuí aisa ua jaua) Bpand SBiauai^ A sapBpiuBumjj ap
BJisanu anb saaa)ui pp b)sia ap O)und p apsap d)uaui[Bdiauijd A 'a^
-isod Bai)Buia)sis sbui o\ buijoj 11^ soqaaq sosa Jiinasxp souiaqap 'op
-Bpuauíoaua BJanj son anb o^ ap pjSaiui o)uaiuiqduina p souBoiaaB
BiBd 'anb soiuaaj^ "Buisini B[ ap Bina) p BJBd saiuBAajaj UB.iaiaa.iBd
sou anb soqaaq so^ Jtqijasap A asiaunua b somasB)tnii[ sou is uoxsiui
Baisanu ap o)afqo p uoa souiBiiqduina ou anb opiaai^d Bq so^[

NOISílDSia €
•Bipatu BzuBuasua B^ Bia^q ouiuiBa p ajqs anb 44BzuBuasua B^
BJBd pn^id^ ap opBaxjiiJaa,, p BtaBq uaiq sbui 'sand 'B)uauo b^ as
a)jBd jo^bui tb\ b ísBniíxa a)nauiBAi)Bpj uos (uoiaBSnsaAut b^ A joij
-adns BzuBuasua b^ ua 'opBJO)aop pp uoiauaiqo BtAaad 'o BrJjsnpui
v\ ua) so)uaiuiiaouoa sns JBzqun ap jBJiuoaua uapand anb sap^pq
-iqísod sb^ anb Buiíisa as sand 'Bpiuijap uoiaBaoA con uaj)sanm anb
Btpaui B^ b jouadns pBpiaBdBa ap sa)UBipnisa sojpnbB b aiuauíBps
44Buio^dip,, p Bia^q uotaBiuatJO B^ jiiiuuad sa oini^suj pp. Biauap
-ua) B^ anb jb)ou Jaa^q a)UBsaja)ui s^ '^buiSijo sisa) Bun na^npui
anb soitstnbaj soiaaia ofBq sopBiuojdip so^ b Btjosop^ ua opBJO)aoQ
p BBiuapB aaaijuoa pBpisjaAiuQ b^[ *44BaxiBuia)Bj/\[ bj ap BzuBuasua B^
BJBd pn)t)dB ap opBaiji)jaa,, un b Bas '4/B.atiBuia)B]/^[ ua Bniojdip^ un B
B38 'opuaianpuoa saj)sauias g apuajdtuoa otpnisa y^ #(44iBirjniBj\[^.)
BiJBpunaas BzuBuasua ap opBaijxiJaa p a)UBtpaui sa osajSui j^ 'Bzin^
ap o)adsaj aiuauíBTAajd oi^asap p JBpuiis a^uBisBq sa Bai)BuiaiBj\[

�elemento absorbente, una "idee fixe", pero un núcleo vocacional de
finido está en la base de la formación de todo matemático de valor;
nos atrevemos a afirmar, según la experiencia y las informaciones
recogidas, que ello es más claro en el caso de la Matemática que en
el de las Ciencias Firicas y Naturales, por la modalidad peculiar de
la vocación matemática. Un resumen bastante claro de estos hechos
es parte de los párrafos arriba citados de los "Consejos a los estu
diantes de Matemática y Física" de la E. P. F. suiza.
En cuanto a la obligación de toda universidad de proveer la
enseñanza superior en el sentido más amplio de la palabra y de
fomentar el desarrollo de la cultura; o por lo menos de tener esta
obligación como una meta inspirada de todas y cada una de sus
actividades, no es necesario aportar argumentos a su favor: está
contenida en el propio concepto de universidad, y en toda sociedad
civilizada tiene el carácter de ineludible. Que la enseñanza de la
Matemática y el fomento de su cultura en toda su profundidad for
ma parte esencial y en muchos aspetos fundamental de dicha obli
gación es una verdad que tampoco requiere demostracción.
No hay duda de que la existencia de estos dos hechos basta para
justificar la organización de la enseñanza de la Matemática y la
orientación vocacional hacia su estudio; pero su puesta en práctica
está sujeta a diversas condiciones, que no por ser accesorias pueden
ser despreciadas, so pena de que la formación de matemáticos deba
ser abandonada o se torne una parodia.
Hay, por supuesto, un cierto número de personas que estudian
Matemática, tanto en los niveles elementales como en los más pro
fundos, como una forma de adquirir un instrumento que les servirá
en otras actividades, sean científicas o profesionales. No es a estas
personas que una orientación vocacional hacia la Matemática está
dirigida; sin embargo, su existencia es un factor de peso, tanto
porque, siendo su aspiración legítima, es necesario contemplarla en
la organización de la enseñanza de la disciplina, como porque, al
engrosar el número de los estudiantes de la misma, permiten a me
nudo soluciones más generosas de ciertos problemas prácticos. A es
te úllimo punto volveremos más adelante.
Recordemos aquí de paso que son diversas las soluciones que se
ha dado al problema que suscitan estos estudiantes. Una solución en
cierto modo automática es la escisión de la enseñanza entre dos
instituciones de características diferentes, como una universidad y un
Politécnico (caso de Milán y de Zurich); pero surge de la descrip
ción de estos dos casos que no es siempre éste el problema que se
resuelve mediante tal escisión (en Zurich la E. P. F. enseña Mate
mática pura como carrera); por otra parte esta solución exige en
principio la duplicación del cuerpo docente, proceso peligroso sobre
todo en núcleos alejados de los grandes centros de cultura matemá
tica; a menos que se duplique las tareas de los integrantes del cuerpo

- 106 -

�- ^oí -^sn^ ap sauopnipsui SBj B osaaSui ap sauopipuoa sbj uaXnqisuoa oj
Baatuiad ej b uoiaBjsajuoo ap ojua^uí ug 'SBjja ap sbuiiSjb JBjsaiuoa
japod BJBd soan^as ajuauíBAijBpj soipara auai) oaag *oqaaq a^sa ap
eauozBJ sajqísod SBjaap b aiuejapB sbui ojb somaaiaajaa sou íBjuan.0
Bidoad ns aod SBjunSaad sejsa e SBisandsaa sbj JBasnq 'ajand joXcui
bj aod 'aqap a^uBipnisa [a sorasira soj ua anb soaiuaa sosaaAip eo^ ua
uoidbiijis B{ ap uoiadiaasap b^ aaaBq p aBjon oqaaq socuaq b^^
•Bsoaauo oaod ainauíBAijB^aa sa soadoana
soa;uaa go\ ap ajaed aoiCBin b[ ua anb 'oipnjsa pp uoiaBiauBuij bj b
BBAijBjaa sBiunáaad sb[ ap a^aBdB 'gB^sg ¿ooijBniaiBui ap BaaajBa B|
Banjnj BpiA ira BJBd aaqB ain sapBptpqisod an)? ¿BjaaajB.o jb\ aaaa^o
oipnjsa p ajuBJnp a^uarapuosaad JBÍBqBJ^ ap sapBpqiqísod an^)?
¿BzuBu,asua b^ ap p^pipa bj BpBAaja sg? ¿oasap anb jaAiu jap Baipra
-ajBra uoiDBraaoj bj sa? *JBipn^sa aapod anb ua soa^uaa soj ug ¿a^uap
-ijns X BpBnaapB jBnjaajajm pBptaBdBO iui sg? :aiuBipn^sa ja (asasj
-nraaoj ap Bq o) Bjnraaoj as anb 8B^un^aad seiaaia saauoiua Xbjj
•Buijdiasip bj ap soptn^ijsuoa
aiuauíBaiuBAjo X saiuaiaaaojj soaiuaa jaaajedc oqaaq BjaqBq Baunu
ojos odna^ ajsa anb BjaBj^soraap sopBjisiA saspd soj sopoj ap Bp
-uaiaadxa bj X íjBuopBOOA uopEjuaxao bj ap bjsia ap o^und ja apsap
oai}bdijiuis sa ou odnaS ajsa anb sa *oJBqraa uis 'Bsaaajuí sou anb
og '(sbiisla SBj;sanu ap osana ja ua sauopBsaaAuoa saju^saaa^uí SBia
-ba soraiAn^ jBria jap BaaaoB Btuaj 'uopBziiBjod jbi Bun ap BaiSojooisd
uoisnaaadaa bj jBaapisuoa b souiBa^ua ou) Bai^BiuaiBj^ bj ap osaaSoad
ja ua BpuEiiodrat ap odnaS un janb^ sa 'jiqap a^u^tuBaiaaranu anb
-unB 'anb oaaaia sg 'SBpBpipoinB ua UBiuaojsuBJj as 'oipmsa ap saj
-Braaoj sapBpijiqísod ap jb^oj BiauasnB ua 'anb SBUosaad uos íuop
-aaja ns ua uaXnjjuí ou sauopBaapisuoa SBiuap sbj SBpoi anb aiuaqaos
-q^ X Bsua^ui ubj sa uopBaoA BXna SBuosaad ap oajanu ouanbad un
'ojsandns aod 'ajsixg *uoiaaaja jb^ ap OAiiBaiji^snf X jBiuauíBpunj oj
-uaraaja oraoa BaiiBiuajBra uopBaoA bj op^uopuara soraaq vj^
¿BaajJBa B^sa aapuaadraa
b Buosaad Bun b atpiaap Ba^d saiuBAajaa sojuaraaja soj uos sajBng?
•BJajJBa ns Bat^BinajBj^[ bj ap aaaBq ap uBq anb SBuosaad SBjjanbB b
'sand 'aSuip as Bqaip aiuatuBidoad jBUOiaBaoA uopB^uaiao Bg
•opBjisiA soraaq anb
so-uuao soj ua 'sajBuoisajoad o soairaapBDB soA^oui soj^o aod Buijdp
-sip bj uBipn^sa anb soj X BaiiBinaiBiu BaajJBD bj ap sajuBipnjsa soj ap
sajBdsip sapBpisaaau sbj aapuaiB ap SBiauBín sajEdrauíad sbj uos sBisa
'Bspaad souara o sbui uoiaBjnraaoj Bun uoo X 's^jubijea uog #soiaaa
-uoa sosana soqamu b o^u^na ua ou oaad 'oipn^sa ap uBjd b oiu^na ua
SBpBJBdas SB^sa opuaiuaiu^ra 'sauopBju^po SBsaaAip sbj uoa sosana
soj oSjBa ns b buioi o^uaraBiaBdap ouisira un anb ua ' (aSaj^jog Xqs
-jaAiug ja ua ojdraafa aod) BUB^aag UBJf) ua BpBju^iut bj sa uopnj
-os bj^q qaAiu jap, oiuaratajap ua ai apand anb BaBaaaqos BsoaSijad
Bun aBjuasaadaa apand j^na oj —^^^IíW n3 aiuanaaaj osbo— aiuaaop

�ñanza superior. En cuanto al nivel y la calidad de la enseñanza hay
numerosos criterios relativamente objetivos que permiten apreciar
estos factores en el trabajo científico. Análogamente respecto de la
pregunta siguiente. La última suele ser la más difícil de contestar
a priori, lo cual es grave, siendo, como veremos, un elemento fun
damental en la orientación vocacional.
Lo importante para nosotros es saber cómo influyen las respues
tas a estas preguntas en la decisión de emprender o no la carrera.
En cuanto a la capacidad intelectual, no hay duda que repre
senta un papel preponderante en la elección de la carrera; este factor,
por supuesto, es estric^amente personal y depende en una parte muy
importante de la formación primaria y media. Si bien, por lo tanto,
no hay una relación inmediata entre este factor y el terreno en que
una institución de enseñanza superior pueda intervenir, la hay in
directa, a través de la formación de docentes de calidad. Sobre este
punto también volveremos.
En cuanto a los factores atingentes a la organización y calidad
de la enseñanza, pueden ser de mucha importancia, puesto que si la
vocación por la Matemática no es un factor avasallante el estudiante
prudente podría abstenerse de iniciar una carrera en la cual no
puede alcanzar el nivel y calidad de conocimientos que desea por
medio de las vías normales ofrecidas por la universidad, teniendo en
tonces que elegir entre la mediocridad y un esfuerzo adicional y
falto de guía. Preferirá frecuentemente orientarse hacia otras carre
ras, las más veces afines, en que la calidad y el nivel sean superiores.
Esto es una experiencia común en muchos centros universitarios eu
ropeos, aunque en verdad no en los que hemos visitado, ya que
estos están, dentro de su medio, entre los más destacados en el pro
pio terreno de la Matemática.
Debe advertirse, sin embargo, que hay desde el punto de vista
del estudiante un hecho que mitiga las posibles dificultades por es
tos conceptos. Justamente tuvimos oportunidad de comprobar que
en esos centros visitados, grandes cultores de la Matemática, una
proporción considerable del estudiantado no era local, sino que ve
nía precisamente de otros lugares, de preferencia dentro del propio
país, pero también del extranjero, donde las posibilidades de forma
ción matemática son más exiguas. (Ejemplos: en la E. P. F. suiza,
de un total de 143 estudiantes en la Sección Matemático-Física en
el año 1952-1953, 30 (21 %) eran ciudadanos del cantón de Zurich;
93 (64 %) de otros cantones de la Confederación; y 20 (15 %) eran
extranjeros; en la Universidad de París las estadísticas no indican
el origen de Iqs estudiantes dentro de Francia; es significativo que,
de 10.655 estudiantes de la Facultad de Ciencias en 1952-1953, 9.102
(85 fo) eran franceses, 615 (5 %) franceses de ultramar y 938 (9 %)
extranjeros. Ello indica que en muchos casos, si no en la mayoría,
existe para el estudiante la posibilidad de encontrar un centro que

- 108 -

�- 601 -nooojd bb[ JBUtmiyo BJBd sa^uaiaijns nos so^doouoo soj^o aod sosoj^
-ut soXno SEuosjod SBy b BiJBiimiy os bzubuosuo By bjoubui bjjo op
í (&lt;tJBJony^ oa X) jiaia Bpond os somaituioouoo sojsa op onb jpiraiod
op (Bmoydip yB *^[ *¿y -g bj Bp onb C4oipn}so yop bujojxo pBpqBuij,,
op uoioBOijiyBO By osopjonooj) oyqipmosojdrai ojod JBtyixnB 'uoiobS
-jyqo sy ooouoosop oa ojod í om^imioouoo siso op jojba oidoad p jod
(ooijsiuBranq o) ootj^nop oinoimpono^ pp noisirasuBaj B[ b X o^
•ojjbsop p opnodojíd Baiui^pBOB BznBnosao b¡ *(oqdniB opimos p no
BDIUOOJ UOIOBJIDBdBO) BAIJB-^^q pBpiAIJOB BpBniOIJO)op J03J0Í0 BJBd
soubsooou soiuoitnpouoo %o\ op uoiotsinbpB B[ BioBq BpBiu^tJO bjso
paoisopjd BznBnosao B[ sbj)uoiui :bzubuosuo b¡ op uopuojuí b[ no
BoipBJ Biouojojip ^\ 'ojnoijjoo sboi noioBynnuoj b^ unSog 'sbjio X sbj
-ojjbo SBun oj)uo uopunsip B[ Bxioq os bjoubiu b^so op onb osjooxo
op Bq oj^[ •BiouBisunojio bjso Bmono uo ouon ou is joqop ns b obj;
-sns os pBpisJOAian b[ onb X 'sBoiuiopBOB s^y uo orado sopuoisojoad
SBJOJJBO SB^ UO O1UBJ 'BlUIJtSoy OJUOlUBJOOJJod SO ^piA op OipOUI OIUOO
som^iniioouao sns op omoiuiEqooAOJdB p ^od oiuBipnjso pp uop
-Bdnoooad By onb 9p opiju^s p no jbiisia op. uoisboo somiA^ onb soj
-uoiqtUB soy sopo} uo oraiuBun o^uoiuBinyosqs osuosuoo un Xbjj
B BpiA Op OipOUI
un op Bponbsnq By uo oyqísod bos pBpiyiAotu Binsuu By onb os^op
-uoioad opond ou 'bzubu^suo joToui By op Bosnq uo osjBZBydsop Bpond
soiu^tpniso op oaouinu uonq un onb oyqístiupB so uotq is 'onb bX
'jouoiu oqonuí opBaS uo oSij sonora ys o 'so^uopooojd souoioBjopisuoo
SBy uo BpBuoiouora ojubStiiui BiouB^sunoaio By o8ij ou jo^obj oiso b
o}oodsoJ onb osBd op soTUBUoiouoy^f 'yBuotoBooA uoioooyos By uo oaisio
-op jo^obj un Bin^tisuoo opBsojSo yo BJBd 4^pq^s,, By Bpipora onb uo
X 'osod op bjo Bpipnys uoioofqo By Bprpora onb, uo JBppnyxp b oCeta
oj}sona op osano yo uo uprouoiB y^ioodso souiBoipop 'sbwuoi^ X sop^p
-tUBranjj op pBiynoB^ BJisonu op b^sia op oiund yo opsop opo} oaqos
'uqtsira BJisonu op yBitdBo om^raoyo un bjo Biuoyqojd oiso op uoio
-Bpionyip Bun onb soraBjm^s orao^ *ooiraopBOB 4tojuoraBjnd^ jq^dbjbo
ns opuoXnj^sop —Bjq^yBd By op opimos Jtood yo uo opipuom^ 44yBuois
-ojojd,, uoo— [Buoisojoad bjojjbo Bun uo BopBinomy^ uy op oipnjso
yo BijpJOAuo^ O}so onb opB}ofqo Bq og *sopiJinbpB som9íniT.oouoo soy
op jiata op aoioBJídsB By b opuodsoj onb o^sond 'oyqBioojdsop opora
unSuiu op so oa jojobj o^sgy 'Bjnjnj ^piA ns BJBd ojqs bjojjbo bjso
onb sopBr qiqísod SBy op Braoyqojd yo Boi^Brao}Bj\[ op bjojjbd By jiS
-oyó Bosop onb oump^so yo BJBd om^iJodrai jopbj oraoo
•BpBUOIO
-uora BqijJB sopBpisjoAiun SBy op uoioBSiyqo By Bnuo}B tu oraijdns
ou Bpimosip oiuBi}ira BiouB^sunojp By onb Jioop BSyonyy 'ojqrani
-soo op o^obj un O}so uo uoiqraBq Xsyy 'osjBioojdsop op Bq ooodrae^
inbs uoiq is 'BupBq BOijoray uo onb baiioojo sbiu oqonra so pBptyiq
-isod biso Bdojn^ uo onb 'bjso ojByo 'jBAJosqo oijbsooou s^ 'Biouopi9
-oj ns op osjBZBydsop uo omoisuoo í8 '^osop onb oy j^puyjq spond cy

�paciones económicas de toda la vida, o rebajaría su nivel a aque
llas conocimientos que pueden adquirirse en ratos de ocio; ambos
d^senlaces repugnan obviamente a toda universidad digna de este
nombre. En el caso de la Matemática esta circunstancia es particu
larmente flagrante; y en prueba de que es posible hacer enseñanza
académica sin perder de vista las ulteriores posibilidades de vida, no
citamos más que los ejemplos de la Escuela Normal Superior de Pa
rís y la E. P. F. de Zurich; respecto de estas instituciones, los pá
rrafos que hemos transcrito más arriba y más aún, la notoria y bien
ganada fama científica de estas instituciones proporcionan una bue
na prueba del carácter académico de la enseñanza.
Así planteado el problema, y antes de seguir la discusión del
punto mencionado en último término, examinemos desde el punto
de vista de la universidad las diferentes preguntas anteriormente ci
tadas. La primera de ellas, acerca de la capacidad intelectual de
los ingresantes, se traduce, como ya dijimos, para la universidad en
la fijación de las condiciones de ingreso. Respecto de estas condicio
nes es necesario satisfacer dos extremos: por una parte las condicio
nes de ingreso deben poseer el nivel mínimo necesario para permitir
en un tiempo razonable la formación de los estudiantes hasta el ni
vel final exigible; por otra, deben responder en forma lo más per
fecta posible a la formación primaria y media normal en el medio,
o- al menos a una fracción superior razonable de los egresados de esta
enseñanza. Por, tanto la universidad no puede, so pretexto de incre
mentar el nivel, aumentar las exigencias de ingreso sin influir de
alguna manera en la formación media al menos, sea en los progra
ma?, sea en la calidad. En los países europeos como en el nuestro,
lo primero es muy difícil de lograr, pues la coordinación de la en
señanza se produce al nivel de los ministerios (Alemania, Italia,
Francia; a pesar de la vinculación a través de la Academia en este
último país) o en forma aún más complicada (Suiza, Gran Bretaña).
Queda la segunda vía, por el medio indirecto de la formación de
mejores docentes. En todos los países europeos visitados la forma
ción de docentes de la enseñanza media está a cargo directo o in
directo de la universidad y siempre, como lo hemos visto, en estre
cho contacto con la enseñanza superior de la materia correspondiente.
(Claro está que el ingreso efectivo a la enseñanza secundaria, aun
de aquellos munidos de certificados especialmente vinculados a esa
formación (Francia, Suiza, Alemania) depende también de otras
autoridades, y a veces de un concurso (Francia).) Es claro que esta
situación deriva de un desarrollo histórico y no se funda en la pre
ocupación estrecha de mejorar la enseñanza superior mejorando la
media; pero es difícil sustraerse a la convicción de que esta interrelación es un poderoso agente de mejoramiento de la enseñanza
en todos los niveles. Sobre la formación de docentes medios volve
remos más adelante.

- 110 -

�- III -asua b¡ ap sa;ua3iJip so[ sopo^ 'paauaS u^ ^bisia ap sojund sounSp
uojaip o^aadsaj p jBsaaAuoa ap pcpiunuodo souitaiij anb uoa sbu
•osjad sbj anb 'ajuaniBipjB^ opinjiisui UBq b[ 'oj^sanu p oinoa 'anb
soipam na BairaapBOB BzuBuasua B[ Ba^uBjd anb sBtnafqojd so^ ap
uoiadixosap v\ a^us o^os s^ MjpuapiAa Bpoj ap opBjapisuoa oqaaq un
sa 'aiuaipuodsajjoa uopBnuoj B[ Bpupq anb BpiA ap soipain so[ X
SBaimapBOB SBjaxiBa sbj ax}ua uopBpauiA b^ edoan^ na anb sa uoz
-VI V^ 'SBjaJJBO 8B8J3Atp SV\ BIDBq OSdj^ui \V O)BpipUB3 \V JBJUaiJO
na aiuanuoXBtn uejeajoni as on sapBpisjaAiun sb^ anb ^p BfopBj
-Bd a^uaJBdB B[ b BpBpaniA uaiqraBj B^sa A ÍBdoan^ na BianBisuna
-jp Binuin Bj^a JBiaaadB ¡pjjip ^a pna v\ jod npzBJ ean Xbjj
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-B^sandnsajd SBiauaSixa b oqaaaap oiaaia Baqdmi pna o\ 'opBumnp
joXbiu boijiu^is pAiu jofam i*a^ '(saiuBipn^sa) sajBi^xnB saiuaa
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aiinuad pna o^ 'upiaaaps jofam ean a^nuad pna o[ 'sasaja^uí ap
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-apna na noiaanaJ omoa Bnotannj BjJoXBtn B^ 'o^aadsai ajsa b sanoia
-utisip uaaafqBisa anb saiuBjB^j sauozBj SBnnSp 'oSjBqma uis 'ub^
-nasajd as 'ojsa opi^inipY 'Epua^ajip Bp ap sapisiA sauozBj ubijbj
saaaA b apuop 'eoaio ap pBppnas&gt;o BApBpj b^ X soaiuaa sop^uiuijaiap
ap ptpunni ajquiouai pp anbaod p JBzipus jpjjip s^ "sajoiaBj sos
-JdAip Xnm ap 'pBpisaaAiun v^ ap b^sia ap oiund p apsap 'napuadap
'BzuBuasna b^ ap p^pipa X pAin ap SBpuaSixa sv^ v oju^na u^

�ñanza de la Matemática están fundamentalmente interesados en
aquellos estudiantes que sienten fuerte vocación por la disciplina y
que se orientan hacia la investigación en la misma como profesión.
Sin embargo, por lo mismo que las posibilidades para tales traba
jos son exiguas (y muchos expresaron la opinión de que, aunque es
deseable su ampliación, nunca deberán llegar a un volumen pre
ponderante; véase párrafo final de los "Consejos" de la E. P. F.),
reconocen la necesidad de la satisfacción de otras posibilidades para
los egresados, por un lado por su importancia intrínseca, y por otro
porque sólo así puede garantizarse un volumen de alumnado que
satisfaga las exigencias mínimas para poder justificar prácticamen
te el montaje del costoso y complejo mecanismo de la enseñanza
de la Matemática en un nivel auténticamente superior.
¿Cuáles son, entonces, estas posibilidades que se le ofrecen al
egresado de la carrera de Matemática? En cuanto a la situación im
perante en Europa es, con casi entera uniformidad, la que descri
ben los párrafos citados del catálogo de la Universidad de París:
enseñanza media, enseñanza superior, investigación, observatorios
astronómicos, administración pública, actuariado, carreras técnicas.
Cabe agregar un pequeño pero creciente número de puestos en la
gran industria para matemáticos propiamente dichos. La proporción
de los egresados que se dedica a estas diversas ocupaciones varía de
lugar a lugar. Así, la dedicación a la enseñanza superior y la inves
tigación es máxima en Francia, coincidiendo con un desarrollo muy
avanzado de la disciplina en ese país, mientras ya hemos mencionado
el desarrollo exiguo que tiene la investigación en Italia; pero exis
ten ciertos elementos constantes, y el más notable de ellos, al que ya
hemos aludido varias veces, es "que en todos los países visitados la
salida más voluminosa se produce hacia la enseñanza media. Las ra
zones son varias y bastante evidentes; la capacidad de absorción de
los demás terrenos es limitada y la selección en los mismos muy seve
ra; por otra parte, las necesidades de la docencia media crecen con
relativa rapidez, sobre todo en volumen, pero también en nivel. Des
de mucho tiempo atrás, como hemos tenido oportunidad de mencio
nar previamente, la formación de docentes medios ha estado a cargo
de las universidades, y el pasaje no se deja en general librado al
azar, sino que hay un proceso orgánico (como por ejemplo la "agrégation" en Francia) que coordina la formación con el acceso al pro
fesorado. En este sentido hay una selección vocacional definida. Sin
embargo el conocimiento de esta situación está tan difundido que el
esfuerzo que hacen las universidades para llevarlo a la atención del
estudiante que ingresa es mínimo, con excepciones.
La mejor razón de la vinculación de la formación de docentes
medios a la universidad, razón a la cual ya hemos aludido, es el le
gítimo deseo de la nación de que la enseñanza media sea de la me
jor calidad posible; y el reconocimiento de que la formación técnica

- 112 -

�- 811 -aq oy vA ouioo 'yBj ap SBaijsjaajaBJBa sb[ s^poj uoo (sapBpiuEtunjy ap
A) SBpuai^ ap psjynaB^ BaijuajnB Bun ap as^q By aaqos A oyayBjBd ua
ajuaureyos aijsisqns apand ojubj aod A ÍBpBjuas aod Bjsa opusp 'bca
-aad BaijBtuajsis uoiobuuoj By aod uoiaBdnaoaad sy uis ajuauíBspaad
oms aijsisqns apand ou aauBa^ ap ^Sayyo3 yap odij yap uoianjijsui
Bun anfa (uoiuido Bjsapora BJjsanu uaiqmBj A) opBjEJj somaq ep^aij
-yyca Buosaad Bjusna ap uoiuido By sa sand : ojuaiuiBuozB a ap y^iuara
-Bpunj Bj^j enn aaq^q aaaaBd ojea na iBianaiaipp Bjsa aqdns oijbs
-aaan ea sojjosou ajjua anb SBJjaaira 'aBuiuiipad BzuBuasua
-Bsiaaad aaaAoad ap BpB^jBOua pBpisiaAiuQ B[ aisixa anbaod 'Bp
ua a^qísod sa o^sa anb Biip ag *uba 39 o 'osana p uanSis o :Bija^Bin
b[ ua souo^BJBdaad sosana ainiíisut afqísod Bas 'osana opBuiuiaaiap
amSas BJBd soiJBsaaau soiuaiuiiaouoa so\ ap uBazaa^a sajuBipnisa so[
anbaod 'anb aauBj^ ap a^a^o^ \o ua a^iuips as o^^ uoiaadns ajnaui
-BonuainB pAiu un : sauoxaBiAsap ajirapB ou anb boijou enn b a^uara
•Bjaujsa Bpiuaa Bjsa BzuBi^asua ng *(soiao)BioqB| so\ ap upiadaaxa
uoa) aaqq ajuauqBjoj sa BiauajsisB v\ 'BaaaiBa ap ajuauíBUBsaaau
uos o[ ou saiosajoad sns 'sop^aá in so^njij Béaojo ou 'oipnjsa ap sau
-B^d aasod ou upianjpsur B-q *ojuairaiaouoa pp uoianpAa bj ^Baissq
pBpqBuij ns ua 'Bjsa oa^p 'oAps 'sapBptsaaAiun sb[ ap sojisodoad sns
A ojuaiuiBuoxaunj ns ua aaaijip aauBJ^ ap a^ayp^ ya anb 'uBJoqoaa
-oa oy BqiajB SBra SBpBuoTauara SBjp ssy A 'ajuapiAa s^ *Buisira bj
oyapora oraoa oajuaa yanb^ 'zoa Bun^p 'aaA opiianb Bq as
A sapBpiuBranjj ap pBjjnaB^ Bajsanu ua anb BiaaoaaBd 'opijuas ojaap
ua 'anb sa oyp b aAanra son anb uoz^a B^ 'Buiaj oajsanu uoa uopsy
-^1 ua ojaadsaa ns b SBaqB^Bd SEnnS^B apap sorasasap 'uopnjpsui bj
-sa ap Bpuajsixa By ap Bayaojsiq uoioBatjijsnf By ua JBJjua utg #aauBa^
ap aSayyoq yB soraiaayaa son :opBZBJj oapBna yap ajuara^jau ay^s anb
SBpBjisiA SBy ap uoianjijsui Baiun By b sajnaaajaa sauopBaapisuoa s^y
uoisnasip Bjsa ap puij ya sasd op^íap soraaq ajuarayBuoiauajuy
'Btpara BzuBuasua By ajuarasaBya sa ajuBaapuodaad sy 'sap
-Bpiyiqísod SBjsa ap BzaysanjBU By b ojusna u^ 'BairaapBOB Baaaa^a enn
ap ttBiuajxa pBpiyBuij,, By ap ajand sa SBrasira ssy b a^ua^uijB oy opoj
anb bjsia ap aapaad uis tsoadoana soajuaa soy ua yBuoiasaoA uoiaaayas
By ap aABya ojuaraaya un a^njijsuoa sopssaa^a soy BJBd ofBqBJj ap sap
-Bpyyiqísod SBy ap Bpuaiauoa Ba^ya eun anb axaap sand soraapo^
ns
:BaBd uoxanjijsut ByyanbB op;Soasa usq Bipara BzuBuasua By Biasq ubj
•uayjo as ou anb saaopBSijsaAui anb ojund ysj b '(osb^ ns ua 's^ajaq
ap By o) SBiauat^ ap. pBjynaB^y By ua Bnjaaja as anb ya uoa apiauíoa
ajjBd Buanq ua A 'opBynauíA ajuaraBiaaaip Bjsa orasira ya ua ofsqBaj
ya anb ojsand '(aoxaadng yBuuo^^ Byanas^) sajuaaop sayBj ap upia
-buijoj By b opBuijsap ajuauíJBynaijaBd ojnjijsui un ajsixa 'BpuBa^ ua
oraoa 'anb ua saa^Sny soyyanbB ua unB isb sa oyyq 'opBAaya SBra yaAiu
ns ua UBxfrjsaAui a UBipnjsa as SBuiydiasip SBAijaadsaa s^y anb ua sojj
•uaa soyyanbB ua ajuatUBpBqBOB asaauajqo apand oyos sajuaaop soy ap

�mas mencionado. Solamente cuando existen en un país organismos
capaces de crear y mantener un ambiente de científicos auténtica
mente formados y conscientes de su formación surge la posibilidad
del establecimiento sobre bases firmes de una institución destinada
a facilitar en forma libre el desarrollo del trabajo científico de acuer
do a los principios seguidos en el Collége de France; y si nos es
permitido emitir una opinión personal, en tales circunstancias el
establecimiento de una tal institución puede considerarse una nece
sidad.
En un establecimiento de tal índole resulta ocioso y hasta un
tanto ridículo hablar de selección vocacional.

- 114 -

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��La personalidad científica de Arquímedes
PREFACIO
El presente trabajo tiene por objeto analizar la personalidad de
hombre de ciencia de Arquímedes. Por razones que se expondrán en
detalle, se trata de la primera figura en la Historia de la Ciencia, y
más en particular de la Matemática, de la cual es posible encarar un
tal estudio. Por ello, es particularmente grato el que se trate de una
personalidad claramente delineada como una de las más descollantes,
tanto por el testimonio de sus contemporáneos y de sus comentadores
como por el aún más elocuente de sus obras originales, de las cuales
al menos las más importantes parecen haber llegado a nosotros relati
vamente poco corrompidas.
La orientación de este trabajo será, por tanto, predominantemente
crítica. No entramos, por tanto, a un estudio formal de esas obras
salvo en lo que sirve a nuestro propósito. Tampoco presentamos una
reseña completa de las fuentes, ni hacemos una exposición de la His
toria de la Ciencia en la Antigüedad. Todo ello se halla con una am
plitud y especificidad que no requiere nuestros comentarios en las
referencias que iremos señalando.
Sin embargo, creemos conveniente dedicar un primer capítulo a
un resumen sucinto de lo que sabemos del hombre y de su obra, con
especial énfasis en los aspectos que serán después motivo de discusión
en el estudio de la personalidad científica que abarca el capítulo
segundo.
Dos observaciones sobre aspectos formales: las referencias que no
son de carácter puramente incidental están señaladas por números
entre corchetes, los que remiten a la bibliografía que se halla al final
de este trabajo; las referencias a las obras del propio Arquímedes
están hechas por título abreviado por regla general, encontrándose
la lista completa en la sección 2 del capítulo primero. Finalmente,
hemos resuelto con pesar utilizar la forma vernácula de los nombres
propios griegos y latinos.
El autor desea dejar aquí constancia de su agradecimiento al
Prof. Dr. B. L. van der Waerden, cuyo brillante curso sobre Matemá
tica y Astronomía en la Antigüedad contribuyó a despertar su interés
en la personalidad de Arquímedes.

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-

�CAPITULO I
EL. HOMBRE Y SU OBRA
1. Vida
Al contrario de lo que sucede con la mayor parte de los otros
matemáticos de la Antigüedad clásica, las fuentes que nos* son acce
sibles referentes a la vida y personalidad de Arquímedes son relati
vamente abundantes. De acuerdo con el criterio con que encaramos
el presente trabajo, no nos proponemos hacer un análisis crítico de
esas fuentes. Ellas se encuentran reseñadas someramente por Heath
[5], más extensamente por ver Eecke [3], y en forma comprensiva
por Heiberg [10], vol. 3, y Hultsch [11]. Nos limitaremos a resumir
algunos de los aspectos salientes y bien documentados de su biografía.
Prácticamente toda la vida de Arquímedes transcurrió en Siracusa, entonces ciudad independiente de población griega de origen
dórico. Por lo que sepamos, sólo viajó en su juventud, en cuya época
se sitúa con seguridad una estada en Alejandría, a la cual aún nos
referiremos. Conocemos con precisión la fecha de su muerte (212
a.C.) pues pereció en el saqueo de Siracusa por los romanos; de
acuerdo con la información de Tzetzes, murió a la edad de 75 años,
lo que situaría su nacimiento hacia el año 287 a.C. Según dice él
mismo en el Arenario, su padre fue Fidias; en el pasaje citado se
menciona que éste había hecho observaciones astronómicas, en par
ticular una determinación tentativa de los tamaños del sol y de la
luna. Arquímedes estuvo en relaciones amistosas con el rey Hierón II
y el hijo de éste, Gelón (a quien dedicó el Arenario), afirmando
algunos que eran parientes lejanos.
De los prefacios de sus propias obras (a los cuales tendremos
oportunidad de referirnos más adelante), así como de otras fuentes,
sabemos que Arquímedes permaneció durante algún tiempo en Ale
jandría, donde el contacto con los discípulos de Euclides fue sin
duda de considerable estímulo en su formación. Parece fuera de duda
que durante la misma conoció al matemático Conon,* vinculado a la
corte, hacia quien sentía gran amistad y admiración, como lo mani
fiesta en varias de las cartas con que acompaña el envío de sus tra
bajos, después de la muerte de Conon, a Dositeo, colega y quizá discí
pulo de éste. Así, dice, por ejemplo:
Cuando me enteré de que Conon, cuya amistad hacia mí nunca desfalleció,
había muerto; ... me afligí de la muerte de un hombre que era a la vez
un amigo y un matemático distinguido ... (Cuadratura par., introd.)
Hubiera sido necesario, por cierto, que [estas proposiciones] fuesen publi
cadas en vida de Conon, pues estimo que sobre todo él habría sabido
comprenderlas y hacer una apreciación al respecto. (Esf. y di. I, introd.)
Pero Conon ha muerto antes de haber tenido el tiempo necesario para es
tudiar estas cuestiones; si no, las habría hallado y vuelto evidentes, y ha
bría hecho progresar la geometría con muchos otros descubrimientos de él;
pues sabemos que poseía una habilidad fuera de lo común en matemática
y una actividad notable. (Espirales, introd.)
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�También fue sin duda en Alejandría donde Arquímedes conoció
a Eratóstenes. El tono de la carta con que dedica a éste su Método
hace pensar, sobre todo por su contraste con los prefacios arriba
citados, que Arquímedes compartía la opinión de los alejandrinos
sobre Eratóstenes, a quien daban el sobrenombre significativo de
"BTjTa"; Arquímedes le enviaba los enunciados de teoremas sin acom
pañarlos de la demostración (ver también cap. II, secc. 4), antici
pando así los torneos de la época de Leonardo de Pisa. El texto que
ha llegado a nosotros del Problema de los bueyes afirma que este
extraño problema también fue propuesto por Arquímedes a Eratós
tenes, no habiendo noticia acerca de la reacción de éste. La tradición
también quiere que Arquímedes perfeccionara algunos de sus inventos
mecánicos durante su período alejandrino, en particular la bomba
helicoidal que se le atribuye.
La vida de Arquímedes en Siracusa parece haber transcurrido
tan apaciblemente como violentamente habría de terminar. Las fuen
tes que no se refieren específicamente a sus obras sólo nos relatan
algunas anécdotas significativas, relativas a su personalidad y a sus
inventos. Es así como no sabemos prácticamente nada de las circuns
tancias externas de su vida, a pesar de lo cual la coherencia de lo
que nos es referido delinea su personalidad más claramente que la
de cualquiera de los matemáticos que lo precedieron o fueron sus
contemporáneos. Las anécdotas lo muestran un hombre abstraído en
sus reflexiones, dibujando figuras geométricas en la arena o sobre su
propio cuerpo unto de aceite, dominado por el acto creador del
hallazgo científico, como en la conocida anécdota del "eupY¡y.a, eupY¡/,a"
(Vitruvio, ver [3], p. XLI).
Otras anécdotas se refieren a sus numerosos inventos, que cau
saban la admiración de la corte y de la población, en tiempos de paz
primero y en la desesperada defensa de la ciudad después, durante
la cual llegaron a infundir terror, justificado por los hechos, a los
sitiadores.
El concepto que Arquímedes tenía de estos inventos nos es
conocido:
No se había dedicado a ellos Arquímedes exprofeso, sino que ie entretenían
y eran como juegos de la geometría, a que era dado ... (Plutarco, Vida de
Marcelo, trad. A. Ranz Romanillos, Ateneo, Buenos Aires, 1948, p. 627).
En cuanto a Arquímedes, fue tanto su juicio, tan grande su ingenio, y tal
su riqueza en teoremas, que sobre aquellos objetos que le habían dado el
nombre y gloria de una inteligencia sobrehumana, no permitió dejar nada
escrito; y es que tenía por innoble y ministerial toda ocupación en la
mecánica, y todo arte aplicado a nuestros usos; poniendo únicamente su
deseo de sobresalir en aquellas cosas que llevaban consigo lo bello y exce
lente, sin mezcla de nada servil... (ibid., p. 630).
Sin embargo, tales inventos no fueron sin duda sino el fruto de
sus investigaciones teóricas a las cuales aún habremos de referirnos.
Al acercarnos al fin de su vida, la información que poseemos se
hace mucho más detallada. Habiendo demostrado en tiempos de paz
sus habilidades técnicas, contribuyó en forma considerable a la pro-

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-

�longación de la resistencia de Siracusa contra los romanos. Las cir
cunstancias de este episodio de las guerras púnicas son bien conocidas
y no han de ocuparnos aquí, como tampoco citaremos los relatos que
sobre los medios empleados por Arquímedes en la defensa de la
ciudad hacen los autores, en particular Polibio, Tito Livio y Plutarco;
estos relatos son clásicos y se hallan reproducidos en su esencia en
[3], pp. XXIII-XXIX.
Conocidas también son, con pequeñas variantes, las circunstancias
en que Arquímedes halló la muerte, a manos de un soldado romano.
Verídicas o no en los detalles, ellas son coherentes con lo que sabe
mos de su personalidad. Simbólico también de su obra y del con
cepto en que Arquímedes tenía la misma es el deseo que habría expre
sado de que sobre su tumba fuera grabado el diagrama de una esfera
inscrita en un cilindro, relativo a uno de sus más importantes des
cubrimientos (Esf. y cil. I, Prop. 34, Corolario).
Poco sabemos del concepto que los trabajos de investigación de
Arquímedes merecían a sus contemporáneos, ni la difusión que
tuvieron en su época. De una obra tan capital para la evaluación
de sus investigaciones como es el Método no se tuvo, hasta el reciente
descubrimiento del texto del mismo, más que un par de vaguísimas
referencias en Suidas y Herón (ver [3], p. XLIV). Aún hoy puede
decirse, en fin, con el P. André Taquet, geómetra del siglo XVII:
Sed illum plures laudant quam legant; admirantur plures quam intellegant.
(Elementa geometriae planae ac solidae, quibus accedunt selecta ex Archimede theoremata. 1672).
2. Reseña de las obras
En esta sección reseñamos brevemente las obras atribuidas a
Arquímedes, reservándonos el análisis de la contribución que repre
sentan para la sección siguiente.
2.1. Obras de atribución cierta. Las obras de Arquímedes que
han llegado basta nosotros y que le son atribuibles con certeza son
las siguientes:
1.Ilept ^yoúpoiq ^aí 7toXtv8pou. (Sobre esfera y cilindro. 2 libros.)
2.KúvtXou [^é^pr^i^. (Medida del círculo.)
3.Ilepi xtúvostSéwv xat acpatposc^éwv. (Sobre conoides y esferoi
des.)
4.Ilept ¿Xcx.(ov. (Sobre espirales.)
5.Hepí e~t7ué8(i&gt;v caoppoxtwv r¡ xivxpa (^apwv ext^sSíov. (Sobre
equilibrios planos y centros de gravedad planos. 2 libros.)
.6. TeTpotYOviq/.ó&lt;; %&lt;xptx^o\rtq (más propiamente: tr¡q toó op9oY&lt;ovtou
y.wvou TOfJLYJi;). (Cuadratura de la parábola o de la sección de
cono rectángulo.)
7.Ilept ó^ou^ivtov. (Sobre cuerpos flotantes. 2 libros.)
8.^*af^[JUTT)(;. (Arenario.)
9.Ilept twv ^,Y¡yavtx¿Jv 9e&amp;)pv][jt.áT(i&gt;v izpbq 'EpaTOdOévrjv 69080? (So
bre teoremas mecánicos, Método [dedicado] a Eratóstenes.)
10. ^xofJiá^cov (fragmento).

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�Las fuentes primarias de los textos que poseemos de estos tra
bajos son esencialmente dos: a) un manuscrito, redactado probable
mente en el si^lo IX en Constantinopla y desaparecido después de
1544, conteniendos los trabajos 1,2,3,4,5,6,8, en el cual se basan todas
las ediciones posteriores que conocemos; era además conocido el
trabajo 7, exclusivamente en versión latina; del Método no se tenía
hasta 1906 más que referencias pasajeras, y en cuanto al E^ogá^cov,
Heath lo tenía aún en 1897 por apócrifo ([5], p. xxii) ; b) el famoso
palimpsesto descubierto en 1899 en Jerusalén e interpretado en 1906
por Heiberg; este palimpsesto contiene el Método casi íntegro, un
fragmento del ^Topiá^cov y casi todo el texto de Cuerpos flotantes.
Los numerosos manuscritos y ediciones de las obras de Arquímedes (la editio princeps es la edición bilingüe Archimedis opera quae
quidem extant omnia nunc primum graece et latine in lucem edita etc.
publicada en Basilea en 1544) dan lugar a considerables problemas
de filiación y crítica bibliográfica, complicados por los variados co
mentarios que las acompañan (de éstos se ha hecho clásico el de
Eutocio sobre Esfera y cilindro, libro II). Este tópico está exhausti
vamente tratado y discutido por Heiberg [8], y sobre todo [10], vol.
3; una breve reseña del estado de conocimiento sobre el particular
previamente al descubrimiento del palimpsesto de Jerusalén se halla
en [5], pp. xxiii-xxxviii y una lista bastante completa de las edicio
nes en [3], p. LIII-LIX.
2.2.Obras conocidas de atribución incierta. En la traducción ára
be de Thabit bin Qurra nos ha llegado un
11.

Liber a^sumptorum, {Libros de Lemas),

atribuido a Arquímedes. Mientras es posible que %este compendio de
resultados geométricos tenga su origen en trabajos de Arquímedes, el
texto que ha llegado a nosotros menciona a Arquímedes por su nom
bre varias veces y no puede por tanto estar en su forma original.
Finalmente tenemos el
12.IIpó^XY¡u.a (Joet^óv,

{Problema de los bueyes),

redactado en forma de epigrama, editado en 1773 por Lessing, que,
según su texto, habría sido propuesto por Arquímedes a Eratóstenes.
Aunque de autenticidad dudosa se sigue considerando posible su atri
bución, aunque no en la forma que poseemos, a Arquímedes. (Ver

[10], [11], [12]).
2.3.Obras conocidas por referencias. En sus propias obras cono
cidas, Arquímedes se refiere a ciertos otros trabajos que habría
redactado. Algunos de éstos son también mencionados por otros auto
res que parecen haberlos conocido. Pueden considerarse como seguros
los siguientes:
13.'Apyost. {Principios; sobre un sistema de numeración; el
título proviene de una cita en el Arenario y es muy dis
cutido. )
- 9 -

�14.Ilepi uy^v* (Sobre palancas.)
15.KsvTpo^apt^á. (Centros de gravedad.)
Solamente mencionados por otros autores se hallan:
16.IIspc ^XtvOt^tóv %ou xuXív^pwv. (Sobre plíntidos (?) y cilin
dros; mencionado por Herón).
17.Investigaciones sobre poliedros semirregulares, m^ncionadas
por Pappus.
18.KaTOTíTpt^á. (Catóptrica; mencionado por Teón).
19.Ilsp^ a^a'.po-oíaq. (Sobre el arte de hacer esferas; mencio
nado por Pappus y por Cicerón.)
Finalmente, según fuentes griegas y árabes, Arquímedes habría
escrito sobre: a) la duración del año; b) el heptágono inscrito en
un círculo (la autenticidad de esta noticia aparece corroborada por
una versión transmitida por Tbabit bin Qurra, ver [7], p. 340) ; c)
círculos tangentes; d) líneas paralelas; e) triángulos; f) propiedades
de triángulos rectángulos; g) un libro de Data; h) sobre clepsidras.
Es seguramente apócrifo el trabajo que se le atribuye sobre los espejos
comburentes, ver [3], pp. XIX-XXI1, [8], pp. 39-41.
Por más referencias, ver [3], [11], [5], [10] vol. 3. Para la con
fección de este trabajo nos hemos basado fundamentalmente en la
traducción al francés de las obras completas por ver Eecke [3] y,
para algunos puntos dudosos, en las propias ediciones en griego y

latín de Heiberg [9], [10].
3.

La contribución científica

3.1. Introducción. En la historia del desarrollo de la Matemática,
las obras de Arquímedes son las primeras investigaciones de carácter
original que han llegado a nosotros en forma textual o casi textual
y no como meros fragmentos. Al llegar, en el estudio de ese desarrollo,
a sus obras, hay una transición brusca de los relatos escuetos de
segunda o tercera mano que poseemos de la obra de los matemáticos
que le precedieron o de su recopilación en los Elementos de Euclides,
a la frescura y el estilo personal que pervaden la de Arquímedes.
Ello parecería dificultar una evaluación justa de la relación que esas
obras tienen con las de sus predecesores; pero, por un lado, el propio
Arquímedes nos habla varias veces con modestia de la medida precisa
en que sus investigaciones superan los resultados hasta entonces cono
cidos, por ejemplo:
...pero ninguno de mis predecesores ha buscado, que yo sepa, la cuadra
tura de un segmento limitado por una recta y una parábola, que ahora he
hallado. (Cuadratura par., introd.)
y por otro los matemáticos posteriores que conocieron directamente
tanto su obra como las que le precedieron dejan un elocuente testi
monio de la poderosa originalidad de Arquímedes.
Consecuentes con la orientación de este trabajo, no consideramos
necesario hacer una reseña general para ubicar a Arquímedes en la

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�Historia del conocimiento científico, y más en particular de la Mate
mática, en la Antigüedad. Este desarrollo se encuentra extensamente
tratado, con análisis de las fuentes y de los textos, en Heath [6]; un
resumen algo más reciente se halla en Heath [7]. Seguramente más
interesante para el matemático, y conteniendo muchos puntos de vista
aún más modernos, es la obra de van der Waerden [14]. Nos remi
timos a las obras citadas para una más amplia información en este
sentido.
En esta sección examinaremos brevemente y con un criterio siste
mático (y mayormente con nomenclatura moderna) las contribuciones
originales y otras investigaciones de Arquímedes, mencionando some
ramente los antecedentes correspondientes en cada caso. A este último
respecto, y refiriéndose a la originalidad prevalente en las obras de
Arquímedes, dice Heath:
Thus, the historian of mathematics, in dealing with Archimedes' obligations
to his predecessors, has a comparatively easy task before him. ( [5], p. xl).
3.2. Teoría de las cónicas y cuádricas de revolución. En la teoría
de las cónicas, todo el período que transcurre desde su descubrimiento
por Menecmo hasta la redacción del tratado sobre Cónicas de Apolonio puede calificarse de prehistórico. En él se destacan, aparte del
propio Menecmo, los nombres de Aristeo, Euclides y Arquímedes. En
este breve período, de apenas poco más de 100 años, fueron descu
biertas, aunque en forma poco sistemática, las principales propiedades
de estas curvas. En la época de Euclides ya la teoría se había des
arrollado al punto de permitir la redacción de un tratado sobre cóni
cas, que parece haber coincidido en sustancia con los cuatro primeros
libros del tratado de Apolonio, aunque con menos generalidad.
Arquímedes halló una teoría relativamente bien desarrollada aun
que no dotada, por lo que sepamos, de métodos sistemáticos de inves
tigación. La teoría geométrica de las cónicas no hace el objeto exclu
sivo de ningún trabajo conocido de Arquímedes, pero desempeña un
papel importante en varias de sus obras, y es prácticamente seguro
que a él se deben algunas contribuciones de importancia, relativas en
particular a la parábola {Cuadratura par., Props. 1-5), y otras apli
cadas a la teoría de las cuádricas de revolución {Con. y esf., Props.
3, 7, 8, 9). Entre los aspectos un poco arcaicos que la teoría presenta
en Arquímedes puede mencionarse: a) la nomenclatura: para él las
cónicas siguen definidas, como para Menecmo, como secciones de un
cono recto de base circular ("cono isósceles") por un plano perpen
dicular a una generatriz, distinguiéndose por el ángulo al vértice del
cono, como "secciones de un cono acutángulo" = elipse, "rectán
gulo" = parábola, "obtusángulo" = hipérbola; a pesar de ello sabía
al menos que toda sección oblicua de un cono o de un cilindro circular
recto que corta todas las generatrices de éste es una elipse {Con.
y esf., Props. 7-9) ; b) la consideración de la hipérbola como consis
tiendo de una sola rama; c) el tratamiento analítico esencialmente
diferente de la elipse y de la hipérbola {Con. y esf.).
- 11 -

�En ausencia de pruebas en contrario, Arquímedes debe ser consi
derado como el primero en definir e investigar las cuádricas de revo
lución, que él llama "conoides" ("conoide rectángulo" = paraboloide,
"conoide obtusángulo" = una hoja de hiperboloide de dos hojas)
y "esferoides" .(elipsoides), obtenidas por revolución de las cónicas
alrededor de sus ejes, como lo explica detalladamente en la intro
ducción de Conoides y esferoides. (Por el estado de la teoría de las
cónicas — no se tenía el concepto de eje no transverso de la hipérbola
— Arquímedes no consideró el hiperboloide de una hoja). Las pro
piedades geométricas de estos cuerpos estudiadas por Arquímedes son,
sin embargo, sólo incidentales a la investigación de volúmenes (Con.
y esf., Props. 11-17, Método, Props. 3, 4, etc.), centros de gravedad
(Método, Prop. 5, etc.) y las relativas a los cuerpos flotantes (Cuerpos
flotantes, II, passim), a las cuales nos referiremos más abajo.
3.3.Geometría analítica. Aparte de ciertas formas de definir las
cónicas como lugares geométricos que las hacen aparecer práctica
mente como dadas por sus ecuaciones en coordenadas rectangulares u
oblicuas, hallamos en la matemática griega sólo signos esporádicos de
una geometría analítica. El hábil manejo de las cónicas dadas en esa for
ma por Arquímedes y Apolonio hace pensar, sin embargo, que métodos
de esa índole eran usados en forma más amplia que lo que indicarían
las formulaciones definitivas redactadas en el tradicional lenguaje
geométrico-sintético caro a los pitagóricos y a la escuela de Platón.
En Arquímedes hallamos un brillante ejemplo de un tema plan
teado en una forma esencialmente analítica: es el estudio de la espiral
que lleva su nombre, y cuya definición no es más que una paráfrasis
de la ecuación paramétrica de la curva en coordenadas polares:
r = at6 = bt
donde a, b son constantes y el parámetro t está simbolizado, para
Arquímedes, por el tiempo (Espirales, Definiciones).
El único ejemplo anterior de una definición semejante de un
lugar es el de la curva inventada por Hipias para resolver el problema
de la trisección del ángulo y llamada posteriormente "cuadratriz" por
la aplicación que le dieron Dinóstrato y Nicomedes. Puede situarse
también en este contexto el ingeniosísimo método cinemático ideado
por Arquitas para resolver el problema de las dos medias propor
cionales, equivalente al de la duplicación de cubo. Esta forma de
definición, desusada hasta aquel momento, permite a Arquímedes
obtener las propiedades de la curva definida de la manera más natu
ral, llegando aun a la determinación de la subtangente polar — el
primer resultado conocido perteneciente propiamente a la geometría
diferencial (Espirales, Props. 18-20).
3.4.Álgebra geométrica y construcciones del tipo "veyui?".
La mayor parte de los desarrollos en las obras de Arquímedes con
contenido geométrico están expuestos en el característico lenguaje del
Álgebra geométrica que caracteriza prácticamente toda la Matemática
griega hasta Diofanto. Este punto de vista se origina con los pitagó-

- 12 -

�ricos. Su auge se debe sin duda a que permite esquivar en buena
parte los problemas que suscitó el descubrimiento, debido también
a los pitagóricos, de la existencia de magnitudes inconmensurables.
Su recurso básico es la "aplicación de áreas", llevada a su formu
lación definitiva en los Elementos de Euclides (Libros II y VI), mé
todo que permite la resolución de la ecuación general de segundo
grado. A pesar del uso más restringido que Arquímedes hace de ese
método si se le compara con Apolonio, la aplicación de áreas aparece
usada en varias de sus obras (Equilibrios planos II Prop. 1, Con. y
esf. Props. 2, 25, 26, 29). En este terreno Arquímedes no figura como
innovador.
Otro aspecto importante del Álgebra geométrica es la teoría de
las proporciones. Iniciada por los pitagóricos sobre bases puramente
aritméticas, fracasó ante el descubrimiento de las magnitudes incon
mensurables. Solamente fue reestructurada, sobre un fundamento que
esencialmente aún perdura, por Eudoxo, cuya definición sirve de
base al Libro V de los Elementos de Euclides. Arquímedes fue un
brillante manipulador de la teoría de las proporciones, pero también
aquí las bases ya estaban sólidamente echadas por sus predecesores.
El punto más importante en que Arquímedes contribuyó al tema
de esta subsección es el que se refiere a las ecuaciones cúbicas. Ello
sucede (aparte de un lema mencionado al pasar en el Libro de Lemas,
Prop. 8, aplicable a la trisección del ángulo) sobre todo en Esfera y Ci
lindro, libro II, Prop. 4. El texto que poseemos presenta una impor
tante laguna en ese punto, la cual, de acuerdo con el testimonio de
Eutocio (en el comentario que acompaña todas las ediciones de las
obras de Arquímedes) es muy antigua. Eutocio, en base a un ma
nuscrito que estudió, reconstruye el pasaje defectuoso. El problema
estudiado conduce a una cierta ecuación cúbica expresada en forma
de proporción. Arquímedes, contra su costumbre, parece haber estu
diado en este caso en el propio trabajo una ecuación de forma más
general que la que era necesaria para el propósito, observando incluso
que el problema de esa forma más general requería un "Stopto-p.ó&lt;^"
(discusión de posibilidad), mientras las condiciones de posibilidad
se cumplían necesariamente en el caso particular. El método em
pleado por Arquímedes es una generalización de los métodos de
Menecmo para la resolución del problema de las dos medias propor
cionales (ver más abajo) mediante el uso de la intersección de
cónicas. Por una observación hecha en el prefacio de Conoides y
esferoides, Arquímedes habría estudiado otras ecuaciones cúbicas
similares. El problema de la ecuación cúbica en las obras de Arquí
medes se halla ampliamente estudiado en [5], pp. cxxiii-cxli.
Arquímedes parece haber considerado perfectamente legítimas
tales construcciones, imposibles con la utilización de la regla y del
compás solamente, hallándose un ejemplo típico de su actitud en
Esfera y cilindro libro II, Prop. 1, donde dice sencillamente: "...y
hallemos las dos medias proporcionales H®, MN entre FA, EZ, ..."'.
El problema de la construcción de dos medias proporcionales,

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�equivalente, según descubrió Hipócrates, al problema de la du
plicación del cubo, fue objeto de múltiples investigaciones y mé
todos de solución, de los cuales Eutocio, en el comentario citado,
expone varios; de ellos son anteriores a Arquímedes los de Arquitas,
Eudoxo, Menecmo y uno atribuido, aunque seguramente en forma
errónea, a Platón. Es probable que Arquímedes prefiriera el de Me
necmo, basado en la intersección de cónicas.
También se bailan en Arquímedes varios ejemplos de construc
ciones del tipo llamado veüatc (lat.: inclinatio), correspondientes
a casos no resolubles con regla y compás. Arquímedes las usa poco
(Espirales, Props. 5-7), pero tampoco muestra repugnancia por su
uso ni las considera carentes de rigor. El tema relativo a estas cons
trucciones está tratado, en una extensión que excede su incidencia en
la obra de Arquímedes, en [5], pp. c-cxxii.
3.5.Sucesiones y series. Incidentalmente a sus investigaciones
geométricas, Arquímedes considera progesiones aritméticas y sumas
parciales de las series formadas por sus términos o los cuadrados o
expresiones cuadráticas más complicadas de las mismas (p. ej. Espi
rales, Props. 10, 11; Con. y esf., Prop. 3), sea en forma de identi
dades, sea como desigualdades. Los resultados están expresados en
lenguaje geométrico y muestran la soltura con que Arquímedes
manipula proporciones. Es posible que al menos los resultados más
complejos (p. ej. Espirales, Prop. 11) sean originales de Arquímedes,
quien aparentemente no consideró este tema como digno de un
estudio autónomo.
También consideró Arquímedes las progresiones geométricas, lla
madas por él "en proporción continuada" (Arenario, Cuadratura par.
Prop. 23). En la última de las referencias indicadas, Arquímedes
calcula esencialmente las sumas parciales de la progresión de razón
1/4. Combinando el resultado con el método de exhausción (ver subsección siguiente) se obtiene el resultado equivalente a la suma de
la serie infinita correspondiente. Por supuesto Arquímedes nunca
habla de series infinitas, ni siquiera de sucesiones indefinidas; el
tema estaba vedado desde los tiempos de Zcnón y de sus antinomias.
No hay prácticamente duda, sin embargo, de que poseía conscientemente
el concepto, como se ve más claramente en su Método en lo que se
refiere a lo que hoy llamaríamos integrales definidas (ver subsección
siguiente).
2.6.Áreas y volúmenes. Uno de los aspectos primordiales de la
contribución original de Arquímedes se refiere a la determinación de
ciertas áreas de figuras planas y de áreas y volúmenes de figuras
sólidas; algunas de esas figuras, como la espiral y las cuádricas de
revolución, fueron inventadas por el propio Arquímedes.
En cuanto a las áreas planas, todo lo referente a áreas de figuras
limitadas por poligonales ya estaba resuelto al aparecer los Elemen
tos de Euclides, reduciéndose todo a la descomposición de la figura
en triángulos. Las únicas figuras planas que no caen en esta categoría
examinadas previamente fueron el círculo y las figuras limitadas por
- 14 -

�arcos de circunferencia y rectas. El paso principal para poder abordar
estos problemas había sido la obtención del resultado de que la razón
de áreas de figuras semejantes era igual a la de cuadrados construi
dos sobre elementos correspondientes en la semejanza. Este resultado
para círculos y segmentos circulares (lo que basta para los casos pre
viamente mencionados) se remonta, al menos en lo que se refiere
a su enunciado, a Hipócrates. Posiblemente éste lo considerara como
evidente. Su demostración rigurosa solamente se hace posible mediante
el método de exhausción originario de Eudoxo. A Hipócrates se le
atribuye también la "cuadratura" de ciertas "lúnulas" — figuras
limitadas por arcos de circunferencia —es decir una construcción de
un cuadrado equivalente.
En Medida del círculo Arquímedes demuestra —sin mencionar
explícitamente los postulados sobre curvas convexas que se hallan en
Esfera y cilindro, libro I — que el círculo es equivalente a un trián
gulo (que él considera rectángulo) cuya base y altura son iguales al
perímetro y al radio del círculo, respectivamente. En materia de áreas
de figuras planas, y aparte de las figuras llamadas "ap^rjXo?" ^
"aáXtvov" del Libro de Lemas, que son especies de lúnulas y re^ultan
equivalentes a ciertos círculos (Props. 4. 14), Arquímedes consideró
por primera vez los importantísimos casos de la elipse, de la parábola
y de la espiral que lleva su nombre.
El área de la elipse es determinado en Conoides y esferoides,
Props. 4-6, relacionándolo con el área del círculo construido sobre
el eje mayor como diámetro. La demostración procede de manera
natural por comparación de polígonos inscritos en posición afín.
Es en la cuadratura del segmento de parábola donde Arquímedes
parece haber aplicado por primera vez el método analítico-heurístico
que expone en el Método (Prop. 1). Se trata de una analogía mecá
nica basada en la teoría de la palanca, obra también de Arquímedes
(ver subsección 3.9), en la cual se comparan secciones de la figura
a estudiar con secciones correspondientes de figuras auxiliares de pro
piedades conocidas, de tal manera que la figura a estudiar y la figura
de comparación aparezcan intuitivamente como "sumas" de secciones
elementales. Puede decirse que este método corresponde a la idea
ingenua de la integral definida como "suma infinita de infinitésimos".
Es de hacer notar, sin embargo, que Arquímedes sabía muy bien
que su Método no implicaba una demostración rigurosa (ver capítulo
II, sección 3). Más adelante analizaremos el significado de este mé
todo más en detalle. La demostración rigurosa de la cuadratura del
segmento de parábola se halla en la Cuadratura de la parábola por
dos vías: una primera demostración, también basada en la teoría de
la palanca, por descomposición de las áreas a comparar en franjas
paralelas; y una segunda, puramente geométrica, obtenida agotando
el área del segmento mediante una suma creciente de triángulos
(Props. 6-17 y 18-24 respectivamente). Si bien la primera demostra
ción reposa sobre postulados diferentes, correspondientes a la estática
y enunciados en Equilibrios planos, libro I, Arquímedes no la consi
dera menos rigurosa, como han querido sostener algunos.
- 15 -

111058

�La cuadratura del área limitada por la espiral de Arquímedes
y un dado radio vector es obtenida de manera natural por exhausción
mediante sumas de sectores circulares inscritos y circunscritos (Espi
rales, Props. 21-28).
La determinación del volumen de figuras en el espacio se inicia
en forma científica con Eudoxo, quien aplicó su teoría de las propor
ciones y su método de exhausción a la determinación del volumen
de la pirámide de base triangular y con ello a poliedros cualesquiera.
Además Eudoxo, según el testimonio del propio Arquímedes (p. ej.
Esf y cil. I, introd.), estableció por primera vez los volúmenes del
cono y del cilindro de bases circulares; aunque refiriéndose a su
propio método analítico Arquímedes le atribuye a Demócrito un
procedimiento similar para la determinación del volumen del cono,
que él considera muy meritorio aun teniendo en cuenta su falta de
rigor (Método, introd.).
Arquímedes ataca por primera vez con éxito, según su propio
testimonio, la determinación del volumen de la esfera y del segmento
y del sector esféricos. Esta investigación está íntimamente vinculada
a la de las áreas del cono, del cilindro, de la esfera y de la zona
esférica. Aquí fue nuevamente su método mecánico-analítico el que
proveyó a Arquímedes el valor del volumen de la esfera y del seg
mento esférico (Método, Props. 2, 7) mientras que la demostración
rigurosa se halla más bien supeditada metodológicamente a la deter
minación del área de la superficie y de la zona esféricas. Más abajo
(capítulo II, sección 3) analizaremos en detalle el proceso de estos
descubrimientos según surge de los textos. Las demostraciones rigu
rosas se hallan en Esfera y cilindro^ libro I y proceden por exhaus
ción para los voliímenes y por encerramiento entre superficies con
vexas calculables para las áreas. (Ver más abajo).
En forma análoga se establecen los volúmenes del elipsoide de
revolución (esferoide) y de segmentos del mismo y de las otras cuádricas de revolución consideradas por Arquímedes (Método, Props. 3,
4, 10, 11; Con. y esf. Props. 18-32), así como las de ciertas figuras
obtenidas por intersección de planos y cilindros (Método, Props.
12-15).
En la determinación de áreas planas y de volúmenes por el mé
todo de exhausción interviene un principio que sustituye legítima
mente el moderno pasaje al límite. En la mayor parte de los casos
se trata del así llamado "postulado de Arquímedes", que él mismo
atribuye, sin embargo, a sus predecesores (Cuadratura par., introd.)
y que en Esfera y cilindro, libro I enuncia así:
5. además, de líneas desiguales, superficies desiguales y sólidos desiguales
el mayor excede el menor en una magnitud tal que, sumada a sí misma,
puede hacerse exceder cualquier magnitud prefijada que posea una razón
con una y otra de las primeras.
En algún otro caso, por ejemplo en la demostración geométrica para
la cuadratura del segmento de parábola (Cuadratura par. Prop. 24)
o en lemas sobre polígonos inscritos y circunscritos (Esf. y cil. I,

— 16 -

�Prop. 5), usa una forma ligeramente diferente del mismo principio,
diciendo específicamente, en la última de las referencias mencionadas,
"pues esto nos ha sido transmitido en los Elementos^; parece fuera
de duda que la referencia es a los Elementos de Euclides, Libro
XII, Prop. 2, pues ésta contiene el lema en la forma allí usada.
Para la determinación de áreas de superficies no planas Arquímedes reconoce la necesidad de introducir postulados aceca de tales
superficies, en particular de las superficies convexas ("¿^i xoc auxot
xoÍXy)", "cóncavas del mismo lado"). Estos postulados expresan las
relaciones de desigualdad de áreas de tales superficies con borde
plano y contenida una entre la otra y el plano del borde {Esf. y cil.
I, Postulados 3, 4). Estos postulados permiten hallar el área de una
superficie convexa cuando se posee superficies contenida y continente
de diferencia arbitrariamente pequeña.
3.7. Aproximación de irracionales. La teoría de los irracionales,
o más propiamente de las "razones inconmensurables", se origina con
el descubrimiento de la inconmensurabilidad del lado de un cuadrado
con la diagonal (irracionalidad de \/2) por los discípulos de Pitágoras. El tema parece haber sido vuelto a considerar solamente por
Teodoro, maestro de Platón, quien mostró la irracionalidad de las
raíces cuadradas de 3, 5, 6, 7, 8, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 17. El tema
fue brillantemente desarrollado por Teeteto, a quien se debe sustancialmente el Libro X de los Elementos (ver a este respecto [14], cap.
VI), siendo ése el estado definitivo de la teoría en la época de Arquímedes.
Este último no se ocupó, en sus obras conocidas, de la teoría
de los irracionales propiamente dicha. Su contribución se refiere al
cálculo aproximado de raíces cuadradas y del número %. Estas in
vestigaciones pertenecen a la disciplina llamada por los griegos
XoYtaxtxT) o Arte de calcular. Nuestros conocimientos de estas contri
buciones se basan en el trabajo Medida del Círculo, que poseemos en
una versión algo corrompida. En él Arquímedes da aproximaciones
por exceso y por defecto de ^ que implican 3 1/7 &lt; z &lt; 3 10/71
(posteriormente mejoradas, según Herón, en Puntidos y cilindros,
ver [10], vol. 2, p. 542). El método consiste en encerrar la longitud
de la circunferencia entre las longitudies de poligonales regulares de
96 lados, inscrita y circunscrita. Constituye este trabajo la primera
referencia que tenemos de una aproximación de tx con fundamento
matemático conocido (los egipcios usaban al parecer ti/4 = (8/9)2 y
los babilonios % = 3, ver [14]).
En el trabajo mencionado Arquímedes usa aproximaciones racio
nales de diversas raíces cuadradas, muy en particular la aproximación
265/153 &lt; \/^ &lt; 1351/780, sin explicar el método que le condujo a
esos precisos valores. Estas aproximaciones, que parecen ser las prime
ras que se hallan después de las atribuidas a Pitágoras, Aristarco y
Teodoro, han sido objeto de numerosas conjeturas, acerca de las cua
les nos remitimos a [5], pp. lxxvii-xcix y [14], cap. VII y a las re
ferencias allí indicadas. Sería aventurado suponer que Arquímede3
- 17 -

�poseía conscientemente los principios de la teoría de las fracciones con
tinuas, pero parece fuera de duda que sabía valerse de procesos de
iteración estrechamente conexos con aquélla.
3.8. Contribuciones matemáticas menores. Entre las contribucio
nes restantes seguramente atribuibles a Arquímedes encontramos el
invento de un sistema de numeración que permite expresar números
naturales muy elevados. Es el conocido sistema de las "octadas": los
números del 1 hasta la "miríada de miríadas" (108) forman "los pri
meros números"; la miríada de miríadas siguiente, "los segundos
números", siguiendo así hasta los "miríada-miriadésimos números"
(108(108-1) a 108.108); todos estos números forman el "primer pe
ríodo"; los 108.108 siguientes, el "segundo período" y así
"¿•; tcj^ [^uptax.[ff¡rjp lóala^ irepió^ou ^upiaxia^'jpioaTwv aptO^wv ^opía^
[^uptá^as", "hasta una miríada de miríadas de los miríada-miriadésimos
números del miríada-miriadésimo período", o sea 108.10a6. Este sistema
había sido expuesto en una comunicación, posiblemente con el título
"Principios", a Zeuxipo, y se halla resumido en el Arenario. En vista del
probable carácter incidental de estos trabajos y su difusión nula no
parece de mucho provecho analizar la vinculación de este sistema
con otros sistemas de numeración anteriores y posteriores (por deta
lles ver [6], [14]), pero sí sirve para evaluar la imaginación y el
vasto campo de interés de Arquímedes.
Pappus le atribuye a Arquímedes el descubrimiento de los 13
poliedros "semirregulares", complementando así el descubrimiento de
los poliedros regulares por la escuela de Pitágoras. De confirmarse
la noticia, sería una nueva corroboración del amplio campo abarcado
por Arquímedes y de su talento el que hubiera descubierto la tota
lidad de los cuerpos en esa categoría.
De las restantes investigaciones geométricas atribuidas a Arquí
medes, de las cuales tienen más visos de autenticidad las del Libro
de Lemas, es particularmente interesante la construcción, por veGat^,
del heptágono inscrito en un círculo que poseemos indirectamente
en una versión árabe (ver [7], p.340). El ^^ogá^iov o loculus Archimedius, una especie de rompecabezas refinado, fue tenido durante
mucho tiempo por apócrifo, hasta el descubrimiento del palimpsesto
de Jerusalén. Consiste en un complicado problema de partición del
cuadrado en polígonos conmensurables. Posiblemente fuese concebido
esencialmente como diversión.
Finalmente se atribuye a Arquímedes el famoso Problema de los
bueyes, que consiste en un sistema de ecuaciones indeterminadas en
8 variables (problema "diofántico"). La autenticidad de este problema,
la oportunidad de su proposición, las dudas sobre el significado pre
ciso de su enunciado han dado lugar a múltiples conjeturas. El punto
se halla discutido en [12], [1] y [11]. De haberlo realmente propuesto
y resuelto, aun parcialmente, Arquímedes, resultaría que era capaz de
atacar problemas relativamente complejos del análisis indeterminado
lineal. En cambio puede afirmarse con certeza que Arquímedes no
poseía la solución efectiva del problema completo, la cual, como es
sabido, consiste en 8 números de no menos de 200.000 cifras cada uno.
- 18 -

�3.9. Mecánica (Estática). Arquímedes parece haber sido el pri
mero en preocuparse seriamente de una fundamentación teórica de
los fenómenos mecánicos. Arquitas y Eudoxo habían utilizado razo
namientos cinemáticos de cierta complejidad, pero éstos no parecen
haber tenido relación alguna con conceptos dinámicos. Los trabajos
de Arquímedes en el terreno de lo que podríamos llamar Estática
de los sistemas de cuerpos rígidos se concentran sobre los problemas
relativos al centro de gravedad de cuerpos y sistemas y al equilibrio
de sistema con un eje fijo solicitados por fuerzas perpendiculares al
mismo (palancas), es decir, todos problemas concernientes, en nues
tra nomenclatura, a momentos de primer orden. Entre las obras de
Arquímedes que se han perdido se menciona una sobre Centros de
gravedad y otra Sobre palancas, posiblemente coincidentes. Es de
presumir que en ellas Arquímedes investiga la relación entre centros
de gravedad y puntos de suspensión, utilizada en Cuadratura de la
parábola, (Props. 6, 7) y que las investigaciones correspondientes
preceden la redacción de los Equilibrios planos y del Método.
Arquímedes parte de postulados sencillos (Equilibrios planos I),
entre los cuales vale la pena destacar el N9 7:
en toda figura cuyo perímetro es cóncavo en el mismo sentido el centro
de gravedad debe estar contenido en la figura,
para fundamentar la teoría del equilibrio de sistemas de figuras pla
nas solicitadas por fuerzas paralelas contenidas en su plano y pose
yendo un punto fijo. Que la restricción a figuras planas no representa
una limitación conceptual para Arquímedes resulta del hecho que
en el Método aplica los mismos principios con la máxima soltura a
figuras sólidas (cilindros, conos, esferas, esferoides, paraboloides).
Parecería más bien que Arquímedes, innovador en la materia, creyó
necesario formalizar primero una versión más sencilla de la teoría.
En la estructuración de la misma llega a la propiedad funda
mental de la palanca (proporcionalidad recíproca de magnitudes y
brazos, Equilibrios planos, I, Props. 6, 7) ya la determinación del
centro de gravedad de paralelogramos, triángulos, trapecios (ibid.
Props. 9-15) y, como resultado cuya demostración ocupa todo el libro
II, el de un segmento de parábola.
En el Método, Arquímedes determina por la vía analítica y en
forma enteramente análoga a la usada para hallar áreas y volúmenes
los centros de gravedad de: segmento recto de paraboloide, hemis
ferio, segmento esférico, segmento recto de elipsoide y de hiperbo
loide (Props. 5, 6, 9-11). No poseemos las demostraciones rigurosas
correspondientes, aunque es fácil de imaginar cómo Arquímedes
habría procedido al efecto en una teoría que incluyera los cuerpos
sólidos.
3.10. Hidrostática. La Hidrostática es también un campo al cual
dio Arquímedes por primera vez un tratamiento teórico, creándola por
así decir de la nada. Basada en sólo dos postulados (principio de
las presiones y transmisión vertical de las fuerzas) deduce en un
- 19 -

�primer libro de sus Cuerpos flotantes la esfericidad de la superficie
libre de un líquido (!) (Prop. 2), las condiciones de flotabilidad
(Props. 4-6), el "principio de Arquímedes" relativo a la pérdida de
peso experimentada por un cuerpo sumergido (Prop. 7) y las posi
ciones de equilibrio y estabilidad de las mismas de segmentos esfé
ricos cuyo contorno no corta la superficie libre (resultan con el eje
del segmento en posición vertical; Props. 8, 9).,
No contento con ello, en el libro II Arquímedes hace un análisis
exhaustivo de las condiciones de flotabilidad, posiciones de equilibrio
y estabilidad de las mismas de un segmento recto de paraboloide de
revolución para diversas relaciones de densidad, diversas alturas del
segmento y posiciones diversas del mismo bajo la única restricción
de que el contorno del segmento no corte la superficie libre del líqui
do (supuesta plana en este libro). Heath dice:
Book II is a tour de forcé, and must be read in full to be appreciated.
([7], p. 335).
Esta apreciación está ampliamente justificada si se tiene en cuenta
que en algunos de los casos las posiciones de equilibrio estables no
corresponden siquiera a una orientación vertical del eje del segmento.
Sobre todo desde el hallazgo del texto griego de este tratado, es
innecesario agregar comentarios a un trabajo cuya claridad dentro de
la dificultad del tema es ejemplar.
3.11. Astronomía y Óptica. A diferencia de varios de los mate
máticos que le precedieron (en particular Eudoxo), Arquímedes no
parece haberse dedicado a investigaciones teóricas en cinemática
celeste. Sin embargo, contra su referido desdén por las artes de tipo
técnico, parece establecido que construyó un planetario, un sistema
de esferas móviles (a diferencia de las esferas celeste? fijas que se
remontan a Tales y Anaximandro) para representar los movimientos
aparentes de los planetas, escribiendo un tratado sobre el particular,
Sobre el arte de hacer esferas. Este planetario, o quizá uno de varios
fabricados por Arquímedes, fue visto por Cicerón, quien refiere (De
rep. I) que ese instrumento era el único despojo que el triunfador
Marcelo quiso conservar del saqueo de Siracusa.
En el Arenario, Arquímedes refiere sus propias observaciones
para determinar el diámetro aparente del sol; describe el instrumento
utilizado para ello y la corrección que cree necesaria "porque el ojo
no ve desde un punto, sino desde una cierta área". Su resultado es
que el diámetro aparente se halla entre 1/164 y 1/200 de un ángulo
recto, es decir 27 0" &lt; 8 &lt; 32'56", (los valores correctos actual
mente oscilan alrededor de 3159.3" como valor medio). En el mismo
Arenario explica con lujo de detalles la correción necesaria para
reducir observaciones hechas en la superficie de la tierra al centro
de la misma, al menos para el caso de hallarse el sol en el horizonte.
Hiparco y Ammiano atribuyen a Arquímedes determinaciones de
la duración del año, basadas en observaciones del mismo ([10], vol.2,
p.554).

- 20 -

�Finalmente, Teón refiere que Arquímedes confeccionó un tratado
de óptica (Catóptrica), sobre el cual no tenemos más referencias
([10], vol.2, p. 549).
3.12. Inventos técnicos. La fama contemporánea de Arquímedes
se basaba sobre todo en sus numerosos inventos en el terreno técnico.
Aquí sólo los enumeraremos brevemente, para redondear nuestra
presentación de sus contribuciones.
Los inventos principales parecen referirse a sistemas de trans
misión de potencia perfeccionados, pudiéndose mencionar aparejos de
poleas y el tornillo sin fin, mediante los cuales demostró la posibi
lidad de mover grandes masas con pequeño esfuerzo ^o resolver el
problema "cómo mover una masa dada con una fuerza dada"). Otro
lugar de importancia entre sus inventos lo ocupan las máquinas de
defensa ampliamente descritas por Polibio y Plutarco. Se le atribuye
además el invento o al menos el perfeccionamiento de la bomba heli
coidal y de ciertos mecanismos movidos por agua, quizá relojes ( se
dice que escribió un tratado sobre clepsidras), un órgano o aun el
planetario arriba mencionado.
En cambio parece definitivamente relegada a la categoría de
leyenda la noticia del uso por Arquímedes de espejos cóncavos para
incendiar las naves enemigas (por referencias ver sección 2 arriba),
aunque no está excluido que en su Catóptrica haya estudiado las
propiedades teóricas de espejos cóncavos y quizá fabricado algún
modelo.

CAPITULO II
LA PERSONALIDAD CIENTÍFICA
1.

Introducción

Para llegar a una apreciación de la personalidad científica de
un investigador, es necesario recurrir fundamentalmente al estudio de
sus propias obras, complementadas por la discusión crítica que se
haya hecho de ellas; las referencias suplementarias que poseamos
acerca de su vida y persona pueden servir de elemento auxiliar.
En el caso de Arquímedes este estudio puede encararse con el
mayor provecho mediante la mera consideración crítica de los tra
bajos que de él poseemos. El estilo en que están escritos y el material
informativo representado por los numerosos prefacios nos permiten
tener una idea de la personalidad científica de su autor más clara
quizá que la que podemos hacernos de científicos considerablemente
más recientes.
Lo que primeramente impresiona al leer estos trabajos es la fres
cura de su estilo, su elegancia y su originalidad, impresión corro
borada por quienes más se han ocupado de ellos: dice Heath, en una
época en que aún no se conocía el Método:
... the intelligent reader cannot fail to be struck by the remarkable range
of subjects and the mastery of treatment. And if these are such as to
créate genuine enthusiasm in the student of Archimedes, the style and
raethod are no less irresistibly attractive. ([5], p. vi).
- 21 -

�.. .and his complete originality cannot fail to strike any one who reads his
works intelligently. ([5], p. xxxix).
En consecuencia no nos parece que cometemos un anacronismo
si aplicamos al análisis de la personalidad de Arquímedes que desea
mos hacer, criterios modernos; sin perder de vista, claro está, el
estado de los conocimientos matemáticos de su época. Ello quiere
decir que podemos confrontar esa personalidad con los diversos
aspectos que se presentan en el trabajo de los investigadores en nues
tra propia época sin tener que forzar la comparación, o así al menos
esperamos mostrar en lo que sigue.
La naturaleza de esos aspectos es familiar a todo matemático, y
ciertos autores, como Poincaré ([13], especialmente pp. 43-63) y
Hadamard ([4]), se han esforzado por analizar en particular los
referentes al proceso mismo de invención. En las secciones que siguen
pasaremos en revista algunos de esos aspectos, que servirán para
caracterizar más acabadamente la personalidad de investigador de
Arquímedes.,
2. El investigador original
Si comparamos las obras y las personas de Arquímedes y de
Euclides observamos inmediatamente un gran contraste. En las obras
que nos han llegado de ambos y en lo que sabemos de sus vidas
Arquímedes aparece como un investigador original nato, mientras
Euclides tipifica un genio de la didáctica. Estas dos tendencias pueden
reconocerse, con predominancia de una u otra, como do6 aspectos
netamente contrarios — aunque a veces no excluyentes — en todos
los matemáticos hasta nuestros días.
La polarización en los casos señalados es extremadamente neta:
la reconocemos en el contenido de los trabajos, en la forma de expo
sición, y aun en las anécdotas.
Las únicas de éstas que de Euclides se conocen nos lo presentan
como una típica personalidad magisterial; tanto cuando ridiculiza la
pretensión de un discípulo que desea saber cuánto puede ganar con
el conocimiento de la primera proposición de los Elementos, orde
nando a su esclavo: "Dale tres óbolos, pues necesita lucrar con lo
que aprende", como cuando le observa al rey que "no hay camino
real para la Geometría". De Arquímedes, en cambio, no está referido
siquiera que tuviera discípulo alguno, y todo lo que sabemos de sus
cualidades personales y de su modo de vida nos indica que no los
tuvo.
De todos los trabajos de Euclides, el que más fama ha tenido es
^totxt^ los Elementos; ya poco después de su muerte, era conocido
solamente como ó ffTOixs'.toTi^^, "el autor de Io3 Elementos". Si bien es
indudable que éstos contienen contribuciones originales de Euclides,
su sustancial y primordial propósito es una exposición comprensiva
de los conocimientos a que se refieren, como es norma en los buenos
libros de texto. Falta casi por completo la nota personal. También
los restantes trabajos que se conocen de Euclides por su texto o por
- 22 -

�referencias tienen el carácter de compendios, tratados o textos de
referencia.
De Arquímedes, en cambio, no se conocen trabajos que no lleven
el sello inconfundible de su investigación personal, que el autor se
preocupa de delimitar precisamente de lo ya conocido: esto lo hace
con sencillez y sin falsa modestia, diciendo por ejemplo:
Así no he vacilado en poner esas propiedades a la par de aquellas ... rela
tivas a las figuras sólidas, examinadas por Eudoxo, que parecen las más
importantes ... (Esf. y cil. I, introd.) .
El propósito de sus trabajos es justamente el de comunicar esos resul
tados nuevos a sus colegas y no el de proveer un texto de enseñanza.
Por ello el material que contienen, si bien está admirablemente bien
organizado, no tiene en general el carácter de una exposición metódica
de una teoría, sino que está puesto exclusivamente al servicio del
problema que el autor tiene entre manos.
Abriendo un breve paréntesis, es interesante mencionar en este pun
to dos tendencias diferentes en la manera de orientar los matemáticos
sus investigaciones. Hay aquéllos que gustan de resolver problemas,
sea aislados, sea elaborando un método general, mientros otros sólo
se sienten a sus anchas en la estructuración y perfeccionamiento de
grandes teorías. Las contribuciones de unos y otros son necesarias
para el progreso de la disciplina; la distinción no se refiere siquiera
necesariamente a la sustancia de los descubrimientos, sino que es de
carácter psicológico, describiendo una actitud mental. Arquímedes se
sitúa bastante netamente en el primer grupo, hecho evidenciado aun
en sus teorías más articuladas, los Equilibrios planos y los Cuerpos
flotantes, donde, después de describirse los principales principios de
una teoría, el autor se concentra en el análisis exhaustivo de un
problema seleccionado. En este sentido Arquímedes contrasta neta
mente con Apolonio, para citar el ejemplo contemporáneo más
notable.
Particularmente característico de las cualidades de investigador
de Arquímedes es el Método, que representa, a la par del primer
trabajo propiamente analítico, la primera exposición de un método
heurístico de investigación, instrumento de un tipo al parecer total
mente ajeno a la didáctica matemática corriente de la época y, para
qué negarlo, de todas las épocas.
De especial interés en este contexto son las introducciones que
acompañan a buen número de los trabajos, en que el autor explica
a sus colegas el propósito del trabajo, su relación con lo ya reali
zado, algunas indicaciones acerca de las ideas que le movieron a
considerarlo y aun la rectificación de algún resultado previamente
comunicado que había resultado erróneo (Espirales, introd.). Frecuen
temente surge de estas introducciones la existencia de una correspon
dencia más intensa que la que se conservado y aun contactos perso
nales, en los cuales Arquímedes habría comunicado los enunciados
de las proposiciones que ahora se propone demostrar. Todo esto
recuerda muy vividamente el investigador en la vida matemática de
- 23 -

�nuestros días o aún más la época, no tan remota, en que las revistas
matemáticas no habían alcanzado aún un desarrollo apreciable.
3.

El proceso de creación científica

Son muy contados los casos de investigadores acerca de los cuales
poseemos una información más precisa sobre el proceso de elabora
ción mental de sus descubrimiento. Ese proceso se visluirfbra a veces
en la versión definitiva de sus resultados; el lenguaje geométricosintético corriente en la Matemática de los griegos no es por cierto
apropiado para permitir muchas deducciones de ese tipo. Esta apre
ciación incluiría el caso de Arquímedes si no conociésemos más obras
de él hoy que a principios de este siglo. Wallis opinaba:
Arthimedes seems as it were of set purpose to have covered up the traces
of his investigations, as if he had grudged posterity the secret of his method
of inquiry, while he wished to extort from them assent to his residís ...
not only Archimedes, but nearly all the ancients, so hid from posterity
their method of Analysis (though it is clear that they had one) that more
modern mathematicians found it easier to invent a new Analysis than to
scek otit the oíd.
Esta opinión era aún compartida por Heath en 1897 ([5], p. viii).
En el caso de Arquímedes el hallazgo del Método ha cambiado
radicalmente la situación al respecto; tan es así que en lo que se re
fiere a algunos descubrimientos al menos estamos mejor documentados
sobre Arquímedes que sobre casi ningún otro matemático hasta cerca
de nuestros días. No es un accidente que para documentar sus "tres
pequeñas contribuciones a la psicología del pensamiento matemático"
van der Waerden [15] haya elegido dos ejemplos: uno referente a
sus propias investigaciones y el otro precisamente el de las investiga
ciones sobre áreas y volúmenes de Arquímedes.
Nada mejor para dar una idea de ese proceso que analizar un
ejemplo concreto, lo cual haremos someramente a continuación. He
mos elegido el hallazgo del área y del volumen de la esfera, al igual
que van der Waerden, porque es seguramente el que más de cerca
permite seguir el pensamiento del autor; el estudio mencionado de
van der Waerden nos provee para ello de preciosos puntos de vista,
aunque creemos que quizá no se refiere con suficiente énfasis a algu
nos puntos sutiles pero importantes en el pasaje del Método a Esfera
y cilindro, por estar abocado al estudio del problema más restringido
de la intervención relativa de intuición y razonamiento en el descubri
miento matemático.
Sólo describiremos escuetamente los aspectos importantes desde
nuestro punto de vista, remitiéndonos para los detalles técnicos a los
propios trabajos de Arquímedes y a [15], pp. 11-19.
¿Cómo encara Arquímedes este problema? El primer paso del
proceso consiste en una determinación heurística del volumen de la
esfera. Para obtenerla, Arquímedes se guía por la analogía con la de
terminación previa del área del segmento de parábola. Considerare
mos, por tanto, en primer lugar esta determinación.
- 24 -

�Para ello se recurre a una analogía mecánica, proveniente de la
teoría de los equilibrios planos elaborada por Arquímedes. El procedi
miento consiste en considerar el segmento de parábola y una fi
gura de comparación, el triángulo limitado por la cuerda FA del
segmento, la tangente a la parábola en F y la paralela por A al eje
de la parábola. Se determina, por resultados sobre cónicas, la rela
ción de las longitudes de los trozos determinados por segjnento y
triángulo sobre las rectas paralelas al eje de la parábola. Si ahora
se considera el triángulo suspendido en su porición por la mediana FK
de una palanca FKB (FK = K@) apoyada en K, el principio fun
damental de la palanca implica que para una cualquiera de las rec
tas paralelas consideradas, el trozo determinado por el triángulo, en
su propia posición, equilibra el determinado por el segmento de pará
bola, suspendido ele B. Parece, pues, razonable que el triángulo en su
posición equilibre el segmento entero suspendido en B; el conoci
miento de la posición del centro de gravedad de un triángulo implica
entonces inmediatamente, por una nueva aplicación del principio de
la palanca, que el área del segmento de parábola es 1/3 de la del
triángulo (Método, Prop. 1). Arquímedes dice claramente:
Lo que acabamos de decir no prueba, claro está, lo que precede, pero da
hasta cierto punto la idea de que la conclusión es correcta; por ello, re
conociendo nosotros mismos que la conclusión no está demostrada, dare
mos en su lugar la demostración geométrica...
El método descrito se aplica por analogía al caso de la esfera. La
dificultad reside en la elección de un cuerpo adecuado de compa
ración. Arquímedes resuelve este punto considerando, no la esfera
sola, sino el conjunto formado por la esfera (S) y el cono recto de base
circular (K) de altura y radio iguales al diámetro de la esfera, equili
brándolos, suspendidos de un extremo de un brazo de palanca, con
el cilindro (C) de misma altura y radio que el cono, colocado de modo
de formar su eje el otro brazo de la palanca, igual al primero. Siendo
conocidos los volúmenes de cono y cilindro y la posición del centro
de gravedad de éste, resulta inmediatamente: vol(S) + vol(K) = ^4
vol(C), vol(K) = V3vol(C), de donde vol(S) = V6vol(C), lo que
Arquímedes expresa diciendo que vol(S) = 2/3vol(Co), donde
(Co) es el cilindro de misma altura y mismo diámetro que (S), siendo
su volumen por tanto 1/i del de (C): (Método, Prop. 2). En forma
enteramente análoga se halla el volumen de todo segmento esférico (de
una base) (Método, Prop. 7).
Pasemos en revista los pasos que han intervenido hasta aquí:
a)elaboración de la teoría de los equilibrios y centros de gra
vedad;
b)aplicación de un método mecánico al problema geométrico
de la parábola;
c)consideración heurística de las figuras como "sumas" de seg
mentos;
d)aplicación por analogía a la esfera;
e)elección de los cuerpos de comparación.
- 25 -

�No es éste el lugar para discutir el punto a) (ver sección 6 más
abajo). Un paso decisivo lo constituye el b), que introduce un método
"de Matemática Aplicada", basado en postulados diferentes, en proble
mas puramente geométricos. Puede comprenderse, sin embargo, el pro
ceso por el cual Arquímedes llegó a establecer la conexión. Ello surge
del análisis de Equilibrios planos, libro I, en el que se refiere a la
determinación de centros de gravedad. Después de todo,^ los procedi
mientos empleados a este fin están íntimamente vinculados a la com
paración de áreas planas y aun a la disección de figuras en franjas pa
ralelas (p. ej. Equilibrios planos, I, Prop. 13). Parece casi seguro que
el hallazgo del área del segmento de parábola (aunque no la redac
ción de Cuadratura de la parábola) se sitúa entre las investigaciones
correspondientes al libro I y las correspondientes al libro II de Equili
brios planos.
El paso c) es a la vez el más interesante psicológicamente y el
más fácil de comprender para la mentalidad matemática moderna; la
misma idea está representada por el Principio de Cavalieri. El honor
de haber tenido esta idea por primera vez no parece corresponder, sin
embargo, a Arquímedes: él mismo dice:
Es así como, en lo que concierne a las proposiciones relativas al cono y a
la pirámide, de las que Eudoxo como primero halló la demostración ...
una parte no despreciable debe atribuirse a Demócrito, quien, como pri
mero, afirmó estas cosas sin demostración ... (Método, introd.).
Que el método de Demócrito consistía realmente en comparar las pirá
mides, por ejemplo, comparando secciones correspondientes de las mis
mas por planos paralelos parece confirmado por el análisis de las otras
fuentes (ver [7], pp. 119-120). De todas maneras, Arquímedes fue su
mamente hábil en la aplicación, no exenta de peligros, de esa idea.
La tentación de considerarla un método riguroso hubiera sido, sin duda,
muy grande si no fuese por la mentalidad disciplinada por la geome
tría sintética y la luminosa claridad de la teoría de las proporciones
de Eudoxo; y más de un matemático de tiempos posteriores cayó en
esa trampa.
Demócrito probablemente tuvo su método por una demostra
ción, lo cual, por otra parte, no debe haber contribuido a mejorar la
pésima opinión que Platón tenía de él, como es sabido. Arquímedes,
en cambio, estructura conscientemente todo un procedimiento siste
mático, aun sabiendo perfectamente que
la investigación por este método no implica una demostración; (Método,
introd.),
haciéndolo, sin embargo, porque
la búsqueda de la demostración, precedida de un cierto conocimiento de
los asuntos por este método es, en efecto, más fácil que su búsqueda sin
ese conocimiento. (Método, introd.).
Puede decirse, pues, que por lo que sepamos hoy Arquímedes es el
inventor de la heurística como actividad consciente en Matemática. No

- 26 -

�es necesario explicar a un matemático el mérito que ello representa;
es aún más grande si tenemos en cuenta la rigidez metodológica prevalente en la época.
Continuemos el análisis de los pasos reseñados, van der Waerden
se refiere a esa sensación de certeza que el investigador adquiere al
intuir un método de solución; es probable que Arquímedes, luego del
éxito obtenido con el segmento de parábola (precedido de qutén sabe
cuántos fracasos) y aun previamente a una confirmación rigurosa de
este resultado, haya experimentado con su método en otras figuras.
Estas serían planas primero, pero no es pedir demasiado de quien ha
elaborado él solo toda la teoría de la palanca el suponer que aplicaría
muy pronto el mismo método a figuras sólidas. Falta, pare ello, la
formalización del fundamento teórico, al menos en las obras cono
cidas; es indudable, sin embargo, que al menos los aspectos más sen
cillos de la teoría general fuesen para él familiares y que los aplicara
sin más comentario a su Método.
Es probable que otros ya se hubieran esforzado de hallar el pro
cedimiento que permitiera aplicar los poderosos recursos introducidos
por Eudoxo a la determinación del volumen de la esfera; diremos
algo un poco más abajo sobre las posibles dificultades que los detu
vieron. El problema, a diferencia de lo que sucedía con el segmento
de parábola (Cuadratura par. introd.), estaría, pues, "en el orden del
día", siendo natural que Arquímedes eligiera la esfera como objeto si
guiente de aplicación de su método. Esto constituye el paso d).
¿Qué elegir como cuerpo de comparación? El ideal sería una
"cubatura", es decir la obtención de un cubo, o al menos de un polie
dro equivalente. La analogía con el segmento de parábola daría como
cuerpo de comparación un prisma triangular (manteniendo el ancho
constante) ; pero la determinación del mismo implica la cuadratura
del círculo. Posiblemente Arquímedes haya emprendido primero ese
camino, guiándose precisamente por la analogía. ¿Qué lo llevó enton
ces a elegir el sistema más complicado de cono y cilindro? Las razo
nes son posiblemente las siguientes: en primer lugar, la cuadratura
del círculo es un recurso incómodo (aunque para Arquímedes no pro
hibido; ver Medida del círculo)^ y de evitarse, si posible; como la
determinación del prisma depende de una sola cuadratura, es posible
"deshacerla" sustituyendo un cuerpo de revolución; en segundo lugar,
Arquímedes tendría ya formada, probablemente, la idea, analizada más
abajo, de comparar la esfera con un cono con el objeto de determinar
el área de la superficie. Todo apuntaba, por tanto, hacia una compa
ración con figuras de revolución. Una aplicación ingenua daría, sin
embargo, un paraboloide como figura de comparación, empeorando la
situación. El introducir entonces el cono como elemento auxiliar de la
"pesada" es un verdadero hallazgo y confiere el último toque de ele
gancia a la demostración, hablándonos elocuentemente de la perfección
que Arquímedes busca dar aun a razonamientos que, como él mismo
lo admite, no hacen las veces de una demostración. El hecho que fue
ran conmensurables cilindro, cono y esfera es hecho resaltar:

- 27 -

�... y ninguno de [quienes se han ocupado de geometría antes de nosotros]
había observado que esas figuras poseían una común medida. (Esf. y cil.,
I, introd.).
Es a esta conmensurabilidad que Arquímedes alude seguramente cuan
do dice:
Por otra parte, resulta que estos teoremas [referentes a "uñas cilindricas",
etc.] difieren de los hallados precedentemente; pues en aquéllos habíamos
comparado en volumen figuras de conoides... con figuras de conos y ci
lindros; pero ninguna fue hallada equivalente a una figura sólida limitada
por planos... {Método, introd.),
significando "hallada equivalente" seguramente "descrita como equiva
lente".
Analizando estos puntos, seguimos la descripción del proceder de
Arquímedes. En el mismo Método dice:
Considerando que toda esfera es el cuadruplo del cono cuya base es igual
al círculo máximo y cuya altura es igual al radio de la esfera, surgió la
idea de que la superficie de toda esfera equivale a cuatro de sus círculos
máximos; pues se me ocurrió [Ú7uÓXy¡&lt;Í/k^ váp Y¡v] que&gt; puesto que todo
círculo equivale a un triángulo cuya base es igual a la circunferencia del
círculo y cuya altura es igual al radio, toda esfera equivale al cono cuya
base es equivalente a la superficie de la esfera y cuya altura es igual a
su radio. {Método, Nota a la prop. 2).
Determinados así heurísticamente área y volumen de la esfera
queda el problema de establecer rigurosamente que se trata de los
valores correctos. Ello es encarado en Esfera y cilindro, libro I, esen
cialmente en el orden inverso de su descubrimiento, es decir, el área
primero y el volumen después, aunque con intercalaciones.
Para determinar el área es necesario fundamentar mediante postu
lados la teoría de las áreas de superficies convexas no planas, en la
forma expuesta previamente (capítulo I, secc. 3.6). Se determina así
el área lateral de un cono circular recto y de un tronco del mismo (e
incidentalmente del cilindro circular recto) por encerramiento entre
pirámides (prismas), con algún pequeño artificio para salvar la cir
cunstancia de no ser coincidentes los bordes (Esf. y cil., I, Props. 9-16).
Se procede luego a encerrar la superficie esférica entre las super
ficies de revolución engendradas por la rotación alrededor de una dia
gonal común de polígonos regulares de 4n lados inscritos y circunscritos
a un círculo máximo. El área engendrada por cada poligonal resulta
ser igual a la de un círculo tal que el cuadrado construido sobre su
radio es equivalente a un rectángulo que tiene por lados: i) un lado
de la poligonal; ii) la suma de las diagonales del mismo perpendicula
res a la diagonal que sirve de eje de rotación (ibid., Prop. 24). La di
ficultad consiste en que al aumentar n estos lados se hacen respectiva
mente muy pequeño y muy grande. Mediante un artificio (trazado de
diagonales auxiliares y consideración de triángulos semejantes, ibid.
Prop. 21) este rectángulo resulta equivalente a otro, uno de cuyos la
dos es el diámetro de la esfera, mientras el otro, que es menor (mayor)
que el diámetro para los polígonos inscritos (circunscritos), difiere ar- 28 -

�bitrariamente poco de él cuando n crece (en terminología moderna).
Una aplicación de los postulados y del método de exhausción prueba
entonces que la superficie esférica es efectivamente equivalente a cua
tro círculos máximos (Prop. 33). Del mismo modo se determina el área
de cualquier zona esférica (Arquímedes lo hace solamente para cas
quetes, ibid., Props. 42, 43).
Para establecer el volumen de la esfera se utilizan los cuerpos ob
tenidos por la rotación de los polígonos arriba mencionados. Estos
cuerpos inscritos (circunscritos) están contenidos en (contienen) la
esfera, cuyo volumen se halla pues comprendido entre los voliímenes
respectivos. Para hallar éstos, los cuerpos no se descomponen, como
parecería natural a primera vista, en troncos de cono, sino en los vo
lúmenes engendrados por la rotación de los triángulos con bases en
los lados de la poligonal y vértices en el centro. Aquellos dos de estos
cuerpos engendrados por triángulos que están adosados al eje de ro
tación son "rombos sólidos", como los llama Arquímedes, estando for
mados por dos conos rectos circulares pegados por las bases. Cada uno
de los demás cuerpos parciales puede considerarse como diferencia de
dos "rombos sólidos". Arquímedes calcula en general el volumen de
rombos sólidos y combinaciones de los mismos (ibid., Props. 18-20) y
demuestra en definitiva que el volumen total de cada uno de los cuer
pos continentes y contenidos es el de un cono cuya base es equivalente
a la superficie total del cuerpo y cuya altura es la apotema del polí
gono engendrador (ibid., Props. 26, 31). Basándose en la demostración
para las superficies y con un proceso de exhausción, Arquímedes con
cluye que la esfera es equivalente al cono de base equivalente a cuatro
círculos máximos (o sea a la propia superficie esférica) y de altura
igual al radio de la esfera, como se había propuesto demostrar (ibid.,
Prop. 34). Aplicando las relaciones conocidas entre conos y cilindros,
se vuelve a hallar la relación entre la esfera y el cilindro circunscrito
(ibid., Corolario de prop. 34).
Mientras el método heurístico se generalizaba naturalmente a la
determinación del volumen de un segmento esférico, el método de de
mostración recién esbozado se extiende naturalmente a la del volumen
de un sector esférico cualquiera (Arquímedes sólo considera los de un
contorno, correspondientes a los casquetes; ibid., Prop. 44).
Seguimos ahora pasando en revista los pasos que han intervenido
en el proceso:
f)analogía de la relación superficie esférica — esfera — cono
con la relación circunferencia — círculo — triángulo; determinación
heurística del área de la superficie esférica;
g)inversión del orden área — volumen;
h) postulados sobre superficies convexas;
i) elección de los cuerpos aproximantes;
j) área lateral del cono y tronco de cono;
k) cálculo del área de los cuerpos aproximantes y exhausción;
1) descomposición de los cuerpos aproximantes;
m) volumen de los cuerpos aproximantes y exbausción.
- 29 -

�La sucesión de ideas correspondientes al paso f) está claramente
expuesta por el propio Arquímedes en la cita del Método arriba repro
ducida. El propio Arquímedes había establecido el círculo como equi
valente al triángulo de base y altura iguales al perímetro y al radio del
círculo (Medida del círculo, Prop. 1) ; aunque en aquel trabajo no es
pecifica los postulados sobre curvas convexas en que se basa para poder
trabajar con el perímetro del círculo (estos postulados están enuncia
dos en Esfera y cilindro, libro I). La idea de la demostración es anti
gua, se remonta al menos a Antifón el Sofista, quien creía que por
duplicación reiterada del número de lados de un polígono inscrito se
llegaría a la circunferencia, idea que fue ridiculizada por Aristóteles,
entre otros. La demostración de Arquímedes es una formalización de
esa idea mediante el método de exhausción.
Dice, pues, Arquímedes que se le ocurrió una posible analogía
entre el caso del círculo, equivalente al triángulo mencionado, y la
esfera, que sería entonces equivalente al cono que él describe, permi
tiéndole hallar así el valor del área de la superficie esférica en función
del área del círculo máximo, en virtud de la conocida relación entre
conos y cilindros. Esta analogía parece natural y es independiente del
método descrito para hallar el volumen (y probablemente anterior, ver
arriba, paso e)) siendo más probable que surgiera en el curso de las
investigaciones sobre el círculo. Así y todo, Arquímedes no ignoraba
que la generalización por analogía del plano al espacio presentaba
serias dificultades: basta comparar el problema de la duplicación del
cuadrado, trivial, con el de la duplicación del cubo, o la teoría de las
áreas de los polígonos, que se liquida en definitiva por equicomposición (número finito de pasos) y la de los volúmenes de los poliedros,
que aun en el caso más sencillo de la pirámide de tres lados exige un
recurso tan elevado como el método de exhausción (aunque la exis
tencia de tales pirámides equivalentes que no son diferencias de figu
ras equicompuestas ha sido demostrado rigurosamente sólo reciente
mente). Observemos, sin embargo, que esta falta de paralelismo se re
fiere a la posibilidad de ciertas construcciones; la analogía subsiste en
cuanto a los resultados, hecho que debía saltar aún más a la vista en
una época en que la teoría de las proporciones era todavía una adqui
sición reciente. Resulta por tanto explicable el intento de Arquímedes
de explotar esa analogía.
Mediante relaciones conocidas entre cilindros y conos, Arquímedes
transforma la relación hallada entre esfera y cilindro circunscrito de
tal manera que obtiene para la superficie esférica un área igual al de
cuatro veces la de un círculo máximo.
Se plantea ahora el problema de demostrar todo esto rigurosamen
te. ¿Cómo proceder? Una idea que simplificará mucho esa tarea (en
vista de lo que surgirá al discutir el punto 1)) es la de invertir, al menos
provisoriamente, el orden, buscando primeramente una demostración
para el área y tratando de inspirarse en ella para establecer rigurosa
mente el volumen (paso g)). Es probable que Arquímedes haya ata
cado ambos problemas simultáneamente y que lograra resolver pri
meramente el problema relativo a la superficie.
- 30 -

�Una dificultad que entonces se presenta inmediatamente para un
matemático hecho en el formalismo deductivo de los Elementos es la
circunstancia que las áreas de superficies curvas no están definidas, no
habiendo por tanto procedimiento riguroso que valga para determi
narlas. El problema análogo para líneas curvas —dramatizado por la
idea de Antifón— señalaba aquí también el camino. Posiblemente fue
ra Arquímedes el primero en formular los postulados correspondientes,
limitándose, con un tino que sólo en nuestra época podemos apreciar
plenamente, a los arcos convexos; {Esf. y di., I, postulados 1, 2). No
es imposible que la formulación primitiva de estos postulados se refi
riera solamente a la comparación de curvas con poligonales, lo cual hu
biera sido suficiente para las aplicaciones; la formulación definitiva,
que incluye el Postulado 2, provendría entonces de una analogía con
los postulados que es necesario exigir para superficies, como ahora ve
remos. Arquímedes emprende entonces la formulación de estos líltimos, siendo probablemente el primero en definir una superficie con
vexa; esta definición no está limitada a lo que llamaríamos hoy su
perficie "estrictamente convexa", permitiendo así la aplicación de los
postulados a la superficie lateral de un cono o de un cilindro (ibid.,
Definición 4). Los postulados, ya mencionados previamente, son el 3
y 4 del referido trabajo (paso h)). Posiblemente una primera idea
fuese la de comparar las superficies con superficies poliédricas; en este
caso, sin embargo, los intentos de demostración (ver abajo) deben^
haber señalado la necesidad de utilizar superficies de comparación cur
vas. La formulación útil y la concisión de estos postulados nos muestran
a Arquímedes como tan experto en la organización de un sistema de
ductivo como hábil para darle una forma elegante y económica.
La analogía con la circunferencia impone entonces hallar el área
de la superficie esférica como comprendida entre las áreas de super
ficies convexas continentes y contenidas. Continuando ingenuamente la
analogía con el caso de la circunferencia cabría pensar en poliedros
como superficies aproximantes. Los intentos en este sentido quizá ante
daten a Arquímedes (aunque refiriéndose al volumen), pero debían
conducir al fracaso. En efecto, mientras existen polígonos regulares de
un número arbitrariamente grande de lados, era sabido de tiempos de
los pitagóricos que los poliedros regulares son exactamente cinco, no
pudiendo servir, por tanto, para el fin propuesto, y no habiendo nin
gún procedimiento sustitutivo sencillo para una construcción canónica
de poliedros aproximantes. (¿Sería quizá en un intento de proveer una
tal construcción que Arquímedes descubrió los poliedros semirregulares?) Arquímedes sale de la dificultad guiándose en una analogía algo
más sutil con el caso de la circunferencia; quizá la consideración para
lela del problema del volumen llevase más naturalmente aún al méto
do elgido. En efecto, la esfera puede considerarse como engendrada por
la rotación de un círculo alrededor de un diámetro (es la definición
de Euclides). Encarada así la figura, nada más natural que aproximar
la esfera haciendo girar en la misma forma polígonos regulares ^^^
aproximan el círculo (paso i)). Los cuerpos aproximantes que r^nit-. ü LA
tan se componen prima facie de conos y troncos de conos; el volumen

- 31 -

y

�de tales figuras era conocido. Por otra parte estos cuerpos son convexos
y sus superficies sirven por tanto para ser comparadas con la superficie
esférica. Este es el camino que ha de llevar finalmente al éxito.
Respecto de las superficies queda una laguna a llenar; se trata de
la determinación del área lateral del cono y del tronco de cono circu
lares rectos. Del análisis de su obra no resulta si Arquímedes encaró
este problema con anterioridad al de la esfera. Se trata o|e la primera
determinación rigurosa del área de una superficie curva, aunque pro
bablemente los valores de esas áreas eran conocidas intuitivamente,
(seguramente en el caso del cilindro, al menos), por ser las superfi
cies desarrollables a figuras planas sencillas. La demostración rigurosa
procede, como ya se ha descrito, por comparación con pirámides y uso
de los nuevos postulados y del método de exhausción, así como de un
artificio del mismo tipo de ese proceso para salvar la no coincidencia
de los bordes de las superficies a comparar (paso j)). Una idea origi
nal la constituye el expresar el resultado como área de un círculo, cuyo
radio resulta, en el caso del cono, expresable como media proporcio
nal entre radio de la base y generatriz. Se evita así la cuadratura del
círculo y se formula el resultado en una forma útil para las aplicacio
nes: en efecto, las superficies aproximantes aparecen como equivalen
tes a sumas de círculos, que pueden transformarse de manera conocida
en círculos únicos.
El paso siguiente (k)), que consiste en determinar esas áreas de
los cuerpos aproximantes conduce, como ya fue explicado, a un círculo
cuyo radio es media proporcional entre una magnitud muy pequeña
y otra muy grande cuando el polígono engendrador tiene muchos la
dos. El artificio que permite sustituir estas dos magnitudes por una
constante (diámetro de la esfera) y otra que se aproxima a ella es de
una sencillez sorprendente. Sin embargo no se sale del cuadro de las
múltiples e ingeniosísimas construcciones típicas del virtuosismo técni
co de los buenos geómetras de la época. Además, Arquímedes tenía la
ventaja de conocer el resultado previamente, lo cual lo pudo orientar
en la elección en el diagrama de las líneas sustitutivas. El resto es una
aplicación de rutina del método de exhausción.
Pasamos ahora al problema del volumen. La elección de los cuer
pos aproximantes ya dependía probablemente de la consideración de
las figuras sólidas. Es cierto que los volúmenes de conos y troncos de
cono eran conocidos, permitiendo así el cálculo del volumen de los
cuerpos aproximantes; quiere decir que el problema se reduciría a
esta altura a un manejo hábil de la teoría de proporciones y de la apli
cación de áreas, completado por una exhausción. Quizá Arquímedes
baya emprendido esta vía, encontrando complicaciones que sugirieron
la conveniencia de buscar algún artificio que simplificara el cálculo.
Es así como descompone el cuerpo aproximante, no en tajadas perpen
diculares al eje de rotación, sino en cuerpos a primera vista mucho
más complicados, engendrados por la rotación de los triángulos con
vértices en el centro en que se descompone el polígono (paso 1)).
Abandona así la descomposición sugerida por el primer razonamiento
heurístico. ¿Qué condujo a la consideración de esta nueva descompo^
- 32 -

�sición? Puede pensarse que se trata de dos ideas, que en realidad pro
vienen de una misma fuente: por un lado tenemos la aproximación
del área de un círculo por polígonos regulares, cuyas áreas se expresan,
como en Medida del círculo, mediante descomposición en triángulos
con el vértice en el centro, como áreas de triángulos con base y altura
iguales a perímetro y apotema respectivamente; ya que el cuerpo apro
ximante se obtuvo por rotación de un polígono aproximante del círcu
lo máximo, puede encararse la descomposición que discutimos como ob
tenida por rotación de la utilizada en el caso del círculo; por otra
parte, la analogía del círculo había llevado a concebir el volumen de
la esfera como el de un cono con base y altura equivalentes a super
ficie y radio de la esfera, respectivamente, de modo que resulta intui
tivamente natural la búsqueda de una aproximación del volumen de la
esfera mediante cuerpos, del tipo del cono, con un vértice en el centro
y una base que aproxime la superficie esférica; la descomposición dis
cutida no hace sino formalizar esa idea. Es muy posible que ideas de
ese tipo indujeran a Arquímedes a estudiar esta descomposición par
ticular y verificar que permitía una determinación mucho más sencilla
del volumen.
El paso siguiente, la determinación del volumen de los "rombos
sólidos" (paso m)), procede enteramente en vista de su aplicación al
problema principal. En efecto, el volumen de un "rombo sólido" consi
derado por sí, se expresa mucho más naturalmente como volumen de
un cono de misma base, y altura igual a las alturas combinadas de los
conos que constituyen el "rombo"; Arquímedes, en cambio, lo expresa
equivalentemente como un cono de base equivalente a la superficie
latral de uno de los conos parciales y altura igual a la perpendicular
trazada desde el vértice del otro cono a aquella superficie lateral o su
prolongación. En la sencillez de este resultado está la clave formal del
éxito de la nueva descomposición de los cuerpos aproximantes: resultan
en efecto equivalentes a conos de base y altura equivalentes a la super
ficie total (conocida) del cuerpo aproximante y a la apotema del po
lígono engendrador, respectivamente. El resto se liquida, como ante
riormente, mediante una aplicación de rutina del método de exhausción.
Terminado este análisis, cabe preguntarse finalmente cuánto tiem
po insumieron, o al menos abarcaron, las investigaciones que llevaron
a los resultados discutidos. Una indicación aproximada la podemos re
coger de ciertas observaciones en los prefacios de las obras. Combi
nando referencias en Cuadratura de la parábola, Esfera y cilindro
(ambos libros), Conoides y esferoides, Espirales, relativas al orden en
que estos trabajos fueron comunicados a Dositeo, al tiempo transcurri
do desde la muerte de Conon y al descubrimiento más o menos recien
te de los resultados contenidos en los trabajos, se concluiría que la in
vestigación objeto de nuestro análisis fue completada en el curso de
muy pocos años.
El proceso que lleva al descubrimiento, primero, y a la demos
tración rigurosa, después, de estos resultados, con sus múltiples puntos
delicados, sus métodos nuevos, sus nuevos conceptos y postulados, sur
ge con bastante nitidez de los textos, de modo que en un análisis como

- 33 -

�el que hemos realizado hay muy pocos pasos en que no se posee la
guía segura, si no la corroboración textual, en los propios trabajos de
Arquímedes. Métodos de Matemática Aplicada, razonamientos heurís
ticos, la teoría de superficies convexas aparecen en algunas de sus pri
meras aplicaciones, formando con una multitud de ideas creadoras me
nores y con un dominio absoluto de los métodos más poderosos ya co
nocidos un conjunto impresionante, más aún si se considera que repre
senta una fracción de la obra de Arquímedes, y más elocuente acerca
de su poderosa originalidad y versatilidad que cualquier comentario
que al respecto pudiéramos agregar.
4.

La forma de exposición

En el trabajo científico hay, al lado de la investigación propiamen
te dicha, un aspecto complementario, referente a la formulación, expo
sición y eventual publicación de lo hallado. La importancia de este
aspecto es particular y reconocidamente grande en Matemática, no sólo
por la razón obvia de que una exposición clara, ordenada y amena es
un mejor vehículo para la transmisión del conocimiento; es notorio,
en efecto, que quien expone más claramente piensa más claramente
también, siendo lo primero no sin influencia sobre lo segundo. En la
Matemática, aún más que en otras disciplinas científicas, este argu
mento es poderoso, adquiriendo aun una modalidad nueva y más pro
funda, que los matemáticos suelen llamar "elegancia". Poincaré [13],
en Uinvention mathématique, la considera de capital importancia in
cluso como.criterio en el trabajo subconsciente de selección que inter
viene en el proceso creador. Se trata de algo que es más que una mera
preocupación estética, aun cuando adquiera subjetivamente ese ca
rácter.:
Es cierto que algunos de los más importantes adelantos en la Ma
temática han sido expuestos en una forma oscura y poco elegante; la
experiencia prueba, sin embargo, que las más veces estos adelantos no
han fructificado plenamente antes de ser vertidos en una forma más
clara y hallar lo que los matemáticos a veces se complacen en llamar
"el contexto natural".
Arquímedes combina las dotes de un investigador privilegiado, co
mo hemos tenido oportunidad de analizar, con las de un brillante ex
positor, de una elegancia pocas veces igualada.
Las obras fundamentales (omitimos trabajos incidentales, con es
tilo propio, como el Arenario) son de dos tipos. Algunos tienen más
bien la forma de tratados, en particular Equilibrios planos y Cuerpos
flotantes. Lo que distingue estas obras es que se trata de la exposición
de teorías completamente nuevas. Las demás obras tienen la forma de
comunicaciones de Arquímedes a sus colegas, exponiendo la resolución
de ciertos problemas más o menos particulares. La distinción, en lo que
a la forma se refiere, no es sin embargo muy profunda. Como ya he
mos tenido ocasión de exponer, los tratados mencionados culminan con
el estudio de problemas seleccionados que evidencian el dominio que
Arquímedes tenía de los nuevos conceptos. Por ello estos tratados dis- 34 -

�tan mucho de asemejarse en el estilo a los de Euelides o de Apolonio.
Arquímedes no tenía, evidentemente, el espíritu de compilador metó
dico de resultados, o al menos su intensa ocupación con sus investiga
ciones originales, fruto de sus vastísimos intereses, no le dejaba el tiem
po necesario, lo cual quizá haya contribuido a que sus obras no tuvie
ran una difusión apreciable.
En otro sentido también, los tratados mencionados se asqmejan a
las comunicaciones a sus colegas. Hay en ambos tipos de trabajo la
misma preocupación por la elegancia y la formulación acabada que
muestra que había dedicado a ambos tipos de obra el mismo cuidado
en la redacción.
No debemos creer, sin embargo, que Arquímedes no comunicara
algunos aspectos de sus investigaciones de un modo más informal. Prue
ba de ello es, por lo pronto, el Método que, al menos en la opinión de
Arquímedes, era un esbozo cuyo objeto era estimular a otros en el
descubrimiento de resultados. Por otra parte, tenemos el testimonio
de las introducciones dirigidas a Dositeo y a Eratóstenes en el sentido
de que Arquímedes solía comunicar enunciados de teoremas a demos
trar a sus colegas (en particular a Conon) :
No te sorprendas, sin embargo, de que haya tardado en publicar las de
mostraciones de estos teoremas [que había enviado a Conon]; en efecto,
quise presentarlos primero a matemáticos expertos que preferían buscarlas
por su cuenta. (Espirales, introd.).
Te he transmitido previamente por escrito los enunciados de teoremas que
he hallado, encomendándote de encontrar las demostraciones, que yo toda
vía no había dado. (Método, introd.).
En la introducción de Espirales refiere a Dositeo que incluso al
gunos de los resultados previamente comunicados (en una comunica
ción que no se ha conservado) eran falsos. No es sorprendente que,
desde el punto de vista de los que nos han transmitido las obras de
Arquímedes, sólo aquellas que contenían una exposición definitiva pa
recían dignas de ser conservadas. La preocupación por un conocimien
to de los métodos de investigación como medio de estimular la misma
es muy reciente —si exceptuamos, quizá, el Método del propio Arquí
medes; durante muchos siglos cedió el lugar al deleite ante el resultado
perfectamente deducido sin la mínima indicación de cómo se había
llegado a él, en una forma que habría hecho honor a la apreciación
que Wallis hiciera de los matemáticos de la antigüedad, reproducida
previamente; sabemos hoy, gracias al Método, que respecto de Arquí
medes es injusta.
Lo que antecede no obsta para que, en las más clásicas de sus obras,
Arquímedes exponga sus razonamientos en el mejor estilo sintético
de la época, presentando una sucesión implacable de resultados, auxi
liares o fundamentales, sin comentarios. A estos trabajos es todavía
plenamente aplicable la opinión de Heath:
One feature which will probably most impress the mathematician ... is the
deliberation with which Archimedes approaches the solution of any one of
his main problems. ... the method suggests the tactics of some great
strategist who foresees overything, eliminates everything not iinmediately
- 35 -

�conducive to the execution of his plan, masters every position in its order,
and then suddenly (when the very elaboration of the scheme has almost
obscured, in the mind of the spectator, its ultímate object) strikes the
final blow. Thus we read in Archimedes proposition after proposition the
bearing of which is not immediately obvious but which we find infallibly
used later on. ([5], p. vi).
En cambio no puede de ninguna manera acompañarse a Plutarco
cuando éste dice que el lector queda persuadido por la 'facilidad de
los pasos sucesivos de que cualquiera podría haberlos descubierto.
Creemos que el análisis hecho en la sección precedente es harto elo
cuente al respecto.
Si consideramos más particularmente el estilo de esas obras, halla
mos en él la lucidez y concisión unidas a la variedad que son carac
terísticas de quien escribe sus propios pensamientos y piensa clara
mente. Es probable que el estilo resultara todavía más fluido para lec
tores contemporáneos, hechos en el estilo de los Elementos, que para
nosotros (aparte de una casi inevitable tendencia hacia un tono solem
ne en las traducciones de los idiomas clásicos, felizmente poco aparen
te en [3]). Aun en el grueso de los trabajos, por ejemplo en las defi
niciones y en los postulados, se observa la nota personal, más evidente
en las introducciones y en el Método y el Arenario; Arquímedes no
vacila en hablar en primera persona, haciéndolo en particular cuando
introduce ideas nuevas (p. ej. Esf. y cil., I, Definiciones) ; todo lo cual
contribuye a acercar la obra al lector y a compensar en cierta me
dida la densidad de los desarrollos expuestos. Al leer las obras de mu
chos autores considerablemente más recientes, el matemático de nues
tros días tiene buenas razones para lamentarse de que no hayan, al
menos en la elección de su estilo, tomado a Arquímedes como ejemplo.
5.

Matemática y formalismo

Una de las condiciones principales que se exigen de toda obra ma
temática es que satisfaga ciertos requisitos de rigor lógico. El concepto
que de la naturaleza de esos requisitos se ha tenido en diversas épocas
y según diferentes escuelas es muy variado.
En la época de Arquímedes la norma en este sentido había sido
tipificada en los Elementos de Euclides: a partir de definiciones y pos
tulados, complementados por ^osvat svvocat ("lugares comunes" = axio
mas) siguen los teoremas y las construcciones de los problemas median
te silogismos rigurosos en forma de modus ponens o modus tollens
(reductio ad absurdum). Mientras los axiomas se tenían por verdades
absolutas, la forma de enunciar las definiciones y los postulados im
plicaría que se trataba de convenciones. Este punto de vista se aproxi
maría mucho del nuestro, pero no parece describir fielmente el con
cepto que en la época se tenía de esas nociones. Sucintamente, el con
texto de las mismas tanto en Euclides como en Arquímedes indicaría
que para ellos se trataba de una codificación y una nomenclatura
de propiedades de entes realmente existentes, interesando que todas
las propiedades pudiesen obtenerse deductivamente de un número res
tringido de ellas. Aparte de la propia formulación de las definiciones
- 36 -

�y los postulados por Arquímedes, tenemos una referencia directa acer
ca de su opinión al respecto, al menos si nos atenemos a la interpre
tación de Heath, quien traduce "auT^ tyj &lt;púaet Tcpou^rjpx^v Trepe xa
etpY¡¡jLéva ^y-r^ccza" por "Now these properties were all along naturally
inherent in the figures referred to." (Esf. y cil., I, introd., [5], p. 1).
Otro argumento en este sentido lo constituye el hecho que en la Cua
dratura de la parábola Arquímedes expone demostraciones basadas en
postulados diferentes (mecánicos y geométricos) sin dar a entender,
aun implícitamente, que la coincidencia de los resultados es otra cosa
que el hecho de tratarse de un mismo objeto. Acerca del concepto que
Arquímedes tenía del "postulado de Arquímedes", propiamente debi
do con seguridad a Eudoxo, nada mejor que citar sus propias palabras:
Los geómetras que nos precedieron han usado igualmente este lema; pues
lo han utilizado para demostrar que la razón de círculos entre sí es la
misma que la de los cuadrados sobre sus radios ..: Ahora bien, sucede que
los diversos teoremas que acabamos de mencionar no son considerados como
menos verdaderos que los que han sido demostrados sin ese lema, y me
bastará que los que ahora publico sean tratados con el mismo grado de
certidumbre. (Cuadratura par., introd.) .
Por lo demás, Arquímedes usa en todas sus obras, con excepción
del Método, la lógica deductiva de manera rigurosa. (Algunos han que
rido ver una petición de principio en Equilibrios planos, I, Prop. 7 (ver
[2]), pero un examen cuidadoso de la cuestión indica que los postula
dos están correctamente aplicados.) En cuanto a las definiciones y
postulados en sí, suelen estar elegidos con gran habilidad, como ya tu
vimos ocasión de observar varias veces. Es cierto que algún postulado,
p. ej. acerca de la recta, puede parecemos hoy algo inepto, y falta una
definición, como nosotros la entendemos, de tales cosas como "línea"
o "superficie"; pero en conjunto se observa una perspicacia lógica que
sólo desde hace poco más de un siglo ha sido definitivamente alcanza
da y superada.
En algunos círculos científico-filosóficos de la época, sin embar
go, la preocupación por el rigor había ido más lejos. Hay una co
rriente de pensamiento asociada al nombre de Platón y al de su es
cuela, e indirectamente a los pitagóricos, que pretendía limitar los re
cursos de la Matemática a ciertas estructuras canónicas: en esta cate
goría cae tanto la restricción primitiva a razones conmensurables, como
la posterior al uso de la regla y del compás en las construcciones geo
métricas. La primera limitación fue abandonada al introducir Eudoxo
la teoría de las proporciones. En cuanto a la segunda, parece reflejarse
aún en ciertas nomenclaturas de lugares geométricos y problemas, cues
tión ampliamente discutida en Heath [5], pp. cxxxiii-cxli. Es proba
ble, sin embargo, que su predominancia en la Matemática propiamente
dicha (a diferencia de la Filosofía) haya sido fuertemente exagerada.
Desde el pitagórico Arquitas encontramos a prácticamente todos los
grandes matemáticos, Eudoxo, Menecmo, Eratóstenes, Apolonio, Nicomedes, Herón, Filón, Diocles, Pappus, etc. (según Eutocio, comentario
a Esfera y cilindrio, II) ocupándose del problema de las dos medias
proporcionales por métodos a cuál más heterodoxo desde el punto de
- 37 -

�vista de aquella escuela, sin que falte incluso una solución atribuida
al propio Platón. Hipias, Dinostrato, Nicomedes utilizan la cuadratriz
para construcciones geométricas, y las construcciones por ^z^g:c,
eran de uso diario.
Arquímedes usa, sin una palabra de excusa, métodos de estática
en geometría pura, y si no inventó un procedimiento de son crü para
resolver el problema de las dos medias proporcionales es seguramente
porque no tenía nada que objetar al de Menecmo; generalizó este
último, como vimos, y las ve'Jaet^, si bien no abundan en su obra, no
le causan un instante de vacilación. Lo que sí puede decirse es que
existía en él, como en los otros matemáticos, la preocupación de no
usar otros métodos que la construcción por regla y compás cuando ésta
fuese posible. Testimonio de ello es el hecho que no conocemos una
sola excepción a esta norma, al menos en las obras que nos han llegado.
Resumiendo, diremos que Arquímedes, como presumiblemente sus pre
decesores, consideró las construcciones que no se reducían al uso de la
regla y del compás como de carácter superior, por lo que un criterio
de economía y de estética imponía el usarlas sólo cuando resultase im
prescindible.
6.

La Matemática Aplicada

Todos los documentos que poseemos acerca de la Matemática en
Egipto y Mesopotamia nos indican que los problemas tratados eran al
menos enunciados como problemas concretos, referentes frecuentemen
te a medidas de campos, cálculo de estructuras geométricas o, en sus
ramificaciones más adelantadas, a la descripción de los movimientos de
los astros. La Matemática se nos aparece así en sus albores como una
forma primitiva (aunque a veces bastante ingeniosa técnicamente) de
Matemática Aplicada. Con la eclosión del movimiento científico-filosó
fico en Grecia con Tales, hay un cambio radical de actitud. La Mate
mática es considerada como disciplina propia, culminando esta evolu
ción cultural con las ideas de Platón sobre el papel de la Matemática
en la formación espiritual de las sociedades, simbolizada en la versión
que le atribuye el uso de la frase ^v.^tiú^.ÍT^r^oc, [JLYjd^^^ etaíW.
Es claro que seguía aplicándose la Matemática elemental a la me
dición de campos y la construcción de graneros y a otros mil usos de
la vida diaria. Salvo en Astronomía, sin embargo, donde se produjeron
progresos enormes, debidos en buena parte a matemáticos ilustres como
Eudoxo y Aristarco, no hubo un esfuerzo sistemático de aplicar las nue
vas adquisiciones teóricas a problemas físicos. No es éste el lugar para
discutir los aspectos sociales, económicos y culturales que se han in
vocado para explicar este fenómeno, ni el desarrollo restringido de
las ciencias físicas en general. Se trata seguramente de un problema
muy complejo, difícilmente reducible a fórmulas sencillas. Lo cierto
es que, salvo prueba en contrario, y siempre exceptuando la Astrono
mía, las obras de Arquímedes en Estática e Hidrostática teóricas re
presentan las primeras contribuciones sistemáticas a una verdadera
Matemática Aplicada en el sentido que todavía le atribuimos hoy.

- 38 -

�Es interesante observar que, luego de siglos y milenios de uso de
palancas y de construcción de naves, fue un matemático que, según
las referencias, era el prototipo del especulador teórico, quien concibió
la idea de estructurar una teoría lógico-deductiva a base de postulados
para describir tales fenómenos, y ello después de un par de siglos de
divorcio entre Matemática y Física y de progresiva abstracción en los
desarrollos de la primera.
Lamentablemente no poseemos indicios de lo que movió a
Arquímedes a ocuparse de tales problemas. El único nexo tradicional
se referiría a su Arte de hacer esferas, relativo a un perfeccionamiento
de las esferas celestes que se originaron con Tales.
Fuesen cuales fuesen los motivos, el resultado es sorprendente. Las
teorías no son meros esbozos vacilantes, sino que, no contento con de
linear magistralmente en un par de trazos los principios centrales (prin
cipio de la palanca, Principio de Arquímedes), investiga a fondo pro
blemas por cierto no triviales, demostrando, como ya lo observamos,
un dominio conceptual absoluto de los nuevos desarrollos y mo^tran
do su alcance teórico.
Es más: las teorías, apenas elaboradas, parecen haber servido de
inmediato no sólo para explicar el funcionamiento de mecanismos co
nocidos sino para inventar multitud de nuevos. Entre ellos se cuentan
sus inventos mecánicos para mover grandes masas y sus máquinas de
guerra. También su Hidrostática encontró aplicaciones: aunque es casi
seguro que no era el "Principio de Arquímedes" lo que éste usó con
motivo del famoso problema de la corona, el procedimiento —por otra
parte más sencillo— que surge del relato de Vitruvio nos muestra nue
vamente la capacidad de utilizar las recientes adquisiciones teóricas
—el concepto de densidad relativa— a un problema cuantitativo.
Las anécdotas contradictorias acerca de la mentalidad especulati
va de Arquímedes y su desprecio por las "artes de la vida común" por
una parte y las demostraciones públicas de sus inventos por otra pue
den conciliarse si comprendemos que éstos no eran sino el fruto y la
confirmación de los desarrollos teóricos. De haber sido realmente pro
nunciada, fue con una referencia seguramente más directa a sus teo
rías que a los mecanismos más particulares que inventó que Arquíme
des dijo la célebre frase "^a ^w xas xcv¿&gt; xáv ^áv".
7.

Conclusión

Hemos analizado en las diversas secciones de este capítulo algunos
aspectos de la personalidad de Arquímedes como hombre de ciencia.
De ese análisis surge la impresión de una personalidad que nos es sor
prendentemente cercana en su modalidad de científico. Investigador
nato, con una curiosidad muy directa por problemas ya planteados, al
gunos de los cuales resuelve brillantemente, y constante formulado^
de problemas nuevos, nos muestra en sus obras un dominio cierto de
los recursos más finos de la Matemática de su época, una gran perspi
cacia en el manejo de su formalismo y una riqueza de conceptos com
parable con la de su gran predecesor Eudoxo. Con su Método enuncia

- 39 -

�por primera vez un razonamiento heurístico, reconociéndolo como tal —
y pasarán siglos antes de que esta idea fructifique nuevamente. Crea,
por así decir de la nada, las primeras teorías de la Matemática Apli
cada, y las convierte de inmediato en fuente de aplicaciones prácticas
de gran utilidad. Aun en las obras de menor envergadura nos da am
plia evidencia de su espíritu inquieto, interesado en los mínimos deta
lles, para dilucidar los cuales se detiene con evidente gqsto. Es final
mente un expositor lúcido, intensamente personal, aun cuando no po
see ningún tratado comparable a los Elementos o a las Cónicas.
Es extremadamente lamentable que Arquímedes no baya tenido
verdaderos discípulos. Por idiosincrasia, al parecer, sus investigaciones
lo absorbían de tal manera que nunca encontró la ocasión de aplicar su
evidente capacidad por la redacción expositiva clara a la elaboración
y pulido de grandes teorías completas al modo de Apolonio y del gran
aTOi^Kú^^q. A estas dos circunstancias se debe probablemente en bue
na parte que sus obras hayan tenido muy poca difusión y que las ideas
más originales que hoy conocemos de él tuvieran que esperar un azar
para llegar a nosotros.
Por su poderosa originalidad, por su vastísimo campo de interés,
que desbordaba de la Matemática pura, por su muy amplia contribu
ción al desarrollo de toda la Matemática puede comparársele con los
investigadores más ilustres hasta nuestros días; y, concordando con quie
nes lo colocan a la altura de quizá el más grande de todos, atribuírsele
sin exageración el calificativo de ''''princeps mathematicorum de la
Antigüedad".

- 40 -

�BIBLIOGRAFÍA
[1] Amthor, Zeitschrijt für Math. und Physik (hist. - litt. Abth.). 25, 133 ss (1880).
[2] A. Czwalina, (notas a la traducción al alemán de Equilibrios planos). OstwaMs
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[3] Paul ver Eecke, Les oeuvres completes d' Archiméde. Desclée, de Brouwer 8c Co.
Paris, 1921.
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[5] Sir Thomas Little Heath, The works of Archimedes, edited in modern notation
with introductory chapters. University Press, Cambridge 1897.
[6] Sir Thomas Little Heath, A History of Greek Mathematics. 1921 (2 vol.).
[7J Sir Thomas Lítele Heath, A Manual of Grcek Mathematics. Clarendon Press,
Oxford 1931.
[8] Johann Ludwic Hf.ibfrg, Quaestiones Archimedeae. Copenhague 1879.
[9] Johann Ludwig Heiberg, Archimedis opera omnia, cum commentariis Eutocii,
edidil et latine vertit J. L. H., Teubner, Leipzig 1880, (3 vol.).
[10] Johann Ludwig Heiberg, Archimedis opera omnia, cum commentariis Eutocii,
iterum edidit J. L. H., Teubner, Leipzig 1913-1915 (3 vol.).
[11] Friedrich Hultsch, Archimedes. Real-Enzyklopádie der klassischen Altertumswissenschaft, v. Pauly-Wissowa, Stuttgart 1894- (vol. II 1, pp .507-539, 1895).
[12] Krumbiegel, Zeitschrift für Math. und Physik (hist. - litt. Abth.) 25, 121153 (1880).
[13] Henri Poincaré, Science et Méthode. Flammarion, Paris, 1920.
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translation: Science Awakening. P. Noordhoff, Groningen 1954).
[15] Bartel Leendfrt van der Waerden, Einfall und Überlegung. Birkháuser, Basel
1954. (Elemente der Math., 8/6, 9/1, 9/3).

- 41 -

�02(091);513
Arq
Scha

Este trabajo se publica simultáneamente en el N&lt;? 16 de la Revista de la Facultad
de Humanidades y Ciencias.

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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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La personalidad de Arquímedes /Juan Jorge Schäffer..&#13;
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                <text>Versión de Andrés González de Barcia Carballido, "Historiadores primitivos de las Indias Occidentales" Madrid [Joaquín Ibarra], 1749, Vol III. Original alemán, Frankfurt, 1557</text>
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                    <text>— soi —
'sopipunfuoo uoqo^sa ja ua anb 'sajonjoo
stnuat A satuat^joo sajqoíauinuui opouiuuaiap vi¡ 'svapt sns ap umonq
-oudo o ozotpaj. uod '•^ • ¡^ ms jap 'ojijopjaji anf anb ooijouoosajd
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ovaio vaaaovHDS vMiisntor n

�Pero el propósito último es otro: basándose en lo anterior re
construir su época, situarlo, averiguar cual fue su estilo de pensar,
y una vez conseguido esto, acercarse a él mismo, escucharlo directa^
mente, atentamente, porque no podemos dialogar con los antiguos
hasta que aparece Sócrates. Escuchar directamente es otro medio de
aprender, ya sea porque se oyen a veces inflexiones que escaparon
anteriormente, o porque la voz, con sus resonancias, en el interior del
que escucha, está indicando sendas insospechadas pero existentes.
La solución de los tres problemas previos y la realización del
trabajo, que sigue en sus divisiones fundamentales el orden clásico,
se llevaron a cabo bajo la dirección del Prof. Dr. Juan Llambías de
Azevedo, quien además facilitó, de su biblioteca particular, parte de
los libros consultados. Lo hecho es un esfuerzo consciente y modesto
para llegar al conocimiento de los límites de la propia ignorancia,
reconociendo que si alcanzamos la etapa socrática previa, lo debemos
a quien guió y encauzó el aprendizaje y el estudio.
M. Agustina Schroeder Otero
Montevideo, Noviembre de 1947.

HERAKLEITOS
"Su carácter- es para el hombre su destino". (Fr. 119)

/ VIDA
1. — Co-ordinación
"Las ideas germinan y viven en el hombre de carne y hueso, no
en una sucesión desvitalizada de espectros en forma humana" dice
José Corts Grau. ¿Será posible, como en la visión de Ezequiel, revestir
huesos e insuflarles el espíritu? ¿Será posible, no hacer una fría ex
posición, sino preguntar al filósofo, al que nos enfrentamos, qué lo
llevó a un sistema y no a otro? ¿Si su doctrina es oscura, época, vida
carácter, no la aclararán? Al permitirnos por "simpatía" (sentir
con...) instalarnos junto a él (¿por qué no dentro?), es decir con
la mínima diferencia posible con su punto de vista, que determina
toda la perspectiva ¿no nos será dado juzgarlo con amor, caridad, es
decir con justicia?
Si esto fuera posible, entonces quedaría señ&amp;lado con exactitud,
en esa dinámica sin tregua de la filosofía, en esa posta de luz con
meta en la "verdad", el punto de apoyo dejado por un pensador para,
que salte el siguiente.
Ya una palabra nos ha introducido de lleno en el tema, porque el
filósofo y el poeta de esa dinámica es Heráclito.
¿Será quitarle seriedad a un filósofo el tratarlo, de poeta? En todo
caso respondería a la verdad, porque en el remoto siglo del que hay
que llamarlo, no estaban fijadas todavía las fronteras entre filosofía y
poesía: en las obras de los grandes rapsodas hay un germen de fundamentación universal, mientras el pensar racional de los "sabios^
se envuelve en el ropaje de gloria de la poesía.
Hay que empezar por consiguiente trazando dos coordenadas
para situarlo:•
.'
Espacio: "Heráclito, hijo de Blisón, o según algunos, de Heración,
fue efesino" (1).
Tiempo: "y floreció hacia la Olimpiada LXIX" según Diógenes
Laercio, lo que está confirmado también por textos de Suidas (2) y
de Clemente (3). De acuerdo al dato cronológico de Diógenes Laercio,
(1)Dioc. Laert. IX, 1 (22 A 1 - Diels).
(2)Suidas. Heracl.. (22 A 1 a).
(3)Clemente. Strom. I, 65 (22 A 3).

— 106 —

^

— 1QT —

�— 901
'( V ZZ) S9 'I 'vojtg -aiHawai^ (g)
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�habría "florecido" entre 504-501 A. J., es decir al terminar el siglo VI
y sobre el umbral del V.
Examinando estos dos datos más detenidamente se intenta indagar
qué tenía el pensador del pasado, cómo se situaba en su momento
histórico contemporáneo, cuáles eran los elementos de ese pasado y
presente que reflejaba su sistema, determinando entonces en qué so
brepasaba a su época y apuntaba al futuro con la flecha disparada
de su pensamiento. Porque si siempre es menester esta precisión,
en el caso de Heráclito con mucha más razón, como hace notar
O. Spengler: ningún filósofo se dejó llevar en la antigüedad tanto por
sus inclinaciones, deseos y sentimientos como él. "Seine Lehre ist
gelbst für einen Griechen in ungewohnlichem Grade persónlich, ohne
dass von ihm selbst viel die Rede wáre" (4).

la expulsión de su amigo Hermodoro (8). Legendarios o no, estos
hechos están apuntando vinculaciones del filósofo, además de su
origen sacerdotal, que han dado la base para señalar el carácter reli
gioso de su pensar, haciendo de él un teólogo e iniciado (Tannery)
o vinculándolo a Jenófanes por su punto de partida (Aloys Fischer).
De todas maneras, frente a Efeso está el mar y junto a Efeso el

Espacio

A fines del siglo VI, religión, lengua y arte son el fondo común
de la civilización griega. Jonia ha sido la campeona de esa cultura.
En arquitectura el siglo ha visto nacer los grandes templos en torno
al capitel jonio, de gracia y esbeltez, al dorio, más severo. La cerá
mica, de ornamentación asiática, y la escultura, anuncian el siglo clá
sico; en la literatura el yambo, la elegía y la oda han libertado el
sentimiento personal, llenándose de imágenes graciosas o apasionadas;
Hecateo y Anaxímenes han creado la prosa jonia, y en filosofía Tales,
Anaximandro, Anaxímenes de Mileto, Jenófanes de Colofón han inau

Efeso
La ciudad jonia del Asia Menor estaba situada en la Lidia,
cercana a la costa, sobre colinas, cercana también a la desem
bocadura del río Cayster. Las colinas se levantaban en una lla
nura fértil donde se construyó más tarde el templo de Artemisa que
le dio celebridad en todo el mundo egeo y fue considerado una de
las 7 maravillas: a él acudían con dones y rogativas todas las ciu
dades vecinas, griegas y asiáticas. Era el puerto obligado de Sardes,
la capital de Lidia y tenía situación comercial privilegiada.
El origen mitológico de la ciudad se remontaba a Efeso, madre
de Amazo, fundadora de las amazonas. Por su posición estaba abierta
a las influencias griegas, asiáticas y egipcias. Es interesante hacer notar
que la Artemisa venerada en Efeso era justamente de este último
origen, como se deduce de las estatuas arcaicas encontradas. En una
de ellas lleva tocado egipcio y tanto por la manera de representarla,
como por los atributos, se la caracteriza como diosa de la fecundidad
y nodriza universal, de modo que se distingue fundamentalmente de
la Artemisa dórica. Los colonos jonios del siglo XI la confundieron
con ésta y transformaron en griego el culto de la diosa, permaneciendo
sin embargo poderosa la influencia oriental. Se la celebraba en el mes
de Artemisión con ritos orgiásticos. Strabón, citando a Ferécido de
Leros, dice que fue Androclo, hijo de Codros, el fundador jonio de
Efeso y que sus descendientes eran tenido por reyes, usando las insignias
reales y presidiendo las fiestas de Demetrio Eleusino (5).
Aquí se enlaza la historia de la ciudad y del templo con la vida
del filósofo, porque Diógenes Laercio (6) afirma que es descendiente
de la antigua real familia sacerdotal y hace referencias al templo en
más de una ocasión, ya sea para afirmar que Heráclito depositó allí
su obra, (7) o que se retiró al santuario de la vida pública, después de
(4)Spencler. op. cit., pág. 5.
(5)Stsabon. XIV, cap. 13 (22 A 2).
(6)Dioc. Laert. IX, 6. (22 A 1 ).
(7)Dioc. Laebt. IX, 6 (22 A 1).
— 108 —

Río Cayster, uno para sugerir al contemplativo ese movimiento con
tinuo en busca de una nivelación nunca alcanzada, el otro para pro
veer al poeta, que ocultaba el filósofo, de una imagen con que re
vestir y aclarar una idea (9), tan del gusto griego por otra parte.
Tiempo

El pasado —es decir el siglo VI— el presente o el siglo V

gurado el pensar racional sobre el universo.
Por lo rendido culturalmente el siglo VI ha llenado de admi
ración a sabios y críticos.
"En el siglo VI salen a luz los maravillosos conceptos fundamen
tales de espíritu griego, que han llegado hasta nosotros como una es
pecie de símbolo de su más profunda idiosincracia y que parecen
inseparables de su esencia... al lado de la causalidad compacta de
la fe en el derecho de Solón, se ofrece con el descubrimiento de la
armonía y el ritmo otro mundo sujeto a la más esricta legalidad:
mediante la idea de armonía se llega a tomar conciencia del aspecto
estructural de la legalidad cósmica...".
"La época es una lucha para una nueva estructuración espiritual
de la vida, no sólo en el sentido del esfuerzo filosófico, sino en el de
la elevación religiosa..." (10) dice Jaeger, y O. Spengler, raptado de
entusiasmo, en su introducción a Heráclito, quizás bajo la influencia
de Nietzsche, afirma que Grecia no produjo hombres más grandes
que estos, capaces de crear con trazos maestros una imagen del
Cosmos, llevados más que por ciencia o crítica, por una intuición y
una visión del mundo.
Pero Grecia "ayant essaimé dans tous les bassins de la Mediterranée" (11) va a chocar con dos pueblos "no griegos", vale decir,
"bárbaros", con los cuales limita gracias a su expansión: cartagineses
(8)Dioc. Laert. IX, 2 (22 A 1).
(9)Frag. 49.
(10)Jaece, op. cit., t. I, pág. 186-187.
(11)Cohén. L'Hellenisation du Monde Antigüe.
^- 109 —

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�en el oeste, persas en el este. Desde el punto de vista de la política
exterior, diríamos hoy, el problema se plantea por dominio del mar;
desde el punto de vista interno la disyuntiva es "unidad o multipli
cidad", porque el esfuerzo común puede poner la ocasión para que
Grecia rompa los límites de la "polis" y se transforme en nación. Los
acontecimientos se escalonan en unas pocas fechas, siempre en el úl
timo cuarto del VI.
Ciro ha conquistado Lidia tomando prisionero a Creso en el
547 - 546, lo que ló constituye en vecino de las ciudades griegas del
Asia. Cambises se anexa Egipto (529-521). Darío (521-486) ordena
el imperio que le han dejado sus predecesores en 20 satrapías. Las

un sentido más amplio, la guerra, de la cual es contemporáneo, ter
mina con el predominio cultural de Jonia, que es sustituida por
Atenas. En su meditar ininterrumpido los grandes acontecimientos
que finiquitan el pasado y preparan un porvenir, en muchos aspectos
fundamentalmente distinto, se han realizado por la lucha, el combate.
De aquí a inferir que era el "padre de todas las cosas" (13) había
uno de esos relámpagos geniales, que son la grandeza y la debilidad
de los filósofos. "Pero como la Poesía o como el Arte, más que ele
girla, es la Filosofía la que elige a ciertos espíritus y los deja tran
sidos para siempre" (14).

ciudades jonias le pagan tributo, conservando su libertad interna.
De 499 - 494 la revuelta jonia en torno a Mileto retarda el cho
que entre bárbaros y griegos. Atenas manda una ayuda irrisoria, pero
un puñado de hoplitas tienen la audacia de incendiar Sardes.
Dominada la insurrección prepara Darío una expedición que es
detenida por mar y tierra (monte Athos) : corre el 492.
En el 490 está pronta la tercera expedición, que termina con la
victoria griega de Marathón.
Jerjes, diez años después culminará la obra. En 489 los griegos
ganan Salamina y en 480 Platea.

2. — Vida

Terminadas las guerras médicas se inicia la supremacía de Atenas,
que en 478 agrupa la confederación de Délos. Se plasman definitiva
mente las constituciones democráticas.
Históricamente, Heráclito vive en una época de transición, en
que desaparece el VI, pero impregnado de las agorías de una plenitud,
la del siglo V.
Interesa que cultural, histórica y socialmente se anuncia la su
premacía del hombre sobre la clase. En la literatura el sentimiento
íntimo se expresa libremente, en las artes plásticas el cuerpo humano
es objeto de estudio cuidadoso. Aquí se inserta la época en el filósofo
como antes se había vinculado a la ciudad. Corresponde a lo señalado
por O. Spengler: ese carácter de personal que tiene su obra, aunque
de su personalidad no diga nada explícitamente. También el hecho
de que al fracasar nuevamente la unidad histórica, la "polis" implica
y sigue implicando el aislamiento cultural y racional de cada ciudad.
Cada filósofo, lo señala también Spengler, aunque de hecho dependa,
por su misma reacción, de sus antecesores, se considerará inaugurador
de un sistema, negando la obra realizada en el pasado. Heráclito no
escapa a la regla (12). Políticamente culmina la transición comenzada
ya por Solón, de la constitución aristocrática a la democrática y so
cialmente se lleva a cabo la sustitución de la supremacía de la aris
tocracia por la de la burguesía.
Heráclito, aristócrata por linaje, después veremos que por tem
peramento, vive la decadencia de su clase, que es la que ha plasmado
esa cultura del pasado, erigiendo en costumbre universal la aristo
crática por excelencia según afirma Spengler, es decir la lucha. En
(12) Frag. 40 y 42.
— 110 —

A este hombre nadie le discute que sea un filósofo. Quizás esta
es la única afirmación en la que están de acuerdo sobre él los demás
pensadores. El principio que caracteriza su sistema, la tensa armonía
de los contrarios, parece proyectarse proféticamente en los juicios
emitidos posteriormente, referentes a su vida, su persona y su obra.
Burnet al tratarlo se preocupa solamente de fijar la fecha de
su nacimiento, descartando de una plumada todo lo que tiene rela
ción con su existencia en ese lugar y ese siglo (15).
Tannery, según ya indicamos, deduce de su origen sacerdotal im
portantes conclusiones, porque debido justamente a ese origen, tenía
que poseer una instrucción religiosa, sino superior, por lo menos dis
tinta a sus conciudadanos, aunque sólo fuera por el conocimiento
detallado del ritual y su simbolismo (16).
O. Spengler afirma rotundamente que hubiera sido un impedi
mento para la comprensión de su sistema el que se nos hubiera per
dido la grande y trágica personalidad de Heráclito (17).
En verdad, lo que sabemos de su vida lo ha consignado Diógenes
Laercio principalmente.
Señala éste que renunció al reino y al sacerdocio en favor de su
hermano (18), que habiendo exilado los efesinos a su compañero
Hermodoro, opinó que bien merecían morir por ese hecho y las opi
niones democráticas que sostenían, retirándose de la vida pública (19),
que fastidiado de los hombres, se retiró a los montes (20) y que al
sentirse enfermo regresó a la ciudad, muriendo de lo que algún mé
dico llamó "un trágico error de la medicina" y que Diógenes Laercio
diagnosticó como una "hidropesía" (21).
Plutarco nos ha trasmitido una anécdota: invitado por sus con
ciudadanos a definir la armonía, subió a la tribuna: en un vaso de
(13)
(14)
(15)
(16)
(17)
(18)
(19)
(20)
(21)

Frag. 53.
CORTS CRAU. Op. &lt;cit., t. IV, pág. 7.
Burnet. op. dt., P ág. 145 -146.
Tannery. op. dt. pág. 175-177.
Spengler. op. dt. pág. 5.
Oiog. Laert. IX,
(22 A 1).
Diog. Laert. IX, 2 (22 A 1).
Dioc. Laert. IX, 3 (22 A 1).
Dioc. Laert. 3 (22 A 1).

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�agua revolvió un poco de cebada, la bebió y se fue, indicando con
esto que el contentarse con lo que se tiene mantiene a las ciudades
en paz y concordia (22). La misma relación se precisa más en otro
texto, situándola en el momento en que los persas sitiaron a Efeso
(23), llegando hasta la ciudad jonia la gran conmoción que agitaba
al mundo griego.
¿Qué pensar de estos hechos? No se puede juzgar de su exac
titud, pero tienen un sentido. Revelan a primera vista la conside
ración que tenía el pueblo por el hombre, más bien por el "sabio".
Diógenes Laercio, en ese "pele - méle" colorido de sus relatos lo afir
ma: "fue admirado desde niño" (24). El "sabio" era el hombre "pru
dente" para toda la Antigüedad. Implícitamente se reconocía en él
una perfección ética, correlativa a la intelectual. Explícitamente
Sócrates lo afirma y Platón hace del filósofo un Rey. Vice - versa, el
soberano de un pueblo en ese momento cautivo de los persas, el
hebreo Salomón, como supremo don para poder gobernar, había pe
dido la sabiduría ya muchos siglos antes. Por consiguiente, los efesinos
que ni remota idea tenían de estas sutilezas, dejaron a Heráclito enca
ramarse en la tribuna, para darles la muda lección de frugalidad.
Parece que siguieron el consejo, de lo cual no podrán gloriarse mu
chos sabios.
• También dentro de este "estilo" de vida que se adjudica al
"sabio" o "prudente" está el desdén por lo que los hombres vulgares
reputan valioso: posición, dignidad y bienes, honores, de lo cual hizo
Heráclito, según su biógrafo, gala, confirmando ese desdén hacia todo
lo comunmente apetecible, las cartas apócrifas entre el filósofo y el
Rey Darío (25), que al fin y al cabo no hacen sino insistir sobre lo
mismo. Pero, "plus ultra" hay en todo esto una conducta y una con
ducta correspondiendo a un temperamento y un temperamento cono
cido y determinado antiguamente como "melancólico".
3. — Temperamento
Durante mucho tiempo los médicos creyeron que los tempera
mentos respondían a la constitución fisiológica, que a su vez hacían
depender de la doctrina de los cuatro elementos y los agruparon en
cuatro modalidades. Luego se empezó a discurrir que esos cuatro
temperamentos no se daban puros, sino que sutilmente se combinaban,
uniéndose hasta los opuestos y sobreviniendo según las épocas de la
vida. De la primitiva clasificación quedó muy poco o nada, depende
del autor, y en los actuales apenas se reconocen los rasgos de aquella
tetralogía fundamental.
Lo dicho hasta aquí de las actitudes del filósofo, que tanto ex
trañaron y dieron de cavilar a los efesinos, cuadran perfectamente
dentro de los puros rasgos psíquicos del temperamento citado como
(22)Plut. de Garr. 17 (22 A 3 v).
(23)Temist. P. Aretes. Rhein Mus. 27, 456, 7 (22 A 3 b).
(24)Dioc. Laebt. IX, 5 (22 A 1).
(25)Dioc. Laebt. IX, 13-14 (22 A 1).
— 112 —

melancólico. Se oponía al linfático por la sensibilidad profunda y
por la incapacidad para manifestarla al sanguíneo, creando el tipo
del distante, el silencioso, de una profunda vida interior, en el cual
todas las vivencias van dejando huella porque causan sufrimiento;
que tiene conciencia de que nadie siente como él y la convicción ín
tima de que no se le devuelve en la medida que él ha dado. Su sen
sibilidad está en pugna constante con su voluntad, lo que se manifiesta
en el exterior por una actividad alternada y desorganizada: períodos
de gran intensidad cortados por otros de total desgano y apatía. Temperamentalmente un introvertido, está más en contacto con su "yo"
íntimo que con el mundo exterior, y si es dado a la especulación, en
tonces hará introspección auténtica. Un agudo sentido de lo que es
bello le es característico, pero silencioso, aparente o realmente desde
ñoso, e irregular de trato y laboriosidad, para el hombre común es
un raro, para los antiguos, que no tenían ideas precisas del sistema
nervioso, un individuo de tal temperamento era un melancólico y
explicaban su idiosincracia por el predominio de uno de los cuatro
elementos. En realidad era el temperamento que con más facilidad se
desequilibraba, en general con tendencia a la neurastenia.
Heráclito "sentía en todas las cosas elevadamente, (lo que no
desmiente, sino confirma las cualidades apuntadas) dice Diógenes
Laercio (26). Llamado por su origen a un rango alto, lo abandonó,
se negó a participar en la vida pública y se retiró finalmente a una
soledad, que para los jonios tenía que resultar por demás estrafalaria,
y que Spengler sugiere explicar por el gusto a lo notorio que muchí
simos griegos han revelado. ¿No es más humano buscar la razón de
esas actitudes en uno de los momentos de su curva depresiva, cuando
hasta la misma compañía de los hombres se le hacía insoportable?
Otros datos vienen a corroborar esta hipótesis: Según Diógenes
Laercio, Teofrasto había dicho que la melancolía "le hizo dejar sus
escritos, unos a medio hacer y otros a veces muy ajenos a la verdad"
(27). La fama exageró esta nota: ridiculizándolo lo transformó en
un llorón.
"En vez de irritarse, Heráclito lloraba, Demócrito reía, afirma
Sotion y Luciano aprovechó el tema para parodiar las doctrinas de
Heráclito en una sátira" (28).
Resumiendo, este hombre nacido a mediados del siglo VI, en una
época de transición, por nacimiento sacerdote y aristócrata, esta ten
dencia la tendrá agudizada por su misma natura psíquica. Es un me
lancólico, un introvertido. Pero por sobre todas las cosas, es un PEN
SADOR: su pensamiento llevó el sello de ese determinado ser hu
mano que él fue, en espacio y tiempo. No estará por consiguiente
vertido sobre el universo, sino que el mundo se le aparecerá, por de
terminación temperamental, a través del prisma de su propio "yo".
"En Heráclito el corazón humano constituye el centro sentimental
(26)Dioc. Laeht. IX, 1 (22 A 1).
(27)Dioc. Laebt. IX, 6 (22 A 1).
(28)Lucían. Vit. Auct. 14 (22 C 5).
— 113 —

�— gil —
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•(I V ZZ) I 'XI ia^i ^oia (9Z)
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•(t V ZZ) I-ÍI 'XI Mavi -sota(SZ)
•(i v zz) s 'xi ^iiavi -ooia(tz)
'(I E V ZZ) L '9S^ '¿Z '"^í u?8Vif -saiaHV 'a ^isiMax(Z)
•(* s v zz) :i 'jjüo aP ••''T'a(zz)
oinoD opBjp ojuauíBjadtnaj pp soambrsd so^sbj soand eo\ ap oj^uap
aiuaniB^oajjad UBjpBiia 'gouisaja go[ b jb¡iabd ap uojaip A uojbubji
-xa ojuiu anb 'ojoso^ij pp gapnjijas sbj ap inb^ bjsbij oqaip &lt;yj
B[pnbB ap soSsbj soj naoonooaj as s^nade sa^njoe so^ ua A 'Jo;nB pp
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'uBqBuiquioa as ajuauíjijne anb ouis 'sojnd usqsp as ou eo^uamBjadnia}
ojjBno sosa anb JiJjnasip b ozadina as oSan^j *sapBpijBpoui ojjBno
ua uoJBdnjSB soj A eojnainap oj}Bna soj ap Buiajaop bj ap japuadap
UBiaBq zaA ns b anb 'eai^ojoisyj uopn^ijsuoa bj b uBjpuodsaj sojuam
-Bjadma) soj anb uoja^aaa soaipam soj odinai^ oqanra
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-uoo ^un A Bjonpuoa ^un ojea opo^ ua ^^q 4tBJijn snjd,, 'oaa^ -orasiui
oj ajqos jt^sisui ouis uao^q ou oqBD jb X uij jb anb '(^^) JJBQ -^3H
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opoj BpBq uapsap asa opuBtanjuoa 'bjb 'ojBjáoiq ns unáas 'ojijDBjajj
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sajBápoA sajqmoq soj anb oj jod uapsap ja Bjsa 44a^uapnad^ o MoiqBSM
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somsaja soj 'ajuamSisuoa joj -sajuB soj^is soqanm vA BTjnpiq^s bj opip
-ad BjqBq 'jBujaqoS japod BJBd uop oraa.idns otuoa 'uoraojBg oajqaq
ja 'sBSjad soj ap OApnBa o^uainoin asa ua ojqand un ap onsjaqos
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-apisuoa bj bjsia Bjauiíjd b nspAa^j -oppuas un uauap ojad 'pnjp
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�y apasionado en que convergen los radios de todas las fuerzas de la
naturaleza" sintetiza Jaeger (29), lo que parece más exacto que el
juicio de León Robin: "la teoría del alma refleja esta concepción
general" (30) porque si en cierto sentido es exacto, fundamentalmente
parece que toda la doctrina y el sistema reflejan el estudio que ha
hecho el filósofo de su propia alma.
"II semble qu'Héraclite lui-méme expliquait l'univers par l'homme, plutót que l'homme par l'univers" dice Burnet (31), porque claro
está, si él sirve de base, lo que aparece de humano en sus fragmentos
ha sido despojado de los caracteres individuales y universalizado, lo
que no impide, sino purifica esa tendencia eminentemente psicoló
gica de su modo de pensar, que O. Spengler ha captado y explicado
justamente, porque trazó con admirable maestría la personalidad de
Heráclito. Sobre él parecen escritas las palabras de Ortega y Gasset
"no faltan sospechas para creer que la verdad será siempre conquista
dolorosa de unas cuantas almas solitarias y a menudo perseguidas".
El pensador reflexionó sobre sí mismo, es decir sobre el hombre,
y con esto empieza la tan mentada revolución copernicana en la his
toria del amor a la sabiduría. Significa que también en el campo in
telectual Heráclito cierra una época y apunta al futuro, al centro
mismo del siglo V. Aquí se inserta una íntima correspondencia con
los sofistas, lo que confirma Platón en su presentación de Protágoras,
y por paradójico que parezca, con Sócrates, que es el que bautiza la
sofística, purificándola de su pecado original, pero manteniendo un
punto de partida, que en él más que humano, es antropológico.
Pero ¿a qué tanto testimonio y tanta cita de contemporáneos y
sucesores? Vamos directamente a las fuentes (Ah!, si esto se pudiera
decir siempre) y él mismo, Heráclito en persona nos provee de tres
datos auténticamente autobiográficos, contenidos dos de ellos en el
discutidísimo fragmento 1, y el 3. en el fragmento 101: "Aunque
esta razón existe eternamente, los hombres son incapaces de com
prenderla, lo mismo antes de conocerla que cuando por primera vez
la conocen, y sin embargo de que todas las cosas suceden conforme
a esta razón, se revelan inexpertos cuando se ponen a prueba en las
palabras y los hechos tal como los expongo, distinguiendo cada cosa
según su naturaleza y explicando como es. Pero los hombres no saben
lo que hacen cuando están despiertos, como olvidan lo que hacen du
rante el sueño" (32) y
"Yo me he investigado a mí mismo" (33).
Se intenta aislar por ahora sólo un contenido de ese extenso y
pletórico primer fragmento: lo que nos dice Heráclito de sí mismo,
dice dos cosas:
1. Que tiene conciencia plena de un descubrimiento sobre la
naturaleza de las cosas hecho por él en persona y para no desmentir
(29)Jaecer. op. cit., pág. 200.
(30)Robín, op. cit., pág. 105.
(31)Bubnet. op. cit., pág. 171.
(32)Frag. 1.
(33)Frag. 101.

su natura aristocrática, tiene también conciencia plena de que eso lo
diferencia del rebaño numérico.
2. Que él procede en esa explicación sobre la naturaleza de las
cosas de manera distinta.
3. Afirmación, quizás la más sorprendente, porque entre estos
filósofos ese sentimiento de admiración hacia sí mismos es común y
no extraño para quienes los primeros ejercicios de reflexión iban
unidos a descubrimientos embriagadores, vedados a los demás mor
tales.
"Yo me he investigado a mí mismo" es la Confirmación más
rotunda de la tendencia del introvertido a la introspección, la afir
mación de que eso fue realización en su existencia y este dato sí que
le imprime un sello distintivo mucho más notable que aquel, del
cual sabemos ^positivamente que se enorgullecía. Porque si al frente
del Templo de Apolo en Delfos se aconsejaba el "conócete a ti mismo"
Heráclito es el primero en dejar constancia histórica de haber sobre
pasado ese umbral, para encontrarse en plena investigación consigo
en el fondo de su alma.
4. — Temperamento y sistema
Si se llega a este punto, tienta todavía otro paso, que es más
arriesgado y difícil, pero que tiene el sabor de la aventura, del in
tento en pos de la reconstrucción de la verdad histórica de un sistema.
Porque el contenido psicológico no está agotado, sino pide un
examen más detenido, pide aclaración de lo que puede haber llevado
a Heráclito a hacer estas tres afirmaciones autobiográficas y no otras,
o expresado de otro modo, ¿cuál es ese descubrimiento sobre la na
turaleza de las cosas, del cual Heráclito tiene clara conciencia, y qué
relación tiene con la más asombrosa de sus afirmaciones?

El descubrimiento de Heráclito
O. Spengler dice que el descubrimiento sobre el cual basaba
Heráclito su visión del cosmos es el famoso "jcáv-ca ^sí", el movi
miento, el transcurrir, el flujo, aunque ninguna de estas palabras
agote el significado griego, devenir que se realiza de acuerdo a una

ley (34).
J. Burnet (35) afirma que el descubrimiento de Heráclito está en
el concepto de la lucha y armonía de los contrarios "la unidad en la
oposición y la oposición en la unidad", trayendo en confirmación de
esta tesis una cita de Philon (36), agregando luego que esa oposición
y armonización tiene lugar en el seno de un devenir.
Por consiguiente es la ley misma del cambio, su contenido, ese
tan mentado descubrimiento de Heráclito: "la diferenciación de lo
(34)Spengler. op. cit., pág. 13.
(35)Burnet. op. cit., pág. 160-161.
(36)Philon. fie, div. her., 43 (R. P. 3 i c).

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�uno en múltiple y la integración de lo múltiple en uno": a esto no
escapaba nada y haberlo captado era el motivo que llenaba de or
gullo al sabio.
El efesino, en un esfuerzo tremendo, tratará de fijar o señalar
el concepto más difícil de señalar y fijar: el del cambio. En el mismo
lenguaje esa dificultad está implícita.
"El lenguaje es filosofía eleática" dice Spengler (37), "man
fiihlt dass die Subjekte dieser Satze bereits ein zustandliches Sein
enthalten", lo que como afirmación vale un Potosí.
Es la gravitación de su reflexión sobre este problema y la sor
prendente solución que le da, lo que ha desencadenado sobre nuestro
filósofo el torrente de juicios que poseen como única característica
común el apasionamiento. Pero todavía esto no interesa. Se necesita
inda^ar por otro lado qué resultados podía ofrecer su: "me he in
vestigado a mí mismo", es decir.
El campo de experimentación de Heráclito que es él, es decir un
campo psicológico, humano, personal. Cualquiera que se adentre en
su conciencia se encontrará frente a una realidad tensa, movible, en
transformación permanente, lo que le ha valido el nombre de "co
rriente", en cambio perpetuo y que está sin embargo referida a una
unidad en el "yo". Agregúese que esa movilidad y tensión perte
necían a un "melancólico" en el cual los cambios son mucho más
opuestos, bruscos y sin transición aparente. Entonces se tendrá que
justamente el campo de observación que tenía Heráclito, su conciencia
propia, era donde mejor se manifestaba ese perpetuo fluir tenso de
la realidad reducido sin embargo a la unidad por ese "yo" que ponía
con firmeza tratarse siempre del mismo "Heráclito", aunque se ha
llara un instante en el orgullo y en el gozo que su actividad intelectual
le deparaba, para situarlo más tarde en la depresión en que el trato
con los semejantes se le hacía odioso y su misma obra le aparecía
vana, abandonándola a medio hacer.
A Es decir: Heráclito ha sido llevado a plantearse el problema
del movimiento y su ley de oposición y armonía de los contrarios por
investigación de sí mismo, a esto fue por introspección y a la intros
pección por ser un introvertido temperamentalmente.
B Es decir que su punto de partida es psicológico y que es
aquí donde está todo su mérito, porque en ese campo pierden su
sentido las feroces críticas que se le han hecho.
C Es decir que en ese punto de partida, donde está su mérito
especialísimo, está también el origen de su pecado mortal, por haber
aplicado a Dios y al cosmos su descubrimiento. Pero parece que mu
chos han pecado como él, porque el hallazgo intelectual trae apa
rejada la alegría que da el buen vino y la embriaguez proporciona
una distinta visión del mundo.
¿Qué más se puede aducir, probatorio de ese punto de partida
psíquico que, llevando a Heráclito a plantearse el problema del mo
vimiento, es la explicación de la génesis de su sistema?

"La conciencia humana se contrapone al objeto" dice Vorlander
y Corts Grau lo define: "Todo él se nos revela en esa tensión cons
tante de los genios hipercríticos".
La exactitud de estas observaciones se verifica en el análisis de
las imágenes que él usa y que aplicadas a la conciencia, revelan su
riquísimo contenido, como las clásicas del arcó y la lira (38).
Nada más gráfico se podría encontrar para designar el mundo
que la introspección revela, siempre en tensión, siempre cambiante,
entre dos polos o dos contrarios y sin embargo reducido a la unidad
de una persona, referido perpetuamente a un "yo" como el arco re
duce a la unidad dos fuerzas distendidas en direcciones opuestas;
como el esfuerzo intelectual, que antecede a todo pensamiento, que
surge al fin, como la flecha buscando su blanco, "Que aún yo mismo
no tuve más remedio, viendo por ambos lados cada cosa que una
vez, otra y otras muchas, cual flecha disparar el pensamiento" decía
Jenófanes, también en líneas autobiográficas. Es como la belleza de
la armonía que producen las cuerdas proporcionalmente distendidas.
Otras muchas imágenes llevan "l'empreinte" psicológica de lo humano
como esfuerzo, movimiento (39). Si Heráclito mismo no sacó las úl
timas consecuencias de su sistema (lo que por otra parte, histórica
mente, nunca corresponde a un filósofo sino a sus discípulos) aquellos
en los cuales se hace sentir su influencia no son otros, sino los que
hicieran del hombre, cuerpo y alma, definitivamente, el centro de su
investigación, es decir, sofistas y médicos.
Burnet señala un pasaje de Epicarmo (40) como alusivo a la
doctrina del filósofo sobre el hombre: "Considera ahora a los hom
bres: uno crece, el otro disminuye, y todos son presa de cambios
continuos: lo que cambia en su sustancia y no permanece jamás en
el mismo lugar será ya cosa distinta de lo que ha perecido. Así tu y
y yo, nosotros, éramos ayer distintos y hoy somos personas totalmente
diferentes, y nos tornaremos otros y no seremos jamás los mismos".
Es justo por consiguiente designar a Heráclito como el pen
sador, el filósofo y el poeta de esa dinámica, según se dijo al prin
cipio, inseparable de todas las manifestaciones de la vida espiritual.
Nuevamente la pluma tiende a inscribir, al lado de Heráclito, el nom
bre de Sócrates, señalando al primero como antecesor. ¿Es sólo
amable ironía lo que llevó al ateniense a un arte espiritual de dar
a luz? ¿No encubre la formidable realidad psicológica señalada por
el efesino y poéticamente comparada con la tensión en el arco y la

lira?
No en balde la vida es maestra del pensamiento. Por algo fue
Sócrates hijo de una mujer cuya profesión era ayudar en el alum
bramiento a sus hermanas. Más realista, quién sabe si no más poeta,
y tan pensador como Heráclito, el mundo le reveló un paralelo entre
el esfuerzo físico y el espiritual. Los dos culminan en un parir, en
(38)Frag. 51.
(39)Frag. 30, 60, 66, 65, 101.
(40)Epicabmo. Frag. 2 (Oiels).

(37) Spenglek. op. cit., pág. 17.
— 116 —

— 117

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-bij as anbune 'ttojij0Bjajjw ouistuí jap ajdmais asjB^Bjj Bzauuij uod
Biuod anb 4íojCm asa jod pBpiun bj b o^jBquia uis oppnpaj p^pijeaj bj
ap osuaj Jinjj onjodaod asa BqBjsajiuBui as jofam apuop BJa 'eidojd
Bianapuoa ns 'o^ijoBjajj Biuai anb u^pBAjasqo ap odinea ja aiuauíBjsnf
anb B.ipuai as saauo^u^ -aiuaJBdB uopisuBjj uis A soosruq 'so^sando
sbui oqonuí uos soiquieo soj jBno ja ua MODijoauejauiM un B UBiaau
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Bun b Bpoajaj oSjgqina uis Bjsa anb A onjadaad oiqmeo ua '^jnaiu
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ua 'ajqiAom 'Bsua^ p^pijBaj eun b ajuajj BJBJiuooua as Bpuapuoo ns
na ajniapB as anb Bjambjen;) "jBuosjad 'ouBiunq 'ooiSojoaisd oduiBa
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upap sa 'uouisiia ira b opBSpsaA
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Bjisaaau ag -Bsajojuí on oisa BiABpoj oja^ •ojuaiuiBUoisBdB ja unuioa
BaijsjjajoBJBD Boiun otnoa uaasod anb sopmf ap ajuajjoj ja ojos9jij
ojisonu ajqos op^uap^auasap Bq anb oj 'Bp aj anb uoionjos ajuapuajd
-jos bj j Binajqojd ajsa ajqos uoixajjaj ns ap uopBjtABj^ bj s^
•isoioj un ajBA uopeuuije ouioa anb oj 'tlnajjeqiua
upg saqoxjpuBjsnz up sjpjaq aziBg Jasaip ai^jafqng axp sssp Jjqnj
ubuim '(¿g) Jaj^uadg aDip ^Boi^Baja bjjosojij sa aÍBn^uaj jgM
•B^pjjdmi Bjsa pBijnatjip esa afBiíSuaj
ouisiui ja u^j •oiquiB jap ja :-iBfii A jBjBuas ap jpijip sbui ojdaauoo ja
jBjeuas o Jefij ap bjb^bji 'opuauiajj ozjanisa un ua 'oiusaja j^
•oxqBS jb ojjnS
-jo ap eqsuajj anb oaiioui ja Bja opBjdBD ojjaqsq A Bpeu sqsdBasa
ou oisa b :(loun ua ajdiijnuí oj ap uopBjáaiui bj A ajdiijnuí ua oun

�el cual la tensión del cuerpo o del espíritu alcanza los límites de la
capacidad del ser humano, los dos van acompañados del sufrimiento
inherente a las más altas actividades, los dos traen consigo la
alegría arrebatadora. Sócrates, que conocía la exultación de los que
tras largo peregrinar racional poseen la Verdad, la comparó al gozo
de la mujer que ve en sus brazos al niño recién parido, y olvida
instantáneamente los dolores por que acaba de pasar. Ni él ni el otro
hablan de los acontecimientos personales, pero su sistema está pletórico de esas vivencias, que insertando el pensamiento en la realidad,
lo hacen perdurable.
Heráclito, reflejando en el suyo su temperamento, le dio ese
carácter oscuro, dinámico y paradójico que ha hecho abrir sobre él
los juicios más contradictorios.
"La manera o estilo de pensar tienen relación con la doctrina, son
un intermediario entre personalidad y sistema", dice Spengler.
Heráclito por su origen, un aristócrata, por su modo de pensar
es un psicólogo. Su sistema se puede llamar una psicología del acon
tecer universal. De esta nueva posición de la indagación filosófica
van a surgir nuevos problemas: un problema social, uno psicológico,
uno crítico, sobre el conocimiento (41).
También se deriva la orientación hacia las ciencias del espíritu,
y un cierto desdén hacia las ciencias naturales que León Robín llama
"indiferencia altiva" (42). Lo mismo podría llamarse romanticismo
en Heráclito en cuanto es el incomprendido, el solitario, el analista
del propio "yo".
5. — o conclusión
Todo esto podría ser sintetizado como la explicación de la fama
de "llorón" del efesino insigne, o el origen psicológico y la génesis
de todo su sistema por el enlace del "me he investigado a mí mismo"
con el perpetuo fluir en tensión de los contrarios en la realidad
(campo de investigación lo psíquico — campo de aplicación lo cos
mológico) confirmado por tres datos autobiográficos, y terminado con
un fragmento profético de sí mismo. "Su carácter es para el hombre
su demonio" es decir, su destino (43) lo que trae a la memoria, ni
se afirma ni se niega nada, sólo se "apunta", las aventuras del "yo
pienso" en la historia de la filosofía universal.

// ESCRITOS
6. — Formación
Heráclito tiene conciencia de haber averiguado la verdad por sí
mismo.
Ya se vio el contenido psicológico y la afirmación autobiográfica
del fragmento 1.
Pero también se le puede encarar al "Prooimion" exigiéndole
una respuesta de orden histórico. ¿Qué dice de la formación de He
ráclito? "...sin embargo de que todas las cosas suceden conforme a
esta razón, se revelan inexpertos cuando se ponen a prueba en las
palabras y en los hechos tal como yo los expongo, distinguiendo cada
cosa según la naturaleza y explicando como es" (44).
La respuesta es pues que Heráclito creía poseer un conocimiento,
que lo distinguía de todos los demás hombres y si los distinguía de
ellos, no podía naturalmente, haberlo adquirido de ninguno. Diógenes
Laercio aclara aún más este dato:
". • .y siendo mancebo decía que no sabía cosa alguna, pero
cuando llegó a la edad perfecta, decía que lo sabía todo. De nadie
fue discípulo, sino que él mismo se dio a las investigaciones y decía
haberlo aprendido todo por si mismo" (45).
O. Spengler atribuye, ya se dijo, este "volver a empezar" que
significa cada sistema filosófico en la antigüedad griega a un reflejo, en
el campo intelectual, de la organización en "polis".
J. Burnet observa acertadamente que mientras Heráclito hace
alusión de Pitágoras en el pasado, es a su vez objeto de una alusión
de Parménides, sumándose la coincidencia histórica a la del contenido
racional.
Es interesante averiguar qué dicen del propio saber estos dos
puntos de referencia filosóficos:
Jenófanes:
".. .su dignidad no es pareja a la mía, que es mi sabiduría más
excelsa que vigor de hombres,
que de caballos fuerza" (46).
conservando sin embargo en algunos pasajes conciencia de la limi
tación de su saber (47).
Parménides después de relatar el camino seguido por el carro de
veloces caballos guiado por la "demonio" (48) hasta el misterioso
palacio que tiene por puertas la noche y el día, que sólo cierra y
abre la Justicia (49) y que recuerda la misteriosa mansión que para
sí edificó la Sabiduría según el Rey Salomón, dice:
(44)
(45)
(46)
(47)
(48)
(49)

(41)Spencleh. op. ciu, pág. '.10.
(42)Robín, op. cit., pág. 98.
(43)Frag. 119.
118 —

Frag. 1.
Diog. Laert. IX, 5 (22 A 1).
Jenófanes. Frag. 2 (21 B 2).
" 8 (21 B 2)
Pabmenides. Frag. 1 (2Í! B 1).
"
"
— 119 —

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�"Recibióme la diosa propicia y con su diestra mano tomando la
mía, a mí se dirigió y habló de esta manera" (50) :

"Preciso es pues, ahora
que conozcas todas las cosas..." (51).
Los tres tienen conciencia plenísima de la dignidad con que los
reviste el ejercicio mental. Es un rasgo característico de la época, de
grandes acontecimientos, de grandes individualidades, llevadas a adop
tar un tono un tanto profético (52): hay también "una tendencia a
la expresión hierática, síntoma de la dignidad personal, no sólo en
Heráclito, sino en Jenófanes, los pitagóricos y Empédocles, quienes se
distanciaban de la multitud y fijaban su aislamiento voluntariamente
en la expresión lingüística (5). Pero esta conciencia de la dignidad
personal asciende por tres peldaños de Jenófanes a Parménides. Está
teñida todavía de cierta modestia en el primero (54).
Es ya reputada inspiración divina en el segundo, que se limita a
a oír lo que la diosa va diciendo en tono imperativo:
"Atención, pues,
que yo seré quien hable,
pon atención tú, por tu parte, en escuchar el mito,
cuales serán las únicas sendas investigables del pensar" (55).
Heráclito también en esto es el escalón del medio, según la po
sición fijada por Burnet, porque por un lado no asoma ninguna clase
de humildad, por el otro no se limita sólo a estampar palabras dic
tadas a su oído, aunque considere ya: "Si no me escucháis a mí, sino
a la razón, es sabio reconocer que todo es uno" (56). Razón no es
personal, no habla, el filósofo es el que la ha buscado y encontrado
por sí mismo, aunque ella no se incline hacia él para llenarlo de los
elogios que escuchó su rival y detractor, el que tirando por el camino
más opuesto, y sin embargo juntamente con el efesino, había de llevar
la filosofía griega al momento más crítico y trágico de su historia,
donde justamente lo Uno y lo Múltiple parecían definitivamente irre
conciliables, destruida la tensa armonía que los une, para emplear
términos heraclíticos.
Pero ¿basta que un filósofo afirme que ha "aprendido todo por
sí mismo" para cerrar el capítulo de su formación con un solemne
"creo"?
Heráclito involuntariamente, nos invita en persona a desmen
tirlo, confirmando esa gran ley negativa que parece cumplirse tan
exactamente en el campo físico como en el intelectual: de que nada
nace por generación espontánea. Una ruptura total con el pasado y
(50)
(51)
(52)
(53)
(54)
(55)
(56)

Parmenides. Frag. 1 (28 B 1).
Burnet. op. cit., pág. 147.
Fischeb. op. cit., pág. 58.
Jenófanes. Frag. 2 (21 B 2).
Pakmenides. Frag. 2 (28 B 2).
Heraclito. Frag. 50.
— 120 —

un renacer nuevo totalmente, no se dan en el dinámico fluir ininte
rrumpido del esfuerzo intelectual.'•
Si un filósofo cita a otro, aunque sea para darle por la cabeza,
es señal que de algún modo (negándolo) ha sufrido su influencia.
"Lo que necesita el sabio no es precisamente que lo alaben o palmoteen, sino que lo tomen en serio, aunque más no sea encarcelándolo
abusivamente" dice un estudioso hoy, recordando el proceso a Galileo.
En la antigüedad no hay una vida mejor coronada que la de Sócrates,
condenado a la cicuta. Uno se pregunta si el admirable diálogo sobre
la inmortalidad no se debe justamente a los execrables verdugos, que
al condenar al ateniense, lo pusieron cara a cara con la muerte, obli
gándolo a reflexionar sobre ella. En ese sentido no se pudo quejar el
maestro de Platón: con más seriedad no pudo ser tratado.
Heráclito no usa los "crudos" términos de un Parménides, por
ejemplo cuando habla de los hombres: sordos —ciegos, estupefactos—
raza demente, pero cita indignado, dentro de los límites que le son
propios, a pensadores que le han precedido.
Hornero y Arquíloco merecen ser echados de los concursos con
una buena tanda de palos encima (57), aunque el primero sea el más
sabio de los griegos todos (58);
Hesíodo, reputado como maestro de los más, no sabe siquiera
que el Día y la buena consejera de la Noche no son sino uno (59);
otro fragmento está íntegramente dedicado a la crítica en bloque de
varios de sus predecesores que hoy, y ya entonces, se consideraban
ilustres. "La erudición en muchas cosas no enseña a entender ninguna,
en caso contrario, hubiera enseñado a Hesíodo, y a Pitágoras, a
Jenófanes y a Hecateo" (60) i
No habiendo sino aún practicado el diálogo, la "negación" de
una doctrina tenía forzosamente que adoptar paradójicamente esa
forma de "afirmaciones" despectivas. Pero esto no quita que tal "ne
gación" no sea el final de un proceso, en el cual, en esos tiempos sólo
"interiormente" se han oído y contrapuesto argumentos. El resultado
es lo único que se exterioriza y entonces toma la violencia de una
erupción volcánica.
••
Corroborando estas observaciones está el tratado de Diógenes
Laercio. "Sin embargo dice Soción que algunos lo hacen discípulo
de Jenófanes" (61). Si la exactitud de la afirmación pudiera ser
puesta en duda, queda de todos modos la influencia manifiesta, lo
que en cierto sentido opina también el citado Aloys Fischer. El mismo
fragmento 40 cita O. Spengler al señalar el probable parentesco del
pitagorismo con Heráclito.
Aquí se termina lo que se puede deducir, en cuanto a su for
mación, de sus propios textos. Sin embargo, siempre dentro del marco
de contradicciones desencadenadas, los autores, al juzgarlo, han se(57)Heráclito. Frag. 42.
(58)"" 56.
(59)"" 57.
(60)"" 4U.
(61)Dioc. Laert. IX, 5 (22 A 1).
121 —

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�ñalado en él analogías y semejanzas, que han permitido entroncarlo
a influencias de lo más diversas. Macchioro lo considera un órfico.
Lasalle lo cree discípulo de los persas y de Anaximandro, pre
cursor de Hegel. Zeller en cambio apunta también a los órficos como
fuente del pensamiento heraclítico.
Burnet parte, para la explicación del sistema, del descubrimiento
de Heráclito, la armonía de los contrarios, y afirma que el fuego es
un elemento real.
Spengler interpreta el sistema de Heráclito como un energetismo
puro, viendo en él un negador de toda sustancia. Lo único constante
es el movimiento sin sustracto, pero sometido a una ley, una forma
matemática, pues se manifiesta en una sucesión mesurable de re
laciones.
Jaeger halla en él una antropología, una síntesis del hombre y
del cosmos, a lo que Heráclito llegó por una intuición de la vida hu
mana concebida como unidad biológica: física y espiritual.
Tannery por otra parte, partiendo de su carácter de sacerdote
y de los conocimientos religiosos que como tal debía tener, hace de
él un teólogo, dedicándose a mostrar la analogía de los fragmentos
de Heráclito con las creencias egipcias.
Gomperz lo describe a Heráclito como precursor de los grandes
descubrimientos de la física moderna, señalando la coincidencia de
sus teorías con las contemporáneas.
Olof Gigon afirma que el pensamiento central del efesino es ético.
Pero como la ley, a la cual debe obedecer el hombre, es también la
ley del cosmos, habla de una cosmología.
7. — Obra
"El sabio suele ser para escribir más bien abúlico. Contemplar
es un deleite, inventar un júbilo, pero exponer al público lo inven
tado, si a más hay que aguantar la protección de los poderosos y la
contradicción de los necios, es un trabajo" dice L. Castellani. La afir
mación puede proyectarse, sin alteración ninguna, sobre el pasado.
Desde el momento en que el filósofo tuvo conciencia de serlo y resolvió
comunicar los resultados de sus investigaciones en forma oral o escrita,
tenía forzosamente que plantearse la cuestión. Lo extraño es que tan
universal como la incomprensión, acompañante fiel de todo ser que
se destaca, es la necesidad de comunicación que la motiva. En los
presocráticos el problema se caracteriza en toda su nitidez por los
violentos tonos en que se plantea.
Porque ¿para quién hablan o escriben sino para esa muche
dumbre de la cual se sienten fundamentalmente distintos, a la que
cubren de improperios a menudo, quizás en retribución de los oídos?
El sentimiento de desprecio en Heráclito está agudizado aun si cabe,
por su nacimiento aristocrático y por la certeza pesimista de que no
será escuchado (62).

La alegría es lo que lleva más fácilmente a la comunicación. El
pensador se balanceará entonces entre la tendencia a la expresión del
descubrimiento, que lo ha llenado de intenso júbilo, y la pereza de
comunicarlo, en previsión de los dolores de cabeza que esto le puede
traer aparejado.
En Heráclito venció el primer impulso, es decir que escribió una
obra, por lo menos una, sobre lo cual, sin lugar a dudas, parece que
todos están de acuerdo. Llevado también por no menos poderosas
murrias la dejó sin terminar.
"el libro que de él nos queda, por su contenido se intitula "De la
naturaleza", bien que dividido en tres discursos, a saber: Del Uni
verso, de Política y de Teología" (63).
El primer título que da Diógenes Laercio parece el más probable,
la división en cambio que sigue es más discutida. Diels dice que no
existió tal división, sino que se debe a algún resumen alejandrino
posterior. Burnet tampoco cree que pueda ser imputada a Heráclito,
aunque Bywater la haya tenido como base para la disposición de sus
fragmentos. Agrega que los comentadores estoicos encontraron la po
sibilidad de dividirlo así por la misma naturaleza del libro.
Diógenes Laercio da todavía otros títulos:
"Algunos lo intitulan Musas, otros De la naturaleza: Diodoto
Exacto Gobernalle para el nivel de vida" (64).
El haberlo designado como "Musas" puede deberse al hecho de
que Platón al referirse a Heráclito hablaba de "Musas jónicas" (65).
La tradición doxográfica ayuda poco para aclarar todas estas cues
tiones. Pero Hipólito, que en general es fuente invalorable, da una
serie de datos (+). La razón de la parquedad de los doxógrafos hay
que buscarla en el hecho de haberlo unido Aristóteles a Hypasos en
un pasaje y haber sido en consecuencia considerado pitagórico.
Los estoicos fueron sus grandes admiradores y por eso mismo lo
falsearon, al atribuirle doctrinas propias. Tuvo muchos discípulos:
"su libro se hizo tan célebre que llegó a tener secuaces llamados
"heraclitanos" (66).
La admiración que se sintió por él está confirmada por el hecho
de haberse encontrado en Efeso monedas romanas que lo representan.
El mismo Diógenes Laercio relata, en colorida anécdota, el juicio
que la obra mereció a Sócrates, al serle presentada por Eurípides
"lo que he entendido es muy bueno y juzgo lo será también lo que
no he entendido, pero necesita un nadador delio" (67), de lo cual
se deducen tres cosas:
1.)

La buena opinión que merecía al ateniense la obra del
efesino, lo que al efesino no le había ocurrido con ninguno

(63)Dioc. Laebt. IX, 5 (22 A 1).
(64)Dioc. Laeet. IX, 12 (22 A 1).
(65)Platón. Soph. 242 d.
(66)Dioc. Laert. IX, 6 (22 A 1).
(67)Dioc. Laebt. II, 22.
+ Contenidos sobre todo en Ref. IX, donde se han transmitido numerosos frag
mentos heraclítieos.

(62) Hebaclito. Frag. 1.
— 122 —

— 123 —

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(99)
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�terior, le señale al intelecto humano el carril aceitado por donde de

de sus predecesores, quizás por temperamento y también

concluyendo "..:Es en efecto la falta de enlace lo que los hace os

porque eran otros tiempos.

curos la mayor parte de las veces" (69) .
Los antiguos podían tener razón: la dificultad máxima para ellos
radicaba quizás en la señalada, aunque el juicio socrático hace ma
liciar que tuvieron otras. En el transcurso de los siglos, las dificultades
no han hecho, más que aumentar; O. Spengler hace sobre el punto
observaciones interesantísimas, influidas en parte por su intención
fundamental, de demostrar como el sistema de Heráclito es un ener

•

•

2.) El patente sentimiento de la modestia socrática, opuesta de
raíz al orgullo sabio de los pensadores anteriores .
3.) A la vez el hecho de que aún para Sócrates tenía la obra
grandes dificultades en la comprensión, es decir que Só
crates con todo el peso de su autoridad se hacía eco de la
fama de "oscuro" de Heráclito. Esto tiende el puente hacia
el tercer punto a tratar, referente a sus Escritos, es decir:
8. — Estilo
De la obra que hizo pensar a Sócrates quedan unos 140 frag
mentos, que hacen la impresión de una colección de aforismos, al
gunos de tono sibilino, dignos en suma de mantener en toda su
intensidad el vaivén de los comentarios.
Hermann Diels se muestra escéptico en cuanto a los brillantes
intentos de sus prepecesores para sistematizar el pensamiento del fi
lósofo griego. Para él estos aforismos no forman más que un mosaico
y le recuerdan la manera del Zaratustra de Nietzsche "Vor allem aber
sieht man hier die Zusammenlosigkeit der einzelnen Steinen welche
das Mosaik bilden".
En cambio O. Spengler, cuatro años más tarde, en su tesis de
doctorado para la Universidad de Halle, llega a resultados totalmente
opuestos, tratando de mostrar la profunda unidad interna de los
mismos..
Nietzsche mismo encontraba en los fragmentos una prueba de es
tilo claro y transparente..
...
Jaeger ve en la expresión aforística, la prueba del vigor de su
saber.
En la Antigüedad no fue sólo Sócrates el que señaló la dificultad
de sondear a Heráclito en toda su profundidad. También Aristóteles
da testimonio de ella, aunque atribuyéndola a causas diversas de las
que se empeñan en señalar los modernos.
"Es preciso, de manera absoluta, que lo que se escriba sea fácil
de leer y comprender, lo que es lo mismo. Esto puede conseguirse
cuando las conjunciones son numerosas, pero no cuando están en pe
queño número, ni cuando las obras son de puntuación difícil, como
es el caso de los escritos de Heráclito. Lo más trabajoso es su pun
tuación, porque no aparece claramente si cierta palabra se relaciona
con la que le sigue o con la qué le precede, como por ejemplo al co
menzar su obra, en donde dice:
"Aunque la razón existe eternamente los hombres son incapaces
de comprenderla". No se sabe, en efecto, a qué debe ser vinculado
'"eternamente" por la puntuación (68).

getismo puro.
Sin entrar a juzgar la interpretación, es útil recordar esas ob
servadas dificultades. De parte del lector, porque los conceptos usados
se han ido reelaborando en el correr de los siglos, también porque el
filósofo no tuvo, para expresarse, el vocabulario de expresión actual,
porque la filosofía de Heráclito está constituida por la generalización
(Spengler dice alegórica) de algunos hechos. De parte del filósofo
mismo, porque el pensador tiene a mano podríamos decir, un len
guaje no apto para la expresión de realidades no sensibles.
De parte de la historia, porque se han perdido sus escritos, lo
que implica la imposibilidad de una reconstrucción completa de sus
doctrinas.
Lo más valioso de las observaciones de O. Spengler es apuntar
al centro de la cuestión. Es decir que la oscuridad de Heráclito está
en el estilo de pensar, no en el estilo del lenguaje literario. Es aquí
donde el mismo Sócrates tiende el puente real y verdaderamente, no
sólo como una argucia elegante para la transición a otro tema.
El cambio en el "modo" o "estilo" del pensamiento es lo que ex
plica que el ateniense no entendiera al efesino, cambio que justamente
revela esa humildad implícita en el reconocimiento de los méritos de
un predecesor por otro lado. Porque en la época de Heráclito todavía
no se había descubierto que la verdad puede surgir de la relación
intelectual de dos personas, que la tendencia "arquitectónica a hacer
la filosofía una obra de arte de los griegos", en términos de Spengler,
transformaría en el "diálogo". El "diálogo" está por sí solo indicando
la revolución copernicana en el mundo filosófico, y trae aparejado un
sentimiento de modestia, porque el pensador no encuentra ya aislado,
y por sí mismo esa Verdad, que es meta de sus afanes, ya no necesita
empinarse hacia una divinidad o que la divinidad se incline hacia él.
Ella está oculta en el fondo de todas las almas, las que tienen por con
siguiente la misma dignidad. Entonces él puede "ayudar a dar a luz"
pero no "dar la luz", no es ya ni atalaya ni profeta, ni favorito de los
dioses, con una gracia distintiva "gratis data".
Todavía queda por dilucidar una importantísima consecuencia: la
dialéctica y el diálogo son nada más que dos etapas primeras en el
modo de pensar discursivo, razonado.
Falta Aristóteles, que resumiendo y aprovechando la obra an

La misma falla en la puntuación le atribuye Demetrio de Falera,
(68) Aristot. Reí. I (III) 5. 1407 b. 11 (22 A 4).
— 124 —

(69) Demetb. De Elocut. 192 (22 A 4).
— 125 —

�— ssi —
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�tizarse a velocidad máxima y en línea recta. Falta la gran indigestión
lógica de las postrimerías de la Edad Media.
Todo lo cual no ha pasado en vano: ¿sería muy aventurado decir,
parodiando a Spengler, que el modo nuestro de pensar es dialéctico,
como el lenguaje es eleático? Si se quiere pues saber como pensaba
Heráclito, cual era su "estilo", es menester "negar" todo lo hecho desde
Zenón hasta aquí, olvidándonos de definiciones y demostraciones, con
clusiones, etc.
Partir por consiguiente de que hubo una época en la que el filósofo
alcanzaba o creía alcanzar la verdad por sí mismo, lo que es el caso
de Heráclito, según se ha visto en los fragmentos citados, y pregun
tarse cómo podría explicarla a los demás.
El único camino que queda es el de la analogía, el comparar y
ejemplificar. La imagen es el lenguaje filosófico hasta la invención
de la dialéctica. Pero todavía quedan a señalar, en el uso de la misma,
históricamente, tres etapas: en la primera se compara un objeto ma
terial a otro material; en la segunda etapa se compara algo espiritual
con algo corporal; en la última y más difícil, se establecen correla
ciones espirituales.
Todo el pensar griego está aún en la segunda etapa, es decir, es
un formidable esfuerzo que trata de explicar lo invisible por lo vi
sible es una etapa también del gran misterio de la Encarnación del
Vero, que da a conocer a Dios en forma visible, para atraer al amor
de las cosas invisibles.
Heráclito no escapa a la ley. Pero es un gran poeta y las imágenes
a que recurre para su expresión tendrán altísima belleza. Pero está
vinculado por su origen sacerdotal al interior del Templo, donde la
Sibila habla inspirada y el respeto que tiene por la Verdad lo lleva
a rescatarla al manoseo de todos, como se rescata la imagen sagrada.
Su estilo es aforístico, impregnado de solipsismo, revestido de
imágenes. Es imperial, como dice Spengler, está perfectamente ade
cuado a la persona del autor, apasionado y artista.
No demuestra ni prueba, sino indica. Allí está su dificultad, por
que la clave es justamente la imagen, como acontece en toda la li
teratura oriental. Sería menester entonces investigar exactamente su
significado en esa determinada época, en esa determinada región, para
esa determinada persona, si se quiere comprender su sistema. Lo que
aún no ha sido realizado. Por otra parte ¿es ello posible?
9. — ¿Método?

ha tomado conciencia, pero que está implícito en todo su pensa
miento: el estudio, mejor dicho, la visión del cosmos a través de
la contemplación de su propia vida espiritual. Pero nuevamente se
puede señalar, que en tanto Heráclito explica por imágenes, como toda
la filosofía antigua y el pensamiento oriental, se vincula con el pasado,
al plantearse el problema en los términos que lo resume Werner
Jaeger, se afirma en su presente, como una de las individualidades
grandes, características de la época, que iban a abrir al pensamiento
un nuevo campo de investigación: el alma humana.
En Heráclito encontramos algo más: él tiene noción clara de que
su manera de pensar lo distingue en cierto sentido de sus contem
poráneos, con lo que se insinúa un problema crítico y un método
consciente. Al hablar de la existencia eterna del Logos, afirma que
expone distinguiendo cada cosa según su naturaleza y explicando
cómo es (70), con divisiones y sentencias, dice García Bacca, es decir,
hay un germen de análisis y síntesis, lo que lo constituye en el pre
cursor de la investigación lógica, que culminará en Aristóteles.

// DOCTRINA
10.— Los tres círculos concéntricos
El hombre, el cosmos, Dios. La idea es de Jaeger "frente a los
filósofos primitivos aparece la doctrina de Heráclito como la primera
antropología filosófica. La filosofía del hombre es, por decirlo así, el
más interior de los círculos concéntricos mediante los cuales es po
sible representar su filosofía. Rodean al círculo antropológico el cos
mológico y el teológico" (71).
Pero es menester aclarar: si se elige esta ordenación es porque
hace resaltar mejor que ninguna el punto de partida humano de la
filosofía del efesino, señalando su posición de "pre-revolucionario".
Eso no quiere decir que en el sistema de Heráclito los temas estén
netamente separados, sino más bien íntimamente compenetrados,
pero que en cambio los otros problemas de su filosofía pueden ser
agrupados en "sub-temas" dentro de estos grandes capítulos. Toda re
presentación geométrica aplicada al pensamiento tiene el inconve
niente de la inmovilización: la presente cercena al heraclítico el ca
rácter de dinámica perpetua, atormentada, que se revela en los frag
mentos que nos quedan.

Si frente a cada caso particular, en que la imagen concreta el
pensamiento de Heráclito, el problema del sentido exacto se vuelve
a presentar, en cambio, en términos generales, se puede hacer una
observación: el contenido psicológico casi constante de las mismas, la
referencia a una realidad espiritual personal generalizada luego, lo
que por otra parte está de acuerdo con el punto de partida, tal cual
fue caracterizado.
Hay en Heráclito entonces una especie de método, del cual no

Jaeger afirma que con "la vuelta del alma a sí misma" se revela
un mundo nuevo a las tareas del conocimiento, cuyos únicos caminos
hasta entonces habían sido la intuición sensible y el pensamiento ra-

— 126 —

^ 127 —

11.— Primer círculo o sea el hombre

(70)Frag. 1.
(71)Jaeger. op. cit., pág. 205.

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�cional. Sostiene empero que la auto-observación nada tiene que ver
con la investigación psicológica de sus peculiaridades e idiosincracia
personal (72).•
Sin embargo, parece más exacto y de acuerdo a lo señalado hasta
aquí, concluir que Heráclito se ha observado a sí mismo. Luego, desin
dividualizando y generalizando, ha llegado al concepto de "hombre"
que constituye el fondo permanente, vivo, de su sistema.
Jaeger sintetiza "él se plantea con tremenda violencia el problema
de cómo se afirma el hombre en medio de la eterna lucha entre el
ser y el devenir" (73), y al plantearse para él la cuestión en esos tér
minos, naturalmente vincula a su concepción del hombre, su concep
ción del "devenir" —el cosmos, y su concepción del "ser"— Dios.
Después se verá exactamente qué significado encierran para el filósofo
estas palabras y cómo, a pesar de todos los esfuerzos, no se les puede
dar contenido puramente formal, como ha hecho Spengler, sin mutilar
o violentar los textos, que hay que aceptar, no negando, sino expli
cando, las paradojales afirmaciones que presentan.
Por consiguiente le cuadra la designación de "antropología", pero
para seguir el ritmo mismo del pensamiento heraclítico cabe empezar
por una
a)

Psicología

que abarque las observaciones hechas por el gran melancólico "in
vivo", sobre su propio espíritu, aunque él ni soñar pudiera con ese
título. Su cantidad y su importancia dentro del sistema la justifican,
justificando a la vez el punto de partida psíquico con que se pretende
explicar la génesis del mismo.
Un gran número de fragmentos son de contenido psicológico. A
menudo indirectamente destacan la experiencia espiritual íntima, que
está, por decirlo así, elíptica, en la crítica a la masa. Presuponen la
aristocrática conciencia de haber hecho él lo contrario, aunque ex
presamente no lo diga, y contiene observaciones interesantes sobre la
psicología de la multitud.
"La mayor parte no reflexionan sobre los hechos que encuentran,
no los comprenden ni siquiera después de que se les ha enseñado,
pero se los imaginan (74); "no saben ni escuchar, ni hablar" (75);
"no lo comprenden ni aún cuando lo han oído, por eso se parecen
a los sordos". Es de ellos que dice el proverbio: "presentes están
ausentes" (76).
"Las opiniones humanas son pasatiempos de niños" (77). "No
hay que obrar y hablar como las gentes que duermen, ya que en este
estado creemos también obrar y hablar" (78).
(72)
(73)
(74)
(75)
(76)
(77)
(78)

"Lo mejor es ocultar la falta de juicio, pero esto es difícil en
el atrevimiento y la borrachera" (79). "Los perros ladran contra lo
que no conocen" (80). "¿Cuál es pues su espíritu o su inteligencia?
Se dejan persuadir por los cantores callejeros y tienen la demencia
por maestra, sin saber que la mayor parte son malos y que no hay
sino pocos buenos" (81). "Más vale ocultar la ignorancia que ense
ñarla en público" (82).
"El necio permanece fascinado ante todas las razones" (83).
Yuxtapuestos estos fragmentos, tienen en común el olímpico sen
timiento de desprecio y trazan un colorido cuadro de la reacción del
hombre perdido en el número, la muchedumbre ignara siguiendo a
quien le sabe adular los deseos, como cuenta la fábula que seguían
las ratas, la melodía del flautista de Hamelin.
¿Cuál es entonces la propia experiencia, la que está elíptica en
estas observaciones, la que ha mantenido ese rictus de asco defor
mando la boca del efesino al observar la multitud?
Cuando Heráclito habla de ella cambia el estilo y cambian las
imágenes, que se transforman en las más finas y delicadas de todos
sus textos. Están íntimamente relacionadas con el contenido sorpren
dente del "me he investigado a mí mismo" (84).
¿Qué es lo que ha encontrado al auto-observarse?
"Los límites del alma, cualquiera que sea el camino que sigas, no
podrás descubrirlos, tanta es la profunda razón que encierra "(85).
Este es el descubrimiento del "Nuevo Mundo" en la filosofía,
cuando el propio Almirante no sabía aun lo que encerraba y la gloria
se mezclaba al espanto de los abismos sin fondo, por donde los barcos
se podían precipitar al vacío. El gran continente virgen será apenas
explorado por su descubridor en sus costas, él señalará sólo algunos
puntos donde poner pié y apoyarse para lanzarse a la conquista del
ignoto interior. Con el hacha del investigarse a sí mismo, que él apli
cará también a los demás, puesta en sus manos por Heráclito, pene
trará Sócrates desbrozando selvas, derrumbando árboles, para que
entre el sol.
La realidad ilimitada, que se ha revelado al Descubridor, al me
lancólico, al hombre volcado sobre sí mismo, es una realidad palpi
tante, dolorosa, frente a la cual no es posible permanecer indiferente.
"Así como la araña inmóvil en el centro de la tela, apenas una
mosca rompe uno de los hilos, se apercibe de ello y corre rápida
mente, mostrándose afligida por el desgarramiento, así, cuando una
parte cualquiera del cuerpo humano recibe daño, el alma humana
se traslada de prisa, como si no pudiera soportar la lesión del cuerpo
al cual está ligada sólidamente en una cierta proporción" (86).
(79)
(80)
(81)
(82)
(83)
(84)
(85)
(86)

Jaeces, op. dt., Pág. 201.
Jaeces, op. cit.. pág. 201.
Frag. 17
Frag. 19.
Frag. 34, Cf. 56.
Frag. 70.
Frag. 73, Cf. 74.
— 128 —

Frag. 95.
Frag. 97.
Frag. 104.
Frag. 109.
Frag. 87.
Frag. 101.
Frag. 45.
Frag. 67 a.
— 129 —

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�de un silogismo, contenido implícitamente en tres fragmentos ya ci
¡Por los inanes que han estampado en la frente de los modernos
hiper-sensibles el sello de la poesía!
¿Cuántas veces el enemigo de los hombres, el huraño de los bos
ques se ha detenido en su deambular pensativo, a observar el trabajo
del animal, que va tejiendo con su propia sustancia la red donde
atrapará el alimento? Acurrucada y como muerta se queda en el
centro, donde se reúnen todos los radios en que se apoya la espiral
fina y pareja. Pero apenas incide un insecto sobre la trama, se estre
mece y sale disparado a buscar su presa.
Sintetizando en una cuadrito lleno de color la imagen va reve
lando su contenido riquísimo. Así está el alma humana, perfectamente
centrada en una especie de punto tenso, en donde transmite hasta
la más ínfima vibración que sobre el cuerpo imprime el cosmos,
aunque sea tenue como el batir de alas de un insecto. Ante
esa impresión, no queda indiferente —por aquí asoma la punta de su
teoría del conocimiento y va en busca de lo que la ha motivado, que
es a su vez alimento y vida.
Pero la llegada del insecto a la tela no se produce sin un des
garramiento de la misma. Heráclito sólo piensa en la aflicción que
ésto produce en el bicho, no en el gozo de ver su víctima. Porque
ha estado proyectando su mismo "yo" sobre la imagen, y en él toda
experiencia era espiritualmente dolorosa.
Entonces afirma: "El alma va, corre", porque para el hiperestésico el sufrimiento tiene agudos refinamientos que los demás no
captan.
Su propia alma reacciona de inmediato. El, que es poeta, lo ha
traducido en una exactísima imagen de rara belleza.
Se podría aún continuar la exégesis, hasta que con indignación
alguien objetara: ¿Pero pensó tantas cosas el "oscuro" al escribir esas
líneas?
¿Qué importa? Ese es justamente el signo del pensamiento de los
"grandes": estar preñado de virtualidades, que se van descubriendo
y tendiendo líneas de fuerza al futuro.
La marcha por el continente descubierto no es fácil, y el descu
bridor lo expresa casi con una queja.
"Duro es luchar contra el propio corazón: cada uno de nuestros
deseos está comprado al precio de nuestra alma" (87).
Aunque avanzar no sea fácil, Heráclito está convencido de que
ese camino practicado por primera vez por él es el bueno, y que
todos los hombres lo pueden seguir:
"Es dado a todos los hombres conocerse a sí mismos y ser
razonables" (88).
"El pensamiento es común a todos" (89).
La última parte, aunque la forma no la ayude, es la conclusión
(87)Frag. 85.
(88)Frag. 116.
(89)Frag. 113.

tados, y que podría expresarse así:
1.)

Razón existe desde siempre (90).

2.) Razón existe en el alma (91).
3.) Luego, es necesario para encontrarla, volverse sobre la pro
pia, o lo que es lo mismo "investigarse".
Ergo: si no hay investigación refleja, no darás con razón,
si no das con "razón" serás como los perros (libera nos Dómine de
ira Herácliti!) que ladran a lo que no conocen, pertenecerás a la
turba
infecta.
Tertio,
como no tienes "razón", los datos de los mismos sentidos
te engañarán, tendrás oídos y no oirás, tendrás ojos y no verás, como
diríaEl
elmundo
autor bíblico.
no ha escuchado aún a la palabra humana traduciendo
los arcanos del amor divino. El efesino hace justicia, y ésta sin caridad
es muy dura, quizás ni siquiera sea justicia. De modo que no es de
extrañar su lenguaje durísimo al referirse al prójimo y tan lleno de
delicadezas cuando expresa la íntima experiencia.
Hay en Heráclito por consiguiente una relación entre los datos
de los sentidos y la razón: se podría afirmar que esa relación es de
subordinación, sin concretar más. Teniendo en cuenta esta observación
desaparecen las contradicciones entre aquello fragmentos que hacen
una crítica cerrada a los datos sensibles como engañosos, y los otros
en los cuales reconoce la validez de los mismos, y aún indica que los
prefiere como experiencia personal. Dice entonces: "Los hombres se
dejan engañar completamente respecto a las cosas manifiestas, como
sucedía a Hornero, que no obstante era el más sabio de los helenos
todos" (92), especificando en otro texto: "los ojos y las orejas son
malos testigos para los hombres que tienen almas bárbaras" (93). A
lo que se ofrece un contraste violento: "Los ojos son testigos más
seguros que las orejas" (94) porque el oir implica un intermediario,
luego en primera persona, "las cosas que se pueden ver, oir y conocer
son las que yo prefiero" (95), con lo que se apunta ya la relación
no especificada, pero indicada más arriba entre los sentidos y la razón.
Es decir que él ha descubierto por investigación de sí mismo la
razón en su alma: por consiguiente los sentidos no lo engañan, antes
bien, de algún modo le ayudan a conocer. Pero: "Hay que acordarse
también del que olvida adonde conduce el camino" (96). Aunque
estén todos engañados, pueden salir del error. "La razón es peculiar
al alma y se alimenta de ella" (97).

(90)Frag. 1.
(91)Frag. 45.
(92)Frag. 56.
(93)Frag. 107.
(95)Frag. 101.
55.!
(94)Frag.
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(97)Frag. 71.
115.!
(96)Frag.
— 131 —

— 130 —

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-p BjÍ sojuaniSBjj saxi ua aiuaniBipijduiT opiuajuo^ 'omsi^ojis un ap

¡Bisaod bj ap ojjas ja sa^qisuae-jadiq
soiuapoui soj ap ajua.ij bj na opsdiuBisa usq anb sauBm soj joj!

�Llega el momento de preguntarse qué es esa razón, ese conoci
miento que posee Heráclito, que los demás no poseen pero pueden
llegar a poseer, que es causa y razón de la tristeza del insigne, porque
desespera de ser escuchado. Otra afirmación rotunda nos sale al en
cuentro, condensando muchos conceptos ya insinuados o presentidos:
"El pensamiento es la más grande de todas las virtudes, y la sabiduría
consiste en decir la verdad y en obrar conforme a la naturaleza,
enseñándola" (98).
De golpe Heráclito nos ha instalado en su

ticular" (104. Sin esa nueva vida del logos: "muerte es lo que sen
timos estando despiertos y sueño lo que sentimos estando dor

midos" (105).

La sabiduría consiste en una sola cosa: conocer la razón que go

bierna todo penetrándolo todo" (106).
"Con la razón que rige el universo están en desacuerdo, aunque
estén en continua relación con ella y las cosas que diariamente en
cuentran les parecen extrañas" (107).
"Los hombres, en el estado de vigilia, tienen un solo mundo, que
les es común a todos. Pero durante el sueño, cada uno retorna a su

b) Etica
simplemente uniendo la intelección y la acción, más, mucho más,
poniendo la intelección como causa y fin de la acción. No es la pri
mera vez que lo ha hecho, pero nunca con tanta claridad como en
esta ocasión. En su primer fragmento lo había anunciado en tonos
proféticos: la razón existe eternamente y todas las cosas suceden,
acontecen, conforme a ella, "pero los hombres se revelan inexpertos
cuando se ponen a prueba en las palabras y los hechos" (99). Des
pués había usado una de sus más raras imágenes para traducir su
realidad psicológica: la araña que se "percibe" y "corre" inmediata
mente, en cuanto siente la ruptura de la tela (100). Ahora la encon
tramos coronando la actividad humana o íntimamente unida a ella.
Asoma históricamente de nuevo el tema socrático. El "Logos" y la
vida, palabra y acción, se encuentran. Heráclito es el primer filósofo
para quien: "El conocimiento del ser se halla en íntima conexión y
dependencia con la intelección en el orden de los valores y de la
orientación de la vida y con plena conciencia, incluye el primero en
la segunda", dice Jaeger (101). En la plenitud de los tiempos recién
se escucha la fórmula definitivamente sintetizada e identificados los
términos "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". "Yo" es el Verbo,
el "Logos" divino hecho hombre. Heráclito lo atisba de algún modo.
Al fin y al cabo "si se dice la verdad y se obra conforme a la natu
raleza" se avanza en una sola dirección; el esfuerzo humano forzo
samente busca a Dios, aunque pretenda darle extraños nombres.
Hesráclito pues, está de acuerdo con el genio griego, que cree
alcanzar la virtud por la sabiduría.
"El "Logos" da una nueva vida sapiente (102), enseña a actuar.
Por no seguirlo ".. .los hombres no saben lo que hacen cuando están
despiertos como olvidan lo que hacen durante el sueño" (103). "Es
por eso que es preciso seguir lo que es común, pues lo que es uni
versal (la razón en el alma) es común. Más, aunque razón sea uni
versal, la mayor parte viven como si tuvieran una inteligencia par(98)Frag. 112.
(99)Frag. 1.
(100)Frag. 67 a.
(101)Jaecek. op. cit., pág. 202.
(102)Jaeces, op. cit., pág. 202.
(103)Frag. 1.
— 132 —

propio mundo" (108).
Una nueva imagen, la de vigilia y sueño explica o indica el pen
samiento. A través de todos ellos surge la gran dignidad moral del
que sigue la razón, del que entiende y actúa según ella.
El efesino trata luego otros temas, mejor dicho otros puntos que
tienen relación con la ética. Muchas observaciones son finas, aunque
parezcan pueriles comparadas con estas sentencias rotundas en las que
se habla del "logos". Pero en el fondo están jerarquizadas en relación
a ese valor supremo, puesto como estrella polar de todo el afán hu
mano. Por consiguiente, aunque dotado Heráclito de la extrema sen
sibilidad de un artista, no será un eudemonista, como hace notar
Aloys Fischer, lo que se corrobora en más de una ocasión: "Si la fe
licidad consistiera en los placeres corporales, deberíamos considerar
felices a los bueyes mientras comen" (109. "Los asnos preferirían la
simple paja al oro" (110).
También en este sentido se puede interpretar un fragmento ya
citado, "...cada uno de nuestros deseos está comprado al precio de
nuestra alma" (111), si se aclara yuxtaponiendo otro texto:
"No sería mejor para los hombres que todos sus deseos fuesen
satisfechos" (12).
La felicidad no está pues en el placer sensible y la tendencia
moral del pensador es elevadísima, aunque no esté exenta de con
tradicciones. Lo anota el mismo Aloys Fischer: según él en ningún
momento Heráclito dice en qué consiste la quinta esencia de la mo
ralidad, no indica su contenido; parece que esta respuesta está en el
texto en que se ensalza el pensamiento como la más alta de las vir
tudes y se define la sabiduría (113) que se convierte así en una
"ascesis". Donde parecería subsistir una contradicción es entre ese
deber que ordena seguir lo que es común y el hecho de que Heráclito
no puede prescindir de su índole aristocrática y un ideal individualista
que le hace despreciar la multitud.
(104)
(105)
(106)
(107)
(108)
(109)
(110)
(111)
(112)
(113)

Frag. 2.
Frag. 21.
Frag. 41.
Frag. 72
Frag. 89.
Frag. 4.
Frag. 9.
Frag. 85.
Frag. 110.
Frag. 112.
— 133 —

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�Pero "hombre" que se recoge para mirarse cara a cara con su
alma, teniendo una interrogante ético-intelectiva, al que se le presenta
el eterno problema de la felicidad, no puede rehuir el que se viene
con este de la mano: el de la muerte. No importa tiempo ni lugar.
La solución dependerá de esas dos mentadas coordenadas. Heráclito,
"investigándose a sí mismo" se lo topó y se lo planteó en términos
griegos, como la aspiración a la fama perdurable.
"Hay algo que los más nobles prefieren a todo: la gloria eterna
a las cosas perecederas. Pero la mayor parte se contentan con estar
alimentados como el ganado" (114). "Aquellos que cayeron en el
combate son honrados por los dioses y los hombres" (115). "La
muerte más gloriosa recibe los honores más grandes" (116). "Las
almas caídas en el combate son más puras que las que sucumben a
las enfermedades".
Textos que no desmienten por otra parte la apasionada admi
ración del aristócrata por aquella costumbre que según Spengler había
forjado una cultura. Se agrega la creencia en la inmortalidad per
sonal y el juicio individual, expresados en fragmentos oscuros donde
reaparece la imagen llena de poesía. Todo lo cual, en conjunto, pre
senta una flagrante contradicción con otros puntos del sistema, según
se verá: con la ley del eterno obrar, que en último término se con
funde con la fatalidad y los mandatos del destino.
"No son más que cosas probables las que el hombre más digno
de confianza conoce y retiene. Pero la Justicia alcanzará ciertamente
a los autores de mentiras y falsos testimonios" (118).
"¿Cómo podría el hombre ocultarse de quien no desaparece

La necesidad de ordenamiento también es anacrónica, pero títulos
y ordenación, si en cierto modo lo desfiguran, en otro destacan una
armonía que escapa al primer golpe de vista. Por sobre todas las cosas
ha surgido ya con claridad suficiente la plataforma antropológica de
las doctrinas de Heráclito. Se puede hablar del concepto de "hombre",
no en el sentido de que Heráclito tuviera conscientemente un con
cepto (esta palabra data de Aristóteles), pero sí de una imagen per
fectamente coherente, que aparece bajo esas pinceladas maestras del
efesino en sus sentencias aforísticas y de las extrañas metáforas pro
ducidas en colaboración entre un magín que trabajaba a explosiones
geniales, y una sensibilidad hiperestésica.

jamás?" (119).

"Los que han leído "de los jóvenes" (en Hesíodo fr. 17. 1, 2)
afirman que según Heráclito, el período de una generación es de 30
años, espacio de tiempo en que el padre ve a su hijo hacerse capaz
de engendrar" (124) Aquí la perfección tiene un sentido puramente
fisiológico. Spengler sostiene que el concepto de "vida humana" para
Heráclito se identifica con el de "generación", en el cual la existencia
individual no es más que un momento, una fase de una ininterrumpida
metamorfosis, visión según él, más morfológica que fisiológica. Aduce
este concepto como ejemplo de la concepción del movimiento hera
clítico, como un eterno cambio que constantemente se repite según
un ritmo (125). Para probarle se apoya en los textos: "es la misma
cosa que vive en nosotros: la vida y la muerte, la vigilia y el sueño,
la juventud y la vejez. Estas últimas, al transformarse, se tornan las
primeras y al transformarse de nuevo, son las segundas" (126); "una
vez nacidos quieren vivir y luego morir, o más bien reposar. Y dejan
atrás de ellos niños que a su turno morirán (127). La vida se debe
pensar como un cambio constante de vejez y juventud, como un
aumento y disminución de energía.

"Allí, ante el que es (los héroes) se levantan y se hacen guar
dianes vigilantes de los vivos y los muertos" (120).
Creencia en la inmortalidad personal y el juicio que había ano
tado ya Hipólito, adjudicándosela en los términos de la catcquesis
cristiana, lo que la falsea, porque le atribuye la resurrección de la
carne (121).
Pero aquí ya es necesaria una "mise au point", una especie de
recapitulación, porque ya tenemos lo que podríamos llamar:
c)

El hombre lógico

siguiendo a José Corts Grau (122). Quizás no mentira, si exagerado,
sería dejar atrás páginas encabezadas por dos títulos como "Psico
logía" y "Etica". En todo el texto heraclítico, claro está, no se
encuentran.
(114)
(115)
(116)
(117)
(118)
(119)
(120)
(121)
(122)

Frag. 29.
Frag. 24.
Frag. 25.
Frag. 136.
Frag. 28.
Frag. 16.
Frag. 63.
Hippol. Refut. IX, 10 (22 B 63-66).
Corts Grau. op. dt., pág. 69.

— 134

El "hombre" pues tiene alma, y en el alma habita la razón, la
que se descubre por la investigación de sí mismo. Los sentidos en
gañan al hombre de "alma bárbara", pero no al sabio que busca su
testimonio, una vez descubierto el "logos". Siendo el "pensar" la más
alta de las "virtudes", reflexión y acción son inseparables y se puede
decir estrictamente que el hombre de Heráclito es un "hombre ló
gico", teniendo este último término un contenido ético-intelectivo.
El "logos" es una ascética del hombre, una "ascensión", un ca
mino de perfección, que es común a todos. El filósofo se planteó con
cretamente cómo y cuándo esa perfección era alcanzada y los límites
temporales dentro de los cuales se desenvolvía. "Heráclito y los es
toicos dicen que el hombre comienza a conseguir su perfección hacia
los catorce años, época en que el líquido seminal se pone en movi
miento" (123).

(123)
(124)
(125)
(126)
(127)

Aet. I, 23 (22 A 18).
Plut. Def. Orac, 11, f. 415 e.
Spencler. op. ci(., pág. 26.
Frag. 88.
Frag. 20.
^ 135 —

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�En apoyo de la idea de Spengler parece que se puede citar este
otro texto:
"Un siglo es la más larga duración de la vida humana, que está
limitada por el nacimiento y la muerte. En consecuencia, los que
han reducido el siglo a un espacio de 30 años, han cometido paten
temente un error. Es Heráclito quien llama a este lapso "generación"
porque constituye una revolución de la edad del hombre y llama re
volución de la edad del hombre, al intermedio comprendido entre el
momento en que el hombre es engendrado y aquel en el cual en
gendra" (128).
Esta constante tensión movible entre dos puntos opuestos, que
Heráclito ha encontrado en sí mismo y lo ha conducido a un sistema,
la tenemos ya aquí aplicada en un sentido más amplio: hallada en
el fondo de ese "hombre" determinado que él es, está convertida ahora
en ley de vida del "hombre" en general, de toda la especie humana.
"La unidad de Heráclito se realiza mediante la tensión. La in
tuición biológica que se halla en esta idea genial es de una fecun
didad ilimitada", dice Jaeger (129). Queda todavía por fijar otro
punto: la posición de ese ser lógico de palabra y acción respecto a los
otros dos grandes temas de los fragmentos de Heráclito: el "cosmos"
y "Dios", sin olvidar que se trata de círculos concéntricos, es decir que
hay una superficie común a los tres. Dos puntos de referencia se en
cuentran: uno de lo más sorprendente: el mono por un lado, por el
otro Dios.
El mono más bello es feo, cuando se lo compara con la especie
humana (130). "El más sabio de los hombres, comparado con la di
vinidad, parece un mono en cuanto a sabiduría, a belleza y a todo

lo demás" (131).
Por aquí nuevamente se asoma, como criterio de jerarquización,
el supremo valor, la sabiduría, causa de toda elevación. Esto se con
firma en otro texto: "la naturaleza humana está privada de sabiduría,
pero no la divina" (132) y otro "point de repére":
"El hombre, en relación con la divinidad, es tan pueril como el
niño lo es con respecto al hombre" (133). Con lo que se aclara aún
otro aspecto: el criterio de la perfección es la sabiduría, cosa que
comparada con Dios no tiene el hombre, pero sí con respecto al mono,
en lo cual el niño se diferencia del hombre como el hombre de Dios.
Entonces entre la edad y la perfección no hay sólo una relación
fisiológica, sino ética-intelectiva y Heráclito atisba en la vida humana
una real y verdadera "edad perfecta". Atribuyéndosela al "hombre
lógico" (que deriva del logos palabra y acción) exclama:
"un sólo hombre vale para mi diez mil si es el mejor" (134)

porque de esa imagen, por no decir concepto del hombre, que el efesino forja, resulta inmediatamente lo que se podría llamar una
d)

Filosofía del estado

Es que política y ética se implican "existe una ley también, la
de obedecer a la voluntad de uno sólo" (135) se sobreentiende que
por ser el bueno, por sabio, por seguir la razón, porque la mayoría
de la multitud no lo es, ni la sigue. La sentencia supone una forma de
gobierno aristocrático, pero supone también que la fundamentación
del individuo y de la sociedad es la misma: es decir el logos, uni
versal y eterno, Heráclito lo afirma y lo desarrolla expresamente:
"los que hablan con talento debieran apoyarse en lo que es común a
todos, como la ciudad sobre la ley y aún más fuerte todavía. Pues
todas las leyes humanas toman su fuerza de la única ley divina que
extiende su poder tan lejos como le place, que basta a todo y lleva su
victoria sobre todo (136).
El pensamiento de Heráclito permanece fiel a la esencia del
hombre griego, vinculado a la "polis": se siente miembro de una co
munidad universal y sometido a ella. El hombre que adquiere con
ciencia de que lleva en su propio espíritu la luz eterna de la vida del
todo, adquiere la capacidad de participar en la más alta sabiduría
cuyos decretos proceden de la ley divina, comenta Jaeger (137).
Dentro de la interpretación de Spengler, el cambio es el principio
formal de la naturaleza orgánica. Ese cambio no escapa a nadie, pero
sí su ley. El mundo de los sentidos está sujeto al movimiento ininte
rrumpido. Todas las creaciones de la cultura: estado, sociedad, costum
bres, son producto de la naturaleza, están sometidas a las mismas condi
ciones de existencia que lo demás, es decir a la ley rigurosa de que
todo cambia y nada permanece. Para él uno de los grandes descubri
mientos de Heráclito está en haber mostrado la íntima relación entre
naturaleza y cultura. Concluye que nos encontramos frente a un sis
tema de relativismo completo, llevado a sus últimas consecuencias,
porque donde no hay un punto inmóvil los conceptos de ética y esté
tica sólo pueden tener un valor personal (138).
Olof Gigon, después de recordar que ética en los tiempos ar
caicos significa también política, hace observaciones valiosas: el
"logos" es llamado eterno por Heráclito, atributo que en Hornero y
Hesíodo corresponde a los dioses. También le adjudica el carácter de
"común", lo que dice relación a la comunidad o "polis". El "logos"
en su relación con los dioses se compara a la relación que existe' en
la ciudad entre los ciudadanos y las leyes, comunes a todos. La fuerza
de la "polis" es la ley, la de los hombres el "logos". Se le puede lla
mar "fuerza" porque defiende en el interior ¿el desorden y en el
exterior del ataque enemigo (139).

(128) CENSOBIH. 17, 2 (22 A 19).
(129) Jaecer. op. dt., Pág. 204.
(130) Frag. 82.
(131) Frag. 83.
(132) Frag. 78.
(133) Frag. 79.
(134) Frag. 49.

(135)Frag. 33.
(136)Frag. 114.
(137)Jaecer. op. etc., pág. 205.
(138)Spenclek. op. dt., pág. 28.
(139)Gicon. op. cit., pág. 203.
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�Llambías de Azevedo señala que la ley universal del cambio y la
oposición implica no sólo la transitoriedad, sino la inversión del pre
dominio de ciertos individuos y clases. Teniendo en cuenta esto es
que desaparece la contradicción apuntada entre sus preferencias aris
tocráticas y su actitud frente al pueblo (140), al que alienta a defender
sus derechos (141): "El pueblo (demos) debe combatir por la ley
como por sus murallas" (142). Interpretación la más adecuada, por
que soluciona una de las contradicciones que generalmente se atri
buyen a Heráclito.
Como el pensamiento heraclítico vincula temas imposibles de se
parar, se inserta aquí una visión originalísima del efesino, que tiene
relación con uno de los principios suyos fundamentales, que en rea
lidad en el curso de este estudio aparecerá al tratar el cosmos: el
combate. Por un lado lucha es justicia. "Hay que saber que la guerra
es universal, que la justicia es una lucha y que todo toma su vida de la
discordia y la necesidad" (143). Por el otro la lucha, de la que re
sulta la justicia, es la ordenadora de la sociedad en clases, lo que
constituye uno de los aspectos del acontecer cosmológico en su
totalidad:
"El combate es el padre de todas las cosas, el rey de todo. Hace
representar a los unos el papel de dioses, a los otros el papel de
hombres, vuelve esclavos a los unos, a los otros libres" (144).
El cuadro tiene tintes proféticos y paradójicos señaladísimos.
Porque el "oscuro" está anunciando el trueque de los poderosos por
los humildes y viceversa, la inestabilidad del gobierno y la sociedad.
Esto sería una visión pesimista, si se olvidara que de la lucha resulta
Ja realización de un valor positivo.
Volviendo a Olof Gigon, hace notar que la comparación entre el
logos y la ley se transforma. El logos mismo se vuelve la ley, la única
ley divina, que es el prototipo de todas las leyes humanas; el logos
se convierte en el origen de todas las leyes de la polis, pero el logos,
mas que las distintas disposiciones del estado significa, en Heráclito,
el orden de la vida, todo lo que es uso y costumbre. Podría llamarse
también "nomos" porque es la regla que rige todas las cosas (145).
Olof Gigón acentúa constantemente el contenido ético de la
visión de Heráclito, lo que no hace sino confirmar el punto de par
tida humano. Está de acuerdo fundamentalmente también con Jaeger.
El efesino opone en fuerte antítesis a la ley divina, que tiene
los atributos de la divinidad, la ley humana imperfecta (146). Pero
llegamos aquí nuevamente a una encrucijada:
1.)

La naturaleza humana carece de sabiduría (147).

(140) Pág. 133.
(141) Llambías de Acevedo. op. cit., pág. 255.
(142) Frag. 44.
(143) Frag. 80.
(144) Frag. 53.
(145) Cicon. op. cit., págs. 203-204.
(146) Frag. 114.
(147) Frag. 78.
— 138 —

2.) Sabiduría es decir la verdad y obrar conforme a la natu
raleza (148). Verdadero disparadero sin salida aparente, porque si
eres hombre estás desprovisto de sabiduría y entonces ¿cómo vas a
decir y obrar sabiamente?
Si mal no recordamos, por algún lado dijo Heráclito que la razón
estaba en el alma (149) o había calado profundamente en ella, vale
decir que el hombre, por su alma, puede llegar a poseer, o ser poseído,
por la razón esa universal, que determina su conocer y actuar, lo que
nos está claramente anunciando que Heráclito vio un
e)

PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO

Ya se dijo, al tratar las ideas psicológicas contenidas en sus frag
mentos, cómo Heráclito se sitúa en una posición crítica frente al co
nocimiento que le proporcionan los sentidos. Aloys Fischer dice que
los filósofos de la época se han dejado llevar por la tendencia
a la objetividad contenida en todo pensar, y que Heráclito no deserta
de este punto de vista, aunque tampoco lo acepte como algo obvio y
evidente.
Olof Gigon plantea este aspecto con gran claridad: en Heráclito
la oposición "verdad-error" se transforma en la oposición entre "lo
común y- lo individual". La oposición clásica "razón-sentidos" hace
su aparición histórica más tarde y no se encuentra para nada en
Heráclito. Luego se identifica la apariencia de lo individual con la
irrealidad del sueño (150). Cabe entonces preguntarse en definitiva
cómo el hombre alcanza esa razón o se pone en contacto con ella.
Sobre este punto el texto doxográfico que ha sido trasmitido es ex
tenso. Los comentadores reconocen en él una fuerte influencia pos
terior estoica y una directa sobre Heráclito, la de Alcmeón, sin con
siderarlo falseado en lo fundamental. Este texto nos aclara también
el papel de los sentidos en el conocimiento y su relación con el "logos",
relación que indudablemente no es antitética.
"... este físico sostiene la idea de que el medio ambiente está
penetrado de razón en inteligencia..."
"Absorbiendo, pues esta razón divina por la inspiración, como lo
cree Heráclito, nos hacemos inteligentes, y mientras que perdemos
la memoria en el sueño, volvemos a nosotros en la vigilia. En efecto,
como los poros de los sentidos están cerrados en el sueño, el espíritu
en nosotros ha cortado el contacto con el medio ambiente; apenas
queda como un vínculo la respiración, comparable en cierta forma
a una raíz. Estando así separado, pierde pues la facultad de memoria
que tenía antes".
"Pero al despertar, acudiendo de nuevo a los poros de los sentidos
como a sus ventanas, y tomando contacto con el mundo externo, re
cobra la facultad de regresar. Lo mismo pues, que los carbones
cambian y se ponen ardientes cuando se les aproxima al fuego y se

(148)Frag. 112.
(149)Frag. 45.
(150)Gigoh. op. cit., pag. 205.
^ 139 —

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Bj^nsaj Bqonj bj ap anb BjspiAjo as is 'Bjsiimsad uoisia eun Bijas ojs^
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anb oj 'sasBja na pBpapos bj ap Bjopeuapjo bj sa 'Bppsnf bj B^jns
-aj anb bj ap '^qanj bj ojjo ja jo^ •(g^'X) tlpBpisaaau bj A Bipjoasip
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bj A oiqurea jap jBSjaAiun ^aj bj anb ejeuas opaAazy ap SBq

�apagan cuando se les aleja de él, así la porción del mundo externo
que se aposente en nuestro cuerpo por la separación deviene algo así
como privado de razón, pero por la unión mediante el mayor número
de poros, se hace semejante al Todo".
"Esta razón común y divina, por la participación de la cual nos
hacemos aptos para razonar, es considerada por Heráclito como cri
terio de la verdad. De donde concluye que lo que se manifiesta a todos
los hombres en general, es digno de fe (pues es por la razón común
y divina que ha sido aprehendido) y que al contrario, lo que llega
solamente a tal individuo es indigno de fe por el motivo opuesto" (151).
Hete aquí que si creímos ver una imagen en los textos que ya
encontramos, donde Heráclito habla de la vigilia y el sueño (152),
íbamos por mal camino. Estas dos palabras encierran la realidad, son
los dos polos opuestos (el efesino es siempre fiel consigo mismo) en
los cuales se apoya lo que con razón podemos llamar su teoría del
conocimiento.
John Burnet y Olof Gigon están de acuerdo en reconocer como
heraclíticas las dos comparaciones fundamentales: la de la respiración
y la de los carbones ardiendo.
La relación del alma del hombre con el exterior se mantiene por
aberturas con las cuales Heráclito designa evidentemente los sen
tidos, especie de ventanas abiertas durante el día y cerradas durante
la noche.
Estando la razón en ese mundo común a todos, el conocimiento
es justamente ese contacto que se establece entre el exterior y el in
terior por intermedio de los sentidos. Pero este "intermedio de los
sentidos" tiene en el texto un significado fundamentalmente distinto
del que hoy le adjudicamos: los sentidos desempeñan un papel com
pletamente pasivo, justamente el de la ventana que deja o impide
el paso de la luz, el del tubo que une dos vasos comunicantes para que
se pongan en contacto los contenidos. Los sentidos no llevan nada por
sí mismos. En este aspecto Heráclito es fiel a su época y en su
"hombre lógico" el conocimiento mismo es una "pasión".
El contacto así establecido es el que Heráclito compara con los
carbones que se encienden cuando se les aproxima al fuego y se
apagan cuando se les aleja de él. Entonces, otra nueva determinación:
el contacto lo es de algo luminoso con algo oscuro. Parece que esto
hizo decir a Teofrasto que Heráclito consideraba el conocimiento
como el resultado del contacto de los opuestos. Pero, por otro lado,
al establecerse éste, lo que es común y universal se pone en relación
con lo que es individual, penetra en el alma, y en último término,
ella se hace semejante al "logos", porque el "logos" la invade y es
entonces que lo puede seguir.
También, ya lo dijimos, encontramos que en el fragmento que
describe a la araña en su tela (153), apunta la teoría del conocimiento
en más de un aspecto. Ahora cabe señalar como Heráclito no locali(151)Sext. Adv. Math. VII, 127, 129, 130, 131 (22 A 16).
(152)Fraga. 2, 21, 89.
(153)Frag. 67 a.•
— 140 —

zaba el alma en ninguna parte del cuerpo, sino que ésta se puede
mover donde hay sensación.
Se vio al principio como el efesino melancólico fue llevado a
descubrir en sí mismo dos de sus grandes principios: la armonía de
los contrarios y el eterno transcurrir. La aplicación del primero a
su teoría del conocimiento la acabamos de ver. Pero ni el "logos" ni
el "alma", que adquiere la sabiduría al contacto con él, escapan al
segundo: una y otra están sometidas a su vez al movimiento incesante.
Consecuencia lógica que ha llevado a decir a Aristóteles:
"Heráclito mismo considera el alma como el principio, pues con
siste en la exhalación de la cual forma las demás cosas. Es la más
corporal (de las sustancias) y está en flujo perpetuo; lo móvil además
es sólo conocido por lo móvil, y como casi todos, él creía realmente
que las cosas están en movimiento" (154), texto del cual, para este
propósito sólo interesa la última parte. La primera trata de la esencia
del alma, lo que pertenece aun, para ser fieles al pensamiento antiguo,
a la cosmología. Otro texto, heraclítico de pura cepa, a fuer de mis
teriosamente poético, es explicado por Olof Gigon de acuerdo a esta
solución del problema del conocimiento: "El hombre se enciende para
sí en la noche una luz, cuando la luz de sus ojos está apagada. Vi
viendo, enciende al muerto en el sueño; despierto enciende al
dormido" (155).
Hay una oposición entre el exterior, para el hombre apagado du
rante el sueño, y la luz que él enciende en su interior para sustituirlo.
Verosímilmente con esta luz ve las imágenes de los sueños. Pero es luz
individual, que el hombre ha encendido para sí. No es la luz de los
ojos, que durante el día se enciende, al aproximarse y tomar contacto
con el exterior. Es una luz que hace visible la irrealidad individual
de los sueños y no la realidad de lo que es común (156).
De la posición en el problema del conocimiento, en la cual He
ráclito no hace sino estar rigurosamente de acuerdo consigo mismo,
se deriva una conclusión lógica: la validez universal de los juicios
verdaderos determinada necesariamente, porque estando en el prin
cipio un mismo logos y una misma capacidad para captarlo, o más
bien, si el hombre no pone obstáculos a que lo invada el logos eterno
y común, el resultado de lo pensado es el mismo en todos, según
señala Aloys Fischer.
Una gran contradicción parece estar implicada: esa validez uni
versal de los juicios se opone a la afirmación del constante movi
miento de todas las cosas, que lleva a un relativismo completo. Por
eso la posteridad representó a Cratilo, ridiculizándolo, como el
hombre que considerándose incapaz de toda afirmación, (vuélvete
planta! — le gritaría Aristóteles) había enmudecido y señalaba con
el movimiento de un dedo la imposibilidad del conocimiento.
Que Heráclito influyó posteriormente en el desarrollo de una co
rriente escéptica es indudable. Platón, cuando cita la frase de Protá(154)Aristot. De anim. A 2 405 A 24 (22 A 18).
(155)Frag. 26.
(156)Gicon. op. di., pág. 234. '.'•••
— 141 —

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�goras "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son como
son, de las que no son, como no son" le dé una interpretación gnosológica. Zeller sostiene que la afirmación en el "Theeteto" (157) "todo
lo que existe está en movimiento", la inspiración heraclítica es histó
ricamente fiel. Se basa en el comentario de Porfirio: la argumentación
era dirigida contra la escuela eleática. Por consiguiente debía basarse
en los argumentos de aquél que había sido su mayor enemigo.
Si esto es cierto para la influencia posterior, si en Heráclito se
puede encontrar la base para un escepticismo, él mismo no lo sostuvo.
Aristóteles no se anima a achacárselo resueltamente:
"Es imposible a todos concebir que una cosa sea y no sea, lo que,
como algunos creen, había sostenido Heráclito" (158).
Limitaciones que están hablando bien claro del temor del Estagirita, que no ha querido cometer una injusticia.
Por otra parte, ese tono casi profético y enteramente dogmático
de Heráclito, contrasta violentamente con la actitud de su discípulo
inhibido de palabra y acción, femintiendo todo intento de ver en el
maestro la sombra de una duda definitiva.
En el verdadero conocer hay pues contacto del alma humana con
el cosmos. ¿El contacto con la divinidad lo establece la fe? Más aún,
¿es la fe condición de todo conocimiento? Hay textos de los cuales
esto parece concluirse:
"la mayor parte de las cosas divinas escapan al conocimiento, a causa
de nuestra incredulidad" (159).
"si no lo esperamos, no encontraremos lo inesperado, que es impene
trable e inaccesible" (160).
Rodolfo Mondolfo no vacila en contestar afirmativamente la se
gunda pregunta (161).
Tannery va aún más allá. Para él, Heráclito es un teólogo, que
no pretende convencer por la demostración, sino que reclama la fe
como indispensable. Le da al mismo "logos" un contenido religioso:
es la inspiración del pensador (162). De aquí se deriva su desprecio
por las ciencias naturales: su misión es sacar a luz el lado divino de
las cosas y el papel de la inteligencia en la naturaleza. La posición
más extrema es la de Macchioro: Para él orfismo y heraclitismo
son dos aspectos de una misma cosa. El filósofo construyó su con
cepción del mundo por un proceso de racionalización de su expe
riencia mística. Consistiendo esta experiencia mística en una salida
del alma de su cárcel, el cuerpo, para ponerse en contacto con Dios,
interpreta en este sentido el citado texto de Sexto Empírico. Ve en
el efesino una oposición entre el conocimiento intelectivo y el místico,
que es intuitivo. Esta posición anti-intelectualista explica la hu
mildad espiritual, que es el fundamento de la soberbia mental: rígido
dogmatismo, porque no habla él sino Dios, con el que está en contacto
(157)Theet. 152 e 1.
(158)Aristot. Metaph. L 3. 1005 b 23 (22 A 7).
(159)Frag. 86.
(160)Frag. 18.
(161)Mondolpo. op. cit., pág. 48.
(162)Takneby. op. cit., pág. 176.
— 142 —

directo. Entonces el fundamento del conocimiento en Heráclito son la
fe y la esperanza (163).
Si así fuera, al "hombre" de Heráclito, efesino se le está revelando
por el "conocimiento" el "cosmos" y "Dios".
Anécdota: Un día se le preguntó al "oscuro" cuál era su "Weltanschauung", explicándole que a pesar de las pretensiones de "saberlo
todo" si no se había construido su propia visión del universo sería inmediamente degradado, arrancándosele las charreteras de la fama. De
nada le iban a servir sus aires de enigmático y estrafalario. Zeus, invo
cado previamente, ayudó a encontrarlo en un día en que la atrabilis no
lo tenía dominado completamente, y no estaba de un humor perruno,
como cuando dejaba sus escritos a medio hacer, es decir en un día
en que hasta hablaba y contestaba. Respondió que la pregunta me
recía una buena tanda de palos, que él nada tenía ni nada había
construido. Cuando abría su boca y pronunciaba palabras llenas de
sabiduría no era Heráclito el que hablaba. "Si no me escucháis a mi,
sino a la razón, es sabio reconocer que todo es uno" (164).
"Uno" era "logos", "cosmos", "Dios". Bastaba que él estuviera
despierto para que todo estos penetrara en su alma por los poros
o canales abiertos y lo arrebatara en el inmenso torbellino eterna
mente animado. El no se "apoderaba" del universo por una "Weltanschauung": era el universo el que tomaba posesión de él y lo arras
traba. Si él era sabio, era justamente porque no había puesto ningún
obstáculo a este torrente que lo inundaba, lo que le permitía conocer y
moverse en el "logos". Después se quedó mudo, dio la espalda a sus
interlocutores, y se puso a contemplar, no se sabe si las hojas de un
árbol, que se movían rítmicamente agitadas por el viento, o el motor
de un automóvil, que los periodistas habían dejado en marcha ex
profeso. Lo cierto es que como no habían entendido nada, se quedaron
con las cuartillas en blanco, el "Reader" hubo de suspender un ar
tículo, y se hizo un convenio internacional, resolviéndose no hacer
más "interviews" a los filósofos, fueran del pasado, del presente o
del futuro. Esto es lo que se llamó luego "la benéfica influencia de
Heráclito de la historia del pensamiento" .
12. — Segundo círculo o sea el cosmos.
Fuera Heráclito un "monstruo" histórico, si desvinculándose de
toda la problemática de su época, hubiera centrado su investigación
sólo en el hombre. Cierto es que la generalización de observaciones
resultantes del "investigarse a sí mismo" lo condujeron a moverse
dentro de un gran núcleo antropológico. Cierto es que la misma "autoinvestigación" y observación humana lo llevaron a encontrar prin
cipios claves de todo su pensamiento, la armonía de los contrarios en
el perpetuo transcurrir, la lucha como padre de todas las cosas. Cierto
es que su teoría del conocimiento nos está hablando de la esencia del
(163)Macchioro. op. cit., págs. 412-435.
(164)Frag. 50.
— 143 —

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�mundo: carbones que se acercan al fuego, dicen que conocer es un
encenderse en esa lumbre universal del logos., ¡
, Pero el "hombre", resultado final de su elucubración, está adentro
del cosmos, más aun, tiene su misma esencia, (que perdone Spengler)
está moviéndose en el torbellino universal del "logos" aunque no lo
sepa y crea conocer y moverse por sí mismo, si no se trata de un
"lógico". Pero esos mismos principios están enraizados en las teorías
de sus contemporáneos y antecesores. Si por su origen son antropo
lógicos, tienen un desarrollo cosmológico. Sirven por consiguiente
para interpretar el "cosmos" y el hombre también, del cual surgieron,
puesto que el hombre está sumergido en el cosmos. "Camino arriba,
camino abajo, en el círculo, el principio y el fin se confunden", y
el pensamiento del señor efesino sigue fielmente el simultáneo vaivén
circular, según el cual todo se mueve: hombre, mundo, Dios.
Inversamente: cada afirmación heraclítica sobre el cosmos tendrá
un trasfondo psicológico y estará implicando una valoración ética.
Sentado lo cual, es interesante constatar que en los fragmentos
conservados del propio Heráclito el hombre es el tema de una aplas
tante mayoría. No en balde su nacimiento lo estaba llamando, como
rey y como sacerdote, a preocuparse de la especie. Si renunció a ha
cerlo prácticamente, subsistió en él la tendencia irrefrenable a meterse
en los asuntos de sus semejantes, y no ya de su sociedad solamente,
y a gobernarlos, invocando para ello la soberanía del "logos" que
hablaba por su boca.
Los fragmentos doxográficos en cambio desarrollan más extensa
mente sus teorías cosmológicas, que fueron ya en la antigüedad, causa
de polémicas acaloradas. Esto indica cómo llamaron la atención de
los comentadores, mientras que el contenido y el punto de partido
antropológico de las ideas heraclíticas, han hecho converger sobre el
efesino la mirada, cargada de simpatía, de los pensadores modernos.
Ejemplo sintético de este modo de encararlo es Gomperz, quien afir
ma, con razón, que la gran originalidad de Heráclito está en haber
percibido relaciones entre la vida del espíritu y la de la naturaleza,
ya nunca más olvidadas. Fue el primero en hacer generalizaciones
que recubren como de una inmensa bóveda los dos dominios del pen
samiento humano (165).
Entonces ha llegado el momento de preguntarse en qué consisten
sus principios, lo que de acuerdo a lo dicho, nos proveerá de la ex
plicación a la vez de todo el universo, puesto que rigen los tres círculos
o temas de su filosofía.
13. — La armonía de los contrarios
O la teoría de la unidad en la oposición y la oposición en la
unidad, es la doctrina fundamental de Heráclito. Con ligeras varia
ciones, ya se verá, los estudiosos están de acuerdo sobre este punto,,
aunque no lo estén, claro, sobre las conclusiones que sacan.

Diógenes Laercio se la atribuye, explicándola "in extenso". El
texto de la exposición es considerado exacto sustancialmente, por
seguir con mucha fidelidad el orden clásico de Teofrasto. Dice así:
"Las opiniones de Heráclito son en general las siguientes:
Todas las cosas están formadas del fuego y en él se resuelven. Todo
sucede de acuerdo a los mandatos del destino y las cosas se rigen por
la conversión de los contrarios""Todo está formado por la opo
sición y las cosas fluyen como un río..." "Aquel de los contrarios
que conduce al nacimiento se llama combate y discordia, el que con
duce al incendio, concordia y paz" (166).
Es indudablemente el conocimiento de esta teoría lo que llevó
a la duda a Aristóteles, al reducirla a las cosas que son y no son (167),
según ya se vio, lo que atestigua las dificultades de interpretación
que tiene de antiguo.
Si esta oposición en la unidad desapareciera, también desapa
recería el mundo. No se trata de una ley, suspendida la cual sobre
vendría el desorden, es inmanente, en la misma esencia, es el mismo
mundo, que quitándolo, se aniquilaría.
Heráclito censura al poeta por haber dicho (II- XVIII-107) :
"¡Ojalá desaparezca la discordia entre los dioses y los hombres!"
Pues no habría ya armonía si no hubieran sonidos agudos y
graves, ni seres vivientes, si no existieran hembras y machos: estos
son, precisamente los contrarios" (168).
En Philon el principio está expresado con gran claridad, agre
gando el texto que este era el más importante de toda la filosofía
heraclítica:
"Lo que está hecho de dos contrarios es uno; y si el Uno es di
vidido, salen a la luz los contrarios. ¿No es ésto justamente lo que
dicen los griegos que su grande y célebre Heráclito ponía al principio
de su filosofía, de lo cual se enorgullecía por ser un nuevo descu
brimiento?" (169).
En los fragmentos del melancólico, la teoría se expresa unas
veces extensamente, otras en imágenes concretas, tomadas desordena
damente de distintos campos.
Pero hay afirmaciones que le atribuyen a esa ley la misma uni
versalidad que luego le dieran los doxógrafos.
"La naturaleza ama también los contrarios, y es con ellos y no
con los semejantes que produce la armonía. Es así, por ejemplo, que
une el macho con la hembra, y no cada ser con su semejante; que
realiza la concordia primera por la unión de los contrarios y no de
los semejantes. El arte procede así de la misma manera, imitando a
la naturaleza; la pintura mezcla los colores blancos y los colores
negros, los colores amarillos y los colores rojos y obtiene de esta
manera el parecido de la imagen con el original. La música combina
los sonidos agudos y los sonidos graves, los sonidos largos y los ao(166)Dioc. Laebt. IX 7, 8 (22 Al).
(167)Aristot. Metaph., IV 3. 1005 b 23 (22 A 7).
(168)Eldem. Eth H. I. 1235 A 25 (22 A 22).
(169)Philon. Rev. Div. Her. 43

(165) Gompekz. op. eit., pág. 95.

— 145 —

— 144 —

10

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�nidos breves en diferentes voces; para producir una armonía única,
La gramática construye todo su arte combinando vocales 7 conso
nantes". Así lo afirmaba Heráclito el Oscuro. "Las uniones son cosas
enteras y no enteras, concordia y discordia, armonía y desarmonía;
de todas las cosas el Uno y del Uno todas las cosas" (170).
Un Heráclito indiferente no sería Heráclito: la valoración re
aparece. Esta vez es la estética y el filósofo no puede ocultar la ad
miración del artista. No en balde Pitágoras ha escuchado por primera
vez: también, malaxé la crítica hecha a su antecesor por Heráclito, la
armonía universal tiene un contenido musical. El universo se le
aparece pictóricamente como una obra maestra, cuya hermosura nace
justamente de dos extremos: la profundidad del negro y la extrema
luminosidad del blanco. Entre la sombra y la luz, la media tinta
resulta de la combinación de las dos. Partiendo de este principio, se
podría escribir un tratado de dibujo y pintura. El arte imita lo que
acontece realmente."••
"El tiempo es un niño que juega a las damas: es el reino de
un niño" (171).
Como en el tablero de ajedrez se suceden un cuadrado negro y
uno blanco, así la noche y el día, sombra y luz en el arte. Lo extraño
es que esta misma imagen la usa Ornar Khayan en una de sus rimas,
con el mismo significado.
Ningún orden temporal o eterno, escapa al principio:
"Dios es día y noche, invierno y estío, guerra y paz, abundancia
y escasez. Se transforma como el fuego, que mezclado con aromas,
recibe nombres diversos según el gusto de cada uno" (172), imagen
de extraordinaria belleza, sacada del culto divino. Recuerda al in
cienso, que se agrega a la llama en todos los ritos del mundo, cuando
el hombre adora, ya sea en la materia y la carne, o en "espíritu y
verdad".
Hete aquí que Dios es los contrarios que se van nombrando de
a pares: que Dios es el tiempo, que Dios es la ley de la sociedad, que
Dios es la esencia del cosmos (abundancia y escasez, indigencia y
saciedad del fuego).
Pero es menester dividir esta avalancha si se la quiere detener
y tratar por separado las identificaciones que Heráclito va haciendo
con la rapidez fulgurante de su intuición intelectual.
Nuevamente en otro fragmento nos encontramos con su comen
tario característico: la queja de lo que los hombres no captan: "no
comprenden como lo que se opone está de acuerdo consigo mismo,
armonía de las tensiones opuestas como la del arco y la de la

comprenden tampoco al mismo "logos" (174), hemos captado el con
tenido de esa razón, de esa ley: su esencia es dirigir todas las cosas
por la tensión armónica de los contrarios que coexisten en ella. En
tonces se llega a otra definición de la sabiduría que:
"consiste en una sola cosa: conocer la razón que gobierna todo,
pendrándolo todo" (175), que gobierna rítmicamente, por contraste
y simultaneidad, que gobierna sin dejar de ser una única ley uni
versal inmanente.
Heráclito, por introvertido había encontrado esa ley en su propio
"yo" al investigarse, por pensador y genio la erigía en principio uni
versal, por griego, heredero de las tradiciones cosmológicas de sus
antecesores, la desarrollaba en el mundo.
Si su natural escepticismo sobre las posibilidades de los "mu
chos" lo llevaba a desesperar de ser comprendido, tenía también otras
razones para explicar la dificultad de alcanzar esa gran unidad por
él descubierta.
"La naturaleza goza ocultándose" (176).
Entonces "el mundo más bello es, por decir así, un montón de
inmundicias esparcidas al azar" (177). La belleza aparente de las
cosas visibles es fea comparada con la armonía suprema de la ley que
se ha revelado al pensador. Para usar sus propios términos apasio
nados, más que fea, es "inmunda" si se la pone en parangón con esa
armonía de la cual llega a formar parte el hombre cuando toma con
tacto, es invadido y arrebatado por ella "despierto". Expresado sin
téticamente en un juicio de valor:
"la armonía escondida vale más que la armonía visible" (178).
Se agrega a esto que para llegar a esa íntima belleza de las cosas,
la naturaleza humana está privada de razón (179), aunque tenga la po
sibilidad de alcanzarla por el esfuerzo de la auto-investigación (180).
Ahora bien: vimos que las cosas se rigen por la oposición de los
contrarios, que todo está formado por la oposición y las cosas fluyen
como un río (181), que de todas las cosas resulta el Uno y del Uno
todas las cosas (182). Podemos distinguir en la tesis de la oposición
de los contrarios, dos elementos que la aclaran y la explican:
a — El cambio
o movimiento, o devenir o flujo, el famoso y celebérrimo nota peí
objeto de la incensación solemne de todos los evolucionistas pasados
y presentes, causa de que se haya atribuido a Heráclito la paternidad
remota de las más complicadas y diversas teorías sobre la constitución
del mundo, de la materia, de la no materia, la energía.

lira" (173).
Ahora bien: si aproximamos este texto a aquel otro reputado
como el principio de su obra, donde afirma que los hombres no
(170)Frag.
(171)Frag.
(172)Frag.
(173)Frag.

10.
52.
67.
51.
— 146 —

(174)
(175)
(176)
(177)
(178)
(179)
(180)
(181)
(182)

Frag. 1.
Frag. 41.
Frag. 123.
Frag. 124.
Frag. 54.
Frag. 78.
Frag. 116.
Dioc. Laert. IX, 7 y 8 (22 A 1).
Frag. 10.
— 147 —

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'Baiun bjuouijb Bun jpnpojd BJBd isaaoA sajuajajip ua saAajq sopiu

�Pero la historia jugó a los sabios una mala pasada, se entretuvo
en hacerles una carambola, lo que literariamente se puede llamar
paradoja: el concepto que más famoso ha hecho al efesino ambicioso
de gloria sempiterna no se encuentra en ninguno de los fragmentos

cuando se refiere a Dios, lo que es enteramente extraño al pensar
heleno. En ese "razonar" que salta de comparación en comparación,
hasta llegar, sin nexo alguno a la conclusión final, rigurosamente afir
mativa, lo nuevo es justamente sentar como esencia de lo "uno" la

conservados.
Es justamente Platón, la expresión misma de lo "Inmutable", el

coexistencia de los contrarios que:
"se ponen de acuerdo entre sí, de sonidos diversos resulta la más
bella armonía y todo es engendrado por la lucha" (189).
Entonces, ¿qué es lo uno, lo permanente, lo constante? ¿Qué
reduce a la unidad los contrarios? Es el movimiento, que Heráclito
va a precisar rigurosamente en ciclos constantemente y universal-

que se lo atribuye y lo expresa:
"Heráclito dice que todo pasa y nada es estable, y asimilando
las cosas al curso de un río, afirma que no se podría descender dos
veces en el mismo río" (183), lo que comenta también Aetio, más
explícitamente aún: "Heráclito suprimió del universo el reposo y la
estabilidad, pues estos estados no convienen más que a los muertos
y atribuyó a todas las cosas el movimiento, eterno en las cosas eternas,
pasajero en las cosas pasajeras" (184).
La afirmación de la existencia del movimiento no es original, ya
lo señala Platón: lo mismo expresó el que llamó Rhea y Kronos
a los padres de los dioses. No fue ciertamente por casualidad que les
impuso nombres cuyo significado es el fluir. Lo mismo se puede decir
de Hornero, cuando habla de Océano, de Hesíodo y de Orfeo (185).
La originalidad del efesino está en haber reunido el movimiento y
lo uno en la oposición de los contrarios. La originalidad está en que
el concepto, mejor dicho las imágenes con que señala el movimiento,
lo indican como un cambio no sólo de lugar, cuantitativo, sino cuali
tativo también y a la vez. Por un lado dice: "Todas las cosas se
cambian con el fuego y el fuego con todas las cosas, como las mer
caderías con el oro y el oro con las mercaderías (186), texto que
contiene: a) la afirmación más general sobre el movimiento o cambio,
b) que como todas las metáforas que usa para aclarar su idea tiene
origen antropológico, c) transforma el mundo en un mercado funda
mental, d) lo que indica que ese cambio se hace de acuerdo a una
medida, e) implicando también una idea de equivalencia (que en otros
se transformaría en equidad y finalmente en justicia).
El hombre no está exento, es una de esas "cosas", que se truecan
por la moneda única. Entonces puede decir:
"descendemos y no descendemos en el mismo río, somos y no
somos" (187). Texto este desarrollado luego extensamente en uno de
Epicarmo (188) ya citado.
b —Lo "Uno"
La idea de buscar lo "uno" no es tampoco nueva: ya la habían
tenido los milesios al perseguir afanosamente la materia única y
primera. La idea de un orden es esencialmente griega. El mismo con
cepto del "cosmos" lo implica,, como no implica nunca "creación"
(183) Plato. Cralilo.
(184) Aet. I, 23, 7 (22
(185) Platón. Cralilo.
(186) Frag. 90.
(187) Frag. 49 a.
(188) Epicahmo. Frag.

402 a (22 A 6).
A 6).
402 a (22 A 6).
2 (DlELS.)
— 148 —

mente repetidos. Mientras tanto dice:
"la bebida compuesta se descompone por sí misma si no es re
movida" (190), es decir que gracias a la agitación ininterrumpida no
salen a luz los contrarios que están en la esencia de todas las cosas,
constituyendo su belleza y armonía, la que no ven los ojos se entiende.
Ese movimiento o cambio está entendido como una "armonía de
tensiones opuestas", como la del arco y la de la lira" (191), en donde
dos fuerzas se oponen para producir "un" sonido o impulsar "una"
flecha. Lo uno, lo permanente, es la impermanencia misma. Es la
causa de una verdadera ilusión, pues nos oculta el eterno transcurrir
de las cosas, al hacernos creer que están quietas.
Aquí está la formidable tentación para los pensadores modernos
al interpretar a Heráclito. Esto es casi un transformismo, un energe
tismo. Lo hubiera sido del todo sin el "fuego" que el efesino puso
en el fondo, cuyo carácter era ser eternamente viviente. Su picara
llama, a través de los siglos, ha resistido todos los embates para ha
cerlo desaparecer y poder transformar a su creador en el pensador
de un devenir sin sustracto material.
14. — "Polemos" o lucha de los contrarios,
o la tensión o el movimiento que reduce los contrarios a la uni
dad, Heráclito lo va a precisar aún más. En su estilo de pensar va a
hacer una nueva afirmación, una nueva identificación: el transcurrir
es una lucha tan universal como el transcurrir mismo es eterno.
No son muchos los textos doxográficos que expresan esto con
claridad:
.. ."Aquel de los contrarios que conduce al nacimiento se llama
combate y discordia, el que conduce al incendio concordia y paz"...
dice Diógenes (192), y cuando se está tratando de dilucidar si hay
uno o varios seres y lo que son, Platón pone en boca del extran
jero: "Posteriormente algunas musas de Jonia y de Sicilia han re
flexionado que lo más seguro es entrelazar las dos tesis y decir: el
ser es a la vez uno y varios, tanto el odio como la amistad realizan
su cohesión. Su desacuerdo mismo es un eterno acuerdo: así dicen
(189)Frag. 8.
(190)Frag. 125.
(191)Frag. 51.
(192)Dioc. Laebt. IX, 8 (22 A 1).
— 149

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A ojuauutAoui ja opiunaj Jaq^q ua B}sa ouisap jap pBpijBui^iJO B^
•(581) O3JJO 8P -^ opoisajj ap 'ouBaoQ ap BjqBq opuBna 'ojamojj ap
jpap apand as onistuí cj umjj ja sa opBaijmáis oÁna sajquiou ostidini
eaj anb pspijBnsBa jod ajuaniEjjap anj o^¿ 'sasoip soj ap sajp^d soj b
souoj^ A saqjj ouibjj anb ja osajdxa oinsiui oj lu^jBj^ Bjeuas oj
uÁ. 'jbui^ijo sa ou ojuajiuiAoui jap Biouajsixa bj ap uopBiujijB B^j
•(fí8l) 4tSBjafBSBd sBsoa sbj ua ojafBSBd
'SBujaia 8Bsoa sbj ua oujaia 'oiuaiuiiAoiu ja BBSoa sbj sepoj b oÁnqijjB A
sojjamu soj b anb sbui uauaiAuoa ou sopB^sa soisa sand 'p^pijiqB^sa
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opuBjimiSB A 'ajqBjsa sa BpBu A BSBd opoj anb aaip ojijaBjajj,,
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sojuamSBjj soj ap ounSum ua Bjjuanoua as ou Bujajidinas bijoj^ sp
osopiquxB ouisaja jb oqaaq Bq osouibj sbui anb ojdaauo^ ja :BfopBjBd
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ua as 'spssBd bjbui eun soiqBg soj b oánf Bijo^siq bj

�estas musas las voces más sostenidas, las voces más suaves han debi
litado el eterno rigor de esta ley" (193).
Pero el "oscuro" tiene textos más explícitos. La época se había
encargado de mostrarle como en las grandes convulsiones históricas
nada es estable: la "polis" temblaba y se sometía a los bárbaros en
el exterior. En el interior una revolución substituía aquellos que de
cían: "un solo hombre vale para mí por diez mil si es el mejor" (194),
por los que afirmaban: ^No necesitamos que haya entre nosotros un
hombre muy valiente, y si existe uno, que se vaya a vivir en otro
lugar y. entre otras gentes" (195). Entonces Heráclito, haciendo una
de esas generalizaciones implícitas en sus aforismos, dice lapida
riamente :
"Todo lo que se arrastra (sobre esta tierra) está gobernado a
golpes" (196).
Antes de inventarse la pólvora, el impacto al prójimo se proyec
taba sólo en la distancia del brazo extendido, del palo, del tiro de
piedra o de flecha. La lucha se confunde con los golpes hasta que se
alcance otro concepto más perfecto aún y se identifique combate con
destrucción, evolución que culmina en la identificación moderna con
la desintegración atómica.
En tres fragmentos Heráclito hace la afirmación de la universa
lidad de los golpes, la lucha, el combate, la guerra.
1.) "Hay que saber que la guerra es universal, que la justicia
es una lucha y que todo toma su vida de la discordia y la ne
cesidad" (197).
2.) "El combate es el padre de todas las cosas, el rey de todo.
Hace representar a los unos el papel de dioses, a los otros el papel
de hombres, vuelve esclavos a los unos, a los otros libres" (198).
3.) "Los contrarios se ponen de acuerdo, de sonidos diversos
resulta la más bella armonía y todo es engendrado por la lucha" (199).
Un elemento hay común a los tres y fundamental, dígase de paso:
la no discutida paternidad de la lucha sobre todo lo que existe en
el cosmos. La idea de "causa" como "razón de ser", está aún en
pañales en esa idea de "paternidad", tiene un origen eminentemente
antropológico y una aplicación sobremanera cosmológica. Donde a
primera vista aparece un ser como producido por otro ser es en la
relación de padre a hijo. Heráclito la tomó así por consiguiente.
Pero cada fragmento da a esa lucha un contenido nuevo, extra
ordinariamente sorprendente.
En el primero de los citados, se afirma que la lucha es justicia,
en el 2. que es causa del orden universal, en el 3. que es armonía.
En completa oposición con Anaximandro, que ve en la indivi(193)
(194)
(195)
(196)
(197)
(198)
(199)

Platón. Sopk. 242 d.
Frag. 49.
Frag. 121.
Frag. 11.
Frag. 80.
Frag. 53.
Frag. 8.

duación una injusticia, Heráclito describe un "cosmos" donde la
guerra es un valor positivo y causa de los demás valores. La revolución
iniciada en el plano del hombre trasciende y el universo del efesino
está enfocado desde un ángulo ético. Lo preside la justicia que es la
lucha misma, y el orden a la vez. A sus mandatos no escapan ni los
dioses, que tienen su lugar asignado dentro del "cosmos", mucho
menos se podrán sustraer a ellos los hombres.
La belleza es el resultado del orden, que el artista pensador re
conoce, como surgiendo, en un grandioso acorde, de la tensión.
El desarrollo universal, que se hace por la lucha, es ordenado y
armonioso, es sobre todo justo. Heráclito, desde este punto de vista
puede decir: "Maestro de la mayor parte es Hesíodo. Creen que sabía
casi todas las cosas, él que no conocía el día y la noche: son lo
mismo" (200), porque recuerda que el poeta ha visto en la paz el
supremo valor social, esa paz que según el efesino acarrearía la des
trucción del mundo.
15. — Diversificación y unificación son simultáneas
Todas las imágenes usadas para describir el cambio, lo hemos
visto, dan la idea de esas fuerzas que actúan en sentido contrario, ya
se trate del arco y la lira, ya de la guerra. Por otra parte Heráclito
afirma también que "todas las cosas salen del Uno, y del Uno todas
las cosas" (201). El ciclo universal se mueve entonces en dos direc
ciones opuestas y simultáneas que llevan de la diversidad a la uni
ficación y vice versa, de la unificación a la diversidad.
Así lo describe Diógenes Laercio:
"... la mutación es el camino que sube y baja y a ella se le debe
el nacimiento del universo..." (202) y lo afirma también Platón en
el texto ya citado: son las musas jónicas las que hablan: "el ser es
a la vez uno y varios" (203).
Heráclito mismo eligió para indicar esta idea, una serie de imá
genes imprevistas, como todas las suyas. Sucede como con las imágenes
bíblicas, es decir orientales. Tienen en común una cualidad que está
elíptica. El autor del "Cantar" dirá: "Tus dientes como hatos de
ovejas trasquiladas, acabadas de lavar". "Tu cuello como la torre de
David" (204). En el primer caso la cualidad que se compara es la
blancura, común a los dos términos, a los dientes y a las ovejas y que
sin embargo, no se nombra. En el segundo caso es la esbeltez del cuello
y de la torre, que era considerada hermosísima en la época.
Cuando el efesino dice: "En la máquina de abatanar el camino
del tornillo, recto y curvo es uno y el mismo" (205).
"El camino que sube y baja es uno y el mismo" (206), lo común
(200)Frag. 57.
(201)Frag. 10.
(202)Dioc. Laert. IX, 8 (22 A 1).
(203)Platón. Soph. 242 d. •
(204)Cant, IV, ver. 2 y 4.
(205)Frag. 59.
(206)Frag. 60.

— 150 —

— 151 —

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�en las comparaciones es la dirección vertical y circular a la vez, co
mún al tornillo y al camino que lleva a la cima del monte, que to
mado de la cima lleva a la falda, porque "en la periferia del círculo,
el principio y el fin se confunden" (207).
El movimiento universal entonces, en dos direcciones opuestas y
simultáneas, se nos aparece como un inmenso torbellino, al que no
escapa nada, torbellino que imprime a las cosas un cambio cuali
tativo y cuantitativo, cambio que se efectúa de acuerdo a cierta me
dida, que es justicia, en cuyo vértice está lo uno, en cuya base la
diversidad. Heráclito puede explicar con divisiones y sentencias, por
lo largo, el contenido de sus afirmaciones exóticas recordando ese
vertiginoso circular: "no se puede entrar dos veces en el mismo río,
ni tocar dos veces una sustancia perecedera en el mismo estado, pues
ella se dispersa y se reúne de nuevo, se aproxima y se aleja, por la
prontitud y rapidez de sus cambios" (208). Pero el Estagirita, que
estaba munido definitivamente del principio de identidad, y al que
los vislumbres geniales de Heráclito podían proveer (¿tuvo conciencia
de ello?) de la "entelequia", el pasaje de la potencia al acto se
quedó perplejo.
Porque, finalmente, precisado así, ¿se le puede achacar al me
lancólico insigne la desopilante afirmación de que somos y no somos
al mismo tiempo?
16. — El fuego
Falta averiguar aún de qué es ese torbellino, falta más bien re
cordar porque al explicar la teoría del conocimiento se ha visto que
el mundo es fuego.
Con esto Heráclito se planta firmemente en su época, que re
curría a los cuatro elementos para explicar todo lo existente. Pero
combinada esta afirmación con todo lo que había dicho sobre el
movimiento, el efesino desencadenaba otra vez en la posteridad las
interpretaciones más fabulosas sobre los 100 y pico de aforismos que
dejó. Nadie duda de que sea el fuego el elemento esencial de su sis
tema. Todos en cambio discuten por qué eligió el fuego y qué clase
de fuego es, llegándose hasta a afirmar que es símbolo puro. Los
antiguos sin embargo, pusieron el fuego de Heráclito a la par de los
demás elementos de sus antecedores, lo que debía constituir un freno

Diógenes
explica: es el fuego y todas las cosas son una mutación
"... El elemento
de este". "la totalidad es limitada y el Universo uno, nace del
fuego y el todo se enciende de nuevo según ciertos períodos..." (210).
Aetio coincide con Aristóteles:
"Heráclito e Hipaso de Metaponte sostienen que el principio de
todas las cosas es el fuego. Es del fuego que las cosas vienen y es en
el fuego donde terminan. Cuando él se apaga, todo se forma en el
universo..." (211).

Y
Simplicio
con Aetio:y Heráclito de Efeso suponen también un
"Hipaso
de Metaponte
principio único, móvil y limitado, pero es el fuego el que consideran
como tal"... "Heráclito dice, en efecto, que todo es una mutación
del fuego. Admite además un cierto orden y un período determinado
para la transformación del mundo, conforme a la necesidad inevi
table"
De(212).
acuerdo a estos testimonios, puesto el fuego en la categoría
de los elementos de los milesios, se puede inferir que es un fuego
físico. Se trata empero de un principio ontológico del cosmos, puesto
que constituye su esencia misma. Corroborar se puede con el mismo
texto heraclítico, que contiene afirmaciones rotundas.
"Este universo, el mismo para todos los seres, no ha sido creado
por ningún Dios, ni por ningún hombre, pero siempre ha sido y será
fuego viviente que se enciende con medida y se apaga con me
dida" (213). Heráclito sigue saltando de identificación en identifi
cación. En el fondo pues del cambio regular, encontramos un único
elemento, al que atribuye la misma determinación del "logos" en el
primer fragmento, la eternidad. Uno y otro se confunden, puesto que
son todas las cosas y todo lo gobiernan. Por otra parte es el fuego
la moneda universal en el mercado donde se trueca hasta la esencia
de las cosas (214), fuego inteligente puesto que es razón y que por
consiguiente "apareciendo de improviso, juzgará todas las cosas y las
avasallará" (215), que es otro modo de decir, repetir, la realización
de la justicia en el desarrollo cosmológico, identificándose además
ahora el fuego con la lucha. Entonces se puede sustituir la afirmación:
"Todo lo que se arrastra (sobre esta tierra) está gobernado a
golpes" (216) por esta otra afirmación, de carácter más general y
extraordinariamente pesimista, si no fuera porque el gran paradójico
ha afirmado que a todo esto se debe la armonía invisible, más va
liosa que la visible: "la fulminación y la ruina gobiernan el uni

a las opiniones demasiado fantásticas.
verso"
(217).
Los
textos citados en que se menciona a Hipaso y a Heráclito

Dice Aristóteles:
"Anaxímenes y Diógenes dijeron que el aire es anterior al agua
y que es el primer principio de los cuerpos simples. Hipaso de Metaponte y Heráclito de Efeso reconocen como primer principio el

fuego" (209).
(207)Frag. 103.
(208)Frag. 91.
(209)Aristot. Metaph. A, 3. 984

7.

(210)Dioc. Laert. IX, 8 (22 A 1).
(211)Aet. 1, 3, 11 (22 A 5).
(212)Simpl. Phis. 23, 33 (22 A 5).
(213)Frag. 30.
(214)Frag. 90.
(215)Frag. 66.
(216)Frag. 11.
(217)Frag. 64.
— 153

— 152 —

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�juntos, de Aetió y Simplicio, han permitido señalar la influencia pi
tagórica en el efesino: a esta conclusión llegan Olof Gigon y
O. Spengler por distintos caminos. En lo referente a qué fue lo que
llevó a Heráclito a elegir el fuego, las respuestas varían de acuerdo
a la interpretación general que se hace del filósofo. Spengler, que
ve en el elemento heraclítico un estado puramente fenoménico, una
metamorfosis del acontecer universal, cree que Heráclito no tenía base
científica para elegirlo, que la causa de su determinarse hay que
buscarla en su peculiaridad de artista y en el respetuoso temor que
fuego y sol siempre han infundido.
Tannery, al tratarlo como un espíritu teológico y emparentarlo
con los ritos egipcios, traza un paralelo entre el fuego y los dioses
que personifican en el Nilo la marcha del Sol (218). Pero si se ha visto
que el fuego tiene la categoría de uno de los elementos de los milesios, lógico es buscar las causas de la elección dentro de las mismas
que llevaran a los hombres de la época a reducir todo a un principio
primordial dentro de los cuatro conocidos. Tannery tiene razón
cuando afirma que Heráclito no ha hecho grandes descubrimientos en
lo que se refiere a la cosmología: este orden, si varía con respecto
a sus antecesores, es justamente por los hallazgos en el plano antro
pológico.
Entonces, la opinión más aceptable parece la de Burnet. He
ráclito necesitaba una base, para la transformación de lo uno en lo
múltiple y de lo múltiple en lo uno, una sustancia, que permane
ciendo la misma, se cambiara en todas las cosas y que todas las cosas
se cambiaran en ella.
Lo encontró observando el fenómeno de la combustión: varía lo
que se quema. La llama es la misma, permanentemente móvil. Se
transforma siempre en humo y su lugar es ocupado nuevamente por
el combustible que la alimenta (219).
Al fuego vienen a parar todas las cosas y todas las cosas se re
conocen nuevamente en el humo, que es el resultado del fuego "si
las cosas vinieran a parar en humo, las narices podrían distinguirlas"
(220) y el perfume cambia de acuerdo a la sustancia que se agrega,
sin variar empero la llama (221).
No se descarta por consiguiente una sencilla razón científica ba
sada en la observación, pero tal cual podía y había sido practicada
en su época tratándose, se entiende, de un fuego invisible cuando se
habla del cósmico.;
Es tiempo ahora de averiguar cómo se realizan las transforma
ciones del fuego.
Diógenes y Simplicio afirman en los textos citados, que esas trans
formaciones tienen un orden, se rigen por períodos. La ley, por otra
parte, ya ha sido expresada por Heráclito: se trata de ver entonces
(218)Tanneby. op. cit., págs. 179-183.
(219)Bubnet. op. cit., pág. 163.
(220)Frag. 7.
(221)Frag. 67.
— 154 —

cómo se realiza la conversión de los contrarios, en el perpetuo movi
miento, que es un torbellino, que es el fuego.
17. — El trueque o cambio del fuego con el cosmos.
con todas las cosas o de todas las cosas con el fuego, o el camino
que sube y el camino que baja, simultáneos, son uno y el mismo.
Dice Diógenes Laercio:
"El elemento es el fuego y todas las cosas son una mutación de
éste, producido por rarefacción y condensación, pero nada de esto
explica claramente".
• ".. .La mutación es el camino que sube y baja y a ella se debe
el nacimiento del Universo".
"El fuego, condensándose se licúa y cuando se espesa más se hace
agua, y cuando el agua se coagula, se transforma en tierra: este es
el camino que baja. Luego la tierra se prende de nuevo: nace de
ella el agua y de ésta todo lo demás, con lo cual relaciona, por de
cirlo así, todas las cosas con la exhalación del mar: éste es el camino
que sube. Las exhalaciones se elevan de la tierra y el mar; las unas
son claras y puras, las otras oscuras. El fuego se alimenta de las pri
meras: lo húmedo de las otras" (222).
Aetio explica a continuación de la afirmación de que todas las
cosas provienen del fuego: .. ."Cuando él se apaga, todo se forma en
el universo, primero sus partes más densas, estrechándose, forman la
tierra; enseguida, cuando la tierra se afloja, por la acción del fuego,
se produce el agua y cuando ésta se evapora, nace el aire. Y de nuevo
el universo y todos los cuerpos son devorados por el fuego en un in
cendio general" (223):
Y Galeno: "Los que (consideran como elemento) el fuego con
vergen también igualmente —suponiendo que contrayéndose y adensándose se transforma en aire, que sufriendo esta acción y conden
sándose más fuertemente, se convierta en agua y que adensándose
hasta el máximo se hace tierra—, que es el principio constitu
tivo" (224).
Los tres documentos doxográficos están de acuerdo en que es
sobre el fuego que se realiza el cambio y que ese cambio se efectúa
de acuerdo a períodos. La dificultad aparece cuando se detalla el
ciclo y la anota ya Diógenes Laercio, que proporciona empero una
pista.

Los pensadores modernos anotan tres particularidades: 1. el
salto del fuego al agua sin nombrar el aire que hace Heráclito, en
lo que se diferencia de los milesios, que consideraban este elemento
el intermediario obligado (225); 2. el concepto de trueque, cambio,
mutación, xpoitmí que aparece en el efesino y que está contenido
(222)Dioc. Laert. IX, 8, 9 (22 A 1).
(223)Aet. I, 3, 11 (22 A 5).
(224)Cal. de elem. sec. Hipp. 1, 4 (22 A S).
(225)Tannehy y Oloc Cigon.
— 155 —

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�claramente en sus textos (2261; 3. que ésta es la auténtica idea heraclítica, falseada luego por los comentadores, que para explicarla
recurrieron a la condensación y rarefacción. Se trata de confrontar
ésto a los fragmentos directamente.
Heráclito habla explícitamente de los cambios del fuego. "El
fuego, transformándose, se vuelve agua, de la cual una mitad se hace
tierra y la otra soplo ígneo". Quiere decir con ello, que el fuego por
efecto de la razón divina que gobierna todas las cosas, se transforma
a través del aire, en sustancia húmeda, que es el germen del universo
y que él llama agua. De ésta se forman enseguida la tierra y el cielo
y todo lo que contienen. De qué manera el mundo es de nuevo con
ducido hacia atrás y consumido por el fuego lo indica claramente en
las palabras siguientes: "El agua se disuelve y recibe su medida en la
misma proporción que tenía antes de hacerse tierra" (227).
El fuego se transforma en agua: coinciden Diógenes (228) y el
texto, relacionando así toda la multiplicidad del cosmos con este ele
mento. Olof Gigon, teniendo en cuenta las dos peculiaridades apun
tadas: el concepto del trueque, que hace su aparición en el efesino
y esa transformación original y distinta de sus antecesores, hace una
explicación del pensamiento heraclítico que parece la más coherente,
porque intenta seguir fielmente el ritmo mismo de ese pensar, some
tido también a la ley de oposición y armonía de los contrarios (229).
La palabra griega empleada "x p o te a í" está tomada de la mete
orología y designa los solsticios, que señalan en el año los periódicos
cambios en el curso solar. Significa "oposición", no "proceso" y es
por eso que intencionadamente Heráclito hace surgir del fuego in
mediatamente el contrario irreconciliable, el agua. Luego, la si
guiente transformación, por la cual sale la tierra del agua, es física,
se realiza por condensación.
En el lenguaje moderno, la primera transformación es metafísica,
la segunda física. Heráclito, lo que ha querido explicar es el trueque
del fuego con el cosmos y del múltiple cosmos en el fuego único. En
esto está de acuerdo con el modo de pensar griego, que distingue un
mundo visible y un mundo invisible. El primero es un reflejo del
segundo y no implica en modo alguno en esa época, la oposición
entre el conocimiento sensible y el inteligible. El mismo ha hecho
esa distinción y la ha valorizado (230). Procede a explicar entonces
por pares de conceptos contrarios el cosmos, cuya última realidad es
el fuego.
El fuego es por un lado guerra y paz (231), por el otro nece
sidad y saciedad, según afirma Hipólito (232) al exponer al efesino: si el estado del fuego se llama paz, el cosmos múltiple es el de
la lucha de las cosas, hombres y estados. La unidad del "logos" eos(226)
(227)
(228)
(229)
(230)
(231)
(232)

Frag. 90.
Frag. 31.
Dioc. Laebt. IX, 9 (22 A 1).
GlCON . op. cit., págs. 207-219.
Frag. 54.
Dioc. Laert. IX, 8 (22 A 1).'
Hippol. Reíut. IX, 10 (22 B 63-66).
— 156 —

mológico y del "nomos" ético está aquí nuevamente realizada. El
combate es la última, pero no la única realidad del universo. Más
allá está la realidad del fuego, que es paz, concordia. Pero la paz está
oculta, como permanece oculto el fuego esencial. El segundo par de
conceptos contrarios designa al estado del fuego como saciedad, al
estado cosmos, como necesidad. Son conceptos tomados del dominio
ético-político, que es antropológico. La saciedad de la riqueza lleva
en sí misma la tendencia a la disgregación, como la necesidad aspira
a la riqueza. El acontecer universal refleja la existencia humana. El
destino que rige la caída de los poderosos y el encumbrarse de los
necesitados es el mismo: no escapan a él ni los hombres ni el cosmos.
Esta explicación tiene en cuenta el carácter fundamental del
cambio o movimiento heraclítico: la transformación cualitativa.
Cuando el efesino explica el cambio universal cualitativo como
el trueque del oro por las mercaderías y las mercaderías por el
oro (233) se entiende la oposición entre la unidad del fuego y la
multiplicidad del cosmos y la oposición de valor también, entre el
fuego y el cosmos.
La relación fuego-cosmos se representa todavía bajo dos pares
más de contrarios. En la oposición entre "yo" y "logos" del primer
fragmento, no se trata de estar de acuerdo con Heráclito, o de Herá
clito con otros, sino del acuerdo con el "logos". La palabra griega
designa por un lado el imperio del "logos" en la mente de los hom
bres subjetivamente y objetivamente el imperio del fuego, que es el
contenido del "logos" en el "cosmos". La formulación más abstracta
de de la oposición "cosmos-fuego", es la contenida en el texto que
afirma "de todas las cosas lo Uno y del Uno todas las cosas" (234).
Entonces el fuego se enfrenta al cosmos en tal forma que no
puede ser encontrado visiblemente en ninguna parte, porque es lo
"uno", íntegramente transformado en "todo" y por consiguiente nunca
puede estar "junto" al "todo".
Pero este "fuego" que es todo, tiene una exigencia teológica.
Heráclito llama "Zeus" a lo Uno (235). El rayo es el arma de
Zeus. Cuando afirma que todo lo gobierna el rayo (236) está afir
mando la soberanía de Zeus, identificado con el fuego cósmico, invi
sible, opuesto al fuego del sol que se pone diariamente (237). A ese
gobierno nadie escapa. Para los que no conocen el "logos" la mani
festación del fuego al final del período será un castigo, como el rayo
de Zeus para los titanes soberbios. La teoría del cambio universal
alcanza aquí un contenido ético.
Heráclito describe, ya se vio, a ese fuego cósmico como inteli
gente, es decir, como un ser viviente (238). Necesita un alimento per
manente, y este alimento es la exhalación, que viene a ser para ese
(233) Frag. 90.
(234) Frag. 10.
(235) Frag. 32.
(236) Frag. 64.
(237) Frag. 16.
(238) Frag. 30.
— 157 —

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�fuego, lo que la respiración para el hombre. La naturaleza de la
exhalación, tan oculta como la del fuego mismo, es un problema
insoluble.
El fuego es lo contrario del coamos. La paradoja monumental
está contenida en la afirmación de que la esencia del cosmos es fuego,
porque entonces en la esencia está la coexistencia de los contrarios,
Heráclito explica esto siguiendo un extraño proceso lógico: los con
trarios que se siguen son idénticos y este proceso reaparece en las
formas más diversas, en los más diversos campos (239) : Día y noche
son lo mismo (239): porque el uno sigue a la otra. Se puede iden

de la génesis del mundo y la medida de los períodos predeter
minados" (243).
"Las opiniones de Heráclito son en general, las siguientes: Todas
las cosas están formadas del fuego y en él se resuelven. Todo sucede
de acuerdo a los mandatos del destino, y las cosas se rigen por la con
versión de los contrarios. Todo está lleno de almas y demonios" (244).
Al identificar la necesidad con el destino enfoca nuevamente el
cosmos desde un ángulo ético, y "nomos" no es ya la regla que todos
deben seguir, sino también la ley que se cumple en todas circuns
tancias con divina necesidad.

tificar esto con la oposición: cosmos-noche, día-fuego.
19. — Controversia sobre el fuego y los principios
18. — El cosmos es fuego,
aunque esta identidad no sea visible, porque es el mismo para
todos, porque es eterno y no hecho (240). Ser eterno y único son
los dos caracteres que Heráclito ha atribuido justamente al primer
elemento.
Los períodos del cambio entre el "cosmos" y el fuego se realizan
de acuerdo a cierta "medida" (241).
Esta "medida" se entiende en sentido puramente temporal. El
cosmos es fuego como el día es noche, porque al día sigue la noche
y al fuego el cosmos. La palabra que designa el cambio está tomada,
lo vimos, de la meteorología: designa los solsticios. Heráclito detalla
con precisión ese período designándolo como "el gran año".
"Heráclito sostiene que "el gran año" se compone de 10.800 años
solares. Este año se compone según la suposición de Aristarco, de
2.484 años solares..., como el de Heráclito, el de Linus, es de 10.800".
Según el cálculo de Tannery, este número se forma así: 360 es
el número de los días en el año, 30 años cuenta Heráclito para una
generación (242), 30 por 360 es 10.800. 360 generaciones cuenta pues
el período en el cual se encierra el trueque del cosmos con el fuego
y del fuego con el cosmos. Teniendo la palabra "Tpo^otí" el significado
de solsticio y realizándose estos en el medio y al final del año, la
serie "cosmos-fuego" estará dividida por el "xpo^aí". La cifra enlaza
el proceso universal con el curso solar y la existencia humana.
Heráclito indica con esto, en forma transparente, el parentesco entre
el fuego cósmico y el estelar por un lado, al designar al primero como
su viviente, con la esencia del hombre, por el otro.
Este trueque, o cambio del fuego de acuerdo a una medida, está
sometido a la ley de la necesidad. Quedan testimonios seguros que
permiten afirmarlo: "Heráclito afirma que todo sucede según el
destino (Eimarmene) que es idéntico a la necesidad (Ananké). De
clara que la esencia del destino (Eimarmene) es la razón (logos)
que penetra la sustancia del universo. Es un cuerpo etéreo, el germen
(239)Frag. 57.
(240)Frag. 30.
(241)Frag. 30.
(242)Censobin. 18, 11 (22 A 13).
— 158 —

¡Si Heráclito pudiera ver todo lo que se ha especulado sobre sus
sombríos aforismos! Como grandes islas solitarias, restos de un conti
nente hundido, los eruditos tratan de reconstruir la línea general de
las costas. Pero el efesino mismo pensó por "islas", con poderosas
afirmaciones rotundas, sin tomarse el trabajo de unirlas con nexos
gramaticales, o intelectuales.
Gomperz también cree que la contemplación del fuego lo llevó
a Heráclito a constituirlo en el primer principio. Consideraba viva
la materia: los fenómenos de asimilación y desasimilación le sugi
rieron el movimiento constante, y los períodos dentro del cambio, las
observaciones geológicas de su tiempo. Intenta un paralelo entre las
teorías modernas sobre el sistema solar, los movimientos moleculares
aperceptibles y los principios heraclíticos. Para él la doctrina de la
relatividad de las propiedades hace su primera aparición en estos
textos: "El agua de mar es la más pura y la más impura, para los
peces potable y saludable, para los hombres imbebible y funesta"
(245). "El bien y el mal" (son la misma cosa)". "Los médicos cortan
y queman a los enfermos y les atormentan cruelmente, reclamándoles
todavía los honorarios, lo que en ninguna manera merecen, pues ellos
causan la misma cosa, el bien (que nos hacen es también doloroso)
o la enfermedad" (246).
Señala Gomperz que en el transcurrir universal estaba implícita
la imposibilidad del conocimiento, que el efesino salvó con el rigor
de su ley, y que de todas las paradojas expresadas en el sistema, han
surgido dos corrientes contrarias en la historia del pensamiento (247).
Tannery en cambio, pasa fugazmente sobre las teorías cosmo
lógicas, que no marcaron según él, progreso alguno con respecto al
pasado. Guiado por el concepto de mostrar a Heráclito preocupado
por una idea religiosa, ve en el fuego un principio puramente físico,
distinguiendo que el "logos" que aparece al espíritu como "razón" lo
captan los sentidos como "fuego" (248).
(243)Aet. I, 27, 1, 28, 1 (22 A 8).
(244)Dioc. Laeet. IX, 7 (22 A 1).
(245)Frag. 61.
(246)Frag. 58.
(247)Gomperz. op. cit., págg. 95-107.
(248)Tannery. op. cit., págs. 177-178.
— 159 —

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bj ap Buijjaop bj ja bjb^ •soopijaBjaq soidpuijd soj A sajqpdaajadB
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bj ap BzajBjnjBU vj -a^quioq ja BJBd uopBJídsaj bj anb oj 'oSanj

�Jaeger ha puesto de relieve la gran zambullida antropológica de
Heráclito, que lo distingue fundamentalmente de la filosofía an
terior. Con este afirmar de Jaeger, se explica el enfoque psicológico
(Spengler) o ético (Gigon) del universo que otros comentadores han
notado en el efesino. Suscintamente anota Jaeger como ese mismo
fuego, que es movimiento, es descrito humanamente "es vida y
muerte, juventud y vejez y hasta descansa en el cambio" porque
"transformándose él (el fuego) descansa, pues es penoso trabajar
(siempre) para los mismos (amos) y ser mandado" (249).
Burnet se ha detenido con más extensión en las teorías cosmo
lógicas de Heráclito. El fuego heraclítico, según él, proviene del sol
y el cambio se explica por las exhalaciones claras y oscuras que se
alternan. El trueque se repite constantemente de acuerdo a medidas.
Difiere Burnet de Gigon en la interpretación de estas medidas, a las
que da un contenido cuantitativo mientras el último las considera tem
porales. Burnet explica entonces los distintos campos de afirmaciones
de acuerdo a esta interpretación, es decir, según la predominancia
de una u otra exhalación, pues el alimentarse de una trae su decre
cimiento y el crecimiento de la otra: el hombre, sueño y vigilia, vida
y muerte, son distintos aspectos de un proceso universal que se repite
en el cosmos, día y noche, invierno y verano. Recuerda que según
Aetio "Heráclito pretende que (el gran año) es de 18.000 años so
lares" (250). Si esta cifra fuera exacta, habría que recurrir para su
interpretación a influencias babilónicas. La precesión de los equi
noccios estaba calculada en 36.000 años solares y la cifra de Aetio,
que es la mitad, designaría el camino de arriba o abajo. Pero cree más
probable la cifra contenida en Censorino (251^. Coincide entonces
con la interpretación de Olof Gigon. Los 10.800 años solares como
cálculo para el "gran año", como resultado de 20 x 360, tiene a su
favor el otro texto ya citado del mismo Censorino (252) donde "ge
neración" es un lapso de 30 años comprendido entre el nacimiento y
la muerte del individuo, siendo entonces cada generación un día en
el gran ciclo. Se apoya Burnet también en el texto de la "República"
de Platón, que indica un paralelismo entre los caminos del hombre
y del mundo, así como en el siguiente de Aristóteles:
"Todos dicen pues, que el cielo es engendrado, pero los unos afir
man que una vez creado es eterno y los otros que es perecedero, como
cualquiera de las cosas creadas en la naturaleza. Otros, al contrario,
sostienen que es destructible, tanto de una manera como de otra, y
esto es precisamente lo que siempre sucede, como lo piensan Empédocles de Agrigento y Heráclito de Efeso" (253).
Lo que preocupa especialmente a Burnet es el problema de si
Heráclito defendió una conflagración universal o no. Este punto ya
fue discutido en la Antigüedad entre los comentadores, pues se pre(249)
(250)
(251)
(252)
(253)

sentaba la cuestión, relacionada con el desarrollo del mundo, si este
se transformaba simultáneamente, camino arriba en el fuego, camino
abajo en el contrario, o si iba a llegar un momento en que todas las
cosas serían fuego. Esta última opinión parece una deformación pos
terior de las doctrinas heraclíticas, debido a los estoicos y los cris
tianos. En apoyo de la transformación debida a los estoicos se puede
citar un pasaje de Plutarco en que éste lo afirma claramente:
"...Hesíodo parece haber querido hacer alusión, aunque de una ma
nera oscura, a este incendio universal que destruirá las ninfas y las
aguas:
"Este fuego destruirá las divinidades queridas que presiden las
aguas, los bosques y las praderas".
Yo reconozco aquí, dijo entonces Cleombrote, a este fuego de los
estoicos, del cual habla todo el mundo, y yo creo que después de
haber invadido los versos de Heráclito y Orfeo, se ha apoderado de
los de Hesíodo" (214).
En cuanto a la idea cristiana sobre el punto, se puede citar a
Hipólito: "Habla también (Heráclito) de una resurrección de la
carne, de esta (carne) visible en la cual hemos nacido, y concibe a
Dios como causa en esta resurrección, expresándose así: "Allí, ante
el que es, se levantan y se hacen guardianes vigilantes de los vivos
y de los muertos". Y habla aún de un juicio del universo, y de todo
lo que él contiene por el fuego con estas palabras: "La fulminación,
la ruina gobierna el universo": es decir, que ella lo dirige, pues
llama fulminación al fuego eterno. Dice también que este fuego está
dotado de razón y es la causa del gobierno del universo, a la cual
llama necesidad y saciedad, siendo la necesidad, según él, la for
mación del mundo, y la saciedad, su consunción. "Pues, dice él, el
fuego apareciendo de improviso, juzgará todas las cosas y las ava
sallará" (255).
El mismo Aristóteles comenta:
"Heráclito dice que en un cierto momento todas las cosas se
transformarán en fuego (256).

Y Simplicio:
"Heráclito afirma que así como el universo se incendia, se forma
de nuevo del fuego, después de ciertos períodos de tiempo, en los
cuales, dice, "se alumbra con medida y se apaga con medida". Los
estoicos han adoptado esta opinión" (257).
Burnet sostiene que Heráclito no ha enseñado una conflagración
universal porque esto estaría en contradicción con sus principios: El
efesino afirma que lo uno es lo múltiple, mientras Empédocles dice
que el todo es alternativamente lo uno y lo múltiple. Si hubiera un
momento en que todas las cosas se transformaran en fuego, ya no
sería lo múltiple al mismo tiempo y no habría más discordia ni opo-

Frag. 84.
Aet. II, 32, ;3.
Censorin . 18 , 11.
Censorin . 17 , 2 (22 A 19).
Abistot. De coelo. A, 10, 279, B, 12 (22 A 10).

(254)Plut. De def. Orac. 11 p. 5 e.
(255)Hippol. Rejut. IX, 10 (22 B 63-66).
(256)Ahistot. Phys. L, 5, 205 A 3 (22 A 10).
(257)Simpl. De coelo. 94, 4 (22 A 10).

— 160 —

— 161 —

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— 191 —

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BpiA 'BijiáiA X ouans 'aaquioq ja :bj}o bj ap ojuaiiupaja ja X ojuaimp
-ajaap ns 3bjj eun ap asjeiuaraijB ja sand 'uopejBqxa bjjo n Bun ap
epaeuiuiopaad bj unáas 'jpap sa 'uopBjaadjajuí Bjsa b opjan^e ap
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jos jap auaiAoad 'ja unáas 'oapjjaejaq oáanj j^ -ojipBj^^j ap s^ai^oj

sbj A sbjuiu sej Bjmjjsap anb jssjaAiun oipaaaui ajsa b 'Bjnoso e^au
-bui Bun ap anbunB 'aoisnjB aao^q opiaanb jaqeq aaaaed opojsajj*--,,
:a^uauiBJBja buijijb oj aisa anb ua oajBjrq^ ap afesBd un jBjp
apand as so^iojsa soj b epiqap uopBuiJopuBj} bj ap o^od^ u^ -soubij
•sijo soj A so^ioisa soj b opiqap 'sBoi^ip^aaq Buijjaop sbj ap jouaj
-sod uopBiujojap Bun aaajed uomido Binujn Bjsg -oáanj usuas seso^
sej sspo; anb ua ojuainoui un JB^ajj b Bqi is o 'oiJBJiuoa ja aa ofeqs
ouiuibd 'oáanj ja ua eqiJUB ouimea 'ajuauiBauBi[mui8 BqBuuojeuBjj as
ajea is 'opuniu jap ojjojjBsap ja uoa BpBuopBpj 'uo^sana bj BqBjuas

-oiusoa SBiJoaj sbj ua uoisuajxa sera uoa opiuojap eq as jaujng
'(6fZ) opepuera jas X (sorae) sorasira soj BjBd (aadiuais)
jefeqeji osouad sa sand 'esu^asap (oáanj ja) ja asopuerajojsaej),,
anb jo d ((oiqraea ja aa esueasap BjsBq X zafaA X pnjuaAnf 'a^janra
X epiA sa,, ajuauíBUBiunij oji-iaeap sa 'ojuaiiniAoui sa anb 'o^anj
orasiui asa omoa ja^aef bjoub ajuauíBjupsng -ouisaja ja u^ opBjou
ueq saJopB^uainoo sojio anb osjaAiun jap (uoái^)) o^ija o (jaj^uadg)
oai^ojoDied anbojua ja eaijdxa as 'ja^aef ap jeuui^e ajsa no^y 'jo
-ub bijosojij ej ap ajuauqB^uauíBpunj anáuijsip oj anb 'ojifaB
ap Boi^o^odojjuB epijjnqra^z ubiS bj aAaijaJC ap ojeand sq ^

�sición. Los fragmentos (258) en los cuales Heráclito parece hablar
de ese incendio general no lo implican, si se tiene en cuenta el con
tenido cuantitativo de la palabra "medida". En cambio sostiene
que la conflagración general estaría en contradicción con los frag
mentos en los cuales esa "medida" aparece como lo constante en
el cambio (259). Es entonces que se aclara este extraño texto: "El
sol no saltará sus límites: de otra manera las Erinias, las auxiliares
de la justicia, conseguirán descubrirlo" (260).
Porque ellas vigilan que el sol no tome más de lo que debe, lo
que se confirma con lo siguiente:
"...El agua se disuelve y recibe su medida en la misma pro
porción que tenía antes de hacerse tierra" (261). Lasalle y Schleiermacher están de acuerdo con Burnet.
Pero la cuestión es difícil de dilucidar. En la explicación de
Burnet hay un punto débil: parece imposible asimilar el fuego cós
mico al del sol. Según se ha visto a través de Gigon, más bien He
ráclito los distingue netamente (262). Correlativo a esto, está la im
posibilidad, por lo menos hasta ahora, de determinar qué eran las
"exhalaciones" de que hablan los textos. Hay otro grupo de intér
pretes que niegan el sustracto material en los aforismos de Heráclito.
Para Fernando Lasalle el descubrimiento de Heráclito es un
principio lógico, que anticipa el pensamiento de la dialéctica hegeliana de tesis, antítesis y síntesis. Burnet se detiene al juzgar esta
posición, y hace notar que el error de Lasalle reside en olvidar que
la lógica no existía aún. Pero el error está más bien en el hecho de
que la lógica supone el idealismo. En Hegel el ser depende del pen
samiento. En cambio Heráclito, en su época, sólo podía proclamar
un principio físico.
O. Splenger, ya se dijo, ve en Heráclito un intento energético
para explicar el puro acontecer sin sustancia y busca en las teorías de
Ostwald y Mach dar al pensamiento del filósofo una forma científica
moderna. Parte de la definición de la materia como una suma de
energías, de modo que cuando se la quiere pensar por sí misma, no
queda nada. Según él la filosofía griega concibe la unidad del cos
mos : no hace diferencia entre lo que se mueve y lo que es movido. Por
consiguiente, Heráclito, que afirma la unidad del cosmos y la existencia
del devenir, niega la materia o lo que es movido. El puro devenir
como tal está vedado a la percepción sensible (263) que muestra
objetos en reposo. No hay un instante de quietud, sino un incesante
oponerse de tensiones desiguales. Esto mismo significa la ley de
entropía de la física moderna.
La tendencia ininterrumpida a un nivelamiento incesante corres
ponde a la ley de Helm: "toda forma de energía tiene la tendencia a
(258)
(259)
(260)
(261)
(262)
(263)

Frag. 65, 66, 67.
Frag. 30.
Frag. 94.
Frag. 31.
Frag. 16.
Frag. 123.
— 162 —

ir de un punto de mayor intensidad a otro de menor intensidad". Este
es el pensamiento de Heráclito: la visión del mar le proporcionaba la
imagen de una nivelación nunca alcanzada.
El ojo no percibe ese eterno fluir. Este se presenta bajo formas
de apariencia sensible. Hoy se dice: calor, luz, electricidad son formas
de energía.
Según Spengler, el fuego de Heráclito es una de las formas de
aparición del proceso cósmico. Este no puede ser interpretado como
materia, porque Heráclito no se plantea el problema en los términos
de sus antecesores, ¿cuál es el origen de las cosas, sino así ¿cómo se
realiza el proceso cósmico?
El fuego no es entonces materia "^pxV sino metamorfosis o
"xpo7tí|". Estas se suceden por oposición constantemente. El fuego es
la más perfecta y acabada de las formas pensables. El cosmos está
en estado de perfección cuando alcanza la forma del fuego.
El constante fluir "jcávxot peí" es el principio formal de la na
turaleza orgánica. Se distingue entre el fondo nunca perceptible y su
apariencia externa en el mundo. Invisible es sólo la continuidad del
proceso energético, lo que no aparece visiblemente es la regularidad
del proceso, es decir la ley: es la misma del eterno obrar. El trans
currir no tiene principio ni fin. La vida individual es una fase de la
transformación. Como consecuencia del principio, las creaciones de la
cultura: estado, sociedad y costumbres, son productos de la naturaleza.
La última consecuencia de esto es la imposibilidad de la permanencia
de los valores, lo que lleva a un relativismo completo.
Tomado desde otro punto de vista este proceso, aislando sus mo
mentos subjetivamente, se presentan en contraste. Heráclito señala con
fuerza especial los contrarios, cuya oposición, a sus ojos de artista, se
presenta como una lucha, lucha que transporta al mundo natural
erigiéndola en la ley de todo acontecer.
La lucha engendra la armonía, idea que contiene un principio
métrico: la medida es la única constante en el proceso.
La medida es la forma o relación matemática de la apariencia
sensible. El efesino se emparenta aquí con la teoría electromagnética
de la luz de Maxwell. Distinguiendo entre el devenir y su "forma", el
"logos" o "medida" adquieren los números importancia. Es la "forma"
la que tiene valor de conocimiento. La "forma" es el "ritmo" .del
devenir, y es sólo una relación, que es universalmente inmutable. El
mundo es movimiento puro y el logos o ley es su ritmo, su compás.
La relación entre la medida y el movimiento nos da su "forma", que
es lo único estable. Este es el sentido del "logos", de interpretaciones
tan diversas según los autores. Para Spengler es la ley formal del
devenir, necesaria para su representación. El movimiento sin forma
es inconcebible.
La unidad es la forma del proceso energético, la del "Logos" en
el movimiento, a lo que nada escapa: es necesaria, lo que lleva a un
fatalismo. El filósofo alemán observa que la fatalidad es el único
dogma común a todos los griegos, lo que está magníficamente expresado
en el teatro. "Logos" se pretende sustituir por "fatalidad" ("eirma— 163 —

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�mene"), lo que hace imposible pensar en un dios personal o en un
principio intelectual.
El sistema de Heráclito se puede entonces llamar una tragedia
del "cosmos", grande y hermosa como una de Esquilo (264).
La interpretación de Spengler, que fue su tesis de doctorado, pre
sentada en 1904 a la Universidad de Halle, es extraordinariamente
original. Tiene empero un punto básico mal fundamentado. En ella
el fuego es una metamorfosis en el proceso universal, con el mismo
valor que cualquier otra fase del eterno fluir. No se explica entonces
por qué el efesino en sus fragmentos le da esa importancia de pri
mordial, poniendo en él el origen de todas las transformaciones.
Pero O. Spengler al tratarlo con esa simpatía y afinidad, que lleva
al pensamiento alemán hacia Heráclito, ha trazado un cuadro mag
nífico de su persona y ha señalado admirablemente, en un caso con
creto, una misteriosa ley que rige o relaciona el campo de la filosofía
con el de la ciencia: los conceptos de las teorías modernas están ya
en el remoto inaugurarse del pensar racional. Su fundamentación
científica era falsa o rudimentaria. Esta gloria corresponde a los
^abios modernos. Uno se presunta entonces perplejo si esos mismos
conceptos no han llevado a los descubrimientos científicos, o si los
sabios han tenido que recurrir a ellos para bautizar adecuadamente
sus hallazgos. De todos modos, filosofía y ciencia se tienden la mano.
Queda por averiguar cuál de las dos esboza primero el gesto amistoso.
20. — Reflexión en presencia del fuego
"El devenir de Heráclito no llega nunca al ser definitivo, como
el ser de Parménides no toca jamás el acaecer empírico" dice
Windelband (265), fórmula que sintetiza todos los aciertos y equi
vocaciones de los dos rivales. El error de ambos está en el punto de
partida. Pero se les puede absolver de pena. Tanto al efesino como
al eleata se les puede pulverizar con un principio, el de identidad,
descubierto justamente por el segundo, pero tal como fue luego de
finitivamente formulado por Aristóteles. Mientras tanto los dos se
reirían: "Para pulverizarnos, vente, amigo, a Efeso o a Elea, al siglo
V a. C, y entonces nos gustaría ver cómo la vas a emprender con
nos". Tendrían razón los dos antagonistas, unidos al fin para defen
derse. No se había distinguido aún el mundo lógico del ontológico y
los pensadores pasaban de uno a otro sin sospechar siquiera que cam
biaban de país. El ser lo buscaban por tendencia natural del pensa
miento, pero sin llamarlo así: lo invocaban bajo el nombre de los
cuatro elementos. El ser estaba "puesto" pero no se había hecho aún
ninguna distinción. Se afirmaba solamente: el ser es.
Los de Mileto lo buscaban en el mundo físico. Entonces vino
Heráclito, se metió dentro de sí mismo, hombre que era, se encontró
con aquella realidad permanentemente móvil de su interior, y emergió
diciendo: "me he investigado a mí mismo: el ser es devenir".
(264)Spencleb. op. cit., págs. 13-46.
(265)Windelband. op. cit., t. I, pág. 120.
— 164 —

Unos años más tarde le retrucaba atentamente su rival: "Ciego,
sordo, estupefacto, hijo de la raza demente: para tí la misma cosa y
no la misma cosa parece el ser y el no ser; este es, entre todos los
senderos, el más retorcido y revertiente" (266). Lo que puede ser
pensado debe ser y el no ser no es porque no puede ser pensado: el
ser es el ser.
Ilimitada afirmación la de cada uno. Al decir el ser es ser, Par
ménides tenía que concluir forzosamente en una esfera, única figura
en que los puntos de la superficie no se diferencian unos de otros
con respecto al centro, como en las demás figuras.
Al decir Heráclito "el ser es devenir" deshacía la figura geomé
trica y precipitaba el cosmos en un movimiento inacabable.
Su contricante partía de lo que sus antecesores habían afirmado:
"el ser es" y creyendo encontrarlo en el pensamiento agregaba y
concluía: el ser es ser. Generalizando la afirmación, la transportaba
al cosmos textualmente la "un^versalizaba" y por consiguiente tenía
que suprimir el espacio y el movimiento, donde ese ser dejaría de
ser ser, porque al transformarse adquiriría o dejaría algo.
Heráclito creía haber encontrado en su "yo" ese "ser" y obser
vándolo móvil había suprimido el reposo.
Ninguno de los dos tenía la culpa, sino la época: el uno no sabía
que el primer objeto inteligible que conoce nuestra inteligencia,
unida a los sentidos, es el ser inteligible de las cosas sensibles. El otro
no sabía que el devenir no es la realidad primera y fundamental, sino
que se explica justamente en función del ser.
Pero para esto faltaban peldaños: era necesario que viniera Platón
y dijera "de cierta manera el no ser es"; la materia, no ser, es capaz
de recibir un reflejo del ser. Era necesario Aristóteles dividiendo al
ser en potencia y acto, en materia, no ser que de algún modo es,
pues que es .capaz de recibir determinaciones, la forma. Entonces sí,
el concepto para pulverizar al eleata y al efesino estaba terminado
porque el principio del ser ya había alcanzado su expresión defini
tiva: "el ser es el ser, el no ser es el no ser". Pero, pensándolo bien
sería imposible enarbolarlo. Porque para que el Estagirita construyera
un puente, era necesario que se le señalara previamente el abismo que
debía cruzar, entre Efeso y Elea, y era justamente en sus dos orillas
donde se iba a afirmar para tenderlo. ¿No le sugirió el mismo melan
cólico esa especie de oposición en todo ser contingente, entre la ma
teria y la forma? ¿No están los vislumbres del pasaje de la potencia
al acto en el cambio de las cosas? ¿No le inspiró el de Elea, de algún
modo que el devenir se torna inteligible por sus relaciones con el ser,
que él había afirmado tan rotundamente?
Si Heráclito se tomara el trabajo de argüir, diría que sólo mere
cería esa tanda de palos, a la que era tan afecto para sus predecesores,
si hubiera negado el ser ya puesto por ellos. Pero habiendo dicho sólo
"el ser es", tanto se podría agregar el ser es ser, como el ser es de
venir. En verdad: él no negó el ser. ¿Qué es el fuego si no? ¿Qué es
(266) Parmemdes. Frag. 6.
— 165 —

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�ese fuego que reaparece siempre, que permanece siempre a pesar de
los esfuerzos hechos por la crítica para transformarlo en nada? El
fuego es... esto, aquello. De sus transformaciones va surgiendo el
cosmos, pero "es" al fin.
El efesino no pensó en negarlo y por eso no pensó en un fluir sin
sustracto material: todas las imágenes usadas para hablar de ese mo
vimiento, que se efectúa por tensión de los contrarios, están impli
cando en último término el ser o fuego, sobre el que realizan ¿sub
siste la tensión si se suprimen el arco y la lira? ¿Qué queda de la
lucha si se saca la sociedad o el estado donde se realizan? ¿Dónde
está el camino, si se quita la montaña? ¿Cómo asumir esa arrogante
actitud dogmática matizada con la pena de que no lo escuchen los
demás si el logos no es ser? ¿Qué a nuestros ojos el sistema de Heráclito tiene contradicciones lógicas y encontramos puntos irrecon
ciliables? Evidentísimo. Pero ¿con los ojos suyos cómo iba a ver las
contradicciones si la lógica no se había inventado?
Entonces, mirando el fuego, se puede concluir que no es menester,
ni vituperarlo por haber negado el "ente", ni adorarlo por haber
afirmado un puro "transcurrir". Para explicarlo parece necesario
aceptarlo sin cercenar nada de su afirmación implícita "el ser es
devenir" o "el fuego es cambio", lo que era posible a su pensamientp
antes de las precisiones platónicas y aristotélicas.
Quedan entonces por detallar esos:
21. — Cambios del fuego o meteoros
Se vio ya cómo la cifra de 10.800 años solares calculados como
contenido del "gran año", enlazaba los conceptos heraclíticos sobre
el cosmos y el sol con la vida del hombre.
Es que si el hombre está en el universo por un lado, por otro
el universo traduce al hombre: Heráclito concibe el mundo y el sol
como vivos y esa vida reproduce en grandes ciclos los pequeños ciclos
de la vida humana.
A partir del fuego inicial se vio que la primera transformación
era metafísica: la del elemento cósmico inicial en agua (267).
Luego las transformaciones que siguen son puramente físicas y
se realizan por rarefacción y condensación.
Del mar o agua, "con la cual relaciona todas las cosas" (268),
resulta por un lado una exhalación cálida o soplo ígneo "Glutwind",
por el otro la tierra.
Heráclito ha dicho: el combate es el padre de todas las cosas
(269). Pero la paternidad misma se concibe como un pasaje de
muerte a vida y de vida a muerte: "Muerte o placer es para las almas
volverse húmedas. Es un placer para ellas entrar en la vida...
Nuestra vida viene de su muerte y su muerte de nuestra vida" (270).
(267)Frag. 31.
(268)Dioc. Laeri. IX, 9 (22 A 1).
(269)Frag. 53.
(270)Frag. 77.
— 166 —

Ahora todos los cambios en el universo se le van a aparecer similares
a ese trueque entre las generaciones, se van a desarrollar dentro de
la teoría de la oposición y unidad de los contrarios, como un paso
de la muerte a la vida y de la vida a la muerte.
Reaparece la imagen recubriendo una generalización: jugando
con la palabra griega y su significado dirá: "El nombre del arco
"Biós" es vida, "Bíos", su obra, muerte" (271).
El mismo explica en un fragmento, de acuerdo a esto, la for
mación de las cosas, que sin tener en cuenta la nueva identificación,
es por demás enigmático:
"La vida del fuego viene de la muerte de la tierra y la del aire
de la muerte del fuego; la vida del agua viene de la muerte del aire,
y la de la tierra, de la muerte del agua.
La muerte del fuego da nacimiento al aire y la muerte del aire
da nacimiento al agua.
La muerte de la tierra engendra el agua, la muerte del agua en
gendra el aire, la muerte del aire engendra el fuego e inversa
mente" (272).
Esta explicación, según Olof Gigon, tiene de auténticamente heraclítica, justamente la explicación del cambio como un trueque entre
la vida y la muerte.
En cuanto a la cosmología del efesino, detallada, está contenida
en Diógenes Laercio.
Dos problemas que habían preocupado a sus antecesores quedan
sin solución: la forma o constitución de la tierra y la del cielo. Es
lógico, por un lado, porque enfocado el mundo desde un punto de
vista fundamentalmente antropológico, con una preocupación ética,
esto no le interesaba, porque una vez que todo se precipitaba en el
movimiento, desaparecía de por sí la imagen geométrica. El texto dice,
completo:
"El fuego, condensándose, se licúa y cuando sé espesa más, se
hace agua y cuando el agua se coagula se transforma en tierra: este
es el camino que baja. Luego la tierra se funde de nuevo, nace de ella
el agua y de esta todo lo demás, con lo cual relaciona, por decirlo así,
todas las cosas con la exhalación del mar: esto es el camino que sube.
Las exhalaciones se elevan de la tierra y del mar: las unas son claras
y puras, las otras oscuras. El fuego se alimenta de las primeras,- lo
húmedo de las otras".
"No explica la naturaleza del medio que nos rodea. Sólo dice
que del lado de allá están unos cuencos cuya parte cóncava está vuelta
hacia nosotros y cuyas exhalaciones claras se acumulan y producen
llamas: estas son los astros".
"La llama del sol es la más brillante y cálida. Los demás astros
están mucho más distantes de la tierra y es por esto que su claridad
y temperatura son menores. La luna, que es la más próxima a la
tierra, no se mueve en la región pura, en cambio el sol sí, y la dis(271)Frag. 48.
(272)Frag. 76.
— 167 —

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�tanda que le separa de nosotros tiene una medida justa, por esto
calienta y además ilumina".
Se eclipsan el sol y la luna cuando sus cuencos se vuelven hacia
lo alto y las fases que la luna presenta cada mes, provienen de que
el cuenco que la forma se va tornando poco a poco. El día y la noche,
los meses, las estaciones y los años, las lluvias y los vientos y los
fenómenos similares se deben a diferencias en las exhalaciones.
Cuando en el círculo del sol se inflama la exhalación clara, ella
hace el día y cuando llega la exhalación opuesta, nace la noche.
Cuando la luz que se desprende de la exhalación clara aumenta, hace
nacer el estío y cuando lo húmedo, proveniente de la exhalación os
cura, se hace más abundante produce el invierno. De manera análoga
explica también las causas de las otras cosas. En cuanto a la tierra,
nada dice respecto a su naturaleza, ni tampoco a los cuencos astrales".
Esas son las opiniones que profesaba" (273).
En esta extensa descripción podemos distinguir lo que se refiere
a las estrellas, el sol y la luna.

del sol y recurre a una explicación pitagórica: la luna se mueve en
una región impura (279).
De acuerdo a la afirmación sobre la luminosidad solar, toda la
claridad se debe a este astro:
"Si el sol no existiera, todo sería noche, a pesar de la presencia
de los demás astros" (280).
Lo que implica para el sol una posición central, que ya se en
cuentra, por otras razones en Anaxímenes.
Característica en Heráclito, es la forma de cuencos o botes que
atribuye a los astros.
Gigon señala que esta representación puede depender del mito
que presenta a Helios navegando a través del océano, en la nave solar,
de noche, de oeste a este, o de influencias orientales.
Tannery encuentra en esta explicación un argumento en favor de
su tesis. Heráclito dependería de la cosmología de Thales, es decir
de Egipto: la tierra es plana, rodeada por el mar, de donde parten
y a donde vuelven los barcos, los cuencos circulantes de los astros.
La verdad es que el efesino no parece haberse preocupado mucho
ni de la proveniencia de los cuencos, ni de como pueden flotar en

a — Estrellas
En el cielo, sobre cuya naturaleza dice expresamente Diógenes
que Heráclito no se pronunció, están las estrellas. Tienen forma de
cuencos, botes (Scafos), cuya parte honda está vuelta hacia nosotros,
donde se acumulan y arden las exhalaciones (274). Estos datos están
corroborados por Aetio:
"Parménides y Heráclito afirman que los astros son condensa
ciones del fuego. Heráclito dice que los astros se alimentan de la
exhalación emanada de la tierra" (275).
Todos los astros son pues de la misma naturaleza, incluyendo el
sol y la luna. Pero las estrellas están mucho más distantes de la
tierra, por eso no nos llega su luz ni su calor (276).
b — El sol y la luna
Tienen la misma forma de cuencos o botes (277). También según
Aetio: "Heráclito dice que el sol es una antorcha dotada de inteli
gencia y sale del mar. Su forma es la de una cuenco ligeramente
abombado. Tiene el ancho de un pie de hombre" (278).
La llama del sol es más brillante, no porque se diferencie de los
demás astros, sino porque está más cerca.
Se presenta entonces un problema ¿estando la luna más cercana
aún, por qué es su luz más pálida? Heráclito se separa de la opinión
de Anaxímenes, que explicaba la luz de la luna por la iluminación
(273)Dioc. Laeht. IX, 9-11 (22 A 1).
(274)Dioc. Laert. IX, 9 (22 A 1).
(275)Aet. II, 13, 8-17, 4 (22 A 10).
(276)Dioc. Laeht. IX, 10 (22 A I).
(277)Dioc. Laert. IX, 10 (22 A 1).
(278)Aet. II, 20, 16-22, 2-21, 4 (22 A 12, B 3).
— 168 —

el espacio.
c — Las exhalaciones
Otro punto original en la cosmología de Heráclito, es su teoría
de las exhalaciones, que él distingue en claras y oscuras, que se elevan
del mar, se acumulan en los cuencos astrales y determinan el día y
la noche (281). Aetio sobre este punto explica:
"Heráclito dice que el sol es como la luna. Estos astros tienen
la forma de cuencos, reciben los resplandores de las exhalaciones
húmedas y emiten la luz para la vista. La del sol es más brillante
porque se mueve en un aire más puro; la luna, al contrario, que se
mueve en un aire más turbio, parece por eso más pálida. El eclipse
de luna tiene lugar según las revoluciones del cuenco y sus inclina
ciones" (282), texto que corrobora lo dicho sobre la forma de los
astros y la razón de la diferencia entre la luz lunar y la solar.
Según Diógenes esas exhalaciones provienen de la tierra .y el
mar (283). Pero su origen y cómo se reparten, queda, parece, sin
determinar.
Según la predominancia de las exhalaciones claras u obscuras, se
explica la oposición día - noche, la de las estaciones invierno - verano
o calor y frío (284). Aquí rige un nuevo par de contrarios: lo claro
y lo oscuro.
(279)
(280)
(281)
(282)
(283)
(284)

DlOG. Laert. IX,
Frag. 99.
Dioc. Laert. IX,
Aet. II, 28, 6-29,
Dioc. Laert. IX,
Dioc. Laert. IX,

10 (22 A 1).
11 (22: A. 1).
3 (22 A 12).
9 (22 A 1).
9, 10, 11 (22 A 1)
— 169 —

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"(I V ZZ) 01 'XI -i3VT -doiq(9iZ)
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"(I V ZZ) 11-6 'XI -xsavT -doiq(¿Z)
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�El sol se alimenta de la exhalación húmeda que quema diaria
mente, por eso se puede decir:
"el sol es nuevo cada día" (285).
Esto recuerda lo ya dicho sobre el parentesco del alma con el
fuego solar y el cósmico ya apuntado en la interpretación del "gran
año". También el alma se nutre con la exhalación húmeda:
"los que descienden en los mismos ríos, reciben constantemente
nuevas corrientes de agua. Y las almas también exhalan de las sus
tancias húmedas" (286).
Cómo el alma se enciende o se apaga, según predomine la exha
lación húmeda y oscura, ya se vio (287).
Ya se vio también cómo Heráclito ha opuesto el fuego solar y
el cósmico (288).:
Es menester recordar una vez más que si Heráclito da a la esen
cia del alma la misma sustancia que al cosmos, inversamente atri
buye al cosmos y al sol los caracteres humanos: los 3 fuegos que él
utiliza son descritos como "seres vivos" y como tales "se alimentan",
se nutren y por ende buscan su alimento. Insertando la doctrina de
las exhalaciones, tendremos la explicación para las estaciones y los
solsticios: camino de norte a sur y de arriba a bajo, que recorre el
sol, buscando su alimento húmedo.
Entonces puede decir:
"El sol, amo y guardián de las revoluciones periódicas, determina,
dirige y hace patentes, produce los cambios y las estaciones que traen
todas las cosas" (289).
d — Algo mas sobre las exhalaciones t el sol
Burnet da sobre estos puntos una explicación semejante a la de
Gigon. Trata empero de identificar la exhalación que causa la noche
y el invierno con la oscuridad, que según la creencia popular, se
eleva, se levanta, viene de la tierra y del mar (290).
Tannery fiel a su explicación, aduce el texto:
"...El Hades es lo mismo que Dionisio..." (291).
como señalando el curso solar vinculado con la afirmación egipcia:
"Osiris es el mismo que Horus".
El fuego es un dios solar, por eso Heráclito le atribuye inteligencia
y gobierno de todas las cosas, y se adora bajo miles de formas. Es
vecino de Phtah, de Menfis. La misma afirmación heraclítica, de la
guerra eterna y necesaria para el orden del mundo, parece venir del
Nilo, donde Horus estaba en perpetua lucha con Set. El texto en
que se designa al tiempo como un niño que juega a las damas (292)
es el sol al levantarse, conduciendo un juego que se conocía en Egipto
(285)
(286)
(287)
(288)
(289)
(290)
(291)
(292)

Frag. 6.
Frag. 12.
Frag. 26.
Frag. 16.
Frag. 100.
Burnet. op. dt., pág. 176.
Frag. 15.
Frag. 52.

desde tiempo atrás, el ajedrez, verdadera lucha entre ejércitos, con
ducida por la inteligencia.
Sostiene que Heráclito distingue un mundo superior y otro infe
rior, porque lo Uno quiere y no quiere llamarse Zeus (293) y aplica
a esta distinción un extraño texto del efesino:
"Los límites de la aurora y de la tarde son la Osa Mayor y
opuesta a esta la montaña del sereno Zeus" (294).
Gigon hace frente a una afirmación pueril del melancólico: "El
sol tiene la extensión de un pie de hombre" (295). Heráclito se burla
aquí de las numerosas opiniones contemporáneas sobre la forma del
astro, expresando una inverosímil.
"El sol no saltará sus límites, de otra manera las Erinias, las
auxiliares de la Justicia, conseguirán descubrirlo" (296), Burnet lo
había interpretado en favor de su &gt;. tesis sobre la imposibilidad de
una conflagración universal dentro del sistema de Heráclito.
Gigon, que da a esos límites, vimos ya, un contenido solamente
temporal, ve en estas líneas, la afirmación del efesino de que los
cambios astronómicos están sujetos a una perpetua regularidad.
e — Las fases de la luna y los eclipses
Los eclipses se producen por la rotación del cuenco de los astros,
que vuelven hacia arriba la parte honda (297).
También lo relata Aetio:
"Heráclito afirma que el eclipse es debido a la revolución del
cuenco, de suerte que el hueco está hacia lo alto y lo convexo hacia
lo bajo, del lado de nosotros. La luna tiene la forma de una cu

ba" (298).
Las fases de la luna se deben a que el cuenco va rotando poco
a poco. (299).
f — El rato
La teoría sobre el rayo vuelve a las exhalaciones: es un incendio
de ellas. Tiene pues la misma explicación que el fuego solar. La
diferencia está en la duración. Es como las primeras llamas indecisas
que se elevan cuando se hace una hoguera.
Según Aetio:
"Heráclito dice que el trueno se produce por los torbellinos de
vientos y nubes, y por los choques de los unos contra las otras; que
los relámpagos se deben a la inflamación de las exhalaciones, y las
fulguraciones a la inflamación y extinción de las nubes" (300).
(293)
(294)
(295)
(296)
(297)
(298)
(299)
(300)

— 170 —

Frag. 32.
Frag. 120.
Frag. 3.
Frag. 94.
Dioc. Laekt. IX, 10 (22 A 1).
Aet. II, 24, 3-27, 2 (22 A 12).
Dioc. Laekt. IX, 10 (22 A 1).
Aet. III, 3,
(22 A 14).
171 —

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�22. — ^atura del alma
La doctrina de Heráclito sobre el alma anuda los tres temas que
se han distinguido en sus fragmentos.
Por poseerla, el hombre se pone en contacto con el cosmos y
con Dios. Lógico es que sea el primero en hablar explícita y exten
samente de ella, como lo señala Gigon: eso depende de su buceo
antropológico. Pero cuando el efesino se pregunta y se responde en
qué consiste, cuál es su esencia entonces, por un lado tiene el alma
el mismo derecho que los meteoros a ocupar un determinado lugar
en el universo, por comunidad de sustancia y origen con ellos. En
cambio por el otro, es decir por su similitud con el fuego cósmico y sus
relaciones con él, es necesario ya indagar qué clase de "homo religiosus"
era Heráclito. Si lo que él ha dicho del mundo y el movimiento pe
renne ha desatado un torrente de comentarios, presentándolo como
un profeta de energetismos y un espíritu puramente científico, lo que
se ha atrevido a escribir sobre la esencia del alma y su destino, que
está vinculado a esa esencia, ha provocado un huracán de interpre
taciones, que lo llevan al polo opuesto. Esas interpretaciones lo mues
tran como un teólogo, un iniciado o un místico, de esos a quienes
importa un ardite que el mundo gire de este a oeste o al revés, porque
alcanzaron un estado no común entre los mortales: el de los que no
necesitan de las cosas del universo para trepar trabajosamente hasta
Dios, porque lo poseen directamente por una visión intuitiva. De aquí
a afirmar que este señor evidentemente lógico era un irracionalista,
había un paso, mucho menos, sólo un tranco e'pollo. &lt;
Macchioro lo dio, según se ha visto, al explicar la teoría del
conocimiento.
Gigon, que afirma la profunda influencia pitagórica sobre He
ráclito, destaca que pudo haber existido una forma de "vida heraclítica". El hecho de haber permanecido aislado el efesino, es debido
a que insistió sobre el momento ético, no sobre el religioso-teológico,
que es el único capaz de crear una comunidad.
El alma forma parte del mundo porque es fuego:
"Parménides, Hipaso y Heráclito dicen que el alma es una sus
tancia ígnea" (301).
También, por su esencia, el alma es semejante a. los astros, ya
anotó O. Gigon, este doble parentesco:
"Heráclito el físico, dice que el alma es una chispa de esencia
estelar" (302).
El alma se origina en el agua, de donde sale todo lo que existe,
lo dice Aristóteles en un texto ya citado. "Heráclito mismo considera
el alma como el principio, pues consiste en la exhalación de la cual
forma las demás cosas" (303).
Los términos en que el efesino sintetiza esto son los siguientes:
"Los que descienden en los mismos ríos reciben constantemente
(301)Aet. IV, 3, 4 (8, 9).
(302)Macrob. S. Scip. 14, 19 (22 A 5).
(303)Asistot. De anima. A 2, 405 a 24 (22 A 15).
— 172 —

nuevas corrientes de agua. Y las almas también exhalan de las sus
tancias húmedas" (304).
El alma está arrebatada en el movimiento vertiginoso y ordenado,
está sometida a la ley universal:
"...es la más corporal (de las sustancias) y está en flujo perpetuo:
lo móvil, además, es conocido por lo móvil y como casi todos, él creía
realmente que las cosas están en movimiento" (305).
En el universo el movimiento o cambio es un pasaje de muerte
a vida y de vida a muerte, contrarios tomados de la antropología.
En el alma, por consiguiente, que justamente ha inspirado esa
visión:
"la muerte es volverse agua y es la muerte para el agua convertirse
en tierra. De la tierra nace el agua y del agua el alma" (306).
O. Gigon conjetura que agua podría ser la sangre, y la tierra, la
carne y los huesos. Entonces, no sólo el alma, sino el hombre íntegro
sería camino que sube y que baja, de alma a sangre, de sangre a
huesos y vice versa.
Finalmente el alma, ser viviente como el sol, los astros y el fuego
cósmico, se alimenta de exhalaciones. En ella las oscilaciones de las
mismas determinan el transcurrir entre muerte-vida, vida-muerte co
mo determinaban día-noche, frío-calor, invierno-verano.
Pero aquí está la diferencia y la dificultad de interpretación.
Justamente, tratándose del alma se habla de dos exhalaciones, una
interna y otra externa, cuyo origen y cuya naturaleza han dejado
cavilosos a los cerebros más privilegiados:
"Heráclito sostiene que el alma del mundo consiste en la exhala
ción de las cosas húmedas que él contiene: la de los seres vivos, en
cambio está formada de la exhalación que viene de afuera y de la
que viene de ellos mismos, siendo sin embargo, de la misma na
turaleza" (307).
Gigon cree que sobre estas exhalaciones nada se puede concluir
que tenga carácter de certeza. Recordando que al tratar la oposición
"día-noche" Heráclito ya había hablado de dos exhalaciones, cree
posible la identificación de la externa con la exhalación clara, la di
vina, por su parentesco con el fuego cósmico, y por el acuerdo de
estos datos con la teoría del conocimiento. Sugiere también que la
exhalación húmeda, interna, oscura, podría ser la sangre. Aduce como
prueba que en Empédocles la sangre es justamente el asiento del
pensamiento.
Pero se podrá inferir, en general, que estas exhalaciones tendrán
las mismas particularidades que las otras, porque tienen su misma
naturaleza: estarán sometidas a cierta medida y la predominancia
de una sobre otra, se puede relacionar con el plazo de una generación o
(304)Frag. 12.
(305)Aristot. De anima. A 2, 405 a 24 (22 A 5).
(306)Frag. 36.
(307)Aet. IV, 3, 12 (22 A 15).
— 173 —

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�30 años (308), o lapso mínimo en que un hombre puede convertirse
en abuelo.
1 hombre que renunció al sacerdocio y al trono, ha meditado
mucho sobre esa llama de fuego viviente, sobre esa chispa apenas
encendida y ya inmediata a desaparecer, porque se inclinó sobre la
propia, tan ardiente. Para referirse a su dignidad recurre nuevamente
a los términos apasionados del aristócrata incapaz de indiferencia:
si el universo visible es un montón de desperdicios echados a voleo
(309), comparado con la hermosura de lo invisible, también el cuerpo
humano es inmundo por bello que sea cuando el alma lo abandona:
"los cadáveres son más desechados que basura" (310).
Los títulos de esa dignidad son su ser fuego y su contacto con el
"logos" fuego también y ley a la vez, eterno, viviente, sapiente y
gobernante.
Por eso:
"El alma seca" es decir en estado de fuego puro, "es la más sabia

y mejor" (311).
Heráclito sigue fiel consigo mismo: si se le puede atribuir un al
tísimo enfoque ético del hombre y aún del cosmos, es perfectamente
comprensible que la fuente de esa visión de valores tenga también
adecuada dignidad.
"la razón es peculiar del alma y se alimenta de ella" (312) dijo.
Puede explicar también:
El hombre que ha bebido ha perdido el contacto con el logos y
por consiguiente la dirección de sus pasos, ha empapado su alma,
fuego, y es muerte el agua para ella.
Tan escaso está de sabiduría, que un infante lo lleva de la mano:
siendo así que el infante no tiene sabiduría en comparación con eJ

adulto (313).
"Cuando un hombre está ebrio, es conducido por un niño: tam
balea y no sabe a donde vá, porque su alma está húmeda" (314).
Entonces
"lo mejor es ocultar la falta de juicio, pero esto es difícil en el atre
vimiento y la borrachera" (315).
Sin embargo el alma busca el placer como el borracho el vino,
aunque la satisfacción de sus deseos la aniquile y sea "más necesario
apagar la incontinencia que un incendio" (316).
El placer, pues, se identifica con la humedad y la muerte.
Heráclito lo afirma más explícitamente aún:
"Muerte o placer es para las almas volverse húmedas. Es un
(308)

Censor. 17, 2 (22 A 19).
Plut. De Def. Orac. 11 (22 A 19).
(309) Frag. 124.
(310) Frag. 96.
(311) Frag. 118.
(312) Frag. 115.
(313) Frag. 79.
(314) Frag. 117.
(315) Frag. 95
(316) Frag. 43.
— 174 —

placer para ellas entrar en la vida". "Nuestra vida viene de su muerte
y nuestra muerte de su vida" (317).
En este texto hay dos elementos conocidos ya: las almas provienen
de la exhalación húmeda y la humedad les produce agrado. Luego
aparece la primera información sorprendente: también les agrada
entrar en la vida o nacer: si "entran" se sospecha uno que vienen de
otro lado, de más allá. Les agrada a las almas entrar a la vida, pero,
paradoja mayúscula, Heráclito ha identificado el placer con la muerte.
Entonces la vida es para las almas su contrario y el texto termina en
otra paradoja mucho más explícita, y por decirlo así, cíclica. Si se
recuerda el enorme desprecio que ha manifestado el efesino por el
cuerpo, es menester buscar la explicación del enigma. Vienen a la
vida que para ellas es muerte: cabe preguntarse, si cuando mueren,
no se las hallará vivas. Ya se vio que Heráclito sostiene una inmor
talidad hasta personal, aunque esté esto en contradicción con el fa
talismo de su sistema. Aquí, teniendo en cuenta la natura del alma,
será menester indagar en qué consiste la inmortalidad. Pero la
creencia en la inmortalidad personal supone una idea religiosa, un
concepto de Dios que premia o que castigue, en una palabra, la ex
plicación a estos enigmas hay que buscarla en el últico círculo que
abarcó el efesino, donde no se descarta la razón, pero se hace nece
saria la fe.
Si en las teorías cosmológicas de Heráclito estaba la tentación para
los sabios de ver un energetismo, en los tintes religiosos de su inmor
talidad, la tentación era enorme para los exégetas cristianos: ¡Era
tan fácil explicar cómo, a la luz de su doctrina, vida puede ser muerte
y la muerte temporal la vida eterna!
Hipólito cayó: le atribuyó la resurrección de la carne, la vida
perdurable, la de los santos convertidos en protectores de los que
quedan luchando sobre la tierra, y el castigo eterno por el fuego
a los que habían vivido en la iniquidad:
"Habla también (Heráclito) de una resurrección de la carne, de
esta (carne) visible en la cual hemos nacido, y concibe a Dios como
causa de esta resurrección, expresándose así: "Allí, ante el que es,
se levantan y se hacen guardianes vigilantes de los vivos y de los
muertos. Y habla de un juicio del Universo y de todo lo que él con
tiene por el fuego, con estas palabras: "la fulminación, la ruina,, go
bierna el Universo", es decir que ella lo dirige, pues llama fulmi
nación al fuego eterno. Dice también que este fuego está dotado de
razón y es la causa del gobierno del Universo, a la cual llama
necesidad y saciedad, siendo la necesidad, según él, la formación del
mundo, y la saciedad su consunción. "Pues, dice él, el fuego, apare
ciendo de improviso, juzgará todas los cosas y las avasallará" (318).

(317) Frag. 77.
— 175 —

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�a — Conjeturas sobre el alma t su destino
Cuando se estudian las relaciones de la religión griega con el
pensamiento, una opinión sostiene que mientras la religión oficial
ejerció su influencia sobre las artes, los cultos populares de los mis
terios, aparecidos posteriormente, dejaron sus huellas en la especu
lación filosófica. Vittorio Macchioro (319), dice que la influencia del
orfismo entra definitivamente en la historia de la filosofía con Heráclito. Afirma que los antiguos no tenían dudas sobre la influencia
órfica en el efesino y cita a Aristóteles, Plutarco (320), Platón (321)
y a Clemente de Alejandría como testimonio.
A continuación interpreta dos textos, que en general se citan para
demostrar que Heráclito, en orden a una alta idea religiosa, reprobaba
el culto orgiástico tal cual se realizaba en su tiempo:
"Si no fuera en honor de Dionisio que hacen la procesión y
cantan el canto fálico, ésta sería la acción más vergonzosa. Pero el
Hades es lo mismo que Dionisio, por quien ellos están agitados con
violentos transportes y celebran las fiestas báquicas".
Según Macchioro, el filósofo de Efeso enseñaba, profundamente
religioso como era, a tener en cuenta la esencia del rito, olvidando
en aras de ésto su obscenidad. A continuación, este otro texto: "A
quién profetiza Heráclito? A los noctámbulos, a los magos, a los
inspirados, a las bacantes, a los iniciados. Es a ellos que amenaza
(con castigos) después de la muerte. Es a ellos a quienes profetiza
el fuego. "Pues ellos se hacen iniciar en una forma impía en los
misterios practicados por los hombres" (322). El mismo autor dice
que el efesino se refiere a aquéllos que realizaban las ceremonias sin
las debidas disposiciones internas y que por consiguiente el texto no
encerraba una crítica a las ceremonias mismas. Enseguida entré a un
estudio de la obra de Hipólito cuyo extracto se ha citado: la "R,efutación de todas las herejías".
El cap. IX trata de la herejía de Noeto; episodio de las contro
versias trinitarias en el siglo III. Esta herejía "patripasiana" sostenía
una distinción puramente nominal entre el Padre y el Hijo, atribu
yendo al primero la Pasión, es decir, la obra del segundo.
Cuando Hipólito refuta los diversos errores, sigue un método:
demostrar que la herejía, que por otra parte se apoya en una inter
pretación de la Sagrada Escritura, no es cristiana, sino se basa en
las doctrinas de algún filósofo pagano. Así procede en el caso de
Noeto, a quien demuestra que es heraclítico, haciendo el estudio de
los textos del efesino. Después del comentario de los fragmentos ad
vierte el apologista que "Heráclito en este capítulo expuso comple
tamente su pensamiento":
Macchioro en su estudio sostiene:
(318)Hippol. Refut. IX, 10 (22 B 63-66).
(319)Macchioro. op. di., págs. 369-426.
(320)Plut. De Def. Orac. 12 p., 415 S.
(321)Plat. Cratyl. 402 a (22 A 6).
(322)Frag. 19.

1.) Que Hipólito realmente tenía ante sus ojos un capítulo
completo de Heráclito, el correspondiente al tercer discurso, o sea
el "teológico" (según la división que algunos autores atribuyen a los
alejandrinos o a los estoicos).
2.) Que para demostrar a Noeto el heraclitismo en su doctrina,
tenía que haber en la doctrina de Heráclito ideas que pudieran ser
el germen del dogma fundamental noetano: la identificación del Pa

dre y del Hijo.
3.) Que había algo en el efesino que malamente entendido
podía ser atribuido a Cristo.
Ahora bien: en toda la mitología y teología de los griegos hay
un solo mito que reúne las dos exigencias: El mito órfico de Zagreus,
nacido de Zeus, muerto por los titanes, resucitado por el padre. Dis
tinto y sin embargo idéntico a él.'
En apoyo de esta tesis cita Macchioro el fragmento:
"El Tiempo es un niño que juega a los dados, es el reino de un
niño" (323), que se puede identificar con Dionisos, .muerto por los
titanes mientras estaba dedicado a ese juego.
Zagreus era por antonomasia para los órficos "el niño" como lo
es Jesús para los cristianos, Dionisos es un dios uno y múltiple, porque
es el mismo y sin embargo distinto de Zeus, porque es divisible e
indiviso. Lo mismo se puede decir de Fanete, o sea el tiempo, idéntico
a Dionisos.
Dice el fragmento que tiene el reino porque la teología órfica
afirmaba que Dios le había dado- el reino después de resucitarlo.
Luego Macchioro, que ha encontrado el "hijo", busca al "padre".
Lo encuentra en el fragmento 53, afirmando que "Polemos" es lo
mismo que Zeus.
En el libro de Heráclito está pues, expuesto e interpretado el
mito órfico de Zagreus, como lo afirma Hipólito, y la relación entre
la herejía noetana y la filosofía heraclítica era real: se apoyaba sobre
la esencia órfica del pensamiento heraclítico.
Aclarado lo cual busca Macchioro la interpretación de los frag
mentos a la luz de su tesis.
El desprecio del cuerpo (324) se explica por el fundamento ético
del orfismo, un pesimismo: la vida es dolor, el nacer desventura, el
morir reposo. Esto expresa Heráclito en sus textos (325).
Entonces el fragmento 77 se aclara completamente: para el efesino el agua era símbolo de la vida material, no intelectiva. Las almas
que deseaban incorporarse atraían la humedad y se hacían visibles
mientras las almas más puras, las más secas, eran adversas a la gene
ración, lo que se comprueba con textos órficos que presentan extra
ordinaria similitud con este heraclítico. La vida para el hombre es
la verdadera muerte y la muerte liberación.
Macchioro intenta demostrar que los textos donde Heráclito habla
(323)Frag. 52.
(324)Frag. 96.
(325)Frag. 20 y 21.

— 176 —

— 177 —

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�de la inmortalidad (326) contienen la idea de que a los muertos
les espera un bien en la otra existencia, la alegría y no el dolor.
Los misterios órficos eran los únicos que en Grecia prometían
alegría más allá de la muerte.
Como, por otra parte, los fragmentos donde habla del culto no
contienen un sentido peyorativo, el autor encuentra en Heráclito un
dogma y un ritual. Para este último se necesita pureza interior.
Uno de los más complicados fragmentos de Heráclito se aclara:
"Los inmortales son mortales, los mortales inmortales: intercambian
la vida y la muerte" (327).
Inmortal mortal es Zagreus, el dios que muere; mortal inmortal,
el iniciado en los misterios: en este texto se expresa el misterio fun
damental del orfismo, la comunión mística del iniciado por medio de
la pasión y resurrección del dios.
La idea de la encarnación del alma en el cuerpo como en una
tumba está claramente expresada.
El "discurso teológico" se llamaba entonces así porque se originó
en la teología órfica: afirmaba la encarnación para llegar a la doctrina
escatológica del premio y del castigo y universalizando la experiencia
mística del misterio, la identificación del hombre y de Dios, llegaba
a concebir el universo entero como una unidad de los contrarios.
Hasta aquí la explicación de Macchioro: Hay en ella algunos
puntos que no están bien fundamentados.
a)En primer lugar, para el punto de partida en su tesis tiene
que recurrir a testimonios muy posteriores a Heráclito.
b)La interpretación de los textos en los cuales él ve una apro
bación por parte de Heráclito de los ritos realizados en honor de
Hades y Dionisos, están en contradicción con los conceptos éticos muy
puros que ha expuesto Heráclito con tanto entusiasmo (328). Parece
insostenible que un hombre que justamente ha condenado la incon
tinencia, la borrachera, y algunas formas del placer, encuentre que
precisamente lo que él ha vituperado con toda claridad esté bien,
cuando se realiza en honor de un dios.
c)En tercer lugar, se hace difícil, si no imposible, la explicación
de los textos donde se opone la validez universal del "logos" a las
opiniones individuales, con las cuales actúa el hombre como en sueños.
d)Tampoco se aclara por qué Heráclito llama "Polemos" a
Zeus, nombrado sin embargo en otro texto (329).
Vittorio Macchioro tiene razón al señalar la influencia órfica,
muy profunda en el pensamiento Heraclítico. Sin tenerla en cuenta
todos los fragmentos donde la oposición muerte - vida trasciende la
esfera cosmológica, son inexplicables. No tiene empero razón al iden
tificar heraclitismo y orfismo porque el primero no se explica total
mente por el segundo.
(326)Frag. 26 y 27.
(327)Frag. 62.
(328)Ver "Etica", pág. 132.
(329)Frag. 32.

Tannery (330) recurre también a conceptos religiosos para los
textos de Heráclito donde se trata la inmortalidad. Sólo que va más
lejos a buscar la influencia: es en las creencias egipcias, especialmente
en el "Libro de los muertos" donde las encontrará.
El alma es para el filósofo efesino una parte del logos común
aprisionada en los sentidos. En relación con este problema está la
divinidad egipcia "Khou" o inteligencia, que tiene en un principio
el significado de "brillante" y la creencia de Heráclito en los "de
monios" que es característico en los pensadores griegos, que estuvieron
bajo la acción de los vientos que soplaban del Nilo: Thales y Pitágoras.
El efesino, como el egipcio, los encontraba por doquier:
"Así como Heráclito, según cuentan, incitaba a los extranjeros
(que querían visitarle, pero que se detenían cuando le encontraban
calentándose junto al fogón) a entrar con confianza, porque allí
también estaban presentes los dioses, asimismo hay que emprender
el estudio de todo ser viviente sin vacilar, pues en todo, sin excepción,
se encuentra algo de natural y bello" (331)..
"...Todo está lleno de almas y demonios" (332).
En Heráclito se encuentra la creencia en una inmortalidad y en
una supervivencia que no es eterna, enlazada a la existencia de los
"daimones". Puede relacionarse con el mito de Khou:
Este ser luminoso preexiste. Antes de entrar en un cuerpo deja
su envoltura brillante y se envuelve en otra sustancia menos excelente,
el alma. Después de la muerte la inteligencia se separa del alma y
se vuelve demonio. El alma es juzgada delante de Osiris: culpable:
es condenada a los castigos que le inflige Khou, al que no ha escu
chado, llevando luego durante años una existencia maldita que se
termina en la nada. El alma justa sufre pruebas, se eleva más y más,
hasta que deviene toda inteligencia y ve a Dios cara a cara, siguiendo
el proceso del devenir universal.
Heráclito no hace diferencia entre almas y daimones: Tannery
al hacer esta observación se basa en el texto que identifica en el
hombre "psyché" con "daimón" (333). La diferencia entre el alma
o demonio antes de encarnarse y la encarnada, está en la impureza
que comunica al cuerpo.
Agrega que Heráclito no puede haber sostenido una preexistencia
o inmortalidad eterna de los daimones ni de los dioses por su doc
trina de la conflagración universal. Como Tannery cree que Heráclito
sostuvo un abrasamiento general periódico, da una nueva explicación
del fragmento 62, que por un lado se refiere a la encarnación del
"daimon", y por el otro a la aniquilación de las existencias indivi
duales, aún divinas.
Diametralmente opuesta a estas dos explicaciones "teológicas" del
pensamiento heraclítico sobre el alma y su destino es la de Bur(330)Tanneky. op. cit., págs. 185-191.
(331)Aristot. De pan. anima. A 5, 645 a 17 (22 A 9).
(332)Dioc. Laert. IX, 7 (22 A 1).
(333)Frag. 119.

178 —

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�net (334). Recurre solamente a la misma teoría del "oscuro" sobre
las exhalaciones entendidas en un sentido puramente físico.
El fuego perpetuamente deviene agua, y el agua fuego simultá
neamente. Pero fuego y alma no se equilibran por mucho tiempo.
Uno adquiere predominancia sobre el otro y sobreviene la muerte.
Se distingue la muerte del agua y la muerte del fuego. Los que mueren
de esta última muerte se convierten en dioses, en guardianes de los

vivos (335).
Pero vida y muerte, juventud y vejez son uno y lo mismo (336)
porque las almas empiezan de nuevo el ciclo: el alma que murió
por el agua desciende sobre la tierra, pero de la tierra se forma el
agua y del agua se exhala un alma nuevamente (337). Hombres y
dioses en este sentido son lo mismo, lo mismo mortales e inmortales.
El debatido texto donde la paradoja recorre un ciclo (338) se explica
con la misma ley universal y las exhalaciones. Sólo que ya se vio
qué difícil es determinar la verdadera opinión de Heráclito sobre
las mismas.
b — ¿Qué pensar de todo esto?
Si los comentadores ven la necesidad, cuando tratan la esencia
y el destino del alma, de explicar las ideas religiosas de Heráclito y
este es el tema común a los tres círculos, puesto que el hombre es
su alma y su cuerpo es más desechado que basura, vayamos directa
mente al último recinto de su pensamiento. Quizás nos explique mu
chas cosas.
23. — Tercer círculo o sea

DIOS
Los estudiosos han llegado, tratando al hombre que se malogró
como rey y como sacerdote, y se superó como pensador, a dos tipos
de conclusiones diametralmente opuestas: aserto cuya confirmación
está en la exposición de las distintas teorías vistas en el correr de
este trabajo.
La oposición extrema se podría señalar entre 0. Spengler y V.
Macchioro. El primero cree que Heráclito es el precursor de un mo
mento definitivo en la historia de la filosofía: del instante en que
Kant demuestra que la definición de sustancia es pura tautología y
la ciencia se convierte en el estudio de lo "formal". El segundo en
cambio, sólo advierte al iniciado en los misterios, que se zambulle
directamente, por intuición, en esa sustancia, no quedando lugar en
absoluto para la especulación sobre el universo. En el fondo los dos
(334)Burnet. op. eit., págs. 173-176.
(335)Frag. 63.
(336)Frag. 88.
(337)Frag. 36.
(338)Frag. 62.
— 180 —

enfoques dependen de un concepto moderno: la oposición entre la
razón y la fe. El hombre es entonces o razonador o creyente, o sabio
o teólogo, pero las dos cosas a la vez; ¡aberración tenemos!
Esta es la venganza de la filosofía. Hubo un tiempo en que la
teología la tenía muy relegada: la palmeaba y la trataba de "ancilla".
Al final se hizo justicia y le reconoció un campo propio e indepen
diente. Pero la "sierva" la enfrentó. Consecuencia: desapareció la
Edad Media y se inauguró la Edad Moderna. Desde entonces la ma
yoría de los hombres llevan el sello de esa oposición y creen que
siempre ha sido así. Cuando juzgan hombres de otras épocas, los
enfocan desde un ángulo falseado y todo el cuadro tiene errores de
perspectiva.
Heráclito es de un período en que no se había hecho la clara
distinción entre filosofía y teología. Faltaba todavía el período de la
subordinación, de la liberación y de la oposición. Podía por consi
guiente, razonar y creer sin caer en contradicciones, podía alcanzar
la perfección como "hombre" en el desarrollo de todas sus facultades.
Se ha visto qué clase de "pensador" fue Heráclito. Falta averi
guar si realmente fue "creyente". Razones para "no creer" podía tener,
pero difícilmente serían las de ogaño en el siglo V a C.
Le correspondía por su- origen estar próximo al templo, conocer
su interior, los secretos divinos y las debilidades humanas de sus
servidores. Es el lugar más peligroso para "perder la fe" podría de
cirse en lenguaje vulgar, porque es donde más íntimamente está
enlazado lo divino con lo humano, donde es más difícil distinguir
entre el sacerdote y el hombre. Es mal camino buscar la gloria divina
a través de las debilidades humanas: los hombres, salvo rarísimas
excepciones, (los santos) ocultan mucho más a Dios de lo que lo
revelan.
Esto explica que las grandes rebeldías nazcan cerca del altar,
que los que están en sus proximidades sean creyentes verdaderos o
grandes falsificadores. Los que han visto muy de cerca el altar voci
feran contra el o hablan de su grandeza.
Este es el caso de Heráclito: el del que conoce el interior del
templo y no lo denigra, muy al contrario, usa una de las ceremonias
más bonitas del culto para explicar la esencia misma de lo que existe:
la oblación del incienso (339). Toda la antigüedad quemaba en pre
sencia de Dios los frutos que producía la naturaleza para reconocer
que era dueño de cuanto existía, simbolizando el perfume el home
naje de adoración.
Era pues creyente. Antes de entrar al contenido de su fe, es
menester enlazarla con su otra cualidad: su pensamiento. Natural
mente, si no había oposición entre ser pensador y ser creyente, su
pensamiento tenía que recibir la influencia de su fe y su fe la in
fluencia de su pensamiento.
Esta es otro de los aspectos que ha olvidado la edad moderna,
cuando piensa que el hombre político no tiene nada que ver con el
(339) Frag. 67.
— 181 —

�181 —
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(6)

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-ni bj aj ns ^ aj ns ap Bpuanjjm bj Jiqpaj anb Bjuaj ojuaiuiBsuad
n^ 'ajua^a jas ^ jopesuad jas aajua uopisodo eiqeq on is '^^uara
-jejn^B^ -ojuaiuiBsuad ns :pepipna bjjo ns uoa BjaezBjua ja^sauaui
sa 'aj ns ap opiua^uoo jb jBjjua ap sajuy -ajuaÁajD sand Bjg
*u9pejops ap afea
-amoq ja aranjaad ja opuezijoquns 'Bjjsixa ojuBna ap ouonp eja anb
aaaouooaj eaed BzdjBjnjBu b[ Bpnpoid anb eojnjj soj soiq ap epuas
-ajd na eqeinanb p^pan^ijuB bj ^poj^ '(6gg) osuspui jap uopBjqo bj
:ajeixa anb oj ap buisiiu Biauaea bj jeaijdxa BJBd ojjna pp ssjiuoq sbui
seiuoiuaiaa sbj ap Bun Bsn 'ouexuioD jb Ánm 'Bi^iuap oj ou A ojduiaj
pp joiaajuí p aaouoo anb pp p ^ojipsjajj ap osea p sa a^s^
•BzapuBjS ns ap UB[qeq o p bjjuo^ u^jaj
•idoa JBjp^ p Boaao ap ^nra ojsia a^q anb scj •sajope^i^is^e^ sapuBj^
o sojapspjaA saiua^aja ueas sapepitnixojd sns ua uBjsa anb so[ anb
'pp BajaD uBazBu seippqaj sapaBa^ se^ anb Bot^dxa

— 081 —
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na opunSas jg '^jeuuoj,, oj ap oipnjsa ja ua ajjaiAuoa as epuap bj
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•j^ A jaj^uadg *q ajjua jejeuas ejjpod as Biuajjxa U9pisodo vj
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sodi^ sop b 'jopesuad oraoo ojadns as A 'ajopjaaes oraoo A jCaj oraoa
oj^ojbui as anb aaqraoq jb opuBjBJi 'opB^ajj u^q sosoipnjsa so^j

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-nra anbijdxa sou SBzín^) •ojuaiuiBsuad ns ap ojupaj orai^n jb ajuara
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sa ajquioq ja anb ojsand 'sojnajja sajj soj b nnuioa Braaj ja sa ajsa
A o^ijoBjajj ap SBSoi^ijaj seapi sbj jBaijdxa ap 'buijb jap ouxjsap ja A

SBiuisuBj oa[B8 'sajquioq eo^ :SBaemnq sapepijtqap sbj ap sbabjj b
BuiAip euo[á B[ jBosnq ouiuiB3 jBiu e^ 'ajqnioq p A a^opja^es p
jináuusip IPJJIP BBU1 sa ^puop 'ouemnq o¡ uoa ouiAip o[ pp
Bjea ajuauíBiunuj sbui apuop sa anbjod 'ae^[nA afen^ua^ na asiia
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sns ap SBUBiunq sapepi^iqap sbj á souiAip so^ajoas so^ 'joijajuí ns
jaaouoa 'o[draaj jb oinixojd jB^sa uaSiJO ns jod Bjpuodsajuoa a^

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B[ ap opojjrad p BjABpoj Bqeije^ 'BiSo^oaj A bijoso^ij aj)ua uoiaunsip
Bjep B[ oqaaq eiqeq as ou anb na opojjad un ap sa ojipeaajj
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ap sajojja auai^ ojpena p opoj A opeas[B^ ojii^ub un apsap uBaojua
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anb uaaja A uopisodo esa ap o[ps p ueAajf sajquioq soj ap bijo^
-bui B^ saauo^ua apsaQ -Buaapop^ p^p^ B[ oanánBui as A Bipaj^ PBP3
b^ 9pajBdesap : epuanaasuo^) -ojuajjua b[ ^BAJais,, bj ojaj -ajuaip
-uadapui a oidoad odurea un oíaouooaj a[ A Bpijsnf oziq as ^buij [y
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oiqes o 'a^uaXaja o jopeuozej o saouojua sa ajqnioq [^ *aj bj A uozbj
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Biauasa bj ubjbjj opuena 'pepisaaau ej uaA sajopBjuaraoo soj ig
¿oxsa oaox aa HVSMJd an^)? — ^
•seuisiui sbj
a.iqos ojtjDBiajj ap uoiuido Bjap^pjaA bj jemnija^ap sa jpjjip anb
91A as vA anb oj9g •sauopejBqxa sbj A jBSjaAiun A^\ Brasira v\ uoa
Baijdxa as (8gg) ojap un ajjoaa.1 BfopBjed bj apuop ojxaj oppsqap jg
•sajBjjoraui a sajBjJora oiusira oj 'orasuu oj uos opijuas ajsa ua sasoip
A sajquiojj *(¿gg) ajuauíBAanu bhijb un bjbux^ as BnS^ jap A biiSb
ja buijoj as Bjjatj bj ap ojad 'Bjjai; bj ajqos apuapsap bii^b ja jod
oixnni anb buijb ja :ojap ja OAanu ap uezaidma sbuijb sbj anbaod
(9gg) orasira oj A oun uos zafaA A pniuaAnC 'ajaanra A BpiA oaa^
so^ ap saueipjen^ ua 'sasoip ua ua^jaiAUoa as ajjaniu Brapjn Bisa ap
uajanra anb so^ goSanj [ap ajaanra bj A cnSB jap a^janra bj anSuijsip ag
•ajaanui bj anaiAajqos A ojjo ja ajqos BpneniuiopaJid aasrabpB oufj
•odraaii oqonra jod uejqijinba as ou buijb A o8anj ojaj "aiuaniBau
-Bjjnuiis oáanj BnSs ja A 'BnSe auaiAap ajuauíeniadaad oSanj jg
•oaisij a^uaiUBjnd opuuas un U3 eepipuajus ssuopejeqxs sbj
3jqos Mojnaso,, jap bjjosj Biusira bj b aiuamejos ajjnaa^j "(f^gg) j^n

�hombre moral ni con el hombre religioso. Sin embargo hay una rela
ción en la vida espiritual, como en la fisiológica: todos los órganos
dependen del funcionamiento de cada uno.
Un creyente que es pensador, tendrá naturalmente la misma
creencia, pero una visión más espiritualizada de Dios, lo que sobre
manera tenía que suceder para quien no conocía una religión reve
lada. El hombre que ha hecho la debida distinción, acerca del altar,
de lo que corresponde a la grandeza de Dios y a la flaqueza de los
hombres alcanzará por un lado una fe mucho más honda e indepen
diente- de las contingencias, por el otro tendrá un agudo sentido del
homenaje que realmente se le debe a Dios como Señor, y de lo que
se debe evitar como superstición: tendrá la exacta idea de lo que
debe ser el culto divino, lo que implica una posición de crítica hacia
lo que en él ve que va contra la naturaleza humana, porque va con
tra la razón y contra la fe.
Si Heráclito creía y por otro lado realmente tenía una alta idea
moral, habiendo enfocado la sabiduría como supremo valor, perfecta
mente lógico era que criticara los excesos de los ritos populares en
el siguiente texto:
"En vano se purifican manchándose de sangre, como si alguien,
entrando en el lodo, quisiera lavarse con el lodo. A cualquiera que
les viera actuar así, ciertamente le parecería insensato. Y hacen ora
ciones a las imágenes de los dioses, como que quisieran hablar a las
casas, sin darse cuenta de lo que son los dioses y los héroes" (340)'.
Contra la opinión de Tannery y Macchioro parece estar de acuer
do esta interpretación con el determinado tipo de hombre que él era,
para quien la sabiduría conforme a la verdad era una "ascesis" y
ser "lógico" consistía en conocer y actuar de acuerdo al "logos".
Por otra parte, puesto que era "creyente", Heráclito reconocía
que había un dominio dónde la razón no llegaba, dónde no se la
negaba, pero sí se la superaba, donde se penetraba por la fe y la
esperanza, lo que expresa (341) con claridad, y mérito es de Tannery
y Macchioro haberlo hecho entender.
Teniendo en cuenta este carácter de "creyente" de Heráclito es
que las observaciones hechas por Tannery sobre la conciencia del
Logos adquieren todo su valor. Este autor, contra Zeller, sostiene con
buenas razones, que el efesino habla de un principio consciente. En
su época el problema de la personalidad no había sido delucidado.
Pero las personificaciones místicas constituían la herencia de los pen
sadores. Antes de Anaxágoras, la conciencia humana se atribuía a la
materia. Heráclito da el último paso atribuyendo una conciencia divina
a la materia universal.
La distinción entre personalidad y conciencia, y el estudio de
ambos conceptos históricamente tiene su origen en las discu
siones teológicas de los primeros siglos de la era cristiana, cuando se
hizo necesario explicar cómo en Dios podía haber tres personas dis(340)Frag. 5, cf. 14 y 15.
(341)Frag. 18, 27 y 86.
— 182 —

tintas en una misma naturaleza. Desde entonces quedó planteado
también el problema de la relación entre una inteligencia divina om
nisapiente y la conciencia humana individual, problema que según
Tannery, siempre se ha discutido en el campo teológico y cuya so
lución es una de las más arduas tareas del pensamiento. Heráclito lo
esboza cuando contrapone el logos común, que hay que seguir, a los
hombres que viven como si tuvieran una inteligencia propia.
Finalmente la última observación es la más valiosa: la cuestión
de la unidad y la multiplicidad no sólo estaba abierta a la discusión
posterior en el campo de la materia, sino en el del espíritu. Se suscita
la idea pues de la conciliación, de la libertad individual sometida al
conocimiento y la acción de una universal, aunque de un modo
oscuro (342).
Comprobando el aserto de Tannery se puede recordar que Herá
clito concibe el devenir como viviente. Es cierto también que el pro
blema estaba de algún modo en nuestro filósofo, puesto que él reapa
rece en los escritos de Hipólito, con motivo de refutar justamente
una herejía relativa a las Personas divinas.
Ahora bien: es menester reconocer, que el contenido de la fe en
Heráclito es muy vago. Si es posible, al hablar del destino del alma,
demostrar que él sostiene una inmortalidad, es sumamente difícil deter
minar si se trata de una inmortalidad personal (342 a) o impersonal.
Uno de los puntos fuertes de la demostración de Macchioro es sos
tener que según Heráclito a las almas después de la muerte les espe
raba un "bien": siendo así que la única doctrina que enseñaba la
felicidad después de la muerte era el orfismo, Heráclito debía ser
órfico.
Pero los textos mismos donde se puede inferir esa inmortalidad
son extraordinariamente imprecisos, aunque indiquen castigo o re
compensa. Dice:
"Las almas respiran en el Hades" (343) y
"Si no lo esperamos, no encontraremos lo inesperado, que es
imperceptible e inaccesible" (344).
Lo inesperado se hallará después de la muerte, ¿pero en qué
consiste?
"Cosas que no esperan, ni que siquiera se figuran están reser
vadas a los nombres después de la muerte" (345).
¿Si él pudiera determinar para sí mismo el contenido de esa fe,
como ha determinado el del "logos" lo callaría?
¿Si él supiera lo que se debe conocer y hacer después de la
muerte como sabe lo que se debe conocer y hacer durante la vida,
no adoptaría para anunciarlo un tono aún más profético que para
hablar de la razón?
(342)Tannehy. op. cit., paga. 192-195.
(342 a) Que la sostuvo es evidente^ pero entonces no captó la contradicción que esta
implicaba con la universalidad de la ley, que en último término se identi
ficaba con la necesidad.
(343)Frag. 98.
(344)Frag. 18.
(345)Frag. 27.
— 183 —

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— 81 —
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•81 'ÍBJá(^E)
•86 •^^.í(Et-E)
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-sos sa ojorqooBj^ ap uoioEjjsoniop b^ ap sa^janj sojund so\ ap ouj^j
•puosjadini o (b Zf^) ^uosjad pepipjjouiui Bun ap bjbjj as is jbuiiu
-jajap ^pjjip ajuauíBuins sa 'pBpipjJomuí Bun auaiisos p anb jBJjsoraap
'Brap3 pp ouijsap pp jBjqBq [B 'a^qísod sa Tg -oSba ^nuí sa o^xpBjajj
na aj B[ ap opraajuoa p anb 'jaoouooaj jajsauaui sa :uaiq Bjoqy
•8BuiAip SBUosaa^ sb^ b BAiiBpa Bjfajaq Bun
ajuauíBjsnf jBjnpj ap oaijoui uoo 'o^i^^dxjj ap sojuosa so[ ua aoaa
-^dBaj p anb ojsand 'ojosojij ojisanu ua opoui unS^ ap Bqsjsa Btnajq
-ojd p anb naxquiBj ojaa^ s^ "ajuatAiA ouioo xiuaAap p aqpuoa ojip
anb jBpjooaj apand as jíaauuB^ ap ojjasB p opuBqoadtno[)

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as opuBno 'BUBiieuo ^ja bj ap soj^is sojamijd soj ap sBoi^ojoa) sanóte
-nosxp sbj ua uoSuo ns auaii aiuaraBo^^isiq soidaouoo soquiB
ap oipnjs^ ja A 'Bpuaxouoo Á pBpijBuosjad aiiua uopmisip B'j
'jBSjaAiun Biaa^Bra bj b
buiajp Bpuapuoo Btm opuaXnqijjB osBd oratijn ja Bp ojijoBJajj -BiJtajBra
bj b Binqij^B as BUBiunq Bpuapuoa bj 'sbjoSbxbuy ap sajuy 'sajopBS
-uad soj ap Bi^uaaaq bj uBjnjijsuoo sBaijsjra sauoioBoijiuosjad sbj ojaj
•opBppnjap opis BjqBq ou pBpijsuosjad bj ap Braajqojd ja Booda ns
ug -ajuapsuoa oidpuud un ap Bjq^q ouisaja ja anb 'sauozBj ssuanq
uoo auaijsos 'j^jja^ ttj^uoa 'jojnB ajsg uojba ns opoj uajambpB soSo^
jap Bpuapuoo bj aaqos AjauuB^ jod s^qoaq sauopBAjasqo sbj anb
sa ojijoBjajj ap 4íajua^aja5) ap j3)objbo ajsa Bjuan^ ua opuaiuaj^
•japua^ua oqaaq ojjaq^q ojoiqooBj^f A
Xjbuub^ ap sa oiíaaui A 'pBpi^Bja uoo (\f) Bsajdxa anb oj 'BzuBjadsa
bj A aj bj jod BqBJiauad as apuop 'BqBJadns bj as is ojad 'BqsSau
bj as ou apuop 'Bq^Sajj ou uozbj bj apuop oiuimop un Bjq^q anb
Bjoonooaj ojtjoBJajj '^ajua^ajo,, Bja anb o^sand 'aj^^d bjjo joj
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'•(Of'^) 4483ojalI 8OI -^ ^^soip soj nos anb oj ap Bjuano asjBp uis 'sbsbo
8bj b jBjqBq uBjaismb anb oraoo 'sasoip soj ap sauaSBiut sbj b sanop
-bjo uaosq j^ *o)Bsuasui BjjaoaJBd aj ajuauíBjjap 'isb jsn^oB bjoia saj
a^ n b BjaxnbjBna y -opoj ja uoo 3sjbabj Bjaisinb 'opoj ja ua opuBJiua
'uamSjB is omoa 'ajguBS ap asopusqouBra usaijond as ouba u^,,
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ua sajBjndod soitj soj ap sosaoxa soj BJBopuo anb Bja oai^^j ajuara
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Bapj bjjb Bun Bina} ajnauíjBaí opBj ojjo jod A Biajo ojijofjajj jg

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soubSjo soj sopoj tBoiSpjoisjj bj na oraoo 'jBn^iJídsa BpiA bj ua uop
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-uoa ba anb-iod 'BUBranq BzajBjn^Bu bj bijuoo ba anb 3A ja ua anb oj
BpBq Boijjjo ap uoptsod Bun Boijdmi anb oj 'ouiAip ojjno ja jas aqap
anb oj ap Bapt B)OBxa bj Bjpuaj : uoiajjsjadns oraoo jB^iAa aqap as
snb oj ap A 'jouag oraoo soiq b aqap aj as ajuam^aj anb sÍBuaraoq
jap opijuas opnáB un Bjpuaj ojjo ja jod 'SBpua^uijuoo sbj ap ajnaip
-Uddapui a Bpuoq sbiu oqonra aj Bun opej un jod bjbzubojb sajqraoq
soj ap BzanbBj^ bj b A soiq ap BzapuBj^ bj b apuodsajjoa anb oj ap
'jbjjb jap B0J30B 'uopuijsjp Bpiqap bj oqoaq Bq snb ajqraoq jjj *BpBj
-3A3J uoiSijaj Bun bjoouoo ou uamb BJBd Japsons anb Bjuaj bj3ubui
-ajqos anb oj 'soiq ap BpBzijBniuídsa sbui uoisia Bun ojad 'spuaajo
Buisira bj aiuarajBjniBu Bjpua) 'JopBsuad sa anb aiua^ajo u[\

no^sano bj :bsotjba sbui bj sa uopBAJasqo Buiíjjn bj ajuamjBuij;
•Bidoíd BpuaSijajm Bun u^jatAni is oraoo u^aia anb sajqraoq
soj b 'jmSas anb ^bij anb 'unraoa soSoj ja auodBj^uoo opu^no szoqsa
oj ojijaBjajj ^o^uairaBsuad jap sb^jibi s^npjB sbui sbj ap Bun sa U9pnj
-os ^kno Á. oDiS^joaj odra^o ja ua opijnasip Bq as ajdraais 'AJauuBj^

{)

opour un ap anbunB '[BsiaAtun Bun ap uopoB B[ á oíuaiunoouoo
[B Bpijatnos jBnpiAipm pBjjaqi^ bj ap 'uppBijpuoa b^ ap sand Bapi bj
Bjpsns ag -niojása pp p ua oms 'BtjajBui b^ ap odmBO p ua ^oiiaisod
noisnosip B[ b B^jaiqB Bqs^sa op^s ott pBppijdupatu bj á pBpiun bj ap

�Es que Heráclito no posee una religión revelada que le responda
estas preguntas que se ha planteado.
Sucede que al hablar de Dios, si por la fe cree en él, es la razón
la que se lo va explicando poco a poco. Por la razón se puede llegar
a un ser supremo, es decir: un dios personal, que se dirija al hombre
y lo escuche.
Heráclito "cree" pero no tiene su fe como objetivo propio la
vida de Dios revelada, y la razón es impotente para describírsela, "La
Sibila, por su boca delirante, dice cosas graves, privadas de adorno y

' "Para Dios todo es bueno, bello y bueno: los hombres al contrario,
conciben ciertas cosas como injustas y otras como justas" (352).
Dios es uno, no sólo sabio, sino el único sabio:
"El Uno, que es la Sabiduría, no sufre y sufre que se le llame
Zeus" (353). Tan íntimamente ligado está su tema del "hombre" con
el de Dios, que el gran descubrimiento hecho en sí mismo está aquí
en la esencia divina: la oposición y armonía de los contrarios. Si
para El todo es bueno y bello, al contrario de lo que les acontece a
los hombres, es ciertamente porque siendo "sabio" ve todo a la gran

con una sorprendente revelación: mientras el efesino nos ha estado
hablando del universo, explicándolo, con sus imágenes y su "lógica"

luz de la ley cosmológica.
Estamos asistiendo al mismo parto de Atenea, a la inauguración
del pensar racional sobre el universo. Es la época en que para revestir
a un hombre de un manto de púrpura, la gente dice con trémolos
de misterio en la voz "es sabio". Nada más ni nada menos.
Heráclito, griego hasta la médula, que ha preferido y se ha deci
dido por este manto, adjudica a Dios por sobre todas las cosas esa
cualidad valiosísima. Un hebreo diría "Dios es santo". Esta es la
esencia misma de Dios. Palabra que pronuncian los espíritus puros
sin cansarse jamás, porque contemplan en ella coagulados todos los
atributos divinos, incluso la "sabiduría".
Pero el griego no tenía la revelación ni los profetas: su razón
va trepando.
Hay que volver al texto: si lo Uno no quiere ser llamado Zeus,
es porque este es el mismo Dios de los ritos reprobables, el que los
necios adoran en las imágenes. Si no sufre porque se le llame así,
es porque realmente tiene el dominio del universo y su arma es el

peculiar no ha hecho otra cosa sino hablarnos de Dios.

rayo (354).

Ha tenido un punto de apoyo nuevamente: el humano. La armo
nía profunda, invisible y oculta de su propio pensamiento fulgura
cuando se centra su especulación en ese examen que ha hecho de sí
mismo. Ya no es sólo la oposición de los contrarios lo que va a descubrir
allí: emerge de su interior con una extraña medida: la de lo ilimitado,

Zeus es Uno. Ahora bien: de lo Uno todas las cosas y de todas las
cosas lo Uno. Dios se identifica con el mundo. Por eso el mundo es
eterno. La última realidad del mundo es fuego. Fuego será entonces
Dios también.
Una vez más, ahora para captarlo en todo su contenido, hay que
recordar:
"Dios es día y noche, invierno y estío, guerra y paz, abundancia
y escasez. Se transforma como el fuego que mezclado de aromas, recibe
nombres diversos, según el gusto de cada uno" (355) es decir Dios es
los distintos campos que rige el fuego en su cambio constante e inin
terrumpido.
Cosmos, fuego, logos, Dios, se identifican.
l "Heráclito dice que el mundo es uno" (356). Todo es uno. Ver
daderamente, mientras Heráclito habla del mundo, está hablando de
Dios. Dios ordena, no crea. No se distingue fundamentalmente, esen
cialmente de su obra. Está en el universo, es el universo mismo, es
su esencia, es decir su ley. "Dios es la coincidencia, más bien la

voluntad: atraviesa con su voz millares de años, a causa de Dios (que
la anima)" (346).
Pero su lenguaje es oscuro, no se comprende: "El maestro, cuyo
oráculo está en Delfos, ni dice nada, ni oculta nada, no hace más que
indicar" (347).
Si la fe da a Heráclito una certeza, pero muy vaga, y la espe
ranza el anuncio de ir de sorpresa en sorpresa en la otra vida, porque
todo será distinto ¿dónde buscar lo que pensó Heráclito de Dios?
Pues sencillamente, donde lo tienen que buscar todos los que no
cuentan con una gracia especial. Aunque tengan la revelación, no
están eximidos de recorrer esa parte del camino: lo deben buscar
en las cosas del mundo, partir de ellas camino arriba y volver de El
camino abajo para iluminarlas. Es menester una mirada retrospectiva
sobre el hombre y el cosmos de Heráclito. Entonces nos encontramos

porque es imposible hallar los límites del alma, tanta es la razón
que encierra (348). Pero el alma (nuevamente estamos en pleno tema
del hombre) no tiene esa ilimitada grandeza por sí misma, carece
la naturaleza humana de sabiduría, sólo la posee la divina (349).
Reconoce Heráclito en Dios como tributo la sabiduría, la misma según
la cual debe conocer y actuar el ser humano, puesta por alfa y omega
de su ética. Dios también es la ley divina que todo lo rige, fuente
de.las leyes humanas (350), es el mismo "logos" de que se hablaba
en el (351) "Prooimion" y por consiguiente es eterno y omnipotente.
También existe desde siempre y todas las cosas se rigen por El aunque
los hombres no lo sepan; es también justicia, belleza y bondad:
, (346)
(347)
(348)
(349)
(350)
(351)

Frag.
Frag.
Frag.
Frag.
Frag.
Frag.

92.
93.
45.
78.
114.
1.

(352)
(353)
(354)
(355)
(356)
-^ 184 ^

Frag. 102.
Frag. 32.
Frag. 64.
Frag. 67.
Aet. II, 1, 2 (22 A 10).
185 —

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�superación armónica de los opuestos, absorbidos en suprema uni

dad" (357).
Aloya Fischer destaca que tanto Jenófanes como Heráclito encon
traron más momentos de determinación en la sustancia absoluta y
en la causa última de todo ser que sus antecesores.
Jaeger opina que la oposición entre el pensamiento cosmológico
y el pensamiento religioso aparece superada y reducida a la unidad
en Heráclito, elevándose, con su "nomos divino" en una religión cós
mica, fundando en la norma del mundo, la norma del hombre filo

sófico (358).
El haber identificado Heráclito a Dios con el mundo, explica
ese respeto ritual con que se dedicaba e invitaba a su estudio, encon
trando en todo algo de natural y bueno, es decir de divino (359).
De algún modo el efesino captó, a pesar de todo, que el gobernador
del mundo era distinto de lo gobernado. Como siempre, la fuente de
su hallazgo está en él mismo, en su auto-investigación.
Es en el alma, en el hombre, donde va a encontrar argumento
para hacer la distinción, y ésta se hace, ya se ha dicho, en orden a la
sabiduría (360). Entonces establece unos extraños e incompletos "degrés du savoir": el mono, el niño, el hombre, Dios (361). Dios es
sabio. El hombre puede serlo (por participación en la sabiduría divi
na) La sabiduría de Dios no se compara:
"Ninguno de aquellos a quienes he escuchado discursos, alcanza
a comprender que la sabiduría se distingue de todo lo demás" (362).
Si el hombre era turro cuando no entendía ni actuaba de acuerdo
a la ley, la sabiduría divina consistirá en un plenísimo conocimiento
y actividad de acuerdo al "Logos", especie de conocimiento que tiene
Dios de sí mismo, entendiendo a la vez el acontecer universal. Los
tres círculos son concéntricos: hombre - cosmos - Dios. Tienen super
ficie común en parte. Esto último parece ser lo que es sólo de Dios.
Distinción de grado, no de naturaleza, pero distinción al fin.

En cambio, como ninguno ha exaltado la "dinámica" divina que
permitirá a Aristóteles hablar del "Primer motor".
Porque "el devenir tiene también un lugar ínfimo sin duda pero
sin embargo real. El devenir es el que nos permite elevar nuestro
pensamiento, con una certeza absoluta, hasta el acto puro, causa su
prema de lo que es y todo lo que se mueve, causa de las causas, pen
samiento de pensamiento y soberano Bien" (363).
Por último, Heráclito sigue la línea evolutiva de los griegos cuando
trata el ser divino. La religión oficial es un politeísmo antropomorfo
que va fragmentando a Dios un mayor número de personas hasta eri
gir la estatua al "Dios desconocido" por temor a olvidarse de alguna,
lo que les comenta San Pablo cinco siglos después (364).
Cuando la razón empieza la especulación sobre el universo, los
sabios a su vez, a buscar lo "Uno" y preguntar "qué es" llegan a un
ser que determinan como "infinito" (Anaxímenes), increado, e im
perecedero, inagotable e indestructible, "To theion" (Anaximandro)
inmóvil, homogéneo, esférico, sabio (Jenófanes). Este "ser" que aún
es material, por un esfuerzo poderoso de abstracción se convertirá en
una "forma" matemática. La unidad es el supuesto esencial y se iden
tifica lo limitado con lo perfecto y lo bueno. (Escuela pitagórica).
Se va descubriendo pues un único ser que se va desmaterializando,
aunque se base justamente en la observación del mundo. El pensa
miento avanza a grandes zancadas hacia un monoteísmo y a la vez
va vislumbrando ese único Dios y lo va despersonalizando. A medida
que la razón lo va reconociendo, se va haciendo más insensible y sordo,
más lejano a todo afán humano. Cuando el hombre quiere ponerse en
contacto con El tiene que seguir "lo que es común", aniquilarse como
individuo, diría Heráclito si nos pudiera hablar en nuestra lengua.
Esto da, mejor que nada, la idea de lo que significaba la "Sabi
duría" para el "griego", puesta como meta de todos sus afanes, en esta
vida y en la otra.
Montevideo, Noviembre de 1947.

24. — El principio y el fin, uno y el mismo
Dios entonces es la ley de oposición y unidad de los contrarios
en el seno de los movimientos: lo primero que encontró Heráclito
empinándose sobre los bordes de su propia "oscuridad" y lo último
a que llegó después del raudo peregrinar universal de su razón, uno
y lo mismo.
Su "imagen" de Dios también tiene los defectos y las virtudes del
punto de partida, que ya se observaron en el cosmos. Ha reducido el
ser por excelencia al devenir y éste al fuego, y pasando vertiginosa
mente del mundo físico al ontológico, sin estar provisto de la vara
lógica, ha confundido al mundo con su creador.
(357)
(358)
(359)
(360)
(361)
(362)

CORTS Guau. op. cit., pág. 68.
Jaeces, op. cit., pág. 206.
Dioc. Laekt. IX, 7 (22 A 1).
Frag. 115.
Frag. 79, 82, 83.
Frag. 108.
— 186 —

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Fischer A. La Filosofía presocrática, en Los grandes pensadores. Ed. Losada.
Bs. Aires, 1938.
(363)Gabricou Lagrange. op. cit., pág. 32.
(364)Act. de los Apóst. XVII, 23.
— 187 —

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•(¿S) PBP
-inn Buiajdns ua sopiqjosqB 'so^sando soj ap b^iuoiujb uopBjadns

�Garricou Lacrance Reo. P. Le réalisme du principe de finalité. Desclée de
Brouwer. París, 1932.
Gicon O. Der Ursprung der griechischen Philosophie, Benno, Schwabe &amp; Co.
Basel, 1945.
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Robín L. El pensamiento griego. Ed. Cervantes. Barcelona, 1926.
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München, 1937.
Tannery P. Pour Vhistoire de la science Rellene. Gauthier, Villars et Cié,
Editeurs. París, 1930.
Windelband W. Historia de la filosofía. T I Ed. Pallas. México, 1941.

M. BLANCA PARÍS

QUERANDY CABRERA PIÑÓN

Las relaciones entre Montevideo y Buenos

Aires en 1811. - El Virreinato de Elío
(Continuación)

MISIÓN DE JOSEF ALVERTO DE CALCENA
Y ECHEVERRÍA
VI
¿Qué motivaba que desde el Campamento de Arroyo Seco se
despachara, el 10 de agosto, un comisionado hacia Montevideo? 1
movimiento de las tropas portuguesas en territorio español para auxi
liar a Montevideo había causado inquietud entre los jefes insurgentes;
antes de inicar un ataque desesperado y decisivo, a fin de evitar un
fracaso que pudiera traer consecuencias graves, Rondeau optó por el
camino menos riesgoso: la conciliación.
La falta de armamentos y las sólidas murallas de Montevideo
aconsejaban ese partido:
"son muy respetables los muros de Montevideo, —decía Nicolás de Vedia
a García de Cossio el 10 de agosto— es preciso batirlos para saltarlos, y nos
hace falta más cañones y mucha pólvora, y los portugueses pueden muy bien
interrumpirnos si se dilatan los auxilios de esa capitaF' (1)
Y anota Valdenegro en carta del día siguiente a Don Pedro Vidal:
"A tres meses de las Piedras no se llevó a cabo ninguna acción por
falta de pólvora". (2)
El General del Ejército sitiador en su informe a la Junta corro
bora lo ya anotado:
(1)Carta de Nicolás de Vedia a García de Cossio. Cnartel Gral. del Mignelete, 10 de
Agosto de 1811. Gazeta de Montevideo Extraordinaria del 27 de Setiembre de 1811, en Bi
blioteca Nacional, Montevideo..•
(2)Carta de Ensebio Valdenegro a Pedro Vidal. 11 de Agosto de 1811. Gazeta de
Montevideo del 4 de Octubre de 1811, en Biblioteca Nacional, Montevideo. — 188 —

— 189 —

�</text>
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                <text>Trabajo realizado bajo la dirección del Prof. Juan LLambías de Azevedo, para el curso "los presocráticos" dictado en la Facultad de Humanidades y Ciencias.</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1948, Año II, Nº 3 : p. 105-188</text>
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                    <text>{t
... _

UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA
FACUL TAO

DE

HUMANIDADES Y

DEPARTAMENTO

CIENCIAS

DE LINGÜÍSTICA

•

LEA

S.

DE

SCAZZOCCH IO

•

•

LENGUA Y CIVILIZACION MICENICAS,

Y EL MUNDO DE HOMERO

•
•

4 81.7
Ses
MONTEVIDEO
1960

�PUBL ICACIONES
DEL

DEPARTAMENTO DE
LING OISTICA

En esta ssrie:
l.

EUGENIO COSERIU: L a
Hispania romana y el latín
hispánico. Breve introducción al estudio histórico del
español. 1953

2.

EUGENIO COSERIU: El
llamado ' latín vulgar" y
las primeras diferenciaciones 1 omanc·cs. Breve introducción a l~ lin güística 1 ománica. 1954.

OLAF BLIXEN: La traducción literaria y sus problemas. 1954.
4. VIT'fORE PISA NI: Breve
historia de la lengua griega.
T1 ad u c. de Manuel García
Pue1 ta~. J 954.
5. GUIDO ZANNIER: Ensa\ o
paleográfico sobre las ab1eviac·ion es latinas de la edad
ru1na na. 1955.
3.

7.

ARNALDO GOMENSORO:
John Dc\vey y la filosofía

del lenguaj e. 1956.
8.

CATILOS M. REY: Una fábula de La Ji'ontaine. Análisis rnétrico-estilístico. 1956.

9.

JOSE PEDRO RONA: La
obra de Federico Hrozny
en el dominio indoeuropeo.
1957.

Jü.

OLAF BI...IXEN: Acerca de
la supuesta filiación ara\vak de las lenguas indigenas del Uruguay. 1958.

ll.
12.

J..i.

EUGENIO COSERIU: ¿Arabis1nos o ron1nnismos'! 1961.
NICOLAS ALTUCifO\V:
G1 an1ática s6nsc1 ita elementaJ. 1962.
L. S. de SCAZZOCCHIO:
L ngua y Civ1ltzacion M1c·énicas, y
el Mundo de
1 1ne1 o 1966.

V a .... la li ta completa de p u b licacion s del D partamento en
png~. 73 y 74.

�•

U1JIVERSIDAD DE LA RE.PUBLICA
'

FACUL IAD DE llUIYJAl\JIDADES Y CIENCIAS

Departamento de Lingüística

Lea S . de Sc1zzocchio
L -·
DE·se-I f RAIYI 1 L \1 T o DE. L A L I NE AL 8 eR E.. T [ Ns [
-E------------------

t LA LE. NLUA ftl I CE NI LA
LA~ í AaLET
eE Nr eAs
- As 111
-1-

y L os

p oE rn As

o

L

,~

f 1 ~1 E R I

Montevideo
1966

68 ~ 59

Lr ~J EAL B

eos

�Dos conf renci~s dictadas en el
Centro Lingüístico de Montevideo
en agosto de 1964 .

�El descit ran11ento de la lineal B cretense

y la len g ua micénica

En marzo de 1900, Sir Arthur Evans en una pri
mera campana de excavaciones en Cnosos, halló en
:3s ruinas del palacio algunas tablillas con una
e s c r i t u r a q u e é 1 11 a r1 6 Li n e a 1 · A c r e t e- n e • 8 t a r
de otras tablillas y sellos fueron encontrados en
Hagia Triada, en Cnosos (en las mismas ruinas del
palacio), en Fest s y en Mallia . La escritur1 er
la misma . En 1908, en Fsstos la Misinn arqu81lnL1
ca ita 1 i a na des cu b r·i ó un disco de ar c i 11 a c o l es critura pictogró~ica, mientras en diferentes loca
lida des de la isla aparecieron sellos y pied'as
con s ignos jeroglíficos, de los cuales parecJria
haberse desarrollado la escritura Lineal -n .
fuera de la isla de Crets j hasta el momento, r10 sena
encontrado ningú11 material escrito en lineal A ('1)
J

..

-

(1) Para el material en escritura jero~lífi­
ca y en Lineal A véase : A. J.Evans, Scr1pta .. 1noa
•
vol . I : The hieroqliphic and primitive linear cla~
ses~ ú xf ord 1~L~; A. J . Evans ed . J . L . myres, Scrip t a rn i no a v o 1 . I I I : L i ne ar S c r i p t A e t c • Ox f o r d 1954.
G. Puglies e Carratelli, Le I scrizioni p reelleniche
di Hagia Triada in Creta e della Grecia Peninsu -

�-

2 -

En la mi sma campaña de excavaciones en 1900 ,
en el palacio de Cnosos, Evans halló ta mbién otras
tablillas con una escritura difer e nte , per o pare cida a la lineal A, que él llamó Lineal 8 creten se . Con el tiempo el n úmero de lo s docu111entos d e
Cnosos fue aumentando y hoy se cuentan cerca de
3000 fragmentos de arc i ll e en lineal 8 . En nin~ ' r
otro l ugar de l a isla han aparecido tablillas con
esta misma escr i tura . Por el contrario muv abun dantes y signif i cativos hallazgos de vasos y ta bletas en lin eal 8 se han realizado afuera de Cre
ta,en el continente . En 1921 en Tebas y Micenas
se hallaron 28 vasos pintados con signos en li ~

lare . Contributo alla storia della civilta egea .
mo nu menti antichi pubblicati per cura della Reale
Ac ca de mi a d 1 I ta 1 i a XL 1 9 4 5 . ; G• Pu g l i es e Carra te lli,
Le epiqrafi cretesi in Lineare A. Nuova silJoge
P a r t e I , E p l g r a f, i d i 1a g ~, i a T r i c1 d a ; 1 9 6 4 •
En eJ momento actual las tentativas de lectu
ra del material en lineal A ha llevado a hipóte sis que lo relacionan con una lengua indoeuropea .
Sólo Cyrus Gordon insiste en que se tratar 11 de
una lenguu sem í tica . Entre los que piensan en una
lengua indoeuropea , r riggi y Peruzzi no especifi
can de qué lengua se tratar í a; Palmer es partida rio de la lengua luvia; Sevoro~l in del cario; Geo_E.
giev piensa en dos lenguas~ una de los documentos
religiosos : eteo - cretense; otra de los documentos
contables : cidonio o griego festio, antepasado del.
panfilio .

�-

3 -

neal 8; hallazgos parecidos se realizaron en El eu
sis , Orc óm enos y Tirinto . En1939 y luego en 1952
Blegen , durante las excavaciones en An o Englian os
(la Pilos mi- Lnica) encontró m ~ de 1000 tabletas
en l ineal B. En 195~ empezaron los hallazgos ~am ­
bi~n P
Micenas y e 1964,en Thebas, en una cons trucc.i ~· 1 micénica 5 aµarecieron una docena de ta oletas del mismo tipo (2) . La escritura que había
sido c8ns1derdd~ limitad a a la isla de Creta 9 de
r e o e r1 t 3 a p a r e c i é, p o
t o d o e 1 c o n ti n e n t e , d e s d e e l
~d

( 1 ) A • J • Ev a n s

Ox f o r d 1 9 2 . -

E rn me t

J . L • n1 y r e s , S c r i o t a IY1 i n o a 1 I,
L • Be r1 n e t t J r
T 11 e P y l o s Table ts ~
i.

J

,

Prince~on

niv . Prers,• Princeton far tl1e Univ . of
Ci r1 e i n 1 1a t i 'l 9 5 5 .. - E mm e e r, L • b o n r 1e t t J i • ~ T h e o l i ~
Oil Tablets of Pylo~, Texts of inscriptions fQ...!.!J.Q
1955 S 1p1.ementos a 1inos 2,1958, 7 - 74 .- Emmett Lº
Bennet Jr., ~ The IYlycE.!nae
Tabl8ts- Trans. Amer . P 1i losopt1. cal Soc .. t~ , 1958, 1, - í 22 . - Car l UJ .. Blege i
ar d ma t e 1 La n g 9 T he ~lace o f 1 e.;, to r f x ca v a_-1.i o :!..:=.
o f 1 Y ... , AJ A .. 6 2 ~ 1 9 5 8 , 175 -· 1 9 1 ; T he P a 1 a e e o f l'i :..!?. 1._or Extavatiuns of _!_9~~, AJA . 6j,195(, 121-1.37; The
Pal ar. e o r '"e s to r Ex cav-aT:Tu ñs o 1--;71 u-b O AJA • o 5 , 1 l 6 1!!
- ---------------- · ------1 5 3 - 1 6 ~ ~ -- C ~ Ga 11 a v o t t i , A ., e a c e n n i , I -, s e r i p t i o n s
-P y 1 i a e , Ro ma 1 9 6 1
B e n n e t t , Ch a d wi c k , V e r1 t r i
T_tl~_ Knos ~os T..§!__b 1 e t s 2 a t ~§_n s l i t e r. a t i o n ; L o r1 d o n
1 r1 s t
o f e 1 a s i e 1 S t u d i e s 1 9 5 9 ; eha d wi e k a n d K i -·
Jlen~ The l(nossos T6blets III, Inst~ of Classical
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my e e n a e a n

Gr e e k ,

RvPalmer,Mycenaean Greek

Ca mb r i d g e 1 9 5 9 • -

Texts~

Oxford 1963º

L ,;

�- 4 sur hasta e l norte . j Se hab í a difundido de Creta al
""' en el continente h a b i a sido
continente o , creada
1
llev a do a Cnosos por lvs conquistadores?
El ma ter i al e ncontr ado e n Creta y en el con tinent e consiste en s u casi tot a lid ad de tab l e t as
d8 8 rcill a de dos tipos diferantes~·algunns prese~
tan un a form s ala rg ada qu e r~cuerd? un a hoja de
palma y llev an por l n nen~ral pocas lin eas o pa l~
bras; otras par~can p ~ ~in~s rectangulares en l as
cuales n v~c es ln escritura es · / dividida en dos
columnas . Tod as ellas parücün habar quedado co: i das durante los incendios de los resp8ctivos pa lQ
cios . El estado de cons8r vación no siempre 2s bu~
no . El m_teriQl de Cnosos ~s el ~ ~ ~ fragmentario,
s i endo formado a veces por restos muy pequbños ,
con una so l a p3rabr..., o un~ s íl ~b~ .
De una primer'3 obsi:.rv"'c ' r rt:!sul1 ' que : 1)las
tablillns wst ' n dividid s en r lvas horizontalGs;
2)1 d i r t: e e i 6 n d 8 l ) º s c r 1 t u r e s d e i z q u i e r d
d~recti~;3)1

a

11 ' ...,

tr

d

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CJ no s

1

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s~porod~s

en -

v t. r t i c V 1 , ·) h ..., }' ~ r e s t ipo s

e d os p o r

E v n s e o mo d t:: v 1 o r

ilóuico, 1 ~oyr~f 1co, num ' rico .
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1
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J1v1 Jido
r
r1 s
n b
1 .. pr sl,;ncl'"" d
d~ l rrnin dos id ogr m s . Por ~j mplo , 1-s toblct s
quL pru ent n iduogr m s d~ s r~s humanos fue1on
ruunid s ~n uno sEri~ qu8 r cibi como indicaci n
distintiva la letr A, a ln cual se agreg una l~
indic~r una subdivisión de serie , es
tr 1 m' s par

decjr, una subserie; as ! el conjunto Ae indic

la

�•

-

5 -

serie de ideogr amas humanos A y l a subserie de i deogran1a hombre~; mientras .flsJ. indicó la serie A
y la subserie ~ de ideogramas hombre , mujer y joven etc . Adem¿s cada tableta recibió su nómero
de inventario y la indicación del lugar de rrocedencia: Cnosos , Pilos~ Micenas o Tebas . Est8 ord
namiento
us usado en la acl~alidad •
.
Sin embargo, a pesar de que desde un princi pio se reconocieron con cierta facilidad estos al
rn e n t o s G v i d e n t a s d e l s e s c r i t u r a , y a pe s a r d o t1 a
b e r s e a c l a r ad o D o r

el

n ú mc3 r o d e l o s s i g n o s

( d e n1 a -

siados para una esc ritur a a lf aL~ · ica y demasiado
pocos para una escritura ideográfica) que deb í a
t r a ta r se d e u n a e s c r i t u r a s i l ~ b i ca y q u e e 1 e o r1 t ~
nido de las tabletas indicaba listas de archivo~
e l desciframiento demoró cincuenta años .
Evans en sus detenidos estudios sobre las
dos escrituras Lineal A y Line al 8 siguió insistiendo que i a -8 ero independiente de la -A, aun
cuando procdder í cn las dos de ur1 prototipo ca. l'1r,
t ra tándosl do una mi sma ler1gua . En el otro extrd mo d el t i e 1n p o e u a n cJ o y a e 1 d e se i f r a mi en t o p o d i
considerarse un h~cl10, Bennett escribía, a prop s i :. o rJ s l a d i f e r e 11 e i a e n t r e l a e s e r i t LJ r a l i n e a l 11.
y 8:

-

'' 1 o s e p u e d e

i1 a

b1 a r

d

\,j

un d 8

~ &lt;l r

r o 11 o g r a d u a l,

ni de una variaci6n 8 l egante , sino de una a _pta c l ó ·1 r a d i e a 1

de 1o v i e j o a l o nuevo ;

o q ui zá s

de

una nueva construcción , siguiendo un modelo vie joi: . Y en cuanto a 10 lengua suger í a que puede no
ser la misma, y qu e nada garantiza que e l mismo
signo tenga e l mismo valor en A y en ~ (3)

�-

6 -

a l a luz d e l os h a llaz gos r ea lizad os
h as t a e l momen t o , l a h i stor i a de l a escr i tu r a li nea l cre t ense pueda reconstru ir se en esta forma :
l os se ll os jerogl l ficos , encontrados en d i fe r entes
l oca li dades de l a is l n de Creta 9 ser í an atr i buidos
a l m. M. I a •(2000 - 1900); de ellos hab_ í a surgido c~
s i en la misma 1 poca la ¿scritura linea l A. En e fecto. el ha ll 8zgo en Fcsto 9 en la capa del primer
palacio M. M. Ia (2000 - 1925), de dos docenas de ta b lill as que muestran ya una transició de la es cri tur8 jorogl i fic . . ~ lü lineal , podr i 2 h8cer re troceder la fecha del comienzo de la escritura si
•
13bica en Creta . Sin embargo , el conjunto -&lt; ..., im
portante de material en Lin8al A parece remontar se al m. m. II I b (1660 - 1~90) .
De la 1 1 nec l A surgí la lineal u , como evo lución o más probablemente adaptaci n de ella a
1J na l e n q u a d i f e r e n t e • Q u i z . . s p o d r a
pe n s a r s e en l a
formac1 n de la lineal B ~fuera de la isla de Cre
ta9 realizada por los gruoo~ de habla griega que
ocuparon la península bal ' ica en los siglos XVI XV a . e . e . La f ec ha de l os d ocum8ntos en lineal 8
oscila entre el 1400 (Cnoso~) y el 1200 (Pilos)(4) .
Quiz~ s ,

1

(3) A. J . Evans , Th
683 , Oxford 1935 .

Palace of Minos vol IV pag .

E . L . Bennett Jr . A minoan Linear 8 indo. s
Ya 1 e Un i v e r s i t y P r e s s , Ne w ~~a v e n 1 9 5 3 , e i t a do e n
Chadwick , Documents pag . 37 .
·
(4) Despu~s de l art i cu l o sensacional de L. R.
Palmer , The truth about Knossos en Observa r Week -

�- 7 El desciframiento de la lineal 8 ha tenido
un largo proceso . El hecho de qur , por cerca de
cuarenta año~ , casi nin]ún documento con esta es critura se encontró afuera de Cret2 , dirigió a los
e s t u d i o s o s ~1 a c i c. l a h i p ( t e s i s d e que 1 a 1 e n g 1a d e
la lir1eal B fuera la misma que la de los documer1 tos en lineal A, y que deb í a tratarse con mucha
prob~bllidad de la lengua de los cretenses . Aun
c u a n d o s e t r a ó d e i el e n t i f i e a r e l e r o t e n s e e o 11
una lonqua de la familia indoeuropea, no se pensó
E 1 acercarla a la lengua griega .
t-lrozny en el en -·
tu~icsrno de los l1allazgos hititas quiso ver on Jas
tabletas cretenses la lengua hitita; Meillet,~ck,
Cuny y otros hablaron en general de lenguas ogeas)
Georoiev, entre 1941 - 1950, insistió ~nbre un dialecto egeo - as i jric·o relac ior1ado con el hi ti tP 9 n1os
L

r~ e v i e tu ,

cual
el aGtor, en base a un descubrimiento realiz 1do
e n e l d i a r i o d e rr1 a c k e n z i e , 11 e va b a l a f e c ha 1e las
t a b l e ta s d e C n o s os a 1 1 ? OO- 1 1 5 O a • e . c º , p a r e e e hoy
volverse a una fecha 1 ' ~ cercana al 1400 que al
1 2 OO • Bq s á r1 dos e en 1 s observa c i o n s de Jo h n 8oa ro
rn a n ') T he d a t e o f t h 8 K n o s so s T a b l e t s 1 Ox f o r cJ 1 Y 6 ... &gt;
s f~ ~1 a t r a t 3. d u d e r e c o n s r u i r a s í l a e r o no 1 o e r a :
e l l n e e n d i o d e C n o s os s e 11 a b r i a p r o ci u e i do e 1, e l
Hel~dico reciente 1300-1230 . Por otro lado. J.a
cronolog 1 a de los incendios del continente debe r í a atrasarse e n algunas decenas de años . Resul tar í a as i un acercamiento de las dos cronologíus o

h e nd

Lo n d o n

3

j u l • 1 9 6 O p • 1 7 , 1 'J ,

t;;

8

n

e

�- 8 con mu c h a s form as qu e r e cu e r da n ya e l gr i ego .
El descub ri mi en t o de l mate ri a l en li n8a l ~
e n e l cont i nente , en l as zonas de c i vili zac i ón m
l
c é n i ca , su g i r i ó l a h i p ó r e s i s ~ __que 21-a l e n g u a d e 1 a s
tab l il l as en li ne al f no fuera la misma de los do
cumentos en lir1eal A, encontraJos ~~ - º Bn la isla
da Creta , y que esta lenguo pudiera ser la lengua
hab l ada por los micenio , que muchos estudiosos
consider~ b n griegos . EsL~ nuevo enfoque, y el m~

teria l mé s abu ndante y mejor cor.servado encontra do en Pi l os p8rmitieron encar2r el desciframiento
con mayores probabilidades da ' ita .
Con el sistema de comparacion~s internas se
tra~ó de reconocer y de catalogar palabras igua l es n que difer í an s ' lo por lu s i laba final; se
t r a t ó d e a i s l a r l os e 1 8 me 11 t o s e o mp o n en t e s d e e a d e
pa l abra , l levando estad í sticas de frecuencia de
signos en principio 1 en medio , en fin de palabra .
Ap li cando est3 si~tema Aiice KOber en los años
1943 - 50 reconoció palabras quG aparecen cen tre~
formas al ter nadas~ es decir, reconoció una f 1 . L
nocn i nal (5) . Contempor neamente el inglés Ventris,
aplir~ndo ei sistema de la criptograf f a mi l itar
.
de a ~l isis combinatorio y cálculos de frecuencias
1 1 e g a b a a r G su l t a do s i 1n p o r ta n t e s • Ai s l 6 s i g no s v o
,L

(5) A. E. Kober , lnflection in Lineor Closs 8:
I Declension . Amer . Journa l of Archeo l ogy , 50,1946,
p . 268 - 76 ~ "T ota l " in Mi noan ( Linear Class 8) , Ar ch i v Orie n ta l n i 17 ,1 949 , p . 386 - 98 .

�-

9 -

c~licos,

reconoció algunos s ignos sil~bicos, ais 1 ó n o mb r e s d e !1 o n1 b r e s , d e mu j t:: r e s , d e l u g a r e s · r i-J_
conoc_(' nombres de oficios y títulos; insistió s~
bre l a ex ist encia do una flexiwn nominal 1 recor ció nombres femeninos en i~ y masculinos en eu;
id ntif i / vocab 1 ria . A m~dida que el descifr ·
mit:,;nto iba rGali ' cJose Ventris se daba cuer1t 1...1
las palabras, las fle~ iones, lo fonoloJia ~e pr s o r1 t b :-1 n mu y p a r e:, e i d d s a 1 ll r i e g o . J u n t o e o n J oh n
Ch ad i C k p r OS j gliió 8 l d e S C i f r a líl i 8 n t G 11 8 g a n d O 8 C
mun1car en noviembre de 1 2 que las tablillas er
lin8al B enc1err n un di lGcto griego, Rnt~ asad
drJ are dio - chipriota, y µropriniGndo un valo!. sil / ' ico p ra cerca de 60 signos (6) .
La grecidad de los rnicenios recibía as la
1n 8 J o r

c o mp r o b a c i ó r1 :

l

11 n g ü .r s t i e a •

En los trece anos qua han pasado desde el
anuncio de Ventris y Chadwick las tabletas han SJ
do detenidamente es Ludiadas y en g .n&amp;ral ho 1 los
espacilJ i stas est~n au dCUbrdo con el dGscifrarniB
to y la r~lotiva lectura . ~ólo dG V8Z en cuando
so oye una voz de desacuerdo; la lectura por medi
d el s i s t e ma Ve n t r i s s e ~1 a e x t en d i cJ o , c o 11 b u e n o s
resultados, a todo el material encontrado .
Las características de esta escricurn
~n:
tres tipos de signos con valor siJ~ ico , ideogr~fico, numérico • . Se han reconocido 90 signos
(6) M. Ventris and J . Chadwick, Evidence far
Greek dialect in the Mycer1aean archives,Journal ot
Hellenic Studies 72 , 1953 , p . 84 - 103; 208 - 09 .

�- 1o 143 id eog ráficos,

co n va lor si l¿bic o ,
y signos
diferentes para l as unidades , decenas , centenas
y millares ..

Silabario micénico : De l os 90 s ignos s il3bi cos , 70 parecen tener Vdlor seguroj 20 todavf2 son
dudosos . Cada signo ti8ne valer s iljbi co 1 consis tiendo en una vocal o en convunante más vocal . Si
una palabra emp i eza con voca l se usa el signo de
la vocal correspondibnte . ~lay un s i gno especi3 l
pare ai ini cia l . L3 vocal i como segundo elemento
del diptongo no está indic3da; ª ~l o excepciJna l ,
mente se encuentra en Cnosos : kotoin~
x~oLva. . El
diptongo con segundo elemento ~ 8Stá indicado nor
rnalmente : ze - u - ke - si (sÚyEcrcr L. Los grupos conso n~nticos iniciales quedan separados en dos signos
sil6bicos can la misma vocal: ko - to - nn \ x~o { va );
si 81 primer elemento del grupo es una sibilante
11 o

se i ndi ca :

,

p a - rn a

cr'JtE P ¡.ta • E l

mi s mo p r o c e s o d e

sEporaci 6n s e usa par8 grupos de consonantes in v
ternos: e - ko - to Ex1X00 ; p8ro si el prirner elem n
to es una liquida nasal o sibilante, no se nota.
,
'
,
,
pe - ma cr'JtEpµa , a - pi nµ,cp L , pa - ka - na q:&gt;rrcryav'l ; la
sibilnnte se e~tribe antes de consonante nasal :
dL - so - mo bEcrµo t~ • Una consonnnte liquida nasal o
JlGilante er1 fin de r~labra no S8 not~: e - ko - to
E x ~ro p , p o - me 'Jt o Lµ í} "' , is c.. - ~ e - u Xrr A. x E ú~ . L a g e mi
nación consonántica no se nota .
V

I

Se hnn reconocido cinco signos vocálicos: ~'
~ ' l, Q, ~ · Adem¿s algunos dolJlea : ~ 2 • Para l as
consonantes existe la serie completa de labial,
gutura l y dental. sordas; en la ser i e denta l sano -

�- 11 ra e l signo de du es incierto; serie comp l eta pa r a l as nasales ~' ~' para la liquida ~ que indi ca
tamb~ ' r el sonido de l_ ; serie completa para la si
b i l a n t e ..§. ; u n f o ne ma µ r o b a b l eme r1 t e d e n ta l z a p a r ~
e e s o l o c o r1 t r e s s i g 11 o s : z a , z e , z o • L a s s G i v o c 9
les waw e jod tienen serie comp l eta . Casi completa os la serie labiov elar .9. · Aden1 3 apsrecen sig nos para los grupos: nwa, pte, dwe, dwo, twe(?),
two(?) .
Consid8rando estas notables fallas en la escritura , la 1 clura pu8de tener diferentes posib~
1 i d a cJ 8 s ; e; s e l e a so de 1 a d e e 1 i na e i r d e l o s t e mas n vocal, para l a cual una misma graf ia puede
indi ar nueve Cdsns diferentes . Palmer da el eje ~
JJlo Jol grupo a - ko,pc1d ~1 LUcil Ja dibZ l~c JraQ
d 1 f e r e; n t e s , t o da s p o s i IJ 1 e s d e n t r o cJ e l q r i e q o e 11 sico conocido (7)º
Lengua mic'nlca: La lengua que la lectura de
l3s
a b l o t a s ha r e v e la ci o , el e f i 11 i da p o r Ve n t r i s y
Chad r.ick como una lengua grit:;ga ,antepasada c'el ªl.
cadí - chipriota, ha sido ll amada micénica por COI!
side arse que fue hablada por aquella pnblac1 ,n
quG ccupó el continente y Creta en la d oca del
14CJ al 1200 a .
• y que es conocida con el nombre de nicénica .
De esLa lengua recordaremos s ~ lo los rasgos
n1 ' ~ sobresal i entes y q 1J P di f i eren del griego c L~

------...

Út

Daean gr eek Textsq Oxford, 1963 , pº 27 s .
•

�-

12 -

.

S l CO .

Fono l oq í a: Vocales : hay cie1ta confusión o al
ternanc i a entre ~ i : ~ - pa - sn - na - ti que alterna con
i - pa - sa - na - t i ; observa m~y Di8n Pal~er que no se
puede insistir mucho sobre esta alternancia pues to que en la mayor í a de los casos se trata de pa labras de origen 110 griego (8) . Quizás fTl2s impar t3nte sea 13 confusión entre -a -o: Dc - ma/p8 - mo; en
este caso podr í a pensarse en una influencia de la
nasal hac i a o eo lugar de a .
. '
Consonantes~ En las oclusivas la e s c r 1 r, u r a no
indica la diferencia entre sorda y aspir2da y en
g e ne r a l ta rn p o c o e n t r E s o r d a y so no r a ; s ó l o p 8 r a la
dental se indica la diferencia entre sorda y sono
ra; pero nada sugiore que esta diferencia no ex1s
tiera en la pronunciac1~n . Hay asibilación de den
tal sorda ante vocal i:di - do - si de di - do - ti etc .
La labiovelar indoeuruµea que ha desapareci do en el griego cl~~irc aparece todavía casi siem
pre en mic~nico: i - qo t TITIOb, enclitica qe . Gall~
votti sugiere qu5 la lectura podríu haber sido
pwa, pwe , es declr un estado intermedio entre la
12biovelar indoeuropea y ló labializac1én eólica .
En alqunos casos aparece la labializac16r que al terna con la labiove.1 'lr: ra - gi - Li - ri - .ia/rc:- - pi - ti ri - j a , en otros ya 8.i pr )Ceso de labializac1ón p~
rece af irrnado: pa - te 1lrrV't'E(; de un kwantes .
ti

/

Semivocales: Waw que ha desaparecido en gr1~
(8) ibidem p . 41 .
•

�•

-

13 -

go c l~ s ic o es usada con toda su vivencia en micénico en principio , en medio y en fin de palabra:
wa - na - ka Fava( , pi - ro - we - ko q&gt;LA..r)Fgpyo~
; tambié.
arlPlante de consonante: wi-rj - nj - jo F p L'V L O~ y de
p (
de ella: ke - se - nu - wi - ja rfvFLa .
jod tambi t' r tiene toda J ~ i su vigencia : i- ja-_
t
,
La ~p , ke-ra - j~ - pi, ent r e vocales rnmienza a n
tarse su rl~saparici n: a - ta - o ; tamo1 8n ap8r8ce l
asibilac1 ..cr"J del grupo tj: to - so de tot 1os; pe - z
rJc ped ios; me - zo de meq ion º En principio d ... paJ
ora ~paree~ a menudo coma z : Zc - u- ke - si .
No aparees la contracción en encuentro d
cales .
ríl o r f o 1 o q i &lt;=!_ : a p a r 8 c e n l o s t r e s ~ ~ ,.., e l' o s n1 a s c u
t

,

1

l.

li

11 o ,

f e rn e :t i n o y r1 e u t r o ,

guler, plural y dual . El

y 1os
du~l

tr

es

n :

1

e r. o s

si

es todavía ba tant

vi~al .
•

Se usa todavía el c3so instrumental y a1gu r1 a s v e c e s e 1 c a s o a b 1 a t i v o • El
i ns t r u me n t al ti e r1
desinencia -El. y se u sa en general en plural . S
encuentra t a mbién el sufijo a~ l ativo de que se
agrega al caso acusativo: o -i - ko - de, el sufijo i
quo puede representar e l l ocativo es o .
then se encuentra usad o con nombresde lu0are
La dGclinac1ón de l us nombres se div1d8 en
•
t e n1 á t i c a y a t e m¿¡ t i. c a •
En la declinación tern~lica en vocal a lf a .Ll
mala atencJón el dual femenino en o en lugar dr
~ : to - pe - za 't'Op..-frc.o • Conviene recordar que en ~
co para el art i cL1lo dual femenino se usa a menudo
to en lug ar de ta . El genitivo plural es ao (aon),

�-

14 -

y el dativo plur a l es a - i ( a is), pr o b a bl eme nt e d e
un a i s i - a ihi . En e l p l ura l ent r e l os casos se
e n c u ent r a e l i nstrumenta l con l a des in e n c i a - p i .
Al g u nos ternas en js h an co nservado l a _jod : p o - ti ni -

' \1 La
Ja 1C o-i;

•

.
' .
o
o
mi
na
r.1
par2c8n tener el

Los masculinos en ~
vo en as y tienen el gen i tivo en 8 - 0 o
.
•
Los tt ?mas en - tienen Sl81T1pr8 e l genitivo sin
.
.
gular en 010 y el ucJtivo pl 1Jral e r1 l (o is) de un
o i s i - oil1i .
L 3 d e e l .l n a c i r1 a t o r• j t i e a s 8 p r e s 5 n t a c o r.1 o e n
griego cl , ~ico . s ~ lo algunas veces el dativo sin gular ~s en ~ en lugar de ~ ~ di - ~ · Podría pensa ~
s e e n a 1 t e r n a n c i a f o n C t i e a G r1 t r E.: f¿_/ i , e ' rn o t a in b i r n e n u n o r i y i na r i o d a t i v o ~ i q u e p o lj _ .í
h a lJ e r
dndo unas veces e otras i .
Les adieti~0s tienen las mismas caracter i sti
cas del ~ri go el ~ ic o . Los compuestos parecen
s e r d e d o s t e r rn i n t:l e i o n e s • E 1 s u f i j o e o mp o r a t i v o
usado os - jos: me - w~ - 10 y r~ - zo o
L 1s p r o no mb r e s ~ r1 a y p o e ü s o j u mp 1 os p o r 1 a s
caréCLdristicas mismas de las tabletas . Apar8ce
mi (min) encl í tico de tercera pbr~ona; pG - i (s~is):
rn e - ta - ge pe i ( P Y An 5 ·19 G te • ) ; el ciemos t r éJ ti v• l to
en las formas to - ~ , ~o - e, to - je , to - i . La forma
.
.J o - , o - p a r e e e s e r d e ¡J r o n o :n b r e r e l n t ; v o •
Numerales como palabra aislada aparecen sólo
l o s n u me r a l e s u n o y d .:&gt; s : t.. - n1 e ( e n i ) ( E b ti 9 5 ) d wo
~b338~ En composici ó n ti - ri : t i - r i- o&amp; g e - to - ru :
g e - to - ro - po - p i; we : Le - pe - za; e - ne - u10 : e - ne - Lo - p eza ; l os ord i na l es aparece n e n : p o - r o - t o y d e - ka - to .
..J

-

�- 15 V~rbo : Por el contenido mismo de las table tas se encuPntran muy pocas formas verbales . Lla ma la att::nc ~ r. la forma - si para la tercera pers_Q.
na del singular de los ti~mpos principale , y la
fo1'ma - to (toi) en lugGr de: - tai pora la ter . . era
persona singular m~dio-p~siva y - to (ntoi) en lugar d8 ntai para la ~ rcer~ plural : e - u - ke - to

(Py Eb 297, 1), di - do - to (didontoi)
(Py ~g 309,2) . No Su encuentra el uumenlo . El fu -

EUXE't"OL

turo r ~ en - ~o y - 8 - SO, E"'l ~arista es sig / ico y
as i g m' · i c o : de - k 2 - ,... '1 - to
'r rr."'Co ( J&lt; n L 6 4 1 ) , p a -

ro - kr - nG - to rra p oyÉv E~o (Py . Ad 686) . Se 8ncu~ntrLJ
tamb1 ' n el aoristo en ~: do - ke (Kn . Ws 17l 7 etc . ) .
EJ p rfccto apar8ce
Llo en forma me~ia . En Qenu ral e l modo Esoncialment~ prcse11te es el inri cati
vo; hay qui á(" unos t::jcrnp J os dL subjtJntivo y op t.§_
tivo .

El in finitivo aparco en prbsente te

i ' 1 ico~

(eon, e in
.. ) . El p~rticipio pr8senta su forma
cJ &lt; icn ya ~n la voz activa ca o en le m~dio-pasl
,,.
va : e - k o - te EXo V"'CE b ( P y • Eb 2 3 6 , 1 ) , k e - k - u - me - no
(Py . la 641,1) . El participio p~rfecto aparLC8 ~n
su forna orisinaria - wos/us: a - r~ - ru - wo - a (n u tro) 1 a - ra - ru - ja (femenino) (Kn . Ra 1548 8tc º Kn .
Sd G401) . Sb encuentran tambi~n lo s adjct1vG
v~r
•
b a l P. !=\ : e r1 - t o : a - I&lt; i - t .i - t o rr x "'C t "'C o e; ( P y • Na 9 ¿ 6 ) y
- 9 - (n

qu i

,L

o r1

t eos :

go - t

e- a

( Kn • F

3 6 3 ) ..

En los verbos contrc.ctos parece haber cierta
conf u sión entre conjugaci n teríl tica y atem~tic~ .
Pr e po s ici o n es : se encuentran : a - pi ( Óµ~ ( )
con dativo; a - pu (Ó'ITÓ &amp;8~5 ~ en i tivo; e - ne - ka con

�-

16 -

,

gen i tivo; e - pi· con dat1· vo , ku - su ( cJU 'V ) con dati vo; ~e - ta con dativo; o - pi con dativo, sobre (cf .
griego Ó'nL 9 Ev ); pa - ro con dativo , de parte de
p e - da ( µE~á ) con acusativo . Ademés otras apare .
e 8 n e·n e o mp o s i e i 6 n e e p a 1 a b r a s : a - n o , e r1 s P e - r i ,
po - si , po - ro , hu - pa : a - na - kG - e ( ~ vÓ.yE LV )- ( Py. An
21d,1) e - nL - e - si EVE LcJ t
(Py . En 609,2)~ PG - ri - me de I1fp LµÉbf)f; (Py . An 656 , 12), po - si - ke - te - r'3
(pos l k ter es) ( P y . An 61 O) , p o - r o - e - k e rcp OE X~'; ( P Y.
Ta 713 etc . ), u - pa - re - ki - r1 - ,a (Huparakria?) (Py .
0

Aa 298) .

Adverbios : En los calificativos no se en cuentra la terminación - os . El adverbio de nega ción es o- u que se escribo.unido a la palabra si ,
,
)
guientP: o - u - te - mi ou ArµLf;
(Kn . V 280 • Existe
un er11~tico o - u - ki; nnr el car ~ ter de los textos
no aparece la negacinn me .
Partículas: se encLJ~ntran: de con sionifica
_,
do adversativo : do - s - ra ma - te pa - te - de ka - ke - u la
madrE esclava pero tl padre b~n~cero; - qe encl .íti
c.
ca ( 't"E ) ; i o y .2. qui z á s ' i c o r ; o - da - a 2 (sólo
en Pilos) palabra de significado dificil: se ha
.
'
,
pensado en acercarla a au~np griego, mas r:;n algu
nos casos s~ encuentra en ol comienzo de 13 tabli
l la y el significado d~ au~np es imposiule .
Sintaxis: El c_rcicter de los textos limita
los e j e rn p l o s y l a s o b s e r v a e i o n e s •
Concordancia: un adjetivo que acompa,a un sus
tantivo en dual puede estar en o• l ural . El dual se
usa cuando se trata de un par o espec i f icad ament e
de dos objetos .

�- 17 C3sos : se encuen t ra el uso del genitivo pos~
s1vo con el verbo ser : p e - se - ro - jo e - e - si perten~
ce a Psel l os (Kn . Ai 63);el genitivo tempural con
no mb r es d e me se s ; d 1 - wi - j o - jo me - no e l me s d e Zeus
(Kr1 . Fp 51); el genitivo de me~wri&amp; : to - pe - za u - r-po - to - ja una tobla de marfil (Py . T,... 715); el datl_
'i o cJ b t i e m p o we: - t ¿ - i tu 8 - t E:: - i d s o ñ o 8 n 9 ñ o ( P y • E s
644,1); el dativu de fir. &gt; de instruínento; el Lcu
sativo d~ relaci n: tl - ri - po a - pu - ke - kn - u - me - no
ke - r~ - s2 un tr í pod e quemwdc en l as p~tas (Py . Ta
611,1); Ll acus~tivo de tismpo : ka - ke - we a2 - te - r o
we - to di - do - si los herreros contribuyen el año
p

L,

&gt;- i

íll o

( p y • ~18 3 6 5 ) •

Verbo : Se encu~r1tra en gcnurol el presente .
El aoristo parece usado para indicar el simple
proceso verbnl . En Py . Ep 704 , 5 parece haber una
construcción de acusativo con infi nitivo .
Colocación de las p2labrab: El adjetivo en
gensr3l precede Al nombre, igualmente el qsn1tivo
atributivo; también l a preposición precede el no~
bre; p~rece haber un caso de t~esi en Py . A¿ 134 .
L::.!s orncionF
coordin .. d:is est ~ r unidas con d8 .
Fcrmoc_ón d~ J os p 2 l obras : 18 desinencia m s
r. o 1111.J r es - e u s en no rn b res p ro o i os c o rr1 o en nombres
de oficios o carqos; el fem8nino es ~ - ~i - J ; p8ra
indicar la posesión aparece 21 sufijo indu~urope o
- went que se une al tema sin vocal tem ~ Lic o ~ Pa r a
el adjetivo cJe materia se usa el sufijo - i - jo ,
- e - io : wi - r 1 - ni - ,Jo , wi - ri - nL - jo ..
El gri e g o mi c é nico y los otro~ di~lectos griegos
1

C'

El r~ p id o r esumen fo n~ t i co - gramatica l re~ li ­
z a do ha mos tr a do pocas var i a n tes en relac i ó n a l

�-

18 -

griego conocido a trav¿s de sus diferentes dialec
tos . En r e8 lid ad l as va~iant~s d el micénic o en cuentran paralelos o reflejo s en .uno u otro dia l ecto de l a époc a el sica . Como a nunciar on d esde
un prirner momento Ve1tris y Chadwick l as relacio nes se presentan mayormentu cnn el dialecto arca d i 6 - c 11 i p r i o t s 1 p e r o h a y t a mb i ' n r e 1 a e i o n e s e o n e l
grupo Jónico - ático y con el ólico .
Chantrnine en el sugundo cap í tulo de la nueva
edición de su Trsii~ de morphnlogie qrGcque 5 en un
int~nto de def~nici n del mi~ ' ico entrE lJS dia lectos de la esfera helénica lo hace remontar a
una ev~ntual unidad primitiva rlR dial~ctos meri dionales: arcadio - chipriota y A ico - ético, ba /~
dns~ cSGncialment8 ~r obserV3Cion~s d~ car~cter fo
n~lico . Gallavotti pcr el contrario y con :1 Rui perez1 Tovar y Palme1 sigue sJstoniendo que el mi
c ~ nico documenta més biLn una unidad arcadio - chi arte .
priota y ~ólico d~l
. , .
CaracterIEticas comunLs entre ul ffil ~ lCO y
.
8stos tres ~rupos die lectalt.;;s:
- ~ntre ~l rnicénico ul arcadio - chipriota , ~1 jóni
co-~tico y sl 8ólico septentrional: asibildción
de ti en si : ..Q.!l ti o n ~l.: ar e " e k t1 o ns i , les b. ekhois i,
jon - at . ekhousi, mir ~ - ka - si, Futuro en - so fren
te a - seo de los diuiectos occidentales .
- e n t r e el mi r / r1 i e o e l a r e a d i o - c h i p r i o ta y e 1 e ó lico: .Q! inicial en lugar de Q, ptolemo s por póle.~q_~ ; u so d e 1 a p r e p o s i c i 6 n _? p u , q u e a h o r a p a r e e e
ser una palabra separada de apo; uso de la prepo~
e i 6 n pe da ; E que ·1a 1 te r.na. . e o h_ •-a ·-a n t e ~. . . . o ( t d ~ s - - '
Pu é s de !._ : mi e . to - pe - z a ( torpe z a )

�•

-

,

19 -

,

a r e . 't'E rcop't'oc:; , e ól . Q'rc p orco~ •
- Gnt re e l mi c ón ico e l arcadio - chipriota y el jónl
co - j tico : l a as i bilac i6 n simple no geminada d81
grupo t y : to t jos da tos re en 1 os t r os di a 1 e c tos ;
u
la conjunción O't'E con dent a l y e p s il o n fina: e n
~u~ar de orr;a 7 o x a de los otros d ial uctos .
- ~nt18 mic(nico y arcadio - ct1ipriot : d~binencia
de tercar~ p orso na singular modio - pasiva de los
tiempos princioales: to (toi) ; l ~ prepo s i Lión po s i quJ podr í a sB r un estao i o previo de la pr8posi
c ~ r~ p o s e n 3 r r 2l rl i o - c h i p r i o t a • E l u s o e !1 mi e é n i e o
de la prcoosiciór pu - ro con dativo con significa d o d o s d ~ , q u E, p o d r f G e o mp e r a r s e c o n e l 1J so d 8 a p u
con dltivo en a rc ad io - chipriot a .
Bowra y Georgiev e n base 8 estas i ?oglosJs
sugieren que el mi Gnico qui~~c constituyera un
grtJpo dialectal uniforme con ~ 1 arcad i o - ch ip r iota .
En las obsPrvaciones f on ~ t i cas hemos mcncjo r1arlo la forrnacinr de e sn lug . . r da~ con LJra E_, ft] .é
m~ n o c o rn ú n a 1 mi e (· r1 i c o a r e a d i o - c h i p r i o t a
ó l .... c o •
P a 1 rn e r b a s ,,, d o s e t:! s e n c i a l me n t e s n e s t e o r o c G s o sub
raya la di f1:;r8ncia t::ntrt;:; micénico y
~ 11ico - 'fi t ico
y nota que a l tratamiento de las son a n t G s i r1 a i ca r i a q LI t.: l os d o s d i a 1 e e t o s se 11 a b r l a n s 8 p a r a d o y a
en ti~mpos micLnicos . Por e l contrario recuerda
que el dual en omega para lo s temas en ~ ene ~n ­
tra su equ i va l ente s ó lo en Hes í odo x a~ u~aµÉvro ;
p odr í a sin embargo recordarse que en ático e l ar ,
t í c ul o feme nin o dua l es tamb i én rcro. Concluye sos t e ni e nd o qu e , mi e n t r as las r e l acio n es con e l arca
di o - chipriot a se r e fi e r e n má s bi en a inn ovac i ones,
~,

~

t...

1

...J

�-

20 -

l as i sog l osas con e l eó l ico septentr i ona l demu~s ­
tran un origen com ún, es decir una u n ión mic s nicobó l ica , micénico - aquea . Seg ú n él , por lo tento,la
l e ctura de las tabl Etas mic:1icas apoya l a vi e j a
t eor í a d e la a f inid 2d de Tes3lia y Beocia co n e l
P e l opo n es ~ micénico

(9) .

Sin bmbargo l as isoglosas ontrc el a r cadio c 11 i p r i o t a y e l j ó n i c o - á r i c o , t o d a s 1.:: 11 a s d e i mp o .E.
t~ncia (1Ll) y l a considerac1f1 que las diferencias
e ntr e 3ónico - 3tico y arcadio - chipriota parGcen d~
e n mu e h o s e a s o s. a i r i no v éJ e i o n c.; s

suf r i das

ber

!==\

el

J ~r1ic o en ([. oca posterior en su contacto con

•

p or

l os diaioctos occidentales ,

sugerir í an una unidad
jónico - ática - 8rcadio - chipriota (11) . De la t:li ' e (9) ibidLlm p . 64 .
( 1 O ) t j :i t h j da ero, to t j o , m~ d h jo , p r o.t jo dan
I
I
I
~cero ~, µ~ao~9 npocro frente a ~ lico ~6aao~, infinl

i ~ n • y a re - c h i p • , f r en t 8 a
l .• - µEVC L ' - l.lEV ; cong . - 1,, 8n jón . y are . chip . ,
,
,
frente a l "' i . a L; par 1 uln rrv en j n .. y are . chip .
~ J .. i&lt;.E s ad v e-r b i o O't"E en j 6 n • y
1 r c • chip .
fre11te a
f rent(j CJ ·.:ól . O't"a, o xa ; conjunci n r¡;e un jón . •'t"(,E
,, ,
' ,
e r1 ar e •
TLE
en °ó1 •. - E Lp. L
j ó r1 . , - riµ L &lt;l r c • eh i . ,
€µµ 1, ' 1 . ~ ~O\~A. ~µrr l
jón . , ~Ó),oµa 1,
ar.e . chip . ,
~ ÓA.A. - l ' b i e o ~ ~ ÉA "- t e s á l i e o o e e • , ~E (A. - b e o e i o •
(11) vúase W. Porzig , S pr achgeogra ph i scho Un t o r s u e 11 u r1 g a n z u d e n a l t g r i e eh i s e t l e n Oi a l e k t 8 n ,
Indog erma ni s chen Forchungen LXI 1 954 , p . 1 47 - 69;
E. Risch, Die Cliederung d e r gri ec hisch e n Dialekten
in neuer Sicht, en Language and Background of Homer
ed . G. S . Kirk , Cambridge 1964 , p . 91 - 105 .
t

i \1 o a e t i v o - va

L

en

L

V

()

V

�-

21 -

s i s d e e s t a u n i d a d y d el h e r h o q u e e l mi c é n i c o ~ r1::
se nt a formas que só l o tienen rel ac ión con el arca
dio - chipriota se podr i a llegar en cierto sentido
a l a hi~1i4tesis de una unidad JÓnico - arcadi.o - rnic(nica . Podrían ser l os jonios una ram o de lo~ mice
nios- Chaduick recuerda que los libros bíblicos
llaman 1avan jonios a los habitantes de Rodas ,
Pamf iii a y Chipre , y no a los habitantes d~ la co_
ta de Asia menor , l a Jonia histórica; lo mismo ap_
rece en sus formas variontes en los textos uuar!ticos , asirios y viejo - persas . En ~µoca hist~ric a
estas tierras no fu~ron jonias , sino que fueron
colonias dorias (12) . El nombre de jonios podría
hab8r ll&amp;gado a Canaan con nnt~rioridad, en épocA
1n i c 8 n i e 1 , c o mo n o mb r e d e a q u e l g r u p o é t n i c o l u e
nosotros ll amamos micénicos . Podría recordarse
con Chadwick que la palabra i-j a - wo - ne apa rece on
una tablilla de Cnosos (X 146) . Pero no hay que
o lvid a r que Homero conoce para los micenios -1
nombr8 de Aqueos , y qu~ el mismo nombre probcible mentL se l8e en los textos Hititas .
Uui ~ en base a la constatación de las
isoqlo sas que unen los cuatro grupos dialectal~s :
mir ' nico, a rcadio-chipri ota , JÓnico - ¿iico, eólico~
y el hecho de que el arcadio - chipriota f ua } es
considerado en general un dialecto de l a esfera

(12) Chadwick, Thu Greek Dialects and Greek
pr e hi sto ry, 8n Language and Background of Homer
ed . G. S . Kirk , Cambridge 1964 , p . 106 - 118 .

�- 22 eó lica (13),
se pueda pe nsar en un a unidad dia l 8cta l del Pelopo n eso y de la Tesalia que ser i a
f ormad3 por los dialectos qua en (poca histórica
co n oc8mos como jónico-ático? arcadio - chipriot~ y
eólico . El arcadio - c1 ipriota, alejado de l es in fluencias occidentales repres8ntaria Gn época h:~
t 6 r i c a e l r e s to d e e s t a u n i d 2 d d j_ a l s c t a 1 q L1e t i ~
.
.
ne su docurn8ntaci~n orehistórica en el m1cen1co .
;

'

Las dif~rencias dialectales sé habr i _n Cf'88dO
más bien por innovaciones reaiizsdas por uno u
otro dialecto en ~~oca hi~~jr;ca por influencia
de lo s dialectos occidentales y por l a evolución
natural de cada grupo en su nueva sude his~~rica .

Las t abletas r icénicas en linea.: 8
y los poamas hom8ricos
Los poem2s ho1{~icn~ y os hallazqos
arqu~ l"í1icos dG .:r:-0c , micénica .
-------Cuando Schliernarin dn 1876 y Sir Arthur Evans
en el comienzo de este siglo róalizaron los pri me ros hallazgos arqueológicos 8n la localidad dü
l a antigua Micenas , Sd inició una nueva f dse en
(13) " El arcad io sería un dialecto del grupo
ir1vasor " eolio " que antes dt3 la disgregación es~
b a p r ó &gt; i mo a l j ó n i c o " m• S • R u i p e r e z , s 0 b r e 1 a p r e h is to ria de los dialectos qriegos, Emerita 1953,
p . 256 .

�- 23 l os esturlins de l a historia de l a época predórica
e n l a p e n i r1su l a b a l e á n i e a y e n l a s i s l a s d e l Eg e o.
Hab í a quedGdo comprobAd a la ex is te ncia de una civi
l ización que f lor ec _~ o n Creta y en el sur de Gro
e i 8 e r1 t r e 1 4 OO- 1 2 OO a • e • e • y q u t:: , d l no rn lJ r c.; e .
1 a e i u d n d d e ~1 i e e n a s

f u u .1 l a ma d e mi r ' ri i e a •

Las excavaciones r8alizadas durante los 'l ti
mas s e s8nta años han acumu l ado una cantidad con siderab l ~ de mñte ri
. a l quB permil8 ruconstruir cs t s e i v i l i z a e i "" r e n s LJ s r ' l t i p 1 e s a s pe e t o s • L o s rv.§.
tos de l os palacios de Cnosos, Micenas , Corinto,
Tirint o , Pilo s , TGbas, l as tumbas, l os frescos,la
alfarer í a , los sellos , l as j oyas , l os utGnsilios,
l s a r mas , l as t8blillas an lin 8a l B, constituywn
todos y cada uno sE:: iJur o&amp; comprobc.,¡ntes p Jru une. r u
constrL1cciún s i s t e:rr "' tica .
El

e s t u d i o d l.:! l

ri1 a

t ur i al

e: r1

eo n t r a do r

8

vP l ó

d G ~ d G u n r:&gt;r i mP r rn o me n t o u na tJ v i d e n t e r e 1 º e l &lt; n e 1n
1 civilizaci ' n descrito en los p08ffi8S ha "' ic JS .
Alaun ~ estudiosos entusi sm dos por los primeros
y m s fLciles pa1 l l os , lleguron ~ afirmar sin
n1ngun comprnb~ci~~ qu~ los po5mas ho "'-i~os son
l
cont inu e _ '
de una poesía micé.nic . Otros , más
rir ud ntus, Sb limi taron u r1cc~r lqun s cump r cioncs ~ntre ~l material encontrado y ~scenas 1es
critas b n l a Iliada y en l a Odisea (1) .

(1) La descripción del palacio de Odisea fu e
comparada con la planta de l os palacios hallados
en Mi cenas y Tirinto; la descripción del bañó d e
Od i sea en su casa en Itaca fue acercada al peque -

�-

2L~

-

En el momento en que par~c ió ev ident e que , en
m8 y 0 r 0 me n o r rn e d i da , la s o e i e d a d h o mé r i e a r ef l e ja l a civilización micénica , s u r g i e r o n i n E v i tab l es
interrogant8s . Si los Aqueos de la Iliada y de la
Odisea pose í an una cjvilización micénica lesta c1
vilizac16n fue de qentb ~riega? , es decir lflore c1ó una civiliznción griega en la isla de CretQ,
t: 11 e 1 P e 1 o p o n e s u ,
e n p n r t e d e As i a ~1 e n o r , e n C11 i pre en l os siglos XV - XIII a . e . e . ? 6L~s 2venturas
de los rey~s d8 esto ci.vilizDción tuvieron reflG •
jo en una poesia micénic~?
M. P . Nilsson en sus obras sobre la mitolog í a
griega y la relig1~'1 minoico - íili~ ~rica (2) pubii cadas antes del desciframi8nto de la lin~~l B,
compara dif ~rentes sspectos roiigiosos d~ lus po~
mas ho1nér1cos con ll.l relig1fr micér1ica , teniendo
Firme conviccién de que "l os micenios fuc::ron in mi g r a n t e s g r i E g os~- ( 3 ) , y s o s t o n i en do q u e l a m1 tologfa griega tiene sus orígenes en épocn micé -

-n o

•

u l. (;

í

.

~

,. 1

J

...

11 '

grupo de barrn encontrado en Chipre en una tu~
ba d.;¡• Sp oca mi. rica, en el cual se ve a una mu jer que baña 8 un hombr2 sentado en una bañera;
la descripción de la Laz~ del j·~boli relatada en
Odisea, con los fresLos de Tlrintu bn los cuales'
se ve cla~amente una escena de caza al jabalí .
(2) The Minoan - Mycenaean,Religion, Lund 1Q50;
Th 8 fi1 Ye e n éJ 6 a n o r i g i n o f Cr e e l&lt; my t h o 1 o g_y, 8 e r k e l e Y
1932 .
L

•

( 3 ) Ni l s son , The my e •

0

r • of e r • my t h • p . 2 O.

·~ 1 j

�-

25 -

ni ca , pero no es minoica (4) . En este mismo sentí
do ha const i tuidoe un aporte valioso el libro de
Miss Lor i m r, Homer and the Monuments en el cual
aparrr.P. una lista complet8 de ln~ monumen~os ar qu o l ' ,icos micénicos En relac1 "' n con los ot;ma
h méricos .
Cuando por fin ,
tr
del d~scifr mient
du V~ntris en 19S2 y del estudio posterior , qu~
aceptado por la mayorí~ d~ los 8specialist s qu
l s t a b l i 11 s e n l i ne a l 8 e s t á 11 e s c r i t a s e n i J i ma griego , l
hi ' esis rl~ que 1- civiliz ción .1
c¿nic fue ur1a c1vJliz c '
de gent ' grlsg~, r8C!
bió la mejor comprobación : l
lingüística .
Una VL.Z comprobada l
gracid d dG los mic nios s~ plantearon nufuvos p1oblemas . Las e&gt;~uva ­
ciones han revel do claras relaciones untre l
i
vilizac~~n micénic~ y los p
mas homCrJc ~, 61
lüctur d[ lJ5 t bletas compruab
s
s r l
i nus? , ¿ ugi ro 1 ~xistenci- d8 un~ poBsi micér
c escrit , l
cual, trnsmitid en lguna fn1m
dur nte l períod~ de l
ed d media gri~g , h ~i
brind d m terial
enci 1
los poGm
homéric

min . myc . rel . p . 27 . ~o tuvioron igu lment8 1 gr cid· d do los miceni s
Scott, Glotz , Sever.yns 1 Bowra , 08 Sanctis , Patr n i y otros .
(4) Nilsson, Th

�- 26· -

Civiliz3ción miL8nica y civil i zaci6r
d~ los poem as ho•~ric s
El car~cter adm ini strat ivo d e l as tablillas
limit a e l campo de como2raci/n; sin emba rg o as PQ
sib l e hacer algunas observaciones acerca de l arde
na mi e n t o s o e i a l
d e l a o r g a n j_ z~ e - 6 r r e l i g i o s a , de
l a vida diaria y mil it ar .
j

Ordenamiento soc i al .
En la cumbre del orden~miento social adminis
trntivo parece encontrarse el wanax (a" v~t ) , un
jefe supremo y único con funciones civiles y reli
glosas a un tiempo (5), probablemente fue limitado en sus poderes por Lna aristJcracia guerrura y
campesina . Lo segui~ i a en el canpo administr tivo
1
OJ -

~ .... - ~ .,... ~ .

t' ...

~

.............

I

u

,

0. ~· - • \
, ...

v..... \; ' .......

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" ¡ )

u

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pu y U L

,_1 U.
1

. 1,.. =::; .L, L.l L d ,

Jo

.J. ,

U

1 1c.l

- feuoaJ con funciones inspec'ivas .
especie de .;ur1or
de él depend~ria u n e o r . s e j o d ~ J n c i a n o s i,, e r o i j a
(yepoucr {a ) (6) .
La clast:- m~s impar t nte y r1é5s cvi:can8 a_ wnnax
(5) L.R.Palm2r, Myc_nGE8n
E_ylos, Tr ... 1s Philcl S:&gt;c . 19
Early Cr.Gek i'eli4ion in ti,

TE. x t::; .f ro rn

37; ill . ,( . e . i..uthri~,
Jiqht of' tt1e Decipr1rE;,....,

1

e

~-----~...;...._;..

____

_;_

mBnt of Lin8~r Bj ~ulJ or,... lnst. of Class . Stud .
London 1959, Pe 42· J~ Puhvel~ ~1el ladic 1-&lt;inqshie_
--------and the Cods, M~noica 19SO, ¡J . 3 3 1 , G • Pugliese
Cª r =- ª t 8 11 i s As p 8 t t i G _,p r o b l e mi a e l l o 111 o na r e ¡ , i a

_______

::;;..,.::._::_;~___.:.:..:....:;.~~---

------ ~

1-

-

r

....

.

(6) Py., An 261 .

•

1 )

•

IJ

�-

27 -

ser í a l a clase guerrera con su jefe el r awa qeta y
sus dignatarios militares los egetai (7) .
Parece haber existido tamb ¿n un a clase sa cerdotal formada por varios funcion arios del cul to de difer~nt~ importancia, desde el sacerJote
l j8r-_J¿ o sac'rdotisa i iere j a a lo s s i 8rvos o sie~
vas d~ la divinidad teoin doeroi(ai) . Los 88CLrd~
t8s pnrecen cumplir ado ,~ actividad de ordun ec
nómico, reciben t8rrenos, se dedican a la agricul
tura , crian rebaños y poseen esc l avos .
Se encontraría por fin l~ clase productora ,
81 d8mo ( ó~µo~); parec~rian participar de ~lla
los tereta y los kotonooko (8); completaría e l
cuadro la clase de esclavos propinmente dichos
doero ( bo~o l ) .
La sociedad hon~rice presenta una organiza ción perecida .
Agamemnón es jefe supr&amp;mo de los griegos reu
.
,,
r1 i d o s EJ n T r o y a , tiene el ti tul o de rrva~
y es por
" v a t; ~ v b v
e x c e J e n e l. 2' rJ.
( 9 ) , d e ' l d e p t:: n ci e n t o d os

pro

(7) J . Chadwick, Documents in Mycen aeen Gre ek 9
p . 1 2 O- 1 2 1 ; P a l me r , Ae t1 a e a fi s a n d I n d o 8 u r o p e n s
Oxford 1955 , p . 20 - 21 , considero qu8 l a pelabro
,
.
,,
eqeta E1CE1:-fl~ es el equivalente de c'ra t po~
.amé rico , compañero del rey .
( 8 ) F • R • Ad r a d os 7 E rn t:i r i t a ·1 9 6 1 p • 7 7 - 7 8 , 1 1 4 ;
U. Lejeune, Pr~tr8s et pr~trRsses dans les docu rn en t s my c e ni e n s , H o mrn a g e s ..... G • Ou me z i l 1 9 6 O , p • 1 3 9 •
(9) Il . 1,4 42; Od . 11,397 .
u

~

•

1

�- 28 -

l os d e má s j e f es y reyes .
( 10 )
es
"
rey
sobr
e
todos
l
os
f
eaci
as
'
·
'
A1 c ·Í n o o que
ti ene un conse j o Formado por no bl es ~a~ tA~nG ( 11 ) '
y él- rn i -smo 8c l are a Ul ises " 1 2 no bl es reyes
( ~aa LAE LG ) gob i Lrn3n 13 t i erra y yo soy s l déc i mo
t ..Jrcero " ( 12) . La acl3ración de Alc i noo resulta
muy interesa~te porque se agrega a otros d~tns que
hacen del país de los feacios una corte micénica .
En cunnto al dobl8 aspecto civil y religioso
del

ui 2 n a x mi c ~ n i c ...., ,

~ s o p o r t u r1 o r e e o r d a r

q u e Ag a -

rnemn ~ n

cumple tamui~r func1onbs religiosas y,.. que
AreL~ ' muj8r de Alcinoo , llev~ ~1 titulo dea vaa aa
y " se sienta en el trono como un i n morr.211 11 (13) .
En los tablillas se encu8ntra la palabra
temeno , que indica le. tierra ~n poses..1..rLr1 dc.l war1wX
y del jefe de armada 31 rawageta .
En bpoca cljsica el témenos es 'solamente un
territorio sacro qu~ ~~rtRnecE al santuarin o al
temp l o. En los poemas ho ·' 1iccs poseen un t¿~enos
Belerofor1te, ITTeleagro , Glauco, Enb~s, Ulis~~ y A
l
cinoo (14) . Todos ~stos persorajes ti~nen varias
c~r8cterísticas de re¡es micénicos; el tÉm~nos es
un~ de 8llas . Webst~r sugiore quu l
posesión del
r.1 en os ser í 8 Ll n a s p e to q u , junto con l&lt;l gxpre .L.

,

t;;

(10) Od . 7 , 10 - 11 .
(11) Od . 6 . 54 .
(12) Od . 8 , 390 .
(13) Od . 6 , 305 .
( 1 4) 11 .

6 , 194; 9 , 578 ; 12 , 313 ; 20 ,1 84 ; Od . 6 ,

293; 11 , 185 .

�- 29 -

.

e o 111..:· tJ n ~n morta l ,
un
d
i
os
,
-------l~ s ooemas hom ~r ico~ desde la época
rni c {ni ca , r ecordar í an e l d O b 1 5 C ;:1 r ' t ~ r 8 r C Í V Í 1 - r 8 1 i g i o s o d e l o s r e y e s mi l ' r i e o s ( 1_~-' ~ •
• •
En \1an i as t..abl j J J.as1 .ss ·en e u vn tra la pa J. cibra ow, J. g un a ve z
p r e c e el .i. d 8 d e u n n :J ru b r e e n g 8 r1 i L i v e:. ; .... e l .rn í) t: n 1 a s e
rie de carros y equipos mi l ii~res (16) . Lo inter p r eta e i 6 n más a c.- r) ta da es le. d E. l.t. .i. ::&gt;u r
d 8 bid o a 1
...
•
&gt;
I
'
I
serio!_ , se re l ac1L1nRr í a con O'i :.rf.(1)\1 9 o n:n ~o~
. Par ti~ndo de ~sta int-1·pretac1 / r1 pd:Bcer í a que en la
~ac1edad mi cénica algunos ciudadanos deb í an ~opo
ci.ornaraU. j~ f e Cdrros , caba l los , corazas , espades ,
ov8jas e t c .
Esta costumbrP. aparece también en los poemas
homdricos . Agumumn ' r prum&lt;;.;;lw u Aquiles " sit;;t r:; ciu
da d e s p o b l a d a s d b h o n1 b r e s r i c o s e n g a na d o y e n b ur::
yes , que l e honrar¿n con ofrendas como a un[ dei d d y pagar / n , regidos por su cetro , crecidos tri
b u t o s " ( 1 7 ) • E l c r e Le n s e 01 e r i o n e s e s o nao v
de
,
ldomeneo (18) y tiene como onarov ~ Koiranos (18),
, .
, ,
F en 1 x es onao)v
de Pe l eo (19) . Adem ~ s parec8r f a
qua l a participación de los jefes aqueos en la gu~
rr.a de T ro y s fut::ra par te de su dlligaci6n lrnher ente al

s ión " div i no " ,
tr ~s miti cJ as a

c urr10

?

1

)

I

)

sc ·1·\li r. i o tlljJit.@:r:: ELJquenor de Corinto parte para Trl_
ya

p e r a n o pagar los p8sados t r ibutos que l
(1 ~ ) E . We b s t c:r ,

La Gr ece de nlyc ~ nes
Pa ri s p . 11 5 .

(16) Kn . Sd , Sf , So .
(17) 11 . 9 , 159 sg s .
( 18) 11 . 7 ,1 65 .
( 1 9)

Il .

·1? , 6 1 0 .

a

impQ
Ho11 ~ r~,

�-

30 y Equepo l o de S ici ón r egala

ní 2 n l s Aqueos (20 ) ,
a Agamem nón u n caba ll o pa r a n o i r a l ~ gue rr a (21).
La soc i edad de l as tab l i l las está compuesta
por trabajadores l i bres , artesanos de impor t ancia
como el kakcu ( xa~ x EÚb ) broncista , los kurew2 ,
artesanos d81 cu er o (22) , los keramewe ( x spa µ s C~
alfar~ros , el. amote r e constructo r de car r os o de
.
rueda~ , el tGruno~oko constructor de sil l a (?) , el
tokodomo (~0 L x0b 6µeb ) constructor albaRil,
el
,,
tokosowoko ('"CO~O~O L Os.) cnnstructor de arc-s , el
I
kurusuwoko (xpucrou py 0~ ) o r febre , el rapte sastre ,
~1

.

(

sitowo~o medidor

Ó:prcoxÓ'J(O~

ce

trigo (?) , el atopo~o
) panadero etc .. En:r- los _trabajadores
I

del campo f .rqctran el pome (1CO .priv ) pastor
a i k i p ! t 'J . ( r1 Í. y t ~ ')re o b
e a b r e r o , e l. o u r u t o mu

el

considerable de esclavos , esencialmente mujeres
que desernpeRan difércntc:?s ofirios . Según C11adwick(L3)
sólo &amp;n la serie Aa oe Pilos ~e encuentran 631 mu j e r e s , 3 7 6 mu c h a e ha s , 1 4 9 mu e ~.a e h o s c o n u n t o ta 1
de 709 p~rsonas dSclevas º Los oficios qus parecen
desarrollar en el palacio son: rewotorol&lt;owo
( A.os'"Cpoxóob) que atienden al baño , meratiri ja que:
muelen el trigo , pekitira cardadoras , apukowoko
)
I
que h acen diademas ,
rakateja ( ~~ax~~~) hilande ras .

Il ~
13 , 666 - 6700
(20) --•
( 21 ) 11 . 23 , 297 ..

•

m.

Lejeune , Mémoire de philoloqie myce n i e n n e , o • 6 5 - 9 1 : L a s l a b l 1 l I a s p i I 1 a s ae 1a serie 111 a •
(23) Des . p . 155 sgs .
·
.

(22)

•

•

�- 31 Cuando en los poemas homéricos se lee de la
v id a int erna del palacio, ya sea en J.a casa de
Priamo como en la de Alc í noo , de Ulises , de Menelao, de Néstor , aparecen mujeres esclavas , prisi_
ner ,que tr b jan lo lana, pisan 1 trigo,
~1ep
.
r3n l baño a los hufspedes . L~s esclavas de And
macn calient:in el agu para el baño de Héctor mir
tr s él mu~re b j
los muros de Troya; Euricl~~
bana al huésped y descubre en el muslo la cicstri
r~veladora de la identidad de Ulises (24) .
OrganizacJ 'r religiosa
Algunas tobletBs de Pilos , especialmente Tn
316 , hacen suponer la existencia de santuarios,si
no de tRmplos que, también por las excavaciones
a rqu eo l6 yicas, parecen no haber existido en époc
.
.
mi C8r11 ca .
Los datos que ofrecen l as tablillas acerca
dB lJ organización rwligiosa son pocos . Se nombra
sac8 dotes y sacerdotisas, y di ferent s ca1 gas qLJ
parecen tener relación con el servicio del santu_
rio
o ~ dakoro (~a xóp ob) (25), karawiooro
(x). af Ccp ) p o b ) e u s to de de la s pu e r. tas ., proba tJ 1 eme !J.
te un~ administradora del santuario,
j erowol&lt;o
( t EpoFópyob)
sac rdole encargado de los sacrifi•
/

(24) Oci . 19,386 sgs .
(25) J . P . Olivier, A propos d ' une li ste de
desservants de sanctuaire dans les documents en
linéoir e 8 de Pylos, Bruxelles 1960, interpreta
" e l que lirnp .ia el santuario " .

�- 32 - .
c i os , uorok ij one j o ( ÓpyE tC.ÚVE&lt;; ) p e r so n as q ,ue. p r e s i d f an l os cu l tos comu n8 l es , p uka~o ( ~upx o oc; )cu~
dado r de l fuego sacro (26) . A e ll o v se ~g r ega un a
la r ga l ista de teojo doe r o ( 9Eo t o bo ü'A. o t ) t eojo
doera (8so t o oo UA.a t ) siervos y siarvas de la di vinidad , clase probabiemente no servil , sino de
ciud8danos libres que consagraban su v i da úl s&amp;rvi
cio del templo (27) . ParLce que Gn Pilos los tri (26) Son estos lns oficios que han podido t~
n e r u na i n t e; r p r e ta c n 1n á s c 1 o r e ; e x i s t e n mu ch os
otros cuya identificaci ~ n todovfa es dudosa . cf .
Olivier ob . cit .
(27) Se h2 discutido mucho ac8rca de 8sta ca
tegoria . En general i )y tendencia a no ver en el l os
una close da esclavos propiamente dichos . Tsnien do presente 1 8 costumbre oriental en la cu3l e l
•
rey mismo era llamcdo siervo de Dios s y conside rando que 1'3 palabra servir er1 semitico tie11e es t r e c 110 r e 1 a c i ó n c o n r:: 1 c u l to e: n l o s s a n t u a r i os y
en los templos, en cuanto servicio divino , se ha
visto en esta c8tegoria una clase de hombres y mg
jeres libres que tenían corno oficio el de servir
a Dios (v . Guthrie en Bull . of Class . Inst . Lon don 1959 p . 35 - 46; N' stor, oct . 1959 p . 73 - 74; L ~
~ i a , rn i no s 1 9 5 7 p • 4 ·1 - 5 2 ; P e l me r , T r a ns . o f t h e
Phil . Soc . 1958, p . 1- 35; Stella, Numen V, 1958 p .
18 - 57; Tr i t sch , Minoica 1958,p . 406 - 449) . En con s i d e r a e i 6 n d e 1 a d o b 1 e c a l i da d d e 1 w·a na x A • T o v '"' r
ha i nterpretado la pa l abra teojo como wanax , da n do a la expresión el signif i cado de s i e r vos de l
.1..

'

�-

33 -

but os para lo s santuarios consistieron en trigo,
vino , queso, miel , har in a , aceite , diferentes ani
males domésticos~ Algunos estudiosos han visto en
l a tableta Tn31 6 referencia a sacrificios humanos
•
donde.; se le . . " una mujer para Pere82 , una r UJer
•
poro diu j o , un h rnbre para Hermas , un hombre p&lt;:!t
Zcus , und mujer fJara Hera , una mujer para Potni -,
una rnujer para Mnasa (?), una mujer para Posidae::ií:J.
P o d r í n t r a t g r s e s e r1 e i 11 a me n t e d e p e r so na s o f r e e l d o s a l s e r v i r. i o t l el s a n tu a r. i o. e o rn o e s c l a va s •
El pant ór de l s toblet s resulto .hasta el
momGnto compuesto de las s~guientes divinidades~
Zeus , Hera , Aten ea , Poseidón , Hermes , Artemisa,
D e rn t t 3 r , Oi o n i s o ( ? ) , [ f e s t os ( ? ) , Ar e s ( ? ) , E 1 e u thi-.. , lp8rión , Ifi1neoe1a , iJos1deia , Potniz- , Sele110, Zagreus , Céfiro . No ao~recPn ep ít P n~
ólo
Atenea en una tableta de Cnosns (V52) ~ qt ~ r~ po'
, J
'
t ir1ija que recuerda la expresiór 'JtOrcv
t\0riv r lfl
1

de

~tornero .

•

La palsbra potini.ia aparece varias vec s en

documentos de Pilos y Cnosos como nombre propio
de divinidad . Podría sugerirse que ,. puesto que el
.
nürnbr~ de Atenea aperece una sola vez, la palabr
p ot inij e a l indicar una divinidad, o l a divinidc:d
por antonomasia , podr i a roferirse a Atene a .

s u p r e rn o (Talleres y ofic i os en el pal2cio de
Pylos: teojo do e ro - r a d om é stico / d del rey , Min os
1961 , VII p . 1 01 - 1 22) .
jefe

1

�-

34 -

En base a l a estad í st i ca de frecuenc i a de l os
nombres de las diferentes div ini dades y de l os t ri
butos que se le deben u ofrecen se podr í a deduci r
que la divinidad más importante en Pilos es Posei
dón, el cual se encuLntr8 nombrado por lo menos
once vec 8s en Pilos , tres veces en Cnosos , una con
el nombre de Enosidaon, y ti e ne en Pilos un san tuario .
No hay duda que en la Od isea Po se1dón cumple
un pepel más importante que Zeus, el cual aoarece
como una divinidad de segundo plano , dbJando las
decisiones e Atenea , que tiene en la DdisEa muchas
de las c~racter í sticas de la Potnia meditar~áne8 .
E 1 pan t c. ó n de 1 a Odi s E? a , c o mo su g i e r ~ P a t r on i ( 2 8 ),
poorfa indicar un per 1 ooo de transición entre la
r e 1 i g 1 n n m i. n o i c a 5 p n : ? c Ll a l p r e d o mi n 6 u n ~ di o s :!
madre y la religión griega . Poseidóns como esposo
de la tierra (29) , se reiacionaríndirectamente con
(28) Commenti ~editerranei all ' Odissea di
omero ' íf: i la n ()" .1g5 e.

(29) 'ITÓCi t {; Yti
según la etimolo .f. .... sugt::rida
por Kretschmer y generalmente aceptada . A. Haubeck ,
P ose1~~n , Indog . Forsch . LXIV 1959 , p . 225 - 240 , en
base a la ausencia del digama en Posidaijo , nom bre con sufijo - i,Jo sobre un tema consGnántico ,
piensa en una etimolog i a ~if~rente . La primera
,
parte recordaría 'ITO' ~~o~ na~O{;
l a segunda perten~
cerfa a l a familia de Ebá~ v . y signifi~ar i a el tQ
~o: experto en los cam ino s del mar .

�- 35 l a r e li g ión min o i ca . Las tablillas parecen confi~
ma r e l pa pe l secu ndario de Zbus frente a las divi
ni dades feme n inas . Sin embargo en Cnosos un nom b r e de mes deriva de su nombr e : diwijojo , como t~_
b i ~n el

n o ni b r e d e u n s a n t u a r i o d i u j o

( 3O) •

d8 r j s

on Cnosos es nombrado un Zeus Diktaion (31) y t,:;n
Pi l os u n Ze u s Drimio (32) .
A r ~s no apnrece con su nombre, probablement ~
se Gncuent r a en Cnosos y e11 Pil os con e l nombre
de Enialo (33) . E~la !l i a da Meriones cretense os p a
recido a Enialn (34) . Apolo tampoc o dparece con
s u n o mb 1· e ; q u i t í s s e a
l P o j a wo d e Cn o s o s ( 3 5 ) y
el 11 hijo de Zeus " de Pilos (3b) . También t.,.;n l os
porm s t1 o n, ~ r i c o s Ap o 1 o o p a r e c e c o n l a f un c ~ n d e
íla t. ~e)\'
el i o s d t::: l cJ me d 1 c i n a ( 3 7 ) • A l g u n o s r L. .,, o n o cen en " el hijo de Zeus " a Dioniso , cuyo nom r8
aislodo se ha encontrado dos veces en Pilos (38) .
Por el ca r ¿cter de los documentos no hay ni~
guna referencia especial a la n turaleza de lGs
divinidades y a su actitud frente ~ lo s econte ci mi o n L o t"l u ma n o s • T a rn b i é n q u e dan c a s i e o mp 1 e t a 1ne n t e
desconoc i das l as f unciones cultual es . Se h ab la de
t,:;

( 30) Kn . Fp 5a .
( 31)

Kn . Fp

•

1•

( 32) Tn • . 3 1 6 , 10 .
(33) K r1 V52; Py . An724 .

•

(34)
(3 5 )
(36 )

~37)
38)

•

•

I 1 . 2 , 65 1 .
Kn V52 •
Tn 31 6 .
Il . 5 , tJ0 1 , 899 ; 16 , 52 7 - 29; Od . 4 . 232 .
Xa 102 ; Xb 14 1 9 .

�- 36 ofrec imi entos de ace it e a la " sacerdot i sa de los
vientos" (Kn Fpl, Fp13); toda la serie Fr habla
•
de tributos de aceite a diferentes divinidades; y
1 3 tablilla Tn316 parece presentar una proc~sidn,
que podrI2 recordar l s escdnns del s~cóf3go de
Hagia Triada . De estos · pocos dotas podr í an dedu cirse ciertos para l elos ccn l os poemas horn~!icos,
incluso ln refer e ncia ~ sacrificios numanos de Tn
316 (39) .
•

Ob,jetos de la virla diaria
Las exca vaciones arqueo!~ icas han hect10 co •
nacer varios objatos que ahor~ reciben su n o mbre
mic~nico con la lactura de las tablillas .
P y T n g 9 6 d a 11 n ~ 1 ' ~ t a e n : é\ e u a 1 a p 2 r e r: e n
dos bañeras rewotereju, tres j i-I r ras para agua udoro,
tres jarras piara (40) 9 sieto cónt~ros de bronce,
dos ánforas, una taza je oro , tres copas de bron ce con pi~ . En la list a d e r egc los que Menelao
ofrPce en Egipto 3Darecen bañeras dB plata , dos
trípodes y diez
talentos de oro (41); entre los
•
regalos que Aquiles ofrece en los juegos sn -honor
(39) Il . 23 , 175 sgs .

(4ú) Sigue el ideogr ama de un objsto ancho y
c ha t o e o mo en Ta 7 O 9 • ~ h ~ d w i c l , oc s • p i e n s a e n u na
especie de c:lldera; ser 1'1 -el objeto qua. aparece en
11 . 23 , 270 o ' áµyt9€~0V ,~ tá~~V ~~~pO~OV una g ran
copa con dos azas , todavía no pue: ,.t"3 en e l fuego .
(41) Od . 4 , 128 •.
•
•

�..

-

3.7 -

de Patroclo se encuentra un- jarra -que to~ · --f a - no 11
, ' ,
,
' ,
tocado el fueg o ( b .aµ,q&gt; t. Í:1E't"OV cp t. a~11v a'l:uooi;ov ) ,
caldera f tr i pbdes , c aballos , mula~ , bueyes , muJ_
•
res y h1t:rro.(t~ 2 ) .
. .
La serie Tu de Pilos of r e c ü list as de difur8ncús tipos de mesas ( t opez8) , sillas tono y t bu ro t (; ta r 8 n u , todo s inCI'ltlsit.a dos o o
metales y pi ·d rus precins8s y m~ rfil . En l~ misma s~r1e apar c n
ClfTt t) J ( r
~ s p el s i n e r u s t a d 3 s • L a s t e tJ l i 11 a s T _
642 y Ta 71 4 ofrecen detull es int eres~ntes . Ta 71
die~: " un s ill,Lr incrustado e n kuwano plot
y r
un l
p r te: dt . t rr' ~ , con F igurus de hombr~s en
rG , co n un oar de puntes d~ oro , con drogcnes en
.
o r o y kuw:.no , un t0burete incr.ustado e m kuw.:. n o pl_
t n o r o y c on b8 rr ~s d e
ro (43) ~
L 8 mesa rJL j /_-~or ._,u b1 .... J., CJ L..wd
··· l :;; t. ~ 11 e, u e n t r
I
1
f mJS(.J t z~ t~en~ l as patos en xuavo~
( 4 t~ ) •
,
normalmente s~ traduce con ne L
p lubr xun VOG
t ü , 8~rn,l t e , lacis1azuli y , ~n relación al color,
o b-s c u r o . S e ú n T a 6 4 2 y .T a 7 1 4 s e t r o t a r i 2 d G u no
mes incr u '.'lt.ad a en x ua v o~ •
La gren taze h om~ric~ de Néstor con cuatro
azas recibe s u confirmac1 ' r en l as tablillas de
Pi l os e n l as cua l es a pare c en tr ~s gr a ndes taz as
e o n e Lt o t r o o r e j cJ s ( l.i 5 ) , j u n t o c o n v a r i o s t r i p o d f:; s
t..

•V

_J

~

•

(42)
( 4 3)
(44)
(tt5)

-·

•
11 . 23 , 259 - 61 .
Chapwick , Des . p . 34ti .
Il . 11, 628 .
•
Ta 641 .

�- 38 de febriccci6n cretense . Se las llama d i pa mezo
get orcwe , junto con e l n ombre aparece el ideogra ma correspondi s Ate 202 (46) . También En l a Il í ada
,
"
, ,
,
l z taza es OE~ab oua'"r:a b au'"r:ou '"r:ecrcrapa
(47) .

-

Vestuario
Los docurnentos preser1tcn i deogramas qua indl
c~n 8 l gu n os tipos de túni c3s de l ana y de lino ,
d a r1 d o s u s d i f e r e ri t e s n o r., b r E s • E n l a s e r .: e L d e Cno
,
s o s a p a r e c e l a p ~ 1 a b r a p 8 we a cp '1 Pf E a ; p o d r i J r ecoI.
d2r el homéri~c cpapob
(48;; L594 da la expresi n
rit a paw~: vestidos de lino , y l(n J693 rin o r poto
I
At' vov AEn'"r:OV
(49) quo podF ! a tGn~r un 2qu i va l e n'
, ,
t L honérico en '~En'"r:ab
o8ovab
vestido de li no sú t i l ( 5 O) • La - mis ma t e ' l i 11 a p r e sen t a t e mb i é .1 1 u DéJ
l a b r o k i t o X t '"r:o~ v •
Equip o rr.il.i.tar
Las ex c a vdc i ones han restituido desda un orin
cipio varios sspec i mer 1es de sspadas y puña_las , c~
bi ertos en oro , incrusta~os d~ esmalte y marf il,
casi si~mpre con ~ras rémachesJ En algunos de es tos objetos las incrustaciones son obras de adm i r ables or f eb r es, como en los puñales de la IV tum
ba de Micenss en los cuales un a rti sta geni~l h a
1

. . . . - . - ·- .
•
(46) Ch a dwick , Des . P" . 336 .
(47) I 1 . 11 ' &amp;3 2 .
(48) Od . 5 , 258; I l . 2,43; 18 , 353·.
(49) Chadwick, Des . p . 320 .

( 5LJ)

11 .

18, 595 .

�-

39 -

grabado las escena~ de la caza ~ l león .
Las tablillas conocen estas
espadas y puBa •
l es y usan para el lo 3 dos palabras gi s ipe e ~ L~e
e n P i l o s ( 5 1 ) , p a ka n - cpcf cry a v a
e n C no s o s ( 5 2 ) • E n
T d 71 6 se l eL : dos espad2s q i s ip ee , dos cabezos de
,
.
cl :=-1vr1 p os21 r o ( 1Cacrcra/.. OG ) e n cad~ lado . Los poernas
'
,
t1 o m( r i e o s u s 9 n u n ad j e t l v o a p y u o o r¡ A. o v
- ( 3 3 ) .. E n 1a
!li ada e l ad j eti v o scomp~ñB 1 8 polabra ~{~O G ; se
t r cJ ta de 1 a
r a

es p ~da

l a P.~ l abra

de Alcin oo .

La

,,

,

d.e A g a mon1 n ó n . En la Orl is("' a

9povo~
n~lobra

•

:;-;&gt;e o mp ::l.

en l R descric1c1'5n dt l"'
~1or -' ~ica

coszi

1.;;;s¡.. " cornpuesta de

l:.

apyupO G y •1"- ºG , cab8za de clavo (5l1) , la ax pros 1 ~n se traduce " tachonado de plata " . La ín1sm-:i
e s p a d u rJ e 11 g o me mn 6 n e n -o t r o p a- s a j e d e l e I l i a ri a (S ~
t i L n o c l a v o s d e:: o r o ~'A o 1. XP t) cr e Lo t
c o mo T a 7 1 é k u -

cu

(56) .
En l os documentos do Cnosos aparece la l a nz a
oclorn do du bronce con l ~ punta do bronce eke~
,,
,
kakar
. ( 5-7 ) E YX E 0 "&lt; ri&gt;-.. ,, a p E o: ; la 8 x p r e s i ~ n r e:. c u 8 f.
'\.
I
da xal'..XFpe
l óour l'
de l a !li ada (58 ) • También en
i. USO

IJJ80

(51) Tc.i 7'16 .
(52) Ra 1540.
(53) 11 . · 2 , 45; Od . 7 , 162 .
(54) ~1'.0G e n Homero t odav í c.1 tiene significa -

cabeza d e clavo , aun cuancjo 1n~s tarde inai cs d irectarn e n te el cl a v o .
(SS) 11 . 11,29 .
(56) Ch adw ick , Dcs . p . 347 intGrpreta wao como
u1alo ' waJ l o ,,, 'l e
do de

V

(57) R 6481 bis .
(58) Il . 5 ,1 45 .

�-

40 -

Cn o sos se éncuentra la palabra p ataja paltaja , jl:J_Q
t fr a l i deog ram a d e flecha (59) . En griego clásic o
rca1'.'to 'V ·es -j 2ba 1 i na .
· oi f º r e n t e s i d e o g r a ma s i n d i .e a ri. 1 2 s c o r a z a s ; e n
Pilos 13· palab r a qu,j-· {D.ompaña e l- ide og r ama es t o r 1 I&lt;G 8ro p a X E b • De l 2 r e p r e s e n t a e Í 6 n · i d e.c..g r _¿ f i c a
p8rec8r í a que l3s cor2z3s mic~11cas tuvie r an fr a~
j Js·h~rizontales , probableíl1ente de diferentes ~e ~
t J l e s • L a s ·t a b 1 i i 1· a s no e s o e c ; f i. e a.n el ma t e r i a 1
u s8do par a l¿)s co1'"'0LcS í s(lo ·en Cnosos una vez p~
r e c e:.J r i
t r a t a r s e d e e o : a z o s d e b r o n c e ( 6 O ) • r~ q hay
..
dt1d a
quo e l bronce es rnetcl lli.JY importante en
~

1

Cr1 o s os y ~ n P i l o s ,

1 o s t r a b a j a d o r \;,. s d e l

y que

b r on

ce- ocupan un lugar Especial ~n la organiza c ón so
..
.
c i ~ 1 _ 1:: e s q :r i e g o s · e ·r, -· o s p o e rn a s n 0 rr :. r i c L s
2 on
,
XUAXOX t 'troVEb , vestidcs dG bronc e~ ~n varias ~~blill as de Pilus , junto con ls palabra corazu ap~
r ece la palabrn opawot~~ la cuJl podr i a r~ferirse
a les 'fra nj 2s horizon~ales q u aparecsn 2n los .
.
•
•
idecgr mas (61)º En Cnosos se
ncuentra
un ideo .. .
-e v1a
•
gr3ma : tunicage, sn el cuel ~ ser f a la . c:i or
t:;

.

t u t e de l a paiabr2 qéro que ap~~Bce también en
tr es tablill2s de 1~ serie . Sr n e Cno os . Se ha
ecercado la pa l abr2 qEr o a yÚaAov . El ideograma
ind i c2r f a entonces fr njas de coraza , es dec i r
l as l~11inas con les ClJwl s se h¿c .f a n l as corazcs
•

( '5 9)

Ws 17 04b .

•

•

•

(6ü) V 789 .
( 61 ) Chadwick, Des . p . 376 •
•

•

.

-

�- 41 y que ·Po -1 r i a n ser de di fer e ií tes mB ta .~ es ; seria el
,
, '\.
9rop ftX O&lt;; yuar.o v de l a lliada (62) .

Va rio s tipos de yelmos h3n zparecido en las
excavacio n es . Las t blillas presentan un solo id8~
g r nma en forma da cono y el \1ocablo korut o . Tam bi~ n e l y~lmo par_co ten~r fr anjas; sn Pilos son
cuútro (63) . La !li ad~ h~o1a de un v.Óou~ ~e ~pá~a,os
(64) que se tr¿ducs en general " ye::.lrno
de CLJ~tr o
•
crest8c 11 '). " de CU' tro ubL1lladtJrao " ; el signific do do r~~&gt;o~
as incierto; guiados por los tabli 11 , ' s s e p o d r .f.
i:. o r1 s a r e n 11 s e e c i o r1 s s , f r n j s s 1' •
Los c~rros aparecen ~n los documentos de Cno
s s . n tros ide o rsrn lS dif\;¡rentes : carro con ru c.1
(2ti0), carro siA rucd~ (2lt1 , L42) . El v ca l o
t
,
usado os igi j n t. TITI. t. a . En PilcJs 8p8recr:.n ru l: 1as
,
,,
apµo~~a . El uso d
deJ · r les e rros s n
ruedas es recordgdo en I 1 í z d
( 6 5). Lo s c s r r o s d a
Cnoscs son tr3bnjcdos 8rtístác~monte sn marfil ,
ointadús en rojo ponikijo cpo t. ' t. xÉo~ • Las ru ... das
ge n ~rolmente son de madera con aro de bronce , c o n
clnvos ; en Pilos son ribet eadas de plat~ (66) .
Cn Homer o la pnlc::ibra pcJré.l car-re -es rrpµ.arca
,
pero apar oce t:rrn t a
e n el epI tetn t n:n: t. oxápµris (67).
Cl escudo no apa r c en ninijGn documento , ni
.
e n f o rma de j_deograma .
V

•

(6 2 ) Il . 5 , 99 .
( u3) Sh ? ti0 , 737 .
(6 4) I l . 22 , 315 .
(65) 1 1 . 5 , 722 .
(66) Sa 287 .
(67) v . m~ s ade l ante .
•

-----

�-

42 -

Poes í n mi c énic a y p oemas

h o m~ric o s

•
•

Ev e n tua l existencia de
La l

8

u n a · p ~~s i a

•

micé n ica

c t u r a d e 1 ma t r;; r i a 1 e n L i n e a l

8 n o h a p rg_

pc rcior.1 2:1do hast a ahura ningun 8 indic:lci6n c 1nc r e t a a c a rc 2 de la ex ist en ci a de una poes i a micón1ca
es crit a u o r,..,l . No s6lo no h2n- sparacido e n l as
t a blillas r es tos .da po ~mas del tipo de a quéllos
encontradJS en l as regiones mesopo t~ 1ica y Dnat6 l1c 1 (acádicos, cananeos, hitit as , hu r ri t 6 s) , si no tamp ocu se ha n le i do f ra sEs o grupos d ~ pa l a bras que testimonien o hag~n suponer l~ existencia
de cualquier g~n e r o po étic o .
Dos t ab lat as , u na de Cn csos y ct r e de Pil os p ,"' r E e en ten e; r un f ir. 1 l ex""' métric o , e n e l . cu e 1 se
p u e; cJ ~ r 1 1· L:: e u r1 o e t: r d o s d á e t i l o s s e g u i· d o s p o r u n t r o
qu eo (68) . Per o dos casos 8 i s l ~dos en e l ~úrero
t ot3 l de las tcbl 1ll ~s no pueden s~r abso lut ame nt e indic :t ivos . Chahtra in e en un 3 cr í tic a a l li br o de Kirk , Th e songs uf Home r (Cambridgb 1962) ,
a u r1 -e o n s i d e r a n d o mu y p ro b a b l e l a t.. x l. s t e ne i a d e
un n poes í a mic~nic~ , sos ti e n e que reconocer e n
•
l ~s tab lill 8s pert~ de versos es ·frLJto
dE: imag in-ª
1

c.i6n .

arquaologin u fr~ce ai gu n 2 indicac1~n que
,Q u e d e a y u d n r a p l ü n t e 8 r el problema • Lo 5- mó n úm e·n t os , los fr esco~ , l a alfart..:;r f a , · l os v·e isu s
l as J·o
'
-y s enco ntr ados ~n va rio s cen~ros de l a civiliza
c ión mic~nica sugieren la exi~tencia de un arte
L2

( 68 ) Kn Og 46 7: joárnin i sóde d i d6s i ; P y An 3 5
. tókodomó do me6 t e .
•

�- 43 micénico en p~eno desarrolio . De la ob~ervación
de io s r estns de oalac1os SB deduca f~cilmente
que e n este !"); ocn existieron arquitectos geni l
..
qu e consiguieron con h~hilidad y audacia
8.L 8Li
libri o pgrfectc de la r é J8d'"" de le tumb'" d8 1 '"'
Atreos; pintores que af r dscaron con colores in
l~bles y agudeza de observlci6n los muros de 1
p lrcios de Tirinto y el sarcófngo de H~gi~ Tr_
d ~ o~febres qLe trabajaron con primor y s ínt E
l~s copas , l os sellos , los anil l os 7 les f~bul
l
múscoras . V exist f sin dud un arte de 1'
sic'"" . El s r 6t3go de He.gis Tr i ad~ que se sitú
rtre l os sig l os XV y XIV a oe . cn, es decir en
n ... ~po c o m ic~ni ca , presento entre otres f gur s
º o .1. ~ u n l o d o u n 1J n f l a u t i s t a
u e e r1 t.; C1 b z a un
procesiúr1 , y, ;:&gt;ot:&gt;1~ .wi.ro l:J!'l ht0i1.bre tocen do la lirc.:1
un fresco de Pilos mu8stra un e ntor sacr sen
de sobre u nu roce toe ndo lr llr~; y en u a tu
c ú pu l
de íll en id i (A e
n l:j) s, ven e: se u l p dos
liros . lUebstar se pregunt. si puede tr'""td s
d~
l
tumba de un guerrero pott8 como Aqujlec (6¿,~
En un vaso c on reliaves du H~gi9 Tri1dn est~ r pr ·sentado un coro de compssin s dirigido~ por '
. ...
J ere .
•

..J

L a concl us i~n p a rece presentarse obv~aments:

t i e r o n e s t .... s d i f t.:i r n t G s ITTél n i f e s t a e i o n e s
t i s t i e 3 s , i n e l u s o l r1 r11 ú i c a , tu v o q u e e x i s ti r t
bi~n un a rtG poéti co . Es muy probLJb l e , ~n efsct
•
•
.
qu e l a mú s ic a de la llro sirviera "l o de acomp
si

exi s

i:;

.J

•

(69) ob . cit . p . 13 7 .

--

�- 4.4 -

ñam i e nt o a l a pa l ab r a p oé t ic8 . Vo lviend o un a ve z
más a l sarcó f ago d e Hag i a Trí a d n , l ~ es c e n a pa r e c e ri a s ug e ri r q u e e l fl a u t i s t a ~ ácompaña un ~ sacr l:_
fi,ciot- ~ m f eiatr qs al . 1rn~ s i c a .. q ia e. t a c a l a lir2 csn:s
.
les h---. z añas di3l J8f 8
Nilsson ve en l~ escena uno dsificac~dn d&amp;l n1uer to (70) .
.~

W8bster (7í) sn bass
tos monumentos y de otro~

3

l o observ2ci~n ce es .

~ug .

-

..L

ha -

~

J.J..

Dbr existido d1fErentes g2 e rGS P~Gt i cos : poesf?.
.
d e carácter r e l 1 g i o s o : ·~l i mn o s ; poes i = qu2 cani:o
l ~s hazaAas de los reyes ~n unr
y que en a 1 q- u nos e a s o s .o LJ d o t e n 2 r e a r 2 e t e r i n
;

~

t erna c i o na 1 , el referir se a 8 m¡)re s as 11 e v 3 d 2 s o ca
.
b o por v~r1os rey2s .
En r u~ nt c1 ~ los
encun
-·
t r~r olq ún indicio 8n l as escc.nna reoresentcdas

en frescos,

joys= ,

1

_.._,_u .

\ ' ...... ::: ·¡ C!

Un /nf oro encontr3¿a on En komi (Chipre) ra •
presenta un carra co11 dos person~~ y una t:', iourEi
c ~n una b2l?nza en la mano . Poorf
oensé:lrse en
-J

'

Zeus , o en general ~n una divinid a~ , que pesa ~1
destino de las dos person~s . Un e plac8 ds vidrio
µ roc~dente de D~ n dra represent2 ~ u na m u j~ r sent~
o· sobre un toro; ser í ~ u na r e pr ese n t?.ció n del ra.E,
! u de Eu r opn? Ot r n pl ace de v i d ri o ta1n b i én d e De n
dr8 represen t 0r ! a l a Quim8 r 2 ¡ Be l ercfo n te . Un a jQ
•

(7 0) Min . ffiyc . Re l . p . 443 .
( 71) o b. c i t . p . 138 - 141 .
•

•

�-

45 -

ya del ~rc hivo Heraeum repre s~nta a dos centauros

un sello de Cn osos muestra un mar inero qus lucho
contra un monstruo ; se ho pe n sado en Escila; m~rj
natos sugiere quL se trut de un nípopótamc . Un
n ni 11 o d G T i r i r1 t re p r e s e n t
LJ na e s ce na 8 n
-. e u
se h r visto i L r l pres ent c1 &lt;n dol r9pto de Ari~n
por Tt..:s8o o l ~ p)rtida de m~ n eloo y helen~ haci
1 o s Co rníJ o s El Í se s : d e de r e c ha a i z q u i e r do s e r1 t on tres p~rojas, un a debajo de una puert~ dn ~C­
ti ud fectiv ~ ,
trJ en cti~ud de s ludo y un
t~r 8r8 sobre un barco . Un ani l lo Encontrado ce1cs JG C8nd.í a mue..,tra 8n el p l no superior u'"l~ f i gur femonina , probs bl 8me n tu una diosa; a l~ der
chJ tres figur as en actitud je ~spora; ~baj~ un
b .... cu cun se is rvrnurus y ur1 µ.i.J..otu, ur1 l1umL.o 8íl
la o rill o s3 lu d? c o n una mano y con ot r a em~uis 1
un a mujorº Ev a n s sugiri~ quo puede tratarse de 1
s l da de una dios8º Un 3 nill o encontrado en el
¿go a de At e nos represent a un hombrG con d l Cutro en la m~no , a rr ast r a nd o a dos mujerds atad s
con una cuerdo . Se ho in t~rpretodo como el Min . .
.
come Hermes psi
p
r1
ione r s '
t u o y ffi UJ 8 r 8S
pompo ("7 2) •
De Lstas int ~rpr8t c1ones r esultar ! a qu
1gunos ternos rgligiosos y m1t o ló g i cos como eus y
l c.i bé.ll nza ,
r a ser represent c dos en objetos ort !
bab l eme nte e r a n Cqntados t~mbién en

(72) Para estos datos
p. 34 - LlJ .

�- 46 d a s in emba r go l a d u da : lcu~r1 d o e l

co n oc imi e nt o
de tenias h omé ric os i nflu ye y cond i c i ona es t as i n terr:.ret.:!ci ones?
Len g un

m i c é nic~

y l en gu a

homé r ica

•

Bowra en un ar ti cu l o public~dn en 1926 (73)
demostraba que ~1 vocabulariu hom~r i co 8ncierr2
paiabras que no son de uso normsl en nin~ón din l ecto , con excep c ió n de arcadio
, - chipriota . El re cLnocimiGnto del mic~nico como un dialecto griego
de lé esfera del arcadio-chipriota podr í a hacer
pLnsar que los vocabios arc2dio
- chipriotas recono
.
.cidos por Bowra en los poemas hom~riccs , l l egarnn
a los aedos de les siglos IX - VII I a . e . e . ~ través
ds unA rnesí~ mir~~¡c-v Quiz ~ L, ~n ciert~ sentido,
coincida con esta hipétesis la observncién de Geor
g i ev de que el dialtcto homérico , en lugar do ser
une lengua 2rtif ici 1 1 sar f ~ la últim~ fase de lo
•
koiné creto - miwsnic ~ , tenien~o 8n cuenta ulguncs
r2::::gns recient8s debidos a l~ i r1fluencin del jóni_
co - ~rico (74) .
Chadwick en un 8rt í ulo publicado en 1958 .(75)
ofrece una iista de 37 p~labrns poétic ~ s que apar~
cen en l~s tablillas de Cnosos v,, de Pilos . ts inte
( 73 )

ela s s .i:-c '1 1

(74) Ln

~tO t. \I ~

Quzrt . 192ri , p . 168 .
creto - n1yc~nienne , Etudes 1 956 ,

p . 173 - 188 .
(?~) myce n zeans elements in the homer i c dia l ect , ffiinoica 1958 , p . 1 16 - 122 .

•

�- 47 r esante controlar estas palabras con los pasajes
homéricos en los cuales aparecen . AdEHnás de pala ,
,
bras· de u so conún y reco-nocidC' Jmo a LXl.Lfl;· ÓCTLa~9
'/
'
'
,
,
I
'
EYXOf;, Lf)'t:í} p9 xo:r-11'} xooOG 9 TI:of.. t or:, 't"Eµ.z vo ~
h )
~

L

11

tr

G1l

z s n l g u n-él s d e u ~ '"'

.&gt;

x e l ·~ s i v o o e a s

e x c ...

r: ~tv·,)p,a t ~ yt~\J:XL O·~? E t cro;~ 6p t;'v ·c"oo ou.a L te • Alguna s a p o ... e e· n . . n p a .... aj e.s da c la l.9
procej~nci~ formJli~tica o rica de
l'm~ntos eú
cos , o entre pal~br3s que t~mbién encuentran su
par3ld l o en mi ~,ico, o por fin están relacione
rnn héroes típicamente mic~nic s . Pued8 r~~ultar
&lt;:.il dar algunos ejemplos :

ivo en Hor1ero
lj

apukowoko (Jmpukowprgpi) (76) mujeres qua f_
,,8ri~an diademas . En !li ada se encuentra· la 02lab1
aµ~u~ ' usada con rigniflca1o de diadema , q~iz¿5
,
.
sinó nim o de CJ'CEC~Vl (77) . En 81 mismo paaave se
e nc ue ntr an otras palabras que puaden haber sido
usa 'es e n época micénica como x E x pu~n.ov, a v 1hE aµ~'
mientras todo el pasaje 8S rico e n eolismos . Ls
mis a palabra dparece en otro lu~ar ~n forna com•
pues a xpu&lt;1a¡ 1 rruf (78) .
'
,
upi por: ewe (79) aµcp t, cpOoEu~ copas con dos a s
Ja I l i a el a y~ da Od i s e a (
E s ta p a l a b r R s e e n e u en t r a
S trata las dos veces do la misma copa l~ue Di6r12
sos tia regalado a Tetis al salvarlo ella d 1 rey
Li e Ll r g o • Aq u i l e s q u e l a h a r e e i b i do d e s t.J ma d r e ,
"

/

(76)
(77)
(78)
(79)
(80)

Py Ab 2 1 0 .
11 . 22 , 469 .
11 . 5 , 358 .
Kn Uc 160 .
Il. 23 , 92; Od . 24,73 - 75 .

•

I

�-

48 -

l a d es tin a p nra b nc e rr a r l as ce niz as de Pa tr oc l o
y l as suyas . Si se c ons i dera que Te tis . y . Dióni so
e 0 n mu c ¡-, a p r o b a b i 1 i da d pe r t e n e c e n a 1 p r i mi t i v o p a!!
t~é n mi cé n ico (81) , podr í a pe n sarse que la pa l a b r a ficiu r aba en alg~n relato de este mito en una.
poes í a micén i ca q ue habr i ~ sido conocida por los
aedos ; au n cuandc ~1 uso p~rn el cual Aquilas l a
dest i na no s8a de écoca miL~1 ica . ~-labria aquí un
ejemplo de un vt..rso de 2ntiguo poasía i nt grodo
en la nueva y usado pora documentar costu· .b.res nue
1

vas .

,

dem i n i j a ( 82) beµ v t, 0 \1 cama , es vocablo usado
u n a vez en ll i ada y dos vGces en Odisea en versos
i guales (83) ~ En I l i ada es Aquiles que haca prepa
rar la cama para Príamo; en ---Odisea, en Gl .o rimar
pasaje es Helena quE la hace prep2~ar par~ Telém~
.
.
co , y en 81 segundo es Areté que lo hace para Ull
ses . Ade~~ tambié1 en Odisea es la cama de Nausi
caa, y de Afrodi ~a )' Ar.es (B L ) .
taranu (85) e p:v u~ es' un taburete o banco
de remeros ~ En l a Ii í ada es un taburete que He r e
promete en rega l o al Sueño; tn Odisea es el tabu rete sobre el cual Penélope pone los ci s , obra
de ~arf il y plata del artesano ( xa~ x€Ú~ ) lcrnalio.
Otra vez en Ilíada _s el bnnco de los remeros has
ta el CL1al retroced~ Ayax (86) . Hera y Pené l ope ·
0

( 81 ) \Uebster,ob . c i t . p . .134 - 35 . .
( 8 2) Py Vn 851 .
•

(83) 11 . 24 , 644; Od . 4 , 297; 7 , 336 .
(84) Od . 6_, 20; 8 , 283 .
•
•
(85) Py Ta 707 .
(86) 11 . 14 , 240; Od . 19 , 57; 1 1 . 15 , 729 .

�- 49 -

son personajes de antigua tradición micénica , con
c a r actsr i stic~s que recuerdan muy de cerca la
pot
ni a minnica ; Ayax también pertenece a la misma tr adis ·

L .1 .

rita pawea (lita pharwea) (87) t e i i d o rJ e l i ....
r1 ... , c1Jber tor pc=Jr · tap r
1 C8dáver . tn Ili ada :p~
r C•.... Jws v .... ces E:n ~ e l a e ' ( r1 a l cu e r p o d e P a t r o el o
( 8 8 ) • , E n l p r i m.... r p a s j t:: se 1 e e t a mb i é n l a .p a l br· cp. p : L como en la~ tab1°tas . [n el varso ante; ~
,
,
,
"
r · -ir .. e: h--1 bl a de rr ,e; l ~"&gt;Cl't'OC: e: VVf r 1t 'J LO ; · rrA.e t &lt;pap
1...

r)

J a IJ r

:i

~u¿ · t am b i ~

•

a p r. rec e

e n mir ' ni e o ( 8 3)

arepaio (al8iphatei) . Todo Pl e njunto de estus
ver o p !Ges de ir spirac1 '
mi t-'n ica . IguEJl ob s e:; r v i;1 e i ó n p u L- d e h a c e r s e e n e l p ,~ s a j e d e l a O e' s ... a
l:'li el cua l apéJrec e la pcl~bra
A t '"Cn. • E2tamos n
1"'1 Las~ de Circe; bn tin n descripc1ón d .... v ario
o.!2_
j e 1 o s t o t a l rr1 e-. . n t e mi e f ri i e o s s e l e e t '== rn b i é n A. L'"Ca ( 9 C) •
El mism
las i

vocablo se t= ncu Lntr a ade

1-&lt;

en dos f 'J r mu

' nticas de fin d e verso en Ili ada y en Od i -

sea . En -1 primer cas o es Poseidón que usa e l
li e nz o , en el' segundo es TE::lémacrJ que l o coloca
e r1 e l s i 11 6 n p a r a At e n r..: ci ( 9 1 )
mo rog o ro (92) µoA.o~p6~ , or1 las tabletas ap~
r~ce c orno nom b re propio; el significado y l a e ti mo l og ! a so n incierta s; comónn1ente se traduce : glQ

•

( 87) Kn L 594 .
(88) 11 • 18 , 3 52 ; 23 , 254 .
( 89) Py Un 267 , 3 .
(90) Dd . 10 , 353 .
( 91) I l • 8 , 441; Od . 1 , 130 .

( 92) Py Ea 800 .

�- -50 -

tón , vaga bund o , pa rásit o . En Od i s e a se e ncuentra
u s ado dos v ~ces co mo e p í t et o of en s i vo de Uli s es
me n digo e n su c asa (9 3) .
wo n o g oso (94) o[vo~ vi noso . En Cn oso s e s n om
bre de buey . El acjeti vo se encue n tra u sado e n Ho
mero ~n relación al ffid r, en fórm u la i guel eri ! l í a '
u
,
ds y en OdiS b d En L o tv ona nov'tOV ; otr2 ve z sn
Il í ad8 es 3tributo de dos toros (~5) . La p~ l abre
o rv o~ qua compon- ~ l adjetivo parecE SEr de o r igen
n1 in oic6 ; t3mbién podr í a ser d2 erigen mincicc l a
exf-)res1én compiE~a " vinoso ~ia r " , si es verdad que
los griegos tomara~ de lo~ · iinoicos le t e rminolo g í a relacionada con el marJ Quiz~s lo ni ,mo pueda
pe n sarse p8r a el ~tributo p~ra 21 tor~ , n nimal qu8
... . . parece t1aber tenid_ 3~p~:cial ir.ocrtanci J en :_n L~.Q
.
.
c·1 mino1c a
O t r a s o b s e r va e i o n 2 s p u t.! d en s u r g i r d c. l e s t u d i o
del uso ho~~Iico dt palobra3 cat2logadas por Page
como f6sil:?s .

..

, ,

e s u s n d o c o 1n o e r i t e·t ·a - ·a e
Hermes ( 96) ~ En Il í ada la exp~ss1 ~ n se encuen. t -r c1
en un pasaje compu~sto de 8ntiguas fórmul3s , en t :r G di os as como A¡- te mis a y El e u ti a • L: as ·-tres di rr x 0. x r¡'ta

b t: n 1;:, f c.: c t o r ;

.vinid8des pGrtanecen al par1tw6n

mi~~nico

(~7) .

'

__ -·· - ·-··

,.

(93) 17, 2 1 9; 18 , 26 .
(94) Kn Ch 897; Ch 1015 .
•

--·- __ ..

( 95) I l . 1 , 350;" Od ." 1, 183; 11 . · 1··3~ , 703·etc .
(96) Il . 16,185; Od . i-i;10 .
•
•
•
(97 ) Hemaa Tn 3 16; Un 2 1 9 etc . ; Atemito P y Es
650; Er eu tij a Kn Gg 7 05 etc .

�- --

________

..__

I

- 51 -

Adem6s podr í a observarse que l a escena descrita
~ e joven P olimcle que danza en un coro de Artem1 sa ,

l a rj e a r e o d e o r o - ,

2

s e s en c i

ca (98) .

' ,

3

1 ni en t e mi

r

é ni -

•

L 0111.) Po~

ss spi t et

l o s s r g i v o s • El

dt

si gni

f icodo es oscuro y hay controv8=sia sn l as inter-

pre, e iones entre., ''qut:: brille , se desteca por l
g r i t os , q ue
r i t c..i f u ~ r t e , f a n f D r r ó n " , 11 q u e c o rn b
te de lejos l a nz ~ndo fl~chas, 1al~ents de l ejos ,
cobEir e ''. El arco es '1rma mic. {r1ica y probnblemente Gn origen Gl c:d j etivo ~ig nificó "d estaca Jo en
el uso de las fle:.ch as , r ' t.. il en la i: flechas, en
e 1 uso d el o r e o '' • S E: r i a pal a b r a 111 i r ~ ·1 i e a • E r1 es t ....
case pod1i. ser cierta la suger~ncie de Pag que
los aedos usar on la palabra sin captar su s ntid
veraadero y l e didron un Significado ofen$iVo (9
( 98 )

A pesar

d e y u e Pn g e s o s t i e ne

( 11 i s t o r y

and thP ~~omLric Iliad)~ a propósit o de esta
bras f6~iles, que los aedos las usaron s in er~en ' ,
el e r 1 . s , p o d r i a s LJ g ~ r i r s e E: n r. s t e e s o q u e C" x n: '' fl "t" e
~
fo r m?. do por lo pe 1 a b r n xa '!o~ de uso e o rn un , sus t i -·
tuy~ algunas ~ece-s Bl m~nn~ -comprensible atributo
'
,
,
,
dG HGrmes Ep t ouv i o~ . cp t ouv t ob es ~ labra forma' ,
.,
,,
dcJ por el prefijo Ep L y ou vto ~,ou v € L glosas a re clies senún E si quia' 'oFupo ~ opaµ.a
forrn.J 'advl;j rbial:
a la carrero , répidarnent e , de donde el gu e ~yud~ .
(99) En I_:l . 14,479 se ·-encuentra unid o a l a
'
,
,
/
.
expresi6n anE t ~CI(J.)V a xop~"t" O ~ insaciables de amena
/

zas .

�-

. - .. . .

. .. . ..

. -.

- 52 Son estos a l gunos ejem·plos de palabras micén..!.
cas qus , relacionadas con su uso homérico podrían
ayuder en ls reconstrucción de fórmul2s y temas de
poesíe micénica .
L a f o n é t i e ::i d e J. a l e n g u a mi e é n i e a 3 s i c o mo su
mo rf o lo o ía rel ac i o n ~dos con l as mi srna·s· en los poe
m~s hom~ricos , pu e den suoerir otros indicios de
l a existencia de une poasJ.a mir· nic a .
El est udi o de l a métr i ca hom ér~c 3 ha re ve l a do l a persistencia dol digdmcre en l os poemas . Cha ~
tra i ne en su Gr~mm 2 ire l-io1i1~rigu~ h ace un a o bserva
ción que parece oportuno rec orucr : 11 L e traitement
du digamm a s ' ~cl a ire si l ' nn so n ge a u caract8re
du style - épiqu e . L a l e ngu e ~pique, trCJsmi s e o r a l -e
mGn t d~ns le cadre p : csque i mmueble des VlLilles
f orm ules pl o n ge par ses o ri gint:!s da n s un · l ~ int~in
p ~ss ~ . Au mome nt o D l ' Ili ade e t l ' Odissl~ o nt pris
l t.ur f o r me dCfinitivE., e n Asi e fYl ineure , au VIII -et 8 u VII sibcle , l 8s aedes p ~ rl a ient l ' i on i e n
..
.- qui ~i a it un dia l ecte san~ dioarnma . Ils o nt pou r t ant ma i ntenu , dans l a P~á~ie ~ o i que l es f o rmules
a dig2mma qu ' imp osa i ent l a mé riqu e e t un l o ng
pas~( li ttérc!i.re " ( 100) . Sin dud a
l a digamma apa r ece en expr6sio nes f o r mularias de ti po a rcaic o ,
pro~ablemente mic~ni c9 s '· en or .i§ en·. · Al gu n os ej8m pl os ac l a r'Jr~n mejo r: tHcpa Ccr'to-.o 1: áv ax't'o~ ( Il .
.

.

f

..

•

~

I

15 , 21 i¡ et e -. ) , TiocrE t borov0 - ávax'ta
t_ I l . 15 8)
I
•
X
'
'
I1 o &lt;1 o E Ló aro \1 t ;: á va x 't t, ( -I l • 1 5 .,-S ·¡ ) , µ s 1'. t ~o e a Fo i: v o \1 .
(O d • 1 4 , 7 B etc . ) , ~µE t. ~ Óµe v a t
on i x a1'.,; /. ~ I
· 1-·;·

f

i ...

•

I

(100) p .

1 22 .

•

�6 o4

=

Oei • 2 4 , 6 fJ ) ,
'
~

-

53 -

F L'q&gt; L

; :a v

ácr cre 1, v ( I 1 •

1 , 3 s, 4 5 2

(.

e t c • ) , LE O í1 )- t ~ T f1 A. E µ¿X o t o ( I l • 1 6 , 6 6 8 ; Od • 2 ,
409 etc . ) (101) . De estas fórmul as se puede notar
q u c. e l d ~. g c:: ma e s t ~ u n i d o c o n ·o t r os e l eme n t os mi c é
r.i i e o s • L a d i g o rn ma e s u n t1 ; e h o e o ír s t ~. r1 t e e n i ,.. f o n é
•
t i c a r.1i c.. ' r1 i c e ; e l g en i t i v o e n o L o o s e l ú n i e o q u s

c CF1 i c o e o n o ce par a te m~ s en ' mi ero n ; le f 1J r n1c. TI o CJE t. ó áo) va
p r e s E:: n t a rr L " l i r a c o mo en l a s t a b l i 11 a s • La pal a b r a /t OT" Í t n rr1 b C ,, a p a re e e en l os
~rcumantos e n palabras co mpuestas y tamb.l~n ' l(f)l
se encuent r a en CnJsos e n nombres p r opios (1ú2) .
el

n1 i

j

El

r-

uso de las l ab i o v e l ar~s es claramente

do CL ment~do En mir ~r icG , a un c u ando en algunos casos
se e n =uentran pa l .ab r as en l as cuales 15 labicvel&lt;~ J. h. bufr.i.Jo eJ prOCbcSO úe l bi~l.i.zaci~1.
u.1..,
S ... w ü ¡..;u.t. lur1w J. .... LUL Jc:11 ll Ll E: , e 11 e C.I s u s A n l e s
cuales l os dial ec t os griegos , con excepc1ér cel
e6licJ , pr~~ent~n el lrat~mi0nto on dentrl, ia1 r: g u 3 h o m{ r i c a -p r ... s-r n ta l :::l labia 1 : 1LÉ~)p 9 'ITE A..ú' p t o~~
,
,
,
PEPE8 no v 7 TIE~oµa t 7 Ti t crupe~
que ~1ter~a con
,
,
,
'r~.,-'t"a pE~ ; rof}O qu e a lt erna c.Jn 011p; mas los Cen •

•

'

•

_.J

1..

e n 11 . 1 1 268 y 3,743 son m~pE~ según el
~rmino
' lico . Po drí a quiz¿s sugGrirse que cuan
do p_1rece el tr ata mie nto en 12b:21 y no ~n dan •
t lj 81 texto proG Bde de a lgun a vieja fórmul
n11 , .
•

tauros

cen.i.ca .

•

La morfolog í a

tan claras

mic~nic a

y.la

hoM~rica

ana l oy f ~s .

(101) Chantrainé , ob . c it . p . 1 23 .
( 102) Kn V692, X 103 .

presen -

�- 54 .Pa r a l cl d e c l i ;i 8 ci 6n tem¿t i ca e n

l as ta b~
e n. 1 os poe
co
no
cen
sólo
e
n
ge
ni
tivo
e
n
oj
o
qu
e
t as
mas h omé r ic o s 8p a rece 180 1 veces c o ntr a 1 88 1 d el
g é nitivo e n ou (1 0 3) .
. V
pre sent a e n l a s t 3bl e
j(l
L a d ec li n 2c 1 6n e n
ta~ e l genitivo p lur Gl e n ao n . T2mbi én 1 3 l é nou a
h o t rica conserva el mi smo gt;;n i t i va ; e n I l í s d a 183
.
V8C8S, tn úrlis88 123 ( 1 04) . En gs n era l s e t r a t 3
las cu~ies esto forma de ge de viejes
nitivo brinda un final ~sponda i co .
reEl masrttli n o ce l os t~ffié)S en -a t amb i~n o
•
hon~ _ ice . Po r
sen t u ana l os í
1

E¡ 0

.J

el s i stema de esc r itu r 8 mic ~ ico es dif í c il o fir a ·~ s l o puede s umar si ex i st1 ~ un nom i n2livo en ponerse . El genitivo cJ so . Los p o e n1 a s h u m..: r i c o s
usa n un nominativo en ~ (par c~ deriv2do de u n vo
cet i vo) y u n g:nitivo en a 0 . El
apérecé en 8p í tetos qu3 por su f ormac 1 Ln p2 r te ne cen al fondo ~ viejo dei vncabul2rio fcrmul~ r io
~ ~ i co (105) . El genitivo en ~o aperece 1 67 ve c es
en Il í ada y 77 en la Odisaa ( 106) ; ~n muchos casos
(103) Chantraine , ob . cit . p . 165 .
(104) idem 1 n . 20 1 .
,

( 1 05) VEq&gt;Ef...11yÉp E'l:" 'I ZcÚr

Z e: u &lt;; I l .

\. E

,

1 6 , 298; \Lfj'1:" t e:i;a ZEÚ&lt;;

,

,

pµ.e t a&lt;; a x a x r¡'l:"a 11 .

n o cre: t oaCJ)\1
'
11 . 1 3 , 563;

Il . 1 , 5 1 1; cri;EpO'Jlf1 4fpe'ta
I 1.

1 6 ,1 85 ; ·0-0 .

1 , 17 et c . ;

24 , 10 ; x ua v oxa L'~a

1 '~, 390; vt 'IT'ITO'l:"a
,

ep í t e t o de
J .. ~
(
e l. o r , Pe l ~o et e . ; t. TIJiT)f...CTi;a de T i de o , P e 1 e o , F é ..:1

ni

&gt;&lt;

'
e t e · ; a l' XtL f}'l:"a'
Au x aro-y
I • 5 , 19 7 •
( 1 06 ) Ch a n t r a in e , ob . c it . p . 20 0 •

�- 55 •

A't axtoao
,
't. oA t., &amp;ao~
.
se tr a t a d e nom b res propios
A
9
)
,
0 1. ~ t n:ooao ; pertenecGri
también al. mismo fondo
..
d e l a a n t i g u a p r1 e ~ i. a mi e ~ n i e a •
Dtr2 cn!lo i
imp ortante estci rnnstitu f d2
.
p o r 8 1 e El s o i n s t r u ._ n t 8 l q t.J e e r1 1r1 .i. é ic.J
se '"'ncue
t r e u s &lt;"'... d o r. o n

J ""'

d - ~~ i r1 e n e i n r1 i

e n e l p l ur l de l
i e e • E n l o s p emas
'"'.'¡

d t:J (.. l i r1 0 .c i ó n t e m ~ l. .i e a y . cJ t a r1 ' i
hu1.1~ ... icos es común el uso rjel morfema cp t. iguelmcn

-

t e pera si n9ular y plurnl , con valor instrument~l,
l ocativo , genitivo-abl at ivo, y aun pars el g8niti
vo compl~mLnto del nombro y en todas les dsclinu cicr nu s ; co n sust antivos &gt; adjetivos , con formJs
pr onlm in n l es y 3dvtrbi~l~s .
No se puede sug~rir qu~ to~os los c~sos

Jn
l os cuales apérocG el- morfema cp l. tengan su 011 gen
en poes í a mi c8nic8; ~ t. psrtonec~ al b~gdje eóiico
de l os 8ados . Ya antariorrnente al desciframiento
·eje l as tc1t.J l e t 2s sa h ab i a for rnulam l a pre:;~unta d~ si en
o r i ~ e n s e u s r e r1 s i n g u l a r o e n p l u r a l . E n l éJ s t ~ bletas se dncue ntr o usado dsenr~9lmenle ~n p l ural .
L e j e~ u rl e o b s e r v u q u t..

.21..

e r. mi c ~ r 1 i e o e s L1 s a d o e o mo

e n H e n1e r o p a r ~ no mb r e s d e to e e s 1 &lt;:i s d e e l i na e i o n a s
y , s l n se 1 extraño a 1 s 1nr¡u1 ,, r 'l d u a 1 , es free u e !J.
.
t2 ~ssnc i a lm ~ n te en p lur al . Oboorva t ambidn que
es us acJo c o n va l or de loc ~ti v o , de instrum ent 1,
u e mo d o ,

d e e o mp a ñ .r a ( 1 O7 ) • r~ o h s y d u d o

que ~ n

11 ome r o tJlgunas f o r1n as arc2. ic as , espt!c.j._.lrnente con
•
decli •1ac 16h ot~ mttic a , tienen • significado plural
•

( 1 O7 )

L e je un e ,

cp 1. p . 159 - 1 84 .

l'Jl é .n • de ph i 1 .

rn y e •

La dé s inence

�•

- 56 -

OXE O'cp L

mas e 1- Ga s o c-0m ú R y ti pi e o
en f ó r mu 1 as e o mo .1: Eq&gt; L
v á O' O'E t. v e t e • p r ..§.
.
s e nt o un singular . ClJa lqui e r a sea e l proc eso d8
adaotae
i6n s int6c t ic e qu e lo s aedos diaron a l fo ,
n e~o ~ L, n o hay dud a de que repres s nt2 uno de l os
arca í smos m' s interes antes dal di~lecto ~0ico .
Los tnbli ll s us ün p~~8 los petron í micos el
s u f i j o i .i e , L k o t. p r i .j o ( 1 O9 ) d a u n e k o t u , l ~ c t 9 r (11.0).
Los oo~mas homáricos us~n e l sufijo - ~~~ , pero
Ay a x y Teuc ro son Tel~monios, Néstor y Ant il oco ,
r~ 8 le i os .
.
,
Ex pres l lnes &gt;
cos qu~ su918r~n un or1q n o~ ~ ~ico mic~n1 o
( 1O8) ;

Ja

-

Se s abe q ue

G1

f o n·:i o d e

l '""' p o _ i

~

t;&gt; o• 1é r 1 c a

es

t á e S 2 n C i D l íll 8 n t e C O S t i t U Í d G p O r U n l d n U j L f O r íllU
1 &lt;? r i o • Lo r e e ita e i .ó r, de 12 s ¡Jo 8 s f u s , . e o 1 1 • ar, e 1
. .
a ntig1::..10 mundo m~ditcrr~ eo y · griego , obl i ijsbn a
l o s p o e t a s CJ t c.: n ~ r L r. 1 e n g u ~ j t.. q u e . LJ d i t:: r . . .... d e; i: t .o r s e i g u n l rr• e 11 t e ¡. i ri t"l 11: d i f ... r e 11 t · s o f1 o r t L n i d o d e s •
.
.
AdL /
SJ. se• odmitl
e o n 1 :- r iav o r i u de. lús ~ ~pec1n
"'
'
listas
qu~ las po~s ~ as o r i e n 21 1 E.: s , me s o íJ o ,,.,. . ., i e a s
.
,
y ug riticas , a tra
del pueAte hurrita - hitita
S1J dirundieron en AsiG m~nor~
_n i~s ~slns del
[g bo en Cr-cia , l a cxistGncic de un ienguaja f r mulario result a mjs clar~ aún . En afecto lCJ lectu
r 2 de 8 s t 2 l i t era tu
nos h ,3 pu e s t
en e o n t éJ e to
co n lengu as poéticas 8n }as cuales d~terminadas
r

1'

J.

(108)

Il •

( 1 Q\j) Py

(J

2 , 794 e t e • ;

Cn 45 ,3 .

( 1 1 o ) Py Eb 91 3 , 1 •
•

·r l

• 4 , 2g7 e t e •
•

•

�•

- 57 -

f órmu l as constituyen uno de l os elementos fun da rnentales .
En otra parte de este art icul o se ha hecho
.
ref r -nc1a
a t~rmul s are icñs de car~c~er m;céni
e o ; t r a t r e m8 s c.".! h o ~ ~ rl e a c l a r a r e n q 1i { e 'J n s J s t G
~l ~rCJlsmo y el c1r1ctGr micénico de ~llasº
.
Patr ni ~ n un libr o lleno de sugBrencias int r º 1 11 l e:: s ( 1 1 1 ) n t ::1 u n a L n t i d a d d , p a s ; j e s y
f " rmulas di;; l a Ddi :&gt;83 ouF:,
s p· r1:.cer , p ciri n
r mon~orse a po8mas mi / i c s . El libro y la te r i a e1 ~l expresado son wnt~ri r s ~l descifr mient l de las tabl, llas . En much s e sos los 1as
•
J ~ s ') ribuid os por ~l a , oc
micénic_ encu8n rnn
conf i rnaci6n en palabras, f rm~s gr maticales y
0

p

leCLUl.~

l

l

'

,

r TI o O' E: t ?) aCJ) vo ~
'E v t 1ta, ·• P s t r o n i o b s e r v a q u G s t :i e l " s u l e t u v
.
.
•
que s~r muy us ada desoe t::l comi enzo del impar10
mi
•
cénicL (112) º Si se n ot~ que se tr· ta de P se_ Cn,
cuyo rombre aparece aqui con l
f ormu m1cénic1 en
alfa ~ que en e l misrr10 v rs
ap rece wn gen i tivo
8n o t o , 1t Óv ~o t o la suger€nc1a de P8troni quedar í a
con irmúda por el~mentos lingüí st1cüsde l os mis mos documentos . Se trot a rí a de un verso de ar t i gua poes í a miL~nica tr8srnitido a través de l os si
g l as a los aedos de
l a / ~ oc a h o m~ r i e a·.
•
t n Od i s e a 5 , 4 4 6 s e l e e l

x i.J r

i

!=:

i "

'-J

Al

a cer ear

a l o s p o e ma s h o rn 8 ·I i e os l a o r g a n i •

ci t .
(11 2) ob . c i t . p . 178 .
( 111 ) ob .

•

�-

58 -

z a c i ó n d e l a v i d e d i a r i a , l o s o b j e t os , l a s armas de
l as tabletas, se han r eco rdado p3labras y expres iQ
nes h o máricas que rec i ben en l os dJcumentos confif_
mación de su uso en época micénica .
Entre las armas micénicas aparece la espada
tcichonacJa de clavos de oro que es indic 3dc en las
tabli ll as con expresiunes parue~d3s &amp; 1 3s ~oméri ,
,
,
cas (113) . En Il . 2 , 45 se lee ; t ~o~ apyupo~ ov en
un verso que St:: repite tres veces r " :::&gt; en I1iada(114).
s~ tr3t~ de un v~rso í5rmula propio d8 la tr2sm i. s 10n oral de los a9dos; su significado se 2plicaba
1~cilmente a 13 dbscrioc_6~
de las armas de cual •
qui r h~roe, inclu¡~ndo tamb1 ' r el tipo de espada
e o ú n e n la r o c 2 • S i n e rn b a r g o por l a s e x e a v a c i o nes arqueológicas ps12s2ría que la 8spada +4chon~
da de cl0vos de plat? o de oro deJ~ de usarse des
pués de la época micfn~ca . El aedo sólo habría po
dido tüner noticia de ell2 por una trcdic1ón lit e
raria , popul-ir o cult~, la cual proceder í a· direc t8mente de ' poca mic~ ica .
~

Expresiones parecidcs se ref ierEn ~ l mismo
tipo de· 2rtc::san í ~ . En otro lugar de Il i ada l a es P ad a de - A g ame mr : n e-s -ta eh o nada da el avos de oro (115)
'
,
.
€V bE O l. ~~O t -X OUO'E L O L
, como el cetro de Aq.uiles
.)

(.

,

u

,

(

11"-ot.O'L TIETCn~µEvov
116) . En Odisea l a
misma 8XprLs1 {n bS usada para e l trono en l a casa
XPUO'E LO L c;

•

( 1 1 3 ) V • p • 39 .
( 114) I l • 3 , 334; 16,135; 19 . 372 .
( 115) 11 ' 29 .
•
•
( 1 1 6 ) 1 . 246 .
•

•

�- -59 -

d e Al c i noo

,E n ,t epovou
, apy
, upor¡Aou
,

(117) .
La s t ':l b l e ta s habla n de eke-a kakarea (1~8)
,,
A ,
'\ ,
,
eyxe:a Xª Xf]p € a
q ue r ecu8rda x rrA. Xf] p E (, bo u p L y
t: u cr~ Xa AX~ P € t. d e I l i a da ( 1 1 9 ) • E n e s t e e n s n r. n m
e n e l an e r io r se podr ! 0 sugerir una trasmis1'n
d e a n t i g u a poe_ f a mi cénica . Lo mismo podr!a cJecir
se p u r la exprss16 n 9o)pe: xob rco" uba t 5)á A.ou
(120), s i se cons i de r a que 9~pa~ es vucablo uswal m1c ' ni
e o p a r .:. i n c1i e ::i r l
c o r a z a y q u e 6 a. { ó a Ao b d e varios
~do rr1as , podr i L ref8rirse a los diferentes c,lo res ce l as franjas d e metal que componían un tip
d e co r aza para el cual existe en lDs t blilJ~s un
i deog r drr1a espec i al que equivalrir i a a 9woe xob yÚo;Ao';
(1 2 1 ) . Junt o co n esta EY~res1 ' r po~r i an coloc.arse
l os d os a dj e f iv ns xaAX OXL't"ú.)V€G 7 xaA.,,:ox opÚcr't"t1~,
f orm ados l os dos por pa l abras de uso comdn ur las
t~b l e t es . El pri mero se relacionar ! ~ con la coraz
cJ8 b I o n c e , e l s e g u n do e o n b l y e l mo d e b ro n e e t 1 pl
can1e n te rni fni co .
L o~ asc ud os n o aparecen en las teblillas ,

p~

r o es l/n ab un d a nt e men t e d ocumentados ün frescos ,
jo y ~s , a rm as de l a éµ oca . Héctor en ln I l i ada usa
un gran esc ud o qu e l e cubre el r.uPrpo desde e l
c u e 11 o h 8 s t a l os ta l o ne s y. que es t /. ro de 8 do por u na
(11 7) 7 , 1 62 .
(11 8) l&lt;n R 481 .
(11 9 ) 5 , 14 5 ; 4 , 4 69 .
( 120) Il . 3 , 3 5 8 .
( 1 2 1 ) V • p • /T u •

�-

60 - -

,
fr a n ja de neg r o c ue r o oEpµ a

,....

XE ~a ~v o v

(

)

1 22 • En
11 a ma a s u e s c J d o
0 t r o p a. s a j e d e I 1 í a ci a Hé c to r
" seco buey " fXOv a(a1'.Éf)V ( 1 23); p odr í a se r es t o e l
r ecuerdo de l escudo de cuero , t í pico de la éooca .
Los documentos d~ C1osos incluyen l~.~Jl~bra demD s i ( d a t . p 1 • d 8 oÉPµa ) y k e r e n o x ÉA. a L v o b( 1 2 4 ) c o mo
nombre propio de buey . No debe extr~R&lt;lr d~masiado
la coincidenciA; los animales en mic(nico, como en
les poemas hon ' ricos, reciben a menudo nombres de
colores . tlás arriba se i1a recordado el adjetivo
ho1 / rico o 1 v o~ usado en :as .aoletas como nombre
propio de un toro .
Entre los objetos snume r dos en las tablillas
f i g u r a n a l g u no s inc~UlStm d o s e n d i f e r e n t e s me t ·a l e s ;
u r1 los p.:iern¿:;s hc"'lér.: cos ta mb ... "r1 ; la cama de Par is ,
•
el forro do la espac::i
of rec i cja u• Odisea pJr Eu ria
lo , la cama de Penélopa , lo rne s a de 1 1 t:stor . Pare ce que ~n la : nea ~américa no exist.~ la ~lcn i ca
de lo incrustac 6n de met~les; las aedos deben ha
ber recibido la descripc1 ' n de estos objetos de
u na
n t e r i o r t r tJ d i c i 1 n 1 i t e r G r i a rn i e é n i c a-. L a -o
a•
la b r 8 q u e ~1 o me r o u s a p a r a i n c r u s t a c J. / n o { vro't o b p .Q.
dría encontrar un s í mil en le p0labra geg1nc.,to(125).
Ch ?i rJ 111 i c k al a na 1 i zar 18 des c r i p c i 6 n de la e ama de
Pen~lope en la OaisEa nota por lo menos och0 p3 1 ~·-

(122)
( 1 23)
(124)
(125)

I 1 • 6 , 1 17 .

7 . 238 .
Fh 353; Ch 896 .
Py Ta 642 .
Il .

.•

�- 61 -

br as qu e tienen paralelo en las tablillas (126) .
El mi s mo acercam i ento puede hacerse en le descrio
cifn dG l a 8spada de Odisea , en la que se

Al mismo fondo de antigua r~8SÍ&amp; ~ir~rir,
y
'\I'
I
p~rtc n bc8 rf a la expres1 / n T.panElaV x a~~v xua v 0~E~av
que prosents la misma t / cnica artisiica (128), D
r i err elementos del vocabulario mic~nico y se sn
cue n tra en un contexto cuyas palabras pertenecen
o l mismo vocabu l ario, incluso el nombre usado para l G conoc i da taza de Néstor .
Er1

CJ 8 n

E:.!

r al

1 o s e p i t e t o s h o mé r i c o s f e r ma n p tJ .E

t e de t oda una t r ad1c16n formularia . Entre Ll los
a l gunos aparecen con una forma da nominativo en ~
q ue probablemente procede de un antiguo vocativo
y quu parocB tener relac1~n con el n o minativo ma_
cul i no on a de l mic / nico; otros se presentar en
f " rmtJ l as en l as cuales se encuentra la p labru
&gt;
a v a~ en su forma micénica won x, es decir to DVÍ
con ~l digama . t s~os dos elJmentos, unidos a vec
con tras m~s; nombrús do dioses on form mic8nica etc . , pueden sugerir 81 acercamiento de est s
f ó r mu l a-s q l a 8 n t i g LJa p o es i a 1n i e é ni e a • E. s e
eab
d8

TI ') O" t

L ~J ÓwV L

'- !lepo { cr-i; o t. o

(1 26 )
(1 27)
(1 28 )
(1 29 )

f

f '4' V ('(X 17 L ,

íl O O" E
á vrr x -i; o&lt;;, ( ·129) .

De s
Od .
Il .
11 .

L ()

á(.0 V a

f

CÍ V a X 17a ?

. p . 334; Od . 19,53 - 62 .
8 , 403 - 405 .
11 , 628 .
15 , 5 7; 1 5 , 8; 15 , 214 .
~,,..

--

�-

62 -

Poseidón -en l os-poemas homéricos recib e el
ep í teto de xuav oxar~a (130) palabra que enc i erra
V
va r i o s e 1 r=- ne n to s mi c é n i c o s : e 1 r1 o mi na t i v o en a , la
p?.labra xÚaV OG que se ha encontrado en l a descrig
c1ón de un taburete en Pilos ( 131) y que en este
caso se refiere a l color del n1et~l qu8 debil ser
muy usado y conocido en é~oca rnic~nicn y no tanto
en época hor1é1ica .
,
Hsctor a menudo es llama clo xopu8a LoA.of; ; a l
significado de este ep í teto n o es del todo claro .
En las tablillas de Cnosor se encuentra l a pala bra a i woro como nombre ne buey (132) . Probablemen
te la expres i ~n x opu8a C o~o~ est ' en relac~6n con
l a f ó r mu 1 a xE ,top u8 µ¡. É v o~ re 't 8 on: L Xa/ ~ :
de 1a c u a 1
podría ser wna abrev1ac1 /.n ( 133
En Homero se 8~
cuentra otra expresién a. l. oA.o9rop ~( en la que cr Í.ÓA.o&lt;;
por ser parte int eg r ante de la coraza no puede t~
ner sign ifi cado de m vi miento 1 como se ha at~ibui
' ,
,
do muchas vec2s a a t 1)...0~ componente de xopu8a t oA.o&lt;; .
S i en el ca so d e a 'Lo} 08 , _ í); ., c o mo e n e 1 d e
a t o~oµ C~p~&lt;; (134) , a tÓ~ o&lt;; se traduce abiqarrado,
de diferentes colores , podría pensarse en el mis mo significado tamb1~~ para el velmo
. Los descu •
brimientos a rqueol/ Jicos y la lectura de l as ta blillas de l a serie Sh cie Pilos presentan yPlmus
de varias franjas (c~atro en Pilos) . xopu8a t o~or,
(130) 11 . 13,563 .
(131) Ta 71a .

(132) Kn Cl1 896 .
(133) Webster, ob . c it . p . 100 .
(134) 11 . 4 ,4 89; 5 ,707 .
•

�- 63 significar í a entonces , como su expresión .~s larga de yelmo resplandeciente 1 en el que el respla~
dar se debería a los di1erentes metales de las
.
ranjas ,,
,
El eof.teto de Troilo L'IT1(LOXCJPf1f}&lt;; ( 13 ) recih

q ui zá s s u

j u s t o s i u r1 i f i

el r. a rro y no don1inado1
mi e n t

l

cJ e l a p, r i ~ i ¿ r a

1

~

ca d o q u e c o mb a t e d e s d
de caballos con el ac r

a r t e ci e 1 a d j e L i v o a 1 a p

~

h t a i g i i a 1. 1 Jr La u s a d a e n l a s e r i e S d d e Cno s ., s ~
ra indicar el carro . Ser ía éste, como el anl ri
ün ep í teto de origen micénico, ~ue siguió siend
u s c; ' 'l a u n c u a n el o y a e l ca r r o d e j 6 d e 11 a ma r s e
L1t L r para llamarse . ap¡1a
. . 1 mismo epítet~ se usa
en la Odisea para Amit a ón, el fundarlor de P1l s;
el rombre Amitaón aparece en lns Jocumentos de
J ns (, 36) . La relación mi ~rica parece clara .
Ayax Oileo en la !liada recibe el epíteto d
/
A. L v o() f r¡~ ( 1 3 7 ) . E. l n u mb re Ay ax se ~ne LJ entra en
los documentos (138), como también las dos alabras
(vob y 8oop11( • El 8píteto puede ser de orig
rnicénico y proceder ne Pilos donde ap&lt;::1rec n las
rJ o s p a J s b r a , r i n o y t o r a k e • [_ s L e ú l t l mo v o e a b 1 L
~

/

V

falta en

•Cnosos .

Cuando
s e ~1 a b l a

l

catálogo de las n ve s er la 1liH
J E:J l e o n t i n y .. n t e d e P i 1 o s s
CJ i e u e n t r a 1

e x p r e s i ó r1 " e 1 e él b a 11 e r o Ge r e n i o r~ é s t r , ,, u
1
a l i 11 e a b a n n o v e r1 t a n a v e s '' ( 1 3 9 ) • L n P i l o s , e ~1 a
I'.

135
136
137
&gt; 138

\139

11 . 24 , 24r .
Od • ·¡ 1 , 2 5 ,,, , P y Nn 8 3 1 •
11 . 2 , 529 .
K n Np 973 .

Il .

2 , 60·1 .

�-

64 -

contr ado un g ru po d e t a blillns, serie An, en l as
cuales se habla de pequeñasformaciones milita r es ,
guiadas cad a una por un jefe; al fin8l de l a lis ta aparece el nombre del comandante sn jefe con ~
ta t..xpresirn y con e l os el GQLt
11 . N . (140) . El
t i t u 1 o e y s ta n pe r G c e s i e mp r o o 1 1 t e:; s d e l r1 o mu r e p r ~
pi- . la c~Jresión horn~rica acercc de Nésts1~ es
,
V
_
,
v
r ePf1V LO&lt;:; t 'IT'Tt0'17a 1'1EcY'"{;(Op en que la palabra L..-'IT0'170:
se encuentra siempre 8ntes del nombre y es propia
de hJé-tor aun cuando no exclusiva de tl . c:..owt:J t:n
V
micGrico parece deriv8r dL lo rñÍ7 GQU ( € 1l O•11 et L )
y se interpreta come L~nde; podr f
sin emb3rgo r~
laci-n~rse con ekwo?l~quus) . De todos maneras ya
V
sea L 'IT'IT0'17a una interpretoci "' n equivocnda de la p_:::
lobra egeta de uso rwro en {a épocn de les aedos,
V
como que sG relacione con l ~TIOG, la r:r~ula pare •
ce estar muy cerca de le uxpres16n de las tabli llas y puede ~aber lleg~do a los aedos de un lej~
•
no p8sodo p ~tico en 21 cual sa contaba le tiisto ria
de Pilus y de
&lt;'stnr . lUebster ...,i sErva "El sen
.
c.
,
tido de la palabra mi~.:1 ico eqeta ~,..,.E'17f}~ es indi.§.
cu t i b 1 e , si g r1 i f i e a e ~ p a ñ e r o o c o n d e • • E n H o me r o
so encuentra ur1a
curiosa,
lt1 palabrs l1ippata
que ~s título de noblLza aplicado n Peleo,
' tor,
Ri rl n n , Oi n E:: o • E r1 e l ri orne 11 to e n q u ~ l 2 c a b n 11 e r i a
pa ( 2 sor un cuerpo importante en Jonia esto p3
'
labra dGsignó al propietario del caballo •. • ex is tía entonces esta forma igota que es una Forma
abreviada de igopota (Schweitzer, Gr . Gr . I 499 n . 6) .
1

(140) Py An 657 etc .

�-

65 -

Supongo que l os condes que formaban una ~lite, la
de poseed o re s de carros~vieron su antig uo t i tulo
de e g eta transformarse en hippota, y que es b~JO
esta forma que se les ve en ur1a frase como " /
tor caballero Ger8nio " , qu en r lidad deb' s
1
' N' stur
F·l Lande Cer ni'' (1Lt1) .
Qui /
-1 mismo c8u lal p ~ ico mic~nico ptJ d n r 8 mo n t ,. i s t.: o t .e o s c o r1 j u r1 t o s d e
b-r e s y e p í t ,
u
L s com
y) ( u XC- t, ~ ) !\ er1 V a ~ BGcñn: t, e;
vt.a Ho11,
f\
,
,,
E u¡)uona ZF ·5 9 y0,, . . ~-&lt;.o c; ,, 1.p11c; 9 a l. yp:iirco: J\ uxao)V, rxva(
' l\ya¡tep.vrov,
,
"'f V bpcov
f rmauos de pa l bras y numbr
qu8 las tabletas at~stiguan .
ApartEJ y CJde1 '
de l' s fúrmul s con nuri br
prop1 s , se encuentrin en l ~ po m s mucha
tr
lJ
e r e L \:,.; 1 i s i c a s d i f r e n s º
1 g u na s p d r i 1 n r _
l acio narse con una antigua poesía micénica, otras
rJari LJn rern ntarse a un fondo común oriental .
p,e:~ t. r' i Ea o lv ov está forma-da por palabras que.. ap recun en- las tabl-illas, o (v o v llc:vu d1gam l ( 142) .
f t:'cp t.. f av á C1 &lt;1E t. v 1 o s p a 1 n b r s s n i n cJ u da s m1
e ' nic..::as-: e 11 te:1mbi~n la f rmD instrurr ~: 1 cp t.. (
1

'"'

)

rn

-

)'IT 'l.. ¡ ,

E

O t, V 01ta

I

'fCOV't"O V

t:.: l

a cJ j e t i v o ;· o { v

)1La

mi-

cénico (144) .

Al lenguaje f ormul ri , probublum nt d
r_
l] e n J r i e n to l
r.:
r i a p e r t n e e ~ r l o xpre i6n
~µE t ~Óµe: v a L O r (. 'tai\~ ( 145) , nótese el diga ::i en

f

(141) Webster , ob . cit . p . 104 .
(14 2) Od . 14 , 78 .
(143) 11 . 1,38; 452 etc .
(144) Od . 1, ·183; v . p . 50 .
(14 5) 11 . 1 , 604; Od . 24,60 .

�- 66 .
l o mi s mo p od r í a dec irs e de l a ,f ó rmu,,l a t i p i ca de i n t r o du cc ión d e d i s c u r so : ~ o vnaab Enea

Fon e,

,

n~Epoev~a.

,

n poan uba .

El estud i o de las comparaciones homéricas,la
d i s ti n c i ú n en e 11 a s e 1 a p a r t E:? o r i g i r1 al d e l o s
a2dos gr i egos y lci parte propia de unr1 f1JI 1 ulís t.i.
.
ca comparativa qufen elgurins casos tiene su or1
gen en poemas orientales ac~ Jicos canaanit8s, hi titas; sus paralelos con el arle
co o con el arte protogeométrico y geo
ofrecen elen1entos interesJntes pAra la reconstruc
ción de una ever.tual poesía mi r ica y merecen ser
estudiados aparte (14ó) .
. , .
H'_oes y leyendas de la poesía 1n1 cen i ca
e n 1 a r 1 e s í n 11 o m cl r i e o
j

El 65% de l8s p3labras encontradas ~n las ta
blillas en lineal o 8stá constituido por nomtrLs
propios , de lugor~s, de personas, de dioses, de
animales .
Entre los nombres propios de p8rsonas 58 en cuentran paralelo ~n poemas h mGricos; 17 dE ellos
s d r-· n r. u e n t r a n en l os dos poemas , 2 9 sólo en I ! i ad 8,
12

' l o e n OcJ i se t:l

,

2O e or

¡ Gsp

u n d e n a r1 o rn b r

l.,;

s 11 av~

T ro

y a r1 o s y su s a i i a d o s • A 1 g u n o s r e e u e.!_
dan a míticos antepd ~dos , otros a héroes hornéri dus

por

1os

Aquiles, Ayax etc . ; faltan los
.
nombres : Ag a 1n e mn ó n , frl'e ne la ·a ; \1 é u to r , Di o me des ~ Odi.
seo, i-\1 f ioo etc .
cos corno

~(ctor,

Si es cierto que en los doc u mentos n o se lee
•
el nombre de Né~~or , es tamb i én c i erto q u e apa r e ( 146) We b ste r, ob . cit . p . 20 7 - 216 .

�-

67 -

cen en ellos 21 nombres que fueron llevados por
héroes del ciclo de ley endas pilias, y que en l 5
poemas se encuentran en r 8 la c ' 1 de ami 8 ta d
mu
te con los héroes del ciclo Piliu: Cret~o, Amitaó
Kl y n1 e n o s , An f i a r e o , F y l e o s , Ad r e s t o s , Gl 8 u o , r t 2.
neo, Leucos, Aktor(ion), Tosao, Peiritoo btc . (1 1
16 riombres recuercJan el ciclo Lesalir
ent.1.
ollos: Aquil~s, Janto, Deucalión, Tras, m caón .
El ciclo cretense está l ~pres¿ntado sólo crJn -=&gt;Íé
t 8 n o rn b r e s , e n t r e l o s e u a l 8 s no f a 1 t a n I d cJ m6 n e ,
Oeuk lliór1, ~luktruón, Kasto1- . L' familia de l s
Atridas·es 'pres ent en nombres como : Tóntal ,
Tioste, Orestes .
(.i

1

Entre los nombres de T1oyanos y de sus dlicdos

tJ u n el &lt;J n r1 o mb r e s 11 e v 8 d CJ s

L a o cJ o k o s ,
eles,

P e d o i os ,

Li ei o s :

por

P ( r i k l y me n o s ,

/1 mf i

d

GJ

.J e

,

P e r i n1 -

l o,

Antt:Jnor .

La pre~Pnci~ d8 nombres hrméricos en les d curr18r1tos mic 'r,ico s puedo hoct.lr p8nsar que E:: t JS
nombr~s

.

fuLron comunes an l~ 6pJLo micénica y su-

gerir qu8,

probablem

r1tE=,

58

~1

bien popul.Jrizad

a t r J v é s d e e a r l to s y p o 8 í a 5 q u e r a c r d a b ~ r1 l a s
11 a z n u s y l u s mi t o s d 8 1 u s t1 8 r e s Ll u s 1 o s 11 v a ron .
Entr~

I r i rr1 e el a. ia ,
11 i p (j l

~llos
1-\

tr8S formun una f 1milio mí

lo u o , E f i a J. tes .

Pu c.11 í

c:J

ic~ 0

fo r rn L11 a i s w la

e s j s d e q u e p r o b a b l e rn e r1 t e y n ci e s d e l a a 11 t i -

güedaci micénica se conocía lo leydrlda seg~n la
cuaJ. Efialtes c~n su h~rmano Oto, intentó subir
(147) D. H. F . Gray 7 Mvcenaeans Names , The Jour
nal ar Hellsni c Studies 1958, p . 43 - 48 .

�- 68 al cielo y ató a Ares ; y que por l o mismo podrían
ser conocidos los mitos de Tánt a lo ~ Teseo , Ties J..

l.,

es .

En l8s tablillas se encuentran los nombre s
Kasto r y Aithón . Los dJS son usados p o r Od i sea en
sus cuentos cretenses a Eum eo y a Pen~lope r espe ~
tivamente (148) . Los dos cuentos podrían ser vie j o rna t e r i a l mi e 8 n i c o t r a s mi t i do a l os a e d o s y apr_Q
v ec h ados para l as dos br e v ~s inv enc i o nes de Uli ses . Este cuenta que Kastor es venerado por los
cret enses como un dios; se _ r atar í ~ de l doble as
pecto civil - religioso del wanax mic~nico . Ade i,( s ,
todo el cuento de Od i sea a Eun1eo se · desarrolla
en una atm ' sfc r a de dominio de los mares propia
de los cretense~ , mienircs l8s acciones de pira tería recordar í an l as ~mpresas micén ic as . En ur1a.
emboscada d e noche Odiseo - Kastor ll eva e l grande
escud o que cubre todo l cuerpo . Parecería no hn ber duda sobre l 3s car cteristicas mic~nicas del
relato . Podrf~ sugerirse la hiJ '· esi s de que este
pequeño cuento podri h8ber sido el n6c l eo origi nario de los viajes del n avegndor micén i co , eoJel
c LJ a 1 e 1 p o e t a s e i1 a rJ r i a i n s µ i r n d o p n r a el p o e ma
de l

retor no de Odisea .
El mi.to y l a aventura ser f nn entonces argu mentos de J.a ant i gua µ0es i a mic(nica,jun t o con e l
relato de l as hazañas de l os jefes muertos , como
hace pensar e l sarcófago de Hagia Tr i ada .
Muchos de l os ~ Cr oes de l os poemas homéricos

(148) Od . 14,394; 19 . 193 .

�- 69 -

encierran caract er í sticas de jefes micénicos, con
form e a l os hallazgos arqueológicos y a la lectu ra de las tabl1llAs .
~I é e t CJ r
e s h ,,.. r o e 1n i
' r1 i c o ; mi ...., ' r i c 6 s u a r ma d u
rD de br nce y t~tJr~, pur le cual recibe ol n miJrs du xaAX')'l.tOpÚ&lt;18flC.:? xopu8a Co:&gt;\,o &lt;; ; combate desd~
i; 1
c a r r n ; 11 e v a Lt n .... s c u cJ o mi e é r1 i c o c u n f r n j a s d e
c u e r u ; e r1 la c o s a l 3 s n n c i 11 a 1 o 8 s pe r a n cu n u n
baRo caliente, tiene caballos c1u e llevan nombres
propi s; uno de ·llos se encuentra en 1 s tabli 11 s cuma nombre de buey : Podarqo (149) , olrc
J
como nombr8 de personas : Janto y Etón (150)~ su
cuerpo es embolsamado .
Aynx tnmbién se p8r~ce a los jefes micénicos .
S u p c..,¡ t r u n I mi e o e o r1 t i t.:: ne l a d s i n e r1 e i a mi c é 11 i c
8n
iio, Telam onio . Llev a el gr n escu~u micénico qu
incrusta e tJ b re tu el o el cuerpo , c o 1n o se ve en l
e l {i r1 cJ el p LJ f; a 1 e n c o r1 t r ad o en l a e u ar t
tu mb ~ d
mi c e n 8 s o e n e l v 8 s o e 11 e s t e a Li t , e n e o n t r ~ cJ b n
.;;,&gt;

t:;

Trít-lda .
ert;)nio ~és micénic ~s ol c~b 11 r
Fiyur
tor . Micdnicos son su mes , su taz , sus rel't s .
E r1 t r e 1 os 8 s t u d i u so 5 a l g u n o s so s t l e n e n ~ u e l a 8 mp r t:J s a d e N ~ s t n r y 1 o s Ce r1 t LJ r s p t:: r t 8 n e c e r í
)' a
1 a p o c:i s i ü 1n i r ' r1 i e
T y r o , ma d r e d e f~ e 1 e o e r
pQ
s a ci e C r e t e o , a l e u a l d i o t r e s t1 i j o s : Ai s ó r1 , ~ h e r Gs , Ami t a ó 11 • L o s r1 u mb r t3 s Cr e t e o " Ai s ó n , Ami t a ó n ,
se encue r1tr an en l as .tablillas ( 151) •

Hagi1.

(.j •

(149) Kn Ch 899; Ch 1029 .
(150) Py An 39; My Go 610; Kn Da 6061 .

(151) Py Ea 800 etc . ; An 261 etc . ; Nn 831 .

�- 70 -

Odisea quizás sea el más caracter í stico hé roe micénico en los dos poemas . Mic~nica ~ s su ca
sa, su f í bul 3 , uno de l os s ign os de reconocimi8n ,
Lo frente a P en ~lope . Pose L.: un · ~ 11enos, t:..iene en
.
•
t:l
enr; e sel
e l p n l o c i e L1 n n o r g o n i z a c i ~ 1 1 mi
vas que atiende n a l trabajo d8 la casa; es exce lente arquero: en sus viajes se encuentra y vive
con dos diosa~ , Circe (152) y Calip~o que recuer
dan aspectos de la potnia medi tl::!r1 -&lt; R8 . En sus
aventuras es asistido por ktenec? lú jric3 diosa
qu~ en las tablillas recit8 81 epíteto de ootnia
Hi On~ potini ia Kn V52), y que en Odisea d8sempe 11
toda s las actividades de un2 diosa suorema
a
•
•
la cual el mi smo Zeus obedece . LlRn a la tierra
· d~ los FEacios, pc í s de organizac1 / r micérica . El
r~y Alc í nuo es r~y entré otros doce, la reina Are
l~ es andssa y vener2do come una diosa; viven en
u n p a 1 , c i o mi Cn i e o e u y cJ s d s t J 11 e s a r t i s t i e o s ha n
~irlo compr bndus por las sxcavncion8s; poseen un
. ~. enos . Un:.:i de los r-eacios Se ll3m:J. Amfialo ,
lJrE:, qu8 aparece
ro (1S3) .
L~s

cbser\11cionbs quG surg~n db l8s e xc 8V8 c j o ne s a re¡ u e o l ' J l c e s y d e l a l e e t u r .n d L 1 a s to -

(152) Su nombre parece leerse un· la forma
:&gt;
A t a t ~ aiwain Py En 74~22; Eo 160 1 2 .
( 1 5 3 ) Od • 8 ,1·1 4 ; P y An 1 9 2 • Par a e 1 car á et e r
mic(n1co de Odisea , cf . Patroni, ob . cit .
I

�- 71 -

blillas micfnic as podrían, por l o tanto , confir mar la existencia de uno poes í a mic&amp;nica, escrita
u oral , que resisti( a la destrucc1fr de las ciu dad
y rlM lo civilizac / . Podría ella l1aber ~e­
ni
. e 1 &lt; ' t ~ r r 8 1 i g i o s o , e a 11 t a n d o l a g 1 o r i
y 1
8 m¡ e 1 s cJ e l o ~ d i o s e s y s e r i a r1 s u s e n t i n u a c i o n
lu
11 i rn n u
11 u "' r i e os º c r i:J et t:J r ~pi e o , re J t nd
1 az ñ

l

;:.&gt;

ri

lo

lr d dar y

~

mtJf='rto , t::!l m1 t

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que ib1n grey~n
s
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l t 1 empo y su t n sus continuadores 1
¡..i
m ~ hr
' icos; e r~ct r nuv lEJsc
de 8V;;.¡ntu
&gt;
r e rdnnd los vi( je de 1
pir t s y vi jer s
mi e ni os h e i a le j n s µ 1
s &gt;Y s r 1
su e n ti n u do ra , n e 1 e r to s e n ti do , l
Od j se •
E L pousía pr babl ncntu y e mpu sta n
L1r1 ri
l e n g u 8 f o r rn u 1 a r i a rn i x t n , u n l a e Ll a l e l e íl1 n t o
e g e o . , 11 o g r i e g o s s e ti a b r [ a n me z e l 3 a o c o n l él l n qua grieg - micénica, pudu haber sido tr smitida
r1 f r rn
er i t
u ,r l
r1 e n t o s e r t s • E n l a
lr
rni i ' n murh se petdi ; quedó lo que po I
r_
e rd r
m1s · ' ~ilmento, us d8cir 1
p lr ~ f rmu1 r1 l . L 1 ngu
~
nriqu ci con l m nt s je
los
Ji l c
j 'ni
- ..: L l c ,y
1i e
su o t
r
r l . U i1 '
l s r l t
d
lcr f nt ,
l
Jr , F ' nix, l'n t r ~can
brev1ac1 nes d p E m1
x1st nles 8n época micánica . Est pos-a 1
j onu, r ducid en dimen iones dura~te l s sigl s
de trasmisión , podr f ~ haber conbtituido el elemerr
to tJas8, que inspi 1 ' la creación cJe los poemas h_
méricos, reflejos sin duda alguna de una heroica

d

~u

t

s

1

.::.i

i:;

1

sociedad micénica .

��l~l)ICIONJt~~

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OTRAS PUBLICACIONES DISTRIBUIDAS P OR EL DEPARTAMENTO:

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Ciencias Sociales, 1960
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Garc1a ~uertas, Manuel Cervantes y la crisis d el Renacimiento español. Montevideo, Facultad de Humanidades v Ciencias , 1962
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Enseñanza Pr1ma1 ia ) Norn1al. 1960.
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-·--

]&gt;ectido a: Cerritc 73, o Juan Lindolfo Cuest!ls 1525, 1\l onlevidt~ o, Teletono 93301.

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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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              <name>Rights</name>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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                <text>Lengua y civilización micénicas y el mundo de Homero</text>
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                <text>Lingüística</text>
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                <text>SESTIERI DE SCAZZOCCHIO, Lea</text>
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                <text>Sestieri de Scazzocchio, Lea&#13;
Lengua y civilización micénicas y el mundo de Homero : Lea Sestieri de Scazzocchio--Montevideo : FHC.DL, 1966; 71 p</text>
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                    <text>LEA S. DE SCAZZOCCHIO

"Poét-ica" y Crít-ica Lit-eraria en Plut-arco
"El alma no es un receptáculo para llenar, sino una llam;;t para
encender" (I), escribía Plutarco en una de sus obras dirigidas a los
jóvenes, y sintetizaba, con estas palabras, como en un lema, el espíritu mismo de su vida y de sus obras. En efecto, si su existencia y su
enseñanza fueron dedicadas a encender en el alma humana la llama
del bien y de lo bello, sus obras lo fueron a indicar el camino hacia
el mejoramiento humano, a través del recuerdo de las hazañas del pasado, magistralmente relatadas en la&lt;; "Vidas" (~[ot Vitae); y por medio de razonamientos filosóficos, observaciones morales y prácticas,
consejos simples e ingenuos, afectos humanos y puros, contenidos en
sus "Obras morales" ( ~.Stxá J'vforalia).
Quizá, por la enseñanza sana, sencilla y honradamente moral, sin
complicaciones filosóficas o rígidamente religiosas, y por la ternura
hacia todo lo humano que trasluce de sus obras, Plutarco fué y es en
todos los tiempos uno de los autores griegos mayormente leídos; aunque le falte como filósofo un sistema, como historiador cierta objetividad y verdadero sentido histórico, corno crítico ideas claras y a veces intuición artística.
Fué amado y apreciado por sus contemporáneos. Los cristianos
de la época bizantina reconocieron en él un "anima naturaliter christiana"; y durante toda la edad media su vida y sus obras fueron consideradas como una guía moral. El Renacimiento encontró en las
"Vidas" argumentos para las mejores obras trágicas, y en "Moralia"
amplio material de estudio y enseñanza. El Romanticismo lo apreció
como a un maestro de humanidad y libertad. Y hoy, como ayer, la
lectura de sus páginas ofrece valiosas enseñanzas e interesante material
para el estudio de la época clásica y helenística.
En efecto las "Vidas" proporcionan abundante material histórico; y
{(M aralia" constituye un reflejo de todas las doctrinas religiosas, filosóficas, morales y estéticas, desde Homero hasta sus días, y por las
cuales estaba formado el acervo de la cultura helénica y helenísticoromana.
Fué Plutarco un estudioso y un erudito, más que un creador,
siendo relativamente escaso su aporte de ideas nuevas y originales. Pe1)

"De recta ratione audiendi", 48c.

-

5

�ro tuvo dones de imaginación, y un estilo atrayente, sencillo, vivaz,
familiar, lleno de locuciones ricas, de ejemplos apropiados y comparaciones sacadas de la vida de todos los días, que Boisonnade comparó
a un mosaico, en que los colores se acercan sin fusionarse. En esta forma
escribió, a decir de Lamprias, 227 distintas obras.
De aquellas especialmente dedicadas a cuestiones estéticas y de
críticas literaria, nos han llegado solamente tres: "Cómo los jóvenes
deben leer a los poetas", "Resumen de la comparación entre Aristófanes y Menandro", "La malignidad df' Heródotos". Sin embargo, observaciones estéticas y juicios críticos se encuentran en muchas obras
suyas, especialmente en: "De la manera de escuchar", "Banquete de
los siete sabios", "Los oráculos de la Pitia", "Asuntos convivales" (:.!).
Se ha dicho de Plutarco que es un "Platonicien décidé" (:n. Esta
común afirmación se refiere especialmente a su posición filosófico-religiosa, en la cual se encuentran, sin embargo, también matices pitagóricos. Por lo que se refiere a sus teorías éticas, los principios platónicos se mezclan en él con la teoría aristotélica del "justo medio", sobre la cual se basan muchas de sus obras, como: "De la virtud moral",
((De la curiosidad", "De la cantidad de amigos" y otras más. El mismo
Croiset dice a propósito de su moral: "Sa théorie m01·ale est platonicienne et aristotélique" &lt;4 &gt;. Lo mismo puede decirse de su "poética"
y de su crítica literaria, en las que ideas platónicas se unen con otras
aristotélicas, a veces sin conexión y sin que el autor advierta las contradicciones. Así es, que afirmaciones platónicas, como: "La poesía no
es verdad; la poesía debe ser usada con fines morales &lt;5 &gt;; la poesía es
un medio de conocimiento; un ejercicio para el alma que se prepara
a la filosofía &lt;6 &gt;" etc., se encuentran junto con otras evidentemente
aristotélicas: "La poesía representa lo verosímil (7l; en la poesía se debe admirar la forma de la imitación, no lo imitado (8); el argumento
y no la forma métrica constituye la poesía de una obra &lt;9 &gt;".
Por esto, antes de referirnos especialmente al pensamiento estético de Plutarco, recordaremos brevemente la posición de Platón y Aris2)

3)
4)

5)
6)

7)
8)
9)

Las mejores ediciones de las obras de PLUTARCO son para las "Vidas" la de
LINDSKOG r K. ZIEGLER, iniciada en Leipzig, 1914; para "Moralia": D.
WITTENBACH, texto crítico, traducción latina de XILANDER y notas, Oxford,
1795-1829; G. N. BERNARDAKIS, Leipzig, Teubner, 1888-96. La más reciente es
la de M. PoHLENZ, Bibl. Teubneriana, Leipzig, 1920-1956.
Los títulos latinos de las obras citadas son los siguientes: "Quomodo adolescent. poetas audire debeat'', "Compendium comparationis Aristophanis et
Menandri", "De Herodoti malignitate", "De recta ratione audiendi", "Septem
sapientium convívíum", "De Pythiae oraculis', "Quaestiones convivwles",
''De virtute morali", "Amatorius", "De curiositate'', "De multitudine
amícorum".
CROISET: H istoíre de la Líterature Grecque, Paris, tomo V, pág. 498.
Ibídem, pág. 513.
República, libro 111, libro X.
Protágoras, 339a.
Poética, IX, 1451a, 36sgs.; 145lb, 3-9.
Ibidem, cap. 14, 1453b, 25.
Ibídem, cap. 1, 1447b, 14.

c.

-

6 -

�tóteles y, en general, las ideas tradicionales gnegas, muchas de las cuales Plutarco introdujo en sus obras.
EL ARTE POETICO EN Pl.. ATON
"Si llegara un hombre capaz de adoptar distintas formas e imitar" lo todo, y se presentara en nuestra ciudad para representar sus obras,
"nos arrodillaríamos ante él, como ante un ser sagrado, maravilloso y
"agradable; mas le diríamos que no existe nadie entre nosotros símil
"a él y que él no debe existir; y lo enviaríamos a otra ciudad, después
"de haber vertido perfumes sobre su cabeza y haberle coronado de
"guirnaldas. Para nosotros es necesario un poeta y un narrador más
"austero y menos agradable, pero útil a nuestro plan, que imite sólo
"el tono del hombre honrado, y conforme sus palabras a las formas
"que hemos establecido desde el principio, al trazar un plan de edu" cación para nuestros guerreros. &lt;10&gt;".
"Por causa de estos pasajes y de otros parecidos, pediremos a Ho" mero y a otros poetas que no tomen a mal que los borremos, no por" que faltan de poesía y no acarician el oído de la muchedumbre, sino
"porque más son poéticos, menm convienen a los oídos de nií'íos y
"hombres destinados a ser libres y a temer la esclavitud más que la
"n1uerte &lt;11 &gt;".
Con estas palabras resueltas y severas, Platón elimina a los poetas de su República ideal, sacrificando así en una dolorosa resolución
el arte que él más amaba, "como los amantes que, al reconocer los
"efectos dañinos de su pasión, se desprenden de ella aunque sea con
"profundo dolor (1:!)".
lVIucho se ha escrito sobre esta posición de Platón. Nosotros nos
limitaremos a fijar los puntos esenciales a través de los cuales Platón
logró tan incongruente resolución; y, entre ellos, subrayaremos especialmente aquellos que sirvieron de guía a Plutarco en la redacción
de sus obras estéticas y en sus juicios literarios.
Los cargos que Platón hJce a la poesía pueden reducirse a tres pa 1 •
La falta de verdad de la poesía.
Ya en ((¡ on"} Platón hablaba de la inspiracwn del poeta como de
una "embriaguez y demencia divina", y subrayaba que el poeta transmite el mensaje sobrenatural de las l\Iusas, sin saber exactamente Jo que
dice &lt;14 &gt;. lVIás tarde en ((Las leyes" reiteraba esta afirmación escribien1)

10)
ll)
12)
13)

14)

República, III, 398a-h.
Ibidem, 111, 387b.
Ibídem, X, 607e.
En esta división de los cargos platónicos contra la poesía seguimos a A.
RosTAGNI: Aristotele e l' aristoteli~mo nella storia deU' estetica antica. Origini,
significato e svolgimento della Poetica, in "Studi italiani di filología classica"
Vol. II, fase. l, pág. 7sgs.
"Ion", 533d-534e. Véanse también: "Fedro", 245a: "Hay una tercera clase
de delirio y de posesión que es la inspirada por las Musas; cuando se apodera de un a~ma inocente y virgen aún, la transporta y le inspira oda~ y
PLATÓN,

7

�do: "Cuando el poeta se acomoda sobre el trípode ele la 1\Iusa, no es
"dueño de su espíritu, sino que, como una fuente, deja manar libre" mente lo que fluye; y, puesto que su arte es una imitación, cuando
"los personajes que él crea tienen sentimientos contrarios, se cncuen" tra en la necesidad de contradecirse a .menudo; e ignora ele qué par" te, en lo que ellos dicen, estú la Yerclad (l:íJ".
Esta actitud de Platón acerca de la inspiración, no era por cierto
nueva entre los pensadores griegos. Ya Hornero había reconocido que
el aedo es inspirado por un dios (Hil; y Demócrito había escrito que
quien sea incapaz de locura será incapaz ele poesía (17J.
Sin embargo, al admitir esta iuspiración frenética e irracional,
Platón concedía a los poetas un lugar privilegiado y casi sagrado dentro de la comunidad humaua, aunque sentaba un antecedente destinado a tener, como natural consecuencia, la afirmación de la falsedad
de la poesía, como algo que se crea en e)taclo de éxta:,is, cuando el
ser humano se encuentra fuera de todo control (15 J.
También el concepto de falsedad ele la poesía era tradicional entre los griegos. Los mismos poetas eran conscientes ele ésto y lo admitían en sus poemas.
Hesíodo en el proemio de su "Teogonía" hace decir a las Musas
que ellas saben contar muchas cosas falsas con todas las características
de la realidad; pero que, cuando quieren, saben también proclamar la
verdad. Solón, en sus escritos, admitió la irracionalidad y la falsedad
de la poesía &lt;10 l, y Pindaro, en varias de sus obras su ln a yó el mismo
concepto: "Aunque no verdadero, lo que el arte levantó sobre sus
otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas ce·
lebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene
de las Musas, o que crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará
muy distante de la perfección; y la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino". Y "Menón", 99c: "jus·
tamente 1lamaríamos divinos a los que ahora llamamos áugures y a todos

los poetas".
15)
16)

719c.

"Odisea", VIII, 499,Demódoco empieza a cantar "impulsado por un dios";

XXII, 347, Femio dice: "un dios me inspiró en la mente canciones de toda especie".
17) CICERÓN, De divinatione, I, 80: "negat enim sine furo re Democritus quemquam poetam mHgnum esse posse, quod ídem dicit Plato"; y "de orat.", Il,
46, 194: "Saepe enim audivi poetam bonum neminem --id quod a Democrito et Platone in scriptis relictum esse dicunt- sine inflammatione animorum existere poSS(! et sine quodam adflatu quasi furoris".
DE.MÓCRITO in DIELS, Fragmeute der Vorsokratiker, fr. 18: "Todo lo que
un poeta escribe con entusiasmo y bajo inspiración divina es especialmente belJ.o".
18) "Ion", 53-1b: "el poeta es un ser alado, ligero, sagrado, incapaz de producir
" mientras el entusiasmo no lo arrastre y le haga salir de sí mismo"; y
"Apología", 22b, e: "los poetas son guiados no por su saber, sino por cierto
"movimiento natural, por un entusiasmo parecido a1 de los adivinadores
"y de los profetas, que también suelen deeir cosas muy beUas, sin tener
"noción de lo que dicen".
19) SoLÓN, frag. 29 Bergk; PLuTARCO, Vida de Solón, cap. 29.

-

8 -

�"plumas, te parece solemne. La poesía con sus falsos relatos rapta a
"los espíritus &lt;~o&gt;.
Pero la inspiración frenética e irracional del poeta no es la sola
causa de la falsedad de la poesía. La razón principal ele tal falsedad
está indicada detalladamente por Platón en el libro X de su {(República" cuando, al tratar nuevamente de la poesía como "imitación",
demuestra que aquella imitación queda "tres grados lejos ele la ver" dad". En efecto el artista imita un objeto, por ejemplo una "cama"
que ha construído un artesano, el cual a su vez ha imitado la idea de
"cama" creada por Dios. El poeta, por lo tanto, no sólo imit::t y no
crea, según Pbtón, sino que tampoco imita la idoa esencial de ''cama'', mas sólo la imitación o apariencia que de esur idea In hecho
anteriormente un artesano. Es entonces un imitador en tercer gTaclo,
y su obra está tres grados lejos de la verdad. "Así ento,Jces, scr&lt;t ~j poe" ta trágico, puesto que es imitador, él estad naturalmente tres gr::l" dos lejos de la verdad, y así también todos los otros imit~tdores &lt;~ 1 J ".
Consecuencia de este razonamiento fué el concepto pbt&lt;':n!co d'~
Dios, verdadero y único artista, y de la obra de Dio': -como única
obra poética en el sentido m~is elevado del vocahJo '"-;: .::,:·~-;!;·'
"creación".
2) La poesía es inconveniente e inmoral porque atribuye &lt;l dioses y héroes los vicios y las pasiones de Jos hombr~'s, y porque proporciona felicidad a los malvados y desgracias a los buenos.
El estudio de los poemas homéricos y la introduccic'm si-,tcnütica de sus lecturas en público desde la época de Soú'm, habían creado ya, muchos aiíos antes que Pbtón, toda una crítica homérica en
la que filósofos como Heráclito y Jcnófanes habían cotH.lcuado a los
poemas por ser inmorales en sus descripciones antropomorfas de lo~
dioses, hasta que Heráclito llegó a pedir que fueran diminaclo) de Jos
festejos públicos. Diógencs Lacrcio cuenta de Pidgoras que: "habiendo
"descendido al Acles vió el alma de H·esíoclo atada a una columna ele
"bronce y rechinaba; y a la de Homero colgada de un árbol y cerca" da de culebras, por lo que había dicho de los dioses''(!!:!).
Estos severos juicios sobre Homero suscitaron una rcaccióu que
encontró su forma de combate en la interpretación alegórica de lo)
poemas homéricos (Feré~cide&lt;:&gt;, Anaxágoras).
Sin embargo Platón voJ vió a la se\ era posición de Hedclito y de
Jenófanes. Acusó a los poetos, y primero entre todos a Homero, por el
antropomorfismo de sus dioses y por la materialización de la religión
en fútiles accidentes; los condenó porque "representan en forma erróNemea, VII, 20-~3; véase también, 01. 1, 28·33.
Rep. X, 597e. También en "Crátilo", 422e, 424d, 432c, 43-ia, 4393~ Platón
sostiene la falsedad de 1a imitación, y su engaño respecto a los sentido~
y al pensamiento; y en "Timeo", 28a-b afirma: ''el arti~ta cumple algo bello
sólo si sigue un ejemplar .:terno; no bel1o, por el contrario, si el ejem·
plar es caduco".
22) VIII, 13. Trad. José Ortiz y Sanz Queda.

20)
21)

-

9 -

�nea a los dioses y a los héroes" &lt;23 ); intentó indicarles el camino, subrayando que "el segundo principio que debe guiar los discursos ordi" narios y las composiciones poéticas relativas a los dioses y a los hé" roes, es que ellos 110 son hechiceros que cambian de formas y que
"110 nos arrastran con mentiras a hablar o a actuar" (24); y por fin
les pidió que no representaran a los dioses y a los héroes gimiendo y
quejándose, actitudes conformes a la naturaleza humana, pero ·no a la
heróica o divina; y que no pintaran a los héroes como intemperantes
y ávidos &lt;2 5).
Por lo que se refiere a la segunda parte de ese cargo que Platón
hace a los poetas, eso es: "porque en sus poemas pintan infeliz la vida
de los buenos y feliz la ele los malvados", también aquí la posición
platónica es en cierto sentido tradicional.
Por un lado ella representa un eslabón en la lucha que los griegos sostuvieron contra la melancolía y quizá el pesimismo de su naturaleza, agravados por los acontecimientos históricos y la experiencia
humana en el siglo de la muerte de Sócrates y ele las guerras del Peloponeso; y también quizá un reflejo de la lucha para la conquista
de aquella temperancia ( cro&lt;;JpcucrÚv't]), que se veía minada por las palabras amargas de los poetas, y por el peso de la fatalidad que ellos
pintaban y que oprimía a todas las almas helénicas, desde Aquiles destinado a morir joven en aras de la gloria, a EJ.ipo que inevitablemente
mata a su padre y desposa a su madre, hasta Sócrates) destinado a morir como un criminal en obediencia de las leyes, para enseñar a la humanidad el camino de la verdadera virtud y del bien. Y por otro lado
representa seguramente un paso más hacia la afirmación e idealización
de la justicia divina, que intuída con anterioridad por otros filósofos y
poetas, es sentida por Platón en forma superior y nueva f 2 6l.

3) La poesía con sus representaciones y sus bellas palabras agita
las bajas pasiones que culminan en el placer y en el dolor.
Gorgias había escrito en su ''Encomio de Helena": "En las perso" nas que oyen la poesía se insinúan un escalofrío lleno de terror, una
"piedad llena de lágrimas y una añoranza que se acerca al dolor ...
"Los encantamientos que resultan inspirados por el arte de la palabra,
" acercan el placer, alejan el dolor" &lt;27 J. Este efecto de la poesía que
Aristóteles justificó y elevó más tarde con su doctrina de la catarsis,
fué decididamente condenado por Platón: "Igualmente acusaremos al
"poeta imitador que coloca en el alma de cada individuo un mal go23)
24)
25)
26)

27)

Rep., II, 377e.
lbidem, 383a.
lbidem, 386-92.
Véase Re p. III, 392a-c; II, 363-64; y 380b-c: "Pero si un poeta dijerra que
" Dios, que es bueno, es la causa de los males de alguien, debemos opo" nernos con todas nuestras fuerzas a que un ciudadano diga o escuche ta" les cosas en una ciudad que debe tener buenas leyes; ni viejos, ni jó" ven es deben prestarse a tales cuentos, ni en poesía ni en prosa"; y especialmente "Leyes", 660e.
Cap. 9.

- 10-

�" bierno, acariciando la parte de ella que no razona, y que no sabe dis" tinguir lo que es más grande de lo que es más pequeño, sino que
"considera las mismas cosas ora grandes ora pequeñas" (:.!Sl. Ya que:
"Por lo que se refiere al amor, a la cólera y a todas las ¡nsiones agrada" bies que no pueden separarse de todas nuestras acciones, la imitación
"poética ¿no obra acaso sobre nosotros con los mismos efectos? ella las
"riega y las alimenta, cuando sería necesario secarlas, les entrega el
"mando de nuestra alma, mientras deberían obedecer, para que poda" mos ser mejores y más felices, y no peores y miserables" (29).
Así Platón en este y en otros pasajes de sus obras siguió condenando a los poetas que con sus bellas expresiones sublevan en nosotros sentimientos y pasiones que deberían ser apaciguadas. En efecto debía parecer sumamente contraproducente a Platón y a almas como la suya
que, mientras la nueva educación intentaba reprimir por medio ele toda
una filosofía las expresiones del dolor y de las pasiones, los poetas siguieran mostrando en sus obras a hombres y a dioses quejándose y llorando; que, mientras se enseñaba al joven a frenar y controlar la ira,
Sófocles exaltara la ira de Ayante; que ,mientras se educaba a los hijos a no flaquear y a conservar su entereza, sin dejarse arrastrar por
deseos y pasiones, Eurípides presentara a Admeto que Hora por su vida
y acepta mudo el sacrificio de su mujer, y a Fedra, que, víctima de su
insana pasión, acusa y hace morir a Hipólito inocente. Platón seguramente notaba que los jóvenes, arrastrados por bellas palabras, volcaban
su compasión, su alma, sus mejores sentimientos en las desgracias narradas por los poetas, sin saber resistir luego a las propias. Por lo tanto,
él concluía: el placer que la poesía proporciona es un falso placer, dañino y perjudicial para las almas de los jóvenes y de los hombres.
A través de estas consideraciones que se encuentran especialmente,
como hemos visto, en la "República", pero que ya están preanunciadas
en toda su obra anterior, Platón enjuicia a la poesía por falsa, aduladora, inmoral, irrespetuosa de la religión, excitadora de bajas pasiones, y
la condena a ser expulsada de su República; ya que, como Benedetto
Croce explica y resume: según Platón "l'arte appartiene non gia alla
"regione alta e razionale dell'animo, ma alla sensuale" (primer cargo);
"non e rafforzamento, ma corruttela della mente (f.w~r¡ ~~~ otavoía~)"
(segundo cargo); "non puó servire se non al piacere sensuale,
"che turba e offusca" (tercer cargo) ; "e percio la mimetica, le poesie
"e i poeti debbono essere esdusi dalla perfetta Republica" &lt;30 l.
Esta expulsión, aunque dolorosa, es la lógica consecuencia de los
cargos antedichos; y también de aquella otra consideración platónica
según la cual la poesía no es un arte con fin a si misma, sino un instrumento que vale sólo en cuanto sirve al fin propuesto, es decir en cuanto puede ser un medio de conocimiento, un ejercicio para el alma que
se prepara al estudio de la filosofía &lt;31 l.
28)
29)
30)
31)

Rep., X, 605b-c.
lbident, 606d.
B. CaocE, Estética, Bari, 1946, pág. 173.

Este concepto fue luego desarrollado por los estoicos; encontraremos en

-

11-

�Con esta búsqueda del valor educativo ele la poesía, Platón estableció una igualdad entre juicio estético y juicio ético, afirmando como
única forma de conocimiento la intelectiva y cayendo en el error de:
"creciere che di qua dalla veritá intellettiva non sia altra forma di
"verita" &lt;3 2 &gt;.
Veremos en qué forma Plutarco aceptó estas ideas, cuáles rechazó
y cómo intentó poner de acuerdo Ja lectura de los poetas con los principios platónicos.

EL ARTE POETICO EN ARISTOTELES
1\fucho se ha estudiado y discutido sobre las ideas estéticas de Aristóteles. Algunos les han reconocido su importancia y su correspondiente lugar en la historia ele la cstétio. Otros, por el contrario, les han
quitado valor y las han relegado a un plano completamente inadecuado.
Otros por fin, interpretando frases y pensamientos aristotélicos con espíritu y entendimiento modernos las han colocado a la vanguardia de
las ideas estéticas de hoy, y han reconocido en Aristóteles el primero
que lu afirmado el conccptt&gt; de actividad creadora en la palabra "mímesis" &lt;33 &gt;. En verdad, su aporte a la estética no es tan precursor como
algunos han tratado de demostrar; su definición de "mímesis" está lejos del concepto de "actividad creadora" de la estética moderna, como
afirma claramente el filósofo italiano G. De Ruggiero al definir así la
posición aristotélica: "La concezione arislotelica dell'arte ha solo ques" to in comune con quella platónica, che fa consistere l'essenza dell'arte
"nella mimesi, cioc nell'imitazione. l\Ja mentre per Platone l'arte e de" gradata a imitazione del fenomeno sensibile, quindi a ombra d'un
"ombra, pcr Aristotcle ilwcce cssa assurgc a imitazione del realc nella
"su a universalitá" (34).
Ahora bien Aristóteles llegó a este concepto a través de una nuev:l
interpretación de la inspiración poética y ele la palabra "mímesis".
En efecto mientras Platón atribuía al poeta una inspiración irenética que lo arrastraba fuera de sus sentidos, Aristóteles tomó :rn camino
intermedio y afirmó que: "El arte de la poesía es propio ele los que se
"encuentran exallaclos "(¡J.o:VtY..oÍ) o de los ingeniosos (~uyuúc;); és" tos son aptos para imaginar (~ihJ,(Zcr't"ot), aquellos, propensos al éx" tasis poético " ( h.a-'tanx.oí)" (:3 3 ). Con ésto, como justamente nota E.

32)
33)

34)
35)

Plutarco la aplicación de "Protágoras", 339a: "me parece que el mejor medio
de instruirse consiste en estar versado en la lectura de los poetas, es decir,
entender tan perfectamente 1o que dicen bien y lo que dicen mal, dar razón
de ello y hacerlo sentir a todo el mundo".
B. CROCE, ob. cit., pág. 173.
MANARA V ALCIMIGLI, Poeti e filosofi di Grecia, Bari 3, 1951, "bttroduzi&lt;&gt;ne
alZa Poetica" pág. 183, afirma que según Aristóteles: "mimesi e una vera
e propria attivita creatrice dello spirito".
Gumo DE RucciERO, Storia della filosofía. La fil.osofia greca, vol. Il, pág. 98.
ARISTÓTELES, Poética, IX, 1451 b, 3-9.
ARIST. Poet., XVII, l455a, 32sgs. La traducción de los pasajes de la Poética
pertenece a E. ScHLESINGER: Aristóteles, Poética, Eme ce, Buenos Aires.

- 12-

�Sikes, Aristóteles quiso subrayar que: "la poe'lía c&gt;s producto ele h:Ibilio ele éxtasis'', y que "la ma11ía" no
" dad natural ( d&lt;¡;uia 1
"es un entusiasmo temporáneo sino una habilidad permanente y
" consciente" (36).
En lo que se refiere al concepto de "mímesis", Platón había dicho
que la poesía, por ser imitación del fenómeno sensible, está tres grados lejos de la verdad. Aristóteles declaró que la ''mímesis" poética no
es origen de falsedad, ya que es ideal reproducción de lo real, esto es
imitación de lo real en su universalidad.
En esta definición el filósofo procedió por etapas.
Primeramente reconoció la "mímesis" como elemento esencial ele
la poética, al escribir en su "Poética": "Parece que la poesía tiene su
"origen en dos causas y ambas naturales. En efecto, el imitar es conna" tural para los hombres desde la infancia (y en ésto difieren de los
"otros seres vivientes, pues el hombre es el ser más capaL de imitar y
"obtiene los primeros conocimientos por imitación) y la otra causa es
"el hecho de que todos gozan con la imitación" &lt;37),
Luego definió la tragedia como "una imitación de acción digna y
"completa, de amplitud adecuada, con lenguaje que deleita por su
"suavidad" &lt;38 &gt;.
Y por fin, en un pasaje en el cual críticos y filósofos reconocieron
y reconocen una genial intuición ele la posición estética moderna, Aristóteles declaró que: "no es obra ele poeta relatar hechos que sucedieron,
"sino lo que puede suceder, ésto es lo que es posible ,Jegún la vcrosimi" litud o la necesidad" &lt;3 !JJ; y que: "la poesía es más filosófica y elevada
"que la historia, pues la poesía refiere más bien lo universal, la histo" ria, en cambio, lo particular. Lo universal consiste en que, a determi" nado tipo de hombre corresponde decir u obrar determinada clase de
" cosas según lo verosímil o lo necesario" &lt;40 l.
l\Ianara Valgimigli en su entusiasta interpretación ele esta concepción aristotélica, concluye así acerca del alcance de la palabra "míme36)

37)

38)
39)
40)

E. SIKES, The greek view of poetry, London, 1931, pág. 96: "poetry is the
product of natura~ ability (elH(UÍa) or ecstasy, and the whole treatise really
rests on the former alternative. The ''manía" is no temporary enthusiasm, but
permanent and conscious ability".
ARIST., Poet., IV, 1448b, 4-9. Véase también "Retórica", 137lb: "Puesto que
aprender es agradable y admirar también, es preciso que sean agradables
co~as como lo imitativo; así la pintura. y estatuaria, y la poesía, y todo lo
que está bien imitado, aun cuando lo imitado no sea placentero, pues no
es el goce sobre ello mismo, sino que hay un razonamiento de que ésto
es aquello, de manera que resulta que se aprende algo. Y son agradables
l·as peripecias y el haberse salvado por poco de los peligros, pues todas estas cosas son admirables"; (traducción de A. TovAR, Madrid, 1953).
AnrsT., Poét., VI, 1449b, 24-25.
Ibídem, IX, 1451a, 36sgs.
Ibídem, IX, l451b, 3-9. ScHILLER en su ensayo sobre "lo pntético", así escribe, casi parafraseando a Ari~tótelcs: "La verdad poética no consiste en que
" una cosa u otra haya efectivamente acontecido, sino en el hecho de que
''haya podido acontecer, es decir que la cosa en sí misma sea posible. Así
" la fuerza estética debe necesariamente consistir, como primera cosa, en
"la idea de la posibilidad".

- 13-

�sis": "Dunque mimesi e intuizione e visione del permanente nel contin" gente, dell'immutabile nel mutabile, dell'eterno nel morituro, del" l'universale nel particolare; e rappresentazione di una realta piú pura
"e piu intima della realta fenomenica, e insomma la idealizzazione o
"la universalizzazione della realta" (41 l.
Y Benedetto Croce, aun reconociendo que a Aristóteles se remontan: "i tentativi dell'estetica verace, quale scienza della rappresenta" zione" &lt;42 l, y que su gran mérito fué el de poner al principio de la
poética el problema acerca ele la naturaleza del arte, lo restituye a su
intelectualismo diciendo que: "messosi cosl bene in via per scoprire il
"fantastico puro proprio clella poesía, resta a mezzo del cammino, incerto
" e perplesso" &lt;43 l.
Ahora bien, si Aristóteles afirmó que la poesía es "especialmente
"imitación de hechos" &lt;44 &gt;, y que "los sentimientos y caracteres entran
"en ella sólo en cuanto dependen del desarrollo de los hechos mismos,
"ya que los hombres en la acción explican sus cualidades morales" (45 &gt;,
resulta de ello como consecuencia que la imitación ele acción es imprescindible y primer elemento de poesía; y debe ser acompafíacla por
la imitación de pasiones y caracteres: "La fábula es el principio y co" mo el alma de la tragedia; en segundo lugar, se encuentran los ca" racteres" &lt;46 &gt;.
:Mas, si la poesía es imitación de acción, y la fábula (¡Lu-.9-o~) principio y alma de la tragedia, elemento indispensable de poesía es el mito como acción, como trama ,pero unido a la forma adecuada. En efecto, Aristóteles, aun reconociendo toda su importancia al mito-argumento, no descuidó la forma con la cual ese mito debe presentarse, afirmó
que el poeta debe '\:Ó 'itOte:ív" "crear bien" y "y.o:),¿;)~ XP~cr.So:t" "bellamente usar" el mito que tiene a su disposición &lt;·17 l; y reconoció que el
argumento, el ¡J.u-.9-o~, puede ser malo, pero la imitación bella en si
misma, capaz de producir deleite "~oovf¡" ya que "las cosas que vemos
"en el original con desagrado, nos causan gozo cuando las miramos en
" las imágenes más fieles posibles, como sucede, por ejemplo, con las
"figuras ele los animales muertos" &lt;4 8&gt;.
Llegamos así a otro punto esencial de la posición estética ele Aristóteles. La tradición griega había sentido profundamente d deleite
"~oovf¡"' ele la poesía, y Platón había condenado el arte que amaba
por producir deleite dañino a las almas de los jóvenes. Aristóteles también sintió y reconoció que el deleite, el goce, el placer es algo íntimamente ligado con la poesía y propio de ella. Pero, según su concepto,
41)
42)
43)
44)
45)
46)
47)
48)

M. VALGIMIGLI, Ob. cit., pág. 180.
B. CROCE, Ob. cit., pág. 184.
lbidem, pág. 185.
ARIST., Poét., IV, 1449b, 24-25.
Ibídem, VI, 1450a, 17-22.
Ibidem, VI, 1450a, 38-39.
Ibídem, XIV, 1453b, 25. En lo que se refiere a la forma hay que record?r que Aristóteles sugiere que la métrica es un puro accidente de la
poesía y no parte esencial de ella (1. 1447b, 14; IX, 1451h, 27-29).
ARIST., Poét., IV, 1448b, 9-12.

14 -

�tal deleite no es dafíino, sino "a~)..~~-1¡~" inocente, purificativo y redentor, y por lo tanto moral &lt;49 l. "Questo era il punto, questo il nodo
"della questione: sollevare il piacere, di cui l'arte evidentemente si
"sostanzia, dalle basse regioni della sensualita e dimostrare com'essa
"non si risolva in una corruttela, ma in un bene clello spirito" (50l; aun
si: "anche per Aristotele il piacere artístico si presenta sotto specie un
"po' varíe e confuse. In parte esso e sentimento gradevole di armonía e:
"di ritmo. In parte e soddisfazione dell'istinto mimetico: e in questo
" caso, e pure confuso col pi acere el ella conoscen1a in tcllettuale, giac" che e fatto dipendere da un ragionamento, ossia da una specie di
"silloggizzare sulla somiglianza dell'imitazione con l'oggetto imitato.
" Ma venendo al concreto della trattazione, il concetto percle ogni ne" bulosita e si solidifica in un contenuto passionale" &lt;51 l.
Sin embargo podemos afirmar junto con .J. Atkins, que Aristóteles "no expresa una verdadera teoría edonística en las páginas ele su
"{(Poética", ya que él mismo busca en la poesía algo m{ts que el placer.
"Aristóteles estima que para un público normal y sano, el placcr esté" tico es posible solamente en cuanto también queden satisfeclus las
"pretensiones morales; así él mira a un efecto moral como fin inevi" table con el ejercicio del arte del poeta" &lt;5 :!&gt;. En efecto, cuando Aristóteles hablaba del "placer que el temor y la cowmiseración suscitan" (53), estaba ya en el campo ético. Ya que, según él, para susci Lar la
conmiseración y el temor no hay que llevar a escenas homLres buenos
A. REYES, La crítica de la edad ateniense, México, 1941, pág. 261, dice: "El
"intelectualista Aristóteles reconoce en la "Etica", que la buena imitación es
'' un placer relacionado con los actos de la inteligencia".
s:) A. ROSTAGNI, Ob. cit., pag. 39.
51) Ibidem, pág. 38. ARIST., Poét., VI, 1450a, 39-1450b, 1-2: "Parecido es el caso
'' de la pintura, pues si alguien pintara con los más bellos colores confusa" mente, no agradaría de igual modo que el que con el solo dibujo y sin
" color logra una imagen clara".
IX, 145lb, 23: "En algunas tragedias no hay ni un nombre conocido, como
" sucede en el Anteo de Agatón, donde son fingidos el argumento y los nom·
" bres; pero no por ello deleita menos".
XIV, 1453b, 10-12: ''No debe procurarse alcanzar con la tragedia cualquier
" especie de del.eite, sino solamente aquél que le es propio, y puesto que el
" poeta debe procurar el placer que suscitan el temor y la conmiseración
"por medio de la imitación ( 't'.f¡v ~r.o e),éou x.xl 9Ó~ou
!J.q.Lf¡crew~
" ~oov~v), es evidente que ésto debe lograrse en las acciones".
XXII, 1459a, 21: ''De tal manera que la imitación narrativa tenga princi:: pio, medio y fin, para ~u.~ sea un todo, como un ser vivo, y produzca
el placer que le es propw .
52) J. W. H. ATKINS, Literary criticism in Antiquity, London, Vol. I, pág. 80-81:
"In the Poetics, it is true, this hedonistic theory is nowhere explicitly stated ...
"At the same time, something more than pleasure is also aimed at. Aristotle
"holds that, for a normal and healthy public, the proper aesthetic pleasure is
'' possible only when the requirements of morality are sati~fied; and so
" a certain moral effect he regards as inevitahly bound up with the exercise
"of the poet's oart".
53) Platón por el contrario ha hía condenado el arte de suscitar la pie~ad. Véase
Apol., 35b-38d; Leyes, 949b; Fedro, 267b-c.

49)

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- 15-

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1 os por 1a m
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"tJ.:?:,óv" repugnanda, ni hombres malos en goce ele feliciclacl, porque e~t¿ 118 créa 'en el
espectador ningún sentimiento ele piedad y ju&lt;:ticia, es decir no produce aquella
'"ytJ,?:'I '~PC•)7:f?:"
"philanthropia", que n;H'c ele la
"o-:.J¡Li.á·J st?:" "spnp&lt;itheia" (54)
Por lo tanto la poesía no encierra en si argumentos injusto". como
por el contrario afirmaba Platón, y por consiguicute no c.:; cbiíina; y
cuando crea en el espectador piedad y temor. a través ele la "sympáthcia", no suscita las malas pasiones, sino que las modera y purifica.
Así había llegado Aristóteles, con el uso ele la Falab1a ' ·i'.J:·S:fpcrt~"
"catharsis" al concepto de una función purificadora del arte, "barlum~
"clcll'idea moderna della vírtú libera trice dcll'arte'' &lt;:;-. '.
El. ARTE POETICO Y L4. CRITICA LITERARIA EN PLUTARCO
"Ni el metro, ni el cambio de palabras, ni la majestad del estilo,
"ni una oportuna metáfora, ni el orden en la composición, tienc:n tant8
"atractivo y gracia, como una hábil disposición de la narración mítica.
"Ya que, como en las pinturas emocion:-~. más el color que el dibujo,
" porque imita las figlll as y crea el cngaiio, asi en las poesías la ficción
"combinada con lo verosímil asombra mayormente y es más aprecia" da que una obra elaborada con mdro y clicción pno falta ele mito
"e ilusión." &lt;56 l
Con estas palabras Plut:uco expresaba su pensamiento acerca de
la naturaleza de la poesía, ligánclo~e por medio de ellas a toda la tradición griega, ya clásica como helenística.
En efecto en ellas se vuelven a encontrar algunos de los principios de la "poética" aristotélica: el metro no es imprescindible p:na
crear una obra poética; las met:tforas, el cambio de palabras, la majestuosidad, tampoco; pero es imprescindible el argumento, el '·fJ-0·9-o~"
y no simple y sin gracia, sino hábilmente dispuesto y compueo.,to co11
verosimilitud (57) •
Sin embargo, aunque estas ideas ele Plutarco se unan con tanta
exactitud a aquellas expresadas por Aristóteles en su "Poetira", no hay
que olvidar que, en los cinco siglos que transcurrieron desde Aristóteles a Plutarco, toda la cultura helénica siguió evolucionando, aun con
cierta decadencia. Y, si es verdad que en estos siglos no se encuentran
grandes figuras de poetas, ele trágicos, ele historiadores, de oradores y
filósofos comparables con los de la época clásica, sin embargo hubo
filólogos que estudiaron profundamente a todos los escritmes clásicos,
cuidaron nuevas y buenas ediciones de Homero y de Hesiodo, ele los
poetas líricos y de los trágicos, comentándolos clf'lcnida y escrupulosamente. Pero esta crítica fué casi exclusivamente de carácter filológico;
5t)
55)
56)
57)

"comunión ue sentimiento, caridad humana··. ARIST., Poét., XIII, 1452b, 34;
X\, l453a., 6.
B. CROCE, Ob. cit., pág. 175; ARIST., Poét., cap. 14.
PLUTARCO, Quomodo adolescens poetas audire debeat, 16b, c.
\' éase pág. H.

- 16-

�muy raramente fueron tratadas cuestiones estéticas, y la crítica estética
de las obras literarias casi no fué practicada por estos eruditos, que sólo escribieron grandes obras con minuciosos detalles de colocación de
palabras, etimologías pueriles, interpretaciones míticas y alegóricas de
los distintos poemas, partiendo de premisas y prejuicios que limitaban
a veces sus mismas posibilidades intelectivas y artísticas.
El estudio de las ideas estéticas de Platón y Aristóteles siguió
ocupando a los filósofos; y se conservó el dualismo por el cual los estóicos seguían afirmando que la poesía debe ser una enseñaDLa de tipo
práctico y moral &lt; 5 ~:&gt;J, mientras Eratóstenes y otros, rechaLando por completo tal concepto, sostenían que el único fin de la poesía es el placer.
En realidad Eratóstenes, en los pocos fragmentos conservados por autores griegos posteriores, revela sutil percepción artística, ya en su crítica homérica como en su posición acerca de la naturale~a de la poesía.
Reconoció el sumo valor del elemento mitológico, y sintió profundamente el transporte ( lfuxa¡w¡b l que emana de la poesía, y que debe
ser su único fin, sin que el poeta mire a la enseii.anza; ya que la poesía debe proporcionar un placer que procede del encanto ele las palabras, las cuales con1aucvcn la mente y emocionan el alma t:&gt;~lJ.
Siempre acerca del fin de la poesía, siglos más tarde, los peripatéücos llegaron a un compromiso, afirmando que el poeta debe enseñar
sin dejar de deleitar, como se lee claramente en Neoptólemo de Paro (GoJ. Estas distintas tendencias se concretaron mayunnente en el
I s. a. C. en las dos escuelas de Apolodoro de Pergamo y de Teodoro de
Gadara. 1\polodo10, siguiendo la C:-o( u2la akjandriiu y llcv~lmlo a su
extrema consecuencia el racionalismo del sistema aristotélico, colocaba
en ínfimo plano al elemento patético, mientras atribuía máxima impor58)

59)

60)

J. W. H. ATKI'iS, Ob. cit., Yol. I, pág. 176: "On the one hand were the
•• Stoics who exaggerated the function of utility, and who sought in poetry
"merely teaching of a practica! or normal kind, ·.:ts if its a.im were only that
" of presenting abstract or hidden truths".
EsTRABÓN, I, 2-3: ''Erastótenes dic·e que todo poeta mira al transporte y no
" a la enseñanza. Por e1 contrario los antiguos dicen que en principio la "poé·
"tica" era una filosofía, que nos guía hacia la vida desde niños, y que
" nos enseñ·.1 costumbres, pasiones y acciones por medio del placer. . . Por
" ésto las ciudades de los griegos, como primera cosa, educan a los niños
'' por medio de la poética, sin duda no en gracia del simple transporte, si·
"no de la enseñanza".
NEOPTOLEMO apud Philod., De poem. ,, col. 13, 1, 8sgs.: "'í.p0~ apE~~,, a~t
•· "'~;} -rs),dc;) í.Wf¡'&gt;f¡, ¡.¡.~-ra -r~~ ~~uzo:¡w¡ia~, -:oG '&gt;o~:; 0:Y,':J6o·,,o::; wq¡c"Aúv
" Y.o:( xpr¡crt¡.¡.o),o~(ctV"· '·para ·alcanzar la perfección el poeta perfecto debe,
" junto con el transporte, ser útil a los que escuchan y hablar de cosas
"buenas". (citado de: A. RosTAONI. Arte poetica di Orazio, Ed. Chianto·
re, pág. 96, nota).
Además NEOPTOLEMO siguiendo la posición intermedia de Aristóteles dice
que el poeta debe poseer 1-a ''naturaleza" y el "arte". NEOPT., apud Philod.,
De Poem., l. V, col. 7, l. 8sgs.
~e ¡.¡.c~a ~oG d 7C"O(ctV xae '&gt;OG í.( áiJ.o:;~
-ro) Ü a¡ar9oG í.O(I¡~o0", rol. ll, l. 5. 8 "'&gt;~1'1 &gt;1¡'1 ,fxv~v i'.:Ú t"~V oÚvo:p.t'l
:zov-ra 't'~V 7C"0('1j&gt;tY.~v". "el bcen poeta debe poseer, al mismo tiempo, e1
''crear bien (arte) y el pathos (naturaleza)"; "poeta es el que tiene arte
" y fuerza poética". (A. RosTAGNI, Ob. cit., pag. ll8, noia).

"aú

-

17-

�tancia al elemento pragmático. Teodoro, por el contrario, remontándose a la magnífica intuición platónica de la inspiración y de "pathos"
propio ele la poesía, atribuía un gran valor al pathos, el cual debe trascender y desbordar como esencial energía vivificadora (61).
Un reflejo ele estas discusiones se encuentra en los fragmentos del
"r.cpt -rrotr¡f.J.á'tú)V" de FILODEMO DE GADARA) a través ele los cuales se puede percibir que algunos espíritus electos ya se habían acercado a una
posición estética más elevada. En efecto, en estos fragmentos se niegan
los fines utilitarios de la poesía y el concepto que la poesía es útil sólo
en cuanto es imitación de lo real; se afirma por el contrario que cualquier cosa puede ser verdad en poesía, incluidos los temas más fabulosos
y falsos, como los de monstruos y espíritus, con tal que sean artísticamente representados, insistiendo con más claridad sobre la teoría aristotélica de la verosimilitud &lt;62 &gt;. Además se ataca la división hecha por
Neoptolemo de Paro de los tres términos : r.oí·r¡cre~, r.oÍr¡¡J.a, 'iCOt't)'t~~
(argumento, técnica, arte) considerando la poesía como un todo, e insistiendo que el tratamiento de una parte u otra por separado es "corruptor y no científico" &lt;6 3l. Y por fin, entre las do&lt;; corrientes que sostenían una la supremacía del contenido, otra la de la forma, sostuvo la
inseparabilidad de forma y contenido, porque el contenido se concreta y se determina sólo con la forma: "Si en la expresión, él dice, se
quiere conseguir cierto efecto, no es posible conseguirlo, sin cierto
"contenido; más aun, el modo de ser ele la forma depende del modo
"de ser del contenido" (64).
Por fin no debemos olvidar que en el mismo siglo de Plutarco vivieron Dionisio de Halicarnaso, y el autor de "Lo sublime".
En lo que se refiere a Dionisio de Halicarnaso, su posición casi
tradicional presenta cierto interés por atribuir al estilo una importancia que hasta el momento no le había sido reconocida &lt;65 &gt;. El lleva a
su extrema consecuencia la afirmación aristotélica, según la cual, para
crear una obra de arte el argumento debe ser tratado en forma adecuada, e insiste sobre la necesidad de que el autor, en la colocación de las
61)

62)

63)
64)
65)

ANONYMUS SEcUERIANUS, 30-39. (citado en A. RosTAGNI: Sublime, pág. XV;
RHETORES GaAECI, I, pág. 352 sgs.).
ATKINS, Ob. dt., vol. II, pág. 55: "I.n the first place he denies outright
" the utilitarian end of poetry, and the contention that poetry was profitable
"in that it dealt with reaJ.ity. He allows that Homer htad dealt with reality;
" but then that poet had not written with specifically an educational end in
'' view; and moreover it was not true to say that every representation of
" reality was of ~m elevating kind".
lbidem, pág. 56. Véase también A. RosTAGNI: Filodemo contro l' estetica
classica en Scritti minori Aesthetica 1, pág. 394444.
A. RosTAGNI, Risonanze dell'estetica di Filodemo in Cicerone, en "Atene
e Roma" 1922, fase. 1, pág. 29.
SAINTSBURY, A history of criticism, vol. I, pág. 131: "A very strikin pas~:~age,
~· and the oldest of its kind, occurs at p .133, R, in which Dionysius dedares
" his own conviction that the style is noblest of all which has greatiest va·
'' riety. most frequent cha.nges of harmony, most transitions from periodic
" to extra-periodic arrangement, most alternation of short and long dauses,
" rapid 'and slow movements, and greatest shift of rhytmical valuation".

- 18-

�palabras, mire a los efectos del placer y de la belleza. Pero, en esta
búsqueda de las mejores palabras y ele su más adecuada colocación, los
elementos que Dionisio encuentra imprescindibles son la pureza, la claridad, la brevedad, que en conjunto llegan a crear un estilo no demasiado rico de elementos rítmicos, y que mantienen la ·poesía en un justo
medio sin destemplados movimientos de pasiones. En breve, lo que él
combate con su serena y moderada interpretación poética es la verdadera sublimidad; y aún cuando elogia a Safo por su oda a Afrodita,
subraya sólo la naturalidad no elaborada, la ~ufonía y la gracia de su
lengua; y recuerda a Píndaro por el vigor, la dignidad y la austeridad
del estilo.
Con muy distintos conceptos el anónimo autor del "1t~pt [hJ;ou;
elogia a Safo por su oda "y~Ív~•~f !J.Ot"
(Bcrgl-.. 2) &lt;66 l. Pero, este autor anónimo es, entre todos, el que revela la mejor sensibilidad artística.
En realidad, muchas son las interpretaciones y las obsc:rvaciones de fin:t
intuición y sensibilidad que se encuentran en la obra de este anónimo.
El ejemplo de la interpretación de la oda ele Safo habla por si mismo.
Con él; el binomio poesía-ética, en su sentido tradicional, quedó
destruído, para resurgir, sin embargo, m&lt;í.s vivo y actual en una posición nueva, al admitir que una poesía es moral por el hecho mismo de
ser artísticamente sublime, y no por haberse propuesto el poeta un fin
moral &lt;67 ).
También quedó destruído en su obra el concepto tradicional de
la poesía imitación de la realidad exterior, aun sea ella verosímil y uni66)

67)

"De lo sublime", cap. X: "¿No te quedas extrañado viendo cómo ella. va
'' buscando de una sola vez el alma, el cuerpo, los oídos, la lengua, los
"ojos, la piel, todos los miembros, como si no fueran suyos y estuvieran dis·
" persa dos? y por contraste, esta helada y a.l mismo tiempo quema, está
" fuera de razón y razona (en efecto teme morir o realmente está por m o·
" rir) en forma tal que no una sola pasión parece morar en ella, sino un
" conjunto de pasiones? Pues bien, todo eso se encuentra. en los amantes;
'' sin emhargo, la elección, como decía, de los puntos sobresalientes y su
" concentración hacia un mismo fin han producido la obra maestra".
Ibidem, cap. IX. 2: '"Gt}-o~ !J.~y~i,oq¡pocrúv·r,~ a;r~Xr¡¡.La", "lo sublime es la
" resonancia de un alma grande".
lbidem, IX, 3: "Ni tampoco es posible que hombres ocupados durante toda
" su vida en pensamientos y preocupaciones pequeñas y serviles, creen algo
" maravilloso y digno de la eternidad. Pues grandes son las palabras de
''aquellos de los cuales fueron profundos los pensamientos".
Muy cerca de este concepto está la estética moderna. B. CROCE, Poesia, Bari,
1953, pág. 31, postiUe pág. 228, escribe: "A questa proposizione che la m o·
"ralita e sempre nella poesia perche e nell'universo, sono da ricondurre per
"invera.rle le al-tre della varia "kalokagathia", che unificano il bello e il buo·
'' no, o nel fondo di ogni bellezza ritrovano un'•anima di bontá, o affermano
" che la bellezza e simbo lo della mora1itá (KA "'T) ". y en pág. 200: "Fonda" mento di ogni poesia e la personalita umana, e, poiche la personalitá urna·
"na si compie nella moralitá, fondamento di ogni poesía e la coscienza
" morale. Ben inteso, con questo non si vuol dire che l'lartista debha essere
" pensatore profondo e critico acuto, e neppure che debba essere nomo
' moralmente esemplare o ero e; ma egli deve avere quella partecipazione
" al mondo del pemiero e deUa azione che gli faccia vivere, o per propria
"esperienza diretta o per simpatía con l'a.ltrui, il pieno dramma umano".

- 19-

�versal, como había afirmado Aristóteles, pero siempre realidad. Para este
anónimo precursor la poesía es siempre y especialmente un producto de
la pasión, que procede de la parte irracional del alma (Platón) ; pno
no nace de la imitación de la realidad exterior, sino ele la fantasía. Y,
según él, "se llama "fantasía" todo lo que produce en cierta forma un
"pensamiento engendrador de palabra" (estóicos); "sin embargo aho" ra este nombre indica las expresiones por las cuales, lo que estás di" ciendo, por efecto de entusiasmo y ele pasión te parece verlo, y lo
"colocas bajo la vista de los que te escuchan" (G!)l, "y tu sabes que el
"fin de la fantasía en la poesía es la sorpresa, mientras en la oratoria
"es la evidencia, y que sin embargo ya una como otra, tienden a lo
"patético y a lo excitado" (G9).
Comenta Rostagni: así la fantasía, la visión "si stende a tutte le
"espressioni perche tutte le espressioni sono generate dalle interne vi" sioni della mente" (70).
En conclusión, según él, un poeta es grande, no por su técnica, sino
por su imaginación, su sensibilidad, su posibilidad de transmitit lo que
siente e imagina. Y esto es ya un concepto moderno del poeta.
De su posición dentro ele la tradición estética griego-helenísticoalejandrina Sikes escribe muy acertadamente: "Une y reconcilia las di" vergencias de Platón y Aristóteles. Entiende con Platón que la poesía
"es inspirada, pero, contra Platón no teme ni destruye la inspiración.
"Entiende con Aristóteles que la poesía trabaja por medio de las emo" ciones; pero, si su proceso es catártico, la purga es más alta, más es" peculativa de cuanto aparece sugerido en la "Poética"" &lt;71 &gt;.
Sin embargo, el anónimo autor de esta obra única en la antigüedad no tuvo discípulos; no sólo sus teorías no fueron apreciadas, ni difundidas, sino que el tiempo, que nos ha dejado el nombre de filólogos
y gramáticos de ninguna importancia, ha destruído el nombre del único
gran crítico y gran esteta de la época helenística. &lt;7 :!1
Plutarco que probablemente fué su contemporáneo, no muestra haber tenido conocimiento de la obra "Sobre lo sublime", ni de los conceptos en ella vertidos. Quizás, el contraste ele sus ideas estéticas los haya mantenido lejos uno de otro; en efecto, para uno la poesía era
"fantasía" y deleite de lo sublime, para el otro un medio ele educación.
68)
69)
70)
71)

72)

"De lo sublime", XV, l.
lbidem, XV, 2.
RosTAGNI: Del sublime, pág. XXIII.
SIKES, Ob. cit., pág. 237: "The treatise "On the Sublime", complete the
" critica1 arhievement of Greece, by uniting and reconciling the divergenciéS
" of Plato and Aristotle. Longinus understands, with Pl-ato, that poetry is
'' inspired; l 'ut, unlike Plato, he neither fears nor distruts inspiration. He
" understands, with Aristotle that poetry works through the emotions; hut if
" its process is carthatic ( and he nowhere mentions the Aristotelian theory)
'' the purgation is higher, more stimulative, tham the "Poetics" appears
'' to suggest".
P·arec·e muy probable que, entre los escritores latinos, QuiNTILIANO l1aya
conocido bien su obra y se haya inspirado de el·:a para muchos pasajes de
sus 'Instituciones oratorias".

- 20-

�Plutarco ha pasado a la historia y sigue siendo recordado y leído es_pecialmente como moralista, es decir como él que en una época de lujo
y corrupción de costumbres, no sólo supo conservar su integridad moral y la ele sus familiares, sino que sintió que era deber imprescindible
de su vida, y fin mismo ele su existencia, dirigir a su prójimo hacia el
bien y la moral (7:\J. Quizá, por la pureza ele sus costumbres. por la
moralidad de sus escritos y por la nobleza de sus sentimientos religiosos
se llegó a pensar que Plutarco haya abrazado el cristianismo; y hubo
quien quiw identificarlo en el Plutarco m&lt;irtir, del cual escribe EUSEBIO
en su ({Historia eclesiástica".
Sin llegar a ésto, se puede sin embargo admitir que no sean extrañas en sus obras y en sus actitudes influencias de las nuevas ideas religiosas y de la nueva moral que, saliendo ele oriente, había encontrado
en el griego la lengua más adecuada para su difusión.
Cierto es que, en cualquiera ele sus obras, se puede encontrar una
que otra frase que nos revela al moralista o el fin moral que el autor
persigue. ;\sí sus ((Vidas", 111agi1íficos rt1aclros Lle ai11biei1te, il1~is qtle relatos históricos, más que biografías, son tratados de moral; ya sea que
él presente y elogie al perfecto hombre de estado Pericles, COJl!.O que
critique al soberbio y traidor Alcibíades, o hable con respecto y admiración del perfecto orador Demóstenes. Y a nnyor ra1ón, son verdaderos tratados de moral sus otras obras reunidas bajo el título de
({M aralia".
De su manera de enfrentar los problemas ha escrito Greard: ''11 ne
"discute pas sur les passions, il avise aux moyens de les corriger. I 1 ne
"traite pas de la colere ou de l'envic, de l'amitié ou de la haine, du
" patriotisme ou de la religion, mais de la maniere de se préserver de
"la colere et d'echapper a l'envie, des moyens de distinguer la flatteur
"de l'ami et de l'utilité qu'on peut tin.:r des ennemis, des services que
"le veillard peut rcndre a I'État &lt;.:t du culte qu'on doit aux
"Dieux" &lt;74 J.
Si ésta es la naturaleza misma de Plutarco, si éste su genio, es evidente que también su posición estético-crítica debe estar basada en el
concepto ético, ésto es, el fin moral de la obra de arte. En efecto i\I. Valgimigli coloca a Plutarco en la corriente que él llama "edonístico-peclagógica", es decir en aquella que: "ritiene, pur ammettendo che i poeti
·· dicono piú spesso menzogne che vcritá, che tali men1ognc contengono
"esse medesime veritá, la quale benignamente interprctata, per lo stesso
73)

74)

V éa~e: "Preceptos políticos", cap. 31, 823 a, b, donde PLUTARCO afirma que
es deber de cada uno "tener la propia cas.a abierta. como un puerto o un
"refugio, para todos los que nece~itan amparo; mostrar siempre el propio
" sentido de humanidad y de caridad; no herir a nadie c.on manife~taciones
'' de excesivo lujo; iluminar gratuitamente con los propios consejos; tratar
" de reconciliar a los esposos y a los amigos; guiar el entu~iasmo de la
'' juventud, abrirle el camino, tenderle la mano; en una palabra trabajar
" para el bien común, eso es el deber que cada ciudadano, investido o no
"de un cargo púb1ico, debl~ cumplir hasta el último respiro".
GnEARD, De la morale de Plutarque, Parib, Hachette, 1866, pág. 78.

- 21-

�piacevole velo che la ricopre, e molto piu facile insegnare e appren" dere" &lt;75 &gt;.
Por lo tanto, en el análisis que nos proponemos hacer, tendremos
siempre presente que, en cualquier crítica sobre los autores clásicos, y
en la exposición de sus ideas estéticas, Plutarco es guiado constantemente por principios éticos y educativos, y por el concepto, ya expresado
por Platón y que había alcanzado su mayor fortuna entre los estóicos:
"La poesía es guía para la filosofía" (7G¡. Quiere decir que, desde el
principio, el problema acerca de la naturaleza ele la poesía y de su fin,
no presenta en Plutarco los matices que esperaríamos encontrar después del lento pero evidente desarrollo de las ideas estéticas en los siglos que van de Platón a él, ya que toda su teoría está subordinada a
un fin ético.
La tradición clásica acerca de la naturaleza de la poesía reconocía
al poeta una inspiración sobrenatural, divina e irracional (77&gt;, que la
escuela platónica de Teodoro había subrayado y llevado a sus extremas
consecuencias &lt;78 &gt;. Aristóteles, por el contrario, había llegado a un
compromiso por el cual se atribuía al poeta una naturaleza especialmente apta para la poesía &lt;79 l, siendo seguido en esto por la escuela
de Apolodoro.
Plutarco rechaza la posición platónica y afirma que el dios "sólo
"sugiere las fantasías y crea luz en el alma para las cosas futuras" &lt;80 1,
refiriéndose evidentemente al adivino y no al poeta. En efecto, según
él "la mayoría de los poetas, por la calidad propia de la poética, por
"medio de la lira y del canto reprendían, hablaban libremente y exhor" taban; usaban fábulas y proverbios, componían himnos, invocacio" nes a los dioses, peanes, ya en versos como en canto, unos por la fuer" za del ingenio (~ucputa), otros por costumbre" (81 &gt;. Es la posición
aristotélica, que atribuye al poeta una naturaleza ya de por si dispuesta a la actividad artística (82 &gt;. El poeta, por lo tanto, no es un frenético, un instrumento pasivo que puede decir cualquier cosa en estado de
inconsciencia, sino un hombre consciente que posee en estado latente
determinadas cualidades que llamamos artísticas &lt;83 &gt;.
U na vez rechazada la inspiración como fenómeno momentáneo, se
11

75)
U)
77)
78)

79)
80)
81)
82)
83)

Enciclopedia Treccani, Milano, 1931, Vol. XI, pág. 975.
Véa.&amp;e la nota 31.
Véase pág. 7-8.
HoRACIO, De arte poetica, v. 4S3-4 76, pone en ridículo este exagerado con·
cepto de la escuela de Teodoro, con el fin de destruir la tendencia de los
poetas a la .S.da ¡J.&lt;XVta.
Véase pág. 13.
"De Pythiae oraculis", 397c.
lbidem, 406c.
Véase pág. 13.
Sin embargo, Plutarco cae en contradicción cuando, al hablar del entusiasmo como de una locura procedente de los dioses, afirma que existe un
entusiasmo el cual "agitado por }1as Musas en un alma tierna y pura., excita
"y eleva la poesía y la música" (Amal!orius, 758e, f.) ; y cuando dice que
"el poeta que canta. impulsado por las Musas hace 1aparecer ridículo a
" quien canta por estudio e instrucción" (De virt. mor., 452b).

-22-

�presentaba a Plutarco el problema del cómo y por qué una naturaleza
tendencialmente artística se revelaba tan sólo en determinadas circunstancias; había que descubrir las causas circunstanciales que ponían en
acción tal naturaleza. Y especialmente interesante, en la teoría de la
inspiración plutarquiana, es la parte que se refiere a las causas de inspiración, a los sentimientos que ponen en movimiento la naturaleza
poética, y que Plutarco llega a identificar con la inspiración misma.
A través de un verso de Eurípides, él aclara que una de las causas
más importantes es el amor: "Eurípides dice que Eros enseña al poeta,
"aún si antes fué extraño a las l\lusas; sin embargo con esto no quiere
"decir que crea en el poeta una facultad poética o musical, sino sola" mente que activa la facultad ya existente y cataliza la que está es" condida e inactiva" &lt;8 4 l. Y, junto al amor, coloca el dolor, el placer,
el éxtasis ( ~viJ.oucnacr¡LÓ~): "Teofrasto dice en el libro ({De Música"
"que las fuentes de la música son tres: dolor, placer, éxtasis, y que ca" da uno de estos sentimientos altera el tono acostumbrado de la voz
"y le da modulaciones distintas. En efecto, las pasiones tristes y lamen" tosas son proclives al canto; por eso vemos que los oradores en los
"epílogos, y los actores en las lamentaciones se acercan cuidadosamente
"al canto y esfuerzan la voz con este fin. Por su parte las violentas ale" grías del alma, en temperamentos frívolos, sacuden todo el cuerpo y
"lo excitan a un movimiento rítmico de danzas en quien sabe bailar,
"de aplausos en quien no sabe ... l\Iientras los que pueden soportar
"mejor tales pasiones sólo alteran la voz para cantar y pronunciar cosas
"grandes y poéticas. Por último el éxtasis perturba el cuerpo y altera
" la modulación habitual de la voz" (85)
Sin embargo, él agrega, estos tres sentimientos pueden ser ellos
mismos consecuencia del amor: "Si quieres observar y estudiar abierta" mente el amor, no encontrarás otra pasión, ni otros dolores más agu" dos, ni alegrías más vehementes, ni éxtasis más profundas, ni más
"grandes alienaciones mentales. Por el contrario, el alma del hombre
"preso de amor puede compararse a la ciudad de Sófocles "toda llena
"de perfumes quemados, toda resonante de peanes y gritos" &lt;86 l. Por lo
"tanto no es absurdo, ni extraño que principio de toda música sea el
"amor que, al encerrar en sí mismo dolor, placer y éxtasis, se vuelve
"activo y elocuente, tiende y se inclina, como ningún otra pasión, a la
"creación de cantos y poesías" &lt;8 7 l.
Así Plutarco rechaza la teona platónica de la inspiración irracional,
que había sido desarrollada en forma tan amplia y sugestiva por el
anónimo autor ({De lo sublime", y sigue, por el contrario, a Aristóteles
y a sus escuelas, al reconocer una naturaleza poética innata; además indica, con una ejemplificación bastante sencilla, las causas circunstan84)
85)
86)
87)

"De Pythiae oraculis", 405f.
"Quaest. conviv." 623a, b.
"Edipo rey", v. 4.
Quaest. conviv. 623c, d. B. CROCE: Poesía antica e moderna, B~dris, 1950,
pág. 180: "Non senza fondamento piú volte e sembrato e si é detto che
" principale argomento di poesía sia l'amore".

- 23-

�.-v -.

ciales que activan tal naturale7a, reconociendo al amor y a todos los
sentimientos que con aquel se acompailan -dolor, alegría, éxtasis- .como su móvil principal.
Al rechazar la inspiración irracional y al admitir la innata naturaleza poética, Plutarco destruye Lll10 ele lo-.; cargos en que se funda Platón para acusar de falsedad a la poesía. Pero no el m;í.s importante, el
que colocaba la poesía tres grados lejos de la verdad rs&amp;). En efecto sigue recordando el viejo refrán: '·mucho mienten los poetas"; afirma que
''el arte poético de ninguna manera se preocupa de la verdad'' (:-.:Jl, y
sigue admitiendo, junto con la tradición, que la poesía es "mimesis",
dando a esta palabra ora la acepción platónica de imitaciún del fenó·
meno sensible, ora la acepción aristotélica de imitación de lo verosímil,
de pasiones y caracteres. En efecto, en su obra "Gloria At!teniensium'',
al transmitirnos la famosa frase de Simónicles acerca de la pintura y de
la poesía, así define Plutarco la naturaleza ele la poesía: "Di jo Simóni" eles: la pintura es una poesía muda, la poesía una pintu1 a habla., da (!lo¡; en efecto los pintores representan los hechos en el acto ele ~con·
" tecer, los escritores los narran y describen cuando ya acontecieron (UI '.
" Mientras los pintores representan algo con colores y di bu jos, los es" critores lo hacen con palabras y alocuciones; quiere decir que difie" ren por el material y la manera de imitar, pero tienen ambos el mis" mo fin. Y es estimado el mejor de los historiadores aquel que repre" senta la narración como si fuera una pintura, imitando pasiones y ca.. racteres. Y en verdad Tucídicles siempre se esfuerza en conseguir con
"la palabra esa claridad y hacer del lector un espectador, y procura
"que las pasiones terribles y perturbadoras obren en los lectores como
"si las estuvieran presenciando" (9 :.!1
88)

\éase pág. 9.
Quom. adolesc., J 7 d.
90) La comparadón entre pinturoa y poe:;ía era del todo tradicional. V éanse:
PI.ATÓ~, República, X, 605a; ARIST., Poét., l447a, 13 sig., l448a, 5 sig. La
sentencia atribuída por Plutarco a Simónides, se encuentra ya antes de
Plutarco en la Retórica de HERENIO, IY, 39 (citado en SvoBODA, Les idées
P.&gt;thétiques de Plutarque. "l\Ielanges Bidez'', pág. 934), y una alusión a
e1la se puede ver en HORACIO, De arte poetica, v. 361.
91) Hay aquí una evidente confusión entre poesía e historia. En efecto, mientra.s la fra::ie de Simónides comP'ara la poe:;Ía a la pintura, Plutarco, al aclarar que "la primera (la poesía) cuenta acdones cuando ya acontecieron"',
piensa evidentemente en la historia, como resulta por demás perfectamente
claro de l·o que sigue y del ejemplo tomado de Tucídides. En efecto Aristóteles, que parece presente en Plutarco, define la. historia como lo que
relata lo que ha sucedido, mientras la poesía como lo que relata lo que
puede suceder (Poét. cap. IX). Aun más, ésta es para ARISTÓTELES la gran diferencia entre historia y poesía ( v. pág. l3).
92) Gloria Athen., 3-16f, 347a. ¿Tuvo pre~ente PLUTARCO el tmtado ''De lo
sublime" XY,l? cuando al tratar de la "&lt;¡:&gt;O:'i';O:crb'\ el autor aclara: "el
" nombre fantabia se usa comúnmente para indicar aquellas expresiones en
"las cuales, lo que tú dices por efecto de entusiasmo y de pasión, te parece
"verlo y lo pones bajo la vista de los que escuchan" (v. pág. 14); y el
cap. XXV, donde e1 anónimo así se expresa: "Cuando después tú repn•sentas
"los hechos ya pasados como actuales y presentes, he aquí que tu palabra
89)

- 24-

�En otra obra, "Quaestiones conviviales", al utilizar para la danza la
comparación de Simónides, escribe: "Y he aquí que se podría transpor" tar el dicho de Simónides de la pintura a la danza: la danza es una
"poesía muda, y la poe&lt;, Ía es una da:ua hablad:t ... Ya que completa es
"la relación y la comunión entre la danza y la poética: en efecto, ya una
"como otra imitan, especialmente en las pantomimas cantadas, a gente
"en movimiento, y alcanzan la imitación adecuada por medio de los
"gestos de los personajes y de las palabras. Parecería que los poemas fue" ran, en este caso, lo que en pintura son las líneas con las cuales se de" limitan las imágenes" (ü3J.
Por fin, en su otra obra, ·{c¿_uomvdo adolesrcns j)()étas audire de" beat"J especialmente dedicada a la poesía, y en la cual cst.í_ encerrado
lo más esencial de su teoría poética ya acerca de la n~turaleza, como de
la esencia y del fin ele la poesía misma, la definición de la poesía como
imitación es todavía más clara y más exacta. "Haremos al joven niüs
"firme si, al introducirlo en la poesía, le ofrecemos una descripción de
"la "poética" como arte mimético y facultad correspondiente a la pin" tura. Sin embargo, que no escuche sólo lo que todos repiten, es decir:
"que la poesía es una pintura hablada, y la pintura una poesía muda,
"sino enseñérnosle ademús que, al ver la pintura de una lagartija o de
"un mono, o del rostro de Tersitcs, lo que experimentamos es deleite
"y admiración por el parecido d~ ellas y no por su belleza; ya que, en
" realidad, por su misma naturaleza no puede ser bello lo feo. Pero la
"imitación es apreciada cuando alcanza la similitud, tr&lt;Ítese ya de algo
"feo, como de algo hermoso. Por el contrario, si de un cuerpo feo se
"crea una bella imagen, no se produce lo conveniente y lo vervsi" mil" (9 4 l. Hasta aquí, en cuanto a la forma de imitar. Unas líneas
más adelante se refiere especialmente a lo que el poeta imita: "El arte

"no e:: más narración, sino algo vivo y dramático. . . así especialmente
" Tucídides".
Volveremos más adelante sobre este tema de transmisión y comunión entre escritor y lector, y sobre el de la "fantasía".
93) Quw•st. Conviv., H8a, b.
91) Quom adolesc., l7f, l8a.. Véase pág. 13-14 y notas 37 y 48. Acerca dd deleite
que produce la poesía véase más adel1ante pág. 29 sgs.
A. RosTAGNI en su artículo: ll dialogo aristotelico "7.é:pt 'í.'Ot't)~Wv"
en: Scritti mirwri. Aesthetica. Púg. 255-322, sugiere la hipóteds de que bs
influencias aristotélicas que se encuentran en la obra de Plutarco Quomodo
adolescen~ p:&gt;etas audire debeat, no deriven de la "Poética" de An1STÓTELES, como se ha. sostenido en la mayoría de los casos, sino de su diálogo
"7.é:pt 'í.'Ct·~~¿;)/' • Insiste sobre ésto especialmente a propósito de l6c, d, en
relación a lo,; ejemplos de Empédocles y de Sócrates. En l7d, cuando
Plutarco dice que b poesía. es imitación como la pintura, y que como
ella, a vece3 imita cosas feas, que por su naturaleza nos repugnan,
pero que nos gustan por la buena imitación, Ro::tagni observa que también este pasaje podrí'a proceder más que de la Poética del "7.é:pt -rrOt'f)'t'WV"
donde e:&gt;te argumento era de primera importancia, y servía de introducción para el tratado: Sobre los errores y la perfección del poeta.

25 -

�"poético ofrece a menudo en forma imitativa acciones bajas, pasiones
"culpables y malas costumbres" (95).
. En los pasajes que hemos citado, Plutarco insiste sobre la comparaCIÓn entre pintura y poesía, sosteniendo que la pintura y, por lo tanto,
también la poesía son imitación del fenómeno sensible, es decir, imitación en tercer grado, como decía Platón. Sin embargo, aún siguiendo en
esto la teoría platónica, Plutarco no condena la poesía por falsedad;
en toda su obra es evidente su esfuerzo por conciliar las doctrinas platónicas y tradicionales y su aspiración ética, con el amor que él tenía
a la poesía. Así es como, en el mismo pasaje, agrega que no se trata
sólo de imitación de una lagartija o del rostro de Tersites, sino que la
poesía es imitación de acciones y por ellas de pasiones y caracteres, con
lo cual se acerca ya a la definición aristotélica &lt;96 l. Y un poco más adelante su adhesión a la {(Poética" de ARISTOTELES resulta todavía más
evidente al tratar claramente de lo verosímil. "Otra cosa más debemos
" hacer considerar a los jóvenes, no una sola vez, sino muchas, demos" trándoles que la poesía, siendo de por sí imitación, se sirve de adornos
"y esplendor para embellecer las acciones y los caracteres que trata,
"pero no deja de lado la similitud de la -uerdad, ya que la irnitación
" tiene su seducción en la verosimilitud" (9 7 ). Y luego al tratar de las
costumbres y caracteres: "La poesía es imitación de costumbres, de vi" das y de hombres ni perfectos, ni puros, ni intachables en todos sus as" pectos, sino sometidos a pasiones, falsas opiniones e ignorancia; los
"cuales, sin embargo, por natural disposición a menudo tienden a me" jorarse" (98). Y en "Gloria Atheniensium" 347 e. afirma que ''la poe" sía tiene gracia y honor porque dice cosas símiles a las acontecidas", y
recuerda el verso de Homero: "De tal suerte forjaba su relato, refirien" do muchas cosas falsas que parecían verdaderas" &lt;99 &gt;.
Ahora bien, de los pasajes que hemos citado acerca de la imita·
ción, resulta bastante clara cierta confusión que hubo en el pensamiento de Plutarco. Tal confusión es común en él, no sólo acerca de la poesía, sino al tratar muchos otros tópicos. Depende ésto del hecho que
Plutarco nunca siguió un sistema filosófico definido, ni formó su propio
sistema a través de un análisis de los demás. Leyó y estudió mucho,
tuvo buena memoria, y asimiló de unos y otros. Al escribir sus obras,
que como hemos dicho, tenían para él un fin esencialmente edu.cativo
y moral, usó las doctrinas estudiadas en conformidad con la tesis que
quería demostrar, sin preocuparse excesivamente de encontrarse en contradicción con lo que había sostenido en otras ocasiones. Así unió a veces en la misma obra opiniones discordantes. En nuestro caso, la teoría
de la falsedad de la imitación, ha sido utilizada conjuntamente a la teoría de la expresión de lo verosímil, siendo la segunda superación de
la primera, y elevación de la poesía hacia lo universal.
95)
96)
97)
98)
99)

Quom adols., J8b.
Véase pág. 14.
Quom ndols., 25b.
lbidem, 26a.
Odisea, XIX, 203.

- 26-

�Si en la naturaleza de la poesía la imitación es un primer punto,
surge de ello, como natural consecuencia, la ficción, el engaño que de
ella procede h;icia el lector o el oyente. Este engaño no procede sólo
de la imitación, sino especialmente del hecho que los poetas exageran los
sucesos y los caracteres, y varían las acciones con el fin de crear una
emoción mayor y nueva. "Se ha dicho que las ficciones poéticas, a cau" sa de la fuerza con la cual se imponen, son como sueños de gen te
"despierta" (Ioo¡. Por lo tanto Plutarco admite con la tradición ese engaño y, al recordar una frase de Gorgias, toma una posición sumamente interesante, atribuyendo una sensibilidad especial al lector o espectador que se deja engañar; ya que el engaño en la poesía, excita el placer
y es fuente de transporte. Estas son sus palabras: ".i\Iientras tanto flo" reció la tragedia y se hizo famosa por ser una audición y un espectácu" lo admirables para los hombres de aquel entonces, ya que procuraba
"con mitos y pasiones un engaí'ío, en el cual, como dice Gorgias, el que
"engaña es m&lt;ís hábil que el que no engaíi.a; y quien se deja engafíar
"más cuerdo que el que no se deja" &lt;101 l; y así explica: "el que engaíi.a
"es más hábil ¡)orque l1a creado el er1gaiio ¡)ror11etido; y el cngafl.a(lo
"es más sabio, porque se deja engaí'íar por la voluptad de las palabras
"el que no es falto de sensibilidad; ya que el engaño de la poesía no
"influye sobre aquellos que son totalmente necios y locos" &lt;1 0:!J. Estas
mismas palabras de Gorgias ya recordadas, vuelve a repetirlas el autor
en otra obra, luego de haber referido una anécdota de Simónides:
"Por eso Simónides contestó a uno que le preguntaba: por qué sólo a

lOO)
101)

Amat., 759c.
RosTAGNI, Arist. e aristotl., pág. 77: "Questo nello stile paradoosale dell'au"tore ( Gorgias), vuol dire, che l'inga.nno tragico, -comunque si chiami
e un inganno utile o
"pcr lo meno innocente".
Véase también: UNTERSTEINER, Sofisti, Torino, pág. 135, sohre la teoría del
engaño aTCá't't] en Gorgías, como motivo del logos, puesto en relación
con la persuación ( 7tc~.S.w); como efecto de x.a~pó~ tmomento oportuno)
(pág. 139) como esencia una, metafísica y estética a un tiempo del fenómeno
poético (pág. 141); como ar;-á't'tJ a~x.ab engaño útil, justo (pág. 195). y pág.
226, cuando concluye sobre la estética de Gorgias: "L'inganno dell'arte, che
" attua una dialettica nella. non esistente, non conoscibile, non comunica" hile a1ternaliva di un'antitesi, si risolve in quell'universalitá che, in arte,
" é non solo umanitá di sentire, ma anche idealizzazione, in cui consiste,
"appunlo, per es. l'inganno dell'artistn che per dipingere la figura di una
" bella donna, sceglie, come modeUe, perecchie fanciulle, onde construire,
" degli elementi della bellezza di ciascuna la be1lezza perfetta. N ell'arte,
" dunque, sta qu'alche cosa di misterioso che e postulato dallo stesso concet.. to d' "inganno"; vi é qualche cosa. di nascosto, che i pittori "non possono
" dipingere con i loro sperimentati colori"; qualche cosa che né la lingua
"puó esprimere, ne l'occhio percepire (DIELS, V"JJrsokratiker 82b, 28) ". Y
pág. 230: "In Gorgia "piacere" estetico e "inganno" costituiscono un'inscin" dibile unitá".
Gloria Athen., 348c. Y éase también: ''Dissoi logoi", 3, 10: "En la.s tra" gedias y en las pinturas es perfecto quien engaña lo más posible con la
" creación de obras símiles a la verdad".

" aT.á'tT¡, '(O't¡'tda. &lt;¡Jap[J.ax.da, [J.a¡da. ~uxa¡w¡Ía

102)

27 -

�"los Tesalios tu no engañas?, porque son demasiado ignorantes para
"que yo los seduzca" (lO~) .

•. ..... __
-..

•

Plutarco demuestra así que él también cree, que aquel que se deja
engafíar tiene mayor sensibilidad que el que no se deja, porque el engaño suscita deleite y transporte. "En efecto la mentira o el engaíio
"no faltan de atractivos, y nos dejamos convencer pm las invenciones
"poéticas, aún cuando no las creemos. Piensa en realidad al dolor que
"probamos leyendo el relato incompleto de AtUnticla ele Platón, y el
"final de la Iliada!" (I04l.
Ahora bien, si Plutarco en calidad ele lector inteligente y sensible,
reconoció el engafío como propio ele la naturaleza de la poesía e imprescindible para prodHcir deleite, el moralista no dejó ele ver en este
engaño un peligro para los jóvenes que se dedicaban a la lectura de
los poetas. Por lo tanto en su obra especialmente dedicada a los jóvenes, Plutarco volvió a tratar detalladamente el tema, e intentó con varias sugerencias, a veces pueriles, de salvar poesía y lectores. He aquí,
como basándose en estos principios, explica la génesis del engaüo en la
poesía, y los efectos placenteros pero a menudo perjudiciales de ese engaño y del deleite respectivo: "l\lucho mienten los poetas, ya intenóo" nalmente, ya sin intención. Intencionalmente: ya que para brindar al
"oído placer y primor (lo que busca la mayoría ele los lectores), con" sideran la verdad demasiado austera frente a la ficción; ya que, sien" do un hecho, no puede ser cambiada, aun si tuviese un triste desenlace;
"mientras la ficción, siendo una creación de palabra&lt;;, pasa muy fácil" mente de un estado a otro, y cambia lo triste en placentero C1 05J. En
"efecto, ni el metro, ni el cambio de palabras, ni ]a majestad del estilo,
" ni una oportuna metáfora, ni el orden en la composición tienen tan" to atractivo y gracia, como una hábil disposición de la narración mí" tica. Ya que, así como en las pinturas emociona mcis el color que el
"dibujo, porque imita las figuras y crea el engafío, de la misma mane" ra en las poesías la ficción combinada con lo verosímil, asombra ma" yormente y es m&lt;.í.s apreciada que una obra elaborada en metro y die" ción, pero falta ele mito e ilusión" &lt;106 J. Y se demuestra tan convencido de la necesidad de la ficción en la poesía, que agrega el ejemplo
de Sócrates: "Por ésto Sócrates, impulsado por unos sueños a dedicarse
"al arte poético, después que por toda la vida había luchado por la
"verdad, reconociendo que le faltaba la facultad de inventar ficciones
"verosímiles, adaptó en versos las fábulas de Esopo, demostrando así
"que no podía existir poesía sin ficción", y continúa dando ejempl?s
de poesías, como las de Parménides, Nicandro, Empédocles y Teogms,
las cuales en realidad, según él, aun siendo en metro, no son poesías
porque faltan de ficción (l07).
103)
104)
105)
106)
107)

Quom adols., 15c, d.
Non. posse suav. etc. 1092f, 1093a.
SvOBODA, ob. cit., pág. 932, dice que la invención poenca como factor de
'·happy end" es característica de Plutarco y de su época.
Quom adols., 16b, c. ARISTÓTELES, Poét., VI, 1450a, 28-34.
Quom adols., I6c.

- 28-

�Siempre con el mismo espíritu, y para subrayar la necesidad del
mito y, por lo tanto, del engafio, relata dos anécdotas en "Cluria A t/u."niensium", una de 1\Ienandro, otra de Pindaro: "A un familiar que decía a l\fenandro - se acercan las fiestas dionisiaca&lt;; y tú, ~no has prc" parado la comedia? - ~Ienandro contestó: la comedia está pronta, el
"argumento y la m:1tcria cst;ín orcledado&gt;. sc'&gt;lo falta el vcr!'lo". Demos" traba con ésto que los poetas juzgan mcís importante el argumento que
"la forma. Y Corina reprochaba a Pindaro, -todavía joven y que ya
"usaba la forma con audacia-, ser falto de musa y no escribir con mi" tos -lo que es propio de la poética- mientras hacía más dulces lo'&gt;
"hechos por medio de palabras raras, catacresis, metáforas, melodías y
"ritmos; ... ya que la poesía es un relato de mitos, como dice también
"Platón. Y el mito es un relato engaíl.ador y verosímil; por eso se alcp
"mucho de las acciones. Si el relato es imagen y representación de la
"acción, y el mito imagen y representaci&lt;'&gt;n del relato, los &lt;{Ut.: inven" tan las acciones son tan inferiores a los que las actúan con fidelidad,
"cuanto los que los cuentan son inferiores a los que léts cumplen" (10 s 1 •
Hasta aquí la ficción intencional. Pero, dice Plutarco, todavh más
usada es la ficción que los poetas ofrecen "sin simulación, como ·i pcn" saran y creyeran en ella" &lt; 10 tl 1 • En esta forma atribuyen a los dioses
sentimientos que no deben, crean lo maravilloso, lo bru:tstico, "\'isio" nes e imágenes de rios que queman, de lugares salvajes y de penas te" rribles" &lt;110 l. Y ¿por qué el poeta hace todo esto? porque así "los en" gaíl.os nos alcanzan y nos turban mayormente, quedando 11osotros sa" turados de la pasión y de la debilidad de la cu;d ellos proceden" ' 111 1.1
En resumen, así podríamos formular esta cont!·adictoria definición
acerca de la naturaleza de la poesía como resultado de los pasajes ci lados: la poesía es imitación de la realidad contingente (hasta aquí Platón), pero también una ideal rejJroducción de lo rC'al, expresil)n de lo
verosímil y de lo posible (Aristdtelcs). en In r¡ue la fircidn es elemrntu
imprescindible jJara crear placer.

Ahora bien, placer, deleite, ''T,covf.", es lo que Platón temía mayormente en la poesía, y que lo indujo a echarla de su república ideal.
Plutarco, sin duda, reconoció y sintió la gran atracción de b poesía, el
transporte que de ella procede; pero no quiso seguir a Platón en su
condena y, para salvar a la poesía, intentó intelectualizar este placer,
o reducirlo -como ya Platón en uno de sus ddlogos- a simple '"-;r:l~ctá"
juego. Su posición frente al placer es preponderantemente aristotélica,
en la tentativa de salvar a los poetas, en indicarlos como guías y en buscar los medios por los cuales los poetas llegan con sus obras a ser útiles a la juventud.
Pero, antes de hablar del placer o transporte, hay &lt;¡ue examinar
otro punto de vista de Plutarco sobre la naturaleza poética; ésto es: d
Gloria Athen., 347f-348a.
Quom adols., 16f.
lbidem, 17r. Esto justamente es el reproche que Platón ha&lt;"Ía a los poeta.s.
Véase págs. 9-10.
111) Quom adols. 17d.

108)
109)
110)

- 29-

�elemento artístico de la poesía, del cual ese transporte o placer nace,
y que está íntimamente ligado con el engaí'ío.
En lo que se refiere a "mímesis" y ficción, hemos visto que Plutarco
se pronuncia en forma clara, aunque no definida y contradictoria. Pero en cuanto al elemento artístico, sus ideas resultan más confusas y, en cierto sentido, pobres, aunque por momentos revelen intuiciones de algún interés.
Sin embargo no nos debe extrañar la confusión en que se encuentra Plutarco frente a este tópico. Hace ya más de veinticinco siglos que
se habla y se discute sobre este "quid", que comúnmente llamamos elemento artístico, y hasta hoy ni poetas, ni críticos, ni los más grandes filósofos han conseguido definir ese imponderable elemento de que cada
obra de arte está penetrada, y por el cual lo que es natural, simple, cotidiano, sin importancia, alcanza de repente la forma artística universal. B. Croce, en los largos años de sus estudios sobre la estética, en la
tentativa de definir ese "quid" ha sufrido una constante evolución, por
la cual, ya en sus últimos años llegó a admitir el "misterio" del arte ~ 1112 &gt;, cumpliendo así una maravillosa parábola, al fin de la cual
112)

B. CROCE, Filosofía, poesía e storia, Milano 1941, pág. 31: "In relazione a
'' questo concetto sta l'alone di mistero che par si diffonda intorno alla
" poesía e a tutte le opere belle dell'arte; ossia non perché poesía ed arte
"siano impegnate da1 travaglio del pensiero e soffrano dell'ostacolo in cui
" urtano, ma perch/; per contrario, essendone aifatto scevre, non distinguo" no, non giudicano e creano in modo spontaneo e irriflesso immagini che
,, esprimono la vita in atto, la sfinge che e l·a vita. Il loro incanto di in" genuita e innocenza e nel mistero che ignora di essere tale, in quel loro
" fiorire che non matura i frutti dell'albero della scienza, che solo conosce
" i misteri perche li formula e li risolve.
'' Il mistero, logioamente inteso, non e dunque l'impenetrabHe, l'insolubile
" del pensiero, ma anzi il penetrabile e solubile per definizione, il conti" nuamente penetrato e risoluto. Se cosí non fosse non sarebbe mistero, ma
" veUeitá e irrealtá, immaginazione varia e paro la che é fiato di voce! La
" storia del pensiero e della vita é niente altro che la storia dei misteri
"via via presentatisi e via via schiariti: e questi schiarimenti formano il
" patrimonio di veritá che l'uomo possiede e di continuo accresce. Anche
" la poesía trapass·a di volta in volta, a materia di riflessione e di travaglio
"logico, diventa oggetto di critica e filosofía che pensa distinguendo e
" giudicando quel che in cssa era canto, e, in quell'atto, ne pone e scioglie
"il mistero". Y en su otro libro "La Poesía", Bari, 1953, postille pág. 215:
" Alla poesía, como alla bellezza in genere, é stato attribuito il carattere di
"mistero. E, in effctto, essa offre il mistero della realta, la realta come
" mistero, non ancora penetrata da quella luce, perpetua fugatrice del
"mistero, che é la Critica ossia il pensiero".
Junto a CaocE, en la misma línea evolutiva llega al misterio del arte el crítico francés }EAN CAssou. En "Pour la poésie", pág. 30 así escribe a propósito de las traducciones: "Nous avons mesuré le rapport de chaque mot
" a son sens, l'amplitude ou la réduction de son acception, sa densité intel" lectuelle, la profondeur de sa racine, sa patine historique. Nous passons
" a present au rhytme du poeme et, par extension, a ga musicalité a ces
" com'oinaisons euphoriques dont nous •avons vu qu'elles produisaient de
" l'euphorie. Arrive enfin le tour des images. Or, J.e plus ou moins gran
" degré de difficulté qu'opposera chacun de ces éléments nous indiquera
" a quel point il est essentiel a la nature meme de la poésie. Le residu, l'in-

-30-

�volvió a encontrarse con el misterio y el "&amp;v.Soucnacr¡J.Óc;" ' de Platón {113).
Ahora bien, si hasta hoy en día no ha sido posible definir el elemento artístico, ese "quid" misterioso y maravilloso, sería demasiado
pretender de Plutarco, erudito enciclopédico, pero no sutil y profundo
esteta, algo más de lo que él nos ofrece.
En realidad, lejos de dar una definición, Plutarco busca en la poesía las causas que crean el elemento artístico. ¿Es el elemento artístico
debido a la forma o al argumento, o a los dos a la vez? Así la tradición
había expuesto el problema, y así había sido objeto de discusión entre
los filósofos, desde los presocráticos a Aristóteles, quien concilió los dos
elementos, atribuyendo suma importancia al argumento, pero bellamente tratado &lt;114 &gt;; hasta Dionisio de Halicarnaso, quien había afirmado
el predominio de la forma cuidada y rígida &lt;11 5&gt;.
Plutarco, también aquí, sigue a Aristóteles y, aun reconociendo la
importancia del argumento, insiste sobre la forma y la necesidad de tratar a cada personaje según su grado y calidad.
Veamos ahora lo que Plutarco entiende por argumento y por forma por separado, como elemento artístico, y luego lo que él piensa de
la necesidad de la unión o mejor dicho, de la fusión de los dos.
Al tratar de la "mímesis" y de la ficción, nos hemos en parte acercado al argumento sentido como elemento artístico. Hemos visto, en
efecto, que Plutarco cree imprescindible, para cualquier obra poética, el
"¡J-0-.9-oc;", es decir el argumento-ficción &lt;116 l. Y, evidentemente lo considera elemento artístico superior a la forma, cuando afirma que las
obras de Empédocles, Parménides, Teognis y otros, no son poesía por
faltar de "mythos" {117).
En lo que se refiere a la forma como elemento artístico que da valor al mythos, he aquí lo que encontramos en Plutarco:
"Es necesario que el joven aprenda que elogiamos el arte que ha
"sabido reproducir convenienternente el tema p1·opuesto, Y, ya que el
"arte poético a menudo presenta en forma imitativa acciones bajas, pa" siones culpables y malas costumbres, el joven no debe aceptar como
"verdad, ni aprobar como honesto las partes de los poemas que, por
"ser muy bien elaboradas, suscitan admiración, sino elogiar solamente
"la justa correspondencia con el objeto rep1·esentado", y sigue citando
ejemplos de cosas que nos molestan en la realidad, pero que nos pro-

113)

114)
115)
116)
117)

"traduisible sera ce qui, daos la poésie, est indefinissable, le mistere,
"le charme.
En el estudio de las doctrinas estéticas griegas, no hay que olvidar, que
PLATÓN, que condenó la poesía, fue probablemente el que sintió con mayor
intensidad el poder fascinador del arte, el misterio que dla encierra, y por
ésto le tuvo miedo. Junto a él se puede colocar el anónimo autor "De Lof
.sublime", el cual, por ser menos fHósofo y más artista, no pensó nunca en condenar la poesía y nunca le tuvo miedo; la sintió y la aceptó como lo me·
jor que la vida le estaba proporcionando.
Véase pág. 14.
Véase pág. 19.
Véase pág. 29.
Quom, adols., 16b, c.

-31-

�clucen deleite en la imitación (118 l, y concluye subrayando que "hav
"que elogiar en estas cosas el arte y la capacidad imitativos", ya qu~
"no es la misma cosa imitar algo bello o imitar algo en forma bella.
"En forma bella, significa en efecto, en forma conveniente y propia; y
·• las cosas feas son propias y convenientes para las feas" y sigue dando
varios ejemplos (119).
Este mismo argumento, ya indicado por Aristóteles, se encuentra de
nuevo desarrollado por Plutarco, y en forma aun más &lt;.nnplia en "Quacstiones corwiviales", donde en realidad la cuestión llega a tener un desarrollo más psicológico que estético.
"La mención de la comedia nos llevó a aYeriguar porque el escu.. char voces de personas encolerizadas, afligidas o asu~taclas, nos resul" ta fastidioso y nos causa molestia, mientras nos deleitan aquellos que
"representan esas pasiones e imitan las voces y los gestos de ellas. Y tu" dos ellos alegaban esta sola razón: que el que imita actúa m&lt;is h&lt;.U)il.. mente que el que sufre de verdad: y difiere de éste por no sufrir;
" nuestra alegría y goce proceden justamente de esta percepción. Pero
"yo dije: Ya que por naturaleza estamos provistos de razón y amamos
"el arte, nos hallamos bien dispuestos hacia lo que se presenta con ha.. bilidad y con arte, y lo admiramos cuando lo en con tramos. Como b
"abeja, por ser muy amante de lo dulce, envuelve y persigue toda ma" teria que tiene algo de miel, asi el hombre, por naturaleza amante
"del arte y de lo bello, abraza y ama toda obra y acción que tiene al" go de razón y mente. Ya que, mientras nos sentimos molestos por las
"pasiones comunes de quienes se enojan, se entristecen realmente, por
" el contrario nos alegramos de la imitación hábil, verosímil y de éxi Lo";
en efecto "nos molesta ver a hombres extenuados, pero admiramos con
"placer estatuas y pinturas que los representan, porque nuestro inte" lecto es llevado por la imitación misma y por lo müs adecuado a
"ella" (120). "Sin embargo el intelecto produce también muchos otros
"placeres, como el que se prueba en e:,cuchar historias, las cuales, aun
"teniendo muchos pasajes agradables no consumen el eterno deseo de
''la verdad, ni el insaciable deseo de placer" &lt; 1211 . Por lo tanto, según
Plutarco la forma debe ser conveniente al tema tratado y proporcionar
una imitación perfecta. Y puesto que a tal forma él llama "forma bella", se puede concretar, en cierto sentido, la teoría de Jo bello en
Plutarco: "Bello" es, según él, la imitación conveniente, útil y verosímil. Estamos todavía lejos del concepto plotini:mo de b identificación
de lo bello con el arte mismo &lt;1 2 2 1.
ll8)

lbidem, 18b. Véase pág. 18, lo que escribía en propósito

FILODEl\10 DE GA·

DARA.

119)
120)
121)
122)

Quom adols. l8d.
Quaest conviv. 673d, 674b.
Non posse suav. etc. l092e.
Ni Platón, ni Aristóteles habían encontrado una definición mejor '11 es·
te propósito.
Pu.TÓ"' ora habla de lo bello en los cuerpos, en las acciones, en las le·
yes, en las ciencias; ora 1o identifica con lo bueno y lo divino; ora lo
confunde con lo útil. En el "Hipias m-ayor", qu.e se propone ex~tctamente

- 32-

�Una vez afirmado este principiO ele imitar "en forma hella", pasa
Plutarco a otros detalles sobre el elemento artístico, ésto es: la manera
de contar o poetizar un "mito". "Para embellecer las acciones y los ca" racteres que le sirven ele argumento, la poesía se sirve de adornos y
"esplendor" &lt;1 :..!3), "de Yariedad y diversidad. En efecto, los cambios
"proporcionan a los mitos el elemento emocional, sorpresivo e ines" perado, que produce la más grande maravilla y alegria &lt;1 :!-il; mien" tras lo sencillo queda falto de emoción y de poesía. Por esta razón los
"poetas no representan a los mismos personajes siempre igualmente
"vencedores, felices o venturosos en el correr de su vida. Tampoco
"presentan a los dioses faltos de emociones y de culpas, al colocarlos
"en acciones humanas; y todo esto para que el elemento turbador y
"excitante del arte poético no quede inactivo en ningún momento al
"faltarle luchas y peligros" (125l.
Ahora bien, esta variación y diversidad de la poesí.t, este cambio
que crea el elemento emocional, sorpresivo, inesperado, no es otra cosa
que el elemento art~..,tico por excelencia, hecho de "mvthos" v de forma
;1 mismo tiempo &lt; 126 J. Ei autor ((De z¿ sublime'' lo 'llamó :'9anacría"
fantasía, y le atribuyó mayor importancia que a la mímesis misma.
Dice ROSTAGNI en la introducción de ((De lo sublime": ''Delia GJ&lt;X'I"~acria
il nostro autore ha un concetto che si avvicina alquanto alle clottrine
estetiche d'oggi. La fantasía e in rapporto, non gia con una presunta
realta esterna, ma con l'anima del poeta".
Con ésto no queremos decir que Plutarco con su afirmación fué
un precursor; queremos sólo subrayar que este elemento nuevo y propio
en cada poeta, que Aristóteles había intuído, y al cual había aludido en
su ((Poética" &lt;127 l, se eleva en la teoría de Plutarco a elemento esencial.

123)
121)

125)
126)

127)

la búsqueda de lo bello se combaten y destruyen tod&lt;~s las conclusiones a
las cuales se llega, eso es: lo conveniente, lo útil, lo que deleita la vista
y el oído; y al final Sócrates concluye diciendo que sólo puede recordar
el viejo pro·verhio que lo bello es difícil: "xai,E'I."a ~a xa'Aá''.
B. CROCE así explica esta imposibilidad de Platón para definir lo bello:
"uscendo dall'attivitá mimetica o artística, era impos~ibile ritrovare pel bello
"un dominio indipendente" (Estética, pág. 178).
ARISTÓTELES, de su parte, intenta también dar varias definiciones sin con·
seguir ninguna clara. En Ret. I, 9, 1366a. define lo bello como lo que es a un
tiempo bueno y agradable; en Metafs. XIII, 3, dice que lo bello reside en
los seres inmóviles t EV ~oí~ cX'/..(V~'t'O!~), mientras el bien en las acciones; en Poét. VII, al hablar de los límites de una obra de arte dice que
lo bello está "en la medida y en el orden".
Quom adols. 25b.
ARISTÓTELES había hablado de lo imprevisto, pero no de la variedad (Poét.
IX, 1452a, 2-10; XXIV, 60a, 12sgs.).
El autor de "De lo sublime" había escrito que la fantasía ofrece la sor·
presa. Oap. XV: "Sabes que el fin de la fantasía poética es la sorpresa, y
" que ella busca lo patético y lo agitado".
Quom adols. 25d.
Véase: B. CnocE, La poesia, pág. 36, Postille, pág. 231, sobre la antigua
separación retórica de contenido y forma, y la unidad de las dos en la fi.
1osofía moderna especialmente después de Kant.
ARIST. Poét. XIV, 1453b, 24-25.

-

33 -

�¿Influencia de la obra del anónimo? ¿tendencias de los tiempos? ¿o interpretación e intuición misma de Plutarco, el cual en su estudio de la
"poética", tuvo que reconocer la diversidad y variedad propia de toda
poesía, y les atribuyó la importancia debida ,dentro de la esencia misma de la poesía y de su fin edonístico y ético?
En lo que se refiere a la forma con la cual hay que tratar los personajes, su posición presenta también cierto interés.
Cada personaje debe ser tratado en forma verosímil y conveniente a
lo que él representa. Algo muy parecido había dicho ya Aristóteles ( 1 ::!~1.
"El poeta atribuye a cada personaje buenos y malos caracteres, según conviene" (12 !ll, en efecto proporciona "sentimientos despreciables
e indignos a caracteres y personas despreciables e indignas" (1 3°l. Y reprocha a Aristófanes porque "no proporciona a cada personaje lo que
"conviene, ni lo suyo propio. Por ej. el fasto al rey, la habilidad al
"orador, la sencillez a la mujer, la simplicidad al ignorante, la insolen" cia al charlatán; sino que al acaso atribuye a los personajes las pala" bras que primero se le ocurren; y no puedes saber así si el que habla
"es un hijo o un padre, un paisano o un dios, una vieja o un
''héroe" (131 l.
Ahora bien, la imitación en forma bella, la variedad, la diversidad
en el "mito", la forma conveniente y verosímil de los caracteres, partes
todas del elemento artístico propio ele cada poeta, encuentran su expresión en la dicción. Cuál es, según Plutarco, la dicción que conviene? No
ciertamente la "dicción vana y abundante" que él condena (l:lZJ, sino
más bien "la ática y sutil" (1 ;}:ll, ya que "el lector aplicado y sincero
"debe dejar de lado las palabras ricas y delicadas, y penetrar con aten" ción en el sentido mismo de la frase, y en la intención del escri" tor" (l3 4 l. Y, de acuerdo con Dionisio, afirma que la dicción debe ser
"suave y sencilla~ difusa en las acciones en fonna tal que no sea despre" ciada por los sobrios~ ni resulte molesta a los ebrios" (1 3 5 l, y "coheren" te y sobria en tal forma que, aun arrastrada por muchas pasiones y
"adaptándose a muchos personajes, se muestre única )1 conseroe una
"igualdad suya propia en las palab'ras comunes y usuales" (136 l.
En conclusión, Plutarco en su teoría sobre el elemento artístico
insiste en la tradición platónico -aristotélica, y desarrolla en cierto sentido la unión de argumento y forma, ambos, según él, elementos imprescindibles de poesía en conjunto y no por separado. Su conclusión,
en efecto, es que no puede existir argumento sin forma, ni forma sin
128)
129)
130)
131)
132)
133)
134)
135)
136)

Ibídem, cap. 15, 1454a, 33sgs.: "Es necesario buscar en los caracteres siem" pre lo necesario o lo verosímil, de modo que sea necesario o verosímil que
" quien posee tal carácter diga tales cosas u obre de tal manera".
Quom adols., l8c.
Ibídem, 18f.
Epit. Aristoph. et Menan. 853d.
De aud. 4lf.
Ibídem, 42d.
Ibidem, 4lf-42a.
Quaest, conviv. 712h.
Epit. Aristoph. et Menandr. 853d-e.

-

34

�argumento, en cuanto el poeta expresa el argumento en una forma que,
para llegar a ser bella, debe ser conveniente al argumento mismo.
l\lás que en el caso anterior, es en la unión forma-argumento, en
su producirse simultáneo, que Plutarco ha presentido o adivinado el
verdadero elemento artístico que crea con lo emotivo, lo patético, lo
sorpresivo, la poesía misma (137).
Y es este elemento artístico, el que crea entre autor y lector aquella correspondencia, aquella simbiosis por la cual el poeta penetra con
su obra en el alma del lector y el lector abre su e'&gt;píritu para recibir en
pureza y plenitud al poeta. Plutarco había dicho, hablando de Tucídides, que el autor debe esfororse para hacer del lector un espectador, y
tratar que las pasiones que él de&lt;;crihe obren sobre el lector, como si estuviera presenci&lt;indolas (l:lR\. Con ésto había afirmado uno de los principios mús importantes de la imitación, pero no había llegado aún a aquella comunión poeta-lector, ya sostenida por Teofrasto, y que encontramos
en otra de sus obras: "El lector es partícipe del discurso y cooperador del
"que habla ... En efecto, como en el juego de la pelota el que recibe de" be conformar sus movimientos a los del que tira, así entre el que ha" bla y el que escucha se forma por medio de las palabras una corres" pondencia, si cada uno de ellos es consciente de su oficio" (larn.
Hemos llegado así a otro punto esencial de la doctrina estética tradicional de los Griegos: el fin de la poesía.
Plutarco, como buen moralista, se esfuerza por encontrar en la poesía el fin ético, aunque no pueda negar el placer en si y por si que
causa la lectura de los poetas. Preocupado por el placer que él mismo
experimentaba, intentó demostrar en muchas de sus obras la posible
concordancia entre placer y moral, reconociendo a ese placer o deleite
un origen puramente intelectual. Con este reconocimiento Plutarco
quedó fiel a la tradición y a su interpretación moral de la poesía, pero
se alejó completamente del goce estético, que él como otros, sintió, y
cuya naturaleza había vislumbrado.
Platón había claramente experimentado el goce estético de la poesía, y había percibido en él un peligro evidente para la juventud; por
ésto había echado a los poetas de su república. Aristóteles salvó a la
poesía con la teoría ele la catarsis, ésto es, atribuyéndole un fin ético,
pues esencialmente ética es la catarsis aristotélica. Las escuelas estóicas
y peripatéticas dejaron casi incambiada la posición tradicional. Sólo el
autor ((De lo suúli me" negó el fin ético ,como fin propuesto por el poeta mismo; pero admitió, en una de sus magníficas intuiciones, que la
137)

138)
139)

B. CnocE, La poe$ia, pág. 7: ''La poesía crea e~sa come ogni altra attivitá
" spirituale, con la soluzione il problema, con la forma il contcnuto, che
'• non é materia informe, ma formata. Prima che scatti la scintiHa poetica
"non ci sono figure rilevate nella luce e nell'ombre, ma il hui o; e solo
" questa scintiHa irradia la luce, la luce per la quale il ¡;orgere di Omero
" fu paragonato al levarsi del sole sulla terra".
Véase pág. 2·1.
De aud. 45c.

- 35-

�poesía es ética en sí, pues lo sublime es propio sólo de almas nobles y
elevadas (140).
Plutarco reconoce el placer como efecto de una adecuada imitación,
aun de cosas feas &lt;141 &gt;, y de la creación fabulosa, inventiva e imaginativa de los poetas C142 l; reconoce la emoción producida por el elemento artístico C143 l; pero no quiere atribuirle demasiada importancia, y
llama a ese placer poético "~atotc.G"' juego CH 4 l, repitiendo una expresión y definición platónica C145 l. Por fin aleja el deleite de cualquier
emotividad al afirmar su origen intelectual: "no, a través del oído, ni
"a través de la vista, sino po'r nuestro intelecto se produce el placer en
"las audiciones y en los espectáculos" C14 6J. Así Plutarco retrocede evidentemente frente al concepto catártico de Aristóteles, aún si, en cierto
momento, recordando el dicho de Aristón de Quios: "ni un baño, ni
"un discurso que no sirven para purificar, tiene~ utilidad alguna" e1 47 l,
parece admitir este tipo de catarsis.
Por lo tanto Plutarco no busca en la poesía el placer y la diversión,
sino algo capaz de procurar la corrección del carácter y la atenuación
de las pasiones, la enseñanza de las costumbres y la moderación de las
emociones: "Al ocuparte ele poemas e historia, cuida que no te pase
"desapercibido nada de lo que se dice a propósito de la corrección del
"carácter o de la atenuación de la pasión. En efecto, como Simónides
"dice de la abeja que revolotea entre las flores "preocupándose de la
"rubia miel", mientras los demás aprecian sólo su olor y su perfume,
"sin tomar nada de ellas; así igualmente, si tú encuentras y recoges en
"los poemas algo digno de atención, parecerá que hayas alcanzado la
" facultad de conocimiento por la costumbre y el amor a lo bello y a
"lo conveniente, frentE. a los demás que se interesan de las poesías por
"placer y diversión" (148).
Pero, donde especialmente se trata del fin ético de la poesía es en
el "Compendium comparationis AristojJhani et 1\-'Ienandrin, y en "Quamodo adolescens poetas audire debeat".
140) Véase pág. 19, .n. 67.
141) Véase pág. 25; 31.
142) Véase pág. 33; Quom adols., 17a.
143) Véase pág. 33.
144) Gloria Athen. 350b.
145) Leyes, 889b-d.
146) Quaest. conv. 674a. En la misma obra, 706a, al hablar de la vista y del
oído dice que los placeres procurados por estos dos sentidos, alcanzan en
el alma la parte que juzga y que reflexiona, y no la parte irrocional, como
1os placeres del gusto, del tacto, y del olfato. Con ésto, sin embargo, Pintar·
co no se contradice, por el contrario, trata de colocar la vista y el oído en
relación con la parte racional del alma. "Esa relación se produce espe·
" cialmente por obra de la danza (vista) y de la música (oído)". Se une
así con la tradición peripatética que hacía de la vista y del oído sentidos
divinos.
147) De aud. 42b.
148) Quom. in virt., pro/. 79c. También en la "Vida de Solón", cuando cuen·
ta cómo Solón criticó a Tespis por haber hecho del espectáculo un simple
entretenimiento: "Acabado el espectáculo, Solón, saludó a Tespis, y le
" preguntó cómo no se avergonzaba de haber acumulado tanta mentira; y

-36

�La primera de estas dos obras es, como el título dice, un resumen
de una obra más amplia en la que Plutarco desarrolla la comparación
entre los dos comediógrafos, con el fin ele demostrar que las comedias de
Menandro son mejores que las de Aristófanes, porque aquellas son morales, y estas inmorales. Citaremos unos pasajes ele este breve ensayo
más adelante, al hablar de la crítica literaria de Plutarco.
La segunda, cuya traducción completa y directa del griego se encuentra en el apéndice de este trabajo, y a la cual hemos hecho referencia muchas veces, es un pequeño ensayo sobre la manera ele leer a los
poetas. En ella Plutarco aclara algunas de sus ideas estéticas, con el
fin de enseñar a los jóvenes a leer a los poetas, en forma tal que puedan resultar útiles para el aprendizaje rle la filosofía. DANIEL WITTENBACH en la prefacción de esta obra, aclarando el fin que Plutarco se
había propuesto, e interpretando el título escribe: "Quomodo iuvenis
"poemata legere debeat, ut nil incle nec judicio erroris de rebus gra" vissimis, nec animo et moribus pravitatis suscipiatur". Es evidente,
por lo tanto, que especialmente en esta obra Plutarco trató del fin
ético de la poesía. Y éstas son sus ideas. "Hay que acostumbrar a los
"jóvenes a gozar de las lecturas y de las audiciones con moderación,
"y a perseguir en ellas lo útil y saludable" &lt;149 l; "debemos vigilar a
"los jóvenes en forma especial porque precisan de guías más en las
"lecturas que en las calles" &lt;1 50l; pués "el arte poético es muy agra" dable y cultiva el alma del joven, pero llega a producir turbación y
"desviación de la mente, si su lectura no es acompañada por una con" veniente vigilancia" (15Il; "y, puesto que no es justo tapar los oídos
"de nuestros jóvenes con cera dura que no se derrite, como los de
"los itacenses, obligándolos a izar las velas de la nave de Epícuro para
" huir y evitar el arte poético, los guiaremos y los vigilaremos, colo" cándolos frente a un razonamiento justo, y atándolos para que el pla" cer no los arrastre hacia el mal" &lt;152 l. "En efecto, no derribemos, ni
"destruyamos la vid poética de las l\1usas, sino detengámosla y trate" mos de suavizarla y rebajarla, cuando su parte mítica y clramáti" ca se enardece arrogantemente en el excesivo placer de fantasear, y
"envanece en forma demasiado exuberante. Pero, cuando ella con ele" gancia alcanza el arte mismo y su lenguaje suave y atractivo no es
" ni vacío ni estéril, introduzcamos y mezclemos con ella la filosofía.
"Ya que, como la mandragora, al crecer cerca de las vides, transmite
"su calidad al vino, que produce así un sueño más suave en los que
"lo toman, igualmente la poesía, recibiendo de la filosofía su doctri" na y mezclándola con fábulas, ofrece a los jóvenes una enseñanza

149)
150)
151)
152)

•• como le respondiese éste, que nada había de malo en que aquellas cosas
" S·e dijesen como entretenimiento; dando Solón un fuerte bastonazo en el
" suelo. "Pronto, repuso, aplaudiendo y dando aprecio a este entreteni" miento nos hallaremos con él en nuestros negocios y contratos" (Solón, 29,
trad. ANTONIO RANZ RoMANILLOS).
Quom. adols., 14f.

lbidem, 15a.
Ibídem, 15c.
Ibídem, 15d.

-

37 -

�"útil y agradable. Por lo tanto los que quieren dedicarse a la filoso" fía~ no deben huir de la poesía, sino que deben usarla como prepa" 'ración a la filosofía, acostunz brándose a buscar y apreciar la parte
"útil tarnbién en el placer; y en el raso de que no encuentren lo útil,
"a combatir y rechazar a la poesía" (153l.
Habiendo así puesto los fundamentos de su tesis ,en todo el ensayo, Plutarco sigue esforzcíndose para interpretar a la poesía en forma
útil &lt;154 &gt;. En efecto, él sostiene que si el poeta dice cosas vanas y feas,
es porque quiere indicar acciones vanas y feas; por lo tanto lo que
hay que admirar en estos casos es la imitación, y no la acción &lt;1 55);
igualmente se expresa acerca de los discursos malos y faltos de verdad
pronunciados por personajes malos y mentirosos &lt;1 ríOJ. Además él subraya que el poeta combate la maldad de sus personajes en los mismos
pasajes donde habla de esta maldad, o en otros pasajes de sus poemas,
porque así "la descripción y la imitaciún de acciones malas, cuando
"representan también la vergüenza y el daño que resultan a los que
"las cumplen, ayudan y no perjudican al oyente" &lt;157 &gt;.
Más adelante él sugiere que en los poemas hay que buscar pasajes que se contradicen y contraponen para poder sacar de ellos verdadera utilidad, ya que "la comparación y observación de pasajes con" tradictorios guiará al joven a uno de estos dos caminos: o lo dirigirá
"hacia el pasaje mejor, o cuando menos alejad. su confianza del pa" saje peor" &lt;15 8l.
Igualmente se expresa acerca de la interpretación que el joven
debe dar a la poesía para sacar de ella utilidad: "En efecto. la lectura
"de los poetas no traerá ningún daño al joven, cuando su alma esté
"preparada en forma tal que se exalte y se entusiasme sólo frente a
"las cosas bien dichas y bien hechas, y no tolere las malas y las repu" die ... Por lo tanto no hay que temblar tímidamente frente a todo,
"presa de superstición como en un templo, ni quedarse en adoración
"frente a cualquier cosa, sino que hay que estar acostumbrado a pro" clamar que algo no es justo y no es conveniente, no menos que a
"reconocerlo justo y conveniente" (l:í!)). Ya que a los poetas no hay
"que obedecerles como si fueran pedagogos o legisladores, a menos
"que el texto no fuera razonable. Y decimos que un texto es razona" ble cuando es bueno; mientras cuando es malo, aparecerá como va" cío y vano" &lt;100 &gt;.
En otra página, animado por el mismo fin, indica el provecho
que se puede sacar de la lectura, recurriendo a una de sus acostumbradas comparaciones: "Como en los prados la abeja busca la flor, la
153)
154)
155)
156)
157)
] 58)

159)
160)

Ibidem, 15f-16a.
El mismo concepto de utilidad de la poesía está expresado mucho más
brevemente en Quaest. Conviv. 736f-737c.
Véase pág. 26.
Quom adols. 18d.
Ibídem, 20b.
Ibidem, 21d.
Ibídem, 26a, b.
Ibídem, 28b.

-38-

�"cabra la hoja tierna, el cerdo la raíz, los otros animales las semillas
"y el fruto, así en las lecturas de los poemas, uno selecciona las flo" res de la historia, otro prefiere la belleza y la colocación ele las pala" bras" (lGl); "dos grandes ventajas reciben los que est&lt;Ín acostumbre" dos a escuchar con atención a los poema'): una es la que conduce a la
"moderación por la cual no se critica odiosa y neciamente a nadie por
"la suerte que tiene; otra es la que lleva a la magnanimidad por la
"cual los que sufren reveces de fortuna no se sienten humillados y
"confundidos, y soportan tranquilamente el sarcasmo, el reproche, las
"risas" &lt;1 G2 &gt;.
Y ya hacia el final, temiendo haber dicho demasiado en contra de
los poetas vuelve sobre sus mismas palabras: "Y así, como de lo que
"hemos dicho más arriba, resultaba que nosotros alejábamos y revo" cábamos la confianza en los poemas malos y dañinos, oponiéncloles
"discursos y sentencias de hombres famosos y de gobierno, igualmcn" te, si encontramos en ellos algo culto y útil, debemos alimentarlo y
"aumentarlo con demostraciones y testimonios filosóficos, atribuyen" do a los poetas tal invento" (lü:n; "ya que, adaptar y conciliar tales
"pensamientos con las doctrinas de los filósofos lleva a los poemas le" jos del mito y de la ficción, y cuando menos detiene ]a atención so" bre las cosas dichas con un fin útil; además abre y dispone el alma
"del joven a entender las sentencias filosóficas" (IGl).
Finalmente, concluye la obra con estas palabras que por si solas
alcanzarían a dar significado ético a todo el ensayo: "Así por estas con" sideraciones y por todo lo que hemos dicho, el joven precisa de una
" buena guía en sus lecturas para que, sin ser engañado, sino más bien
"por haber sido educado previamente, se dirija de la poética a la
"filosofía con espíritu benévolo, amistoso y familiar" (lH 5 &gt;.
Esto, en lo que se refiere al fin ético de la poesía en relación al
lector.
Sin embargo, Plutarco, con una intuición casi única en la historia
de las ideas estéticas griegas, sintió que el arte no sólo obra y tiene su
influencia sobre el lector o el espectador, sino que la acción creadora
comienza por obrar, y en forma seguramente más intensa, sobre el artista mismo. Esta influencia, de acción purificadora, sería entonces,
según Plutarco, la verdadera catarsis; catarsis del autor. del creador,
y no sólo del lector o espectador, como había dicho Aristóteles. &lt;IGG&gt;
Y así él escribe: "Los salterios, las péctides, las flautas y todos los
"instrumentos que con la ayuda de la música concuerdan y se tornan
"íntimos de las pasiones humanas, gimen, cantan y se desenfrenan de
161)
162)
163)
164)
165)
166)

Ibídem, 30d .
Ibídem, 35d. Se acerca aquí al concepto de catarsis oarhtotélica.
Quom adols. 35f.
Ibídem. 36d.
Ibídem, 37b.
S\'OBODA, Ob. cit. pág. 942, insinúa. que esta idea de Plutarco podría pro·
ceder de Posidonio.
B. CnocE, Poesía, pág. 207, así define la catands: "distacco e innoalzamento
"sulla passionalitá mercé dell'attiva intuizione poetica".

-

39

�" acuerdo a los juicios, pasiones y estados de ánimo de los que los to" can" &lt;167 &gt;. Y más claramente todavía se refiere a este concepto en
otro pasaje más: "Igualmente suscitaríamos la indignación de las 1\fu" sas al creer nosotros que obra de ellas son la citara y la flauta, y no
"la enseüanza de las costumbres y la moderación de las pasiones en
"los que crean poesías líricas y cantos" &lt;168 &gt;. En los dos casos no se
habla evidentemente del que escucha sino del que toca y del que
crea.
Esta, en breve, la posición ue PI u tarco acerca del arte poético.
Conforme a su posición sobre el arte poético es su crítica literaria.
Sus juicios sobre los distintos autores están especialmente basados
sobre el fin ético de la poesía, según la utilidad, la moralidad, la verosimilitud de las obras. Por esta razón, Aristófanes, que hoy todavía
ocupa el lugar más brillante entre los comediógrafos de todos los siglos y de todos los países, es criticado severamente por Plutarco y pospuesto al más simple y m~is moralista 1\Ienandro.
La crítica de Plutarco sobre HO.\IERO &lt;HW) no presenta ninguna novedad interesante, y en general es un reflejo de la crítica homérica de
la época alejandrina. En efecto, en la obra anteriormente citada
((Quomoclo aclolescens poetas audire deúeat", en la cu:.1l se encuentran
muchas referencias a Homero, nunca aparece un juicio que se pueda
definir estético, sino tan sólo observaciones de carácter ético.
Hemos dicho que desde el siglo VI a. C. los filósofos y, más tarde,
los filólogos habían encontrado en los poemas homéricos muchos defectos de índole moral. Platón los criticaba especialmente por su irreverencia religiosa &lt;1 70). Ahora bien, Plutarco vuelve a subrayar en los
poemas homéricos los defectos tradicionales: irreverencia hacia los
dioses, demasiada importancia dada al destino, que llega a dominar al
mismo Zeus; cierta maldad y poca seriedad en algunos de sus
héroes &lt;171 &gt;.
Para mitigar estos defectos y salvar a los dos poemas, Plutarco imagina distintos sistemas de interpretación &lt;17 :l) , rechazando la alt&gt;goría (173), como ya había hecho el mismo Aristóteles. Sin embargo, en
la ((CaTta a su esposa", él reconoce que la crítica homérica no siempre
ha estado en lo justo, ya que mucho se ha hablado de versos imperfectos y defectuosos, dejando de lado los verdaderos méritos, y la forma
167)

168)
169)

170)
171)
172)
173)

De virt. mor. 443a; cf. también "An seni", 786b, Non posse suav. 1093b,
donde Plutarco ha.bla del pl-acer que prueba quien se dedica a las bellas
artes.
Septem sapientium convivium, 156c.
No vamos a hacer referencia a la "Vida de Homero", atribuída a PLUTARCO,
por ser considerada generalmente espuri·a; así como en las citas anteriores
hemos dejado de lado la obra "De liberis educandis", por la mtsma razón.
V éanse págs. 9-10.
Quom. adols. 27b.
Ibídem, 20e, 31e, etc.
Ibidem, l9c, f.

-40-

�excelente de sus obras &lt;1 74l. Además en "De garTulitate" su crítica
alcanza los matices de un juicio estético, al expresarse en tal forma:
"De lo que se ha dicho acerca de Homero, lo más verdadero es que
"él solo, en sus obras, ha evitado a los lectores el aburrimiento, pre" sentando siempre algo nuevo y rebosante de gracia; como si dijera
"y repitiera para él mismo aquel verso suyo "odio volver a contar lo
"que ya se ha dicho claramente", huye y teme el fastidio que insidia
"cualquier discurso; por eso lleva al oyente de un cuento a otro, ate" nuando así el aburrimiento con la novedad" (1 75 l. Es un juicio de
sumo interés, en el cual Plutarco atribuye a Homero variedad y gracia, los dos elementos que como hemos dicho &lt;17&lt;ll, constituyen algo
esf'ncial e imprescindible en la composición de toda obra poética.
De los poetas comúnmente conocidos en el grupo de los elegíacos
y yámbicos, Plutarco recuerda esp.ecialmente a ARQUÍLoco en el cual
critica -como quería la tradición y más aun su posición ética- el
argumento &lt;177 &gt;, la maldicencia y la obscenidad &lt;1 78),
De FOCÍLIDESJ el poeta filósofo, observa la demasiada "sencillez" (179),
soLÓN es recordado como poeta, especialmente por su oda sobre
Salamina "cien versos escritos con toda gracia" &lt;1 SO).
De TEOGNIS) el poeta gnómico por excelencia, dice que "sus máxi" mas son discursos que han tomado de la poética el verso y el énfa" sis" (181); igualmente de PARMÉNIDES &lt;1 S 2 ) y EMP~~DOCLES (lS:n. Todos
ellos, en efecto, "han tomado prestado de la poética el metro y la gra" vedad, como un peatón que toma un coche para escapar a la humilla" ción de ir caminando" &lt;1 81).
Muy escasas son las referencias a los poetas monódicos: SAFO y
ALCEO. De SAFO elogia la elegancia, al citar el fragmento Bergk 58 &lt;183 l, y
a propósito de sus odas amorosas dice: "Como el hijo de Efesto, Caco,
"según los Romanos, arrojaba por la boca torrentes de fuego y lla" mas, así Safo emana cantos verdaderamente inflamados, y comuni" ca a través de sus versos el ardor ele su corazón" &lt;18 ·1 l.
De la tragedia Plutarco da una definición bastante escueta en
"Quaestiones conviviales": "La tragedia es solemne y estudiada; es una
"ficción de acciones llenas de pasión y piedad" (JR5\
174)
175)
176)
177)
178)
179)
180)

181)
182)
183)
184)
185)

Consolatio ad uxorem, 6llb.
De garrulitate, 504d.
Véanse págs. 33-34.
De aud. 45a.
De curios. 520b.
De aud. 45b.
Sol.ón, 8, l. En el cap. 3 de esta misma obra subraya PLUTARCO que Solón
escribió "por pura diversión y pasatiempo", y que escribió sus sentencias
"no como historiador o para memoria, sino ya en apología de sus dispo" siciones, ya exhortando, o amonestando, o reprendiendo a los atenienses".
Quom. adols. 16c.
Ibídem; De au. 45b.
Praecepta conjugalia, 145f.
Amatorius, 762f.
Quaest. conviv. 7lle.

-

41 -

�Los juicios sobre los tres trágicos no son tan interesantes como
podríamos esperar. Entre los tres prefiere a EURÍPIDES~ por razones
obvias: sus obras son muy ricas en consejos de buena conducta y en
preceptos. Pone a SÓFOCLES en segundo lugar, y por último a ESQUILO.
Este, su juicio del punto de vista ético. En lo que se refiere a la forma de las obras recuerda la crítica de Sófocles acerca de la abundancia, de la rudeza y la artificiosidad de Esquilo &lt;1 86J, pero elogia su
estilo como el mejor y el más conforme a los caracteres &lt;1 S6J; y en otro
lugar recuerda como mérito del trágico su elocuencia (187J. Afirma
que Sófocles es mejor que Esquilo, ya que supo eliminar los defectos
de aquel, usando una forma de dicción más rica &lt;1 88J, y alcanzando
admirable elocuencia &lt;189 l y gracia &lt;1 87J. Sin embargo, critica la desigualdad en los rasgos de sus personajes y en la estructura de sus
tragedias &lt;190 l.
EURÍPIDES es para Plutarco casi sin defectos, un sabio que vuelca
en sus tragedias sus conocimientos filosóficos y sociales &lt;1 9 1 ) en forma
bella, con adecuada colocación de las palabras, y con dicción redonda &lt;192 l; sin embargo también él cae a veces en la verbosidad &lt;193 l.
En la obra cuya traducción damos en el apéndice: Quomodo adolescens poe-tas audire debeat"~ hay un evidente reflejo de estas preferencias de Plutarco y de su juicio crítico. En efecto, entre los pasajes
citados en esta obra, sólo cuatro son de Esqmlo, doce de Sóiocles y
veinticuatro de Eurípides.
De los pasajes ele Esquilo, e] primero (par. 16e) es una de las
mejores citas de toda la obra, por su rasgo tan humano que debe haber llegado profundamente al corazón de Plutarco, especialmente después de la muerte de su hija.
Los pasajes de Sófocles tienen escaso valor literario, y son usados
por Plutarco con evidentes fines morales, así como, en su mayoria, también los de Eurípides.
Sin embargo, a propósito de un verso ele Sófocles (par. 27f),
Plutarco hace notar que este trágico está acostumbrado a presentar
malas costumbres y hechos indignos con palabras agradables y argumentos benévolos. De parte de Plutarco es esta una severa crítica.
Entre los pasajes ele Eurípides, sólo dos, el primero y el segundo,
son citados con fin de crítica literaria (par. 17d, 18d,); el primero
como ejemplo de emoción, imaginación y engaño poético; el segundo,
como ejemplo de un discurso malo y falso, pero conveniente al personaje malo y falso que lo pronuncia.
Pasamos ahora a examinar el juicio de Plutarco sobre la comedia
186)
187)
188)
189)
190)
l 91)
192)
193)

Quom. quis suos in virt. prof. 79b.
Gloria Athen. 348d.
Quom, quis, suos in virt. prof. 79b.
Gloria Athen. 348d.
De aud. 45b.
Gloria Athen. 348d.
Quom adols. 30d.
De aud. 45b.

- 42-

�antigua y la nueva y especialmente sobre sus principales cultores,
ARISTOFANES y MENANDRO.
En su posición frente a la comedia, es evidente que él sigue la tradición pcripatética, que condenaba la Comedia antigua y prefería la Nueva por su fin moral. En su estudio ético y no estético, se ensaí1a contra la Comedia Antigua y Aristófanes, poniendo en evidencia todos su&lt;; defecto'&gt;, sin sentir, o aparentando no
sentir, los evidentes m('ritos artísticos de las obras del gran comediógrafo. Dedicó una obra especial a este argumento: ({Comparación ent1·e Aristófanes y 1\Jenandro"J de la cual se ha conservado sólo un epítome. Además en su otra obra ({Quaestiones conviviales"J dedica unos
párrafos a la comparación entre las dos formas de comedia (Ifl ·1 l.
A la comedia antigua reprocha "la libertad del lenguaje, demasía" do intemperante y vehemente; la tendencia al sarcasmo y a la tri" vialidad; las palabras indecorosas y, por fin, la dificultad de ínter" pretar a cada personaje" &lt;1 D5 l. Por e! contrario elogia la comedia
nueva y especialmente a 1\Ienandro, elemento indispensable ele todo
banquete, por su "dicción suave y sencilla", por "la abundancia de sen" tencias útiles" por "el acercamiento de lo serio a lo gracioso", y por
"unir en si deleite y utilidad al mismo tiempo" (10GJ.
Finalmente, Plutarco reprocha a Aristófanes la falta de verosimilitud, la congruencia en la composición y en el estilo; un espíritu grosero y barato, duro y malicioso, que trata ele representar siempre los
rasgos peores de los hombres; en contraposición a l\Icnandro cuyo estilo armonioso, usado para representar distintas acciones y caracteres,
y conveniente a cada personaje, alcanza la verosimilitud necesaria.
Además l\1enandro pinta a hombres malos y buenos; sus chistes son
medidos e intenta siempre encontrar también el lado bueno de las cosas y de los seres, revelando así un espíritu amplio y no amargado.
Este en breve el drástico juicio sobre Aristófanes en la ({Epítome
de la comparación entre Aristófanes )1 lVIenandro". Citaremos de inmediato algunos pasajes en los que el estilo de Plutarco da suma vivacidad al argumento tratado.
"Aristófanes tiene una manera de hablar insoportable, grosera,
"de mal gusto (sigue una cita ele Equ. 435-37) (l!l7l; en la composición
"de las palabras tiene algo trágico y, sin embargo, cómico, ruín, pe" destre, obscuro, común, enfático, ridículo, charlatán, Hausean" te (l!.lSl. No ofrece a cada personaje lo que conviene, el fasto al rey,
"la habilidad al orador, la sencillez a la mujer, lo pedestre al ignoran" te, la insolencia al forense, sino que, como a caso, atribuye a los
"personajes las palabras que primero se le ocurren, y no puedes saber
"si el que habla es un hijo o un padre, un paisano o un dios, una
"vieja o un héroe (l!l!lJ. Su poesía es símil a una etcra que, cuancl::&gt;
194)
195)
196)
197)
198)
199)

Quaest. conviv. 712a-d.
lbidem, 712a.
lbidem, 712b.
Compnd. compar. Aristph. et Menan. 853b.
lbidem, 853c.
lbidem, 853d.

-43-

�quiere imitar a una matrona, el vulgo no soporta su insolencia, y
"los hombres serios aborrecen su impudicia y malicia (!!OO). La sal
"de Aristófanes es amarga e hiriente, tiene una mordacidad acre, y no
"sé donde se encuentra su celebrada habilidad, si en las palabras o
"en los personajes" &lt;201 ). Y concluye: "Parece que Aristófanes no es" cribió sus obras para hombres moderados, sino obras torpes y libi" dinosas para hombres impúdicos, y obras blasfemas y mordaces para
"envidiosos y calurnniadores" 1!.!021.
Sin duda nos da pena que un hombre de buen gusto como Plutarco, se haya dejado arrastrar por la tradición y por sus ideas éticas, y
haya experimentado para Aristófanes y sus comedias, tan evidente incomprensión y parcialidad.
Por el contrario, su juicio sobre MENANDRO es de lo más elogioso.
" .i\fenandro tiene una dicción tan pulida y moderada, que, aú11
"llevada por muchas pasiones y adaptada a muchos personajes, se
"muestra única y conserva una igualdad suya propia en las palabras
"comunes y usuales &lt;20 3). Su estilo se adapta a cualquier naturaleza,
"estado y edad &lt;2 0 4 &gt;; su poesía está compuesta en tal forma que, entre
"los bienes que los griegos poseen, el más común es su lectura, su en" señanza, su representación &lt;20 5); y para los filósofos y eruditos .i\fe" nandro es un descanso en sus meditaciones graves e intensas, corno
"si volvieran a animarse a la vista de un prado floreciente, sombreado
y lleno de aire suave" (206).
Una vez m~l.s su posición ética ha Lriunfado. Después de haber salvado a los poelas y ele haber imaginado distintos medios para poner
de relieve el fin moral de sus obras, y destacar así la utilidad de ellas,
sacrifica a uno de los poetas más agradables de la antigüedad.
En lo que se refiere a los prosadores, Plutarco no sintió simpatía
hacia HERÓDOTOS~ y, podríamos decir, que lo juzgó con cierto prejuicio, por haber él hablado mal de los beocios. En la obra que él dedica al gran historiador: {{La malignidad de He-ródotos"J se puede captar, desde las primeras palabras, más aún desde el mjsmo título, que
la monografía -si queremos llamar esta obra con denominación moderna- no está escrita completamente de buena fe, y que sólo la honradez propia de Plutarco es la que le hace reconocer, al final, q~e
Heródotos "es un hombre que sabe escribir; su estilo es agradable; tic" ne gracia, fuerza y elegancia para las narr'lci~mes; no cuenta el mito
" con arte, como un aedo, sino con suavidad y delicadeza" (!!u?&gt;. Y
muy gustosamente aceptamos su juicio, con el cual concordamos, ~&gt;i
200)
201)
202)
203)
204)
205)
206)
207)

Ibídem, 854a.
Ibídem, 854c.
Ibídem, 854d.
Ibídem, 853il-e.
Ibídem, 853f.
Ibídem, 854a.
Ibídem, 854c.
De Herod. malign. 874b.

-

44-

�pensamos que el crítico no es amigo del autor, y que desde el principio Plutarco ha acusado a Heródotos de ''simplicidad. superficialidad,
"despreocupación en los relatos de los sucesos (20RJ; de malignidad,
"por elegir entre opiniones distintas la peor, por detenerse cor1 cierto
"goce en cuestiones malas, sin importélncia histó1 ica" (:!O:JJ. Ya que. d
concluye: "Quien escribe la historia debe decir lo que sabe que es
"verdad, y en lo incierto decir lo que estima mejor y no pfor'' (210).
l\1uy distinto es su juicio sobre TUCÍOIDI:S, en el cual pcdríaml)s
decir, Plutarco reconoce al escritor perfecto. De acuerdo a este juicio
Tucídides consigue establecer entre escritm y lector una relación íntima, una comunión de emociones que pone el lector mismo frente a
los hechos relatados, como si estuviera presenciándolos. Dice en efecto
Plutarco: "Tucídicles siempre lucha con su palabra para conseguir es 1
"claridad, y ansía hacer del oyente un· espectador, en el que las pa" siones terribles y perturbadoras, obren como si las estuviera presenciando" &lt;211 &gt;. Y más adelante, después de haber recordado la desrrinriAn
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_..,..,.t''-'4'-'.A.&amp;.

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del mismo ejército en el desastre de Sicilia &lt;t 13 &gt;, concluye: "este ejé·r" cito 2sí descripto por Tucídides es una obra de evidencia pictórica
"por la disposición y la configuración" (!!HJ. Otro elogio m&lt;ís le tributa en la ((Vida de Nicias", cap. 1: "Tucídides, excediéndose a sí mismo
"en la energía y en la elegancia, se hizo famoso".
Elogia a JFNOFONTES junto a PLATON por la pure1a det estib
ático &lt;21 51, y por la belleza de las discusiones en su'5 clüílogos &lt;::! 161 •
De estos breves juicios sobre los tres más grandes historiadores
griegos, resulta evidente que Plutarco reconoce el valor de la prosa
histórica en el desarrollo de la literatura griega, y una Yez más, al encontrar en sus juicios tan acertada sensibilidad artística, lamentamos
que su obra de crítico no haya sido más extensa.
El estudio de los oradores era sumamente importante para los
antiguos. La Retórica constituía la base de toda buena enseñanza, y
los maestros indicaban a los jóvenes el estudio ele los poetas y de los
oradores como imprescindible para la fornnción del carácter. El reflejo de toda esta tendencia, que va desde Gorgias l~asta los siglos de la
decadencia del imperio romano, se encuentra espeCialmente en la obra
del español Quintiliano.
Plutarco, cuya vida fué dedicada a la enseñanza, no dejó de lado
a los oradores; por el contrario un gran número de sus citas son tomadas de las obras ele ellos. Sin embargo, sus juicios al respecto no son
208)
209)
210)
211)
212)
213)
214)
215)
216)

Ibídem, 854e.
Ibídem, 854f y pa.ssim.
Ibídem, 855f.
Gloria Athen. 347a. Véase pág. 24; n. 92; pág. 35.
TuCÍDIDES, IY, 11, 12.
Ibídem, VII, 71.
Gloria Athen. 347c.
Quom. quis suos in virt. prof. 79d.
Praecepta conjugalia, 145c.

-45-

�interesantes. Su obra {(Vida de los diez oradores" es biográfica y no
crítica. En {(Gloria Atheniensium"~ el cap. VIII esté.Í dedicado a los
oradores. Empieza con un juicio general, en el que se comp:1ran los
oradores a los estrategas. Cita luego las mejores oraciones ele HIPÉRIDFS
y de DEMÓSTENES. De !SÓCRATES dice que "había envejecido uniendo y
"componiendo palabras opuestas, las símiles, las de desinencias pare" ciclas, puliendo y corrigiendo giros de palabras casi con buril y cin" cel"; y que "sus oraciones se parecen a los atletas, porque ofrecen un
"deleite teatral" (217&gt;.
En uza Vida de Dernóstenes") inútilmente buscaríamos juicios críticos; es, como todas las otras, una biografía, en la que se citan las distintas oraciones en relación a la actitud política o a un momento especial en la vida del orador. Sólo en la ((Comparación de Demóstenes
"y Cicerón") cap. I se encuentra este simpático elogio del orador griego :"La oración de Demóstenes, afuera de todo adorno y juego, es" tá dirigida a la gravedad y a la seriedad"; "Demóstenes, cu&lt;mto ta" lento tuvo recibido de la naturalen y acrecentado con el ejercicio,
" todo lo empleó en la oratoria; llegando a exceder en energía y Yehe" mencia a todos los que compitieron con él en la tribuna y en el foro;
"en gravedad y decoro a los que cultivaron el grnero demostrativo, y
"en diligencia y arte a todos los sofistas". Es un juicio breve, pero de
verdadera importancia y que demuestra una vez más el gusto y el entendimiento de Plutarco, especialmente para obras en prosa.
LISIAS parece a Plutarco el orador más favorecido por las Musas,
por la fuerza de persuasión y la gracia que ellas le ofrecieron (~IR&gt; y
por el estilo delicado y sutil (:! 10 &gt;, que parece fácil, aun siendo difícil
de imitar (220 &gt;.
Ahora bien, después de haber seleccionado en las obras de Plutarco los pasajes relacionados con el arte poético y con la crítica literaria, podemos concluir que su posición en un caso como en otro es
esencialmente ética, es decir, está basada en el fin ético de la poesía;
que sus ideas en este sentido son tradicionales; que no existe un sistema plutarquiano, porque, en realidad, su posición es estoica y peripatética al mismo tiempo, al unir en sus escritos, sin crítica, con ligereza y a veces despreocupacióri. ideas casi contradictorias, o por lo menos distintas; así que es muy difícil definir claramente sus puntos de
vista. Dice EGGER: "Dans tous les livres de Plutarque c'est le mcme
"laisser aller d'un esprit facile, et cl'une ame indulgente, avec les clons
"les plus hereux de l'imagination" (:.:! 21 &gt;.
Sin embargo, así podríamos brevemente resumir su posición sobre
el arte poético: La jJoesía es imitación del fenómeno senszble, pe¡ o
también de lo verosímil) de pasiones y caracteres.: en ella el ({nzythos"
217)
218)
219)
220)
221)

Gloria Athen. 350d-e.
De garrul. 504c, d.
De aud. 42d.
Vitae decem 1.1rat. 836b.
E. EcGER, Essai sur l'histoire de la critique ehez les Crees, pág. 425.

- 46-

�y la forma son elementos que se unen y se identifican para crear el
que debe llegar~ no a través del oldo y de la vista~ sino a tra-

placer~

vés del intelecto; su fin es el de ser una prepararión al estudio de la
pero también el de ser un elemento purificativo (catártico)
para el autor y el lector.
Con esta definición puntualizamos una vez más que Plutarco no
fué siempre exclusivamente un recopilador y un enciclopedista que refirió ideas de otros. Escuchó de vez en cuando también a su espíritu
y a su intuición, y de ellos extrajo nuevos ra~gos acerca de la fusión
íntima de forma y contenido en el momento de la creación poética, y
acerca de la función catártica de la poesía para el creador mismo además que para el lector. Luces esta~ que de repente aparecen en sus
escritos y que nos hacen lamentar mayormente qu Plutarco no haya
tratado de aprender más de sí mismo que de los demás.
filosofía~

-47-

�APENDICE

Cómo el JOVen debe leer a los poet-as C)

14

e)

Si, como .dijo el poeta Filóxeno, la parle más ~nave de la
carne, no e:" la 1que tiene mayor gu!?to a carne, y del pescado
la que ~abe más .::t pe~cado, dejemos, :\farco Scdato, ~t¡uc declaren su opinión sobre el asunto, aqu e llo~ qne~ ~egún Catón e), tienen el paladar IlláS sen~ible que la mente. ])('
parte nueslra es claro que en lo que se refiere a preceptos
filosóficos. los más jóvenes los perciben con mayor deleite y
los aceptan con mayor docilidad y obediencia, ruando éstos no tienen aspecto filosófico y elaborado. En efecto, ellos,
no sólo se entusia~man con verdadero placer al leer la::; fábulas de EsoPo y las fantasías poéticas, ~ino también al c~tudiar
el Abaris de HERACLEIDES C1 )' el Lycón de ARISTO'l \!) y las
doctrinas acerca del alma, cuando é~tas están mezcladas con
narraciones fantásticas.
Por lo tanto~ no sólo es necesario mantener a los jóvenes
medidos en los placeres de la comida y de la bebida, sino
1

f)

-rov véov T:Ott,¡J.á-.cuv cXY.OÚ~t'i t ''Quomodo adulescens poetas audire
debeat" o "De audiendis poetis", es la obra que ocupa el segundo lugar en
la:" ediciones de "Moralia", desde aquella de XILANDRO (1570), hasta las más
reciente de POIILE'\Z del año 1925. E~ta &lt;.&gt;Olocarión no es cronológica. Por el
contrario, es difícil e~tablecer la época exacta en que este ensayo fué escrito.
Por las referencias que 6C encuentran en el texto mismo, se puede afirmar
que Plutarco lo escribió, ruando su hijo Soclaro era ya un joven; debe per·
tenecer, por lo tanto, a su madurez, eso es, cerca del fin del 1 siglo.
Las ediciones usadas para la presPnte tradtH'('iÓn directa del griego, son
la de: DA::"iiEL WITTENBACH, Oxford, 1795; la de: F. C. BABBITT, Locb Chtsdcal Library, London, 1919, 11 ed., basada sobre las de WITTE:\"BACII y de
G. N. BERNARDAKIS (Leipzig, 1888-96).
L::~s citas de ~\tiCK: Tragicorum Graecorum fragmenta. y de KocK:
Comicorum Atticorum fragmenta, son tomadas de la ed. de Babbitt.
Para las citas de los versos de Ho:\IERO se ha usado la traducción cas·
te llana de SEGAd. EsT ALELLA.
2) Véase también PLUTARCO, Vida de Catón, cap. IX.
3) HERACLEIDES PÓ:&gt;iTICO, discípulo de Platón, compuso una obra sobre Abaris,
el lperboreo y maravHloso sacerdote de Apolo.
4)
ARISTÓ'i DE CEO, peripatético; t&lt;ucedió a Lycón en la dirección de la es.
cuela, cerea del 225 a. C.

1)

"II¿}~ o~~

-49-

�15

b)

e)

5)

6)

7)

8)

que, aún más, hay que acostumbrarlos a gozar de las lecturas y de las audiciones con moderación, como de la salsa
preferida, y a perseguir en ellas lo útil y lo saludruble.
En efecto, como las puertas cerradas no salvan a una ciudad
de la captura, si por una de ellas Ee deja entrar a los ene~
migos, así la moderación en los placeres no salva al joven
que, sin darse cuenta, se entrega al placer que le viene de
lo que oye. Por el contrario, cuanto más el vlacer del oído
se apega al pensamiento y razonamiento innatos en el hombre, tanto más daño y ruina produce en quien lo acepta sin
hacerle caso.
Por lo tanto, ya que de todas maneras no es posible ni útil
alejar ,de los poemas a un joven de la edad de mi Soclaro
) de tu Cleandro ( 3 ), hay que vigilarlos en forma especial,
porque precisan de guía más en las lecturas que en las calles.
Por ésto pensé enviarte por escrito lo que, hace poco, se
me ocurrió decir acerca de los poetas.
Tómalo y estúdialo; y, si te parece que tenga una utilidad
mayor que la de las ametistas -que algunos en los banquetes llevan colgando como amuletos (G)- entrégalo a Cleandro, y previene a su naturaleza, que por falta de pereza y
aun más por exceso de impetuosidad e inteligencia, está más
sujeta a tales influencias.
a En la cabeza de un pólipo hay algo malo y algo bueno" ( 7 ),
es sumamente agra.dable de comer, pero, según dicen, produce un sueño agitado y cargado de visiones pcrturbadora=S y
extrañas. De la misma manera también se puede decir del
arte poético que es muy agradable y cultiva el alma del
joven, pero llega a producir turbación y desviación de la
mente, si su lectura no es acompañada por una conveniente vigilancia. En realidad, no sólo acerca .del país de
los Egipcios, sino también acerca del arte poético, se puede
decir, según mi opinión, que brinda muchas drogas a los
que la cultivan.
"y la mezcla de unas es saludable y la de otras
[nociva" ( 8 ).
En efecto,
"hallábanse allí el amor, el deseo, las amorosas
[pláticas

Soclaro fué uno de los hijos de Plutarco. Cleandro, según este pasaje, sería
hijo de Marcos Sedato; no se conocen otras noticias acerca de él.
Plutarco se refiere aquí a dos especies de -ametistas: las piedras que eran
usadas como amuletos; y una hierba o yuyo que se tomaba como pre·
ventivo ante de las bebidas.
Cf. LEUTSCH AND ScHNEIDEWIN, PAROEMIOGRAPHI GRAECI, I, p. 299. (según
Babbitt, p. 77, n. b.).
HoMERO, Odisea, IV, 230.

- óO-

�·d)

e)

f)

16

y el lenguaje seductor que hace perder el juicio a
[los má:5 prudentes" (!.l),
ya que el elemento enga'ñoso de ella no obra sobre aquellos
que son enteramente estúpidos y locos.
Por esta razón Simónides contestó a uno que le preguntaba: "Por qué sólo a los Tesalios tú no los engañas'?", "porque son demasiado ignorantes para que yo los seduzca". Y
Gorgias lbmaha la tragedia un engaño, en que el que en~aiia
es más hábil que el que no engaña, y quien se deja enga'ñar
más cuerdo que e1 que no se deja (1°) . En conclusión, ¿, 1aparemos a los oídos de los jóvenes, como a los de los Itacenses, con cera que no se derrite, obligándolos a izar las
velas de la nave de Epicuro ( 11 ), para huir y evitar el arte
poético?; o más ]Jien, ¿los guiaremos y los vigilaremos colocándolos frente a un razonamiento justo, y atándolos para
que el placer no los arrastre hacia el mal?
~'No, tampoco el fuerte Licurgo, hijo de Driante" (1 2 )
estaba en su juicio cuando, frente a la muchedumbre borracha e insolente, comenzó a derribar las vides, en lugar d.e
acercar las fuentes de agua y de volver a su razón al "enloquecido" dio.3 "corregiéndolo con otro dios sobrio": como
dice Pr ATÓ~ (l:l ); en realidad, el vino mezcbL1o con ll'.!,Ua
pierde su calidad dañosa, conservando la buena.
Por la misma razón nosotros no d.errihemos, ni destruyamos
la vid poética de las Musas, sino detengámosla, y tratemos
de rebajarla y suav~zarla cuando su parte mítica y dramática se enardece arrogantemente en el excesivo placer de
fantasear, y envanece en forma demasiado exuberante; pero
cuando ella con elegancia alcanza el arte mismo, y su lenguaje suave y atractivo no es ni vacío, ni estéril, introduzcamos y mezclemos con ella la filosofía. Ya qw·, como 1a
mandragora al crecer cerca de las vides, transmite su calidad
al vino, que produce, por efecto .de ella, un sueño máii suave
en los que lo toman, igualmente la poesía, recibiendo de la
filosofía su doctrina y mezclándola con fábulas, ofrerc a los
jóvenes una enseñanza útil y agradable. Por lo tanto, los que
quieren dedicarse a la filosofía, no deben huir de la poesía,
sino que deben u;;arla como preparación a la filosofía, acostumbrándose a buscar y a apreciar la parte útil también en
el placer, y, en caso de que no encuentre lo útil, a combatir y rechazar esa poesía. En efecto. esto es el principio •le

9)
lO)
ll)

HoMERO, Ilíada, XIV, 216.
Véase también: Gloria Atheniensium, 348c.
QJNTILIAt'iO, lnst. Orat. XII, IJ, 3: ''Nam in primis nos Epicurus a se ipse dimittit, qui fugere omnem disciplinam naviga.tione quam velocissima jubet".
12) HoMERO, llíada, VI, 130.
13) PLATÓN, Leyes, 773d.

- ól-

�la educación según Sófocles:
:.Quien empieza bien una acción
puede conseguir buenos resultados" (1 4 )

b)

e)

d)

14)
15)
16)
17)
18)

•

Cap. II. - Como primera cosa, entonces, hay i&lt;Jlle introducir
al joven en los poemas en forma tal, que tenga siempre impreso y Presente en su mente el proverbio '·:Mucho mienten
los poetas" ( 15 ), sea intenci01ulmente, sea sin intención.
Intencionalmente, ya que para brindar al oído placer y primor -que es lo 'que la mayoría de los lectores busca- consideran la verdad demasiado austera frente a la ficción; ya
que la verdad, siendo un hecho, no puede ser cambiada, aun
si tuviera un triste desenlace; mientras la ficción, siendo
una creación de palabras, Pasa muy fácilmente de un estado
a otro y cambia lo triste en placentero.
En efecto&gt; ni el metro, ni el cambio de palabras, ni la majestad del estilo, ni una oportuna metáfora, ni el orden en
la composición tienen tanto atractivo y gracia, como una hábil disposición de la narración mítica. Y a que así como en
las pinturas emociona más el color que el dibujo, por1cp.1e
imita las figuras y crea el engaño, de la misma manera~ en
las poesías la ficción, combinada con lo verosímil, asombra
mayormente y es más apreciada que una obra elaborada con
n1etro y dicción, pero falta de mito e ilusión. Por ésto Sócrates, impulsado por algunos sue'ños a dedicarse al arte
poético, despues que por toda su vida había luchado por la
verdad, reconociendo que le faltaba la facultad de inventar
ficciones verosímiles, adaptó en versos las fá.bulas de Eso·
po ( 16 ) ; y demostró así que no podía cxi-,tir poesía sin ficción. En efecto, conocemo¡; sacrificios sin danzas y sin
flautas, pero no conocemos poesía sin mito y sin ficción. Así
los versos de EMPÉDOCLES y de PARMÉNIDES, las "T heriacá"
de NICANDRO (1 7 ) , y las sentencias ·de TEOGNIS, son discnrws
que han tomado prestado de la poética el metro y ] 1 gravedad, como un peatón que toma un coeihe para escapar a
la humillación de ir caminando (1 8 ).
Por lo tanto cae en error y corrompe su opinión el lector
que acepta como verdad lo que de absurdo y desagradable
dice en sus poemas algún escritor de importancia y renombre acerca de los dioses, de las divinidades menores o de la

Trag. Graec. Frag., SOPHOCLES, N° 747.
Citado por ARISTÓTELES en Meta/. 983a, 1, 2; y en d diálogo apócrifo de
PLATÓN "De justo-", 374a; en SoLÓN, fr. 29 Bergk.
PLATÓN, Fedón, 6la, h.
NICANDRO, poeta didáctico del s. 111 a. C. Su obra "Theriacá" habla de las
picaduras de los animales y de los remedios para ellas.
Véase también PLUTARCO, Pythia, 406e.

NAUCK,

52 -

�17

19)
20)
21)

22)
23)
24)
25)

virtud. Por el contrario, no sufre ningún daño~ ni cree en
nada malo el lector que siempre recuerda y tiene clarnwente presente la ilusión de la poética debida a la ficción, y tque
puede decir de ella en cada ocasión:
"oh enga'iio más astuto 'qUe el lince r' (1 9 )
¿por qué te pones serio mientras bromeas~ por qué simulas
e) enseñar mientras engañas? Así en efecto, conseguirá contener
su miedo frente a Poseidón y su temor de que el Dios abra
la tierra y descubra al Ades (:.! 0 ) ; detendrá su ira contra
A polo por causa del príncipe de los Aqueos:
'~Aquel mismo dios que entonaba himnos, a•quel mi:::.[mo que tomaba parte en las fiestas
aquel mismo que me había preanunciado estas cosas,
[aquel mismo ahora ha matado a mi hijo" (2 1 ) :
cesará de llorar para el muerto Aquil~s y para Agam~mnón,
lc{ue en el Ades, arrastrados por el deseo de vivir, tienden las
manos impotentes y débiles C2:.!). Y, si fuera el caso que él
mismo se turbase por los sufrimientos y que.dase dominado
por el encanto de la poesía, no vacilará en decirse a si mismo:
"mas, procura volver lo antes po~ible a la luz y lié[ vate sal.itlas
f)
todas estas cosas para que luego las refieras a tu
[consorte" r~=·).
Así Homero en la "nékyia" escribe y sugiere, en forma agradable, que los cuentos fantásticos son más apropiados para
oídos de mujer ( 24 ).
Tales son las cosas que los poetas inventan con intención;
pero más todavía son a'quellas que ellos no inventan, sino
que piensan y creen, y en las cuales, sin embargo~ nos hacen creer con engaño. Como cuando Homero dice de Zeus:
"Puso en la balanza de oro dos destinos de ·d olorosa
[muerte,
la de Aquiles y la de Héctor, doma.dor de caballos,
cogió por el medio la balanza; la desplegó y tuvo m á::;
[peso el día fatal tle Hértor
que descendió hasta el Ades. Al instante, Febo Apolo
[desamparó al troyano" (Z:l).
NAUCK, Trag. Graec. Frag. adesp. N 9 349.
HoMERO, !liada, XX, 60.
Es Tetis que habla de su hijo Aquiles. PLATÓN, República, 11, 383b; NAUCK,
Trag. Graec. Frag. AEscHYLUS, N° 350. Según ScHNEIDER serían versos de la
tragedia de E~quilo; "]ZLicio de armas".
HoMERO, Odisea, XI, 470, 390.
Ibídem, 223.
La tradición decía que los mitos, las fábulas convenían a niños y mujeres.
Cf.PLATÓN, República, 11, 377c.
HoMERO, !liada, XXII, 210.

-53-

�b)

e)

Esquilo compuso toda una tragedia sohre este argumento con
el título '"Peso de almas"; en ella, coloca cerca de un plato
de la balanza de Zeus a Tetis, y a Eos cerca de otro; las
dos suplicando respectivamente para sus hijos en lucha. Pero en este caso es evidente para cualquiera que ésta es una
invención fabulosa y una ficción escrita para el placer y el
asombro del oyente.
Por el contrario el verso:
"Zeus, árbitro ,de la guena humana" ( 26 ) ,
y el otro:
'"dios crea la culpa en los mortales
cuando quiere destruir completamente una casa" (:.: 7 ),
están dichos ya según la opinión y la creencia de aquellos
escritores, que así difunden y nos comunican su error e ignorancia respecto a los dioses.
Por el contrario no queda desapercibido para la mayoría
que, así como las drogas se mezclan con los alimentos, igualmente la fábula y la ficción están abundantemente mezcla·das en los cuentos fantásticos y en las descripciones de lad
visitas al inf~erno, Ias cuales con palabras terribles forjan
visiones e imágenes ,de ríos que queman, de lugares salvajes
y de penas terribles. En efecto ni Homero, ni Píndaro~ ni
Sófocles. escribieron con convicción que las cosas eran como
ellos decían:
"Allí lentos ríos de obscura noche
arrojan tinieblas infinitas" (2 8 ),
y
"Transpusieron en primer lugar las corrientes del
[Océano y la roca de Leucades" (2\J),
y

"estrecho ingreso del Ades y marea de las profundi[ da·des" ( 3 '') •
Además, cuántos? lamentando y temiendo la muerte como
algo misérrimo, o la falta de sepultura como algo terrible
han pronunciado palabras como éstas:
"no te vayas, dejando mi cuerpo sin llorarle ni ente[rrarle" ( 31 ),

y
"el alma voló de los miembros y descendió al Ades
26)
27)
28)
29)

30)
31)

lbidem, IV, 8!.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. Aeschylus, N 9 156.
PINDARO, frag. 130. Loeb. Univ. Press, London, 1946.
HoMERO, Odisea, XXIV, 11.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. SorHOCLES, N 9 748.
HoMERO, Odisea, XI, 72.

-54-

�d)

llorando su suerte, porque dejaba un cuerpo vigoroso
[y joven" ( 3 :!).
y

e)

f)

18

32)
33)
3·0
35)
36)
37)

"no me mates antes del tiempo, ya que suave es
ver la luz; no me obligues a ver lo que hay bajo
[tierra" ( 33 ) ;
éstas son palabras de gente sacudida por la emocwn y poseída por la imaginación y el engaño. Y por eso mi:lmo nos
conmueven y turban con mayor facili.dad al comunicarnos
la pasión y la debilidad de las cuales brotan. Por lo tanto, debemos preparar al joven una vez más contra estas influencias en forma tal que desde el principio con::;erve pronta en los oídos la sentencia de que el arte poético de ninguna manera se preocupa de la verdad; y que por el contrario es sumamente ·d ifícil que alcancen y perciban la
verdad existente en ]os argumentos tratUJdos poéticamente,
aun aquellos f&lt;¡ue se han ocupado durante toda su vida del
conocimiento y del entendimiento de la verdad, como los
poetas mismos confirman. Así que siempre te queden presentes estas palabras de Empédocles:
"los hombres no pueden entender ésto, ni con la vista, ni con los oídos, ni con la mente" ( 34 ),
y las de J enófanes:
'"hombre no ha nacido, ni nacerá que conozca la verdad acerca de los dioses y lo qtH' yo di~o acerca de
todo" ( 35 ) ;
y, por Zeus, también las palabras de Sóerates &lt;mando, según Platón, niega resueltamente el conocimiento de tales
cosas ( 36 ). Ya que así los jóvenes, al darse cuenta que lo!'
mismos filósofos titubean frente a la verdad de tales argumentos, prestarán menor atención a los poetatJ que muestran
saber algo de ellos.

Cap. III. - Además haremos aT joven más firme si, al introducirlo en la poesía. le ofrecemos al mismo tiempo una
descripción de .. la poética como arte mimético y facuitad correspondiente a la pintura.
, Sin embargo, que el joven no escuche solamente lo que todo,
repiten, es .decir que la poesía es una pintura hablada y la
pintura una poesía muda ( 37 ), sino enseííémosle que, al ver
HoMERO,

!liada, XVI, 856; XXII, 362.

EuRÍPIDES, lfigenia en Aulis, 1218.
DIELS, Poetarum Philosophorum fragmenta,

Ibídem,

XE'\"OPIIANES,

E:\&lt;JPEDOCLES,

N 9 2.

N 9 H.

PLATÓN, Fedón, 69d.
También en PLUTARCO, Gloria Athen., 346f; PsEUDO
meri, par. 216, citado sin el nombre del autor.

- óó-

PLUTARCO,

De V ita Ro·

�h)

e)

38)
39)

40)
41)
42)

la pintura de una lagartija, o de un mono, o del rostro de
Tersites, lo que experimentamos es deleite y admiración por
el parecido de ellas y no por su belleza t 38 ) • Y a que, en
realidad, por su misma naturaleza no puede ser ibello lo feo;
pero la imitación es apreciada cuando alcanza la similitud,
trátese ya de algo feo, como ,de algo hermoso. Por el contrario, si de un cuerpo feo se crea una bella imagen no se
produce lo conveniente y lo verosímil. Por ejemplo, algunos
pintores pintan acciones anormales, como Timómaco ( 3 !!) a
Medea en el acto ·d e matar a sus hijos; Teón ( 30 ) a Orestes
nlientras mata a su madre; Parrasio la simulada locura de
Odiseo y Queréfanes (3:.l) el tráfico licencioso de mujeres y
hombres. Por lo tanto debemos especialmente acostumbrar
al joven a considerar que, en estos casos, no elogiamos la
acción de la cual ha surgido la imitación, sino el arte que
ha sabido reproducir convenientemente el tema propuesto.
Y, ya tque el arte poético presenta a menudo también acciones bajas, pasiones culpables y malas costumbres, el joven
no debe aceptar como verdad, ni aprobar como honestas las
partes .de los poemas que, por ser muy bien elaboradas, suscitan admiración; sino que debe elogiar solamente la justa
correspondencia con el objeto representado. Ahora bien, así
como al escuchar ei gru'ñido del puerco, el chirrido de )a
polea, el silbido del viento y el estruendo ,del mar, quedamos turbados y molestados. por el contrario nos alegramos
cuando alguien imita hábilmente estas mismas cosas, como
Parmenón al puerco ( 40 ) y Teodoro ( 41 ) la polea. Y así como huimos de un hombre enfermo y cuibierto de llagas,
como de un espectáculo desagradable, por el contrario miramos con placer al Filo e tetes de Aristofonte y la Y ocasta
de Silanion ( 42 ), que están hechos para representar a un enfermo que se consume y a una mujer que se muere. Así el

Y éase también PLUTARCO, Quaest. conviv., 673c · 674c, con más detalles y
ejemplos. ARISTÓTELES, Poética, cap. IV, 1448b, 5-19; Rhetorica, 1, ll, 137lb.
Timómaco de Bizancio, pintor del 1 siglo (Plinio, Hist. Nat. VII, 38). Teón
de Samos (Plinio, Hist. Nat. XXXV, 36, par. 40). Parece que Plutarco se
equivocó en atribuir esta pintura a Teón, debiéndose atribuir ella más bien a
Teodoro.
Parrasio de Efeso; no se recuerda esta obra de Parrasio en ningún otro lu~ar; en PuNJO, Hist. Nat. XXXV, 36, par. 5, se atribuye este cuadro a Efeso.
Queréfanes, recordado sólo por Plutarco; probablemente es una equivocación,
debía decir Nicóphanes, pintor de cuadros pornográficos (PLINIO, Hist. Nat.
XXXV, 36, par. 23).
Cf. n. 38. Parmenón, actor cómico, contemporáneo de Demóstenes. Véase:
EsQUINES, Contra Timarco, p. 157.
Actor trágico del mismo período.
Cf. n. 38. Aristofonte, hermano de Polignoto, fué pintor. Silanion fué un
famoso escultor del s. IV. Las dos obras citadas por Plutarco, el Filotete y la
Yocasta respectivamente, no son recordadas en ningún otro lugar.

-56-

�d)

e)

f)

joven, al leer en los poemas las palabras y las acciones de
Tersites, el bufón, y .del seductor Sísifo o del rufián Batraco,
debe aprender a elogiar el arte y la capacidad imitativa, y
a rechazar y condenar las situaciones y acciones imitadas. En
efecto, no es la misma cosa imitar algo bello, o imitar algo
en forma bella. "En forma bella", .significa en efecto, "en
forma conveniente y propia"; y las cosas feas son "propias y
convenientes" pa1·a las feas. Así por ejemplo, las sandalias
del rengo Damonides, que él pretendió calzar a los pies del
hombre que se las había robado, eran malas para el ladrón,
pero perfectas para él. Y también, por ejemplo estos versos:
"en realidad si es necesario violar la justicia
lo más bello es violarla para alcanzar el poder ( 43 ) ,
y estos otros:
"Consigue fama de hombre justo
obra después de cualquier manera; y entonces gana[ rás" ( 44 ) ,
y otros más:
''Un talento es la dote. No lo aceptaré? Puedo yo vivir si desprecio un talento? Podré dormir si lo rechazo? No expiaré la culpa en el Acles por haber
ultrajado un talento de plata?" ( 45 );
son todos discursos malos y falsos, pero convienen a un
Etéocles, a un Ixión y a un viejo usurero.
Por lo tanto, nuestros hijos no serán engañados por las opiniones 'd e los poetas si les recordamos tque ellos no escriherr
estas cosas porque las aprueban y las aprecian, sino para
proporcionar sentimientos despreciables e indignos a caracteres y personas .despreciables e indignas. Por el contrario,
la desconfianza hacia el personaje desacTedita su acción y su
discurso, como algo despreciable por ~er hecho y dicho por
una persona de~preciable. Tal es el cuento de París que huye de la batalla y se refugia en los brazos de su esposa ( 46 ).
En efecto, sólo este homibre disoluto y adúltero yace durante
el día con su mujer, 'd emostrando Homero con ésto, que él
considera su intemperancia con vergüenza y reproche.

19)

Cap. IV. - En estos pasajes, a,demás hay que estudiar muy
atentamente si el poeta mismo hace alguna alusión contra
los sentimientos que expresa, como si lo disgustaran. Como
ha hecho MENANDRO en el prólogo de la Tais:

4,3)
44)

524.
Trag. Graec. Frag. adesp., N 9 4.
KocK, Com. Att. Frag. III, 430. WITTENBACH quiere reconocer en estos versos
al mismo M enandro.
HoMERO, /liada, III, 369 y 441.

45)
46)

EunÍPIDES, Fenicias,
NAUCK,

- 57

�dJ)

"Cántame, Musa, de aquella joven
atrevida, bella y al mismo tiempo cautivadora
injusta, intransigente, tque exige mucho
y que, sin amar a nadie, siempre simula amor" en) .
HoMERO, entre todos los poetas, es el qut" ha nsado mejor
este método; en efecto en sus versos desacre . ~ita los malos
sentimientos y llama la atención sobre los buenos. Así~ por
ejemplo, pone en evidencia estos casos:
"Y entonces pronu11ció estas ,dulces e in::inuante~ na[Jabras" ('¡:-;),

y

e)

d)

47)

1.8)
49)

50)
51)
52)

53)
54)

''Parábase y le detenía con suaves palnhras" ( 49 ).
Mentras en otros, al desacreditar por adelantatlo, casi sostiene y afirma que no dehemos servirnos de ~c:nJ imiento::&gt; indignos y malos, y tampo~o prestarles atención. En efecto, en
el momento de relatar que Agamemnón va a tratar duramente al sacerdote, anticipa estas palabras:
"]\'las el Atrida Agamemnón~ a quien no plugo el
acuerdo le mandó enhoramala" ( 50 ) ;
lo que quiere decir ~•salvajamente", "con arcgancia", "contrariamente a lo que convenía". Lo mismo cuando pone en
boca de Aquiles palabras anogantes:
"Borracho, que tienes cara de perro, y corazón de
ciervo!" ( 51 ),
agrega su juicio:
"El hijo de Peleo. no amainando en su ira, df'nostó
nuevamente al Atrida con injuriosas voc&lt;'s~' ( 52 ),
aduciendo con eso que, en estado de ira y ·d ureza, no puede
decirse nada bello y conveniente.
De igual manera se comporta cuando relata bs acciones:
"Dijo; y para tratar ignominiosamente :1l divino H éctor lo tendió hoca abajo en el polvo, cahe el lecho del
hijo de Menetio" ( 53 ).
Igualmente, en el episodio del adulterio de Ares, u~a hien
sus críticas y casi agrega su propio juicio a los hechos y a
las palabras, cuando hace decir a los dioses:
"No prosperan las malas acciones; el más tardo alcanza al más ágil" ( 54 ) ;

Com. Att. Frag. MENANDER, N 9 217.
Odisea, VI, 148.
HoMERO, Ilíada, Il, 189.
lbidem, 1, 24.
lbidem, 225.
Ibídem, 223.
lbidem, XXIII, 24.
HoMERO, Odisea, VIII, 329.
KocK,

HoMERO,

-58-

�tamhién a propósito de la arrogancia y del orf!:ullo de Héctor:
"Así hahló vanagloriándose. La veneranda Herél se
enojó" ( 55 ),
y a propósito del arco de Pándaro:
"Así dijo Atenea. El insensato se dejó persucdir"
(56).
e)

f)

20)

55)
56)
57)
58)

59)
60)

Por lo tanto cualquiera que preste un poco 'd e atención puede reconocer tales declaraciones de la opinión del poPta en
los mismos textos que lee. Pero, en lo que se refiere a }a::;
acciones mismas, los poetas presentan otros sistemas, como,
por ejemplo, se cuenta de EuRÍPIDES que hubiera dicho a los
que criticaban su "lXIÓ:'l", por impío y desalmado: "Pero,
no lo voy a sacar de la escena anle.! q"Ue haya si,do clavarlo
en la rueda".
En Homero esta especie de oibservación está sohrentenriida,
teniendo sin embargo una consideración especialmente útil
para los mitos más desacreditados. Algunos, en efecto~ esforzando y retorciendo estos mitos con interpretaciones que
antes se llamaban "simbolismos" y ahora "ale~oría", explican por ejemplo, que el mito según el cual Helios denunció
el adulterio de Afrodita y Ares ( 57 ) , significa que la conjunción del planeta Ares con el .de Afrodita, lleva a cumplimiento los nacimientos adulterinos, l(_¡ue no pueden quedar escondidos, al ser sorprendidos por el sol en su retorno.
Otros, con el mismo sistema interpretativo, pretenden que
el engalanarse ·de Hera para Zeus y los encanto3 de su cinto
bordado ( 58 ), representan una especie de purificación ,}el
aire al acercarse a la zona de fuego; como si el poeta mi:smo
no nos diera la interpretación. En efecto, en el episodio de
Afrodita~ él enseña, a quien presta atención que, música
mala, canciones groseras y cuentos de historias depravaclls,
crean costumhres licenciosas, vidas cobardes y hombres adjc.
tos a la molicie, al lujo j a las mujeres, y también:
"las vestiduras limpias, los baños calientes y la
cama" ( 59 ).
Por ésto ha representado a Odiseo tque ordena al citarista:
"mas, ea, pasa a otro asunto, y canta el artificio de 1
caballo" ( 60 ),
dejando entender así, con bella forma que los poetas y los

HoMERO, Iliada, VIII, 198.
lbidem, IV, 104.
HoMERO, Odisea, VIII, 267 sgs.
HoMERO, Iliada, XIV, 166 sgs.
HoMERO, Odisea, VIII, 249.
1biclem, 492.

-59-

�b)

e)

d)

mus1cos deben tomar los argumentos ,de las personas prudentes y moderadas.
En el episodio de Hera después, demuestra en fom1a magistral que el favor conseguido con filtros, encantamientos
y engaños, no sólo es algo efímero e inseguro y 'que pronto
se marchita, sino que también se cambia en enemistad e ira,
al desaparecer el excitamiento del placer.
En efecto con estas palabras Zeus aleja a Hera:
"para que sepas si te será provechoso haber venido
de la mansión de los dioses a burlarme con los goces
[del amor" (GL).
Por lo tanto, la ,descripción y la imitación de acciones malas, cuando representan también la vergüenza y el daño que
resultan a los que las cumplan, ayudan y no perjudican al
oyente.
Pero, lo cierto es que los filósofos, para aconsejar y enseñar,
usan ejemplos tomados de hechos verdaderos y conocidos,
mientras los poetas hacen lo mismo creando ellos mismos los
hechos y dándoles aspecto de fábula. Así MELANTIO ( 62 ), medio en broma y medio en serio, decía tque el estado ateniense deibía su salvación a la discordia y agitación de sus
oradores; ya que, la discordia que separaba a estos hombres
políticos, obraba en tal forma que no todos se inclinaban
hacia el mismo lado, creando así el contrapeso al mal. Igualmente las contraposiciones que los poetas crean para combatirse a si mismos, les ·devuelven la confianza y no permiten
que se forme una fuerte inclinación hacia la parte que daña.
Por lo tanto, cuando ellos colocan cerca uno de otros, pasajes con evidente contradicción, hay tque aprobar el mejor,
como en estos casos:
"hijo mío, muchos males vuelcan los dioses sobre los
[hombres" ( 63 ) ;
comparado con:
"tu hablas de la manera más fácil, acusando a los
[,dioses" . ( 63 ) ;

y:
"tú deibes alegrarte por el mucho oro; pero éstos, no"
(64)'
comparado con:
"es funesto ser rico, sin conocer otra cosa" ( 64 ) ;

y:
61)
62)
63)

64)

HoMERO, Iliada, XV, 32.
Según WITTENBACH se trataría del trágico MELANTIO del 5. V. a. C.
EuRÍPIDES, Arquelao; NAUCK, Trag. Graec. Frag., EuaÍPIDES N 9 254.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. EuaÍPIDES N 9 1069.

-60-

�e)

"¿por qué hacer sacrificios, cuando estás dest:nado a
[morir?" ( 65 )
en contraposición con:
"mejor así; no hay ningún esfuerzo en respetar a los
[dioses" ( 63 ).
Estos pasajes tienen su solución clara si, como ya se ha
dicho, dirigimos el juicio crítico de los jóvenes hacia el pasaje mejor.
Además en el caso en que no encontramos cómo solucionar
rápidamente los pasajes que los poetas han escrito en forma inconveniente, debemos 1·efutarlos con otros pasajes escritos por los mismos poetas en otros lugares con efectos
contrarios, sin indignarnos y enojarnos con el poeta, sino
sólo con las palabras que han sido escritas en conformidad
al caracter del personaje y en broma. Por ejemplo, frente
a los relatos homéricos de las luchas .de los dioses entre
ellos, de las heridas infligidas por los hombres a los dioses,
de sus discusiones y de sus enojos, puedes oponer, si quieres, este verso:
"s.in embargo, sabías pensar algo mejor que ésto"
(66),
y en verdad, tú mismo, en otros lugares, sabes pensar y decir las mismas cosas en forma más exacta:
"los dioses 'que viven bien" ( 67 )

y:
"en ella disfrutan perdurable dicha los hienaventu[rados .dioses" ( 68 )
f)

y:
':los dioses condenaron a los míseros mortales
a vivir en la tristeza, y solo ellos están descuitados"
(69).

21

65)
66)
67)
68)

69)
70)
71)

Son éstas todas opiniones sanas y verdaderas acerca ·d e los
dioses, mientras que otras han sido ideadas para asombrar
a los hombres. Por ejemplo, cuando EuRÍPIDES dice:
"Los dioses nos hacen caer con muchas formas
de engaños, siendo ellos los más fuertes" (1°),
no está mal agregar aquel otro verso suyo, escrito en forma
mejor:
"Si los dioses hacen algo malo, no son dioses" ( 71 ).
lbidem, Adesp., N° 350.
HoMERO, Iliada, VII, 358; XII, 232.
HoMERO, Iliada, VI, 138; Odisea, IV, 805; V, 122.
HoMERO, Odisea, VI, 46.
HoMERO, Iliada, XXIV, 525.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. EuRÍPIDES, N° 972.
EuRÍPIDES, Belerofonte; Cf. NAUCK, Trag. Graec. Frag. EuRÍPIDES, N 9 292, 7.

- 61-

�b)

Y cuando PÍNDARO dice muy amarga y excitadamente:
''cada artificio está permitido para destruir al ene[migo" (í:2),
se le puede replicar: pero tú mismo dices:
" ... muy amargo
es el fin de lo agradable, si es contrario a la jus[ticia" (1 3 ).
r cuando SóFOCLES dice:
"la ganancia es dulce, aun si procede .del engaño" (1 4 )
se le opone: pero de tí hemos oído también ésto:
'•las mentiras no traen ganancias" (1;¡).
Y al leer estos versos acerca de la riqueza:
''En forma admirable la riqueza se trepa por cami[no~: impractibles
y también por los praticables; sin embargo el hombre
[pobre, donde quiera
se encuentre con ella, no puede conseguirla.
Pero la riqueza cambia un hombre feo y defectuoso
en el hablar, en un hombre hermoso ·d e aspecto y
[sabio" en)'
se les pueden oponer muchos otros del mismo SóFOCLES,
entre los cuales también éstos:
"El hombre, aun sin úqueza, puede llegar a ser es[ timado" (7í)

y:
"La pobreza no desacredita al que tiene buenos pen[samicntos" (1¡;)

y:
e)

72)
73)
74)
75)
76)
77)
78)
79)
80)

''En qué consiste ei placer de tener muchos bienes,
si la riqueza que los produce
procede de algún engaño?" (1 9 ) •
Por ejemplo l\1ENANDRO, sin ninguna preocupac10n, elogió
el amor al placer y lo exaltó en estos ardientes versos erÓ·
ticos:
"Todo ser que vive bajo nuestro mLSmo sol
es esclavo del placer" ( 80 ) ;
pero en otro lugar nos inclina a otra opinión y nos dirige

lstm ,IV, 48.
lstm. VII, 47.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. SoPHOCLES, N 9 749.
Ibídem, N 9 750.
SÓFOCLES, Aleadas. Cf. NAUCK, Trag. Graec. Frag. SoPHOCLES, N 9 85. El texto
está muy corrompido y de difícil interpretación.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. SoPHOCLES, N 9 751.
lbidem, N 9 752.
Posiblemente del Tereo de SÓFOCLES. NAUCK, Trag. Graec. Frag., SoPHOCLF.S,
N'' 534.
KocK, Com. Att. frag. III, MENANDER, N 9 611.

- 62-

�hacia el bien y contiene la insolencia del desenfreno diciendo:
··Una vida mala es vergonzosa, aun cuando es agra[ dable" ( ~ 1 ) •
d) Y he aquí que estas palabras son contrarias a las anteriores, mejores y má::; útiles. Por lo tanto, la comparación y la
observación de pasajes contradictorios guiará al joven a uno
.de estos dos caminos: o lo dirigirá hacia el pasaje mejor,
o cuando menos alejará su confianza del pasaje peor.
Ahora bien, en el caso en que los autores mismos no den
las soluciones de los pasajes expresados en forma injustificable, nada impide colocar en el otro plato de la balanza
declaraciones contrarias de otros autores, para que así la interpretación se incline del lado mejor. Por ejemplo, si
ALEXIDES turbara a algunos con sus versos:
"El hombre prudente debe gozar de los placeres.
Tres son los placeres que poseen al poder,
e)
única cosa verdaderamente útil en la vida:
comer, beber, gozar del amor,
todo lo demás puede decirse accesorio" ( 82 ),
hay que acordarse de inmediato que Sócrates solía decir el
contrario: "Los hombres malos viven para comer y h&lt;'hcr,
pero los buenos comen y beben para vivir".
Y contra aquel poeta que escribió:
"contra el malvado la única arma qne sirve es la
[maldad" ( 83 ),
pidiéndonos con ésto hacernos completamente símiles a los
f) malvados, hay que oponer el dicho de DIÓGENES. Este, a alguién que le preguntaba cómo podría defenderse del enemigo, contestó: rada uno por su cuenta, manteniéndose sumamente honrado.
También contra SóFOCLES, es necesario servirse de DIÓGENES.
En efecto, aquel ha llenado ·de desánimo a muchos miles
de hombres al escribir estas cosas acerca de los misterios:
" ... Tres veces dichosos
aquellos mortales que, después ,de haber visto estos
[misterios
ha jan al Ades; sólo para ellos allí
hay vida; para los demás hay males de toda especie"
(84) ;
Pero DIÓGENES, al escuchar versos como éstos, decía: "Y qué,
81) Ibídem, N? 756.
82) Ibídem, Alexis, N° 271.
83) DP autor desconocido. Cf. MoRALLA, De vitioso pudore 534a, también allí
citado sin nombre.
84) NAUCK, Trag. Graec. frag. SoPHOCLES, N? 753.

- 63-

�acaso tendrá mejor destino el ladrón Pateción, que Epaminondas, porque aquél es iniciado?"
Igualmente a TIMOTEO que en teatro cantaba de Artemisa:
'"insana Bacante, fatídica, frenética" ( 85 ),
CINESIA objetó de inmediato: "Que te toque una hija así".
Y vemos otro ejemplo. A TEOG.NIS que decía:
"En ver.dad todo hombre dominado por la pobreza,
[nada puede decir,
nada puede hacer, su lengua está atada" (Mo),
BIÓN oh jetó con gracia: "Cómo, entonces, tú que eres pobre, dices tantas palabras inútiles y nos aburres con tus
charlas?"

22

/

b)

e)

Cap. V.- Para la corrección de algunos pasajes, tampoco dehemos dejar de lado la ayuda que nos ofrecen las frases vecinas, o las que complementan el sentido. Por el contrario,
como los médicos, prescindiendo ,del hecho que el escarabajo
es mortífero, creen que sus pies y sus alas ayudan a neutralizar el poder de su veneno, así nosotros, en las lecturas
de los poemas, cuando el nombre colocado cerca del verbo
·desvía la ·interpretación de un pasaje hacia el sentido peor,
lo tomaremos y le añadiremos una explicación más clara,
como algunos hacen con estos versos de Homero:
'"porque tan solo esta honra les queda a los míseros
[mortales:
que los suyos se corten la cabellera y surquen con lá[grimas las mejillas" (H 7)
a los cuales agregan:
"los dioses condenaron a los míseros mortales
a vivir en la tristeza" ( 88 ) ;
con lo cual sugieren, que Homero no hahló en forma absoluta, es decir que no dijo que lus dioses han destinado una
vida mísera para todo5 los hombres en general, sino sólo
para aquellos necios y sin juicio, a los cuales, por ser miserables y dignos de piedad por su ineptitud, él acostumbra
llamar "míseros" e "infelices".
Cap. VI. - Otro método más es el de cambiar la interpretación de pasajes sospechosos en los poemas de lo peor a lo
mejor, con el uso común de las palabras. Y el joven debe
estar entrenado en este método, más que en las llamadas
"glosas" ( 8 ¡¡). En efecto, es propio del filólogo y no es des-

85)
86)
87)
88)
89)

Poet. Lyr. Graec. Tim. pág. 1269. frag. l.
177.
Odisea IV, 197.
lliada, XXIV, 525.
Palabras que no se encuentran en el uso común de la lengua.
BERGK,

TEOGNIS,
HoMERO,
HoMERO,

-64-

�d)

e)

agradable saber que la palabra "p~"¡'é07.'iÓc;" (rhiguedanós)
(V 0), quiere decir: "que muere miserablemente" (ya que los
:M acedonios llaman "oávoc;" (danos) a la muerte) ; que los
Eolios llaman a la victoria conseguida con perseverancia y
paciencia: "perseverancia en el combate" "xa¡J.¡J.ov(a" (kamonía) ( 91 ) ; que los Dríopes llaman "7tÓ7tb~" (pópoi) (\l 2 ) a
las divinidades.
Además si 'queremos recibir .de la poesía ventaja y no daño,
es necesario y útil conocer en qué forma los poetas usan los
nombres de los dioses, los de cosas malas y buenas, y también qué quieren decir con las palabras "suerte" y "destino" ('túxr¡, !J.OÍpa rtykhe, moira), y cuál de ellas usan con una
sola acepción o con muchas; y así también para tantas otras.
Por ejemplo una vez llaman "oixoc;" ( oikos) a la casa
"a la casa ( oixoc;) de alto techo" ( 93 ),
otra vez a Ios bienes:
"se pierden mis bienes ( oixoc;)" ( 94 ).
La palabra -~~ío.-oc;'' (biotos), una vez la usan para indicar el vivir:
"Pero Poseidon, el de cerúlea cabellera, no permitió
que le 'quitara la vida (~¡Ó'tOW l, e hizo vano ei golpe
de la lanza" ( 95 ),
otra vez para indicar las riquezas:
"y los demás le coman los bienes (~lo'tou)" (96).
La expresión ""aAÚé~V" (alyein), ~~estar fuera de sí", una
vez la usan en lugar de "estar angustiado" y tde "estar en
apuros":
"así se expresó. La diosa retrocedió turbada ( a),úouocr7.)

[y aflijida" ( 07 ),
otra vez en lugar ·d e "ser orgulloso" y "alegrarse":
"acaso te desvanece ( a/..Úe¡c;) la victoria que conseguís[ te contra el vagabundo Iro?" ( 98 ).
Con la expresión "-&amp;.o:X~é¡v" (thoázein) "moverse con rapidez",
indican el "moverse", como EuRÍPIDES:
90)

91)
92)
93)
94)
95)
96)
97)
98)

HoMERO, Iliada, XIX, 325; atributo de Helena "odiosa". La etimología ofre·
cicla por PLUTARCO parece equivocada, debiéndose más bien relacionar esta
pala·b ra con "pÍ¡oc;" (rhigos) "frío" (HESIQUIO).
HoMERO, !liada. XXII, 257; XXIII, 661.
En los "scholia" a HoMERO, l'a palabra "7tÓr.o~" (popoi) es siempre interpre·
tada como ".Seoé" (theói) "dioses'' (HESIQUIO.).
HoMERO, Odisea, V, 42; VII, 77; X. 474.
Ibídem, IV, 318.
HoMERO, Iliada, XIII, 562.
HoMERO, Odisea, XIII, 419.
HoMERO, Iliada, V, 352.
HoMERO, Odisea, XVIII, 332; 392.

-

6ó

�~'Un

f)

23)

monstruo que se mueve ( .a.oá~ov) desde el mar
[Atlántico" ( 99 ) ;
o el "sentarse" y el "estar sentado", como SóFOCLES:
"'¿por qué me sentáis (·.9-oá~e't'e) en estos asientos
coronados de guirnaldas suplicantes?" (1° 0 ).
Es también ingenioso adaptar el uso de las palabras al
argumento, como ense'iian los gramáticos, tomando una palabra una vez en una acepción, otra vez en otra, como por
ejemplo:
"elogia l ~ivúv) el barco pequeño; pero pon tus mer[ ca,derías en uno grande" ( 101 ) ,
en el cual "a!vú,/' (ainein) "hablar de", significa "elogiar",
mientras en otro pasaje él usa la verdadera expresión
"h·a~vúv" (epainein) "elogiar", en lugar de "r.~pa't'Úcr-9-~~,
(parateisthai) "suplicar"; así como en el habla corriente
saludamos a alguien con la expresión "esté bien", y le decimos "bienvenido", aunque no se lo deseemos y no lo quera·
lllOS.

b)

99)
100)
101)
102)
103)
104)

Así también algunos llaman a Pcrséfones "digna de elogio~',
en vez de llamarla "suplicante".
Ahora bien observemos esta distinción y .división de los
nombres en los asuntos más importantes y más serios, y empecemos por lo tanto con los dioses. Enseñaremos así a los
jóvenes que los poetas usan los nombres de los dioses a veces
para indicar, según su concepción, a los mismos dioses; otras
veces para indicar ciertas facultades que los dioses crean y
proporcionan a los hombres. Como por ejemplo, cuando
ARQUILOCO dice en su oración:
"Escúchame, dios Efcsto, y séme aliado, te suplico
y otórgame lo que tu otorgas" (1° 2 ),
es evidente que invoca al dios, mismo; pero cuando, lloran,do al marido de la hermana, desaparecido en el mar, sin
haber podido recibir la acostumbrada sepultura, dice tque él
hubiera soportado la desgracia con mejor ánimo:
"Si Efesto hubiese rodeado su cabeza y sus :bellos
miembros envueltos en blancos vestidos" (1° 3 ),
con el nombre de Efesto indica el fuego y no el dios.
Igualmente EuRÍPIDES, cuando dice en un juramento:
"por Zeus que vive entre los astros, y por Ares matador" (1° 4 ),

Andromeda. NAUCK, Trag. Graec. frag. EunÍPIDES,
Edipo Rey, 2.
HESIODO, Trabajos y días, 643.
BERGK, Poet. Lyr. Graec. II, p. 703. Arq. fragm. 75.
lbidem, pág. 687. Arq. fragm. 12.
EunÍPIDES, Fenicias, 1006.
EuRÍPIDES,
SóFOCLES,

- 66-

N

9

145.

�e)

d)

nombra a los dioses mismos; pero cuando Sófocles dice:
"mujeres! ciego, sin ver, Ares,
ron aspecto de cerdo agita todos los males" (1°:;)
quiere significar con" Ares" la guerra; como HO;\IERO dice
'·Ares", para indicar "bronce":
'•cuya sangre esparció el cruel Ares
por la ribera del Escamandro~' ( 10 H).
Por lo tanto, ya que mucha::. palahras están usadas en esta
forma, es necesario saher y recordar que con el nombre
de Zeus o Zen, los poeta::. indican una vez al dios, otra vez
la suerte, y a menudo el fato. En efecto, cuando dicen:
'·Padre Zeus, que reinas desde el Ida, gloriosísimo,
[máximo,
concédele a Ayax la victoria" (1° 7 )

y:
'~Zeus,

e)

f)

105)
106)
107)
108)
109)
IIO)
lll)

quién dice que es más sabio 'que tú? (1° 8 ) ,
indican al dios mismo; pero cuando dan el nombre de Zeus
a las canEas de todos los sucesos y dicen:
'•Precipitó al Ades muchas almas valerosas ,de héroes
a quienes hizo presa de perros y pasto de aves
cumplíasc la voluntad de Zeus" (1°~),
indican el Fato. Ya que el poeta no cree que el dios prepara males a los hombres, sino que con la palabra Zeus indica
la fuerza de las circunstancias, es decir el Fato. En dccto,
el destino de las ciudades, de los ejércitos y de los jefes que
se conservan moderados, es prosperidad y victoria sobre los
enemigos; pero al ser c1los turbados por las pasiones y las
culpas, al discutir y pelearse, como hacen estos griegos, su
destino es portarse indecorosamente, confundirse y llegar a
un fin vergonzoso, como dice SóFOCLES:
"Es destino de los mortales recoger
por malos consejos, malos frutos" ( 110 ).
Seguramente HESIODO cuando presenta a Prometeo que
aconseja a Epimeteo:
·'Dones de Zeus Olimpio, es mejor que nunca los
[aceptes" ( 11 1),
usa ei nomhre de Zeus, para indicar el poder de la suerte.
En efecto, él llama dones de Zeus, los bienes de la fortuna,
por ejemplo las riquezas, las nupcias, o el poder y en breve
todo aquello cuya posesión es inútil para quien no sepa

Trag. Graec. frag. SoPHOCLES, N~' 754.
lliada, YJI, 329.
Ibídem, VII, 202; III, 276; XXIV, 308.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. N 9 351.
HoMERO, Iliada, I, 3.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. No 352.
HESIODO, Trabajos y días, 86.
NAUCK,

HoMERO,

- 67-

�24)

b)

hacer thuen uso de ellas. Por lo tanto, él cree que también
Epimeteo, hombre vano y necio debe guardarse y temer la
buena suerte que lo va a perjudicar y corromper. Y de nuevo cuando dice:
''Nunca tengas la crueldad de reprochar a un hombre
por la funesta y denigrante pobreza, don de los dio[ses eternos" ( 112 )
llama "don divino" lo que da la suerte, sugiriendo que no
es digno reprochar a los que son pobres por culpa de la suerte, sino más bien hay que reprochar a la pobreza cuando
es acompañada de la pereza, de la molicie y del lujo; porque entonces es' torpe y vergonzosa.
En efecto, cuando los hombres todavía no llamaban a la Fortuna con este nombre, al saber que el poder de esta causa
inconstante, sin orden y sin límite, es fuerte y no puede
ser previsto por la razón humana, la designaban con los
nombres de los dioses; así como nosotros estamos acostum1H"a.dos a llamar demoníacos y divinos a algunos hechos, a
algunas costumbres y, por Zeus, también a los discursos y a
los hombres. Con este tipo de interpretación deben ser corregidas muchas de las expresiones que parecen dichas en
forma absurda acerca de Zeus, entre ellas, por ejemplo. también los siguientes versos:
"En ]os umbrales del palacio de Zeus hay ·d os toneles
de dones que el dios reparte; en el uno están los aza[res y en el otro las suertes" ( 113 )

y:
"El excelso Cronide no ratificó nuestros juramentos,
y segu.irá causándonos males a unos y a otros" ( 114 )

y:

e)
ll2)
ll3)
ll4)
liS)

"Desde aquel punto comenzaría a desarrollarse la ca[lamidad
entre teucros y dánaos por la decisión de Zeus" ( 115 )
en los cuales el nombre de Zeus debe ser interpretado como
"Suerte" y "De"tino". En ellos, en realidad, se expresa así
en forma completa, con un solo nombre, aquella parte de la
casualidad que no puede ser alcanzada con nuestro razonamiento, y que no se encuentra a nuestro alcance. Pero,
cuando el uso de la palabra e~ conveniente, razonable y verosímil, debemos creer entonces que con el nombre de t.lios
se indica al dios mismo, como en estos versos:
"y recorría las filas de los demás guerreros:

lbidem, 717.
HoMERO, lliada, XXIV, 528.
lbidem, VII, 69.
HoMERO, Odisea, VIII, 81.

- 68-

�solamente evitaba el encuentro con Ayax T clamonio
porque Zcus se irritaba contra él, siempre que com[hatía con un guerrero más valiente'' ( 11 '1 J

y:

d)

e)

"En efecto Zeu.:. toma a sus cuidados los asuntos má..,
[importantes de la humanidad
y despreocupadament e deja a otras divinidades los
[asuntos más pequeños" (1 17 )
Además hay que prestar mucha atención a otras palabras
que los poetas adaptan a muchas circunstancias con sentidos
dife!entes. Por ejemplo, la palabra "apE:t~" (are té), "virtud".
Puesto que la Virtud no sólo hace a los hombres cuerdos,
justos y buenos en las acciones y en los discursos, sino también procura gloria y poderes, los poetas usando esta acepción~
llaman "ape't'~" a la gloria y al poder; así como se llama con
el mismo nombre ·d el árbol también al fruto que éste produce, como por ejemplo, "E.'Aa:ía:" ( elaia) "aceituna" al fruto
del "'D. a:¡a:" (elaia) "olivo"; y "q¡r¡¡Ó~" (phegós) "haya" al
fruto de la "q¡r¡¡ó~" (phegós) "encina".
Así, por ejemplo, cuando los poetas dicen:
"Ante la virtud, los dioses pusieron el duro trabajo"
( 118)

y:
"Entonces los Dánaos, peleando con bravura, rompie[ron las falanges teucras" ( 119 ),

y:

e)

116)
117)
118)
119)
120)
121)
122)
123)

''si es nuestro destino morir, bello es morir
acabando la vida en aras de la virtud" (1 20 ) ;
piense nuestro joven, de inmediato, que en estos versos se
habla de la facultad mejor y más divina que hay en nosotros,
con lo cual entendemos: el recto juicio, la perfección del
buen senti.do y la conforme disposición del alma ( 121 ) •
Pero, cuando en otros casos él lea:
"Pero Zeus aumenta y disminuyfl el valor de los gue[rreros" (1 22 ),
y el otro verso:
"La virtud y la gloria acompa'ñan la riqueza" ( 123 ) ,
no se quede el joven turbado y admirado de los ricos, como
si ellos en un momento pudieran comprar la virtud con el

!liada, XI, 540-42.
Trag. Graec. frag. Adesp. N 9 353.
HESIODO, Trabajos y días, 289.
HOMERO, !liada, XI, 90.
NAUCK, Trag. Graec. frag. EuaÍPIDES, N 9 994.
Definiciones de la virtud, comunes entre los estoicos.
HoMERO, !liada, XX, 242.
HESIODO, Trabajos y días, 313.
HoMERO,

NAUCK,

- 69

�f)

25)

b)

dinero, ni crea que está en poder de la suerte aumentar o
disminuir el valor; por el contrario considere que el poeta
ha usado la palabra '"ap~'t'~" en lugar de "oó~a" (doxa)
"gloria", o de "cuvcq.u;" ( dynamis) "poder", o de dm)xb"
( eytykhía) "buena suerte" o de algo parecido.
También con la palabra "y.ay.Ón¡;'' (kakotes) ''maldad'\ los
poetas una vez indican propiamente la maldad y la perversidad del alma como Hesíodo:
"ya que con la maldad ( Y.aY.Ón¡-.a) es posible ganar
[bien (1 21 L
otra vez algún otro mal o desgracia, como HoMERO:
"pues los mortales envejecen presto en la desgracia
( Y.axÓ't''tJ•t)" (1:!;;) .
Además cualquiera quedaría completamente engañado al
creer que Jos poetas indican con la palabra "euoaqJ.ovb'' ( ey,daimonía) '~felicidad", lo mismo que indican con ella los
filósofo~, ésto es 1a perfecta facultad o posesión de los bienes
o la perfección de una vida que prospera según naturaleza,
sin darse cuenta que, por el contrario, los poetas, con un uso
equivocado de la palabra llaman "euca[¡;.ú)v" ( eydaimon)
"feliz, beato" al rico y "euoa~¡;.ov[a" "felicidad"' al poder y a
la gloria.
HoMERO, por ejemplo, ha usado correctamente las palabras de este verso:
1
'Por ésto vivo ahora sin alegría, entre estas riquezas
( Y.'t'echecrcrtv) que poseo (1 20 ),
y MEANDRO también:
"Yo poseo muchos bienes; y muchos me
llaman rico ( 7tAOÚcrw;), pero nadie feliz" (1 27 ).
Pero EuRÍPIDES hace mucho desorden y confusión cuando
dice:
"Lejos de mí una felicidad ( doa[¡;.ú)V) que haría mi
[dolor" ( 12 ~ ) ,

y:
"Por qué honras a la tiranía, esta injusticia feliz
[ ( eu~a[¡.¡.o,;a)" (1 29 )
a menos que uno, como se ha dicho, no siga el sentido metafórico y abusivo de las palabras. Pero ya se ha dicho bastante sobre estos argumentos.
124)
125)
126)
127)
128)
129)

Ibídem, 287.
HoMERO, Odisea, XIX, 360.
Ibídem, IV, 93.
KocK, Com. Att. frag. III, p. 184.
EuaíPIDES, Medea, 598.
EuaÍPIDES, Fenicias, 549.

- 70-

�e)

d)

Cap. VII. - Ahora bien, otra cosa más de~hemos hacer considerar a los jóvenes, no una sola vez, sino muchas, demostrándoles que la poesía, siendo .de por si imitación, se
sirve de adorno y esplendor, para embellecer las acciones y
los caracteres que trata, pero no deja de lado la similitud
de la verdad, ya que la imitación tiene su seducción en la
verosimilitud. Por esto la imitación que no descuida completamente la verda.d, presenta en las acciones indicios mezclados de maldad y de virtud, como la poesía de Homero.
Esta, en efecto, está muy lejos de la opinión de los estoicos
que afirman que nunca el vicio se junta con la virtud, ni
la virtud con el vicio, sino 1que creen que el hombre ignorante hace todo mal, mientras el hombre de cultura cumple todo en forma perfecta (1 30 ) • Estas son las doctrinas que
oímos en las escuelas; sin embargo, en los hechos y en la vida
común es como dice EuRÍPIDES:
"hienes y males no pueden estar separados,
por el contrario forman una mezcla" (1 31 ).
Además de la verdad, el arte poético usa especialmente la
variedad y la diversidad. En efecto, los cambios proporcionan a los mitos el elemento emocional, sorpresivo e inesperado que produce la mayor maravilla y el mayor goce,
mientras lo sencillo queda falto de emoción y de poesía.
Por esta razón los poetas no presentan a los mismos personajes siempre igualmente vencodorcs, felices o justos en todas las cosas, ni a los dioses faltos de emoción y de culpas,
cuando los hacen actuar como hombres; y todo eso para que
el elemento turbador y excitante del arte poético no quede
inactivo en ningún momento al faltar los. peligros y las luchas.
Cap. VIII. -

e)

130)

Por lo tanto, estando así las cosas, debemos
guiar al joven para que, al leer en los poemas nombres ilustre.:; y grandes, no se forme la opinión que fueron de hombres sabios y justoe, de reyes }&gt;Crfectos, modelos de toda
virtud y rectitud, ya 1que éT quedará muy perjudicado al
apreciar y admirar todo lo que lee~ sin desaprobar nada, y
al no querer escuchar la opinión de quien critica a aquellos
que hacen y dicen cosas como éstas:
'"Ojalá! padre Zeus, A tena, A polo!
ninguno de los Teucros, ni de los Argivos
escape de la muerte, y librándonos de ella nosotros Jos

Conocida sentencia de los estóicos, que se encuentra citada ya en CICERÓN,

Finib, IV, 24: "ut iam omnes insipientes sint miseri. .. "; Ibidem, 23:
131)

"qui sapientes non sint omnes aeque miseros e!'se".
Eolo de EuRÍPIDES. Cf. Moralia, 396b, 474a. NAUCK, Trag. Graec. frag.
PIDES No 21.

- 71-

EuRÍ·

�derribemos las sacras almenas de Troya" ( 13 ~),

f)

y:
"Oí la misérrima voz de Casandra, hija de Priamo
a la cual estaba matando, junto a mi, la dolosa
Clitemncstra '' ( 133 ) ,

y:
'•Que yo yaciera con la concubina para que aborreciese
[al anciano.
Quise ohedecerla, y lo hice'~ ( 134 ),

y:

26)

b)

e)

J32)
133)
134)
135)

·'Zcus padre, no hay dios más funesto que tú" (1 33 ).
Por lo tanto, •que el jov~n no se acostumbre a elogiar cosas
como ésta--~ ni sea perc.;uasivo y hábil en encontrar escusas y
en imaginar recurc.;o" aptos a justificar las malas acciones; por
el contrario, que crea más en ésto: que la poesía es imitación
de costumbres, de Yidas y de hombres, no perfectos, ni puro5,
ni intachables en todos sus aspectos, sino sometidos por el
contrario, a pasiones, opiniones faJ .. as e ignorancia; éstos, sin
embargo, por disposición natural a menudo tienden a mejorarse.
En efecto, la lectura de los poetas no traerá ningún daño al
joven, cuando su alma esté preparada en forma tal que se
exalte y se entusiasme sólo frente a. las cosas bien dichas y
bien hechas, y no tolere las malas y las 1·epudie. Por el eonlr&lt;&gt;-rio, el que admire y acf&gt;pt(" cualquier cosa, dominado en
su juicio por la .. educción de nombres heroicos, es proclive a
caer en muchos vicio.:, sin dar~c cuenta; como los que imitan
el dorso curvo de Platón ) el tartamudeo de Aristóteles. Por
lo tanto no hay que temblar tímidamente frente a todo, preso
de super~'tición como en un templo, ni 1~Jnedarse en adoración
frente a cualquier cosa, sino hay que estar aco:-tumhrado a
proclamar que algo no es justo y no es cmn·enicnte, no menos que a reconocerlo. justo )' conveniente.
Por ejemplo 1 cuando en el campo griego, lo:-; wldado:-; fueron alcanzados por la enfermedad, Aquiles reunió una asamblea; y, aunque él sufriera más que todos por la demora dP
la guerra, por su posición y fama en el ejército, al darse!
cuenta, por sus conocimientos métlicos, que 1a enfermrda(1.
al no hajar al noveno día, como dehía por naturaleza, no
era enfermedad normal, dchida a causas comunes, ~e l"V~l!l·
tó y, sin d!rigir la palabra a la muchedumhre, se dirigió cou
este consejo al rey, moderada y convenientemente:

llíada, XVI, 97.
Odisea, XI, 421.
Ilíada, IX, 452.
Ibidem, III, 365.
HoMERO,
HoMERO,
HoMERO,

- 72-

�d)

e)

'"Att·ida! creo que tendremos que volver atrás, yendo
otra vez errantes" (l 3 li).
Pero, cuando el adivino dice que teme b ira del más pudt~~
roso de los Griegos, Aquiles, jurando que nadie levantará
las manos sobre el adivino, mientras él viva, agrega sin r:tzón y sin moderación:
"aunque hablares de A¿;amemnón" ( 137 ),
mostrando a::.Í indiferencia y desprecio hacia el jefe. 1, al
rato, aun más irrita·do toma la espada con el deseo de matarlo, contra su propio honor ) utilidad. Pero, en segnid&lt;1
arrepentiéndose:
'·enyainó la enorme espada y no desobedeció
la orden de Atenea" (1 38 ),
obrando esta vez con rectitud y honor. En efecto, a] no poder desahogar completamente su ira la de~vió y la detuvo
moderándola con el razonamiento antes de hacer algo irrc-~
parable.
También Agamemnón es ri.dículo en lo que hace y dice en
la Asamhlea, pero en lo que se refiere a Cri.::.cida C'S mas
digno y más real. Así como Aquilcs 1 cuando H' llevan a Bri~
seida:
';llorando, fué a sentarse en disparte. lejos de ~us con~~
pañero~'·

f)

27)

136)
137)
138)
139)

1 !O)

(n'),

igualmente Agamemnón en persona, hace subir a la nave y
entrega y devuelve a Criseida, la mujer de la cual poco antes había dicho qua le era más cara que su misma esposa,
sin haber cometido con ella ningún acto amoroso y desho·
nesto.
También Fénix, malllecido por el pa.dre por causa de su
concubina, dice:
"E¡,tuve por matar a mi padre con el agudo bronce:
mas a lf!;Úil inmortal calmó mi cólera, haciéndome
[pensar
en la fama y en los reproches de los hombres,
a fin de que no furse llamado parricida por los
[Aqueo2' 1 ( 140 1.
Ahora bien, Aristarco sacó estos versos temiendo sus efectos; pero están bien a propósito en el momento en que Fenh
enseña a Aquiles lo que es la ira y lo que los homhres hacen
cuando, arrastrados por esa pasión, no usan el razonamiento
y no obedecen a los que intentan tranquilizarlos. Así también

Ibídem,
Ibídem,
Ibídem,
Ibidem,
Ibídem,

I. 59.
90.
220.
349.
lX, 458-61; versos conservados sólo por Plutarco.

- 73-

�b)

e)

d)

141)
112)
143)
14 i)

el poeta~ al presentar a 1\ieleagro, antes en('olerizado con :::.n~
ciudadanos, y después apaciguado, justamente critica las pasione:;, su dominio sobre ellas y su cambio de opinión.
En estos casos, por lo tanto~ la diferencia es evidente; pr:ro
en los casos en que la opinión del poeta e~ oscura, hay qn{'
hacer cierta distinción y llamar la atención del joven. Por
ejemplo, si Nausicaa, al ver a Odi¿eo, homlHe extr&lt;Jnjero, y
al experimentar hat:ia él la misma pa~ióu de Calipso, siendo
ella veleidosa y en edad de casane, die ~ neciamente a sns
sirvientas estas palabras:
"Ojalá! a tul varón pu.diera llamársele mi marido,
viviendo acá; ojalá lt pluguiera quedar::;c con nos ·
[otros!'l ( 111 ) .
~u impu(licia y su falta de dominio wn dignas de censura.
Pero, por el contrario, ella es digna de admir,!ción, si expre~a su de:;co de casarse con Odi:;co, más hien que con un
marino o haibrín su conciudadano, porque se ha ·dado cuenta, por las palabras de él, del caractcr del héro~, y ha qu~­
dado admiraua de su manera de haJJlar tan llen~ de huen
8entido.
Otro ejemplo más: cuando Pcnélope se entretiene amablemente con sus pretcndienles mientras aquellos ]e regalan vestidos y adornos, Odiseo ::e (1ueda &lt;.:orupla~ido:
"de que les sacase regalos y les lisonjeara el ánimo"
(14:!) ·.
si él se alegra por los done:; y la relativa ~anancia, sohrep~.­
sa en lenocinio a Poliagro, así riuiculizado en tua comedi~1:
" ... feliz Poliagro
"'que alimenta a la cabra celeste para sacar ganancb
[de ella" ( 41 :~);
pero si piensa que con eso. ellos están más confiados, sin
preocuparse del futuro, su alegría y :::.u confianza tienen razón de ser.
Igualmente, en el recuento lle los dones que los Feacios le
han dejado antes de irse, si al encontrarse en tal soledad,
ignaro e incierto de lo que le puede pasar, teme por h·s
dones:
';no :;e hayan llevado alguna. cosa en la cóncava nave~
[cuando de atquí parti~ron" ( 14A),
su avaricia, en ver,dad, es digna de lástima y desprecio. Pero,
por el contrario si? como alp:unos dicen, no teniendo todavía la seguridad de estar en Itaca, cree que la salvación de

Odisea, VI, 244.
Ibídem, XVIII, 282.
KocK, Com. Att. frag. III, 399. Se refiere probablemente a la cabra Amaltea.
HoMERO, Odisea, XIII, 216.

Ho:\HRO,

- 74-

�los dones, es una demostración de la integridad de los Fe&lt;~­
cios -en realidad, él pensaba &lt;JUC no lo hubieran llPvado:
para dejarlo tirado y abandonado en tierra extra'ila sin ganancia ninguna y dejándole sus bienes- no se sirve de un
ar~umento vano y su previsión es digna ·de ser admirada.
e)

Además, algunos critican este deserrubarque realizado mientras él dormía, y dicen que ]os Tirrenios conservan U1l cnento según el cual Odiseo era dormilón por naturah"Z:! &gt; qu?
por esto era de difícil trato ron la gente. Pero aceptan r-.,ta
e~cena intcrprctan.do que d SlH"ÍÍo de Odi~eo I"!O era venladero, sino tque él, avergonzado porque debía despedir a los
Fcaeios !"in 1lon~s ho~pitalario.; y sin poder agasajarlo~, sabiendo a(lemú.; que b era impo3ihle e s cond ~ r10e dP. ~. us ene-migos en presencia de aquellos, se salvó de la dificult~Hl
haciéndose el dormido ( 11 :;) •
0

f)

Por lo tanto con esas indicaciones acerca de los poema:;;, no
permitiremo3 que surja en los jóvenes una tendencia hacia
las malas co:::i.umhres, sino más bien emulación y preferencia
para las mejores; en forma tal que sin vacilación pued ~tn
censurar a unos y elogiar a otros. Esto es necesario especialmente en las tragedias en las cuales acciones indignas y miseras son presentadas con palabras persuasivas y hábiles. En
realidad, no es completamente verdadero el dicho tle
SóFOCLES:

'·De las malas acciones no nacen bellas palabra;;;''
( lH,)'

ya que él mismo está acostumbrado a pre-=entar malas costumbres y hechos indignos con palabras agradables y argumentos h::-névolos. Y Ycs, que también su cumpañero de arlc.
28)

ha hecho tque Fedra culpe al mismo Teseo que.
con sus violencias, la hizo en:unorar de Hipólito (1 47 ). La
mi•ma libertad .de palabra proporciona él a Helena en las
'"Troyanas~' al hacerle decir qu~ Iléf'Pha debe ser casti~ada
esp ~· cialmente por hal)cr engPndrado al hombre que la sedujo. En conclusión, que el joven no ~e acostum hre a creer
que en estas cosas hay algo sagaz y hábil, y que no Re Rlegre
por tales recursos, por lo contrario que aborrezca las palabras
licenciosas, mág que los hecho~.

145)

El método de interpretación u!"ado en estos párrafos es del todo tradicional,
como también los ejemplos citados. Cf. ARISTÓTELES, Poética, cap. 24, 1460a,
35 sgs.
NAUCK, Trag. Graec. frag., SOPHOCLES, N° 755.
No se refiere a la tragedia "Hipólito coronado", la que ha llegado hasta
nosotros, sino a la anterior, perdida "llipólito cubierto". NAUCK, Trag.
Graec. frag. EuRÍPIDES N° 491.

146)
H7)

EuRÍPIDES

- 7ó

�De cualquier manera~ es útil investigar la causa
de todo lo que se dice. Por ejemplo Catón, cuando era todavía niño, wlía hacer lo que el pedagogo le ordenaba, pero
le preguntaba la causa y la razón de la orden. Ahora bien,
por lo que se refiere a los poetas, no hay que obedecerle~
como si fueran pedagogos o legisla.dores, a menos que el texto no sea razonable. Y decimos que un texto es razonahle,
cuando es bueno; mientras cuando es malo, aparecerá conlf,
vacío y vano. Pero la mayoría de la ~ente insiste en reclamar las causas de algunas" co.3a., y quic;·en saber porque han
6ido dichas:
'~Nunca coloques la jarra sobre la copa de los qn•)
están tomando" (HS),

Cap. IX. -

b)

y:
e)

"El que caiga del carro y suba al de otro
pelee con la lanza" ( 149 ) ,
mientras aceptan otras peores con confianza y sin ninguna
crítica, como por ejemplo éstas:
"ya que el hombre es esclavo, aunque esté lleno de
[coraje,
si tiene conciencia de las culpas de su padre y de su
50
1 madre" (1
),

y:
"El hombre infeliz debe tener bajos pensamientos"
(l:íl).

d)

148)
149)
150)
151)
152)

Sin embargo frases como éstas afectan nuestros caracteres y
perturban nuestra vida, creando en nosotros juicio::; vanos y
opiniones absurdas, a menos que nos acostumbremos a contestar en cada caso: ¿por qué el hombre infeliz debe tener
bajos pensamientos, y no dehe, por el contrario, oponerse
al destino, elevarse y no humillarse? Y¿ por qué )O, hombre bueno y cuerdo, pero nacido de un padre malo y necio
no puedo enorgullecerme por mi virtud, sino por el contrario debo quedarme apocado y humillado por la ignorancia
de mi padre? Por lo tanto~ a'qucl que se opone y resiste en
esta forma y no se deja llevar por cualquier discurso, como
por el viento, sino que estima justo el dicho de HERÁCLITO:
"El homhre necio se asusta de cualquier palabra" (1;;~), rechazará muchas de las cosas dichas en forma que no corresponde ni a la verdad ni a la lJtilidad. En conclusión

Trabajos y días, 744.
llíada, IV, 306.
EuRÍPIDES, Hipólito, 424.
NAUCK, Trag. Graec. frag. EuRÍPIDES, No 957.
DIELS, Fragmente der V orsokratiker, 1, p. 95, frag. 87.
HEsiODO,

HoMERO,

- 76-

�estas sugerencias procurarán
poemas.

e)

f)

29)

una inocua lectura

de los

Cap. X. - Como en las ojas .de una vid y en los copiosos
sarmientos, el fruto a menudo se esconde y queda desapercibido en la sombra, así en la dicción poética y en los
cuentos extensos 1 se le escapan al joven muchas cosas útiles
y aprovechables. Sin embargo, ésto no 'le debe ocurrir y no
debe perderse atrás de los hechos; por el contrario debe
agarrarse especialmente a las cosas que llevan a la virtud y que pueden formar el caracter. Por esta razón es
oportuno tratar este argumento aun sea en forma breve, tocando someramente los puntos esenciales y dejando la verhosidad, la aparatosidad y la abundancia de ejemplos para
los tque escrihen en forma más ostentosa. Como primera cosa
el joven que conoce los caracteres y los per,onajcs buenos
y malos, preste atención a las palabras y a las acciones que
el poeta atribuye convenientemente a unos y a otros. Por
ejemplo, Aquiles, aun hablando con ira, se dirige así a Agamemnón:
··jamás el botín que oh tengo es igual al tuyo, cuando
los AIC(ueos entran a saco en una populosa ciudad de
[los troyanos'' ( 1 ;;a),
mientras Tersites insultándolo dice:
;;Tus tiendas están repletas de bronce, y tienes muchas
y e~cogidas mujeres, que los Aqueos
te ofrecemos antes que a nadie, cuando tomamos al[guna ciudad"' (1;¡ 4 ).
Y de nuevo Aquiles:
" ... Si Zeus
nos permite tomar la bien murada ciudad de Troya"
155) .
Pero Tersitcs:
'"Que yo u otro Aqueo haya hecho prisionero" (1 3G).
Y de nuevo, cuando Agamemnón insulta a Diomedes durante la revista, éste no le contesta nada:
"oyendo con respeto la increpación del venerando rey"
(157)'
pero Stenclo, hombre de ningún renombre:
''Alrida, dijo, no mientas pudiendo .decir la verdad,

153)
154)
155)
156)
157)

Ilíada, I, 163.
II, 226.
I, 128.
II, 231.
IV, 402.

HoMERO,

Ibídem,
Ibídem,
Ibídem,
Ibidem,

- 77-

�h)

e)

nos gloriamos de ser más valientes que nuestros pa[ch·es" (1 51'3).
Esta diferencia bien observada, enseñará al joven a con5iderar la modestia y la moderación como un rasgo de cultura, y
a evitar la soberbia y la jactancia como algo vano. También
resulta útil la consideración de la conducta de Agamemuón
en este caso. Pasó por alto a Stenelo, sin dirigirle palabra,
pero se preocupó de Odisco~ le contestó y se dirigió a él:
"cuando comprendió que el héroe se irritruba, retrae[ tándose dijo" ( 15 ~)
ya que, defenderse de todos, es rasgos de servilismo y de
falta ·de dignidad, pero insultar a todos es de arrogante y
neCIO.

En éste sentido actuó muy bien D:omedes cuando, al ser reprochado por el rey, permaneció callado mientras duraha la
batalla, pero al terminar le habló libremente así:
"poco ha, menospreciaste mi valor ante los Dánaos~'
(160).
Es útil ta1nhién tener presente la diferencia que hay entro
un hombre cuerdo y un adivino ) a famoso. En efecto, Calcas (l Gl) no espera el momento oportuno, por el contrario
no se preocupa en absoluto, de acusar al rey ante la multitud, por haberles traído la peste. Por el contrario, Néstor,
d) ansioso de decir algo para la reconciliación con Aquiles, y
no dar la impresión de acusar a Agamemnón frente a la
multitud por haberse deja.do dominar por la ira y haberse
equivocado, dice:
"ofrece después un banquete a los caudillos, que ésto
[es lo que te conviene y lo digno de tí, (1 6 :!)
una vez congregado~, seguirás el parecer de quien te de
[mejor con~ejo'' ( 163 )
y sólo después de la comida, hace partir a los embajadores; ésta era la manera de corregir el error, mientras aqne·
llo hubiera si·do acusación e insulto.
Además hay que mirar también las diferencias de las estirpes y sus maneras de ser, como sigue. Los Troyanos, por
ejemplo, avanzan con gritos y temeridad: los Aqueos:
"callados y temerosos de sus jefes" (1 64 ).
e) En efecto, el temor a los jefes en el momento en t¡ue los enemigos están a punto de chocar, es signo de valor y de obe158)
159)
160)
161)
162)
163)
164)

Ibidem,
Ibidem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,
Ibidem,
Ibidem,

404.
357.
IX, 34.

I, 94, 95.
IX, 70.
74-75.
IV, 431.

- 78-

�diencia. Igualmente Platón quiere acostumbrarnos a temer
las críticas y los males, más que las fatigas y los peligros
( 16 ;:¡), y Catón decía que prefería la gente que se ruboriza a
la que palidece ( 166 ) •
También en las promesas hay un carácter especial; por
ejemplo, Dolón promete:
"pues atravesaré todo el ejército hasta llegar
a la nave de Agamemnón" (1 67 ) ;
f) pero Diomedes no promete nada y dice 'que tendrá menos
miedo si lo envían con otro ( 16 tl) . En conclusión la prudencia es un rasgo griego y de hombre culto, mientras la audacia es algo bárbaro y vano; hay que emular una y censurar
la otra.
En cierto sentido, tampoco es inútil observar la emoción de
los Troyanos y de Héctor cuando Ayax está a punto de combatir en singular duelo con aquel. En este sentido se puede
recordar que Esquilo una vez, durante los juegos ístmicos,
al ver un pugilista golpeado en la cara, mientras se levantaban gritos, dijo: "lo que es el entrenamiento! Los espectadores gritan, y el herido calla" (1 69 ). Igualmente cuando el
poeta ,dice que los Griegos se alegran al ver a Ayax resplandeciente en sus armas
"pero un violento temblor se apoderó de los Teucros;
30)
al mismo Héctor palpitóle el corazón en el pecho" (1 70 ),
¿quién no admiraría la diferencia entre ellos y los Troyanos? En efecto, el corazón del que corre peligro "late" solamente, como también el corazón de quien está por hacer
una competencia de lucha o carrera, mientras los cuerpos
de los espectadores tiemblan y se agitan por lealtad y temor
hacia su rey.
También en este otro lugar hay que considerar la diferen·
cia entre un hombre valeroso y un cobarde. En efecto,
Tersites:
"aborrecía de un modo especial a Aquiles y a Odiseo"
(171) ;
b) mientras Ayax que siempre fué muy amigo de Aquiles,
habla así a Héctor acerca ,de él:
"ahora sabrás claramente, de solo a solo
cuáles adalides pueden presentar los Danaos
aun prescindiendo de Aquiles, que destruye los escua165)
166)
167)
168)
169)
170)
171)

Apología, 28 d, e.
Vid&lt;z de Catón, cap. IX, 134c.
HoMERO, Ilíada, X, 325.
Ibídem, 222.
Cf. PLUTARCO, Moral.ia, Quomodo quis suos in virt. sent. prof., 79e.
HoMERO, Ilíada, VII, 214-15.
Ibídem, 11, 220.
PLATÓN,

PLUTARCO,

- 79-

�e)

[ drones y tiene el ánimo de un león" ( 172 ) ,
y ésto es el elogio para Aquiles; pero más adelante habla
de todos en forma elqgiosa:
"'somos muchos los capaces de pelear contigo" (1 73 ),
no jactándose a si mismo como único y mejor entre todos,
sino como uno a la par de muchos, igualmente capaces ._le
resistir.
Esto sería suficiente acerca de las diferencias; sin embargo
queremos agregar también esto: entre los Troyanos muchos
fueron cogidos vivos, mientras de los Aqueos ninguno; entre los Troyanos algunos se arrojaron a los pies de los enemigos, como Adrasto (1 74 ), los hijos de Antímaco (1 75 ),
Licaón (1 76 ), el mismo Héctor 177 ) suplicando a Aquiles por
su sepultura; entre los Griegos ninguno; como si fuera propio de !bárbaros suplicar y arrojarse a los pies de los enemigos en los combates, y propio de hélenos vencer combatiendo o morir.

Cap. XI. -

d)

e)

172)
173)
174)
175)
176)
177)
178)
179)

Como en los prados la abeja busca la flor, la
cabra la hoja tierna, el cerdo la raíz, los otros animales las
semillas y el fruto, así en las lecturas de los poemas uno
selecciona las flores de la historia, otro prefiere la belleza
y la colocación de las palabras, como Aristófanes dice acerca de Euríp1des:
"yo me sirvo de la redondez de su boca" (1 78 ),
otros además -aquellos a los cuales nuestras palabras están
ahora dirigidas- siguen útilmente las cosas dichas acerca
de las costumbres. A éstos debemos recordar tque es raro que
el que ama los cuentos no se entere de lo que se relata en
forma nueva y singular, y que el filólogo no aprecie lo que
se dice en forma pura y elaborada, y que por fin el amante
del honor y de lo bello, y el que se acerca a los poemas no
por diversión, sino por e·ducación, escuche con aburrimiento
y desinterés las declamaciones acerca del valor de la temperancia y de la justicia, como por ejemplo lo que sigue:
"Por qué no mostramos nuestro impetuoso valor?
ea, ven atquí, ponte a mi lado. Vergonzoso
fuera que Héctor, de tremolante casco, se apoderase
[de las naves'' (1 79 ).
En efecto el joven se entusiasmará mayormente con la vir-

Ibidem, VII, 226.
Ibidem, 231.
Ibidem, VI, 37.
Ibidem, XI, 122.
Ibidem, XXI, 64.
lbidem, XXII, 337.
KocK, Com. Att. frag. 1, p. 513.
HOMERO, Ilíada, XI, 313.

-80-

�tud, al leer que este hombre tan prudente, frente al peligro
Je ~aer de::;truído y de perecer junto con los demás, teme la
vergüenza y la crítica, pero no la muerte. Y con el verso:
"Atenea holgóse de ver la prudencia y la equidad del
[varón" ( 180 )
f) el poeta ofrece la misma reflexión, al imaginar que la diosa
se alegra por la prudencia y justicia del héroe y no por su
riqueza, su bello aspecto y su vigor. Y además, cuando ella
dice que no ·descuida, ni abandona a Odiseo:
"porque eres afable, perspicaz y sensato" (1 81 ),
indica que de nuestras cualidades, sólo una es apreciada
por los dioses y es divina: la virtud, si es cierto que por
naturaleza ca.da símil ama a su símil.
Ahora bien, puesto que dominar la ira parece ser una cosa
31)
grande -y lo es- y más grande todavía parece ser la vigilancia y la previsión de no caer en ella y no dejarse
arrastrar por ella, debemos nosotros demostrar a los lectores esta afirmación en una forma no superficial, por medio
del ejemplo de Aquiles, el cual, hombre impaciente y duro,
ordena a Priamo de conservar la calma para no exasperarlo:
'~No me irrites más, anciano! dispuesto eetoy
a entregarte el eadaver de Héctor, pues para ello Zeus
[ envióme una mensajera,
no sea que deje .de respetarte, oh anciano, a pesar de
[que te hallas en mi tienda
y eres un suplicante, y viole las órdenes de Zeus"
b)
1

( 182) ;

y después ·de haber lavado él mismo el cuerpo de Héctor y
haberlo envuelto, lo coloca sobre el carro, antes de que el
padre lo vea ultrajado,
"no fuera que afligiéndose al ver a su hijo, no pu[ diese reprimir
la cólera en su pecho e irritar5e el corazón de Aquiles
y éste le matara quebrantando las órdenes de Zeus"
(183).

e)

180)
181)
182)
183)

En verdad~ es previ8ión admirable que un hombre, propenso a la ira y de naturaleza rudo e iracundo no se desconozca
a sí mismo, sino que se cuide, vigile las causas de ira y las
prevenga con el razonamiento para no caer en tal pasión a
pesar suyo. Así también debe comportarse el aficionado al
vino [rente a las bebidas, y el afecto a los placeres sexuales
frente al amor. Así Agesilao no permitió que el hermo~o

HoMERO, Odisea, III, 52.
lbidem, XIII, 332.
HoMERO, Ilíada, XXIV, 560-61; 569-70.
Ibidem, 584.

-

81 -

�d)

e)

muchacho que se le acercaba, lo besara (1 34 ) y Ciro (1 85 )
no osó ver a Pan tea; por el contrario, la gente ignorante
reune los elementos que excitan las pasiones y se ahandona
a aquellas en que se encuentra más débil.
Así Odiseo no sólo detuvo a si mismo en el momento en
que estaba irritado, sino también sosegó a Telemaco, cuando Be dió cuenta por unas palabras, que el joven estaba encolerizado y lleno de odio y, con anticipación lo instó a
quedarse tranquilo y a contenerse1 ordenándole:
"si me ultrajaren en el palacio, sufre en el cora.lÓn
que tienes en el pecho, que yo padezca malos trata[mientos;
y si vieres que me echan, arrastrándome en el pala[ cio por los pies
o me hieren con saetas, pasa por ello también" ( 186 ) •
En efecto, como a los caballos no se les pone un freno durante las carreras, sino anteriormente; de igual manera conviene que las personas coléricas que difícilmente se contienen frente a las dificultades, sean prevenidas con razonamientos y preparadas para enfrentarlas.
También hay que escuchar con atención las palabras y evitar Ias bromas de Cleante, tque se hace ridículo, cuando
pretende interpretar el:
"Zeus padre, que reinas desde el Ida" (1 87 ),

y:

f)

184)
185)
186)
187)
188)
189)
190)
191)

"Zeus soberano, Dodoneo" (1 88 ),
ordenándonos leer las últimas dos palabras como una sola
(1 8u), como si llamara "avaoooú}V (Úov" (anadodonaion) al
aire que emana de la tierra por exhalación.
También Crisipo muchas veces se revela limitado, cuando
por ejemplo sin nada de broma, interpreta~ en forma poco
persuasiva, y retuerce el sentido, diciendo que el Croni.de
"longividente'' (1 90 ), significa "hábil en el hablar" y
'rexcelente en la facultad de palabra".
Por lo tanto, es mejor dejar estas consideraciones a los
gramáticos y tomar en examen especialmente aquellas cuestiones tque unen al mismo tiempo utilidad y probabilidad,
como por ejemplo:
"y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre
[supe ser valiente" (1 91 )

Agesilao, V, 4.
Ciropedia, VI, I, 41.
HoMERO, Odisea, XVI, 274.
HoMERO, lliada, 111, 320; VII, 202; XXIV, 308.
Ibídem, XVI, ~~,3. ,
Interpretando ava , no como vocativo de "&amp;va~", sino como preposición
}ENOFONTES,

}ENOFONTES,

"'ava.,,.,.

HoMERO, llíada, I, 498.
Ibídem, VI, 444.

-

82-

�y:
"el cual supo ser amable con todos" (Hl 2 ).
En estos versos el poeta, declarando que el valor es algo que
se aprende y estableciendo que el compañerismo y las relaciones amistosas con los demás proceden del conocimiento
y del razonamiento, incita a no ,despreocuparse de si mismos,
sino a aprender lo que es bien, y a prestar atención a los
maestros, como si la grosería y la cobardía fueran smonimos de ignorancia y necedad. Con ésto coincide lo que el
poeta dice acerca de Zeus y de Poseidón:
"Igual era el origen de ambas deidades y uno mismo
[su linaje,
pero Zeus había nacido primero y sabía más" (1 93 ),
con lo cual declara que el conocimiento es la cosa más divina y la más real y en él está la máxima superioridad de
Zeus, ya que él cree 'qUe las demás virtudes vienen después.
También hay que acostumbrar al joven a escuchar con
atención cosas como éstas:
'"y no mentirá, porque es muy sensato" (1 94 ),

32)

y:
"Antíloco, tú que antes eras sensato, qué has hecho?
desluciste mi habilidad y atropellaste mis corceles"
(195)

h)

y:
"Glauco, por qué siendo cual eres, con tanta sober[bia hablas?
oh dioses! te tenía por el hombre de más seso
de cuantos viven en la fértil Licia" (1 96 ),
en cuanto estos versos enseñan que los hombres sensatos no
mienten, no se portan deslealmente en las batallas y no acusan injustamente a los demás.
De la misma manera, cuando el poeta dice que Pándaro
(1 97 ), por estupidez, se dejó persuadir a violar los juramentos, demuestra tque cree que el hombre sensato no cumple
injusticias.
También acerca de la moderación se pueden sugerir cosas
parecidas, basándose en versos como éstos:
"La divina Antea, mujer de Proteo, había deseado
[con locura
juntarse clandestinamente con Belerofonte; no pudo

192)
193)
194)
195)
196)
197)

lbidem, XVII, 671.
lbidem, XIII, 354.
HoMERO, Odisea, III, 20; 358.
HoMERO, llíada, XXIII, 570.
lbidem, XVII, 170.
lbidem, IV, 104.

- 83-

�e)

persuadir al prudente héroe, que sólo pensaba en
[cosas honestas" ( 198 ) ,

y:
"Al principio la divina Clitemnestra, rehusó cometer
el hecho infame, porque tenía buenos sentimientos"
(199);
por lo tanto en estos casos el poeta atribuye al conocimiento la causa de la moderación. En las exhortaciones a las
batallas igualmente él dice cada vez:
"qué vergüenza, oh Licios! adónde huís? sed esfor[zados" (2° 0 )

y:

d)

e)

f)

198)
199)
200)
201)
202)
203)

"poned en vuestros pechos
vergüenza y pundonor; ahora que se promueve esta
[gran contienda" (2° 1 ),
con lo cual él hace valerosos a los hombres moderados que,
por temor a la vergüenza de bajas acciones, son capaces de
sobreponerse a los placeres y de enfrentar los peligros.
Con los mismos principios TIMOTEO en "Los Persas'' incita
a los Griegos y les ordena:
"Honrad al pudor que presta su ayuda a la virtud
[del combatiente" (2° 2 ).
EsQUILO también cuando escrilie de Anfiareo atribuye a la
moderación, el no enorgullecerse frente a la fama, no ser insolente y no excitarse por los elogios de la multitud:
"El no quiere parecer el mejor, sino serlo
recogiendo frutos del profundo surco de su mente
del cual brotan consejos buenos" (2° 3 ) •
Ya que es propio de hombre sensato estimar justamente a
sí mismo, y su estado de ánimo, cuando es el mejor. Por lo
tanto, si nos remontamos al conocimiento, resulta evidente
que toda forma de virtud nace de la razón y de la instrucción.

Cap. XII. - Ahora bien, como la abeja por naturaleza descubre en las flores más ásperas y en los espinos más agudos la miel más dulce y mejor utilizable, los jóvenes, al ser
educados rectamente en la poesía, aprenderán a extraer de
ella, en cualquier forma, lo ibueno y lo útil, aun en los pasajes sospechosos de ser malos y absurdos. Por ejemplo Agamemnón es sospechoso de venalidad por haher exonerado

Ibídem, VI, 160.
HoMERO, Odisea, III, 265.
HoMERO, llíada, XVI, 422.
Ibidem, XIII, 121.
BERCK, Poet, Lyr, Graec., pág. 1271 Tim. frag. 9.
EsQUILO, Siete contra Tebas, 592.

-

84

�33)

b)

e)

d)

204)
205)
206)
207)
208)

del serviciO militar a aquel hombre que le había ob~equia­
do la yegua Eeta:
"como presente, para no seguirle a la ventosa llión
y gozar tranquilo, donde moraba, de la abundante ri[queza
que Zeus le concediera" ( 204 ).
Pero, según ARISTÓTELES (2° 5 ), él obró con juicio, al preferir a un hombre tal una yegua buena; ya que, en verdad,
un hombre cobarde y flojo, debilitado por la riqueza y la
molicie~ no equivale ni a un perro ni a un asno.
También parece muy vergonzoso que Tetis incite a su hijo
a los placeres y les recuerae los amores. Pero en este caso hay
que considerar ]a moderación .de Aquiles que, aun aman·d o a Briseida, consciente que se acerca el fin de su vida,
en el momento en 'qUe ella vuelve a él, no se apresura a
gozar dei placer de ella; ni, como la mayoría, llora al amigo, dejando ,de hacer y cumplir sus deberes; sino que sólo
se abstiene de los placeres por el dolor; mientras se muestra valeroso en toda acción y en el comando del ejército.
Igualmente no es digno de elogio ÁRQUÍLOCO, cuando 1
llorando al marido de la hermana, muerto en un naufragio, piensa vencer el dolor con vino y diversiones. Es verdad que él aduce una causa que tiene cierta razón:
"ya ~ue con mis lágrimas no me curaré; ni me pondré
peor, buscando alegría y fiestas" (2° 6 ) •
Ahora bien, si aquél estimaba que de ninguna manera se
iba a poner peor "buscando alegría y fiestas", ¿cómo la
presente condición se volverá peor si nos pusiéramos a estudiar filosofía, a tomar parte en la vida política, a subir al
foro, a frecuentar Ia Academia, o a interesarnos de agricultura? Por lo tanto, tienen su valor también las correcciones a medias que usaban CLEANTE y ÁNTÍSTENES. Este
último, oibservando que los atenienses hacían demasiado
ruido en el teatro al oír el verso:
"¿Acaso es vergonzoso algo que no parece tal a ]os
['qUe lo cumplen?" (2° 7 ),
en seguida lo sustituyó así:
"lo que es vergonzoso, es vergonzoso, ya que lo pa[rezca, como que no lo parezca";
y CLEANTE, el verso acerca de la riqueza:
"ser generosos con los amigos, y cuando el cuerpo ha
caído en enfermedades salvarlo con gastos" (2° 8 ),

HoMERO, Ilíada, XXIII, 297.
Probablemente en "Cuestiones homéricas".
BERGK&gt; Poet. Lyr. Graec. 11, p. 687. Arq. frag. 6
EuRÍPIDES, E o !Jo; NAUCK, Trag. Graec. frag. EuRÍPIDES,
EuRÍPIDES, Electra, 428.

- 85-

No

17.

�e)

f)

209)
210)

2ll)
212)
213)

así lo cambió:
''i:ier generoso con las prostitutas, y cuando el cuerpo
Lha caído en enfermedades
frótalo con gastos";
y ZE"íÓ~, corrigiendo los verso::; de SÓFOCLES:
"quien se acompaña del tirano
es su esclavo, aunque fuera libre~' (:.! 0 !!) ,
cambia:
"no es esclavo si fuera libre'',
indicando en este caso con la palabra "libre" al audaz, al
magnánimo y al valeroso.
Por lo tanto, ¿qué nos impide guiar a los jóvenes con tales
correcciones hacia un mejor sentido, de manera que se suvan de citas como éstas?:
"es objeto de envidia de los hombres, el que
hace caer la flecha de su deseo, donde él ~quiere" (2 10 ),
presentándolo no en esta forma, sino así:
''hace caer la flecha de su deseo, donde es útil".
Y a que e:; digno de piedad y no envidiable que alguien quiera tomar y conseguir lo que no debe. Igualmente en estos
versos:
'·No sólo para las cosas buenas Atreo te engendró,
oh Agamemnón;
detbes alegrarte, pero también llorar" (2 11 ),
nos opondremos diciendo: "debes alegrarte, no llorar, s1
consiguieras lo que te alcanza:
''ya que no sólo para cosas buenas te engendró Atreo,
oh Agamemnón!"
Y tamhién acerca de estos otros versos:
';Ay de mi! este mal a los hombres procede .de Dios:
12
que alguien conozca el bien y no lo cumpla"
);
diremos •que es algo animal, irracional y digno de lástima,
que un hombre que conoce lo mejor sea arrastrado hacia
lo peor por causa de la intemperancia y de la molicie.
A propósito de este otro verso:
"lo que persuade es el temperamento del orador y
[no su oración'' (2 13 )
corregiremos: "el temperamento y la oración juntos, o el
temperamento por medio de la oración". Como el jinete gobierna al caballo con el freno, el piloto la nave con el timón~
así la virtud no tiene ningún medio tan humano y familiar como la palabra.

e

Trag. Graec. frag. SoPHOCLES, N° 789.
Ibídem, Adesp., N° 354.
EuRÍPIDES, lfigenia en Aulis, 29.
Crisipo de EuRÍPIDES; NAUCK, Trag. Graec. frag.
KocK, Com. Att. frag., 111, p. 135.
NAUCK,

- 86

EuRÍPIDES,

N° 841.

�34)

h)

e)

214)
215)
216)
217)

En el caso de estos otros versos:
''Hacia dónde se inclina más, hacia la mujer o hacia
[el hombre?
hacia donde se encuentra la belleza, le es indiferente
[quien sea" (:! 14 ),
era mejor decir:
"hacia donde se encuentra la virtud, le es indiferen[te quien sea",
interpretando la palabra "indiferente" como "equilibrado";
ya que: el hombre que, influenciado por el placer y por la
belleza va por aquí y por allí, es incompetente e inconstante.
Y para concluir, el verso:
"los asuntos divinos dan miedo a los hombres mode[rados" (2 13 ),
no está bien expresado, sino que debería decir:
"los asuntos divinos dan confianza a los hombres mo[,derados",
y temor a los necios, locos e ignorantes, que sospechan y
temen como da'üino también aquel poder que es causa y
principio de tedo bien.
En conclusión así es el sistema de la corrección.

Cap. XIII. - CRISIPO ha demostrado justamente que algo
dicho en relación a una determinada cosa puede ser usado
en relación a muchas otras, y que algo bien dicho dellJe ser
atribuído tallllbién a otros argumentos del mismo tipo. Por
ejemplo, cuando HESIODO dice:
"no morirá el buey, si el vecino no es malo" (2Hl) ~
dice ésto también para el perro, el asno y todos los que
pueden per.derse en forma semejante. Y aún, cuando EuRÍ·
PIDES dice:
"qué hombre, libre del miedo de la muerte, puede
[ser esclavo?" (2 17 ),
hay que interpretar que ésto se refiere también al trabajo
y a la enfermedad. En efecto, como los médicos, al aprender la eficacia de un remedio que se adapta a una sola enfermedad, lo transportan ,Y lo usan para toda enfermedad
similar, así, una expresión de valor común y general, no debe ser considera.da en relación a un único argumento, sino
que ·d ebe usarse también para argumentos similares; y nosotros debemos acostumbrar a los jóvenes a percibir su valor
general, y transferir rápidamente lo que es particular a lo

Trag. Graec. frag. Adesp. No 355.
~o 356.
HESIODO, Trabajos y días, 348.
NAUCK, Trag. Graec. frag. EunÍPIDES, N° 958.

NAUCK,

lbidem,

- 87-

�d)

e)

f)

218)
219)
220)
221)
222)
223)

general, haciéndole hacer práctica y ejercicio de sutileza
con muchos ejemplos. Así cuando MENANDRO dice:
"feliz del que posee riqueza y entendimiento" (2 18 ) ,
piensen que ésto ha sido dicho también acerca de la gloria~
de la hegemonía y de la elocuencia. También el reproche
que Odiseo hace a Aquiies, cuando éste está en Skira entre
muchachas:
"tú, hijo del padre más noble entre los griegos
te pasas hilando, apagando así la luz resplandeciente
[de tu estirpe?" (2 1!l) ,
piensen ellos tque estos versos están dichos también para el
libertino, el avaro, el descuidado, el ignorante, en esta forma:
"tú te pas~s tomando, hijo del padre más noble entre
[los griegos"
o "juegas a los dados", o "eres el jefe del juego de las codornices'\ o "eres un traficante", o "eres un usurero", sin
pensar nada grande y digno de una estirpe noble.
Otro ejemplo más:
"no hables de riqueza; yo por mí no a.dmiro a este dios
a quien~ aun el hombre peor, compra fácilmente" (2!2°)
Lo mismo se podría decir también con frases como: "no hables ·d e gloria, ni de la ibelleza del cuerpo, ni del poder
del general, ni de la corona sacerdotal" que como vemos
aun los peores pueden conseguir.
Otro más:
"malas por cierto son las consecuencias de la cobar[ día" (221)'
puede decirse lo mismo de la intemperancia, de la superstlcwn, de la envidia y de todos los demás vicios.
Ahora bien, cuando HoMERO dice en forma excelente:
"Miserable París, el de más hermosa figura ( 222 ),
"Héctor, el ·d e más hermosa figura" (2 23 ),
(con estas expresiones declara que es digno ·de censura y
de reproche el hombre en el cual la belleza de forma no
se une con alguna buena cualidad), debemos aplicar estos
versos a casos similares, moderando a los que se enorgullecen por cosas de poco valor, y enseñar a los jóvenes a
considerar c'Omo un reproche y un insulto las expresiones: "el
mejor en riqueza", "el mejor en comidas", "el mejor en
hijos y rebaños" y en verda.d, también la simple expresión
"el mejor".

KocK, Com. Att. frag. III, MENANDER, N° 114.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. N° 9.
EuRÍPIDES, Eolo; NAUCK, Trag. Graec. frag. EuRÍPIDES, N°
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. No 357.
HOMERO, Ilíada, III, 39.

Ibídem, XVII, 142.

-88-

20.

�35)

b)

Por lo tanto, entre las cosas bellas, hay que ibuscar lo mejor, hay que ser el primero en las virtudes más nobles~ y
el más grande en las acciones más grandes. Y a tque la fama
que procede de cosas pequeñas y malas, es oscura y sin
valor.
Estos ejemplos de inmediato nos sugieren la atenta consideración de las críticas y de los elogios, especialmen~e en
los poemas de HoMERO. En efecto, de ellos se comprende
fáeilmente que los bienes del cuerpo y de la suerte no deben ser considerados dignos de mucha atención. Por ejemplo, en primer lugar los poetas en las representaciones y
saludos nunca llaman a los hombres , "bellos", "ricos"
"fuertes", sino que usan eufemismos como éstos:
"Hijo de Laertes, de jovial linaje, Odiseo, fecundo
[en recursos" (2 24 ),

y:
"Héctor, hijo de Priamo! igual en prudencia a Zeus"
( 225) '

y:
"Aquiles, hijo de Peleo, el más valiente de todos los
[Aquivos" (2 26 ),

y:
"N oh le hijo de Menetio, cansm1o a mi corazón" (2~ 7 ) •
Además, cuando insultan, no se refieren a las cualidades del
cuerpo, sino que reprochan los vicios:
"Borracho que tienes cara de perro y corazón de c:ier[ vo" (228) '

y:
"Ayax, valiente en la injuria, detractor" ( 229 ),

y:
"Idomeneo, por 'qUé charlas antes de lo debido? Pre[ciso es
que no seas tan gárrulo" (2 30 ),

y:
e)

224)
225)
226)
227)
228)
229)
230)
231)

"Ayax, lenguaz y fanfarrón" (2 31 ),
y, por fin Tersites es insultado por Odiseo, no por rengo,
ni por calvo, ni por jorobado, sino por charlatán. Por el
contrario la madre llama a Efesto mencionando afectuosamente su cojera:

lbidem,
lbidem,
Ibídem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,

II, 173.
VII, 47.
XIX, 216.
XI, 608.
1, 225.
XXlll, 483.
474, 478.
XIII, 824.

-89-

�d)

e)

f)

36)

232)
233)
234)
235)

"Levántate, rengo, hijo querido" (2 32 ).
Así HoMERO se ríe de los que se avergüenzan de su cojera
o ceguera, ya que él no consider~ despreciable lo que no· es
vergonzoso, ni vergonzoso lo que no procede de nuestras acciones, sino que es tan sólo el producto de la suerte.
Por lo tanto dos grandes ventajas reciben los que están acostumbrados a escuchar con atención los poemas: una es la
tque conduce a la moderación, por la cual no se critica odiosa y neciamente a nadie por la suerte que tiene; otra es la
que lleva a la magnanimidad, por la cual los que sufren reveces de fortuna no se sienten humillados y confundidos, y
soportan tranquilamente el sarcasmo, el reproche y las risas;
especialmente teniendo presente la frase de FILEMÓN:
'"Nada es más dulce y agradable
.
que poder soportar a quien nos reprocha" (2 33 ) •
Sin embargo, si es claro que alguien precisa censura, hay
que poner la mano sobre sus pecados y sus pasiones, como
hace en una tragedia Adrasto que, cuando Alcmeón le dice:
"Tú has nacido de la misma estirpe de aquella que
[mató a su marido" (2 34 ),
replica:
"y tú eres el asesino de la madre que te ha engen[drado" (2 34 ).

Cap. XIV. - Ahora bien, así como de lo que hemos dicho
más arriba, resultaba que nosotros alejáJhamos y revocábamos la confianza en los poemas malos y dañinos, . o poniéndoles discursos y sentencias de hombres de gobierno y famosos; igualmente, si encontráramos en ellos algo útil y culto,
debemos alimentarlo y aumentarlo con demostraciones y testimonios filosóficos, atribuyendo a los poetas tal invento. En
efecto es justo, útil, y refuerza y aumenta la confianza en
los poetas, el hecho de que las doctrinas de PITÁGORAS y de
PI.ATÓN concuerden con lo que se dice en escena, o se canta
sobre la lira, o se estudia en la escuela; y cuando los preceptos de QUILÓN y de BíAs llevan a las mismas opiniones que
aquellos que se adquieren con las lecturas juveniles. Pero
debemos también indicar en forma no superficial lo que
sigue:
"A tí, hija mía, no te han sido asignadas ]as acciones
[bélicas
dedícate a los ·d ulces trabajos del himeneo" (2 35 ) ~

lbidem, XXI, 331.
FrLEMÓN, Epidicazomenus. KocK, Com. Att. frag. 11, p. 484.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. N° 358.
HOMERO, Híada, V, 428.

-90-

�y:

b)

e)

"porque Zeus se irritaba contra él siempre que com[batía con un guerrero más valiente" (2 36 ),
el sentido de estos versos en nada difiere del "conócete a ti
mi~mo"~ por el contrario tienen el mismo valor que esta sentencia ; y el verso :
'"Necios! no saben cuánto la mitad vale más que el
[todo" (2 37 ),
y el otro:
"un mal consejo es especialmente malo para quien lo
[da" (238)'
indican los mismos conceptos que la frase de PLATÓN en el
Gorp)as y en la República (2 39 ), cuando ,dice que: "hacer injusticias es peor que sufrirlas" y "hacer el mal es más perjudicial que mfrirlo",
Hay que agregar también el verso de EsQUILO:
"Valor! ya que los grandes sufrimientos no duran
[mucho" (2 40 ),
que es lo mismo de lo tque a menudo EPICURO repite y admira como: ''las grandes penas pasan en breve tiempo y las
penas que duran no son grandes" (2 41 ) . De estos dos conceptos, EsQUILO ha dicho claramente uno; el otro está en directa relación con el verso citado; en efecto, si una pena
grande e intensa no permanece, la pena que permanece no
es ni grande ni inaguantable.
V amos a ver ahora unos versos de TESPIS :
"Tú ves que por ésto Zeus es el rey de los dioses:
porque no practica la mentira, ni el orgullo, ni la risa
estúpida; y sólo él no conoce el placer" (2 42 ) ,
en nada difieren de la frase de PLATÓN: "la naturaleza divina está fuera del alcance del placer y del dolor" (2 43 ).
Consideremos ahora lo que ha dicho BAQUÍLIDES:
" ... yo diré que la virtud
consigue la gloria más grande; pero tque la riqueza
va con los hombres cobardes" (2 44 ),
y también lo que fué dicho por EuRÍPIDES con sentido casi
igual:

236)
237)
238)
239)

Ibídem, XI, 543.
HESIODO, Trabajo y días, 40.
Ibídem, 266.
PLATÓN, Gorgias, 473a; República, fin del libro 1 y del libro IV; y tam-

240)
241)
242)
243)
244)

bién 355b.
NAUCK, Trag. Graec. frag. AESCHYLUS, N° 352.
Cf. DIOGENES LAERCIO, X, 140.
NAUCK, Trag. Graec. frag. p. 833.
PLATÓN, Cartas, 111, 315c.
BERGK, Poet. Lyr. Graec. pág. 1237. Baq. frag. 30.

-91-

�" ... nada
estimo más antiguo
que la moderación, que
siempre acompaña a los buenos~' (2 45 ),
y el otro:
""Cuáles vanas po~esiones habéis adquirido, pensábais
conseguir la virtud con la riqueza?, entre vuestras pú·
sesiones os sentaréis sin poder ser felices" (2 46 ),
d) no constituyen acaso una demostración de la afirmación de
los filósofos, según la cual la riqueza y los bienes exteriores
sin la virtud, son inútiles y vanos para los que los poseen?
Por lo tanto, adaptar y conciliar tales pensamientos con las
doctrinas de los filósofos lleva a los poemas lejos del mito y
de la ficción, y cuando menos, detiene la atención sobre las
cosas dichas con un fin útil. Además abre y dispone el alma
del joven a entender las sentencias de la filosofía. En efecto,
llega a la filosofía atquel que no es completamente falto de
gusto y de comprensión para estas cosas, y que no está completamente influenciado por lo que escuchaba contiuuamene) te de su madre, de su nodriza, y en verdad, también de su
padre y ·d e su pedagogo. Y a que, éstos estiman felices y honran a los ricos, aborrecen la muerte y el trabajo, estiman la
virtud sin riquezas y gloria como algo mísero y sin ningún
valor. Los jóvenes, así acostumbrados, al oir por primera vez
que las doctrinas de los filósofos se oponen a estas opiniones,
se quedan maravillados, confusos y preocupados, sin aceptarlas, ni tolerarlas, a menos que también ellos, como los tque
van a ver el sol después de haber permanecí,do en profundas
tinieblas se acostumbren a no temer tales doctrinas y a mirar
sin dolor en aquella luz refleja, en la cual un leve rayo de
verdad está mezclado con los mitos (2 47).
f) En efecto, los que han previamente oído en los poemas y
leídos versos como éstos:
"Llora a quien nace por los males a los cuales llega.
pero a quien muere y cesa con sus penas
sáquenlo de la casa los amigos con alegría" ( 248 ),

y:
'~Qué necesitan los mortales, excepto estas dos cosas:

el trigo de Demetra y la jarra de las bebidas?" ( 24 9),

y:
37)
245)
246)
247)
248)
249)
250)

"Oh tiranía, amiga de Ios pueblos bárbaros" ( 25 0),
NAUCK, Trag. Graec. frag. EURÍPIDES, N° 959.
lbidem, N° 960.
Cf. PLATÓN, República, VII, cap. 2, SISe sgs.
EuRÍPIDES, Cresfontes; NAUCK, Trag. Graec. frag.
lbidem, No 892.
lbidem, A des p., No 359.

- 92-

EuRÍPIDES, N°

449.

�y:

b)

251)
252)
253)
254)

'" ... La felicidad de los mortales
"es lo que dura menos, entre las cosa~ que se sufren"
(251)'
quedan después menos confusos y descontentos al oír, entre
los filósofos expresiones como éstas: "La muerte no es nada
para nosotros" (2 52 ), y "la riqueza de la naturaleza es limitada" (2 5:.:), y "la felicidad y la beatitud no consisten en
grandes riquezas, ni en abundantes sucesos, ni en el tener
autoridad y poderes, sino en la falta de dolor, en la mode¡·ación frente a las pasiones y en una disposición del alma que
pone límites conforme a nuestra naturaleza" (2 54 ) .
Así por estas consideraciones y por t~do lo que hemos dicho,
el joven precisa de una buena guía en sus lecturas, para que,
sin ser engañado, sino más bien por haber sido educado previamente, se dirija de la poética a la filosofía con espíritu
benévolo, amistoso y familiar.

Ibídem, N° 360.
DIOGENES LAERCIO, X, 139.
Ibídem, X, 144.
Ibídem, X, 139, 141, 144.

-93-

�</text>
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"Poét-ica" y Crít-ica Lit-eraria en Plut-arco
"El alma no es un receptáculo para llenar, sino una llam;;t para
encender" (I), escribía Plutarco en una de sus obras dirigidas a los
jóvenes, y sintetizaba, con estas palabras, como en un lema, el espíritu mismo de su vida y de sus obras. En efecto, si su existencia y su
enseñanza fueron dedicadas a encender en el alma humana la llama
del bien y de lo bello, sus obras lo fueron a indicar el camino hacia
el mejoramiento humano, a través del recuerdo de las hazañas del pasado, magistralmente relatadas en la&lt;; "Vidas" (~[ot Vitae); y por medio de razonamientos filosóficos, observaciones morales y prácticas,
consejos simples e ingenuos, afectos humanos y puros, contenidos en
sus "Obras morales" ( ~.Stxá J'vforalia).
Quizá, por la enseñanza sana, sencilla y honradamente moral, sin
complicaciones filosóficas o rígidamente religiosas, y por la ternura
hacia todo lo humano que trasluce de sus obras, Plutarco fué y es en
todos los tiempos uno de los autores griegos mayormente leídos; aunque le falte como filósofo un sistema, como historiador cierta objetividad y verdadero sentido histórico, corno crítico ideas claras y a veces intuición artística.
Fué amado y apreciado por sus contemporáneos. Los cristianos
de la época bizantina reconocieron en él un "anima naturaliter christiana"; y durante toda la edad media su vida y sus obras fueron consideradas como una guía moral. El Renacimiento encontró en las
"Vidas" argumentos para las mejores obras trágicas, y en "Moralia"
amplio material de estudio y enseñanza. El Romanticismo lo apreció
como a un maestro de humanidad y libertad. Y hoy, como ayer, la
lectura de sus páginas ofrece valiosas enseñanzas e interesante material
para el estudio de la época clásica y helenística.
En efecto las "Vidas" proporcionan abundante material histórico; y
{(M aralia" constituye un reflejo de todas las doctrinas religiosas, filosóficas, morales y estéticas, desde Homero hasta sus días, y por las
cuales estaba formado el acervo de la cultura helénica y helenísticoromana.
Fué Plutarco un estudioso y un erudito, más que un creador,
siendo relativamente escaso su aporte de ideas nuevas y originales. Pe1)

"De recta ratione audiendi", 48c.

-

5

�ro tuvo dones de imaginación, y un estilo atrayente, sencillo, vivaz,
familiar, lleno de locuciones ricas, de ejemplos apropiados y comparaciones sacadas de la vida de todos los días, que Boisonnade comparó
a un mosaico, en que los colores se acercan sin fusionarse. En esta forma
escribió, a decir de Lamprias, 227 distintas obras.
De aquellas especialmente dedicadas a cuestiones estéticas y de
críticas literaria, nos han llegado solamente tres: "Cómo los jóvenes
deben leer a los poetas", "Resumen de la comparación entre Aristófanes y Menandro", "La malignidad df' Heródotos". Sin embargo, observaciones estéticas y juicios críticos se encuentran en muchas obras
suyas, especialmente en: "De la manera de escuchar", "Banquete de
los siete sabios", "Los oráculos de la Pitia", "Asuntos convivales" (:.!).
Se ha dicho de Plutarco que es un "Platonicien décidé" (:n. Esta
común afirmación se refiere especialmente a su posición filosófico-religiosa, en la cual se encuentran, sin embargo, también matices pitagóricos. Por lo que se refiere a sus teorías éticas, los principios platónicos se mezclan en él con la teoría aristotélica del "justo medio", sobre la cual se basan muchas de sus obras, como: "De la virtud moral",
((De la curiosidad", "De la cantidad de amigos" y otras más. El mismo
Croiset dice a propósito de su moral: "Sa théorie m01·ale est platonicienne et aristotélique" &lt;4 &gt;. Lo mismo puede decirse de su "poética"
y de su crítica literaria, en las que ideas platónicas se unen con otras
aristotélicas, a veces sin conexión y sin que el autor advierta las contradicciones. Así es, que afirmaciones platónicas, como: "La poesía no
es verdad; la poesía debe ser usada con fines morales &lt;5 &gt;; la poesía es
un medio de conocimiento; un ejercicio para el alma que se prepara
a la filosofía &lt;6 &gt;" etc., se encuentran junto con otras evidentemente
aristotélicas: "La poesía representa lo verosímil (7l; en la poesía se debe admirar la forma de la imitación, no lo imitado (8); el argumento
y no la forma métrica constituye la poesía de una obra &lt;9 &gt;".
Por esto, antes de referirnos especialmente al pensamiento estético de Plutarco, recordaremos brevemente la posición de Platón y Aris2)

3)
4)

5)
6)

7)
8)
9)

Las mejores ediciones de las obras de PLUTARCO son para las "Vidas" la de
LINDSKOG r K. ZIEGLER, iniciada en Leipzig, 1914; para "Moralia": D.
WITTENBACH, texto crítico, traducción latina de XILANDER y notas, Oxford,
1795-1829; G. N. BERNARDAKIS, Leipzig, Teubner, 1888-96. La más reciente es
la de M. PoHLENZ, Bibl. Teubneriana, Leipzig, 1920-1956.
Los títulos latinos de las obras citadas son los siguientes: "Quomodo adolescent. poetas audire debeat'', "Compendium comparationis Aristophanis et
Menandri", "De Herodoti malignitate", "De recta ratione audiendi", "Septem
sapientium convívíum", "De Pythiae oraculis', "Quaestiones convivwles",
''De virtute morali", "Amatorius", "De curiositate'', "De multitudine
amícorum".
CROISET: H istoíre de la Líterature Grecque, Paris, tomo V, pág. 498.
Ibídem, pág. 513.
República, libro 111, libro X.
Protágoras, 339a.
Poética, IX, 1451a, 36sgs.; 145lb, 3-9.
Ibidem, cap. 14, 1453b, 25.
Ibídem, cap. 1, 1447b, 14.

c.

-

6 -

�tóteles y, en general, las ideas tradicionales gnegas, muchas de las cuales Plutarco introdujo en sus obras.
EL ARTE POETICO EN Pl.. ATON
"Si llegara un hombre capaz de adoptar distintas formas e imitar" lo todo, y se presentara en nuestra ciudad para representar sus obras,
"nos arrodillaríamos ante él, como ante un ser sagrado, maravilloso y
"agradable; mas le diríamos que no existe nadie entre nosotros símil
"a él y que él no debe existir; y lo enviaríamos a otra ciudad, después
"de haber vertido perfumes sobre su cabeza y haberle coronado de
"guirnaldas. Para nosotros es necesario un poeta y un narrador más
"austero y menos agradable, pero útil a nuestro plan, que imite sólo
"el tono del hombre honrado, y conforme sus palabras a las formas
"que hemos establecido desde el principio, al trazar un plan de edu" cación para nuestros guerreros. &lt;10&gt;".
"Por causa de estos pasajes y de otros parecidos, pediremos a Ho" mero y a otros poetas que no tomen a mal que los borremos, no por" que faltan de poesía y no acarician el oído de la muchedumbre, sino
"porque más son poéticos, menm convienen a los oídos de nií'íos y
"hombres destinados a ser libres y a temer la esclavitud más que la
"n1uerte &lt;11 &gt;".
Con estas palabras resueltas y severas, Platón elimina a los poetas de su República ideal, sacrificando así en una dolorosa resolución
el arte que él más amaba, "como los amantes que, al reconocer los
"efectos dañinos de su pasión, se desprenden de ella aunque sea con
"profundo dolor (1:!)".
lVIucho se ha escrito sobre esta posición de Platón. Nosotros nos
limitaremos a fijar los puntos esenciales a través de los cuales Platón
logró tan incongruente resolución; y, entre ellos, subrayaremos especialmente aquellos que sirvieron de guía a Plutarco en la redacción
de sus obras estéticas y en sus juicios literarios.
Los cargos que Platón hJce a la poesía pueden reducirse a tres pa 1 •
La falta de verdad de la poesía.
Ya en ((¡ on"} Platón hablaba de la inspiracwn del poeta como de
una "embriaguez y demencia divina", y subrayaba que el poeta transmite el mensaje sobrenatural de las l\Iusas, sin saber exactamente Jo que
dice &lt;14 &gt;. lVIás tarde en ((Las leyes" reiteraba esta afirmación escribien1)

10)
ll)
12)
13)

14)

República, III, 398a-h.
Ibidem, 111, 387b.
Ibídem, X, 607e.
En esta división de los cargos platónicos contra la poesía seguimos a A.
RosTAGNI: Aristotele e l' aristoteli~mo nella storia deU' estetica antica. Origini,
significato e svolgimento della Poetica, in "Studi italiani di filología classica"
Vol. II, fase. l, pág. 7sgs.
"Ion", 533d-534e. Véanse también: "Fedro", 245a: "Hay una tercera clase
de delirio y de posesión que es la inspirada por las Musas; cuando se apodera de un a~ma inocente y virgen aún, la transporta y le inspira oda~ y
PLATÓN,

7

�do: "Cuando el poeta se acomoda sobre el trípode ele la 1\Iusa, no es
"dueño de su espíritu, sino que, como una fuente, deja manar libre" mente lo que fluye; y, puesto que su arte es una imitación, cuando
"los personajes que él crea tienen sentimientos contrarios, se cncuen" tra en la necesidad de contradecirse a .menudo; e ignora ele qué par" te, en lo que ellos dicen, estú la Yerclad (l:íJ".
Esta actitud de Platón acerca de la inspiración, no era por cierto
nueva entre los pensadores griegos. Ya Hornero había reconocido que
el aedo es inspirado por un dios (Hil; y Demócrito había escrito que
quien sea incapaz de locura será incapaz ele poesía (17J.
Sin embargo, al admitir esta iuspiración frenética e irracional,
Platón concedía a los poetas un lugar privilegiado y casi sagrado dentro de la comunidad humaua, aunque sentaba un antecedente destinado a tener, como natural consecuencia, la afirmación de la falsedad
de la poesía, como algo que se crea en e)taclo de éxta:,is, cuando el
ser humano se encuentra fuera de todo control (15 J.
También el concepto de falsedad ele la poesía era tradicional entre los griegos. Los mismos poetas eran conscientes ele ésto y lo admitían en sus poemas.
Hesíodo en el proemio de su "Teogonía" hace decir a las Musas
que ellas saben contar muchas cosas falsas con todas las características
de la realidad; pero que, cuando quieren, saben también proclamar la
verdad. Solón, en sus escritos, admitió la irracionalidad y la falsedad
de la poesía &lt;10 l, y Pindaro, en varias de sus obras su ln a yó el mismo
concepto: "Aunque no verdadero, lo que el arte levantó sobre sus
otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas ce·
lebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene
de las Musas, o que crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará
muy distante de la perfección; y la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino". Y "Menón", 99c: "jus·
tamente 1lamaríamos divinos a los que ahora llamamos áugures y a todos

los poetas".
15)
16)

719c.

"Odisea", VIII, 499,Demódoco empieza a cantar "impulsado por un dios";

XXII, 347, Femio dice: "un dios me inspiró en la mente canciones de toda especie".
17) CICERÓN, De divinatione, I, 80: "negat enim sine furo re Democritus quemquam poetam mHgnum esse posse, quod ídem dicit Plato"; y "de orat.", Il,
46, 194: "Saepe enim audivi poetam bonum neminem --id quod a Democrito et Platone in scriptis relictum esse dicunt- sine inflammatione animorum existere poSS(! et sine quodam adflatu quasi furoris".
DE.MÓCRITO in DIELS, Fragmeute der Vorsokratiker, fr. 18: "Todo lo que
un poeta escribe con entusiasmo y bajo inspiración divina es especialmente belJ.o".
18) "Ion", 53-1b: "el poeta es un ser alado, ligero, sagrado, incapaz de producir
" mientras el entusiasmo no lo arrastre y le haga salir de sí mismo"; y
"Apología", 22b, e: "los poetas son guiados no por su saber, sino por cierto
"movimiento natural, por un entusiasmo parecido a1 de los adivinadores
"y de los profetas, que también suelen deeir cosas muy beUas, sin tener
"noción de lo que dicen".
19) SoLÓN, frag. 29 Bergk; PLuTARCO, Vida de Solón, cap. 29.

-

8 -

�"plumas, te parece solemne. La poesía con sus falsos relatos rapta a
"los espíritus &lt;~o&gt;.
Pero la inspiración frenética e irracional del poeta no es la sola
causa de la falsedad de la poesía. La razón principal ele tal falsedad
está indicada detalladamente por Platón en el libro X de su {(República" cuando, al tratar nuevamente de la poesía como "imitación",
demuestra que aquella imitación queda "tres grados lejos ele la ver" dad". En efecto el artista imita un objeto, por ejemplo una "cama"
que ha construído un artesano, el cual a su vez ha imitado la idea de
"cama" creada por Dios. El poeta, por lo tanto, no sólo imit::t y no
crea, según Pbtón, sino que tampoco imita la idoa esencial de ''cama'', mas sólo la imitación o apariencia que de esur idea In hecho
anteriormente un artesano. Es entonces un imitador en tercer gTaclo,
y su obra está tres grados lejos de la verdad. "Así ento,Jces, scr&lt;t ~j poe" ta trágico, puesto que es imitador, él estad naturalmente tres gr::l" dos lejos de la verdad, y así también todos los otros imit~tdores &lt;~ 1 J ".
Consecuencia de este razonamiento fué el concepto pbt&lt;':n!co d'~
Dios, verdadero y único artista, y de la obra de Dio': -como única
obra poética en el sentido m~is elevado del vocahJo '"-;: .::,:·~-;!;·'
"creación".
2) La poesía es inconveniente e inmoral porque atribuye &lt;l dioses y héroes los vicios y las pasiones de Jos hombr~'s, y porque proporciona felicidad a los malvados y desgracias a los buenos.
El estudio de los poemas homéricos y la introduccic'm si-,tcnütica de sus lecturas en público desde la época de Soú'm, habían creado ya, muchos aiíos antes que Pbtón, toda una crítica homérica en
la que filósofos como Heráclito y Jcnófanes habían cotH.lcuado a los
poemas por ser inmorales en sus descripciones antropomorfas de lo~
dioses, hasta que Heráclito llegó a pedir que fueran diminaclo) de Jos
festejos públicos. Diógencs Lacrcio cuenta de Pidgoras que: "habiendo
"descendido al Acles vió el alma de H·esíoclo atada a una columna ele
"bronce y rechinaba; y a la de Homero colgada de un árbol y cerca" da de culebras, por lo que había dicho de los dioses''(!!:!).
Estos severos juicios sobre Homero suscitaron una rcaccióu que
encontró su forma de combate en la interpretación alegórica de lo)
poemas homéricos (Feré~cide&lt;:&gt;, Anaxágoras).
Sin embargo Platón voJ vió a la se\ era posición de Hedclito y de
Jenófanes. Acusó a los poetos, y primero entre todos a Homero, por el
antropomorfismo de sus dioses y por la materialización de la religión
en fútiles accidentes; los condenó porque "representan en forma erróNemea, VII, 20-~3; véase también, 01. 1, 28·33.
Rep. X, 597e. También en "Crátilo", 422e, 424d, 432c, 43-ia, 4393~ Platón
sostiene la falsedad de 1a imitación, y su engaño respecto a los sentido~
y al pensamiento; y en "Timeo", 28a-b afirma: ''el arti~ta cumple algo bello
sólo si sigue un ejemplar .:terno; no bel1o, por el contrario, si el ejem·
plar es caduco".
22) VIII, 13. Trad. José Ortiz y Sanz Queda.

20)
21)

-

9 -

�nea a los dioses y a los héroes" &lt;23 ); intentó indicarles el camino, subrayando que "el segundo principio que debe guiar los discursos ordi" narios y las composiciones poéticas relativas a los dioses y a los hé" roes, es que ellos 110 son hechiceros que cambian de formas y que
"110 nos arrastran con mentiras a hablar o a actuar" (24); y por fin
les pidió que no representaran a los dioses y a los héroes gimiendo y
quejándose, actitudes conformes a la naturaleza humana, pero ·no a la
heróica o divina; y que no pintaran a los héroes como intemperantes
y ávidos &lt;2 5).
Por lo que se refiere a la segunda parte de ese cargo que Platón
hace a los poetas, eso es: "porque en sus poemas pintan infeliz la vida
de los buenos y feliz la ele los malvados", también aquí la posición
platónica es en cierto sentido tradicional.
Por un lado ella representa un eslabón en la lucha que los griegos sostuvieron contra la melancolía y quizá el pesimismo de su naturaleza, agravados por los acontecimientos históricos y la experiencia
humana en el siglo de la muerte de Sócrates y ele las guerras del Peloponeso; y también quizá un reflejo de la lucha para la conquista
de aquella temperancia ( cro&lt;;JpcucrÚv't]), que se veía minada por las palabras amargas de los poetas, y por el peso de la fatalidad que ellos
pintaban y que oprimía a todas las almas helénicas, desde Aquiles destinado a morir joven en aras de la gloria, a EJ.ipo que inevitablemente
mata a su padre y desposa a su madre, hasta Sócrates) destinado a morir como un criminal en obediencia de las leyes, para enseñar a la humanidad el camino de la verdadera virtud y del bien. Y por otro lado
representa seguramente un paso más hacia la afirmación e idealización
de la justicia divina, que intuída con anterioridad por otros filósofos y
poetas, es sentida por Platón en forma superior y nueva f 2 6l.

3) La poesía con sus representaciones y sus bellas palabras agita
las bajas pasiones que culminan en el placer y en el dolor.
Gorgias había escrito en su ''Encomio de Helena": "En las perso" nas que oyen la poesía se insinúan un escalofrío lleno de terror, una
"piedad llena de lágrimas y una añoranza que se acerca al dolor ...
"Los encantamientos que resultan inspirados por el arte de la palabra,
" acercan el placer, alejan el dolor" &lt;27 J. Este efecto de la poesía que
Aristóteles justificó y elevó más tarde con su doctrina de la catarsis,
fué decididamente condenado por Platón: "Igualmente acusaremos al
"poeta imitador que coloca en el alma de cada individuo un mal go23)
24)
25)
26)

27)

Rep., II, 377e.
lbidem, 383a.
lbidem, 386-92.
Véase Re p. III, 392a-c; II, 363-64; y 380b-c: "Pero si un poeta dijerra que
" Dios, que es bueno, es la causa de los males de alguien, debemos opo" nernos con todas nuestras fuerzas a que un ciudadano diga o escuche ta" les cosas en una ciudad que debe tener buenas leyes; ni viejos, ni jó" ven es deben prestarse a tales cuentos, ni en poesía ni en prosa"; y especialmente "Leyes", 660e.
Cap. 9.

- 10-

�" bierno, acariciando la parte de ella que no razona, y que no sabe dis" tinguir lo que es más grande de lo que es más pequeño, sino que
"considera las mismas cosas ora grandes ora pequeñas" (:.!Sl. Ya que:
"Por lo que se refiere al amor, a la cólera y a todas las ¡nsiones agrada" bies que no pueden separarse de todas nuestras acciones, la imitación
"poética ¿no obra acaso sobre nosotros con los mismos efectos? ella las
"riega y las alimenta, cuando sería necesario secarlas, les entrega el
"mando de nuestra alma, mientras deberían obedecer, para que poda" mos ser mejores y más felices, y no peores y miserables" (29).
Así Platón en este y en otros pasajes de sus obras siguió condenando a los poetas que con sus bellas expresiones sublevan en nosotros sentimientos y pasiones que deberían ser apaciguadas. En efecto debía parecer sumamente contraproducente a Platón y a almas como la suya
que, mientras la nueva educación intentaba reprimir por medio ele toda
una filosofía las expresiones del dolor y de las pasiones, los poetas siguieran mostrando en sus obras a hombres y a dioses quejándose y llorando; que, mientras se enseñaba al joven a frenar y controlar la ira,
Sófocles exaltara la ira de Ayante; que ,mientras se educaba a los hijos a no flaquear y a conservar su entereza, sin dejarse arrastrar por
deseos y pasiones, Eurípides presentara a Admeto que Hora por su vida
y acepta mudo el sacrificio de su mujer, y a Fedra, que, víctima de su
insana pasión, acusa y hace morir a Hipólito inocente. Platón seguramente notaba que los jóvenes, arrastrados por bellas palabras, volcaban
su compasión, su alma, sus mejores sentimientos en las desgracias narradas por los poetas, sin saber resistir luego a las propias. Por lo tanto,
él concluía: el placer que la poesía proporciona es un falso placer, dañino y perjudicial para las almas de los jóvenes y de los hombres.
A través de estas consideraciones que se encuentran especialmente,
como hemos visto, en la "República", pero que ya están preanunciadas
en toda su obra anterior, Platón enjuicia a la poesía por falsa, aduladora, inmoral, irrespetuosa de la religión, excitadora de bajas pasiones, y
la condena a ser expulsada de su República; ya que, como Benedetto
Croce explica y resume: según Platón "l'arte appartiene non gia alla
"regione alta e razionale dell'animo, ma alla sensuale" (primer cargo);
"non e rafforzamento, ma corruttela della mente (f.w~r¡ ~~~ otavoía~)"
(segundo cargo); "non puó servire se non al piacere sensuale,
"che turba e offusca" (tercer cargo) ; "e percio la mimetica, le poesie
"e i poeti debbono essere esdusi dalla perfetta Republica" &lt;30 l.
Esta expulsión, aunque dolorosa, es la lógica consecuencia de los
cargos antedichos; y también de aquella otra consideración platónica
según la cual la poesía no es un arte con fin a si misma, sino un instrumento que vale sólo en cuanto sirve al fin propuesto, es decir en cuanto puede ser un medio de conocimiento, un ejercicio para el alma que
se prepara al estudio de la filosofía &lt;31 l.
28)
29)
30)
31)

Rep., X, 605b-c.
lbident, 606d.
B. CaocE, Estética, Bari, 1946, pág. 173.

Este concepto fue luego desarrollado por los estoicos; encontraremos en

-

11-

�Con esta búsqueda del valor educativo ele la poesía, Platón estableció una igualdad entre juicio estético y juicio ético, afirmando como
única forma de conocimiento la intelectiva y cayendo en el error de:
"creciere che di qua dalla veritá intellettiva non sia altra forma di
"verita" &lt;3 2 &gt;.
Veremos en qué forma Plutarco aceptó estas ideas, cuáles rechazó
y cómo intentó poner de acuerdo Ja lectura de los poetas con los principios platónicos.

EL ARTE POETICO EN ARISTOTELES
1\fucho se ha estudiado y discutido sobre las ideas estéticas de Aristóteles. Algunos les han reconocido su importancia y su correspondiente lugar en la historia ele la cstétio. Otros, por el contrario, les han
quitado valor y las han relegado a un plano completamente inadecuado.
Otros por fin, interpretando frases y pensamientos aristotélicos con espíritu y entendimiento modernos las han colocado a la vanguardia de
las ideas estéticas de hoy, y han reconocido en Aristóteles el primero
que lu afirmado el conccptt&gt; de actividad creadora en la palabra "mímesis" &lt;33 &gt;. En verdad, su aporte a la estética no es tan precursor como
algunos han tratado de demostrar; su definición de "mímesis" está lejos del concepto de "actividad creadora" de la estética moderna, como
afirma claramente el filósofo italiano G. De Ruggiero al definir así la
posición aristotélica: "La concezione arislotelica dell'arte ha solo ques" to in comune con quella platónica, che fa consistere l'essenza dell'arte
"nella mimesi, cioc nell'imitazione. l\Ja mentre per Platone l'arte e de" gradata a imitazione del fenomeno sensibile, quindi a ombra d'un
"ombra, pcr Aristotcle ilwcce cssa assurgc a imitazione del realc nella
"su a universalitá" (34).
Ahora bien Aristóteles llegó a este concepto a través de una nuev:l
interpretación de la inspiración poética y ele la palabra "mímesis".
En efecto mientras Platón atribuía al poeta una inspiración irenética que lo arrastraba fuera de sus sentidos, Aristóteles tomó :rn camino
intermedio y afirmó que: "El arte de la poesía es propio ele los que se
"encuentran exallaclos "(¡J.o:VtY..oÍ) o de los ingeniosos (~uyuúc;); és" tos son aptos para imaginar (~ihJ,(Zcr't"ot), aquellos, propensos al éx" tasis poético " ( h.a-'tanx.oí)" (:3 3 ). Con ésto, como justamente nota E.

32)
33)

34)
35)

Plutarco la aplicación de "Protágoras", 339a: "me parece que el mejor medio
de instruirse consiste en estar versado en la lectura de los poetas, es decir,
entender tan perfectamente 1o que dicen bien y lo que dicen mal, dar razón
de ello y hacerlo sentir a todo el mundo".
B. CROCE, ob. cit., pág. 173.
MANARA V ALCIMIGLI, Poeti e filosofi di Grecia, Bari 3, 1951, "bttroduzi&lt;&gt;ne
alZa Poetica" pág. 183, afirma que según Aristóteles: "mimesi e una vera
e propria attivita creatrice dello spirito".
Gumo DE RucciERO, Storia della filosofía. La fil.osofia greca, vol. Il, pág. 98.
ARISTÓTELES, Poética, IX, 1451 b, 3-9.
ARIST. Poet., XVII, l455a, 32sgs. La traducción de los pasajes de la Poética
pertenece a E. ScHLESINGER: Aristóteles, Poética, Eme ce, Buenos Aires.

- 12-

�Sikes, Aristóteles quiso subrayar que: "la poe'lía c&gt;s producto ele h:Ibilio ele éxtasis'', y que "la ma11ía" no
" dad natural ( d&lt;¡;uia 1
"es un entusiasmo temporáneo sino una habilidad permanente y
" consciente" (36).
En lo que se refiere al concepto de "mímesis", Platón había dicho
que la poesía, por ser imitación del fenómeno sensible, está tres grados lejos de la verdad. Aristóteles declaró que la ''mímesis" poética no
es origen de falsedad, ya que es ideal reproducción de lo real, esto es
imitación de lo real en su universalidad.
En esta definición el filósofo procedió por etapas.
Primeramente reconoció la "mímesis" como elemento esencial ele
la poética, al escribir en su "Poética": "Parece que la poesía tiene su
"origen en dos causas y ambas naturales. En efecto, el imitar es conna" tural para los hombres desde la infancia (y en ésto difieren de los
"otros seres vivientes, pues el hombre es el ser más capaL de imitar y
"obtiene los primeros conocimientos por imitación) y la otra causa es
"el hecho de que todos gozan con la imitación" &lt;37),
Luego definió la tragedia como "una imitación de acción digna y
"completa, de amplitud adecuada, con lenguaje que deleita por su
"suavidad" &lt;38 &gt;.
Y por fin, en un pasaje en el cual críticos y filósofos reconocieron
y reconocen una genial intuición ele la posición estética moderna, Aristóteles declaró que: "no es obra ele poeta relatar hechos que sucedieron,
"sino lo que puede suceder, ésto es lo que es posible ,Jegún la vcrosimi" litud o la necesidad" &lt;3 !JJ; y que: "la poesía es más filosófica y elevada
"que la historia, pues la poesía refiere más bien lo universal, la histo" ria, en cambio, lo particular. Lo universal consiste en que, a determi" nado tipo de hombre corresponde decir u obrar determinada clase de
" cosas según lo verosímil o lo necesario" &lt;40 l.
l\Ianara Valgimigli en su entusiasta interpretación ele esta concepción aristotélica, concluye así acerca del alcance de la palabra "míme36)

37)

38)
39)
40)

E. SIKES, The greek view of poetry, London, 1931, pág. 96: "poetry is the
product of natura~ ability (elH(UÍa) or ecstasy, and the whole treatise really
rests on the former alternative. The ''manía" is no temporary enthusiasm, but
permanent and conscious ability".
ARIST., Poet., IV, 1448b, 4-9. Véase también "Retórica", 137lb: "Puesto que
aprender es agradable y admirar también, es preciso que sean agradables
co~as como lo imitativo; así la pintura. y estatuaria, y la poesía, y todo lo
que está bien imitado, aun cuando lo imitado no sea placentero, pues no
es el goce sobre ello mismo, sino que hay un razonamiento de que ésto
es aquello, de manera que resulta que se aprende algo. Y son agradables
l·as peripecias y el haberse salvado por poco de los peligros, pues todas estas cosas son admirables"; (traducción de A. TovAR, Madrid, 1953).
AnrsT., Poét., VI, 1449b, 24-25.
Ibídem, IX, 1451a, 36sgs.
Ibídem, IX, l451b, 3-9. ScHILLER en su ensayo sobre "lo pntético", así escribe, casi parafraseando a Ari~tótelcs: "La verdad poética no consiste en que
" una cosa u otra haya efectivamente acontecido, sino en el hecho de que
''haya podido acontecer, es decir que la cosa en sí misma sea posible. Así
" la fuerza estética debe necesariamente consistir, como primera cosa, en
"la idea de la posibilidad".

- 13-

�sis": "Dunque mimesi e intuizione e visione del permanente nel contin" gente, dell'immutabile nel mutabile, dell'eterno nel morituro, del" l'universale nel particolare; e rappresentazione di una realta piú pura
"e piu intima della realta fenomenica, e insomma la idealizzazione o
"la universalizzazione della realta" (41 l.
Y Benedetto Croce, aun reconociendo que a Aristóteles se remontan: "i tentativi dell'estetica verace, quale scienza della rappresenta" zione" &lt;42 l, y que su gran mérito fué el de poner al principio de la
poética el problema acerca ele la naturaleza del arte, lo restituye a su
intelectualismo diciendo que: "messosi cosl bene in via per scoprire il
"fantastico puro proprio clella poesía, resta a mezzo del cammino, incerto
" e perplesso" &lt;43 l.
Ahora bien, si Aristóteles afirmó que la poesía es "especialmente
"imitación de hechos" &lt;44 &gt;, y que "los sentimientos y caracteres entran
"en ella sólo en cuanto dependen del desarrollo de los hechos mismos,
"ya que los hombres en la acción explican sus cualidades morales" (45 &gt;,
resulta de ello como consecuencia que la imitación ele acción es imprescindible y primer elemento de poesía; y debe ser acompafíacla por
la imitación de pasiones y caracteres: "La fábula es el principio y co" mo el alma de la tragedia; en segundo lugar, se encuentran los ca" racteres" &lt;46 &gt;.
:Mas, si la poesía es imitación de acción, y la fábula (¡Lu-.9-o~) principio y alma de la tragedia, elemento indispensable de poesía es el mito como acción, como trama ,pero unido a la forma adecuada. En efecto, Aristóteles, aun reconociendo toda su importancia al mito-argumento, no descuidó la forma con la cual ese mito debe presentarse, afirmó
que el poeta debe '\:Ó 'itOte:ív" "crear bien" y "y.o:),¿;)~ XP~cr.So:t" "bellamente usar" el mito que tiene a su disposición &lt;·17 l; y reconoció que el
argumento, el ¡J.u-.9-o~, puede ser malo, pero la imitación bella en si
misma, capaz de producir deleite "~oovf¡" ya que "las cosas que vemos
"en el original con desagrado, nos causan gozo cuando las miramos en
" las imágenes más fieles posibles, como sucede, por ejemplo, con las
"figuras ele los animales muertos" &lt;4 8&gt;.
Llegamos así a otro punto esencial de la posición estética ele Aristóteles. La tradición griega había sentido profundamente d deleite
"~oovf¡"' ele la poesía, y Platón había condenado el arte que amaba
por producir deleite dañino a las almas de los jóvenes. Aristóteles también sintió y reconoció que el deleite, el goce, el placer es algo íntimamente ligado con la poesía y propio de ella. Pero, según su concepto,
41)
42)
43)
44)
45)
46)
47)
48)

M. VALGIMIGLI, Ob. cit., pág. 180.
B. CROCE, Ob. cit., pág. 184.
lbidem, pág. 185.
ARIST., Poét., IV, 1449b, 24-25.
Ibídem, VI, 1450a, 17-22.
Ibidem, VI, 1450a, 38-39.
Ibídem, XIV, 1453b, 25. En lo que se refiere a la forma hay que record?r que Aristóteles sugiere que la métrica es un puro accidente de la
poesía y no parte esencial de ella (1. 1447b, 14; IX, 1451h, 27-29).
ARIST., Poét., IV, 1448b, 9-12.

14 -

�tal deleite no es dafíino, sino "a~)..~~-1¡~" inocente, purificativo y redentor, y por lo tanto moral &lt;49 l. "Questo era il punto, questo il nodo
"della questione: sollevare il piacere, di cui l'arte evidentemente si
"sostanzia, dalle basse regioni della sensualita e dimostrare com'essa
"non si risolva in una corruttela, ma in un bene clello spirito" (50l; aun
si: "anche per Aristotele il piacere artístico si presenta sotto specie un
"po' varíe e confuse. In parte esso e sentimento gradevole di armonía e:
"di ritmo. In parte e soddisfazione dell'istinto mimetico: e in questo
" caso, e pure confuso col pi acere el ella conoscen1a in tcllettuale, giac" che e fatto dipendere da un ragionamento, ossia da una specie di
"silloggizzare sulla somiglianza dell'imitazione con l'oggetto imitato.
" Ma venendo al concreto della trattazione, il concetto percle ogni ne" bulosita e si solidifica in un contenuto passionale" &lt;51 l.
Sin embargo podemos afirmar junto con .J. Atkins, que Aristóteles "no expresa una verdadera teoría edonística en las páginas ele su
"{(Poética", ya que él mismo busca en la poesía algo m{ts que el placer.
"Aristóteles estima que para un público normal y sano, el placcr esté" tico es posible solamente en cuanto también queden satisfeclus las
"pretensiones morales; así él mira a un efecto moral como fin inevi" table con el ejercicio del arte del poeta" &lt;5 :!&gt;. En efecto, cuando Aristóteles hablaba del "placer que el temor y la cowmiseración suscitan" (53), estaba ya en el campo ético. Ya que, según él, para susci Lar la
conmiseración y el temor no hay que llevar a escenas homLres buenos
A. REYES, La crítica de la edad ateniense, México, 1941, pág. 261, dice: "El
"intelectualista Aristóteles reconoce en la "Etica", que la buena imitación es
'' un placer relacionado con los actos de la inteligencia".
s:) A. ROSTAGNI, Ob. cit., pag. 39.
51) Ibidem, pág. 38. ARIST., Poét., VI, 1450a, 39-1450b, 1-2: "Parecido es el caso
'' de la pintura, pues si alguien pintara con los más bellos colores confusa" mente, no agradaría de igual modo que el que con el solo dibujo y sin
" color logra una imagen clara".
IX, 145lb, 23: "En algunas tragedias no hay ni un nombre conocido, como
" sucede en el Anteo de Agatón, donde son fingidos el argumento y los nom·
" bres; pero no por ello deleita menos".
XIV, 1453b, 10-12: ''No debe procurarse alcanzar con la tragedia cualquier
" especie de del.eite, sino solamente aquél que le es propio, y puesto que el
" poeta debe procurar el placer que suscitan el temor y la conmiseración
"por medio de la imitación ( 't'.f¡v ~r.o e),éou x.xl 9Ó~ou
!J.q.Lf¡crew~
" ~oov~v), es evidente que ésto debe lograrse en las acciones".
XXII, 1459a, 21: ''De tal manera que la imitación narrativa tenga princi:: pio, medio y fin, para ~u.~ sea un todo, como un ser vivo, y produzca
el placer que le es propw .
52) J. W. H. ATKINS, Literary criticism in Antiquity, London, Vol. I, pág. 80-81:
"In the Poetics, it is true, this hedonistic theory is nowhere explicitly stated ...
"At the same time, something more than pleasure is also aimed at. Aristotle
"holds that, for a normal and healthy public, the proper aesthetic pleasure is
'' possible only when the requirements of morality are sati~fied; and so
" a certain moral effect he regards as inevitahly bound up with the exercise
"of the poet's oart".
53) Platón por el contrario ha hía condenado el arte de suscitar la pie~ad. Véase
Apol., 35b-38d; Leyes, 949b; Fedro, 267b-c.

49)

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- 15-

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msp1ra
"tJ.:?:,óv" repugnanda, ni hombres malos en goce ele feliciclacl, porque e~t¿ 118 créa 'en el
espectador ningún sentimiento ele piedad y ju&lt;:ticia, es decir no produce aquella
'"ytJ,?:'I '~PC•)7:f?:"
"philanthropia", que n;H'c ele la
"o-:.J¡Li.á·J st?:" "spnp&lt;itheia" (54)
Por lo tanto la poesía no encierra en si argumentos injusto". como
por el contrario afirmaba Platón, y por consiguicute no c.:; cbiíina; y
cuando crea en el espectador piedad y temor. a través ele la "sympáthcia", no suscita las malas pasiones, sino que las modera y purifica.
Así había llegado Aristóteles, con el uso ele la Falab1a ' ·i'.J:·S:fpcrt~"
"catharsis" al concepto de una función purificadora del arte, "barlum~
"clcll'idea moderna della vírtú libera trice dcll'arte'' &lt;:;-. '.
El. ARTE POETICO Y L4. CRITICA LITERARIA EN PLUTARCO
"Ni el metro, ni el cambio de palabras, ni la majestad del estilo,
"ni una oportuna metáfora, ni el orden en la composición, tienc:n tant8
"atractivo y gracia, como una hábil disposición de la narración mítica.
"Ya que, como en las pinturas emocion:-~. más el color que el dibujo,
" porque imita las figlll as y crea el cngaiio, asi en las poesías la ficción
"combinada con lo verosímil asombra mayormente y es más aprecia" da que una obra elaborada con mdro y clicción pno falta ele mito
"e ilusión." &lt;56 l
Con estas palabras Plut:uco expresaba su pensamiento acerca de
la naturaleza de la poesía, ligánclo~e por medio de ellas a toda la tradición griega, ya clásica como helenística.
En efecto en ellas se vuelven a encontrar algunos de los principios de la "poética" aristotélica: el metro no es imprescindible p:na
crear una obra poética; las met:tforas, el cambio de palabras, la majestuosidad, tampoco; pero es imprescindible el argumento, el '·fJ-0·9-o~"
y no simple y sin gracia, sino hábilmente dispuesto y compueo.,to co11
verosimilitud (57) •
Sin embargo, aunque estas ideas ele Plutarco se unan con tanta
exactitud a aquellas expresadas por Aristóteles en su "Poetira", no hay
que olvidar que, en los cinco siglos que transcurrieron desde Aristóteles a Plutarco, toda la cultura helénica siguió evolucionando, aun con
cierta decadencia. Y, si es verdad que en estos siglos no se encuentran
grandes figuras de poetas, ele trágicos, ele historiadores, de oradores y
filósofos comparables con los de la época clásica, sin embargo hubo
filólogos que estudiaron profundamente a todos los escritmes clásicos,
cuidaron nuevas y buenas ediciones de Homero y de Hesiodo, ele los
poetas líricos y de los trágicos, comentándolos clf'lcnida y escrupulosamente. Pero esta crítica fué casi exclusivamente de carácter filológico;
5t)
55)
56)
57)

"comunión ue sentimiento, caridad humana··. ARIST., Poét., XIII, 1452b, 34;
X\, l453a., 6.
B. CROCE, Ob. cit., pág. 175; ARIST., Poét., cap. 14.
PLUTARCO, Quomodo adolescens poetas audire debeat, 16b, c.
\' éase pág. H.

- 16-

�muy raramente fueron tratadas cuestiones estéticas, y la crítica estética
de las obras literarias casi no fué practicada por estos eruditos, que sólo escribieron grandes obras con minuciosos detalles de colocación de
palabras, etimologías pueriles, interpretaciones míticas y alegóricas de
los distintos poemas, partiendo de premisas y prejuicios que limitaban
a veces sus mismas posibilidades intelectivas y artísticas.
El estudio de las ideas estéticas de Platón y Aristóteles siguió
ocupando a los filósofos; y se conservó el dualismo por el cual los estóicos seguían afirmando que la poesía debe ser una enseñaDLa de tipo
práctico y moral &lt; 5 ~:&gt;J, mientras Eratóstenes y otros, rechaLando por completo tal concepto, sostenían que el único fin de la poesía es el placer.
En realidad Eratóstenes, en los pocos fragmentos conservados por autores griegos posteriores, revela sutil percepción artística, ya en su crítica homérica como en su posición acerca de la naturale~a de la poesía.
Reconoció el sumo valor del elemento mitológico, y sintió profundamente el transporte ( lfuxa¡w¡b l que emana de la poesía, y que debe
ser su único fin, sin que el poeta mire a la enseii.anza; ya que la poesía debe proporcionar un placer que procede del encanto ele las palabras, las cuales con1aucvcn la mente y emocionan el alma t:&gt;~lJ.
Siempre acerca del fin de la poesía, siglos más tarde, los peripatéücos llegaron a un compromiso, afirmando que el poeta debe enseñar
sin dejar de deleitar, como se lee claramente en Neoptólemo de Paro (GoJ. Estas distintas tendencias se concretaron mayunnente en el
I s. a. C. en las dos escuelas de Apolodoro de Pergamo y de Teodoro de
Gadara. 1\polodo10, siguiendo la C:-o( u2la akjandriiu y llcv~lmlo a su
extrema consecuencia el racionalismo del sistema aristotélico, colocaba
en ínfimo plano al elemento patético, mientras atribuía máxima impor58)

59)

60)

J. W. H. ATKI'iS, Ob. cit., Yol. I, pág. 176: "On the one hand were the
•• Stoics who exaggerated the function of utility, and who sought in poetry
"merely teaching of a practica! or normal kind, ·.:ts if its a.im were only that
" of presenting abstract or hidden truths".
EsTRABÓN, I, 2-3: ''Erastótenes dic·e que todo poeta mira al transporte y no
" a la enseñanza. Por e1 contrario los antiguos dicen que en principio la "poé·
"tica" era una filosofía, que nos guía hacia la vida desde niños, y que
" nos enseñ·.1 costumbres, pasiones y acciones por medio del placer. . . Por
" ésto las ciudades de los griegos, como primera cosa, educan a los niños
'' por medio de la poética, sin duda no en gracia del simple transporte, si·
"no de la enseñanza".
NEOPTOLEMO apud Philod., De poem. ,, col. 13, 1, 8sgs.: "'í.p0~ apE~~,, a~t
•· "'~;} -rs),dc;) í.Wf¡'&gt;f¡, ¡.¡.~-ra -r~~ ~~uzo:¡w¡ia~, -:oG '&gt;o~:; 0:Y,':J6o·,,o::; wq¡c"Aúv
" Y.o:( xpr¡crt¡.¡.o),o~(ctV"· '·para ·alcanzar la perfección el poeta perfecto debe,
" junto con el transporte, ser útil a los que escuchan y hablar de cosas
"buenas". (citado de: A. RosTAONI. Arte poetica di Orazio, Ed. Chianto·
re, pág. 96, nota).
Además NEOPTOLEMO siguiendo la posición intermedia de Aristóteles dice
que el poeta debe poseer 1-a ''naturaleza" y el "arte". NEOPT., apud Philod.,
De Poem., l. V, col. 7, l. 8sgs.
~e ¡.¡.c~a ~oG d 7C"O(ctV xae '&gt;OG í.( áiJ.o:;~
-ro) Ü a¡ar9oG í.O(I¡~o0", rol. ll, l. 5. 8 "'&gt;~1'1 &gt;1¡'1 ,fxv~v i'.:Ú t"~V oÚvo:p.t'l
:zov-ra 't'~V 7C"0('1j&gt;tY.~v". "el bcen poeta debe poseer, al mismo tiempo, e1
''crear bien (arte) y el pathos (naturaleza)"; "poeta es el que tiene arte
" y fuerza poética". (A. RosTAGNI, Ob. cit., pag. ll8, noia).

"aú

-

17-

�tancia al elemento pragmático. Teodoro, por el contrario, remontándose a la magnífica intuición platónica de la inspiración y de "pathos"
propio ele la poesía, atribuía un gran valor al pathos, el cual debe trascender y desbordar como esencial energía vivificadora (61).
Un reflejo ele estas discusiones se encuentra en los fragmentos del
"r.cpt -rrotr¡f.J.á'tú)V" de FILODEMO DE GADARA) a través ele los cuales se puede percibir que algunos espíritus electos ya se habían acercado a una
posición estética más elevada. En efecto, en estos fragmentos se niegan
los fines utilitarios de la poesía y el concepto que la poesía es útil sólo
en cuanto es imitación de lo real; se afirma por el contrario que cualquier cosa puede ser verdad en poesía, incluidos los temas más fabulosos
y falsos, como los de monstruos y espíritus, con tal que sean artísticamente representados, insistiendo con más claridad sobre la teoría aristotélica de la verosimilitud &lt;62 &gt;. Además se ataca la división hecha por
Neoptolemo de Paro de los tres términos : r.oí·r¡cre~, r.oÍr¡¡J.a, 'iCOt't)'t~~
(argumento, técnica, arte) considerando la poesía como un todo, e insistiendo que el tratamiento de una parte u otra por separado es "corruptor y no científico" &lt;6 3l. Y por fin, entre las do&lt;; corrientes que sostenían una la supremacía del contenido, otra la de la forma, sostuvo la
inseparabilidad de forma y contenido, porque el contenido se concreta y se determina sólo con la forma: "Si en la expresión, él dice, se
quiere conseguir cierto efecto, no es posible conseguirlo, sin cierto
"contenido; más aun, el modo de ser ele la forma depende del modo
"de ser del contenido" (64).
Por fin no debemos olvidar que en el mismo siglo de Plutarco vivieron Dionisio de Halicarnaso, y el autor de "Lo sublime".
En lo que se refiere a Dionisio de Halicarnaso, su posición casi
tradicional presenta cierto interés por atribuir al estilo una importancia que hasta el momento no le había sido reconocida &lt;65 &gt;. El lleva a
su extrema consecuencia la afirmación aristotélica, según la cual, para
crear una obra de arte el argumento debe ser tratado en forma adecuada, e insiste sobre la necesidad de que el autor, en la colocación de las
61)

62)

63)
64)
65)

ANONYMUS SEcUERIANUS, 30-39. (citado en A. RosTAGNI: Sublime, pág. XV;
RHETORES GaAECI, I, pág. 352 sgs.).
ATKINS, Ob. dt., vol. II, pág. 55: "I.n the first place he denies outright
" the utilitarian end of poetry, and the contention that poetry was profitable
"in that it dealt with reaJ.ity. He allows that Homer htad dealt with reality;
" but then that poet had not written with specifically an educational end in
'' view; and moreover it was not true to say that every representation of
" reality was of ~m elevating kind".
lbidem, pág. 56. Véase también A. RosTAGNI: Filodemo contro l' estetica
classica en Scritti minori Aesthetica 1, pág. 394444.
A. RosTAGNI, Risonanze dell'estetica di Filodemo in Cicerone, en "Atene
e Roma" 1922, fase. 1, pág. 29.
SAINTSBURY, A history of criticism, vol. I, pág. 131: "A very strikin pas~:~age,
~· and the oldest of its kind, occurs at p .133, R, in which Dionysius dedares
" his own conviction that the style is noblest of all which has greatiest va·
'' riety. most frequent cha.nges of harmony, most transitions from periodic
" to extra-periodic arrangement, most alternation of short and long dauses,
" rapid 'and slow movements, and greatest shift of rhytmical valuation".

- 18-

�palabras, mire a los efectos del placer y de la belleza. Pero, en esta
búsqueda de las mejores palabras y ele su más adecuada colocación, los
elementos que Dionisio encuentra imprescindibles son la pureza, la claridad, la brevedad, que en conjunto llegan a crear un estilo no demasiado rico de elementos rítmicos, y que mantienen la ·poesía en un justo
medio sin destemplados movimientos de pasiones. En breve, lo que él
combate con su serena y moderada interpretación poética es la verdadera sublimidad; y aún cuando elogia a Safo por su oda a Afrodita,
subraya sólo la naturalidad no elaborada, la ~ufonía y la gracia de su
lengua; y recuerda a Píndaro por el vigor, la dignidad y la austeridad
del estilo.
Con muy distintos conceptos el anónimo autor del "1t~pt [hJ;ou;
elogia a Safo por su oda "y~Ív~•~f !J.Ot"
(Bcrgl-.. 2) &lt;66 l. Pero, este autor anónimo es, entre todos, el que revela la mejor sensibilidad artística.
En realidad, muchas son las interpretaciones y las obsc:rvaciones de fin:t
intuición y sensibilidad que se encuentran en la obra de este anónimo.
El ejemplo de la interpretación de la oda ele Safo habla por si mismo.
Con él; el binomio poesía-ética, en su sentido tradicional, quedó
destruído, para resurgir, sin embargo, m&lt;í.s vivo y actual en una posición nueva, al admitir que una poesía es moral por el hecho mismo de
ser artísticamente sublime, y no por haberse propuesto el poeta un fin
moral &lt;67 ).
También quedó destruído en su obra el concepto tradicional de
la poesía imitación de la realidad exterior, aun sea ella verosímil y uni66)

67)

"De lo sublime", cap. X: "¿No te quedas extrañado viendo cómo ella. va
'' buscando de una sola vez el alma, el cuerpo, los oídos, la lengua, los
"ojos, la piel, todos los miembros, como si no fueran suyos y estuvieran dis·
" persa dos? y por contraste, esta helada y a.l mismo tiempo quema, está
" fuera de razón y razona (en efecto teme morir o realmente está por m o·
" rir) en forma tal que no una sola pasión parece morar en ella, sino un
" conjunto de pasiones? Pues bien, todo eso se encuentra. en los amantes;
'' sin emhargo, la elección, como decía, de los puntos sobresalientes y su
" concentración hacia un mismo fin han producido la obra maestra".
Ibidem, cap. IX. 2: '"Gt}-o~ !J.~y~i,oq¡pocrúv·r,~ a;r~Xr¡¡.La", "lo sublime es la
" resonancia de un alma grande".
lbidem, IX, 3: "Ni tampoco es posible que hombres ocupados durante toda
" su vida en pensamientos y preocupaciones pequeñas y serviles, creen algo
" maravilloso y digno de la eternidad. Pues grandes son las palabras de
''aquellos de los cuales fueron profundos los pensamientos".
Muy cerca de este concepto está la estética moderna. B. CROCE, Poesia, Bari,
1953, pág. 31, postiUe pág. 228, escribe: "A questa proposizione che la m o·
"ralita e sempre nella poesia perche e nell'universo, sono da ricondurre per
"invera.rle le al-tre della varia "kalokagathia", che unificano il bello e il buo·
'' no, o nel fondo di ogni bellezza ritrovano un'•anima di bontá, o affermano
" che la bellezza e simbo lo della mora1itá (KA "'T) ". y en pág. 200: "Fonda" mento di ogni poesia e la personalita umana, e, poiche la personalitá urna·
"na si compie nella moralitá, fondamento di ogni poesía e la coscienza
" morale. Ben inteso, con questo non si vuol dire che l'lartista debha essere
" pensatore profondo e critico acuto, e neppure che debba essere nomo
' moralmente esemplare o ero e; ma egli deve avere quella partecipazione
" al mondo del pemiero e deUa azione che gli faccia vivere, o per propria
"esperienza diretta o per simpatía con l'a.ltrui, il pieno dramma umano".

- 19-

�versal, como había afirmado Aristóteles, pero siempre realidad. Para este
anónimo precursor la poesía es siempre y especialmente un producto de
la pasión, que procede de la parte irracional del alma (Platón) ; pno
no nace de la imitación de la realidad exterior, sino ele la fantasía. Y,
según él, "se llama "fantasía" todo lo que produce en cierta forma un
"pensamiento engendrador de palabra" (estóicos); "sin embargo aho" ra este nombre indica las expresiones por las cuales, lo que estás di" ciendo, por efecto de entusiasmo y ele pasión te parece verlo, y lo
"colocas bajo la vista de los que te escuchan" (G!)l, "y tu sabes que el
"fin de la fantasía en la poesía es la sorpresa, mientras en la oratoria
"es la evidencia, y que sin embargo ya una como otra, tienden a lo
"patético y a lo excitado" (G9).
Comenta Rostagni: así la fantasía, la visión "si stende a tutte le
"espressioni perche tutte le espressioni sono generate dalle interne vi" sioni della mente" (70).
En conclusión, según él, un poeta es grande, no por su técnica, sino
por su imaginación, su sensibilidad, su posibilidad de transmitit lo que
siente e imagina. Y esto es ya un concepto moderno del poeta.
De su posición dentro ele la tradición estética griego-helenísticoalejandrina Sikes escribe muy acertadamente: "Une y reconcilia las di" vergencias de Platón y Aristóteles. Entiende con Platón que la poesía
"es inspirada, pero, contra Platón no teme ni destruye la inspiración.
"Entiende con Aristóteles que la poesía trabaja por medio de las emo" ciones; pero, si su proceso es catártico, la purga es más alta, más es" peculativa de cuanto aparece sugerido en la "Poética"" &lt;71 &gt;.
Sin embargo, el anónimo autor de esta obra única en la antigüedad no tuvo discípulos; no sólo sus teorías no fueron apreciadas, ni difundidas, sino que el tiempo, que nos ha dejado el nombre de filólogos
y gramáticos de ninguna importancia, ha destruído el nombre del único
gran crítico y gran esteta de la época helenística. &lt;7 :!1
Plutarco que probablemente fué su contemporáneo, no muestra haber tenido conocimiento de la obra "Sobre lo sublime", ni de los conceptos en ella vertidos. Quizás, el contraste ele sus ideas estéticas los haya mantenido lejos uno de otro; en efecto, para uno la poesía era
"fantasía" y deleite de lo sublime, para el otro un medio ele educación.
68)
69)
70)
71)

72)

"De lo sublime", XV, l.
lbidem, XV, 2.
RosTAGNI: Del sublime, pág. XXIII.
SIKES, Ob. cit., pág. 237: "The treatise "On the Sublime", complete the
" critica1 arhievement of Greece, by uniting and reconciling the divergenciéS
" of Plato and Aristotle. Longinus understands, with Pl-ato, that poetry is
'' inspired; l 'ut, unlike Plato, he neither fears nor distruts inspiration. He
" understands, with Aristotle that poetry works through the emotions; hut if
" its process is carthatic ( and he nowhere mentions the Aristotelian theory)
'' the purgation is higher, more stimulative, tham the "Poetics" appears
'' to suggest".
P·arec·e muy probable que, entre los escritores latinos, QuiNTILIANO l1aya
conocido bien su obra y se haya inspirado de el·:a para muchos pasajes de
sus 'Instituciones oratorias".

- 20-

�Plutarco ha pasado a la historia y sigue siendo recordado y leído es_pecialmente como moralista, es decir como él que en una época de lujo
y corrupción de costumbres, no sólo supo conservar su integridad moral y la ele sus familiares, sino que sintió que era deber imprescindible
de su vida, y fin mismo ele su existencia, dirigir a su prójimo hacia el
bien y la moral (7:\J. Quizá, por la pureza ele sus costumbres. por la
moralidad de sus escritos y por la nobleza de sus sentimientos religiosos
se llegó a pensar que Plutarco haya abrazado el cristianismo; y hubo
quien quiw identificarlo en el Plutarco m&lt;irtir, del cual escribe EUSEBIO
en su ({Historia eclesiástica".
Sin llegar a ésto, se puede sin embargo admitir que no sean extrañas en sus obras y en sus actitudes influencias de las nuevas ideas religiosas y de la nueva moral que, saliendo ele oriente, había encontrado
en el griego la lengua más adecuada para su difusión.
Cierto es que, en cualquiera ele sus obras, se puede encontrar una
que otra frase que nos revela al moralista o el fin moral que el autor
persigue. ;\sí sus ((Vidas", 111agi1íficos rt1aclros Lle ai11biei1te, il1~is qtle relatos históricos, más que biografías, son tratados de moral; ya sea que
él presente y elogie al perfecto hombre de estado Pericles, COJl!.O que
critique al soberbio y traidor Alcibíades, o hable con respecto y admiración del perfecto orador Demóstenes. Y a nnyor ra1ón, son verdaderos tratados de moral sus otras obras reunidas bajo el título de
({M aralia".
De su manera de enfrentar los problemas ha escrito Greard: ''11 ne
"discute pas sur les passions, il avise aux moyens de les corriger. I 1 ne
"traite pas de la colere ou de l'envic, de l'amitié ou de la haine, du
" patriotisme ou de la religion, mais de la maniere de se préserver de
"la colere et d'echapper a l'envie, des moyens de distinguer la flatteur
"de l'ami et de l'utilité qu'on peut tin.:r des ennemis, des services que
"le veillard peut rcndre a I'État &lt;.:t du culte qu'on doit aux
"Dieux" &lt;74 J.
Si ésta es la naturaleza misma de Plutarco, si éste su genio, es evidente que también su posición estético-crítica debe estar basada en el
concepto ético, ésto es, el fin moral de la obra de arte. En efecto i\I. Valgimigli coloca a Plutarco en la corriente que él llama "edonístico-peclagógica", es decir en aquella que: "ritiene, pur ammettendo che i poeti
·· dicono piú spesso menzogne che vcritá, che tali men1ognc contengono
"esse medesime veritá, la quale benignamente interprctata, per lo stesso
73)

74)

V éa~e: "Preceptos políticos", cap. 31, 823 a, b, donde PLUTARCO afirma que
es deber de cada uno "tener la propia cas.a abierta. como un puerto o un
"refugio, para todos los que nece~itan amparo; mostrar siempre el propio
" sentido de humanidad y de caridad; no herir a nadie c.on manife~taciones
'' de excesivo lujo; iluminar gratuitamente con los propios consejos; tratar
" de reconciliar a los esposos y a los amigos; guiar el entu~iasmo de la
'' juventud, abrirle el camino, tenderle la mano; en una palabra trabajar
" para el bien común, eso es el deber que cada ciudadano, investido o no
"de un cargo púb1ico, debl~ cumplir hasta el último respiro".
GnEARD, De la morale de Plutarque, Parib, Hachette, 1866, pág. 78.

- 21-

�piacevole velo che la ricopre, e molto piu facile insegnare e appren" dere" &lt;75 &gt;.
Por lo tanto, en el análisis que nos proponemos hacer, tendremos
siempre presente que, en cualquier crítica sobre los autores clásicos, y
en la exposición de sus ideas estéticas, Plutarco es guiado constantemente por principios éticos y educativos, y por el concepto, ya expresado
por Platón y que había alcanzado su mayor fortuna entre los estóicos:
"La poesía es guía para la filosofía" (7G¡. Quiere decir que, desde el
principio, el problema acerca de la naturaleza ele la poesía y de su fin,
no presenta en Plutarco los matices que esperaríamos encontrar después del lento pero evidente desarrollo de las ideas estéticas en los siglos que van de Platón a él, ya que toda su teoría está subordinada a
un fin ético.
La tradición clásica acerca de la naturaleza de la poesía reconocía
al poeta una inspiración sobrenatural, divina e irracional (77&gt;, que la
escuela platónica de Teodoro había subrayado y llevado a sus extremas
consecuencias &lt;78 &gt;. Aristóteles, por el contrario, había llegado a un
compromiso por el cual se atribuía al poeta una naturaleza especialmente apta para la poesía &lt;79 l, siendo seguido en esto por la escuela
de Apolodoro.
Plutarco rechaza la posición platónica y afirma que el dios "sólo
"sugiere las fantasías y crea luz en el alma para las cosas futuras" &lt;80 1,
refiriéndose evidentemente al adivino y no al poeta. En efecto, según
él "la mayoría de los poetas, por la calidad propia de la poética, por
"medio de la lira y del canto reprendían, hablaban libremente y exhor" taban; usaban fábulas y proverbios, componían himnos, invocacio" nes a los dioses, peanes, ya en versos como en canto, unos por la fuer" za del ingenio (~ucputa), otros por costumbre" (81 &gt;. Es la posición
aristotélica, que atribuye al poeta una naturaleza ya de por si dispuesta a la actividad artística (82 &gt;. El poeta, por lo tanto, no es un frenético, un instrumento pasivo que puede decir cualquier cosa en estado de
inconsciencia, sino un hombre consciente que posee en estado latente
determinadas cualidades que llamamos artísticas &lt;83 &gt;.
U na vez rechazada la inspiración como fenómeno momentáneo, se
11

75)
U)
77)
78)

79)
80)
81)
82)
83)

Enciclopedia Treccani, Milano, 1931, Vol. XI, pág. 975.
Véa.&amp;e la nota 31.
Véase pág. 7-8.
HoRACIO, De arte poetica, v. 4S3-4 76, pone en ridículo este exagerado con·
cepto de la escuela de Teodoro, con el fin de destruir la tendencia de los
poetas a la .S.da ¡J.&lt;XVta.
Véase pág. 13.
"De Pythiae oraculis", 397c.
lbidem, 406c.
Véase pág. 13.
Sin embargo, Plutarco cae en contradicción cuando, al hablar del entusiasmo como de una locura procedente de los dioses, afirma que existe un
entusiasmo el cual "agitado por }1as Musas en un alma tierna y pura., excita
"y eleva la poesía y la música" (Amal!orius, 758e, f.) ; y cuando dice que
"el poeta que canta. impulsado por las Musas hace 1aparecer ridículo a
" quien canta por estudio e instrucción" (De virt. mor., 452b).

-22-

�presentaba a Plutarco el problema del cómo y por qué una naturaleza
tendencialmente artística se revelaba tan sólo en determinadas circunstancias; había que descubrir las causas circunstanciales que ponían en
acción tal naturaleza. Y especialmente interesante, en la teoría de la
inspiración plutarquiana, es la parte que se refiere a las causas de inspiración, a los sentimientos que ponen en movimiento la naturaleza
poética, y que Plutarco llega a identificar con la inspiración misma.
A través de un verso de Eurípides, él aclara que una de las causas
más importantes es el amor: "Eurípides dice que Eros enseña al poeta,
"aún si antes fué extraño a las l\lusas; sin embargo con esto no quiere
"decir que crea en el poeta una facultad poética o musical, sino sola" mente que activa la facultad ya existente y cataliza la que está es" condida e inactiva" &lt;8 4 l. Y, junto al amor, coloca el dolor, el placer,
el éxtasis ( ~viJ.oucnacr¡LÓ~): "Teofrasto dice en el libro ({De Música"
"que las fuentes de la música son tres: dolor, placer, éxtasis, y que ca" da uno de estos sentimientos altera el tono acostumbrado de la voz
"y le da modulaciones distintas. En efecto, las pasiones tristes y lamen" tosas son proclives al canto; por eso vemos que los oradores en los
"epílogos, y los actores en las lamentaciones se acercan cuidadosamente
"al canto y esfuerzan la voz con este fin. Por su parte las violentas ale" grías del alma, en temperamentos frívolos, sacuden todo el cuerpo y
"lo excitan a un movimiento rítmico de danzas en quien sabe bailar,
"de aplausos en quien no sabe ... l\Iientras los que pueden soportar
"mejor tales pasiones sólo alteran la voz para cantar y pronunciar cosas
"grandes y poéticas. Por último el éxtasis perturba el cuerpo y altera
" la modulación habitual de la voz" (85)
Sin embargo, él agrega, estos tres sentimientos pueden ser ellos
mismos consecuencia del amor: "Si quieres observar y estudiar abierta" mente el amor, no encontrarás otra pasión, ni otros dolores más agu" dos, ni alegrías más vehementes, ni éxtasis más profundas, ni más
"grandes alienaciones mentales. Por el contrario, el alma del hombre
"preso de amor puede compararse a la ciudad de Sófocles "toda llena
"de perfumes quemados, toda resonante de peanes y gritos" &lt;86 l. Por lo
"tanto no es absurdo, ni extraño que principio de toda música sea el
"amor que, al encerrar en sí mismo dolor, placer y éxtasis, se vuelve
"activo y elocuente, tiende y se inclina, como ningún otra pasión, a la
"creación de cantos y poesías" &lt;8 7 l.
Así Plutarco rechaza la teona platónica de la inspiración irracional,
que había sido desarrollada en forma tan amplia y sugestiva por el
anónimo autor ({De lo sublime", y sigue, por el contrario, a Aristóteles
y a sus escuelas, al reconocer una naturaleza poética innata; además indica, con una ejemplificación bastante sencilla, las causas circunstan84)
85)
86)
87)

"De Pythiae oraculis", 405f.
"Quaest. conviv." 623a, b.
"Edipo rey", v. 4.
Quaest. conviv. 623c, d. B. CROCE: Poesía antica e moderna, B~dris, 1950,
pág. 180: "Non senza fondamento piú volte e sembrato e si é detto che
" principale argomento di poesía sia l'amore".

- 23-

�.-v -.

ciales que activan tal naturale7a, reconociendo al amor y a todos los
sentimientos que con aquel se acompailan -dolor, alegría, éxtasis- .como su móvil principal.
Al rechazar la inspiración irracional y al admitir la innata naturaleza poética, Plutarco destruye Lll10 ele lo-.; cargos en que se funda Platón para acusar de falsedad a la poesía. Pero no el m;í.s importante, el
que colocaba la poesía tres grados lejos de la verdad rs&amp;). En efecto sigue recordando el viejo refrán: '·mucho mienten los poetas"; afirma que
''el arte poético de ninguna manera se preocupa de la verdad'' (:-.:Jl, y
sigue admitiendo, junto con la tradición, que la poesía es "mimesis",
dando a esta palabra ora la acepción platónica de imitaciún del fenó·
meno sensible, ora la acepción aristotélica de imitación de lo verosímil,
de pasiones y caracteres. En efecto, en su obra "Gloria At!teniensium'',
al transmitirnos la famosa frase de Simónicles acerca de la pintura y de
la poesía, así define Plutarco la naturaleza ele la poesía: "Di jo Simóni" eles: la pintura es una poesía muda, la poesía una pintu1 a habla., da (!lo¡; en efecto los pintores representan los hechos en el acto ele ~con·
" tecer, los escritores los narran y describen cuando ya acontecieron (UI '.
" Mientras los pintores representan algo con colores y di bu jos, los es" critores lo hacen con palabras y alocuciones; quiere decir que difie" ren por el material y la manera de imitar, pero tienen ambos el mis" mo fin. Y es estimado el mejor de los historiadores aquel que repre" senta la narración como si fuera una pintura, imitando pasiones y ca.. racteres. Y en verdad Tucídicles siempre se esfuerza en conseguir con
"la palabra esa claridad y hacer del lector un espectador, y procura
"que las pasiones terribles y perturbadoras obren en los lectores como
"si las estuvieran presenciando" (9 :.!1
88)

\éase pág. 9.
Quom. adolesc., J 7 d.
90) La comparadón entre pinturoa y poe:;ía era del todo tradicional. V éanse:
PI.ATÓ~, República, X, 605a; ARIST., Poét., l447a, 13 sig., l448a, 5 sig. La
sentencia atribuída por Plutarco a Simónides, se encuentra ya antes de
Plutarco en la Retórica de HERENIO, IY, 39 (citado en SvoBODA, Les idées
P.&gt;thétiques de Plutarque. "l\Ielanges Bidez'', pág. 934), y una alusión a
e1la se puede ver en HORACIO, De arte poetica, v. 361.
91) Hay aquí una evidente confusión entre poesía e historia. En efecto, mientra.s la fra::ie de Simónides comP'ara la poe:;Ía a la pintura, Plutarco, al aclarar que "la primera (la poesía) cuenta acdones cuando ya acontecieron"',
piensa evidentemente en la historia, como resulta por demás perfectamente
claro de l·o que sigue y del ejemplo tomado de Tucídides. En efecto Aristóteles, que parece presente en Plutarco, define la. historia como lo que
relata lo que ha sucedido, mientras la poesía como lo que relata lo que
puede suceder (Poét. cap. IX). Aun más, ésta es para ARISTÓTELES la gran diferencia entre historia y poesía ( v. pág. l3).
92) Gloria Athen., 3-16f, 347a. ¿Tuvo pre~ente PLUTARCO el tmtado ''De lo
sublime" XY,l? cuando al tratar de la "&lt;¡:&gt;O:'i';O:crb'\ el autor aclara: "el
" nombre fantabia se usa comúnmente para indicar aquellas expresiones en
"las cuales, lo que tú dices por efecto de entusiasmo y de pasión, te parece
"verlo y lo pones bajo la vista de los que escuchan" (v. pág. 14); y el
cap. XXV, donde e1 anónimo así se expresa: "Cuando después tú repn•sentas
"los hechos ya pasados como actuales y presentes, he aquí que tu palabra
89)

- 24-

�En otra obra, "Quaestiones conviviales", al utilizar para la danza la
comparación de Simónides, escribe: "Y he aquí que se podría transpor" tar el dicho de Simónides de la pintura a la danza: la danza es una
"poesía muda, y la poe&lt;, Ía es una da:ua hablad:t ... Ya que completa es
"la relación y la comunión entre la danza y la poética: en efecto, ya una
"como otra imitan, especialmente en las pantomimas cantadas, a gente
"en movimiento, y alcanzan la imitación adecuada por medio de los
"gestos de los personajes y de las palabras. Parecería que los poemas fue" ran, en este caso, lo que en pintura son las líneas con las cuales se de" limitan las imágenes" (ü3J.
Por fin, en su otra obra, ·{c¿_uomvdo adolesrcns j)()étas audire de" beat"J especialmente dedicada a la poesía, y en la cual cst.í_ encerrado
lo más esencial de su teoría poética ya acerca de la n~turaleza, como de
la esencia y del fin ele la poesía misma, la definición de la poesía como
imitación es todavía más clara y más exacta. "Haremos al joven niüs
"firme si, al introducirlo en la poesía, le ofrecemos una descripción de
"la "poética" como arte mimético y facultad correspondiente a la pin" tura. Sin embargo, que no escuche sólo lo que todos repiten, es decir:
"que la poesía es una pintura hablada, y la pintura una poesía muda,
"sino enseñérnosle ademús que, al ver la pintura de una lagartija o de
"un mono, o del rostro de Tersitcs, lo que experimentamos es deleite
"y admiración por el parecido d~ ellas y no por su belleza; ya que, en
" realidad, por su misma naturaleza no puede ser bello lo feo. Pero la
"imitación es apreciada cuando alcanza la similitud, tr&lt;Ítese ya de algo
"feo, como de algo hermoso. Por el contrario, si de un cuerpo feo se
"crea una bella imagen, no se produce lo conveniente y lo vervsi" mil" (9 4 l. Hasta aquí, en cuanto a la forma de imitar. Unas líneas
más adelante se refiere especialmente a lo que el poeta imita: "El arte

"no e:: más narración, sino algo vivo y dramático. . . así especialmente
" Tucídides".
Volveremos más adelante sobre este tema de transmisión y comunión entre escritor y lector, y sobre el de la "fantasía".
93) Quw•st. Conviv., H8a, b.
91) Quom adolesc., l7f, l8a.. Véase pág. 13-14 y notas 37 y 48. Acerca dd deleite
que produce la poesía véase más adel1ante pág. 29 sgs.
A. RosTAGNI en su artículo: ll dialogo aristotelico "7.é:pt 'í.'Ot't)~Wv"
en: Scritti mirwri. Aesthetica. Púg. 255-322, sugiere la hipóteds de que bs
influencias aristotélicas que se encuentran en la obra de Plutarco Quomodo
adolescen~ p:&gt;etas audire debeat, no deriven de la "Poética" de An1STÓTELES, como se ha. sostenido en la mayoría de los casos, sino de su diálogo
"7.é:pt 'í.'Ct·~~¿;)/' • Insiste sobre ésto especialmente a propósito de l6c, d, en
relación a lo,; ejemplos de Empédocles y de Sócrates. En l7d, cuando
Plutarco dice que b poesía. es imitación como la pintura, y que como
ella, a vece3 imita cosas feas, que por su naturaleza nos repugnan,
pero que nos gustan por la buena imitación, Ro::tagni observa que también este pasaje podrí'a proceder más que de la Poética del "7.é:pt -rrOt'f)'t'WV"
donde e:&gt;te argumento era de primera importancia, y servía de introducción para el tratado: Sobre los errores y la perfección del poeta.

25 -

�"poético ofrece a menudo en forma imitativa acciones bajas, pasiones
"culpables y malas costumbres" (95).
. En los pasajes que hemos citado, Plutarco insiste sobre la comparaCIÓn entre pintura y poesía, sosteniendo que la pintura y, por lo tanto,
también la poesía son imitación del fenómeno sensible, es decir, imitación en tercer grado, como decía Platón. Sin embargo, aún siguiendo en
esto la teoría platónica, Plutarco no condena la poesía por falsedad;
en toda su obra es evidente su esfuerzo por conciliar las doctrinas platónicas y tradicionales y su aspiración ética, con el amor que él tenía
a la poesía. Así es como, en el mismo pasaje, agrega que no se trata
sólo de imitación de una lagartija o del rostro de Tersites, sino que la
poesía es imitación de acciones y por ellas de pasiones y caracteres, con
lo cual se acerca ya a la definición aristotélica &lt;96 l. Y un poco más adelante su adhesión a la {(Poética" de ARISTOTELES resulta todavía más
evidente al tratar claramente de lo verosímil. "Otra cosa más debemos
" hacer considerar a los jóvenes, no una sola vez, sino muchas, demos" trándoles que la poesía, siendo de por sí imitación, se sirve de adornos
"y esplendor para embellecer las acciones y los caracteres que trata,
"pero no deja de lado la similitud de la -uerdad, ya que la irnitación
" tiene su seducción en la verosimilitud" (9 7 ). Y luego al tratar de las
costumbres y caracteres: "La poesía es imitación de costumbres, de vi" das y de hombres ni perfectos, ni puros, ni intachables en todos sus as" pectos, sino sometidos a pasiones, falsas opiniones e ignorancia; los
"cuales, sin embargo, por natural disposición a menudo tienden a me" jorarse" (98). Y en "Gloria Atheniensium" 347 e. afirma que ''la poe" sía tiene gracia y honor porque dice cosas símiles a las acontecidas", y
recuerda el verso de Homero: "De tal suerte forjaba su relato, refirien" do muchas cosas falsas que parecían verdaderas" &lt;99 &gt;.
Ahora bien, de los pasajes que hemos citado acerca de la imita·
ción, resulta bastante clara cierta confusión que hubo en el pensamiento de Plutarco. Tal confusión es común en él, no sólo acerca de la poesía, sino al tratar muchos otros tópicos. Depende ésto del hecho que
Plutarco nunca siguió un sistema filosófico definido, ni formó su propio
sistema a través de un análisis de los demás. Leyó y estudió mucho,
tuvo buena memoria, y asimiló de unos y otros. Al escribir sus obras,
que como hemos dicho, tenían para él un fin esencialmente edu.cativo
y moral, usó las doctrinas estudiadas en conformidad con la tesis que
quería demostrar, sin preocuparse excesivamente de encontrarse en contradicción con lo que había sostenido en otras ocasiones. Así unió a veces en la misma obra opiniones discordantes. En nuestro caso, la teoría
de la falsedad de la imitación, ha sido utilizada conjuntamente a la teoría de la expresión de lo verosímil, siendo la segunda superación de
la primera, y elevación de la poesía hacia lo universal.
95)
96)
97)
98)
99)

Quom adols., J8b.
Véase pág. 14.
Quom ndols., 25b.
lbidem, 26a.
Odisea, XIX, 203.

- 26-

�Si en la naturaleza de la poesía la imitación es un primer punto,
surge de ello, como natural consecuencia, la ficción, el engaño que de
ella procede h;icia el lector o el oyente. Este engaño no procede sólo
de la imitación, sino especialmente del hecho que los poetas exageran los
sucesos y los caracteres, y varían las acciones con el fin de crear una
emoción mayor y nueva. "Se ha dicho que las ficciones poéticas, a cau" sa de la fuerza con la cual se imponen, son como sueños de gen te
"despierta" (Ioo¡. Por lo tanto Plutarco admite con la tradición ese engaño y, al recordar una frase de Gorgias, toma una posición sumamente interesante, atribuyendo una sensibilidad especial al lector o espectador que se deja engañar; ya que el engaño en la poesía, excita el placer
y es fuente de transporte. Estas son sus palabras: ".i\Iientras tanto flo" reció la tragedia y se hizo famosa por ser una audición y un espectácu" lo admirables para los hombres de aquel entonces, ya que procuraba
"con mitos y pasiones un engaí'ío, en el cual, como dice Gorgias, el que
"engaña es m&lt;ís hábil que el que no engaíi.a; y quien se deja engafíar
"más cuerdo que el que no se deja" &lt;101 l; y así explica: "el que engaíi.a
"es más hábil ¡)orque l1a creado el er1gaiio ¡)ror11etido; y el cngafl.a(lo
"es más sabio, porque se deja engaí'íar por la voluptad de las palabras
"el que no es falto de sensibilidad; ya que el engaño de la poesía no
"influye sobre aquellos que son totalmente necios y locos" &lt;1 0:!J. Estas
mismas palabras de Gorgias ya recordadas, vuelve a repetirlas el autor
en otra obra, luego de haber referido una anécdota de Simónides:
"Por eso Simónides contestó a uno que le preguntaba: por qué sólo a

lOO)
101)

Amat., 759c.
RosTAGNI, Arist. e aristotl., pág. 77: "Questo nello stile paradoosale dell'au"tore ( Gorgias), vuol dire, che l'inga.nno tragico, -comunque si chiami
e un inganno utile o
"pcr lo meno innocente".
Véase también: UNTERSTEINER, Sofisti, Torino, pág. 135, sohre la teoría del
engaño aTCá't't] en Gorgías, como motivo del logos, puesto en relación
con la persuación ( 7tc~.S.w); como efecto de x.a~pó~ tmomento oportuno)
(pág. 139) como esencia una, metafísica y estética a un tiempo del fenómeno
poético (pág. 141); como ar;-á't'tJ a~x.ab engaño útil, justo (pág. 195). y pág.
226, cuando concluye sobre la estética de Gorgias: "L'inganno dell'arte, che
" attua una dialettica nella. non esistente, non conoscibile, non comunica" hile a1ternaliva di un'antitesi, si risolve in quell'universalitá che, in arte,
" é non solo umanitá di sentire, ma anche idealizzazione, in cui consiste,
"appunlo, per es. l'inganno dell'artistn che per dipingere la figura di una
" bella donna, sceglie, come modeUe, perecchie fanciulle, onde construire,
" degli elementi della bellezza di ciascuna la be1lezza perfetta. N ell'arte,
" dunque, sta qu'alche cosa di misterioso che e postulato dallo stesso concet.. to d' "inganno"; vi é qualche cosa. di nascosto, che i pittori "non possono
" dipingere con i loro sperimentati colori"; qualche cosa che né la lingua
"puó esprimere, ne l'occhio percepire (DIELS, V"JJrsokratiker 82b, 28) ". Y
pág. 230: "In Gorgia "piacere" estetico e "inganno" costituiscono un'inscin" dibile unitá".
Gloria Athen., 348c. Y éase también: ''Dissoi logoi", 3, 10: "En la.s tra" gedias y en las pinturas es perfecto quien engaña lo más posible con la
" creación de obras símiles a la verdad".

" aT.á'tT¡, '(O't¡'tda. &lt;¡Jap[J.ax.da, [J.a¡da. ~uxa¡w¡Ía

102)

27 -

�"los Tesalios tu no engañas?, porque son demasiado ignorantes para
"que yo los seduzca" (lO~) .

•. ..... __
-..

•

Plutarco demuestra así que él también cree, que aquel que se deja
engafíar tiene mayor sensibilidad que el que no se deja, porque el engaño suscita deleite y transporte. "En efecto la mentira o el engaíio
"no faltan de atractivos, y nos dejamos convencer pm las invenciones
"poéticas, aún cuando no las creemos. Piensa en realidad al dolor que
"probamos leyendo el relato incompleto de AtUnticla ele Platón, y el
"final de la Iliada!" (I04l.
Ahora bien, si Plutarco en calidad ele lector inteligente y sensible,
reconoció el engafío como propio ele la naturaleza de la poesía e imprescindible para prodHcir deleite, el moralista no dejó ele ver en este
engaño un peligro para los jóvenes que se dedicaban a la lectura de
los poetas. Por lo tanto en su obra especialmente dedicada a los jóvenes, Plutarco volvió a tratar detalladamente el tema, e intentó con varias sugerencias, a veces pueriles, de salvar poesía y lectores. He aquí,
como basándose en estos principios, explica la génesis del engaüo en la
poesía, y los efectos placenteros pero a menudo perjudiciales de ese engaño y del deleite respectivo: "l\lucho mienten los poetas, ya intenóo" nalmente, ya sin intención. Intencionalmente: ya que para brindar al
"oído placer y primor (lo que busca la mayoría ele los lectores), con" sideran la verdad demasiado austera frente a la ficción; ya que, sien" do un hecho, no puede ser cambiada, aun si tuviese un triste desenlace;
"mientras la ficción, siendo una creación de palabra&lt;;, pasa muy fácil" mente de un estado a otro, y cambia lo triste en placentero C1 05J. En
"efecto, ni el metro, ni el cambio de palabras, ni ]a majestad del estilo,
" ni una oportuna metáfora, ni el orden en la composición tienen tan" to atractivo y gracia, como una hábil disposición de la narración mí" tica. Ya que, así como en las pinturas emociona mcis el color que el
"dibujo, porque imita las figuras y crea el engafío, de la misma mane" ra en las poesías la ficción combinada con lo verosímil, asombra ma" yormente y es m&lt;.í.s apreciada que una obra elaborada en metro y die" ción, pero falta ele mito e ilusión" &lt;106 J. Y se demuestra tan convencido de la necesidad de la ficción en la poesía, que agrega el ejemplo
de Sócrates: "Por ésto Sócrates, impulsado por unos sueños a dedicarse
"al arte poético, después que por toda la vida había luchado por la
"verdad, reconociendo que le faltaba la facultad de inventar ficciones
"verosímiles, adaptó en versos las fábulas de Esopo, demostrando así
"que no podía existir poesía sin ficción", y continúa dando ejempl?s
de poesías, como las de Parménides, Nicandro, Empédocles y Teogms,
las cuales en realidad, según él, aun siendo en metro, no son poesías
porque faltan de ficción (l07).
103)
104)
105)
106)
107)

Quom adols., 15c, d.
Non. posse suav. etc. 1092f, 1093a.
SvOBODA, ob. cit., pág. 932, dice que la invención poenca como factor de
'·happy end" es característica de Plutarco y de su época.
Quom adols., 16b, c. ARISTÓTELES, Poét., VI, 1450a, 28-34.
Quom adols., I6c.

- 28-

�Siempre con el mismo espíritu, y para subrayar la necesidad del
mito y, por lo tanto, del engafio, relata dos anécdotas en "Cluria A t/u."niensium", una de 1\Ienandro, otra de Pindaro: "A un familiar que decía a l\fenandro - se acercan las fiestas dionisiaca&lt;; y tú, ~no has prc" parado la comedia? - ~Ienandro contestó: la comedia está pronta, el
"argumento y la m:1tcria cst;ín orcledado&gt;. sc'&gt;lo falta el vcr!'lo". Demos" traba con ésto que los poetas juzgan mcís importante el argumento que
"la forma. Y Corina reprochaba a Pindaro, -todavía joven y que ya
"usaba la forma con audacia-, ser falto de musa y no escribir con mi" tos -lo que es propio de la poética- mientras hacía más dulces lo'&gt;
"hechos por medio de palabras raras, catacresis, metáforas, melodías y
"ritmos; ... ya que la poesía es un relato de mitos, como dice también
"Platón. Y el mito es un relato engaíl.ador y verosímil; por eso se alcp
"mucho de las acciones. Si el relato es imagen y representación de la
"acción, y el mito imagen y representaci&lt;'&gt;n del relato, los &lt;{Ut.: inven" tan las acciones son tan inferiores a los que las actúan con fidelidad,
"cuanto los que los cuentan son inferiores a los que léts cumplen" (10 s 1 •
Hasta aquí la ficción intencional. Pero, dice Plutarco, todavh más
usada es la ficción que los poetas ofrecen "sin simulación, como ·i pcn" saran y creyeran en ella" &lt; 10 tl 1 • En esta forma atribuyen a los dioses
sentimientos que no deben, crean lo maravilloso, lo bru:tstico, "\'isio" nes e imágenes de rios que queman, de lugares salvajes y de penas te" rribles" &lt;110 l. Y ¿por qué el poeta hace todo esto? porque así "los en" gaíl.os nos alcanzan y nos turban mayormente, quedando 11osotros sa" turados de la pasión y de la debilidad de la cu;d ellos proceden" ' 111 1.1
En resumen, así podríamos formular esta cont!·adictoria definición
acerca de la naturaleza de la poesía como resultado de los pasajes ci lados: la poesía es imitación de la realidad contingente (hasta aquí Platón), pero también una ideal rejJroducción de lo rC'al, expresil)n de lo
verosímil y de lo posible (Aristdtelcs). en In r¡ue la fircidn es elemrntu
imprescindible jJara crear placer.

Ahora bien, placer, deleite, ''T,covf.", es lo que Platón temía mayormente en la poesía, y que lo indujo a echarla de su república ideal.
Plutarco, sin duda, reconoció y sintió la gran atracción de b poesía, el
transporte que de ella procede; pero no quiso seguir a Platón en su
condena y, para salvar a la poesía, intentó intelectualizar este placer,
o reducirlo -como ya Platón en uno de sus ddlogos- a simple '"-;r:l~ctá"
juego. Su posición frente al placer es preponderantemente aristotélica,
en la tentativa de salvar a los poetas, en indicarlos como guías y en buscar los medios por los cuales los poetas llegan con sus obras a ser útiles a la juventud.
Pero, antes de hablar del placer o transporte, hay &lt;¡ue examinar
otro punto de vista de Plutarco sobre la naturaleza poética; ésto es: d
Gloria Athen., 347f-348a.
Quom adols., 16f.
lbidem, 17r. Esto justamente es el reproche que Platón ha&lt;"Ía a los poeta.s.
Véase págs. 9-10.
111) Quom adols. 17d.

108)
109)
110)

- 29-

�elemento artístico de la poesía, del cual ese transporte o placer nace,
y que está íntimamente ligado con el engaí'ío.
En lo que se refiere a "mímesis" y ficción, hemos visto que Plutarco
se pronuncia en forma clara, aunque no definida y contradictoria. Pero en cuanto al elemento artístico, sus ideas resultan más confusas y, en cierto sentido, pobres, aunque por momentos revelen intuiciones de algún interés.
Sin embargo no nos debe extrañar la confusión en que se encuentra Plutarco frente a este tópico. Hace ya más de veinticinco siglos que
se habla y se discute sobre este "quid", que comúnmente llamamos elemento artístico, y hasta hoy ni poetas, ni críticos, ni los más grandes filósofos han conseguido definir ese imponderable elemento de que cada
obra de arte está penetrada, y por el cual lo que es natural, simple, cotidiano, sin importancia, alcanza de repente la forma artística universal. B. Croce, en los largos años de sus estudios sobre la estética, en la
tentativa de definir ese "quid" ha sufrido una constante evolución, por
la cual, ya en sus últimos años llegó a admitir el "misterio" del arte ~ 1112 &gt;, cumpliendo así una maravillosa parábola, al fin de la cual
112)

B. CROCE, Filosofía, poesía e storia, Milano 1941, pág. 31: "In relazione a
'' questo concetto sta l'alone di mistero che par si diffonda intorno alla
" poesía e a tutte le opere belle dell'arte; ossia non perché poesía ed arte
"siano impegnate da1 travaglio del pensiero e soffrano dell'ostacolo in cui
" urtano, ma perch/; per contrario, essendone aifatto scevre, non distinguo" no, non giudicano e creano in modo spontaneo e irriflesso immagini che
,, esprimono la vita in atto, la sfinge che e l·a vita. Il loro incanto di in" genuita e innocenza e nel mistero che ignora di essere tale, in quel loro
" fiorire che non matura i frutti dell'albero della scienza, che solo conosce
" i misteri perche li formula e li risolve.
'' Il mistero, logioamente inteso, non e dunque l'impenetrabHe, l'insolubile
" del pensiero, ma anzi il penetrabile e solubile per definizione, il conti" nuamente penetrato e risoluto. Se cosí non fosse non sarebbe mistero, ma
" veUeitá e irrealtá, immaginazione varia e paro la che é fiato di voce! La
" storia del pensiero e della vita é niente altro che la storia dei misteri
"via via presentatisi e via via schiariti: e questi schiarimenti formano il
" patrimonio di veritá che l'uomo possiede e di continuo accresce. Anche
" la poesía trapass·a di volta in volta, a materia di riflessione e di travaglio
"logico, diventa oggetto di critica e filosofía che pensa distinguendo e
" giudicando quel che in cssa era canto, e, in quell'atto, ne pone e scioglie
"il mistero". Y en su otro libro "La Poesía", Bari, 1953, postille pág. 215:
" Alla poesía, como alla bellezza in genere, é stato attribuito il carattere di
"mistero. E, in effctto, essa offre il mistero della realta, la realta come
" mistero, non ancora penetrata da quella luce, perpetua fugatrice del
"mistero, che é la Critica ossia il pensiero".
Junto a CaocE, en la misma línea evolutiva llega al misterio del arte el crítico francés }EAN CAssou. En "Pour la poésie", pág. 30 así escribe a propósito de las traducciones: "Nous avons mesuré le rapport de chaque mot
" a son sens, l'amplitude ou la réduction de son acception, sa densité intel" lectuelle, la profondeur de sa racine, sa patine historique. Nous passons
" a present au rhytme du poeme et, par extension, a ga musicalité a ces
" com'oinaisons euphoriques dont nous •avons vu qu'elles produisaient de
" l'euphorie. Arrive enfin le tour des images. Or, J.e plus ou moins gran
" degré de difficulté qu'opposera chacun de ces éléments nous indiquera
" a quel point il est essentiel a la nature meme de la poésie. Le residu, l'in-

-30-

�volvió a encontrarse con el misterio y el "&amp;v.Soucnacr¡J.Óc;" ' de Platón {113).
Ahora bien, si hasta hoy en día no ha sido posible definir el elemento artístico, ese "quid" misterioso y maravilloso, sería demasiado
pretender de Plutarco, erudito enciclopédico, pero no sutil y profundo
esteta, algo más de lo que él nos ofrece.
En realidad, lejos de dar una definición, Plutarco busca en la poesía las causas que crean el elemento artístico. ¿Es el elemento artístico
debido a la forma o al argumento, o a los dos a la vez? Así la tradición
había expuesto el problema, y así había sido objeto de discusión entre
los filósofos, desde los presocráticos a Aristóteles, quien concilió los dos
elementos, atribuyendo suma importancia al argumento, pero bellamente tratado &lt;114 &gt;; hasta Dionisio de Halicarnaso, quien había afirmado
el predominio de la forma cuidada y rígida &lt;11 5&gt;.
Plutarco, también aquí, sigue a Aristóteles y, aun reconociendo la
importancia del argumento, insiste sobre la forma y la necesidad de tratar a cada personaje según su grado y calidad.
Veamos ahora lo que Plutarco entiende por argumento y por forma por separado, como elemento artístico, y luego lo que él piensa de
la necesidad de la unión o mejor dicho, de la fusión de los dos.
Al tratar de la "mímesis" y de la ficción, nos hemos en parte acercado al argumento sentido como elemento artístico. Hemos visto, en
efecto, que Plutarco cree imprescindible, para cualquier obra poética, el
"¡J-0-.9-oc;", es decir el argumento-ficción &lt;116 l. Y, evidentemente lo considera elemento artístico superior a la forma, cuando afirma que las
obras de Empédocles, Parménides, Teognis y otros, no son poesía por
faltar de "mythos" {117).
En lo que se refiere a la forma como elemento artístico que da valor al mythos, he aquí lo que encontramos en Plutarco:
"Es necesario que el joven aprenda que elogiamos el arte que ha
"sabido reproducir convenienternente el tema p1·opuesto, Y, ya que el
"arte poético a menudo presenta en forma imitativa acciones bajas, pa" siones culpables y malas costumbres, el joven no debe aceptar como
"verdad, ni aprobar como honesto las partes de los poemas que, por
"ser muy bien elaboradas, suscitan admiración, sino elogiar solamente
"la justa correspondencia con el objeto rep1·esentado", y sigue citando
ejemplos de cosas que nos molestan en la realidad, pero que nos pro-

113)

114)
115)
116)
117)

"traduisible sera ce qui, daos la poésie, est indefinissable, le mistere,
"le charme.
En el estudio de las doctrinas estéticas griegas, no hay que olvidar, que
PLATÓN, que condenó la poesía, fue probablemente el que sintió con mayor
intensidad el poder fascinador del arte, el misterio que dla encierra, y por
ésto le tuvo miedo. Junto a él se puede colocar el anónimo autor "De Lof
.sublime", el cual, por ser menos fHósofo y más artista, no pensó nunca en condenar la poesía y nunca le tuvo miedo; la sintió y la aceptó como lo me·
jor que la vida le estaba proporcionando.
Véase pág. 14.
Véase pág. 19.
Véase pág. 29.
Quom, adols., 16b, c.

-31-

�clucen deleite en la imitación (118 l, y concluye subrayando que "hav
"que elogiar en estas cosas el arte y la capacidad imitativos", ya qu~
"no es la misma cosa imitar algo bello o imitar algo en forma bella.
"En forma bella, significa en efecto, en forma conveniente y propia; y
·• las cosas feas son propias y convenientes para las feas" y sigue dando
varios ejemplos (119).
Este mismo argumento, ya indicado por Aristóteles, se encuentra de
nuevo desarrollado por Plutarco, y en forma aun más &lt;.nnplia en "Quacstiones corwiviales", donde en realidad la cuestión llega a tener un desarrollo más psicológico que estético.
"La mención de la comedia nos llevó a aYeriguar porque el escu.. char voces de personas encolerizadas, afligidas o asu~taclas, nos resul" ta fastidioso y nos causa molestia, mientras nos deleitan aquellos que
"representan esas pasiones e imitan las voces y los gestos de ellas. Y tu" dos ellos alegaban esta sola razón: que el que imita actúa m&lt;is h&lt;.U)il.. mente que el que sufre de verdad: y difiere de éste por no sufrir;
" nuestra alegría y goce proceden justamente de esta percepción. Pero
"yo dije: Ya que por naturaleza estamos provistos de razón y amamos
"el arte, nos hallamos bien dispuestos hacia lo que se presenta con ha.. bilidad y con arte, y lo admiramos cuando lo en con tramos. Como b
"abeja, por ser muy amante de lo dulce, envuelve y persigue toda ma" teria que tiene algo de miel, asi el hombre, por naturaleza amante
"del arte y de lo bello, abraza y ama toda obra y acción que tiene al" go de razón y mente. Ya que, mientras nos sentimos molestos por las
"pasiones comunes de quienes se enojan, se entristecen realmente, por
" el contrario nos alegramos de la imitación hábil, verosímil y de éxi Lo";
en efecto "nos molesta ver a hombres extenuados, pero admiramos con
"placer estatuas y pinturas que los representan, porque nuestro inte" lecto es llevado por la imitación misma y por lo müs adecuado a
"ella" (120). "Sin embargo el intelecto produce también muchos otros
"placeres, como el que se prueba en e:,cuchar historias, las cuales, aun
"teniendo muchos pasajes agradables no consumen el eterno deseo de
''la verdad, ni el insaciable deseo de placer" &lt; 1211 . Por lo tanto, según
Plutarco la forma debe ser conveniente al tema tratado y proporcionar
una imitación perfecta. Y puesto que a tal forma él llama "forma bella", se puede concretar, en cierto sentido, la teoría de Jo bello en
Plutarco: "Bello" es, según él, la imitación conveniente, útil y verosímil. Estamos todavía lejos del concepto plotini:mo de b identificación
de lo bello con el arte mismo &lt;1 2 2 1.
ll8)

lbidem, 18b. Véase pág. 18, lo que escribía en propósito

FILODEl\10 DE GA·

DARA.

119)
120)
121)
122)

Quom adols. l8d.
Quaest conviv. 673d, 674b.
Non posse suav. etc. l092e.
Ni Platón, ni Aristóteles habían encontrado una definición mejor '11 es·
te propósito.
Pu.TÓ"' ora habla de lo bello en los cuerpos, en las acciones, en las le·
yes, en las ciencias; ora 1o identifica con lo bueno y lo divino; ora lo
confunde con lo útil. En el "Hipias m-ayor", qu.e se propone ex~tctamente

- 32-

�Una vez afirmado este principiO ele imitar "en forma hella", pasa
Plutarco a otros detalles sobre el elemento artístico, ésto es: la manera
de contar o poetizar un "mito". "Para embellecer las acciones y los ca" racteres que le sirven ele argumento, la poesía se sirve de adornos y
"esplendor" &lt;1 :..!3), "de Yariedad y diversidad. En efecto, los cambios
"proporcionan a los mitos el elemento emocional, sorpresivo e ines" perado, que produce la más grande maravilla y alegria &lt;1 :!-il; mien" tras lo sencillo queda falto de emoción y de poesía. Por esta razón los
"poetas no representan a los mismos personajes siempre igualmente
"vencedores, felices o venturosos en el correr de su vida. Tampoco
"presentan a los dioses faltos de emociones y de culpas, al colocarlos
"en acciones humanas; y todo esto para que el elemento turbador y
"excitante del arte poético no quede inactivo en ningún momento al
"faltarle luchas y peligros" (125l.
Ahora bien, esta variación y diversidad de la poesí.t, este cambio
que crea el elemento emocional, sorpresivo, inesperado, no es otra cosa
que el elemento art~..,tico por excelencia, hecho de "mvthos" v de forma
;1 mismo tiempo &lt; 126 J. Ei autor ((De z¿ sublime'' lo 'llamó :'9anacría"
fantasía, y le atribuyó mayor importancia que a la mímesis misma.
Dice ROSTAGNI en la introducción de ((De lo sublime": ''Delia GJ&lt;X'I"~acria
il nostro autore ha un concetto che si avvicina alquanto alle clottrine
estetiche d'oggi. La fantasía e in rapporto, non gia con una presunta
realta esterna, ma con l'anima del poeta".
Con ésto no queremos decir que Plutarco con su afirmación fué
un precursor; queremos sólo subrayar que este elemento nuevo y propio
en cada poeta, que Aristóteles había intuído, y al cual había aludido en
su ((Poética" &lt;127 l, se eleva en la teoría de Plutarco a elemento esencial.

123)
121)

125)
126)

127)

la búsqueda de lo bello se combaten y destruyen tod&lt;~s las conclusiones a
las cuales se llega, eso es: lo conveniente, lo útil, lo que deleita la vista
y el oído; y al final Sócrates concluye diciendo que sólo puede recordar
el viejo pro·verhio que lo bello es difícil: "xai,E'I."a ~a xa'Aá''.
B. CROCE así explica esta imposibilidad de Platón para definir lo bello:
"uscendo dall'attivitá mimetica o artística, era impos~ibile ritrovare pel bello
"un dominio indipendente" (Estética, pág. 178).
ARISTÓTELES, de su parte, intenta también dar varias definiciones sin con·
seguir ninguna clara. En Ret. I, 9, 1366a. define lo bello como lo que es a un
tiempo bueno y agradable; en Metafs. XIII, 3, dice que lo bello reside en
los seres inmóviles t EV ~oí~ cX'/..(V~'t'O!~), mientras el bien en las acciones; en Poét. VII, al hablar de los límites de una obra de arte dice que
lo bello está "en la medida y en el orden".
Quom adols. 25b.
ARISTÓTELES había hablado de lo imprevisto, pero no de la variedad (Poét.
IX, 1452a, 2-10; XXIV, 60a, 12sgs.).
El autor de "De lo sublime" había escrito que la fantasía ofrece la sor·
presa. Oap. XV: "Sabes que el fin de la fantasía poética es la sorpresa, y
" que ella busca lo patético y lo agitado".
Quom adols. 25d.
Véase: B. CnocE, La poesia, pág. 36, Postille, pág. 231, sobre la antigua
separación retórica de contenido y forma, y la unidad de las dos en la fi.
1osofía moderna especialmente después de Kant.
ARIST. Poét. XIV, 1453b, 24-25.

-

33 -

�¿Influencia de la obra del anónimo? ¿tendencias de los tiempos? ¿o interpretación e intuición misma de Plutarco, el cual en su estudio de la
"poética", tuvo que reconocer la diversidad y variedad propia de toda
poesía, y les atribuyó la importancia debida ,dentro de la esencia misma de la poesía y de su fin edonístico y ético?
En lo que se refiere a la forma con la cual hay que tratar los personajes, su posición presenta también cierto interés.
Cada personaje debe ser tratado en forma verosímil y conveniente a
lo que él representa. Algo muy parecido había dicho ya Aristóteles ( 1 ::!~1.
"El poeta atribuye a cada personaje buenos y malos caracteres, según conviene" (12 !ll, en efecto proporciona "sentimientos despreciables
e indignos a caracteres y personas despreciables e indignas" (1 3°l. Y reprocha a Aristófanes porque "no proporciona a cada personaje lo que
"conviene, ni lo suyo propio. Por ej. el fasto al rey, la habilidad al
"orador, la sencillez a la mujer, la simplicidad al ignorante, la insolen" cia al charlatán; sino que al acaso atribuye a los personajes las pala" bras que primero se le ocurren; y no puedes saber así si el que habla
"es un hijo o un padre, un paisano o un dios, una vieja o un
''héroe" (131 l.
Ahora bien, la imitación en forma bella, la variedad, la diversidad
en el "mito", la forma conveniente y verosímil de los caracteres, partes
todas del elemento artístico propio ele cada poeta, encuentran su expresión en la dicción. Cuál es, según Plutarco, la dicción que conviene? No
ciertamente la "dicción vana y abundante" que él condena (l:lZJ, sino
más bien "la ática y sutil" (1 ;}:ll, ya que "el lector aplicado y sincero
"debe dejar de lado las palabras ricas y delicadas, y penetrar con aten" ción en el sentido mismo de la frase, y en la intención del escri" tor" (l3 4 l. Y, de acuerdo con Dionisio, afirma que la dicción debe ser
"suave y sencilla~ difusa en las acciones en fonna tal que no sea despre" ciada por los sobrios~ ni resulte molesta a los ebrios" (1 3 5 l, y "coheren" te y sobria en tal forma que, aun arrastrada por muchas pasiones y
"adaptándose a muchos personajes, se muestre única )1 conseroe una
"igualdad suya propia en las palab'ras comunes y usuales" (136 l.
En conclusión, Plutarco en su teoría sobre el elemento artístico
insiste en la tradición platónico -aristotélica, y desarrolla en cierto sentido la unión de argumento y forma, ambos, según él, elementos imprescindibles de poesía en conjunto y no por separado. Su conclusión,
en efecto, es que no puede existir argumento sin forma, ni forma sin
128)
129)
130)
131)
132)
133)
134)
135)
136)

Ibídem, cap. 15, 1454a, 33sgs.: "Es necesario buscar en los caracteres siem" pre lo necesario o lo verosímil, de modo que sea necesario o verosímil que
" quien posee tal carácter diga tales cosas u obre de tal manera".
Quom adols., l8c.
Ibídem, 18f.
Epit. Aristoph. et Menan. 853d.
De aud. 4lf.
Ibídem, 42d.
Ibidem, 4lf-42a.
Quaest, conviv. 712h.
Epit. Aristoph. et Menandr. 853d-e.

-

34

�argumento, en cuanto el poeta expresa el argumento en una forma que,
para llegar a ser bella, debe ser conveniente al argumento mismo.
l\lás que en el caso anterior, es en la unión forma-argumento, en
su producirse simultáneo, que Plutarco ha presentido o adivinado el
verdadero elemento artístico que crea con lo emotivo, lo patético, lo
sorpresivo, la poesía misma (137).
Y es este elemento artístico, el que crea entre autor y lector aquella correspondencia, aquella simbiosis por la cual el poeta penetra con
su obra en el alma del lector y el lector abre su e'&gt;píritu para recibir en
pureza y plenitud al poeta. Plutarco había dicho, hablando de Tucídides, que el autor debe esfororse para hacer del lector un espectador, y
tratar que las pasiones que él de&lt;;crihe obren sobre el lector, como si estuviera presenci&lt;indolas (l:lR\. Con ésto había afirmado uno de los principios mús importantes de la imitación, pero no había llegado aún a aquella comunión poeta-lector, ya sostenida por Teofrasto, y que encontramos
en otra de sus obras: "El lector es partícipe del discurso y cooperador del
"que habla ... En efecto, como en el juego de la pelota el que recibe de" be conformar sus movimientos a los del que tira, así entre el que ha" bla y el que escucha se forma por medio de las palabras una corres" pondencia, si cada uno de ellos es consciente de su oficio" (larn.
Hemos llegado así a otro punto esencial de la doctrina estética tradicional de los Griegos: el fin de la poesía.
Plutarco, como buen moralista, se esfuerza por encontrar en la poesía el fin ético, aunque no pueda negar el placer en si y por si que
causa la lectura de los poetas. Preocupado por el placer que él mismo
experimentaba, intentó demostrar en muchas de sus obras la posible
concordancia entre placer y moral, reconociendo a ese placer o deleite
un origen puramente intelectual. Con este reconocimiento Plutarco
quedó fiel a la tradición y a su interpretación moral de la poesía, pero
se alejó completamente del goce estético, que él como otros, sintió, y
cuya naturaleza había vislumbrado.
Platón había claramente experimentado el goce estético de la poesía, y había percibido en él un peligro evidente para la juventud; por
ésto había echado a los poetas de su república. Aristóteles salvó a la
poesía con la teoría ele la catarsis, ésto es, atribuyéndole un fin ético,
pues esencialmente ética es la catarsis aristotélica. Las escuelas estóicas
y peripatéticas dejaron casi incambiada la posición tradicional. Sólo el
autor ((De lo suúli me" negó el fin ético ,como fin propuesto por el poeta mismo; pero admitió, en una de sus magníficas intuiciones, que la
137)

138)
139)

B. CnocE, La poe$ia, pág. 7: ''La poesía crea e~sa come ogni altra attivitá
" spirituale, con la soluzione il problema, con la forma il contcnuto, che
'• non é materia informe, ma formata. Prima che scatti la scintiHa poetica
"non ci sono figure rilevate nella luce e nell'ombre, ma il hui o; e solo
" questa scintiHa irradia la luce, la luce per la quale il ¡;orgere di Omero
" fu paragonato al levarsi del sole sulla terra".
Véase pág. 2·1.
De aud. 45c.

- 35-

�poesía es ética en sí, pues lo sublime es propio sólo de almas nobles y
elevadas (140).
Plutarco reconoce el placer como efecto de una adecuada imitación,
aun de cosas feas &lt;141 &gt;, y de la creación fabulosa, inventiva e imaginativa de los poetas C142 l; reconoce la emoción producida por el elemento artístico C143 l; pero no quiere atribuirle demasiada importancia, y
llama a ese placer poético "~atotc.G"' juego CH 4 l, repitiendo una expresión y definición platónica C145 l. Por fin aleja el deleite de cualquier
emotividad al afirmar su origen intelectual: "no, a través del oído, ni
"a través de la vista, sino po'r nuestro intelecto se produce el placer en
"las audiciones y en los espectáculos" C14 6J. Así Plutarco retrocede evidentemente frente al concepto catártico de Aristóteles, aún si, en cierto
momento, recordando el dicho de Aristón de Quios: "ni un baño, ni
"un discurso que no sirven para purificar, tiene~ utilidad alguna" e1 47 l,
parece admitir este tipo de catarsis.
Por lo tanto Plutarco no busca en la poesía el placer y la diversión,
sino algo capaz de procurar la corrección del carácter y la atenuación
de las pasiones, la enseñanza de las costumbres y la moderación de las
emociones: "Al ocuparte ele poemas e historia, cuida que no te pase
"desapercibido nada de lo que se dice a propósito de la corrección del
"carácter o de la atenuación de la pasión. En efecto, como Simónides
"dice de la abeja que revolotea entre las flores "preocupándose de la
"rubia miel", mientras los demás aprecian sólo su olor y su perfume,
"sin tomar nada de ellas; así igualmente, si tú encuentras y recoges en
"los poemas algo digno de atención, parecerá que hayas alcanzado la
" facultad de conocimiento por la costumbre y el amor a lo bello y a
"lo conveniente, frentE. a los demás que se interesan de las poesías por
"placer y diversión" (148).
Pero, donde especialmente se trata del fin ético de la poesía es en
el "Compendium comparationis AristojJhani et 1\-'Ienandrin, y en "Quamodo adolescens poetas audire debeat".
140) Véase pág. 19, .n. 67.
141) Véase pág. 25; 31.
142) Véase pág. 33; Quom adols., 17a.
143) Véase pág. 33.
144) Gloria Athen. 350b.
145) Leyes, 889b-d.
146) Quaest. conv. 674a. En la misma obra, 706a, al hablar de la vista y del
oído dice que los placeres procurados por estos dos sentidos, alcanzan en
el alma la parte que juzga y que reflexiona, y no la parte irrocional, como
1os placeres del gusto, del tacto, y del olfato. Con ésto, sin embargo, Pintar·
co no se contradice, por el contrario, trata de colocar la vista y el oído en
relación con la parte racional del alma. "Esa relación se produce espe·
" cialmente por obra de la danza (vista) y de la música (oído)". Se une
así con la tradición peripatética que hacía de la vista y del oído sentidos
divinos.
147) De aud. 42b.
148) Quom. in virt., pro/. 79c. También en la "Vida de Solón", cuando cuen·
ta cómo Solón criticó a Tespis por haber hecho del espectáculo un simple
entretenimiento: "Acabado el espectáculo, Solón, saludó a Tespis, y le
" preguntó cómo no se avergonzaba de haber acumulado tanta mentira; y

-36

�La primera de estas dos obras es, como el título dice, un resumen
de una obra más amplia en la que Plutarco desarrolla la comparación
entre los dos comediógrafos, con el fin ele demostrar que las comedias de
Menandro son mejores que las de Aristófanes, porque aquellas son morales, y estas inmorales. Citaremos unos pasajes ele este breve ensayo
más adelante, al hablar de la crítica literaria de Plutarco.
La segunda, cuya traducción completa y directa del griego se encuentra en el apéndice de este trabajo, y a la cual hemos hecho referencia muchas veces, es un pequeño ensayo sobre la manera ele leer a los
poetas. En ella Plutarco aclara algunas de sus ideas estéticas, con el
fin de enseñar a los jóvenes a leer a los poetas, en forma tal que puedan resultar útiles para el aprendizaje rle la filosofía. DANIEL WITTENBACH en la prefacción de esta obra, aclarando el fin que Plutarco se
había propuesto, e interpretando el título escribe: "Quomodo iuvenis
"poemata legere debeat, ut nil incle nec judicio erroris de rebus gra" vissimis, nec animo et moribus pravitatis suscipiatur". Es evidente,
por lo tanto, que especialmente en esta obra Plutarco trató del fin
ético de la poesía. Y éstas son sus ideas. "Hay que acostumbrar a los
"jóvenes a gozar de las lecturas y de las audiciones con moderación,
"y a perseguir en ellas lo útil y saludable" &lt;149 l; "debemos vigilar a
"los jóvenes en forma especial porque precisan de guías más en las
"lecturas que en las calles" &lt;1 50l; pués "el arte poético es muy agra" dable y cultiva el alma del joven, pero llega a producir turbación y
"desviación de la mente, si su lectura no es acompañada por una con" veniente vigilancia" (15Il; "y, puesto que no es justo tapar los oídos
"de nuestros jóvenes con cera dura que no se derrite, como los de
"los itacenses, obligándolos a izar las velas de la nave de Epícuro para
" huir y evitar el arte poético, los guiaremos y los vigilaremos, colo" cándolos frente a un razonamiento justo, y atándolos para que el pla" cer no los arrastre hacia el mal" &lt;152 l. "En efecto, no derribemos, ni
"destruyamos la vid poética de las l\1usas, sino detengámosla y trate" mos de suavizarla y rebajarla, cuando su parte mítica y clramáti" ca se enardece arrogantemente en el excesivo placer de fantasear, y
"envanece en forma demasiado exuberante. Pero, cuando ella con ele" gancia alcanza el arte mismo y su lenguaje suave y atractivo no es
" ni vacío ni estéril, introduzcamos y mezclemos con ella la filosofía.
"Ya que, como la mandragora, al crecer cerca de las vides, transmite
"su calidad al vino, que produce así un sueño más suave en los que
"lo toman, igualmente la poesía, recibiendo de la filosofía su doctri" na y mezclándola con fábulas, ofrece a los jóvenes una enseñanza

149)
150)
151)
152)

•• como le respondiese éste, que nada había de malo en que aquellas cosas
" S·e dijesen como entretenimiento; dando Solón un fuerte bastonazo en el
" suelo. "Pronto, repuso, aplaudiendo y dando aprecio a este entreteni" miento nos hallaremos con él en nuestros negocios y contratos" (Solón, 29,
trad. ANTONIO RANZ RoMANILLOS).
Quom. adols., 14f.

lbidem, 15a.
Ibídem, 15c.
Ibídem, 15d.

-

37 -

�"útil y agradable. Por lo tanto los que quieren dedicarse a la filoso" fía~ no deben huir de la poesía, sino que deben usarla como prepa" 'ración a la filosofía, acostunz brándose a buscar y apreciar la parte
"útil tarnbién en el placer; y en el raso de que no encuentren lo útil,
"a combatir y rechazar a la poesía" (153l.
Habiendo así puesto los fundamentos de su tesis ,en todo el ensayo, Plutarco sigue esforzcíndose para interpretar a la poesía en forma
útil &lt;154 &gt;. En efecto, él sostiene que si el poeta dice cosas vanas y feas,
es porque quiere indicar acciones vanas y feas; por lo tanto lo que
hay que admirar en estos casos es la imitación, y no la acción &lt;1 55);
igualmente se expresa acerca de los discursos malos y faltos de verdad
pronunciados por personajes malos y mentirosos &lt;1 ríOJ. Además él subraya que el poeta combate la maldad de sus personajes en los mismos
pasajes donde habla de esta maldad, o en otros pasajes de sus poemas,
porque así "la descripción y la imitaciún de acciones malas, cuando
"representan también la vergüenza y el daño que resultan a los que
"las cumplen, ayudan y no perjudican al oyente" &lt;157 &gt;.
Más adelante él sugiere que en los poemas hay que buscar pasajes que se contradicen y contraponen para poder sacar de ellos verdadera utilidad, ya que "la comparación y observación de pasajes con" tradictorios guiará al joven a uno de estos dos caminos: o lo dirigirá
"hacia el pasaje mejor, o cuando menos alejad. su confianza del pa" saje peor" &lt;15 8l.
Igualmente se expresa acerca de la interpretación que el joven
debe dar a la poesía para sacar de ella utilidad: "En efecto. la lectura
"de los poetas no traerá ningún daño al joven, cuando su alma esté
"preparada en forma tal que se exalte y se entusiasme sólo frente a
"las cosas bien dichas y bien hechas, y no tolere las malas y las repu" die ... Por lo tanto no hay que temblar tímidamente frente a todo,
"presa de superstición como en un templo, ni quedarse en adoración
"frente a cualquier cosa, sino que hay que estar acostumbrado a pro" clamar que algo no es justo y no es conveniente, no menos que a
"reconocerlo justo y conveniente" (l:í!)). Ya que a los poetas no hay
"que obedecerles como si fueran pedagogos o legisladores, a menos
"que el texto no fuera razonable. Y decimos que un texto es razona" ble cuando es bueno; mientras cuando es malo, aparecerá como va" cío y vano" &lt;100 &gt;.
En otra página, animado por el mismo fin, indica el provecho
que se puede sacar de la lectura, recurriendo a una de sus acostumbradas comparaciones: "Como en los prados la abeja busca la flor, la
153)
154)
155)
156)
157)
] 58)

159)
160)

Ibidem, 15f-16a.
El mismo concepto de utilidad de la poesía está expresado mucho más
brevemente en Quaest. Conviv. 736f-737c.
Véase pág. 26.
Quom adols. 18d.
Ibídem, 20b.
Ibidem, 21d.
Ibídem, 26a, b.
Ibídem, 28b.

-38-

�"cabra la hoja tierna, el cerdo la raíz, los otros animales las semillas
"y el fruto, así en las lecturas de los poemas, uno selecciona las flo" res de la historia, otro prefiere la belleza y la colocación ele las pala" bras" (lGl); "dos grandes ventajas reciben los que est&lt;Ín acostumbre" dos a escuchar con atención a los poema'): una es la que conduce a la
"moderación por la cual no se critica odiosa y neciamente a nadie por
"la suerte que tiene; otra es la que lleva a la magnanimidad por la
"cual los que sufren reveces de fortuna no se sienten humillados y
"confundidos, y soportan tranquilamente el sarcasmo, el reproche, las
"risas" &lt;1 G2 &gt;.
Y ya hacia el final, temiendo haber dicho demasiado en contra de
los poetas vuelve sobre sus mismas palabras: "Y así, como de lo que
"hemos dicho más arriba, resultaba que nosotros alejábamos y revo" cábamos la confianza en los poemas malos y dañinos, oponiéncloles
"discursos y sentencias de hombres famosos y de gobierno, igualmcn" te, si encontramos en ellos algo culto y útil, debemos alimentarlo y
"aumentarlo con demostraciones y testimonios filosóficos, atribuyen" do a los poetas tal invento" (lü:n; "ya que, adaptar y conciliar tales
"pensamientos con las doctrinas de los filósofos lleva a los poemas le" jos del mito y de la ficción, y cuando menos detiene ]a atención so" bre las cosas dichas con un fin útil; además abre y dispone el alma
"del joven a entender las sentencias filosóficas" (IGl).
Finalmente, concluye la obra con estas palabras que por si solas
alcanzarían a dar significado ético a todo el ensayo: "Así por estas con" sideraciones y por todo lo que hemos dicho, el joven precisa de una
" buena guía en sus lecturas para que, sin ser engañado, sino más bien
"por haber sido educado previamente, se dirija de la poética a la
"filosofía con espíritu benévolo, amistoso y familiar" (lH 5 &gt;.
Esto, en lo que se refiere al fin ético de la poesía en relación al
lector.
Sin embargo, Plutarco, con una intuición casi única en la historia
de las ideas estéticas griegas, sintió que el arte no sólo obra y tiene su
influencia sobre el lector o el espectador, sino que la acción creadora
comienza por obrar, y en forma seguramente más intensa, sobre el artista mismo. Esta influencia, de acción purificadora, sería entonces,
según Plutarco, la verdadera catarsis; catarsis del autor. del creador,
y no sólo del lector o espectador, como había dicho Aristóteles. &lt;IGG&gt;
Y así él escribe: "Los salterios, las péctides, las flautas y todos los
"instrumentos que con la ayuda de la música concuerdan y se tornan
"íntimos de las pasiones humanas, gimen, cantan y se desenfrenan de
161)
162)
163)
164)
165)
166)

Ibídem, 30d .
Ibídem, 35d. Se acerca aquí al concepto de catarsis oarhtotélica.
Quom adols. 35f.
Ibídem. 36d.
Ibídem, 37b.
S\'OBODA, Ob. cit. pág. 942, insinúa. que esta idea de Plutarco podría pro·
ceder de Posidonio.
B. CnocE, Poesía, pág. 207, así define la catands: "distacco e innoalzamento
"sulla passionalitá mercé dell'attiva intuizione poetica".

-

39

�" acuerdo a los juicios, pasiones y estados de ánimo de los que los to" can" &lt;167 &gt;. Y más claramente todavía se refiere a este concepto en
otro pasaje más: "Igualmente suscitaríamos la indignación de las 1\fu" sas al creer nosotros que obra de ellas son la citara y la flauta, y no
"la enseüanza de las costumbres y la moderación de las pasiones en
"los que crean poesías líricas y cantos" &lt;168 &gt;. En los dos casos no se
habla evidentemente del que escucha sino del que toca y del que
crea.
Esta, en breve, la posición ue PI u tarco acerca del arte poético.
Conforme a su posición sobre el arte poético es su crítica literaria.
Sus juicios sobre los distintos autores están especialmente basados
sobre el fin ético de la poesía, según la utilidad, la moralidad, la verosimilitud de las obras. Por esta razón, Aristófanes, que hoy todavía
ocupa el lugar más brillante entre los comediógrafos de todos los siglos y de todos los países, es criticado severamente por Plutarco y pospuesto al más simple y m~is moralista 1\Ienandro.
La crítica de Plutarco sobre HO.\IERO &lt;HW) no presenta ninguna novedad interesante, y en general es un reflejo de la crítica homérica de
la época alejandrina. En efecto, en la obra anteriormente citada
((Quomoclo aclolescens poetas audire deúeat", en la cu:.1l se encuentran
muchas referencias a Homero, nunca aparece un juicio que se pueda
definir estético, sino tan sólo observaciones de carácter ético.
Hemos dicho que desde el siglo VI a. C. los filósofos y, más tarde,
los filólogos habían encontrado en los poemas homéricos muchos defectos de índole moral. Platón los criticaba especialmente por su irreverencia religiosa &lt;1 70). Ahora bien, Plutarco vuelve a subrayar en los
poemas homéricos los defectos tradicionales: irreverencia hacia los
dioses, demasiada importancia dada al destino, que llega a dominar al
mismo Zeus; cierta maldad y poca seriedad en algunos de sus
héroes &lt;171 &gt;.
Para mitigar estos defectos y salvar a los dos poemas, Plutarco imagina distintos sistemas de interpretación &lt;17 :l) , rechazando la alt&gt;goría (173), como ya había hecho el mismo Aristóteles. Sin embargo, en
la ((CaTta a su esposa", él reconoce que la crítica homérica no siempre
ha estado en lo justo, ya que mucho se ha hablado de versos imperfectos y defectuosos, dejando de lado los verdaderos méritos, y la forma
167)

168)
169)

170)
171)
172)
173)

De virt. mor. 443a; cf. también "An seni", 786b, Non posse suav. 1093b,
donde Plutarco ha.bla del pl-acer que prueba quien se dedica a las bellas
artes.
Septem sapientium convivium, 156c.
No vamos a hacer referencia a la "Vida de Homero", atribuída a PLUTARCO,
por ser considerada generalmente espuri·a; así como en las citas anteriores
hemos dejado de lado la obra "De liberis educandis", por la mtsma razón.
V éanse págs. 9-10.
Quom. adols. 27b.
Ibídem, 20e, 31e, etc.
Ibidem, l9c, f.

-40-

�excelente de sus obras &lt;1 74l. Además en "De garTulitate" su crítica
alcanza los matices de un juicio estético, al expresarse en tal forma:
"De lo que se ha dicho acerca de Homero, lo más verdadero es que
"él solo, en sus obras, ha evitado a los lectores el aburrimiento, pre" sentando siempre algo nuevo y rebosante de gracia; como si dijera
"y repitiera para él mismo aquel verso suyo "odio volver a contar lo
"que ya se ha dicho claramente", huye y teme el fastidio que insidia
"cualquier discurso; por eso lleva al oyente de un cuento a otro, ate" nuando así el aburrimiento con la novedad" (1 75 l. Es un juicio de
sumo interés, en el cual Plutarco atribuye a Homero variedad y gracia, los dos elementos que como hemos dicho &lt;17&lt;ll, constituyen algo
esf'ncial e imprescindible en la composición de toda obra poética.
De los poetas comúnmente conocidos en el grupo de los elegíacos
y yámbicos, Plutarco recuerda esp.ecialmente a ARQUÍLoco en el cual
critica -como quería la tradición y más aun su posición ética- el
argumento &lt;177 &gt;, la maldicencia y la obscenidad &lt;1 78),
De FOCÍLIDESJ el poeta filósofo, observa la demasiada "sencillez" (179),
soLÓN es recordado como poeta, especialmente por su oda sobre
Salamina "cien versos escritos con toda gracia" &lt;1 SO).
De TEOGNIS) el poeta gnómico por excelencia, dice que "sus máxi" mas son discursos que han tomado de la poética el verso y el énfa" sis" (181); igualmente de PARMÉNIDES &lt;1 S 2 ) y EMP~~DOCLES (lS:n. Todos
ellos, en efecto, "han tomado prestado de la poética el metro y la gra" vedad, como un peatón que toma un coche para escapar a la humilla" ción de ir caminando" &lt;1 81).
Muy escasas son las referencias a los poetas monódicos: SAFO y
ALCEO. De SAFO elogia la elegancia, al citar el fragmento Bergk 58 &lt;183 l, y
a propósito de sus odas amorosas dice: "Como el hijo de Efesto, Caco,
"según los Romanos, arrojaba por la boca torrentes de fuego y lla" mas, así Safo emana cantos verdaderamente inflamados, y comuni" ca a través de sus versos el ardor ele su corazón" &lt;18 ·1 l.
De la tragedia Plutarco da una definición bastante escueta en
"Quaestiones conviviales": "La tragedia es solemne y estudiada; es una
"ficción de acciones llenas de pasión y piedad" (JR5\
174)
175)
176)
177)
178)
179)
180)

181)
182)
183)
184)
185)

Consolatio ad uxorem, 6llb.
De garrulitate, 504d.
Véanse págs. 33-34.
De aud. 45a.
De curios. 520b.
De aud. 45b.
Sol.ón, 8, l. En el cap. 3 de esta misma obra subraya PLUTARCO que Solón
escribió "por pura diversión y pasatiempo", y que escribió sus sentencias
"no como historiador o para memoria, sino ya en apología de sus dispo" siciones, ya exhortando, o amonestando, o reprendiendo a los atenienses".
Quom. adols. 16c.
Ibídem; De au. 45b.
Praecepta conjugalia, 145f.
Amatorius, 762f.
Quaest. conviv. 7lle.

-

41 -

�Los juicios sobre los tres trágicos no son tan interesantes como
podríamos esperar. Entre los tres prefiere a EURÍPIDES~ por razones
obvias: sus obras son muy ricas en consejos de buena conducta y en
preceptos. Pone a SÓFOCLES en segundo lugar, y por último a ESQUILO.
Este, su juicio del punto de vista ético. En lo que se refiere a la forma de las obras recuerda la crítica de Sófocles acerca de la abundancia, de la rudeza y la artificiosidad de Esquilo &lt;1 86J, pero elogia su
estilo como el mejor y el más conforme a los caracteres &lt;1 S6J; y en otro
lugar recuerda como mérito del trágico su elocuencia (187J. Afirma
que Sófocles es mejor que Esquilo, ya que supo eliminar los defectos
de aquel, usando una forma de dicción más rica &lt;1 88J, y alcanzando
admirable elocuencia &lt;189 l y gracia &lt;1 87J. Sin embargo, critica la desigualdad en los rasgos de sus personajes y en la estructura de sus
tragedias &lt;190 l.
EURÍPIDES es para Plutarco casi sin defectos, un sabio que vuelca
en sus tragedias sus conocimientos filosóficos y sociales &lt;1 9 1 ) en forma
bella, con adecuada colocación de las palabras, y con dicción redonda &lt;192 l; sin embargo también él cae a veces en la verbosidad &lt;193 l.
En la obra cuya traducción damos en el apéndice: Quomodo adolescens poe-tas audire debeat"~ hay un evidente reflejo de estas preferencias de Plutarco y de su juicio crítico. En efecto, entre los pasajes
citados en esta obra, sólo cuatro son de Esqmlo, doce de Sóiocles y
veinticuatro de Eurípides.
De los pasajes ele Esquilo, e] primero (par. 16e) es una de las
mejores citas de toda la obra, por su rasgo tan humano que debe haber llegado profundamente al corazón de Plutarco, especialmente después de la muerte de su hija.
Los pasajes de Sófocles tienen escaso valor literario, y son usados
por Plutarco con evidentes fines morales, así como, en su mayoria, también los de Eurípides.
Sin embargo, a propósito de un verso ele Sófocles (par. 27f),
Plutarco hace notar que este trágico está acostumbrado a presentar
malas costumbres y hechos indignos con palabras agradables y argumentos benévolos. De parte de Plutarco es esta una severa crítica.
Entre los pasajes ele Eurípides, sólo dos, el primero y el segundo,
son citados con fin de crítica literaria (par. 17d, 18d,); el primero
como ejemplo de emoción, imaginación y engaño poético; el segundo,
como ejemplo de un discurso malo y falso, pero conveniente al personaje malo y falso que lo pronuncia.
Pasamos ahora a examinar el juicio de Plutarco sobre la comedia
186)
187)
188)
189)
190)
l 91)
192)
193)

Quom. quis suos in virt. prof. 79b.
Gloria Athen. 348d.
Quom, quis, suos in virt. prof. 79b.
Gloria Athen. 348d.
De aud. 45b.
Gloria Athen. 348d.
Quom adols. 30d.
De aud. 45b.

- 42-

�antigua y la nueva y especialmente sobre sus principales cultores,
ARISTOFANES y MENANDRO.
En su posición frente a la comedia, es evidente que él sigue la tradición pcripatética, que condenaba la Comedia antigua y prefería la Nueva por su fin moral. En su estudio ético y no estético, se ensaí1a contra la Comedia Antigua y Aristófanes, poniendo en evidencia todos su&lt;; defecto'&gt;, sin sentir, o aparentando no
sentir, los evidentes m('ritos artísticos de las obras del gran comediógrafo. Dedicó una obra especial a este argumento: ({Comparación ent1·e Aristófanes y 1\Jenandro"J de la cual se ha conservado sólo un epítome. Además en su otra obra ({Quaestiones conviviales"J dedica unos
párrafos a la comparación entre las dos formas de comedia (Ifl ·1 l.
A la comedia antigua reprocha "la libertad del lenguaje, demasía" do intemperante y vehemente; la tendencia al sarcasmo y a la tri" vialidad; las palabras indecorosas y, por fin, la dificultad de ínter" pretar a cada personaje" &lt;1 D5 l. Por e! contrario elogia la comedia
nueva y especialmente a 1\Ienandro, elemento indispensable ele todo
banquete, por su "dicción suave y sencilla", por "la abundancia de sen" tencias útiles" por "el acercamiento de lo serio a lo gracioso", y por
"unir en si deleite y utilidad al mismo tiempo" (10GJ.
Finalmente, Plutarco reprocha a Aristófanes la falta de verosimilitud, la congruencia en la composición y en el estilo; un espíritu grosero y barato, duro y malicioso, que trata ele representar siempre los
rasgos peores de los hombres; en contraposición a l\Icnandro cuyo estilo armonioso, usado para representar distintas acciones y caracteres,
y conveniente a cada personaje, alcanza la verosimilitud necesaria.
Además l\1enandro pinta a hombres malos y buenos; sus chistes son
medidos e intenta siempre encontrar también el lado bueno de las cosas y de los seres, revelando así un espíritu amplio y no amargado.
Este en breve el drástico juicio sobre Aristófanes en la ({Epítome
de la comparación entre Aristófanes )1 lVIenandro". Citaremos de inmediato algunos pasajes en los que el estilo de Plutarco da suma vivacidad al argumento tratado.
"Aristófanes tiene una manera de hablar insoportable, grosera,
"de mal gusto (sigue una cita ele Equ. 435-37) (l!l7l; en la composición
"de las palabras tiene algo trágico y, sin embargo, cómico, ruín, pe" destre, obscuro, común, enfático, ridículo, charlatán, Hausean" te (l!.lSl. No ofrece a cada personaje lo que conviene, el fasto al rey,
"la habilidad al orador, la sencillez a la mujer, lo pedestre al ignoran" te, la insolencia al forense, sino que, como a caso, atribuye a los
"personajes las palabras que primero se le ocurren, y no puedes saber
"si el que habla es un hijo o un padre, un paisano o un dios, una
"vieja o un héroe (l!l!lJ. Su poesía es símil a una etcra que, cuancl::&gt;
194)
195)
196)
197)
198)
199)

Quaest. conviv. 712a-d.
lbidem, 712a.
lbidem, 712b.
Compnd. compar. Aristph. et Menan. 853b.
lbidem, 853c.
lbidem, 853d.

-43-

�quiere imitar a una matrona, el vulgo no soporta su insolencia, y
"los hombres serios aborrecen su impudicia y malicia (!!OO). La sal
"de Aristófanes es amarga e hiriente, tiene una mordacidad acre, y no
"sé donde se encuentra su celebrada habilidad, si en las palabras o
"en los personajes" &lt;201 ). Y concluye: "Parece que Aristófanes no es" cribió sus obras para hombres moderados, sino obras torpes y libi" dinosas para hombres impúdicos, y obras blasfemas y mordaces para
"envidiosos y calurnniadores" 1!.!021.
Sin duda nos da pena que un hombre de buen gusto como Plutarco, se haya dejado arrastrar por la tradición y por sus ideas éticas, y
haya experimentado para Aristófanes y sus comedias, tan evidente incomprensión y parcialidad.
Por el contrario, su juicio sobre MENANDRO es de lo más elogioso.
" .i\fenandro tiene una dicción tan pulida y moderada, que, aú11
"llevada por muchas pasiones y adaptada a muchos personajes, se
"muestra única y conserva una igualdad suya propia en las palabras
"comunes y usuales &lt;20 3). Su estilo se adapta a cualquier naturaleza,
"estado y edad &lt;2 0 4 &gt;; su poesía está compuesta en tal forma que, entre
"los bienes que los griegos poseen, el más común es su lectura, su en" señanza, su representación &lt;20 5); y para los filósofos y eruditos .i\fe" nandro es un descanso en sus meditaciones graves e intensas, corno
"si volvieran a animarse a la vista de un prado floreciente, sombreado
y lleno de aire suave" (206).
Una vez m~l.s su posición ética ha Lriunfado. Después de haber salvado a los poelas y ele haber imaginado distintos medios para poner
de relieve el fin moral de sus obras, y destacar así la utilidad de ellas,
sacrifica a uno de los poetas más agradables de la antigüedad.
En lo que se refiere a los prosadores, Plutarco no sintió simpatía
hacia HERÓDOTOS~ y, podríamos decir, que lo juzgó con cierto prejuicio, por haber él hablado mal de los beocios. En la obra que él dedica al gran historiador: {{La malignidad de He-ródotos"J se puede captar, desde las primeras palabras, más aún desde el mjsmo título, que
la monografía -si queremos llamar esta obra con denominación moderna- no está escrita completamente de buena fe, y que sólo la honradez propia de Plutarco es la que le hace reconocer, al final, q~e
Heródotos "es un hombre que sabe escribir; su estilo es agradable; tic" ne gracia, fuerza y elegancia para las narr'lci~mes; no cuenta el mito
" con arte, como un aedo, sino con suavidad y delicadeza" (!!u?&gt;. Y
muy gustosamente aceptamos su juicio, con el cual concordamos, ~&gt;i
200)
201)
202)
203)
204)
205)
206)
207)

Ibídem, 854a.
Ibídem, 854c.
Ibídem, 854d.
Ibídem, 853il-e.
Ibídem, 853f.
Ibídem, 854a.
Ibídem, 854c.
De Herod. malign. 874b.

-

44-

�pensamos que el crítico no es amigo del autor, y que desde el principio Plutarco ha acusado a Heródotos de ''simplicidad. superficialidad,
"despreocupación en los relatos de los sucesos (20RJ; de malignidad,
"por elegir entre opiniones distintas la peor, por detenerse cor1 cierto
"goce en cuestiones malas, sin importélncia histó1 ica" (:!O:JJ. Ya que. d
concluye: "Quien escribe la historia debe decir lo que sabe que es
"verdad, y en lo incierto decir lo que estima mejor y no pfor'' (210).
l\1uy distinto es su juicio sobre TUCÍOIDI:S, en el cual pcdríaml)s
decir, Plutarco reconoce al escritor perfecto. De acuerdo a este juicio
Tucídides consigue establecer entre escritm y lector una relación íntima, una comunión de emociones que pone el lector mismo frente a
los hechos relatados, como si estuviera presenciándolos. Dice en efecto
Plutarco: "Tucídicles siempre lucha con su palabra para conseguir es 1
"claridad, y ansía hacer del oyente un· espectador, en el que las pa" siones terribles y perturbadoras, obren como si las estuviera presenciando" &lt;211 &gt;. Y más adelante, después de haber recordado la desrrinriAn
rlr-&gt;1
_..,..,.t''-'4'-'.A.&amp;.

'-4..'-'.A.

Pll"l-ritr.

'-'j'-.1.'-'A."-'-J

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del mismo ejército en el desastre de Sicilia &lt;t 13 &gt;, concluye: "este ejé·r" cito 2sí descripto por Tucídides es una obra de evidencia pictórica
"por la disposición y la configuración" (!!HJ. Otro elogio m&lt;ís le tributa en la ((Vida de Nicias", cap. 1: "Tucídides, excediéndose a sí mismo
"en la energía y en la elegancia, se hizo famoso".
Elogia a JFNOFONTES junto a PLATON por la pure1a det estib
ático &lt;21 51, y por la belleza de las discusiones en su'5 clüílogos &lt;::! 161 •
De estos breves juicios sobre los tres más grandes historiadores
griegos, resulta evidente que Plutarco reconoce el valor de la prosa
histórica en el desarrollo de la literatura griega, y una Yez más, al encontrar en sus juicios tan acertada sensibilidad artística, lamentamos
que su obra de crítico no haya sido más extensa.
El estudio de los oradores era sumamente importante para los
antiguos. La Retórica constituía la base de toda buena enseñanza, y
los maestros indicaban a los jóvenes el estudio ele los poetas y de los
oradores como imprescindible para la fornnción del carácter. El reflejo de toda esta tendencia, que va desde Gorgias l~asta los siglos de la
decadencia del imperio romano, se encuentra espeCialmente en la obra
del español Quintiliano.
Plutarco, cuya vida fué dedicada a la enseñanza, no dejó de lado
a los oradores; por el contrario un gran número de sus citas son tomadas de las obras ele ellos. Sin embargo, sus juicios al respecto no son
208)
209)
210)
211)
212)
213)
214)
215)
216)

Ibídem, 854e.
Ibídem, 854f y pa.ssim.
Ibídem, 855f.
Gloria Athen. 347a. Véase pág. 24; n. 92; pág. 35.
TuCÍDIDES, IY, 11, 12.
Ibídem, VII, 71.
Gloria Athen. 347c.
Quom. quis suos in virt. prof. 79d.
Praecepta conjugalia, 145c.

-45-

�interesantes. Su obra {(Vida de los diez oradores" es biográfica y no
crítica. En {(Gloria Atheniensium"~ el cap. VIII esté.Í dedicado a los
oradores. Empieza con un juicio general, en el que se comp:1ran los
oradores a los estrategas. Cita luego las mejores oraciones ele HIPÉRIDFS
y de DEMÓSTENES. De !SÓCRATES dice que "había envejecido uniendo y
"componiendo palabras opuestas, las símiles, las de desinencias pare" ciclas, puliendo y corrigiendo giros de palabras casi con buril y cin" cel"; y que "sus oraciones se parecen a los atletas, porque ofrecen un
"deleite teatral" (217&gt;.
En uza Vida de Dernóstenes") inútilmente buscaríamos juicios críticos; es, como todas las otras, una biografía, en la que se citan las distintas oraciones en relación a la actitud política o a un momento especial en la vida del orador. Sólo en la ((Comparación de Demóstenes
"y Cicerón") cap. I se encuentra este simpático elogio del orador griego :"La oración de Demóstenes, afuera de todo adorno y juego, es" tá dirigida a la gravedad y a la seriedad"; "Demóstenes, cu&lt;mto ta" lento tuvo recibido de la naturalen y acrecentado con el ejercicio,
" todo lo empleó en la oratoria; llegando a exceder en energía y Yehe" mencia a todos los que compitieron con él en la tribuna y en el foro;
"en gravedad y decoro a los que cultivaron el grnero demostrativo, y
"en diligencia y arte a todos los sofistas". Es un juicio breve, pero de
verdadera importancia y que demuestra una vez más el gusto y el entendimiento de Plutarco, especialmente para obras en prosa.
LISIAS parece a Plutarco el orador más favorecido por las Musas,
por la fuerza de persuasión y la gracia que ellas le ofrecieron (~IR&gt; y
por el estilo delicado y sutil (:! 10 &gt;, que parece fácil, aun siendo difícil
de imitar (220 &gt;.
Ahora bien, después de haber seleccionado en las obras de Plutarco los pasajes relacionados con el arte poético y con la crítica literaria, podemos concluir que su posición en un caso como en otro es
esencialmente ética, es decir, está basada en el fin ético de la poesía;
que sus ideas en este sentido son tradicionales; que no existe un sistema plutarquiano, porque, en realidad, su posición es estoica y peripatética al mismo tiempo, al unir en sus escritos, sin crítica, con ligereza y a veces despreocupacióri. ideas casi contradictorias, o por lo menos distintas; así que es muy difícil definir claramente sus puntos de
vista. Dice EGGER: "Dans tous les livres de Plutarque c'est le mcme
"laisser aller d'un esprit facile, et cl'une ame indulgente, avec les clons
"les plus hereux de l'imagination" (:.:! 21 &gt;.
Sin embargo, así podríamos brevemente resumir su posición sobre
el arte poético: La jJoesía es imitación del fenómeno senszble, pe¡ o
también de lo verosímil) de pasiones y caracteres.: en ella el ({nzythos"
217)
218)
219)
220)
221)

Gloria Athen. 350d-e.
De garrul. 504c, d.
De aud. 42d.
Vitae decem 1.1rat. 836b.
E. EcGER, Essai sur l'histoire de la critique ehez les Crees, pág. 425.

- 46-

�y la forma son elementos que se unen y se identifican para crear el
que debe llegar~ no a través del oldo y de la vista~ sino a tra-

placer~

vés del intelecto; su fin es el de ser una prepararión al estudio de la
pero también el de ser un elemento purificativo (catártico)
para el autor y el lector.
Con esta definición puntualizamos una vez más que Plutarco no
fué siempre exclusivamente un recopilador y un enciclopedista que refirió ideas de otros. Escuchó de vez en cuando también a su espíritu
y a su intuición, y de ellos extrajo nuevos ra~gos acerca de la fusión
íntima de forma y contenido en el momento de la creación poética, y
acerca de la función catártica de la poesía para el creador mismo además que para el lector. Luces esta~ que de repente aparecen en sus
escritos y que nos hacen lamentar mayormente qu Plutarco no haya
tratado de aprender más de sí mismo que de los demás.
filosofía~

-47-

�APENDICE

Cómo el JOVen debe leer a los poet-as C)

14

e)

Si, como .dijo el poeta Filóxeno, la parle más ~nave de la
carne, no e:" la 1que tiene mayor gu!?to a carne, y del pescado
la que ~abe más .::t pe~cado, dejemos, :\farco Scdato, ~t¡uc declaren su opinión sobre el asunto, aqu e llo~ qne~ ~egún Catón e), tienen el paladar IlláS sen~ible que la mente. ])('
parte nueslra es claro que en lo que se refiere a preceptos
filosóficos. los más jóvenes los perciben con mayor deleite y
los aceptan con mayor docilidad y obediencia, ruando éstos no tienen aspecto filosófico y elaborado. En efecto, ellos,
no sólo se entusia~man con verdadero placer al leer la::; fábulas de EsoPo y las fantasías poéticas, ~ino también al c~tudiar
el Abaris de HERACLEIDES C1 )' el Lycón de ARISTO'l \!) y las
doctrinas acerca del alma, cuando é~tas están mezcladas con
narraciones fantásticas.
Por lo tanto~ no sólo es necesario mantener a los jóvenes
medidos en los placeres de la comida y de la bebida, sino
1

f)

-rov véov T:Ott,¡J.á-.cuv cXY.OÚ~t'i t ''Quomodo adulescens poetas audire
debeat" o "De audiendis poetis", es la obra que ocupa el segundo lugar en
la:" ediciones de "Moralia", desde aquella de XILANDRO (1570), hasta las más
reciente de POIILE'\Z del año 1925. E~ta &lt;.&gt;Olocarión no es cronológica. Por el
contrario, es difícil e~tablecer la época exacta en que este ensayo fué escrito.
Por las referencias que 6C encuentran en el texto mismo, se puede afirmar
que Plutarco lo escribió, ruando su hijo Soclaro era ya un joven; debe per·
tenecer, por lo tanto, a su madurez, eso es, cerca del fin del 1 siglo.
Las ediciones usadas para la presPnte tradtH'('iÓn directa del griego, son
la de: DA::"iiEL WITTENBACH, Oxford, 1795; la de: F. C. BABBITT, Locb Chtsdcal Library, London, 1919, 11 ed., basada sobre las de WITTE:\"BACII y de
G. N. BERNARDAKIS (Leipzig, 1888-96).
L::~s citas de ~\tiCK: Tragicorum Graecorum fragmenta. y de KocK:
Comicorum Atticorum fragmenta, son tomadas de la ed. de Babbitt.
Para las citas de los versos de Ho:\IERO se ha usado la traducción cas·
te llana de SEGAd. EsT ALELLA.
2) Véase también PLUTARCO, Vida de Catón, cap. IX.
3) HERACLEIDES PÓ:&gt;iTICO, discípulo de Platón, compuso una obra sobre Abaris,
el lperboreo y maravHloso sacerdote de Apolo.
4)
ARISTÓ'i DE CEO, peripatético; t&lt;ucedió a Lycón en la dirección de la es.
cuela, cerea del 225 a. C.

1)

"II¿}~ o~~

-49-

�15

b)

e)

5)

6)

7)

8)

que, aún más, hay que acostumbrarlos a gozar de las lecturas y de las audiciones con moderación, como de la salsa
preferida, y a perseguir en ellas lo útil y lo saludruble.
En efecto, como las puertas cerradas no salvan a una ciudad
de la captura, si por una de ellas Ee deja entrar a los ene~
migos, así la moderación en los placeres no salva al joven
que, sin darse cuenta, se entrega al placer que le viene de
lo que oye. Por el contrario, cuanto más el vlacer del oído
se apega al pensamiento y razonamiento innatos en el hombre, tanto más daño y ruina produce en quien lo acepta sin
hacerle caso.
Por lo tanto, ya que de todas maneras no es posible ni útil
alejar ,de los poemas a un joven de la edad de mi Soclaro
) de tu Cleandro ( 3 ), hay que vigilarlos en forma especial,
porque precisan de guía más en las lecturas que en las calles.
Por ésto pensé enviarte por escrito lo que, hace poco, se
me ocurrió decir acerca de los poetas.
Tómalo y estúdialo; y, si te parece que tenga una utilidad
mayor que la de las ametistas -que algunos en los banquetes llevan colgando como amuletos (G)- entrégalo a Cleandro, y previene a su naturaleza, que por falta de pereza y
aun más por exceso de impetuosidad e inteligencia, está más
sujeta a tales influencias.
a En la cabeza de un pólipo hay algo malo y algo bueno" ( 7 ),
es sumamente agra.dable de comer, pero, según dicen, produce un sueño agitado y cargado de visiones pcrturbadora=S y
extrañas. De la misma manera también se puede decir del
arte poético que es muy agradable y cultiva el alma del
joven, pero llega a producir turbación y desviación de la
mente, si su lectura no es acompañada por una conveniente vigilancia. En realidad, no sólo acerca .del país de
los Egipcios, sino también acerca del arte poético, se puede
decir, según mi opinión, que brinda muchas drogas a los
que la cultivan.
"y la mezcla de unas es saludable y la de otras
[nociva" ( 8 ).
En efecto,
"hallábanse allí el amor, el deseo, las amorosas
[pláticas

Soclaro fué uno de los hijos de Plutarco. Cleandro, según este pasaje, sería
hijo de Marcos Sedato; no se conocen otras noticias acerca de él.
Plutarco se refiere aquí a dos especies de -ametistas: las piedras que eran
usadas como amuletos; y una hierba o yuyo que se tomaba como pre·
ventivo ante de las bebidas.
Cf. LEUTSCH AND ScHNEIDEWIN, PAROEMIOGRAPHI GRAECI, I, p. 299. (según
Babbitt, p. 77, n. b.).
HoMERO, Odisea, IV, 230.

- óO-

�·d)

e)

f)

16

y el lenguaje seductor que hace perder el juicio a
[los má:5 prudentes" (!.l),
ya que el elemento enga'ñoso de ella no obra sobre aquellos
que son enteramente estúpidos y locos.
Por esta razón Simónides contestó a uno que le preguntaba: "Por qué sólo a los Tesalios tú no los engañas'?", "porque son demasiado ignorantes para que yo los seduzca". Y
Gorgias lbmaha la tragedia un engaño, en que el que en~aiia
es más hábil que el que no engaña, y quien se deja enga'ñar
más cuerdo que e1 que no se deja (1°) . En conclusión, ¿, 1aparemos a los oídos de los jóvenes, como a los de los Itacenses, con cera que no se derrite, obligándolos a izar las
velas de la nave de Epicuro ( 11 ), para huir y evitar el arte
poético?; o más ]Jien, ¿los guiaremos y los vigilaremos colocándolos frente a un razonamiento justo, y atándolos para
que el placer no los arrastre hacia el mal?
~'No, tampoco el fuerte Licurgo, hijo de Driante" (1 2 )
estaba en su juicio cuando, frente a la muchedumbre borracha e insolente, comenzó a derribar las vides, en lugar d.e
acercar las fuentes de agua y de volver a su razón al "enloquecido" dio.3 "corregiéndolo con otro dios sobrio": como
dice Pr ATÓ~ (l:l ); en realidad, el vino mezcbL1o con ll'.!,Ua
pierde su calidad dañosa, conservando la buena.
Por la misma razón nosotros no d.errihemos, ni destruyamos
la vid poética de las Musas, sino detengámosla, y tratemos
de rebajarla y suav~zarla cuando su parte mítica y dramática se enardece arrogantemente en el excesivo placer de
fantasear, y envanece en forma demasiado exuberante; pero
cuando ella con elegancia alcanza el arte mismo, y su lenguaje suave y atractivo no es ni vacío, ni estéril, introduzcamos y mezclemos con ella la filosofía. Ya qw·, como 1a
mandragora al crecer cerca de las vides, transmite su calidad
al vino, que produce, por efecto .de ella, un sueño máii suave
en los que lo toman, igualmente la poesía, recibiendo de la
filosofía su doctrina y mezclándola con fábulas, ofrerc a los
jóvenes una enseñanza útil y agradable. Por lo tanto, los que
quieren dedicarse a la filosofía, no deben huir de la poesía,
sino que deben u;;arla como preparación a la filosofía, acostumbrándose a buscar y a apreciar la parte útil también en
el placer, y, en caso de que no encuentre lo útil, a combatir y rechazar esa poesía. En efecto. esto es el principio •le

9)
lO)
ll)

HoMERO, Ilíada, XIV, 216.
Véase también: Gloria Atheniensium, 348c.
QJNTILIAt'iO, lnst. Orat. XII, IJ, 3: ''Nam in primis nos Epicurus a se ipse dimittit, qui fugere omnem disciplinam naviga.tione quam velocissima jubet".
12) HoMERO, llíada, VI, 130.
13) PLATÓN, Leyes, 773d.

- ól-

�la educación según Sófocles:
:.Quien empieza bien una acción
puede conseguir buenos resultados" (1 4 )

b)

e)

d)

14)
15)
16)
17)
18)

•

Cap. II. - Como primera cosa, entonces, hay i&lt;Jlle introducir
al joven en los poemas en forma tal, que tenga siempre impreso y Presente en su mente el proverbio '·:Mucho mienten
los poetas" ( 15 ), sea intenci01ulmente, sea sin intención.
Intencionalmente, ya que para brindar al oído placer y primor -que es lo 'que la mayoría de los lectores busca- consideran la verdad demasiado austera frente a la ficción; ya
que la verdad, siendo un hecho, no puede ser cambiada, aun
si tuviera un triste desenlace; mientras la ficción, siendo
una creación de palabras, Pasa muy fácilmente de un estado
a otro y cambia lo triste en placentero.
En efecto&gt; ni el metro, ni el cambio de palabras, ni la majestad del estilo, ni una oportuna metáfora, ni el orden en
la composición tienen tanto atractivo y gracia, como una hábil disposición de la narración mítica. Y a que así como en
las pinturas emociona más el color que el dibujo, por1cp.1e
imita las figuras y crea el engaño, de la misma manera~ en
las poesías la ficción, combinada con lo verosímil, asombra
mayormente y es más apreciada que una obra elaborada con
n1etro y dicción, pero falta de mito e ilusión. Por ésto Sócrates, impulsado por algunos sue'ños a dedicarse al arte
poético, despues que por toda su vida había luchado por la
verdad, reconociendo que le faltaba la facultad de inventar
ficciones verosímiles, adaptó en versos las fá.bulas de Eso·
po ( 16 ) ; y demostró así que no podía cxi-,tir poesía sin ficción. En efecto, conocemo¡; sacrificios sin danzas y sin
flautas, pero no conocemos poesía sin mito y sin ficción. Así
los versos de EMPÉDOCLES y de PARMÉNIDES, las "T heriacá"
de NICANDRO (1 7 ) , y las sentencias ·de TEOGNIS, son discnrws
que han tomado prestado de la poética el metro y ] 1 gravedad, como un peatón que toma un coeihe para escapar a
la humillación de ir caminando (1 8 ).
Por lo tanto cae en error y corrompe su opinión el lector
que acepta como verdad lo que de absurdo y desagradable
dice en sus poemas algún escritor de importancia y renombre acerca de los dioses, de las divinidades menores o de la

Trag. Graec. Frag., SOPHOCLES, N° 747.
Citado por ARISTÓTELES en Meta/. 983a, 1, 2; y en d diálogo apócrifo de
PLATÓN "De justo-", 374a; en SoLÓN, fr. 29 Bergk.
PLATÓN, Fedón, 6la, h.
NICANDRO, poeta didáctico del s. 111 a. C. Su obra "Theriacá" habla de las
picaduras de los animales y de los remedios para ellas.
Véase también PLUTARCO, Pythia, 406e.

NAUCK,

52 -

�17

19)
20)
21)

22)
23)
24)
25)

virtud. Por el contrario, no sufre ningún daño~ ni cree en
nada malo el lector que siempre recuerda y tiene clarnwente presente la ilusión de la poética debida a la ficción, y tque
puede decir de ella en cada ocasión:
"oh enga'iio más astuto 'qUe el lince r' (1 9 )
¿por qué te pones serio mientras bromeas~ por qué simulas
e) enseñar mientras engañas? Así en efecto, conseguirá contener
su miedo frente a Poseidón y su temor de que el Dios abra
la tierra y descubra al Ades (:.! 0 ) ; detendrá su ira contra
A polo por causa del príncipe de los Aqueos:
'~Aquel mismo dios que entonaba himnos, a•quel mi:::.[mo que tomaba parte en las fiestas
aquel mismo que me había preanunciado estas cosas,
[aquel mismo ahora ha matado a mi hijo" (2 1 ) :
cesará de llorar para el muerto Aquil~s y para Agam~mnón,
lc{ue en el Ades, arrastrados por el deseo de vivir, tienden las
manos impotentes y débiles C2:.!). Y, si fuera el caso que él
mismo se turbase por los sufrimientos y que.dase dominado
por el encanto de la poesía, no vacilará en decirse a si mismo:
"mas, procura volver lo antes po~ible a la luz y lié[ vate sal.itlas
f)
todas estas cosas para que luego las refieras a tu
[consorte" r~=·).
Así Homero en la "nékyia" escribe y sugiere, en forma agradable, que los cuentos fantásticos son más apropiados para
oídos de mujer ( 24 ).
Tales son las cosas que los poetas inventan con intención;
pero más todavía son a'quellas que ellos no inventan, sino
que piensan y creen, y en las cuales, sin embargo~ nos hacen creer con engaño. Como cuando Homero dice de Zeus:
"Puso en la balanza de oro dos destinos de ·d olorosa
[muerte,
la de Aquiles y la de Héctor, doma.dor de caballos,
cogió por el medio la balanza; la desplegó y tuvo m á::;
[peso el día fatal tle Hértor
que descendió hasta el Ades. Al instante, Febo Apolo
[desamparó al troyano" (Z:l).
NAUCK, Trag. Graec. Frag. adesp. N 9 349.
HoMERO, !liada, XX, 60.
Es Tetis que habla de su hijo Aquiles. PLATÓN, República, 11, 383b; NAUCK,
Trag. Graec. Frag. AEscHYLUS, N° 350. Según ScHNEIDER serían versos de la
tragedia de E~quilo; "]ZLicio de armas".
HoMERO, Odisea, XI, 470, 390.
Ibídem, 223.
La tradición decía que los mitos, las fábulas convenían a niños y mujeres.
Cf.PLATÓN, República, 11, 377c.
HoMERO, !liada, XXII, 210.

-53-

�b)

e)

Esquilo compuso toda una tragedia sohre este argumento con
el título '"Peso de almas"; en ella, coloca cerca de un plato
de la balanza de Zeus a Tetis, y a Eos cerca de otro; las
dos suplicando respectivamente para sus hijos en lucha. Pero en este caso es evidente para cualquiera que ésta es una
invención fabulosa y una ficción escrita para el placer y el
asombro del oyente.
Por el contrario el verso:
"Zeus, árbitro ,de la guena humana" ( 26 ) ,
y el otro:
'"dios crea la culpa en los mortales
cuando quiere destruir completamente una casa" (:.: 7 ),
están dichos ya según la opinión y la creencia de aquellos
escritores, que así difunden y nos comunican su error e ignorancia respecto a los dioses.
Por el contrario no queda desapercibido para la mayoría
que, así como las drogas se mezclan con los alimentos, igualmente la fábula y la ficción están abundantemente mezcla·das en los cuentos fantásticos y en las descripciones de lad
visitas al inf~erno, Ias cuales con palabras terribles forjan
visiones e imágenes ,de ríos que queman, de lugares salvajes
y de penas terribles. En efecto ni Homero, ni Píndaro~ ni
Sófocles. escribieron con convicción que las cosas eran como
ellos decían:
"Allí lentos ríos de obscura noche
arrojan tinieblas infinitas" (2 8 ),
y
"Transpusieron en primer lugar las corrientes del
[Océano y la roca de Leucades" (2\J),
y

"estrecho ingreso del Ades y marea de las profundi[ da·des" ( 3 '') •
Además, cuántos? lamentando y temiendo la muerte como
algo misérrimo, o la falta de sepultura como algo terrible
han pronunciado palabras como éstas:
"no te vayas, dejando mi cuerpo sin llorarle ni ente[rrarle" ( 31 ),

y
"el alma voló de los miembros y descendió al Ades
26)
27)
28)
29)

30)
31)

lbidem, IV, 8!.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. Aeschylus, N 9 156.
PINDARO, frag. 130. Loeb. Univ. Press, London, 1946.
HoMERO, Odisea, XXIV, 11.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. SorHOCLES, N 9 748.
HoMERO, Odisea, XI, 72.

-54-

�d)

llorando su suerte, porque dejaba un cuerpo vigoroso
[y joven" ( 3 :!).
y

e)

f)

18

32)
33)
3·0
35)
36)
37)

"no me mates antes del tiempo, ya que suave es
ver la luz; no me obligues a ver lo que hay bajo
[tierra" ( 33 ) ;
éstas son palabras de gente sacudida por la emocwn y poseída por la imaginación y el engaño. Y por eso mi:lmo nos
conmueven y turban con mayor facili.dad al comunicarnos
la pasión y la debilidad de las cuales brotan. Por lo tanto, debemos preparar al joven una vez más contra estas influencias en forma tal que desde el principio con::;erve pronta en los oídos la sentencia de que el arte poético de ninguna manera se preocupa de la verdad; y que por el contrario es sumamente ·d ifícil que alcancen y perciban la
verdad existente en ]os argumentos tratUJdos poéticamente,
aun aquellos f&lt;¡ue se han ocupado durante toda su vida del
conocimiento y del entendimiento de la verdad, como los
poetas mismos confirman. Así que siempre te queden presentes estas palabras de Empédocles:
"los hombres no pueden entender ésto, ni con la vista, ni con los oídos, ni con la mente" ( 34 ),
y las de J enófanes:
'"hombre no ha nacido, ni nacerá que conozca la verdad acerca de los dioses y lo qtH' yo di~o acerca de
todo" ( 35 ) ;
y, por Zeus, también las palabras de Sóerates &lt;mando, según Platón, niega resueltamente el conocimiento de tales
cosas ( 36 ). Ya que así los jóvenes, al darse cuenta que lo!'
mismos filósofos titubean frente a la verdad de tales argumentos, prestarán menor atención a los poetatJ que muestran
saber algo de ellos.

Cap. III. - Además haremos aT joven más firme si, al introducirlo en la poesía. le ofrecemos al mismo tiempo una
descripción de .. la poética como arte mimético y facuitad correspondiente a la pintura.
, Sin embargo, que el joven no escuche solamente lo que todo,
repiten, es .decir que la poesía es una pintura hablada y la
pintura una poesía muda ( 37 ), sino enseííémosle que, al ver
HoMERO,

!liada, XVI, 856; XXII, 362.

EuRÍPIDES, lfigenia en Aulis, 1218.
DIELS, Poetarum Philosophorum fragmenta,

Ibídem,

XE'\"OPIIANES,

E:\&lt;JPEDOCLES,

N 9 2.

N 9 H.

PLATÓN, Fedón, 69d.
También en PLUTARCO, Gloria Athen., 346f; PsEUDO
meri, par. 216, citado sin el nombre del autor.

- óó-

PLUTARCO,

De V ita Ro·

�h)

e)

38)
39)

40)
41)
42)

la pintura de una lagartija, o de un mono, o del rostro de
Tersites, lo que experimentamos es deleite y admiración por
el parecido de ellas y no por su belleza t 38 ) • Y a que, en
realidad, por su misma naturaleza no puede ser ibello lo feo;
pero la imitación es apreciada cuando alcanza la similitud,
trátese ya de algo feo, como ,de algo hermoso. Por el contrario, si de un cuerpo feo se crea una bella imagen no se
produce lo conveniente y lo verosímil. Por ejemplo, algunos
pintores pintan acciones anormales, como Timómaco ( 3 !!) a
Medea en el acto ·d e matar a sus hijos; Teón ( 30 ) a Orestes
nlientras mata a su madre; Parrasio la simulada locura de
Odiseo y Queréfanes (3:.l) el tráfico licencioso de mujeres y
hombres. Por lo tanto debemos especialmente acostumbrar
al joven a considerar que, en estos casos, no elogiamos la
acción de la cual ha surgido la imitación, sino el arte que
ha sabido reproducir convenientemente el tema propuesto.
Y, ya tque el arte poético presenta a menudo también acciones bajas, pasiones culpables y malas costumbres, el joven
no debe aceptar como verdad, ni aprobar como honestas las
partes .de los poemas que, por ser muy bien elaboradas, suscitan admiración; sino que debe elogiar solamente la justa
correspondencia con el objeto representado. Ahora bien, así
como al escuchar ei gru'ñido del puerco, el chirrido de )a
polea, el silbido del viento y el estruendo ,del mar, quedamos turbados y molestados. por el contrario nos alegramos
cuando alguien imita hábilmente estas mismas cosas, como
Parmenón al puerco ( 40 ) y Teodoro ( 41 ) la polea. Y así como huimos de un hombre enfermo y cuibierto de llagas,
como de un espectáculo desagradable, por el contrario miramos con placer al Filo e tetes de Aristofonte y la Y ocasta
de Silanion ( 42 ), que están hechos para representar a un enfermo que se consume y a una mujer que se muere. Así el

Y éase también PLUTARCO, Quaest. conviv., 673c · 674c, con más detalles y
ejemplos. ARISTÓTELES, Poética, cap. IV, 1448b, 5-19; Rhetorica, 1, ll, 137lb.
Timómaco de Bizancio, pintor del 1 siglo (Plinio, Hist. Nat. VII, 38). Teón
de Samos (Plinio, Hist. Nat. XXXV, 36, par. 40). Parece que Plutarco se
equivocó en atribuir esta pintura a Teón, debiéndose atribuir ella más bien a
Teodoro.
Parrasio de Efeso; no se recuerda esta obra de Parrasio en ningún otro lu~ar; en PuNJO, Hist. Nat. XXXV, 36, par. 5, se atribuye este cuadro a Efeso.
Queréfanes, recordado sólo por Plutarco; probablemente es una equivocación,
debía decir Nicóphanes, pintor de cuadros pornográficos (PLINIO, Hist. Nat.
XXXV, 36, par. 23).
Cf. n. 38. Parmenón, actor cómico, contemporáneo de Demóstenes. Véase:
EsQUINES, Contra Timarco, p. 157.
Actor trágico del mismo período.
Cf. n. 38. Aristofonte, hermano de Polignoto, fué pintor. Silanion fué un
famoso escultor del s. IV. Las dos obras citadas por Plutarco, el Filotete y la
Yocasta respectivamente, no son recordadas en ningún otro lugar.

-56-

�d)

e)

f)

joven, al leer en los poemas las palabras y las acciones de
Tersites, el bufón, y .del seductor Sísifo o del rufián Batraco,
debe aprender a elogiar el arte y la capacidad imitativa, y
a rechazar y condenar las situaciones y acciones imitadas. En
efecto, no es la misma cosa imitar algo bello, o imitar algo
en forma bella. "En forma bella", .significa en efecto, "en
forma conveniente y propia"; y las cosas feas son "propias y
convenientes" pa1·a las feas. Así por ejemplo, las sandalias
del rengo Damonides, que él pretendió calzar a los pies del
hombre que se las había robado, eran malas para el ladrón,
pero perfectas para él. Y también, por ejemplo estos versos:
"en realidad si es necesario violar la justicia
lo más bello es violarla para alcanzar el poder ( 43 ) ,
y estos otros:
"Consigue fama de hombre justo
obra después de cualquier manera; y entonces gana[ rás" ( 44 ) ,
y otros más:
''Un talento es la dote. No lo aceptaré? Puedo yo vivir si desprecio un talento? Podré dormir si lo rechazo? No expiaré la culpa en el Acles por haber
ultrajado un talento de plata?" ( 45 );
son todos discursos malos y falsos, pero convienen a un
Etéocles, a un Ixión y a un viejo usurero.
Por lo tanto, nuestros hijos no serán engañados por las opiniones 'd e los poetas si les recordamos tque ellos no escriherr
estas cosas porque las aprueban y las aprecian, sino para
proporcionar sentimientos despreciables e indignos a caracteres y personas .despreciables e indignas. Por el contrario,
la desconfianza hacia el personaje desacTedita su acción y su
discurso, como algo despreciable por ~er hecho y dicho por
una persona de~preciable. Tal es el cuento de París que huye de la batalla y se refugia en los brazos de su esposa ( 46 ).
En efecto, sólo este homibre disoluto y adúltero yace durante
el día con su mujer, 'd emostrando Homero con ésto, que él
considera su intemperancia con vergüenza y reproche.

19)

Cap. IV. - En estos pasajes, a,demás hay que estudiar muy
atentamente si el poeta mismo hace alguna alusión contra
los sentimientos que expresa, como si lo disgustaran. Como
ha hecho MENANDRO en el prólogo de la Tais:

4,3)
44)

524.
Trag. Graec. Frag. adesp., N 9 4.
KocK, Com. Att. Frag. III, 430. WITTENBACH quiere reconocer en estos versos
al mismo M enandro.
HoMERO, /liada, III, 369 y 441.

45)
46)

EunÍPIDES, Fenicias,
NAUCK,

- 57

�dJ)

"Cántame, Musa, de aquella joven
atrevida, bella y al mismo tiempo cautivadora
injusta, intransigente, tque exige mucho
y que, sin amar a nadie, siempre simula amor" en) .
HoMERO, entre todos los poetas, es el qut" ha nsado mejor
este método; en efecto en sus versos desacre . ~ita los malos
sentimientos y llama la atención sobre los buenos. Así~ por
ejemplo, pone en evidencia estos casos:
"Y entonces pronu11ció estas ,dulces e in::inuante~ na[Jabras" ('¡:-;),

y

e)

d)

47)

1.8)
49)

50)
51)
52)

53)
54)

''Parábase y le detenía con suaves palnhras" ( 49 ).
Mentras en otros, al desacreditar por adelantatlo, casi sostiene y afirma que no dehemos servirnos de ~c:nJ imiento::&gt; indignos y malos, y tampo~o prestarles atención. En efecto, en
el momento de relatar que Agamemnón va a tratar duramente al sacerdote, anticipa estas palabras:
"]\'las el Atrida Agamemnón~ a quien no plugo el
acuerdo le mandó enhoramala" ( 50 ) ;
lo que quiere decir ~•salvajamente", "con arcgancia", "contrariamente a lo que convenía". Lo mismo cuando pone en
boca de Aquiles palabras anogantes:
"Borracho, que tienes cara de perro, y corazón de
ciervo!" ( 51 ),
agrega su juicio:
"El hijo de Peleo. no amainando en su ira, df'nostó
nuevamente al Atrida con injuriosas voc&lt;'s~' ( 52 ),
aduciendo con eso que, en estado de ira y ·d ureza, no puede
decirse nada bello y conveniente.
De igual manera se comporta cuando relata bs acciones:
"Dijo; y para tratar ignominiosamente :1l divino H éctor lo tendió hoca abajo en el polvo, cahe el lecho del
hijo de Menetio" ( 53 ).
Igualmente, en el episodio del adulterio de Ares, u~a hien
sus críticas y casi agrega su propio juicio a los hechos y a
las palabras, cuando hace decir a los dioses:
"No prosperan las malas acciones; el más tardo alcanza al más ágil" ( 54 ) ;

Com. Att. Frag. MENANDER, N 9 217.
Odisea, VI, 148.
HoMERO, Ilíada, Il, 189.
lbidem, 1, 24.
lbidem, 225.
Ibídem, 223.
lbidem, XXIII, 24.
HoMERO, Odisea, VIII, 329.
KocK,

HoMERO,

-58-

�tamhién a propósito de la arrogancia y del orf!:ullo de Héctor:
"Así hahló vanagloriándose. La veneranda Herél se
enojó" ( 55 ),
y a propósito del arco de Pándaro:
"Así dijo Atenea. El insensato se dejó persucdir"
(56).
e)

f)

20)

55)
56)
57)
58)

59)
60)

Por lo tanto cualquiera que preste un poco 'd e atención puede reconocer tales declaraciones de la opinión del poPta en
los mismos textos que lee. Pero, en lo que se refiere a }a::;
acciones mismas, los poetas presentan otros sistemas, como,
por ejemplo, se cuenta de EuRÍPIDES que hubiera dicho a los
que criticaban su "lXIÓ:'l", por impío y desalmado: "Pero,
no lo voy a sacar de la escena anle.! q"Ue haya si,do clavarlo
en la rueda".
En Homero esta especie de oibservación está sohrentenriida,
teniendo sin embargo una consideración especialmente útil
para los mitos más desacreditados. Algunos, en efecto~ esforzando y retorciendo estos mitos con interpretaciones que
antes se llamaban "simbolismos" y ahora "ale~oría", explican por ejemplo, que el mito según el cual Helios denunció
el adulterio de Afrodita y Ares ( 57 ) , significa que la conjunción del planeta Ares con el .de Afrodita, lleva a cumplimiento los nacimientos adulterinos, l(_¡ue no pueden quedar escondidos, al ser sorprendidos por el sol en su retorno.
Otros, con el mismo sistema interpretativo, pretenden que
el engalanarse ·de Hera para Zeus y los encanto3 de su cinto
bordado ( 58 ), representan una especie de purificación ,}el
aire al acercarse a la zona de fuego; como si el poeta mi:smo
no nos diera la interpretación. En efecto, en el episodio de
Afrodita~ él enseña, a quien presta atención que, música
mala, canciones groseras y cuentos de historias depravaclls,
crean costumhres licenciosas, vidas cobardes y hombres adjc.
tos a la molicie, al lujo j a las mujeres, y también:
"las vestiduras limpias, los baños calientes y la
cama" ( 59 ).
Por ésto ha representado a Odiseo tque ordena al citarista:
"mas, ea, pasa a otro asunto, y canta el artificio de 1
caballo" ( 60 ),
dejando entender así, con bella forma que los poetas y los

HoMERO, Iliada, VIII, 198.
lbidem, IV, 104.
HoMERO, Odisea, VIII, 267 sgs.
HoMERO, Iliada, XIV, 166 sgs.
HoMERO, Odisea, VIII, 249.
1biclem, 492.

-59-

�b)

e)

d)

mus1cos deben tomar los argumentos ,de las personas prudentes y moderadas.
En el episodio de Hera después, demuestra en fom1a magistral que el favor conseguido con filtros, encantamientos
y engaños, no sólo es algo efímero e inseguro y 'que pronto
se marchita, sino que también se cambia en enemistad e ira,
al desaparecer el excitamiento del placer.
En efecto con estas palabras Zeus aleja a Hera:
"para que sepas si te será provechoso haber venido
de la mansión de los dioses a burlarme con los goces
[del amor" (GL).
Por lo tanto, la ,descripción y la imitación de acciones malas, cuando representan también la vergüenza y el daño que
resultan a los que las cumplan, ayudan y no perjudican al
oyente.
Pero, lo cierto es que los filósofos, para aconsejar y enseñar,
usan ejemplos tomados de hechos verdaderos y conocidos,
mientras los poetas hacen lo mismo creando ellos mismos los
hechos y dándoles aspecto de fábula. Así MELANTIO ( 62 ), medio en broma y medio en serio, decía tque el estado ateniense deibía su salvación a la discordia y agitación de sus
oradores; ya que, la discordia que separaba a estos hombres
políticos, obraba en tal forma que no todos se inclinaban
hacia el mismo lado, creando así el contrapeso al mal. Igualmente las contraposiciones que los poetas crean para combatirse a si mismos, les ·devuelven la confianza y no permiten
que se forme una fuerte inclinación hacia la parte que daña.
Por lo tanto, cuando ellos colocan cerca uno de otros, pasajes con evidente contradicción, hay tque aprobar el mejor,
como en estos casos:
"hijo mío, muchos males vuelcan los dioses sobre los
[hombres" ( 63 ) ;
comparado con:
"tu hablas de la manera más fácil, acusando a los
[,dioses" . ( 63 ) ;

y:
"tú deibes alegrarte por el mucho oro; pero éstos, no"
(64)'
comparado con:
"es funesto ser rico, sin conocer otra cosa" ( 64 ) ;

y:
61)
62)
63)

64)

HoMERO, Iliada, XV, 32.
Según WITTENBACH se trataría del trágico MELANTIO del 5. V. a. C.
EuRÍPIDES, Arquelao; NAUCK, Trag. Graec. Frag., EuaÍPIDES N 9 254.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. EuaÍPIDES N 9 1069.

-60-

�e)

"¿por qué hacer sacrificios, cuando estás dest:nado a
[morir?" ( 65 )
en contraposición con:
"mejor así; no hay ningún esfuerzo en respetar a los
[dioses" ( 63 ).
Estos pasajes tienen su solución clara si, como ya se ha
dicho, dirigimos el juicio crítico de los jóvenes hacia el pasaje mejor.
Además en el caso en que no encontramos cómo solucionar
rápidamente los pasajes que los poetas han escrito en forma inconveniente, debemos 1·efutarlos con otros pasajes escritos por los mismos poetas en otros lugares con efectos
contrarios, sin indignarnos y enojarnos con el poeta, sino
sólo con las palabras que han sido escritas en conformidad
al caracter del personaje y en broma. Por ejemplo, frente
a los relatos homéricos de las luchas .de los dioses entre
ellos, de las heridas infligidas por los hombres a los dioses,
de sus discusiones y de sus enojos, puedes oponer, si quieres, este verso:
"s.in embargo, sabías pensar algo mejor que ésto"
(66),
y en verdad, tú mismo, en otros lugares, sabes pensar y decir las mismas cosas en forma más exacta:
"los dioses 'que viven bien" ( 67 )

y:
"en ella disfrutan perdurable dicha los hienaventu[rados .dioses" ( 68 )
f)

y:
':los dioses condenaron a los míseros mortales
a vivir en la tristeza, y solo ellos están descuitados"
(69).

21

65)
66)
67)
68)

69)
70)
71)

Son éstas todas opiniones sanas y verdaderas acerca ·d e los
dioses, mientras que otras han sido ideadas para asombrar
a los hombres. Por ejemplo, cuando EuRÍPIDES dice:
"Los dioses nos hacen caer con muchas formas
de engaños, siendo ellos los más fuertes" (1°),
no está mal agregar aquel otro verso suyo, escrito en forma
mejor:
"Si los dioses hacen algo malo, no son dioses" ( 71 ).
lbidem, Adesp., N° 350.
HoMERO, Iliada, VII, 358; XII, 232.
HoMERO, Iliada, VI, 138; Odisea, IV, 805; V, 122.
HoMERO, Odisea, VI, 46.
HoMERO, Iliada, XXIV, 525.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. EuRÍPIDES, N° 972.
EuRÍPIDES, Belerofonte; Cf. NAUCK, Trag. Graec. Frag. EuRÍPIDES, N 9 292, 7.

- 61-

�b)

Y cuando PÍNDARO dice muy amarga y excitadamente:
''cada artificio está permitido para destruir al ene[migo" (í:2),
se le puede replicar: pero tú mismo dices:
" ... muy amargo
es el fin de lo agradable, si es contrario a la jus[ticia" (1 3 ).
r cuando SóFOCLES dice:
"la ganancia es dulce, aun si procede .del engaño" (1 4 )
se le opone: pero de tí hemos oído también ésto:
'•las mentiras no traen ganancias" (1;¡).
Y al leer estos versos acerca de la riqueza:
''En forma admirable la riqueza se trepa por cami[no~: impractibles
y también por los praticables; sin embargo el hombre
[pobre, donde quiera
se encuentre con ella, no puede conseguirla.
Pero la riqueza cambia un hombre feo y defectuoso
en el hablar, en un hombre hermoso ·d e aspecto y
[sabio" en)'
se les pueden oponer muchos otros del mismo SóFOCLES,
entre los cuales también éstos:
"El hombre, aun sin úqueza, puede llegar a ser es[ timado" (7í)

y:
"La pobreza no desacredita al que tiene buenos pen[samicntos" (1¡;)

y:
e)

72)
73)
74)
75)
76)
77)
78)
79)
80)

''En qué consiste ei placer de tener muchos bienes,
si la riqueza que los produce
procede de algún engaño?" (1 9 ) •
Por ejemplo l\1ENANDRO, sin ninguna preocupac10n, elogió
el amor al placer y lo exaltó en estos ardientes versos erÓ·
ticos:
"Todo ser que vive bajo nuestro mLSmo sol
es esclavo del placer" ( 80 ) ;
pero en otro lugar nos inclina a otra opinión y nos dirige

lstm ,IV, 48.
lstm. VII, 47.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. SoPHOCLES, N 9 749.
Ibídem, N 9 750.
SÓFOCLES, Aleadas. Cf. NAUCK, Trag. Graec. Frag. SoPHOCLES, N 9 85. El texto
está muy corrompido y de difícil interpretación.
NAUCK, Trag. Graec. Frag. SoPHOCLES, N 9 751.
lbidem, N 9 752.
Posiblemente del Tereo de SÓFOCLES. NAUCK, Trag. Graec. Frag., SoPHOCLF.S,
N'' 534.
KocK, Com. Att. frag. III, MENANDER, N 9 611.

- 62-

�hacia el bien y contiene la insolencia del desenfreno diciendo:
··Una vida mala es vergonzosa, aun cuando es agra[ dable" ( ~ 1 ) •
d) Y he aquí que estas palabras son contrarias a las anteriores, mejores y má::; útiles. Por lo tanto, la comparación y la
observación de pasajes contradictorios guiará al joven a uno
.de estos dos caminos: o lo dirigirá hacia el pasaje mejor,
o cuando menos alejará su confianza del pasaje peor.
Ahora bien, en el caso en que los autores mismos no den
las soluciones de los pasajes expresados en forma injustificable, nada impide colocar en el otro plato de la balanza
declaraciones contrarias de otros autores, para que así la interpretación se incline del lado mejor. Por ejemplo, si
ALEXIDES turbara a algunos con sus versos:
"El hombre prudente debe gozar de los placeres.
Tres son los placeres que poseen al poder,
e)
única cosa verdaderamente útil en la vida:
comer, beber, gozar del amor,
todo lo demás puede decirse accesorio" ( 82 ),
hay que acordarse de inmediato que Sócrates solía decir el
contrario: "Los hombres malos viven para comer y h&lt;'hcr,
pero los buenos comen y beben para vivir".
Y contra aquel poeta que escribió:
"contra el malvado la única arma qne sirve es la
[maldad" ( 83 ),
pidiéndonos con ésto hacernos completamente símiles a los
f) malvados, hay que oponer el dicho de DIÓGENES. Este, a alguién que le preguntaba cómo podría defenderse del enemigo, contestó: rada uno por su cuenta, manteniéndose sumamente honrado.
También contra SóFOCLES, es necesario servirse de DIÓGENES.
En efecto, aquel ha llenado ·de desánimo a muchos miles
de hombres al escribir estas cosas acerca de los misterios:
" ... Tres veces dichosos
aquellos mortales que, después ,de haber visto estos
[misterios
ha jan al Ades; sólo para ellos allí
hay vida; para los demás hay males de toda especie"
(84) ;
Pero DIÓGENES, al escuchar versos como éstos, decía: "Y qué,
81) Ibídem, N? 756.
82) Ibídem, Alexis, N° 271.
83) DP autor desconocido. Cf. MoRALLA, De vitioso pudore 534a, también allí
citado sin nombre.
84) NAUCK, Trag. Graec. frag. SoPHOCLES, N? 753.

- 63-

�acaso tendrá mejor destino el ladrón Pateción, que Epaminondas, porque aquél es iniciado?"
Igualmente a TIMOTEO que en teatro cantaba de Artemisa:
'"insana Bacante, fatídica, frenética" ( 85 ),
CINESIA objetó de inmediato: "Que te toque una hija así".
Y vemos otro ejemplo. A TEOG.NIS que decía:
"En ver.dad todo hombre dominado por la pobreza,
[nada puede decir,
nada puede hacer, su lengua está atada" (Mo),
BIÓN oh jetó con gracia: "Cómo, entonces, tú que eres pobre, dices tantas palabras inútiles y nos aburres con tus
charlas?"

22

/

b)

e)

Cap. V.- Para la corrección de algunos pasajes, tampoco dehemos dejar de lado la ayuda que nos ofrecen las frases vecinas, o las que complementan el sentido. Por el contrario,
como los médicos, prescindiendo ,del hecho que el escarabajo
es mortífero, creen que sus pies y sus alas ayudan a neutralizar el poder de su veneno, así nosotros, en las lecturas
de los poemas, cuando el nombre colocado cerca del verbo
·desvía la ·interpretación de un pasaje hacia el sentido peor,
lo tomaremos y le añadiremos una explicación más clara,
como algunos hacen con estos versos de Homero:
'"porque tan solo esta honra les queda a los míseros
[mortales:
que los suyos se corten la cabellera y surquen con lá[grimas las mejillas" (H 7)
a los cuales agregan:
"los dioses condenaron a los míseros mortales
a vivir en la tristeza" ( 88 ) ;
con lo cual sugieren, que Homero no hahló en forma absoluta, es decir que no dijo que lus dioses han destinado una
vida mísera para todo5 los hombres en general, sino sólo
para aquellos necios y sin juicio, a los cuales, por ser miserables y dignos de piedad por su ineptitud, él acostumbra
llamar "míseros" e "infelices".
Cap. VI. - Otro método más es el de cambiar la interpretación de pasajes sospechosos en los poemas de lo peor a lo
mejor, con el uso común de las palabras. Y el joven debe
estar entrenado en este método, más que en las llamadas
"glosas" ( 8 ¡¡). En efecto, es propio del filólogo y no es des-

85)
86)
87)
88)
89)

Poet. Lyr. Graec. Tim. pág. 1269. frag. l.
177.
Odisea IV, 197.
lliada, XXIV, 525.
Palabras que no se encuentran en el uso común de la lengua.
BERGK,

TEOGNIS,
HoMERO,
HoMERO,

-64-

�d)

e)

agradable saber que la palabra "p~"¡'é07.'iÓc;" (rhiguedanós)
(V 0), quiere decir: "que muere miserablemente" (ya que los
:M acedonios llaman "oávoc;" (danos) a la muerte) ; que los
Eolios llaman a la victoria conseguida con perseverancia y
paciencia: "perseverancia en el combate" "xa¡J.¡J.ov(a" (kamonía) ( 91 ) ; que los Dríopes llaman "7tÓ7tb~" (pópoi) (\l 2 ) a
las divinidades.
Además si 'queremos recibir .de la poesía ventaja y no daño,
es necesario y útil conocer en qué forma los poetas usan los
nombres de los dioses, los de cosas malas y buenas, y también qué quieren decir con las palabras "suerte" y "destino" ('túxr¡, !J.OÍpa rtykhe, moira), y cuál de ellas usan con una
sola acepción o con muchas; y así también para tantas otras.
Por ejemplo una vez llaman "oixoc;" ( oikos) a la casa
"a la casa ( oixoc;) de alto techo" ( 93 ),
otra vez a Ios bienes:
"se pierden mis bienes ( oixoc;)" ( 94 ).
La palabra -~~ío.-oc;'' (biotos), una vez la usan para indicar el vivir:
"Pero Poseidon, el de cerúlea cabellera, no permitió
que le 'quitara la vida (~¡Ó'tOW l, e hizo vano ei golpe
de la lanza" ( 95 ),
otra vez para indicar las riquezas:
"y los demás le coman los bienes (~lo'tou)" (96).
La expresión ""aAÚé~V" (alyein), ~~estar fuera de sí", una
vez la usan en lugar de "estar angustiado" y tde "estar en
apuros":
"así se expresó. La diosa retrocedió turbada ( a),úouocr7.)

[y aflijida" ( 07 ),
otra vez en lugar ·d e "ser orgulloso" y "alegrarse":
"acaso te desvanece ( a/..Úe¡c;) la victoria que conseguís[ te contra el vagabundo Iro?" ( 98 ).
Con la expresión "-&amp;.o:X~é¡v" (thoázein) "moverse con rapidez",
indican el "moverse", como EuRÍPIDES:
90)

91)
92)
93)
94)
95)
96)
97)
98)

HoMERO, Iliada, XIX, 325; atributo de Helena "odiosa". La etimología ofre·
cicla por PLUTARCO parece equivocada, debiéndose más bien relacionar esta
pala·b ra con "pÍ¡oc;" (rhigos) "frío" (HESIQUIO).
HoMERO, !liada. XXII, 257; XXIII, 661.
En los "scholia" a HoMERO, l'a palabra "7tÓr.o~" (popoi) es siempre interpre·
tada como ".Seoé" (theói) "dioses'' (HESIQUIO.).
HoMERO, Odisea, V, 42; VII, 77; X. 474.
Ibídem, IV, 318.
HoMERO, Iliada, XIII, 562.
HoMERO, Odisea, XIII, 419.
HoMERO, Iliada, V, 352.
HoMERO, Odisea, XVIII, 332; 392.

-

6ó

�~'Un

f)

23)

monstruo que se mueve ( .a.oá~ov) desde el mar
[Atlántico" ( 99 ) ;
o el "sentarse" y el "estar sentado", como SóFOCLES:
"'¿por qué me sentáis (·.9-oá~e't'e) en estos asientos
coronados de guirnaldas suplicantes?" (1° 0 ).
Es también ingenioso adaptar el uso de las palabras al
argumento, como ense'iian los gramáticos, tomando una palabra una vez en una acepción, otra vez en otra, como por
ejemplo:
"elogia l ~ivúv) el barco pequeño; pero pon tus mer[ ca,derías en uno grande" ( 101 ) ,
en el cual "a!vú,/' (ainein) "hablar de", significa "elogiar",
mientras en otro pasaje él usa la verdadera expresión
"h·a~vúv" (epainein) "elogiar", en lugar de "r.~pa't'Úcr-9-~~,
(parateisthai) "suplicar"; así como en el habla corriente
saludamos a alguien con la expresión "esté bien", y le decimos "bienvenido", aunque no se lo deseemos y no lo quera·
lllOS.

b)

99)
100)
101)
102)
103)
104)

Así también algunos llaman a Pcrséfones "digna de elogio~',
en vez de llamarla "suplicante".
Ahora bien observemos esta distinción y .división de los
nombres en los asuntos más importantes y más serios, y empecemos por lo tanto con los dioses. Enseñaremos así a los
jóvenes que los poetas usan los nombres de los dioses a veces
para indicar, según su concepción, a los mismos dioses; otras
veces para indicar ciertas facultades que los dioses crean y
proporcionan a los hombres. Como por ejemplo, cuando
ARQUILOCO dice en su oración:
"Escúchame, dios Efcsto, y séme aliado, te suplico
y otórgame lo que tu otorgas" (1° 2 ),
es evidente que invoca al dios, mismo; pero cuando, lloran,do al marido de la hermana, desaparecido en el mar, sin
haber podido recibir la acostumbrada sepultura, dice tque él
hubiera soportado la desgracia con mejor ánimo:
"Si Efesto hubiese rodeado su cabeza y sus :bellos
miembros envueltos en blancos vestidos" (1° 3 ),
con el nombre de Efesto indica el fuego y no el dios.
Igualmente EuRÍPIDES, cuando dice en un juramento:
"por Zeus que vive entre los astros, y por Ares matador" (1° 4 ),

Andromeda. NAUCK, Trag. Graec. frag. EunÍPIDES,
Edipo Rey, 2.
HESIODO, Trabajos y días, 643.
BERGK, Poet. Lyr. Graec. II, p. 703. Arq. fragm. 75.
lbidem, pág. 687. Arq. fragm. 12.
EunÍPIDES, Fenicias, 1006.
EuRÍPIDES,
SóFOCLES,

- 66-

N

9

145.

�e)

d)

nombra a los dioses mismos; pero cuando Sófocles dice:
"mujeres! ciego, sin ver, Ares,
ron aspecto de cerdo agita todos los males" (1°:;)
quiere significar con" Ares" la guerra; como HO;\IERO dice
'·Ares", para indicar "bronce":
'•cuya sangre esparció el cruel Ares
por la ribera del Escamandro~' ( 10 H).
Por lo tanto, ya que mucha::. palahras están usadas en esta
forma, es necesario saher y recordar que con el nombre
de Zeus o Zen, los poeta::. indican una vez al dios, otra vez
la suerte, y a menudo el fato. En efecto, cuando dicen:
'·Padre Zeus, que reinas desde el Ida, gloriosísimo,
[máximo,
concédele a Ayax la victoria" (1° 7 )

y:
'~Zeus,

e)

f)

105)
106)
107)
108)
109)
IIO)
lll)

quién dice que es más sabio 'que tú? (1° 8 ) ,
indican al dios mismo; pero cuando dan el nombre de Zeus
a las canEas de todos los sucesos y dicen:
'•Precipitó al Ades muchas almas valerosas ,de héroes
a quienes hizo presa de perros y pasto de aves
cumplíasc la voluntad de Zeus" (1°~),
indican el Fato. Ya que el poeta no cree que el dios prepara males a los hombres, sino que con la palabra Zeus indica
la fuerza de las circunstancias, es decir el Fato. En dccto,
el destino de las ciudades, de los ejércitos y de los jefes que
se conservan moderados, es prosperidad y victoria sobre los
enemigos; pero al ser c1los turbados por las pasiones y las
culpas, al discutir y pelearse, como hacen estos griegos, su
destino es portarse indecorosamente, confundirse y llegar a
un fin vergonzoso, como dice SóFOCLES:
"Es destino de los mortales recoger
por malos consejos, malos frutos" ( 110 ).
Seguramente HESIODO cuando presenta a Prometeo que
aconseja a Epimeteo:
·'Dones de Zeus Olimpio, es mejor que nunca los
[aceptes" ( 11 1),
usa ei nomhre de Zeus, para indicar el poder de la suerte.
En efecto, él llama dones de Zeus, los bienes de la fortuna,
por ejemplo las riquezas, las nupcias, o el poder y en breve
todo aquello cuya posesión es inútil para quien no sepa

Trag. Graec. frag. SoPHOCLES, N~' 754.
lliada, YJI, 329.
Ibídem, VII, 202; III, 276; XXIV, 308.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. N 9 351.
HoMERO, Iliada, I, 3.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. No 352.
HESIODO, Trabajos y días, 86.
NAUCK,

HoMERO,

- 67-

�24)

b)

hacer thuen uso de ellas. Por lo tanto, él cree que también
Epimeteo, hombre vano y necio debe guardarse y temer la
buena suerte que lo va a perjudicar y corromper. Y de nuevo cuando dice:
''Nunca tengas la crueldad de reprochar a un hombre
por la funesta y denigrante pobreza, don de los dio[ses eternos" ( 112 )
llama "don divino" lo que da la suerte, sugiriendo que no
es digno reprochar a los que son pobres por culpa de la suerte, sino más bien hay que reprochar a la pobreza cuando
es acompañada de la pereza, de la molicie y del lujo; porque entonces es' torpe y vergonzosa.
En efecto, cuando los hombres todavía no llamaban a la Fortuna con este nombre, al saber que el poder de esta causa
inconstante, sin orden y sin límite, es fuerte y no puede
ser previsto por la razón humana, la designaban con los
nombres de los dioses; así como nosotros estamos acostum1H"a.dos a llamar demoníacos y divinos a algunos hechos, a
algunas costumbres y, por Zeus, también a los discursos y a
los hombres. Con este tipo de interpretación deben ser corregidas muchas de las expresiones que parecen dichas en
forma absurda acerca de Zeus, entre ellas, por ejemplo. también los siguientes versos:
"En ]os umbrales del palacio de Zeus hay ·d os toneles
de dones que el dios reparte; en el uno están los aza[res y en el otro las suertes" ( 113 )

y:
"El excelso Cronide no ratificó nuestros juramentos,
y segu.irá causándonos males a unos y a otros" ( 114 )

y:

e)
ll2)
ll3)
ll4)
liS)

"Desde aquel punto comenzaría a desarrollarse la ca[lamidad
entre teucros y dánaos por la decisión de Zeus" ( 115 )
en los cuales el nombre de Zeus debe ser interpretado como
"Suerte" y "De"tino". En ellos, en realidad, se expresa así
en forma completa, con un solo nombre, aquella parte de la
casualidad que no puede ser alcanzada con nuestro razonamiento, y que no se encuentra a nuestro alcance. Pero,
cuando el uso de la palabra e~ conveniente, razonable y verosímil, debemos creer entonces que con el nombre de t.lios
se indica al dios mismo, como en estos versos:
"y recorría las filas de los demás guerreros:

lbidem, 717.
HoMERO, lliada, XXIV, 528.
lbidem, VII, 69.
HoMERO, Odisea, VIII, 81.

- 68-

�solamente evitaba el encuentro con Ayax T clamonio
porque Zcus se irritaba contra él, siempre que com[hatía con un guerrero más valiente'' ( 11 '1 J

y:

d)

e)

"En efecto Zeu.:. toma a sus cuidados los asuntos má..,
[importantes de la humanidad
y despreocupadament e deja a otras divinidades los
[asuntos más pequeños" (1 17 )
Además hay que prestar mucha atención a otras palabras
que los poetas adaptan a muchas circunstancias con sentidos
dife!entes. Por ejemplo, la palabra "apE:t~" (are té), "virtud".
Puesto que la Virtud no sólo hace a los hombres cuerdos,
justos y buenos en las acciones y en los discursos, sino también procura gloria y poderes, los poetas usando esta acepción~
llaman "ape't'~" a la gloria y al poder; así como se llama con
el mismo nombre ·d el árbol también al fruto que éste produce, como por ejemplo, "E.'Aa:ía:" ( elaia) "aceituna" al fruto
del "'D. a:¡a:" (elaia) "olivo"; y "q¡r¡¡Ó~" (phegós) "haya" al
fruto de la "q¡r¡¡ó~" (phegós) "encina".
Así, por ejemplo, cuando los poetas dicen:
"Ante la virtud, los dioses pusieron el duro trabajo"
( 118)

y:
"Entonces los Dánaos, peleando con bravura, rompie[ron las falanges teucras" ( 119 ),

y:

e)

116)
117)
118)
119)
120)
121)
122)
123)

''si es nuestro destino morir, bello es morir
acabando la vida en aras de la virtud" (1 20 ) ;
piense nuestro joven, de inmediato, que en estos versos se
habla de la facultad mejor y más divina que hay en nosotros,
con lo cual entendemos: el recto juicio, la perfección del
buen senti.do y la conforme disposición del alma ( 121 ) •
Pero, cuando en otros casos él lea:
"Pero Zeus aumenta y disminuyfl el valor de los gue[rreros" (1 22 ),
y el otro verso:
"La virtud y la gloria acompa'ñan la riqueza" ( 123 ) ,
no se quede el joven turbado y admirado de los ricos, como
si ellos en un momento pudieran comprar la virtud con el

!liada, XI, 540-42.
Trag. Graec. frag. Adesp. N 9 353.
HESIODO, Trabajos y días, 289.
HOMERO, !liada, XI, 90.
NAUCK, Trag. Graec. frag. EuaÍPIDES, N 9 994.
Definiciones de la virtud, comunes entre los estoicos.
HoMERO, !liada, XX, 242.
HESIODO, Trabajos y días, 313.
HoMERO,

NAUCK,

- 69

�f)

25)

b)

dinero, ni crea que está en poder de la suerte aumentar o
disminuir el valor; por el contrario considere que el poeta
ha usado la palabra '"ap~'t'~" en lugar de "oó~a" (doxa)
"gloria", o de "cuvcq.u;" ( dynamis) "poder", o de dm)xb"
( eytykhía) "buena suerte" o de algo parecido.
También con la palabra "y.ay.Ón¡;'' (kakotes) ''maldad'\ los
poetas una vez indican propiamente la maldad y la perversidad del alma como Hesíodo:
"ya que con la maldad ( Y.aY.Ón¡-.a) es posible ganar
[bien (1 21 L
otra vez algún otro mal o desgracia, como HoMERO:
"pues los mortales envejecen presto en la desgracia
( Y.axÓ't''tJ•t)" (1:!;;) .
Además cualquiera quedaría completamente engañado al
creer que Jos poetas indican con la palabra "euoaqJ.ovb'' ( ey,daimonía) '~felicidad", lo mismo que indican con ella los
filósofo~, ésto es 1a perfecta facultad o posesión de los bienes
o la perfección de una vida que prospera según naturaleza,
sin darse cuenta que, por el contrario, los poetas, con un uso
equivocado de la palabra llaman "euca[¡;.ú)v" ( eydaimon)
"feliz, beato" al rico y "euoa~¡;.ov[a" "felicidad"' al poder y a
la gloria.
HoMERO, por ejemplo, ha usado correctamente las palabras de este verso:
1
'Por ésto vivo ahora sin alegría, entre estas riquezas
( Y.'t'echecrcrtv) que poseo (1 20 ),
y MEANDRO también:
"Yo poseo muchos bienes; y muchos me
llaman rico ( 7tAOÚcrw;), pero nadie feliz" (1 27 ).
Pero EuRÍPIDES hace mucho desorden y confusión cuando
dice:
"Lejos de mí una felicidad ( doa[¡;.ú)V) que haría mi
[dolor" ( 12 ~ ) ,

y:
"Por qué honras a la tiranía, esta injusticia feliz
[ ( eu~a[¡.¡.o,;a)" (1 29 )
a menos que uno, como se ha dicho, no siga el sentido metafórico y abusivo de las palabras. Pero ya se ha dicho bastante sobre estos argumentos.
124)
125)
126)
127)
128)
129)

Ibídem, 287.
HoMERO, Odisea, XIX, 360.
Ibídem, IV, 93.
KocK, Com. Att. frag. III, p. 184.
EuaíPIDES, Medea, 598.
EuaÍPIDES, Fenicias, 549.

- 70-

�e)

d)

Cap. VII. - Ahora bien, otra cosa más de~hemos hacer considerar a los jóvenes, no una sola vez, sino muchas, demostrándoles que la poesía, siendo .de por si imitación, se
sirve de adorno y esplendor, para embellecer las acciones y
los caracteres que trata, pero no deja de lado la similitud
de la verdad, ya que la imitación tiene su seducción en la
verosimilitud. Por esto la imitación que no descuida completamente la verda.d, presenta en las acciones indicios mezclados de maldad y de virtud, como la poesía de Homero.
Esta, en efecto, está muy lejos de la opinión de los estoicos
que afirman que nunca el vicio se junta con la virtud, ni
la virtud con el vicio, sino 1que creen que el hombre ignorante hace todo mal, mientras el hombre de cultura cumple todo en forma perfecta (1 30 ) • Estas son las doctrinas que
oímos en las escuelas; sin embargo, en los hechos y en la vida
común es como dice EuRÍPIDES:
"hienes y males no pueden estar separados,
por el contrario forman una mezcla" (1 31 ).
Además de la verdad, el arte poético usa especialmente la
variedad y la diversidad. En efecto, los cambios proporcionan a los mitos el elemento emocional, sorpresivo e inesperado que produce la mayor maravilla y el mayor goce,
mientras lo sencillo queda falto de emoción y de poesía.
Por esta razón los poetas no presentan a los mismos personajes siempre igualmente vencodorcs, felices o justos en todas las cosas, ni a los dioses faltos de emoción y de culpas,
cuando los hacen actuar como hombres; y todo eso para que
el elemento turbador y excitante del arte poético no quede
inactivo en ningún momento al faltar los. peligros y las luchas.
Cap. VIII. -

e)

130)

Por lo tanto, estando así las cosas, debemos
guiar al joven para que, al leer en los poemas nombres ilustre.:; y grandes, no se forme la opinión que fueron de hombres sabios y justoe, de reyes }&gt;Crfectos, modelos de toda
virtud y rectitud, ya 1que éT quedará muy perjudicado al
apreciar y admirar todo lo que lee~ sin desaprobar nada, y
al no querer escuchar la opinión de quien critica a aquellos
que hacen y dicen cosas como éstas:
'"Ojalá! padre Zeus, A tena, A polo!
ninguno de los Teucros, ni de los Argivos
escape de la muerte, y librándonos de ella nosotros Jos

Conocida sentencia de los estóicos, que se encuentra citada ya en CICERÓN,

Finib, IV, 24: "ut iam omnes insipientes sint miseri. .. "; Ibidem, 23:
131)

"qui sapientes non sint omnes aeque miseros e!'se".
Eolo de EuRÍPIDES. Cf. Moralia, 396b, 474a. NAUCK, Trag. Graec. frag.
PIDES No 21.

- 71-

EuRÍ·

�derribemos las sacras almenas de Troya" ( 13 ~),

f)

y:
"Oí la misérrima voz de Casandra, hija de Priamo
a la cual estaba matando, junto a mi, la dolosa
Clitemncstra '' ( 133 ) ,

y:
'•Que yo yaciera con la concubina para que aborreciese
[al anciano.
Quise ohedecerla, y lo hice'~ ( 134 ),

y:

26)

b)

e)

J32)
133)
134)
135)

·'Zcus padre, no hay dios más funesto que tú" (1 33 ).
Por lo tanto, •que el jov~n no se acostumbre a elogiar cosas
como ésta--~ ni sea perc.;uasivo y hábil en encontrar escusas y
en imaginar recurc.;o" aptos a justificar las malas acciones; por
el contrario, que crea más en ésto: que la poesía es imitación
de costumbres, de Yidas y de hombres, no perfectos, ni puro5,
ni intachables en todos sus aspectos, sino sometidos por el
contrario, a pasiones, opiniones faJ .. as e ignorancia; éstos, sin
embargo, por disposición natural a menudo tienden a mejorarse.
En efecto, la lectura de los poetas no traerá ningún daño al
joven, cuando su alma esté preparada en forma tal que se
exalte y se entusiasme sólo frente a. las cosas bien dichas y
bien hechas, y no tolere las malas y las 1·epudie. Por el eonlr&lt;&gt;-rio, el que admire y acf&gt;pt(" cualquier cosa, dominado en
su juicio por la .. educción de nombres heroicos, es proclive a
caer en muchos vicio.:, sin dar~c cuenta; como los que imitan
el dorso curvo de Platón ) el tartamudeo de Aristóteles. Por
lo tanto no hay que temblar tímidamente frente a todo, preso
de super~'tición como en un templo, ni 1~Jnedarse en adoración
frente a cualquier cosa, sino hay que estar aco:-tumhrado a
proclamar que algo no es justo y no es cmn·enicnte, no menos que a reconocerlo. justo )' conveniente.
Por ejemplo 1 cuando en el campo griego, lo:-; wldado:-; fueron alcanzados por la enfermedad, Aquiles reunió una asamblea; y, aunque él sufriera más que todos por la demora dP
la guerra, por su posición y fama en el ejército, al darse!
cuenta, por sus conocimientos métlicos, que 1a enfermrda(1.
al no hajar al noveno día, como dehía por naturaleza, no
era enfermedad normal, dchida a causas comunes, ~e l"V~l!l·
tó y, sin d!rigir la palabra a la muchedumhre, se dirigió cou
este consejo al rey, moderada y convenientemente:

llíada, XVI, 97.
Odisea, XI, 421.
Ilíada, IX, 452.
Ibidem, III, 365.
HoMERO,
HoMERO,
HoMERO,

- 72-

�d)

e)

'"Att·ida! creo que tendremos que volver atrás, yendo
otra vez errantes" (l 3 li).
Pero, cuando el adivino dice que teme b ira del más pudt~~
roso de los Griegos, Aquiles, jurando que nadie levantará
las manos sobre el adivino, mientras él viva, agrega sin r:tzón y sin moderación:
"aunque hablares de A¿;amemnón" ( 137 ),
mostrando a::.Í indiferencia y desprecio hacia el jefe. 1, al
rato, aun más irrita·do toma la espada con el deseo de matarlo, contra su propio honor ) utilidad. Pero, en segnid&lt;1
arrepentiéndose:
'·enyainó la enorme espada y no desobedeció
la orden de Atenea" (1 38 ),
obrando esta vez con rectitud y honor. En efecto, a] no poder desahogar completamente su ira la de~vió y la detuvo
moderándola con el razonamiento antes de hacer algo irrc-~
parable.
También Agamemnón es ri.dículo en lo que hace y dice en
la Asamhlea, pero en lo que se refiere a Cri.::.cida C'S mas
digno y más real. Así como Aquilcs 1 cuando H' llevan a Bri~
seida:
';llorando, fué a sentarse en disparte. lejos de ~us con~~
pañero~'·

f)

27)

136)
137)
138)
139)

1 !O)

(n'),

igualmente Agamemnón en persona, hace subir a la nave y
entrega y devuelve a Criseida, la mujer de la cual poco antes había dicho qua le era más cara que su misma esposa,
sin haber cometido con ella ningún acto amoroso y desho·
nesto.
También Fénix, malllecido por el pa.dre por causa de su
concubina, dice:
"E¡,tuve por matar a mi padre con el agudo bronce:
mas a lf!;Úil inmortal calmó mi cólera, haciéndome
[pensar
en la fama y en los reproches de los hombres,
a fin de que no furse llamado parricida por los
[Aqueo2' 1 ( 140 1.
Ahora bien, Aristarco sacó estos versos temiendo sus efectos; pero están bien a propósito en el momento en que Fenh
enseña a Aquiles lo que es la ira y lo que los homhres hacen
cuando, arrastrados por esa pasión, no usan el razonamiento
y no obedecen a los que intentan tranquilizarlos. Así también

Ibídem,
Ibídem,
Ibídem,
Ibidem,
Ibídem,

I. 59.
90.
220.
349.
lX, 458-61; versos conservados sólo por Plutarco.

- 73-

�b)

e)

d)

141)
112)
143)
14 i)

el poeta~ al presentar a 1\ieleagro, antes en('olerizado con :::.n~
ciudadanos, y después apaciguado, justamente critica las pasione:;, su dominio sobre ellas y su cambio de opinión.
En estos casos, por lo tanto~ la diferencia es evidente; pr:ro
en los casos en que la opinión del poeta e~ oscura, hay qn{'
hacer cierta distinción y llamar la atención del joven. Por
ejemplo, si Nausicaa, al ver a Odi¿eo, homlHe extr&lt;Jnjero, y
al experimentar hat:ia él la misma pa~ióu de Calipso, siendo
ella veleidosa y en edad de casane, die ~ neciamente a sns
sirvientas estas palabras:
"Ojalá! a tul varón pu.diera llamársele mi marido,
viviendo acá; ojalá lt pluguiera quedar::;c con nos ·
[otros!'l ( 111 ) .
~u impu(licia y su falta de dominio wn dignas de censura.
Pero, por el contrario, ella es digna de admir,!ción, si expre~a su de:;co de casarse con Odi:;co, más hien que con un
marino o haibrín su conciudadano, porque se ha ·dado cuenta, por las palabras de él, del caractcr del héro~, y ha qu~­
dado admiraua de su manera de haJJlar tan llen~ de huen
8entido.
Otro ejemplo más: cuando Pcnélope se entretiene amablemente con sus pretcndienles mientras aquellos ]e regalan vestidos y adornos, Odiseo ::e (1ueda &lt;.:orupla~ido:
"de que les sacase regalos y les lisonjeara el ánimo"
(14:!) ·.
si él se alegra por los done:; y la relativa ~anancia, sohrep~.­
sa en lenocinio a Poliagro, así riuiculizado en tua comedi~1:
" ... feliz Poliagro
"'que alimenta a la cabra celeste para sacar ganancb
[de ella" ( 41 :~);
pero si piensa que con eso. ellos están más confiados, sin
preocuparse del futuro, su alegría y :::.u confianza tienen razón de ser.
Igualmente, en el recuento lle los dones que los Feacios le
han dejado antes de irse, si al encontrarse en tal soledad,
ignaro e incierto de lo que le puede pasar, teme por h·s
dones:
';no :;e hayan llevado alguna. cosa en la cóncava nave~
[cuando de atquí parti~ron" ( 14A),
su avaricia, en ver,dad, es digna de lástima y desprecio. Pero,
por el contrario si? como alp:unos dicen, no teniendo todavía la seguridad de estar en Itaca, cree que la salvación de

Odisea, VI, 244.
Ibídem, XVIII, 282.
KocK, Com. Att. frag. III, 399. Se refiere probablemente a la cabra Amaltea.
HoMERO, Odisea, XIII, 216.

Ho:\HRO,

- 74-

�los dones, es una demostración de la integridad de los Fe&lt;~­
cios -en realidad, él pensaba &lt;JUC no lo hubieran llPvado:
para dejarlo tirado y abandonado en tierra extra'ila sin ganancia ninguna y dejándole sus bienes- no se sirve de un
ar~umento vano y su previsión es digna ·de ser admirada.
e)

Además, algunos critican este deserrubarque realizado mientras él dormía, y dicen que ]os Tirrenios conservan U1l cnento según el cual Odiseo era dormilón por naturah"Z:! &gt; qu?
por esto era de difícil trato ron la gente. Pero aceptan r-.,ta
e~cena intcrprctan.do que d SlH"ÍÍo de Odi~eo I"!O era venladero, sino tque él, avergonzado porque debía despedir a los
Fcaeios !"in 1lon~s ho~pitalario.; y sin poder agasajarlo~, sabiendo a(lemú.; que b era impo3ihle e s cond ~ r10e dP. ~. us ene-migos en presencia de aquellos, se salvó de la dificult~Hl
haciéndose el dormido ( 11 :;) •
0

f)

Por lo tanto con esas indicaciones acerca de los poema:;;, no
permitiremo3 que surja en los jóvenes una tendencia hacia
las malas co:::i.umhres, sino más bien emulación y preferencia
para las mejores; en forma tal que sin vacilación pued ~tn
censurar a unos y elogiar a otros. Esto es necesario especialmente en las tragedias en las cuales acciones indignas y miseras son presentadas con palabras persuasivas y hábiles. En
realidad, no es completamente verdadero el dicho tle
SóFOCLES:

'·De las malas acciones no nacen bellas palabra;;;''
( lH,)'

ya que él mismo está acostumbrado a pre-=entar malas costumbres y hechos indignos con palabras agradables y argumentos h::-névolos. Y Ycs, que también su cumpañero de arlc.
28)

ha hecho tque Fedra culpe al mismo Teseo que.
con sus violencias, la hizo en:unorar de Hipólito (1 47 ). La
mi•ma libertad .de palabra proporciona él a Helena en las
'"Troyanas~' al hacerle decir qu~ Iléf'Pha debe ser casti~ada
esp ~· cialmente por hal)cr engPndrado al hombre que la sedujo. En conclusión, que el joven no ~e acostum hre a creer
que en estas cosas hay algo sagaz y hábil, y que no Re Rlegre
por tales recursos, por lo contrario que aborrezca las palabras
licenciosas, mág que los hecho~.

145)

El método de interpretación u!"ado en estos párrafos es del todo tradicional,
como también los ejemplos citados. Cf. ARISTÓTELES, Poética, cap. 24, 1460a,
35 sgs.
NAUCK, Trag. Graec. frag., SOPHOCLES, N° 755.
No se refiere a la tragedia "Hipólito coronado", la que ha llegado hasta
nosotros, sino a la anterior, perdida "llipólito cubierto". NAUCK, Trag.
Graec. frag. EuRÍPIDES N° 491.

146)
H7)

EuRÍPIDES

- 7ó

�De cualquier manera~ es útil investigar la causa
de todo lo que se dice. Por ejemplo Catón, cuando era todavía niño, wlía hacer lo que el pedagogo le ordenaba, pero
le preguntaba la causa y la razón de la orden. Ahora bien,
por lo que se refiere a los poetas, no hay que obedecerle~
como si fueran pedagogos o legisla.dores, a menos que el texto no sea razonable. Y decimos que un texto es razonahle,
cuando es bueno; mientras cuando es malo, aparecerá conlf,
vacío y vano. Pero la mayoría de la ~ente insiste en reclamar las causas de algunas" co.3a., y quic;·en saber porque han
6ido dichas:
'~Nunca coloques la jarra sobre la copa de los qn•)
están tomando" (HS),

Cap. IX. -

b)

y:
e)

"El que caiga del carro y suba al de otro
pelee con la lanza" ( 149 ) ,
mientras aceptan otras peores con confianza y sin ninguna
crítica, como por ejemplo éstas:
"ya que el hombre es esclavo, aunque esté lleno de
[coraje,
si tiene conciencia de las culpas de su padre y de su
50
1 madre" (1
),

y:
"El hombre infeliz debe tener bajos pensamientos"
(l:íl).

d)

148)
149)
150)
151)
152)

Sin embargo frases como éstas afectan nuestros caracteres y
perturban nuestra vida, creando en nosotros juicio::; vanos y
opiniones absurdas, a menos que nos acostumbremos a contestar en cada caso: ¿por qué el hombre infeliz debe tener
bajos pensamientos, y no dehe, por el contrario, oponerse
al destino, elevarse y no humillarse? Y¿ por qué )O, hombre bueno y cuerdo, pero nacido de un padre malo y necio
no puedo enorgullecerme por mi virtud, sino por el contrario debo quedarme apocado y humillado por la ignorancia
de mi padre? Por lo tanto~ a'qucl que se opone y resiste en
esta forma y no se deja llevar por cualquier discurso, como
por el viento, sino que estima justo el dicho de HERÁCLITO:
"El homhre necio se asusta de cualquier palabra" (1;;~), rechazará muchas de las cosas dichas en forma que no corresponde ni a la verdad ni a la lJtilidad. En conclusión

Trabajos y días, 744.
llíada, IV, 306.
EuRÍPIDES, Hipólito, 424.
NAUCK, Trag. Graec. frag. EuRÍPIDES, No 957.
DIELS, Fragmente der V orsokratiker, 1, p. 95, frag. 87.
HEsiODO,

HoMERO,

- 76-

�estas sugerencias procurarán
poemas.

e)

f)

29)

una inocua lectura

de los

Cap. X. - Como en las ojas .de una vid y en los copiosos
sarmientos, el fruto a menudo se esconde y queda desapercibido en la sombra, así en la dicción poética y en los
cuentos extensos 1 se le escapan al joven muchas cosas útiles
y aprovechables. Sin embargo, ésto no 'le debe ocurrir y no
debe perderse atrás de los hechos; por el contrario debe
agarrarse especialmente a las cosas que llevan a la virtud y que pueden formar el caracter. Por esta razón es
oportuno tratar este argumento aun sea en forma breve, tocando someramente los puntos esenciales y dejando la verhosidad, la aparatosidad y la abundancia de ejemplos para
los tque escrihen en forma más ostentosa. Como primera cosa
el joven que conoce los caracteres y los per,onajcs buenos
y malos, preste atención a las palabras y a las acciones que
el poeta atribuye convenientemente a unos y a otros. Por
ejemplo, Aquiles, aun hablando con ira, se dirige así a Agamemnón:
··jamás el botín que oh tengo es igual al tuyo, cuando
los AIC(ueos entran a saco en una populosa ciudad de
[los troyanos'' ( 1 ;;a),
mientras Tersites insultándolo dice:
;;Tus tiendas están repletas de bronce, y tienes muchas
y e~cogidas mujeres, que los Aqueos
te ofrecemos antes que a nadie, cuando tomamos al[guna ciudad"' (1;¡ 4 ).
Y de nuevo Aquiles:
" ... Si Zeus
nos permite tomar la bien murada ciudad de Troya"
155) .
Pero Tersitcs:
'"Que yo u otro Aqueo haya hecho prisionero" (1 3G).
Y de nuevo, cuando Agamemnón insulta a Diomedes durante la revista, éste no le contesta nada:
"oyendo con respeto la increpación del venerando rey"
(157)'
pero Stenclo, hombre de ningún renombre:
''Alrida, dijo, no mientas pudiendo .decir la verdad,

153)
154)
155)
156)
157)

Ilíada, I, 163.
II, 226.
I, 128.
II, 231.
IV, 402.

HoMERO,

Ibídem,
Ibídem,
Ibídem,
Ibidem,

- 77-

�h)

e)

nos gloriamos de ser más valientes que nuestros pa[ch·es" (1 51'3).
Esta diferencia bien observada, enseñará al joven a con5iderar la modestia y la moderación como un rasgo de cultura, y
a evitar la soberbia y la jactancia como algo vano. También
resulta útil la consideración de la conducta de Agamemuón
en este caso. Pasó por alto a Stenelo, sin dirigirle palabra,
pero se preocupó de Odisco~ le contestó y se dirigió a él:
"cuando comprendió que el héroe se irritruba, retrae[ tándose dijo" ( 15 ~)
ya que, defenderse de todos, es rasgos de servilismo y de
falta ·de dignidad, pero insultar a todos es de arrogante y
neCIO.

En éste sentido actuó muy bien D:omedes cuando, al ser reprochado por el rey, permaneció callado mientras duraha la
batalla, pero al terminar le habló libremente así:
"poco ha, menospreciaste mi valor ante los Dánaos~'
(160).
Es útil ta1nhién tener presente la diferencia que hay entro
un hombre cuerdo y un adivino ) a famoso. En efecto, Calcas (l Gl) no espera el momento oportuno, por el contrario
no se preocupa en absoluto, de acusar al rey ante la multitud, por haberles traído la peste. Por el contrario, Néstor,
d) ansioso de decir algo para la reconciliación con Aquiles, y
no dar la impresión de acusar a Agamemnón frente a la
multitud por haberse deja.do dominar por la ira y haberse
equivocado, dice:
"ofrece después un banquete a los caudillos, que ésto
[es lo que te conviene y lo digno de tí, (1 6 :!)
una vez congregado~, seguirás el parecer de quien te de
[mejor con~ejo'' ( 163 )
y sólo después de la comida, hace partir a los embajadores; ésta era la manera de corregir el error, mientras aqne·
llo hubiera si·do acusación e insulto.
Además hay que mirar también las diferencias de las estirpes y sus maneras de ser, como sigue. Los Troyanos, por
ejemplo, avanzan con gritos y temeridad: los Aqueos:
"callados y temerosos de sus jefes" (1 64 ).
e) En efecto, el temor a los jefes en el momento en t¡ue los enemigos están a punto de chocar, es signo de valor y de obe158)
159)
160)
161)
162)
163)
164)

Ibidem,
Ibidem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,
Ibidem,
Ibidem,

404.
357.
IX, 34.

I, 94, 95.
IX, 70.
74-75.
IV, 431.

- 78-

�diencia. Igualmente Platón quiere acostumbrarnos a temer
las críticas y los males, más que las fatigas y los peligros
( 16 ;:¡), y Catón decía que prefería la gente que se ruboriza a
la que palidece ( 166 ) •
También en las promesas hay un carácter especial; por
ejemplo, Dolón promete:
"pues atravesaré todo el ejército hasta llegar
a la nave de Agamemnón" (1 67 ) ;
f) pero Diomedes no promete nada y dice 'que tendrá menos
miedo si lo envían con otro ( 16 tl) . En conclusión la prudencia es un rasgo griego y de hombre culto, mientras la audacia es algo bárbaro y vano; hay que emular una y censurar
la otra.
En cierto sentido, tampoco es inútil observar la emoción de
los Troyanos y de Héctor cuando Ayax está a punto de combatir en singular duelo con aquel. En este sentido se puede
recordar que Esquilo una vez, durante los juegos ístmicos,
al ver un pugilista golpeado en la cara, mientras se levantaban gritos, dijo: "lo que es el entrenamiento! Los espectadores gritan, y el herido calla" (1 69 ). Igualmente cuando el
poeta ,dice que los Griegos se alegran al ver a Ayax resplandeciente en sus armas
"pero un violento temblor se apoderó de los Teucros;
30)
al mismo Héctor palpitóle el corazón en el pecho" (1 70 ),
¿quién no admiraría la diferencia entre ellos y los Troyanos? En efecto, el corazón del que corre peligro "late" solamente, como también el corazón de quien está por hacer
una competencia de lucha o carrera, mientras los cuerpos
de los espectadores tiemblan y se agitan por lealtad y temor
hacia su rey.
También en este otro lugar hay que considerar la diferen·
cia entre un hombre valeroso y un cobarde. En efecto,
Tersites:
"aborrecía de un modo especial a Aquiles y a Odiseo"
(171) ;
b) mientras Ayax que siempre fué muy amigo de Aquiles,
habla así a Héctor acerca ,de él:
"ahora sabrás claramente, de solo a solo
cuáles adalides pueden presentar los Danaos
aun prescindiendo de Aquiles, que destruye los escua165)
166)
167)
168)
169)
170)
171)

Apología, 28 d, e.
Vid&lt;z de Catón, cap. IX, 134c.
HoMERO, Ilíada, X, 325.
Ibídem, 222.
Cf. PLUTARCO, Moral.ia, Quomodo quis suos in virt. sent. prof., 79e.
HoMERO, Ilíada, VII, 214-15.
Ibídem, 11, 220.
PLATÓN,

PLUTARCO,

- 79-

�e)

[ drones y tiene el ánimo de un león" ( 172 ) ,
y ésto es el elogio para Aquiles; pero más adelante habla
de todos en forma elqgiosa:
"'somos muchos los capaces de pelear contigo" (1 73 ),
no jactándose a si mismo como único y mejor entre todos,
sino como uno a la par de muchos, igualmente capaces ._le
resistir.
Esto sería suficiente acerca de las diferencias; sin embargo
queremos agregar también esto: entre los Troyanos muchos
fueron cogidos vivos, mientras de los Aqueos ninguno; entre los Troyanos algunos se arrojaron a los pies de los enemigos, como Adrasto (1 74 ), los hijos de Antímaco (1 75 ),
Licaón (1 76 ), el mismo Héctor 177 ) suplicando a Aquiles por
su sepultura; entre los Griegos ninguno; como si fuera propio de !bárbaros suplicar y arrojarse a los pies de los enemigos en los combates, y propio de hélenos vencer combatiendo o morir.

Cap. XI. -

d)

e)

172)
173)
174)
175)
176)
177)
178)
179)

Como en los prados la abeja busca la flor, la
cabra la hoja tierna, el cerdo la raíz, los otros animales las
semillas y el fruto, así en las lecturas de los poemas uno
selecciona las flores de la historia, otro prefiere la belleza
y la colocación de las palabras, como Aristófanes dice acerca de Euríp1des:
"yo me sirvo de la redondez de su boca" (1 78 ),
otros además -aquellos a los cuales nuestras palabras están
ahora dirigidas- siguen útilmente las cosas dichas acerca
de las costumbres. A éstos debemos recordar tque es raro que
el que ama los cuentos no se entere de lo que se relata en
forma nueva y singular, y que el filólogo no aprecie lo que
se dice en forma pura y elaborada, y que por fin el amante
del honor y de lo bello, y el que se acerca a los poemas no
por diversión, sino por e·ducación, escuche con aburrimiento
y desinterés las declamaciones acerca del valor de la temperancia y de la justicia, como por ejemplo lo que sigue:
"Por qué no mostramos nuestro impetuoso valor?
ea, ven atquí, ponte a mi lado. Vergonzoso
fuera que Héctor, de tremolante casco, se apoderase
[de las naves'' (1 79 ).
En efecto el joven se entusiasmará mayormente con la vir-

Ibidem, VII, 226.
Ibidem, 231.
Ibidem, VI, 37.
Ibidem, XI, 122.
Ibidem, XXI, 64.
lbidem, XXII, 337.
KocK, Com. Att. frag. 1, p. 513.
HOMERO, Ilíada, XI, 313.

-80-

�tud, al leer que este hombre tan prudente, frente al peligro
Je ~aer de::;truído y de perecer junto con los demás, teme la
vergüenza y la crítica, pero no la muerte. Y con el verso:
"Atenea holgóse de ver la prudencia y la equidad del
[varón" ( 180 )
f) el poeta ofrece la misma reflexión, al imaginar que la diosa
se alegra por la prudencia y justicia del héroe y no por su
riqueza, su bello aspecto y su vigor. Y además, cuando ella
dice que no ·descuida, ni abandona a Odiseo:
"porque eres afable, perspicaz y sensato" (1 81 ),
indica que de nuestras cualidades, sólo una es apreciada
por los dioses y es divina: la virtud, si es cierto que por
naturaleza ca.da símil ama a su símil.
Ahora bien, puesto que dominar la ira parece ser una cosa
31)
grande -y lo es- y más grande todavía parece ser la vigilancia y la previsión de no caer en ella y no dejarse
arrastrar por ella, debemos nosotros demostrar a los lectores esta afirmación en una forma no superficial, por medio
del ejemplo de Aquiles, el cual, hombre impaciente y duro,
ordena a Priamo de conservar la calma para no exasperarlo:
'~No me irrites más, anciano! dispuesto eetoy
a entregarte el eadaver de Héctor, pues para ello Zeus
[ envióme una mensajera,
no sea que deje .de respetarte, oh anciano, a pesar de
[que te hallas en mi tienda
y eres un suplicante, y viole las órdenes de Zeus"
b)
1

( 182) ;

y después ·de haber lavado él mismo el cuerpo de Héctor y
haberlo envuelto, lo coloca sobre el carro, antes de que el
padre lo vea ultrajado,
"no fuera que afligiéndose al ver a su hijo, no pu[ diese reprimir
la cólera en su pecho e irritar5e el corazón de Aquiles
y éste le matara quebrantando las órdenes de Zeus"
(183).

e)

180)
181)
182)
183)

En verdad~ es previ8ión admirable que un hombre, propenso a la ira y de naturaleza rudo e iracundo no se desconozca
a sí mismo, sino que se cuide, vigile las causas de ira y las
prevenga con el razonamiento para no caer en tal pasión a
pesar suyo. Así también debe comportarse el aficionado al
vino [rente a las bebidas, y el afecto a los placeres sexuales
frente al amor. Así Agesilao no permitió que el hermo~o

HoMERO, Odisea, III, 52.
lbidem, XIII, 332.
HoMERO, Ilíada, XXIV, 560-61; 569-70.
Ibidem, 584.

-

81 -

�d)

e)

muchacho que se le acercaba, lo besara (1 34 ) y Ciro (1 85 )
no osó ver a Pan tea; por el contrario, la gente ignorante
reune los elementos que excitan las pasiones y se ahandona
a aquellas en que se encuentra más débil.
Así Odiseo no sólo detuvo a si mismo en el momento en
que estaba irritado, sino también sosegó a Telemaco, cuando Be dió cuenta por unas palabras, que el joven estaba encolerizado y lleno de odio y, con anticipación lo instó a
quedarse tranquilo y a contenerse1 ordenándole:
"si me ultrajaren en el palacio, sufre en el cora.lÓn
que tienes en el pecho, que yo padezca malos trata[mientos;
y si vieres que me echan, arrastrándome en el pala[ cio por los pies
o me hieren con saetas, pasa por ello también" ( 186 ) •
En efecto, como a los caballos no se les pone un freno durante las carreras, sino anteriormente; de igual manera conviene que las personas coléricas que difícilmente se contienen frente a las dificultades, sean prevenidas con razonamientos y preparadas para enfrentarlas.
También hay que escuchar con atención las palabras y evitar Ias bromas de Cleante, tque se hace ridículo, cuando
pretende interpretar el:
"Zeus padre, que reinas desde el Ida" (1 87 ),

y:

f)

184)
185)
186)
187)
188)
189)
190)
191)

"Zeus soberano, Dodoneo" (1 88 ),
ordenándonos leer las últimas dos palabras como una sola
(1 8u), como si llamara "avaoooú}V (Úov" (anadodonaion) al
aire que emana de la tierra por exhalación.
También Crisipo muchas veces se revela limitado, cuando
por ejemplo sin nada de broma, interpreta~ en forma poco
persuasiva, y retuerce el sentido, diciendo que el Croni.de
"longividente'' (1 90 ), significa "hábil en el hablar" y
'rexcelente en la facultad de palabra".
Por lo tanto, es mejor dejar estas consideraciones a los
gramáticos y tomar en examen especialmente aquellas cuestiones tque unen al mismo tiempo utilidad y probabilidad,
como por ejemplo:
"y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre
[supe ser valiente" (1 91 )

Agesilao, V, 4.
Ciropedia, VI, I, 41.
HoMERO, Odisea, XVI, 274.
HoMERO, lliada, 111, 320; VII, 202; XXIV, 308.
Ibídem, XVI, ~~,3. ,
Interpretando ava , no como vocativo de "&amp;va~", sino como preposición
}ENOFONTES,

}ENOFONTES,

"'ava.,,.,.

HoMERO, llíada, I, 498.
Ibídem, VI, 444.

-

82-

�y:
"el cual supo ser amable con todos" (Hl 2 ).
En estos versos el poeta, declarando que el valor es algo que
se aprende y estableciendo que el compañerismo y las relaciones amistosas con los demás proceden del conocimiento
y del razonamiento, incita a no ,despreocuparse de si mismos,
sino a aprender lo que es bien, y a prestar atención a los
maestros, como si la grosería y la cobardía fueran smonimos de ignorancia y necedad. Con ésto coincide lo que el
poeta dice acerca de Zeus y de Poseidón:
"Igual era el origen de ambas deidades y uno mismo
[su linaje,
pero Zeus había nacido primero y sabía más" (1 93 ),
con lo cual declara que el conocimiento es la cosa más divina y la más real y en él está la máxima superioridad de
Zeus, ya que él cree 'qUe las demás virtudes vienen después.
También hay que acostumbrar al joven a escuchar con
atención cosas como éstas:
'"y no mentirá, porque es muy sensato" (1 94 ),

32)

y:
"Antíloco, tú que antes eras sensato, qué has hecho?
desluciste mi habilidad y atropellaste mis corceles"
(195)

h)

y:
"Glauco, por qué siendo cual eres, con tanta sober[bia hablas?
oh dioses! te tenía por el hombre de más seso
de cuantos viven en la fértil Licia" (1 96 ),
en cuanto estos versos enseñan que los hombres sensatos no
mienten, no se portan deslealmente en las batallas y no acusan injustamente a los demás.
De la misma manera, cuando el poeta dice que Pándaro
(1 97 ), por estupidez, se dejó persuadir a violar los juramentos, demuestra tque cree que el hombre sensato no cumple
injusticias.
También acerca de la moderación se pueden sugerir cosas
parecidas, basándose en versos como éstos:
"La divina Antea, mujer de Proteo, había deseado
[con locura
juntarse clandestinamente con Belerofonte; no pudo

192)
193)
194)
195)
196)
197)

lbidem, XVII, 671.
lbidem, XIII, 354.
HoMERO, Odisea, III, 20; 358.
HoMERO, llíada, XXIII, 570.
lbidem, XVII, 170.
lbidem, IV, 104.

- 83-

�e)

persuadir al prudente héroe, que sólo pensaba en
[cosas honestas" ( 198 ) ,

y:
"Al principio la divina Clitemnestra, rehusó cometer
el hecho infame, porque tenía buenos sentimientos"
(199);
por lo tanto en estos casos el poeta atribuye al conocimiento la causa de la moderación. En las exhortaciones a las
batallas igualmente él dice cada vez:
"qué vergüenza, oh Licios! adónde huís? sed esfor[zados" (2° 0 )

y:

d)

e)

f)

198)
199)
200)
201)
202)
203)

"poned en vuestros pechos
vergüenza y pundonor; ahora que se promueve esta
[gran contienda" (2° 1 ),
con lo cual él hace valerosos a los hombres moderados que,
por temor a la vergüenza de bajas acciones, son capaces de
sobreponerse a los placeres y de enfrentar los peligros.
Con los mismos principios TIMOTEO en "Los Persas'' incita
a los Griegos y les ordena:
"Honrad al pudor que presta su ayuda a la virtud
[del combatiente" (2° 2 ).
EsQUILO también cuando escrilie de Anfiareo atribuye a la
moderación, el no enorgullecerse frente a la fama, no ser insolente y no excitarse por los elogios de la multitud:
"El no quiere parecer el mejor, sino serlo
recogiendo frutos del profundo surco de su mente
del cual brotan consejos buenos" (2° 3 ) •
Ya que es propio de hombre sensato estimar justamente a
sí mismo, y su estado de ánimo, cuando es el mejor. Por lo
tanto, si nos remontamos al conocimiento, resulta evidente
que toda forma de virtud nace de la razón y de la instrucción.

Cap. XII. - Ahora bien, como la abeja por naturaleza descubre en las flores más ásperas y en los espinos más agudos la miel más dulce y mejor utilizable, los jóvenes, al ser
educados rectamente en la poesía, aprenderán a extraer de
ella, en cualquier forma, lo ibueno y lo útil, aun en los pasajes sospechosos de ser malos y absurdos. Por ejemplo Agamemnón es sospechoso de venalidad por haher exonerado

Ibídem, VI, 160.
HoMERO, Odisea, III, 265.
HoMERO, llíada, XVI, 422.
Ibidem, XIII, 121.
BERCK, Poet, Lyr, Graec., pág. 1271 Tim. frag. 9.
EsQUILO, Siete contra Tebas, 592.

-

84

�33)

b)

e)

d)

204)
205)
206)
207)
208)

del serviciO militar a aquel hombre que le había ob~equia­
do la yegua Eeta:
"como presente, para no seguirle a la ventosa llión
y gozar tranquilo, donde moraba, de la abundante ri[queza
que Zeus le concediera" ( 204 ).
Pero, según ARISTÓTELES (2° 5 ), él obró con juicio, al preferir a un hombre tal una yegua buena; ya que, en verdad,
un hombre cobarde y flojo, debilitado por la riqueza y la
molicie~ no equivale ni a un perro ni a un asno.
También parece muy vergonzoso que Tetis incite a su hijo
a los placeres y les recuerae los amores. Pero en este caso hay
que considerar ]a moderación .de Aquiles que, aun aman·d o a Briseida, consciente que se acerca el fin de su vida,
en el momento en 'qUe ella vuelve a él, no se apresura a
gozar dei placer de ella; ni, como la mayoría, llora al amigo, dejando ,de hacer y cumplir sus deberes; sino que sólo
se abstiene de los placeres por el dolor; mientras se muestra valeroso en toda acción y en el comando del ejército.
Igualmente no es digno de elogio ÁRQUÍLOCO, cuando 1
llorando al marido de la hermana, muerto en un naufragio, piensa vencer el dolor con vino y diversiones. Es verdad que él aduce una causa que tiene cierta razón:
"ya ~ue con mis lágrimas no me curaré; ni me pondré
peor, buscando alegría y fiestas" (2° 6 ) •
Ahora bien, si aquél estimaba que de ninguna manera se
iba a poner peor "buscando alegría y fiestas", ¿cómo la
presente condición se volverá peor si nos pusiéramos a estudiar filosofía, a tomar parte en la vida política, a subir al
foro, a frecuentar Ia Academia, o a interesarnos de agricultura? Por lo tanto, tienen su valor también las correcciones a medias que usaban CLEANTE y ÁNTÍSTENES. Este
último, oibservando que los atenienses hacían demasiado
ruido en el teatro al oír el verso:
"¿Acaso es vergonzoso algo que no parece tal a ]os
['qUe lo cumplen?" (2° 7 ),
en seguida lo sustituyó así:
"lo que es vergonzoso, es vergonzoso, ya que lo pa[rezca, como que no lo parezca";
y CLEANTE, el verso acerca de la riqueza:
"ser generosos con los amigos, y cuando el cuerpo ha
caído en enfermedades salvarlo con gastos" (2° 8 ),

HoMERO, Ilíada, XXIII, 297.
Probablemente en "Cuestiones homéricas".
BERGK&gt; Poet. Lyr. Graec. 11, p. 687. Arq. frag. 6
EuRÍPIDES, E o !Jo; NAUCK, Trag. Graec. frag. EuRÍPIDES,
EuRÍPIDES, Electra, 428.

- 85-

No

17.

�e)

f)

209)
210)

2ll)
212)
213)

así lo cambió:
''i:ier generoso con las prostitutas, y cuando el cuerpo
Lha caído en enfermedades
frótalo con gastos";
y ZE"íÓ~, corrigiendo los verso::; de SÓFOCLES:
"quien se acompaña del tirano
es su esclavo, aunque fuera libre~' (:.! 0 !!) ,
cambia:
"no es esclavo si fuera libre'',
indicando en este caso con la palabra "libre" al audaz, al
magnánimo y al valeroso.
Por lo tanto, ¿qué nos impide guiar a los jóvenes con tales
correcciones hacia un mejor sentido, de manera que se suvan de citas como éstas?:
"es objeto de envidia de los hombres, el que
hace caer la flecha de su deseo, donde él ~quiere" (2 10 ),
presentándolo no en esta forma, sino así:
''hace caer la flecha de su deseo, donde es útil".
Y a que e:; digno de piedad y no envidiable que alguien quiera tomar y conseguir lo que no debe. Igualmente en estos
versos:
'·No sólo para las cosas buenas Atreo te engendró,
oh Agamemnón;
detbes alegrarte, pero también llorar" (2 11 ),
nos opondremos diciendo: "debes alegrarte, no llorar, s1
consiguieras lo que te alcanza:
''ya que no sólo para cosas buenas te engendró Atreo,
oh Agamemnón!"
Y tamhién acerca de estos otros versos:
';Ay de mi! este mal a los hombres procede .de Dios:
12
que alguien conozca el bien y no lo cumpla"
);
diremos •que es algo animal, irracional y digno de lástima,
que un hombre que conoce lo mejor sea arrastrado hacia
lo peor por causa de la intemperancia y de la molicie.
A propósito de este otro verso:
"lo que persuade es el temperamento del orador y
[no su oración'' (2 13 )
corregiremos: "el temperamento y la oración juntos, o el
temperamento por medio de la oración". Como el jinete gobierna al caballo con el freno, el piloto la nave con el timón~
así la virtud no tiene ningún medio tan humano y familiar como la palabra.

e

Trag. Graec. frag. SoPHOCLES, N° 789.
Ibídem, Adesp., N° 354.
EuRÍPIDES, lfigenia en Aulis, 29.
Crisipo de EuRÍPIDES; NAUCK, Trag. Graec. frag.
KocK, Com. Att. frag., 111, p. 135.
NAUCK,

- 86

EuRÍPIDES,

N° 841.

�34)

h)

e)

214)
215)
216)
217)

En el caso de estos otros versos:
''Hacia dónde se inclina más, hacia la mujer o hacia
[el hombre?
hacia donde se encuentra la belleza, le es indiferente
[quien sea" (:! 14 ),
era mejor decir:
"hacia donde se encuentra la virtud, le es indiferen[te quien sea",
interpretando la palabra "indiferente" como "equilibrado";
ya que: el hombre que, influenciado por el placer y por la
belleza va por aquí y por allí, es incompetente e inconstante.
Y para concluir, el verso:
"los asuntos divinos dan miedo a los hombres mode[rados" (2 13 ),
no está bien expresado, sino que debería decir:
"los asuntos divinos dan confianza a los hombres mo[,derados",
y temor a los necios, locos e ignorantes, que sospechan y
temen como da'üino también aquel poder que es causa y
principio de tedo bien.
En conclusión así es el sistema de la corrección.

Cap. XIII. - CRISIPO ha demostrado justamente que algo
dicho en relación a una determinada cosa puede ser usado
en relación a muchas otras, y que algo bien dicho dellJe ser
atribuído tallllbién a otros argumentos del mismo tipo. Por
ejemplo, cuando HESIODO dice:
"no morirá el buey, si el vecino no es malo" (2Hl) ~
dice ésto también para el perro, el asno y todos los que
pueden per.derse en forma semejante. Y aún, cuando EuRÍ·
PIDES dice:
"qué hombre, libre del miedo de la muerte, puede
[ser esclavo?" (2 17 ),
hay que interpretar que ésto se refiere también al trabajo
y a la enfermedad. En efecto, como los médicos, al aprender la eficacia de un remedio que se adapta a una sola enfermedad, lo transportan ,Y lo usan para toda enfermedad
similar, así, una expresión de valor común y general, no debe ser considera.da en relación a un único argumento, sino
que ·d ebe usarse también para argumentos similares; y nosotros debemos acostumbrar a los jóvenes a percibir su valor
general, y transferir rápidamente lo que es particular a lo

Trag. Graec. frag. Adesp. No 355.
~o 356.
HESIODO, Trabajos y días, 348.
NAUCK, Trag. Graec. frag. EunÍPIDES, N° 958.

NAUCK,

lbidem,

- 87-

�d)

e)

f)

218)
219)
220)
221)
222)
223)

general, haciéndole hacer práctica y ejercicio de sutileza
con muchos ejemplos. Así cuando MENANDRO dice:
"feliz del que posee riqueza y entendimiento" (2 18 ) ,
piensen que ésto ha sido dicho también acerca de la gloria~
de la hegemonía y de la elocuencia. También el reproche
que Odiseo hace a Aquiies, cuando éste está en Skira entre
muchachas:
"tú, hijo del padre más noble entre los griegos
te pasas hilando, apagando así la luz resplandeciente
[de tu estirpe?" (2 1!l) ,
piensen ellos tque estos versos están dichos también para el
libertino, el avaro, el descuidado, el ignorante, en esta forma:
"tú te pas~s tomando, hijo del padre más noble entre
[los griegos"
o "juegas a los dados", o "eres el jefe del juego de las codornices'\ o "eres un traficante", o "eres un usurero", sin
pensar nada grande y digno de una estirpe noble.
Otro ejemplo más:
"no hables de riqueza; yo por mí no a.dmiro a este dios
a quien~ aun el hombre peor, compra fácilmente" (2!2°)
Lo mismo se podría decir también con frases como: "no hables ·d e gloria, ni de la ibelleza del cuerpo, ni del poder
del general, ni de la corona sacerdotal" que como vemos
aun los peores pueden conseguir.
Otro más:
"malas por cierto son las consecuencias de la cobar[ día" (221)'
puede decirse lo mismo de la intemperancia, de la superstlcwn, de la envidia y de todos los demás vicios.
Ahora bien, cuando HoMERO dice en forma excelente:
"Miserable París, el de más hermosa figura ( 222 ),
"Héctor, el ·d e más hermosa figura" (2 23 ),
(con estas expresiones declara que es digno ·de censura y
de reproche el hombre en el cual la belleza de forma no
se une con alguna buena cualidad), debemos aplicar estos
versos a casos similares, moderando a los que se enorgullecen por cosas de poco valor, y enseñar a los jóvenes a
considerar c'Omo un reproche y un insulto las expresiones: "el
mejor en riqueza", "el mejor en comidas", "el mejor en
hijos y rebaños" y en verda.d, también la simple expresión
"el mejor".

KocK, Com. Att. frag. III, MENANDER, N° 114.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. N° 9.
EuRÍPIDES, Eolo; NAUCK, Trag. Graec. frag. EuRÍPIDES, N°
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. No 357.
HOMERO, Ilíada, III, 39.

Ibídem, XVII, 142.

-88-

20.

�35)

b)

Por lo tanto, entre las cosas bellas, hay que ibuscar lo mejor, hay que ser el primero en las virtudes más nobles~ y
el más grande en las acciones más grandes. Y a tque la fama
que procede de cosas pequeñas y malas, es oscura y sin
valor.
Estos ejemplos de inmediato nos sugieren la atenta consideración de las críticas y de los elogios, especialmen~e en
los poemas de HoMERO. En efecto, de ellos se comprende
fáeilmente que los bienes del cuerpo y de la suerte no deben ser considerados dignos de mucha atención. Por ejemplo, en primer lugar los poetas en las representaciones y
saludos nunca llaman a los hombres , "bellos", "ricos"
"fuertes", sino que usan eufemismos como éstos:
"Hijo de Laertes, de jovial linaje, Odiseo, fecundo
[en recursos" (2 24 ),

y:
"Héctor, hijo de Priamo! igual en prudencia a Zeus"
( 225) '

y:
"Aquiles, hijo de Peleo, el más valiente de todos los
[Aquivos" (2 26 ),

y:
"N oh le hijo de Menetio, cansm1o a mi corazón" (2~ 7 ) •
Además, cuando insultan, no se refieren a las cualidades del
cuerpo, sino que reprochan los vicios:
"Borracho que tienes cara de perro y corazón de c:ier[ vo" (228) '

y:
"Ayax, valiente en la injuria, detractor" ( 229 ),

y:
"Idomeneo, por 'qUé charlas antes de lo debido? Pre[ciso es
que no seas tan gárrulo" (2 30 ),

y:
e)

224)
225)
226)
227)
228)
229)
230)
231)

"Ayax, lenguaz y fanfarrón" (2 31 ),
y, por fin Tersites es insultado por Odiseo, no por rengo,
ni por calvo, ni por jorobado, sino por charlatán. Por el
contrario la madre llama a Efesto mencionando afectuosamente su cojera:

lbidem,
lbidem,
Ibídem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,
lbidem,

II, 173.
VII, 47.
XIX, 216.
XI, 608.
1, 225.
XXlll, 483.
474, 478.
XIII, 824.

-89-

�d)

e)

f)

36)

232)
233)
234)
235)

"Levántate, rengo, hijo querido" (2 32 ).
Así HoMERO se ríe de los que se avergüenzan de su cojera
o ceguera, ya que él no consider~ despreciable lo que no· es
vergonzoso, ni vergonzoso lo que no procede de nuestras acciones, sino que es tan sólo el producto de la suerte.
Por lo tanto dos grandes ventajas reciben los que están acostumbrados a escuchar con atención los poemas: una es la
tque conduce a la moderación, por la cual no se critica odiosa y neciamente a nadie por la suerte que tiene; otra es la
que lleva a la magnanimidad, por la cual los que sufren reveces de fortuna no se sienten humillados y confundidos, y
soportan tranquilamente el sarcasmo, el reproche y las risas;
especialmente teniendo presente la frase de FILEMÓN:
'"Nada es más dulce y agradable
.
que poder soportar a quien nos reprocha" (2 33 ) •
Sin embargo, si es claro que alguien precisa censura, hay
que poner la mano sobre sus pecados y sus pasiones, como
hace en una tragedia Adrasto que, cuando Alcmeón le dice:
"Tú has nacido de la misma estirpe de aquella que
[mató a su marido" (2 34 ),
replica:
"y tú eres el asesino de la madre que te ha engen[drado" (2 34 ).

Cap. XIV. - Ahora bien, así como de lo que hemos dicho
más arriba, resultaba que nosotros alejáJhamos y revocábamos la confianza en los poemas malos y dañinos, . o poniéndoles discursos y sentencias de hombres de gobierno y famosos; igualmente, si encontráramos en ellos algo útil y culto,
debemos alimentarlo y aumentarlo con demostraciones y testimonios filosóficos, atribuyendo a los poetas tal invento. En
efecto es justo, útil, y refuerza y aumenta la confianza en
los poetas, el hecho de que las doctrinas de PITÁGORAS y de
PI.ATÓN concuerden con lo que se dice en escena, o se canta
sobre la lira, o se estudia en la escuela; y cuando los preceptos de QUILÓN y de BíAs llevan a las mismas opiniones que
aquellos que se adquieren con las lecturas juveniles. Pero
debemos también indicar en forma no superficial lo que
sigue:
"A tí, hija mía, no te han sido asignadas ]as acciones
[bélicas
dedícate a los ·d ulces trabajos del himeneo" (2 35 ) ~

lbidem, XXI, 331.
FrLEMÓN, Epidicazomenus. KocK, Com. Att. frag. 11, p. 484.
NAUCK, Trag. Graec. frag. Adesp. N° 358.
HOMERO, Híada, V, 428.

-90-

�y:

b)

e)

"porque Zeus se irritaba contra él siempre que com[batía con un guerrero más valiente" (2 36 ),
el sentido de estos versos en nada difiere del "conócete a ti
mi~mo"~ por el contrario tienen el mismo valor que esta sentencia ; y el verso :
'"Necios! no saben cuánto la mitad vale más que el
[todo" (2 37 ),
y el otro:
"un mal consejo es especialmente malo para quien lo
[da" (238)'
indican los mismos conceptos que la frase de PLATÓN en el
Gorp)as y en la República (2 39 ), cuando ,dice que: "hacer injusticias es peor que sufrirlas" y "hacer el mal es más perjudicial que mfrirlo",
Hay que agregar también el verso de EsQUILO:
"Valor! ya que los grandes sufrimientos no duran
[mucho" (2 40 ),
que es lo mismo de lo tque a menudo EPICURO repite y admira como: ''las grandes penas pasan en breve tiempo y las
penas que duran no son grandes" (2 41 ) . De estos dos conceptos, EsQUILO ha dicho claramente uno; el otro está en directa relación con el verso citado; en efecto, si una pena
grande e intensa no permanece, la pena que permanece no
es ni grande ni inaguantable.
V amos a ver ahora unos versos de TESPIS :
"Tú ves que por ésto Zeus es el rey de los dioses:
porque no practica la mentira, ni el orgullo, ni la risa
estúpida; y sólo él no conoce el placer" (2 42 ) ,
en nada difieren de la frase de PLATÓN: "la naturaleza divina está fuera del alcance del placer y del dolor" (2 43 ).
Consideremos ahora lo que ha dicho BAQUÍLIDES:
" ... yo diré que la virtud
consigue la gloria más grande; pero tque la riqueza
va con los hombres cobardes" (2 44 ),
y también lo que fué dicho por EuRÍPIDES con sentido casi
igual:

236)
237)
238)
239)

Ibídem, XI, 543.
HESIODO, Trabajo y días, 40.
Ibídem, 266.
PLATÓN, Gorgias, 473a; República, fin del libro 1 y del libro IV; y tam-

240)
241)
242)
243)
244)

bién 355b.
NAUCK, Trag. Graec. frag. AESCHYLUS, N° 352.
Cf. DIOGENES LAERCIO, X, 140.
NAUCK, Trag. Graec. frag. p. 833.
PLATÓN, Cartas, 111, 315c.
BERGK, Poet. Lyr. Graec. pág. 1237. Baq. frag. 30.

-91-

�" ... nada
estimo más antiguo
que la moderación, que
siempre acompaña a los buenos~' (2 45 ),
y el otro:
""Cuáles vanas po~esiones habéis adquirido, pensábais
conseguir la virtud con la riqueza?, entre vuestras pú·
sesiones os sentaréis sin poder ser felices" (2 46 ),
d) no constituyen acaso una demostración de la afirmación de
los filósofos, según la cual la riqueza y los bienes exteriores
sin la virtud, son inútiles y vanos para los que los poseen?
Por lo tanto, adaptar y conciliar tales pensamientos con las
doctrinas de los filósofos lleva a los poemas lejos del mito y
de la ficción, y cuando menos, detiene la atención sobre las
cosas dichas con un fin útil. Además abre y dispone el alma
del joven a entender las sentencias de la filosofía. En efecto,
llega a la filosofía atquel que no es completamente falto de
gusto y de comprensión para estas cosas, y que no está completamente influenciado por lo que escuchaba contiuuamene) te de su madre, de su nodriza, y en verdad, también de su
padre y ·d e su pedagogo. Y a que, éstos estiman felices y honran a los ricos, aborrecen la muerte y el trabajo, estiman la
virtud sin riquezas y gloria como algo mísero y sin ningún
valor. Los jóvenes, así acostumbrados, al oir por primera vez
que las doctrinas de los filósofos se oponen a estas opiniones,
se quedan maravillados, confusos y preocupados, sin aceptarlas, ni tolerarlas, a menos que también ellos, como los tque
van a ver el sol después de haber permanecí,do en profundas
tinieblas se acostumbren a no temer tales doctrinas y a mirar
sin dolor en aquella luz refleja, en la cual un leve rayo de
verdad está mezclado con los mitos (2 47).
f) En efecto, los que han previamente oído en los poemas y
leídos versos como éstos:
"Llora a quien nace por los males a los cuales llega.
pero a quien muere y cesa con sus penas
sáquenlo de la casa los amigos con alegría" ( 248 ),

y:
'~Qué necesitan los mortales, excepto estas dos cosas:

el trigo de Demetra y la jarra de las bebidas?" ( 24 9),

y:
37)
245)
246)
247)
248)
249)
250)

"Oh tiranía, amiga de Ios pueblos bárbaros" ( 25 0),
NAUCK, Trag. Graec. frag. EURÍPIDES, N° 959.
lbidem, N° 960.
Cf. PLATÓN, República, VII, cap. 2, SISe sgs.
EuRÍPIDES, Cresfontes; NAUCK, Trag. Graec. frag.
lbidem, No 892.
lbidem, A des p., No 359.

- 92-

EuRÍPIDES, N°

449.

�y:

b)

251)
252)
253)
254)

'" ... La felicidad de los mortales
"es lo que dura menos, entre las cosa~ que se sufren"
(251)'
quedan después menos confusos y descontentos al oír, entre
los filósofos expresiones como éstas: "La muerte no es nada
para nosotros" (2 52 ), y "la riqueza de la naturaleza es limitada" (2 5:.:), y "la felicidad y la beatitud no consisten en
grandes riquezas, ni en abundantes sucesos, ni en el tener
autoridad y poderes, sino en la falta de dolor, en la mode¡·ación frente a las pasiones y en una disposición del alma que
pone límites conforme a nuestra naturaleza" (2 54 ) .
Así por estas consideraciones y por t~do lo que hemos dicho,
el joven precisa de una buena guía en sus lecturas, para que,
sin ser engañado, sino más bien por haber sido educado previamente, se dirija de la poética a la filosofía con espíritu
benévolo, amistoso y familiar.

Ibídem, N° 360.
DIOGENES LAERCIO, X, 139.
Ibídem, X, 144.
Ibídem, X, 139, 141, 144.

-93-

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