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                    <text>CARLOS E. PRELAT

JEAN REY MEDICO DEL PERIGORD
En un día del año 1630 "Sieur Brun", maestro boticario de
Bergerac, dirigió a Jean Rey, médico de Périgord (Dordogne), una
carta en la que le comunicaba que "habiendo querido estos días
pasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de
1nglaterra, lo coloqué en un vaso de · hierro adaptado a un horno
abierto y con gran fuego agitándolo contínuamense sin agregado de
cosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy blanca. La pesé
para conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece
onzas. Esto me produ_;o un asombro increíble no pudiendo ima¡;{inar
de dónde había~ venido las siete onzas de exceso".
Repite la experiencia con el plomo y encuentra una pérdida de
peso. Pregunta acerca de la causa de ello a varios hombres doctos y
nadie le puede explicar los resultados de sus experiencias. Pide en·
ton ces a J ean Rey que lo ilumine a fin de que él, Brun, conozca la
causa de "esta maravilla".
Jean Rey, teniendo en cuenta que se trata de "un hermoso tema
de una investigación penosa, cuyos frutos hasta ahora han sido ma·
gros" y además que el "Sieur Brun" "es un hombre de vida íntegra
y conocedor de su oficio", se decide a meditar sobre el tema para
investigar la causa que "Sieur Brun" le pide le haga conocer. Emplea
algunas horas en esa meditación. Llega a un resultado que contradice
las máximas que los filósofos habían tenido por ciertas durante siglos
y a riesgo de parecer temerario se decide a publicar estos ensayos
para no aparecer como pusilánime en la exposición de la verdad y
en su defensa.
En efecto, el tema del aumento del peso del estaño y de otros
metales durante la calcinación había sido estudiado por alquimistas
y químicos. Boyle lo atribuyó a la fijación sobre el metal de cor·
púsculos de fuego. Los partidarios del flogisto debieron admitir para
éste un peso negativo o simplemente ignoraron o dejaron de lado la
cuestión. Entre los partidarios de la teoría de Boyle se hallan des·
tacados químicos, entre otros: Homberg, Lemery y Lefevbre. Lemery
explica el aumento de peso así: "Les pores de plomb sont disposés e1i
sorte que les corpuscules du feu s')'' sont insinués ils demeurent liés et
agglutinés dans les parties pliantes et embarrassantes du métal sans
en pouvoir sortir, et ils en augmentént de poids". El padre Querubin

-

39 -

�de Orléans rechaza la explicación de Boyle diciendo que ·el vidrio no
es permeable y Boerhaave y Boylduc niegan que haya aumento de
peso. El tema apasiona y muchas personas publican disertaciones
sobre el mismo. Hierne en 1753 admite la fijación de un ácido graso
y sulfuroso que proviene de la llama. Las especulaciones terminan
con Lavoisier. Jean Rey resuelve el problema de un modo bastante
razonable. Veamos cómo.
Adelantemos que J ean Rey no realizó ninguna experiencia para
resolver la cuestión. Todo es producto de la meditación de algunas
"horas", meditaciones no totalm,ente. ap:i;iorísticas .pues- se basan en
hechos reales o hipotéticos.
' '
En primer lugar afirma y demuestra a su modo que "todo lo que
es material bajo el firma.mento tiene peso". Dado que Dios al crear
el Universo quiso hacerlo uno de algún modo confirió "la · pesanteur
divinement empreinte a toutes les parties &lt;I'iceluy". Claro que con
esto todos los cuerpos deberían caer por acción de •su propio peso
hacia el centro del mundo. Ahora bien, esto no acaece y Jean Rey
se apresura a levantar esta objeción diciendo que la tierra que es
más pesada ocupa rápidamente su lugar, desalojando al agua que
ocupa el segundo, ésta al aire y éste al fuego. Cita en apoyo de su
tesis una experiencia "agradable" que realizan los químicos quienes
"toman esmalte negro pulverizado, licor de tártaro, aguardiente azur
leado con tornasol y espíritu de trementina enrojecido por "orcanette"
(alheña.). Colocan todo en un frasco, lo agitan hasta que se forme
una niezcla confusa la que dejada en reposo permite al ojo ver «avec
plaisir le desbroüillement se /aire»". Como todos los cuerpos que se
han colocado en este extravagante sistema heteFogéneo tienen peso y
como cada uno ocupa un lugar tenemos la representación de lo que
sucede con los auatro elementos. El esmalte negTo representa la tierra,
el licor de tártaro el agua, el aguardiente ·el aire y el espíritu de
trementina el fuego. Con esto elimina la "ligereza" como característica
del aire y d~l fuego, ligereza que le habían atribuído algunos filósofos
para explicar el movimiento hacia arriba. La razón más importante
para ello es que la ligereza es innecesaria para explicar el mundo
e introduce una complicación inútil · y hay que tener ·en cuenta que
"Dieu et la Nature ne font rien 'en vain". Hay, pues, sólo peso en
distintos grados. Con esto queda eliminado el movimiento hacia arriba
como natural, es decir como movimiento cuya causa reside en los
cuerpos mismos. El movimiento hacia arriba es "violento" en el sentido de la Física aTistotélica. Que el movimiento natural del aire es
hacia ahajo lo demuestran entre otros hechos el siguiente: cuando
se cava un poco el aire desciende a ocupar el lugar que ocupaba la
tierra. Rey no tiene ninguna duda de que si se pudiese disponer de
un tubo cilíndrico que fuese desde el centro de la tierra hasta "la
región del fuego" se podría repetir dentro de ese tubo la experiencia
del "deshrouillement" de los químicos. Hecho ésto si se sacase la
tierra de la parte inferior, el agua ocuparía su lugar y así sucesivamente. El movimiento hacia arriba es siempre violento.
Pero, como a Rey le interesa particularmente demostrar que el

-40-

�aire tiene ·peso se preocupa especialmente de demostrarlo de un modo
independiente. Aporta una prueba que es realmente deliciosa por su
ingenio y su ingenuidad. Parte del hecho de que en la caída los cuerpos
tienen una mayor velocidad al fin que al principio. Fiel a la idea de
que una fuerza constante produce un •movimiento uniforme, concluye
que un cuerpo al final ·de· la caída está "empujado" hacia abajo por
una fuerza mayor que la que lo empuja cuando comienza a caer. ¿Cuál
es la' causa? El dibujo que se ve aquí explica el asunto.

AJ

t71

C

B

D, E, F y G son distintas pos1c10nes sucesivas de una esfera que
va cayendo hacia el centro de la Tierra C. AA es la bóveda celeste.
Cuando el cuerpo se halla en D tiene sobre él el peso del aire contenido en el espacio limitado por las generatrices del cono HCH y la
circunferencia de tangencia de este cono con D. Al ir descendiendo,
el aire que "pesa" sobre la esfera es de cantidad creciente. De aquí el
mayor peso y la mayor fuerza que produce el aumento de velocidad.
Todo este razonamiento no podría hacerse si el aire no tuviese peso.
Debe luego demostrar, para su finalidad, que "la pensanteur est
si estroitement joincte a la premiere 1natiere des elements que se
changeans de l'un en l'autre, ils gardent tousiours le mesme poids".
Hagamos notar de paso que Rey es partidario de los cuatro elementos
aristotélicos. La demostración es procedente por cuanto algunos filó-

41 -

�sofos sostienen que cuando, por ejemplo la tierra se transforma en agua
pierde algo de su peso. Imposibilitado de hacer un "experimentum
crucis" ya que esa transformación es "difícil" de realizar, Rey dice que
"l'exame du poids de quelque chose se fait en deu:xJ. far;ons; sr;auoir, ou
la raison ou la balance". Prefiere en este caso la razón con cuyas
armas "entra atrevidamente en la liza para combatir este error". Va
a demostrar que "la pesanteur est tellement joincte a la premiere
matiere des elemens qu' elle n' en peut estre deprinse. Le poids de
chaque portian d'icelle print au berceau, elle le portera iusques a
son cerceuiI''. Veamos como lucha Rey con las armas de la razón.
Considera una porción de tierra que posea el menor peso que pueda
existir (¿átomo? ) y por debajo del cual no haya materia. La convertimos en agua "par les moyens congneur et practiquez para la
nature" (?). ( ? ) Ahora bien el agua así obtenida puede, tener un
peso mayor, menor o igual que la tierra de la que proviene. La primera posibilidad no puede admitirse pues ningún filósofo lo ha hecho
y Rey tampoco. La segunda no puede ser por cuanto ha tomado la
menor cantidad de materia que puede existir. Queda pues la última:
la igualdad entre las masas de tierra y de agua que se pueden transformar una en otra. Y lo que se demostró para una partícula mínima,
se puede demostrar para dos, etc., y en general para cualquier cantidad de tierra. Como se ve la demostración es impecable desde el
punto de vista formal. Admite que el volumen pueda cambiar. Sugiere así una experiencia para medir el volumen de aire que se
obtiene por transformación en este "elemento" de una dada cantidad de agua.

a

a

e

[

El agua colocada en AB se "transmuta" por el calor en aire y
pasa al cilindro C en donde puede medirse el volumen. (AB se llama
pomposamente "Eolopyle" ) . Jean Rey se cuida muy bien de hacer
la medición; pero obsequia la sugerencia a quien quiera, rogándole
que, como retribución de haberle sugerido esta hermosa experiencia,
le comunique el resultado.

-

42-

�.Ningún elemento "pesa por sí mismo", es la tesis aiguiente. Vea·
mos lo que quiere significar J ean Rey con ésto. Según él, el examen
de los pesos con la balanza difiere mucho del que se hace con la
razón. Este sólo lo practica el hombre prudente y de talento, el otro
cualquier rústico es capaz de llevarlo a la práctica. Es así como
algunas personas de poca comprensión, al pesar con la balanza el
aire en el seno del aire y al no encontrar, así, peso deducen que el
aire no tiene peso. Pero el examen de los pesos con la razón conduce
a una conclusión distinta. En primer lugar: el agua tiene peso, nadie
lo niega y sin embargo pesando agua en el seno del agua seguramente
se encontrará que no tiene peso. Esto sucede porque ningún agente
actúa en su semejante, toda acción supone una contrariedad. ¿Quién
va a buscar lo caliente en el seno de lo caliente? Si existen "dos
calientes" juntos se abrazan, unen sus acciones y resulta un solo
caliente. De modo que el peso resulta de un contraste entre el cuerpo
y lo que lo rodea. "Tout ce qui pese dans l'air, tout ce qui pese
dans l' eau, doibt soubs es gal volume contenir plus de poids ( pour
le plus de matiere) que o.u l'air ou l'eau dans les quels le balanceme'nt
se pratique".
Parecería que Rey dejándose llevar por su dialéctica se aleja
del tema. Nada de eso. Esta cuestión de que el aire no pesa en el
seno del aire es una dificultad seria para su tesis final y sale al
encuentro de ella. En efecto, va a afirmar que el aumento de peso
del estaño durante la calcinación se debe a que con él se ha mezclado
aire; pero como al pesar la cal de estaño se la pesa en el seno del
aire, el aire incorporado a ella no puede tener peso revelable con
la balanza. Es necesario pues demostrar que el aire puede aumentar
de peso. Según el médico de Périgord esto puede suceder de tres
maneras distintas: 1) por mezcla de materias extrañas más graves
que él; 2) por compresión de sus partes y 3) por separación de sus
porciones menos pesadas (¿contradicción con la naturaleza elemental
del aire?).
La primera es evidente considerando "come en temps nebuleux,
la premiere couverture de vos fenestres hautes l' air chargé de
brouillards entre dás vostre chábre". Por motivos análogos el agua
de mar pesa más que la de río. Las sustancias extrañas que se incorporan al aire son, en particular, los vapores y las exhalaciones que
parten del agua y de la tierra. Es claro que si se toman dos porciones
iguales de un mismo aire cada una de las cuales tiene diez pulgadas
de volumen y a una se le añaden dos pulgadas de agua y a otra dos
de aire la primera adquirirá un peso mayor que la segunda. Se ve
claramente que lo que quiere decir Rey es que el aire aumenta de
densidad en estas condiciones lo cual es falso para el caso del vapor
de agua. Pero, no insiste mayormente sobre esta manera de aumentar
de peso el aire pues no es la que le interesa para su tesis y así pasa
a las otras dos.
Cree que la compresión existe porque "la nature a voulu, pour
les raisons a elle cogneues, que les elemens peussent s' estedre et
resserreriusqu' a certaines bornes qu'elle- leur a prescriptes". Cita

a

- -43 -

�ejemplos de dilatación térmica del agua y la compres1on del aire
en una jeringa y argumenta "L'air ainsi comprimé doubtez 'vous qu'il
ne pese dans ,l' air libre puis qu'en 'pareil espace il contient plzis de
matiere?" Termina la consideración de esta manera de aumentar el
peso (evidentemente se trata de la densidad ) con una especie· de
pedido de reivindicación de ciertos inventos de él hechos antes de
que un · señor Marin, "bourgeois de Lisieux", patentase un árcabuz
neumático. Según Rey su propio arcabuz, que figura entre los
inventos mencionados es mejor que el de sieur Marin. Esto último,
evidentemente, no tiene nada que ver con la calcinación del estaño.
Pasemos a la consideración de la tercera causa de aumento de
peso del aire. Es evidente que si de un tddo se sacan partes más
livianas lo que queda será más pesado (denso) que el todo. "Separad
el oro que ese ver.gonzante o·r febre mezcló a la corona del rey Hieron:
el oro que queda pesará más que una porción igual de toda la corona".
La Naturaleza hace lo mismo en otros casos y con ayuda del calor.
Los rayos solares sutilizando el agua de las salmueras (p. ej., del agua
de mar) colocadas en recipientes apropiados deja un residuo más
pesado. "L' Alchymiste, vray singe de la nature" realiza operaciones
análogas por medio de la destilación. Así, al separar del vino el
aguardiente (más liviano) deja un residuo más pesado. Pero con el
aire la demostración no es tan clara. Pregunta si alguien cree que el aire
caliente en contacto con el · suelo en un día caluroso de verano
es más · liviano que el resto y apuesta a que todos creen eso; pero
no es así. ¿Por qué está más caliente? No puede ser porque el Sol
lo caliente directamente más pues este astro calienta uniformemente
todo el aire. Pero al calentarse se separan .las partes densas (abajo)
de las más sutiles (arriba) y entonces al ser más densas dan una
sensación de mayor calor. En apoyo de esta afirmación dice que el
hierro al rojo quema más que la llama empleada en calentarlo y no
puede admitirse que esté más caliente. Luego el hecho de que el
aire se manifieste como más caliente en contacto con el suelo demuestra que es más denso. El más sutil se ha ido hacia arriba. Como
una nueva prueba de esto está el fenómeno que se observa mirando
el aire en contacto con una superficie calentada por el Sol que consiste
en una visión confusa de lo que se vé a través de él. Esto que, como
se sabe es debido a una variación del índice de refracción del aire
con la temperatura, según sieur Jean Rey "c'est qu'il est esp-essi et
a acquis plus de corpulence, qui vous le rend aiicunement visible".
Y si este espesamiento puede ser producido por un calentamiento
como el debido al Sol ¿qué no podrá ·esperarse de un horno ardiente,
con un fuego infernal? El agua, el aguardiente y otros líquidos se
sutilizarán por completo pues el aire puede ocupar su lugar; pero
con el aire no sucede lo mismo y entonces se producirá por eliminación de las porciones livianas de una gran cantidad de este elemento,
un aire espeso y pesado "un air qu'il m'eschappe de dire, non
plus air, ains un air desnaturé ayant changé sa subtile f luidité en une
grossiereté visquese".
Parece ser que alguien objetó a sieur Rey que si bien el calor

-44-

�(o el fuego) podían separar partes de distinta gravedad de cuerpos
heterogéneos no ucedía lo mismo con cuerpos homogéneos ya que
por la naturaleza de éstos el calor actuaría igualmente sobre todas
sus partes dilatándolas del mismo modo. Pero según Rey, además de
ese hecho que es cierto, su razón y sus sentidos le dicen que también
se separan parte de distinta gravedad, para probar lo cual puede
disponer de una "nube" de ejemplos. Así el vitriolo (sulfato ferroso)
es un cuerpo homogéneo y colocándolo dentro de una retorta y calentando se obtiene la separación de "su flegma, su aceite y su colcotar". La "trementina" e un cuerpo homogéneo y de él el calor
permite separar su aceite, su espíritu y su colofonia. El vino es otro
ejemplo y así sucesivamente. Pero sus adversarios pueden argumentar
que se trata de cuerpos compue tos y que en lo elemento no sucede
lo mi mo. Por ese motivo demuestra J ean Rey que el agua se espesa
por destilación. El que no lo crea que recurra a los químicos que
preparan agua destilada. E ta o el rocío que sólo es agua "passée par
le grand alambic de la nature" es usada porque "penetre mieuz la
substance des simples et en tire plus aisément la vertu et les teintures".
Pues bien, el agua destilada es menos densa que el agua común y
por lo tanto el agua que queda como residuo debe ser más densa.
Como esa diferencia se observa si destila todo un vaso se puede concebir que si e compara la primer gota destilada con la última gota
del residuo la diferencia sería aún mayor.
Pero seguramente los adver arios creen que está rehuyendo lo
que realmente interesa: el aumento de peso del aire por acción del
fuego. Nada de eso. A pesar de que ya ha dado razones en apoyo
de esta afirmación, dada la importancia del asunto va a dar otras
pruebas que no dejan de ser asombrosas por lo rebuscadas y sutiles.
Las pruebas son tres: imaginemos un laboratorio, no como los habituale en el seno del aire sino en el del "fuego elemental". En ese
ca o el aire tendría respecto del fuego un comportamiento análogo
al del agua respecto del aire. Así podríamos llenar con aire un recipiente vacío, que entonces estaría lleno de fuego como están llenos
de aire los que en nuestro medio habitual llamamos vacíos. ºSi en
esas condiciones destilamos aire tendríamos diferencias de densidad
entre destilado y residuo como tenemos en el caso de la destilación
del agua. Sabe Rey que tal laboratorio no puede construir e; pero
tampoco se podía dar a Arquímedes el punto de apoyo que pedía
para su palanca que movería al mundo. E una manera de demostrar algo.
La otra prueba se tiene si se considera un cañón colocado verticalmente con la boca hacia arriba y se imagina que se deja caer una
bola al rojo en el interior del mi mo. En este caso el aire sale primero
menos caliente que luego, lo cual se puede comprobar colocando la
mano inmediatamente por encima de la boca del cañón. Esto no s
debe a que el aire haya sido calentado en forma irregular mo a que
s&amp;le primero el aire más sutil que tiene un menor calor. sensible que
el más denso que sale después. Además mirando a trav' de la región
que se encuentra arriba de la boca del cañón se ve 'tremouer" los

-

45-

�objetos que se observan a través y no es el movimiento del aire lo
que produce esto pues Rey puede ver con toda nitidez las bellezas
de una dama a través del aire agitado por su abanico. Además un
copo de lana colocado arriba de la boca es elevado, lo cual demuestra
que ahí el aire es más denso. Y si eso sucede en la boca ¿cuál no
será el espesamiento en la parte inferior del alma del cañón?
Para aportar un tercera prueba recurre a los asmáticos. Dice que
cuando uno de estos enfermos se ahoga en su lecho se ordena abrir
las ventanas. Interpreta el hecho diciendo que al ser más espeso el
aire de la habitación por ser más caliente el paso del mismo por
los canales de los pulmones ofrece dificultades. Al entrar aire frío,
el que respira el asmático se hace más tenue y tiene así una sensación
de alivio.
Así como existen tres maneras de aumentar el peso del aire,
existen, por la ley de los contrarios, tres maneras, según las
cuales puede disminuir de peso. En esta demostración aparecen
dos aspectos interesantes de las concepciones de Rey. En primer
lugar hace notar que cuando habla de aumento o disminución de
peso se refiere a pesos de volúmenes iguales pues si examinamos los
pesos con la razón "ie dis qu'il n'y a rien qui .accroise de pesanteur
que par adition de matiere; ny qui en decroisse que par substractio
d'icelle: tant inseparablement sont cOiointes la matiere et la pesanteur". Es un enunciado bastante preciso de la ley de conservación
de la masa. Por otra parte dice, en base a experiencias ideales, cuyos
resultados imagina, que "la balance est si fallacieuese qu'elle ne nous
indique iamais le iuste poids des choses, f ors que quand en icelle
sont comparés deux pesanteurs de mesme matiere et figure, come
deux boulets de plomb". No se sabe, frente a esta afirmación, si criticar la cuestión del "justo peso" planteada fuera del terreno experimental o ver en esto una manifestación del principios de Arquímedes
aplicado a los cuerpos sumergidos en el aire.
Finalmente se encuentra sieur Rey en condiciones de responder
formalmente a la cuestión que le planteara sieur Brun.

ENSAYO XVI
Respuesta formal a la pregunta de por qué el estaño y el plomo
aumentan de peso cuando se los calcina
"Ahora he hecl}to los preparativos, esto es, he echado los fundamentos de mi respuesta a la pregunta de "sieur" Brun que no es otra
que la siguiente: Habiendo puesto dos libras y seis onzas de estaño
fino de Inglaterra en un vaso de hierro y a su vez colocado a éste
sobre un horno a gr.un fuego abierto, por espacio de seis horas, agitándolo contínuamente, sin agregar cosa alguna más, ha recogido del
vaso dos libras y trece onzas de cal blanca; lo cual lo ha llevado, en
primer lugar, a un estado de admiración y luego al deseo de saber
-46-

�de dónde le han venido las siete onzas de más. Y para aumentar la
dificultad digo que no sólo hay que pregzintarse de dónde han venido
estas siete onzas, sino que también, además de esas, de dónde han
venido aquéllas que han reemplazado la pérdida de peso que se ha
producido necesariamente por la ampliación del volumen del estaño,
al convertirse en cal y por fo pérdida de vapores y exhalaciones que
se han desprendido. A esta pregunta, pues, apoyado sobre los fundamentos ya expuestos, respondo y sostengo gloriosamente (sic!), Que
este aumento de peso viene del aire, que en el vaso se ha espesado,
hecho más pesado y tan adherente en virtud del calor tan vehemente
y prolongadamente continuado del horno, el cual aire se mezcla con
la cal, (a lo que ayuda la frecuente agitación) y se adhiere a las
partes más menudas: no de otro modo como el agua hace más pesada
la arena que se arroja y agita en ella, para humedecerla y adherirse
al más pequeño de sus granos. Estimo que hay muchas personas que
se hubiesen espantado al solo enunciado de estci respuestw si la hubiese
dado al principio y que ahora la aceptarán sin sorpresa, hcibiéndose
como amansado (sic!) y hechas tratables por la evidente verdad de
los ensayos precedentes. Porque, sin duda, aquéllos cuyos espíritus
estuviesen imbuídos en la creencia de que el aire es liviano hubiesen
saltado al encuentro de mi respuesta. ¿Cómo (hubiesen dicho los
tales) si no se saca calor del frío, blanco de lo negro, claridad de las
tinieblas, del aire, cosa liviana, se saca tanto peso? Y aun ·a quéllos
que se hubiesen encontrado dispuestos a creer en la pesantez del aire,
no hubiesen podido persuadirse de que jamás podría aumentar el peso
de algo estando pesado, como lo está, en el seno de sí mismo. Por
este motivo, me ha sido necesario hacer ver que el aire tenÍ&lt;i peso:
que ello se reconocía por un examen distinto que el de la balanza:
y que en ella misma una porción previamente alterada y espesada,
podía manifestar su peso. Todo ello lo he hecho de la manera más'
breve que me ha sido posible y sin haber adelantado nada que no
estuviese estrechamente vinculado con esta materia: para aclarar la
cual en todos sus puntos, sólo queda por hacer una refutación sucinta
de las opiniones que han sostenido otros o podrían sostener; y a
resolver las objeciones que se podrían hacer contra mi respuesta".
Analiza, de acuerdo con lo prometido, las distintas explicaciones
que habían dado o que podrían darse del aumento de peso observado.
Ellas son: 1) La desaparición del calor celeste que da vida al plomo
o bien la muerte de éste que produce el aumento de peso durante la
calcinación (Cardan); 2) La consunción de partes aéreas del plomo
(Escalígero); 3) El hollín del fuego (Cesalpino, citado por Livabius);
4) De la materia del vaso donde se hace la calcinación; 5) Los vapores
de carbón; 6) La sal volátil del carbón; 7) La sal volátil mercurial,
y 8) La humedad atraída por la cal. Algunas de estas explicaciones
no se han dado; pero Rey las imagina y las refuta. Como no es posible
examinar todas, me referiré a las que juzgo más interesante .
La primera, a saber la de Cardan, es la siguiente. Como se sabe
los alquimistas decían que un metal era algo vivo; cuando se calcinaba
se moría y cuando la cal se reducía el metal revivía. Ahora bien como
-

47-

�la vida sólo era posible si en el cuerpo vivo existía fuego celeste,
al morir (calcinarse) el estaño o el plomo dicho fuego lo abandonaba,
con lo cual había un aumento de peso debido a que el fuego era
ligero. Rey refuta fácilmente esta explicación mediante la siguiente
argunientación: l. 0 ) El estaño no es vivo y por lo tanto del hecho
de que un cadáver pese más que el ser vivo al que pertenece (hecho
"comprobado" entonces) no se puede deducir que lo mismo acaece
con el estaño. 2. 0 ) El fuego celeste no puede hacerlo más liviano ya
que el fuego tiene peso y 3. 0 ) No puede haber una misma razón para
el aumento de peso de los animales al morir y del estaño al ser calcinado. "Car, touchant sa vie, comment en auroit le plomb, puis qu'il

est un corps homogenée sans distinctio de parties, sans organes et
sans aucun effect ou action vitale? S'il se meut en bas si fait bien
la céruse qui n'en est que son cadavre". Además se puede tener al
abrigo del aire el plomo fundido durante días, meses, años con un
gran fuego sin que disminuya su peso. "Il f audroit une ame bien tenace

pour tánt souffir sans desloger".
Así como la explicación anterior y su refutación son fantásticas,
la otra que voy a considerar es perfectamente coherente y lógica.
Dice Rey que ya que el estaño y el plomo están durante la calcinación
en contacto con aire y con el hierro de la vasija se podría admitir
que no siendo el aumento de peso debido al aire se puede atribuir
al hierro de la vasija que se mezclaría con la cal. Esto no es posible
según Rey, por las siguientes razones: 1) : El hierro pulverizado es
de color castaño y teñiría la cal de estaño que es blanca, cosa que no
sucede. 2) : Si el vaso entregase hierro a la cal, en las cantidades encontradas por sieur Brun se destruiría en unas cuantas calcinaciones,
hecho que no sucede por cuando un mismo vaso sirve durante años
de trabajo continuo y prolongado, y 3) : Se podría obtener a partir
de una pequeña cantidad de estaño una gran cantidad de cal, pulverizando la vasija por completo y añadiéndola a la cal, hecho que no
ha sido observado.
Después de haber sido examinado una a una todas las otras posible explicaciones las destruye de un solo golpe, como Hércules las
cabezas de Hidra (la metáfora es del propio Rey ) ya que su situación
es semejante a la del héroe griego.

ENSAYO XXV
Mediante una única prueba se destruyen por completo todas las
opiniones contrarias a la mía
"Se dice de Hércules que ni bien cortaba una de las cabezas de
esa Hidra que devastaba el Palu Lerneano ( *), le renacían dos cabezas. Mi condición es similar. El error que combato 'es fecundo en
(*)

Nombre que da Rey a la laguna ele Lerne, situoda en Grecia, en cuyos orillos hobitaha la "Hidra de Lernu" (N. del T.).

-

48

�opiriiones que son otras tantas cabezas: si corto una se ven nacer dos.
Mi labor crece continuamente y tengo la seguridad de que no será
algo completo nunca si me limito a destruir una por una todas las
opiniones contrarias. Para ma,tarlas del todo es menester que reúna
mis fuerzas y enderece mi brazo de modo que de un solo golpe las
~bata todas. Quien quiera que se ponga en guardia: pues he aquí
que voy a dar ese funesto golpe que acabará con todas. Acabo de leer
en Hamerus Poppius, en el terc&lt;er capítulo de su libro intitulado
Basilica Antimonij, la nueva manera que practica para calcinar el antimonio. Toma una cierta cantidad, la pesa, y habiéndola luego pulverizado la coloca en forma de cono sobre un mármol y teniendo un
espejo ardiente {espejo cóncavo. - N. del T. ) lo opone al Sol dirigiendo la punta piramidal de los rayos reflejados sobre la punta del
cono de antimonio que entonces emite abundantes humos, y en poco
tiempo se convierte, en la parte que todan los rayos, en una cal muy
blanca, la que es separada con un cuchillo; y dirige entonces los rayos
sobre lo que resta del antimonio hasta que todo haya blanqueado, con
lo cual está hecha la calcinación. Es una cosa admirable (agrega a
continuación} que aun cuando en esta &lt;Jalcinación el antimonio pierda
mucho de su sustancia por los vapores y humos que exhala copiosamente su peso aumenta en lugar de disminuir. Ahora bien, si se pregunta sobre la causa de este aumento: ¿dirá Cardan que se trata deí
desvanecimiento del fuego del calor celeste? Por el contrario: dicho
fuego está agregado en mayor medida por medio de los rayos solares.
¿Dirá Escalígero que se trata de la consunción de las partes aéreas?
cuando al desmenuzarse en cal, aumenta de volumen y se incorpora
mayor cantidad de dichas partes aéreas. ¿Traerá Cesalpino a colación
su hollín? Acá no hay ningún fuego que lo produzca. ¿Daría el vaso
empleado alguna cosa de sí? Es claro que no, pues los rayos se dirigen con tal precisión que no tocan el mármol en absoluto. ¿Se propondrán los vapores de carbón? Acá ;no hay nada de carbón. En
cuanto a las sales volátiles que can tanto ingenio se han producido
pierden aquí toda su gracia y favor. Por ventura, ¿se querrá recurrir
a la humedad como alguien pretende hacerlo nuevamente? Pero, ¿de
dónde vendría? ¿del mármol? En absoluto; ello no es ni imaginable.
¿Del aire? Menos aún: porque esta operación debe practicarse pa:rd
que resulte mejor en los días más cálidos del Verano, durante los
ardores más violentos de la Canicula. Cuando todo está, aquí abajo,
tan caliente que aun en la sombra, hasta durante la noche, el aire seca
las telas húmedas y también las tierras mojadas. Y el día en el que
el Sol pega fuerte, tuesta nuestras pieles, marchita las hierbas,
reseca los frutos, la madera y los lagos, hace bajar el curso de todos
los ríos, inflama todas las cosas combust~bles como por ejemplo el
estiércol de las palomas (sic!). Buscar humedad en el aire para
abrevar nuestra cal y hacerla más pesada de esa manera, no de noche
sino de día; no a la sombra sino al Sol. No donde simplemente hay
luz, sino donde los rayos reunidos por un espejo cóncavo son reflejados con tanta violencia que funden y calcinan los metales: buscar
ahí digo, la humedad, es como buscar fuego en el hielo y un nudo en
4

49 -

�un junco, por así decir, cosa que jamás se podría encontrar. Que ahora
se fundan en un único espíritu los mejores espíritus del mundo: que
este hermoso espíritu ponga en tensión sus nervios hasta el límite de
sus fuerzas; que busque con atención en los cielos y en la Tierra: que
hurgue en todos los repliegues de la naturaleza: no encontrará la causa
de este aumento sino en el aire que los rayos del Sol calientan, espesan y hacen mJás pesado, el cual aire se mezcla entre la cal a medida que el antimonio al calcinarse se desmenuza y se hace adherente
a sus partes más tenues. Lo que confirma enteramente la verdad de
mi creencia en el aumento del plomo y del estaño: que no pueden
tener otra causa que la mezcla del aire espesado. No habiendo otra
diferencia entre el aumento de peso de estos dos metales y el del antimonio, fuera de la que reside en el hecho de ·que aquí el aire se
espesa por acción de los rayos solares: y allá por el calor del fuego
, '' .
comun
,'
Se plantea a continuación el problema de averiguar la causa po~
la cual no aumenta de peso hasta el infinito, hecho que "a priori"
podría predecirse con su explicación. Pero la experiencia enseña que
.hay un límite. Explica esto Rey diciendo que en los casos de mezclas
de sólidos con sólidos o de líquidos con líquidos no hay límite superior pero que en casos de líquidos con sólidos sí. En el caso de la
cal de estaño ella se mezcla con aire despojado de su sutileza lo cual
lo hace comportarse como líquido.
Sale luego al encuentro de otra cuestión: la mayor parte de las
sustancias que queman y dejan cenizas no aumentan de peso. Dice
Rey que esto se debe a que esas otras sustancias contienen una gran
proporción de principios exhalables o bien "parlant spagyriquement
beaucoup de soulfre et mercure que le feu va choffat insq' au bout".
Estos espíritus tienen un peso mayor que el aire que se incorpora a
las cenizas.
Desde el comienzo de la explicación Rey habla del estaño y del
plomo a pesar de que sieur Brun encontró una disminución de peso
en el caso del plomo; pero al final casi Rey .aclara que se ha referido
a i¡.mbos metales porque a pesar del resultado de sieur Brun otras
personas (Cardan, Escalígero y Cesalpino) han obtenido aumento de
•peso y Rey se inclina a aceptar estos resultados aun cuando entre los
que lo han obtenido figuran adversarios- teóricos suyos.
Termina el libro con una conclusión en la que se jacta de haber
expuesto "cette verité dot l'esclat frappe vos yeux; que ie viens de
tirer de plus profonds cachots de obscurité" y finaliza con estas palabras: "Le travail a esté mien, le profit en soit au lecteur et a Dieu
seul la gloire".
Como datos ilustrativo·s cabe agregar que el libro está precedido
de una dedicatoria al Príncipe de .Sedán a quien están dedicados los
ensayos y de dos poesías donde se alaba sobremanera a Jean Rey,
una oda firmada por Béreau y unas cuartetas debidas a la vena de
De!?champs. Como todas las poesías laudatorias, son ·malas.

r

50

�De Jean Rey se ignora la fecha del nacimiento y la de su muerte,
así como la edad que tenía cuando publicó estos ensayos. El lugar
donde vió la luz fué la localidad de Bugue cerca de Bergerac en
Périgord. En Bugue escribió los ensayos y se sabe que vivía aún en
1643. Se ocupaba de investigaciones científicas y quizás practicaba la
medicina. Se ocupó de termometría, inventó un arcabuz neumático
pero se vió obligado a abandonar los estudios e investigaciones
por cuestiones domésticas.
Quien se interese por más detalles puede leer el prólogo de
Edouard Grimaux a la reedición de los Essays publicada en 1896. La
obra fué desconocida hasta que después de los trabajos de Lavoisier
sobre el tema (1774) Rayen se dirigió al director del Journal de
Physique ( 1775) llamando la atención sobre la obra de J ean Rey a
quien asigna el carácter de precursor de Lavoisier.
A pesar de no conocer datos sobre su vida, podemos con los
Essays penetrar profundamente en la mentalidad de Jean Rey que, en
mi opinión, es un representante típico de los hombres de ciencia de
su época y de todas las épocas: mezcla de razonamientos sutiles, observaciones acertadas, · teorías aceptables o absurdas, prejuicios y
creencias. Lo que varía de una época a otra es la dosis de
cada uno de estos elementos y las características con que se presentan.
Hay en él, como en sus cofrades de todos los tiempos un afán desinteresado, aun cuando no desapasionado, por llegar a la verdad. Este
es su mérito. No soy de opinión de considerarlo como un precursor
de Lavoisier. Para convencerse de ello hasta leer los Essays y el Traité
de Chimie y comparar el lenguaje y las ideas.

-

51-

�</text>
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                <text>En  un   día   del  año  1630  "Sieur  Brun",  maestro   boticario   de Bergerac, dirigió a Jean Rey, médico  de  Périgord  (Dordogne),  una carta en la que le comunicaba que "habiendo querido estos días pasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de Inglaterra, lo coloqué en un vaso de • hierro adaptado a un horno abierto y con gran fuego agitándolo continuamente sin  agregado  de cosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy  blanca. La pesé para conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece onzas. Esto me  produjo  un asombro  increíble  no  pudiendo  imaginar de  dónde  había  venido  las siete  onzas  de  exceso".</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1948, Año II, Nº 3 : p.39-51</text>
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•

�DEPART.!JvlENTO
.
DE LITERATURA HISPM OAl''lERICANA

:WS POETAS MODERI\J"ISTAS EN EL l\1ERCADO

ECONOMICO

Ame 860 3 RAM pee
Los poetas modernistas en el m

UNIVBRSIDAD D~ LA REPUBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
Monte ideo, 1967.

1

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•

•

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•

•

.•

�La repe tida condena del burgués mat e rialista
en que unánimement e coincid en los es critores del
•

modernismo, desde los esteticista que acaudilla
Darío -como se pu ede v er en su cuento 11 El rey bu,t
gués"- hasta sus obj e tores, poseídos de la preoc~
paci6n moral o social, tanto en la línea apostóli
c a de Martí como en la didáctica de Rod6, r esponde a l a más flagrante evidencia de l a nueva econo
rnía de J.a época finisecular : la instaurnci6n del
mercado.
Ese burgués vili.pend i '"lr1o 11a1'í" puesto en f ug
cionamiento una infraes tructura econ6mica a l a
que atendía con tenaz asiduidad, aunque pudiera
estar muy distante de sus tradicional es convicciQ
nes religiosas y morales , y merced a ella se disolvían las r elacione s personales , la actividad
del hombr e era puesta al servicio de los objetos
y estos entraban en un régimen competitivo, como
entidades aut6nomas y todopoderosas que modelaban
una masa nueva: el público . ,
"En este mundo - dice Fischer refiriéndos·e a
su aparici6n europea , en la primera mitad del XIXel arte también se convirti6 en alcancía ; y el

a~

�-2tista, en un productor de mercancías. El patrocjnio personal fue reemplazado por un mercado
libre cuyas operaciones eran difíciles o imposi
bles d e compr·ender, por un conglomerado de con.

sumidores desconocidos, e l llamado ''público".
La obra de arte se someti6 cada día más a las
leyes de la competencia" ·(1).
bl conocimi ento del mercado y sus l eyes lo
puede ha cer un escritor de distintas maneras y
en distintos planos de penetración. La forma rª
dical es la que tiene que v e r con su situación
•
como pr()rt11~t()r ~ 0 Yltr n de 61, y el valor que s e
conced e a los productos que ofre ce en venta , d~
L·ivar1uo aeL tipo ae ~ceptac16n o de r8chazo que
experiment e -y esta última habrá de ser la norma- un juicio sobre el comportamiento del mercg
do y los hombres que lo crearon respecto a la
obra d e arte. O, en un proceso de generalización
int erpretativa, un enjuiciamiento acerca d e los
valores espirituales que aporta o los que afecta,
dado que ese es el t erreno valorativo en que por
•

definición s e sitúa un creador. .
Producida la división del trabajo y la in~
tauraci6n del mercado, el poeta hispanoamerica•

�•

-3-

•

no se vio condenado a desaparecer . La alarma fue
general . Se acumularon centenares de te8timonios
denunciando esta situaci6n y señal ando el peligro
qtle J)ara la vida espirj_tual profunda de las soci§_
dades hi~panoamericanas comportaba la que se veía
como inminente desanarición del arte y la literatura . A los ojos de los poetas el mundo circunn')~
te habj·a· 's'ido dominado por un materialismo hostil
al espíritu , en lo que no se equivocaban mucho . y
si algunos confundi e ron la fatal quiebra de io·s
valore·. ret6r·icos Ut;:l pasado con la extinción mi~
ria a.e J.a. ·cultu1·a , .lub ·más comprend1e1"on ab ... dnmente lo oue es taba ocurriendo a E·1 'efecto , no

~P.

v1J

sie ron a defender las formaP deJ papado
, ni a piQ
.
J.ongar·las en una sociedad a la c1ue no podían· éide cua rse; considerando la nueva realidadc• trataron
de entender qué ocurrír y buscaron el modo de salir de la parálisisc No había· entonL:t. ,3 ~ nj . i '"iu· :
mndernizadas ciudades
r a en las m a populo as
•

•

hispanoamericanas - su ejempJo mayor fue Buenos l
res- un público que pudier a sostener la producción
literaria como en cambio ya lo había para los biQ
nes de consumo que se fabricaban en el pais arte-

-

•

sanalmente , o que afluía n a los puertos desde Eu- ·
•
ropa .
•

•

�-4-•

En una serie de artículos que inició con
"L? vida literaria" (2) Darío
ofrece
un
panora
.
ma lúcido de la situación en la plaza privile-

-

giada de América, o sea Buenos Aires en 1895:
"Todos los ir1telectuales con quienes tenemos
ocasión de comunicarnos se quejan del actual d~
caimiento. 'Tenemos que buscar otro oficio ••• '
&lt;lecíanos en días pasados el autor de '~iis montg
ñas 1 · " . Cita en su apoyo textos de Luis Berisso
que plantean el problema en términos concretos:
''Por desgracia, entre nosotros, el pensador, el
literato, al artista, no tienen escena propicia:
los mata la indiferencia pública y el ambiente
·burgués". Después de enumerar los escritores del
pasado que "han arrojado la pl1Jma lejos, cansados de escribir sin resultado" y los j6venes
"roncos de tanto gritar, sin ser oídos, y que
bien pronto, si no reaccionamos, dejarán también
la pluma y los entusiasmos artísticoo par~ ii· a
perderse en la sombra", Berisso acepta la estrug_
tura creada y conviene en que no hay otra solución que crear un "mercado" pero literario. Di•

ce: "I~o basta poseer un Ateneo y una academia:
es indispensable un público, por así decir, ar-

�-5tista, un pú9lico que ame la ciencia, la poesía,
el arte; las ~osas bellas dei espíritu,
un
públ~
•
•
••
co que lea las estrofas de nuestros -bardos inspi
'
I
.
rados, ·1as páginas de nuestros historiadores cog
'
.. .
cienzudos, los textos
. ci entíficos de . nuestros hom
bres de pensamiento'~ (3)
•
•

• 1

\

L~s palabras ·d~ Luis ~~rísso hacen eco,a

.,
diez a~os , y mejorando al es~~io, a las que el
•
propip Daría pr9nunc~ara apenas .transcurrido W1
mes de su llegada a Valparaíso . En un ar·ículo de
•

•

•

•

"El f\'.Iercurio" de 24/VII/1886, se pregunta d6nde
• •

están los ,poetas
chilenos:
"Casi todos permanecen.
1
•
sjJenciosos
-se contesta-; casi todos han olvida•
do el amable comerció \de las Gracias . Quién con
la cartera de dipJ.omático no cura si la Fama le
•
ha encumbrado
a la categoría
del primer poeta fi.
.
.
.
l6sofo de América; quién en prosaicas oficinas
cuenta,números en vez de 'hemistiquios; quién en
•

•

•

•

•

•

.
profesorado
•

/

las arduas. tareas. del
apenas en cort~
simas ocios escribe sublimes poemas que quedan s~
•

•

pultados •entre sus papeles de matemáticas; .quién,
•
por último, rompe cítara y plectro y se entrega
•

•

al mundo agitado de los negocios o a la brega terrible del parlamento'' . Buscando ·una explicaci6n
a esta deserción general, concluyendo con grandi-

'

�-6-- . lacuencia: ••Las musas se van! ¡Oh P~stumo f que
~

t~enes
f~ s.

a bien p6ner oídos a mis tristes apátro-

Las musas se van, porque iiinieron las máqui ·.

nas y apagan el eco ae las liras. Idos, adi&amp;s pQ
etas inspirados! Los que nos quedaban se están
muriendo; los que sobreviven han dejado la floresta primitiva de su Ar~atlia al ruido ensordecedor da la edad nueva; allá . qued6 el instrumento abandonado, el arpa de los cánticos primeros.
Idos a Dios, encendedoras de divinos entusiasmos, dulces Piérides~ · que en mejores tiempos hallasteis en el suelo de :A.rauco servidore s const antes y sumisos. Ya no hay vagar para

~uestro

culto" (4). ·
Hay aquí una comprobaci6n primera~ tan gen~
•
ral que fue un lugar común de las dos Últimas d~
•

cadas del siglo: ·1a deserción de ·1os poetas es
coneecuencia de la nueva época maquinista, más
exactamente del sistema de relaci6n económica que
imponía, · 1a que además transforma a los poetas en
•

servidores de sus necesidades imperativas. El po~
ta veía los efectos y no avizoraba las causas ecQ
n6micas pro:fl:tndas. Comprobaba que, fatigados, los
•

escritore s dejaban de l a do la literatura y se en-

�-7tregaban al
~ulpa

de

comerei~,

~llos .

sospechando quizás

qu~

era

No avizoraba, y Darío lo compren

derá durante sus año s chilenos, que esa era la
•

ley de la sociedad

y qu e se debía

cre~da,

s~r

.

muy

hábil para sortearla. Por lo menos comprueba, muy
rá~ido, que el estilo en que escribe no tiene posible sobrevivencia. Ese amasijo de lugare s comunes del

~epertorio

neoclásico y romántico, desapª

r e cerá en un pl az o cortísin10 : s6lo un año . Sobrevivir en esta sociedad exigirá una transforma ción
qtle Daría comienza a rumiar desde su incorpora-

ción a "La Epoca " . S6lo transformándose podrá influir sobre el medio .
Por el momento el "mercado " literario no

existía; los libros no t~nían compradores y por
lo n1ismo tampoco había editores . Permanecían vigentes las formas que p' roc edían. de la época del
"patrocinio", o sea el mecenazgo ocasional de algunos amigos rico s que pagaban una edición, y la
costwnbre de los conocidos de solicitar al poeta
que les regalara un ejemplar de sus poes í as, a v~
ces airadamente si había pasado mucho tiempo des•

de su

~ublicación.

En tal

dem~nda

iba implícita

la afirmaci6n de que el libro
no tenía valor en
•

�-8-

-. -·
el mercado comercial cotidiano.
• •

-.

.

•

Sobre estos temas se expresó muchas veces
D.. río. En un artículo referido a "ta producción

•

intelectual latinoamericana. Verdadera propagan
da americanista. Autores y edi.t ores", recoge las

del cubano Dr . Alcover acerca de l a in~
existencia de editores en el continente y i·as con

pala~ras

•

firma con un recuerdo de su vida per sonal : "En
Buenos Aires no sé c6mo andarán las cosas al1ora .
Cuando y9 vívía a llí, . publ.ica r un libro era obra
magna , posible sólo a .un Anchorena, a un Alvear ,
a un ~antamarina: algo como comprar un automóvil
ahora, o un caballo de carrera . J'flis "Raros " apar ecieron grac i as a que pagaron la edición Angel
de Estrada y otros amigos; y "Prosas Profanas"
gracias a que hizo lo mismo otro amigo, Carlos
Vega Belgrano" ( 5) •.
Esta y otras anotaciones de sus ~rtículos
parten de la convicci6n de que DO era posible COll
servarse . en la época del patrocinio, y que el e~
critor debía incorporarse al mercado: vivir dentro de él, como pudiera, aunque fuera muy mal,
pero dentro de sus coordenadas especificas. Los
riesgos son conocidos. Darío los refirió, pero

�-9en general defendiendo el principio del mercado,
más que desconfiando de sus efectos perniciosos
que recién al final de su vida se le harán ostensibles. Así, ataca la conducta del "amat eurº cuya
presencia es un disturbio en el· funcionamiento co
rr·ec to del merc ado li tex·ario dificultando l a consecuci6n de la secreta ambición de todos: la pro-

-

fes ionalización del escri·to1· . El "ama teur" era

por lo común un mediocre con dinero que, sabiendo
que las editoras parisinas imponían nombres y
obras ante la clientela hispanoamericana, no a s pi
rEtba a otra cosa que éi publj.car bajo e l sello 1Vii cl1aud, Garnier, OJlendorf, s i n fij a r mi ent es en
el pre cio que le extorsionaba el editor, haci endo
su propio negocio con el rastacuerismo sudamericª
no. En el citado art ículo dice: "Duro es el Sr.
Alcover al tratar este punto , pero está en la razón. No es tan sólo los malos y bisoños escritores recomendados y que cobran l a pequeñez vergonzosa que pagan estos editares, sino· c1tle hay también los que dan su mediano libro gratis y hasta
el que paga por ser publicado, esto es , el que se
hace su edición y la r egala, en todo o en parte ,
a la casa editora ,

,

~on

tal de · lucirse entre sus

�. .-10-

-

colegas de América" (6).

En la edad del patrocinio los escritores
se agrupan en academias porque de ahí extraen
el rango social y eventualmente algún recurso
-la "Academie Fran9aise" fue creada por Rich~
lieu con esos fines, como parte de la política
de la monarquía centralizada- pero tal sistema
no tiene sentido ni valor en la nueva sociedad.
Bn ella s6lo cabe el sindicato destinado a defender intereses económicos y a establecer una
estructura económica viable para la producci6n
intelectual . El "nefelibata contento" que di jo
ser Darío no aborreció estas formas arcaicas
de las academias , líbranos Señor "- por razones de militancia estética modernizadora, sino
porque eran organizaciones anacrónicas en la
nueva época , meras prolongaciones retóricas de
un mundo en liquidación .
-

11

Cuando bajo el incentivo de la ley de der echos de autor , se crea la Sociedad de Escritores en Buenos Aires, Daría escribe alborozado desde Palma de Mallorca , adhiriendo a la
iniciativa "porque "no se trata de un instituto
que tenga que limpiar, fijar o dar esplendor a
nada; ni de un club de mundanos aficionados a

�.

- 11•

l a s bella s l e tra s; ni de una capilla , clan o ce- .
•

náculo en que s e pr a ct ique un mental ritual para
pocos . Es o es par a todos ; para todos los trabaja•
dor es que zabul len su alma en el tintero , haci~n •

•

•

dol a bucear para que les traiga , si no una perla
•
de ensueño , dinero para vivir ". La oposición entre la j er?rc1uía de t·ipo ceremonial , represen·tada.
por academias y por ~os aficionados de las clases
altast donde la literatura es ornamento , y la democratización de q~ienes trabajan para vivir~ y
donde la literatu1·a es realidad , esfuerzo intenso
cotidj_ari.o , 'alma eIJ. el tintero' como dice B!·áfic§:
•

ció11 r·ec tora del artistc1
socj_al~

Y

e1'! u.i.vi

•

determinado
medj_o
.

con el mismo lenguaje llano, aut&lt;ntic·ª

me11te de practicó11 que conoce las miser·ias de la
vida intE?lectual 5 afirma ; "El trabajo int'"'Jectua l
necesita también , 9omo los otros trabajos , sindicarse, mantenerse . en orden 2tc·ti vo , repre9entarse .
La labor periodística está entre nosotros los periodistas de la prensa a r gentina mejor establecida y arreglada que en otros países ; mas no as í la
producci6n exclusivament e lite~a r ia , de libro o
de revista ".

�-12-

Está escribiendo en 1907. Ha comprobado que
sus libros se venden, aunque no sea en cantidades importantes; ha sido pirateado en distintas .
ciudades del continente; sus poemas se reproducen en decenas de diarios y revistas sin pedirle autorización. O set.. c~ ue está viendo c6mo en

su caso hay una entrada al mercado que él como
~scritor s6lo aprovecha en mínima parte . Es natural que exclame amargamente : nH~;i ;):- \ ue traba•

jar contra la desidia 'de los que no se preocupan de defender sus derechos y contra los usos
arr·a

i~gados

en la rapiña de los bandidos de l a

edición. Con sesos de pobres diablos de escritQ
res están hechos muchos capitales de España y
Amé.:·ica" (7).
Pero cuando Darío comienza su tarea, cuando los modernistas de la primera época se enfren
tan a la realidad de sus ciudades en auge , la a~
tividad específica del escritor, y especialmente
del poeta , no tenía un sitio previsto en la estructura econ6mica que estaba siendo trasplantª
da de Europa a tierras americanas. Bso reproducía en el continente lo que cuarenta años antes
se había registrado, al irrumpir el mismo tipo

�-13•

•

de organi zaci ón , · en Europa , cuando al disolverse
el sis t ema patr ocinante que la aristoc·racia y lu~
go la bur guesía en su período de ascenso habían
utilizado con los escritores , no se lo sustituyó
con nj.ngún otro especial y se r emi ti6 al escritor
a l as coyunturas del mercado . Wa l t er Benja1nin
a firrnét de Baudelaire que fue "el primero en darse

c1ient a , y de un rnodo pl eno de ricar:&gt; consecuencias ,

que la burguesía estaba a punto de i·etirar al po~
ta su encomienda~ ¿Qu6 enca1go soci~l podía susti
i· u i i, J a? l\J o se p od :í ri. re r. i h i l ' 1 o ri ,:.\ n; n zu na ('] as
CI :

s6lo podía inf er·ir'SG del u1e:i- c a u u y ele tiUS cr'isi s

~

1 nauaeJ.aire ~e interesaba , no la demanda claru ;
a co1 ~t u plazo·, sirlo la l~tl r te , a largo plazo
"Las Flor"eS del r1al pruebt::tn que s l')ía valOl'"'arl·
exactamente , Pe1"0 el tipo de mercado en el cual
1

1

ella se manifestaba , deteri.1i11ab&amp; un
duccicin ~

y

o~c

Ltt.:

JJro--

tau1bién ae vida , gue e1'"'a muy aiver·so

de los poetas anterio1·esº Battdelai1"e estaba obJ.i ·
gado a r eclama1 l a dignidad del poeta en una so~
ciedad qii.e no tenía ningu...via dignidad qtle o-cargar''
( ~) ~

Es evidente que la burguesía le retira al P9eta esa encomienda que le otorgara desde el perí2

�.

. ~14-

do renacentista hasta la conclusión revoluci ona
•

ria del XVIII.

~e

-

•

la retira en tanto poeta, al

ser incapaz de darle a su producci6n un valor
convenido en el mercado. En los hechos se de s in

-

teresa de l a produc ci6n estética cuyo uso ya no
par ee~

entender, como antes, dado que ha creado

un universo regido por l a eficiencia y la utili

-

eg

dad , destinado a la manipulaci6n de la natural e
za , en el cual. no sabe c6mo y para qué puede

un poeta . En cierto sentido es una conducta coherente : en ese mundo regido por la fabri cación y apetencia de las cosas , los principios
de competencia , la ganancia y la productj_vj&lt;i8d,
tra~

el poeta no parece ser una necesiaad . Por lo m~
nos éste así lo siente , y agudísimamente .
Es cierto que una segunda etapa , como ha OQ
servado Noé Jitrik , esa burguesía reivindic~ el
aristocratismo modernis~a , hace suyo su desd~n
~or la mesocracia ambiente , enaltece las grandes figuras sobrevivientes y les reclama la fun
ci6n de consolidadores de su "status" dominante.
Es Díaz f.1ir6n al servicio de Huerta , o Daría e.§.

cribiendo la "Oda a I.,1 i tre" y el "Canto a la Argent i11a ". Hay una explica ción de t al cambio ra-

�•

-15d i ca l de frente . ·Para ese entonces estamos ....oresen
-

ciando la.acci6n poderosa de las clases medias,
que comienzan a abrirse paso con el apoyo de los

sectores proletarios engrosados por la inmigración
masiva , en el sur, o con el apoyo del campesinado
analfabeto , en el norte mexicano, ~as que intentan desalojar a la btJrguesía ·de la conducci6n política del estado y de la administración

econó~i­

ca del p2í.; . La inseguridG:1d en que vuelve a encon

trarse la 1)urguesí,. , combatida por un enemigo rer i 0n

·p,

la lleva a requerir la ayuda del poeta , y ,

paradojalmente , son las críticas que a ella dirigiera ~s~e las que intenta utilizar a su servicio ,
es decir , como crítica a los sectores medios que
•

•

•
irrumpen
.

En las Últimas décadas del AIX y comjenzos
del Ye&lt;: , en ese período pro1)iamente modernista que
ce cierra en 1910, no sólo es evidente que no hay
sitio para el poeta en la sociedad utilitaria que
se ha instaurado , sino que l0ta, al regirse por.
el c1--i terio de econo1:.í·i y uso racional de todos
sus lementos para los f i11es productivos que se
trS:za , debe destruir la antigua dj.gnidad que le
otorgara el patriciado al poeta y vilipendiarlo

\ JvJ

�'
'

--16--

como una excrecencia social peligro?ª · $er poeta
pasó • a constituir una vergüenza . La imabe.n que

de él se construyó en el uso público fue la del
vagab11ndo, la del insocial , la del hombre e11tr-egado a borracheras y orgías , la d~l neurasténico
y desequilibrado, la del droguista , la del esteta delicado e incapa z, en una palabra - y es la
más fea del momento- la del ixnproductivo. Quienes más contribuyeron a crear esta imagen fueron, porque no puede ser de otro modo, intelectuales; en especial los críticos tradicionalistas, verdaderos i.de6~ogos de la lucha contra el
poeta que orienta la burguesía hispa11oamericana.
Er1 la é1)oca, ésta no distinguía mucho entre el
peligrp de un homb1--e dedicado a la poesía Y. el
de un anarquista con su bomba en la mano.
En la visión que del conflicto ofrecieron
los poetas modernistas siempre se encuentra al
público ignorante y hostil y al burgués utilitª
rio, asociados a los.críticos igualmente ignoran

tes, defensores de una retórica que, paradojalmente, había quebrado al instaurarse el nuevo sj~
tema econ61nico, de tal modo que en .una típica con
ducta suicida, esos críticos se ponían al servi-

'

�-17c io de quienes habían hecho cancelar su cosmov,i•

si6n y su axiologia . Es de sobra conocido el pasaje ele "El rey burg11é; · 11 en que este reciente m.Q
narca r1os es mostrado cuando se dedica a "ensanchar su espíritu, leyendo novelas de M. Ohnet , o
bellos ·libros sobre cuestiones gramaticales , o
críticas hermosillesacas~ Eso sí : defensor acérri
mo de la corrección académica en letras , y del mQ
do lamido en artes ; a lma sublime amante de la lija "j' la ortografía" (9) . Con la habitual precisión
de Darío , aquí se vj.nculan en la persona del "rey
bt11'"'gués " el utili t .... rioL.•o J e l e: caJ n1i..~l. ..;u o , s1e11do esta la situación original que él conoció: la
paradojal alianza - sólo temporaria- de ambos ele mentos discordantes 1 a los que se sumaría un te .. ·cero también en ciscordia: la ornamentación modtr
·nis ta . Pero la norma sería dirigir toda la metralla contra los críticos , ya que estos fue ron

qui~

nes sostuvieron la batalla contra los moder11istas .

Cua11do en De sobremesa Jo::_... ~ Fern{.1dez, el alter
eBO de José Asunción Silva tiene que explicar a su
i1 sis tente amigo por qué no ha vuelto a ~c ribir
tm poema , dice : "Porque no lo entenderían , tal ve~
.
como no entendieron los "Cantos del 11.·', allá" - di-

�-18-

jo el poeta con dejadez-. ¿Ya no te acuerdas el

art ícul o de Andrés Ran1írez en que me llam6 asqueroso porn6grafo y dijo que mis versos eran
una mezcla ae agua bendita y de cantárida? Pues

esa suerte correría el poema que escribiera . Es
que yo no quíero decir sino suge~ir y para que
i~ sugestión se produzca es preciso que el lect o l" se a tm a r t ) s ta " ( 1 O) .

Buena parte de loA poetas deriva hacia la
autonegaci6n , destruyendo dentro de sí al artista . Las profesiones liberales , especialment e
la abogacía ; la nueva clase autónoma de los po-

líticos a la que sí concedí·. si tia la sociedad
burguesa; las ocupaciones redituables econ6micª
mente, se nutren de muchos ex- poetas . Incapaces
de sostenerse en dura lucha, como marginados de
la sociedad, deciden acatar sus exigencias ded1
•

cándose a otras t a.reas . Otros persev eran pero
asumex1 una actitud dual : se esci11den en un poeta escondido vergonzosamente y en un hombre acog
dicionado a las profesiones intelectuales
que
la
.
sociedad reconoce como l egítimas o a" las comerciales :,r pr·oducti vas . J . A . bilva pr· ~ cticamente
no publica en vida para mantener l a fachada so-

�-19cial de su postiza na turalez a de comer ciante .

Sa-~

nín Cnno, que le conoció y entendió bien , nos di-

ce: "La educación de Silva, la seriedad.con que
mir6 siempr e la vida y la nece s idad en que estuvo
de entrar en los negocios a la mue rt e de su padre,
en circunstancias desfé1vorables , le obligaron en
su propio concep·to a ha cer de sus preocupaciones
literarias una especie de vic io nefando, que quiso siempre t ene r oci.ll to de los indifere11tes " (11) .
Vicio nefando tenía que ser para la sociedad bogQ
t'na que un comerciante, por exquisit o que fuera ,

t amb ién cultiva r a la poesías . ¿Qui(n lo respetar ía'( Y puede sospecharse que en su fracaso comercial pes6 la desconfianza de financistas y negocian t e$ por est e colega demasiado refinado .
Francisco Contreras cuenta en el prólogo de
Romances de hoy; , un episodio aleccionante : ~xis­
te en Chil e l a preocupación de atribuir a los po~
tas los cal ificativos de loco, perdidd, vagabW1do.
De manera que lo que en toda sociedad culta es un
señalado honor, en la nuestra se trueca en motivo
de escarnio o s ello de. ridículo. Un distinguido
poeta nacional nos contaba que en ci erta ocasi6n,
h abiendo sido presentado a una dama con las pala11

�•

•

- 209ras de : el poe t a s eñor
Tal, se v i o obligado a
.
protes t ar asegurando que er a ob j e t o de una mal a broma• .•• "

•

•

•

Quedan , por Último , los que afirman., como
si se suicidaran , su vocación de poetas y persisten en la tarea . i"itlchos a sumen. la mirada con

geladora que les dirige la sociedad, como único

modo de

~ e cupera r

una cierta j e r a rquía de signo

contrario, y son decadentes, l:&gt;orracho s , sucios,

aso ciales , improductivos, en el sentido que el
medio confiere a la palab -a . En los hecl1os se
opon en a la sociedad negando coh sus vidas los
nr'incipioR

mo

'j7 a

n11p

intt1Í~

la s11ste!1.t,,n .. ... ~:- o cu

a.c~i61.L,

co

-

Daría, e s en definí ti va va na; pasª

do un primer per íodo de r ebeldía triunfante, su
a·taque deja de ser eficaz : s6lo roza la superfi
cie, no afecta ninguna parte más robusta del

sqnismo, y concluye

desvane ci~ndose

en

La vida .y frustrada obr a de Alejandro
Daría conoció bie11 y

3.

quien

1~ar1uel

l~

o~

nada .

~awa ,

que

lJJachado de-

dicara un poema definidor , puede ilustrar este

rég imen de bohemia y frac@so .
Los más lúcidos intenta rán r e cuperar , o
simplemente aJ.canzar , una dignidad, en t a nto

•

•

�-21poetas, dentro del conglomerado social . Para eso

s61o. lee queda la interrogación a las posibilidª
des del mercado anónimo, como lo haría un comerc;l~\rl

t e o un indus trial para sus productos . También

l es queda ln p0sibilidad· de combinar este sistema
ton remanentes de la

Spoc~

del patrocinio . El desg

liento en a ltas dosis fue la norma de estos empec!
nadas. Debieron sentirse como Gutiérrez Nájera dic e en el poema modernista donde con mayor acuidad
se desarrolla la problérná ti ca de su tiempo:
•

¡Pobre espíritu débil ; perdido
ent1·e gente ego ísta y extraña!
¡ Pobr·c:

•

ci~go

que cruz(;¡,s tocando

tristes cosas de amor en tu arpa!
. Ya no sigas pidiendo limosna ,
ya no tiendas tus manos heladas ,
ya no cantes , que nadie te escucha ,
y en la tierra por siempre descansa.
( Las almas huérfanas) (12)

Rodeados de extr.años y egoístas se v iero11:

gentes que no escuchaban su canto y que ni siquie-

ra r e tribuían con limosna l as "tristes cosas de
amor " que entonaban. Si no se .c omienza por es t abl~

�-22.

cer esta

.,

•

~ituaci6n

•

de rechazo de la creación

a~ .

.

tística.por .la
estructura
socio-econ6mica
crea.
.
. .
da, .será .difícil entender . a los poetas del perf.
..

-

oda modernista.
Persistirá entonces esa . sote~ra
.
da convicción de que ellos, por libre y suicida
•

v~caci6n,

decidieron rehusarse a l servicio de

la comunidad y

en .bloqueadas torres .
de marfil. Según eso l a generaci6n de más encumbrad. os. poetas que di.o .Am8rica Ilispana y l a
que funda l a a utonomía poética del continente ,
habría estado int egr ada por locos que se nega ron a tener público, a ser cubiertos de honore~
a ser admirados y enaltecidos , a dispon er de ri
queza s, o a interpretar l a presunta vo z revolucionaria de las masas . 1ada de eso hubo . El a fo
•
rismo de ~ue_es la existencia la que de t ermina
la concienci~
sigue
en
pie
.
En
la
r
ealidad
,
la
.
.
soc i. edad n~ tenía honores y dignid a d que d ispeg
sar a na di e : apenas si podía conced er algunas
magras comodidades a cambio de un sometimiento
enc~rrarse

•

•

~

•

en que la poesía era aventada .
•

La doble alt ernativa que en este mezquino
nivel se ofrecía a los poetas fue bien vista
•

por Julián del Casal, como asimismo
la oscilan•
•

l

�. -23te condu~ta del verdadero artista respecto a l mercado con~umidor del mornento: necesitándolo por poderosas
razones
económicas
y
desconfiando
simultá•
neamente d él ya. que se trat~ba de un ambiente
desconocido, incógnito, cuyo comportamiento con la
•

obra de arte
•

resultaba siempre i1nprevisible

y

donde ella se ~umía en un proceso. muchas veces
desvirtuador de sus esencias. Las primeras experiencias fueron tanteos, movimientos de acomodación y d rechazo• , entendimiento confuso y a ve~
ces erróneo de sus orientacio11es, enorme descon-

fianza hacia· quienes se arrojaban en él y se re•

modelaban.
"Los artistas modernos están divididos en dos
grandes grupos -d ecía Julián del Casal en 1890-.
El prim ro está formado por los que cultivan
sus facultades, como los labradores sus campos,
para especular con sus productos, vendié~dolos
siempre el más alto postor. Estos son los falsos
artistas , cortesanos de las muchedumbres, especie
de mercaderes hipócritas , a quienes la Posteridad -nuevo Jesús- echará un día del templo del ~

te a latigazos.

El segundo se compone de los que

entregan sus producciones al

p~blico,

no para ob-

�-24tener 1&lt;?.~ . pla~_sos_, sl:z:io e~ d_~ne.i:~..

i

"

•

•

"

•

J

~~
..

de
. .guarece!se
.
...

f,in.

-·

:m~~e~~-~s d~:

las

rm.

...

•••

1e.:.~~~e;, .;~.

lA ! ~xi~~~ncia· ..

. ~..conºs erva:r
~a:q~? _l a: ~D:d.ep~nde~~-?- . s alv{;lj~-·~·.. _,
·............ ,.. .
.,
que . ne.'c..esi tan p,ara
viv.;.ir
y .. crear
. . Lcjo~
Qtj ~c\ª.12;. !
.
.
"'
.
.
.
.
.
'. .
..
tarse a t los gµstos• _de l.a.
mayoría
, t:ra_t_
an! .más :'t:~. :~
'
•
•
bi~n d~ que ésta s~ . adapte a los de ellos. Ter~ i
... .
.

.

ob.~a,

la
pone!f
en
v·enta
,
. ~o h?plan · ~
.
. ..
.. . .
•
nadie de ..ella. ' y ~mpiezan.
enseg~ida a hacer otra.
.
.
.
' .
.
.
mejo~ . Casi todos desdeñan la vopul~idad, con- ·~

minada una
•

•

...

'

•

•

1

•

• •

•

siderándola
como
fiesta,
donde
todo · ~
..
. . afrentosa
. .. ... .
.
..
asno tiene derecho a lanzar r ebuznos y todo r eQ ,
til a escupir su baba . Si buscan los éxitos tea ·
~

•

•

• •

•

•\

•

J

-

•

'

tralcs, p orque proporcionan mayores

rec 1 ~rsoR r

se sienten al punto ,arrepentidos Y, lle.nos de Pª•
vor" (13) .
. .
El zigzagueo de esta explicación; s~ juego
•

•

•

.. .

. .

a la vez . de alejamiento
del
,
11
público" ,. de la "muchedumbre"; su modq de re•

de aproximación y
•

•

clatmarlo y a la vez,... precavido.mente,
·de desprQ
.

ciarlo; su esfuerzo _por imponerle una norma prQ·
pia . que
tttviera sin e1nbargo
v al.idez. par.a los mu
.
.
~hos que habrían de, comprar .el producto, apun- ·
•
tan a una intensa cogi taci6n acerca de • l a fun .... -· .
. .
ci6ri d.1el
poeta
y su, destino . Esta problemntica
. "
.
.
.
. .
•

-

•

-.

.

�-25expliea que el poeta y la poes~ a ·hayan d evenido,
desd e el romanticismo, pero alcanzando su pice
en ~l modernismo, el tema central de l a creaci6n.
Más que . un subtema como piensa Salinas de Darío,
el tema por antonomasia. La rnujer, el runor,. la
muerte, el ero ti smo , son constante del arte poéti
co; las reencontramos en tod a s l· s épocas y poe•

tas. De todás ellas, espe cialme11te subrayadas en

el romanticismo. En el sJno de esa escuela , sin
emba rgo, comienza a ge rminar la medit ación sobre
1 poe t a y su a rt e , que los artepuristas de mediª
•

dos del XIX desarrollan intens amente , que remiten
a l P" rn:ico :ir al ,..)imbclismo , j
u""' in1u1da .Am~ J. ic ;.,4,

Hispana por un período de treinta años . Lu nueva
•

concepci6n subjetivizante; la quiebra de los valQ
r es artísticos en el nuevo mercado ; la hostilidad
de un rnedio que parecía a.ecreta1í' "la cancelación
d~l instrumento poético mi smo - el hombre que cag
t aba-, justifican sobrad' mente la ob-sesi6n tamáti
ca que los dominará . ¿Qué somos? ¿Para que existi
mos? ¿, ~ué hacemos? ¿A d6nde vamos ? .A esta si tuaci6n concreta, diríamos existencial , provocada
por una modificaci6n d e las estructuras q'l1e vincJ_¿
lan es critor y a~bient e , se puede contesta r de
•

•

�-26•

distintos
modos
. • ..Ya vimos las r e s puestas que
.
.

'

.

. .

.

...

enuncia
Julián
de
l
Casal
y l a os~ilaci6n qu e
'
-' .
l 'a s distingue . La r espue sta dominant
e
d
e
l
a
épQ
.
.r

•

-

•

•

..
ca. f ue una r etra cci6n ant e. l a hostilidad, que

•
•
i

llevó • a l po e t a. al · aislami ento; y ·una a ctitud
r e~pe cto

.

·

..

a=esa s oci edad de d0lorido enf r ent a -

.

mi ent o . Al despre cio se r es pondi6 e ón el despr Q
c i o; a la i gnorancia provoca t i v a con la burl a
des t emplada
;
a
l
desint
erés
masivo
con
la
ironí
a
•
y el apa r ta~i en to a ri stocrá t i co . Los poetas edi
ficaron parsimoniosamente sus

~erres

de marfil ,

a. conc iencia. siempre de que se trataba de medid~s defensivas d2stinadas a pr~servar valor es
.
'
supe r~oi-· es . q\le e11 ese momento ve1ar1 naufragé:ir .
~

•

El Ruben Darí a que. firma sus art í culos e11

la prensa argen t ina Des Esseintes contribuyendo al culto ger1eralizado de· la Última déc ada
del siglo a la nov ela de Huysmans , es el mismo
que muy p~onto explixit ará en qu~ condicion ~s ,
•

-.

con qu é·inseguridad i ntenta su . c onstrucci6n to

rremarfilista :

-

t or re de marfil tentó mi
•
..
anhelo ; / qui &amp;e ence rrarm~ den tro de mí mismo , /
y tuv e hambre de espaci o y sed- de c ielo/ desde
l a s sombr as de mi propi o abi smo". Es hambre de
' ~ La

•

�-27.
mundo real , es también necesidad de afirmar el prQ
pio ;o poniéndolo en contacto con la vida misma.
Tal necesidad ilsutra los

valor~s d~f ensivos
•

que

•

rigen el turrieburnismo hispanoamericano, y que se
•
ex licnn con sobrada lógica y amargura en una car•

supi~rn.

tu. de bilva : "Y si

usted qué horribJe prisión ~s la Torre de i arfil, cuando el encierru u
luntn.r 1·0 se conviertu· en pris.i6n ! • \. " .úl y_Q se af iK
u•~'.. rnos trándos~· . no sólo en los bár1 a'ros oue
aúll· n
....
p rt sentlrs~ vivir~ sino un los· apr~ndices del
" omb1"' li l)r e 11 o d U . . b~ "m\,;11scl1., Bncarrtmado un·o n
----- su

torr~,

con el pu

-·

~te

1 vadizo

--.--. -------

y oyeg

l~vantaaoí
P'

n r 1 o.!. .

·rudos , legant~s 1 má o ~ 0. ch·trolados ·y perfuma
dos ~~ de +.Q..1j;y_e11·, contarse s hqcer· su biogr.'.lfÍa:
.......

•

exhil i.L"' sus
ci
t od ·

yj!E..§.

dl) en.rg zén , co11 suprema irnp-udi·.

e ingenuidad infantil, ilustrar el r 1· to_ con
especie

d. e

d ·~tos f is i o 16 g i e o.._, s l l

~es

un mo-

rn n to en quia comiunza a p~nsarse si la hwn

no es más que
txist~1

lúu

m

~sq ,

y necesita acordarse

~stroo,

d~

i1idnd
que

de que hay tm universo inte-

lectuál artístico , ~n fin , blgo que no se&amp; lo que
•
ost1. po1"' dela.nte " ( 14) .
~1 esta distancia , en ese cot ejo con la sociQ
•

•

�-28dad, el poeta decanta su valor propio, reconoce
•

su naturaleza y se transforma en autotema de su
•

creaci6n. r-o es la SKperiencia del endiosamiento
•

romántico, s ino de la función espe cífica del po~
ta que se recobra. Lo que Cintio Vitier dice de
Julián del Casal podría aplicarse a los grandes
poetas del modernismo: "Vivi6, por primera v ez
entre npsotros, l a pasión excluye11te , absoluté:L,
de la· poes í a " (15). Bs una respuesta a l medio

S.Q

cial.
Hay sin embar go otros modos· de entrar en el
mercado y experimentar en carne propia sus l eyes
rigurosas . Pocos poetas modernistas tuvieron la
posibilidad - por cierto trágic a- de José Asunci6n ·
Silva : conocerlo en su corazón, a través de la aQ
tividad comercial a que se dedicó desde l a muerte
de su padre el lº de junio de 1 887 h as ta la declª
ración de quiebra comercial de 1 892 y sus prolongaciones judiciales has t a fines de 1893, períod o
que corresponde mayoritariamente al de su creación poética , tal como señala Camilo de Brigard
Silva : "La influencia que -sobre la obra literaria
.
de Silva tuvieron sus infortunios materia les, es
indiscutible. Las mejores poesí as de Silva fueron

�-29•

escritas a partir de 1887, especialmente entre
1890 y J.a fecha de su muerte 0 • ( 16) . . .-o fut:; el in-

greso al mercado ael poGta, sino del hombre, y
por lo mismo convien analizar qué significó para
el artista este pactismo que intentaba resolver
por acumulaci6n los dos ··" spectos contradictorios
de la rualidad: las ex·gencias e conómicas del medio y la creación artí: tica vocacional . Más aún
porque en Silva el pactismo fue cumplido a fondo.
1'1o se trata del período breve .en que lierrera y
Reissig se dedica a comerciante

d~

vinos, cuando

ya ten.í.a escrita una parte f'undamental ele su

sino de

U11a

obra,

dedicaci6n j.ntensa simtll tánea al peri.

odo creador.
Una de las típicas mistif'icaciones; nacidas

del afán de vilipendio del poeta, es la que se e~
b6 en 1 muerte de J. A. Silva, poni~ndola en el
rubro de la locura personal o asociándola a las

perversiones que ya·habían sido evocadas con moti
vo de su famoso "Noc tltrno". Baldomero Sanín Cano,
en las notas explicativas a la edición de Louis
f·lichaud, corrigió, con su habitual precisión: 11 La
vida le llamaba al comez·cio de las ideas, y ál ty
vo que decidirse por el comercio simple en un al-

�- - 30macén de novedades . El come r cio simple en un al

-

•

macén de n ovedades señal aba también el camino
de la t r aged i a ". (17 ) . Cuando se sigue , en- la co
rrespopdenc i a comer cial. de Silv a , los v aivenes
•

de un negocio

ines~able~ · 1as

estrecheces de su .

fal t a de capi tal , el endeudamiento vertiginoso
•

a cada caída de la moneda ; las dificultades pa- ·
ra obtener crédito , la·aplicaci6n de

uh

Código

'

de Oomercio · cufdadosamente urdido , las lentitudes de una plaza provinciana , los procesos de
facturación , interés , asientos , a los que dedica días' e11teros , se puede pensar que eran ta.

·4 .
Vl'-4a

..

.

Lo

erari , pero su íncidencia en la vida y obra
del poeta es mucho mayor que la habitualmente
consignada ~ Ese aparato comercial al que dedicó
casi exclusivamente cinco años de una vid a cor.
tísima , fue su zona·de contacto con la sociédad
.
bogotana , aparte de los diez amigos de que ha•

•

bla en su novela , y su familia . 2or él conoce
el manejo de la oferta y la demanda , la determi
nación del valor del -producto en la plaza , los
inté r eses écon6micos qué lo mueven y la ·urdim•

-

bre de Eelaeiones entre la ley y los comercian•

•

·'

.

.

• •

,•

..

.

•

'

�- 31tes , las tendencias ~~s fuertes del medio ; pero
.
'
conoce adem.;~ s·, y ese era· el plano en que debi~
•
afectarlo más , los valores morales y espirituales
•
que esa realidad conci t a y pone en funcionamiento ,
¡

~

•

•

y no es aventurado apuntar

•

la violenta reac ción ant e el cuadro que se ·le ofreció explica su
refluencia hacia el cogollo de la vida famili ar y
dentro de áste hncia los valeres espirituales ~ue
q~e

rigen el mundo de la infancia : sus poemas evocati
vos del pasado y de los juegos infantj.les ' su sen
sibilidad agud Í Pima pura recupera r una imagen de
la relación fraternal con su hermana
. , su pie~ad
filial , se pretext~n en s1J r.ont':':lr.t.n f'On P~t.~ -r f-)~ ­
lidad so·cio- econó:.iica que entiende bajo las especies morales·.
Para él ese contacto se tipific6 en el

~r . Uri

be , quien al tiempo de ejecutarlo 'juO.icialmente,
obli[~án dolo a la qtliet)ra , lo su1.. tía de co11s e jos
•

morales : "Usted , entonces , me aconsejaba la con-

hª

fianza en lo sobrenatural , en los milagros , me
c .í leer el libro de Fienri Las erre sobre ~-uestra.
'"l

Señora de Lourdes y la Vid a de San I~nacio de Loyola ". "Yo recuerdo esto : el 31 de diciembre me
prestó ust~d ~ 5. 917 . El dí a 1° de enero fue fie~
I

•

�•

-32ta. El día 6 cay6 mi hermana enferma gravemente,
no volví a salir de mi casa hasta el día 11 en

que la llevé al cementerio. En seguida , moribun_
do de dolor y de suf~imiento, caí a ca.me , no p~
•

de moverme en muchos días, vencido de d olor, no
podía coordina r dos ideas, no podís pensa r. Unn
mañan a entr6 usted a mi CUúrto a a conse j a r me cµe
tuvi er a fe , que l e r e z a r t:l a 1~\.t e stra 8eñor a del
Carme11, qu e l eyera ur1 libro mí s t i co que t r'1 Í a

e n l a me:1no y que
cio s .

~Yo

S ~4l ie ra

a ocupar 1ne de mi s r1egQ

p odí.a er1 r eéJ.l i dad ; los mú s culos

i10 i.1e

soste11ía n, t enía e l a l 1na d.es t r o za&lt;Ja ; yo c ornpI"eg
d í a que

uste ~

es t aba urg i do por su di11ero , pero

110 podía dev olvé r s elo e 11 e ste moment o . 1-0 pod í a

p ensar s ino en que·

~lvira

es t aba mue rta : ¿quá

quiere us t ed? •.. " (18 ) . .ósta his toria a tro z dev ien e una seca d enuncia ....nor obr a de l a ca ne entra ci6n estilíst~c a c on qu e vuelve .a r eit er a rla
más a delante, en tr e s líne as ob j e tivas : " l~e pre.§.

t6 Ud . esa s suma s el J!l de diciembr e; pe rdí. a
mi h e r mana en enero; no sa.lí en tod o e l mes, v o_i
ví u l a calle el 2 de f ebr ero; el oí a 17 l e ha bía clevuelto

2..

Ud. l a suma

que~

d ebía ... Son

pera tivos d e l a vida c omercial en ese período

im

�- 33r apa z de a curnulaci 6n: 1 di11ero pasa antes que los
sentimientos. Es también la duplicidad a que se
ven obligados los negociantes : el pago en fecha ,
con e j e c uci6n , y J.a pJ.egar ia sentenciosa . ro fue
una exc epción el 'r. Uribe , e incluso por algunos
dato s puede pensarse que era un alma piadoGa . Como deb í a serlo la propia abuela del poeta que le
embar gaba los bienes para recobrar una deuda .
La influencia de estas experiencias
ha sido
....
señal ada par a "Gotas amargas " , los poemas secretos del autor, su irónica v enganza de la sociedad
c11le no se atr·evía a comtmica 1" a los integrantes ce
ell:i ~1 0610 conocín.11 algunos · nigos . PL. ro c;uizás
cabría trazar un ....oaralelo entre la vida doble de
3ilva y las curiosas contradicciones aue se encuentr an en su poesí a .

~sa

existencia donde una

part e desmentía a la otra y donde l a me ·ar parte
debía ser íntima y sec1~e t · a r a re e ~ardarse de
l a cond ena zafia y sarcás tica de l a otra , se r eeg
ctlentr a e n Lln peculiar sistema estilí stico donde
l a ento na ci6n lírica del poema es bruscame11te bur
l ada por una inserci6n de realismo crítico que c2
lor ea la com1)osición de tm aire gro t esco ; la línea evoc ativa con su lenta impr eganaci6n emocio-

�- 34-

-

nal es distorsionada reoentinamente
nor una chi
...
•
r1~iante acotación que la invalida ( 11 Día· de di•

funtos") . El poe t a que en su ".4.:rs" predic6 que
" e l vers o es v aso sv.nto; 1)oned e n

el

to.n solo/

un pensarniento ·puro" dedicó btlena par t e de los
suyos a ese j uego contrastado

q~e

delata la in-

credulidad infiltrada en el seno de la creaciónº
•

-

Y aun ...noc ría e}~ t enderse el ámbito de esta in('l'e
dulidad hasta las fuentes Jel esfuerzo creador,

restando e_1e1·Lías y dedicación a una tarea que
en su vida diaria est~ba desmintjendo . El ,oet~
sólo resguardó &lt;:1lgw1as zonas hondas de la st b J.g
tivid·1d porci.l1e en ellas alentaba un sentimiento
'

aliment a do por ·aaos de aprend izaje soterrado:
"Una noche"

f

"Poeta di

,,so '' , " Infancia " e

La iricre,- liidad y l a desconfianza fue el
contrapeso de su actividad artística , debido a
st1 enfe1¡damie11to a lo.S actividades cornerciales
e
•
•

Si su fracaso se magni.f'icó

i10

fue porque careci§.

ra de facul te1.des o de tien1po , sino porque l a mª
y orí a de sus añ os juveniles fue devorada por la
hostilidad del mundo : ni consiguió dinero o glQ
rias mundanas a pesar de ocultar el poeta que
era, ni tampoco pudo const1"'uir una obra amplia

�--35•

•

que expresar a por entero sts virtuales potencias
(de a hí su r eingres o al.pasado) , y en plano de su
d u a l existenc ia

c oncr.~t~

tampoco pudo expresar la

•

di s t or s i6n pade c ida como una totalidad apresada
por la poes í a (de ahí el fracaso estático de sus
•

'' Gotas amargas " ) . El vacío que opera esta si tuaci6n dual no resuelta lo con~uce a una recorrida
por territor ios desolados .
•
•

Pero había un modo oblicuo por el cual los
poetas habrían de entrar al mercado, hasta devenir
parte ind i spensable d~ su funcionru1iento, sin tener que negarse a sí mismos por entero . Si no ingresan en cu~nto poetas , lo liarán en cuanto intelectuales . La ley de la oferta y la aemanda , que

es el ir1strumen·to. de mane jo de¡ me1"cado, se aplica
rá también a ellos haciendo que en su mayoría de•

vengan periodistas . En efecto , la generaci6n -mode~
•
nista fue también la brillante generación de los
periodistas , a veces llamados a la. f1"ancesa "cro11iqueurs ", e11cargad os de una gama intermedia entre la mer a i nf ormaci6n y el artículo doctrinario
o edit or ial , a saber : notas amenas , comentario de

�•

-36las actualidades, crónicas sociales, crítica de

..
even~ualrneu

espectáculos teatrales y cricenses,
te comentario de libros , perfiles de personajes
.

célebres o artistas, muchas descripciones de úg
•

J

je.de conformidad con la recién des9ubierta pasi6n por el vé1sto mundo. Cronistas específica·.

mente
fueron
G6mez
Carrillo
y Varg2.. s Vil2. , pero
.
tam·b ién lo fueron Gutiérrez i'Táj era y Julinn del
Cas al~

,
rio.

•

y sobre todo los dos mayores: Ivía rtí y Dª

Que la exigencia que los

ll e vab ~

al p erio-

dis no no era voca cional sino de ord en e conómico,
debido a oue·
- su soci edad no n e c esi t a ba d e u o e t a s perb sí de periodi s tas, lo reconocie ron to~

dos. Da ría dice de Francisco Contre1'"'as que "co.
mo todos los qu e no goza mos de r ent as produci•
da s por gra nd e s ca pitales y tenemos que saca r
de l cr:: r ebro para nuestros 1 uj os, c apric_h os , vi.ci os o simples y precisos elementos d e exist encia, se ha dedicado al periodism_o" (19). Por s u
parte Luis Berisso, en el texto
tes, anota: " • • • si los diarios
crecen y se multiplican -aunque
ci6n debida-, ¡el libro muere y

menciona do a n.
y l a s r ev i sta s
no en l a propo~
los a utores se
•

�-37clips
an! Y se explica ; l ' s flores se.marchitan y
.
•
.
.
•
secan, s i l es falta una go t a de agua o . un rayo de
•
sol bienhechor; nues t ras letras , desalojadas del
libro por l a a t~6 s f era gla c i~l que ahoga las ideas
y quiebra las a l as , se guareq a.n en los periódicos
•
y J.as r evis t as , para viv ir un día y desaparecBr
des1)ués e n e l olvido " ( 20) .
· Esa trasmutaci6n del escritor en periodista
r

•

~

~

•

•

•

no es nueva . Es parte de la empresa histórica de
l a bu r gues í a . Los diarios surgen coh esta clase y
t on ella adquieren Inagnificenn ±a . Más que el libro,
•

éso es su instrwnento de acción intelectua~ y a su
servicio pone en América Hispana a los escritores
.

en t anto va forjando por un avance de ln especiali

-

ªª

zaci 6n a los periodistas propiamente dichos. Es
bi d o c1ue los poetas no se aleg1~aron con esta trn.112
fo r ma ci 6n ; vieron en su trabajo unn imposición ecQ
nómi c o. ,

f1~e cuente1ne11 t e

un mero ga.napán , o. veces un

er ·a t z de gl oria bnjo la apariencia de la publici-

d:J.d v ol andeI'a oue su no1nbre o seudónimo les co11au
. is t a ba én el lec tor .
·
Rubén Darí a f ue t oda su vida -oeriodista . De la
~

•

pr ensa , ·muchO"

m~s

que d e los cargos
•

di~lomáticos ,

•

obtuvo sus r ecurs os e con ómic os per manentes y a la
ve z ella fue el porta voz de ·su obra c~{tica y de

�-38'

..

su fama poética. Periodista ~n todos los países

'

•

que visit6,
conociendo antes las redacciones que
.
las ~alles de lá ciiudad a que ll~gaba; periodi~
~

ta forzado
de gacetilla diaria o de cr6nica ae,

manal segúp. los p~rÍodos. El. vio la transforma.

.

ción de las tediosas hojas do~trinarias en los
primeros periódicos modernos; vio la aparición
•

•

de la inf.orma~i6n gráfica en desmedro •de la pa~
labra escrita; vio la irrupción todopoderosa
de
•
la ••noticia 0 con la labor de las a encias infor
. .
mativas; vio surgir el criterio de la "nov dad"

-

'

~r

del ºsensacionalismo" a cualquier precio; lle•

g6 a ver incluso el desplnzami nto del escritor
-quien dentro de las redacciones c .:&gt;noervaba una
•

ambigua dignidad, reflejo de su obra exterior a
ella~-, por el novísimo especialista que crecía
•

junto a él, el "notero", el "reporter", usando
el término ~ue lo distinguía en Estados Unidos,
país ae donde procedía la especialjzaci6n. "Bl
periodista actual -dice- se basa en el reportaje, en las i1ovedades. Ha.)' qu·e llnmar la atención,

hay que hacer grande la tirada de~ Diario, que
poner en vistosas letras.,. con llamativos títulos, noticias frescas, aunque ellas tengan por

�.

-39base el dolo y la mentira" (21)
. Con tal diagn·osis apunta a los rasgos dorni-

n?n tes del mercado en la parte cultural o meramen
te inf'ormt1tj.va que cu1)rÍa el pe1"iodismo, adaptándose miméticame~te a sus ámposiciones y-poniendo

a su servicio él un

e~11ipo

intelectual en el que

se integran.los escritores. La gran obsesión y el
gran afán del me1·cado f'ue .una c0neepción recién
descubierta q e arrasó con los antiguas valores
esta ble e idos: la ''novedad 11 • .éll problema en l4.;uropa
•
y asimismo en América fue h· ceFse de nuevas, que
e11 general lo eran por provenir de lugares distan
•

-

ci ones de datos 1nás ceI·canos y desco11ocidos .. Tan
impe1·ioso fue el i--eclamo de nuevos ''llama ti.vas"

que pnr·

rtlc~lnz.~rlr'..s

no se vaciló en pas·lr l)Or eg

cim"l de la verd , en utiliz n..r "dolo y mentira "
como dice D río . Porque estnb~ dejando de ser lo
i.mportante la il~ustrnci6n, el lento camino hncia
un conocimiento profundo y aw1 la. concep ció11 de

la

felicid~d

como un agotamiento

~e

la experien-

ci ~ tal como lo practicó el XVIII , sustituídos
. . . . . . or·:l
por
el
relampagueo
epidérmico
d'e
la
"sensa
.

ci6n 11 , ese sistema de erizamiento de los sentidos

�-40ante una incitaci6n violenta y repentina del m~
.
d~~ que
correctamente ha concluído llamándose,
.
al aplicar~e al periodismo, el . ºsensL1cionalismo n.
No se. engañaba Darío ·cuando reconocía que
ese cambio, que correspondió a los modos ·de ac ci6n intelectu[l de l a nueva sociedad,- tenía su
adalid en el periodismo norteamericano, en ese
entonces el más inventor, por haber nacido en
•

una sociedad burguesa joven sin demasiadas a tadura s con las tradiciones
ornamentales
.
. de l a s
sociedades europeas. "Los que han impulsado por
este camino el periodismo actual son los ya nquis.
Ellos, por su mercantilismo y por su a preci o d el

tiempo, h an hecho que el telegrama se anteponga
al editorial ; han establecido el reina do de l a

informn.ci6n sobre la doctrina'' ( :_: ;.i). El gran debate de la época se estableci6 entre dos concep-

ciones del periodismo que se estimaron antag6nica s: la de origen francés donde se daba amplio

espacio al editorial y n los comentarios doctrina les, la cual venía modelando la prensa desde
medi ados del siglo XIX, creando los instrurnen·tos
de comunicación de las clases altas, y l a de ori
gen norteamericano que acentuaba la parte pura-

•

�-41ment e i nforma t i va , más breve , réÍpida y vivaz,• en

!

de smedro de l conc i en.zudo examen te6rico de J..os.
problemas , y que tenía su expresi6n en los diario s populares de alcance más dernocrático que t.Q
c nba n a las clases bajas. En el examen de la preg
sn chilena que hace Darío en su prólogo al.libro
de Narciso Tondreau ,,~ sonantes, recon9ce la exis·t•

tencia de un solo diario "de modelo ynnkee", ."&amp;l
Fer·rocarrii", mientras los demás, dice , º son más
dndos ul ' mecanismo francés '~ Por su parte Aníbal
ÍJ'"'tino,. en 1)n rt rtíc tllo sobre ".l!il i)eriodismo modér
no", establee~ claramente la viRcÜl~tción del pe•

i.

..i..uJ~8cuu

GJ..})O

un públiGo

1

nor· l;eamericano con la existencia de

popular , poco educado, que está ingre-

sando a los bienes culturales : ".6n la República.

adonde no existen grandes masas de trª
bajadores que presten numeros o conti_ne;ente · la

Argentin~ ,

lectura de los periódicos, no han podido arraigar
los diarios de simples informaciones, basados en
los folletines horripilantes y en lu acumulación
'

de i1oticias de pocas líneas" ( 23) • Ese tipo de p~
ri6dico informativo y popular fue tipificado en
el Ur uguay por "El Día" que sirvió de base a la
campaña pol í tica de José Batlle y Ord6ñez y que

�---42.
se dist1ngai6
. - .

j~staro~n~e

por el.:uso de la. .noti,..; ·:

oie. breve, del folletín ..naturalista·, y de los ·
ser:v.icios de info1maci6n pli~lica reclamados pdr··

las clases bajas.

·

Desde
su
peculiar
a~ti~ud de clerc, Pedro
S~lina s ha enjuiciado dur~mente la actividad pe-

riodística de Darío, _ po~ ~Gperlo estimula do en
"la a~enci6n a lo más superficial, el cultivo de
•

sus cap nc.i da das literarias más comunes". Luego
de desmonetiza r su trabajo periodístico por obli
•

•

g~:.;:i

a 'bscribir a l a s 6rdcnes de 1 :. a ctualidad "

lo vincula con su poesía , que no es t a ría "inmune
de e se mAl" ....ir con su criteri o

tivo de lo que debe ser un libro de poemas. Concluye a firmando que su oficio "ledio con qué vivir y l e quitó con qué sobrevivir" "porque el p~
riodista que llev~b a Rubén a su l ad o , suena a e~
traño. Era su extraño,. ( 24) .. El juicio pece de
prevención profesoral sobre los procesos de emeL
gencia d e l a li~ e ra t urn dentro de l a vid~ concre
t a -psicológica y socia l- d e un hombre . Son los
mismos a rg11mentos con los que Salina s construyó
~u ensayo sobre ''Balza c o los poderes del escrit-orº o su ingenioso análisis del libro de Van

'

�•

•

•

-43-

..

•

•

•

Brooks . Los abundantes textos que Dnrío dedi
có ~ su profesi6n corrigen a Salinas y ponen el
~sunto en un punto más preciso .
En todos los problemas de la actividad públi
en de- un hombre , l ~s diversas- fuerzas antagónicas

v/yck

~ndnn

entreveradas , y cuando se trata de la imposi

ción soci 1 sobre un a rtista -¿ cuál no lns

en su
.... ~ . .

vi r1~;. ?- m·'s que una

cono~ió

lamentación sob1"'e lo que

hecho si no hubi era sido forz (,,"do por ella,

~wr··:1

inter esa srber cómo la manejó~ El artista no es un
ser ptsivo : es el otro t6rmino de 1: ecuacif1.~ que
r espond~ ~ fuerz s que sobre él se ejer s n 7 á las
que

8

vc ces trni;'1. ele
1

,r~ncer y~

OP.

no

l0c;r'"rl(")

1

;n-

t ent n utilizar en su beneficioL Como no es un ente
•
n.bst1"ncto , sj.no u: hombre en situación , estos elementas [purecer6.n siempr e en su vida que en defi11i
ti v a es té tejid . . . con ellos . Ni está prob·.do
cribir a l~ orden de l ~ ac tua lidad sea o ligadameQ
te per judic i t1l, lo quu no l1n.ría po rder l a 11ut:rida
veto. de l n poesía de circunstancias, ni que lr fr~
cuente superficialidad de Dnrío respond~ Pl periodismo .... tampoco que ello. sea sin6nimo de mala litera tura . M~s bien se podría pensar que Darí o encontró en el pe1"'i . .:.smo una bue11a escuela para. su

�-44•

i~co~poraci6n

a la corriente modernista, tal como

ocurriera en los demás maestros de la época, de
Martí ~.Guti~rrez Náj€ra.
La parte perniciosa del periodismo la vieron

lúcidamente estos poetas . En un artículo consagrª
d~ a· Bonifacio' Byrne , periodista provinciano , Julián del Casal levanta el acta de acusación : "Sí !
el ~eriodismo , tal como se entiende todavía entre
nosotros, es la institución más nefasta''. Los c a~
gos más graves van dirigidos al sometimiento de
s~s opiniones, lo que Del Casal llama en forma im
propia la "des1)ersonalizaci6!1 11 del c c0ri ~ o r) "j~ a
la vileza de algWlas tareas menores : "Lo primero
que se hace al periodista , al ocupar su pue sto en
la redacción, es despojarlo de la cua lidad indispensabie al escritor : de su propia p ersonalidad. t~
Así el

per i c·n - ~ ta,

desde el momento que comience

a desempeñar sus funciones, tendrá que sufrir ig
•

mensos avatarés , según las exigencias del diario ,
convirtténdose en republicano si es monárquico ,
en libre pensador si es católico, en ana rquista
si es conservador"; en cuanto al trabajo propiamente dicho , hay ''mil tareas pequeñas del periodismo, las únicas a que puede·n aspirar aquí los

�-45je1venes literatos", que "no sólo son a trofiantes,
•

sino· envilecedoras" (24).

•

Se trata, en dos niveles distintos, de la

d~

pendencia del patrón a la que entra el escritor
•

al ingresa r a l a redacción periodística y que Daría ha bía reconocido s i n v acilar: "Antes , esos
eran duefios, amos . Hoy, director, ministro o millonario , 1.es a r rit::nd a ." Pero esta sujeción está
vinculada a través de distintos ligámenes i1dire~
tos con una dependencia más importa nte, que es la
que impone el público l ec t or de peri6dicos, único
merca do r eal de una actividad más o menos intelec
tual

(!U8

cu11u~i~1·u11 lus

esc1'i tores de la época .

-

Daría se preguntaba: "La verdad: y ¿qué es la mayoría de los lectores? El administrador tiene,
.
,
por este punto -y nada mas gue por este extraordi
nario punto- derecho a no preferir la producción
de un pensador -no pronunciaremos palabras sospechosas: poeta, artista- delante de la mercancía
mental de fábrica al por mayor" (26). En forro~
coil1ciden t e decía Del Casal: "Cómo se aprende a
cortejar l a opinión pública, c6mo a aniquilar las

-

•

ideas propias, c6mo a descuidar el puJ.imento de
la frase; c6mo a eKpresar lo primero que se ocu-

•

�-46.\

-

rra y cpmo• a aceptar. el gusto de los .demás" .(27)
.
."
Ambos atacan la parte más basta de la demanda , y. .
•

•

si ellos se resisten, son sus jefes administrati
•

vos quienes, al plegarse gustosamente a ella prQ
.
ocupados por el .rendimiento económico, los . obligan a transar • .El escritor no es un creador
.

.

pendiruun~ .

.

ind~

3ino un asalariado periodístico; al
•

•

•

obedecer l as 6rdenes de su• administr8dor está
•

•

•

obe~eciendo

•

por caminos entreverados l as órden es

del público.
•
,Las dos .críticrs citadas se ~ e fi e r en a un
descenso en la calidad del pr~ducto periodísti
co, r espondiendo a l a presi6n del público . B1e
•

•

ciex·to sin .ernbargo que e11 algunos , pocos en.sos ,
.
como el de "La l~aci6n " de Buer1os AiI·es que pertenecía al tipo d e periodismo doctrina rio, esa
presi6n era reemplazada por otra de lo alto que
impartía normas ideológica s, CT~s que estilísticas. Gin embergo en uno y otro caso, el escri•

tor

tr~nsformado

en periodista se enfrentaba a

•

problema s específicos

~e

escritur a· que deriva-

•

ban del nuevo medio- de • comunicación. Aquí se
inscribe otro c apítulo de cargos que admiten no
•

obs~ante

una consideración más equilibrada , por
•

�-47cuanto ln par.te viciosa del ejerciei u literar!o

qua en ellos se ataca tuvo PU contrapartida en el
desarrollo 'de nu ev as formas de expresión a rtística . Esos cargos registran : la inusitada pluralidad de temas a que debe hacer frente el periodista obviame11te. con mengua de su cabal conocimiento;

velocidad con que debe atender el encargo de
sus jefes redactando crónicas. sobre asuntos del

l~

momento , lo que afecta su dedicación a la escr~t~
ra artística ; la obligac1 ,)n de comuniaarse con un
público poco ilustrado lo que impone sustituir la
seriedad del tratamiento por la amenidad~ buscando ~ ~:' ·°l:r ql lecto1"' con ju.cgoa ettrn.cti"\. . OS y fácil,
mente comp1--ensibles. DeJ. libro de I"luhfeld Le monde ou 1 ' on imprime, Dar·ío traduc.ía esta frase :
"Se asegura que se ha tomado demasiado al léctoT
por un tonto frívolo, que tuviese repugnancia por
todo al.imento sólido : "Hacedme un Claude Bernc'lrd
' ligero ' decía un "editor" a su cronista, el dia
en que se levantó la estatua de este extraordinario pensado1·" . Por su parte Aníbal Latino, en el
artículo citado (que Darío conoció ya que se public6 en el diario chileno en que colaboraba , "La
Epoca " ) apunt aba las relaciones entre las condi-

�•

- •48··~

cib'nes propias del:. tra ba jo periodí s tic o y una

fo1·ma nuev a . de lite r a tura que por · el moment o era
obj·e to d e· r echazo p or lo s escrit ores "serios 0 lo

que quizás pued a

in t e rpre t arse ~

por aque l los

fo~

mados en l a es cuela español a que habíase prolon-

. gf!.do en el nat uralismo . Di ce Latino : "Nada que
exi j a reflexi6n, que revele estudio y erudición:
.
'
nada de comentarlos , de antecedentes , de cálcu_los , que induzcan a pensar si son o no '"' e ort ad os,
si pueden o no pueden confirma rs e : se uic1""e11 he
-·
chos , opiniones en breves líneast acció11 , ~1vi ­
m1ento y todo revuelto , seg{m ocurre, como un r~
flejo de l a vidú. diaria. :- como 1lrtP. L'Af'TºS =&gt;!1t~ciÓi
•
yiy_a .Q..e lo que es l a vida misma de los lec to res ("
En =esto podr'Ía hallarse t ambi én .el secr lJt0 del
éxito~

de l a popularidad de ciertos libran y de
cierta clase de lit eratura que los buenos~ l os
.

·v ordaderos litera tos desdeñan y fustigan"
.
..
Est ~. t a rea periodística fue l a que sir·vió
·a muchos poetas modernistas - sin duda a D&amp;ríopa ra conocer el mercado y para desentrafiar en
..

•

él tanto el funcionamiento del público que exi~
tía .como las orientacione s ·de· su s ensibilid ado
.
Aunque rechazando l a s miserias y mediocr idades

�-49•

en q11e podía caer, a él se adaptaron en un modo
•

•

sutil que gustaron no reconocer y aun negnr . Camo peri odistas que eran , vivieron entre l a s rde
nes d e sus patrones y l ns exigenci a s del públic o ,
intentando tra.za r entre ambas un ca mino más propi o que lej os de c :;nducirlos a l a "desper sonalizaci6n" de qu e hablaba Del Casa l l os llevé1ba oblié;,~
damente a xtr ma r l a not a per s vnal , l a órbi t a de
una subjetividad que l os distingui er a d~ l empar e-

-

jamiunt o de

l~ fabric~c ión y

llamar a

la

a t ención

sobre s us p r odu cci ~ n e s. Per o e s e estilo que el
mercad o condicion a , ~ sí c omo l os t ema s a que l os
c ons t riñe , l os o bli g~ ~ un~ canot~ntc t ~nc . '~ rJnovadorn . Fue Darío un brillante periodista , c omo
l o fueron s us c ongéneres li t er'1rios, l os má s gr an.
des pr osis t as del período , 1~ rtí y Unamuno , h echos en la escuela del artículo dia ri o pa r a l os

nuevos periódicos de Eota dos Unid os , Am~ric a La t~
na y España , cono c edores de l a prensa mcd erna , gui
ados por su demanda de novedod y originalidad,
a tent os a su elabo r a ci6n de sensaciones.

Dignificaron el género . Sinti~ndose atacad os
po r l a aparici6n del "repo rt er " que invadía las
r edacci ones , supieron luchar en su misma línea

�-50-

-

•

apelando a un don propio 1 insustituible: la escritura ("el re:porter no· puede tener eso que se
11.ama· sencillamf::nte estilo" decía Daría) , pero
a la vez fueron penetrados por el afán de info~

maci6n, de actualidad, que distinguía a aquel.
Su propio estilo codici6 la paradoja, la s orpr~.
sa, la nerviosa enumeración, el esguinc e r ápido
y llamativo .

~~

tensión que l e s significa ba une
lucha dia ria , enfrentados a l públic o , fue bien
compar ada por De l Casa l con l ~ d el domador fr e~
t e a las b es tia s s alva jes :

'~La

pluma de l ct·on i ..§

t a t i tJ11c qu e es ca rba r dia riament e el carnp0 &lt;lo
l a a ctua lidad, pa r a hé.1lla r un a sunto i mport·111t.~.&gt;7
.

•

r ev estirlo qe gal a s y ofr ece rlo a l a v o rac id~ d
de sus l ect or cs v La t a r ea es dif ícilº As eméj a se
al go a l a del dom[...dor que se ve obligado aE..' _ar
t odos l os días ; en l a j aula d ~ sus l eon ~ s, l os
•

peda zos má s fr escos d~ carne , pa r a t en erlos s a tisfechos e i mp edir que lo d0v or enº (2 9 )c
Es difícil que · esta a ctivida d de toda l a
vida no s e r eflej e 1la obra creativa . Y n o s Glo en el sentido perjudicial que censuraba
Sali
.
nas, sino en la adu pci6n de las que llamaremos,
para obviar el término virtudes, tendencias es•

�-51••

tilís t icas de la nueva época . Poesía y periodismo
•
s e entremezolnban en el trabajo diario , pasándóse
•
de una a otro sin cesar, en el ·mismo día, sobre
la misma mesa de tr.abajo : "Pasaba, pues , mi vida
bonaerenae escribiendo artículos par a La Nac±6n y
versos que fueron ,,13 tarde mis 'Pr osas profanas "
dice Daría en su Autobiograf:Ua . Y del misn10 modo

que Julián del Casal , a r egañadient es, admitía
que "escri bie11do c on free .:ncia , co:rho lo hace el

la pluma adquiere cierta soltura" sin
que esto lo convenciera del c onscj b d~ ~wlle Zvlh,
según el cual er a mejor esc ribir art í culos en un

p~riodista ,

periódico que v~rsos en m1a uhardilla, y del mi~
mo modo que Manuel Gutiérrcz Nájera trataba de
asumir l as que él es timaba condicio11es del report er y no del croni s ta - "ágil, diestro, ubicuo, ir!

visibl e , instantán eo , qu e guisa l a liebre antes
•

de que la atrapen , el reporter que ej€rce en todas las noticias ttel derecho del Señor 11 , el i--epo!:
ter qtle obliga a los sucesos a e11ca11ecer en una
sola noche " (30) - para acometer su me j or serie de
artículos , de 1893 a su muerte , del mismo modo RB
bén Daría afirmaba categ6rricamente que " el peTiodismo constituye una gimnasia del estilo " (31) .

�-52Esas tendencias estilísticas epocales son:

nov~

dad, atracci6n, velocidad, shock, rareea, inten
sidad, sensaci6n1 Las mismas que r eencontraremos en el arte modernista. . La búsqueda de lo in
sólito, los acercamientos bruscos de el emen.t os
.
disímiles~ ·-1&amp; renova ción perma n e nt e , l a s auda •

cia s temáticas; el reg istro de los ma tic e s, l a
"
me zcla de l a s sensacione s, la interpen etra ci6n
•
de distint a s disciplina s, el constant e , d e s e sper a do a fán de l o origina l, s on a su ve z r a s gos
que pert en ecen al nuev o me rca do , y, simulta n eament e , f orma s ·. d e pen e tra rlo y domina rlo.
Esa s fo1·ma s es t uvi er on prj mer r) en el periQ
dismo qu e e rl l a poe ~ia , y allí estuvier on prim~
r o l os t eme s que alla cultivó. La poesía a prendi~ en aquél su sistema o~ ~ racional. Tenía otra
fuente amplísima donde. a prende1 1 : en l a s crea•
cion es poé tica s de l os escrit or es europeos de l
•
art epurismo en adel ant e , (¡ue ha bí~n h echo , decenios ant e s que l os hispanoa merica nos, es a ~ x
periencia, r odand o a través de las r edaccion e s
•

•

-

d e l os periódicos fra nces es. Pe ro e ste origen
liter a rio sólo hubiera dado l a imita ción desla
vada, externa , y no e l brío creativo y origina l

-

•

�••

-53-

.

del movimiento, si· no ' concurríernn el ement os de
una experiencia
concreta; la situación s e r eiter a
.
ba ahora en América Latina prov ocando mayores con
trastes y violéncias de las que ha bi ~ gen er ado en

-

•

Europa ; el escritor s e hacía· a s í mismo en
cicio de es~s circunstancias nueva s.

~l

e j eL

j

Las lamentacione s · de l os pe r sonajes de Bal zac
en "La s.. ilusione s pe rdida s" s on el punto de ar ranque de la gran d ec e pción de los 7 esc rit ores , cuando
•

•

ven organiza rs e a s u a lrededor el mundo moder no a
cuyo pa rto ha bían c ontribuído . Su inc or por ac i ón
mal paga y poco edificant e a l os peri6di cos , l es
permite inicia r e l apr endiz'l. j e 0trrri el e 1 ~ n11,~v~
rea lida d en el plano de una activida d int electua l.
Los que vi e nen d e tr1s consuman l a experie ncia . En
sus apunt e s sobre· Baudelaire , lo s eña l a par a és t e
Benjamín , c omo para Ba lzac lo ha s eñalado Luk'1cs:
"Baudelaire estaba habilitadQ o constreñido -d ebido a su profunda exp eriencia de la na tura leza de

el merc ado como una in~
tanciu objetiva. A través de las · r elaciones con
. ,. .
las redacciones estaba en continuo~ á-Ontact ó "con el
mercado. Su método -la difamaci6n (Muss e t), la c on
tre f a 9on (Hugo )",32).
la me r cadería - a

reco~ o cer

•

�.

-54•

La escuela ...:d'Ura ·:a

·ve e es-,

el taller de

e~

perimentaci6n ~· fueron para Darío el . periodismo.

Por el puente .que
son :sus cuadros del natural,
.
~us

"

estampas coloristas, sus artículos imagina•

tivos~ y

sus cuentos, pasamos de l a mera crónica periodística a l reino de la poesía. A imagen
de lo que ocurre en Gutiérrez Nájera, donde los

Cuentos frágiles y los Cuentos color de humo
.
son un deslizami~&amp;to de sus crónica s semanales
mediante el despojamiento del tra je llamado a~
..

tualidad, .en Darío sus distintas tareas lit era.
rías quedan ensambladas, preferentemente en su
despuntar m0dernista, por el empleo de recurs os
.
literarios
:semejantes. Raimundo Lida ha c ompr o. r,
•
.
bado con el estudi o acucioso de l as ~ormas -esti
.
lísticas este parentesco: ".l!is natural -diceque a menudo 1leguen a borrarse los límites del
.
.
.
rela to con l a crónica, el rápido apunte descriJ2.
tivo o el ensayo . Sólo la presencia de cierto
mínimo de acción es l o que nos lleva ·.a inclui~,
entre sus cuentos, páginas como Esta era una
reina~ •• o ¡A p~plál ..• mientras quedan desechª
das tantas otras que no se distinguen de ~llas

-

•

sino por la falta de ese e1e·ment·o dinámico. En

�-. -

-55-

el extremo opuesto, :una ·frontera igualmente difusa separa el rela to de la prosa lírica, a veceB

de tono muy afínº (33). En l a colecc.i6n estableci
da por Erne~to Mejía Sánchez se incorporan como

-

cuentos varios textos que Darío ~ublic6 como si
fueran artículos periodísticos (ejemplo ºBouquetº
o "El año que viene siempre es azul") de las típ_i
C8.S crónicas semunales que sobre el modelo de Gutiérrez Nájera escribía. Es evidente que se las
recopiló utilizando como criterio para su inclusión que no estuvieran marcadas por. sucesos de ac
tualidad. De este modo adquieren un aire de cuen-

-

tos autónomos las que en realidad son páginas de
a ctualidadsobre momentos de la vida de una sociedad. Así "El año que viene siempre es azul" está
directamente "vinculado a la anterior crónica de
"El Heraldo" de Valparaíso en que cuenta la parti
da de los inmigrant e s veraniegos al concluir la
estación estival: los recursos .literarios en una
y otra página LJOn los mismos y es idéntico el
•
principio -que ya estaba en Del Casal y en Gutié•

rrez l'Tájera- de crear un p,eriodismo exp1.. esivo de
l as circunstancias espirituales Y. vitales por las
que pasa el grupo social, preferentemente femeni-

�-56-

•

•

.

•
••

1

•

•
•

.

•

•

••

'
1

•

•

•

..

•

\ '-

•

•

•

no, de un · dete1·m1nado país. Del mismo modo · "Bo§
- . .. .
quet" no es muy diferente
de
"Una
exposici6n·'t
.
. ,...
\

que escribe dos semanas 4~~puás -so.lvo qu:e! está .
:- .
..
- . . . .
mejor escrito- pero donde ~ hay_ alusíones precx·. '
s as a hechos del m0mento: la
. . exposlci6n dé' · bOr- · .
•

•

•

•

.

•

dados, muebles, de las niñas del moriasterfo de
.
.
Sagradqs Corazon·e·s. En la ~er·i~ - de ~ 0.cho cr6ni-·

••

~

•

de

que escribe pura "El Hera.ld·o"

c~s

•

Valparaí-

•

•

so se encuentran las mejores p&amp;ginas·
en prosa .
..
.
..
.
. .
de Daría en su per~odo chileno." La púbÍica dn
.•

...

"&gt;

el io· de marzo d·e.
. . 1888..... sobre la niüerté del emperador de Alemania sólo admite. compa ración
. . ....
•
con texto·s ·tan famosos
como
"El
v
eJ.o
de
.1 A. r ei
..
•

••

-

.#

-

•

•

• 11

na l1ab", "Ei rey b~gués" o "La. cé.nc·i
.Ón del
.
:
I
.- ,
•
•
oro".
•

•

•

&amp;

•

",

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•

.. ,

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~

•

't

-.

•

•

'

•

•

Uno de los principios de la ' estética modernista que comienza a desarrollarse en Darío
.

es una escrittira donde se mezclan los sistemas
•

de distimtas artes, en particular la música y
la pintura. Del mismo modo también los límites
entre los géneros tienden a disolverse : si la
poesía surge soberana e i .n dependiente, a pesnr
de los intentos de versolibrismo, la prosa,

•

�-57q.u e es el gran campo experimental del movimiento
renovador (34), admite· diversas lecciones y ten-

dencias en un esfuerzo coherente de integración :
el perjodismo fue el t erreno donde se di~cid6
primero y donde se puso a prueba y'ponde triunfó
el sincretismo a rtístico.

�NOTAS
1

Ernst Fischer: The Necessity of Art. Lond on ,
.
•
Penguin Books, 1 964·, p. 49 .
•

•

2 .Escritos inéditos de Ru bén Darí o (recogi dos
d e per iódi cos de Buenos Aires y anotá:dos por
·E . K. Mapes . New Yor k , I ns t i t uto de las Esp!) ñas , 1 938 , p . 68 c
·
3 ~scritos inéditos , p . 69 .
4 Cite por Diego Manuel Sequeira , Rubén DarÍQ
criollo o raí z y rnédula ~ su creación poética~ Buenos Aires , Guillermo Kraft , 1945 ,
PIJ, 302-3c
5 En "La l a ción 11 , Año XLIII , r º 15 .140, Buenos

·-

6

7

En ''La
Aires,
En "La
• •
Aires
,

•

G:.ci6n" , Año XLIII, .No 15 . 150 , Buenos
11 de agosto de 1913"
Nación " Afio .XLIII , Nº 11 . 947 , Buenos
.'
23 de febr ero de 1907·

I

8

\~al t

9

Trad . italiana de Henato bolmi , j\ngelus Novus
Einaudi , 1962 , Pe 129 .
Rubé·n Daría , Cuentos com )le t o~ , 1~1éxico , Fondo

e r Ben j a1nin :- Schr.if t en , "Parque Central" ..

de Cultura Eco116mica , 1950 , p º 56 e

10

José A, Silva , Obras comple t as , Bogo tá, Banco

�I

t

de l a República, 1965 , p . 136.
11

Josá A. Silva , ob . cit . p·. li3.

12

Manuel Gutiérrez llájera, Poesías completa s ,
México , Editorial PorrÚ8 , 1953 . Tomo II , pp .

154-5.
1.3

16

Julián del Casal, Crónica s habanér a s . Las Villas , Universidad Central de La s Villas , 1 963 ,
p . 148 .
José A. Silva , ob . cit . p . 377.
Cintio Vitier, Lo cuba no en l a no esía , Las Vi
llas , Universid ad Centra l de Las Villas , 1958,
p . 268 .
"FJl jnfo:rt11nio en PT 0. i~]_ ae Sil\T'"J "
José A.,

22

Art. cit.

14

•

15

en

p~

122.

•

�23

"El periodismo moderno" en ºLa Epoca", Año

V, NQ 1641, Santiago.de Chile, 3 de . octu bre de 1886; p. 3. Debe ser transcripción
de un artículo de ºLa l~aci6n" de Buenos
. Aires.
24 Pedro Salinas, La poesía de Rubén Daría,
Buenos· Aires, Losada, pp. 20-23.
•

•

25

Julián del üosal, Cr6nic us habanera s,. Las
Villas, Universidad Central de Las Villas,
.
1963 (c ompil a ci6n ·e introducci6n por Angel
Augier, pr6logo por s~mue l Feijoo), pp.
287-8.
•

26
27

"La enfermedad del diario" en Escritos inéditos, p . 151.
;
..
Julian del Casal, Cr6nicns habaneras, pp.
288-9.

•

..

•

Aníbal Latino, art. cit., p . 3.
29 Julián del Casal, ob. cit., p. 105.
30 .Manuel Gutiérrez rTá jera, Obra s inédita s'
28

New Yor~, Hispanic Institute in the United
States, 1943, p . J . ·
o ompl~e"ta§.,

31

En tt LetrEls chilena s", Obras

32

t. II, p. 635.
.
Walter Benjamin, ob. cit., p. 129c

t

•

�33

"Los cuentos de Rubén Daría '', en Rubén Daría ,
Cuen tos comple toe, p . VIII.
l~

importanci a de la prosa , como

34

Véase sobre

1

crisol modernista , la serie de estudios reva
lorativos iniciada con el libro de Max Henrí
quez Ureña , Breve histo r ia del modernismo ,
Máxico, Fondo de Cult11ra ~conómic a , y partic~
larmente desa rrollada por los poJ.émicos escri
tos de Manuel Pedro Gonzdlez : Josá Martí en

•

-

el octogésimo ªniversario de la iniciaci 6n mo
dernista : 1882- 1962 , Cnracas, ~diciones del
Ministerio de Educaci6n , 1962s 132 pp . También los trnbnjos de Iv~n
do s en Génesis del modernismo , M~xico , El Col egio de M~xico/Washington University Press ,
•

1966 , 221 pp .

�</text>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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                <text>Rama, Ángel&#13;
Los poetas modernistas en el mercado económico / Ángel Rama -- Montevideo : FHC.DL, 1967; p.57 ( Departamento de Literatura Hispanoamericana )</text>
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                    <text>— 16 —

suopuajuaj snou no suas tib 'aiSopiaos ap saBJAno sap }uos
saa ap nad uatq anb iio5.iadBts no saad ap juBuituBxa sa[ u^ sibiu
saaiu aiuBnbuia ^uaa sanbjanb ajamnua *ST[aHDij\[ '^ ^\^il ^? XSojopog
fo smn) ans iBSsa uos subq *auiad b ajsixa ai^o^oiaos B[ —ajsaj np
sana^iB jno^JBd auiuioo— 'aqsjj ua ^uasajd Btnbsnf anb ioui un4p 9Jip
suojnoA sno\[,, :a;uaxnSis uoiutdo b^ a^p opipod Bq as 'HDXiAan^)
••^ jod BpBjipa 'XX 1^}S Ia ua djSojoi^o^ vj Bxqo ^\ ua opnqaut
OMIXWVXSMO^ ^p vumjvji vi^^ojoioog ajqos o^Bsua ^ u^ "soa
a soai^o[oiaos ajuauíBonuajnB sofBqBjj so^ Jod Bpinjpsuoa B[
Bxadns opo^ara ^p b^bj^ anb Bjn^BaajT^ b^ anb asjBuuijB apan^
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-naadsa oraoa ^Á 'sBuqdtastp SBsa ap Bun Bp^a ap BoiSp^opojaui boi^bui
-ajqoad ouioa Bas ^Á 'BjSojoiaog B^ ap btjojstjj b^ JBpuqsap ap ojuaj
-ui [a BajuB^d anb SBuia^qojd so[ 'o^duiafa jod jsy "Bapjja ap ssina^
so^xaia ap oipnisa p Basd sauoiaipuoa SBiupdo B^uasaad Bipjj anb
asjBniJTjB apand anb ojund ^b 'sapiaos ssiauaia sb^ ua aanpoad as anb
ossasa ^nui o^ Baadns BiSoppoiaui ap sofBqBjj so^ ap pBpipa B&gt;q
•SBuqdia
-sip SBquiB ua soAijuBjsns sofBqBJ^ ap Bzajqod bj b ajuajj soai^ppp
-o^aui SBraa^qoxd soj aaqos BjnjBjai^ B[ ap BiauBpunqB b^ :ajuBjjao
-uoasap oqaaq un ajuapiAa sa 'BiSopiaog Á bijojsijj ap Bija^BUi ua
bubi[B}i Bn^ua[ ap ajuaiaaJ sbui uoiaanpoad B^ BuiuiBxa as

'OJ.U&amp;IWIO
ns 'sojja vjvj 'sopn-ipnjs^ souví^vjj sauoinn soidoud
soj uojno jo ajuaiuDSo^anaS oponjpof umj anb svuoa Á saw
•jofut 'sDjsmajtua snj ^tpvjia vtfvjSojjqtq nj ap sajwi^ajmu
soj ontoa pnpijim vjuoí ap isva opis iioq upiovjndaud ns w^
'siuoj ap ajtsuaajufj^ ap sajfia'j sa unajaoQ ap ojnjji
ja vxod (iaauvua%nos^&gt; vj ua i(smamuawajdwoa sauopsanan
soj ap jouaw vj ouioa ^ajmanf) aSuoa^ 'fouj jap otmaouiDd
ja oíoq Á, 'a^oj^ sjcIb su^i^eii sanSo[opos saj ja suaiaojsiq
^a\ zaqa apoqjaui e^ ap 'oaisaudxa smu xa a jo% 'ojnjp ja uoa
PS6I 3P líJ&lt;lD ua ouuoquo oj o opoiuasaad anf oíoqv^% ais ^

SO0[OTOOS Á
U9
vwv^ n sot^vd

�En forma similar se expide en una obra del mismo tipo Howard
Becker diciendo: "En el capítulo sobre la sociología inglesa dijimos
que en la compacta islita los profesores de sociología son más raros
que las serpientes en Irlanda; lo mismo podría decirse de Italia...,
sólo existe actualmente (1938), una cátedra de sociología... En la
actualidad se publican en Italia poquísimos libros que lleven el título
de sociología" (1).
La Sociología no tiene raíces profundas en Italia, donde encon
tramos sólo muy recientemente tres cátedras universitarias de la disci
plina, una producción —como hemos visto— poco abundante y un
pequeño número de autores de primer orden, como Gaetano Mosca,
VlLFREDO PaRETO y CORRADO GlNI.
Este último llega a afirmar que las grandes escuelas sociológicas
extranjeras "han despertado ecos más o menos profundos en Italia e
inspiraron a menudo obras interesantes, pero que no aportaron a la
ciencia nuevas contribuciones verdaderamente fundamentales. Más
importante —continúa GlNI— ha sido muchas veces el aporte de adep
tos destacados de las ciencias sociales especializadas: filósofos,
economistas, juristas, médicos, etnólogos, demógrafos e historiado
res"... (2).
Se podría anotar que la situación es análoga, en cuanto corresponde
a las Ciencias Históricas, y que también se registran figuras de valor
internacional, como son Guglielmo Ferrero, Corrado Barbagallo,
Gaetano Salvemini y Federico Chabod.
Las razones del escaso desenvolvimiento de las disciplinas que se
ocupan de la vida social son múltiples y muy particulares a Italia.
Por otra parte, la polémica metodológica se ajusta a ese cuadro, se
explica por sus mismas circunstancias, pero es, además —y esto es
importante destacarlo— una promesa de un mejor futuro, por la elu
cidación de los problemas sustantivos que corresponden a la Historia
y a la Sociología.
Señalemos primeramente que "le développement de la sociologie
—comme des sciences historiques— en Italie s'est trouvé retardé du
fait aussi que la pensée italienne est profondément enracinée dans
la culture philosopbique, dogmatique et religieuse qui a si longtemps
prévalu en Italie" (3), según los términos de Panunzio.
De ahí que sea frecuente encontrar en la consideración de temas
sociológicos referencias a conceptos anacrónicos, o elementos de Moral
y Religión, como ya no se estila en el resto de Occidente.
Más importante es la franca negativa a ocuparse de la Sociología
considerada contraria a la "libertad cristiana" por su pretensión de
leyes sociológicas, o una estéril polémica contra el historicismo por
(1)La Sociologie au XXeme. Siecle, Georces Gurvitch, París, Airan, 1947, t. II,
p. 644 y de Harry Elmer Barnes &amp; Howard Becker, Historia del pensamiento social,
México, F.C.E., 1945, t. II, págs. 225-6
(2)L'Évolution de la Sociologie en Italie, p. 228, París, Bulletin International des
Sciences Sociales, vol. II, N. 2, Été 1950.
(3)Ibidem, p. 656.
— 92 —

�— 6—
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saxosajojd ap sapBpai.ios sb¡ ap sbaueju^i sb[ osnpm 9 'sajtruuy saq 'anbpojsig anaag
vq 'aiHojopos; ap xnvuauvuuajuj suaiyBj so[ ouioa sauoiaBagqnd ap ^sa[BuopBUjaiui somb
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^Euoi]BUjajuj aiiino^ [ap sa^qBjapuod sozjanjsa so[ aaaouoasap BOijiuárs ou ojsg (g)
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Bisando Bp^nsqs Biauaia BjjBjapisuoo jod 'Bi^o[oi.)o^ ap EjpaiB^ b[ ap uoisajdns E[ auodsip
as anb ua 'oub[ij^[ ap aaon^ ojjBg [ap b.h^oje;^ pBpisaaAiuQ B[ ap auijojui [ap jauodsip
opipod souiaq oj^ 'IS6I '3hbi[bij aqaijiiuaia^ ¡uoizipg 'i[odB\[ 'ouuapow osoiSip^ ouais
•uad jap ispa vuntp nuautof^ •otusiopoi^ a otuisaaijono^ 'i(Jiiavj\[ aaaasíii^) X ^S6[ 'vo^og
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'Biasaag 'vpoj^ vjpp viSopai a vifosojij 'iNVAOavj -y oiaaawQ ¡€^6I 'BUBigaa-ioj^ 'Bjasaag
'Zí'6I '^1DJB]]v^ 'pvjisjaaiujq possafojj ,vui tuDíjsp^ ptfosojtj jpnjg ip ou^a.iuo'j ¡¡¡^i JPP
'vij.oj vppp viua^qojd jj sananin[OA so[ sa^iuauíBpunj sauoiJBisajiuBiu uos anb ap -BijEjiíoijq
-iq Bsuaixa B[ as^a^ '^Z '^ '''! o'u 'S^1Í:&gt;OS s^ji/&lt;&gt;;3 sap puoprnuajuj upajjng 'sijdj 'aijDjj
ua sappos saauaps sap tuawaddojaaap aq 'i^ii^jívi^ oaavag okissvj\[ ap sa biio Bg (f)
btjojsijj B^ b Bsu^dsip ^s sasjBcI sojjo ua anb saaa^uí jap ajjBd Buanq
joabj ns b bi[bij ua opBz^BUBa Bq anb 'sBanqo^ SBiauai[^ sb[ ap otp
-njsa ^ap BiauBjaoduii ubj^ B[ sa ^ao[ a^uauíjBiiái uptaBnjis bjjq
•sBioiajBduioa saaopBiJojsiq o soSo^piaos
sns ua ajuauíBAisnpxa UBSuaid '44buoisijj wj^ o ^Bjáo^oiaog B^,, ubu
-oiauaiu SBa^uaiui sand 'uB^jaiauoasap sBiauaaajaj sns opnuaui b 'sou
-BqBix saJoinB so[ opojaui p aaqos uBzituajod opu^na apb iqB 3Q
•(5) SBUBiuap o SBpuBdsa sapBpaAou sb[ ap o^uauuiaouoa p
ajiuio as BiauBj¿j ua anb BaauBiu buisiiu b^ ap 'stjb^ ua Bj^opiaog B|
ap sosaa^ojd so^ uaaouoasap as buio|j u^ 'sasi^d SBuiap so[ ap sauota
-Bzipaj sbj jbjou^i opnuaui b ua^iuuad as so^opiaos Á sajopBuo^siq
'sapan^B^^ SBpuai^) sb[ b umaisodo ao^ •BUBiauíAo.id buijoj ua
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�nostra cultura. Queste critiche, certamente, hanno servito a destare
negli studiosi italiani una salutare diffidenza per l'applicazione di
nietodi naturalistici nello studio dei problemi sociali e hanno consigliato una maggiore cautela nell'utilizare certi schemi e nell'applicare
certe rególe per la soluzione di tali problemi, ma con ció banno
indotto anche questi studiosi ad appartarsi dal lavoro intenso e fecondo che in altri paesi veniva compiuto nel campo della sociología e li
hanno spinti a mantenere verso questa materia una indiscriminata
avversione; una awersione che non distingueva cioé la sociología positivistica da quella che, specialmente in Germania, si andava sviluppando su basi assai lontane dal positivismo" (12).
Es difícil trazar en pocas líneas el panorama del pensamiento ita
liano después de Croce, en cuanto al problema del método y de la
legitimidad de la Historia y la Sociología, aunque es posible precisar
algunas grandes corrientes.
Hay una corriente que podría denominarse prc-crociana en la que
figuran buena parte de los grandes historiadores italianos como E.
Cicotti, Cobrado Barbagallo, G. Volpe y Gaetano Salvemini, empa
rentados en el contacto con las ideas que a principios de siglo difun
diera Antonio Labriola desde Roma.
El caso de Gaetano Salvemini es especialmente interesante, pues
pocos autores tienen hoy en Italia tan saneada fama y merecido pres
tigio en el ambiente universitario. Autor de obras tan conocidas como
Magnati e popolani nel Comune di Firenze, La rivoluzione francese,
Mazzini, Storia della tríplice Alleanza, etc., ha actuado también en el
campo político con su semanario L'Unitá (1911-1921), y más tarde
procesado con Carlo Roselli y Ernesto Rossi por la publicación
clandestina Non Mollare, en 1925 abandona Italia, para vivir hasta
la caída de Mussolini en Francia y en los Estados Unidos.
En 1938 dicta un cursillo sobre los problemas de la Historia y
de la Ciencia Social en la Universidad de Chicago, que aparece bajo
el título de Historia y Ciencia (13).
Su caso es muy interesante y demostrativo del valor práctico de
estas preocupaciones metodológicas. Salvemini no es un filósofo, y
tiene la probidad de decirnos que "Nel discutere il problema se la
storia e le scienze sociali siano scienze, rinuncio ad ogni pretesa di
elevarmi sopra l'umile terreno del senso comune alie alte sfere della
filosofía .. .Negli scritti di molti filosofi dei giorni nostri, non ostante
il massimo sforzo, io non capisco niente. Le loro opere sembrano a me
fabbriche di nebbia.. . Nei loro profondi pensieri io non riesco a
scoprire do ve abbiano ragione e do ve torto" (14).
(12)Interpretazioni sociologiche del fascismo, estratto dalla rivista Occidente, Torino,
1953, p. 371. Las opiniones de Renato Treves son especialmente importantes, pues es uno
de los escasos cultores de las ciencias sociales en Italia, que partiendo de bases filosóficas
distintas ha procurado explicarse la situación de la Historia y la Sociología en el pensa
miento de Choce. Muy importantes sus obras Sociología y Filosofía social, Buenos Aires,
Losada, 1941, y Sociología e Historia, Tucumán, Revista de la Facultad de Derecho y
Ciencias Sociales, 1943.
(13)Hay una edición en inglés (1939), hecha en Chicago, pero hemos seguido la
primera italiana Storia e Scienza, Firenze, La Nuova Italia, 1948.
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(14)Ihidem, p. 24.
— 96 —

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�Nos queda por ver de qué manera Salvemini define su quehacer
(la Historia), y cómo lo distingue de la Sociología, que prefiere casi
siempre llamar "Ciencia Social".
La Historia, es "ogni sforzo tendente a ricostruire avvenimenti
passati con l'aiuto di ció che ne é rimasto o delle traccie che essi
hanno lasciato nella memoria degli uomini" (19).
Rechaza expresamente la arcaica separación entre Historia, dis
ciplina que se ocupa del pasado, de Sociología, como ciencia social
del presente inmediato.
A su parecer debe incluirse en "ciencia social" "tutti gli studi
tendenti a determinare le leggi della condotta degli uomini... independentemente dalla questione se appartenga al passato o al pre
sente" (20).
De acuerdo a esto la Sociología se ocupa indistantemente del
pasado y del presente, mientras la Historia tiene por campo exclusisivo el pasado. Sin embargo el mismo Salvemini —historiador— se
ha ocupado, como hemos destacado, repetidas veces del presente, o
por lo menos de un pasado histórico inmediato, difícil de distinguir
de la noción corriente de presente. El tema no resulta claro en la
citada obra del maestro italiano.
El lugar que ocupa Croce y sus ideas, en el seno del pensamiento
de Salvemini es mínimo. En todo su libro hace una sola referencia
al filósofo napolitano a propósito del problema de la historia como
ciencia. No parece muy bien expuesto, y Salvemini subraya su aver
sión por los filósofos, ironizando nuevamente, pues le llama "un filo
sofo contemporáneo che qualche volta riesco a capire" (21).
En la práctica la tendencia histórica ha tenido en la Italia con
temporánea un amplio desarrollo, y hasta puede afirmarse que ha
expandido sus fronteras. La aceptación crociana de la historiografía
ha acercado a sus lares a numerosos autores de mérito, como se apre
cia examinando obras como Cinquant'anni di vita intellettuale italiana,
e incluso manuales del tipo de Soronzano Avviamento alio studio
della storia.
Por otra parte se ha impuesto en los medios intelectuales italia
nos durante los últimos años la consideración histórica de los temas
de las Ciencias Económicas, a menudo tratadas docentemente como
Historia de las Doctrinas Económicas e Historia de la Economía (G.
Luzzatto, E. Sapori, A. Fanfani) ; las relaciones internacionales bajo
el nombre de Historia de las Relaciones y Tratados Internacionales,
y la misma Ciencia Política que ha adoptado el método histórico al
punto que se le conoce por Historia de las Doctrinas y de las Institu
ciones Políticas.
Pero si los "historiadores historizantes" y los "historiadores sociologizantes" como Salvemini —según decía a principios de siglo Bou(19)Storia e scienza, ob. cit. p. 2.
(20)Ibidem, p. 7.
(21)Ibidem, p. 59-60. No es osado creer que todo su punto de vista sobre la
filosof'a —expuesto up supra— se apoya en definitiv^ en su consideración del pensamiento
de Croce y su acción sobre la vida intelectual italiana.
— 98 —

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�Reconoce sin embargo, de valor el método de la encuesta esta
dística, pues "Esse possono avere qualche utilitá pratica nella previsione dei movimenti dell'opinione pubblica e delle reazioni delle masse
popolari nel campo della politica e magari del mercato. Ma questo é
anche il limite di questa sociologia. L'errore comincia quando si pre
tende di fare di questa descrizione schematica una scienza dell'uomo,
della suo vita e della suo storia".
Es justamente la Historia —en el amplio sentido que la definiese
Croce— quien puede estudiar "l'autonomia spirituale, il prodigio
della liberta, Foriginalitá, che sonó le qualitá per le quali l'uomo ha
un valore", e interpretar el alma humana, y la vida espiritual.
Si los puntos de vista de los historiadores (ej. Salvemini) y de
los filósofos crocianos (ej. Antoni), son tan lejanos como incompa
tibles, por las exposiciones que se hicieron, se comprenderá desde ya
las resistencias que levantan ambas corrientes entre los escasos soció
logos italianos. Estas divergencias resultan todavía más explicables
examinando el otro citado trabajo de Carlo Antoni sobre La ideología
política.
En el mismo sostiene que "Vi é nella nostra época un'incongruenza che si puó considerare caratteristica e rivelatrice", es la oposición
entre Idea e ideología ("formóla dottrinale, che funge da strumento
di penetrazione e di lotta e da una compatta disciplina ai seguaci").
"L'Idea puó compiere la funzione di mediatore tra la conoscenza
storica e l'azione... É quello stesso universale, che illumina il giudizio storico e lo rende possibile, cioé il predicato" (31).
En cuanto a la definición de la Idea, sería "il concetto dello
spirito, dove si incontrano la coscienza di sé dell'uomo e la coscienza
di Dio". En cuanto a la Ideología en la realidad histórica "disconosce
e rifiuta il núcleo stesso della realtá umana e della storia, sicché é
antistorica quanto e piü della mentalitá, che critica" (32).
Aparte de Antoni y los crocianos, hay un marcado interés en
todos los centros intelectuales italianos por los problemas del método
en la Historia y la Sociología. Los filósofos especialmente han publi
cado en los últimos años numerosos trabajos, a menudo interesantes,
sobre el problema metodológico, la gnoseología en las ciencias sociales,
o las relaciones entre éstas y la filosofía o la teología.
En Milano se celebró en diciembre de 1953 un Convegno di Studi
Filosofici dedicado al estudio de la teoría sociológica, y en este mes
de abril de 1954, Bologna será escenario de una nueva reunión desti
nada también al estudio de la Sociología teórica. Cuando en agosto
de 1953 se reúne en Bruxelles el Xléme. Congres International de Philosophie, a propósito de la Filosofía de la Historia y la Filosofía de
la cultura, hay comunicaciones importantes de autores italianos (33).
(31)Ob. cit. p. 7. El ensayo se cierra diciendo que la fuerza persuasiva de la
Idea no viene de sus orígenes, sino del hecho que "essa viene a soddisfare un'esigenza
vítale dello spirito, che e quella di consacrare la propria azione ad un principio e di daré
coerenza alia propria vita", p. 8 in fine.
(32)Ibid, p. 8. La crítica de Antoni jor Nicola Abbacnano Risposta a C. A., rev.
Quaderni di Sociologia, Torino, n. 3, 1952, p. 137 y sigs.
(33)Actas du Xléme. Congrés International de Philosophie, Louvain, Nauwelaerts,
— 102 —

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�riografía (en el sentido que la entendiese Benedetto Croce) , o la
Filosofía (36).
Los sociólogos asumen asimismo la defensa de las Ciencias Socia
les, en un plano semejante, y naturalmente el derecho a la misma
existencia de la Sociología tan encarnizadamente negada, como hemos
visto, por ejemplo, en los escritos de Antoni.
En general, puede decirse que este capítulo está dominado por
la sombra de la personalidad de Croce, y en menor grado de los idea
listas italianos como Petrone y Gentile, y aún de los criticistas neokantianos.
Examinemos sus definiciones de la Sociología como las que encon
tramos por ejemplo en Nicola Abbagnano, que en el Convegno di
Studi Filosofici de Milano (diciembre de 1953), nos dice: "Intendo
per teoria sociológica un complesso organizzato di significati linguistici, adatto a guidare la ricerca sperimentale e a descriverne i risultati" (37).
Para Cobrado Gini la Sociología es la "disciplina que estudia las
leyes generales de las agrupaciones humanas" y no puede confundirse
con Ciencias Sociales, como hacen otros autores mediante la inclusión
de las leyes establecidas por las Ciencias Sociales especializadas (Eco
nomía, Derecho, Etnología, Demografía, Lingüística, etc.), y también
con las "disciplinas auxiliares" como serían: Estadística, Etnografía,
Geografía e Historia (38).
En los deslindes entre Sociología y las demás disciplinas intelec
tuales, los sociólogos italianos en términos generales se interesan por
los que corresponden a la Filosofía, o a la Teología. En cuanto al tema
de las relaciones entre Historia y Sociología, en general se plantea con
relación a la Historiografía —en el sentido que la entendiese Croce—
y muy escasas veces recuerda los términos de la polémica, como se
encuentra por ejemplo en Francia actual.
Cuando en escasas ocasiones se encuentra un intento de deslinde
del último tema aludido, el planteo se resiente por hacerse en tér
minos que ya la crítica ha superado fuera de Italia. Así, por ejemplo,
en el citado trabajo de Abbagnano se dice: "II secondo compito di
una teoria sociológica é quello di determinare l'oggetto specifico della
ricerca sociológica. II campo dei fatti sociali comprende infatti realtá
diverse ed eterogenee che sonó assunte como oggetti di studio diver
se... La prima esigenza é forse propio quella di distinguere l'oggetto
delle discipline sociologiche dall'oggetto delle discipline storiche. Su
questo punto si puó diré che di fronte al carattere individuato (o
individuabile) dell'oggetto storico, sta il carattere relativamente comune, uniforme, ripetibile dell'oggetto sociológico. Gli strumenti di
(36)Uno de los trabajos más interesantes en ese sentido, que hace referencia a
uno de los últimos libros de Croce (Storiografia e idealitá morale, Barí, Laterza, 1950),
es del Prof. Eugenio Pennati L'ultima polémica tra ideali^mo e sociología, estratto de
II Político, Pavia, Ponzio, 1951.
(37)Appunti per una teoría sociológica. Milano. Convegno di Studi Filosofici, 1953.
ed. mimeográfica. El Prof. Treves ha observado —en esta misma reunión— que siendo
un punto de vista estrictamente sociológico, recordaba las formulaciones de Ceorg Simmel.
(38)C. Gini, oh. cit., p. 223.
— 104 —

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�la sociología política. Es bien característico el hecho de que una de
las tres cátedras de Sociología de Italia, la desempeñe Camillo Pellizzi, ex-profesor de Storia del fascismo, mientras el Prof. Pennati,
ejerce la segunda en la Facoltá di Scienze Politiche de Pavia (42).
Después de la guerra ha cobrado especial vigor la sociología jurí
dica, que en Italia se apoya en una amplia difusión que desde el
siglo XII tienen las Ciencias Jurídicas, y que ha dado frutos de mé
rito. Recuérdese que un autor tan dotado para la sociología como
Renato Treves, es Profesor de Filosofía del Derecho (Milano), y la
Profesora Giuseppina Nirchio, ejerce como asistente de la Cátedra
de Filosofía del Derecho de la Facultad de Jurisprudencia de Palermo (43).
Pero si se explica el rápido progreso de esa corriente por
condiciones especialmente propicias, resulta todavía más visible el
ascenso de la sociografía, sociometría, y formas conexas que se aprecia
en los últimos años. Aquí de nuevo es necesario citar los nombres de
Treves, Pennati y Nirchio (44).
Por último, y este es un rasgo que en Italia participa de las carac
terísticas de otros países, hay toda una sociología vinculada a la ideo
logía socialista, que arranca —lo mismo que la historiográfica que
comentamos al principio— de principios de siglo con la figura de
Labrióla (45).

Es posible eshozar un breve balance de la situación y muy espe
cialmente de las posibilidades de futuro de la Historia y de la Socio
logía en Italia.
Todo hace pensar que ambas disciplinas intelectuales, como todas
las demás ciencias que se ocupan de la sociedad, están llamadas a un
gran porvenir. En otras palabras: es nuestra opinión que los proble(42)Citemos, por ejemplo, de Pennati Fondamenti di una filosofía dolía política,
Milano, Ist. Edit. Italiano, 1945 y Forme di trasmissione e conquista del potere, estratto
da II Político, Pavia, Fusi, 1953 y su trabajo inédito Dottrine politiche minoritarie. I capi
e le masse, de Treves, la ob. cit. Interpretazioni sociologiche del fascismo.
(43)Citemos de Giuseppina Nirchio la serie L'autonomia del diritto nel sistema
crociano, G. B. Vico e la scienza del diritto y Una nuova interpretazione della filosofía giuridica di Giorgio Del Vecchio, Padova, Cedam, 1950 a 1953, y el folleto Intorno al pensiero
di Gustav Radbruch, estratto da // Político, Pavia, Monzio, 1953. Naturalmente estos au
tores, lo mismo que aquellos citados que cultivan la Ciencia Política, disienten con la
orientación que la corriente crociana diera por intermedio de Felice Battaglia al decir:
"Desde el punto de vista académico, la sociología no ha sido capaz de desplazar a la
filosofía del derecho y a la ciencia política... Creemos que no deben emplear las bases
empíricas que, a nuestros ojos, desacreditan a la sociología". El fragmento pertenece a
una carta de Battaglia al Profesor W. Rex Crawford de la Universidad de Pennsilvania,
que conocemos por la ob. cit. de Barnes-Becker, t. II, p. 226.
(44)Recordamos especialmente de Renato Treves Introducción a las investigaciones
sociales, Tucumán, Universidad Nacional, 1942; de Eugenio Pennati Sociología e Sociografía, estratto dagli Atti del XIV Congresso Internazionale di Sociología, Roma, Soc. It.
di Sociología, 1950 y de G. Nirchio La sociología come scienza autónoma. Tecniche sociografiche e sociometriche, estratto da 7Í Político, Pavia, Fusi, 1953.
(45)Así, por ejemplo, el citado Pennati, L'etica e il marxismo, Firenze, La Nuova
Italia, 1948, los trabajos que se cumplen alrededor de Comunita, del Ingeniero Olivetti de
Ivrea, en Milano a través de la Biblioteca Feltrinelli y su revista Movimento Operario
y en Firenze en II Ponte que dirige Piero Calamandrei. Citemos finalmente a los her
manos Roselli y a E. Gramsci, cuyos trabajos han sido largamente difundidos.
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�encontrar dentro de si misma observadores veraces y esta
circu¡stancia ayuda igualmente a explicar e1 decreciente interds d.e
ia curva de nuestros viajeros. Pero todo eIIo no toca a buena pa:rte de los iniciales, que es, justarnenter Por estas y otras razonest
ce'paz d.e

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a la que más rgcurrlrét
Esto no quiere decir ctrue piense que haya Que seguirles al pie de
}a iet::a. Porque si ellos ncs juzgaron ¿no tenemos d.erecho, ac3sot
'
a juz¿iar e, nuestros jueces?
?ccorda:: que a veces diic:ron disparates es nenci-onar un pqcado en
nuesiro .caso.venial. Hasta 1a quinta. clácada de1 siglo y e1 pasaje
o.ó cspsñol-es epóstoles de fa i{isr)3.n1,rad ;r nortea:.rericanos cruzados
Cc 1a )enccracÍir, nuestros visitantes no eren ligercs e incurren pocas i¡eces:er..erxor€s dercasi¡'|dc gruesos. Pero decir qu'e todos e lJos
teníen u:r p,u:to Ce .iste, ,"r.r 'berspectj-va" nacional, ioeclógicz, so-ciai es sl-ibia¡.¿¡'.in hecjlo ob-"'i.o y qUe, sin ernbargo, debei tenerse en

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-.,aioi de ca.Ca ur-la d.e sus cpj-niones: Por sobre esto,
,
sin'enbargo, muchos esta'¡an 11encs de tics y de nanías y só}o p€recen haberse preocu?ado pc:: reconocer'Las trazas de su.p::cpla n¡¿cién
entre nosotros. Leídos en ccnjLrntc dan una i-mpresi-ón nuy ,lertera i
i.; c,,-l f ¡e.rza intimiCante tr.nli ei e-ecír:t';. n'r:ional , c1 inter is ne-.
cicnai el ias coiecti.¡i¡lades d.e1 todavía hegenénico Occidenter.una
i,:c l:C¡r dr 1:95f,n q';á ;:,:nto e1los inrpregnaba.n a cad¿ ,¡no de los ciudadancstoe ¡..m pals en la instancia de andar pcr e1 m'tmdo. TaI hecho
es casi cáliicarnente notcrio en lós muchos españolcs que nos visitarcn ]r e.,i si-, fachcndosc castjcismo pc:'o.tuLpccó escapan a.á1 1o;.; franceses con su fraseo del espír:i tu latino, y los ingi.)ses, tan orgul]o
sos de su primacía econónica en el pl-ata.
Pero, por 1o menos, }íciCos o prejuiciados no nos adularon, 1o
que no puede decirsc cicrtanente de lp. coniosa literatura suscitaCa
por 1a Argenti-na del Centenario de 1910 ¡r de l-a que algunos de nuestrcs ma'beriales" son mod.estos eapítulos. Eramos d"emasiado rnodestos
y pcbres para'que tal cosa pesara:¡, p.'Li(lue alg,,mos via.jeros no dejaron de sacarnos 1a lengua, Ia ir:*uensa nayoría nos vió con equíta.tiva
simpatía. Lcs que ncs visitaron con d,esprccio fue ,.rn desprec*o que
tsrbién exten,Jieron a nues r&gt;s vecinos, como cuenta de Anatol-e trYance su in&lt;iiscreto secretario Jean-Jacques Brcusson, diciéndo1e en el
yapor d.e Ia carrera que J-os trría a lionterrideor J' después de recol*
dar que sus conferencias de Buenos :\ires habían sido demasia{q 5|1]ín
ticas y encina dc] n*vcl-r Que con:estos ouebloP inpúbqres lÉ.f Que
gt;.etrtta.cara

;G.;
ño rñ* *#' i *
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+"iPerop,..""_r;
plqqlsi.qn€ sino fruslqríaq.
Anatole -Irrance, eue tántos admi-

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:aban por esos años, era un c€,so cspecial
cono sueLe dccirse.

ptÍpico",

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mlignidad.. Un ser

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:

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junto a 1a
a(¡ i;.ág*n física y huriana
dcl.,país._una
¡,r.ti'pal_S. -U]]&amp;
.nroii*""nte
estable,
estos
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viajeros
:Íff::,,:l-t::-,.1_:i_cabo,
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í,'l:::,,:::, :::":: i*i"."i" "i*1;;
"""".. i."j1111"...

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atc:i:dibles sobre ¡euciras ¿" rrrnli*;:
l:::.1^::se:'veciones
s!! Jg¿s1*=.

Í:3i:r*-

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c';r¿ ndo sainf,;¡'e1¡ recogía
1os nate::ielcs para su ribro, e i ür..¡iali vivla r-e e,;for:ia d.e '11: época de Reus,, y
a* *u osada r.ilrtipli_
. cació:l de ini-ciativas ellnre=,."-i.=iilinque toCo ese lie::vor. no se
refle-:a'deilasiado en sus l.,íg:-nas, se s1ante t'a-s
elr-as er- firiiie
s-:e10 d. r-rn país c::ecie:rtor:si-)gnfc
de sí flisno. Eramos 1]Ol: ese
entcnces una náción d¡ u¡:os Tco.ooc habitantest,
,t""i""rá." -""*"_
cl-c clios.- E n nrÍirero" ir"*"* rcdcn.os:
li:::,n'-í:'c:'2oc.oCrO
Doi.l:¿l e1 primcrc;.'2Lzi.OoO Ia cai:ital_, de l-os cuales
e:':trsnjcros segrín el ienso ce rtBB. E. otra rlii,:ensiórids d.e ICO.OO
t*, :-*pár_-'.-j]1,e .),I.I[.i..,1
l.,1.ír cc;,c la i.u.r..na, e1 censr de lg?a L¡hl. ^2.-^.i-...r^

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s,3i3 .,i1.¡3nü:l J ,:icc Ce v1c:rnos y'dieclsei=
;; i;;í;;-;if;";';;;,
cnnc tcrl';:\ sabr:nosrhan,sido r-as nás est¿¡.bles ¿e to¿c ,11
período'c1uá
', t€indrf:rligs qlle ¡b¡.i'ca::. E1 pres,.lluesio
naciona] n,.,.uro, pcr Lu10s
15.0C,).CUJ Ce pesos ..,er.lade¡.an,ente fuert=s (¿e-Zó
Jfi""..
;;';rorr_
cos habla uao, dr:,:16 r,riilones .]e ddrares otro).
La ¿euana ;r";;;cioneba casl d.os te:,cios :rie ]as enlracas, gracias
* on p=otá""i""i_
iüo c(ntra el cu:-i :ig'.mos esp:.irolcs e
ingleses tuvieron trenpo de,
orctcst;r airqr,'anent,:. pcro no todo .";-;;;.r',i"to
,oru er extranJCro: los que,vivían dent::c d"e1 .país
auill_
nero de propietarios (5+-761 en total).a*
"o,oproraio"
"i ;rr¡fr¿
,,** r,i-queza
inmuebre que
u-r espa.liol registra en ZTZ ni1lones de
duros. I]a tierra,o *Á_
be tcdavía por 1os ,cier,os: , saint-Foix iecogia
autou-[.ii-rrj"Iil*
su precio en unos.15 a 16 rcil pesos
sueit",,
"1a
1a* fgéé k.lijil"")
e3-_Sur y eI
de 10 a 12 mi_r, en .l
hoy, Ia
1n
-}itoral.y
tasa del interds no era baja: sin garantía hipotecu"io.
""i". Co;no
auri
sin
plazo fijo, podía subir d.el 18 at iA% anual; ias-¡o"or"5.
hi.pote cas
redituaban del $ al \{o..y, para terminar con otros
rubros, eI
ejército, t¡rn ternid.o arÍn (T¿¡ss no era *grroj ;;;i.
12oo honabres
ccn 2oo of,icial-es y otro tanto 1a policía. ¡ln¡í" 2go
escueras
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Dúblicas y 400 privadas, uientras la Universid,ad -tcdavli.r 'rviejattc¡ntcníe 6OC estu.liantes. Pero b.ist: oc cifras.
Sobrc rru¿.stro ;:eroueio :J::uilua¡r »js¡.fante :,. -conc sienDrü confied.osc tlesi:icnó "Le crisis dcl 9C". r¿ui;anc, co: toCi su autoriiLd ¡,- cl
n:.1.;grarl"o Üarlos Yisca la han estu,].radc con cuiCadc. llle seencial¡en
t-- u:i:t crisÍs cle dcst i¿suri c3;.:culatí.¡a ;' de infiación c:iprcs, rial
'.¡,ltiri;ts, cctrio ira'or:urrido cas,ri sieinp::e, a 1.:s ttrsucas oscil-aciones Ce
i¡i eccnollil: iout:.diaf -¡ a r-m'irrnejc d.enesrad.o rlesitrej*ici-ailb dc los f,-:.ctci:e-: *icne'uarics. Sain'b-l'i;iz" qlr.: no tu.vc tlrrr,ijrc d.e rlntempb.r.lilrp,-rcs
sc a]-e.ii,.j.i:l- iaís a1 fiio iti: Iii8!, apu,::.tó, con-rorti; }t cortesí¡-r del
:;il.-,.. i.-:l:: ("lll;.: o_i.; ir?, cs? '¡:n l:cl-o:: r.ad.a C;s..rtcncíble, e'-tu
e,:i i:.-. su.i, rii cir:l-ir:-d. l:, :-'clii:rd cfe l-a.r:lass di-ligente let:rada.
.-..-.rJ; s,,. ;.:.:;,' lt-:t'r- tj-: 'i:.-,c.: -; le .;i:.i¡¡ntirJ ..i:rl lrt.r.r";rn, :)os.-rc sirci:.'c:ri-f ,:-: .":rl-ci' ;.= ;-: ::-:-: óst. c¡,dc ',Cia l¡: engcl.ada gen,:I¡¿Ción
:r¡¡¡i.1¿3arli5 :-" ic :,,,i: t.ti:.: ar-]l¡.pc c.'.r,e r:r'estó ;-luS
lcmbrcs l..ti - cf:-..
cia-' r-.e pa tt.lll .-r- . - :--t-'t: ;, l?-s rel-,es de iir.lrstre ai,::eo .;:.ri
l-:t:i iiic-,] -i-',,ls ris,, :c¡.1: : .::!_ ::..-_.:Ilia;ie_!12':iis¡_,i_+:g-§= *ie
':'j.,.:-i.-j-i .-:_r:--i_.-l .::-*,-:;,- :-.-:.::L._1 _,-i=-,,::j .¡ _]_,l.,;_-l1tU,j :¡ir..tl:l
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l: g1-gl{§g-gj,.l;r de }iistr:19{c-¡Ss _ fi _q1gglp_s-, ],3*p..ig1q3 es 1q,r¿1l¡qie
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"*Il'+a pe:'o je llarece una cii¿daii iirr_ierta. IrIi -,¡e peatones por Ias
c¡.] .l-.:s li. qtcc. ,.-..:;,:.Cc- a:::.t., ,i: t..:: lr:t. h--.cc....t i.-.ti",-rtl:r,t ,lc¡ r,u.ti,ot-:. p1.,,.-gr-:rtta l¡. cau.sa y'1.: c,-,1+;e:t¿ción .1" ü l"iui"*.
U
ii"r"ciera
"ñ=i"
que está en tod.o ]¡ u=n t Cas I.-,s fo"o{*i*=t"-n; l;T"frE"g..ior
il;'
1e picie dos pes.rs por lievar un bultito r.rn ccrtísimo i,::echo"
,

�En ctros viaje=os -sobre todo espafloles- y
esto hasta nuci,o
cs l_: memoria de Reus y de sus-o¡ru.";";.-;;il"._
rí ro: :ínticans:^tc e1 espectácurc de ianta a""oi"."i¿*.
rctual t'irncrrrt:d c-: Hunanidades', recran"¡* ro"-oj;;;" ltruestr:i
r.¡ d.esde el ¡ncnento ¡risno,l.el- desembargo George C. "rár""r.¡"_
Morant en
5r
1t'v1, cespues d.e endo.sarncs ur] &lt;ispecto o::]-ental
(1o q;e-; u='*
o-leonaaao), :'ecuerda la rrconp*r.RE'de cbras pú¡licas,'';; ;; ;;*'
pr6xiao t'ir. casel' (asocieic áe neus),
,,*"r, Hotel,¡
"";;";;;*Jl*
:':ci-ér construído:v no ocupado arí,, pc=qu.
(r-,o u"-r. ú]tí*r.,,r-o,
que oiríauos 1a e:i:piicacrón) tos o,..¡le,
no =u hebíar podiCo ex_
tr:er de la idu:na, 1o que 1e resr¡-rtaba la*entable .sabierrio, como
s'ioía, que e} repertorio rrcrelero de la ciuriad deja'ba
qu: d"e sear. Un año d.es¡ruás, para ,,rel_asco deI F.eai, bastante
el E,jíficio
se ll-¿liaba rtlicter victoriarr, con tlp§__plsos sotaú"ar,.co
estir-o
¡,I.,uis, JL perc tamro"o f.*"ionobu.ffi_-lñffir1.

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.ü_&amp;__d:,_:¡n*ryg]i3l. Cuenrl.o et se aor
19O+,i" f*,r:1r"ab: aI]í fa -tJriiv.-,rsirtad, que c1 ser..i:l¡_iror ,rn s..r
_g

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S.:++" o"- q""t" .
no decir pl:r,giario- üctario Velasco d.el Real,
-iuzga que los dos
ba-rios de Reus representan u:ra arquitect,arq eiótiua.
pues verdade-

¡'*S$S--Ptre!an"

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qt §.4.i!.qig-rxo+, ry !..
?e¡o ig"u¡:lme:ite los cos barrios qr-Le consir:;i-era, Reus ar_ su:. y
iLl- no:i;e,de 1a ciudad nc só1o fl:-eron obser-,,ados.slno.qlie, _tarbidn_
sr:.sci-tarcn curioss.s ref-rexicnes. El acre recidn cltadc
:il,ers los
3¡
ve sir puertas y sin'ente.nas, abadonadcs en u:r estado inconcluso
cc.§-]ry9i1une1fu Ce eereqia locura. Pccos airos despue=;m*A.y---,c s"*r.¡iffi
an',-"
po, slr
pulcritu&lt;i y e1-egancia. ;rI penetrante Teod"orosr"rr-"r.*aou
C]:il_r1 el Barri_o
* resultó d.emasiado europeo e -inopinada;rente- Ie hizo preT-:
-t*
- u
-r¡q+^---- '
'to= ¿"-¡ui',i.
-r

ne1u¡re, e1l uill
casj- inconeebibr.e ;E-*
*^¿"t""
lsfueizo.nental""estilo
"" Resig$qogrLado--au4¿-§omo tampoco en Europa, ningiln
nuqyo.

�pues. a este -g!g-E!4g§'
iiños rirás,tarde, dos viajeros españo1es record.arían a don Emilio
Reus y Bahamond.e en términos bastante escfarecedores ir qlle no'sá sjse iran recogido. ihciá 1904r Federico -kaholar visiblersente vinculado
r altas esferas econónicas, evocó a su colrrDetriota y a su socio Enrique Ca§tell*.rr en su propósito de convertir a i.ontevj-deo en la estaci6n veraniega de }a .irgentina, ernbelleciendo playas y adelezanrlo
instalacicnes Ce baños. lnvocando e1 testinoni.o del comerci-alista
llalagarrig* *"o"o cot:i orgull-o que P.eus fiz:aó'.rn pagard por $j7.?OO.OS
ai q,-,e nc duCa Cc c¡-l-lf'j car cl ma.-/or pag:rÚ q'rc i,aya firnedo un .P|'f
ticul'..I cn.il t,.indo. Y:i'is dc cuince ifcs *ésrjuds¡ el veteraro pc.rioá.sta nnCr:j-l.eñc JcsJ Franccs Rcdrí¿luez recuerda ]a ronántica escen3 d,3,sr-r á-r'igc Rers .ante la turaba del i'larques rle Salamar.nca, el
í7err biitlqttero.españ,:} dc ned'iados C¿l XiX. Rtus, con acenl,o con¡:orri
ác- h:rbr{a e:;laraCc (con el- prcvisj-b}c áifasis d.': su tien,i:o) Eg[o ¡g¿
..i,-c scr g¿ .1-.¡&amp;jlgJ leliz q-lien. r'ar---i:¡do Circro, cnrbü fq-g§:.
i:,ict,-lj:: je irn país. Y ci v:i'.i=i, .,1Í3 '-,s ur- 11, rg:r ;,-istoria, q';e
e:!'a']-¡r- I purto d,: lr.,¡.cerLo
Reus -1, e1 rernolino ecc::,ónico qua susc:-tó narr--cco ccnd.ensar osl
cisi torlas ias variacioncs c]-u llQu-el tienpc. :lpenas el I::.,,'.ngr;]o '
'jcll:brini., conrlna snd.c I - ':l - l:i-ón rr.'¡: "].r:ciii ,1u .':.,r}io .ierrer.r ,r
Obes refle¡io3a conicrnístrcir¡rente qt-le fut, eit-rg:ido r.iacificAqqgle.'
.ror,:1 voto incruento, no--Jigo -Lbl:¿r-Jr:-*c la lilliílg]-.fect'r:'í]I
pasido todavía eI Atlirtico. T¡,i':'il el brioso it¡l-iancfue
J*ro
+- he
. -+1.¿ cic ios; funcrrl¡s,l: l,jxi:.,c ¡,:nto: +t t?:1 , cxprre:to ci -lu
¡alacio con honias oficiales itero rrtr"c 1: e4eqrqció¿-Ég¿-2r¡.uile-a=1:
,E gtq.§o y 1.r irrobt-ut* du l-os-Jr"t"
quias frjnebi:es de Urán y iiartlnez, calCos en la protestr: del Q,r.rebra
cho (fg86) cilyos cl-rerpos fi;.eron traldcs a i',lontevid.eo pocos d"l¿rs despues del sepeiio de Santos y que iPqron'u"'s::--tados por una gran nul-.
i-a de lionor
tÍtud_ UC rrue}1o .,¡ :,'i_¿ilados díe .¡ noche'
por
I
q
coL:.ru.rs_tj'.
iuvpltu.tl -]+rr-tgla¡,l3.
i'iu;y escasos son ]os testiraonios de1 acaecer uméfüayo desd,e .':stos
tici,:pos l,asta los clocc decisivos añós comprerrlidos entre Ia elucción
fin de ii, segundo F€de Batlle a su prinera presidencia (t9O1) y
vi:jeros cobra un velor
ríodo (19ft). ,,qui la contribución dc ios "1
excepcional y una riqueza de l-a que, infortuned.anente, solo unas por
cas iluest::as'pueden, en Ia presente ci¡cunstancia, ofrecerse.
EI catllán ¡'eCerico Rahola que visitd e1 país entrc el P,rcto de
l'lico Pdrez y el comicnzo dc la Rcvolución de 1904, repasa la sólida

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�r:ase scbre l-a que

eI trr¿guay batllista iba a echarse a and.a¡.
La

t1Í,, !L*. y_i]ión de .h¡l:it:intes)-. ¡,- or ,ror,ínc; ;;
e..ncrcio
(i3 ..t¡;ii";;;
e:-te::icr
¡¡¡"il;
;;""i;;rt"ri"lil"l!_
,,;I1."
.r",
en.,1.,í"i"o
=i,i-,",-.rdcs
o;.-á,r;;tr"lo,
lll^-?l:"-.
. 1905. y
.*,,ii"
r.rcn'i.inr en
(pese a l.r dcn;:csión ,""iin-"""ol.dada)
c1
lT::'l-.'-:t.,'.,iesde 18?._lrq sa-:,r¿",,-orstan-,,+ r. ;,,-ir;"i"üpF
j*r4zq dql gouercic int.,.r'r.ffi..cl
q*e en 1a
bal*n za a.---leE9!-qfffi róGqu u re prescn,.a
lo o"irr'" ;, ;; ;;
por p"rin de- ]as-ilcc"p"Aí,."-"*i¡-"¡."r=-r";;ü;, ii
".i-r,.,cias
''o**rlizaci: uostrr:"e batrrist:
á. ro otcrgrrl""""==io.*s e r¡is;;ra_
Cic:rqes cr rrI u;:turior. Contr¿ to¿¡s ;"t"=-¡f";;;;;;;";
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dci 3sl2]r.-' tlr turbulc::':tc. cr;,r f], a1 nodc aJ ro 6ffi", 1aetri_
,
u------;q*FIñJá i, iv¿. insresado .it prí='p"r-"r
luf ,,i:,t,',r
sa1tc,
1a par,r.rizacián de t.*i¡""",8¡rocár::ireras Ie
an i¡c :cr1¡.id"C
"*riir"t"o
?ue cn :c¿ucl, Lntcrrcgr:o prcsirii:i i;- ;;r";;i-;;;;

;: pl te*o:: gencrali,zedo a la::evueita qu.e no tar.d.aría en.esta114'?. I'iás tarde! )r y:r. en i"ionte.¡ideo, visita a Batlre, que recilc :1 ccon:¡ist, es,riicL sin prodi.ge¿ _prltbras, o ir"r'a", iro,..¡*
Tiene futer'és .t t;jió d,e' qG nai:or,1 pr.".bie ra en ,:r r:ostro
'-l:.u: tl1e ,iit:r tlÚ-+lizg
: nás
ducos f es su int:rprct, :ión dc :.ti.lbui:}e at Cesistrtdc
fin Cc
icia: te Borda y a1 flestierro d.e J.rn Lincc]f o cuestas {así ar nenos sc calificaba en 1o:; r.icdi.os di'¡Lonáticgs de i.lontevicleo
el_ via-J d€l- ex-lil,*ndatrrio e'E,-rropr-, 1o que no deja fu coñsti;+uu" L Já-

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sir¡rific2c'5n).: ,,] ¡:rácer, Sitges, sofa_- ;;*;i-j.l;;;;_
1:,d,fuc.:f
. 11e,
centro ¿ó la conversecidn áef c,.talán;.;,'-.;.-;;_;;
. tm ¡oco nf'ecto a soltnr ijrendss.
.rob p6sl6riores via:irás der pér,íodo visitaron el país en tienoos de Ia prcsidcncia de r5lrina-r (rgoz-rg[)- r"ro, so¡rc
dife-

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rencias dc persorralidad ;, de estiro gubcrn:.tivc, toáos sirrticron,
en nayor ü rnenor gr"ado, er- brío ¿e wi: enbiciosá, ,n" a"Jrai;;
;L
pr:§a política. Geo¡ges Cler:enceau, *81 Tisre,', cl ,,pdre áe f,
'vi-ctoire?t,ql1er
'sin áribargo, todavía no, 1o *"a y sí solo un porítico qrls habí¡. salido bastante ensuciado der escándalo del cr"rr-J"
Panamá hacia cl- fin de siglo, Georges clenericeau, temibre
, i":

�* or_t) l?rgntirentü con
-t

.e 1.,

cl

rrrugu*;1r

=n :gcrsto dc ]91e.

Di

jo

r.

:rz,esiilent;¡,

y¿-lissicq§&amp;Éqr que Ie nrrcció
;{1J..,.=i.5v1¡+:'r
¡lf{.{rI:.. 9,, CL,¡:'.._j¡cfC::es tan .r.r-ofrq

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r:ís t.trlle r.,-ri ser:í:, r'e itrrr.ad:. L!. :beliclór
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i'odo tiiy6, q¡¡.,'c,:;nc.._,der.'ci".*".";;"#;;r:;.j;:
^'1:r":.,,].r,r.:les,;'ji
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eil r'lti::ii-Ci-?. nC, h.,:.bí..r, 11,,,:.r4c - r,,it"
t-nci.li,],t¡l,tr.. cr¡j.r corquf=t-,',.i" driíci1.J 1^, rii¿, ir; ;;;;t;;;;"
Pi;rc tcoc nuist::c urugii:i;r ucI+ ur--.:.ctrvc borbol-l-ón
i' '.i,,r,1,s -- dr. crJ;',.,ctts .. il.rstr"a.,.ii""-.1;"
.:l-r"iri=
,.-Olr,
-a"-r""á-Ii*, .u¿ sól-o es intc_
rcit.lni;() cri.:.r+o.,*.ir1 rru.is1,f,r r-,.:tu*l-e
zu,
ri:-ry iii:iqo. Lba en un vagdn.c,:l
=arar iur epÍ-sodio
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;r,-,' a I1i r.c". y ri.,lt".=' ;;;;;0.'
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ixt,,rc,"r;r;;;i,

habil;ren_

laLorrr;sc;

d

cf¡-scs ::ocialcs y h:st:, sr¡|¡1" óp,rr*t,..
Con :sonbro avcriguó dgs_
¡c:c ae
iiotr;t;;;""tevirieo
'r3rud'-'nt. de jor'rero'' so
";,:;;;.;.,,.*
j;rrzuntó orton"¿s-¿"ilporu"tc que 1- l otro
'r
irír a
cad.r ci,rledano corún ,..,""Ipo,
.l;=;:,:,'j,.':.::i:-*,,,n.
de
hablar
conc
*,,,,.Lr_sjirJ_lrg'¡'"rD le todo cstc irrrvc:', err ter- v..z
cfj-cj-ar de aouerros años Ic qu..,,.í" r:Ái; lz política antirreligrosa
tantes. Es cJ:¿r..r que cada uno.de el_ios,¿eíai;-;;;;.ión de r-os visi_
la cucstidn a travds de
su peculier c'ista].
rinetofe Fr.mce, por ejer.plo, en su
conferencie

Fa

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:rud-q qi,.e,-.ij1(,er¡.

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d^l itPolíteaüatr de ju11o de I9O9 (y po, la gre cobró d.gs, mi1 pesos
cor,tan-ies y sonantes), oédicó Ies tres cuartrs poitoi"de su ¿iser-taci6ii :. ::c.nse jarle a 1os uriq,u^,r.Y9s cdii,o separir:-Il,igiesia
del
-jtrd¡ s-ir r-criister,ci:ls y s"in vio]enci.rs. por el otro cost.tdo, cl

Frfnciis

tanbidn estuvo en e I Lrrugqey-por
anotr agfiareB-te clue de todos los paísesrdel
"ilti**r.tu.
*iJg.u'üit,.'nq ..',,.il'¡"l q.rsr
n}
",,ui
U.-:*: |iestl "ol -qá¡ "E
q¿i, pero el ateísr:io
realiz¡ e-viCei:tes i:rcsresos-lg-,Igs j¿¡Ilos qJl4o.2:a,
dos*-§;di!?n tgrlos 1os viejos luqrrcs co;.,uncsje, 1,1 plensa sect¡.:ia
;i-:,s-En§g, -incitanilo, Ce paso, a la violecián del te-tto constitue jrn:.] dc 1rJC, r:u.,' ex,¡Ií:lio c.n estr nrt.crÍa.
I busca h c:u,s:
d;.' Lcát es-t:. agitación en el inefable co:::odin der ltcirrácter n¡eio-,:1": I cs c:"!.':i'crf.s gqse_cn l¡s cuel:C.¡.dcs y defcctos do sr.rs trtcc-;¡s,.¡r:es_ casj_ql]¿nos. hldolentcs l,L-vgliicloscs p'or rralur¡féá=,. conpenfs.,i-s.g!§-_1lllrg,t:1-'il :¿ :gntüacE§_Jf. r. una a olles -ti ex q i;.is j. ta, senti. jl-¡!-5_grc '-1i,&gt;r:i;cc:_.:ji-__!§yuro_J todr lru.cbe, Í,:.{s 1}evedos i
q
J¿X_cx¡=*io¡eqil:"1e "
d.e cr:1eans-Br:r¿r:',n23., o.Liri

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Í.i&lt;rir,Fo,

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lr"i::-i,;" Lrs i-rri.:::i:j.cs ab:-¡¡d-en entre ellcs.
-í, ;t-1 1,¿¿r. c} in¡}-ís Ji:ler lr;r.u, rlpclitical- scientistt! nato y¡,.
,.
irr,r ,:11o, 1¡:ls p6ir.i3¿1,
- reflexion: rÉs ab,:irc:dci..aaente; #La recu::r"e*ngrn_cgsj_ t¡jL{g_ r!!fgetl"§_ J3 iqnsor, g_-a }_-e_ ¡:ovi er:b re de l-9 1-C no
j,:r:::¡X§fdg_j*_¡iobierno +eI Lir"isri.r¡, v e.=to d,sie varios__aircs a:r{es
Sg::r_:¡sr_:Srr_cl- e::iul¡.r ,:.1 de ll ;.rgi:i:tin.:_.qn¡art+n:rss=_pp línca
qQll l§'orj qn !qq.q -ef or&lt;¿gn ¿s pl.anes :¡:i-nlg"'r.rt.vcs par:. i prc¿Lrcs*j_.d: t__cCucacién l¡ e1 o-qsa¡'r:gt.]-o de1 país. Só]c en dos aspecq..
eS }agelg.q]ia" Bn"
_,,.r-__fl os. Es c} 'ílrlj.cc en B'1. cue-] ,tI¡r,cs r jdcls tendic:rtes t-l- so-

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e¿ gUFtc de hos tilidad_. .1¡quí. sig embergo- un se ct or def- _partijlo_

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d-g.;fryitc es iccl3r

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arigcji_Siancos luln es_lzdo t:Lrito Jieqjrg fuera del-_!gdei,.sino nás bi,.qá: un cspíritu qur busca golpsar y e-lj.ninqq a 1?
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Ce re-p:esión. Unc no ove. sil- ei,-,b..r-

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LL-I-Il§__3._4-,__!e Itr.s r,:¡!q &amp;_§!4giíqiq?.,,1úo

ni r,:.:i,:rr c reda:: :l;c:;e::,ics de l:ersecuciones serias Y c3',laces ,fe -orc-,,o*
:c';T cii..¡ itdc g'.ie l-a era de las 1,.-rsecueiones ],ra Cecli_naba cua¡do
:-j: :, r.€Lgrlos c orl?! ??,. r.{r_ s §s l l sdgdg rnrr,¿ntq pgb. l--a43g"
il:r;iép 1e t-ecó a Br;rss ser testigo de 1-, tentetivl r¡,l'olrl3i.¡¡1i¡ir¡
1: :1":r.1;-( -r l;li (r e1la sc ref icr¿ cr cf textr: ,:nt.,rio:.) ..' l'. rsr:..br'ó la calü¡. r'le la ciuciad. No oaugó gran excitación, ha,bienclo -.ilo
:¿gürd4-a._¿;,r ,ssIE4gLl,- }os pe-LÚd
a-s§"']?-9j,§*nrl_regg
le'1o que e,itl,-':l succoicndo" Ellcs t:itpoco srbí:.r i; ¡"c-lo. cuestr cue
qql3.Lq s._. g[
.rg_eg:€Iig,.§et _.¿l¿ t a rca Fb ía.r -glegsur¿x]rl .jlgqs _1

"§_
Ilsta"gin,e¡i,b¡r.go, lr.ábrírsiüo:r,rna rrgJ¡ po¡re razJín
pára rg "*,,a.""'rin j.s tIEr g..r*ti9iaL.j@ra
t -\, o§_il]]r dei're + +¡e_:¿
!tl-c.)nc.i¿ E*ry_O"=gracijd.,rnent-e incaorceg dc -¡e-r .la{a y pqcígnoj:
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dc _f_og_,,,onter¡idcanos.

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riosarente.

tlnto n¡,tivos co::io inglgses,

qhocói,.c c-.r-

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cu

lta

te, .pero inteasificada por estos ticrspos, no es ta:poco dificil dctccirr entre;ruestros viajeros el gr:n tern d.e nucstra',consistcncia" y
nuestro dástino,cor-ilo'nación. Casi todos sg...rnireven entól ima pendular
.a
rcflcxión"
LTna reflexidn'en }a que const¡ La o-r"acariedad de nuestro
naóiniento cono.nación al ca.l-or de ]as }erg,.s v-istas ae Ía diplornacia
inglesa y su ruíxri:ra innortal d,e1 I'c1ivid.ír par.. reinarrr, la peli.g.rosa,
aqenazaid-a exis,-tencra cie ics'i'esiauos..tapones'r y 1a pernanente y cualquier cosa i:enós que ameinadá inter.¡ención de Brasil y Argentina a fo
largo d.e tocie nuestra historia" Pero la obscrr,'ación de nuestros hon-

Fa

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re_l-LgliL_!,.i¡ne. Ta] movimiento no parece. del nismo nodo qr:.e e1 d.e
ideassogiglistas- ser r;gproducto nátural de1 suelo uruguayo. Ábí
ccino 1a prQpg€ind?. erl,s.rqui_sta La si_do traída recientenente a 1:r :irrTcntir.: por iryli-grr,-:tcs prcci;dcntcc Cc Europa. ,:sta :"acnos ficra cxprees tírltu .r:errol'"rcionario l}e
nte el..se1l-o de haber
sido t,respiant?da'd-esde aquelias regiones del sur de Eur',:pa en. l¿s qi_re
Lc¡_de&amp;4§ste_A_dClrcaliibio col'herrpian !.o s6Lo q. la IgLesie Ronana sino
--!--lT-7---_-a Ia ::eli;j-ón rls¡l: gcno hcstiles a} pr?gre-so v a fa reccr§-lruccilón
,r
*,a -r*'."ar*r,:',.a"
fUlai rl.¡t ;rUi-UrlV .
",-',-".*
nc-:,^,no_ s:r ;+ ji--;ro
dr r,'ri;.¡9._l=,ntfSl__¿c.i cu:l_lg]_ínilc:Iidc lci¿:.:
qj_i,:ji-jlc: .:-:_:r!í,':-'=_:Jg" d:Cc q'Lc :1i. lertenccc, -=n tod.,: l,¡_qr;e
-t:;n._j_yJ:I_i!1._:I'¿_j.+:x " sentido Cc l,r vi-C¡" ;:{s b:e:i: ?f si{g

1L

�rccs').s ce ::t j-r'i:tr¡r t.lir,jri tlrr 1 esas ir-¿ail:,1,,:ú_il.:¡,:.r
'. i
ct;o l-rt:-cno dc s'-: ::oiir;'"ción, csto Ls, un r.rclienre, .Í.'-ir.r.: c:pí*
ritrr l.rcirr::1 . c-1.:r..;rice.:ru, con :r. cbvir desec .fe h:',:¡lr, o=
li e su rasaje que er nEcionalisrio ¡:rd.LÉnlq dq-l -úrurlua:r
",.oqq- Llqn¿
i'')!,c.Úc dc enccnti:ar'É": en

Ed
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. ¡ ¡.r i r'¡::r.tir.i. vclvía s rbrc el tcl r. .ic'l- i:: i;rt.rnio u=u.g;:-;rq ds
r.:,.'Ll .:ntrc d.,;s gler.des nacion:s disurltst,rs -, .:o;--cvcr rcvLrcitas
c.n sr seno "¡ con grai]dcs col-oni,as tru.:r-u:;"'as plcocr:pedas
¡cr fav'orecerLo. Y asír cono en obserraciones antcrlores. sa esboá:ilb¡.
e :- tt ¡r^. dur:".fcrc d.el, ,'.;.rL,Iig'; isnci' dc1 p:.ís, a:-._rí .iespuntr
ti¡"-án otro d-e iarga vida. E} idcgl del ürugua.'¡ fuera-se.r la sui'ua-üc-jnáripa-getiéi¡larla .rr*L.ri=i ,o@con

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!¡l3r,,lehteiii,n,i! ta rn.l;or" ¡._utonoñ:l{ffi
ndr,,icr, tcnsabr e,, of ,',.¡i,
o1lo que pudieia tencr 1a
zcr'ie cel, iriat¡r c'-i:ndo este fuer': (a a""p"cño a. ilu irter:racion:rl-ietrs) ,m *u' iilleriqr. pero tsirísno, cchr,ndo su ni-radr h:.el j-rasador ird.vertla trazas de que hr_rbo un tienpo que 13 Ee_31a
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so1.: (ei-rn.l,,-le esri,:,:bln ccl.lerrzit.ni{c a's¡;r}o i:n e1 l.tis¡lLo .zill,':¿ -L:i''3- en q'i:;
l.:,h:l--. r::r:,-l:rt.^ s"s ;ci :. .; .,ln:s).
Pe ::¡ ,.: l-' ':-. :.:::::Tc lijS f i t-¡,,1,:-.1_-cs .,1-r: esiCs 3fl¡r;i se gnl¡.;¡r,¡l¡-'r .i tAIl
r'i:.1:,: :.''] .:...: -:^.-l . ;'js: i- -..,-. d,., i:l' :--''r.t,l i:-:,: ,n:.:--¡'t .r r:. i'{,rldrt.',.:-C,l d.e l--,i,.L uil-r.rt.tri_i, Si.:! .l:,,,:,:l'..',c.':-:i1cs sr-tarlel ser: b.ist¡::t... arlicn&amp;S :,¡
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truíd.', !! ¡ .rar:1e Jit,ils, híj: ¿e San =ioli,í d.ri Griixol-s, ,'hoy'r:n &lt;r.,:dspgia rlesdt, l-.,, co.4s'i;.fucci6n da los; 61r:n.Jps rll-c.ues deI i'uerto d.r
llr¿.n¡s iii¡r:s, Y registrr.:'b: trrbián qu-e 1cs sal-dóiás ¡¡á inbían silio

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lilo ir¡r1os tor:bb¡::: ccn ta::tc }iuieor cstc: ri.sgo crpit:l de h política e-.rt:,t1l de ir ó'.cct, er:per=i-rCa cn l.cvantar u:ra ciuCscl de gr:.n ca-

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gf:,§,!I:i.ili:,i§:*r.:-93lrl-ii:u;'re i:-n*i--il_tr,!el],j- .-t3e-1..irll.1#&amp;.-"'i¿';is--¿
rtj.jf¿irir:,ig-;]i1;-5.:_i:_:l-¡r,.1.1§.-,1j- .il-p_qfE-Jjj::iAj¡;1]g!j_-W-J¡l?¿ in

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*c suÍ sub,;rbi:s. H:.rruurton, visiLler:,:ntc v:r:c,;1::dr-¡ r. i¡tercscs
eiipre§:l::ios británicos, se rvuif-:stó iupqcs:iona4o por ia ener$lA
§.tj- an cl c,:,U.riteclnie.nto :, r;,:ranJa.*ent:, l: tr c:u¿,1,:. ".on-sTierani o e ] i:c.".e l- BoulevarC A:rtigas ,.ma de l.et ruás heglcses v{as1r _ tr:í:r;ii: J::l c'ntini,nic . :'ar., t:.n'cii: ,'..:cucrc1t, cln {cidc lcn,reie, el 'rnegocio de l- ¡tsfaltaderr, et1 cl i:lial- s.u yeclnz(, ).i ¡,fert:- Oe iinil garlrcsa cu"i'opea, ie 'tpre,stigic intern¿.-cionalt' -;- 'r'üt e:;!:i !r-l-, r3tr r,,".1ió -i: -:,1'-". l'u.-, ,.ilce; 1tlr.. obr': i.icstrr Cc1 rio-r,:',cer
(O;: 'r:ot*t:-iir-it"),
1i r.r j,.iic'¡jó ncr ^rlses Lcvrnt:.d:, JJ. rtvi¡ientc y 1,.uera t)arte dcl ceiiit'o Ce 1r. c:urlad se ltizc intr,:nsita-

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Poccs fucr.,'n 1os vii:jcr,,rs q, no háynn intcnt:,lo dar una 1r:lrcL
1r,, extrricriclad. ¡iontevideana (ha¡, entr.esijos en cada ciud.ad mr-rcho más in:':presrbles)" Caaa"'ün." de esrs estailpas yr especialf.lente, sui su-pe-rposición, 1;-;.ieC., poseL;r Ja vi:¡iud-de e je::eer
.l'ry ,rlr.r:iados e feclos ..
Unc de el-los, curfcsér-osl o, es de c:.ccirrcinros cie:;o cotnpiLsivo.
tc«io, Cicrtt silt-.¡:trr s r,urolientn :, un :}gc Cc:d-cñcr,n TodrS 'esns
ir,jien¿s.tic"nen --si s1-'lic'nc rirnótcn¡ v h:st1 uri pocc :j-dícula que
ihul.ill cn irs fotc¡¡r:if í':r d,-i cerício (y qr. : r".cnu.ió adom.:r,
(., -i.:+.xplica€sa,s lilros)
.l-¿rri¡,rs ca lls ii'.r "'É : 1..-o por
-o1á.--ri.os
l::bieral.
11:.,)li*,e )
siür,:lru v cí¡s, \,.c1í s
..-Jo r,ür,r?.=i
"ra:
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,r;Lr sic rr. ic obsc: i.ar-cie **rivct'c:.l. Cli,o :: -t .irr^.as a Ia hora d:
tulin¿ s cln rl,funo,i ;ílb,rr s ill¡c nos ..llliEan 'l ver^ nc son fc b:s.tttc ccrcan?s ccnro p.ii.r .recrnocertr-s er :Ilas ni Ic b..si;:nte drs*
'u¡rtes,
lrar.:L re.:rt1ü1''llos j iustrcs. ;r1go r.u.y distir:tor iro:: cier*
"Qao
to de 1o qu.e nos ocur:re con cieitós daguer:ro¡íÉos de nr:estr:.s re"Lrrlc:oncs C con 1qs acuaXclas ¡r d.itujos de ua Vi,le-]., ,: lr,- ,4rs
o u::. Dt:rastrelo
f.ero tamblén J-a superpr-rsición de esas in{g;enes cobra s o pugdrvd
c'o':rar- un modesto pero trfecti-;o v¡-;"lo:: docunentál , ulla condiiión'
C.': eircu,-cstq, ur¿. curicsiCad de scnCeo. Porque )-o quc todos núestrr:s
,ie.iercs vieron, fo orre toiios- subnyaron, lc que todos coinciüieron
en elogiar es de algirna manr,,ra e1 i''iontevid.eo -y et Uruguay- de hlos
otrosrt, aq'-rál que existía para todo eI encho r¡rundo que conenz=;ba
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- - - . u' del- hábito visual de los niontevi-deanos, d.e su rutina judinás.:rILá
catir,,a¡ de esa faniliaridad. ccn las cosas qué ttega a-hacémoslas

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ciud.ad.esencialmenteeu::opcaer'suaspecto¡rn':'turaleza'-larae+o-s
aiirraría tajr:rtemente e1 francds Honoré y
@,
te, europca por su aspecio. .casas y cgstr]+blqs'
ffir_""up1ir"id
eunqlre e1 ténnino de PetitoPa{i""""_;.'i"ci*" "" E""ho.u.*rc
sus 150;OOO habitantes de 1B9O y pico'
Ir" fr ffia
ñteviCeo, ciud.o,á coqueta, a.legre, pulcra, s-¡.rtÍlr linpiar fresca"r'
piirrpLr:rte... f"¿ou estos adjetivos se cocipl-:cla¡ en_endosarnos. l{o
qo"áárrao"" ccrto en coilparacicnes, Rahcla nos califica-coiro la.iluque es
Ja,.l i,rás s,:rna d.el her,is&amp;li-q_-austqqL. Har¡,,rertoYr, ccrr palabras
qu"e
flotaba
y
t¡g}¡g
ñ
llnrcaban lii
iiiii,'rcsionista,
nenos
en
tren
mucii.os,
¡.ire
en nuestrc
iis*bida c¡"irCaci d.e1 cnplaza¡iiento gecgriflco Ce 1¿. urbe y l-as. excelencies ,:ie es.1;c c1:'trLra nucst§fi contra el que tanto sOlenOs ronrjgar 'rlero
p1íi:lbeo
que pars etlcs corr"r-=tíoZic,tocar los'extre¡os dr:l 09 o e1

tropical. EI narino es1:añrol jlernando Yillaa'ni] dec{a,
psr clq-licnto,... Mc'n!iu[Ee-9sl.l}nL@ó!
p"t@"io
_g"e-qcr¿3" 1:' lt especiutiqg,E*t¿.&amp;
s ir:r- r c::¡-:- q.It,,gI"9jlojpll§'
- e$f iqá¡-e .&amp;!:*-ss§-.9,q1éi-q§e,ig s'¿'---1: i'i rr r- :':I!.-: e-Je
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.ELÉ :'"'4Ig r i¡lr+-nb"ú

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plr iB94 q,-re,

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r:qlles 1ienr:u ei-le-"-fivá conveniente. pa*. verter po.r aribos cxtreritos,
!i* gl=ito4{-gli-,1L{íÁ* gloforci on'+lq-aqS'''dS--*+--p9{:&amp;^9.--E-J.gnlla
---;;J-

ffi t g.r.-:É]eg*q,Liglroe-te-l.U:,!gÉ.q-p!¡:-1e-gl+§*.i"''e-1-*qislq'
ai cxpa¡rsivc
id'],,,ql.-¡
"¡oiC Cuvo lo'¡i-rtucl- de casi traetornar
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catal-án. rit-,'r:nso i{aseras, a114 pc:r 1922" E}.*g}*;.i-PQ.-!S.i}j3-§3lq4ill:'it98.*eéi§ilf,,--Ipg.gl¿tg *
§*-{-aÉe¿*-? .e. -9Qgo*3ík-§cl¿9.*C-Ulzr ?-qgq
firl'grcnllo
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n:.rtpu-"or]'ri4g. *llz:*---g-.,:Giq-rlgr-€gI[1g:11¿-gn-s-*§-g:oqig9 elLrañas il'q--El:]'IidÍ, n 3#:-

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otro ter,ra que teniía A e:raltar a los extr¡ños con unn unaninidad que
podría tejerse una
ni aun los ,,,as agrios roüpen. Con sus testimorrios
grleans
y Braganza
arrtología espccia"lizade. Ef cortés Príncipe de
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jricicrcr: lJro¡:t.is ccn é1 y Cl.er,e-irce¡-r-i se lievó a
rlecir qL:e su fo.rt¡-l:z: n: e::: intoj]l,b1,f, desr:i.,.Js Ci: h¡berlc cci,iÍrrr.:-

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ti-:l- Ceri:c. ,!lgr-ui,-.sr

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|, ,r.,1r, irís r::: s;:.'i ¡ i,.,-1-.e1, c1 si1 ir-:l:-':-L':llí: sol-,i"e ei p:-,ís, sl
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cit: 5, e11í,
;,1-.r 1:s i;isoteaclal tie-::r*r_s
de l- ?:rl-,1 iei:, r,n 1: qi.irj ¡j.t sacri.iicel- rn ]rs .-.:-i;:-31-;ls o.uc nitt.,'fan 1¿:
cí-'.. yl.u., Cu'f¡s fr.i,c,.'rÍfic¡e in¿¡ic.:t,s. y, c:;..:1..i: ,.-st... cnli;,,,,r..ción,
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fr:rn,..r^urst-:

Eáu¿rdo :^.,;.nds. ¡.rnsaría 1:-. r1.:iiciosa-c,¿rsilcría de r¡er.nuestra ciudad
glr-c§¿i:,,.14-a-gu§--p]alrlilir, cofro en e.ctitud de estática adr¡r:aci6;Gr riic-ntc:-",snte
_:___.caera.
_-¡c¡xdid-i a esa_ ccl_in¡l

es ficiT/cori1:rencler, hay otros tenas tan rciteraclos

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uoncton¿l¡:¡ente reitq:radoá) qr-re ni siqu.iera en une selección puqden ser
eolacion*,áos. El- c1e Ias pla¡'..sr FCr ejenplo, Jr estrictarnente ?amítez
y Pccitrs llest-. h pri:-..cra G¿crr: i.itrndi..r1, nás tarrlc Car:rarico y punta de1 Esto en los últinos viajcros dc l-e lista, coro es er caso del
fintasioec Josd Luis castilio Puche'quc fue cer)2.2 d.e sorprcnder, fue*
ra dc. esiaci-6n, que sus hoteies eran estudiaderento lidÉhpiosog peror

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ellc,

?bu-rridos. crec qüc sólo fue el- príncipe ae crelans e1
o.ue hRya dicho algo que valga la pena, conba.ranclo nue;stro ii-t oral
con el r1.: Br:tnira en su
soplos narinos, q.rflido¡_
re s. ]r jl:.}ps r¿cgr;tcles,

Fa

I,

ridacles, eI ojo de algr:nos par€ce habcr sido capaz r1e perci-bi::1o que
nuestr¿ hahitualiCad de resiclentes/os he hecho olvicler y es la graciosa ondulación de valles y colinas, de iruecos ¡r cuehillas que fue
alguna vez }a penúnsula vagía hoy recubr.en cos"r.sr veredas y asfal"rr
tc. Velnsbc escr:bió que, q.'inql-tc
1n ciucleC está i:ccln en tablero, nc)
es r,on,5ton,:i pües cc¡ao_cl§:lglc gs pry¿g1"1{o, 1,1 pc_l:qpectiva -..,ljl,l:[a_3,
-ggu-¿Igi"U!n. il] F::íncipc 1e Orleans li,:bló t-¡;brén rlc nucstr..s c1el{qqq+e_r qn e 1_l,r9.S2lg__1§§_
. I}es qLif son---1-:f',s1§-_pe,ro
-Li.rJl19s,iü_§§r
Ifqs+-*cq$¿:g_¿cnd-Lq-Éesjb*!qrt!q 1o que, cicri:':,cnfcr'ifL¡,str:i ltts"-

pese.:r

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C',;:ls te;:n a1 que ningruro esca.pd fue el. dc l-..s
Quintas Cel pr,.adrr v
todt' el v-::&lt;ie ccntornc rJ"e litairua.lpa y P:-scl i..olino. .iquf nucst¡os.vi.si.tentes scll¡¿ pc)nerse lfricos,
;pro níneiro.dicc ccsa Ce i:,"ro,
nil;c¡"ciá. que 1: pfgi,a quc a] asurto aeá:icó saint-i'ci;r y qllc "ig]/a re..
;::,;.i.rjo ;;ricsto Qonzálcz::,1 fln ,j.e..sr.l 1.{r,,1;ur;¡f1d,
,r-ir.ao""'i; i,;";:
-ro1:af'li i1c iir:ntr-':r'i.ceort. Sáfo i{or:l;ét, ru: ing}{e extr,.l,,,,rii-, ci1;.r típicc
ilci'si.r. ¡-¡lci 3 fe rr¡tlrrl,}..)zÍr, ]¡¡in,1a algun:ts v¿rfi¡sr.s.pri,cisil]1r= ,in
. 'r::r: r i-,r tinic,,t.y sdlo cl ¡i¡tt,_,r ]¡ ;scrj.tor c;slrañol- Saltit¡.1c F..;iñc,i
. cclr s1-t ( 1:.-ril:lcjldn de "m r,:.rsrl 1!+q:}1!dcr., ccn iriqi:.ra, c¡n ir{rlrcies ro-lcg,
_c;t :--rJ.r;. \.i., i.:.s,:
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(: if'3" r¡ ien ccnczca sris t,:--.las) 1:r voraci,r.lcl dcr ,r.fcrisnc
r,¡llci;ano de
q,.:c t'l t ::.:it,lt,.,l Cz¡: it.t:iti 11 --f rr.
'üc¡rc'
parn. l,i'ircii(.Js ÓUrclieos c1 I-i.r:r-tg-lia,r dc Line; rlc ¡;j-gl.o
era rrás que
1tr¡r c-r§-' c-r exti'.::cto de c;:"r1..) Liebii:: (a_i,,lquc ,¿,:rr.,c
,o'
ia':e:: lr bi:]'' --ntus di dc-,nllc o:rl,cc:ciía) es coirprcnsibli, ",._-_,,'n"o".i
quc r,.-i_.est:rbieCj:,:*i,.r:t^; rli -, :.:v. X.rJl-r,;.s C.1c¡. S¡l¡i,lq;li,.i ae ltcl,ni-rs ,:
L,lOnte_,¡id"o (toaa
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)ernc :ti t:-r.) I,r.t-;,-,:t ati,:ríaic l1;.cli.: la at_-ncián.¿c nucstr¡s i::ansé,úln_
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.t., j-'L"lz:. zoli,::r,"t, ii, -,:.i1 . s lrrlrctr c- r..r".1r o,_rr ,1i¡:1-.¡ f¡1nn{c ^,,. .r^
d.icí ars r:,t:i,-lcs vclri;,-.r_s- -r_ l" '.r; ,rir,. ar,-a.r] ,,.,;;;,:';;";r-;;..
ú-r'.cr ',r rs.'jn (]; q'.rr cs j 'stÍ:. r) qu .-ui.-,1 contf.cto ccn ,",1.,o ¡*- --{o
'Jnc sc, i s.):'br-; :u¡.nJ¡ i-.,ü.,t n"".nn q c s( ,r.;;;;;;;."'",r-.i".r"'.
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ci;.c.i:R:ino_
"";'t;;cc t¡-]tó cntrc l-o,' r't,:stros. ü.,no .,crir¡i) p*.rio J.';;";;;
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i'or{¡-, que i'icnieúLierc tlei-.ía tet.: t.rlbidn
'ii"Já='iorrán*" y qu., erl
"*a eluna' n¡.gi''ón rcsul-*lnte d.e tantos cruz¡,¡lier:.tos
tipo hurlno v¿,ironj-l ,que
a1l-í :.i;n:"]:,,ri pr,ijí, pcrt.:-.. .lgLrn: inte:-:lirntc p...rticu1r.rideC" rc ::ci.ic_
I'crloiric es obvíc, al tei;r'i dcl 'tBajo", Í a) ten¿l c).e1 rrconpnriritc,,, scé1 quc escribió r-rn libro cntcro, auxqu i -oestarte teciosc, e1 por':*
nógmfc
español jcrqiuón tselda. La prinera refercncia, eue j/c scIra, se
n¡'l-Ll en S:ini-ro'ixr qui-en sostj-ene que hay en l,iontevideo
"Lajos"rcrráogt' ccl:o er' toc.¡ts pai:tes, encerrad.c'rs en Lul h.r..r-,, csucc*.i'i rj.:-r.,,,; t-,,r"
pccc {}'g¡q §*e§¿sso*,raq.ign fali¿4.
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Ielgiq-rlr-r,-qlll Lqqc jf _qnfno+iq. üién. el.I=,.*= _!A.j¡iliu,rs_+
l3l*U;glr.".tqqqq ".qiegil=-__qo¿_I j§_jBgr :_. - - - cerca c1¡; 1xir. dác¡:ii::.-,ás terce¡ .t *Aíi"l Jéaquín Be1c1a, cefebreCú es'Jl:C;r,11str r:n l-it.-r-,tr.rr,: sicalÍ:rti-c,:, :,. p:_r;ici. -ii.,t¡er l,eniCc -,
,',onj:ervilico:r ,:.-tra cosr qu,l .. rccar,-cr ycrn.lt jr sus 'rq,rilcnbos,r,conc
ilesde s.i: arribo a Bucncs .l'iires res gustr, 1.r-a¡.r,lrlos a piena lroca y en
lcs qr-lc, :'odicar:ó1"t3, ;r."rccl". cxr,*,i]r=. su tr:i,,r,,*or=á"t.i;;;"í",;;.
Beld:: co;rrp:r-r:i. n'.resti'o ?!Ba.jo, ec:-.,- el- barri: de siurci:ales, que-había
conoci,i.,¡ cn Roslrío¡ nürleü--: 1&lt;.. va ::.f luestr; Ie -¿aritajL Ce cstar en
2¿ff-;-!'3:l q-rg-U-*§Si:J1gEg1-&amp;F-Ig:;_ r--se a lilberto visto t-teno dr: tobi11?r+s drj,cu-rgint.U,' dg:_j],o¡ (c:iactarentc) o,-r: s,. l,rbíar- _. :i.JIT

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se,rr:i¡-r:A:_s*_-ctr

y 1 fcgrl¡1 ¡a5tic_cs rie nii: .
Pc::': h'-¡.bc t¡:,hicn rtr.o¡ asrcctcs ic nu;,strl cir-r,_lr.cl sobr.e 1os quc
todos coincláían. EL cer ri¡*á ce vid.r., por ejr:niplo. En contraste
con Rr;-r,riros-.,:'ii:le-s, fcbril ¡' ,-;¿..r.¡ir:¡le, iicntevier:c rc¡r;ltab¡. a los e:&lt;treños un rcnenso ap:rcibfer]-m rincdn C,. iónica tentitud. No es oue

Fa

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r:iudad. rruertg

y por el contrrric, vrLr:cs visit::;
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t:,an.u_íe,s.
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Buenos air¡s. igual
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cn.¡. i-,rs c:uierics rnrft_iilrs .i**§Iog; ón.o .n"ffi
q'1c sl'brg t.;ir 1c evocaba ,.' ..nOli"cG
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*o"irll*"I6Tñalizadas.
p¡:ra e1 astu__

�riano 1¡i11aar'ri'' Itontevideor er
e] que cncontr'ó nás ccrnpañeros de
inf¡"ncia qiie si hubiese ,,,,rnr-to..u"su
tier::a, i.u l á"io cre.jrse en el su
-rri",oro"
[risriio puei:lo en e] que pasó r""
pare eI
i¿l ¿,rouáiiü:"ía- i.. "áo* d;-";; vida.
pí^

ijl]'T,'j""::¡-

catalanr:s rj¡r
r^ 1 nr
pasar pcr la corrfit"r.--.="......-.hcy se lcvantr'e1 i-e1¡cio
Salvo) ,.'rr.r1?o.lilr3r.j;
vd1 L,rt;.,JDa.,

ac
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ón

ó1 1'-iurft i:i"luc
su tier:?a. Í al nzár,ileño -¡"*,,.;;'ii#;,::-i:,1^*:
1a,ml-{tica uruguaya r:",.
e.¡oceb,.., inev*eb
ineviteble¡iiente
}e
*i"f#h,H;l;Xsl:"
1e¡iienre,cr
r' 1.
-o.^,^i'1"31_íi,ün3
t n*5 i:ín
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ii;'Íii;.n::;*:T:'J:ifi.i:T,"*:r*i::,i*",

que v€y ccn c1 urá",,

Las que .nortaban

o."a_1i-;il;l:';.";;Tl

de

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Íroni:'. ja'¡rer Buenc-escrihi.í*inr,ei"*art"-";;r;;."IÍ3:rffir3T,.;;I*
strb.,:,: este. te,a,
t"""t'iylas
srb,e
i.="ir,.oo*icncia
:'.'".
tie no e¡r
,#rr'§'í,r,1":1..o-,.
prelininar':"s c'rerto verbc
cer.§rlnr¡,-,i;rr
-)onversaeione's
__¿-llcqi_q¡.
nr" or"á. ,r,,.

l_l cytr a l.rs r:r,_trcq.
'".Jr
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,tn¡arroE*sf:-os
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elt-cs ;;"-q;; a conocor,
i rcc.rnccer. poro rm pocl
rr¿-1',
§:t:1,:"Íi":^1.
illa u:c üstaS t¡azas físicas
¡' de cstes corrilLictas tradicicnirles,
tanto cno¡; o,ro 1r=,;;;.?;-"i""r*i",
q*o nn
baa c'ir,s'rcrentes. ,n";iJ"tJJ"=,
de. ;raís *otaco:rt,rr:rc"i'rrr"
ac
cr,?n
tentc his;¡anos
¡u!¿r usa,t_¿¿fie.os,, y",..e1 il::. pcncr
J ",r"Jifnl"ill""";,
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nri*"r ^^*4j
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Bueno,

J:;":""rl,ij,
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rlinenri";-;";;';

qxten&lt;lerían
;:J:iril:t';ii.;li:
que tienen nucho inte:27

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rÁs para n¡restra historia cultural, aunque el úttimo de 10s
nombrac.os lanbién obsr:rvó que en ilontcviáeo
u-r,,r."tro"
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I
-t*^^
yj._nu€gt
sin 4iscernimiento"igou
bqstanie, atri """ritozes
lrnsgg¡ "ir,*A:ugtor;-a*a. Au**ai
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La lisión :le ]os via.-ieros, tan'lo cn singul
singular como en su yr.rtaposic'-ón -i un cuerpor'no es, innecesa"io pal"eríu:d""iir;; il-;l]
:jó:r estática. ;u¡rio a Lm iliontevideo y a up país ü-;#;;"r*="
or:r-Lce tarrbl'n en sus páginas una ciudad qrl"
=u hr bcrrado y otra
oue c,staba incipiente, otra que ns"cla en, perfiles,
costunbres y procr:viC¿des r:uevas.
'Dr:.un..ontel,i,.i.co
icl.o, sal,rlrcn a nenucc vsriosos tr"azos. sus ca,;
sas tÍ¡icas,
por ejemplo, casi tocas de un solo púso, cono fls ceScribe ri:}:sco del Real, pintaCas d.e vivos coLoresr cor-] urla rcja nI fonC-o
dcl zag'.án y'rno o dos patios 'iotrás ac ót. y-sus ver.,t¡naJ, con pcrsiJr:rs vr':'des 7 urotección cc r,:ja olala-lstrrdas de r:ránio1r'=.,-* pi=o=
ei¡'l;;]dosldos y sus zóualos ::e-cnbiertos o.c :zuLejos ce colores (qr." ^se
sol-ían fl-am¿rr espirñoles pcro venlan cler- p¡:so de calais)" ,la; i;;
;-'rcio ct',' siel-o dcspujs -192e- toJavía excit:"ban al lr,, prr¡l esti-=
cr-&lt;r.-!¡gje una plqgta.sir,rpátic,ts y l-ier,as üe ase o t¡ ár"c..]-t ._lJg9-rj"!i
aLa ..,ii su rrrt""ior p*"rite ¿e""u¡-":-i oitr""i',o" .".illlGcñIci¿ll:EIg¿j ?,¡ie jq:s_-g., conducen E p4EeS ue p
9r:es._g:l_rjr.cfAt€s_'A1a4ias 4qc_or+t+:¡¡:iarrryq:_g".i:..ta e_s ..q.tirqs
U45s :-c*ce§._Es Ia iór-r rto o"p,,:,ol-,,. Lá
..r*"1 l.*.

"u"iq".C-¿ ""
"¡¡"i" ¡e""t
1".dos _lT dj:,:icilios.
0';rt s r¡rstros están nás borrad.os to,far'ía. Las noches de -"reranorpor
s;r-',c¡ e'n la Plaza l\a.trí-z de antes de fin de siglo, so,.nbre...ias cle aesítas en },rs que 1os clcgantes tomab::.n grar:acinas y hehdos mientras
rura ba: ci.a rnil-it¿rr amenizaba Ia reuníón r}esde r-ur quiosco sitüado cerca
dt' ls : uente, leEft 1as ref-rcrrci¡.s dc Cliil_o. O los famosos brños do
Gounourhiou (nomb-'c der rue derÍv6 el acturl curuyú), construÍdcsen
er -.rj.."qr6 eitr,emo dó la' pciínsula poi aq.uel ¿,r""nráaááo,.ugo"iant" que
cuiso sobornar.'l !'fores y fue a dar
huesós sila clrcer; los'
"o., ",l"
b:ios de counrurhiou,. de los quc hablaron
saint-Foix y child pár 1B9o
y run en 1904 con ad .iración slntigosa, con sus:dos piscinas i""" para carla sero) de clncuenta metros por treinta (lo que no es poco'déá
cir, aixr en nuestros c1ías). o los.,cani}1ítas repartiendo los diarios
a eaballor como los pínt:. Clemenceau.
Póro, sobrr "odo, el tranvía. Gilberto F::r:yre recordaba, no hace

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nucho, que é1 re,resentó en e1 Brasil una
ver&lt;lad"era institución so_
eiaf . En i,.3nf,s.¡ideo, eI tra¡_way, ;;.;';";";;;;
tienpo sc re tla_
¡rd desi:ertó te- aünirncidn ¿.
I;;
;il;.r""r
ruy reticentes
en carüic de ra caliclad de nuestrosiferrocarrii""-""á"á"'r-""il;;
"""i't"i;
la ocasión de enplcarl0s. 41 tranvía, ;;";;;;l:"u
*otí* ecn un fer
vcr easi rcligioso y aun, en tg:¡l, en un
g;;;-;""
n;;-;;rJ;]=i,
,r_
verosíinir *n q hcrnbre de su iilest'¿rrra,
puesti; que foz::aba carte
de 1a delcg.:jc1dn de i,iáxieo a la Conf"*rrái.i
r;;.;,r;;";;;,;;#;;
iirvc sc trc¡:ó on ii-no d.e c.r-os pr"" i=*o-n;=t"""i
Euceo e viriit¡r. a
Juana de rbarbcurcu. .i sus
¡.ldn"""orcs,
en tanto les inii.i¿1naba ra
earestÍ::i
taxíletr.osr
cc;i.:o d,ijc
Ha¡'i;:ierton, aruerdc ,-o r,'rJ1&amp;,,,1iñ,
respecto ái cu"r
una scpnoli-c;:ita seni1.: ¿n G-r,c,nstrire,
*qcj.§jgq3._gl1
nu.jstros tran.u,ías
_decfa_ 1es
¡:lsc¡;'b¡rlron. y eilo plr:1a e;.ten,-ión-a"
*uu-iirr.;;,
*u
b¿rratura
y aurl
por su i.nn'ri.1--r.rr.rblc cryrti.i,-,,i. :: 7iL1a¡,ri1
y a Haii:ir,:rtrn, qlic se so:c1.;r.en-d,ír. rle ver:l,:s l--.Lrr1r -¡--rcf,¡s p,.-r:: Rirrcán
r_uri clcr :incuenta;rardas,
.'.=
L"
ciu,iac
::i;:::'::1:
-eri_r-tl::;,rcd. só1o a1
. L*'-i1 ,.. r'.:-L- .3::.r'i':--'l:f,svii¿'3
\r_. f.-rc ü.^-,-:.::t- ¿s
¿C 1J-:
i:,::1il-- Lr
.l au-L
.rfiali ls Sl-tS ficlros
r¡,-¿..i^ .,1r
fltcTacblái-.,' c,r'r) dccre¡ flr-¡;'¡-' de
las cíginls ¿c estiis lir-,rcs irna vi-=
ila ¡,iontc¡¡iilc:ne .-/ urugll¡ri'3 r:n crecj.i:liento,
ccntorno e* que l'i'¡ir¡os. Entre l¡s viejcrosLma i_,r.)íieiaci6n febril del
"'

fue un

dcr.";;";;";;;;;"

i.bscrveción reiterada ros hcy r:iarchitos
esolcnrr o::es
central que , i:ntes ric li:vanta""","riríu;;;;;;"_
*:
r.1 f:::::_l.l;:rr"
ru'u:-¿--r.eíi-.c cilsireildiosa
ccn s;lr. ccstc .l.. {i?í)c.000 de Ia dpoca.
;;
rle nuestr¡¡ i:alría, rn .,or"uti; ;.
ü;;i"ot";::";:::::::.i--:o"*rers
¿r,,{,-.uf,r.,D, 1a urgencia de1
y sr-:. lento proceso de cons_
t:ucci6a, eiLtre 1go1 y r9o9 ccj:n.puerto
su rastrc en ¡riuciirsi.r.r¿s c-rbras. ,i1r¡e&lt;ledcr ae 1910, fire ,a construcción
de1 ¡olo"i-ol"gíslrti'c, 10s
eni¿':'ráticos ci-¡nic¡rtos
1g de julio entre Ejido y santiago de
-r1e
chite
dejacios e;:i .;irl_¿s -rlecrla
Ha.iuertárr_ por 1a inperiose vol-rurtad
d.e
Batl'e, 'iiercn ¡r*teri, ¡. Lme cr:ni¡iil,¿
no silrrpr.. benóvola. un dece_
nio nr'Ís t::ri-e, cu,::ndc Franccs n"¿"ig."r'"t=tilí.=er
uruguay, :staba
por inau"gu'rarse el Hotel carrasco. y
p:racio sa'vo, su noerigido
el
le 1e cei::ró e] pasc ¡- todos. En sir fai-ros&lt;; vuelc pa10s
d.e
al pf¿farsf
0or:iandante R.e.ndn Fr.r.ncc, lo vj-6
so_
b,e el cielc dr¡ iicnteviceo. l"=@
penel
Dy.
se
preguntó porqlre no lc l-nhrían aejaJc
on su redr.i-1.1o ori.ginal, 1o que
hubier¿ peridtico hace:' a l.{onievideo
una especie de siqna. y vein_
te años despuds, como er:, Alejandro Duraas,
*í
:.'rL;

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co'ntcupió con escasa sinp:tí.,1 cofio una nazorea parada en el cen_
;:'. dt l-¡. ciudeC.
Perc t,sribión rrer:ir:s nílcer en cstos ]ihros cost,,;nbrqs y násiones
iur trnrJr'írn r..rgc r::r".igo. y q-irierc cerrlT i-st: rccii¡iiuiación
*o:,""s- trlo csq.;r':,Jtica ccn j:l .vlsj í,n ..ii, Koebel, sribien,i.. :1 cerr,:
:i- t9f0 .. :rtisir:rrüue il? sin o:...:uLlc in¡ilís, u::r b.:rr.it. C. iriños
-.r¡'l:ir ll frrrb,-.i crn .,-ui: pclcta hecl.r. d. pie i d": cvcj" c;i_L]._rr:

.)A

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uc

-'T*'D,FE yHlr, Les REpua-fiques hÍspano_anerieaines,parís,
L..aL, (e1 texto in4¡1ds por Harpers an¿
Brcthers,
de j.iuer¡a ycrk, el ¡:isno año; Ia o"t,ráo
cn

glls']¡! ]890. )

iJ¡u_

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- ii:i-LIEL l-.:JIIIE VÁSQüEZ, CuaCros .lir,ericancs, iiidr:-u, lggt,
- Gl.IiC¡ c.i'.C'r-'i:I'-1, c,rili r:rrr. the. R.ir." phto in lggl: r.eriinis-.
of travet in Sr_,utir rr+ric:rr^ioiUorr, 1¡j¡;.!e¡_
::_1""u
..nC S-ns, lt?I.
Iov¡
- LfRIr;J'lDC RESiSCC, Xn hs riberi:; C.,,1 plat,l, trr.Cucciin
cs_
pañoIa, lir.driil, 1g91.
. :
- CCTi,'Trr VEIÁSCC_;it ,#ll^iirje po:,turdrica del g¡rr, _jarce_
1ona, s/.t. /wgzt/
- ¿'Dl'' I"I"R. IGr'rlrEDy, sporiing ske.tches ,in scuth anericarlonCCrltTE

,,

I9rX,

La Rí:l.,ir:-que vn:"ir;:,tat+ Je 1,Uru¡pr.ry,

:::_T i,ecpold
"ri1r.rr,

Cerf,sf" /nglz/. nr prJrogo estd
u:
i" r'el:;-rr-"=i"á" de s:rínt_
Ii*1".
r,,Jrr e(r c l. *dicic;rbrá
Urugu.?"y se
1839.

extendió cntrc lBgD ;, .rrinci_

H

pios do

- c*'Rl'm

de

E,'icIjD /il*p,s,
.urc chir_can sr&lt;et^rirgcntinerpatagonian
c;ii.J irrith :. fcr,¡
notr:s on .llruguay, Lcndcn, 1891 .
O.V.;'IPLIIü, Gx tlie birds cf Uruguay,
Linrion, 1894.

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-

, Sr-rl Rio c1e1la plata:
ncte di Viaggio, Conor1gg4.
- FUiiN¡illlo VILLL,iiIL, Viaje dc circunaveg:ción

cu
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r

Dr.i\ilGEL0 SCAtABRIiif

ffNautilÉ¡sft

1
I.Iadridrl8gl. Estada en l,tontevid"o,
- it¡IlJ,f¡ili pILiü[Cr.Near the lagunas, Buenos Aires,
- EIOU;iRD ,rg,,r§1 Brdsit et Argentine, paris_Gen
/rcg*. / . r"-"=rou.';;',;;;;"i;::';;:" l'er:llrs;

.

)É,

�FEIERfCO tu\HOLi, Sangre ltrueira,
da entre l9O3 y 1904.
UlJl|tA)

E1 Río de
Rc'cuerdos

it{Á. SÁ}UIGSá,

r
/,ir;s.

la Plata: }tontevicleoviaje, Sevillar1906..

d.e.

.-,:.

capitaés,

ItrmlF'0 POS.1,IA, Inpre-siones.
MF,\EL ,{LTril.{IRÁ, }:ii

y

Ed
uc

Tres-

COP.NEA,

Lisboar1909.

la

,IC§E AUGUSTO

]r sus pt'ogresos, Iii:ntcvidec,

eoneritar.ros, IiaCrid.

de

;

:

.F'killCE, E1 iJrr.r.quay
rg0g.

viaje a l:,mdriea, },ii.drrd, Victo¡'ír-

-,
no,Suárez,
1911.'

ia
s

ÁI\T,,TOLE

ac
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ón

Buenrs

Birrcelona, 1905. Esta_

(Scuth .iir"rcrican §crles \), i,:ndcn,
/Fisher and Uni,rin, 1911 (luy
edic:ines -poste-

um
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c

- l'Í.H. KOEBEL, Urugu,"
riores ).

viaje al Ptata, iotadridr]9U.
li0i{0P.É, Ltrr.i--:érique.du Sud á tcrt et á t::avers,
Paris, R. Rcgerr,1911.

-

SISITIIGO RUS.LÑOL, Un

-

GE0?GES'CI,EI,í$ICEAU,

-

JUIES I{LIFET, De Buenos .Jlires au Gr¡¡d. Checc,

Iú-URICE

ldotes de v.oy-age d.áns l,Anérique
du Sud, Paris, Hachetterlgll. Su estada en
I¿lcntevideo en igosto de 1910.

. :

,/t. /Wtl.?/

H

South Ánerica: observations and inpreeNew york, I{ac }li}Ian, l9l1rlgl4 y Lgl7.
- Su estada en lviontevideor.IglO.
BXGI§AI} LLCD, ft:presiones ¡. dtseruaciones de ta Re.púnfica- Oriental d.el-rUruguay en el siglc XX,
'London,
.TAitiES BRYCE,

' ,,.,sions,

de

:

flasquelte-l'tlchaudr

paris,

Fa

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-

T:912.

.= }RffCE LOUIS IE 0RffrtN§-1ru.*ie.r;tti0nr' Sous 1q Croix du
SuC, Peris, Plon, 5a. ed, P1on, 1912.
-

2€,

J.A.Ililx[ERT0Id, rLr.gentine through englis], eyes, London
Hodder anrL stoughton, s/f. ltgtX/

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Clii-

Buenos :.,ires,

Ilerilsferic 0ceiCcntaJ.,

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.].ULIO }E

,\ndrica:

27

�JOHN

-

E|I]{ESTO

*

ALBERT

-

GEORGE

-

PIEIiRE BERfllT,

ón

-

la

PEIIDIE,'Unrruay: Scuth Ancric..rts firs i v¡elfare
state, London, Royal Insti,tute oñ International Affairs, L)JZ. (2a, ed. t957).

de

Carnet de voyagerpa.ris, Jultiáid-r1954.

Vieggio, ]955.
ql
Desd.e.lfi: otra ori1la.

AGUSTIN DE I'O,1;{,

de cabo a rabo, tlaciiid,

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JO.SE:IUIS CA,S?IILO PUCffi, .Arrdrica

ia
s

I,I{'JICESCO C:IRNEíUITI,'

Edíciones Cid, 1959¡
iT""rorr,'or,
TOI,CIISENr,

:

anle, Paris, ,,La'Tab]e

-

PE?ER

-

GEORGE

UII&amp;S, Tango. A solo aCl'iSS

l1

1

' .9.',.

&gt; lr_itlt Arrrer]-ca,

)Jt

)!1'

linte resr dej:r const,lnci,. que nl he '¡oCidi. cxi;ti-lrer
directanente los textos rie M.L1órent: riásquczrÉ.Resascor0n
V.Áplin, Ir¡.PilIing, ArPosada, R.B; Cunrri.ngl:ane G:iahen, C:rnelutti y.Castillo ?l-Lche, aunqrre el cc.ntenido de 1,:s prin-=rrs :r hrlle s¿ficicftr-;..,,¡¡¡s f¡scñrdo en eL sin duda i¡ccnpletc perc benemértto índice de viajercs que .{cracio
Arrgdondq insertd en el- volure4 II de su }ibrt-.fundanent¡.I
(Fiontevidcc, 1951). Txt,ián he sccnnclusiórr,
ffiu
i:rinera cidcad,a
". lr.observar
de nuestro siglo. Y todavía ne interesarfa
que todo lo que brinde e,I gstudio,d.e rtlós, vi-ajerosil tepresenta
¡ruy peclueña.I¡ar:te .de, Lo que, poriría extraerse de1 naterial
uxligus.yo renejadc por: extranjeros. Pues no sóIo f:.It:rrí¡n
Ias publicaciories J¡ reseñas eeonónicas y turísticas, nfr-

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r¡Lc&lt; ,l¡.
.:,rl-u1---J- r--r.i---1ii
.,r$i-idas
J

ón

_cuicecosas, sinc todo e1 ingente cauatai
d: rcs i-nfo:lries diplorÉticcs,
consul&amp;res r¡ b.anca::iás de1 qire
sóio ',13.
p::clueña li.rrte -y Clio Cn lo que
atañe al siglc
xñ- está-t:trr.],
siai-ldc conocido. Lo mlsnc poriría. decir:se, al."que es
tratr:rial
',ás abarcable, de muchcs estudios sobre .ispectos poi í-.
ticos ;" socialt-'s
ciel país, tr.les como ,os de ros estadou::.ic-en-

Ed
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srrs l¡itzgibb,on, Ta;r16¡, Iinnson, J,:hnson, etc.

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Ii.

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Archivo Central Universitario</text>
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Archivo Central Universitario de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación&#13;
Facultad de Humanidades y Ciencias&#13;
FHCE&#13;
FHC&#13;
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                  <text>Español&#13;
Otro</text>
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                  <text>Expedientes, correspondencia, circulares, documentación contable, fotografías, legajos docentes, etc.</text>
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                  <text>Archivo Central Universitario de la FHCE&#13;
Archivóloga Mónica Pagola&#13;
Lic. Gonzalo Marín</text>
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                <text>Viajeros y observadores extranjeros del Uruguay : juicios e impresiones (1889-1964)</text>
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                    <text>Carlos Real de Aztía
'

'
• '• v. -•'•'•:•'.• •'.-. •••".-,. . .-/ . '.••.:•'•'•••'. :: '•".. •••-.-;.• :','-J. .:•' ...•/• ": •-'.';,. •"•'•• :-. t .,
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política internacional e ideologías
en el uruguay

-(

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Universidad de la República ^
- '307PQ^ Facultad de Humanidades y Ciencias
OC!^\J ^ODepartamento de Historia Americana;

•/

�33 •-/. Y'~/

UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA
Facultad de Humanidades y Ciencias
Departamento de Historia Americana

Carlos Real de Azúa

política internacional e ideologías
en el uruguay

cA

t

I

327.895 REA pol
Política internacional e ideol

•FHCE/1555^6*

Tomado de:
Marcha, Montevideo, julio 17 de 1959.

155546

��Un examen de nuestra conducta internacional en los vein
te años en c^ue MARCHA se ha publicado, no se puede reducir,
como es obvio, a una escueta mención de las medidas concre
tas que el país durante ese lapso, y por intermedio de sus
órganos especializados adoptó. No debería reducirse tampoco
a un retrospecto de ese algo más vago que fueron sus acti
tudes, sus proposiciones, su conducta, en fin. Una exposieción cabal de política exterior tiene que tomar en cuenta
también las corrientes de ideas que la animaron, los hom
br^s qu^ ia cUi^pjuj.cj.-Oii, ios grupos de presión que la influ

yeron, la coyuntura internacional en que se insertó, la si
tuación propia nacional que, leal o dolosamente entendida,
constituyó de algún modo su punto de partida.
Tantos elementos desbordan, como es evidente, todas las
dimensiones posibles de un panorama. Quede constancia, por
lo menos, de la atención que debieron merecer los puntos de
nunciados. Quede constancia, especialmente, de la necesi
dad urgente de analizar en todos sus niveles, en todas sus
variedades,que no son pocas, esas dos posturas que se dis
putan en la actualidad el pensamiento uruguayo sobre el
mundo y sobre nuestra conducta en el. Son, como es obvio,
el Tercerismo y esa corriente que cabe llamar el Neoliberalismo conservador panamericano, de creciente vigencia. Las
conclusiones de una descripción de ellas tendría que condu
cirnos a ese orbe normativo que no puede ser indiferente a
ningún uruguayo auténtico. Es el de las posibilidades de
una política internacional propia, afincada en la condición
pecuiarísima del país, en sus limitaciones, en sus necesi
dades, conveniencias y deberes. Cuando MARCHA cumpla el me
dio siglo, tal vez alguien, no nosotros, realizara esa ta
rea.

Tomardo puntualmente el trecho de dos décadas, la historia
comienza con un "fortissimo".

Como a todas las demás naciones latinoamericanas, la Gue
rra Mundial II planteó a nuestra apacible existencia el de
safío más intenso que ella, por mucho tiempo, había sopor
t^ *. s .

.„ ^..

;^w l^.w ^^í.Ío su ^i-outáo y sus consecuencias

ejercieron un impacto tan profundo que todavía puede decirse^
entre sus oleadas nos movemos.

Sujeta, así, a la suerte y peripecia de nuestras vecinas
de hemisferio, el Uruguay hizo (lo consideramos indiscuti
ble) con un rasgo específico, una "nota diferencial". Y ése
rasgo específico lo constituyó el hecho de que el país se

conviertiera en la pieza más diligente de la acción políti
ca y estratégica de los Aliados en el continente.
Todo, en realidad, nos preparaba a ello; todo nos entre
naba para esa "militancia". La muy relativa entidad de las

�colonias de los países fascistas era evidente. Muy dispersa
estaba la alemana, que recién ganaba posiciones en el campo
comercial al compás de muy cortos años de auge. Bastante
numerosa y vocinglera la italiana en los tiempos de las vicv
torias pírricas de Abisinia, se mostró remisa cuando tuvo
que jugarse en una coyuntura a la que su connatural tradi—
ción ideológica liberal, garibaldina o masónica, repugnaba.
Cuantiosa la española, habíase alineado la mayoría,desde años antes, del lado republicano. Entre los sectores urugua
yos, el""nacionalismo histórico y político encontró su posi
ción mayoritaria en torno a una actitud que en otra parte
de este artículo se analiza. La falta de núcleos naciona
listas doctrinarios de tipo filofascistas, como tan numero
sos los había en la Argentina, dio con escasez la postura
de los que apostaron resueltamente, ya por devoción, ya por
cálculo, a la carta del Eje. Menos pudo darse, dentro de
ellos la duplicidad de los que adherían al Eje por creer
que portaba algún modo de organización positivo y la de aquellos que lo hacían por pensar que su triunfo importaba
la franquía a la liquidación de esos imperialismos occiden
tales en cuya área nos desenvolvíanos.
No deben eludirse tampoco de este registro, las constan
tes más profundas que representaban el decidido filoyankismo del ba'tllismo y la acentuada anglofilia de diversas va
riedades del sector blanco. Menos puede eludirse esa cons
tante más honda qae significa la sucesiva impreganación uru
g^aya de ideologías de tipo moderno y "progresivo51: iluminisino liberal de la independencia -0 individualismo liberalromántico de la segunda mitad del siglo pasado^ ideología
radical-democrática de masas del período batllista^ mesianismo social de la primera postguerra y pronunciado ejerci
cio de los temas de la "década rosada".
No debe omitirse, por fin, la poderosa acción compulsiva
de las propagandas aliadas, concentradas y reiteradas has
ta un extremo que el país todavía no había conocido. Vistas
en perspectiva, resulta evidente que significaron la prime
ra 'instancia del presente proceso mundial de masificación
de la opinión pública con sus secuelas de intimidación, es
tribillos y dualismos tajantes (y a menudo puramente verba
les).
Las medidas concretas tomadas fueron al principio modes
tas. El 5 de setiembre de 1939 el Presidente Baldonar y el
canciller Guani dictaron el decreto de neutralidad del país.
En 19 40 hubo medidas de adhesión respecto a la administra
ción estadounidense de colonias americanas de los países
europeos invadidos. Cuando el acorazado "Graf Spec" vino a
terminar su carrera frente a nuestras costas en diciembre
de 193 9 (sus marinos fueron internados en febrero de 1940)
la neutralidad uruguaya no fue óbice para que ocho años
después (apareció en los diarios el 11 de agosto de 1947)
el embajador inglés Gordon Vereker agradeciera a Guani las J

�r medidas tomadas por el .Gobierno de la.República en una car
ta efusiva y consagratoria. Pero el dramático episodio del
"Spee" sirvió sobre todo de espolazo a una convicción tan
auténtica como inusitada. Era la convicción de que la gue-•
rra, tangible, física, podía llegar "hasta aquí". Esta con
vicción, nacida de un incidente bélico accidental no era ne
cesaria para que en ciertos medios decisivos se hubiera pla
neado, desde el principie de la guerra, la radiación uru
guaya de ciertos proyectos de defensa hemisférica. Pero es
evidente que los estimuló, que los facilitó.
-? En 1940, la entrevista de los cancilleres del Plata, Ro-r^
ca y Guani,fue un intercambio^de^anhelos:" los sectores mi
litares neutralistas dominaban en Buenos Aires la máquina
política y solo quedaba el Uruguay como carta manejable.
Es en ese momento que empieza a rondar el aire la obliga
ión uruguaya de poseer bases aeronavales que hicieran po
sible la mejor custodia"estratégica de esta porción, creientemente importante, del Atlántico Sur. El Senado uru-;^
guayo dio un voto de repudio a las tratativas de Guani y
a la idea de las bases aeronavales el 2 2 de noviembre de'
1940 y fue en esa coyuntura que Haedo vivió (es probable)
el momento más intenso y eleocuente de su carrera. El voto
del Senado no detuvo los planes que prosiguieron en 1942
y reaparecienron en 1944 bajo la fórmula de púdicas cláysul/as de construcción de obras públicas en un empréstito ^
que Guani terminaba de negociar con Washington. La forma- ,
cióVjie bases y aeropuertos en Carrasco y Laguna de Sauce i
(más la carretera de acceso a ellos) aspiraba a ser el pri
mer paso de un proyecto que nos convertiría en "el Gibral-^
tar del Río de la Plata". Honroso destino imperial. Tam- J
bien una alianza con Brasil "contra toda agresión" apreta
ría más aún los lazos de nuestra seguridad.
En 1942 se habían adquirida armamentos, pero también el
entrenamiento militar-nacional debía completar el nuevo equipo defensivo. En^L943 un proyecto de Servicio Militar
Obligatorio corrió úh*'largo calvario de restas que lo dejó
a la larga convertido en la/institución voluntaria del Cen-/
tro de Oficiales de Reserva." ¿Jero tamhién, desde ese enton
ces, una creciente proporción del personal militar comple- .'
tara en los Estados Unidos su mejorable formación uruguaya.

El 18 de junio de 1940 se promulgó la ley (9.936) de "Aso.eiaciones Ilícitas". Ho comienza con ella una cavilosa vigi
lancia interior que juega a las escondidas con eppías y cons
piraciones. Una compleja confabulación alemana fue descu
bierta: tenía por fin convertir a la República en una colo
nia campesina alemana^ su instrumento de movilidad había dé"
ser el ciclistico, su factor más notorio resultp ser utlJEq^
tográfo paranoico y ocupó durante varios años a nuestra jus-'
ticia. Una realidad mucho más seria: "las listas negras"
obtuvo una indiscutida vigencia nacional. No faltó algüh
internacionalista ventripotente para fundar sesudamente una

�4
discriminación (y poco menos que para convertirla en ley de
la República) que podía decretar, de un día para otro,la rui_
na o la prosperidad de extensos sectroEes del trabajo nacio
nal. Una discriminación regulada de acuerdo, a un procedi
miento expeditivo de justicia secreta^ una discriminación
diligenciada por anónimas, e inapelables, oficinas extran
jeras. Estos úkases congregaron cuantiosos intereses en su
torno y no podía ser de otra manera. Al terminar la guerra,
entre los fenómenos nuevos que el país ofrecía, se daba el
de un séquito rápidamente enriquecido de representantes,
grandes aDogados, despachantes y varíadisimos agentes. Él
sector típico de "la burguesía compradora^ de que los marxistas hablan, había duplicado su fuerza y pesaría hasta
hoy, en la economía del país con un impacto que antes esta
ba lejos de poseer.
Los uruguayos, mientras tanto, fueron divididos en "nazis"
y "antinazis1', "demócratas" y "totalitarios" y esto no so
lo al tenor de sus convicciones reales respecto al conflic
to mundial sino también al otro, (y a veces no asimilable)
de su reacción ante tantas cosas que en el entorno aconte
cían.

Dijo Quijano alguna vez • i!Mazi"y"fascista 'fueron vocablos
utilizados en las peleas de campanario para abatir al ene
migo. Una opinión que incomodaba era nazi para los gobernan
tes quisquillosos. Un adversario temible era nazi para sus
contendores ..." Todo el pasado inmediato fue olvidado y en
largos^ ciclos orales o escritos (hubo uno, de "Itinerario y
Dimensión de la Democracia" que resultó extensísimo) fue
ron ungidos de redefinidores del Régimen los ex-dictatoriales y algún "gaucho" embajador vecino. La intervención en
todos los aspectos de la vida nacional de los representan

tes diplomáticos de los países beligerantes siguió un esti
lo variable según fuera el temperamento de los investidos.
Fue así discreta o desembozada, reservada o ubicua; entre
1939 y 1942, por caso, algún ministro británico de pintores
ca traza y afable recuerdo pudo darle a esta intervención,
entre el aplauso y aún la beatitud de la mayoría, contornos
casi virreinales.

Pero todo qsto es ya anécdota y lo importante ocurre reaLmente en 1941. En julio de ese año, la cancillería uruguaya:
consulta a sus similares del continente para una acción co
lectiva de ayuda a cualquier nación americana que fuera agredida por una potencia extrahemisferica. El eufemismo etransparente y la eventualidad estaba cercana. Al_día si
guiente de Pearl Harbor, el 8 de diciembre de 1941,r los Ed^
tados Unidos fueron declarados potencia no-beligerante. El
decreto invocaba la resolución de Lima de diciembre de 19 38
estableciendo la asistencia recíproca entre los estados a-

�mericanos en caso de ataque a uno de ellos. También invoca- .

balas disposiciones análogas de la segunda Reunión Consul
tiva de .Cancilleres ^mericanos de La habana en 19^0.
Estas "reuniones de consulta", de las cuales la primera
se realizó en Panamá en 1939, a raíz del estallido de la
guerra y la tercera lo haría en Río de Janeiro poco después
de este documento (en enero de 1942), se revelaron un efi
ciente instrumento de coordinación política y propagandís
tica y el progresivo endurecimiento de la línea aliada y
panamericana, que el Uruguay siguió desde entonces con cre
ciente disciplina, tuvo en ellas su voz de orden.
n
Por de pronto, la República rompe sus relaciones diplo- 1
máticas y financieras con el Eje el 25 de enero de 1942.
!
Presente y anuente en todo, declara el 14 de febrero de ese V
año la no-beligerancia de Inglaterra, Polonia y Holanda&gt;
f
Participa en la Junta Ihteramericana de Defensa, creada en
Río y se plega, a través de ella a la coordinación paname- j
ricana de armamentos.y

En 1943 interrumpimos nuestras relaciones con Vichy y
las anudamos con el Comité de Argel, de Darían. Caído Mussolini, reiniciáronse en 1944, nuestras relaciones con I-;
talia. El 12 de febrero de 1945 y para facilitar nuestra \r
concurrencia a la Conferencia de San Fransisco, fundadora I
de las Naciones Unidas, declaramos el ^estado de guerra"
j
con las naciones del Eje y si tardos fuimos nos desquita- \
mos bien, pues éste no cesa para el Uruguay hasta el 8 de j
setiembre de 19 53.
Asune mayor significación que estas medidas puramente for
males, el hecho de que tenga su sede en Montevideo el Comi
té Consultivo para la Defensa Política del Continen^e crea
do a raíz de la reunión de La Habana de 1940. Bajo las ansias
protagónicas de Guani y con la eficiente colaboración de
Charles Spaeth este Comité se convirtió en un activo ins
trumento intervencionista y en una punta de lanza, sobre
todo, contra la ambigua condición boliviana y la abierta
disidencia de Argentina y Chile. Con esta arma comienza la
tenaz tentativa uruguaya por quebrar los principios de nointcrvencic^. y r^cc^r ?.:~.Lonto automático. En otra parte de

este artículo se señala algún antecedente de la doctrina Ro
dríguez barreta que es la culminación de esta línea. Es dig
no de señalarse, sin embargo, que adelantándose ya dos añes
a ella, en 1944, el núcleo dirigente uruguayo inicia el ataque a la doctrina Estrada, proponiendo consultas entre
las cancillerías americanas con el fin de aunar opiniones
en torno al reconocimiento del régimen "nazi" del bolivi
no Villaroel.
Hoy sabemos que una gran potencia y su voluntad de pode
puede usar tanto el principio de intervención como el de
no-intervención y aún prescindir de los dos. Hoy sabemos

�6

que una voluntad de poder no tiene más límite que otra equivalente o la sanción político-motal que prepara los cami
nos de esa otra voluntad de poder antagónica en un futuro
lejano o cercano.

Entretanto, y sin instrumentos jurídicos, el Uruguay mis
mo sintió los efectos marginales de una lucha a muerte. En
noviembre de 1941 se elimina a los nacionalistas de la Co
misión Investigadora de Actividades Antinacionales y cuan
do la exigencia de bases aeronavales se hace más urgente,
un puntual golpe de Estado los desalojará de la copartici
pación del poder en febrero de 19^2. El Dr. Juan Andrés
Ramírez descubriría entonces la diferencia entre los ^gol
pes malosíf y los 'golpes buenos',' pero no importa ahora si
el golpe de Estado de Baldomir que tuvo por ejecutor a un
ocasional político salteño abrió el camino a^'la democracia*^
por lo menos tal como el Dr. Ramírez la entiende. En el
contexto de los sucesos, el golpe de Estado del 21 de fe
brero de 1942, casi inmediato a la resolución .recomendando
la ruptura de las relaciones con el Eje, es una operación
de limpieza en una lejana retaguardia.
ríi el principio de intervención, ni el de no-intervención
fueron necesarios para que la situación quedara claramente
despejada ante eventualidades que, por lejanas, no dejaban
de ser posibles.
Llegados aquí, es inevitable subrayar la significación
de Alberto Guani en toda esta política. Canciller de Baldo

mir de 1938 a 1942, vicepresidente de la República de 1942
a 1946, orientador del Comité Consultivo, el melancólico
tenor de sus últimos años, su muerte relativamente recien
te, no puede obviar que razones de elegancia eludan el jui
cio de esta personalidad admirada y vilipendiada. Alma de
aguas frías en continente que bien pudiera compararse al
de algún cardenal sibarita del Renacimiento, la imaginación
de las gentes y una leyenda difusa le supuso una sonriente
y madurada sabiduría vital que no estamos en condiciones
de desmentir ni confirmar, pero, pero con la que desentona
clamorosamente la espesa, la capitosa vulgaridad de los po
cos escritos no oficiales que de él se conservan. Era posi
blemente un escéptico de todo y entre ese todo de las gran
des palabr.as a las que parecía servir. Pero era especialmen
te un escéptico de nuestras posibilidades nacionales (no
estaba, sin duda solo y no le faltaban razones) ; un escép
tico de cualquier posible destino uruguayo que no fuera for
mar en la comparsa de los poderosos. Pero ese escepticismo
tenía una fisura: era la creencia en el papel estelar que
a Alberto Guani, canciller de hierro de una desvaída y co
marcal nación del Suratlántico le cabría en la historia de
la guerra Mundial II. Penosa excepción.

�Presencia de dos corrientes

Si, como al principio se afirmaba solo examinamos a lo lar
go de la Guerra Mundial II las actitudes de la política ex
terior uruguaya, el panorama que con ellas se construya^e-.

sultaráde una ilevantable parquedad. Porque esas actitudes
tuvieron actores humanos, hombres o grupos que las impulsa
ron o resistieron, y esos actores se movieron a su vez,, mo

tanto por intereses o dictados más o menos fortuitos como
al compás de ciertas corrientes de ideas, de acción, de opiniones. Fueron esas corrientes las que más allá de una
ideología definida, dictaron u objetaron esas actitudes^
son esas corrientes las que las hacen inteligibles, signi
ficativas, materia histórica en fin.
Dos, creemos, fueron las fundamentales. La realidad es
siempre dualista y en períodos de lucha enconada lo es has
ta con furia.

La primera, que dominó por aquellos años y domina aún,
dio primero la pauta de nuestra aliadofilia pero marcócdespues también los pasos de la conducta exterior de la Repú
blica hasta hoy. Para comenzar con su configuración, podría
decirse de ella que responde al diagnóstico de íflo colora
do^ (también de lo "batllista") en su acepción de "moderno",
según ciertos diagnósticos histórico-culturales recientes.
Para ella la hechura de lo histórico es la racionalidad
universal y la forma eminente de actuación de esa raciona
lidad es la "ideolog^ia". Todo lo que viene del pasado, to
do lo que sobrenada el presente en términos de contrastes,
afinidades o intereses no investidos de su imaginaria uni
versalidad es simplemente la materia blanda que el mordien
te ideológico debe eliminar. Es indiferente que esa mate
ria sea la de afinidades históricas, geográficas o económi
cas, contrastes del mismo orden, apego a la propia entidad,
intereses contrapuestos, simpatías o adversidad de oríge
nes, lazos de vecindad.
Ocurrió que esta ideología .fue la democrático-liberal con
algunas vetas socializantes. Lo explicaba la dialéctica po
lítica de los años precedentes y la implícita filiación
doctrinaria del país. Inscripta en creencia en las ideas de
tipo iluminista, la democracia lo fue todo para esta posi
ción y no hubo teórico ad-hoc del sistema que no lo iden
tificase con todas las dimensiones posibles. Un pc^^o más
que un instrumento de control político, un poco más que una
forma de organizar el Estado, un poco más que un estilo de
convivencia social, la democracia fue convertida en una fi
losofía de la vida capaz de integrar religiones y culturas
en los moldes de una síntesis definitiva. La nacionalidad
abandonó como incómodo su lastre concreto de tierras, y
tiempo y destinos de seres vives y concretos y se identifi-

�8

có con "la idea", con la Democracia, sin más ni más.
La propaganda de la Defensa Nacional no argumento, como
es regular, la necesidad de defender el país sino la Demo
cracia contra "el totalitarismo nazi^ primero y el "totali
tarismo comunista-1 ahora. (Todavía el año pasado andaban
por las paredes carteles de ese tenor). Como la ideología ^
apostólica vive desde el presente hasta su encarnación en ¡
el futuro, todo lo que surgía del pasado o de situaciones
ya estabilizadas fue pasado por alto. La solidaridad rio- i
platense, por jemplo. Los orígenes hispano-latinos. La co- \
munidad social con la República Argentina, esa identidad
que en tantos extremos nos hace dos Estados de una sola na
ción. La peripecia común de naciones hispanoamericanas y
su condición de objetos seculares de un proceso de expan
sión imperialista protagonizado por las mismas naciones cu
yo triunfo se identificaba con el auge de la ideología. •
La corriente resistente

Según los planteos a que aludíamos, la otra corriente podría
ser identificada con el mddo temperamental y es indudable
que, si bien mientras los grupos doctorales "'antipersona
listas " de ese color se inclinaron en masa hacia la ver
tiente anterior, el sector del Partido Nacional dirigido
por Herrera la representó más efectivamente que cualquier
otro.- Tampoco, sin embargo, esa corriente dejó de señalar
su influencia en grupos bastante diversos y creo difícil
negar, por ejemplo, que marca buena parte (ya veremos con
que complementos) de la posición internacional que por años
ha sido expuesta en este semanario.
Podría . decirse de esta actitud que también es otra "ideo
logía^ y esa afirmación sería verdadera dentro del margen,
inevitable en nuestro tiempo, en que todo conjunto de po
siciones tiende a organizarse en un sistema coherente en
un orden racional. Con todo, si una ideología fuera, tam
bién su tinte "antideologista" fue inequívoco.
Porque es el caso que, enfrentada con la homogeneización
doctrinal que ^.^o anos ue ^a Guerra aparejaron, la primera

reacción de esa posición fue un instintivo descreer en las
ideologías o, por lo menos, afirmar su relativismo. Podrá
alegarse aquí que también actuaban en esa posición hombres
y ^rupos que creían en los argumentos totalitarios, y los
sostenían. Pensamos, con todo, que hoy a dos décadas de dis
tancia, resulta indiscutible que esos núcleos y esos hom
bres constituyeron algo episódico^ pensamos que las razones
concretas del enfrentamiento y la resistencia estaban más
allá de su alcance, por lo que no fueron, en lo sustancial
determinados por ellos.

�Cuando se descree en las ideologías y en este caso en
la ideología, demoliberal con todas sus contingencias, es
porque se descree en las ideas como instrumento racional de
deciüir de los sucesos y de ordenar el rumbo de la histo
ria. Pero es también . porque^se ve en las ideologías,cuales_

quiera ellas sean simples máscaras de a voluntad de poder,
simples portavoces de intereses, ya sean estos nacionales
o de clase. Tal actitud puede tener un lejano aunque cier
to abolengo maquiavéico; puede nutrirse también de las afir
maciones de Marx y de su descendencia. El sustrato de la ~~
postura uruguaya resistente parece haberse sustentado en
•

/
v

la primera vertiente y aquí np^ r^rp^-m'mos a las_^agudas ob-

seryaciones clft ^rturo Sanpay sobre la influencia de naqi
velo en Herrera. Se vio pues en la ideología democrática
incondicionada la máscara de la voluntad de poder, la deco
rada cohonestación de intereses nacionales empeñados en una
lucha a muerte por su supervivencia. En la larga polémica
de esos arios, no careció, sin embargo, de excepciones, esa
imputación monolítica a los^intereses nacionales" y la po
sición de MARCHA, agreguemos todavía, fue mucho más capaz
de discriminar entre una colectividad y JLos sectores pri
^ilegiados Que la conduceru
Como no podemos ser minuciosos, pasemos entonces a que
compensando esta descreencia en las ideologías, la posición
resistente proclamó la primacia de lo tangible, de lo pro
pio, de lo probado, de lo próximo •••'De la historia, de la
Geografía, de la Economía y hasta de la Biología. Sostuvo
"el egoísmo sagrado" de la propia entidad nacional, la
primacía de los concretos intereses uruguayos. Afirmó el ^.
valor de las afinidades de raza, de origen, de situación
geográfica, de vecinaad, de estilo de vida. Creyó que las
situaciones de preeminencia y de subordinación que vienen
dé la entraña histórica no se borran con las palabras ni
las promesas, que las contriccionés de una conciencia na
cional inquieta, los apremios del peligro y los artifugios
de la propaganda pueden suscitar.•——

/ Este conjunto de üeterminacines—eorrfiguró para esa posi;ción lo que puede llamarse ,f1o permanente'1} ¡ las líneas fir
-,'mes de un contorno naciona^^na^a^fácii de cambiar.

Cada actitud uruguaya debía sopesar para ella las exi
gencias de ese contorno y contrastarlas con aquello que pu
diera no pasar de ser pura alienación, novelería.
/" En términos nuestros, defendió entondes la solidaridad re/ gional del Río de la Plata, de lejano abolengo artiguista,
/ la identidad del destino sudamericano, los vínculos raciales
[
e históricos de lo hispánico y lo continental, la persisy tencia de los impulsos hegemónicos de los imperialismos
\ y muy especialmente del estadounidense.

\

Su descreencia en las ideologías le hizo hostil a todo
el maniqueísmo reinante, a toda discriminación mundial,

�10
continental o regional en buenos y malos, justos y repro
bos, absueltos y condenados. Se negó entonces a una divi
sión de pueblos y gobiernos de acuerdo a tales categorías,
resistiendo con todas sus fuerzas las tentativas de inter
vención que ya por vía directa, ya por la del ''no-recono
cimiento1' fueron lanzadas. Si veía en cada pueblo, (con
un respeto de raíz romántico-historicista) un desarrollo
interno incondicionado, que no podía ser objeto de juicio;
si veía lo precario de toda clasificación ideológica, es
lógico que sostuviera los que pueden ser considerados los
dos corolarios de esa actitud, esto es :1a amistad indis
criminada con todos los pueblos, naciones y regímenes co
mo norma única;el derecho de cada pueblo, en cualquier
instancia, a darse el gobierno que desea. Y si a esto se
atiende tampoco deja de ser lógico que considerara una li
mitación de ese derecho todo juicio exterior de si es real
mente cada "pueblo" el que está dando a través de su efec
tivo deseo o si se le está, simplemente, imponiendo. Pen
saba en esto, no sin lógica, que tal intervencionista, el
principio inexorable de la imposición que se quería conde.nar.

A quince o veinte años de distancia puede, tal vez juz
garse con relativa equidad el conjunto de actitudes que
hemos tratado de dibujar. Con pasajeras disidencias, el
sector nacional del herrerismo lo sostuvo con tenacidad
ejemplar y contra todas las presiones hasta el punto de
costarle su defenestración del gobierno de 19^2 y cinco
años de propaganda comunista de "Herrera a la cárcel".
Pueda decir alguien que no pertenece a ese grupo político,
que tal actitud resguardó valios^s posibilidades urugua
yas y que defendió de una homogenización masiva, rasgos
diferenciales y sustanciales corduras. Que tuvo también
sus limitacjones, sus manquedades parecen evidentes. La
misma preeminencia que lo cercano y lo experimentado tu
vo para ella, debió pagarse en peligrosas desatenciones.
La que tuvo hacia la creciente interdependencia de todos
los acontecimientos universales, hacia la ilimitada repercusici":
mos

de v^..,\.t u.;c d^ ellos sobre el orbe entero es, cree

la más grave. Estos nuevos fenómenos, siempre acele-

rados por el desarrollo técnico que empequeñece el mundo,
hicieron "pari passu", más inexcusable una actitud moral
que no nace con ellos pero a la que ellos insuflaron urgen
cia. Es la responsabilidad (se sea o no sartriano, se con
ciba diluida o brutal) por todo lo que sobre la tierra ocurre. Es el deber del juicio en el que, por lo menos, es
ta responsabilidad tiene que expedirse. Un juicio ineludi
ble, aunque no sea estentóreo, ni seatajante (como es el
uso nacional y por el contrario conozca la prudemci^, las
cautelas de una buena información despreju^'^iada, la com-

�11
plejidad peligrosa de todo hecho humano. La frase de Herre
ra, "allá lejos, los amarillos y los rubios del ^orte" en
ocasión de Pearl Harbor podría valer por expresión máxima
de esta postura. Le hizo mucho mal a Herrera y fue una fra
se infortunada. Pero formaba parte de una posición. De una
posición más coherente de lo que se veía por entonces y
que no era sostenida, era el caso del emisor, por alguien^
que fuera un antiestadounidense apostólico y menos muchísi^
mo menos un antibritanico del mismo cariz.
En la neta diferenciación entre lo que es permanente y lo
que es accidental en la política internacional de un país,
podría rastrearse hasta su más hondo calado ese tipo de
compromiso entre historicismo y "naturaleza" que es rasgo
de muchos estilos de pensamiento. Pero también cabe pen
sar de esa distinción que no toma bastante en cuenta la
movilidad esencial de lo histoÜxo la capacidad de invención
de creación, de libertad en suma, que la historia posee.
Si se descartan esta movilidad y esta libertad es falta
que las ^relaciones entre naciones y cada nación misma cua
jen en una inamovible significación que las identifica(por
debajo de la historia de sus clases, sus intereses y sus
ideales) con tal o cual valor, sean ellos la Rapiña, la
Libertad, la Cultura, la Democracia o la Fe. Si se prescin
de de esa capacidad de invención de la historia, las mis
mas variantes torrenciales que la técnica impone pueden
pasar a nuestro lado sin que seamos capaces de verlas. La

solidaridad del Plata, por ejemplo, un argumento rector
de aquella postura, p3^nteada en los términos relativamen
te inmutables de la estrategia terrestre y naval que corre
desde la vuelta de Obligado hasta la batalla de Punta del
Este puede ser totalmente pasible de revisión en una es
trategia mundial de armas teledirigidas.
Un estilo internacional

A la distancia de estos tres lustros, a^arece con espe
cial relieve que si la inclinación del pais,sus convenien
cias y su misma subsistencia le llevaban a embanderarse del
lado de las Naciones Aliadas, el lujo de gestos y medios
compulsivos que para ello se empleó no obedecía a razones
de contralor interno de la opinión pública sino a muy otras
razones. Porque si los núcleos resistentes a tal regimentación se hallaban dispersos y ninguno coincidía con las
llamadas "fuerzas armadas" (única •&gt; área medianamente pe
ligrosa) no puede dejarse de pensar que el blanco a que se
apuntaba estaba más allá de las fronteras del país. No nos
parece dudoso que haber querido (y sin duda conseguido)
cargar al Uruguay con un suplemento, aparentemente innece-

�13
contundentes e irreplicables cuanto hubiera sido incapaz
de enfrentar, a cuerpo limpio el país, mano a mano, las
consecuencias de muchos de sus gestos.
El ir^nico 1 pera t i/o del "animemos nos y vayan"pudiera
aplicarse también a muchas de aquellas denuncias, a mu
chos dé aquellos proyectos. Con un puritanismo democrá
tico bronco y peleador, enjuiciamos gobiernos vecinos de
naciones amigas y si no decimos gobiernos amigos de na
ciones vecinas resulta claro que la prudencia elemental
de una nación pequeña y débil obligaba a la sinonimia.
Con el mismo puritanismo rotulamos con etiqueta ilevantable gobiernos, personas y procesos. Y también aquí es
tábamos seguros de tales actitudes y sabíamos que un po
der sin contrapeso nos tutelaba. Ante una de estas cir
cunstancias dijo Quijano alguna vez i "Si bien nuestra
pequenez puede evitarnos que la imprudencia frivola ten
ga respuesta, ninguna condición nos exime del ridículo".
Hace casi un siglo, en su clase inaugural del curso de
Derecho de Gentes, Alejandro Magariños Cervantes había
enunciado una de las normas que rigieron más tarde nues
tra conducta internacional. "Débiles como somos, no nos
queda otro baluarte que el larecho Internacional". Pe^o el
Derecho
Internacional en que Magariños pensaba era en
tonces un conjunto estable de normas detras de las cuales
nuestra discreción podría permitirnos vivir. Ahora ocu
rría otra cosa muy distinta y es que en los tiempos re
volucionarios en que entrábamos queríamos esgrimir un De
recho Internacional que se estaba inventando como instru
mento de nuestra proyección en el mundo, como trampolín •
de nuestras ansias ilimitadas de figuaración.
Confiamos que ese Derecho y la instauración democráti
ca que la guerra traería cubriría con su eficacia y com
pensaría ampliamente nuestro desdén de las solidaridades
históricas, nuestra indiferencia a las afinidades geográ
ficas., nuestras infracciones a esas razones de estilo que
imponen conducta mesurada a una nación corporalmente en
deble y a esas razones de elegancia que exigen que las
grandes potencias saquen las castañas con su mano y no
con ^as ajenas, y al parecer oficiosas, de las que forman
en s&gt;u séquito.
Cuando vinieron tiempos más apacibles, algunas proclivi
dades se borraron.

:

El puritanismo intervencionista se desvaneció pero no
faltó, en su reemplazo, la beligerancia decidida en proble
mas complejos y lejanos. El advenimiento del Estado de Is
rael, en 19^8, despertó una sistemática adhesión a los pos
tulados sionistas y una hostilidad, apenas disimulada, al
despertar de los pueblos árabes. Nuestro oneroso delegado
permanente en la O.N.U. encarnó esta posición y la sigue
encarnando. Y aunque es indudable que tal postura contaba

�con las extensas simpatías que la tenacidad y la fe de Is
rael son capaces de sucitar por sí solas, es indudable tam
bién que un factor nuevo, el electoral-interno, pesaba de^cisivamente en tal conducta. Las elecciones de 19 50 marca
ron el ápice de la maniobra que, felizmente, se fue embo
tando más tarde cuando la colectividad hebrea demostró,
con mejor sentido que sus aduladores, que su complejidad
ideológica la hacía reacia a ser arrebañada en una sola
dirección.
También quedó nuestro incontenible deseo aldeano de lla
mar la atención en las capitales. Cuando en 1946, pese a
ser país que había visto la guerra de lejos, objetamos la
aplicación de la pena de muerte para los juicios de Nurember y distrajimos a las ^aciones Unidas repitiendo la carv
tilla archisabida y pedantesca de los argumentos contra ;
ella: cuando en 19 57 el Sr. Tejera conmovió al mismo orga
nismo repitiendo esos argumentos con motivo de la simpáti
ca Laika, era ese "ego" uruguayo, madurado a través de una
década de represiones el que encontraba a través de esos
episodios, tan inocuos como grotescos, su des'anogo. Pues
eran, en realidad, desahogos.
Porque, cuando terminó la Guerra, creíamos que nuestra
violenta aunque incruenta beligerancia nos haría acreedo- .
res al reconocimiento emocionado de los vencedores. Pensa
mos que seríamos algo así como una Varsovia o una LÍcide
vivitas, manuable y recompensable. Supimos que Churchill
y Attlee, Truman o Eisenhower mirarían enternecidos hacia
el Sur y pensarían que allí tenían un país democrático, un
país de confianza, un país a mimar.
Bastante abismal fue la desilusión cuando vimos que &gt;&gt;a-

quella beligerancia [no se traducuíat[de emisión localy en
otras admiraciones que aquellas, que trascienden del len
guaje prefabricado de visitiantes o embajadores. Grande
fue también la desilusión cuando vimos que las naciones cu
ya cuarentena habíamos buscado, ocupaban mucho antes que
nosotros los puestos más visibles de los nuevos organis
mos internacionales• Tuvimos un juez en la Corte Interna
cional de Justicia y le dimos un Secretario a la burocra
cia ambigua y onerosa de la Ü.E.A. Poco mas.
Y cuando, durante el año pasado, el cacique nativo que
nos desgobernara por casi una década quiso empinar su esta
tura, irremisiblemente suburbana, a la Presidencia de la
Asamblea de las Naciones Unidas, su candidatura no llegó
ni a las conversaciones previas y menos a las votaciones.
Se dice que una negativa cortés no carente de ironía,puso,
varias estaciones antes, en su justo lugar, la descabella
da pretensión.

�15
La doctrina Larreta

El conjunto de proposiciones que la cancillería del Uru
guay presento a fines de 1945 a las demás naciones america^
ñas ha sido comentado a menudo en estas páginas desde su
planteo inicial hasta posteriores y muy cercanos intentos
de revitalización. Es tradición del derecho internacinal
en América que toda oferta de normas reciba el título, se
guramente excesivo, de "doctrina' y esa suerte fue que me
reció la del Ministro de Relaciones Exteriores de Amézaga.
Un panorama de nuestra política internacional uruguaya
no puede eludirla, porque si es en su contexto que la doc
trina Larreta se ilumina en su verdadera luz y sentido,
también es cierto que la nota uruguaya de 194 5 culmina ese
sostenido estilo internacional que tuvo su origen en los
años iniciales de la Guerra Mundial II y que hemos tratado
de caracterizar.

Como no nos toca prejuzgar sobre las intenciones humanas,
supondremos que el estadista uruguayo que la lanzó creía
buenamente 'suplir con ella una deficiencia del sistema
interamericano y poner éste a la altura de nuevos y amena
zadores fenómenos político-sociales. Pero el largo trayec
to que va de las intenciones a los resultados es tema de
algún adagio muy conocido y lo que corresponde entonces
juzgar son los posibles resultados de una iniciativa que
esporádicamente cobra vida y gana defensores.
La doctrina Larreta se basa, como es notoria, en la in
negable relatividad de las soberanías nacionales (usemos
la f^rmula pretensiosa; en "la caducidad creciente de la
forma nacional") y en indisputables derechos que la Socie
dad internacional posee. Derechos ante situaciones que pue
den comprometer la comunidad de naciones enteras; derechos
ante lo que dentro de una frontera pueda violentar escan
dalosamente los presupuestos morales o políticos mínimos
sobre las que todas viven o dicen vivir. La doctrina Larre
ta olfateó habilidosamente cierto aire de "política misio
nal ' q^v^ el mu^.u^ rco^xi'ü uesde hace un cuarto de siglo,

de esa conciencia de una "misión" que, según Eugenio DfOrs,
significa "meternos donde no nos llaman". La práctica el
comunismo desembozadamente, pese a sus postulados teóricos
y también es pasible de recuerdo que para un sector del mun
do tan vasto como el católico el principio de la "no inter
vención" está condenado por su trasfondo filosófico autono
mista en una encíclica tan solemne y terrible como el "Syllabus".

Pero la doctrina Larreta, como todo planteo jurídico pre
suntamente abstracto e incondicionado, pasó por alto muchas
cosas.

155546

�16
Pasó por alto, para empezar, que la comunidad de nacio
nes americanas no es la constelación de naciones iguales
que la misma idea de comunidad implica sino una desnivela„.^ da congregación continental (desnivelada hasta un extremo
\ inimaginable en cualquier otro continentalismo) entre una
"superpotencia", algunas naciones medianas, y un cortejo
mendicante de infrapotencias.
Durante los años de la guerra, la fuerte perspicacia
realista del al^m^n y--???. S^hmitt advirtió, con.^alcances

universales este fenómeno. Poco tiempo después replanteó
también el tema, sin falsos pudores, el norteamericano
Fox. No se trataba de una simple constatación ni se que
daba en valer por tal; aspiraba a penetrar en las mallas,
tan tenues, por otra parte, del Derecho Internacional, re
clamaba una reclasificación de sus sujetos. Y, aunque se
guramente no fueron sus consecuencias en que Schmitt pen
saba, la constitución de las Naciones Unidas, en 1945, con
su Consejo de Seguridad, sus miembros permanentes y su de-^
recho al veto, consagró los nuevos y clamorosos desnive
les en un documento internacional de vigencia principalí
sima.

Pero en ningún área mundial, sin embargo, reiteramos, se
. da este desnivel con mayor nitidez que en el hemisferio
occidental y esa tan irremisible situación de hecho, la
doctrina Larreta la olvida o elude. ;iLa intervención co
lectiva", uno de sus tres puntos fundamentales, hubiera
sido la intervención real de la superpotencia del Norte,
a la que se daba, con la hipocresía de corifeos siempre
dispuestos, un instrumento di^nificado de intervención.
Todo esto ya lo advertía Quijano, en esta MARCHA el 30
de noviembre de 1945 y la observación no fue le^antada nun
ca.

Cosa de un año antes, el Dr.Guani, no sin sugestiones
j ajenas ciertamente había intentado emplear el instrumento
de las Reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones
; Exteriores para condenar la actitud de Argentina y lograr
su expulsión de la Unión Panamericana. Con la doctrina La¡ rreta, sin embargo, culminaba por mano del Uruguay la renun
cia a un esfuerzo da medio siglo que había pugnado por arrancar de los Estados Unidos la renuncia total al derecho
\ de intervención. Entre la VII Conferencia Panamericana de

Montevideo de 1933 y la VIII de Lima en 1933 se había logra
do tal fin y a veinte años de distancia no podemos dejar
de pensar en ese triunfo con cierta melancolía y cierto or
gullo. Porque si hoy sabemos (y supimos siempre) que evitar
la intromisión de una gran potencia es como ponerle puer
tas al campo (y que la intervención de gobierno a gobier
no es en cierta forma la más combatible y benigna) había
en aquellos esfuerzos, de cualquier manera, la intención

�17
de guardar un patrimonio, la voluntad de vigilarlo.
El 'paralelismo de la democracia y de la paz" y "la pro
tección internacional de los derchos del hombre" eran los ...^
restantes principios de la doctrina y traducen una inspi
ración homogénea, no obétante ser el primero declarativo
y normativo el segundo. También puede decirse de ellos que
forman parte de ese repertorio de convicciones y propósitos
que todos los seres medianamente civilizados, con la excep
ción de malvados y excéntricos portamos. Pero tampoco se
necesita el hilado fino de los semánticos, apasionados in
vestigadores de la fundamental ambi^üedad del lenguaje po
lítico, para saber que cuanto mayor y más ancha es la de
liciosa unanimidad que un principio sucita, mayores son las
vías por donde lo contingente y lo ambiguo de toda la rea
lidad que lo maltrata, lesiona, falsifica. El "hombre co
mún" quiere seguridad y libertad y paz bajo todos los cie
los, pero ¿en qué nación occidental u oriental gobierna
"el hombre común" y en cual no está manejado, y estrujado,
por equipos, oligarquías o castas -como quiera llamárselaseconómicas, políticas o militares? Y, si a pesar de sonar
a pedantería, También es inevitable recordar que hay tan
tas concepciones de la democracia y de la paz y de los de
rechos humanos como ideologías se mueven y pugnan en el
mundo (y tantas también corno ellas las diferentes sensibi
lidades para sus eventuales quiebras) una sola conclusión,
no por demasiado repetida, se impone. Es la del contraste
entre la rigidez y la explosividad de cualquier medida de
"intervención multilateral" o "colectiva" (que en la prác
tica se sabe sería otra cosa) y la desesperante imprecisión
de las situaciones que podrían ponerla en movimiento, ha
cerla efectiva.
Las ideas de la"derecha liberal panamericana" tiene su ?
cuadro particular de infracciones y tiene, especialmente,'^
sus derechos y libertades predilectas. En algunos casos,
es cierto, prácticamente todas las posiciones latinoameri
canas pueden coincidir con ella. Las dictaduras patrimo
niales del área del Caribe son ejemplo intergiversable de
lo que todos repudiamos pero si se analizan otras actitu
des de ese "neoliberalismo" que es el propulsor de la doc
trina Larreta y que ha dominado los últimos veinte años de
nuestra política internacional, se advierten posturas mu
cho menos unánimemente compartibles. Sin entrar a análisis
de detalle digamos que, y por distintas razones, son las
asumidas ante Bolivia, Colombia, Paraguay, Argentina y más .
recientemente Cuba.
Un estudio de cada una de ellas nos llevaría a la conclu
sión que en otra parte debíamos desarrollar y es la de que
j
esa derecha neoliberal profesa una concepción de la democra- \
cia, los derechos humanos y la paz que no difiere sustan!
cialmente de aquella que las clases dirigentes europeas y

�18
las clases medias coloniales, progresistas tenían hacia el
principio dé siglo. Una concepción en suma "particular"
una "perspectiva" de ciertas realidades que solo una gene
ración ilegítima3 ingenua o dolosa, puede identificar con
toda concepción o perspectiva posibles.
Yocurre entonces que este instrumento intervencionista
que la doctrina Larreta hubo de crear, y aun no sería im
probable que fuera creado, pudiera servir para barrer dema
siadas cosas. Para barrer, por ejemplo, esas repulsivas
dictaduras patrimoniales cuya caída sucesiva el continente
entero festeja. Pero pudiera servir también para herir otros
N régimenes, otras corrientes, otras tendencias.
Los adjetivos "nacional" y "popular" han sido demasiado
vilipendiados a través de dos años de la triste Argentina
actual para que pueda usárseles por mucho tiempo. Pero es
indudable que desde lS^b hasta hoy, están apareciendo en
Latinoamérica movimientos nacionales que, con toda las im.'** precisiones, infidelidades, heterogeneidad y cautelas pre
visibles, merecen esos adjetivos. Tuvieron por precursora
la Revolución mexicana de 1910 o por lo menos sus mejores
sus más frágiles aspectos. La actual revolución cubana pue
de ser ejemplo excelente de ese ritmo, de aquellos impul
sos, de aquellos peligros.
Yaquí cabe afirmar, sin hipocresías pero con necesidad,
pues no hemos encontrado el argumento en ninguna de las
críticas que la doctrina Larreta ha merecido, que es ante
estas realidades nuevas que su peligrosidad fundamental se
pone en descubierto. Porque lo cierto, lo intergiversable
es que vistas desae afuera y p^ca la mirada gruesa las re&gt; voluciones nacionales y las dictaduras patrimoniales pue
den parecerse demasiado. Y la causa de esto no es esotéri
ca. Una ideología como la del neoliberalismo panamericano
proclama con fácil, generosidad derechos y libertades ab
stractas y universales. Pero lo efectivo es que sólo asegu
ra ^quellas que más le importan a los sectores que por de
terminada situación económico-social están en condiciones
de ejercerlas. Tal el caso, por ejempcho, de la libertad de
prensa, del derecho a la organización de partidos.
Se está viendo todos los días como se entienden en Lati
noamérica y en los Estados Unidos algunas de estas liberta
des .

Como entendieron los derechos de propiedad, por caso, de
la "United Fruit", violados en Guatemala, los grupos domi
nantes del hemisferio. Como están en vías de entenderla, o
lo desearían, sin el control político, en la coyuntura de
la reforma agraria cubana.
Pero si algún ejemplo es ilustrativo entre todos es el
de la "libertad de prensa"^ Es el como entiende esta li
bertad el poderoso y turbio grupo de la "Sociedad Interamericana de prensaV Como identifica esa libertad y la con-

�19
vierte en piedra de toque de un régimen;idemocrático"(ei
resto de la sociedad sin expresión, los diarios pobres no
importan) con la irrestricta existencia de los grandes leviatanes periodísticos. Como defiende, en fin, el núcleo
de privilegios que hacen de esa docena de diarios america
nos un fenómeno impar de retribución económica y espiritual
(la buena fama y los millones casi nunca andan del urazo).
0 un estuario, dijéramos, en el que se encuentran el nego
cio sabrosísimo con el instrumento de influencia de honor,
de prestigio.
Toda esta situación, su precariedad y su radical injusti
cia no la ignoran los beneficiados en caso de amenaza y no
es un tiro al aire el que lanzara hace pocos días el argen
tino Gainza Paz cuando, desde lo alto de su presunción multimillonaria miraba hacia La Habana y advertía a ''los as
pirantes a dictadores".
Y si ello es así, es también posible que por eso mismo,
si se prescinde del sentido y dirección de los actos polí
ticos concretos, esa identificación de que hablábamos pue
da convertir a cualquier forma de intervencionismo en un
instrumento demasiado indiscriminado.
Porque el caso es este: la intervención unilateral o mul
tilateral podría ser eficaz instrumento de sanción contra
esas aborrecibles tiranías superstites que todo el continen
te desprecia. Pero también podría ser arma dirigida contra
todos los movimientos que, al sesgo de las convicciones del
equipo neoliberal, busquen a su modo, inexorable modo, la
promoción de los pueblos de Iberoamérica. Para la mirada
que ve largo y hondo en el continente no resulta discuti
ble que, si no hemos de ser como el gato de Shakespeare
que quiere v_ . la sardina pero no mojarse los pies, sacri
ficios muy largos y duros nos esperan. Si^ al modo argen
tino, no optamos por abrir el país al dominio de los con
sorcios internacionales, el prospecto unánime de ascenso
de nuestros niveles de vida y su único instrumento posible
de capitalización masiva tiene que implicar constricciones,
restricciones de los grupos dominantes, dureza, fe,inflexibilidad. Muchas experiencias universales nos lo están
señalando y la misma actitud de los núcleos filo-interven
cionistas ante ellas, nos dice donde está el peligro.
En busca de una conducta

Cuando estalló en 1939 la Guerra Mundial II, hacia más
de medio siglo que el Uruguay vivía abrigadamente en la
gran cavidad materna del orden mundial británico. Los vien
tos del mundo llegaban hasta ella, pero tamizados. Los pro
blemas del destino americano sólo eran tema de especulación
o de retórica: nuestra lejanía de la zona del Caribe nos

�20
resguardaba de las más crudas experiencias que nuestro con
tinente conocía. El reemplazo de Londres por New -York como
metrópoli prestamista, las restricciones comerciales y cam
biarías a partir de la crisis de 1929, el avance comercial
alemán desde 19 34 fueron apenas las oías que rizan la super
ficie de una masa honda e imperturbada. Pese al asalto de
las nuevas fuerzas (aunque muy abatido y precario) sobre
vivía un sistema internacional relativamente estable y en
la Sociedad de Naciones, entre otros estados fieles, el
Uruguay le había prestado un apoyo sin pausas. Situados
en condición periférica a las más gruesas, gravosas y dra
máticas determinaciones de lo americano, al tiempo que ha
bíamos cumplido sin tropiezos nuestra misión de "estadotapónÍT, pudimos secundar en los organismos colectivos hemis
féricos ese período de relativa estabil^zación que fue la
"good-neighborhood" y que se confirmaba en el otro equili
brio mundial de las esferas de dominio de las dos poten
cias anglosajonas.
Al salir de la Guerra, en 194 5, no creemos aventurado
sostener que la convicción de que ese equilibrio estaba
despedazado, caló hasta extremas honduras del subconscien
te nacional. Cuando, en marzo de 1944, se elevó a Embajada
nuestra legación en Gran Bretaña hubo discursos en el Se
nado. El folleto que los recogió es sumamente ilustrativo
porque no falta en ninguno de ellos ese tremolo de angus
tia, de incertidumbre por lo menos, de aquel que contempla
un cabo salvador escurrírsele de entre las manos.
Y más tarde todavía, cuando tras el envío de la misión
Gallinal a Londres en 1948, se nacionalizaron en 1949 los
gravosos ferrocarriles que Inglaterra nos dejó, tampoco
sería excesivo ver en este episodio algo así como la rup
tura de un cordón umbilical, algo así como el envión que
nos dejaba desnudos y berreantes, en la intemperie del mun
do.

.

El advenimiento del peronismo, casi simultáneo a la ya
examinada doctrina Larreta fue para el Uruguay el primer
gran presente inmediato de esa postguerra tan idealizada
hasta poco tiempo antes, tan hosca cuando vino. El peronis
mo planteó a la línea nacinal uruguaya un desafío estruen
doso por su calidad irrecusable de vecino y por todas las
implicaciones que esta calidad aparejaba. Ese desafío a
veces hizo bajar nuestros fuegos; otras los avivó, dándole
al país el delicioso ;&lt;grisson nouveau'1 de estar enfrentan
do riesgos reales. Nada pasó, sin embargo, de las protes
tas de Buenos Aires, en 1952, ante el empíeo de un mapa de
las Malvinas en un tratado de rutina con Inglaterra, de
las tentativas de 19 55 por ¿edefinir los derechos del exi
lado y la figura de la excitación a delinquir, de las difi
cultades aduaneras de 19 53-55, de un Punta deí Este semi-

�21
vacío, de los clásicos

de Enero y de las peleas de Dogomar

Martínez..

El intervencionismo de Guani, concebido en la forma de
Consultas previas de Cancilleres para el reconocimiento de
ciertos regímenes, había estado dirigido contra situaciones
que ponían en peligro, o así se suponía, la tan cuidada so
lidaridad americana. Toda vía en junio de 1948 y por inter
medio de su embajada en Buenos Aires, el Uruguay lanzo de
nuevo la idea de esas consultas respecto al reconocimiento
de gobiernos nacidos de cuartelazos (Perú, Venezuela).La
propuesta no tuvo andamiento y era difícil que pudiera ha
berlo tenido ante fenómenos que si importaban un asalto al
poder en su forma más desembozada no comprometían esa "so
lidaridad americana" que los asaltantes eran los primeros
en proclamar
Así, aunque a regañadientes, tuvo el país
que reconocer en 19 52 la vergonzosa situación de Venezue
la, apelando a los argumentos clásicos de la "efectiva au
toridad" y "la capacidad y la voluntad de cumplir las obligaciones internacionales".
Entre 194 5 y los años que corren, si hemos de atender a
los trazos más gruesos, y como un móvil que se mueve a
un impulso ya dado, la política externa del Uruguay conti
nuó resgistrando los rasgos que adquiriera en el período
anterior. Qáiere esto decir que continuó asumiendo, aunque ""^
con creciente menor convicción el papel de cruzado de las
formas democráticas en Hispanoamérica ^ quiere también de
cir que siguió marcando el paso de la coordinación inter
americana ^ significa, por fin, que hubo de alinearse, y lo •;'
hizo, en la decalización mundial de la "guerra fría".
Por una parte, concurre en 1945, a Chapultepec, donde se ""
echan las bases de la O.E.A. En 1947 asiste a la Reunión
-^'
de Janeiro que prepara el Tratado Interamericano de Asis
tencia recíproca que aprueba el año siguiente. En 1947 envía ;
una brillante delegación a la memorable IX Conferencia Pa
namericana que conoció el tremendo "bogotazo" de la muerte
de Gaitán y participa allí eñ la aprobación de algunos do
cumentos más aparatosos y vanos de la historia del paname
ricanismo: la Cai'ca Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre, la Carta ínteramericana de Garantías Sociales, el
Tratado americano de Soluciones Pacíficas, la Carta de la
Organización de los Estados Americanos, en fin. (Recien aprueba alguno de estos documentos en 1955).Asiste también
a Washington, en 19 51 (Cuarta Reunión Consultiva de Canci
lleres) .
Mientras tanto y al ritmo de la división del mundo, el
país asumió, solidariamente con otras naciones latinoameri
canas, las posturas occidentales.•

.

En 1943 el Uruguay había reanudado con la Unión Sovióti- i
ca las relaciones que estaban rotas desde 1938. En 1945 en- \

�22
vio allí a Emilio Frugoni. En 1946 reconocimos Bulgaria,^
solo diez años después lo haríamos con Hungría. En 1946,
secundamos la cuarentena diplomática decretada por la O.N.U.
contra Franco. Fuimos una de las últimas naciones latinoa
mericanas en acreditar Embajador en Madrid. En 1947 adhe
rimos a U.N.E.S.C.O., creada meses antes y el mismo año

aprobamos los convenios financieros y monetarios de Bretton
Woods que implicaban la creación del F.M.I. y la del Ban
co Interancional de Reconstrucción y Fomento. En 1948 re
conocimos con júbilo una nueva nación: el Estado de Isfael^
apoyamos desde entonces, con. fervor latino, el ingreso, lo
grado más tarde, de Italia en la O.N.U. y desempolvamos el
mismo fervor (lo hace periódicamente el Embajador Saénz)
para expresar nuestras simpatías a las aspiraciones fran
cesas a "la grandeur".

También seguimos la línea dura occidental y, paulatina
y silenciosamente despoblamos nuestra representación en
la Unión Soviética (aunque esto no pareciera más que multi
plicar el entusiasmo soviético por acrecentar la suya entre nosostros). En 1952 la llegada de un nuevo Ministro
de la U.R.S.S* provocó una interpelación en el Senado, en
19 56, secundamos el repudio del mundo ¿inte la masacre hún
gara, con un empuje de unanimidad y una seriedad que sólo
maculó el gesto -"tartarinesco1"' saliendo de nosotros- de
pedir "sanciones contra la U.R.S.S. "••

En el plano mundial, entonces, los acontecimeintos (sal
vo una excepción que marcamos) parecier^n lo bastante un^
vocos como para que ningún fundamento tuviera que ser re
visado. Fue, en cambio, en el orden americano, en el que
el trueque de impostación, desde la beligerancia a la incertidumbre rompe, desde entonces, los oídos.
En 19 53 el Poder Legislativo aprobó el Convenio de Asistencia Militar entre el Uruguay y los Estados Unidos, firmado en julio del año anterior por Martínez Trueba y Dupetit Ibarra. La aprobación estuvo sin embargo precedida por
un laborioso proceso durante el cual, por primera vez, se
planteó una disidencia nacional en política exterior que
caló hasta estratos más hondos que los habituales. El debate parec^ó un diálogo de sordos y ya en esto fue expre
sivo. Mientras los objetores partían de postular la desea
ble conducta del país en el juego de las tensiones mundia-' les y, no sólo efectividad posible de nuestro ^ntrenamiento
militar sino también la deseabilidad de su uso, los defen
sores poco pasaron de invocar, con cierto ademán fatalista,
los instrumentos ya firmados y su condición de premisas que
nos empujaban el corolario del nuevo compromiso. El Trata
do Interamericano de asistencia recíproca, el mismo conve
nio de 19 51 sobre instalación de una misión aérea en nues
tro territorio, habría sido los pequeños pasos que nos em
pujaban a ese otro, mucho más grande. . -,_

�23
Cierto visible malestar que no estaba limitado a los sec
tores del país que eran tradicional y aun profesionalmente
antiyankis, aumentó al año siguiente 195^ fue el año de la
X Co^ferencia Panamericana de Caracas y su famosa declara
ción anticomunista, condena implícita de Guatemala, que el
delegado uruguayo Justino •' Jiménez de Arechaga dijo haber
"votado con pesar". La reacción popular latinoamericana, rí
ante la liquidación del régimen guatemalteco está demasia
do fresca ^mo para que se? preciso evocarla. Desde los es
tremecidos días de la guerra española, en 1936, desde el trá
gico 1940, ningún acontecimiento movía tan revulsivamente
la entrena de los sectores no-oficiales de Latinoamérica.
Haya sido o no alentado por el comunismo (que no carecía,
por cierto, de contactos con el núcleo gubernativo dasaloja
do) la amplitud de la reacción desbordó, con mucho,, todo
lo que la agitación soviética pudiera lograr.
Era, literalmente, el poniente melancólico de las "cuatro
libertades" de 1942 y la primera vez que nuestros países
rechazaron con gesto decidido la primacía, tan circunstan
cial como absoluta, de los argumentos de la defensa estraté
gica mundial contra el comunismo sobre las necesidades de
crecimiento, promoción y justicia, para muchas de nuestras
naciones tiranizadas y mediatizadas.
Ya es otro el estilo uruguayo, cuando en setiembre de
19 56 la nueva Argentina pro-británica propone al Uruguay
y al Brasil el Pacto del Atlántico Sur. Todo se diluyó, co
mo se sabe en vagas declaraciones militares y habiendo blo
queado Brasil la tentativa de Buenos Aires, tal vez por pri
mera vez en muchos años nuestro país se sintió en la posi
ción incómoda de haber perdido su respaldo y estar sin sa
ber cual elegir, (las dos eran "democráticas" ahora) entre
sus hermanas mayores.

Estos hechos (Pacto Militar, Guatemala, gestiones en el
Atlántico Sur) marcan, es nuestra convicción, el punto ce
nital de la perplejidad internacional del país. Una perple
jidad de la que no era imposible salir pero que tampoco en
tonces (y aún ahora) se confina al área concreta de lo ame
ricano,

Es notorio, por ejemplo que el Uruguay (oficialmente) no
sabe qué pensar de la rebelión de las colonias, ni sabe qué
actitud tomar ante ésta asunción del nivel histórico con que
vastos sectores del mundo llegan a su mayoría de edad. No
sabe, en suma, cómo juzgar esta insurgencia, en la que el
mismo país, naturalmente a su modo, también está comprome
tido. En la misma Asamblea de las Naciones Unidas de 1958
en la que Mario Amadeo expresó la simpatía de las naciones
americanas por la lucha argelina, nuestro delegado Carbajal
Victorica no perdió la ocasión, para ofrecer, en un largo ,
y difuso discurso, la consabida cartilla uruguaya -a fran
ceses y argelinos- sobre lo que es democracia.

�Hasta entonces, y es una causa evidente de la nueva per
plejidad, el Uruguay había contado con la acción mundial
solidaria de los Estados Unidos e Inglaterra y aunque los
últimos ocho años no han terminado de abrirles los ojos a
las clases directoras del país, la enconada lucha angloame
ricana en torno a la Argentina y al Medio Oriente, con el
episodio de Suez en 1956, ya es algo que entra, aunque bo
rrosamente, en su percepción. Siendo, como es, el proceso
de emancipación colonial un campo predilecto de esa lucha,
en complicación triangular con la URSS, es explicable el
tono incierto de la posición uruguaya, que tanto nos trae
el recuerdo de las tajantes actitudes del ayer.
Las dos Conferencias Económicas de Buenos Aires (la últi
ma en mayo del corriente año), la reunión informal de can
cilleres en Washington de 1958, señalan a nuestro ^arecer,
y culminamos con ellas este desarrollo, el advenimiento de
un nuevo planteo internacional.
Hace dos meses apenas, tuvo que crearse un Banco Interamericano de Fomento y aunque su capital sea exiguo para las
necesidades que debe cubrir y su radicación norteamericana
mantenga los rasgos de esa centralización que remonta a
1889, el síntoma no es irrelevante. Todo el mundo sabe que
si el Banco fue creado ello se debió, pura y exclusivamente,
a que su postergación hubiera significado una catástrofe en
las relaciones interamericanas. La situación paradójica que
aquí comienza a dibujarse es la que, justamente cuando pue
den considerarse completos los instrumentos jurídicos del
sistema panamericano el trato entre los paísses que lo in
tegran haya asumido, inesperadamente, una tonalidad de insurgencia, de interpelación, de amarga protesta.
Los reclamos y los reproches comienzan a aparecer en las
entrelineas de los discursos confraternales; otros saltan
a las líneas mismas y las ironías de pasillo se enriquecen
con la frase de que "no somos bastante comunistas para que
nos ayuden". Y tan similares son esos reclamos, esos re
proches que puede decirse que aquel postulado anti-imperialista de que todas las naciones iberoamericanas solidarias
'dialog^ra^ bil^ter^l:::.:::-.te, como un todo, con los Estados

Unidos, tiene en ese estilo su primer vía de realización.
Sabemos cuales son esos reclamos. Una generosa política
de desarrollo económico. Una contribución sustancial al as
censo de nuestros niveles de vida, a nuestra industrialiaación. Un "nuevo trato" equitativo a nuestras materias primas,
una estabilización de sus precios, una relación no siempre
desventajosa entre esos precios y los de los productos in
dustrializados. Cesar, en fin, con el apoyo indiscriminado
a todos los gobiernos obsecuentes de Washington y enemigos
de sus pueblos. Cortar la corriente de armamentos, inútiles
en una estrategia mundial de "tocar botones" y sólo mane
jables para la represión interior. No sostener, por los

�25
mil medios en que esto puede hacerse sin escandalizar a los
internacionalistas, a los dictadores de paz y palo y mucha
"libre empresa".:

Conocemos también cuales son las réplicas posibles; respe-;
to por los Estados Unidos al principio de no-intervención:
exigencias de los productos internos^ omisión hispanoameri
cana en poner orden en las respectivas casas; inclinación
incoercible por nuestra parte a remendar con inflación los
bajos índices de trabajo, la indisciplina social, el buro
cratismo inepto, el despilfarro legalizado, el cinismo de
los equipos gobernantes.
No se trata aquí de examinar unas y otras ni de ver en
qué diferentes niveles unas y otras pueden ser juzgadas •
desde un ángulo liberal, uno marxista, uno nacionalista.Só
lo importa aventurar que en este tocar tierra con los pro
blemas concretos de Iberoamérica se encuentra, tal vez, el

fin de la perplejidad que señalábamos, el inicio de un diá
logo franco (sin mieles, sin acibar) con.los Estados Unidos;
los comienzos, sin duda modestos, de una política menos me
diatizada.

-^

�26
La posición de Marcha

Algunos párrafos más arriba, emparentamos la posición de
Marcha y su dirección con la que acabamos de reseñar. En
dos ocasiones: junio de 1941 (Proposiciones para fundar una
política internacional) y 1944 ("Direcvas fundamentales de
una política internacional") Quijano planteó en grande los
problemas capitales ae nuestra conducta exterior. Si los
releemos, y es una experiencia interesante, nos encontra
mos con casi todas las posturas anteriores. Pero daremos
también con otras nuevas. La primacia de lo real y de lo
próximo, la de lo permanente sobre lo accidental, no pertur

bó en la línea de MARCHA la convicción reiterada de que el
primer enemigo a combatir era el nazismo en todas sus for
mas . Pero agregaba MARCHA y creo que la frase es literal
"sin desoír nuestros intereses permanentes" creemos que es
ta reserva, a la que corre unida por cuerda de lo experi
mentado e inmediato es la que explica también la posición
antiestadounidense de ayer y de hoy. Y como juzgar esta
conclusión desde el ángulo de las observaciones recién he
chas no es lo que nos corresponde, alinearemos dos rasgos

más de la posición de MARCHA que han ejercido profundo im
pacto uruguayo.
La descreencia en las ideologías, tan connatural con el
estrado más hondo de la personalidad de Herrera asumió en
este semanario una variante mucho más exitosa y practicada
,' inagotablemente^ Podría, señalársele, más bien, como la
f descreencia en los "ideólogos" que la sostenían. Es la deí nuncia de la hipocresía sustancial de las definiciones de
mocráticas de muchos gobiernos. De las que hacen, por ejem
plo, los dictadores hispano-americanos, bienquistos en Wash
ington o en busca de bienquistarse. De las que hacen esas
naciones imperiales que practican su democracia metrópoli
adentro. Y, si como se decía, es más la de los "demócratas"
que la del régimen mismo, no es menos cierta que esa denun
cia arrastraba la de la progresiva vacuidad de un rótulo
que bóxu coura va.geiiCa.ci

n una alineación mundial de poder.

Pero ese estar de MARCHA en el sector más apasionado de
la lucha antinazi y al mismo tiempo velar por c^^tas rera^^a
nencias de nuestra condición hispanoamericana, promovió el
fenómeno de una "conciencia dividida" que se nos antoja de
cisivo. Porque la. .conciencia dividida que importaba esa ac
titud es para nosotros la asunción plena, ya no en la con
ducta pero sí en los móviles de una conducta posible, de
nuestra condición de"pueblos marginales". Es un tocar tie
rra con nuestro efectivo destino. Y los pueblos marginales,
las naciones marginales, los continentes marginales, por
serlo, no pueden, sin traición, abrazar las mismas causas,

�27

o, con más precisión, abrazarlas de la misma manera, que los
pueblos centrales, los pueblos protagonistas de la historia.
En esta ^conciencia dividida", en esta reacción contra un
puro aceptar la dialéctica de los "medios suelos" que sin
ella se hubieran hecho incontrastables, podría hallarse -y
es buena reflexión para estos veinte años- una de las con
tribuciones capitales de MARCHA a nuestra precaria pero no
imposible madurez como pueblos.
Esta "conciencia dividida", sin caracteres de exclusivi
dad, pasará al sector actualmente llamado "tercerista".(0,
por lo menos, a los segmentos de él que no son filocomunistas,que no se atreven a decir su nombre). Con ella pasaron
también casi todas las posiciones de esta que hemos llama
do "corriente resistente" aún recibiendo, claro está, nue
vas modalidades.

U do la R/^^C/íIía(650) 1603-1636/87

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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Política internacional e ideologías en el Uruguay /Carlos Real de Azúa..    Montevideo : Universidad de la República. FHC, s.f..&#13;
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                    <text>- 61 uojnp oaisanu aod BpBJoqB[a Binqno B[ ap bijos
-opj B[ aXnitisuoa anb oisba sbui ooijpsogj BuiBJOuBd [a ua opiBoiqn
X sa^rouasa SBauq sns 'aiuauíBiaui 'jBorpur outs 'afBnua[ [ap Biua[q
•ojd [B ou.101 na aaarssB^ ap ojuaiuiBsuad ^a ajuauíBApsnBqxa jbzi[bub
opipuapad souiaq ou anb jB[Bnas Bjsa sbui aQ 'ouB^ajsBO ^b SBpionp
-vil opis uBq sa^ui ua o UBuia^ ua soixai ap sBpiBaixa sb^io
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ua 'sojdfqo soj ap opuntu ^&gt;p uqioorujsuoo v\ X dfvnSudj /^
'TS61 'O9ÍX?K '^-imjn^) vj ap svpudt^ svj
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'9^61 4'9UI suoijBaqqn^ jaAOQ 4i/jX^j[ pwo aSvnSuvj
'S6T 4'9UI suoiiBoqqn^
-oq 'X}iaí)vid}j fo Xuodyj^ s(Wdjsu}^[ puv uojjoun^ puv aouvjsqn^
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ap Bjqo v\ ap sauoiaipa ga^uainSis sb[
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[ap ojrsodoad [a sa 'Biuoipr oaisanu b BpionpBJj opts Bqd
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iod sopruQ sopBis^ so[ ua BpBnuxiuoo oprs Bq aaaissB^ ap Bjqo Bq
•odiuai^ oj]sanu ap af^nSua[ [ap BTjosoptj B[ ap oa^uap [BjuauíBpunj
oiuaruoui un aXnjxjsuoo 4sa[qTinosrp sojoadsB soiiaro ap JBsad b 'anb
otptnsa un B^JodB aaarssB^ [Bno [B 'afBn^ua[ [ap Biua[qoad [a Boiqn as
botj9so[I[ Bjo[odoj3UB Bjsa ap oajuao [a ug "aaquioq [ap Buoaj 'bioub^
-sur Biuiqn ua 'X Bjn^[no B[ ap Bijoaj oxuoo bijoso[ij b[ ap Borpapa
a^uBisBq uoTodaouoo Bun b 'aiuaui[Butj 'jBSa^ bjb¿ 'oauBJoduiaiuoo
oiuatuiBsuad ap SBiouan^ui SBsaaAip 9[íuitsb jaaissB^ 'oanqjB^\[ ap
BUBtiuB^oau B[anosa B[ ua asaBuuoj ap sandsaQ uajrssB^ ap btjoso[ij b[
ap ea[BiuauiBpunj SBiua^ so[ ap oun sa afBnSua[ [ap Biua[qojd [g

ep GÍDn6u9| ¡ap D]Joso|L|
NI3U S3Q3DU3JXI

�Los títulos de las obras de Cassirer se citan en el curso de este
trabajo de acuerdo con las siguientes abreviaturas:
PSF-Philosophie der Symbolischen Formen.
SF—Substance and Function.
LM-Language and Myth.
AF—Antropología Filosófica.
CC—Las Ciencias de la Cultura.

- 20 -

�- is sv^ ap vtfosojjjj vj ap ouioj xauíiid ja ua 'ojdiuafa jog "Bjqo ns ap
sat^scd sosoxauínu ua bjsia ap o^und ajsa auodxa jajissBg "BinjosqB
p^pijBaj BOijajodiq Bun b o^aadsaj uoa ou Á 'sopBjmsod sóidojd sns
b ojaadsai uoa asjBaiji^jaa apand oj^s Biauaia B[ ap zapijBA Bg

*(90 \IS) ^?mld 9íuíFP Bl
ouioa jbj 'Biauaia bj ap jESjaAiun zapijBA bj 'oiquiBa ua 'aoouoaaj bijos
•ojij B^j '(^iz '^S) Punui 1^P ojnjosqB JB^n[ ja jBUiuua^ap ap uoisuaj
-aad bj b a^uBÍauías ttBaiSoj uoisnji,, Bun 'jajissB^ un^as 'sa Biuajqojd
aisg 'Jbioj Biauauadxa bj ap B^njosqB pBpjaA bj ap Biuajqojd ja asjBaj
-UBjd apand ou bijosojij bj 'ojsa uoa opaanaB aQ "(90g '^S) ^u9í0Bl9J
ap bj ap saABJj b Bsoa ap BiaoSajBa bj b JBajj souiapod ojps aníb ouis
'souisiiu is aod sajua^sixa soajanu ouioa sojuauíaja sosa opuaiqiauoa jas
jap sojuauíaja aajua sauoiaBjaj sbj JB)dBa souiBpod ani) sa ou Bisa ap
op^aijiu^is jg 'pBpiAijBjaj bj ap jsaipBj Á jBjauaS sbui opBaijiuSis ja
sa ^jsg,, ruoiaBnjis bj jod BpBuoiaipuoa zaptjBA ap somuua^ ua
-iubui as pBpiaA BXna 'sauoiaBjaj ap opifaj un 'ojubj jod 'sa
bj anb Á sauoiaBjaj SBsa uos oiuaiiuiaouoa jap ajqísod ojafqo oaiun
ja anb 'oxquiBa ua 'auajjsos ttpBpiAijBjaj,, bj ap BaiSojojuo upiadaa
-uoa Bg '(() 'JS) ttsauoi0Bjai SBsa jod sopBjjnao uaxq sbui ouis 'sop
• BjaAaj xas uaaajBd ou sojafqo soxapBpjaA soj 'Biauarjadxa bj soujbj]
-soui Bpand soaijtjuaia souaiupuaj ap sauoiaBjaj SBjuisna Biiodun o^¿
•ojund a^sa ua sopiun UB^sa ouisiai^siiu ja Á ouisiai^daasa jg,, *sa}uap
-uaasBJi sBiauB^sns sbj ap 'sBsoa SBjapBpjaA sbj ap o^uaiuiiaouoa ja
aaaxnaso Á BZBjdsap sauoiaBjaj sbj ap ojuaiuiiaouoa ajsa anb auaijsos
'jajissBg BAJasqo 'BisijBiauBjsns biSojojuo Bg '(() '^S) u0^0!111^0 ^
BiauauBiujad ap sauoiaBjaj sns jaaajqBjsa souiapod ojps anb : sauoiaBjaj
gBnjnuí sns ua ojos ubj ouis 'sbuisiui is jod uos sbjjo ouioa sbsoo sbj
souiaaouoa Baunu anb a^uapiAa sg,, :Bjqo ns Bpoj ap oSjbj oj b Bjpuai
-ubui jajissBg anb 'pBpjaA bj ap — BjsijBiauBjsnsijuB — ujBuoiaBjaj,,
oijajija un opBajuBjd aaax^dB inb^ b^ •(0T6l) fffjSoqsuofiy[unj pun
zuvjsqn^ jod 'aiuaiujBdiauíjd 'BpBiuasaxdaj pjsa BdBja Bjaiuod Bg
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o ajqiuoq jap Bijoa^ Bun oiuoa BpBjajdjajui BjaaajsdB Bjnjjna bj ap
Biioaj Bjsa 'ouiiijn jod 'X íBjnjjna bj ap Biioaj Bjas oSang 'Biauaia bj
ap Buoai 'aiuaiujBjuauíBpunj 'sa Baijosojij Bjqo ns 'oiuaiuoiu jaiuijd
un ug 'jajissBg ap bijosojij bj ua SBdBja sajj JinSuijsip ajqísod sg

oaox^HiaaviMaiaoHdia - i

�Formas Simbólicas: "Para establecer con seguridad la característica
de una forma espiritual es preciso ante todo que se la mida con su
propia pauta. Los puntos de vista desde los cuales se la juzga y se
aprecian sus resultados no pueden serle impuestos desde afuera, sino
que deben ser extraídos de la legalidad fundamental de esa forma.
Ninguna categoría metafísica estable, ninguna determinación o repar
tición del ser ajena a esa legalidad, por más segura y firmemente
fundada que ella parezca, puede eliminar esa necesidad de un co
mienzo puramente inmanente" (PSF, I, 124). Esta formulación del
objeto y los límites de la filosofía no es más que un rechazo, radical
en apariencia, de todo "misticismo" como instrumento del conocer
filosófico.
Si se admite que todo conocimiento implica postulados que sólo
en la actividad derivada de ellos (en sus consecuencias, diría W. James)
pueden ser validados, la tarea de la filosofía no será imponer desde
afuera otros principios superiores a esos postulados, sino examinar las
condiciones en que toda esa actividad del espíritu (de la que ella es
parte) se desarrolla. Lo que el neokantismo recoge de Kant es este
programa filosófico, pero no forzosamente las definiciones kantianas
acerca de lo a priori, de las formas y categorías del conocimiento, etc.,
pues se admite en general que la crítica de la razón pura debía ser
revisada en sus detalles y ampliada en su perspectiva.
Una de las preocupaciones principales de Cassirer es dejar bien
sentado este punto de partida y destacar su deuda hacia Kant. Su
pensamiento necesita partir siempre de este centro: así, cuando habla
del lenguaje, como del arte o de la cultura en general, vuelve una y
otra vez a su crítica de la teoría mimética que es el fundamento del
"realismo ingenuo", contrapuesto al idealismo crítico desarrollado por
Kant (aunque, según Cassirer, sus antecedentes se remontan hasta el
propio Platón; PSF, I, 4). "La revolución del pensamiento que
realizó Kant en la filosofía teórica descansa sobre el pensamiento
fundamental de que la relación que hasta entonces se admitía gene
ralmente entre el conocimiento y su objeto debía sufrir una inversión
radical. En vez de partir del objeto como lo conocido y dado, había
que comenzar por la ley del conocimiento, como lo único accesible y
lo primariamente seguro; en vez de establecer las características más
generales del ser en el sentido de la metafísica ontológica, había que
revelar, mediante un análisis de la razón, la forma fundamental del
juicio en cuanto condición bajo la cual se da la objetividad y deter
minar las diversas ramificaciones de esa forma fundamental" (PSF,
I, 9). La "metafísica dogmática" divide al ser en un mundo exterior ,
y un mundo interior, un mundo de cosas y un mundo de represen
taciones (PSF, I, 124). Las representaciones no son, según esta con
cepción, sino un reflejo o copia de las cosas. El objeto de esta meta
física clásica es llegar al ser en sí de las cosas, a través y más allá de
las representaciones, en una actitud de contemplación pura. En contra
de este punto de vista, Kant afirmó que todo conocimiento implica
un proceso constructivo del espíritu y que, por tanto, la cosa en sí no
puede ser conocida. La filosofía no tendrá ya por objeto el revelar
- 22 -

�'opunuí jap oiuaiunaouoa ap odij opBuiuuaiap nn anb sbui oSjb jas jod
BpBdnaoaad 'uoisiui bjjb sbui á BiapBpiaA ns b B^uajB bjjosojij BUfl,,
cíopBsuad aisa ap Bjqo b[ 'bioubisui Biuijjn ouioa 'auodoíd anb
njuídsa [ap 44biuoí5b,, Bujaia Bsa 'EarpajBip ajqBSiiBjuí Bsa jBiua^sns
uaaaiBd Bjnqna B[ ua aj B[ 'boijijo upzBJ B[ ap o^iui [a : jBiaua^sixa
uoiaisod ap buioi Bun 'ucuaaaja Bun uaiquiBj 'opuoj [a ua 'Baijduii
ojsa oiad íbdiiijo pnjainbui B[ jod ajduiais isbd BpBuiuiop aoaiBdB
Bo^aBjd uozbj B[ jajissBg ug "Bjajoíd un 'oai^jia un anb zaA B[ b jas
'opoiu ojjaio ua 'aqap ojoscqij jg 'odijiui ojuaiuiBSuad [b aun b[ anb
uoqB[sa [a 'zaA B[ b iÁ boi^ijo bjjoso[ij b[ ap ouBsaoau oiuauia[duioa [a
'ojsa un^as 'a^nj^suoa 'sajo[BA ap uoiobuijijb Bg "oono^ud tiozn^ vj ap
von^'^ B[ ua o^iui [a Á uoiSqaj B[ ap opunuí [a BiDBq pBpqBuotOBJ B[ ap
odiuBO [a apsap oujo^aj [a p^iui iub^j anb JBAjasqo ap sg •sa[BuoiOBJ
sbui 'is osa 'uos ojad 'ojiui [a Á uoi^qaj B[ anb ssjapspjaA sbui uos ou
Biauaia B[ Á bijoso[ij B[ 'ojsa uoo opjanaB a(j "uaSij so[ anb sa[Bjaua^
sbui soidiauíjd so[ Jijqnosap ap Á ajquioq [a bihob anb ua osjnosip
ap sosjaAiun sajuajajip so[ sajqi^qaiui jaa^q ap ajuaiua[duiis bjbji
ag *B^n[osqB p^pjaA Bun b uapuodsajjoa anb so[[anbB '44sojapBpjaA,^
bioubjsui Biuiqn ua so[oquiis so[ Jijqnasap auodojd as ou ojoso[ij
[a 'buisiui is b uatquiB^ asjinpui aqap bijoso[ij b[ [Bna B[ ua '
B[ ua^nií^suoa anb SBaqoqiuis sbuijoj SBSJdAip sb[ jB^ijsaAin [y

'(TI 'I MSd)
44Bjnj[na B[ ap boijjjo Bun ua saauo^ua a)jaiAuoa as upzBJ B[ ap boijijo
Bg,, tsajquioq so[ jod opijjBduioa opunuí un '44souisoo,, un ua '[bio
•os oiuouiiJ^Bd un ua ajjaiAuoo as Á BAijafqo as uoioBjuasaadaj b[ sa[
•Bna sb[ ua sbuijoj sbj 'jajiss^g ap ojuaiuiBajuB[d ajsa uoa opjanas ap
'Bipnjsa 'oiquiBD ua 'bijoso[ij sg -sauoiaBiuasajdaj sbj ap ouisiuBaaui [a
Bipnisa BiSojoaisd Bg *sopBj[nsaj sns ap s^abji b osaaojd asa jBipn^sa
sa SBaqoquiis sbuijoj sbj ap bijoso[ij bj ap oja^qo jg 'ajuapuaosBJi
pBpqBaj bj ap Bidoo Bun ou 'jopBaja osaaojd a^uBsaaui un ap opBqnsaj
ja sa Á Bjnqno bj a^nji^suoD BUBiunq Biauauadxa bj ap pBpqBioi Bisg
•[BnpiAiput aiuaiuBjaij^sa oduiEO jap b[[b sbui uB^aa^ojd as 'oqaaq ap iÁ
pBpqBSjaAiun Bsa jbjoj b 'Biouaia bj ouioa 'uapuaij ojad 'sajqButdo
'sajqpnosip sbui oqanuí uos 'jiaap sa 'Biauaio B[ ap [BSjaAiun zapqBA bj
uauaij o^j *pBpi[Baj bj ap sBAijafqnsjajuí SBjajsa 'oiquiBa ua 'uos a^iB ja
'upiSqaj bj 'ojiui ja 'BiqBj^d Bg #pBpi[Baj bj ap SBAijafqns SBjajsa ouioa
ooijijo sisijbub [B UBjaAaj as ouans ja Á uoiOBuianjB Bg *saiquioq soj
ajjua sajqBiquiBajajui sauoiaBiuasajdaj sbj SBpoj ap 'jiaap sa 'pBpiAij
-afqo bj ap sbuijoj sbj s^poj ap stsijbub un jbioiui ojuaiiuBa^uBjd ajsa
b jajissBg BajB uanuoj ua^¡osijoqtuX uap a^^dosojiy^ ns ug

•vjnjjno vj ap v

(HA JBd[
vj ap vani^'j 'jub^[) 44soiafqo soj jaaouoa ap opoui oj^sanu ap
ouis souisiiu so^aLqo soj ap Bdnao as ou (jBjuapuaosBJj opojaui jg),,
:ajduina as baijiosouoo pBpiAijaB Bpoi sajBna sbj ap oj^uap sauoiaip
-uoa sbj jBipnisa ap BjBdnao as anb ouis 'B^njosqB pBpjaA bj JBasnq o

�por ser, en realidad, la conciencia de la cultura, de la cultura humana,
tenía que tropezar constantemente, a lo largo de su historia, con este
espinoso problema" (CC, 45).

Antropología Filosófica.
Esta filosofía de la cultura será presentada, finalmente, por Cassirer como una teoría de la esencia del hombre. Esta tesis será expuesta
en Essay on Man (1944) ^. La hipótesis correspondiente es la defi
nición del hombre como un "animal simbólico", como un ser que no
habita exclusivamente en una dimensión sensorial, sino también en
una dimensión de sentido, en una dimensión cultural.

Filosofía y ciencias de la cultura.
De acuerdo con lo que antecede, la filosofía será definida por
Cassirer, en varios lugares de su obra, como un síntesis de las ciencias
de la cultura. "La filosofía no se propone, en efecto, limitar ni ahogar
ninguna de las leyes propias de estas ciencias; lo que quiere, por el
contrario, es condensar la totalidad de ellas en una unidad sistemá
tica, conociéndola como tal" (CG, 34).
El método de las ciencias de la cultura, que vienen a integrarse
de este modo en la filosofía, comprende dos aspectos: el histórico y
el estructural. El procedimiento histórico permite estudiar las obras
o actos expresivos particulares, en su sucesión temporal. El análisis
estructural permite descubrir algunas "categorías fundamentales", que
sintetizan la inagotable variedad fenoménica. Estas categorías o con
ceptos culturales "caracterizan ciertamente, pero no determinan: no
puede derivarse de ellas lo particular que encuadran" (CC, 113).
En otras palabras, estas síntesis no permiten prever el acontecer
fenoménico, como ocurre con las leyes naturales. Señala Cassirer, a
modo de ejemplo, que la caracterización del hombre renacentista por
Burckhardt no corresponde a la realidad de Leonardo da Vinci, ni
del Aretino, ni de ningún individuo determinado. Pero tampoco es
una construcción arbitraria o una expresión del deber ser: es un
esquema estructural que permite "clasificar, ordenar y organizar los
hechos históricos" (AF, 107). Lo mismo ocurre con las nociones de
estilos ("clásico", "barroco", etc.), de géneros literarios, de "épocas",
en fin, con todas las categorías aplicadas a la definición del hecho
cultural.
El método histórico y el estructural se condicionan mutuamente,
según Cassirer: "La cuestión acerca de qué sean el lenguaje, el mito
y la religión no puede ser resuelta sin un estudio penetrante de su
desenvolvimiento histórico" (AF, 106). Pero, por otra parte, no es
posible estudiar los hechos históricos sin disponer de ciertas cate-

Trad. esp. Antropología filosófica, México, 1951.
- 24 -

�- 93 ap sa[Biaosuas sojuauíoui so[ ap '[BaauaS O[ Á aB[naijJBd o[ ap 'Biauaia
-uoo b[ ap buhoj B[ Á BijaiBui B[ ap pBpiun B[ anb SBJiuaiui 'ojuaiui
-laouoa [ap sajo^aBj sosaaAip so[ ap Bai29[ upiaBaop^A á upiaBiaaadB B[
ap 'upiaaBJisqB Bun ap opBipisaa [a ouis sa ou — aaaissBq B[Buas —
oiuaiuiBsuad A pEpqBiaosuas aajua upiaisodo eisg,, qBiaosuas upisaadun
B[ on^aadns a[[Bjap un ouioa bijbjj9j^b as sa[Bna sb[ b 'Biauaiaadxa
Bpoi b saaouajuB sBapi uaisixa anb ap upiuido B[ Bp^puní sa oaoduiEj
ojad í ouisqBnsuas [a apuajaad omoa 'sajdiuis sauoiaBsuas sb[ ap aiiJBd
b sboi^9[ sauoiaB[aj sb[ asa^dxa a[qisod sa oj^ \iBaqdxa apand as
ou sisaua^ BÁna oiJButóuo ota[duioa oqaaq un sa upiadaajad B"q '(^9
'iiV) MsauoiDBjn2ijuoa o sBin^d sB^jaia 'sa[BjuauiBpunj sa[Bjn^anj^sa
so;uaiua[a Boqduii a[duiis sbui oAi^daajad osaaojd [a oiupa opBJisoui
Bq • • "^Bisa^) B[ ap Bi2o[ooisd Buaapoui B^^ :sBfa[duioa SBjn)anj]sa
ap upiOBjdBO Bun ap ouis '¡joiaaisod b sa[qBioosB sa[duiis sauoisaaduii
ap 9jjBd as o^ -sauoiaBpj ap ol9[duioa un ouis 'a[duiis [Buosuas upis
• aaduii Bun 'aa^issB^ un2as 'eounu sa ou o^afqo [ap pBpi[Baj ^sg
•a^quiou un uoa o[jBOijijuapi
ap ojob [a ua Biouaiouoa Bua[d buio^ as anb B[ ap 'ouisiui [ap p^p
-i[Baj[ B[ uoa ojuaiiuBjuaajua un ua bzi[B3j as ojafqo [ap upiadaauoa b[
'SBaqB[Bd sbj)o u^ '(i 'MLT) ttiunt^ un B SB[Jianpaj BjsBq 'isb O[itaap
aod 'sB[JB[ijs9p ua 'sBiauauadxa SBjsa ap upioBJ^uaauoa B[ ua ouis 'sau
-niuoo sojnqu^B soun2[B ap u^iaaaps B[ ua Á SBiauaxjadxa ap upiaBJBd
-uioa B[ ua ajsisuoa ou soaiismSuq so^daauoa so[ ap BUBuiiad upiounj
B^,, roAijaiipui osaaojd un ap opB^[nsai ouioa so^daauoa ap upiaBuuoj
B[ aquasap anb [BuoiaipBJj boi29[ b[ botiijo jaaissB^ '{^^^Z 'i '^Sd^)
Bjqo ns ap saÍBSBd soiiba ua jajissc^ auodxa anb upiadaauoa B[ ap
[BJ9U92 Buoa^ B[ ua B.i]uanaua as Bjun2ajd Bjsa b Bisandsaj Bq
•sojddouoo soj ap uopmuuof vj

¿sojdaauoa so[ soujbuhoj b souib3[[
ouipa? oja^ 'uso|daauoa so[ ap BpBai[diuoa Á pins aiuauíBiJBUipaoBajxa
upiaBipaui B[ ap souiB^isaaau,, Bjnjpia B[ ua JBj^auad bjb^ -Bjni[no B[ ap
OJU9UUIDOUO9 [9 ua pBpi[BSjaAiun ap soij91ud jionpojjuí aqap [Bjn^
qna Biauaia B[ 'oaisij opunuí [ap ojuaiuii^ouoa [a ua s9[cuoiob^ sbijo^
•a;Ba aianpojiut aqap [bjiubu Biauaia B[ ouioa opoui ouisiui [ap ij^
•oaistj opunuí [a uB[9Aaa sou anb sauoiadaa^ad soiuauaj o moa isb 'tt[Bjnj
qna soiusoa,, [a 4unj [ap opunuí,, [a ub[3A8j sou anb sauoiadaajad soui
-auajL "(8[X '33) tt^ai29[oaisd u^iaanpur B[ ap bia b[ aod B[auqnasap
oaoduiBj souiapod tu 'opuaipiiu Á opuBsuad 'upiaBAjasqo B[ ap oipaui
aod (BUBuinq BpiA b[ B2ai]dsap as anb ua seuijoj sb[ ap pBpijuapi b[)
pBppuapi Bisa ap Biauaxauoa souiBaqoa ou anb Bjsa oiB[q,, :sBaiuaui
-ouaj saiuBjsuoa sb[ ap upiaanpui a Baiajduia upiasAjasqo B[ ua BSBq
as ou sBjn^anajsa sb[ ap upiaBuiuiaajap B[ 'oisa uoa opaana^ qq
•(¿01 4¿[V) B0TJ91síH ^luaixiiBiaui b[
b aapaaaad aqap Banj[na B[ ap [Banjanajsa upisiA Bq,, : BAijBiuixoadB
Buiaoj ua soqaaq sosa aBaijiSB[a uajiuiaad anb — 'a^a 'so[ijsa 'Bisaod
4afBn2ua[ ap sojd^auoa so[ ouioa — sBAisuaaduioa souaui o sbiu sbijoS

�la experiencia y los momentos puramente ordenadores, constituye
justamente aquel fenómeno originario, cierto y conocido del que debe
partir todo análisis de la conciencia" (PSF, I, 40). El problema del
origen de estas funciones de la conciencia implica una formulación
equivocada: "Al llegar a un punto cualquiera (en una evolución)
habrá que reconocer la existencia de una diferencia genérica, que sea
posible establecer, pero sin que se deje explicar" (CC, 152).
La percepción da lugar a la denominación. Al darle un nombre,
se le atribuye al objeto una sustancia. Incluso, en las concepciones
animistas primitivas, se le atribuye al objeto un "yo" personal, un
alma. La concepción del "tú" precede, según Cassirer, a la concepción
del objeto inanimado. Ahora bien, ya este proceso original implica
la posibilidad de generalización: se concibe el objeto en base a sus
relaciones conocidas con otros objetos ya definidos (es decir, que
nunca se define un objeto solo, sino varios, correlativamente); pero
el concepto así obtenido tiene un valor genérico, puede aplicarse a
muchos objetos análogos al primero. Así, con diferentes criterios, se
van ordenando los individuos en diferentes clases.
Esta breve exposición puede servir para aclarar la pregunta acerca
del origen de los conceptos culturales. El concepto de poesía, por
ejemplo, no surge a través de la lectura de muchos poemas y de la
abstracción de sus elementos comunes, es decir, a través de una
encuesta estadística, pues ¿cómo podríamos identificar las muestras
adecuadas si no tenemos previamente un concepto acerca de lo que
es un poema? De acuerdo con la teoría de la concepción expuesta
por Cassirer, el punto de partida es el descubrimiento de una estruc
tura poética. Podemos imaginarnos que alguien haya leído o escu
chado más de un poema sin reconocer la existencia de la poesía. Pero
una vez descubre en una locución, en un texto, una realidad distinta,
una calidad formal que se distingue de la chachara cotidiana. En ese
momento ha descubierto una esencia que puede llamarse poesía, arte,
canto o como se quiera. Ahora dispone del nombre y del concepto;
nada le costará reconocer analogías en sucesivas experiencias y refe
rirlas a esa categoría revelada en aquella primera comprensión estruc
tural. Así, en sucesivos contactos con la realidad, se van revelando
nuevas estructuras, que la razón ordena y clasifica ulteriormente.
Naturaleza y cultura.

La filosofía es, para Cassirer, según se ha indicado, una síntesis
de ese estudio de las formas simbólicas o estructuras de sentido, que
parte del análisis de las obras humanas y se eleva por sucesivas abs
tracciones hasta una concepción del "vínculo funcional" que permite
definir al hombre. Pero este universo cultural está integrado en un
mundo físico fuera del cual no tiene existencia. El hecho de que toda
forma simbólica tenga una existencia física es una manifestación del
general condicionamiento físico de la existencia humana. No sólo es
posible sino también necesario descubrir las relaciones existentes en- 26 -

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4.6
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�del lenguaje humano" (CC, 147). De este modo entronca la filosofía
del lenguaje con una filosofía general de las formas simbólicas: el
lenguaje se define en su relación con el concepto general de símbolo y
con las otras formas simbólicas particulares (religión, mito, ciencia,
arte).
Pero, a su vez, la filosofía del lenguaje da pie para estudios más
particularizados: "Una vez que, por medio del análisis de la forma y
con sus recursos, hemos determinado, por ejemplo, la "esencia" del
lenguaje, debemos esforzarnos en indagar, por la vía del conocimiento
causal, por medio de la psicología y la historia del lenguaje, cómo se
desarrolla y se transforma aquella esencia. Nos sumimos, con ello, en
el campo del puro devenir; pero también este devenir permanece
dentro de los marcos de un determinado ser, dentro de la "forma" del
lenguaje en general" (CC, 151). Quiere decir que no se trata, en rigor,
de transformaciones esenciales, sino de variaciones accidentales. Las
"causas" de esas variaciones son, naturalmente, sus condiciones cons
tantes. En este plano la ciencia del lenguaje se apoya en las más varia
das disciplinas, pues todos los fenómenos (psíquicos, biológicos, socia
les) pueden tener alguna relación constante con el fenómeno lingüís
tico. Pero conviene repetir que el problema fenomenológico, el pro
blema formal, es previo y no resulta afectado por estas inducciones
empíricas: "Lo que se nos enseña y lo que, en el fondo, podían ense
ñarnos ya la física, la biología y la psicología, es que no debemos
involucrar el problema estructural con el problema causal" (CC, 151).
La lingüística y la filosofía del lenguaje siguen, según Cassirer,
direcciones opuestas. "El lingüista goza con esta variedad; se sumerge
en el océano del habla humana sin esperanzas de tocar el fondo. En
todas las épocas, la filosofía se ha movido en la dirección opuesta, Leibniz insistía en que, sin una characteristica generalis nunca encon
traríamos una scientia generalis" (AF, 184). Quiere decir esto que
la filosofía debe establecer los rasgos generales del lenguaje, que son
comunes a las diferentes lenguas. Esta formulación hace pensar en la
necesidad de una inducción generalizadora; pero ya se ha visto que
ello implicaría un error lógico, explícitamente rechazado por Cassirer.
En rigor, la filosofía del lenguaje sólo puede ser, dentro del panorama
de la filosofía de las formas simbólicas, un análisis de la esencia del
lenguaje en un plano estrictamente fenomenológico.

- 28 -

�'III \íSd)
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sb^ ap Bun ouioo aÍBnSua^ p ^uijap aaaiss^g 'sisipuB aauíiad un ug

isa ivnaMao víaoax va - n

�Esta distinción entre símbolos naturales (representaciones) y arti
ficiales (cultura) es bastante discutible. Cabe señalar que en el resto
de su obra Cassirer no retomó esta distinción y reservó el nombre de
"formas simbólicas" para las creaciones culturales (lenguaje, mito, re
ligión, ciencia, etc.). Además, parece evidente que la representación
pura se identifica con la "forma interior" de esas formas simbólicas y
puede definirse, más que como un símbolo — puesto que carece de
existencia física — como una síntesis o esquema de relaciones lógicas.
También es discutible la afirmación de que las formas simbólicas
"culturales", a diferencia de los símbolos "naturales", sean "arbitra
rias" (PSF, I, 41).
Las tres dimensiones del símbolo.
De acuerdo con la formulación más precisa que encontramos en
Las Ciencias de la Cultura, el símbolo se caracteriza por tres dimen
siones esenciales: "la de la existencia física, la del objeto representado
y la de la expresión personal" (CC, 70). La primera constituye la forma
material, el signo que hace posible la percepción de la forma simbó
lica. Las otras dos constituyen el sentido, "que no puede desglosarse
de lo físico, sino que en ello se halla adherido y encarnado".
La discusión en torno al concepto de sentido.
Cassirer sostiene que la definición del sentido implica el reconoci
miento de la conciencia, del pensamiento, como actividad específica
mente humana (AF, 20). Ahora, como es sabido, el conductismo re
chaza esta "hipótesis" de la conciencia y se atiene a la medición de los
reflejos nerviosos como único dato objetivo. El sentido no puede defi
nirse como un contenido de conciencia, según el conductismo, porque
los contenidos de conciencia son datos subjetivos ajenos a la experien
cia científica. Objetivamente, dicen los conductistas, el sentido sólo
existe en las reacciones de los sujetos ante lo signos: por ejemplo, el
sonido de una campana o de una palabra significa "comida", porque
ante este sonido los oyentes actúan como si se les presentara la comida.
Se plantea, pues, un problema de método. ¿Es legítimo, es conve
niente, distinguir entre el mero reflejo condicionado y la conducta
acompañada por un proceso de pensamiento?
Muchas veces las formas simbólicas actúan como signos operado
res, como estímulos condicionados, semejantes a la campana de las
conocidas experiencias de Pavlov. Por ejemplo, ante una palabra de
su amo, el animal adiestrado responde, en situaciones semejantes, siem
pre del mismo modo. También las respuestas de los hablantes obe
decen, en parte, a ciertos hábitos que pueden explicarse como reflejos
condicionados. La coexistencia física de la palabra con el objeto desig
nado suele revelar el significado de la palabra, es decir, provocar el
hábito de reaccionar ante esa palabra del mismo modo que ante el
objeto asociado a ella en repetidas experiencias. Sin duda, hasta aquí
_ 30 -

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B[ anb ouisijonpuoa [a "Bpnp uis 'BiJBiafqo uoioBjuauín^^B Bjsa y
(*ss 95 'gy) JBiuasajdaj b B^iuiq as CBiounuB
ou bX ío[oquiis ua ajjaiAuoa as [Búas B[ 'BunS[B BAijBioadxa uis oidaa
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ap oiaaauoa ojafqo [a uoo ouíuis [a jB[nouiA ap B^ap ojafns [a opuBn^
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Bjuasajd as ou ig -oSanj [B opB[nauiA aaajBdB ouinq [a ouioo 'B[[a b opB[
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O[oquiis [a 'oiquiBa ug -opBuoiaipuoa ofa[jaj OAanu un ap uoiaisinbpe
B[ a[qisod B^Bq anb 'ojuaiuiBjjsaipB ap osaaojd OAanu un b ojafns [a
jajauíos osiaaad sa.'B[JBaijipoui bjb^ #Biauaijadxa B[ ap ojafns [a jod
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*(g8 '33) t4ojuaiuiBsuad ap ajq
•uiou [a uoa souiaaouoa anb Bijaua bjjo B[[anbB osjnosip [a Bjjsaniuap
X BjipajaB '[a b ajuajaqui Biájaua Bjsa b sbidbjS '[bj ap uoiaunj ua
o[9s X 'jopBaja 'oAijanpojd ouis 'oatjbjtuii ajuauíBjnd Baunu sa ou 'jaj
-issBg B[Buas 'osjnasip ojapBpjaA [g,, -sopiaouoasap ajuaui[BiajBd souSis
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SBqaniu asjBjJBd^ ap zBd^a sa 'oiquiBa ua 'ajuB[qBq ujg -opuinbpB
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Bjapuodsaj opBJjsaipB ojafns [g *oAixa[jaj ojafns un ap B[ X opBJjsaip^
ojafns un ap Bjanpuoa B[ ajjua sa[qBpnpui sBiauajajip uajsixa ojag
•Biauaiauoa ns ua ua^Biui eun uaiquiBj Bas anb Bjjod
-uii oaog 'ojafns [ap Bjanpuoa B[ Buiuuajap anb osoiAjau osaaojd un
sa opjanaaj [g *twBiauaiauoa B[ ap sisajpdiq,, B[ ap asjipuiasajd apand

�esa actividad como tal. El problema de la cultura, en cuanto actividad
mental, nos conduce a un plano de hechos que no pueden definirse
de acuerdo con los principios de las ciencias físico-matemáticas, pero
que se pueden analizar y clasificar con todo rigor lógico.
Es preciso distinguir, según Cassirer, entre la actitud práctica, li
gada a los intereses biológicos inmediatos, y la actitud simbólica. El
hablante tiende a designar toda clase de objetos, a expresar toda clase
de pensamientos y sentimientos, aun cuando esa actividad no responda
a ninguna necesidad biológica inmediata. Una conversación, un con
cierto, la resolución de un problema matemático constituyen, en mu
chos casos, una actividad inoperante — un juego, desde el punto de
vista biológico. Pero^esa actividad constituye el rasgo distintivo esen
cial, según Cassirer, de la especie humana. El análisis de esa actividad
viene a ser un auto-análisis del hombre, (pie, desde los tiempos de
Sócrates, se ha postulado tan legítimo como la investigación de la
naturaleza física (AF, 20 ss.).
Funciones del símbolo.
Cassirer señala, en el pasajes transcripto, dos funciones del sím
bolo: la expresión y la representación. La función expresiva implica
la posibilidad de comunicación. La percepción de expresiones revela
al hombre un mundo de personas, que se distingue del mundo de las
cosas. A través de las formas simbólicas y, por tanto, en el medio cul
tural, se nos revela la existencia de lo "psíquico extraño", que es un
dato tan "patente", según Cassirer, como los datos sensibles. Las consi
deraciones del capítulo segundo de Las Ciencias de la Cultura ("Per
cepción de cosas y percepción de expresiones") muestran que toda la
cultura se funda en esa posibilidad de comunicación: "La misión más
alta, y hasta la única misión de todas las formas simbólicas, radica en
unir a los hombres" (AF, 185). La cultura es una forma social, pero
no sólo de una sociedad de acción, sino también y esencialmente, de
"una sociedad de pensamiento y sentimiento" (AF, 306). Esta unión
espiritual de los hombres se efectúa en el acto de la comunicación.
En consecuencia, la expresión simbólica no es nunca mera exclama
ción o exteriorización de emociones, sino expresión dirigida a un inter
locutor real o posible.
Pero toda forma simbólica es también, por esencia, representa
tiva : "El primer problema que se nos presenta en el análisis del len
guaje, del arte, del mito, consiste en preguntarse cómo un determinado
contenido particular puede convertirse en portador de una significa
ción espiritual" (PSF, I, 27). Todo símbolo es, por tanto, una síntesis.
Aun las formas simbólicas más irracionales implican una función ló
gica bastante desarrollada: "En el campo legítimo del mito y de la
religión, la concepción de la naturaleza y de la vida humana en modo
alguno se halla desprovista de sentido racional" (AF, 121).

_ 32 _

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8 -

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ns X BzapuBi^ ns 'ojunfuoa ua BUBiunq BpiA bj ap ucusia ns UBjaAaj
sou ooiSbjj ^a X oaiuioa Ejaod ja?, anb '4cbjjb sbui bj B}SBq BÍBq sbui
bjou bj apsap SBUBiunq sauoiaouia sbj ap BjBasa bj,, BjaAaj sou BOisnuí bj
anb 'ojduiafa jod ^auaijsos 'saÍBSBd sojio ua 'anb jBAaasqo ap sg
•soquiB aaiua upiaBoiji^uapi bj b BSajj ou
anb o jad 'opijuas X buwoj ap ucusnj Bun jBoijduii aaaj^d anb 'ttajuau
-biuui ouisijoquiis^, ap ojdaauoo un auodojd aaaissB^ 'oiduosuBJi aÍBSBd
ja ug ¿opBjuasajdaj oiafqo X u^Sbuii ajjua pspijBnp bj aaajBdBsap
opuBna ojoquiis ap jBjq^q aqBO? oíag -a^uajEd souaui sa opi^uas jap
upiaoBJ^sqB bj SBOTjoqiuis sbuijoj sbj^o uo 'jBuoTOuaAuoa sa buijoj bj
'ojubj jod 'X ojaBJjsqB ajuauíjBjoj sa opijuas ja Biauata bj ua uaxq is
'ojaaja ug "(*pjqi) ttojjojjBsap un ap jbuij ja ouis 'ozuaiuioa ja BjBuas
ou^, pBpiJBjod Bisa 'jaiissE^ unSas 'ojag 'opijuas jap BiouapuaosBJi
bj 'jioap sa 'jBijosuas ua^tuii bj X opi^uas jap pspiJBjod bj BDijduii
uoiaiuijap B^sg '(60T 'III '^Sd) ^uosuas buijoj Bun ua uopijuas un ap
uoiOBUjBaua X upiOB^sajiuBui,, oiuoa opiuijap opts Bq ojoquiis jg
•SBjjaq sbuíjoj sbj ap BJopBjaAaj o Boxiajsa
uorounj Bjsa 'opoui oiusiui jap 'bjb23jSb as ojoquiis jap BAjiBjuasajdaj
X BAtsajdxa sauoiaunj sbj y *SBjjaq sbuijoj ap uoiadaajad bj 'saouoiua
'jB^ajSB anb BjjqBq sauoisajdxa ap uoiadaajad X sbsoo ap uoiodao
-jad ajjua uoiouijsip bj y 'Bzajjaq bj :ojoquijs jap uoisuauíip B^JBna
Bun JijiuipB ^nb souiajpuaj 'ajjB jap oaijpquiis ja^aBjBO ja souiijiuipB ig
•Bjjaq buijoj Bun ap uoioinjuí o upioaruisuoa 'aiuauíjBiauasa 'sa ajjB jg
•SBapi JBjuasaadaj o sauoiaouia JBsajdxa b bjiuiij as ou ^jjb ja 'ojoaja
ug *ojoquiis ap oidaauoa jap uoiDBijduiB Bun Baijduii BOijoquiis buijoj
ouioa ajjB jap uoiaiuijap bj anb inbB jaaouoaaj aoajBd jajissB^
'(\ZZ '^V) 443l^3puaasBjj ou X a^uauBuiui opijuas un ua opip
•uajua jas anb auaij aiJB jap ouisijoquiís ja 'ouisijoquiis sa a^JB ja is^
'Biauanoasuoa ug #(X^^ '^V) ttsajBDisnui X SBOiupiaaiinbjB sbuijoj sbj
ua 'sBjnSij sbj ua 'sBauíj sbj ua 'ajqisuas Biauauadxa BJjsanu ap sajBjni
-atuisa sojuauíaja so^jaia ua ojJBasnq anb Xbjj^, : buijoj bj sa opijuas ja
'ajjB ja ug 'ajjuaiosBjj bj anb Bapi Bun sa ou aiJB ap Bjqo bj ap opijuas
jg '^sajqisuas sbuijoj sbj ap ouis 'ojuaiuiBsuad jap oipaui jap s^abjj b
ou í sauoioinjui ap ouis 'soidaouoa ap saABjj b ou ojad 'pBpijBaj bj ap
uoiaBjajdja^uí Bun ouis 'sosojapod sojuaiuiijuas ap JBiunzaj un oaod
•uiBi X sboisij sbsoo ap uoiobiiuii Biin sa ou souauípuaj soj ap soijb sbui
soiuauíoui soj ap upia^fij Bjsg,, r^upiain^uí,, ouiuua^ ja Bziji^n jajissB^
'aiJB ap Bjqo Bun ap opijuas jap JBijnaad ajopuj bj Jiuijap bjb^ *(90S
'gy) ttjBSjaAiun pBpijiqBOiunuioo Buaasod ou 'bjsiijb un ap Bjnooj bj X
oqoíjdBa ja anb sbui Bjanj ou ajjB ap Bjqo bj ig,, '(^jg 4gy) jBSjaAiun
oj X jBnpiAipiu oj ajjua upioBjaj buu 'opo^ uoa 'Baijduii ojad ísajsnj
•daauoa souiuijaj ua a^uauíBtiajd asjionpBJj apand ou opijuas ng "(gOS
'gy) ttuoiaajauoa,, ouis ttuoiaDBJisqB,, sa ou ojjb ja 'Biauaia bj ap X
afuniJuaj jap Biouajajip b 'ojag 'uoisajdxa Bjnd sa ajjB ja
'votjoquits muuof ouloo djuv

�ficiente, parece posible abstraer algo del sentido de la obra de arte en
términos conceptuales. En este sentido, el arte no es sólo captación de
la belleza, sino también interpretación de la vida bajo una luz que es
"algo más que un vislumbre momentáneo". El artista propone una
visión del mundo que "por virtud de la obra de arte, se ha conver
tido en duradera y permanente" (AF, 206).

- 34 -

�- 98

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0QIXM3S 3Q 0SH3AI^Ü OMIO3 3fVaOM33 33 - III

�curso sólo cobra ser al transmitirse de un sujeto a otro, entrelazados
ambos en un coloquio" (CC, 25). El concepto de "lengua" constituye
una abstracción, que introduce orden y síntesis en la aparente variedad
del habla. Finalmente, el concepto de "lenguaje", tal como lo formula
la filosofía, es una síntesis aun mayor, que pretende revelar la "carac
terística general" común a todas las lenguas, a toda la actividad lin
güística humana (AF, 184).
En el tomo I de la Philosophie der Symbolischen Formen, se in
tenta, precisamente, una síntesis de las formas de pensamiento inhe
rentes a todo lenguaje humano. Cassirer estudia, en esta obra, las dife
rencias y semejanzas en la expresión de las relaciones de espacio, de
tiempo y cantidad, de la intuición del yo y del tú, de los procesos
clasificadores de la realidad, de las relaciones lógicas, a través de nume
rosos ejemplos tomados de las lenguas evolucionadas y primitivas, del
lenguaje infantil y de la patología del lenguaje.
Este estudio de la "forma interior" del lenguaje parte del análisis
de una lengua europea moderna, análisis que pone de manifiesto las
categorías esenciales del "sentido común" actual. Cassirer soslaya, por
los motivos ya indicados, la pregunta acerca de la verdad absoluta,
acerca de la realidad trascendente de este universo del sentido común.
La misión de la filosofía del lenguaje es, de acuerdo con el método
trascendental kantiano, describir las formas a través de las cuales la
realidad se presenta al hombre, en su vida de relación normal. Sin
duda, según las épocas, según las culturas, esas formas varían, como
varían las lenguas de los pueblos; por eso, el filósofo no puede limi
tarse al análisis de su lengua materna, al análisis del universo de
sentido encarnado en ella. Ampliando su perspectiva, debe observar
cómo varían las formas generales de sentido en los distintos grupos
lingüísticos. Pero, a su vez, esa investigación tiende a confirmar la
existencia de ciertas categorías universales.
Es de observar que, si no existieran esos puntos de contacto entre
las lenguas, sería imposible el entendimiento entre los diversos grupos
lingüísticos y, en la imposibilidad de interpretar el sentido de otras
lenguas, sería, incluso, imposible definirlas como tales, describirlas
como sistemas de símbolos, puesto que la esencia del símbolo se da
en el sentido y el sentido se revela en la comunicación. El que per
manece al margen de la comunicación no puede reconocer la exis
tencia del sentido.
Esta descripción del universo de sentido lingüístico que intenta
la filosofía del lenguaje responde a las características del concepto
cultural analizadas por Cassirer en el capítulo III de Las Ciencias
de la Cultura. La síntesis de los rasgos universales del sentido lingüís
tico no es el resultado de una inducción científica que permita, como
en las ciencias naturales, prever el curso de los fenómenos particu
lares. Esa síntesis "se diferencia sustancialmente de la síntesis obte
nida mediante los conceptos empíricos de la ciencia natural. Pode
mos, si queremos, llamar a esto abstracción, pero sin perder de vista
que se trata de aquel proceso al que Husserl daba el nombre de
- 36 -

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sbj ap sisijbub ^^ 'aiuauíBOOjdiaaj asjBjuauíajduioa b uapuaij sauoiOBA
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bj ouioa boi¿9j bj o^ubj 'oaijoui ajsa jo^ 'Biauajsisaad jiJinbpB BJBd
'jajissB^ un^as 'Bjja ap B^isaaau ojad 'upisajdxa ns uoa Batjiiuapi
as ou opijuas j^ *pBpiun sun ouioa ubuijoj as afBnSuaj Á ojuaiui
-Bsuad anb ouis 'upiaaBjjsqB ap sopBj sojuijsip sns ua opBiuaoj b^
oiuaiuiBsuad jb b3jb as ou a^BnSuaj ja 'opBoipui Bq as 0U103
'(601 'III \iSd ^íquiBi jaA í^sx '1 '^sd) ttsajBuoi0Bjaj aiuauísjnd
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jod 'uauaiiuoa SBjja ojad íBiBipauíui jBiJosuas upisajduii bj ap Bjajsa
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Bun jod opBiuasajdaj Bjsa Biauaiauoa bj ap ttJoijajui^ oiBjjsa jg

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uap ajudosoji^j bj ua opiuaiuoa afenSuaj jap jouajuí buijoj bj ap
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osbd un uoa aiuauíB^aBxa Baunu u^piamoa upiaaBj^sqB Bsa ap
•jnsaj soj anb JiSixa iu jBjadsa apand aip^^^ '^BjopBapt

�len ser "metáforas sonoras".^Lautmetaphern), que, mediante deter
minados sonidos, como m y n, designan un movimiento centrípeto
(aquí, cerca) y, mediante sonidos explosivos, como p y b, t y d, señalan
un movimiento centrífugo (allá, lejos). El punto de referencia es el
cuerpo del hablante.
Señala Cassirer también la relación existente entre la expresión
de relaciones espaciales y los nombres de los diferentes puntos del
cuerpo. Así, por ejemplo, algunos pueblos primitivos usan las mismas
expresiones para decir "atrás" y "espalda", "adelante" y "ojo", "aden
tro" y "vientre", etc. Cabe observar que estas metáforas son rever
sibles y no puede decirse que la relación espacial preceda al análisis
del cuerpo, pues son, sin duda, procesos simultáneos.
Las relaciones espaciales, que algunas lenguas expresan mediante
preposiciones, suelen darse a través de sustantivos, que expresan el
estar, el permanecer en un lugar, o de verbos, que expresan el movi
miento en determinada dirección: "También en el indoeuropeo las
preposiciones debieron ser originariamente palabras independientes"

(PSF, I, 161).
Los pronombres demostrativos se revelan a este análisis como
"punto de partida para la designación de las personas gramaticales"
(PSF, I, 167). La expresión "punto de partida" parece estar usada
aquí en un sentido puramente estructural: en el sentido de que la
distinción entre el yo y el mundo y la clasificación de los objetos y
las personas con relación al yo, parecen implicar, en todas las lenguas,
una referencia espacial, Pero esta idea se confirma en la historia del
lenguaje y, entonces, la expresión "punto de partida" debe interpre
tarse como "origen histórico". En efecto, Cassirer señala, por ejemplo,
que el pronombre personal francés il (como el español él) procede del
pronombre demostrativo latino Ule.
2)

La representación del tiempo.

Cassirer señala tres etapas en el proceso que conduce del senti
miento del devenir al concepto de tiempo: "En la primera, está la
conciencia dominada exclusivamente por la oposición entre el "ahora"
y el "ahora-no", en el que no se han introducido otras diferencia
ciones. En la segunda, comienzan a destacarse ciertas formas tempo
rales, comienza a distinguirse la acción completa de la acción incom
pleta, la duradera de la pasajera, de modo que se elabora una deter
minada diferenciación de los modos verbales. Y, por último, el con
cepto puramente relacional del tiempo aparece como concepto de
ordenación abstracta y los distintos grados temporales se destacan en
su oposición y en su condicionamiento recíproco" (PSF, I, 174). ;
El análisis de las formas verbales, adverbiales, nominales, en las
lenguas de diferentes pueblos, permite ubicarlas, aproximadamente, en
alguna de estas tres etapas, aun cuando en los hechos suelen mezclarse
las estructuras, que el análisis abstrae artificialmente.
- 38 -

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Biouapuaj B[ 'sbui zaA Bun 'B[aAaj as SBAiiiuiijd sBn8ua[ sb[ ug
'(^T^ 'I '^Sd) OÍF9A ^ ^ ajquiou [a 'o[diuafa jod
'uos oiuoo 'sa[BqjaA soipaui soj^o ap s^abji b uaiquiBi Bn^oaja as anb
ouxs '[Buosjad ajquiouojd [B a}uauiB[os B[nauiA as ou oA [ap ojdaouoo
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Bun ap Bioua^sixa B[ Boqduu ojuaiuiBsuad [ap BAiiafqo Bjajsa Bg
•oA j^p ojddouo^
jap sasvf svj '((uoiua)ui uopmjuj^, vj ap umSau vj Á aívnSuaj j^ (f

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•jaAtun ooiisin^uq BuiBJOUBd [a aoajjo anb sbiujoj ap pBpaiJBA Bsa ap
saABjj b 'o^JBquia uig #SBpBuoion[OAa SBnSua[ sb[ ap [a A SBn^ua[ SBsa
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'B[8Aaj SBAijiuiijd SBn2u3[ sb[ ua SBaiJauínu sbuijoj sb[ ap sisi[Bub [g
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sou^is ap SBiuajsis aasod 'sBpiSuijjsaj Anuí sauotaipuoa ua oidaauoa
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B[ ap oijbuiSijo oqaaq un ouioa Bjuasajd as SBAijBjijuBna sauoiaB[aj
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jo atjauíqjiJB,, BAno '[[i[\[ jJBnjg Biuodns ouioa 'sajBiJosuas sauoiainjui
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-tjuBna sauoxaBjaj sbj ap [bjoj uoiaaBJjsqB bj Bjs^q (ojduiafa jod 'oubui
buii ap sopap soj) sajqisuas sauaS^iui sBjjaxa uoa pBpijuBa B[ ap uoia^a
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'ouaiunu ap ojdaauoa \ap vaijstv^m^ uoian^oaa wj

(g

�B) Las Categorías Conceptuales.
Las categorías intuitivas que describe el análisis precedente no se
dan nunca independientemente de las formas conceptuales Ya se ha
indicado que la formulación explícita de esas categorías implica la
adquisición de los conceptos de espacio, tiempo, etc. Aun en las len
guas más primitivas, se encuentra el germen de estos conceptos, aunque
muy imperfectamente formulado. La distinción entre intuiciones y
conceptos constituye, por tanto, una "abstracción ideadora", en el sen
tido ya indicado. Cabe citar aquí una observación referida en general
a la distinción entre formas "primitivas" y formas "evolucionadas" del
lenguaje: "Es preciso tener presente que se trata, no de una discrimi
nación temporal, sino metódica y que, por tanto, en una forma histó
rica dada del lenguaje, los estratos, que aquí intentamos ordenar men
talmente, coexistirán juntos o mezclados de las más diversas maneras"

(PSF, I, 270).
Con este criterio distingue Cassirer dos etapas en la formación
de conceptos: la designación de cualidades y la designación de clases.

1)

Conceptos calificadores.

Ya se ha indicado que la formación de conceptos generales debe
estar precedida, según Cassirer, por la discriminación de cualidades
o aspectos de la realidad concreta: "Antes de que el lenguaje se eleve
a la forma generalizadora y subsumidora del concepto, necesita de
otro modo de formación conceptual, puramente calificadora" (PSF,
I, 255). Es preciso que la atención seleccione un aspecto de la realidad
y, al darle un nombre, le confiera estabilidad, esto es, un ser propio,
una sustancia reconocible a posar del cambio. El nombre parece refe
rirse, en esta etapa, a un individuo, a una persona. Antes de estar
constituido por objetos inanimados, el mundo está poblado de dioses,
de espíritus, cuya sustancia apenas trasciende la experiencia concreta.
Son los "dioses especiales" (Sondergótter) a los que alude Usener,
como apariciones fugaces vinculadas a los hechos más destacados de
la vida cotidiana. Cuando se le designa con un nombre, el dios adquie
re, aunque muy rudimentariamente, una sustancia.
Pero este proceso analítico tendiente a destacar elementos singu
lares en la realidad se complementa con el procesa sintético tendiente
a ordenar esos elementos en clases y géneros abstractos.
Un grado mayor de abstracción parece corresponder a los "uni
versales primarios" o conceptos de cualidades, que Lotze distingue de
los "universales secundarios" o conceptos subsumidores. El concepto
general de "color" o de "tono" sólo puede definirse, según Lotze, por
la mostración de un ejemplo, que, naturalmente, no equivale al con
cepto aludido. El concepto de "hombre" o "árbol", en cambio, puede
definirse en base a una serie de cualidades o relaciones, subsumiéndolo a un género próximo y señalando una diferencia específica.
- 40 -

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bj b BSBtl as sBnSuaj SBjuijsip sbj ap uoioBAjasqo bj aQ 'saiuBisuoo
X sajBjaua^ sbui sBOijsjjajOBJBO sns ua X BAijB^uasajdaj uoiounj ns ua
ai*Bnuaj jap oipnjsa [a BJBOua ggg bj ap j ouioj ja 'sisajuis ug
•sajBSjaAiun sbui sbuijoj sns ua
'Bjndoo bj 'uoixajj bj 'ucuoBjaj ap sBjnojiJBd sbj :sixeiuis bj ap sajBot^
-buibj^ sbuijoj sbj bzi[bub 'ainssnBg ap *g uoo opaanoB ap 'anL ouis
4B[qBq [a ua uoiaBJO B[ ap SBoiisijajoBJBO sb^ JBAjasqo B-red *bubu3{
-ssoa Baijsi^iisa bj ap oduiBO ^a ua 'o^jBquia uis *BJjua ou jajissB^
•uoiobjo
B[ ap stsqBUB ^ap saiuBqnsai sauoiaoBjjsqB uos sa^uapaaajd SBm^Bd
sb| ua SBpBuoiauaiu (sapniaa^iui 'sa[BOiiBuiBj) opijuas ap sbijoS
•ajBO SBq *(08S 'i '^Sd) ís aj[lu^ sopB^nouiAsap 'sa^uaipuadapui Biauaia
-uoa B[ ap sojBp ouioa ubjbjjuodu3 as Baunu 'uoixa^aj b^ ua ajuaui
-ajuBfB^ jBJBdas ^qap sbj as opu^iio une '• • 'oaiSpj oiomf ja BioBq ajsa
ap X |Bnjdaauoa oiuaiuiBsuad jb uoiainjuí bj ap 4uoiamjui bj b jbijos
-uas upisa^duii bj ap,, uaonpuoa anb sBajisinSuij SBiJoSa^BO sbj 'zaA Bun
ap sbui opBAjasqo Bq as bX ouio^ '(()^Z 'l ^iSd) 44oPT^na8 al8a aP soaiSoj
saaiiBiu soj UBjaaajBdB Bjja ua ojps ubj saauojua 'j^qjaA opijuas
jap B.iopB^iod BaajjBpjaA bj sa opo^ un ouioa uoiobjo bj ig,, :sauoia
-Bjaj ap upxsajdxa ouis '(BpjA bj 'ajquioq ja 'osouuaq oj) soidaauoa ap
Bai^a^uxs uotobuijoj iu 4(*aia 'soqaniu 'oX 'BJoqB 'inbB) sajBqiaA sap^p
-ijua ouioo SBpBjsiB sauoioin^uí ap uoisaidxa bj sa ou af^nSuaj jg
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-aj s33VMOiDV33^ svi^uog svi sa Mois^Hdxg v^ a 3fvnoM3g ig (^
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anb 'uoiaBJoqBja ajuBjsuoa Bun ua 'oubiiuod ja aod 'Bjuasa^d as jas
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ou afBii^uaj jap sisijbub jg *(()¿ 'i 4^Sd) 44sauoi0Buapjo X sauoia
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apand ojos bijosojij bj anb BjBuas jajissBg #SBn8uaj sbj ap
buijoj bj ua sBiouajajip sbj iq^ ap ^sBjnqno sajuajajip sbj ua
-ajip Xnuí souaiijo uoo bzijb^j as uoioboijisbjo ap osaoojd ajsg
'sajBjauaS sbui zaA p
sasBjo X sasBjoqns ua so^afqo sosa uauapjo anb SBOijajuis sauoioou sbj
ubijbj o jad 'opunuí jap soiafqo ap p^paiJBA bj JBuSisap BJBd oiJBjnq
-booa a^uBpunqB un a^sixg 'jBiuaui uoisjadsip bj b Biouapuaj Bjjaio
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'sauopooifoojo sotdaouo'j

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•soAijafqo souiuija^ ua ajqiuijap asBjo
Bun aXniíjsuoo ou EiABpoi 'sodijiui so^daouoo soj ap oseo ja ua ouioo
'otdojd ajquiou un bX sa ou sapBpijBno sbj ap ajquiou ja anbuny

�decirse que sea éste un método inductivo o estadístico. Se trata, en
realidad, de la "abstracción ideadora" aludida en Las Ciencias de la
Cultura. Las categorías de sentido formuladas por la filosofía del len
guaje no son leyes que permitan prever los acontecimientos particu
lares. En otras palabras, no describen el acaecer, sino el ser: en toda
actividad lingüística se manifiestan, explícita o implícitamente, esas
categorías esenciales (espacio, tiempo, cantidad, persona, cualidad,
clase, etc.), pero de ellas no puede concluirse nada acerca de la
relación constante entre dos fenómenos, entre dos momentos del habla.
El objeto de la filosofía del lenguaje viene a ser, entonces, en el
tomo I de la PSF, no la variedad de las lenguas, su evolución, etc.,
sino la universalidad del lenguaje visto a través de las lenguas, que,
a su vez, son abstracciones basadas en la observación de los actos
lingüísticos concretos.
La tradición idealista neokantiana se manifiesta en el acento pues
to por Cassirer en la función representativa del lenguaje. A la filo
sofía le interesa el lenguaje como medio de representación o estruc
turación de la realidad. A diferencia de Croce y Vossler, para quienes
el lenguaje es, ante todo, expresión, para Cassirer el lenguaje parece
ser esencialmente representación.

- 42 -

�un Baijdun uopBaiunuioa Bpoj 'Bpnp utg *ouEjd opunas un b
-^jaj 'oiquiBD ua 4aaauBuuad afBnáuaj jap BAisajdxa uopunj Bq
•ojaaauoa oaii
•sinSuij ojob jb BpBij BAtjBoiunuioo uopunj ouioo uaiquiBj. ouis 4oaioj
oianpojd oiuoa aiuauíEAisnjaxa apuai^ua as ou bX jBjaua^ Baijsjaa^
-objeo Bisa oaag *afBn$uaj jap ujBjaua^ Baiisjja^aBjBa^ bj ap oipn^sa ^
'opBaipui o[ uoa op^anoB ap 'opuais anSis bijoso^i^ b^ ap oiafqo [g
*(l6T 'iíV) 9Wísuas ^iauaiaadxa Baisanu ap sajuajjnoaa
Á sajuBisuoa so^uauiap sojjap ua UBSBq as 4jbzb ^b uaasq as ouBuinq
aÍBnua[ [a ua souibjjuoduo anb sauoiOBaijisBp sb[ oaoduiB^^^ :ouBuinq
ojuaiuiiaouoa ^a Buiuuajap anb 'Biauauadxa B[ ap ^aj ojBJisns un
ajsixg qBaipBj ouisiAijEpi un 'opo^ uoa 'Baqduii ou uoiobuuijb Bisa
oja^ '(06T 4lÍV) Msa[qBiJBAui a soCij uos ou anb souBuinq so^isodoad
so^ Á sasaaa^ui so^ ^od 'uaiq sbui 'sopBuiuiaajap UB[^q ag 'sbuisiui ts
aod uajsixa anb 'saiuaipuadapui sap^pi^ua ^sa^iauBjsns SBSoa b asjij
-apj b sopBuijsap uyjsa ou 'a[qBiJBAUi buuoj biso ap sopejaid-iaiui jas
uapand ou ouBuinq afnSua[ [a ua souiBjjuoaua anb sajquiou so^,,
:sa[Biaos Á soai^opnq sajojOBj aod BpBuoiaipuoa aaajBdB Bjsa 4zaA ns b
'oja^ *afBnSua[ pp — Boqoquiis — BAijEjuasajdaj uoiaunj b^ Baqduii
uoiOBaiunuioa Bq 'u^iaBaiunuioa ap ojob ouioa ejqBq pp 'jpap sa
4afBnSua[ pp ppos BáaBj B[ ap oipnjsa p jnbB jajxssB^ auodoad 'B^ajxl
-uiooui 'asjiaap Bjjpod 4isbo 'BaijBuianbsa ajuauíBuins buuoj ug

*(8T \iV)
tt8BaiSo[ sb[ Á sapaijBuiBjS sbuijoj sbj ajjua BaoAiun Bpuapuodsajjoa
Bun 4paj pBpijuapi Bun jBjadsa souiapod ou 'ojub^ o[ jod 4BOi^sin8
-u.Tj pBpiunuioa bj ap sBaijiaadsa sappos sauopipuoa sbj ap apuadap
anb 4ppos BajBi Bun uaiquiB^ ouis psjaAiun boiSoj b3jbj Bun jqd
-urna anb auaij ops ou Buuuinq Bjq^q jg 'sajouajuB sojua^uí ua sopBZ
-qiin uojanj anb sa^duiis soipaui soj uoa Ba^BuiBjS a^uBfauías jbzbji
JBjadsa souiapod ou vÁ uaiq ts 4BaijsmSuq uopB^ijsaAui bj ap osajgojd
p jod BpBpqBAUi 'soxuaA ouioa 4opis Bq ou Baij^sojij o paaua^ boij
-buibj Bun ap Bapi Bg,, :uasjadsa[" jod opxjuas ajsa ua opBzipaj ojua}
-ui p Buopuaui X Baij^sojij o pjauaS boiibuibjS Bun ap pBpqiqísod
bj ajiuipy -anbojua janbB ap u^pBixuiq bj jnbB JBjBuas aaaj^d jaj
-issBg 'gs^ B[ 3P I ouioj ja ua Bpiuajuoa oaiismguij opijuas ap osjaA
•tun jap jB^uapuaasBJj boi^uo bj jBpijBAut b JBSajj uig *ttopBijnsaj ns
jbztjbub b asjBjiuiij ap JB^nj \i^ 'ouisiui oai^sjn^uij osaaojd ja jBipnjsa
anb Bjq^q,^ anb opo^ ojub auat^sog 'bjsia ap o^und ns aiuauíjBiajBd
op^aijipoui jaqBq aaajsd jaaissBg 'voifosojij vtSojodojju^ bj u^j

N9I3VDINÍM03 A MQISaadXS OIMO3 afVÜOMaa 13 - AI

�acto expresivo. De acuerdo con lo expuesto en Las Ciencias de la
Cultura, toda forma simbólica tiene una "dimensión expresiva". Sin
embargo, lo esencial en el símbolo es, según Cassirer, su función
lógica representativa. En ese aspecto lógico reside la diferencia entre
el llamado lenguaje animal y el lenguaje humano: "La diferencia
entre el lenguaje proposicional y el lenguaje emotivo representa la
verdadera frontera entre el mundo humano y el mundo animal" (AF,

53).
Cassirer se atiene aquí al punto de vista de que la expresión
pura — la "interjección" — no es todavía lenguaje (AF, 168), sin
considerar, aparentemente, la diferencia existente entre los gritos re
flejos y la interjección expresiva, que es verdadera comunicación
(como tal tiene valor oracional e implica cierto proceso lógico muy
sumariamente formulado).
En otros pasajes de su obra Cassirer destaca, sin embargo, que
la conciencia es una estructura originariamente compleja, en la cual
no cabe distinguir un momento ideal y un momento sensorial, un mo
mento racional y un momento emocional, como independientes. Por
lo tanto, todas estas funciones son aspectos inseparables de la función
comunicativa: "El lenguaje vivo nunca abandona esta trabazón, ni
aun cuando ya ha aprendido a utilizar la palabra como puro vehículo
del "pensamiento" (PSF, III, 129).

- 44 -

�• '-• .- 9f -

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i : :*saua3iao sns apsap BSBqaa bj
4zaA r^^Vanb oaad 4boiitui pmijoB bj is ap oajuap BoaeqB anb BdBia
Bun 'oaiSpj ojuaiuiBsuad jap ojjoaa^sap ^a na 4aXnjijsuoa (BjqBq jap
SBAtsaadxa sapBpijtqísod sbj uBzijBuianbsa anb 48Bnuaj sbj 'uaiqurej
'o^ubj aod iÁ) Bjquq ja 'somuuaj soajo ug •SBiauaiaEdB eajuajajip o^Bq
4soiuauioui soiuijsip ua 4Bp as anb 'sa oisa 'BjBipaurai Biauauadxa bj
apuaiasBaj anb BiauBisns Bun BuSisap ajquiou jg '(^6 ^WT) OJ9^^!0 I9P
Bianasa bj BjdAa^ as sajBna sbj ap s^abjj b SBianauadxa sbijba ap sisajuts
bj uaiquiBj oms 'pBpijBaí bj ap stsijbub un ojos ou 'Baijdun oai^buiui
-ijasip osaaoad a^sa oaag 'BAijafqo pBpijBaí bj ap ojuaiuBpunj ja uaXn^
-jisuoa anb 44tsoauBjuauioui sasoip^ sosa jBu^isap aod Bzuaiuioa 4ojsta
Bq as unáas 'afen^uaj jg "sajajuí ap Jbooj oa^uaa un ua pBpijsaa bj ap
uoiaujiisap Bjaiuijd buii ua^njijsuoo sboiuiou^oisij SBiauaAiA SBjsg

m(L '00)
ttapjBj sbui oqanuí auoduii as sBsoa sbj ap sapBpijBna sbj ap Á sbs
-oa ap u^xadaaaad Bg •u^xsaadxa ap o sboiuiouSoisij SBiouaAiA a^uaui
-jBqBD uos ouiu jaj^ sbiou^ata SBJauíiad sbj anb BjaAaa sou jBiaaBdun
Boi^pjooisd uoxaBAaasqo aaxnbjBn^^^ :sbsoo ap upiodaoaad bj b aoiaaiuB
ouioa B^uasaad BAiinjoAa BiSojoaisd bj anb pBpijiqísod 'sauoisaadxa
jtqioaad ap pBptjtqisod bj 'opo^ 3}ub 'Boijduii aÍBn^uaj ja 4opBaiput
Bq as unSas 'o^aaja ug *afBn2uaj ja ua uaiquiBi Bp as osaaoad ajsg
•aaaxssB^ aod BpBjdopB aauasg ap uoisaadxa bj unSas 4ttoauBiuauioui
sotp,^ un 4Bpiuijapui BjABpoj 'ButAip Biauasaad Bun BjaAaa as sajBna
soj ua 'Biauaiaadxa bj ap sajuBjsui sojaaia ap uoiaBuiuiiaasip bj ua
A sauoxsaadxa ap uoiadaaaad bj ua BSBq as oatijuí ojuaiuiBsuad ja 'sis
-ajuis ug 'SBUTAip sapBjunjoA ap uoisaadxa ouis 'ajqísiAaad uapao 01
-aato b sojafns saaaaaBas uos ou soaistj souauípuaj soj : (^9 4^g) jbuos
-aad uoiaBoiunuioa ajuBjsuoa Bun ouis 'bpbuitubut 'BAijafqo p^pijBaa
Bun aXnjnsuoo ou opunuí ja Bjja ug *ttsauoisaadxa ap upiadaoaad,, bj
aod 'aaaissB^ unSas 'BzraaiaBaBD as osaaAiun jap boijiui uotsta Bg
*(96 'MTI) ítI^níJ
-idsa uotaBaaa ap sajuaipuadapux sopoui ap BpBtai un ua opuaiAjosaa
ba as aiuauqBnpsaS ojos anb p^piun ajqTsiAipux 'Bjaaouoa Bun ouioa
UBzuaxuioo a^a^ ja X aÍBnuaj ja 'ojiui jg,, :ja uoa opBjnoutA a^uauíBui
-tjuj oaad 4afBnuaj jap a^uaaajxp opijuas ap osaaAtun un 48BaxjoquiTS
sbuuoj sbj ap aaaissBg ap uoxadaauoa bj unSas 4aXnipsuoa ojiui jg

A Ofiiu eaft)n8udrj

oiim a afvnoMai - a

�De este modo, el lenguaje implica, según Cassirer, un proceso de
pensamiento mítico, que está en el origen de la formación de concep
tos. Pero, a su vez, el mito necesita del lenguaje e implica un proceso
que conduce a la formulación de abstracciones que se desprenden de
la concepción mítica originaria. En la Filosofía de las Formas Simbó
licas el lenguaje se presenta como un puente entre el mito y el pensa
miento científico.
Cassirer rechaza la tesis de Lévy Bruhl, según la cual el pensa
miento mítico es "pensamiento prelógico". No llega, sin duda, a admi
tir la posición de Sir James Frazer, para quien la magia es científica
en cuanto a sus fines, esto es, en cuanto pretende descubrir las rela
ciones constantes entre los fenómenos, para adaptar el curso de esos
fenómenos a los intereses humanos. Cassirer señala que la ciencia
surge en oposición al mito, en un esfuerzo por borrar todo vestigio
de percepción fisiognómica y reducir la realidad a caracteres obje
tivos. Pero no niega, por otra parte, el sentido racional del mito: "En
el campo legítimo del mito y de la religión, la concepción de la natu
raleza y de la vida humana en modo alguno se halla desprovista de
sentido racional" (AF, 121).
El lenguaje es, por tanto, según Cassirer, un instrumento de ra
cionalización del pensamiento, vinculado, desde su origen, a las con
cepciones míticas, pero que tiende a superarlas, introduciendo nue
vos criterios de objetividad. Este proceso de racionalización culmina
en la ciencia, que constituye, a la vez, el término de una evolución
y una nueva esfera de pensamiento. La ciencia se distingue del len
guaje, ante todo, por su tendencia a prescindir de la función expre
siva. Según Vossler, esta característica de la ciencia permite oponerla
al lenguaje: "Del pensamiento lingüístico al pensamiento lógico —
dice Vossler — no se produce una transición suave, imperceptible,
no se produce, en realidad, un avance, no hay un escalonamiento ya
sea ascendente o descendente; sólo hay una reacción (Abkehr)...
Lo que en el pensamiento lógico debe estar vivo, debe, en cambio,
resecarse y morir en el lenguaje. El pensamiento sólo puede conver
tirse en concepto, en cuanto sale de la larva de su próvida lingüística
y arroja su pupa. Estos restos o desperdicios no son ya formas lin
güísticas dotadas de sentido, sino una especie de rastros o huellas, que
el logos ha dejado atrás en su salto. Es posible, en su pálido, rígido
aspecto de fórmula, en su esquematismo gramatical, estudiar y reco
nocer a posteriori el trabajo que el pensamiento lógico ha debido rea
lizar, para liberarse del pensamiento lingüístico" 6. "Pero, por exacto
que sea este cuadro, debe, con todo, extraerse de el otra consecuencia
sistemática, además de la que señala Vossler. Pues, concediendo que
en el avance del lenguaje al concepto lógico se cumpla una auténtica
transformación ¿no es esa transformación misma una evolución?"
(PSF, III, 391). Se advierte aquí que Cassirer acepta el planteamiento
que hace Vossler, pero interpreta el concepto de evolución de un
6 Vossler, Sprache und Wissenschaft, en: Geist und Kultur in der Sprache,
Heidelberg, 1925, pp. 220, 223.
_ 46 _

�- íf -ouiap 's3jbuiiub ap SB-inSij of^q sopBaijiuosiad uaaajcdB sajBiniBU
souauíouaj soj sajBna sb[ ua 'sBaijiui sauoiadaauoa 'oAijBjuasajdaj opiu
-aiuoa ns aod 'uaAnjijsuoa sejojyiaui sejsa anb opBjBuas UBq saaoine
soqanj^ -opEoipui jbuijoj o^aadsB jb aanpaj as ou SBapjuí sauoiadaa
-uoa sbj Á BJojBjaui ap odij ajsa ajjua ajuaisixa uoiacjaj bj ojaq
• (&lt;ta^uaidja8^ opBuiuiouap
sa 'ojduiafa jod 'oBduiBjaj ^a 'isb 4á) SBjja ap Bun ap opnuas ja bztjbj
•auaS as *(uBuiiuadjas ap buijoj,^ :Buas opBjia ojduiafa ja ua) saiaad
•sa SBquiB b apuaaduioa anb oauauaá ouiuua^ ja asjBzxjxjn ap zaA ua
^Á pBpiiuapi ua ajaaiAuoa as (aiuaidaas eun Á o^cduicjaj un 'ojduiafa
aod) souauípuaj sop aaiua BiáojBUB bj 'af^nSuaj ja ua 'opoui ouisiui
jaQ 'ooi^pjBUB aaiaBjBa ap boi^bui Biuouiaaaa Bun a^usipaui BpBOOA
-oad aas apand anb 'btaiijj bj b sbuisiui ts ua uauaiiuoo Á uejuasaadaj
Bn^s ap sejo^ sBun 4Bqoasoa bj ap bjjtabS bjos Bun Basod uainb aod
opBUiiuop aas apand pcpijiiaaj bj ap oiuouiap o soip ja 'ojduiafa aod
'JSV *(^6 iW~í) tt^-i^1^ aioadsa bj b aiuajBAinba sa uauíiaadsa Bp^a
t ouisiui opoi ja sa opoj un ap aiaed pBO,, jBna ja unSas oidiauiad ja
'odijjui ojuaiuicsuad ja opoi b aSia anb oidiauiad ja ua BSBq as jBqaaA
BaojBjaui ap odii a^sgj 'oajo b jeqaaA ou^is un ap opi)uas ap Biauaa
•ajsuBJi sa BJOjBiaui bj 'oiquiBa ua 'opcjiuixj sbui opijuas un u^
"'*BOtj9quns buijoj
ap ja uoa asa^aijijuapi b auatA Baojciaui ap oidaauoa asa anb JBaaB
BiaqB^ *(¿g ']/\[^) t4sajBqaaA sbj ap ouioa ojubj 'sboijjui sauoiadaauoa
sbj ap uoiaBjnuiaoj bj Basd BiJBsaaau uoiaipuoa,, 'aaaissB^ BAaasqo unS
-as 'sa cjBaipBj BaojBjaui,, ^js^ *(¿8 'JO) a^U9jaJíP ^^^auíBiajdiuoa
unB Á Biauaiaadxa Bsa b ouiuixa sa anb oipaui un ua 'sa ojsa 'opiuos un
ua BAi^ouia o BAi^iasou^oa Biauaiaadxa Biaaia Bun ap uopBinuisuBJj
Bun,, sa BaojBiaui bj 'oijduiB opijuas un u^ "sopiiuas sop 'aaaissB^
unSas 'aauai apand ttBJojBjaui,, ouiiuaai jg #BaiaojBiaui uoiaBaaa bj ap
Baajsa bj ua uaaauBuiaad ojiui ja ouioa af^nSuaj ja oiubj
uoiaunj ns ua BjsaijiuBiu as aÍBiiSuaj jap OAisaadxa aaiaBasa
'vuofvjdiu tq ap Jdpod j^

OAjiafqo jojba uoa seapi jBaiunuioa
ap SBiuapB 'soAiiafqns sopiuajuoa jBsaadxa b apuaij anb 'ajuBjqBq
ja aod sauoiauaAuoa ap uopeaijipoui a)UB^suoa Bun ua aisisuoa 'oiq
-urea ua 'af^nSuaj jg 'Biíaijdxa uoiauaAuoa bjjo aod Bpinjiisns aas aqap
upiauaAuoa Bun ap ^anjdiu Bpoj anb soj ua 'sajBuoiauaAuoa sojoquiis
uog 'SBpiuijap ajuauíBjacxa seaiSoj sauoiaBjaa JBiuasaadaa b ubiiuiij
as Biauaia bj ap sojoquijs soj 'BAisaadxa uoiaunj bj JB)JBasap jy
•Biauaia bj Baoqsja as jBna ja aaqos ojuauíBpunj ja aXnitjsuoa aÍBn^uaj
ja 'zaA ns b 'oaag "upiaBaiunuioa Á uoisaadxa 'a^uaiujBiauasa 'sa anb
'BaijsinSuij pBpiAi^aB oiuoa aiaap sa 'sauoiaunj sbj ap ouBjd ja ua 'opBj
oajo jod 'Á oaijí^uaia ojuaiuiBsuad jap jb joijajux ^nuí Bai^pj uoisiaaad
ap opBj un BjaAaa anb 'sn^uaj bj ua op^aisiSaj opnuas ap osjdAiun
oiuoa Jiaap sa 'sopBjjnsaj soj ap ouBjd ja ua 'op^j un jod 'Bjja b auodo
as BjSBq Á Biauaia bj ap an^uijstp as afenuaj jg -ajuajajip opoui

�nios, etc. Señala Cassirer la existencia de dos teorías al respecto. Se
gún algunos, la creación metafórica es resultado de esas analogías
establecidas por el pensamiento mítico. Este punto de vista fue soste
nido por Herder y recogido por los románticos. Para Schelling, señala
Cassirer, el lenguaje es una "mitología marchitada". Max Müller sos
tuvo, en cambio, en la segunda mitad del siglo diecinueve, que la
mitología es un resultado del lenguaje: "Consideremos, pues, que
existió, real y necesariamente, un período en la historia de nuestra
raza, en el cual todos los pensamientos que iban más allá del estrecho
horizonte de nuestra vida cotidiana debían ser expresados por medio
de metáforas y que esas metáforas todavía no eran lo que son para
nosotros, expresiones meramente convencionales y tradicionales, sino
que eran sentidas y comprendidas en parte en su carácter original y
en parte en su carácter modificado... Cada vez que una palabra, que
al comienzo fue usada metafóricamente, es usada sin una clara con
cepción de los pasos que han conducido desde su sentido original a
su sentido metafórico, existe el peligro de mitología... Lo que se
suele llamar mitología no es más que una parte de una fase mucho
más general, a través de la cual el lenguaje debe pasar, en una época
u otra" 7.
Cassirer, por su parte, sostiene que existe una acción recíproca:
el lenguaje es determinado por las concepciones míticas, pero éstas
influyen, a su vez, sobre el lenguaje y determinan la creación meta
fórica.
Señala Max Müller, en el pasaje transcripto, una diferencia esen
cial entre la metáfora mítica y la metáfora lingüística. La primera
implica una identificación de dos esencias diferentes para el pensa
miento lógico. En el plano del pensamiento mítico el sol no es mera
mente asociado con un ave, por ejemplo; en efecto, en el panteón
egipcio, según señala Cassirer, el sol es realmente un halcón. En cam
bio, en el lenguaje, mientras la metáfora tiene vida propia, implica,
de acuerdo con el concepto de Max Müller, una asociación entre dos
representaciones que el hablante reconoce como diferentes: el efecto
peculiar de la metáfora es la conciencia de que combina o superpone
dos ideas, dos objetos originariamente distintos. Cassirer, en cambio,
señala que el lenguaje participa del principio del pensamiento mítico,
según el cual la parte se identifica con el todo. En el lenguaje los
límites dentro de las clasificaciones no son definidos y estables, el
enfoque subjetivo se modifica libremente, anulando las diferencias y
destacando los aspectos comunes: "Dos conceptos lógicos, subsumido3
bajo la categoría superior inmediata, como su genus proximum, re
tienen sus caracteres distintivos a pesar de la relación a la cual han
sido llevados. En el pensamiento mítico-lingüístico, en cambio, preva
lece la tendencia exactamente opuesta. Aquí encontramos una ley que
podría llamarse la ley de nivelación y extinción de diferencias espe
cíficas" (LM, 91).
7 Max Müller, Lectures on the Science of Language, Second Series, New
York, 1875, pp. 372-376 (cit. por Cassirer, LM, 86).
_ 48 _

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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , Agosto 1959, Nº 17 : p. 19-49</text>
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                    <text>ACTIVIDAD
BIOLOGICA
y ESTRUCTURA ELECTRONICA
5.

Comunicaci6n

(l)

(La sintesis de la sulfadehidrotiotoluidina)
(Comunicacion del lahoratorio de quimica orgiinica e investigacion
de la Facultad de Humanidades y Ciencias)

En nuestros estudios sobre las relaciones entre la estructura electronica de ciertas substancias organicas y su actividad biologica hemos
adoptado la hipotesis de que un gran numero de fenomenos biologicos,
p, ej., la actividad quimioterapeutica, la respiracion, la actividad de
las vitaminas, etc., es debido a la accion mutua de substancias que,
por resonancia, pueden formal' electrones disponibles, las unas y fisuras electronicas, las otras. Nos hemos ocupado a este respecto de las
sulfamidas, del acido p. aminobenzoico, de las carboxamidas, de los
componentes del complejo de la vitamin a B y del pirrol; describiendo
las formulas electronicas de estos compuestos.
Hemos en esta ocasion tambien expresado nuestra opinion de que
10s nucleos heterociclicos pentagonales (pirrol, tiofeno, furano) pOl'
su disposicion geometric a y pOl' su capacidad de formal' electrones disponibles, estarian predestinados a formal' derivados con propiedades
quimioterapeuticas. Esta hipotesis encontro apoyo con respecto al furano, siendo el nitrofurano, segun noticias llegadas del congreso medico realizado en San Francisco, en julio de 1946, una droga con poderosa actividad quimioterapeutica.
En la presente comunicacion nos ocupamos de otro nucleo pentagonal, del micleo tiazolico, que forma parte del famoso sulfatiazol.
Segun nuestra opinion esta ultima droga es tan activa pOl' tratarse de
una combinacion de la sulfanilamida con un nucleo tiazolico, pudiendo
emitir los dos compuestos electrones disponibles. Indicamos aqui aIgunas formulas de resonancia del sulfatiazol (I a, b. c.) caracterizadas
(Ib y Ic) pOl' electrones disponibles.

�La poderosa actividad del sulfatiazol parece tambien estar relacionada al hecho de que la tiamina, (vitamina hI)' substancia activa
en el desarrollo bacteriano y antagonist a de las sulfamidas, contiene la
mitad de la molecula constituida por un micleo tiazolico.
Nos ocuparemos en esta comunicacion de otro derivado tiazolico,
la dehidrotiotoluidina, bien conocida en la quimica de los colorantes.
Esta substancia de color amarillo posee, segUn nuestra opinion, mucho
interes tambien dentro de la quimica hiologica. Su formula IIa. esta
caracterizada por un micleo tiazolico entre dos micleos bencenicos.
Ademas tiene un grupo amino libre y una de sus propiedades es que
los color antes derivados de ella, p. ej., los colorantes azoicos, preparados por diazoacion del grupo amino, tienen afinidad por la fibra
celulosica. Esta propiedad y el color mismo de la dehidrotiotoluidina
no se explican segun la formula, IIa mencionada; pero las formulas
o. quinoidas IIJ b y c pueden explicar su color amarillo (absorcion en
el espectro visible) y ademas, por los electrones disponibles, la facultad
de asociacion con la celulosa en su estado polarizado formando grupos
de oxonio.

Opinamos que por su facultad de emitir electrones disponibles,
por la forma geometrica de su molecula y por su grupo amino libre
ya la dehidrotiotoluidina debe ser un compuesto con actividad quimioterapeutica. Tiene la ventaja de ser un producto de la gran industria,
£licil de obtener calentando la p. toluidina con azufre; en esta reaccion
dos moleculas de p. toluidina pierden 5 atomos de hidrogeno (de ahi
el nombre "dehidrotiotoluidina").
Pero tiene la desventaja de ser
bastante insoluble en agua, forma, es verdad, con acido clorhidrico una
sal soluble en agua, la cual es muy facilmente hidrolizable. Sin embargo tenemos el proposito de hacer examinar la dehidrotiotoluidina
sobre sus supuestas propiedades bacteriostaticas.
Por otra parte nuestro proposito fue el de sintetizar partiendo
de la dehidrotiotoluidina el analogo al sulfatiazol, introduciendo en
la molecula el poderoso resto sulfanilaminico, para obtener asi un

�nuevo compuesto de la gran serie de las drogas "Sulfa", que por su
grupo -S02-NHseria soluble en alcali diluido.
Para la introduccion del resto sulfanilaminico H2N--Ar--S02--NH-se utiliza en general el p. sulfocloruro de la acetanilida HaC-OCHN-Ar-S02Cl
que reacciona facilmente con las aminas (en este caso
con la dehidrotiotoluidina) obteniendose asi la sulfanilida correspondiente, en la cual el resto acetilo puede ser facilmente desplazado al
calentar con acidos minerales. No hemos podido utilizar este metodo
tan simple aqui en el Uruguay por falta del acido elorosulfonico
HC1SOa para la preparacion del p. sulfocloruro de la acetanilida. La
fabric a de acido sulfurico de Montevideo, que trabaja con camaras de
plomo, no puede aun fabricar este producto tan importante para la
industria de las sulfamidas, y las casas importadoras de productos quimicos no importan el acido clorosulfonico, ni muchos otros productos
de gran interes cientifico como los cloruros de fosforo porque no les
da suficientes ganancias. Con los cloruros de fosforo los acidos sulfonicos pueden ser transformados en sulfocloruros.
Por 10 tanto hemos empleado otro metodo para la preparacion
del sulfocloruro, que necesitabamos, un metodo aplicado por nosotros
ya en 1929, que consiste en introducir una corriente de gas de cloro
en suspensiones de mercaptanos, 0 disulfuros organicos en acido clorhidrico concentrado (2). Este metodo es mas simple y economico que
la cloruracion de disulfuros 0 mercaptanos en medio de acido acetico
glacial, encontrada por Th. Zincke (3) y nos dio siempre muy buenos
resultados.
Como mercaptan 0 disulfuro apto hemos elegido el p. nitrofenilmercaptan 02N-Ar-SH
y el p,p'dinitro-difenil-disulfuro 02NAr-S-S-Ar-N02,
cuya preparacion es posible por accion de N2S2
sobre p- halogeno-nitrobenceno y cuyo grupo N02 despues de la
condensacion del sulfocloruro correspondiente con la dehidrotiotoluidin a es apto para ser reducido al grupo amino.
Nuestra sintesis nos ha conducido asi por las siguientes etapas: benceno (III), monobromobenceno (IV), p. bromonitrobenceno (V), p. nitrofenilmercaptan (VI) (y disulfuro), p. nitrofenisulfocloruro (VII),
a la p. nitrofenilsulfo-dehidrotiotoluidina
(VIII) y la p. aminofenilsulfo-dehidrotiotoluidina (IX).
III

IV

V

VI

VII

o 0 0 0 6"

�Hemos preferido partir en el laboratorio del monobromobenceno,
pues es mas facil conseguir una cantidad bien determinada de bromo
que de cloro. En la nitracion (4) se obtuvo junto al derivado para
en escasa proporcion el isomero orto nitrobromobenceno (5). El tratamiento del p. nitro-bromo-benceno con disulfuro de sodio dio la sal
de sodio del p. nitrofenilmercaptan, el disulfuro correspondiente y
diferentes productos secundarios, como ya es mencionado por E. Fromm
e I. Wittmann (6) y Ch. C. Price and. G. W. Stacy (7). De acuerdo
con estos ultimos autores hemos obtenido tambien un producto del
P. F. de 135°, que consiste principalmente en una mezcla eutectica
de dos moleculas de p.p' dinitro-difenil-sulfuro y de una molecuia de
p.p' dinitro-difenil-disulfuro.
Tambien hemos preparado el p. nitrofenilmercaptan tratando la
p. nitranilina diazoada con el xantogenato de potasio y saponificando
el producto de reaccion con potasa alcoholic a segun el metodo de
Leuckart (8) .
El p. nitro-fenil-mercaptan y el disulfuro respectivo pudieron por
cloruracion en dispersion de acido clorhidrico concentrado ser facilmente transformados en el p. nitro-fenil-sulfocloruro (9), el cual en
solucion eterea reacciono facilmente con dos equivalentes de dehidrotiotoluidina formandose asi el clorohidrato de la dehidrotiotoluidina y
la p. nitro-fenil-sulfo-dehidrotiotoluidina (VIII) (P. F. 190°). Esta fue
reducida en solucion de acido acetico glacial con un exceso de zinc
ohteniendose asi la p. amino - fenil- sulfo - dehidrotiotoluidina (IX)
("sulfa-dehidrotiotoluidina")
(P. F. 257°) como producto final. El
compuesto fue identificado por las siguientes reacciones:
1)
2)

3)

4)

El analisis cualitativo del N y del S fue positivo.
La presencia del grupo amino libre fue comprohada por diazoacion y obtencion de un colorante rojo con beta naftol
ademas por transformacion en una sal clorhidrica soluble
en agua.
El grupo -HN-S02se puso de manifiesto al disolverse el
producto en soda caustic a diluida y titulacion cuantitativa del
grupo -HN-S02(acido) con soda caustica 1/10 normal.
El nitrogeno de la substancia fue determinado cuantitativamente segun el metodo de Kjeldahl.

Tanto la nitrofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina como la aminofenilsulfo-dehidrotiotoluidina son de color amarillo. Para un cuerpo con
un grupo nitro este color amarillo no es extrafio, mientras que para la
aminofenil-sulfa-dehidrotiotoluidina este color es explicable segun la
formula (IXa) (orto y para quinoida con un sistema de doble ligazones
conjugadas). SegUn esta formula aparecen tambien 4 electrones disponibles, los cuales segUn nuestra opinion deberian conferirle al producto una actividad quimioterapeutica. En su solucion alcalina que es
sin color, la p. aminofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina parece corresponder
a la formula IX b y no a la IXa, (en su forma ionizada).

�Proximamente dispondremos de mas cantidad de la para aminofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina y haremos examinar sus propiedades
bacteriostaticas 10 mismo que con la dehidrotiotoluidina.
Para preparar mas cantidad del producto deseado intentaremos
otro metodo de preparacion, el cual ya hemos iniciado. Partiendo de
la acetanilid a (preparada por calentar largo tiempo anilina con acido
acetico glacial) se obtuvo por la accion del cloruro de azufre S2Cl2 (10)
el disulfuro correspondiente, ya conocido (HaC-CO-NH-C6H4S-) 2 (10) (ll). Esperamos que por la accion del cloro en solucion de
acido acetico glacial este disulfuro se convierta en un sulfocloruro,
para condensarlo con la dehidrotiotoluidina y desplazar entonces el
grupo acetilo. Nos damos naturalmente cuenta que el cloro no permanecera in activo frente al grupo CHa-CO-NH-.
Solo los experimentos podran demostrar si la preparacion del producto final sera
perjudicada por esto.
La utilizacion de un para halogeno-nitrobenceno en la preparacion
del p. nitrofenil-mercaptan 0 del disulfuro respectivo nos da oportunidad de explicar tambien por la teoria electronic a la mohilidad del
halogeno en las posiciones orto y para de los halogeno-nitrobencenos,
que no aparece en los derivados meta respectivos. Con este fin presentamos del sistema de resonancia de estas suhstancias la forma benzoida (X) y quinoida (Xa) (para u orto) con una fisura electronic a en
posicion para u orto. Es geometricamente imposihle que esa fisura
electronic a se forma en posicion meta. En presencia de soda caustica,
de sulfhidrato, sulfuro 0 disulfuro de sodio, es decir de aniones
OH -, SH -, SNa -,
- S -,
- SS - estos se adicionaran ala fisura electronic a, neutralizandose la carga positiva de la fisura electronica con la carga negativa del anion. Estaremos pues en presencia de
productos de adicion (XI) en los cuales un cation sodico figurara
tambien como polo positivo. Volviendose el sistema de resonancia de
los halOgeno.nitrobencenos a la forma henzoida, XII no hay mas lugar
para dos substituyentes en la posicion para u orto. Por 10 tanto se
desplazaran probablemente en la misma proporcion los halogenos de
un lado, los grupos OH, SH, SNa, S, y S·S del otro. Habran asi reaccionado 50 % del producto y se transformaran en solucion alcalina
en caso de los nitrofenoles 0 nitrofenilmercaptanos en productos quinoidos estables (XIIa), 0 en el caso de los dinitro-difenil-sulfuros 0
disulfuros en productos insolubles, que seran eliminados del juego de
la resonancia. Esta comprendera entonces solamente el 50 9"0 de la
materia prima, que fue reproducida en la reaccion y cuya mitad nue-

�vamente sera transformada y asi sucesivamente. Comprendemos porque
esta reaccion necesita tiempo y no es nunca cuantitativa.
X

Xo
+

No aH H.,

Hal

I

0

1

-

/~\:.

a

0

XI

XII,

XII

+

H:I1

No Ha

-

+

a

I~' H.1JaH

II

N +

/"'-.

o

a

N.aH

10

1

\I

/N~
o

/N'Z
0

0

ON.

Queremos en fin hacer notar que otro compuesto de la serie del
tiazol, de constitucion muy relacionada a la de la dehidrotiotolnidina.
es la primulina (XIII) la cual tiene un micleo tiazolico y un micleo
bencenico mas. De este producto (la primulina-base) se sabe, que de
puede sulfonarlo y que sus acidos sulfonicos solubles tiiien algodon en
amarillo sin mordiente. La primulina y sus acidos sulfonic os correspondientes deben tener seglin nuestra opinion propiedades quimioterapeuticas interesantes, pues pueden suministrar electrones disponibles. Por esta razon tenemos el proposito efectuar tambien su preparacion y la sintesis del derivado sulfanilaminico correspondiente,
la "sulfaprimulina" (XIV).

Con respecto a la literatura empleada, especialmente para la preparacion de los sulfocloruros debemos hacer notar que por faha en
Montevideo de la mayoria de los vohimenes del "Beilstein" y de muchas revistas europeas, nuestra tarea se vio algo dificuhada. La bibliografia citada no debe ser entonces considerada completa.

�Con Ia colaboracion de Ias Srtas. M. Amado, 1. Elena, E. Lambantov, M. Merola, A. S. Olalde
y Ios Sres. B. Landau, y E. Moccia No"

1.

PreparaciOn del p. nitro-fenil-mercaptan
disulfuro

y del p. p' dinitro-difenil-

Del monobromo-benceno que hemos obtenido pOl' bromuracion
del benceno hemos empleado la fraccion que destilaba entre 150 y 159°.
A 80 grms. de monobromo-benceno hemos agregado lentamente y
agitando (a fin de que los vapores rojos no salgan del refrigerante)
una mezcla de 150 grms. de acido sulfurico concentrado y 60 grms. de
acido nitrico concentrado al 63 %. Una vez agregada la totalidad de
la mezcla de nitracion se hace elevar la temperatura lentamente a 120°.
Despues de enfriarse la masa cristalina es tratada con agua, filtrada y
lavada con mas agua. POl' cristalizacion con alcohol algo diluido hemos
recibido el p. nitro-bromo-benceno, ya conocido de P. F. 126°.
En las soluciones madres hemos encontrado, en pequeiia proporcion, el isomero o. nitro-bromo-benceno de P. F. 43° mas soluble.
Del p. bromo-nitro-benceno obtenido hemos utilizado 40 grms. correspondientes a 2 equivalentes, que hemos tratado en solucion aleoholica con 1 equivalente y un exeso de un 50 % de disulfuro de sodio
(preparado calentando el Na2S 9H20 en una proporcion de 7,5: 1 con
azufre). Despues de haber calentado la mezcla de reaccion 4 horas
se dejo enfriar, se filtro y trato el producto solido obtenido con agua.
Lo mismo hicimos con el filtrado cuyo alcohol fue previamente evaporado. De este tratamiento hemos recibido soluciones rojas que contenian el p. nitro-fenil-mercaptido de sodio cuya formacion es debida
a que se empleo un exceso de disulfuro de sodio.
Las soluciones al principio claras fueron precipitando lentamente
el disulfuro correspondiente. Tratando dichas soluciones con acido
clorhidrico en exceso hemos recibido el p. nitro-fenil-mercaptan de
P. F. 77°, soluble en agua caliente.
Los productos anteriormente mencionados, insolubles en agua, no
constituyeron el disulfuro puro; pero como 10 mencionan E. Fromm
e I. Wittmann (6) y ultimamente Ch. C. Price y G. W. Stacy (7) son
una mezcla de productos. Asi hemos encontrado tambien la mezcla
eutectic a (P. F. 135°) de 2 mols. de p. p' dinitro-difenil-sulfuro y de
1 mol. de p. p' dinitro-difenil-disulfuro, a la cual se refieren los ultimos autores citados. La proporcion de disulfuro que hemos podido
aislar pOl' cristalizacion (acido acetico glacial) fue relativamente pequeiia. (P. F. 168-170° que coincide con las indicaciones de la literatura, siendo el P. F. del producto en el estado purisimo de 181-182°).
Queremos hacer notal' aqui que solamente el mercaptan y el disulfuro podian ser transformados pOl' cloruracion, como 10 describim08
mas abajo, en el p. nitro-fenil-sulfocloruro pero no las otras sustancias
secundarias 0 mezclas.
Hemos preparado el p. nitro-fenil-mercaptan tambien segUn el metodo de Leuckart (8) pOl' diazoacion de la p. nitranilina introduciendo

�el compuesto diazo en una solucion de xantogenato de potasio calentada a 60-70oc., agitando de continuo, tratando el producto obtenido
con potasa alcoholica y acidulando al fin con acido clorhidrico.

Hemos introducido durante algun tiempo una corriente de cloro
en una dispersion del p. nitro-fenil-mercaptan 0 de disulfuro correspondiente con acido clorhidrico concentrado, segun indicaciones de
J. Pollak y E. Riesz (2). Luego se fiItro obteniendose ya el sulfocloruro
bastante puro P. F. 79-80oc. de acuerdo con las indicaciones de la literatura (9). Es insoluble en agua y soda caustica, forma con la anilina
en solucion eterea el clorhidrato de anilina y una anilida.

La dehidrotiotoluidina fue purificada por trasformacion en su
clorohidrato con acido clorhidrico, fiItracion y precipitacion con soda
caustica.
Se trataba de una dehidrotiotoluidina de origen europeo, elaborada por una de las grandes fabricas de colorantes. La purificacion se
puede tambien efectuar por extraccion con eter. Las impurezas son
insolubles.
La condensacion fue efectuada en solucion eterea con un equivalente de p. nitro-fenil-sulfocloruro y dos equivalentes de dehidrotiotoluidina, calentando a reflujo al bano maria durante algunas horas. Luego
se destilo algo del eter y fiItro el producto precipitado, constituido
por el clorhidrato de dehidrotiotoluidina mezclada con algo de producto de reaccion. En el fiItrado el eter fue evaporado totalmente. Las
dos fracciones asi obtenidas fueron tratadas con soda caustica diluida,
fiItradas y precipitadas con acido clorhidrico, el precipitado fue disueIto en alcohol, y este concentrado hasta que el producto se deposito. En las soluciones madres quedaba algo de producto, soluble en
alcali pero no precipitable con acido clorhidrico, con propiedades de
un mercaptan (probablemente el o. aminotiocresol, formado por descomposicion parcial de la componente dehidrotiotoluidinica en el curso
de las operaciones). La p. nitro-fenil-sulfo-dehidrotiotoluidina
,depositada fue disueIta para su purificacion en acido acetico glacial y precipitada con agua: Producto de color amarillo, soluble en soda caustica, propiedad caracteristica para el grupo -S02-NH-,
precipitable
con acidos miner ales. Es tambien soluble en alcohol tomando color
anaranjado al agregarle soda caustica. P. F. 1900 con descomposicion.
Investigacion cualitativa de azufre y nitrogeno positiva.

La p. nitro-fenil-sulfo-dehidrotiotoluidina fue reducida en solucion
de acido acetico glacial con un exceso de polvo de zinc calentando du-

�rante una hora. Luego se filtro y precipito el filtrado con agua obteniendose asi un polvo amarillo. Para purificarlo se disolvio en acido
acetico glacial 0 acetona precipitandolo con agua. P. F. 257° con descomposicion.

Investigacion de azufre y nitrogeno: positiva.
Investigacion del grupo NH2 por solubilidad en acido clorhidrico,
diazoacion y formacion de un colorante rojo con beta naftol: positiva.
Irnvestigacion del grupo -HN-S02por solubilidad en soda caustica:
positiva.

Titulacion en solucion acetonica con soda caustic a n/l0.
cador empleado fenolftaleina).
Para grs. 0,1 de sustancia se necesitaron 2,5 c.c. de NaOH
Calculo teorico: 2,55 c.c. de NaOH n/l0.
Dosificacion del N segun el metodo de Kjeldahl.
Grs. 0,1 de sustancia necesitaban 7,4 c.c. de acido sulfurico
Porcentl/.je del N encontrado: 10,36 %
Calculo teorico para la formula C20 H'7 Na O2 52 del peso
cular 395: 10,63 0/0.
V.

Preparacion

(Indin/l0.

n/l0.
mole-

del p.p' di( acetilamino)-difenil-disulfuro
(p. ditioacetanilida)

Hemos calentado partes iguales de acetanilida y de monocloruro
de azufre (exceso de 100 %) de una ados horas a 100° (10). EI producto de reaccion fue tratado con acido acetico glacial, filtrado despues
de cierto tiempo y precipitado con agua. EI producto fue disuelto nuevamente con acido acetico glacial 0 alcohol y precipitado otra vez con
agua agregandole algo de soda caustica diluida para facilitar la precipitacion. Luego fue reducido con un exceso de zinc en solucion de
acido acetico glacial y el filtrado precipitado con agua. EI producto
asi obtenido (mercaptan) calentado con acido clorhidrico y agua se
oxido nuevamente al disulfuro (F. J. 208°-209°).
(F. P. segun las indicaciones de la literatura, 213-214° (10) (ll).

Por cloruracion del para-nitrofenilmercaptan y del disulfuro respectivo en medio de acido clorhidrico concentrado fue preparado el
para-nitrofenilsulfocloruro, el cual al reaccionar con la dehidrotiotoluidina dio la para-nitrofenil-sulfo-dehidrotiotoluidina.
Este compuesto
fue convertido por reduccion en la para-aminofenil-sulfo-dehidrotioto.
luidina, ("sulfadehidrotiotoluidina").
Esta substancia, como tambien

�la dehidrotiotoluidina misma senin examinadas con respecto a SUB
propiedades hacteriostaticas. La facultad de estos compuestos de suministrar segun sus formulas de resonancia electrones disponihles hace
prohahle su actividad quimioterapeutica. Por la misma razon y por
estar muy relacionadas estructuralmente con la dehidrotiotoluidina
seran tamhien examinadas la primulina hase, la primulina sulfonada
y la para aminofenil-sulfo-primulina ("sulfaprimulina")
la cual te·
nemos el proposito de sintetizar.

Nos es grato deher agradecer al Honorahle Consejo de la Facultad
de Humanidades y Ciencias, hahernos proporcionado los medios para
efectuar este trahajo; y al Sr. Decano de la Facultad de Quimica y
Farmacia de haher puesto a nuestra disposicion un lahoratorio.

(1)

(2)

(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)

(10)
(1I)

Comunicaciones anterioreii: Anales Asoc. Quim. Argent. N.o 160, p. 76 (1943),
Chem. Abstr. 38, p. 519 (1944), Archivos Soc. Biol. Montevideo XI, N.D 3-4,
p.159 (1944), Chem. Abstr. 38, p. 5701 (1944), Anales Asoc. Quim. y Farm.
Uruguay, t. 46, N.D 2, p. 5 (1943), Chem. Abstr. 38, p. 4479 (1944), Anales
Asoc. Quim. y Farm. Uruguay t.'47, N.D 2, p. 131 (1945), Chem. Abstr. t. 40,
p. 5079 (1946), Ph. (Rev. Asoc. Estud. Quim,) 1945, N.D 2, p. 14.
J. POLLAK y E. RIEsz, M. j. Ch. 53/54, p. 90-99 (1929), Chem. Abstr. 24,
p. 351 (1930). (Del resumen en los Chemical Abstracts no se puede llegar
al sentido de este trabajo; ademas el resumen tiene errores). Ver tambien
H. E. FIERZ,DAVID,E. SCHLITTLER
Y H. WALDMANN.Helv. Chim. Acta 12, p. 667
(1928) Chem. Abstr. 23, p. 4680 (1929).
TH. ZINCKE, Liebigs Annalen, 391, p. 65 (1912).
Basandonos en indicaciones de H. ERDMANN: (L. VANINO, 2.3 edicion. 1923,
t. 2, p. 442).
Ver BEILSTEIN,4. edicion 1922, t. 5, p. 247.
E. FROMM e I. WITTMNN, Ber. D. Ch. Ges. 41, p. 2264 (1908). Ver tambien
Yu. O. GABELY A. L. SHPANION,J. Applied Chem. (USSR) 12, p. 1485, Chem.
Abstr. 34, p. 6244 (1940).
CH. C. PRICE Y G. W. STACY,Joum. Am. Chem. Soc. 68, p. 498 (1946).
LEUCKARTy LUSTIG J. pro (2) 41, p. 199, Belistein 4.3 edicion, 1923, t. 6,
p. 339/340.
Comparar BEILSTEIN,4.3 edicion, t. II (1928), p. 72, BLANKSMA,R. 20, p. 129,
ECKBOM,Ber 35, p. 653, R. S. SCHREIBER
Y R. L. SHRINER,J. Am. Chem. Soc., 56,
p. II4-II7 (1934). Chem. Abstr. 28, p. 1674 (1934), J. BARBER,J. Chem Soc.,
102, p.l0l
(1943), Chem. Abstr. 37, p. 4374 (1943).
SCHMIDT,Ber. D. Ch. Ges. II, p. II 71; BEILSTEIN,3.3 edicion, 1896, t. 2, p. 816.
LEUCKARTy LUSTIG,J. pro (2) 41, p. 203, BEILSTEIN,3.3 ed., 1896, t. 2, p. 817.
Reduccion a la p.mercapto acetanilida, ver Gabel y Shpanion (6).

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ow^i^autv-ouijD'j osaj^uo^ 'y¡¡ jo opojuasajd

BTJO9J TS\
oxp^ui jod oaraoqjBo' opioH pp BOirambojoj

zsam owaons

�cado en ocasión de nuestra interpretación del transporte del oxígeno
por la hemoglobina (2). Por lo tanto no es por mera casualidad que
núcleos pirrólicos forman las columnas principales de la hemoglobina

En esta ocasión mencionamos una publicación de J. Franek y
R. Livingston (1), en la cual estos investigadores, en relación con la
clorofila y otros colorantes, hablan de moléculas "electrónicamente"
excitadas y de un taulómero con alta energía de reacción, sin emplear
la teoría de la resonancia al respecto.
Según nuestra fórmula (Ib) la covalencia entre el magnesio y
los nitrógenos de dos núcleos pirrólicos fue rota y el magnesio con
dos cargas eléctricas positivas es ligado ahora por electrovalencia al
resto de la molécula. Los dos electrones del magnesio liberados se
trasladan por intervención de un sistema conjugado a los dos otros
núcleos pirrólicos. En estos últimos el nitrógeno se transforma en
tetracoordinado con una carga positiva y los dos electrones, liberados
disponibles en cada núcleo se fijarán (como primera etapa) a los
dos carbonos en posición meta con respecto al nitrógeno. Ahora por
formación de un doble enlace entre estos carbonos con cargas nega
tivas, dos electrones en cada uno de los dos núcleos pirrólicos se des
prenden y quedan "fuera" como disponibles. Estas cuatro cargas
negativas neutralizan las dos cargas positivas del magnesio y las dos
de los nitrógenos tetracoordinados; además la ley del octeto electró
nico queda observada en toda esta disposición electrónica (Ic).

y de la clorofila.
Al igual que el pirrol también los otros heterocíclicos pentagona
les como el furano y el tiofeno, por su ordenación geométrica podrían
desprender electrones disponibles, en lo que ya hemos insistido con
relación a problemas quimioterapéuticos (3), y el descubrimiento del
nitrofurano como substancia antibiótica (4). Recordamos en esta oca
sión que también las sulfamidas poseen electrones disponibles, pasan
do de ellas a sus antagonistas (ácido p. aminobenzóico o carboxaPodríamos
suponer que en la clorofila los dos electrones del
midas)
(5).
magnesio liberados se fijasen simplemente a dos carbonos en posicio
nes orto con respecto a los nitrógenos de dos núcleos pirrólicos (según
la fórmula I d). Pero según esta disposición no se desprenderían elec
trones disponibles, los cuales son caracterizados por no tener un lugar
dentro de la molécula y por esta razón son predestinados de pasar
a otras moléculas.

Ld
Lb

La

//
y^

/
\v

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—

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\

\
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\
\

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\

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// N
//

^&gt;N..Mg

/

Mg

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N

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1

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+ ////
N

+
// N

//

\

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// C
//
\
\ N
//
//

\ TV-

+ ////
N

i

C
/
N/
++
w
Mg

Esta "liberación" de electrones según nuestra opinión es carac
terística para el núcleo pentagonal del pirrol, como ya lo hemos indi-

¿Qué pasa ahora con los 4 electrones disponibles de la clorofila,
si están presentes ácido carbónico y agua? Indicamos aquí con este
fin una de las fórmulas electrónicas posibles para el ácido carbónico
hipotético H2CO3. (lia). El hecho que es efectivamente la forma
hidratada de dióxido de carbono, la cual interviene en la fotosíntesis,
fue también probado por D. M. Mikhlin y Z. S. Bronovitskaya (6).
Estos investigadores constataron que la fotosíntesis es retardada al
agregar el fermento "anhidrasa" que desdobla H2CO3 en CO2 y H20,
mientras que es acelerada en condiciones favorables a la hidratación.
Vemos según la disposición II a del ácido carbónico hidratado,
(según nuestra opinión de suma importancia para la fotosíntesis),
tres oxígenos con tres cargas negativas, dos cationes de hidrógeno con
dos cargas positivas, encontrándose la tercera carga positiva en el
carbono en el cual se forma una fisura electrónica por faltar dos
electrones para completar el octeto electrónico. Esta fisura electrónica

— 55 —
— 54 —

�— ss —
Baiuojjoaja Jnstj Bjs^ •oainojcpaja ojajao ja jBiajdmoa ejed sanojiaaja
sop -ibjjbj jod Bainoxpaja Bjnsij Bun biujoj as [Bno ja na &lt;onoq^Ba
ja na BAijieod bSjbo BJaaja; bj asopuBj^uoaua 'scArnsod ec^^ea sop
aoa onaScupiij ap sanoijBa sop 'SBAijeSan sbSjbo sajj no^ sonaSixo sajj
' (sisaimsojoj bj BJBd BpuB^jodmi Brans ap noiuido Bxisanu unas)
'opBiBJpi^ oomoqjBD opios pp b jj uopisodsip bj un^as sonta^
•UOIOBJBJpil{ B^ B SajqBJOABJ S3UOpipnO3 H3 BpBjap^B 83 Onb 8BJ1U9IUI
'qzjj A eQ[) na CO^ZH Biqpsap ^nb 14B8BjpiuuBM ojuauuaj p j^áajáB
JB BpBpjBjaJC 83 8I8a^UJSO}OJ BJ anb UOJB1BJSUOO 8^JOpB^IJ83Ani SOJSj^
• (9) BÁB^sjiAouojg 'g '2 ^ ui[ij^jij^ -j^f -q jod opBqojd naiqniB) anj

-ipni somaq oj bá oinoa '[OJJid jap [BuoB}uad oajann ja Bjsd
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-BuoáB^uod soaijajaoaajaq sojjo soj uaiqmBj joaiid ja anb {Bn3i jy
•Bjijoaojs bj ap A
Bniqoj^omaij bj ap sajBdpui^d ssnninjoa sbj ubouoj sosijojjid soapnu
anb pBpijBnsBa Bjara jod sa ou ojubj oj jo^ •($;) BniqojSouiaq bj jod
ouaáixo pp aiiodsuBX) jap uopB^ajdjaiui Bj^s^nu ap uoiSBao na op^a

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sop sbj A oísatrdBui jap SBAijisod sb^jb3 sop sbj uezijBJtnan SBAij^^au
8B^jBa ojjBna s^js^ -eajqtnodsip oraoa tíBJanjM nepanb A napnajd
•sap as soaijoJJid soapnu sop soj ap oun ep^a ua sauojjaafa op 'sbaii
-B^au sb^jb^ no^ souoqjea sojea ajjua a^ejaa ajqop nn ap nopenuoj
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na buijojsubjj as ouaüojjiu ja somiijn 80483 u^ -soaijojjid sosj^nn
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A oísauSBUi ja aj^na BpnajBAoa bj (qj) Bjnmj^j Bajsann un^ag
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iBdjdma nis 'uopa^aj ap BjSjaua b)jb noa ojauí^inB^ un ap i SBpBjiaxa
Maju3inB3mojj3aja,, SBjn^ajora ap nejqeij 'sainejojoa sojjo A bjijojoj^
bj noa nopepj na 'sajopeSijsaAui sojsa jena bj na l(\) uojsSuiai^j •}
jC ^pnBJ^ •[ ap nopB3ijqnd ^nn souiBuopuain npisBao Bjsa n^

�según nuestra opinión en una combinación especial de la clorofila
ejercerá sin duda una cierta atracción sobre los electrones disponibles
de la clorofila, de manera que dos carbonos de dos H2CO3 podrían
atraerse los 4 electrones disponibles de la clorofila para completar
sus octetos electrónicos respectivos. Cada carbono que recibe dos
cargas negativas se transformará así en negativo, de manera que una
molécula H2CO3 teniendo ahora 4 cargas negativas y solamente dos
positivas, según II b, será ligada por fuerzas polares a las cargas posi
tivas de la clorofila, que ejercerá pues de cierta manera el papel de
un catión.
Teóricamente una molécula de clorofila con sus 4 cargas positivas
(dos del magnesio y dos de los nitrógenos pirrólicos) podrían formar
un complejo con dos restos H2CO3 (conteniendo 8 cargas negativas
y solamente 4 positivas), pero nos parece más verosímil que el tras
lado de los electrones disponibles de la clorofila se efectuase en etapas,
siempre de dos en dos a un ácido carbónico después al otro. También
se podría admitir que solamente una covalencia entre el magnesio y
un nitrógeno pirrólico se rompiese, resultando el magnesio ligado a
un nitrógeno por covalencia y al resto de la molécula por electrovalencia. De esta manera una transición electrónica se efectuaría
solamente en la mitad de la molécula de la clorofila, sólo dos
electrones llegarían a ser disponibles y no más que una molécula de
H2CO3 podría funcionar como receptora de ellos.
Naturalmente nos damos cuenta que a pesar de la irradiación
luminosa la contribución de la disposición electrónica I b de nivel
energético más elevado en el sistema de resonancia de la clorofila
será bastante limitada. Lo mismo sucede posiblemente con la dispo
sición electrónica II a del ácido carbónico, caracterizada por la sepa
ración de cargas, necesitándose probablemente irradiaciones ultravio

con el ácido orto-fórmico.

IIc

Hb

Ha

_ :Ó: H+

:0: H+

H..C..6:

+C..CÍ: —

Probablemente este complejo es idéntico al producto interme
diario aislado por S. Rubén y sus colaboradores (7), en sus investiga
ciones sobre la transformación de C02 con carbono radioactivo por
fotosíntesis. De acuerdo con los resultados de Rubén y sus colabora
dores, los que encontraron un grupo COOH libre en su producto
intermediario, nuestro complejo entre la clorofila y el resto II c, tiene
también un ion de hidrógeno libre. Este complejo debe tener un peso
molecular bastante alto, lo que coincide también con los resultados de
Rubén y sus colaboradores. Solamente interpretamos la formación
de este complejo de distinta manera que los investigadores citados.
Según ellos la reacción es la siguiente (A) :

(A^ R H + C02

diario en cuestión según la ecuación (B).

letas, para originarse esta disposición. Además es necesario que se

++

R + C O3H2

de la probabilidad muchas moléculas de ambas substancias serán
necesarias, a fin que una molécula del ácido carbónico sea transfor
mada y asimilada.
En todo caso el complejo entre la clorofila (según su disposición
electrónica I c) y el ácido carbónico (según su disposición electrónica
II b) sería el primer producto intermediario en la transformación
del ácido carbónico por fotosíntesis.'
Conteniendo este primer producto intermediario un carbono
(alifático) con carga negativa, muy inestable, podemos admitir como
próximo paso el traslado de un ion de hidrógeno positivo (el ácido
carbónico contiene dos) al carbono negativo que posee en este estado
un par de electrones no compartidos. Esto es el paso decisivo en la
transformación del ácido carbónico. Ha desaparecido una carga negar
tiva y una positiva y estamos así en presencia del segundo producto
intermediario, que sigue siendo un complejo entre la clorofila y un
resto ácido alif ático (fórmula II c). Este resto ácido ya es diferente
del ácido carbónico, y el segundo producto intermediario consiste
— 56 —

R COOH

mientras nosotros interpretamos la formación del producto interme

encuentren moléculas de la clorofila y del H2CO3 con la disposición
electrónica Ib y II a respectivamente. Por esta razón, según la ley

_ :0: H+

— :0: H+

:0: H+

(B)

+ =++

HC OSHR

Según S. Rubén y sus colaboradores el hidrógeno para la reduc
ción del ácido carbónico proviene de la clorofila, según nuestra teoría
la clorofila suministra solamente electrones y el hidrógeno proviene
de la molécula de agua que hidrata el C02. Comprendemos ahora
porqué T. H. Norris, S. Rubén y M. B. Alien (8) no lograron un
resultado positivo al tratar de introducir hidrógeno radiactivo pro
veniente de agua preparada para este fin, en la clorofila, la cual
había según ellos cedido hidrógeno al C02. En realidad el hidrógeno
radioactivo pasa directamente al C02 (en forma de agua), en vez de
desviarse hasta la clorofila.
El próximo paso en la transformación del ácido carbónico es una
reacción hacia atrás, la cual se produce en el complejo formado por
la clorofila y el resto II c. Esta reacción se hace sin luz, y fue obser
vada e indicada por todos los investigadores, que se ocuparon de este
problema. Esta reacción es muy bien explicable según la teoría de la
resonancia electrónica y consiste según nuestra opinión en la transi-

— 57 —

�HO DH

-

— ¿s —
-isubj^ Bf us uoiuido BJisanu unSas aisisuoa A Boiuojjaap
bt ap Bjjoaj B[ un^as a^qB^i^dxa uatq Áx\va sa uotaasaa Bí8g 'B
ajss ap uojBdnao as anb 'sajopBus3Ain so[ sopoj jod BpBaipur a BpBA
-jasqo anj jC 'zn^ ms aa^q as UXH03B3J Bjsg -a \\ o^saj p ^ Bjijojop b¡
jod opBuuoj ofspiuioo [a na aanpojd as pno b[ 'sbjjb BiOBq
^an sa oaxiroqjBD opia^ pp uoiobuuojsubji bj na os^d ounx^jd
•B^ijojop bj Bjseq
ap zaA ua '(btiSb ap Btnjoj ua) EQ^ ya ajnauíBj^ajip BSBd
^pq p pBpijsaj ug 'zO^ IB ouaS^^jpiq opipaa sojp un^as Bjqsq
B{ 'Bjijojop bj ua 'uij ajsa BJBd BpBJBdaad Bn^B ap ajuainaA
OAij^BipBj oua^9Jpii{ jpnpoajai ap jbjbjj ya OAiiisod opB^jneaj
un uojbjSo[ ou (8) ua^iy a W A aqnH S '8ÍJJO\[ H X ?b-iod
Bjoip souiapuajduro^ #E0D Ia BJBJptq anb BnSB ap Bjnaajom v\ ap
auaiAOjd oua^9jpiq p A eauojjDap ajuaraB[os BJísmirans B^i.fo.iop v\
Btaoaj Bj^sanu un^as 'Bjijojop B[ ap ouaiAOid oam^qjea opio^ ¡ap uoxa
-ánpaj bj BJBd oua^ojpiq p saJopBjoqB^oo sns A uoqn^j -g un^ag

!HJO 3 + H
++= +

++

•|g) uoiDBn^a B[ un^as U9usono ua oiJBip
-auuaiut oionpojd pp uoiaBuuoj b^ souaBjajdaajuí sojjosou SBjjuaiui

IV)

HOO3

: ^y) ajuam^is ^\ sa upiaoBaJ b^ sojp unáag
•sopBjp sajopBSi;8aAHi so[ anb BjauBin Bjuijsip ap of3[duioa ajsa ap
uoidbuijoj B[ souiBjaJdaajuí ajuauiB^og •S3JopBaoqB[oa sns A uaqn^j
ap sopBiinsaj soj uod uaiquiBi apiauíoo anb o^ 'oijb a;uB}SBq na^ui
osad un ^auaj aqap ofaiduio^ aisg -aaqii oua^ojpiq ap uoi un
auap 'o n 183J F A BIÍJOJOI;) BI ^-iina ofajdnioa oajsann 'oii
ojañpoad ns ua aaqii HOOD odnj un uoJBjjuoaua anb so¡ 'sajop
-BJoqBjoa sns A uaqnji ap sopBj^nsaj so[ uod opianaB bq -sisaimsojo}
jod OAuaBoipBj ouoqjBa uoo SQD aP uopBuuojsuBjj b^ aaqos sauoia
-BgnsaAUi sns us '(¿) sajopBjoqBioa sns A uaqn^ -g jod opE^iB oiJBip
-3UIJ3JUI o^onpojd (B oaijuapi sa ofa^duio^ ajsa ajuauíajqBqoaj

+H

+H

+H :0: — =0 --D"]

+H

+H
3II

•O31UIJ9J-OJJO OpiDB p UOO
Bfíiojop bj ap piaadsa uopBuiquioa Bun ua uoiuido B^jsanu unSas

— 9S —
ajsisnoa OMBipauua^ux ojanpojd opun^as p A 'ooiuoqjBD oppB pp
aiuaaajip sa ^A oppB ojsaj ajs^ "(H FInlu-i9j) ^p?JÍIB PÍ3B ojsaj
un A b[ijojo[d B[ aj)ua ofajdmoD un opusis an^is anb 'oiJBipauuaiui
ojonpoad opun^as pp Biauasajd ua tsb sotuBjsa A BAijtsod Bun A baij
-B^au b^jb^ Bun opioaj^dasop bjj -oaiuoqjBD oppB pp uoi3buijojsubj}
bj us OAispap os^d p sa ojsg -sopiiJBduioo ou sanojjoop ap .red un
op^isa 3}S3 us aasod anb oaije^^u ouoqjBo ye (sop auspuo^
opiOB p) OAijisod oua^ojpiq ap uoi un ap opBjseJi p os^d
o moa JiiimpB somapod 'a^qB^saui Xnra 'BAijBSau b^jb^ uod (ootjbji^b)
onoqjBD un oiJBipoiiu^iui ojonpojd j^uiud aisa opuaiua)UO^)
•SI831UJSO^OJ lod O3tU9qjBD oppB pp
U9PBUTJOJSUBJ^ B[ ua oiiBipanua^uí o^onpcud jauíod p Bjjas (qjj
Baiu9Jj33p U9pi8odsip ns una as) ooiuoqjuo oppB p jÍ (di BDinojjaap
uopisodsip ns un^as) B[tjojop bi aj^ua ofa^duioo p osbd opoj u^
•BpB^IUIHB A BpBDU
-JOJ8UBJJ B3s 03iU9qiBo opiDB pp BpnD3[oui Bun anb uij b 'sBijBsaaau
SBjouB^sqns SBquiB ap SBjnoa[oiu SBqonm pBpi[iqeqojd bi ap
un^as 'U9ZBJ Bisa joj -a^uauíBAijoadsaj bu A q 1
i uod EODZH PP ^ BIÍJOJOl;) BI 3P 8B[naafoui
as anb oiissaaau ss SBuiapy •U9pisodsip Bjsa 9sjbui^ijo BJBd
-oiABjjp^ sauopsipBJJi 3)uamaiqBqojd asopuBjisaaau 'sb^jbd ap uoidbj
-Bd09 BJ Jod BpBZIJ3J3BJB3 'O3IU9qjBD OppB pp B JJ BOTUO-IJOap UpptS
-odsip B[ uoa ajusuiap^isod apaans omsiui O^j 'BpB^iuiij ajuB^SBq Bjas
Bjijojop i ap BpuBuosaj ap Biuajsis p ua opBAsp sbui o^pa^jaua
¡3Aiu ap q 1 B^iuojja^p U9pisodsip bi ap U9pnqiJjuo3 bi Bsounuiq
u9pBipBjji bi ap jBsad b anb Btuana soui^p sou ajuamiBjnjB^
•so[p ap Bjo^daoaj onioa jBuopunj Bupod SO^Z~¡[
ap Binoa[oui Bun anb sbui ou A s^jqtuodsip jss b uBUBáaj[ sauojjDap
sop 0198 'B[ijoao{3 bi ap Bin^aioui bj ap pBjini bj ua ajuauiB[os
BiJBni^ap as Boiupjj^ap u9pisuBJi Bun bjoubio Bjsa ^q -EpuspA
-ojjosp Jod Bjnsaioui v\ ap ojsaj ya A biou3[baoo jod ouaáojjiu un
B opBgji oisauá^iu p opuBi[nsaa 'asaiduioj as ootjojíJid oua^ojjm un
A oísau^Bm p ajjua BiouajBAoo Bun ajuatnBfos anb jijimp^ Biapod as
uaiquiBj^ 'ojjo ya sandsap oaiuoqjBa opps un b sop ua sop ap ajdmais
'sBdBja ua asBnjoap as Bjijojop bi ap sajqiuodsip sauojjaap soi sp opBi
-8BJ1 p anb iiuijsojaA sbui aaaaed 8on ojtad '(SBAijisod &lt;p ajuauíBfos A
sBApB^au sbSjbd 8 opuaiuajuoD) E03i!H 8&lt;&gt;JS3-i sop uoa ofaidinoo un
jbuijoj UBjjpod (so^i[ojjid eoua^ojjiu so[ ap sop A oísauSBin pp sop)
8BAi;i8Od SbSjBD f SnS UOD BJIJOJOp 3p Bpi33[OUI BUn aiUSUIB^IJOSJ^
•U91JBD un
ap pdBd p BjauBui Bjjaio ap sand Bjaoaafa anb 'Biijojop bi ap sbaij
-isod sbSjbo sbi b sajBjod SBzaanj jod BpBSi^ Bjas 'q jj unáas 'SBApisod
sop ajuaulBios A SBApsáyu sb^jb3 ^ Baoqe opuaiua^ OOíH Bln^3ioru
Bun anb Bjausui ap 'oAijBSau ua jsb bjbuijojsubji a^ sBAUBáau sb^jbd
sop aqpai anb ouoqjBD BpB^^ 'SOATjaadsaj soaiuoj^oap sojajao sns
JBjaidmoo BJBd Biijoaop bj ap sa^qiuodsip sauoaioap f soi 9SJ3bjjb
UBjjpod EODÍ!H 8OP aP 8onoqjBD sop anb BaauBiu ap 'Bijjojop bi sp
saiqiuodsip sauojiasp soi 3JtIo8 uoioobjjb Bjjap Bun Bpnp ms B

�contenidos en el agua, sean ellos pesados o normales, si el agua es
ción de la clorofila, cuya dispo^ición electrónica es de alto nivel ener
gético en su combinación con el ácido carbónico, a una disposición
de nivel energético más bajo (p. e. la). Para esta transición la clo
rofila necesita de nuevo los electrones, que ha cedido al carbono no
saturado del ácido carbónico. Este carbono siendo ahora ligado de
una manera muy estable a un hidrógeno, no puede más ceder los
electrones recibidos, ellos serán pues sacados de los oxígenos con un
exceso relativo de electrones y cargas negativas. De dos oxígenos cada
uno perderá un electrón, ligándose ahora dos oxígenos entre sí en
forma de puente, resultando así un peróxido (fórmula II d), que es
el primer producto intermediario, ya no ligado a la clorofila. La dis
posición electrónica de esta última ha vuelto a la I a. Evidentemente
no se trata de transiciones totales, solamente de variaciones en la
contribución de las distintas disposiciones electrónicas posibles.
Del peróxido mencionado, bastante inestable, se desprenderán
dos átomos de oxígeno, dado que ya son ligados uno al otro, quedando
el radical CHOH (fórmulas lie y IIei), con dos electrones no
saturados.

lie

Ild

He
H—C.

\:0

^w

1

H—0
H..C..O:— H..C..O:
—:0: H+—:0: H+

H..C.\ O: ***IIe,
:
\- •
—:0: H+

í

T
He,

H—C—H

II

0
+

H—C—H
O—

Si queremos presentar el radical CHOH en una forma monomolecular estable, debemos adoptar la fórmula del formaldehido HCHO
(IIe2 "^ ^ IIe3), pero aparentemente, según las investigaciones de los
últimos años, especialmente las de S. Rubén y de sus colaboradores (9),
formaldehido con carbono radioactivo no fue encontrado en los pro
ductos intermediarios de la asimilación del ácido carbónico con C
radioactivo. Ya según su fórmula no saturada es más probable que el
resto CHOH se polimeriza en seguida, convirtiéndose en hexosas y
en almidón, lo que sucede si 6 restos CHOH forman un ciclo, con 5 C
y un oxígeno como eslabones. Si el ciclo es formado por 6 carbonos
llegamos a la inosita.
Refiriéndonos a las observaciones de S. Rubén y sus colabora
dores (10) los cuales, empleando agua con oxígeno pesado Op y CO2
con oxígeno normal, encontraron solamente oxígeno pesado despren
dido en la fotosíntesis por medio de la clorofila, no opinamos, que
contribuyen a aclarar el mecanismo de la fotosíntesis. Según las
ecuaciones siguientes los oxígenos del CO2 serán cambiados por los
^ 58 —

en exceso.

CO2
COOp
C(OP)2

H,CO,OP

H2OD

H2CO(OP)2
H2C(Op)s

H2CO2OP
H2CO(OP)

H2OP
H2OP

H2O
H2O

COOP
C(OP)2

Las deducciones de Rubén y de sus colaboradores están en con
tradicción no solamente con nuestra interpretación, sino también con
las observaciones de D. M. Mikhlin y Z. S. Bromovitskaya (6), según
las cuales el ácido carbónico hidratado interviene en la fotosíntesis.
En el H2CO3 los tres oxígenos no ^e distinguen entre sí, y al des
prenderse dos de ellos su origen (sus "antecedentes") ya no puede
influir más. Por otra parte es naturalmente bien posible que en el
H2CO(OP)2 los dos oxígenos pesados sean más fácilmente despren
didos que un oxígeno normal y uno pesado.
Con respecto a la fluorescencia de la clorofila mencionamos la
publicación de J. Franck y R. Livingston (1) los cuales, sin emplear
aún la teoría de la resonancia, admiten la transición de una molécula
electrónicamente excitada al estado fundamental de un tautómero.
Para nosotros la transición de la disposición electrónica la a la dis
posición Ib significa la absorción; mientras la transición de Ib a Ic
con desprendimiento de electrones causa la fluorescencia. Los elec
trones desprendidos disponibles se fijarán a los polos positivos de
la misma molécula (magnesio y nitrógenos pirrólicos) provocando
así la transición al estado I a de menos energía. Por esta transición
la energía almacenada por la absorción es en parte de nuevo liberada
en forma radial, lo que provoca la fluorescencia. Lo característico de
este fenómeno es la consecuencia de que, la absorción y la emisión
dé la energía radiada se efectúa según la teoría de la resonancia
electrónica casi simultáneamente.
En el caso de la presencia de ácido carbónico (especialmente en
la forma Ha con una fisura electrónica) los electrones desprendidos
de la clorofila encontrarán un receptor y volverán a la clorofila sola
mente después de la formación del peróxido. Comprendemos así la
influencia de la asimilación del ácido carbónico sobre la fluorescencia
de la clorofila, la cual fue observada por J. Franck, C. S. French y
T. T. Puck (11). Si la fotosíntesis es impedida por la presencia de
HCN, no puede influir más sobre la fluorescencia de la clorofila.
La importancia de la disposición electrónica I c con sus elec
trones disponibles aparece bastante claro, primeramente para el re
greso a la disposición inicial la, segundo para la fotosíntesis.
Con respecto a la decoloración reversible de la clorofila (12)
podemos explicarla por el regreso de los electrones desprendidos no
a la disposición Ic, pero sí a la disposición la, donde se fijarán a la
doble ligazón entre dos carbonos de los núcleos pirrólicos no ligados
al magnesio. Se forma así un compuesto con cargas negativas, ligado
por fuerzas polares a las cargas positivas de la disposición Ic. Este

— 59 —

�— 6S —
— 8S —
-oj uopisodsip bj ap SBApisod sbSjbd sbj b sajBjod SBzjanj jod
ij 'SBAij^San sbSjbo uoa ojsandraoa un jes buwoj ag •oísauSBiu jb
páij on 8ooi[ojjid soapnu soj ap souoqjBO sop ajjua üozbííi[ ajqop
bj b ubjbíij ^s apuop 'b.j uopisodsip bj b js o jad 'oj uopisodsip bj b
on sopipuajdsap sauoaiaap soj ap osajgaj ja jod BjjBDijdxa soutapod
(^l) BITJOJOI BI aP ^iqis-i^Aajc u^pBJojoaap bj b oiaadsai uo^
•8I83^UT8O1OJ B[ BJBd OpUnSaS 'BJ JBIOIUI UOIOISodsip BJ B O83j^
-aj ja BJBd ajuauiBjauíod 'ojBja aiUBiseq aaajsds sajqiuodsyp sauojj
-aaja ens noo o j Boiuojjaaja uopisodsip B[ ap BiouBjjoduii s^
•BjijOJOja bj ap Bpuaasajonjj B[ ajqo^ sbui Jinjjuí apand ou '\[3H
ap Bpuasajd bj Jod Bpipadim sa sisajuisojoj b^ ig ' (\\) ípnj "j^ "j^
A ijauaa^ "g •[) 'jjauBJ^ #f Jod BpBAjasqo anj p^n^ bj 'bjijojojd bj ap
Bpnaosaaonjj bj ajqoe ooiuoqjBo oppB jap aopBjimisB bj ap Biouarqjuí
bj J8B somapnajdino^ 'opixojcad jap uopsuijoj bj ap sandsap a^uaui
-BJO8 B[IJOJO[0 BJ B UBJ3AJOA Á JOjda03J lili UBJBJ1UO3U3 BJIJOJOp BJ 3p
sopipuaidsap sanoj^aja soj (B^iaoj^aja Bjnsij buii uo^ bjj buijoj bj
ua ajuauíjBpadsa) ODiuoqjBo oppB ap epuasaad bj ap osea ja u^j
•aiuauíBauBijmuis isbo Boiuoajoaja
Bi^uBnosaj bj ap Biioai bj unSas Btijoaja as BpBipsj ei^aana bj ap
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�complejo es naturalmente muy inestable (puede ser, que sea sin color
por efectuarse la absorción ya en el infrarrojo).

Fórmula III (clorofila a)

Según la fórmula más reciente para la clorofila (Illa), indicada
por A. Stoll (13), los cuatro núcleos pirrólicos (p1? p2, P3, P*) serían
conectados por cuatro puentes metálicos —CH =, lo que modificaría
algo el sistema de resonancia respectivo, sin que la función principal
de la clorofila (suministrar electrones al ácido carbónico) varíe. Según
esta fórmula el magnesio está fijado originalmente por covalencia a
dos nitrógenos pertenecientes a cualquiera de los cuatro núcleos pi
rrólicos, siendo las mismas las probabilidades de los cuatro nitrógenos
de ser ligados al magnesio. Los cuatro núcleos y los cuatro puentes
forman 10 doble-enlaces.
Si hay transformación de las dos covalencias del magnesio en
electrovalencias el sistema continuado de los cuatro núcleos y de los
cuatro puentes queda sin interrupción alguna, transformándose en
conjugado con un doble enlace más (11 en vez de 10) (fórmula IIIc).
Los dos electrones del magnesio cedidos, pueden naturalmente ser
almacenados, en uno de los tres núcleos pirrólicos (pi, p2, p.^) no
hidrogenados (fórmula IIIb), pero serán por formación de un doble
enlace (IIIc), en seguida liberados y suministrados al ácido carbónico
como electrones disponibles, sin que la transformación del nitrógeno
en tetracoordinado sea necesaria.
Por otra parte nos damos cuenta que el ácido carbónico reducido
(después de la adición de los electrones) y el ion de magnesio esta
rían solamente ligados uno al otro por sus cargas eléctricas y por lo
tanto ya independientes de la componente orgánica de la clorofila,
lo que nos parece inverosímil. Por esta razón se puede admitir que
solamente una covalencia del magnesio sea convertida en el electrovalencia con el resultado de que uno de los nitrógenos debe transformarse
en tetracoordinado, a fin de que sean liberados los dos electrones
"disponibles" y se evite una interrupción en el sistema continuado
de los cuatro núcleos pirrólicos y puentes (fórmula III d). En este
caso el ácido carbónico reducido queda ligado por sus cargas nega
tivas al magnesio y un nitrógeno positivo, integrantes de la molécula
de la clorofila.
Mencionamos en fin la posibilidad de que las dos covalencias
del magnesio se conviertan en electrovalencias y que también un
nitrógeno se transforme en tetracoordinado. En este caso dos electrones
disponibles son transferidos al ácido carbónico como antes, pero se
forma un polo negativo con dos electrones no compartidos en un
carbono de un puente (fórmula III e), al cual el ion de magnesio
podría fijarse por una de sus dos cargas positivas (fórmula III f).
El ion de magnesio parece (como lo demuestra la formación de los
compuestos metalo-orgánicos de Grignard) tener bastante facilidad
de fijarse a un carbono, y nos parece interesante considerar la pre
sencia de magnesio en la clorofila bajo este aspecto (recordándonos
de los compuestos de Grignard).
Con respecto a los niveles energéticos, opinamos que la disposi— 60 —

— 61 —

�complejo es naturalmente muy inestable (puede ser, que sea sin color
por efectuarse la absorción ya en el infrarrojo).

Fórmula III (clorofila a)

Según la fórmula más reciente para la clorofila (Illa), indicada
por A. Stoll (13), los cuatro núcleos pirrólicos (pi, p2, P3, P4) serían
conectados por cuatro puentes metínicos — CH =, lo que modificaría
algo el sistema de resonancia respectivo, sin que la función principal
de la clorofila (suministrar electrones al ácido carbónico) varíe. Según
esta fórmula el magnesio está fijado originalmente por covalencia a
dos nitrógenos pertenecientes a cualquiera de los cuatro núcleos pi
rrólicos, siendo las mismas las probabilidades de los cuatro nitrógenos
de ser ligados al magnesio. Los cuatro núcleos y los cuatro puentes
forman 10 doble-enlaces.
Si hay transformación de las dos covalencias del magnesio en
electrovalencias el sistema continuado de los cuatro núcleos y de los
cuatro puentes queda sin interrupción alguna, transformándose en
conjugado con un doble enlace más (11 en vez de 10) (fórmula IIIc).
Los dos electrones del magnesio cedidos, pueden naturalmente ser
almacenados en uno de los tres núcleos pirrólicos (pi, P2, P3) no
hidrogenados (fórmula IIIb), pero serán por formación de un doble
enlace (IIIc), en seguida liberados y suministrados al ácido carbónico
como electrones disponibles, sin que la transformación del nitrógeno
en tetracoordinado sea necesaria.
Por otra parte nos damos cuenta que el ácido carbónico reducido
(después de la adición de los electrones) y el ion de magnesio esta
rían solamente ligados uno al otro por sus cargas eléctricas y por lo
tanto ya independientes de la componente orgánica de la clorofila,
lo que nos parece inverosímil. Por esta razón se puede admitir que
solamente una covalencia del magnesio sea convertida en el electrovalencia con el resultado de que uno de los nitrógenos debe transformarse
en tetracoordinado, a fin de que sean liberados los dos electrones
"disponibles" y se evite una interrupción en el sistema continuado
de los cuatro núcleos pirrólicos y puentes (fórmula III d). En este
caso el ácido carbónico reducido queda ligado por sus cargas nega
tivas al magnesio y un nitrógeno positivo, integrantes de la molécula
de la clorofila.
Mencionamos en fin la posibilidad de que las dos covalencias
del magnesio se conviertan en electrovalencias y que también un
nitrógeno se transforme en tetracoordinado. En este caso dos electrones
disponibles son transferidos al ácido carbónico como antes, pero se
forma un polo negativo con dos electrones no compartidos en un
carbono de un puente (fórmula lile), al cual el ion de magnesio
podría fijarse por una de sus dos cargas positivas (fórmula III f).
El ion de magnesio parece (como lo demuestra la formación de los
compuestos metalo-orgánicos de Grignard) tener bastante facilidad
de fijarse a un carbono, y nos parece interesante considerar la pre
sencia de magnesio en la clorofila bajo este aspecto (recordándonos
de los compuestos de Grignard).:;
Con respecto a los niveles energéticos, opinamos que la disposi-í
— 60 —

IICOOCH,

H COOCH,
— 61 —

�ción electrónica IIIc con un doble enlace más que la disposición Illa
tiene un nivel energético más alto que esta última. Además las dispo
siciones electrónicas, en las cuales hay separación de las cargas eléc
tricas, son de un nivel energético más alto que las otras. Particular
mente una disposición electrónica, según la cual dos electrones son
almacenados en un núcleo pirrólico, es la de nivel energético más
alto, el cual en el momento de desprenderse los electrones disponibles
por formación de un doble enlace, ya baja.
Parece que en la transición electrónica retrocedente, que provoca
la fluorescencia de la clorofila los electrones toman un camino más
directo para la formación de la disposición (Illa) original que tiene
el mínimo de energía, sin pasar por el máximo. Esto explicaría
porque no toda la energía absorbida es liberada y porque las radia
ciones emitidas en la fluorescencia se distinguen por una frecuencia
más baja de las radiaciones absorbidas.
Nuestra interpretación de la fotosíntesis coincide con las obser
vaciones de diferentes investigadores, en especial de McAlister y
Myers (14) de que, se necesita la irradiación solamente para el llama
do período de inducción (la cual interpretamos como transición p. e.
de la o Illa a Ib y IHb), mientras la transformación posterior del
ácido carbónico se efectúa en el oscuro. También las diferentes reac
ciones fotoquímicas mencionadas por J. Franck y K. F. Herzfeld (15)
según los cuales hidrógeno es llevado de un dador al C02 y luego
devuelto por formación de un peróxido, aparecen en nuestras reaccio
nes electrónicas. Pero repetimos que no es hidrógeno, sino electrones,1
los que son trasladados.
Mencionamos por fin que algunos fermentos pueden también
provocar la transformación del H2CO3 en carbohidratos por medio de
la clorofila, sin necesitar luz (16). Este hecho nos demuestra una
analogía en la acción de fermentos y de irradiaciones. Emitimos pues
la hipótesis de que, también fermentos serían capaces de influir sobre
la disposición electrónica de sus substratos, de manera análoga como
p. e. irradiaciones ultravioletas influyen sobre la disposición electró
nica del ácido carbónico e irradiaciones rojas sobre la disposición
electrónica de la clorofila.

(7)S. Rubén, W. Z. Hassid y M. D. Kamen, J. Am. Chem. Soc., 61, p. 661 (1939)
C. A. 33, p. 8237, S. Rubén, W. Z. Hassid, M. D. Kamen y D. C. De Vault, Science, 90,
p. 570 (1939) C. A. 34, p. 2421, S. Rubén, M. D. Kamen y W. Z. Hassid, J. Am. Chem. Soc.,
62, p. 3443 (1940), S. Rubén, M. D. Kamen y L. H. Perby, /. Am. Chem. Soc., 62, p. 3450
(1940), S. Rubén y M. D. Kamen, J. Am. Chem. Soc., 62, p. 3451 (1940) C. A. 35, psv 1089
•1 90 (1941).
(8)T. H. Norbis, S. Rubén, M. B. Allen, J. Am. Chem. Soc., 64, p. 3037 (1942) C. A.
37, p. 905 (1943).
(9)S. Rubén, M. D. Kamen y W. Z. Hassid, J. Am. Chem. Soc., 62, ps. 3443-50, C. A.
35,p. 1090.
(10)Ver C. B. Van Niel, Cfcero. and Engin. News, 1946, p. 1364 (May 25), M. D.
Kamen y H. A. Barker, Proc. Nati. Acad. Sd., 31, ps. 8-15 (1945). C. A. 39, p. 1899.
(11)J. Franck, C. S. French y T. T. Puck., J. Phys. Chem., 45, p. 1268 (1941) C. A.
36,p. 798.
(12)R. Livincston, /. Phys. Chem., 45, p. 1312 (1941) C. A. 36, ps. 799-800.
(13)A. Stoll, Experientia, Vol. IV (fas. 1) p. 6 (1948).
(14)Me. Alister y Myebs, 1. gen. Physiol., 22, p. 673 (1939).
(15)J. Franck y K. F. Herzfeld, /. Phys. Chem., 43, p. 978 (1941) C. A. 35, p. 5935.
(16)S. Rubén, ]. Am. Chem. Soc., 65, p. 281 (1943) C. A. 37, p. 1741, C. B. Van Niel,
Chem. and Engin. News, 1946, p. 1365 (may 25).

BIBLIOGRAFÍA
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(2) E. Riesz, Anales Asoc. Quím. y Farm. Uruguay, 47, N. 2, ps. 136-37 (1945).'
C. 4. 40, p. 5079, Bull. Soc. Chim. ^rance, 1947, p. 685.
* (3) E. Riesz, Ph. (Rev. Atoe. Estud. Quím. Uruguay), 1945, N. 2, p. 21, C. A. 41,
p. 2495.
(4)Congreso médico de San Francisco, julio de 1946, ver E. Riesz (Revista de la
Fac. Humanidades y Ciencias, Montevideo, I. N. 1, p. 305, 1947).
(5)E. Riesz, Anales Asoc. Quím. Argent., N. 160, p. 76 (1943) C. A. 38, p. 519 (1944),
Arch. Soc. Biol., Montevideo, XI, N. 3-4, p. 184 (1944) C. A. 38, p. 5701. Ph. (Rev. Asoc.
Estud. Quím. Uruguay), 1945, N. 2, p. 14, C. A. 41, p. 2495, Proc. Royal Irish Acad., 51,
sec. B, N. 10, p. 163 (1947), Bull. Soc. Chim. France, 1947, p. 681.
(6)D. M. Mikhlin y Z. S. Bronovitskaya, Biokhimiya, 10, p. 326 (1945) C. A. 40,
p. 1661.
— 62 —

— 63 —

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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Interpretación de la transformación fotoquímica del ácido carbónico por medio de la clorofila según la teoría electrónica.</text>
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                <text>De  acuerdo  con la  teoría  de  la  resonancia  electrónica  se admite en  substancias  orgánicas  coloreadas  la  transición  de  una  disposición electrónica  de  nivel  energético  bajo  a  una  de  nivel  energético elevado.  La  energía  necesaria  para  esta  transición  es  luminosa  y absorbida  por  la  substancia  coloreada  en  cuestión.  La  frecuencia las  radiaciones  absorbidas  dependerá  de  la  magnitud  de  la  energía necesaria  para  la transición  electrónica  mencionada. </text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1947, Año II, Nº 3 : p. 53-63</text>
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                    <text>— S9 —
•ofeqe.il 38 jena p na 'oui[bd[b oipam pp Bpuanjjui ej ofeq nop^esi
e^sa n^ o^qopsap 38 {inoii odru3 nn anb ejoqe souiaqBg "(j B^ninjoj)
BupijS-ipna^-jiozuaqouiuiB • d bj 3p sisajuts v\ Bjed ^iaoii ap oanjop p
^ oaiozuaqouiuiB • d opps p aajua nopaBaj ap ojonpoad p noieafd
-nía (g) zsaijj -^ ^ nap¡eqjapqy -^ 06T n3 'B3ipjniB BJtnanj^sa ap
eopijpjqne ap zaA Bjaraud aod ne^qeq j^^papaog A zjanq^suy SBraapy
•BJnd buijoj n^ jana^qo uojaipnd ou \vno p Á ajuainjiaBj anodinoa
-sap 38 anb 'osoip^e o^anpoad 'o^i^iubjjub-jiuoií opps pp ojn^op p
'—_\[ g o oniraB— nuoi; odnaS [a na biujojsubjj ^s oiuij[n
ap oniraB odnjS p 'ooi[iuBjjaB opioB pp oiuojd A ojuaSjB ap
sa[B8 8B( 3jqos imoij ap oaruop pp uoiaaB B[ jod anb 'uojbjjuoouo
(Z) ^^ii[09pao^ 'jj A zjanqosuy &lt;rj 6^61 u^ B-^ OJ3d "noioBoipui Bnn^uiu
nep ou sopBjp saaopB^i^saAui so[ uop^eaj ap souepunaas sojonpoad
jqS "D ol€ aP "^ d PP A D oO^l aP (rara ül) "3 ^ FP opBzi^jsua
'o{[ijbuib ojonpoad oinoa 'Bjnd buijoj ua ^A oaiozuaqouiuiB - d opiae pp
opBAiaap 3)sa eppnpaj aiUBjasq noisaid b uoiaB^nsap jod nojaiAn^qo
uuBuiqy A Ja^sBj^aj^ o^jeqtna uig •oaiozuaqouiuiB • d oppe pp
a[dmi8 un ap uoianjpsuoD bj uoja^nqwjB aj sopB^p s
so[ 'ojanpojd ajsa ap ojop [ap o^nojja sistjbub nn na asopuBSBq A
opiuajqo nopa^aj ap ojanpoad pp ajjnze na opiuajuoa p opuai^iuiQ
•p^padsa na ooiozuaqouiuiB • d oppB p A pjana^ na sooiozuaqouiuiB
8oppf 8O[ ajqos nuoij ap ojnjop pp uopaB b¡ (8^61 ua) ope^psaAui
ireq anb sojauíijd soj; nojanj (^) nuBuiqy "^ ^^ A jaj9Bj^oj\[ *^
•sauopBJBpB SBunSjB nozBj Bjsa jod uB^isaaau A SB^ajduiooui
3 ^BiJOjoipBj^uoa oSpj nos 'ooiozuaqouioiB - d oppit p ainauqepadsa
'go^iozuaqouiraB soppe 9o\ ajqos jmou ap ojnjop pp nopae bj jod
'sojganduioa so^ ajqos B^njEJaji^ B^ ap sauopBOipni

(8P61 aP zio^¡ 'ajjv^ p ogtniuvg •votuimf) ep
outKniaiuD-outjoq oí^jSuo^ -^j jv opojuasaud oí

uoioBSU9puooo}ne ns Á ootozu^q

-OUtUIB^TUOTi' d OpiOB pp OJlUOp \9
ZS3IU 0IM30Í13

�(I.)

H3C\
CH —CH2 —CH —CO —NH —CH2 —COOH
H3C/

NH
OC —C6H4 —NH2(P)
En 1932 L. Anschuetz y Z. M. Deliyski (4) continuando las in
vestigaciones sobre el cloruro del ácido tionil-antranílico, le transfor
maron en el clorhidrato del cloruro del ácido antranílico, sin llegar
con éste al cloruro del ácido antranílico libre, pero sí a un producto
poco soluble y de alto punto de fusión, que creyeron idéntico a la
diantranilida, .preparada por G. Schroeter y O. Eisleb (5). En 1935
P. Carré y D. Libermann (6) reanudaron las investigaciones con res
pecto a la acción del cloruro de tionil sobre los ácidos aminobenzóicos
y rectificando el error de McMaster y Ahmann, reconocieron los pro
ductos de reacción como cloruros de los ácidos tionilamino-benzóicos
(de la fórmula general II).
(II.)

a 18 mm. de presión y una temperatura entre 140-150. Los cristales
amarillos obtenidos tenían de nuevo el P. F. de 31 C. Hirviendo el
producto con agua, se descompone produciéndose ácido clorohídrico
y vapores de SO2. Estos últimos fueron introducidos cuantitativamente
en un exceso de solución de iodo, para determinar así por análisis iodométrico la constitución del cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico,
el cual es transformado de esta manera en el clorohidrato del ácido
p. aminobenzóico muy soluble en agua. De su solución acuosa el ácido
p. aminobenzóico libre puede ser recuperado por medio de acetato
de sodio. Exponiendo el cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico a
la humedad del aire, éste lentamente se transforma en un polvo blan
co del P. F. más arriba de 300 C. Este producto calentado en estado
bruto con agua, se descompone por la presencia, aun de ácido cloro
hídrico, en ácido p. aminobenzóico. Pero lavado algunas veces con
agua fría para sacar todos los rastros ácidos, el producto puede ser
después recristalizado con agua, en la cual es poco soluble si es fría
o bien soluble si es caliente. Su contenido de N de 10,97 % es de
acuerdo con la fórmula Ci4H12N2O3 fórmula del ácido p. aminobenzoilp. aminobenzóico (fórmula III).

O.S.N —C6H^ —COCÍ

/
Sin embargo no pudieron preparar estos productos en forma pura,
efectuando su destilación a una presión no muy reducida, destilando
p. e. el derivado "para" a una presión de 27 mm. y una temperatura
de 147-150, lo que causó su descomposición violenta. Además afir
man Carré y Libermann que calentando los cloruros de los ácidos
tionilamino-benzóicos con agua habían recuperado solamente canti
dades insignificantes de los ácidos aminobenzóicos originales y que
se formarían como productos principales diamidas de la fórmula ge
neral Ci4rI10N2O2. Así obtuvieron en el caso del cloruro del ácido
m. tionilamino-benzóico un producto del P. F. de 225 C (la m. dia
mida), ya preparado anteriormente por Piutti (7), mezclado con un
producto de polimerización, y en el caso del cloruro del ácido p.tio
nilamino-benzóico un producto del P. F. de 325 C, también difícil
mente soluble y próxima a la composición de Ci4HioN202 que se
transformó solamente después de una saponificación alcalina, en el
ácido p. aminobenzóico.
Por el hecho de que las indicaciones de Carré y Libermann
estuvieron en contradicción con los resultados, que ya habríamos
obtenido con E. Abderhalden (3), en lo que se refiere a la prepara
ción de un derivado puro del ácido p. aminobenzóico, del P. F. de
31 C y también a su descomposición por agua y por la humedad
del aire, hemos reanudado nuestras propias investigaciones sobre este
tema y hemos dado ya sobre el particular una breve información
previa (8). Hemos pues preparado otra vez el cloruro del ácido
p. tionilamino-benzóico hirviendo 1 parte de ácido p. aminobenzóico
con 3 partes de cloruro de tionil, evaporando después el exceso 'le
cloruro de tionil a presión reducida y destilando después el producto
— 66 —

(III.)

H2N—/

\

\

O H

\.

— COOH
\.

La presencia de un grupo amino aromático libre en este producto
fue probada por diazotación y copulación con diversas substancias
aptas, originándose colorantes azoicos. Una diazotación cuantitativa
con una solución de NaN02 1/10 n. y papel de ioduro de potasio y
amidon probó la presencia de un grupo amino libre por dos restos
aminobenzóicos, de acuerdo con la fórmula indicada de un dipéptido
del ácido p. aminobenzóico. La presencia de un grupo carboxil libre
explica la solubilidad del producto en agua caliente.
No es difícil explicar los resultados de Carré y Libermann en
contradicción con nuestras investigaciones. Ellos encontraron diami
das, utilizando para sus experimentos no cloruros de los ácidos amino
benzóicos puros, pero sí los productos crudos de reacción entre los
ácidos aminobenzóicos y el cloruro de tionil. En estos productos de
reacción crudos hay probablemente contenidos aún otras substancias.
Por esta razón hemos tratado el residuo de la primera destilación del
producto de reacción entre el cloruro de tionil y el ácido p.amino
benzóico con agua y hemos encontrado en efecto un producto que
corresponde a los descriptos por Carré y Libermann, un diamida de
la fórmula C14H10N2O2 formado directamente por la acción del clo
ruro de tionil sobre el ácido p. aminobenzóico y no por decomposi
ción del cloruro del ácido p. tionilaminobenzóico con agua.
En 1937 R. Graf y W. Langer (9) han reanudado el estudio de
la acción del cloruro de tionil sobre los ácidos aminobenzóicos. Estos
investigadores, a los cuales escapó nuestra previa comunicación (8.)
67 —

�oianpojd ja sandsap opuBjpsap A Bppnpaj upisajd b Jiuop ap ojnjoja
3p osaaxa ja sandsap opuBjodBAa 'jiuop ap ojnjop ap sajJBd g uoa
oaipzuaqouiuiB • d oppB ap ajJBd \ opusiAJiq oaipzu^q-ouiuiBjtuop • d
oppB jap ojnjop ja zsa bjjo opsjBdajd sand soraajj •(g)BiAajd
uopBuuojuí 3Aajq Bun jBjnaijJBd ja ajqos vA op^p soinaq A bui^j
3)83 ajqos sauopBgrjsaAui SBidojd SBjjsanu opspnuBaj soraaq 'ajjB jap
pepaumq b^ jod A BnáB Jod uopisodraoosap ns b uaiqraBj A 3 0|g
sp "j[ "(j pp 'oaipzuaqouituB • d oppB jsp ojnd opBAiJsp un sp upp
-BJBdajd bj b 3J3IJ3J 38 anb oj ua '(g) uspjBqjspqy '^ noa opiuaiqo
soiuBuqBq vA anb 'sopBijnsaj soj uoa uppaipBjjuoa ua uojaiAnjsa
uuBuuaqi^j A 9JJB^ ap sauopsaipui sb[ anb ap oqaaq p jo^

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*en^e uoa ooioznaqouiuiBjiuoij • d oppB jap ojruop pp uop
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-oja jap uopaB bj jod ajuamej^ajip opeuuoj íO!;\[0IHtlD B[nnlJ9J BI
ap BpiuiBip nn 'uuBuuaqi^j A ?jjb[) jod sojdiaasap soj b apuodsauoa
anb ojanpoíd un ojoap ua opejjuo^ua sornaq j{ sn^e no^ ooiozu^q
-ouimB-d opioB [^ ^ [iuoi; ap ojnjop p ajjua uopo^aj ap ojonpojd
jap uoiaBjijsap Bjaiuud [ ap onptsaa [a opBjBJj souiaq uozbj Bisa joj

— 99 —

— 19 —
(g) uoioeoiunnioo eiAajd sjjsanu odeasa sajsna so[ b

'SBpuBjsqns sejjo unB sopiuajuoa ajuaiuajqBqoJd Avx\ eopiu^ uoia^eaj
ap sojanpojd sojsa u^ 'Iiuon ap ojnaop [a A sooiozuoqüuiniB soppB
go[ aajua uopoBaj ap sopiuo soj^npojd so[ is ojad 'sojnd so^i^znaq
-outuib sopiae so[ ap sojtuop ou 8o}uauiijadxa sne Bjsd opuBzi^iin 's^p
-ituBip uojBjjuoaua so{j^ •sauopB^ijsaAui SBjjsanu uoo uopoipBjjuo^
ua uuBuuaqi'j A ^j^b^) ap 8opBj[nsaj soj JB3i[dxa [PIJÍP 8a M
•ajuai[BD biiSb ua o^onpoad pp pBpi^iqn^os bj B3i[dxa
aaqi[ ^ixoqjB3 odnjS un ap Bpuasajd B^ •ooiozuaqouiiuB • d oppB jap
opijdadip un ap epsaipui ejnuuo^ bj uoo opjanae ap 'soDiozuoqouiuiB
so^saj sop Jod ajqij ouiraB odnjS un ap Bpuasajrd bj oqojd uopiuiB
A oisBjod ap ojnpoi ap jad^d A *u oi/l ^ONBM aP n9pnjo8 eun uo^
BAIJBJlJUBnD UOI^BJOZBip BU^ •SOOIOZB 89}UBJO[O3 agOpuBUlSlJO 'SBjdB
SBpiíBjsqns SBSJaAip uoo U9pBjndoa A nopBjozBip jod Bp^qojd anj
ojonpojd ajsa ua ajqij ooijbiuojb ouiihb odnjS un ap Bpuasajd B'j

\
HOOD —

\

\/

"\

M^
H O

/—MCH

(III)

'oaipzuaqouituB * d oppB
ja ua 'BuijBajB uppBaijiuodBS Bun ap sandsap ajuauíBjos oiujojsubjj
as anb ^OzX[0IH"D aP n9T3í8O(!uioa bj b Bmixpjd A ajqnjos ajuara
-jpijip uaiqraBj '3 OS^ aP *^ 'd IaP oi^^po-'d nn oaipzusq-ouiuiBjiu
-oij"d oppB pp ojnjop jap oseo ja na A 'uppBzijamijod ap ojonpojd
un noa opepzam '(¿) pjnij Jod ajuarajoijajuB opBj^dajd vA '(^pira
-Bip ^va bj) 3 OS^^ P '^ 'd PP oianpojd un oaipzuaq-ouiuiBjraop *m
oppB pp ojnjoja jap os^a ja U^ uojaiAnjqo isy "zO^M0XH^ID IBjan
-a^ Bjnmjpj bj ap sepiineip sajBdpuud sojonpojd omoa ubtjbuijoj as
anb A sajBui^tJo soaipzuaqouiuiB soppB soj ap sajucoijiuáisut ssp^p
-ijubd aiuauíBjos opsjadnaaj UBjqBq BnSB uoa soaiozuaq-ouiniBjiuoij
sopps soj ap soJtuo[o soj opuBjuajBa anb uuBrajaqi^ A ^JJB3 ubiu
-jijb SBuiapy "BjuajoiA uopisoduioosap ns p^nsa anb oj io0S\'Lfl 3P
BjnjBJaduioj Bun A -vam ¿^ ap upisajd Bun b tíBJBd,, opBAijap ja *3 'd
opuBjpsap 'BppnpsJ Anua ou uoisajd Bun b uppBjiissp ns
'Bjnd buijoj U3 sojonpojd sojsa jBjBdajd uojaipnd ou oájBquia uig

\/'
10 0^ — fH9D — N'S'O

"(III BInxnj9J) ODiozuaqouiuiB • d
-^toznaqomuiB • d oppo jap ejnuuoj SO5MZIH*ID Bi^uuoj bj uoa opjanas
ap sa o^ ¿6'0I 3P M 3P opiua)uo3 ng 'aiuaijea sa is ajqnjos uaiq o
bjjj sa 18 ajqnjos oaod sa j^n^ bj ua 'en^e uoa opBzijBisuaaj sandsap
jas apand ojanpojd ja 'sopp^ sojjsbj soj sop o^ jb^bs Bjsd bjj^ BnSs
uoa sasaA SBun^jB opBABj oja^ •ooiozuaqouiuiB • d oppB ua 'oaiipj^
-ojoja oppB ap uns 'Bpuasajd bj jod auoduioasap as 'buSb uoa ojnjq
opBjsa ua opsiuajBa ojonpoJd ajsg -^ Ooog ^p eqiB sbui -^ "j jap os
-UBjq OAjod un ua buuo^subj) as ^jnauíBju^j ajsa 'aaiB jap pBpauínq bj
b oaiozuaq-omuiBjiuop * d opp^ jap ojruop ja opuaiuodx^ 'Oipos ap
oiBja^B ap oipam Jod opBjadn^aj jas apand ajqij ooiozugqouiuiB • d
oppB p Bsonae uopnjos ns 3q -Bn^B ua ajqnpos Anva oaiozuaqouiuie • d
oppe pp ojBjpiqoaop ja ua BjauBtu Bisa ap opBUMOjsuBJi sa jBna p
'oaiozuaq-omuiBjraoii • d oppe jap ojnjoja jap uopmpsuoa bj oaiajaní
-opoi sisijBuB jod jsb jBuiuuajap BJBd 'opoi ap U9pn[o8 ap osasxa un ua
soppnpoaiui uojanj somiijn sojs^ ^Qg ap sajodBA X
opps asopuapnpojd auodmossap as 'BnSB uoa oianpojd
ja opuatAJij^ •^) oi ap -^ "^ ja OAanu ap UBjuai sopiuaiqo sojjiJBUie
sajB)sija s^j 'oOSI'Of't 3Jlua Ban^EJodinaj Bun A uoisajd ap *mui gl s

(II)

'(II IBJn^ Bjnuu^j bj sp)
soai^zusq-ouiuiBjiuoii soppB soj ap soJnjop ouioo uop^Baj ap sojanp
-ojd soj uojaioouo^aJ 'uuBiuqy A Ja}8Bp\[a{\[ ap jojja ja opuBaijijaaj X
so^i^zuaqouiuiB soppB soj ajqos [tuoij ap ojnjoja jap uopoB bj b oiaad
-saj uoa sauopBSnsaAui bbj uojspnuBaj (9) uuBuuaqrj -Q A aJJB^ m^
S6I n3 '(S) ^^Isí3 'O ^ Jaiaojqag '^ jod BpsjBdajd 'BpijraBjjuBip
bj b oapuspi uojs^aja anb 'uoisnj ap ojund o^jb ap A apqnjos oaod
un b is ojad 'ajqi[ oaijjuejiuB oppB jap ojnjoja \v ajsa uoa
ui8 'oaijjuBJiuB oppB jap ojnjoja jap ojBjpiqJop ja na uojbui
aj 'ooi[juBjjuB-jiuoij oppB pp ojnjop ja ajqos^
-ui sbj opuBnupuoo (^) i2js^ij3Q *j^ *2 A

H^
H003 — ZHD — HN — 0^ — HD — ZB3 —

, ^

�sobre el tema, hacen también la crítica de los trabajos de McMaster y
Ahmann y de Carré y Libermann y describen la preparación de los
cloruros puros de los ácidos tionilaminobenzóicos. En cambio con
respecto al tratamiento de estos productos con agua, no llegan a re
sultados bien definidos. No dicen si han solamente agitado o también
calentado con agua los productos. Indican que han obtenido junto
con los clorohidratos de los ácidos aminobenzóicos, productos casi
insolubles en solventes orgánicos, libres de azufre, conteniendo 10,5^
de nitrógeno en el caso del derivado del ácido antranílico y 11,3^
de N en el caso del derivado del ácido m. aminobenzóico. Este último
compuesto de un contenido de N de 11,3%, calentado bajo presión,
con ácido clorohídrico se convierte según Graf y Langer en ácido
m. aminobenzóico. Con respecto al cloruro del ácido p. tionilaminobenzóico Graf y Langer indican, que el producto conservado una
semana en un tubo cerrado dejó luego de ser tratado con éter, un
residuo insoluble en este solvente (probablemente no desecado).
De este residuo no indican ni la composición ni la constitución, como
tampoco indican la última para los derivados mencionados del ácido
antranílico y del ácido m. aminobenzóico de 10,5 % de N y de 11,3 %
de N respectivamente. Pero ya el análisis de los productos menciona
dos, efectuado por Graf y Langer da una indicación con respecto a
su constitución. El contenido en nitrógeno del derivado del ácido
antranílico de 10,5% y el del derivado del ácido m. aminobenzóico
de 11,3 % —del derivado del ácido p. aminobenzóico Graf y Langer
no efectuaron un análisis— se acerca bastante a un porcentaje de
10.94 %, valor teórico para los ácidos aminobenzoil-aminobenzóicos.
El valor en nitrógeno de una diamida, que tiene una molécula de agua
menos, sería de 11,90 %. Por lo tanto es muy probable que también
Graf y Langer ya tenían ácidos aminobenzoil-aminobenzóicos a mano
sin reconocerlos.
El ácido o. aminobenzoil-o. aminobenzóico ya es mencionado en
la literatura (10), preparado por la acción del cloruro del ácido
o. nitrobenzóico sobre el ácido antranílico y reducción posterior, pro
bablemente idéntico con el producto obtenido por Graf y Langer de
un contenido en N de 10,5 %. Además es descrito en la literatura el

un grupo sulfo (SO3H) sea necesaria y se caracterizan por tener
cierta afinidad con la fibra vegetal del algodón, por contener grupos
—CO—NH—(13). Estos grupos reaccionan por su polaridad, como
ya hemos explicado en otro lugar (14) con los grupos polarizados
de la celulosa, entre los cuales se encuentran probablemente grupos
oxonio. Anteriormente los ácidos aminobenzoil-aminobenzóicos fueron
solamente utilizados luego de su diazotación para la copulación con
derivados de la pirazolona y obtención de colorantes ácidos para lana,
cuya solidez podía ser aumentada por el tratamiento con sales de
cromo (15). Por diazotación del ácido p. aminobenzoil-p. aminoben
zóico (como derivado del ácido p. aminobenzóico, que tiene funciones
de vitamina) y copulación con algunas proteínas fueron preparados
recientemente diversos colorantes por P. Karrer y R. Schwyzer (16)
para sus investigaciones biológicas. En todo caso, derivados del ácido
p. aminobenzóico con el grupo —CO—NH— repetido y grupos carboxílicos libres, tienen cierto valor quimio-terapéutico (17). Refirién
donos al trabajo mencionado de R. Kuhn y sus colaboradores (12),
estos investigadores tuvieron el propósito de investigar la eventual
acción bacteriostática del ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico
como substituto de la sulfanilamida según el conceptp hoy frecuente
mente admitido, que se debe substituir en un sistema metabólico el
ácido p. aminobenzóico por una substancia de alguna analogía con él,
para impedir el sistema en su acción. Sulfanilamida y también el
ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico serían substancias algo análo
gas al ácido p. aminobenzóico. El ácido p. aminobenzoil-p. aminoben
zóico no demostró naturalmente ninguna actividad bacteriostáticaj,
como se había esperado según la argumentación algo superficial
mencionada.,
: ?
Según nuestra opinión, como ya la hemos expresado algunas
veces (18), en el antagonismo entre el ácido p.aminobenzóico-y la
sulfanilamida se trata de una reacción electrónica por resonancia
entre los dos compuestos, reacción bastante bien definida, que impide
al ácido p. aminobenzóico de ejercer sus funciones metabólicas nor
males en procesos de óxido-reducción.•
El cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico sirve para la intro

ácido m.aminobenzoil-m.aminobenzóico (11). Además fue preparado

ducción del resto p. aminobenzoil en una sola operación, como en el

en estos últimos años por R. Kuhn, E. F. Moller, G. Wernit y H. Beinert (12) el éter metílico del ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico.
Hicieron actuar el cloruro del ácido p.nitrobenzóico sobre el éter

caso de la preparación de la p.aminobenzoil-leucilglicina (3), mien
tras la introducción de este resto se hizo antes por reacción con el
cloruro del ácido p. nitrobenzóico y reducción posterior.

metílico del ácido p. aminobenzóico y efectuaron una reducción con
el producto obtenido. Del éter metílico obtenido han también prepa
rado el ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico.
Nosotros hemos utilizado el grupo amino aromático libre del
ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico para preparar, como ya hemos
mencionado, diferentes colorantes azoicos, por diazotación y copula
ción con diversos componentes como el alfa y el beta naftol y otros.
Estos colorantes, por medio de sus grupos COOH son solubles en
soluciones acuosas ligeramente alcalinas, sin que la introducción de

El cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico es una substancia
coloreada en amarillo. Este color se explica teniendo en cuenta las
diferentes disposiciones electrónicas posibles en el sistema de reso
nancia (IV) de este compuesto. La transición de las disposiciones
electrónicas de nivel energético más bajo (especialmente de la dispo
sición IV a) a disposiciones de nivel energético más elevado, caracte
rizadas por la separación de las cargas eléctricas, es acompañada de
una absorción de radiaciones de cierta frecuencia, lo que motiva el
color amarillo del compuesto.-•

— 68 —

— 69 —

�ap nopanpojHii B^ anb uis 'sBui^s^p^ s^uaiuBjaSij 8bsoh3B sanopn^os
na 63[qrqos nos HOOD s&lt;&gt;dnj^ sns ap oipam jod 'sa^uBJopD^ o^s^
*soj}o Á ^ojjbu B^aq p A bjjb p omoa sainanoduio^ sosjaAip UO3 nop
-B[ndo3 Á UOpBJOZBtp JOd '8O3IOZB 83JUBJOpD3 83^U3J3Jip 'OpBUOpuaiU
soniaq vi ouios ^jBJBdajd BJBd oaioznaqomuiB - d-^iozuaqouiuiB • d oppB
pp a-iqi[ osuBluoJB ouuub odruá p opBzijpn souiaq sojjoso^

•.•ojs^ndmoo pp o[[ubuib
p baijoui anb o[ 'Bpuanaajj Bjjap ap sauopBipsj ap uopjosqB Bun
^p epeuedmo^e sa 'sBaujaap sbSibo sb[ ap uopsjBdas B[ jod repezu
-a^oBjBo 'opBAap sBtn o^ijaSjana pAiu ap sauopisodsip b (b ^j uppis
-odsip B[ ap a^uanipp^dsa) ofsq sem oaiia^jaua pAiu ap SBsinoJiaap
sauopisodsip sb[ ap uopisusj) b^j •ojsandmoa ajsa ap (^i) puBU
-osaj ap Braajsxg p na sa^qísod SBaiuojiaap sauopisodsip sa^uajajip
bb[ Bjuana na opuaiua; Bat[dxa as jo[oa ajs^ •o[[ijbuib na BpBaao[o3
BpnBjsqns Ban sa ooiozuaq-omuie^iuoi; • d opps pp ojmop [^

— 89 —

— 69 —

•Joijajsod uoponpaj X ooiozuaqojjiu • d oppB pp ojnjop
p uoa uoiDOBSj jod sajuB oziq as o^saj ajsa ap uopanpojun B[ sbjj
-uaiui '(g) Eupijjpn3[-[iozuaqouiaiB • d B[ ap uopBJBdaad B[ ap osbd
p ua" otuoD 'nopBjado B[os Bun ua [lozuaqoutuiB • d ojsaj pp nop^np
-ojjui B| BJBd 9ajts ooiozuaq-ouiiuB^iuoij • d oppB pp oaiuop j^
•noponpaj-opix^ ap sosa^ojd na sajBm
'ion SBOi^oqB^ain sauopunj sns Jta^jafa ap ooiozusqouiuiB • d oppB {B
apidmi anb- 'sprarpp u^iq ajUBjSBq uopoBaj 'soisandmoa sop eo[ ajina
BpuBuosaj ^od B3iuox}aap uoi33B3j Bun ap b^bj^ as pf
b[ Á osiozuaqouiuiB• d oppB p. aima omsmo^eiuB p na '(81)
9BunS[B op^sajdxa souioq b[ uá ouioo 'uoiuido Bj^sanu uniag
^ •• i • •
•"EpEnopuara
jBptjjsdns oS[b nppBjusuinSjB v\ nn^as opBjadsa Bjqi{ as oino
"E0i;Bj8oiJ3i3Bq pBpiAi)3B Bun^uiu ajusuqBjn^Bn oj^soniap on o^ioz
-u^qouiiuB • d-[iozu3qounuB • d oppe [^ "o^i^zuaqouiuiB • d opps je sb^
-o[bub o^^ SBpuBjsqns uBuas oaiozuaqouiuiB • d-[iozuaqouiuiB • d oppe
p u^iquiBj jÍ BpmiBjiuBjjng -u9p3B ns na btos^sis p jipsdun BiBd
'ja uoa Bi^o[BUB Buná^B ap BpuBisqns B.un jod o^^^zuaqouuuB • d oppB
p O3i[oqBj3ui BUI3J8I8 un na Jin^usqns aqap as anb 'oppmipB ajuoni
j Áoq ojds^uoo p un^as BpiuiB[iuBj[n B[ ap ojtu^sqns ouioa
• d-jiozusqouuuB • d opp^ pp B3i;Bjsouaj3Bq npioov
pb^ jbSiíssaut 3p o^isodojd p nojaiAni sajope^iisaAní sojsa
'(Si) 8aJopBaoqB^oa sns Á nqn^; *^ ap opBnopnara ofBqsjj ^b souop
-nautja|j *(¿x) oDijnadBiaí-oiniinb jo[ba ojjap usuau 'sajqi^ so^ijix
-oqJBa sodn^S Á. oppadaj —jj\[—Q^)— odnjS p uo ooiozuaqouiuiB • d
opps pp sopBAiJap 'O8B3 opoi u^j 'SBai^p^oiq 8auopBij83Aui sns BJBd
(9X) J3z^Mqog -^j ^ J8jjb"^j '^ aod 80}ubjojo3 sosjaAip aiuama^napaj
sopBJBdaad nojanj SBuiajo^d 8Bun3[B nos u^pBjndos Á (buiuibjia ap
sanopnnj auai) anb 'o^ioznaqonimB • d opp^ pp opBAijap ouios) o^ioz
-uaqoniuiB • d-^iozuaqouiuiB • d oppB pp nopeiozBip joj -(^];)onioj^
ap 83JB8 noa ojuaiuiBjBj^ p jod BpB^naranB jas Bipod zapi^os
'BOB^ BJBd SOppB 88JUBJOpD3 ap UOpUBjqO Á BUOpDZBJld B[ app
uos uopBjndo^ v\ BJBd uopBjozBip ns ap oáan[ sopBZTjpn 3ju3inBp38
uoJanj so3iozuaqoniuiB-[iozuaqouiniB soppB so[ sjuauíjoiaajuy 'oiuoxo
sodnj^ ainama^qBqojd ubj;u3113U3 as sapna sof ajiua 'Bsopips B[ ap
sopBziJBjod sodnj^ eo\ noa (^\) jb3ii[ ojio ua opB3i[dxa souiaq bá
oiuod 'pBpijB^od ns jod u^uopoBaJ sodnjá sojs^ ' (\) —HM—03—
sodn^S jauainoa jod 'nopo^p pp ^BjaSsA Bjqij b¡ nos pepmijB B^jsp
J3U3J JOd UBZIJ3J3BJB3 38 Á BUBS333U B09 (JJÍ:QS) OJ^nS odnj^ Ull

•o^iozuoqouiuiB • d-jiozuaqouiuiB • d oppB p opBj
•BdaJd uaiqinB^ u^q opiusjqo o^ijuain ia^f pq -opiusjqo oianpojd p
no^ nop^npaj Bun uoJBniaaja Á o^iozusqouiuiB • d opps pp oai[ijaui
J3ja p ajqos oaioznaqojnu • d oppB pp ojnjop p jBn^aB
•o^i^zuaqouiuiB • d-[ioznaqouiuiB • d oppB jap oaifjiaui Jaia p
-pg #jj A jinja^ *-^) '^aip3J^[ "^[ *g 'uqn^; "^ Jod sohb somp^n soisa na
opBJBdajd anj SBmapy '(n) ODipziiaqouiuiB• ra-[ioznoqouiuiB• m oppB
p Bjnjejajij B^ na onjasap sa SBinapy -c^^ g'o^; ap ^ ua opiuaino mi
ap jsSub^j A jBJf) Jod opinaiqo o^^npojd p noa o^puapi ajuamajqBq
-ojd 'JoiJa^sod u^ponpaj A O3i^iubjjub oppB p aaqos o^i^zuaqojjín • o
opps [ap ojnjop pp nopsB b^ jod opBJBdajd '(Oí) BjnjBJaii[ bj
ua opBnopuaui sa vA oaipzuaqoniniB • o-ijozuaqouiuiB • o oppB ^^
'so^jaaouo^aj uis
oubui b so3iozu3qouiuiB-[TOZuaqoniniB soppB UBiuai vA l^^uvj A JBj^
uaiquiBi anb 3[([Bqo.id jínuí sa ojub^ o^ joj 'o¿ oó'TT aP J-ias 'souaui
Bn^B ap B[ii33[oni eun anai) anb 'epimsip Bun ap oua^ojjín na jojba \^
*so3iozuaqoniuiB-[TOzuaqouiuiB soppB so[ BJBd oaijoai jojba ío/j ^^'o^
ap 3fB}U33Jod un b ajuBjssq B3J33B as —sisi[eub un uojBnjsaja ou
jaSuBq A jbj^ oo^^zuaqouiniB • d opps pp opBAiJap pp— o^ &lt;¿\\ ap
ooipzuaqouiuiB • ni oppit [ap opBAiJap pp pí ^ 5'ox P ooi[ihbjíub
oppB [ap opBAuap [ap ouaS^xjiu na opiuaiuoa ^g 'uopnnisuoa ns
b ojoadsaj uoa uopBoipni Bun Bp jaSuB^ A jbj^ jod opBnpap 'sop
-Buopnam so^anpojd so[ ap stsi^bub [a tbA oi9¿ 'ainaniBAp^adsaj ^ ap
% S'lT 3P -^ M aP % S'Ol aP o^^^naqoniuiB • m oppB [ap A oai[iuBjjuB
oppB [ap sopBuopuam sopBAijap so[ BJBd Btnp^n B[ uBaipui oaodmei
oino^ 'u^pnj^suos B[ iu uopisoduioa bj tu UBaipui ou onpisaj ajsa aQ
'(opsaasap ou sjusuis^qBqojd) a^naA[os a^sa ua a[qn[osuT onpisaj
un 'J3J3 uoa opBjBj^ Jas ap oSan^ o(^p opsjjaa oqn^ un na nem^s
Bun opBAjasuoa ojanpojd [a anb 'uBDiput JLaSuvj A jbj^ ooi^zuaq
-ouiraBjiuoij " d oppB [ap ojnjop [b o^aadsaj ^03 -o^iozuaqouiuiB • ut
oppB ua jaSuBq A jbj-^) un^as ajj^iAuo^ as oaijpjqojop oppB uod
'uoisajd oÍBq opBjuajBs '&lt;^'[X ap \[ ap opiua^uoa un ap ojssnduio^
ouip[n isg •o^iozuaqontuiB • m opps [ap opBAuap [ap ossa p ua ^^ ap
&lt;^g'XX A O3i[ruBj)UB oppB [ap opBAijap [ap osbs p na oua^oajiu ap
^S'OI Pu3iu3juo3 'ajjnzB ap sajqi[ 'soaiuBáao ssjusajos u^ sajqti^osui
isb3 sojanpojd 'soai^zuaqomniB sopps so[ ap sojBjpiqojop so[ uoa
ojunf opiuajqo u^q anb UBaipu^ 'so^anpojd so[ BnáB uoa opsjuajBO
uaiquiBj o opBjiSB 3juaniBp38 usq is uaaip o^¿ 'sopiurpp uaiq sopB^jns
-aj b n^a[[ ou 'btíSb noa soj^npojd sojsa ap ojuaiuiBjBjj [b oj^adsaj
uoa oiquiBa n^ •soaiozu^qouiniBjiuou soppB so[ ap sojnd sojnjop
so[ ap uopBjBdajd B[ uaqijasap A nuBnuaqi'j A ajjB^ ap A uuBraqy
A J3jsbj^[3J\[ ap sofBqBJj so[ ap Bapjja B[ uaiquiB; uaaBq 'Biuaj p ajqos

�0

nivel energético, y la transición de la disposición con nivel energético
más bajo a una con nivel energético más elevado provocará una ab

(IV.)

o
a)

O

S—N—Ar—COCÍ

sorción de radiaciones y así el color de las substancias en cuestión.
Según las indicaciones de Schenk las substancias polimerizadas son
en efecto coloreadas.

S—N = Ar = C—O Cl
••
+II

\I

VII a

Vía
b)

O = S = N—Ar—CO Cl

= S = N—Ar—C—O Cl
•
II

I1
b2)

O = S—N = Ar = C—O Cl

b3)

_ +

..

+

I

• _ + +-

O—S = N—Ar—CO Cl

0

0
— NH

O = S = N = Ar = C—O Cl

!Il
c)

O

1

1

HN

—+S:

O_S = N = Ar = C—O Cl

'En la agrupación O S N— podemos ver un grupo cromóforo.
Encontramos este grupo también en las tionilimidag de la fórmu
la OSNH, preparadas por P. W. Schenk (19), por la acción del
cloruro de tionil sobre el amoníaco según la ecuación:

1

II

0

0

Vllb

s+ .. .

..

s

VIII b

..

HN/++\NH

Las tionilimidas existen en una forma monómera, no coloreada
(fundiéndose a una temperatura de —85 C para dar un líquido sin
color). Esta forma debe corresponder a la disposición Va del sistema
de resonancia de la tionilamida, disposición de bajo nivel energético
y por esta razón relativamente estable.
A una temperatura de —60 hay probablemente transición a las
disposiciones electrónicas de nivel energético más alto, con cargas
eléctricas separadas, y mucho menos estables (Vb, Ye, Yd). Esta
inestabilidad provoca una polimerización, la cual se puede efectuar
en forma cíclica o en forma de cadena. Esta polimerización fue obser
vada en efecto por Schenk.

0—S: .. :S—0

o=s+ .. +s=o

+ \N/+

+\N/+

H

H

Va
.O.
:S .. N..H

Vb

Ve

— +
:0..S::N..H

.. + —
O::S..N..H

1

HN

HN/..\NH

|

VIc

HN—S:+ 0

+S + = +NH
i

1

SO Cl2 + 3N H3 ^&gt; OSNH + 2N H4 Cl

'i ? -

1

NH Z

+S+—
i
1
HN —+ S+
II

VIb

..

0

—

IIII

0

II

Villa

S
HN/++\NH

|

— |l+

1 4-

1

HN—S: +

-

H

VIIc

1 il
HN-+S

^l

0—S+ + +S—0

VIIIc

0
II

II

HN— +S

Z

l

? -

HN=+S

0

HN=+S

Vd

O::S::N..H

En los productos de polimerización hay también separación de
las cargas eléctricas, sin que sea posible una forma no polarizada.
Esta separación de cargas puede efectuarse de tres modos: correspon

Recordamos en esta ocasión que el primer compuesto preparado
de la familia de las tionilamidas, a la cual pertenece también el clo
ruro del ácido p. tionilamino-benzóico fue la tionilanilina (fórmula IX)
descrita por A. Michaelis (20).

(IX.)

OSN —

diendo a las fórmulas Vía, Vlla y Villa; VIb, Vllb, VIHb y VIc,
VII c, VIII c. Estas tres disposiciones electrónicas VI, VII, VIII,
posibles para cada grado de polimerización se distinguirán por su

Con respecto a la formación del ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzoico por autocondensación del cloruro del ácido p. tionilamino-

— 70 —

— 71 —

�-oniniB^iuoij • d oppB pp omiop pp nop^auapnoaoins Jod ósiozuaq
-oaimB • d-jiozn^qouiniB • d opps pp uopBuuoj [ e ojoads^j 00^

— OL —
ns jod nBain^uijsip as noioBztianir[od ap opsj^ Bp^o BJBd
'Ijj^ '11 ^ 'IA ^saraojjaap sanopisodsip aaj^ 86)9^ *IIIA 'DIIA

'IA ^ qiIIA 'qiIA 'qiA SbIIIA a HA 'bIA 8innu9J 8! • PnaÍP
— NSO

-nodsajJoo :sopoin s^jj ap asjeni^aja apand sbSjbo ap nopBJBdas bjs^j
•cpBziJBfod on bhuoj Bnn ajqísod Bas anb ms 'SBDijjaap sb3jb3 sbj
ap o^iDBJBdas naiquiB) ^sq uopBzrjnii[od ap soionpoíd 9o¡ u^

'(OS) 8H3BIPÍH 'Yp
(XI Blnnu?j) ^ni[iuB^xnoii bj anj ODioznaq-ouirae^iuou • d oppe pp ama
-op p ñaiquis^ aaana^jad \mo bj b 'SBpiinBjinoji sbj ap bijiihbj bj ap
dd ojs^ndmoD i^mud p anb uoisboo Bjsa na

H •M::S::O
"•++••

PA
S+=MH

I
O
.."

+|

+

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o

('AI)

�benzoico indicamos, para su demostración, el esquema X, según el cual
2 moléculas del cloruro reaccionan con 5 moléculas dé agua. •
- •

HO
(X.)

HO
H

O S
Cl

H

HO

H

N Ar C O

Cl

O C Ar N

0,256 g. de substancia finamente polverizada fueron tratados con
50 g. de una mezcla de agua y hielo y 1 cm. de HC1 conc. Luezo se
agregó gota por gota bajo del nivel del líquido una solución de NaNO2
1/10 n., hasta que un papel de KJ-amidon se coloreó en azul.
0,256 g. de substancia gastarían 10 cm. de NaNO2 1/10 n. (1 mol
de substancia equivalente a 1 mol de NaNO2), encontrado 10,3 cm.

O

H OH
H OH
La autocondensación del cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico
por la humedad del aire nos recuerda la formación de análogos de
proteínas con cadenas peptídicas muy extensas, descrita por R. B.
Woodward y C. H. Schramm (21). Estos investigadores emplearon
anhídridos de N-carboxilo - alfa - amino - ácidos (fórmula XI) como
centros activos, capaces de una

O . C—C . H(R)—N . H—C . O
auto-propagación^ tomando agua como reactivo iniciador.
En esta relación la acción del cloruro de tionil sobre alfa amino
ácidos sería bastante interesante.

NOTA EXPERIMENTAL ANALÍTICA
Análisis iodométrico del cloruro del ácido p. tionilamino-benzoico
"

Investigación cuantitativa del grupo amino libre

Fórmula C7H4O2N S Cl peso molecular 201.

0,201 g. de substancia fueron hervidos con agua y los vapores de
SO2 introducidos en una solución de iodo 1/10 n. Un mol de SO2 gasta
2 moles de J. 0,201 g. de substancia deberían pues gastar:

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,:teóricamente 20 cm. de solución de J 1/10 n.
,han gastado 20,4 " "
"
" " 1/10 "
Análisis cuantitativo del ácido p.aminobenzoil-p.áminobenzóico
Microanálisis del N.
5,655 mg. de substancia han dado 0,541 cm. N (758 mm., 24 C)
calculado para CuH12O3N2 (peso molecular 256) 10:94 % N.
. encontrado
10.97 % N.

— 72 —

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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              <name>Title</name>
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                  <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
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              <name>Creator</name>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
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                  <text>1947-1989</text>
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              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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              <description>A language of the resource</description>
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                  <text>Español</text>
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              <description>The nature or genre of the resource</description>
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                  <text>Publicación periódica</text>
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              <name>Contributor</name>
              <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
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                  <text>Lic. Pablo Darriulat</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
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              <elementText elementTextId="851">
                <text>Sobre el cloruro del ácido p. tionilaminobenzóico y su autocondensación . </text>
              </elementText>
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            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
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              <elementText elementTextId="852">
                <text>Trabajo presentado al IV Congreso Latino-americano de química. Santiago de Chile, Marzo de 1948).</text>
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            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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              <elementText elementTextId="853">
                <text>RIESZ, Eugenio</text>
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                    <text>[j sauopisodsip sb[ ojubj o^ jo^ 'J[[B asjBziTiqBjsa A ajqísod bjS
-jsua efeq sbui B[ JumbpB BjsBq 'sojuaiuiiAoin sns UBjsnfB sauoJiaap
so[ 'boisji bj ap [Binamcpunj oidiouud nn b opuoipuods^j 'Bjoqy
•sa{qei8a sera ^y A ^y s^uoiaisodsip bb[ ^nb 'Bpneuosgj ap biu^jsis p na
jouaiu opBj^ nn ua a^nqi^juoa so^buijou souoioipuoo na ojubj oj jod
+.. +
h—sl = 3—a (zv) a—m—^—a (v) a—n—3—a (XV)

II- I II II

H O^H

H O

A a^qBjsaui sbui bj sa y n9pisodsip Bjs^ -ajuBuiraop^jd [ sa
y U9;oisod8ip bj '8Btn soj uajínqiajuo^ ^y A xy 'y SB^in^Ji^a^ sauoi^
-.eodsip 8b^ p^ño p ua '—jj^^—q^— odruS pp BpnBnosaj ap Butajsis
p na is 'pBpi[i3Bj 8Bin uoo asjsniaaja apand b^Sb ap uoioipB vj

H HO+H HO

+11'..
a—j^h + H00^—a

a—w—o —a

IO^H

a—m—d—a

••

+

a—n—o—a

h oh oh o

Oí)
•(•j Bmanbsa) oSan[ Bjqopeap as anb 'a^qeisaní iínin uoioipB ap o^anp'
-oíd nn b opnapnpnoa ajuaina^qBqoJd apaaaine BtiSB ap nopipB vj
•ojoaj^ omsiui p ñauar} 'sojijpiqxo ajuain^Bpadsa A souaSoipiq sanoi
na sbj[b ^juainBAijBpj sauopBJinaauoa sand 'sip^^B A sopioy -biiSb
ap nopipB noa sopudadijod A SBuiojojd ap —jj^—q^— sodruS ap
noispea bj; na ajsisuoo so3i}j[oa^ojd soiuauuaj so[ ap noioov b^j

0UD01J9WD-OU11WJ ossjSuo^ 'j^¡ ^o opojuasajd ot

SOJU9UIJ9J
uoioob is\ ^p Boraoajo^p
ZS31V O1M3OI13

�Ai y A2 serán de un nivel energético más bajo que la disposición elec
trónica A inestable, la cual además debe tener un nivel energético
más elevado, por ser ello necesario para la separación de las cargas
eléctricas. Evidentemente en la disposición electrónica A2 hay también
una separación de cargas, pero una estructura "amonio" (según A2)
con su octeto electrónico completo es ciertamente mucho más estable
y por ello de nivel energético más bajo que una estructura "carbonio"
(según A) con su octeto electrónico incompleto, y una fisura elec
trónica. Siendo la disposición electrónica inestable A la más favore
cida con respecto a la adición de agua, la transición de las disposi
ciones A^ y A2 en A debe ser el primer paso en la hidrólisis y es
provocado por fuertes concentraciones de iones H y OH con sus cargas
eléctricas respectivas. La incorporación de agua a la molécula (otra
vez de iones H y OH) ya es el segundo paso.
Por llegar con fermentos proteolíticos al mismo resultado, pode
mos admitir que éstos tienen una acción inductiva análoga a la de
los iones H y OH. Para ejercer este efecto, los fermentos deben tam
bién tener cargas eléctricas, es decir, deben ser altamente polarizados.
Los iones H y OH, por su gran movilidad y pequeño volumen, pueden
fácilmente llegar a los lugares, donde les es posible actuar; mientras
los fermentos, que tienen probablemente un peso molecular enorme,
deben primeramente ser fijados al substrato, a fin de tomar una
posición, en la cual pueden actuar con sus fuerzas polares, sin encon
trar obstáculos. Muchos fermentos se fijan de esta manera a los ex
tremos básicos (grupos amino libres), otros a los extremos ácidos
(grupos carboxilos), de una cadena proteínica o polipeptídica. Una
vez fijados dirigirán la puntería de sus fuerzas polares, probable
mente enormes, sobre los grupos —CO—NH—, cuya disposición
electrónica es transformada de esta manera.
Podríamos comparar la acción de un fermento sobre su substrato
con la acción de un colorante sobre la fibra, p. e.: la acción de los
colorantes ácidos o básicos sobre lana y seda natural, o la acción de
los colorantes "substantivos" o de "cuba" sobre el algodón; sirviendo
en la tintura las fuerzas polares solamente para la fijación mutua de

fundamental, o grupos básicos tampoco utilizados en la formación de
la cadena, p. e.: el núcleo imidazólico (histidina) o pirrólico (prolina).
La distancia entre el punto de fijación del fermento y el grupo
a desdoblar es de suma importancia. Por esta razón la posición siem
pre en alfa de los grupos —CO—NH— con respecto a los grupos amino
y carboxil, a los cuales las exopeptidasas se fijan, es muy significativa
para la acción y probablemente también para la estructura misma
de los mencionados fermentos. Por lo tanto podemos llegar a la con
clusión, que las exopeptidasas tienen grupos polares activos también
en posición alfa con respecto al grupo por el cual se ligan a los grupos
amino o carboxil del substrato.
La erepsina p. e.: para hidrolizar la leucilglicina (fórmula II)
se fijará primero al grupo amino libre del resto leucil, y cuando
E. Abderhalden y E. Riesz (2) introdujeron en este grupo el resto
p.aminobenzoil, el fermento no pudo más hidrolizar la N—p.aminobenzoil-leucil-glicina (fórmula III), siendo la distancia entre el grupo
amino libre y el más próximo grupo —CO—NH— (igual al diámetro
de un núcleo bencénico) mayor que la distancia entre dos carbonos
en posición alfa.

(II.)
(CH3)2.CH.CH;¡.CH.CO—NH.CH2.COOH

NH2

(III)
(CH3) 2. CH. CH2. CH. CO—NH. CH2. COOH
NH.CO—C6H4—NH2
De otro lado la tripsina hidrolizó sin dificultad la N. p.aminobenzoil-leucil-glicina por no haber sido modificada la distancia entre
el grupo COOH libre y el grupo —CO—NH— que liga el resto leucil
a la glicina. Comprendemos también así la especifidad de muchos
fermentos; basta que un grupo cualquiera se interponga espacialmente
en el campo de las fuerzas polares, entre fermento y substrato, que

colorantes y fibras (1).
Los fermentos que se fijan a los grupos amino libres en un extre
mo de una cadena, las llamadas aminopeptidasas, p. e.: la erepsina,
hidrolizan por etapas siempre al grupo —CO—NH— más próximo
de su punto de fijación. El mismo efecto lo producen los fermentos,
que se fijan a los grupos COOH libres, las llamadas carboxipeptidasas,
p. e.: la tripsina. Cuando un grupo —CO—NH—- se hidroliza, un
nuevo grupo NH2 o COOH respectivamente se libera, fijándose de
nuevo el fermento a estos grupo3 para reiniciar su acción desdoblante.
Erepsina y Tripsina son "Exopeptidasas", pero existen también "Endopeptidasas", que pueden hidrolizar una cadena proteínica o poli
peptídica por el centro. Como puntos de fijación podrían figurar
eventualmente en este caso grupos COOH de ácidos dibásicos como
del ácido glutamínico, no utilizados en la formación de la cadena

ya el fermento es incapacitado para actuar.
E. Abderhalden y sus colaboradores hicieron además la observa
ción, de que la introducción de diferentes restos en los grupos amino
libres de polipéptidos puede acelerar o retardar su hidrólisis por
medio de soda cáustica diluida (3). Los investigadores citados estu
diaban este fenómeno, según el cual iguales concentraciones de iones
oxhidrilos en un mismo espacio de tiempo actuarían de distinta
manera sobre polipéptidos, sólo diferentes por la substitución en el
grupo amino; comparando Abderhalden los derivados peptídicos
preparados con modelos para el estudio de la acción de los fermentos,
los cuales se adherirían también a grupos amino libres de polipéptidos.
Según nuestra opinión los restos introducidos influirán sobre

— 76 —

— 77 —

�— II —
ajqos uBjmjjuí soppnpojjut sojsaj soj uoiuido BJisanu unSag
•sopndadijod ap sajqij ouimB sodnjS b uaiquiB} UBjjpaqpB 38 sajBnD soi
'sojuamjaj soj ap uopoo bj ap oipmsa ja BJBd sojapoiu uoo sopBJBdajd
Booipijdad sopBAuap so^ uapjBUjapqy opuBJBdmoo íouiuib odtuS
ja ua uopnjtjsqns bj jod sa^uaJajip ojos 'sopijdadijod ajqos BjauBiu
BjuTjsip ap uBiaenioB odmap ap opsdsa oumm un ua sojijpiqxo
sanen ap sauopBJíuaouoo saj^nSí j^na ja unSas 'ouauíouaj ajsa usqeip
-njsa sopBip sajopBSijsaAui so^ •(g)Bpjnjip BaiisnBO Bpos ap oipam
jod smjojpitj na jspjsiaJ o JBjajaos apand sopndadijod ap sajqij
ouioib sodnj^ soj ua soisaj sajuajajip ap uopanpojjuí bj anb ap '^910
.BAJasqo bj SBiuapB uojapiq sajopBJoqBjoa sns A uapjBqjapqy '^
•jBn^oB Bj^d opBjpBdBOui sa ojuauuaj p ba"
anb 'oiBj^sqns A oinamia} aaiua 'sajB[od BBZJtanj sb[ ap odras^ p na
ajuarap3pBd8a BSuodaa^uj as B^ainb^no odnjS un anb BjsBq ísojuanuaj
soq^nni ap pspijpadsa v\ isb uaiquiBj somapuajduio^ •Bupt^S v\ b
^pnat ojsaa p vii\ anb —HM^03— odni^ p A ajqn H003 odnjS Ia
a'-i)ua BtauBjsip v\ BpBotjipoin opis Jaq^q ou Jod BupijS-jpnaj-jiozuaq
-ouiuiB-d *i[^ b^ pB^[noijip uis ozi^ojpiq Buisdiij B[ opB^ ojio aQ
—^H90—ODHW

HOOD^HDHM—

(III)

CU)
•bj^b uppisod ua

— 9¿ —
ap uopBuuoj bj u^ sopBziftjn ou 'ooiujuiBjnjS opps ¡ap
ouiod soaisBqip soppB ap H003 8dnjS osbd ajsa ua aiuamp^njuaAa
JBjnSij UBjjpod uoioefij ap sojund onio[) *oj)ua^ [a Jod coipudad
-tjod o B^iupjojd suap^a Bun JBzijojpiq aapand anb 'tt8B8Bpijdadop
-ug,, uaiquiBj uajsixa oaad 'K8B8Bpndadox^M uob BuisdiJtj^ A suisdaa^
•^lUB^qopeap uo^db ns a^piuiaj BJBd sodiu3 soisa b oiuauuaj p OAanu
ap aeopuBfij 'Biaqi^ as aiuaniBAij^adsaj HOOD
^HM dnjS OAanu
un 'Bzijojpiq as —HM~~0^— odnjS un opu^n[) 'Buisdui B[ :*a *d
'BessppdadixoqjBD 8BpeuiBi^ SBI 'sa-iqíl H003 sodnjS so[ b n^fij as anb
'8O^uauuaj so{ ua^npojd o[ ojDaja ouisiiu y^ 'uop^fij ap ojund ne ap
oinixo.id sbui —jj^[—Q^— odiuS ^ ajduiais SBdsja jod UBZifojpiq
b¡ :*a -d 'SBsepudadouiuiB 8BpBuiB[[ sbj '^uapsa Bun ap oui
un ua sajqrj ouiiiib sodnaS so[ b ubíij as anb sojuara^aj go'-j
• (l) sBjqij A sajuejojoo
ap sn^nuí uopBÍíj bj BJBd 9juaiuB[o saJBjod SBzaanj sb[ bjiijuu bj ua
opu^iAJis íuopo^jB p ajqos MBqno,, ap o tt8oAijuBisqns,, sajuBaojo^ so^
ap uoio^b B| o '^bjiijbu Bpas X bub[ ajqos sooiSBq o sopps sa^uEjojoa
soj ap uopB bj :-a -d 'Bjqij B^ ajqos ojubjojod un ap uop^s bj uod
ojBjjsqns ns ajqos oiuauuaj un ap uopoB bj jBJBdmoD souiBiapo^
'BjauBiu Bisa ap BpBuuojsuBJi sa Boiuoajo^ja
u^pisodsip Bjína '—jj^[—q^— BodnjS boj ajqos 'sanuoua aiuam
-ajqBqojd 'eaJBjod s^zjanj sns ap Bua^und bj UBjiSuip opBfij z^a
BUf^ 'BDipijdadijod o Baraiajojd euapBD Bun ap '(sojixoqjBO sodnj3)
soppB somajixa eoj b soj;o '(sajqij outuib sodnaS) soDisBq eouiaji
-xa soj b BjauBm Bjsa ap ubíij as eoiuauuaj soq^nj\[ 'sojnDBjsqo jbj^
-noaua uis 'saJBjod sezjanj sns uod jbiij^b uapand jbiio bj ua 'aopisod
Bun jbutoj ap urj b 'ojBj^sqns jb sopsíij jas aiuauiBJauíijd uaqap
'auijoua jBjnoajoui osad un ajuauíajqBqoJd uauaii anb 'sojuauuaj soj
sBjjuaiin íjBnjDB ajqísod sa saj apuop 'saJBSnj soj b jbS^jj aiuamjpBj
uapand 'uaranjoA ouanbad A pBpijiAoui ubj8 ns jod 'jjq A g saaoi so^
•sopBzuBjod ajuaurejjB jas uaqap 'jpap sa 'SBDtJiDaja sb^jbd jauai uaiq
-uibj uaqap so^uauuaj soj 'o^aaja ajsa jaajafa bjbj -jjq A jj sauoi soj
ap bj b BáojBuB BAijonpui uppDB Bun uauap sojsa anb j^impB soin
-apod 'opB^jnsaj ouisuu je so^pijoaiojd soiuaouai uoa j^Sajj jo^

sa A sxsijojpiq bj ua osBd jauíud ja jas aqap y na zy A ^y sauop
-podeip sbj ap uopisuBjj bj 'BnSB ap uoptpe bj b o^aadsaj uod Bpp
-ajOABj 8Bui bj y ajqB^saui Baiuoj^Daja uopisodsip bj opuaig •bdiuojj
-aaja Bjnsij Bun A 'o^ajdmoDui ODiu^JiDaja oja^ao ns uoo (y un^as)
ltoraoqjBDM BJn^Dnjjsa Bun anb of^q sbiu oatia^jaua jaAra ap ojja Jod A
ajqsisa sbui oqanur a)uaniB}jap sa o^ajdmoa ODiuojiaaja ojaioo ns uoo
(sy unSas) woiuouibot Bjnjonj^s^ Bun ojad 'sbSjbo ap uopBJBdas Bun
jÍBq zy Boiu^j^oaja u^pisodsip bj na ajuamainapiA^ *8BDij)Daja
sbj ap uopBjedas bj ejBd ouBsaoau ojja jas jod 'opBAaja bui
jaAiu un Jaua} aqap SBtuapB jBna bj 'ajqeisaui y boiuojj
-aaja uopisodsip bj anb of^q sbui oo^a^jaua jdaiu un ap UBJas ^y A ly

-uiai8 uopisod B[ uozbj Bjsa ao^ •BpuBiJoduii Buins ap sa jBjqopsap b
odnaS p i ojuauijaj pp uopBfij ap ojund p axnia BpuBisip B^
•(BUi^ad) oat[9jjid o (Buipijsiq) oo^z^pirai oapnu p :-a -d 'Buap^a b[
ap uopBrajoj B^ ua 8opBzi[ijn ODoduiBj sooisBq eodnjS o 'jBjuauíBpunj

•osBd opunSae ja ea vA (¡{O ^ H sanoí 3P Z3A
bj^o) BjnDajoui bj b Bn^s ap uopBJodjODUi vj -sBAiiaadsaj seau^aaja
sb^jbo sns uoa jjq A jj ssuoi ap sauopBJiuaouoa sa^janj jod opBooAOjd

souoqjB3 sop ajjua BpuB^sip bj anb joXbui (ooiuaouaq oapnu un ap
OJjauíBip ^b xBnT) —HN—OD— odnjg ouiíxojd sbiu p A ajqi^ ouinre
odnjS p aaiua BpuBjsip b^ opuais 4(jjj Bpnuuoj) BupiiS-^pna^-iiozuaq
-omraB-d—\[ ^\ JBzi[OJipiq sbui opnd ou ojuauuaj p '^iozuaqouiuiB • d
o^saj xa odnj3 ^i^^ ua uoaafnpoj^uí (z) zsai^ g A uapjBqjapqy 3
opusna A '^pna^ o^saj pp ajqi^ outuib odnjS \v ojiauíijd BJBÍtj as
(II ^InraJ9}) upi^^pna^ b^ JBzx^ojpiq BJBd :-a "d Buisdaaa vj
•ojBJjsqns [ap fixoqjB^ o ouiuib
sodruS sol B ubSÍI 9S F110 Ia jod odnjS IB ojDadsaj uoo Bjp uppieod ua
naiquiB) soAi^OB sajB^od sodnjS uauai} sBSBp^dadoxa sb¡ anb 'uoisnp
-uoa B^ b jb¿9|i souiapod ojub^ o[ io¿ -eo^uauuaj sop^uopuaui so^ ap
Btnsiin BJn^anJ^sa B^ BJBd uaiquiB^ ajuauía^qBqojd A uopaB B^ BJBd
BAiiB^iJTráhs ^nra sa 'ub^ij as sBSBpudadoxa gB[ sa[Bna so[ b 'jixoqjBD A
ouiuiB sodnjS so^ b o^aadsaj uod —jj^[—QD— sodnjS so[ ap bjjb ua aad

�la disposición electrónica de los polipéptidos en cuestión, de ma
nera que en los casos de aceleración de la hidrólisis de ligazones
•—CO—NH— la disposición electrónica A con separación de cargas
y fisura electrónica prevalezca, la cual puede con más facilidad adi
cionar agua. Esta influencia de los restos introducidos sería debida
a sus fuerzas polares. Así, como Abderhalden y sus colaboradores lo
han observado, la introducción de restos acetil, benzoil, restos acil
en general en los grupos amino libres de polipéptidos acelera su
hidrólisis por medio de soda cáustica diluida y aun la acelera más
la introducción del grupo urea, formado p. e.: por reacción de un
polipéptido con fenil-isocianato.
Por otro lado la introducción de un resto sulfonil en el grupo
amino libre de un polipéptido retarda la hidrólisis. En este último
caso se forman grupos sulfamídicos. Estos, según nuestra opinión (4),
son capaces de formar puentes O—N y desprender electrones, los
cuales se fijarán a la fisura electrónica de los grupos —CO—NH—
(esquema IV). De esta manera los grupos sulfamídicos serán ligados
por fuerzas polares a los grupos —CO—NH— y dificultarán a los
iones oxhidrilos hacer valer sus propias fuerzas polares con respecto
a ellos. Este efecto del grupo sulfamida sobre el grupo —CO—NH—
tiene muchísima importancia en la quimio-terapia con sulfamidas,
en la cual observamos con frecuencia un antagonismo entre el grupo
sulfamida y diversos productos que contienen grupos —CO—NH—(5).

De la misma manera podemos explicar la inmunización de lana
contra diferentes colorantes al tratarla con diversas sulfamidas (6).
Las sulfamidas por sus electrones disponibles han formado, como
acabamos de explicarlo, un complejo con los grupos —CO—NH—
de la lana, impidiendo de esta manera a los colorantes el acceso a
estos grupos. Hay pues una competencia entre las sulfamidas por un
lado, y los fermentos y los colorantes por otro, con respecto a las
proteínas. Por lo tanto nos parece probable, que también fermentos
y colorantes compitan entre sí con respecto a las proteínas. Nos pro
ponemos pues investigar la acción de fermentos sobre proteínas trata
das con colorantes, para darnos cuenta si los colorantes impiden al
fermento el acceso a las proteínas y así su hidrólisis.
Recordamos también que las cadenas peptídicas de las proteínas,
debido a las cargas eléctricas de los grupos —CO—NH— son proba
blemente ligadas una a la otra. Además una cadena puede formar
pseudo-dicetopiperacinas (fórmula V.) al plegarse y acercarse un
grupo CO a un resto NH bastante distante en cadena recta (6 esla
bones) . También aquí intervienen los fermentos proteolíticos sepa
rando las cadenas peptídicas una de la otra -y hidrolizándolas luego,
lo que sucede también con los pseudo-dicetopiperacinas.

(V.)

CHR

NH —

(IV.)
Ar — SO2 — NH2

R_C0 —NHR

0

0—

/\
Ar—+í5 —NH,

0 .

0—

/\

Ar—+S —NH2

R — C — NHR

—0

0

Ar—+S —NH

C0-

OC

NH

r _ C — NHR

CHR

/\

HN

0—

H

R_C — NHR

—0

0

0—

/\

Ar—+S —NH
. 1+
—0

R —C —NHR

H
— 78 —

CO —

CHR

CO —

Basándonos sobre nuestra hipótesis de que la acción de los fer
mentos proteolíticos consistiría a provocar en grupos —CO—NH—
la transición de una disposición electrónica de menos energía a una
de mayor energía, apta para la adición de agua, opinamos que tam
bién radiaciones ultravioletas, las cuales son, como es sabido (8)
absorbidas por las carboxiamidas, provocarían una transición análoga
a un estado energético más alto. Pero no podemos decir, si estas irra
diaciones llevarán la disposición electrónica de la forma cetónica (Ai)
solamente hasta la forma (A2) "amonio" o hasta la forma A "carbonio". Pero en el último caso estas irradiaciones deberían provocar en
analogía con un fermento proteolítico, a un ph y una temperatura
optimal para reacciones fermentativas, también la hidrólisis de proteínes o polipéptidos. Esto se manifestaría en un aumento de grupos
amino libres, lo que nos proponemos estudiar según el método de
Van-Slike.
— 79 —

�— 6¿ —

IlSA

ap opojatn [3 ungas jBipnjsa somauodojd son anb o[ 'sajqij ouiuib
sodm^ ap ojuaiuni: un ua BjJBisajiuBín as ojs^ 'sopi^dadijod o sam^^
-oad ap sisijojpiq bj uaiquiBj 'SBAijBjnauuaj sauoiaaBaj Bjed jBuiijdo
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�BIBLIOGRAFÍA
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(1931).

EMILIO ORIBE

LA INTUICIÓN
ESTÉTICA DEL TIEMPO
"La poesía basca hacerse unidad con el movimiento del Tiempo in
mortal; el Tiempo a su vez se denuncia como el primer movimiento de
la trascendencia que realiza la inteligencia en su afán de desbordarse
de sí misma y determinarse hacia lo eterno de las cosas. Este movimiento
de la inteligencia en su afán de trascender, se torna oscuro e ilegible.
Por eso el alma pensante sabe muy poco del Tiempo, como el arco ignora
el movimiento y el destino de la flecha que impulsó..." — Emilio Oribe.
"Platino" • 1946.

La Estética seguirá siendo una rama de la Filosofía o no existirá
jamás. Su vecindad más próxima es la Ontología por la máscara en
que las cosas bellas existen confundiéndose con las del universo. Pero
también la Estética se halla muy próxima de la Etica y de la Religión.
No hay posibilidad de una ciencia de lo bello en el sentido riguroso
que los positivistas desde Comte a Goblot entienden por conocimiento
científico. Existirá la Estética como una investigación libre, de orden
metafísico, apoyándose en alguna intuición genial de la razón que se
revelará de siglo en siglo, ni más ni menos de como ocurrió con los
grandes sistemas conocidos. Todas las tentativas para constituir una
estética subjetiva o empírica, puramente descriptiva de fenómenos y
leyes, han fracasado en estos últimos cien años. Ello nos enseña que
hay que volver los ojos hacia las estéticas metafísicas para comprender
algo de la esencia de la Belleza, que hay que considerar a los artistas
como criaturas excepcionales o divinas que escapan a las leyes co
munes del existir y hay que aguardar a que el milagro del Tiempo
que esconde en su tiniebla la verdad de la Belleza, nos proporcione
nuevas aventuradas intuiciones que nos aproximen al misterio ontológico. ¿Qué otra actitud han adoptado los investigadores de los fe
nómenos religiosos? Retornar a la ontología de lo divino. Pues bien,
no hay más remedio que emprender el mismo vuelo en los dominios
de la belleza. Es indudable que el afán investigador de los fenómenos
artísticos y de la creación de lo bello, y las cuestiones de repercusión
social y moral de las artes, deben proseguirse. Pero todo ese universo
de hechos constatados y explorados, aunque valiosísimo, no pertenece
a la Estética, la cual tiene que ser autónoma, trascendente, puramente
teórica y metafísica. Así como en el pasado, en atmósfera de mito y

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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1948, Año II, Nº 3 : p. 75-80</text>
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