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                    <text>. UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
DEPARTAMENTO DE LINGÜISTICA

GUIDO ZANNIER

Evolución y estructura
de las lenguas indoeuropeas

EL ITALIANO
|1 450
r^¡ 'ta

ti •

*

MONTEV IDEO
197 1

�UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
Departamento de Lingüística

Evolución y

estructura de las lenguas

indoeuropeas

GUIDG7ZANNIER

FACULTAD CF

Y CiEfiCUS

UPTO. ^f

t 5 "I iC A

Entró el

.¿L

&lt; ?; jl c^ ^/

'La. o^

Montevideo, 1970

DT'-

�El pres^nte estudio es el
contenido de un cursillo deno
minado Origen y desarrollo del
romance italiano, dictado en
el año lectivo 1970.-

�I. rltTR0pucclo$
Con e1 t6r¡rino 1ingüfstico de italigno se entiende inrlicar un eonJunto Ffrublas, relatlvamente honogéneas r, de 1a península Itálica y de sus islas aclyacentes, en
1as gue se incluyen la J.engua literaria itaLiana y numerosas varied.ades dialectal.es.-

E1 itaLiano, Junto con eI lad.ino y
el sardo, integra eI grupo lingüístico deno
ninaiio ltalo-romance. -

El italiaoo, como es sabid.o, es un
idiona neolatino h-ablaclo por algo más de
clncuenta millones de personas que viven en
su mayorfa en 1a República ftaliana. Fuera
d.eI Estado ItaJ-iano esta lengua es hablad.a
en la Suiza ltal.iana (en eI óantón del Eecíno y en cuatro valles tiel Cant6n d.e 1os
Grisooes: Calanca, Mesacco, Bregaglia y
Poschiavo), en 1a dininuta nepúi:fiea aé San
Marino r €D C6reegá ( cloncIe, sin eabargo, 1a
lengua oficial es e1 franeés), en algunas
comarcas de Friuli y Venecj-a Julia separadas de lta1ia despu6s de Ia segunda guerra
mundial, en Ia ís1a de Malta y en algunas
eolectividad.es italianas que viven en 1as
ex-colonias de Afriea y en otras partes de1
munclo . : El itali€J1o, como acat¿u,os d.e afirmar es una lengua neolatína, es d.eeir que
pertenece a aquel grupo de idionas gue son
eI f¡uto de Ie, evolueidn y continuaci6n d.ei
latf n hablad.o o ttvulgartt. De entre las lenguas neolatinas el
itaLiano €s, Junto con e1 español, el id.io¡:a mod.erno que neJor ha congervaclo los rasgos fonétieos, morfológicos y Iéxicos del
1atín. -

�La latinidad del italiano jas -lóJbiyi.-a y .
salta a la vista aún de quien desconoce su
historia y no comulga, con la .ciencia lingüís^
t i c a'.•-!•:.."
";' "-

••::..••

.

• . v ."• ' .: .. -v^ .

Vieron -claramente^ esta verdad- l'in- J-

güística numerosos pensadores Varios siglos ; /
antes de que surgiera-,-1 por obra de Friedrich

Christian Diez, la lingüística romance como
ciencia.-

Ya Dante Alighieri , en el lejano-1300,
en su De vulgari eloquentia tuvo una—Vasion r

bastante clara de la latinidad del italiano
y de las demás lenguas1' romances.--"

-

Un siglo; más tarde también el gran ' • 'humanista Poggio Bracciolini reconoció cía- '

ramente que del latín hablado descendían el
italiano y las- demás lenguas neolatinas.Lo- mismo'- ocurre con el filólogo íta
lo-francés Gilíes ^énage -o Gildo Menagio -

quien en sus Origini della lingua italiana
de 1669 reconoce y estudia la evolución del
latín vulgar, hasta las formas italianas de
su época.-

-•••'

-

•

Entré los años I836 y 18^3 Diez p;u
blica en Bonn su'-Grammatik der rdmanischen
Spráchen. Con esta obra, en la que el autor^
aplica al estudio de las lenguas neolatinas

el método histérico-comparativo ya postula
do por Franz Bopp y:usado paralas lenguas

germánicas por Jacob Grimm, nacO la- lingüí^
tica neolatina^ que'1 ratificará coh; procedi

mientos científicos la latinidad del Italia
no y de las demás lenguas romances.^. En el prefacio de su Gramática rde- - • ;

�las lenguas romances Diez nos hace la si

guiente declaración programática:
"Seis lenguas romances llaman nues_

tra atención, ya sea por su originalidad
gramatical, ya sea^por su importancia li
teraria: dos al Este, el italiano y el
Jf¿?/d¿^ ^ ^os a^ Sur-Oeste, el español y el
portugués; dos al Nord-Este, el proveneal

y el francés; todas tienen en el latín su
primera y principal fuente; mas no es del
latín clásico, empleado por los autores,
que ellas han arrancado, sino, como a me

nudo y con buena razón se ha afirmado, de
la lengua popular de los romanos, que se

empleaba junto al latín clásico."

I-I. LA
Y

ITALIA PRERROMANA
EL

PROBLEMA DEL SUBSTRATO.-

Como se desprende de la declara
ción del fundador de la romanística, que
hemos citado más arriba, el italiano ahon
da sus raíces en el humus fértil del la
tín "vulgar" itálico.-^

Para estudiar el problema del ori
gen y desarrollo del romance italiano se
rá menester, pues, remontar a aquella fa^
se lingüística, esbozando sus caracteres^^
fundamentales.Nosotros estudiaremos de cerca un

poco más adelante la fisonomía de este
latín vulgar itálico.- ....

Dejaremos sentada ahora tan sólo
una característica de este latín vulgar
que será la base del.desarrollo del r©mance italiano.-

�Al
Si pudiéramos hacer un análisis sin
crónico- detallado del latín hablado en Italia
en el período del Bajo Imperio, veríamos que
es-té' idd-oma, bajo una aparente unidad-^y uniformidad fonética, morfológica y léxica, pre_
sentaría, dentro de su sistema, numerosas is
glosas menores, propias y particulares de al
gunas regiones. Individualizaríamos muy proii
to en él unas cuantas variedades regionales,
que podríamos llamar dialectales, que nunca
llegaron a apagarse frente al latín hablado
en Roma.Así, podríamos reconocer, por un lado,
el latín de Roma y de sus inmediatos alrededo^
res -el latín del La ti, un. Ye tus - y, por el otro, un latín hablado en las demás' regiones
de la Península.Reconoceríamos, luego, un latín itáli
co , hablado al sur de la línea La Spe-zia-Rímini, y un latín^galo-alpino,hablado al norte
de esta línea.-...
Y notaríamos, así mismo, en la región

véneta e istriana la presencia de un latín de
tipo i'líri&gt; y en Cerdefia y Córcega de otro
tipo de latín áe estructura arcaica y conser
vadora^Observaríamos, pues, que el latín vul.

gar de Italia, que obviamente habrá de ser
la base lingüística del romance italiano, aún
en los tiempos de mayor desarrolló de la len
gua y la cultura latina se presenta algo frac_
cionado y diversificado.Las razones de esta diversificación,,
lingüística residen esencialmente en aquel; .'.

conjunto de factores lingüístico-historicos

�que toman el nombre de substrato.
Como es sabido, se da el nombre
de "^substrato a la lengua que, a conse

cuencia de una invasión de cualquier tirpo, queda sumergida y sustituida por
otra.. La lengua invaxLLda ..desaparee^, pe
ro _deji a contaminada JraL_ lengua invasora

con paiabra^^ hábitos fonéticos y acci
dentes morfológicos o sintácticos_.que_
pasan de la primera a la segunda.-

El primero en señalar y estudiar
el influjo del substrato fue el*lingüis
ta italiano Graziadio Isaia Ascoli.Sabido es que e^LJlatín_se—super
puso a numerosas lenguas que se hablaron

en las distintas regiones romanizadas
(osco-umbro y etrusco en la Italia cen

tro-meridional, céltico, lígur^y
en Gttlia e Italia septentrional,
e ibérico en Hispania, trac i cu en
Tracia, mediterránea en parte de
Cerdeña y Córcega, etc.)

véneto
céltico
Dacia y
Sicilia1,

Los substratos de estas lenguas
han influido de cierta manera sobre el
latín importado y superpuesto, ya sea en
su fonética, ya sea en su léxico, ya sea,
en modo menor, sobre su morfología. De

aquí la necesidad de un estudio de las
lenguas de la Italia prerromana.
Presentaremos, pues, brevemente

ahora las gentes y lenguas de la Italia
antigua, señalando los caracteres lin

güísticos que de cada una de ellas han
pasado al latín y que muy a menudo sobr
viven hasta nuestros días en la lengua

�y los dialectos italianos.-

Antes de la conquista romana, Italia
era habitada por numerosas, poblaciones étni
ca y lingüísticamente muy distintas.-^
Procediendo del norte hacia el sur
encentramos los jjueblos que a continuación
detallamos.
I.LIGURES. En el noroeste de 1.a Península se habían establecido en tiempos pre_
históricos los ligures, quienes hasta el si

glo Vlj^jCj^^c^^pai^n^
sit^ado a caballo de los Alpes , jlesde.,el Ró
dano hasta el Arno, y que comprendía una pajr
te de Piamonte, de Provenza y,talvez, de Lom
tardía y Toscana, toda la Ac.t.ual_ Liguria y
laJLsla de Córcega..-•
•A consecuencia de la invasi^n de los
celtas desde el norte y la presión de los
et.ru.scos desde el sur su dominio se restrin
gió luego a la actual Liguria con "una profuri
didad un -poco mayor que alcanzaba el declive
de los Alpes .Su territorio fue conquistado por

los romanos entre los años 197 y 180 y un
siglo después su lengua desapareció, susti^
tuida por el latín.Poco o casi nada sabemos sobre el

origen de este pueblo que dejo discutibles
huellas hasta en tierra de ESpaña./t- Según algunos estudiosos, los iig.u^
res serían un elemento autóctono, pre-indo-&gt;
europeo, de Italia y, junto con otras pobla
ciones que vivían todavía en aquellos, tiem

�7
pos en"la parte centro-meridional de Cer-

deña, en Sicilia y Calabria, pertenecerían
a aquel grupo de pueblos pre-indoeuropeos
llamados mediterráneos.?) Según otros,, en cambio, los ligures serían los primeros indoeuropeos lle

gados a Italia y, lingüísticamente, reprel
sentarían el^ punto ...de. part.lda._de JLas^len- I

guas itálicas y ^célticas.-I
Por lo que se refiere a s

el material a nuestra disposición es muy
escaso y se limita tan sólo a cierto nú\ mero de topónimos','• a unes setenta breves

I inscripciones y a pocas palabras adoptaIdas pqr el latín (como lepus=, leporis y
\satelles ) . ' Del examen de estos escasos, mate
riales se. podrían entrever en el_JLigur

dos capas^ lingüísticas .fundaménteles: una
más antigua o "mediterránea" 9no indoeuro
pea, y otra más reciente indoeuropea.-

^ Rastros del substrato ligur apar^
cén aún en nuestros días en la toponomás
tica de Italia nofd-occidehtal,.como,por
ejemplo, el sufijo -asco, -asea de los
topónimos Bogliasco, Salasco, Cherasco, '

Giubiasco y en los adjetivos étnicos, co
mo bergamasco, comasco , etc-

Clemente Merlo (l) ve el rastro
más importante'del substrato ligur en la

(1) C, Merlo: Le popolazioni dell'Italia
antiaa ai tempi della conquista rom&amp;na. En "Antiquitas"^ I^ 1946^ pp.
5-10.

�8
t e n den c i a__f q n e^b^ic a _de 1^. di ale c t q,^l i gu r a c t uala ^d e b i 1 i ta.r^ ^^ a^^ ,.=x -^ ..i nt.e rvo c ál i c a ¡^ pr imari a o
secundaria de -JL^_que en algunos fcasos llega
hasta su completa desaparición, como es el.
caso del genovés
",

.

.- :

... aa &lt; al_á' . • ..

•-•.•••..
.
maiu c maritu

'.'

Concluyendo diremos, pues con M. Le-

jeune (2), que hasta ahora se ignora si los
ligures antiguamente hablaban una lengua in
doeuropea o si eran una población preindoeu-

ropea a la cual pueblos invasores (que debían
de pertenecer sin duda al grupo indoeuropeo

occidental) habían, impuesto su lengua én el
transcurso

del primer milenio a.C.

El análisis de algunos nombres que
se atribuyen al ligur indo^^ropeo ha hecho
pensar que este sea una lengua- pr-ó^ima al

itálico y al céltico, pero, a la vez, disti^
to de ambas.••

•^

II. CELTAS. Al norte, oriente y sur
del territorio ocupado por los ligures, en
contramos,, establecidos probablemente desde
el V siglo.a.C*, a los, celtas o galos o galatas, quienes, llegados a través de los Alpes
desde Galia, habían echado de la Llanura Padona a los ligures y etruscos y habían pene
trado en la actual Emilia, en las Marcas y en
Umbría, rechazando cada vez má-s hacia el
oriente a los vénetos y hacia el sur a, los^

(2) M. Lejeune: La posición, del latín en el
dominicr indoeutopeo* Trad. de C.A.
Ronohi Maroh. Buenos Aires^ 1949*
pp. 31,^

�-.' b i O !&gt;

etruscos y umbrcs.-

ff El -territorio por ellos ocupado
enínsula (que de ellos tumo el

de Galia Cisalpina) fue repartido
enure varias tribus c^lticas., de las cua
les las mayores fueron las de los ínsu^ ^)
tros alrededor de Milán, de los cenornanos
entre

los ríos Ada y Adigic, de

los bg)-

yos en Emilia,'de los senenes en las Mar
cas.-.:
^)
..
'
•

• .-• •

.

Los celtas son un pueblo de ori

gen y lengua indoeuropeos. Se ha discuti
do mucho acerca de su raza y sobre la
.identificación de una "raza céltica" con
una "raza alpina". Hoy día, a la luz de
.nueves descubrimientos antropológicos se

pr^fiere dejar de lado la idea de una
"raza céltica" y los celtas, como los de
más grupos indoeuropeos primitivos, son
considerados- como una familia lingüísti
ca, más que como una entidad racial uni
taria. Su lengua tiene caracteres típi
camente indoeuropeos . De la antigua len
gua hablada por los celtas descienden nu
merosas variedades que se hablan aún en
nuestros días en varias regiones de la
Europa nord-occidental. Recordemos tan
solo el irlandés, el escocés,
el gales
y;el cprnovalés entre las hablas insula-

res británcias, el dialecto de la Isla
de Man, y el bretón hablado en el Con
tinente .-

Del antiguo céltico de los galos
^ nos quedan cierto número de inscripcio; nes , ;algunas glosas y muchos nombres pro
pios 3 amén de una serie bastante numero1 sa ¿^ .nombres comunes que han pasado al

�.

..

io

latín, como: alauda (alondra), betulla (abedul),
braccae (pantalón) , basiare (besar),, beccus

(cabrón), camisia( camisa)s cervisiá" (cerveza),
carrus (carro), cucullus (capucho), carpentum
(carro de dos ruedas) , etc .-

' La^ huella más importante del subst^a
to céltico en el latín vulgar está representa
da por tres importantes alteraciones fonétic^s^
en esta última lengua que han llegado hasta
nuestros días y que distinguen y caracterizan
las lenguas neolatinas que han surgido en la
Romania de substrato céltico.1.)

La primera de estas alteraciones es la

llamada sonorización pirineo-alpina, por la
cual las ^sordas interspn.ic.as latinas pasan a

sonoras ( ^ &amp;/;

&gt; tf^;

&gt;ü )•

Este fenómeno abarca toda la Romania

donde antes hubo dominación céltica (portu
gués, español, catalán, francés, provenzal y

dialectos de Italia Septentrional):
lat.

amata •^ port.- amada
esp. amad.a
cat. amada
fr. ant. aimade

fr.mod.

•^/ a i mee
it.. sept. amada
• lat. -amic_a ^

port.

esp.
--:cat.' amij^a
fr. ant. ami^e

fr. mod

/ amie
it. sept. ami^a.
/^•..

••

•

'

•

^. La segunda alteración de origen célti

co que abarca también a todo el territorio de
_la Romania donde hubo dominación céltica está

�1
representa^a por .el. pasaje del grupo

• ••••'• Esta^última... forma explica-, en- efecto,
cono necesaria fase .-intermedia, las -. .sucesivas
formas románicas:
lat.

nocte ^ noXte.^ port. ncite
•••.'.- .r
-

esp. noche
. cat. nit.

&gt;
. &gt;-.

.

. f r . nuit ••'"'.
.
. .

. .
'

..

...•;. .

prov

'

nuech

- it. sept.. note..-

La te-rcera^alteracipj^. ^o; es general
en todas las lenguas neolatinas de substrato

céltic^, sino en una zona más limitada: la
desubstrat.o^^propiamente. .galleo : Francia e
Italia nordroccidental.-

'

--.

•

v ..

Se trata del pasaje, de la- u^
a ^ ür¡-.
^'•;:;• .v^-^ .

lat.

luna ^ fr. lune..
piam. luna .
lomo, luna, etc.-

. III. VÉNETOS.Procediendo hacia orien
te, en las actuales., regiones .de- Véneto, Vene.-,
cia Julia elstria, se encontraban, estable
cidos desde muchos siglos atrás, los vénetos

(o paleovenetos), poblaciones indoeuropeas
que Herodoto consideraba de origen ilírico y
Livio creía descendientes del troyano Antenor
y que la mayoría de los estudiosos modernos
considexan.^emPar^i:ii|:&gt;a&lt;^os co^-l^-.s. vecinos ilirios de

la Península .Balcánica.La lengua hablada per los vénetos,

�atestiguada por una serie de inscripciones per
fectamente descifradas, es de tipo claramente
¿ indoeuropeo, en tanto que, según algunos e^tu
diosos, quedaría sumamente dudosa y discutible
una muy estrecha afinidad con el ilírico.&lt;

Parecen remontar al antiguo véneto una

•serie de topónimos esdrújulos que se encuentran
¡frecuentemente en tierra véneta: Pádova, Abano,
i Agordo, Asolo.
Otro influjo del substrato véneto pare
ce radicar en la mayor conservación del vocalij^
mo átono latino del actual véneto en comparación
con

los

demás dialectos septentrionales que

se hablan fuera de. la región véneta.IV* RECIOS-"., En el Tirol austríaco, en

la Baviera oriental y en parte del Alto Adigio
italiano^vivía, desde tiempos prehistóricos, el
pueblo de los

.eÍ_^L.3_ que Tito

ba de origen y

Livio considera

lengua etruscos por tratarse,

según él, de gentes que
se separaron del grue
so de
la invasión etrusca que procedía del
norte y

que se quedaron en el cami.no.Su lengua, muy mal conocida, r.

ser no aria y bastante afín a

las lenguas pre-

indoeuropeas mediterráneas y, de todas maneras,
estrechamente vinculada con el ^^^-^o-

del que

vamos a ocuparnos en seguida.v* ETRUSCOS. En la actual Toscana tuvo
su principal sedr la antigua población de los
etruscos, que ocuparon Roma antes de la expan
sión de

los

latinos, con

durante siglos

los cuales vivieren

en íntimo contacto.-

Fueron estos un

pueblo realmente miste_

rioso. Llamados por los antiguos con

los dis

tintos nombres de etruscos , túseos, tirrenos ,

�13
tirsenos, rasena, tienen .orígenes casi se--guramente no indoeuropeos.-...-...•.
Acerca del problema del origen y

'

posición étnica del pueblo etrusco tenemos
dos teorías contrastantes: la

primera es

la que se basa sobre lo afirmado por He'rodoto, es decir que. los etruscos emigraron
por mar de Lidie', o', por lo menos, de ^
Oriente ,• estableciéndose en la Italia cen
tral, que antes se hallaba bajo la domina.cion de los umbros.' la segunda, que se
apoya en Dionisio de Halicarnaso, conside
ra a

los etruscos o bien autóctonos de

Italia p bien llegados a la Península por
vía terrestre desde- el norte, como los
itálicos indoeuropeos^- (de acuerdo con la
ya señalada hipótesis' de ' Livio).- •
Con el problema del origen^de

los

etruscos está estrechamente relacionado el
de su lengua, atestiguada por

numerosas,

inscripciones (algunos millares) aún no
bien descifradas.-

Se ha discutido mucho si el etrus
co es o no una lengua indoeuropea.Algunos lingüistas como Corssen,
Goldmann, Deecke y Vetter lo han considera
do como lengua indoeuropea.Sin embargo, a muchos puntos de •
contacto del etrusco con el indoeuropeo se
^oponen tantas y tan grandes divergencias
que no.ÚJDé..^érmiii[é^^:';h^y día, ubicar de ma
nera segura el .etrusco en

el grupo de las

lenguas indoeuropeas.•

• líos parece.-q.üe está en lo cierto

Kretschmer cuando, .afirma que "el etrusco,

�i14
relacionado con

el"^ .grupo de

lenguas retotir-

sénicas , no parece ser... indoeuropeo, sin anbargo se

presenta emparentado -ccín esta fami

lia lingüística y debe ser considerado come
procedente de aquella misma lengua primitiva^
que proponemos qu^ se llame proto-indoeuropea"(3) ^^;.. // ^'^ó1/ \ Tv
••^.-•—.

El etruscü ejerció sobre el latín
una gran influenciar; pasaron del primero al
segundo decenas y

decenas de palabras rela

tivas a la organización del estado, el tea
tro^, el

comercio y las

riores • •-" '

-.i

'••••' ^ • ' .-

profesiones infe
'.

Von Wartburg atribuye al

substrato

etruscc la aspiración y fricación de las mo

mentáneas sordas intervocálicas del latín en
el actual toscano:

' .

k , . t, p
la easa
inica.; .. ^.

1 a h^a s a
mih^a
rifa.-

Según el, este fenómeno, que se encueri
tra en casi toda Toscana, es decir en el que
fue territorio de

los etruscos, es debido al

modo como I03 etruscos pronunciaban tales so^
nidos del latín, y se ha continuado hasta nues_
"tros días.

(3) P. Kretscñmer. Introducción a la
•tica griega y latina.''" Trací. esp.. de
5. Fernández Ramirez y IL ..Fernández-

Galiana.^ Madrid^ 1946^ pp. 223.(4) W. von Wartburg. La fragmentación lingüis
tica de la Romanía.~ Gredos^ Madrid^
1952. pp. 18.-

.

�oVI.

ITÁLICOS.

En la parte central y

meridional de Italia encontramos, lue^o, un

grupo de pueblos llamados globalmente itálieos , todos de estirpe -Indoeuropea y estrechau^a ^ ^^^^o u. ^. ^o^j.j.j^'^ a.i^^.^^^w4.
mente emparentados entre ell ^ Uk
De estos pueblos hablaremos extensa
mente más adelante.-.

VII. IÁPIGIOS y MESAPIOS. Al sur-este
de los pueblos que hemos llamado "itálicos",
0sea en la actual Pulla, encontramos a los
1apigios y mes apios, poblaciones de origen
ilírico o, según otros estudiosos., véneto,

tranplantados a Italia a principios del pri
mer milenio a.C....

Sus dialectos, atestiguados por cier

to número de

inscripciones y.glosas, recopi

ladas y estudiadas por Francesco Ribezzo en
su Corpus inscripticnum Messapicaruu,(5) son
de tipo claramente indoeuropeo y muy afines
al ilírico y al véneto.Rastros de

estos dialectos hay que

buscarlos (análogamente á lo visto a prop6-

sito del véneto) en los topónimos esdrújulos
pulieses: Bríndisi, Taranto, etc.-

VIII.

MEDITERRÁNEOS. "La actual Cala

bria, Sicilia y Cerdeña, anteriormente a la
colonización griega y

fenicia, eran habita-,

das por poblaciones pre-indeeuropeas casi des^
'conocidas que se suelen in^ividualizar con el
nombre colectivo de pueblos mediterráneos.-

(5). En: "Rivista- Indo-greoo-italiaa".

�26
^s esta una definici^n negativa con
la que se indican pueblos y lenguas no semíti
cas, no camiticas y no indoeuropeas de la cuen^
ca del Mediterráneo.--.
.. •

,

Entre estos pueblos desconocidos seña

laremos tan sólo unos nombres que flotan en la
penumbra de la prehistoria:^ Sicanos, Sardanos ,
Corsos.-

Von Wártbürg (6) atribuye al substra
to mediterráneo el pasaje de la lateral refor
zada -1- intersónica a la prepalatal cacuminal
reforzada d
*

.. 11 y dd-

..'.'-..'.

que encontramos en Italia meridional, Sicilia,
Cerdeña y Córcega meridional:
lat. collu &gt; koddu

(cuello)'

iat. pelle ^ peddi

(piel) /

lat. stella ^ stedda

o

stidda (estre-

/lia).

IX. GRIEGOS. ' Ha,ciqu principios del si-_

glo VIIJ. a.C. y quizás aún antes (Cuma habría
sido fundada en .el año 1001 s a. C. ) empezó j^ri

la Italia ..meridional y en Sicilia la coloniza
ción griega con importantes trasplantes, de
griegos de estirpe dórica.-

•

'

.

.

A lo largo de un siglo, en Campan^a,

(&amp;•). ^. von Wartburg. 0p. cit.a pp, 17-18.-

�1
Lucania, ^Calabria y. Sicilia .-surgier^n nu'
serosas y florecientes colonias griegas

que se señalaron por su civilización y ri
queza. "Sntre. las principales recordemos a .,
Cuma (considerada la. raás antigua ^colonia

griega en Italia), Ñapóles, Poseidonia,
Elea, Reggio, Lócri, Crotona, Turi, Sífeari, Tarento y, en Sicilia, Naxos, Siracusa,
Megara, Ibl^a, Catan i a.,. Gela, Selinunte,
Agrigento, Segesta e Imera.. . En el período de su mayor auge,
las colonias griegas formaban una vasta
zona.enteramente controlada por los grie
gos , desde Ñapóles hasta .Tarento y.Reggio,

con casi toda Sicilia, que fue llamada
Magna Graecia -- "la Gran
Grecia", como si fuera una nueva y más
grande Grecia.-

. : .

•

.

Sabido es que los romanos trabaron
;sus primeros contactos con los griegos y
su lengua en. Italia meridional y, por lo. ,
tanto, la^Magna Grecia.se transformó ense

guida en el primer y principal canal para
la transmisión del elemento griego al la
tín.-

Hoy día nos resulta harto difícil
distinguir los elementos griegos que han
pasado al latín en tierra itálica de los
que han procedido directamente de Grecia.-

El problema del griego de la Mag
na Grecia se relaciona directamente con el

de la actual presencia en Iíalia meridional
de un conjunto de pequeñas islas lingüísti
cas griegas (Calimera, Castrigliano de1
Greci, Corigliano d'Otranto, Soleto, Sternatia, Zollino, Palizzi, Rcccaforte del
Greco, etc.), que ha creado una interesan
te discusión y polémica de

gran importan-

�cia para la ronanística.-

18

. Algunos estudiosos como Gerhard Rohlf,
Meyer Lübke, Max Leopoldo Wagner, W. von Wart-

burg, Fr. Ribezzo y Bruno Migliorini, han afir
mado que las actuales hablas griegas de- Italia

meridional son la continuación del griego ha
blado allí en época.prerromana, donde, pues,

el habla hel^nica nunca se habría apagado.Otros lingüistas, en cambio, como

Giuseppe Morosi y Cario Battisti sostienen
que el grecismo de las islas.J.ingüísticas.__de
Italia meridional remonta a la dominación bi
zantina en aquellas regiones, la que tuvo lu
gar entre los siglos VI y XI de nuestra era.-

Q

.
de

X. FENICIOS;.

Cabe hablar por ultimo

los fenicios. Casi contemporáneamente á

la colonización griega en Sicilia e Italia
meridional tenemos la púnica de los cartagine^
ses en Sicilia, donde éstos fundaron las col

nias de Erice, Palermo, Trápani, Lilibeo y en
Cerdeña, donde surgió Cáller.Los colonos cartagineses hablaban el
fenicio, lengua del grupo semítico.-

�20
III. LA ITALIA PROTOLATINA

/•

;

" '

'

Y LAS LENGUAS PALEOITALICAS.-

En el capítulo anterior hemos he
cho una somera referencia a un conjunto de

pueblos que vivían en la parte central y
meridional de Italia, que hemos llamado
globalmente itálicos . tAhora nos ocuparemos más detalla
damente de ellos y plantearemos brevemente
la "vexata quaestio" de las lenguas paleoítalicas.-•
La prehistoria nos habla de.,juna
larga serie de migraciones indoeuropea^
que~,partiendo de sus desconocidas sedes

primitivas situadas en el nortede^ Europa,
llegaron a Italia, a fines del.2^ milenio
a7"C7~,~*por los desfiladeros de los Alpes, a

lo largo de la costa véneta y también atra
vesando el ma: Adriático, y se establecie
ron en la Península desde Umbría hasta Si
cilia. Se trata de un conjuntQu-de_^pueblosétnica y culturalmente aflne-S-, cuyos idipj^
mas se diferencian por una mayor o menor
contaminación con las^lenguas_.jnedi.t.erráiie^&gt;
as_ p^re.existentes-^—
En^esta

agrupación _^thica se pue

den entrever bastante claramente dos tron

cos fundamentales^ el de los protolatinos
y e 1~ de~To s í t al i eos.-

~

""'

;

Parecería que los primeros hayan

tenido una fuerte cohesión cultural y
tica hasta su llegada a la Península.-

�Al llegar a Italia centro-meridional
los protolatinos se subdividieron en varios
grupos , separados territorialmente los unos
de los otross aceptando y asimilando de dis
tinta manera muchos elementos de la civili
zación y la lengua mediterránea preexistente.Se puede

reconocer como pertenecien

tes a esta agrupación a los Sículos de Sici
lia oriental, a los Opicos ^ Ausonios y Eno-

trios de Calabria y Campania y a los Latinos
y Faliscos establecidos en el Latium Vetus.En esta edad

aún prehistórica, sus

hablas debían ya presentar un carácter com
puesto con una convivencia de elementos indo
europeos hereditarios, más o menos conserva
dos o transformados, y de elementos medite
rráneos adquiridos, más o menos asimilados.Este carácter compuesto se acentúa
aún más entre el 1000 y el 500 a.C. a causa
de otros contactos político-económicos y cul
turales que los protolatinos tuvieron con pue
blos preindoeuropeos e indoeuropeos de la Itei
lia antigua: los etruscos entre los primeros
y los griegos ,y los osco-umbros entre los se
gundos .El otro tronco es el de los itálicos.
Se trata aquí también de un conjunto de pue
blos, todos de estirpe indoeuropea, estrecha
mente emparentados entre sí y relacionados
con los protolatinos.Todos estos pueblos llevan nombres
históricos.. Procediendo del norte hacia el
sur encontramos: a los umbros, picenios, sa
binos , vestinios, mars ios , ecuos , pelignios,
hernicio^, marrucinios, volscos, frentanios,

�21
samnitas, auruncios, campanios, óseos, brucios, lucanos.-

Todos ellos hablaban idiomas bastar^
te parecidos que integran la familia denorni^
nada osco-umbra.^
Plantearemos ahora brevemente el pro^
blema de las lenguas de todos estos pueblos.-

Muchos lingüistas, habiendo hallado
estrechas analogías léxicas y morfológicas
entre el oseo y el umbro por un lado y el
latín por el otro (es decir entre las lenguas
documentadas o parcialmente documentadas de
estos antiguos pueblos), trataron de recons
truir una lengua unitaria primitiva.V

En efecto, por lo que atañe a las

relaciones de parentesco entre estas tres
lenguas, desde que se constituyó, hace algo
más de cien años, la gramática comparada de
las lenguas antiguas de la Italia peninsular,
se admite por parte de muchos comparatistas

la existencia prehistórica de una lengua itá
lica común, que sería la base más antigua

y

unitaria del latín, falisco, sículo, oseo,y
umbro, de la cual dichas lenguas procederían,

cualquiera haya sido el lugar de Europa en
el cual tengamos- que ubicar este período de

comunidad, anterior a la separación y diver
sificación de estas hablas.-

Contra esta concepción tradicional
se opuso primero Walde, afirmando que so tra,

ta de lenguas originariamente distintas y
atribuyendo los rasgos comunes del latín y
del osco-umbro a contactos tardíos, ocurri
dos en el suelo mismo de

Italia.-

•^^

Esta teoría fue aceptada por lingüis-

�tas de gran valor como Krets.chmer, Müller y
Devoto.Este último, que sigue siendo el me
jor estudioso de las lenguas paleoitálicas,
en su memoria "Italogreco e ítaloceltico" de

1923 y sobre todo en su libro "Gli antichi
italici" de 19^^9 5 reserva el nombre de "itá
licos "a los óseos, umbros y sabelios, exclu
yendo a los latinos, sículos y falíseos.
Devoto compara el latín y el osco-umbro como

si fueran dos lenguas completamen

te independientes

fue

entre ellas.-

Esta posición tan radical de Devoto
aceptada por dos lingüistas italianos

de gran valor: Pisani y Bonfante, pero

fue

rechazada por Ribezzo, por A. Meillet y por
Leumann.Todo esto abrió una larga polémica
entre los lingüistas que se ocuparon del
asunto . - ...
La posición actual sobre el argumen
to es la siguiente: los franceses, encabeza
dos por Meillet, admiten la unidad, los ale

manes dos lenguas distintas y los italianos
se dividen, apoyando algunos la primera te
sis y otros la segunda.La resolución segura de este pro
blema del parentesco más o menos estrecho

entre los idiomas itálicos se hace difícil
también por la escasez de monumentos lin
güísticos.. En efecto, mientras que del latín
tenemos abundantes testimonios ya desde el
período arcaico, por lo que atañe a las
otras lenguas no tenemos más que unas pocas
e insuficientes inscripciones.-

�83
Casi todo lo que sabemos del umbro nos, viene de las Tabulae Iguvinae:
siete tablas "de bronce, en las cuales es
contenido el ritual de un colegio de da-

cerdotes de Gubbio: los "fratres At i e s i i".
Estas tablas, descubiertas en. ikkk en la
pequeña ciudad de Gubbio, parecen remon
tar al siglo II a,C•-

El oseo nos es atestiguado por

una serie de inscripciones, entre las cua
les las mas largas y completas son:

• 1. El cipo -de Abella (qué contiene
un tratado entre las ciudades de Abella y
Ñola) ;'[. - :

2. La tabla de Bantia (que contie
ne una ley municipal),
,30 Una cierta cantidad de inscrip
ciones halladas en Pompeya y CapuaTodas estas inscripciones, sin em
bargo, nos dan un léxico escaso y que se
reduce prácticamente a solo nombres; el
verbo es casi desconocido.Teniendo en cuenta las conclusio

nes a las que han llegado los lingüistas
y sin pronunciarnos,?por ahora, sobre la
mayor o menor afinidad entre las lenguas

paleoitálicas, presentaremos la siguiente
clasificación de las mismas.

�/i. oseo

(Samnio y
Campania) .

/

¡a) Sub-grupo
osco-umbro

(o Itálico)..

SABELICO

J

(casi descono
cido; una varie

dad es el sabino)

S. UMBRO

(hablado en
Umbría)

GRUPO
ITÁLICO

I. Latín

1.

LATÍN
2 Varieda
des ausónvcas

(falisco)

b) Sub-grupo
\

Latino-sicu-

To
2. SICULO

V

�25
Todas estas lenguas fueron paula

tinamente desapareciendo frente á la ex
pansión del latín^ después de un período
más o menos largo de bilingüismo..
Recordemos que Enio, el gran clá
sico latino del siglo III, se jactaba de
tener un corazón oseo y.otro latino, pero

recordemos también que la mayoría de las
inscripciones sobre las paredes de Pompeya (destruida, como sabemos, en el año 79
d.C.) eran latinas y muy pocas las oseas:
señal evidente que el oseo estaba por ••
aquel, entonces en vías de desaparecer.Los oscot-umb^os dejaron pues de./

usar sus idiomas para aceptar el latín
que, al usarlo, fueron tiñendo con hábiv
tos fonéticos, morfológicos y léxicos.de .
sus^lenguas--primitivas .-" ,
:

Nació, así, en la Italia central ^ .-

un tipo de latín vulgar que los lingüís- . '/.

tas llaman Justamente ^itálico'^donde el
substrato osco-umbro .se nota en seguida y
se asoma a veces aún en nuestros días en

los dialectos centro-meridionales de I^lia que han surgido por aquellas comarcas,.-

Veamos tan sólo un par de ejemplos
de este substrato osco-umbro.
'Se trata, en primer término, de

las siguientes alteraciones de nexos con
sonanticos latinos:
i mb

y. mm••-- .

j nd

^

nn

i mp

^

mb.

nt

^

nd

nc

y

ng:

�26
latíndial, it. centr. mer.

plumbu&gt;kjummo
muudu^mormo
campu^camb^o :•

veEÍLu

^

flanuu &gt;

vendo,:
fian^o -.-•••

;

Este fenómeno ocupa: hoy día toda la
Italia centro-meridional y se extiende jus
tamente sobre las tierras que. fueron pobladas
antaño por los osco-umbros.,--'^''.

. ;

Es interesante: 'notar como este fené-

s meno de alteración fonética del latín vulgar
/ itálico de origen osco-umbro es exportado a
España por los colonos itálicos que siguie
ron a"Sartorio y qué colonizaron buena parte
de la Hispania Tarraconensis y fundaron las
ciudades de Osea e Ilerda.- - .
•r

En

efecto la alteración de los pri

meros dos grupos consonanticos es corriente

aún en nuestros días en ciertas hablas hispano-romances.-

Notamos el pasaje sistemático de
mb

m

tanto en el catalán como en el castellano:
lat. plumbu

esp.plomo
cat.plom

lumb^u

esp.lomo
cat.llom

�27
) lat. palumba &gt;

esp. paloma

(icat. paloma

En cambio el segundo pasaje
^ nd

n

,•

'.' ;

/
. .. • • • •.•••• - •
lo. encontramos tan solo en las hablas hispano-romances orientales: catalán y arago
nés :

...

..-..•

_;

^lat. demandare &gt;

.

•••'•. ..'-.-

cat. gasc, y arag
demariar .

, w

mundu

^ • cat. moii.-

' \. '.

^^ Remonta, luego,al substrato oscoumbro el reforzamiento de la r^- inicial

latina que es pronunciada en los dialectos
meridionales italianos rr- ( r ):; ' ^
Roma ^

Rroma.-

.

Este mismo fenómeno lo encontramos

en España (catalán, español, aragonés y
portugués) donde habría sido llevado po'r
colonos latino-itálicos.-

�IV. LA ITALIA LATINA

'•

•

28

Y EL LATÍN HABLADO EN LA
PENÍNSULA Y EN LAS ISLAS.-

De entre las lenguas palebitálicas la
que descuella y tiene un glorioso y largo po;r
venir es sin duda el latín.Haremos, pues, ahora, algunas consi
deraciones acerca de esta lengua que es, como
se ha dicho, la base del romance italiano.-

El latín era originariamente tan solo
la lengua de Roma y de sus inmediatas cerca
nías : era, en otras:palabras, el idioma habljEi

do por las tribus, latinas establecidas a fi
nes del 2 milenio a.C. en un territorio muy
limitado -denominado Latium Vetus - compren

dido entre la ribera izquierda del Tiber ha
cia el norte y nordeste, el bajo curso del
Aniene y los montes de Sabina hacia oriente,
los montes de los Volscos hacia el sur y el
mar Tirreno hacia el occidente.-

La prehistoria nos dice que, con an
terioridad a la fundación y afirmación polí
tico-militar de Roma, el pueblo de los lati
nos estaba dividido en varias tribus (los
"triginta populi latini" de los antiguos his_
toriadores) reunidos en una no bien determi
nada confederación de carácter político-re
ligioso, cuya cabeza ^ra Alba Longa.-

Fuera de esta especie de rectángulo
del Latium Vetus se habían establecido, desde
tiempos muy antiguos, dos colonias latinas:
una aL norte, en pleno territorio etrusco,

�a9
constituida por la antigua ciudad de Falerii (hoy Civita Castellana) donde se hahla^
ba una variedad dialectal del latín, deno
minada falis co, en algo diferenciada del

latín propiamente c^icho y perteneciente
probablemente a las postuladas variedades
dialectales latino-ausónicas, ya señaladas
anteriormente, y la otra en tierra de los
volscos a unos cuarenta quilómetros al sur

de Roma, en Prenesta (hoy Palestrina) don
de se hablaba otra variedad dialectal la
tina, mucho más parecida, sin embargo, al
latín que la anterior.-

La lengua hablada por estas anti
guas tribus del Latium Vetus, que no eran

ni las más fuertes ni las más civilizadas
y adelantadas de la Italia antigua, fue
destinada., casi por un capricho de la suejr
te, a expandirse y a imponerse sobre todo
el mundo civilizado y a arrasar en su ca
mino a otras lenguas mucho más desarrolla
das culturalmente, como el etrusco, el umbro, el oseo y el céltico, en un primer
tiempo, y el púnico y el griego, luego.-

Los primeros testimonios escritos
del latín nos' vienen de algunas inscripcio^
nes, de las cuales las más antiguas son:
1.la inscripción del vaso llama
do "de "Dueños" (de la primera palabra de

la inscripción misma) que remonta con toda
probabilidad al siglo VI a.C2.la Fíbula Praenestina, hallada
en la ciudad de Prenesta y que remonta tam

bien al VI siglo a.C, cuyo texto es
"Manios med fhefhaked Numosioi"
(Manió me hizo para Numerio);

�...20
3. la Estela d-el Foro Romano, inscrip.ción mutila y casi ináescifraile,., que remonta
al siglo VI o V a.C .-

Del valle del Tíber el latín se difun
dió antes por el Lacio y luego por Italia si
guiendo las fases de la conquista romana.Roma sometía y ataba a su destino a
los pueblos vencidos, imponiendo en primer lu
gar su lengua.Los idiomas que el latín encontró en
su progresiva expansión por Italia fueron mu
chos y de distinta naturaleza.Algunos de ellos estaban, como acaba
mos de ver, estrechamente vinculados con el
latín, como es el caso del falisco, del preñes^
tino y del sículo hablado en la parte oriental
de Sicilia. Otros tenían con él una notable
afinidad, hasta formar, según la opinión de la
mayoría de los lingüistas, un grupo único, el
grupo it^lico, como es el caso del oseo y umbro
que se extendían sobre

la mayor parte de Ita

lia central y meridional y llegaban hasta las
puertas mismas de Roma con las hablas sabinas.Otros idiomas pertenecían a otros
grupos de la familia indo^europea, como el me-

sápico

iapigio en Apulia y el paleovéneto

en la región véneta: dos ramas, tal vez,, del
mismo grupo ilírico.-

Agréguese las hablas célticas de los
galos de la región llamada justamente Galia
Cisalpina,

comprendida entre los Alpes, el

Apanino y el río Adigio.
Y agregúese, también, por último, el
griego de las numerosas colonias de Italia me-

�31
ridional y Sicilia qué formaban la llama- ;
da "Magna Grecia".Otros idiomas, por fin, eran ajé-

nos a la familia lingüística indoeuropea,
como es el caso del étrusco, hablado en ..'. /

Toscana^ el ligur de Liguria y parte de :
Piamonte, el púnico de las colonias feni
cias , amén de las prácticamente desconoci
das hablas mediterráneas-de los sicanoe,
sardanos y corsos.-•

La conquista lingüística de Ita
lia por parte de los romanos no siguió
siempre a igual distancia a la conquista
político-militar. La ob-^d de. latinización
.se extendió^a lo largo de varios siglos.

Distinta fue, en efecto, la actitud que
"tomaron frente a Roma los pueblos conquis
tados , ora de sumisión más o menos obse
quiosa, ora de resistencia más o menos-

abierta y tenaz. Y distinta también fue
la actitud de Roma frente a ios vencidos.•

•

• Sólo a fines de la segunda guerra

púnica (202 a.C.) Roma pudo echar de Ita
lia a todo competidor extranjero y orga
nizar eficazmente su conquista*-

Sólo al finalizar la guerra social
(88 a.C.) se disolvió toda oposición inte
rior a la dominación romano, y/Roma pudo o.r.
ganizar su Estado unitario, con fisonomía,

itálica, otorgando la ciudadanía romana a
todos los hombres libres de la Península..Sólo con la plena conciencia de '

la común ciudadanía romana Los habitantes •
de Italia abandonaron definitivamente sus
hablas antiguas, que ya se habían vuelto i: r

municipales, y adoptaron la lengua oficial

�del Estado que ellos integraban. -

,""

Ya antes de la guerra social se habían
apagado, en las regiones más cercanas de Roma
el falisco y las variedades del sabino, ecuo y
volso (aquel volsco, que, según un verso de

Titinio registrado por Festo, aún vivía en el
siglo II 8.C.).-.
•' • •

.•

:.;•---• •••;• •'.

•

•. • •

•••

Poco después debió apagarse el umbro,

del cual tenemos los últimos vestigios en las
Tabulae Igubinae, algunas de las cuales podrí^
an haber sido compuestas en los primeros años
del siglo I a.C-

'

:

El oseo sobrevivió por más largo tiem
po: era ésta la lengua de los samnita.s, vale
rosos adversarios de Roma, que organizaron du
rantemuchos años la resistencia político-mi
litar a la penetración romana en el sur de
Italia.--.. V.
• •'.' El oseo se siguió hablando aún después
de^ la destrucción del poderío samnita. El poe
ta Enio, máximo representante de la poesía épi_

ca arcaica de la literatura latina, nacido en
Rudiae, tierra mesapica, en el año 239 a.C^,
se jactaba, como dijimos, de poseer tres co
razones: uno griego, otro oseo y otro latino,
por el hecho de dominar, estos tres idiomas;
WQ. Ennius tria corda habere sese dicebat quod
loqui graece et osee et latine sciret.", .
nos afirma Gelio.-

Parecería que el uso del oseo se haya
extendido precariamente hasta el primer siglo
d.C.

En Pompeyá. aparecen, ^n efecto., algunas

pocas inscripciones en lengua osea que se con
sideran poco anteriores á la destrucciori de
la ciudad.--.

�33
También el.-mea.apio y el iapigio de-

saparecieron en los primeros tiempos del Im
pe rio.-

-.;• : , . . - ',•-•. . '." '•
Resistió, en cambio, el griego en /

las colonias de Magna Grecia y Sicilia, co
mo instrumento de una cultura más refinada
que la romana, donde, por otro lado, siguie_

ron florecientes por largo tiempo, aún bajo
la dominación romana, las relaciones comer
ciales entre las ex-colonias y la madre pa
tria griega. Cabe recordar, además, que el

griego siguió siendo, por largos años más,
la lengua de uso internacional en los puer

tos de Italia meridional qué comerciaban
con el Cercano Oriente Helenístico.Es opinión de muchos que a 1-a pos
tre el latín se impuso sobre el grieg-p. én
todas estas regiones.-

.

-,

-• * : ;

Otros estudiosos en cambio, como ya
hemos señalado, creen que en algunas comar

cas de Italia meridional y Sicilia el grie
go haya sobrevivido a la caída del Imperio
de Occidente y, luego, favorecido por la

posterior dominación bizantina, se haya pe .
petuado hasta nuestros días en las hablas.

de las islas lingüísticas griegas que seña
lamos . -

Destruido el poderío político-mili
tar de Cartago, se apagó muy pronto,también,
•e^ púnico que se hablaba en las colonias fe_

nicias de Sicilia occidental y se mantuvo,
en cambio, por más largo tiempo en Cerdeña,

donde las últimas inscripciones púnicas lle_
gan hasta el comienzo de la era cristiana.Resistió por largo tiempo el etrus-•
co: este idioma, instrumento de una muy re-

�v.

• -• ••34

finada cultura aristocrática que los romanos
miraron siempre con;veneración, no desapareció

del todo sino muchos siglos después déla con
quista militar y política de Etruria.- ..
" , Un pasaje ,de Aulo Gelio ..(Noctes Atti-

cae) parece^ indicarnos que en sus tiempos (S.
II d.C. ) había todavía alguien que hablaba en
etrusco:

. -

- •. •„ ~ .•••: ; .. :.

•.•'..",

.

{ " Quasi nesci quid tusce aut ^gallice dixisset").
Ya en los tiempos de Augusto se ^conside
raban desaparecidos en la- Italia septentrional
y ^l. veneto y , ..antes aún ,. en los tiem

pos de César, había desaparecido el gálico del
Valle del Po, de

donde surgen: en aquel momento

dos de los mayores clásicos de la literatura
latina;: el lírico Catulo que• nace en la gyan Verona y el épico y b-uc.óli.cq.: Virgilio que nace en
una pequeña aldea de la .campiña de. Mantua, tie
rras ambas que ya pertenecieran al dominio gá
lico..
..
• '
-.••••:
\
"•'..',,.•

Resumiendo ,-• pues , diremos que en Italia,

a.fines del período republicano, la lengua-de
, Roma había conquistado todo el Norte: y. gran par

te de la Península e; Islas,^ que en el primer si
glo de la era,, cristiana triunfo definitivamente
sobre el. oseo y. en el. 1.11^^ sobre el etrusco y
que continué, luego, luchando hasta una victoria,
que algunos consideran total y otros solo par
cial, contra el griego.-

.'^:.^-•••••. .•••:.

Él latín se difundió, pues, sobre toda
la Península Itálica y. sus•islas y allí echo
profundas raíces que^aseguraron su vida.hasta
.nuestros días.-.:•. ..-..
' ' .'.

En toda Italia se empleé el latín en

sus más variadas manifestaciones: la literaria

y culta de la lengua escrita y la corriente y

�35
vulgar de

la lengua hablada; el habla urbana

de Roma y de los grandes centros de la vida

intelectual y política de la época y el habla
rústica de las campiñas y aldehuelas (que los
romanos identificaron con los nombres de rus
ticus serno, rustica Romana língua, rustica

vox); el latín administrativo usado por los ^
magistrados y funcionarios del Estado y el bii
jo latín de la plebe y de los cuarteles lle
vado por las- legiones que presidiaron y colo
nizaron varias comarcas de la Península (el

llamado sermo militaris o proletarius sermo).La latinidad culta de Italia dio a la
literatura latina los mayores clásicos: Plauto, Terencio, Varron, Cicerón^ Catulo, César,

Virgilio, Horacio, Tito Livio, Tácito¿Juvenal
y otros.-•-'••

El latín hablado de Italia constituye
la base lingüística más firme y dinámica del
latín vulgar que se. exportará, luego, a.toda
la Romania.-:

Este latín hablado, bajo una aparente
uniformidad, presenté siempre, ya sea en su
fase arcaica, como en la clásica o en la tar

día del Bajo Imperio, una pluralidad de tipos •
y un conjunto de variedades dialectales y re
gionales muy grande.-

Las razones de estas variedades son

múltiples y de distinta naturaleza: reacciones
de substrato, latinización más o menos intensa,

vehículos humanos de esta latinización, fecha
de la conquista y posterior romanización, etc-

En la fase más madura de la latinidad
de Italia, a mediados del siglo III d.C, po
demos-ver claramente tres tipos fundamentales

del latín vulgar en la Península y las Islas:

�36
un latín que lla^aremos "itá 1 ico" ,
la Italia central y meridional, es
parte peninsular situada al sur de
La Spezia-Bímini, y en Sicilia^ un

hablado en
decir en la
la línea
latín que

llamaremos "galo-alpino", hablado en el Valle
del Poa entre los Alpes al norte y la"línea La
Spezia-^Rímini al sur y, un latín "sardo", de
estructura arcaica, hablado en Cerdeña.-

. Estas tres variedades del latín hablado
en Italia tienen todas una serie de caracteres
comunes y cada una de ellas un conjunto de ras^
gos particulares que no comparte con las otras.-

\) De esta manera, por ejemplo, los tres
tipos de latín comparten la pérdida de la no"
ción de largura y brevedad de la sílaba del
latín clásico, que sustituyen por una diferen
cia de timbre, y la consecuente transformación
de. las vocales breves en vocales abiertas y
de las vocales largas en vocales cerradas.

Lo mismo sucede con la simplificación :de los
diptongos ae_ y O del latín clásico que dan
respectivamente e^ abierta y e_ cerrada:

laetus ^ íetu
'
:

poena

&gt; ; pena.-

. De la misma manera, en las tres zonas

tiene lugar el pasaje del acento tónico de las
vocales í_ y e_

a la vocal breve que las sigue

y la consecuente transformación de aqqellas en
semivocales:••

.

"

.

mulíerem ^ mullere
.

•

r\

filíolum y filiólu.Es común, también, a las tres zonas del
latín vulgar la síncopa de las vocales breves.

�••••

••&gt;•

37
átonas medianas:.

vir^dis •&gt;
oculus

"""•

virde:

&gt; . oclu.- • ;•

..••.••••

.

.

l•
• •:'•• ' . ••
• ^ En cambio, el latín galo-alpino"

tiene los siguientes caracteres fonéticos
que no comparte con las otras dos zonas:
1_. Experimenta la sonorización pi_
reneo-alpina, provocada por el.substrato

céltico, por la cual las sordas intersóni
cas pasan a sonoras:

•&gt;.&lt;.•-.-- -

lat. amatu }~ amado -

2_. Palataliza y luego asibila las
velares latinas c_ y

seguidas poi^^las vo^

cales anteriores i. y

.:

. . ' :.

. .•
•
V . v
"
^
cimicem y cimicerr &gt;
ven. simece
gentem &gt;

gentem

"

senté

3^. Parecería general de esta zona

también la palatalización de las mismas
consonantes cuando están seguidas por t^:
^

.

lat. caprav)

lad. ó ara

"

caballu &gt; "

ó aval

"

gamba &gt;

gamba

"

-

:
•:•;-.

k_. En este tipo de latín vulgar
se generaliza también la tendencia a la
simplificación de las consonantes refor
zadas intersónicas : •. : * - '

�r38
térra &gt;

tera

collu ^

colo.-

El latín galo-alpino coincide, luego,
con el sardo en la conservación de las conso
nantes finales y, sobre todo, de la -s_, en tan

to que el latín itálico las deja caer todas.
Análoga coincidencia notamos en la conservación
por parte del latín galo-alpino y sardo de los
nexos intersónicos n_d y ml en oposición al la

tín itálico que los asimila respectivamente en
nn y mí^ a causa del substrato oeco-umbro.\JPor su parte el sardo se caracteriza

por la falta de palatalización de la velar la
tina k^ que conserva su primitivo sonido:
cena (pron.

kena )

y también porque conserva distintas las voca
les tónicas latinas í - e

y

u - 5 que el la

tín itálico y galo-alpino confunden en el úni
co sonido respectivamente' de
e y o :
latín el.
sardo • - italiano

piluspilupelo
; &gt;

' telatelatela

gulagulagola
solésolésole.Parecería haber sido, además, una cara

terística del latín sardo la labialización de
los nexos qu + voc. . y

gu + voc. que el sardo

actual comparte con el rumano:
latín el.
;

aqua

sardo
abba

- rumano
apa

• .

�.

lingua

limba

.

.

.39 . •

limba.-

Caracterizan, asimismo, el latín
sardo una gran cantidad de términos arcai- .
eos que sobreviven en él aun en plena la
tinidad y algunos hasta nuestros días."^ Son caracteres del latín itálico, •• .
en cambio:-•

.

. la palatalización de las velares

latinas

c

y

g que dan respectivamente ^

y |::
-. • ..

• .

cena ^ cena

gente &gt; gente ;
li. la caída de todas las consonan
tes finales, comprendida la -s^ ;
. la asimilación de los grupos intérsó.nicos

ej . :

mb &gt;

mm

nd "&gt;

nn

. latín

plumbum

dial. it. c . -mer.

kj ummo

mundummonno.-

El itálico, por fin, junto con el
sardo, no sonoriza las sordas intersónicas
y concuerda con esta lengua también en la
conservación de las consonantes reforzadas
intersónicas.-;. • •

.

•:„•^•

Es sumamente importante tener en

cuenta estas variedades del latín hablado
en Italia en la época romana porque las mis
mas serán la clave para comprender el sist

ma lingüístico del italiano tanto en su as
pecto diacrónico como en el sincrónico.-

�40

V. LA ITALIA BARBÁRICA
Y EL PROBLEMA DEL SUPERSTRATO
GERMÁ^ICO.Bn el capítulo anterior hemos notado
que el latín hablado en Italia en los tiempos
que precedieron la caída del Imperio Romano de

Occidente se había diversificado notablemente
a consecuencia de factores de distinta natura
leza . Hemos observado cómo coexistían por lo
menos tres tipos de latín, cada uno con carac

teres lingüísticos propios que se oponían a los
de los demás: el latín galo-alpino del Valle
del Po, el latín itálico hablado en la parte
centro-meridional de la Península y el latín
sardo empleado en Cerdeña y Córcega.-.
El habla latina de Italia, pues, se hci

bía ido resquebra^ando en su unidad (que, por
otro lado, nunca había sido absoluta) y diversi_
ficando en formas dialectales por: efecto de re
acciones que podríamos llamar "internas" de es
te sistema lingüístico•-

Con la caída del Imperio Romano y las
invasiones barbáricas esta situación lingüísti
ca de Italia se altera notablemente. Poderosos
factores políticos, culturales, económicos y et^
nicos nuevos sacudirán hasta los cimientos de

la sociedad romana, y la fisonomía lingüística
de la que había sido la Italia romana saldrá
profundamente modificada.-

El latín será alterado ahora por un
conjunto.de factores lingüísticos ajenos a su

�41
sistema.que,se reúnen bajo el nombre de
superstrato . -

'" '."

••-.•-.

Como es sabido, con el nombre de
superstrato (creado por Valter von Wartburg). se indica esencialmente la lengua
de un..pueblo invasor, llevada a otro do
minio lingüístico, que no logra imponer
se sobre él, que" vive en un más o menos

largo período de bilingüismo al lado de
la lengua del pueblo vencido y luego de
saparece al adoptar'los conquistadores
el idioma de los conquistados.•'.." .

" La lengua que desaparece suele

contaminar a la lengua • que•persiste con
elementos' fonéticos, morfológicos y láxi_
eos de su sistema.-•
En buena parte de ia Romanía los
bárbaros invasores terminaron por apren
der latín, abandonando paulatinamente
sus hablas natales.-

"

. .

Al hacer esto trasladaron al la
tín numerosos hábitos fonéticoss morfo
lógicos, sintácticos y léxicos de sus.
idiomas.-

- •.

.

Uno de los factores decisivos de

la fragmentación lingüística de la Roma
nía que preside el nacimiento de las len_
guas romances es justamente el represen- ..
tado por el superstrato. :Las lenguas neo
latinas se diferencian y se-distinguen
sobre todo a consecuencia de una mayor o
menor alteración producida en sus estruc_
turas por el superstrato germánico.•
Este superstrato ha alterado con
sid^rablemente el francés, algo menos el

�41
italiano (sobre todo Septentrional j y escasa
mente el provenzal y las lenguas ibero-roman
ces, mientras que su influencia es práctica
mente nula sobre él sardo y el rumano.Antes de hablar concretamente de la
influencia del superstrato germánico sobre el
italiano será conveniente dar unas breves no
ciones sobre las varias invasiones barbáricas
en Italia para tener un adecuado marco histó
rico del proceso.-

Desde el punto de vista lingüístico
será conveniente clasificar las varias y suce
sivas invasiones barbáricas que tuvieron lugar
en la Romania, y sobre todo en Italia, en dos
tipos característicos."Hay pueblos germánicos que desde sus
sedes avanzan lentamente sobre un largo fren
te y haden retroceder delante suyo el límite
de la romanidad germanizando completamente las
tierras conquistadas, echando o asimilando vio_
lentamente a las poblaciones romanas. Otros,
en cambio, avanzan rápida y ruinosamente, de
jando caer atrás suyo las comunicaciones con
el mundo germánico, avanzan por el territorio
romano, roban y saquean y se calman sólo des

pués de largas y trágicas vicisitudes, asimi
lándose y perdiéndose,.por lo general, en las

poblaciones indígenas romanas."(7)
El primer tipo de invasión fue propia,
según von Wartburg, de los germanos occident^
les, mientras que el segundo es característi
co derlos germanos orientales. rNinguna huella, en efecto, quedó en

Italia de. la invasión de los visigodos de
(6). W. von Wartburg, La posizione delta lingua italiana. Firenze^ 1^40,

pl Jtí.-

�43
Alarico, de los vándalos de Genserico, y .
de los hérulos- de Odoacrov- :

,••.;•.." •.

•

Fuertes revoluciones lingüísticas
provocaron, en cambio, los germanos occi^- .
dentales quienes tuvieron una gran influeri
cia sobre el latín y de manera particular
sobre la formación de los "límites espacia.,.
les de las lenguas "-'romances.'- '".'
. .
"• .

-': ' Pertenecieron a esta ultimo grupo
los- francos que invadieron Galla, los alia
manes que se adueñaron de las tierras en
tre- él Rhin y Danubio y los1 Tangobardos: . ,
que tomaron asiento en Italia..- . ;,

. ,:

Dejando de lado las efímeras ln-.
vasiones de los visigodos, los vándalos,

hérulos y la mongólica de los hunos del
rey Atila que no de^aron ningún.rastro
lingüístico, diremos^ que la primera inva^ .
sión germánica de importancia fue la de .
los Ostrogodos, quienes en el año ^89^ " guiados por su rey Teodorico, se adueñar
ron de buena parte de Italia, Nórico, Panonia y Proven^a, estableciendo au capi
tal en Revena,^.

-

;

Surge: con ellos el -primer reino.
romano-barbarico en Italia.El rey. .Teodoricov ^na vez conqui^
tada Italia, trató de organizar su reino sobre bases romanas y germánicas a la vez,
y de armonizar. al pueblo vencido y al' veri
cedor por medio de su famoso Edicto, por

el cual otorgaba prácticamente igualdad
política a ambos pueblos.Cabe pensar" que üñ fecundó" bilin-'
güismo, practicado por romanos y ostrogo-

�dos., favoreció, en aquel entonces, una abundan^
te osmosis entre el latín y el gótico y -esta
sería la razón por la cual se incorporaron al
latín numerosos términos góticos como veremos
más adelante.-

Veinticinco años más tarde el reino
de los ostrogodos se derrumbaba trágicamente

bajo los golpes de los bizantinos de Justiniíi
no que trataban de reconstruir por última vez
el ya destruido Imperio Romano de Occidente.-

De distinta naturaleza fue la invasión
germánica de los langobardos. Estos eran gen
tes incultas, de costumbres muy primitivas, in^

sensibles a las bellezas de la cultura y civi
lización romanas , de naturaleza cruel y codi
ciosos de conqui^tas y saqueos.-

En el año 568 los langobardos, guiados
por su rey Alboíno, franquearon los Alpes y em
prendieron la conquista de Italia. La ocupa-*
ción se llevó a cabo con firmeza y energía; en
pocos años ocuparon todo el Valle del Po y po
co a poco se adueñaron de buena parte de la
Península, sustrayéndola a los bizantinos.La" colonización fue particularmente
intensa en la Llanura Padana, donde los lango

bardos establecieron en Pavia su capital, y
cada vez más débil hacia el sur; no lograron
conquistar nunca ni Roma ni Ñapóles•Los langobardos fueron, sobre todo al

principio, muy hostiles a los romanos. A di
ferencia de los godos, usurparon toda la pro

piedad de la tierra, obligando a los vencidos
a cultivarla como siervos. Permitieron a sus
hombres, mas prohibieron a sus mujeres, casa

mientos mixtos y quitaron toda validez al de
recho romanó. "Las relaciones entre las dos

�45
estirpes -dice Bruno Migliorini - debie_
ron cambiar lentamente durante la larga
convivencia: duras en los tiempos.de Albo^
íno y de Clefi, menos duras eií tiempos, de '•' •
Liutprando y de ios últimos reyes ; aunque ' siempre se vea ose entrevea el influjo
de-grupos particularmente intransigentes."
(8)^ ; .
;.•,:.. _.;;•; - r. " . ; •••;-••

'A pesar de esta adversión de;los

• •

l^ngobardos.hacia los latinos, aquellos

•

terminaron por aceptar paulatinamente el
uso de la lengua latina: en un primer
tiempo al lado de" sus hablas germánicas
en.un dificultoso bilingüismo y luego en lugar de aquellas.-

. :•

:

.^ .... , ' . Muchos lingüistas atribuyen a la '• • /

pronunciación del latín de los l^ingobar- • J
dos la diptongación de &lt;=[ y
uo :
"

.
.
• p^de ^. piede
novo

/^ nuovo

o_ en ie

y

."'•.' '.' : ~r^

..

•

•; .

que es más marcada justamente en Italia

:

septentrional, donde mayor 'fue la influen^

cia longobárdica y que va disminuyendo
hasta desaparecer por completo procedien

do hacia el sur, donde dicha influencia

:

fue menor o no tuvo lugar en absoluto.•"••• •'• •'•.:"•.

Los resultados de la constitución,.".

en la Italia septentrional y central, del :/:.:•
. reino.longobárdico fueron la separación y
el aislamiento dé estas regiones del res-

-:

to de la Romania, la formación de una nue. ..

va y sólida unidad política que iba desde \
los Alpes hasta Benevento y, sobre todo,

(8). Bruno Migliorini. Stória della lingua
italiana. Firenze3 1960.

^: • 47^*&gt;•

�•:. •..•••

. .

40

la emancipación política, cultural y lingüís
tica de estas comarcas de la hegemonía de Ro
ma. Por primera vez desde la romanización
de Italia, un conjunto de regiones, reunidas
baj^ el rígido cetro de los reyes longobardos,

da la espalda a Roma ya sin el prestigio polí
tico, militar y económico de antaño y parcial
mente bizantinizada, y crea una nueva sociedad
de carácter romano-germánico.Las consecuencias lingüísticas de la
creación de este Estado son muy grandes y van
por cierto mucho más allá de los pocos cente
nares de términos germánicos que habían pasado

del habla de los lahgobardos al latín vulgar
de estas tierras.En efecto, a pesar de que en la época
langobárdica no tienen lugar grandes innova
ciones en el latín vulgar

de Italia septen

trional y central (salvo quizás la ya mencio

nada diptongación de

6

y

e) , este período

es el que coincide en buena parte con la época
de transición del latín al romance. En efecto,
el sistema de isoglosas que al comienzo de la
dominación longobarda era una simple variación
dentro de los dos tipos, de latín vulgar galoalpino e itálico, con muy pocas' característi
cas que les son particulares, al finalizar es
ta época será un sistema nuevo y diferente,con

una personalidad propia e inconfundible, al
cual convendrá llamar ya romance italiano.Hay más: los langobardos, según obser.

va certeramente von Wartburg (9), al tomar po
sesión de sus tierras en Italia, se instalaron

(9), W, von Wartburg, La posizione,,3oit
p, 28, -

�a caballo de la famosa línea la Spezia-.

Rímini, que marcaba el límite lingüístico
entre el latín galo-alpino y el.itálico.
Impidieron así que esta línea se transfor_
mará en frontera divisoria de dos unida-

. des lingüísticas distintas en Italia y re
^nieron en la unidad, política de. su reino
a las regiones situadas al norte y al sur
de esta línea que ya estaban a punto de .
separarse.En efecto, en la unidad político-

territorial del reino de los longobardos,
las hablas latino-vulgares del Valle del .

Po dieron la espalda al latín galo-alpino
de los Alpes e hicieron causa común con
las de. las regiones más adelantadas del
centro: Toscana, Umbría y Marcas, de tipo

itálico. Es así como el latín itálico con
quista •también la Llanura Padana y.el ga
lo-alpino, que antes de la llegada de los
lungobardos parecía destinado a incluir ..
también la Italia septentrional, fue re- .
. chazado hasta los Alpes.-

...

El latín galo-alpino sobrevive
precariamente en aquellas regiones hasta
nuestros días tan solo en una angosta
franja de territorio, a veces interrumpi
da, que va desde el Gottardo hast.a Tries
te incluyendo unos valles alpinos y la:
parte extrema de la llanura Véneta y es
representado por las hablas ladinas..

La invasión de los langobardos

crea un territorio relativamente unido

que va desd^ Turín y Milán hasta Spoleto
y Benevento que es la base geográfica del
italiano.-

.

Quedan fuera de este territorio

�.48

Roma, algunas ciudades del litoral adriático
(el exarcado de Ravena), Ñapóles y el extremo
sur de Italia, que experimentan una larga do

minación bizantina, y Sicilia que cae bajo la
dominación.árabe.-

S6lo acontecimientos posteriores (la
constitución del Estado Pontificio en el cen
tro y la formación del reino de los feudata
rios normandos en el sur y Sicilia) volverán a
llevar a la órbita italiana aquellas tierras.Ajena a este movimiento unificador que^

dará por más largo tiempo Cerdeña que continua
rá una evolución bastante independiente de su
latín vulgar sardo hasta las formas actuales
de los dialectos sardos. •-•
'. ' ' •• •

•'

•

• •/•'"•'

'"

--—•. -- -

Concluyendo, diremos, que los tres ti

pos de- latín vulgar hablados en Italia en el
Bajo Imperio continúan en nuestros días, con
una notable diferencia en.su extensión terri
torial .en favor de uno de ellos. En efecto, el

latín itálico tiene su continuación en el ita
liano, que se habla hoy en toda la Península
Itálica, desde los Alpes hasta Calabria, y en
Sicilia y Córcega. El latín galo-alpino, des
pués de haber entregado al italiano buena parté de su territorio, sobrevive tan sólo en al
gunas regiones de los Alpes centrales y orien

tales en el ladino. Y, por último, el latín
vulgar sardo, después de haber sido desterrado
de Córcega, y., parcialmente italianizado en el
norte de Cerdefía, sobrevive en el actual sardo
de Cerdeña central y meridional.--'
Antes de dar por terminado este capít-ja
lo sobre el superstrato germánico., señalaremos

muy sucintamente los principales aportes léxi
cos de las lenguas germánicas al latín vulgar
y al italiano en su fase más antigua.- .

�. . .

•

.

.

.•.•-.-•.'

49

Muy numerosos son los vocablos que

han pasado de las lenguas germánicas al vuJ
gar italiano.- •

La primera capa de este léxico es
la integrada por 1; s voces germánicas pene
tradas en el latín hablado antes de la caí
da del Imperio.-

. .• .- •

Recordemos, entre las más vitales
que han llegado hasta nuestros días, a:
arpa, mártora (marta), roba (co
sas , objetos), rubare, uosa (botas altas),
stalla (establo), fre"sco, tasso (tejo),
yanga (pala), sapone, smarrire (extraviar).
Vienen luego los términos que po
dríamos llamar "godos", en cuanto se supo
ne que hayan pasado de las lenguas de^ los .
god03 alón vulgares de las varias regiones,
de la Romanía.-,
Cabe suponer que estos términos . que encontramos en el italiano hayan pasa- .

do a esta lengua del habla de los ostrogodo^ de Teodorico.Recordemos ,. entre los más importar^
tes :
albergo, ardire,, banda, bando, be-

ga (pelea), elmo, fiasco, greto (lecho de
un río) , guardare, stecca, guardia, ñas*
tro, stan^a, tregua, tresca.Vienen,luego, los préstamos de la .

lengua de los longobardos que, por lo general, son particulares sélo del italiano y.
difícilmente aparecen en otras lenguas ro
mances. Son éstos los términos germánicos
más numerosos del italiano.-

�50
Señalemos^ en primer lugar:
anca (cadera), castaldo (mayordomo),

crusca {afrecho) ,, guancia ( me^illa) , gruccia
(muleta) , nilza . ("bazo) , palla (pelota) , panca (banco; asiento), russare (roncar),scranna
T~b"anqueta) , schiena ( espalda) , staf f a ( estri-

bo), strale (flecha), stinco (canilla, tibia),
stambecco ( bicerra o cabra montes).••

Otros vocablos característicos de pro

cedencia longobarda que denotan incomprensión
y antipatía entre los dos pueblos son:
que no es un arma sino una herramienta
de cocina, el "asador"; sguattero que no es
más un guardián, sino un

lavaplatos"; barone

que no' es un noble, sino un "picaro Vividor".
.- '. !•• Los italianos recibieron, además, de

los l^ñgobardos abundantes términos que indi
caban litigios, peleas, hurtos y saqueos, ac
tividades propias de. estas- gentes incultas y
salvajes:
.
: arraffare (arrancar, quitar con violeri

cia ) , baruf f a (pelea callejera), baruf f are (pe_
lear), spaccare (romper, quebrar).-

Del aspecto y ademanes truculentos
de los langobardos los italianos tomaron palabras igualmente truculentas, como:

bara (ataúd), ciuffo (copete), gramo
(doliente, triste), nappa (narigón), sberleffo
(mueca de mofa), grinza (frunce, arrugas del
cutis),1 strozza (garguero), strozzare (estran
gular), gri-nf.ia (garra, zarpa) , trappola (tram
pa) , zazzera (melena masculina), etc-

Otros términos germánicos, por último,
proceden de 1&amp; lengua de los francos quienes
se sustituyeron a los langobardos en la domi
nación de Italia en los^ tiempos de Carlos Mag-

�51
no.Son voces Trancas^, entre . otras

bando (bando, edicto), bandire (publi
.icar
o desterrar), guerra (guerra)
guerra)
amén de algún verbo como
cómo grattare
grattare (ras
.
par^,
guariré
.a
sanar)',
schivare
(evitar)
par ), guariré (sanar),
y
como orgoglio,
y unos
unos nombres
nombres abstractos
-'•--•'-

rigoglio (lozanía), senno (tino) y otros

�52
VI. LA FORMACIÓN DEL

.

.

\

ROMANCE ITALIANO.- •

Hemos dicho en el capítulo anterior

que el periodo histórico de la dominación
l;mgobárdica en Italia coincide en buena pa:r
te con la época de transición del latín al
romance italiano.^-

•,

... ,

;

No se puede, por cierto, establecer
un límite cronológico exacto que marque el
pasaje del latín vulgar a las lenguas román
ees y, por ende, al italiano.En otras palabras, es imposible deicir con exactitud cuándo el "latín-latino"
dejó de ser tal para transformarse en "latín
-italiano",, en "latín-español", en "latín-,
francés" , etc

La evolución del latín hablado hacia
las lenguas romances no tuvo lugar, como he
mos tenido oportunidad de ver, bruscamente:
.buena paxte de las alteraciones fonéticas,

gramaticales, léxicas y sintácticas que dife^
rencian el latín clásico de las lenguas román
ees en general y del italiano en particular

ya se habían realizado en el latín vulgar
del Bajo Imperio que podríamos llamar "latín
vulgar prerromance".. '• "-

Ya hemos visto cómo en el latín vul

gar las vocales breves se han transformado
en vocales con sonido abierto y las vocales
largas -en vocales con sonido cerrado y como
se- ha producido, en un segundo tiempo la ho-

mofonía de é (larga)e i (breve) en e (cerra
da) y de o (larga) y u (breve) en o (cerra
da).-

�53
El mismo razonamiento vale para
los diptongos a_e_y o_

^ue han pasado res_

pectivamente a ^ (abierta) ye (cerrada),^
y el diptongo aú. que pasa paulatinamente •
a o_, para el pasaje del acento tónico de.
las vocales i_ y e^ a la vocal breve que las
sigue y" la consecuente transformación de
aquéllas en semivocales ( mulíerem &gt;

.

muliérem ), para el- pasaje de consonantes
sordas intersónicas a consonantes sonoras
( fric_are ^ fri^are), para la palatalización
de c

y

¿ delante de e^

e •. i_, y para la

caída de las consonantes al final de pala
bra. -.;. ;. ;

-:-.-

-

• •—

Ya en latín vulgar la rígida y com
pleja declinación del latín clásico se ha
bía alterado y simplificado y9 al mismo
tiempo, la conjugación estaba adquiriendo
una nueva estructura ^analítica más próxi
ma a la de las lenguas romances que a la
del latín clásica.W. von Wartburg observa justamente
que^el mayor,numero de fenómenos de innova

ción fonética del italiano con relación al
latín tuvo lugar anteriormente

al siglo

VI d.C., es decir en plena época latina,
que pocas son las innovaciones entre el si^

glo VI y XI y muy pocos*y en ámbito muy re
tringido las que han surgido después del
año lOOOj.y.concluye afirmando que el latín
popular del 5.00 era mucho más parecido al

italiano actual que al latín de Cicerón(lO)
Examinaremos ahor'a, pues, las prin
cipales innovaciones que tuvieron lugar con
posterioridad al 500, es decir, en el tiem-

(10). W.von Wartburg: La posizione^ cit.x
• • pp.. 42-46.-.

, •..•

�54
2&gt;o que va. desde las invasiones germánicas

hasta la aparición de los primeros monumentos
lingüísticos en romance italiano.-

La principal innovación fonética en
el vocalismo latino posterior al 500 es la
diptongación-de Ó (abierta) y
(abierta) tó/
nicas, en sílaba libre, respectivamente en
uo y ié.

-— • ••••'. •.;.:.
ej . :

pede ^

tenet&gt;
.:

.

^

tiene

; novu . } nuovo
•bonu

^

piede -

^ buono.

:

'zi- Este fenómeno tuvo lugar, como diji^

mos, bajo la dominación longobárdica y es de^
bido a la manera como estas poblaciones pro
nunciaban el latín que iban aprendiendo.- .
Por.lo que atañe al consonantismo no
taremos, luego:•" "•••

.

l) La - final cae en toda el área
longobárdica e impide así la formación del
plural con -s_ mediante el acusativo, acudien^

do para ello a los nominativos plurales de
la^ y 2^ declinación (--^.)•
En las palabras monosilábicas la -s_
al caer es. sustituida por una -¿;. analógica.
.-• = ej.:
' ':

"

•"' üas

^

dai; . stas '.^ stai; etc.

--•-• 2) En los nexos consonanticos bl,. fl,
pl, el, gl, la 1^ pasa a i y da' respectivamen-

"te: ]^¿

í EÍ. c^í ghi, con la advertencia

de que si la vocal que precede a estos nexos
es tónica, la consonante que precede a la 1

�se duplica,
ej . : blasphemare
.

biasimare

.Biblia

Bibbiá

. flamina

fiamma

suffiare

soffiare

planta

pianta

duplu

doppio

clave

chiave

. . speciu •

Cspecchio

gluttu

ghiotto

glire

ghiro;

3) Los grupos bjt^, ct_ y pt_ pasan to^
dos a tt_ y el nexo j^cL pasa a dd_. .

,^"•^• .

obturare

ot^turare . : .:

obtusu

ottusó

lacte

latte

factu

f atto
sette

bap^izare
• Magdalena

batt^ezzare

,• :

Maddalena.

Otros fenómenos fonéticos esporádi
cos de este período que caracterizan el pa

saje del latín vulgar al romance italiano

�;-

,^6

son:

a)La asimilación, tanto vocálica como
consonantica, de dos fo^e^ías próxi^os:
ej.: Lat. vulg. . •

vilnu
••••'•••

it.

vele^o

yipistrellu

ÍÍstrello;

b)La disimilación, vocálica o conso
nantica, áe dos fonemas iguales o parecidos
muy próximos: •
: ...: ej .. : Lat. vulg.

it.

• -..-•bfo_lcubfo_lco
•- .

.'•-.:•/•.
^

'

ai^nariuamadio;

c) La protesis,, es decir la premisa

de una vocal al principio de palabra,.delan
te de s_ impura:
e^..: Lat. vulg.

'

-

;

•
it.

studiu

ijstudio

schola

. i_scuola

d) La epéntesis, o sea el agregado
de un nuevo elemento en el cuerpo de la pala

bra con el fin de dar a ésta una mayor consiíi

tencia fonética:
e^.: Lat. vulg.

it.

socru •

suocro

phantasma

fantasima

- ••-•• e) La aféresis, que consiste en la

supresión de una sílaba en principio de pala
bra:

�57
ej . : Lat. vulg.
loleandru

it-.
•

oleandro

ervangeliu

vangelo

e^remitu

romito^

f) La metátesis, que consiste en
la transposición de uno o más sdnidoc den
tro de la palabra:
ej . : Lat. vulg.-,
suc^idu
.

• "•

it.

•.-.- .

sudicjLo.-

...

Por lo que se ;ref^ere a lá morfolo-

• gía, notamos que fueron pocos los nambíes

que ocurrieron durante el pasaje lingüísti
co del latín .vulgar del Bajo Imperio al vul_
gar italiano. Aquí también las innovaciones
con relación al latín clásico ya habían t,e- •

nido lugar en el latín vulgar de los últimos
siglos del Imperio..-• ;

Después del 500 no se hace más. que

madurar y llevar a sus últimas consecuen*.
cias aquel fenómeno de disgregación y -evo

lución de la declinación y la conjugación
latinas que ya obraba en el latín hablado
del Bajo. Imperio.De esta manera el nombre pierde ••-'.-.
,completamente su declinación y asume para
. todos los casos una forma única que conti- '
núa generalmente el acusativo y algunas
veces el nominativo singular y siempre el

nominativo (de.la y 2a declinación) para
el plural.
El género neutro cae completamen
te en desuso, sustituido por el mas-culino.
Rastros de neutros .plurales latinas .se en-.

�K
58
c_uentran tan sólo en algunos nombres colecti
vos italianos, como:
..;••.-.-

brachia ^

cilia

&gt;
&gt;

gesta

lignlí

.

le braccia

le ciglia
le

gesta

la legna
&gt;

paria
Algunas veces

.

le •paia, etc.

luego., tales neutros plurales

latinos han sido interpretados como femeninos
singulares en italiano, como es el caso de pecora (it. "la oveja").-

Una novedad de las lenguas romances,

y.por ende del italiano, es la formación del
artícul^ * -

' .,. .

El artículo determinante (i_l^ 1^, la)
ha surgido del pronombre- y adjetivo demostrat^
vo latino ille-illa y el indeterminante del nu
meral unus-una.
; '

Es así, pues, como, en las tinieblas

de la barbarie medioeval, va naciendo paulati-.
ñámente el romance italiano a lo largo de los

siglos VI, VII. VIII y IX. Son éstos tiempos
duros y sombríos para Italia y para los italia
nos, quienes asisten al trágico derrumbamiento

del reino de los longobardos y a la llegada
y toma de posesión de sus tierras por nuevos
bárbaros usurpadores: los francos.-

En el sur desembarca y arrasa a cuantos
sarracenos y bizantinos encuentra en su camino

un ejército y una armada de normandos que cre
an con los autóctonos latinos un nuevo y perdu
rable reino. - :

^-: .

�•

•. ;

,

... •; .

,;/.;•:•^=:•

:-: .••."•

--

"

^: ^9 -

Pasan los .reinos romano-barbáricos ,
pasan los señores feudales ítalo-barbáricos
con sus vasallos, valvasores y valvasinos,

y. el: pueblo italiano, sigue su vida difícil
y siempre amenazada por .ejércitos extran
jeros que. surcan sus campiñas^y,: a menudo,
saquean sus . aldeas y pueblos, -r •

•

.

Paulatinamente este pueblo va to
mando conciencia de su estado, favorecido
y. apoyado en.esto por la Iglesia que ya
.había•constituido un fuerte Estado tempo
ral de fisonomía e intereses esencialmen- ' té* italianos f-

....- .v;;:.

:•

:

••..'•.-=• . • .. o •

Este puebl.o se . va ..organizando con
.sus pequeños nobles , sus. ¡clérigos ,. sus bur
gueses y su, plebe- en librési Comunas.- En
éstas Comunas va naciendo, : junto^ co^ el -és_

píritu de rebeldía hacia la autoridad ex
tranjera del Impe.rip,. el- sentimiento de la
libertad e independencia .que. tendrá su gló_
"rioso coronamiento con la batalla de LegHa
no donde, los italianos derrotaron-.a. las •
huestes de Federico Barbarroj a.-.
'. •

- •

Sobre, ambas riberas de la Penínsu- •

la nacen

en. tanto, otros Estados-libres^

organizados por marinos y mercaderes, que
se gobiernan con sistemas republicanos:

" -

son las repúblicas marineras de Venecia, 'Pisa, Amalfi, Genova, que muy pronto se . &gt;
transformarán en otros tantos focos de li_ ,*
bertad, de cultura, de:riqueza, de holgu- •
ra. -

'

: . ."_.. ...•^.-. ;•'•••.•.'•.:•

.

Y así, el pueblo italiano vasa.-*- ~
liendo de las tinieblas del medio -evo bar
báricó hacia el. crepúsculo de la mañana
de la edad media prehumanística y luego •
humanística.

�60
En este período el romance italiano,
ya casi completamente formado,- nos presenta
sus primeros monumentos escritos.Nos resulta sumamente dificultoso re
montar a las primeras fuentes escritas de es
te romance que se está desarrollando en Ita

lia desde el siglo VI en adelante y que tiene
tan sólo una tradición oral.-

No debemos olvidar que a lo largo de
toda la alta edad media, cuando se hablaba un

idioma que ya podríamos llamar italiano, la
única lengua escrita era él latín y nadie, es_
cribiendo, soñaba con usar él' vulgar.Es un hecho conocido, en efecto,^que

los dialectos y todas las lenguas que no tie
nen u-a tra^ición literaria son muy refracta
rios al uso escrito.También en nuestros días, un ignoran
te de la lengua literaria, cuando tiene que
poner por escrito sus pensamientos, no acude

a su dialecto diario sirio que trata de emple,ar las pocas nociones que el tiene de la len

gua literaria: el dialecto aparece evidente
mente en cada punto de su escrito, sin embar

go su intención será la de escribir en lengua
literaria.-

^--i,.-.

.

• •,

Así sucede en la Edad Media: los tex
tos medievales, -algunos de los cuales escri
tos por personas de ínfima cultura, están

¡

atestados de vulgarismos y de palabras que
podríamos * llamar "italian-ás11 .pero no han sido
escritas intencionalmente en vulgar.^Si encontramos" én estos manuscritos
palabras y giros vulgares, no podemos afirmar
por eso hallarnos frente a un texto ..vulgar .¿
italiano.-

�61
:'..••'•:.^ í. _.És' por: esto, pues, que los prime
ros -testimonios escritos^ del: romance italiano se .nos presentan muy tarde y casi

^

por casualidad, cuando la lengua hablada;
ya había hecho, grandes adelantos en su e-

: . :;íE1 más. antiguo documento del romari
ce ritaliano es- el famoso acertijo veranes .

que remonta con toda probabilidad a fines
del siglo VIII.--f .:

. . • .:

•, .

-

.

-

.; ... .Se trata de una -pe que ña anotación

sobre una página de un oracional, mozaráb^
ce hecha por un clérigo veronés cuyo nom.. bre Sie d^sconocer^^ . '.-•--.i:-. .• • . v^-.
Su texbo es el-'.si^uiente.: :.

'.•&gt;,.'•- •

Se par eb a b oves &gt; a-lb a p r at al i a. .a.r aba,
albo.: verso rio teneba, negro -semen- seminaba-, (11)
El autor de este texto., hombre cul
to y de letras-,; está plenamente consciente
de emplear aquí una lengua nueva, distinta
del. latín,- tal Ves así que., de.s'pués. de haber
escrito el acertijo , agrega .une plegarla .en
:; .^perfecto latín clásico (Gratias tibi. • agimus ,
omnlpotens sempiterne Deus•)-...-. ~~~. ~ "

••••••-.
Más tarde, casi un siglo^des pues,
encontramos los plácitos de Montecassino.
-.:

El primero de ellos., del afio 960,

es l"á" 11 amada Carta"" Capuana que contiene una
formula de juramento,.en.'.-vulgar, romance meri
dional .. .

.

(11),,., Según la reconstrucción- critica de
Angeto Moritéverdi^ en "Studi Medievali1^
;

X3 19 57,^. ....

.,, .:

- .,.

�62
• .

.Se trata de ur^a, declaración jurada que

un grupo de campesinos hicieron ante él juez
Arechisio de'Capua, empleando la.leng.ua vul
gar, ya que no estaban capacitados para hacer

lo en latín, y en la cual afirmaban que algu
nas tierras habían pertenecido por treinta años

a los benedictinos. El. plácito está escrito en
latín., mas el., testimonio es reproducido con
las-mismas palabras del vulgar con las que fue
pronunciado.

—•-•

•

.

'

Dice este testimonio:
^ -

"Sao ko kelle terre, per kelle fini

que-ki contene^ trenta anni le possette par
te sancti Benedicti."
'
~~ ^
Muy parecidas a ésta son las formulas
testificales de Sessa Aurunca y de Teano., . ' v

Del siglo XI es, luego, un interesan-

. te códice de la Biblioteca Vallicelliana de
Roma que nos trae una formula de confesión
umbra, donde el "confíteor" dela misaes
traducido ( y, a veces, parafraseado) a un
vulgar italiano de tipo central.~
\r.

.

También de. este período parece ser

una inscripción en vulgar romanesco que se
conserva" éñ la iglesia inferior de San Clemen^
te en Roma y otra "que figuraba en el Duomo

de Ferrara, probablemente del año 1135 que
hace referencia a la consagración de aquel
'templo y a las personas que lo levantaron:
•
"•'••..'

HDi mile cento trenta cenqe nato
fo questo templo a San Gogio donato
da Gelmo ciptadin per so amore • • e tua fo 1*opera Nicolao scolptore.M
Y luego surgen los cantos, la poesía

�:63
humilde- del pueblo que expresa en pobres
versos su alegría, sus penas, su anor a
Dios, sus sentimientos hacia la mujer.• "... ,-De Toscana nos viene el ritmo
guillaresco toscano, el cantar de un humil_

de juglar que teje las loas del obispo Gri_
maldesco por haberle éste regalado un caba^
lio:...

:. ••-.'.•.

"Salv* a lo vescovo senato

lo mellior c'umque si a na/to/
/ce da/ l'ora fue sagrat'o ••-•-:
tutt'allumma fl cericato. '

...

Me Fisolaco né Cato
non fue sí ringratiato."
De Belluno llega el retumbar de .un
canto de guerra, un himno de victoria que
entona un grupo de caballeros que regresan
a sus casas después de haber abatido a las
huestes de Treviso y conquistado la "forta
leza de Casteldardo:

"De Casteldard avi li nostri bona part;
j lo getá tutto intro,lo flumo d'Ard,
e sex cavaler de Tarvis li plui fer
con se duse li_nost.rfc cavaler."
Del monasterio de Montecassino nos

llega otro tipo de canto: el Ritmo cassinese, donde en mon^tonas estrofas monorrimas

un fraile abre un largo diálogo didascálico entre.la vida contemplativa y la vida
activa.Y del Norte, seguramente de Genova,

surge el contraste bilingüe de Raimbraut de
Vaqueiras, donde el .trovador provenzal entroii
ca sobre su rima provenzal el canto de una mu_

�64
^[er genovesa que, en su habla natal, contesta

de distinta manera a las galanterías del tro
vador.-...

Y, por último, en' esta polifonía de
la que participan ya todas las regiones de
Italia, surge la voz de un gigante: la voz de
un poeta,- el primer gran poeta de- Italia, que
entona el" "Cantar de las Criaturas:
"Altissimu,. omnipotente , "bon signore
tue so le, laude la gloria e 1'o.nore et onne
benedictione.

'•••-:

Ad te solo, altissimo, se konfano
e ftullu homo ene dignu te mentovare.
Laudato sie, ni signore, cum tucte de tue
creature. . . "...
"""Con la poesía" de San Francisco de Asís

^a ha pasa^-o el crepúsculo matutino de la len
gua italiana, .ya brilla el sol meridiano de la
gran lengua literaria a cuya luz y calor flo
recerá la poesía de Dante, Petrarca y Bocea^ccio .-

�05
VII. LENGUA

Y

DIALECTOS DE ITALIA.- '

[

" /Ya hemos afirmado que con el nom

bre de italiano entendemos indicar la len
gua literaria y nacional italiana y sus nu
.merosas variedades dialectales.'

. '

-De la lengua literaria habláremos

en el'próximo- capítulo.: diremos algo i aho
ra, de los dialectos italianos.fc A quien observe detenidamente el

complejo sistema de los dialectos hablados
..en Italia le llamarán inmediatamente la
",.'. "atencioñ-dos hechos muy importantes y evi-

dérítés: per^un lado notará en toda la Pe
nínsula una bastante uniforme romani^ación

de todas las hablas itálicas y no adverti
rá, aquellos^ fuertes contrastes•idiomáticos
que' se encuentran,. por ejemplo, en Francia
y en España, donde junto con las hablas ro_
manees tienen asiento aún. en nuestros días
.

' el céltico y el vascuence, y, por otro la
do,observará una gran fragmentación diale
tal que presenta decenas y decenas de di a-,
lectos y sub-dialectos que difieren entre
sí mucho más que los dialectos "de otros
sistemas neolatinos.. '

Doble es la razón de estos dos he

chos lingüísticos.-..'•-••
Atribuimos, en efecto, la formación

de la gran cantidad de dialectos italianos
esencialmente a la acción de los numerosos

sustratos prelatinos de la península: cél
tico,, ligur, véneto, rético, etrusco, itá
lico, griego, púnico, -mediterráneo, etc.,
como, así mismo, de los superstratos: ger-

�\66

mánico en el norte y en el centro, bizantino: V
en el centro y en el sur, árabe en él sur y
en Sicilia, etc.

En cambio la absoluta homogeneidad
neolatina de Italia (con la excepción de al
guna pequeña isla y península aloglota) es
:
debida a la profunda latinización obrada por
la conquista romana y, en segundo lugar, a
la actual ausencia de fuertes grupos de po

bladores étnica y lingüísticamente no ita
lianos y no neolatinos.-! r
Pasemos, ahora, a la clasificación ¿

de los dialectos italianos.
Según Giulio"Bertoni (12), dividire
mos las hablas italianas en tres grupos fun
damentales, es decir:. -

a)dialectos septentrionales
b)dialectos centrales y meridionales
c)dialectos toscanos.Esta clasificación se basa sobre nota,

bles diferencias estructurales (de orden fon
'tico y morfológico) debidas esencialmente a
las múltiples reacciones de los distintos su
tratos . ' '-•

.

&lt;) En efecto, los dialectos septentrión^
les se hablan en todos los territorios que en

la antigüedad fueron poblados por los ligures,
los celtas y los vénetos ;^los dialectos cen
tro-meridionales en el dominio de los paleoi-

tálicos y elvtoscano en el área largamente hci
hitada por los aloglotas etruscos.&gt;-

(12) .-• G. . Bcrtoni'i Pro f^lo
.Italia-} Modena^ 1941S pp. 41-.34.-

�6?
•:-.-.

Podemos afirmar,• por:lo tanto,

que la estructura dialectal de la Italia
actual es emanación directa.de la estruc_

tura del latn vulgar hablado en las di
tintas regiones de la Italia romana^
Veamos, ahoraj un poco más de

cerca la distribución y los principales
caracteres de estos dialectos
•'•'• '-^) pialectos septentrionales^ Comprenden las. variedades piamontesas, lombardas, ligures, emiliano^roma
nóles , vénetas e istrianas y se habla
en los territorios que-- corresponden apro
ximadamente a las actuales regiones de
Piamonte, Lombardía, Liguria, Emilia-Romaña, Trentino, Véneto e Istria^ . . .
Los principales caracteres comu
nes de todos estos dialectos son:
1. La sonorización de las conso
nantes oclusivas sordas labiales y den
tales intervocálicas^
amat_u "&gt;
rota

v

..

amadp (ven.)

,...- •^

^ roda (lomb.)

. - .

2. La as ibilación de las palata

les c y g del lat. vulg.:

.

. .

(ven.)
••"-.•

.

tzemza (boloñ. )

3. La simplificación de las con
sonantes reforzadas:
cabal^Ui &gt; . cavál (piam. , lomb . ,

cavalü(lig.)
cávalo (ven.)

�anjnu "&gt;

'!

.
•
an (piam., lomb., emil.)

88

anu (Üg. )
ano (ven.)

- .

h^ La simplificación y posterior pala
talización de- los nexos
tivamente

y

l.y'fii. &lt;i^e dan

¿:' •• • •

c^amaré.•'..'? . í^amó (piam¿)

^&amp;m&amp; (lig.)
camer (emil.)
.. ^amar (ven.)

\gl_acia ^

gasa (piam.)

:

gatz (lomb.)
.;

asa (lig.)
^aso (ven.)

5. La alteracióiij - de origen céltico,
del nexo latino ^&gt; ^t^ que, luego, dará -itén piamontés, -c- en lombardo y -t- en emilia-

é

é

no romañol y véneto::.

•factu ^ f^Xtu ^ ^ait (piam.)..
fac (lomb.)
fato (ven.)
fat (em.-rom.)

•Otra característica de este grupo dia
lectal, común, sin embargo, sólo al piamontés,

ligur y lombardo es la palatalización de la u:
u &gt; ü

�69
lat. : luna &gt; luna .

Cada uno de estos grupos dialecta
les tienen , luego ,. rasgos particulares.

Así, una de las características
más importantes del lombardo es el pasaje
del nexo -ct- a ^:

factu ^ fa X"tu ^ fa¿
lacte ^ la

^

y otra,limitada a los dialectos del grupo
milanés ,: está representada por el rotacis-?.

mo de -1- intervocálica (llamado justamen
te "ambrosiano").
al^a ^ ajra
pal^a &gt;

En; Cambio,, el desarrollo de á en
de ios infinitivos déla conjugac?6n es
una característica de los dialectos piamoii
teses:.
.

cantare ^ canté
andaré ^

'

. .

ande..

Son caracteres propios del 1-ígur:
a) El pasaje de los grupos .pl_, bl,
fl respectivamente a

. :

,

planu

&gt;

can

blancu

&gt;

gancu

flamma &gt;

,...:

.

.

^ama

b) El rotacismo y, luego, caída de
la -1- intervocálica:

�.

ala y

.70

ara y aa (genov.)

Uno de los caracteres más típicos del
emiliano-romañol, por último, está represen

tado por la palatalización de la a tánica li
bre que da una gama de sonidos que van de 'á
hasta

..

sale y

. •• .

sel

amare '&gt; ame^r.-

'

2) Dialectos centrales y meridionales,
Los dialectos centro-meridionales se

hablan en toda la Península al sur del Apenino Tosco-Emiliano (con excepción de Toscana
donde se hablan los dialectos toscanqs que
examinaremos más adelanté) y en Sicilia.Comprenden las variedades umbras, marquesanas, romanescas, abruzo-molisanas, campa
nas , pullesas, calabresas y sicilianas.Son rasgos comunes de todos estos dia
lectos :
i
•
1. La asimilación de los nexos intersánieos mb_ y n_d que pasan respectivamente a
mm y iin_:.
lat.

gamba

} gamma

w

plumb^u ^ kjummu

"

quan^do ^ quanno

,"

mur^du

y monno

2. Las siguientes alteraciones de ne
xos intersánicos::
-mp- .&gt;

-mb-

-nt-

y

-nd-

-nc-

&gt;

-ng-

•

�71
1at. camu &gt;
11

veiatu &gt;

11

cambo
vendo

flancu&gt; . fian^o ;

3. El pasaje de mi- a

.-

.

ñ:

lat. vindemi_a ^ venneña

k. El pasaje del nexo pl . a ki :
——

/&gt;

lat. planta } kianta
"

plus

11

plumbu y kjummü.

y kiú

Este último fenómeno, sin embargo,
pertenece tan sólo a las regiones más me
ridionales: Abruzo Meridional, Campania,
Pulla, Lucania, Calabria y Sicilia.
•

Dentro del territorio lingüístico' '.

italiano centro-meridional podemos distin_
guir, sobre todo con relación al trAtamien^
to de las vocales tónicas, tres zonas dis
tintas ..

.

La primera de estas zonas, que
Bertoni llama "extrema", comprende Sici

lia, Calabria y Pulla meridional y tiene
como rasgos característicos
tes evoluciones del vocalismo tónico:

1. í y

u tónicas latinas han

dado respectivamente i. y

u. (contraria

mente a la lengua literaria que tiene res_
pecti.vamente e y o ).
.

lat. pi^Lu
11

nuce

y

pi.lu (it.lit. p

y

nuce (it^lit. noce)

�72
. 2.
también

y

i_ y

5 tónicas latinas han dado

u,:

lat.cand^la &gt;cand^la
11tela

&gt;ti^la

"solé

&gt;sxile

"spOnsu :&gt;spusu.

La segunda zona, que abarca Abruzo

Septentrional, Molise, Campania, Pulla Sep
tentrional y Lucania, tiene como caracterís_

tica fundamental el pasaje de todas las vo
cales átonas finales a una vocal de sonido
indeterminado y evanescente que representa
mos con el signo
^a tercera zona comprende Lacio, Um

bría y íás Marcas y se caracteriza por la
metafonésis de g y C tónicas latinas que
se cierran ^n i y ti cuando en la sílaba
final hay una -i o una ~u_:

; ' .

lat. segu

y sivu

."

&gt; spusu . .

sposu

y permanecen incambiadas cuando sigue otra
vocal:
lat.
"

sposa

&gt; sposa.

3) Dialectos toscanos.-

Dentro de los dialectos italianos,
los toscanos se caracterizan en primer lugar

por ser los que mejor han conservado la estru
tura fonética del latín.

�73
Los dialectos toscanos se hablan en la ac
tual región de Toscana.^

El rasgo más típico y coman a totos estos dialectos es la reducción del
grupo latino -ri- a -i- (en oposición a

las demás hablas- de Italia que lo trans
forman en --).
lat. furnariu &gt;

marinanu

fornaio

•'.-..•&gt;' ,

marínalo.

macellariu ^ macellaio

buriu

buio

aria

aia, etc.

Los dialectos toscanos se suelen
dividir en cuatro secciones principales:

1)sección central ( florentino) .
2)sección occidental (pisano, luqués y pistoyes)
3)sección meridional (senes)
k) sección oriental (aretino y va
riedades de Garfagnena

y Valdichiana).
Dentro de estas variedades el flo
rentino, sobre cuyas estructuras descansa

la lengua literaria italiana, tiene como
rasgos más típicos los siguientes fenóme
nos fonéticos:

a) La aspiración y fricación de
las momentáneas sordas invervocálicas la
tinas k^, t_, •.'•

lat. illa casa &gt; la hasa

�76
lat. ficu &gt;
"

.; '•"-

amatu }

amaho

b) La conservación del sonido de la 1

y ' ú tónicas latinas delante de consonante p^i
latal y de n seguida por gutural:
lat. fami^ia.} fami^glia
•••"

/

"

li^ngua . ^ li_ngua

vince

.

^ vince
&gt; iinglia

. ... ¡i 11

dun^ue ^ dunque 9

en oposición a los demás dialectos toscanos
que lo cambian respectivamente por e.' y

o.:

famglia, l^ngua, vence, p^nghia, dnque;
-••;"

' c) la transformación de Ia3 consonaii

i;es • velares 'intersónicas latinas k_ y

en

sibilantes prepalatales planas é |, en lugar
de las oclusivas medio-palatales de la lengua

literaria italiana /
lat. kena
-. w

^ : flor.

gente &gt;

flor.

y

¿ /:

. ,

eena (it.lit,. ^^ena)
gente (it.lit. gente).

�75
VIII. EL FLORENTINO
Y LA LENGUA LITERARIA.-

;

Después de, haber estudiado brevemen

te los varios dialectos italianos hablados
en la Península, diremos ahora algo acerca

de la lengua literaria italiana y de su re
lación con el florentino.Sobre este tema se ha debatido, ya
desde los'comienzos de la literatura ita
liana, una "vexata qüaestio", conocida en
Italia con el nombre de "que'stione della
lingua". En ella se ha. tratado de determi
nar la "norma"", de la lengua literaria ita-^
liana, uno de cuyos tópicos fundamentales

plantea Justamente la cuestión de
si la lengua italiana se identifi
ca o no con el toscano-florentino.-

.

Resumiendo la posición actual de
esta "cuestión", fruto de largas polémicas
que no fueron, por cierto,.ni estériles ni
desprovistas de interés,' diremos que la

lengua literaria italiana está constituida
esencialmente por el toscano hablado en

- -

Florencia por'las clases cultas, enriquecí^
do, integrado y, a veces, moderado y sele
cionado por- la contribución (sobre todo lé_

xica) de todas las hablas italianas.El sistema fonético de la lengua
literaria italiana es el del florentino
que, como dijimos con anterioridad, es el .

que mejor conserva los sonidos del latín
clásico."Tenemos, sin embargo, algunos casos

en los que la evolución fonética del ita-

�JLiano literario se ha apartado de la florentina,
rechazando formas que considero demasiado, ver
náculas de esta habla.Los casos más típicos son' los siguien
tes :
• • •'

1. Las consonantes velares intersóni

cas latinas delante de vocales palatales (, i_)
han dado, en la lengua literaria, oclusivas me

dio-palatales ( c_, ^) jr no sibilantes prepalat^l
les planas (
lat.
ti

y g ) como ocurre.en florentino:
it. cena (flor, eena)

kena

"

luke

"

gente

luíe ( " .
gente( M

luee)
gente)

2. Las momentáneas sordas intervocáli
cas latinas k, ;.t_,

se mantienen intactas en

la lengua literaria y .no experimentan la aspi
ración- y fricación florentina:
it.
ii
ir :
ir.
.•-

la

asa

--

(flor. ...la h^asa)
ii • ,.;• • foho) .

.;fuoO
".. amat^o

riva(ripa)

ii

amaho) .

t

rif^a)

. • 3. Al diptongo italiano u

en sílaba

br.e corresponde actualmente en Florencia p_:

it^

nuovo -

II.

buno í

flor.
ii

novo

ban

uomo •'••••

orno. -

El inismó razonamiento vale para el lé
xico..

' "

•

•

••••:-• ...•:•

Gracias al Atlas Lingüístico Italo-Sui'zo

�77
estamos hoy en condiciones de determinar, ca.
balment.e (y lo, estaremos más aún con la, in

minente publicación del Atlas' Lingüístico '
Italiano) la contribución de las varias re
giones dialectales a la lengua nacional.Al consultarlo vemos que un porcen

taje bastante alto de palabras son comunes
a la lengua literaria ya todas las hablas".
de la Península.-

^ .

, •

:.

•.-....• . '.'

Sin embargo, cuando los dialectos
V italianos no concuerdan y tienen, distintos
• términos para indicar la misma cosa, la len_
• gua italiana ha elegido casi, siempre el tos_1cano.-. ,
De esta manera, para expresa^la
idea de "encender", entre

;

^ ;;

v .. ;

:

accendere (de Tos cana)
impizzare (de- Italia Septentrional)
y

appizzicare (de Italia Meridional)

eligió eli.tér.minb toscano.Lo mismo ha sucedido con

lucignolo ("pabilo")(Toscana)
bambaglo (Piamonte)
stoppino" (Liguria, Lombardía, Emilia)
• mi c c i o y papile (Italia Meridional)
donde la lengua literaria ha escogido el •
término toscano lucignolo.^ -.
•

Cuando, luego, la lengua literaria,

italiana tiene que escoger entre varios tér^
•• minos toscanos, lo hace siempre tomando el
florentino.-

�78
Así, entre capezzolo ("pezón") de Floreri
cia, capitignolo de Lucca, mosceglio. de Cortona

y caparello de Siena, ha elegido la voz floren
tina,- .•

......;.;-,:.^-..

:;._;;.

•

••••'•

•':

Esta preminencia de Toscana y Florencia
no es, sin embargo, absoluta.

Así, resulta que el italiano, entre los
términos septentrionales badile (pala),:letame(estiércol), redini (riendas), s abb i a (arena),
gelare (helar), rugiada (rocío) y sus correspon
dientes tosdanos pala, conejo; guide, rena, ghiac-

ciare, guazza ha elegido con seguridad los pri
meros; en cambio ha quedado perplejo entre caeio
(queso) y formaggio con una ligera propensión ha
cia el segundo.-

Afirmamos, pues, que el léxico de la
lengua italiana está constituido esencialmente
por palabras florentinas, mas no totalmente y
que, por el contrario, se enriquece a diario
por los aportes de todas las hablas- itálicas .-

Citemos, tan sólo a título de. ejemplo,
algunos términos de origen dialectal que encon
tramos en la lengua italiana y que el toscano
desconoce:

grissini (piamontés) glisines
prua (genovés)
proa
;
carena (genovés)
casco de la nave
abbaino (genovés)
buhardilla
panettone (milanés)
pan dulce
mortadella (bolones) mortadela
aleatico (emiliánó)~" ' aleático(tipo de
ciambella (romanesco) rosca
/vino)
maritozzi (romanesco) tipo de masitas
/dulces
camorra (nápoletano ) camorra (asociación
/para delinquir)

�?9
omer-tá:'"'Chapoletano)

complicidad del

silencio
ammainare(ñapóletaño)arriar, amainar

maffia (siciliano) hampa siciliana
introllazzo (siciliano)
.. 1T^: .mercado negro.-

�80
IX. PRINCIPALES-RASGOS LINGÜÍSTICOS
DEL ITALIANO.Antes de terminar esta ^reve exposición

sobre el origen y desarrollo del romance italia
no vamos a presentar algunos rasgos que conside

ramos típicos del italiano literario y que con
curren a darle su fisonomía inconfundible.Veamos, en primer lugar, rasgos fonéti
cos que caracterizan el romance italiano en su
fase literaria.

En el campo del vocalismo tónico nota
mos en seguida que el italiano mantiene bien
clara la pronunciación de las siete vocales
del latín vulgar:

lat. vulg. matre y
Ir

"

ferru &gt;

inadre
ferro

w

ti

bellu

3

bello

II

tt

legit' y

legge

II

pede

y

piede

II

tenet

y

tiene

c

�81
lat. vulg. seta ^ seta
"

"

debet &gt;. deve

meno.

mmus

menú

pilu

pelu ^ pelo
amicu ^ amigo ....

filu ^ filo
collu ^ eolio
corpu &gt; eorpo

octo 7 otto
bonu ^.• buono. ^^
locu ^ luogo
corona &gt; corona
solé ^ solé

cruce

croce &gt; croce
•
&lt;
. •

nuce

noce

^noce

flumen ^ fiume
luna &gt; luna
Notamos, pues, que a diferen
cia del español, el italiano ha conserva
do para la e_ y la o_ dos sonidos: uno
abierto / o, e /y uno cerrado /o, e /.Esta diferencia de pronuncia
ción es tan clara que, a veces, puede .

�crear hasta oposición semántica, como en el
caso de

pesca( durazno), pesca (pesca)
venti (plural
venti (numeral 20)
de vento)
botte (palizas) botte (barril)
torta (torcedu- torta (torta)
*
ra)
De notable interés son, luego, las
numerosas alteraciones que obra la i sobre
las consonantes que la preceden:
A
Tenemos en efecto:

l)

y 0 ys a veces, z):
di &gt; g

• - • diurnus y
.-i. -•.
^
• • - '•

hodie

hordeus&gt;

&gt;

oggi

modius y

moggio

podius " &gt;

poggio

hordius ^" orzo
medius

2) ti
•) •

giornO

&gt;

y

mezzo
z:

vitium * y

vizio

tertius y

terzo

palatium ^1
pretium

palazzo

y ' prezzo

�83
3) li &gt;• ^
consilium

^' consiglio

famil^a &gt;

famiglia

melius

y

meglio

k) ni ^

ñ:

campania

&gt;

campagna

ingenium &gt;
vinia &gt;

vmea

vigna

En el consonantismo notamos otra

característica fonética también muy parti^
cular del italiano, representada por la
vocalización de la 1_ latina en los nexos
el, gl, f1, pl, bl, que da una i:

claru

y

chiaro

clama

y

chiama

torc(u)lu

y

torchio

mac(u)la

y

macchia

glacia

y

ghiaccio

gluttu

y

ghiotto

un g ( u) 1 a

y

unghia

cing(u)la

y

cinghia

flore

y

f iore

fl anima

y

f i amina

�84
conflat •&gt;

gonfia

plaga

piaga

^ .-"

pluma

"&gt; •.^

tem^lu

&gt;

duplu ^

pi urna
tempio
doppio

- blasphemare^ " biasiniare

sab(u)la •&gt;•
neb(u)la

sabbia

^ • nebbia.-

Una consideración a parte merece, lue_

go, la evolución de las guturales latinas
(k) y .Es sabido que estos sonidos delante
de las vocales palatales
e i. fueron asumien^
do en toda la Romania (con excepción de Cerdeña y ^almacia, donde se mantienen) una ar
ticulación cada vez más palatal, hasta volver^

se africados o asibilarse:
•r

c (k) &gt; •^ ^ 9 ^ • s

• -^

&amp;

^

g&gt;

\/

z

&gt;

x-

El primer pasaje (de gutural a pala
tal) tuvo lugar en el latín vulgar y en esta
fase se ha detenido el italiano:
lat.vulg. cena (kena) &gt;

it. cena (ce-

/na)
"

M

gente

&gt;

it. gente

'•(gente),

�85
las fases sucesivas, en cambio, son de
las demás lenguas romances. -

Otra particularidad del consonan
tismo italiano radica en el tratamiento
de las oclusivas sordas inters^nicas la
tinas

t_

•' '

El italiano, por lo general, con
serva inalterados estos sonidos.-

En otras palabras, el italiano
litarario desconoce la llamada sonoriza
ción romance pirineo-alpina (que abarca
todas las lenguas de la Romania occiden
tal), que transforma en sonoras (y a me

nudo deja caer) las sordas intersónicas:

ITALIANO

FR.. ANT, FR. MOD.

ESPAÑOL

amat^a

amat.a

aimade

aimee

amala

amicu

amic^o

. amie

ami

ami^o

ciboule

cebolla

LATÍN

cepulla ci]oolla
i

A pesar de eso, encontramos en
italiano numerosos términos que han expe
rimentado la sonorización.

Dichas palabras no son propias
del toscano-florentino, sino que son ca

si siempre préstamos lingüísticos, anti
guos o recientes, que proceden de los

dialectos de Italia septentrional (sabe-

�inos que la parte de Italia situada al norte de
la famosa línea La Spezia-Rímini lingüística
mente hacía parte de la Romania occidental) o
de otros idiomas del área lingüística romance
pirineo-alpina.-

He aquí unos términos italianos q.e
han experimentado la sonorización:
but_ellu

y

budello

lat^.nu

y

ladino

laj^ro

y

la^ro
y

lit^

scut^ella^.

lid.o

scodLella

mat_re

,y

mad^re

pat_re

y

pad^re

drac_u

y

dra^o

lacu '..

y

1 ac un a

y

la^una

se^are

y

se^are

spia

y

spi^a, etc.-

Un ultimo carácter fonético descollan
te del italiano es el relativo.a las consonan
tes geminadas, o reforzadas.- .

Es un hecho evidente el que el italia
no tiene una gran cantidad de consonantes inter^
ñas redobladas o geminadas que le dan a esta

�lengua un aspecto inconfundible y una al
ta expresividad fonética.
Algunas de estas consonantes red

bladas proceden directamente del latín,
ya que el italiano las ha conservado
mente:
beccus

&gt;becco

bucea

^bocea

collu

^eolio

mille

^mille

flamma

&gt;fiamma

gemina

&gt;gemma

annu

^anno

pinna

&gt;penna

stuppa

^stoppa

cuppa

^coppa

carru

^carro

ferru

^ferro

bassu

^basso

spissu

^

littera &gt;

spesso

lettera

mittere ^ ' mettere.-

�22
••., El romance italiano, luego, ha redobla
do por su cuenta, en ciertos casos, consonan-

testes simples del latín:
febris &gt;

febb_re

feniina "&gt;

femmina

legere&gt;leggere
rabies^rabb_ia

simia^scinmia
brutus&gt;brutto.-

Otras consonantes redobladas italianas

son, por último, producto de la asimilación de
dos consonantes distintas del latín:
columna -^

colonna

#

spat(u)la ^ spalla
spin(u)la &gt; spilla

•

actus

^

atto

septe

^

sette

saxu

^

sasso, etc.-

Señalaremos, por último, algunos carac_

teres morfológicos del italiano que lo oponen,
en parte, al español.

En la morfología del nombre notamos
que el. italiano ha conservado del latín tan
sólo las primeras tres declinaciones.

�.89
•' p
De ellas ha conservado las desinen

cias del acusativo para el singular y del
nominativo (limitadamente a li y 2sl decli
nación) para el plural.Tenemos así:
lat. ac. sing. casa(m)
"
11
"

"
"

nom. pl.

^it.la casa

casae "&gt; case &gt;"le case

ac. sing. muru(m)
nom.pl.

muri

. ^"i muri

ac. sing. flore(m)
nom. pl.

&gt;"il muro

&gt;"il fiore

flore(s)/flori &gt;"i fiori

En la flexión verbal observamos -que

el italiano, ha mantenido distintas las
cuatro conjugaciones latinas, contrariamente
al español que ha asimilado los verbos de
la 3a. conjugación latina a los de 2¡a. Tenemos así:
la^: lat. amare &gt;
11

2a^:

H

it. amare (esp. amar)

cantare ^ "

cantare ("

cantar)

tim^re &gt;

temeré ("

temer)

"

re &gt; t! . vedere ("

3a:

ver.)

"

léger_e &gt; "

léggere.("

leer.)

11

currere y "

c6rrere_("

correr)

�S'O

lat.
"

audire &gt;

it • udire (esp. oir)

. sentiré &gt; "

•*

sentire("

sentir)

��92
BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL
A) HISTORIA DE LA LENGUA:
1.Bruno Migliorini: Storia della lingua
italiana. Firenze, 1960 (Trad. esp.de
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Leipzig, I89O (Trad. ital. de M. Barto-

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2.G. Rohlfs: Historische Gramraatik der

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Bd. I, Lautlehre, Bern, 19^9 Bd.II,
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III, Syntax und Wortbildung, Bern,
(Trad. ital. del Autor. Torino, 1966 y
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Torino, 19^*9 y 2d. sig.s

2.J. Carbonell: Diccionario fraseológi
co de las lenguas italiana y castella-

na. Milano, 1953 y Ed. sig.s

**^^^#•*?#

VÍV :••

�•índice

I.IntroducciónPág.

J

II.La Italia prerromana y el
problema del sustrato

"

I

"

29

"

28

n

^q

italiano"

52

VII.Lengua y dialectos de
Italia"

65

VIII.El florentino y la len
gua literaria"

7$

IX.Principales rasgos lin•
güísticos del italiano

"

80

BIBLIOGRAFÍAn

.92

ÍNDICE"

96

^-•

Lj

III.La Italia protolatina y
las lenguas paleoitálicas
IV.La Italia latina y el •. .

latín hablado en la Peníii
sula y en las islas

.

V.La Italia barbárica y el
problema del superstrato
germánico

&lt;~

——-^

VI.La formación del romance

�•índice

I.IntroducciónPág.

J

II.La Italia prerromana y el
problema del sustrato

"

I

III.La Italia protolatina y
las lenguas paleoitálicas

"

JO

"

28

M

40

italiano"

52

VII.Lengua y dialectos de
Italia"

85

VIII.El florentino y la len
gua literaria"

75

IX.Principales rasgos lin
güísticos del italiano

w

80

BIBLIOGRAFÍAm

.92

ÍNDICE"

96

IV.La Italia latina y el •. .

latín hablado en la Peníii
sula y en las islas

.

V.La Italia barbárica y el
problema del superstrato
germánico

&lt;

~^

VI.La formación del romance

��</text>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>Zannier, Guido&#13;
  El italiano / Guido Zannier --    Montevideo : FHC.DL, 1970;&#13;
   p. 94  ( Evolución y estructura de las lenguas indoeuropeas )</text>
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                <text>Los trabajos del Prof. Zannier que el lector encontrará en este sitio presentan una afinidad temática identificable por la mirada puesta en las lenguas romances. Desde el siglo XIX, estas últimas comienzan a ser descritas teniendo en cuenta la relación histórica que las agrupa, a saber, su procedencia del latín. Mientras que desde una perspectiva diacrónica, es decir desde un acercamiento histórico, se han revisado la herencia y los procesos de cambio comunes de esta “familia” lingüística, la comparación de los sistemas lingüísticos romances ha llevado a describir fenómenos inherentes a cada una de ellas. Los textos de Zannier no son una excepción a esta aproximación, expresa en la voluntad de agrupar los escritos de la serie bajo la denominación Evolución y estructura de las lenguas indoeuropeas –en el entendido de asumir las lenguas romances como un grupo dentro, a su vez, de la gran “familia” indoeuropea.&#13;
&#13;
Por otra parte, más allá de no contar con la presencia sistemática de prólogos que den cuenta del sentido otorgado a estas publicaciones por su autor, podemos asumir que los textos se escriben con la expectativa de convertirse en apoyos a la actividad estudiantil, de referencia para los distintos puntos abordados en los cursos de Lingüística Romance que caracterizaron la&#13;
labor docente de Zannier dentro de la FHCE. Con excepción de Monumenta romanica antiquiora, al que se aludirá más adelante, cada texto presenta una lengua romance teniendo en cuenta su historia y su sistema lingüístico. Así, podemos identificar una organización de las publicaciones que aborda de forma similar la presentación de cada lengua. En primer lugar se hacen referencias a las características de sustrato, superestrato (y llegado el caso, de adstrato) de esa lengua neolatina, así como del latín que antecederá a la conformación de una entidad lingüística neolatina, ubicada en un determinado enclave geográfico dentro del espacio europeo occidental. Posteriormente se aborda una caracterización de su sistema lingüístico, procediendo a presentar, según el orden preferido por la tradición descriptiva estructuralista, los elementos del nivel fónico (sistemas vocálico y consonántico) y del nivel morfológico (flexiones nominal y verbal), así como consideraciones de orden léxico. Por último, en tercer lugar se incorporan testimonios escritos conservados que atestiguan, según el caso, la presentación temprana de la lengua romance en cuestión, o la producción literaria de un determinado período (por ejemplo, la tradición lírica provenzal).&#13;
Zannier escribe este conjunto de textos en un período que abarca aproximadamente la década 1970-1980. El tiempo transcurrido ha significado un redimensionamiento en el tratamiento de algunos de los temas abordados, ya sea a la luz de nuevas elaboraciones teóricas sobre las formas de describir las lenguas, como por ajustes impuestos por hallazgos arqueológicos o por relecturas históricas sobre el extenso período (en el entorno de unos tres mil años) que se pone en juego al trabajar con las lenguas romances en perspectiva histórica. Sin embargo, la selección bibliográfica con la que el autor acompaña cada trabajo permite ubicar allí los aportes de romanistas y filólogos que al día de hoy son referencias clásicas dentro de la Romanística:&#13;
Lausberg, Tagliavini, von Wartburg, Diez o Meyer-Lübke, entre otros. Por otra parte, la inclusión de breves producciones (o de fragmentos) literarias permite el acceso a textos de limitada circulación en el medio, ya sea en catalán como en provenzal o gallego - portugués. Con relación a estos pasajes literarios cabe agregar, además, la incorporación de traducciones acompañando&#13;
a los pasajes escogidos, o el recurso a la inclusión de un glosario de términos cuando no se incorpora una traducción.&#13;
&#13;
Una breve mención aparte merece la publicación Monumenta romanica antiquiora. Esta vez precedida por una presentación del autor, allí el Prof. Zannier procede a explicarnos que no se trata de una crestomatía según rigores filológico – literarios, sino de “una antología de textos románicos antiguos particularmente significativos”. A diferencia de los otros textos preparados por el autor como apoyo a los cursos de Lingüística Romance, y concentrados en desarrollar una presentación sobre los avatares históricos y la configuración sincrónica de una lengua romance en particular, aquí la atención está puesta en los fragmentos documentales romances conservados (por eso, monumenta romanica) de períodos tempranos (por eso, antiquiora).&#13;
Como ya se dijo al respecto de este punto, la presentación de estas breves producciones (o pasajes) permite el acceso a textos de limitada circulación en el medio y hace de esta publicación una puerta de entrada al mundo de las lenguas romances pertinente para interesados en la temática.&#13;
&#13;
Virginia Orlando&#13;
Abril de 2019.</text>
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historia

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Juan \1~11111•·1 ele· la Sola. 1'11 ,.,u r&lt;tr.t "lli,..luri.t dt·l lc•t-rilnt·in oriental
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t•llas Jll.ll' c;I'I'Ul:mw Ft&gt;llo•, a IJIIÍI'II prt'•lllllild(•lllt'lllt' f'l'l"lt•Jif'f'ÍtÍ
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{t\~TIII \IFVI'\1 .. : parl•·~ •u••lta,. pnra t•l;n·inl'lt', lrmupa
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TíTm.n: ··\[ontmtt.:ro··.
IIECTI \; IH 15 nJn·o,imutlanwnlt•.

f ~STH LJ:\Il VI'A l.: pariPs !'lit' JI a' para f'laut in, d;n·i 111'1 t' f." 1'11 !'i-lwmoJ.
pi .. t(m 1." &lt;'ll la, trompa 1.a •·n f'a. trompa 2.a Pll fa. lrumhón.
\'Íolín ]li'ÍtwipnL \Íolín 1.0 • violín 2. 0 12.u p¡u·t¡•J y t'ltlltr:rltajo.
(St• lrrtll.~t·rilw únirrtl/lt'11/t: [, ¡mrtt• ,¡,. ,.¡,¡¡11 prifld¡lfll).
Ntt'\JFlW CIE p\(,L'\"b:

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la Ca~a ,¡,. Cmut'clia.; clt· la tJ,~;·atla IH-111-18511 t'll 'JIIl' el ''"f'Í~la
de r'•la p;trtitur&lt;J, Fralli'Í•wo .Jo,~ llPitali. •'ra tlin'l'lor clt' tll'f!IIP"'ia.
I.IP\ a d ~." •I.Olt tiPl imTnlariu .¡,. ,.,.,le ar('hho.
rmnu \11 -.IC\1.: J"l''-111111111' a In fórmnla J¡¡j ..il'a: '"\lotlernlo-Ailc~ro­
Curht". Fl Allc;:m inlt•rnwtlio pre¡;r•nta con ltHla ,.Jarid:ul la idea
mut-ir·a 1 pnr·o•rr¡trl a t'll {'tllllJHbl's dr ,..ej~ neta' o~. l'('l'O IJIII' la ,.,.entura tk la ¡.poen ha ,uJ,.Jividitlo. cifníndola f'n 1""" octants.

l'ltoCI·UE:\CI \: ,.,.

~33

�MINI 1•: \IO.NTONEIW

~." (l

AUTOR: clo·::;c•owwid" lo•upia el o· Fr:11wi~c·u .Jo,;e'· lkhali l.
TÍTULO: "1\lontouem".
FECTI,\:

HH!í apru,iruaolauwulo·.

l'I~HU ':\ IF'IIT.\T . : parte'" ~twltut-. para flautín. o·larincte l." c•n o-i-IH'Jtlol.
pi~ton 1." en la. trompa l." 1'11 fa, trompa 2.a o·n fa. lntJIIIH)H.
violí11 pririi'Ípal. 'iHiíu 1.". Yinlín 2." í2." parlc'l y o·uulrahajo.
(.'w lrnllst·rifw titiit·umNIIP lrt l'artr• rft• r·iolí11 /'rifll·;¡mi.J.
J\¡'·i\nuo IIE p\(.1'1 '"': 1 (o'ort't'~JIIIIltlio•nh· a la parlo• lratJ&gt;..c•rita 1.
Dnu:I\~JO"'F'-: la.~ dimo •u,..icono•, lot;dP-&lt; tlf' la p:Í/-!.Ílla ole• la par·l,. oh•
'iulín pritwipal IJIII' ~·· lrall,..l'l'ilw. ,.o u (a,. ~i~llio•utp,.; :wn' 21 O ruut.

(o·uja: 210' IHI 111111.1.
E"-T.\110 111·: C(l'\"1·'1{\ Al:IÚI\:

hrwno.

Pnucnmi\Cl.\: ¡;e· halla t•n o•l An•hino Ddwli y (H'uc·t•clo· olel fouclo ol1•
In Cmw ele•. Comt·olia~ el., la de~c·acln lB IO-IU30 1'11 que o·l &lt;"opi..,tn
ofc• o•,..lu pat·titur;,¡, FrmH·i,eo .Jo,¡; Dehali. fw~ dirt•(•lor ole onpl!',..la.
Llc·\a o·l \." •til lo olo-1 Íll\'l'lllitrio c1o· 1'1-\lo• an hi\n.
FoR\1,\ i\II•~IC \1.:

r,;l'lllllla l·ú~i··a: "\lollo•t·atn-AIIt'gfi)•Cnlla''. ~in
liariclacl al~1111a.

~IIJ'&lt;liE

(11'('11·

1\10.\TO:\EIW N.O 7

.\¡ ··¡·on: tlo•t-t'Oiloll'iclo ll'o¡tia olt~ Frauei~t·o .ln•P lkleali l.

Tínu.o: .. \'lontonl'ra''.
FM:n \: 18l:i apn"imaclauwnlt&gt;.
1 'IIS'I'J:Io\IEi\"1\1.: partitura parro piano.
:\t;\U:JIU IIE J',\(;JL\'\!';
J)nu·.:\SliJ'\Jo:~:

l.

298 \. 226 mm. (cajil; :2:i(l' 170 mm.).

(~STAIIO u¡.; CO:\'SI-:Il\A(;IÚ'\i: htWflll,

Puocf.I)E,\t:l.\: ri)!lll'a e·n la p;í¡.;ina 9 clo· un úllonm 1l1· 111illtll~,. uwulto·
ut·ro~, 1111'11 ia-c·aíra,.,. ~a\ ola~, ('Oill raolanza,.. l',..paíwlat- y f rant •o•:-;a:-.,
1!11'., lfiH: ltt'l'lr'llt&gt;riú a Fr;uwi,..o·u .J.,.• ,~ IJo•ltali, rlo· o¡uit•n 1·~ J¡l l'¡aJj.
~rnfía, ~it•uoln, prl'~lltllildl'lllt'lll••. t•l autor tll:' algun¡h cle· c~:-.la"
olan1.a" ele· ,altín. Se· lralla 1'11 o·l Arf'!ti,·c, D··lw1i y JI,.,¡¡ t•l número
·M'J de• imc·ularin.

ron' L\ ,\11 SIC.\l. :

;q¡ lllllrfnlo~Íil ai'II:&lt;U 1a 11 !"IÍ In el o:"~ p&lt;lrlt·s: 1111 ,\1 nclt'ratn
y 11Tl \lle)!I'O y n·:,pcrnolo• a la fórmula há--ir·a u la rual Ir falla

la Coola. Poolria ~e~r 11111)' loie·n op11~ t'&gt;~la parte final nn llt·gc) a o·!-l·
o-ril,ir.~t·

ponpll'

la

(IÚI!ÍIIa )a

t•,..talta usada 1'11 lu, pt•nta¡.:rniiHii-1

fiuale•" t'(lll un apuulo• .. udto. Lu t·uu~icll•r;uuu", ptH'». I'OHIO un
;\linué :\lonlmwru 1le l'c}rnwlu húsir.a &lt;~liiH[llt' inc·ompiC'ln.
-- 231

�:O.lll\Lr \IOVJO\F:no !\."a

el!-

AtrTOll: ck•c·ounr-idu (&lt;·upia

l•.rau!'i~cu

Jo,.;e J),.J.ali 1.

TÍTn.o: '''luul ont•t·u. lc'UJ pu dt \ltuuctto"'.
Fu:IL\: IHI:l upro,imadamPnlc•.
J:\"'ml \ll·:-.·r\1.: partitura par.t pi.111o.

1\ (

\1 ERH HJ.. 1' \(,1 ~1\!-i:

2.

Dt\li-:1\STOI\E!': :~J,!),2-J.Oturn.

lc·aj,t:

:~oJ.xJ7~·mlll.l.

EsT\Ilo ut: c:o'II-,Ht\'H.JÓ'\1: J.u,.no.

PRoc:I:Ill' '\&lt;.J \: fi¡.:ura c•n la~ p;1giua,. l ~ :! cJ,. 1111 álltum 111' mintu'•-&lt;
monlull\'1&lt;1•. media-&lt;·;HÍ:l'. ;.:a \l&gt;l.t•. c·nnt ratlau:r.at&gt; c'..,pa•iolas ) fran·
c·c·~il", 1'1•· .. 1(111' pcTI!'IIC't'i&lt;"• a Fnmci~cu .lo~t~ l&gt;c•IHtli, ele quie11 ¡•,. l;1
c·ali¡.:rafÍ;J, ¡¡irucln. prt'l'IIIIJi!Jknwult·. c'l anlo1 dc· ahmua:::tlaJJZllt' d1• -alo'tn. Se halla t'll ('1 1\rc·lt i\ll fkl•ali) llt•\·a o·l
lJ,!J el,, Ín\c•rtlarin.

clt• c•,.la•
IIIÍIItf'rU

Fmnr \ \11 !'te: \1,: rt·-porulc• a la 1'11n11a J.á,.ic·a: "'\lwlcl·alo-Alh·~nJ-Coda •·
y ric·ru• c·l:tra,. n·-ouanc•ia~ o;u linea nwl1idiea, cl,. El Cuando. D ..
~·~1&lt;' :\linué \1uuluuc~l'll po,.c·c•utu~ rre,.. llHIIIU•c'l"iln,.: t'l prluwru
¡·s c•l cpu· pn··•·ntamo,. "" lllll'•tro traiJajo~ ,.¡ "''f!.llllclu es una H'r·
,-iún JIH:t ~uilarra tjlll' lit·\ a IIHÍ,.; urlli.lllH'Illu~ tle ruon]enlo'.• 1'11

"'' Jmlodta ) ..L l••rrl'ro, li.iml.i.~n para ¡!llÍiitrra, llc·\ a t'OilHJ IÍtulu:
"E! N,ll'imwl". E:-.ru,.. tl"" 1íh inw- fll'l'lt'II&lt;'ITII a lllll'~lra co[e¡·c·ícJII
y tlalall clc• liGO apmxirnatlamt•nlc•.

A!ITOII: ell',&lt;c·ounf'ido (copi¡¡

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l•'•·a11eit&gt;I'O Ju-.p D•·l•ali).

TíTLLO: ''J\Iimll'llo".

FtC:!L\: 18 t:l apruximaclamcntt•.
{'\'TRI \IJ. \1 \1:

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Pnoci·HE\U \: fi~ut·a c·u la p:í:,:ma 1 di' m1 JJI:IIIII~I'Iilo clc Fran!'i,r·o
Jcl'P Dc·l•ali para Ol'IJilt':-ta } t'&lt;lltlo. ::::e halla •'11 c'J \rdúHc l).. J.nli
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lleva &lt;'1 nt't11wru 726 cle Íll\l'lllat·io.
FoB!\IA 1\IJISI&lt;:\1.: t'f•~; putllle a la ntriantc
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di' 16

"VIodl't'ato-AIIc·~ro", &lt;'11)1•
•·ada una.

t•ompa~t·;-

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t·on·o~rufítl

.J,. la~ rlan7..,, &lt; olloui.tle, ' ,¡,. la
tlt'l ,.i;.:lco XIX. ,.,1'1.¡¡., c•JI la t~JIIH'a por ai¡!IÍII ;llal'~II'U
tic• loailc• o pe o¡· al;.:tiu ol•~•·n atfor pn c·i•o ~· t'lll'ÍO-&lt;o. todo .. lo,; inll'nlo~
,¡,, r&lt;'l'llll~t rut·l•io'lll Pnrr·ot;!t'Ú fica t lo· d nnza~ cl!'t1il pa ru•it la, el o ~el o• h ac'l'
cien i.ltic,. nanfra;!llll r•n 11n pn•c·l'lo~n mar clo· •upu,.il'iorw,., Lo• 'iaMic·nlrn~ Jw aparc•zt•a r·l lt'&lt;tl;uJ.,

primf't'a 11til:1d

jtTII" )' llll'liiiii'ÍaJi..ta,.. J¡,lfl

lt·\anlaJo a

YoTt'!' e,o_•

,-,•Jn ÍlliJll'llf'lt'aiJJr·.

c•llo no c•::. ~ufiei,·JIIt' c·onto ¡oar:r prnt•r•clcr !'lllll·c· t'~;• lw,c· a la
c·c•rlf'alt•twl'ÍtÍII cln ludas la,. figJII'a.-. ~ JI"~""·
1),. lcHio In cl:c·hn ,.,. clc•,pn·rHic~ IJllt' la c·oro'll)!l'llfío~ dc·l 1\-linul- .\l .. nlmlt'ro ,.,., poi' .1hnra. para no~nlro,., c'!J"ll 1111 a\t•ri¡.-:u¡,oJa. por m:í- ljllt'
A111ln~t1 B, lt•·anw •IJ) c•n 1.1 Ar;.:c·nliun lw~a inl&lt;'nlarlo c·un lanla hut'na
JH'ro

\ oluulad,

En

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I'I'CIIIh·l rlll'l'ÍÚII.

la lruJlic·ÍÚII ol'lll nu Cllt'llla pon¡uc
pnl&lt;'nll' río cl1·l rc•c·Ju·t·clo lla -itln iutc'l'l'lllll)liolo por
IIJI'IocJÍa ¡ m~a cll' IIII'IIIOI'Íil 1'11 III&lt;'IIIOfÍa ) ·W ri'fJ'o'•W;J
l'•lc• C':l,.u.

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la f'jrc•uc·icín. pi'l'u
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la c•oJ't.'O¡!ntfía clo• una clnfo7.a '1111' dc·s-

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lio•nt· la,. po.iloilitlaclc·1- clt•

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cieio o¡uc· u\·ivo: c'H' I'I'C'IH'I'IIu \'aria,; ¿!t'IHTac·icun•.; ut;i,. larde~.
La,., rc·l'c'l't'lli'Í:J,. t'OI't'tt¡!r&lt;ifica- tll'l

pero nu ''"!' 1Ít·au do·

En ¡ot·itm·a· lt~rmirw:

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Munlnno•ro -1111 Ulllllt~ru,.a:;

c•uk.d ~11 unlc·uat· ¡,·,n tlo•[ iuit i \'il,
c·l :'\liuu(· ) .. ¡ ;\linul- 'loulc•lltTil .-on tlna ¡.,IJ t'lti'I'II!!Tilfi:t Y l'fl c·Jtanlo a :;u rmí,.it·a.

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c·chas tl!~l in la· c·u l'Uanlo
Vario,., \'Íaj•·•·o~ In clil'f'll t'OIIt'l'l'l;Hill'~lc•. AÍc•ioJ..~ [)'1 ll'loi:,!ll) ('11 IB27
lu 1•' ltailal' t'll la J\l'¡.:••nlina: "Prosi¡:.uh·rou l'lln 1111 mit11u; mtn:ltllll'ro,
mur ,¡,. mmlfl ('11 1•/ ¡mis y 1)111' 11111' rrl NtrtÍI'I&lt;'r f!rlll't• di'! miuut; t'r&gt;IIIIÍII,
r•/ ,¡,. l'~f/S j'iguras lflll ,t.:.ntciosa~, &lt;'Mh ¡m~o:; qut• los c•sprtiiolf!., lwr1•11
.MinuP Mcmlow ro t•·nia dn~ tipu~
JUÍllllt~ c·ontÜn tlc~ r·;u·:i&lt;"lc•¡· ~1':1\1'
y ot rus mús "~t·&lt;wio.•tt.• ., 1 1O/. \ 1a) u m u~ ¡oor pa rtcs: lul' Jl&lt;t&gt;'o~ rle 1 m; nuc··
c:omtín e:-.llin notaltlemcntc• dc•,c•rilo,; por PI liii'IIJili'Íali,;l a y nn'~&gt;il'Cl
c·hilo•no Jo,.t'· Za¡cinla: "lJrtn•mos, fiarlos r·n rlltrstros recuf'rt!os, ul~llllft

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r:tf,•lmttríndf/.W ltn.~ta e•/ t•c•rlfro, ¡mrtir111 en st•¡.midn pura t·sc¡uinn ...
11[11/l'.~lrts. c·1m ¡mso.~ 1/11'\Urrr.los, c·lult!llt·ioso.~ y l'lm la rista rr•t•i¡•ror·rtfll('ft/t• fija en f'l &lt;'llfll!'llf'it•ro. Voli'Í:m olru t'••;; ul n·ntrn. :;1• t{ufum las
111111111 ... y .St' dirigírm " lus olrus do., •'!'l[flinn.; rld .wtlúrt. l:'n sr•f!.uÍtlrr,
t'o!t.•íull uf lu¡mr t/c• dmule fudtirm ¡mrtirlo; n·¡wtían lus puso.~ di'!
¡trirwi¡tio y 11/ltr•,, th• .w¡1:tr11r:w .w lwcínn ,.¡ ríltimo :;rtlrHio. Lu mrísir'IJ
clt'l minuPI. f'll IÍem¡m d1• trPs por l'llltlro, dc•híu c/1• wr ¡musadu y
(9)
1111)

Al\tiRI~;.; lhtnt\\ll-~ ~ Uu\lt,r..:u \_ l.u\UI\IUH: /~u tlt•.,¡wdidl' (llirtui; /Nlt-·ruf) N.0 :!:~.n.
Bta·nn.J ¡\in·~. cH·IttltrC ti,, 19J3 ..
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r•·ut'Íli t•urnnnit·:iilu [tOr hoJI"'f \ret L).

�1'11 tmtos lwmo!t•s, rcrrrt r·r•;:; "'"·'tt•tlirfn,''t lll, Dt•nll n t!t•
un c-nicladn~o plan dC' ::-upu~il'iorwK ) 1-Ín lni'Zill' lo.- tlot'lllllf'lllm;, I~•IH
dc•hía ,t•r, ptu:•. 1H •·m·•·t•gruli.• &lt;lt· Jo, a l'rin•~"'""" 1 ompa~t·.- dt·l Mun·
lmwro c¡uf' fonuahau d '':\hulPrato'' n minut'• pn•pi:utwnlt• dit·lu•.
Prc, nuihlrnll'lllt lambic~n ¡..(,¡ t!t ltio.~ ., r l.r c·m·,•u r:~fia c)p b · Corl.r''
fin.r! 1lc• l compu-e;¡, qw• rl'lornal.u al mi,.mo ¡,.,~ ) n ln~ mi-ut.r•
•• ItituJt
Tn lllh)~ nHÍb tnrrle. f'n 18:Hl, \¡·¡;r•nio h·ul,c•llc• ,,. J,ailar l.r ''nHlll·
tunt ra"
c·omn C:! ll.una
•'11 Btwnu-. \in•, ~ t'liiiiJlii'IU la l't•fc•rpuf'Íct
'un , &gt;&lt;Ln , x¡olieac·it;n: "E~¡u rir• d~· miTltt¡; .~altmlo. t•tt ,.¡ ··uul la huila·
rinn imil' [r¡, 1'1 sf:zÍÍIIl'las cm1 !fls ,¡, tiiJS. E.~tu t!u11:tt,' t&gt;l•rdodrrttfll&lt;'lllt•
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                <text>En los días de la independencia se organiza en el Río de la plata una réplica nacional al viejo Minué de cuño francés que había  pre-denominado en todo el coloniaje y nace así el Minué Montonero.</text>
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uiap uoa jqaS loqia^ sipnads.iapi/v\ 3M3ÍUJ!J^33Í1 s^q,.

o^

�que la identidad que postula sea cada vez mayor. Es posible además
que esa tarea sea la causa por la cual a medida que pasan los años
un sombrío aburrimiento parece invadirnos. La realidad nos ofrece
siempre identidades, similitudes, cosas ya vistas, cosas ya conocidas.
La novedad, que supone la no-identidad, muere al nacer. El mundo
maravilloso de la infancia, donde la novedad surgía al conjuro de
nuestro anhelo y nuestra imaginación, que era inminente en cada
instante, ha desaparecido. Los niños se duermen muchas veces con
la esperanza de poder sorprender esa otra vida que tienen los objetos
cuando nadie los mira, de poder verlos elevarse de su inercia, de su
estabilidad, de abandonar su mera manejabilidad y vivir por sí mis
mos. Los niños tienen la esperanza de que acaso un día sean admiti
dos en esa vida privada de los objetos, como la pequeña Ida del
famoso cuento de Andersen, tenía la esperanza de ver el baile y la
pantomima que hacían las flores durante la noche y que finalmente
lograra realizar. Las flores bailaron con la muñeca de Ida y le pidie
ron que al otro día le dijera a su dueña que las enterrara en el
jardín, a fin de que pudieran renacer en verano. Cuando al día
siguiente la pequeña Ida interrogó a su muñeca sobre el encargo de
las flores, no contestó. La niña lo recordaba y lo hizo, pero la mu
ñeca se había transformado otra vez en un objeto inerte. A esa iner
cia nos vamos acostumbrando poco a poco y la esperanza infantil va
muriendo poco a poco y vivimos y nos dormimos con la confianza
o con la resignación un poco triste de que ya no hay nada maravi
lloso, nada asombroso y que las cosas seguirán siendo las mismas aun
que no las veamos.
Algo similar ocurre en la mentalidad primitiva, donde nacen los
mitos, esos mitos que reaparecen en nuestros sueños, en nuestros an
helos, en nuestras fantasías, en esos sueños que tratamos de expulsar
inmediatamente que abrimos los ojos. El hombre no ha conseguido
eliminar el mundo de lo maravilloso, sino reprimirlo. Pero es una
represión muy frágil. (1).
Es naturalmente muy difícil salirse de la estabilidad impuesta
por la razón. Incluso para comprender experiencias situadas al margen

(1) Entrar en el sueño significa prepararse a una aventura, pero para ini
ciarla, como en una aventura auténtica, es menester partir, alejarse y alejarse solo.
Quién sabe si la resistencia del niño, no traduce el anhelo tan humano de man
tener una comunidad, un contacto! Viene de un mundo de sueño, la vida lo ha
despertado, y se encuentra despierto en un mundo! Se pretende que en seguida
retorne a su lugar de origen, pero todavía no está harto de éste. Hay que darle
tiempo. El país de los sueños, sí, —pero hay que entrar en él, ir hacia él, y solo.
Los otros se quedan. Los niños, como se ha dicho tantas veces, ignoran la vigencia
del principio de contradicción y quieren todo a la vez; irse y quedarse y si se
van quieren llevarse todo consigo, y todos... y no ser como el príncipe solitario
que juega con juguetes fantasmales.

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asjBjuaAui ap '[a ap jcdcosa ap bjbjj X buijb ns ap omijuí oj ua Jomaj
¡a ajuaig -aj bjbui ap Bjanpuoa ns jod opsapuaSua 'oauBjodtuajuoa
ajquioq ^a aajns anb ap pin p 'opoui ojjaia ua sa X ajjnu oj uamb
ajquioq ouisiiu p sg *ajquioq pp aaSuBS b[ uoa X auasa bj uoa bj
-uaunp as X ouBiunq uozbjoo p ua opBjBjsui Bq as bX pin p anbaod
uaAJis BpBu ap ajuauíjBuij anb 'soiSnpj Jinajsuoa 'p ap asaapuoasa
'pin pp ^inq japuajaad :B^p^ ua souiBJjuoaua anb bj sa bjjq
•ajqijjaj ubj sa ou bX
uBjBg "opEuiuiop X ptu p uoa JBnf ap zBdBa asopua^uis '4tBsonji
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jBSBd Bidaas anb íopBjadns Basnq X js ap oaiuap piu p ajuauíajuaia
-suoa BjdaaB anb 'opB^uajjua BjdaaB X ou^aijuí ^a aA anb 'oiuoiuap
p aA anb 'pin p aA anb 'pnBqun^ ap B[ Bjaas 'sBqa ap buq #piu
p ojaadsaj uoa sapn^iiaB SBsaaAip ap pcpqiqísod bj jsb soma^
'(Z'IZL "?d 'snuayi s^p
^ivoij^ 'qajiAap^uBf • j^ •j'j) M*p uoa asaipaui opuBjdaaB 'Biauajsixa
ns jaaouoaaj ap ojaaaipui jouoq p iu piu p aasq aj ou anb ojnps
-qB ozBqaaj pp baisbcI boijobj bj uaXnjijsns uopuag X sa[Bg 'ajuaaj
ap opaBjsqo p JBaj[OA apua^aad X ojjanp oduiBa b anboqa p X 'sa
-ubjj BjpjBq b^ BjdaaB anb (vjjuoo opuaSv^ pp bubi3bui Bi^ajBjjsa
b[ y •ojuaiuiijuasuoa oajsanA ap sBjjand sb^ 'aBjsajuoa uis X aijnasip
uis 'sopB^jaa uaiq pauaj X sopaos sopio paaBq 'Bjaand B^ ua aaaanjua
as anb SBJjuaip\[ uopEipSua p spjqB a^ O|yj 'opipaad Bjsa aaqB anb
pnby ^o^sa ouis apid ou p anbaod íosoppuBasa p jBspdxa sa^d tu
'bjbjj as anb ap .i3A sa^d iu 'Bazid Bun iu jBapBdaBd anb Xsq ou opoj
ajqog 'BjqB a[ as anb aaainb ajuaureps 'bjbzjoj b^ ou íso^nbuBjj pBj
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-ainb anb oj opoj aaajiaoA an) 'oáiiuaua jb opio aaq^q ou JiSuij íojnj
-osqB ua JBjndsip ou ^aapuodsaa anb Xbij oj^[M *oaqad ajsa UBiaouoa
'sajBg ap oaspuBjg 'uojauag 'sajBnjiaídsa sog #apaaid sou pBpisoiana
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-uiaj,, Bsa uBjJodos sopoj ou X uaAajjB as sopoj ou oaag *pnBquiijj Bq
-Basnq anb bj oiuoa 44bsoiijjsuoui buijb?^ un asaaaBq oiJBsaaau sa saaaA
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sBiauaiaadxa SBg qijn oaod Bjjnsaj sou osbo ajsa ua BiJBjunjoA uoiobo
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-uajua jas ejed uajainbaj 'souans soy ua uaíJjns anb sayeuoiaoiua sop
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ua enjis sou anb epeuoiauaui bijoiugui bjbj A epunjojd esa 'bijoui
-ara ey b opueyade soyjapua.idiuoa jeiuajm Bjjpod as oseae so^oadse sou
-nye 'sBuiaj sounSyy "soynáue saydijynuí aod asjujuaiui apand 'sisof
-joiuvja^^^ WJ ap ojeyaj osoyjajsiiu A otuTsifaydtuoa yap sysiyBue yq
•asjauodiui jod eutuuai
ajuaiuyBuij anb uoiaenjis íjaaouoaaj uajtuipe "^ asof tu esuiBg oij
'Ooaj^y iu anb uoiaeniys eun ap oipaui ua jBjjadsap un 'aeijadsap un
uoa uBzuaiuioa osaooj^ j^^ Á stsofuotuo}df\[ vj 'B5yjB^ ap sayediauíjd
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SBsoa sey jaA b saauo^ua aAajje as Á BiSnyaj as yena ya ua oijejunyoA
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ouans Bjanj BiyiSiA souiBuieyy anb oy ig? ¿bsj3aui ey b Bjanj ts bijtjj
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By anb jbjjsoui soiueijanb 'B5yyB^^ b A pnequiiyj b sojunf JBaoyoa yy
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'jaaaia oyjaa^q A 'ya ap Jtnq Bjed ouis 'oyjBjuaayua BJBd ou ojad oyjaa
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jeSau ap zaA ua ^ ¿ajquioq ya ua ajuauqtqBq 'a^uauiBai^Buiajsts ejuaiu
-oj as anb yBuoiaBJjy aojja^ un ap ope^ynsaj ya ouis uos anb? 'eaoda
BJjsanu ua opBjajiyojd ueq anb sosonjjsuoui sauarajSaj so-q 'sayeg
ap oasiauBj^ ap BjqByed By un^ as 'bubj Bun ouioa 'eqauíq as yeui ya

�También requiere, y no sabemos hasta qué grado será posible hacer
lo, la atención a cierta afectividad transeúnte que roza nuestra
alma, casi sin dejar huella. Pero más allá de la exégesis psicológica
o psicoanalítica individual que exigiría mostrar, como algunos lo
han propuesto, la vinculación de Gregorio Samsa con Franz Kafka,
con su sentimiento corporal, con su situación familiar, especialmente
aquella que se refleja en la famosa Carta a mi Padre, iríamos al
mundo remoto ancestral de los mitos. Veríamos así reaparecer extra
ñas nociones de culpa, de pecado, que las antiguas religiones cono
cieron, pero que la civilización nos ha obligado a olvidar. Más que a
la búsqueda de un tiempo perdido, iríamos a la búsqueda de un mun
do perdido.
Algunos temas del relato podrían explicarse por hechos, por mo
dalidades individuales de su autor, pero otros apuntan a una cierta
condición humana, que deshorda la órbita de lo individual.
El cuento comienza de un modo singular; podríamos decir: bru
talmente: "Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño
intranquilo, encontróse en su cama, convertido en un monstruoso
insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y
al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre os
curo, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si
podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escu
rrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuáli
das en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían
a sus ojos, el espectáculo de una agitación sin consistencia.
¿Qué me ha sucedido?"
¿Qué ha sucedido? Esa es la pregunta que podemos dirigir: ¿qué
ha sucedido durante la noche, qué ha ocurrido con la identidad per
sonal, esa identidad que el sueño amenaza, pero que se recupera en
seguida?
Muy raras veces somos conscientes de ese esfuerzo de recupera
ción que se produce al despertar; hay una cierta distancia entre el
yo que formaba parte de sucesos extraños, fantásticos, que vivía en
una atmósfera que no es la habitual y el otro que readquiere sus
derechos y expulsa al anterior. La vigilia nos expulsa del paraíso
o nos salva del infierno, pero nos arrastra.
Sin embargo, cierto pensamiento confuso, un pensamiento, una
creencia, no siempre claramente formulable, acaso una superstición,
le atribuye una significación profunda al dormir, a la vida que con
tinúa mientras nuestra conciencia desaparece. Es muy frecuente que
al despertar, los síntomas de una enfermedad que se insinuaba va
gamente en la noche, se presenten claros, patentes, irrefutables. Pa
recería como si al margen de la conciencia, el cuerpo ha continuado
viviente, con una vida sólo suya, un tanto incomprensible, y que
cierta anomalía se ha gestado mientras no nos mirábamos, mientras

�•sojafqo so[ X pBptpuosjad bj ap ojunfuoa JBjjadsap
un A Jiuuop un ap Biauaiauoa opiuaj eq 'ojduiafa jod 'jsnoj^
•ajuauíBjeipauíui ep as
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SBSoa sb[ ap pBpijuapi bj 'pBpijuapi bj sojja sopoj Bied anb u^ Baip
-bj anb 'ajjJBg 'jsnoj^ 'B^IJB3[ ajjua Biauapiauioa Bun souibjo^[
• (sdsm^unuji sajjjag sa^ ja n^fv^j #^
'qio^) bCb^\[ #j3) 'op^umsiioa oqaaq ja Bjuasajd sou anb ouis 'sisoj
-joiuBjaui bj ua a^uaui[BnpBj^ aanpoj^uí sou ou ísedeja Ae\\ ou p ua
anb ua apisaj B^jB^[ noa Biauajajip B&gt;q 'sisopouiBjaui jainbpna ap
pBpqtqísod u\ opB¡Buas UBq o pBpijuapi B[ JBjadnaaj aod ozjanjsa asa
opBOBjsap UBq saao^ijasa sojjo BAisuajoui sbui buuoj Bun ofBg
"(68 "^^d 'aiusipmuosudj np saiu^jqouj 'SjaqspuB&gt;q #rj m^) t4*BpiA
BJtjsanu ap sbububui sbj sBpoi 'ajuaiosuoa oaod opoui un ap souiaa
-a^qBjsa sojjosou anb pBpinutiuoa ap uopnjijsuoaaj Bjsa jszipaj jbj
-uaiui ye opBzo^jsap ozjanjsa ns A BpBpnBjjap BAijBjaadxa ns aod ai
-uauíBjsnf 'sisopouiB^aui ns jijqnosap BiqaQ •opBuuojsuBJ^ asjBj^uoaua
aqap um^sana ua aaquioq p anb í(.opBiiB ouans,, un ap asopuB^^adsap
sg -opoui ajsa ap opianpojjui anb Biaq^q 'odij asa ap ojuaiiu
-pajuoaB un 'paj aiuaTUBjn[osqu aas apua^ajd anb 'ojb[3j un ua
jpnpojjuí a^uauíBjapBp.iaA B^aisinb as ig 'oaijijuaia o^uaiuipouoa
p A puopBj uotxa^pj v\ anb s^punjojd sbui sa^uanj ap aa^nu as anb
ajuBiisnuB pBpqBaj Bun jbooi 'BqjB^j ap uoxaaij b^ b a^amad anb '[iS
-BJJ op 'opiaanb oS|B '[bidijijib ajuBjsBq o[B ^^q 'onans oijsanu ap
sandsap A sajuB 'pjaua^ ua opunuí pp oiuoa jsb 'oX ojjsanu ap ptpij
-uapi b^ ap pnjtqBq Bzajjaa b[ ua oja^ *ajuBUndaj Bijsaq Bun ua sop
-buuojsubji bububui Buanq buu souiajjuoaua sou anb ajqísodun Xnuí
sa 'Bpuap BJjsanu ojjaiqnasap Bq anb saXa^ sb^ un^as X opunuí pp
sojiqBq soj nnSag •p^pijuapt B^jsanu X Biauaaaqoa Bajsanu JBjnSasB
b apuaij anb opunjoad ojuijsui un 'osoiauapuaj o^p X^q 'ouans p
ajuBjnp 'opunuí ojjsanu ap X jas ojjsanu ap paj uppBuuojsuBii Bpoj
b ojaadsaj uoa ajuapsuoaqns X ajuaiasuooui BiauaSqSau Bjsa ug^
•osdB^ asa U^ Bpijaiuojduioa 'pui BJBd o uaiq
BJBd 'asjaA apand 'BAiasajd Biauaiauoa BJjsanu anb pBp^uapi b^ 'psp
-ijuapi BJjsan^[ 'jaAajd souiapod a.iduiais ou opBjpsaj oXna BjnjuaAB
Bun ua JBijua 'opuoj b soiuBsuad o\ is 'anbijiuSis ouans ,p ua JBJjua
anb iqB aQ 'BAijiuiijd uoiaipuoa ns b asjinjijsaj ap ops js jod bjbS
-jBaua as 'BuopuBqu o[ Biauaiauoo B.ijsanu SBJjuaiui 'ouisiubSjo p osbo
ajsa ua is oinoa 'Bp^asap ou Bpuasajd Bun oiuoa bXba as pBpaiuiaj
-ua B^ 'jiuuop p ajuBjnp 'aqaou B^ ajuBjnp anb ap BZUBjadsa b^ 'bz
-UBijuoa B{ :osjaAUE osaaoad p Bjuana ua jauaj souiaqap u
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'odjana p 'oujojaj p anb mbB aq X (ajjanuí B[ uaiquiBj) afBp un
oxuoa 'odjana pp Biauaiauoa B[ ap BiauasnB Bun ouioa ouans p BqBjajd
-jajuí BAijiuiijd pBpq^juaiu Bg 'sajuasnB 'opiaap jsb jod 'soiuBqBjsa

9

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•Biauajsixa ap Bfapiuioa sbui uoiaou B[ b ouis 'jsnoj^ ua ap
-aons oraoa 'pspqBuosjad B[ ap o[os ou 'odjana ^ap oijajsiui [B 'b^jb^j
ua Bisa o[ ouioa 'BpBáq sbui j^ 'Biauajsixa b[ ap Biaua^uijuoa [bd
-ipBJ B[ ajuB jouiaj [ap 'Biauaiauoa B[ ap aSjns anb uoiaBnjis íajjjBg
BJBd uoiaBnjis B[ sa BSOijsnSiiB sbui X Bpiarq sbiu 'spijiu
•pBpi[iqBjsaui Bjjaia cim 'uoiaBnjan[j Bun XBq osdB[ ojjaia un
•jBjjadsap [B ajuauíejeipauíui a[[Bq as anb ojBp un sa ou anb 'bojbj
min auodns p^pi^uapi ^sa anb B[Buas isnoj^ ojad 'sBsoa sb[ ap 'o^
[ap 4odjana [ap pBpijuapr B[ jaaa[qB)saj a^inuad a[ Bijouiaui B-^
• (*pi) tt#JBJiuoaua b bia[oa auuB^Jad
-sap [B anb X UBqBdnaoa^d ain i[[B auijiuuop [B anb so^uaiiuBsuad so[
SBiuapB X O[[tSBd Biqi?q is ap 'sBUBjuaA sb[ UBqBp apuope 'sB^jand sb[
unqBisa apuop ap ^buib^ B[ Bja o moa ap otjis BpBa B.iBd opuBpjoaB
uqi as 'odaano im 'ojio [a 'BqBjBj^ as anb ap jBSn[ [a 'uBiaajjo a[ as
anb sBiouBjsunajia SBSjaAip sb[ opuBZB[ua 'opBaijijuapi asaiqnq 'sbiujoj
sb[ ap X soduiai^ so[ ap [Bjquin ja ua BqB[iaBA anb 'ojuaiuiBsuad iui
onb ap sajUB j^ •SB[qaiuij sb[ u^ UBqBJi^ 'BpBuiSBtuí uoiDBjiqBq B[ ap
biujoj B[ un^as 'oi;is ap opu^iquiBa 'sa[qisiAui sapaasd sb[ 'oXns aopap
-3J[B anb SBJ^uaiui 'Bjaiuunp anb ua SBqoa[B sbijba sb[ ap sauaSBiui
sb[ aiuaiuBAisaans Biaajjo a[ 'sojquioq so[ ap 'sB[[ipoj sb[ ap 'sopBjsoa
so[ ap Bijouiaiu 'Bijouiaiu ng 'BqB^ijqB a[ anb BpBJOin B[ b ajquiou
jBp X jinjjsuoaaj BJBd 'a[qaniu BpBa ap oi;is [a X pajsd B[ ap uoia
-aajip B[ aianpui iijb ap BJBd sojqiuaiiu sns ap uoiaisod B[ JBUiuuajap
'oiauBsuBa ns ap buijoj b[ Bjanj un^as 'BqBiuajui asjaAom BJBd adioj
opBisBuiap 'odjana ij\[ #soub so[ 'sasiBd so[ 'sbsod sb[ ^pBppnaso B[
ua 'oiui oujoi ua BqBJi^ opoj '^qBjsa apuop ua 'o[jbjo[ b jbS3[[ uis
jBnSoaAB BJBd 'uoiaouiuoa ua njijjdsa [a uoa 'isb BqBjjadsap aiu oX
opuBna anb sa osbd [^ #SB[[a b a^uajj o;uaiuinsuad oj^sanu buio^ anb
[Bpi[iAoinui B[ uoa 'sbsod sbs3 anb sbui bjjbu X sbsod SBsa uos sB[[a
anb ap ajquinp^jaa BJjsanu uoa 'souiauoduii sa[ sojjosou anb pspi[
-nna Bun sa osbdb 'uBapoj sou anb sbsoo sb[ ap pBpqiAouiui es^?,
•oiDBdsa [B X odiuai^ [B ojoadsaj uoa Bpsnjis uaiquiej bij
-luuad a[ X OAisajSojd ozjanjsa un ua 'pBpqBuosjad B[ JBjadnaaj bjjiiu
-jad a[ BiJOiuaui B[ O[og 'BAi^iuiijd za[[iauas ns ua '[biuiub aiuauícjnd
o;uauui|uas un ojad 'Biauajsixa b[ ap opunjojd ojuaiiuijuas un BjaiAnj
jBjjadsap [B anb BJBd 'opunjojd ouans un BqBjsBq asjiuuop [y
'(uuüíyi ap otiituv^) ja ^o^) t4'auuBiuns b ojuojd Xnuí
oX bia[oa pBpi[iqisuasui BXna b opoj [a 'ajjBd buii^ui Bun anb sbui
Bja ou anb [ap [anb^ opoj [a 'Bqoa[B B[ 'ouans [a 'Biauaiauoa ap jop
-UB[dsaj oauBjuauíoiu un b SBiaBjá 'jBajoqBS BJBd 'pBpijnaso B[ ap oíd
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ap sodiubSjo sopinbs^qa so[ jio BJBd ajuaiaijns O[ 'sajuBjsui saAajq
jod anb sbui BqBjjadsap ara ou bX saaaA b X Jiuuop b bia[oa aj\[,,

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anb ei ouiod— Esoqjoiu uqpepapp epdp Eun oiudsue e)S3 ou o.tod 'ouaopí ns
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sim ísbS ap soaid so[ 4sbsb3 sb[ 'ojuauíiABd p a^qísod o[ opo^ BqBJiui
íBiJianpojd as ou 'sojafqo so[ j^a Bjaipnd 8BJíjuaij\[ "apjtBj opBisBui
-ap Bijas 'oiuoad ap ^BjaiApA aui opiíBna X iui ap sBJiap B^Bzuauíoa
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Bq^p 'aiuBiidpd uozsaoa p uoa opusna ua zdA dQ *.iapaans apand
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-aui sofo sns uoa Jinq u^qBJiui aui SBSoa sb[ ísisioAnBag opaBq pp
sB^aaisap sajpa sb[ aod SBqanA ip *SBuasaBp sbj ap oS:tB[ oj b p^o^
•Bqi apuop Biqss ou o^ *iui ap oaapodB as oaiu^d oaaprp^aA uq,,
•ainq ap bjbjj X sisopouiBjaui b^ ap Biauauiuiui b^ a^uais saaaA y
Baapdjoa pBpisoasiA tb\ ua Bfaauíns as Biauaiauoa B[ anb a^uiiad 'pj
-odaoa BanpuB^q B[ BiaBq JBzqsap ^fap as '¡a ua BiauaoBpfuioa B^jtaia
Bun B^uauípadxa íopB^sa asa ua Bfa[duioa BiauajBAiquiB eun Xbjj
^*opBasad ap SBuiBasa ouioa íofoj ap opBapioq 'oSaia 'op
-uB[q 'osoppiA oá^y 'sa^ijjoq uos 'Bajaa ubj ap 'sofo so^ opo^ a^qog
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íou anb oSip ou 'oai^ *sodqod so^ ap [3aiu p 'pjaSaA opunra pp
sapuq so[ ua 'ououi pp ofBqap Xnuí B^sa oaA anb o^^^ *oiJOaj^ aixb
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Bjpod ouioa 'Basnaq sisoj-ToraBjaui eun sa o^[ •(aasnn\[ vj)
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S

�9
perdonados, quizá encerraban aún una parcela aislada, olvidada, del
mundo de ayer. Pero era preciso empujar la puerta, entrar. No me
atrevía; jreanudaba la marcba. Las puertas de las casas, sobre todo
me daban miedo. Temí que se abrieran solas."
Esa contingencia absoluta de las cosas, la contingencia absoluta
que preside la existencia, posibilita todas las metamorfosis. (3) Los
granujas que se escudan en sus leyes, en sus derechos y olvidan la
gratuidad absoluta de la existencia, su absurda fundamental, la ausen
cia total de sentido, de un gran por qué. Mientras los hombres, los
granujas, los dominados por la mala fe, viven en la inconsciencia de
su seguridad, "La gran naturaleza vaga se lia deslizado en la ciudad,
se ha infiltrado en todas partes, en sus casas, en sus oficinas, en ellos
mismos. No se mueve, permanece tranquila y los hombres están bien
metidos dentro, la respiran y no la ven, se imaginan que está afuera
a veinte leguas de la ciudad. Yo veo esa naturaleza, yo la veo ... Sé
que su sumisión es pereza, sé que no tiene leyes; lo que ellos toman
por constancia ... Sólo tiene hábitos y puede cambiarlos mañana. ¿Y
si sucediera algo? ¿Si de golpe se pusiera a palpitar? Entonces com
prenderían que está aquí y les parecería que el corazón iba a esta
llarles. ¿Entonces, de qué les servirían sus diques y sus murallas y
sus centrales eléctricas, sus altos hornos, sus prensas hidráulicas? Pue
de suceder en cualquier momento, quizá en seguida; estos son los
presagios. Por ejemplo, un padre de familia, de paseo, verá acercarse,
por la calle, un guiñapo rojo como empujado por el viento. Y cuando
el guiñapo esté muy cerca, verá que es un trozo de carne podrida,
manchada de polvo, que se arrastra reptando, brincando, un pedazo
de carne torturada que rueda por las alcantarillas proyectando espasmódicos chorros de sangre. O una madre mirará la mejilla de su
hijo y le preguntará: "¿Qué tienes ahí? ¿Un grano?" y verá que la
carne se hincha, se resquebraja un poco, se entreabre y en el fondo
de la grieta aparecerá un tercer ojo, un ojo risueño. O se sentirán
suaves roces en todo el cuerpo, como las caricias que los juncos hacen
a los nadadores de la ribera. Y sabrán que sus ropas se han conver
tido en cosas vivas. Y otro encontrará que algo le raspa en la boca.
Y se acercará a un espejo, abrirá la boca; y su lengua se habrá con
vertido en un enorme ciempiés vivo, que agitará las patas y le araña
rá el paladar. Querrá escupirlo, pero el ciempiés será una parte de
sí mismo y tendrá que arrancárselo con las manos. Y aparecerán
multitud de cosas para las cuales habrá que buscar nombres nuevos:
el ojo de piedra, el gran brazo tricornio, el pulgar-muleta, la arañamuleta... Que esto cambie un poco, para ver; no pido otra cosa.
Entonces veremos a otros bruscamente sumidos en la soledad. Hom
bres solos, completamente solos, con horribles monstruosidades, co(3) La posible metamorfosis sartriana no afecta el cuerpo propio singular,
sino que puede darse en cualquier otro.

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oijo^aj^) anb op^puas Bq qio^) bCbj\[ *soiafqo so[ ap p^pqiqBisa
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-janjsa as oíaoáaj^) 'Biauaui;uoa ns ua 'pBpinjBj^ ns ua 'Biauajsixa B[
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w4¿sajuBsuad soaunf ap pBpiuSip BjjsanA
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BjjsanA ap oqaaq siaqBq ^n^?,, *.JBSBd p 3jbjij^ sa[ A pa^sd Bun ua
ajBXodB aj^[ 'so[nounuBJ ua 'sBjapiA ua 'aujBa ap saio[j ua
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BiJaiqB Baoq B[ uoa 'o^isuoa so[opuBAa[[ A sa[Biu sns ap opua^nq sofij
sofo so[ uoa 'ira ap a^u^pp ajuauíepesod uBjBSBd 'sa^^a sb[ jod

01

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-eaoAOjd uos sisoj.iouiB)aui sej X uoiobzijbuiiub ap osaaojd ja ubooaojcI
anb soasap 'soisaS 'sapnjijaB ap b^bji ag #uoiaBzijBnsiA bj BJBd BjdB oaod
sa anb ap auaiAOJd luouiBajjnBg ap B.in)aaj bj ap pBijnaijip bj ouioa
opBJ^soui Bq pjBjaqaBjj *sisojjouibjara ej ap jBiauasa oj sa 'jijqnasap
ua uBZjanjsa as ajuaiuBSOijajsiin sojja anb 'jbuiiub jap Bujajut pnjtj.
-3B b^ oiJBjjuoa p aod '^qjB^ A juouiBaj^nB'q u^ ^souBuinq soiuaiur
-Bsuad X sojuaimxiuas p ua aauod BJBd [buiiub pp bjb3sbui bj ubzi[
"^íl *^isi[dmis '[Bjuauíap sa uoiaBzipuiiuB b^ soisa ug 'soaisBp sbisij
-nqBj so^ uoa sajo)ijasa sop sojsa JBjuajjua souiapo^ • juouiBaajnBg
ua uBJjuanaua as anb sBjpnbB X uoi3Buijojsub.ii Bisa ajjua pnjqiiu
-is Bjjaia Xbjj •pBpiAttaajB ns ap BjSojouauíouaj bj ua aonpojjuí sou
pjodjoa oj ap Biííojouauíouaj Bg 'upiaBniís bj japuajduioa bjb¿ jbi
-uauíBpunj sa pnsiA uaiSBini eqaip JB^uajuí anb aaajBd so^[ -oíaoSaj^)
opBuiiojsuBJj Bq as anb ua ojaasut ja ajuauíBpBnaapB JBiuasajdaj
opsjSoj Bjatqnq bisijjb unSjB apuop 'Bjqo Bisa ap BpBJ^snji uoiaipa
Bun Baunu opBjjuoaua souiaq o^¿ *buisiui bj ap jBnsiA uoisuaaduioa
bj jauajqo ap souia}BJi 'uoiobuijojsubjj bj ap oqaaq ja opBjuag
• Biouajsixa
bj ap jBiauasa BiauaSuijuoa bj ap Biauai.iadxa BatBji bj ua '(uiiuanb
-ojj ua BtJjnoo o moa ^Bqaadsos Bun anb sbui oSjb) 'oiuaiuiuqnasap
jap pn^jiA ua aaaiuoaB osaaojd asg -sajBiaadsa Xnuí saaajaBJBa auai)
anb uoiobzijbiuiub ap osaaojd un isb aqijasap sisofj.otun^a¡^ vj
•BpBixijsB aaaaad 'optjBnasa odjana ja jod BpB^ajdB 'Bpip
-unq buijb ns 'jbuij jb anb BjsBq sbui zaA BpBa aanpaj as opunuí ja
ja BJBd X pBpjjnaso bj ua 'ojuaiuiBjsiB ns ua Bjjaiaua as BsiuBg oijoS
-aj^ opjiJaAuoa Bq as anb u^ osoiujsuoui ojaasui ja 'inbB jbuiiub jg
'M "ojiaiqy oj BqjB^j BJBd uaA ou jbuiiub jap sofo sajiusjS sog
•aiuanj bj oiuoa 'pBpiujaia bj BiaBq
'buiuibo opuBng *soiq b ajuajj X
Bjja sbjj ojnasndaja ja a.idiuais auaij
'ojnd X aiqij sa anb jbiuiub ja oiquiBa ug
•ojps Bjsa b uaA SBpBJiui SBJisanj^
•ajjaniu ap a.iqig 'jbiuiub jap zbj bj
B^uajBdsuBjj a^uauíBpunjojd ubj anb
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'SBI^B JBJTUI B SOCUBIjqO OJ X
B}janA soiunp ouiu oujaij jb bX anbjog
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BjanjB Bjsa anb oj 'isy 'SBduiBJi oiuoa
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sofo sojjsanu 'oS.iBqiua uig *oijaiqy oj
sbj sofo sns sopo^ uoa

II

�12
"Es por el interior que la animalidad es aprehendida, en su gesto,
atroz, irrectificable, surgido de una voluntad pura. Así, cuando se
pueda crear una poesía de la violencia pura, una poesía que disfru
tará de las libertades totales de la voluntad se deberá leer a Lautréamont como un precursor.
Esta violencia pura no es humana: tomar formas humanas sería
hacerla más lenta, retardarla, razonarla. Poner en la base de la vio
lencia una idea, una venganza, un odio, sería perder su ebriedad
inmediata, indiscutida, su grito." (Bachelard, Lautreamont, pág. 12).
Maldoror ve en la metamorfosis, mejor dicho siente en ella, una
profunda dicha, la dicha de la vitalidad que no está encerrada en
una forma exclusiva, que destruye las formas, según sus impulsos,
pero donde se nota sobre todo el afán de agresión. No hay una está
tica de la metamorfosis, que transformaría a! cuerpo en una especie
de prisión sino que el cuerpo se revela dotado de una flexibilidad
inmensa que lo habilita para todas las funciones, cediendo al impulso
de los deseos, de los apetitos, de las decisiones. El tiempo en que se
mueve Maldoror, es el tiempo instantáneo de la decisión, pero de la
decisión que se lleva a cabo y no queda en simple proyecto, porque
en seguida surgen los medios para realizarla. El descenso a la ani
malidad no tiene aquí un carácter negativo; es un sobre - hombre, que
juega con la animalidad, que la utiliza para sus fines, pero que no
está encadenado a su forma, que no tiene necesidad de buscar la for
ma para protegerse sino que la busca y la crea de dentro para atacar,
para destruir. Un ser que disfruta de la más amplia libertad natural,
a quien no encadena ninguna ley, y que imita desde dentro la obra
de destrucción de la naturaleza; así la agresividad aparece como la
primera condición de la naturaleza, mientras que la propagación, al
servicio de la especie constituiría la segunda condición. La natura
leza es sentida como una evolución profundamente creadora y se
puede plantear el problema que obsesionó ya a los filósofos del siglo
XVIII y desde entonces hasta nuestro tiempo, pasando por el evolu
cionismo, de si el hombre es realmente el término, si lo que tiende
a asegurar y mantener la condición humana, no significará una de
tención del poder creador de la naturaleza. Es así que el tema del
devenir, el tema del nihilismo, el tema del superhombre se enlazan
profundamente. Mientras nuestra razón se afana en seguir conside
rando a Platón, como su representante esencial, en cuanto Platón
postula la identidad suprema del ser y de la fijeza de las formas, la
voluntad de poder surgida de la naturaleza misma, surgida de la
vida, acepta la metamorfosis incesante y se coloca bajo el signo de
Heráclito. Habría que pensar a fondo, si la lucha contra la forma
en el sentido de la lucha tíontra lo estático, representa la lucha contra
la vida o por el contrario la lucha a favor de la vida, como parecen
entenderlo en distinto plano, Bergson, Nietzsche y Simmel. Es así

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anb o^uiisui uj^^? •aju^mu ap ojunsm \a opBuiB^[ Bq pnaj^ anb o\ ap
B3JBJ B[ ajuauíeaijiux^Bui Bjjsiqr B^jB^j anb Jiaap souiBt.ipod ^ 'PBPH
-Biaua^od ouioa opiiuaá sa jas p anbaod 'BpiA ts\ ap japod \a ua bzubij
-uoa auaij as anbaod opejdaaB sa anb 'jas jap ajUBjsuoa uoiacpnuiap
Bun 'o^isubjj un ap 'osaaojd un ap cqnpjcq as sopcuotauaui saj
-opBsuad so[ ua anb sBJiuaiui 'sisojJOiuBiaui vun ap bjbji ag *ouaui
-ouaj pp pcpijB¡n^uis bj :oqaaq un aaqos anjipaui souiaqap A uoia
-uajB b^ BiuBjrj -BjjqoqB ap oasap ja opuoj ja ua sa 'sisopouiBiaui bj
ap Biauauadxa bj b^jjb^j ua anb Jiaap soiuBjjpod aiuauíjBÍopBJB^
• aiuauíBjos
ajJBd ua ojad 'ajJBd ua soiuiAjas Bjpod opuaXnj)suoa ji souiapod
anb jBnsiA uaiáBuii B&gt;q 'uoiaBnits bj ojjuap apsap j^uas ap opuB^Bj^
X auodojd sou anb jbuiiub ualJBuii bj opuoj b opunjunise japuaad
-moa souiapod oj aiuauíBaiun osa j^ • BAisaj^ojd uoiaBzijiAomuí eun
Bun 'nqaipsap eun sa sisojaoiuBjatu bj ajsa bjb^ "is 'b^jjb^
anb SBJiuaiui 'ajjaniu ap oiui^sui jap o oidiauíjd jap uoiDBnj
-uaaB Bun opoui un^uiu ap boijiu^is ou sisojJouiBjaiu ap pBjunjoA bj
sojjanbB bjb^ *(g) 'oiJBJjuoa oj opoi ajiaans b^jjb-^ ua anb
'BpiA bj ap uoiaBniuaaB eun X ojunij^ un sa 'ajjiB}Bg X
uapiouioa jBna bj ua 'opom ajsa ap bisia sisojJouiBiatu bj anb

81

�14
anterior al cual fue obligado a renunciar, bajo la influencia de
fuerzas perturbadoras exteriores; la expresión de una especie de
elasticidad orgánica o si se prefiere de inercia de la vida orgánica."
(S. Freud, Au Déla du Principe du Plaisir, pág. 42).
La tendencia más profunda del organismo vivo, sería pues para
Freud la tendencia al estancamiento, a la estabilidad y sólo se sale
de ella obligado por el medio. "Los instintos orgánicos conservadores
se han asimilado cada una de las modificaciones de la vida que le
han sido impuestas y las han conservado con el fin de obtener la
repetición; y es así que han dado la falsa impresión de fuerzas ten
dientes al cambio y al progreso, mientras que en realidad no buscan
sino realizar un fin antiguo siguiendo caminos tanto nuevos como
viejos. Este fin hacia el cual tendería todo lo que es orgánico se deja
por otra parte adivinar. La vida se pondría en oposición con el
carácter conservador de los instintos, si el fin que busca alcanzar
representara un estado que le fuera completamente extraño. Este fin
debe más bien ser representado por un estado antiguo, un estado de
partida que la vida abandonó anteriormente y hacia el cual tiende
a volver por todos los caminos de la evolución. Si admitimos, como
un hecho experimental que no sufre ninguna excepción, que todo lo
que vive vuelve al estado inorgánico, muere por razones internas,
podemos decir: el fin hacia el cual tiende toda vida es la muertei
e inversamente: lo no-vivo es anterior a lo vivo." (Pág. 43-4).
No sabemos qué fuerza fue la causante de la vida; lo cierto es
que ella ha suprimido, por su instauración en la materia inerte la
estabilidad que la caracterizaba. En las formas rudimentarias el re
torno era y es fácil. En esos organismos hay una centralización, una
densidad vital sumamente vulnerable. Más tarde la evolución de la
vida la ha hecho más resistente al medio, la ha dotado de elementos
por medio de los cuales puede dominar el ambiente, de tal modo
que el retorno a la condición primitiva se hacía más y más com
plicado, largo y difícil. Esos medios de dominio, esos perfecciona
mientos que la vida ha instaurado, son les que cuidan los instintos
conservadores, que son así instintos parciales destinados a asegurarle
al individuo el único medio de volver a la muerte. "El saldo que nos
queda es que el organismo no quiere morir sino a su modo y esos
guardianes de la vida que son los instintos han sido primitivamente
los satélites de la muerte. Y nos encontramos ante estas situaciones
paradojales de que el organismo viviente se defiende con toda su
energía contra las influencias (peligros) que podrían ayudarlo a al
canzar su fin por los caminos más cortos, actitud que caracteriza
precisamente las tendencias instintivas por oposición a las tendencias
inteligentes." (pág. 45).
Al lado del instinto de muerte, el instinto de vida, la libido
implica en el organismo la presencia de elementos que no siguen el

"M .

�15
mismo camino y que buscan la afirmación de la vida al propagarla.
Estos instintos son los que se conoce con el nombre de instintos vi
tales propiamente dichos. "La vida de los organismos ofrece una
especie de ritmo alternante; un grupo de instintos avanza con preci
pitación a fin de alcanzar tan rápidamente como sea posible el fin
último de la vida; el otro, después de haber alcanzado una cierta
etapa del camino, vuelve atrás para recomenzar el mismo camino,
siguiendo el mismo trayecto, Jo que tiene por efecto prolongar la
duración del viaje." (id. pág. 47).
Queda siempre pendiente el problema a que aludíamos: el rela
tivo a si los instintos de vida, los instintos que llevan a la propagación,
permitirán la tarea de superación de la vida, o si meramente implica
ran una repetición, una fijación de las formas existentes y si no será
necesaria la destrucción, como única forma de una superación de la
vida, el nihilismo absoluto, como condición de nuevas creaciones.
Kafka representa, para nosotros, un ejemplo de superación de ins
tintos. En él encontramos una ausencia completa, absoluta, como
acaso nunca se ha dado, de instintos de vida, y sí, la presencia terrible
de un único instinto: el instinto de muerte. No vemos por otra parte
la posibilidad de engarzar allí, una esperanza de superación, de nueva
vida. (6).
El mito del relato representa entonces la satisfacción de un ins
tinto: el instinto de muerte. La metamorfosis es aquí más radical que
en Informe a una Academia; el hombre retrocede bruscamente a una

(6) Salvo que pensáramos en esa curiosa identidad de instintos que hemos
sugerido. En ese caso habría que admitir que su amor, el intenso amor que expe
rimenta hacia la vida, el consentimiento que le otorga, libera sus poderes de des
trucción. En medio de la soledad, aislado en un mundo extraño y hostil, no tiene
ese amor en qué volcarse. Se vuelca sobre sí mismo y lo destruye. Su voluntad,
su deseo de amor, se trasmuta en deseo de destruir. "No aspiro al dominio sobre
mí mismo. El dominio sobre mi mismo significa: desear actuar sobre un punto
casual de las infinitas irradiaciones de la existencia espiritual. Pero si debo trazar
tales círculos alrededor de mí, entonces prefiero hacerlo pasivamente en mera ad
miración del complejo fabuloso y llevo conmigo a casa el fortalecimiento que da
por contraste ese espectáculo." (F. Kafka, Reflexiones, etc., pág. 69) .
Sí, sin duda el hombre no puede vivir, sin la confianza de que en él existe
algo indestructible, ¿pero qué hacer si lo indestructible y la fe que ponemos en
ello nos son desconocidos? ¿Qué hacer si no poseemos nada, si nuestra desnudez
es completa, si hay solamente un Ser, que anhela un último aliento, una última
asfixia? "Oí tu voz en el huerto y tuve miedo; porque estaba desnudo y escondíme." Así respondió el primer hombre al llamado de su Dios. El pecado le
reveló su verdadera condición. Ese fue el primer conocimiento, el más profundo
de su condición, el conocimiento que alcanza también el Rey Lear en el confín
de la locura:
"Mejor estarías en tu sepultura que aquí con el cuerpo desnudo desafiando
los rigores del cielo. ¿No es el hombre más que esto? Consideradle bien: ni debe
al gusano su seda, ni a la fiera su piel, ni a la oveja su lana, ni al gato de Algalia
su perfume. Ah! Somos aquí tres que estamos sofisticados! Tú eres la cosa en

47243

�16
forma de vida mucho más atrasada y el ser que resulta, a juzgar por
la descripción del relato tiene todavía una naturaleza híbrida, que
en el transcurso del mismo eliminará, permitiendo la total satisfac
ción del instinto mencionado.
Naturaleza híbrida, decimos, porque nos muestra una duplicidad
orgánica. La espalda, rígida, por un lado, constituyendo un capa
razón, algo sólido en el linde de lo inorgánico; el vientre hlando,
esencialmente vulnerable, que señala la presencia ineludible de lo
orgánico. Lo primero que ve y lo primero que puede ver es el vientre
y la visión le permite todavía establecer un lazo con su vida anterior,
porque interiormente sigue siendo el mismo.
Uno de los temas capitales dentro del pensamiento de Kafka es
el tema del refugio, el ansia de protección. El cuerpo es un refugio,
pero todavía Kafka o Gregorio Samsa no ha conseguido un refugio
inexpugnable para su alma. Acostado boca arriba, exponiendo la
debilidad, la blandura de su Adentre, sin poder usar la dureza de su
caparazón como coraza, está trágicamente indefenso. No se habla
nunca de su cabeza y si quisiéramos representarnos ese ser, ocurriría
como sucede con tantas imágenes oníricas: se nos presentaría incom
pleto .
Sin duda mira,-pero no hay nunca descripción de sus ojos, los
ojos que sirven como comunicación de lo interno y lo externo; los
ojos, con que el animal de Rilke veía lo Abierto. Todo rasgo en
que pueda verse similitud con lo humano, con lo que anteriormente
era él ha sido eliminado y eso nos explica que ninguna compasión
basada en la contemplación pueda surgir; únicamente subsiste aqué
lla basada en el recuerdo. (7). La voz misma es irreconocible. No
es voz, en realidad, es un sonido extraño, que nadie comprende, la
voz de un animal. No hay acaso ninguna imagen que nos sugiera
mejor la situación de indefensión, que la imagen de un animal de
este tipo boca arriba. Nada que sugiera mejor la desesperación, que

sí misma! El hombre sin aderezo no es más que un pobre animal desnudo y zancudo
como tú. Fuera, fuera postizos!. Venid, desnudadme!" (King Lear, Acto III, esc. IV).
Thou art the thing itself!, clama Lear y aquí tenemos una cosa en sí que
podemos trágicamente conocer. No es un otro mundo, una otra realidad, sino una,
inmediata y doliente: la desnudez total del hombre, su terrible indigencia.
"La palabra "ser" significa en alemán ambas cosas: existir y pertenecerle", es
cribía Kafka, y ¿a quién pertenecemos sino a esta potencia sombría que nos des
truye? ¿Y cuál será nuestro destino sino actuar de acuerdo a ese conocimiento?
(7) Dentro de las orientaciones de la antropología contemporánea, el tema
de la mirada es fundamental. Pensamos en los profundos enfoques de Binswanger
y Buytendijk, como asimismo de Minko^ski, que podrían utilizarse aquí. De
acuerdo a los logros del Daseinsanalyse, veríamos en Kafka una transformación
que es restrictiva del Umwelt, luego del Mitwelt, que le sigue inmediatamente y
que es una consecuencia de la transformación inicial, más bien impuesta que
deseada y finalmente del Eigenwelt.

�17
al ajetreo por el cual trata de incorporarse, de huir, de volver a su
situación natural, de la cual al^ún accidente malévolo lo arrancó. Y
tiene Gregorio un profundo sentido del esfuerzo por el cual trata de
recuperar esa posición, porque ese esfuerzo, representa la posibilidad
de una solución, el encontrar una salida, es cierto, pero señala tam
bién el abandono de toda esperanza puramente humana, porque todo
intento de comunicación dentro del viejo mundo de hombre, ya no
le es posible. Es su respuesta a la urgencia, al apremio a que se le
somete, por el cual no se le concede la posibilidad de volver a su
forma primitiva. Si se hubiera tenido confianza en él, si se le hubiera
otorgado crédito! Pero la crueldad humana no consiente dilaciones
y el mundo de los hombres se cierra para él. El mismo se ha colocado
fuera de aquel al cerrar la puerta, se ha aislado de los otros, y el pobre
animal hace esfuerzos desesperados para abrirla, para evitar la acción
violenta de irrupción que lo amenaza.
Es sabido que en los sueños el contenido manifiesto está cons
tituido esencialmente por imágenes cargadas de significación afectiva.
Bien podemos suponer aquí, trasladada la imagen a la plástica de
una pesadilla, la situación del niño, que herido profundamente se
vuelve para ocultar el sufrimiento que se refleja en su rostro y las
lágrimas que brotan de sus ojos, y erguido con su aparente indife
rencia, sin un temblor, busca refugiarse en su cuarto, como el animal
busca protección en su habitáculo, precipitándose sobre su cama, boca
abajo, dejando ver solamente el estremecimiento de su cuerpo sacu
dido por los sollozos. Que luego trata, ante la voz dulce o amenaza
dora de quien pretende entrar, de borrar de su rostro las huellas de
su dolor y de contestar con una voz que se esfuerza en ser normal
dominándose rápidamente, tratando de ocultarse, desgarrándose,
lucha por no permitir, a los que él considera sus verdugos, ver el
espectáculo de su dolor. Pero en el niño no hay tanta duplicidad.
Su espalda lo traiciona y cada sollozo 3upone un estremecimiento
que lo delata. No cuesta mucho imaginarse esas situaciones en la
vida real del autor del relato. "Me resultaba incomprensible tu ab
soluta insensibilidad por el daño y dolor que podías ocasionarme con
esas palabras y opiniones; era como si ya no tuvieses conciencia de
tu poder. Con seguridad, yo también te he herido con palabras mías,
pero entonces lo sabía y me causaba dolor, pero no podía dominarme,
no podía retener las palabras, me arrepentía al tiempo de decirlas.
Pero golpeabas con tus palabras a diestro y siniestro, nadie te inspi
raba lástima, ni en ese momento ni después; ante ti, se estaba total
mente indefenso." (Carta a mi Padre, pág. 14-15).
Toda la Carta traduce el sentimiento del niño, que es agresivo
como son generalmente agresivos los niños, por deseo de comunica
ción. Una amenaza paterna llama profundamente la atención y puede
explicar un deseo de metamorfosis, como medio de defensa.

�18
"Reforzabas la afrenta con la amenaza y esto ya me alcanzaba
también a mí. Me aterraba por ejemplo, oirte decir: "Te destrozo
como un pez", a pesar de saber que a la amenaza no seguía nada
terrible (por cierto cuando era niño no lo sabía), pero mi concepción
de tu poder casi me convencía de que eras capaz de hacerlo. Tam
bién era horrible cuando corrías alrededor de la mesa para asir a uno
de nosotros; en realidad, ni siquiera querías tocarlo, pero lo hacías
suponer y finalmente parecía que mamá nos rescataba. Una vez más,
así aparecía ante el niño, uno conservaba la vida por tu clemencia
y la continuaba llevando como un regalo inmerecido." (id. 17-18).
. La imagen del padre, bien puede haber provocado la aparición
de una contraimagen; el deseo de transformarse en algo invulnerable,
deseo que el relato satisface a medias, por la naturaleza híbrida que
mencionamos. No podría por otra parte, representar esa duplicidad,
la duplicidad inevitable del hombre?; es decir: cuerpo y alma. Por
que evidentemente el hombre alcanza el reposo, las amenazas pierden
sentido, pierden importancia, cuando el alma se refugia en lo corpóreo
y cae en la inconsciencia. Pero el pobre insecto lo consigue a medias.
Ahí está su vientre vivo, para recordarle constantemente su condición
vulnerable y los distintos episodios, de una tristeza desgarrante que
se suceden con una aparente objetividad, suscitan en quien sea capaz
de trasladarse al interior del animal, una congoja y una angustia
inenarrables.
Hay una conducta de mala fe en Gregorio en el sentido sartriano,
conducta por la cual busca refugiarse en el pasado, en sus recuerdos
como una obstinación de creerse él mismo, de negar el hecho irrefu
table de la metamorfosis, de ocultar su condición ambigua de enfermo
y culpable, de monstruo, excluido de las relaciones humanas y a las
cuales trata desesperadamente de volver. Espera maravillas de la la
bor del médico, que ha de curarlo, quiere considerar su condición
como transitoria; tiene esperanzas en la labor del cerrajero que ha
de abrir la puerta y enseñarle, como un salvador, la salida humana
de nuevo. (8). Luchando siempre por no ver lo absurdo de la situa
ción tiene esperanzas de que se le permita asumir la tarea cotidiana.
Lucha también por ser él quien busque de nuevo a los suyos,
quien abra esa puerta que irreflexivamente ha cerrado. Y consigue
descender del lecho. No tiene dientes, pero con sus mandíbulas con
sigue tomar la llave y trata de hacerla girar en la cerradura, sin darse
cuenta del daño que se produce, daño que no siente, pero que indu
dablemente existe a juzgar por el líquido oscuro que le salió de la
boca y goteó en el suelo. (9). "Escuchen ustedes, dijo el principal
(8)El tema de la puerta, la salida, es fácil de comprender y acaso imposible
de resolver. En efecto: ¿hay alguna salida para el hombre?
(9)El cuerpo aparece aquí como Korper, no como Leib; en el sentido de
Binswangcr, se presenta como ' Vorhandtn''.

�19
en el cuarto inmediato, está dando vueltas la llave. Estas palabras
alentaron mucho a Gregorio. Pero todos, el padre, la madre, debían
haberle gritado: Adelante Gregorio! Sí, debían haberle gritado:
Adelante Gregorio! Duro con la cerradura!"
Acaso sea imposible dar una impresión más exacta, aunque no
explícita del esfuerzo de alguien que busca, a pesar del sufrimiento,
lograr la comunicación con los demás. Y debemos subrayar la maes
tría excepcional, que no es el resultado de una técnica, sino una sim
patía, por la cual el autor nos describe el dolor del animal, que
sin embargo, éste no parece sentir, de acuerdo a la sensibilidad dis
minuida que nos parece corresponder a un ejemplar de este tipo. La
sensibilidad para el dolor es imaginada por quien narra y quien lee,
pero no por ese extraño ser.
Y cuando lo ha logrado, cuando ha conseguido, merced a un es
fuerzo inmenso comunicarse con los que están detrás de la puerta, en
el mundo en el cual anteriormente transitaba, cuando queda en una
situación ambigua, como la mayoría de los héroes de Kafka, entre la
habitación y el pasillo, expuesto a los demás, pero sin entrar en su
mundo, su madre cae desmayada ante el espectáculo. Su padre, lo
amenaza con el puño con expresión hostil, como si quisiera empujar
a Gregorio hacia el interior de la habitación y la única reacción no
es de piedad, sino de una desesperación que lo lleva a las lágrimas.
El asco, el disgusto, el odio acaso son los únicos sentimientos que
despierta ese pobre ser metamorfoseado, porque aquellos que perma
necen aferrados a lo estable, miran de ese modo, con esos sentimien
tos, a aquellos que han cambiado, que han salido de su mundo, y
que sin embargo se obstinan en permanecer peligrosamente en su
límite, amenazando llegar hasta ellos.
Es notable la descripción del modo cómo Gregorio va asimi
lando su nueva envoltura, cómo va aprendiendo a moverse, a sacar
partido de su condición, es decir, asimilándola totalmente y cómo en
el grado en que lo logra experimenta un bienestar, una pobre feli
cidad. Pero sus movimientos causan horror y no despiertan otro eco
que la cólera. Es el padre quien se encarga de hacer retroceder a
Gregorio hacia su cuarto, quien lo expulsa de la comunidad familiar.
Siempre es el padre el que condena, el que ejecuta la sentencia.
Gregorio experimenta una terrible dificultad para hacerlo y angus
tiado por el temor que experimenta ante el padre, se arrastra como
puede. "Gregorio —pasase lo que pasase— se apretujó en el marco
de la puerta. Se irguió de medio lado; ahora yacía atravesado en
el umbral con su costado completamente deshecho. En la nitidez de
la puerta, imprimiéronse unas manchas repulsivas. Gregorio quedó
allí atascado, imposibilitado en absoluto de hacer por sí solo el menor
movimiento. Las patitas de uno de los lados colgaban en el aire y
las del otro eran dolorosamente prensadas contra el suelo... En esto,

�20
el padre dióle por detrás un golpe enérgico y salvador que lo preci
pitó dentro del cuarto, sangrando en abundancia. Luego la puerta
fue cerrada con el bastón y todo volvió por fin a la tranquilidad.^
Cuando despierta (el desmayarse lo sitúa todavía en el mundo
de los hombres) comprueba que una parte de su cuerpo ha quedado
destruida; ya la sensibilidad humana va desapareciendo y Gregorio
vive la sensibilidad animal. Sus sensaciones van siendo las del ani
mal; es el olfato quien lo guía hacia el alimento, pero allí le espera
una metamorfosis más profunda: el gusto ha cambiado, el alimento
humano no le satisface. Mira pc?r la rendija de la puerta, el mundo
de afuera, al cual pertenecía y del cual está ahora completamente
excluido. Alguien pretendió varias veces entrar sin decidirse y Gre
gorio esperaba anhelante esa visita, que le volvería a su mundo per
dido, pero no se produjo. (10). Cuando la puerta estaba cerrada, todos
querían entrar y ahora que con su esfuerzo y desgarramiento lo había
logrado, nadie lo quiere. Así queda Gregorio condenado a la tre
menda soledad de la cual nada ha de librarlo. Poco a poco se con
vencerá de qve su situación no tiene remedio, que no puede enga
ñarse más creyendo que es algo transitorio. Y ahora comienza a
pensar en el futuro y aunque le parezca a sí mismo extraño, comienza
a sentirse incómodo en su propia habitación, que en un momento
fue su refugio y busca un refugio más animal, menos humano. Siente,
sin que pueda explicarse por qué, en esa ambigüedad de su condición,
el deseo de ocultarse debajo de un sofá. Y la resignación se va insi
nuando en su alma, y piensa en los modos de hacerse tolerar su pobre
vida. Nunca hay como en el bestiario de Lautréamont un intento de
agresión, de ataque.
Curiosamente es su hermana, la que lo comprende mejor, pero
la que sin embargo es la que tiene menos piedad por él. Su hermana
comprende el alcance de su metamorfosis y le cambia el alimento
por el alimento que preferiría un insecto de ese tipo, pero esa situa
ción implica como es natural, cortar toda conexión con él. Traduce
esa mezcla de eficiencia y deshumanidad que se advierten en quienes
cuidan enfermos. Los que los quieren tienen una curiosa ceguera,
que iguala la propia ceguera del enfermo, acerca de la realidad de
su mal; se obstinan en negar los síntomas, en creerlos transitorios, en
no querer admitir de ningún modo la presencia real de la enferme
dad, que preludia la metamorfosis definitiva. Se niegan a realizar
modificaciones de moblaje, de habitaciones, que suponga aceptar la
situación como definitiva. Sin duda, desde el punto de vista del

(10) La desdicha del hombre acaso radique en que para él todo tiempo es
perdido y todo paraíso también. El tiempo recobrado, el paraíso recobrado tal
vez sean una ilusión. El tema de la culpa insalvable y la gracia inalcanzable cons
tituirán los temas de El Proceso y El Castillo.

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lo

�22
la conciencia, si ésta no se irá anulando, extinguiendo progresivamente hasta desaparecer con el cuerpo! Si fuera así, es seguro que
todo ser que se muere y advierte el ajetreo en torno suyo, se ha de
sentir como Gregorio Samsa. (11).
Ya no tiene dónde refugiarse, dónde ocultarse, salvo el sofá, un
féretro en potencia. Y queda así expuesto a las miradas; el verlo,
el temor y la desesperación que produce en su madre, despierta la
palabra de odio y de amenaza de su hermana.
Desesperado a su vez Gregorio, trata de acercarse a su hermana
y penetra en otro cuarto. Cuando llega el padre se encarga de llevar
lo de nuevo a su habitáculo primitivo. La descripción es asombrosa,
descripción de un animal perseguido, golpeado, al cual se le obliga
a huir. El padre golpea al hijo, arrojándole manzanas y una de ellas
queda clavada, incrustada en el caparazón; Gregorio desvaneciéndose
llega a ver a su madre corriendo hacia el padre y pidiéndole perdone

la vida del hijo. (12).
Gregorio no curó nunca de esa herida. La aparente dureza de
su caparazón, la aparente dureza de su cuerpo, no llegó a defender
lo suficiente la fragilidad de su vida, de su espíritu. Y comprendió
que lo único que le quedaba hacer era resignarse y esperar no sabe
bien qué. Ahora sus movimientos a causa de la lesión son difíciles
y torpes. Los sueños le vuelven a veces al mundo de antes pero com
prende que está irremediablemente perdido, y que nadie puede ayu
darlo. Finalmente la hermana no se encargó más de él y quedó a
cargo de una sirvienta. Los desperdicios se acumulan en su cuarto;
los desechos, los trastos inútiles se tiran allí. Gregorio está cubierto
de polvo y de suciedad y no se atreve a moverse. Cierta noche, su
hermana comenzó a tocar el violín, y los huéspedes que había en
tonces en la casa la invitan a tocar en el comedor. Gregorio había

(11)Se dirá que el relato parece un sueño. Es cierto. Parece, acaso haya
sido, una pesadilla de su autor. Pero el sueño tiene en antropología un significado
más hondo que el que le otorgó el psicoanálisis. A ese respecto nos parecen de
gran fecundidad los enfoques de Binswanger. "El sueño como toda experiencia
imaginaria es un índice antropológico de trascendencia y en esta trascendencia
anuncia al hombre, el mundo al hacerse mundo él mismo y tomando los modos
de la luz y del fuego, del agua y la oscuridad. Lo que nos enseña la historia del
sueño para su significación antropológica es que es a la vez revelador del mundo
en su trascendencia y también modulación de ese mundo en su sustancia, sobre el
elemento de su materialidad." (M. Foucault, Introduction a Le Réve et L'Existence,
de L. BinswaJiger).
(12)Hay que confrontar este pasaje con toda la Carta a mi padre. De su
exclusión interfamiliar Kafka, extrajo su exclusión interhumana. Tal vez lo hu
mano era para él el Paraíso. Aquí se le expulsa; la imagen de la manzana podría
tener una reminiscencia bíblica. La enfermedad es pecado, —el dolor es pecado,
la condición humana es pecado. Con estos elementos pueden hacerse todas las com
binaciones que se quieran.

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B^sBq oyjyanpuoa ap Biq^q anb ouinisa ya ya ajuB asaijq^ as is ouioa
Biaajsd a^q,, -opipjad opunuí ya uoa OAanu ap ayjBaiuniuoa aaaj^d Bais
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o^^[ -BUBtujaq ns b soiyinjsa soy ayjBSBd odiuaij ojio ua opsiaaXojd

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�24^

"......

se confunde con la tierra. La sustancia de aquella vida, lo que quedó,
mejor dicho, se confunde con la naturaleza, de donde salió y la vida
continúa.
La hermana de Gregorio se había convertido en una linda mu
chacha. Al volver de un paseo, se levantó en primer término y estiró
sus formas juveniles; confirmó las esperanzas y los sueños de sus pa
dres. De Gregorio nadie se acordó más.
El Venerable Beda íecordaba la conversación de dos duques en
que se comparaba la vida humana con el vuelo de un pájaro que
penetra en una noche de tempestad en una morada y sale luego hacia
lo desconocido. Algo muy efímero, pero por lo menos hay cierta
alegría en el vuelo, cierto ascenso, cierta victoria. Por un instante,
hubo dirección, hubo sentido. Del relato que hemos analizado surge
otro símbolo, más sombrío, pero acaso más exacto. La vida humana
ofreciéndose vulnerable e impotente en su comienzo, anhelando luego
la seguridad, la protección, el arraigo y que empieza entonces, no
un movimiento de vuelo, de elevación, sino un mero darse vuelta y
apretarse contra el suelo oscuro, sí, pero firme, antesala del habitáculo
inviolable y definitivo. No un volar, sino un arrastrarse nada más,
que prepara, prefigura el abrazo íntimo y final. Entonces la muerte
puede ser como lo pensaba Hauptmann, una forma más clemente que
la vida.
Mario A. Silva García

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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El misterio del cuerpo /Mario A. Silva García..&#13;
   Montevideo : FHC.IF, 1963.  24 p..</text>
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        <name>ANTRPOLOGIA FILOSOFICA</name>
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                    <text>- ¿os X oja^[ -g pp oipeui osjna pp sapuajB so[ ap soipnisa so[ b
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omoxiHHax aa Ma vaiMVXoa vinónaa

onno¿ ep jouup^ ^
3DVOÍ

�tación de la zona del paso del Puerto. El presente trabajo en forma
abreviada fue presentado a la Reunión de la Sociedad Argentina de
Botánica realizada en Córdoba en 1958.
. I - Generalidades
has palmas o palmeras, vegetales de porte característico y a me
nudo elegante, forman dentro del orden de las Principes (orden de
Monocotiledóneas) una familia que comprende alrededor de 200 gé
neros (210 según Hutchinson) que abarcan en conjuntó mas de 2.000
especies (según Lawrence, bastante más), distribuidas por las regio
nes tropicales y subtropicales, habitando comarcas tanto húmedas (faja
ecuatorial de África, América del Sur, Malasia y Oceanía) como áridas
(oasis del desierto de Sahara, Asia Occidental, ciertos puntos de Cali
fornia, Sertao Nordestino del Brasil, etc.) Unas viven en llanuras
aluviales (Amazonas, Chaco), otras trepan hasta cierta altura en los
flancos de las cordilleras (Andes), y a veces se mezclan con elementos
florísticos característicos de niveles algo elevados (por ejemplo en el
Planalto, de Río Grande del Sur).
Las palmeras parecen siempre una evocación de los trópicos, y a
veces, de los oasis de los desiertos tropicales, como ocurre con la
palma datilera. Casi no se concibe un cuadro o una pintura de los
trópicos o de los oasis saharianos, si en ellos no se representa alguna
palmera; un paisaje de la zona tórrida desprovisto de estos vegetales,
parece carecer del elemento botánico esencial, y si alguna especie de
palmácea rebasa los trópicos, y llega a soportar allí las condiciones
climáticas, el hecho no deja de llamar la atención, planteándose in
mediatamente el problema de la interpretación de semejante anoma
lía. Algo de esto ocurre con las palmeras de nuestro país.
Dentro de la clasificación de De Candolle, basada en las exigen
cias térmicas que muestran las diversas especies de plantas, las pal
meras en su gran mayoría se comportan como megatérmicas (en opo
sición flagrante con las coniferas, características de climas más fríos).
Exigen por lo tanto para su desarrollo optimal, temperaturas medias
anuales superiores a los veinte grados centígrados. En relación a las
exigencias de humedad, fluctúan entre las eminentemente higrófilas y
las adaptadas a ambientes de marcada xerofitia. Aún en nuestro pro
pio territorio, existe esta oposición entre la palma butiá, que habita
suelos bajos y anegadizos, y la caranday (Trithrinax campestris) aso
ciada al algarrobal mesoxerófito, o entre la chirivá que prefiere las
riberas fluviales y la yatay que prospera en los arenales desarrollados
sobre lomas y cuchillas (por ejemplo, en la cuchilla de los Médanos,
de Paysandú).
Pero las palmeras no son simples elementos decorativos de los
panoramas tropicales o de los oasis perdidos en el corazón de los
desiertos. Son además verdaderas bases de la alimentación y aún de
la industria de ciertas comarcas. Los frutos de muchas palmas son
comestibles, utilizándose a veces con el mismo objeto los brotes jó- 208 -

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EÍoi[ anb U9iaB[aa Bqaaajsa B[ JBAaasqo anb sbui X^q ou 'saiaadsa SBunS
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ajua B[ ap oaisBq ojuaiui[B [a [isBjg [ap ajsapao^^ [a ua Buoiaaodoad
oaajoaoa [g '([bjoSbs [ap osBa [a ua ouirqn ojsa) B[npaui B[ X 'sauaA

�yatay), la caranday (Trithrinax campestris) y la pindó o chirivá (Arecastrum Romanzoffianum); no es común, apareciendo sólo en nuestro
país la butiá (Butia capitata), formando vastas y a menudo apretadas
consociaciones.
Los palmares de la Mesopotamia Argentina, han sido estudiados
en forma bastante completa por Báez, y luego por Martínez Crovetto
y Piccinini, dedicándose estos últimos a los palmares de yatay. Según
Báez y Burkart, los palmares de la provincia- de Entre Ríos (com
prendida dentro de la región llamada Mesopotamia Argentina) se dis
tribuyen en la forma siguiente:
a)Palmas relativamente aisladas de las especies pindó (Arecastrum Romanzoffianum) y mbocayá (Acrocomia totay) en los mon
tes hidrófilos ribereños, especialmente del río Uruguay, siendo la
segunda de las especies nombradas escasa y característica de la pro
vincia de Corrientes, situada más al norte.
b)Palmas asociadas al algarrobal subxerófilo (monte espinoso)
perteneciendo a la especie llamada caranday (Trithrinax campestris).
c)Palmares puros, aislados generalmente del monte ribereño,
aunque a veces sin alejarse mucho de las corrientes fluviales, forma
dos por consociaciones de una de las siguientes especies: yatay (Butia
yatay), caranda (Copernicia alba) y caranday (Trithrinax campestris). Los palmares más extensos y más conocidos son los constituidos
por la palma yatay. Parecería que la especie llamada caranday fuera
subxerófila, la caranda (Copernicia) halófila, y la yatay, aún vi
viendo en ambientes diversos, psamófila, hecho que por otra parte
se advierte bien para la primera y la última especie, en el Uruguay.
Martínez Crovetto y Piccinini han publicado interesantes refe
rencias acerca de las características ecológicas y la distribución de los
palmares de yatay en la Argentina; se trata de un trabajo de la mayor
importancia que ha facilitado nuestra propia labor, y del cual extrae
mos para una mejor orientación los siguientes datos y resultados:
1. — La palma yatay (Butia yatay) forma palmares en las pro
vincias de Entre Ríos, Santa Fé y Corrientes. Los núcleos más meri
dionales se encuentran en la primera de las provincias nombradas,
casi a 329 de latitud Sur. Pero los núcleos principales se hallan al
norte de la provincia de Entre Ríos, y en la de Corrientes, donde
forman fajas muy alargadas; los palmares próximos a Concordia, en
otro tiempo relativamente vastos han sido reducidos en forma notoria
por la acción humana, particularmente por los incendios y la acción
indirecta debida al pastoreo de ganado. Estos palmares en general
muestran una tendencia higropsamófila, y constituyen consociaciones
de yatay, pero cuando un curso fluvial los atraviesa la referida pal
mera se asocia a los componentes del monte ribereño, tales como el
ceibo, el laurel, el molle, el ñangapiré, el higuerón y otras especies.
En el noroeste de Entre Ríos y en el centro y sur de Corrientes la
palma yatay crece mezclada con los elementos que componen el al
garrobal, tales como algarrobo negro, el ñandubay, el santafé o espinillo, el chañar, el tala y la palma caranday (Trithrinax campestris).
- 210 -

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XbjbX b[ bzub3[b anb Bjnjp B[ 'sopB^ia sa)UB saaojnB sop so[ un^ag

�partamento de Rivera, y en menor escala en el de Tacuarembó): es
la chirivá (Arecastrum Romanzoffianum), llamada también pindó,
de porte bastante elegante y estípite lisa. Mientras que la palma ca
randay prefiere suelos arcilloso salinos (o alcalinos) y medra en mon
tes ralos donde abundan el algarrobo (Prosopis nigra), el ñandu
bay (Prosopis algarobilla var. ñandubay), el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco), el chañar (Geoffroaea decorticans),
el espinillo (Acacia caven), formando un estrato más bajo los arbus
tos espinosos Grabowskia duplicata, Berberis ruscifolia, Castela Tweediei y otros, la palma chirivá se mezcla con los componentes de mon
tes fluviales (ríos Negro, Tacuarembó, Tacuarí, Yaguarón, etc.) mon
tes serranos y de quebrada (por ejemplo, en la Quebrada de los Cuer
vos, de Treinta y Tres) o aparece en grupos pequeños entre pedre
gales, donde la presencia de la humedad es relativamente constante
(tal es el caso de ciertas localidades de Treinta y Tres, Lavalleja,
Maldonado, Rocha y otros departamentos). Aprovechando los cursos
fluviales la chirivá ha podido propagarse a grandes distancias; así por
ejemplo, existe en los cursos superiores de los ríos Tacuarembó y
Negro, y cerca de la desembocadura de este último, como también en
el curso medio de ambos. En cambio la caranday tiene un área de
dispersión muy restringida dentro del territorio uruguayo, existiendo
sólo al oeste de los departamentos de Paysandú y de Río Negro y un
grupo aislado en Soriano.
Por su parte, mientras Arecastrum Romanzoffianum reaparece
en el estado brasileño de Río Grande del Sur donde es relativamente
común, Trithrinax campestris parece faltar en el territorio de dicho
estado.
Las otras dos especies de palmeras que ocurren en el Uruguay
forman en general palmares de cierta extensión, y son la palma butiá
(Butia capitata) de las llanuras (ya veces lugares húmedos de las
serranías) del Este, y la palma yatay (Butia yatay) que forma pal
mares en zonas arenosas de los departamentos del litoral (Paysandú
y Río Negro, principalmente). Rocha es el departamento donde los
palmares de butiá (llamada vulgarmente la "palmera de Rocha")
adquieren mayor extensión, sobre todo en la mitad oriental del mis
mo. Pero hay también palmares de butiá en Treinta y Tres, y palmas
en pequeños grupos o asociadas al monte hidrófilo en Maldonado,
Lavalleja y Cerro Largo, existiendo tales grupos también, sin poderse
catalogar de verdaderos palmares, en Rocha y Treinta y Tres, parti
cularmente en zonas húmedas serranas, donde suele aparecer tam
bién Arecastrum Romanzoffianum. Dentro de los palmares de butiá
abunda el higuerón (Ficus sp.) enemigo mortal de estas plantas. La
edad de las palmas parece ser en término medio de más de ciento
cincuenta años, y los renuevos son casi excepcionales, atribuyéndose
este hecho, en general, a los animales de pastoreo.
Los palmares de yatay podrían clasificarse en palmares de cu
chilla y palmares de valle (o de margen) fluvial. Así por ejemplo, los
palmares de Quebracho y de Guichón, son de cuchilla y forman consociaciones casi puras, siendo los árboles asociados al palmar excep- 212 -

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�bb) Frutos ovoideos, subglobosos, amarillentos. El pe
rianto cubre bastante menos de la tercera parte del
fruto.
4—Butia capitata.En su clave (a la que nos hemos referido en este trabajo) A.
Lombardo destaca que Butia yatay mide en general entre 6 y 10 me
tros, mientras que Butia capitata sólo va de 4 a 8 metros. Estos datos
son importantes, ya que realmente la palma yatay es en término medio
bastante más elevada, y de tronco relativamente más delgado que la
butiá. Sin embargo, en cada palmar varía un tanto la altura media;
por ejemplo, las palmas de los palmares de Porrúa y de Mujica, for
mados por yatay, superan en general bastante en altura y son de as
pecto más grácil y de follaje relativamente más pobre que las palmas
de la misma especie que constituyen el palmar de Quebracho, en su
parte más densa. También la palma butiá, cuando vive alternando
con grupos arbóreos, se eleva sensiblemente por encima de las alturas
medias consignadas. Según veremos más adelante, en los palmares de
Mujica y de Porrúa, existen ejemplares de palmeras cuya altura es
superior a las que acaban de consignarse. De todas maneras, aún a
cierta distancia, es fácil para una persona avezada reconocer un pal
mar de yatay o de butiá pues tienen rasgos propios característicos;
agregúese a esto que la primera de las especias nombradas es cono
cida al Oeste del país, mientras que la segunda se halla en la porción
Este. El fruto o la semilla (el carozo) son siempre los elementos que
deciden en forma más precisa la especie de que se trata. Citamos a
continuación las cifras que publicaron Castellanos y Ragonese relati
vas a las dimensiones de los carozos, que por nuestra parte no hemos
hecho más que corroborar casi totalmente. Dan para los carozos de
yatay, de 2,4 a 2,5 cm. de largo, y de 1,4 a 1,5 cm. de ancho, lo que
muestra un alargamiento sensible; para los carozos subglobosos de
butiá, consignan las cifras correspondientes al diámetro, que varía
entre 1,3 y 1,6 centímetros. Destacan estos autores que la pulpa (o
mesocarpio) de los frutos de butiá no es tan fibrosa como la de los
frutos de yatay, siendo además de sabor más agradable.
La utilización de los productos de las palmeras se hace en nues
tro país en forma muy limitada, en parte por la propia extensión
local de estos vegetales y a veces de su escaso número. Desgraciada
mente, a pesar de que los frutos de algunas especies tienen sabor agra
dable, y podrían utilizarse para fabricar dulces y licores, así como
para proporcionar determinada clase de aceite, y las hojas, fibras, la
preocupación de nuestra población en ese sentido ha sido poca, y los
hacendados en general (exceptuando algunos muy inteligentes) no se
han manifestado como calurosos defensores de estas plantas, tan ele
gantes, tan útiles, permitiendo a veces que los incendios y el talado,
sumados a la acción del ganado devorador (especialmente en épocas
de sequía), destruyan las palmas y sus renuevos, tardándose de una
manera inexplicable, en un país carente prácticamente de estos ma- 214 -

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jaj3 sojund sosaaAip ua 'Baxuiiuodo^ Biauanjjui ns o sa^uauBuiaj opBfap
uEq '^apaaoj^aj jb X 'saaoXBui a^uBjsBq sauoisuajxa oXBn^nan ouojijj
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sbj BaBd upiaaajoad ap SBAijaaja saXaj aBjaip ua 'sajBjaSaA sosojjiABa

�arroyuelos, pasos y localidades del país. Este problema de topono
mástica sería digno de un detenido estudio.
De esta manera la antigua banda de palmeras que cruzaba ante
riormente la porción central del país más parece una ficción que
un hecho real.
3 - Palmares del río Negro
Ya hemos dicho que la palma chirivá (Arecastrum Romanzoffianum) no constituye palmares, aunque se presenta en diversos puntos
del valle del río Negro, integrando con diversas especies arbóreas y
arbustivas el monte fluvial, al cual supera con frecuencia por la altu
ra. En cuanto a la palma caranda o caranday, aparece en forma acci
dental junto al mismo valle, y alejada del monte marginal, al Nordeste
del departamento de Soriano.
En cambio la palma yatay forma en el valle rionegrense dos
agrupaciones (consociaciones si se considera sólo el estrato arbóreo)
bien destacadas, aunque de distinta importancia. En efecto, mientras
que el palmar de Porrúa contiene alrededor de 2270 palmeras, el de
Mujica, situado río abajo, a cerca de 50 kilómetros del anterior en
línea recta (y a más de 110 kilómetros siguiendo todas las vueltas
del río) sólo consta de unos pocos centenares de palmeras. Además,
mientras que el palmar de Porrúa, aún sin presentar mucha densidad,
ofrece cierta unidad, el de Mujica está constituido por ún grupo prin
cipal, bastante ralo, y otros menores, algo alejados del primero, ocu
rriendo algunas palmeras de escasa talla (siempre de la especie Butia
yatay) sobre areniscas conglomerádicas del cretácico, relativamente
consistentes, y cubiertas a veces por un escaso espesor de suelo.
Ambos palmares se hallan en las inmediaciones del monte fluvial
del río Negro, en la región basáltica, aunque sus componentes apro
vechan terrenos arenosos superpuestos al basalto, y de cuyo origen
nos ocuparemos más adelante. Los dos están prácticamente interca
lados dentro de sendos bucles, algo angulosos, en la margen derecha
del río (departamento de Río Negro). Particularmente el palmar de
Porrúa, se encuentra ubicado junto a un codo dispuesto en ángulo
recto, en la parte interna del mismo, ocupando una colina elevada
en forma de elipse alargada, pero sin alcanzar el vértice donde ocu
rren terrenos bajos, anegados por el río durante las crecientes ,y con
teniendo dos lagunas de tamaño apreciable. El palmar de Mujica, se
halla en el extremo Sudoeste de las formaciones basálticas, allí donde
el material de origen volcánico está prácticamente cubierto por capas
cretácicas, sedimentarias.
Ambos palmares, y especialmente el de Mujica, muestran indicios
de fuerte degradación, la que se observa incluso en el estrato de ve
getación baja en gran parte graminoide o herbácea que ocurre entre
las palmeras, en el cual a la flora primitiva de Aristida, Andropogon,
Axonopus, Cyperus, Trichachne, Pappophorum, Stevia, Pterocaulon,
Zexmenia, Pavonia, Trixis, etc., se han mezclado plantas como Era- 216 -

�- ¿13 -ijub souaaaaj ua opBppoui [sp uopa^ B[ aod BpBaaa 'Euipjsiaa Banu
-B^iuad c[ Bznia anb piAn|j ajuaiaaoa 4iy oía p npaambzi ua^aBiu
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ppadsa Banjamjsa X Bpuajsisuoa ns ap uozea ua 'sojsg 'soaiipsBq
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�guos (basamento cristalino). Por la misma margen recibe luego al
arroyo Grande, poco antes del Paso del Puerto. En esta zona de
confluencia afloran numerosos elementos estructurales correspon
dientes a formaciones geoló^icas diversas (basamento cristalino, es
tratos glaciares eogondwánicos, basaltos y sedimentos cretácicos),
aunque los mayores espacios están ocupados por el manto basáltico,
recubierto a cierta distancia del valle fluvial por estratos cretá
cicos. Aguas arriba de la confluencia con el Yí, el río Negro corre
por terrenos basálticos; pero tanto aquí como en las inmediaciones
del Paso del Puerto, y del Paso del Palmar (cerca del cual se des
arrolla el palmar de Mujica) abundan los arenales, que ocupando
áreas bastante vastas, cubren la roca característica de las formaciones
geológicas antes indicadas. Tales arenales son frecuentes también
en el tramo fluvial comprendido entre la confluencia con el Yí y
el codo junto al cual se halla el palmar de Porrúa, y no dejan de
presentarse remontando aún más el río. Estos arenales carecen de
verdadera continuidad, ocupando extensiones variables con frecuen
cia bastante superiores al kilómetro cuadrado, y los más antiguos se
elevan alejándose del curso fluvial, teniendo casi siempre un con
torno elíptico, con el eje mayor orientado en dirección SW o SSW,
y constituyen encima del basalto amplias lomas donde el espesor de
los depósitos arenosos parece ser bastante grande. En zonas despro
vistas o pobres en vegetación, abundan los voladeros de deflacción,
algunos de los cuales parecen haber sido utilizados por los indios
para instalar allí sus rudimentarios talleres para la preparación de
las diversas piezas líticas (puntas de lanza y de flecha, raspadores,
moletas, boleadoras, morteros, etc.). Es cierto que los indios, con
gran perspicacia elegían los voladeros de fondo relativamente esta
ble, que ofrecen características muy particulares.
Ninguna duda existe acerca de que en los arenales relativa
mente modernos y de extensión moderada o pequeña, el viento ha
sido el causante de la dispersión y de la acumulación de la arena,
aportada en gran parte por el río Negro durante sus crecientes; por
otra parte tales acumulaciones de arena abundan en las orillas con
vexas de los bucles, ofreciendo a veces bastante anchura. Pero tra
tándose de arenales antiguos, fijados ya parcialmente o en forma
total por vegetación psamófila, como son los ocupados por los pal
mares de Porrúa y de Mujica, el origen de las acumulaciones de
arena no es tan fácil de descubrir. Podría tratarse de materiales
sueltos derivados de la desagregación de los estratos cretácicos, bajo
un clima más árido que el que reina actualmente, y dispersados
luego por el viento; tal fue nuestra primera impresión al visitar por
primera vez el palmar de Mujica. Sin embargo, la dispersión de la
arena se hace al parecer en casi todos los arenales, de acuerdo con
la dirección de los fuertes vientos dominantes que en término medio
es SW o SSW, y siempre a partir del río Negro, indicio este último
de que la misma corriente fluvial es de alguna manera, la respon
sable única o principal de la acumulación de materiales sueltos. De
todas maneras no dejó de llamarnos la atención la gran altura reía- 218 -

�— 6IS —
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�nales que marchan a paso lento con preferencia hacia el Nordeste,
a partir del río o de sus proximidades.
Con la elevación general del territorio uruguayo, afectado por
movimientos epirogénicos positivos, y a causa de la lenta producción
del arqueamiento o plegamiento de fondo antes citado, el río Negro,
se ha ido encajonando gradualmente en los terrenos basálticos, y hoy
lo vemos corriendo allí en un cauce caracterizado por paredes abrup
tas, y formando numerosos bucles y codos, algunos muy angulosos y
cerrados. Este encajonamiento progresivo, ha hecho que el río haya
dejado de tener una influencia directa en la formación de los anti
guos arenales, creados en otras épocas a sus expensas, y que hoy no
reciben sino una cantidad relativamente exigua de aportes arenosos.
En cambio, los arenales nuevos, aún no fijados por la vegetación,
se alimentan y se extienden actualmente a partir de tales aportes
que el río abandona durante las inundaciones principalmente allí
donde las condiciones son favorables para la producción de tales
depósitos; grandes depósitos tuvieron lugar en las inundaciones de
abril y mayo de 1959.
Los arenales donde se asienta el palmar de Porrúa son bastante
antiguos, son de coloración grisácea, están en gran parte fijados por
vegetación y se hallan a cierta altura sobre el nivel del río; en
cambio los arenales nuevos se encuentran a un nivel más bajo, tienen
escasa vegetación y son blancos, algo rojizos por la presencia de
óxidos de hierro.
En tiempos relativamente recientes, han cambiado las caracte
rísticas primitivas de los arenales antiguos por la acción humana
(quemazones de campos) y el pastoreo de ganado. Han aparecido
voladeros de deflacción en numerosos lugares; en los arenales fijados
parcialmente por vegetación, del palmar de Porrúa, existen varios
de estos voladeros, aunque al parecer algunos han debido ser con
temporáneos de los indios, pues es en el fondo de ellos donde se
encuentran restos de cerámicas, puntas de flecha, raspadores y obje
tos diversos de la rústica industria lítica de aquellos pueblos.
Al aparecer estos voladeros, la estabilidad de todo un arenal
queda rota, pues el viento barre la arena de los primeros, y la dispersa
sobre la superficie restante del arenal. Minadas por la base, las pal
meras terminan por presentar sus raíces en parte al descubierto;
muchas plantas son aniquiladas, al ser desenraizadas. Resisten bas
tante bien Panicum racemosum, gracias a sus largos rizomas, y espe
cies de Pappophorum, Elionurus, Myrtus y Mimosa, aunque a veces
terminan por ser enterradas o destruidas por la acción abrasiva de
la arena voladora.
También el agua de lluvia, al formar raudales de importancia,
ha tenido su influencia en la elaboración de los diversos accidentes
topográficos que caracterizan a los arenales. En algunos casos ha
abierto pequeños cañones, por donde se deslizan aguas de color cho
colate o rojizas, y en otros ha arrastrado el material suelto, deposi
tándolo en conos de deyección de superficie aplanada, cortados por
innumerables brazos por los que el agua corre durante las épocas
- 220 -

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ua BBajB uBdnao sajBqiaa so^ 'ajuBjapB sbui souiaJBUoiauaui anb sbjij
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sajuBpunqB uos uaiquiB^ 'ajuBuiuiop X Baidjj aiaadsa bj sa (ijjb8 B^sua
Buuq^Xa^) oqiaa ja uaiq ib anb boj ua 'sajBqiaa boj ajuauBuuad sa BnB
ja apuop tjjb opuaXnjusuoa 'sopauínq sosouajB sojans o sajBuajB ua
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-uodsajjoa 'soso^ajpad souajja^ UBUiuuajap anb soaiqBSBq soiuaiuiBJ
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uoiDBia^aA aod SBpBapjoq 'sbpbSjbjb BBuníoBj sop UBauaoiuoa sa^uauod
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"(Biojjipnu Biuouja^) uuaajB ja sounqn soisa aa^ua
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Bjnajp X BuaaB bj ua bjjjijui as ouBajuoa ossa ua sand 'sajqBJOABj sbui

�Durazno) aparecen en la superficie los niveles estructurales vacuolar
y amigdaloide, siendo los principales minerales secundarios de relleno
la calcedonia y la calcita. Las amígdalas ofrecen en general diámetro
pequeño. No existen dentro del área del palmar afloramientos de
rocas basálticas.
Así como algunos ejemplares de palma yatay se aproximan por
el lado Sudoeste del palmar, hasta ponerse en contacto prácticamente
con el borde externo del monte marginal del río Negro, del lado
opuesto, se acercan mucho a un ceibal de cierta extensión, prospe
rando algunos individuos en arenales sometidos actualmente a una
intensa deflacción. Es posible que en esta última zona fueran en
otra época más numerosas y formaran conjuntos más densos.
Como de la palma yatay nos hemos ocupado anteriormente, aquí
vamos a considerar las asociaciones vegetales que integran el estrato
bajo del palmar, no sin dejar de recordar que sobre las estípites de
las palmas ocurre una vegetación epifítica que comprende principal
mente al clavel del aire común (Tillandsia aeranthos) y algunas es
pecies de liqúenes crustáceos.
Dentro del área ocupada por el palmar y por los arenales veci
nos, sobre una superficie de unas 300 hectáreas, hemos coleccionado
o anotado la presencia de unas 180 especies de plantas; algunas como
Crotón argentinus?, Stylosanthes gracilis y Sida potentilloides, eran
hasta ahora desconocidas o raras para la flora uruguaya. No hemos
vuelto a encontrar en el palmar algunas de las plantas citadas para
su área por A. Castellanos y A. Ragonese; tales especies son Andrópogon barbinodis, Chloris disticophylla, Carex sororia, Oxalis lobata,
Eryngium coronatum y Pterocaulon alopecuroides. Algunas gramí
neas tales como Elyonurus sp. (probablemente Elyonurus tripsacoides var. ciliaris), Pappophorum mucronulatum, Bromus auleticus,
Axonopus suffultus, Trichachne sacchariiflora, Paspalum plicatulum,
Botriochloa saccharoides y Stipa Neesiana, junto con Vernonia nudiflora, Myrtus sericea, Pavonia hastata, Pterocaulon lorentzii, etc.,
sobresalen por encima de un estrato rasante constituido por plantas
más bajas. El tapiz vegetal es continuo sólo en lugares donde los
suelos contienen cierta proporción de humus y donde se mantiene
alguna humedad; en tales condiciones, la vegetación se hace más
densa y variada, y ofrece tonos más verdes que la que ocurre sobre
suelos muy arenosos. Visto desde el aire, el tapiz vegetal deja entrever
bastantes discontinuidades, siendo a veces importantes los espacios
completamente descubiertos. Algo al Sudoeste del centro geométrico
del área del palmar, existe un voladero de deflacción de apreciable
extensión; pero son mucho mayores los arenales desnudos y vola
deros de la porción Nordeste.
En lugares donde dominan arenas móviles se presenta con fre
cuencia Panicum racemosum, conocido por todos, por los arcos de
círculo que traza sobre las arenas (de ahí que algunos lo llamen
"pasto dibujante"). Se trata de una excelente especie fijadora, que
en suelos arenosos inestables, inicia la sucesión vegetal, colaborando
con ella Eragrostis trichocolea, varios Gnaphalium (G. falcatum, G.
- 222 ^

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�Andropogon panyculatus, la márcela (Achyrocline satureioides), Panicum bergii, Petunia violácea y Haliminum brasiliense.
En arenales sometidos a una intensa deflación se ven con fre
cuencia las raíces de ejemplares destruidos de arazá (Myrtus mucro
nata) o de Mimosa adpressa, quedando al descubierto también parte
de las raíces de las palmeras, las que quedan en peligro de ser derri
badas por los vientos fuertes. En zonas arenosas, donde en épocas
lluviosas se deslizan las aguas ocurren Fimbristylis autumnalis, Paspalum distichum, Paspalum almum, Bulbostylis capillaris, Juncus
dombeyanus, Centella hirtella, Linaria canadensis, mientras que en
los bordes de los arenales, delata su presencia por sus molestas rose
tas Cenchrus pauciflorus. Otras plantas que ocurren en los suelos are
nosos del palmar son Andropogon imberbis, Aristida altissima, Aristida murina, Botriochloa lagurioides, Digitaria aequiglumis (en hon
donadas húmedas), Eragrostis lugens, Panicum bergii, Piptochaetium
stipoides, Poa compressa, Rottboelia selloana, Cyperus reflexus, Rhynchospora microcarpa, Scleria sellowiana, Commelina sp., Juncus dichotomus, Juncus marginatus, Cypella herbertii, Stylosanthes monlevidensis, Zornia diphylla, Pavonia hastata, Pavonia sp., Sida multicrena, Halimium brasiliense, Cuphea glutinosa, Macrosiphonia petraea, Asclepias mellodora, Dichondra sericea, Glandularia teñera,
Hyptis fasciculata, Bouchetia anómala, Petunia pubescens, Borreria
eryngioides, Wahlenbergia linarioides, Eupatorium squarrulosum, etc.
Algunas especies, abundantes en los campos colindantes o en
los arenales vecinos, son raras o escasas en el área del palmar; tal es
el caso de Andropogon ternatus, Andropogon consanguineus, Axonopus
compressus, Paspalum proliferum, Festuca dertonensis, Mélica papilionacea, Briza triloba, Paspalum dilatatum, Paspalum notatum, Pip
tochaetium confusum, Juncus capillaceaus, Polygala molluginifolia,
Oenothera parodiana, Anagallis arvensis, Eupatorium commersonii,
Aspilia montevidensis, Hieracium commersonii. En el borde Sur del
palmar, y en las proximidades de una de las lagunas alargadas que
allí se encuentran, ocurren Drosera brevifolia, Polygala paludosa,
Áster squamatus, Paspalum pumilum, Cyperus obtusatus, Gratiola
peruviana, Fimbristylis autumnalis, Centella hirtella, y otras plantas
características de arenales húmedos. Se trata de una zona donde en
épocas favorables rezuma el agua contenida en los arenales vecinos,
más elevados, a la superficie. Dicha agua surge con mayor constancia
en los ceibales, cuya vegetación describiremos más adelante.
Las plantas que más llaman la atención dentro del área del pal
mar, fuera de la palma yatay, son las maciegas de Elyonurus sp., las
espigas blancas de Andropogon selloanus y las inflorescencias madu
ras de Trixis pallida, las flores azul purpurinas de Yernonia nudiflora, y las corolas llamativas de Pavonia hastata, Commelina virginica, Petunia pubescens, así como los capítulos de Vernonia cognata,
Eupatorium hirsutum y Eupatorium calyculatum. En los arenales,
se destacan el arazá (Myrtus mucronata, M. sericea), Cyperus laetus,
Tephrosia cinérea, Cassia flexuosa, Lupinus incanus, Oenothera longiflora, Petunia violácea y Gnaphalium cheirathifolium. Vista a dis- 224 -

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�Aún dentro de los ceibales propiamente dichos, se pueden reco
nocer asociaciones vegetales diferentes ,que corresponden a agrupa
ciones de plantas que tienen distintas exigencias en relación al agua.
Por ejemplo, a lo largo de los arroyuelos, en general de caudal poco
significativo, y en lugares donde hay bastante agua aparecen el camalote (Pontederia cordata), la yerba de los cucharones (Echinodorus grandifloras), la achira de agua (Sagittaria montevidensis), el
junco común (Scirpus californicus) y plantas tales como Jussiaea
hookeri, Polygonum lapathifolium, Gymnocoronis spilanthoides, las
gramíneas Leersia hexandra y Luziola leiocarpha, y con frecuencia
Jussiasea repens var. montevidensis. También se presentan aquí Jus
siaea longiflora, Baccharidastrum argutum, Alternanthera philoxeroides, Lipocarpha sellowiana, Canna glauca, Hydrocotyle ranunculoides y el arbusto Buddleia thyrsoidea. Los únicos árboles son el ceibo,
el sauce criollo (Salix Humboldtiana), ofreciendo formas arbustivas
el sarandí colorado.
Dentro del sarandizal se ocultan con frecuencia el helécho de
bañado (Dryopteris rivularioides), cola de lagarto (Equisetum giganteum), y además Cyperus haspan, Solanum flagellare, prosperando en
lugares más soleados, pero también anegadizos, Hydrolea spinosa,
Rhynchospora legrandi, Juncus microcephalus, Tibouchina nítida, Po
lygonum punctatum, Baccharidastrum triplinervium y otras especies
más o menos características. En algunos bañados, de fondo más firme,
donde faltan el ceibo y el sarandí colorado es excepcional, domina un
pajonal de Andropogon lateralis (llamado vulgarmente canutillo) en
el cual aparecen con frecuencia la orquidácea Habenaria bractescens,
y plantas tales como Vernonia platensis, Juncus densiflorus, Imperata
brasiliensis, Rhynchospora glauca, Cyperus megapotamicus, Xyris se
llowiana y Pavonia urbaniana (esta última ocurre también en el
sarandizal).
En torno de los ceibales, y a cierta distancia de la masa de agua
permanente, pero en lugares bastante húmedos, se desarrolla un pas
tizal de Paspalum pumilum, Paspalum almum, Panicum decipiens,
Polypogon elongatus y otras gramíneas, donde ocurren diversas espe
cies de plantas tales como Mayaca sellowiana, Cyperus lanceolatus,
Heleocharis bonariensis, Cyperus sesquifloras, Juncus marginatus, Jun
cus dichotomus, Sisyrinchium minutiflorum, Sisyrinchium laxum,
Habenaria sp., Vicia gramínea, Polygala brasiliensis, Cuphea origaniíolia, Tibouchina gracilis, Centella hirtella, Salvia proeurrens, Scutellaria racemosa, Gratiola peruviana, Stemodia hyptoides, Oldenlandia
thesiifolia, Calamagrostis sp. (Deyeuxia), y Plucbea sagittalis, sobre
saliendo por su altura, aunque sin ser comunes Buddleia grandiflora
y Vernonia platensis. De dispersión también restringida, y que ocu
rren dentro de los ceibales o fuera de ellos son Vernonia nitidula,
Baccharis phyteumoides y Valeriana salicariaefolia. En lugares donde
se empoza el agua suelen verse Utricularia platensis, Marsilia concinna, y en arenales muy húmedos, entre el pastizal ralo, Lycopodium
cernuum. Plantas raras, halladas en los ceibales y en el sarandizal son
Polygonum meissnerianum (que ocurre, sin ser común en las orillas
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�lus edulis), el molle (Schinus longifolius), la cangorosa (Maytenus
ilicifolia), el espino amarillo (Berberís laurina) y el ya citado coro
nilla (Scutia buxifolia), escondiéndose entre árboles y arbustos espi
nosos la rama negra (Cassia corymbosa). En lugares secos o pedre
gosos del borde del monte, aparte de coronillo, tala y espinillo, suelen
ser comunes el ñiñarupá o azarero (Aloysia lycioides), prefiriendo lu
gares arenosos el espino corona (Xylosma warburgii) y el curupí
(Sapium haematospermum). Otros componentes del monte del R.
Negro son el tarumán (Citharexylon montevidense), ocurriendo en los
parajes sombríos la envira (Daphnopsis racemosa). Entre las enreda
deras más comunes citaremos la uña de gato (Bignonia unguis cati),
la dama de monte (Clytostoma calystegioides), la pareira (Cissampelos pareira), la uvilla del diablo (Cissus striatus), tripa de fraile
(Camptosema rubicundum), farolitos (Cardiospermum halicacabum),
el tayuyá (Cayaponía ficifolia), y en el borde del monte Janusia
guaranítica, Solanum jasminoides y Araujia angustifolia, Smilax campestris, y la popular mburucuyá (Passiflora coerulea). Otras plantas
volubles, menos frecuentes, son Tragia volubilis, Urvillea uniloba,
Dioscorea sp., Macfadyena dolichandra, Mikania periplocifolia.
En el estrato rasante del monte ocurren plantas de sombra (esciáfilas) tales como Adiantum cuneatum, Doryopteris concolor, Oplismenus setarius, Cyperus incomtus, Carex sellowiana, Juncus tenuis,
Hypoxis decumbens, Desmodium adscendens, Acalypba multicaulis,
Pavonia sepium, Buettneria urticifolia, Salvia procurrens, Dicliptera
pohliana, Diodia polymorpha, Blainvillea biaristata, Chaptalia exscapa,
Hypochoeris tweediei y otros. Más al borde del monte, en lugares
más soleados aparecen Stipa hyalina, Heimia salicifolia, Vernonia
rubricaulis, Pluchea sagittalis, Erigeron sp., Eupatorium hirsutum,
Hyptis mutabilis, Ambrosia scabra, Eriochloa montevidensis, Paspalum cromyorrhizon, Iresine celosioides, Sphaeralcea bonariensis, Ver
bena litoralis, Nierembergia hippomanica y mucbas otras.
Sobre los árboles se instalan el clavel del aire común (Tillandsia
aeranthos), Tillandsia recurvata, Oncidium bifolium, y varias espe
cies de lorantáceas, figurando entre estas últimas Phrygilanthus eugenioides, Psittacanthus cuneifolius, Eubracbion ambiguum y Phoradondron meliae. En las riberas arenosas del río son frecuentes Cype
rus esculentus, Cyperus aristatus, Alternanthera polygonoides y MoHugo verticillata. En hondonadas húmedas o con agua relativamente
permanente ocurren Panicum grumosum, Polygonum hydropiperoides,
Baccharis phyteumoides, Pluchea sagittalis, Gymnocoronis spilanthoides, Jussiaea repens y Cyperus eragrostis.
Otras plantas señaladas para el monte del R. Negro son la lla
mada justicia colorada (Dicliptera tweediana), el pico de loro (Ephedra tweediana), Eragrostis hypnoides (que ocurre en las riberas ba
rrosas, que se cuartean al desecarse), Gompbrena celosioides, Eryngium echinatum, Cyperus virens, Polygonum glabrum, Crotón uruguayensis, Oenothera longiflora, Dichondra repens, Phyla nodiflora,
Eclipta bellidioides, Ocimum carnosum, Lippia alba, Geochorda cuneata y Galinsoga ciliata. En el borde externo del monte, y sobre
- 228 -

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�prostrata, Nicotiana alata, Bouchetia anómala, Gerardia communis,
Solanum pseudocapsicum, Chenopodium sp., ocurriendo en las hendi
duras de las rocas Dorstenia peruviana, Paxia acaulis, Relbunium erb
coides y algunas de las especies anteriormente citadas.
El pastizal es en estos suelos pedregosos bastante ralo, pero cuan
do aparece una capa apreciable de suelo, se hace denso y ofrece
más variedad y exuberancia, agregándose algunas gramíneas de ca
lidad (Setaria geniculata, Paspalum notatum, Paspalum proliferum,
etcétera). En lugares donde el suelo ha sido removido aparecen Carthamus lanatus, Sida rhombifolia, Heliotropium ancbusaefolium, Cynodon dactylon y Centaurea calcitrapa. En torno a algunos coronillos
y tales que surgen de los pedregales hemos anotado además la pre
sencia de Hyptis mutabilis, Panicum nodiflorum, Dicliptera tweediana, Andropogon panyculatus, Echinocactus sp. y otras especies menos
frecuentes.
8 - Medidas de protección
Cualquiera que haya sido el origen del palmar de Porrúa, su
gran valor estético y científico, justifican que se tomen medidas de
protección para salvaguardar su integridad. No aconsejamos la decla
ración o la creación de "parque nacional" pues la experiencia ha
enseñado que en esos casos, ocurre con frecuencia que a la vegetaciín indígena se le agregan elementos exóticos fie tal manera, que
el paisaje vegetal primitivo cambia fundamentalmente. Es preferible
transformar el área del palmar en "reserva nacional" o "reliquia na
cional", y propender por todos los medios para asegurar su integri
dad, pero sin la introducción o agregado de elementos extraños. La
reserva podría ser extendida a todo el espacio contorneado por el
bucle del río Negro donde se halla el palmar, incluyendo dos lagu
nas alargadas, parte del monte natural del río citado, y arenales va
liosos desde el punto de vista arqueológico, ya que en ellos se ha
hallado un material lítico indígena muy interesante (puntas de fle
cha, puntas de lanza, boleadoras, raspadores, etc.). Estos materiales
existen también en "paraderos" indígenas vecinos, y algunos arenales
donde se hallan, serán probablemente cubiertos por pinos o inun
dados por las aguas de los lagos artificiales que se proyectan formar
en la región. Este último hecho aconteció con algunos arenales ubi
cados aguas arriba de Paso de los Toros.
El Uruguay es un país pobre en palmeras; sólo en ciertas por
ciones llanas y anegadizas del departamento de Rocha, los palmares
tienen alguna extensión, pero están constituidos por palma butiá (Butia capitata). Con respecto a los palmares de yatay, ellos ocupan áreas
relativamente restringidas; el palmar de Porrúa, compuesto según ya
dijimos por unas 2200 palmeras ocupa con respecto a los demás pun
tos donde ocurre la palma yatay, una posición meridional, siendo uno
de los más próximos a Montevideo, y teniendo con respecto al palmar
de Mujica la ventaja de no haber sido perturbado en la medida que
lo ha sido este último. El área mínima a ser convertida en reserva
- 230 -

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�Graminae
15.Agrostis montcvidensis Spreng. — En campos y borde del monte franja.
N. V. Pasto ilusión.
16.Andropogon barbinodis Lag. — Indicada por A. Castellanos y A. Ragonese.
17.Andropogon consanguineus Kunth. — Rara en el palmar, pero común en
campos pedregosos.
18.Andropogon imberbis Hack. — Ocurre en el palmar y fuera de él.
19.Andropogon lateralis Nees. — En arenales húmedos; ocurre en el palmar.
N. V. Canutillo.
20.Andropogon paniculatus Kunth. — Abundante en el palmar y en los cam
pos muy arenosos. N. V. Cola de zorro ("rabo de burro").
21.Andropogon selloanus Hack. — Resalta en el palmar por su blancura.
22.Andropogon ternalus (Spreng.) Nees. — Rara en el palmar y común en los
campos contiguos.
23.Aristida altissima Arech. — Ocurre en el palmar, pero es rara.
24.Aristida circinalis Lindm. — Una de las especies graminosas más comunes
del palmar.
25.Aristida complánala Trin. — Poco común en la región.
26.Aristida murina Cav. — Común, dentro y fuera del palmar.
27.Aristida venustula Arech. — Abundante en terrenos pedregosos basálticos.
28.Axonopus compressus (Sivartz.) Beauv. — En terrenos húmedos; existe
en el palmar.
29.Axonopus su fful tus (Mikan) Parodi. — Su abundancia llama la atención,
en el área del palmar.
30.Botriochloa lagurioidcs (DC) Hertcr. — Frecuente en el palmar. N. V.
Paja de plata.
31.Botriochloa saccharoides (Swartz) Rydb. — Común. N. V. Paja de plata.
32.Briza subaristata Lam. — Indicada para el palmar por A. Castellanos y
A. Ragonese.
33.Briza triloba Nees. — En terrenos basálticos; rara en el palmar. '
34.Bouteloua megapotamica (Spreng.) O. Ktze. — Común en terrenos secos
o pedregosos.
35.Bromus auleticus Trin. — Medianamente común dentro del palmar.
36.Cenchrus pauci'lorus Benth. — Planta molesta y nociva, común en el
borde de los arenales; rara dentro del palmar. N. V. Pasto roseta.
37.Cynodon dactylon (L) Pers. — Ocupa manchones diseminados en zonas de
pasturas pobres. Al parecer, se extiende cada vez más. N. V. Pata de per
diz ("pasto bermuda").
38.Chloris berroi Arech. — En campos contiguos al palmar.
39.Chloris disticophylla Lag. — Señalada por A. Castellanos y A. Ragonese.
40.Chloris retusa Lag. — Bastante común dentro del área del palmar.
41.Digitaria aequiglumis (Hack. &amp; Arech.) Parodi. — En las zonas más hú
medas del palmar; poco común.
42.Digitarin sellowii (Muller) Henrard. — Poco común, en suelos arenosos,
húmedos.
43.Eleusine tristachya (Lam.) Lam. — Ocurre en el palmar y fuera de él.
44.Elyonurus sp. — Se trata al parecer de Elyonurus tripsacoides II. B. var.
ciliaris (HBK) Hack., pues difiere por algunos caracteres, incluso su ma
yor talla y porte general, de Elyonurus candidus (Trin.) Hack., común en
el litoral are^oso platense. Planta abundante dentro del área del palmar.
45.Eragrostis bcjüensis Rocm. &amp; Schult. — Difundida ampliamente por la re
gión.
46.Eragrostis hypnoides (Lam.) Britt. — En las orillas del R. Negro.
47.Eragrostis lugens Nees. — Medianamente abundante dentro y fuera del
palmar.
48.Eragrostis neesii Trin. — Ocurre principalmente en campos secos, pedre
gosos.
49.Eragrostis trichocolea Hack. &amp; Arech. — Abundante en terrenos muy are
nosos.
- 234 —

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�87.Stipa ticesiana Trin. &amp; Rupr. — Abundante dentro del palmar. N. V. Fle
chilla.
88.Sporobolus poiretti (Roetn. &amp; Schult.) Hitchc. — En la periferia del pal
mar. N. V. Espartillo.
89.Trachypogon montufari (HRK) Nees. — En suelos pedregosos basálticos.
90.Trichachne sacchariiílora (Raddi) Nees. — Muy frecuente en el palmar y
en los arenales semifijos contiguos.
91.Tridens brasiliensis Nees. — Común dentro del área del palmar.
Cyperaceae
92.Bulbostylis capillaris (L) Kunth. — Común en arenales algo húmedos;
existe dentro del palmar.
93.Carex bonariensis Desf. — En campos basálticos y borde del monte fluvial.
94.Carex sellowiana Schlecht. — Lugares sombrías del monte franja del R.
Negro.
95.Carex sororia Kunth. — Indicada por A. Castellanos y A. Ragonese, para
el palmar.
96.Cyperus aristatus Rottb. — Arenales ribereños del R. Negro.
97.Cyperus cayennensis (Latn.) Britt. — Común en suelos arenosos del palmar.
98.Cyperus eragrostis Lam. — Borde del monte franja del R. Negro.
99.Cyperus esculentus L var. leptostachyus Boeck. — Común en los aren^les
ribereños del R. Negro.
100.Cyperus incomtus Kunth. — En el monte marginal del R. Negro; muy
común.
101.Cyperus haspan L. — Ocurre en los ceibales.
102.Cyperus laetus Kunth (y su variedad oostachyus Nees). — Frecuente en
los arenales, ocurriendo dentro del área del palmar, donde es escaso.
103.Cyperus lanceolatus Poir. — Muy común en torno de los ceibales.
104.Cyperus megapotamicus Kunth. — En los ceibales y bordes de cañadas.
105.Cyperus meridionalis M. Barros. — Poco común en el palmar; fácil de
confundir con Cyperus cayennensis.
106.Cyperus obtusatus (Presl) Mattf. &amp; Kukenth. — Común en torno de los
ceibales.
107.Cyperus reflexus Vahl. — Existe en el palmar y en arenales bajos y hú
medos.
108.Cyperus sesquijlorus (Torr.) Mattf. &amp; Kukenth. — En torno a los ceibales.
109.Cyperus virens Mich. — Hallado cerca de la ribera del R. Negro.
110.Fimbristylis autumnalis (L) Roem. &amp; Schult. — Frecuente en lugares hú
medos.
111.Fimbristylis squarrosa Vahl. — Borde de los ceibales y cañadas. Poco común.
112.Heleocharis bonariensis Nees. — En suelos anegadizos de los ceibales.
113.Lipocarpha sellowiana Kunth. — Hallada en los ceibales.
114.Rhynchospora corymbosa (L) Britt. — Ceibales y borde de lagunas.
115.Rhynchospora glauca Vahl. — Común en suelos arenosos húmedos, en los
bordes del palmar.
116.Rhynchospora microcarpa Gray. — En los pajonales del palmar y fuera
de él.
117.Rhynchospora tenuis Link. — Común en arenales húmedos.
118.Scleria sellowiana Kunth. — En pajonales del palmar y en los ceibales.
119.Scirpus californicus (Meyer) Steud. — En los ceibales y orillas de arroyuelos y lagunas. N. V. Junco común.
Palmae
120.Butia yatay (Mart.) Becc. — Es la única especie de palma que constituye
el palmar. Según un recuento fotográfico realizado en 1958, habría unos
2270 pies vivos aún. N. V. Yatay.
Mayacaceae
121.Mayaca sellowiana Kunth. — Común en suelos anegadizos, en los ceibales.
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�146.Sisyrinchium minutiflorum Klatt. — En los bordes de los ceibales; suelos
arenosos húmedos.
147.Sisyrinchium vaginatum (Vahl.) Spreng. — Muy común dentro del área
del palmar.
Cannaceae
148.Canna glauca L. — En los ceibales. N. V. Achira amarilla.
Orchidaceae
149.Habenaria bractescens Lindl. — En arenales húmedos cubiertos de Andropogon lateralis; poco común.
150.Habenaria sp. — En pastizales desarrollados en suelos arenosos húmedos.
151.Oncidium bifolium Sims. — Hallada en el monte franja del R. Negro. N.
V. Flor de pajarito.
Salicaceae
152.Salix Humboldtiana Willd. — En los ceibales y monte del R. Negro. N. V.
Sauce criollo.
Ulmaceae
153.Celtis iguanea (Jacq.) Sarg. — Monte franja del R. Negro. N. V. Tala
trepador.
154.Celtis spinosa Spreng. — En campos basálticos y monte del R. Negro. N.
V. Tala.
Moraceae
155.Dorstenia brasiliensis Lam. — En campos pedregosos basálticos. N. V.
Higuerilla.
Loranthaceae
156.Eubrachion ambiguum (Hook. &amp; Arn.) Engler. — Principalmente parasitando al guayabo colorado.
"157. Phoradendron meliae Trel. — Descubierto por el autor de este trabajo,
para el Uruguay, en Paso del Puerto, e indicado luego para otros lugares.
Parásito sobre Ruprechtia.
158.Phrygilanthus eugenioides (HBK) Eichl. — En el monte del R. Negro.
Común.
159.Psittacanthus cuneifolius (Ruiz &amp; Pavón) Blume. — Principalmente sobre
molle.
Santalaceae
160.Acanthosyris spinescens (Mart. &amp; Eichl.) Griseb. — En monte del R. Negro.
N. V. Quebrachillo.
161.Iodiná rhombifolia Hook. &amp; Arn. — En monte del R. Negro. N. V. Som
bra de toro.
Polygonaceae•
162.Polygonum glabrum Willd. — Ribera baja del R. Negro.
163.Polygonum hydropiperoides Michx. — En lugares inundables, cerca del R.
Negro.
164.Polygonum meissnerianum Cham. &amp; Schlecht. — En los ceibales.
165.Polygonum lapathifolium L. — En lugares inundables y en los ceibales.
166.Polygonum punctatum Elliot. — Muy común en lugares inundables. N. V.
Hierba del bicho.
- 238 -

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•soaijpsBq sopns ua asaaA apns uaiquiB)
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�Rosaceae
191.Margyricarpus pinnatus (Pam.) O. Ktze. — Abunda en el palmar y en los
campos contiguos. N. V. Yerba de la perdiz.
Leguminosae
192.Acacia bonariensis Gilí. — En el monte del R. Negro. N. V. Ñapindá ("uña
de gato").
193\ Acacia caven (Mol.) Mol. — Borde del monte del R. Negro. N. V. Espinillo.
194.Desmanthus virgatus (L) Willd. — En campos contiguos al palmar.
195.Cassia flexuosa L. — Ocurre en el palmar y en los arenales contiguos.
196.Camptosema rubicundum Hook. &amp; Arn. — En el monte del R. Negro. N.
V. Tripa de fraile.
197.Desmodium adscendens (Sw.) DC. — En el monte del R. Negro. N. V.
Pega pega.
198.Erythrina cristagalli L. — Común en la región. N. V. Ceibo.
199.Galactia marginalis Benth. — En campos algo pedregosos.
200.Lupinus incanus Grah. — En hondonadas de los arenales.
201.Mimosa adprcssa Hook. &amp; Arn. — Resistente en arenales móviles, a los
que tiende a fijar.
202.Rhynchosia senna GUI. — En campos pedregosos y junto al R. Negro.
203.Rhynchosia texana Torr. &amp; Gray. — En campos contiguos al palmar.
204.Stylosanthes gracilis HBK. — Ocurre en el palmar. Se indica aquí por pri
mera vez para el Uruguay.
205.Stylosanthes montevidensis Vog. — En campos basálticos.
206.Tephrosia cinérea (L) Pers. — En arenales del borde Sur del palmar.
207.Vicia gramínea Smith. — En torno a los ceibales.
208.Zornia diphylla (L) Pers. — Ocurre en el palmar, donde es poco abun
dante.
Geraniaceae
209.Geranium robertianum L. — Indicada por A. Castellanos y A. Ragonese,
la hallamos dentro del palmar en la última excursión. Poco común.
Oxalidaceae
210.Oxalis articulata Savign. — En campos contiguos al palmar.
211.Oxalis macachin Arech. — En campos contiguos al palmar.
212.Oxalis lobata Sims. — Indicada para el palmar por A. Castellanos y A.
Ragonese.
Malpighiaceae
213.Janusia guaranitica (St. Hil.) Juss. — Aparece en chircales y sobre espinillos, en el exterior del monte del R. Negro.
Polygalaceae
214.Polygala brasiliensis L. — En suelos húmedos del palmar y en torno de
los ceibales.
215.Polygala molluginifolia St. Hil. — En pastizales húmedos.
216.Polygala paludosa St. Hil. var. angustocarpa Chod. — Ocurre cerca de la
laguna situada al Sur del palmar.
Euphorbiaceae
217.Acalypha communis Muell. Arg. — Frecuente dentro del palmar.
218.Acalypha multicaulis Muell. Arg. — En el monte del R. Negro.
219.Bernardia sellowii Muell. Arg. — En campos pedregosos basálticos.
- 240 -

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�248.Wissadula glechomatifolia (St. Hil) Fries. — Hallada en el palmar y fuera
de él.
Sterculiaceae
249.Ajenia pusilla L. — En pedregales basálticos.
250.Buettneria urticifolia K. Schum. — En el monte del R. Negro.
Cistaceae
251.Halimium brasiliense (LamJ Gross. — Existe dentro del palmar y en cam
pos contiguos.
Flacourtiaceae
252.Xylosma warburgii Briq. — En el monte del R. Negro. N. V. Espino corona.
Passifloraceae
.253. Passiflora coerulea L. — Muy difundida por la región. N. V. Mburucuyá.
Cactaceae
254.Echinocactus sp. — En terrenos pedregosos basálticos.
255.Rhipsalis lumbricoides (Lem.) Lem. — Sobre troncos de ceibos y en árbo
les del monte del R. Negro.
Thymelaceae
256.Daphnopsis racemosa Gris. — En el monte del R. Negro. N. V. Envira.
Lythraceae
257.Cuphea glutinosa Cham. &amp; Schlecht. — Ocurre en el palmar y fuera de él.
N. V. Siete sangrías.
258.Cuphea origanifolia Cham. &amp; Schlecht. — En el borde de los ceibales.
259.Heimia salicifolia (HBK) Link. — En campos contiguos al monte del R.
Negro.
Myrtaceae
260.Blepharocalyx tweediei (Hook. &amp; Arn.) Berg. — Junto^al R. Negro y sus
tributarios. N. V. Arrayán.
261.Eugenia cisplatensis Camb. — Borde del R. Negro. Común. N. V. Guayabo
colorado.
262.Eugenia opaca Berg. — En el monte del R. Negro. N. V. Guayabo blanco.
263.Eugenia uniflora L. — Monte del R. Negro. Muy común. N. V. Pitanga.
264.Myrceugenia glaucescens (Camb.) Legrand &amp; Kausel. — Monte del R. Ne
gro. N. V. Murta.
265.Myrrhinium rubriflorum Berg. — En el monte del R. Negro. N. V. Socará.
266.Myrtus mucronata Camb. — Existe en el palmar y los arenales contiguos.
N. V. Arazá rastrero.
267.Myrtus sericea Camb. — Ocurre en el palmar y fuera de él. N. V. Arazá
ceniciento.
Melastomaceae'
268.Tibouchina gracilis Cogn. — En lugares húmedos, en torno de los ceibales.
269.Tibouchina nítida (Graham) Cogn. — En los ceibales.
Oenotheraceae
270.Jussiaea bonariensis Micheli. — En ceibales y cañadas.
- 242 -

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ap O||iuzBjn(j *^ #^j -sapqpa bo^ ap oujoj ug — oq DijoftSuoj vaDtssnf

�Hydrophyllaceae
297.Hyclrolea megapotamica Spreng. •— En los ceibales y arenales inundables.
298.Hydrolea spinosa L. — En los ceibales y en el borde de los sarandizales.
Borraginaceae
299.Heliotropium amplexicaule Vahl. — En campos contiguos al palmar.
300.Heliotropium elongatum Hoffm. — En el borde del monte del R. Negro.
Verbenaceae
301.Citharexylon montevidense (Spreng.) Moldenke. — Monte del R. Negro.
N. V. Tarumán espinoso.
302.Aloysia lycioides Cham. — Borde del monte del R. Negro. N. V. Cedrón
del monte, azarero.
303.Glandularia peruviana (L) Small. — En campos pedregosos. N. V. Marga
rita colorada.
304.Glandularia teñera (Spreng.) Cabrera. — En arenales del borde del palmar.
305.Glandularia tenuisecta (Briq.) Small. — Hallada en diversas localidades.
N. V. Margarita morada. Ocurre en el palmar.
306.Lantana montevidensis (Spreng.) Briq. — Hallada dentro del palmar; es
medianamente abundante.
307.Lippia alba (Mili.) N. E. Br. — Arenales próximos al R. Negro. N. V.
Salvia.
308.Lippio Arechavaletae Moldenke. — Ocurre dentro del palmar.
309.Lippia Morongii Ktze. — Hallada en campos pedregosos basálticos. Poco
común.
310.Phyla nodiflora (L) Grcene. — Común en determinadas localidades pró
ximas al R. Negro.
311.Verbena litoralis HBK. — En el monte del R. Negro.
Labiatae
312.Hyplis mutabilis (Rich.) Briq. — En el borde del monte del R. Negro y
en suelos basálticos. Muy común.
313.Hyptis fasciculata Benth. — En arenales próximos al palmar.
314.Ocimum carnosum Link &amp; Otto. — En el monte del R. Negro. N. V. Albahaca silvestre.
315.Salvia procurrens Benth. — En los ceibales y el monte del R. Negro. N. V.
Salvia rastrera.
316.Salvia uliginosa Benth. — Junto a afluentes del R. Negro, en pajonales.
317.Scutellaria racemosa Pers.- — En terrenos húmedos en torno de los ceibales.
Solanaceae 318.Bouchetia anómala (Miers) Loes. — Ocurre en el palmar y campos con
tiguos.
319.Nicotiana alata Link &amp; Otto. — En el borde del monte del R. Negro.
320.Nierembergia hippomanica Miers. — En los claros arenosos del monte del
R. Negro.
321.Petunia pubescens (Spreng.) R. E. Fr. — Abundante dentro del área del
palmar. No tenemos seguridad en la determinación de esta especie.
322.Petunia violácea Lindl. — Común en los arenales de la región, incluso
dentro del palmar.
323.Solanum flagellare Sendtn. — Entre la vegetación baja de los ceibales.
324.Solanum jasminoides Paxt. -— En el monte del R. Negro. N. V. Duraznillo
enredadera.
325.Solanum pseudocapsicum L. — En el borde del monte del R. Negro.
244 -

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�Compositae
350.Acanthospermum hispidum DC. — En lugares arenosos; existe en el palmar.
351.Ambrosia scabra Hook. &amp; Arn. — En las orillas del R. Negro; también
en el palmar.
352.Ambrosia tenuifolia Spreng. — Muy difundida en la región. N. V. Altamisa.
353.Achyrocline satureioides (Lam.J DC. — Común en suelos arenosos y en el
palmar. N. V. Marcela.
354.Áster calendulaceus (Griseb.) O. Ktze. — Ocurre en el palmar y los are
nales contiguos.
355.Áster squamatus (Spreng.) Hier. — En terrenos húmedos, próximos al
palmar.
356.Aspilia moníevidensis (Spreng.) O. Ktze. — Indicada para diversas loca
lidades.%
357.Baccharis coridijolia DC. — En campos contiguos al palmar. N. V. Mío mío.
358.Baccharis melastomaefolia Hook. &amp; Arn. — En zonas de monte talado del
R. Negro.
359.Baccharis microcephala (Less.) DC. — En los ceibales y orillas de arroyuelos.
360.Baccharis phyteumoides (Less.) DC. — En los ceibales. Poco común.
361.Baccharis rufescens Spreng. — Bastante común en el área del palmar.
362.Baccharis trímera (Less.) DC. — Indicada para diversas localidades. N. V.
Carqueja.
363.Baecharidastrum argutum (Less.) Cabrera. — En los ceibales.
364.Baccharidastrum triplinervium (Less.) Cabrera. — En los ceibales y junto
al R. Negro.
365.Blainvillea biaristata DC. — En el monte del R. Negro. Común.
366.Calca uniflora Less. — En suelos pedregosos basálticos.
367.Carthamus lanatus L. — En suelos removidos, muy pastoreados o lugares
poblados. N. V. Cardo crespo.
368.Cynara cardunculus L. — En campos contiguos al palmar. N. V. Cardo de
Castilla.
369.Chaptalia exscapa (Pers.) Poepp. — En el monte del R. Negro.
370.Eclipta megapotamica (Spreng.) Sch. Bip. — En terrenos anegadizos, en
torno de los ceibales. Rara.
371.Eupatorium calyculatum Hook. &amp; Arn. — Común en los arenales del pal
mar.
372.Eupatorium buniifolium Hook. &amp; Arn. — Común a lo largo del borde ex
terior del monte del R. Negro. Existe en el palmar. N. V. Chirca.
373.Eupatorium commersonii (Cass.) Hier. — Hallado en diversas localidades.
374.Eupatorium hirsutum Hook. &amp; Arn. — Ocurre en el palmar y en el borde
externo del monte del R. Negro. N. V. Charrúa.
375.Eupatorium squarrulosum Hook. &amp; Arn. — Hallado en el palmar y cam
pos contiguos.
376.Erigeron sp. — Hallado en zonas taladas del monte del R. Negro.
377.Orthopappus angustijolius (Sw.) Gleason. — En los arenales contiguos al
palmar; rara dentro del área de éste.
378.Facelis retusa (Lam.) Sch. Bip. — En terrenos pedregosos basálticos.
379.Galinsoga ciliala S. F. Blake. — En el monte del R. Negro.
380.Gnaphalium cheironthifolium Lam. — En arenales del palmar y próximos
a él.
381.Gnaphalium gaudichaudianum DC. — En arenales próximos al palmar.
382.Gnaphalium falcatum Lam. — Ocurre en el palmar y en arenales contiguos.
383.Gnaphalium filagineum DC. — En terrenos pedregosos.
384.Gnaphalium spicatum Lam. — En terrenos anegadizos y ceibales.
385.Gnaphalium stachydifoHum Lam. — En campos arenosos. Raro en el palmar.
386.Gymnocoronis spilanthoides DC. — Común en cañadas y en los ceibales.
387.Hieracium commersonii Monn. — En campos algo arenosos. Poco común;
hallado en el palmar.
388.Micropsis involucrata (Lam.) Cabrera. — En campos pedregosos basálticos.
389.Mikania periplocifolia Hook &amp; Arn. — Monte del R. Negro.
- 246 -

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                    <text>�•

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PUBLICACIONES DEL DEPARTAMENTO DE LITERATURA IBEROAMERICANA
DE

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HUMANIDADES

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EL PENSAMIENTO
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LA PROBLEMATICA Pli'.RUANA

Lima, la capital de la América del Sur, l&amp; zumbona, garuante y veleidosa primera dama de las ''tandas'' revolucionarias, l1abría de provocar
con sus tapadas, encapados, beatas,
hojald1·e1·os, picanteras, y su clericalisino, espíritu de casta y
mentalidad afásica
la ado1·ación y la repulsa de dos de sus
hijos más preclaros: Palma y González Prada.
Su importancia rectora se mide por la influencia pertinaz
y proit1nda que su espíritu reticente y muelle ejerce, l1asta bie11
avanzado el siglo XVIII, en el meridión de nuestro continente
sureño. Era éste un paraíso ye1·mo e ilímite con escasos núcleos
urbanos entre los que brillaba incompetible la soberana del
Rimac, que para los inicios del 1800 contaba con 52.627 habitantes, según censo del Virrey Gil de Taboada. No disminuyamos la importancia de su índice demográfico y recordemos
que Madrid
la imperial villa que uniera ambos mundos no alcanzaba a albergar, en la época, 200.000 almas.
El brillo social de Lima excedía los previsibles límites coloniales, ostentando una heráldica de cantería, un escalafón nobiliario de trasplante emigratorio y una afanosa seudo-cortesanía
que hallaba favorable acogida bajo el solio virreinal. Hasta la
mancebía del caduco Amat contribuía a patinar la vida colonial con el tono y el módulo del perricl1olismo metropolitano.
Cierto que bajo las plantas de los 20.000 hispanos ociosos
y regalados yace el pueblo indígena, africano o zambo que sin suponerlo
trabaja para sus amos y para el advenimiento
de un nuevo orden.

-5-

�•

•

Pero Lima no es el Perú, ni sus características responden
a los rasgos configurativos de la incipiente nación. Lima es el
lado muelle, el aporte emoliente que la Conquista incrusta en
la raza viril y sufrida del lncario. Ni siquiera geográficamente
se ubica en una razonable equidistancia, lo que la inhabilita
l1asta materialmente para unificar un ter1·itorio estrangulado
por dos indimensionahles cadenas montañosas. En el largo capítulo que de la Colonia llega l1asta la campaña sanma1·tiniana
marcha al compás de las charangas l1ispanas, siendo la sierra
la que la sacude de su entorcl1ado letargo.
Mientras prevaleció la influencia capitalina, el Perú ejerció en los países meridionales, inflamados por los ideales libertarios, vigilancia represiva semejante a la que desplegó España
en el norte de nuestro continente. Era necesario al1ogar a la
ciudad reaccionaria, y la única ,·ía para lograrlo radicaba en
aislarla del resto del territorio serrano; éste fue el mayor acierto
de Bolívar en su campaña y el mayor error de San Martín el
no advertirlo. Mutilada de su tronco orgánico la urbe desvalida
,
.
,
entro en consunc1on.
Con la declaratoria de independencia, pese a las dificultades derivadas de la desorganización gubernativa y de la anemia económica, el Perú se orienta en hase a las dos fuentes
naturales del salitre y del guano; es así que mediada la centuria
se le ve florecer materialmente ''aunque devorado por las facciones''. Esta holgura, sin embargo, no sirvió para conjurar el
serio pelig1·0 de una desintegración política que hará sumamente inestable el panorama nacional hasta entrado este siglo.
Culturalmente, desde las primeras épocas de la República
llegan los hálitos del romanticismo francés y de s11 deri,·ación
peninsular. El estro sentimental y plorante hallaría sus principales adalides en Carlos Augusto Salaverry, Clemente Altl1aus,
Nicolás Corpancho, Fernanclo Velarde (de gran pri,ranza en
Palma) y Nicanor Roca de Vergallo (quien escribió en francés y condujo el exotisn10 in(ligenista l1asta el público e111·opeo) .
Est?s escritores experimentaron, como la sociedad peruana
toda, la oprimente agresividad del gamonalismo territorial aliado al clericalismo intransigente, los que mantenían la pre''ªlencia de una minoría todopoderosa que marcl1aba a lomos de
la masa informe, pri\ ada ele derecl1os y reclamos. Lejos de
•
reaccionar contra un régi1nen que legalizaba el l1áhito de las
1

-

6

�castas coloniales, los poetas románticos se confinaron en l~
exaltación exorbitante de una sensibilidad so1·da para la situación circundante. Sólo el sentimentalismo pío tuvo cabida para
el n11n1en de la época, alentado por los asperges del on1nín1odo
Convictorio Carolino.
El advenimiento republicano no alteró en un ápice la
l:1xit11d del estilo de ,,ida costero; prosiguiendo Li1na con la
férula gubernativa intentó t1·ansar 01ninosamente con el enemigo español {ocupación de las Islas Cl1incl1a, 1864; rescate
of1·ecido por e) gobierno) y saldó con pérdida irrestañable la
ocupación cl1ilena {T1·atado de Ancón, 1883). En el primer
caso la p11janza de la sie1·1·a evitó la consumación de una ignon1inia; en el último, fue estéril la i·esistencia cobijada en los
contraf11ertes andinos. ·
No dio el n1ovi1niento romántico frutos de mayor entidad,
siendo evidente la ramplona imitación que sobre los modelos
l1ispanos y galos se practicaba. De los otros factores que coadyuvaban en el moldeamiento de las 1nanifestaciones estéticas
l1asta la
poco puede decirse, ya que el elemento indígena
revaloración llevada a cabo por Valdelomar y Ma1·iátegui
fue desplazado a un desdeñado ámbito, y el apo1·te africano
se vio confinado a variaciones f olklóricas en las danzas y a la
incorporación de resabios teúrgicos en el culto católico.
El deficie11te sistema económico, basado en la extracción
de los i·ecursos nat11rales, unido a la instabilidad política que
singulariza a la naciente república, conspira contra la plasmación de los talentos naturales que demuest1·an los elementos
como
jóvenes, siendo esta no conc1·eción, caracte1·ística que
homologa a las
lo obser,'aran Jorge Juan y Antonio Ulloa
generaciones hispanoamericanas. Es evidente q11e la ~'supe1·­
fluidad literaria'' no medra en medio de las dificultades materiales y los ramalazos del desarrollo nacional sólo fac11ltan para
una ''faena de cultura'' que se despunta a p1·isa, antes de la
treintena. La especulación filosófica bordea el linde del i·esumen o la glosa, siendo en cambio proclive el ambiente a la
exteriorización poética. ''Tiranos y poetas l1a producido la
An1érica 11ispana con prodigalidad''. 1 Cultura de ''loina'' o
( 1) BASADRE JoncE, Chile, Perú r Bolivia Independientes, Tomo XXV
de la Historia de América, dirigida por Antonio Ballesteros, Salvat Editores S. A.,
Barcelona-Buenos Aires, 1948, p. 177.

7 -

�de ''garúa'' es, pues, la peruan~, que exhala ~u. verbo intermitente y liróforo entre los traquidos de las agon1cas lucl1as fratricidas. El primero en enjuiciar este período fue Riva Agüero 2
quien, con visión civiljsta y dominante espíritu de casta, disP.ña un cuadro de vivos matices. Su apreciación se caracteriza
por un españolismo aristocrático que no cede ni aun cuando
admite la existencia de alguna auténtica aportación vernácula
(como ocurre con su tardía revaloración de O llantay). Destaca
con acierto la indisimuhle filiación española de toda la producción colonial, la que huérfana de apoyo indigenista {el quechua llegó a la forma escrita por manos conquistadoras) estructuró sus rasgos según modelos importados. Este remedo imitativo no es monopolio peruano sino que dicho proceso cubrió
paralelamente la faz entera del Nuevo Mundo, aunque en rigor
verista se debe admitir que la patria de Garcilaso demostró
una adhesión excepcional al modo hispánico, siendo quizá el
lugar en que el criollismo luchó más largamente para hacer
•

Olr SU VOZ.

José Gálvez reconoce que ''la época de la colonia no produjo sino imitadores serviles e inferiores de la literatura española'' los que vivieron desar1·aigados y ajenos al medio, ''exceptuando a Garcilaso, que sintió la naturaleza, y a Caviedes,
que fue personalísimo en sus agudezas y que en cie1·tos aspectos de la vida nacional, en la malicia criolla, puede y debe ser
considerado como el lejano antepasado de Segura, de Pardo,
de Palma y de Paz Soldán''. 3
El trasplante peninsular trajo consigo su propia etapa de
desarrollo épico que tendía ya a la novela, y precisamente la
estancia épica halló en las nuevas tierras el ámbito más apropiado para polifurcar sus posibilidades. Aquí fue que el Inca
Garcilaso tomó el hilo para enl1eb1·ar sus Comentarios y ºtinto
con él los cronistas de Indias tejie1·on el canevá de la producción colonial.
Si bien la importación europea suministró a · los americanos la técnica y el molde a adoptar no pudo, en cambio,
insuflar el energético impulso que validara las creaciones haciéndoles transvolar los circunstanciales límites de la efimeCarácter de la Literatura del Perú Independiente, Imprenta América, Lima, 1905.
(3) GÁLVEZ, JosÉ, Posibilidad de u11a Genuina Literatura Nacional Edj.
tora de la Unión, Lima, s/ f., p. 7.
'
{2)

R1vA ÁCÜERO, JosÉ DE LA,

8

�ridad colonial. La precaria virtualidad de esta literatura, su
clorotismo, su ficta inmanencia, derivan del desarraigo vital
frente a una pujante realidad en plasmación; el pasado incaico,
el insustituíble ancestro kollásico que pudo transvasarle su palingenésico l1álito, le permaneció ignorado, no fue abordado
ni aquilatado porque no respondía al ideal estilista asimilado.
Riva Agüero comparte e intenta justifica1· este desarraigo telú1·ico expresando: ''El sistema que para americanizar la lite1·atura se remonta hasta los tiempos anteriores a la conquista, y
trata de hacer vivir poéticamente las civilizaciones quechua
y azteca, y las ideas y los sentimientos de los abo1·ígenes, me
parece el más estrecho e infecundo. No debe llamársele americanismo sino exotismo. Y a lo han dicho Menéndez Pelayo, Rubio y Juan V a lera: aquellas civilizaciones o semicivilizaciones
murieron, se extinguieron, y no hay modo de reanudar su tradición puesto que no dejaron literatura''. 4 A pesar de las académicas opiniones respaldatorias el legado colonial 11a caducado, declinando dentro de su propio ámbito la vigencia previsible, debido p1·ecisamente a la i·uptura con una tradición viva
que estaba golpeando a las puertas del Virreinato y de la que
podía haber recibido el etnos y el etos vivificadores.
En cuanto a la vinculación con el dintorno popular
otro elemento incuestionable y de infinitas posibilidades
tampoco se p1·odujo, siendo menostenida por el esc1·ito1· peruano
la sabrosa y abigar1·ada tipología nacional que ofrecía a la
contemplación acuciosa inagotables ejemplares. La a11sencia de
un derivado étnico prevalente cooperó en la permanencia de
la impermeabilidad hacia los i·asgos demóticos, situación que
no pudo perdurar en otras partes de América por el empuje
insofrenable de un estrato en marcha; así en el Río de la Plata
la pujanza avasallante del elemento gaucho contrarrestó los
embites de un estamento elitista que manipulaba un anémico
europeísmo, sobreviniendo la vital gravitación de los aedos
pampeanos cuya cristalización se matriza con Santos Vega,
Martín Fierro y Anastasio el Pollo.
Triste tributo sacrifican los escritores coloniales al desarraigo etno-telúrico, corriendo en pos de una substancia vital
que les rehuye y torna sus producciones irrelevantes y despersonalizadas. Ventura García Calderón observa una similar au(4)

R1vA AcÜERO, JosÉ DE LA, op. cit., p. 43.

9

�•

sencia de ,,.igor y originalidad entre los hombres más represen.
tati"·os. así se pregunta qué es lo que faltó a Pedro Paz Soldán
(Juan 'de Arona) para ser un gran literato, pese a contar con
un espíritu admirablemente dotado. De Clemente Althaus y
Manuel A. García estima que la i·igurosa imitación importada
ceuó
el cauce de la genesíaca surgente original.
0
Sólo algún exponente aislado y ocasional encontrará ' ralidez vertebrando sus formas en la gea ambiental y dando así
los primeros pasos en el camino de un costumbrismo que rematará en las Tradiciones. Juan del Valle Caviedes, con malicia
zamba y pi1·ueta huachafa, ab1·e la brecha a un t1·adicionismo
de g1·uesa cepa popular que chi1·ría su validez en la cl1apada
tiesura virreinal. Esta vena es retomada, ya en el período independiente, por Manuel Ascensio Segura, ''criollo, tuerto y plebeyo., enamorado de su tierra, sin humos de moralista ni de
estadista'' quien ha alentado la jugosa imaginería del ''medio
pelo'' con sus comedias costumbristas, culminando su docente
sátira con la entronización de Ñ a Ca tita, la beata. chismosa por
antonomasia. A la misma línea típica y ambiental pertenece
aunque tenido a menos por ia apreciación
Melgar, quien
académica
vivirá siempre en la resonancia de sus espontáneos yaravíes. Diferenciado de los anterio1·es por su espíritu
de casta, cultura y aspiraciones i·efinadas, pe1·0 también asimilado al tipismo local, hallamos a Felipe Pardo y Aliaga; sus
comedias son atisbos f1·agmentarios, irónicos y moralizantes que
reproducen una realidad inmediata.
Este abandono de la estereotipada imitación academicista
para succionar la vital energía circundante nos lleva directamente
con Palma
a la culminación de un estilo casi hecho
escuela que responde, por primera vez, a las incitaciones de
una nacionalidad ya definida. Palma, incluso, pudo haber comenzado su obra sin premeditada 01·ientación nacionalista puesto que la misma detenta el estilo comunitario y sintomático del
acólito hispanizante, pe1·0 era tal la potencialidad subyacente
en el habitat limeño que, rebasando las proyecciones creativas.,
el tradicionismo asciende a una categoría cuya inmanencia resultará imprevisible. Fue logro americano lo que quizá pretendió
virreinal.,
,,ser remedo
,
. accediendo desde 1869 al surgimiento de
u,n ?ene1·0 mestizo, producto del cruce entre la leyenda ro·
~a~~1~a Y el .artículo de costumh1·es''. La sospecha de la indefinicion local1sta de Palma es corroborada por el calco indisi-

10 -

�inulable que en Sll prodt1cción poética se trasunta de los modelos aportados por la corriente europea: Zorrilla, Bécquer,
Espronceda, Larra, el Duque de Rivas, J ovellanos, Lamartine,
Hugo. El arribo a Lima del andariego Fernando Velarde y la
publicación de su libro Las Flores del Desierto dan al joven
Palma la pauta de un universo ignorado que se ofrecía íntegro
en sus posibilidades; así nos lo dice: '' [Fernando Vela1·de]
Gran capitán de la bohemia limeña, despertó el virus adormecido en los salones, . . . nos dábamos un hartazgo de Hugo y
Byron, Esp1·onceda, Ga1·cía Tassara y Enrique Gil. Márquez
se sabía de coro a Lamartine; Corpancl10 no equivocaba letra
de Zorrilla; para Adolfo Ga1·cía más allá de A1·olas no había
poeta; Llona se entusiasmaba con Leopardi; F ernández hasta
en sueños recitaba las Doloras de Campoamor ... '' 5 Tal el ámbito de la ''bohemia de su tiempo'' normada por la didascalia
de la 1·utilante galaxia ext1·atlántica, de la que se destacaban
esp1 endentes dos astros máximos: Lar1·a y Lamartine.
Palma, retomando el esbozo trazado poi· Caviedes y Segura, asienta la mano en la pintoresca autoctonía y se burla
con bonl1omía y aleatorio humor del canon colonial, en un
alarde de flexibilidad y punzante reprobación. En ello radica
su innegable contribución al despertar de una ado1·mecida conciencia social, p1·ime1· escaño a salva1· hasta el advenimiento,
poco después, de la voz mesiánica de González Prada. Sin embargo, el colonialismo, atento únicamente a la formalidad superficial y sordo al camaleonismo intencionado del patriarca,
intenta asi1nilar su producción para vanagloriarse con títulos que exreden s11s anémicos rangos. En parte contriht1yero11
a esta indebida expropiación los gonzalezp1·adistas quienes, por
manifiesta l1ostilidad, relegaron a Palma al desván de las prescindibles antiguallas.
Mariátegui, en cambio, avala la divergencia antipodal que
niedia ent1·e Palma y los auténticos colonialistas: ''Las Tradiciones no p11eden se1· identificadas con una literat11ra de I"everente y apologética exaltación de la Colonia y sus fastos, absolutamente peculiar y característica, en su totalidad y en su espíritu, de la académica clientela de la casta feudal. Don Felipe
Pardo y don José Antonio de Lavalle, conservadores convictos
La Bohemia de mi Tiempo y Recuerdos de España,
Imprenta La Industria, Lima, 1899, p. 5.
(5)

PALl\IA RICARDO,

-

11

�•

y confesos, evocaban la Colonia con nostalgia y con unción.
Ricardo Palma, en tanto, la reconstruía con un realismo burlón
y una fantasía irre,Terente y satírica''. 6 ~l. mi.smo ,,Riva Agüero
no puede dejar de reconocer que el trad1c1on1sta, al l1ablar de
la Iglesia, de los jesuítas, de la nobleza, se sonr1e y hace sonreir al lector''. 7 ¿No fue acaso un gesto harto l1eterodoxo para
la época su ataque al seudo historiógrafo Ricardo Cappa?, que
culmina1·a en 1886 con la expulsión de los jesuítas del territorio nacional.
Haya de la Torre corrobora la insurrección hispanoclasta
al afirmar: ''Personalmente creo que Palma fue tradicionista
pero no tradicionalista. Creo que Palma hundió la pluma en
el pasado para luego hlandirla en alto y 1·eirse de él. Ninguna
institución u hombre de la Colonia y aun de la República escapó a la mordedura tantas veces tan certera de la ironía, el sarcasmo y siempre el ridículo de la jocosa crítica de Palma''. 8
Las Tradiciones implican: políticamente, el reconocimiento cívico de los sub-estratos callejeros; socialmente, la incorporación oficial del medio pelo criollo al núcleo ciudadano; y
culturalmente, el accésit de la mesoc1·acia republicana ( ex-aristarquía colonial) a un aceptable status estético. Son el primer
escarceo protestativo que se yergue contra el dirigismo rígido
y austero de una edad apenas superada; es el grito de rebeldía
que eleva Lima contra el colonialismo costeño que prescinde
de una auténtica vertebración nacional relegando la yacente
potencialidad serrana a un inerme y grávido mutismo.
Nuevamente se hará sentir la capital
esta vez a frente
descubierta y con resonancias ilímites
en el est1·0 de González Prada, quien ratifica y desemboza la reacción inaugurada.
Con él se desprende el limeñismo de su exclusivismo categorizante y res11me en su fraternal amplexo al criollismo costero,
al mestizaje valluno y al indigenismo montañés. El perricholismo capitalino se ve vulnerado en su más secreta complacencia localista.
De Lima, pues, surge la nueva conciencia nacional, la
nueva peruanidad, y lo que con Palma es reacción anticolonial
( 6)

l\1ARIÁTEGUI, JosÉ

C., Siete ensayos de Interpretación de la Realidad

Peruana, Editorial .. Universi~aria, Santiago de Chile, s/f., p. 7.
( 7) RIVA AGUERO, JosE DE LA, op. cit., p. 63.
(8) HAYA DE LA TORRE, Luis, Por la Emancipación de la América Latina.
Buenos Aires, 1927, p. 139.

-

12 -

�en agraz deviene con González Prada logro en sazón; ambos
integran la díada insurgente que cumple el periplo reversivo
en la captación de los valores psico-ambientales .
•

11

GONZALEZ PRADA: IDEOCLAST A

La contienda peruano-chilena puso la nota de sangrante
dramatismo en la muelle vida costeña; lo que se inició con el
litigio de diez centavos por quintal de salitre, epilogó
en
aras de la Confederación
con las hogueras de Chorrillos y
Miraflores, y la ocupación de Lima. De la desintegración general sólo se salvaron dos arquetipos, Gran y Bolognesi, legendarios recuerdos que ejemplificarían la reacción nacionalista
•
posterior.
La derrota padecida propició el análisis introversivo de
los cánones vigentes, arribándose a la exaltación de directrices
hasta entonces desconocidas por el medio, de entre las cuales
se debe destacar: federalismo naciente contra Lima, indigenismo, americanismo (que nnplica su réplica antihispanista) y
radicalismo religioso-político. En el nuevo panorama descubierto ocupa sitial de preferencia la prosa verboferente y fustigante de González Prada quien encarna, a partir de la desocupación chilena, la rectoría resurrente de una nación que procura reencontrarse con sus genuinas realidades. En el discurso
del Politeama (1888) expresó: ''No forman el verdadero Perú
las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja
de tierra situada entre el Pacífico y los Andes; la nación está
formada por las muchedumbres de indios diseminadas en la
banda oriental de la cordillera''. 9 En el Ateneo dijo: '' ... recordemos constantemente que la dependencia intelectual de España significaría para nosotros la indefinida prolongación de la
niñez''. 10 En Las Esclavas de la Iglesia: ''Si la ortodoxia católica merece llamarse una religión de estancamiento y ruina,
díganlo España, Irlanda, Polonia y algunos estados de Sudamérica''. 11 De la política opina: ''¿La política? A más de fundarse
en la astucia y la fuerza, representa los intereses y preocupa( 9) GoNZÁLEZ PnADA, 1\ilANUEL, Páginas Libres, Biblioteca Andrés _Bello,
1\iiadrid, s/ f.• p. 78.
(10) G. P., M., Páginas Libres, p. 28.
( 11) G. P., 1\1., Horas de Lucha, Biblioteca de Cultura Social, Editorial
Americalee, Buenos Aires, s/ f., p. 59.

-

13 -

,

�•

ciones de la clase don1inadora''. 12 ' .. Política qt1ie1·e decir traición, hipocresía, mala fe, podre con guante ~la~co; y al 1notejarse de mal político a un l1om~re de co~'?1cc1ones, en lugar
de inferir le una ofensa, se le extiende un diploma de l1onradez
y humanidad''. 13
Hemos sintetizado mínimamente el itinerario de su peruanidad para confir1nar la voluntaria escisión que tajó frente a
la concepción hispanizante tradicional, con lo que libera a la
nueva mentalidad del oprimente peso muerto de la ganga 11ispánica. La independencia política no había traído como lógica
consecuencia una emancipación ideológica y cultural, imperando la ,·igencia del neoclasicis1no ibé1·ico al que
a diferencia
de lo ocurrido en el resto de América
muy poco se l1abía
incorporado del Enciclopedismo y la Ilustración; entre los modelos que despertaban mayor admiración podemos citar a Pi y
Margal], Giner de los Ríos, Unamuno, Bécq11er, Núñez de Arce, Larra y Campoamor.
Justicia debemos rendir, en el esbozo del despertar de la
conciencia autóctona, al adalid inicial que fue González Vigil
(1792-1875) ; su apostolado constante y heroico lo patentiza
como el primer hito en el p1·oceso adquisitivo de la autointegración ideológica. Varios rasgos comunes conjuncionan su vida
y su obra con las de nt1estro autor: se alza contra el Papado
y la iglesia católica, brega por su separación del Estado,
rlenuncia a los opresores militares, l1uve de la acti,Tidad política y termina sus días como eficiente Director de la Biblioteca
Nacional de Lima; las variantes a señalar entre ambos son de
grados y matices, en función quizá de sus diversas latitudes
temporales. González Prada mismo se enca1·ga de delinear las
coincidencias y las disparidades: ''La actividad en la vida pública de Vigil terminó por 1845., cuando vino por segunda ,~ez
a desempeña1· en Lima el cargo de bibliotecario. Tenía ya concluída la prime1·a parte de su obra De/ensa de la Autoridad

de los Gobiernos contra las Pretensiones de la Curia Romana,
Y de ahí en adelante ' 'ivió exclusivamente consagrado a sus

estudios predilectos y publicación de sus escritos. No quiere
ya mezclarse en la política militante y hasta se esquiva
(12) . G. P., 1\.1., Propaganda y Ataque, El escritor y la ley, Ediciones Imán,
Buenos Aires, 1939, p. 200.
(13) G. P., M., Horas de Lucha, Los partidos y la Unión Nacional, p. 27 .
'

•

.

'

.... . ....
\" r"• ( .,
~

14

�de intervenir en las discusiones parlamentarias, alegando
por excusa el mal estado de su salud''. (¡Cómo recordamos a Palma! ... ) ''Defendió la libertad de conciencia, la
tolerancia de cultos, el matrimonio civil y el divorcio; pero
siempre tuvo la concepción romana del Estado omnipotente''.
''Vigil, en su e,,. o}ución religiosa, se despojó de las creencias
católicas, pero quedó confinado en una especie de cristianismo
liberal o vago teísmo cristiano''. '' ... bajo la apacibilidad del
semblante, ocultaba la fortaleza rtel hombre manso. El supo
encararse con Santa Cruz, Gamarra y Castilla cuando muchos
enmudecían y temblaban''. 14
U na segunda instancia en el proceso está dada por el romanticismo tardío {bohemia reaccionaria) que hacia 1860 afloró, p1·opugnando por el abandono de la corriente neoclásica
y el logro de la libertad política, social e intelectual. Palma
mismo perteneció a este movimiento y en La Bohernia de mi
Tiempo ha dejado sabrosos comentarios sobre sus principales
propulsores; allí desfilan Arnaldo Má1·quez, Nicolás Corpancho, Numa Pompilio Llona, Clemente Althaus, Ca1·los Augusto
Salaverry y una larga lista de voces menores.
Pero los románticos liberales son barridos por la férula
despótica del gobie1·no, debiendo algunos emigrar y otros tornar al clasicismo. ''Romanticismo frustrado'', nos dice Alberto
Sánchez, ya que resultó efímero y estéril, habiendo sumido en
el olvido mucl10 antes del conflicto con Cl1ile.
Es González Prada quien retoma la antorcl1a de la reivin- dicación libertaria: ''Inútil resultaría la e111ancipación política
si en la forma nos sometiéramos al exagerado purismo de Mad1·id''; ''Los literatos de A1nérica y del siglo XIX sea111os clel
siglo XIX y a1nericanos''. Estas ''profesiones'' bastan para deter1ninar su filiación l1ispanicida; se iniciaba así la lucl1a escisípara c111e c11Jminaría con las hazañas n1odernistas de Rubén
Darío.
El iconoclasta aristócrata, lapso de felonía clasista, no hacía inás que adscribirse a la corriente regenerativa que entre
1880 y 1890 bañaba sin distinción de latitudes las costas americanas; desde Lugones, Rodó y Herrera y Reissig en el meridión hasta Gutiérrez Nájera, Asunción Sil,ra y Gómez Carrillo
( l •t)

G. P., l\il., Páginas Libres, Vi gil, 1890, pp. 107 a 127.

-

15 -

3 5 91 2

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r el Norte una única voz ensayaba nue,"os acentos para la
po
'
,.,
,
americanidad en trance. Espana, en tanto, se consum1a en su
propia clorosis de la que la sal,~ar~an los provi~~nci~les \1 aron~s
de la Generación del 98; hasta donde concurr10 la Jº'"en America a revitalizar el encanijamiento peninsular, es aspecto ya
ampliamente debatido.
En el proceso formativo de la estética e ideología pradianas resulta fundamental el deslinde de las influencias habidas;
ya durante la estada en la hacienda de Mala
primera j11,"ent11d
repudia la rectoría que sobre los bohemios del Club
Literario ejercían los románticos españoles, prefiriendo a éstos
los clásicos consagrados: Santillana, Manrique, Juan Ruiz, Gonzalo de Berceo, Arcipreste de Hita, Fernando de Rojas, Gra·
cián, Teresa de Jesús, Cervantes y Quevedo
este último,
por sobre todos, su predilecto
. Sorprende comprobar la afinidad selecti''ª que unimisma a González Prada con Palma;
el tradicionista también re,·erenciaba a los maestros castellanos,
a los que aprendiera a gustar durante un obligado y fructífero
interregno en las Islas Chincha, siendo sus mentores por excelencia Cervantes y Quevedo. Lo que difiere en ambos escritores es la declinación subjetiva que responde a un mismo estímulo; así lo ha destacado Luis Alberto Sánchez: ''El Quevedo
a quien sigue Prada es el moralista; el que sigue Palma es el
picaresco. Prada también admira a éste, pero no lo confiesa a
viva voz, sino a la sordina del nombre supuesto o del anónimo.
Y es que hay una diferencia básica entre ambos escritores peruanos: Prada era un pudoroso; Palma un travieso, a menudo
literariamente impúdico''. 15
El rechazo de González Prada hacia algunos coetáneos
peninsulares se ejemplifica en su desdén por Selgas, Valera,
Castelar, Núñez de Arce y Pereda. En Páginas Libres incluirá
sendos ensayos sobre V alera y Castelar de los que saldrán ambos maltrechos y cojitrancos. Del p1·imero opina 16: ''Yo que
soy un poco escéptico, dice a menudo. Cada uno está en su
derecho para creer o no creer lo que se le antoja, y muchos no
,
.
.
.
creeran seme1ante escept1c1smo, como no creen el republicanismo de Castelar. Diez contra uno se puede apostar que Valera se hace cruces al abrir la boca y bendice el plato antes de
. . ( 15 ) SÁNCHEZ, Luis A., La Literatura Peruana, Editorial Guaranís, Asun·
c1on del Paraguay, s/ f., Tomo VI, p. 155.
(16) G. P., M., Páginas Libres, Valera, pp. 215 a 227.

-

16 -

�meter la cuchara''. ''Lo seguro es que la teomanía y la cristolatría resaltan en sus obras. Todo es Dios, en Dios, con Dios,
por Dios y para Dios; y en todo, con todo, por todo y para
todo está la divina Providencia''. El pretextado escepticismo
valeriano, pru1·ito intelectivo de una naturaleza precavida, lo
hace reaccionar: ''Si Valera no niega ningún dogma, si hace
gala de buen católico, si ahoga por el Syllabus, si hasta padece
del odium teologicum contra el hereje y el impío, ¿de qué duda?'' Le disgusta la intención socarrona y la pretensión infe1·iorizante de las Cartas Americanas en las que ''considerando
con razón a España como nuestra madre y creyendo posible
nuestro regreso a la vida de feto, quiere convertirse en cordón
umbilical''. En cuanto al estilo: '' ... V ale1·a confiesa con señoril desdén que escribe por sólo divertirse y divertir a sus
lectores. Lo segundo no sucede siempre: muchas veces narcotiza con sus frases pesadas y monótonas con10 tertulia de viejos
que bostezan, cabecean y hasta roncan''. ''Su estilo carece de
empuje masculino, de sabor medular, y todas sus obras parecen
vertebrados con el hueso conve1·tido en gelatina''. Sin embargo,
fijando un contén a su exaltación y reconociendo con equidad
lo que considera justos valores, admite que ''Valera se impone
como traductor'' y que ''sus traducciones cortas de Uhland y
Goethe, principalmente las hechas en romance octosilábico,
rivalizan con los originales''.
Con Castelar 17 llega más lejos a~n la diatriba, trasponiendo
en discutible arrebato apreciativo
el claustro de
la valoración crítica: ''Niño por sus capricl1os, l1embra poi·
sus veleidades, no expresa el vigor del ca1·ácter varonil''. ' 'Todo
en él prueba la atrofia de los órganos viriles o la perversión
del instinto genésico''. Aquí lindamos ya con la inquina personalizada; no nos extraña este desborde en un temperamento
singularizado por su altísimo coeficiente emocional. En el plano especulativo considera que ''cansa por la amplificación interminable de los mismos pensamientos, y hace sonreir con su
lenguaje sesquipedal, heteróclito, abracadabrante, palingenésico,
caótico, supe1·planetario y cosmogónico'' (más adelante nos referiremos a la adjetivación en González Prada) ''habiendo convertido el idioma castellano en orquesta cosmopolita y churrigueresca''. Le niega convicciones firmes y misionil jerarquía
( 17)

G. P .• l\iI., Páginas Libres, Castelar, pp. 228 a 234.

-

17 -

�''con un fraO'tnento de sus libros se refuta lo que se prueba
pues
o
,,
hº
· d
con un trozo de 811s discursos'', es un capuc
,, extra,
, 1a
, . 1no
,, o
en la política: l1a con,'ertido la. trib11na en pt~1pito . y S(~1º. p~see la '\"erbosidad inagotable sm el razona~1ento 1rr~s1st1hle .
En una palabra: Castelar reed_it~ en ~l á1n.b1to orator1? el pauperismo medular y la pon1po.;1dad i·e1terat1'\ a que definen a la
total producción metropo!ítana.
.
Prosigamos con el análisis de las fuentes integradoras. Alemania le ofrece el caudal del ron1'.-lnticismo nórdico (no deformado por la ~~omodación hispano-g~la) con el que se familiariza mur joven aún, gustando y trad11~iendo lieds y haladas
de Goethe, Scl1iller, Heine, Cha1nisso, Korner, Rückert y ' ron
Platen; de Inglaterra, celebra a Byron, Shelley y Ripling; de
Italia, gusta a Carducci.
Pero el magisterio rector
tramontado el juvenil sajohabría de venir de ''la cara
nismo de impostación chilena
Lutecia''; el ''pictoriciRmo de las originalidades revolucionarias'' (Flaubert, Rugo, Ga11tier, France, Met1des, Leconte de
Li~ le) caducara ya su supuesta validez, mas permanecían irra\.~iando la claridad, la tra~cendencia y la g1·avitación del pensamiento frances en el dominio creativo (desde Ronsard y Du
Bellay a Baudelaire y V e1·laine) y en el campo especulati,~o
(de V()ltaire y Diderot a Comte y Renan). Esta corriente es
la que pri,~ará en González Prada y a la que dedicará el
mayor tiempo de las lecturas que efectúa hasta 1884 (término
de la ocupación chilena) ; la actitud crítica de la generación
francesa de 1850 lo ganará definitivamente 01·ientando su pensamiento bajo la égida de Michélet (racionalista histórico),
Comte (positivista), Taine ( dete1·minista), l{enan ( criticista)
y Guya11 (idealista). El positivismo, que adopta como patrón
filosófico, reencuentra en González Prada simila1·es d~sánimo
y afán revisionista a los que ahona1·an en Francia su florecimiento; el año terrible de 1871 (Sedan) tiene su réplica
si
no dúplica
en el 1881 peruano (Chorrillos, Miraflores) ;
en ambos casos fue necesario pugnar por un resurgimiento y
una reestructuración de las fuerzas nacionales, y en esta tarea
la amargura de Don Manuel se vio atemperada por el soplo
estimulante de Guyau. ''Cuando llegue la ho1·a oportuna, cuando resuene el clarín y nuest1·as guerrillas se desplieguen por las
más humildes provincias de la República, el Perí1 contemplará
una cruzada contra el espíritu decrépito de lo pasado, una
1

1

-

18 -

�guerra contra todo lo que implique retroceso en la Ciencia,
en el Arte y en la Literatura''. ''La palabra que se dirija hoy
a nuestro pueblo debe despertar a todos, poner en pie a todos,
agitar a todos, como campana de incendio en avanzadas horas
de la nocl1e. Después de San Juan y Miraflores, en el cobarde
abatimiento que nos envilece y nos abruma, nadie tiene derecho
de repetir miserias y puerilidades, todos vivimos en la obligación de pronunciar frases que levanten los pensamientos y
fortalezcan los corazones''. 18
•

111

SUS IDEAS POLITICAS Y SOCIALES

Rufino Blanco Fombona en el estudio que, como limen
de Figuras y Figurones, traza sobre González Prada nos hace
notar que: ''Aquella suavidad de la raza, por lo menos en parte
del país, que ya notaron Unanue y Humboldt desde el siglo
XVIII, puede explicar la siguiente observación: no hubo en
Perú, ni menos en Lima, hasta Chocano, un poeta épico''. Más
adelante: '' ... el Perú puede considerarse como el único país
de Hispano América que no ha producido un gran ca1·ácter
en la política: ni un gran caudillo, ni un gran tirano''. 19
No opinaremos sobre la posibilidad decisiva o coadyuvante de la incidencia climática, pero hay una realidad irrefutable que señala el propio Prada: ''Por más que chillen los
fraguadores de leyendas heroicas, los peruanos fuimos incapaces de sacudir la dominación española. Necesitamos del auxilio ajeno para consumar la independencia; y sin Bolívar y
Sucre no habríamos tenido Junín ni Ayacucho''. 20
La ausencia de una personalidad histórica de subyugante
magnetismo (a la manera de Bolívar, San Martín, Artigas, Juárez o Pedro 11) o de un carácter cimero y conductor (según
el módulo de Martí, Hostos, Alberdi, Montalvo o la escuela
''mineira'') explica la pervivencia de la ejecutoria hispánica y,
a .la par, destaca con vívidos perfiles, en el mediorrelieve nacional, la antecedencia augural de González Vigil y la concreción restallante del pensamiento ideoclasta ~onzálezpradeano.
( 18 )
45 y 56.
( 19)

G. P., l\il., Páginas Libres, Discurso en el Teatro Olimpo, 1888, pp.

BLANCO Fol\tBONA, RuFINO, Estudio Crítico, pp. 46 y 47, en Figuras y
Figurones, G. P. l\I., Tipografía de Louis Bellenand et Fils, París, 1938.
(20 ) G. P., l\il., Prosa A-1 eriuda, Por mano ajena, Ediciones Imán, Buenos
Aires, 1941, p. 88.

-

19 -

�eon e'l se ab r e

paso la ,,iolencia 1nisionil en d,
el ..panoran1a socio.
político, la voz rasante, demo~edora y para 011cam~nte rev1tadon
Manuel,
nacido
para
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tagogo de las rei,rindicaciones po~ulares. . orge , anac ia 1clio que su sentido 1nístico-pa11te~sta lo .11npu!so a li~cl1ar por
una patria mejor, ya que no pod1a elud1~ el imperativo de su
¡11 terli"azón con los elementos de la u111dad absoluta; Carlos
Garcíaº Prada afirma: ''Era la ' rolt1ntad de América en trance
de iniciar su carrera histórica, libre e independiente de las
normas culturales del viejo mundo. Era la conciencia religiosa
de Amé1·ica''. 21
·
Impulsado por un patriotismo exaltado
como lo entiende la crítica somera
, por un impostergable misticismo
ético o por su emocionada comunión con la desdichada condición humana, el hecho es que se lanzó al fragor de la procelosa lucha tribunicia. Dicha orientación política fue catalizada por la acción de las circunstancias qtte actuaron en el
Perú de 1880. Es una evidencia el que pese a la gravitación
política de su obra, ésta es esencialmente la resultante de una
elaboración literaria; en González Prada lo circunstancial es
la respuesta a la peripecia ambiente, lo medular su posición
estética. Ni en Propaganda y Ataque (1888), ni en Páginas
Libres (1894), ni en Horas de Lucha (1908) hallamos la ver·
tebral definición de una p1·ogramación sociopolítica; sólo se
manifiesta el fustigador espontáneo que reacciona con impremeditada virulencia ante los errores del medio. Propaganda y Ataque dedica una primera parte a definir su militancia anticaíÓ·
lica; en la segunda, desgrana una sucesión de pincelazos den11nciatorios, afectados todos por la transitoriedad de las situaciones
apuntadas. El ensayo que podía haberse ,~alidado por la exposición de una actitud doctrinaria, La Unión Nacional, se diluye
en una inconcreción inoperante. Páginas Libres y Nue'Vas Páginas Libres (póstumas, 1937), i·eiteran la compilación de ensayos, viéndose desmerecidas por una dispersión temática que
se agudiza
explicablemente
en las últimas. Sobresalen
del prim~~ volumen los ensayos sobre Renán y Castelar, y del
segundo El verso de nueve sílabas'', estudio en el que Gon·
( 21} GARCÍA PnADA, CARLOS Antología Poética, Editorial Cultura, México,
1940, Introducción, p. XXVI.
'

-

20 -

�zález Prada expone sus indiscutibles conocimientos ortométricos e infalible intuición rítmica.
Horas de Lucha con su exhaustivo y demoledor enjuiciamiento de las categorías rectoras es, en mucho, el libro mejor
estructurado
orgánica y funcionalmente
que produjera;
hay allí una seria y sostenida inspiración enjuiciatoria. Se destacan por su sentido y logro los dos trabajos finales ''Nuestros
Indios'' (al que i·eferiremos más adelante) y ''Política y Religión''. En éste establece con claridad la fusión simbiótica entre
ortodoxia religiosa y conservadorismo político: ''los ve1·daderos
ortodoxos se declaran abiertamente conservado1·es en todo'', llegando a(1n más lejos: ''los buenos católicos trabajan por someter la política a la religión, por colocar el Estado bajo la dominación de la Iglesia''. 22
En toda su obra no hallamos resonancia para la programación estructural que definiera la plataforma de la Unión
Nacional (Declaración de principios de la U1iión Nacional ·
1891). Además el propio Mariátegui afi1·ma: ''El programa del
Pa1·tido Radical, que por otra parte no fue elaborado por González Prada, queda como un ejercicio de prosa política de un
''círculo literario''. 23 El partido mismo surge por imperio de
las circunstancias: ''El Círculo Literario, la pacífica sociedad
de poetas y soñadores, tiende a convertirse en un centro militante y propagandista''. 24 Jamás supusieron los contemplativos
fundadores del Círculo
cuya finalidad fuera contrarresta1· el
influjo del Cl1ib Lite1·ario, conservador y oficialista
, l1asta
dónde l1abrían de ser impulsados por los acontecimientos.
Mariátegui p1·osigue: ''Si González Prada no hubiese nacido en un país urgido de reorganización y moralización políticas
y sociales, en el cual no podía fructificar una obra exclusivamente artística, no lo habría tentado jamás la idea de formar
un pa1·tido''. 25 Este aserto está ª'ralado por la tónica de introversión y retiro que domina los momentos cruciales de su vida:
enclaustramiento cuando la ocupación chilena, alejamiento del
nuevo partido y estada en Europa, prematura renuncia de su
candidatura presidencial, definitiva dese1·ción de las filas unionistas y dimisión de su cargo en la Biblioteca Nacional al ascender al pode1· el coronel Benavides.
( 22)
(23 )
(24)

(25)

G. P., 1\1., I/ oras d e Lucha, I&gt;olítica y re ligión, pp. 219 y 222.

c.,

op. cit., p. 194.
G. P., 1\1., Páginas ljibres, Discurso en el Teatro Olimpo, p. 43.
MARIÁTECUI, JosÉ C., op. cit., p. 194.
l\ifARIÁTECU l, JosÉ

- 2l -

�Don Manuel era un esteta elitista al que su l1umanismo
pánico arrancó de la quietud medita~iva para ~rrojarlo a la
balumba ciudadana ; una ' ez en el trafago, se dio de lleno a
la tarea remo,·edora: '' ... los troncos añosos y carco1nidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y su fruta de sabor
amargo. ·Que vengan árboles nuevos a dar flores y frutas nue· · a la tum b a, 1os 10,·enes
.,
vas! ·Los' v1e1os
a l a ob ra.''' 26 Renunciam~s, por considerarla obvia, a la enumeración de las amar.
guras que el apotegma final causaría a don Manuel. En el
Olimpo dijo: ''Los mal nombrados pa1·tidos políticos del Perú
son fragmentos orgánicos que se agitan y claman por un cerebro. . . Ninguno de nuestros hombres públicos aso1na con la
actitud vertical que se necesita para seducir y mandar ... '' 27
Estaba abierto el fuego e iniciada la brega partidaria; \ eremos
que sin renunciar a su posición radical
y antes bien, robusel purismo doctriteciéndola hacia las extremas izquierdas
nario le hace abandonar las filas del Partido (en 1902, con
motivo de las transacciones pactadas cuando la elección de delegados a la Junta Electoral) entregándolo a una prédica desesperanzada y mínima en ci1·cunstanciales periódicos oposicionistas.
Otra lucha, ésta lateral, estéril y lamentable, se producirá
con Palma, como derivación del discurso del Olimpo ( '' ... en
la prosa reina siempre la mala tradición, ese monstruo engendrado por las falsificaciones agridulcetes de la historia y la
caricatura microscópica de la no,·ela'') , amargando gratuitamente a ambos maestros y haciendo c1·isis con los ribetes farsescos de la sucesión bibliotecaria.
Dijimos que su militancia es sólo un episodio que se cierra
en 1902 al alejarse de la Unión Nacional; habiendo comenzado
por profesar un liberalismo romántico termina en el mayor
desen,canto: ''Reconocida la insuficiencia de la política para
realizar el bien mayor del individuo, las controversias y luchas
~obre formas de gobierno y gobernantes quedan relegadas a
segundo término, mejor dicho, desaparecen''. 28 Ve en ella
~na fuerza opresora que coarta la libertad individual: ''La política ~s una religión sólidamente organizada ... '' En forma paulatina se incorpora al anarquismo vaticinando su triunfo por el
1

7

(26 )
(27)

(28)

G. P., 1\1., P~g~nas L~brcs, Di scurso en el Politeama, p. 79.
G. P ., l\l., PagLnas Libres, Discurso en el Teatro Olimpo, p. 50.
G. P., l\!I., Horas d e Luchas, El intclcctt1al y el obrero, p. 52.

-

22 -

�camino de las i·ef ormas sociales: '' ... todos los que se inte1·esan
por la resolución de los problemas sociales, estudian seriamente
la anarquía ... '' 29 Esta es la consecuencia de su exaltada concepción individualista que lo lle,·a incluso a predicar el ejercicio de la violencia: ''Na die toma en serio la afirmación de
q11e ''la paz descansa hoy en bases inconmovibles'' y que ''la
era de revoluciones ha terminado ya en el Perú'': nadie lo
cree ... '' 30 ''Sublevémonos contra la Ley, procedamos sin mie. .
·
do n1. contempor1zac1ones.
. . '' ''No aguar d amos a que de arr1l,a nos otorguen (le1·ecl1os 11i libertades''. 31 (Según la escuela de
Jung podríamos especular la1·gamente sobre el resentimiento
escapista que denuncia esta faceta disolvente y nociva de su
apostolado). Sobrepasando las huellas de Reclus, Grave, Kropotkin, Jaurés, Faure y Bakunin arriba a un ana1·quismo integral ( recl1aza tanto el socialismo como el comunismo, por la
subordinación que decretan del individuo a la mayoría colecticia) que concilia el positivismo co111tiano (despojándolo de
sus resabios teológicos) y el evolucionismo dar,vinista ( reconociendo el derecho individual frente a la prevalencia de la especie).
l1nbuido por el espíritu positi,·ista de la época rinde culto
a la ciencia y a la razón, y desemboca así por el ca1n i110 del
liberalismo en la utopía anarquista. Su 1·acionalismo y cientificis1no son de cepa revol11cionaria y, por ende, antag&lt;)nicos a la
co11cepción b1trguesa del siglo XIX; pero, sin embargo, no cae
en el exceso de un criticis1no nil1ilista. Aquí estriba una de sus
divergencias básicas con Renán, cuya a11toanulación por exacerbamiento analítico hiciera notar: ''Todos los defectos de Renán se explican por la exage1·ación del espí1·itu crítico; el temor
de engaña1·se y la manía de cree1·se un espíritu delicado y libre
de pasión, le hacían mucl1as veces afi1·mar todo con reticencias
o negar todo con restricciones, es decir, no afirmar o negar todo
con restricciones, es decir, no afirmar ni negar y hasta contradecirse, pues le acontecía emiti1· una idea y en seguida, valiéndose de un pero, defender lo contrario''. 32 González P1·ada
sintió la necesidad de adopta1· p1·ovisionalmente el '' estado de
duda'' para alcanzar en definitiva una formulación positiva,
(29)
(30)
( 31 )
(32)

G. P., l\f., Prosa M enuda, La anarquía, p. 241.
G. P., l\I,, Prosa Jt.lenuda, ¿Es el cotnicnzo?, p. 181.
G. P., 1\1., Propagancla y Ataque, El esrritor y la ley, pp. 200 y 202.
G. P., 1\1., Págirias Libres, R cnán, p. 210.

-

23 -

�repugnándole tanto la matización indecis~ del b.retón como ~u
aristocratismo. Pese a ello acataba su mcuest1onable magisterio: ''En 1891 y 1892 asistí a sus lecciones bisemanales [en
el Colegio de Francia] : l?~ sábados a la c~ític~, de las l~yendas
relativas a Moisés, los m1ercoles a la expl1cac1on del Libro de
1sai'as'' . 33
También disiente con la concepción aristocratizante de
Nietzsche, pero en cambio comparte con éste la rotundidad de
la expresión y la creencia en la providencialidad del superhombre; esto último como consecuencia quizá de la ausencia,
dent1·0 del panorama peruano, de una figura con relevancia
excepcional.
Su prédica por las reformas sociales, como sustitutivas de
las transformaciones políticas, lo enraíza directamente con el
gran problema americano de la reivindicación indígena; el vergonzante despojo que agobia uniformemente la conciencia del
mundo hispanoamericano arranca a González Prada sus acentos
más since1·os y le permite exponer sensatas apreciaciones sociopolíticas: '' . . . desde el arribo de los blancos a las costas del
Perú surgió una de las más graves cuestiones que agitan a la
H11manidad, la cuestión étnica: dos razas se ponían en contacto, y una de ellas tenía que vencer, oprimir y devorar a la
. ' in
. d'igena una cr1s1s
..
ot ra''. ''No veamos, pues, en la cuest1on
provincial y pasajera sino un problema nacional y permanente''. ''En el Perú existen dos grandes mentiras: la República y
el cristianismo''. 34 ''El Ministro i·ecomienda ''estudiar en cada
localidad la forma más eficaz de combatir el alcoholismo, aplicando con sagacidad las medidas que mejor conduzcan a modificar el carácte1· de las fiestas populares y a reducir
hasta
suprimirla
la pa1·te de salario que se paga a los indios en
aguardiente''. ''La taberna es hermana del Estado; para el f. isco, todo bebedor consuetudinario representa un capital que
rinde subidos intereses''. 35 Pero donde su pensamiento alcanza
máxima jerarquía es en Nuestros Indios, profundo trabajo en
el que se patentiza seria información sobre las teorías étnicas,
la r~a~dad indígena nacional y las posibilidades válidas para
mod1f1car una lacra tradicional. ''La República sig11e las tradi1

G. P., 1\1., Nuevas Páginas Libres, Junto a Renán Ediciones Er~ illa
Sant1ago de Chile, 195 7, p. 118.
'
,
(34) G. P., M., Prosa Menuda, El problema indígena, pp. 155 y 156.
.&lt;33)
(35)

G. P ., M., Prosa ft.1enuda, La cuestión indígena, p. 116.

-

21 -

�ciones del Virreynato''. ''Las autoridades que desde Lima imparten órdenes conminatorias a los departamentos, saben que
no serán obedecidas''. ''Si en la costa se divisa un vislumbre
de garantías bajo un remedo de república, en el interior se
palpa la violación de todo derecho bajo un verdade1·0 régimen
feudal''. ''El indio recibió lo que le dieron: fanatismo y aguardiente''. ''Moralmente l1ablando, el indígena de la República
se muestra inferio1· al indígena hallado poi· los conquistadores. En todo caso ¿sobre qt1ién gravitaría la culpa?'' ''La
cuestión del indio, más que pedagógica, es económica, es social''.
''Si el indio aprovechara en rifles y cápsulas todo el dinero que
desperdicia en alcohol . . . cambiaría de condición''. ''Al indio
no se le predique humildad y i·esignación sino orgullo y rebeldía''. ''Mientras menos autoridades sufra, de mayo1·es daños se
liberta''. 36
.
Su indigenismo, pues, está pola1·izado por el positivismo
económico y gravita según estas dos coordenadas: reivindicación por la violencia y racismo social. El primer postulado se
inserta en el anarquismo militante cuya revisión ya efectuáramos; en cuanto al nuevo concepto racial, es de observar que
se fundamenta como antipodal al criterio clásico de raza biológica. He aquí una innovación: ''raza social'' (en función de la
disponibilidad personal) que hará época en la sociografía peruana, y sobre la que nos dice Sáncl1ez: '' La generación de
Prada no se percató del valor de tal concepto. Fue preciso que
lo removiera y promulgara V. R. Haya de la Torre (Por la
Emancipación de América Latina, 1927, donde recoge la idea
expresada en fecha anterior por el mismo Haya). De ahí la
tomó Ma1·iátegui (Siete Ensayos . .. , 1928). Más tarde, la modifica Erasmo Roca (La clase india, 1933), sustituyendo los
vocablos. El biólogo letón-chileno Alejandro Lipschütz ( lndoamericanismo y raza india, 1937) amplía el comentario, sin
mencionar, por obvias razones políticas, a Haya y muy poco
a Prada''. 37
En una palabra, a González P1·ada debe el socialismo pe1·uano la concepción sobre la que basa su actitud ante el más
grave problema que trastorna al país: la incorporación a la vida
naciona~ de las tres cuartas partes del material humano.
(36)
( 37)

G. P., M., Horas de Lucha, Nuestros indios, pp. 198 a 214.
SÁNCHEZ, Luis A., La Literatura Peruana, Tomo VI, pp. 160 y 161.

-

25

-

�La prédica social se amplific~ . en la co~stante y sincer_a
denttncia de las debilidades y los "~1c1os qt1e 1n1naban a las entidades administrati, as y sociales; los juicios tajantes y descarnados adquieren la condición de anatemas irrebatibles.
Ejemplifiquemos somera1nente:
''El pueblo peruano padece la nostalgia de la esclavitu d ... ''
''Lima, ... l1ojarasca y pura vanidad, aldel1uela con 1111mos de ciudad ... ''
''Desde la escuela nos aleccionan para sólo ganar el
. l o ... ''
c1e
''La educación oficial quedaría figu1·ada, exactamente, por
una serie de circunferencias con radios desiguales y un mismo
centro, fijo, intangible y sag1·ado: el Catolicismo''.
''En nuestro desquiciamiento general, la pluma tiene la
misma culpa que la espada''.
''El Perú no cuenta hoy con un literato que por el caudal
y atrevimiento de sus ideas se remonte a la altura ... ''
''Los mal nombrados partidos del Perú son fragmentos
orgánicos que se agitan y claman poi· un cerebro . . . ''
''Repitámoslo: nosot1·os en vez de comunicar la civilización
nos hallamos en condiciones de mendigarla ... ''
Nos suministra p11es la den11ncia i·ecia sin apunta1· la forn1a
operante, aunque es tangible su bien intencionada orientación.
Ello no obstante, está lejos de merecer absolución por la ausencia de efectividad constructiva, como opina cierto sector de la
crítica; su tarea revisionista fue integral y certera pero se detuvo en el dintel de la fase afirmativa.
1

IV

POSICION RELIGIOSA Y ETICA

La exaltación del ser
por sobre el canon comunitario
- que lo llevó al humanismo socio-anarquista, hace que anteponga el individuo a la especie, confiando en el ilímite conocimiento humano y en el libre albedrío:
''De todas las lucl1as ninguna como la emp1·endida por la
inteligencia para descubrir la verdad, ¿quién pone límites a las
conquistas de la Ciencia?'' 38 ''El librepensamiento, ejercido con
[semejante] amplitud de miras, deja de ser el campo estrecho
( 38 )

G. P., 1\1., Nuevas Páginas Libres, ¿Qué hacer?, p. 88.

1

26 -

�donde únicamente se debaten las creencias religiosas, para convertirse en el ancl1uroso palenque donde se dilucidan todas las
cuestiones humanas, donde se ahoga por todos los derechos y
por todas las libertades''. 39
Aquí está ya delineada su profesión ético-religiosa: ''La
ciencia es la única vía para ensancl1ar el campo cognoscible,
debiéndose desechar los principios teológicos y metafísicos''.
'' ... pues mientras la Ciencia observa los fenómenos y estudia
sus d.e pendencias o conexiones para inducir la ley, la Religión
establece una ley a priori y en seguida quiere someter a ella
los fenómenos''. 40
Pero las premisas de la ciencia son susceptibles de modi.
f icaciones; poi· ende, es necesario proceder &lt;'autamente adoptando una posición de crítica dubitativa: ''No someternos a sistema alguno de verdades definitivas, sino regirnos por una sucesión de verdades provisorias, viviendo listos a dejarlas, como
se deja una ropa envejecida o un bastón gastado por el uso''. 41
(El 1nismo concepto se vierte en Un Rato de Filosofía).
Esta cautela lo salva del agnosticismo.
Su meta estriba en la utilización, con fines sociocráticos,
de las verdades logradas, p1·ope11diendo así a la elevación de las
condiciones nacionales. Arriba, de este modo, por el camino del
cientificismo positivista, a la sociedad anárquica en la que la
er&lt;lad, guiando a los individuos, los adecúa por i1nperio del
amor y de la justicia.
\

1

En el plano ético, y según su convicción científico-racionalista, cree que las directrices deben provenir de la inteligencia l1umana, coincidiendo en líneas generales con Guyau
( Esquisse d' une morale sans obligation ni sanction), aunque en
éste la expansión individual llega a ar111onizarse con el núcleo
social. Reniega Prada de la compulsión pretendidamente mo1·a ..
lizante ejercida por los dos f1·enos máximos q11e coa1·tan al individuo: el Estado y la Religión. Quiere una conducta ética arreligiosa
liberada de la sanción u:traterrena
y antihu1·guesa
- exenta del freno penal . '"El l101nhre ema11cipado no '\·ene1·a
ni respeta códigos, mas p1·of esa una moral: proceder conforme
a sus ideas sobre el Universo y la Vida''. ''El Estad'l con sus
( 39)
( 40)

( 41)

G. P., l\I., Horas d&lt;&gt; Lucha, Librepensamiento de acción, pp. 41 y ·15.
G. P., M., Nuevas Páginas Libres, Catolicismo y ciencia, p. 53.
G. P., 1\-1., JVuevas Páginas Libres, Los Viejos, p. 113.

-

27

-

�,

.

con sus amenazas post11mas: no corrigen
1eyes penales ' la Iulesia
0
b.blº
·
'dº
· moralizan· la l\'Ioral no se alberga en 1 ias n1 co igos, sino
n1
,
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en nosotros mismos: hay que sacarla del om re .
De lo expuesto no debe deducirse ateísmo en González
Prada pues él mismo nos lo confiesa: ''En fin, no importa si
nos llaman ateos porque de la ciudad humana desterramos la
Metafísica y la Teología, o nos acusan de escépticos porque
sonreímos ante las puerilidades seniles de la religión: no cabe
ateísmo cuando en lo íntimo del alma se rinde culto a la justicia; no hay escepticismo cuando se tiene fe en la redención
de la Humanidad por la ciencia''. 42
A esto va unida una tolerante comp1·ensión para con los
sinceros creyentes, como acatamiento de su pregonada libertad
de pensamiento: ''Sólo el fanático marca una línea divisoria
para estimar como buenos y dignos de respeto a los enuncia.
dores de una doctrina, como malos y despreciables a los defensores de la contraria. Al homb1·e de buena fe. . . se le descubre
por la lógica en las acciones o conformidad de la vida exterior
con la vida interior: toda sospecha de mala fe se desvanece
cuando los hechos representan una materialización de los principios''. 43
Reacciona sólo contra el fanatismo y la intolerancia: ''Nada
tan hermoso como el respeto a las convicciones ajenas ni tan
laudable como la armonía de los espíritus animados por ideas
antagónicas. ¿Quién suscita1·ía polémicas religiosas si el Catolicismo fuera pacífico y conciliador? Como se distingue por la
agresividad y la intolerancia, como nos amenaza con reducirnos a la condición de parias intelectuales, nos hallan1os en la
necesidad de oponernos a s11 dominación''. 44
Su actitud ante el cristianismo primitivo es de asentimiento
en lo que la doctrina tiene de aspiración socializante; Cristo
se le aparece como cimera figura humana: ''En resumen, se
puede admitir la realidad histórica de Jesús, afirmando que
en un pueblo de Judea, sin que se consiga marcar precisamente
la fecha, surgió de las últimas capas sociales un hombre extraordinario que predicó la unidad de Dios, la inmortalidad del
alma Y algunas veces la solidaridad humana''. ''Si moralmente
Jesús conoce iguales y no superiores, no sucede lo mismo in te(42) G. P., M., Propaganda y Ataque, La ciudad humana, pp. 130 y 131.
(43 )
P., M., Nuevas Páginas Libres, Un rato de filosofía, pp. 79 y 80.
(44)
· P., M., Propaganda y Ataque, El enemigo, pp. 20 y 22.

g·

-

28 -

�lectualmente . . Al divinizarle se le empequeñece: de un hombre muy grande se hace un Dios muy pequeño''. 45
Por el contrario, detesta la trayectoria católica porque
afecta la libre determinación del l1ombre
"'La Religión a la vez que a la pasividad, tiende a la unif ormitlad. Un pueblo donde todos los hombres pensa1·an de
igual manera y creyeran lo mismo, donde no surgiese la menor
discrepancia intelectual ni moral, sería una serie de autómatas
en la misma posición y con el mismo gesto, un museo de organismos petrificados en idéntico período de su desarrollo. Según
la misma religión, ''el creyente es la oveja de un rebaño''; el
pensador libre, el sabio, es el hombre en la más noble acepción
de la palabra''. 46
propende a la coalición despótico clerical
'' ... el Catolicismo figura como el aliado inevitable de
todos los opresores y de todos los fuertes; donde asoma un
tirano, cuenta con dos armas: la espada del militar y la cruz
del sacerdote''. 47
y ostenta una constante de retrogresión histórica
''Mientras Alemania, Inglaterra y Estados Unidos exhalan
una atmósfera de vida, España y las Repúblicas Sudamericanas
11ieden a cementerio''. 48
Si se desea vincular a este heterodoxo con alguna mística,
preciso es encauzarlo dentro de un panteísmo de corte naturalista al que lo condujera su animismo trascendente; ésta es
la esencia que no alcanzó a aprehender Mariátegui cuando afirma: ''González Prada predecía el tramonto de todas las creencias, sin advertir que él mismo era predicador de una creencia,
confesor de una fe. Lo que más admira en este racionalista
es su pasión. Lo que más se 1·espeta en este ateo, un tanto pagano, es su ascetismo moral. Su ateísmo es religioso. Lo es,
sobre todo, en los instantes en que parece más vehemente y
más absoluto''. 49

( 15)
y

G. P., 1\1., Nuevas Páginas Libres, Jesucristo

y su doctrina, pp. 23 - 24

25.
(46)
(47)
(48)

( 49)

G. P., 1\1., Nuevas Páginas Libres, Catolicismo y ciencia, pp. 55 y 56.
G. P., M., Horas de Lucha, Política y religión, p. 217.
G. P., M., Propaganda y Ataque, El enemigo, p. 25.
MARIÁTECUI, JosÉ C., op. cit. p. 196.

-

29 -

�V

PAl\'0RAA1A DE LA ESTJLISTICA PRADIANA

Hemos ceñido nuestro enfoque al análisis de la creación
en prosa, como consecuencia de nuestra orie~tación en el bu,ceo
de las directrices que normaron el pensamiento de Gonza1ez
Prada. Ello no implica un desconocimiento de los ,·alores renovadores e inno,·adores que realzan su labor poética, pero lógicamente ésta no alcanza la significación social y nacional que
logra su cátedra militante. Sin embargo el lir?foro coexiste. en
él, paralelamente al pensador, desde sus primeras tentativas
románticas
recogidas en El Cor1·eo del Perú y El Perzí Ilustrado ( 1869)
o las baladas indígenas compuestas en Mala,
hasta la concreción estética sazonada y epilogal de Exóticas.
Este volumen más que por st1 contenido creati,·o ( 118 poemas
con o sin rima) ' Tale por la formulación de su teoría métrica
tonal basada en los elementos rítmicos ascendentes y descendentes; con ella se aparta del camino hollado por los preceptistas españoles y americanos desde Enrique de Villena y Andrés Bello a nuestros días, y por ella est1·uctura y enuncia orgánicamente sus experiencias originales con rondeles, balatas'I espenserinas, rispettos, laúdes, pantums, estornelos, cuartetos persas, gacelas y polirritmos libres. Mas todas las incorporaciones
con que enriquece el Parnaso peruano no valen lo que la prédica apostolizante., y el sitial en el concierto americano lo ocupa, en definitiva, en función de ésta.
.
Su ubicación temporal queda perfilada en América por
el alejamiento de la promoción romántica (de cuyos rezagos
va desp1·endiéndose) y la premonición de la modernista (cuyas
constantes inaugura) ; en Eu1·opa, media entre la generación del
68 (cuyo radicalismo excede) y la del 98 (de la que lo separa
el positivismo). Como poeta, ya desde 1871, con el cultivo del
rondel y el trioleto (formas han,Tillianas) comienza su tarea innovadora, la que es paralelamente colaborada poi· la adopción
de novedades léxicas al estilo i·ubendariano. Como prosador Y puesto que el género en Hispanoamérica no se define hasta
anticipa, junto con Sarmiento
las P_?Strimerías del siglo XIX
Y Montal~o, la generación de ensayistas que cabalga sobre el
católico tradipaso del siglo. Con relación a Juan Montalvo
cionalista Y antipositivista
debemos hacer notar que ~e destaca, por c~ntraste, la proyección de la figura de don Manuel.
Lo puntualizado sobre su filiación modernista ha sido di'cho
-

30 -

�considerando la polémica que a la sazón se ha arrastrado desde
Isaac Goldberg hasta los últimos trabajos ele Arturo Torres
Rioseco.
Frente a las tendencias en boga su posición se puede esbozar así: tolera el naturalismo como prolongación del romanticismo; simpatiza con el parnasianismo, dada la conciliación
estética que éste propende con los principios científicos y la
objetividad racionalista, y desdeña el simbolismo (cuya revolució11 técnica comparte) lamentando en él la ausencia de una
forn1t1lación renovadora y la disgregante osct1ridad intelectiva.
El abordaje del estilo pradiano nos ofrece el inusual proceso de un escritor que involuciona en su técnica expresiva por
imperio de una adecuación ecológica; las conferencias, ensayos
y volúmenes de la primera época (discursos políticos, Páginas
Libres, Hora~ de Lucha) están pautados por el cuociente de un
público culto, capaz de asimila1· el aderezo especiero y las originalidades st1tiles de un autodidacto de vanguardia.
Allí se regodean: el epifonema clausural
'' ... estimemos el kilate de las acciones indefectibles en
lt1gar de sólo medir los kilómetros de las herejías verbales''. so
la frecuentación histórico-mitológica
''Al sustitui1· el matriinonio a la poligainia, el Helenismo
había elevado a la mujer 11asta el rango de madre de familia;
ama de casa, según la expresión de Homero. Diosas 1·einaban en
el Olimpo, al lado de los Dioses; mujeres, las Peleidas y las
Pitias, anunciaban oráculos divinos en Dodona y Delfos. Mas
el Dios del Cristianismo encarna e11 figura de hoinbre, y el
fe1nenino no l1allc1 cabida en la Trinidad''. 51
el esteticismo de la polivalente captación (parcialmente
inefable)
'' ... a1udimos a la gracia t1·anquila y severa que podríamos llamar bisexual porque tanto se halla en la Melpómene
(lel Lou,rre como en el Apolo del Vaticano. Gracia de lo diminuto y de lo enorme, contenida en una esfinge y en una Tanagra, en un toro alado de l(horsahad y en un fresco de Pompeya''. 52
''En el dombo de San Pedro, en la estatua de Moisés y en
los frescos de la Capilla Sixtina, vemos la poliforme grandeza
(50)
(51)
( 52)

G. P., .i\I., Horas de Lucha, Librepensamiento de acción, p. 42.
G. P., IVJ., floras de Lucha, Las esrlavas de la Iglesia, p. 60.
G. P., IVI., Horas de Lucha, Nuestras glorificaciones, p. 181.

-

31 -

�creadora de l\Iiguel Angel; pero en el C~isto del Escorial, en el
. io de San Bartolomé y en la partit11ra de El Barbero no
t
mar ir
e
ll . . l
.
d scubrimos la fie1·eza de un Ben\'enuto e ini, a tortuosidad
d: un Españoleto ni la avara parsimonia ?e un R~ssini (sic)". 53
y la l11cubración petardera de ambigua estirpe
''En las Uniones Católicas, l1er1nandades o cofradías manejan la batuta algunos clérigos que ingie~e.n ª. ,Príapo en la
Trinidad, concilian la doncellez con la prol1f icac1on de gen1elos
y sir,·en tanto para rodrigones de viudas como para coadjutores
de maridos''. 54
Luego de 1902, sima de las esperanzas radicales y limen
de su rebeldía solitaria y desamparada, la forma tiende paulatinamente a troquelarse en el cuño de los periódicos ultra izquierdistas y de los modestos auditorios laborales a los cuales
se ' 'eÍa confinado el esc1·ito1·. Y a 110 priva el \'erbo alquitarado
y la imagen fáustica, siendo sustituídos por intención y f ormulación descarnadas, aplebeyadas y directas; la nueva orientación
resta a la obra redondez formal, inficionándola con un fragmentarismo de validez marcadamente aleatoria.
El humorismo corrosivo halla caldo propicio en esta nueva
etapa, ahondándose sistemático en la jaculatoria irreverente:
''Quién sabe si al pobre José, que ya no tendría mucho
fósforo en la mollera, le fraguaron la historieta del Espíritu
Santo para obligarle a reconocer un hijo que no habría podido
engendrar''. 55
''Si divisamos una señorona con traje de seda y sombrero
de plumas acompañada de tres o cuatro chiquillos con botines
de hule y ternos de rico paño, no preguntemos a nadie el estado
civil de aquellos envidiables seres: son la comadre y los sobrinos de algún cura''. 56
Reincide en el tema predilecto, profundizando inelegantemente la punzada:
''Quedamos, pues, en que la mejor manera de luchar con
los fanáticos es asestarles de cuando en cuando un buen golpe,
hacernos los distraídos y dejar que cl1illen. Pero tanto como
lanzarles descargas de grueso calib1·e o propinarles sendos vara·
palos en lugar sensible, vale tal vez hincarles con alfileres o azo(53)
(54)
(55)

(56)

g·· P.,P., l'rI.,M., Horas
de Lucha, Nuestro periodismo, p. 85.
Horas de Lucha, Nuestros conservadotes, p. 96.
G. P., M., Prosa Menuda, Por San José, p. 23.
G. P., M., Propaganda y Ataque, Polémicas religiosas, p. 30.

-

32 -

�tarles con ramas de ortiga, es decir, tomarles el pelo para que
todos los l1omhres de buen humor se rían a costa del ídolo, del
dogma y del bonzo''. 57
Finalmente sucumbe ante la contaminación por reflejo,
imponiéndole el auditorio una desoladora vulgaridad. Tal sut.~ede con la pueril parábola del sordo 58 y con las imágenes ''de
combate'', cuya tónica está expuesta poi· la siguiente:
''A los pueblos les sucede con el fanatismo lo propio que
a los niños les pasa con el biberón o la mamadera: viene un
día que los hombres desean masca1· sólido, no cht1par líquido''. 59
La prédica política era el caldo por excelencia para cocer
el gazpacho ramplón y convincente; González Prada da un paso
más en su afán proselitista:
''Constitucionales y Demócratas, Civilistas y Liberales, todos pueden ir en la misma carreta para ser ecl1ados al mismo
basurero''. 60
''Como aparato de navegación aérea, don José [Pardo]
pertenece a los menos pesados que el aire; como legumbre, al
garbanzo; como ave, al pavo de corral. Se arma, hace la rueda,
se mira en el espejo y disfruta de satisfacción inmensa: creerse
pavo real''. 61
''¿El Presidente deberá nombrarse Roequeso? ¿El Perú
merecerá llamarse Ratópolis ?'' 62
También en las admoniciones sociales, indignado por la
anquilosada jerarquización de una aristarquía voraz, no olvida
de abrir puerta ancha a la chocarronería limense:
''Detestamos al gringo, mas lo hacemos de envidia, considerándole un ser superior. El lo comprende bien y lo aprovecha:
de ahí que al desembarcar en nuestras playas, el grumete inglés
se diplome de maquinista y la cocine1·a francesa se gradúe de
modista parisiense''. 63
''En cuanto a los nobles criollos, nacidos aquí por una especie de generación espontánea, baste recordar que brotaron de
la podre colonial como los hongos germinan en el estercolero:
(5 7)
(58)
(59)
(60)
( 61)
(62)
(63)

G. P., M., Propaganda y Ataque, Polémicas religiosas, p. 31.
G.
G.
G.
G.
G.
G.

P.,
P.,
P.,
P.,
P.,
P.,

M.,
M.,
M.,
1\1.,
M.,
M.,

Propaganda y Ataque, Romaña y la prensa, p. 191.
Propaganda y Ataque, El mensaje y Ja providencia, p. 189.
Prosa Menuda, El problema indígena, p. 157.
Prosa Menuda, Instantánea, p. 194.
Propaganda y Ataque, Cuidado con la bolsa, p. 157.
Prosa Menuda, Negreros, p. 170.

-

33 -

•

•

�•

ntiestros condes y marqueses fueron más de una \ ez cebadores
de cerdos y mantequeros . . . '' 64
A,ranzando en el plano del l11nfardismo concept11al que
liemos apuntado, arribamos al1ora a una etapa pradiana c11ya
etioloaía ofrece inusitada complejidad. A lo largo de la obra de
embelesado cincelador de sunt11osos mente.
este ;efinado
factos
nos asalta el sorpresi, 0 y frecuente regüeldo ácido del
zan1hismo gráfico e irre\"erente:
''¡Calma en la enfermería! B11enos católicos, ustedes que
uuarclan su forúnculo en el sobaco, \ i,ran sin arañarse con los
~etodistas qt1e 1Je, an su pólipo en la nariz''. 65
''Esposa de t1n reyezuelo he1·pético, mal oliente y, peor que
todo, genesiado, doña Cristina l1izo de enfer1nera y sufrió grandes amarguras don1ésticas . . . Entrado en su mayor edad, el
lobezno ocupa l1oy un trono donde toda,·ía deben de quedar
algunas manchas de secreciones purulentas y de ungüentos
antisifilíticos''. 66
''Sabemos las crápulas de Alejandro, las depravaciones de
César y los incestos de Bonaparte, como divisamos la verruga
de Cicerón, la nariz de Ovidio, la joroba de Esopo y el cer,ri.
guillo de Nerón. La enfermedad de un hombre y sus amoríos
expli~an muchas veces las aberraciones de sus actos píthlicos:
al Luis XIV de los últimos años no le comprenderíamos sin su
fístula ni su vieja''. 67
''La capital es una bomba aspi1·ante que cl1upa los jugos de
toda la nación, y también una especie de albañal colector o
cloaca máxima donde acuden a reunirse las deyecciones de todas las provincias''. 68
'' . .. merecería1nos ahogarnos en un diluvio de escupitajos
o ser ha1·1·idos por una marejada de sustancias excrementicias''. 69
Esta evidente p1·oclividad cacológica ¿nace poi· imperio de
la adecuación a una ineludible prédica orillera o responde a un
escapismo ínsito en las constantes del Maest1·0? ¿No será reflejo quizá de una consustancial escisiparidad en su índole elitista y estetista? Indicios de una consciente hivalencia antagó·
nica los hallamos en su regusto, a las calladas, por la picardía
1

1

1

1

( 64)
( 65)
(66)
(67)
( 68)
(69)

G.
G.
G.
G.
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G.

P.,
P.,
P.,
P.,
P.,
P.,

M., Prosa ll-lenuda, De medio pelo, p. 176.
l\f., Prosa Menuda, Católicos y metodistas, p. 52.
1\1., Prosa Menuda, Cosas de España~ p. 238.
)l., Horas de Lucha, Nuestros licenciados Vidriera, p. 193.
1\-1., Propaganda y Ataque, La Unión Nacional, p. 173.
l\I., Propaganda y Ataque, Romaña y la prensa, p . 196.

-

34 -

�qt1e, edia11a y en el subte1·fugio del seudóni1110 para el alumbramiento acriollado. ¿Cómo suponer qt1e sólo por imperio de factores circunstanciales su1·gió este contra-estilo que salpica la
obra con la estridencia de su disonancia? ¿No había quizá en
el escritor un fondo subyacente, sofocado poi· las presiones culturales, que pugnaba por sus fueros? ¿No vislu1nbra1nos en este
desal1ogo desenfrenado un eco étnico de los excesos mestizos
que bañan la costa?
El problema planteado es uno de los más a1·duos e inexplorados de la creación pradiana y su ap1·opiada elucidación demandaría un estudio particular.
La estilística de don Manuel se caracteriza por el período
breve, incisivo, didáctico, adec11ado a la finalidad pe1·suasiva
que orienta la mayor parte de su p1·oducción. Este escuetismo
formal se fue perfilando con el esmeril de diversas influencias:
modernos de período corto ( Bécque1·, Renán), articulistas (journalistes) europeos, ceñeros tratadistas científicos y propagandistas sociales de izquierda (tan e11 boga entonces) de f 01·ma
se11tenciosa y desg11arnecida. Aun e11 la prime1·a época (''c11lta'')
de su creación es fiel el escritor a la consigna de claridad y
llaneza.
La intencionalidad conceptual es la que esmalta s11 prosa
con aforis1nos y apóst1·ofes orientaclos a azuzar, por la vía sensible, la captación del oyente-lecto1". La senso1·ialidad p1·adiana
se apoya fundamentalmente en la ecuación cinético-visual, produciendo en el sujeto una ' rí,rida I'eacción ideoplástica, de elevada funcionalidad convincente.
A cada paso descub1·imos en él la visualidad ideográfica
q11c nos ejen1plariza con intención lectiva; ya sea en el sancl1esco entre1nés
''Barbero celestial, [el clérigo francés] descañona bolsillos
sin deja1·les pelo de moneda; vampiro de un orden seráfico,
cl1upa sangre sin tu1·bar el sueño del paciente. Despabila el
dinero, dulce111ente, calladamente, insensible111ente, compitiendo con las niñas busconas de Que\ edo en el arte de sacar bolsas
sin dolor. Nadie explota co1no él la vanagloria y \ anidad, ingénitas en el alma de los beatos: con s11 Lourdes y su Sacré Coeur
11ace dadi, oso al G1·an Tacaño, pródigo al Caballero de la Tenaza''. 70
1

1

1

1

(70)

G. P., M., lloras de Luclia, Nuestros inmigra11tcs, p. 167.

- 35 -

�como en la pantagruélica viñeta
'' [El fraile español] Habla. como si excita~a bueyes_o instruyera i·eclutas, acciona como s1 nada~a o partiera un ~e110; no
y
se
atiborra;
no
se
sienta:
se
repantiga
o
se
come: enrolle
o
.
.
.
tiende; al predicar fulmina excomun~ones y ar1·01a tiz~nazos;
al mendigar, arrebata, arrancl1a el dine1·0 y las especies, llevando la sordidez de su codicia hasta el punto de n1aldecir al
moribundo que no lega sus bienes a un testa de la con111nidacl.
Testifica la supervi,rencia de la España medioeval, y constituye
el amalgama de gitano, inquisidor y torero. Al divisarle, aguardamos que transforme el cerquillo en coleta, el l1áhito en banderola, el crucifijo en espada: delante de un altar debe de
parecer un matador al frente de un berrendo''. 71
Este graficismo de la acción no es acompañado por el elemento cromático ya que adolece ante éste de una ceguera casi
total; sus formas tienen relieve pero no colorido: son vo!funenes
animados que se desplazan y agitan en un universo monocromo:
jamás el tono ni el matiz dan la pauta ni el acabado pictórico
.
,
a sus 1magenes.
El sentido auditivo
a diferencia de lo que ocurre en su
producción poética, donde campea una infalible intuición rítmica acompañada de frecuente ''sonorismo'' (ver teoría métrica
en el prólogo de Exóticas)
es débil en la prosa, no siendo
posible destacar efectos tímhricos pese a la búsqueda acuciosa.
Dejando de lado las innovaciones ortográficas y fonéticas
- en las que sigue la línea de Andrés Bello y Simón Rodríguez
(el preceptor de Bolívar)
poi· ser materia de la gramática
histórica, señalaremos un aspecto del discurso pradiano que
i·eviste especial interés para el análisis estilístico, cual es la particular adjetivación con que el autor precisa y pulimenta sus
figuras. Prada mismo nos alecciona: ''El mérito de un adjetivo
consiste en no admitir sustitución por adherirse al sustantivo
como la carne al hueso, como el tegumento al músculo''. 72
Esta funcionalidad sustancial que propugna y
en ge·
neral
cumple
''Cuando presenciamos el desfile de una romería o simulacro de peregrinación . a la Gruta de Lou1·des, cuando distinguimos a la flor y nata de la juventud religiosa, cuando
(71)
(72)

G. P., M., Horas de Lucha, Nuestros inmigrantes, p. 169.
G. P., M., Páginas Libres, Notas acerca del idioma, p. 268.

-

36 -

�ve1nos esas desvergonzadas calvicies a los veinticinco año:-:,
esas cabezas en forma de conos truncados, esos pómulos
salientes y almagrados o terrosos, esas quijadas a lo Carlos 11
el Hechizado, esas diminutas espaldas con la media jiba de Polichinela, esos pechos angostos y cóncavos, esos longicuos brazos
que te1·minan por tocas manos de reptil, esas atrofiadas caderas de orangután y por último esas pie1·nas filiformes que ya
se juntan en las rodillas para remedar una elipse, o ya se tocan
en las rótulas y se apartan en los juanetes para formar un
ángulo, no podemos menos de exclamar: ¡valientes defensores
de la religión!'' 73
''La columna achaparrada y tosca parece un gigante a
medio surgir de la tierra. Con su capitel charro denuncia la
pesadez sin fuerza, el recargo sin la suntuosidad, algo así como
Ja obesidad anémica en el lujo l1arapiento y guiñaposo. Sobre
ese molde se erige la estatua icónica de Bolognesi ... '' 74
se ve traicionada frecuentemente por la avalancha de un
impulso genesíaco con el que rebasa los comunes límites de
la precisión calificatoria:
'' ... el Emperador alemán merecería llamarse un demiCésar, un César de miriñaque, faldellín y tafanario, calipígero
, . ... '' 75
y androg1no
'' ... hace sonreir con su lenguaje sesquipedal, heteróclito,
abracadabrante, palingenésico, caótico, superplanetario y cosmogónico''. 76
Intrínseco ''como el tegumento al músculo'' o aditivo como
el ornato al cuerpo, el adjetivo pradiano hinca su virtualidad
estimulativa, suscita reacciones y resulta funcionalísimo. ¿Qué
objeción puede formulá1·sele si aun en el exceso cumple a
perfección con su cometido?
Hemos acompañado al pensador tan de cerca como nos
lo permitieran nuestras posibilidades; lo hemos visto surgir
irreductible y lo hemos seguido en su solitaria lucha
cada
vez más desvalido
contra ''los intangibles'' de un orden
anquilosado.
En la soledad continuó, sin afiliarse a ninguna escuela
(73)
(74)

(75)
{76)

G. P., M., Horas de Lucha, Nuestros conservadores, p. 103.
G. P., M., Horas de Lucha, Nuestras glorificaciones, p. 181.
G. P., M., Prosa Menuda, Alemania y su Emperador, p. 246.
G. P., M., Páginas Libres, Castelar, p. 228.

-

37

-

�política ni bandería literaria. Escasamente maleable para ci, ilista. Escasamente indulgente para unionista. Escasamente ejecuti,10 para socialista. Demasiado societario para parnasiano.
Demasiado fraterno para naturalista. Demasiado comprometido
para simbolista.
·
Cual columna trajana se yergue {''Magna ci,ritas, magna
solitudo'') en el ágora falaz y proteica de las transacciones
peruanas.
1

•

-

38 -

�INDICE
1. 11. -

III. IV. V. -

La problemática peruana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
G onzález Prada: I deoclasta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Sus ideas políticas y sociales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Posirión religiosa y ética . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Panorama de la estilística pradiana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

..
•

5
13
19
26
30

�Se terminó de imprimir en la
Impresora Cordón, Dante 2156,
&amp;I 15 de Abril de 1958.

�· INS1,ITUTO DE FILOLOGIA

De1&gt;artamento de Literatura Iberoamericana
El Departamento de Literatura Iberoamericana de la Universida&lt;l
de l\f ontevideo es un servicio perteneciente al Instituto de Filología
ele la Facultad ele Humanidades y Ciencias fundado con el objeto
t1e realizar estudios e investigaciones sobre la literatura continental
ele l1ahla española }' portuguesa, organizar trabajos de seminario e11·
tre profesores y estudiantes y mantener intercambio citfntífico co11
otros centros similares de investigación.
Tanto su biblioteca especializada de más de cuatro mil volúmenes, sus microfilms, sus fotocopias y los ficl1eros preparados hasta la
f ec11a, pueden s~r consulta el os libremente por quienes deseen iniciar
cttalquier estttdio o investigación.
Correspondencia, libros y den1ás publicaciones deben ser remitidos a nombre del Jefe clel Departamento: Alfonso Llambías de Azeve&lt;lo, Cet·rito 73, Montevideo.
PUBLICACIONES

Horacio Q11.iroga y la creacióri artística, por José Enrique Etcheverry.
A la luz de textos olvidados o de difícil l1allazgo, se estudian algunas ideas
del eEicritor sohrr. el arte y los artistas, para llegar por fin a una apreciación de
cómo concebía el cuento, a través de sus propios prinripios de- composición .

.Tavi.er de V ia1ia, modernista, por Taharé

J. Freire.

En esta investigación se demuestra que Javier de Vi a na, como creador fue un
escritor modernista, pero como teórico fue, en carnbio, un sostenedor del realismo.

El romanticis1no de Esteban Echeverría, por Manuel García Puertas.
Se uhicu a este romántico rioplat&lt;&gt;nsc dentro de su generación de acuerdo a
su ideario estético y a sus preocupaciones político-sociales.

Cal'los Rey les, por Luis A. Menaf ra.
El estudio más completo que se haya hec110 11asta la fecha sobre la vida y la
obra del gran novelistq.

Darío y

~loréas~

por Alfonso Llambías de Azevedo.

Investigación sobre fuentes de la poética de Darío, de acuerdo a la rarar.terística evolución simbolista .
•

El ¡Jensamiento de González Prada, por J\tliguel Angel Calcagno.
Estudio de las ideas políticas, sociale~, religiosas y éticas del agudo escritor
peruano, con un aporte final sohre su estilo.

,

�Las publicacio11es del Departamento de Literatura Iberoamericana pueden
adquirirse en las siguientes librerías:

En

~Iontevideo:

A. l\Ionteverde y Cía., 25 &lt;le l\1ayo 577.
Barreiro y Ramos, S. A., Juan Carlos Gó1nez 1430.
Adolfo Linardi, Juan Carlos Gón1ez 1418.
'La Casa del Estudiante, Eduardo Acevedo 1422.
Librería Atenea, Colonia 1263.
Librería Universo, 18 de Julio 1182.
Librería Universitaria, 18 de Julio 1852.
Librería Eylasa, Sarandí 477.
La Bolsa de los Libros, Sarandí 443.

'En

Buenos Aires:
Librería del Plata, Lavalle 558.

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En l\:Iéxico:
Librería de Porrua Hermanos y Cía., S. A., Rep. Argentina y Justo Sierra.
4

En París:
Libraire José Corti, 11, Rue de Médicis.
Librairie des Edition~ Espagnoles, 72, Rue de Seine.
En

~Iadrid:

Librería Espasa-Calpe, Avenida de José Antonio, 29.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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�6MIGUEL ANDREOLI

utilizar para la resolución última de las cuestiones sociales, el expediente de
una intuición que no ofrece ya otra razón que la invitación a la complicidad.
Ambos extremos son ciertos, pero en cuanto al primero de ellos, es decir res
pecto a la reflexión sobre principios normativos de la organización social, hoy
parece más clara la necesidad y la utilidad de continuar con un debate que, si
bien está presente en la cultura filosófica de otros países, entre nosotros tiene
a Vaz Ferreira como un antecedente sin continuidad.
Creemos que para una lectura actual de la filosofía vazferreiriana convie
ne distinguir tres niveles de abstracción, centrándose nuestro trabajo en los
dos últimos, esperando que como resultado quede aclarado el primero.
En primer lugar, es necesario considerar el modo particular en el que Vaz
resolvió la cuestión de la naturaleza de la tarea filosófica que puede realizarse
fructíferamente desde Montevideo. Por una parte reflexionó desde las catego
rías filosóficas más relevantes durante la época más fértil de su pensamiento.
La reacción contra Spencer -junto con una innegable influencia de esta forma
del evolucionismo que persistirá hasta el final de su vida especialmente en las
cuestiones sociales-, la profunda simpatía y afinidad con Stuart Mili, y el en
tusiasmo por la reacción antiasociacionista de James y Bergson, marcan los
vectores principales de su obra. El haber dirigido la atención a la filosofía que
se desarrollaba en los centros de producción intelectual, no lo llevó a la bús
queda de la última novedad. La permanencia de temáticas positivistas, por
ejemplo, remiten a Stuart Mili, y no a los desarrollos del positivismo lógico de
este siglo, a los que parece ajeno prácticamente por completo. Esta perspecti
va significó tanto una limitación como una ventaja para su pensamiento. Es
así que los valores que han recuperado las relecturas más recientes de la Lógi
ca Viva se deben en buena medida a su continuidad con el primer positivismo
inglés. Vaz no se remitió a estas filosofías con la perspectiva del glosador, su
interés no se orientó a la explicitación de significaciones mediante el comenta
rio, sino que lo que pretendió fue pensar con las categorías filosóficas así apro
piadas, los problemas de su circunstancia. Lo más notable de su filosofía está
justamente en esta voluntad de dar cuenta de las solicitudes que emergían de
su situación, en la intención de trabajar, diremos utilizando una expresión de
Foucault, en una ontología del presente.
En un segundo nivel, se impone la consideración de la particular metodo
logía de Vaz Ferreira. Tanto él como la mayoría de sus comentaristas, están
de acuerdo en que buena parte de lo más valioso de su obra radica en el modo
en el que busca delinear un modo de pensar. Pero mientras su concepción de
la racionalidad científica le debe demasiado al positivismo decimonónico, ya
que su imagen de las ciencias naturales está excesivamente próxima a un es
quema de las ciencias que viene desde Comte, cuando no meramente repiten
el sentido común ilustrado de la época, muy otra es la relevancia que para una
lectura actual tiene su concepción de la racionalidad práctica o, para decirlo
en un lenguaje más próximo al de Vaz, el modo en el que considera que se de
ben enfrentar las cuestiones normativas o de hacer. A esta temática dedica
mos la primera parte del trabajo.

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V^IHMMHJ ZVA 3Q OOIQI^nf A1VIOOS OIN3^NVSN3d 13

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�10MIGUEL ANDREOLI

mana, junto con la aceptación acrítica de algunas supuestas evidencias de
sentido común sobre lo social.
Los problemas relativos a lo que debemos hacer tienen, entonces, un ca
rácter central en la obra de Vaz. Lo que debe ser no se nos impone como una
constricción sobre el querer. Lo éticamente aconsejable, y en esto se revela la
influencia del utilitarismo inglés y el pragmatismo norteamericano sobre el
pensamiento de Vaz, no es considerado desde la perspectiva de la exigencia de
prescripciones, sino que queda determinado por los valores que van integran
do el querer efectivo de los hombres sensibles a lo bueno.
Las observaciones metodológicas sobre los problemas de la acción se en
cuentran, en su mayor parte, en Lógica Viva y en pasajes de Un paralogismo
de actualidad, Conocimiento y acción, El pragmatismo y Sobre los problemas
sociales. Se refieren, básicamente, a los modos de llegar a una decisión correc
ta en cuestiones de carácter práctico. Como señaló Grompone, lo que Vaz bus
có fue una guía de la voluntad y razón individuales, "aun en aquellas cuestio
nes en las cuales lo social constituía el centro de la investigación" 4. De este
modo, su individualismo social y político se corresponde con sus reflexiones
metodológicas sobre una práctica, individualmente entendida, que quiere per
manecer atenta a las particularidades de las situaciones concretas..
Es bien sabido que el propósito de la principal obra metodológica de Vaz,
la Lógica Viva, no es contribuir al estudio de la sintaxis lógica o de los procedi
mientos estrictamente formales del razonamiento 5, sino, tal como aparece
enunciado en el Prólogo de la primera edición, lo que quiere es dar lugar a una
"Psico-Lógica", bajo la forma de
"un estudio de la manera como los hombres piensan, discuten, aciertan o
se equivocan -sobre todo de las maneras como se equivocan- pero de he
cho: un análisis de las confusiones más comunes, de los paralogismos
más frecuentes en la práctica, tales como son, no tales como serían si los
procesos psicológicos fueran superponibles a sus esquemas verbales (...)
destinado (...) sólo al fin positivamente práctico de que una persona cual
quiera, después de haber leído ese libro, fuera algo más capaz que antes
de razonar bien, por una parte, y más capaz, por otra, de evitar algunos
errores o confusiones que antes no hubiera evitado, o hubiera evitado con
menos facilidad." (LV, p. 15)
Vaz se interesa por la pragmática de la argumentación, el funcionamiento
del razonamiento ordinario frente a los problemas concretos y, principalmen
te, los errores que de hecho se cometen. Una parte importante de su proyecto
se asemeja a lo que actualmente a veces se denomina "lógica informal". Su ob
jetivo es de carácter terapéutico: ayudar a evitar errores que no son simple-

4.Grompone,. A. M. [1972], p.16. El texto continúa de la siguiente manera: "No consideró
por lo mismo, el lenguaje o las instituciones sociales pesando sobre el individuo y aun el
problema de la lucha de clases lo examinó como un problema moral en el cual debían
estimarse las situaciones individuales y el predominio de la racionalidad en la actitud
que se adoptara".
5.cf. Ardao, A. [1978], p.170.

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11V^I3^^3J ZVA 3Q OOIQIHnf A 1VIDOS OlN3IWVSN3d 13

�12MIGUEL ANDREOLI

rar las cuestiones relativas a los errores que se pueden cometer en la aprecia
ción de la prueba inductiva. Los problemas de los que Vaz se ocupó, en cam
bio, no son los propios de la inducción, sino que atendió antes que nada a la
distorsión que el lenguaje impone al pensamiento y a la esquematización que
lo verbal y lo conceptual producen en el psiqueo. Esta noción de psiqueo remi
te a las ideas de James y Bergson sobre la fluidez y continuidad del psiquismo, contrarias al asociacionismo del que Mili participaba plenamente. Vaz
consideraba que la difusión de la nueva perspectiva de James y Bergson sobre
la vida psíquica, constituía uno de los hechos más notables de la cultura de la
época 8. Como mérito principal, le atribuyó el haber contribuido de un modo
decisivo a la denuncia del carácter "fijante" y "esquemático" de la categorización conceptual y de las exigencias de la expresión lingüística, que las inhabi
litaría como accesos válidos a la realidad de la interioridad síquica.
Entre los sofismas que la lógica tradicional no había considerado, Mili in
cluyó los llamados sofismas de confusión, producidos por las insuficiencias de
la conceptualización y de la expresión. Pero mientras que para el filósofo in
glés de lo que se trata es de superar la confusión mediante un mejor manejo
del pensamiento y del lenguaje; para Vaz, en cambio, tales confusiones consti
tuyen señales de la insuficiencia en principio de todo lenguaje para expresar
la interioridad 9. Los errores que de aquí derivan, antes que algo que pueda
ser finalmente reducido, son el resultado inevitable de las limitaciones del ins
trumento que el espíritu utiliza para expresarse.
Obtenemos otro modo de apreciar la distancia entre la obra de Vaz y la de
Mili, si consideramos la distinción que éste último introdujo entre errores in
telectuales y morales. Los primeros conciernen directamente a la mala aplica
ción de las reglas del raciocinio; en los segundos se distinguen dos clases fun
damentales: los debidos a "la indiferencia por la adquisición de la verdad" y
los que provienen de "las inclinaciones" 10. Mili excluía del alcance de su obra
el estudio de las fuentes "morales" del error, dado que entendía que si bien
factores tales como las inclinaciones pueden predisponernos a la equivocación,
las falsas creencias provienen más bien del "hecho intelectual de la admisión
como suficientes de pruebas insuficientes" 11. Vaz, en cambio, centró su inte-

8."La intención de la lógica viva, su significado profundo, es la promoción de un nuevo
modo de pensar, más amplio, más sincero, más comprensivo que el habitual, mediante
la mostración de lo concreto, lo vivo del pensamiento que se agita por debajo del esque
ma verbal en que se le formula para expresarlo" Ardao, A. [1961], p.33. Para la relación
entre esta concepción de Vaz Ferreira y su abandono, a partir de Dos paralogismos pe
dagógicos y sus consecuencias (1903), del asociacionismo psicológico -al cual pertenece
plenamente Stuart Mili- en la dirección de atender la "vida psíquica" al modo de Berg
son y James, ver Ardao, A. [1978], p. 189 y sgts. Excede a nuestra investigación la eva
luación de esta concepción de Vaz. Sin perjuicio de algunas salvedades que se harán
más adelante, entendemos interesante la crítica desarrollada en Castro, D. y Langón,
M. [1969], en particular caps. I y II.
9.cf. Paladino, J. [1962], pp. 10 y sgts.
10.Mill.J. S. [1917], p.725.
11.Mili, J.S. [1917], p.727.

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1VHI3HHHJ ZVA 3Q ODIQI^nf A 1VIDOS 01N3INVSN3d 13

�14MIGUEL ANDREOLI

Su idea de "solución perfecta" de los problemas explicativos, puede ser in
terpretada en dos sentidos: i. solución única y definitiva, que permite concluir
con problemas del tipo de "si la Luna tiene o no atmósfera"; ii. solución sin in
convenientes.
i. En la primer acepción, y tratándose sólo de determinar si se dan o no
ciertos hechos 14, la pretensión de que estos problemas'son pasibles, por lo
menos en principio, de "solución perfecta" puede ser entendida -si dejamos de
lado las dificultades que plantean la relación entre teorías y hechos y los cam
bios de marcos conceptuales- de un modo coincidente con el sentido común y
con concepciones epistemológicas de raigambre empirista. En cambio, no es
tan claro saber lo que quiere decir cuando sostiene que las cuestiones de obrar
no son susceptibles de una resolución del mismo tipo, ni siquiera como modelo
a realizar.
En la perspectiva de la teoría actual de la elección racional, se puede afir
mar que la cuestión de qué alternativas están abiertas a la acción tendría la
misma naturaleza que las cuestiones explicativas y saber cuál es la opción
más ventajosa, utilizando criterios de medición de costos y beneficios relativos
a una cierta configuración de preferencias, es un problema que en muchos ca
sos admite una única solución correcta, o bien, por lo menos, supone que se
puede establecer la equivalencia de dos o más opciones, dadas esas preferen
cias. Habría así, en materia de decisión, resultados válidos eventualmente tan
únicos como los que se buscan en los problemas de hecho. En la medida en que
este tipo de tratamiento de las condiciones de la elección racional formaliza
las exigencias generales de resolución racional de problemas que se le plan
tean a la acción instrumental y estratégica, el hecho de que la posición de Vaz
no pueda ser entendida de esta forma, se debe a que su idea de la práctica, en
particular respecto a los problemas sociales, parte de supuestos radicalmente
diferentes.
ii. Más directamente comprensible es el segundo sentido de la distinción
entre los tipos de solución. Hay más de una alternativa en lo que puede ser te
nido por "inconveniente" en la solución de una cuestión explicativa, pero como
mínimo se puede suponer que estimamos que hemos alcanzado una solución
satisfactoria -"sin inconvenientes"-cuando creemos que hemos llegado a con
tar con la mejor candidata a ser la solución correcta. Cuando, en cambio, se
trata de optar entre cursos de acción, es probable que todas las alternativas
impliquen costos. El error radicaría en confundir las condiciones de satisfac
ción que ha de cumplir la solución en uno y en el otro tipo de problemas: pode
mos esperar que las soluciones a los problemas cognitivos no obliguen, en
principio, a renuncias en el logro que se persigue; mientras que en el caso de

14. "¿Tiene la Luna atmósfera?" (LV, p.92); "¿Existe algún planeta exterior a Neptuno?"
(ibid.); "si el radio cura o no el cáncer" (LV, p.91); y, con salvedades, porque "se superpo
nen otras dificultades de orden verbal", "si el hombre es libre" (LV, p.92). Para todos es
tos problemas "siempre la solución es posible (si es que hay problema real)" (ibid.).

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jBuiuiBO ap [Bjn^Bu BjauBui Bun X^q ouiod b o3o{^uB op'oui un ap 'so^sand
-uii ap u9pBoqdB B{ ap ja ouioo sa{B^ SBUia^qoad jaAfosaj ap aJopBaJ^ \b jod
Bpnapi a '[Bjn^BU Bjaunuí Bun^{Bw Xuq anb ap Bpuaajo B^ 'ouisqBpuapiAoad
ap apadsa Bun sa opuBnpB ^^sa saoaA b anb o\ anb B|Buas 'sajvpos sviudjqoud
so] duqog ug sbapbuuou sauopsano sb{ ap pnppqpadsa B| jaA apiduii B^s^
anb Ye% soApnoqdxa SBiuajqojd so| a^uB pn^ipB B^ ap pBpuoud Bun ^Bq pnbjod
'uopoajip B^sa ua a^uauíBspajd Bp as uoisnjuoo b¡ pnbjod sa 'BzqBUB ou anb o\
ojaj soAisaadxa so^ispdoad so^ap BJBd afón^ua^ jap uop^noap^ui b[ ¡Bipn^sa
anb souisiSojBJBd so{ ua JBjado BiaA jBjauaS ua anb Bsnno ^\ Bja^nqu^B a{ anb
^nuí sg a^uanoa^j Xnuí Bjapisuoo 'a^nd bj^o jod 'anb B[ b 'bpbjbj
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anb sajuamanuoom uoo R uvSau uapand as ou anb svfvjuan uoo svjja svpoj
zan jvj 'safuaiuanuoouj a svfnjuan uoo 'sajqpod sauopnjos uos Rvy anb ojn
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^ivymy^aj zva hq coiaianf a ividos oiN3iiMvsN3d 13

�16MIGUEL ANDREOL1

de tratar mal las cuestiones normativas, tiene también un efecto conservador,
ya que "la tendencia a buscar en esta clase de problemas soluciones perfectas,
hace que los hombres tiendan a rechazar la innovación, porque como se dice
en la práctica, no resuelve el problema" (LV, p. 102). En materia social hay
una resistencia de lo existente, un efecto de inercia, tal que los proyectos de
modificación sufren una distorsión de la perspectiva, destacándose sus incon
venientes sobre las ventajas que pudieran tener. Pero, en una nota al mismo
texto, Vaz hace la salvedad de que "También podría decirse, al contrario, que
el sofisma en cuestión es un sofisma innovador: como las instituciones existen
tes tienen casi siempre defectos, la suposición de que pueden haber soluciones
perfectas lleva a desear y a procurar el cambio (...) En realidad ambas cosas
ocurren" (ibid.). Si el paralogismo puede tener tanto un efecto conservador
como innovador, hay que entender que lo característico no es la dirección del
efecto, sino el hecho mismo de la eficacia. Lo que importa es la existencia de
actitudes, ya sean conservadoras o innovadoras, que por medio de la conside
ración indebida de las cuestiones normativas, se autoverificarían. La estructu
ra del paralogismo genera una forma particular de error en la consideración
de ventajas e inconvenientes en los asuntos prácticos; su dinámica depende,
en cambio, de las actitudes desde las que se produce el sesgo de la pondera
ción. El resultado es el fracaso del proceso necesario para una buena elección.

3. El proceso de la decisión
En el apéndice agregado a la edición de 1919, Vaz introduce indicaciones
sobre el modo en el que estima que deberían ser tratadas las cuestiones nor
mativas. Señala tres momentos en el proceso de su resolución, para cada uno
de los cuales habría formas propias de cometer paralogismos:
"El examen de una cuestión normativa, comprende tres momentos. Primer
momento: investigación o determinación de todo lo que podría hacerse o
desearse; especificación de todas las soluciones que podrían tomarse. Se
gundo momento: estudio de las ventajas e inconvenientes; más comprensi
vamente de los bienes y de los males, de cada una de esas soluciones. Y,
tercer momento: elección. (...) En cada uno de esos tres momentos pueden
cometerse diversos errores y paralogismos" (LV, p. 105)
3.1. Todo lo que podría hacerse o desearse
Una elección racional requiere la debida consideración de las alternativas
disponibles desde la situación en la cual se decide. El error frecuente en este
caso es de omisión: no tomar en cuenta todo lo que podría hacerse, ya sea por
no haber tomado en cuenta opciones, o por dejar de lado opciones que serían
combinaciones de otras ya pensadas, o grados dentro de lo ya considerado (LV,
p. 106).
Veamos un caso de lo que Vaz consideraba una buena solución no pensa
da. Se trata de la discusión entre los partidarios del divorcio por voluntad de
las partes, y sus opositores, quienes invocaban la "necesidad de conservar la

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�18MIGUEL ANDREOLI

tas de crítica que, creemos, no alcanzan a superar sus planteos: a) en un caso,
se lo interpreta bien, pero la crítica no asume la complejidad del problema; b)
en el otro, no se lo entiende.
a)Ceruti Crosa sostuvo que, al contrario de lo que pensaba Vaz, la natu
raleza de los problemas planteados en este primer momento del tratamiento
de las cuestiones normativas -y en general en todo el proceso de la decisión-,
es del tipo de las cuestiones explicativas 19 y, por lo tanto, plenamente reductible a procedimientos de carácter científico.
b)En el otro extremo, se ha afirmado que, en Vaz, "La cuestión normati
va es siempre entendida como una cuestión de tipo técnico: elección de medios
para fines" 20, y que, en consecuencia, "el resultado de la acción será mensura
ble estrictamente en términos de eficacia", por lo que nuestro autor coincidiría
con el tipo de enfoque para el cual, en las cuestiones normativas, "la 'solución'
tiende a fundirse con la de las cuestiones explicativas, suponiendo de esta ma
nera, fines dados, sin discutir la estructura de valores desde la cual esa con
ducta tendría sentido" 21.
Ni Vaz reduce lo normativo a lo explicativo, ni un proyecto de este tipo
aparece como particularmente prometedor, ya que su ejecución requeriría o
bien volver a alguna forma de una filosofía de la historia donde el proceso his
tórico combinara a la vez facticidad y necesidad ética, o bien simplificar el mo
mento de lo normativo -que en el sentido que lo entiende Vaz incluye todas
las instancias de evaluación- bajo la forma de la generalización de algún tipo
de motivación.
Respecto a los modos de dar cuenta de la relación entre lo normativo y lo
explicativo, es posible diferenciar las siguientes posibilidades: 1. la reducción
de lo normativo a lo explicativo, y consiguientemente la reducción de los pro
blemas prácticos a cuestiones de índole técnica, ya que lo que habría que de
terminar, a partir de una situación, es lo que de hecho sería posible en rela
ción con fines dados, por lo que las discrepancias en la orientación de la acción
podrían ser resueltas en términos de acierto y error; 2. la reducción de lo ex
plicativo a lo normativo, con lo que los problemas de estructuración social que
dan más o menos reenviados a opciones éticas de los individuos, y la estructu
ra social se ve como particularmente maleable según las opciones y preferen
cias de los sujetos; y 3. el mantenimiento de la distinción entre los dos tipos de
problemas, pudiéndose considerar, dentro de esta perspectiva, a las cuestiones
normativas como racionalmente resolubles -tal es el caso de Stuart Mili- o
como en última instancia resistentes a la racionalidad -como sucede en Weber-, en tanto que lo explicativo supondría la construcción de una ciencia de la

19.Con énfasis crítico contra la distinción entre lo explicativo y lo normativo, Ceruti Crosa
señala que "Los dos primeros momentos del 'verdadero método' no pueden ser cumpli
dos sino desde un punto de vista 'explicativo', en cuanto ese método sea dirigido hacia
la realidad social", para lo cual remite a la interpretación del materialismo histórico de
la Tercera Internacional ([1946] p. 33 y sgts.)
20.Castro, D. y Langón, M. [1969], p.37.
21.Castro, D. y Langón, M. [1969], p.38.

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�20MIGUEL ANDREOLI

La crítica de Mili dibuja un retrato anticipado de la postura de Vaz ante
los problemas sociales. El filósofo uruguayo no desconoce, obviamente, el he
cho de que todo proyecto social se enfrenta a limitaciones y condicionamientos
que, en una medida importante, pueden ser conocidos empíricamente, pero su
pensamiento, en este aspecto, no va más allá de la indicación general de que
hay que tener en cuenta lo posible o, a lo más, algunos rasgos de la naturaleza
humana, y su esfuerzo, en cambio, se dirige principalmente a determinar cuál
es el orden de cosas deseable 27.
En un Psicograma de Fermentarlo, Vaz acepta la existencia de leyes so
ciales, con la salvedad de que "habría que estar mucho tiempo explicando en
qué sentido" (F, p. 181), lo que luego no hace 28, limitándose a avanzar una
analogía con las leyes físicas. Indica que la existencia de leyes sociales no obs
taculiza las reformas, pues sostener tal cosa sería como afirmar que "porque
hay leyes de gravitación, resistencia de materiales, etc., no se puede reformar
la arquitectura." (ibid.). Pero, en general, a lo largo de su obra, parece confiar
en una reflexión atenta, antes que en la contribución que pudiera provenir de
una ciencia empírica de lo social.
La actitud de Vaz en relación con las ciencias sociales de la época, integra
una historia intelectual compartida por la generación formada en la Universi
dad nacional del último cuarto del siglo pasado, y en la que, tal como señala
Ardao, se vivió, dentro de un proceso compartido en varios países de América
Latina, el dominio del positivismo primero y "la parábola de su ascenso, auge
y declinación" después

.

El positivismo se constituyó en la mentalidad dominante de las clases
ilustradas, a la vez que proveyó una imagen del quehacer científico particular
mente influyente. La ausencia de una tradición consolidada de investigación
científica en nuestras sociedades contribuyó a que la idea de la ciencia en intelec-

27.En un proyecto del año 1929, cuando desempeñaba el Rectorado de la Universidad de la
República, en la propuesta de formación de un Instituto de Estudios Superiores, en el
ord. 6o del art. 3o se disponía la creación de una cátedra "de ciencias sociales y económi
cas con aplicación especial al problema social". Mientras en el caso de las ciencias natu
rales y en el de la matemática, su prédica estuvo orientada a defender un ámbito propio
para una investigación separada de las urgencias de la aplicación, en cambio, cuando se
trata de ciencias sociales siempre remite a la orientación de éstas en el sentido de ser
fuentes de propuesta para lo que Vaz consideraba "los problemas sociales". La impre
sión que dan sus textos es que creía que cuando en este campo se abandonaba un con
tacto más o menos inmediatos con las grandes urgencias prácticas, se caía en la falsa
sistematización o en alguna suerte de formulismo vacuo.
28.Carlos Mato señala que "Hemos encontrado reiteradamente, como una constante de sus
desarrollos, esta estructura: 1) se apoya en una serie de proposiciones a las que enfoca
críticamente; 2) alude a un nivel superior de la cuestión que no presenta con el mismo
rigor con el que comenzó la crítica; 3) finalmente su pensamiento se pierde en la ambi
güedad", en (1967) p.9. Coincidimos con estas observaciones, salvo que creemos que en
buena medida la ambigüedad se debe a la dificultad de las cuestiones planteadas y al
cuidado de Vaz en no caer en soluciones hechas. Además tal ambigüedad se reduce
cuando se considera el conjunto de su obra que, más allá de un cierto aspecto de disper
sión, está dotada de una fuerte unidad de dirección.
29.Ardao, A. [1968], p. 251.

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�22MIGUEL ANDREOLI

desenvolvimiento de las sociedades, pero que en realidad $e iniciaba con un
conjunto de abstracciones derivadas de los supuestos de la filosofía evolucio
nista, a partir de las cuales procedía luego por deducción: "Empezaba con un
esquema evolutivo al cual había llegado deductivamente; de ese esquema deri
vaba la necesidad de ciertas fases, y después prestaba carne y sangre a esas
fases abstractas por el método del ejemplo, tomando de aquí y de allá los que
parecían ajustarse a su sistema" 36. La unidad del sistema daba un aspecto de
acabamiento y fuerza de certeza al tipo de concepciones que a través de él se
veían ratificadas.
Su difusión formó parte de nuestro proceso de modernización cultural, y
lo que de este positivismo sobrevivirá, también en el caso de Vaz, será la sín
tesis de la idea de evolución y mejoramiento con los supuestos del laissez faire.
El sistema, en cambio, será progresivamente olvidado.
Vaz pasó de una inicial admiración estudiantil por la obra de Spencer, a
juicios más cautelosos, para llegar a un fuerte rechazo a lo que consideraba un
ejemplo acabado de los males de las sistematizaciones indebidas 37: dogmatis
mo, tendencia a acomodar los hechos a las abstracciones, unilateralidad, in
comprensión del pensamiento ajeno, cerramiento ante la riqueza de ideales
posibles (en varias oportunidades, en particular en XTV, p. 154 y ss.). Califica
a Spencer como "gran constructivo", autor de un "inmenso pero deleznable edi
ficio", del que sólo son utilizables algunos ladrillos (MI, p. 190).
Spencer es para el filósofo montevideano el paradigma de la "sistematiza
ción forzada" y de la "falsa precisión", (LV, p. 289), fácil recurso de ejemplificación, para quien enseñara la lógica viva, del error de pensar por sistemas reali
dades complejas, ante las cual^s lo verdaderamente conveniente es proceder
por ideas a tomar en cuenta. El error en el que se cae al sistematizar indebida
mente consiste en pretender extraer "de una observación exacta o de una re
flexión justa (...) una regla fija, (...) una norma que nos permite, parece, resol
ver todas las cuestiones" (LV, p. 154-155). Así se produce una ilusión de certi
dumbre y de fertilidad. Pensar por ideas a tomar en cuenta, en cambio, es más
difícil. En este caso siempre queda una cierta insatisfacción, porque no se da
una fórmula para determinar cuando, dentro de qué límites o en qué grado se
han de utilizar tales ideas. Para Vaz pensar por sistemas equivale a pensar
por una idea, y según él, debe haber una estrecha correspondencia entre la

complejidad del tipo de realidad a considerar y la complejidad del conjunto de
ideas a utilizar para aproximarnos a ella. Las cuestiones sociales -las más

36.Timasheff, N. [1961], p.62. Una observación similar hace Vaz en 1918: "en él, aun cuan
do los hechos aparezcan siempre motivando aparentemente las generalizaciones, al con
trario, y en muchos casos, las generalizaciones han venido primero y los hechos han
sido ordenados y buscados después" (XTV, p.154)
37.Señala Claps [1972], p. 18, que a partir de 1913-1914, Vaz consideró que su reacción
contra Spencer había cometido el exceso de desconocer partes valiosas de su obra, en
particular su interpretación del utilitarismo. Ya cerca del final de su vida, en una confe
rencia del año 1950, expresa, en relación con Spencer: "¡cuánto había que corregir en
aquel pensador, cuyo temperamento absoluto le hizo mezclar tantas ideas equivocadas
con las verdaderas y fecundas que hay que agradecerle!" (XI, p.244)

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Bun uoa 'Bpipqipj pBpqBUopBJ Bun 'uppov ^ ojudiiuioouo^ ua Bpuaaja B^ ap
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\e% ap 'B^uana ua Buic^ anb snapi unSas a^uauíBap^uíSop Buopunj unuioa opp
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'oidpuud ua 'SBuia^sis ap upparupuoa B{ anb :BsaaAUi u^pBaqduii B
BJBd a^uapgns c^uauín^jB sa ou opa o jad 's^uiapis ap bulioj B^ ofteq
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jod pBpiApiasB-u9pBzpBuiapis sa opuB{iuiiSB 9^sa zba P^P-^^ ua anb oq

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u9pB^uasajd ns ap s9abj^ b anb aoip boisjjbpj^ B{ ap a (^91 ^ 'Al) ^U9UI ^I
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SB^sqBuapui so3opiq jod o^ui^sui {ap Bpuajaq b{ ap U9p^3au B{ ap 0{duiafa
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•Buiapis {ap osbobjj {ap osbo p BisBuiompuB
jod UBuas -a^uio^ b a^xuiaj anb uppBAjasqo Bun un^as 'sBpo^ ap SBfó{duioo

ÍZVai3^H3H ZVA 3Q ODIQíanf A 1VIDOS OlN3MVSN3d 13

�24MIGUEL ANDREOLI

ñas analogías con la posterior concepción falibilista, también hay diferencias
que indican distancias importantes entre ambos modos de dar cuenta de la re
lación entre práctica y conocimiento.
Tanto en Vaz como en el racionalismo crítico, se sostiene la existencia de
una autonomía relativa del momento evaluativo en los problemas de la acción.
Para el racionalismo crítico, tal como lo presenta Hans Albert, explicitando
implicaciones de tesis popperianas: "los resultados de la investigación socioló
gica y sicológica pueden ser relevantes para la solución de problemas morales,
pero sería muy difícil probar que estos resultados ofrecen tales soluciones
para esos problemas", ya que "las decisiones de la praxis no pueden obtenerse
solamente de conocimientos" 41. En ambas perspectivas, aunque de modos y
con énfasis distintos, también se niega la separación absoluta entre conoci
miento objetivo y decisiones existencialmente significativas. Pero mientras el
racionalismo crítico invita a considerar los principios éticos como hipótesis,
eventualmente rechazables por el avance de los conocimientos científicos,
siempre que se admita el principio de que el deber ser implica el poder 42, en
Vaz más bien hay una cierta inmunización de las creencias morales básicas a
la crítica del conocimiento disponible. Su insistencia en la necesidad de gra
duar la creencia, de no buscar certezas absolutas para fundar la acción, tiene
obviamente una resonancia que parece conectar con los desarrollos posteriores
del racionalismo crítico, pero la conclusión que de aquí extrae es de otro tipo.
Mientras que para el racionalismo crítico tan provisorios son nuestros conoci
mientos objetivos como nuestras creencias morales 43 y, en este aspecto, la im
posibilidad de la certidumbre no es obstáculo para que los primeros corrijan a
las segundas; para Vaz, en cambio, si el conocimiento que podemos tener de
las consecuencias previsibles de nuestras acciones es siempre imperfecto, no
debemos dejar que éste afecte nuestros principios morales: "Si progreso ha ha
bido en lo intelectual como en lo moral, ha sido, justamente, gracias a los que
han perseguido la verdad desinteresándose completamente de las consecuen
cias" (CA, p. 136). Si la previsión de los efectos de una acción orientada según
un principio, es el "pago" -según el lenguaje mercantil al que era afecto James
y que aquí Vaz recoge— que podemos esperar de ese principio, "la conducta
práctica verdaderamente razonable y útil, aun pragmáticamente, consiste en
no pensar en el pago" (CA, p. 139). Esta negación de que las opciones morales
deban ser afectadas por las previsiones de las consecuencias que pueden im
plicar los cursos de acción, marca una diferencia importante con la actitud del
racionalismo crítico ante la práctica. La propuesta popperiana de una ingenie
ría gradual ^^ en las cuestiones sociales supone que los individuos acepten
transacciones no sólo respecto a los fines, sino que además estén dispuestos a
modificar sus valoraciones dados los efectos previsibles.

41.Albert, H. [1973], pp. 88 y 100.
42.Albert, H. [1973], p. 112.
43.Salvo en lo que tiene que ver con el compromiso básico con la racionalidad, tal como
afirma Popper [1957].
44.Popper, K [1957].

�•ajqisod
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bj ap 'Buap bj ap papaidoíd bj ap U9psano bj sas bX 'sajBioos SBuiajqojd soj
b U9ionps ap Bjsandojd ouioo 'Buupop ouioo Bjuano ua buioj oj 'jbioos ojuaiui
-Bsuad ^a Bjapisuoo anb ajduiais 'zaA bj b 'o^ad 'jBpos Bpuap bj ap Bpua^spca
bj JB^daoB aoajred uaiq 89j^[ BzpBuia^ bj 'oppsisui soraaq ouioa 'oooduiB^ ojad
'jBpos oj ap Bpuap Bun ap papijiqísod bj a^uauíBsajdxa aXnpxa Baun^q jBpos
oj ap oxuiuiop jap oog^uap o^uaiuipouoa jap upponj^suoo bj 'a^uauíB^snf '^pas
jBnpa B8JB^ Bun anb .Moua^uB oj ap UBjBj^^a sBi^siApisod soj anb ouBjojoa ja
sa zba a^ a^uasaad 9^sa ou anb oj ojaj (0TT-60T d 'á) (souaui jb
BJapBpjaA sa ou anb 'jap^JBD asa ap uqp^oijdxa Bun ap 'X (• •) Bqaaq uaiq
ou una anb uoud v jbuliijb apand as 'bjj ^od opo^ jBoijdxa opuaipua^aad o 'of
-ajduioo souaui oj ap Bpuap bj^o b opuB^iuii B^uasajd as '(p^pijBa bj^o ap soqa
-aq ap a^uauíajdmis o) opBAaja s^ui uapjo un ap o 'sofajduioa s^ui soqaaq ap Bp
-uap Bun opiren^,, :g^ a^uio^ b a^xuiaj anb ooiuquouipap ouisiApisod jap
un sa 'osbo jauíud ja ua sooq^uap so^uaiuiipaoojd soj ap joXbui X
jap U9ZBJ B^sa jod u^ioBoijdxa bj a:juauia^uain3isuoo X 'jBjaua^ ua
souau^uaj soj X jBpos oj 'ooi^9jooisd oj ap pBpifajduioo bj b a^uajg
SBpuap sbj ap o^afqo jap pBpioijduiis joXbui Bun ap Bapi Bq

(PSl d 'Al) und
-um spiu opoiu pp X uQipdno vpvo uvutvuvxd svjp uoo X vju^no ua ^aua%
vuvd svapi uod uvsuad ap vpuaiuanuoo vj X 'smuapis uod uvsuad ap souS
-ipd o] :sa o^sa íojxaj jap oj • "saauoj.ua oo^opud oj ua opvuS oijdiuv Anuí ua
X 'jmoos oj ua 'v^/osojij vj ua 'vunjvuapj vj ua X 'vj^ojootsd vj ap X 'jvjoui
vj ap sauapip soj ua 'X '.svfajduioo spui svsoo ap vjvjj as anb vptpaui yu

:(6¿I d 'Al)
opfqo ns ap BzajBjn^Bu bj b asjB^snÍB ou jod sajBJOui suuiajqojd soj ap o^uaiui
-b^bjcj ja BJBd BpBnoapuui a^uauíJBjnoipBd u9jquiB^ sa uqioBz^Buia^sis Bq
(18 d \LcíS) s^l1^111-1^ Jd JBSuad (•••) ojoau-iput jvsuadunn jod jBaa oj
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SBUia^sis soq *(88T d 'j^^S) aSBpoj sbj ap Bun BpBO b U9ZBJ ap oood un JBp b
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-und un 'a^uaureoiun 'opauío^ uuq sbjjo^j sbj a^uauijBjaua3 ouioow anb bX 'u9p
-Bqpuoo ap n^jjdsa un opuapnpoj^ui 'sajBpos SBuiajqoad soj ap U9pnjos bj
b BpnXB o^uaiuiBsuad ap buuoj Bjsa ap papijBjajBjiun bj ap uqioBjadns bj 'opp
-uas ouipjn a^sa ug -ooip?id X ooupaj joxia un sa SBuiajsis jod JBsuad jg
'soppnpaj
souaxn o s^ui sisa^diq ap sojunfuoo ajuauíBjos ou 'supoaj jbjsbjjuoo Bsaaajuí
'oiqureo ua 'ooijjjo ouisqBuopBJ ja ug sauopBjnjaa sbj b o3ap 'opBj^ un3jB ua
'aAjanA as Buia^sis un auapsos uainb anb Buipsa sand 'sapuaajo ap sBuiajsis
b ou X sBpuaajo b ajapaa as zba nb Bjuano ua jbuioj anb Xuq s^uíapy

szvaiH^aaH zva aa ooiai^nr a ividos OLNHiwvsNad la

�26MIGUEL ANDREOLI

diata intencionalidad práctica: el pretendido descubrimiento de una ley de
evolución, era a la vez la postulación de la idea de progreso como norma de
evaluación de los fenómenos sociales; pero el objetivo práctico venía imbricado
en el proyecto de creación y desarrollo de una ciencia de lo social. Nada por el
estilo hay en Vaz.
En caso de que hubiera efectivamente considerado las exigencias de una
ciencia de lo social, dado el horizonte intelectual que toma como punto de par
tida, Vaz se habría visto enfrentado a la contradicción existente entre algunas
tesis características del modo positivista de entender las tareas de una ciencia
social y el individualismo. Por una parte está el problema general de la com
patibilidad entre una concepción de la ciencia como descubrimiento de leyes
deterministas y la libertad humana. La forma de solución a la que apunta en
Libertad y Determinismo es característicamente no positivista. Pero además, y
éste es el caso del evolucionismo spenceriano, hay una tensión particular en
tre organicismo social e individualismo político, irresoluble dentro de los su
puestos mismos de la teoría. En el Apéndice de la Primera Edición de Lógica
Viva, Vaz señala, respecto a Spencer, que "su teoría del 'organismo social' lo
llevaría lógicamente al socialismo, y, por inconsistentes distinciones verbales,
se defiende de ello" (LV, p. 289) 46. El socialismo no está implicado en el orga
nicismo, pero, y esto es lo que hay de cierto en lo que sostiene, un organicismo
consecuentemente desarrollado conduce a consecuencias incompatibles con el
liberalismo ético y político -aunque no necesariamente con el económico- y en
verdad las salvedades que Spencer añade para evitar esta conclusión, enun
ciando diferencias entre organismo y sociedad luego de haber usado extensa
mente la analogía, parecen ser en buena medida "distinciones verbales".
La ausencia en Vaz, de una reflexión expresa sobre las ciencias sociales,
junto con una cierta indistinción, no argumentada, entre teoría social explica
tiva, por una parte, y propuestas normativas ante los problemas sociales, por
otra, no significa que en nuestro filósofo no haya una reflexión compleja sobre
las relaciones entre conocimiento y evaluación en materia de acción. Debere
mos buscarla de otro modo.

El pensamiento de Max Weber sigue siendo un punto de referencia sobre
estas cuestiones, por lo que, si bien el neokantismo no integra el horizonte cul
tural de Vaz, conviene recordar brevemente algunas de sus tesis. Al discutir,

46. En el mismo sentido, en una Conferencia del año 1950, señala entre los errores de
Spencer: "el hecho de haber escrito una extensísima Sociología en que apura hasta el
extremo detalle el concepto organicista, esto es: la comparación de la sociedad con los
organismos, sin pensar que, en los organismos animales, el progreso consiste en el au
mento del dominio del gobierno (el cerebro) a expensas de los individuos (células), en
tanto que para un 'individualista' ¡y él lo era más que nadie! el progreso debía consistir
precisamente en lo contrario: en el crecimiento de la libertad de los individuos y en la
reducción del poder del Estado (es, tal vez, el caso más impresionante de contradicción
que se haya presentado en la historia del pensamiento)" (R, p. 245)

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U9pnps BXna 'svoi^spjd sauo^sano aj^ua uppupsip B[ 'a^uauuoo ssa ap oopua
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-anq ouiod souBuia-uajzBA so^uauín^jB soj Jina^suooaj uapand as 'sBuiapy ba
-p^aqdxa U9psana Bun ouioa a^uauíajduns 'sBApBUja^p sb^ ap uppBuiuuapp
B| jpap sa 'U9poap B[ ap o^uauíoui jauíud ^a aqpuoa ou sBuiapB anb ouis '
-uauíapsui s^uiaiqoad b sbai^buijou sauopsano sb{ b^uiisb ou zb^ o^ps
(901 ^ 'Al) pB^unpA Buanq Bqonuí X
pBpuaauís Bqanuí uoa X oqonuí jBsuad [a oa^bs 'BapoBjd B{Saj XBq ou,, anb ibo
-ipui b B^uiq as SBpBsuad ou utib SBApBUja^^ ap u^pBjapisuoa B[ b opadsaa
'oppuas a^a ug sauopsano ap sodp sop so[ jBpuaaajip Bosnq o^uaiuiBSuad ns
a^uauíBuopu 'o^uauíoui jauíud apa ua JBzqBaj ap Bq u^ixa^aa B{ anb b^jb^ b^
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-uajjua 'anb baipjo^ba U9[3isod ap buio:[ Bun sa pBpqBuoioBJ B[ ap BApaadsjad
B[ ap buisiui u^pdopB B[ 'jaqa^ B[Buas 'ojad 'sauopBJO[BA sb[ j^pajB uap
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as is 'anb opaio sg • buisiui baipjo[ba U9paa[a B[ ou ojad 'ji^a[a ap Bq anb
opfns [a Bpuanoua as anb b¡ a^uB sbjo[ba a.pua opiyuoo ap upiaBn^is B[ ap 'so^
-oaja ap souiuu^ ua uaiquiB^ 'uppBuiuuapp B[ X -sa[qisiAajd supuanaasuoo
X soipaui- U9I3DB B[ ap sa[B^uauinipui sopadsB so[ 'saouo^ua 'Buapuaaduioo
'[BuopBJ BpiA ap opind un apsap 'a[qipiDap a^uauíBAipfqnsja^ui og • . asa^uap
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a^ua Bpua^aduioa b¡ ap sBapa^jd SBpuanaasuoo sb[ (o 'sop^punaas sopB^[nsaj
sa[qB^iAaui so[ (q 'soipaui sa[qB^iAaui so[ (bm jbj^soui sa '[BuopBJ upispap Bun
jbzi[B3j Bjainb uainb BJBd '[Bpos o[ ap Bouiduia Buqdpsip Bun ap uppnqu^uoa
B[ anb BiujyB JaqaAV 'sBapipd sauoisioap ap Bua^Biu ua sa[Bpos sBiauap sb[
ap [adsd [a ',. I6T ^p auuojuí un ap jpjBd b '¿X6T ua opBDi[qnd oXBSua un ua

LZVai3^M3J ZVA 3d ODIQIMnf A 1VIDOS OlN3IINVSN3d 13

�28MIGUEL ANDREOLI

distinción con la que se plantea en la Lógica Viva (LV, p. 74 y sgts.) entre las
cuestiones de palabras -en las que, admitiendo los mismos hechos, se discute
sobre el significado de las palabras- y las cuestiones de hechos -en las que se
trata de determinar cuales son los hechos-.
Las cuestiones de hecho son no plásticas, pero las cuestiones plásticas, si
bien en ellas predomina el aspecto interpretativo, no por eso serían puramen
te verbales, ya que el cambio del esquema desde el que se interpreta la per
cepción no es un mero cambio de nombres. La dicotomía cuestiones de pala
bras-cuestiones de hecho no cubre adecuadamente la diversidad de problemas
de la que Vaz quiere dar cuenta. Ni todo lo no verbal es de hecho -salvo que
ampliemos el significado del término "hecho" más allá del uso natural que Vaz
parece estar dándole- ni todo lo que no es de hecho es meramente verbal.
Tómese en cuenta lo que sucede en materia práctica, donde la determina
ción conceptual de una alternativa implica también problemas que estricta
mente no son ni de hecho ni verbales:
"El otro Bruto, el que condenó a sus hijos, ¿fue un filicida? cuestión tam
bién en parte de palabras, pues todos admitimos lo que Bruto hizo; admi
timos los mismos hechos: discutimos si se debe o no llamar filicida. Pero
es evidente que (...) con la cuestión de palabras está fundida una cuestión
que no es puramente verbal" (LV, p. 81-82).
Se ha intentado dar cuenta del tratamiento que Vaz le da a los adjetivos uti
lizando categorías de la semántica actual, en el sentido del destaque de la varia
ción de su connotación según la relación con el sustantivo al que califican 51. Más
precisamente, en esta línea de lectura de la obra de nuestro filósofo, se ha di
cho del pasaje anterior que Vaz "Llama la atención sobre las cuestiones afecti
vas (esto es, connotativas) que han de dilucidarse para saber si, por ejemplo,
se puede atribuir o no el calificativo de 'asesino' a un individuo (en su ejemplo,
Bruto)" 52. Se trata de una equivocación: en el mismo párrafo Vaz señala que
"es evidente que también anda aquí envuelta una cuestión moral", y, más allá
de la importancia que le atribuye a los sentimientos en cuestiones morales, no
se puede identificar su concepción de la moral, ni de los problemas prácticos
en general, con alguna forma de emotivismo. Los problemas involucrados en
el uso de términos como "filicida" no son puramente verbales, ni son de hecho
-en el sentido en el que ha venido considerándose lo que es una cuestión de
hecho- ya que en ellos se está de acuerdo sobre los hechos. Pero de lo anterior
no se desprende que la alternativa que resta sea remitirlos a un uso puramen
te expresivo del lenguaje, en el cual simplemente estuviéramos manifestando
nuestro disgusto con la acción. Una interpretación de este tipo es inconsisten
te con la concepción de Vaz de los valores, ya que éstos, si bien se revelan a la
interioridad de un sujeto y no son la expresión de una realidad trascendente,
tampoco resultan del mero arbitrio individual. Se descubren en el desarrollo
de la historia como ampliación del horizonte de evaluación y, antes que mani-

51.Liberati, J., [1980], p. 74.
52.López Velasco, S. [1985], p. 111.

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-Bp jBijnoad {a sa apg uppBpjdjapii Bun ap {Buopdo uopBjnSijuoa ap o {Bq
-jaA opmsB oooduiB^ ojad 'opíhs {ap sapnppB sb{ ap apiaipuadapui jas Bpand
uppBuiuuapp ns anb p ua opupa oppuas p ua oqaaq ap upipano i^ BUBj^q
-jb a^uauíBjaui jas aoajBd ou opiaiuiBpipnÍB o oippqi; opBuiB{{ ^jas oippiuioq
un anb b{ jod {Bpiaui pnppB Bun ap uopdopB B{ 'sapuopdo ouioo uaoajBdB ou
soAi^^ajdja^ui so^jbui so[ sbjp ua sand 'aSBDpsp[d sauopsanan ap bub^j^ as
N 'puopouia opupa un a^uauíBps opuusajdxa jB^sa souiapuapjd souiBsn so^
opuBna ra 'odp a^sa ap so^daouoa b Jijjnoaj uis BDpa^jd Bj^sanu jBsuad soui
-Bpod anb apisod aoajBd xu 'Bpuapnjd ap o BipjBqoo ap opB un sa
Bun ua Ba^uBjd sou as anb uppdo \e^ is soujpap Bpand anb opunuí {ap
U9pdijosap XBq 0^sj {Bjaua^ BiouaSiA ap sajBpos ^ s8{bjoui SB{3aj ap
X o^aiuipouoD {B JipnaB souiajaqap 'osbo {ap sa o3p is jaqBS BJBd anb opand
\^ sapuopn^pui soqaaq,, Burep ajJBag anb so{ ap od^ {ap soqoaq b
as afenSuaj oj^sanu anb ouis '^so^njq soqoaq,, ap b{bj^ as ou anb Bpian^ ua
souiaqap 'osbd a^sa ua ttsoqaaq,, ap opuBjquq Jin^as souiajanb ig Bouiduia
-duasap B{ ua b^o3b as ou SBAipma^B sb{ ap ^pBzipnpIaouoo B{ anb bX '
-buijou sopadsB auap U9pn{osaj B{ ap o^uauíoui jauíud {a osn{aui 'BAipuuou
upipano Bun Buosjad Bjauíud ua opuBjapisuoo ^pa uainb BJBd 'upzBJ B^sa
joj so{{a b jujnoaj uis sa^uBAa{aj a^uauíBOi^opjd sauoiDBnps o sauopaB Jiq
-uosap a{qisoduii sa anb bX 'sooi^opjd so^uauín^jB so{ ap SBsiuiajd sb{ ap U9p
-n^ipuoo B{ ua {B^uauíBpunj pdud un ua^duino so^daouoo sa{Bj/ soppnpaj jas
uapand ou anb soApduasajd X soaipjo{ba sa^uauoduioo 'soopauj so^uauíap uoa
o^unf 'uaasod 'souiiSap apuop apsap sauopun^is sb{ Jiquosap BJBd souiBsn anb
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62VMiaMMHJ ZVA 3Q OOiaianf A1VIDOS OlNHI^VSNHd 13

�30MIGUEL ANDREOLI
i
3.2. Las ventajas e inconvenientes
La evaluación de las ventajas e inconvenientes puede resultar interferida,i
tanto por el paralogismo de confundir las cuestiones normativas con las expli-|
cativas, en la medida en que nos equivoquemos por buscar una solución sin in-.
convenientes, como por la perturbación que nuestras actitudes valorativas in
troduzcan en la ponderación. Lo que ahora nos interesa es señalar que las\
pautas desde las cuales hay que efectuar la valoración, son, para Vaz, recono
cibles y, en cierta medida construibles, desde la subjetividad del individuo que
ha de elegir, pero no por eso arbitrarias.
En buena parte de la teoría de la elección racional, tal como actualmente
se desarrolla, se considera a las preferencias del individuo y a las metas que¡
este se propone, como un factor en principio independiente. La racionalidad:
dependería solamente del cálculo de costos y beneficios en relación con los de
seos del sujeto, sin que esto implique alguna forma de juicio sobre la naturale
za de estos deseos o sobre su origen. En esta perspectiva estrecha de la racio
nalidad, se puede hablar de deseos irracionales sólo en un sentido derivado, si,
por ejemplo, éstos resultan fácticamente irrealizables o si, en su conjunto, son
contradictorios; pero los deseos, en tanto que tales, no pueden ser calificados.
Esta es la conclusión de un proceso que comenzó con una de las direcciones
básicas del pensamiento moderno, para la cual el punto de partida de la mora
lidad pasó a ser una cierta naturaleza humana concebida desde deseos bási
cos. La consecuencia fundamental para la ética moderna fue la negación de la¡
posibilidad de formulación de una eticidad construida desde el cultivo de vir
tudes, en la medida en la que esta implica una modificación de los deseos des
de la idea de una naturaleza humana no dada sino que a realizar. El mismo
Weber, al discutir la posibilidad de acuerdos racionales en materia de evalua
ción, afirma que el sujeto ha de elegir en situaciones en las que se enfrentan
valores contradictorios, y no puede, en última instancia, esperar una solución

i

desde la disciplina empírica, pues a partir de ésta, sólo podemos llegar "comoj
observó el viejo Mili, al reconocimiento del politeísmo absoluto como única me-i
tafísica que les conviene" 55. No habría entonces, estrictamente hablando, de-i
cidibilidad racional en materia de valores, más allá de las tareas propias de

j

una ciencia de lo social.j
Para Vaz, en cambio, las posibilidades de acuerdo racional no quedan li

I

mitadas a lo científico ni a lo instrumental: lo ético no es asunto de opción ar
bitraria. Prácticamente en cualquier situación existencialmente relevante, la
moral introduce una restricción particular en las alternativas que podemos to-!
mar en cuenta. En materia moral, nos guían "normas que hemos admitido en
general de una vez por todas" (LV, p. 119), y que no nos habilitan a tomar en
cuenta las ventajas e inconvenientes que podrían resultar de la aplicación dei
esas normas en el caso. La moralidad limita así, las opciones que pueden ser;
consideradas, y en ellas no todo está abierto a la elección.

55. Weber, M. [1971], p.117.

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-Bpunj ns ap B^uBi^q^n opadsB [a 'isy sbpjduod sauop^nqs ua uopBoqdB ns
ap sajqispajd souaui o s^ui sopaja soj ap uppBjapisuoo B[ ap ^qB spui uaSixa
sapjoui sbuijou sb[ buijoj 6^83 8Q • g pupapos ua sajquioq so[ ap Bpuauadxa
BpB3uo[oad B[ ua sa[qBjoABj spui jas opua^oui uuq anb SB[^aj sb^ jod 'ouisiui
pp sBpuanoasuoa sb^ jod anb sa^uu 'soujB^uauo souiaqap a^uauqBJOui
BJBd '[Bna b[ un^as qi^^ ^nn^g ap sisa^ b[ Bpjanaaj 'soidpuud so[ ap oz
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-jb[ o^ip^jo [a JBj^uan souiaaBq is usB3ippjd SBpuanaasuoo saiofaui A s^uiw
'aiqBJOABjsap aouB^q un o^Bipauíui o¡ ua a^uasaad so[[a jod BpB^uauo
B[ anbuny o^p^jo b,, jojba jo^bui ns UBJ^sanuí anb ap oppuas [a ua '(^g d 'g)
asa[qi^aAuoa soidpuud,, uos so^g apBpaqq,, o aBppsnfw ouiod soidpuud ap
souiB^saoau a^uauqBJOiu jBSuad bjbj (gg d 'g) aBapBiu^Bjd B^^q 'pupuou
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sauoispap jbuio^ souiaqap anb sb[
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jB[nuuog sa[Bn^daauoo SBiuanbsa so[ ubsbdbjj sa^joui SBiua[qojd so^ ug

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-Sis ou o^g ^^SBpo^ jod zaA Bun apM aoBq as anb uppdo sun ap b^bj^ ag ¿{bjoui
Bim jod upispap b¡ sa uppdo ap od^ 9nb? ojad 'jBjapisuoo a^uauiBpi[BA souiap
-od ou anb SBAr^maqB 'sa^uo^ua '^Bq '[bjoui Bun souiB^dopB anb zaA

l€VMIHHH3J ZVA HO OOIQíanf A 1VIDOS OlN3IWVSN3d 13

�32MIGUEL ANDREOLI

ción de las consecuencias, al que le da un énfasis aun más marcado. De hecho,
afirma que "el signo esencial de la elevación de pensamiento, es tener en cuen
ta principios y sacrificar a ellos éxito, resultad9s inmediatos o aparentes" (F,
p. 31).
La consideración de las alternativas en situaciones moralmente relevan
tes, implica, entonces, una orientación del comportamiento por normas que se
han convertido en sentimientos, y no por el cálculo de conveniencia de las con
secuencias del acto singular. Las normas muestran su utilidad en términos de
largo plazo y de lo mejor para la humanidad, y no necesariamente lo mejor
para los intereses inmediatos del sujeto, el cual, si es un agente moral, estará
impulsado por motivos altruistas.
Pero, afirma Vaz, nos equivocaríamos si supusiéramos que la aplicación
de los principios al caso es asunto de deducción solamente. De lo que se trata
es de llegar
"a la apreciación de cada acto (...) (cada uno es distinto, nuevo y único).
Pero esa apreciación de cada acto no se hace con el criterio estrecho de los
empíricos, sino con un criterio completo: no solamente a base de las conse
cuencias previsibles directamente en ese caso, sino comprendiendo todas
las consecuencias imprevisibles en especie concreta, pero previsibles en va
lor y en dirección (signo moral), para lo cual se necesitan intuición de ex
periencia y sentimiento" (F, p. 35)
Su concepción sobre el modo correcto de tomar en cuenta las consecuen
cias es compleja. La apreciación del acto, no puede realizarse con el criterio de
los "empíricos", esto es tal como lo harían los que generalmente se conocen
como utilitaristas del acto, evaluando las consecuencias del acto singular. En
contra de éstos, exige que se tengan en cuenta, además, "todas las consecuen
cias imprevisibles en especie concreta, pero previsibles en valor y en dirección
(signo moral)". Las consecuencias previsibles en sentido moral del acto, pero
no previsibles en concreto, creemos que son aquellas que afectan a la forma
ción misma del agente y, en todo caso, al efecto que pueda tener éste como
ejemplo moral. De un modo similar, criticando al pragmatismo de James, se
ñala que cuando se consideran las consecuencias, si se toma en cuenta sólo las
previsibles, la práctica se modifica de un modo funesto, mientras que si se
atiende a "todas las consecuencias, actuales y futuras, reales y posibles, cono
cidas y desconocidas, previsibles e imprevisibles", esto "no afecta absoluta
mente en nada las reglas de creencias" (Pr, p. 123).
Si ya es difícil saber cómo se podrían tomar en cuenta todas las conse
cuencias posibles, ¿cómo considerar consecuencias desconocidas e incluso im
previsibles? Lo que se puede concluir es que, para Vaz, de lo que se trata, ante
los actos singulares, es, simplemente, de no tomar en cuenta las consecuencias,
pues decir que debemos tomar en cuenta todas las consecuencias posibles
equivale a un rechazo de esta forma de consecuencialismo, por la vía de plan
tearle una exigencia imposible de satisfacer. Equivale a afirmar que lo único
que sabemos es que los actos poseen consecuencias que exceden nuestra previ
sión. Por eso, nuestras "reglas de creencia", es decir, en materia práctica,

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bj ap Bidojd p^ppBdo Bun 'zb^ apuapua '^bjj so^ajouoo sosbo so^ b
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sa 'BAipfqns pupauBj^qjB ap uppsanD jas uxs anb ' SBApaadsjad ^e\ ap U9p
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jaa^q apand snapi ap opuojSBJ^ a^sg "pnpiAipui apBzipuajdB opo^ b soiAaad
so^uaiuipuas ouiod sopBiuBDua opupanb ireq anb so^ apadsa B{ ap osaoSojd [ap
sasaiapu so[ uo^ a^uapiA o[ ap JBpDipnd buijoj ouiod pupiuBiunq B[ ap afuzip
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evai3^aj zva aa oDiai^nr a ividos oiNai^vsNad aa

�34MIGUEL ANDREOLI

nientes" (LV, p. 108); pero, en los casos más relevantes, no hay examen sufi
ciente que pueda evitarnos la necesidad de elegir.
La historia del desarrollo moral de la humanidad, en vez de ser la de la
imposición de un modelo de comportamiento o de algún sistema de principios,
consiste, cree Vaz, en la creciente ampliación de las motivaciones y principios
morales, de tal manera que "es cada vez más capaz el hombre moderno -y qui
zás ello constituye su más indiscutible superioridad- de obrar, y de obrar in
tensamente, a base de muchos sentimientos, y no de uno solo, con muchas
ideas, con pensamiento y con más crítica" (LV, p. 66). En este sentido, la afir
mación de un conjunto cerrado de principios para la acción es un estrecha
miento de la capacidad de producir acción buena, el resultado de una falsa
oposición que nos impide ver la complementariedad de la diversidad de valo
res.
Una vez que se ha prescindido de las hipótesis religiosas o metafísicas, y
en la medida en la que hemos ampliado el conjunto de valores a satisfacer, las
soluciones normativas sólo pueden presentarse como imperfectas, incompletas
(LV, p. 97). Ante la imposibilidad de disponer de sistemas normativos sin fa
llas, según algunos se habría concluido en la imposibilidad misma de "fundar
la moral" (LV, p. 98). Para Vaz, estos críticos perdieron la perspectiva de la
naturaleza normativa de la moralidad, y por lo tanto irremediablemente im
perfecta. Al exigir que la moral estuviera fundada pedían "reglas tales que lle
ven a una conducta que no tenga inconveniente alguno, ni dejen nada dudoso,
incierto, no resuelto..." (LV, p. 99).
En verdad, el modo en que usa Vaz la expresión "fundar una moral" es pe
culiar, ya que, por lo general, cuando se habla de fundar la moral, más bien se
exige una respuesta a preguntas del tipo ¿porqué tal principio es moral?, o
¿porqué es preferible este conjunto de preceptos antes que tal otro? o, si se re
fiere a la institución misma de la moralidad, ¿se justifican las pretensiones de
validez de la moralidad? o ¿porqué ser moral?; es decir se pide una justifica
ción, y no un conjunto cerrado de normas capaces de resolver todos los casos
con aprobación unánime 60.
Pero lo que importa es que, para Vaz, el hombre contemporáneo se en
cuentra en una situación afectada por una pluralidad de orientaciones eventualmente válidas. Esto, tal como muchas veces se ha señalado, es una de las
raíces de una forma de escepticismo ético, de la cual es un buen ejemplo Weber 61, para quien, la razón está incapacitada para resolver la pluralidad de
pretensiones de validez. Vaz, en vez de ver a esta situación como fuente de
confusión y desorientación, la estima en términos de crecimiento de opciones,

60.En este sentido, A. Castro señala que, a diferencia de lo que afirma Vaz, se critica a un
sistema moral "no porque no funde una moral sin inconvenientes sino porque no funda
moral" [1914] p.49.
61.Escepticismo estrictamente en el sentido de las posibilidades de la racionalidad en la
decisión entre valores, no en cuanto al hecho de que Weber mismo no se haya compro
metido, como de hecho lo hizo, en materia ética y política.

�10661] T '^sig gg

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SBiuapojd so^ sopo^ isbd ua anbjod 'a{qBsuadsq&gt;ui sa anb A 'osbd p sa is 'p bj^uod
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-3A sbj^o osbo pp SBpiíBpunajp sb^ b Bpq^aui spnf b^ ua so^jBaqdB ap pBppBdsa
B{ 'soidpuud so{ ap ouisiui osn p ua spua^aduioa bj sa anb oms '(^9 d 'g) a^uaui
-spajq) apuajds as ou Bjp ap anb b^ 'spuauadxa b\ ap oj^siSaj ojaui sa ou aoa
-uiduia cquqsui,, a^sg (6^3 d &lt;A^) oiuidoubj {a B^a^duioa anb A 'jspajdsap ou au
-apuoa anb p 'opuj^ jouaui o jo^bui ua souiaua^ sopo^ anb p^uauíuadxa o^uipui
p 'oauiduia o^ui^sui p sa 'ajqisod sa ou opirena ojad íapisod sa opirena 'spuauad
-xa B[ sa (•) uqpnps bj Bp sou anb o\,, 'zba buuijb (A 'a^uapdun asjspAaj apand
o^uaiureuozBJ p 'B{Saj b^ ap u^psaqdB ap ospajd o^und p JBuiuuapp bjb^
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uv^sa apand a^uapvd ;^r uvnjov ap upisvao vj opipuad asuaqvy apand ugtsp
-ap nun v opv^ajj soiuay anb ua o^uawoiu p vjvj sajvnSj uos audtuap ou
svsoo svujo snj ouad 'sajvnSj uos svjjo svj p soiuvuappuoo svj sptu ojunno
A soiuiunau svqanud sptu sv^uvna uoCaui vas upispap vun anb ajqvqoud s^w

ap
Bun sa puopsj uppaap sun ap buisiui BpuaSixa sg osbd pp U9psn^is bj b
apsaqdB sa opsjS í^nb ua jaA|osaj souiaqap BiABpo^ 'japua^B souiajanb anb
[B oidpuud p souiBazouoaaj anbuns 'anb sa a^uanaajj s^ui o^ saip^jd B{
ua 'oqaaq ag 'ZQ asajB^apjBd uos jaasq anb souiaua^ anb sbsoo s^\ anbjod,,
'osbo pp sspuBpunajp sb^ ap Bzapjn^u b^ JBuiuuapp ap zudua jas ap
Bq anb ouis 'soidpuud so^ ap u9pB^nuuoj b^ ua BajB^ ns b^oSb ou uqzsj b^
'soaip^jd so^unsB so^ ua anb opupuas sq as sapp^sijy apsag soidpuud
so[ ap u9pBuiuua^apui ^\ jod ops sppnpojd sa ou ajquinppjaaui Bg

pBpqBJ
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seVHiaaaaLdi zva aa o^iaianr a ividos oiNai^vsNaa aa

�36MIGUEL ANDREOLI

prácticos, "porque las cosas que hemos de hacer son particulares" 64. El "ins
tinto lógico" vazferreiriano, tiene entonces, una larga tradición 65. Es el expe
diente por el cual un pensamiento atento a la complejidad concreta, a la sin
gularidad de los actos de apreciación, intenta superar las dificultades de la
relación entre principios y actos, busca, en suma, "que la razón nos sirva y no
nos esclavice" (SPT, p. 204).
Finalmente, si efectivamente se ha aprendido, la moral ya no puede ser
formulada, pues "cuando en un espíritu se disuelven de esa manera los princi
pios, es, teóricamente, porque los sobrepasó, y, prácticamente, porque ya no los
necesita." (F, p. 35). Es entonces que el sujeto lograría graduar la creencia ade
cuadamente, evitando violentar lo concreto de la situación en la que actúa. Ardao
ha señalado que 'Tal concepción de la razón y de su ejercicio plantea un grave
problema: el del criterio de que ella ha de servirse para hacer en cada caso la jus
ta y adecuada graduación de la creencia. Vaz Ferreira tiene una respuesta pron
ta: para las cuestiones de grado no hay fórmula, nadie la puede dar; la solución
ha de venir por lo que se piense y se sienta en cada caso" 66. La debilidad de la
posición de Vaz no radica en que no explicite un criterio para "graduar la creen
cia", cuya búsqueda sería más propia de un tipo de programa ético ajeno al suyo
que ha mostrado graves dificultades de realización, sino que el problema radica
en que el grado justo provendrá en última instancia de lo más profundo de la inti
midad no discursiva del sujeto. Esto conduce al pensamiento vazferreiriano a una
particular hesitación, en la medida en la que se resiste a la conclusión irraciona
lista que se podría desprender de su particular punto de fuga.
La respuesta de Vaz a cómo debe orientarse el sujeto en una situación de
creciente complejidad en lo valorativo, y a la cuestión de cómo ha de graduar
la creencia, termina teniendo, entonces, un aire intuicionista. No utilizamos
aquí el calificativo en el sentido estricto del término en la teoría ética, que ca
racteriza a quiénes sostienen que existe alguna evidencia a priori de los prin
cipios morales; y ni siquiera se puede afirmar que, en Vaz, como sucede con
los intuicionistas clásicos, los términos éticos tengan una referencia no natu
ral, sino más bien hablamos de intuicionismo en el sentido de que la orienta
ción correcta de la acción depende de la capacidad de "ver" lo que es bueno en
el caso. No hay innatismo, ya que esto se aprende, la elección buena en cada
caso es cuestión de educación del sentido moral 67, pero esta naturalización de

64.Etica Nicomaquea, 1094 b, 1140 b, 1142 a, 1143 b y 1147 a.
65.Otro problema es el de si en Vaz hay conciencia expresa de este contenido de raigambre
aristotélica. Nada parece indicarlo, y más bien su inscripción en esta dirección es el resul
tado del rechazo de las formas más estrictamente deontológicas de la moral, y, en particu
lar, de la negativa a la derivación directa de máximas de acción de principios abstracta
mente formulados, defecto fácilmente ubicable en parte de la tradición kantiana. El inte
rés, en el cual es directa la influencia de Mili, por una moralidad dirigida al bien de la hu
manidad en la tendencia histórica, lo ubica dentro de una consideración teleológica pero de
un consecuencialismo no inmediato. De ahí la recreación de una temática aristotélica.
66.Ardao, A. [1961], p. 40.
67.La importancia de la educación y de la experiencia en la formación de la moralidad, en ge
neral, y de los sentimientos morales en particular, también proviene de Mili [1949] cap.3.

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�38MIGUEL ANDREOLI

dos se muestran insuficientes frente a la emergencia de la novedad o ante la
contradicción que se manifiesta en las situaciones singulares:
"el estado de espíritu de un hombre que tenga su razón libre (...) de siste
mas y de prejuicios, y que no tenga su afectividad anestesiada, será más
bien, con respecto a estos problemas, una especie de interferencia y de lu
cha viva de aspiraciones, de tendencias, y también, naturalmente, de ra
zones: estado difícil de describir, y doloroso de sentir; pero que es el bueno,
vivo y fecundo" (SPT, p. 189)
La superación del esquema y la consideración de los principios en el grado
debido se obtienen, para el filósofo montevideano, por medio de la intuición,
del sentimiento que orienta al sujeto de criterio moral desarrollado de tal for
ma que ya no necesita de los principios, pero tampoco puede ya explicitarse,
dar razón, pues la experiencia de lo valioso que se da en la interioridad de la

subjetividad es inefable.
Por eso la llave que ofrece para llegar a la conclusión del silogismo prácti
co no es precisamente una salida por la racionalidad. Lo que le interesa es
pensar "no para convencernos infaliblemente de algo, sino para producir un
estado de espíritu que nos permita pensar y sentir mejor estos problemas"
(SPT, p. 31). Lo que su filosofía no puede argumentar -y para Vaz ninguna fi
losofía podría- es porque justamente el estado de espíritu que ella promueve
es el más adecuado.

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�40MIGUEL ANDREOLI

alidad por la realidad psicológica, por un pensamiento que se hace sustante
por sí mismo, que no refiere a realidad alguna distinta de él" 2. A pesar de la
existencia de textos que apoyan una lectura de este tipo, por lo que el tema
merecería una discusión más detenida, no creemos que pueda sustentarse un

estricto idealismo subjetivo en la globalidad de la obra de Vaz. De todas for
mas, el alcance que Ardao le da al psicologismo vazferreiriano es excesiva
mente moderado. No se trata de una postura sólo metodológica, sino que en

Vaz hay una prioridad también ontológica de la interioridad, por lo menos en
el ámbito de lo social entendido de un modo muy general. Es además clara la

prioridad de la subjetividad individual en términos de valor ético.
Resulta notable la persistencia de la unidad del pensamiento de Vaz en
torno a este eje, no sólo en los distintos aspectos de su obra, sino también a lo
largo de los aproximadamente sesenta años de su carrera intelectual.
En un artículo incluido en Ideas y observaciones -obra publicada en 1905titulado Sobre la personalidad en el niño, señala que las conclusiones que en
Psicología se obtienen a partir de la experiencia de que en el niño el uso de la
primera persona gramatical aparece posteriormente al de la tercera, preten
diendo derivar el carácter tardío de la conciencia del propio yo, no se obtienen
forzosamente de los hechos: ^Aunque el sentimiento de la personalidad fuera
en el niño claro y perfecto desde el principio, o desde mucho antes del momen
to en que habitualmente empieza a hablar en primera persona (lo que no se
entró a averiguar aquí), el lenguaje del niño aparecería y se desarrollaría
como lo hace" (10, pp. 106-107). El lenguaje, cree Vaz, se aprende por la imi
tación que el niño hace de los usos lingüísticos de quienes lo rodean: "Expone
cada idea con la palabra con que la oye expresar" y por eso "si le llaman él, se
llamará él", pero "Esto no indica absolutamente que el niño no sienta su per
sonalidad; que no sienta su yo" (10, p. 107). El lenguaje no prueba sobre la
existencia o no de la conciencia de la identidad en el sujeto, porque ésta es
"sentimiento" y como tal, otra cosa que el lenguaje. Lo que el lenguaje permite
es expresar ideas, no llegar a concebirlas. El lenguaje es un conjunto de con
vencionalismos, cuestión de imitación de usos; lo sustantivo, cree vehemente
mente Vaz, le es ajeno y más bien tiene en él una herramienta tosca. Por eso
se equivoca el psicólogo que, atendiendo principalmente a lo que no sería otra
cosa que un instrumento, pretende inferir, mediante una "interpretación gro
sera", la existencia de la mismidad, de la interioridad subjetiva, como una
cosa ligada al aprendizaje de usos lingüísticos 3.

2.Castro, D. y Langón, M. [1969], p. 13.
3.Como es característico en Vaz cuando se encuentra ante problemas de carácter ontológico, es terminante en la crítica de las posiciones con las que discrepa, pero renuente a
formular expresamente sus propias tesis. No afirma que el sentimiento del yo sea claro
en el niño desde el comienzo —de haber hecho tal cosa habría caído en un innatismo con
tra el cual se encontraba prevenido-, sino que, de un modo indirecto, señala que si lo
fuera, los hechos lingüísticos serían los mismos. Esto tampoco significa que la observa
ción de Vaz tenga un alcance solo metodológico, pues si niega que desde el lenguaje po
damos llegar a conocer en forma suficiente los sentimientos o las ideas, es porque está
suponiendo una diferencia sustantiva entre los dos niveles.

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d 'v'O) BpuaSip^uí B^ b BpuapiA Bun 'saaaA SBqonuí souaui o\ jod 'Boqduii
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�42MIGUEL ANDREOLI

Pero Vaz no renuncia a su pretensión de prioridad del "hombre de pensa
miento" ni siquiera en lo que respecta a la acción misma. La conciencia de la
pluralidad de lo valioso y de las dificultades de los matices que se deben con
servar, propias del "hombre de pensamiento", constituyen un "buen escepticis
mo que no inhibe la acción: la suaviza" (F, p. 164). A través del pensamiento
se obtiene mucha más acción, sólo que la energía opera de otro modo, en otros
plazos (F, p. 29).
En la medida en que hay un descenso desde la riqueza y sensibilidad de
la interioridad a su expresión en una acción, las prácticas urgidas por la efec
tuación inmediata podrán ser más notorias, pero toda introducción de valores
en la historia, toda transformación efectivamente positiva de lo real, se origi
na en la interioridad. En comparación con la riqueza que se despliega ante el
"hombre de pensamiento", los "hombres prácticos" aparecen afectados por una
especie de ceguera que lo hace incapaz de percibir la pluralidad de valores
puesta en juego en toda situación humana:
"Les escapa de un lado lo infra-racional, con su fecundidad oscura y ca
liente; del otro, las manifestaciones más delicadas de lo racional, que ac
túan a distancia en espacio y tiempo y precisamente con la acción más po
derosa." (F, p. 192);
"ser práctico, casi siempre, es sencillamente no ver más que de cerca, no
ver sino los resultados inmediatos. Y, justamente por eso, la mayor parte
de los grandes prácticos han sido siempre reputados teóricos: de los que
han obrado o han pensado viendo de lejos (...) no habrá uno que no haya
sido tachado de teórico" (MI, p. 150).

La distinción interioridad/exterioridad también se expresa en la dicoto
mía pensamiento/experiencia. El pensamiento se amplía, se rectifica por el
pensamiento antes que por la experiencia 4. La experiencia castiga los errores,
pero el pensamiento está más dispuesto a ceder a los razonamientos que a la
cruda disconfirmación (F, p. 64), de ahí que la acción, en la medida que se mo
difica por ese aprendizaje, se mejora más bien en la esfera propia del "hombre
de pensamiento" que en la del "práctico".
Incluso el desarrollo material es, para Vaz, el resultado del despliegue de
la "cultura teórica", ya que "la industria y la práctica son (...) parásitos de la
ciencia; que no pueden vivir por mucho tiempo por sí mismas (...) si la ciencia
y la cultura teórica se debilitan, decaen correlativamente todas las manifesta
ciones prácticas del pensamiento y de la actividad humana" (MI, p. 43). La
práctica es, entonces, manifestación práctica del pensamiento e inferior al
pensamiento teórico, en tanto éste es concebido con independencia de las ur
gencias de la efectuación. A su vez, la claridad teórica misma no sería posible
más que en la parte visible del iceberg, por debajo de cual se continúa la pro

fundidad insondable del bullir del psiqueo.
4.

Esta es una razón más para considerar inadecuada la interpretación que encuentra en
Vaz una cierta forma de racionalidad falibilista (ver supra p. 23)

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-ui Bq ajqísiAui oubui ap ouisiuBoain unSp opuainSis B^uano Bp as
B^sa ap X 'sa^u^npB sonpiAipui soj ap sauoioua^n sbj uoo Jippuioo ou apand op
-Bqnsaj pj, sapnpiAipui SBpuajajajd UBsajdxa anb so^uaiuiB^Joduioo ap opB^
-psaj p ouioo sopBppnp jas ap uBq soAipapo souaui9uaj so^ ^no b^ BJBd 'jvp
-os oj ^p uppvDijdxa ap buuoj buii sa ouisqBnppipui p 'a^Bd Bun joj q
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ua^iuiaj a^uauía^uanoaj^ A sop^puajajip a^uauíBJBp uaoajBdB ou '
UBoqduii as ou uaiq is 'anb sopadsB sop áb\^ B^sipnppipui uppipBJ^ b^ ug
A. ouisifenpiAipuj

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ap opBJBdas a^auíBpBj^q^ pnpap^i ^ap pdBd pp Boi39{oapi U9pszp
Bun ua buijojsubj^ as ojos^qj 1^P uqpBzipn^daouoo b^ ua 'Bpuapadxa
B^ap Bun ap u9isiuisbj^ b^ jas apand B^spjB pp U91SIA b^ ua anb oq • jp
-jaAUi jod apauíaiduns Buiuua^ zb^\ anb b^ b 'pjodjoo ozjanjsa p uoo of^q
-bj^ pp u9pB0ijpuapi b^ ap BUBiopp^ U91SIA bi b Bopjjo Bun b anSis 'pnpa^
-api ofeqBj^ pp p^puoijd B| ap Bsuajap Bq SBOipuianbsa apauípnJx sau
-opdaouoo sbj^o b asopu^pajjua buisiui js b asjapuajap apand ops Bi3o|od
-oj^ub B^sg Bpzaui ouioo JBjpooua uapand as ops anb 'ojp p oun p souia^
-xa so^uauíap sop ouioo anb s^ui 'pBpipjodJOO-pBpuoua^a A n^jdsa-pBpu
-ouapi JBd p JBSuad apand ou Bireuinq p^pppoB B[ jbpj^ p 'sauopisodo sbs
-pj sb^ ap Bpua^aApu ^\ ua oj^sanuí un anj uam^ BUBupjjajzBA U9pdaouoo
b^ ap sa^uiq so^ sojbp ub^ uBqnsaj sopauíoui soood ua s^zin^ '(ZL '^ 'SdS)
uuop3U3^uviu K apioduopjid o\t)% sa pjodjoo ofBqBJ^ pB U9p^ajo ap
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vHmaaaj zva aa ODiaianr a ivi^os oiNaiwvsisiad aa

�44MIGUEL ANDREOLI

las afirmaciones centrales del liberalismo clásico: si se permite el libre juego
de las preferencias individuales se obtendrá el mejor resultado en términos
del colectivo, aunque este resultado no sea el objetivo intencional de las accio
nes individuales.
2. Por otra, el individualismo como postura ética, sostiene que toda for
ma de estructuración social ha de ser evaluada en términos de su significación
para los individuos que en ella participan. Dentro del individualismo ético se
perfilan distintas perspectivas, según que los individuos se tomen en cuenta
tal como actualmente son o como potencialidades a ser desarrolladas; según se
prefiera la maximización de algunas individualidades o el mayor desarrollo
posible de las ventajas agregadas del conjunto de los individuos (conjunto que
puede ser entendido como la generación actual o tomando en cuenta también
las generaciones futuras).
En Vaz Ferreira predomina el individualismo como postura ética, a la vez
que supone que la acción individual tiene la capacidad de determinar los as
pectos esenciales de la vida social. De hecho ambos aspectos se refuerzan mu
tuamente, ya que si la acción individual tiene tal potencialidad, el problema
de cuál ha de ser su orientación adquiere una relevancia fundamental.
En los siglos XVII y XVIII el tema central del pensamiento individualista
fue la liberación del individuo de la constricción proveniente de las tradiciones
y del poder político. A partir del siglo XIX las amenazas más graves para la in
dividualidad, se perciben en otras instancias. La experiencia histórica lleva a
que los individualistas consecuentes no puedan dejar de atender a la produc
ción de una desigualdad sistemática en la distribución de los bienes y ventajas
sociales, lo que plantea problemas de justificación desde las mismas premisas
de la concepción individualista.
Además, el aumento de la escala de los fenómenos sociales por el surgi
miento y protagonismo de las masas, modifica el escenario de un público rela
tivamente restringido, que caracterizó al primer liberalismo, y plantea un di
lema: las masas están integradas por individuos, dotados en principio, si
guiendo los supuestos propios de la concepción, de iguales derechos en la par
ticipación en los bienes y oportunidades del sistema; pero esos individuos
'como, colectivo constituyen la masa, un todo al que se lo ve como más o menos
amorfo; jdotado de una eficacia propia, desde la cual la individualidad es amena
zada: La dinámica de la masa tiende, para los individualistas, a la integración, al
crecimiento, movida por un impulso fagocitador de la diferencia y autonomía in
dividuales.-

2.1. Los antecedentes del individualismo de Vaz Ferreira
• ••" Para aproximarnos al horizonte intelectual del liberalismo de Vaz en rela
ción con estos problemas, consideremos a dos pensadores particularmente re
levantes en la constitución de su pensamiento: Stuart Mili y William James.
Para James la transformación de la sociedad "está determinada por la
acumulación de influencias de los individuos, de sus ejemplos, de sus iniciati-

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VHI3HHHJ ZVA 3Q 0310130^ A 1VIDOS OlN3IWVSN3d 33

�46MIGUEL ANDREOLI

La presión social es mucho más penetrante en los detalles de la vida y
más profunda en su acción sobre el individuo que la opresión estatal. Ante
ella, los mecanismos institucionales de defensa resultan particularmente ine
ficientes, y lo que queda es la denuncia filosófica de la amenaza.
Pero para Mili, la defensa del fuero individual no impone la aceptación to
tal e inmediata del orden social y económico que parece desprenderse del mis
mo individualismo. De hecho, y a partir de la influencia recibida del saintsimonismo, percibe que la competencia, en la medida que hace que el bien de
cada uno dependa del mal de los demás, es pasible de una objeción moral:
"el verdadero fundamento de la vida humana, tal como está constituida
en el presente, el verdadero principio en el que se fundan la producción y
repario de todos los productos materiales, es esencialmente vicioso y anti
social. Es el principio del individualismo, la competencia, cada uno para
sí y contra el resto. Se basa en la oposición de intereses, no en la armonía
de intereses, y bajo él se le exige a cada uno que encuentre su lugar por
medio de la lucha, desplazando a otros o siendo desplazado por ellos.* .
En Vaz continúan los elementos fundamentales de la temática individua
lista propia de la segunda mitad del siglo XIX; tanto en la consideración del in
dividuo como fuente de originalidad y creatividad, como en la afirmación de la
necesidad de proteger las posibilidades del desarrollo individual de las presio
nes conformadoras de la multitud. Su modo de argumentar sobre las cuestio
nes sociales acudiendo a sentimientos y razones morales es más cercana al es
tilo específico de James; en cambio, más próxima a Mili es su preocupación
por el "amasamiento", su no aceptación incondicional del orden social que le
era contemporáneo y su tendencia a pensar ajustes y reformas, en dirección de
la atenuación de las diferencias producidas por el funcionamiento ciego del
mercado.

3. El problema social
Afirma Vaz que la resolución del "problema social" es, en lo esencial, la
solución del "conflicto de las ideas de igualdad y de libertad" (SPS, p. 25). Esti
ma que son dos valores que suelen plantear exigencias opuestas, y a las cuales
los hombres resultan sensibles de un modo diferenciado. Adscribe la preferen
cia por la libertad al individualismo, mientras que la tendencia a la igualdad
caracterizaría al socialismo (SPS, p. 22). El horizonte de su concepción se ubi
ca así en el contexto de ideas típico de las discusiones políticas de fines del si
glo XIX 13: libertad que genera desigualdad, igualdad con amenaza de la indi-

tes, contra la tendencia de la sociedad de imponer, por medios diferentes a las penalida
des civiles,- sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta sobre aquellos que di
sienten con ellas; de trabar el desarrollo y, si resulta posible, prevenir la formación de
cualquier individualidad que no esté en armonía con sus maneras, y compeler a todos
los caracteres a automodelarse según sus propias formas" (Mili, J.S. [1931], p. 68).
12.Mili, J.S. citado en Lukes, S. [1973], p. 33. La traducción es nuestra.
13.cf. Grompone, A. [1972], p. 21.

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soj ap OApin^ui ofaunuí p ua bzubijuoo B^sa ap SBpuanaasuoa sb^ ap
pp sa^uBzxpjBd sopaja so
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sa B^sg (gg d *g) ^B^isaoau so^ ou b^ anbjod 'a^uauíBa^a^jd 'A ^sBdajqos so^
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-Bsap p jod *ao^a{duioo oua^uo unw jaasod b BSap; as soidpuud ap Buapui ug
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LPV^I3HH3J ZVA 3Q OOIQíanf A1VIDOS OlN3^VSN3d 13

�48MIGUEL ANDREOLI

mar en cuenta la sedimentación histórica es inevitable para avanzar en ellos,
como con la interrupción muchas veces precipitada del análisis para dejar
paso a lo que supuestamente el sentimiento de los hombres de buena voluntad
permite resolver directamente.

3.1. Individualismo y libertad
Dentro de la misma tradición liberal la significación de la noción de "li
bertad" está lejos de ser unívoca. En las sociedades modernas llegó a consti
tuirse en sentido común una concepción de la libertad, caracterizada muchas
veces como libertad negativa, cuyas primeras formulaciones se remontan a los
orígenes mismos del pensamiento moderno. Según ésta, la libertad consiste en
la capacidad individual de actuar sin interferencias, entendiendo por tales para el caso de las libertades sociales y políticas- todas las que pudieran pro
venir de las conductas de otros hombres 16. En cuanto al uso que los sujetos
pudieran hacer del ámbito irrestricto de acción, se parte de un supuesto -que
forma parte de los fundamentos de la concepción liberal- sobre la psicología
humana: si los hombres actúan siguiendo sus propios impulsos, lo que buscan
es la propia utilidad o, a lo más, la de sus más allegados.
A los elementos anteriores se agregan, en las concepciones liberales clási
cas, la afirmación de que nadie conoce mejor los deseos e intereses de un indi
viduo que él mismo; junto con la generalización a cualquier ámbito social en el
que esté en juego un problema de reparto de bienes, de las condiciones ideales
de la formación de precios en un mercado perfectamente competitivo. Así se
concluye que la optimización de la utilidad colectiva impone permitir el máxi
mo desarrollo posible de la iniciativa individual.
En la segunda mitad del siglo XIX, el positivismo evolucionista le vino a
añadir a esta concepción -cuyos elementos fundamentales ya están completos
desde fines del siglo XVIII- una pretendida fundamentación en las ciencias na
turales, más precisamente en la Biología, mediante la extrapolación del meca
nismo de evolución por selección natural al campo de la sociedad humana. De
esta forma se "ofreció una supuesta racionalidad científica para una sociedad
competitiva desregulada" 17, encontrándose en el mercado el equivalente a las
condiciones que en la naturaleza imponen las presiones selectivas a la especie.
Para la mejor comprensión del problema de la libertad en materia social y
política, conviene recordar que la cuestión es más bien de libertades. En rela
ción con éstas, lo que se discute no es la existencia de restricciones, sino cua
les intervenciones son pérdidas ilegítimas y cuales son limitaciones necesarias
para mantener la coexistencia social. Desde el jusnaturalismo del siglo XVII, la
postulación de la libertad en el estado de naturaleza, viene acompañada de la

16.Hobbes en el Leviatan afirma que "libertad" significa "la ausencia de oposición", y que
"es un hombre libre quien en aquellas cosas de que es capaz por su fuerza y por su inge
nio, no está obstaculizado para hacer lo que desea" (trad. México, Fondo de Cultura Eco
nómica [1940], p. 171.)
17.Lukes, S. 11973], p. 30, la traducción es nuestra.

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uojaiA 'xix A iiiax so^is soi ^P soapipd saaopBsuad so{ ap soqanj^ bpbjdoui
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•ODIS9P
oppuas ns ua aaiupuoaa pa^aqq ap souiuu^ ua asuaid 'ppos Buia^qojd p
jaApsaj ajad a^uana ua jaua^ a soidpuud so^ ap oun ouioa pa^aqq &amp;\ auodojd
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ap oqaaaap p uajaiaouoasap A 'oidaj^ns pp uppazipsjaAiun B[ b sapaj^ 'jap
-od p UBja3a^ saua^aidojd ou sbjjo^bui sb^ anb ap papqxqisod B^ ua jaaipaj
b asad -XIX 0{3is pp pa^iui apun^as a^ apsap a^uauípdpuud- oj^ipd p 'sa^
-sippos saapi sa^ ap U9isnjip B^ A U9pazipupnpui bj ap o^oiíasap pp jpjad
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6^vaiaaaaj zva aa ooiai^nr a ividos oiN3i^vsN3d ia

�50MIGUEL ANDREOLI

gencia de una nueva forma de tiranía sobre las minorías propietarias. Cuando
la universalización de la ciudadanía, a principios del siglo XX, se transformó en
una realidad irreversible, a la vez que no resultaron confirmados los temores
más graves de la burguesía, en algunas formas del pensamiento liberal la te
mática se desplazó a la justificación de la democracia como mal menor. Esta
es en buena medida la perspectiva desde la que Vaz piensa el tema de la de
mocracia.
3.1.1. El desarrollo de la individualidad
La concepción de la libertad en Vaz tiene dos sentidos no diferenciados
expresamente en su obra pero distinguibles: por una parte un principio nor
mativo de libertad, entendido como exigencia de no interferencia en la interio
ridad subjetiva; por otra la postulación de la libertad como espontaneidad de
los individuos en relaciones sociales competitivas pensadas desde el modelo
del mercado. En ambos se supone tanto una cierta idea de la naturaleza hu
mana, como una forma en la que deberían constituirse las relaciones sociales.
La prioridad de la interioridad, junto con la pretensión de favorecer la
conciliación y la tolerancia, llevan a que Vaz conciba la solución de los proble
mas sociales bajo la forma de transacciones a partir de mínimos irrenunciables. Solo así sería posible conciliar la diversidad de interioridades eventualmente valiosas, con la negación de que cualquier preferencia subjetiva valga.
Un mínimo es asegurar a la libertad individual un espacio suficiente. En
este sentido la concepción de Vaz continúa la noción clásica de libertad negati
va, entendida como exigencia de no interferencia por parte de cualquier sujeto
en el curso de acción que cualquier otro elija. En su núcleo, implica un "senti
do de privacidad (...) del área de las relaciones personales como algo sagrado
por derecho propio" 18, y su objetivo es justamente la protección de la intimi
dad en las relaciones primarias y en la subjetividad.
En la tradición liberal, la exigencia de no interferencia de lo individual
por lo social se da bajo la forma de la libertad de conciencia 19. A favor de ésta
se han dado principalmente dos tipos de razones, ejemplarmente expuestas
por Stuart Mili en On Liberty: 1. son condiciones necesarias para la conforma
ción de la individualidad a través de un proceso de desarrollo, poder formar
planes de vida y poder disponer de una rica diversidad de experiencias; y 2. el
progreso, en tanto implica la ruptura de costumbres arraigadas y tradiciones
colectivas, exige la libertad de los individuos, ya que ellos son la fuente de in
novación. Estos dos argumentos se apoyan mutuamente en la obra de Mili,
pero son distinguibles. El primero es propio de una cierta forma de naturalis
mo que remite a la tradición del jusnaturalismo moderno: la individualidad en

18.Berlín, I. [1969], p. 129.
19."It comprises, first, the inward domain of consciousness; demanding liberty of conscience in the most comprehensive sense; liberty of thought and feeling; absolute freedom of
opinión and sentiment on all subjects, practical or speculativ, scientific, moral or theological", Mili, J. S. [1931], p. 75.

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V^I3HH3H ZYA 3Q OOIdlHílf A1VIDOS 01N3I^VSN3d 13

�52MIGUEL ANDREOLI

ta y se sume a la masa, extremo de la exterioridad en la que el sujeto fácil
mente olvida lo que le es propio y se pierde 22.
La respuesta de Vaz es la defensa de la interioridad a fuerza de hacerla
incomunicable. Proclamación, a la vez, de su inaccesibilidad y de su valiosa ri
queza, reconocible, claro está, sólo por la misma interioridad. Por esto su dis
curso social y político en muchos momentos requiere de la complicidad, de lo
que intuitivamente puede ser aceptado por cualquier hombre de buen espíri
tu, esto es, de quien esté igualmente dispuesto a escuchar la voz interior que
habla un lenguaje que no puede ser dicho.
3.1.2. La libertad y el problema social
a. Antecedentes históricos

El positivismo del último cuarto del siglo XIX acompañó, dentro del ámbito
de influencia de la cultura occidental, el impulso de modernización de los sec
tores ilustrados medios y burgueses. En la visión más optimista, se veía conju
gar la búsqueda individual del lucro con el logro del mayor bien colectivo posi
ble, todo ello garantizado por las leyes de la naturaleza, que así, gracias a la
difusión del spencerismo, volvían a dotar de un contenido a la idea de la exis
tencia de un orden deseable de cosas en el que coincidirían el valor moral, la
eficacia social y los intereses de la especie y de la burguesía.
En 1884 Spencer publicó "El Hombre contra el Estado", traducido al espa
ñol apenas un año más tarde. Proclamaba la obligación de los gobiernos de
guiarse por el "juicio racional de utilidad", según el cual debían tomar en
cuenta que
"Hállase a salvo el principio de la existencia individual, que es el mismo
que el de la existencia social, cuando cada uno tiene la libertad de usar
sus facultades dentro de los límites trazados por la libertad, que asiste
igualmente a los demás, y recibe de sus asociados, a cambio de los servi
cios que les presta, beneficios que se regulan por la comparación de estos
servicios con los servicios de los otros, cuando todos están protegidos en su
persona y bienes de modo que puedan satisfacer sus necesidades con sus
emolumentos. (...) así también se mantiene el principio del progreso so
cial, puesto que en tales condiciones, los individuos más capaces prospe
rarán y se multiplicarán más que los ineptos." .
De este principio, Spencer deriva como corolario, que la acción del gobier
no, debe quedar "Reducida a su forma más modesta, cualquier proposición de
inmiscuirse en las actividades de los individuos, como no sea para garantizar

22.El discurso de Vaz, cuando se trata de reivindicar la interioridad contra el desconoci
miento social, se vuelve particularmente expresivo e incluso, por momentos, no desdeña
utilizar un-tono de queja. Ver, por ejemplo, pasajes como el siguiente: U[E1 hombre bue
no, el hombre superior] obra en el sentido del bien, de su deber o de su amor, con inde
pendencia de los juicios; pero los siente y los sufre. Así actúa el bueno y el superior, su
friendo por todo (...) también por la desaprobación y la falta de simpatía de los otros"
(F, p.52).
23.Spencer, H. [1945], p. 211.

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V^I3H^3d ZVA 3Q OOIdiaflf A 3VIDOS 01N3I^VSN3d 33

�54MIGUEL ANDREOLI

figura de Spencer llegará a ser dominante a partir de la conquista de la hege
monía en la Universidad por el positivismo, cuyo comienzo se puede datar en
el año 1881 con la reforma positivista del programa de Filosofía.
Los positivistas precursores en nuestro medio 29 actuaron como propa
gandistas del papel que el desarrollo de las ciencias naturales tendría en el
progreso material y moral de la sociedad. En este sentido, la difusión de la fi
losofía positivista fiie la forma de conciencia que en sectores intelectuales
acompañó la modernización productiva ocasionada por la introducción de téc
nicas nuevas en una economía con fuertes rasgos pastoriles y artesanales 30.
Uno de los primeros positivistas que actuó en nuestro medio, Jurkowski, pro
fesor de la Facultad de Medicina, expresa nítidamente el complejo de creen
cias que constituyen los artículos de fe positivista:
"La miseria impide el desarrollo intelectual y moral de una sociedad: el
progreso industrial, asegurando el bienestar, lo favorece. Las dos cosas
progresan juntas, estando basadas la una en la otra (...) El progreso no es
un accidente sino una necesidad. Lejos de ser producto del arte, la civili
zación es una faz de la naturaleza (...) La moral no va sin la ilustración y
ésta no va sin la ciencia, que a su vez conduce e ilumina a la industria.
Así, todo se encadena formando una armonía general. * qi
El intento de aplicación de una interpretación naturalista de nuestra re
alidad social llevó a Ángel Floro Costa -en un ensayo publicado en 1875 poco
después del golpe que inicia el proceso militarista- a una visión que destacaba
la importancia de los intereses económicos como modo de dar cuenta de lo que
consideraba la clave de los conflictos políticos:
"entre nosotros no hay ya pariidos políticos sino par^idos económicos, (...)
nuestras luchas no son de principios sino de intereses (...) No hay argu
mentos ni teorías contra el estómago de los pueblos (...) La gran cuestión

medios universitarios en nuestro país en 1875, pero señala que la consideración de la
obra de Darwin en las discusiones de los estancieros fundadores de la Asociación Rural
remonta a 1871 (p. 63).
29.Ardao [1968] recoge los nombres de Francisco Suñer y Capdevila, Julio Jurkowski y
José Arechavaleta (profesores de la Facultad de Medicina), y entre los provenientes de
ámbitos distintos a los de las ciencias naturales, Ángel Floro Costa, José Pedro Várela,
Gonzalo Ramírez y Carlos María de Pena (pp. 121-122).
30.En relación con lo que fue la situación del país en las primeras décadas de vida inde
pendiente, Oddone señala que "En lo económico no consigue el país trascender las for
mas de vida elementales. La explotación pecuaria, encuadrada en los hábitos de la es
tancia cimarrona, atiende la satisfacción de las necesidades de consumo y permite la
exportación de los excedentes de materia prima (...). La extensión y feracidad del agro,
acicate para el desarrollo de los cultivos, tropiezan con la carencia de brazos y estímulos
necesarios (...) En fin, ínfimos índices de población, muy desigualmente distribuidos,
agrestes hábitos de vida, primitivas diferenciaciones sociales y una todavía indecisa
conciencia nacional, dibujan para el Uruguay naciente una realidad de imprecisos con
tornos", en Oddone, J. [1966], p. 9.
31.Jurkowski, J., La metafísica y la ciencia, publicado en El espíritu nuevo, julio de 1879,
citado por Ardao, A. [1968], p. 128.

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VHI3^H3J ZVA 3(3 ODiaiHílf A 1VI3OS OlN3I^VSN3d 13

�56MIGUEL ANDREOLI

desde la propiedad comunal hasta la propiedad individual. De todas formas,
ni siquiera en este caso el objetivo central de la obra es directamente la justifi
cación de la propiedad privada, sino que su trabajo concluye, en polémica con
la absolutización principista del derecho de propiedad como rasgo de la perso
na: "que la propiedad no descansa sobre principios absolutos, ni ha sido una
institución inmutable; que ella ha revestido múltiples formas según las nece
sidades económicas, sociales y políticas que surgían en la humanidad, obede
ciendo en sus transformaciones a la ley de la evolución".
Este sesgo del positivismo nacional lo muestra más atento a las necesida
des del proceso de modernización, cuyo avance estaba condicionado a la intro
ducción de pautas racionales e instrumentales en la conducción política del
país, que a las exigencias de los debates que acompañaban los conflictos de
clase. Los temas del positivismo social eran más bien de carácter institucio
nal, y los enemigos se ubicaban en la ortodoxia religiosa, el dogmatismo prin
cipista de los espiritualistas o en lo que se percibía como la irracionalidad del
tradicionalismo de las luchas de divisas.
A diferencia del escenario social en el que querían incidir los evolucionis
tas europeos y norteamericanos, en nuestro país los conflictos sociales no se
expresaban directamente como enfrentamientos de clase, ni existía una arti
culación de demandas sociales que impusieran la urgencia de la cuestión so
cial. La vinculación de nuestro positivismo con el interés de promover una
cierta acción estatal antes que defender el libre automatismo del mercado, se
articula, entonces con los rasgos particulares de nuestra realidad nacional.
En efecto, las clases altas uruguayas estuvieron históricamente ligadas a
la necesidad de un Estado fuerte. Una de las constantes de la historia nacio
nal hasta bien entrado el siglo XX, fue
"la necesidad de apoyo estatal que tenían todas las clases sociales, incluso las
altas, necesidad que era signo de debilidad y una prueba del tipo de sociedad
novísima que imperaba en el Uruguay, el último país en poblarse y en inde
pendizarse de la América del Sur hispano-portuguesa, donde no había teni
do tiempo de estructurarse ningún orden social rígido ni muy definido" .
Se impone, en consecuencia, en nuestra historia un papel creciente del Esta
do empresario y del Estado arbitro del conflicto social, anterior incluso al surgi

miento del batllismo: en 1896 se funda el Banco República y ya en 1831 Rivera
había terciado en el conflicto entre propietarios y poseedores de la tierra.
b.La posición de Vaz Ferreira
Otro es el escenario en el que Vaz Ferreira realiza sus primeras y definiti
vas intervenciones sobre cuestiones sociales 36, recopiladas bajo el título Sobre
los problemas sociales, desde la Cátedra de Conferencias de la Universidad en
el curso de 1920, pero que -según el mismo Vaz en nota que precede a la pu-

35.Barran, J.P. y Nahum, B. [1986], p. 38.
36.Aunque volverá años más tarde a tratar estos temas en su Cátedra de Conferencias, en
lo esencial no modificará lo que sostiene desde 1918.

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¿SV^I3^^3d ZVA 3Q O^iaiHHf A 3VI3OS OlN3I^VSN3d 33

�58MIGUEL ANDREOLI

vidual: "El 'individualismo' se presenta como la tendencia a que cada indivi
duo actúe con libertad y reciba las consecuencias de sus aptitudes y de sus ac
tos" (SPS, p. 22). En la medida en que, para Vaz, el principio de igualdad, pro
pio de la tendencia socialista, inevitablemente supone la intervención estatal
sobre la espontaneidad del proceso social, resulta claro que cuando se refiere a
la libertad, el Maestro de Conferencias está hablando de la no restricción polí
tica de las decisiones individuales en un mercado considerado como ámbito
natural.
Dentro de esta concepción de la libertad, el individualismo es asociado con
las tendencias favorables a la personalidad, a las diferencias individuales y a
la libertad. Esta última "es uno de los determinantes de la superioridad de
nuestra especie" (SPS, p. 22) y, junto con la personalidad, tiene que ver con
"posibilidades futuras, mejoramiento, fermentalidad" (SPS, p. 26). Por esto se
adscribe a la tendencia individualista, los rasgos de ser "tan psicológica" y fa
vorable, al defender la libertad no sólo al "bien sensible y posible (...) sino to
davía [a] las posibilidades del futuro, nuestros privilegios de especie en mar
cha" (SPS,p. 39).
La preocupación de Vaz por mantener matices, que siempre termina re
solviéndose en una remisión a los sentimientos, hace a su pensamiento sobre
estos temas particularmente elusivo. Lo anterior no significa que no se pue
dan determinar tesis en la postura vazferreiriana, y de hecho, creemos que en
ella hay mucho más sistema que lo que el mismo Vaz quería:
1)El conjunto no claramente diferenciable de individualismo, libertad y
personalidad describe una actitud en la cual la dirección está dada, funda
mentalmente, por el ocuparse de uno mismo, orientada por el criterio de que
cada uno ha de recibir las consecuencias de las propias aptitudes y actos.
Atender a los intereses de otros, compensar desventajas -la "beneficencia" en
el lenguaje de Vaz- puede acompañar la actitud individualista, pero "como
simple paliativo", esto es como un añadido no intrínseco a la postura misma.
2)Esta actitud es "tan psicológica", es decir forma parte de la naturaleza
del individuo, a tal punto de que las perspectivas sociales que necesitaran de
la generalización de sentimientos altruistas "supondrían un cambio psicológi
co demasiado grande", por lo que "son utópicas para la mentalidad humana"
(SPS, p. 23). No es claro si Vaz está pensando en una configuración de la indi
vidualidad esencial e intemporal o en el resultado de un proceso histórico,
pero de todas formas es inequívoco que entiende que la espontaneidad de la
orientación hacia sí mismo resulta irreversible, una naturaleza que sólo puede
ser negada mediante la imposición tiránica (SPS, p. 24).
3)Esta orientación hacia nuestros propios intereses individuales se co
rresponde con nuestros intereses como "especie en marcha". El uso de térmi
nos como especie o instinto en Vaz ha de ser comprendido de un modo lato. De
hecho en el evolucionismo social también es peculiar el entendimiento de lo
natural en el caso del hombre. Si por una parte se afirma que un determinado
régimen competitivo es el correspondiente para nuestra especie a las condicio
nes de la selección natural, a la vez se reconoce que este régimen puede ser

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6SVHI3^H33 ZVA 30 ODIOianf A1VIDOS 01N3IWVSN3d 13

�60MIGUEL ANDREOLI

ventaja o nuestro propio bienestar, haciendo siempre aquello que creemos nos
proporcionará el mayor excedente posible de bien sobre el mal" 40. La reivindi
cación del interés de la especie o de la preservación de la capacidad creativa
de la individualidad, son razones para sostener su valor, pero no hacen al con
tenido mismo del principio, este radica simplemente en lo que, supone Vaz, es
el modo natural de ser del hombre.
A nuestro autor no se le escapa que hay otra forma de entender la preocu
pación por la individualidad: ya no la reserva del hecho "natural" de que cada
uno esté interesado antes que nada por sí mismo, sino el principio ético que ve
en cada individuo algo que merece respeto y el reconocimiento de derechos.
Esta última perspectiva, que puede ser caracterizada como individualismo éti
co, puede entrar en distintas relaciones con el individualismo sicológico, pero
no lo implica, e incluso puede llevar a conclusiones opuestas. Es así que Vaz
entiende que:
"el socialismo (de la Tierra) es mucho más individualista (individuista)
que el individualismo (...) quisiera (...) hacer del individuo el centro: dar
a cada individuo el mayor bienestar posible (...) Y es, al contrario, el indi
vidualismo de aquí abajo el que, por su idea de progreso, y de sacrificio,
relativo por lo menos, de los individuos peor dotados (en la selección),
atiende más a la idea de especie en general, a la idea de sociedad (...) en
este sentido de los términos, el socialismo es más individualista y el indi
vidualismo más socialista" (SPS, p. 28).
De un modo que le es característico, se limita a establecer la salvedad, a
encontrar un nombre para esta forma de individualismo ("individuismo"), pero
no lo integra al cuerpo de su argumentación. El individualismo en el que pien
sa, cuando se trata de establecer un principio para la consideración de la cues
tión social, no consiste en "dar a cada individuo el mayor bienestar posible", ni
siquiera "que cada individuo sea tenido en cuenta y asistido" (SPT, p. 177),
sino más bien en favorecer que cada uno logre lo que pueda procurarse por sus
propios medios.

3.2. La igualdad
La preocupación prioritaria por la igualdad forma parte, señala Vaz, de la
tendencia socialista.
Hay en el socialismo valores que no pueden ser desconocidos: "más huma
no (...) más bondad, más fraternidad, más solidaridad; no abandonar a nadie;
también, tomar la defensa del pobre, del débil" (SPS, p. 23).
Vaz no considera a la tendencia a la igualdad como el resultado de aspira
ciones de justicia, ya que para él, la idea de justicia coincide, al modo de Spencer, con el principio de responsabilidad individual: a cada uno según sus actos.
La preocupación por el desposeido le parece más bien vinculada a la bondad,
la fraternidad, la solidaridad que al directo reclamo que alguien pudiera hacer

40. Frankena, W.K (1965], p. 30.

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19VHI3HHHJ ZVA 3d OOIQíanf A 3VIDOS OXN3INVSN3d 13

�62MIGUEL ANDREOLI

allá de la pretensión de imponer a la historia un curso racionalmente decidido,
afincaban en una realidad que conformaba al individuo desde la reivindica
ción de una privacidad, con anterioridad a su identificación como ciudadano:
la sociedad civil burguesa preexistió al Estado burgués. Los proyectos igualitaristas, en cambio, cuando ya no fueron simplemente el fruto de la nostalgia
por la comunidad perdida en la emergencia de la modernidad 41, y pretendie
ron entroncar con las condiciones reales del desarrollo de la civilización indus
trial, no partieron de una realidad social desde la cual la igualdad ya realiza
da pudiera expandirse, sino que debieron confiar en las posibilidades de la
conformación de la conciencia mediante la crítica del orden existente o, direc
tamente, por la acción política. De ahí el carácter de "naturaleza" que los con
tenidos individuabstas han tenido históricamente y el aspecto de "imposición"
que en las condiciones de la modernidad acompaña a los proyectos igualitaristas.
Por eso, lo que Vaz cree encontrar en su pretensión de acceso inmediato al
sentimiento de lo socialmente adecuado, es una naturaleza sin más, un modo
de ser del hombre que simplemente se reconoce a través de lo que siente el
que intuye correctamente y que como tendencia coincide con la propuesta indi
vidualista.

3.3. La conciliación de los principios
Dentro de la constelación de significaciones de las nociones de igualdad y
de libertad que venimos manejando, es decir dentro del núcleo básico de la
tradición liberal, las relaciones entre los principios de libertad y de igualdad,
pueden ser convenientemente esquematizadas en las tres posiciones siguien
tes 42.
1. La defensa del sistema de libertad natural, siguiendo una termino
logía que se remonta a A. Smith, en el que la igualdad es interpretada como
iguales posibilidades formales abiertas a las distintas capacidades. La expre
sión "formal" alude a que la igualdad se limita a la proscripción de privilegios
estamentales, y no a la disparidad en la dotación inicial de ventajas naturales
o sociales. Sostiene que la apertura de las profesiones a las capacidades ase
gura la mayor eficacia social. De aquí resultaría la distribución justa, asegu
rándose a la vez el reconocimiento de los derechos de trasmisión de propiedad,
fundados en la idea del justo título, y la proporcionalidad entre los propios ac
tos y los resultados obtenidos. Una vez que culminó la disolución del sistema
feudal, esta forma de pensamiento pasó a constituir el núcleo del pensamiento
conservador, en cuyo centro está la idea de que "la presente división de rique
za y poder corresponde a alguna realidad profunda de la vida humana" 43. En
esta perspectiva podemos ubicar, dentro del contexto en el que pensaba Vaz, a

41.Como es el caso de las utopías renacentistas.
42.Se trata de una paráfrasis libre y parcial de una clasificación de Rawls [1981], cap. 2.
43.Walzer, M. [1980], p. 237.

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p^papos b\ ap dsuas uouiuioo [a ua
-aua^ s^ui B| Bas s^zinb A 'zb^ ap uppisod b¡ sa Bpg sappiui sapBpiun^jodo
sb| ua uppBpnSí B^iap Bun jpnpoj^ui ap sa Bpj^ as anb o[ ag opBOjaui p
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sbuiiujui sauopipuoa sb^ b OAippj o\ ua a^uauípdpuud 'sdjvpim sapvpjvnS
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-padsa sbi ire^daaB as anb bi ua '/o^agi; pDpjnnjfi ^\ ap uppouiojd Bg z
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b JBuopuaui B^SBq 'sajouapod soiduiafa b o^irena ug sbsod ap pn^a^ op^^sa
p 'zb^ 93ip 'uBipuajap anb soqanbB b pjaua3 ua

sappos supiuopnpAa so^

í9v^ia^^aj zva aa ODiaiaar a ividos oiN3iwvsN3d ia

�64MIGUEL ANDREOLI

individualista consecuente es, entonces, el de determinar en qué medida la in
troducción de la desigualdad en el punto de partida puede estar legitimada,
teniendo en cuenta que se trata de un estado de cosas que si bien suele depen
der de la voluntad del causante, es independiente en sus aspectos relevantes
de la acción del que recibe.
Un régimen de propiedad privada irrestricta, como el que tienden a de
fender los que propugnan el sistema que hemos llamado de libertad natu
ral, supone que entre los atributos de la propiedad está la transmisión por
herencia sin limitaciones. Pero, de procederse de esta forma se consagran
diferencias iniciales incompatibles con un régimen verdaderamente indivi
dualista, dando lugar más bien a lo que Vaz llama un "familismo vertical
descendente" (R, p. 265), en el sentido de que las posiciones iniciales que
dan ñjadas, casi siempre en virtud de la pertenencia a una determinada fa
milia, de tal forma que hacen inviable el efectivo funcionamiento de un sis
tema en el que cada uno reciba según lo que efectivamente ha hecho. La
herencia ilimitada, afirma Vaz, es contraria tanto al principio individualis
ta de justicia como a la idea misma de libertad, pues "la mayor parte de los
individuos, de hecho, no actúan libremente por falta de mínimum asegura
do: de punto de partida." (R, p. 262).
Para progresar en la reflexión, Vaz introduce la distinción entre un indi
vidualismo de la generación presente, que debiera hacer cada vez tabla rasa de
lo que proviene de las generaciones anteriores y "traer a cada individuo al
punto de partida"; y un individualismo que tomara en cuenta el derecho de las
generaciones pasadas a transmitir sus bienes a la descendencia. El primero,
dice Vaz, peca por utópico, ya que el entrecruzamiento de las generaciones lo
hace inviable: sólo sería posible el comienzo absoluto si cuando una genera
ción nace, la anterior muriera. El segundo genera una no justificable desigual

dad en el punto de partida (SPS, pp. 38 y 39).
En verdad la supresión de la herencia no requiere la condición imposible
que plantea Vaz. Si hay un derecho a transmitir herencia, éste no depende del
entrecruzamiento generacional, y en caso de que no lo haya, la herencia no
puede ser impuesta simplemente porque individuos de distintas generaciones
convivan. Otra cosa es la diferencia, mucho más difícil de erradicar incluso en
teoría, producida por el nacimiento en familias ubicadas en diferentes grados
de la jerarquía social y lo que ello implica en los procesos de aprendizaje, o en
la utilización de estrategias para transmitir privilegios. Pero no parece que
Vaz se esté refiriendo a este aspecto del problema.
Por otra parte, Vaz cree que la institución de la herencia no solo ha de ser
considerada como una situación impuesta de hecho, sino que cuenta con bue
nas razones a su favor. Al hacer inventario de "lo que la institución de la he
rencia tiene de bueno en sí", le atribuye el ser un factor de estimulación de los
afectos familiares y del trabajo (R, p. 269).
Se está, entonces, ante un conflicto de derechos: por una parte el derecho
de las generaciones pasadas a transmitir bajo la forma de propiedad privada
lo que han llegado a poseer; por otra, el derecho de los individuos actuales a

�(68 '^ 'SdS) sajBpiui sauopipuoo sb{ ap pBp{Bn8isap B{ JBiaduia^B BJBd
sauopB^uuq asjBnpaja ap ireq 'sa{BJiqBU sopiauíap ap uqpBidojdB B{ sa {B^uaui
-Bpuig o\ is anb SBj^uaxui 'Buosaons u9isiuisubj^ ap oqoajap {ap oquaiuipouooaj
'opsqBj^ {ap BÍftiaAOjd opo^ apuop j[\e anb sa z^\ jod B^sandojd U9pn{os Bq

(^6 ^ 'XdS) ^uasajd i^pBn^s B{
ap a{qisod 0{3ajJB jofaui {ap Bpanbsnq B{ ouiod ouis 'aouosaons o^qajd unn ouiod
opBa^iiB{d jas ap Bq ou Biua{qojd {a X 'jopBj a^a ap BpB^uiqi upisiuiSBJ^ B{
b a^uapgns U9ZBJ ap anb 0{n^^ opnf ^nq o^[ BJjap B{ ap pnpaidojd B{ jbzi{bjo
-bs Bpua^ajd anb Bjjoa^ Bpo^ JB^igaj b SBpBupsap u^^sa 'vjuai^ nj ap pvpaidoud
v] ^uqog fiQi ap SBpuajajuoo SBSua^a sb{ ap a^Bd Buang (¿¿ d 'xjs) OJ1
vnud 'opBidojdB 'anb O{ 'op^q ajqos 'X 'ofBqBJ^ {ap o^uj sa ou anb o{ 'Bipixa bX
anb o\n :aOApB3auw buib{{ anb o^uauia{a {ap 'pnpaidojd B{ ap ojnd o^uauia{a 'bu
-Buinq pupiAipB B{ ap a^uauíupajip Bqnsaj anb o{ auodo 'Bjaunuí Bpa aQ
•odjano {ap
B{ jod opunuí {a ua SBppnpojd sauopBDijipoui ouioo anb {Bnpa{a^ui
B{ ap U9isajdxa ouioa s^ui a{BA '{9 BJBd 'opBqBJ^ {a anbuns *(g¿ d 'JLJS) PBP
-aidojd BXnq anb 'a^aiuaAUoa X opnf 'ouanq ouioo souii^as osa jod í{Buosjad
o{ ap 'Bidojd u9poB B{ ap 'pnpiAi^B B{ ap 'ofBqBj^ {ap a^uauíupajip a{BS pupa^d
-oad ap oqoajap {gw anb apua^ua 'zb^y opoui ouisiui {aQ bubui^uo pBpaidoad
B{ ap uqisua^a o op^qnsaj oxuoo BpBAuap jas ap Bq 'BJja^ B{ ap B{ a^aui{Bd
-puud 'pBpaidojd ap sbuuoj sbj^o ap u^pBoqpsnf Bq Buosjad B{ ap BOis^q pBp
-aidojd B{ sa odjano oidojd {ap ofeqBJ^ {a 'luaiujaaof) pnt^ uo saspvdjj^ ocnj^ so{
ap opunSas {ap ^ dno {a ua B^sandxa aqooq ap Bois^p BAipadsjad B{ ug
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Bzanbu B{ BjauaS anb {a anb o^sandns jod up as anb zaA B{ b 'pBpaAou ap U9p
-Bjaua3 uoo {Bpos Bzanbu ap u9pBjaua3 B{ opuaq)unjuoo BUB^sa as U9isnosip
ua Buia{qojd {ap osbo {a ua *a{qipuajapui sa 'BpB{nuuoj ^^sa anb {a ua opoui {ap
souaui o{ jod 'buisiui is ua sisa^ B^sa anb ap ^{{B s^^^ sa{Bpos sosaoojd so{ ap
pnpuoua^xa B{ ap BpiBJ^sns {BnpiAipui a^uanj Bun b 'uqioBajo b{ 'pBpaAou b{
'o^sia souiaq bX ouioo 'aXnqu^B anb ap oqoaq {B aqap as o^sg SBppajaui ou sa{
-Bpiui supuajajip ireuBjado u9iquiB^ anb so{ ua 'afBzxpuajdB ap sa{Bioos sosao
-ojd ap opB^pisaj {B^uauíBpunj Bpipaui Bun ua uos sauaiq ap U9puajo ap sosao
-ojd so{ ua oSanf ua SB^sand sa{BnpiAipux sapBppBdBO sb{ anb B^uano ua Biuo^
ou zb^ s^uiap so{ BJBd Bpipj9d Bun sa auapqo oun anb o{ apuop 'ojao Biuns ap
BpuBire3 Bun sa opunSas o{ anb sBJ^uaiui 'onpiAipui {ap sauoiooB sb{ ap apuad
-ap anb o^uauíajoui un sa 'Bpuu ap aipuu b BAud ou ouisiui js jod ojauíud o{
anb auodng -sa{Bjn^Bu so^uauia{a ap uqioBidojdB B{ ua a^sisuoo anb o{ X 'ofóq
-bj^ {ap auaiAOjd anb o{ aj^ua upioBJBdas B{ :{Bjaqi{ o^uaiuiBsuad {ap sozuaiui
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-a^ *ou anb o{ X Biouajaq jod a{qisiuisuBJ^ Bjjas anb o{ aj^ua u^pui^sip b{ aonp
-oj^ui ug {B^ uo^ u9I3obsubj^ Bun b jB3a{{ BJBd o3anf ua sosjaAip so^oadsu so{
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-suapBJBo sa anb o{ un^as 'ajambaj U9pn{os Bq sa{Bn^i sa{Bpiui sauopipuoo

S9VHIHHH3H ZVA 3Q 03101^^1 A1VI3OS OlN3MVSN3d 13

�66MIGUEL ANDREOLI

En la argumentación recurre a dos tipos de razones. Por una parte crite
rios utilitarios de conveniencia, y por otra el examen del alcance de derechos
eventualmente conflictivos. En este último sentido, su pensamiento conserva
analogías importantes con desarrollos actuales de la filosofía política y cree
mos que posee una interesante potencialidad de intervención en las discusio
nes contemporáneas.
La afirmación del derecho del individuo a dar lo que le pertenece, en nom
bre del principio de libertad, es fundamental en la teoría de Robert Nozick 44.

Según éste el único criterio para determinar la justicia de una distribución so
cial dada ha de estar regido por el modo en el que se ha llegado a ella, más
precisamente si ha ocurrido por medio de adquisiciones y transferencias legíti
mas. Las adquisiciones originales de propiedad serán justas, repitiendo a Locke, si los bienes no son ya propiedad de otros y si no implican apropiarse de
recursos de tal modo que le imposibilite su acceso a otros individuos. Las
transferencias son legítimas si voluntariamente entregamos aquello a lo que
tenemos derecho. Los criterios redistributivos que alteren el estado de cosas
resultante del libre intercambio entre individuos, en nombre de alguna con
cepción de la justicia, como ser la igualdad o alguna forma de maximización
del bienestar, se orientarían por lo que Nozick llama end-state principies 45.
Estos principios remiten a estados finales en la medida en la que consideran
que dos distribuciones son igualmente justas si son estructuralmente idénti
cas, es decir si exhiben el mismo perfil, independientemente de los individuos
que ocupen las posiciones. En cambio, en un arreglo social regido por adquisi
ciones y transferencias libres, ningún patrón de distribución puede estar regu
lativamente fijado. La orientación por principios de estado final implica nece
sariamente que las personas pueden reclamar sobre las propiedades de otros,
lo cual, estima Nozick, resulta inadmisible desde la perspectiva de los dere
chos. Cualquier modificación sobre la distribución que emerge de las decisio
nes libres de los individuos implica apropiarse de lo que le pertenece a otro.
Las consideraciones de Vaz pueden ser entendidas como introduciendo
criterios de estado final, en la medida en la que establece la necesidad mo
ral de reducir algunas desigualdades iniciales por ser intolerables en sí
mismas o como alteraciones de las condiciones de una competencia equita
tiva, pero en su núcleo pueden ser interpretadas como observaciones perti
nentes dentro del marco de las concepciones individualistas basadas en de
rechos. Tal como se ha señalado críticamente respecto a la teoría de No
zick, es necesario distinguir el derecho del que da, la generación pasada en
el problema de la herencia según la terminología de Vaz, del derecho del
que recibe, la generación actual. Lo que Vaz señala acertadamente, es que
no se puede defender moralmente el derecho a un privilegio no merecido, y
este es en principio el caso del que recibe una herencia. Con seguridad, los

44.Nozick, R. [1988].
45.Nozick, R. [1988], p. 156.

�sa uoponptuj Bq ^zS d '[9¿6I] 'V '
ja anb ap oqoaq ja jod op^p B^sa pBpaidojd bj ap oidpupd ja 'aqooq bjbj p^p
-ipnpiAipui bj ap pBppopa^ui bj b Biupcpjd s^ui u9pBzpopa:jxa bj sa jBnpaj
-a^ui JoqBj bj ap opnpojd [a 'zb^ jod BpB^pqdxa ou U9ZBJ Bun sa b^s^ A 'bj:jo
jod ÍBpBU ap aip^u b BApd ou uqpBidojdB ns 'Bpuanaasuoo ua 'A ajqiuodsq^
0AJ8DB p apBUB as anb jojba un Bjaua3 apBd Bun jod ípsppBjnoipBd B^sa ubjj
-Baqdxa anb so3sbj sop Bupua^ pnpap^ui ofBqBj^ ^g sopiAjas soj jod A -sop
-púas so{ ap oqduiB s^ui p ua- pnpap^ui oÍBqBJ^ p jod BpBjaua3 pupaidoad
b^ sa Bpuajaq tb\ ap uppB^iiuq b^ ap opxnpxa a^uauíusajdxa Bpanb anb oq
•sauaiq ap odp a^sa ap Buosaans u9isiuisubj^
b^ ajqos so^sanduii UBazapppa anb SBUB^nqu^ SBopxpd ap U9puoijpsnf Bun
b 'BpBpre uaiq s^ui uqpBAjasqo BunSp ap JBsad b 'sooip^jd sopaja sns ua
jB^undB aaajBd uaiq s^ui A 'jBjn^p pp apanuí B^ ap S9ndsap souaui o\ jod bjj
-ap B^ ap BUB^qBn3i pBpqiqíuodsip Bun ap oppuas p ua 'Bjjoa^ ns jaua^ Bupod
anb sapoipBj s^ui supuanoasuoo sb^ ua opuusuad ^pa ou ztb^ anb b aqap as
s^zmb opg upisaons Bps ^\ ap ^{p s^ui ba anb Biíap B{ ap pnptAipui p^paid
-oad B{ ap u^paupaj Bun sa Bxiap bj ap Bpuajaq b{ ap uppB^iuiq BApoaja b¡ o^
-und anb upuq BuruiBxa ou jo^ns ojpanu oqoaq aQ op^p japod u9iquiB^ ouis
'X JBsn japod ops ou Boqiu^is x ^-iqos papaidojd &amp;\ Jaua^ BpBAud pupaidojd
b^ ap sap^uauíBpunj sopadsB soj ap oun ap uppaupaj bj aAanuiojd 'U9poj
-Bn^i bj ap ouiuibd ja ua sofaj opBisauíap opi Bq -ajquiou oj ou anbunB- ouisijj
puq ja saoaA SBqonuí uamb BJBd 'ojos9jg jg sojapuB^sa soj ap japod ja ua sa:j
-luiij sns ap oun opBJ^uooua ujquq B^sqj^Bq ouisiuuojaj jg ^u9i3onpojd ap bjj
-ai^ bjw ap BiDuajaq bj ajqos a^uauíjB^uauíBpunj jaBoaj ap Bq u9idb^iuiij bj
BJBd 'aSjoaf) ^Ciuaj^ ap BUB^nqu^ Bopijod ap SB^sandojd sbj ua A
ap sooiupuooa sojuosa soj ua SBpiua^uoo b^ sauopBAjasqo opuainSig
• a^uasajd u9pBjaua3 bj ap BAipadsjad bj B^ioduii 'sojp soj b BAud U9p
-BidojdB ns anb bj ua Bpipaui bj ua 'sajBjn^u sosjnoaj jod so^anduioo u^pa
Bpipaui Bun3jB ua anb sauaiq ap b^bj^ as is 'oiquiBa ug a^iuisuBj^ anb jap BAp
-oadsjad bj JBAjasuoa juajajd b b^iuiij as zb^^ jnbB ojad 'sajBjn^BU sosjnaaj ap
soj^o b jBAud Boqduii ou uaiq ja anb ap oqoaq ja jod aoajBdBsap ou aqpaj anb
jap o^juaiuipajaui ou ja pupjaA ug aojnd ofeqBJ^ sa is aqpaj as anb oj ap U9p
-b^iuiij ou :a^uisuBj:j as anb oj ap BzajBjn^BU bj ap uauíBxa jap JiuaAOjd ap UBq
so^sa 'zb^ bjb^ Buosaons u9isiuisubj^ bj ap soAp^^uiq sopa^pa
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a aju3iu3fU3ipu3dapui ojumuvp^u spsnd ou ousiuud ja A vp snb pp
oyj3J3p jap ajuajpuadap ajuaiuvpjdiuoo sa aqpaj. anb jap oyoauap ja osvo
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ounupqjv ajuawjvuoiu souatu ua utpanuoa aoauvd ou vuainb anb oj svpuvu
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auambpv anb oj v jvjoiu oyoauap un auap onpmipui un anb ap oyoay jan
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Bidojd bj ap popiApoB bj ap opB^jnsaj jap p^paidojd bj ua sopusuq so^uauín^jB

¿9v^ia^aaj zva aa ooiaianr a ividos oiN3iwvsN3d ia

�68MIGUEL ANDREOLI

resultado en el mundo de mi esfuerzo me pertenece en tanto soy dueño de mi
cuerpo; para Vaz, en cambio, la forma primera de la propiedad, no histórica
mente pero sí por su naturaleza, es la intelectual, por ser la más próxima a la

intimidad de la mismidad.
En cuanto a la posibilidad de medidas concretas, Vaz es en general más
cauto que en su apreciación crítica de principios. Antes que nada, la herencia
no debiera interferir con el derecho básico de habitación. Por otra parte consi
dera insuficientes las políticas de impuestos progresivos a las herencias exce
sivas, y ve con simpatía la propuesta de Stuart Mili de no restringir la capaci
dad de disponer pero si la de recibir, poniendo un límite al valor que cada in
dividuo puede recibir por herencia, pero de hecho termina afirmando que "so
bre los resultados que daría la aplicación de ese régimen no me siento capaz
de pronunciarme" (R, p. 269).

3.3.2. El derecho a tierra de habitación
La superación de los problemas que la propiedad de la tierra, en tanto
que éstos producen una desigualdad injustificable en la generación presente,
requiere, según la propuesta de Vaz, atender a dos aspectos: restricción del
derecho de sucesión de la tierra de producción y reconocimiento universal y
efectivo del derecho a tierra de habitación. Entiende que en la tradición de los
derechos individuales se produjo el olvido del derecho a estar, a habitar, tan
básico como el clásico derecho al libre desplazamiento. Esta es la tesis que de
fiende tanto en las conferencias del año 1914 reunidas en Sobre la Propiedad
de la Tierra, como en pasajes de Sobre los Problemas Sociales (SPS, pp. 30—
31), y que continuará sosteniendo hasta el fin de su vida como uno de sus
aportes fundamentales en la cuestión social. En 1953 en una conferencia, lle
ga a afirmar enfáticamente "que el primero, absolutamente el primero de los
derechos individuales, no ha sido proclamado ni reconocido nunca; y es el de
recho de cada individuo a estar en la tierra, a estar sin precio ni permiso en el
planeta en que ha nacido" (D, p. 381).
Cree que la dificultad para solucionar el problema de la vivienda proviene
del hecho de no distinguir la tierra de producción de la de habitación. Hay,
por lo pronto, distintas pretensiones sobre ambos tipos de tierra: si bien no to
dos los hombres son agricultores, todos son habitantes (SPT, p. 21). No podría
convertirse a todos los hombres en dueños de tierra de producción, pero sí se
podría dotar a todos de un espacio para habitar (SPT, p. 21-22). Además, en
el caso de la producción, es muy difícil distinguir lo que ya estaba dado como
recurso natural, de lo que le agrega el hombre, mientras que esto es relativa
mente fácil en lo que respecta a la tierra de habitación (SPT, p. 22).
Otra razón que permite distinguir ambas formas de tierra, es que las dife
rencias cualitativas importan en la producción pero mucho menos en la cons
trucción de viviendas. Reconoce, entre paréntesis, que hay un factor común:
"la diferencia de situación, que (...) tiende a ser mucho más importante, al
contrario para la tierra de vivienda" (SPS, p. 23). La diferencia de costo im-

�-truajmu svsoo svpap u^iqtuvj \uvfsa apuopt A uppanujsui 'pnjvs ap spiu
-apv 'jvj otuoa onpptpuí vpvo v uvunSasv vua^pnd anb uppvzmvSuo ounn
ap o^uaiwpa^B^sa [b uajaipj as 'ppos uoioob
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BJdiAOiuojd anb BpptiBui p uod iu '(b^o^ ouisuB^qBnSi ooidí^n un anbsnq anb
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auqij uvfap ap souvpjpvd uvuas soun :opvu8 p ua 'vi^uauajip v¡ '^ sopo^
vuvd sa v^niuupj vp^^ 'sapnpidv sns ap K vpnpuoo ns ap svpuanoasuoo svj
uod 'pvpaqjj vj v ojuvBaujua :ojuvfap 's^ndsap 'o^ '.opvuS o^uap vjsvy onpm
-fpui \o uvjnSasy oj :ua uippuioo uvpaqap sopo^ :opuvDr/í]diujg 'jvjtdvD
sa vjmujgj os^ sonisuaudtuoD /C souaaup snpu^dsa soj vuvd vjntuupj vunM
b JB3ap ap sa B^B^ as anb o\ ap oíaj pBpqiqBasap ap anb sa^uB
-aj ap 'so^nai^sqo sajo^Bui b Bpipuios ^pa ^ Bso^na^ip s^ui
sa 'uppB^iqBq b^ ap o^uaiuiBjn^asB pp ^ip s^ui 'zb^ aaip 'u9pB{Bn3i

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sopB sns unSas Bpuodsajjoa a[ oun Bp^o b anb :opBpío Bq anb B[
jod Bpipnf ap oidpuud [ap upioBpjdja^ux jB[nopjBd B[ ap u9pBzi[Baj b[ BJBd
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-Bqnsaj p sa 'upisnosip B[ ap bjan; i?pa sb3jbd sb[ A sopipuaq so[ ap uqpnqij^
-sip B[ ua SBpuajajip uajaua^ as anb ap ouisiui oqoaq [a oja&lt;j [BnpiAipui o[[ojj
-Bsap [a BJBd souiiuiui soqsmbaj so[ uBpajB anb snqanbB JB[noipBd ua 'sB[[a
ap SBunSp ajqos O[9S 'oqoajap un ap ajquiou ua 'uppuaAja^ui B[ JBpIaoB ap
opoui [B^ ap 'Bun b ap SBpBjapisuoo jas ap ireq 'BpqBqdBD opBDjaui [a ua SBpBJ
-auaS sapBppnSisap sb[ jod SBppnpojd SBpuajajip ap sodp so^upsip so[ [Bpos
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UBquiq opoui un3[B ap anb 'sauoisiuio sopa ap a[qnqojd u9pB0i[dxa BUf[
u9pDnj^suoD B[ ap opoD [ap upipano B[ Bjapisuoo iu 'uppBqqnq B[ b oqD
-ajap [a ua appca anb pB^[nDqip Bpa ap B^uanD Bp ou 'uppBAjasqo aAajq Bsa ap
9[[B s^ui 'zb^y 'f\QX Bp SBpuajajuoD sBSuapa sns ap o3jb[ O[ b ojaj soioBdsa
sopap b ou o japaooB ap pBpi[iqisod B[ ua SBpuajajip ouiod u9iquiB^ uusajdxa
as [Bpos uppBDqipjpa ap SBpuajajip sb[ anb ouis -souBuiajjajzBA sopiauin
-jb so[ ap sisbju9 [a jua3ns a^ajBd saoaA b ouiod- aBuipua sbsbd sapauod BJBd,,
BJjap B[ ajqos oqoajap [a JBDipuiAiaj ap a^uauia[duiis B^eq as 0^ oiDBdsa
[ap U9pnqupip ap sBuia[qojd ouiod a^uBpoduii opBJ^ un ua uaoajBdB BpuaiA
-ia B[ ap SBUia[qojd so[ oqoaq ap 'osjnoaj ouiod BJjai^ B[ JBupsap ap sapiajajip
sbuijoj sop s^pa ajpia Bpua^aduioo A^q ou saoaA sb[ ap buoAbui b[ anb opaio
sa uaiq is A '[Bnplaouoo Bpnu anb sa^uB sa u9pBqqBq ap BJjap A upiDonpojd ap
BJjap aj^ua Ba^xiB[d as anb upisnjuoo B[ uainb BJBd 'zb^y bb-i^ Bnb o[ ap Biouaj
-ajip y BpuaiAiA B[ ua [Bpiaurepunj 'a^uauía^uappa 'sa upioBoiqn B[ jod

69V^I3^ÍI33 ZVA 3d ODiai^Of A1VIDOS 01N3I^VSN3d 13

�70MIGUEL ANDREOLI

les de la necesidad gruesa, como alimentación, vivienda, abrigo, etc. -lo
mínimo, lo grueso-" ya que "ésa a nadie repugnaría aun desde el punto de
vista de las posibilidades futuras, de la libertad, de la personalidad, de la
fermentalidad; todos la admitirían como deseable... Pero ahí, donde no
existen todavía las complicaciones de deseabilidad, existen ya, y graves,
las complicaciones de posibilidad" (SPS, p. 33)
El individualismo de Vaz, y su relación interna con las condiciones de la
competencia en un mercado, lo llevan a la duda respecto a la posibilidad de
asegurar demandas básicas de vestimenta y alimentación, producida por la di
fícil conciliación entre una igualdad aceptada por sentimientos morales y la
desigualdad vista, no sólo como exigencia para la constitución de la personali
dad individualista, sino como requerimiento de la realidad misma. La produc
ción es cuestión de propiedad privada, la igualación es pedida por el senti
miento moral.
Queda entonces adecuadamente caracterizada la posición de Vaz ante la
cuestión social como una forma de defensa de la igualdad liberal: la efectiva
realización de un régimen individualista supondría un punto de partida igual
(R, p. 264), lo que de ninguna manera corresponde a la situación social real de
aquellos regímenes donde normalmente se entiende que se realiza el indivi
dualismo. La efectivización total de este principio en la realidad, implicaría
tales cambios en la situación presente que resulta imposible de concretar en la
totalidad de su exigencia. Pero lo que sí es posible es una situación más apro
ximada al ideal, una solución de grado, la que ha de ser pensada bajo la forma
de ciertas limitaciones al derecho de propiedad, que sirvan para introducir
medidas de igualación que no resultarían del mero juego del mercado sino que
supondrían la modificación del régimen jurídico de los derechos que en efecto
se pueden transmitir o ciertas medidas de intervención estatal.
La filosofía de Vaz pone en evidencia que la asociación de hecho frecuente
entre individualismo y derecho irrestricto de propiedad, no se justifica y pro
duce confusión de ideas, ya que se asocian con el individualismo instituciones
como la de la herencia, que en realidad introducen efectos antiindividualistas,
por lo que el individualismo aparecería como una justificación de un estado de
cosas que no lo realiza 47.
En Sobre la propiedad de la tierra distingue tres formas posibles de regí
menes sociales: individualismo, familismo y socialismo. Los diferencia según
quien dispone de lo que se produce, según el grado de poder de coerción de la
sociedad sobre el individuo y según que la finalidad del sistema sea la especie
o el individuo (SPT, pp. 182-187). Esquematizamos sus afirmaciones en el si
guiente cuadro:

47. No se puede afirmar que en la situación histórica desde la que pensaba Vaz se consa
grara rigurosamente un derecho irrestricto de propiedad, pero, de todas formas, para
Vaz, era indispensable introducir restricciones que ni en ese momento existían, ni aho
ra están presentes en nuestro régimen jurídico de la propiedad.

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-tjvuauaS ap jantu ojuap un soiuvzuvajv anb zan vu/j sopmf soujsanu unS
-as ojsnfsptu ja sa aouvjvq anb souopuvjunSaud sojjo uoo soun sopvsados
jas anb uauap anb soidpuud souauiud ap ajqpanpauui vtjiiuvj vun ajsixa
anb auapumu anb vuujaop vj ouioa (•••) oiusiuopmjui jv ^uvuapisuoju
:Bppsnf ap sau
-opsanD ua JB^uauínSjB ap opoui apa b BzuapBJBD s{MBg anb so{ ua
so{ ua 'Bpiuopu^ui a^iauíBDid^ sa o^uaiuiipaaojd {g opjanDBsap {ap
-xuisip B|[ X oi^anaua ap so^und ap Bpanbsnq &amp;\ 'BpuBjap^ B^ ap \a sa oapi^od
O{apoui ^g sapBp^BUOsaad sb^ ap o^ouBsap ap SB^snf sauopipuoa ap Bpua^spta
B| b SBUB^uoo X sajqBaijpsnfui sapBp^Bn^isap jod sppnpojd
^\ 'oj^o pp 'pBpi^npiAipui Bf ap BJopBSau u9pB{Bn^i B{ 'opB^ un ap
-bui oj ap souiaj^xa so^ aj^ua 'oa^uB^ ap *u9pBipso ap sa o^uaiuiipaoojd

u9pBupn^ ap apadsa Bunn ouioa BpBaapisuoo jas Bipod o^s '
-lAipui Bppsnf X p^^aqij ap soidpuud so{ ap u9pbzijb3j B{ Bja a^ua^pca ^pos
uapjo p anb ap Bpuaajo B^ anb Bq^suad osa jo^ s^api sb^ ap ouB^d p ua U9
-B^uasajdaj ns X ppos pBpipaj B{ aj^ua 9^oub anb u9poipBJ^uoo b^ ap B^uana
jBp Bupod anb oou9^siq o^uaiuiBZBpj^ua p 'oiqureo ua 'oia ou 'zb^ ^p bijoso^ij
B{ 9iqpjad o\ o^sg sapBjadnsui saaaA SBqanuí oqaaq ap sauop^^iuiq auodiui
opojJBsap ns ap U9pipuoo b[ sa a^uauíBpandns anb sbsod ap ops^sa p 'sonpiA
-xpui so| ap ¡Baj Bpuappca b^ uod U9pupj ua 'oaad 'op^ajaui pp ppos odjbui p
ua opBipjJBsap Bq as BpipnpiAipui pBppuapi Biuapoui Bg -paj opBOjaui {ap
o^uaiuiBuopunj {ap soSsbj ap u9pB0i{dxa ap X jBzipaj b OAipfqo ap 'u9pBDij
-psnf ap {ad^d p zaA b{ b a{duina anb u^p^zipapi Bun sa Bpajjad Bioua^aduioa
ap u^pBn^is Bg uaXn^psuoo o{ a^uauíBpandns anb soAipuuou soidpuud so{
uoa appuioa ou BpBAud pBpaidojd B{ ua opusuq opuajaui {ap pupipaj Bg
BpuapdiuoD B{ ap SB{3aj sb{ ap uqisjo^sip 3abj3 Bun 'a^uaui
-pjoui a{qB3ijpsnf ou pBppn^isap ap jopbj un ap U9panpoj^ui B{ jod 'aonp
-ojd as jsy sauaiq jpiuisirej^ b sajoua^ire sauopBjauad sb{ ap oqoaaap {a jod
{BnpiAipui Bpua^aduioo B{ uBia^p anb SBpqiuiBj so^uauia{a so{ jod sop^pajB
SB^si{Bnppipui sapauoduioa ap oiuiuiopajd un uod 'sauopdaauoa saj^ sb{ ap
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\L

�72MIGUEL ANDREOLI

orden más elevado que sirvan para determinar el énfasis correcto de los
principios competitivos de la justicia."48
En Vaz se dan las dos características típicas de las doctrinas intuicionistas: la admisión de la pluralidad de primeros principios, y la no formulación
de un método explícito o de criterios para comparar esos principios: "simple
mente hemos de hacer intuitivamente un balance mediante el cual averiguar
por aproximación lo más correcto." 49 El mismo Rawls señala que el único
modo de impugnar adecuadamente al intuicionismo es formular los principios
de comparación que éste no admite. Una tarea de esta naturaleza excede a las
posibilidades de un examen de la filosofía social de Vaz, pero de todas formas
importa indicar que el intuicionismo de por sí no ofrece un modo convincente
de realizar la tarea que desea cumplir.
Este es el "modo de pensar" que Vaz quiere dejar como contribución a la
solución del problema social. Los problemas se perciben como impuestos por
una realidad a veces transformable; las exigencias morales, en cambio, se
sienten, por eso la resolución de la cuestión social queda librada al sentimiento
de los hombres de buena voluntad. Es así que el pensamiento de Vaz parece
no haber perdido actualidad en el planteo de los problemas; en cambio, la vía
de salida que ofrece, mediante el recurso al sentimiento de los hombres de
buena voluntad, requiere comulgar con su forma particular de fe en la subjeti
vidad.

48.Rawls, J. [19851, pp. 52-53.
49.Rawls, J. [1985], p. 53.

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-ajar B{ jb^iab a^aaarespaad anj nop^^B^suoo B^sa ap ipjred b osmb B^ajruj anb o[ 'pn^
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un ap uBOipnCiad sapqjaA souisipuianbsa so^ 'zb^ un^as 'osbd opo^ ug
•Borp^jd BJ^sanu b pjaua3 ua uupajB anb sBuisgos ap odp oui
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-B{3aj a^uauíBoippnf jas BJBd BSuodoad as anb U9psano jambpno ap U9pn|os
B{ ap U9isnasip tb\ 'o^sa joj a^ud Bjauíud B^ ua opuajaa souiaq sou anb so{ b
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auap oqaajaQ pp Bpua^srea B{ 'pjoui b^ uoa apaons anb o{ anb pn^i \y
U9punj ns a^duma anb so^ ap oj^uap -sapjoui BA^nigap uasappos SBUia[qojd so^ ap Bpuapuadapui uoo a^uaurepBnoapB opnppnp jas Bjap
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UB^psaj -Bopunf u9pB3y[u3is a^uappa ap- BpBjaouiap b^ ap p^pipuopu^ipui
sb^ o u9pB^iqBq ap oqaajap p 'Bpuajaq B| ap uauíiSí^j p 'Bjjap ^\ ap pnpaidojd b^
ap sb¡[ ouioa sauopsana 'U9ZBJ Bpa jo^ Bpnpuoa Bj^sanu uB^uauo anb sbuuou
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-qduii soaipunf so^daaajd so^ anb aaja ou anb jbuuijb apand as pjaua3 ug sbs
-ua^xa uos ou oqaajaQ {ap Bza{Bjn^BU B{ ajqos zb^\ ap sauopBAjasqo sng
^ap Batid ou noiadaauoa ^u^ *x

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�74MIGUEL ANDREOLI

Este entiende que la fórmula individualista de justicia, por la que se afirma la
legitimidad de lo que cada uno alcanza por sus medios, ha de ser completada
incluyendo lo que se reciba por donación o por herencia, respetando el hecho
primitivo de la apropiación de la tierra. Contra esta afirmación, Vaz advierte
que si la fórmula spenceriana entra en contradicción con consecuencias que
derivan de la aceptación de la propiedad de la tierra, no es cuestión de modifi
car la fórmula sino de reconsiderar la apropiación (SPT, p. 91). Lo que aquí se
enfrentan son dos maneras de pensar: por una parte el filósofo interesado en
la falta de justificación moral de determinadas instituciones sociales, por otra
el jurista que trabaja sobre las formulaciones para acordarlas con lo vigente,
aunque esto implique algo más que una tarea de buscar una interpretación co
herente de principios y normas. Ese plus es lo que, por medio de la modifica
ción de las estipulaciones, produce un simulacro de justificación.
El pensamiento en el que priman las "definiciones formulistas", falla en la
tarea de "hacer sentir". En aquellos países en los que dominó esta forma de
pensamiento jurídico, su modo de tratar las libertades y los derechos indivi
duales fue previo "a algo muy grave que amenazaba (...) el totalitarismo" (R,
p. 244). La crítica de Vaz apunta a que las disciplinas jurídicas no deben olvi
dar que la existencia misma del Derecho requiere que los preceptos jurídicos
mantengan contacto con las creencias y valoraciones socialmente compartidas.
Este juicio debe servir como moderador del impulso de abstracción y tecnificación propio de la configuración del Derecho como disciplina de especialistas.
Enseñar Derecho es, para Vaz, una tarea que excede el adiestramiento en
la sola interpretación de normas y en el uso de fórmulas. El Derecho mismo no
puede agotarse en estos procedimientos, ya que la complejidad entera de los
problemas sociales constituye un contexto que no lo determina solo por una
causalidad externa, sino que conforma su propia naturaleza. De este modo en
las cuestiones jurídicas están en juego a la vez criterios instrumentales de realizabilidad, apreciaciones morales que definen preferencias legítimas e ins
tancias afectivas de expresión individual, comunes a todas las cuestiones
prácticas.

2. El fundamento de los derechos
Si el formulismo jurídico escamotea lo esencial, para enfrentarlo, en las
décadas previas a las de la crisis de las democracias occidentales, se contaba
con la alternativa de recurrir o bien a algunos libros "muy antiguos, generosos
a veces, pero metafísicamente abstractos, o, si no, los de Spencer" (R, p. 244).
En el primer caso Vaz refiere a textos jusnaturalistas, en los que "los derechos
individuales son presentados de un modo abstracto, en el fondo verbal, por
ejemplo, como 'atributos inherentes a la persona humana'" (R, p. 251); en el
segundo, como ya hemos visto, recuerda lo que fue la formación dominante en
la Facultad de Derecho de fines de siglo pasado. En este sentido, ya al final de
su carrera, Vaz vuelve a dejar constancia de la continuidad de la influencia de
Spencer en su propia concepción de la naturaleza de la sociedad y, como conse-

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BUBiapisuoo as '[BnpB oppuas [a ua B^siApisod Bi3o[ouiuua^ b[ ua 'anb o[ Bai[d
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pB^iaqq B[ 'Bppsnf b[ ap u9pBzi[Baa B[ ajqos sBai39[oa[a^ sauopdaauoa b Bpuaj
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B[ jB^iuiq ap U9pua^xn B[ jBuSisap b opiuaA Bq ouisiApisod a^uauiBai39[opo^aui
I :sopadsB saj^ ua z oiqqog jod opBuiuua^ap a^uauíBpBnoapB opis Bq o[3is
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-so as oqaajaQ [ap Bqoso[q [Bn^B B[ ua anb O[ ap 'B^suB^qi^n u9pB^uauo uod
B^siuoiDn[OAa ODiu9uouipap ouisiApisod [a souiB^upsip anb a^uauí^ad sg
•(9^3 '^ *H) soApisod s^ui ouis 'souosn[i o
sajBqjaA 'sooisqu^aui a^uauíBjnd ou so^uauíBpurq ua sa[BnpiAipui soqoajap so[
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slvama^HJ zva aa o^iaianr a ividos oiNaiwvsNad ia

�76MIGUEL ANDREOLI

tades, y derivar todos ellos como corolarios de la ley de igual libertad 5. Esta
ley para Spencer debía ser deducida "de las condiciones necesarias, en princi
pio a la conservación de la vida en general y luego a la perduración de la vida
social" 6. En este sentido, la fórmula de la libertad implica un aspecto positivo
de libertad de acción, como único modo de que los seres reciban las consecuen
cias de sus actos, y así se posibilite la selección de las formas más progresivas;
y un aspecto negativo de restricción, que impone el respeto de la igual libertad
de los demás, como condición de posibilidad de una vida social en progreso. El
carácter positivo de este principio no radica en alguna forma de descubrimien
to inductivo que se pueda hacer de él, sino en el hecho de que lo descubrimos
en nosotros como un o priori no trascendental, como un conjunto de creencias
y sentimientos que han quedado en los individuos como resultado de las expe
riencias de la especie 7. En un tono spenceriano, Vaz en 1950 afirma que para
hacer sentir a los derechos individuales, no hay procedimiento mejor que
"mostrar, repetida, insistentemente, el verdadero y hondo fundamento de
los derechos individuales (...) que no son (...) sino las libertades que es
bueno conceder a los individuos para contribuir a realizar más felicidad
para la humanidad, y al mismo tiempo para facilitar y estimular su me
joramiento" (R, p. 253).
La dirección básica de esta concepción de los derechos es un intento de re
alización de un programa de fundamentación, que en sus líneas generales es
actualmente el más prometedor. Si bien la concepción de los derechos indivi
duales como derechos morales ha sido utilizada para criticar al utilitarismo,
en la medida en la que éste podría justificar políticas aborrecibles según prin
cipios morales generalmente compartidos y, en consecuencia, es necesaria la
restricción introducida por el recurso a criterios deontológicos; en cambio,
cuando se trata de justificar a los derechos mismos parece inevitable recurrir
a los intereses humanos que ellos fomentan o protegen 8. En consecuencia, es
necesario desarrollar dos extremos:
1. Por una parte se debe determinar qué tipo de consecuencias han de
ser estimadas como razones para la observancia general de los derechos. En
este aspecto, Vaz continuó remitiéndose al utilitarismo de Spencer. Esta ver
sión del utilitarismo, la estimaba Vaz como una superación de la forma del
utilitarismo que define el bien en términos de la conveniencia que resulta del
cálculo. Lamentaba que hubiera permanecido atado a la idea de que los actos
moralmente deseables eran los que aseguraban resultados placenteros y se
hubiera cerrado a la posibilidad de los "ideales dolorosos". Pero, sobre todo,
entendía que la obra de Spencer indicaba un camino para dar una respuesta
adecuada a la cuestión de la naturaleza de los derechos individuales sin carga

5.Spencer, H. [1891], 36 y 38.
6.Spencer, H. [18911,35.
7.ibid.
8.Cf. Scanlon, T.M. [19831, p. 112. Este artículo desarrolla una argumentación con puntos
de partida semejantes a los de Vaz, pero con un desarrollo diferente.

�"^8I d '[U6I] Vi. '^q^M 01
d eidns 19a 'zb^ ua [Bjoui bj ap sc^uaurepunj ap pBpp^di^inuí bj ap up^sano b{ aaqog -q

jas u^jpod ou 'sasaja^n soqanbB b uapuodsaj soqoajap so{ is anb o\ jod '
-luua^ap sauopBnqs sbj ua irepuapiAa as anb soj ou X pupiuBuinq bj ap ozB{d
o3jb{ ap sasaja^m so{ Bjapisuoo 'souiia bX ouioo 'anb ouisuB^qi^n un b opuau
-iqpB a^iBd Bun jod :sbuuoj sop ap zb^\ auapqo o{ o^sg sa^uBJjaqB sauopBn^
-is JB^pva ap uy \d uoo 'o^ob ^ap SBpuanoasuoo sb^ ap uppBJo^BA B{ ajqos jbui
-ud ap ireq soqaaiap so\ opoui ^nb ap JBoqdxa u^iquiB^ ouBsaaau sg z

BjajQBO BpB^Bpp ns ua aaaaua^jad ap 9fap Bounu ojos9jij oa^sanu anb
'006 18P U9pBjaua3 Bp^uiB^ B^ b uojBu^aaduii B^siuopnpAa ouno ap SBapi
o^und anb B^SBq ap u9pB.psouiap Ouioo a^u^saja^ui
-uauínSjB joXbui ap Bsuadsip aj anb BpuapiAa ap apans Bun^jB ap BpB^op
anb B^ b 'o^uaiuiBSuad ap Bauq B^a ua 0961 UB BiABpo^ zb^\ ap Bpua^isui Bg
BpBu B^uauíBpunj ou 'ou o Bp as a:piauiajduns o^uaiuipuas u[\ ¿o^uauíBpunj
un jas uapand so^uaiuipuas so^ opoui anb a^? sbdisijb^oui sauopdaauoo sq
-Buipsa zb^y ^^b o\ ap apuajajip b¡ anb p^piApisod buti^uiu jBui^paj apand ou
'ajoua^ui Bzanbu,, a^uapajo Bun ap bpubub3 bj ouioo jpuas ap JB^naipBd bui
-joj BunS|B ap u9puBdB b^ ap o uqpBpuaaajip B[ ap uqpBJOiBA
uvooajun upponufsuoo vun sa ou oX jvno o] 'tvoodal
vun ap uaiq o 'vjauauoa vwjv un ap tpvppr&gt;dvay o Ipnjijdiuv&gt; dj ap o^uaíiu
•paua pp ooiSppixv o^daauoo ja ojja v vjnaum as ojvipaiuw ap ouaj vomb
-jsd ^pvpuauajjp, vj ap osauSoud ouioa (• • ) opvotjíjva jas apand ojuaxui
-ojjodiuoa ap sajqjsod smuuoj sajuauajip svj ap vnjjDjijvna uppvoí/jsuan
-xp vj -j^ v opxun- X onxjvjxjuvno ojuawnn ja 'oombxsd ojuaxiunjuodiuoa ouj
-sanu ap sonxpajv X sonxjisuas 'sajvuopvuux sopxuajuoo soj ap oduivo ja u^n
luqpdaouoo B^sa ap oziq Jaqo/V\ anb Bapuo bj a^
-uaXnpuoo B^nsag a^uapiAa o^uauíBpunj ap apans Bun ouioo jaaajBdB a^uaui
-^BuopBJ apand ou osbd opo^ ua X 'Bjnoso a^uauuB^nDipBd sa 'jo^ba ua ^dubab
un ouioa u9pBoyiu3is uoa 'sonpiAipui so{ ua sa^uasaad soaippnf X sa^ujoui so^
-uaiuipuas so{ ap pBpifa¡duioo tb\ ua X uqpupuaaajip B| ua bpubub3 Bun ouioa
pBpiuBiunq b¡ ap osaoSojd {ap pBpiApisod ap Bapi B{ anb sa Biuaiqojd {g
sapBpaqq B{ ap o^uaiuiioouooaj ja B^uauíBpunj anb ouanq o¡ ap oppuas {a sa
buba anb O{ 'jaouads b a^uauiB^a{duioo 'saouo^ua 'aqap as sa{BnpiAipui soqoaj
-ap so¡ ap BUBUiajjajzBA uqiDdaouoa B{ ap buijoj Bg (9¿g d 'q) asa^uapuaosBj^
sapBpi{iqisod sb{ s^ui íosaiSoad a{qisod X ouBuinq o^uaiuiBJofaui ap so^ouiaj
so¡ ap X 'pBpun^as X pBpiDi{aj ap souiixqad sa^Bapi so{ ap -BpBi{iauoo- a{qisod
u9pBzqBaj jofaui b¡ BJBd,, 'Basod ajquioq {a anb ouanq sa anb sapupaqq sb{ b
ua{BAinba sajBnpiAipui soqaajap so{ 'bj3ubui B^sa a^ (piqi) sb^s9 jod BpB^znf
jas ap Bq uaiq s^ui anb bX '{bjoui b¡ tu oqoajap {a iu JBpunj apand ou Buo^iq
B{ anb opBp '(^9^ d 'g) aouBsaoau ouioo osajSojd {a Jiqaauoo,, JB^pva X ' ¡bjoui
b{ ap {a ua ouioo oqoajap {ap osbo {a BJBd sapBpi{iqisod sa{dp{nui ap soAisnpui
ub^ jas irepaqap anb opBp 'jBJapisuoo b so^uauíBpuiq so{ JBqduiB 'zaA B{ b 'uoo
'ooisijb^oui aj^sB{ a{qisod un ap so^aj so{ jBjadns bjbj

llvamaaHH zva aa coiaianr a avi^os oiNai^vsNaa aa

�78MIGUEL ANDREOLI

dejados de lado por la consideración de la circunstancia; y por otra, mante
niendo una estrecha relación entre el Derecho y la moral en su concepción, con
lo que el respeto de los derechos viene a basarse en principios morales que,
como ya vimos en la primer parte, tampoco han de ser modificados por el cál
culo de las circunstancias.
La intención filosófica de Vaz sobre estas materias, es más interesante
que los recursos con los que contó para llevarla adelante. No quiso abandonar
la pretensión crítica de la reflexión sobre las instituciones jurídicas -de ahí su
ajenidad al positivismo jurídico tal como se lo entiende ahora- y, a la vez, evi
tar el tipo de compromiso metafísico que supone el jusnaturalismo de raíz clá
sica. Lo que no podía servir adecuadamente era la insistencia en las interpre
taciones de la segunda mitad del siglo XIX sobre una pretendida lectura de la
evolución jurídica 11

3. La especificidad del derecho
Afirma Vaz que la diferencia entre la moral y el derecho no es de funda
mentos, sino que "es una diferencia de naturaleza y alcance" (R, p. 249). Mien
tras que "Moral es lo que (...) debe desearse que los hombres sientan, hagan o
se abstengan de hacer (...) el Derecho determina lo que (...) debe legalmente
permitirse, imponerse o prohibirse" (R, p. 250).
La perspectiva que Vaz elige para determinar la diferencia es la de quien
promueve las normas y valores: yo deseo que tú obres moralmente, yo te im
pongo que tú actúes legalmente. No es claro que Vaz sostenga que respecto a
nosotros mismos sólo deseamos ser morales, sin que sea necesario un conteni
do de obligación, no reductible a un deseo. Lo que sí se puede afirmar es que
la idea de Vaz de la moral, profundamente ligada, como ya vimos, a perspecti
vas como la de Stuart Mili, no se centra en la noción de obligación, en buena
medida se aproxima a una concepción de construcción de la personalidad y, en
consecuencia, a la deseabilidad de una forma de vida, antes que al sentido
kantiano de un elemento irreductiblemente constrictivo de obligatoriedad. Por
esta razón, derecho es lo que se impone; moral, en cambio, todo lo bueno de
seable. Lo que se impone ha de ser juzgado también por su bondad, pero con
servando la diferencia, ya que "si bien todo lo deseable debe permitirse, no
todo lo deseable debe imponerse, ni aun todo lo indeseable debe prohibirse, ya
que hay casos en que esta prohibición sería inadecuada o contraproducente"
(R, p. 250).
Esta concepción determina al derecho como una moral mínima. La dife
rencia no radica en el contenido de las máximas sino en la presencia de moda-

11. Algunos intentos actuales tienen la misma dirección, aunque utilizan instrumentos con
los que Vaz no contaba. Nos referimos al programa de la ética discursiva, que, funda
mentalmente en la versión de Habermas propone una reconstrucción racional a la vez
que una justificación de la capacidad crítica en materia normativa, junto con un intento
de recuperación no metafísica de una lectura progresiva de la historia.

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sa [bjoui B{ ap Bjajsa Bq opBpuBui 'opiqiqojd 'oppiuuad ap odp pp sajopBzij

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'soaijpuap svwaj auqos svpuauajuoo svunSp/ ua 'auqtuoy jap soyaauap S07
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-aig in^g) aqo^vaOT '^B^uiqn^ '^/unuuaj[ ayaspu^ uaqn jvjyvu^ 'subh '

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�[8961] a^uiaA I^ÍS P3 'sajiy souang 'ouisijvuiSvjj A viSojop
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>El pensamiento social y jurídico de Vaz Ferreira</text>
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                <text>ANDREOLI OLIVERA, Miguel Ángel</text>
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                <text> Andreoli Olivera, Miguel Ángel 1951-:&#13;
El pensamiento social y jurídico de Vaz Ferreira /Miguel Ángel Andreoli Olivera..&#13;
   Montevideo : Facultad de Derecho, 1993..&#13;
  85 p..</text>
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••

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS
ENSAYOS, ESTUDIOS Y l.fONOGRAFlAS

NUMERO VI

•
--•

•

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•

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•

.
DEL
EL PRINCIPISMO
..
SETENTA

•

UNA EXPERIENCIA LIBERAL EN EL URUGUAY

'

POR

JUAN ANTO 110 ODDONE

AOVERTENC.1A DE
ED~iUNOO ~f.

NARANCIO

OI RECTOR DBL
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTOlUCAS

•

-

f

1.

UNIVERSIDAD DE LA RBPUBLICA ORlllNTAl DEL URUGUAY
FhCULTAD OB HUMANIDADES Y OENCJAS

•

MONTEVIDEO

1956

1
•

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'

�EL PRINCIPISMO DEL SETENTA

�•

Eiemplar N'!

-

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IN ST ITUTO DE

INVESTIGA CIONES

EN~A YOS,

ESTUDIOS Y

HISTORICAS

MO~OGRA FI A S

..

NUMERO VI

o

EL PRINCIPISMO DEL
SETENTA
UNA EXPERIENCIA LIBERAL EN EL URUGUAY
I NT ROD UCCION
P OR

JUAN ANTONIO ODDONE

ADVE&amp;TliNC.IA OH

FDML1 1

)

M. NARAN CIO

DlitECTOR DEL
INSTITUTO OH INVESTIGACIONES HISTORICAS

UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAl;
FACULTAD 011 HUMAt..'lDAOES T CliNC.l .AS
M ONTBVJ DIO

1956

989 505 000 pr1 eJ 4
FHCE/168679

16 8 5 7

o

�•

�FACULTAD DE HUMANIDADES Y CiliNCIAS

EDICIO ES
DEL

INSTITUTO DE INVESTIGACIO ES IIISTORICAS
PUB1.JCADO:

I: Inauguración

r

plan d e
trabajos del ln.stituto de Investigaciones El istóricas, Montevicleo, 19·18.
ENSAYOS,

E.sTUDIOS

y

ltfO!l{OCRAPÍAS.

Tomo 1: Gazeta de
\Jontei,zdeo, volumen I, 1810* octubre-clícíembre, Advertencia de
EMILIO RAVICNANI, Introdu cción de JtJAN CANTER y Estudio Preliminar de M. BLANCA PARÍS y Q. CABRERA P1ÑÓN, ~Iontevideo, 1948.
BIBLIOTECA

DE

DocuinENTOs

li\-tPRESOS

PARA

LA

RAROS

A1'ttERICANOS.

B1sTORIA

DE

LA

REP ÚBLI CA

ORIENTAL

oE.L

l RUCUA,.. Tomo I: Cultura. Fuentes para la liistoria de la Univer·
sidad. Actas d el Consejo Universitario, 1849-1870, Introducción de
I'ELlPE G1L, con XXI láminas, ~1onte\ideo, 1949.
Tomo II: Descripción
de las fiestas cívicas celebra.das en A-lontevideo, mayo de 1816. Ora·
ción inaugural, pronunciada por Larrañaga en la apertura de la
lliblioteca Pública de i't'Jontevideo, 1816, Introducción de EDMUNDO
?-.1. ~ARANcro, Recon5trocción bibliográfica por AnBELIO RAl\tÍREZ,
con apéndice do cumental, Montevideo, 1951.
BIBLIOTECA DE

IMPRESOS

RAROS

Al'l-IERJCANos.

Esruo1os Y Mo~ocRAFÍAs,
FEDERJCO PAl, l\IA. El Congreso de

ENSAYOS,

V:

CUADERNOS

AnT1cu1sTAS.
BEATRIZ BoscH, Un

Abalos.
hijo de Artigas en Entre Ríos, Montevideo, 1951.
L

ENSAYOS, ESTUDIOS y

MONOGRAFÍAS,

11:

ALA.l\flR-0 DE AvtLA MABTEL,

José Toribio A-f edina, historiógrafo de América, l\.1ontevideo, 1952 .
Torno Ill: Ga~eta de
r.tontet•ideo, volumen 11. 1811, enero-junio, Advertencia de El\tlLIO
... , ro1F.r \

OE

l

'\.trREsos

RAROS

AJ\.tEnICANOS.

y EDJ\tUNDO M. NARANCJO, Introducción de JUAN CANTEB
y Estudio Preliminar de M. BLAN CA PARis y Q. CABRER.'\. P1ÑÓN,
RA\IGNANJ

~tontevideo,
l)OCUMENTOS

1951.
PARA

(A 1-USTORIA DE LA REPL8LJC\ ÜRIE"'llTAL DEL
RELATOS DE VIAJES, J\IEMORIAS y AUTOBIOGRAFÍAS,

Tomo 11:
J' iaje de William Toller a la Banda Oriental y Río de la Plata
&lt;'n 1715, Ad,•ertencia de En,tu:-100 l\I. ' ARANCIO y Esta dio Preliminar
&lt;le RAÚL \ 7AZ FERR&amp;JRA, Montevideo, 1955.
l'RuCUAY,

J\fA1'UALES AUXrLIARES PAR&gt;\ L.\. J"iYt:STJCACJÓN HISTÓRICA, J: }U\N
ANTONIO ÜDDONE, Poder Ejecutivo-Poder Legislativo, 1830-1951. Ta-

blas cronológicas,

~Iontev icl co,

-

1955.

V-

�ENSAYOS, ESTUDIOS Y ~10NOCRAFÍAS,
l, EucENIO PETIT MuÑoz. Artigas y su

111:

EN~AYOS, ESTUDIOS y l\IONOCR.AFÍAS.

J UAN Al"T0:'\10 ÜDDO'NE. El
de EDl\IUNDO ~!. 1\All,\NCIO,

CUADERNOS

ideario a través
documentales, Primera parte, l\Iontevideo, 1956.
princip1~mo

VI:

d,.l setenta, AdverLencia
l\f ODLC\lideo, 1956.

EN

ARTICUI STA S,
de seis ~erie..;

PRENSA:
DoctJ;\tE'\'TOS PARA LA 111STORIA DE LA REPLBLIC\. ÜRIE'\ r \L DEI.
l RUCUA '\'. Tomo III: Dorninación luso bra!&gt;tleña, La reve&gt;lución orien-

tal de 18::2-23.

VII: h1ARTH \ e \7\tPOS DC: G \R \·
BELLJ. Antecedentes de la gestión retolucionaria prom&lt;n:idrz por la
Diputación &lt;lel Cabildo J{epre en tante de t.-lontei1deo en la ciudad
de Santa Fe en el año de 18:!3.
EN A '\OS. ESTUDIOS y Mo~OCRAFÍ &lt;\S.

EN

PREPARACIÓN:
E!\~AYOs. F.sTuo1os Y l\.Io"ocR \FÍAS.

•

1\7 : Ct.. \ DER'\'OS .AnT1c:u1sT.\ . '.!.°
EUGENIO PETIT rrlü1'oz. lrtigas )' su ideario G través de seis 5cries
documcntale~. Segunda p.:rte.

•

-

\ '(

-

�}) \ E Tl T l!I

1

¡;;¡ In titulo de in\e .. tigacio11e hi tórica incorr&gt;or&lt;1
corL El 1&gt;ri1u·j pi rno de] elenta, lle j ur1ri Jlrz.tonio Ü&lt;ldone,
1111. 1111 coo ntÍTIZ&lt;'IO a la, serie J~n ayo , I~ tud io y
lonografías.
/!,"'/ r&gt;res&lt;'Tlle es ztn Lr flÚajo lle ¡1asaje de curso e.laboratlo
en el cm innrio de 1Ji torin acjonaJ &lt;JUC tui e b&lt;1jo rrzi lli1 Cl CÍÚfl CTL lo años J952 y 1953. J;l tribu1u1[ ericargacfo de
¡uzgar lo lo ct1lific:ú cun l&lt;1 nota rnás r1lta y recomentló Sll
¡J11 blicacirín. /) · g1acirr1.la1n •nt ", la l ucult,1d, ¡Jor razones
Jinanci 1&lt;1s no ¡1utlu ellitarlo, cuT11D &lt;l bía )'es fJOr llo que
,.z autor hrr 1cs11 ~!to co r1 ,, co1l los gasto t!e la irn¡&gt;resión.
Lutt /1&lt;'chos r&lt;·cié1L ·x¡1ue los ,¡ 'rnue:ltrari los tropiezos que
t;cn ' fl &lt;'11 csl&lt;: ¡1aís ¡&gt;a1r1 c111n¡&gt;lir su labor los e nlros tle
ino&lt;'stigaci&lt;Í11 r.i ·ntíf/ca tlesinter "Satln. [&gt; :.;e a todo p rs:~iir 111os t'TL nu stro p1o¡Jósito tle s guir publicanclo co1no
1
pu&lt;l,1111os, a 1uir11eóg1n/o si es ¡&gt;r •r.isn.
i nu&lt;· t1r1s fu-tura e&lt;liciones carecen del alto nivel
técnico 1l • la'i ¡1ri1ncras 110 erá ifldudable11i 11te rLuestra
!tI res¡Jonsabilil[a,/..
1

1

1

/~ l ·st11tlio t!e (Jcf&lt;lonc coristitu y · el ¡&gt;ri111er intento &lt;l
ur cynfoquc global 'Tt r¡u "l autor sigue lrabojariclo. 11ás
~

• hu pro lido \:O con l'I n{un ro l el tos 11fanuales
a11,1'l1ar c~ ¡1ara lt1 In ·e t1gacio11 llistó1ica. ) U \ N )\ NTONIO 00001 E
'/'ab/tt.; ( 1u11olcig1 ·c1\, f&gt;odcr l~jccutir o - l'o&lt;ler Lcgislalivo 18301' l1 ~lont , ¡leo. 10 .
L J

i

-

\JI -

�que una época, aquí se estudia un cierto estilo de vüla que
privó en el país durante la segunda mitad del siglo pasado:

el principismo.
La fuerza vital de ese movimiento llegó a tener tal
vigor que sus ideas, en cierta medida, perduran hasta nues~
tros días y, en un proceso de impregnación, se infundieron
en los mimos núcleos que fueron sus opositores. La gran
misión histórica del princi pismo fue qztebrar al militarismo
- uno de los últimos estremecimientos de la lierencia co·
lonial - antes mismo de que hiciera su eclosión, por la
destrucción de los supuestos ideológicos en que se basó.
Esa herida de muerte que tenía en el flanco la tiranía desde que nació le imposibilitó la supervivencia, impidió su
continuidad y su transformación en sistema y la condujo
1886. Así el principismo
a diluirse en la Conciliación
hizo posible nuestra democracia.
Es este el primer estudio, de vastos alcances, sobre el
principismo que se emprende en el país. Había una laguna,
de las tantas que liar en nuestra historiograffa, sobre este
tema que, casi siempre, sólo ha servido para telón de fondo
a biografías de los dictadores combaiidos por los prin-

oe

• •
c1p1stas.

Afortunadamente las nuevas generaciones, formadas
en la escuela del rigor científico, piensan, con justicia, que
wles estudios integran un género decadente en cuanto
historia. Oddone. que no lz.a seguido ese gastado camino,
nos o/rece aqití los primeros resulta&lt;los de sus investigaciones encarallas sin preconceptos y con seriedad.

E.

~1. ~AR.\ 'CIO

Director

-

\ ilJI -

�El r&gt;re ente ens~1yo concurre " (lelimitar la órl&gt;ita l1istórica y las frontera ideológicas de aquellas agrupaciones
polític&lt;'"' de cstir¡1c liberal y civilista que, en Ja el ~cada del
setenta &lt;lel pasado siglo, (1 icron en 11 nmarsc pa rti&lt;los de
prjnc•i pi os. Con rn iras a un plnul&lt;'arn icnlo general, se l1a
centrado c1 anúlisi~ entre la ]'az de abril y el fi1otín del 75,
clc11t ro ele cu yo In p o 1)11cdcn ja lonnrsc la n1a&lt;l 11 rcz política
y ]n floración doctrinnria de In gencrt1cióri (lcl 72.
I"'os J&gt;rop(&gt; iros del trabajo son tn11 pr ·ci o con10 limitado ,: ¡&gt;rett·ncl • explanar In - lí11en, "ardinales de una
fecunda conrnociún Pspiritual - OJJcru&lt;la en lo l1ál1ilos
J&gt;olíticos, en Jos ¡&gt;rincipios institucio11ul ·s y c11 las ideas
filo úfi(·o-roligiosns
cuya cxperien "Ía breve cr1 el ticn1po
~;j se ntiendc n u &lt;'ÍÍrru·ro el ~curso, l1und '}, no ob ~ tante sus
rní · s en Ja n1i n1n cutrniín ele nu estra vida hi tórica. \ 7a
co11 llu - aunque obvio sen decirlo &lt;JllC en rnodo alguno se nvnnza una eluridaci()n exhau tivn sol&gt;re el ten1a,
sino una ntcrn introducci(ín a tui e tudio n1onográ fico ne rcn d" Jn cscncln Jlrinci 1&gt;ista en el ruguay·.
Se obscrvnr:í, sin dutln, )' &lt;¡uizli co11 razón In frecue11tc citn d l texto J&gt;Cl'iodísti o o su repetida colación, uunc1nc
el nutor picn n que su cor1 urso insi tente se vuelve vía inc cusa ble pn rn una caba 1 &lt;'ua nto vi vi ntc con figt1ración &lt;lel
¡1ro --eso. 1,al e la gravitnci611 del diario r11ensajc doctri11nrio tJUC ya en 1873 uno de" los 111ti c:::clnrc"ido"' órgn110

-

JX -

�de la prensa liberal podía avizorar, más allá de su tiempo,
el alcance de su prédica.
"La prensa, - rezaba uno de los editoriales de El Siglo con el carácter que tiene en las Repúblicas Sudamericanas,
donde se estiende su influencia á todas las esferas de la
actividad humana, es el gran archivo donde el historiador
ha de venir á buscar un día no sólo la estructura física
de los sucesos, sino la filiación de las ideas que le dieron
. ,,
origen .

Así, pues, - y valga la cita en descargo de citas la prensa periódica inviste el a poi te medular de la inve::,tigación, ello, naturalmente, sin eludir el obligado concurso
de otras fuentes.
Por lo demás, crecidos y numerosos son los tributos
que reconoce la obra como para discriminar cierto mérito
propio en i e tanta labor ajena. En única instancia, sólo
quisiera mover a reflexión sobre las abiertas posibilidades
que propone a la inquietud l1istórica el iimero ideológico
inserto en nuestro pasado independiente. A~~ndido a í su
cometido inicial, recién entonces se habría. justificado el
propó5ilo de este ensayo.
JL \~ ..~NT0:\10 ÜODONE

11ontevideo, marzo 9 de l 93tJ

-X-

�... " la libert ad e 1t todas /a.e; esferas, la lib ertad para todos, La libertad conio punto de
partida, la libertad corn o n1 edio la libertad
como fin."

Jo t

P EDRO

RA 'IÍREZ

(Cue~tiones Oriental~s. Polémica con el
Dr. Juan (.a1/os Go111ez. El Siglo, 28 de
~cticrnhrc

- XI -

de 1872)

��TEMARIO
•

CAPÍTULO

•

•

1

HACIA EL PRINCIPISMO
1851 - 1872
-1851-1868

-El clima político luego de la Paz del 51
-Tendencias y partidos políticos
-Los primeros intentos fusionistas

-Los antecedentes políticos del principismo
-Partido conservador: Juan Carlos Gómez, I osé
María Muñoz
-Partido blanco: Bernardo P. Berro y los vicentino'
-Gestación del principismo

-Cenáculo de El Siglo
-Club Universitario
-1868-1872
-La crisis económico-financiera durante la administración
Batlle
-Las concesiones del régimen a los elementos personaJistas y la oposición liberal
-Proyecciones pQllticas de la Revolución Oriental del 70
-Aglutinamicnto de las fracciones coloradas

-1-

�-Las ideas radicales de Carlos María Ramírez
-La guerra civil y los partidos
-Curso de Derecho Constitucional
-La Bandera Radical

CAPÍTULO

II

LA óRBITA POLfTICA DE LOS PARTIDOS
DE PRINCIPIOS
1872 -1875
-La administración Gomensoro y la situación financiera
- Realidades y ficciones de la Paz de Abril
- El banquete de l.a juventud
-Reestructuración de los partidos políticos
- Partido colorado: Club Libertad&gt; Club Colorado.
- Partido blanco : Club Nacionali3ta, NetoJ.
- Partido radical: Club Radical.
-Definición ideológica del principismo : los Programas de prin• •
c1p1os.
- El clima pre-electoral (1872)
- Los incidentes políticos
- La abstención nacionali ta
- El cisma del Club Libertad
- Las elecciones de noviembre
- La renuncia de J osé Pedro Ramírez
- La expectativa pre idencinl
- Elección de José E. Ellauri
- Divorcio definiti\lo entre principistas y neto .
- Las elecciones de Senadores ( 1873) y la evidencia de una
trasformación político-social

- La crisis económica y su proyección política
- La caída del principi1mo

-2-

�III

CAPÍTULO

EL PRINCIPIS1\i10

DOCTRINARIO

-Concepción filosófi ca
- filiación: espiritualismo ecléct ico
formación: Alej o Villegas
Luis J osé de la Peña
Plácido Ellauri
-concepción del mundo y Ja vida:
omnipotencia del inclividno
librepcnsamit nto racionalic; ta
moral cívica

-Filosofía política
- filiación: la ideología liberal de Constant, T ocque·
"·ille, Laboulaye
las influencias del constitucionalismo anglo-sajón:
rlamilton, Blackstone, Price, Story
- teoría del individuo :
derechos y g arantías individuales
-concepción del Estado
t eoría de go bierno

CAPÍTULO

IV

LAS SOLllCIONES PRINCIPI TAS ANTE LA
REALIDAD NACIONAL
- Políticas
- reorganización institucional
reforma constitucional
ley electoral y registro cívico
descentra! izari ón administrativa
reforma judicial y legislación penal
Guardia Nacional y ejército permanente

-3-

�e:.-·- -

-Sociales

'
~educación

cívica
el cometido de la prensa
-alfabetización

-Económicas
~el principismo frente a la crisis económico-finan·
ciera (1868-1875)
empréstitos extranjeros
reducción del presupuesto
•
impuestos
emisión menor
.: :
••

•

-4-

1

�CAPÍTULO

..
'

I

HACIA EL PRINCIPISMO

•

1

��Stn.tARIO:

El clima político luego de la paz del 51. - Tendencias y par·
tidos políticos tradicionales. - Los primeros intentos fu.,ionis·
tac;. Los antecedentes políticos del princípismo: Partido
Conc;ervador, Juan Carlos Cómcl, José ~f aría ~1 uñoz; Partido
I)lanco, Bernardo P. Berro. - Ce,tación del Principismo: El
Cenáculo de El Siglo; El Club ('nivcrsllano. La cri"-IS
económico·íinanciera durante la Administración Batlle. - Las
concc.,1ones del régimen a los clemenlos personaltstas y Ja
oposición liberal. Proyecciones políticas de la Revolución.
Oriental del 70: aglutinam1cnto de las fracciones coloradas;
ideas radicales de Carlos ivlaría Ramírez: La Guerra Ciuil r
Los Partidos, Curso de Derecho Constitucional, La Bandera
Radical.

Al amparo de la pacificación de octubre del 51, los partidos
orientales posponen sus diferencias. Depuestas las armas, los
tradicionales adversai ios parecen procurar -a la sombra del
paclo que pro1nete zanjar su dilatado pleito- nuevas formas de
convivencia que posibiliten su pacífica gestión.
Las íracciones doctrinarias del Cerrito y la Defensa anle la
tri5te experiencia de nuestros partidos, incompatibles bajo la
férula de los eaudilloc;, vuelven a plantear las ac;piraciones que
desde el campo sitiador y la ciudad sitiada habían perseguido, por
encima de la contienda, un anhelo común de reconstrucción
orgán ira de esos partid oc;, dec;poj ándolos de las viejas divisas que,
a su modo de ver, encarnaban las tendencias anárquicas de un
pcrsonalisrno que oh taba sistemáticamente a nuestra definitiva
consagración institucional 1 • Los principios de gobierno que desde
nuestras élites ilustradas sostenían Manuel Herrera y Obes y
1 Durante la D&lt;'fen.-.a clr \Ioule\ ideo Lamas. Suárcz y Tlerrera y O bes
cl&lt;•Cinían ac;Í la tcsJtura doctnnnr1a frente al caudillismo: "Creemos que las
antiguaq foccioncq nC're,.1tnn al nit•nos nuevas formoc; para aspirar en aclelanle á la particjpación del poder; en su antigua forma las j u1gamos del
todo y por .,¡empre inca p1ccc;. df' gobernar. . " (Cfr.· La nue11a era ( Organo
de la ocicclad ·ecrrta Nacional), 11 de frbrero de 1816, n9 J, cit. en Lt ts
~fr11\'IJ l \FI1't n, Etégcsts de bandería-;, ~Ionlc:vuleo, 1893, en Biblioteca Na·
cional, f\fonlcv1deo, Colección. llelián. La/inur, t. 35.)

-7-

�Andrés Lamas, Eduardo Acevedo y Jaime Estrázulas, Bernardo
P . Berro y J osé María Muñoz, vienen a consignar su escisión c on
los caudillos que, desde Rivera a Flores y desde Lavalleja a Oribe,
definen la línea personalista que ha presidido el tortuoso sendero
de nuestras enconadas luchas civiles. En la fusión de un calificado
núcleo de aquellos elementos civilistas se concretan las primeras
aspiraciones encaminadas a ree!tructurar los módulos de nuntra
c onvivencia política.
Con esos gratos auspici os inició Giró su gestión de Gobierno,
aquejada desde sus orígenes p or el estado calamitoso de nuestra
hacienda y p or las divergentes opiniones que : uestionaban de
h echo el acuerd o entre s us colaborad ores.
L os primeros fracasos de la p olítica fusionista, tang ibles e n
la equívoca unión que promoviera la Sociedad de AmigoJ de!
PaíJ en 1852, volvían a revelar la cruda vigencia de las p asiones
d e partido, !upuestamente superadas en el r osado optimism o de
los firmantes del pacto de Octu bre. E n la prensa, en el p arl am ento, en la opinión, las diferen cias latentes volvían a concitar
animosidades en el clima p olítico de 1852. Ante las trib ulaciones
de Gi ró y la reconstrucción m ás o menos expresa de las viej as
divisas, com enzaba a resquebra jarse la efímera p olítica de fusión.
Los cambios en el ministerio, con el ingreso de Berro y Brito del
Pino, aceleraron el proceso estimulando los recelos del pa rtido
colorado, que v olvía a aglutinarse en actitud h ostil fren te a la
amenaza de una restauración blanca. 1
La erección de las di visas er a ya un h echo y a s u evidencia
palmaria responden los sucesos consumados entre el n1otín del
18 de jul io y la constitución del Triunvirato ejecutivo de setiem bre. Con la caída del bam bolea nte gobierno f usion ista volvió a componerse - con alguna variante - el cuad ro de fuer1as
q ue presidiera las contiendas no lejanas.
Flores, for tuitamente ~l evado a l p oder omnímodo y caudillo
indi~ut ido en su parti do, impone el rigor colo rado desde el gobier no provisorio co n el tcn1iclo regreso de Pacheco y P alleja ,
hom bres fu erte~ del régimen.
No ob!tante, la ' oluntad person al y la política del caudillo
e:ran rC3istidas con audacia por una fracció n colorada antipe rso1 (.fr.; rarta de f ranclJCO l lordeñnna a Andrél LtJmn1. 'lonlf"VI lt'o, 31
de julio de 1853, t"n Archrto General de la f\acwn , ~lontcvadeo, Fondo E%
Arch11·0 y 1\f uJt o ! fittÓrlco Nac ional, C8J8 97, carp. 3, cit. en ]UA "&lt; F . PrVF.T
l)l\OTO, l l istoria de los partidos políticos en el Urus11a), t. l . pp. 21 ~,. 215,
11f ontcvi&lt;leo, 1942.

-8-

�•

' nalista que evocaba insistentemente la tradición de la Defe nsa,
bajo cuya advocación comenzaba a adoptar la den ominación de
partido conservador. 1
Surgido en el clima febril de 1853, a la vuelta del m otín del
18 de julio, fueron sus tempranos padrinos de pluma y espada,
el doctor Juan Carlos Gómez, apóstol doctrinario, y el doctor J o1é María Muñoz, vehemente militante. S u altisonante prédica doct rinaria, ya desde Ja Cámara o bien en la prensa con El Orden y
luego con La Libertad, condena el provisoriato de Flores y anatematiza el caudilli5mo. Define así el divorcio paulatino que,
gestado en los días del itio Grande, escindirá a las fracciones
principistas y netas dentro del partido colorado. La elección de
Flores por la Asamblea de marzo del 54, implicando una nueva
imposición del caudillism o, excitó las celosas pasiones del partido conservador, que recibió su bautism o revolucionario en lc1s
j ornadas de agosto y n oviembre del 55.
El ideario principista de la nueva agrupación, que e n cierto
m odo recogía las pragmáticas de la Socieda&lt;l de Amigos d el
País, define en El Orden s u programa doctrinario : " El imperio de
la ley; La realidad de la Constitución; El mantenimiento de la
paz ; l ,a consolidación del orden; La obediencia á la autor idad ;
El sostén &lt;lel Gobiern o Constitucional de la República; La su·
resión constitu r ional &lt;le los Presidentes; La m oralidad en t l
Gobif&gt;rno ; La pureza en la Adtnini tración; El afianzamiento
del crédito público ; La pronta acción de la justicia ; E l prog rec;o de la República por todos los m edios que condu zcan á
ma) or ci"ililación y prosperidad ... n os proponem os tolerancia
y respeto por las opinion es disidentes de las nuestras, y sincerid ad y moderación en el so tén de las propias. Entre los m edios
con c1 ur cntes á la consecución de los fines que dejamos enumerad os. fijamos éc;tos á nuestra línea de conducta: P or lo que hace
al f'xterior - el respeto de lo tratados con las potencias extr8njc rac; .. . ; la concec;ión á su comercio de todas las franquicias
con1patibles con las exigencias del Estado. P or lo que hace al
interior. - la contracción al desenvolvimiento de los intereses
n acionale&lt;; y absoluta prescindencia de cuesti ones de va na teoría
y ele personalidad estéril. En este sentido promoveremos incansablemente: La introducrión y desarrollo de toda industria que
EL Orden, 25 de j uli o de 1853, cit. en J U A~ CARLOS G ÓHEZ, S u octuc.ciún tn la prtnsa J e ¡J/ on tet:td.eo, t. I, p. 19, ~1ont ~ v1d eg,
1

-

9 -

�promete al país riqueza ó bienestar .á los. ciudadano~. ~a inmigración extranjera por todos los medios dir~ctos o 1nd1rectos cr,ie
están al alcance del Estado y de los particulares ; La educac1on
moral, intelectual y material del pueblo; La imporlación de capitales extranjeros; La plantación de seguras instituciones Je
crédito; El crecimiento del comercio, de la agricultura ó del
pastoreo; El ensanche de la navegación á vapor en nuestras costas y ríos; La multiplicación de las vías y medios de comunicación á través del territorio ... " 1
El doctor Gómez, alejado del país en 1843 por su desintcligencia con los hombres de 1a Defensa, se había reincorporado a
nuestra política en 1852, cuando los comicios le llevaron a la
Cámara de Diputados que abandonó para desempeñar la cartera
de Gobierno y Relaciones Exteriores. Ahondadas sus diferencias
con el caudillo colorado, emigra de nuevo - esta vez a Europa - para no regresar hasta 1857, en la víspera de las aciagas
jornadas de Quinteros. A su muerte, en 1884, el doctor Bustamante, evocando su avasallante figura, escribía: "El había tomado de la moral estoica el culto austero del deber, es decir,
d el deber que no transige con nada ni con nadie; del cristi:inismo doctrinal y primitivo, el espirituali:;mo exaltado, la abnegación y el dogma de la fraternidad universal y de la filosofía
política de los fundadores de la Unión Americana, aquel espíritu
de libertad civil que jamás tuvieron ni griegos ni r omanos, formando así, con esos diversos elementos - él esencialmente refractario á todo eclecticismo político un Yasto colectivismo
sociológico'' 2
El doctor l\i1uñoz, soldado de la Defensa y más tarde rep1 eeentante en las Cámaras doctrinarias del 52, condenó la política
florista con la violencia &lt;le su ten1pcramenlo y con el "igor de
sus convicciones. Su arresto ec;:pectacular, su furi osa ca1npaña
contra el caudillo desde La libertad y su participación acti' a en
los conatos revolucionarios contra el Fuerte, le alejaron de ~.Yon­
tevideo, consumada su ruptura con la fracción mayoritaria colorada, en un voluntario ostracismo que c::e prolonga hasta 1870.
Ambas figuras - Gómez y l\iiuñoz definen una típica
pauta liberal de corte doctrinario dentro del partido colorado.
El Orden, ~l on tevid eo, 27 de julio de 1853. ci t. en J u ,~ CAJ\LOS
CÓ•tE7., Su octuacion en la prensa de 11/ontetidco, cit., t. I, p. 20.
2 Pcono Bt. 5i Ar.t \NTE, Juan Carlos Góme:, en Revista Nacional. año
v. 51, pp. 443 } 61.
1

ºº

-

10 -

�Rcprc~cn l an, en la rigid z de sus principios

y en la alti' r:&gt;z ele su

mo r nl cívica. las il!Cas de la generación rornnnl ica de In Guerra
Grande: culto 1 gcndnrio de los héroes &lt;le la l)Pfl'n·a. cxulta&lt;lo
con épjco ... acentos ~ sagrada devoción de los principios liberales ;
inclinarión a la oratorin grandilocuente y nl pcriodi~n10 de con1 hntc&gt;. confor1nan el tono c!e su prédicn, no sien1prc acorde con !os
npr ·1n ios de la crudn realidad políli"a, pero en todo rno1nen to
inflexible en su linea civilista. I\lovidos por su rornántico lirismo
Ycncralian el dogn1a del siglo - que Crocc ele igna religión de
la libc1 tad - oficiando anle ~us ídolos heroico . los I. . n1nnrline,
l o~ 1lnzzini. los J.,incoln y ]o- Wac:hington. Su individualic;;mo intransigente ) un cxtre'"n10 liberaJic;;n10 ele hnrricada. de estirpe
francesa. conducirú a In pritnera pron1oción de ~a Gironda confcrvadora al t rágico epílogo &lt;lel JJaso el~ Quinteros. Año m:ís
t arde. a la luz de unn r"'rcnn perc;pcctiva. In generación principi ~ a
del 72 - scgundn pi on1nC'ÍÓn clootrinnrin - venía a cnj uiciar,
de cnrn a la expe1 icncia, In porfiadn utopía clr ~us maestros: "Es
prc"Í~o no flagelnr y pz osr,1 ibir ñ los pnr:idos y á los círculos
- P.SCI ihía José })edro Ran1írcz - sjno hacer que los partirlos
y Jor:; círculoc;. que son el país mismo, concur!an á In ohra. corrig iendo "llS hábitos de~arrcglados. 1noclificando sns ideas extraYiaclas. Pí'ro r.so e precisa1ncntc lo conirnrio de lo r¡uc \'ll. hace,
porque
se colocn en el Olin1po de una idcaliclarl ji 1posiLle
}' no ve ciur1ndanos. en la noble acepción e.le csla J&gt;nl3hri. ~ino
•11 l0s
lnzzini y en los tipos C"ccpr:ionalcs de In hurnanidnrl enter a. \ 7c.1. c111picza á vivir en un inundo de abstracciones , de idealidad -:. · :í f n1nili~ r iznrse clcn1asiado con las épocas heroicas de
la hi~ torin que no son, por cierto. las época3 ordinarias de !os
puchlos''. 1
I~ n el accrnclo juicio ele Ra1nírez se proyecta el pr r.ec;o del
r ornantici'.'\1no con~crvaclor clescle el principismo conscr,•ador que
le ha 1 r.hasaclo. pero que aú n le reconoce como guía y origen y
r.01110 el n1ñc; señalado anlcceclcnlc h islórico de sus ideas y su comuni dad po lítica .
I..n gcnr rarión ]ihcrnl clel partido colorado t U\'O n El '&gt;i{!.la
- desde l 8ó3 - su 1nás ca raclcrizada exprc~ión . z All í recibió

''el.

Cnrtn de ! osr Pct!ro Ram ;re: a J uan Car/n ~ G ón1 ~ z. ' fonlrvideo,
19 de •H·t il'111brc de 1072, en El Si!{lo, Cuestiones Oricn talel, 19 de setiembre
d(~ 1872.
z Julio J fcr rcra y Ohc-.;, en el ocaso de su 'irla, c;1lvuba clC'l olvido en
r &lt;'tro!:ipcc th a diagno.i.:, lo..; prolegórnenos &lt;le 1.l 5zt;lo. '' .. on p:&gt;lo conoci&lt;lo1t
1

-

11 -

�•

11u temprano bautismo p olítico J osé P edro Ramírez, luego de i11cursionar en el periodismo literario desde el diario El Plata.
Ramírez fué uno de sus primeros redactores políticos, junto con el
doctor Carlos de Castro. el doctor G regorio Pérez Goma r, A dolfo
V aillant y Derm idio De María. Al "cenáculo., de El S iglo ingresa - ya en la presidencia de Batlle aq uella "juventud
r omántica y batalladora" - al decir de Julio H errera - llamada
a inscribir en nuestra historia p olítica las aspiracion es del princi·
p ismo doctrinario : es la hora de la incorporación de Carlos ~1:J ­
ría Ramírez, precoz y t alentosa pluma, J ulio H errera y Obes. el
cáustico periodista que regresaba de la campaña militar paraguaya, José Pedro Varela, flamante corresponsal europeo y, en fin,
Pedr o Bustamante, Bonifacio ~lartínez, los Ferreira y Artigas,
J osé Ellauri, Carlos ni uñoz. 1
Alrededor de El iglo, la j U\ entud del Club Universitario,
devota de Constan t y Tocque\ ille, iniciada en el librepensamiento
loa orígenes de El Siglo, y en verdad, que no carecen de interés hi&lt;.tórico .. .
El Dr. Nicolaco tJerrera. en unión con Don Ad olfo \ aillant Iorrnul6 el proyecto de fundar un diario qne sería el órgano de esa política evolu tiva.
Aceptada la idea por un grupo de intelectuales del partido c:e procedio a
compra r una 1n1prenta con dinero que subrninii.t.ro el Dr. ~Ianucl ll errcra y
OIJe., y el 19 de febrero de 1863 aparecía el pnmer número de El Siglo ...
1 a filia ción política del diario era vbible, pero para facilitar su acc1. n !e
rec.olvió no ponerle di vi e.a part iclaria y hacer ealn dP moderantismo ... "
CCfr.: JtLro JIERRERA Y ÜBE..,, El ··cenáculo" de El Siglo, en Ret·isca ;vacional, año \, nº 53, pp. 262 y ... s.)

CAru.os Gór.tEZ llAEDO, José Pedro Ramírez, en Revista 1\acional, año I, nO 6, p. ~62. 1\cc:rca de. Jo.; periocJi~ta;, que alternan en la redacc1on de El :,r¡¡lo, \'éase pp. 145 y s&lt;:.
"El pre!'t1gio de El Siglo era inronmencourable -recuer da Julio Herrera y Ober-. Lo quo hacia emocionante y dramática c. 1 propaganda contribu)' endo a aumentar s u popularidad era el hecho de qu:: todo el país
1aLia qttt" cletras de cada artículo de polé1nica e~i tía un hombre, que
detrás ele] diario había un grupo de homLre" dispue... tos a asumir Ja respon!-abilidad de eus opinione~ y de "lli&gt; actos en todo.;. los terrenos : y
remo loa redactores de loo:. diarios gnherni-.tas y .. u., dcícnsore~ se hallaban en el ntismo caso, todos los díac: había un duelo o un:i hecatombe
en per,pecth o. Las manifestaciones populares con rib1•1c-. de mazorcadas.
n&lt;... c•nc·ontr .h.1n en la 1·allc a .. u pn.;o para dc1no::trarlc:, r¡ue no las
tc míamo!. 51 desde el diario oficial nos an1cna:rahan cnn cn1pa,telar la
imprenta, los invitábamo .. a pasn r por ca,a v o c--pcrcíhan10 d1sti uec:tos
a Tt"cihirles a balazo . . . Loe; artículos de El 1~ o conmo\'Ían la CJ p1n1ón
pública y enloqucc1an al gobierno. que tan pronto e;~ enfurecía y recurr1a a
Ja violencia Je la C"1rr~l y del de,t1erro . como qc "-Ometia y pedía capitulación,
o{reciéncio)c a Joc;r Pedro Ramírez la or:;r.nizaci ·n rle un ~lini .. tt'.rio de) quo
8Crín j1·f~ ..." (Cfr.; J 1.10 l 11.nn1 HA Y Oe1 '• El ''Cenáculo" de El 'iglo,
&lt;.Ít., n Ret ilta 1Vacional, nño V, nO 53, p. 276 )
l ]UA'I

-

12-

�racionalista por la" enseñan1as de don Plácido Ellauri y las lecturas ele Francisco Bilbao, y ebria de fe romántica hacia la demoC'racia norteamericana que enaltecía por entonces Laboulaye, conformará su doctrina ci\ilista y liberal, pronto elevada a la catego·
rÍ3 de dogma en función del culto fervi ente de los principios absolutos que regían so conducta cívica y moral. Desde El Si:.!;lo
cumplió su rudo aprendizaje político - en las turbulentas a g uas
del partido colorado - toda aquella élite juvenil cuyas tempranas
inquietudes, aún fluctuantes entre el -verso y el drama, el ens a} o
o la n ovela, eran incipientemente vertidas en las columnas de
i I Plala, el Iris o la Revista Literari.a. El Siglo asistió así al
t r án~ito de sus meditaciones especulati\ as hacia la órbita material ele la problemática que definía nue tra existencia política.
J~n e~e diario trasiego de la prensa perfila el principi mo con~&lt;'r\•aclor su temple doctrinario, forjado en los rígidos moldes
&lt;~el constitucionalismo liberal y en el ejemplo de la democracia
ri o rleamericana, bajo cuya advocación enfrenta a la~ llamadd1
tc11de11cias personalistas que - a su modo de ver - confi guraban
la réinora ele nues tra evolución institucional.
Asin1is1no en las filas del partido blanco alentaba una reacc·ión de sano principismo tempranamente gestada en la resistencia
del núrleo doctoral a las tendencias on1nímodas de loe; caudillo~.
11:sr grupo, que penetraba en sus orígenes hasta el Cerrito, pued-:
t~ pificarse en la figura de don Bernardo P. Berro. Sus ideas principistas, latentes } a en 1838 en el Catecismo de la doctrina puritnna con serva&lt;/ora, emanan de su filosofía política ba"ada en el sistcrna r&lt;'publir.ano representativo. y condicionada a una elevada
rroral cÍ\ ic a y un prístino pro~ra1na doctrinario en el que se exch.".&gt; e la acción de los partidos tradicionales. En ese entendido
adhiere a la política &lt;le fusión desde la Sociedad del 18 de f ulio
y la Socieda(l de Amigos del País y transa luego con sus correJi.
E( onar io~. en oposición al florismo avasallan le del 5 1., para cerrar
&lt;'~ pac;o al empuje caudillista. Aun entonces, convencido de la
g1avitación funesta de las divisas. clama por su dec;aparición
e·orno único cxpedientf' \ iable hacia la formarión de nuevos par.
tidos de principios. "Berro no creía en la posibilidad de una evoluc·ión clr los partidos personalic;tas en partidos de te is o &lt;le principios''. afirn1a Pi\'el DeY oto ~ "!ostenía que la fuc;i ón sí, podía contribl!ir al acl\"enin1iento de los partidos de ideas''. 1
l JUAN

E. Pnr.L

ílt\'OTO,

!.as ideas politica.s de Bernardo P. Berro,

p. 17, 1'i&lt;nle\i&lt;lco, 1951.

-13 -

�Según el inventario ideológico que traza Pivel, Berro encuadra su concepción política en el modelo norteamericano que proponía Tocqueville, reaccionando no obstante contra las corrientes
r omántico-liberales francesas a cuya influencia adjudica todos
los desbordes con que el despotismo ha jalonado la revoluc:ón
sudamericana. 1 Sobre esos supuestos llega a estructurar una
cierta filosofía de la historia nacional: cuyo programa entraña
la desaparición del caudillismo y la guerra ci,·il. así como la concreción del ideario republicano. Puede decirse: en fin. a la luz
de su credo político. que la figura de Berro representa el más
decantado exponente del ciYilic;mo doctrinario surgido en el seno
del partido blanco .
En la línea principista de Berro, si no en su ideario ini~mo,
Agustín de Vedia, al frente de un grupo de exilados blancos, leYanta desde Buenos r\ires la bandera puritana desde las páginas
del diario La América (1865) , tenaz opositor del general _litre
y la política de la Triple Alianza que secundaba el general Flores.
Gravitanle y decisiva influencia ejerció sobre la j uYentud
ilustrada del partido blanco, la \'Ígorosa personalidad de Agustín
de \ 7edia, en cuyo pensamiento se anticipa la renovación del principismo nacionalista del 72.
En la atmósfera de canden e violencia y enconadas pasiones
que sucedió al asesinato del general Flores se elegía nuevo presidente de la República, por una equí,·oca ma\ oría, al general
Lorenzo Batlle, que \'enía a representar dentro de su partido. por
su carácter y sus antecedentes. la mediación ecléctica entre el
caudillismo y el principismo. "Hombre de principios. !oldado de
la Defensa de I\1onteYideo -proclamaba entonces Batlle- no me
apartaré del cc::tricto cumplimiento de la le). Propenderé á la
unión del partido colorado gobernando con los hombree;; 1nás
dignos de ese partido, sin esclusión de n1aticec;; y c;;in exigir otra
cosa para los cargos públicos que el patriotisn10. la capacidad,
la honra&lt;lcz ... "2
Su temperamento contemporizador, como era natural dada
l

Jbid., pp. 4 y

~e::.

llan ifie(to del Gral. Lorenzo Batlle, }Q de marzo de 1868, en Archir.o
r Biblioteca Pablo Blanro Acet cáo, i\lontc\ ideo, ,lfanuscrltOJ del 1lfu$eO
llistonco /\acional, t. CCCL\ I, Archii 10 del (oronel Dr. José G. Ptl/omequt:,
2

La Rttolucio11 Oriental de 1870, t. 11, f. 33.

-

14. -

�la efervescencia de los ánimos, le concitó la oposición de los
grupos colorados que, desde el principismo o el caudillismo, con·
denaban su política conciliadora invariahlemcnte alribuída por
unoc; y ot1 os a dchilidad per~onal del gobernante. Durísima
prucha fue para el general Ilatllc la tarea }&gt;residencial: El clima
político perlurhaclo hasta el incontrol pasional por la ola de Yio·
lcncia- c¡ue el 1nismo día del asesina lo de Flores se in iriara con
el inútil sacri fi cio ele Berro : el ensoberbecido caudillismo coloraclJ
que an1enaznba sistemáticnn1cnte "con levantar el J&gt;Oncho" nnte
el gobierno; los 1 ccla1no clcl principic;mo que no podía tolerar sus
concesiones al elemento pc1 sonal; todo el país atemorizado - en
los prolegóincnos de una grave crisis econó1nica - por el {an.
tas1na de la incon\'crsión y el curso forzoso que crecía de5&lt;le
l 86t1 a la som hra de las especulaciones financiera- del Barón de
~Iauá. Corn¡&gt;l '1ncntariamente. el partido blanco. excluído del po·
dcr en 1865, vcnín a !'"r. desde su no dis1ninuída pujanza, otro
de lo" serios n1otivos de h1quictud. y no el de menor entidad.
En los hechos, los ten1ores concebidos no defraudaron 1~s
augurios pesimistas. En rápida ) demoledora sucesión los inmedia·
tos aconteci1nicnlo'"' 'inieron a cuestionar todo el programa cons·
tructi\ o que se propu"iera el gobernante de 1868. 1\1 al1amiento
prepotente de las "mil lanzas" de l\Iáxi1no P érez y su pronto
son1cl in1iento a Carahnllo siguieron nuevas vcntaj as para los netos
que provocaron la c~cisión definitiva del liberalismo conser,·a&lt;lor,
desde entonce~ declarado enen1igo del t égimcn de natlle. '·gobier·
no de tripotajc y ele cando1nbe·' según el punzante estigma de
Juan Carlos Cón1c1.
Ante los pritneros iunagos ele los descalabros bancarios 'JUC
prolo ngaban In &lt;'ri is. la cfínH~ra sublevación cursistn de Carahallo
vnl\·ió a c\'iclcnciar el peligroso ai }amiento en que se iba rele.
gando al Presidente, ahora abandonado por con5ervndorec; } por
ncto5, y por a1nhos hostilincnte a1ncnazndo de tal modo, que
r.on1enzaha a &lt;¡ucbrarsc su hasta entonces enhiesto principio de
autoridad.
I..n crisis económico·financiera. pc&gt;5C a la incon,•ersión y a
la deprimente \ igencia del cur'o forzo~o sobre el comercio~ era
incontenible en toda su 1nagnitud. JJa forzada r enuncia de Bustamnnlc, contra lo que c~peraba el general Ilatllc, no parecía
conjurar la bancarrota. 1 I~l ruinoso expediente de la garantía
1

El doctor Pedro Bustamante proce&lt;:anclo al gobierno del General
Dntll&lt;.·, cxprc&lt;:a ha al elevar su renuncia: " ll abiéndome significado V. E. en
1

-

15 -

,

�&amp;ubsidiaria del Estado al caduco papel moneda, vino a complicar
con creces la situación prolongando la agonía monetaria de los
Bancos libres, exhaustos luego de sus incautas emisiones. Fer·
nando Torres, reconstruyendo el caótico cuadro de nuestra eco·
nornía, escribía en 1871: "Estos tres años [1868, 1869, 1870]
íueron infaustos; todo en ellos fué contrario á la prosperidad
pública, causas políticas y causas naturales: el cólera (en
el 68 ) interrumpiendo la faena de los saladeros y reduciendo casi á la mitad la esportación de la República; conmociones políticas agitando todos los ánimos, infiltrando en ellos la descon·
fianza del porvenir; baja en los grandes mercados de uno de los
productos más pingües del país : la lana; epidemias rurales "X·
terminando grandísimo número de ganado vacuno y sobre todo
lanar ... las terribles lluvias del principio de 1869 que destru yt!n
casi por completo los cereales ... hacen igualmente fatal ese año.
30.000.000 de pesos de producción perdidos en dos años! Tales
pérdidas producían perturbación en todas las fortunas . . . La
inevitable exportación del oro en reemplazo de los productos
que fueron deficientes. La suspensión repentina de gran nú mero
tl rminos amistosos el deseo de que renunc iara al cargo de J\Iinistro de Hacienda, bignificándome además qu e mi separación del gobier no era cond1c1ón
indi--pt:n~aule, para poder dar sol ución á Ja cra-.as econumica y polí tica qu~
iitra' ie~ a la República en estos momento~ ; y no queriendo por mi J&gt;&amp;rte
torturar inútilmente el ánimo de \. E . o ejercer Ja menor presil' n obre
1- u e~pí ritu , ni servir tam poco de pretexto ú los d escontentos para seguir
a ~itan do y convulsionando al paíc., he resuelto d ejar sati_fechos los dei,eo•
dt \ . E. hacie ndo forn1al renuncia de la ca rtl'ra que e.e e.in ió con fiarme y
que jamá ... habría renunciado en pre~encia dt: una rebelió n armada ... ll osti·
JiJ..aJo d e-=de un pnncipio en mi march a por la impura liJ?a de todos los
in tcrci-ea inmorales y de todai; las aspi raciones hac:;tardas, que na tu ralmente
no p odía n conformar t-e con el e~ t aultci rn ienlo de una admini~trac 1 L n regular
y honesta, y ~ encido al fin, rn á~ que por la ener gía de "ti!&gt; de~ec.pe r adoa
t.·~f ucn..os por la s in-.inuacione~ de ' rE., por el t.°"'pectáculo &lt;le ~us an~icJ10t'S
y temores } por el con~cncimiento de que no puedo contar con !!u apoyo
para llevar adelante la obra a QlHl } o le of rcci concu rrir, y c1n la cual no
hallo ~a lvación posible para la República, ~oto siento al deja r el puc'!&gt;to qu~
ecc·pté á in--toncia-, ele \. E. que VE. no haya creído poder cumpli r Ja
tole mne promc~a en \'irtud de lo cual me presté ñ acun1pañar lo, y que un os
c:uantos descontentos y alguno e4'peculadores de-.graciado.;, capitaneado, por
un h ombre, [alude al Baruo de ~l auá) no ...oti ... fe cho aún con haber e~ tafado
al pueblo, esplotado nuestras de,gracias, medrado con todo~ nue5tros an ter &lt;l rt.... gobiernos, y burlúndoo;e de nues tra-. Jeye· chiles y penales, hayan teli ido
bntotante poder para torcer Ja ,·oluntad y Ja march3 Je ' 'E. . - para da r el
'llt'lro á una c;ituación que ali:o bueno prometía al paí-. ... ''·(Cfr.: ()
o
(, I ilin1stro de llarienda Pedro Bustamante al Presidente. de fa Repú' /ica,
1 oren::o Bntlle, tn Ct u 1,r:11,t o '-.1 í\\'AR T \ARCAS, Pedro flu stamante, en Re·
'' .1 l\1ar.1011al. a'lo V, 119 56. pr. ~l'l 216)
0

16 -

�ele operaciones con1erciales y provectos industriales. La rápida
liquidación de negocios importantísimos en muchos pueblos de
la República y la extinción de la casi totalidad del crédito ...
produjeron la terrible crisis financiera que todos hemos presenciado ... " 1
Luego de la retirada de Pedro Bustamante del Ministerio
de l lacienda. a la que sin duda no era ajeno el Barón de lVlauá,
Ja tirantez fue agudizándose rápidamente. Por entonces Carlos
María Ramírez reaccionaba briosamente contra la p olítica de
Batlle calificando a sus colaboradores de "adulones y mojigatos",
mientras que el impulsivo ministro de Gobierno, 1osé Cándido
Bustamante, amenazaba al periodismo combativo con el jurado,
Ja cárcel y el destierro. El principis1no conservador, en el desborde
dr su fibra partidaria. sella el despre'-tigio del gobierno. No era
difícil presentar ante la opinión pública descontenta y dec:concertada una causa única de todos los males. De~de El it!,lo c;o
íulminó la presidencia de Batlle como "la más Iunesta de las
administraciones que nuestro país soportara". El ministro Bustamanle, hoinbre íuerte del régimen, decidido a quebrantar la oposición demoledora de nuestros doctrinarios, sanciona el destierro
y Ja prisión de algunos periodistas de nota. El hecho, unido al
triunfo ele lac; Jic;tas oficiales en las elecciones de noviembre rle
1869, llevó la oposición al paroxismo. Su violencia excedió la
rncdida que el tambaleante gobierno podía soporlar. Fue la hora
ingrata del 1&gt;rincipismo. En aras de la pureza inmaculada de los
principios y en el desenfreno de su adolescente pasión política, la
c-rítica de los Ramírez en El iglo ) de Varela en La Paz ultrapasó
los límites extremoc; de la cordura. llegando a sostener la licitud
de la rebelión contra el gobernante. a diario apoc;trofado como
"concusionario y malversador de fondos". 1\ e a altura la campaña depresiva emprendida por el principi n10 ronser' ador desde
la prensa. ro1nenzaba -quizá sin quererlo- a cuestionar todos los
actoc; de gobierno cumplidos desd~ el clía en que el general
I.. oren10 Batlle ac;umiera la prec;idcncia de la República. u ideaJi'-1110
'\ehen1ente y ciego por entonces - hizo trastabillar ha ta
f us e i 1n irnlos el régimen institucional. coc;tosamente soc:;tenido. La
oposición despiadada lino a ser\ ir así de pretexto inmediato 3
J.'1 rtNANOO TORRES, !llemoria sobre la llacienda P ública pr,sentad«
a &lt;;[..'. t•I /'rc.~11/cn te de In República pur el ll1 111st10 de llac1c11da intertno,
~lonlt\idcn, 1871, en 81bhoteca flac1011al, ~Iontcvidco, Colecc1on. 1lf elián La·
l

/111ur, t. ó 1.

-

17 -

�la reacción blinca que alentaba en In sombra d la proscripción
desde la mue1te de ¿on Bernardo P . Berro. El malestar 'f el
recelo sistemático que el gobierno inspiraba en la opini ón "f'Or
obra de la prédica opositora, fueron esgrimidos como últin10
argumento por quienes desde Montevideo, Buenos Aires o Entre
R íos, insistían en negar la legitimidad de la situación p olítica
que sucediera al 20 de febrero de 1865.
La invasión de 1870, pronto encarada por el partido de Ja
Rec;;tauración como Revolución Or-iental, venía a r epresentar en
nuestro tortuoso avatar histórico el habitual expediente con que
se reaccionaba - dada la vigente vic::ión de la cosa política ante la exclusión del partido blanco, los desastres económicos y
la pregonada inoperancia de Lorenzo Batlle.
L:i rápida propagación del tno' imiento de Timoteo Apurir·io
y Anacleto 1\-Iedina. con la consiguiente alarma nacional. cnmbió
bru camente el rumbo de la prédica principista. La in' asión de
los caudillos blancos, que comprometía con su posible triunfo
l as posiciones del principismo, llevó a El Siglo a dec:cribir un Yiraje en redondo para proteger - ahora junto a Batlle y una vez
más invocando la tradición ele la Defen5a - la lega1iJad de las
instituciones y el principio de autoridad que la r e\ olución amena.·aba. José Pedro Ra1nírez y Julio H errera y O bes claman ac;Í
p or la unión de todos los coloradoc:; sin cH"tinción de matices,
mientras Aparicio acecha desde el Cerro y la -nión a la capital
en j aque. Carlos 1\-Iaría Ramírez, posponiendo su repugnancia
por el régimen, acompaña al general Cregorio uárez en calidad
de secretario de campaña. Testigo de las atrocidades cometidas en
la sangrienta batalla de aucc abjura de la guerra ci\ il. abandona
el ejército y retorna al periodisn10 despojado de su divisa partidaria. Convencido de que "la guerra ciYil por la guerra ci\·il
no tiene término·' y decepcionado de los viejo p.1rtidos. propone
ahora. dec;.&lt;lc La Banclera Raclzcal - a partir del 30 de enero
de 1871 - la formación de una nueva a!!rupación, concretando
las aspiraciones de su flaman te folleto Ln gue rra ciiil y los ¡.artidos. P or lo pronto, sus trabajos cristalizan en la erección del
Club Radical. "La asociación - decía su prin1er programa adopta la denominación de Radical. c1eyendo significar de t'Sa
m anera todo el alcance y toda la verdad de sus propósitos al
ele\ arc;.e con magcstad sobre los interese lran"itorios que engendran las divi iones accidentales ele los b3ndos para buscar la
solución fundamen tal de las cue:,lioncs permanentes, CU) a a pre0

-

18 -

�ciación puede delinear en el futuro verdader os partidos de principios que luchen siempre en el terreno pacífico y legal ... " Y
agregaba: "La asociación Club Radi cal relega al juicio tranquilo
de la historia, todas las tradiciones del pasado y sólo fía s u poder
y su prestigio á la h onrada ap1ic:ición de su programa en el
presente y en el porvenir de la República". 1
La incipiente ejecutoria de la n o' el fracción principista que
se definía en rígida ortodoxia apa1 Lán&lt;lose de Jos partidos tradicionales, tuvo por entonces. ante la incierta rnarcha de la r evolución que desangraba al paí , una acogida feliz por su oportu11idad y su alcance gcneroc;o. José Pedro Varela, Miguel Ilerr'ra
y Obes, I:duardo fl ores, 1osé Ma1 ía Castellanos. Eduardo Brito
del Pino, Emilio R omero, Gonzalo Ramírcz, Aurcliano Rodrí~ueL
Larreta. J acobo A. V arela, Cristóbal alvañach (h. ), Carlos \{dría de P ena, se s uman a las aspiraciones de nan1írez conformando
una decidida opinión favorable a la conclusión de la guerra civil.
Al promediar el año 1871 los esfuerzos encaminados a la
pacificación nacional son un r eclamo día a día insi tente. El solo
hecho de la revolución itnpidc c ircunstancialmente el acercamiento doctrinario que asoma por encima de las divisas y que
sucederá a la Paz ele Abril del 72.
Entre las voce5 de aliento que llegan hasta La Bandera l?.adical se escucha la de Agustín de \ ' edia, procedente del campo
r evolucionario: donde preside un núcleo principista del partido blanco. La coincidencia de principios que obser\·an los ilustrados publicistas es un hecho significativo de la reesl1 ur luración
partidaria que se ª' ecina. Según Rnrnírez, en tnuchos de los párrafos de s u folleto sobre /.,a Guerra Civil y los partidos, Agustín
de Vedia "ha \'islo reproducirse c;us mic;mas ideas y t1 aducirse
sus nlistnns in1p1 esiones al recorrer el vasto desierto librado al
cncarni7arniento de la g uerra". a
El .)igl-0, por su parlr, desde el principic;mo colorado comienza a bregar por la h onrosa conclusión de las hostilid ades.
El revés dr l\ilanantialec; sella por fin la suerte de la revolución. J,as gestion e~ pacifistas. indccisamenle iniciadas, c;e &lt;lemnran o f rae asan ante la mutua intransigencia de Jos handoi;;, frente
a u11 creciente consenso nac ional que viene reclamando, con la
1

la Bandera Raclical, i\fonle,·idco, 29 de enero de 1871,

n9

l.

La idea Radical y la idea ret•olucionaria, en
La !Jandera Rud1cal, f\.Iontcv1Jco, 5 &lt;le febrero de 1871, nº 2.
2 CARI oc; '\JAnÍ\ RA;\tÍRt-z,

-

19

�tolerancia recíproca, la definitiva regeneración de los partido!t
orientales. Entre tanto, en uno y otro partido, el fecundo acercamiento ideológico de los hombres de principios venía reagrupando a las fuerzas políticas que frente a las divisas tradicionales 1e pronunciarían a la vuelta de la Paz de Abril.

•

-20-

�CAPÍTULO

L

ORBIT

II

POLITIC1\ DE l.10
DE PRINCIJ&gt;JO.
(1872·1875)

PARTIDO.

��•

5U~!AR1 0:

La adminic;tración Gomen&lt;=oro y la situación finan ciera. - Realiclndes y ficciones de la Paz de Abril: el B~'!:'Juete de. La
f uLentud. - Reestructuración de los partidos pobllcos: Partido
Colorado: Club Libertad, Club Colorado; Partido Blanco: C~u?
Nacionalista, Netos; Partido Radical: Club Radical. - . D~f~n1·
ción ideológica del principismo: los pr~~amas de ~r!nc1p1oc..
El clima pre-electoral (1872): los Jnc1dentes polit1cos; la
abstención nacionalic;ta · el cisma del Club Libertad; las elecciones de noviembre; Ía renuncia de J osé, Pedro R~mír~z; ~a
expectativa presidencial - Elección de J ose E. Ellaur1 ;_ d1vorc10
definitivo entre principistas y netos. Las elecciones de
senadores (1873), y la evidencia de una transformación político·
social. - La cri"is econlmica y su proyección política. - La
caída del principismo.

El l 9 de marzo de 1872, al término de su período legal. el
general Lorenzo Batlle -aún no concluída la paz definitivaresigna en el presidente del Senado la primera magistratura que
asumiera en 1868.
Por entonces, el anhelo pacifista era unánime clamor en el
seno de los partidos y en las voces de la opinión. Las zozobras
económico-financieras del 68 y su penosa proyección sobre la
adn1inistración Batlle habían doblegado el erario, luego de dos
años de devastaciones y apremios bélicos, al último límite de su
estabilidad. Arruinadas las cosechas, diezmadas las haciendas,
vigente la inconversión, retraído el comercio, una inminente bancarrota general amenazaba con el desquicio total de nuestra economía 1 •
Comentaba El Siglo en los días inmediatos a Ja Paz de Abril: " ... no
es uno de los menores obstáculos con que tropieza el gobierno el que nace
del lar.llmoc,o cc,tado en que al subir al poder ha encontrado á la Hacienda .. . " ( Cír.: Reui.sta de la Quincena, en El Siglo, l\(ontevideo 14 de
abril de 1872, n 9 2223.)
'
Por otra parte, era alarmante el abatimiento de nuestro crédito en
Europa. "Pocos me«1es después de mi llegada a este país ~sc ribía desde
Londres Alejandro l\lackínnon a Ernesto Velazco en carta confidencialencontré mi posición sumamente difícil á causa del mal crédito que go·
l

-23-

�En los bandos en pu3fla el agotamiento mutuo y la inde·
cisión de las acciones militares vol\ ía nece3ario e impostergable
el ce.se de las hostilidades al cabo de una camp3ña que languidecía
en guerril1as y escaramuzas.
Las gestiones pacifistas, que sufrían un impasse desde el malo·
grado acuerdo gestado por Lamas y H errera y Obes, logran
cuajar en definjtivo entendimiento bajo la presidencia provisoria
de Tomás Gomensoro.
Las fórmulas de pacificación aceptadas por los contendiente3
j alon&amp;n un nuevo capítulo en la evolución de nuestros partido:l
políticos. Las estipulaciones de abril sancionan de modo tácito una
nonna de coparticipación de ambas fracciones en el gobierno ce!
país. La transacción en sí, y el otorgamiento de las cuatro j ~ f3.
turas departamentales a los r eYolucionarios, permitían vis1umbr~r
un cambio de frente en la política de juPgo unilateral que el partid o colorado había observado invetcradamPnte hacia su advcrs::irio. Í\.sÍ lo percibía por entonces el doctor José l\.1aria Castellano3
r eflexionando sobre las consecuencias de la Paz de Abril. "Indu ·
dablemen te -decía Castellanos- la solución que han tenido ~0$
sucesos no es la n1ás ajustada á los principios ni satisface l:i3
a3piraciones de los que creen que los derechos acordados por
las leyes pueden ser materia de pacto esencial para poder e j ercer los el ciudadano, pues esos derechos nacen desde el rnoment1&gt;
de la promulgación de la le}, no necesitan declaraciones ó pacto.;
po~t eri ores para poder ejercerlos~ pero es preciso conYenir. no
ob"tante, en que después de tantos aiio- en que el desconocimiento
de todos los derechos políticos del partido caído era el principio
sostenido por el partido que c_taba en el poder, el reconocimien¡o
de esos derechos, aun cuando pactadoc;. ) sólo puestos en práctica
en parle. importa una gran conqui~ta ". 1
En el clima optin1i~ta que auguraba la pacificación, la ju1A1ba r.ucs:ro pnis, ... cr~ inút11 rlirigirnlc 11 cn~a financier~ .... todJs me
daban. inci11ycndo t&gt;l Banco &lt;le I.on&lt;lrr• ... v Hío dr Ja Plata, la mi-.n1a contestación: que dif ícilmcntc ~e negociaría .t 1.000.000 al tipo de 60 y
forn1ándosc un sindicato con 5 a 10 p: ele descuento' porque el director
&lt;lcl llaneo Dr. llolt no tenín nin'l'una ~nrantia en un país que decía &lt;1e
contrabn. en con:-tante '~uc rra ch1l y en b:.ncarrota' ". (Cfr.: Carta de
Alr111ndro llarl.-1nnon a l r·.cs:o I cla:co, Lonclrc:;, 19 de junio de 1872, en
/lrrhit·o ' B blote(a Pa blo ntrznr.o .Acct·edo, l/nnt · 1 ii/1•0, ~crción .llanu.scritos

dt•I .llusco,

l.

CCCX.\ \, 1lrchi1·0 de /). Tomás J' illr.lba, f. 67.)

1 Cfr. : JtJ\:'i
~lont evideo , 9 J~

E. Pt\"tL Dr.YOTO, la hora del µrincipi.smo, en ilfarcl1a,
::eticmbre de 1953.

-

24

�ventucl montevideana ilustrada define una señalada reacción frente
a las prácticas ele los partidos tradicionales y, por encima de las
di\'i~a . . , se aviene a procurar nuevas fórmulas de coexistencia.
"Creo que lo que nos separa no son los principios opuestos de
nuestra profesión política -observaba Eduardo Brito del Pinosino los intereses y sobre todo las pasiones nacidas á la sombra
ele las primeras luchas cle nuestros grandes caudillos, acrecida,
enconada, y perpetuada hasta nuestros días por los excesos de la
guerra civil prrdurable en que vivimos envuellos" 1 •
1~·1 • iglo, viviendo "la re' olución interior que se ha operado
en lo espÍI itus", barajaba las conclusiones que el balance de la
situación arrojnha: ''\os hemos dejado llevar en estos días por
la 1nucheclu1nbrc, en,·ucltos en la oleadas del pueblo, he1nos podido sentir sus latidos, escuchar su voz, penetrarnos de sus aspir aciont"c: y se ha fortalecido nue!"tra fe } se ha robustecido nuestra
esperd111a en la pi óxima regeneración de esta República. Entiénda .. e l,i~n, al hablar de próxin1a rrgcneración no entendemos, no
queren1os significar que en un abrir y cerrar de ojos, como por
enc:alino:; se ''ªYª á transfonnar Ja faz del país, á desaparecer los
odio . ú mo1alizar los partidos, á crearse una administración
regular y ordenada, á educarse el pueblo, á garantirse completan1cnlc la propicclod y á desarrollarse la agricultura. Por mucha
que ,ea nuestra fé en la virtud de los principios democráticos leal
) rectan1cnte aplicados, no pcrtenccc1nos á la escuela de lo" dulcan1ara polílicoc;, no conorc1nos el fa111oso e~pecífico qu&lt;" de la
noche á la mnnana puede vc1 ificar el milagro de regenerar á un
pueblo. sabc1nos que el pueblo es uno de los indispensables elernentot; para tocln elaboración social y que no e"tá en n1anos del
homb1e precipitar la madurez de los pueblos al calor artificial
de ~d¡;¡ l cn1as que no tienen consonancia con las costumbres. Pero
sí crccn1os que las circunstancias permiten ya marchar con paso
inás seguro á la rcali:tación &lt;le ese' ideal que consiste en asegurar
al 1nn; or nún1cro posible ele los indivjduos que co1nponen una
sociedad la n1ayor íeliciclad posihle en la tierra, á garantirle á
todo rl libre ejercicio ele su libertad y de sus derP.choc: indivi&lt;lualcc:. ('rec1nos que la República toca á un período de su historia en que, n1uerlo el caudillaje y encendido en el corazón del
1 /Ji.~curso

de Eduardo Brito del Pino, 13 de obril de 1872, en El banquete dr. In ju1 cntud, Colcccic}n de los discursos pronuncíados en el Banquete q1 e 1111 o lugar en la 11ochc del J:J de abril de 1872, '\lontc:\ 1Jeo, 1872,
p. •17, en Dibliotectt Nacio11al, l\fonlcviclco, Colección fJ!elián La/inur, t. St
1

-

25 -

�pueblo el anhelo por conservar la paz, cabe dar amplio desarrollo
á los abundantes gérmenes de riqueza que atesora este suelo que
ha11 de ser poderosísimos elementos para ambientar el reposo
pu, blico. . . ,, 1 .
Aquel consenso doctrinario que proclamaba bajo nueva luz
la coexistencia de los partidos vino a formularse como primera
manifestación teórica en la profusa oratoria del Banquete de la
Juventud, que sucedió a la Paz de Abril 2 •
Las ideas y los principios que en aquella circunstancia se
proclaman invisten la reacción de un calificado núcleo de opinión frente a la eslructura que mantienen los viejos parlidos.
La concreción de la Paz de Abril es así la coyuntura feliz de
sus aspiraciones, el decurso inicial de la r econstrucción política.
ahora ,·iable gracias a las garantías que otorgan la paz, la libertad
y la concordia. Fe en el porvenir, que anticipa nuevas formas
de convivencia partidaria bajo la égida de los principios y la
más amplia tolerancia para todas las opiniones; abjuración de
la guerra civil y la promesa de una regeneración cí,·ica que relegue a la historia los juicios sobr e el pasado, compendian los
ideales de los comensales del 13 de abril.
Carlos María Ramírez, en el exordio de la oratoria, volvía
a condenar el extravío de los bandos tradicionales, insistiendo
en las ideas de c;u folleto La guerra cit,,il )' lo'i partidos. a! mis1no
tiempo que trazaba el deslinde doctrinario del inn1inente programa
de principios del Club Radical. "No más nue~tras discordia ci\'i-

nº

1Vo hay que alarmarse, en El Siglo, ?\Ionte' ideo, 11 de abril de 1872,
2220.
1

2 El Banquete de la Juventud se llevó a cabo en la noche del 13 de
abril de 1872 en el gran salón de la Confitt·ría Onental.
cgún el te~ti·

mooio de La Paz. "concurrieron do ..cienta&amp; pcr-.ona!) jó\'enes y algunas que
no lo eran y fueron in\.itadas igual". La comida ~e sirvió luego de las
seis de la tarde y a las siete Carlos f\laría Ran1íre1. pronunció el primero de
los di-.cur!'os que !'e prolongaron durante cuatro hora ... llicieron u ...o de Ja
palabra: Carlos ~laría Ram irez., Carlos Ambrosio Lerena, .\ lcjandro . de
Zumarán, Daniel f\-1uñoz, el coronrl Emilio \ ' idal. Emilio Ron1ero, J ulio
Herrera y Ohc~, Pablo De \fa ría, Gonzalo Ramírez, Juan ,\ . Ranurez., l lo·
rencio Escardó. Franciqco Estrázula~. Eduardo Rrito del Pino, ~li~uel ll e·
rrera y Obe-., Eduardo De ~lacchino [sic], ~Ianuel Bcrdicr, A. Carc1a Lago.;,
Jaime E trá1.ulas, J o'ié i\laria Castellanoq, .\lf rcdo Ca .. tellanoq, Ildefon ..o
García Lagos, J osé Pedro \'arela, Jacobo 1\. Varcln, Jo.-.é \laría \I uñoz..
Ernesto \ 'elazco, Aurehano Rodríguez., Lconcio Correa, .\nton10 C:ir·
valho. Jorge Jbarra, José Pedro R nmírez. Poblo Coycna y egundo Flores.
(Cfr. El banquete de la jutentud, etc .• cil.; La Pas. ~lontc\ideo. 16 de
abril de 1872, n9 355.)

-26 -

�les -decía el joven catedrático de Derecho Constitucionalllegarán á punto de ca\ar entre los orientales sangrientas fosas
y odios irrcconci] iablcs ... No más Jos supue tos pat ti dos orientales en el ciego é incesante furor de la contienda . . .
o más el
viejo cal abolo de Estado ... I\o más entre los orientales un solo
desterrado ... ,, t.
Compartiendo ideas afines, J osé Pec11 o Varela -o rganizador
clcl Banquete- ratifica su confianza en la 1nisión de la ju\'entud
que con su in1pul-o obrará la reestru cturación de los partidos 2 •
"I .a juventud de Montevideo, el cerebro de la República. . . nacida entre el lurnulto el&lt;" las pasiones enronadas, crcrida entre
los motines, &lt;"nlrc la!' asonadas, entre las revu eltas . . . ¿De dónde
venirnos. á dónde varnos los hombres jó\'encs de la Rcpúh1ica? .. .
J)éhiles acaso por el número somos f ucrtcc:; por la conciencia de
nuc"tras convicciones, por el culto que profesarnos á los principios
democráticoc:;, por In aspiración á radicar la libertad y el bien .. .
Cuarenta año~ hace qur nuc~tros partidos se agitan inconscientes
&lt;'n el torbellino ele lns pasionM políticas . . . Esa es la hi~toria. el
d unlismo de los partidos políticoc:., la conmi,tión de los elementos
nu\s cncont1 ados para la rr.ali1nción de pequeñas aspir&amp;riones.
l ~os caudillos rntregando ií los hombres ilustres é inte1igcntes la
rrrlarrión de )oc;; clocu1nenlos públicos, ln mentira dr }ac; palabras
ofirin)cc;, la f ni c&lt;l:td &lt;l&lt;&gt; los doctrinas que jamás ~e ponen en
prárl ira ... De e e camino &lt;]U&lt;:&gt; han r ecorrid o s iempre arrastrados
por el estuario de ]ne; pac:;ionrs necesitarnos ~epararnos ... entrando
en la c:.cnda c¡ur conduce al establecimiento de la lihcrlad. á la
raclirarión de Ja j usticia y del derecho. 1'odo nos une: sólo el
r.stravío ele In pasión política nos separa 3 • Por cc:;o yo me siento
!Jitcurw ,¡,. Carlos ~!aríu Romírez, 13 de ahri] de 1872. en El banquete de la j111 entud. etc.• cit .. PabJo De ?\1oría i:;e pronun cia en e] mismo
scnl irlo cxprr."anclo: "La íiesto que en e5te in.,tnnle celcbnnnn" in1porta un
upl 111&lt;10 á la paz ele la ílepúblira, y aún signífi C'n 1nnc;, sie:nifira una pro·
tc,.tn trr.mencla y &lt;'J oc11en1e no qoJo contra la guPrra civil del prcc;rnte "ino
cnntra 1oclns J a~ guerras civilc!'\ de los tiempos futuros" (! bid., p. 27.)
1

prnp ·,.ito dt! )oq trabajos de J os~ P edro \ 'a rela en favor de la Paz
clt• A hril, el doc•tor ,\ leJandro \lagariños Cervantc~ con.;ignaha en el Banquete
el&lt;· lo J1n cn111&lt;l: "I u .. anta cau"a dt• Ja pn,1, cuen ta entre sus primeros atletas
ul jovc·n escritor ... quien Jrqdc las colurnna'i del perióclicn que fund ó C't·
prc• .. :1mrnte para hu har pllr In paz hace un año, viene de ..plt•gundo á todos
)oc; viento~ 11 hundt•ra si n flaquear •.. " (Ibid .• p. 31.)
:? , \

lgualmr.nt c -.e pronuncia Eduardo Brito del Pino concurriendo a delirnitar los principios del partido rad1c11l; "J uzgan1os que nos divide una
3

-

27-

�f elíz y orgulloso de haber contribuido en algo á la r ealización de
la paz, que nos permite contemplar esta primera manifestación
colectiva de la más grande, de la más fecunda de las revoluciones
mur alla, y yo creo que es u na sombra ; l a sombra del pasado. Creo que
lo que n os separa no son los principios opuestos de nuestra profesién polí6ca,
sino los intereses y sobre todo las pasiones nacidas á la sombra de las
p rimeras l uchas de nuestros gran des caudi11os, acrecida, enconada y perpe·
tuada hasta nuestros días, por los excesos de la guerra ci-.·il perdurable en
que vivimos envueltos. Creo que con distintos colores sobre un t rapo enar·
b olado por cada uno en Ja punta de la lanza, hace cuarenta años que nos
venimos devorando los orientales, en sen icio de los caudillos y en provecho
de los esplo tadores y en pura pérdida de Jos principios y de q ue los hom·
bre de bien sean verdaderos correligionarios p olíti cos ... Tal v ez con raras
escepcionec;. todo&amp; los presentes Jo c-.omos .. . ¿Qué nos dhide en la re!?ión
de l as ideas? ... En el terreno d e los h echos no me Jo d igá ic;, harto lo sé
yo, y harto lo saben todos. . . P ero ¿ c-.on contrarias nuestras doctrinas?
Jamá..-. sobre Ja banda blan ca ó sobre la banda colorada o::ó e::-cribir partido
alguno, ni aún en esos momentos de " értigo y estravío, otros orincipios p olí·
t icos que Jos que están escritos ... p or todos nue,lros con::tituye ntes en la
tabla de la ley íundamental. . . Hay alguno entre los ciudadanos de ambos
colores políti cos aquí presentes á quien sus afinidades con lo' bandos que
nos dividen, á quien la divisa que ostenta, or!!ullo ..o en los días de com ·
bate, le obliga á renegar de las grandec: verdades y prin cipios republicanos
y d emócrata-, ... que e ... tán consagrados en la Con'-Litucr ' n de la R epública?
Todos creemos permanecer fieles á la Con~lituci ó n del Estado --in separarnos
en nada de la doctrina de nue::-tro partido. '-e bien q ue todos hemos sido
alternathamente au tóc ratas y libcraie::i, gubern i~ ta s y rerolucionario5 ... To·
dos hemos sabido sostener nue ~ tros nu1los gobiernos con tra la re\'oluC11 n
cl ~l partido contrario : y hemos sabido plegarno-. a la re\'olución de nuestros
amigos aun contra los buenos gobiernoi. de nuest ros an t agonh~ta::i . Dc""de la
altura olímpica del gobierno hen10:. lanzado los iracundos rayos del poder
público contra la revolnc ion } cuando no:. ha llcr!ado el n1on1ento de !ormar
en -,us fila s hemos aclamado la insurrecci~ n como el primt•ro d e los derechos del pueblo y hemos lanzado el anatema de las lc,·es ... 1ure la cabeza
del déspota que las profa nó. . . pt~ro en la re\'ohl( ion como en el eobierno,
¿cuál ha ~ido la bandera de los partido .. ? Gobierno, para combati r las re·
voluciones hemos in, ocado ~iempre las facuhade consti tucionales del po·
der público. Y R e\o)uc ion, para d er11bar á lo ~obiernos hemos apelado
á la libertad constitucional del p ueblo. . . arriba ó abajo siempre la Cons·
t itución por bandera, aunque no ien1pre la honradez y sincer idad. . . E~ta
t·~ la vtr&lt;laJ. Dt.&lt;luu:o ele ac¡ uí que la Con-.titución ~~ nue .. tr.i comú n lian·
dt.·ra... los hombre... han obedecido 1nác; á '-\IS pasione'I q ut' á ..u ... ideas
y en vez de hacer política con for me á sui:. c ree ncia .., han e je rcido 'eni:tanzas
y oometido ('rÍmenes con arreglo a su_ odio" &lt;.In que por e50 pueda tomar c;e
esas pasiones y esos crímenes con10 programa p ern1anente d e nin~uno de
los partido... (on esta ide a pt·rtenezco al número de los que c r"e n q ue
no t·stá lejano el día en qu e tend rá ténnino feliz nuestra lucha in,en .. ata ...
pt.r~ para lJcgar á la ~tnión d~ los orientales no e mcnc--tcr que ninguno
ahd1que de "llS (' reenc1a-, polat1ra .. , &lt;.Ínn que ha .. tn que cada uno a ·n ... te c:u
conducta a s uc: ('reencia' . . . Salga del "-UÍrag io libre un gobierno hone~to y
\trdarlt&gt;ramente liheral ..." C /b u/., pp. 47 y !:".)
Ll Dr. J osé ~laria C:t .. tt•llanoc; .. ubraya :!~imb1110 k• caducidad de las

-

23-

�&lt;JUC ha habido has~a ahora en la R epí1b;ica : de la rc\·olución ele

las ideas." 1
Desde su galana elocuencia. Julio licrrera y Obe~, !Jrincipista
y r ecalcitrante colorado, reitera con \•ehemente entu~iasmo la fe
común en la coexistencia que permite otear un nuevo y fecundo porYrnir para las aspiraciones ci,·ilistas. ,; Esta fiesta espansiva y cordial entre francos y declarados adversarios políticos. . . es In subli1ne manifestación csterna de la re' olución
interior que se ha operado en los espíritus; aquí está marcado
&lt;'On signos inequívocos el largo camino que en medio del choque
tu1nultuoso ele las pasiones han hecho en la conciencia las ideas
elevadas y los sentimientos generosos. . . Este banquete en que
lon1an asiento confundidos los hombres de todos los partidos ...
y ~in que ninguno haya tenido que abdicar las ideas y las creen&lt;'in:, que defendía ayer y que soctendrá mañana, es el s!mholo
de r~e otro grnncle, espléndido banquete nacional en qt:e tendrán
tan1hién su asiento y su cnbicrlo toda~ las ideas, todas las ac;pirar·iones, todos los intereses que se agitan y Lrabaj an der.tro del
lcr1,.no inviolable de Ja ley. I:n este momento nosotros ce:ramo3
el pa~ndo ec;téril de las luchas armadas de partido y abrin1os el
p~ríodo f er unclo de los luchas incruenta&lt;; de la de1nocracia, que
en ''cz ele tener por árbitro ]a suerte 'ariahle de Jos a1 rnas, tienen
por j ucz supren10 la opinión del país, manifeslada libremente en
l ... s urnas electorales. 1.a República. en \ e1 de caudillos jgnorantes
y viciosos nos pide ciudadanos auc;teros é ilustrados, en \·ez de
fnngrit·ntas ,·ic;tcn iac;, nos pide in~t ituci ones sabia ; en vez del
cj '• reílo agurr rielo nos pide cá1naras populares. . . levantemos un
altar á Ja nueva deidad que va á pre~iclir en adelante los destinos
poHt icos del país ... : la tolerancia ... l .. a causa de nuestros maJes
ha estado en haber llevado Ja intransigencia y el fanntisrno político
que c«grin1cn los partjclos tradicional&lt;'c;: "f.n historia no~ c- nscña que
todns nnc ~ tras dic;enciones, toda"' n111·stras g1u.•rra s chHcc:, no han l"nido por
c:nu a ti triunfo de una iclta, la c:alvaei{n dt: un principio ••• no l:an sido
1n6s 9ur. el rt• ultudo ele una honda dh·ic:ión que naci ', con razón el 42
que ds·l1111 conclui r el 51 y que c:in ral'.l··n nl~una ha continuado hacta aho·
r n. . . ;. "'onic'~ nea .:o partido~ político-. en la 'crdadera acepci&lt;)n de Ja
palabra? l\o, 501110"&gt; blancos ó colo rad o!' hoy, porqnP nue&lt;:tro; padrl s ts·
tu\i~ ron en ~InntP\ideo ó &lt;"'111\'it·ron en el Cerrito, y loe; odios nacid os en
r.q111·Jla época c:e han ido pcr¡u·tunndo ... Los p:inidoci político, concluyen
&lt;'n r&lt;:tn ticira con la paz t.l1•l fJl, de cn!onccs acá no l:a h::.l&gt;ido sino
1n11 i&lt;1n!! pcr onnlcs." ( / /;id., p. 65.)

&lt;fj,jo;3"

) ¡·Úll·¡•• p.

-1

i•1r.

29 -

�hasta convertir en crimen lo que es un derecho sagrado de cada
uno . . . Tolerancia recíproca de uno para otro, respeto escrupuloso
del Gobierno á las opiniones de todos. Tal es el remedio que
nuestros males necesitan y el objeto á que deben ocurrir todos
nuestros esfuerzos y aspiraciones. El período que se abre es de
labor y de lucha. . . Que el nuevo grito de á las urnas! que va á
reemplazar el viejo grito de á las armas! sea un grito de paz en
vez de ser un grito de guerra." 1
La invocación de Julio Herrera y Obes se resuelve en rígido
programa doctrinario con el discurso del doctor J airne E.strázulas.
El pensamiento maduro del antiguo ministro de Berro condiciona
el futuro político a la estricta observancia de los derechos individuales en cuyo sentido se avanza a proponer la r eforma del
texto constitucional. "A pesar de que la solución no ha sido de
grandes principios no por eso la paz tal cual es deja de ser
grande. . . Con tal que al salir de las urnas electorales tengan
la sensatez y el acierto de llevar al gobierno á un ciudadano
ilustrado r recto que sepa respetar r hacer respetar el ejercicio
de los derechos individuales, estoy seguro que hemos de poder
alcanzar la Reforma Constilucional sin la demora en el tiempo
y l os defectos que para esa obra cuenta la Constitución existente ... Vengan... comicios extraordinarios para la elección de
Cámaras constituyentes. pero puramente constituyentes. . . si consultados sólo los intereses y necesidades de la república "amos
abiertamente á trabajar la reforma conC&lt;titucional por el camino
indicado, seguro estoy que por ese medio llegaremos necesariamente á la tranc;formación de los partidos tradicionales, despo·
jándalos de los harapos del pasado para convertirlos en ' 'erdaderos partidos de principios como deben exiqtir, y que allí en
esa lucha, sean cuales fueren nuestros años y nuestras situaciones
del pasado nos hemos de di\ id ir en progresistas liberales de un
lado, en matcnedores a/errados al pasado del otro~ pero produciendo el bien y mejorando la vida de la República para el porvenir." 2
Concluyendo, todas ]as manifeqtaciones j uhilosas del Ban·
qucte vienen a confirmar el impu}qo generoqo de aquel núcleo
en
juvenil montevideano, que a la \'Uclta de la paz reacciona
nombre de ideas y principios- contra los desvíos que adjudica
l

l bid.• p. 18.

2 Jbid., p.

60.

-

30 -

�a los partidos personalistas. Etiológicamente se define como la
juvenlud de ropaj es r ománticos e inspiración espiritu alista, que
egresa de la Universjdad, y encuentra incompatible su concepción
del mundo con el estado an árquico que vive la República. Aflor an
en el curso de los r epetidos brindis y los ampulosos discursos,
los insistentes r eclamos y ]as cálidas protestas de confraternjdad

y lolrrancia n ún cuando las voces par tidarias no se han extinguido.
M ás a11á de las inspiradas inten ciones del Ban quete, las fu erzas tradicionales ag rupadas en torno a los caudillos reclaman un a
legítima part e en la dirección del gobierno, &lt;lesde s u gr ávi tanle
influencia como fu erzas vivas de nuestra realidad política e histórica. Bien puede decirse que, en cierto modo, h a expirado la
h ora feliz del caudil1ismo, al men os baj o la férula prhnitiva que
intermitentem ente imponía desde 1830, pero la sombra de su
puj anza y su brío combativo volverá n a c uestion ar los más caros
anhelos de los j óvenes del Banquete pacifista. Al amparo del
n oble ideal ism o juvenil que presidía aquellas liberales re ílcxiones,
las esperanzas con cehid as se r esentían ante la inestable situación.
De todos modos, con10 saldo incuestionable, de1'e subr ayarse - nota
ej emplar en nuestros anales políticos- Ja reunión de un nu mer oso
grupo de ciu d ad an os que podían, al men os teóricamente, deponer
sus pasion es de partido par a convenir , desde un nuevo crj terio,
en la apreciación de nuestro pasado histórico y en la programación de nuestro futuro institucional. El h ech o, de capital
importancia , era ad\'ertido por un o de los orad ores como signo inequívoco de cierto r eajuste inminente de la vida política.
"Veo aquí reunida la juventud m ás distinguida de la P atria
-con~ign a ha en su discurso el doctor J osé María Castellanoscelebrando la terminación de la guerra civil. y esa juventud n o
pertenece á un círculo ó partido, pertenece á los partidos t odos.
Consider o este h ech o corno un o ele los acontecimientos más n otables desde nuestra constitución política . .. " 1
No obstante, much os de los juicios y apreciaciones que
accrr a del pasa.do y el presente del país en1itían los co111ensales
&lt;le Abril se resentían de fi cción. Al decretar la abolición de las
divisas, aquellas buenas voluntades trasponían los límites de la
reolidad. Precisamente. temiendo por la estabilidad d el precario
equiljhrio se preguntaba el diario de J osé P edro V arela: " ¿ Esa
unión de la juventud dura rá solo el tiempo que n os encontremos
1

l bid., p. 65.

-

31-

�juntos en torno á la mesa de un banquete?., 1 • Fundados \ harto
j ustificados luego los temores de La Fa=, ia pacificación de abril
de 1872 -como la de octubre del 51- establecía el jalón inicial
de un arduo proceso de adaptación a nuevas formas de convivencia cívica. Al día siguiente del Banquete nadie ha ol,·idado
que, como lo establecen las propias estipulaciones de pa1. toda,•ía
está pendiente el pleito ciudadano ahora diferido a las urna~.
No se habían extinguido en el clima político monte' ideano
los ecos de los discursos fratern os del 13 de abril. cuando 'uelve
a promoverse desde la prensa y la opinión el debate que. abierto
un año antes con la escisión de Carlos l\1aría Ran1írcz del pa1i.ido
colorado y la fundación de La Bandera Radical, \'enía a rPrlantear el discutido ensayo de la fusión de nuestros partido~. predicado por Lamas y execrado por Gómez. Sus primeros antecedenlec; se referían a la épora de Giró con el infeliz y efímero
intento de aboli r los bando:s tradicionalec:. Andrés Lan1as había
sido su p1 ofeta ortodoxo y el gobierno de Pereira la más
palmaria demostración de su di, orcio con nuestros hábit f'ls po!Í·
ticos. Ante el emblema r adical que ahora enarbola el nue\ o gu ·a
de una nueva fusión -no de partidos sino de hombres- se
levantan las voces airada.5 de los que, desde filas colo r2d as condenan en nombre de los muertos de Quinteros y de l:i libre
coexistencia de los partidos. todo intento que rememore !a tradición fuc:ionista de Giró. l .a1nas } Pereira.
El S:glo, ya en guardia frente a loe: trabaj oc: ra dicales pre\·cnía, en la víspera del Banquete, acerca de las intenciones que
~o~layaba en su co l e~a de principio.; La Pa=: " ... Entre noEotros
la cauc:a de la fu sión está vcncicln quizá para no volver á ]e•:an·
tarse; la razón en la historia asocia su anatema p::ira hundirla,
imposible es refundir en uno solo todos los c:ic:teinas ... I.1~ fu sión
no sólo es inmoral sino que es irnposible. porque no pueden
rcsun1ir~c en uno todos los pensan1icnto'5, todas las espir3cione~.
todas las pasiones y todns las arnbicione-., que siendo legítimas
son c:cntimicntos respetable.., del corazón hun1ano" 2 •
Los hombres del partido conc:er,•ador no podían to!erar el
dcs,·ío que a sus ojos habían sufrido quienes se proclan1aban
mento res de un nuevo progrn!nn po1ítico que condenaba a los
1

[.a Pa:. ~(onte\ideo, 13 Je abril de 18i2, n9 313.

:?

El Srplo, :\!ontt\ ideo, 12 de :ihril &lt;le l8i2, nt' 2221.
-1~

-

�partidos lradicicna!es: "La fu;,ión iniciada en 1851 y terminada
en la revolución de ju lio del 52; la f uc;ión practicada en 1855
y terminada en la revolución de Quinteros &lt;le 1857, la fu sión
&lt;lesprcslif?iada, la fu sión antipática: la fusión maldecida, la fusión inn1oral co1no la llamaba el Dr. Juan Carlos Góme1. es la.
solución que con nuevo r opaje se n os ofrece en 1871 para nues·
tras cncslioncs políticac;. El mayor defecto que p uede Lener toda
iclea política que ac;pira á los hon ores de una solución I ráctica
e~ no ~c r practicable y el menor de los defectos que Liene la idea
ele f11sión es n o ser practicable . .. Todo partido con :irrnos más
ó mnnoc:: aparentes y visibles. r~p ond e á una necesidad sCJcié~1 , á
ana tendencia rnás ó menos instintiva , á una ac;piración más
ó menog inconsciente. P or eso mueren, lo tnismo que nacen
espontá neamente por su propia virtud aj enos á la voluntad v á
los cálculos de los hombres. 1\ingú n partido n3Cl" Íu&lt;' ra de
t irmpo. ni mucre sino cu anclo debe morir, ni vive c:.ino cuando
t it-ne r azón de ser ; son la obra del tiempo y de l o~ acontecí·
1nientos y es necer.;ario dejar que el tiempo y loe; acontecin1ientos
rcalicPn su obra providencial de transf orrnación incesante:' 1

r:n

realidad no era la fu sión de los partidos rn sentido e'tricto el norte político de loe; rednr tores ele La Pa=. "Se propende
ú la regeneración de los partidos -dice el órgano r adicall"vnntanclo sobre ellos Ja propaganda independ iente de las ideas
y no encerrándoles en el circulo abrumador ele la tradición que
r ófo ~i rv,.. para mantener una agrupación dic;ciplinada v personalí.. ima'' 2 • Se proponía así "la uni ón ele los c iudad ano~ nue pr of r.rian igunles principio.:;, aunque en la lucha de los handos ha,·an
n1i:itnc!í&gt; rlloc; ó sus padre en filas opuestas" 3. Los redactores
f,(l f ronJr.cuencias de las fricas, en El Siglo, ~Ion te\ ideo, 15 de
mayo cl t 1872, nO 221 t
Fn lo.. mcc:cs inrnrrliatoc; a la Paz de Abril. mit:ntrac; en las página" de
l.rr !'ni se h•trnsifi cahn la propaganda contra lo" partidos tradiciona}cc;,
podía }P.erc:e en Fl Si~/o cl el 7 de mayo· "Las tcndcnc·ia' fuc;ioni,tas empieza n
á 1nanifr. c:ta r~t:. la idea de la r.on1nic;;ti ín de los particlos pronto ec:tará t:n
• a1npañu: pero no "º"' ton1ani ele c:orprt:c;a; In esperábamos. tr&lt;"emo" que
.,¡ ln f11&lt;:i ón es malo. rn teoría c·ci n1'Í" nuila atín en la práctica. Creemos que
tal c;j&lt;:Lf~ntn cien vt&gt;ce r.n-.nyaclo y cien \ eccc; dec:echadl) y mal !tto no ce; lo
n111• n1•cc• ita la Rcpú hl ir.n y por e"o ,., Qll&lt;' no no" canearemos de combatirlo .•. Li bertad. es lo tíni co q11r ncr.csita la Hrpúhlira." ((fr.: Actualidad,
tn Ti.'l Sigln. \l ontc"Yi&lt;lco, 7 de mayo de 1872. n9 2236.)
1

2

Ln Pr:z,

~l 11n t 1•\ idc•o, 9

clr ma)O de 1872. n'&gt; 331.

,\f r.nifiesto del &lt;:lub f~rulic al, \f onlc \ itlt o, 30 de rnsyo de 1872, en
í' .. ;:, l\lonlc\ idlO, 2 de junio de 1872, nV 319.
3

J 11

-

~3

-

�de La Paz ante la ofensiva que emprendía José Pedr o Ramírez
desde El Siglo aclaraban el alcance de sus opiniones : "No se
pretende. . . lo que sería utópico y contrario al espíritu &lt;le las
sociedades modernas, destruir la diversidad de opiniones; lo que
!e busca y se quiere es reunir en un esfuerzo común á todos los
que piensan de un mismo modo, á todos los que buscan el triunfo
de unos mismos principios" 1 . Los elementos de la novel institución partidaria que surge a la vida como fruto temprano de la
convivencia principista sienten la necesidad imperiosa de abandonar "los partidos tradicionales en su camino de errores y de
estravíos" 2 en el entendido de que esos partidos son ya "incapaces de responder á las exigencias del presente y á las necesidades del porvenir ... Tal vez el presente les pertenezca todavía,
pero el porvenir se les escapa y viene á manos de los que abandonan los errores y las preocupaciones del pa'-ado" 3 .
Ensayo prematuro parece ser la empresa del Club Radical;
arraigados en la entraña histórica de la sociedad oriental los
partidos tradicionales condenaban, con la fuerza decisiva que
ejercían en la opinión, aquella asociación política que a pretexto
de principios liberales pretendía abjurar de las divisas.
En otra actitud -en cuanto ajuste de ideales y realidadeslos conservadores y los futuros nacionalistas propendían a la
transformación de los partidos -mediante la propaganda principista- sin abandonar su bandera ni condenar su pasado.
De ese modo, se definían en dos planos divergentes sendas
actitudes del principismo: por un lado, quienes sin r enegar de
su divi"a adoptan la prédica doctrinaria como programa de su
partido ·t; por otro, quienes renunciando a las Yiejas banderas
procuran, fuera de las agrupaciones blancas y coloradas, la
erección de una nueva fracción política dectinada a obrar la
transformación civilista que anhela la República.
A la luz de la polémica que con ese motivo mantienen
1

Ln Paz, f\fontevideo, 9 de ma}o de 1872, n9 331.

:2

1bid.

Jbid.
i Decía Julio Herrera y O bes en su di!&gt;curso del Banquete de Ja
Juventud: "Nosotros estamos probando practica mente que no es necesario
recurrir ó las utopías generosas de las f uc;ioncs; que no es ne ce~ario que
un pendón de ignomini~ c~bra los colore! q1~e ,,simbolizan. qus tradicion ~s
en el pasado y sus asp1rac1ones en el porvenir. (Cfr.: Discurso de l ulio
Herrera y O bes, en El banquete de la juventud, etc., cit .• pp. 18 y ss.)
3

•

�El Siglo y La Paz, el órgano conservador, como en el fragor de
la lucha contra Aparicio, vuelve a abrazar los viejos principios
del partido colorado. "El Siglo formará en las filas del partido
político que desde 1843 viene manifestando en medio de las
luchas más bastardas, de los errores más lamen tables y de los
extravíos más dolor osos, una tendencia constanle hacia el establecimiento de gobiernos legítimos que hagan una verdad las
instituciones liberales que nos rigen, ó en otr os terminos, EL Siglo,
servirá la causa de la comunidad política que ha sido llamada
por razón de s u distintivo de guerra el P artido Colorado" 1 .
En verdad , la actitud conservadora responde al temor de una
victoria electoral del partido blanco, para cuyo conjuro no escatimará concesiones dentro de filas coloradas 2 . Veladas insinuaciones primero. directas negociaciones luego, moverán a los elementos de El Siglo a estrechar posiciones junto a los hombres
de La Tribuna y Los Debates para enfrentar al adversario tradicional.
Con miras, pues, a presentar un frente único en las elecciones, se agrupan los contingentes del florismo y de Ja fracción
conservadora en una r eunión p opular encaminada a aunar posiciones. 3 JJa r eunión cristaliza en la fundación de un club color ado
que, contemporizando las miras ele José Cándido Bustamante y
de José P edro Ramírez, se deno1ninará Club L ibertad. 4
1

El Siglo en el período de lucha, en El Siglo, 'ttiontevideo, 5 de

may o de 1872, nº 2237.
2 En el flf ani/iesto del Club Libertad se consigna: "Entrará á la lucha
electoral con s u organización de partido político, sostend rá candida turas de
6U co1n11nidad, si n aceptar en ningú n caso y por ninguna consideracit n pactos ó fusiones con el partido blanco cuyos resultados han sido siempre
contraproducentes y funestos . •. " (Cfr. : El Siglo, 1\-lontevídeo, 1 Q de junio
de 1872. n9 2257.)

nº

3

Reunión. popular, en El Siglo, Montevideo, 19 de mayo de 1872,

224.8.
" La reunión se efectuó el 20 de mayo en el Teatro Nacional, asist iendo, &amp;egún cálculos de El Siglo, unos quinientos ciudadanos. José Cándido
Bu ~ tnnu1nte propu~o como nombre Club de la Unión del Partido, pero J osé
Pedro Ramírcz y Julio llerrern y Obes, en sendos discursos que reivindican
los d erech os del partid o colorado, recuerdan su ejecutoria, exaltan l os prin·
cipios liberales que identHican al partido de la De-fensa y proponen el nombre
do Club Libertad. Se decidió que llevase tal denominación y el acta de
adhesión quedó a disposirión de los interc c:.ados en las imprentas de La Tribuna y El Siglo. (C fr. : La reunión popular, en El Siglo, ~fontevideo, 21 de
mayo d e 1872, nº 22119.)
Al día sig uien te, el { rgano colorado principista dando cuenta de los
resultados que surgían de la re unión popular, presen taba, a modo de sim-

-

35 -

�En verdad, la pregonada unión del parlido color ado no llega
a concretarse sino parcialmente. No todos los conservadores
seguirá n las aguas de J osé P edro R amírez y Julio H errera y Obes
tendiendo la m an o en el seno del Club L ibertad a quienes apuntalaban el gobierno de Batlle. El doctor J osé María M uñoz - su
intransigen te adversario- en una declaración enviada a El Siglo
niega su adhesión al Club Libertad. 1 P or otra parte, tampoco es
unánime el con senso de los color ados netos par a un buen avenimiento con el grup o doctoral; Fran cisco Bauzá, que representa
desde Los Debates la fracción personalista más recalcitrante del
p artido colorado, aglutina a sus part idarios en otro círculo, en
principio llamado Club Liberal y defin itivamente proclamado com o Club Colorado . 2
No obstante transitorias connivencias, y pese a la vaguedad
bólico espaldarazo, las credenciales con que sur gía Ja nueva agrupaci ' n
poliuca: "El Club Libertad no es un grupo aislado de ciudadanos ni e!
una asociación de determinadas individuali&lt;ladc.., es el partido colorado que
se reúne en un propósito común, es el partido colorado que se organiza y
que &amp;e hiergue Lsic] adoptando por lema la mágica palabra Libertad que
ha siclo la deidad de sus ofrenda&amp; y el ideal de su&amp; aspiraciones y levantando
en alto la bandera que legaron á sus hijos los héroes de nuestra epope".ta
legendaria... La batalla decisiva que va á librar... e debe encoutrarnos
unidos en una única idea y en un propébito palriótico y común y si las
lanzas de nuestros adversarios se han quebrado ante los cuadros de nuestra
infantería, hoy igualmente las maquinacione::o reaccionarias han de estrellarse contra el cuadro con1pacto de nuestras voluntades. En los momentos
solemne~ que atravesa mos, cuando -vrunos á jugar en el palenque del libre
&amp;ufrar;io nuestra legítima preponderancia en la dirección de los de::tino:&gt;
nacionale.-, sería antipatriótico y funesto preparar la di soluci ~ n de nues1ro3
elemento&amp; y la pérdida de nuestras íuerzas con csac; r ivalidades ~iem pre
mezquin as y siempre condenables que han comprometido tantas vec s el
triunfo necesario de las buena&amp; causas ... Creyentes de un dogma político,
aoldadoc; de un partido, usaremos de un derecho irrenunciable quemando un
cartucho centra las dos agregaciones políticas que se prcc:.enten en el campo
disputándonos la corona de los triunfadores: el partirlo 'iejo de los blanco"
y el partido nuevo de Jos f usioni-.tac; ... " (Cfr.: El Club Libertad, en E l
Siclo, ~Ion le\ ideo, 23 de mayo de 1872, nQ 2251.)
l

Cfr.: El SiJlo,

~lo nte\ ideo,

23 de mayo de 1812,

nO

2'.:51.

Cfr.: La unión hace la /uer:a, en El Siglo, :\Tonte' ideo, 19 de junio
de 1872, nQ 2257.
La agrupaci n que encabezaba Franci!:co Bauui -c-onsigna Pi\•cl De·
voto de filiación católica, rechazaba la uni ' n con el grupo principi-,ta que
obedecía a las direcl1vas liberales. En ese c:.entido condenara, Junto al
ObLpo Jacinto \ 'era, la Pro/t.sión de Fe Racionalista ele julio del 7~. con }3
que nue ~ tro libre pensamiento proclama su rupt ra forma l con la Iglesia.
(Cfr.: J UAN E. Pf\'EL J)I,\'OTO, !listoria de los purlidos políticos en el
ll rugun)', cit., l. II. p. 119.)
2

-36-

�expresa e.e su programa. el Club l.. iberlad tipiíica en verdad la
línea del principi rno conscr\•ador. a cu¡ a prédica pnrece obedecer
au programa: ... '"se propone nntc todo consolidar una situación
de instilt:cioncs, de garantías } &lt;le libertad ... en esta como en
todas Ins cri5is políticas de plegará á todos los \ ienlo3 la bandera
de los grandes prinr.ip!os que consliluyeron la gran epopeya que
inmortnlizó la defensa de ft.1ontevidco." 1
Una sen1ana despué~ que la reunión popular del T atro Na.
ciona] Eancionara la Iun&lt;lación del Club Libertad, el Club Radicnl
hacía Jo propio al definirse como entidad política mediente su
progrn:nn de principios.
Los antcccclcnles ideológicos ele la nueva agrupación proce·
den del 1nismo cuño liberal que nutrió a los redactores prinri·
pistas ele El .Siglo. u:; fi guras rectoras, Carlos 1VIa1 ía Ra1nírez
y J osé Pedro \ 7arela, procedían del partido colorado conservador
y a sus diarios colegas de El Sialo les unía -si no un idéntico
credo- una común tradición ideológica . Como oportunamente
se consignara, su prédica efectiva comien7a en el apogeo de la
reyo]ución con el alejamiento de Carlos l\.Iaría Ra1nírez de la
redacción &lt;lr El .)iglo y la íundarión ele lrz Bandera Radical.
J osé Pedro V arela, hasta entonces fer\ iente rol orado, abandona
el perión1co conservador para emprender. en la tesitura de Carlos
fvlnría lta1níre1, y desdr el diario La Pa:, ~u campaña por la
pacificación ele la República ) la conn1i tión de los partidos.
1\ la vuelta de la I&gt;az de Abril, los elementos principistas
que ce agrupan en torno a la redacción de La Pa= confían en la
\ olunlad popular del sufragio 1&gt;ara iniciar una era de rccupc·
l ut.ión. 2 Reflexionando c;ohrc la cnlraiía y el destino de nucslro"
partidos tradicionales, que aún se encuentran en trance de con1·
pro1nctcr }ac; conquistas institucionales con el empuje de sus pa·
!:ionc~, el Club Radical define su posición principi:&gt;ta: "Dos
carnino~ ~e prc~cntnn &lt;lrsdc luego á nuest ra elección - puntua·
lizn ha el \Ionifiesto del (1ub Radical- . Fusi onar con todos lo·
0

1

.Jani/i,..sto del C/11[t l.ibcrtad, en El 5iglo,

d e ] 8i2,

11º

~fontcvidco.

1? de junio

2257.

En los últi1nos clíu~ clr• rna yo ele 1872 se con tiluyó la Co1ni~ión Di·
f &lt;'ClÍ\ u del Club Haclical integrarla por: Cario~ l\[11rÍ•1 Il an1 rrz. presidente,
l:dunrdo Drito del Pino, \·icepr1&gt;c:icl ent1', A urclio Berro. lesorero, Cri tóbal
'n)\nñ nc h th.) y Jncoho . \arela. c:t·cretario-.: J!dcfo:iso García 1 ,., ;;,
Al r(linuo Hodrí~1H'.7'., Jo~ é .i\Iuría Castellano~, i\li~H c l llerre1a y Obcs, Gon·
ro!o llarnírc7. y Jo sé Pedro \a rclJ, VO( ale.,.
:.!

.., ,..,.
-

,')¡

-

�elementos gastados, corrompidos y retrógrados de los partidos en
que respectivamente hemos miliLado, formar con ellos cuerpos
políticos rivales y estimular su antagonismo ya demasiado amenazador y violento, halagando á cada uno con la idea de su
respectiva superioridad fundada en sus pasadas glorias y en los
crímenes del contrario y llevarlos y acompañarlos así á una
competencia perjudicial y un triunfo de resultados mezquinos,
en que los elementos progresistas del partido vencido quedarán
esterilizados para el bien público, mientras l os estacionarios y
retrógrados del partido que triunfe se levantarán como una rémora al progreso del país. O bien, unirse por las ideas, prescindiendo de la tradición, los hombres que profesen el culto de
unos mismos principios constituirse en asociación política al
gervicio esclusivo de los intereses progresistas y liberales del país,
procurar por todos los medios legítimos la exaltación á las más
altas magistraturas nacionales de los hombres de ambos parlidos
más capaces de servir aquellos intereses y aquellos principios
y esforzarse así por conseguir uno de esos triunfos verdaderamente fecundos, duraderos y gloriosos, los únicos capaces de
regocijar al país entero en que la victoria no perlenezca n i á los
colorados ni á los blancos, sino á los más ilustres hijos de la
República. Nuestra elección está hecha. El primer camino ha
sido trillado por todos los partidos desde que nos constituímos
en nación. Los triunfos por ese medio adquiridos han sid&lt;' fatales.
Ellos han conducido á la República al lastimoso estad,, en que
se encuentra. Nosotros creemos que es acto de patriotismo ensa) ar
el segundo, convencidos de que él conduce á la paz rrparadora
y fecunda, a Ja libertad benéfica asegurada por todos. Al imperio
de Ja justicia imparcial, al reinado de las leves soberanas y al
empleo de todas las fuerzas vivas del país en la obra de su civilización y de su engrandecimiento." 1
Cuando ve la luz el programa del Club Radical, su desvinculación con los partidos tradicionales es ) a un hecho consumado. "El Club Radical e una asociación nueYa é independiente
que no reconoce solidaridad con ninguno de los partidos del
pasado." 2 Dicho programa, lábaro del principismo puritano,
Afani/iesto del Club Radical. 1'fontevideo. 30 de mayo de 1872, ca
La Paz, f\fontevideo, 2 de junio de 1872, n9 3-19.
l

Programa del Club Radical, f\Iontevideo, 30 de mayo de 1872, arl. 19,
en La Pa:, \fontevideo. 2 de Jun10 de 1872, n9 3-19.
"El Club Radical aspira a disolYer a los antiguos partidos mostrándoles
:?

-

38-

�traza la ejecutoria que preside su conducta política. "El Club Radical - reza el programacondena y rechara la fusión ó
amalgama con partidos ó elementos personales de ideas y aspiraciones distintas de las suyas propias, fundando su fuerza moral
en el presente y sus esperanzas de fuerza material para el futuro
en la estrecha uniformidad de los principios y propósitos que
forman el vínculo inquebrantable de la asociación". 1 La n ovel
agrupación preconiza, bajo su bandera, la más amplia tolerancia
como base primaria de la convivencia cívica, abj urandCJ de los
gobiernos unilaterales y de su fórmula "gobernaré con mi partido
y para mi partido". 2
En el aspecto doctrinario, el programa de prineipios del
Club R(l(lical supera sin duda, por su concisión y rigo r, al del
Club I.. ibertad 3 ; establece la teoría de los derechos individuales
bajo la forma de libertad de prensa, libertad de reuniór. y aso·
ciación, libertad de sufragio y seguridad individual como pre·
misas ineludibles para el ejercicio pleno de la vida política 4 ;
proclama el principio de la igualdad ante la ley, ya del individuo
c·1 antagonic:mo interior en que c;e agitan y Ja verdadera solidaridad que envuelvr á mncho11 de Jos que aparece n como intrans1gente~ adversar101 .•.
El Club Radical c;eñala á cada partido s u~ errores y t1uc; crímenes; reconoc&lt;&gt; á cada partido sus c;ervic.ios y sus méritos, y combinanclo ... la más
rígitla F-everidad de convicciones con la más humana fraternidad de scnti·
miento11, quiere ciellar la alian1.a moral de todos los hombres de princi pio•
rontra todos los elementos de violencia y de de c;ord en ... " Así rezaba la
r ircular que t;Uc;&lt;'rita por el pre'lidente del Club Radical, Carlo!l ~faría Ra mírez., l!C remitió a ''los compatriota~ de los Departamentos" adjuntando el
Programa y el Afani/iesto del Club. (Cfr.: La Paz, 1.1ontevideo, 17 de
junio de 1872, n9 386.)

Pro{lrama del Club Radical, ~lontevideo, 30 de mayo de 1872, artículo 20, en La Paz, ~1ontevideo, 2 de junio de 1872, nº 349.
l

2 1bid., "articulo
to~ ~an o&amp;, liherales y

5º: El Club Radica] anhela ver a todos los elemen·
progrrs1slas sin distinc1ón de colorct1, convocados al
tr ahaJO reparad or de la adm1ni«1trac1ó n pública. y condena co mo la más
nbom1nable cfr- la' fórmulas política aquel1a que por boca de los maJÍs·
11 ado111 e&amp;e drcir al put-hlo : gobernaré con mi partido y para mi panido ...
Art. 10...l:.J Club Radi cal, viendo en la fraternidad el lazo que da vida y
f 11t•ru á In~ nacion&lt;"s combatirá las aberraciones del fanati .. mo político, Ja
perpc-tuación de odi o!', la .-clorificación de las venganzas y demostrará prac·
tirnn1t·nte que Ja divero;idad de ideas y aspiracione1 no debe nun ca dividir
en ej~r~· ito8 ent'm1go~ y fcroceq á los hiJO&lt;. &lt;le una nu ~ ma lterra."
3

/bid., articulo 8.

.e

/bid., nr1 íc111o 11.

-

39-

�o bien del ciudadano, en sus respectivas vinculaciones con el
Estado. 1
Para el logro práctico de estos propósitos prevé la reforma
constitucional que permitirá "restablecer el imperio abscluto de
la igualdad y de asegurar el más amplio goce de las libertades
sociales á todos los habitantes del Estado" . 2 Consigna arimismo,
en el orden de las realizaciones materiales, una serie de aspiraciones que vienen a concretar las necesidades más urgentes por
'ºEl Club Radical quiere el r einado de la libertad política en sus
más amplias manjfestaciones. Libertad de prensa , bajo la esclusiva é inviolable jurisdicción del jurado. Libertad de reunión y asociaci n sin más
límite que el r espeto á la tranq uilidad pública. Liber tad de sufragio eficazmente garantida por la imparcialidad y la abstenci ' n de las autoridades civiles y militares en el acto de los comicios públicos. Libertad ó seguridad
ind ividual á cubierto de las interpretaciones fraudulentas que se han dado
al a rt. 81 de la Constitución.
Art. 9, El Club Radical quiere el reinado imparcial de la igualdad ya
t'n las relaciones del ciudadano con el Estado ya en las de los ciudadanos
entre sí, y pugnará por el más estricto cumplimiento de las ley es que re·
guJan aqu 1 ..agrado principio!'
(Cfr.: Programa del Club Radical, ?\Iontevideo, 30 de mayo de 1872 en
La Pa:, .\lontevidco, 2 d e Junio d e 1872, n° 349).
l

~ (Cfr.: 1\lani/iesto del

Club Radical, l\1onte\'ideo, 30 de mayo de
1872, en La l'a:, ~lontcl1deo, 2 de Junio de 1872, n9 349) .
Pro nrama del Club Radical, l\lontevideo, 30 de mayo de 1872, cit. art.
15 ''El Club Radie.al propt ndcra á que el paí-, inicie la reforma de la
Constituci ón y con ese objeto dcfcndcra } propagará los siguientes princ1p10~ constiturionale5: Con ...agración cxpre~a de todos lo-. d erechos individuides dcclaníndo!&gt;e nula toda ley que suprima ó re~ trin ja pre\entivan1ente
su ejercicio. Apropiaciín á nuestro estado ~ocia l y á nue ... tra organización
política J e }as piQrantÍa&lt;l de) habeas corpus inglés y establecimiento preceptivo del juicio por jurados en materia criminal. Imposición de la rcsponea.bili dad á todos los funcionarios públicos por l os actos ilegales en q ue
dañen derechos ó interc~c s d e cualquier habitante del país. Prohihic1 n
abcoluta haJO -.everas rcsponSJbiliJadt:s, de que los tribunale• apliquen
]PyC'l dcrogatonas de Ja Con:;tituci1ín dt:l Estado. E'tensi n del plazo d1•
residencia fi jado á Jos miemhros del P oder Ejecutivo. Elección d el Pre·
sidcnte por intermedio del colegio de electores nombrados al efec to y con
e~ oxclu h·o manda to. Extenc:i n del derecho de sufragio á t od o ~ la~ c)a:;es
de la sociedad con un o:.io;.tcma electoral capaz de a egur3r la re prc .. entac!ón
ele la" minoría~. Dt·rogoción de alguna de las incompauhilidades par .1·
mentaría&amp; c&lt;.tahlPctdar;, por ~l art. 81 de la Con "&gt;tituc1 n. Plantcación d el
n111nicipio administrativo, judicial r militar sobre la ba"e de una de.:;centralización prudentemente combinada con la injt•rcncia política ele] poder rcn·
tral. Orga nización de la Guardia Nacional ó las mili c ia~ !'obre la bac:e de
la elección popular con arreglo á los prin ci pios uniformemente a dopt:ido111
Pn toda lo Unión americana y en otro .. puchlos libre . ,\ .:i~naci ó n de nn
fondo y r enta~ cbica · e!prccin é inviolablemente afectac. á Ja ohra de l t
r.ducación pue5ta al alcance de t odos los habitante" del E tado y en general

-40-

•

�que atraviesa el país luego de la devastadora guerra civil y el
consiguiente quebranto de la hacienda. 1
En filas del partido del Cerrito iba a operarse asimismo,
luego de la Paz de Abril, un saludable movimiento de opinión
tendiente a encauzar al partido blanco en la senda de los prin·
cipios. No ob~tan te, antes de la pacificación menudearon, una
y otra vez, 1as tentati vas de trocar Ja divisa tradicional por una
ban dera doctrinaria. z
todas la~ reformas que tiendan á garantir la libertad y á consolidar el gobierno del pueblo por el p ueblo''.
Y en el ~l a n 1ficsto &lt;.lt· l lluú Radical se apuntaba:
" Prcdt:::tinacla por el más fehL concur~o &lt;le circun:.lanc1as favorables á
elc\'arsc en poco tiempo á las más altas cun1bres del progreso en todo
sentido, n uestra infortunada patria ha siclo convertida, por el choque i nfecundo y perpet uo de SU:&gt; partidos personales en un pueblo estacionario
&amp;i no ret rógrado. En cuarenta años de \Ída independiente ¡cuan pocos
c:,fucrLos hechos ('n el sentido ele la reforma y el mejoramiento de las 1ns·
titucjonc9 ! :\J icntras otro~ pueblos cultos, en cuyo seno se agitan verdaderos
par tidos dt! principios, van conc;ignanclo en sus leyes fu ndamentales todas la!J
grande \Crdadcs morales y políticas puestas en evidencia por la civ1hzación &lt;lcl c:iglo en que vivimos nuestros partidos de guerra nos mantienen estacionados en el año 1830 con una Constitución que fué adelantada en
Fu tic1npo, pero qui· reclama en nt1C!&gt;lra época seria~ reformas para ser
pue:.-ta rn arrnonía con los progrc ..os á que, en lac; ideas como en las costun1brcs pliblicac; ha llegado felizmente nueqra patria por el simple transcurso d l tiempo y por la sola fuerza de las cosas á pesar ele la letra de
~uc; Jeye y de In inacción de lo&lt;; p .. n1dos •• . Convencidos de que los dog·
n1a" funda1nf!ntalcs de la igualdad y Ja libertad concagra&lt;los en principio en
111 Constitución del [-,taclo, han c:iclo sin embargo clrsconocidos y atacados
c•n clic:posiC'ione!il ('~periales ele In n1is1na Con stitución, contrariac; á la igual·
dad y ú Ja.., leyes v1grntes re tricti\·as del cje1cicio el" la libertad en algun a9
de suc; 1nás útiles, más necc .. nrias y más grandio,as manifestaciones, darcinos nue¡;tro sufragio paru legi,.luclores en lo ... próximos comicios á aq11e·
Jloc; de nuo9~ros ciudadanos que, "cau cuales fncrcn sns opiniones sobre la
tradici6n de Jos partidos, t•stén cli .. pueo:.to!' ú en1pre11der Ja reforma &lt;le la
Con,tilución en r.l c:cntido de rc-.tnhlccer el imperio abc:oluto de la igualdad
y de ª""t;11ra r el nuís an1plio goce de las libertades so c ialc~ ú todos lo:&gt; hahitantt·s del E.;tnclo.''
Cluh Radical en el orclen de lo" interc,es materiale"
p1ovovt ni incansah!P.n1ente el dec:arrollo de la indu tria, la agricultura y del
('on1"rcjo, de la inrnigraci •n c-.trangc·ra, ele las vías ele romunicación y de
In&lt;: in tituciones ele crédito; trabajando también por la forn1acit}n de la ec:·
tudísticu genera l, por el a1 reglo de la Deuda Publica y la reforma de nu r c:.
tro Fi t nut renti ticu.'' (Cfr.: Progrnmn dt&gt;l Club Radical. ~lon1ev1dco, 30
rll' 1nnyo de 1872, en La /'n:, ~I onlc\id eo, 2 de junio de 1872, n9 3-19.)
t Arl. 131 ''El

''El partido nacional elche reivindicar la gloria ele haber desplegado
ante ... que ninguna otra colecth idad política la ancha bandera cl1.1l principi.,mo
ju~pirúnclose en l a~ fecundas lecciones de la hi--toria y en la cor riente &lt;le las
idea" n1oderna-.. El partido nacional ha :;ido la prirnero. colectividad pol ítica
!l

41 -

�Durante la contienda del 70, desde la imprenta volante del
ejército rebelde, el periódico La Revolución anticipa el surgir del
nacionalismo. Con el cese de las hostilidades esa expresión prin·
cipista transfirió a La Democracia donde, a partir del 19 de junio
de 1872, se cumpliría una nutricia y fecunda prédica doctrinaria.
En el primer número del órgano nacionalista se inscribe la pro·
fesión de fe política que, identificando a la nueva fracción blanca,
adoptará como distintivo el lema Club Naci-0nalista. Bajo su
proposición "paz y libertad electoral" esboza los principios de
la futura organización institucional; en tal entendido condena a
los partidos exclusivistas, reclama la reforma de la Constitución
y de la ley electoral y preconiza la descentralización ódminis·
•
trat1va.
"En la lucha electoral en que vamos á entrar -advertía
La Democracia- los partidos deben buscar su bandera fu era de
las terribles peripecias revolucionarias que dejamos muy atrás,
para ofrecer á la Nación, otras perspectivas que sus agitaciones
y su continua inseguridad, que es la única que repr esentaría
en el presente una tradición más ó menos gloriosa pero ligada
eiempre á los hombres y á antiguas divisiones. El pasado debe
5er relegado al juicio tranquilo de la historia ... El ptirtido na·
cional, congregándose bajo la invocación del espíritu democ rá·
tico, fiel á su lema, ha aceptado la paz como una cond ición de
vida para la nacionalidad y !e propone aunar y combinar los
esfuerzos para salir de la crisis que atravesamos. . . El par tido
nacional ha reconocido y reconoce que el hecho accidental de la
paz sería solo una tregua si se hiciese esperar la solución radical
de los problemas que ec;terilizan y conmueven nuestra e:"tistencia.
Iluminado por esa verdad se propone pugnar p or todos los medios legítimos, por las conquistas liberales que han de dignificar
á los hombres y á los partidos abriéndose otro campo de acque ha gobe rnado el paí~ en nombre del paÍq, la primera que ha !abido
prec:cindir de )a, tradicione~ hi qtó n co~. El partido nacional ha nacido de
los pandes exigencias sociales y políticas del pueblo... u progTama era y
e~ el pograma del porvenir . .. E.l partido contrario, unido y compacto al
porecer se agrupó bajo un lema tradicional y cscl11 ~i~ista, dt&gt;c;cchó tod a
idta dt' fratC:'rnidad y tic lanzó á la lucha electoral. .. como un ejército entra
en ba.tal1a á la \ 'OZ de sua genera le9. Comprendimos dc~e el primer momento
que ece part ido estaba condenado á uf rir una d~rrotn moral... Lo" re·
e11ltodot1 no dco;, minticron nuc"tras prcvi&lt;.ionc•." Tal el editorial de La Demo·
crncia en que •e ragtrean los or í~cnc" del principi .. mo hin neo. (Cfr.: Lo$
tri.un/o.~ de la buena cau.sn, en La Democracia. ~f on tc\' idco, 20 de ºº' icmbrc
de 1872, nQ 154.)

-

'12 -

�ción. . . '.\ ue:: , lros estravíos y desórdenes no son esclusivamente
la obra de los hombres. Emanan en mucha parle de los profundos
vicios de la organización social y política. Trabajar por supri·
mirla, por levantar á la República de su postración en t.•l interior
y exterior es el programa de La Democracia.,, 1
La plataforma doctrinaria de la fracción nac ionalista se sis·
tcmatiza en forma orgánica en el Manifiesto del Club Nacional
del 7 de julio del 72.
I ndudablcmenle, la exposición de principios del !vlanifiesto
señala una etapa de superación en la línea evolutiva del partido
blanco. "El Club Nacional de ivlontevideo levanta como bandera
electoral para los próximos comicios y como nimbo de unión
entr e sus correlig ionarios políticos ]a siguiente declaración de
principioc; y propósitos á cuyo triunfo consagrará sus esfuerzos.
I~l Club
acional admite como un principio fundamental de
libertad y de justicia la coexistencia de ]os partidos. . . no con·
&lt;lena ni glo rifica los partidos del pasado. . . y condena todo
e~f ue rzo que tienda á la organización ó perpetuación de partidos
ó bandos personales, de partidos esclusivistas y tiránicos que
renovar ían las cfllamidades de otras épocas poniendo en peligro
las ronq uicitaCj á caro precio alcanzadas, en favor de Ja libertad
y del orden." 2
Tal el espíritu contemporizador con que el nacionalismo en·
írenta a los demás partidos " sin odios ni esclusiones" al punto
d e proclamar la prescindencia de todo color p olítico en la elección
d e los candidntos a los cargos de gobierno, inclusive la primera
mag istratura del país.
"El Club Nacional, consecuente con su! declaraciones y con
el espíritu elevado que lo anima, propenderá á la Representación
·acional y á la Presidencia de la República á los ciudadanos
más capaces de realizarlo, p or sus virtudes y por su t alento y no
vacilaría en escogerlos fuera del seno de su comunidad política,
siempre que estén de acuerdo con las ideas y propósitos fundamentales que ella profesa ... S iendo loCJ Representantes del pueblo
legisladores y á la vez electores de Presidente de la República,
Nuestro propósito, en La Democracia,

l

1872,

nQ

~1ontevideo,

lº ele junio de

l.

1llani/H!5to del Club ''acionnl, ~lontevideo, 7 de julio de 1872, en
Riblioteca .\ac1011a/, ~lontev1dco, (oler.cion. llelián La/1.nu.r, t. 108, y en La
lJernocrac1a, \lontt:v1deo, 9 de Julio de 1872, n\&gt; 36.
2

-

i13 -

�vicio de que adolece la Constitución actual, el Club Nacional no
hará depender la elección de sus candidatos de la adhesión á
determinada candidatura presidencial sino que se fijará principalmente en las aptitudes y condiciones que reuna para desempeñar
dignamente el cargo de Legislador ... " 1
El centro de gravedad del Manifiesto descansa en le delimi.
tación práctica de los principios, cuya fórmula sintetiza declarando que.. . " sostendrá para sí y para Jos demás, á la par
de las garantías individuales que ]a Constitución consagra, la
libertad de prensa, la libertad de asociación y de reunión, la libertad de sufragio". 2 En lo que r especta a las realizaciones
concretas propugna, como necesidades vitales de su hora: " el
mantenimiento de la paz. . . El r establecim iento del orden y
la m oral administrativa ... El afianzamiento del crédito público ...
La reíorma de la ley de elecciones con arreglo . . . al sistema que
mej or consulte la representación de las minor ías . . . La creación
de la Alta Corte. . . mej oramiento de cárceles. . . abolició n de la
pena de muerte por delitos políticos . . . El fomento y la mayor
difusión de la educación é in~trucci ón del pueblo ... La difusión
de la enseñanza agrícola é industrial. . . en que se cifra gran
parte de la riqueza y el porvenir del país. . . y la conveniencia
de que la Constitución de la República sea reformada, adaptánd ola á las exigencias de la época ... " 3
A m itad de cnmino entre la P az de Ab ril y las elecciones
d e noviembre del 73, Jos partid os orientales, librados al impulso
vivificante del combate cívico se empeñan a fanosamente en una
fecunda obra de recuper ación, conscientes de q ue el país trasponía los umb rales d e un nue\'o período de efecti vo acondicionamiento de todos los valores democráticos q ue conformaban nuestra estructura política. Recom posición, reajuste. transformación,
caracterizan la fisonomía y e encía de los pa rtidos que por ent onceq - a mediad os del 72agita n .su bandera y difunden
sus idea~ . El fenómeno no responde, en última instanci:i, sino al
proceso de emancipación espiritual con que n uec;tras fo rmas men·
t ales enfrentan los usos y p nlrone intelectu al e~ de cuño colonial.
" Se ha arrancado el cetro a España, per o no hemos q uedado con
1

1bici.

!l

1bid.

3

1bid.

•

•

�su e~píritu ", consigna Leopoldo Zca. 1 Al cabo de cuarenta años
de cruentas luchas parece cerrarse el convulsionado paréntesis
temporal con que nuestro ciclo histórico rinde obligado tributo
a la secesión política de la metrópoli. A lo largo y a lo h ondo
&lt;le esos cuarenta años nuestro país se debate en procura de un
pasado legítimo. El pasado hispano ya no le pertenece; niega
su auténtico pasado y, al insistir en la anarquía y en la guerra
civil, sig ue marchando de espaldas a la historia. Una ulterior
etapa orgánica y constructiva. a inaugurarse luego del interregno
militarista ( 1890) , consumará la asimilación dialéctic=i de ese
pasado que aparecía de~pojaclo de su entraña esencial.
El Siglo, pulsando el latido de su tiempo, revelaba una singular sagacidad histórica cuando - actor de los sucesos- le
avi1oraba en tajante perspectiva: " ... ec;te país se encuentra á
nuestro juicio al principio de la evolución histórica verificada
ya en Chile y en la República Argentina. e ha iniciado la transición del período de las guerras civiles, con su séquito obligado
de caudillos. partidos personales, y divisas, al período de reconstrucción política y administrativa. En tal iluación nos explicamos perfectamente el trabaj o de descomposición y transformación que se está elaborando en las entrañas &lt;le los parlido~ .
Estos han estado hasta ahora organizados para la lucha armada,
porque la guerra civil constituía la trama de la vida política. J. .a
intransigencia, no en los principios, que esa intran"igenc..ia no es
más que probidad política, la intransigencia con las personas que
militaban en opuestas filas era la primera virtud del partida ri u
porque l o~ partidos eran legiones armadas, porq ue los correligionarios eran can1aradac; de campamento ; porque los adversari os
eran los en eniigos ; porque el lazo de la unión entre los partidarios no era el programa de sus ideas sino r l color de su &lt;li' i~a ." 2
I naclccuada5 ante el planteo principi"la, las estructuras de
los p a1ti dos tradicionales 5C resienten por su anacroni"mo y procuran, dentro de nuevos cuadros, enfrentar la lucha -no menos
dura- que se ayecina en los albores del r égimen civilista.
este respecto observa El Siglo : "Al iniciarse la evolución
J r.o po r no Zr\, Do-; etnpa"&gt; del pensanziento hispano-americano, Del
ro11u111tirisn10 al positn isn10, pp. 22 y 23, 'lé, ico, 1919.
t

~

. 1t11ar.ión de los partidos, en El Siglo, l'\lontc\:idco, i de diciembre
do 1872, n( 2108.
1

-

45 -

16 8 6 7

�que señalamos los partidos se encuentran constituídos en una
forma inadecuada para la nueva era; de aquí proviene la perturbación que les agita, sin darse ciertamente cuenta de ella. Los
que han combatido como hermanos, cuando de combatir se trataba, no pueden comprender por qué no se entienden al emprender
la reconstrucción. . . No nos desalientan ni nos descorazonan las
divisiones de los partidos. El movimiento de opinión que la
impulsa es á nuestro juicio saludable . . . Es que las it!eas fermentan, que las convicciones se elaboran; y que si flaquea la fe
en los antiguos Dioses, es porque empieza á vislumbrarse la
augusta divinidad que rige las soluciones de los pueblos modernos,
la libertad democrática,,. 1
La pregonada renovación ideológica se cumplió desde los
clubes principistas eludiendo expresamente el lema filiatürio que
los confundiese con las antiguas divisas. Ante el análisis, y como
fuera anotado en su oportunidad, el contenido de los tres programas no presenta diferencias capitales. No obstante, y más allá
de los programas teóricos, la fuerza de los hechos vino a modular, para cada agrupación, un contorno específico que iesultaba
de las fórmulas efectivas que las fracciones principistas adoptaban
para lle\'ar a la práctica s us supuestos d octrinarios.
in duda, el partido radical se resentirá en mayor grado en
su encaje con la realidad. Su prístino programa princip~sta, concebido con arreglo a un cuadr o cabal y certero de nuestros
partidos, es incompatible sin embargo con nuestra deficiente
estructura política. Al margen de las élites ilustradas, las masas
pueblerinas l la ingente campaña no conocen otra alternativa que
el car a o cruz de las divisas, cediendo así a sus convicciones
tradicionales o a la coacción del más fuerte. A falta de un nivel
cívico mínimo, que aún no acusa el país, es condición ineludible
para la viabilidad de los principios, que ellos se avengan a la lid
dentro de las fronteras de los partidos de divises para cumplir
una acción vivificante que por entonces no puede conciliarse con
solucione::, extrínsecas. Los juicios - a menudo ligeros- que
han relegado el principismo al n1ero terreno especulativo, acusando una postura predominantemente teórica, incompatible con
nuc-tro convulsionado proceso histórico. sólo podrían imputarse
-en rigo r- a lag 1niras que pron1ueve en su acción práctica el
partido radical. El Club Ra1.lical condena su propia ge~ t ión a
.!

/bid.

-

46-

�una imposible utopía al querer rea]i¿ar por si mi mo, con propósitos inmaculados pero con menguadas fuerzas, la transformación
política fu era de los partidos existentes y frenle a la orfandad
cívica de Ja República.
Julio IIerrera y O bes, enfrentando a José Pedro V arela, correligionario en principios, adversario en los hechos, le ieprocha
su despego de la realidad denunciando -ya en la hora crepuscular del partido radical- la esterilidad de sus esfuerzos:
"Y ese es j uslamente el cargo que yo hago á los radicales, que
profesando unos mismos principios y persiguiendo unos mismos
fines, hayan raleado sus filas por la deserción, debilitando nuestras fuerzas sin aprovechar las suyas, robusteciendo así indirectamente el partido personal y retardando la obra patriótica de
reconstrucción política y social que elaborábamos juntos y que
juntos habríamos apresurado y tal vez si no consumado estaba
ya á punto &lt;le consumarse. Si es necesario transformar y disolver
los partidos, es necesario que esa tranc;formación se opere dentro
de los partidos mismos por el r oce silencioso del tiempo y de las
idcac:.. Empezar por segregarse &lt;le Jos partidos para dirigirlos;
empezar por declararse sus enemigos para exigir después obediencia y respeto es una pretensión insensata. Esta es la gran
el ifcrencia que hay entre los radicales y los conservadores. Los
unos e tán en las nubes, mientras que los otros están en el camino
práctico .'' 1
F: I propio órgano radical testimonia su flagrante quimera
ruando pretende prescindir del concurso de los hombr~ de partid o~ e!udiendo el inexcusable punto de partida que debe presidir
todo intento de reforma. ''Ni el Club Radical ni sus sostenedores
-decía- pretenden tener en sus manos la llave ele oro que abre
]ac;, puertas del porvenir; lo que creen y lo que sostienen es que
~&lt;;a l!a,•e no puede estar en manos de los que ayer non1ás empuña1 on la lan1a ó la espada fratri cida, de los que hoy no la han
roto. sino que la han recostado á Ja pared ... " 2 Ol"'ida el radi"1rando como el mosquito, en El Siglo,
do 1873, u 9 213 l.
1

I on tevideo, 19 de enero

Nuestra táctica, en La Paz, ~1ont ev idc o, 13 de junio de 1872, n9 360.
Pl'"C a "u dogmá tica actitud el raclicalillmo avalúa los escollos que
cl1·bC'riÍ orteor para disolver los partid os tradi cionales "1nostrándoles el
nn1u gon i.. 1no interio r en que s e agitan y cnl-uclvc á muchos de los qu e
upurcr • n como inlran'&lt;igenles adver~ anos...
o n os alucina sin embaq~o.
ni In \ t&gt;rdacl ni la santiJad de nuestra cauc:.a. Grande es en el temperamento
!?

-

47 -

�calismo que fuera de esos hombres que ayer empuñaron la lanza
y la espada, las fuerzas doctrinarias cavarían en un peligroso
vacío. Olvida, en fin, que sólo mediante la prédica principista
dentro de filas tradicionales y la educación cívica del pueblo
-que es blanco y es colorado- arraigarán los hábitos demo0ráticos que enmohecerán la lanza y la espada.
Anotando el mismo vicio de inadecuación !que señalara
Julio Herrera, Agustín de Vedia salía al paso del idealismo radical
con prudente advertencia: "La bandera que nosotros hemos enarbolado en la prensa es precisamente la condenación del tradicionalismo histórico que se ha pretendido imponer á los partidos;
á su sombra han podido y pueden agruparse, con absoluta prescindencia del pasado, todos los elementos liberales y progresistas. . . no les exigimos ni tenemos derecho á exigir á los
ciudadanos una retractación de sus antiguas opiniones. ó una
condenación del pasado en que han militado tal vez con un
propósito sano y patriótico. Deseamos simplemente que se asocien
á nosotros en la obra del bien presente y en el trabajo fecundo
del porvenir y es aquí solamente donde diferimos con el Club
Radical. . . No podemos aceptar ese juicio severo y fulminante
de los partidos orientales que se desata en el manifiesto del
Club Radical .... , 1
Por tales razones, y mejor aYenido con la realidad del país,
el Club Nacilonal no condenaba los partidos tradicionales sino
"que relegaba el pasado al juicio sereno de la historia". Dentro
de las filas de su propio partido el nacionalismo se propone lle\ar
a cabo su obra constructiva, ton1ando &lt;lcl pa~ado el caudal de
experiencia necesario para la obra del porvenir. :!
nervioso de nuestra ra1.a, la influencia de los recuerdog y del número, del
ruido y de la fal~a gloria. El odio anda ligero su camino y Ja idea hace
á pa ~o lento ~u jornada. Las pasione-. brotan en un ..cgundo como el rayo
y como él tambi~n de~lruycn; las con\' ice iones "º elaboran con el andar del
tiempo como las corrientes subtcrránc&gt;as de agua y como ellas forman una
fuente inagotable de ,·ida •.. Ardua cmpre.:a c ... formar un partido de prin·
cipio.::. pero de la realización de ese traba jo todo lo c'pcra nuei;tra patria . .. º
(Ln Paz. 1'1ontc\'ideo, 17 de julio de 1872, nO 386). La utopía radical no
r c.. ide en sus propó.. itos "ino en 11 creencia ele que desde fuera de los
partidos tradicionales &amp;e l ogrará la tron ~ fonnación política del paí'.

El programa del Club Radical, en La Democracia. J\lon tc' ide&lt;', 2 de
junio de 1872, nº 2.
l

'.?

"Lo' prcocupacione" de) pa .. ado no han ciatlo t it&gt;mpo hac;ta nhora para

,·cntilar y rcsohc r Jo-; cuestiones que afectan &lt;le una tnnncra directa el pro·

-48-

�La fracción conservadora, dirigida por J o~é Pedro Ramírez,
se avino a integrar el Club !Jibertad aceptando, en principio, una
alian1a de hecho con el elemento personalista. El principismo
colorado entiende con ello propender a la evolución del partido,
y, ante todo, cerrar el paso a los blancos en las elecciones de
noviembre de 1872. Definiendo sus puntos de vista, decía El Siglo: "Nuestra tarea no es sólo de propaganda, sino de acción.
Mientras predicamos lo que entendemos por la verdad y el bien,
luchamos en los clubs y en las urnas para triunfar de los blancos
y para someter los elementos reaccionarios y disolventes de nuestro partido al culto sincero de nuestros grandes principios políticos''. 1
Cabe consignar que el núcleo conservador del Club Libertad
mantiene, sin proclamar un lema tradicionalista, un marcado
apego a las tradiciones de su partido, pues en ellas encarna el
origen y la esencia de los principios liberales que susteota. "Nos
llamamos liberales -manifestaba El Siglo- sin tener inconveniente en declarar que somos los antiguos colorados''.2 En la
línea del partido de la Defensa y confiando en su auspiciosa
gestión futura promueven los conservadores una política exclusivista, }Jroponiéndose elegir a sus candidatos dentro del coloragrcso y c·I engrandecimiento de la República. La generación pasada nos ha
legado una tarea inmensa cuya rea}jzación no poclf•mos ni debemos trans·
n1 itir 11 la generación futura co1no la recibimos... El pa.;ado debe servirnos
para Ja ohru del porvenir; la expericncja justamente debe ser la fuente
de n11 ec;trac; incpiraciones; pero al tocar el pasado poclcmoc; proceder con la
altnro nt•ccsarin deduciendo ~oto las con"ecuencias que pueden aprovecharse
para la obra futura." (Cfr.: Cuatro palabras á la prensa, en La Democracia,
l\lontcvi&lt;lco, 19 de junio de 1872, n9 l.)
1

Carta de / osé Pedro Ramíre: a Juan Carlos Gómez, \[ontevideo, 20
de octubre de 1872, Cuestiones Onentales, en El Siglo, ~Iontevideo, 20 de
octubre de 1872, n° 2370.

z e advierte

a~imi sn10

cierta condescendencia -de circunstancia9-har.ia el 11er.tor personali .. ta que acon1paña al grupo con"ervador en el Club
Libertad: ''El Siglo -dice el órgano principista colorado- formará en las
fila~ &lt;f,.¡ partido político que dc .. dc l8c1J viene n1anife.,,tando en medio de
)a!\ lur.hn8 miís bastardas y ele los errores más lamentables y de los estravíoa
mtÍ!\ doloroso11, una tendencia constante hacia el establecimiento de gobiernos
lcgítirno~ qu e hagan una v&lt;'rrlacl de las instituciones libcrole~ que no~ ri·
gen, ó t•n otro!&gt; término ... Fl . i!rlo ~er' irá la ca11c:n de la comunidad política
quo hn "ido llnn1ada por ra.1.t)n clr !'ll &lt;Ji,tintho ele J!llerra el partido colorado".
( fr.: 1~·1 ~ i¡!/o, \l on te\ ideo, 15 dt~ junio de 1872, nO 2274 y 5 de mayo de
1872, nQ 2237.)

-- '19 -

�dismo, en marcado contraste con los restantes grupos principistas
que, a esos fines, postulan prescindencia de banderas.
Por encima de las divergencias que dieron caracteres propios
a las fracciones principistas, debe señalarse como último número
del balance que al tiempo de la proclama comicial de Gomensoro
(julio de 1872), la incipiente transformación de los partidos es
ya un hecho saludable en nuestro medio político: la cbra de
regeneración que se ha propuesto el principismo está encaminada
y, sea cual fuere su destino inmediato, el saldo que la compro·
bación arroja permite augurar una feliz evolución en la línea del
civilismo democrático que postula nuestro liberalismo doctrinario.
Más allá de los desvíos radicales o de las circunstanciales concesiones conservadoras al personalismo colorado ha germinado
una nueva simiente en el árido suelo político que hasta la víspera
no conocía otro matiz que el de las viejas divisas. La reacción
contra el fatalismo histórico ha comenzado. La escuela de
Echeverría y Sarmiento, Lastarria y Bilbao, abre un cauce fe.
cundo a nuestra evolución institucional. Frente a la barbarie
anárquica y desquician te ya no se podía optar sino por la ci uifi.
zaci-On, gestada a través de "una unión r esponsable" - al decir
de Echeverría- desde aquella "escuela de la religión de la ley",
que postulaba Bilbao y hacían suya nuestros partidos doctrinarios.
El manifiesto de Gomensoro del 19 de julio de 1872 11rologa
la intensa campaña electoral que culminará en noviembre, ocasión
en que los flamantes partidos de principios someterán a la vo·
luntad popular sus pregonadas aspiraciones. El gobierno pro\ isorio prometía ser garantía de orden y legalidad y parecía encaminado a observar una estricta neutralidad en los comicios:
" ... mi gobierno -declaraba Gomensoro-- garantirá á todos
la libre c1nisión del pensamiento, la libertad de reunión y todos
los trabaj os lícitos que tiendan al convencin1iento y no a la Yiolencia y al fraude. Cuanto más difícil es una situación. tanto más
eficaces son lo principio para sal,· arla . . . tengamos fe en la
eficacia ele la verdad de las institucione.9. en los principi os liberales con que se han salvado otros pueblos y en la tolerancia
por las opiniones de todos ... H 1
1\o obstante. luego del cierre del Regi~lro Cívico en el curso
de cuya confección la Democracia había denunciado algunas
irregularidades, comienzan a sucederse~ junto con las tachas. las
1 To~t

\s Co.\n::'\ ono, l l•·cciónc.s de 1872, p. 5, ~lont e"·!.lco. 18';'2.

-

SO-

�prot~tas ele la prensa nacionalista sobre la inscripción fraudu-

lenta qu e se cumplía profusamente ante la indiferencia o el
amparo oficial.
f"rente a las primeras denuncias, el principismo colorad o,
sopesando los reclamos de La República y La Democracia, admitía Ja irreg ularidad de la marcha electoral. "Demasiado sabemos
- confesaba El Siglo - que ho y es absoluta1nenle in1po~ible la
rei¡Jización de un ideal perfecto de verdad y legalidad á que aspiramos . . . por qué milagr o h abría de convertirse r epentinamente la lucha armada de que apenas h emos salido rn escuela
de vida democrática? I\o pidamos á los hombres y á las cosas
más de lo posible ... Trabajemos sin dcc;canso para aproximarnos
cuanto sea posible ... P e ro si descubrimos en la obra 'lue h emos
emprendido defectos que de antemano nos decía la san?. razón
que no podían dejar de aparecer en el cr ítico período que atravesamo~, n o cometamos la insensatez de retroceder y empezar
dr nuevo la obra ... en el pueril empeño de llevar á cabo una
obra perfecta ... no sembremos de nuevo la ola de la guerra
civil, arrancando de cuaj o la semilla de la paz que á costa de
1antas fati gas estamos sembrando ... " 1
Pero el malestar acr ece con la proliferación de denuncias
eohre ilegalidades cometidas en el interior del país 2 sin que a ello
obste el celo empeñoso desplegado por el diligente ministro de
RC'laciones Exteriores docto r Julio IIcrr era y O bes. 3 A fin es de
setiembre hace crisis el enrarecido c lima preelectoral en que conviven nuestros partidos. Desoídas las prote5tas de los dirigentes
radicales y nacionalistas, la Comisión Directiva del Club J\'acional

r

1 El Registro Cf t•ico
~f o ntc• ,· idco, 5 de c:etiembre

la

propa~andrz de
1872, n 9 2335.

La República, en El Siglo,

de
2 " • •• con el acuerdo de ustecl
ec;cribía 1. P. \ arela al Presidente
Comt•nc:or&lt;&gt;- araba de pa,.arse una ci rcular á todos los gefeg políticos, una
c·i rcular donde "e hace gala de la s 1náa avanladas idea~ liberale... Esa cir&lt;·tilur y su manifiesto serían una {arc;a indip;nn i só lo c;irviesen para cubri r
e on el rnanto simpático de lo!t n1ús austeros principios democráticos, una
n ·ulidad en la que campean á n1en11do triu nfante, la explotación de las
pu ~ i o n cA oficiales, la violencia y el fraud e"; co ncluía dei.tacand o las 1ncorrc·crioncq del J efe Políliro &lt;le Ourazoo. L11iq Eduardo Pérer., del de Pay•anchí. Eduardo ~1a r Eachen, y c•I cJ,. ~l o n tc•vidro, coronel Pagola. (Cfr.:
I n s1t11ación, Carta al S r. D. Toniás Comen soro, de /. P. 1'arela, en La Paz,
f\Jonlcvidco, 23 de octubre de 1872, n9 456.)
Cfr.: La Democracia, dc~de el 18 de agocito hac;ta fin es de nov iembre
clr• 1A72, donde diariamente ~e co nsignau denun cia~ sob re irregulandades en
hu; la &lt;'hat! dt•l Rt'gi!:!tro.
3

-

51 -

�de Montevideo convoca a una r eunión en la Barraca de I rigaray
para encarar la actitud a asumir frente a los abusos en tachas
e inscripciones del Registro Cívico.
En elevada actitud principista definía así la situación el
Manifiesto del Club Nacional del 6 de octubre : " ... e! partido
nacional ve defraudadas en estos momentos sus esperanzas, y
retardada la realización de los grandes propósitos con que em·
prendió la lucha elector al. En momentos tan supremos &lt;.orno los
presentes, cúmplenos conservar inalter able el depósito de nues·
tras creencias y estrecharnos en torno á la bandera d e los principios que hemos pr oclamado y sostenido ... Cúmplen:&gt;5 dar un
alto ejemplo de abnegación y de civismo conservand•), la templanza y moder ación que son el más fuerte escudo de los partidos
de principios . . . Es esa la más noble ofrenda que podemos deponer en los altares de la patria" 1
De ese modo se anticipaba la abstención del partido en el
próximo acto eleccionario, decretada oficialmente por la Comi.
sión directi\•a del Club l\'acional el 9 de n oviembre. La propaganda
&lt;le l a Democracia en los días subsiguientes se centra en torno a
este epígrafe: ''La abstención es un deber porque es un deber
dejar sol os a los que cometen un acto oprobioso, cuando no se
tienen los medios para impedir su r ealización''. 2
Como resultado de este accidente político, el equilibrio - en
cierto inodo precario - que mantenía unidas en aparente cohesión a las dispares figura· del Club l ibertad cedió ante tl empuje
de las fuerzas hac;ta entonces contenida'-. La eli111inación 'irtual
de un sector del tradicional ad\ersar io ' enía a abreviar una eta·
pa en cuya función se habían gestado los acuerdos coloradoc;.
La fracción colorada neta decide entonces desprenderse del lastre
principista para copar las urnas con sus propios elementos.
Jo é P edro \ 7arcla - ex colorado Y,
en r azón de la abstención
•
tan1hién decretada por su partido. :nero observador de los he·
ch os - colun1braba la inminente anarquía del Club l .. ibertad:
Jllani/icsto y Protesta &lt;lcl Clu b /\'acional. ~[ontc\ idcn. 6 de octubre
de 1872, en La Deniocracia, i\lontcvideo, 8 de octubre de 18i2. n9 105.
t

~

La Dcniocracia, ~lont c\'idco, 16 de no\:icn1bre de 1872, nº 138.
El :o de novicmhrc "C separan de lo redacci ón de La /)emocracia Alfredo
\ 'úsqncz J\ cc\'cclo y Román Cnrcía. o&gt;ntcndicndo que hahía finalizado ~u
n1i si1~n c•n la prcn~o. J\ gu tín de \ 'r.tilia continúo nl frt•ntc del periód ico
nnci&lt;1nnlistn. ( CI r.: la Democracia. ~JonlcYidco, 20 de no\ icmbre de 1872,
nO 112. )

-

52 -

�':Rcsul•lta Ja co1nplcta ahsl&lt;'nción del partido blanco, alejados temporal y definil iva1nente del campo elector al todos los elementos
neutrales ... clueiio absoluto el partido colorado del terreno de
la acción, estamos baj o el imperi o ele la más violenta anarquía.
Fraccione. s ant agónicas e inconciliables son las que constitu} en
c~e parl ido, pero como resultad o natural de la situación insostenible en que se encuentra desde que empezó la lucha electoral,
hoy c~as mismas f raccioncs se divi&lt;len y subdividen hasla lo infinito. l~o hay dos opiniones conformes : no hay un solo centro
político que tenga alguna constancia y que sea capaz de domina r
el ele borde de la anarr¡uía. Desde los más austeros principistas
hasta los más reaccionarios y 1nás personales, todos los elementos
const i t uli vos ele lo que se Barna el partido colorado levantaron
por úuica JJnndcra al iniciarse la lucha electoral la de 'guerra
al partido Llonco'. 1'odos sus csf urrzos, todas sus aspiraciones,
~e reducen ñ vencer al tradicional acl\er,:)ario. Vencido éste, alejado del can1po electoral. el vínculo de unión del partido colorado
dcsapu1 ecc . . . Vuelven á formar entonces en campos opuestos
las facciones antngónicns que realizaron la fusión inrnorul ... Pe1 o no en balde en la prenoa, en los clubes, en los cafés, en las
reuniones pri\•ndns, en todas partes, se ha sostenido á capa y espada que no hahía La}c5 disidencia" . .. no en bal&lt;le se ha tenido co1no bandera el Progran1a e.le] Club Libertad que vago e indcr-i o dejaba ú cnda uno Ja facultad de inlcrpreta1lo á su anlo·
jo. . . .. e unieron para vencer á los blancos. sin preocuparse de
In ... n1c&lt;lios . . . l Obtenido el triunfo con la abstención del parliclo
nnciona li ta] ... IJega ahora el rnomento ele curnplir !a parte
secundaria del programa del Club l..ihertad. llevar á la Repre::cnlación Nacional :1 los ho1nhres m¡'is inteligentes y más honorab~cc ... Pero ahí 1nuere In decantncln unión y empieza la anarquía ... ¿ CuúlPs son Jos ho1nbrcs más inteligentes } 1nú honorables del ]Jílt ticlo colorado? No se cnticnclcn siquiera el Dr. José
I)cdro llnrnírez y Pedro ílusta1nnntc y eso solo 1nuestra á la evidcucin ha~ta dónde es profunda la anarquía ... :' 1
1872.

1 (Cfr.:
119 488).

La anarquía, en La Paz, ~Ionlcvjdco, 2 i de novicn1bre de

Yn un 1nc~ antes -el 23 ele or.tuhrc- el 1ni~n10 Joc:ú Pt·dro \ 'arela
h.. hín Vi!dn1nbrucln In nnarr¡nin que c:e ~ec:tahn en el cocno del Club l.ibcrtad:
t•n rnrtn nhicrtn ni Prc"id cn l1• de la Hcptiblica. e cribe: "Corno lo suponían todos 01¡ncllo que npr1•cinn impa rcialmente lu situaci • n de la Rcpúhlicu, el nún11•ro 11q11í. allí f'l f rat1Uf' ,, la \ iolcncia han dacio el triunfo de
luQ I:cg1s1ru-. ó l.1 darán scg11ru1nen1 e en l:i ... urnus al partido colorado en

-

53 -

�El cisma era ya inevitable cuando nuevos hechos fundamentaron los temores de Varela. El Coronel Pagola, jefe político
de la Capital, procedía a incautarse - en oscura maniobra - de
unas mil balotas de sus subordinados, cuyo indisimulado propósito ponía en tela de juicio las garantías ofrecidas por el Presidente
de la República. Las renovadas promesas de Gomensoro, deslucidas ante su indecisa actitud frente a Pagola, motivan la enérgica
renuncia del doctor Julio Herrera y O bes quien, al abandonar la
cartera de Relaciones Exteriores, denunciaba - en los prolegómenos del cisma pre-electoral - la alianza entre principismc• y personalismo, agrupados en el Club Libertad. 1
Pese al malestar que anunciaba la inminente ruptura, ambas
fracciones prosiguen discutiendo en torno a la confección de las
listas, en cuya instancia sobrevendrá la escisión definitiva. En
aquellas febriles jornadas de noviembre, la baraja de nombres y
candidatos fue dispuesta en toda la gama de sus posibles combinaciones.
Algunos elementos colorados, condenando el desconocimiento
de ]os principios del programa del Club Libertad que, el su modo
de ver, involucraban esos malabarismos de última hora, se apartaron de la agrupación colorada ante la evidencia del desacuerdo.
Uno de ellos, el doctor Pedro Bustamante, principista de uota, decía en su carta renuncia a la Comisión Directiva del Club Libertad:
"La unión del partido real y positivamente no existe ni c~i stirá
jamás ... al separarme del Club Libertad no es mi propósito
abstenerme sino antes que nada llevar mi pobre concurso indivitodos aquellos departamento" que no 11e hallan dirijidoc: por ~efe s políticos
del partido con trario. Son pue-; las dos f raccioneci antag1)n1ras. que existen
en el c:eno del partido colorado las qu e van ú di putar-.c el predominio de
Jo República, á decidir cuol será el ciudadano 011e ocupe la futura pre·
~idencio de Ja República ... " (La Paz, ?\fontc\'ideo, 23 de octubre de
1872, n9 465.)

"El Gobierno de \ '. E. -decía Julio llerrera y Obe' en 9U renuncia
al cargo de ?\1inistro de Relaciones Exteriores- marcha á pa4'os ag1gan·
tod oci por el camino de los gobit'rnos clectorale .., de aqut·lh1~ golnernos tlec·
toral es que c:egú n lo decía la circular .;obre cleccione' á lo;; Jefes Políllcos
de los DepartamenlOC&lt;, C&lt;On usurpadores íorlo ..o ... por el fraude ó la violencia
de la c;obcranía popular. Por que e"' '-er gohierno electoral e.. timula r con
la impunidad )' la gratitud los moynrec ecr:án&lt;laloc; --iempre que tcng:in por
objeto y JU!ilifirath o trabajar por una candidatura c;.impática al gobierno, al
mismo tiempo que aplica el cac;.t1go de la dc.. titución y dt• la onimo~idad
ñ 1odot1 }ne; que no ~inen ciegamente c:u~ trahaio con c:n influencia v ~u
poder." &lt;Cfr. : Eot,ARDO ACE\'f:DO, Analts Históricos dtl l ruguar. t. 111, p.
1

656, ~fonte,• ideo, 1933.)

-

54-

�dual á otro centro electoral si es que todavía quedan entre
nosotros una docena de ciudadanos dispuestos á luchar por el
bien y á no dejarse imponer o dominar por los que en realidad
no son los más sino los más audaces y griton es". 1 Bonifacio
Martínez, asimismo desafecto a la lista que aceptara Ramírez,
adopta idéntica actitud que el doctor Pedro Bustamante.
La carta contestación del doctor Ramírcz al doctor Martínez
es un valioso clocu1nento cÍ\'Íco que sienta - frente al pr oblema
electoral - ]a verdadera tesitura del grupo más pujante de las
filas principistas conser"adoras CU}a rectoría inviste, precisamente,
el veterano director de El iglo. En rigor, el doctor Ramírez entiende que el único m odo de cerrar el paso a los elementos personalislas es concurrir a las urnas, for1oc;amente con listas mixtas,
dadas las concesiones que la necesidad in1porir. "Creo tener
- declara Ramírez - tan to ó más culto á los principios que Vd.
Cnrta d~ Pedro Hustamante a l osé Pedro Ramíre:, I\fontevideo.
17 &lt;le ncl\Jcmhre de 1872, Incidentes electorales, en El Siglo, ~1ontevideo,
19 ele no .. icmbrc de 1872, n9 2397.
En el tex to ele la respuesta de José Pedro Ram írez a Pedro Bustan1nn tc. se trnsunta el agitado clima del Club Libertad ante las decisivas
jornadas ele novicn1brc, en n1omentos de confc·cciona r las listas de cand iunto~ a la Asamblea. Dice el director de l:.'l Siglo :. "Estoy cansado de ser
ac'tt!'ado y de reci bir desengaños y ha de pcrmi tirn1e vd. que hable la verdad y que ponga en su lu gar á cada uno de los que c:algan á la prenc:a
t•n estilo más ó menos suave y ron palabra~ má s e} n1cn os almibarada! á
ncihnra1n1c tnns la lucha en qne ec;toy empeñado. \ 1d., mi amigo ha querido
hnc1•r hoy lo que ahora seis mcc:es hac1a J). J o.. é l\ laría l\luñoz, pero D.
Jo1: ~ ~\Ja. l\Iuñoz e" D. Joo:é l\ la. l\Iuño1. y \d. ce; \rd.
E!'a es simplemente
In difc·r1""'ncin pero la diferencia es tan capital que O J oc:é la. l\Juñoz era
conscc111•ntc consigo mic;mo procP.di11nclo con10 procPd10 y \ 7&lt;l. comete una
dcscon111nul incon&lt;:ccucncia queriendo ahora imitarlo.
l&gt;on J oc:é ~la. l\Iuñoz. desde hace añoc:, vive encerrado en una resis·
ten ·ia invencible ú toda lran Gacción con principio&lt;;, con propCGitos y con
hoinbrt•s que no c:can sus homhrcc:, c;us rirop&lt;Í"Ítos y su5 principioc:, y \ 1d.
pnr &lt;'l contuuio. ha vh·ido sometido ú la cruel impoc:icií n de lo::. acon·
tccin1i1•ntoq que se proclucían en épocas en que Jo.:; mi--mos á quienec; Vd.
nc11c:11 hoy c:c aislaban y se abstenían ..• '\o nos hable \id. ahora en medio
di' Ju 111chu y cuando cc;tamos contpromct tclos en ella con el propio ao:en·
timicnlo cl&lt;• Vd. con la austeridad de un Ca l1;n, ni nos acuse porque Lransu n1os. no y¡( con l o~ dictadores prepotentes ú qu ienes yo no dejé de comhnt ir 1111 qolo din mientra e; Vd. sellaba lo~ labio..... Procediendo como he
¡¡ror&lt;·dido en la confección de la lista que ha rer.omcnclado la Comisión
D1rl'&lt; t ivn no he qiclo si no consecuente con la actitud que de acuerdo con
Vd., con J11 1io JI Prrc•ra y otros amigos, as11n1imos al constittúrse y organiinr~c f'l Club Libertad.
En1 onct 9 convinimos en la necec:idod de rcconc;truir el partido liberal
c:on to&lt;los s11q elemenloq, buP.no~ y maloc:, prometiéndonos modificarlo y
&lt;lcp11 rarlo por la acciún per"-e\erante de la propaganda y el ejen1plo y si
1

-

55-

�y que el doctor Bustamanle, y no he creído prevaricar aceptando

... [las listas mixtas] en todas partes los ciudadanos más austeros y más intransigentes llegado el momento de la acción, sea
ella militar ó pacífica, pero acción al fin, han aceptado elementos
que no representaban la más completa austeridad y la más alta
ilustración á condición de asegurar el éxito de la lucha y de no
desnaturalizar en su esencia los propósitos del centro político
á que pertenecen. Con más razón estaban obligados á proceder
así los que habían definido nuestra actitud por el hech o de organizar el Club Libertad en las condiciones que arrancaron una seria protesta del Dr. J osé María Muñoz y que V d. y Bu$tamante
no aprobaron sin duda cuando continuaron perteneciendo al Club
y formaron parte de su Comisión Directiva . . . Cuando aceptábamos formar parte de una Comisión Directiva en la que V d.
y yo y los hombres de nuestras afinidades y prop ósitos están en
una insignificante minoría, podría aspirar á otra cosa que á constituir en la Cámara una ma) or ía ilustrada inteligente y honorable? ... Los partidos que luchan con su organización de partido
y aspiran á presentarse unidos en la lucha, tienen necesariamente
que hacer concesiones, á las exigencias de círculo y á la veleidad
de opiniones. En los movimientos popular es y en l a acción política no se puede proceder con el perfecto criterio con q ue una
academia de sabios juzga las aptitu des y los méritos de los diversos candida tos que se le proponen par a ingresar en su seno" .. .1
En \'Íspera de la reunión del Club Libertad en el Teatro an
Felipe. J osé P edro Ramírez insistía en su prédica principista traoc;Í no hubiera pensado, y c;j a . . í no hubiera proce&lt;lido habría seguido á
D. Jo. . é ~la. ~l uñoz ó habría i&lt;lo á engro ar Ja .. fiJn.;. del Club Radical.
Por el contrario, entonces llcvan1os tan lejo.. nuestros propó.,,itos de
conciliaciC:n que aceptamos tener c.ó]o una reprc.. entación en Ja propor·
ción ele uno á cinco en el seno de la Comi-.ión Directh·a y nos sometimos
ú soportar todos los cargoc:, todos los rl•prochc.; de los que, en mi concepto,
e:-&lt;agcran el culto do lo principios y le crean con .. u intransigencia, cuyos
altos n1l \·iJes reconozco! resi . . tcncia y antipatías populares.
l loy, procediendo como he proccclitlo y co1no han procedido otros que
t icnen tan ta estimación co1no \ d. por su dignidad y por .. u lealtad política,
nn he hecho sino ser consecuen te con la act it utl que entonces me impuse
rt•ali1..anclo los \Cntajo&lt;&gt; que ºº" proponinnlo~ oht •ncr .. . \ li pa rtido e. . tá
tomado ... " &lt;Cfr.: Carta de Jo5é /&gt;edro Ramin.·z n Pedro Bustamnnte,
\ lontc.niclt•o, 19 de no\icmhrc ele 1872, l nr:itle.ntcs electorales, en El Siglo.
1\lontc\'idco, 19 de novit•n1bre de 1872, n9 2397.)

Carta de José Pt.•dro R'lnl 're:. n !1011i/ncio lfartínc:, ~fon tevirlco,
20 (1 • "º' icmbrc de 1872, en f l 1,;lo, ~Iontevidco, ~O de no' ien1bre de 1872.
n Q 2398.
1

-

56-

�tando de acallar recelos y evitar nuevas deserciones. "Hemos
sostenido siempre - puntualiza - que el partido colorado y el
partid o liberal eran sinónimos . . . La calificación de liberal significaba la bandera política, el programa y los principios del
partido ... el color de la divisa no constituye doctrina. no puede
ser el único lazo de una asociación política ... " El diario con·
servador exhortaba a la calma en medio de aquella confusión
de opiniones e intereses y ahora, a su turno, también se aferraba
a un precario equilibrio &lt;le fuerzas que se deshacía nnte el reclamo de las ambiciones personales.
En la reunión del Teatro San Felipe, José P edro Ramírez
juega, aún a triunfo, su última carta electoral. Tienl' la convicción
ele que e) único medio de obtener la consagración del principismo
sobre los lemcntos netos del partido colorado reside en la confecci ón &lt;le una lista mixta; esa fue por otra parte. la línea de
conducta que se trazó desde el primer momento, como única so·
lución ,•jable: "En política - clecía - los hechos se toman como
eon. no como deberían ser; se busca el bien posible, n o el bien
absoluto ... con una lista ele candidatos todos intachables, todos
ilustrados, era una utopía el triunfo decisivo sobre los elementos
p ersona1es, obtenido en un día, desde que ese triunfo tan completo sólo puedo ser fruto &lt;le algunos años de lucha, de la marcha
progresiva ele las ideas, del trabajo pausado de la propaganda". 1
Consecuentemente. la asamblea del Club Libertacl, compuesta por
! etccirntos ciudadanos. sancionó una lic;ta integrada por una mayoría principista, aunque presidida por José Cándido Busta·
ruante. 2
Por cierto que la lista - pese a su encabezamiento personaJic;ta - - traducía el tTiunfo clocl rinario, por cuya razón los cand orn bcro:;, que contaban con superioridad numérica en le masa
colorada, no podían aceptarlo. J osé Cándido Bustamante es el
primero en renunciar. Le siguen Paullier y Alejandro l\1agariños
1 la.~

r./aurlicnciones de principios. en El Siglo, l\lonlc\ ideo, 22 de no·

'icmhrc clo 1872, nº 2100.
~

Jbid.
1 n li ta aprobada por el Club TJibertatl el 20 de novicntbre se inte·
,,-nba ron los nombre" de Jo ...1~ C1intlido Buc;tamantr, .Joqé Pedro Ramírez.
Julio llcrrcru y Obeq, José ~[aríu '1\I11ñoz, Francic;co A. \ idnl, Ilonifacio r..Iar·
tínt•z, i\lcjunclro !\l ngariño~ Cen.antec;, Juan Cnr]og Blanco, J oi:.é E. Ellauri,
Tc:u:ic rlc 'l\:1..inos, J 11an A. Vñ1q11c1.. (Cfr.: Candidaturas cle/initiias en El
...,iglo, (\fonlt'\ ideo, 22 dr no\·icmhre de 1872, nQ 2100.)
'

-

57-

�Cervantes mientras que en las reuniones de los cafés y en las ter·
tulias partidarias se comentaba que la pretendida lista mixta
respondía a una combinación de signo conservador. 1 El viernes
22 de noviembre el cisma del Club Libertad estaba, de hecho,
consumado; los elementos netos disidentes habían resuelto la
estructuración de una nueva lista, con arreglo a sus privativos
intereses. "La división de los círculos se dibuja más que nunca
pronunciada ... El cisma provocado tiende á acentuar más y más
la división del partido colorado'' ... escribe José Pedro Ramírez
en El Siglo del día 23, 2 reiterando en última instancia su llamado
a la unión colorada: "Es tiempo ya que de una vez por todas
se declare pública y solemnemente si el partido colorado es una
colectividad política con principios, tradiciones y propósitos co·
munes, ó si el programa por todos aceptado es una bandera bajo
la cual se abrigan adversarios irreconciliables ... El tiempo apre·
mía y cada hora que pasa agrava la situación". 3 Pero era ya
demasiado tarde. El periódico conservador hace pública la renuncia de José Cándido Bustamante al Club Libertad, fundamentada en que "Ja lista de diputados aprobada en el San Felipe era
el resultado de la combinación de un círculo"; con la renuncia
circula una proclama dirigida por los netos disidentes del Club
Libertad: Bustamante, Pedro J. Varela, Juan J . Costa, Federico
Paullier, Francisco Laviña y otros, en la que después de exaltar
las glorias militares del partido colorado y recordar suc;, tradiciones más esclarecidas, jnvitaban para una reunión en la Cancha
de Valentín a efectuarse el propio día 23 a las 3 de la tarde. El
resultado íué la confección de una nueva lista de candidatos en·
cabezada por José Cándido Bustamante y Pedro ' 'arela, que en
su gran mayoría respondía a los reclamos de la fracción neta.
La Comisión Directiva del Club Libertad, parcialmente des·
integrada por ]as sucesivas renuncias de principistas - Pedro
Bustamante, Bonifacio Martínez - y candomberos luego - José
C. Bustamante y sus amigos - comprendió que. a escasas. horas
del acto eleccionario, era imposible reestructurar la lista aprobada
el 20, lo cual venía a significar que los elementos principistas,
solos ante las urnas, sufrirían una aplastante derrota electoral.
No nos entendemos, en El Siglo. ~fontcvideo, 23 de noviembre de
1872, nº 2401.
1

2

!bid.

3

1bid.

-

58-

�Frente a la adversa eventualidad di cha Comisión publi~ó un l\Ianifiesto aparecido en la mañana del domin..,.o 24 de noviembre
o
'
en el que aconsejaba la abstención. "La coalición que á última
hora se realizó entre fracciones diversas del partido colorado no
puede resistirse con trabajos improvisados en 24 horas ... y la
Comisión Directiva inspirándose en los sentimientos más eleva·
dos ... ha r esuelto suspender los trabajos emprendidos y aconse·
ja á sus correligionarios que se abstengan de concurrir á las ur·
nas con la lista que el Club Libertad había proclamado ... " 1
Con acentuada frialdad se cumplió el acto electoral en la ca·
pital de la República. El Siglo anotaba que habían sido muy con·
sidcrables ]as abstenciones y corto el número de ciudadanos quo
a cudieron a emitir su voto: "Se abstuvier on de votar en 1\tlonte·
\•ideo los principis tas, los blancos y los radi cales, sólo votaron
pues, los colorados netos y los partidarios del Gobierno". 2 Cen·
1urn ba, po r otra parte, "la influencia directriz del gobierno, quo
Ee ha hecho ~entir en la formación de la lista que ha obtenido
ln ma yo ría. confeccionada en virtud de una tran"acción de última
hora en tre los elementos ofi ciales y los colorad os n etos". 3 Algunos clcn1entos principistas de la Co1nisión Directiva del Club
Libertad se prrstaron a la tr ansacción con los netos y, en consecuen~ in , fu eron incluí&lt;los a última hora en Ja lista triunfante,
entre olroQ, los no n1bres de Julio Ilcrrera y Obes, Pedro Busta1nantc y 1uan Carlos Blanco .
Al cnho de los tres días que mediaban entre la r eunión del
T cntro San Felipe y la de la Cancha de V nlentín. los términ os
ele la ecuación electoral se había n invertido: e] núcleo principista
- rnnyo ría en la lista del día 20 - pasaba a ser minoría en la
del 23; en verdad, pese a Jos denodados esfuerzos de J osé P edro
R a111í rcz, la r ealidad numérica de ambas fracciones venía a im·
pon(•r, p or la fuerza incontro\'crtible de los hechos, esa solución
de último 1no111ento. Los g uarisn1os electorales, a despecho de los
uc:r.rih~ n

t•I l\Tanificsto ele·) Club Libertad : Juan P. Ramírez, Lorenzo
L.atorr1', J o t: P. Rnrnírcz. EJuarclo Vú1qucz, Angel Abalos, Carlos Gurmen·
&lt;l •1., l{ on111uldo Castillo, Lconrio Co rr1•a, Julio JJ errPra y Obe", Juan C.
Blnnco, J 1111n T1' . Santo", Enrique Pr.rerln, Torib10 Vida l. (Cfr.: La Comisión
/Jirrr:ti1 ·a del Club Libertad, en E.l Siglo, l\lonlcvi&lt;leo, 2•1 de noviembre
d1· 1872, n~, 2102)
l

Nft ista de la qu 1 ncena, en El Siglo, '\lon te.,·i&lt;leo, 27 de nov iembre de
lll72, n Q 2 105.
:.?

3

Jbid.

-

59 -

�trabajos del doctor Ramírez, denunciaban la derrota - al menos
en la capital - del último baluarte del principismo. Consecuente·
mente, el doctor Ramírez, amargamente aleccionado, decide retirarse de la vida política y renuncia a la dirección de El Siglo,
admitiendo expresamente los cargos que se le habían venido
imputando : "El resultado de la lucha electoral con sus episodios
que son del dominio público, me imponen el deber de r etirarme
de la escena política, empezando por separarme de la prensa
periódica. Reconozco que son justas la mayor parte de los cargos
que se me hacen y renuncio á levantar aún los que no lo sean.
Mis amigos políticos y sobre todo la noble juventud de :\1ontevideo, necesita de otro publicista en la prensa y de otro ciudadano
en los trabajos de la política militante para realizar 5us altos y
patrióticos propósitos. Yo me he gastado y me he quebrado en la
lucha y no puedo ya responder á sus generosos esfuerzos en bien
de la patria. Por fin, en medio de la derrota vergonzosa que
hemos sufrido, y en la cual me asigno la peor parte, sólo aspiro
a que se reconozca la sinceridad de mis intenciones, única cosa
que estoy dispuesto á defender" . 1
Al aceptar la renuncia del doctor Ramírez, El Siglo refirmaba su tesitura principista: "El Dr. Ramírez reconoce lisa y
llanamente, sin ambajes ni subterfugios, que se ha equivocado.
En consecuencia se siente quebrado y gastado para continuar la
lucha en que ha perseverado por diez años. . . En cuanto á El
Siglo, seguirá siendo lo que ha sido ; seguirá defendiendo los
principios que ha defendido. Afirmará la bandera que las últimás oscilaciones de estos días empezaban á hacer vacilar y será
siempre un instrumento de propaganda puesto al servicio de la
libertad y de las instituciones". 2 La dirección del ór~ano conservador {ue entonces asumida por Julio Herrera y Obes y Jacinto Albistur, incorporándose a la redacción política el joven
Pablo De l\1aría. flamante egresado de la" aulas uni\•ersitarias. 3
En '\·erdad, el fracaso que pregonaba Ramírez - magnifican·
do sin duda su propia derrota personal - no privó al principismo
de su esclarecido aporte a las Cámaras del 73. Si bien no resul1

El Siglo. l\fonte,·ideo, 26 de no\'icmbrc de 1872. nO 2401.

El Dr. Ran1íre:, en El Siglo, :\lontevidt!o, 26 d e no,·iembrc de 1872,
n'&gt; 2·10 t
2

s El Siglo, ~Ionle\'idco, 26 de no\'icmbrc de 1872, nQ 2·10~.

-

60-

�taban vencedores en los comicios los partidos de principios la
lista colorada mixta de l\lontevideo, los nutridos \:Otos del nacio·
nalismo que, desoyendo la abstención, gana ventajas en San José,
Canelones, Florida y Cerro I..argo, y los triunfos parciales del
partido conservador en otros departamentos, permitieron el acceso de la élite doctrinaria a la Legislatura del 73.
Paralelamente a la campaña electoral de novien1bre, ya se
hara j aLan en el año 1872 nornbres y posibilidades para la futura
presidencia de marzo ele ] 873.
El doctor José l\.Iaría l\:I uiíoz era en rigor - por su filiación
política, sus condiciones personales y su limpia ejecutoria cívica el obligado y unániinc candidato de los partidos de principios.
Ausente quince años del país, su fi gura, saludada con veneración
luego ele la I&gt;az de Ahril, encarna un elevado sín1bolo ci\ ilista.
Al prorncdiar el aiío 72, el doctor 11uñoz de"collaba en la nómina
ele posibles candidatos presidenciales. La sonada renuncia a la
Co1nisión Directiva del Club Radical y su r ígida intransigencia
con el personalismo ni1nbaron su figura con un halo prestigioso. 1
I~n el curso de Ja polémica que sostenía el doctor Juan Carlos Cómr.l con José Pedro Ran1írez a fines ele 18í2, el viejo teÓ·
rico del partido conservador rinde culto a la person:ilidad del
doctor l\1uño1 y lanza a publicidad su nombre desde Buenos Aires pnra la próxima elección presidencial. 2
J)on rr o1nás Go1ncnc;oro, por su parte, según la opinión pública a~piraha a la pi i1nera n1ngistratura. in embargo, su actitud
!rente a los grupos colorados y su plataforma electoral, eran aun
''El Dr. \f uñoz -&lt;lice La Pa:.- que con el proceder intachable de
sn larga y truh111nda -vida pública, hu sabido levantar'e á ~í mismo el más
nito ele }05 pcdr·stalcs rn que puc&lt;le mostrnrc:c á sus compatriotas el ciucladono ele un ¡111chlo libre: que sr ha conqui--tado entre propioq y extraños
una n•p11tuci1~11 inrnaculnoa ante la que se inclinan re pctuosos hac:.ta los
mismos qu•· co1nhatcn lo nctitud pn•scindentc que hn a 11mi&lt;lo en los últimos
oiio«1, el IJr. \luiíoi radica nui'\ y nuis ec::c pedestal ... 'freinta años de \ 1&lt;la
¡l\ihlica intorhnblc" trcan &lt;Í un ho1nhrc una Jlersonalidud política de In que
no p111•dc dnclarsc !'in ju licia. El IJr. l\Iuñoz ha cnnc¡ui .. 1aclo ante" cic al.ora
y uliorn el clcn·clio incli~r.utible de que naclie pueda &lt;ludar de él." (Cfr.:
La /1&lt;1:, lont1)viclt•o, 2 i de mayo ele 1872, n9 317.)
1

''El l)r. 1\f uñoz es para n1í -c::oc;tcnía Juan Carlos Gómez en octuhro riel 72- la cncarnnción pcrf1•r.ta de la lucha contra todas las prepotcn·
c•ias pt rsnnalc", cnntra tocias las des' iacioncc; de los principioc;, contra todas
la indil!nirlndt•s dr!l ef(oí.-.mo y contra todo" )oc; arcnturlos ele la f ucrza al
cltrccho.'' (Cfr.: El iglo, \lnntc,idco. 9 de octubre &lt;le 1872, nQ 2359.)
:.!

-

61 -

�indefinidas al promediar el mes de octubre. No se sabía a ciencia
cierta si sería candidato de los colorados netos o de los principistas conservadores, pero aunque Gomensoro carecía en el consenso general del arraigo del doctor 1\Iuñoz, su candidatura, en
razón de la jerarquía oficial - y dados los tiempos que corrían disponía de no menguadas posibilidades para alcanzar el triunfo. 1
Como posibles presidentes en el coloradismo neto se insinuaban P edro Varela, Fernando Torres y José Cándido Bustamante,
que sin duda aguardaban la decisión de Gomensoro para concretar o deponer sus preten iones.
El partido blanco no ~e presentaba al evento con candidato
propio. Obviamente sus posibilidades eran menores y en la hora
de las definiciones sus representantes elegirían entre los nombres en juego.
El principismo consen 1ador. si bien no oculta dec;dt! El Siglo
su preferencia por el doctor .l\1uñoz. demora ostensiblemente la
proclamación de su candidato pre. . idencial. E~ factible suponer
que su deliberada dilación obedecía a una hií bil e~trategia: al no
pronunciarse en forma expresa por el doctor i\luñoz. o bien. no
excluyendo a Gomensoro. e demoraba el ejercicio de la poderosa
influencia oficial en fa,·o r del coloradi5mo tradicional. 2
A comienzos de noviembre Gomensoro, cerrando expeclativas, t oma partido por la fracción neta y con él se \'uelca la deciCarta abitrtn áe lo~é Pedro 1'artla al &lt;\r D. Tomás Gomensoro,
La Situación, en La Po:., ~lonlc\ ideo, 23 de o t 11 ~;: &lt;le 1872, nO 465.
l

"El nombre del Dr. Jo~é Ja. ~Juñoz ~e ha prnnunciado ya al
hablar de la pró'&lt;ima pre idc ncia. Lo ha lan1.ndo á puhlicidad el Dr. D.
Juan Carlos Gómcl como t( rn1ino de la poli nli•' U q11e ha , (!nido !'o .. teni ·ndo
desde Bu(·no ... i\ ircs con el Director de El . 11: 'o. i"\acJa hay que repr ochar á
la pcr.. onn lidnd del Dr. !\Juñoz ... pero ere.. tun que al lan:.nr su candidatura
el Dr. Gomr.: en los rnnnttfllOf nctuale'i lt hn quitad" grande&lt; probabilidad~'
de ¡.xito_ El tiempo dirtÍ .si nos equitocamos.'' &lt;Cfr.: Rerista de la quinctnn, en l:..'I Siglo, l\lonte\ id eo, J 6 d • octubre de 1872, n9 2379.)
Por C"OS mi ..n10 &lt;lía Jo.:é J&gt;c.Jro \ farelo d1•nun ciubo Jo actitud caute·
lo'a d • loe: conserYaclore , ••n In c11c .. 1ión pre idc•nciol: "No cé .. ¡ C" Vcf.
dcfin.i tivamen t1• ahora ~Jc•(•Ía n Tomá Con1cn oro •n !'agaz ob::-Cr\'ación- ~l
cand1Jato de lo con~ervador1• , como creo que c•llo rni ... mo' no lo . . ahen,
pero c;é que no es \ ' d. u r:anflúl11 0 declararlo, ' Jo prueha á la c,·i&lt;lcncia la
actitud \'uga ~ indeci"a ele !:/ ."&gt;i~lo ... líor todaviu, rni ·nt ra no ~~ rl!ali·
cen _Jos &lt;·lccc~ones de repri• t ntanlc , (¡c rá \ ' d. por
mi ma razón un
cand1cla10 obhga&lt;lo, r •al o npnn•n tc, de la' 1lo fro ccion • del portido colo·
ra1lo. J\mba.q ner.c .. itan de• \ 11. pnru tr iunfar: unn para que• le t:on P-f"\'C el
poder que llene hoy en su mono ..... la ot ro pnro q111• Ja lle' e á él .;epa·
randn :í us B&lt;hrrsarin .. . '' &lt;Cfr.: La situación, en La Paz. ¡\fontc,ideo, 23
de octubre de 1872, nQ 165.)
:?

- 62 -

�6i,·a gravitación del oficialismo. "Candidatura de fr aude, de coac·
ción y &lt;le violencia'', como la calificará el órgano radical, ella
despierta y enciende los encontrados intereses que se agrupan en
torn o al debatido problema presidencial.
Desde el diario La Paz, el radicalismo levanta frente a la
candidatura candombera la bandera principista que simboliza el
doctor José María Muñoz. 1
"l.,a candidatura nacional del Dr. Muñoz" - tal la había proclnmado el diario de varela - venía a sancionar la tácita elección de las otras fracciones doctrinarias. 2 El pronunciamiento
de Gomcnc;oro aumentó los recelos que inspiraba a los nacionali5tas e hizo, de hecho, innecesaria la cautelosa expectati"' a que
Ji a e;; ta &lt;'n~onces obser\ ara el p1 inci pismo colorado. Así, pues, des·
de IA JJcrrzocracza se clamaba por un candidato nacional que gobcrna e f ue1 a de los partidos, en m omentos en que sólo el doctor
l\l uñoz podía ofrecer e-as garantías. 3 En el in es de febrero el
Club /Vacion al consagraba oficialn1cnte a Muñoz. 1 El partido con~
En el sr.no ele 1 Club Rruléral c:c resuelve presentar oficialmente la
r.andidut11ra de Jo--é i\ Iaría ~111001 rl clía 7 de no\.icn1hn•. "Los elementos
del J•nrtido colorado -decía t•l rcl1toriul dl'l diado La Paz del 9 de no·
' it rnhrc- con trurioc; á a la candidatura ele Gomcnc:oro scran in1potcnles para
' cnc1 r Ja coalición de la inmoraliclad y ele la fuerza. El partido blanco
&lt;lchilitado por una luclia sin éxito, nulificaclo por los regic:tros, sin fe y sin
cc;p ·rantn, no pod1 ía de ningún n1odo torcf•r el rec;.11Jtado de unas elecciones
c¡1H' su u ulin1.,cn bajo la presión rlc la f11cr1n público. 1~ 1 partido radical,
pcq1u ño 'n 11ú1ncro, pero cura influcncin c:ohrc la opinión imparcial de la
Hcp{1hHca no pued e &lt;lesconocerqe, no tendría mic:.i{111... c;j los elementos
honrodo"' que e:xic:ten e.n los 'icjos particlos cont 1nua,.en en el trabajo impocilil1~ de· triunfar ai.,.Jados. ;, Qué hacf'r cntoncr..,? Oponer á la candidatura dr. f1nudc. de coacci ·n y de ~i olcncia ele f). Tomiís Gornensoro, la
candidatura nacional ele D. Jo.. é I. i\J11ño1, ciar :í tocJoc; loe; elementos que
se ngitan 11ic:p1•r«O". un propóc:i to y un Iin conuín: hacer que concurran
todo y c.ada unn con &lt;IH handcra. con c:u oqi:uni1...1ción y con sus homhres
ñ Ju r.onquic;ta de nn n1ic;n10 rc,.11ltndo ... '' (Cfr.: La situación, en La Paz,
~t onl! ,¡cJ1 o, 9 de no\ien1bre de 1872, nQ •178).
t

: "I lega Ja elección de pre iclentc, ¿ QuP ranclidatos sirven para la
Ju rlin? ¿Acnc:o un Llaneo y un eolornclo? No. l\l uñoz y Gomensoro. Un
principistn y uno que ha dcn10..,trado no ~crlo. "aho pre ·iclente otro candi·
dnto. ¿Quién tralHlJÓ por "" clt&gt;cción? lo.; netn~ rlc an1bas ili1 isas unidos
á nlg11n11.; an1igos pcr--onal1 s del Dr. Fllauri" (Cfr.: E pur si mnove, en
h'l Siglo, ~lonlc\i&lt;lco, 5 de abril ele 187•1, n9 2796.)
3 l\'11c~trn sit11acü)n

política y cco11ómicn, en La Democracia, f\.lonte·
'icl co, 10 de dicicn1b1c el e 1872, n 9 158, y it de ft.•hrLro de 1873, n 9 203.
" Ca11didaturn a la Presidencia de la República del ciuclaclano Dr. D
)osé lfr.rfa 11/uño:. A nue .. tro con1 patriotas y corrcligiona n os políticos:

-

63 -

�ser vador, por su parte, reclama "un h ombre de principios honorable y enérgico,, para ocupar la primera magistratura y pulveriza
la candidatura de Gomensoro y las eventuales de Pedro Varela,
José Cándido Bustamante y Francisco A. Vidal. 1
La interrogante que margina el problema presidencial durante el período que antecede a la elección de marzo permite sin
embargo barajar posibilidades. Por encima de todos los candidatos el doctor Muñoz es quien se sindica con mayores posibilidades
de triunfo. 2 Fuera de su influencia oficial, la candidatur a GoNuestra línea de conducta en la crisis actual está por el programa político que nos ha servido de bandera en la lucha electoral; ese programa que
consagra n ue~tras aspiraciones y responde á las grandes exif',encias de Ja
época á un candidato digno y capaz por sus \'Írtudes y sus talentos, de
hacer efectivas aquellas patrióticas aspiraciones... nos hemo::) acercado al
ciudadano D. J osé l\Ia. l\Iuñoz á fin de obtener, como hemos obtenido de
su parte, la franca manifestación de los prop ·sitos fundamentales que Jlevaría
al gobierno de Ja R epública... Según sus propias declaraciones el ciudadano D. J osé f\.1. l\1uñoz sólo subiría al poder para hacer un gobierno nacional sob re Ja base del estricto cumplimiento de la Con ..titucit.n de la
República ; para in icia r y desarrollar una política de rt paraciún, de paz
y de concordia y para co n~erti r en una verdad práctica el régimen de
igualdad y de justicia, dentro del cual todos los elementos nacionales están
llamados á fraternizar en la labo11 común de la civilización y del progreso.
Por los anteceden tes de su vida pública de quince años á esta parte, por
las condiciones de su carácter perc:onal y por las seguridades que ha dado
antes de ahora, creemos que el ciudadano D. José ~la . .1\luñoz, responderá
en la Presidencia de Ja República tanto como puede exigirse en la situac1 n
presen te, ó les legítimas a ... piraciones naciona les.. . Declaramos que nne ..tro
candidato á la P residencia de la República es el ciudaclano D. Jo ...é ~ [ a.
~ [ uñoz. Juan P. Carai·za, Octavio Lapido, Bernabé Carat1in, Josf. 1·á:aue:
Sagastume. Juan José de flerrera, loanuín Requenn. Ricardo Alt•arez, Carlos
Lerena, Agustín de T' edia. {Cfr.: La Democracia, ~Iontc\·idco. 20 de febrero
de 1873, n9 217.)
Cfr.: Las épocas nue11a~ y los hombres tie¡o~. en F.I Sudo, ~[onte·
video, 20 de diciembre de 1872, n° 2~28 y El Siglo, J\/ontetideo, 16 de
febrero de 1873, nº 2·170.
1

"El puebl o estaba sediento de verdad y de ju&lt;:.ticia. guspiraha por
un gobierno que supiera romper defin1t1\'an1entc Ja cadena de la~ tradiciones
de partido; que hiciera efectiva" las garantiac:. primordiales del hombre y
del ciudadano, que admini strara la hacienda pública con ~abia econon1ia y
encerrúndo"e en su propia }' legítima esfera de acción an1parase el ejercicio de todos los derechoc. y libcrtader;, dejando cumplido d~arrollo a la
inicia ti' a )' á la actividad del individuo. Ese gran mo\'imi cnto de opinión
nacional c¡ue re,istiú tan incqu1\'oca-:. n1onifc tacione .. , había señalado como
candidato gc.nuino del pueblo a un ciudadano que pron1ctia llevar al poder
y que hubiera Jle"a&lt;lo sin duda el contingente ele Ja 1nú:. leal y decidida
, 0 }11ntad en fa\'or de Ja rrorC!aniz.ación económ ica y política tan impcrio~a­
mente rerlnmndn por el poi... Los elt·mcnto" ad\er"º' ú e ...a candidatu ra,
Ji\'ididos entre sí por intcrc;c.; y combinaciones p11ran1cntc per.. onales, sen·
2

-

6J, -

�mcnsoro parece, por la heterogeneidad de sus Repre:;entantes adeptos, justificar el carácter circunstancial de su nombre, esgrimido
por los elementos netos de ambos partidos para cerrar el paso al
candidato principista. 1
La popularidad de !\Iuñoz es sometida a prueba en una man ifcstación de fuerzas programada en su homenaje y como adhesión a su "candidatura nacional" para el 27 d~ febrero en la
Plaza Constitución. 2 El caluroso apoyo que en la ocasión se le
tributó vino a consolidar en la opinión la esperanza en las crecida posibilidades que se ofrccínn para su triunfo inmediato. 3
tínnse de antemano vencidos c;,j no "C unificaban en torno de un candidato
cupoz dt· conciliar sus encon trada" prctcni;ionc : hallúronlo al fin. El Dr. D.
José I:llauri fné designado por la cntidaJ rn:is aparente para &lt;lar cohe,ión
ii aquellos elementos, y levantarlo c:ohrc ei;c pedc tal, alcanzó la victoria
obre el candidato del puchlo' '. 'falcs palahras escribía con profunda
nn1n1g11ra. clcc;de Buenos 1\ ir c-., don Agu tín ele Vcdin al rcgre"o ele 'U deportnl'it)n 11 Ln Jlahana. (Cfr.: :\r.us-rÍN DE Vt:DIA, La deportación a La Habana
c11 la !larca l'uig, Buenos Aires, 1875.J
"Esta tierra -escribía J uan D. J ackson a Félix Frías el 7 de fclircro de 1873- se puede con1parar al Vl'suhjo, risueña en apariencia mjentras
no du señale..; de vida. pero te1nible cuando lac; da, y de&lt;:.graciaclamente se
sicnt(· n e lr&lt;·1neci1nirntos sordos y e1nitc vapores, pronósticos des~raciado' que
niucho ten1cmos veremos en este mes . . . Go1nen1:1oro •.. hace lo que está a su
u lrance pnra ganarse la prrsidcncia, hay c¡ uc ec:;coger entre él, Varela y
Ella11ri y aún B11stan1antr, aunque la opinión general de todo lo re~ular de
Jos partidos c:;!'r.i Dn. J o&lt;:é ~Iaría 1 Inñoi: l)ios sube lo que sucederá ... •
(Carta de l uan D. Jackson a Félix f 'rfas, \.[onte\iidco, 7 de frbrero de 1873,
en /Jibliotc ·a .\acronal, E•ucno ,\ ircc:, 1llan11scritos IJ, nº 12.282.)
t

z Cfr.:

!.a Paz, l\Iontcvideo. 27 ele fchrcro ele 1873, nO 566 ; El .Siglo,
~f onlc\ i&lt;lco, 27 de febrero ele 18i3, n9 2178; la Democracia, ~lonte't1deo , 27
J · febrero de 1873, n9 221.

a La prcn.;a principi!-la invitahn al pueblo para la manifestación en
11.pnyn o la candida turn. \luiio1, con c.,tas cxprc ione-.: e "convoca á todos
lo-. habitante de la capital c;jn dic;tinci 'n de naciona lidad ni de extremos
ni de opinionc-. políticas que c;ÍJnpatict!n con 111 candidatura del Dr. José
,l\luríu ~l11ñoz para prcc:iclcnte de la Reptíhlica. Los n1anifestaciones popul ar &lt;'~ ele! Ja clac;e y con el objeto de la que hoy debe efectuarse, son una con1H•c11t•ncia neccc;aria del principio dcn1ocrático de gohcrnar con la opinión
¡nihlieo... Nacílc puede !'cr indiferente ñ la c ric;.jc; política por que atraviesa
&lt;·l poíc: y CJlll' va á resoh·er'&lt;c con 111 clccciíin de pre ~i dente de la República
1•l 1 1 r~"&lt;i1no 19 de marzo... El objeto prin cipal ele 111 manifestación fué
poner d1• manifiesto, hacer r ·i~iblr. y tangible In popularidad de la ca ndi~
duturn clcl Dr. Jo«é l\laría .l\l11ño1. q ue sus necio-. ach·er&lt;iarios ron c;u impo1enci11 pn1 a c•ornbntirlo hlljo r.I punto ele vi-.tn ele c;1111 talentos y virtucle&lt;1, ha n
dacio 1•11 ll111nar candidatura ele fon1ilin... El \Ínico objeto real y poc;itivo
de 111 nt 1nifc•c:tación '1" hny. e" r\ idc•nciar que ~1 voto de la .i\ c:arnblea rec:pondc y re: fie l intérprete de 111 'ol11nt1ul nacional... ,\1 n1i&lt;&gt;rno tiempo

-

65-

�Entre la nómina de los candidatos accesorios - Andrés Lamas, Manuel Herrera y O bes - también figuraba el doctor José
E. Ellauri, quien por su moderación representaba - dentro del
partido colorado - un temperamento equidistante entre Gomensoro y Muñoz. A cierta altura había sido bandera de los candomberos, antes que se pronunciasen por Gomensoro; ahora, sus fluctuantes posibilidades contaban con un corto número de electores
la manifestación de hoy es el mejor desmentido que podemoc; dar á los que
nos atribuyen la ridícula pretensión de querer imponer al paÍ5 nuestras ideas
individuales y nuestras simpatías de familia y de amistad". (Cfr. : El Siglo,
hlontevideo. 27 de febrero de 1873, nQ 2478.}
Comen taba La Democracia al día siguiente de la manifestación: "El
gran meeting de ayer hará época si n duda en la República. Jamás se ha
visto reunión púl&gt;Hca má:, numerosa y e cogida. y en pocas ha resultado
ciertamente mayor espontaneidad y entusiasmo. El comercio tenía en ella
sus mús dignos representantes. los partidos se encontraban allí conf undidos .. . " (Cfr.: La Democracia. I\fontc\'ideo, 28 de febrero de 1873, nQ 222.}
El Siglo apuntaba: ··~Jontevideo entero puede dar de ello fe: jamás
ee ha \Jslo en e ta ciudad, ni en el ca _o de acontecimientos patrióticos una
manife«tación más espontánea, más numero a y en la cual hayan estado
reunidos como ec:ta ' ez lo~ di\'er~o" t•lementos &lt;le esa colectividad que se
llama pueblo. :;\lás de 3000 per--onas e con!!rcgaron en ln plaza pública á
Ja ~ola in\'ilaci6n anónima puhlicacln ta mañana en La Pa:, La Democracia
y este diario •.. '' (Cfr.: El . iglo. l\lont '\'ideo, 28 de febrero de 18i3, n9 2 i79.)
La Po: recogía en s 11 editorial las palabra pronunciadas por ~f uñoz
dc!cl • los balconc de :::u re idencin: "Gobernaré, dijo contestando á uno de
los jÓ\'enes orad ore qu,. le había dirigido la palabra, gobernaré si fuese
~lc\aclo a Ja primera rnagi~ tratura del paí , gobernaré con ti pueblo r por
e/ pueblo" &lt;Cfr.: La /'a:, ~lontevidco, 28 de febrero de 1873, n° 567.)
Oec;pu(.s el~ la derrota, }oi'é !\laría ~luñ oz, en un documento que enaltece
la aust~ridacl ch·ica de su canicter. munife-.taba a c:.u" conciudadanos: "Veri·
Ciencia la elección &lt;le pre iclcnte de 1 Repú hlica dcho á mi conciudadanos
r ol país en g&lt;.•ncrnl 111 manifc-.1oción de mi má alta gratitud por el alto
honor con que ha sido f ª' orcci•lo mi nombr~ por todo. los órgano&gt; de
opinión pública que hon daJo á n1i candidatura la ~ignificaci i" n de la" más
nohlt·s y patriótica&lt;1 a pirncione.3. El poi" no c:c engañaba: yo habría llc\'ado
al J&gt;oJc r l'úhlico el con tingen te de In mó leal y tlecidida voluntad de entrar
de lleno en la era do rcorgnni1..ncivn política y cociaJ que me imponía la
opinión púhlicn. .1\ lo adrer ario d · mi candidatura debo manifc5tarlc3
qn~. rcconocicn•lo ju ticio en Yario" de sus npreciaciont.'" rl' pecto á mis
aptituJe, de hombre púhlico, han c:iclo muy inju to en oponerme una ambi·
ci6n \'U}gar y en negarme lo cualiclod • Je buen ciudadano dispu' to siem·
pre ñ prcstor ñ lo Patrio loe; c:cn icio que ~tón en 11.1 e fera de mis
facuhn1lcc.. l)e las cal11n1nins é in uho5 que e me han dirigido durante la
di!cusión ele mi ca ndidattnn, no h • tomndo nota. Lomentuncin, en mi rol
de ciuda&lt;lnno, que hayan iclo d •fraucloda la" • pcranza"' cfcl paí )' haciendo
por u ícliciclnd, e pero que el Sr. Dir •ctor de La Pa: e ..irva dar
puhlicidnd ú e to lineo en 1•1 pcri6dico que ho ido uno de lo'" primeros
y el mú genuino l rgnno el• lu proclamación &lt;le mi C3ndidotur.:i. Jo~é 1lfa.ria
!il uñnz, ;\f ontc"iilt•o, 5 ele tnor1..o de 1873". (Cfr.: !.a Pa:. ~Jontevirleo, 6 de
n1arzo de 18i3, nO 572.)

'º'º

-

66-

�adictos y con la propaganda de El Siglo, que prohijaba alternativamente su nombre junto al de J osé María Muñoz en una hábil
e~pecu1arión que sin duda le favorecía. "Muñoz ó Ellauri. Ellauri
ó Muñoz·' era la proclama de El Siglo con lo que, sin abandonar
a su candidato favorito - Muñoz - se atraía al grupo de Ellauri
y a los representantes indecisos a quienes se ofrecía así una doble posibilidad de votar contra los netos.
La víspera de la elección presidencial la ~ituación parecía ser
la siguiente: la candidatura Gomensoro, auspiciada por las fracciones netas coloradas y blancaq, también. por imperio de circuns·
tancias, representaba la oposición al princir i~mo y a su ostensible
y temido candidato; el doctor l\1uñoz, unánimemente apoyado
por los conservadores - mera estrategia es la proclamación da
Ellauri por El Siglo - y naciona1istas es. en apariencia, inminente triunfn&lt;lor de la jornada. El doctor Ellauri, que resistía su proclamnción y no aspiraba gobernar. era sostenido por siete electores
adictos y subsidiariamente - como último recurso frente a Gomensoro - por los elementos del principismo colorado.
i o ob~tante, en el mo1nento de proceder a la primera votación rn la Asamblea, Gomcnsoro contó con veintitrés electores,
diez y nue\·e Muñoz y siete Eliauri. Los candorriberos, seguros de
n o conseguir el triunfo de Goinensoro, deciden consumar la derrota &lt;le Muñoz trocando su candidato por Ellauri; así alcanza
éste la mayoría necesaria y resulta electo, inopinadamente, por
treinta votos contra cliez y nueve. 1
1

"{Jno efe )oc; candidatos ele El Siglo, el Dr. Jo&lt;:é E. Ellauri
ha siclo ~·lccto pre~idente constitucional ele la República por una mayoría
de 30 votos contra 19. Los 30 votos han siclo los 23 gomen&lt;:oristas unidos á
Jo~ 7 clt1.111ric;tns que e ic;tcn en Ja A&lt;:an1hlc•a c;cncral. Los 19 votos en
contra hon siclo los 9 reprc&lt;=cntantcc: nacionaJic;tas que sostenían ]a candi·
dntura ~ t uñoz y loe; 10 conscrvadorec; que soc;.tcnían la!'! candidatu ras alter·
nntivas dt• \1uñoz y Ellauri. Este resultado contradictorio, de aparecer el
doctor Ellauri sostenido por suc; ach·erc:arios naturales y de corazón, contra
~U!'I amigo" y correligionarios vcrclodcroc; c:e elche á las evoluciones é intrigas
de últin1a hora. La candidatura Ellauri había -.ido ele hecho eliminada ayer
duronto el día por no ser posible forrnarlc mayoría en el Cuerpo LegisJntivo. En vi&lt;.tas de esto y de Ja rc,.is tcncia públicamente manifestada
del l)r. Ellauri para ser lJevado á Ja prc••dcJcncia de la República, sus
an1igos hicieron converger todos sus trabajos para in1pedir el triunfo do
la candidatura calamitosa de D. Tornás Gomcn&lt;ioro, concurriendo á fortalecer
In dol Dr. I'vluñoz que el país entero aclamaba y que contaba en la Asamblea con un fuerte núcleo de 9 nacionnlic:ta"-. En conc:ecuencia se contrajeron co1npron1isos que una vez contraídos no era po•dble ron1pcr honorable·

-

67 -

•

�El primer sorprendido parece haber sido el propio Ellauri
que no deseaba ni esperaba semejante derivación. En consecuencia, convencido de que su elección no provenía de una voluntad
mayoritaria expresa sino de la imposibilidad de elegir a otro candidato, previendo falta de apoyo en la Asamblea y en la opinión,
presenta su renuncia espontánea el 19 de marzo. 1 Luego, ante el
asedio insistente de una comisión delegada por la Asamblea, acep·
ta el retiro de la renuncia a cambio de su confianza.
Pero el panorama seguía siendo confuso. Los conservadore~ aceptaban a Ellauri a regañadientes y veían, con decepción
mal disimulada, la derrota de Muñoz consumada por los candomber os. 2 Los nacionalistas, fieles a su candidato, desde La Demomente. Cuando los gomensoristas, que habían cantado su triunfo jactan·
ciosamente se convencieron de que estaban perdid os; cuando '\ieron que los
sostenedores de la candidatura J'\f uñoz resistían el cohecho con que se
les quería arrastrar á la candidatura Gomensoro, arm1 nica hasta el último
momento en sus fines y propósitos, cuando '\;eron al fin que las 'ehementes
aspiraciones del país iban á ser colmadas con la presidencia del Dr. ~ [uñoz
echaron á un rincón al Sr. Gomensoro y levantaron la candidatura del
Dr. Ellauri, como una estratagema para obligar á los ellauristas á despr enderqe de los muñozi ~ ta s y llevar á los nacionalistas, por odio á Ellauri,
á la candidatura arruinada de Gomensoro. En momentos de entrar á la
Cámara el Sr. Camino aseguraba á los nacionali .. tas sostenedores de ~Iuño z
que no tenían compromiso alguno por Ellauri y los instaba con la amenaza
del triunfo de éste á que se unieran á los Gomensori~tas garantiéndoles el
tri unfo de la eleccicn. Si los muñozistas hubieran aceptado, el pastel
estaba hecho; los gomensoristas volvían á su candidato de corazón y de
intereses y los ellauristas quedaban burlados y el país ec.taba perdido.
Pero por fortuna los nueve re pre.,.entantes nacionalistas r echazaron la pro·
posición declarando que serían fieles al compromi&lt;10 contraído con los
conservadores para so .. tener la candidatura del Dr. :\Iuñoz y esto desconcertó
los planes siniec.tros y fala ces de los candombero!!. . . .:\ sí es como ha sido
electo el Dr. D. J osé E. Ellauri Presidente de la República, con sincera
alegría de ~u' ad\'er,ario5, por necesidad y de circunc..tancias y con ver·
dadera rabia y dec,perho de sus electores por fuerza ... ,, (Cfr.: La elección
presidencial, en El Siglo, ?\1ontevideo, 4 de marzo de 1873, nO 2.J81.)
1

El Dr. Ellauri dirige un manifiesto al pueblo explicando la situa·

ción : .. Creía yo y creí sinceramente cuando lJcgó á mi noticia que había
1ido electo presidente de la República, que la impotencia de las do' fracciones en que estaba di\idida Ja 1\ c;amblca había impuesto aquella transac·
ci6n de última hora, pero comprendiendo que en esas condiciones mi can·
diclatura no podía representar la voluntad de la mayoría de la .Asamblea
ni contar acaso con el concurqo de la op1n1 n pública, t•lt•vé en el acto
mi renuncia de tan elevado cargo,'. (Cfr.: /1 mi"i conciudadanos &gt;" al paíJ.
en El Si,./o, 1\lontc\iJeo, 4 de marzo de 1873, nO 2481.)
Cfr.: la situación, en El Silllo, \fontevideo, •t de n1arzo de 1873,
n" 2181 y Po 1ciones definidas, en El Siglo, ~lonle\'ideo, 5 de marzo de
'.?

18i3,

nQ 2~8~.

-

68-

�cracia repudian en Ellauri a su tradición d e partido y al elemento
co]orado neto que lo consagraba; por s u parte, los radicales, con
idénticos 1notivos, lanzaban desde La Paz su fogoso anatema contra cJ nu evo gobernantc. 1
1\nte la situación insistentemente adver sa, eleva Ellauri por
segunda vez su renuncia al sentir que a su alrededor se fo rmaba
-según su propia expresión- "un peligroso vacío". Suceden
entonces el desconcierto y el malestar, y ante el g rave ri esgo que
vuelve a plantear dicha renuncia se reiteran desde di\'ersos sectores
las exhortaciones para que el presidente se reci ba en su car go. En
estas ci rcu nstancias se pro duce en la Plaza Constitución un despliegue de fuerzas armadas con la evidente pretensión de in1pedir la
rcnu nc in pre~entada por el doctor Ellauri. U n nuevo r echazo r ecibe
la ncgnti\'a de Ellauri por parte de la Asamblea y el indeciso
el nndor, compelido
a gobern ar, emite un Manifiesto r efiriendo
Jas co ndi cio nes en que aceptó - en esta segunda instancia- la
pi esiclencin.
"Elevé pues, por segunda yez tni r enu ncia -declara Ellauriy ella ha producido una nu eva crisis p olítica que ha alarmado á
todos los ciudadanos bien intencion ados por los p eligros que
dej a cntre\'er y así como antes pude co rnprcnder que me faltaba
conc urso &lt;le opinión ahora tengo la franqueza de confesar que
siento reaccionar la opinión en e] sentido de mi permanencia en
el puesto para el que f uí elegiclo y que \'Uclvo á verme r odeado de
Ja mayoría d e los ciudadanos ruyo ronscjo y apoyo necesito. La
gran mayo ría de tod os los ciudadanos, de todos los cír culos p olíticos 1ne rodea y me exige que retire Ja ren un cia que había elevado
y con10 nlC aperc ibo que en efecto pod rían producirse sucesos graYCS á insistir en ella, he r es uel to retirarla p orqu e no me siento con
bastante coraje para afrontar la respo nsabilidad de los males que
pueden sob r evenir al país.'' 2
I~J dc~plicgue militar en la Plaza Co nstitución revestía, p or s u
inns ita&lt;lo tono coactivo, la g rnv c&lt;la&lt;l de un hcrho sin precedentes.
"Desgraciadamente -observaba El .')iglo en un balance de los
acoutccirn icntos - la intervención de la fuerza armada vino á
ag ravar la situación . Los batallones, que deben estar sumisos
1

Cír.: I a Den1ncracia,

~fontcvitlco,

marzo de 1873; y La Paz,

~Ion­

t r\ iclro. nllll lo de J 073.

z 11 rnis conciudadano~ )' al pflÍs, Jo É E.
lc\ irico, •1 &lt;ll· n1nr:1.o de l8i3, nQ 281 1.

-

69

ELI••\

u1u, en El Siglo, U.1on-

�siempre a la autoridad legal, exigieron que el Presidente retirase
su renuncia." Y agregaba: "Exigir con las armas en la mano un
acto político del presidente de la República, es sublevarse contra
la autoridad del mismo, es infringir la Constitución del Estado,
que es ley suprema, y la ordenanza militar que es ley de ejército" .1
La Asamblea, lesionada en sus fueros, condena desde la bancada
principista la asonada militar y pide Ja jnterpelación del ~Iinistro
de Gobierno. 2 Por primera vez, el Ejército de Línea como expresión de la fuerza armada, surgía en actitud amenazadora en el
escenario de la vida cívica.
Las censuras vertidas en Ja prensa y en la Cámara r evel:iban
los alcances del insólito suceso. El militarismo, que alcanzaría
primacía a la vuelta del motín del 75, había asomado por primera
vez el 2 de marzo de 1873. "El fin no justifica los medios -manifestaba El Siglo-- y lo que hoy se hace con propósitos sanos,
mañana puede emplearc;e con planes atentatorios y crimina!es.
Aceptar el hecho producido el domingo, sería dejar sentado un
precedente funestísimo". 3 Y el órgano principista. columbranrto
las posibles proyecciones del hecho, envol\ ía en su observación
una profética advertencia: "Ayer iban los batallones para obligar
al presidente de la República á que continúe en su puesto. l\Iañana
podrían ir á exigirle que renunciase á él. Emplear Ja fuerza armada
en determinar soluciones políticas que comprenden á los poderes
públicos es siempre peligroso.,, -t
El flamante presidente de la República '·enía a resultar de tal
modo el híbrido saldo de la puja entre lac; fracciones d octrinariag
y n etas. i se miden las consecuenciaq de la elección. el panoratna
no podía c;pr más desalentador para el nuevo jefe del Ejecuti\'o.
Ante los elementos netos el triunfo de Ellauri sólo venía a si!?nificar. en verdad. la derrota de l\luñoz : para los hombree; de principios, Ellnuri constituía el elevado precio pagado por la derrota
l

La situación. en El Siglo,

~lo ntcvideo,

4 de marzo de 1873. n9 2:181.

z Dirigiéndoc;c

a la Cámara decía el Dr. J osé Pedro Ramírez: ºEl
hecho era :,urnamcn te gra\•e; importaba un acto verdaderamente cen~urable,
,·erdadcrornente digno de r cpresi ' n y de co~ ti j!o . .. '' (Cfr.: Diario de Sesione i de la Camnra tic Repretcntnntf'~ de la República Oriental del l 'ru·
guay, t. X\ 111, p. 136 1 l\lontc\'ideo, 1879.)

l.a in:erpclación , en El Siglo, ~Jont e\ ideo, 6 de marzo de 1873,
2183.
3

n9

'4 /

liid.

- -o -

�de Gomensoro. Su tortuosa elección resulta, por ende, de la imposibilidacl material de dirimir por sí - principistas y candomberosel problema presidencial. En este vicio de origen reside su forzosa
inoperancia fu tura. P oco podía prometer el nuevo Presidente
-investido bajo semejantes circunstancias-- en una época en
que aún primaba en la cruda realidad política, un cerrado exclu·
sivismo de partido. Ellauri, al fin de cuentas, no r epresentaba
genuinamente ni al sector candombero, defraudado por la derrota
de Gomensoro, ni al principismo en pleno, pese a la adhesión
que le tributará la fracción conservadora colorada.
P or fuerza de los hechos, los netos de ambas divisas saluda·
han desde su prensa el advenimiento de Ellauri como un triunfo
de su causa, aunque en rigor festejaban la derrota de Muñoz.
En fil as principistas di vergen las opiniones sobre el nuevo magis·
trado. El g rupo consrnador de El Siglo, pese a su reticente
frialdad inicial, salu&lt;la bien pronto en Ellauri el triunfo de los
principios liberales sobre el personalismo y propone el apoyo
incondicional al Ejecutivo corno única garantía de las instilu·
ciones. 1
1 Escribía Pablo De l\[aría en El Siglo el 5 de ma17,o : "Dos opiniones

antagónicas campean entre los hombreCJ de princ1 pi os. Los unos quieren
a han donar al nuevo golnc1 nn y echar -.obre él la rcsponc;abilidad de todas
Jaq calamidndes. Los otros &lt;·st1ín dispuestos á rodearlo y compartir con él la
dirt·c c i ~ n de lo!ó negocios públicos mientras se conc;en e fiel á c;u magn1 f1co
¡1rogrJn1a ele principios. I•1 partido conservador forma resueltamen te en las
fi)nq de estos últirnos .•. Dcr1 r al Dr. Ellauri en el vacío es decretar la
ruina de Ja patria... C1cc1nos que el Dr. Ellauri no ha sido fran co
en •u~ proceden• ; crccn1os que es j11~ tís 1ma Ja censura que guardan n11estr11CJ alrnas par,'\ lo conclucta del correligionario y del an1igo... El Dr.
Ellau1i como homhre. corno nrnigo, corno candidato, podrá merecer quizá
)ui; nHÍ'l ach.:c•rqaq y la" nuís j11Qtaq acuc;acioncs; pero el Dr. Ellauri como
f nn cionario. como aut oruln'I pública tní'rcce nuestro acetnmienlo y nuest ro
conr.urso micntr.1q c11mpln fielmente 511 programa y cjerLa el poder que el
puehlo le ha r.nnfiaclo, dentro ele loe; lí1nitc~ de In juc:tir.ia y In ley ... Ahanclonnndn al Dr. Ellaur i, con1hntiéndolo sisten1útir.an1cnte, har.iendo imposiblo
eu gohir.rno regular y trnnqu1lo c;Ólo una perc;pcctiva se clivi&lt;:a lúgubre y
vergonzosa: 1') r.1 gobierno clt&gt; Don Tom ~\c; Gomcnsoro ó el gobierno de don
P edro Varcla. E.; deci r cuatr o año., d1· dP-"Orden, ele corrupción y de anarq11 Í.i... (Cfr.: l'o~icinne'i rle/initlas. P. D. ~L. en EL Siglo, l\fontcvidco,
5 d1· n1nr:r.o cl1• 187.'l. n9 2 IR2.)
Y en el 111ic:mo ntin1cro, el artículo editorial consigna ha: "Políticamente In qur. no~ rontrnrinha era que &lt;•l Dr. Ellé111ri, que hnstn el l Q rle
rnor:ro fig11rahn al frente flp este diario con10 r.anclidnto á 111 Presidencia
de In RPp1íhJic11, hubiera e: ido ele' ado al pou er por el elemento m1íc; ciec;.
pre ti ~iado dr•l pní•. 'inicnclo pnrn vencer la candidatura clcl Dr. i\fuñoz v
&lt;:on l'llo el ~lc1ncnto sano que la ~oslcn ín. El triunfo del p.1rti&lt;lo per:-onal
ó cando1nbero crn pues negativo; se reducía á ha her in1peclido que triun·

-

71-

�El nacionalismo, sin embargo, defraudado en su candidato
el doctor Muñoz, condena al presidente Ellauri por la fracción
que representa y por el elemento que lo elevara a su cargo. Traduciendo la opinión nacionalista, Agustín de Vedia, años después
y luego del destierro a La Habana, evocaría con estas palabras
la elección de Ellauri: "Hay triunfos que abochornan como hay
derrotas que dignifican". 1
lguahnente la menguada pero combativa fracción radical
expresaba su desafección al Presidente, en quien encamaba la
tradición de las divisas: "Hemos perdido una gran ocasión -decía el editorial de La Paz del 2 de marzo- ha sufrido el país
una inmensa derrota". 2
fa&lt;:e la candidatura del Dr. J\-Iuñoz. . .. Toda&lt;: las dudas que aún pudiesen
abrigarse á este respecto, están desvanecidas en el manifie,.to que el nuevo
Presiden te de la República acaba de dar al pueblo... El Dr. Ellauri se
apresura a declarar al país que no tiene vínculos de ningún género con el
elemento que en fuerza de la necesidad ha concurrido á elevarlo á la
Preqidencia de la República, así como declara también que era la creencia
de que no contaba con el apoyo del elemento inteligente y sano de su
partido, lo que lo inducía á presentar Ja renuncia de su caq:to . . . '' (Cfr.:
La nuei•a situación, en El Siglo, ~Ionte\ideo. 5 de mar?o de 1873, nº 2483.)
Y el diario consenador abría enérgica campaña en suc; páginas, ]a de
apoyo decidido a las nuevas autoridadec;: "El elemento personal está ven·
ciclo. Es Ja gente decente y honorable. ilustrada é intelieente la que
ac:ume la direcci '·n de los destinos públicos ... Por odio al Dr. ~I uñoz "e
han plegado al Dr. Ellauri á quien han combatido ardientemente.. . Accp·
tamos al Dr. Ellauri cualesquiera que hayan sido las circunstancias de
i;u elección; lo aceptamos y rodeamos la autoridad que invic:te no ~ólo por
haber sido uno de nueo:;Lroq candidatoc, c;ino porque llama á su lado á un
ministerio digno y honorable y porque reprecenta de~cie ahora su i:obierno
&lt;"1 impP-rio de las inc:titucione" v c:obre todo, el prprfominio d,.! elemento ~nl)
del paíq ...... " (Cfr.: los sucesos de hoy, en El Siglo. ~lontevideo, 4 de
marzo de 1873, nO 2481.)
1 "E~e

J!T&amp;n movimiento nacional de opini '•n que revict ió tan inequÍ·
vocas manifestacione", había -.eñalado como candidato genuino del puehlo,
á un ciudadano [~fuñoz] que prometía llt&gt;\'ar al poder )' que hubiera lle·
vado sin duda, el contingente de la mác; leal y decidida voluntad en favor
de la reor~aniz.ación económica y política tan imperio&lt;:amente reclamada
por el país. Los elementos adverc;os á ec;a candidatura di\'ididos entre sí
por interesec; y combinaciones puramente per-.onn}e ... ~intiéndo"'e de antemano
Tencidos si no c;e unifican en torno de un candioeto capa7. de conciliar su•
enrontratla"l prctcnc;ioncll: halláronlo al fin. El Dr. D. J o!=é E11n11ri f 11é de·
8 ignado como la entidad máq aparente pnra dar cohec;i¿n á aqut-lloc; elemen·
tos y levnntado i:ohre ece pcdec;tal, alcanzó la victoria ..obre el can?id.a~o d~!
pu P-blo. llay triunfo" que abochornan r.nmo hay dPrrotas que rlu?"Juf1r.a~.
(Cfr.: ,\ca ~TÍ~ DE ' 'EDtA, La deportación a La Habana en la Barca Puig.
cit .• pp. 10 y 11.)
~ ''liemos perdido ... una gran ocasi ' n -&lt;lccía el editorial de

-72-

La Pa.%

�No obstantP, eran dispares las apreciaciones sobre la situación y sobre la per.,.onali&lt;lad ele I~llauri dentro de la comunidad
radical, en CU}O seno las divergencias personales venían cnturhinnclo nquella su hora crepuscular. 1 I...as discrepancias habían
co1ncn1ndo en el fragor de Ja campaña electoral del í2, con las
disidencias entre Carlos l\1nría Ramírez y J osé Pedro \ ·arela.
Ahora, di\•iclido el partido y anulado en ]as urnas de novien1bre
drl 72 a las que no había concurrido, recibe- su golpe de gracia
con In clf'rrota del candidato principista. I ..os agresivos editoriales
clP !.a l'az arreciaron en sus últimos días de existencia. contra el
gobierno ele T•:llauri. "Puedo asegurarle desde ya -decía el director del periódico a José Ma. Castellanos- que La Paz, cuvo
título me pertenece csclusivamentr y cuya dirección no estoy
dispuesto á ahandonar, no sostendrá el gobierno del Dr. Ellauri
pasando bajo las horcas cauclinas ele las far as indignac; que
venin1os presenciando hace tres días.. . trataré de demo~lrarle
que las conveniencias verdaderas del país aconsejan combatir
drl 2 ele n1ar10 - ha 'lt1frido e) paíc; una inrncni;a derrota.'' (Cfr.: Nuestra
derrota, 'n La Pnz, 1\Iontt•vicleo, 2 de n1nrzo ele 1873. n9 S69.)
Jo~I· Pedrn \arela n1anifc taha nclrmás en carta abierta a Joc:é ~[ería
Cnstclluno : ''El gobierno riel Dr. Ellauri c:crá en renlidacl un ~obiemo del
particlo colorado, una adminic:trnción colorada.. . in1potcnte pnra hacer Ja
fclic•irlucl del pníq ••• El gobierno del Dr. Ellauri reanuda ptu•c: la cadena
de l&lt;Jc: gohiemos &lt;l • partido que hubiéramoc; tronchado, tnl ve1. para c;iempre,
r.on PI advenimiento al poder clcl Dr. J\.111ñoz ... [). José i\luría I\luñoz estaba
en f'oncli&lt;'innes ele c:~r 1•l único que hubiera podido inaugurar un ~obirrno
\'.erd11dcra1nente nnr.ional, no só)o por la~ cuolidadcq morales del hombre,
sino i1or c•l conc11r&lt;io q11r. le huhil'ra pre&amp;1tado el pnehlo c·ntero, sin dic::tinción
de C'olorí'C1 ni do partido político". (Cfr.: La l'czz, 1\.lonte\ ideo, 6 de marzo
di' 1873, n9 572.)
Joc:¡é ~faría CaC1tcllanoc; y José Pedro \arela dic:crepahan s11c.tancial·
nu•nte n·spcclo a la actitud a 0&amp;1111nir frente al gobierno ele Ell~uri. "1'o creo
-le clccín Cac::tl'llnno~- que nna prop:iganrla corno Ja que \'el. ha 1n1~iado
fC/\ la que convengn ií lo" intcrc~cs bien entendidoc: el(•] país ni á loe; de la
n@ociacicín ele q111• fonnnmoc. parte ... no creo con Vd. que el Dr. Ellauri
c1t el r •prc-.cntanlc tic In n1ás absurda intrnnc::igcncia de partido, clel más
rcfin11clo t•goÍ"-mo político y de Ja'\ mÚ!\ cc;trecho!\ ulr'lc;, 1 n1e fundo para
no pensar corno Vd. que nueqtro conHÍn arnigo Carlo&lt;J ~laria Rarnírez ó
C nnznln su hr.n11uno ( q111· no tengo prt•scnte t&gt;n t''-te n1omento cual de los dos
hn irln) n1c d1•1·í,1 hncc poco ti •n1po: que cstnhan tan modificadac; las ideas
d1 Elluuri que le hahín oíclo dPcir: estaba convencido que no se podía
lin1•er hucn gohi1•rno ~ino prescindiendo de los nntig110~ particloc; ... Fl Dr.
Fllu11ri no ern 1 cantlidalo del canclombc. el cnnclomhe lo ha ~levado
po1011c \t•Ía pt•nlido c:u cnndidaturn". Concluía Cac;tellanos afirmando que
n J;lla1n i no le unía ningún comprom i"O con }oq elemento~ perc;ono lista5.
(Cfr.: F/ Dr. ]o,é '1/a. Castellanos, en La Paz, Ionte\:Hleo, 3 y 4 de marzo
&lt;lo 1813, n9 570.)
1

-

73 -

�á los gobiernos que se elevan por medios ilícitos ; que no es una
cuestión de personas sino de principios fundamentales la que
entraña la elección del l 9 de Marzo; que el Dr. Ellauri simboliza
la más absurda intransigencia, el más refinado egoísmo político
y las ideas más estrechas". 1
El 15 de marzo, La Paz se despedía de la prensa montevideana, epilogando su segunda y p ostrera época. Paladín del
radicalismo que con un depurado programa doctrinario pretendió
extinguir los partidos tradicionales que eran exacto reflejo de
nuestra realidad, purgó en las urnas de noviembre y en la Asamblea de marzo su inadecuación con las formas prácticas que había
sancionado nuestro avatar político.

La escisión de los grupos principistas del viejo tronco de
los p a rtidos tradicionales h abía recorrido 'a un la rgo camino
entre la P az de Abril y la elección de Ellauri. La prédica doctrin aria, fustigando sin descanso la acción de las fracciones personales, y la reestructuración de los partidos en 1872, puntualizaban
ya las diferencias, de índole y objeto, que separaban a los nuevos
antagonistas. Las ocasionales concesiones del principismo conser·
vador dentro de filas coloradas no pac;ar on de combinaciones
electorales de circunstancias. A comien1os de 1873, de regreso
de su experiencia del Club Libertad, el dia rio doctrinario confesaba: " El s;glo, que en setiembre se e forzaba por mantener al
partido colorado unido bajo Ja bandera de la libertad. convencido
hoy p or la experiencia de la impo _ibilidad de la empresa. rompe
t odo vínculo con las fracciones personales y tremola su bandera
con profun da fe en que a la lar0 a ha de vencer todas las resi~­
tcncias y triunfar de todos lo~ oh táculos··.:?
Ahondadas las diferencias luego de la elección de Ellauri.
que en cierto modo consignaba la mutua derrota de principi, ta•
y netos en cuanto al f raca"o de sus rcspccti\•os candidato,, ~e
opera una definitiva ruptura entre an1ha- fracciones. La escuela
política civili!:tta. duramente aleccionada. ya no \•ol,·erá a confundirse con la~ bandera' de l o~ viejo" partidos. La prensa princi·
pista, que había contribuido clcci ivarncnt e a operar esa mutación,
,s aludaba el hecho como índice auspicioso de nuestra eYolución
Cnrta át Josr. Pedro J'nrt!fn n Jo sé ~In. Ca .. tcl/11no ... El Dr. José 1lfa.
Castellano&lt;r, en La Paz, l\f on le' iclco, 3 r ~ de n1nn:o Je 1873. n9 570.
1

:3

Candidato, en El Sis/o,

~ l ontc\'idco,

-

íl -

l i de enero de 18;3, nº 2138.

�política : "no es cierto que en e(;,ta República la división de partidos sea entre Llancos y colorados. Hoy se dividen los partidos
en principi tas y can&lt;lon1hcros ó en principistas y netos. . . La
transformación ele los partidos está consu1nada. Inútil es negarlo." 1
I~l principismo, en efecto, había inculcado un reno,·ado aliento
&lt;le civismo en nuestra azaro~a convivencia partidaria. Su filosofía política, re.1urnada del liberalismo constitucional y dinamizada por el cj cmplo nortca1nericano, ha trazado un arnplio
prograrna de rC'gencrnción institucional, CU} os frutos tcm prano-::
recoge, a la h11. de su prédica, en ]os albores de unn época de
rccuprrarión ini~iada, bajo su auspicio, desde un régimen de
amplia coexistencia pnrticlnria. "Han cesado las estériles luchas
ele bando~ y los cornbalcs que en notnhre ele intereses raquíticoc;
\ieníamos prescnr.iando desde hace cuarenta años -anota El Siglo- con mengua de la cligniclnd nacional y perjuicio de los
intcrc.scs ele la pntrin. I~s otra luchn más civilizadora, es otro
cornl1alc inñs noble y generoso el que se inicia: In lucha de Ja
dcn1 or.racin -el cornhate en la tribuna pnrlamentnrin . . IJ cmos
1legndo f clizn1cnte á un resultado que hace alóunos año- nos
hubiera pnrcciclo un sueño : á la constitución de una Asamblea
vcrda&lt;lcrarncnlc nacional. porque es aceptada por el paí:; entero,
porque en c1la todos los partido están reprc~entndns.'· 2
En lu Cárnara de Representantes el principismo promoverá
con el ejemplo la pregonada revolución espiritual. 1\l!í se coní uncliriín e onscrvndorcs y nacionnlistns en propósitos y nc;piracion&lt;'s cornunc~, así corno 1nás de unn 'ez e&lt;;trechnrán fil as blancos
y colorados n l'los pnrn cnf renlnr la conlición principistn. 3 "La
1

To~ pnrtidos orienta/e,~. en Ff Siglo, !\lontc,idco, 18 &lt;le octubre de

1873, nn 2662.

2 Prn) celos i111portuntcs. en L'l Siglo, l\[ontevideo, 11. de marzo de
1873, n 9 2190.

n "'1'oclos pocl •mos 1ccortlar lo que aconteció a r.1íz de la Paz de
Abril y nntcs de las clcccio111 "'· En los do ant1ruos p1rt1 lo.,, el blanco y
f•l l'olorndo, se agitnha la a .. pi1aci ·n ñ la nueva vida. ñ la vida de la libertad
y &lt;I~ In cl1•1nocrac.:ia. l º' hon1l11cs qttf' en uno y ot ro p.1r1iclo trahajahnn par a
rt•nli1ur r.sln aspirnci1'1n, trotaron ele inoculada al part1.lo entero ñ que pert nt' tan
,\hí e ttin lac, c::cc::iont•s cclchrncl.1s en &lt;1 Club Libertad y en el
Club Varionul. En 11nn y otro "C redactaron y nprohoron programas liberolcc . J :t' h11cnn&lt;1 idea" cund~n y 1•c::taban .í pu,to Ct" p1c;ar ñ la ptáctica.
Fntonc: ' fné cuando lo" hombre net0&lt;1. recalcitran tes al progrec;o, rebeldes
á la!\ id&lt;'U", prot Hitaron conttn c::io" p1ogresos y ~e separaron viole ntamente

75-

�fuerza de las ideas, la realización de sus aspiraciones llevadas á
la práctica tenían necesariamente que operar esa descomposición
química que hoy se verifica en el cuerpo legislativo separando en
nuevas y distintas capas los elementos homogéneos de uno y otro
p art 1.d o,..l
La experiencia legislativa deslumbró sin duda a los princi·
pistas del 73, empeñados en transformar las bases de nuestro
comportamiento político. En el debate parlamentario se cifraba
el alcance de las incipientes conquistas alcanzadas: "Constatamos
pues, con lo que sucede en el cuerpo legislativo, la era de transform ación y de progre o en que han entrado los partidos políticos
de nuestro país. J\ las luchas armadas suceden las luchas de
principios. á la razón brutal de la fuerza, la fu erza irresistible de
la razón, á la prepotencia del sable, la omnipotencia de la palah ra . . . " ..Al promediar el año 73 ' 'ucl, en a mo\'ilizarse las f ucrzas
políticas que ahora concu rrirán a la elecciones de senadore de
noviembre. La lucha que se anuncia promete asumir, desde la
prensa doctrinaria, •l carácter de una ejemplar contienda cívica.
En su lranscur_o, •l principismo vucl,·e a ~aludar con optimi mo
renovado Jos síntomas del adyenin1icnto de una nue' a época.
"Derrame la opinión por todas parles su 1nanifestaciones. sean
1

de los con cn·odorc y &lt;le los nacionnlLtn•. Entonce de,enterraron su' divi~ ~ de guerra y dij •ron: ¡Nado Je principio ! No otros 'h irnos de
trad1riontJ y de intcrc.scf. Fuero los ut opi tas y lo ide ' logo ! Nosotros
&amp;Orno~ y cremo c:icmµrc blanco . y colorados netos ni más ni mcnoc;. .. Los
con ·nnclor y nncionnJi to pcrmonccicrc)n fi el • ó c;u prograrnac;, Coro·
pararon lo programo y 'i •ron que en t&gt;llo no habín diferencia! u tonciales.
Fueron ñ In Cómurn y in ncucrclo pre\ io c:e •ncontraron \'Otant.lo juntoc:.
Se lrn1 ó de lcgir ca ndiclo10 para In Pr • idencia de lo República y nacio·
nnh to y con cn·aclorca coinciclicron que el mejor cnndidalo era el que
mús fielmente irnboliz:'l ·l rompimiento con Ja trtulir.i6n del tripotoge. Pero
&lt;'orno no "º" pnrtidn pt.".T$Ona/e3; corno :int •ponen lo principio' á ln'I pcrono!'t acolaron la clecci6n de lB ,\ 1nblca v continuaron trabajando con
ahinco pnrn mejorar lo •iluación de la Rr.pública. Entretanto Jo.-. neto~ de
amhn 11i\' i n de t.' 11 radn rlc ,·er que i hicn lograron impedir lo elección
del l)r. ~luñoz no con iguir.ron cictcner el progre&lt;o de la opini ' n ) la mejora
do lo tulmini lraci.Sn rníblicn. mnnr.ontunan u~ e fu .. n:n para a e~11r:1r &lt;iU
mayorí11 ~n el : nndo por medio de 111 pr6:cima clccci · n." (Cfr.: El rglo,
~1onte\• iJco, 23 do octulirc de 1873. nº 2666.)
1

TranJ/ormnci6n ) progreso de /aJ idl'as politicnt, en El
te,idco, 10 de julio de 1873, nO 2581.
2 I bid.

-

76-

r~lo, !\1on-

�la prensa, Ja tribuna, los comicios, las grandes válvulas que sir·
van á expandir el espíritu público y entonces las aspiraciones
encontradas de Jos centros públicos, no estando comprimidas, no
estallarán como antes con estrépito. La lucha en el terreno tran·
quilo de la c.Jcmocracia, marca evidentemente para nue:;tro país
el advenimiento de una nueva época. Son los viejos errores que
se derrumban. on las prácticas, que han hecho, su tiempo, ce·
dicndo su lugar á ideas más patrióticas, y á principios más
nobles. . . Y ya nos parece oir á nuestros hombres práctico3
llamarnos ilusos y tachando de paradojales nuestros Juicios. Pero
cuidado! Los hechos han de demostrar, tarde ó temprano quienes
&amp;on los que sostienen la verdad y quienes los que pagan tributo
á vanas ilusiones". 1
I~ l acerco1nic-nto entre las fracciones principista~ que r ealizan
obra c:onj unta en la Cámara se estrechó acentuadan1cnte durante
el períoclo electoral; en verdad, luego que- el partido conservador
hubo acallado sus entusiasmos por la causa colorada y ante Ja
identidad de miras con que junto a los nacionalistas apreciaban
los problemas del país desde la pren a y la Cámara, "rnía a consurnarsc -de hecho- un entendimiento tácito que n1ancomunaba
a an1hns tendencias doctrinarias bajo una amplia bandera principisto. 2
I ndudablcmcnte, el ejemplo que propone el principic:n10
en 1873 resulta Ja hermo~u concreción de aquel bagaje ideológico
que había presidido su derrotero de 1872. l'uestos a prueba oo
la práctica &lt;le la vida política los principios democráticos de su
dogma, deben consignarse la fecunda lección dictada y la señera
huella que su diaria y sostenida prédica liberal está trazando en
nuest rn nvatnr institucional.
"l'.. ntre dos años"; éste es el título del editorial con que
1

Fl • iglo, f\lontevidco, 17 de ago to de 1873, n9 2612.

2

Cfr.: l os l'artidos, en El Siglo, \lont cvidco. 23 de octubre de 1873,
2666; l'artido~. non1bre~ y á1iisas, C'n El iglo, \1onteviclco, 6 de no\ Ít.Jmhrc ele 1873, n!J 2677: &lt;:a,,didaturas en .'&gt;oriano, en El Sif{lo, l\Iontevideo,
13 ele novicn1lirc de 1873, n9 2683; Cerramos las filas, en El Siglo, ~fonle·
,¡cJc~o. l:l df' no,·icruhre de 1873, n9 2685; 1f ~pcctos de la lucha electoral en
El Sis/o, l\lontcvitlco, 21 ele noviembre ele 1873, n9 2690 · Las eleccione; de
Soriano, en ¡;·¡ Siglo. i\Iontc\ ulco, 27 de novien1brc de iB73, n O 2695 · L~
f'lccr:iones del /Jurazno, en J:ºl Siglo, 'fonlrvideo, 27 de novien1hre de '1873,
n9 269:&gt;: Saluda"io.'i al port•rnrr, en El Siglo, ~[ontc\ ideo, 17 de dicien1hre
de 1873, n9 2711; la Democracia, l\lontc\ ideo, novie1nbre de 1873 todo~ los
.
'
nu111cros.

n9

-

í7 -

�El Sigl() saluda al año 1874 el l 9 de enero. "El año que expira
deja en los límites de la tumba como patrióticas ofrendas todos
los abusos corregidos, todas las conquistas del progreso r ealizadas
ó consumadas en su transcurso. La arbitrariedad substituida por
el imperio de las instituciones, los gobiernos personales, producto
de Ja violencia y de la fu erza, cediendo el puesto á los gobiernos
de principios emanados de la voluntad nacional manifestada en
el ejercicio del derecho de sufragio; el caudillaje prepotente
abatido y derrotado en ambas orillas d el Plata; las ideas de
esclusivismo y de persecución que han sido la semilla de t odas
nuestras r evoluciones y guerras civiles, d ominadas por las ideas
de t olerancia á todas las opiniones y de respeto á todos los derechos, y bajo su influencia los partidos enemigos coexistiendo al
amparo de las instituciones y desarrollando armónicamente su
actividad dentro de la esfera de su derecho sin choques violentos
ni cataclismos políticos. El orden sustituyendo á la anarquía; la
libertad al despotismo; la paz á la guerra civil. La libertad de
la prensa, la libertad de reunión, la libertad de sufragio proscriptas y perseguidas largo tiempo por los gobiernos despóticos,
coronando el edificio de nuestras instituciones políticas y sociales." 1
Una incipiente conciencia ci\ iHsta se ha e:estado al amparo
e influjo de esa bandera cuya acción fecunda. más a11á de la
capital, ha prendido en el interior de la República donde hasta
er no existían más que blancos y colorado". "La idea ha forn1ado una escuela: la escuela ha engendrado el partido. La idea
que le dió 'ida continúa animándole y atrayendo á él nuevos
prose·1·1tos,, . ,,Así se operaba, paulatinamente, sin los renunciamient os utópicos que proponía el radicali'-mo la tran'-Íormación n atural de
Jos partidos tradicionales por aquel "roce silencioso del t iempo
y las ideas'' que anticipara Julio Herrera y O bes. "Los h ombre3

ª'

Entre dos años, en El Siglo, ?\Ion te\ iJeo, 10 de enero de 187 i.
2723.
l

n11

El Si1:/o y el partido principista, en El Siglo, ~l on te,·idco, 21 de
febrero de 187 i, n O 2i62.
2

"1.o hcnnosa r ealidad qne palpomos ahora, era hace al::runo~ años una
utopía, un sueño, una quin1cra. . . Cuán grande" son }o.. rc..ultarlos obte·
nidos! Un mo' imiento \'igoro o de opinión .. e produce en l'l 'cno de lo campaña; Ju prepotencia del caudillage, antes dueño ab,oluto de lo~ dc-.tinos del
paL, se halla. quebrado . .. " (Cfr.: La t·ictoria, en El . glo, ~lonterideo,
16 de diciembre de 1873, n9 2il0.)

78 -

�escépticos y r ecalcitrantes al progreco de las ideas, ... nos decían
cuando empezábamos á predicar estas ideas: 'Vds. se hacen ilu·
siones, no ven las cosas como son en sí; los hechos han de
desvanecer ese rastillo de naipes que están Vds. levantando. La
transformación ele los partidos tradicionales no existe sino en la
fantasía de algunos visionarjos de la Capital. Vayan Vds. á la
campaña y verán que allí no hay principistac;, n ncionali"tas, ni
con ~ervadorcs; hay blancos y colorados con10 los ha habido t oda
la vida, nacla más'. Callamos entonces y esperamos. . . Lo único
que dijimos fué: 'f.stamos persuadidos de que las elecciones no
se van á reñir como ustedes creen entre blancos y colorados;
sino entre princi pistas y 1lan1cn Vds. como rnej or las cuadre á los
aclvcrsnrios ele principios'. . . Jian venido las elecciones y los he·
ch os han confir1nndo plenamente ... nuestras previsiones. No han
sido la:- divisas de la guer ra la bandera de la lucha. Esta se ha
empeñado en un nuevo terreno ... Hoy han sido las luchas entre
l as traclirioncs y los hábitos del pasado y la necesidad y aspira·
cionc-; del presente. &gt;lo se han presentado aún los candidatos
--&lt;:orno se presentarán un &lt;lía- llevando en la mano su programa
po1ítico, claro y definido. Acabamos de ~alir de la guerra civil.
Il nn npnreciclo ya los elementos del nllü\ o período que se inicia
pero aún la !'Íluación eslit en embrión. . . el resultado de las
elccci ones ha dcn1oslrndo que no e;, sólo en la comunidad de
principios y &lt;le doctrinas. E"c es el verdadero la10, el único
'\"Ínculo, lo que f 01 ma y rnantiene hon1ogéneos y compactos los
partidos. Fuera de ahí no hay más que interese~ p~rsonales ... " 1
El ejemplo ele los co1nicios ele noviembre del 73 era evidente,
y el triunfo iclcnlógico que el principismo se atribuía re~ultaba
incuc tionable.
e estaba en el camino más recto hacia los go·
hicrnos emanado" ele la voluntad nacional inediante el ejercicio
del derecho de suf regio.
f,a cxc~pr:ión con/irn1a la regla, en l~'l Siglo, 'lontevidco, 13 de enero
de 107•1, n9 2731.
t•p;tín lu prcnc:a principist.1, lo" netos c:e negaban a reconocer la trans·
fl}rn1ación &lt;111e S&lt;: venía operando en los partidos políticos orientales. Anota
L'/ Siglo: "E-. c:ing11lur lo que acontece en ln e fcrn política. l.oc:; Ór1?anos
clr. los colorntlos y blancos nr.tos como si obedccicc:cn á una n11c,ma con"ip:na
ui1•gun reflucltnnu·ntc la radical trnnsfonnnciún fl\IC ha sufrido Ja divi5ión
y &lt;·la.,ificaci&lt;ín &lt;lo loe:; partidos en la República. Para ello.¡ aquí no hay má4'
&lt;111 • hlanco-; y color111loc:, ·y entre tanto, ello" mismoc:, á despecho de &amp;us
nfirinncionec:;, don ~on "'" conducta t c:timonio de lo contrario. La Tnbunn y
l jn Putrt&lt;J c;r dun la 111ano y comhaten á La f)emocracin l a El Siglo •
(Cfr.: f'l Siglo, l\lont••vi&lt;lco, 6 de OO\Íc:mbre ele 1873, n9 2677.)
1

-79-

�Si bien la pregonada evolución no había jalonado todo el
camino que le asignaba el vehemente entusiasmo del órgano
principista, el año 73 marcaba una etapa de fecundo aprendizaje
civilista : "Las elecciones que eran no hace mucho la acción de
guerra ó un simple movimiento militar dirigido por la voluntad
omnipotente de tal ó cual caudillo, son hoy un acto pacífico de
la vida democrática en que todos los ciudadanos y todos los
partidos se disponen á ejercer un derecho con arreglo á su con·
ciencia libre. . . Prensa libre que ilustra la opinión discutiendo
todos los candidatos; coexistencia pacífica de todos los partidos
y participación de todos ellos en los trabajos electorales ... todo
ello es un triunfo, un gran triunfo de nuestras ideas . . . Son las
doctrinas liberales las que triunfan ... " 1
Fue un período de dura prueba para aquellas doctrinas que
debieron enfrentar a las divisas, pero en su saldo debe anotarse
la saludable experiencia con que los partidos principistas superaron las anacrónicas formas de convivencia política que daban
difuso contorno a nuestro mundo histórico. Fue un año de programas, de discursos, de verbosa dialéctica, de esgrima parlamentaria, mas no por ello el principismo descuidó su presente y
su realidad. Ante su hora, el principismo del 73, que en teoría
proclamara el imperio de la razón y la apoteosis del individuo,
había consagrado en el orden institucional el punto de partida
para la organización definitiva de nuestra estructura democrática.
Su reacondicionamiento del pasado, en función de un presente
vivo que se proyecta hacia el porvenir en una acerada visión de
la realidad nacional, consigna, con cifras definitivas, su fecunda
empresa civilista y su tenaz vocación constructiva.
En la feliz interacción del programa y la obra principista
pudiera definirse el epígrafe que pre ide su derrotero político
de 1873: "Que el pasado es el caudillaje y la guerra civil entre
los partidos tradicionales. El presente es la reconstrucción de los
partidos políticos. Y el porvenir es la vida democrática en toda
su pureza." 2
A specto3 de la lucha electoral, en El Siglo, ~1ontcYideo, 21 de no'fiembre de 1873. n 9 2690.
t

En polémica con El Uruguay el redacotr político de El Siglo escribe : .. Lo que constituye el presen te, Jo que da fisonomía propia á la
época actual. . . lo que explica muchaci aparentes contradicciones é inco nsecuencia.. es el hecho de eqtar~e actualmente elabo rando e:sa profunda
trans(ormach,n. En el&gt;te período chocan las tradiciones con las aspiraciones;
:?

-80-

�Por lo que toca al año 1874 el cuadro político de fuerzas
continúa, en sus grandes líneas, el desarrollo enunciado para el
año antecedente. En el á1nhito de los partidos de principios, con·
servadores y nacionalistas, desde sus respectivos frentes, continúan
mancomunados en su ideal de unificación liberal 1 mientras prolas divisas con las cloc trinas; los antiguos vínculos formados bajo la tienda
de campana, en la p&lt;:rsecución y en el dei;;tierro, con los lazos que espon·
tanean1cntc se forman por la comunidad de aspiraciones, de tendencias y
de prop6.,ito&lt;;. /:,'l Uruguay se obstina en no dar un paso adelante. Quiere
que la&amp; tradi r.ionc~. la identidad de divisa, predominen sobre la identidad
de las doctrinas. Reanima la visión del pasado; quiere apretar los ]azos
que In inconsecuencia política de los que se dicen liberales, sólo por haber
llevado cliviqo. colornda, ha aflojado y relegar á un porvenir remoto lo que
cabalmcnlf' debe c;cr la obra del tiempo presente, combatir las preocupacio·
neq, &lt;lifundir la 'crdnd, aplicar el escalpelo de Ja sana crítica de los partidos y clc•moslrar que no la igualdad de la divisa, sino la 1dentidad do
div1qas hace homogénea y da cohcsi ' n y fuerza á los partidos. El Uruguay.
en su nfán de demostrar que los JiLerales que llevaron divisa blanca y 109
liheralc" de divisa colorada están separados por abi.,mos insalvables. agrupa
habilrncntc tocla'i In~ disidencias c¡ue han surgido hace dos años entre nacionalistnq y conservadores: disiclencias que no prueban más que una cosa
que nosotros hemos rcronocíclo y reconocemos: que aún no ec:.t1í completa
y con~11n1ada la fu sión entre todos los elementos que han de formar el gran
11arti&lt;lo lihr.1 al; que aún cada una de las fracciones no se ha desprendido
rompl&lt;'tnmcnle ele su~ antiguos lnzog, que hay liberales conc;crvadores y Ji.
hcralcs nu&lt;·ionalistos ; en una palabra, que estamos con ..agrado!IJ á la labo·
rioqa tnr&lt;'u ele la reconstrucción de Jos partidos, que es la obra de hoy.
que vhintoc:. en el presente y no en el por11enir. Pero hemos so!ltenido y
11ostcncn10~ que el pnsndo no p11Pde resncitnr. ¿Dónde están hoy, hemos pregun tado, loe; caudiJloq prc•stigio oc. ·;io ¿Quién es el Jefe d el Partido Colorado?
llan dr!ilnpnn·cirlo. Flores y Oribe no han tenido sucesores. Lo'\ anti~uos
pnrtidot1 han queclarlo acéfalo" y tienen que hu!!car s u lazo de uni ón en la
común doc·trina. Y como no hay una doctrina blanca y una doctrina colo·
rada, sino unn doctrina 1ibertul y una tedenc1a á la arbitrariedad, ec;ta
doctrina y cc:;ta tendencia son hoy las que con.,,t1tuyen la verdadera divic;iÓn
de Joq partidos .. .t• (Cfr.: l'asaclo. Presente, Porvenir, en El Siglo, ~fonte•
video, 16 de abril de 187•1, nQ 2895.)
l

,.f.05 hombres ele La Den1ocracia, nacionalistaq, aunque unidos con

los conc;rrvarlorec:; por el círculo de las ideas y de la comunidad de los pro·
p ósitos no forman ~i n embargo, con los hornures de El Siglo una sola y
única ogrupncióJ1. Con«crvadorcc, y nacionalic;tas están destinados, en una
época no remota ú fundir e en un c;Ólo purt1do: el partido liberal; p ero hoy
p or hoy, en el momento que cscribin10~. «1on dos fracciones homo~éneas que
con ..piron á un fin común. ~on "umandoq de,tinados á una 'luma que aún
no está terminada ... º (El Siglo, ~lontevidco, 8 de rnar10 de 1874, n9 2775.)
., Pero, ¿porqué c;e pregunta };/ Uruguay. . . si conservadores y nar ionalic;ta5
profe!'lnn lo" misnios principios no c;e íunJcn en un c;o}o partido '&gt; . . Las
descompo,.irione«1 y agrupaciones de las fra cciones políticas no c;e vcnhcan
con ec.a rapirle1 inc;tantúnea que el colega cree poc;ible, porque ]o-!. partidos
ee componen de dortrinas y de hombre y éstos tienen hábitos y pasione1
que rclurdun el eÍcl to de la ~olución de las ideas. Por eso los fenómenos

-

81-

�siguen ahondándo~e las inconciliables divergencias que les separaban de las fracciones netas. 1
Bajo la vigencia plena de aquella profesión d e fe p olítica
enunciada en los días de su definición doctrinarja, los partidos
de principios, fieles a los programas del 72, proseguían empe·
ñados, en 1874, en la misión emprendida con el auspicio de la
Paz de Abril. "Amurallémonos en los principios, n os decía hace
d os años nuestro tribuno el Dr. Gómez. Amurallémonos en los
principios r epite mi voz débil pero sincera, que este es el medio
más fecundo de servir á la patria. . . Las transacciones sólo pro·
ducen r esultados transitorios. Los triunfos duraderos -sentenciaba el joven r edactor de El Siglo Pablo De-María- sólo se
alcanzan con las armas de la verdad y de la justicia. El que
antes de ahora hubiese hablado así habría sido tachado de utopista. Hoy se reconoce que las paradojas de un día son las
verdades del día siguiente". 2
No obc:;tante el paulatino afincamiento de la prédica princip;sta en nuestras f ormas instituciona1es, el gobierno de Ellauri
e"taba amenazado en el orden material por la estrechez de recursos
que heredara de las administraciones precedentes.
La balanza económica venía acusando -a consecuencia de
Jos movimientos susultorios de la crisis del 68, de los descalabros
de la guerra civil y de la crisis monetaria- un alarmante desequili brio. "Si el crédito del E stado se hall -i ho y debilitado -declar aba
el Ministro de Hacienda a comicn1os de 187·1 débese en primer
lugar ú la Deuda Pública que ab~orbe la mitad ó más de las
r entas gracias á administraciones despilfarradoras y derrochadoras.
á las locuras de muchos, y á lns luchas frecuentes en que hemos
\'Í\'ido. Un país de 4.00.000 habitantes que deduce la mitad de
sus rentas. ó sea, cinco millones de pe5os para el sen ·icio da
d eudas \'iejas. no puede menos de sufri r }3c; consecuencias deplo·
rablcs que estamos sufriendo hoy: agréguec;e el atraso de la
riqueza y de la producción nacional, la fal ta de u11a confianza
políticos requieren siempre ti mpo pnrn producirce y C'co explica Ja aparC"ntc
anomalía que El (} rugua) cnc.uentr 1 '' (Cfr.: .4) cr )' hoy, eu El iglo, l\lon·
tcvidc.•o, 8 de octubre de 1874, n O 2915.)

nº

Cfr.: Entre dos aguas, en El Siglo, ~fontcvideo, 4 de julio de 187 f,
2867.
1

El partido conservador )' la elección pre~itlt!n c iol P. DE ~IARÍA, en
El Siglo, f\lontevideo, 4 de diciembre ele 187 l, n O 299 t
:?

-32-

�perfecta en la ec;tabilidad de ]a paz, la crisis comercial y mone.
taria, la misma oposición que se hace al gobierno y se completará
el cuadro de abatimiento". 1
Las dificultades financieras, acentúan la depresión a que
aludía el ~1inislro en su mensaje de enero de 1874.
El Poder Ejecutivo, ahogado por el déficit y apremiado poT
]as erogaciones del presupuesto, e imposibilitado de lograr nuevos
empréstitos honrosos, propone soluciones de emergencia (venta
del Mercado Viejo y de los cuarteles, economías en el presupuesto,
venta de la deuda pública afecta a la conversión de los billetes
bancarios) bajo forma de proyectos que las cámaras remisas no
sancionan con la premura que la situación reclama. Un hálito
de desconfianza entorpecía las gestiones del gobierno de Ellauri,
cuvns graves peripecias económicas anunciaban un desenlace in·
cierto, pero nnda halagüeño.
El mensa je del Poder Ejecutivo del 15 de febrero consig.
naba: "f..,a situación creada por el progreso sucesivo del déficit ...
cuya influencia sobre la 1narcha general de los negocios de la
industria y el co1ncrcio, no es hoy dudosa para nadie, se hace ya
insoportable; y si ella pudiera prolongarse hasta fin de año, difícil
será prever toda la g ravedad de los peligros con que amenazaría
al país y los conflictos que produciría". 2
Culminaha así la fun esta incidencia del año anterior en las
rcntns nac-ionales. En ] 873 se debió hacer frente a las conse·
cucncias de Ja guerra civil. soportar una calamitosa crisis monetnrin y padecrr una epidemia que complementó el descalabro con
In con iguienl&lt;.' restricción corncrcinl. 3
La ficticia prosperidad que había inmediatamente sucedido
a la Paz de Abril con confiadas in\ ersiones de valores y auge
general ele los negocios, al amparo ele una confianza ilimitada
en la paz y In coparticipación de los partidos, se detiene brusca·
niente en 187i1.. J..a aguda crisis comercial de ese año acusó, con
creces. las ruino~n~ con~ecucncias de aquella inflación que en el
graficis1no de l~cl unrdo Accvc&lt;lo se traducía como "fiebre de los
l

Ernr nno ,\ c;F.\'J.DO, Notns y Apuntes. Contribur1ón. al Estudio de la

l/1&lt;:toria

Ec.011tí111ir.o y

Finan riera de la Rcptíblica Oriental del Uruguay.

t. J, p. 252, !\loutcvidco, 1903.
2

1lfcnsajt del /'odcr Ejecutil'o, Iontevicleo, 15 de febrero de 1874, en
EouAnoo ' Cl.\l L&gt;O, 1\'otas y Apunte&lt;:, etc., cit., t. J, p. 272.
3

l úid.

-

83 -

�•

•

n~goc1os en u~ org~n1s~o profundamente debilitado". 1 Los pre-

cio~ ah~ra ba1an, d1sm1nuyen las importaciones y se extrema la

reticencia del mercado. 2 El pánico sucede al optimismo, la re·
tracción a la expansión, y desde allí -lo que es más grave
el
malestar se proyecta hacia el gobierno, blanco eterno de t odos
los descontentos. "Languidece el comercio -decía El Siglo al
e sbozar las líneas generales de la situación- escasea el metálico ;
los bancos no prestan; decaen los negocios y se siente paraliza·
ción y malestar. Y como consecuencia de este estado de cosas
se alza un. clamor de queja y descontento y en vez de buscar las
causas de la p en osa situación que atravesamos se acusa á los
Poderes Públicos y con especialidad al Ejecutivo porque no p one
r emedio con unos cuantos decretos que hagan afluir el numerario,
renacer Ja confianza y el crédito.'' 3 Las calamidades agropecuaria , en fin. con mortandad de haciendas y pérdida de cosechas, complementan el cuadro sombrí o que antecede y, en cierto
modo pre figura, el cisma político con que se inicia el año terrible

&lt;le l 8i5. "'
Fracasado el empréstito que se había intentado negociar en
L ondres, por s us des\·entajosas condiciones (~1isión P érez Goma r·
Bustamante), malogrados los proyectos discutidos en la Cámara
durnnle el período an terior y menguadas las r entas nacionales por
lo .. recto de In cri::i comercial, el Ejecutivo se ' e abocado a una
inminente bancarrota.
1~11nu ri encom ienda el Iini_terio ele llacienda al doctor Pe~r.o
Bu tamnntc, antiguo ministro &lt;le Batlle en los albores ~e la cr1~1s
del 68. El flamante ministro recibía la cartera en s~t1en1hre s1.n
f ondo en ln T esorería ni recursos para arbitrarlos, ~ fin de. cu.br1r
lo ga.,tos del pr c:u puec:to de los dos meses antenores ( 1ul10 Y
to ) . \ Tcnci ndo dificultades de toda índole pudo abonarse
0 0
el remanente. Pero continuaba en pie el problen1a de los mcc;es
l

/ bid.,

l.

JI.

p. 210.

: /bid.
a f.'/ Sigl&lt;&gt;, l\font~' ideo. 30 &lt;le oso lo de 1871, n9 2913 .
., " "'cgtín una comieilln e pecinl 'le In que forman parte
~cñore!
Domingo (] rdoñnnn Lu cn llcrrcro y Oh. ' . Enrique .Artaga,·ey~1n. d~lll87;
1 87.1~ Jo riquC7Jl• ogropccnnrin uf ri6 uno mortandad de se1:;. ~· on~
ª
.
el
l
illon y medio de 'nea · temeros ) caen m 1
,d:. ~:e'º. :o~~f1oe:°. .' '1~ ::'ce snrio ogrcgor que en 1874 E~ pcr~it&gt;rod.
tor- lnt n&amp;,r. la! 0 cho J mnh: · trigo o,;olundn n un '!ullón me ~o1 i)
( r - En noo \ CE\ll&gt;O J\'otas y Apunles, etc., crt., t. 11. P· - •

!º'

cds!

JlC O!.

r ·: '

J

'

-

S.1 -

�subsiguientes. Improbos esfuerzos cumplió el mi?istro Bustaman~e
con miras a Ja salvación económica del gobierno de Ella un;
empero, todas sus gestiones, más o menos viables en principio,
epilogaron en el fracaso.
El Ejecutivo convoca a la Asamblea General para un período
extraordinario haciendo presente en el l\1ensaje la imposter gable
necesidad de- procurar recursos para cubrir el déficit y establecer
un cierto equilibrio entre los egrec:.os e ingresos en los últimos
meses del año en curso. No obstante se cierra el año 1874 con
un déficit de S 3.632.000.
!'ara los enemigos del principismo y los Dulcamaras p olíticos
la a1arosa coyuntura sr·ñalaba oportunidad, por demás propicia,
ele procesar al gobierno doctrinario. A la sombra de la crisis,
especulando con la opinión dec.concertada y la iner cia de Ellauri,
ec armaba entre tanto el bra10 de la reacción que una vez más
volvciía a cuestionar la vigencia de las instituciones liberales.
I~n la pertinaz oposición de las fracciones netas - m ás quo
oposición obstrucción- con la que cerraban el paso a las providen cias del Ejecutivo, hiPn pudiera caber el designio de perder
al gobierno del doctor Ellauri. A principios de 1875 rl asesinato
de l{omunldo Castillo configuraba, en un gran sector de la opi·
nión pública, un concluyente an ticipo de Ja anunciada conspiración
que se cernía sobre el pnís. J,a prensa opositora, desde La Tribuna, El c·ruguay, lJ&lt;L Patria y tarnhién - aunque con otras miru - ele ele !Ja /)ernocracia y [Ja le/ea, vapuleaba sistemá ticamente
ni régi rncn snhrayanclo su iner cia, su inadecuación a la r ealidad,
y su ineptitud frent e a la cri~is econón1ica. A la campaña perioclísLicn se sumaba In cerrada oposición &lt;¡ue cu rn plía en la Cámara
In han rn clu neta , condenando de plano las soluciones que frente al
nng ustioc;o problen1a er.onón1ico arbitraba el Poder Ejecutivo.
l~llnu1 i, en &lt;'fccto. p1 c.;enta al T'arlarn&lt;'nto dos proyrrtos de ernic;ión
111enor po r Joq Bancos en un plnzo de once añ os, n1ediante el adelnnlo ni J~stnclo de clos millones de pesoq en or o c;cllado a cambio
ele l ít u los ele dcudn pl'1blicn. l ,a mayoría ca1ulombera desecha ec;te
crilc1 io y vuelve a insi"tir en la emisión p or la Junta de Crédito
J&gt;úhlico que con cl cn~1ha el principismo y que, por otra parte, no
r •stilt nha como solución inmPcl inta.
En el clin1n c1c violencia que margina aquellos últimos &lt;lías
del régin1rn el doctor P edro Bustamante as ume, en nombre del
priucipismo doctrinario y desde s u investidura mini,terial, la
defensa del proyecto del Poder Ejecutivo frente a la indiferencia

-

85-

�hostil o la intransigencia agresiva de la bancada de la izquierda. 1
En su incisivo discurso denuncia las maniobras de la mayoría
personalista de la Cámara contra el P oder Ej ecutivo, y el ímpetu
avasallante de esa facción, que a esa altura, ya no trepida en
"imponer los ministros al P oder Ej ecutivo". Escéptico en cuanto
al principio de la emisión menor - al que se opone en teoríaBustamante le sostiene ahora a todo trance cual obligada tran·
sacción con la realidad. Luego de demostrar la necesidad del
proyecto como imposición de circunstancias mide, con alcance de
profecía, el destino que aguarda al tambaleante go bierno : ' 'Quiero
suponer, señor Presidente, que esta hipótesis va á realizarse ; que
el proyecto del P oder Ejecut ivo va á ser desechado, y que el
proyecto de la minoría de la comisión va á ser sancion ado. ¿ Qué
suerte le queda á este proyecto? Y me intereso, señor Pres idente,
doblemente por ello porq ue podría también preguntar: ¿Qué
suerte le queda al P oder E jecutivo? .. . ¿Cuál va á ser la sit uación del Gobierno? Desechado el proyecto del P oder Ejecutivo
(sancionado por el Senado) por la Cámara de Representantes
-desechado el proyecto de la Cámara de Representantes por el
honorable Senado, ¿ qué queda? . .. Nada. Y si queda nada, qué
viene ? . .. Creo que vale la pena pensar en eso un poco. Est a si·
tuación es ya sin n ombre ; será una situación sin remedio cons·
titucional . .. "2
La severa diagnosis del estado político y financiero de la
República que traza P edro Bustamante, envuelve el último alegato
del principismo, aferrado al gobierno de Ellauri . No se defiende
al doctor Ellauri en su persona: se pretende impedir la caída de
un gobiern o nacional que, pese a liinitaciones y defectos
esen·
constitu ye una garantía del régimen
cia de su misma índole
ci\i i1ista.
El rechazo del proyecto de emisión menor vino a confirmar
así l a bancarrota del gobierno. En la Cámar a, baluarte de las
jornadas doctrinarias del 73, se decide sin duda el destino de
nuestra Gironda. Exhausto el P oder Ejecul i'&gt;'o, la negativa a su
últi mo rccun,o venía . pues. a itn plicar su virtual cesantía.
El Siglo, avizorando la crucial alternativa abría un interro·
1

Así denominada en razón de su ubicaci ón en la Sala de Se;;iones.

La últtma batalla polí tica y finan ciera del go·
bi1:rno del Dr. Ellauri. Páginas Olt·idadas, en Retiista JVacional n9 146.
p. 296.
2

Pr.ono Bu

TArtt A:'iTE,

-86-

�gante por demás elocuente: "Rechazando en general la Cámara
de Representantes el proyecto del cnado, ha declarado que no
quiere ocuparse del asunto, es decir, ha declarado que no qt;iere
dar r ecursos al Poder Ejecutivo. ¿Que vendrá de esta situación?" 1
La agonía econórnica del régimen, se proyecta sobre la armazón
vital de las instituciones. Ante la indigencia total de recursos, se
desquiciaban los resortes de la Adn1inistración, cuestionándose de
nuevo ]as conquistas que el civilismo había empeñosamente con·
sagrado.
Con los sucesos que marginan la primera quincena de enero
de 1875 se abrevia, en rápido trán1ite, la sentencia del proceso
principi ta. Los incidentes electorales del 1° de enero y la san·
gricnta j ornada del 10, no hacen sino precipitar -como concurrentes violentos- el oscuro desenlace que había pre\ isto el
doctor Bustamante. 2
l~n los prolegómenos clel l\.lotín, el principis1no, por encima
de e~cisiones pasajeras, vuelve a presentar un frente único de
lu rha a los grupos netos que se disponen a avasallarlo. El Siglo,
[.,a /)e111ocracia y La. Idea aglutinan una vez más a conservadores,
nacionalistas y radicales. J
!.a cuestión
3020.
1

n9

recurso .~.

en El Siglo, \tontcvideo, 8 de enero de 18i5,

Cfr.: rontocatoria, en El Siglo, fontcvideo, 3 de enero de 1875,
nQ 3017; La elecciorl- de Alcahle Ordinario y /Je/en .~ or de Alenores, en El
Siglo, \lontrv1deo, 3 de enero de&gt; 1875, n9 3017; llabltos democráticos, en
/:,[ ."}1glo, ~1011tevideo, 3 de enero de 1875, nQ 3017 ~ Logica de los sucesos,
en Fl .'ligio, \lontcvideo, 5 de enr.ro de 1875, n9 3018~ A las urnas, en
L'l • iglo, ~lnntcv1deo, 5 de enero de 1875, n9 3018: L11 prueba de hoy, en
f·,'l Siglo, l\1ontevidco, 6 de enero dr: 1875. nQ 3019; Al Pueblo, en El Siglo,
.1\1ontcvideo, 6 de enero de 1875, n O 3019; E'l gran 1niting del ntiércoles. en
L'f Siglo, lontevidco, 8 de enero de 1875, n'&gt; 3020; t ll pueblo, en El Siglo,
lonrcvidt·o, 9 de enero de 1875, n9 302 J : Al pueblo, en El iglo, Jonte\ ideo,
10 tic ~ncro rlc 1875. n9 3022: Al nueb/o, en E.·1 .~1glo, ~lontcvideo, 12 de
f'ncro ,Je 1875, nQ 3023; La Democracia, ~1onte\ulco, 11 de enero de 1875 ;
JuA:-. E. Pl\1J,t. DF:vo10, llistoria de los partidos politicos, etc., cit., t. II.
2

a EJ 6 de enero tic·ne lugar la reunión de la Barrara Eolo, a la que
concurril'rnn - st&gt;gÚn El Siglo- más d1• 500 pcr,onas " lilitares y simpleci ciudnclunos; hornbreci &lt;le todo" los partido-. sin abdicar de sus respec·
llvaci conviccioneq tH' encontraban allí trlt•ntifirados con la grandio.,a idea
de dc•Ícndt•r la libertad electoral... o se trataba de pactos ni de liga.:, ni
ele f 11,.ionc~ ni de bastardos acomodanucntu-. personal e"... No se cxijía á
ningún (' iuclnclano que abdicase de sus conv1rc1one"... ¡ o! Eran homhrrs
y no m1iq11inaci 10&lt;:1 que e.e reunían. Eran c11ulodonos 1ihre~ é independiente~
y no in"lrumcntc1" t:iegos qjn volunracl lo" que .. e asociaban para llevar á
C'abo Ju nui~ grnnJioi;a obra de civi ... mo de 111 época actual. l\brió la reunión

-

87 -

�Vive Montevideo en un clima de zozobra cuya caldeada atmósfera tiñe de subida violencia la simple elección de Alcalde
Ordinario y Defensor de Menores. En ocasión del acto va a librarse el encuentro entre las fracci ones personalistas mancomunadas y los partidos de principios unidos ante la emergencia. Está
en cuestión por entonces la vigencia del sistema que ha postulado
nuestro liberalismo doctrinario, así como el ensayo de convivencia
política, de garantías individuales, y de libertad e]ectoral planteado a partir de la Paz de Abril. "No es cuestión de blancos y
colorados, subraya El Siglo, no es cuestión de partidos lo que va
a debatirse, los que proclaman lo contrario falsean a sabiendas
la verdad ... Se trata de una cuestión puramente social." 1
Los actos del 15 de enero vuelven a introducir una nueva
fisura en nuestro proceso histórico. El civilismo sufre una de sus
más sonadas derrotas. aunque su consagración es ya previsible.
Pese a las persecuciones, a la r eclusión y al destierro, "el vuelo
de la idea" no se ha detenido. El fecundo rimero ideológico que
ha legado el principi&lt;;mo a nuestra gesta política animará el espíritu cívico desde la Revolución Tricolor, el bregar del Con"titucionalismo, la r ebelión del Quebracho y volYerá tras su destino
--een 1890- con el gobierno civilista del doctor Julio rlerrera
y Obcs.
Entre tanto, los partidos personales habían definido. por el
momento a su fav or, la cric; is del 75. pero en pago de su cuestionable victoria surgía, encaramada con la activa colaboración del
Ejército &lt;le Línea. una nueva fu erza que imprimirá su deprimente
sello a nueslra e' olución institucional.
el Dr. Oupont, redactor de La Idea... El Dr. ~luño1.. como Pr~ ..identc
abrió el acto interpretando en su aplaurlido di:,cur.. o lac. ideas y lo~ le•·
timientos que animuhan á todo Jos ciudaclanoco congregado-.. ll icieron o-snceshamt•ntc de Ja palabra los 5eñorcc.. \ gu,tín de \'celia, Dr. D. Pablo De
~[aría, 1). Anc.elmo ))upont, Dr. Jo.. t• \ .1zquez ..,aga ... lun1c, 1). Eduardo Floree:,
y el Dr. Julio Ilerrcra y Ohc ... LI r Alfredo Ca .. tt•llono" le. ·ó una carta
del Cdtc. Pc•rccla. . . Loi; concurrcntt:c. nombraron por aclamación en medio
de una c:al \ 11 de entn instas apl::iuc;os la comi .. ión encargada de prc .. idir }r s
lruhajos t'n la qur f'Alnban ronfunclido elemento .. de ta .. trc~ fraccioncc: prin·
cipistus: Dr. J.,:i&lt;' ~fa. \tuñoz, Dr. ,\ gn,tín cJe \ Tt.&gt;clio, D. Eduardo FJorec,
TtC'. Coronel E. Pt•reda, l)r Juan JO'-é ele 1lcrrcra, Dr. A urcliano Rodríguez,
'i. 1\nt onio \ 11lalbn, I&gt;. Rufino G11rn1éncle1, Dr. 11 éctor García " ' ick .•. ••
CCfr.: F:l ¡.;rnn miting del miércoles, en El S r;:lo. ~lontc\· idco, 8 de enero
de 1875, nº 3020.)
0

l

¡ .11 las urn as! , en El Siglo.

-

~f on tc'

88 -

ideo, 5 &lt;le cnt·ro de 1875, nº 3018.

�CAPÍTULO

I~ fJ PRi i~CII&gt;ISi\10

III

DOCTRINARIO

��SUMARIO:

Concepción filo~ófica. Filiación:

eqpiritualismo ecléctico;

for-

1

n1ación: AleJO \ i1Jegas. J.. uis J osé de la P eña, P lácido Ellauri.
- Concepción del mundo y Ja vida: on1nipotencia del individuo;
Jibrcpcnqam1ento racionaJic;ta; moral e ívica
- Filosofía política:
filiaci ón: Ja ideología liberal de Con!'tant, Tocqueville, Lahoulaye; influencias del constitucionahcmo an~Joc;aj&lt;ln: Hamilton,
Jlla ckstone, Price, tory. Teoría del individuo: derechos y
garantías indhidualcci. - Concepción del Estado.

I..a gcn~rarión principista del 72 - tribuno , parlamentarios,
I1ornhres públicos, periodistas- procedía de un común cuño
r.c:prrulativo. "Esencialmente liheralcs y r evolucionarios" -al decir de Julio llerrera y Ohcs- el temple &lt;le su vida pública y de
su moral cívica responde invariablemente al rulto de ciertos principios que, en su ulterior instancia, drqcmhocan en un cerrado
rrrclo de fundamento espiritualista. Sr hace pues materia previa
el clelinC'amiento de las f r ontcras y perfiles de ese espiritualismo
en cuya enl raña se modulan y definen los postulados principistas.
Bojo rl mic:mo d eno tninoclor filosófico se sustentan su acenclrndo rulto de la libertad y la razón. su fe dogtnática en aquellos
inílcxibles principios y los ríg idos márgenes de un in&lt;lividualismo,
en cuyas coordenadas se inscriben una teoría política y econó1nirn -y su conexa pro} ección gocial-, un deísmo racionalista
en religión, y, una concepción &lt;lcl nlunclo y ele la vida, en última
in~tnncin rornántica.

El e&lt;:piritualisrno ecléctico con~lituye la filiaci ón primera del
principisn10 ren1itida incucstionabJemrnte al pensamiento francés
&lt;le la tc1nprnna n1ita&lt;l del siglo X1X. Su insistente gravitació 1
y su frcunclo germen obligan, si no a un anñlisis pormenorizado
1

1

-nquí ocioso- a un somero trazado de su índole y su proyecC'ion, nl rnrnos para ubicar su dingrnma ideológ ico con miras a un
posterior cotejo 'nlorativo que permita estiinar la correlación y
&lt;'01 rcsponclcnciu de los vínculos.

-

91

�•

El eclecticismo francés, fundado sobre una metafísica espi·
ritualista, intenta desde el obj eto individual
espíritutras·
c::ender hacia los objetos universales - Dios, Alma, Natura lezamediante procedimientos inductivos. Ligado estrechamente a las
vicisitudes histórica s en que desenvolvió su desti no, el espiritua·
lismo ecléctico encarna la reacción frente al desborde r evolucio·
nario que, desde la Ilustración a la I deología, amenazaba al
pensamiento fran cés al prologar se la Restauración bor bónica.
Divorciado de los extravíos de la apología absolutista que preconiza ba la escuela monárqu ico-tradicional, y equidistante entre
D estutt de Tracy y de Maistre, el eclecticismo p rocuraba, ha jo
el influjo del idealismo alemán y la escuela ec;cocesa, armonizar
las dispersas di recciones en cuyos enmarañados senderos t ransit aba el pensamiento filosófico francés desde comienzo del siglo XIX.
E l derrotero filosótfico del espiritualismo ecléctico puede
j alonarse desde el método analítico de Laromiguiere hasta la
ontología r acional de Cousin. Su consagración oficial en tiempos
de Luis Felipe --como distintivo filosófico y también político del
r égimen -le per mitió aglutinar y, en cierto modo. monopolizar
de h echo, los cánones intelectuales del período orleani ta.
F ilosofía oficial, su vigencia no trascendió la casa de Orléans.
Sus giros panteístas y sus expresas indefiniciones comienzan a
p rivarle, de modo visible luego del 48. de la adhesión ciega con
q ue contaba, para ser paulatinamente desplazado en casi todos
los órdenes por la S\'asallante corriente de las posiciones natur alistas.
Fué entonces, por aquella su hora feliz, cuando la escuela de
Cousin hizo pie en el Río de la Plata. Por esa época en los albo·
r es de nuestra 'ida in titucional. aún gravitaba en nuestro incipiente mundo intelectual la cosmo\'isión escolástica. legado del
pasado hispánico que \'i,·ía en nuestras for111as mentales sin re.-..ignar ~e a ser a imilado hi tóri camente como tal. o bien, con las
palabras favoritas de llcgel, sin decidir:,e a consumar su rcali·
zación dialéctica .
Bajo los au picio de su apóstole:, liberales. c1nergía el cspi·
riluaJis1110 en el Río de la Plata en circunstancias históricas por
demás oportunas.
Buenos 1\ircs vivía al influjo e{erYescente de las idea~ poli-

- 92 -

�ticas y filo óficas del viejo mundo a cuyo ampa ro la juventud
ilustrada procuraba cohonestar el poder creciente del g rupo r osista. Su espíritu, que alentaba en el efímero y granado Salón
Literario, r ecluído en las asociaciones secretas, fu e empujado
luego al exilio, ante los fundados recelos federales. Montevideo,
obligado refu g io, recibió la pléyade de la emigración porteña.
Nutrido y rlic;par era su bagaje ideológico: Saint imon, Lamen·
neis, F ouricr, Co usin, resabios de la Enciclopedia y la Ideología,
liberalismo doctrinario de Constant; todo vertido en el ag ua·
f uertc de un r oinanticismo de acento avasa1lante que aún pregonaba los últin1 os ecos ele la épica batalla del 11ernani.
I,Ja emigración del 37, fecunda generación r ománti ca, "que
se escondía cu s us libros europeos a estudiar en secreto" --como
evoc-a . a rrnicnt o- introdu cía con los Cané, los Alberdi y los
~Titr e un estírnul o liberal, r enovado r cuanto vivificante, en aqu el
Montevideo qu e aún n1iraba a la Colonia. l Jn en1igrado argentino, Alejo Villega~, en los días de Ja proc:cripción, había incorporado la orientación ecléctica n Ja cátedra de filosofía de la
Casa ele Es/tulios Ge11e1alcs. 1 El auge, efímero por cierto, con
que tl'-'omaba el ansimonismo, detiene y retarda - sensiblemente
.a pnrtir de El l niciarlor ( 1838) - la asimilación del eclecticismo
a nuestro nicdio, consngi-nclo de 1nodo &lt;lcfiniti"o en la Cátedra
de Don Plácido Ellauri.
El obligado parén tesis que ah1 e la Guerra Grande a aquellas
incipicutes inr1uieludes nrrastra al conflicto a los hon1b r es de la
Defensa y del Cerrito que deben hacer la guerra desde el campo
de b ntn ll n con las arrnns. o con la hoja periodística. in embargo,
no ~e cclip a ha ta el oraso el pcnsa1nienlo doctrinario. Los ecos
del t irncro ideológico &lt;lcl 37 estin1 ul an nuc\•as inquietudes. P or
oh1n ele los hechos, las e trechas \'incu lacion de la plaza sitiada
con lns potcncins curopras pern1iticron acrisolar. tras los muros
d e In Nueva Troyrr. un polifacéticlo pris111a de opiniones y cor1 icntcs del rnÚ!'\ ' a1indo cuíio. i\:lonteviclco, amparo de la prosc 1 ipción ro ii;;ta. íue U'-Ín1is1no. en función ele las alianzas políticas
d e In h ora. e •11tro pcrrncnhle y receptivo frente a las corriente~ ,
preÍ&lt;' l'Cnlc111cnlc íranccsn&lt;1, de in"pirnción libcrnl. 'lo faltaba quizá
razón nl r esentido gaceti llero federal cuando. a su modo, satirizaba
1 An1uno ,\no.\ O, E~piritualismo y Posituismo en el Uruguay, Filosofí~
u11it•crsitarias cu la scguflcla 111itad del siglo 1Y.. IX. p. 26, i\féxico 1950.

-93 -

�a la capital oriental convertida por entonces "en un extraño
museo". 1
Al promediar el conflicto, el clima espiritual montevideano
acusa nuevas incidencias. En 1847, el Gimnasio instituído por
el argentino Luis J osé de la Peña es oficializado como Gimnasio
Nacional. 2 Desde sus aulas, como luego desde la cátedra de filo·
sofía de la Universidad a partir de 1849, de la Peña comenza~
a difundir el espiritualismo ecléctico, estimulado con la adopción
del manual de Géruzez como texto oficial. 3 Su discípulo Plácido
Ellauri le sustituye en la cátedra universitaria desde la cual, du.
rante casi cuatro décadas (1852-1888) . se erige en maestro. apóstol ejemplar y figura venerable de nuestro espiritualismo ecléc·
tico. La docencia de Don Plácido Ellauri - numen filosófi co de
la generación del í3- significó un singular estímulo ideológico.
La orientación escolástica, que como herencia colonial aun
acusaba vigencia, 4 es obj eto de severa revisión crítica bajo la luz
del espiritualismo racionalista. al comienzo de la segunda mitad
del siglo . IX. 6 En fin . en el magisterio de Plácido Ellauri c;e
define fil osóficamente nuestro principismo. Los fundamentos de
su moral cívica. su devoc ión por las libertades individuales. su
culto de la razón t odopoder oc;a r econocen un último poc;tulado
que descansa en el individualic:.mo de la ontología espiritualista.
Ya no sólo la prédica ex-cát edra sino también el vivo ejemplo de
Don Plácido Ellauri arraigaron en la j U\'entud que pac:aba por
su aula. "Formó una escuela li beral. no imponiendo autoritarial

• •• • • • •• • • • • •• • ••• •

• • • • • • • • • • • •

••

Quien quiera hablar en francés
En Catalán. Vaccongado
Todo idioma arrcvec;ado
•
Y que no ~epa quien e~
) hal1ar..e en un cntrcn1éO en un e::&lt; traño muc;eo
J ª&gt;ª hoy a ilfon tetrfrleo
T,t.trilla Federal, en Cancionero del tiempo de R osas, p. 29, Buenos
Aire", 1911 .
2 i\RTIJRO

.AnD ..\O, Espiritualismo )' Positit ismo en el Uruguay,

etc~ cit~

pp. 21, 29 )' 30.
3

/bid.

" I bit!.

Cabe con11ignaT que en nuf'Qtro poí el coloniaje -como coordenada
c11ltur.1l- no hul&gt;ia arraigado profundamente; por ello, no llc~ando a eri·
gir e romo canon e piri tual. su .. rc ~ ouio"&gt; f ucron .. uperado y º"imiloJo:» !in
pena a partir de la Unhcr iJad.
6

94. -

�mente una doctrina -escribía Sansón Carra.seo- sino inculcándola con la prédica y el cjrn1plo, haciendo del aula que regenteaba
una cátedra libre en la que la controversia no tenía vallas". 1
Juan Carlos Blanco, principic;ta de nota, diría e\ocando al maestro
en la hora póstuma: ""fo no he visto, señore~, ni en Bain, ni
Spenccr, ni Stuart Mili, ni en ninguno de Jos grandes pensadores
que siguieron al eclecticisrno, yo no he visto infundir e~c concepto
de la pcrc;onalidad humana, de la fuerza de las ideas, de la propia
autonomía, como lo infundía con su palabra y con su ejemplo
el dorlor Plácido Ellauri. l\ilás que eruditos y enciclopédicos
elaboraba espíritus el doctor Ellauri, formaba ciudadanos, formaba cararterc templánclolos con el fuego de los grandes ideales.
He ahí nuestra deuda dc- gratitud, la deuda de tres generaciones
ele estudiantes. I~a filosofía ha podido cambiar, como cambia
el pensamiento huinano, pero la fe en la libertad, en las convic·
ciones austeros, en el poder de la voluntad, pero ese fermento
de estoicismo puesto rn nuestras nlrnas por el doctor Ellauri,
queda nhí, íinne y perdurable como base de granito". 2

El principismo propone un reajuste de la vida institucional
de acuerdo a Jaq directivas de su escuela polític-a, y consagra el
primer ec:;fu erzo orgánico y viable {In fusión no lo fu e) ele rearon·
dicionar nue.-:,tra anárquica existencia política con arreglo a las
pragrnñlicas del civilismo democrático. Su \•ocación cc;piritualista,
se a justó en su prédica doctrinaria y en su gestión fecunda al
curnpli1nif'nlo clc un len1a erigido en verdad absoluta: el intlivir!uo
es to&lt;lo. el Esta&lt;lo es 11nda. Tal fue en ''erda&lt;l el tajante po"tulado
del 1ihrralisn10 principistn que e"gritnía la on1nipotencia del indi·
vid no romo suprcrno principio .• Tnl el leit rnotiu de su filosofía
pnlít icn y econó1nicn pregonada en la cútcora con el c;ello de
Constnnt y J,ahou1aye por Carlos faría Ramíre1, o bajo la advocnciún de Ilastiat y Rauc11 illart por Carlos de Castro y Pedro
Bustn1nnnte.
I~n torno o] dogma incliv idualistn pues, se estereotipa la teoría
de los rlr.rr.r.hos individuales y de las libertades públicas: garan.
t ínc;, n1ás ga1nntíns y sil'mpre gnranlías se rrclaman al Estado
para crue el h1dividuo pueda obrar libremente, según su propia
1 ARTURO Ann\O,

Espiritualismo

y

I'os1'tiuismo

en

el Uruguay, etc., cit..

J&gt;. 4 t
2

.

l bid., p. jl5.

•

¡,

-

95-

�conciencia. De cara a la realidad histórica de nuestros gobiernos,
que habían desconocido muchas veces esas garantías, su prédica
venía a llenar un vacío en nuestra deficitaria convivencia civil.
El culto del hombre como individuo procede de un supuesto
férreo. La interpretación de la realidad propia del Principismo se
define en la línea del racionalismo moderno ( Descartes, Male·
branche, Spinoza, Leibniz, Wolff) . Su concepción del mundo, ba.
sada en una ciega fe racionalista, inscribe sus notas p eculiares en
la "unidad e invariabilidad de la razón" como diría Cassirer. La
razón, de tal modo, viene a ser un instrumento m ediante el cual el
h ombre -omnipotente a su conjuro- podrá alcanzar la verdad
absoluta. Directamente de Dios procede esa razón, fuente de t odo
conocimiento y, a su vez, único camin o hacia Dios.
El supuesto ontológico del dogma. filosóficamente maduro
en 1872, se revela en la Profesión de Fe Racionalista del princi·
pismo universitario. "Profesamos que todo hombre ha recibido
de Dios, ser supremo y creador del Universo, la razón, /u: que
alumbra a todo hombre que viene á este mundo; única facultad
que poseemos para alcanzar la realidad. único órgano para cono·
cer la verdad, para distinguir el bien del mal; único revelador
de los gérmenes eternos de luz y de \ erdad que Dios ha depositado
en el alma de todo ser humano, soberano juez en todo conocimiento, en todo lo que afecta al alma, en todo lo que afecta al
corazón ; suprema autoridad en nuestros juicios y apreciaciones
sobre todo lo existente, único medio de comunicación con Dios ;
única luz que n os sirve de guía en la vida. con cu\ a sola a\ uda
se conoce todo hombre en el santuario de su conciencia, dec::cubre
su mic;ión. descubre á Dios y re,•cla la armonía que exi,te en la
naturaleza humana v en todos lo órdene- de la existencia". 1
Tal caracterización del indi"iduo. que hunde sus orígenes en
la metafí~ica iluminista. 1nodula el tono ma\'or de la teoría poli·
tica del principi-..mo en torno a Ja libertad abc;oluta. en el atnplio
alcance que le asignaba 1osé Pedro Ramírez cuando proclamaba:
" .. . la libertad en todas las c~fcros, la libertad para todos, la
libertad como punto de partida, la libertad como medio, la libertad
. " . ..como f 1n
Profe.sión de Fe Racionalista, en El Siglo, -'l ontcvideo, 28 de julio
de 1872. anexo al n9 2303.
1

Carta ele José Pedro Ran1ire: a Juan Carlos Góme:, ~fonte\'idco,
28 &lt;le Sl'tit·rnhrc de 1872, en Cue.:i.tiones Orientales, en El Siglo, ~Ion te' ideo,
!!

28 de !!elicn1Lrc de 1872, nO 2335.

96-

�DC' igual modo el individualismo racionalista regula las relaciones entre Estado e individuo, motiva sus ideas económicas,
radicales en cuanto a libre iniciativa y, en fin, conforma sus
miras sobre Ja en cñanza con10 medio de erradicar los vicios que
aquejan nuestras institucionrs, proponiendo la ele' ación de Ja
prensa a una suprema función educativa de carácter social. Alienta
en su cosmovisión un idealismo que identifica lo existente con lo
inmancnt~ y concibe toda la realidad como racional. al modo de
Ilcgel ruando encara a la razón absoluta como té1 n1ino final del
dc~envol\. ímiento dialéctico.
Sc1ncjante visión c!el universo y de la vicia se oponía Iorzosarnente a la concepción escolástica que nos legara nuestro pasado
hi pánico; a~í un cauto alejarniento de los dogmas teológicos fue
operándose desde las primeras generaciones que transitaron la
lJniversidad, al influjo del e pirituali~mo metafísico que apuntaba
h acia un dcísn10 racionalista. Los discípulos de Plácido Ellauri
hocen suc; prirneras esraramuzac; contra las creencias tradicionales
cle-;de El Iris (18(&gt;4.) y la Revista Literaria ( 1865) impugnando
ni cal olicis1no en nombre del racionali,1no que por entonces pregonaba J?ranc i ,co Bilbao. Con la inslalnción del Club ( niversitrrrio. •n 1868. se señala una etapa dcci iva en la clef inición de
ur¡uelln juventud. l•.n el C'lub Universitario, étnulo de los salones
litera rios de la época 01 lcanista y ele la egunda República. aquella inquieta juventud, rnuy al día con las corrientes europeas en
hogn, discutía con pa ión las propo~icioncs pre entada en for1na
de· ensayos, \ crsando gcnernhncntc sobre asun tos fil osóficos, rcligiosog n soc·inlc ·. La ardiente n1ilitancin ideológica de aquellos
prccocc::; t1ihuno ... pre taha n los polén1icas el agitado furor de
)ns cont ic11dns poi Íl icns. '\'a se prcc;ientcn. hacia 1868, los arrchnt o~ grunclilocucnlcs y Jos nrre!;to~ ron1Únlicos de los ora&lt;lorc,,
per iodistns y parln1nentarios riel 73. 1 }Juedc decirse, pue , que
en el (;/ub Uuiucr ~itnrlo se tcrnpln el dogma filosófico cuya sin1icutc JH ovPnía dc•l inngislerio ele Don Plácido EHauri.
I .. n CXfH t' ión adulta, aunque precoz dentro de nuestro proces o
tncntnl ele nc¡uC'lln postura filosó fican1cnte ccnlracla en torno al
rnr·il)11111is1no surge corno expre,.ión ele definitiva ruptura entre
11uco.:t1 o librcpcn~n111icnlo uni\ ersitario y el dog1nalisn10 católico
t 1 adicional con lu llan1ada l'rofcsión ele /?e Raciona/isla suscrita
1 1/r.tat del Club
1ft cueo de \To11tctidco.

Unir cr.~it,1rio,

l.

-97-

I.

afio 1868. en Biblioteca del

�•

por los miembros del Club Racionalista, flamante derivación del
Club Universitario. Y no casualmente coinciden en el tiempo, en
ese año de 1872, la formulación teórica de una actitud mental
en cuanto concepción orgánica del mundo y la vida, y la concreción definitiva de los programas políticos y sociales de los
partidos doctrinarios. 1 Oc urre que ambos - Profesión y programas-- responden a una misma exigencia esencial tendiendo
ambas afirmaciones, convergentes y unívocas, a satisfacer las
exigencias de su credo espiritualista. En la Profesión de Fe se
r econoce sin esfuerzo la línea especulat iva del r acionalismo moderno. Allí alienta la separación que traza Spinoza entre la
enseñanza de la verdad y las reglas de conducta que deben se·
guirse, su concepción de Dios, las relaciones con el mundo y
el h ombre, y la crítica spinoziana de un Dios sujeto a las pasiones:
"Profesamos la existencia de un sólo Dios, er Supremo, creador
y legislador del Universo, única fuen te de razón de todo lo que
existe; esencia del bien, de justicia, de amo r, de r azón y de
belleza; ser inmutable; soberana y perfectísima inteligencia; luz
de todas las luces ; suma unidad, suprema armonía. Y juzgamos
como n egatoria de la conciencia humana, como con traria á las
r evelaciones de la razón, como sacrílega, como blasfematoria,
como impía; como desquiciatori a de todo orden en el mundo;
toda d octrina que niegue la existencia de la Di' inidad como
causa única del Universo; T oda doctrina que predique más de
un Dios, que confunda á Dios con el mundo; toda doctrina que
predique la negación de la unidad di,•ina; t al con10 el dogma
cristiano de la Trinidad que es la negación de Dios mismo. Que
predique la mutabilidad, la materialidad, la humani1ación, la
encarnación de Dios; que predique el tniJagro, abrogación de las
leyes de Dios por Dios n1ismo ; toda doctrina que haga de Dios,
soberano bien y soberana perfección, un ser mudable. \'Oluble,
sujeto á error y á arrepcntin1iento, capaz de odio. de ira y de
vengania." 2 La idea de la perfección de Dios que surge de la
Cfr.: Programa del Club Radical~ \lonle\ idcn, 30 de mayo de 1872,
en
Paz, ~ l on te\iJ eo, 2 de junio de 1872, n9 319; Programa del Club
/\'aciona/, l\Jonte\'idco, 7 de julio Je 1872, en La Democracia, ~lont~\'ideo,
9 de julio de 1872, n9 36.
1
l~&lt;J

z Profesión de

ft!

Racionalista, en El Sis/o,

de 1872, n 9 2303, a nexo.

-98-

~lontc\ideo,

28 de julio

�Profesión recuerda el modo de demostración axiomática que
empleaba Descartes. 1
El principio de la autodeterminación humana, y el del origen
divino de la librrtad qui1..á no sean ajenos al aforismo de Spinoza:
"I~l fin del Ec;tado es la libertad". Dicen los adherentes del
Club Racionali.sta : "Profesamos que todo hombre ha recibido de
Dios la libertad, don sagrado, prerrogativa de dirigirse en la
vida, en la investigación de la verdad, en el conocimiento de lo
bello, en la reaJi¿ación del bien; derecho á examinar todo lo
existente, derecho ilimitahle á analizar sobre el hombre, sobre
Dios; sobre la aturaleza; facultad irrcstringible de buscarse los
medios más nobles, más puros, más lej ítimos para el desarrollo
del espíritu, el cultivo del sentin1icnto, la purificación del alma
y la salud del cuerpo;
carácter inviolable de nuestra dignidad
personal- . ) r juzgamos como opuesta al testimonio irrecusable
de la ronc:icncia, como desdorosa, &lt;l&lt;'nigrante y aniquiladora de
Ja nohlc1a y la dignidad humana; juzgamos como falsa, como
sacrílega, como in1pía toda doctrina qu~ restrinja ó niegue al
hombre la lihcrtaJ, el derecho pcrsonalísimo de creer, ele pen&lt;&gt;ar,
de j u1gor sobre todo lo que atañe al problerr1a de nuestra exis·
tencia, al destin o del hombre, á su relación con los demás seres,
á su relación con Dios." 2
No cscapnn asimismo al ligero análisis ciertas influencias
inmediatas entre CU) as voces prima la &lt;le Francisco Bilbao, que
postula una ruptura definitiva con el catolicismo, opuesto
en
su modo ele ver- a su progran1a emancipación mental. 3
En síntesis, Ja Profesión de Fe Rncio1uzlista del 72 puede
csquematiTnrse en el planteo de los siguientes supuestos: noción
de Dios omnipotente (Desearles); autonomía ele la razón (Rous·
scau); principio del libre albedrío (. pinoza ) ; bondad innata de
la condirión hun1ana y tendencia hacia la pe1 fección (Rousseau) ;
teoría clrJ deber; inmortalidad del alma (espiritualismo) .
El .)iglo. rector de la prensa principista, permanece
en la
tesitura clcl Club Racionalist(J;- fi el a sus postulados del 72: iU
1

E. Bní.un:n, llistoria de la Füoso/ia, t. JI, pp. 81 y ss., Buenos Aires,

1953.
l'rn/rs1ón ele Fe Racionalista, en El Siglo,
de 1872, n9 2301, ant"\O.
2

~font

video, 28 de julio

8 Cfr.: L1 oro Loo 7EA, Dos etapas del pensamiento hispano-americano,

etc., cit.

-99-

�propaganda -expresa o tácita- no p odrá disimular su adhesión
al credo racionalista, y p or ende, su cerra da oposición al catoli·
cismo anti-racionalista, ya en el orden d octrinario de las convicciones, bien en el aspecto práctico de las r el aciones de la Iglesia
con el Esta do.
Concluyendo, la actitud filosófico-religiosa del pr incipismo
liberal se define en la interacción histórica de dos procesos espirituales -europeo el uno, nacional el otro- que se conjugan
por 'ez p ri mera en nuestro derrotero ideológico.
L a p ostura de las élites principistas r evela. una vez más, el
dil a tado eco del liberalismo europeo en el Río de la Plata a cuyo
llamado obedece nuestro liberalismo ver náculo. L iberalismo y
catolicismo tipificaban p or entonces dos acti tudes antagónicas
frente a la \ ida : a la exaltació n de las potenciac; individuales. de
los '-upuestos terrenales de la existencia y al culto de la libre
iniciativa que pr om ueve el liberalic;mo. opone la coc;movi'-ión
católica su sentido ul tramundano de la vida y un rie:ido acatamien to dogmático. q ue excluye la di~cu.;ión racional. El problema.
que había cobrado particular virulencia en Francia con moti,·o
de la e cisión de Lan1ennais de la ortodoxia católica. culminó en
la época de Luis F eli pe con la controverc;ia que protago nizara
1\1ontalembert fren te a l ataque de Quinet } ~Iichclet en la cátedra
y alvandy en el gabinete. Ju]e.c; ~ imón y Amadeo J acque-.. sin
proceder del mismo cuño liberal. definían en la década del 40
la tónica del librepensamiento anticatólico fran cés. La po,tura
racionalista-liberal qut?' adoptaban dr,pué.::. de promediar el ,jglo
I.. abou layc, (estelar ) Bilbao. núrnrne inspiradore-. de la ju' entud
ilustrada del Club c.:niversilario, dió u color definiti\'O a nuestro
principisrno doctrinario.
El otro proceso - de orden nacional- que concurre a p o'ibilitnr ~tas ideas que involucran todo un 'it aje religioso y filosófico. se refiere a la tradic ión hispánica. ~ i hien la religión
católir.n arraigó en nuestra soci ·dad colonial. 'U dogma no logró
ejercer una influencia niayúscula en la conforn1ación mental de
su pohlación. Fcnó1neno singular en J\ n1érica -con10 hicn lo
oh"rrva J\rdao-, n uc-tro país eludió. por obra de las circuns·
tancias h i-,tóricas que jalonan su tránsito colonial. aquel lc,,.ado
aún hoy gra\ ita ntc en mucho~ pa1s{;s americano'. Por nue5tra
condición de mera plaza fuerte, el clero no a~entó en In Banda
Oriental una Iglc ... ia poderosa como en la principa}c.. ciudades
del \ 1 irrcina to. Carente de l lni\!er -idad colonial. la ("•colá tica
1

-

100 -

�-sin tradición uni\'ersitaria- penetró trabajosamente lle.:;c1e crntros y hacia grupos restringidos. I..a relativa amplitud de miras
que se advierte en las personalidades eclesiá--tira-; de nue,tra
Colonia y primeros años independientes - P érez Castellano,
J_,arrnñagn- atestiguan el aserto. Nuc tra niversidad, de neta
inspiración espirituali ta, contribuiril, a partir ele su fundación
en 18'19, n consumar nuestra autonomía rrlig io~a y filosófica.
IJibcralismo rncionnlista. puc-~, procedente de Europa, y débil
t radición cscolásticn en nuestro medio, se conjugan para provocnr,
ni rncnos en ]os círculos univcr itarios, cuando no en la población,
un dchilitnmicnto progrcc;ivo de la fe católica. mús tarde favorec ido incuc!"t ionablcmentc con la penetración de 'la fil osofía posi• •
l lVl ta.

J,ormncln en los cánones del cspirituali~mo ecléctico y el
cleí 1no rn&lt;'ionalisln. la generación principisla proyecta su \'Ísión
clcl mundo y la vicln - u sensibilidad vital. diría Ortega- sobre
c:u rcnliclncl hi~tó1 ica . J~n esta proyección su.-.tancial c:e define,
con tono 1 onu:íntico y acento liberal, su acendrada vocación política.
Con nlirns a unn cleli111itnción ele términos no ~críu ocio a
cuestión - pre\ in n la filiocic'&gt;n y definición ele la íil o~o fía polítiea del pi incipisr110- prcci ar el alcance y significado que
aquí se ndj11dic·n al concepto nbst rncto de generación. i cada
generación -corn o piensa Ortega- "representa una cierta altit ucl \•itn1 de de In cnnl c:e siente la cxic:tcncia de una manera
cletc1 rninncln" se hncc lícito hnhlar ele ge neración principista en
cuanto nlinoría rf•ctorn que. desde su ciicun lancia tc1npornl.
proyecta unn peculiar actitud frent e a la realidad nacional.
on
con1en1poráncos. proceclcn del 1nis1no cuño fil osó fico y adoptan
la" nli c:n1ns corrientes litcra1 ins y romúnLicac;. J osé J&gt;cdro Rnmí rcl,
J ulio IT~1rcra y Obcc;, 1\gustí11 de V&lt;!dia. Cnrlos l\.Iarín Ramírcz,
J nsí· P c&lt;ho Vnrcln, Gonzalo Ramírcz. Frnnci.::co I.. a\'andeira. P'nhlo
I&gt;e- ln1 ía, Juan Car Jo, l1lnnco. para no non1hrar c;i no a In fi gurn3
ptornincntc~ ele In ju,rnt11cl ele la d[.radn del 70, que llega nl
npogco ele c;u n1nclu1 cz l ~n1prann en 1872. 1
La línea filintoria del principis1no reconoce la gravitanle
4

l Junto~

han cnnvh·ido e n In" aulas unh er~i t nri a•, ~n el clu b político,
cn In rcd rH'f' itÍn d1•l pcdc)clico, en los salonPs clcl Club Unir ersitario. en la
prisiú11, !'n &lt;'l d ccitiorro, •n la religj ' n de los prin cipios: n1últiplc y fecu ndo,
pues, fue eu conlncto \ital.

-

101 -

�primacía del pensamiento doctrinario francés, que circuló profusamente en nuestros cauces mentales desde el espiritualismo, el
romanticismo y el liberalismo, coordenadas filosóficas. literarias
y p olíticas que respectivamente blasonan la rígida estructura del
credo principista.
Generación fogueada en el avatar de la vida pública, su
profesión de fe política se inspira en las teorías del liberalismo
constitucional que postulara en tiempos de la Re~auración
Benj amín Constant, el apóstol de "la soberanía de la ra;ón de la
nación". Prudentemente apartado de los excesos revolucionarios,
Constant rechaza la autoridad ilimitada del pueblo, aunque cree
que la jurisd icción del gobierno termina prccisarnente donde
empieza la libertad de los individu os. 1 '"Los ciudadanos -reflexiona Constant- poseen derechos indi,·iduales independientes de
toda autoridad social, y eso derechos ~on. la libertad individual,
la libertad religiosa, la libertad de pensan1icnto. la garantías
contra la arbitrariedad y el derecho de propiedad .. , ~ Su filosofía
política desea n a en el principio de la libertad, al que condiciona
el pleno de-.envolvimicnto del espíritu humano. y en la idea de
justicia que en su teoría viene a configur3 r la verdadera sobe-r anía. Así, la acción estatal debe centrar~e n torno a la custodia
de la seguridad general y las gnrantín- indi\'idual .. , para hacer
efectivas paz y justicio. Celo o guardián el-. la Jihcrtacl religiosa,
llega a proclamar la separación de In I gtc~ia ~ el J~.. tado. Su
ideario político aloja pues. potcncialn1ent
el nódulo liberal de
los principio que nut•-.tra generación doctrinaria Jc,·antará como
bandera de combate cívico: lini iJaci.ón de los pocler ,¡,.¡ Ejtado,
libertcul de prensn )' de opinión, lib r/.&lt;ul religio~a. libertad de

en.scñan;a, int·iolabilidad de la propi'cclad )' áeJccnLrali=ación ad• •
•
ministrat11r
a.
J~l patrón lib ral de Conc:tant e; impone en In cJac;es ilu5tr!·
das del l{ío de In l)l ntn, nnturalm nt re&lt;: pti,·:i~ fr,nnt al liberalismo europeo gracia o aqu •1 l"mpcram nto indi"iduali--ta con
que hahin arraigado ·I ron1nntic i rno n e tn latitud •. al ejemplo
de un Eche,· ·rrin, de un Flor ncio \ 7arcla o un ] uon Carlo1

Có1nez.
Proboblementc los influencia

de Con lant ~e dilatan luego

R ~ \ ~to~o G. GttTr:1.L, lli:storic de la.s ideaJ política •, t. lf, p. 19l,
BGrcclonn, 1930.
1

• ::? B~~JAi\tÍ:-J Co!'i~TANT, CourJ de politiqu conJtitutionntlle, t. J, p. Jl~.
Pan , 18, ~.

-

-

102 -

�del fecundo viaje de Echeverría a París, de donde trasladó al
ámbito rioplatense todo el bagaje intelectual del a\'asallante ro·
manticisn10 francés floreciente por 1830. Oficialmente nuestra
Universidad, con el sensible atraso que impone su tardía inaugu·
ración, difunde las ideas de Constanl entre la juventud estudiosa
de Montevideo desde la cátedra de Derecho Constitucional del
doctor Carlos &lt;le Castro, desde el curso de Derecho de Gentes
del doctor Gregario Pérez Gomar, y en su madura elaboración
doctrinaria dese.le la cátedra de Carlos María Ramírez, a partir
de 1871.
El pensamiento de Constant acentúa su grav itación en nuestro
medio culto a través de los escritos de uno de sus discípulos,
Eduardo Laboulaye, versado constitucionalista cuya opinión -ge·
neralmcntc la más recibida en la materia- era acatada con respe·
to por &lt;'l principismo uni\•er itario. 1 Laboulaye heredaba aquella
lrarlición liberal que desde Ja ideología revolucionaria y a la luz
del inclividuaJis1no racionalista insistía - particular1nente en la
primera mitad del siglo XIX- en la exaltación de las libertades
individuale en nombre de los derechos naturales, a cuyo reclamo
se n1cno"cababa el omnín1odo poder tradicional del Estado. 2
I~cluardo I..nboulaye, máci. bien divulgador inteligente que pen·
snclor original, n1nnifiesta desde ]a cátedra y en sus escritos una
celoso devoción por la doctrina de los derechos natura}ec¡, a cuya
últin1a juf&gt;tifirnción obedece su análisis &lt;le la Constitución n orte·
an1cricana. \uestro principisrno, desde la pren a o la cátedra, la
trihuna o el jurado. hito ele sus obc;;.er\•acionc' y sentencias capÍ·
lulo ele fe. l)cslumh rado por las ideas liberales que pregonaba,
uanclo no por sus acentos e inflexionc::, ron1ánticas, los jóvenes
ilu ... trndo~ del 70 le elevaron con fórmula _ grandilocuentes al
nltnr inconrnovible de sus elegidos.
na opo1 luna cita de Labou·
lnyc l'n ·l jury, o en el Pa1larucnto sentaba opinión rara \.eZ
c.011tro\'c 1ticln. En verdad tuvo en sí I..ahoula) e el n1érito circuns·
tnncin l ele nglutinur y condensar lac:. ideas del fc&lt;leralic;,mo estatal,
itnplícitn en la teoría política de la revolución americana, y la
típicn concepción ele la libertadc:- ingle~as. \ ..:.t ingr ·-;aron orgá·
uicn111c&gt;11tc nl ideario principista. sistcmnti.7.adas por Laboulaye,
}oq cl ocl 1 i une:. nalurnlistas y conlraclualcs que arrancando de
1\Iilton r J..ocke, C11ocio y Pufcndorf cuhninnn con los escritos
E. L ,\DOlTJ. \ Yr, l/l~·tar et ses limit&lt;:s, prof11 11 nmcntn catado en El Siglo.
r l.'strulio~ sobre la C1111stit11ción de los 1;s1ado.~ ll nidos, Sc~illu, 1869.
2 Cfr.: H. G1.111.LL, llistoria ele la~ ideas polític a~, cit., t. II, pp. 21 L
y 215.
J

-

103 -

�de Adams, Paine y J efferson en la Declaración de la I ndependencia Americana.
En cuanto a las libertades inglesas, Laboulaye contribuyó a
divulgar el análisis apologético que desde el ángulo de la filosofía
jurídica realizara Sir William Blackstone en los Commentaries
on. the Laws o/ England, cuya obra, en cuanto a la amplitud de
los derechos individuales, ejerció poderoso influjo en la revolución americana . Siguen a Blackstone en la linea liberal anglo·
sajona Priestley, Price y el jurista suizo de Lolme, panegi·
rista del gobierno civil, de la institución del jurado y de lai
garantías del Habeas Corpus. En suma, a través de Laboulaye
nuestro pensamiento doctrinario asimila definitivamente la tradición británica de la Magna Carta, del Bill de Derechos. de la
Petición de Derechos, del Habeas Corpus Act, cuyos postulados
amalgama la Constitución escrita de los Estados Unidos. 1
El más e cueto análisis de la teoría política del principismo
no puede eludir la consideración de la figura de Alexis de Tocqueville. CU}'a originalidad de pensam iento se proyecta con decisiva influencia en la definición de su filosofía política. La
exégesis de sus ideas. centradas en torno a su libro La Democracia
en América, permite situar claramente la filiación de nuestro
liberalismo en cuanto fundamentación de la estructura democrático-republicana.
Tocque\ ille venía a salir al pac;.o del liberalismo ortodo'\{o
de la Restauración que, a título de contener lo excesos de Ja
ideología revolucionaria del 93. comenzaba a adoptar las poc;turas
y giros conservadores que tipificarían la conciencia de la hurgue~ía liberal que se impone luego ele la revolución de 1330. -~
esa concepción, un tanto inclinada hacia las derechas. opone
T ocqucville su teoría de la libertad. que descansa en el concepto
ele igualdad: traza un in' entario prolijo y exhau~ti,·o de los
basamen to~ qu~ sustentan el orden democrático. CU) a concreción
práctica descubre en los E'tados Lnidos bajo la forma de sus
in t itucioncs republicanos. 2 Cree que los gobierno_ populares
educando al pueblo en e.;;,as doctrinac;. den1ocráticas y particular!bid.. p. 96: Jo11N E. RANOAl. t, f~fl formación del pensamiento modt•rno, pp ..13, y ss., Buenos Aires, 1953: ll1:Nnt l\hc1u·:L, L'idée de l'Etat,
P oric., 1898.
1

''fl·

Lr.s grandes oeu1 re~ poi ·rques de
cliia1•el a nol jours, p. 223, Pari&lt;a, 1950; Guron DE Ruccn.no, toria del ¡;.
bt•raN.,n10 europeo, pp. 203 a 207, Bori, 1925; fn:."EnLllO CROC.E llistoria de
Europa en el $iglo XI.Y, pp. 159 y 160, Buenos .A ire , 1950.
!:? Jr.AN JACQUES CHT.\',\t,11r.n,

-

104. -

�n1cnte en el principio del sel/ govcrnment lograrán un equ ilibrio
cxcluyc·nte &lt;le toda tiranía. IJcjo de los planteamiento5 dialécticos
al modo efe Ilegel, •'dio el prin1cr libro vcrdadcran1entc filosófico
sobre Ja hi toria política -anota Fuetcr-, enseñó a di_cernir
hnjo los {enón1enos exte1iores la esencia íntima ele ]as cosa , a
vor un cncadcnan1icnto allí donde Ja mirada ,·ciada del pragrna·
t i la o del &lt;loctrina1io político creía encontrar oposicione - incon·
cilinblc ''. 1
Según el testimonio de Snr1nicnto. los escritos de Tocque,·ille
eran ) a familiares a la generación rornántica que militaba en los
snl one~ porteños. 2 • in duda dc.. dc esa procedencia se afincó en
iviontc' ideo con el bagaje ele la emigración d el 37. En arnbas
tnúrgcncs ele} l'lata u acción -ya directa o bien indirecta por
la prédica de sus epígonos- f uc ele influencia decisiva en la conf 01 mación ideológica ele ac¡ucJla csl irpc liberal.
I~n ivlontcvicleo, la obra de 1'ocqucvil1e alienta en las teoría'
filosófico-polítir.as que Pérez Gomar expone en la~ páginas de
E'L Iris y en sus confcrencins soh1c Derecho \ntural de 1861, así
con10 gravita en In cátedrn de I~conomín Política de Carlos de
Cnst1 o. l.atcntcs en las J&gt;l irncras exprec;iones dar.trinaría del
¡u incipic;n10, las ideas de 'focqucville r.on forrnan c;u títpica con·
c·cpción política y su fe dogmfítica en las institucioncc; clemocráticnc;. 1 n cátrclra ele Cnrlo~ i\Iaría Rnmírez. y ]ac; páginac; de
/ ,a flan&lt;lera l~nrlicnl. El Siglo. I..n Paz } La Dcrnocrar.ia. cuando
no lo· c·itas en la Cárnara, están revelando a diario la poderosa
sug ·stión que cjercic1a en nue,tro medio intelectual ele entoncec;,
In figura -genial ~in duda- de Alexis de Tocquevillc.
Concluyendo. si fuera precic;.o anotar en trazo sintético los
111ln ns írnncc~cs que definen In fili~ción política de nuestro princ•ipisn10, las cifras del halnnce inclirnrían: Benjamín Con'-lnnt en
lu si~ten1nli1ación clá ica del liheralic;.1110 doctrinario: 1\lcxis de
'l'occp1c\'ille c11 el e qucn1a instilucionnl ele la dcrnocracia y
J•:dua rdo J.,nbo11h1) e en In di fusión ele las teorías políticas, maduras al calor de la xpcricncin nortenn1ericana.
t rn\'és de lns cxpo"icioncs de 1'ocqucvillc v ele los csr.rilos
de T..ahonln\ e dccoc1nboca en la ci1tedra de J)erccho Conc;titucional
del 7 l el alu, ión tcór ico del con lilucionalii;;n10 n o1 tearncricano.
~

l

Fn. F1 c:rFn, llistoria de la historiografía n1oáerna, t. TI, p. 238,

íl llCllO~ J\ l"CS, l C)!)J.

Cír.: Jn É Lt I:,
llixico, 1916.
!!

no~1~·no, Las ideas políticaJ en Argentina, p.

-

105 -

l •l·J,

�Taylor, Saint George-Tucker, Story, Curtis, son profusamente
citados por nuestros principistas --especialmente en el debate
parlamentario- como los más típicos representantes de la filosofía social del Norte.
Taylor y Tucker, teóricos de la llamada "dinastía de Virginia" 1 propendían a hacer efectivas. en el orden práctico, las
garantías democráticas, en cierto modo cuestionadas por la gobernante aristocracia mercantil del Norte. Por ende, combatían la
centralización administrati,·a, se oponían a los grandes ejércitos
permanentes y a la creación de un Banco Nacional. Sus teorías
de gobierno ofrecen no pocos fundamentos a la cosmovisión
política de nuestro principismo. 2
Curtis, representante del idealismo puritano de la Nueva
Inglaterra -repetidamente citado por ) osé Pedro Ramírezjunto a Bryant, Greeley, Beecher, Halleck. y Willis 3 , representa
la reacción social más típica frente a los desmesurados avances
del progreso material que propugnaba la ma} oritaria cl:ise com~r­
cial y financiera. 4 Con sus mismos argumentos el principismo
espiritualista enfrentará los primeros síntomas del advenimiento
positivista.
Particular arraigo tienen en un dilatado sector universitario
las ideas del constitucionalista Joseph Story. Inspirado en las
teorías inglesas e influído por Blackstone s, sus idea~ expre~an las
limitaciones opuestas en nuestro medio a los desbordes de l:ts
teorías políticas fran cesas. tory previene contra la amenaza potencial de un poder legislatiyo avasallante y sienta la doctrina
del equilibrio y restricción mutua de los podere-, que hará suya
el principismo. ·~ La filosofía práctica del sentido con1ún, que
preside sus Commentaries on tlz e Constitution. se advierte f'n
aquellas reticencias con que nuestros dottrinario" pretenden n1iLigar -volviendo los ojos a Inglaterra- los excesos ron1ánticos
de la teoría política liberal fran cesa.
l

R.

CETTEU.,

Historia de las ideas políticas, cit., t. 11, p. 199.

Cfr.: \ 1 • L. PARRt~r.roN, El de.~nrrnllo t!e las ideas en los Estados
U nülos, t. l 1, pp. 19 ) ~ lO. Fi ladclf ia, l 9·11.
2

3

/bici., t. 11. p. 350.

·1

Jbit!.

n / bid., t. If, pp. 4 tl a ·117.
fl

I bid.

•

-- 106 -

�oJri

la teoría de los
'- • mad'* el contorno y la
OIO 4e Jaa ~9ativas indi·
a lnlplraci6n de Ja Constitución
[I .qgrteamerlcana, habla procurado
éto IU alcance en forma expresa
clo q11e 1entaba el criterio liberal
oatenaible de 101 constituyentes,
concretaba el primer intento de
herencia colonial enclavada en
no. 18 decidía a ser pasado- una
u eoluc1onea absolutas al remedo
MQella vieja fórmula que posponía la
timo de la fuerzL El jefe político, el
ouando no el propio Poder Ejecutivo,
bajo dispares pretextos, las garantías
.U. neceaario por au flagrante eviel tJt.Jlplo para demostrar la vigencia de
ppao en nuestro proceso histórico
do aislo la pervivencia de hábitos
g oluntadee arbitraria que cues111 l• aeguridad individual, el dere·
e
resión e incluso, el primero
la propia vida. La prolija conlot aoutltuyentes del 30, se
contorno de nuestra realidad

�cátedra Carlos :\1aría Ramírcz- son el atributo pri1norclial de Ja
p ersonalidad humana, el más sagrado pa'rimonio de los individuos r deducimos ele aquí que el l1ombre no puede irresistiblemente buscar la sociedad para abdicar ese atributo. para dilapidar
ese palrin1onio- que la sociedad no puede ser ~ino un estado en
que el hombre obtenga ]a rnás amplia consagración en sus atributos. la más segura poc.esión &lt;le su patrimonio. La cuestión de
los derechos indi\idua:cs es la cuestión fundamental de la ciencia
constitucional y política' 1 1 ~ afirmaba el j o~e11 caledrático de
Derecho Constitucional en 18íl. revelando en su preci::io concepto
la actitud mental de aquella generación espiritualista que. in1huída en Jos doctrinarioc; francec::es. replanteaba frente a distinta
realidad histórica las aspiraciones liberales oue inquietaban a los
conservadores de la monarquía parlamentaria.
No fue c;;Ín embargo en el piélago de la especulación abstracta
donde encalló la devoción cívica de la generación del 72. La
inveterada 'i olación de las g3rantías in&lt;li,·iduales. le hare ad,•crtir
que sin ~u práctica vigc&gt;ncia s imposibilita todo anhelo r~cons­
tructivo. En este sentido antepuso a las conquic;tas materiales la
fundamentación efecti' a de los derecho:; y garantías indiYiduales.
Ello le Yalió, en su hora y po~teriormente&gt; el juicio ad,·erso de
quienes, en la - aguas de l posili,·ismo. enfrentaban la recuperación
nacional desde el ángulo exclusiYo de la proc:pcridad 1naterial. 2
Los partidos de principios, al día con su legíLin1a realidad
histórica, reputaban incuestionable ) preYio a todo progran1a
p olítico el goce tranquilo de esos derechos. 1\~í lo entendía Carlos
María Ran1írez cuando en el curc;o de una polémica respondía
a los reproches de 1\ngcl Floro Co,ta: "¿ Con10 quiere que no
levantc1nos sobre todo la bandera de los derechos indiYilluales
cuando hace pocos años que la mazorca ª"on1aha su cabeza en
nuestras calles y todaYÍa ayer el 1ná- débil } deleznable de nue tros gobiernos de partido no cncontraha barrerac; de ningún
género en el camino de la inás estúpida arbitrariedad? ¿ Cón10
quieren en fin que no j u1guemos digna cle hombres serio~, de
verdaderos patriotas, la difusión continua, infatigable. de los
sanos principios liberale~. del respeto de los derechos del ciudadano, del culto a la" libertades públicas v a las for1na - conc:titu.
cionales, cuando todaYÍa pululan en todos los puntos del horizonte
0

1 CAnr oc; :\1 nÍ.\ R,, ·Mínr.z, Conferencias de Derecho Constitucional,
p. 171, Biblioteca .\'acional, .\Jontciideo, Colección Jllclián Lafinur, t. 190.
!? A Nct:L

FLono Co!&gt;rA, El Banco 1.\'acional, BuenC1, .Aire~. 1874.

-

108 -

�político. ante la conciencia nacional aun indcci::a. los mismos
elementos del pasado que podrían, en unas h oras ele manco1nunamicnto ponernos otra 'ez á dos dedos del abi:::n10 con la dictadura o la anarquía?" t
Atenié nclo ·e al enunciado teórico ele l os derechos individuales, el princi pisn10 reconoce. co1no prcr rognti' as f undan1cnlales :
las garan tías indi, irluales, la libertad de opinión y de prensa, la

libertad de profesión y de defensa. la igualdad ante la ley y el
derecho c11} propiedad. "En 1ni opinión -decía a la Cámara de
Rcpre entnntcs J o é Pedro Ran1írez · baj o la palabra derechos
in&lt;livi&lt;lunlcc:, se cornprenclc no sólo la seguridad pcr onal. el derecho de no ser privado de la libertad si no con arreglo á las
lcyr.s, sino el derecho de no ser rnenoscabado en ninguno de esos
derechos que son inherentes á la nacionalidad del hon1bre y clcl
ciu&lt;la&lt;lnno coino es el derecho de no ser so1netido á pt i'-ÍÓn sino
ú n11; rito de orden de juez con1pctcntc. de no ser coa1 lado en s u
lihcrtad, el dt&gt;recho de \ iajar ... el derecho de ernitir su penc::a.
rnicnto r.o n ar r eglo á las leye'- vigente", el derecho de ª"ociarse, etc.
Y nlás diré en el caso de Yiolarsc en un ciudadano la libertad de
pcnsa111icnlo, se cometería un atentado no solo contra la seguridad
inclividuol. s ino contra la propiedad n1isma ... " 2
l~a di stin ción d e los derechos individuales elche ser p1esidicln.
con arreglo n su jerarquía, por las garantías individuales. El
principismo procede a deli1nitar su án1hito entendiendo que p"r1
hacer efectivo el ec;píritu constitucional en la n1ateria es preciso
dictar normas co1nplementa rias que puntualicen su alcance y protejan al individuo contra los ele inanes del poder.
1\ ese fin obedece la carnpaiia que desde lu prensa y la
Cúrnarn se llc,•n a cabo para lcrrninnr con las innu1ncrables arbitrnricdadcs c;orncticlas al a111pa r o clcl a1 L. 81 de In Constitución,
en fnr1nu ele ntt·ntados que se perpetúan contra la scgu1iclnrl de
los hahitnntcs del país. ''IJa cguri&lt;lad indiYidual. puntualiza
El • iglo. es pue,, la hase de locln 'º~icrlad ci\•ilizada·'. 3 IJas mediJa.... prontus ele seguridad que autorizn el artículo 8 1 de la
&lt;:on titució11 , suspen'ÍYas de las gnrantías individualc~, vuelven
p1 ccnrio el goce ele las libertades fís icas, suj eto a la contingente
Carta &lt;!t• (arios fil. Rarnírez. a 1'111gcl Floro Costa, Río &lt;le Janeiro,
9 ele J11ltu de 1871, l'O f.l 1glo, :'\lontcvi&lt;lco, 28 de Julio dl' 1871, nº 2886.
1

.Jo f. P1 ono R \:\fÍREZ. Diario de Sesiones de la Cáu1ara de R epre·
1e.fl ta11tcs, cit., l. XVIII, p. 3-19.
!!

3

¡;t :iiglo,

~Ion le' ideo,

18 de rnanr.n de 1873, nO 2193.

-

109 -

�voluntad de las autoridades. El escrupuloso Código de 1830 preveía y constreñía esos posibles excesos desde su artículo 143,
pero en la práctica se eludía caprichosamente el precepto.
José Pedro Ramírez, Pedro Bustamante y Ambrosio Lerena
llevan a la Cámara la voz del principismo con sus proyectos de
ley encaminados a delimitar los derechos cuestionados. El proyecto de Ramírez representa, a través de la tradición liberal
inglesa del Habeas Corpus, la reacción típica del parlamentarismo
civilista frente a los desmanes del Poder Ejecutivo, hasta entonces
árbitro indiscutido, de hecho, en cuanto a interpretación del texto
constitucional. Su articulado ,.iene a definir, en apretada síntesis,
los principios capitales de la teoría clásica de los derechos individuales. 1 El primero de los artículos establece las limitaciones
efectivas que el propio texto constitucional ha formulado a su
artículo 81; sigue pues el principio del acatamiento constitucional.
El segundo, al refirmar la constitucionalidad de sus miras, sienta
como garantía de seguridad individual el principio del Habeas
Corpus; el cuarto artículo, en fin. define expresamente su pregonado principio de la responsabilidad civil de los funcionarios
públicos. El informe de la Comisión Legislativa que integraban
Octavio Lapido. , .icente Garzón, I saac de Tezanos. Laudelino
Vázquez, Juan José de Herrera y Julio Herrera r Ohes, al expedirse sobre el proyecto de Ramírez. tejía así su elogio : "comparando la doctrina que él encierra con las disposiciones del Código
fundamental del E~tado y con los principios que constituyen la
base de toda sociedad bien organizada encuentra que es digno
de figurar como derecho positivo de un pueblo libre... 2 Análogos
puntos de vista sustentan Pedro Bustamante y Ambrosio Lerena
en sus respectivos proyectos sobre la materia.
Ante la preocupación legislativa por las garantías indi\'iduales. decía El Siglo el 3 de mayo del 73: "La reacción al bien
no podía ser más completa. Las ideas á que El iglo ha consagrado su propaganda. su inteligencia, su acción, han obtenido
el triunfo más fecundo y más honroso. el triunfo ante la opinión
pública ... se declara que el más encumbrado mandatario público
puede ser arrastrado al banco de los acusados. puede ser demandado ante un juez de paz por el último de los habitantes del
\ réase: Pro)'ecto de José Pedro Ramírez, en Diario de Sesiones de la
Cámara ele Representantes, cit., t. X\ 111, p. 157.
1

Informe de la Comisión de Legislación, en Diario de Sesiones de la
Cámara de Representantes, cit., t. X\-111, p. 309.
2

-110 -

�Estado, puede ser condenado á multa, á pri ión, á trabaj os pÚ·
blicos ... Sin embargo. ni una cen ura, ni una refutación. ni una
protesta se levanta para cerrar el paso á ec;;as nuevas ideas que
avanzan y que triunfan no por la ralÓn de la fuerza sino por la
fuerza ele Ja razón ... Para nosotros todos los trabajos legislativos
tendientes á asegurar el goce de la libertad ele los habitantes del
Estado no son más que manifestaciones de una fórmula suprema,
no son más que líneas que vienen á converger en un mismo punto:
Ja paz como resultado de una armonía entre el 01 &lt;len y la libertad".

1

Brillante fue. en el curso de los debates parlamentario'. la
gestión cumplida por los h oinb res de principios en cu .. todia clt.J
&lt;]Uc consideran el mandamiento má' sagrano de su credo político:
Ja clcf&lt;"nsa de los de rechos individuales. ''I~ legiclo diputado dec;pués
de la Paz de Abril -evocaría José P ero Ra1nírez ele ele el exilio1ni primer cuidado. casi mi preocupación. fué aprovecha r aquella
1cncr·ió11 genero a para hacer oír en el recin to de la leji,Jatu ra
los ncrntos más airados contra esos atentados á la c;;pguridad
incli\'idunl, contra esa absorción de la individualidad humana,
verdadero soherano de las drmocrnciac;. por In personalidad pre·
J&gt;otentc clC'l Estado, resabio inveterado ele nurstra cducarión colonial, que menguados políticos han perpetrado á despecho de In
propnganda 111ás inspirada y de Jac;; rcsi.,tcncias más enérgicas". 2
Precioso p~rrafo que desentraña las rnoti,·ueioncs e enciales de la
filosofía política del principismo: clá~ica oposición -antap;ónicacntrc indi,•i&lt;luo y Ec;;tado, que recuerda las lin1itncionec;; que los
derechos naturales in1ponían al E'tado en la teoría d e Benjamín
\.on tnnl: a&lt;&gt;piración n1anifiec;;ta hacia la libertad política. último
fin ele la suciedad. en que se definen todos los derech os natu·
rnlcs.ª
'{ ngrr.gaha JO!'é Pedro Rnmírcz: " ... c:.i Jos ci udadanos de
un ptH•blo lihre no se preocupan ele garantir la lihertnc1 intli,·idual,
d.- r.olor.arla bajo la égida exclu-.i\•a ele la ley, y á cubierto de la
prPpotcncin guhernativa. su rol se cstinguc. para dar lugar al
siervo ele In antigua organización social. rc~ortP. pnsÍ\'O y abyecto
de cornbinacioncs bastardas, 'ej aloria~ del destino del hombre
J /~/

~f ontcvidco,

Siglo,

!! Jno.;~: PFono RA!'llÍílEZ,

3 ele mayo de J873. nQ 2526.

la deportaciJn a La llabanu en la Bllrca Puig,

r.i't., pp. 27 n 29.

a

Ré/lction~
JIENRI l\licHEL, L'idée de

n1.NJA'.\IÍN

e it., 1. 1,

p. 171:

Co

·sT.\NT,

-

111 -

sur les (onstitutions, Oeuvres,
/'L.tat, cit., p. 3111.

•

�y de los planes visibles del creador". 1 En la línea del liberalismo
de Constant atiende Ramírez las sugestiones de Laboulaye, su
discípulo, cuando demuestra la hostilidad del hoinbre moderno
hacia la intervención del E.stado, en cuanto autoridad, en el privativo dominio de su conciencia, "santuario in, iolable" como lo
define Carlos María Ramíre:z, donde no puede admitirse la ingerencia estatal: "La conciencia es liberada
escribe Laboula' cel individuo existe·'. 2
Bien pudiera resumirse la concepción naturalista de los derechos individuales que postulaba el principismo en las palabras
que pronunciara el director de El iglo - a modo de profesión
de fe liberal- en una de las reuniones electorales del 72: .. El
Ciudadano! El hombre! He ahí la 'erdadera magcslad en la
tierra: he ahí el 'erdadero soberano en la democracia. Los
derechos in di, iduales ! He ahí la palabra fundamental en la moderna organización de los sociedades ~ no consintamos que á
ningún título se menoscabe y conculque uno solo de esos derechos,
no necesitamos que se atente á la personalidad del hon1bre. n1il
veces más sagrada todavía que la del ciudadano. porque al fin
el ciudadano es un tipo augusto, creado por las sociedades modernas para subplantar al \asalJo y al súbdito. pero el hombre ea
una creación de Dios arrojaJa sobre la tierra para llenar su
destino que no está en la potestad de los ho1nb1es contrariar ó
anular. Maldito sea quien ose n1enoscabar los derechos inalienable¡ é in1presrriplihles de la personalidad humana! . . . defendamos todas las libertades que concurran á hacer una verdad de
la soberanía del pueblo. . . r.1aldito 5ea quien ose de hor más
cometer la insensatez de poner obstáculos á la libre e1nisión del
pensamiento. Por fin. señores. en el ejercicio del derecho do
asociación que presupone la inviolabilidad de los derechos indi' idualcs } la inviolabilidad de la libertau de prensa, sea1nos tan
enérgico5 como circunspectos ... '' 3

1 Jo~i PEDRO RAMÍRU,

. pag. _?8 .
ctt.,

E.

La deportación a La Habana en la Barca Puig.

La liberté ant1que et la liberté moderne, en
l\hcHtt, /.'idée Je L't.tat, cit., p. 314.
:?

LABOULAYE,

HENRl

Palahras del Dr. J osé Pedro Ramírcz, en una de la" primeras reuniones electorales de todas las fracciones del Partido Colorado, publicadas
por El Siglo, ~lontc\·ideo, 28 de :-eliembre de 1872, n9 2335.
3

-

112 -

�Nuestros partidos lihernlcs. cuyo brazo cler(.'('ho de~can"-a en
el periódico, serán los n1ñs celosos y porfiados &lt;lefen~ores de la
libertad de pren-a. i bien ele acuerdo con el enunciado general
de ese derecho. nacionalistas y conscr\·aclores presentaban ciertas
diferencias en cuanto a su lin1itación legal.
Eu ocasión Je discutirc:;c en Cá1nara el proyecto sobre ley
de irnprentn, 1\gu t ín de Vedia expone sus ideas al respecto.
Establece el principio &lt;le la lihertad ele expresión co1no garantía
constitu&lt;·ional, co11cibiéndoln con arreglo a una n1uy an1plia latitud, únicn111~ntc li1nitada por la rcsponsahilidad ante los abusos
extre1nos. Ningunu autoridad puede li1nitar la franca crnisión
del pcn~an1 i cnto y de la;:, opiniones, ya verbales o escritas. puesto
que en Pilas re;:,idc por su condición, un derecho inalienable, inherente al hornbre e n cuanto indi,·iduo. 1 Y persiguiendo una absoluta libertad de conciencia propone la libertad de discutir, } aún
de atacar el dogrna religioso.
El g1upo conservador acorde con la tesitura del legi~la&lt;lor
nacionnli la, apoya su proyecto, aunque propende -difiriendo
con los po Lulados de La !Je111ocracia- a una limitación más
J&gt;rccisa y cercana de e e c.le1echo. que proteja contra el desenfreno
de la lihcrtad de palabra. . e opone a una peligrosa irresponsabilidad de la prensa, que volvería a cuestionar dc~de otro extremo
-no 111cnos peligroso- la cfccliYiclnd de esa garantía. Cree
El Siglo que e necesaria Ja acción clcfen si va ele la legislación
penal frente a los cielitos que, como calu1nnia o injuria, tipifican
los extravíos de In jJrensa. l~n la línea doctrinaria de de Lolme,
Story y I~lackstonc. los r.on.;;,cr\·adore~, apegados a la concepción
ju1 ídica de Jos c·on ...titucionalistas anglo!:iajoncs, propenden a las
li1nitnciorH'S de la legislación penal. I~n cuanto a garantías, nuestros pnrtidos ele principios n1ucstron unánirnc acatamiento a la
institución del ju rndo. .N ncionalista , radicales y conser\•aclores
rcconocc11 en el vPreclicto popular ele) jurado -como en E-ta·
dos Unidos entonces- la supre1na dcfcnsa frente a los desbordes
de la libre expresión. 2

\'rorA,
XV11J, p. 236.

1 Prn)ecto de Lr...,· 'iobre /tbertad de. expresión, dt• .\c usIÍN nr

t:n f)iario de Sesiones tic la Cú"i.ara de Rcpre!&gt;e11tan tes, cit. , l.

Cfr.: La Ccn.~urrz, en !.a r•a:. I\lontc,irleo. 22 ele ap;octo c1,. 1872,
n9 444; La Democracia, ~[onti•virl~o, 16, 20 &lt;le mayo de 1873; El Siglo.
~foolc\'i&lt;lt.·o, 18, 22 &lt;ll· mayo &lt;le 1873, ns.. 2538 y 2512.
:J

-

113 -

�Consagrado a estimular Ja propaganda de los principios de
la libertad individual, nuestro liberalismo predicó con reiterada
insistencia la libertad de profesiones. En ese sentido su acucioso
interés promovió, en aras de una ilimitada libre iniciativa indi.
vidual, ciertas exageraciones. Aunque concretamente se proponía
bregar por el franco ejercicio de la abogacía fue llevado. en la
extensión &lt;lel principio, hasta el extremo paradoja! de reclamar
la exención de título académico para ejercer la medicina. 1
A una extrema concepción del liberalismo responde el pro·
yecto de ley que suscribe Julio Herrera y O bes sobre libertad
profesional_ 2 persiguiendo su vieja consigna de emancipar al
individuo de la tutela del Estado. "Déjese al interés individual
el cuidado de atender á sus propios asuntos; déjese en libertad
al individuo de gestionarlos por sí mismo ó de confiarlos á las
personas que le inspire confianza, y no se empeñe el Estado en
ser tutor eterno de todo, y en impedir que actúen ante los Tribu.
nales todos los que no están revestidos de un diploma de capa·
ciclad oficial, que no siempre garante capacidad real y efec.
tiva ... " 3
Julio Herrera veía en la exigencia del título universitario
una traba y una imposición que venía a menoscabar el ejercicio
de uno de los primeros derechos indi,·iduales. Posponiendo. en
gracia a sus principios, los pri\.ilegios que entonces usufructuaba
su propia profesión. pregonaba el conocimiento popular de leyes
y trámites que nulificac;e el mo:iopolio de la toga. 4
El liberalismo, tradicionalmente vinculado desde sus orígenes
a la afirmación del derecho de propiedad. 'ino a consagrar su
defensa como uno de los primeros postulados del dogn1a de lo5
derechos individuales.
Así lo entendió nuestro principismo, empeñado en hacer efecti\'as las garantías legales con que se rodeaba al derecho de
propiedad. Exprec;amente consignac.lo en la Constitución. los sistemáticos abusos que obstaban a ~u libre ejercicio venían reclaT.a libertad de pro/e.~ión. en El Siglo, f\ionte' idt'o, 8 de abril de
1873; El Siglo, ~Ionte\'ideo, 28 de febrero de 187'1, nQ 2768.
1

2

Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes, cit., t. X\ 111,

p . 240.
3

Cfr.: El Siglo, l\lontevideo, 28 de febrero de 1874,

.i

El Síslo, ~lonte\'ideo, 8 de abril de 1873, n~ 2:&gt;10.

-

114 -

n9

2768 .

�mando la sanción de leyes complementarias que le amparasen
eferti\lamente. Manifiesta el doctor José María Muñoz al exigir
esas garantías en el Senado: "La propiedad está mandada respetar
por dos artículos de la Constitución muy terminantes. Es sagrada
é inviolable para ante toda autoridad y para los particulares ...
¿Qué es pues lo que ha podido hacer infeliz esta disposición tan
terminante de la ley fundamental? Es precisamente el abandono
de eso que se llama teorías de eso que se llama utopías: es que
no hay autoridad pública con derecho á obediencia sino dentro
de la esfera de sus atribuciones ... ,, 1
Con el despertar de la filosofía individualista el individuo
se yergue frente al Estado, hasta entonces absoluto, para postular
sus reclamos tendientes a una delimitación precisa de sus dominios. Individuo y E~tado, cada vez más antagónicos en su acción
y sus prerrogativas. se en frentan durante el siglo XIX desde
distintas doctrinas políticas y filosóficas. El individualismo, que
madura en el siglo XVII 1 al calor del racionalismo filoc;;ófico y
Be concreta en el :X J'( en su plena vigencia político-social preside
el derrotero de todas aque1las teorías que desde la Revolución
procuran c1nancipar al ho1nbre --como áto1no socialde la
tutela agobiante del Estado. Sobre ec;e supuesto descansa la
cosmovisión política del liberalismo tradicional que propone la
libertad como condición para el pleno desenvolvimiento del espÍ·
ritu humano. Según Benjamín Constant el Estado debe limitarse
a mantener la seguridad general y a garantir el pleno goce de
l n~ libertades dentro de la paz pública. El Estado representa la
justicia }' la paz. I~a es su &lt;''-fera legítima. 2
En tal tesitura. t:l principic;.mo aferrado a la teoría del Fstaáo
gunrtlirín hace el clásico distingo liberal entre autoridad e indi\ ¡.
dualidad. José Pedro Rarní rcz define posiciones al respecto: "hay
dos escuelas respecto al Estado. Una. . . la e:;;cuela que quiere
ver al l~stado inlcrYiniendo en todos los ramos de la activiclad ...
Otra. In que no quiere ·ver al Estaclo intervini endo sino con la
intcr\'Cní!iÓn inclirccta. dirernos así. concurriendo á garantir la
seguridad exterior y el reinado de la paz, de la justicia y del

1

Diario ele

:.: llt.:'\J,\.,tí:-o

Sc~iones

de la (amara áe Scnadore'i, t. ;,IIT, p. 135.

Co~~• \ ~T,

CourJ de politiq11e constit11tionnel/e, cit. ln tro-

duction.

-

115 -

�orden en el jnterior ... " 1 "Al Estado proteger, al indi, iduo obrar"
es el lema de nuestro liberalismo receloso de toda inter\'ención
estatal que pueda gravitar sobre el dominio pri\ ativo del individuo. "Que limite (el Estado] su misión á proteger la libertad
i ndividual. el verdadero, el supremo, el sólo interés público.,
propone Julio Herrera y O bes. 2 Es Ja expre~ión \'igilante del
liberalismo frente a las intromisiones estatales tal corno surge ele
los escritos de Constant y de las observaciones de su discípulo
Laboulaye quien, ante la experiencia democrática que ha presenciado, concluye que en los Estados Unidos "el Estado es pequeño
porque el individuo es grande". Su concepción del Estado corno
organismo regulador, proviene lógicamente de la cerrada estructuración del indi"iduo, ser omnipotente al que deben prestarse
todas las garantías para que pueda desenvolver libremente su
destino. No podía admitir otro contexto la teoría de los derechos
individuales que termina de enunciarse, y en cuya función se
desarrollan Jos postulados esenciales de la filosofía política del
principismo. 3
Las sucesivas conmociones políticas que siguieron al comienzo de nuestra vida independiente hicier on reflexionar más
de una vez sobre las bases que sustentaban el ordenamiento institucional del país. Andrés Lamas, Manuel Herrera y Obes. Bernardo
P. Berro, Juan Carlos Gómez -entre otras iluc;tres personalidades- h abían sopesado desde distintos ángulos el problema de los
principios ele gobierno. La generación del 72. en1peñacla precisamente en la reestrucluración de nuestra convi' cncia político.qocial,
se abocó a su planteo con ac ucioso interés y sólido bagaje doctri1

Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes. cit.,

t.

XVIII,

p. 537.

z Las 11iejas y las nuevas ideas, en El Siglo, 1'Iontc\ideo, 19 de abril

de 1873,

n9

2501.

a Sobn· e.1 individuo y t•l Estado véa--e: Con/erenria ele Derecho Cons·
titucional. 1\"ociones generales sobre el indir•iduo y el Estado. en La Bandera
Radical, ~lonte' ideo, julio 9 de 1871. n&lt;I 21; CARl.OS ni: C .\STRO, Curso de
Fconomía Política, f. 207; Diario de ~es1onc~ de la (amara de Represen·
tan tes, cit., t. X\ 111. pp. 537 y ~s .. 180 y ..,.... 339 r ""· '. Fl pro)'ecto del Se·
11ador Camino, en El Siglo, l\Ionte\ i?eo. 19 de abril. de 1873. n9 ~50 i;
¡;¡ Estado y los ferrocarriles, en El 1g/o, ~Ion te\ ideo, 2 de abril de
1873. n9 2505; Un buen precedente, en Fl 5,g/o, \I ontcvidco, 28 de mayo
ele 1873, n9 25·16; La prenr;a ~in doctrinas, t'n El Sislo. i\lontevideo, 13 de
noviembre de 1874, n9 29i6.

-

116 -

�nario 1 meditando la1 gamentc en torno al planteo teórico de los
cánones políticos de nuestra organizarión republicana.
Nuestro principis1no - &lt;'01no se puntualizara - hizo cuestión
capital del respeto de las libertades individuales como ba"e de las
libertades pública y &lt;le la eficiencia dernocrática. De ello c;u concepción del Estado, mero sostén ele las in~tituciones, y su fe en la
soberanía popular. J~l gobü~rno - como lo proclarnara Don Carlos de Ca--tro desde la Cátedra de Economía Política - es limitado
en su n1andato. no es dueño ahsoluto y despótico ele todo. u presidente elche ofrer.cr garantíns para el ejercicio de todos los derechos
y moralidad en la ar11ninistración de los intereses públicos. 1
El fundarnento rnotor ele la teoría ele gobierno principista
clr.Qcan.:;n Pn la vigencia de la libertad política. plf'na y sin retaceas,
pese a los peligros que involucran sus excesos. Pedro Busta1nante,
irn ocabn nsí la libertad desde la Cámara: "yo digo que todo país
que renuncia á los hcneficioc; ele la libertad y á sus inmensa ven..
,
.
.
,
t aJn" por 1r. rnor a sus 1nconven1enles es un pa1s n1no, v es un pa1s
r.ondennclo ñ etPrna tutela, ii ser pcrpetuan1ente esrlo,·o civil ó
políticamente". )'" agregaba definiendo en torno a la libertad el
con1etido del gobierno democrático: " . .. la n1isión actual ele los
podcr&lt;&gt;s públicos. la 1nisión nrcrsnrin~ no es dirigir la actun1idad,
no es prcYcn ir todos los males y los inconvenientes que la libertad
puede tener: es garantir el libre ejercicio de todo" loe: derechos
y clej ar que los pueblos por c:í, ello~ por c:í hagan uc:o de su activirlad cómo y de )a 1nanera que }es parezca 1nejor )' llHlC: con\'C11Íente ... " 2
En el mi.-.mo sent ido se pronunciaba J oc:é Pf'rlro Ra1nírrz con
I' inquchrantahlc en los hencficio" de la lihe1 tacl: "Crecn1os que
In C'scnc·in del principio de la libertad aplicacln á todas las insti·
tucioncc:. hun1anas. hn de traer Ja íe] icidad dr- los puehlo". con
J&gt;rcfert&gt;ncin ú las comhinacionr.c:. Rrhitrarias de lo hombre~; y estarnos dispuestos ;;Í c:u frir las conc:.ecucncia" de In veleidad ele los
pueblos nuí · bien que persuodirlos &lt;le la falscdud de un sistema
que est ií hosndo ~n ln naturaleza y que ha sido promulgado por
e) Cr&lt;&gt;ador Suprcrno ... Yo creo qne es preferible hundirse con
e os principios en la hora ele la adversidad ..... 3
~

1 CAttl.OS DE

e \STllO,

Cur~n

·-

de Fronon1ía Politico, cir.

Pi onn Bl 'T\M.\:'\lE, /,a libertocl de t•nlisión, en Retista Nacional,
76, p. 90.
:.!

nQ

a /)iario ele Sesiones de la Cán1ara de
p. 232.

-

117 -

l~epresencan;es,

cit., t. XVIII,

�Procura en realidad nuestro liberalismo doctrinario un acuer·
do entre la democracia y la libertad política, al modo de Tocqueville, coincidiendo con él en señalar los riesgos del extremo individualismo. Se pretende fundamentar un gobierno libre sobre bases
racionales: de allí la necesidad de educar al pueblo en la escuela
del civilismo democrático, para evitar su opresión por unos pocos,
o por uno en nombre de la soberanía, al ejemplo que presentaba
Rousseau en el Contrato Social.
Lo esencial de la libertad política consiste - como sostenía
Constant - en una distribución tal de los poderes que cada uno
se mantenga en los límites de sus atribuciones respectivas. "Se
trata de deslindar las atribuciones de los poderes públicos - observa coinciden temen te 1ulio Herrera y O bes - demarcándoles con
toda precisión la esfera en que pueden desarrollar legítimamente
su acción, sin choques, sin trastornos, encuadrándose en el movimiento armónico de nuestro mecanismo constitucional. Recuérdese que en la división de poderes está la bac;e indispensable de
toda libertad política y social y se comprenderá cuánta es la importancia que tiene, cuánta la calma y madurez con que debe ser
tratado y resuelto". 1 Se reacciona así frente a las prácticas abusivas del Cuerpo Legislativo. que frecuenten1ente interfería la órbita privativa del Ejecutivo, desde la doctrina constitucional de
la independencia de los Poderes.
En cuanto a los principios rectores de su teoría política, el
principismo - fuerza es consignarlo una ' ez más - ha seguido
con fidelidad las huellas y el ejemplo de las ideas rectoras de la
lla1nada Hdinastía de Virginia,, particularmente encarnadas en
Thon1as Jefferson, en quien culmina la línea del constitucionalismo
angloc;aj ón trazada dec;de Locke a Paine .
... obre la base de la libertad se postula la igualdad ante la
ley. la sumisión a lo~ derechos naturales. la fe en la soberanía
popular como origen del gobierno y el derecho extre1no de
revolución frente a la autoridad tiránica. Predominio del poder
civil. educación democrática y autonomía local. complen1entan el
cuadro que sustenta a las instituciones republicanas con que el
principis1no se dispone a enfrentar los problen1as de la realidad
nacional. 2
Diario &lt;le Sesiones de la Cámara de Rcpre .~entnntt&gt;s, cit.
:? Cfr.: 'Sobre teoría dt! gobierno: Diario de Scsío11e5 de la Cámara de
Reprt· ."~11tn11tes, t. X\ 111, pp. 451 y 535; t. XXI, p. 660; La buena doctrrnn. en /:'/ Siglo, ~lonle\'idco, .i; de no\.icmLrc de 18i·t, n9 2968; Las re·
clr11nnr.ioncs contra el I::srado, en 1:.1 Siglo, ~lonte\'id e o, 6 de marzo de 187•1,
1

n9

2773.

-

118 -

�•

CAPÍTULO

IV

LAS SOLUCIONES PRINCIPISTAS ANTE
LA REALIDAD NACIONAL

��•

SUl'tlARIO:

•

Programa político: rcort?anización institucional: reí orma con~
ti tucional; ley electoral y regist ro cívico; descenlralizaci-: n
ndrnini-trnth u; reforma judicial y legislación penal; guardia
na&lt;·ionnl y ~jército permanente. Arbitrios sociales: la educaci:o
'¡, ica y el co1nctido &lt;le la prensa; alfabetización. Las solucio·
ncc. cconóruicns · t.•l pdncipisn10 írenle n In crisi.. cconómicohnancicr..i ( 1868-1875)
: empn~stitos
extranjcro5; r educción de
.
.
.
,
presupuesto; iu1puc~tos; em1s1on menor.

Ahocado a su tarea de reorganización el principismo contempla en su programa la n ecesaria revisión de nu eslro código constitucional. Pretende así aj uslar la Constitución del 30 con la realidad his tórica a cuya luz nueslra Carta. en má::i de un aspecto, parece ir quedando rezagada luego de cuatro décadas de vigencia.
Df'sde la cátedra de Derecho Constitucional, el doctor Carlos
~fa ría l{arnírez ju tificaba la urgencia de ese reclamo: "La reforma de la constitución , reforma periódica, oportu na. pero reforma al fin, es principio indispensable de todo buen pro~rama
de política ... 1\ cuarenta años que lleYamos &lt;le vida soi-disant
con.¡titucional, abs urdo sería suponer que no hubiesen can1biado
nue.'i/ras costumbres. nuestra.s circunstancias y nuestra .~;tuación,
&lt;le manera que no se hace más que interpreta·r la voluntad de los
constituyentes al pretender que ese carnbio si rva de bnse a la
lransfor1nar.ión de nuestras instituciones. El estudio ha demostrado a la &lt;'\ idcncia, cuan plnga&lt;la de irnperfeccioneq, de di&gt;ficiencias
y de c1 rores está la Constitución de 1830, que a ~c;ar de no haber
imperado un solo clía con verdad y con provecho, los partirlos
políticos se en1pcñan en n1antcner como un símbolo inviolable,
nca~o porque les parece buena con10 hanc!ern de combate, sin serles incón1oda como norn1n práctica de acción ... " 1
1:11 la hora de ln definición principista l os programas de los
Clubes conc;ignan, expresa o tácitan1ente, la irnpostergable nece1

e \íll º"

l\t \ ílÍ .\ RA~tínr7., ron/err.n rú1.~ de Derecho Constitru:ional, cit..
J&gt;p. 61 y 62, fliblio11•c C1 1\ ncional, ~Iont ev icle o, &lt;.olecr:ión rllelian Lafinu r, l. 190.
1

-

121 -

�,

sidad de ajustar, mediante la reforma de su texto, la Constitución
de la República a las exigencias de su tien1po. 1
A partir del año 72, la prensa doctrinaria insiste en la re·
forma 2 : "Obra de la inteligencia humana, Código dictado en los
albores de nuestra vida revolucionaria. la Constitución de 1830
no es ni puede ser la úlLima palabra de la perfección, y la fórmula
más acabada del progreso ... Critiquemos los errores de la Constitución, hagamos palpables sus defectos, parangonémosla con los
grandes modelos que nos ofrecen las sociedades libres para que
el fruto de tan patrióticos esfuerzos sea la reforma de la Constitución, que abrirá á no dudarlo nuevos destinos á la patria y
nuevos horizontes á la democracia, á la libertad y á la República.,, 3
Y denunciando el sentimiento reformista de la opinión pública
declaraba El Siglo : "La idea de la reforma constitucional no ha
nacido de tal ó cual cerebro, es una aspiración unánime del pueblo, es un verdadero sentimiento nacional. En el debate de la
prensa oriental no se ha alzado una sola voz para atacar esa
fecunda idea, ni se ha hecho senti r una n1anifestación contraria
á ella en ninguna inteligencia, en ningún partido, en ninguna fracción del pueblo. Convicción que se ha venido elaborando virtualmente desde hace muchos años en el curso de nuestra turbulenta
exjstencia nacional el pensamiento de la reforma de la Constitución surge hoy prestigiado por el movimiento de opinión más
vigoroso y más enérgico que se ha manifeslado entre nosotros ...
El Artículo 15 del Pro1ITama del Club Radical e:)tablccía: "El Club
Rad ical propenderá á que el país inicie 111 reforma de la Constitución".
(Cfr.: Progranuz del Club Radical, \font evideo, 30 de mayo de 1872, en
La Paz, lfontevideo, 2 de junio de 1872, n Q 349.)
"El Club Nacional - reza el l\lanifiesto de principios de dicho partidnreconoce la conveniencia de que la Constitución de Ja República sea re·
formada, adaptándola a ]as exigencias de lo época y á la marcha progresha
de la i;ociedad." (Programa del Club Narionol, \font t'\ i&lt;leo, 7 de julio de
1872, en Biblioteca Nacional, ~fontevideo, Colección ilfelián La/inur, t. 7 y La
Democracía, ~l on te,ideo, 9 de julio de 1872, nQ 36.)
1

Cfr.: Cámara.~ Legi.~lati1 as y Cámaras electora/ef, en La Democracia,
1'1onte\'ideo, 7 de julio rlc 1872, nO 34; La Den1ocracia, l\lonte\'ideo, 25 de
julio de 1872, n&lt;&gt; 41; La Paz, 1\-fontcvideo, 11 de julio de 1872, nO 394;
La Reforma de la Constitución, en El Siglo, l\fonte,ideo, 16 de mar'º de
1873, nO 2492; La reforma con stituc1onal, en El Siglo, :\lonte"ideo, 18 de
marzo de 1873, nO 2-l93; El Siglo, ~lonte\'iclco, 3 ele ma) o de 1873, n° 2532;
El Siglo, ~Jontevideo, 10 ele Junio de 18i3, n9 2557 ~ El Siglo, ~[onte\'ideo,
21 de julio de 1873, nº 2565; El Siglo, ~lonte,ideo, 21 de octubre do
1874, n&lt;&gt; 2953.
2

3

El Siglo, l\Ionte' id eo, 10 de n1ayo de 1873,

-

122 -

nO ~53~.

�La reforma constitucional es una prenda de paz y de concordia,
de adelanto y de engrandecimiento. en ella han de luchar dos
únicos elementos antagónicos, el pasado y el porvenir, el estacionamiento y el progreso, las aspiraciones liLerlicidas y las aspiraciones liberales." 1
En el mismo sentido se pronunciaba el órgano del partido
radical: "creen unos que nuestra actual constitución crea una
organización demasiado centrali ta á la República, creen otros
que no consagra lo bastante las garantías y los derechos indivi·
duales. y que. con algunos de sus artículos, dejan ancha puerta
para lns arbitrariedades del P oder Ejecutivo; piensan éstos que
estahlece más de un principio reaccionario que está en abierta
oposición con el espíritu liberal que preside y debe presidir á sus
disposiciones; y piensan aquellos que es defectuosa en su origen
y que el pueblo oriental necesita revalidarla y hacerla realmente
suya ... " 2
El primer supuesto de la reforma constitucional reside en una
ratificación de la soberanía, que aparecía menoscabada a través
del acta de aprobación firmad a por dos poderes extranjeros de
acuerdo con las estipulaciones de la Convención Preliminar &lt;le
Paz de 1828. "Es preciso - decía El Siglo - arr:incar de una
vez por todas esa página depresiva de nuestra a11tonon1ía nacional;
es preciso demostrarnos como un pueblo independiente y soberano". 3
Propicia asimismo la mentada reforma la incorporación definitiva de los principios y garantías que consagren. en un plano
de estricta igualdad, la plenitud de las libertades políticas y civiles, o bien. en los términos con que lo consigna el rlub Radical
en su l\1anifiesto del 30 de mayo del 72, "emprender la reforma
de In Constitución en el sent ido de restablecer el imperio ab~o­
luto de la igualdad y de a~egurar al país el amplio goce ele las
libcrtnclcs sociales á todos los hubitanlcs del I~stado ''. ·l
Se condena la cenlralización administrativa que ampara la
Constitución del 30 y se propugna. a la luz ele la experiencia de
1

E.'/ Siglo, i\tontevideo, 21 de junio de 1873,

n9

2565.

2 T~a

Reforma Constitucional, en La l'a:, ~lontcvi¿cn, 11 de julio de
}872, n'I 39·t
:i f,a rr./ormn de la Constitución, en El Siglo, ~lonlt::,· i&lt;lco. 16 de mnr·
zo de 1873, n9 2492.

La

'4 Jlfardfic\lo del
Paz, ~Iontc\ideo, 2

Clnb Rrulirnl, Jontc,id&lt;•o. 30 de n1nyo de 1872, en
de junio de 1872, nCJ 319.

-123 -

�Tocqueville, la autonomía local mediante la organización de los
municipios que la reforma pretende introducir expresamente en
el texto constitucional. "No hay pueblo libre que no haya hecho
de la comuna la escuela primaria de la libertad" rezaba la cita de
Laboulaye que La Deniocracia lucía como epígrafe. 1 Mediante el
gobierno comunal se postulaba la descentralización administrativa
como garantía frente a la absorción que en nuestra vida política y
social venía ejerciendo la capital. "Es necesario que la vida po.
lítica penetre y se extienda en todos los ámbitos del país,,. prego·
naba El Sig!o concretando las ideas acerca del sel/ g01Jemmen!,
acabada expresión del gobierno del pueblo y por el pueblo. "Cree·
mos que una de las más importantes reformas es la organización
municipal. En ese punto es más necesario crear que refor1nar.
El único vestigio que en la actual organización se encuentra de lo
que algunos autores de Administración han llegado á llamar el
poder municipal es la 1unta Económico Ad1ninistrati\a que existe
en cada departamen lo. Trece Juntas. He ahí todo lo que hay de
municipal en la República. Falta el pequeño municipio que en
cada pequeña localidad administre y fomente los intereses de ~a
misma ... la 01 ganización municipal es la base de la descentra·
lización administrativa ... este sistema aleja el peligro de que ln
"El Club I\acional ha comprendido t·ntre las necc"'idades mñs ''iables de la actualidad el establecimiento del Gobierno ~Iunicipal, confiando
á los pueblos y di~tritos rurales el manejo de sus propios intereses, abandonados hasta h oy, cuando no abolidos por una ce ntrali zac i ~ n admini-.trativa.. La centraLzacion da al Estado las fuerzas que arrebata al indi"i duo.
La debilidad de éste constituye e l poder de aquél . .. La vida municipal es
una prolongación de lo ~ intere&lt;-es indi\'idualcs... La~ in ...tituciones mu!licipales son para la librrted lo que la escuela de prin1eras lel ras para la
ciencia (Tocque\'ille). :'\o ha)' un pueblo libre que no haya hecho ele; la
comuna Ju t'~cucla pr1n1aria de la libert1d (l.aboulaycl. 1\llí prin&lt;"ipia la
existencia del ciudaJano. El municipi-0 &lt;''- la e cuela en In que los indi"iduos
se ensa)an en el 1nancjo de lo~ intereses." (La Institución municipal, en La
Democracia, \lontevidco. 6 de ago~to de 1872.)
••1.a soc.1cdatl americana -escribía Laboulay~- podía con ... tituir::e en
p ode r ejcc ull~o con10 lo hizo, porque aquella ,ocicdad ec:taba organi1.ada tfe
tal 1nodo que el gobierno Íl'ncral jira dentro de u•1.i e .. f('ra tle las 1n:is limitadas. Adminislruf1on provin cial y 11111nicipal, ju,ticia, cd11caci: n. rclioió:-t
todo qe encuentra f1n.:ra Jt• In ac:ci~n gubernamental. ¿Quién se encar~a de
ello? El n1i,mo país... ~e encuentran la.:. e~cuclas con1unales, a las que
t odo el mundo t•n,·ía a su&lt;: hijos p nrn recibi r una cducocic)n st'lida y pa·
t ri ótica. ll e aquí un pu eh lo que todo l.'nlcro snhl· leer y a quien cn sefin
desde la prinll•ra l'da&lt;l a ann1r a la patria y a r.onoccr la con&lt;:tituci 'n. Aquel
pul.'blo l.' ui aco&lt;:t11n1brado ni ~el/ covernn11~nt. e&lt;: decir. a ~oh 0 rn11rct~ e sí
n1ic;mo, 1•n la rnunicipaliclad y t'n el E':ltndo." 1 E. LADO ULA Yr., E'tudios sobre
la Co11..stit11ción de los 1:.·srados Unidos, cit., t. 11, pp. 191 a 193.)
l

-

124 -

�vida del país refluya á la capital, dejando abatidas y sin vigor
las extremidades de la República". t
Como eficiente salvaguarda de los derechos individuales, cuyo
pleno ejercicio hasta entonces dependía del arbitrio, y a menudo
del capricho del Jefe Político departamental, el Municipio prome·
tía el goce, desde su esfera autónoma, de las garantías que en la
práctica - por su dependencia absoluta del poder central - no
prestaban las Juntas Económico Administrativas. 2
Ante la opinión reformista resulta una aberración el meca·
nismo electivo que consagra al Presidente de la República. Ana·
tematizan el vigente sistema mediante el cual los propios legisladores eligen en el seno de la Asamblea al primer magistrado. Se
pretende mediante la reforma constitucional, instituir un cuerpo
electoral ad lzoc cuyo cometido expirará con la elección del Presidente, según el uso consagrado en la Constitución norteamericana. 3
Se apunta asimismo, en aras del liberali~mo racionalista, la
definiti\'a separación de la Iglesia del E5taclo. '"Libera chiesa
libero stato" es el lema de nuestro libre pensa1niento, que deplora
el compromiso consagrado en el artículo 59 de nuestro código
fundamental. 4
Organización 1lfunicipal, en El Siglo,
marzo de 1873, n 9 2.500.
1

~1ontcvide o ,

27 de marzo de

Cfr.: Reforma Jlfunir.ipal, t•n La Democracia, :L\Jontevi&lt;lco, 6 &lt;le ngoc:.to
dt• 1872, n9 51; El presente )' el pon enir, en La Den101 racia, 1\lon·
tevideo, 19 d1• i;eticmhre de 1872, n9 75; Una atribución importante
de las municipalidades, en E'l Siglo, ~lontc\ ideo, 3 &lt;le dicicmhre de 1872,
n9 2109; f.'l J\funicipio, en ¡,·1 Siglo, ~lonrc' ideo, J'' ele abril de 1873,
n9 250 i: l'rorcr:ro de Organización. "'unicipal, en El Siglo, 1\lontevideo,
10 de junio ele 1874, n9 2810; Organización. J1/unic.;ipal, en E'l Siglo, 1\lon·
tcvidco, 27 de junio &lt;le 187•l, n 9 2872.
2

3 flcqpt&gt;r. lo n Ja t•lt•cción dt'l pri111r.r n1anclutario se coinr.idía por en·

tonccs con LoLoulaye: "La Con..,tituci6n ordena q1u• la clccr.ión del Pre·
eidcntc se hago por clcr•torcs nonthrados expresan1entc al efecto, y que por
carla Estado huLr&lt;i tantos cJectnrt'c. prcc:idcr1t·i11lrs co1nn rcpn~c:entantcs y se·
nndorc hoya •' n PI ConKre..n Ft•deral." (E. L\HO UL.\ Yf , Estudios sobre la
lºo11 t11ucit)11 tic lo~ Estados fl nirlo~. cit., t. JI, p. 168.)
El ór~ano radical aducía con el ejemplo en favor del régimen do clec·
torcs pre idcncinlc"': "~tús felircs que no&lt;ootroc: f':n cuanto ñ oq~nnizaci o n in11tit11cional ..• los Ec:tnrlos Unido11 y la República Argcntinn hacen &lt;le la
r,)ccci1ín de sus legislador&lt;'" y del Presidente &lt;l~ In Rcptíltlica dos artos
~··poru&lt;los clo In sohuru nía popu]ur .. .'' (la J&gt;a;:, ~IontP'ticleo, 10 de octubre
do 1872, n9 45 l.)
4

Cfr.: A La Ra;,611 Católica, en El Siglo, l\lonle\ itlco, 6 &lt;le junio de

-

125 -

�En los primeros meses del año 73 el doctor Bustamante se
hacía portavoz de ese consenso reformista elevando a la Cámara
de Representantes un proyecto revisor de la Constitución, favo.
rablemente acogido por una casi unanimidad. Días siguientes
el diario conservador, unificando la vocación reformista que alien·
ta en la opinión, justificaba esos anhelos: "Nuestras aspiraciones
están en el porvenir. Sin embargo nuestras instituciones permanecen encadenadas al pasado. Un esfuerzo y habremos conseguido
amalgamar el espíritu de las instituciones con el espíritu del
pueblo. La Religión de Estado, negatoria de la libertad de con·
ciencia, de culto y de propaganda; la centralización administrati·
va, que mata la iniciativa de las localidades, haciendo imposible
la organización municipal, el sel/ government de los americanos,
la función de elegir Presidente de la República confiada á la
Asamblea, que hace que tengamos todo menos legisladores verdaderos, son principios constitucionales incompatibles ya con la
fecundidad de las libertades individuales, con el desarrollo de las
fuerzas activas el país, con los intereses bien entendidos de la
República que r eclaman horizontes más vastos y campo más garantido para el desenvolvimiento portentoso". 1
El empuje reformista. trascendiendo la esfera de la pro·
paganda periodística y Ja discusión parlamentaria. se concretó en
la aprobación de una ley que declaraba que el interés nacional
exigía Ja revisión constitucional. dándose con ello el primer
paso en el camino de la reforma, que según el precepto e-stablecido
en la Carta, debía continuar la próxima Legislatura. Perentoriamente, los legi~Iadores principi~tas se empeñaron en esclarecer la
interpretación del texto, fijando con precisión la latitud de algunos artículos. a cuyo amparo se venían perpetrando la! má9 flagrantes arbitrariedades. A ese fin responden. como va se consig·
nara, los proyectos de J osé Pedro Ramírez, Pedro Bu~tamante y
Ambrosio Lerena - entre otros - que llevaron al Parlamento no
sólo la voz de la doctrina, sino también, y con mucho, un freno
efectivo a los desmanes de la autoridad.
Arduo esfuerzo implicaba sin duda la defensa de las garen1873. nO 215 l; El Arzobispo de WestminJler, en El Siglo, !\Ionte,·ideo,
19 de diciembre de 1873, n9 2713; Creación del Obispado en la Cámara de Representantes, en El Siglo, ~fonte\ideo. 7 de julio de 1871. nº
2869; los márt;res del siglo X/ ,,Y, en El Siglo . l\lonte,ideo, 10 de julio de
julio de 187 i, nO 2872.
l

La reforma de la Constitución, en El "zglo, \Ion te\ ideo, 16 de marzo

de 1873,

nO

2492.

-126 -

�tías que el sector principista cumplía en el seno de la Asamblea
frente a quienes acataban, resignada o indiferentemente un estado
de cosas que entendían inherente a nuestro turbulento proceso
histórico.
Ante uno de los tantos problemas que planteaba p or entonces
la interpretación de nuestra Constitución, El Siglo efectuaba, con
ecuánime juicio, un crudo balance ele nuestro pasado, al tiempo
de señalar consignas inmediatas e ineludibles a que los partidos
liberales debían ajustar su programada obra de reconstrucción
nacional. Precioso documento que ilustra sobre la discutida ade·
cuación del principismo con los problemas de su hora, "iene a
consignar en verdad la legitimidad de aquellos d esvelos y ]a vigencia última de los principios que definían su profesió n de homL1 es prácticos, ante la diaria y terrena realidad de su presente. El
inexc usable testimonio de esta página, absuelve, sin duda, de la
extensa cita. ''~o se puede dar un solo paso en el terreno legislativo sin tropezar con alguna cuestión constitucional que su rge
inopinadamente de las dudas que sugieren las disposiciones del
Código fund amental, unas veces expresas, pero en abierta oposi·
ción con las prácticas establecidas y con las ideas que esos pre·
ccdcntcs abusivos han generali zado y elevado á la categoría de
axio1nas. Otras veces, vagas, deficientes, oscuras, al punto de que
sea necesario interpretar y aún adivinar su espíritu y s u alcance,
y algunas también, como sucede con la Reli gió n del Estado, en
pugna con 1a R azón, con las idea~ del ~ig1o y hasta con los principios constitutivos de nuestra organi1nción política y c;ocial. Todas
cstns dudas y co1nplicaciones de grn' edad y trascendencia primorclinl para el porvenir y Ja felicidad de nuestro país han dor·
rniclo hasta ahora en el olvido y la ignorancia en que nuestra vida
turhul&lt;'n ta y anormal ha tenido condenada á todo lo que no se
relncionnha intirnamc nte con las ncces iclade~ del tnon1ento, con la
satisfacción de las tnás desenf renadag pasiones ó el remedio á las
nmcnnzas más tr~n1endas de prcponderanria y absorción que ponían en peligro la libertad y la independencia nacional. Nuestra
vicln política ha sido hasta ahora tenaz } de~esperacla lucha entre
el cnuclillaje y la civilización , entre la libertad y el d espotismo, á
punto ele que la nctiYidad nacional no ha t rnido otra manifestación
sr.nsihlc que la vorágine de revoluriones y guerras civiles que nos
l1a nhsorhiclo y a1 rehatado en vértigo infernal. En lo administrnti vn co1no en In p olítico y f:n lo político con10 en l o legislativo,
t nclo hn siclo pre,·ario, irregulnr. arbitrario. como la situación en
que ' 'ivíun1os. 1'odos e5tos actos no son sino r emedios, expe-

-

127 -

�dientes más ó menos eficaces practicados bajo la ley tiránica de
la necesidad y sin más regla ni medida que la autenticidad del
mal con que luchábamos. No tenemos pues vida constitucional
--confesaba El Siglo- ni hemos tenido por consiguiente ocasión
de contraernos á las cuestiones constitucionales, ni tiempo para
r esolverlas autorizadamente con entera calma y libertad de espÍ·
ritu fijando las bases de nuestro derecho práctico-administrativo.
Esa es la tarea, no la menos ardua y patriótica por cierto, de las
que pesan sobre los hombros de la presente Legislatura. Todat
esas dudas y cuestiones, nos han asaltado en tropel desde que
hemos dado el primer paso en el terreno práctico de las institu·
ciones. De ahí esas discusiones frecuentes e interminables sobre
el sentido verdadero de una frase de la Constitución ó de la
verdadera interpretación de sus preceptos con que la Cámara de
Representantes ha absorbido casi todo su tiempo en el presente
período. Bien n ecios los que por ello le hagan reproches! Pobres
é ignorantes políticos los que desconozcan la utilidad, la necesidad,
la urgencia de aclarar las disposiciones de la ley en que están
consagrados y garantidos todos nuestros derechos y toda nuestra
libertad! No es tiempo malgastado, no, el que se gasta en dar
leyes reglamentarias de la Constitución que protejan la libertad
individual contra los abusos y desmanes in\'eterados de la autoridad ! Ese adelanto y progreso moral está más arriba y mucho
antes que todos los adelantos y progresos materiales imaginables.
~1ás bien di cho, el verdadero progreso material no es posible sin
el progrec:o moral. La libertad y ]a justicia es la bac;e de la prosperidad } grandeza de las naciones,,. 1

La legi-.Iación electoral de abril de 18~0 no garantía fehacientemente el sano ejercicio de los derechos electorsle3. La práctica viciosa de nuestra existencia política había unas \'eces burlado
mediante el fraude. otras &lt;lec:conocido mediante loe:; abusos, las
garantías primordiales del sufragio. A la sombra de los "go·
biernos electorales" la Yiolencia y Ja coacción habían inYeterada·
n1cnte dcs,'irtuado quizá el n1ás esencial de los principios de
nuestra organización republicana. 2
Otrn ru~stión constitucional, en El Siglo. ~[ontevideo, 10 de junio
de 1873, 11° 2557.
1

::?

(fr.: Lrr r~pre~~ntacian de la.~ minorías. en La Democrar.ia, f\[onte-

vitleo, 18 de julio de 1872, n9 39; Cuestiones eltctora/e(, en El Sigfo, l\f on·
tcvideo, 5 de dicíembrc do 1872. n° 2-109; Ley electoral, en El Siglo, l\fon·

-128-

�Denunciando los males que aquejaban al régimen de elecciones
el doctor José Pedro Ramírez expresaba en la Cámara: " Más que
un defecto de nuestras leyes (que no son malas ) por falta de la
costumbre, y sobre todo, por probidad política, hemos hecho con
frecuencia una farsa y una burla del acto solemne y más digno
de respeto : el acto del sufragio popular. En este sentido nada
hay más legítimo, nada más plausible que el propó::1ito de ga·
rantir en cuanto sea posible, la verdad del sufragio". 1
Entendían los partidos de principios, abocados a la reorganización institucional del país, que era artículo de capital importancia el reaj usle de la ley de elecciones. 2 En ese sentido, y con
tcvi&lt;leo, 21 de noviembre de 1873, nº 2690; los /raudes electorales, en El
Siglo, ~[ont evicleo, 18 de mano de 1871, nO 2783; Ley de elecciones, en
El Siglo, l\Iontevicleo, 16 de al&gt;ril de 187jl, n 9 2805; Derechos r debere J
electorales, en La Democracia, l\1onte\ ideo, 2 de junio de 1872, nO 2.
A través del eQcepticis1no de El Siglo, se tiene una cruda idea de
oqueJln primaria etapa electoral: "D1gámo-.lo francamente y sin an1bages.
No existen en la práctica ninguna de las garantías que a.;.cguran el libre
cj1·rcit·io del derecho electoral. No hay urnas electorales. La \Otación ~e
verifica en m11chaq n1esas al aire libre. 1'oclos llevan generalmente su re·
vóhcr en el bol .. illo. Las listas que sincn para \ Otar anclan i111 prcc.as en
papeles ele di~tintos coloree., de suerte qu e todos saben la lista que vota
coda ciudadano. La formació n ele los listas drmo trativas del resul tado de
la \'otar.if n e"tú confiada escluc:i\'amcnte ¡j la buena fe rlt&gt; la mPsn. Con
tales elemen tos ; pu ede haber verdad en la &lt;"lccci·· n? ¿Pu cele razonable·
mente afirm arse que esta sea e~presión de la voluntad populur 7 Y no ha·
lilen101; rl" lns infl11e11l'iac; que intervienen cuando en la elección e hac · --cntir
1 influenria oficial. No l1ablemoc: del hatalJl&gt;n Je U1 banoo::, de los fuerzas
de línea.. . No nos hagamos iJu .. ioncq, mientra e; no c:e modifiquen las con·
dicione matenall•s del acto de la \'otar.i 'n, no puede haber nadn que c:e
OF&lt;'mcje ri In Yr.r&lt;latlcrn elección . •. " ( Cue.\tiones electorales, en El Siglo,
?iJontc.. idco, 5 de di ch'mbre cle 1872, nº 2109.)

Disr.urso de f 0~1~ Perlro Rnmírez en lrr rñrnarn de Reorcsen'antr.'i.
/Jinnºo de Sesiones de la Cámara de Repre~cnta ntes, etc., cit., l. X\ III.
p. 315.
2 Coinciclentcmente, consP.rvnclorc" y nacionalistas elevaban sn reclamo
rcforn1ist11 en cuanto a la ley de t'leccioncc;. t:l iglo ex pre aha: "El poder
el•· toral. la fucnt~ ele los demás poncrcs, ec:1&gt;era todavía el día de su orsaniwcicín. 1h mos dicho que Ja r,.formn de 111 ley c!e elecciones ·~ la brse
prirnordinl de la pnz pública.. . El f ruu&lt;le. la eorrupci 'n de l sufragio, el
fnl can1icnto de la ley electoral; he ahí la cauc;a más común de lns re,·n·
lucionl s cuyo recuerdo registra nuest ra historia... En el anulan1iento de
Jn lihcrtarl Plr.cto1 nl y no en otra pnrte. han ido á buscar gcnernln1ente nuc •
troR n' volucionnrios el pretcQto que debía !'len irles ele prop•1ganda y han·
llera &lt;fp lucha . .. Quitemos á la guPrra ch·il &lt;'1 único prctc!;to que pueda
Jlroducirla ... " (ley ele Rcgi.stro Cívico, en El Siglo, }ifontcvidco, 11 de
agosto de 1874, n° 2898.)
La Democracia, por c:u parte, consignaba parecidas aspiraciones: '' ... mi·
t

-

120 -

�miras a la reivindicación del principio de la soberanía popular,
los doctrinarios reclamaban en sus programas del 72 la pronta
reforma electoral. 1 Atacando el sistema de representación mayoritaria, nuestras fracciones políticas conservadoras, radicales y
nacionalistas, bregaban por el principio de la representación
proporcional, a cuyo amparo se atendería la opinión de las minorías en el Parlamento. 2 Haciéndose eco de las ideas de Stuart
Mili, La Democracia proclamaba así ese derecho: "La legislación
que más pugna tal vez con el espíritu adelantado de la época e!
la que corresponde al sufragio electoral. . . &amp;a legislación, á
nuestro juicio contraria al Código fundamental, da el triunfo á las
mayorías absolutas de los partidos en acción y deja sin repre·
sentación á una porción considerable del país. La ley autoriza
así una enorme injusticia ... La minoría de la oposición es en el
poder una bandera contra los desmanes de la mayoría. . . y una
promesa de orden y de iniciativas liberales. La misma mayoría
debe interesarse debidamente en que una minoría de la oposición
esté representada en la vida política. Esa oposición es necesaria
para evitar la desunión y la subdivisión que acabaría por perder
á una mayoría confiada, negligentemente en su dominación absoluta. . . El interés legítimo del país, que es en definitiva el interés
bien entendido de todos los partidos, aconseja la reforma de la
ramos la cuestión electoral como el punto de partida para llegar á elegir un
Gobierno cuya legalidad sea incontrastable para todos y cierre para siempre
]a era de las guerras chiles. .. Para ello e! necesario hacer una verdad del
derecho de sufragio ... " &lt;Derecltoj ) deberes electora{ej, en La Democracia,
]\fon te video, 2 de Junio de 18i2, n9 2.)
"Si hay una ]ey urgentemente reclamada t.s sin duda Ja que ~eng~ á
r eformar nuec;tro sistema electoral, cuya imperfección y deficiencia hemos
hecho rec;altar infinitas veces. f\Iá~ que una ley electoral que garanta .••
]o que tenemol; ahora es una máquina de fraude. . . Las urna~ electorales
han :&gt;ido verdaderas urnas cinerarios de la libertad y del derecho. . . Era
necesario el advenimiento de una época de tolerancia, de justicia en que
todos los partidos político'!! tuvieran participaci n en la C'osa pública para
qne la nece-.idad de la reforma electoral por todos reconC1rida, fuese también
por todo~ reclamada." (Ley de Registro Cit·ico, en El Siglo, ::\lonte\ideo, 26
&lt;le junio de 1874, n9 2861.)

Programa del Club Rndical, \Iont evideo, 30 de mayo de 1872,
en La /'a:, l\fonte\ideo, 2 de junio de 1872, n9 3.19; .llani/ie.sto del Club
l\',,cional, f\.lontevideo, 7 de julio de 1872, en Biblioteca l\'acional, Colección
Afeitan La/inur, t. 108.
1 Cfr.:

2

l bid.

-

130 -

�ley electoral de acuerdo con e1 espíritu de la legislación moderna". 1
No obstante el reclamo de las minorías, que por primera vez
planteaban sus exigencias ante nuestra legislación eleetoral 2 , el
derecho a su representación proporcional en el Parlamento fue
desatendido.
A fin de encauzar las garantías inmediatas que autoricen la
libre emisión del sufragio, los partidos liberales hacen hincapié
en el reordena1nien to del Registro Cívico, cuya defectuosa estruc·
tura amparaba manifiestas irregularidades en la práctica electoral.
Según El Siglo la reforma del Registro Cívico estaba encaminada
a uimpedir el fraude, conservar la pureza del sufragio, dar ga·
rantías á todo ciudadano en el ejercicio de su derecho electoral,
corregir los vicios y defectos que encierra la actual legislación
y obstar así á que se r eproduzcan los vergonzoios atentados de
otras épocas ... " 3
La De"iocracia, encarando el problema en forma concreta,
apoya el proyecto de Alfredo de llerrera CU) as oportunas innovaciones prometen saludables resultados en cuanto al logro legítimo
de las eleccione~. 1
Aún latente la amarga experiencia que para el partido nacio.
nalista evocaban los comicios de noviembre del 72, las fracciones
nacionalista y blanca llevan al Parlamento las ª'piraciones de los
electores y de los partidos que reclaman garantías para la emisión
del sufragio. Subrayando las viciosas prácticas que aquej aban
a nuestro sistema electoral Agustín de Vedia, al elevar su pro·
} ecto reformista a la Cámara, insistía en las ideas que desde
La Dcrnocracia venía pregonando a partir &lt;le 1872. "La falta de
un censo general de la población de la República, indispensable
Cfr.: Las instituciones, en La Democracia, !\fontevi&lt;leo, l 9 de j unio
de 1872, n9 1.
Así puntualiza el naci onali,.mo ci11&lt;1 re clamo~ tn cua nto a los derechos
de Jns minorÍaCJ: "Si la democracia es el gobierno de sí mismo, es indispen·
eahle reconocer á las minoría c; lns dPrcchos que c;c le nie~an y abrirle~ el
rc;ccnario de la vida política." (El presente y el porvenir, en La Democracia,
,\Jonl&lt;·video, } Q de setiembre de 1872, n9 75.)
1

Cfr.: ]UAN E. PI\:EL D tVO TO, llistoria de
Urusuay, etc., cit., t. 11, p. 207.
2

de

8 Escurhemo.~
187·i, n 9 2968.

[03

partidos politico1 en el

al Senado, en El Siglo, ~t ontevid eo, 4 de noviembre

' Cfr.: La le)' de eleccion~s. en El Siglo, f\lontevideo, 19 de abril

do 187•t

-

131 -

�para dar base al sistema de la representación proporcional; re.
forma fundamental á que debemos tender, si queremos incorpo·
rarnos al movimiento progresista de las nuevas sociedades; si
queremos que sea una verdad entre nosotros, el Gobierno del
pueblo por el pueblo, y no una conjunción á favor de la cual
es casi siempre una minoría la que rige los destinos del país
sofocando muchas veces las aspiraciones y voluntad de In verda·
dera mayoría ... " Y luego de plantear esta precisa aspiración
agregaba: " . .. me refiero á la ley sobre formación de Registro
Cívico. Esta es la base de toda legislación electoral. Dictando
una buena ley de Registro Cívico habríamos dado un paso avan.
za do en el camino de conseguir el verdadero sufragio; de garantir
la libre emisión del voto popular." 1
En el curso de la discusión parlamentaria en torno al pro·
yecto de Agustín de Vedia, el elemento conservador, al prestarle
su apoyo, formulaba algunas criteriosas observaciones de orden
práctico que nuestra experiencia electoral confinnaba. "l\'1ientras
que éste [el sufragio] no venga á ser el resultado de un respeto
sincero y sin límites á acto tan au~sto -decía J osé Pedro
Ramírez- no creo que sobre esta materia. . . pueda adelantarse
n1ucho sobre lo que ) a tenemos. Repito que no es de las leyes
de quien dependerá el que lleguemos á la situación que desearnos
para el país. Pero pueden tomarse algunas precauciones. . . para
garantir hasta donde sea posible la verdad del sufragio y esas
garantías se toman en ese proyecto presentado. . . Garantiéndose
contra loe; abusos de la inc:;cripción se adelanta 1nuchísimo ... '' 2
Parecidos puntos de vista sustentaba la comisión legislativa
a quit-n se encomendó el estudio de los proyecto~ presentados por
\ 'edia y Bernabé Rivera. Los graves obstáculos opuestos a su
aplicación, fundamentalmente por la pésin1a organización electoral
del interior del país, aconsejaban que no se legislase de inmediato
sobre una reforma completa de la ley de elecciones; la Comisión
se limitará pues a "dar el primer paso'' dictando una ley sobre
formación de Registro Cívico, uque tienda á depurar las fuentes
del sufragio y garantir eficazn1ente su libérrima expresión.'' 3
Pro)ecto de ley presentado a la CánJara por Agustín de iredia, Diario
de Sc~iones de la Cámara de Representantes. etc. cit., t. XX\'!.
l

de José Pedro Rnm.ire: en la Cámara de Repre&lt;ientantcs,
Diario de Sesiones de la CámlZra de Representantes. etc., cit., t. XX\ I. p. 315.
:? nisC'UT,&lt;;0

"L:i pnmern en re ronoc&lt;'r la nece~idad de proreder á una r..:!fonna
radical Je ln ley electoral \'igent&amp; es esta Comisión: necesidad urgeutemeote
:l

-132 -

�El 11 de diciembre de 1874 quedó definitivamente sancionada
en el S6mado la ley de Registr o Cívico. Las innovaciones introducidas por la misma eran de gran trascendencia para la marcha
fu tura de las prácticas electorales. Como lo consigna Pivel Devoto
se consagran en ella cuatro principios fu ndamentales: la obligatoriedad de la inscripción; la cr eación de una con1isión inscriptora
integrada por el Juez de Paz y cuatro ciudadanos; ]a constitución
del jurado de tachas de integración popular -tarea hasta entonces
r e.servada cxclusivan1ente a funcionarios judiciales con lo que se
lintitaban las funciones de los Alcaldes Ordinarios- y, por últiino,
re.clamnda por )ne: notorios adelantos de la filoc:ofía política y por el moví·
miento progrec:ista de las sociedades modcrnac:, a que debemos incorporarnos
i;i qucrcn1oc: que lac; in"-tÍtuciones que nos rigt•n c:ean una verdad práctica;
cree tamhién que ec; necr.sa rio ante todo hacer que clc .. aparezcan las dificul·
tn&lt;les serias que nacen, ora de los vicios graves cl el c:i stc-ma c-entralizador que
tlcsgracin&lt;lan1f'nte impera en casi tocloc: los ramo s ele Ja '\dministración Púhlic:n, orn de la pésima organi1.ación ele )as instituciones loca)e,., con que no
podrían jnm1ís rocxistir o armoni1.arse aquellas TC'Íormas aconsejadas por el
espíritu de la época, vinjendo doloroc:amcnte 1í C"-leril1zarc;e r'1 á escollar en la
p11ictica 1-1i no !'C rcmue\'en primero los inronvenil'nte~ y peligros que obstan
ci !\11 inmediata plantcaci 'n. Otra clificultacl no 1nenos gr::ive con que tenrlría
'1"º l11chnrge al emprcndC'r tan importnntí~imo con10 n1 ido trahajo gería la
fnlt n nl11;ol11ta clr un censo gene ral de la Rcp1íhlira, oprr1c:ió11 que &lt;leLe practicar o previamen te como hac:p necesaria a fin d(• que In ley electoral que
5&lt;' clictr., p11f'da dar al pueblo la rcpresP-ntac:ión proporcional y le~ítima aue
ticnf' derecho á r.xijir y no "-e rc"-Íf'nla .. n c&gt;lla ,¡,, 'ic:ios capitnlr.s que pro ... tituvan r.n su mi .. ma e"-encia, n11e"-tro c;jc¡tr·ma rlc gnliicrnn snh,irtien&lt;lo la simpliiclnrl de lo~ prinr.ipio11 f unclamcntnlt•'I de c:11 or~ani1aci 'n... Pero si á
juicio el~ c11tn comisión y en \Írtud cll• lnc; ra1oncc; e p11cc;tac:. no es Jlegado
el r11on1cn to de prncr.dcr a aquellas raclir.nlcs reforrna-., crt'e c:in Pmbarf!'O que
,J,.hr. clnrsc el primer pnc:o en r.Qe anhelado r.arninn dir.tnncJo una ley sohre
forinaci{1n de Rc&gt;gis1ro Cívi&lt;"o - bac:r. incli .. pcn snhle rlc toiln 1 cµi11laci én Electorol que ti uncla á depurar las fuent es clt•l sufragio y ~urantir eficazmente c:u
Jihérrima t•xprcsión ... " ( ln formt' de. la Comis;ón t't1Car1?nda del estudio ele
los Pro) reto~ ti e le.y .~ obre Re/orn1a El f'rtoral. S11c:('rih1•n: V Garzón. J
I'. Rnn1írr.:, r. 4. T. erenn, J. R,._qur.nrz y Carcín, Junn J. de /l~rrera Diario
de Sr.s;onc'i rle la Cámara de Repre.~en tante~. cte., c:it.. t. XX\'l, p. 145.)
1~·1 Sif(lo rl"calcaha la urgencia de la ll'Ío1 ma: ... no dche &lt;1er sancionndu prcr.ipitaclnmc-nle -d~cía ,.¡ óriz;ono cnn&lt;:t•r\'tHlnr·- pero tnmhién &lt;"9
i11ilispen 11nhln que E'"ta ley qncrle c:ancionacln para que p11rcla entrar á regir
el próximo nño en que cleben efectuar~r las eleccioneq de Represen tantea y
St•norfnrcs." (E/ Siglo, l\1ontcvidco, 26 de junio de 1871, nº 2861.)
Cfr.: rlau~urrt y ronvocnfórirr e-rtranrdinnrin del cuerpo legi5fativo, en
El Siglo, ~1ontcvi&lt;lco, 16 de julio de 1874, nº 2877.
El intr•ré' 'C acrecen taba, como lo clt·~ ta r.a 1an1hién la pren«a, porque.
5nnnionada In nccec: irlad de la reforma ele Ja Constitucic)n, la nueva legislatura
tcn&lt;l.ríu el carácter de Con&lt;1tituyente.

-

133

�el establecimiento de severas sanciones para funcionarios o ciudadanos fraudulentos. 1
Considerando los legisladores, que "sólo con una inscripción
lej ítima. . . resultado de la verdad y no del fraude y el engaño .•.
pueden tener el derecho los que se sientan en las banca.&gt; de la
Asamblea Legislativa, de considerarse los verdaderos mandatarios
del pueblo" 2 trataron con esas medidas de abolir, o por lo menos
dificultar en lo sucesivo los abusos y los fraudes que hasta enton·
ces imperaban como normal expediente. 3
La magna tarea reconstructiva era sin duda superior a las
menguadas fuerzas principistas. Todo estaba aún en cuestión~
luego de cuarenta años de vida independiente. El principismo
enfrentaba un pasado inorgánico que, en verdad, hacía temer por
el futuro destino de la democracia. Pasado que ahogaba al presente e inspiraba a un periódico de la época esta amarga reflexión,
trasunto de la triste reaHdad del país: "Entre nosotros, como en
la mayor parte de las Repúblicas Sudamericanas. . . no existe la
verdadera democracia, tal cual la concibe y establece el derecho
moderno. Hay una oligarquía y nada más". 4
El estado en que al presente se hallaba nuestra administración
de justicia estimulaba el escepticismo que sobre la eficiencia de
nuestras instituciones abrigaban los partidos de principios. Ante
su crítica constructiva, resultan anacrónicas la centralización del
poder judicial --que requiere asimismo la Alta Corte de 1usticiael sistema de cárceles imperante, la exclusión del jurado en ma·
teria civil y la caduca legislación penal vigente.
Las aspiraciones hacia una reforma integral de nuestra defi·
Cfr.: J UAN E. PrvEL Dr:voro, Historia de los partidos politico1 eri el
Uruguay, etc., cit., t. II, p. 218·19.
l

Informe de la Comisión encargada del estudio de los proyectos de ley
sobre Reforma Electoral, ~1ontevideo, 26 de mayo de 1871, en Diario de Se·
3iones de la Cámara de R epresen tantes, etc., cit., t. XX\ l, p. 145.
2

Comentaba El Siglo lurgo de la aprobación de la ley por el Se·
nado: "No pretendemos que la ley recientemente sancionada no deje cabida
á la perpetuación de los abusos y fraudes, porque eso c1:1 imposible, dificilí•imo sobre todo tratándose de una ley que es s. lo una parle del sistema
elect~ral · pero sí aseguramos que ha de ser más difícil en adelante cometer
esos abu~o"' y fraude~." (Por fin! , en El Siglo, ~lonte\ ideo, 12 de diciembre
de 1874, n 9 3000.)
3

El 1 oto público y el toto secreto, en El Siglo. ~[ontc:video, 9 de
•costo de 1873, n9 2606.
·1

-

13..t -

�citaria administración de justicia -&lt;londe prevalecía en todo su
vigor la jurisprudencia hispánica- ya habían sido consignadas
en los programas del 72. 1 La prensa liberal insistió reiterada.
mente en la necesidad de reorganizar y actualizar un sistema de
justicia, sometido a los vicios que su origen y su práctica habían
configurado, y a la lentitud con que se cumplían los procedimientos
j udicinles. 2
Atendiendo tales reclamos y compenetrado de la necesidad de
la reforma, el Ejecutivo nombraba a mediados de 1873 una comi·
sión revisora de nuestra administración judicial. 3 El extenso
informe c1nanaclo de la Comisión, complementado por el proyecto
adicional del doctor J osé Pedro Ramírez, constituyó la base del
plnn definitivo que aprobó la Cámara de Representantes y que
preveía: creación de cuatro juzgados de lo ci\il, hacienda e intes·
taJos, dos juzgados de comercio y tres juzgados de crimen para
toda la República; establecimiento de cuatro ficcalías competentes
en lo administrativo, en lo administrativo-contencioso-judicial, en
lo civil y en lo criminal; erección de tres tribunales para atender
en los asuntos civiles y comerciales. de hacienda, intestados y
criminales; además proponía a la Cámara - siguiendo las legis·
luciones más avanzadas- la supresión de los Alcaldes Ordinarios,
"El Club Radical se c.. forzará por con ... cguir que c:e haga in1ned iata·
mcnt~ práctica la organización clel poder judicial por la Con~litución del
E~tado, crcándogc la Alta Corte de J 11slic ia y estublt•ciéndose ju~ces Letrados
en lo'&gt; Departamentos para lo cual t•l paí~. en "llS diversas conH1nidade&lt;J
política ..., cuenta con el nccc• ...ario y competente p1 r.;onul'" (!llani/ieslo del
Club Ratlic"I· \lnntcvideo, 30 de mayo du 13i2, en La Paz, !\1onlev1cleo, 2
de j11nio ele 18i2 nQ 319.1
l!.l purt ido nucionul propugna ni por : "la creación de la Alta Corte do
Ju ticia, c•l mejoramiento de Cúrct&gt;lt·~ y f11 nda&lt;'i&lt;ín ele In Penitenciaria, la
al1olit'Í' n de Ja pl'na ele muerte por dt•lito... político ...•·. ( l'rogra111a del CIMb
l\'flr.Íonnl, ~Jonle\'ideo, 7 de julio d1• 1872, llibliotc&lt;'a 1Vacional, ¡\fonlc' ideo,
c;olccción 11/elián l.afinur, t. 108.)
l

La Democracia, 'fon tevi·
/ns cárceles, en La De1110·
Fl presente y el porr..cntr,
en La fJc 111orracia, ,\lo11lt'\ ideo, 19 &lt;le c:eticrnhre Je 1872. nQ 75; 1~·1 jurado, en
El "'iglo. \Ion Le\ ideo, 25 do n1urzo do 1873, n? 2500; }"[ ju rudo en rnateria
titll, 111 l l Siglo, ~fontr.vidf'o, 29 de· rnarzn de 1873, nQ 2502: Las obras de
lujo r las obras ele ncce~idad, en EL ::nglo, .1\lonlcvi&lt;leo, 2 Je abril de 1873,

2 Cfr.: La 1ldn1inistraci&lt;ín de /nstir:ia, en
d"º• 1V d1• ugo ... to ele 1872. nV 50 : f,,fl rc/01111a ele
era in. ~lont&lt;•vidco. 18 de ago1&lt;to de 1872, nQ i2;

n" 2305 •

Ta con1i ión cc:taha integrada por los doctor&lt;'" Joaquín Rcquena, ~fa·
n111•l H"1 n•ru y Ol ...c, lltlcfonc;o García I ago!', Alejandro ~lagariños Cervantcc;,
l intloro For tcza )' Conrado R ückcr. (ce r.: EoUAf\00 .1\CL:.\'LVO, ,111ales I / islÓ·
ricos, etc., cit., t. III, p. 751.J
•i

-

135 -

�suplantándolos por Juzgados Letrados departamentales, y elevaba
a cuatro el número de los Juzgados en lo civil; sus disposiciones
tendía°' en fin, a abreviar los trámites judiciales y a anular los
fallos basados en leyes inconstitucionales.
El proyecto, que venía a sancionar las aspiraciones de los
legisladores principistas, recibió cálidos elogios con motivo de su
aprobación en Cámara. "Aunque esta Lejislatura no dictase más
ley que la de Administración de Justicia -comentaba El Siglo-habría adquirido títulos a la consideración pública, porque esta
ley, por la importancia de los beneficios que va á producir, es
suficiente por sí sola para señalar un puesto distinguido á la
Asamblea que la dictó . .. " 1
No obstante, la pertinaz obstrucción de los partidos netos,
esta vez por medio de su representación en el Senado, detuvo
el impulso principista. La mayoría candombera se pronuncia
a fines del 73, en la Cámara alta, por el aplazamiento del
proyecto, 2 y los mismos elementos, al promediar el año 74, imponen su negativa en la Asamblea General, posponiendo la reforma
de la administración judicial. De ese modo se malograba una
fecunda conquista institucional en función de intereses electorales.
El quid del rechazo, en efecto, radicaba en la supresión de loi
Alcaldes Ordinarios, cu ya influencia era manifiesta, y no pocas
veces decisiva, en el resultado de las elecciones departamentales. 3
Ley sobre administración. de justicia, en El Siglo, l\lontevideo, 28
de noviembre de 1873, nQ 2696.
1

Cfr.: Aplazamiento del pro·yecto sobre Administración. de Justicia, en
El Siglo, ~[ontevideo, 3 de diciembre de 1873, nQ 2700; El Pro} ecto de Reforma judicial, en EL Siglo, ~fontevideo, 12 de abril de 1874, nQ 2802; Trabajo de zapa, en El Siglo, ~[ontevideo, 27 de junio de 1874, n 9 2862.
l\fec;es más tarde la Comisión Permanente del Senado proponía eD
razón de apremios económicos, respecto a los Jueces Letrados y ante la imp o~ibiltdad de su nombramiento, la simple extensién de la jurisdicción do
los Alcaldes Ordinarios, cuya supresion entiende impostergabl~. "Como
jueces legos loti Alcaldes Ordinarios no conocen la ley ... son irrec:¡ponsablcc;.
ll e ahí pues drc;conocidas y falsificadas las condiciones ec;encialcs de toda
in ..titución judicial." (La Jurisdicción de Jos Alcaldes Ordinarios, en El
Siglo, Montevideo, 29 de marzo de 1874, nQ 2792.)
Cfr. además: Reforma de la Administración. Ju dicial, en El Siglo,
1'lontcvideo, 28 de marzo de 1874, nO 2791.
2

Cfr.: Reforma de la Administración Je Justicio, en El Siglo, ~Ion­
te\'ideo, 19 de julio de 1874, n9 2864.
El Uruguay condenaba con estas palabras la maniobra política perpe·
trada frente la reforma judicial: "Contra nuestra legítima esperania y contra
)oc:¡ votos unánimes puede decirse de todos los hombres honrados que anhelan
el bienestar del paí~. la re forma de la Administración de Justicia... ha
3

-136-

�En materia penal nuestra legislación seguía apegada al espÍ·
ritu colonial hispánico en cuanto a principios, formas y procedí.
mientos. La inadecuación del rígido derecho español era, a esa
altura, manifiestamente denunciada por el modo de vida y 101
hábitos sociales del país. 1 Así lo entendía la joven generación
que condenaba la dependencia retrógrada que en ese aspecto aún
ee observaba. La iniciativa de la reforma procede del Poder Eje·
cutivo, 2 que designa una comisión codificadora integrada por la
élite del foro principista: Gonzalo Ramírez, ] osé Maria Muñoz,
Juan Carlos Blanco, Francisco Lavandeira y Alfredo Vasquez
Acevedo. Un año más tarde, en agosto de 1874, la comisión daba
cuenta de sus trabajos con el proyecto definitivo del doctor Gon·
zalo Ramírez. En él se consagraba la institución del jurado y se
suprimía la pena de muerte, propendiendo asimismo a "demo·
cratizar la ciencia del derecho hasta el extremo de justificar el
principio -hasta el presente tan infundado- de que nadie !e
r epule ignorante de la ley, despojando a ésta del tecnicismo fo·
rense que la mantiene eternamente vedada al conocimiento del
pueblo." 3
La pertinencia del jurado en lo civil, venía a sancionar aquella
vieja aspiración principista que cifraba en el jury la más demo·
eido rechazada por la Asamblea Nacional. Sensible es qu~ el espíritu de
círculo y puras consideraciones de partido hayan sido suf 1c1enles á impedir
que so sanl:ionara una reforma urgentísimamente reclamada por todas las
claEes sociales." (Cfr.; Entre dos aguas, en El Siglo, ~Iontevideo, 4 de julio

de 18i4,

nO

2867.)

En oportunidad dt! dictar el decreto puntualiiaba el Poder Ejecutivo:
"I n legislaciC:n criminal actualn1ente vigente, dictada para épocas de com
plcto oscurantismo y para puebloc; subyugados por el más ab!-oluto dec;potismo
político y religioso, no tiene razón alguna de existencia en la República que
cuenta corno una &lt;le sus más prt&gt;ciosaq conquistas Ja instalación del jurado
r,riminnl y cuya Carta fundamental consagra el culto de las garantías indi·
'id un les hac;ta en los presuntos reos." (Cfr.: EDUARDO AcE\'l'E.DO, Anales His·
lricof, etc., cit., t. 111, p. 755.)
1

"Una de las más alta" necesidades del paÍc; es indudablemente la
rcíorn1a completa de la legislación en materia penal. El Poder Ejecutivo,
r:on1prendiéndolo así, encargó á una comisi&lt;&gt;n reC\petable de abogados la
rcdnccic}n nt- un proyecto de Código para ser sometido oportunamente á
In nnción legi-.Jativa. La comisión ha trabajado patriótica y desinteresada·
m~nte... La reforma de la legislación penal es un grand1 0110 paso dado en
~l s~ntido dc·l perfeccionamiento ... " (El Siglo, 1\tontevideo, 4 de setiembre
Je 1871. nº 2971.)
2

1 EDUARDO AcEYEDO,

AnaleJ HistóricoJ, etc., cit., t. III, p. 755.

-

137 -

�crática expresión de la justicia popular, 1 cuyos beneficios proponía aplicar ahora al esclarecimiento de las causas civiles.
La abolición de la pena de muerte significaba la conquista
efectiva de uno de los postulados primer os de la teoría de los
derechos individuales. Dentro de su planteo era garantía pri·
mordial la inviolabilidad física del hombre cuyo principio, amén
de otras consideraciones. llevaba a rechazar la última pena. 2
El proyecto presentado por los codificadores implicaba un
señalado adelan to y una realización efecti,·a que se anotaba el
principismo en el orden práctico de su h aber. La Democracia,
j uzgando el Proyecto de Código Penal preEentado por Gonzalo
Ramírez, expresaba : "fórn1ulas claras y sencillas . . . un conj un to
breve de preceptos basados en los axiomas de la conciencia y del
sentido común, que sirva de guía al jur ado sin ligar su conciencia
y so criterio natural á la conciencia legal al criterio del legislador,
verdadero en general_ pero que falla en cada caso práctico sometido al examen y apreciación del jurado." 3
1 Cfr.: El ¡urado, en El Siglo, ~l o nrevideo, 25 de marzo de 1873, nO

2·199; El l urado, en El Siglo, 1'1ontevideo, 26 de marzo de 1873, nO 2500; El
¡urado en materia civil, en El Siglo, .1\ fonte.,,ideo, 29 de marzo de 1873,
nQ 2502; El jurado, en El Siglo, ?\lontevideo, 27 de mayo de 1874, nQ 2837.
Por su parte, obse rvaba La Democracia: "Entre las innovaciones que
aconseja la ciencia del derecho, se comprende el establecimiento del juicio
por juxado en materia civil que acaba de ser adoptado por la Con\'ención
de Buenos Aires, y que importa la nu]ación de las prácticas ordinarias del
antiguo régimen que llegan á hacer de los juicios un acto ciego y maq1 inal." &lt;La Administración de justicia, en La Democracia, l\lontevideo.
1° de agosto de 1872, nO 50.)
2 Cfr.: Art. 79 cll"l Proerama del Club Radical, ,\fonte"ideo, 30 de
m'lyo de 1872, en La Paz, 2 de junio de 18i2, nº 349; El derecho de cal·
tigar y la pena de muerte, en El Siglo, :\Iontevideo, '1· de abril de 1873,
nt• 2507; La teoría de las penas, en EL Sit:lo, \fontevidco, 6 de abril de
1873, nO 2508; El ob¡eto de la pena, en El Siglo, \1onte\'ideo, 9 de abril
de 1873, nO 2511; [ n condenado a muerte, en El ::,1i;lo, \Iontevideo, 2:&gt; de
j ulio de 187•1, n9 ~88-t..
3 La /)enrncrnczu, ¡\.[ nnte\·iclr.o. ~eticn1hn· de 18i t.
El Siglo. no obstante la aprobacijn y el apoyo que prestaba a las idea"
ir~piradoras del proyecto, cuest ionuba ernpcro .... odecuaci · n a la realidad
:s11&lt;"ial de nuestro medio: "El proyt•cto prc,entacfo por la Comisión - 1nonifi1•sta EL ::,iglo- nos parece un bello trah,1jo filo .. ófico. pero tal \ez ado·
Jc.-ce del incon\enil'nle de no haber tenido ha&lt;-tar te en cuenta las circunstancias del paí-. para el que ~e ha formulado. "'ltn cn1bargo, e&lt;.la circnns1nncia eq, en nue tro concepto muy Ílnportnnte. dentro de los principioc; ele
Ja jusi icia y del derecho Cll hen gradaciones que deben c;er apropiada-. á la
11ecc5idad de Ja sociedad para la cual "C legisla.'' ~El Proyecto de Códi~o
Pen'1l, en E.'/ Siglo, f\fonlcvideo. 2 de ..eti1.•ml re de 187 l, n9 29'&gt;3: C•r.
además: El proJ ecto de Código Penal, en Ei ig/o, 1.lonte,·idec 13 de se·
tiemLre de 1874, n° 292-l..)

-

138 -

�El alarmante crccir.1 iento de la clase militar. gravo~a carga
en el erario nacional, vol\: ía a plantear durante la presidencia de
Ellauri el proble1na d~ ~u adecuaJa compatibilidad con nuestro
régimen democrático. Guardia \acional y Ejército Permanente
eran las soluciones, a \'Cces antagónicas, con que se encaraba por
entonces el dilern a de la fu erza armada.
El liherali~n10 principic;t1 dcpo:&gt;itaha ilirnitada con fi anza en
la institución de la Guardia \ ncinnal. cuya experiencia democrática y republicana provenía ele una prestigio a tradición, gestada
en las jornada.. clel civilismn francés v nortearnericano. Su efi cicnC"ia r.in1en tnha la 111ás efect iva garantía de la soberanía nacional
y el' los dc1echo indi,·idunle;;;. En su carácter ciudadan o se define
su t•i::encia típicarnente repuhlicnna: " ... creo que la institución
de In Gu~r&lt;lia lacional -a firrnaha José Pedro fiamírcz- es una
de lu" que más íntirnarncntr. r.aractf'rizan el sistema de gobierno
que nos hemos cl nclo: el gobierno del pueblo por el puehlo ''. 1
f~'l Siglo recog ía la yoz clel principisn10 rindiendo culto a la
inst il 11riún popular: " I..a Guardia !\acional es el \•erdadero ejército de un país republicano - r~rribía J ulio IIcrrera y Obes-.
Allí &lt;londe el pu rb lo es soberano, es el misn10 pueblo armado el
que elche encargar ... e &lt;le la conc;crvación del orden públir.o. Podrá
conv&lt;'nir el tener una pequeña fnerza pcrmnnenle que evite el
inconveniente de distraer &lt;le su~ tareas dinrins á los ciudadanos
para ir á pasar P-1 día en un r.ucrpo ele guardia. P ero cuando
¡&gt;eligra la paz pí1blica ó cuando un poder extranjero amague la
inclcpr.ndt&gt;nria ó la honra del paí"', es el pueblo, el pueblo en
mn ·a 1 quien debe acudir ú defenderse. Ay del pueblo que en
c·n os sc&gt;mcj antes confía su guat da y su defensa á un ejército
nit•rcr·nario ! No de otra suerte brotan en las naciones la-. dictaduras ; no de otra suerte se crean lo" poderes irresponsables; no
de' ol ra ~nrr le ílorr.ccn el n1ilitaric:;mo y ~) caudillaje." 2
El 1n ilitaris1110, latente an1enaia del orden df'1nocrático, amagabn erigirse -por obra forzosa ele las guer ras civ iles- como
clase pujante eu ros r eclamos involucraban marcado riesgo para
n111• tra eslabilidacl institucional. como para n uc tro n1cnguado
t•ru r iu. IJas luchas intestinas aparecían co1no causa dctern1inante
1 /Ji~c

urso de José Peclro Rf1r11írez en la Ctímnra de Representantes,
] 7 Ut' junio de 18i3. /Jiario de Sesione..s de la la111ara de R epresentantes,
etc., 'it., r. XIX, p. 328.
2 f.o~

ej1:rcitos permanen:cs, en El Siglo,

l8i3.

-

139 -

~Iontc-. ideo,

9 de enero de

�del auge del ejército de línea, en razón de la viciosa práctica con
que los gobiernos estimulaban el celo de sus defensores, mediante
la copiosa prodigalidad de grados militares. Así se había llegado
a cimentar un incongruente presupuesto que destinaba, en tiempo
de paz, casi la mitad del tesoro para gastos de guerra. "Nuestro
ejército es una baraja compuesta de puros ases" 1 consignaba
El Siglo con agudo gracejo, denunciando la hipertrofia de la
plana mayor militar.
Abocado el Poder Ejecutivo al pago del prespuesto para 1873,
propone al Parlamento la adopción del sistema de enganche y la
emisión de una deuda de cinco millones de pesos para atender
al pago de las erogaciones militares. El clamor principista contra
los proyectos del Ejecutivo fue unánime. En la Asamblea, sendos
proyectos -de Vedia en Representantes y de Muñoz en el Senadotraducían la protesta contra la voracidad castrense, planeando la
necesidad de reducir la oficialidad, aminorar sus rentas y regla·
mentar la dispendiosa concesión de grados y ascensos. Sancionado
el aplazamiento del proyecto de Agustín de Vedia, su autor insistía
sobre el mismo en el período siguiente, advirtiendo los peligros
latentes que aparejaba la institución del ejército de línea. En sus
palabras de esa ocasión se refleja el recelo &lt;le las fracciones doc·
trinarias ante el progreso de la clase militar: "No creo que la
fuerza de infantería de línea preste servicios positivos al país;
más, creo que su sostenimiento afecta y menoscaba seriamente los
verdaderos y permanentes intereses de la República ... No puedo
convenir ... en que bajo un orden de cosas estrictamente consti·
tucional pueda ser necesario el mantenimiento de una fuerza de
línea que garanta el orden público ... Esa fuerza disciplinada se
convierte fácilmente en instrumento de opresión ; careciendo de
disciplina es una amenaza de anarquía y relajación. Y en todo
caso constituye una masa costosísima al país, estéril para la producción . . . La organización de esos elementos militares acusa en
una sociedad un estado propiamente anormal y enfermizo. Y
frecuentemente en nuestras repúblicas, como se ha observado más
de una vez, se ha juzgado exagerado el peligro, como pretexto
para conservar un ejército, cuyo objeto verdadero es apuntalar
una situación política que no hallaba apoyo suficiente en la voluntad nacional. . . A pretexto de mantener el orden hemos \'isto
á la fuerza de línea interviniendo en las funciones electorales de
El proyecto del Dr. Aluño: sobre empleos m ilitares, en El Siglo.
~fontevidco, 8 de julio de 1873, n9 2579.
1

-

140 -

�los pueblos, y viciando en su base el acto cardinal de la vida
democrática. . . Se ha visto á los batallones de línea ejerciendo
presiones sobre gobernantes y asambleas . . . La tropa de línea
-eoncluía el representante nacionalista- es una amenaza per·
manente contra el orden y la libertad pública!" 1
El debatido problema del presupuesto militar despertó una
abierta resistencia hacia el ej ército de línea, manifestada en la
prensa desde La Democraci.a, El Siglo, La Idea y La Tribuna.
Ante la nueva época de reconstrucción pacífica que \a a iniciar
la República, el mantenimiento de un poderoso contingente mi·
litar se considera innecesario, gravoso y. por añadidura. amena.
zante para las instituciones civiles. La Demol'racia y La l clca.
representando la extrema oposición al militarismo exprcc;an la
aversión que nacionalistas y radicales experimentaban hacia el
ejército de línea, por cuya supresión abogaban con calor. "El
ejército de línea permanente, fuera del plantel que requiere el
servicio ordinario del que puede y debe prescindirse también, es
para nosotros y será en todo tiempo, una escuela de corrupción
y de amenaza constante contra la libertad individual y la autonomía del pueblo." 2 El Siglo, oponiéndose en otro t ono, le con·
siderabn un mal necesario, y propugnaba, n o por la supresión,
l Acus1ÍN DE \ 71.DJA, Los ejércitos de línea y el derecho de tomar
y llevar arn1as, ~f onte\ ideo, 1875, B1BLIO J tCA o ARC Hl\ o PABLO .&amp;1.A :'-i co
AcEVEDO, l\lontevid eo, h, 6, 7.

El ejército Je Línea, en La Deniocracia, l\lonlcvirleo, 28 de junio
de 1872, n 9 28.
Fundamen tando Ja rauín de "ll voto de aplazamiento a la r eforma
militar, puntualizaba José Pedro Ramírez en Car ta abierta al diario El
Ferrocarril: "Si veo en el monstruo del esto do mayor que pega hoy eohre
111 ernrio un obstáculo á toda or~anización regular, !'Ca de Hacienda, f ea
del Ejército, no opino que se corte e"-e nudo Gordiano á Jo Alejandro sino
re petando los derechos adquiricJoc;, conc;ultan&lt;lo á Ja justicia y teniendo
eohrc todo prec;ent e que si muchos deben sus gradoc; y sus honores al fa·
\oritismo y ó Ja relajación de los gohicrnoc;, no faltnn quienes los drhen
1í mu y )P.alcs y muy e"clnrc:- ci d o~ servicioc; de ciQ n fITP ••• " (l a reforma militar
)' su. aplazamiento para el periodo ordinario, en El Siglo, ~fontevideo, 13 de
enero de 187·1. nº 2726.)
En la polémica con La Tri buna argumentaba El Siglo: "No hcmoc; de
contribuir no"-otros á fomentar in ~enc; at os antagonismoq cyue no tien en raz-ín
de eer. Doctores buenos hay, y doctorec; malos, militares buenos y miJilnrec; ma)o&lt;1. ;, Es ra1.ó n ésta para que se condene en mac;a á ]a clac:e mi·
litar y &lt;Í la C')ac;e doctoril ?'' (El militarismo y la clase militar, en El Siglo,
] ~ de f 1•brc•ro rlfl 187 l, nº 2758.)
Cfr. n1lcmás: E'/ ltfilitari smo. en Fl Si~lo. 10 &lt;lf· febrero de 187·l.
nº 2i5 i: El niiHtarismo r las rlases militares, en El Siglo, 18 y 19 &lt;1c Íe·
hrcro ele 1874, nci. 2759 y 2760.
2

-

�sino por su reducción al mínimo posible. Combatía con ahinco
al militarismo como espíritu de fuerza y le condenaba en cuanto
régimen conculcador de libertades, a la luz de la experiencia que
denunciaban algunos países sudamericanos y europeos. 1 Coincide
su actitud con la tradición norteamericana que, desde las teorías
de Taylor a las ideas de J efferson, abjuraba de los ejércitos
permanentes, por asociar su influencia a la entronización de la
opresión y la tiranía. 2
Pedro Bustamante, que había enfrentado en la Cámara ciertos
excesos principistas frente al Ejército, caracterizaba empero, en
uno de sus opúsculos políticos, a militarismo y caudillismo como
rémoras institucionales. Su madura reflexión le inducía a trazar
un paralelo entre ambos poderes puntualizando sus respectivos
peligros "No hay que decir que no gustamos más del caudillaje
que del militarismo, lo que decimos es, que, mal por mal, preí~
rimos aquél á éste. Desde luego, contra el caudillaje siempre hay
r ecursos de esas reivindicaciones armadas del derecho que llamainos r evoluciones populares, en tanto que contra el militarismo
no hay otro que el muy precario y casi siempre funesto de los
pronunciamientos o motines de cuartel. Apeado el caudillaje del
poder la vuelta al régimen legal no es imposible ; derribado ó
caído el j efe de los pretorianos, sólo es posible, en el mejor de
los casos. la dictadura civil. ¿Por qué? me preguntáis. P orque el
pretorianismo mucho más toda\·ía que el caudillaje inhabilita al
pueblo para el sel/ government, extingue todo espíritu político y
1
nO

El ilfilitarismo, en El Siglo, i\-Ionte,·ideo, 10 de febrero de 1874,

2754.
:! RAntOND

G.

GETTELL,

Historia de las ideas políticaJ, cit., t . II,

pp. 199 a 201.
R evelaba a«imismo una vez mó s la influencia de los C"'Crito~ de L~­
houloye, expresando Ja re~i ... tt•ncia doctrinaria a lo".&gt; e:tcesos del militnri&lt;omo.
"Estaba muy arraigada en \n1 éricn -esc ribe Laboulaye-- la opinión que
los colonos habían in1porlaclo de Inglaterra, que no hay nada más peligroso
que los ejérci tos permanente~. y que no debía fomentarse en manera alguna
el espíritu militar. El ..eñalar retiros equh alía, se decía, á crear un cuerpo
militar con s us recuerdos, sus tendencias y sus intere«es particulares; era
e.,:,tablccer un privilegio en una tierra libre y fundar una aristocracia. Así
que, de una parte el horror á los ejércitos permanentes, y de otra el odio á
lo~ privilegio&lt;;, dieron lugar a que en algunos estado&lt;;, hombres que estaba n
al f rcnlt! &lt;.!el ntovimiento, como . amucl Adame;, se opusieran tenazmente á
que se concediera retiro á }oc:, oficia}e.... Estt&gt; proceder era una irritante inju~t icia. La ~aran tía de Ja libertad no t"lribn en la auo:encia de l os ejér·
citos permanentes, sino en Ja presencia y en el cc;.pf ritu de los ciudadano~.
de lo C'lHU In gla terra
~uministra buen e jemplo." (E. LABOUL.AYE, Estudios sobre la Constitución de los Estados [nidos. cit., t. 1, p. 108 y 109.)

"º'

-142 -

�aniquila todo el elemento de vida regular. A la inversa del jefe
de pretorianos, que sólo se apoya en las bayonetas y en la cohorte
de empleados que sig uen su fortuna, el ca udill o domina y se
sostiene con sus partidarios y parciales~ con su pueblo, no divide
a los ciudadanos en gr emios ni hace del elemento militar una
casta privilegiada y s istem áticamente hostil á la clase civil, y esa
fracción ele la comunidad política á la que muchas "Veces tiene
que hacer forzosamente concesionPS para conservársela p r opicia,
juega entonces en Ja gesti ón de los negocios públicos, un cierto
rol que obsta á la total exti nci ón del espíritu y de los hábitos
políticos.,. 1
El g rupo conservad or inviste, por encima de l as voces que
dentro y fu era del principismo (/..a Idea, !A Democracia. !.. a Trihuna) f U"tigan el espíritu cn'-trcnsc, Ja opinión más ecuánime en
c uanto a los riesgos potenciales de una pujante fuerza de línea.
A un año del motín militar del 75, El Siulo. entre advertencia y
vaticinio. vislumbra el ori gen y la ubicación del militarismo en
nuestra vida histórica. ''El militarismo es un absurdo, e~ un con·
tra 11 cntido en las r epúblicas hispano-americanas. Infiltrado en
estos pueblos por el sistema colonial. cuando se realizó la emancipación ele la metrópoli drgeneró el militarismo en caudillaje.
Pero á raíz de la independ en cia. nació en la América española
un principio que andando el tiempo había de acabar con el cauoillaje. Ese principio era la demor.racia . .. nos h a tocado asistir
á la agonía del m onst ru o del caudillaje. y á l os priineros albor es
de la Yida \:erdadcra mente demoerática. . . no hay que hacerse
ilu~ iones -a~regaba encarnando los temor es del civilismo- . Una
nnción que en t ietnpos dC" paz o r ~anice y mantrnga un ejército
poderoso, no conse rvará por mucho tiempo su libertad. El ejérc·ito podcro-;o no se con forn1ará con esta r perpetuamente sometido
ni poder ci"i] en quien está delcga&lt;ln la soberanía popular". 2
"La prensa, cuya nli ión es grande y provechosa en todo~
los t icmpos, tiene h oy m ás que nunca un r ol im portante que
d esempeñar en los momentos azarosos y solemnes que los partidos
\ on n atravesar,,. a Tal el epígrafe con que el periodismo doctrina1 Pt:ono B u~TAMANTE, En,ovos, cit, en Gt·rLLF.R\IO ~TEWART YARCAS,
/'edro Ru.~tan1nnte, en R et·ista 1Vacional, año \, n9 56, p. 226.

Fl poder ndlitar en estas repúblicas, en El Siglo, \lontevideo, 28 de
enero de 187•1.. n O 2474.
:.!

:l

1.a J)eniocracia. f\Iontr\ ideo, 1Q de junio de 18i2, n9 l.

�rio soslaya, al socaire de la Paz de Abril, los nuevos horizontes
políticos que se columbran ante el viraje de los partidos tradicionales. Y es asimismo en la misión que se propone cumplir esa
prensa desde La Democracia o El Siglo, La Paz o La Idea, donde
reside el signo más típico de esa mutación política, si no la defi.
nición medular del principismo liberal Más allá de su propaganda
partidaria, el diarismo principista se propone cumplir el elevado
programa de educación cívica que el país reclama con insistencia.
Es necesario erradicar los hábitos impuros que empañan nuestra
democracia y volver efectiva la verdad de las instituciones que
luego de cuarenta años la República insiste en negarse.
"No vacilamos en afirmar -sostiene El Siglo-- que si la
prensa no tiene la facultad de hacer las leyes, de ejecutarlas ni
administrar justicia, hace algo que á la larga es más importante
que todo eso: contribuye poderosamente á formar y dirigir la
opinión pública: esa opinión que espresada por medio del sufragio
es el origen de todos los poderes ... " 1
La prensa principista, erigida en máxima cátedra de civismo,
cumplió una fecunda docencia política, cuya inspiración evoca
el derrotero del periodismo liberal francés. El aluvión doctri·
nario promovido por esa prensa entre la Paz de Abril y el Motín
de Enero no fue sin duda "geometría en el vacío", pese al escepticismo crepuscular de Julio Herrera y Obes. Su propaganda, si
bien procedía de una reducida minoría ilustrada, tradujo cardi·
nales reclamos del país a través de un diario mensaje de fe
democrática, dirigido a un pueblo al que se quería encauzar definitivamente en la hasta entonces intransitable senda del civilismo.
"La prensa debe hablar á la inteligencia del pueblo para ilumi·
narla y mostrarle la verdad -pregonaba El Siglo. La misión de
la prensa es convencer. Su propaganda no puede ser más que
un instrumento para inculcar doctrinas en todas las conciencias
y conseguir en el terreno positivo de los hechos, el tri unío do
los principios y de las ideas que constituyen su programa, su
aspiración y su bandera." 2
La prensa liberal dinamiza pues, los rígidos compromisos
estáticos de los programas de principios. Su doble propósito es
educar a los partidos para evitar la repetición de las penosas
1

n9

La prenJa política, en El Siglo, !\tontevidco, 29 de noviembre de 1873,

2697.
::?

1873,

Ln mejor derrota, en El Siglo, l\Iont cvideo, 19 de setiembre de

nº 2637.

-144-

�escenas del pasado, y a los ciudadanos para afincar los hábitos
democráticos que destierren el fantasma de la guerra civil. Fiel
expresión de las corrientes políticas de su tiempo, nuestro periodismo doctrinario prestó celosa atención a las corrientes de opinión y a los sucesos políticos europeos y americanos, siguiendo
de cerca, y con preferencia, las luchas del liberalismo en el viejo
•
continente.
Su influencia en el decurso histórico nacional ha gravitado
a la vez sobre la ciudadanía, en cuanto prédica sostenida de ideales constructivos y negación de la anarquía, y sobre el propio
gobierno al enfrentarle con un sistema de frenos y balanzas, denunciando las arbitrariedades, los fraudes electorales y todos los
atentados del poder. Desde este punto de vista la prensa independiente ha sido el monitor más efectivo de la gestión guberna·
mental. Mal puede concluirse que los periódicos principistas,
desde una oposición sistemática, provocar on la caída del régimen
civil en las jornadas de enero del 75. Por encima de sus arrebatos
y excesos circunstanciales, la prensa libre no fue intransigentemente hostil a Ellauri, como lo había sido frente a Batlle, y su
portavoz oficial -El Siglo- fue la mayoría de las veces, el má.!
decidido defensor del gobierno legal del doctor Ellauri frente a la
pertinaz obstrucción de los partidos netos.
La prensa principista, como se ha señalado, jalona inequívocamente una etapa de definitiva superación en los anales de
nuestro periodismo político; emprendió la suprema tarea de re·
construir nuestra convivencia cívica, rudamente quebrantada por
la acción corrosiva de las luchas partidarias, cubriendo un importante tramo en el derrotero de nuestra emancipación mental. No
ya implícita, sino expresamente, se plantea la prensa de entonces
en la tesitura americanista de Alberdi, Sarmiento, Lastarria y
Bilbao, la urgencia de consignas constructivas que encaucen nues·
tro unívoco destino nacional. De ese modo hereda la esclarecida
tradición del periodismo ideológico en cuya línea militaran El l niciador. El Comercio del Plata, El Orden, El Nacional y La América.
El Sigl.o, "diario político liberal" por autodetinición, ha gra·
vitado señaladamente en el decurso de siete décadas de la vida
nacional (1863-1920). Entre los publicistas de su temprana promoción, iniciados en el periodismo bajo la advocación de Juan
Carlos Gómez, figura el doctor José Pedro Ramírez que, desde el
editorial político o la dirección alternativamente, habría de imprimir al diario, durante los dos primeros lustros de su existencia, el
sello de su vigorosa personalidad. Integrante de la primera redac-

-

145 -

�ción, colaborador personal de Flores en la Cruzada de Abril, retorna a Montevideo luego de las jornadas victoriosas del 20 de febrero
para suceder en la dirección al doctor Carlos de Castro. AJ frente
de El Siglo y ya en franca divergencia con el caudillo triunfante,
forjará el temple de sus convicciones y su austera moral política,
puestas a prueba más tarde durante la oposición intransigente al
gobierno de Ballle. Doctorado en abogacía en 1857, egresaba de
las aulas bajo la inspiración filosófica de Don Plácido EJlauri
y el magisterio jurídico de Tristán Narvaja y Gregorio Pérez
Gomar. Espiritualista, suscribe junto a la juventud del 72 la
Profesión de Fe que consuma su ruptura con el catolicismo. En
política, sin renunciar a la tradición colorada, propugna -dentro
del partido conservador- el culto de los principios liberales.
Figura descollante de nuestro civilismo. ha sido el más hábil conciliador del ideal doctrinario con los apremios de la realidad polítjca. 1
Con Julio Herrera y Obes se identifica el tono cáustico e
incisivo de El Siglo durante el ciclo principista. Colorado por
tradición y conservador por convicción, elocuente orador y brillante parlamentario, universitario de nota, siguió en el campo
especulativo las consignas del racionalismo. invariablemente fiel
a la escuela espiritualista de su mae ~ Lro Plácido Ellauri. 2 "ivlatizó sus estudios de humanidades y jurisprudencia con audaces
aventuras políticas iniciadas en los disturbios de 1857 que hicieron
crisis en 1863. Echó su cuarto a espadas en la ;:&gt;rensa revolucionaria y en la campaña florista, y triunfante ésta, marchó a la
guerra del Paraguay con el cargo de Secretario del general oriental. La organización institucional de 1868 lo halló en la redacción
de El Siglo en cuyas páginas modeló su personalidad periodística.
"Los artículos de José P edro -diría muchos años después Julio
Herrera y Obes- escritos en párrafos oratorios y torrentosos eran como
aquellas e~padas de dos manos de los guet'eros medievales, que destrozaban
y ap)a5taban cuanto caía bajo el golpe de su tajo ... como periodista .•.
sufría los jnconvenientes de Ja excelencia del arma que es~rimía. Las es·
padas de dos manos por efecto de su peso, ofrecían el peligro de que si
el guerrero erraba el golpe se desarzonaba y quedaba expuesto a recibir
en la cabeza el golpe de maza del enemigo. Pero pocas veces José Pedro
erraba el golpe; y lu ego, ~ra de tal violencia el tajo que con el viento de
la espada solía derribar al contendiente sin herirlo ... " ( J ULIO HERJU:RA Y
OeEs, El "Cenáculon de El Siglo, cit., en Revista Nacional, año V, nQ 53,
p. 270.)
1

"El Janet urusn1ayoº llamaba a Julio Herrera y Obe-. el publicista
Angel Floro Costa, aludiendo a su espiritualismo ortodoxo. ANGEL FLORO
CO!&gt;TA, La metafísica r la ciencia, ~fontevideo, 1879.
:.?

-

146

�La brava campaña lo llevó al destierro y 1a marea revolucionaria
lo trajo nuevamente a los lares. El presidente Gomensoro, después de la paz de abril de 1872, lo llamó al Ministerio de Gobierno
y Relaciones Exteriores, cartera que re~ignó meses después para
ingresar a la Cámara de Diputados. Del Parlamento salió para
el destierro en la triste jornada de la Barca Puig." 1
Las convulsiones filosóficas y políticos que conmovieron las
últimas décadas del pasado siglo no log raron apearle de Jos rígidoa
dogmas de su primera juventud. Individualista por definición,
celoso opositor del Estado, representa al granado civilismo bajo
cuya consigna vuelve al gobierno, decantado en 1890, el principismo de 1873.
Cuando a fines del 72 José Pedro Ramírez abandona la r edacción política de El Siglo le sustituye Pablo De María, flama nte
universitario de intachable rectitud cívica. Don J osé María l\1uñoz,
el austero patriarca del principismo fue -al decir del doctor Petit
l\1uiioz- su "maestro de ideales como de h onradez cívica". Julio
llcrrera y Obes evocando la personalidad de Pahlo De l\1aría
anotaba: "Colorado exaltado entonre~, trajo a la redacción del
cliorio sus entusiasmos, sus energías, sus efervescencias juveniles
que hacían explosión en sus brilJantes artículos de propaganda y
de polémica, escritos con pluma acerada que tenía botes de lanza
y tajos de espada''. 2
Entre las jóvenes inteligencias que se reunían en el "Cenáculo"
de El Siglo, Carlos Maria Ramírez cobró rápi&lt;lo ascendiente
merced a ~u precoz talento. Carrera n1cteórica, egresa a los 19
niio~ de la l Jniversidacl ya redactor del perió&lt;lico e inn1inente
cntcdr títico de DGrecho Constitucional. Censor implacable ele la
ge tión del gene1nl IJatlle, 1r.vi\ e ante el jurado popular la elocuencia de llugo y la Yehe1nencia de Lnrnart ine. u creclo político
inflcxihlc no admite las transacciones que p1actica su herman o
Jo é I'cd ro y abjura de la divisa colorada para fundir en el n1ác;
p1 í tino rnctal su n1onecla cloclrinaria. Abandona El .5iglo }' el
partido conservador para iniririr una nueva prédica de inrnaculaclo
principi,.n10 desde La Banda Ra,/lcal. órgano efín1cro del radicalis1110 intr:tnsigcnte. Fiscal de Gobierno y ll acicncla ele Go111cnso ro.
1

1 H\ÚI. ~lo:--;11no

nota 1, n Ju1.10 IT ERnERA Y 0:.n:~ .
L'l .Arte de Gobernar, en Rei isla 1Yarional, n9 5. pp. 297 y 298.

J1

R u«TA:\tA:.\rr..

Jh 11111:11.\ 'i OnE&gt;•. El ''(;cnáculu'" de E'l Siglo, cit., en Rev:".sta
1
. l uno
- \ , nQ 5'.,,
' ,ac1011a,
p . ....,t- -r .
'
2

1 ro

-

I ·-(

-

�se aleja del país en 1873 en la hora del ocaso radical- desig·
nado ministro ante la Corte del Brasil. 1
Fiel a las sugestiones de La guerra civil y los partidos,
José Pedro Varela, asimismo emigra del partido colorado para
seguir las aguas de Carlos María Ramírez. Dentro del grupo
radical y constreñido por un idealismo incompatible con el juego
de la política práctica, ve consumarse, luego de la derrota de
Muñoz, la declinación de su partido y la agonía de su periódico
La Paz "muerto impotente -según su propia confesión- en el
abandono de la indiferencia pública". Eclipsado en la prensa
y la política se dará por entero a los problemas educacionales
que le acuciaban desde su decisivo viaje de 1868, para consagrar
-a la sombra de Latorre sus planes de reforma escolar.
Nacido al amparo de la coexistencia de Abril, el diario
La Democracia representa la tendencia nacionalista dentro de la9
fracciones antitradicionales. Su estilo conciso, su tono polémico
y su tajante intención, se asocian con la pluma de Agustín de
Vedia -director y redactor político- que lleva al Parlamento
la más depurada expresión teórica del credo liberal. Periodista
en ambas orillas del Plata, había levantado la bandera de los
principios en Buenos Aires, luego de la Cruzada, en las páginas
del diario La América, secundando luego la invasión de Timoteo
Aparicio desde la hoja La Revolu.ción. Alfredo Vázquez Acevedo,
Francisco Lavandeira, Román García y Domingo Aramburú,
complementaban por entonces la plana mayor de redacción de
La Democracia.
Los periódicos doctrinarios. baluarte del principismo del seten·
ta, por encima de matices y circun"tanciales diferencias, definen,
pues, una tónica ideológica dirigida a la renovación mental y social
de la Repúb1ica. Generosa y altamente íecunda ha sido. en este
"Lo'3 artículos de Carlos l\1aría, formados de párrafos lapidario!'!,
eran como las espadas modernas de combate, ligeras, flexibles, elegantes y
mortíf cra~. porque sus golpes son siempre de punta y van dirigidos al co·
razón. . . después que el exaltado colorado de 1869 se hizo radical y constitucionalista en el 70, su "juego'' tuvo otro defecto mayor. Del punto de
vi sta académico sus golpes eran irreprochables; pero como combatía fuera
de distancia, la punta de su espada no alcanzaba a herir en el pecho a sus
adversarios. Diríase que al sacarse la divisa de partido había perdido con
la nocion de las distancias y los colores políticos, la certidumbre de los
enemigos a quien debía combatir, y así se le veía un día aliado a los
mi!mos hombres ciue el día antes furio!amente atacaba .. !' ( JULIO HE·
RRERA y OnES, EL 'Cenaculo" de El Siglo, cit. en Revista iVacional, año V,
o 9 53, p. 270.)
1

•

-148-

�•

sentido, la experiencia periodística cumplida entre la Paz de Abril
y el ~1otín de Enero, al amparo de la coexistencia de los partidos
po]íticos. 1

El problema de la educación nacional aparece a los ojos del
principismo con la trascendencia de postulado primario del cuadro
institucional en que inscribe su programa.
La ímproba obra de la prensa, la prédica de los sanos principios, la legislación más avanzada, la legítima verdad de las
institut iones, serán palabra vana mientras no se eduque al pueblo,
y mientras la ciudadanía no tenga cabal conciencia de los derechos
y obligaciones que rigen la convivencia cívica. En e~te sentido
la ge~tión del principismo vuelve a poner el acento sobre nuestra
r.nndcnte realidad social y define en el orden práctico su más
rcle\•ante consigna.
La instrucción pública era uno, si no el primero, de los ruhros deficitarios de la incipiente sociedad oriental que aún oscilaba entre los hábitos del coloniaje y las prácticas republicanas.
Sometida al incesante aj etreo de la guerra civil y acuciada por
las diarias necesidades de un penoso subsistir, los problemas de
1 So bre el periodismo principista véase: Ar.usTÍN DE \ ' F.lHA, La reacción

civica ele 1880, en Revista Nacional, nº 14, p. 161; SANTIAGO l\IACIEL, Ora·
toria l'arlanienraria, Cadencias y Decadencias, en Revista Nacional, nº 38,
p. 295; Gt JLLt:Rl\10 STEWART ' ' ARCAS, Francisco Lal'andeira, en Revista Na·
r.io11al, ni? 13, p. 8 l; Jt.;LtO HERRERA Y Oors , El "Cenáculo" de El Siglo, ctt., en
/it!t i~ta 1Vacional, nº 53, p. 295; J UAN CAIU.oc; GÓJ\1EZ llA F.DO, l osé Pedro
Ran1írez, en Revista f'rºacional, n º 6, p. 258 ; RA ÚL l\t o"'TERO Bt'STA?&gt;tANTE,
La Tradir.ión Oriental, en Revista \neion al; At.ar.nTo PALO~lf.Qt; F, Escritos
tic Car/o, 1\farfa Ramírez, e n Revista del lnHituto Histórico r Geográfico,
lomo 111, nQ 2: [,\cusTÍN DE \ 't:DIA v J osi: P•1&gt;no RAMÍRF.ZI. I.a deportación
a l.a l/&lt;1bana en la Barca Puig, Historia ele un atentado célebre; J E t ALDO
o~A. } o.~é Pedro l'arela, en Revista Nacional, nº 86, p. 286: ANCEL FLORO
Cos l'A, 1~·cos del Partido Colorado, en Biblioteca f\1acional, l\Iontevideo,
Colección ¡\/elirin La/inur, t . 22; [ WA HINCTON Br.n 1( DEZ1. Los Oradores
de la Cámnra. R etrato~. Bocetos r Caricaturas de alguno~ dipu tados de 1873.
/'or un a/uionado, l\.1ontevideo, 1876, en Biblioteca Nacional, l\1ontevideo,
Colección 1lfelián La/inur, t. 11; JACK, Siluetas, en Sonetos, l\lontevideo,
189.1, en Biblioteca Nacional, l\Iontevideo, Colección. !t-1clián. La/inu r, t 66;
HA t'Jt,
lo NTf:RO Bus TAMANTE, Ensayos, Carlos Ataría Ramfrez, l\fontevideo,
1922: B'IZANTll'fUs, Bosqu.ejos políticos, l\lontevideo, 1886, Josl l\[ARÍA ]• ER·
N ÁNDI z SALDAÑA, Diccionario Uruguayo de Biogra/ias, l\1ontc\·ideo, 1919;
Et rc1.N 10 J&gt;r.. TIT l\.IuÑoz, Trazos para una silueta espiritual de Don Pablo
Dr. 11oría, en Revista Nacional, l\1ontevideo, t. L \ ' J, n'&gt; 168, p. 367; HAROLD,
/'criúdicos y pcriod1sta 5, en Anales del Ateneo, t. I\', p. 81, ~lontcvideo, 1883.

-

149 -

�eu educación aguardaban, tras forzosas posposiciones, la urgente
iOlución que su gravedad venía reclamando. 1
De hecho, las instituciones implícitas en la Constitución no
existían sino en la letra del Código. El analfabetismo y su secuela
de indiferencia y despreocupación inhabilitaban a buena parte de
la población para el ejercicio efectivo de la ciudadanía. En 1873,
Agustín de Vedia, el paladín del principismo nacionalista, con·
signaba esa amarga realidad. "Es una verdad dolorosa. . . que
la verdadera democracia no existe entre nosotros. La democracia
es el gobierno de todos; y nuestros gobiernos son siempre y
tienen que ser --dada nuestra condición social- la espresión de
la más afortunada, de la más audaz, de la más fuerte de las minorías, con relación á la masa común de los habitantes. La gran
mayoría del país arrastra -con corta indiferencia- la vida
miserable del coloniage; pesan sobre ella las cargas abrumadoras
y no disfruta de ninguno de los beneficios de la civilización ...
esa gran masa de preocupaciones y de tinieblas se levanta como
nn obstáculo invencible contra tod~ idea de reforma y de progreso". Y se preguntaba Vedia: "¿Pretenderemos afirmar la
República sin modificar su fundamento \ivo?. . . Eso sería pre·
tender edificar sobre lodo o sobre arena. La República no se
constituye sin ciudadanos. Estos no se forman sin educación, sin
aptitudes, sin inteligencia. ¿De qué sirven las declaraciones pomposas de derecho que consignan nuestras leyes, si no hay en los
ciudadanos aptitud para conocer y ejercitar su derecho?. . . No
tener conciencia del derecho y carecer de él, son dos cosas idénticas. La ignorancia que es el envilecimiento del espíritu no es
sino el pedestal de la tiranía. La democracia es el gobierno del
pueblo por el pueblo. Pero ¿qué ha de salir del seno de un
pueblo que carece de las aptitudes y de la idoneidad para el
gobierno propio? ... " Y hurgando el fondo del problema eleYaba
su proposición central: '"La cuestión de la educación del pueblo
es la gran cuestión de la democracia - la escuela es el fundamento
de la República . . . esa cuestión se ha dicho, refunde en ~í todas
las de1n~s cuestiones: no hay in~tilución. no hay reforn1a que no
necesite hallarla resuelta. . . En tanto que la política nacional no
se proponga el fin determinado de con1batir la ignorancia, podrán
e;, f'Ú n con~ii!na Ace,·edo, las ec::tadisticag re\'elnn la penoc::a po ~ tra­
citín de nul'st ra en~~ñanza. En 1872 la in!&gt;truccicin primaria de la República
l

romprendía 11 n total de 245 e-.cueJas para una población de 16.786
nltnnnos l'n todo tl país. (EDt..ARDO ACE\'EDO, 1Yotas ) .4p'.lntes, etc., cit.,
t. III, p. 71i7.)

-

150-

�aplacarse las dificultades opuestas á la organización definitiva de
la sociedad; podrán alcanzarse soluciones lran_itorias ó aparentes,
pero ahí es.tará como amrnaza terrible con tra la paz y contra la
propiedad, el triple problema ele la n1iseria, de la libertad y del
progrr~o". 1 Cotno sostenía Vedia, todo el edificio de nuestra
organización republicana reí'lan1aba en su base los sólidos cimientos de In educación. inexcusablr YÍa ele cn1ancipación.
El problema edu cati\ o trnía h ondas raíces en A1nérica latina.
En In hora crucial de las instituciones liberales. se preguntaba
Esteban Ech 'vcrría: ''Los que di cen que han lrabaja&lt;lo y trabajan
por In patria. los que se afli jen y desesperan, no viendo término
u sus rnalcs, ¿córuo es que no hayan pensado en echar n1ano del
único rccur~o que podía re1ncdiarlos. la educación de la niñez
ncan1inacln n la democracia?., 2 Bilbao. mae!!lro de nuestro principi mo liberal, haciéndose eco del palpitante problema educativo
an1ericnnu insistía, en su devoción práctica por la libertad, señalando el único camino posible: "~o sepa reino de nosotros ni
pueblo más de lo separado que se encuentra. Eduquémoslo en la
teoría de la individualidad, del derecho ele igualdad y de honor." 3
J&gt;ara la juventud del 73, al día con Sarn1iento y con Bilbao,
con Echcvcrria y con Lastarria, la educación popular se erige en
consigna cardinal del diario combate en la prensa, en la tribu na
y en la Cámara. Fueron sus apóstoles en la acción Agustín de
Vedia y Jo"'é Pedro Varcla. y s i a uno corresponde la concepción
del programa al otro pertenece su definitiva consagración . Agustín
de Vcdia clC'sde su mocedad hab ía co1nprcndido la gra\'itación del
problema. )·a en lü61. en El Ir:~~. el jo\•en periodista planteaba
con rigor axio111ático sus reflexiones sobre nuestro futuro. "Tene1nos la convicción íntin1a de que la rnayor parle de las desgracias
inclivicluales y sociales desaparccct án cuando In ilustración c:e haya
difundido lo bastante en las 1nasas, parn apartarlas del camino de
lo errores: que en la difusión de las lel ras c~lá la gran palanca
del progreso y de la ci\'ilización ..." 4
Disc11rso de Agustín de Veclia en la Cámara de Repre~enta11tes, en
JJia1io de Sesiones ele la Cá1nara de Representantes, cte., cit., t. X\ 111,
1

p. 367.

illanual de Eriseñanza, etc., en L1; 0POLDO
Dos t•tapas dt•l pensaniiento hispano-americano, cte., cit., p. 101.
2 E sTr:uAN Ecu1::vFRRÍA,

a FnANCisco BILBAO,

ZLA,

Sociabtlidad chilena, en I bici., p. 105.

1 .Act e-. rÍN or \ rotA, ,y ucstras ideas, en /;,'[ Jris, :\Ion te\ i&lt;lco, 15 de
abril Je lf61, n9 l.

-

151 -

�Vedia, estrechamente vinculado a Buenos Aires, traía a
nuestro medio asimismo la voz del principismo porteño, por entonces empeñado en análogos problemas educacionales. "Lo urgente,
lo vital, porque tenemos que educar a los ignorantes bajo pena
de la vida -clamaba Mitre en el Senado-- es robustecer la acción
que ha de obrar sobre la ignorancia que nos invade, velando de
día y de noche sin perder un momento ..." l
El principismo asoma por entonces en la plenitud de su vigor
constructivo, señalando las urgentes tareas a emprender. A la
fundación de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular
se suman los reclamos de los programas doctrinarios. 2 "El
Club Nacional ha comprendido --dice La Democracia- que la
educación pública es una cuestión de vida ó muerte para la repú·
blica que debe acordar el derecho de sufragio á todos los ciudadanos. La existencia de una clase numerosa de no votantes ...
es incompatible con la teoría del republicanismo y es un elemento
peligroso para las instituciones republicanas. . . Combatir la ignorancia es pues el medio más eficaz de resolver los grandes problemas que amenazan nuestra existencia social y política ..." 8
Idénticas preocupaciones denuncia La Paz donde alientan las
voces de Carlos María Ramírez y Emilio Romero, y la prédica
educacionista de José Pedro Varela, bregando por la instrucción
escolar y cívica : "para nosotros la capacidad política es necesaria
para el ejercicio de los derechos políticos y como es casi imposible constatar aquélla, debe ser condición indispensable para
poder usar de esos derechos el saber leer y escribir, es decir el
tener la posibilidad de conocerlos. . . Cuando menos esa base
rudimentaria de la educación es necesaria para entrar al mundo
de la civilización único en que se agitan los pueblos democrá.
,, 4
t1cos ...
1

JosÉ Luis

RoritERO, Las ideas políticas en Argentina, cit._ p. 163.

ftlnni/iesto del Club Nacional, l\fontevideo, 7 de julio de 187~ en
Biblioteca JVacional, l\Iontevideo, Coleccién !lfelián. La/inur, t. 108.
2

La educación popular, en La Democracia, l\lonte\'Jdeo. 20 de julio
4-0.
de 1872,
·1 Los principios políticos, en La Paz, Montevideo, 27 de diciembre de
1872, nº 517.
Cfr. además: Los gobiernos r la educación, en La Paz, l\1ontevideo,
28 de diciembre de 1872, nº 518; La institucion municipal, en La De~­
cracia ~Iontevideo, 6 de agosto de 1872, n O 54; El presente y el porvenir,
en La' Democracia, l\lonle\ ideo, 1O de setiembre de 1872, n° 75; La instruc·
ción Publica, en El Siglo, ~1ontevideo, 18 de marzo de 1873, n° 2493.
3

n°

-

152 -

�'

Electo representante nacionalista en los comicios de noviembre
del 72, Agustín de Vedia llevará a la práctica desde el seno de
la Asamblea sus miras definitivas sobre la instrucción y la ense·
ñanza, encauzando todas las .aspiraciones que desde diversos
aectores se pronuncian en ese sentido. Son sometidos por enton·
ces a Ja consideración legislativa el proyecto &lt;le libertad de
estudios del propio Vedia; 1 dotación de S 20,000 para la ense·
ñanza de VilJalba; 2 el de creación de la cartera de Instrucción
Pública, de Pedro Carve ;3 el de establecimiento de escuelas por
las Juntas Económico Administrativas, de Garzón, 4 coronados por
el plan ele reorganización total que eleva Agustín de Vedia el 9 de
mayo de 1873.
El extenso articulado del plan V edia partiendo del principio
de la enseñanza gratuita e igualitaria, postula la creación del
Instituto de Instrucción Pública y del Departamento general de
escuelas, prevé las rentas escolares propias en base a la contribución directa, propone la fundación de institutos normales, de
1ns pece iones y Juntas Vecinales, de colegios de enseñanza superior y cursos complementarios de enseñanza agrícola e industrial.
Fiel a las pragmáticas del programa del Partido Nacional, reglan1cnta el funcionamiento de los colegios de enseñanza superior,
las sesiones generales del magisterio y las bibliotecas escolares. 6
A raíz del proyecto de Vedia se hizo nutrida propaganda de
principios. Su plan legislativo coronaba muchos de los proyectos
que venía sosteniendo con ahinco desde 1868, venciendo dificultades y superando estrecheces, la Sociedad de Amigos de la Educación Popular.
I.. a juventud principista, entregada con ardor al problema de
la educación del pueblo, debió enf rcntar a la Iglesia, una vez más
-como ya lo hiciera en cuanto al dogma en Ja Profesión de Fe
Raciorurlista- en punto a la enseñanza religiosa. Como lo consigna Ar&lt;lao. la crisis de la fe, que comenzaba a gestarse por
entonces. debía oponer forzosamente dos criterios antagónicos
-laicismo y catolicismo- en cuanto a instrucción. Los j óvene3
Proyecto de ley áe Agustín de 1'edia, en Diario de Sesiones de la
Cárnnra de Representantes, etc., cit., t. X\.IIJ, p. 189.
1

:?

I bid., p. 161.

a / bid.,

p. 198.

.. /bid .• p. 315.
li

Ibid.• p. 370 a 378.

-

153 -

�adictos al Club L' niversilario y los principistas de la prensa liberal,
condenan con furor -al tono que en su tiempo habían impuesto
los escritos de Bilbao- toda intervención de la Iglesia en el
mecanismo institucional.
El artículo 75 del proyecto de Vedia, referente a la proh ihición de la enseñanza religiosa en las escuelas. reanudó el pleito
latente entre nuestro racionalismo espiritualista y el catolici~n10
escolástico. Mo11señor Jacinto Vera, portaYoz oficial del clericalismo. se dirige a la Cámara pidiendo la desaprobación del
Cuerpo Legislativo al Proyecto de Enseñanza. 1 X ue,•amente El
Siglo, estandarte del liberalismo racionalista, objeta los reclamos del catolicismo: "La enseñanza religiosa en las escuelas
públicas -sostiene frente a El A-Jensajero del Pueb!o- es un
ataque á Ja libertad de aprender y á la libertad de enseñar ...
El E~tado enseñando en sus escuelas una religión deter:ninada se
convierte en propagandic;ta &lt;le una creencia religiosa y al hacerlo
extralimita sus facultades. . . la misión del Estado no es la de
imponer tal ó cual religión ... tal ó cual dog1na. sino la de garantir
la libertad de todos para re~petar la libertad que tiene todo hombre de adorar á Dios según su conciencia ... " 2
El principisn10 rei tera entonces viejas posiciones. insistiendo
sobre el pro} eclo de ,, edia: "no persigue la cn~eñanza atea" -afirma El Siglo- sino la en"eñanza laica. con plena liberl3d de
pcn~amiento y de dogma. como lo establecen ~us má3 estrictos
principios filosóficos y políticos. "Escuela atea sería, si en ella se
enseña" e la no existcncin de Dios. . . pero es un absurdo y nada
más que un absurdo empeñar::ie en sostener que hay ateísn10 en
el simple hecho de no intervenir el Estado autoritariamente en la
propagación de determinadas creencias y en fiar la enseñanza
religiosa al seno del hogar doméstico. No"otros pugnamos por
la libertad y la libertad no es atea. Es al contrario la en1anación
más sublime de Dios .. , 3
1

nO

Primeras escaramuzas, en El Siglo, l\Ionte\'ideo, 16 de mayo de 1873,

2537.
~ lnstn•rcion

F1iblira, t•n FI Siglo, \fon'&lt;'' 1Jeo, 15 d&lt;' moyo de 1873,
nO 2536. Cfr. además: El fanatismo en campaña, en El Siglo, l\Jontevideo,
1 ~ de mayo de 1873, nº 2535; La enseñanza religio~a. en El Sislo, l\lonte·
video, 16 de mayo de 1873, nº 2537; Instrucción Pública en El Siglo, l\1ontevideo, 20 de mayo de 1873. n9 2510; Templo' y escuelas, en El Siglo,
1.fontevidco, 12 de ma} o de 1874, n 9 2826.
a l.n ~Jeñan;a religiosa, en El Siglo, ~Jonte,· ideo, 16 de mayo de
1873, n9 2537.

-

154-

�Con el proyecto de Vedia y su sonado debate parlamentario
y periodístico se aj U!-.tan criterios definitÍ\'OS en materia ele enseñanza rcligio~a. El laicismo en la in~truccié1n oficial. que será
sello distintivo de nue-tra educación popular. tiene en el pro} ecto
ele Agustín de Veclia su más temprana expresión legislativn.
José Pedro \ 'arela, de regreso d e su viaje a Europa y
Estados Unidos. trae en 11168. con la ami~t&lt;Hl y el consejo de
~nr1nicnto, 1 la" ideac; nutricias de su progran1a de educación común. 1'cmperam&lt;&gt;nto n1aduro en las lides periodíc;ticac; y políticas.
avnhía todo cuanto significa el atraso ele nuC' tra enseñanza y
dcc·i&lt;lc ernprender desde el llano, con sus i&lt;lens y su experiencia,
aqtH•lla lucha contra la barbarie. que -según , armiento- la
ciuilización venía reclan1ando con urgencia irnpoc;terrrable. a rie~go
ele pcrch•rse todo lo conquic;tado. Denunc-ianclo la filiación de sus
idea" r.ducacionales ~crihí a el propio V arela en 18í 1: "Pueden
sin duda encontrarse fecundas fu entes rn 1os e~critorrc; ruropeos,
pero por mi parte. he tomado por guía á los grandes escritores
norteamericanos porque n1e ha parecido qui! n1its pro\ cchosas y
n1ás ndnptables á nuestro país serían las iclea.; encargadas de ejercer influencia sobre poblaciones dcmocrátir.as y republicnnac:, que
las que tienden á obrar sobre los pueblo" ari-.tocrátir.o ele Europa.,, 2 Su concepción social de la escuela como f unclamento
inc:titucinnal del ordenamiento democrático. s · revela con singular
....
lucidez en el libro /.,a Fduración &lt;lel Pu eblo. "I..a escuela -ob5erva
\'nrc•la- es In hase de la Rrpúhlica. Sin ella porlrún vivir y
~ostcnc•rse los gobiernos des póticos: pero las cle111ocrncia sólo
r.ncnntrarán el d&lt;''quicio. el caos. mientra no eduquen el cao" ...
I&gt;c·hido ú la falta ele cclucaeión de nuestras ma'-a" é... ta.; per1nnneren
rcncra1n1ente aj&lt;&gt;na:) á todos los movimientos de opinión que se
OJH.'rnn entre nosotros. Sólo las pequeóas facciones del país que
!IP llnrnnn clases ele' adas. se agitan y pienc;an. T~l resto pcrrnanece
e trnño á todo; sordo lo mi ·mo al rug ido de Ja ... tormenta' revo1 Al regre"ar tic &lt;:u viaje, d&lt;'cÍa Sarmiento r.n B ueno~ Aires : '• ... yo

'""~º dt• un paí

f E..1ado" Unidos l donde la cdur.acirín

e~ todo, donde la

cclucnrión ha con~e~uido establecer lo. verdadera dcinocracia, igun1ando las
rnr.ns y las clac:irc;. l\o~otroc; n l'Ce~i tamot' escue)u., porque ella-. c:on la base
cln todo gohil·rno 11·public11no ••• ". ( EouAlWO Acr.\ F:Do, 11na/es 11 istóricos, etc.,
r.it., l. 111, p. 616.)
2 Jo

í:

Pi:uno

\'.\tU.LA,

!.a J:ducaciún del Pueblo, :\Ion tevi dco, 1874.

-

155 -

�lucionarias que á la dulce armonía de las grandes doctrinas quo
suelen llegar hasta nosotros ..• " 1
La acción de V arela desde la Sociedad de Amigos de la
Educación Popular, junto a Elhio Fernández y Carlos María
Ramírez, se concretó prácticamente en la fundación de establecimientos escolares. A la escuela Elbio Femández y su feliz experiencia, comenzaron a sumarse en la capital y en el interior
nuevas escuelas y bibliotecas públicas. A poco, la influencia de
V arela trasciende a la enseñanza oficial al incorporarse -junto
con el eminente educacionista Emilio Romero- a la Comisión
de Instrucción Primaria de la Junta Económico Administrativa
de Montevideo.
Condensa V arela su credo reformista en La Educación del
Pueblo, asimilando en punto a enseñanza las doctrinas más reci·
bidas por entonces en Prusia y Estados Unidos, que complemen·
tará con el aporte de su propia experiencia: la democracia efectiva
y práctica requiere el concurso de toda la sociedad y no el aporte
de una élite ilustrada que se yergue frente a una mayoría empe·
queñecida por la ignorancia. Para lograr ese fin, afirma Varela,
la escuela debe ser laica, independiente de toda tutela religiosa
o filosófica.
En la misma tesitura racionalista de Vedia, Varela define
posiciones frente a la Iglesia en su respuesta a la Pastoral de
Monseñor Jacinto Vera, que condenaba a ]as sociedades libres de
educación: "La Sociedad de Amigos de la Educacióri Popular
tiene por propósito fundamental el propender al desarrollo del
pueblo por el pueblo. . . Su objeto es puramente educacionista.
Como no viene a detentar ideas políticas, no sirve a determinadas
ideas religiosas. Las comunidades religiosas y las escuelas filosÓ·
ficas que se han organizado para combatir el catolicismo aspiran
!egún la palabra de SS. a descatolizar al pueblo, nosotros aspiramos á educarlo no formando católicos, ó protestante;;. ó racionalistas, ó ateos, sino hombres educados que seguirán el dogma que
, verda d encierre
.
"• 2
mas
"¿Queréis una prueba palpable -decía Varela- de que el pueblo,
el verdadero pueblo permanece completamente ajeno á todo movimiento?
Ved, Jo, que aquí nos encontramos reunidos. ~1ús ó menos todos tenemos
alguna inbtrucci&lt; n, r esultado de ahí que las ideas que he yertido tienen poco
interé" para vol-otros, porque al menos en el fondo las conocéis ya. l\fi trabajo eq pueq, hasta cierto punto estéril. ' ' engo á predicar á convertidos:•
(J OSE PEDRO \ .ARELA, La Educación dtl Pueblo, cit.)
2 CoNTRAPASTORA'1 en El Siglo, ~1ontevideo, }Q dt marzo de 1874,
nº 2i69.
1

•

-

156 -

�La obra educacional que amagaba revolucionar nuestra enseñanza, gestada al amparo del principismo doctrinario, no pudo
concretarse definitivamente hasta 1876, con la discutida adhesión
que Varela prestó al gobierno de Latorre desde la dirección del
Instituto de Instrucción Pública.
Educar y poblar. Tal era la consigna del principismo en el
orden social. A la ignorancia de la campaña y a su despoblación
ha achacado sistemáticamente las causas fundamentales de las
guerras civiles. Y al interior del país se vincula el problema del
progreso material, en cuyo desamparo -carreteras, ferrocarriles,
puentes-- se explican la menguada población y los mínimos ín&lt;lices inmigratorios.
Con intermitente celo se ha dedicado la prensa principista
durante la presidencia de Ellauri a la propaganda colonizadora,
que sin duda implicaba vastos y complejos supuestos; pero la
iniciativa periodística no llegó a cu aj ar en proyectos de ley o en
efectivas realizaciones.
Nuestro liberalismo se mostró dúctil y permeable a los avan·
ces del progreso material, siempre que no comprometie~en o
pospusiesen las conquistas institucionales primarias. Predicó una
política inmigratoria racional, preferentemente agrícola, adj udicando la iniciativa equitativamente al individuo y al Estado. La
propaganda inmigratoria no prosperó todo lo deseado en razón
de nuestra inestable economía, del clima de guerra civil que se
vivía y del atraso de nuestra campaña, cuyos factores negativos
empujaban hacia Argentina, la ola inmigratoria europea que por
entonces comenzaba a irrumpir en el Río de la Plata. 1
Como ee consignara al plantear la crisis económica y su
proyección política, el panorama económico y financiero del país
durante la presidencia de Ellauri era singularmente grave. 2 "Sé
Sobre colonizaricín e inmigración, cfr.: Esperanzas fundadas. en El
Siglo, ~fontevideo. abril 21 de 1873, nº 2528; Libertad de e3luáios, en
E•l Siglo, Montevideo, 2 de diciembre de 1873, nº 2716; Adelanto3 materiales,
en El Siglo, ~fontevideo, 20 de junio de 1873, nO 2565; La colonización por
cuenta del Estado, en El Siglo, J\;fontevideo, 24 de febrero de 1871, n° 2i64;
Trabajo notable, en El Siglo, Montevideo, 14 de julio de 1874 nº 2875;
E., timulos a la inmigración, en El Si8lo, Montevideo, 18 de julio de 1874,
DQ 2879; FnA"NCrsco BAUZÁ, Colonización industrial, ensayo sobre un sistema
pnra la Rcpúblira Oriental clel Uruguay, ~lonlevideo, 1876, p. 9, BibliotectJ
Nacional. ~fontevideo, Colecci6n !.felián La/inur, t. 23.
l

:!

\ ' éace pp. 82 y ss.

-

157 -

�que la situación es aterrante -decía en los últimos meses de 1373
José Pedro Ramírez en la Cámara-. . . Para mí no es una
novedad ni debía serlo para ningún Representante que íbamos á
llegar al fin del Presupuesto con un déficit. Ese déficit está
calculado en el presupuesto del Poder Ejecutivo en dos millones
y medio de pesos; y esto lo hemos visto desde el pruner momento ... sabíamos todos cuál era la situación; lo sabía la Cámara,
lo sabía el país entero. A quién podía ocurrir que después de
las situaciones que hemos pasado, de estar absorbiendo por años
consecutivos el futuro de las rentas de la Nación con empréstitoc;,
podíamos, el día siguiente de la tempestad arreglar todos los destrozos, realizar el arreglo y colocamos en un punto proporcional
entre los gastos y las entradas, entre los ingre~os y los egresos?" 1
Difícil era arbitrar soluciones al problema del presupuesto. Las
dos tendencias antagónicas que se enfrentaban en la Cámara ~ran
radicalmente intransigentes en cuanto a ideas económicas. El empréstito extranjero y la sanción de nuevos impuestos no llegaban
a cubrir las apremiantes necesidades; era necesario procurar
otras vías. El principismo se negaba a admitir la proposición
candombera de la emisión por la Junta de Crédito Público. porque
consideraba que accediendo desconocía su pregonado principio de
libertad absoluta en materia económica. Al promediar el año 73,
en ocasión de discutirse el proyecto de Ramírez que establecía la
Jibertad de emisión para los Bancos, se llegó a postular por la
Comisión de Diputados una enmienda en el sentido de extender
esa libertad de crédito a todos los habitantes de la República. que
podrían emitir billetes menores de diez pesos con la única condición de que se garantieran con títulos de Deuda Pública. I.. os
~erentec;. de los bancos levantaron su protesta ante la iniciatiYa
de la Comisión de IIacienda de la Cán1ara. Ninguno de lo~ proyectos llegó a concretarse, quedando en pie la antigua legislación
bancaria y. a la vez. el problema de la obtención de ruhros. 2
J_og elementos consen·adorec;. de esa Cámara apoyaron Jos
nuevos proyectos del Ejecutivo. no como la mejor solución sino
como la única practicable en el difícil momento. "Si el proyecto
del Poder Ejecutivo tuviese por objeto dar solución á la cuestión
ele principios que en el campo de la teoría y de la propaganda
se sostiene entre los partidarios de la libertad y los partidarios
Discurso de ]osé Pedro Ramírez en la Cámara de Representantes, en
Diario de Sesiones de la Ca.mara de Representantes, t. X...'\II. p. 376.
1

2 EouARDO AcEVEOO,

Anales JJ;stóricos, t•tc., cit., t. III, pp. 733 y

-

158-

ss.

�'

del monopolio -decía El Sigla- si viniec:e á alterar en sentido
restrictivo nuestra legislación bancaria vigente. entonces los rudos
ataques de que se hace objeto á ese pro}ecto estarían plena1nente
justificados y el Poder Ejecutivo nos encontraría en primera fila
para combatirlo. Pero nada de eso es cierto. El P. E. no prec:cnta
su proyecto como una solución de principios, sino como recurso
financiero del rnornento para atender á las más apren1iantes é
ineludibles obligaciones del Estado.
ro rnodifica en nada la
legi~lación vigente. no altera en lo más mínimo el estado de la
contienda cnt re libernles •v restriccionistas." 1
Se inicia rá entonces en Ja Legislatura una enconada porfía
-preludio y concurrente del colapso del principis1no- que enfrentará en sus posiciones irreconciliables a las dos fracciones
nntngónicns. "l. a cuestión financi era qu e nos agita ha te nido la
virtud de exacerbar las pasiones -consignaba Francic;co Ilauzáhasta el punto en que el debate ricntíf ico, absolutamente necesario
para alcanzar una solución radical, se ha transformado en pugilato
de handerías Iataln1ente ad\erso á los interese3 legítin1os del
paí~"· 2

El l\1ini!:;tro

con .. crvador. ante ]a inn1inencia

dl!l dcco.aco.tre, de-

cide, de cara a la realidad y como suprema concec:ión a sus
principios cconómiros, jugar su última carta, y con ella la suerte

del gobierno ele I·:llnuri, en el pro}c&gt;cto de concesión de la emisión
menor a los flanc o$ privados. ""\a no podrá tacharse con razón
al Sr. Ministro ele llacienda de que por terquedad en sostener
los principios ele la escuela cconón1ica á que pertenece. dec:.atien&lt;le
las necesidadr.c:. inás urgentes clcl E~ tado y arrastrn al país á la
ruina -decía El Siglo-. El Sr. Bustamante ha creído, con razón
ó sin ella, quA nntc la ahsoluta ca1 cncia de recursos podía y debía
aplazar lus soluciones radicales clel problema de la e111h;ión n1enor
y iuloptar un cspcdiente transitorio que rec:.ponrliese á lac:; angustiosas nccesiclnclcs &lt;lcl momen o. 1 a cuestión de principios e;,tá
pues nplazada }' es en el tcrr~no ele ln conveniencia en el que
dcbcn1os cxa1ninnr así el pro C?clo del Gobierno ..." 3
El proyecto de fluc;tamanle. cnc11ac.1raclo y concebido dentro
ele la C!:ilricta y apremiante realidad financiera del mon1ento.
Curstión dr t•icfa o muerte, en El Siglo, ulontevi&lt;leo, 20 de diciem·
brc de 1874, n9 3007.
1

2

El Siglo, ,\lont1•\'idco, 10 de novjemure de 1874.

n~

2973.

a /'ror&lt; druno~ con niétodo, en El Siglo, ~Iontc\.i&lt;leo, 22 de Jiciembre
de 1874, n9 3009.

-

159 -

�eJgnifica un nuevo esfuerzo del principismo dispuesto a mantener
el gobierno institucional de Ellauri aún enfrentando los hasta
ayer inconmovibles dogmas de su teoría económica. Ante la situación desesperante, no se trata -tal es el criterio del Ejecutivode encontrar una solución concorde con los principios o una
fórmula definitiva, sino un paliativo que permita salvar el crédito
y evitar la inminente bancarrota. La bancada candombera, encastillada en su oposición al Ejecutivo, y particularmente en su
aversión personal al Ministro de Hacienda, condena desde la
Cámara el proyecto, ahora con los mismos argumentos con que
impugnara inveteradamente al liberalismo económico. En efecto,
ante los apuros del Poder Ejecutivo, la fracción neta de la izquierda desecha la obligada transacción que propugna el doctor
Bustamante en base a la emisión menor, saliendo a su paso con
el proyecto de emisión por Ja Junta de Crédito Público que había
sostenido en el período anterior, cuyo expediente carecía, en
aquellos graves momentos, de inmediata viabilidad.
"Cuestión de vida ó muerte" -bajo cuyo lema defendía la
prensa conservadora el proyecto del Ejecutivo- era, en verdad,
la del arbitrio de recursos. La solución candombera de ningún
modo prometía conjurar la crisis en el término perentorio que
su gravedad le asignaba.
La defensa del doctor Bustamante frente a los cargos de la
representación parlamentaria de la izquierda es todo un alegato
probatorio, no de la inepcia, sino de la impotencia del principismo
para conjurar por sí el cataclismo económico-político. En su
brillante discurso el Ministro revista el proceso causal del caos
que amenaza al país ante la negación de recursos al Ejecutivo.
Precioso documento que revela ]a intransigencia neta y la angustiosa pendiente que precipitará la caída del gobierno de Ellauri.
"No sé en qué consiste la culpa del actual Ministro -decía Busta·
mante . ¿Es porque no ha podido hacer uso del crédito? Tampoco ha podido usarlo el señor Peñalva. Será porque no han
podido realizarse los cuarteles? Es imputable eso al Ministro de
Hacienda? Será porque la renta de Aduana ha disminuido en
cerca de un millón de pesos? Es imputable eso al Ministro de
Hacienda actual? Será porque no ha sido posible tomar dinero
en hipoteca sobre el Mercado? También será imputable eso al
actual Ministro de Hacienda? . . . Será imputable al actual Ministro de Hacienda la situación presente y los apuros que rodean
al gobierno . . . porque no ha dado valor á lo que no tenía, porque
no ha podido colocar ni valorizar lo que el Sr. Representante
-

160 -

�acepta como un valor realizable por la cantidad de 700.000 pesos,
las acciones de Ferrocarriles? Estas son Sr. Presidente las verdaderas causas inmediatas, á parte de las causas lejanas y más ó
menos mediatas que han traído al país á la situación en que &amp;e
encuentra: La disminución de nuestra principal renta que es la
Aduana y que deja un déficit de muy cerca de un millón de pesos
respecto al año 73; la imposibilidad de realizar las acciones del
Ferrocarril, la imposibilidad de obtener dinero sobre el Mercado.
l\1e parece. . . que nada de esto se le puede imputar á la persona
del Ministro de Hacienda actual. A menos que se le quiera juzgar
y condenar porque no ha encontrado el medio de convertir el
polvo en oro ... " 1
Así pues, librado a su propia suerte, el Ejecutivo impotente
veía levantarse ante sí una sombría reacción. El descalabro eco·
nón1ico, al conjuro de concurrentes políticos, ahoga al gobierno
doctrinario que arrastrará en su estrepitosa caída, a los hombres,
a) régimen y a los principios que cimentaban la feliz recuperación
&lt;.'Í\'Íca del 72.

La última batalla financiera y politica del Gobierno del Dr. .é'llauri, en Revista /\'acional, n9 116, p. 291.
1 PEDRO B usTA?ttANTE,

-161 -

��•

CONCLUSION

��Tal, la suscinta historia del Principismo. A esta altura, pa·
rece ineludible volver a asomarse al tema desde cierta postrera
pcrspcct i\'a, para tentar una valoración, siquiera provisoria, de la
gesta princi pista a la luz del proceso históri co nacional. Las cifras
del balance, a fuer de valederas, exigen un par de aclaraciones
previas. Ante todo, bajo la denominación genérica del Princi·
pisrno, cabe entender una actitud m ental -de corle doctrinario e
inqpiración liberal- manifiesta ante la r ealidad social del país
antes y luego de su auge selentista. Esa actitud, o escuela. como
también ~e le ha llamado, recorta su p erfil en la r eacción de
ciertas minorías cultas o ilustradas frente a la anarquía o la
autarquía que definían, a m odo de secuela del dominio hispano,
las nhcrnntivas de cosmovisión política vigente desde los albores
de In judC'pcndcncia. Asonadas, r evueltas, violencias, motines y
dictaduras dieron, desde su hora inicial, la oscura pauta &lt;le nuestra
azarosa vida constitucional. El Principismo, así encarad!&gt;, y con
distintas denominaciones, viene a ser una constante del pensa·
miento político latinoamericano, en cuanto d efinitiva secesión
espiritual con la Colonia. A los c uatro \Íentos del continente,
Sarmiento en Argentina: Lastarria en Chile, J osé María Luis Mora
en l\1éxico y José Antonio Saco en Cuba proclaman la urgente
tarea ele proceder a la autonomía intelectual de la joven América.
J.Jínea vertebral en la evolución histórica rioplatense, esa con·
ciencia doctrinaria surge, ya maduramenle dibujada, con la genera·
ción sansimoniana del 37. Con esa proceden cia se afinca en Mon·
tcvidco, arraiga con la generación romántica de la Guerra Grande,
inscribe su acento más típico con la generación espiritualista del
72. e i11cide, en proyección mediata, hasta muy dentro de nuestro
siglo. Sarmiento o Echeverría, Lamas o Gómcz, Mitre o los Ramírcz, conforman desde Buenos Aires o ya desde Montevideo, un
credo civilista y constructivo que clama contra el caudillo, el despot isr110 y la ignorancia, tremolando la bandera de la emancipación
nlentol.
Una sola de esas direcciones ha per!eguido el ensayo que aquí

-

165 -

�concluye, la del Principismo del í2, ubicándose en el ápice del proceso doctrinario, punto, quizá el más singular y sugestivo, de
los que hilvanan la trama de las ideas políticas en el Uruguay.
Precisada la latitud del dominio principista, ésta será, en consecuencia, una valoracjón en cierto modo parcial, dado el sesgo
del tema, sin la totalidad de los elementos de juicio que una estimación cabal exige.
Las minorías liberales del setenta. pues, empeñadas en un
profundo reajuste de los modos de con\ ivencia política y social,
tal como lo venía reclamando la infausta experiencia de los mal
avenidos bandos tradicionales. se proponen la superación de ese
pasado incoherente que comprometía el de~tino de la democracia
institucional.
La discutida adecuación del Principismo con la realidad de
su hora. bien merecería un capítulo de descargo ante la eicritud
sistemática de sus detractores. Pero aunque este libro no es de
todo apologético. ni tampoco encubre intención polémica, no puede
omitir un brevísimo juicio, que el autor ª' anza como mera reflexión sobre el tema, a modo de corolario de su exposición anterior.
El Principismo, más allá de sus utópicos desvíos o de su intolerancia doctrinaria, ha apurado, en breve trámite, una rendición
de cuentas con el pasado que se vol' ía incuestionable reclamo
luego de cuarenta años de equívoca vida independiente. Los hombres de su generación. acuciados por un generoso idealismo, dieron mucho de sí fascinados por el radianle fanal de la libertad
ci\'il. Supieron penetrar, en el fragor de la lucha en que estaban
empeñados. hasta el n1eollo de la realidad de su tiempo. donde
alentaba. como exigencia primaria de todo programa de superación, la plena libertad de opinión. de creencias. de enseñanza y
el goce tranquilo de las prerrogativas individuales. Por ese camino, erigieron en dogma todas las rei\'indicaciones de la libertad civil y política y de la personalidad humana. Empero, no encalló en el piélago de la especulación teórica la devoción de los
doctrinarios. Mo, idos por aquel ideal de libertad e individuo
-hombres del siglo XJX, al fin- supieron afrontar, a ejemplo e
inspiración de sus apóstoles liberales del orleanismo, la prisión,
el destierro y aún la muerte, en aras de su intransigente credo.
u siembra constructiva, supera, pues, en mucho, sus exageraciones e intransigencias. En el subsuelo de todo nuestro andamiaje
institucional republicano se descubre. a poco de rastrear. la huelJa
de una idea o de un principio nutricio inculcado por los liberales

-166 -

�del setenta. Lograron, y no fué menuda tarea, afincar en la inde·
cisa conciencia nacional la sólida fe en un fundamento de prin·
cipios como sustento primordial de la democracia uruguaya que,
aun en pos de su ideario, se abre camino en el presente siglo.
Su prédica, desde el Club Universitario, las cátedras de econo·
mía política y derecho constitucional, la prensa, los clubes o la
brega parlamentaria, compendia el tramo inicial en el devenir
del civilismo nacional. l·n largo itinerario, cumplido desde la
Sociedad de Amigos del País, la Unión Liberal, el Partido Ra·
dical, el nacionalismo del 72, el Consti.tucionali.smo del 86 y el
Civilisnzo del 90 jalonan la gestión del libe1alismo prinripista.
Bien es cierto que, no contando con la opinión mayoritaria,
el Principismo del Setenta no logró llevar a cabo muchas de sus
fecundas iniciativas, condenadas - unas veces p or la obstrucción
de las fracriones tradicionales, otras por la indigencia de recursos- a naufragar sin remedio en la instancia del proyecto y la
discusión Jegislath:a. No obstante, el autor cree que la misión his·
tórica &lt;lcl Principi~mo, de cara a sus aspiraciones y a la realidad,
está cumplirlo. con creces. Su revolución espiritual señaló rumbos preri~os. en los hábitos y las ideas políticas, y, en rnás de un
aspecto, posibilitó el régimen institucional que h oy rige a la
República.
Don Pedro BustamantP., vjejo maestro y porfiado militante de
la generación principista, nos ha dejado, al bajar al ocaso de su
Yida pública, un ceñido y sereno párrafo con CU) as palabras, precioso compendio de los ideas del 72, quiere cerrarse este libro :
" ... La generación que os ha precedido en el esccna1 io político
-evocaba IJon Pedro Bustamantc desde el Ateneo en 1 884~ se
retira de él cstenuada tras una lahor larga y penosa, y más acaso
que otra alguna acongojada, pero no &lt;le~cspcranzada . ¿Snhéi~ porqué? J&gt;orquc en medio de todo, y á despecho de todo, ella deja
más de un cjen1plo de valor cívico, de abnegación patriótica y
de consecuencia política que imitar, y ha sembrado en su ca1nino
unn sen1illa que confía será fructificada por los cuidados y co~r­
chn&lt;la por la mano de las generaciones que le han de suceder. Así
acontece sie1nprc. señores: sembrar y 1 ccoger son demasiadas operaciones para una sola generación. La que recoge no es nunca la
que sc1nhró, y gracias todavía cuando la siembra no exige el concurso de varias &lt;le ellas!"

-

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lc\'ideo, l. LVllI, nO 172, p. 58.

-

174.

�,

DE

~IARÍA,

P.;

.l\[ARTÍNEZ, 11ARTÍN C.; RoonícuEz LARRETA, A.; BLANCO,
J. C.; ARA~tBURÚ D.: PENA, C. l\l. de; .l\lENDILAHARZU, D.; PALOMEQUE, A.; Pi:rtr.z A. J.; COSTA, A. F.; Ls gran generación r Carlos

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p. 137.
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Jl.fonteviclco, en Revista Nacional, .l\1ontevideo, t . LlX, n9 178, p. 74.
PETIT l\ilt;ÑOZ, E.. Trazos para una silueta espiritual de Don Pablo De
Jl/aría, en Revista Nacional, l\Iontevidco, t. L\I, nO 168, p. 367.
PALOl\t EQUE, ALDf.ltTO, Escritos del Dr. Carlos Ataría Ramirez, en Revista del l n~tituto Histórico r Geosráfico, t . 111.
CARVE. L t11~. Apuntar.iones hi~tórtcns, (arios liaría Ramíre: y Tristán
Narvaja, en Retiista l/istórica, l\tontevideo, t. I, p. 651.
~IONTERO DusTAl\tANTC, RAÚi., El partido conser11ador, en Retiista llistó·
rica, 1\lontcvicl~o, tt. Iv y \ T.
P1.nr.0A, SETEl\tBRINO, El Gral. Lorenzo Batlle, en Revista Histórica, ?vton·
tevideo, t. \JI 1, p. 668.
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FEnNÁNDlr.l SAl.OAÑA, Jos:É ~1ARÍA, U/timos horas del gobierno de Ellauri.
en La ¡tJ añanri, ~lonte\'idco, 13 de setiembre de 1951. ( 11emeroteca
del Instituto ele l nt'estigaciones flistóricas).
F1:nN.ÁNDEZ SAI DAÑA, J osÉ !\!\RÍA, El secreto de los deportados de La
Jlabann. en Lrr 1llaña12a . .l\lontcvideo, 5 de noviembre de 1951. (Hemeroteca del lnstit11to de Investigaciones llistóricas).
FEnNÁNDfZ S\IJ&gt;\~A. JosÉ J\f.\ru,\, El regreso de los deportados de la
Pui¡;, en la 1llañana, !'tl ontcvid,·o, 11 &lt;le agocoto de 1952. (Hcmero·
ter.a del Instituto de Investigaciones llistóricas).
PtYEI. DEVOTO, J UAN E., Ta /(evol11ción de 18i5, en Jllarclia, l\fontevideo,
6 y 27 &lt;le mayo, l y 8 de julio, 12 y 19 ele agocoto y 2 de coetiembre
liP 1919. (llt'n1crntcca del In stituto tic lnrestif{rtr.iones llistórir:as).
P1vr.1. Ot\'OTO, JUAN E.. l11 hora del principisrno 1872 - 187.'&gt;, f•n 1llarclta,
.l\lontcvideo, 9, 16, 30 ele setir.rnhro de 1919. (!Jerneroteca e/el lnsti-

luto de

l n11r..~tisariones

Históricas).
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JR72, r.n Jllarcha, 'r\.Tonlcvicleo, 27 de junio dt~ 1952. (llemeroteca
del l nstituto Je l 1tt·estigacioncs lli'itóricas).

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Iris, l\1onlevi&lt;lco, 186 t
Retista Literaria. 1865.
Bandera Rcrd;cnl. l\ lontevicleo, 1871.
Siglo, l\Jont cvid('o, 1871 -1875.
Paz, !\lontcvidco, 1872 - 73.
Demor.racra, ~fontcvidco, 1872 · 1875.
l.n Tribuna. !\lonlt:~icl1 1 0, 18i2-1875.
Fl l r11g11n1, \Ion le\ ideo, 1874-1875.
La /&gt;atrio, l\lontc\•idco, 1871-1875.

El
La
/.a
El
l.a
/ .a

-

175 -

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A.íl.AMeunú, DoMINCO, Defensa del Tte. Coronel Don Francisco González.
f\.Iontevideo, 1873.
BAnLE, LORENZO, Exposición que dirige et Gral. ... a sus conciudadanos
r habitantes de la Repz¡blica, 1\1.:&gt;ntevideo, 1872.
IlAUZÁ, F RAI'\Cl:sco, Colonización industrial, l\Ionte\-i&lt;leo, 1876.
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sobre Banco Nacional, Buenos Aires, 1874.
COSTA, ANCEL FLORO, El Banco hac1onal, Buenos Aires, 1874.
COSTA, ANGEL FLORO, La caída de la Gironda y el tnunfo de la mon·
taña o el moti n müitar del 15 de enero, Buenos Aireq, 1875.
COSTA, ANCEL FLORO, Defensa de las Instituciones de Crédito de la Pre·
vincia, Buenos Aires, 1875.
COSTA, ANCEL J.' Lono, Panfletos contra puñales o el Coronel Latorre y
su época y sus crímenes, Buenos Aires, 1879.
COSTA, ANCEL FLono, La metafísica y la ciencia, ~1o ntevideo, 1879.
COSTA, ANCEL FLORO, Ecos de .\ irtana. ~Iontevideo, 1883.
COSTA, ANCEL FLORO, Ecos del Partido Colorado, ?\1ontevideo, 1885.
COSTA, ANCEL FLORO, Estudios políticos sobre la cuestión presidencial,
~1ontevideo, 1889.
COSTA, ANCEL FLORO, La cuestión. económica en las Repúblicas del Plata,
1'fontcvideo, 1902.
CowNcr.s, J., Conjerencia en la sociedad rural el 19 de abril, ~lontevideo, 1872.
Corona Fúnebre a Octat•io Ramírez, ~lontevideo, 1886.
COURCELLE SENECJIL, J. G., Los Bancos de Emisión, ~Iontevideo, s. d.
Crisis de 1866 y esposición del est(lc/o de lor; flancos de Em isión exis·
tentes en la República O. del Uruguay, ~Iontevideo, 1886.
Discusion. en el H. Cuerpo Legislatito de la República sobre la ley lla·
mada de defensa libre, l\lontc\ ideo, 1873.
El Banquete de la Ju ventud, Colección de discursos pronunciados en el
Banquete que tut•o lugar en la noche del 13 de abril de 1872, ~íon­
tcvideo, 1872.
Escánda/11s del Foro. El abogado don Jaime Estrá:ulas espoliodor de
una familia, ~Ion te\ ideo, 1873.
ESCARDÓ, F., Un rr/lcio da A1011te1 idco, reseña estadística y descriptiva
con alf(unos dr111//e.~ de la R. O. del L'rug11ay, l\lontevidco, 1873.
FLORES, EotARDO, O¡rada ~obre el pasado ) el presente. Esperanzas del
porvenir de la República, 1\-fontevideo, 1872.
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[ CoRDON, EDUARDO C.],

1879, ~Iontcvideo, 1879.
LAM.\s, ANonf:..,, Escritos. f\lontcvi&lt;lco, 1943.
L AM AS, PEDRO S., Estudio de las cuc.c;tiones económicas y finan cieras de
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un Banco iVacional de la R. O. del úrutuay.
[LA1on1u;, L.l, Jl/cn'iaje sobre la situación del país y la hacienda pública
que S. E'. el Se1ior Goúcr11ador provisorio de la República, Coronel
JJ. Lore11:0 Latorrc puso en "u111o'i de . E. el Señor J uepresidente
al resignar "" él el ejercicio del poder discresional, etc., etc., 1\-lontcvideo, 1879.
J,..\V,\N01.1nA, FHANc1c:co, La ley de la población r la sociabilidad argen·
ti11a, Bu no .Aires, 1870.
,,[ani/estución de I 1rin c1pios del Club f'{acional del Departamento &lt;k hfcmtet·ideo, sa11cionadu en la Gran. reunión popular del día 7 de julio

de 1872.
~fF:1.11\N

Luts, Fl lustro horrible, ~IC'ntevid o, s.d.
i\l0Hn1s, JouN, 1~·¡ cur~o forzoso r los contratos a oro. Londres, 1886,
\CIS. ca,I., lluenos \ues, 1886.
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J&gt;i.n1:z GoM.AR, Gn.Ec;on10, Conferencias sobre Derecho Natural.
l'ro)ecto Je l'ucrto de la Bahía ele Jl/onteiiidco, presentado a las llll. Cá.
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C'ía., 1\lontcvi&lt;lco, 187 l.
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Roonict11 z, Luc 10, Co111i,ion Central lJireclÍLa de lnrni¡;ración, Jnforme
a1111al d~ JH 75, 1\Iontcvidco, 1875.
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S. f;. el J&gt;resirlcntc tic la República por el ,./inistro de llacicnda
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\'1 IH.\, J\ GtJSTÍN DF, Soberanía y ¡usticia, Buenos Aires, 1903.
\'1 l&gt;JA, AcusTÍN Dl', Los prit ife¡pos del Banco de la Prot.111cia ante la
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1AI'INI1t,

1

-

177 -

�3) Documentación

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Sesiones

de la H. Cámara de Representantes. ~Iontevideo,

1872-1875.
Diario áe Sesiones de la 11. Cámara áe Senadores, l\IonteYideo, 1872-1875.
Actas del Consejo Universitario, 1849-1870, en l N.:&gt;TITt.;TO DE IN,"t:STICACtO·
NES lhsTÓRICAS, Documentos para la Histona de la República O. del
ruguay, t. 1, ultura, l\iiontrvideo, 19-19.

u

e

Actas del Consejo Universitario, 1870-1875. Archivo de la Unitcrsidad,
~1ontevideo.

Documentación. del Archivo y Biblioteca Pablo Blar..co Acetedo, :\1onte·

,·ideo.
- -

Documentos de Julio lierrera y Obes.
Correspondencia de :i\Ianuel Herrera y Obes.
Archivo de D. Tomás \ 1illalba.
Documentación de J acinto .r\1bistur.
Archivo del Dr. l\fanuel Ilerrera y Obcs. Documento~ Ofic!ales.
1\rchivo del Dr. 1Ianuel Herrera y Obe~. E!1crito:&gt;.
Archivo del Gral. \ entura Torrens.
Archivo del Dr. J osé G. Palomeque.
Colección de documentos para la Historia de ln RcpúbHca O. del
Uruguay.
Compilacién de documentos para la Ilistoria de la República Orien·
tal del Uruguay.
Archivo del Dr. l\lnnuel Herrera y Obes, correc:pondencia pl.Tticular.

-

Documentación. del Archiro General ele la iV ación, :\Tonte\'ideo.

-

Fondo Berro.
Coleccié n Oliveres.
Adquisición Fregeiro.
J\dquisición Acevedo.
Fondo E x Archivo General Administrati\'o.

Documentación de la Biblioteca ,\ 'acionnl, Buenos i\ires ( ección Groussac).

-

Correspondencia
Correspondencia
Correspondencia
Correspondencia
y Obcs.

de Juan Jackson con Féli'.'C Fríaq.
de A. de Andrada con Félix Fríaq.
del cónsul argentino A. \ illega con Féli't Fría.:.
de Cayetano .\lvarci. con el Gral. Juaa E. Gclly

Frag~ ntos
-

-

-

t-

i:arios en Revistas
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t. X. abril 1903.
Hr:nnt:RA y Oor.s, ] l' l IO, El arle cl! gobernar, en Reuista 1\'acional,
~1ontevidco, t. 11, nO 5, p. 296
RAr.tÍRE.7., Josi PEDRO, La tradición orit:ntal, en Revista 1Vacional,
l\lontevidco, t. 11, nO 6, p. 353.
Go,11:.z, Ju.\N C,\nt.05, }.' / proarnma de Lamas de 1855, en Ret1ista
Nar.ional, l\1onlf"\ideo, t. 111, n° 9. p. 433.
BusTAf\.fANTE, Prono. l uan Carlos Góme:., Confidencias políticas, en
Revista iVaciona/, ~lonte\·idco, t. 1\, n° 12, p. 321.

-

lí8 -

�Lavandeira, en Revista l\'acional, ~tonll&gt;
Yideo, t. IV, nº 12, p. 321.
VLDIA, AcusTÍN ot:, la reacción. cívica del 80, en Revista Nacional,
?.1ontevideo, t. \ ' , n9 l ~. p. 161.
f;:-- RAt.1í1u2, CAn1 os ~IAR.ÍA, Jlfernorias y apuntes, en Rei,ista haczonal,
f.loutevic.Jeo, t. VI, n 9 16, p. 111.
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- RAlt1ÍllLl, CARLOS ~fAIÚA, Carlos Ataría Ramíre: ''extran¡ero'', en
Revista Nacional, l\lontevideo, t. \ 11, p. 19.
GóMEZ, JUAN CARLOS, El desconsuelo del proscripto, en Revista Nacional, ~1ontcvideo, t. \ 11.
- Bus1 AMANTE, PEDRO, La Guardia Nacional, en Revista Nacional, l\1on·
-

PENA,

CARLOS

l\1ARÍA DE,

-

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1'1ontevidco, t. CI, n° 36, p. 450.
- ltAMÍREZ, GONZALO, Clase inaugural del curso de Derecho Natural y
l'tna/, en Rctiista 1\ acional, ~lontcvid co , t. XI , n 9 '11, p. 295.
lh.1tllEI\.\ y OuEs, Ju110, La crisis de la jiluso/ía, en I&lt;euista 1Vacion.al,
l\lontc\idco, t. XV, nO 42.
íl u.;;TA MA'lfll-:, Pt.0Ro,
Políti ca, Filosofía, llistoria, en Revista l\'~
cio11al, ~lontevidc o , t. XI\, n'-&gt; 47, p. 269.
111.Rltl ltA y Ooi:s, J ULIO, El "Cenáculo" de LL St¡;lo, en Revista Nacio11al, 1\lontcvitleo, t. Xv 111, nº 53.
VÁZQ U1:.Z SACAs1 lJME, J., La revisión de 18i.1, en Rcvistt1. Nacional,
l\lontcvideo, t. XXII, n V 68, p. 297.
llu.srAMAN11:, P~utto, las lan1aras del i3, en Revista l\'acional. l\lon·
ttvidco, t. XXIII, nQ 69, p. 465.
DusTAl\1Al'i1E, Pwno, El cu rso forzoso, en Revista Nacional, 1\1ontevidco, t. XX\ , nQ 73, p. 28.
Dus rA~1A~lr, Pr.ono, La libertar! tic crrtisinn, en Rciista Nacional,
l\lont cvidco, t. XXVI, n9 76, p. 70.
ltAMÍRI z, GONZALO, Eduardo Ace1.. cdo cocli/icaclor, en Ret istn Nacio.11al, ~lontcvideo, t. XX\TJ, nO 77.
RAMÍlll'.l, J u~É P1ORO, Libertad dr. eniisión r bancos libres, en Rci1ist.a
1\ac1011al, !\lonte\•idco, t. XX\ 111, nQ 81.
ílus 1A tANll', PEORO, El 1:alor cíiico, en Rcirista 1\'acionul, l onte, ideo,
t.
-

XXX. nº 92,

-

-

~lAIÚA, La r.risis de ln
~lontevidco, t. X\.XI l. n O 96.

RAMÍIH:.7., CA1tl.O

Nacion11l,
-

p. 171.

J.. eUTI Ctplos

econoniia política, en Rer ista

¡;nbiP-rnn y arlnii11 istración, en
lle.t•i$lll Nacionnl, ~lontcvid ·o, t. X ' X\'111, 110 1'11.
Bu TA!\fANTr, Pi nno, fA 1 últirna batalla /inancir.rrz y pnlítica di I Go
bicrno del f)r. Ellauri. en Rt~t'ista 1\'ncio11al, l\[ontevidco, t. XLIX,
nº 1 16, p. 2i0.
lh:nnrnA y Onr:;s, J utto, De la /e¡;itiTnidrul y la t\tcnsiún de te'ftar,
en Rct•ista Nnciorinl, l\lontevidco, t. L. n9 150.
n usTAJ\IANl l~. Prono, La dnctri1111 ele Bc11tluu11, en Revista Na cional,
~lontcvidco, t. LIX, nQ 179, p. 303.
VÁ:ZQUl¡z SAC: STIJMf.,

-

"'

179 -

�'

�INDICE ONOMASTICO

•

��Bilbao r ra nri C:.C'O : 13, 50, 97' 99,
1
145, 151, 154.
Blackstone ( véa5c; Blackstone, Gui·
llcrn10).
Dlackcstonc, Guillermo: 3, 91, 104,
106.
BJackstone, William (véase: Black.stone, Guillermo) .
Blanco, Juan Carlos: 57, 59, 95,
101, 137, 149.
Blanco Acevcclo, Pablo: 14, 24.
Bréhicr, E. ( véa~e: Brebier, Emi·
lio).
Bréhier, Emil io: 99.
fírito d&lt;'l Pino Cvéase: Brito del
Pino, E&lt;l11n1do).
Ilrito 111'1 Pino, Eduardo: 8, 19, 25·
27, 37.
Bryant (véase: Bryant, Guillermo

A balo!', Angel: 59.
AceveJo (véase: Acevedo, Eduar·
do).
Ace\'cdo, Eduardo: 54, 83, 81, 135,
137. 150, 155. 158.
Adams {véase: Adams, Samue]).
j\dams, Samuel: 104, 142.
Alberdi (véase: Alberdi, .T uan Bau·
ti-ta).
Alherdi, Juan Bautista: 93, 145.
Albistur, Jacinto: 60.
Alvarcz. Ri cardo: 64.
Aparicio (véase: Aparicio, Timo·

ºº·

tco).

Aparicio. Timoteo: 18. 35, 148.
Aramhurú. J)ornin ~o: 118, 1·19.
•l\rdao {véa~e: Ardao, Arturo).
Arclao, Arturo: 93·95, 100, 153.
Artngavcytía, Enrique: 84.
&amp;.iin (véase: Bain, Alejandro).
Bain, Alejandro: 95.
Bastiat (véase: Dast iat, Federico).
Bac:tiat, Federico: 95.
ílatlle (véac;c: Batllc, Loren10) .
Dar lle, general {véase: Batlle, Lo·
rcnzo).
Batlle, I~orcnio: 1, 7, 12, 14-18, 23,
36, s~. 11s.11i1.
Dnudrillnrt ("'~ase: B:iudrillert, En·
riq 11c Tosé León) .
Baudrillart, Enrique José León:
95.
nau1.á, Franci"CO: 36, 157, 159.
B&lt;"cch&lt;&gt;r (véase : Dcechcr, Enrique
\i·.).
B&lt;•echcr, Enrique W.: 106.
B(•rcJicr, 1\Innul'l: 26.
B(&gt;rrnúde1, Wa.;hington: 149.
flerro ( véa'"'': Berro, Bernardo P.).
Rcrro, Aurl'lio: 38.
Dcrro, R1•rnarclo P.: 1, 7, 8, 13·15,
18 30, 116.
Bilbao (véase: Bilbao, Franci,co).

e &gt;.

Bryant, C11illcrn10 C.: 106.
B11~tamant!'
(véusc: Bustaman te,
Pedro}.
Bustarnantc. doctor (véase: Busta·
mante, Pedro).
Bu tamant e, José C. (véase: Bus·
tamanle, José Cándido).
Bustuniantc, Joc;é Cándido: 17, 35,
57, 58. 62. 6·1. 6:&gt;.
Buslamante. Pc&lt;l rn: 10, 12. 15·17,
53-56. 53, 59, 82·8í, 95, 110,
117. 126, l J2, 113, 159-161. 167.
Camino ( vén~c: Cnn1ino, Estanis·
Jao).
Can1ino, E-.1ani&lt;"lno: 68. 116.
( anc ( 'l a5c: Cané, !\-1 iguel).
!\l 1~t11'l: 93.
Caraballo ( véa"e: Caraballo, Fran-

( ª"'"

( J&lt;ico).

Carahallo, FranciQro: 15.
~
uto. \ nton10.
. . _?6•
Cnrava
Caraviu, Dcrnahé: 6t
Caraviu, .T uan P.: 61.
Curios ~1nrí11 (,éac:c: Ran1írez, Car·
los .1\ laría).

133 -

�Cane, Pedro: 153.
Cassirer (véase: Cassirer, Ernesto).
Cassirer, Ernesto: 96.
Castelar (véase: Castelar, Emilio) .
Castelar, Emilio: 100.
Castellanos {véase: Castellano", José l\l aría) .
Castellanos, Alfredo: 26, 88.
Castellanos, José Ma. {véase: Castellanos, J osé María).
Castellanos, J osé ~la ría: 19, 24,
26, 28, 31, 37, 73. 74.
Castillo, Romualdo: 59, 85.
Castro, Carlos de: 12, 95, 103,
105, 116, 117, 146.
Catedrático de Derecho Constitu·
cional (véase: Ramírez., Carlos
~faría) .

Catón: 55.
Constant (véase : Constant, Benjamín).
Constant, Benjamín: 3, 12. 91, 93,
95, 102, 103. 105, 111, 112,
115, 116, 118.
Correa, Leoncio: 26, 59.
Costa, Angel Floro: 108, 109, 146,
149.
Costa, Juan J.: 58.
Cousin (véase: Cousin, \ Tíctor).
Cousin, Víctor: 92, 93.
Croce (véase: Croce, Benedetto) .
Croce, Benedetto: 11, 104.
Curtis (véase Curtis, Jorge Guillenno).
Curtís, J orgo Guillermo: 106.
Chevallier, J ean Jacque" ( véa!!C:
Chcvallier, Juan Jacobo).
Chevallier, J uau J acobo: 10 l.
Dl'·~laria, Dennidio: 12.

De-)laría, P. ( véa!)e: O e: -1\I a ría,
Pablo).
De-l\1aría, Pablo: 26, 27, 60, 71,
82, 88, 101, 147, 14-9.
Dc~cartcs (véase: Descartes, Renato).
Dcqcartcl&gt;, Renatl.): 96, 99.
Destuu de Tracv: 92.
Director dt• La Pa: ( véac.e: \ arela,
José Pedro).
Dupont (véa"e: Dupont, Anselmo).
Dupont, Anselmo: 88.

Echeverría (véase: E cheverría, Esteban).
Echeverría, Esteban: 50, 102, 103,
151, 165.
Ellauri {véase: Ellawi, José E.).
Ellauri, doctor (,éase: Ellauri, Jo·

sé E.) .

Ellauri, d octor ( ~éase : E 11a u r i ,
Plácido) .
Ellauri, José (véase: Ellauri. Jo-

sé E.).
Ellauri, Tosé E.: 2, 12, 23. 57, 63,
65-74, 82, 84-86, 139, 145, 157,
159-161.
Ellauri, Plácido: 3, 13, 91, 93, 94,
97. 14-0.
Escardó, Florencio: 26.
Estrázulas, Fran;:isco: 26.
E .. trázulas, Jaime: 8, 26, 30.

F ernándcz, Elbio: 156.
Fcmández Saldaña, José 1\Iaría:
149.
Fcrreira y Artiga~ (véase: Ferreira
y .Artigas, Fermín) .
Ferreira y Arti_gas {véa5e : Ferre ira
y Artigas, 1\{ariano).
Ferreira y 1\rtigas, Fcnnín: 12.
Ferre ira y A rti~as. 1\lariano: l~.
Flore" ( v•éase: Flores, \ enancio).
Flores, Eduardo: 19. 88.
Flore!', (!eneral (véase: :Flores, \ 'e·
nancio).
Flore!', ~ eitundo: 26.
Flore-.. \ enancio: 8, 9, 14, 15, 81,
146.
Forteza, Li ndoro: 135.
F ourier ( véac;e: Fourier, Carlos).
Fourier, Carlos: 93.
Fría e:, Féli~: 65.
Fu e ter ( véac:e, Fueter. Eduardo) .
Fueter, Ed. (véase: Fueter, Eduardo).
Fueter, Eduardo: 105.
García, Román: 52, 148.
C..arcfa Lagos, A. (véase: García
Lafto... Alberto).
Carc-ía Lago~. \lberto: 26.
García Lagos, Ildefonso: 26, 37, 185.
&lt;.,a1c1a \\ 1ck, Iléctor: 88.
Car.ron ' . (' éao;;e: Garzón, \'icente).
(; arlOO, \ icen te: 110, 133. 153.
C~ruzez (' é115e: Géruzez. Eugenio).

184 -

�Géru zcz. Eugen io: 9 t
G("u ell ( v{·aqe: Gcttell. Raim11ndo).
GettelJ. Raimundo : 102, 103. 106,
142.
Gettell. Raymond G. (véa se : Gette 11. Rairnundo).
Giró (v(~ese: Gi ró. Francisco) .
Giró, Francisco: B. 32.
Gomencoro ( véa .. c: Gomensoro. To·
mác:.) .
Go1ncnsoro, Tomác:.: 2. 23, 24. 50,
51, !13, 54. tl l·68, 71, 1:17.
Gómez. doc tor (véase: Gómez, J uan
Cario-.).
Gómc1., lua n C:arlo.. : XT. l. 7. 9,
JO, 11. l:l. J2, 33, 19. 61, 62,
82, 96. 102. 116. 145. 165.
Gómcz ll &amp;t•clo, J uan Carlos: 12,
119.
Goy1•na, Pahlo: 26.
C rcr. lcy (.,.c~a.. c: Grcclcy, l lor ncio).
Grcclcy. IIorac io: 106.
(; rocío ( \ éuec: Grocio. l l 11go) .
G rol' in. 11 u ~o: 103.
G11rm ,;nrl1•1, Ca rloc:: 59.
G11rn1éndc1, Rufino: 88.
~lalJ cc k

(\'~nc;c:

Ilcrrera y Ohe5, l\1anuel : 7. 12. 2.t,
66, 116, 135.
Jlcrrct a y Obeq, ~li g ue ! : 19, 26,
37.
l 1ordcñana , F rnnci""º: 8.
II11go (véa e : llugo, Víctor) .
l~ugo,

Iharra. J orge: 26.
.Jack: 1'19.
.T ack ... un, J uan D. : 65.
.lacq11es, Arnaclco: 100.
Jant:t ( véa-.e: Ja:iet, Pablo).
.f :inct, Pablo: 116.
Jcffr•rc:on (véase: Jeff P.rson, T o111ác;).

Jcffcr,nn, Thomas (véa!:e: J cffer~on, Tomác;) .
J,,ffer,on, Tomá ~ : 101. 118.
Jo é Pedro (\éa!le: Ramírez. J osé
Pedro).
1 ahnulnyc &lt;véa~c:
Ecluarclo).

fl allcck , Fit1-

fnn so de).

fl ,.gcl.

Guillermo

F.).
lfc¡:rcl. Guillt•rnto F.: 92, 97, 105.
lf crn•ra. Alfn·do df•: 131.
llcrrera, Jua n J. de (véase : IIerrcra , J uan J osé &lt;le).
llt r rr.ra. J un n J•Jc.é de: 6&lt;J., 88, 110,
133.
l lf•rrcra, J 11 lio (véase: l l errcra y
lJIJt•s. Julio) .
lfcr n·ra, l'\icolú-.: 12.
l Jl'rrcrn y O L e·~ (véase : I lerrera y
&lt;&gt; h 1 ·~. 1\l anuel ).
llr.rr1•ru y () he-., Ju lio: 11. 12, 18,
26, 29. Jo. 3 1-36, 111. &lt;ta. s1.

5 l. 55, 57. 59, 60. 78. 88, 91.
10 1. 110. 111, 116, 118. 139,
144, 146-149.
llcrrera y O bes, Lucas: 8 1.

-

•

1 nrnartine, .1\ Jfonco de: 11, 147.
la111n l\éace: L ·uua~, J\ n&lt;lré.. ).
J a rn 1q' .1\ ncl rés: 7, 8, 2•l, 32, 66,
116, l 65.
1 :in11•nnui~ ~ \c~a ...c: Lan1enr.ais, Felicité rlP).
J un1cnnnis, F1•licité rlr: 9.3, 100.
l apido, Ocravio: 61. 110.
Larornig11ii•rc (~éa!:!c: Laron1iguiere,
P1•cl ro) .
l orrunig11icrt'. Ptdro: 92.
l u1r.1ñ.1gu ( \'éasc: Larrañoga. Dárnnso A.).
1 arrnña~a . Dámuso ¡.\ . : 101.
l.usta rria (\. éa.;c: La-.ta rna . \"ictoriano J o~é) .
Las lurria, Vic toriano José: 50, 145,
151. 16S.
Latorro (véase: Latorre, Lorenzo).
l.utorr&lt;.', Lorenzo: 59, 118, 157.

)os) .

(véa.,c:

Labo ul aye,

I .u!Jouluyr, E. ( véas~: Labou layc,
Eduardo).
Laboulnye, Eduardo: 3. 13. 91, 95,
100. 103, 101, 105, 112, 116,
12 1, 125, 142.
l am;ir1inc (véase: I amartine, AJ-

Grcf'OI').
Hallr.ck. Fi tz·Crecnc: 106.
ll an1i lt on (véa;:,c: Ilu1nilton , Alcinnd ro).
lfen1ilton. Alejand ro: 3. 91.
ff arnlil ( véac:.c: Blanco. J uan Car·
ll e~r l

Víctor: l iJ7.

l ü.3

-

�•

~lich elc t ( véa~e:
~Iichel e t, Julio:

La' alleja (véase · Lavalleja, Juan

l\lichelet, J ulio) .
100.
1'1ilton (\·éas.?: \lilton, J uan) .
?vlilton, J uan: 103.
I\1inL,tro con-:,ervador (véase: Bustan1antc, Pt:Jro).
1\.linistro de IlatHe (véase: 5ustamantc, Pedrt' ) .
1\1inistro de Berro ( véa"e : Estrázulas, Jaime).
1'1inistro de Hac"en&lt;la (véase : BusLamantc, PcJro).
~fitre (véa e: .l\fitre. Bartolomé).
l\fi tre, Bartolomé: 1-1, 93. 152, 165.
~litre, general ( ,·éasc: !\litre, Bartolomé).
1\.fontalembert ( vPae;.e: ~f ontalembcrt, Carlos Forbes, Conde de) .
1'fontalembert, Carlos Forbes, Conde de: 100.
~font .-ro Dustamante, Raúl: 147,
149.
?.-f uñoz (",;ase: ~luñoz, J osé ~fa.
ría).
l\1uñoz, Car1o~: 12.
1\.iuñoz, Daniel: 26, 95.
l\fuñoz, doctor (\éa~e : ~1uñ oz, José ~faría).
1\1 uñoz. Jo~é I\f. ( \'éase: l\f uñoz,
J o~é 1\laría).
1\1 uñoz. J o-,,é 1\[a. ( \"é:ise: .'.\luñoz,
T o~ 'faría ).
1'Iuñoz, J osé 1\faría: 1, 7-10, 26,
36, 55.57, 61-68, 70-73, 76, 88,
115, 137, l~O. 147, 148.

Antonio).
Lavalle ja, Juan Antonio: 8.
Lavandcira, Francisco: 101, 137,
148, 149.
La viña, Francisco : 58.
Leibni.i (véase: Leibniz, Godof redo
Guillermo) .
Leibniz, Godofredo Guillermo: 96,
Lerena, Ambrosic (véase: Lercna,
Carlos Ambrosio).
Lerena, C. A. (véase : Lerena, Carlos Ambrosio ).
Lerena, Carlos (véase: Lerena, Carlos ,\mbrosio) .
Lerena, C:irlo&amp; Ambrosio: 26, 64,
110, 126, 133.
Lincoln (\éas2: Líncoln, Abraham}.
Lin coln, Abraharn: 11.
Locke 1véa::e: Lc;cke, Juan) .
Locke, Juan : 103, 118.
Lolme, de (véase: Lolme, Juan de).
LolmP, Juan de. 104.
Luis Felipe: 92, 100.

1\fac EochPn. E,luarclo: 51.
1'facchino, Eduérdo De : 26.
~f aciel, Santia ~o: 1·19.
Mackinnon, l\lejandro: 23, 2 i.
l\faAariñoq Ccr,::ntes, Alejandro:
27, 57, 135.
J\.taistrc, de (\'éase: 1\taistre, José
de).

1'fai.;t re, J osé de: 92.
l\f all·brancltc ( \'éa~e: 1\1 alebranche,
Nicolá:.).
l\falebranchc, 'lit.:olás: 96.
f\fartínez, Bonifacio: 12, 55-58.
l\lartíne~ doctor ( véa~c: ~1artínez,
Bonifacio).
l\fauá, Barón ele: 15-17.
l\'fau.ini Cvéa ... c: ~laa.ini, José} .
l\fazzini, J o!'.lé: 11.
Afccli na, Auocleto: 18.
ltfclián Lufinur (\éase: ~lclián
Laíinur, Luis).
?\fcli ón l alinur, Luis : 7, 17, 25,
43, 108, 121, 122, 135, 1J9, 152,
157.
1'-fichel, Enrique: 104. 111.
1tlicbel, 11. ( vén~e: 1\lichc], Enri-

Narancio, E. l\I. (véase: Na rancio,
EdmunJo ~l. ).
Naran cio, Edmun&lt;lo ll. : \ '111.
Nar\'aja, Tri tán: 1·16.
OdJone ('«!ase: Oddone, Juan Antonio) .
Oddonc, Juan Antonio: ' ' JI, VIII,

X.

Ordoñana, Dom iniz;o: 81..
Oribe (, éal'c: 01ibe. ~Ianuel}
Oribe, J\f anuel: 3, 81.
Ortc~a ( \'éase: Orte~a y Gasset.
J oEé).
Ortega y Ga~::ct, J o~é· 101.

que).

'fif ichel, I Icnri C' éasc: 1\fichel, Enr ique) .

-

186

�P. D. I\L (véase: De-~ Iaría, PJblo).
Poc:heco 'vP.a,e: Pachcco y O bes,

Pricc ( véa&lt;:c: Pnce. Ricardo).
J1 ri1 e, Ricunlo: 3, 91. JO~.
Prit.:~lley (véase: Priestley, José).
Pricatley, José: 10-l.
l'u!cnclo rf (véase: Pufendorf, Ba·
n)n de).

~lcl chor).

Pacl!eco y Obc", \Jt&gt;lchor: 8 .
Pngolo, coronel ( 'réasc: Pagola,
Juan ~l.).
Pago la, Juan ~l.. 51, 54.
Po ane ( véa ...&lt;': Painc:, 'fomás) .
Painr&gt;, 1'on1ós: 104, 118.
Polorneque, Albcl'lo: 119.
Palon1eq uc, J osé G.: 14.
Palleja ( \'éase: Pallcja, León de).

Puf~n&lt;l o rf,

Q11in ct (véa1H" Quinet, Edp;ardo).
Quiuct, EdKurdo; 100.

l'allcJa, l t:un de: 8.
Parrington \!. ( véa::c: Parrington,
Vernon l.).

Rnmírez

( véa"e: Ramírez., Carloa

\Ja1 íuJ.
R nn1:re1. ( \éa&lt;:e: Ramírez, José Pe·
dro).
R nn1írc1,, Carlos Iaría: 2, 7, 12.
17·19, 26, 2í. 32, 37. 39. 73.
9,), 101. 103, 105, 109. 112,
121. 117-1 19, 152, 156. 165.
Ramít c1. doctor (véase: Rainírez.
Jo"é Pedro).
R n n1ÍH!l, (;on1a lu: 19 26, 37, 73,
1oJ, 137. 138, 165.
Ron1írc1, J. P. (véase: Ramírez.

Parringlon, Vernon L.: 106.
Paullicr (véase: PaulHer, Federi&lt;'O).

PnulhC'r, Federico: 57, 58.
Pena, Cario' ,\ta ría de: 19.
Peña. dl' la ( véaEe: Peña, Luis
J o!.é de la).
Peña, L11i J U6~ ele la : 3, 91, 91.
Pcñuh:n (véase: PP-ña1va, Juan).
Pciiulva, Juan : 160.
Pcrt·da, con1andt1nte (véase: Pere·
clu, Enrique F.).
Pereda, Enrique F.: 59, 88.
Pereda, teniente coronel (véase:
Pereda, Enrique F.).
}lt'rcira Cvéosc: Pereira, Gabriel
Antonio).
Pr:rcira, Cahriel Antonio: 32.
P1~n·1, luis Eduardo: 51.
Pl~rcz, ~1úxi1nu: 15.
I1 ~rcz Cu"tellano (véase: Pérez Castellano, f\lunucl).
P1~ rel Cnstclluno, i\lnnuel: 101.
1'1~ re1, Gomar ( v~ase; Pérez Gomar,
(,n•gorio).
Pércz Gomar, Cre~orio: 12, 8'1,
103. 105, 1116.
Pctit ~l11ñn1. ( véusc : Petit ?tfuñoz,
Eue"n io) .
Petil ~Iuñoz, Eugenio: l •i7, 149,
l'ivel l\éasc: Pive) Devoto, Juan

José Pt&gt;dto).
Rarnírr.1.• Jo é Pedro: XI, 2, 11"
] 2, 17. 18. 23, 26, 3-1·36. 49.
53, 55·61, 70. 96, 101, 106, 108112, 11 5, 117. 126, 129, 132..
13:i. 13S. 139, l jil, 1·15·1•17"
149, 158, 165.
R amírc1., Juan A.: 26.
Ramírc1, Junn P.: 59
Randall, Juhn E. (\éa~c: Randall.
Junn 1:.).
Rnn&lt;lall, Juan E.: 101.
H1·&lt;111en11, .T oaqu in: 135.
Ilr1111cnn, J naqu í n ( 'éase: Requ&amp;nn y r.arcíu. Joaquín).
R equcna y García, Joaquín: 6.J.,
133.
ll ive ra (véase: Rivt'ra, Fructuoso) ..
Hivcra, B1•rnnbé: 132.
Hhera, F1 u c t1111~0: 8.
Roclrígut•1, \urcliano ( véa"e: Rodríg11e1. Larrcte, Aureliano).
Rodrigue z La rn.:ta, \u reliano: 19.,

E.).
PiYel l)C'voto ( \'ea"c: Ph el Devoto,
Juan E.).
Pivcl l&gt;t•voto, Juan E.: 8, 13, 14,
24, 36, 87, ] .~ ]. 133, 131-.
Pre.:iclt•ntc dt&gt; la Rc¡1ública (véase:
Ello u ri, .T osi! E.) .
Pn·~irl en t c de la fl c¡.itíblica (véase:
Gomcn ..oro, Ton1:i1:1).

-

Barón de: 103.

26, 37, 88.
Rorn&lt;•ro, Einilio: 19, 26, 152, 156.
Rornero, J o..,é Lnis: 105, 152.
J{u5os ( véa~c: R11sas, Juan ~Ianuel
ele).

Ros::i .:, Juan nlJnucl de: 9 t

187

-

�Rousscau &lt;véase : Rousseau , Juan
J acobo) .
R ousscau, J uan Jacobo : 99, 118.
Rück.er, Conrado: 135.
R uggiero, Guido de: 104.

Tocqueville, Alexis de (\éase: Tooque,ille, Alejo de) .
TorreQ, Fernando: 16, 17, 62.
Tucker (véase: Saint George-Tuc·
ker) .
\

Saco, Jo~é Aneonio: 165.
Sácnz de Zumarán, Alejandro: 26.
Saint George-Tucker ( véaQe: aint
George -Tucker, Enrique).
Saint Georse·Tucker, Enrique: 106.
Saint Simon Cvéase: Saint- imon,
Enrique de).
Saint Simon, Enrique de: 93.
Salvandy (véase: alvandy, Conde
de).
Salvandy, Conde de: 100.
Salvañach (h.), Cristóbal: 19, 38.
Sansón Carrasco (véase: rituñoz,
Daniel).
Santos, Juan F.: 59.
Sarmiento ( véasf': Sarmiento. Domin~o F.).
Sarn1iento, Domingo F.: 50. 93,
105. 145, 151, 155. 165.
S imon, J ules (véase: Simón, Julio) .
S imon, J ulio: 100.
·
Sosa, J esualdo: J49.
Spenccr (véac;e: Spencer, Herbert).
Spencer, H erbert: 95.
Spinoza ( véac;e: pinoza, Benito) .
Spinoza, Benito: 96. 99.
Stewart \ argac;, Guillermo: 16, 1·13.
144.
Story (véase: Story, José) •
Story, Jo!lé: 3, 91, 106.
Story, J oscph (,éose: Story, José).
Stuart f\fill (véai.e: Stunrl l\lill,
Juan).
Stuart Mill, Juan: 95.
Suárez (véase: Suátez, .T oaquín).
Suórez, Cregorio: 18.
Suiírez, J oaquín: 7.

\' aillant, Adolfo: 12.
Varela (véase: VArela, José Pedro).
Varela, Florencio: 102.
Varela, J. P. (\'Case. \rarela, José
Pedro).
Varela, J acobo A.: 19, 26, 37.
\ "arela, Jo~é Petlro: 12, 17, 19, 26,
27, 31, 37, 47, 51·54, 62, 63.
66, 73, 74, 101, 148, 149, 151,
152, 155-157.
Varela, Pedro (' éase: Varela, Pe·
dro J.).
Varela, Pedro J.: 58, 62, 64, 65.
\ á~quez Acevcd.J, AJfr&gt;!do: 52, 137,
148.
\"ázquez., Eduardo: 59.
\ ázquez, Juan A.: 57.
,. ázquez, Laude!) ino: 110.
\ ' ázqucz . a~a-,tume. José: 64, 88.
''edia ( véa~e: \ edia. Agustín de).
Vedia, A l?u~tín Je: 14, 19, 48, 52,
61, 65. 72, 88, 101. 113, 131,
132, 140. 1-ll, 148-156.
\.edia de (véase: \ ' ed ia, Agustín
de) .
\ ' elazco. Erne~to: 23. 24, 26.
\ era. Jacinto: 36. 154, 156.
\ idal. Emilio: 26.
'idal, Francisco .\ .: 57, 64.
\ idal. Toribio: 59
1
\ il1alba (l éase : ViJJalba, Tomás).
\ illalhn, \ntonio: 88.
\illalba, Tomsi"· 21. 153.
\ illegas, Alejo: 3, 91, 93.

Taylor (véac;c: Tay)or, Juan).
Taylor, J11nn : 106.
Te7.ano~, Isaac de: 57, 110.
Tocqnevillc ( vé&amp;!e: Tocqueville,
Alejo dto}.
Tocqueville, ,\tejo de: 3, 12, l•t,
91, 101, 105, 12·1.

-

Washin!.!lon
J or;:~ 1.

(,·éu,c:

" 7ashi ngton,

"a&lt;&gt;hingl&lt;•n. Jor~r: 11.
"11l i-. l\'éa.;c•: \Villi-., i\athnnicl P.)
" 'illi". Nnthan1l"l P. : 106.
" ' olf f &lt;véa .;;e'. \\ olff. Christian&gt; .
'°'"oJff, Christian: &lt;:'6 .

7 ca. I 1 OJ "ltio: •15. 99, 151.
Zumar-'n. \leiantlro . de (\'éase:
acni clt Zumarán, Alejandro).

188 -

�INDICE GENERAL

��Pi g1 oa

ADVERTE CIA. por Edmundo .l\f. Narancio .. .. . .. . . . .. . . .. . . .. . . VII
NOTA PRELII\llNAR ............................................ . IX
TE~IARIO .... .................................................. .
l
Capítulo J. Jlacia el principi ..mo ..•..............................
5
Capítulo TI. La órbita política de los partidos de principios (18721875) .......... ............ . ....... ' ..... ..... ....... ....... .

21

Capítulo 111. El principismo doctrinario ••.........................
Capítulo I\'. Las soluciones principistas ante la realidad nacional •..

89
119

CONCLU. ION .................................... .............. . . 163
DIBLIOGRAFIA Y FUE TE • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • 169
INI&gt;ICE O~O~tA TICO . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
INDICE GE~ERAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . • • 189

-

191 -

��Nl\.ER IDAD DE LA I\EPl. BLI C A
MO'\TE\IDEO

1A'\IDADE
i3

CERRITO

CO ~SEJO

Y CIENCIAS

CEI\TRAL U ' I\1 ERSITA RIO

Rector

c.

LEOPOl.DO

ACORIO

\ocales
IltiGO

r.

Al\10RÍN ,

BEnl"ttl1Dl-.7,

J ORGE

CARl.OS

l\.1ARÍA CAIVO, J UAN CARLOS DEL ( Al\TPO, J U\N

J.

COUTURE, C ARl.OS

Or1.no, Aca c;1 íN

A.

FYNN. A1.P'Ol\ SO

At RE1.ro

LAXALDE,

ALVAREZ. El\tn.10

ORIBE,

II.

A.

E.

BF-RTA,

)03~

CAPRA, EDUARDO

GACC,Y.RO, J ULIO GARCÍA

Lucc n1:'-íI, RoooLFO l\lEZZERA

ARI EL Onosco.

BERNARDO

RosENc.u.an,

l\IAuno C. Ro-.rn .t , CARLOS \ 1 AZ Fr:rutEJRA.

CONSEJO DE LA F;\C LT,\D

Decano
CARLOS \ \Z FEnn1:1n \

, .ocn1es

J lJ,\ N J osÉ C.\nr.AJ AL V 1cTorucA,

\

í cTon CA YOTA, PEono FEnnEmA

B•RrtllTII. CONSTA:'\C IO L\ZARO, ALFON SO LIA\IBÍ\c; DE A ZE\ EDO,

E~t u .10 OrueE.

J uc. 10

-

l\l.\nÍ,\

193 -

osA,

I ~.\AC

\.1 '-tE:'iE7.

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•

ERRATAS
PAG

DONDE

LINEA

DEBE DECIR

DICE

prologaban

15

29

prolongaban

15

36

v1genc1a

incidencia

61

17

Club Radical

Club Libertad

95

28-29

filosofía politica y económica

filosofía política

•

101

30

literarias

liberales

105

38

Fuster

Fueter

165

6

del

de

165

11

cultas o Ilustradas

Ilustradas

165

12

autarqu 1a

autocracia

165

13

de cosmovisión

de la cosmovisión

167

11

jalonan

jalona

167

26

Idea s

Ideales

�1 rsTITUrfO DE I":\' E.

TJC;ACIO~FS

IIJ1 TORICAS

DE LA

FAClJLT1\D DE I-I l\IA "\IDADE. 'r
JUA~

LI~DOLFO

Cil~l\CIAS

CUESTAS 1525

Director ( honorari o)
]efe de Jnvcstiga c ione.~
tl1\IL:'\DO ~f. !\ARA~CJO

Per5onal de auxiliare"
~f.

Rt' !'\ .\

Br.AN CA

S1ERnA

P.u.is

GIL DE

CAsTno SuÁiu:z

r.-tARTllA CAr.IPOS Dr. GARABELl.1

/~i\tELIA M&amp;LiNDEZ

Delegación en BlJENOS AIRES ( uipacha í56, 3Q B )

Personal
A1'1 \l.I\ FANELI I

Delegados en Europa

ESPAÑ _i\
SE\ ILLA,
1

El\111.IANO

Jos

I!'fGLATERRA
LO~DRE..~. l\1ARCARET FRANKLIN

-

195 -

��El número VI, de la serie de ENSAYOS, FSTUDIOS y
MONOGRAFIAS, in titulado F I Principismo del
Setenta por Juan Antonio Oddone, con Advtrtencia de Edmundo M. Narancio, terminó de
imprimirse en Max\vcll y Cía. Buenos
Aires, el 31 de julio de 1956. El
t1raje es de 500 ejemplares
numerados del 1 al 500 y
300 ejemplares del
1 al 300, total
800 ejemplares

�</text>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>Oddone, Juan Antonio&#13;
El principismo del setenta : una experiencia liberal en el Uruguay / Juan Antonio Oddone ; advertencia de Edmundo M. Narancio-- Montevideo : UdelaR. FHC, 1956; p. 191</text>
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en

�INSTITUTO DE FILOSOFÍA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS

L/^^
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Aníbal del Campo

. Z

y

EL PROBLEMA DE LA CREENCIA
Y EL INTELECTUALISMO
DE VAZ FERREIRA
V.

199.895 VAZ Cam
El problema de la creenciae

36471

UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA
MONTEVIDEO
1959

��El problema de la creencia y el intelechjalismo
de Vaz Ferreira
No ha sido sino con grandes vacilaciones que me he atrevido a
dar a esta disertación el nombre del acápite. Me ha inclinado a ha
cerlo una razón de lealtad, desde que hace ya varios años que en el
ejercicio de la docencia, sobre todo en el Instituto de Profesores, he
mos estudiado el problema de la creencia y el de la acción relacio
nándolo con la posición que al respecto asume Vaz Ferreira, en su
trabajo "Conocimiento y Acción", en la parte destinada a contro
vertir e impugnar la discutida tesis que James sostiene sobre el mis
mo tópico, en su libro "La Voluntad de Creer" .
Sin duda la querella es tan vieja como la Filosofía, e implica,
como se expresaría quizá Brunschvicg, la manifestación de un "decalage" de los dos planos de la experiencia, el del pensamiento y el
de la acción, que la obra de James, entre tantos otros, ha tratado,
precisamente de reducir o eliminar, poniendo de relieve la íntima e
indestructible relación que media entre ambos. Los nombres de
Nietzsche, Le Roi, Blondel, Jaspers y en ciertos aspectos Kierkegaard y el mismo Heidegger, entre tantos otros, aparecen ligados a
este esfuerzo por instituir un acuerdo y una relación en el plano de
la conciencia filosófica, entre la acción, entendida en un sentido am
plio, que incluye la acción interna, y el pensamiento, relación que,
se sostiene, existe en el plano ontológico y que la reflexión filosófica
tiene la misión de restablecer. Igual separación, por otra parte ínti
mamente ligada con ésta, ha podido postularse entre el plano de la
ciencia y el de la creencia, propia de los "Matemáticos" y los "Acousmáticos", para hablar con la terminología de las escuelas neopitagóricas x ; distinción en la que se encierra ya un sentido marcadamente
peyorativo y discriminatorio para el dominio de la creencia, la que
pertenecería, según Brunschvicg, a etapas diversas de la evolución
del pensamiento, a distintas edades de la razón 2. Con ésta se cubri
ría una distinción igualmente discriminatoria la que se daría entre
el campo del saber, de la ciencia, de la Matemata por un lado, y

1León Brunschvicc. "Le progres de la conscience dans la Philosophie Occidentóle". Presses Universitaires de France. Tomo I. Introducción, pág. X.
2Véase también, León Brunschvicg. "Las edades de la inteligencia". Hachette.
Buenos Aires.
- 7 -

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�sus presupuestos. Intemporalismo que se pone de relieve ya sea en la
consideración esencialista de lo real (racionalismo), o en la consi
deración legal o causal de la realidad fenoménica, donde la histori
cidad y unicidad del hecho empírico queda subsumida y disuelta
en la tipicidad de las manifestaciones, o en la recurrencia del acon
tecer fenoménico. Para Descartes, por ejemplo, todo lo que se halla
fuera de las posibilidades del método, se encuentra al margen de
un saber que merezca el calificativo de científico; pues ciencia,
esto es, conocimiento estricto en el que se incluye la metafísica,
sólo se daría en el campo del saber apodíctico, sea este intui
tivo o deductivo, pero nunca en las manifestaciones de un saber
puramente conjetural, en los grados inferiores de la creencia. La
creencia afectada por el índice de la duda no se salva, en Descartes,
por la graduación de la enunciación en las modalidades propias del
juicio problemático, como lo expresa en la regla XII, sino que ,en
realidad, e3 relegada a la calidad de un saber inferior, o de otra
índole (saber religioso) y aniquilada por el efecto desvastador de la
duda hiperbólica, que excede, en este pensador, las necesidades pre
tendidamente provisionales de una duda puramente metódica. La
creencia, con su halo de indeterminación y de conjetura, no tiene
lugar asignado en el interior del sistema cartesiano, informado por
la idea de una matesis universalis, de una ciencia rigurosa del orden
y de la medida. "Es necesario no ocuparse más que de los objetos
con respecto a los cuales nuestro espíritu parece capaz de adquirir
un conocimiento cierto e indudable" —dice en la regla IV. La in
tuición evidente y la deducción necesaria "son las dos vías más cier
tas para conducir la ciencia" y "en lo que concierne a la inteligencia
no se debe admitir ninguna más y todas las otras deben ser recha
zadas como sospechosas y expuestas al error" (Regla III).
La escisión operada entre la creencia y la ciencia dentro de la
cual cabe, para él, como es notorio, el pensamiento metafísico, es
bien clara, pese al notable pasaje de su carta a la Princesa Elizabeth
del I9 de setiembre de 1645, donde se dice que "el verdadero oficio
de la razón consiste en examinar el justo valor de todos los bienes
cuya adquisición parece depender en cierta manera de nuestra con
ducta". Del mismo modo como la física mecanicista y geometrizante
de Descartes ha expropiado el dominio de la vida, desconociendo
sus caracteres específicos, el racionalismo cartesiano pretende expro
piar el dominio metafísico excluyendo de su tratamiento el fenó
meno de la fe y de la creencia. Estos pertenecen a la religión o a
las cosas que conciernen al uso de la vida.
Esta actitud parece fundada en una explícita separación del
campo especulativo, que es el de la verdadera ciencia, con respecto
al campo de la acción y de la creencia, pues Descartes no se propone
hablar "de lo que toca a la fe, o a la conducta en la vida, sino sólo
de lo que toca a las verdades especulativas que pueden ser conocidas
por medio de la luz natural", como se lee en el Resumen de las Me
ditaciones.
En Husserl, el gran cartesiano contemporáneo, se corroboran
- 9

-

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�praxis que se dirige a elevar la humanidad de acuerdo a las normas
teóricas propia de la razón científica universal y transformarla en
una Humanidad fundamentalmente distinta, capacitada para una ab
soluta responsabilidad frente hacia sí misma, sobre el fundamento de
ideas teóricas absolutas. Síntesis de la universalidad teorética y de
una praxis umversalmente interesada".
Esta "nueva historicidad", por otra parte, —según lo expresa
el mismo Husserl— se separa de la historia general". Se trata con esta
separación, sin duda, de una suspensión de la historicidad como tal,
de la abolición de su imprevisibilidad esencial, de su sentido eter
namente creador y renovador. No nos ha de sorprender, pues, que
a partir de estas premisas, la historia del pensamiento de la huma
nidad europea sea objeto de una selección crítica y que la filosofía
se reduzca, como lo sostiene en uno de los "Beilage" de la misma
obra, al racionalismo, y el racionalismo a la Fenomenología 4. "Por
que de nuevo, acentúo yo —dice en el mismo trabajo—: verdadera
y auténtica filosofía y correlativamente ciencia y verdadero y autén
tico racionalismo, son una y la misma cosa". 8
Habría, pues, según esta opinión, una auténtica filosofía y una
filosofía que no lo es, y así, fuera de los monumentos de la filosofía
clásica griega, en la antigüedad no habría propiamente filosofía. No
la habría antes de Sócrates y Platón, perteneciendo los presocráticos
al período puramente mítico; Filosofía no sería la de Plotino, ni la
Filosofía Medioeval, Santo Tomás o San Agustín, o la Filosofía del
Cusano con su valoración de la Conjetura, ni la de Giordano Bruno
o la de Pascal, y tampoco, totalmente, la del Idealismo Especulativo
alemán. Lo sería en cambio la Filosofía de Descartes, con cuya tra
dición pretende anudar el pensamiento de Husserl, y el empirismo
inglés y la Filosofía de la Ilustración y Kant, pero ¡cuidado! de un
Kant revisado según la tradición del pensamiento cartesiano, según
el mismo Husserl lo manifiesta.
Se advierte bien claro lo caro que resulta para el pensamiento
filosófico la adquisición de la apodicticidad y los criterios de la evi
dencia racional. La dimensión histórica de la experiencia humana,
y dentro de ella, de la Filosofía, se encuentra abolida, la creencia apa
rece en realidad proscrita, sin que seamos persuadidos, muy por el
contrario, de que el racionalismo no se apoye en otros tantos su
puestos, en otras tantas creencias implícitas y en convicciones fun
damentales, que por otra parte —como veremos más adelante—
resulta fácil descubrir. En el empirismo clásico, al cual se apro
xima el pensamiento de Vaz Ferreira, prevalece el concepto de la
graduación de la creencia. Los grados inferiores de la creencia son
asumidos en su valor relativo de meras posibilidades o probabilida
des, conforme a la tradición del escepticismo académico y empírico,
para el cual la instancia decisiva y el dominio del conocimiento se

* Véase "Krisis". Pág. 503. Beilage XXVI al parágrafo 73 (Otoño de 1934).
8 "Krisis". Pág. 200.
- 11 -

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-BOOAajJi opBpanb Bq 'boijobj(Í o pioui Bpuauadxa B[ ap oduiBa p
BJBd ouanq 'Bjpjja^^ zb^ ap ooT^opadiq opnuas pp uo^opuy ap
apadsa 'sauíBf BjJip ouioa 'pBpipuoiaBj ap o^uaiuiíjuas p is 'puors
-pap jo^ba ns uoa 'BAijoajB bioubjsui e\ is opoi ajqos íBiauaaja b^ ap
sajoxjajut sopBjS so[ ua 'ajduiars isbo o 'aaduiais jnbB uapBq as ou
soAijBpioadsa sopBqnsaj so[ anb jbjSoj a^qtsod Bjas BJauBui anb ap Á
ouicr)? ¿sooi^opapi oqjaA sbuisijos sojap^pjaA b ajuajj souiap^q sou
ou anb 'osbo BpBO ua 'jiiubjbS apand uamb?— SBaisipiaui sauoijsana
sb^ b ojUBno ua íoqaaq ap uoxjsana Bun 'sBisuiduia so^ BJBd ouioa
*jas aoaj^d Bjpjja^ zb^y ^JBd Boi^ppjuo uoiisana Bpoj^ 'Bpuaajo b^
ap uotaBpBjS Bsojn^ij bj SBjauíud sb^ BJBd Bpisod as 'oaiSopadiq
opi^uas pp uopuaAja^m B[ uoxoBpronp ns ua a^uipB as SBpun^as sb^
BJBd ouioa isB ]^ 'sbaiibuijou o ^SBDTjaBjd sb[ Á jas ap o SBAijBoqdxa
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-psopj Bpuauadxa B[ ap oduiso p ua uaiquiBi Bjpjja^[ zb^
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-uaia BaiiuainB ap ojafqo aAjanA as 'sajqBiJBAUi aiuauíBjunsajd soauíd
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bj anb ^pBpijiqBqojd ap sajo^Bui sopBjS soj ua BpBpunj uoisiAajd
bj 'uatquiBi *sa BjapspjaA Á Biauayjadxa ap JBjnai^jBd oqaaq ja sa
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B^na 'soqaaq soj ap pEpiarpBj Bjnd bj jod op^dnao BjjBq

�parte de las corrientes irracionalistas. Al intelectualismo racionalista
o empirista no oponemos un irracionalismo, ni un voluntarismo, sino
una concepción del conocimiento para la cual no tiene sentido hablar
de una razón independiente de las funciones afectivas, aunque se re
conozca el primado de la conciencia crítica, que actúa en el seno
mismo de la vida y de la acción. Intelectualismo es aquí entendido
como denotando aquellas concepciones del conocimiento para las cua
les este resulta posible o valioso, es decir propiamente, conocimiento,
cuando el sujeto cognoscente ha logrado despojarse de los elemen
tos extra-intelectuales, o los ha objetivado o tematizado, de tal modo,
que la afectividad y la actividad aparecen como desposeídas, total
mente, de valor eficiente, en la adquisición del conocimiento, o sólo
pueden ser objeto de una consideración que estime su valor mera
mente indicial o de prueba, para utilizar la expresión del mismo
Vaz Ferreira.
En esta posición de corte intelectualista así definida, existe una
tendencia a reducir la instancia cognoscitiva al entendimiento puro,
el que a su vez queda circunscripto, muchas veces, a los límites del
entendimiento estrictamente lógico. El sujeto cognoscente es consi
derado como un ^espectador no partícipe", arrancado de su radica
ción ontológica, reducido y transformado en un sujeto puro o tras
cendental, o caracterizado como sujeto empírico, en el cual se ins
criben los datos de la experiencia fenoménica de una manera, en
cierto modo, pasiva. 8
Muy por el contrario, para la postura filosófica a la cual nos
adscribimos, la razón aparece íntimamente ligada a la acción y a la
vida en su sentido no meramente biológico, sino específicamente hu
mano. La creencia en los modos de la convicción y de la fe, con la
participación necesaria del elemento decisional, aparece integrando
y posibilitando su ejercicio, dotándola de movilidad y permitiendo
su acceso al plano de una experiencia radical que pueda ser caracte
rizada, propiamente de ontológica. La afectividad y la actividad son
concebidas como dotadas de valor determinante y no puramente in
dicial, como Organon, en cierto sentido, del conocimiento. En deter
minado plano de la experiencia se reconoce la substantividad propia
y el valor insustituible de la afectividad para el conocimiento, como
ocurre, por ejemplo, en el conocimiento moral y religioso, donde la
conciencia estimativa, sobre todo en el orden de los principios y en
su proceso de realización, solo puede actuar en íntima relación con
los problemas y la intuición emocional del valor. El sujeto cognos
cente es concebido como constituido por la plenitud de las funciones
psíquico-espirituales que caen bajo el dominio de la conciencia, y
es propuesta al conocimiento una tarea referida a la necesidad de
instituir procedimientos y métodos para conocer indirectamente y
de una manera atemática, aquello que por esencia no es objetivable
8 Véase el ensayo de Ludwig Landgrebe en la Revue Internationale de Philosophie. Año 1939. Husserls Phanomenologie. "Heidegger und das Problem einer
Grenze der Phanomenologische Methode".
- 13 -

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Tt #Buaaiui sixBJtg bj ap ojdgouoo ns Bjnuuoj opuBno saadsBf o
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oaad 'ouaa^xa opunuí ja ua aiuauiejouiaa o B^Bipauíui aaduiais u^nj
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bxujb ja ua UBUiuua]. X buijb jap uaxasd anb,, SBjjanb^ 'sa ojsa '44buijb
jap SBUJ9JUT sauoiooB,, buibjj anb X opioajqB)sa 9JU9uibjbjo BJBÍap
uotOBJiauad X pBpinoB JBjnoijaBd ns uoo 'bX sa^aBosaQ anb opi^uas
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�insubsanable que experimenta la dimensión metafísica de su pensa
miento.
Constituye una circunstancia feliz para la crítica desapasionada
de sus ideas, el hecho de que esta posición epistemológica a que alu
dimos se haya formulado en Vaz Ferreira, combatiendo el pensa
miento de W. James, el filósofo de la experiencia, cuya obra, en mu
chos aspectos Vaz Ferreira admiraba. Esta común estimación de la
realidad concreta que caracterizan a la obra de James y la de Vaz
Ferreira nos permitirá señalar con más nitidez el punto, esencial, por
otra parte, donde se bifurcan ambas nociones de la experiencia.
Harto conocida es ya la distinción de James entre hipótesis vivas
e hipótesis muertas; entre opciones genuinas y no genuinas. Séame
permitido poner en claro, una vez más, estos conceptos, pues la con
denación de la actitud filosófica denominada "Voluntad de creer",
contra la cual Vaz Ferreira afirma, precisamente, su posición episte
mológica, proviene a nuestro entender, de un originario malentendido
acerca del alcance y significación de estas expresiones, que una exposi
ción más congenial con las ideas de James, puede contribuir a des
vanecer. James mismo en su séptima conferencia sobre "El Pragma
tismo" (Pragmatismo y Humanismo), se queja de este malentendido
y de la dificultad que ha existido para percibir su verdadera signi
ficación; "me refiero —dice—• a un ensayo sobre el "derecho a
creer" que escribí hace algún tiempo y que tuve la mala ocurrencia
de titular "La Voluntad de Creer". Título y tesis que James ha ma
nejado con implicaciones similares a las que, por ejemplo, podría
darse en la expresión voluntad de vivir, con la cual se denota el de
recho a vivir y el impulso de afirmación de la vida, como inherente
a la vida misma, no como algo arbitrariamente agregado. Del mismo
modo la creencia sería un hecho que informa el proceso mismo del
pensamiento, una dimensión esencial de la razón humana y de la
vida de la conciencia, de la cual ésta no puede ser despojada, y en
la que participan necesariamente, elementos afectivos y volicionales,
con respecto a los cuales resulta legítimo hablar de un "derecho a
creer". Se trata, en definitiva, del valor y el papel que desempeñan
las convicciones en el proceso del pensamiento y de la razón, de las
que Goethe decía en su carta a Tauscher en 1817: "Todas las convic
ciones son, a decir verdad, actos de la voluntad, por muchas pruebas
que se aleguen". Se trata de la justificación de la fe, de la legitimi
dad de la actitud creyente, como James mismo se expresa, en esta
obra tan controvertida.
Volviendo a nuestro tema, por hipótesis entendía James lo que
sigue: r~ "anything that may be proposed to our belief", esto es, "cual
quier cosa que pueda ser propuesta a nuestra creencia". Por hipote

que preparación para ella o recuerdo de ella. En esas cimas la praxis es la
acción interior en la que llego a ser yo mismo, es la participación del Ser, es
la actividad del ser uno mismo..." (Págs. 252 y 253).
12 Véase W. James. "La Volonté de Croire". París. Flammari
Pá^22-- 15 -

36471

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�degger— es con arreglo a su esencial forma de "ser ahí", relativa al
ser del ser ahí", esto es al ser del existente humano. "Que haya "ver
dades eternas" —dice también en el mismo capítulo de Ser y Tiem
po— es cosa que habrá quedado suficientemente probada cuando se
haya logrado demostrar que el ser ahí fue y será por toda la eterni
dad. Mientras no se haya aportado esta prueba, seguirá siendo la
frase una afirmación imaginaria que no gana en legitimidad por el
hecho de que los filósofos "crean" comúnmente en ella".15 Si se piensa
que para Heidegger el existente, el Dasein, es el lugar de la Verdad
del Ser en medio de los entes, pero que el Ser mismo es histórico, que
hay una Historicidad del Ser, se ve bien claro, como es posible pos
tular una concepción de la verdad que, relativa al hombre, supera su
relatividad en la concepción de un dinamismo histórico y procesal
del Ser, en el que las circunstancias particulares son las coyunturas
de su incesante elucidación. A este sentido puede resultar asimilable
la afirmación de Nietzsche, según la cual, "todo saber es una interpre
tación del ser por una vida que conoce". James tendía a atribuir a
esta trascendencia de lo real con respecto al pensador individual un
carácter diferente, el carácter de un orden y un proceso moral complexivo, del cual el hombre es partícipe y codeterminante: "Puede
ser verdad entre tanto —dice— que como afirma Paulsen, el orden
natural sea en el fondo un orden moral. Puede ser que en el mundo
se esté realizando un proceso de trabajo y que estemos llamados a
desempeñar nuestra parte. El carácter de los resultados del mundo
puede depender en parte de nuestros actos".16 Por ello es que la
afectividad tiene un carácter determinante legítimo de la creencia,
desde que constituye la repercusión en la conciencia individual, de
un orden ontológico que nos trasciende y cuya significación no apa
rece en el momento sino integrado en un proceso, donde la decisión
que homologa la creencia, es una fase necesaria e ineludible. Porque
como Ricoeur lo observa agudamente, la elección no es necesaria
mente el punto terminal de una evaluación; no me decido porque
me rindo a tal o cual razón, sino que, precisamente, con mi decisión
hago surgir "un acto nuevo que fija el sentido definitivo de mis ra
zones". 17
Es por ello que James tiende a considerar a la especulación filo
sófica y metafísica como afectada, fundamentalmente a la resolución,
por la vida humana, de opciones forzosas, esto es de opciones entre
hipótesis vivas, genuinas o auténticas, e importantes o vitales. Es con
respecto a éstas que se formula la tesis de James respecto a la parti
cipación de los elementos pasionales y volitivos en el proceso del pen
samiento y de la experiencia religiosa, moral y metafísica, que Vaz

15M. Heidegcer. "Sein und Zeit". Capítulo VI. Parág. 44. C. "Die Seinsart
der ^ahrheit und die Wahrheitsvoraussetzung". Pág. 226-27 (Neomarius Verlag Tübingen. 1949).
16W. /ames. "Problemas de la Filosofía".
17Paul Ricoeur. "Methodes et Taches d'une Phenomenologie de la Volonté" en "Problémes Actueles de la Phenomenologie" (Desclée de Brovwer). Pág.
132.
- 17 _

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�con la justeza que esté a nuestro alcance", para de este modo "no
forzar la creencia por extraracional violencia".
"La intervención de hechos afectivos, instintivos, o, en general,
de hechos psicológicos no racionales; la intervención de "nuestra
naturaleza pasional" —dice Vaz Ferreira— en la formación o en el
sostenimiento de nuestras creencias, puede ser perfectamente conci
liable con una actitud racional, y hasta podría decirse que es un
elemento de una actitud racional bien ampliamente entendida".19
Pero el modo como Vaz Ferreira propone realizar la "integra
ción" ya no sólo no nos parece acertado, sino imposible y funda
mentalmente estéril. El procedimiento consiste en objetivar el ele
mento pasional, en considerarlo racionalmente, estimando "el valor
probante o sugerente de la existencia de los elementos pasionales como
pruebas o indicios". Como "si yo —dice— habiendo observado en
mí y en todos los hombres el horror por la cesación de la vida cons
ciente y el deseo vivísimo de una existencia ulterior, fundo en este
sentimiento alguna presunción sobre la inmortalidad del alma o la
existencia de Dios".20^
Véase la diferencia entre la actitud de James y la de Vaz Ferreira.
Vaz Ferreira objetiva el elemento pasional, lo extrae del campo sub
jetivo, lo considera como elemento psicológico, casi introspectivamente, para estimar el valor que puede tener como prueba o indicio;
James deja que el elemento afectivo, si satisface ciertas exigencias
fundamentales de intensidad, permanencia y profundidad, cumpla una
función determinante llevando la creencia al grado de la convicción
o de la fe, con el elemento decisional que le es inherente, y luego
examina su valor de acuerdo al tipo de experiencia humana que esta
convicción o esta fe determina; finalmente se corrobora o invalida
la creencia considerando la totalidad del proceso y su significación.
Vaz Ferreira, al objetivar el elemento afectivo o tendencial lo
desnaturaliza totalmente, lo arranca de su radicación ontológica, lo
aisla y lo segrega del resto de la realidad de donde proviene y donde
tiene su asiento. De este modo desarraigado, el elemento afectivo
deja de aportar a la experiencia el aliento que la sustenta, le da
vida y la informa. El tipo mismo de experiencia es el que queda
trasmutado: la experiencia vivida ha sido sustituida por la experiencia
meramente pensada o representada de la conciencia objetivante.
En realidad, el elemento afectivo y tendencial, sólo puede revestir
el carácter de verdadera prueba en la medida en que determinando
la acción interior o exterior, a través de la creencia que la promueve,
posibilita la apreciación de sus resultados en el proceso de reali
zación de la vida humana y en la prolongación natural de su acción
en la realidad que el hombre es, o que el hombre crea. Visto de otra
manera, es decir, como Vaz Ferreira lo quiere, el factor afectivo
resulta siempre insuficiente; de este modo jamás se ingresa en el
proceso, y la verdad, tal como al hombre le es dable lograr, le queda
19 Vaz Ferreira. Obra citada. Pág. 16.
29 Vaz Ferreira. Obra citada. Pág. 16.
- 19 -

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aod 'zBaaAUi 3A[anA as 'opoui ajsa ap X 'osaaoad [a ua BsaaSux o^[ "BpBu
Baqo ou a^uauíBpBjaaaB aB[qBq X aBaqo aaainb O[os uain^) *so[aBaadns
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anb Basd 'sBja[diuooui 'sBjaajaaduii 'sa[BuoisiAoad sauoiaBn^s aBsaABajB
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'aiuB^sur [a ua soanpBiu uB[[Bq as ou opunuí ns X aaqiuoq [g -pBpaaA
B[ ad[oS ap aauaiqo [Biauasa o[ ua a[qisod sa ou —4tatqdoso[iqg,,
ns ua saadsBf ajuauíBpBia^^B ^o[p— saaquioq so[ ^aiug,, *BpBpa^^

�Materia, Substancia, etc.) o a relaciones inabarcables o inagotables
por la experiencia, o a condiciones de cierto tipo de experiencia,
como por ejemplo, la libertad; o al sentido, significación y valor de
cierta clase de experiencias o realidades, como las comprendidas
en la experiencia ética o religiosa, etc., y en general lo que concierne
a la conducta y a la realidad espiritual bumana, la respuesta que
la experiencia nos proporciona sigue poseyendo siempre elementos
de ambigüedad y problematicidad que le son, eu cierto sentido,
constitutivos.
El problema consiste en saber, si con respecto a muchas cues
tiones, la respuesta puede asumir el carácter de una creencia o
saber graduado, pensando u obrando por posibilidades o probabi
lidades, como quiere Vaz Ferreira, o si por el contrario, precisa
mente, para la organización de la experiencia corroboratoria o impugnatoria, no resulta indispensable moverse en el dominio de la
creencia no graduada. Hacemos referencia aquí al tipo de creencia
propio de la fe, o de la convicción, entendiendo por tal —insistimos
— aquella que vale subjetivamente como verdad, sin que exista, y
muchas veces, pueda existir, una corroboración objetiva. Aquella
que se da, según la conocida caracterización kantiana, cuando: ^das
Fürwahrhalten ist nur subjetiv zureichend und wird zugleich für
objetiv unzureichend gehalten".21 Pues resulta, sin duda, imperioso,
para la suerte del pensamiento filosófico, el que nos percatemos,
según la penetrante observación de Blondel, de que no sólo hay
verificaciones en el orden físico o matemático, verificaciones sus
ceptibles de ser obtenidas por la observación sensible o por las
experiencias de laboratorio y por el cálculo, sino que también exis
ten "verificaciones en el orden psicológico, social, político, moral e
incluso metafísico o religioso", de tal modo que "las acciones meto
dicamente efectuadas controlan las ideas, las previsiones, las deci
siones, los esbozos prácticos; la dialéctica de la historia puede inva
lidar o verificar las teorías y las reformas": y por que no, también
en el campo religioso, en cierto sentido, "la ascesis y la mortificación
pueden revelar, verificar, confirmar las creencias y las concepciones
especulativas".22
Se trata precisamente de saber si en el caso de la religión, por
ejemplo, o en el de las creencias morales fundamentales, es posible
graduar la creencia, o si por el contrario, la condición de la posibi
lidad de una auténtica experiencia religiosa y ética de cierto nivel,
no reside precisamente en su carácter incondicional y absoluto. Se
trata de saber si es posible hablar de experiencia religiosa o ética,
si ella no se baila informada por el fenómeno de la convicción y
de la fe o si en el caso contrario no se trata sino de una mera espe
culación intelectual en torno a una dimensión de la experiencia en
la cual no se penetra realmente, y respecto a la cual resulta por
21E. Kant. "Kritik der Reinen Vernunft". (Félix Meiner Verlag - Hamburg). Pág. 741.
22Nota de Maurice Blondel, en "Vocabulaire Technique et Critique de
la Philosophie", de Lalande. Pág. 1196.
- 21 -

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upzBJ b^ ap 'ojuaiuiipuajua pp uozbj b[ ap inbB bX bjbjj as ou oíag
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ou Biouaajo b[ ap ouauíouaj p jod BpBuuoj isb Biouaijadxa pj^
•pjaqq o bjsixjbiu 'oajnoida o oioojsa 'BjsujiqjBajqq o Bjsiuiuuajap
ijopBsuadajqq o ajuaXajo íajuBjsajojd o ooqojBO sa as anb 'saouojua ,
'souipap j^ uas ap ouis jaq^q ap uoijsano Bun ap bjbjj as o^¡ *ou^is i
pno o pj ap Bapi Bun vSuaj anb sa o^¿ *op sa anb p saouojua sa
ajquioq ^g 'SBiauaijadxa ap as^p Bjsa ua 'Bpuaajo B[ ua ojafns pp
uoioBdpijJBd Bpunjojd B{ BuSisap ouisiui aÍBn^ua^ [g 'ouijsap oidojd
ns uoo Biouaajo ns ua opijauíojduioo 'jas ns ap pBpu^ajui b[ na
ojajua ajqiuoq p B[pq as B^a ua opg #pBpipnpiAiput v\ ap uop^d
-pijj^d pjoj B[ bj^o[ as apuop 'BpiAiA Biouaijadxa B^ X 'adioijjBd
ou jopsjoadsa un ap Bidojd 'BAijBjuasajdaj ajuauíBjnd Biouaijadxa
B[ ajjua 'BpBsuad o BpBuiBun Biouaijadxa b[ ajjua aÍBSBd ap Bauq
B[ bojbui anb b^ 'jotjajuí uoioob B[ ap ooijsuajoBJBO ou^is 'puoispap
ojuaiuap ns uoo 'uopopuoo B[ ajuauíBsioajd sg 'Biouauadxa ap odij
ajsa b osooob ap bja b[ BpBjjao Bpanb B^p uig 'Biouaajo B[ ap ouaui
-puaj p UBjauaS X 'sBiua^qojd sojsa ap Bidojd Bqaiud b| ap Biauaioij
-nsui BAijnjijsuoo bj Bajo anb oioba p usuipo anb soj 'ajuauíBsioajd
'uos sajojOBj soqoiQ 'sapuopipA X soAijoajB sajojoBj so[ ap 'ajuBuiiu
-jajap jo[ba uoo ouis 'Bjpjjag zb^ ajainb ouioo 'sopipui sojoui ap
jajoBJBO uoo ou 'uoiodaoaj B^ jo^ij ap Bjpsaj 'ajuapuaosBJj Biouau
-adxa jbuib[[ ua souiiuaAUoa anb Biouauadxa ap odij pj b ajuajg
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sa ojsa 'ajuapuaosBJj pBpiAijafqo Bun ap Biouajsixa v\ ua 'BpBiipBjS
ou Bpnp uis 'Biauaajo b^ uis Boisipjaui o Bsoi^ipj Biouauadxa oood
•uibj iu' sojnpsq^ sajopA ap Biouajsixa B[ ap uoiooiauoo tb\ uis Boija
Biouaijadxa BOijuajnB Bun Jijsixa Bpand anb osopnp Bjjnsaj 'ajuBj
-sqo oj^[ 'a^qBuoijsano sa buisiui pBpiAijafqo B[ sapno so^ ua 'ooisij
-Bjaui X osoi^ipj jaqBS p ua osbo p sa ouioo 'ajuapuaosBJj pBpiAij
-afqo Bun uaasod anb SBpuaijadxa ap uaiq o 'ooija ojuaiuiBjJoduioo
p uoo ajjnoo oiuoo 'BjqB[Bd B[ ap ouBuipjo opijuas p ua p^piAij
-afqo ap sajuajBO SBiauauadxa ap bjbjj ag 'a^Bjuauíuadxa ajuauíBj
•oajip O[ ap oduiBO p apuapsBjj pspiAijafqo BÁno 'BoisjjBjaui o Boija
'Bsoi^ipj Biouaijadxa B[ b ajuajj ajuapijnsui ajduiais Bjpsaj 'baij
-afqo sa ojsa 'BOiuauíouaj oouidiua o puoiOBj uopBoijijaA Bg
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X^q ou —pjBB8agjai^| ^oip— ajuauíBAijafqo sotq b japuajduioo
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X pBpqiqBjsaui ap jajoBJBO ojjaio un ajuajaqui ajuauíBAijBpoadsa
X BOiSppoisd sa a[ oijbjjuoo p jod is o a[qBjsa oijqqinba un ojsaij
-tuBiu ap jauod apand sauopoiAuoo ap uaiuiaj pj is jBSBpux ap
uaiqiuBj bjbjj ag 'Bjanp apsap asjBpunuojd appsoduit ajuam^isuoo

�aquí en el interior de un conocimiento existencialmente comprome
tido, donde la creencia resulta ser la condición esencial para la ins
tauración de una experiencia integral y a la vez motor e impulso
del movimiento mismo de la razón. La razón es considerada como
actuando en el proceso mismo de la vida humana y no de afuera,
como instancia judicativa, dictaminando soberanamente en un pro
ceso en el cual no participa, de acuerdo a criterios y módulos abso
lutos e invariables. El sujeto no es un espectador ajeno y distante,
sobre cuyo intelecto se va reflejando el curso de los procesos feno
ménicos, o la estructura esencial de lo real, sino partícipe, coautor y
protagonista del proceso mismo. De este modo queda si no abolida,
por lo menos relativizada y neutralizada la escisión entre el objeto
y el sujeto que es la condición y el límite impuesto al pensamiento
representativo y objetivante. Se pierde sin duda, y no podría ser
de otro modo en esta clase de problemas, en exactitud, pero se gana
en rigor y en profundidad. Ya en el conocimiento de la vida pura
mente biológica la rígida escisión entre el sujeto y el objeto, que
es condición del fenómeno cognoscitivo, choca con otras de las exi
gencias esenciales del mismo, que reside en la imperiosa necesidad
de la aproximación al objeto y la captación de sus caracteres espe
cíficos. El conocimiento de la vida y de sus categorías ónticas exige
ya poner en juego la conciencia de la participación del hombre en
la vida misma. De modo que es la inexistencia de una escisión real
entre el sujeto cognoscente y el objeto del conocimiento, y la con
ciencia de este hecho, lo que hace posible la comprensión e inteli
gencia de lo que el fenómeno vital tiene de específico. Una cierta
identificación del hombre con la vida, de la cual participa, es la
condición esencial del conocimiento y comprensión de lo viviente.
Y si lo que tiene que conocer el hombre ya no es la vida puramente
biológica sino la vida humana; a otros hombres, lo que ellos son,
lo que ellos hacen, lo que en ellos ocurre o la relación del hombre
con el hombre; si de lo que se trata es de conocerse a uno mismo,
lo que por otra parte se halla en íntima relación con lo primero,
ya el problema se vuelve mucho más agudo. Pues la relación
del hombre con el hombre y consigo mismo, no posee para el sujeto
cognoscente un interés relativo, salvo que el hombre se vuelva un
mero objeto, sino absoluto o incondicionado, o como dice Kierkegaard, infinito. Esta pasión de lo incondicionado y lo infinito, este
interés apasionado es inherente a lo humano, sin lo cual el conoci
miento de lo humano no puede existir o sólo consistirá en meras
exterioridades.
Pero de inmediato brota aquí la aporía; pues, ¿cómo puede
mantenerse la escisión necesaria para el conocimiento, unida a la
búsqueda de la identificación y el logro de lo incondicionado? Véase
la antinomia: para conocer es preciso lograr la escisión, la distancia,
la separación; mas de este modo el conocimiento se vuelve relativo;
pero para conocer de un modo absoluto e incondicionado es preciso
superar la escisión, la distancia y lo relativo. ¿Cómo se logra resolver
esta antítesis? Esta antítesis es una antítesis lógica, no existencial.
_ 23 _

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-ouoo anb sbsoo sbj b JinSas osiaajd so ojos anb asuaid oX anb BJBd
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ajjBjsajd oqop pBjunjoA bj onb ojuairaijuasB jap X '44^pjA bj op osnM
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'oaiupajodB^^ uinjaip jop 441Joa uo smd ^a a8Buats uo,, jo ouoiauoo
'buijb jop sbujojui souoioob soijbosoq X 'Bxuajni sxxBjd buibjj sjad
•SBf anb oj ap SBAiinijisuoo 'sBiauaa^a SBisa y 'opBnoiOBjajt ^jjBq as
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X 'a^uarajBnjuaAa 'X aoouoa anb oiafns jap Brasira p^pijBaj bj opuBuuoj
-noa X opuBuirajajap 'asiBzijBaj b BpBUT^sap BjjBq as 'BDiSpjojuo uoiobo
-ipBJ Bpunjoad sbui BJ^sann ap uoiOBisajiuBra ^soai^ob X soAijaajB jiaap
sa 'sajBnjoajajra-Bjjxa saiojOBj X SBzianj jod Bpiuajsog 'jBnjaajaiut
aiuaiuBjnd ou^jd ja na Bpi^oaaj jas b BpBuxjsap BjjBq as ou 'Biauaaaa
bj ap ouaraouaj ja jod 'ojsta soraaq ouioa 'BpBuuojm 'Biauauadxa
Bis^ "(BSOiSijaj o BoisijBiaui pBpiAtiafqo) oaiuaraouaj-oaiJidraa oj^p
jap bjjb sbui ba anb pBpijBaí Bun ap ja BtoBq o/X joijadns oai^oj
•oixb oduiBa ja Biasq bos bX '[cnioaja^ui ajuauíBjnd ouBjd ja aadraais
opuaipuaasBJ^ ouioa BpBiu^^iJ-i^dxa sa anb BjjanbB 'sa ojsa 'BpiAiA
Biauaijadxa buii b ouis 'BpBuiSBiui o BpBsuad 'BpBjuasajdaj ajuara
-Bjaui ou Biauaijadxa Bun souiapuajua soaisjjBjara X soaija 'sosoiSqaj
SBiuajqoíd soj b Bpiaajaj ajuauíJBjnaijjBd X 'opijuas ajsa ua 'ajuap
-uaasBjj Biauaijadxa jo^ "ajuapuaasBjj Biauaijadxa bjjb^^bjj ua soraiu
-aAuoa ajjnao ajuaiuajuajBAajd apuop Biauaijadxa ap odij jy -uozbj
bj ap BpiA bj 'opijuas ojjaia ua 'sa Bjsgj 'ajuauíBOOjdiaaj asopuBp
-unaaj 'osjno ns ajuauíBpiuippra UBnuijuoa uoiaas X ojuaiuiBsuad
'osaaojd ajsa ua 'isb X uoiasjoqojjoa bj ijjb ap í SBAijBunxojdB X
SBipaiujajuí sbuijoj sns o ojixa jap Bidojd biuouub bj o osbobjj jap
pBpiJBdsip bj BjBuas as BpiA bj X Bapi bj ajjua is boijij^a X ajjaiAp^
suijjo^ ap jb X 'J99H aP lB opBiuixojdB opijuas un ua 'Bjajauoa
pBjjijBSjaAiun 'oAixajdraoa jajaBJBa ap opoj 'osaaojd ja ouis 'op^jsa ja
'ojuauíoui ja ou bX Bjapisuoa X BiauBjsip OAanu ap buioj Biauaiauoa
bj o^anj í uoiaBOijijua o upiOBZijBaj ap osaaojd ja ajuBipara 'uoiaBJ
•Bdas bj X uoisiasa bj opijoqs Bq ajquioq ja opoui ajsa ap ^Bjja jod
BpBaijijBa X Biauaaja bj jod BpBuuojui BjjojjBsap as BUBranq piA
bj sand 'ajuBaijijua aAjanA as 'pBpijBaj ap odij un BiauaS ajqraoq ja
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-sui bj jod BpBZBqaaj ajuauiBiJojisuBJj ojos X BpBp ajuauíBiJBin^iJo
saaaA ssqanuí) Biauaaja bj ap jouadns opBj^ 'aj o uoiaaiAuoa bjso
í pBpiaijBiuajqojd bj ap uaSjBiu ja Brajoa aj bj 'opBuoiaipuoam oj ap
ucusüd bj toaijBiuajqojd jajaBJBa ns ap ojuairaiaouoaaj ja anb JBd bj
b 'oAijafqo ajuaraBjnd oiuiraop ja ua aoBjdraa as anb Bqarud Bpoj
ap Biauaiaijnsui bj Bjjsanuí as oSanj íajuBAijafqo n OAijafqo ojuaira
-jaouoa un Bp as Biausjsip bj U0^ rs^dBja ap aijas Bun ap s^abjj b
ajduina as X BiauBjsip bj ap uoiaijoqB X BiauBjsip aSixa :ajuBUjajjB
X oaijoajBip sa osaaojd jg 'BjjaAjosaj apand anb bj ojps sa 'BUBranq
BpiA bj sa ojsa 'Biauajsixa bj X 'sisajijuB Bjsa sa buisiiu Biauajsixa Bq

�tengo que no es ni siquiera necesario esperar siempre a las más
verosímiles, sino que es preciso algunas veces, elegir entre varias
cosas completamente inciertas y desconocidas, elegir una y deter
minarse por ella, y luego de esto no por ello creerlo menos firme
mente, en tanto que no veamos razones en sentido contrario".24
Adviértase cómo las razones que aquí se buscan son razones para
no creer y no para creer. En defecto de estas razones, una vez la
elección o la decisión verificada, se cree firmemente hasta prueba
en contrario.
Sin duda que, por cosas que conciernen al uso de la vida, no se
refería Descartes a todas aquellas que hemos involucrado dentro
del concepto de experiencia trascendente. Pero implica —sin duda—
todo el dominio de la experiencia moral, donde la composición de
las naturalezas se verifica por impulsión propia de una voluntad
libre en cuyo ejercicio, según Descartes, pocas veces podemos equi
vocarnos (Regla XII), y el que se refiere al "Oficio supremo de la .
razón" (Carta a Elizabeth, I^ de setiembre de 1645). Para nosotros
es el dominio más importante de la especulación filosófica el que
concierne al "uso de la vida", entendido en un sentido lato, esto es,
concerniente a todas las dimensiones de la vida humana. La Filo
sofía es para nosotros, fundamentalmente, praxis esencial, experien
cia ontológico-trascendente. Tal concepto de la experiencia filosófica
que implica en su ejercicio el necesario "engagement" de la con
ciencia y del destino del hombre, pretende testimoniar nada menos
que el hecho de la radicación del hombre en el ser, y en la realidad,
en cuyo seno se halla incuestionablemente insertado; supone el reco
nocimiento de que sólo dentro de situaciones determinadas nos es
posible pensar y conocer; implica el reconocimiento de la necesidad
de una experiencia realizada por el hombre entero en la plenitud de
sus funciones espirituales, no sólo intelectuales, sino también, afec
tivas y activas; supone la resignación gozosa, porque constituye el
testimonio irrecusable de la libertad del hombre en su sentido más
cabal, de toda prueba apodíctica o dogmática, para las cuestiones e
interrogantes más elevadas; supone substituir para los problemas
más apremiantes que afectan a la conciencia humana, la exigencia
de la universalidad objetiva por las posibilidades siempre abiertas
de la universalización de la creencia, en el campo de la experiencia
histórica interhumana, en historicidad y en comunicación; e implica,
finalmente, como el mismo James lo quiere, la posibilidad de insti
tuir módulos y criterios variados de la verdad, en la comunidad de
su determinación formal (verdad del sentido común, verdad de la
ciencia, y verdad del criticismo filosófico 25 así también como tipos
23Soren Kierkegaaard. "Post Scriptum aux Miettes Philosophiques". Gallimard. París. Págs. 134 y 135.
24Descartes. "Respuestas a las segundas objeciones".
25Véase W. James. "El Pragmatismo". Emecé. Buenos Aires 1945. Confe
rencia Quinta. Pág. 139. Allí se lee: "No hay conclusión concordante ruando
comparamos estos tipos de pensamiento, a fin de decidir cuál es el más absolu
tamente cierto. Su naturalidad, su economía intelectua^ su fecundidad para la
- 25 -

�- 98 •siadsEf *x[ ap jnauajstxg bj ap pBpJ^A 8P o^daauoa ja uoa
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ajjBd ua anb '^oaigcqoiaos-oauoisnj oiuamnaouoa p X oaiis&lt;&gt;u3Bip p ua pBpaaAn
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*3a ouioa p; opapo pp X uoispa^d b¡ ap sapBpipqísod sbj ajqos BjuaiSB as
anb upjn)Bu-oaij;iuap oiuaiuipouoa p ua pepaa^,, v\ '((pjaua^) ua Bpuapuo^
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-laouoa p ua p^paa^,, v\ opuamSuijsip X uoisaadxa buisiui Bsa aiuauíBSiaaad
opuBzi^jn 'pBpaaA B^ ap ttpuoi?uaiuipupiu,, ojdoauoa un ap pBpipq]snB[d bj opiu
-aisos ajuauípjajq souiaq 'saadsBf ap oaqij p jaaouoa ap sajuB X sosana soaisanu
n3 'mbí:)U9í8íx3 bI 3P PbPj9A^ bI l3uipuij X Mniuidsg pp p^p-^A BI 'Bauíd
-uia Biauajsixa v\ ap sa o^sa 'ttupsBQ pp ppJ3A Bl 'IBJ9U90 u9 Biauaiauo^ b^
ap pBpaaA BI ^Jjna anSuijsip saadsBf '(suuissipqjqB^ sap
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'Bpuauadxa bj ap sauoisuauíip SBju^sip sbj ua
oiuaiuiBSuad ja ajduina anb uoiaunj bj unSas ajdiijnuí sa aisa uaiq Bjoqy qijn oj
ap opiiuas jap uopBuuuaajap bj uaSixa jijn ap uoi^ou bj X ouiuuaj jg 'pspiaoA
-iljntu o uopBuiuiaajapu; ns ua 'opoiu ojaap ua apisaa 'p^pjaA bj ap sopijuas o
opiiuas jap uopBuiuuajap bj ua upBpi[un,, ap ojdaauoa jap pupipunaaj Bg
*usojaia soj uaqBS oj ojos 'vuapvpuaa ajuaiuBinjosqB sa ssjja ap
jsna oaad iBjaaaa; eun bjb¿ oaijpsojij ouisianua ja ¡bjio BJBd Biauaia bj í^piA
bj ap Bjajsa Biaaia BJBd Jtot^ui sa unuioa opuuas jg 'upisnjuoa bj auaiAajqos
'Biouanaasuoa ouioa ^X p^ppBjaA ns ap sbjbjd s^qanad ouioa uaaajBdBd

-anbn ^p Bzaj^jnjeu bj,. njiajdsa jap BzajBJtiiBU bj ap BDjaoB jjg
anb oj asjiaap apand Bianaaja bj ap osaaojd ajsa 9Q 'aAanuiojd anb
sojaaja soj o Baja anb pupijnaj bj jod 'anSie bj anb oj Jtod oms 'Bjja
uoa ajsixaoa o sojub bjjbij as anb oj jod ou 'sopiejjnsaj sns aod oms
buisiui is ua BpBiuijsa jas apand ou Bpipuajua isb Biauaaja bj sand
'sopBjjnsaj sóidojd sns boijijo b jajaraos Bjnd sóidojd soijajua aasod
'Bpianpaj ajuauijenjoajajuí ou *jBJaiui boijosojij Biauaijadxa bj tnbB
4Bpnp uis 4oja^ 'Baijjja Biauaiauoa bj ap ouBjd jb BpBAaja anbuns 'jbjS
-ajut Biauaijadxa Bun Á ojuaiuiiaouoa un BjqBjBd Bun ua *uouBumq
njijjdsa jap sajnuoiaBJ ou SBZjanj sbj sepijauíojdiuoa ajuatujBiauasa
uatquiB) uajsa jBna ja ua ojuaiunaouoa un,, ap uoiaBjnBjsm bj sa *uaxq
Xmu oqaip Bq as 'aixa as anb o^ uijjnao anb jod auaij tu aqap ou
ojad 'jijjnao apand ojj^ *aaja BJiajja^ zb^ otuoa BiauajoiA jbuoi^bjj
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-ajap ja tu ^upzBJ bj ap uoioijoqB bj BDijdun ou sajojOBj soqoíp ap
u^iauaAJdjm bj :ojaadsaj ns b oaoAjnba un ozuaiuioa ja apsap Jinjjsap
oiJBsaaau sa oja^^ 'ouisijcnjoajajuí jap ajj^d jod SBiauajsisaj sajo^
-Biu sbj opB^jadsap Bq npnp uis anb bj sa ojuaiuiBSuad jap osaaojd
ja ua sajBuoiaijoA A soAijaajB saJopBj soj ap uoiauaAjaiuj B^
gz '(sjadsBf) pBpjaA bj ap jbuois
-uauíipiqnuí oija^ija un 'a^uauíBpBjjaaB opBiuBjj Bq as aisa b oiurs
-cud Ániu opi^uag un uoa anb oj 'sojjosou jod ops^ouB BqiJJB opijuas
ja ua *ajuapuaosBJj aiuauiajduns o *Bai29joioos o Baijojstq *jBaj-oaij
-jiuaia ^BOiiBiuaiBiu oaijijuaia 4jBjnA Bas b^ 'Biouaijadxa bj ap sauois
-uauíip sajdiqniu sbj m^^as ^pBpipunoaj A Biauapuodsajjoa ap sos ja ai p

�lio que actúa es tal, que no puede ser percibida por sí misma, sino
únicamente por los efectos que produce".27
Por otra parte, hay un error muy frecuente en la tendencia que
busca eliminar la intervención de los factores afectivos y activos en
la creencia y en el conocimiento. Dicho error consiste en considerar
a los elementos activos o tendenciales y a los elementos afectivos,
como sobreagregados a la obra de la inteligencia, como meras acreciones externas, como factores perturbadores, que es preciso apartar
y atajar antes que irrumpan en el proceso del pensamiento; o como
ganga puramente corporal que proviene de la deleznabilidad de
nuestra naturaleza orgánica, del cual debemos despojarnos en una
esforzada ascesis del pensamiento. El término infortunado que James,
según su propia confesión eligiera para la defensa del derecho a
creer, el término voluntad de creer, no ha contribuido poco a esta
desinteligencia de la actitud transintelectualista —no la llamemos
irracionalista— y la ha hecho víctima de una crítica fácil a la vez
que falaz. De lo que se trata es de la defensa del derecho a creer
en la medida en que éste se halla fundado en la efectiva realidad
de la creencia. Es una justificación de lo que de hecho e inexora
blemente existe, y se resiste a ser artificialmente extirpado. Como
el derecho a vivir se halla fundado en la efectiva existencia de la
vida. Se trata también con esta actitud de evitar que una voluntad
informada, precisamente, por elementos afectivos de signo contra
rio, generadora de un tipo específico de creencia, la creencia escéptica o agnóstica, venga a coartar el proceso espontáneo y natural del
pensamiento y de la creencia por prejuicios adoptados ante rem. Tal
actitud cierra el camino, precisamente, a la única prueba frente a
la cual la creencia puede ser corroborada o invalidada: la que se
halla implicada en las consecuencias para la vida humana que la
creencia promueve o suscita. La esterilización crítica de la convic
ción impide la organización de la experiencia humana en el plano
profundo y vital, desde el cual sólo es posible ir logrando las res
puestas acertadas. Frente a ella la actitud transintelectualista afirma
la legitimidad de la creencia y el valor de los elementos afectivos y
activos en ella comprometidos. Toda filosofía, por otra parte, des
cansa, en definitiva, sobre actitudes primarias y fundamentales de
este linaje, como le veremos ocurre en el mismo Vaz Ferreira, y se
halla por ellas condicionada, sin que por esto caduque en nada su
valor como testimonio de un proceso ininterrumpido de gestación
de la verdad filosófica, testimonio tanto más hondo y auténtico,
cuanto más se arraiga en el fondo individual y personal del sujeto
filosofante.
La objeción que proviene de la exigencia de universalidad pro
pia de todo conocimiento, no afecta la naturaleza y el valor del
conocimiento filosófico así entendido. Tiempo es de que el concepto

27 Berkelev. ftA Treatise Concerning The Principies of Human Knowledge". Pág. 27.
- 27 -

�- 8S bj X ucuoBOiunuioo ns JBiqiqisod BJBd 4afBnSuaj jap ouis ja uoo X
'jBjauaS oj ap bojbiu bj uoa aisiAaa aiuauiBioajjadun ojos OAiisoipajd
X jsnidaouoo ojuaiuiBsuad [a anb 'ppuasa p^pjaA Bun bX ussajd
-xa SBjsa 4sajBi ouio^) 'boi^ojoiuo uoioBoipBj buitjuj Btptp ap uoiobi
•sajiuBiu bj X ucusajdxa bj uos anb 'sajBuoissd X sbaijob sauoiOBA
-iioui SBjsa ap 'ucnoBzijBjniBusap 'ajuam^isuoD jod X 4uoi0BAiiafqo
BjniBiuajd bj 'aiuauíBsioajd 'opuaiuiAaad bjSoj as 'uaíhjo ns X aiuanj
ns BjjBq Bjsa apuop 'aag pp pBpqBaa B^ ap Bpunjoad sbui buibj^ v\
ua pnpiAipur oaijosopj oiuaiuiBsuad pp bijbuiSuo uopBaipBJ b^ ap
Bpuapuoa B| aofaui o 4aag p ua oaipsopj ojuaiuiBsuad pp u^pBaipBj
Bpuoq B^ 'Bijosop^ ubj^ Bpoj ap ua^uo 'sB^pi^duii o ssipi^dxa 'sbijbu
-iStjo sauoispap sb^ ua UB[pq as anb 'sapnptAiput sauopatAuoo sb^
ap ajuan^ bj ^[BaauaS O[ aod 'uaXnjijsuoa sajoiaBj soqaiQ uaoajBpsa
apand BAixa^aj Bpuapuoa B^ anb oaijjaadsa uapjo un oisaijiuBui
ap uauod X 'oaxSop^uo Bpuauadxa b^ ua ^opBpAaj jojba un uaasod
so^apBjnp X sopunjojd soAiiaajB sojuaiuiijuas X sauopBuqaui sbj anb
Bjaptsuoa ag 'sa^uaaaqut uos saj anb (BaijaipodB uozbj bj ap jBjniBU
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ouisi^BuiBjp oaxj ja ajjnasip buibjj BXna ajqos soaiS^jo^uo soiBJisa soj
ap o^saj ja ouioa 'jajaBJBa ns a^uauíBAisxaap X Bpunjoad ubj UBUop
-ipuoa X 4pBpijBaj bj ap ojnjjj jBnSí b aiJBd ubuuoj BUBuinq Buosaad
bj X pBpijBnpiAipm bj sand íjb^ ap jajaBasa ns jod 'aiuauíBspaad
'osoijba ouis ajqBjiAaui ojos ou 'Bjjnsaj Biauapadxa B^sa ap jbuos
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bj ap oiuiuiop ja ua ojj^asnq anb Xsq opojBqojd X OAiisaijiu^is sbui
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Buiajqojd ja ua anb zaA bj b 'jBjn^Bu pBpijBaj bj ap ouas ja ua Bisa ap
upp^asui bj ap Buiajqojd ja X BUBuinq pB^jaqq bj ap JtajaBjBa ja ua
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Bas 'jojba jap X opijuas jap SBuiajqoíd soj UBUiiad apuop sojjanb^
opoj aaqos ^BDij^sojij Biouarjadxa bj ap soduiBa XBq oaad íBaiSojoiq
Biauaio bj ap opioajaB X opBAouaj ajuauía^uBsaoui oiuouiijsaj jb 'jBjn^
-bu sa ouioa 'BpBÍfrj ^jj^q as BzajBjnjBU ns ap BoaaaB uopBjnaadsa
bj anb ua Bpipaiu bj ua 4BptA bj ap bijosojij bj uoo uaiquiBj X 4bot^
•Buia^Bui-oaisjj uoioaaXojd ns ua 'odraaij jap X oiOBdsa jap 'Buaisui
bj ap 4BzajBjnjBU bj ap bijosojij bj uoa ouis 'Baijijuaia bijosojij
bj uoo bX oj^s ou 'ojdiuafa jod 4ajjnao ouioo 4Biouaio bj ap ucuooiu
-ojd X osaa^ojd ja uoo uaureSij ajqiionjisaput a ouiijui ua Boij^sojij
u^ioBjnoadsa bj ap soiuiuiop so^jaio b UBziaaiOBJBO anb 'sajBjnjBU
SBiouaio sbj ap p^pjaA bj ap jb ouiixoad Xnuí opi^uas ap 'BAijafqo
-ooijidiua pBpijBsiaAiun Bun a^sixa íooij^sojij ojuaiuiBsuad jap ooiun
opiuajuoo oiuoo 'sijBSjaAiujq sisáisj^[ Bun ap ousijaassnq X ouBisaiJBO
ouans ja uojsiuajB anb X BoiiBiuaiBiu pBpjaA bj uoo bijosojij bj ap
sapBpjaA sBijaio uniuoo ua uauaii anb soiioipods pBpijBsaaAiun Bun
aisixg *u9ioBJoqojjoo ap aiuanj ns pBpiAiiafqo Bjnd bj ap ja ua anb
oduiBO ojio ua anbsnq 'ooijosojij oiuaiuissuad jap pspijBSjaAiun bj ap

�comprobación de su resonancia en experiencias ontológico-trascendentes corroboratorias o complementarias.
Tales pensamientos hallan su fuente en un dominio que, sin
duda, trasciende la individualidad, pero no por el lado de su univer
salidad objetiva, sino por la común pertenencia a una realidad ontológica de la cual emanan.
El pensamiento metafísico es, quizá, como Heidegger lo ha
dicho, aunque con otras connotaciones, pensamiento o experiencia
del Ser en un doble sentido: del Ser en cuanto que, por su carácter
radical, pretende regresar hasta los fundamentos donde sea posible
instituir una experiencia directa del Ser, como lo absolutamente otro
considerado con respecto a toda realidad particular, susceptible de
ser representada u objetivada, pensamiento cuya intencionalidad no
apunta hacia nada entitativo, sino hacia algo que hace posible todo
lo entitativo. Pero del Ser, también en el sentido del genitivo, pensa
miento del Ser, esto es, que pertenece al Ser, que proviene del Ser,
pues en la experiencia humana, radical y honda, es el Ser mismo el
que habla a través de nosotros. A medida que la vida se hace más
auténtica, es la voz de de profundis, la impersonal verdad del Ser,
la que se expresa en nosotros. El carácter, en cierto sentido monadológico e individual de la experiencia filosófica, en estos planos, no
excluye la comunidad de su raíz, y las posibilidades de su comu
nicación y participación por los otros sujetos filosofantes. No existe
una universalidad actual, pero si existe una universalidad potencial,
que puede, precisamente, actualizarse en la comunicación y en la
infinita variedad de la experiencia histórica. Se trata, en definitiva,
de un pensamiento virtualmente universalizable y participable, por
la comunidad de su radicación ontológica, residiendo su universa
lidad en las posibilidades de su universalización.
Por otra parte el carácter corroboratorio de la experiencia se
halla referido, no sólo a la vivencia, esto es, a la consideración del
factor activo o afectivo mismo, o a su revestimiento conceptual o
ideológico, sino muy particularmente a su valor anticipatorio y a
las consecuencias concretas que suscita, a la par que a la auténtica
necesidad que lo promueve, de modo que a la vez que es posible
apercibirse de su fecundidad específica para la vida humana, se
corrobora el carácter de necesidad ontológica que lo califica. La
arbitrariedad de este pensamiento sólo es aparente, las notas de su
verdad provienen de la corroboración de su necesidad, que es exi
gencia, y de su fecundidad que es creación y desarrollo. De este
modo el pensamiento esencial reviste un carácter proyectivo y, en
cierto sentido, constituye un apriori móvil, dinámico e histórico.28
28 Sobre la noción del "apriori constructivo" y la noción de "proyecto
ontológico" véase la cmunicación de Eucen Fink al Congreso de Filosofía de
Mendoza, "Sobre el Problema de la Experiencia Ontológica" (Zum Problem der
Ontologischcn Erfahmng). "Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía".
Mendoza, Argentina. Marzo 30 a abril 9 de 1949. Universidad Nacional de Cuyo.
Véase también: ^níbal del Campo. "Sobre la Filosofía de Heidegger". "Las
Comunicaciones de Eugen Fink y Wilhelm Szilasi al Congreso de Mendoza".
Revista Número. Año 3 N. 15-16-17. Montevideo, Julio-Diciembre de 1951.
- 29 -

�08

-

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-adxa B[ ap oSiej o[ b BAjasuoa anb sisapdiq Bun JBJoqojJoa BJBd
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Biauaijadxa B[ ap oduiea p ua ouioa opoui ouisiui pQ #uoiaaB b^ ap
Á Biouaaia b^ ap oipaui jod X saABJi b saaaA SBqonuí auat^qo b^ ani&gt;
ouis 'Bqanid B[ b Biounuai ou BisipnjaapimsuBJ^ ooijosopj oiuaiui
-Bsuad p BAt^impp u^ *aoB[duia as Biauaajo b[ apuop ouB[d pp X
'Bjp iiod souiBpaaoad ouioo ap 4B^p uoa soui^Seq anb o^ ap apuadap
o[os 'Bpipuajua opoui ajsa ap 'Biauaaaa b[ ap BDijpsopj uotounj B^
•OAi^afqo aiuauíB^nd bjsia ap ojund p apsap 'Bqanjd b[ ap Bpuatoij
•nsui B^ ap Bpuapuoa B[ uoa aisixaoa ou Bisa is uopoiAUoo *aj a^uaui
-BOijxaadsa souiBiue^ anb O^ XBq ou ípnjoapjur a^uauíBind ouB[d
p ua upp^npBjS bj ap upisnpxa v\ Boqduii ou uopaiAuoo v\ :uaiq
^puaijua as anb ospaad sg "SBapi SBjsa ua op jtjstsui aiuaiuaAuoa
aj[nsaa Bzinb *o¡piJtBsap oajsanu uoa aBnuijuoa ap sa;nB oaa^
•a^jaui ou X baia
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BjauBui Bjsa ap ops íuaaauajaad a^ ajuauípjniBU anb pnjaapiui
-BJixa ja^aBjBa ap so^uauíap so^ uoa uozbj bj ap uoioBj^ajui ap ouis
'ouisipuopBjji ap Bun^p buijoj ua in¿B jc^^q apand as ou pna p
aod oaijoui p sa pj^ 'ajquioq pp BpBAap sbui uoiaBOOA B[ X piauasa
BzapjiniBU b^ buijojui anb aopBa^a soSo[ pp ajqq X Bspaxa uoiaBjsaj
-iubui B[ ^Biauapaxa jod 'aApnA as Btjosopg B^ '^pipuajua jsb bijos
•ojiq B[ jqduina anb ouaij anb p sa uozbj b[ ap ouaisiuiui oqy
6Z '((vwsiiu vjp ap vo^fosojif
umovutauad v\ 'oat^oj ouo\d \a auqos osnpui 'vuSoj anb ua vptpatu
t^ ua anb sviu 'ajuamiuaud aajana as ou uozvj. wj "d^oisiii vj ap
oiuayimciow uvj \a ua pi/ ajjaaauvuuad apand v^fosojij i^ opuvno
sa 'sauoiaunf sns ap ooiunSuo opo% \ap mouaiouoo nuioi vppa 'va^fos
•op^ vai^oq i^ v svwvjS 'anb ua osva \a ua ojos iopvjjui^j oSpo uoo
'ojmif wf un uoo o 'vjuatuSnjf anb oioa\a%u\ \a X vund vrouaStjajui v\
uoo vÁ vp^punfuoo sa ou vjja anb ua osvo ^a ua 'ajqjaotu X vuopao
-aunjosa 'vaisuajdwoomwo pvptsaoau oiuoo ajuasaud vjjvq as uozvj
nj opuvno ojp^^i :sjadsBf p^^ ap SBjq^pd SBSOuiuin[ sb¡ jBa[duia
opBnaapB Bqnsaj pna B[ BJBd 'upzBj jBuis^ souiapod aiuauíBidojd
anb p piauasa oaisipjaiu oiuaiuiBsuad pp ojuaiuiiAOiu a^sa b sg
•ajuapuaasBJ^-oaisijBjam o^uaiuiBsuad [a
BjnB^sui anb pBpiatJojsiq Bjsa ap zn^ b^ b uppBaijiuífrs uataaj uBjqoa
'Baij^isiq BpiA B[ ap sa[B^uapiaaB X ssauajijad SBiauBjsunajia sb| anb
opoui pj ap 'Bpunjojd pBpiaiJo^stq ap a^uanj SBtuapB sa 'BUBuinq
BptA B[ ap JopBppoui a^uaSB X oaijob joja^g "aiuBOijiiua sia uatquiBi
ouis 4ouBsn¡[) p Bjjxp oiuoa 'BAijBaqdxa sia ops ou sa 'oAiinjusuoa
uaiquiB^ ouis aopaaajBpsa JopA un ops ou auap o^uaiiuBsuad oqaiQ

�para que se pueda lograr, progresivamente, el acrecentamiento de
la prueba objetiva, sin poder llegar jamás a una demostración
completa.
Si tomamos como fundamento de la elaboración filosófica, nada
más que lo apodícticamente demostrable, el campo de la experiencia
filosófica queda totalmente confinado y limitado: la especulación
filosófica no cubre jamás el campo total de las interrogantes filosó
ficas que la vida plantea. Si graduamos intelectualmente la creencia
y hacemos recaer el acento sobre esta operación considerándola como
final, apenas verificados los primeros pasos en la labor especulativa,
ésta se va ahogando por el peso creciente de la problematicidad,
esto es, por lo problemático que se apoya en lo problemático.
Sobreviene entonces el vértigo y la especulación se detiene por
temor al error. Sólo en la medida en que buscamos la corroboración
de las ideas en el proceso mismo de la elaboración filosófica hacia
adelante, y no hacia atrás, resulta factible, como obra, la realización
de la tarea filosófica. La labor crítica o crítico-analítica que se veri
fique sobre los presupuestos de la especulación puede y debe cum
plir una tarea sumamente fructuosa; por ejemplo: probar que ellos
son enteramente falsos y contradictorios; o probar que conducen a
consecuencias inaceptables. Pero la labor crítica tendrá carácter este
rilizante, y por consiguiente, letal, desde el punto de visto filosófico,
si se refiere a los contenidos de un modo estrictamente literal, o se
atiene a la consideración de elementos de menor cuantía, o no capta
la dosis de verdad que puede existir en medio del error, o no toma
en cuenta la existencia necesaria e ineludible de una cierta dosis
de error, para que la verdad pueda ser progresivamente aprehendida
en este dominio. En una palabra, la escrupulosidad especulativa, el
rigor crítico y analítico, llevado a los detalles, el temor al riesgo
especulativo, pueden conducir a la muerte y a la esterilización filo
sófica. Como los antibióticos que matando inexorablemente las bac
terias nocivas, destruyen también colonias microbianas que son indis
pensables para la vida, o el cirujano que destruyendo aparentes hete
romorfosis y anomalías anatómicas o estructurales, elimina funciones
esenciales pero desconocidas. Porque la labor filosófica es, funda
mentalmente, una labor sintética, no analítica. Se podría hablar de
juicios sintéticos a priori y de procesos discursivos constructivos y
sintéticos en la especulación filosófica, como se habla, por ejemplo,
en la labor matemática; sólo que en el campo especulativo no se
opera con intuiciones puras, ni la imaginación trascendental, para
hablar en lenguaje kantiano, determina conforme a módulos categoriales rígidos al material del pensamiento; sino que opera con la
substancia misma de la vida en su incesante desarrollo, y la imagi
nación trascendental, propia de la experiencia ontológica, cuyo destino
es realizarse, promoviendo la acción interna o externa, constituye
sus esquemas, no puramente interpretativos, sino, también, consti
tutivos, conforme a los requerimientos de la realidad existencial
histórica, y no de acuerdo a las exigencias del entendimiento pura
mente lógico.
- 31 -

�8is A ^81 *^bj •^i^iu^pnjg u^Sunf u^in^ ub púa UÍ3M
SBQ \3zj^vsfny pun aSaDuuoyi,, 'Haooaaiajj nixhvj\[ xe
A 81 "^?JIBd 'uaqnB^^ un usssi^ 'usuisj\[ uo^) *g^¿ -Sb^ *(8anq
xip^) -^funudayi uauw^ uap í/iiu^,, -xnv^ -^ 0E
'SBqaiud ap asEjo Bpoj j
ajqisod s^jnsaj uaiaaj anb BpnXB ns uod sa 'oijbjiuoo oj xod 4anb oms
'Bpeasnq jas ra *asjB[[Bq apand ou upiaBjuauíEpunj BXna *Biauaaja
Bun ap jo^ba ^p asjaaa^BAdjd a^qxsod sa o^os 'BiJBjjiqjB ajuamajuax
-BdB 'upionjijsuoo Biíno BjBd 'sooiáo^iuo sojuaiuiixanbaj ap sBiaua^
•txa SBunjjJj^j sb^ uoo oaisijBjaui ojuaiuiESuad pp uozBqBJj Bpuoq
B[ ajuBJjauad sbui opoui ap opBsaxdxa Bq as saaaA ssaod ^nj^[
TE *ttoiuatuiBsuad pp BiuBsajjB b^ 'ajuBjja oxad 'asjBiAsap ms
'aiuauíBpiduinjja^uim BpuaxdB Á 'ouiuibo ns na 'oiuaturuanbaj ns ap
pBpisaaau BOijuajnB b[ na pajsn BazauBuuaj 'BjuBsaiJB Á pspqiqBq
ap odi} ojxaio un aaainbaí oppxafa opoj^ 'BqajBui B[ ua apuaxdB
as anb oppxaCa p ua^ixa sopBitsuBJj jas bjb¿ 'souiuibo sapj^ *oja
-BJ^xa asjdApA ap ojSipd p ua ajduiats ^jpq ^s bia poj^ 'SB^uaij
b Basnq as anb Bpuapuodsajjoa Bun Bp^q bia o ouiuibd inbB sa
PX *ttPBPílB9J^ Bl uo opuaipiouioo ouioa ira jod oqoíp o[ *oduiai^
opoi ua 'a^uauíBpouioa opBj^oin jas Bjaipnd Bpn^B B^na uoa 'a^jod
-BSBd un 'apid ou *pj^ a^^d bjjo jod 'anb bsoo —Bnui^uoa— 3[jbj
-naojd opand ou o^,, *K (jpqzjasa^)) ttuoptsod,^ ouioa 'pBpiAijafqo ^\
ap piuapuaasBJ} p ouioa jag p opuBsuad 'ojuaxiuijanbaj oiusiui p
apuodsaj ^ub^ á cpapi,, oxuoo jag p Bsuaid upjB^j pna b^ jod uozbj
b| Bjun^axd as aipBu Á 'Xa[ Bpoj b ouaís 'oiJBJiíqjB japaaojd un
ouioa asjBpuas aaaj^d anb Á uopBixasip iui ua o^^q O[ ouioa opoui
pp bsoo v\ jBjapisuoo aoBq aiu anb ' (ttuoi0B0ipui b^,, 'ajuauípjaiq)
uozbj b^ o oiuaiuitjanbaj p —(jauqong b) uaiuBipnjsa uaAof un b
BlIfl ua ^aSSappjj aoip— iui b BjunSajd aiu as anb Jo&lt;j?
-opj Bpuaijadxa B[ ua Bpuaajo B[ ap uopunj b[ a[qBsnoajJi
'o^und asa ajqos jiisisui uis ojaj 'aiuapuaosBj) ooiSopauo Bpuaijadxa
^\ b aajo ja anb oj ap sbui oqonuí auaiAuoo' baijbuijou X Bo^oBjd
Biouaijadxa bj BJBd ouiijiSaj BJapisuoo ojos aisa anb 'BJiajja^ zb^\ ap
ooi^ojjadiq opijuas ja Bzinb anb JBSiiad aosq sou anb Boi)OBjd uozbj bj
Á Boisipjaiu BOijpaj uoiOBjnoadsa bj aj^ua uo^ojBuy aisa sg og *&lt;{2u
-íjfoop ^f ap ouiuuai ja auaiAuoo Biouaajo BXno b 'soopoBjd soioinf
soj uoo uoSojBuy n sooijoaj soioiní soj ua ajsixa 'Bza^jao bj jaoajq
-B)sa ap buijoj Bun Bjaiqnq anb ap ojsandns ja ua 'saoBdBO soui^uas
sou anb bj BJBd Bsajduia Bun oiuaiuiBSuad ja uoo JBOjBqB souiapod
sosbo soqonuí ua 'aiuBjsqo ou 'ouioo 'Bojjoa^ ajuauíajduiis sa Biauaaxo
bj 'a^uatnSisuoo jod 'X —iub^j aoip— BpBU japuajduia soiuapod on
'ojafqo un b upjOBjaj uoo uaiq ig,, 'jBUTJioop pBpijijajsa bsbjo sbui
bj ua o 'bi^ojoiiibi bj ua jBooquiasap ap ajqipnjaui o^sau ja ajjoo
jbiio ja uis 'oAijonjjsuoo X— oorpiuis ojiijuas ojjaio ua jajaBjno un
aasod BoisijBiaui Biouaijadxa Bg -Biouaajo bj ap ouauíouaj jb opBioosB
ajuauíBiuijuí bjjbij as 'boijosojij uozbj bj ap osaoojd jb aiuajaqui a
OAi^Bjnoadsa ojuaiuiBSuad opo^ ap oidojd o^saij ap ojuauíaja jg

�En realidad, y es por otra parte lo que piensa el mismo Heidegger, toda experiencia filosófica fundamental, implica el ejercicio
de un cierto tipo de violencia sobre la realidad; una cierta irrupción
que rompe y altera la conexión espontánea de las cosas. La función
del pensamiento consiste, en cierto sentido, en reconstruir a su nivel,
la realidad de este modo quebrantada, conforme a módulos que son
veraces en la medida en que resultan plenamente integradores. El
Logos como juntura y articulación de lo real al nivel del pensamiento
y de la conciencia, exige la constitución de estructuras hipotéticas
fundamentales, asumir presuposiciones explícitas o implícitas afec
tadas presuntivamente por el índice de lo problemático y la apa
riencia de lo arbitrario. Admitidas como poseyendo un valor esen
cial, no meramente problemático, e instrumental, a fuer de consti
tutivas y originarias, son las que hacen posible, recién, la interpre
tación y la aprehensión del sentido de lo real, a la vez que el cum
plimiento de la empresa del pensamiento. En la dinámica de la
creencia reside un elemento indudable de acción interior y ello explica
porque el descubrimiento intelectual sólo resulta posible a través de
la obra, de la actividad, en cierto sentido constructiva del sujeto
filosofante. Fuera de ésta el filosofema se disipa y se pierde, la
intelección filosófica y la intuición ontológica, se desvanecen y vola
tilizan. Existe aquí algo así como una lucha donde el triunfo se logra
a la vez con la violencia y con la entrega, porque la realidad a la
cual se halla referida la actividad filosófica, no posee un valor entitativo dado, ni espera pasivamente a ser registrada por la función me
ramente receptiva del pensamiento, sino que se cumple, en cierto
modo, la afirmación de Nietzsche: "la verdad no se halla destinada
a alcanzar algo que está ahí, y que haya, sin más, que encontrar o
descubrir, sino algo que hay que crear, algo que da su nombre a una
operación; mejor aun a la voluntad de lograr una victoria".32 Pues
si, en definitiva, la verdad tiene sentido por lo que de ella sabemos,
sólo para el hombre, ella habrá de darse dentro de la tensión y el
esfuerzo que caracteriza a la realidad misma de la vida del espíritu.
La obra específica del pensamiento, la verdad, debe ser entendida
en el sentido griego de la palabra —dice Heidegger— como ergón,
y lo que es descubierto como lo que en la obra (Werk) es rescatado
de su ocultamiento. El conocimiento es aquí un "poner en obra" (ins
Werk setzen); como la piedra preciosa es puesta en la obra del en
garce y el tallado y la corriente fluvial en la obra de la represa
hidráulica.33 "Es Techné en el sentido griego de la expresión. Así
ocurre también con la poesía puesta en la obra de la palabra; con
el templo y la escultura en el obraje de la piedra; y con la historia
cuyo lugar de nacimiento y desarrollo se dá en la obra de la po-

82 Nietzsche. "La Voluntad de Dominio". Ensayo de una Trasmutación
de todos los Valores. Edición Aguilar. Madrid. Pág. 314. Art. 552.
33 M. Heidecgeh. "Vortrdge und Aufsatze". "Die Frage nach der Technik".
Pág. 23.
- 33 -

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4jB[nSuB Bjpaid B[ sa anb 'pBpqBuoiouaiur ap u^ioou B[ anb souaui
BpBu *B[[Bq as '^ui^ uaáng 'sopBOBjsap sbiu so[ndiosip sns ap oun
ojsaijraBui ap uatq Xnuí ojsand Bq o[ ouioa 'so^a aaju^ #a[qBuoij
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-uajsixa B[ 'sojsandns ap aiuajBa Bijosopj Bun 'Bso^nSu Btouaia oxu
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ls *p[nBuxy uoa
Biauapuodsajjoa B[ ua ojb[o uaiq aA as ouioa *ziuqiaq[ ap ttoioafqns
isaui uinjBoipaad auuio,, [a X ajuaioijns uozbj ap oidiamjd [a uoa
ajxnoo ouisiui o[ X íBiuaasis ns ap bui[B [a Bpnp uis 'sa anb oxdio
-uixd 'soiq ap Bza[B^niBu B[ ap UBAtxap sbsod sb[ SBpoi p?no [B auuoj
-uoa 'BiiqosqB pBpisaaau b[ ap oidiamjd [a uoa Bzouidg ua aunao
Bsoa [Bn^j 9e #ouBisaixBa o^uaiuiBsuad [ap sa[BuoiaBJJi sojuauíap
so[ 'jbiub[[ opipod Bq as anb o[ b JBn[ opu^p 'sBat^aipodB SBiauap
-ia3 sb[ ap oduiBa [a uapuaiasBJi anb sauoiaisodnsajd ap Biuajsis
un b auuojuoa BpBÍauBiu sa uoiooajxad ap X oqui^uí ap u^iaou
B[ apuop 'so^aaja sns ^od soiq ap Biaua^sixa B[ ap SBqatud sb[ jod
opuBzuauíoa 'BpsnpBj^ ou Biauaaaa B[ ap soAiinjiisuoa sojuaiua[a
ap opisuBJj ^[[Bq as BE 'oaiSo[oinBi opijuas un auai^ o[os 'Xapqaag
ap Jiaap [b anb X 'oqíooa [ap B[nuiJ9j B[ ap ajj^d Bjatutjd b[ ua
B[aAap as anb [Biaiut BiauapiAa b[ japuaasBJ^ apua^axd [a ua anb
o[ opoj^ #Bjado as [a ua anb BOijpsopj Biauauadxa B[ ap oduiBO [ap
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�sibilidades (como nosotros lo hemos visto en la primera parte de
la disertación); la indeterminación de la noción de "constitución";
el carácter vago del concepto fenomenológico de vida; y ante todo,
en el procedimiento analítico mismo, precisamente, la primacía de
los modos originarios.38 Pero, para nosotros, es en la noción misma
de fenómeno, que la fenomenología pretende establecer de un modo
totalmente inmediato y por consiguiente evidente, donde se de
muestra la relatividad del punto de partida, desde que es posible
señalar caracteres netamente diferenciales entre la noción de fenó
meno propio de la Fenomenología de Husserl, si se la compara con
el que se halla en la base de la Ontología Fundamental de Heidegger o la Ontología Crítica de Hartmann. Los fenómenos de la
fenomenología no son, como ella pretende, datos inmediatos de la
conciencia ingenua que esta recoge sin modificación alguna, depen
den, por el contrario, en gran medida, del modo como se conviene
en considerarlos, o como se cree que están constituidos. El intento
de constitución de una lógica pura sobre la base de principios ontológicos que le sirven de fundamento, es también eminentemente
cuestionable, y descansa sobre la presuposición, de corte inequívo
camente racionalista, de que existe un tipo preferente de experien
cia cognoscitiva, y olvida que ella es ya una experiencia informada
por la vigencia de los principios lógico formales, de una experien
cia fenomenológica, sujeta ya, inicialmente, al primado de la lógica.
El pensamiento de Vaz Ferreira no podía escapar a la nece
sidad inherente a toda filosofía de apoyarse y desenvolverse, en
gran medida, sobre la base de una creencia no graduada. Sería rela
tivamente sencillo poner al descubierto los elementos de convic
ción y de fé que se hallan en la Filosofía de Vaz Ferreira, a lo largo
de toda su obra, pero hay en Fermentario manifestaciones explícitas
en este sentido. Nos referimos al pasaje titulado "Pragmatismo de la
sinceridad" (pág. 22), allí se dice:
"Creer saber lo que se sabe: dudar de lo dudoso; saber que no
se sabe, o que se sabe mal en su caso, etc. (sinceros hasta con nues
tros ideales y hasta con nuestras esperanzas), no sólo es lo más ver
dadero —en verdad subjetiva: en sinceridad interior— y no sólo es
lo más limpio y puro, sino que es pragmáticamente lo mejor (a pesar
de cierta apariencia lógica). Hay que ahondar psicológicamente para
explicarse por qué esos hombres tienden a ser más buenos y más
morales de hecho, aun sin el temor, aun sin la esperanza concreta...
Es que, libres, la razón y la afectividad se conservan más sen
sibles: crece, en lugar de embotarse, su sensibilidad, desde luego para
la verdad, que ya comprende justicia y bondad, y directamente para
la bondad misma. La libertad de todas las funciones espirituales es
la que mantiene su sensibilidad. Y creo —creo— que esto ha de ser
38 "Problemes Actuéis de la Phénoménologie". Actes du Colloque Inter
national de Phénoménologie. Bruxelles. Avril. 1951. Desclée de Brouwer. Comu
nicación de Eugen Fink. "L'analyse intentionelle et le probleme de la pensée
spéculative". Pág. 53 a 87).
_ 35 -

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�El intelectualismo, todo intelectualismo, en la medida en que
se mantiene fiel a sí mismo, cosa por lo demás sumamente difícil
en el campo de la reflexión filosófica, demuestra su insuficiencia
en la consideración teorética de la realidad humana y de sus mani
festaciones. Porque la consideración de lo humano no admite, para
su tratamiento, ni el extrañamiento radical del sujeto que conoce,
ni la abolición de lo activo y lo práctico (en el alto sentido de la
palahra), ni la esterilización de la creencia. Resulta curiosa la fre
cuencia con que en esta clase de cuestiones, que promueven necesa
riamente el fenómeno de la creencia y donde ella desempeña un
papel esencial, retornan siempre como ejemplos ilustrativos la referncia al caso de la enfermedad: 'una explicación cristiana —dice
Kierkegaard en el Tratado de la Desesperación— debe hacer pen
sar siempre en el lenguaje del médico en la cabecera del enfermo";
y el problema de la estrecha unión del hombre y la mujer en el
matrimonio, como ocurre con James en la obra que nos ocupa y con
Kierkegaard y sus vacilaciones acerca de si podía o no llegar a ser
un esposo, cuya gravitación ha sido tan grande en el desarrollo de
sus ideas.
Es que en ambos casos se trata de la vida misma del sujeto in
teresado, sea que se la entienda en sentido orgánico, o bien moral y
espiritual; se trata de casos en los que es preciso asumir un riesgo
decidiendo; donde el hombre compromete su propia existencia o la
existencia de otros hombres; en los que nos hallamos apasionada
mente interesados dada la naturaleza misma de la cuestión y donde
siendo imposible eliminar la incertidumbre resulta, no obstante in
dispensable pronunciarse. "La incertidumbre objetiva, adoptada fir
memente por la más apasionada interioridad es la verdad -—decía
Kierkegaard— la verdad más alta que puede darse para un sujeto
existente".39 Y es en esta clase de problemas donde el intelectua
lismo pone siempre de manifiesto su insubsanable insuficiencia. Ello
pasa así, también, con Vaz Ferreira.
En el trozo ya citado de James, donde se habla de la imposi
bilidad de abstenerse, y de la necesidad de pronunciarse, acerca de
los problemas de opción forzosa, dado que la abstención misma es
o implica un pronunciamiento, dice James: "Es como si un hombre
hesitara infinitamente en pedir a una mujer en matrimonio por no
estar perfectamente seguro de que ella se conduciría como un ángel
una vez en el hogar. ¿No se haría tan imposible para él esa posibili
dad angélica, como si se casara con otra mujer?" ¿Qué responde a
ello Vaz Ferreira? Postula, como no podía ser de otra manera, una
vez más, la estricta graduación de la creencia. Entre estas dos solu
ciones, a) la enunciada en el ejemplo: no casarse por carecer de
la seguridad completa de la bondad de la mujer, y b) procurar ad
quirir por medios extraracionales esa seguridad completa, no es
forzoso elegir, porque hay —dice— una tercera actitud posible:
obrar por probabilidades: casarse por juzgar que los datos que se
39 S. Kierkecaard. Post Scriptum. Gallimard París. Pág. 134.
- 37 -

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�El amor supone la incondicionalidad del sentimiento y de la fe;
sin ello no hay amor auténtico. Pues, "no es por la prudencia que
el amor logra no engañarse jamás. Al contraio: amar de suerte que
cada uno no se engañe nunca, es en el sentido de la prudencia la co
sa más estúpida y la más insensata que se puede hacer; es incluso
un escándalo para la prudencia". Y es el amor mismo el que nos
enseña —dice Kierkegaard— "a fiarnos del más pérfido de los homhres, porque su maldad podría no ser, finalmente, más que una
apariencia".43 Sólo a la fe del amor es a quien toca la posibilidad
de * descubrirlo. Frente a todo esto falla, sin duda, la previsión y
queda desairada y corta la graduación de la creencia.
El tema que es objeto de esta disertación, para llegar a su tér
mino, exigiría consideraciones más detalladas acerca de la dimensión
a-histórica del pensamiento del maestro, que corroboran su intelectualismo, como vg. la que hallamos en Fermentarlo ("Otra ilusión
de casi todos los hombres" pág. 50) —donde se sostiene la reemplazabilidad de hechos históricos como el Cristianismo, la Conquista
Romana, la Conquista Napoleónica— "si no hubieran ocurrido esos
hechos —dice— hubieran ocurrido otros", etc.44 Sería preciso ana43S. Kierkegaard. "Vie et Regne de l'Amour". Aubier. L'Amour croit
tout". Pág. 244.
44Vaz Ferreira critica aquí el sentimiento de irremplazabilidad del hecho
histórico. Si sus consideraciones tendieran a sostener el elemento de contin
gencia que se halla en el seno del acontecer histórico, y a postular su revocahilidad relativa por obra de la conducta humana, o a afirmar la responsabilidad
del hombre en su ocurrencia, y por ello afirmar la libertad moral frente a la
historia, o a considerar tal creencia como una idea regulativa a la cual debemos
ajustar nuestra conducta para hacer posible la vida ética, nada habría que
objetar. Pero Yaz Ferreira no pasa de allí, por lo menos en este escrito, ni tam
poco infiere en el campo ontológico conclusiones favorables a la tesis de la
libertad. Por el contrario sólo excede estas consideraciones en cuanto postula
la reemplazabilidad masiva ya no de los hechos históricos, sino también de los
procesos de mayor envergadura (la conquista romana, la conquista napoleónica),
y lo que es aun más grave de profundas transformaciones culturales y espiri
tuales (El Cristianismo). "Se siente así la impresión —dice— de que sin ciertos
hechos históricos la historia quedaría vacía. Y sin embargo ese sentimiento es
ilusorio. Si no se hubiera producido la conquista romana nadie hubiera podido
preverla (?). Si no se hubiera dado el Cristianismo, nadie hubiera podido prever
o imaginar siglos y siglos de historia. Pues lo mismo para los hechos que se
hubieran producido en lugar de esos. Lo cual lleva —y este es el resultado de
la ilusión— a considerar irreemplazables a ciertos hechos históricos, y a super
valorarlos".
Se advierte la ilegitimidad de este desarrollo. La asimilación de los procesos
históricos y culturales a la calidad de hechos contingentes, reemplazables, subrrogables entre ellos, es característica de la actitud de cierto empirismo intelectualista. De allí a considerar a lo reemplazable o subrogable como inesencial
solo hay un paso. No se percibe la solidaridad y condicionamiento profundo del
proceso histórico. Si se imagina substituibles los grandes hechos históricos por
otros, hay que imaginar suprimidos también a los que le anteceden y a los que
le siguen y con ello es la realidad misma de la historia, y en ella es la historicidad
del ser humano, lo que se suprime. Se desarraiga al hombre del seno de la his
toria y se le coloca fuera de ella.
"...La actitud intelectualista —dice acertadamente Landsberg en "Problemes du Personnalisme"— se halla ella misma fundada en una decisión personal
más o menos clandestina, en una especie de fuga de la realidad personal e histó- 39 ^

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Biuiouijuy Bjaaaa^ bj ua Bpinpui Baipuiapoíd bj Bpoi 'O[duiafa jod 'isy
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jap SBauíj sa)UB]jodiui Jinjaui b Biauaisisaa ajqisuas sun pBiaaqij bj ap Buiajq
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opoj ap auiiapuaídsap oiuaiui ig,, 'oiuaiuiBsuad ja lod BpijoqB ou X BpBiadsai
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Bijsonu anb ua Bpipaui bj ua souisiui soijosou las souibjSoj oj^s X 'bjosojij anb
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'souiuajai so^j 'Boi^Ba oj anb BOija zjbj ajqBijBjjua bj b A sauoiOBA
-iioui sns ap Bzaand bj b 'BoijBuiajqoad ns ap zajcipamui bj b 'ojnaira
-Bsuad ns ap pBpioi^uajnB ap upisuauíip bj b 'ojja uoa 'souiuajaj so^[
'jBAjasuoa 'Bjsoa Bpoi b 'osiaaid sa anb 'ouBiJiaaaa^j zb^y jBnjtJídsa
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                <text>Campo, Anibal del	&#13;
El problema de la creencia y el intelectualismo de Vaz Ferreira / Aníbal del Campo. Montevideo : FHC.IF, 1959; 41 p. </text>
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•opBjS ap X^q
•Biauasa ap Biouajajip Bun 'ajuaasou^oo Biouaiauoa b^ ua aaajBdB ouioa
buuoj b^ X is ua oial'qo \a aj]ua X^q ojs^ 'upiai^adaj Bjaui Bun b auai^B
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-B3J Bun Biouaiouoo BJisanu ua sowpnpojdau ^Bna ^a jod osaoojd un
sa ojuaiuiiaouoo ja 'BnuaSuy BAijoadsaad Bun apsap opBjapisuog

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DUDIS94JDD

Dijoso|!j D| ue JOU94X8 opunuu pp Duue|qojd
dOSOlld MOS73N

�éste deba ser obligadamente real. Como decían los escolásticos, la
intentio formalis es el acto del espíritu que se aplica a un objeto.
Los objetos sensibles forman una de las categorías de lo que
conocemos. El problema consiste en determinar si el hecho de cono
cerlos implica que son. Si el estar presentes a nuestro espíritu es la
garantía de su realidad exterior.
El sentido común asegura que estos objetos existen en sí, inde
pendientes de todo pensamiento. Son sustancias extensas, diversas del
espíritu.
Pero la naturaleza no puede ser totalmente exterior al pensamien
to, porque entonces sería como si no existiera efectivamente3.
El conocimiento lleva implícita la vinculación del espíritu con
las cosas y solamente es posible si sujeto y objeto son términos co
rrelativos.
Si los objetos de la realidad sensible son en sí, ¿cómo pueden ser,
al propio tiempo, para nosotros? ¿Cómo lo exterior, extenso, puede
estar presente al espíritu, inextenso? ¿Cuál es el objeto inmediato de
nuestro espíritu cuando miramos alrededor nuestro?
Desde un enfoque realista, el objeto del pensamiento es distinto
e independiente del sujeto. Las cosas mismas, no sus ideas, son el
objeto inmediato de nuestra percepción.
Siendo así, ¿cómo podemos salir de nosotros mismos para percibir
objetos que nos trascienden?
Malebranche, de neta formación cartesiana, vio con claridad el
problema. Si la relación cognoscitiva implica un vínculo del pensa
miento con su objeto, esta misma vinculación exige que los polos sean
de una misma sustancia. El sujeto pensante sólo puede ser testigo de
sus propias modificaciones. No conoce las cosas, sino las ¿deas de las
cosas. Exclusivamente la idea puede representarnos una realidad dis
tinta de nosotros. Ella es diversa del sujeto cognoscente y de la cosa
que conocemos merced a su mediación. La objetividad, que es la
garantía de validez universal del conocimiento, se funda sobre las ideas
claras y distintas, y es lo máximo que puede alcanzar el pensamiento.
Este realismo de las dos sustancias —el del espíritu y el de la
cosa — excluye, en verdad, la vinculación inmediata del pensamiento
con el objeto exterior. El conocimiento sólo es posible, ahora, por
intermedio de la idea. Queda desechada toda intencionalidad. La re
lación de conocimiento se dará por el rodeo de la visión en Dios.
Los objetos sensibles son reducidos a participaciones de la natura
leza divina.
El conocimiento, en esta doctrina, es una contemplación pasiva
de esencias invariables. No hay una actividad constructiva del espíritu
en la operatoria cognoscitiva.
El percepcionismo encara la cuestión desde un ángulo totalmente

3 Lachelier, J., La nature - L'esprit - Dicu, Presses Universitaires de Francc,
París, p. 18.
- 296 -

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ap oijba as saviBasaQ 'soiq b JBajj BJBd opunuí jap oiajis as oaii
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-BJjuapB saoiBj ap BjsiAOjdsap ajua^uoo Bun ouioa ou oja^ 'Biuapoui
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�un conjunto de objetos. Es anterior y posterior al sujeto. Lo óntico
precede a lo gnoseológico.
La conciencia es una sustancia entre las sustancias. Una de sus
cualidades primordiales es la de dirigirse al objeto. El mundo le es
trascendente, en la misma medida en que cada una de las cosas que
lo integran son exteriores entre sí.
Para esta posición, la verdad se define como la concordancia del
entendimiento con la cosa. La emisión de un juicio con pretensión
de verdad exige su necesario soporte en la estructura de lo real. Las
relaciones del entendimiento deben corresponderse punto por punto
con las relaciones ya existentes entre los objetos de la realidad.
La misión de la ciencia consiste en hallar las coincidencias entre
las proposiciones lógicas y las estructuras ónticas.
La verdad, así comprendida, supone el dualismo de la represen
tación y del objeto. La verdad es definida por la realidad. El ser es
dado por supuesto. El conocimiento sería imposible sin la captación
de lo real.
La objetividad del pensamiento queda asegurada con el auxilio
de los principios de la lógica. Pensamiento correcto es sinónimo, en
tonces, de pensamiento verdadero. Y todo pensamiento verdadero,
directa o indirectamente, es el pensamiento de un objeto6.
La inmanencia, digamos así, es un producto de la trascendencia.
La filosofía posterior no habrá de aceptar pacíficamente este con
cepto de la verdad, basado en una presuposición del ser, porque es
el ser, precisamente, lo que se quiere buscar.
Como producto lógico, la verdad es una articulación coherente y
derivada de juicios, y éstos, a su vez, de concentos. El concepto es
producto de un intelecto que lo piensa. La realidad se reduce a la
verdad. La verdad, a la conciencia. A la trascendencia se llega, ahora,
por la vía ineludible de la inmanencia.
Según Spinoza, la verdad es una denominación interior al pen
samiento y no una relación con una realidad trascendente a la mente.
Si la idea es verdadera, debe tener un objeto que le es conforme 7.

EL PROPOSITO DE DESCARTES
Impulsó la elaboración cartesiana la inquietud por obtener para
el conocimiento humano un principio absoluto. La filosofía, como
ciencia universal sobre la que se basan las demás, debe estar fundada
con solidez. Esta finalidad corre serio riesgo de no ser lograda si no
aseguramos al pensamiento un camino que no conduzca al error.
A pesar de que todos los hombres poseen naturalmente la capa
cidad de juzgar con corrección, verificamos la existencia de una
múltiple variedad de opiniones resnecto de un mismo punto. Sucede
así porque no se han determinado las condiciones indispensables para

Gilson E., op. cit., p. 234.
Etica, I, Axioma 6.
- 29S -

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�Por otra parte, preside la disposición metódica el criterio de una
ciencia pura de las "relaciones" y "proporciones", que, en definitiva,
reposa en los conceptos de ordenación y medida. Sólo la matemática
estaba en condiciones de cumplir con esa exigencia.

LA DUDA Y EL ITINERARIO DEL MÉTODO
—A—
Para obtener una fundamentación absoluta del saber, es necesario
estar advertido de las causas que con frecuencia desvían al entendi
miento del derrotero de la verdad.
El filósofo se somete, por su propia voluntad, a los rigores de
una duda metódica en los comienzos de la investigación. Es preciso
dudar con sinceridad, siendo lícito tener tal actitud ante todas las
cosas susceptibles de conducirnos a equívocos lu.
La duda cartesiana, a diferencia de la profesada por los escépticos, es un severo medio de selección, que presupone de antemano
la verdad y la capacidad del entendimiento humano para llegar a
ella 17. Sólo radicalizando la duda queda demostrado el profundo sinsentido del escepticismo.
Pero esta refutación exige una previa actitud de cautela y me
sura en la formulación de los juicios provenientes de la investigación.
Algunos de los pensamientos son como las imágenes de las cosas.
A ellos aplica Descartes el nombre de ideas18. Tomadas en sí, sin
referirlas a ninguna cosa, las ideas no pueden ser falsas19. Sólo los
juicios son pasibles de error. Y el que con mayor asiduidad se da en
ellos, consiste en creer que las ideas que se encuentran en el enten
dimiento son semejantes o conformes a las cosas exteriores.
Descartes se atiene a la clásica definición de la verdad: adaequatio
intellectus et rei. Lo verdadero y lo falso se dan en el pensamiento
discursivo. Un juicio es verdadero si separa o une lo que en la rea
lidad está ya unido o separado.
Hamelin hace a este propósito una observación: "Una de las
fallas esenciales de Descartes es el no haber advertido con perfecta
claridad todas las clases de falsedad que las ideas comportan, y el
haberlas sustraído al examen de su duda, no obstante todos los riesgos
de error que ellas suponen" 20.
Sin embargo, encontramos en las Méditations un pasaje bien
claro donde nuestro filósofo establece una posibilidad de equívoco en
las ideas. Veámoslo: "Aunque — como ya he dicho — sólo en los
juicios se encuentra la verdadera y formal falsedad, en las ideas en-

16Les Principes de la Philosophie, I, 2; en "Oeuvres et Lettres de Descar
tes", p. 571.
17Discours, III, p. 145.
18Méditations, III, p. 286.
19Méditations, III, p. 286.
20El Sistema de Descartes, Ed. Losada S. A., Buenos Aires, 1949, p. 122.
- 300 -

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sa ou anb o[ uB)uasajdaj opusna [Bija^Biu pspas[Bj B)jaia souiBJ)uoa

�miento en lo que en este momento me pasa y recuerdo que dur
miendo me frotaba los ojos para convencerme de que no estaba so
ñando, y me hacía las mismas reflexiones que despierto me hago
ahora. Eso me ha ocurrido muchas veces. De aquí deduzco que no
hay indicios por los que podamos distinguir netamente la vigilia
del sueño" 24.
Incluso debemos dudar de cosas que nos parecen firmes, como
las demostraciones matemáticas. Muchos hombres se equivocan en esa
materia 25.
Llevada a sus últimos extremos, la duda nos hace asomar a la
primera afirmación verdadera, que es, por eso mismo, el primer
principio de la filosofía: dudar significa pensar, pensar significa exis
tir. Cogito, ergo sum. Si pienso, quiere decir que existo. El yo es una
sustancia cuya naturaleza esencial es el pensamiento2G.
Nada es más fácil de conocer que mi espíritu. Y lo hago por
medio de la intuición 27, entendiendo por tal "la iluminación del es
píritu que permite a éste ver o la luz de Dios las cosas que éste quiere
revelarle: se adquiere por medio de la acción directa de la claridad
divina sobre nuestro entendimiento, el cual no debe confundirse en
esta función, como una fuerza activa, ya que se limita a recibir los
rayos que sobre él vierte la divinidad" 2S.
Hamelin afirma que el cogito es la verdad de un razonamiento
más que la de un juicio, y que constituye en el orden del pensamiento
una marcha del pensamiento al ser29.
La preocupación cartesiana de saber si nuestras ideas correspon
den a realidades, encuentra en el cogito su primer triunfo indudable.
Para decirlo con palabras de Husserl, el giro hacia el ego cogito
constituye la base apodícticamente cierta y última de todo juicio,
en la cual se debe fundamentar toda filosofía radical30.
Ha quedado determinada la estructura óntica del pensamiento.
Alcanzamos nuestro ser en la medida que pensamos. Bien dice Ha
melin que el ser que el cogito establece es el ser del pensamiento. Y
nada más. Conozco primero mi espíritu que mi cuerpo.
El mérito del descubrimiento cartesiano del pensamiento consis
te, según Louis Lavelle, no tanto en dar a nuestro ser propio un
carácter subjetivo, como abrirle un lugar, gracias a esta forma sub
jetiva, en el interior del ser absoluto, donde la presencia nos es
entonces revelada por la revelación de la existencia del yo 31.

24Méditations, I, pp. 268-9.
25Principes, I, 5.
26Discours, IV, pp. 147-8; Principes, I, 7: Méditations, II, pp. 274-5.
27Regles, III, p. 44.
28De la correspondencia de Descartes, citada por E. Cassirer, El Problema
del Conocimiento, Tomo I, p. 509. Cfr. Regles, III, p. 43 y XI, pp. 72-3.
29El Sistema de Descartes, p. 140 ss.
30Husserl, op. cit., p. 33.
31La présence totale, Ed. F. Aubier, París, 1934, p. 68.
- 302 -

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�Si el espíritu necesita adquirir un criterio para la certeza, es
debido a su imperfección. Y es imperfecto porque duda. La verdad
no se da directamente. Bien frecuentemente incurrimos en errores.
Tenemos propensión a recibir los datos sensibles como verdaderos,
cuando una actitud crítica ante los mismos descubre que muy asi
duamente nos engañan.
Por eso, el criterio de la verdad exige una garantía. Si soy un ser
imperfecto y puedo concebir lo verdadero, que es perfecto, se debe
a un ser superior a mí. Es decir, "un ser más perfecto que el mío".
Además, esa idea de la perfección no puede tener su origen en la
nada y tampoco puede depender de lo menos perfecto 38.
El único ser que puede proporcionar esa garantía es Dios. El
nos revela la verdad por medio de ideas claras y distintas.
La evidencia de la verdad sólo la confiere la razón, el enten
dimiento 39.
Si bien los sentidos intervienen en el acto cognoscitivo, concu
rren a título de auxiliares del entendimiento, la imaginación y la
memoria. Sólo la razón está en condiciones de decirnos si nuestras
ideas o nociones tienen algún fundamento de verdad 40.
En su oportunidad veremos el rol que desempeña la veracidad
divina en relación al problema de la existencia del mundo exterior.
Veamos a continuación la opinión cartesiana respecto del error.
Nos equivocamos debido a nuestra imperfección natural. El error
es un defecto 41. Se explica porque mi capacidad de pensar no es ili
mitada. Pero el error es igualmente una privación42; es decir, que no
pienso algo que podría y debería pensar.
Dios, suprema bondad y perfección, no puede querer que yo me
equivoque. Ocurre que, aparte de conocer, puedo elegir.
El libre arbitrio es amplio, y consiste en la facultad de poder
hacer una cosa o no hacerla, afirmar o negar, perseguir o huir de las
cosas que el entendimiento nos propone. Cuanto más nos inclinamos
a una cosa, tanto más libremente la elegimos o la abrazamos 43.
El entendimiento por sí solo no asegura ni niega nada; sólo
concibe las ideas de las cosas que puede afirmar o negar. El error
no proviene tanto del entendimiento como de la voluntad 44. Ella se
extravía con facilidad. Por extenderse a cosas que no entendemos, nos
conduce al equívoco.
Con todo, la pregunta inicial no ha sido respondida. ¿Cómo
siendo Dios la suma perfección y bondad puede permitir que usemos
nuestro libre arbitrio muchas veces en sentido diverso del de la
verdad?

38Discours, IV, p. 149.
39Discours, V, p. 152.
40Méditations, II.
41Méditations, IV, p. 302.
42Méditations, IV, p. 309.
43Méditations, IV, p. 305.
44Méditations, IV, p. 304.
- 304 -

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�teoría de las ideas
Los sentidos nada pueden decir sobre el ser, desde que sólo pro
porcionan "impresiones" momentáneas. Verdadero y falso son deter
minaciones del entendimiento.
Los contenidos de las cosas sólo pueden estar representados por
las ideas que provienen de nuestra propia capacidad de pensamiento.
Si bien se da en el sujeto, la idea es diversa de él y de lo que
ella representa. Representa, pues, una realidad distinta de la concien
cia. De ningún modo es una forma de ser del sujeto.
El ser de la idea no es el de un fenómeno, sino el de una esencia.
Hay tres clases de ideas: ficticias, adventicias e innatas49. Las
primeras son obra de nuestro espíritu. Las segundas proceden de ob
jetos que nos son exteriores. Y las últimas, como su misma denomi
nación lo está diciendo, han nacido con nosotros.
Esta división cartesiana de las ideas tiene el propósito de ave
riguar si ellas son capaces de dar testimonio de alguna existencia dis
tinta del sujeto que las concibe.
Las ficticias, por su propia conformación, no son de interés en
este sentido. Tenemos una inclinación natural a admitir como cierto
el contenido proporcionado por las ideas adventicias, factura de los
sentidos. Por las razones conocidas, la aceptación indiscriminada del
realismo sensible no es de recibo. Esas ideas, pues, son incapaces por
sí mismas de revelar una realidad ajena a la del sujeto. Resta, enton
ces, la elucidación del valor de las ideas innatas. Son inmutables, eter
nas y necesarias. Verbigracia, las nociones geométricas, los axiomas.
Descartes señala que las ideas pueden ser entendidas desde dos
puntos de vista. Por un lado, como modi cogitandi —modos de pen
sar. Como tales, son meros acontecimientos mentales. Este es su ser
subjetivo, su realidad formal.
Pero también es posible considerarlas como imagines rerum
—imágenes de cosas. A estas llama Descartes, con propiedad, ideas 50.
Por representar un objeto —cualquiera sea la naturaleza de éste—
la idea tiene un contenido que es real. Así mirada, la idea posee una
realidad objetiva.
Esta realidad objetiva no se da de igual forma en todas las ideas.
Las que representan sustancias tienen mayor realidad objetiva que
las que representan modos o accidentes. Tener más realidad objetiva
quiere decir participar de más grados de ser o perfección 51.
Toda idea tiene una realidad formal y un grado mayor o menor
de realidad objetiva. En tanto la pensamos, la tornamos presente al
entendimiento, aunque lo que la idea representa carezca de exis
tencia real. En tanto realidad formal, la idea tiene un ser en el pen
samiento.

49Méditations, III, p. 287.
50Méditations, III, p. 286.
51Méditations, III, p. 289.
- 306 -

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�Lo primero que captamos es el entendimiento. De él depende el
conocimiento seguro de todo lo demás.
Un pasaje de la Meditación III aclara más concretamente el tra
yecto gnoseológico de nuestro entendimiento: "En otro tiempo recibí
y admití como muy ciertas y manifiestas muchas cosas, reconocidas
después como dudosas e inciertas. ¿Cuáles eran esas cosas? La tierra,
el cielo, los astros y todas las percibidas por el intermedio de los sen
tidos. ¿Qué era en ellos lo concebido por mí clara y distintamente?
Bien sencillo: que las ideas o pensamientos de estas cosas se presen
taban a mi espíritu. No niego ahora que esas ideas se encuentran en
mí; pero entonces, había en ellas algo que yo tenía por seguro y que
las costumbres de creerlo me hacía imaginar que le veía muy clara
mente, aunque en realidad no lo percibiera; ese algo era la creencia
de que fuera de mí existían cosas, de las cuales procedían ideas se
mejantes a las realidades exteriores" 54.
Era inevitable el intermediario de la idea en una concepción que
opuso como dos sustancias irreductibles el espíritu y las cosas ma
teriales.
Cuando pienso una cosa, su ser no consiste en el hecho de ser
pensado, sino en la necesariedad con que las propiedades de esas cosas
se imponen a mí por medio de la idea.
El cogito obra como algo independiente de las cogitationes. Aquél
es el continente; éstas, su contenido. Sólo por la actividad de la con
ciencia se actualizan los objetos, a través de las ideas, que están en
su interioridad.
Los sentidas están inhibidos de representarnos las ideas de las
cosas tales como nosotros las formamos en nuestro pensamiento. Las
cualidades sensibles (dureza, sabor, olor, color, etc.) varían constan
temente sin que dejemos de pensar en el mismo objeto. Lo que cap
tamos en nuestras ideas pertenece, pues al propio espíritu.
Debemos recurrir a una parte de la Réponse au placard de Regius,
de Descartes, para abonar el presente desarrollo, y que es indudable
mente fundamental:
"... es únicamente la experiencia la que nos hace juzgar que
éstas o aquellas ideas, actualmente presentes en nuestro espíritu, se
refieren a algunas cosas que están fuera de nosotros; pero si juzgamos
así, no es en verdad porque esas cosas las hayan trasmitido a nuestro
espíritu por intermedio de los órganos de los sentidos tales como Ia3
percibimos, sino porque le han trasmitido a nuestro espíritu algo que
le ha servido de ocasión para que, por la facultad natural que él tiene,
las formara en ese momento y no en otro". "... lo único que los
sentidos pueden llevar, desde los objetos externos hasta el alma, son
ciertos movimientos corporales; pero ni esos movimientos ni las fi
guras que de ellos provienen, son concebidos por nosotros con la for
ma que afectan en los órganos de los sentidos..." "De donde se in-

54 Méditations, III, p. 284-5.
- 308 -

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uos snb jaaaa sa ajuaujoa 03 -soiustuí so^ ap Biouajsixa BAiioaja b[
jauodns souiaqap sodjano soj^ ap SBapi SBJjsanu soujBoqdxa bjb^
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anb a^qijaBj Anuí sa 'sBauxauioa^ sbjiiSij jbui^buii 9[qBp sa tg
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-od sa[BijajBiu sbsod sb[ 'uoiaBiipaj\[ j^ b^ ua oqaip Bisa 0U103
•C[qisiAtpui sa 'a|qiíciqaiui B[ íojiutjui ^b a^qísiAip sa [Baj upisuaxxa B3
•Bjuiisip A bjb[o Bapi Bun ap ojafqo [a sa BUBisaja^a umsua^xa B3
•uoisuajxa B[ ap sauoiaBuiuuaiap uos soxuaiuiiAoui A SBjni3 *9g osuax
-xa Bas ou anb odjana un ua JBSuad souiapod o^[ *soqaaq uBjsa sod
-jana so[ yeno b^ ap Biaua^sns Bun sa Bjsa anb Jiaap apand as 'unB sbj^[
•uoisuajxa B[ sa sod ja na so[ ap oidojd o\ anb JBpjoaaj aqap ag
•Biauaiauoa Bjjsanu ap optuajuoa
ye pBpqBsnBa ap oidiauod ^a BaqdB sajJBasaQ 'ojjBaijuaA bjb^
¿soquiB ap ajJBd^ sajBtj
-ajBiu SBsoa uajsix3? *sotq ap bj A o A jap Biauajsixa bj bA pjjsouiap
ag "DjJDqoud ouBsaaau sa sodjana soj ap BAijaaja Biauaisixa B3
•Bapi B[ ap S3ABJJ B 'dJUdUl
'Vjvipaui asjaaouoa apand ojos 'ajsixa is 'opunuí J3 'viouauafui Bun ap
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jod opBjjsouiap sq as Biauajsixa BAna 'njijjdsa jap Biauajajip y
¿Bsoa bj Bjsa Bapi bj ap SBJjap anb Bjn^as^ on^)? -oapi ns sa souiBjdBa
anb oj 'ajuauíBjaajip sojjaaouoa ap j^Snj ua is ajqisuajduioa oAns ap
Bjjnsaj ou anbjod 'BpBzij^uiajqojd Bpanb Biauajsixa ns 'soujajxa sojaC
-qo soj ap ojuatuiiaouoa ja jBJBaua ap BjauBiu Bjsa b opjanaB aQ
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uoa sajBJodjoa sojuaiuiiAoui sojjata ap uoisBao ua 'njuídsa ojjsanu
anb ap utj b 'sBpiaajBd SBsoa sbjjo sbjubj ap A sopiuos soj ap 'sajojoa
soj ap 'jojop jap SBapi sbj ojjas uaqap joAbui uoa anb A 'sojjosou ua
sbjbuui uos SBjn^ij sbj ap A ojuaiuiiAoui jap sBapi sbj Bjs^q anb

�El descubrimiento del cogito sirvió para demostrar la existencia
de Dios. La existencia de Dios permite demostrar la existencia del
mundo. Camino inverso al recorrido por el pensamiento escolástico.
La argumentación cartesiana reposa en dos nociones: la vera
cidad divina y las ideas claras y distintas.
"Yo me inclino a creer que el espíritu y el cuerpo son dos sustan
cias distintas, así como son dos esencias distintas. Pero para tener
el derecho de hacer extensivo a las sustancias lo que concibo en sus
esencias, para estar autorizado a tratar las sustancias como trato las
ideas claras y distintas, es necesario que sepa que las sustancias son
obra de Dios. Solamente porque son obra del pensamiento supremo,
responden infaliblemente a lo que mi pensamiento tiende a afirmar
de ellas"59.
Para expresar con otras palabras cuanto se lleva dicho, si Dios
no puede inducirnos sino a la verdad, es absolutamente cierto que a
la realidad objetiva de las ideas de los cuerpos, corresponde una rea
lidad formal exterior a la conciencia. Las cosas materiales existen.
Esta comprobación no comporta dar por sentado que los cuerpos
son del mismo modo como son percibidos por los sentidos. En rigor,
tampoco es necesario. Hay cosas que hacen esta percepción oscura y
confusa 60.
Malebranche no habrá de aceptar la demostración cartesiana, por
entender que es una inconsecuencia. Nosotros percibimos las cosas en
Dios, y la Visión en Dios es la única garantía que poseemos de las
cosas exteriores, a las cuales no solamente no podemos conocer en
forma directa —como dice Descartes— sino que su existencia nos es
imposible demostrar. Nuestro espíritu está unido a Dios, su creador,
y es en El que percibimos las ideas eternas e inmutables. Siendo las
cosas creadas según el modelo de las ideas, percibiendo las ideas co
nocemos la scosas. No hace falta analizar si realmente existen objetos
extensos fuera de nosotros, porque no razonamos sobre ellos, sino
sobre sus ideas 61.
La idea la vemos directamente en Dios; el juicio, en cambio, es
obra de nuestro espíritu, razón por la cual es pasible de equívocos.
En forma acertada critica Joseph Moreau esta doctrina que extre
ma el idealismo de Descartes. En efecto, si reducimos el proceso cog
noscitivo a una pasiva contemplación de esencias inmutables hipostasiadas en el entendimiento de la divinidad, queda excluida la actividad
constructiva del espíritu. Además, para que la trascendencia de lo
verdadero concuerde con el avance del pensamiento y el desarrollo
histórico del saber, es preciso afirmar que hay en Dios, no esencias
inmutables, sino la razón de lo que hay de verdadero en todos nues
tros juicios 62.

59Hamelin, O., op. cit. p. 262.
60Móditations, IV, p. 325.
61Malebranche, De la Recherche de la Verité, VI, 2, p. 244, de l'édition
G. Lewis.
62Moreau, J., La conscience et Vétre, Ed. Aubier, París, 1958, pp. 109 y 150.
- 310 -

�de la conciencia es su poder de relacionarse con un objeto, que no
es ella misma. Este objeto no le es inmanente ni trascendente. Su ob
jetividad es ideal. La conciencia sólo puede existir abierta al ser, de
modo inmediato. Vivir, para la conciencia, quiere decir trascenderse.
Las ideas evidentes al cogito no son modos de una sustancia, sino
los correlatos objetivos de una intención de carácter formal.
El momento intencional comporta dos aspectos distintos: el acto
intencional propiamente dicho, o noesis; y el contenido objetivo al
que apunta el referido acto, o noema.
A la conciencia no se da el objeto, sino el noema; no la cosa,
sino el "estado de la cosa". El acto noético no se atiene a referir sen
saciones sino también relaciones y esencias inteligibles. Toda evidencia
comporta una intención significante y la presencia de un objeto sig
nificado.
La materia aportada por los sentidos es "elaborada" y recibe un
significado en la conciencia, un sentido peculiar e intransferible.
La intencionalidad posee otra nota muy importante: toda ac
tualidad lleva implícita una infinidad de virtualidades pasibles de ser
realizadas por el yo.
Esta característica de la conciencia la dota de mayor profundidad,
porque le asegura una incesante renovación.
En definitiva, los objetos son constituidos a partir de la inten
cionalidad originaria de la conciencia.
Con Martín Heidegger, la fenomeología supera la etapa gnoseológica y se vuelca decididamente en la ontología. El fenómeno no re
mite al ser, sino que es el ser mismo.
Heidegger manifiesta que por la expresión "fenómeno" entiendo
lo que se muestra en sí mismo, lo patente 66. Y más adelante sostiene
que detrás del fenómeno no hay nada, sin que esto excluya la tras
cendencia ontológica. Claro que no están dados inmediatamente, y a
menudo aparecen encubiertos. Allí entra a cumplir su misión la feno
menología 67.
Lo que se muestra, entonces, es el ser de los entes mismos.
Reprocha a Descartes dejar indeterminado en su "cogito sum", la
manera de ser de la cosa pensante, o más propiamente, el sentido del
ser del "sum". No se formuló la pregunta por el ser, creyendo que
ella es clara y unívoca. Atribuyó al ente pensante el carácter de una
sustancia diversa de los cuerpos exteriores.
Para Heidegger, el yo y las cosas no son sustancias diversas. El
sujeto no está encerrado en sí mismo, sino que es su condición pri
mordial estar abierto al mundo. Lo propio del sujeto es existir, y el
de las cosas, ser dadas. Todo yo, o Dasein, tiene un ser "a ser". El de
las cosas está dado definitivamente.

66Heidegger, M. El Ser y el Tiempo, Fondo de Cultura Económica, México,
1951, p. 33.
67Heidegger, M., op. cit. p. 41.
- 312 -

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                    <text>- 96S •b n^ - a ^if *^ 'anbjjqnda^
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sa ojuaiuiiaouoo ja 'BnuaSuy BAijoadsaad Bun apsap opBjapisuog

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DUDIS94JDD

Dijoso|!j D| ue JOU94X8 opunuu pp Duue|qojd
dOSOlld MOS73N

�éste deba ser obligadamente real. Como decían los escolásticos, la
intentio formalis es el acto del espíritu que se aplica a un objeto.
Los objetos sensibles forman una de las categorías de lo que
conocemos. El problema consiste en determinar si el hecho de cono
cerlos implica que son. Si el estar presentes a nuestro espíritu es la
garantía de su realidad exterior.
El sentido común asegura que estos objetos existen en sí, inde
pendientes de todo pensamiento. Son sustancias extensas, diversas del
espíritu.
Pero la naturaleza no puede ser totalmente exterior al pensamien
to, porque entonces sería como si no existiera efectivamente3.
El conocimiento lleva implícita la vinculación del espíritu con
las cosas y solamente es posible si sujeto y objeto son términos co
rrelativos.
Si los objetos de la realidad sensible son en sí, ¿cómo pueden ser,
al propio tiempo, para nosotros? ¿Cómo lo exterior, extenso, puede
estar presente al espíritu, inextenso? ¿Cuál es el objeto inmediato de
nuestro espíritu cuando miramos alrededor nuestro?
Desde un enfoque realista, el objeto del pensamiento es distinto
e independiente del sujeto. Las cosas mismas, no sus ideas, son el
objeto inmediato de nuestra percepción.
Siendo así, ¿cómo podemos salir de nosotros mismos para percibir
objetos que nos trascienden?
Malebranche, de neta formación cartesiana, vio con claridad el
problema. Si la relación cognoscitiva implica un vínculo del pensa
miento con su objeto, esta misma vinculación exige que los polos sean
de una misma sustancia. El sujeto pensante sólo puede ser testigo de
sus propias modificaciones. No conoce las cosas, sino las ¿deas de las
cosas. Exclusivamente la idea puede representarnos una realidad dis
tinta de nosotros. Ella es diversa del sujeto cognoscente y de la cosa
que conocemos merced a su mediación. La objetividad, que es la
garantía de validez universal del conocimiento, se funda sobre las ideas
claras y distintas, y es lo máximo que puede alcanzar el pensamiento.
Este realismo de las dos sustancias —el del espíritu y el de la
cosa — excluye, en verdad, la vinculación inmediata del pensamiento
con el objeto exterior. El conocimiento sólo es posible, ahora, por
intermedio de la idea. Queda desechada toda intencionalidad. La re
lación de conocimiento se dará por el rodeo de la visión en Dios.
Los objetos sensibles son reducidos a participaciones de la natura
leza divina.
El conocimiento, en esta doctrina, es una contemplación pasiva
de esencias invariables. No hay una actividad constructiva del espíritu
en la operatoria cognoscitiva.
El percepcionismo encara la cuestión desde un ángulo totalmente

3 Lachelier, J., La nature - L'esprit - Dicu, Presses Universitaires de Francc,
París, p. 18.
- 296 -

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-auiui sbsoo sbj souiiqiajad sojjosou 'ojduiafa jod 'pjnBUjy un^ag
'soj2osou vuvd 4zaA bj b 'X ís ua
Bas ojafqo ja anb ua BunSjB pBjjnaijip Bjjuanaua o^[ 'oaua^ojajaq

�un conjunto de objetos. Es anterior y posterior al sujeto. Lo óntico
precede a lo gnoseológico.
La conciencia es una sustancia entre las sustancias. Una de sus
cualidades primordiales es la de dirigirse al objeto. El mundo le es
trascendente, en la misma medida en que cada una de las cosas que
lo integran son exteriores entre sí.
Para esta posición, la verdad se define como la concordancia del
entendimiento con la cosa. La emisión de un juicio con pretensión
de verdad exige su necesario soporte en la estructura de lo real. Las
relaciones del entendimiento deben corresponderse punto por punto
con las relaciones ya existentes entre los objetos de la realidad.
La misión de la ciencia consiste en hallar las coincidencias entre
las proposiciones lógicas y las estructuras ónticas.
La verdad, así comprendida, supone el dualismo de la represen
tación y del objeto. La verdad es definida por la realidad. El ser es
dado por supuesto. El conocimiento sería imposible sin la captación
de lo real.
La objetividad del pensamiento queda asegurada con el auxilio
de los principios de la lógica. Pensamiento correcto es sinónimo, en
tonces, de pensamiento verdadero. Y todo pensamiento verdadero,
directa o indirectamente, es el pensamiento de un objeto6.
La inmanencia, digamos así, es un producto de la trascendencia.
La filosofía posterior no habrá de aceptar pacíficamente este con
cepto de la verdad, basado en una presuposición del ser, porque es
el ser, precisamente, lo que se quiere buscar.
Como producto lógico, la verdad es una articulación coherente y
derivada de juicios, y éstos, a su vez, de concentos. El concepto es
producto de un intelecto que lo piensa. La realidad se reduce a la
verdad. La verdad, a la conciencia. A la trascendencia se llega, ahora,
por la vía ineludible de la inmanencia.
Según Spinoza, la verdad es una denominación interior al pen
samiento y no una relación con una realidad trascendente a la mente.
Si la idea es verdadera, debe tener un objeto que le es conforme 7.

EL PROPOSITO DE DESCARTES
Impulsó la elaboración cartesiana la inquietud por obtener para
el conocimiento humano un principio absoluto. La filosofía, como
ciencia universal sobre la que se basan las demás, debe estar fundada
con solidez. Esta finalidad corre serio riesgo de no ser lograda si no
aseguramos al pensamiento un camino que no conduzca al error.
A pesar de que todos los hombres poseen naturalmente la capa
cidad de juzgar con corrección, verificamos la existencia de una
múltiple variedad de opiniones resnecto de un mismo punto. Sucede
así porque no se han determinado las condiciones indispensables para

Gilson E., op. cit., p. 234.
Etica, I, Axioma 6.
- 29S -

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�Por otra parte, preside la disposición metódica el criterio de una
ciencia pura de las "relaciones" y "proporciones", que, en definitiva,
reposa en los conceptos de ordenación y medida. Sólo la matemática
estaba en condiciones de cumplir con esa exigencia.

LA DUDA Y EL ITINERARIO DEL MÉTODO
—A—
Para obtener una fundamentación absoluta del saber, es necesario
estar advertido de las causas que con frecuencia desvían al entendi
miento del derrotero de la verdad.
El filósofo se somete, por su propia voluntad, a los rigores de
una duda metódica en los comienzos de la investigación. Es preciso
dudar con sinceridad, siendo lícito tener tal actitud ante todas las
cosas susceptibles de conducirnos a equívocos lu.
La duda cartesiana, a diferencia de la profesada por los escépticos, es un severo medio de selección, que presupone de antemano
la verdad y la capacidad del entendimiento humano para llegar a
ella 17. Sólo radicalizando la duda queda demostrado el profundo sinsentido del escepticismo.
Pero esta refutación exige una previa actitud de cautela y me
sura en la formulación de los juicios provenientes de la investigación.
Algunos de los pensamientos son como las imágenes de las cosas.
A ellos aplica Descartes el nombre de ideas18. Tomadas en sí, sin
referirlas a ninguna cosa, las ideas no pueden ser falsas19. Sólo los
juicios son pasibles de error. Y el que con mayor asiduidad se da en
ellos, consiste en creer que las ideas que se encuentran en el enten
dimiento son semejantes o conformes a las cosas exteriores.
Descartes se atiene a la clásica definición de la verdad: adaequatio
intellectus et rei. Lo verdadero y lo falso se dan en el pensamiento
discursivo. Un juicio es verdadero si separa o une lo que en la rea
lidad está ya unido o separado.
Hamelin hace a este propósito una observación: "Una de las
fallas esenciales de Descartes es el no haber advertido con perfecta
claridad todas las clases de falsedad que las ideas comportan, y el
haberlas sustraído al examen de su duda, no obstante todos los riesgos
de error que ellas suponen" 20.
Sin embargo, encontramos en las Méditations un pasaje bien
claro donde nuestro filósofo establece una posibilidad de equívoco en
las ideas. Veámoslo: "Aunque — como ya he dicho — sólo en los
juicios se encuentra la verdadera y formal falsedad, en las ideas en-

16Les Principes de la Philosophie, I, 2; en "Oeuvres et Lettres de Descar
tes", p. 571.
17Discours, III, p. 145.
18Méditations, III, p. 286.
19Méditations, III, p. 286.
20El Sistema de Descartes, Ed. Losada S. A., Buenos Aires, 1949, p. 122.
- 300 -

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�miento en lo que en este momento me pasa y recuerdo que dur
miendo me frotaba los ojos para convencerme de que no estaba so
ñando, y me hacía las mismas reflexiones que despierto me hago
ahora. Eso me ha ocurrido muchas veces. De aquí deduzco que no
hay indicios por los que podamos distinguir netamente la vigilia
del sueño" 24.
Incluso debemos dudar de cosas que nos parecen firmes, como
las demostraciones matemáticas. Muchos hombres se equivocan en esa
materia 25.
Llevada a sus últimos extremos, la duda nos hace asomar a la
primera afirmación verdadera, que es, por eso mismo, el primer
principio de la filosofía: dudar significa pensar, pensar significa exis
tir. Cogito, ergo sum. Si pienso, quiere decir que existo. El yo es una
sustancia cuya naturaleza esencial es el pensamiento2G.
Nada es más fácil de conocer que mi espíritu. Y lo hago por
medio de la intuición 27, entendiendo por tal "la iluminación del es
píritu que permite a éste ver o la luz de Dios las cosas que éste quiere
revelarle: se adquiere por medio de la acción directa de la claridad
divina sobre nuestro entendimiento, el cual no debe confundirse en
esta función, como una fuerza activa, ya que se limita a recibir los
rayos que sobre él vierte la divinidad" 2S.
Hamelin afirma que el cogito es la verdad de un razonamiento
más que la de un juicio, y que constituye en el orden del pensamiento
una marcha del pensamiento al ser29.
La preocupación cartesiana de saber si nuestras ideas correspon
den a realidades, encuentra en el cogito su primer triunfo indudable.
Para decirlo con palabras de Husserl, el giro hacia el ego cogito
constituye la base apodícticamente cierta y última de todo juicio,
en la cual se debe fundamentar toda filosofía radical30.
Ha quedado determinada la estructura óntica del pensamiento.
Alcanzamos nuestro ser en la medida que pensamos. Bien dice Ha
melin que el ser que el cogito establece es el ser del pensamiento. Y
nada más. Conozco primero mi espíritu que mi cuerpo.
El mérito del descubrimiento cartesiano del pensamiento consis
te, según Louis Lavelle, no tanto en dar a nuestro ser propio un
carácter subjetivo, como abrirle un lugar, gracias a esta forma sub
jetiva, en el interior del ser absoluto, donde la presencia nos es
entonces revelada por la revelación de la existencia del yo 31.

24Méditations, I, pp. 268-9.
25Principes, I, 5.
26Discours, IV, pp. 147-8; Principes, I, 7: Méditations, II, pp. 274-5.
27Regles, III, p. 44.
28De la correspondencia de Descartes, citada por E. Cassirer, El Problema
del Conocimiento, Tomo I, p. 509. Cfr. Regles, III, p. 43 y XI, pp. 72-3.
29El Sistema de Descartes, p. 140 ss.
30Husserl, op. cit., p. 33.
31La présence totale, Ed. F. Aubier, París, 1934, p. 68.
- 302 -

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�Si el espíritu necesita adquirir un criterio para la certeza, es
debido a su imperfección. Y es imperfecto porque duda. La verdad
no se da directamente. Bien frecuentemente incurrimos en errores.
Tenemos propensión a recibir los datos sensibles como verdaderos,
cuando una actitud crítica ante los mismos descubre que muy asi
duamente nos engañan.
Por eso, el criterio de la verdad exige una garantía. Si soy un ser
imperfecto y puedo concebir lo verdadero, que es perfecto, se debe
a un ser superior a mí. Es decir, "un ser más perfecto que el mío".
Además, esa idea de la perfección no puede tener su origen en la
nada y tampoco puede depender de lo menos perfecto 38.
El único ser que puede proporcionar esa garantía es Dios. El
nos revela la verdad por medio de ideas claras y distintas.
La evidencia de la verdad sólo la confiere la razón, el enten
dimiento 39.
Si bien los sentidos intervienen en el acto cognoscitivo, concu
rren a título de auxiliares del entendimiento, la imaginación y la
memoria. Sólo la razón está en condiciones de decirnos si nuestras
ideas o nociones tienen algún fundamento de verdad 40.
En su oportunidad veremos el rol que desempeña la veracidad
divina en relación al problema de la existencia del mundo exterior.
Veamos a continuación la opinión cartesiana respecto del error.
Nos equivocamos debido a nuestra imperfección natural. El error
es un defecto 41. Se explica porque mi capacidad de pensar no es ili
mitada. Pero el error es igualmente una privación42; es decir, que no
pienso algo que podría y debería pensar.
Dios, suprema bondad y perfección, no puede querer que yo me
equivoque. Ocurre que, aparte de conocer, puedo elegir.
El libre arbitrio es amplio, y consiste en la facultad de poder
hacer una cosa o no hacerla, afirmar o negar, perseguir o huir de las
cosas que el entendimiento nos propone. Cuanto más nos inclinamos
a una cosa, tanto más libremente la elegimos o la abrazamos 43.
El entendimiento por sí solo no asegura ni niega nada; sólo
concibe las ideas de las cosas que puede afirmar o negar. El error
no proviene tanto del entendimiento como de la voluntad 44. Ella se
extravía con facilidad. Por extenderse a cosas que no entendemos, nos
conduce al equívoco.
Con todo, la pregunta inicial no ha sido respondida. ¿Cómo
siendo Dios la suma perfección y bondad puede permitir que usemos
nuestro libre arbitrio muchas veces en sentido diverso del de la
verdad?

38Discours, IV, p. 149.
39Discours, V, p. 152.
40Méditations, II.
41Méditations, IV, p. 302.
42Méditations, IV, p. 309.
43Méditations, IV, p. 305.
44Méditations, IV, p. 304.
- 304 -

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�teoría de las ideas
Los sentidos nada pueden decir sobre el ser, desde que sólo pro
porcionan "impresiones" momentáneas. Verdadero y falso son deter
minaciones del entendimiento.
Los contenidos de las cosas sólo pueden estar representados por
las ideas que provienen de nuestra propia capacidad de pensamiento.
Si bien se da en el sujeto, la idea es diversa de él y de lo que
ella representa. Representa, pues, una realidad distinta de la concien
cia. De ningún modo es una forma de ser del sujeto.
El ser de la idea no es el de un fenómeno, sino el de una esencia.
Hay tres clases de ideas: ficticias, adventicias e innatas49. Las
primeras son obra de nuestro espíritu. Las segundas proceden de ob
jetos que nos son exteriores. Y las últimas, como su misma denomi
nación lo está diciendo, han nacido con nosotros.
Esta división cartesiana de las ideas tiene el propósito de ave
riguar si ellas son capaces de dar testimonio de alguna existencia dis
tinta del sujeto que las concibe.
Las ficticias, por su propia conformación, no son de interés en
este sentido. Tenemos una inclinación natural a admitir como cierto
el contenido proporcionado por las ideas adventicias, factura de los
sentidos. Por las razones conocidas, la aceptación indiscriminada del
realismo sensible no es de recibo. Esas ideas, pues, son incapaces por
sí mismas de revelar una realidad ajena a la del sujeto. Resta, enton
ces, la elucidación del valor de las ideas innatas. Son inmutables, eter
nas y necesarias. Verbigracia, las nociones geométricas, los axiomas.
Descartes señala que las ideas pueden ser entendidas desde dos
puntos de vista. Por un lado, como modi cogitandi —modos de pen
sar. Como tales, son meros acontecimientos mentales. Este es su ser
subjetivo, su realidad formal.
Pero también es posible considerarlas como imagines rerum
—imágenes de cosas. A estas llama Descartes, con propiedad, ideas 50.
Por representar un objeto —cualquiera sea la naturaleza de éste—
la idea tiene un contenido que es real. Así mirada, la idea posee una
realidad objetiva.
Esta realidad objetiva no se da de igual forma en todas las ideas.
Las que representan sustancias tienen mayor realidad objetiva que
las que representan modos o accidentes. Tener más realidad objetiva
quiere decir participar de más grados de ser o perfección 51.
Toda idea tiene una realidad formal y un grado mayor o menor
de realidad objetiva. En tanto la pensamos, la tornamos presente al
entendimiento, aunque lo que la idea representa carezca de exis
tencia real. En tanto realidad formal, la idea tiene un ser en el pen
samiento.

49Méditations, III, p. 287.
50Méditations, III, p. 286.
51Méditations, III, p. 289.
- 306 -

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�Lo primero que captamos es el entendimiento. De él depende el
conocimiento seguro de todo lo demás.
Un pasaje de la Meditación III aclara más concretamente el tra
yecto gnoseológico de nuestro entendimiento: "En otro tiempo recibí
y admití como muy ciertas y manifiestas muchas cosas, reconocidas
después como dudosas e inciertas. ¿Cuáles eran esas cosas? La tierra,
el cielo, los astros y todas las percibidas por el intermedio de los sen
tidos. ¿Qué era en ellos lo concebido por mí clara y distintamente?
Bien sencillo: que las ideas o pensamientos de estas cosas se presen
taban a mi espíritu. No niego ahora que esas ideas se encuentran en
mí; pero entonces, había en ellas algo que yo tenía por seguro y que
las costumbres de creerlo me hacía imaginar que le veía muy clara
mente, aunque en realidad no lo percibiera; ese algo era la creencia
de que fuera de mí existían cosas, de las cuales procedían ideas se
mejantes a las realidades exteriores" 54.
Era inevitable el intermediario de la idea en una concepción que
opuso como dos sustancias irreductibles el espíritu y las cosas ma
teriales.
Cuando pienso una cosa, su ser no consiste en el hecho de ser
pensado, sino en la necesariedad con que las propiedades de esas cosas
se imponen a mí por medio de la idea.
El cogito obra como algo independiente de las cogitationes. Aquél
es el continente; éstas, su contenido. Sólo por la actividad de la con
ciencia se actualizan los objetos, a través de las ideas, que están en
su interioridad.
Los sentidas están inhibidos de representarnos las ideas de las
cosas tales como nosotros las formamos en nuestro pensamiento. Las
cualidades sensibles (dureza, sabor, olor, color, etc.) varían constan
temente sin que dejemos de pensar en el mismo objeto. Lo que cap
tamos en nuestras ideas pertenece, pues al propio espíritu.
Debemos recurrir a una parte de la Réponse au placard de Regius,
de Descartes, para abonar el presente desarrollo, y que es indudable
mente fundamental:
"... es únicamente la experiencia la que nos hace juzgar que
éstas o aquellas ideas, actualmente presentes en nuestro espíritu, se
refieren a algunas cosas que están fuera de nosotros; pero si juzgamos
así, no es en verdad porque esas cosas las hayan trasmitido a nuestro
espíritu por intermedio de los órganos de los sentidos tales como Ia3
percibimos, sino porque le han trasmitido a nuestro espíritu algo que
le ha servido de ocasión para que, por la facultad natural que él tiene,
las formara en ese momento y no en otro". "... lo único que los
sentidos pueden llevar, desde los objetos externos hasta el alma, son
ciertos movimientos corporales; pero ni esos movimientos ni las fi
guras que de ellos provienen, son concebidos por nosotros con la for
ma que afectan en los órganos de los sentidos..." "De donde se in-

54 Méditations, III, p. 284-5.
- 308 -

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�El descubrimiento del cogito sirvió para demostrar la existencia
de Dios. La existencia de Dios permite demostrar la existencia del
mundo. Camino inverso al recorrido por el pensamiento escolástico.
La argumentación cartesiana reposa en dos nociones: la vera
cidad divina y las ideas claras y distintas.
"Yo me inclino a creer que el espíritu y el cuerpo son dos sustan
cias distintas, así como son dos esencias distintas. Pero para tener
el derecho de hacer extensivo a las sustancias lo que concibo en sus
esencias, para estar autorizado a tratar las sustancias como trato las
ideas claras y distintas, es necesario que sepa que las sustancias son
obra de Dios. Solamente porque son obra del pensamiento supremo,
responden infaliblemente a lo que mi pensamiento tiende a afirmar
de ellas"59.
Para expresar con otras palabras cuanto se lleva dicho, si Dios
no puede inducirnos sino a la verdad, es absolutamente cierto que a
la realidad objetiva de las ideas de los cuerpos, corresponde una rea
lidad formal exterior a la conciencia. Las cosas materiales existen.
Esta comprobación no comporta dar por sentado que los cuerpos
son del mismo modo como son percibidos por los sentidos. En rigor,
tampoco es necesario. Hay cosas que hacen esta percepción oscura y
confusa 60.
Malebranche no habrá de aceptar la demostración cartesiana, por
entender que es una inconsecuencia. Nosotros percibimos las cosas en
Dios, y la Visión en Dios es la única garantía que poseemos de las
cosas exteriores, a las cuales no solamente no podemos conocer en
forma directa —como dice Descartes— sino que su existencia nos es
imposible demostrar. Nuestro espíritu está unido a Dios, su creador,
y es en El que percibimos las ideas eternas e inmutables. Siendo las
cosas creadas según el modelo de las ideas, percibiendo las ideas co
nocemos la scosas. No hace falta analizar si realmente existen objetos
extensos fuera de nosotros, porque no razonamos sobre ellos, sino
sobre sus ideas 61.
La idea la vemos directamente en Dios; el juicio, en cambio, es
obra de nuestro espíritu, razón por la cual es pasible de equívocos.
En forma acertada critica Joseph Moreau esta doctrina que extre
ma el idealismo de Descartes. En efecto, si reducimos el proceso cog
noscitivo a una pasiva contemplación de esencias inmutables hipostasiadas en el entendimiento de la divinidad, queda excluida la actividad
constructiva del espíritu. Además, para que la trascendencia de lo
verdadero concuerde con el avance del pensamiento y el desarrollo
histórico del saber, es preciso afirmar que hay en Dios, no esencias
inmutables, sino la razón de lo que hay de verdadero en todos nues
tros juicios 62.

59Hamelin, O., op. cit. p. 262.
60Móditations, IV, p. 325.
61Malebranche, De la Recherche de la Verité, VI, 2, p. 244, de l'édition
G. Lewis.
62Moreau, J., La conscience et Vétre, Ed. Aubier, París, 1958, pp. 109 y 150.
- 310 -

�de la conciencia es su poder de relacionarse con un objeto, que no
es ella misma. Este objeto no le es inmanente ni trascendente. Su ob
jetividad es ideal. La conciencia sólo puede existir abierta al ser, de
modo inmediato. Vivir, para la conciencia, quiere decir trascenderse.
Las ideas evidentes al cogito no son modos de una sustancia, sino
los correlatos objetivos de una intención de carácter formal.
El momento intencional comporta dos aspectos distintos: el acto
intencional propiamente dicho, o noesis; y el contenido objetivo al
que apunta el referido acto, o noema.
A la conciencia no se da el objeto, sino el noema; no la cosa,
sino el "estado de la cosa". El acto noético no se atiene a referir sen
saciones sino también relaciones y esencias inteligibles. Toda evidencia
comporta una intención significante y la presencia de un objeto sig
nificado.
La materia aportada por los sentidos es "elaborada" y recibe un
significado en la conciencia, un sentido peculiar e intransferible.
La intencionalidad posee otra nota muy importante: toda ac
tualidad lleva implícita una infinidad de virtualidades pasibles de ser
realizadas por el yo.
Esta característica de la conciencia la dota de mayor profundidad,
porque le asegura una incesante renovación.
En definitiva, los objetos son constituidos a partir de la inten
cionalidad originaria de la conciencia.
Con Martín Heidegger, la fenomeología supera la etapa gnoseológica y se vuelca decididamente en la ontología. El fenómeno no re
mite al ser, sino que es el ser mismo.
Heidegger manifiesta que por la expresión "fenómeno" entiendo
lo que se muestra en sí mismo, lo patente 66. Y más adelante sostiene
que detrás del fenómeno no hay nada, sin que esto excluya la tras
cendencia ontológica. Claro que no están dados inmediatamente, y a
menudo aparecen encubiertos. Allí entra a cumplir su misión la feno
menología 67.
Lo que se muestra, entonces, es el ser de los entes mismos.
Reprocha a Descartes dejar indeterminado en su "cogito sum", la
manera de ser de la cosa pensante, o más propiamente, el sentido del
ser del "sum". No se formuló la pregunta por el ser, creyendo que
ella es clara y unívoca. Atribuyó al ente pensante el carácter de una
sustancia diversa de los cuerpos exteriores.
Para Heidegger, el yo y las cosas no son sustancias diversas. El
sujeto no está encerrado en sí mismo, sino que es su condición pri
mordial estar abierto al mundo. Lo propio del sujeto es existir, y el
de las cosas, ser dadas. Todo yo, o Dasein, tiene un ser "a ser". El de
las cosas está dado definitivamente.

66Heidegger, M. El Ser y el Tiempo, Fondo de Cultura Económica, México,
1951, p. 33.
67Heidegger, M., op. cit. p. 41.
- 312 -

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                <text>El problema del mundo exterior en la filosofía cartesiana</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , Marzo 1960, Nº 18 : p. 295-313</text>
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                <text>Publicación Periódica</text>
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