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                    <text>S.L\.RA \ i.\Z FERRE IRA DE ECHE\i.l.\RRf A

,

Carlos Vaz Ferreii·a
Vida, Oh1·a, Pe1·sonalidad
•

•
•

199.895
'Ja z
r. Vaz
ej.2

•

,

Apartado de la " ReYistn Tlistóricn"
Ton10 LIII - Nú1n e ros 157 - 159

•

•

MONTEVI DEO

,.

�•

�199 895 VA? Vaz
FHCE/113475
j

Carlos V,a z Ferreira

1 111 i

AJ&gt;f 'fUJ..10

J:J io f t rlt f irt

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1'ª elres

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a·rlos 1' ctz li"e1·1·ei1·ct

1

arios Vaz Ferrr-dr~t J1nció e11 1:011tevid o J 15 1
octt1l&gt;re el 1872. J1 t1ero11 st1s 11a&lt;lr . Ja11uel Vaz !1 e1·r ira
' rit111clo ll ' Vale11~a cl&lt;J ii11}1c, (I ortttg&lt;1l), J"' J3el '11 l{ilJ iJ'c), ele ase 11clc11cia es1Ja11ol[t y }Jo1·t t1gu esa . ursó estt1d ios
JJ1·imarios et1 casa &lt;le stts PllllreR bajo la &lt;lir 3 cción ele l1istintos milest1·os. I11g1·e 6 a 1~1 11i\1 -i1· itlacl t1 1888 y , lt1e r &gt;
c.l:.. i·e!tliz:.tI' co11 J,rillo . ti· e tttc.lio s '.}ct111clario se g1"adt16
el\ ~lbog:.tclo e11 la liact1ltall lle 1er:i110 n 9 3. E11 1897
g:111ó 1)&lt;)1· co11ct11·so la '{t t clr[t de Filo ofía e a U11i\1 ersicl~1tl, u lo. \1ei11tici11co afio &lt;.l
da&lt;l. revelánclose ya corn&lt;J 1111 :1gt1&lt;Jo ..-·1)osito1· filo. ófico . r (lefi11ie11do además, el
JJ lrfil lit' tt original }Je1·so11alic1:lcl s¡Ject1lati\ra. La cátedra
ft1 • el el 11tonces, su mollo norml1l de cxp1·e ió11. El JJrofesor 11re\7 ~l1eció sobre tocia otr:1 forma ele manife tarse
.. 11 SJJírittt crendo1·. La mnj 0r J)arte ele sus libros . a11tes
&lt;1t1 tlscritos, fuero11 expt1c t(JS e11 ln. c{lte&lt;lra.
'u estilo ftte in1a?1tnc1c) JJOr esta mn11'cra ele exp1'e ri r
st1 ¡Je11san1it-i11to. U11an1t1110 Jo 11e1·cibi6 mt1j1 bien hace má
ele ci11ct1 11 ta años, ct1a 11 do '.) 1 filó of &lt;1 t11·t1gt1a) 0 i11 iciaba s tt
&lt;)br~t ele 1)et18ado1·. Stt lilJro , clice. parece11, in{1s que esrito . halJ):1clos: -;.1 • a tra\réQ &lt;lel lilJ1·0, se 0~1 e la \roz clel
Jl1·of ._,01-. lle ahí. agrega el e11ca11to ele s11 estilo ele ap,11·i ílJ1 i~1 cle8ct1idacla.
1

1

1icdaclu1nos esta biog rafía para la 1 l~ di ci o 11 JI0111c naje el e la
an1n1·a d .. l:leprese11tantes d e la l{epúblic a Ori ~ ntal del ru g ua)', d e
l !157. e puhl i 6 en sus l!l Yol ú1n llCS . JGn la 2\l l~dició11 r.101n e naje
de ln ( ún1nra de Jle11resentn11tPs d e la l{epúblicn Ori e ntal d el
rugun v (1!)63) se publicó tan1biiSn en los 2:- ton1os .
t

17

113475

�254

lt 1~\1 ISTA JIISTÓ I~ IC i-\

Vaz Fe1·reira se consagró a lc.1 tarea doce11 te co11 ace11drada dedicación; )', co11scientemente. e11 perj t1icio de st1
obra original de pt1blicista. Sacrificó a su anhelo ci,e ei1señar -en el hondo sentido- tocla otra preocupació11. E
bien elocuente, a este respecto, la liste:1 ele los cargos qt1e
ha desempeñado.
'Trofeso1- de Filosofía en Preparatorios. ( 1897 - 1922) .
-Miembro del ConRej o Directi\"'O ele I11strt1cció11 P1·imaria (1900-1915).
_ Decano de PreparatorioR de 1~1 U11iversidad de 1\iontevideo. (1904 - 1906).
'- Maestro de Conferencia8 e11 la U11i\ ersiclad de i\1ontevideo. (1913 hasta 1958).
_ProfesoI' de Filosofía del Derecho e11 la Fact1ltc.1cl
respectiva. (1924 - 1929).
Rector de la U11iversidad por tres períodoR. ( 1929 1930, 1935 - 1938 y 1938 - 1943).
Director de la Facultad de H11ma11idades )' Ciencias.
(1946 - 1949).
Decano de la misma por dos períodos consect1tivos.
(1952 - 1955 y 1955 hasta 1958).
Esta excepcional dedicación a la enseñanza pública.
ejercida sin pausas y, simultáneamente, desde la cátedra
y desde la dirección de los organismos docentes, ha deparado a su obra singular influencia en la formación intelectual y mo1·al de la j uve11tud, y ei1 cliversos e importantes aspectos de la evolución del país.
El gobierno nacional, por dos veces, le ha i·endido el
homenaje de designarlo po,. Ley para ocupa1· un alto cargo docente: en 1913 u11a ley especial creó la Cátedra Libre de Conferencias, designándolo para i·egentarla poi·
tiempo indeterminado y si11 limitación alguna de 01·de11
estatutario; posterio1·mente, en 1916, al plasmar en ley el
proyecto de Vaz Fer1·eira de creación de la Facultad de
Humanidades y Ciencias, la ley q11e creó el i1uevo Instituto le designó s11 primer Director por el término de cuatro
años.
En todos los cargos que desempeñó ft1e un funcionario modelo en el auténtico sentido de la palabra. Su cledicación es irreprochable y su independencia, ejemplar ~·
aleccionante. El funcionario encarna, e11 el cumplimiento
de sus cometidos, la filosofía de la conducta q11e el filósofo-moralista postula en sus libros.
Actualmente, a los 85 años de edad, ejerce, con el
mismo celo de toda s11 vida, la Cátedra Libre de Confe1

�i·e11cias ~/ el Decanato de la Facultacl de Humanidades 'l
Cie11cias.
~
Su obra ha sido vasta y múltiple, lo cual se correspo11de con st1 t1niversal pe1·so11alidacl ele pensador: filósofo, psicólogo, sociólogo, crítico ele arte y enamorado lle
la. música, ha sido t1110 &lt;le st1R mits fi11os, profundos y lttcidos sentido1·es.
Cua11do Vaz Ferreira lleg·a a la cátedra de Filosofía
e11 1897, el Urugua)r se halla embanclerado, a través de
sus m{ts calificados órga11os ele expreRión, en el positivismo filosófico. Vaz Ferreira, más qt1e t1na filosofía nt1eva,
introdt1jo en la enseñanza t111a postura independiente y
abierta, fuertemente crilicist't y espect1lativa, condenato1·ia de todos los dogmatismos lle esct1ela. Esta actitt1cl,
me11tal y moral, presidirá lt1eg·o, si11 fisuras, toda la prodt1cció11 vazferreiriana.
Nada hay más opt1esto al pensamiento filosófico ele
\Taz Ferreira que el espíritt1 sistemítiico de dogma o esct1ela. En vano se rastrearía en su vastísima producción
-sea ella de filosofía pt1ra o metafísica, de ética o estética, &lt;le filosofía de la religión o de filosofía jurídica y
socic.11 o de pedagogía- la mits leve clat1dicació11 de st1
actitt1cl mental para aborda1·, esclé1recer y, ei1 st1 caso, resolve1· ninguna ct1estión.
Su bibliog1·afía es mt1y amplia. lle aqt1í lc1 lista ele
. us pri11cipales obras:
Cu1·so de Psicología eleme11tal. ( 1897) .
Icleas y obse1·vaciones. ( 1905).
Los problemas de la libertacl. ( 1907).
Conocimiento y acció11. En los márgenes de la ''Experie11cia i·eligiosa'' de W. J 'lmes. Sobre el carácter. U 11
pa1·alogismo de actt1alidad. Psicogra,m as. U11 libro ft1turo.
Reacciones. Cie\1cia y Metafísica. (1908).
Moral pa1·a intelectuales. (1909).
Lóg·ica viva. ( 1910).
Lecciones sobre pedagog·íct )1 c11estiones ele ei1señanza.
(1918).
Sobre la propiedad ele la tierra. ( 1918).
Sob1·e la percepción métrica. ( 1920).
Sobre los p1·oblemas sociales. (1922).
Sob1·e el feminismo. ( 1933).
¿ Cuítl es el signo moral de la inqt1ietud ht1mana?
(1936).
Fermentario. ( 1938).

�R J~\TIST A 1llST()fl1 ('' .. \

Trasce11dentalizaciones n1aten1ilticas ilegíti1nas ·~l falacias co1·relacionadas. ( 1940).
La actual c1·isis del mu11do descle el pt111to de \rista
i·acional. (1940) .
Algunas conferencias sobre tem&lt;1s científicos, artísticos y sociales (lu serie). (1956).
Los problemas de la libertacl J' los del cletermi11ismo.
(1957).
Como filósofo ha logrado u11 estilo propio, origi11al,
de peculiar vigo1· expresivo. Se ha dicho de él que e11 el
orden ''de la comunicación abstracta de icleas no hajr ejemplo en nt1estro idioma de 1111 estilo más difere11ciado ~r
caracte1·ístico dentro de la ex¡Jresión filosófica''.
Otra peculiaridad de s11 producción filosófica es st1
fuerte impregnación científica. La cie11cia pura ha te11ido
en Vaz Ferreira uno de st1s más calificados i11térprete~
y un eximio y sagaz i·ectificador de las trascendentalizaciones ilegítimas de los hombres de cie11cia.
En el plano de la aportación de la filosofía a los problemas estéticos, ha realizado estudios de la más alta
calidad, tanto por la profundidad de sus pla11teos como
poi· el don de claridad, e11 cuyo mérito, las más abstrusas
cuestiones se transparentan en un léxico diáfano de singular expresividad.
Vaz Feri--eira, ocioso es decirlo, es un humanista at1téntico. La sentencia de Terencio parece escrita para definirlo: ''Horno sum; humant1m nihil a me alienum puto.,.
Ha demostrado siempre preocupación por lo concreto, por
lo inmediato, a1·ista singular en u11 espíritu esencialmente
especulativo, que ha colocado en el más alto plano la i·elevancia y la eficacia de los estuclios desinteresados.
Este perfil de su pe1--so11alidad ha sido abonado por
numerosos ejemplos, de hecho, a lo largo de su dilatada
vida. Como hombJ·e práctico luchó más de treinta años
poi· la implantación en el país de la Facultad de Humanidades y Ciencias. Un día su entrañable iniciativa se transforma en ley. Llamado luego a presidir los destinos de la
nueva institución, el filósofo socrático qt1e hay en él, fue
el fervoroso defensor del saber desinteresado. Definió la
orientación del nuevo centro de estudios del siguiente modo: ''Un claustro de ejercicios espirituales donde se estt1die
por el estudio mismo, por el placer y la superioridad del
estudio, de la cultura y del trabajo espiritual desinteresado''.

�•

CA R. l.JOS \ 1 A 7, JI" I~ R REI ]{ J\

2 !i 7

El filósofo, a travéR del profesor, ha siclo t111 educa,jor c.!e excepción. St1 obra e11 esta materia i10 tiene parangon. HH. abarca&lt;lo todas las i·amas de la ensefíanza:
p1.. jmaria, sect111daric1 ~r st1perior. Y, desbordando la enseñanza oficial, reg·lamentacla, clesde st1 C{1tedra I.,il)re de
C.onferenc~aS h~ Si(lO inst1perable órgano de Ct1ltt1ra Sllpe1"10~"· La d1vers1dad ~le os tema s examinados en ellél y la
cal1clacl ele 108 estudios rea izac os le co11fiere11 u11a jerarquía clifícil de igualar. Lo. más herméticos problemas
n1etafísicos y estéticos, así como las teorías científicas
st1rgiclas n la lt1z e.le los má
. recientes clescubrimie11to. '
ha11 ocur&gt;ado la ate11ción clel ilt1strc profesor. También, to(Jas las mri11ifestacio11es ele la cre&lt;1ciói1 artística, es1)ccialn1e11te la })Sico]{)g·ía ele la. creación y ele la crítica, así como
importa11tes problema:.; ele filosofía j uríclica y del orde11an1ie11to económico ~, ~ocial de la comu11icl&lt;1cl. Todo ello,
co11 ejemplar probiclacl intelectt1¿1l ~l at1stcro rigor científico. Esta ímproba lc1bor Re hé\ concle11sado en difere11tes
obraR, algt1nas yét publicaclas ~1 otras qt1c \rieron la luz
e11 l'l edició11 ele st1s escritos l)t1blicaclos ei1 1957.
Debe clestacarse. aclemás. el lt1g,1r promine11te qtte corres1Jo11cle a los problemas morales en la vicla ~1 en la obra
\raz f errei ria lla. Des provisto e.le co11 \'Íccio11cs i~eligiosa.s, h&lt;t
colocado e11 l&lt;t cun1bre ele ]¿1 jerétrquía axiológica lo~ valor s ~ticos, si11 sacrificar a i1i11gt1110. E11 lo moral, ha siclo
el a)Jóstol clel homl)re i11tegral c¡t1e, e11 t111 esftterzo poco
pensa}Jle, lleva de fre11te toclo: los ideales co11 los co11sig11ientes co11flictos éticos, con a11g·t1stia y remordimic11to:
''Cristos osctiros, si11 coro11é1 i1i sacrificios ... ''.
El sabio. dice, 110 retrocecle é111te i1i11gu11a ct1estió11.
Y en el 01·clen mor&lt;ll: '' ... l;1 co11clt1cta sincera por ¡)arte
ele los hombres ele }Je11 "amie11to. es la conclició11 m{t.. i11llis¡Je11sable clcl 111ejorc1mie11to i11telectL1al y moral". 1~11 st1
c&lt;1so, así como el edt1caclor es i11 epaealJle clel filósofo, el
homlJrc lo es del fjlósoro &gt;r clel C(lucador.
Su viclé1 a1Jostol iza st1 ética. Ei1 e. te ~e11 ti do se ¡)uecle
clecir, si11 distorsió11 clel lengtta.ie, l{ttc Vtl7. Ferreir&lt;l es el
}Jrimero Jr el mejor de RllS cli .. cí1&gt;t1los. l!il itinerario de st1
vida p(1blica )r pri\raclél reproclt1ce. si11 t111a cleflexió11, las
m~1s exig·e11tes pt1ntt1alizaciones éticas del filósofo.
A partir ele 1950, empezó, e11 st1 Cciteclra, t1n tré1lJajo
de revisió11, cle1)uració11, selecció11 y sí11teRis de . t1s obras,
110 ce1·rac.lo a(111. Paralelame11te, st1rgieron e11 las esferas
ele gobier110 movimie11to. te11clientes a la pt1blicación ele
.. t1s li})ros. Frt1straclas e. tas i11iciativas. Vaz Ferreira co11-

�? .. 8

-"

RE,"IST.t\ HISTÓRICA

tint1ó su tarea, que cristalizó parcialmente co11 la pt1blicación de varias obras, en la Biblioteca Filosófica de la
Editorial Losada, de Buenos Aires. Por su parte, el Gobierno Argentino, lt1ego de recaba1· jr obte11er el conse11timiento del auto1·, publicó una 11ue\ a edició11 del lib1·0
A101·al pc11·a i1itelectita les . Con an terio1·idad la BiblicJteca
Artigas (Colección de Clásicos U1·ugt1a) 0s) había i·ein1preso algunos títulos. La Cámara de Rep1·esentante. del
U1·uguay dio cima en 1957, al inte11to de edita1· las ob1·as
éditas e inéditas del il11stre filósofo.
La iniciativa fue tomada por u11 grt1po de Dipt1tado
de distintos sectores políticos: Jorge L. Vila, 1vV{\shi11gto11
Beltrán, Artt1ro J. Dt1bra, Vena11cio Flores, Zelmar l\fichelini, Carlos Migt1es Ba1·ón, A. Francisco Roclrígttez C~1musso, Adolfo Tejera y José E. Urrt1tia Serrato, ei1 cu~ro
fundamentos se expresa ''que el más grande y j t1sto homenaje que puede realizarse a t1n hombre de la jerarquía
intelectual de Vaz Ferreira, es la pt1blicación de st1 obra".
Se ha prescindido en esta pt1blicación de los lilJro~
juzgados por el autor inconclt1sos o ya sobrepaRaclos. Esta edición de 19 volúmenes, cuidadosamente revisacla por
el autor, puede así consider·arse st1 obra completa.
1

1

�CAPÍTULO II

Co11sideracio1ie.s Previas
Los a11tigt1os a severaba11 que 110 se clebe hablar de los
clemás ni de s í miRmo: ei1te11dem os qt1e m e11os aú11 de lo
¡Jropio. Si11 embarg·o h em os ele explicar, f r ente al tema:
Sob·re Carlos Va :z F'erreirct : l' iclct . Obra. P erso11alidad 1o
&lt;Jtle ht1biér amos qt1erido hace r, si11 co11seguirlo, y lo qt1e
creemos haber log·rado realiza r.
. A spirábamos a formt1lar t111 trabajo qt1e compre11cl1eré1 :
E11 ct1anto a la vida: i1t1estr os rect1erclos, personales
~r fami lia1·es , como testig·os ficledig·11os ele s t1 diario existir.
En ct1anto a la obra, t1n ec;tt1clio completo de cada
ttna ele ellas, abarca11do, en t111 pl&lt;111 qt1e 110 es i1t1estr o,
pero que l1 t1biéramos cleseado e t1m ¡Jl ir, la g·é11esis, planeamiento, eject1ción ·~/ estilo, m{l!) t1n'1 crít ica positiva de la
ob1"a en general.
E11 ct1a11to a la p e1·so11a liclacl, t111a ¡Jroftt11 clizació11 a 11álog&lt;.l, sal''º la difer e11cia ele e~ca la, a 1~1 qt1e \rerifica Vaz
Ferreir&lt;t t1an c.lo estt1cli a &lt;l t111 g·ra11cle J1 omlJr e. Nt1estro
filósofo (lio e11 1D2·4 - 25 t111&lt;1 serie ele co11ferencias (no se
recogieron taqt1igráfica1ne11te: como ta11taR otras se fuero11 en palabraR) qt1e clc11omi11ó: "El lio1nl&gt;1·e de los gra¡l-

cle.-; /1ortzb1 ·es''. :!
El estt1dio i11cltl:\'Ó &lt;1 Beethove11 , Goethe, Tolslo}T· Antes, en 1920, l1é1bía estt1cliaclo l&lt;1 p ersonalidad de Nietzsche.
Ei1 toclos estos casos - e11 otros ¡Jarecidos- el procedimie11 to em¡Jleaclo par&lt;l a ho11clar e11 t111 a inclividualiclad
es i11vaJ·ialJlerne11te el mis1no -a11{tlog·o ¡Jor lo demás, co1no \'eremos, &lt;tl qt1 e s ig t1e ¡)are:t µe11ctrar en t111 problema- .
J~mpieza ¡)or co11ocer toclo lo relati,·o él ella: la obra y la
J)ersona pero, en t111 momento claclo, presci11de de lo exterio1· ,, veri ficél 11na exploració11 en la per so11alidad misma
}Ja1·a. • i11te11tar capta1· s t1 esenci&lt;1. Y se l)lJsel'\'él en seguida
qt1e en esa s11 ¡Jroft1ndizació11 lo i11telectue:1l le i11ter csa 8ólo
2 Ot1·os t ít ul os posibles: " l~ I ho1nbrc dt' los genios''. ··r . os
g r a ndes hon1bres (o los genios l con1 0 hon1bres''. (Carlos Vaz Ferreira.
tou11tcs 1,,·c&gt;p aratorios ¡Jctra &lt;"unfcr&lt;'11&lt;·ias c11 su ('úteclra. l !JJ~).

chivo partiC'nlar d e Carlos \ 'nz F crrcira

Pll

.\tahual¡la &gt;.

&lt; .i\r·

•

�260

RE,7 1STA HlSTÓRIC¡.\

a efectos de seleccio11ar a lo perso11aje : 8011 todo ge11io
en grado diferente. Pero ltna \1 ez elegidos lo i11t lectt1al
queda sect1ndarizarlo. A 11t1estro filó"'ofo lo atrae p1'in101·dialmente lo moral, toma11clo este térn1i110 e11 u11a ac }Jción amplia, aba1·ca11do lo qt1e denomina e11 u11 feliz 11 ologismo, la personalidad 111oto-espi1~ft~tal.
Algt1nos ejemplos: ct1a11do estt1clia a Nietzsche, atrn\1iesa r{tpidame11te la ca¡)a ... olidifi ~acla lie icleas gj, t 111adas )r de prejt1icios hechos para llegar a lo l1011do )r 1110 ·trar la bondad ele st1 a 1111a.
En el caso de Tolstoy·, pese a la admiració11 J)Or l
qt1e consideraba el autor de la mejor i10\1 ela del n1u11do:
La gite1·ra y la paz, i10 s im¡)atiza con el hon1br por 11
moral separada.
Refiriéndose a Goethe, come11ta la frase de Euge11io
D'Ors, quie11 afirma q11e toclos ad1nira11 a los genios })ero
r
que, en cua11to a égte, es otra cosa: Toclos qt1i :.iei·a11
Goethe. Y replica 11uestro ¡)e11saclor: "1:0 :soy el l1ombre
que no qt1iere ser Goethe. Qt1ie11 menos qt1isiera ser se1·ía
Goethe. Si ht1bicra de encar11~1rmc en t111 hombre generitl,
antes en t1no de esos clesgraciaclos, ve11cidos, n1isera1Jles,
fracasados, qt1e en ese''. Co11siclera el pecado co11tra l
espíritu de qt1e hablan las Escritt1ras la sere11idarl o. e11
todo caso, la sere11idad goethiana.
En el caso de Beethoven, lo admira desde la i·aíz el l
alma, como músico genial; pero más valoriza sus cualidades de bondad y de ternura.
Así gustaba Vaz Ferreira de estudiar la perso11alidad
ajena. Y, ei1 cuanto a la propia, encontramos indicios d
cómo hubiera tolerado que se la estudiara, en estas línea ~
suyas:
'' ... Qué fácil me hubiera sido t1tilizar mi Cát dra
para perseguir mis ambiciones o mis ilt1siones ele originalidad! -da1~ ''conferencias libros" - servirme de 111i
Cáted1·a para mi producció11 -con el tiempo que quisiera- conclui1~ las obras entonces empezadas y proyectadas,
que desde entonces quedaron i11conclusas y seguir hacie11do otras, y l1aber dado lo que pudiera en originalidad. ' ,
por cierto, nada ht1biera tenido ello de I'eprobable; pero
no creí deber hacerlo: lo que salió allí fue la persona -110
eloct1ente ni brillante- pero conmovida y sufriente de
amor por el bie11 y ele dolor por el mal, por el bien y poi·
el mal reales y concretos: por los c1e la \rida.
Ahora, eso sí: en mí lo más fuerte -lo de mi vocación- era la enseñanza: st1s problemas y también st1R
1

L

�CAR LOS V AZ FERRE IRA

26 1

Rt1j etos: sus perso11as: los maestros, los estudiantes poi.
ct1)1 0 bien combatía tanto (a veces ¡ay! sin su apoyo) y
les di lo mej 01" de mi alma.
Sé que nadie podría compre11der - Y quizá haya sido
patológico- lo que yo st1frí luchando, por ejemplo, por la
moralización de los nombramientos: por la implantación
ele los conct1rsos, por la s upresión de las recome11daciones
y por todas las f ormas que impurifican el nombramient o
clirecto; 111chando co11tra la exageració11 del i .. égimen de
exámenes qt1e a(1n hoy dete1·iora las mentes y hasta ei1f e1·ma y mata niños, lucha11do por los parqt1es escolares,
proyecto ideal, st1perior a mí, superior a todos, que la
triste incomprensión de ciertos hombres, bastante de ellos
desgraciadamente si11ceros, ht1ndió para siempre, o para
tanto tiempo.
Y, i1aturalmente, como, en mi Cáted1·a, el Catedrático
era el hombre, todo eso fue lo que más me salió -además
tle lo puramente intelectt1al, ele lo científico, de lo artístico''.ª
Cortamos aqt1í: Hemos hecho esta t1·ansc1.. ipció11 porque ella mt1estra mucho mejor de lo qt1e pod1.. ían hacerlo
11t1est1·as pobres líneas, la clase de estt1dio que hubiéramos
cleseado realizar acerca ele la personalidad vazfert"eiriana.
Pero no pudo ser. Algt1ie11 dijo: ''Je fais tot1t ce que
je pc11x conti11uellement pour élargir ma cervelle, et j e
travaille clans la sincerité de mon coeu1~; le r este n e dépend pas ele moi''. 1 Tambié11 se dice: ''Quod nat1tra i1011
clat Salamanca non prestat". (Lo que no ela la naturaleza no lo presta Salama11ca) . Por todo lo c11al y lo concorclante dejamos de laclo lo 11egativo, lo no hecho por falta
de jerarquía i11telect11al nuestra, para exponer lo positivo,
lo i~ealizado.
E11 cuanto al est11dio i11te11taclo sobre la obra y la
personalidacl de Vaz Ferreira: A lo largo de la vida
i1os hemos con11att1ralizaclo con s t1 filosofía: la llevamos
e11 la sangre. Hemos pasado años revisa11clo archivoH
en bL1sca de datos qt1e 11os ayuclen a configt11"ar su per so11alidad intelectL1al, pedagógica, moral. Nt1estros r ect1erdos pe1"sonales abarcan casi medio siglo de su vida
y actt1ació11. Y, a11te la proximidacl ele la I11nombrable no
:l

(,arios Vaz Ji" erreira: ( Fre11le a l golpe d e es lado) . .Wn 2·1 Edición II01ne11a.ie d e la Cán1ara d e R e presenta11t cs. 1963, t. XXV, pá-

ginas 187 -188.
4 Theodore Gon1perz : L es pe n se nrs el e la
1928. r&gt;réface d e l'auteur, p. 20.

( J1

(•('e, P a rís , Payol ,

�262

RE'"ISTA lIISTÓl~ICJ\.

querríamos -variando u11 poco la f1·a e \razferreiria11a
''irnos con tantas cosas adent1·0 ... Y con toda la limitaciones, que somos las primeras en 1·eco11oce1· de con1p1·e11sión y de lenguaje. \ramo~ a decir algu11a de la co a qu
tenemos para decir sobre Vaz Ferreira.
Seguimos u11 plan, seguramente opi11flble, ¡Jero qt1 e
el único según el cual nos a11imamos a eL cribi1· sob1·e una
figura que siempre 11os ha fasci11ac{o: la de 11ue tro pad1· .
Hemos segregado, e11tre los múltiples a. pecto de u 11 rsonalidad, aquellos qtte m{t nos atrae11 que e pre ta11
para ser investigados en lt\ vida )., e11 la obra ~r ~obre lo¡;
cuales c1·eemos tener algo que clecir. Así e11 el estudio que
sigue, tratamos sucesivame11te lo Rocial. lo eco116mico, lo
político, lo jurídico, lo moral, lo religioso ei1 la \rida .
en la obra de Carlos ''az Ferreira. }.;o e. tético 'l' lo pedagógico sólo en la vida.
Formulamos el trabajo e11 1958-60, a efecto de presentarlo a un concurso e11 la Fact1ltad de Huma11idade: ~
Ciencias. En conjt111to permanece inéclito. Se pt1blicaro11
sólo t1nos pocos capítulos.
Una aclaración: creemos conocer, tl través de a11o
de consagración, la bibliografía de Ca1·los Vaz Ferreira
(inclt1so muchos apuntes preparatorios para confe1·encia.
que no pt1eden ni deben pt1blicarse pero que constitu:ye11
un valioso material ele estt1clio ·~l trabajo).
Conocemos también bastante ele lo que se ha escrito
sobre él. Pero en esta co11creción, pri11cipalmente de se11timiento -algo también de pensamiento- qt1e verificamos para honrar st1 memoria. desearíamos 1·ealizar un
trabajo perso11al: permanecer, de pie, e11 prese11cia del
Hombre y del Pe11sador. casi a solas co11 \Taz Ferreira
).. con su obra.

�CAPÍTULO

l 11

Estudio co111parc1tivn de tres ecliciones ele !et obra ele
Cct'rlos V a z F e 1·1'ei1~a

Fragmentos: ;¡ Hay actL1alment e tres Coleccio11es
ele Obras ele Carlos Vaz Ferreira, dos éditas, t111a inédita:
a) La 1 eelición Home11aje de la Cámara de Representa11teR del Urt1guay, de 1957, aparecida e11 1958, en 19 vol(tmeneR; elistribt1ida a títt1lo g·ratuito por ese Ct1erpo
Legislativo entre perso11as e ii1stitt1ciones, ei1 el Urugua)'
y en el extranjero, ya ag·otacla en st1 totaliclad. b) El
P1'oyecto de Obras Completas para 1961, aú11 inédito. e)
La 2 eclició11 Homenaje ele lél Cámara de Represe11tanteR
de 1963, en qt1e, po1" disposició11 ele la misma, se l'eedita
co11 leves variantes la a11terior, m {ls t111 Suplemento ele
inéclitos. Haremos breveme11te la historia ele estas edi•
c1ones.
A pa1·tir de cierta época, Vaz Ferreira come11zó a
publicar mt1cho menos ele lo qt1e escribía. Su modo de
})rodt1cción explica en })arte este hecho: Se había co11sag·rado ei1 forma total a lél Cfttedra de Co11f ere11cias y dictaba mt1chas, ct1ya versió11 taqt1igráfica 110 te11ía luego
tiempo ni ít11imo para corregir, retocar y pt1lir. Aclemás,
siempre ht1bo e11 él cierta i11satisfacció11 por la obra hecha,
por consiclerarla inferior a l&lt;l qt1e ht1biera poelido prodt1cir. En tercer término figt1ra lo qt1e clenominaré -sigt1iendo a Do11 lVIiguel ele U11amt1110-: la i1,i¡Jeczttlidacl:
la impresión f t1e siempre cara y la á ztrec1 1n ecliocritas vazferreiria11a tt1vo siempre in{is ele 11zeclioc1·itos que ele áitrea:
110 le permitía abordar el costo de impresión de publicaciones de gra11 volt1mc11. Debido a estas circ1111stanciaH
coadytlvantes las conferenciC:tS del Maestro se act1mulaba11
sobre st1s escritorios, sin llegétr a la im¡)re11ta, salvo e11
alg·unos caHos de excepció11 en qt1e perso11as o institt1cio11es, ft1ertemente atraídas por la caliclacl ele HLl obra, tomaro11 a st1 carg·o es1)orc'1clicame11te l&lt;l pt1blicación de algt1na.
1-Iaciél 1950 ii1ició Vaz Ferreira, siempre en st1 Cátedra, t111 trabajo de revisión, dep11ració11 y síntesis: bie11
1
'

1
'

1~ranscribi1nos

parte de la J\clvertencia para la 2'1 Edición Ilo·
1ne11ajc de la Cán1ara de llcprescntautes de lflCi:~ ctue redacta1nos
Pnlonc·cs. tNota de 1H79).
fi

�RE,'"IST

264

lil TÓRI

qtie le gu~ta ba i-epe11:::¡ar ct1idado an1e11t
tt
ideario, introdt1ciendo en él correccio11e. an1pliacio11e.. ~
ajustes. E11 cierto mom ento el E tado Urugua)1 0 l 1~ei111primió alguna obras (Biblioteca J\rtiga , olecci611 de
Clásicos U1·t1gt1a)1 os). Posteriorn1e11 te fa111iliares J1ici ro11
eclitar e11 Bt1enos Aires treR \1olí1me11e i1tte\1os o re110\1ados; !Jos proble1na ~ de la lib 'r iad 11 los del d t 1·11z1·11i 1110, mt1~r completados co11 r elació11 a l~t formulacio11es d
pri11cipio ele ~iglo; ...,ol&gt;1·e la pe1·cepci611 ?)tvt1·ica, ta111bi 11
ampliada Jp· finalmente, a lió Ja eclició11 prí11cipe de: Al~abido

e~

git11as co1i.fere~1cic1s

sob1·c te1nas cie11tfficos, c11·tísticos ll

sociales (1" serie). i11tegracla por est ucfios i11édito. o q11
habían tenido poca dift1si611. A imis1110, JJOr iniciati''ª d l
entonces embajador e11 nt1estro )Jaí Dr. Alfredo Palacios, se republicó co11 le\1 es \1 a ria11tes por el gobier110 argentino, a cargo de la ( Tni\ ergiclad Tacio11al de La Plata,
1

111oral para i'1ztelect11alcs.

La impresió11 de estas obras, titte n1ucho \ 1alo1·izaba
11t1estro pensador, ft1eron, si11 clttcla, t111 est ín1t1lo ¡lara proseguir -a los 83 años
e11 stt i11te11s&lt;1 labor ele sí11tesis
y orclenamiento de la IJropia ]Jroclucción, laboriosame11t
realizada a lo la1·go de seis décadél.S. Y así, lo qt1e empezó
por ser el arreglo de unos pocos \ olíl me11e . . , se fue co11virtiendo, sin propo11érselo co11scie11teme11te el autor e11 t111a
recopilación cada \1 ez más cercana a las obra. complete:1s.
A principio.· de 1957 t111 hecho st1per\ iniente caml&gt;ió
favorableme11te el curso de esta labor p1·eparatoria: Co11
la intención de rendir t1n home11aje a la \riela ~' a la obra
ele Carlos Vaz Ferreira, la Cámara ele R e1)resenta11tes d 1
Urt1guay resolvió tomar a s u car go la imp1·esió11 de . tl
obra édita e i11édita. E11 la mente ele los miembros de la
Comisión designada al efecto, se planeó u11a pttl)licaci611
i11mediata. Teniendo en cuenta la ellatl clel home11ajeado.
se quiso abreviar los trámites de eject1ción para que el
honor no se tornara póst t1mo.
En base a este programa implícito ele clicho t1er¡Jn
Legislati\·o se preparó rápiclan1e11te para la impresi611
aqt1ella parte de la obra (}Ue estaba ei1 estado de ser publicada de i11mediato. Toclos Jos qt1e intervi11imo en ese
trabajo ft1imos t1rgidos por la misma comú11 preoct1paci611:
qt1e el Maestro pudiera r ecibi r ei1 \ icla el homenaje qt1
se le rendía \ ie11do editada st1 obra, sino tocla, una parte
importa11te de ella, y· representativa ele los clistintos sectores del campo de interés ei1 Vaz Ferreira : filosofía general, epiRtemología, psicología, pedagogía. estética, lógica
1

1

1

1

.~· \'"'.
1

...

..

1 ;
•

�2 G!i

1n&lt;&gt;raJ, rel ig·ió11, proble1nas sociales, polí iicoR, económico8.

En este trabajo -qt1e en ocasiones se llevó con ritmo febril- colaboró en forma eficacísima el pe1~so11al de
la impre11ta elegida al efecto, rebasa11do sus obligaciones:
el jefe de talle1·es, co11 st1s obreros, hizo jo1~11aclas extraordinarias dt1ra11te varios días, inclt1yendo feriados, para
ofrece1· t111 regalo de fin ele año al Maest1~0. Y así pudo
éste, ya en su lecho de muerte clel Sanatorio Italiano, hojear, complaciclo, dos volúme11es acabaclos de st1 obra, qt1e
~1probó y g·t1stó e11 grado sumo. Tres clías clespués, a 3
(le e11ero de 1958, se produjo la clesaparición física de
Ca1~1os Vaz Ferreira. A los tres meses, e11 a.bril, estuvieron
impresos los 19 volúme11es.
Corresponde, a11tes ele continuar, t1na explicaci611
marginal : clesde mi ya lcj a11a adolesce11cia le hice a mi
padre ele secreta1·ia partict1lar }' de taqt1igrafía. ti A partir de 1954 empecé a colaborar, bajo st1 dirección inmecliata, en la pI·eparación clel material inédito. Lt1ego de
trabajar t1nos años a st1 laclo, i·ecibí u11a honrosa prt1eba
ele confianza: fue delega11do e11 mí lo relativo a 1a selección y orclenamie11to de las piezas a publicar, limitando
su i11terve11ció11 a la revisión y correcció11. Y éstas, a su
vez, se fueron ami11orando en t111a st1pervisión fo1"mal, at11nentanclo progre. ivame11te mi grata responsabilidad: así
los tomos XII, XV, XVI , X\TII y XVIII de la 1 Edici611
Homenaje de la Cámara ele R epresen ta11les fuero11 enteramente recopilaclos y orcle11aclos por mí, li1nitá11dose mi
})adre a darles el visto bueno. Discrepábamos ta11 8Ó}()
e11 lo qt1e llamaba mi manía pt1blicista, o sea -seg(111
él- mi tendencia a valorar mt1y e11 alto st1 prodt1cci611,
lo que podría i11dt1cirme el pt1blicar clemasiado. En la p1·eparación de la Obra Completa y, por tanto, ele esta eclición, he teniclo mt1y e11 cue11la la adverte11cia: entie11clc&gt;
qt1e, en ambas, todo lo qLte está pt1ede y clebe estar.
En abril ele 1958, ya mt1erto mi padre, inicié la pre¡)aración de u11a 2 J edició11 qt1e se aproximara lo más posible a las Obras Completas. Se ha iclo integ·rando tan
i1aturalme11te como la 1 .1 . Me faltaba -es cierto- la insustituible acción de p1"esencia de mi padre, lo que me
obligaba a extrema1" el ct1idado.
Esta 2·~ edición, para la cual sugiero provisoriamente la siguiente ficha bibliográfica: Vaz Ferreira, Carlos.
1
)

1

1

G Conjuntan1entc ron tui hc1·111aua i\:lati lcl c. l Nota de

1134·75

'

\

�26G

I F.i \rl ~T \ J 11 ~TÓI~ l J\

P1·oyecto de Ob1·as
0111pletas, e t[t \rirtual111 11te t r1ni11ada. Aparece orcle11ada e11 24 obras, co11 t111 co11ju~1to
ele 32 ,rolúme11e.. En la ú11ica de lnt1cl1os to1110 : L &lt;cio11es sobJ'e 11edagogz&lt;t y cite"'tio11es de e11sc1ia11 ~ª, t111n
11ot~l ge11érica da CL1e11ta de la i11clt1. i611 · e11 cada \1 0lt1n1en, otra 11ota da idea riel conte11iclo o e11 su ca o
·tablece conexió11 co11 el corresJl011die11te de la Edici611
Home11aj e ele la Cámara ele I~epre...,e11ta11te de 1957. 1~
reclactarlo esta · i1otas, así co1110 la~ qt1e ha11 sido 11 e arias a lo la1·go de la obra, -reclt1ciclas al 111í11in1t111
impresci11clible por habe1' disposició11 expre. a en e. s i1ticlo del at1tor- en forma imperso11al: "Se ... ''. Alguie11
ha dicho que ha)r trabnj os qt1e ~011 corno el ele la zi1rcidora: cuanto me11os se 11ota11., 1nejor l1echo está11. E11tie11do qt1e el mío es ele ésto, . Co11 e tas 11ota. e11tie11do
ct1mplir co11 lél Ley de Propiedad Literaria y Artí tica
vigente en el Urugua~· (Le)r N 9.739, dicien1bre 17 de
1937) qt1e clice e11 st1 art. 16, inc. 2: "Ni11gt1na adici611 o
correcció11 poclrá hacerse a la obra. ni at111 co11 el co11sentimiento de los causahabie11tes del atttor, si11 señalar
especialme11te log pasajes agregaclos o modificados''. L galme11te hay derecho a pt1blicar esta Recopilació11, al ampa1·0 del art. 16, inc. 1'·' de la ley precitada, qt1e co11fiere
a los herecleros, st1bsidiariame11te al E, taclo. la fact1lta l
de defender la integridad de la obra de u11 autor fallecido.
Moralmente, tambié11 me siento a t1torizacla para pt1blica1·la, teniendo e11 cuenta la idea directriz que ha presidido
su integración: armarla e11 forma tal que 11os dé la segt1ridad de que si mi padre pudiera re\risarla, la a1lrobara
y gt1stara de ella, como ya vimos qt1e aprobó ). gustó de
los dos volúmenes ele la 1 ~ edició11 qt1e llegó ~1 hojear.
El Pro)recto de Obras Com¡Jletas, como st1rge ele su
propia denomi11ación, es t111 proyecto. Trata de integrar
Obras Completas. Pero, ciado el modo de ¡Jroducir vazferreiriano, siempre pt1ede11 aparecer, para edicio11cs ¡Josteriores, trabajos omiticlos. Sólo con esta salveclad ]Jodemos
llamar a nt1estro proyecto de Obras Completas.
El Proyecto de Obras Completas ha surgido naturalmente de la Edición Homenaje de la Cámara de Representantes por complementación y reordenación. Se ha11
tenido a la vista para integrar aquél versiones taquigráficas y manuscritos conocidos o recopilados recién despt1és
de la muerte del Maestro, así como directi\1 as y pla11es
contenidos en sus papeles póstumos. HaJ. dos piezas que
clan idea adecuada de la ''inct1lación entre ambas versio1

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11cs. 8011: el /Jldice clel cotzte11ido ele las Obra s Completas
!/ la Conf·rontació1i de clos edicio1ies de lct ob1·a de Vctz F erreira: Edició1z Ho1n e1zc1Je de la Cá1ncl1·a de R ep1~ese1ita11les y Proyecto de Ob1~c1 s Co111pletas, que se transcriben a

co11 tin uación.
Terminada la preparación del proyecto de Obras
Completas y, apenas iniciados los primeros so11deos editoriales para st1 publicación, con fecha 30 de jt1nio de 1961,
la Cámara ele Representantes de la República Oriental clel
Urt1guay resolvió -como se detalla al pri11cipio de este
Suplemento- i·eimprimir las obras éditas e inéditas de
Carlos Vaz Fe1·reira. Lt1eg·o de aceptada por los herecleros
ele Carlos Vaz Ferreira la i~esolución de la Cámara, preHenté &lt;:1 la Mesa el proyecto de Obras Completas y tt1vo
muy cordial acog·ida. ; Pero circt1nstancias adversas,
,1je11as a la excelente volt111tacl de los legisladores, frusté1ron la publicación. Y se p1~efirió, interpretando estrict~­
me11te la resolt1ción de ese Ct1erpo Legislativo, i·ept1blicar
tal ct1al la 1') edición de 1957, co11 sólo corrección de errataH, errores g·rt1esos, publicétndo a contint1ación los inéclitos. Se ha preparado esta 2 1~ recopilación, qt1e es la 2·
edició11 Homenaje de la C{tmara de Representantes, ele
J 963, e11 la mejor forma posible, agreganclo a continué1ción ele los 19 vol(1menes édi tos, seis de inéclitos y algt111é1
reeclición ele estuclios éditos no incluidos en la l edició11.
La actt1al compilación se hizo s igt1iendo la ordenació11 de
la Obra Completa y con ref ere11cia a ella en los índice~
respectivos. Se ha11 agregado índices de nombres propios
:Y materias, copias fotoestéíticas, t111a 11ueva bibliografíe:1
(de esta ultima es at1tor el Dr. Artt1ro Ardao), con lo
ct1al se cumple estrictamente la resolución de la Cámara:
Pt1blicar la obra édita e ii1éclita del Dr. Carlos Vaz Ferreira. ~
Trataremos analíticamente la 111 ele 1957.
I) - ldec1s y obse1·vaciones. - Esta obra .fue publicacla en 1905. IntereRó a U11amt1110. 11 No ge reeditó has1

1

7

IDs de justicia n1 enciona r el uo1nbre de los señores lrliscs

J&gt;ivel DeYoto y Gu1nersindo Collazo l\1oratorio, -Pr esid ente y Secretario, respectivan1ente, de la Cán1ara de Diputados-, cuya actuación
&lt;'11 el proceso preparatorio d e esta edi ción ha sido r eal111ente ejemplar.
X Sara Vaz Ferre ira de l~r h eya rrí a. ¿l &lt;l 1 e1 f enria JJaru lu se
fllfllcla cclic i on llo111e11aje &lt;le lu &lt;'&lt;i111n1a rle l?epresenta11te .~ de 196:1,

t. XX. págs. 21-6:!.
9 1\lig ucl de lJnan1uno: &lt;'arta a &lt;'arlos l·a: l•'crrcirct, en 1·1 y
2ª Edici&lt;&gt;n Hon1cnaje d e la Ca n1ara de Representantes t. XIX, págs.
17·32 y 17-28 rcspcctiva111cutc.

•

�2 Gu

ta 1957, en qlte se la i11cll1)1 6 e11 la colecci611 d obra que
nos ocupa: Al i·eimprimirla. se . t1primiero11 3 de lo
tudios qtte la integraba11: Dos pa1·alogfs11ios pedagógico 11
s1t~~ co1z cue1zcias 10 J' Dos ?deas dir ct1·ice 11 Sll 'alo1
J'espectivo 11 • por estar inc!t1irlos e11: Est11dios 7Jcdagogicos, 1'1 ser1·e (t. X'TII ele 1o ~, 2 1 Eclici611 Home11aj de
la Cám&lt;1ra de Represe11tante ) )" 011t1·ib~lci611 al est ztdio
ele la pe·rcepció1z n1 't rica ptlr formar parte, co11 le,,íL in1aR
varia11tes, de: obre la percepci611 ?nét1·ica (t. \71 de 1 ~7
20 Edició11 Home11aje de la Cfln1ara de Represe11ta11te~ ) .
II) - Los 1J1·oble11 a.&lt;: ele la libe1·tad ?J los del dct 111ii1zis1no. - Este libro ft1e co11sicler:1do por ''~tz :F,er1 i1·a
)r por otra,.. perso11as autorizaclas como el n1ejor. I11teg1·a
su más valioso aporte a la filosofía general. F tte f orn1ulado a pri11cipios de siglo; es proft111do )r difícil. ''az Ferreira gustaba na1·rar que, habie11elo i11terrumpido por u11
tiempo su preparación, ct1a11do quiso seguirl~1 . e e11co11tró
con que no ~ólo 110 podía hacerlo sino que 11i siquiera e11tendía lo y·a escrito. Necesitó t111 período p1~evio (le co11centración y e11focamiento para poner de nue\1 0 e11 n1arcl1a
st1 pensamiento.
La ejecución de esta importante obra se hizo })Or etapas. La primera formulació11 es de 1907. Ha)· otra de 1915.
Posteriorme11te, en diversas f echaR ( 1939 - 1949 - 1951 52 - 53 - 54) como pt1ede \ 1erse ei1 los respecti\1 os inforine~
anuales de la Cátedra, se ocupó el lVIaestro i1uevame11te
de los problemas ele la libertad )" clel determinismo, e11
t1nos casos simplemente para sintetizar sus distincio11es
esenciales; en otros, pa1~a ir i11teg·rando el lil)ro, que había
ql1edado inco11clt1so. Para las edicio11es de 1957 (Bt1e11os
Aires - Losada. Montevideo, 11' Edició11 Homenaje de la
Cámara ele Representanteg, t. II) Vaz :B.,erreirél lo compiló, lo ordenó y lo dio por concluido. Estaba disgustado
por st1 dificultad. Tenía deseos de poner 11na nota i11\1 itando a leer ta11 ~ólo los resúmenes finales. Co11seguimoR
clist1adir lo.
III) - 111oral parci intelectzlales. - 4 1' ed. }Jríncipe e
ele 1909. Vaz Ferreira tenía cierto "faible'' por este trabajo, que entendía era, más qt1e un buen libro, una buena
acción. Esta simpatía se encuentra habitualme11te en per0

10
de 1957
11
de 1957

l\l y 2\\ Edición Hon1enaje de la Cáu1ara de Representantes
y 1963, t. X\1 II, págs. 19-35 y 19-37 respectivan1ente.
1\l y 2ª Edición Homenaje de la Cámara de Representantes
y 1963, t. XVII, págs. 37-101 y 39-113 respecti,"'amente.

�2 G~)

CARLOS VAZ FFJllREIIl1\

sonas de cierta edacl -tambié11 en alg unos j óve11es . E11
este mome11to la Editorial Ayact1cho, de Caracas, está
preparanclo t111a edición, que salclrá probablemente en 1979
y ha de hace1· co11ocer esta importa11te obra -también la
Lógica viva- en el mu11clo lat inoamerican o. Tratamos ei1
especial ele esta obra e11 el capíiLtlo corres1)ondiente a la
moral.
IV) - Lógica viva . - Apa1 eció en 1910. Es u11 valioso aporte lle Vaz F erreira a la lógica. Alg·unas personas preparadas la prefiere11 at1n a L os problcrrias de la
libertad y los del deter111inis11zo.
V) - Sobre lct, propiedad de la tierra . - Es t1na importante contribt1ción ele Vaz Ferreira al estt1dio de los
problemas sociales. Lo pt1blicó e11 l 918. Está integraclo
por t1na serie ele co11fe1 encias dadas en 1914.
VI) - Sobre la percepció1z 11iétrica. - Apareció ei1
1920 como obra autónoma. Hay pocas varia11tes entre este
estudio y el i11clt1ido e11 1905 con el títt1lo ele: Contribzlción
al estudio de la pe'rce1Jción 1nét1'ica.
VII) - Sobre los proble1n as sociales. - Es t1na co11creció11 clel pensamiento vazf err eiriano sobre el tema del
epígrafe; se pt1blicó e11 1922, r ecogiendo co11f erencias clictadas en 1920, r eprodt1cció11 r esu mirla ele olre:1s más exte11sas y com¡Jleta. dictaclas en 1917 y 1918.
VIII) - C'ol1ocit12ie11to y llcción . - Se pt1blicó e11
1920. Está i11tegrado por 3 estt1dios: ('011ocirnie11to JI
acción . E1'l los ;ná1·ge1les &lt;le L'e.1:pér·ie11ce réligiei1se, cll'
lVilliam Janz es. El p1'a,g11iatis;~10.
De ellos -lo explica Vaz F e1'reira e11 la adverte11cia
a la primera edición-, los dos primeros ft1eron publicaclos e11 el fascículo I de Carlos l raz Fe1.,·circl, e11ero de
J .908. (Es t111a obra casi ine11co11irable co11 la qt1e i1uestro
pensaclor inició la eject1ción de Ferme11tario, varia11do 1ueg·o la prese11tación poi-- difi ct1ltades de impre11ta) .
El tercero está i11ieg·raclo ¡Jor versio11es taquig·ráficas
de clases dictadas por Vaz Ferreira e11 s u Cáteclra de f ilosofía ei1 1908. Es pri11cipalme11te t111 estt1clio sob1'e temas
i·eligiosos, sttrg·ido en g·ra11 parte como r eacción frente a l
pensamie11to ele t1110 de s us filósofos preferidos: Willliam
James. Unét de las piezas más valiosas clel archivo partict1lar de Vaz Ferreira es el ejemplar de la obr a e11 ct1yos
márgenes aparecen escritos ele pt1ño ~· letr a ele Vaz Ferreira s t1s comentarios. i:?
1

1

1

12

\\.illian1 J a1nes: L'e,rp&lt;'ricncc religieuse, l'arís, Alean, 1910.
18

�.,- ...
IX) ob1·e f 1ni·11i.s1110. - 11'. la ' r .. ió11 ta iuigrttfica de confere11cia:s clictada~ e11 1922, co1110 . í11t . i dP
otras dadas, también ei1 la áted ra, 11 1917, e11 la épo n
en que la Uni,1 er"'id,1d había ~t1¡J1~imiclo a ''az F rr i1·a
el servicio de taquígrafo. e }Jttblicaro1l r;) ·ié11 11 l 933.
con t111 apéndice de ese afio, co11 firmado e11 19 5 JlOr el
autor. Agregó otro, mtl.)' \1 alioso, c11 1952. 011 todos
o.
agregados se pt1blicó e11 la 1 .\r 1:1 2 Elli "i611 llo111e11nj
ele la Cámara de Represe11tant e .
1

X) - Fer1&gt;1e11tlt'tio. - E~ta obra l'ecoge t111 in1}Jortante período de la producción \1azferreiria11a. ~~11 l ¡Jrimer cuarto de siglo se había proclttcido la irrupci611 d . ti
pensamiento orig·i11al. Sollre\1 ino lt.iego u11 largo ¡Jeríodo
de sile11cio : Vaz Ferreira se co11sagra ba a . tl ii tedra ~·
demás ocupacio11es reglaclas: scg·t1ía }Je11. ando pero e11 g neral no publicaba. Séanos })ermitido t111 r ,,ct1erdo Jl r .. onal: Como t1n in,1estigador le m&lt;111dara J)regu11tar qué
había hecho en el largo períoclo q tte ])recedió a la })tJ blicr1ci6n de Fcr&gt;11e1ztario, co11testó desclc lét altura: ''Existi1,··.
En el prólogo de Fern1c11ta1·io \ az Ferreira pt1blica
interesantes declaraciones solJrc st1 })la11, completame11t
origi11al. En ct1anto al título: es t111 neologismo -110 sabemos si de Unamt1no o ele ,. az Ferreira- qt1e se ha i11corporado al lenguaje corriente e11 el Urt1gt1a~1 •
La preparación de la obra él efectos ele la publicaci611
ft1e penosa. \raz Ferreira tenía act1mt1lado nit1cho material
i11édito. Aborrecía la correcció11 e11 frío qt1e era, sin emba1'go, imprescindible. Peclía a la compañera de su vida
que le colocara en lt1gareR visible. papelitos que le i·ecordaran la 11ecesidad de corregir f?e.&gt;·~ne11ta1·io. Fi11alme11t ,
después de un trabajo ele años, se imprimió e11 1938. Nt1er-;tro padre y todos los qt1e lo qt1eríamos tt1\1 imo tltla gra11
alegría. Séa11os permitida t1na i11ficlencia: Cierto día e11tramos a su escritorio. Acababa de recibir algún volun1e11
de la edición pl'·íncipe ele Fern1e11ta fio. Nos lo puso en la
mano, diciéndonos: ., Abrelo al azar, como la Bil)l ia ., . )'
el amos fe de que la obra resistió la difícil prueba.
XI) -

Alg2t11aR co11je1·e11cias

artísticos y sociales. -

sobre ten1as cie11tíficos,

Es tina valiosa conde11saci611 del

pen8amiento vazferreiria110. La preparó cuidadosame11te
el lVIaestro hacia 1953, con 15 eRtt1clios seleccionados ei1tre
los mejores de los últimos 17 años. Se iba a editar por el
Estado, pero no pt1do ser. Familiares conseguimos la JJtlblicación e11 Bt1e11os Aires. Vaz Ferreira pudo verlo e i11-

�')- ,.1 1

el 11so Rus amig·os !o pt1clieJ·on festejar como a él le gt1staba:
co11 t1na sencilla comicla en su honor.
Una aclaI·ación sobre algo que ha llamado la atención: el día que Vaz Ferreira terminaba la última revisión
ele st1 ob1·a 11os pidió: ¿Cuál es el signo 1no1·al d e la i?1&lt;¡1tict1tcl lz1.1111ana? para incl11irla. Le p1~evenimos q11e estaba ya en Fe1·me11tai·io, pero nos i11dicó q11e la pusiéramos
lo mismo. Así la repetición de la q11e consideramos la más
hermosa de las conferencias ele nuestro pad1"e ft1e consciente y q11erida por él.
La f orm11lación de esta obra en la 1 1~ y 2~1 Edición
Homenaje de la Cámara de Represe11ta11tes i--eprodt1ce fielmente la edición Losada ele 1956.
XII) - Algzl1zas co1zf e1'e1zcias sob1·e temas cie1ztlficos,
ort.[sticos y socicLles. 2'' se1·ie. - Ft1e compilada :y ordenada
}Jor 11osotros, tomando distintos est11dios de Vaz Ferreira.
El conj t1nto integra una obra de menos valía qt1e la 1° serie, pero qt1e nos ht1biera daclo pena no p11blicar. Vacilamos
en i11cluir simultáneame11te: Sob1·e alg1lrzas que creo ve1'clade8 y Extrctcto ele idea1·io, por se1· demasiado análog·os.
Pero, i10 que1·iendo Racrificar ningu110, desct1brimos qt1e el
primero fija el acento en el carácter afirmativo del icleario vazferreiriano. Nuestro padre leyó y aprobó la 2·~ Rerie, e incluso llegó a correg·ir alg11nas pruebas. Estaba entt1siasmado por seg·t1irlas prepa1·ando y nos decía, palabra
más, palabra menos, cosas como éstas: "Ct1a11do p1 eparemos la 4" o la 5 serie ... ", Apareció en la 1Q Edición H ome11aje de la Cámara de Representa11tes de 1957.
XIII) - Sob1·e lct e1tseñan za en 1iitest1·0 país. - E11
cuanto a la génesis: E s el fr11to de t1na sublimación: Hacia 1928 Vaz Ferreira it1vo t1n serio disg·usto con algt1nos
cliscípt1los: en la Fact1ltad de Derecho, doncle dictaba t111
ct1rso ele filosofía del derecho, hubo una ht1elga. El moti·vo
ocasio11al era t1n pedido de exámenes e11 j t1lio. S e injertó
lt1eg·o la Reforma universitaria. Vaz Ferreira era enemig'&lt;)
acé1~1·imo de los exámenes e11 g·eneral, más en especial ele
los ele j t1lio, que interrumpen la enseñanza. En cuanto a las
reformas pedagógicas, quería muchas reformas ( co11 minúscula), las más posibles, que mejorara11 lo actt1al; 110
simpatizaba, no simpatizó nunca con la Reforma (con
mayúscula), especie de panacea t1niversal qt1e naclie supo
nunca bie11 en qt1e consistía.
Consect1ente con su ideario, se e11f re11tó co11 la h t1elga
qt1e consideraba eqt1ivocada y absu1·da. Los estudiantes
reaccionaron enérg·icamente: Cristo f t1e neg·ado sólo por
1

1
'

�1:tl~\1 I. 1'

1~ISTÓll1 ~ \

Pedro ) 11ada nlá que tre \rece : '\ az F r1· i1·a ftt 11 gndo, hostilizado )1 \rejado po1· mt1cl1í. imo di cipul . i11contable 11úmero de 'ece . Pero ¡milagro de Ja ublin1i1ción ! esa clelicada )r fi11a 11oció11 cu~T~l i11troducci611 11os
hace perdonar t1n poco a Fre11d el pn11sexuali"-lmo ~ 1
exhat1sti\ 0 ht1rga111ie11to e11 la mi eria l1t1n1a11a: on10
i·eacción indignada contra lo quP lo i11jt1riaba11 )' of 11día11
formuló \T az Ferreira, co11 t111a precisi611 )7 1111 }Jocl r d
síntesis rara vez logrado, esa excele11t obra qt1e .. e llanta:
Sob·re la e11seiia1lza e1i 1zilestro país.
L&lt;1 obra iba a publicnrse en los A11ale . JJero el d licado engranaje psíquico de Vaz r.,errcira no ]JtlClO i·esi~til'
tantas prt1ebas. Se proclt1jo en él e11 1928 t111a grave 11f ermedacl ei1 que por vez primera -la . egt111da fue 11
1940- hizo crisis su constitt1ció11 1nela11c6lica. Se i11t rrumpió la ejecució11 de la obra. I11cluso hemos oído 11a1·rar
a un familiar q11e i1uestro paclre tt1\10 que abo11ar u11e:1
buena indemnización por inct1mplimie11 to de co11trato.
Hacia 1956 nos hallábamos t111 clíc.t e11 la Qt1i11ta bt1scando conferencias y inanuscritos para la integraci611 d
la Obra a pt1blicarse, cuando nos encontramo. sorpresi\ramente con las pruebas de galera del libro a que 11os
estamos refiriendo. Fuero11 aprobados por \T az 11 erreira
y éste a11torizó s11 i11clusión e11 la edició11 de la Cámara. ( l CJ
Edición Homenaje ele la Cámara ele Represe11ta11tes ele
] 957).
XIV) - Leccio11es sobre pedagogía ?J c2testio11es el
eJlseiia1zza. l'ol. /. Enseiia11za. sec1t1zclaria: pa1·te ge12e'r al.
Este \ olumen es reprodt1cción fiel de la edición primera
de 1918. Como los dos tomos sigt1ie11tes, forma J)arte del
CuI·so ele Pedagogía 1913 - 15, qt1e no se pensó toclavía, e11
el momento de preparar la edición Tiome11aje ele la Cámara de Representantes. en ii1tegrar.
XV) - LeccioJles sobre pedagogict 11 cztest~·o11es el
e7zse11anza. Vol. 2. Integramos este volt1men con: a)
:Nuevas formulaciones ele \T az Ferreira acerca de la ens nanza de la histo1·ia, la moral )" la filosofía en sect1ndaria.
b) Un estudio sobre la enseiianza superior. e) Un estudio
sobre los exámenes y sustitutivos posibles. Apareció en
la lt:t Edición Homenaje de la Cámara de RepreRe11ta11te.
de 1957.
XVI) - Leccio11es sobre pedagogía y cz¿estio1ies de
erzseiianza. l'ol. 3 . - Integramos este volumen en forma
heterogénea, con variadas piezas pedagógicas qt1e de. eábamos pt1blica1·.
1

1

1

�? ....1
...

C'ARLOS \ r AZ FERREIRA

3

XVII) - Estildios pedagógicos. - E ste volL1me11 est{t integrado por tres series de estudios peclagógicos, )?a
pt11J1icados a principios ele siglo.
XVIII) - J1zcidei1 tal1ne1ite. - R eunimos e11 este volt1men t1na serie de piezas me11ores : discursos, i1otas, cartas, qt1e entendemos s on un fiel r eflejo de la acit1ación
\ 1 a.zfcrrei1.. iana.
N t1estro padre lo leyó, autorizó la pu blicación y consintió en nomina1~10. Apareció e11 lét 1' Edición
Homenaj e de la Cámara de R eprese11tantes ele 1957.
XIX) - Co1· respo1zde1zcict e?itre Una1nit;zo y Vaz Ferreircr. - Sabiclo es que Vaz F erreira no ct1ltivaba el género epistolar. Sin embargo, hay un a correspo11dencia segtticla con el alto filósofo español Don Migt1el de U11amt1110. Ret1nimos el material y lo sometimos a la aprobació11
ele i1uest1 0 padre. No estaba muy co11forme con la publicación. Valorizaba las cartas ele Unamuno pero no las
propias. Sin embargo, consi11tió en la publicación por la
Cámara. E i11cluso nos clio noticia de otra carta de Unamu110, 110 sabemos si dirigida a él o a t111 tercero, que J10
11emos podido localizar. Nos citó t111a frase: ''Vaz Ferreira
cree qt1 e yo soy t1n cobarde" . Apareció la obra e11 la 1
Eclició11 Homenaj e ele la. Cámc1r a ele Re¡JreRenta11te · ele
1

1

1

1
)

1957.
En 1958, posieriorme11le a la n1 t1ertc ele Vaz Ji'err cira, Manuel García Bla11co, cateclráiico en le:t V11iversid,1cl
de Salamanca, publicó e11 el Urt1gt1ay t1n e11 j t111dioso estt1clio sobre la correspo11clencia e11t r e Unamt1110 y \ Té1z Ferreira. 1 =i l\1a11ifestó el cleRco de que se p t1bliqt1e st1 cstuclio
como prólogo en otra pt1blicación ele la co rresponclencia .
Si ésta se realizara, sería bt1eno ct1mplir con st1 a spi1 é1ció11.

1:1 1-Jl ¡1c11saclor u1 uuuuyo c·arlos l'az J•,e.rreira 11 ill iguel ele U 11a111 uno. ("Revista Nacional", .\IonteYidco. 2? ciclo. año III , t. III ,
:\º 198. págs. 181-513).

�CAPÍTUl,,O

l'

Lo socir1l ei1 lcL vida 11 e71 la obra de
Ccr1·los l' az Ferrc1'ra ''
Algil11os dato~

biugrá.fi'cos 1 ~

En ese esfuerzo te11so )' co11ti11t1aclo q11e realizara
Carlos \ Taz Ferreira para lle,rar de fre11te toclo. lo id ales: humanos )l' trascende11teR, de ju. ticia ~r de caridad.
indi,1 iduales ) sociale8. estos último. oct1pa ro11 siei111Jr tJ111
luga1· de releva11cia, e11 st1 \ 1 ida ~r en su obra.
Eil la vidct: El estt1dio clel tema })ropia111e11te dicl1cl
va precedido de Alg1t11os elatos l&gt;iog1·áficos, poco ro11ocidos, sobre sus a11tecesores ~1 ~t1 formació1l escolar.
Ascenclie11tes por la línea 1n&lt;lte1~11a: El taté\rul1t1 Jo
materno de , , az Ferreira se llamaba J oaquí11 Al\ arez ele
Cienfuegos ~· Navia )1 era astt1riano. Orige11 de st1 11on1br :
ttn antepasaclo remoto, lt1cha11clo contra los moroR, co11sigt1ió el títt1lo de Cie11ft1egos en e~ta forma: atacó ele 11oc}1
al manclo de 100 hombres co11 a11torchas u11 cam1)amc11to
de moros y los dispersó: e11 recucrclo ele ~u hazaña le dieron t1n título ele hidalguía: en Rtt escudo le pt1siero11 ci11co
fogatas e11 campo rojo ( i10 pocli~n po11erse cie11).
Pasa11do el tiempo, otro ascc11clie11te más cerca110 defendió la \1 illa de Na\1 ia (todo esto pa ~a en Asturias),
agregándose a st1 títt1Jo un escudo co11 ct1a tro cuartel s de
los ct1ales t1no era el de las cinco fog&lt;~tas. E11 esa fan1ilia
hubo un poeta, con el i1ombre de Al\ arcz Cie11ft1egos: l1ubo tambié11 algún escriba11 0 con el apelliclo Al\ arez lVYa11zano. Pasó el tiempo y llegó al U rugt1ay Cie11f uegos, el
primer antepasado de Vaz Ferreira qt1e \1 i110 de Espai1~i.
probablemente como co11tador ele la expedició11 de Ceballos. Fu11daba pueblos. Se casó co11 Da. María Pérez de
Velazco, nativa y descendiente ele ttna familia de las i las
Terceras.
1

7

1

1

1·1 Este capitulo fue publicado por nosotros en folleto. I...o l'e·
¡&gt;I·oducin1os tal cual. Agregan1os algunas 11otas de 1!&gt;79.
15 Estos datos nos fueron sutninistrados. a nuestro pedido, por
\Taz Ferreira. I ... os dictó, recogin1os la Ycrsi6n taquigritfica que, controlada y aprobada por él. reprodur.itnos fiel nt cn te. f Nota de 1!IG4).

�CARLOS V AZ

FERREIR~\

275

La familia tomó el (111ico apellido de Navia. Vivían
e11 Gt1araní, entre 25 ele mayo y Washington . Queda aún
t111 port611 antiquísimo que Vaz Fer1~eira considera muy
pr obable ft1era el de la casa de los Navia. 11¡
Hijos hombres de Joaquín Alvarez de Cienft1eg·os y
Navia: Carlos y Jt1an Manuel. Hijas mujeres: Panchita,
l\1a11 uela, Dolores, J oaqui11a, María, Isabel.
De los hijos varo11es, Jt1an Mant1el pasó a Bue11os Aires, y ahí hay familia de él. Carlos fue banque1·0. Vaz Ferreira llegó a co11oce1--lo. Es el Navia del Banco de igt1al
nombre, CU)'ª qt1iebra lo clejó élrrt1inado pero con honor.
Co11firmó lo de qt1e toclo N avia te11ía menos dinero al
acabar la vicla qt1e al empezar. En esa familia los ricos
&lt;1cababan pobres y los pobres qt1eclaba11 igt1al.
De las hijas mt1jeres Manuela se casó con un Pér·ez,
&lt;1ue era su primo herma110; Dolores, con Iriarte; J oaquina, co11 Tomkinson: María, con Carra11za; Isabel, con
Rucke1·.
La rétma de Vaz Fe1·reira vie11e ele Pa11chita, casada
co11 el coronel José Antonio Freire, que era brasileño o
portugt1és, probablemente ele los tiempoR e11 que los bra~i leños eran portt1gt1eses. Se contaba e11 la familia qtte fue
jefe efe la escolta de Rivera (estos clos t'1ltimos hechos no
so11 bie11 segt1ros). Fallecida Pan chita N avia, ese coronel
se casó co11 Da. Candelaria Carranza \ rélez Sarsfield, de
familia cordobesa. Hija ele Panchita N avia ~' el coronel
Freire, ft1e Belén Freire qt1e se casó con Lt1is Antonio Ribeiro, gere11te de aquel Banco ele qt1e se habló. E s te abuelo
materno de Vaz Ferreira ft1e aelemás cóns t1l ele Portt1gal,
lueg·o trabajó como comisio11ista y finalmente qt1edó paralítico, vivie11do larg·os aiios e11 ese estaclo. Ei1 la enfermedad ac0Rtt1mbraba cantar "as c¿111tigas de leva11tar ferro"
(ele levantar el ancla) porqt1c había venido ei1 t111 bt1qtte
ele vela. Hija de Belén Freire y Lt1iH AnLonio Ribeiro ft1e
Belé11 Ribeiro, qt1e se casó co11 Ma11 uel Vaz Fer1·eira, padre
de Carlos Vaz Ferreira.
Asce11die1ile!i JJOJ' la liJt&lt;'&lt;t poter11u. Vaz Ferreira
co11oce poco al respecto. De st1s abuelos sabe sólo que era11
})Ortt1gueses y vivían en ValenGa clo Minho, a11tiquísima
illa sitt1ada frente a Galicia. Te11ía sólo clos retratos de
\ 1

Quedan aún actualn1entc t~l portün , la pnred externa y alguna int erior. l.1a casa ha sido d c1nolida. Ilasta haee unos pocos 1neses.
un g ran roso 1)arecfa indicar la inl enció11 de leYantar una construcción. ~n Pste n101nento. todo ha s ido ta¡liado. e Nota de en ero de
1979).
lli

�., .. 6

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ellos, que le diero11 e11 Río de J a11eiro, ¡&gt;ero 110 los 0110 ió
ni ~abía cómo se llamaba11.
El padre de Carlos e\rero ''az I~ r1·eira, 1a11 t1 l
''ªz Ferreira. era también port Ltgué el \raI 11~a do
Minho. En1igró al Brasil, a clo11cle lle,ró a clos 11er111n110. :
t1no qt1e se llamaba A11to11io mt1rió pro11t(l de fi b1·e an1arilla y otro. que se llamaba l.,r:111ciRco. se sta lJleció allí.
1\iian uel ' 'az Fer1·eir:1 \'i11 o a 1011 l \rideo e11 u11a 111 iió11 comercial. Co11oci6 aquí a Belén Ribeiro (Llala11t )
)' se casó con ella. Tt1 ,,¡ 1·011 3 11 i1io. : a1·los ( Quele), i1acido en 1872, luego otro llamado 1Vla11t1el qt1e nl i1rió 11iño
l' después ' 1 ino 1\!Ia ría E ug 11ia ( Pcl qt1e 11ació 11 l 75 )1
murió en 1924). Don l\iant1el \Taz Fcrreira \70l\ri6 frecue11temente al Brasil. Jr e11 ttno de stts ''iajes, tratando d
rehace1· ei1 trabajo~ de comi ionista t111a f ortt..111a pe1·dida
entre generosidad ~T mala aclmi11istración fa lleció 11 a11
Pablo, de unos 61 años n1ás o me11os. 1 ; A \riuada l~l f~1n1ilia
de la enfermeclacl ele Rtl jefe, se embarcó Cario ,,az 14' rreira para el Brasil, pero 110 lleg·ó a t ien1po. Su })aclrt"l ~1 a
había muerto.
Vaz Ferreira en su 11iñcz 110 ft1 e a In escuela ¡JúlJli ::1.
Aprendió a leer )' escribir ei1 s u casa. Des¡Jt1és tu\7 0, tam bién a domicilio, t111 mae8tro llamado A11to11io 'l'orr s ~
Nicolás (o Nicolau: 110 recorclaba bien). Era mu)1 1Jue110
y le enseñó basta11tes cosas. Luego otro llamado Zim1n rma11n. lVlás tarde a Lt1igi Desteff ani que trató de e11:eñarle literatura, composición, etc., y finalme11te a don Jua11
Esté\1 ez, que lo perfeccionó mttcho en aritmética ( e11 matemáticas en general).
Ingresó en la Uni\ Prsiclacl co11 t111 certific::tdo clel
maestro Dn. Agt1stí11 Vázquez, quien e11co11tr6 que Rtl e·ceso de conocimiento en matem{tticas compensaba co11 cr ces st1 incapacidad para la geografía c.lescriptiva.
L

1

E11trando al tema: en el vasto campo de lo sociitl elegiremos tres facetas para destacarlas en la \rida pri\racla
vazferreiriana: El a111or, lct fan1ilia, la ccn1 istad.
Lo afectivo ft1e básico para él. En cierta oca ió11 11
le:1 que cre)ró del caso ha.cer una autoclefe11sa, el ice así:
''No vo)-~ a hablar de lo pri11cipal.
l'i Dato con1plen1entario a los de \"az Jf'erreira: en el dia1·io 1 l
Sir/lo, de i\lontevideo, a fines de agosto de 1894 se anuncia la inuertP
de Dn. l\J anuel \:az Ferre ira. en San 1&gt;a hlo. (Nota de 1964).

�CARLOS VAZ FERREIRA

2 77

En una carta mara vi llosa que acaba de es cribir Pancc it Ist'rait, hay, sin embargo, un pasaje que me hiere:
es éste:
Amamos mal: i)rimero nos amamos demas iado a
nosotros mismos; clespt1és, amamos clemasiado a nt1estras
mujeres, a nt1estros hijos, a J1uestros padres, a nuestros
amigos, a nt1estras patrias y por sobre todo a nuestro ii1saciable orgullo."
Leeremos p1·obablemente más adelante esta ca1·ta, la
aclmiI·aremos y nos conmoveremos con ella.
Pero este pasaje no es bueno, o, en todo caso, i10 es
pa1·a mí. Lo que llamé lo que es ''lo principal'' s on los
rtfectos conc1·etos: lo primero es precisamente amar a
nt1estras mujeres , a i1uestros hijos, a nuestros padres , a
11t1eRtros amigos, a nuestras patrias también, y hasta un
poco a i1 t1est1"0 orgullo ; con más, toda vía, el amor o el
respeto -e11 toclo caso, sentimiento tambié11- h acia las
posibilidades trasce11dentes .
Y desp11és , o conjuntamente, si es qt1e es otra cosa,
hacer bien conc1·eto; y en su caso, edt1car almas , s uscitar
fervores, a11nq11e para ello haya q11e s acrifi car m ás o m e11os imposibles ambiciones intelectt1ales". 1 ~
Estos bellísimos pár1·afos co11densan lo socjal en Vaz
Ferreira infinitamente mejo1· de lo que pudieran ha cerl o
mis pobres líneas. Des earía dejarlos solos. P ero m e c1·eo
e11 el deber ele darles , e11 bas e a rect1erdos familiares y
propios, 11n poco de co11tenido co11creto.
De todos sus amores, el más importante fue el qt1 e le
inspiró st1 esposa: Elvira Raimo11di. Los padres de ésta ,
Pedro Raimondi y Carolina Bianchi, eran de Vig t1zzolo,
pt1eblo italia110 situado e11 la provincia d e Al ess anct1~ía ,
cerca de la ciuclad del mismo i1ombre, e11 la r egió11 del
Piamonte. E s 1111 pt1eblo de labraclores. Las mt1jeres ayt1dan a los hombres en st1s largas jo1~nadas )r atienden laR
tareas del hogar. Todavía se conservaba en 1939, habitad(l
por parientes de ella, la casa do11de i1ació y vivió Ca1·olina
Bia11chi. Esta perte11ecía a la familia m ás acomodada del
pueblo, dt1eña de tierI·as de labradío. Pedro no tenía más
qt1e st1 jt1ve11tt1d y la fuerza de sus brazos. Los padres d e
la novia se oponían a 11n cas amiento desig11al. Los jóve11es
se casaro11 lo mismo, e11 Nochebuena, antes o despt1és de
18 Carlos Vaz I•,erreira : Jt' r e11t e et un golp e ele es l a&lt;l o . En 2~
Edició11 Hon1enaje de la Cá1nara de Repres e nta11tes, 1963, i. 'X..t"'X:V,
p &lt;í g. 183.

�9~s

RE,.ISTA l-IISTÓRICJ.\

-'

la niisa del gallo, ei1 la igle ia de '7iguzzolo ~' i11igraro11
para América. tn
Ya ei1 l\ionte,rideo, Pedro aprendió 1 oficio de za}lntero; Caroli11a. para &lt;l)1 uclarlo, el de a¡Jaraclora. Fuero11
mt1) felices. Tt1\1ieron 7 hijos; lo.· do~ }Jrime1·os l11t11·iero11
casi recién i1acidos. Luego 'ri11ie1·011: EJ,•ira. Edt1ardo J uana, Delfi11a, Anselmo, i1ar ido;- re. J)ecti,1 a111e11te 11 l 76,
1880, 1884, 1886, 1890. De los l1ijo" \1 aro11e A11 ·eln10 111urió tempra11amente, a los l tl años: Ecluardo se l1izo comercia11te, colaborando, con eficie11cia )1 te 611, al lado d
Pierre l\iieillet, e11 nt1estra i11dt1stri~1 clel alcohol: laR 11i11a.
se hiciero11 maestras.
Elvira empezó a ir a la escuela f\ los ct1atro a11os ~~
medio. 1:'"a a los qt1i11ce se 11abía recilJido j' e taba e11 la
Esct1ela de Aplicació11 del I11stitnto Normal, en Colo11ia )
Ct1areim, al frente ele t111a clase de 60 i1iños a los qt1 ,
cada año, enseñaba a lee1~ ~· escribir. A los 18 año., e11 el
94, se presentó a co11ct11·so para t111a esct1ela de \7aro11es
)' empató con Leo11or Horticot1. ~renía \rocación l)edagógica. Era una excele11te maestra. l)c 110 huber inter1·t1111pido tempra11ame11te el ejercicio ele la doce11cia ¡J(tblica,
ht1biera ra)rado a la altura ele l\1Iaría Stag11ero ele l\f u11ar.
Adela Castell de López Rocha. Isabel Arl)ildi ele la Ft1e11te. Era tambié11 muy bt1e11a hija ~r hermana: ga11ab~1 $ 30
menst1almente; entregaba $ 29 en 'tt casa para contril)uir
a los gasto8 familiares ) se queclaba sólo co11 $ 1 1&gt;ara
ella; 110 era raro qt1e se lo cliera a ~1lgú11 pobre.
El azar la hizo co11ocer a su ft1turo espo. o. Fu e11
u11 exame11 e11 el qt1e El\ ira ~e examinalJa brilla11temente
)' Carlos integraba el tribu11al. !Jubo taml)ién t1na visit~1
a t1na esct1ela donde Elvira ertt maestra y que arlo. i11 ·peccionaba. Se i11ició t1n feliz no\1 iazgo qt1c dt1ró alredeclor de dos afias. Vaz Ferreira deseaba casar. e ¡Jero su
pobreza se lo impeclía. La mt1erte ele stt ¡)adre. oct1rricla,
como vimos, en el Brasil, lo había clejaclo. a los 22 año~,
como jefe de la familia qt1e i11tegral&gt;él co11 st1 maelre y su
herma11a. St1 st1eldo de profesor t1ni\7ersitario, más algu11as clases particulares, no alcanzaban para mantener dos
hogares. Pe1·0 en cierto mome11to, co11cretamente, a 6 d
julio de 1900, recibe su 11ombramiento ele ' 'ocal ,d el Con8ej o Nacional de Enseña11za Primaria ~r Normal. cargo
1

1

1

l!J Los datos relativos a los a ntccesores y &lt;·olaterales de Wlvirn
Ilai111oudi nos fueron sun1iuistrados por Juana Ilai1nondi 1 8 ·
1!)6!)). I~os dcn1ás integran lri tradic•ión oral de la fan1ilia ' 1 az 11 P·
l'l'Cll'H.

�CARLOS \. AZ FERREIR .:\

?w "'9
1

re11tado co11 $ 80. Estaba co11valesciente de t1na enfermeclacl. Toma u11 coche, se clirige a casa de s u novia y, t1na
vez allí, picle para hablar co11 Do11 Peclro Raimondi y le
dice que ama a su hija y desea casarse con ella. Don P edro
lo felicita y le preg·t1nta: ''¿,y ct1á11clo? ¿ De11t ro de dos años,
t111 año?" -"No: ahora . 'l,e11go u11 coche a la pl1erta; llame a Elvira y vamos al Jt1zgado a e:1pt1ntarnos''. Así se
hizo. Venciclos los plazos reglame11tarios, se celebró, a 13
de agosto de 1900, en sencillísima ceremonia, t1n matrimonio civil.
Vaz Ferreira realizó st1s s t1eños . Encontró t1na esposa
que supo amarlo, entenderlo, ct1idarlo y sob r elleva1~ co11
él todas las durezas de la vicla. Ft1eron, especialmente l os
}Jrimeros tiempos, bastante pobres . Se oían narrar al i~es­
pecto algt111as anécdotas en la Qt1inta: cierta vez tenía11
tina botella de vi110: V az Fereir::l destacaba que se la había11 regalado: st1s medios no le ht1bieran permitido adqt1irirla ... ; pero ... no podían al)rirla porqt1e 110 ienía11
tirabt1zó11 i1i podían comprarlo. Vaz Ferreira qt1ecló or g t1ll0Ro porque encontró t1n proceclimienio para destaparlé1,
por golpecitos secos co11tra t111a pared . Otro I'ect1e1~do: la
¡Jieza qt1e oct1paban e11 la casa-qt1i11ta ele Atahualpa a la
qtte ft1ero11 a vivir poco cles p11és (le cas~lclos, era ta11 11í1mccla qt1e ttllél vez, esta11clo enferma El\1 ira, Carlos le llevó
ttn pim¡)ollo de liI·io )' , clistraíclame11te, lo ol\1 idó . obre el
reborde de la ve11tana cerraclé1: a los pocos clía el lirio
se abrió.
Hiciero11 frente \ a lerosé1 m e11te él los trabajo&lt;; ~, pe11alicladeR : eran jóvenes y se qt1erían. El vira era i11telig·e11te ~
compre11día al pensador y al h omb r e; IJar&lt;1 qt1e IJt1di eré1,
lilJre ele ct1iclaclos, en u11 a1nbie11te ser e110, llevar e:1clela11te
su trabajo i11telectt1al )' ¡Jeclag·óg·iro ( C[tteclra cl0 fiJosofíé1
eJ1 J&gt;rcpara.torios, exá1ne11es y concursos, Vocalia clel C,011sej o ele E11señanza Primaria, prodt1cció11 de 1ibros), se
co11sagró a lo cloméstico, en t111ét cledicació11 total. I11va rial&gt;lemente le\'a11tada a ]a 8 6 ele la maña11a . · e11 perma11e11te
actividad 11asta eso ele la R 9 de la 11ocl1e. se oct1paba ~·
}Jreoct1paba por toclas ~.. cacla t111a ele las té1reé1s clel hogar.
También -como ' 'er emoR e11 "El Parqt1e escolar familiar'', ele la ei1seña11za y ecl t1cació11 integral ele st1s 8 hij o:-;.
Se olvidó ele s í mi sma: s t1 esposo le clecía, 1111 poco en })r oma )' otro poco en serio, qt1e era especialista ei1 ab11eg·é.1ció11. A ellél dedicó tácitame11te toda s t1 obra y expresame11te, Fermentario, así: ''A Elvira Raimo11di de Va z F erreira, })Or quie11, para mí, no toclo "lo r eal ft1e clolor" ~·
110 toclo "lo ideal ft1e 8t1e11o".
1

�2

o

RE' J. T.t\ JII TÓRICA

El\1 ira ft1e el afecto n1a)1 0r en la ' 'ida de ' az F i·r i-

1·a, pe1·0 110 el único.

011 ervaba de t1 Jlroge11itor t111 af ·tuoso recuerclo. por ~u carácter )' st1 reciedt11nlJ1·e n101·al .
De él elijo: '' ... J' s ien1pre n1e co11n1t1e\1e })roft1nda111 11t
oír l1ablar el iclioma que oí e11 mi 11iñez ~7 e11 que r cibí d
mi padre la eclt1caci611 )' la~ 11orma. qtte dirjgiero11 toda
la cristalización de mi ,,icla moral".
También amó ~1 protegió a . lt madre, Da. B lé11 Ribeiro de ' ' az Ferreira. Fue ei1 ~ll jt1\re11tud i·ica ) 7 n1in1ad:\.
I.1 t1ego conoció la pobreza ). la e11ferm edad · e ttt\'O JJ01· 2
año paralítica )1 ciega· st1 úlcera 1 in11&gt;edia11 alin1e11tar se casi de otra co a qt1e de l che; llegt1é a co11ocerla ~·
tratarla: en su lecho de el olor, 11 unca J oí u11a queja o
ttn reproche para nad ie; \1 i\1 Ía e11 el pa ado; del 1&gt;rese11t
le interesaba11 sólo st1s dos hijo., a los que ado1·aba.
A st1 í1nica h erma11a, i\Iaría Ei1ge11ia la fi11a ])Oeti a
ele la Isla ele los Cáuticos, lo t111i6 t111 e11traiiable afecto,
que la mt1erte prematura ele ésta. ~icaecida e11 1924, tra11smt1tó e11 íntima )' melancólica reco rdació11.
Aparte ele los familiares, estalJa11 los co1n¡JañeroR. }~11
1888 ingresaron, jt1nto co11 \ 1az F erreir¿_1 , a i1t1estra U11iversidad, 180 jóve11e~. El tiempo siguió. . . En 1956 qt1edaban \"ivos, ele co11ocimiento ele 11t1cstro }Jadre, sólo 8,
contándolo a él : Lt1is Albe rto de }lerrera, Celedo11io Jin
).. Silva, San J t1a11, Flet1rq11in, R olJerto de las Carrera~.
Horacjo García Lagos, Jt1a11 A11clrés Ra1nírez. Pc,steriormente la muerte ha raleaclo más at111 las filas: 1). Jloracio
García Lagos murió ei1 ago to de 1956; Carlo. \Taz l~e­
rreira, en enero de 1958; Luis Alberto de 1Ierrera, ei1 abril
ele 1959; J11an Anclré8 Ramírez, en ei1ero lle 1962. ~ 0
Para decir cómo ) ct1á11to est ima.11a11 )' quería11 sus
compañeros a ' ' az Ferreir~t, ce(Io 1&lt;1 pi t1ma a u110 de ellos,
11t1estro perioclista m itximo. el ])l". Juan Anclrés 1.t:1rnírez,
qt1ien a fines del s iglo pasaclo trazó l~t sem hla11za que
extracto a conti11t1ación:
Frag11z e11to: uLos principio. ele Carlos Vaz I~erreire:1
110 fuero11 brilla11tes. St1s con1pañeros lo recuerdan to,]a\1 ía
e11 el primer año ele la \ icla t111iversitaria, hosco, l1uraño
s ilencioso. desconfiado. ) aú11 }Jodríamos agregar u110 ·
cuantos adjetivos si quisiéramos agotar la . erie.
No cambiaba una palabra co11 11adie. I"'os que co11ocía11
en aqt1el enjambre de alumnos ele primer año el sig11ificado ele la palabra mis{t11tropo, le llamaban migá11tropo;
1

1

1

20
1!179).

l&lt;~ntenden1os

que act unln1ente todos han 1nuerto. (Nota de

�-•)

\

1

e:tlg·t111os iba11 más lejos ; todos lo veía11 co11 cierta anti-

r&gt; a t í el . !! 1
Pero esto clt1ró poco. No habí~1 termi11aclo el año sin
Qt1e Vaz Ferreira se impusiera a toclos suR compañeros,
por las conclicio11es i11comparables ele st1 intelige11cia y de
s11 ca.i·ácte1". Los primeros exáme11es que i·indió diero11 la
medida de aqt1élla, y las primeras relaciones con st1s compañeros pt1sieron de relieve a este í1ltimo. Desde aqt1el
mome11to el misá11tropo desapareció y fue posible apreciar
~1 Vaz Ferreira en teclas st1s simpi1ticas cualidades. Desde
aqt1ella hora, se destacó ei1 el movimie11to t111ive1·sitario
con todos los rasgos ele st1 i11telectt1alidacl. Todas las asig11C:ltt1ras le ofreciero11 ancho campo para clesarrollar st1
inteligencia vercladeramente g·eneral, que abarcaba y don1i11aba co11 facilidad las ciencias más distintas. Ma11ifestaba ya, si11 embargo, t1na inclinació11 decidida a los estt1cl ios filosóficos, a medicla qt1e se alejaba de la hi toria, st1
re11co1· eterno, st1 odio exclttsivo, qtte aún hoy s uele arra11carle manifestaciones violentas ct1ando, por una circunsta11cia cualquiera, ~e crt1za e11 st1 camino. Declícase, pt1es,
muy especialme11te, a la filosofía, )' a eso se debe qt1e hoy,
~1 pesar de st1 ju\1 entt1cl, posea t1n bagaje i·elativamcnte
ct1antioso en la materia, )' pt1eda i~ege11tear u11a ele 1~1 s
cfltedras cor1~espo11dientes co11 mí1xima aprobación".
Y más lejos: ''St1s compa1ieros de año se han acostumbrado, hasta cierto pt111to, a pensa1~ co11 st1 cerebro y
descuidan continuamente las ct1estiones difíciles, confiados en que sabrá enco11 trar las m ejores soluciones y las
desarrollará cuando llegt1e el caso, e11 ct1atro palabras, co11
la concisión y la claridacl que le so11 caracte1~ísticas. No
exageramos: Estos datos provie11e11 ele personas qt1e clec;de hace diez años se e11ct1entra11 cliez veces al día co11 el
at1to1· del libro qt1e motiva este artíct1lo e11 los bancos ele
las clases t1niversitarias, en los corrillos, e11 los paseos,
en todas partes. Además, ya se ha formado en la Unive1~­
sidad u11a tradición al respecto y Iorma parte de esa trc1clición el hecho de que hay estt1diantes que 110 tie11en m{tR
texto que las explicaciones qt1e cla Vaz Ferreira, en el
patio, entre dos clases, entre dos exámenes, en t111a comida de amigos, o en el Prado, sitio p1~ef ericlo por él, qt1 e
conserva ciertas i11clinaciones clel tiempo en qt1e ft1e poe21

No olvidar que \ raz Ferreira no fue a escuela prin1aria alguna: c~to explica su ti1nidez al entrar por vez pri1ncra en secundaria
en &lt;'ontacto con extraños (X uta de 19G·1) .

�J~ J.:::\' 1."1'.

-J

.,

l l l STÓJl 1

ta )' por lo . alteadores, qt1e ~e llern1ite11 . ect1e trarlo
para salir de algú11 apt1ro.
Ha estudiado e11 su libro ''La abulia. " )' cita ·a o
ct1rioso"' al respecto pero 110 co11oce la n1U)' gri1\1e, 111tl)'
seria, que le aql1eja a él. que llO tie11c \10lt111tad i110 Jlara
ser\ ir a st1s amigos. Ja más 11 iega t111 fa vo1·, ~ a í se le ' ' ,
en Sll papel de JJrofe"'o1· pe1·i¡latético, i·epetir n1il \1ec s 1;;1
misma explicación co11 la. más co11stit11te ~r ad1nirabJe d
toclas 1&lt;1s pacie11cias. )' e to es tambi s11 lo qu }1ace t}U
no e le con,ozc,1 t111 e11e1nigo, qt1e 110 l1a)1 e:t t111a 1&gt; r 011a
qt1e lo calt1m11ie i1i ttn discÍJ)ttlo "c1ue lo 11i gue". Sel
qttiere más o me11os, ct1estión de te1nperan1e11to, de car:1cter, ele circt111sta11cias. pero se le qt1iere e.ien1pre". ~!!
Así qt1ería11 us compa11eros a V.a z 14'erreira. El agradecía y retribt1ía aquel cariño. Recorclab~1 a me11udo :.l
Roberto de las Car1·eras, empecemos por lo n1e11os felice .
Una amistacl duradera lo ttnió a D. ll&lt;&gt;racio García Lagos.
clisti11gt1ido médico.
l\fe11ció11 especial merece11 los alt1m11os. ' 7az li'e1·reira
era pedagogo ele alma; se c11cariñaba co11 sus di. cípttlos
~1 se formaban amistacles que e11 ocasio11es -Be11ig110
rela Fuentes. por ejemplo- se ma11te11ía11 lJ&lt;&gt;r toc1a la \7icla. Destacamos a los i11tegra11teL de aquella clase ele 1908,
de ct1ya comt1nicació11 s impática 11ució lll 01·al 71a1·a i11te1

''a-

lectzlales.
Ht1bo tambié11 muchos c.t1nig·os no \ri11ct1lac1os por lazos pedagógicos:
Do11 Ei1riqt1e Leg·rélt1cl, caballero llel iglo XIX ; desligado de las ataclttras materiales, sf! co11sc.tg ró al ocio
I1oble, que i11tegró con: astronomía. n1atemáticas 1 esperanto, filosofía, música, poesía. De él dijo ' 'az Ferreira,
terminando un disct1rso de home11aje: ''Y sólo el iré que
la concurrencia de tantas cualiclacJes ta11 variadas y tan
I1obles, e11 el alma de t1n solo hombre, no pttede ser co11siderada sino una especie de milagro psicológico; )' el que
ese milagro pt1eda darse algt111a \ ez e11 la rea1idad, es u11
hecho de dignidacl ~.r ele const1elo qt1e conforta las es¡leranzas ht1ma11a,·. :.!a
1

Juan .Andrés Ran1írez: C'a;·/os l 7 az /i'er1·ci1 '' y .~u libro &lt;lt
Psicolo[Jia. en "J.~l Siglo''. l\lontc\1 ideo, 25 de junio de 1 fl7.
22

2:J Cario ~ \:'az Ferreira. /Jiscurso ' ·" el llonicnuje a lu 111en101·ia
f/e &lt;ion JCnrir¡uc !Jeu&gt;·crnrl. en 1\1 y 2•.1 Edición J-Ion1enaje &lt;le In Cá1naru
de Representantes, t. X\7111, p{1gs. 65-Gi y 6i-G9 respecti\·a1nent~.
1 Xota

de 196·1) .

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J)o11 Mat1ricio Nirei11stei11: Se trataba ele un profesor
é1rge11tino, muy inteligente y culto. E11 las frecuentes idas
'1 Bt1enos Aires de Vaz Ferreira, a veces pa1~aba en st1
casa; cuando Nireinstei11 venía a Montevideo, visitaba lél
qui11ta.
Domi11go Arena: Intelige11te y bt1e11ísimo, hasta la
raíz del alma. Adoraba a Vaz Ferreira jr éste le correRpondía. Lo ayucló, e11 st1 calidad ele diputado, a convertir
en le~? SLl proyecto de clivorcio por la sola volt1ntad ele la
mt1jer, sin expresió11 de cat1sa.
Milo Beretta: Consagró toda st1 vida al a1~te como
pi11tor, músico, decoratlor, crítico. Dirigió el moblaje ·~,r
clecoración de la casa de Vaz Ferreira en Ataht1alpa. Ct1aclroR de Beretta ador11a11 aún hoy los ambientes del
Maestro.
U11a amistad qt1e sólo i11ierrt1mpió la mt1erte lo t111ió
entre otros a: Federico Capt11~ro, Jt1a11 Capt1rro, Enriqtte
Di este, José A. ele Freitas, José Pedro y J acobo Varelé:l,
hijos &lt;-tmbos clel reformador ele 11uestra esct1ela t1rt1guaya,
Emilio OrilJe, Jua11 Zorrilla ele San l\1artí11.
'\J'e11 passe et deR ég·at1x ... ". Vaz Ferreira tuvo muchos amigos; veló el rectierdo de los qt1e lo precediero11 e11
el pasaje a las sombraR; a st1 mt1erte ft1e objeto de noRti1lgica recordación.

En lec ob'ra. -

E11 materia social Vaz Fer1~eira ha
hecho t1n importante aporte: es a t1to1-- de u11a ideología.
ei1 g·ran parte original, de acentuaclo corte pobrista, qt1e
e11te11demos y procura1·emos demostrar st1pera el rég·ime11
social actual y los dos ?°s?1zos antagó11icos que se dispt1ta11
la primacía: individt1alismo y socialismo.

Géiiesis

y fo1·11iclcióJl

clel ideario social vaz/'e1··reiri&lt;1110.

E11 ct1anto al orig·e11 de ese icleario. Vemos al Maestro, a
pri11cipios de siglo, t111a vez qt1e aba11clo11a la vía de segt1imie11to, iniciar una crítica agt1da y certera &lt;l los tratadistas asimilados en st1 juventt1d t1niversitaria, a los sistemas
por ellos preconizados y al vige11te ac1.t1almente e11 nt1estro
mu11do occidental. Y a medicla qt1e se va11 clerrt1mbanclo
como i10 aptos el individualismo, el socialismo, el régime11
social actt1al, va surgiendo la solt1ción de Vaz Ferreira de
la reflexión directa sobre los hechos, del sondeo de la
realidad que lo lleva a t1na a¡Jroximació11 que va cercando
cada vez e11 forma más estrecha, t1n ideal i1ormativo i11alca11zable. Como siemp1·e, el ag·e11te catalítico ele la reacció11

�284

REVISTA llISTÓRICA
•

es la confrontació11 co11 la l"ealiclad actt1al o posible; como
siempre, el pensamiento ajeno y su estudio aparecen en
la base de la solt1ció11 propia, pero son st1perados y sobrepasados por su inmersión en la realidad.
¿Qué papel tuvo en la génesis del vazf erreirismo social el ideario ajeno? Entendemos qt1e el sigt1iente: a Vaz
Ferreira no le gusta descubri1· el Mediterráneo. Empieza
siemp1"e el estudio de las ct1estiones profundizando al respecto. Así como t1n árbol, para prodt1cir flores y frt1tos,
necesita enraizarse en la tierra y obtener de ella jugos
nutricios, así, para elaborar st1 ideario, Vaz Ferreira se
basa en el pensamiento de los escritores sociales vigentes
a principio de siglo : ]a reflexión ajena actúa como catalizador del pensamiento propio.
Tres series de conferencias jalonan la formació11 e
integración del ideario : Sob1·e la propiedacl de la tie·rr(t.
Sobre los proble1nas Sociales . E.1·tracto de icleario [eco11ó1riico-social.] - Posteriormente a 1950, cuando empezó en
su Cátedra ese útil y valioso trabajo de conde11sació11 y
depuración que prosiguió hasta st1 muerte, dos veces por
lo menos se ocupó de su idea1~io social: ei1 1951 en : E~:­
t1·acto de ideario resume st1 posición. En 1953, en Sobre
algunas que creo ve'rdades fija el acento en st1 caré:\cter
afirmativo.

Disti1itas orga'tl izacio1ies sociales posibles: Sz1 criticct .
..&lt;;olució1z propitesta. - Vaz F erreira, e11 su formt1lació11
)r valoración de las icleologías sociales tiene en ct1e11ta
como vivas, posibles y, en clistinto graclo, viables, c11atro.
a saber:
a) El individualismo; b) el socialismo; e) el rég·ime11
social actual; el) Rt1 sol11ció11 propia . Veamos e11 detalle:
El individt1alismo: Este régimen realiza o pretende
realizar prácticamente, en el campo socio-económico, lél
fórmula de la justicia spenceriana : a cada 11110 las consecuencias de sus actos : hay justicia ct1ando a actos bueno~
o malos siguen consecue11cias buenas o malas y proporcionadas; injusticia, cuando a actos buenos o malos sigue11
consecuencias malas o buenas, o bt1e11as o malas, pero
despropo1·cionadas. Para el in di vid t1alismo consecuente
consigo mismo, cada individuo debe recibir todas las consect1encias y sólo las consecuencias de sus propios actos.
El qt1e tenga aptitudes económicas y las ejer za bie11, obtendrá bienes materiales, y no los obtendr{1 qt1ien carezca
de ellas.

�CAlll . . OS VAZ FEl{REIJl_.\

') 8 !)~

-

Hay, en materia social dos icleas a11tagónicas, que se
gradúan y combina11 de modo dif e1--e11te en las disti11tas
ideologías.; de libertad y de igualclad. La primera tiene
la primacía en el incliviclt1alismo : éste ha tenido t111a suerte rara: no se ha realizado nt1nca; e11 ning(1n régime11
existe11te recibe11 los individt1os pura y simplemente las
co11secuencias de st1s actos. Esto, que es evidente, no ha
sido r·eco11ocido. El i11diviclt1alismo ha sido co11fundido por
partidarios y cont1--a1·ios con el régime11 social actual; se
los ataca y defiencle j1111tos . Sin embarg·o, descle q11e Vaz
Ferreira demostró por q11é este (1ltimo no es individt1alista, nos ext1·aña que i1adie haya visto antes esta ve1·dad de
~e11tido com(111 : nt1est1~0 i~ég·imen social actual no es indi\ridualista: es st1 pilar básico t1na institt1ción, la herencia
económica qt1e, asegt1rando a las personas be11eficios eco11ómicos qt1e no provienen del esfuerzo p1~opio sino del
ajeno, rompe la fórmt1la ele la j 11sticia spence1·iana. El
individualismo, e11 st1 formulación teórica, 110 satisface a
\Taz Ferreira poI· s u dt1reza: la beneficencia, qt1e admite,
110 basta, poi~ hacer clepender ele la bt1ena vol untad lo qt1e
cJebe ema11a1· de la jt1Rticia, y res11lta inst1ficiente en Sll~
efectos.
En cuanto al socialismo: En el a11tago11ismo de las
icleas directrices: libertad ver.s u.s ig·ualdad, el socialismo,
en todos SLlS grados, hace primar la ele ig·11c11clac1, m ás bien
cliríamos la ele ig11alación, porq11e salvo en t1topías de las
t]Lle Vaz Fer1'"eira llamaba, por i11flL1encia de tina novela
ele Wells, con cometa verde, o e11 comunidacles relig·iosas,
la igualdad es res istida, y hay q11e impo11e1~1a coactivamente. En: Sob1·e los 1J1·oble11ias socictles se disting·uen 3
grados ele socialismo: el extren10 preconiza la st1stitt1ci611
i11tegral ele la propieclad privada por la colectiva: todo e8
ele todos. El órga110 propietario del frL1to clel esft1erzo eco11ómico colectivo puecle ser el Estado o la nación, o t111e:t
corporación religiosa o económica. Sea ct1al 5ea, i1t1estro
pensador i10 simpatiza con esa clase de socialismo, por i·educir demasiado, a expensas de la ig11alación, la idea de
libertad (no olvidemos que Vaz Ferreira era intelectt1al
J' af eclivame11te, de te11de11cia inclivic111alista y libertista).
El socialismo de grado i11termedio desea la colectivización
de los medios de producción (tierras, máquinas) deja11do
para la propiedad p1·ivada los artículos de consumo. Tampoco satisface a Vaz Ferreira; hay todavía demasiada
19

�~SG

primacía de la igualació11 en desmeclro de la libertacl. 24
Se va acercando a lo suyo el socialismo mí11imo, o socialismo de estado, que, respetando en lo fundamental el régimen social actual, aminora la desigualclad social por medio de m ejoras establecidas e11 favor de laR claRes clesvalidas.
,
En cuanto al régime11 social actual, éste SI qtle 110
satisface a nuest1~0 penc;ador. Lo somete a la c1·ítica de
su razón, penetrada por el sentimiento, y lo enct1e11tra
24 Después de la n1uerte de \' clZ Ferreira se ba producido el
hecho insólito de que, por n1uy diferentes vertientes ideológicas. se
ha querido encontrar en su claro y lúcido pensan1iento una justificación para dos isn1os a1nbicn tales: uno de orde11 religioso y otro
de orden social ( catolicis1110 y con1unisrno &gt; Esta clase de intentos.
cualquiera sea el estado de espíritu que los inspire - estan1os pensando en los creyentes que tienden a forzar la interpretación de los
hechos en función de su fe-, estos intentos, repeti1nos. no requieren
1nayores esfue rzos para su r efutación. J..a obra de \'az Ferrcira estú
ahí, tal con10 fue pensada y sentida por el gran pensador, entraiiada
toda ella por u11 in1nenso deseo de bien para sus se1nejautes. de bien
concreto y r ealizable y en el 1nayor grado posible; con1enzando por
procurar inspirarlo y realizarlo en la co1uunidad en la cuc1l nac·ió
y v ivió.
Creen1os ha\Jer desva11ecido ( Yer capitulo IX) la ilusión que pretende e1nbanderar a Vaz Ferreira en una religión positiYa. En
cuanto a su lucha por el bienestar de los hon1bres. es necesario
decirlo con todas las palabras y de una vez por todas \·az Ferreira
no fue comunista ni sin1patizante del co1nunisn10, ni de la ideología
ni de las forn1as alotrópicas en que se ha realizado. l~l con1unisn10
con10 ideología es tern1inanten1ente rechazado por él porque cercena.
r estringe, o lisa y llanamente. elin1ina. para sostenerse y conservarse. los derechos individuales que \'az Ferreira valoraba en grado
sun10 co1no inseparables de la persona. I~l principio de libertad que
inspira su obra de pensador define y clarifica su pe11sa1niento social.
J~ntre todas las forn1as de C'onvivencia hun1ana optó por la den10C'racia, por lo que l\sta es cu si y por lo que con1porta en cua11to
deja en inanos del individuo la posibilidad de actuar según sus
deseos .v sentin1ientos. ('ritic·ó los defectos .v las desviaciones de la
organización actual de los países den1ocráticos y tan1bién sus fundamentos teóricos, ¡&gt;ara sustituirlos por otros 111{1s positivos y racionales.
J ~s frecuente que los c:onlen1poráneos de los grandes hon1bres
intenten cubrir la n1ilitancia a que los lleva su pasión política con
ideas y expresiones del pensador que ei1 ese n1on1ento proyecta n1•'s
intensan1ente Sll influencia en el i11edio. Con Una1nuno pasó algo
sen1ejante -antes y durante la guerra ciYil, la cual con10 se sabe
c·ostó a España Yarios 1nillones de vidas-, tirios y troyanos, es
decir, falangistas. fascistas, reaccionarios, SO('ialislas, comunistas y
anarquistas: católicos, ateos y librepen sadores pretendieron just ificar su pasión política ( horrorosan1ente cruel) i1ada n1enos que con
el pensan1iento y la palabra de uno de los n1ás grandes agonistas tle
todos los t ie1npos. (Nota de 1964).

�malo. Se observa aqt1í tina característica positiva de le:l
posición me11tal de Vaz Ferreira: es natural, y disculpable, al juzgar alg·o realizado, existente, qt1e se nos imponga por el hecho de st1 realización, que nos habituamos a
lo qt1e está como a la presión atmosférica. Vaz Ferreira
p1·esci11cle de los efectos del acosit1mbramienio: .it1zga el
rég·ime11 social actual como juzgaría ct1alquier i~égimen
realizable o posible. Y no le inspira simpatía alguna. Le
molesta esa conft1sió11 en qt1e se i11ct1rre, en la teoría y
e11 la práctica, e11tre él y el inclividt1alismo. Lo e11ct1e11tra
&lt;lt1ro para con todo u11 sector importa11te de no favoreciclos. St1 pilaI' básico es la herencia eco11ómica; y ya sabemos qt1e ésta, si bien es .i t1sta clel pt1nto de vista clel qt1e
&lt;la. ct1a11do se basa en el trabajo pt1ro y, e11 me11or g·rado
e11 el impt1ro, mezclado co11 capitc.11, 110 lo es habitualmente clesde el pt1nto de vista del que recibe; establecida, corno estél., con ca1·ácter amplio, rompe la igt1aldad, cleseable
~r }Josible, de los hombres al empezar la carrera de la vicla.
Adem{ts, 11 t1est1·0 rég·imen social actt1al no hace disti11ción alg·t1na entre tier1~a de producción y tierra de hatJit,lció11. Mt1chísimos ele los i11clivicluos qt1e 11acen se ei1cucntra11 si11 l11gar do11clc esta1.. c11 el planeta. Pueclen
tra11sitar por él; puede11 recrearse e11 él; pero i10 estar ei1
él si11 precio ni permiso. \T az Ferreira qt1er1.. ía qt1e nt1estro
régime11 se arreglara f t1ndamental y p1·ima1~iamente e11
eso : q tte se reco11ociera a todo hombre, como de1~echo ii1ci ivicl t1al, inalienable e imprescriptible, el clerecho a habitar ei1 el planeta en qt1e ha 11acido sin precio 11i permiso.
El i .. econocimie11to de este derecho es el o})jeiivo pri11cipal
ele la prédica social vazferreiriana. Pero entiencle, co11 i~a­
zón, qt1e no se1·ía bastante e11 el se11tido ele la igualació11
tlcl p1111to ele partida; habría que co11cecler, necesn.riame11te, algo más; deseableme11te, basta11te más. E11 cua11to al
clerecho a tie1·ra de habitación, hay e11 el pensamiento ele
Vaz Ferreira seg·uridad total; en cuanto al resto, seguriclad e11 cuanto a qt1e hay que concede1· alg·o más; inseguriclad en ct1a11to al qilid y al qua1ztil?n; habla de la satisfacción de necesidades primordiales: de t111 mínimun qt1e
tenga qt1e ver con la comida, con la ropa, co11 la vivienda,
con la tierra de producción; tal vez Vaz Ferreira, e11
épocas pretéritas, hubiera conseguido alg·o de su idea1.. io
si lo hubiera precisado más y formt1lado e11 proyecto ele
ley que, en momentos en qt1e tenía i11flt1e11cia en las esfera.s gubernamentales, ht1biera podido ser sancionado. No
t]t1iso hacerlo: le pa1~ecía qt1e 110 era la perso11a más incli-

�288

JlE,rrsT i\ HISTÓill (' .\

cada para ello. Posiblemente fue t1n error. Pero, tal como
.se comportó, se nos presenta más acabadamente como lo
que es : un filósofo ele la sinceridad.
A Vaz Ferreira no lo satisface en general pensar
por clases; pero, si se q11isiera hacerlo desearía qt1e no
fu eran las q11e arrancan de Marx e imperan, en forma
casi omnímoda, en n11estros días: proletarios ve1·si1s burgueses. No puede gust,trle que, en una clase como la burguesa, menospreciable por ser la opresora, entre11, mezclados, los capitalistas. los parásitos sociales -qt1e debe11
entrar-, junto con los funcionarios, profeso res, profesionales e incluso algunos de los más puros y altos i,.epresentantes de la huma11idad: los trabajadores intelectuales.
''Mientras los revolucionarios no entiendan y sienta11
(y eso tiende a acción) que el trabajo intelect11al debe ser
defendido por ellos; toda revol11ción nacerá condenada!
Y mientras la sociedad no sienta q11e no debe defe11der al parásito, condenada, conde11ada y condenada''. ~:;
Propone como fórm11la s ustitutiva para los que desean pe11sar por clases, estas otras dos : la de los q11e trabajan y la de los que no trabajan y, entre los primeros,
diferencia a los que lo hacen en trabajo impuro, esto es,
mezclado con capital (comerciantes, industriales) de los
que lo hacen en trabajo puro -físico o mental- obre1·os,
pensadores, pedagogos. Condena el no trabajo, el parasitismo social del yerno del rico. Valora el trabajo en sus
dos formas básicas y las muchas intermedias, pero su
admiraci611, como no podía menos de ser en un pensaclor
a11té11tico, va hacia el intelect11al.
Solución propuesta: Hay, en la ideología \ azferreiria11a, 11na parte crítica y otra posiitva: t1na para. dest1"ue1is y t1na pa 'r a co1zst1·11e1is. En ciertos casos (religiones
positivas, por ejemplo) co11scientemente, en nombre de
la ve1·dad y la sinceridad, demuele lo existente sin tener
nada para darnos en cambio; en materia social, las cosas
cambian : Vaz Ferreira es enemigo del individ11alismo, del
socialismo; más aú11 del régimen social actual; esa "bolilla neg1·a que salió e11 la l1istoria''; pero, después de destruir, construye, y es s11 construcción simple y viable.
En lo social, como en lo económico, como ei1 lo pedagógico, no es partidario en general de lo que se llama en
7

25 Carlos Vaz Ferreira: 1•:obre los JJroble111us sociales. 1\\ y 2 \l
:F1dición Hon1enaje de la Cámara de Representantes de 1957 y 196:~.
t. VII, págs. 80 y 68 respcctiva1nente.

�CAitl.iOS \' AZ FERREifi 1\

2sn

pedagogía "La Reforma'' (con mayúscula) qt1e exige para
im1)lantarse la destr11cción previa de todo lo existente,
sino de reformas (con minúsc11la) parciales, en ge11eral
realizables prog1·esiva, gradt1alme11te, c11 11na gerie de mejoraR s11cesivas qt1e nos van acercando al fin bt1Rcado. Al
régimen social qt1e preconiza puecle, i1att1ralme11te, llegarse de golpe; pero es preferible alcanzarlo por etapas.
Respeta en g·rt1eso lo existente : propiedad, herencia,
pero lo limita y palía en st1s efectos. En t1na 01"ganización
que realizara s11 ideario, se haría una distinción entre
tie1·ra ele habitación y tierra de producción; y sin perjuicio ele los cambios en el rég·ime11 de e8ta última, para ir
eJ1trega11do progresivamente parle de ella a qt1ienes quieran )7 sepan hacerla prodt1cir, Re cambiará de régimen a
l~t ¡)rimera, ya qt1e debe ir sie11do ent1~egada a todos, como
derecho individt1al y st1straída al comercio de los hombres.
1\sí como toda per ·onn tiene derecho él expresar st1 pensamie11to librem€nte, de palabra y por esc1·ito, te11dría
clerecho, e11 la org·a11izació11 social Vé:1zferreiriana, a estar
en .'tl pla11eta si11 precio ni permiso. Además, te11ienclo e11
cuenta &lt;ple lo anterior es elen1asinclo poco, se temperaría
l:t clt1reza del régimen social actual, co11ceclie11do a caelc:1 ii1cli\1icluo más, en el se11ticlo ele la igt1alació11: eclt1cació11 e
i11strt1cció11 corporal }r espiritt1al ei1 t1n grado mt1cho m~11
~'0l'' de lo q11e le clames act t1almente. ( \ az Ferre ira, at111l]tte 110 lo elice aqt1í, eJ1tiencle qt1e esa cult11ra debe recibirla
el 11iño e11 los parqt1es escolares) : y algo qt1e te11g·a qt1e
ver con la alimentació11, la ropa, la vi\1iencla, la. tierr&lt;:1 ele
i&gt;roclt1cció11. Vaz Ferreira i10 precif'a el q1cicl ni el &lt;1ua11t u'n:
lo deja librado al bue11 criterio el el leg·islador, qt1e ha ele
tc11er e11 ct1enta la deseabiliclael y la posibilidacl.
Ei1 cua11to a la hcre11cic1 : 110 j t1zg·a bt1e11a st1 total
st1presió11 : pese a. su i11j t1sticia, tiene e11 su haber el estar
ele act1erclo co11 los Re11timie11tos ele familia, tan \ralorc1clos
por él. Respetánclola e11 g·e11eral, se introdt1cirán en ella
1~eformas que destrt1yé:111 st1 hegemo11ía; simpatize:1 co11 la
solució11 ele uno de st1s filósofos fa,roritos, Slt1art l\1ill,
qt1ie11 preconiza lo sig11iente: qt1e cacla t1110 pt1eda dispon€r
ele st1s bie11es libreme11te, salvo la sig11ie11te limitació11;
que i1adie a lo largo de la vida pt1eda recibir por here11cia
más de cierta st1ma. Vaz Ferreira clesearía ct1a11iificé1rla
ele ma11era a impedir lo que co11siclera tina calamidael: el
}'&gt;&lt;lrásito social, el hereclero. 1'ambié11 poclría i)aliarse
1&lt;1 here11cia por meclio ele ft1erte~ impt1estos pro~~·resivos ,
qt1e i10 ~erían ta11 mal recibidos como otros porqt1e Céle-

�290

RE''ISTA IIISTÓRICA

rían en t1n momento oportu110: ct1a11do los bienes pasan
de u11a persona que mt1chas veces los obtt1vo poi~ st1 trabajo o con ayuda de su trabajo a alguien que en gene1·al no
los ganó ni contribuyó a ga11arlos.
Tal es, simplemente expuesto, el régime11 social propuesto por Vaz Ferreira en sustitución del actual. Es sencillo : sólo unas pocas ideas direct1~ices: aume11tar la
igualdad e11 favor de los qt1e denomina Wells los insegttros, a expensas de los seguros.
El ideai-·io social vazferreiI·iano se mantt1vo siempre
en el campo de lo pensado : no llegó a cristalizar e11 1a
práctica; esto perjudicó a los hombres, mujeres y nifios
de carne y hueso que hubieran ganado en bienestar y felicidad con su puesta en marcha. Pero lo favoreció como
idea. Como veremos a lo largo de este e11sayo, pt1ede
observarse en distintos sectores (pedagógico, filosófico)
cómo varía la actitt1d vazferreiriana frente a aqt1ellas Lle
sus ideas destinadas a realizarse en la práctica, seg(111
que cristalicen o no. En el primer caso, se clesi11teresa ele
ellas: el bien está hecho, a otro bien. Si se realiza11 méll
o incompletamente, se ocupa de ellas para tratar ele obtener logros satisfactorios; ct1a11do i10 se realizan, co11centra
todas sus energías físicas, psíqt1icas y espirituales para
acompañarlas, seguirlas, repensarlas, mejorarlas, preclicarlas. Tal ocurrió con st1 ideario social. No ha te11ido. 11i
nos parece que tenga ni siquiera principio ele eject1ció11
en u11 futt1ro próximo. Vaz Ferreira lo sigt1ió toda la ''ida:
los libros son, e11 éste como en ta11tos otros casos, !Jroductos secretorios de t1n ideario qt1e b11sca su realizació11.

Vig encio clcl icleario social i·azfcrreiria1zo. S11 real.izoció1i p1·áctica. - ¿ Qt1é grado ele optimismo podemos
conservar en el Urt1gt1ay de 1964, co11 relació11 al ideario
de Vaz Ferreira? Empleando la expresión clcl l\!Iaestro
distinguiremos entre optimismo de \ alor )- optimismo de
éxito. En cuanto al primero: tiene qt1e ser mt1y gra11cle:
la ideología y la sentimentología ele Vaz Ferreira depar&lt;lll
a los hombres, a las mt1jeres y a los i1i11os un bienestar y
una felicidad qt1e ninguno de los regíme11es actuales hé1
podido ofrecer. El ideal ele Vaz Ferreira es de signo pobrista y es orgá11ico porque abarca la colectividad i11
totu1n. Su valor positivo es impo11derable.
En cuanto a la vigencia del pe11samiento vazferreiriano, es indudable que él ha ejercido apreciable i11flt1encia sobre la legislación social del país ei1 lo que va ele este siglo. El concepto "social" clebe ei1tenderse élqt1í e11
7

�2!)1

se11tido amplio, comprensivo de la organización de la familia )' del mejoramie11to )' clignificación ele la vicla del
trétbajaclor e11 tocla la gama de la labor social, así como la
protección de los débiles. i11clt1so de los venciclos por st1
propia i11dole11cia. Los hombres de g obier110, en s us pro~rcctoH. me11Rajes y discursos parlamentarios han sido imbt1idoR 110 sólo de la posición mental fijada por Vaz Ferreir&lt;t si110 qt1e hasta los pla11teamientos han sido penetrados
por las clistincio11es y esclarecimientos clel Ma,estro. Vaz
11,errei ra pensó ei1 concreto para t1na colecti viclacl, para RLl
JJ&lt;lÍR. Percibió con clarivide11cia qt1e el bie11estar social está
lig&lt;1do cll clesarrollo económico j' qt1e exiRte u11a interde¡)ende11cia entre las nacio11es . Pero no pe11et1~aremo s en el
Cétmpo ele lo económico, ol)jeto del ra11ítt1lo V de estos E st 11clins vazf'e rreiria1zos.
1

La inflt1e11cia rectora clel i\Iaestro sig·t1e ejerciéndose
a tl'avés del tiempo. Ella desborcla las pra.g·máticas y se ha
i11corporaclo ): a &lt;1 11 t1eslro acervo ct1ltt1ral. En ct1anto a la
intensidétd ele esa i11flue11cia habrfi Ri11 duela momentos ele
n1a)ror :r ele me11or gravitació11. Asistimos sin duda hoy ei1
l...1&lt;1ti11oamérica a t111a coyt1nlura política y Rocial ad\1 e1~sa a
los 11obles pla11teamie11tos de i1t1eslro pensador. Grt1pos sociales (obreros, maestros, ¡Jrofesores, ft1ncio11arios, profesio11ales, etc.) han ido cristaliza11clo stt acc ió11 e11 forma ele
cla11es agresivos . A Yeces actt:1an como ft1erzas clispcr a s:
otras e11 forma semi-federada. E11 ge11eral se trata de una
1ucha q tte se red11ce a la postre a reclamacio11es salariales,
ctt)'a co11qt1ista se arra11ca al })Ocler p(1blico por procedin1ie11tos coactivos. Lé1 apete11cia clel mome11 lo define el imJJulso activis ta e11 carla caso. El i11terés de la comt111iclad
~r :-;t1 futt1ro qt1ecla11 al marge11 ele lél clisct1sió11. Los órgétnos clel E Rtaelo ¡Joco el ¡Joco ve11 cccler s us competencias
~, los é1ctos ele golJier110 se encami11a11 f rect1 e11tementc ét
concertar los términos qt1e po11g·a11 fi11 c-t un planteamie11to
crítico. No ha)' clt1cla qt1e estamos c11 prese11cia de t111a
fragmcntació11 a todas luces i11co11ve11ie11te del ace1·vo nacio11al. No obsta11te contamos, e11 todos loR {1mbiio~ de la,
&lt;tctividé1cl, co11 me11tes lí1cidas qt1e Rabe11 i11terpretar corrcctame11te esta clase de desvié1ciones . El legaclo de V &lt;lZ
I.,erreire:1, como el de ta11tos gra11cles pensaclores se ma11tiene i11tacto y es objeto ele la clebidét co11sideración y estuclio J)Or parte de t111 11(1mero s t1ficiente de personas que
i10 son clominadas por las estriclenciaR qt1e se11alamos. Si
las agt1as han bajado ele nivel, sabemos qt1e Rtl pote11cia se
conserva intacta.

�CAPÍTULO V

Lo económico en la vicla y e1l la obra
de Carlos Vaz Fe1~1·eir·a
En la vida. Nos gustaría precisar, e11 general.
ejemplificando luego en base a rect1erdos personales, qué
papel dio nuestro filósofo en su vicla a lo material, más
en particular, al dinero y a lo que con él se adquiere. Anticipamos nuestra conclusión : i10 es un lugar vergonza11te ni relevante: ta11 lejos estaba Vaz Ferreira del desasimiento económico, que predican ta11tos. qt1e practican ta11
pocos -casi siempre arrastrados hacia arriba por los
grandes iniciados- Cristo, B11da, como de la avidez ele
los incontables Jionii1ii oeco1ion1ici que abt1nclan, abt1ndaro11
y abundarán doquiera y siempre. Vaz Ferreira, &lt;::i11 saberlo, es aristotélico: halla la virtud en el .it1f:to n1edio.
Constataba, en t1na de las contadísimas ocasio11c~ e11
que se refirió e11 st1 obra a este problema, que st1 po~ición
era difícilmente defe11dible, porque estaba como sitt1a(lo
en la ladera de una mo11ta11a, entre dos ba11dos antagó11 i_
cos, recibienclo fuego de los dos lados. Pero, si evitaba
teorizar su posición, no le costaba nacla realizarla en la
práctica: se había con11att1ralizado con ella: la mantt1\ro
sin deflexiones a lo largo de st1 existencia. Tuvimos la dicha de compartir st1 vida material }. espirit11al clura11te
medio siglo; y poclemos aseverar qtte ei1 todo el período
que abarcan nuestros rec11erclos, siempre mantt1\·o -por
s11 voluntad- la vida económica en 1111 p~ano ele á u?·ecl
1necliocritas, con primacía de este último eleme11to.
llagamos i1n poco de historia. ¿Cómo trató la \1 ida
e11 lo económico a Vaz Ferreira, )' cómo reaccionó \T az
Ferreira fre11te a ella? Nuestro filósofo pertenecía a t111n
antigua y rica familia montevideana. St1 niñez, adolescencia y primera j uvent11d transct1rrieron, rocleadas de comodidades y de mimos, en varias casas de ci11dacl y ei1 t1na
Qui11ta que abarcaba la mayor parte de lo que es hoy el
Praclo: la a.ctt1al Avenida Buschental fue abierta en s11
i11terior. De algt1nas a11écdotas oídas a Vaz Ferreira se
cleduce q11e el grupo familiar llevaba una vicla fácil e
i11clt1so clispencliosa.

•

�Cr\IlLOS , •.t-\Z FEfiREillA

Ei1 cierto mome11to, cua11clo i1uestro biografiado tenía
22 años, Re procl uce el desastre familiar: muere st1 padre,
Don l\1anuel Vaz Ferreira. Este luctt1oso suceso cambia
brt1sca1nente el pa11orama económico. Vaz Ferreira pasa
&lt;l la pobreza total. Se convierte e11 jefe ele familia en el
hogar qt1e integraba co11 stl madre y st1 herma11a. Aceptó .
con hombría su respo11sabiliclad mate1,ial y moral. Le hemoR oído decir, en algt1na de las rarísimas alusiones a st1
pesacla carga familiar, que es agradable eclt1carse e11 t111
hogar que económicamente
IJara arriba, pero qt1e, para
la formación del carácte1,, es preferible t1no como el s1Jyo,
et1 clescenso material.
Pa1,a ir hacie11do fre11te a la sitt1ació11 -11os lo 11arra
J t1a11 Anclrés Ramírez- empezó, además de las n t1meroSél8 clases gratuitas, que daba ge11e1,alme11te en el P1·aelo
o e11 los corredores de la U11iversidad a toclos aquellos
que Re lo pedía11, de las i1t1merosas materias del bachil1e1·a to qt1e co11ocía bie11, a clar alg·t111as partict1lares retribt1iclas. En esta tarea osct1ra, ing·rata, y qt1e tan poco g·oce
CR})iritt1al procl t1ce, contint1aela por años, conj u11tame11te
co11 Ja ele exami11ador, qt1e 1Jie11 sabemos por qt1é y e11
&lt;Jtlé g·raclo le cliRgt1staba, g·astó Vaz li'erreirél, e11 pt1ra pérclicla, mt1cho tiempo y mucha e11ergía física y me11tal.
lVI&lt;ís ade!a11te hizo clos textos, t1110 ele ¡Jsicología )
otro ele lóg·ica formal, que t11viero11 mt1cho éxito ei1 el
&lt;1mlJiente t111iversitario y tambié11 de librería. l..,ero, e11 t111
gesto ele desp1~endimiento, qt1e co11forta destélca1·, los retiró a loH pocos años de la circt1lé1ción, por e11tencler qt1e,
})Or motivos diferentes, no servía11. N t111ca m{is permitió
st1 reimpresió11, pese a las ventajas materiales qt1e ello le
h t1 bieré1 reportado.
E11 1897, a los 25 ét1ios, se hizo cargo ele la Üéi.tedra
tle lcr. a11o ele I)reparatorios en nuestra U11ivcrsiclad. La
c&gt;bte11ció11 de este pttesto fijó t111 jaló11 importHnte e11 su
vicla, con re1)erct1sio11es eco11ómicas. Vaz Ferreira tenía,
&lt;1demás ele clispoRiciones y fa,cilidad para eliversas tareas
es1Jiritt1ales, clos vocaciones, e11 parte enco11tradas : el pe11samiento pt1ro )1 la pedagog·ía: la primera era difícil ele
ei1cat1zar e11 la \ icla económica. ~i por t1n mome11to pensó
i1t1estro padre en eludir st1 pesada carga material: tal deserción i10 podía oct1rrírsele él t1na perso11a qt1e valoraba,
e11tre toclos los afectos y entre toclos los cleberes, los famili&lt;tres. Tampoco lo hubiera co11siderado deseable: bie11
sabido es aparte ele los j t1icios seve1 os qt1e formt1laba ei1
1&lt;1 i111.i1nidacl. la condenació11 rott1ncla pro11t1nciacla en st1

''ª

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1

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�2D4

REVISTA HISTÓRIC.t\

obra contra el no trabajo. E11: Sob1·e los proble1nas sociales, incidentalmente, anatematiza como un s11bproducto
social al )'erno de rico, al he1·edero. Y e11 un papel inédito,
refiriéndose al ocio noble griego, dice así: ''los griegos tenían una cosa horrible, siniestra: El no trabajo. El trabajo material era cosa de esc!a vos''.
Concilió, con sacrificio, su actividad intelectt1al con
el ''pane lucrando'', canalizando, parcialmente, hacia la
actividad retribuida, una de s11s inclinaciones, la peclagógica, alta sin duda alguna, pero i10 de la jerarq11ía clel
alto trabajo intelectual. El ejercicio de la docencia y ele
cargos administrativo-docentes le permitió satisfacer s11
vocación pedagógica y, simultáneamente, ganarse la vida.
Fue, sucesiva o simultáneamente, miembro del Consejo de
Enseñanza Primar·ia, Decano de Sect111daria, R ector tres
veces, Decano de H11manidades .
Vaz Ferrei1·a no el11día los ca1·gos 110 re11taclos. Para
refe1·irnos a los más importantes : desempe11.ó honorariamente por varios años la Dirección de la Facultad de H11manidades y Ciencias . En este caso se trataba de 11n cargo
no presup uestado aún. Pero cabe destacar que, en cierta
memorable ocasión, por s11 libre volu11tad, volvió honorario, al no pedir una acum11lación de s ueldos a q11e tenía
derecho, u11 cargo rentaclo: cuanclo, en 1935, bajo el régimen de facto impuesto por el Dr. Gabriel Terra en el
Uruguay por el golpe de estado ele 1933, q11e derrocó las
instit11cio11es, se trató ele elegir Rector, toda la Universidad ele acuerdo propuso a Vaz Ferreira. Este aceptó el
cargo si11 el sueldo. :!I: En otra ocasión renu11ció, por clelicadeza, a uno que le había acordado el Poder Ei ec11tivo.
En cierto mome11to -1913- !l11s cliscípulos, amigl1~/
y admiradores, con s11 consentimie11to complacido, solicita1·on al gobier110 la creación ele 1111a Cátedra ele Co11ferencias para el que era )7 a l\IaeRtro ele la j tl\1 e11 tt1cl ; y lét
obtuvieron como la quería11: co11 tema libre )' bien retrib11ida. Perseg11ían t111 cloble fi11: e~piritt1a l ). mate1·ial. Por
11n lado, bt1scaba11 establecer contacto directo ei1tre \ ' az
Fer1--eira )r la .i U\1 e11tt1d, :in la limitación de los curso~
reglaclos, exámenes y demi1s; por otro, facilitar a Vaz
Ferreira, libre de las ataclt1ras eco11ómicas, la formulació11
)r pt1blicació11 de st1 ideario: el primer fin se realizó ple1 1 y 2·.1 Edición Hon1enaje de la ('án1ara de Ileprcsentau tes:
/11ci&lt;le11tol111cntr. ..• (.\lgunas cartas. discursos y notas l. t. X\~Ill.
págs. 5:3.:; t y 55-56 respectiYa1nent0.
26

�-'&gt; ..,n o-

11amente; el seg·unclo, sólo en parte. Es cierto que el Maestro quecló mt1y aliviaclo ei1 lo pect1niario: s t1 Cátedra ft1e,
él lo largo cle toda la vicla, el ¡Ju11tal m{1s firme ele st1
economía doméstica, ¡;ero, por haberle impreso u11 gi1·0
JJ1·eclomi11a11teme11te doce11te, hizo primar al pedagogo solJre el pensador.
Vaz Ferreira tt1vo, por varios años , otra entracla ele
cierta entidad: en su jt1ventt1cl había trabaclo amistad co11
st1 compañero ele claRe, D. José Irt1reta Goye11a. Después
ele recibiclo, ingresó al estt1clio de éste, en calidad de abogado; en t1n momento darlo, surg·ieron clesavenencias e11tre ellos y Vaz Ferreira se retiró. M t1chos a11os despt1 é~
intentó de nuevo ejercer, s in éxito.
El período en qt1e trabajó co11 Irt1reta Goye11a ft1e el
mejor clesde el pt1nto de \ ista eco11ómico: reinaba la abu11elancia en el hogar. I11cluso llegó a co11strt1irse dos casas:
En 1917-18, ei1 st1 qui11ta ele Atahtl&lt;ll J)a, para st1st ilt1ir a
la a11tigt1a qt1e s i, en lo e8piritual ha elejaclo en i1osotr os
t111 poético rect1erdo, en lo material era tan, ta11 llovedorél
lJlle los días ele llt1via jt1gábamos los niños y las i1iñas a
u11 extraño )' 011timista jt1ego: ga11aba11 aq11ellos ct1yo dor mitorio se llovía más. Para sL1stit11irla, el pe11saclor l)aJó
JJOr t111 tiempo clel mt111clo ele 1a~ ideas, el ig·ió u11 bt1e11
a rqttitecto e hizo cor1str11i r t1na sólicl&lt;:i y co11f ortt.llJlc Cé1sa,
e11 la que vivió por el resto d e stt vicla. P osteriorme11te, e11
192;], se hizo eclificar t111 ¡Jec1t1e11o cl1alet de \'era11eo c11
l\iél.lví11, al qt1e iba a veces co11 8 t1 s familiétreH, Hi bic11 se
ca11saba pronto ele la plaj·a :Y volvía a st1s itrboles, &lt;t st1s
flores, a RLlS libros y principalme11te a g11 musica. :!i
Nos hemos referido hasta &lt;tc1t1í a la8 e11 l rétcléts qt1e
tie11en qt1e , ·er co11 el trabéljo pt1ro, si11 m ezclét ele c&lt;1pité1l
(obreros, trabaja el ores i11 telectLlélles) . Vé1mos a de11u11ciétr
u11a vi11ct1la(la con lo qt1e \ 7az Ferreira cle11omi11c.-t trabajo
in1puro ( co11 mezcla ele C&lt;tpital: come1,cia11te, csl&lt;1nciero).
Estos apu11tes e11 qt1e hilva11étmos i1t1ec;lros re~t1erdos ei1
lo c1t1e tie11e qt1e ver con clisti11tos aspectoR ele la p er son nJjdacl vazferreiriana, perderíe:111 el esca8o \ ét1or qt1e pt1clic1éll1 te11er s i i10 ft1 era11 e11terame11te veríclicos. Po r lo ct1,tl
forn1ulamos 11t1cRtro: "J'acc11se . .. ". U11a vez e 11 st1 viel,1
\ 1 az Ferreira Re hizo culpable ele t111 11eg·ocio: es cierto qt1e
ht1bo presió11, ca.si co&lt;1cción })Or p a r le ele t111 pri1no s11~ o
1

7

27 L&lt;l l'a~a-quinta d e ,\tahualpa ha s id o declarada 111onu1nenlo
na e iotlul. \·iycn e n ella a&lt;'tualn1cnlc un h ijo de \ Taz Ferrcira, un
nieto y s u fnn1iliu. u11a fiel Re rvi&lt;l ora. l ~n el &lt;'ha leC'ilo d r l\lalvín
Yi\'c un nielo c·on s u fan1ilia. (&gt;lota de 1!)79).

�296

REVISTA HISTÓRICA

que lo qt1ería mucho, a st1 ma11era, y qt1ería enriquecerlo.
Pero esa sería circt1nstancia atent1ante, no eximente: e11
t1na época lejanísima, que i10 podemos i1i qt1eremos precisar, Vaz Ferreira compró t1n te1·reno e11 Colón y lo revendió
al poco tiempo, ganando alg·o de dinero. Nunca rei11cidió.
Y por alg·una velada alt1sión al a st1nto, i1os parece que le
quedó algo así como un poco de vergitenza por aquella
peqt1eña st1ma cuya obtención i10 se basaba en trabajo
pt1ro.
Nos parece éste el lug·ar adect1ado para precisar st1
posición frente a una institución que apt111tala nt1estro
régimen social familista : nos referimos a la herencia
económica; en teoría, bien sabemos que le tie11 e antipatía,
así como a los herederos : a aqt1ella , porqt1e deseqt1ilibra
el punto de partida e11tre los q11e va11 a actt1ar e11 la carrera de la vida; a éstos porqt1e se liberan injustamente
ele la lt1cha económica. Pero es mt1y corriente que, pri11cipalmente en lo qt1e se relacio11a con los bienes materiales, las personas practiquen t1na moral s eparada. Por lo
cual nos complacemos en afirmar que, de 11t1estro conocimiento, Vaz Ferreira sólo recibió a títt1lo ele herencia,
en toda st1 vicla, ttn pequeño legaclo de t111 primo su)ro
-Romá11 Freire- el mismo qt1e lo incitó a hacer un ne•
goc10.
Cua11do mt1rió s t1 herma11a l\1aría Et1ge11ia, clejó algo
de dinero. Vaz Ferreira no tocó un solo centésimo. Le hizo
construir en el Buceo el panteón clonde y-ace11 s us restos
- más adelante los de Vaz F erreira :!'- y próximos familiares- que ni siquiera qt1iso po11er a s u nombre, )' repartió
el sobrante entre las pers onas que la había11 cuidado en
s u (1ltima enfermedacl. Cua11clo, u11 año despt1és, falleció
8tl madre, mt1eble:.; ) y objetos ft1eron a parar a caf;a de

--

I.a últi1n a n1o r a cla de C'a r los \ 'az Jterre ira es pues e l pa nteó n
:i92, e n e l Duceo 1 ;\lou te vidf'o). junt o con s u 1na dr c, h ern1 a n a. e~­
posa y a lg un os hi jos. J)ejó dispusic.ion ~xprl'sa verbal de qu e nunca
se l o ~e p a r a ra d e In c·on1pafie1 a de su \i da. C'ua n do in u rió se IP
rindil' 1·on . por los pod eres de l l ~s tado, i nsl i t t!ciones y per sonas, j ust icicros y di g n os h on1cna j es. l~ n tre los h onores cll..!c r ctados esta ha e l
ser ent err a do e n e l Pa n teó n Na c iona l.
J•: n cun11)li1n ieu to de la le). PI rortejo fú n ebr e se d ir ig ía a éste-.
Ji"a tnili a r cs en ter a dos de la vol un tad de \ 'az I1"erre ira - no sep a1·a rse de s u esposa- pidie r on y obtuvier on el en t ie r1 o en el Bu ceo.
J•:n 19'iS, a l h acer se la r ecluc:ción d e r estos, los fau1i lia r es hi ci1n os c·oloca r e n la 1nis1n a urna - de n1á rn1ol bla n co, con los no1nbres
gra ba dos y las le tras pint a das en n eg r o - los r esto::; n1 o rt ales el&lt;'
C'a rl os •v 1-:lyira. CNota de 197HI .
~8

�'&gt;
C) ,..
- • 1

\Té:lZ I~erreira .

T-Iizo C'olocar la n1ayor i)arte de los primeros, i11clt1so el JJia110 que tocaba María Et1ge11ia, en 1111a
pieza ele s 11 caFa do11de, clesde e11tonce:-;, casi nt1nca m ás
ei1tró: se !e establecían seg·t1rame11te asociacio11es tri 8te~ .
J~n ct1a11to a los olJjetos menudos : jar1·ones, cristal es y
clem{ts, los ma11cló étl sóta110 de Atah11alpa, ele donde los
hemos r etiré1clo -clespués ele s t1 mt1e1·te- los familiares.
\ Taz Ferreira, ei1 virtt1cl ele 11na teoría propia qt1e le hací a
soste11er q11e e11 el inatI·imonio las dos p ersona ~ so11 espiritt1&lt;llme11te t111a, hizo participar a la compañera de st1
vida ele la a11tipa lía por la here11cia, y Ja co11venció de
t¡ue i10 ace1Jta1·a s u parte c11 t1na, JJeq11ena, que le correspondía.
Pa1·a termi11ar ele ce:lracterizar la pos ició11 pr{tctica ele
11 t1est ro filósofo frente a eHta clisct1 ti ble i11sti tució11, el iremos q11e, en cierto se11tielo, era contraria a la ele Tolsto:y'" :
este formidable 11ovelista era t111 poco, en su vida, r eprescnta11 te de Jo qt1e clenomina Vaz F erreira mo1~a1 sepélracla: }Jreco11izaba para los clem{ts t111a m é1S alta q11e la
})Or él realizé1cla. Y, en lo qt1e tie11e q11e ver co11 la h erencia.
clisfrt1tó s11 vida ei1tera ele t111 ct1a11tioso patrimo11io familinr y clejó disposiciones pélra qt1e, clespt1éR d e st1 int1erte,
ft1er&lt;.111 a los pobres, 110 a los familiares, sus bie11 es y l o~
clerechos intelectt1ales emerge11tes de la propiedad ele st1
obra. Vaz Ferreira, ei1 cambio, r ec hazó personalm e11te lo~
})ienes qt1e le hubieran corresp ondiclo por herencia, p er o
110 privó a st1s herederos i1att1rales clel fruto ele su tra1Jajo i1i ele clerechos emerg·entes d e la propieclad literaria
.v· artística.
Hasta aqt1í hemos halJlaclo ele las entraclas qt1e \ 1 az
I~"'erreira tuvo, o pt1clo 1.e11er leg·almente y i10 quiso. No
podemos dejar de hacer refere11cia é:t alg·o qt1e él valorab:1
~1ltamente al j11zg·ar la obra aje11a: en st1 estt1dio sobre lét
l1istoria ei1tie11cle que, tanto como lo qt1e el hcmbre, histórico o ahi stórico, hizo, ha:y q11e valorar lo qt1e se abs1.t1vo
ele hacer. Aqt1í hay qt1e poner e11 el haber ele Vaz Fcrrei r a
tina canticlacl prácticame11te i11clefinida: i10 aparece ei1
toda st1 vida p(1blica o privacla 1111 solo lt1cro ilegítimo.
Es probable que 111111ca se ha) a intentaclo sobornarlo, tal
era el respeto que imponía s t1 reciedumbre moral; y es
¡)robable que nunca haya encaraclo como pos ible ningu11a
gana11cia deshonesta. En algu11a co11tada ocasión en qt1e
se encontraba f1·ente a la posibilidad ele la te11tación de
hacer alg·o i10 perfectame11te pulcro o legal, clecía tranq11ilamente: ''Cienft1eg·os 110 lo harí,1'' y pa saba de largo.
1

�298

1{ F~VIST A HISTÓRIC" A

(Cienfuegos era un a11tepasado i·emoto de Vaz Ferreira,
el más lejano de sus ascendientes por la lí11ea mate1·na
conocidos por él, al que, no sabemos si con fundamento o
sin él, había rodeado de una au1.. eola de fortaleza moral) .
El ''Cienfuegos no lo haría te11ía para el descendiente
t111 efecto análog·o al "Vade retro, Satan" clel meclioevo:
aventaba el mal.
Creemos haber enumerado todas las entradas de Vaz
Ferreira, inclt1yendo las legales que t11vo; las legales que
pudo tener y no qt1iso y las ileg·ales que rechazó. Pasa1·emos a explicar las salidas.
E11 el p1·esupuesto doméstico había una norma básica que, de nt1estro conocimiento, no se violó i1unca. Las
salidas debían reg·irse siempre por las entradas, y no a la
inversa, como es tan habitt1al. Nuestro padre tenía horror
a las det1das y nunca las contrajo, i1i grandes ni chicas.
Recordamos, entre mt1chas, una comp1.. obación ide lo que
decimos : en cierta ocasión, en t1n período en que pasábamos e11 la Quinta por un momento de. . . digámoslo en
la elegante terminología t1namt1niana: i?npec111iidad, se
e11contraba Stl dt1eño caminando tranqt1ilamente entre los
á.rboles. Se le ace1"ca t1n hombre, le dice se1· ob1--ero y se
ofrece para barnizarle, por $ 500, las ve11tanas y persia11as de la casa. Vaz Ferreira miró distraíclamente para
arriba y contestó: "Efectivamente, necesitarían un arreglo, pero i10 tengo dinero". Y saludanclo amistosame11te
al gestor oficioso, contint1ó st1 interrt1mpido paseo. Las
cosas qt1e no estaba11 económicame11te a st1 alca11ce no
existía11: se acostt1mbró e11 tal forma a prescinclir de ella8
q11e, en sus últimos años, cuando, liberaclo e11 parte de la~
obligacio11es económicas familiares, hubiera podiclo adquiri1·las, ya i10 deseaba nada. Y así conocimos, por primera y ú11ica vez e11 la vida, a t111 hombre de la clase
media, qt1e no sabía qt1é hacer co11 st1 dinero }T se qt1ejaba
por ello.
Hasta aqt1í, las inversiones que Vaz Ferreira i10 hacía; veamos las qt1e hacía : el st1eldo universitario, siempre lo principal, pasaba íntegro a su esposa, que lo administraba co11 prudencia y eco11omía, reservando t111a
parte ele cierte:1 importa11cia para la caridad, q11e practicaba directa y discretamente: ele ma110 a nlano. Nt1estra
madre se ocupaba personalmente del cuidaclo del hogar:
bajo su vigilancia inmediata y clirecta, se co11feccionaba
t1na excelente comida, tal como la deseaba Vaz Ferrei1·a:
sa11a, higiénica, i~ica, y apropiada a la estación.
1

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�C' .t\llf~C)S

V.\í', li' l~IlJ{Ji~ JI { \

Jij11 ctta11to éll vesticlo: aqt1í empezabé1 a regir la austeridad: ya, en proporción, e1·a cara la ropa en aquella
época; )? iodos los familia1,.es segt1íamos, con cierto goce
de corte estoico, el ejemplo qt1e nos daban 11uest1·os paclreR: llevar los mismos trajes, limpios y arreglados, por
t1na cantidad de tiempo casi i11verosímil, con total prescincle11cia ele la moda.
En ct1&lt;1nto a la locomoció11 : Vaz Ferreira vivió más
ele medio s iglo e11 st1 Qt1inta ele At ah t1alpa, lejos de la
U11iversiclacl donde tenía casi toclaR s t1s oc11pa ciones . Se
t1·asl~ldaba dia1~iamente en tra11vías de ca ballos. Lueg·o los
tra11vías eléctI·icos le facilitaron sus viajes. Posteriormente, a parecieron los ómnibus, pero Vaz Ferreira no pt1do
.}ra aclaptarse a la i·apidez ele st1 ritmo: a los 60 años
:tclqt1irió u11 at1to; lt1eg·o lo cambió por otro qt1e, muy bie11
ct1iclado, le dt1ró tecla la vicle:t. ~! 1 No llegó a aprender a
ma11ejar; 8e lo gt1iaba11 s11s familiares, principalmente ttné1
ele 8Lts 11ijas, Matilde, qt1e consag·ró con abnegación cas i
heroica la mayor parte de la vicla al hoga1· y al ct1idado
(le st1s padres ) r clemás familiares. Vaz Ferreira empleaba
el &lt;iuto casi exclt1sivame11te para clirigirse a s t1 trabajo ;
e11 algt1na ocaRión para paseos al campo o a la playa, n o
mtty leja11os.
E.l dine1·0 Re i11vertía J)rincipalmente para sati sfac er
las i1ecesiclades primorcliales de la vida, con exclusió11 de
todo lt1jo material; se ignorH,ba en la qt1inta la palabra
la cosa. Pero había ciertos g·oces espirit11ales. Vaz Ferreira fue, principalmente e11 s tt jt1ventt1d y edad madura,
g·ra11de y 1Jt1en lector y estt1clioso. Se fue forma11do una
e8plé11dida biblioteca, predomi11antemente de carácie1· filosófico, literario, pedagógico y científico. Y como querí a
para los demás, e11 especial ¡Jara s us familiares, lo mismo
qt1e deseaba para él, fomentó qt1e s tis hijos aclquiriera11,
110 sólo los textos Ri110 los libros que clesearan: era u11a
excepción a la norma de at1stericlacl que i·egía aqt1el hog·ar: }Jajo la mirada complacie11te ele Vaz F erreira y st1
esposa, los libros iban invadie11do la casa; colmada la capacidad de los escritorios, oc11paba11 los lt1gares de estar,
clormitorios, en t111a forma qt1e nos parecía mt1y 11att1ral
e11 aqt1el entonces, qt1e tal \ ez i10 lo fttera t~111to para los
extraños.
Había otro g·oce espiritt1al al qt1e Vaz Ferreira dedicó
mt1cho ti empo y int1cho dinero: la múRica. Nt1estra her)

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REVISTA lllSTÓRIC'A

mana Matilcle detalla cómo ct1ltivaba st1 arte favo1. ito. :lo
Al goce de los viajes renunció casi totalmente Vaz
Ferreira, y no siempre por motivos crematísticos. Los familiares recordamos -Y de algt1nos ha q11edado constancia
en st1 archivo particular- i11vitaciones fo1'mt1ladas casi
siempre por Universidades extranjeras, europeas o americanas -incluso Ja Sorbo11a- y de las que algt1nas incluía11 los gastos de vj aj e. Sin embargo, a un ésas, Vaz
Ferreira las i .. echazaba invariablemente ct1ando provenían
de países lejanos: no era impeclime11to el factor económico, subsanado en este caso, sino lo que Vaz Ferreira de11ominaba su ''coeficiente de separabilidad'' de los seres
queridos, que era bajísimo, sobre todo en lo que respecta
a la compañe1"a ele st1 vida, q11e necesitaba y quería e11trañablemente. Salvo una vez en q11e aceptó ir al Brasil
en misión c11Itural ( 1946), st1s viajes más largos fuero11
a la Argentina, casi siempre a Bt1enos Aires, sea para
descansar, sea para dar conferencias que eran muy bien
acogidas y valoradas. Pero ra1·a vez d11raba11 muchos días.
El esposo y el padre empezaban a extrañar el hogar ~r
se volvían.
Hay otro goce al qt1e Vaz Ferreira ren t1nció también,
y al que no hubiera debido renunciar. J\rie i .. efiero al que
le ht1biera proct1rado la edición de sus libros. Sabido es
que publicaba mucho menos de lo que prod11cía. Varios
factores coaclyuvaban en ese hecho; pero es evidente qt1e
el económico oct1paba t1n 111g·ar importante. Vaz Ferreira
no quería dismint1ir el bienestar de st1s clos familias para
clarse el goce de la publicación.
Por todo lo anterior, por mucho más que i10 expo11emos pa1. a no cansar a \ algú11 lector eventt1al, creemos
poder concluir que Vaz Ferreira rigió st1 vida eco11ómica,
sin deflexio11es, por dos no1. mas concordantes: honestidad
y mes11ra en cuanto a la adquisición; orden, co11tención
)r prudencia en ct1anto a la inversión. Por sobre toda la
vida económica -por sobre la vida e11tera de Vaz Ferreira- planea, como idea clirectriz, t1na qt1e pt1ede expresarse por la palabra : a ztsteridacl.
E;l la ob1·a : Trataremos ele u11 fenómeno casi exclt1sivame11te económico, qt1e Vaz Ferrei1~a e11caró co11 un

ao

i\Iat ilde \'az F erreira de Durruty: l~CC' tt cr&lt;l os &lt;l e 111 i pa&lt;l re,
Revista de la Biblioteca Nacional, nún1ero e t1 hon1enaj e al Dr. Carlos
\'az ~,erre iru, en el centenario de su naci1niento. N&lt;&gt; 6, Ol' tubre 19i2.
~lonl e Yid e o,

págs. 37-57 .

�l 1 1-\IlLOS V.\%

F~1Il Rffil f{

¡\

enfoque filosófico orjg·inal y profunclo y recimentó en
forma novedosa y de valía : el problema clel proteccio11ismo y el libre cambio.
En su formació11 t111iversitaria, Vaz Ferreira, conju11tamente con st1 ge11eraci611, recibió, directamente de
st1s profesores y a dos g·raclos, a través de los lib1.. os, de
los trataclistas en bogé:l a f i11es clel siglo pasado y principios de éste (Leroy Beat1liet1 y otros), t1na i11f ormación
y 11na Vé1lo1·ación de ella: se enie11día qt1e el libre cambio
era lo nt1evo y lo bueno; el proteccio11ismo ''lo viejo, lo
archivaclo, lo ma11claclo g·t1arclar". La informac.ión no ha
siclo sobrepasada en lo ft111damental; la valoración pretencle, i11j ustificadame11te como veremos, haberlo siclo.
A principios de este siglo, ya a11tes de la. primera gue1~ra ettropea, se empezó a producir t1na regresión hacia
el IJroteccionismo, de carácte1· p1·áctico: los países se iba11
cerrando a personas y a mercaderías. La gt1erra clel 14,
como todas, })rodt1jo en lo político f e11óme11os clel mi smo
signo qt1e los qt1e lleva11 al proteccionismo eco11ómico:
odio, hostilidacl, desconf ianzét )' llevó él t111 recrt1clecimie11to (le aqt1el. Se proclt1jo e11 el mt111do occide11tal t111a vuelta
él t111 proteccionismo cada vez más estrecho y m{ts cerraclo
qt1e llegó ' e11 muchos países, inclt1so el i1t1estro, a g·rados
abst11·dos e inverosímiles.
Fre11te a esta situación Vaz Fe1·reira se sie11te llevado
a. repensar su ideario económico; no lo trata aislado. No
es sólo en este campo que se ha11 proclt1cido r etrocesos;
tambié11 en otros aspectos ele la realiclad: científicos, políticos.
Vaz Ferreira hace t111a p1·imera form11lació11 ele st1
ideario económico en co11fere11cias formttladas e11 1932 co11
el títt1lo siguiente: '' Actitt1d ante los élCtt1&lt;1les retor11os del
pe:1saclo". En ellas pone de ma11i f iesto la p0Hició11 en qt1e
se e11cue11tra11, su generació11 y él, ante la vt1elt~1 ele errón€aR ideolog·ías, ya sobrepasadas, que inte11ta11 presentarse como bt1enas y nt1evas. En algu11os casos, por lo m e11os, a parecen renovadas : Vaz Ferre ira ejemplifica co11
Ja reco11quista de la primacía filosófica por las cie11cias
físico-matemáticas en st1stitución de las biológ·icas, vt1elta
sólo parcial, ya qt1e la física-matemática ha V€11iclo cambiada. En menor grado, ocurre lo mismo co11 la \·iej a oposición e11tre individuo ':l estado, re11ovada por la i11tervención de un terce1.. elemento: la ele servicio p(1blico que,
i1€cesariamente estático, favorece directamente al indivicluo mucho más que el viejo individt1alismo. En otros
20
;

�llEVISTA lIISTÓRIC ..\.

:lo 2

casos, se trata de retornos puros y simples : en lo político,
de la vieja forma de gobierno dictatorial intentando primar sob1~e la democracia; en lo económico, retorno del
antiguo proteccionismo, busca11do sect1ndarizar el libre
cambio. Vaz Ferreira, en un interesante estudio de filosofía económica, que detallaremos, muestra la superioridad lógica, psicológica e inclt1so ética del libre cambio.
Sigt1e transct1rrie11do el t iempo; los países de occidente, entre ellos el nuestro, han seguido cerrándose a personas y a mercaderías. Ha aumentado la divergencia entre lo existente y lo que Vaz Ferreira considera ideal
deseable: el libre cambio como idea directriz; el proteccionismo como idea correctiva. Una nueva guerra acentúa
la involución económica y las otras: Vaz Ferreira ag·udiza
y sutiliza su análisis y nos da, siempre en st1 cátedra, la
formulación integral más madura ele lo que constituye
su aporte a la teoría y a la práctica económica. Las posteriores, contenidas en: Algu1las conferencias sobre te1nas
científicos, a1·tísticos y sociales (2 .1 serie), Sobre algu1ias
que creo ve rdades y E xt1·acto de idea1·io son simplemente
síntesis o esquematización de t1n pensamiento ya fijado.
La médula de la crítica vazferreiriana al t1ltra-proteccionismo está contenida en su exposición de los paralogismos proteccionistas, qt1e denunció varias veces, siendo
la formulación de El ult1·a proteccionis;,io y s11s tnales :~ 1
la más completa ·~l de mayor envergadu ra. La segt1iremos
en la exposición que sigue:
¿Cuál es la posición de Vaz Ferreira e11 el viejo pleito: proteccionismo ver·sils libre cambio? Sin co11ocerla,
podríamos adivinarla. Ct1ando ancla en j t1ego la idea de
libertad, va hacia ella, como t1n líqt1iclo busca st1 nivel.
No olvidemos su : "Confia11za e11 las solucio11es de libe1·tad ... ". Casi n u11ca deja ele dar primacía a ese concepto
preferido sobr e los antag·ó11icos : igt1aldacl, orden, organización, planificació11. Encontramos dos casof!, fácilmente justificables : en el pleito entr e estt1diantes reg·lamentados y libres, prefiere a los primeros; e11 la opción ent1~e
matrimonio )' t1nió11 libre se inclina por la sociedad conyugal legalizada. Salvo éstos, alg·(1n otro caso que pt1diera
aparecer, en el dilema e11tre solt1ciones de libertad y no
libertad, opta por la primera.
Pero no es necesario adivinar : Vaz Ferreira tie11e
una posición clara y defi11ida, mt1chas veces formulada y
1

1

Carlos ''az Ferreira, 2· 1 J.jdición Hon1 enaje de la Cán1ara de
Representantes, t. XX. págs. 269-374 .
31

�•) o•)

·&gt;

•J

funclamentacla en forma positiva. No quiere un libre cambio integral, menos t111 proteccionismo total. Como casi
siemp1·e, st1 solt1ció11 es intermedia. Como siempre, no e&lt;;
ecléctica (pensamiento sob1'e lo ya pensado po1' otros) sino
fruto de la reflexión personal y clirecta sobre el problema.
St1po11g·amos -clice- qt1e no ht1biera nacionaliclades, qt1 e
t111 gobierno í1nico rigiera el mt1ndo : en ese caso, lo preferible sería, e11 grt1eso, que cada región prodt1jera lo que
mfts f íicilmente pt1ede procl t1cir, te11iendo en cuenta la natt1raleza, población, vías de comunicación y demás, y qt1e
lo~ artíct1los proclt1cidos se intercambiara11 libremente
(primacía total de la idea ele libre cambio).
Pero ya, at111 sin nacio11alidades, co11vendría introdt1cir como idea limitante algo de proteccionismo, en bie11,
no ele la región sino de los ii1dividt1os qt1e la pt1eblan; hay
inclt1strias inferiores, social o cultt1ralmente: mi11as o pesc~1, por ejemplo co11 relació11 a agrict1l1.t11·a; convendría qt1e
en 11i11gt111a reg·ió11 se explotaran como únicas; el inono-i11clt1striali~mo ele t1na zona pt1ede convenir al pla11eta, per o
no a st1s habita11tes. A toclaR las regio11es y a todos st1s oct1pan1 e~ los favorece cierta diversificación de las indu stri~1s .
Y élsí, au11 si11 i1acio11alidades, sería deseable t1n cierto
graclo de proteccionismo.
Introdt1zcamos ahoJ·a la i1oció11 de nacionalidades.
Desde lt1ego st1bsiste, debe subsistir el proteccionismo ele
regió11 y debe agregarse otro derivado de la existencia ele
la i1ación.
Si no es deseable qt1e una reg·ió11 amorfa y s t1s habita11tes pase11 a ser predomi11antemente servido1'as del
pla11eta -ace11tuá11dose s t1 carácter de medios para t1n fi11
social- menos deseable es qt1e desempeñe ese papel t111~1
nación y sus pobladores i11tegradoR en t1n toclo por la comt1niclad de lengt1a, de raza, de religió11, de costumbreH,
c_le pasado, de ideales o por algt111os de estos nexos ele
ttnión. Una nació11 tiene derecho a aseg·t1rarse, poi~ t1n
p1·oteccionismo mocle1·ado, cierta dif erenciació11 indt1stria 1
y social, cie1·ta civilizació11 de tipo más complejo que el
n1onoindustrialismo. Así, ni sin nacionalidades 11i, me11os
aú11, co11 ellas, es deseable el libre cambio total.
Pero sería, sí, más soportable qt1e su contrario, el proteccionismo total: imaginémonos a éste funcionando : cada nación -o cacla estado- tendrían que bastarse a ~í
mismos: no habría exportación ni impo1·tación. Cada uno
produciría o intentaría vanamente prodt1cir, toclo lo qtte
necesita y sólo lo que 11ecesita pa1'a s11bsistir por sí mis-

�:! o4

REVISTA J-IISTÓRICA

mo, no contanclo con las demás agrupaciones i1i como
productores ni como consumidores. La i·ealización de este
proteccionismo nos retrotraería muy atrás en los tiempos,
desperdiciando las posibilidades emergentes de ser 1111
planeta entero; nos volvería a los tiempos en que los
países y las personas extranjeras eran, en principio y
salvo prueba en contrario, enemigos; reduciría a cero los
beneficios de la división del trabajo y la solidaridad internacionales. Esto todo el mundo lo ve en lo individual;
nadie considera hoy deseable -salvo casos de urg·enciaconvertirse en su propio albañil y su propio carpintero )
su propio sastre. . . Pero, si no se le ocurre a los individuos, se les ha ocurrido, sin que se sepa bien por qué, a
las naciones (para lo cual hay que observar, igualme11te,
además de los efectos próximos, los remotos). Grado justo
del cual, evidentemente (son los hechos, aunque no fueran los raciocinios, los que lo evidencian) la humanidad
ya se ha pasado y amenaza pasarse más toda vía.
De donde se desprende que hay que j t1stificar en especial cada aplicación del proteccionismo. Libre cambio
tiene la ''presunción'' a su favor: para destr11ir esa presunción, se necesita, en cada caso una razón especial bien
1

fitndada.

Tal es la posición de Vaz Ferreira. Para defenderla,
hace una crítica aguda, de carácter filosófico, a los pa1·alogismos que cometen los contrarios.
En primer término, analiza los que llevan a exage1~ar
la importancia del proteccionismo.
Uno de ellos consiste en lo siguiente: en desear, i11conscientemente, que el propio país sea, según le convenga
en cada caso, proteccionista o libre cambista, J-" que los
demás países sean libre cambistas. Esto suelen no verlo
claro los proteccionistas, pero se puede tornárselo consciente preguntándoles, en nuestro país, por ejemplo si correlativamente a st1s deseos de que el Uruguay se baste a sí
mismo, de super proteger la ind ust1 ia nacio11al, de ir cerrando el cerco proteccio11ista en torno a n11estras industrias, desean tambié11 que los otros países, en forma análoga, cierren sus mercados a nt1estras lanas y a nuestra
carne y a nuestro t1·igo. Se observará que no hay tal co11clusión: el proteccionista corriente lo es para st1 propio
país; desea y espera que los demás países sigan libre cambistas. Prescinde del proteccionismo en los demás países,
de la lucha económica y de las represalias.
En la exposición y c1~ítica de este paralogismo, apunta
4

�C 1\RLOS '' .\Z FERREIJ{A

305

ya algo que es digno de ser destacaclo en la co11cepción

vazferreiriana de lo económico : juzga éste con un enf oqt1e ético: en la vicla de relación hay que gradt1ar perma11entemente el dar y el recibir: analicemos la ct1estió11,
sucesivamente, del pt1nto de vista ele las personas y del
ele las agrt1paciones sociales o políticas - naciones o estaclos-. Mt1chos inclividuos, en el movimiento del clar y el
recibir preferirían exclusivamente recibi1~ o, por lo me11os,
ciar mt1cho menos de lo que reciben: es la lJestia qt1e tira
hacia abajo y que, en general, prima sobre el ángel. Pero,
conscie11tes de que los demás pie11san exactamente como
ellos y también aplican, calladame11te, el "el o ut des" (doy
}Jara qt1e des) romano, se ven obligados a dar más de lo
l¡ue desearían, no por el gt1sto de hacerlo si110 para i10
c1ueclar exclt1idos ele las dáclivas ajenas.
Los estados so11 personas también, pero meras pe1·so11é1s jurídicas, cuya ,,olt111tacl proviene, más que de la suma, de la integració11 en t1na sola de las volu11tades de
sus miembros: formaclas predomina11temente por personas egoístas, no es ele ext1·aii&lt;1r que tambié11 e11 las nacionef;
]Jrime ese p1111to de \1ista sobre el altrt1ista; qt1e tambié11
e11t re las 11acio11es el entreclicho entre el yo y el t(1 se r esuelva clara, abierta, rott1ndamente, por el triu11f o del ) ro.
Esto es lo qt1e aparece, en forma vergo11zante }' larvada,
en el proteccionismo: la valorización ele la propia 11ación,
t111ida al desconocimie11to de las otras. Pero las clemás nacio11es están, y toma11 represalias, }.. cier1~an s11s fro11teras.
Así, at1nqt1e no sea por el reconocimie11to ele superioridad
moral, por stt conve11ie11cia debe se1~ p1~econizado para regir las relacio11es económicas i11ter11acionales, el libre
cambio.
Otro paralog·ismo, tamlJié11 te11cliente a exag·erar el
1&gt;roteccio11ismo, a convertirlo ei1 ultraproteccionismo, es el
()tte consiste e11 confunclir el pt1nto ele vista econó;nico co11
el nacio11alismo. Es corrie11te qt1e los partidarios del s uperproteccionismo sea11 11evaclos a la exageración por e]
deseo de favorecer a st1 estaclo pero que no vean esto claro
~' crean que está11 colocánclose en un pt1nto de \ ista eco11ómico ge11eral; basta -dice Vaz Ferreira- preg·1111tarles si serían partidarios de t1n proteccionismo por reg·iones
o por provi11cias dentro de s t1 país para tor11ar consciente
i11clt1so parél ellos mismoR st1 e11foque etatista del problema.
A propósito de esto, Vaz Ferreira hace una distinció11
ei1tre el pt1nto de viste:l i1acionalista )' el punto ele vi stc1

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REVISTA HISTÓRICA

internacionalista. El amor a la nación es justo y legítimo; y es razonable y deseable que hombres que tienen
comunidad de leyes, raza, religión y demás se sientan
más unidos con sus connacionales que con los extraños. Y
de aquí deriva la legitimidad de un poco de protección a
lo propio, que se traduce o pt1ede traducirse e11 algo de
proteccionismo. El buen nacionalismo, basado principalmente en amor a lo nuestro, es bueno y aconsejable. El
que debe evitarse es el mal nacionalismo -emergente en
gene1'"al de la involución de ese frt1to tan fácilmente putrescible que es el patriotismo- y el t1ltrap1·oteccio11ismo
que deriva de él en lo económico.
Otro de los paralogismos que tienden a exagerar el
proteccionismo más allá del g·rado justo es el siguiente:
En lo económico suele haber oposición e11tre el punto de
vista del productor y el del const1midor. El proteccionismo
es tal para el productor; a los const1midores los (11os,
porque todos somos consumidores, en tanto que t1nos }JOcos son productores) nos favorecería más el libre cambio.
¿Por qué, si esto es así, si todos somos const1midores, Jr
sólo unos pocos prodt1ctores, y estos mismos acumt1!an a
su calidad de productores la de consumido1·es, e11 toclas
menos en la industria en que producen, se tiende, ei1 el
proteccionismo, a proteger sólo al productor en desmeclro
del consumidor? Es que los const1midores, aunqt1e seamos
muchos, aunque seamos todos, lo somos un poco como
aquel personaje de Moliere que hacía prosa sin Rabe1·lo:
no tenemos co11ciencia de consumidores, no i10~ agremiamos, no nos sindicamos, no hacemos ht1elga, no nos organizamos e11 partidos políticos, en ta11to que los p1·odt1ctores, si bien son pocos, acumt1la11 muchos capitales, se agremian, se sindican, hacen ht1elgas, i11teg·ran partidos políticos qt1e constitt1yen t1na fuerza electoral que debe11 co11templar los gobernantes, casi siempre con la mira en los
votos. Vaz Fe1·reira prefiriría el libre cambio, más favorable pa1·a la clase de los consumiclores, menos f avorecidos que la de los prodt1ctores por el régimen social actual.
Aparece aquí una idea directriz de la filosofía vazf erreiriana, que ondea en toda st1 ética e ideario social:
también en lo eco11ómico rige lo qt1e ta11 adect1adamente
llama él su ''pobrismo", dando a este término un sentido
amplio: también en lo económico es partida1·io de quitar
a los prodt1ctores -favorecidos por el régimen social actual- parte de la protección de qt1e disfrutan para pasarla
a los const1midores, que la necesitan más.

�FJ~RRE!f{A

(',.\RLOS \' AZ

307

Otro paralogismo vi11ct1laclo con el anterior, por referirse a los intereses enco11traclos de productores y consumiclores, pero separable es éste: cada acto de proteccionismo favorece sólo a los procluctores y nada más que una
vez, en tanto qt1e perj t1clica a toclos los co11st1midores. ''A
cada hombre la protecció11 sólo le pt1ecle hace1~ bien una
vez, en tanto qt1e le hará mal ta11tas veces, o tantas veces
me11os una, como se establezca t111 proteccio11ismo especial".
Por tanto llegamos por todas las vías a lo mismo: el
libre cambio clebe ser la reg·la; el proteccionismo la excepció11. Sólo cleben protegerse ciertas industrias, en concliciones eRpecialeH: no basta qt1e se trate de u11a industria
11acional; tiene qt1e haber para qt1e sea indicada la p1·01ección ra7'ones especiales: por ejemplo, co11 veniencia del
clesarrollo de determinada indt1stria para t1n país, para qt1e
salga del monoindt1striali ~mo. Y así, conclt1ye Vaz Ferrei1·a: ''La consicleració11 ele qt1e t111a inclt1stria ct1alquiera
110 está J)rotegicla, o no lo está st1ficie11temente, por cierto
qt1e el hecho sea no es (eso por sí solo) causa legítima
})ara protegerla. sino qt1e tie11e qt1e tratarse de caso excepcionttl.

Y excepcional por alg-o importa11 te. »

A et 11 el lid ad del pe ns a n1i e Jl t o eeo11 ó1n i eo va z ferre ir i &lt;t 11 o.
El ideario eco11ómico de Vaz Ferreira, que ítcabamoR de
esboza1·, e8 rico •\' valioso .
Son ele poner de r elieve las circu11sta11cias que llevaron a Rtl formt1lélció11. Vaz Ferreira erct ht1manista integral. Nacla ele lo ht1ma110 le era ajeno. Proft111dizó 110 sólo
e11 los prolJlemé1s propiamente filosóficoR sino en otros
ln.terales: filosofí&lt;:1 clel arte, de la r elig·ión, del derecho,
tle la cie11ci&lt;:t. Mas 110 creemos QLte i1att1ralmente se si11tiera i11clinaclo a filosofar Robre lo económico: lo tan pre&lt;lominanteme11te material lo atrc1ía poco; pero ttn factor
JJUrame11te circt1nRtancial lo llevó a oct1pa1·se del ast1nto:
en cierto momento, e11 Et1ropa )' e11 América, ~· en el paíR
&lt;]tte m&lt;:ís i11teresó Riempre a V&lt;:lz Ferreira, en el que veía
-con razón o si11 ella- como casi el mejor entre los pc1íses del mt111clo, el Urt1guay, empezó a prosperar el proteccio11ismo y a domi11ar la \ ida económica, relegando a
t111 tercer térmi110 el libre cambio. Vaz Ferreira repie11sa
el problema, somete a la crítica de su razón, cale11tada
por el se11timie11to pobrista, el icleario asimilado en su ju,·entt1cl. ~r lo e11ct1e11tra bt1eno. Pero le oct1rre, sin qt1e él
1

�308

REVISTA HISTÓRICA

sea plenamente consciente, lo mismo que con la noción
de democracia: cuando ésta fue negada en nombre de
viejas y malas ideologías que intentaban presentarse como nuevas y buenas, Vaz Ferreira, al repensarlas con
crítica, vio que era buena la iclea democrática, floja y débil su fundamentación; en virtud de t1na norma invariable -que ha aprendido de un tratadista inglés cuyo nomb1~e 110 rect1erda- no la extiende más allá de los límites e11
que es necesaria: respeta la idea y cambia su f undamentación : recimenta la noción ele democracia en forma positiva. (No olvidar su principio: ct1anto más positivos sean
los fundamentos de 11uestros idealismos, más idealis1nos
podrán sustentar) .
Un trabajo análogo verifica en lo económico: después de un estudio directo d-el problema, sigue viendo como bueno, siempre que se lo corrija con un poco de proteccionismo, el libre cambio como idea principal, pero
resuelve recimentarla, no tanto mostrando sus ventajas,
que son obvias, sino las fallas teóricas y prácticas de la
ideología contraria. El conjunto integra t1n sólido estudio
que nos permite, no, lo que sería pretensioso, sostener que
Vaz Ferreira es un filósofo de la economía, pero sí que
su estudio filosófico del problema del proteccionismo es
valioso y original.

�CAPÍTULO

VI

Lo político e11 la vida ·y e11 la obra
de Ca1·los Vaz Fe1·1·eira

Lo político ocupa u11 lugar ta11 secu11dario en la vida
J' e11 la obra de Vaz Ferreira qt1e tal vez f Llera más adect1ado hablar en él de actt1ación cívica.
Er1 la 'l'ida. Cuando Vaz Ferreira empezó a interesarse por la cosa pública se e11contró con tres partidos:
por un lado, el blanco y el colorado que, separados por el
oclio, e11sa11grentaban, en aquella época, el país, en guerras
.\' revolt1ciones; por ot1--o, el constitt1cio11alismo, partido pacifista ct1yo fi11 aparente era la defensa de la Constitt1ción
)r las leyes; el real, acabar de una vez con la triste escisió11 de la comt111idad nacional e11 los partidos tradicionales, hechos ento11ces a base de rencoreR.
El constitucionalismo llegó a agrupar, en l\'.Io11tevideo, a muchos hombres de valía: casi t odos los Ramírez,
Sienra Carranza, Juan Carlos Bla11co, At1reliano Roclríguez Larreta, etc. Al llegar Vaz Ferreira a la edad cívica
ingresó en él. Ya antes se había producido la conciliación.
Algt1nos ele los principales consiitucionalistas había11
transaclo en formar ministerio con Santos, como ú11ica
manera práctica de terminar con las tiranías milita res.
Otros, e11tre ellos Sienra Carranza, la combatiero11. A11clando el tiempo, el partido, qt1e nt1nca tt1vo masa e11 cam})aña, se ft1e diRgrega11do tambié11 e11 la capital. Algt1nos
(firigentes se reintegraron a los partidos tradicio~1ales; así
(Juan Carlos Blanco \Tolvió al coloradismo; otros pasaron
a fracciones nt1evas, como el socialismo ; mLtchos muriero11. E 11 cierto mome11to Vaz Ferreira quedó solo y , por
largos años, hasta st1 muerte, ft1e el t'1nico representante
ele ese particlo. :t!
:!2

Séanos per1nitido un recuerdo personal: ya en sus poslrin1e·
1·ías le pregunta111os un dfa si en su juven l ud 11abfa sido co11sti tu·
cionalista. Nuestro padre estaba sentado en un con1edorcito de su
('asa donde se disponía a to1nar un refrigerio. J!Jstaba cansado, algo
agachado. Se irguió en toda su estatura y contestó en tono fir1nc
y se\·ero: "L,o soy".

�310

REVISTA HISTÓRICA

Cua11do el constitucionalismo se disolvió como partido
Vaz Ferreira no pudo, naturalmente, seguirlo vota11do.
Enemigo de la abstención - sólo la .i ustif icaba en casos
de coacción o frat1de tan grandes como no se daban en la
práctica- empezó a actt1ar como f ra11cotirador; votaba
en cada caso por el partido que, según S Ll leal saber y e11tender, presentaba mejores ideas, o mejores hombres, o
mejor combinación de ambos, generalmente el socialismo. :{:i
Fuera del ejercicio clel sufragio poca actuación tuvo
nuestro pensador en épocas de normalidad constitucional.
Por dos veces, a principios de siglo, fue proclamado candidato a diputado. Renunció, por entender que el ejercicio
de la diputación sería incompatible con los cargos docent es, a los cuales lo llevaba una irresistible vocación. Por
idénticos motivos rechazó el Ministerio de Instrucción
Pública, el cual le fue ofrecido formalmente por el Presidente Dr. Baltasar Brum.
Narraremos dos episodios característicos para defi11ir
la posición de Vaz Ferreira frente al menester político :
en 1904 hubo en el Uruguay una importante revolución,
la última, salvo la puramente simbólica frustrada en 1945.
Vaz Ferreira era Deca110.
Algu11os estudiantes pidieron prórroga pa1~a s us exámenes, porque habían estado en la gt1er1..a : se negó a concederla, entendiendo que lo político no debe interferir con
los deberes universitarios.
Otro acontecimiento de mayor envergadura lo obligó
a defi11ir su posición fre11te a la peripecia política: el 31
de marzo de 1933 el presidente constitt1cional disol\1 ió las
institucio11es y se proclamó clictador. Poco antes, Vaz Ferreira, públicamente, había conde11ado el golpe de estado
inminente, así :
F?·ag1ne1zto: " ... Opi110 -)' creo qt1e todos deben
opinar- qt1e en este país y en este momento, t1na revolt1ció11 (conste que 110 voy a hablar de i~evolt1ciones, e11
general: las hay de todas las calificaciones morales, desde siniestras hasta santas ; pero en este país y en este
momento), una 1~evolució11 -fuera revolución propiamente dicha o golpe de estado- sería (salvo las intenciones:
a:~

.-\ propósito de esto. otro

personal: llace ya n1ucho
ofrecérselo a s u vi ejo, buen
aquel en ton ces del socia lis1no
1nenos lo siguiente: "r-.;o com·
20 año~ que lo Ynto y pi enso

r~cuerdo

tie1npo. al final de un banquete. al
a1nigo J)r. l~ n1ilio Frugoni. líder en
uruguayo \'az Fcrreira le dijo n1ás o
pa rt o t otn l1n cnte s u~ ideas. pero hace
~cgu irl o Yotn ndo ...

�311

,

se1·íc1 objetivamente) el mayor de los crímenes posibles,
JJorqt1e co11vertiría el primer país (polílicamente) ele América, e11 el t'1ltimo país ele América.
Somos el p1--imero, porqt1c Romos el (t11ico, ele la América Latina, ei1 que desde hace ya m t1cho8 años se tratan y
rest1elven los problemas nacio11ales, e:1ceriadamente o no,
JJero por las vías constitt1cio11ales y legales; sie11do nuestraR f ro11 ter as la~ ú11icas qt1e ha11 detenido hasta ahora el
funesto reguero en qt1e se propag·a11 por nt1estro contine11te
gt1erré1S, revol11ciones y dictad tlrélH.

Y seríamos el (1ltimo, no sólo po1·que caeríamos ele
más alto, si110 porque perdie11clo é1q11ella s 11perioridacl, lo
JJercleríamos todo.
Otros países tiene11 territorio exte11so, fuerza material, riquezas naturales. NosotroR i10 tenemos nada ele
eso, q11e compensara, por poco y mal qt1e ft1era, 11t1estra
caícla; Romos t1n país ele te1·ritorio insig11ifica11te, ei1 que,
¡Jara s11stit11ir o completa1· ttllél i11cl11stria casi ú11icc1 ) r casi
co11cle11aclc1, He necesitarít aún más asegt1rac,la y más perma11e11te Ié1 paz que e11 Cllétlq11ier otro.

Y, si11 embarg·o, en lo: ¡Jocos añoR lle co11ti1111iclacl i11: t itLtcio11al; de respeto a 1a Co11stit11ció11 ). a las leye ~ ( })Or
imperfectas qt1e pt1eda11 ser) ele eleccio11es preclomi11a11temc11te libres, e11 lo político, y de honestillacl preclomina11te
en lo aclministrativo ( clentro siempre ele la imperfecció11,
ele la i11st1ficie11cia, ele la im1)t1reze:t qL1e so11 i11evitc.1bleR en
lél clemocrélcia, a tal pt1nto qtte, como ta11ta.s veces }(&gt; l1e
explicado, hasta hay c1t1e hacerlas entrar e11 le:t teoría lle
la. clemocracia, la cual no es pr{tctica.mente si110 la forma
menos mala de gobier110) ; au11 co11 ta11ta desventaja, ~·
&lt;tclem&lt;.1s ele tantos erro1·es cometiclos, )' aclem~18 todavía
tle tanta viole11cia y tanta i11estabilid&lt;1rl como hay en lél
icliosi11cracia n11estra, hemos co11segt1ido lo que hemoR co11segt1iclo : ei1tre otras cosas, no f ig11rar e11tre los países q11e
más están st1friendo ele los ¡Jrese11tes males mu11diales.
Pero, repito: para ello i1ecesitamos a(111 más qt1e otros cle
1él rlemocraci:l )' de la paz. Ese clebe ser el pL111to de \ iRté1
11e:1cio11&lt;1l. I)ero hay todavía otro pt111to de vista, y a(1n m{1s
alto. om1Jrometer esa st1periorielacl i1t1estré1, es especialme11te crimi11al, no sólo porqt1e esa ~uperioriclad es espiritt1&lt;1l, 8ino porq11e i10 e8 ú11ic~1mente nt1estra: i1osotros,
1

�RE\.~ISTA HISTÓRICA

312

en este momento, somos de toda América, porqt1e somos
ejemplo." ª 1
Consumado el atentado, las miradas de los jóvenes
se dirigen al que ha sido el maestro espiritual de la juventud, al que ha predicado desde SLl Cátedra de Conferencias el !"espeto a la Constitución, a las leyes, a la democracia, a los derechos individt1ales. Vaz Ferreira acepta
su respo11sabilidad y, a 9 ele junio de 1933, formula ~x­
cathedra una enérgica } rotunda condenación de la dictadt1ra. :i;; Las circunstancias lo han obligado a plantearse
y resolver en la práctica el viejo problema de la interve11ción de los intelectuales en política. Pasó en revista, en
esa conferencia memorable, las actitL1des posibles : la prescinde11cia total no lo satisface; la justifica en todo caso
en los ii1telectt1ales et1ropeos, g·L1ardianes, conservaclores
y, en algunos casos, creadores de t1n tesoro secular de
cultura. No la justifica en los nt1estros. "En ct1anto a nosotros, pobres "intelectuales" sudamericanos, ¡ qué pocos
- y qué poco- podríamos ilt1sionarnos y exct1sarnos para
desertar de las r·ealidades-, co11 el valor de nuestro aporte
al pe11samie11to puro, qué pocos podríamos i11vocar t1na
excusa como la de aquellos si11 \raniclad y si11 ridículo! »
Vaz Ferreira e11tiende que el intelectual sudamerica110, él entre ellos, 110 pt1ecle adoptar t111a actitt1d preRcindente fre11te a lo político; pero tampoco es partidario de
una militancia activa; con Benda admite qt1e el i11telectual que baja a la arena ele la política traiciona a st1 propio destino; le da lástima la posición de Painle,Té "desempeñando funciones políticas en qt1e podría ser sL1plido co11
ventajas y privando al medio cie11tífico de algu11as especulaciones anticipadas, si110 irreemplazables". Simpatiza
e11 cambio co11 la posición de Ei11stein -admira al científico y al hombre- que se entrega íntegro al pensamie11to
pt1ro, pero no permanece i11dife rente f re11te a la insta11cia
política en qt1e le toca vivir. U11a posición así piensa
asumir Vaz Ferreira: lo t}tle ha hecho toda st1 vida: pre&lt;;arlos \·az }l'e rreira : ('cu·ta
la liuerlurl y la de111ocra&lt;·i&lt;1 (leída
,·ersidad. el 15 de febrero de 19:l:~ l.
Cá1nara d e Representantes el e 1H57
4:1--tn respectivan1ente.
:l1

1

a;;

alJicrlu al c·u111it1: &lt;le defe11sC1 rlc

en el salón de actos de la Uni1 1 y 2í.l I~~dic ión Hon1enaje de la
y 196 :3, t. X\TIII. págs. 4:~-·18 y

Vaz I~'erreira : !i'raf,?,Jllentu de }·'rente (( llJI !/OIJJC &lt;le
&lt;'•..,fario. 2:.1 Editión Ho1n enaje d&lt;' la C'ütnara d e Il. ep r e~cntantes , t. XX\'.
c~arlos

p;1gs. líH-194.

•

�:~

13

clica r la })ondad ele 1~1 libertacl, la clemocracia, los cler echos
individ uale::;, y st1stitt1ir la ft1ndam e11tació11 floja y mística
qt1e traen ele sus orígenes por otra más firme y positiva ;
lo seguir[1 hacienclo, tan en genera l y ian com o filó::;ofo
como lo ha hecho siempre.
Vaz FerI·eirél ht1biera deseaclo, e11 esa eme rge11cia,
limitar st1 i11terve11ción en la política a la qt1e le era haIJitt1al; el ejercicio del Rufragio. Las circt111stancias i10 se
lo J)e1·mitieron: en t111 mome11to clarlo, la Universidad te11í~1 qt1e elegir Rector. Toclos lo::; t111ive1~sitarios contrarios
n la diciaclt1ra deseaba11 a Vc1z F erreira en ct1ya se11 satez,
J)rttclencia y moderación co11 f iaba11 para detener la inter,,e11ción que se cer11ía, inmi11e11te. Se sabía qt1e el dictador
~e resignaba a aceptar su clcsignació11.
Vaz Ferreira se vio abocado a la solt1ció11 ele t1n prol)lema que, habitual hasta principios de siglo, por la frect1encia de gobiernos ele hecho, había de~aparecido lueg·o
e11 virtt1d de t1na prolo11gacla primacía de g·obiernos consti t ttrionales . As t1mió la actitt1d qt1e había preconizaclo muchos años antes e11 111 orct l 1Ja ra i1lfelecízlales: ser colaboraeio11ista, pero no "pro domo s t1a ., . Aceptó el cargo, rent111cia11do a tocla retribución. De este modo entendía servir
al país y a la Universiclad sin se1~vir a l gobie rno cliclatorial ni a sí mismo.
La dictadt1ra p asó. . . Pt1ede11 ya j t1zgarse personas
y actitudes. Entendemos que la de Vaz F'erreira ft1e digna, correcta, y estuvo de estricto acuerdo con el ideario
político s uste11tado e11 la prédica teórica.
En co11clusión: Vaz Ferrei ra dio poca eniracla a lo
político en st1 vi el a; es lógico que así fu era: la política
exige transaccio11es, arreglos, etc. qt1e mal se aviene11 con
la norma invariable e i11flexilJle de st1 vida: la sinceridad
~l la verdacl p or e11cima de toclo.
E1z la obrct. Vaz Ferreira y s u g·eneraciót1 r ecil)iero11

ele las anteriores, t1~asmitido por libros y maestros, u11
ideario que abarcaba, e11tre otros aspectos, el político. Lo
integ·raban los principios en ct1yo nombre se reali zó la
revolución francesa, qt1e co11sicleraba la democracia como
la mejor forma de g·obierno; los derechos individuales como algo i11herente a la persona humana.
Nuestro pe11sador recibió aquellos conceptos hechos.
Pe1~0 en cierto momento, factores endógenos y exógenos lo
llevaron a ponerlos en tela de j 11icio. De adentro le vino a
Vaz Ferreira t111a irrt1pció11 ele i11teligencia y de secl de

�314

Rl~VI8TA I-IISTÓRIC A

saber que lo llevó, muy joven aún, a pri11cipios de siglo, a
someter a la crítica de la l"azón, penetrada por el sentimiento, todas las ideas recibidas, rechazarlas, modificarlas o ratificarlas. Pero hay. además, con relación al ideario político, un factor exógeno que influyó para que Vaz
Ferreira revisara su ideario: a partir de 1917 se produjo
en Et1ropa un movimiento político social de signo negativo : en varios países (Rusia, Alemania, Italia) se instat1raro11 regímenes de ft1erza, dictadt1ras de de1·echa o de
izquierda. De ahí el movimiento se propagó por imitación
a nuestra América.
Vaz Ferreira, presionado doblemente, desde afuera y
desde adentro, revisa s11 ideario político y encuentra qt1e
las nociones de libertad, democracia, derechos individt1ales, lo sigt1en satisfaciendo, pero no lo satisface más, por
mística }T débil, la fundamentación de los publicistas hasta
entonces aceptada como dogma por los espíritus lib1.. es del
mundo democrático. Rechaza igualmente los fundamentos,
que estima positivos pero deleznables, del filósofo inglés
Herbert Spencer, maestro de su primera juventud.
Sopesando, como le es habitual, el pensamiento ajeno
y los elementos positivos que aun en el error advie1.. te,
formula su doctrina sobre la organizació11 política de los
pueblos en la siguiente forma: la democ1'"acia ha sido, es
y será el ideal político de gobierno, en primer lugar porque es el menos malo }" lo es porqt1e lleva en su esencia la
posibilidad de rectificar er1.. ores a través de t1na activa
pa1..ticipación de los ciudadanos e11 la cosa pública. Además }" ft1ndamentalmente, porque 110 ha)· otra forma ht1mana de convivencia qt1e asegure al indiviclt10 el ejercicio
pleno ele st1s derechos y de st1 libertad, incluso de equivocarse. La comt1niclad ht1mana se gobie1~na por medio
del Estaclo, el ct1al significa coerció11 y limitación de derechos y libertades. Pero la célula básica de la sociedad
es el inclividuo, la pe1..so11a ht1mana, con st1s prerrogativas
inherentes a s u co11dición de tal. Toda la teoría de los
derechos individuales qt1e ocupó la atención de Vaz Ferreira a lo largo de su exte11sa vida, tracluce la obsesió11
del filósofo por defender al individt10 de la coerción del
estado. Condenó siempre y rott1ndamente toda forma de
Estado totalitario, ct1alesquiera fuere el Rig110 de su pretensión mesiánica (derechas, izqt1ierdas).

�CAPÍTULO ''II

Lo j11rídico e11 la 11ida y e11 lct obi·ct
el e Co1·l os 1' az Fe J'reirct

En la perso11alidad m(1ltiple de Carlos Vaz Ferreira
hay t1n aspecto que st1ele qt1edar en la sombra: nos ref erimos a lo jt11·íclico en st1 vida y en su obra.
lct vida. Vaz Ferreira i11gresó a la U11iversidacl
ele Mo11tevideo a los 16 años, e11 1888. Hizo en forma bri1la11te t111 bachillerato g·e11eral que lo habilitaba, dada la
reglamentació11 vigente, para segt1ir tanto derecho como
medici11a. Lo atraía ésta. Llegó inclt180 a frecuentar alg·t111as clases e11 la Fact1ltad reBpectiva. Pero se dio cuenta
cie qt1e era -lo sigt1e sie11do en el Urt1guay de 1979una carrera mt1)r absorbente }" qt1e st1 estt1dio iba a re. ta.rle tiempo para otras acti\1idades qt1e 11ccesitaba o deseaba te11er.
Como vimos, clesde temprana edacl (22), se vio obligaclo a g·anarse la vida y la ele los st1yos. Además, tenía
otras inqt1ietudes: lo at1·aía, clescle joven cito, la filosofía.
En menor grado, y por poco tiempo, también la literatura :
e11 los dia1'ios y revistas de la época, amparado con el
set1dónimo de Dr. Pascal (personaje de Zola) hacía sus
¡Jrimeras armas de publicista. Todo eso exigía t1n tiempo
.\r una dedicación i11compatibles con la co11tracción al estt1clio reg·lado exigida por la carrera de medici11a. Y así se
.it1stifica qt1e haya seguiclo, sin \1ocació11, t1na entonceR
liviana y fácil carrera qt1e i1t111ca terminó ele gt1starle:
el derecho.
El padre de Carlos Vaz Ferreira, Mant1el Vaz Ferrcira. &lt;lprobó la elección. :li;
E11

8G

l •'ray111e11to ·· ... 1-I(' r ecibido tus cal'tHs. y no lll'tesilo decirle

la satisfac•c·ión que tuve por la n1an era brillant e porque has ler1ninndo tus estudios d e Bachillerato. J~n inedio ele n1is contrariedades.
1n e ha!; dado ralos ele Yerdaclero con su elo por tu apliC'ació11 y ronduC'ta.
Noté tu Yac·ilación para adoptar una car re ra y las razonPs que
te induj~ron a preferir Ja de abogacía. i\Ie parecen areptables. tanto
n1{1s

que los estudios d e d erecho

110

podrán a

n1i

ver, ocupar todo

�316

REVIST A JilSTÓRIC 1\

Sobre como hizo la carrera, cedemos nuevamente la
pluma
a uno de st1s compañeros de clase, quien se expresa
,
as1.
''Terminado el bachilleI·ato, Vaz Ferreira optó por la
carrera de las leyes pero su volt1ntad y sus aptitudes lo
llevaba11 más bien a los estudios médicos. Los Códigos lo
ponen neurótico, espantosamente neurótico; lo cual no
impide que, cuando llega la crisis, ct1ando se halla colocado en el dilema de matar o morir, de devorar o ser devorado, se decide resueltamente por lo primero, } triunfa
de los códigos, y rinde exámenes notables. E s que su inteligencia se amolda fácilmente a todo y no enct1entra secretos." 37
Se recibió en 1903, ya casado, co11 dos hijos, ocupado
y preocupado por tareas múltiples y de responsabilidad.
Ejerció por varios años el derecho, sin entusiasmo ni
amor, pero con inteligencia y eficacia, en el estt1dio de
su ex compañero de clase, Dr. José Irt1reta Goyena, al
que lo ligó por muchos años una sólida amistad.
¿Qué papel desempeñó lo jurídico en st1 vida privada
y pública? Entendemos que había en él, no sabemos si
innato o adquirido, algo así como un instinto o un sentido,
siempre en guardia, de lo qt1e atañe al derecho, qt1e actuaba, en lo positivo llevándolo a bt1scar lo legal y, en lo
negativo, a evitar lo antijurídico.
Incluso ese instinto lo llevó a una solución que 11os
pareció -nos sigue pareciendo- inco11grt1ente con la primacía de la ética en st1 ideario. En cierto momento, ante
la reacción indignada de t1n familiar contra el pacto de
ct1yo nombre preferimos no acorda1"'nos, qt1e repa1'tía, e11
el Uruguay, cargos no políticos entre los partidos, Vaz
tu tiempo y absorber toda tu inteligencia, pudiendo aplicarla simultánea1nente a alguna otra cosa de resultados 111ás i11n1ediatos y positivos. Te habl o de este modo porque mi edad y 1ui salud, n1e tienen
aprensivo por la suerte de tu n1adre y de tu hern1ana si i11e veo
i1nposibilitado de segu ir atendiendo a sus necesidades, que no son
pocas. Es en ti que yo confío para an1pararlas cuando yo no pueda
hacerlo. Pero esta carta se va volviendo un poco tétrica y hasta
fúnebre. Pasemos a otras cosas ... ''. CCarta de Manuel ' raz Ferreira a
su hijo Carlos. Brasil 11 de inarzo de 1894. .\rchivo particular de
''az F erreira en Atahualpa). Se conservan en este archivo 17 cartas
de l\lanuel Vaz Ferreira. n1ás u11 telegrama y una inisiva para i\Iarfa
Eugenia Vaz Ferre ira. Esta que transrribin1os parcial1nen te es la
penúltin1a .
Juan Andrés Ramírez: l 'll1·los 1·az 1''er1·eira y ,() U libro &lt;le Psit•ologlu, "El Siglo", :.\1ontevideo. 25 de? junio de 1897.
:~1

�(;1\RLOS \' ..\% .F 'EilREIIlA

317

Ferreirél, sorprenelido, cortó la cliairiba con un extrañallo: "Pero si eso est&lt;í en la ley''.
A los creyenteR se les puede plantear el problema de
Abraham: co11flicto entre la religió11 y la ética. A Vaz
Ferreira, positivista e11 el bt1en sentido de la palabra, no
podí'l Ht1scitársele esa ct1esiión, pero sí el dilema entre el
derecho y la moral, y lo resolvió, por lo menos en aquel
caso, a favo1.. del primero.
Ese i11stinto se ma11ifestaba en stl pureza en la vida
priv&lt;:1d'1 -res y verba-. Tambié11 e11 la p(1blica. E11 ambos casos quedalJa confirmado por su conocimiento prof t1nclo clel derecho. E11te11clámosnos: ni e11 derecho ni en
nada era Vaz Ferreira erudito, ni ht1bie1~a deReado serlo.
Pero en derecho y en mt1chas otras discipli11as eI·a estuclioso y su profunda y rápida inteligencia le permitía
captar lo esencial.
Seguimos directame11te st1 actt1ació11 como Director
y como Decano en la Fact1ltacl de Ilt1manidades y Ciencias,
al frente del Consejo re8pectivo; e i11directamente la hemos segt1ido a tr&lt;1vés ele los libros de Actas clel Co11sejo
Ce11tral Universitario- también los ele Ht1manidades de Archivos: el general ele la Universiclacl, el de Instrucción P1.. imaria y el pariict1lar de Ataht1alpa. No es
sólo en st1 obra mayor el onde se perfila ese instinto, sino
en la obra menor, desti11ada a perm::.1necer desconocida:
en valiosos informes, opiniones, notas y demás: doqt1ie1·a
y siempre, a lo largo de una actt1ación de más de seis
décadas, se pone de manifiesto Rll respeto por la ju1·idicidad.
La caracte1"ística salie11te de la actitt1d vazferreiriana
frente al ordenamie11to jurídico ( Constitt1ció11, Códigos,
leyes st1eltas, reglamentos) es de acatamie11to. No en balcle fue, como vimos, siempre constitt1cio11alista, partido
cuya idea directriz e1·a sostener y preco11izar la defensa
pacífica de la Constitució11 y las leyes.
En algunas personas se nota cierta irrespetuosidacl
por las normas j u1·ídicas, que el estt1dio, e11 vez de aminora1·, agudiza, ya que el conocimiento del derecho suele
afinar cierta clase de st1til intelige11cia que ayttda a encontrar maneras seudo!egales de elt1dirlo. En Vaz Ferreira i10: st1 respeto por la ley se ma11tuvo i11alterable a lo
largo de la vida. La prt1eba negativa es difícil: nada más
engorroso que la clemostración de que una persona nunca
Ltsó sombrero negro. Poi· lo ct1al 11os limitamos a af i1·mar
)

1

21

�que llunca, de nuestro co11ocimie11to, Vaz Ferreira utilizó
el saber jurídico para torcer, tergiversar o anular una
ley, sea en provecho propio, sea -más tentador todavíade las instituciones que dirigía y amaba.
Una observación lateral, qt1e aparentemente desvi1·túa, pero en realidad confirma, sLl respeto por el de1·echo
establecido : Vaz Ferreira se movía cómodamente dentro
de la órbita de libertacl qt1e permite -a las personas y
las instituciones- nuestra Co11stitt1ción y nttestras leyes.
Pero se movía mal dentro de la que autorizan los reglamentos, principalmente los que lo tocaban más de cerca :
los universitarios. Se sentía asfixiado, ahogado. Y t1n
duendecillo travieso -probablemente el mismo que le st1giri6 un proyecto de modificaciones legales a la legislación patronímica- le inspiró el siguie11te proyecto de ley.
Actualmente, aquí y e11 todas partes, cuando se establece un 11 t1evo reglamento, qt1edan clerog·ados
expresa
o tácitame11te- sólo los co11 él i11compatibles. Vaz Ferreira desearía que fueran derogados, no sólo esos sino todos
los reglamentos anteriores sobre la misma materia : 110
cristalizó nunca en ley: es demasiado se11cillo y demasiado
bueno. Pero si algt1na vez llegara a tener andamiento
¡cuánto simplificaría nt1estra administración! y ¡qué falta le hace a nuestra administración el ser simplificada!
E11 la obra : Sob1·e tres pro11ectos ele Vaz Ferrei1·a .
El Maestro de Confere11cias dictó e11 su Cátedra t1na
serie qt1e denominó: Algltnos proyectos 1~1íos y szte'l·te q?te
tuviero1z. Fundame11ta la elección clel tema así:
"Suerte" que no e11 mt1chos casos ha sido bue11a.
Pero quise elegir este tema, i10 por va11idad, ni tampoco
por quejt1mbroso pesimismo, sino, al contrario, por las
esperanzas que pt1edan quedar, y también porqt1e el comentario de esos proyectos, j' la narración de st1 misma
11istoria, piénsese lo que se piense sobre mis ideas, debe
ser útil, por relacionarse co11 los más interesantes temas
pedagógicos, sociales, etc., lo qLte ha de tender a excitarlos, precisarlos y aclararlos. :r-,
Se refiere a diez: Formas de promoción de alum11os.
Sueldos progresivos. Ei1seña11za s uperior no profesio11al.
:l5 Carlos \'az Ferreira: ",\lgunos proyectos rníos y suerte que
tu vieron". E11: A 7guna.~· co11/c1 c11cias sobre t en1as científicos. art is·
tic os y sociales, 2.:t serie, 1 .1 y 2'1 Mdición Ho1nenaje de la Cán1ara
de Representantes de 1957 y G3. t. XII. págs. 53 y 59 respectiva·
n1enle. (Nota de 1979 ).

�:~

1 !)

Divorcio. Feminismo y derechos civiles ele la mujer. Tie1·1~a de prodt1cción }' ele habitación. Herencia de bienes
cor1yugales. Relacio11es ct1lturales entre países sudamericanos. Escuelas ele expe1.. ime11tación. Parques escolares.
Son, toclos ellos, 01~iginales y realizables. Nos referiremos
sólo él tres: los relativos al clivorcio, a la tierra de habitación y a la herencia de bienes co11yt1gales.

!Jivorcio. Dice Vaz Ferreira:
"Les voy a hablar t1n poco de mi ley, como llamo a
11 t1estra actt1al ley de clivorcio t111ilateral. La llamo ''mi
ley" porqt1e es casi el ú11ico caso e11 que algo se ha traclt1cido en p1·agmática fundamentalmente como yo lo pro)'PCté. Lo que vi110 a oct1rrir poi· circt1nstancias muy especiales. Yo, qt1e casi nt1nca he pocliclo, por falta de mando
y apoyo, hacer aplicar pro:y ectos como yo los había pla11caclo, vine a obtene1·lo en é:lqt1el caso: he aquí cómo.
~e había producido enca1·nizada disct1sión ent1·e los
&lt;111ticlivorcistas y los divorcistas extremos de 11t1estro país.
ERtos t.'1ltimos habían propt1esto el divorcio a volt1ntad de
''lag partes''. LoR contrarios lo combatía11, invocando, naturalmente, la "11ecesidad de conserva1-- la familia, base
ele la sociedad'', etc., etc.
E11tonces intervengo }'O, sostenie11do mi ya entonces
antigt1a teoría de qt1e el caso del hombre y el de la mujer
so11 mt1y diferentes, desde el pt1nto de vista del clivorcio,
y mi solt1ción qt1e hacía ta11to tiempo preconizaba, ele dar
a la mujer la fac11ltad ele obtener el divorcio por su sola
vol11ntad, sin expresió11 de cauRa, mientras que el hombre
necesita cauRa j t1stificada.
Naclie lo creyó bueno. Los a11Lidivorcistas hiciero11,
11aturalmente, sátiras de miR icleéts, e11 la prensa, en la
asamblea.
Los divorcistas tampoco lo creyero11 bt1eno, porqt1e
ellc)s encaraba11 la cuestión como de ''igualdad''. 39 Pero
romo temían no trit1nfar, resolvieron aceptar mi fórmula,
en ca1,ácter, para ellos, de sol uci611 t1,ansitoria, para ir
clespt1és a la otra.
1

'Toda vía lo siguen cons idera11do pernicioso, y quisiera11 "con1plct a r1o" dando al ho1nbre la inisn1a farultad para "igualar" los casos. "\"o les digo que su actitud equivale a la de Qltien, despu és de
dar u11 ar1na defensiva a u11 niño que pelea con u11 hombre, quisiera dar idéntica ar1na al ho1nbre, para establecer la "igualdad".
l ~ota ele \'az Ferreira).
39

�•

REVISTA HISTÓRIC'.A

Y fue de esa manera como mi proyecto de divorcio,
inspirado en el feminismo de compensación, resultó convertido en ley." 40 ' 41
La iniciativa de Vaz Ferreira: conceder el divorcio
a la mujer por su sola voluntad, sin expresión de causa,
se convirtió en ley en 1913 y nos rige aún en 1979. Teniendo en cuenta que se trata de una ley original y viable
detallaremos el trámite, por si se quisiera imitarla en
algún país menos adelantado que el nuestro en estas cuestiones.
Nuestra legislación vigente sobre el divorcio está
contenida en el Código Civil con alguna modificación de
1978. Transcribimos los artículos pertinentes, sustituyendo por una línea de puntos incisos no vinculados directamente con el tema que nos ocupa.
Artículo 148. La separación de cuerpos sólo puede
tener lugar:
lQ Por el adulterio de la mujer en todo caso o por el

marido cuando lo cometa en la casa conyugal o
cuando se produzca con escándalo público o tenga el marido concubina.
29 Por tentativa de uno de los cónyuges contra la
vida del otro p1 on uncia da la sentencia criminal
condenatoria.
3&lt;&gt; Por sevicias o injurias graves del uno respecto
del otro. Estas causales serán apreciadas por el
Juez teniendo en cuenta la educación y condición
del cónyuge agraviado.
4'·' Por la propuesta del marido para prostituir a la
1

•

1

IDUJel

•

5" Por el conato del marido o el de Ja mujer para
prostituir a sus hijos, y por Ja connivencia en la
prostitución de aquellos.
6v Cuando hay entre los cónyuges riñas y disputas
continuas
que hagan insoportable la vida en co,
mun.
7v Por la condenación de uno de los esposos a pena
de penitenciaría por más de diez años.
40 Con alguna restricción, sin en1 bargo. Establecieron por eje1nplo, que la mujer no podía hacer uso de esa facultad hasta los dos
años de casada. Esa modificación nos costó el cerebro de Delmira
Agustini. (Nota de Vaz Ferreira).
41 Carlos Vaz Ferreira: op. cit., págs. 60-61 y 67-68 respectivamente.

�C' Al{ LO S VAZ

321

FERRI~IItA

8'·, Por el abandono voluntario del hogar que haga

uno de los cónyuges, siempre qt1e haya dt1rado más
de tres años.
Artíct1lo 187. El divorcio sólo puede pedirse:
J •.i PoJ· las causas en uncia das en el art. 148 de este
Código.
2'.. Poi· mt1tt10 consentimiento de los cónyugeR.
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

~n

• •

• • • • • • •

Por Ja sola voluntad de la muj er.

E11 este caso la solicitan te deberí1 comparecer persoJléllmen te a11te el Juez Letrado de su domicilio, a qt1ien expon&lt;lrá st1 deseo de disolver el matrimonio. El juez hará
constar en acta este pediclo y en el mismo acto fijará
a uclie11cia para celebrar t111 comparendo entre los cónyuges, en el que se inte11tará la conciliación y se resolverá
1&lt;1 sitt1ación de los hijos, si los hubier e, se fijará la penHión alimenticia que el marido clebe st1ministrar a la mujer, mientras no se decrete la disolución del vínct1lo y
se resol\~erá sobre la situación p1,.ovisoria de los bie11es.
Si 110 comparece el có11yuge contra qt1ien se pide el divorcio, el Juez resolverá, oídas las explicaciones del comparecie11 te, sobre la situación de los hij os y la pensión alimenticia, decreta11do en toclos los casos la separación provisoria de los cónyt1ges y fijando nueva a t1diencia co11
plazo ele seis meses a fin de que comparezca la parte que
Holicita el divo1·cio a manifestar qL1e persiste e11 sus propósitos. También se librare:í acta de esta audiencia y se
Heñalará t1na 11t1eva, con plazo de u11 año, para qt1e la
peticionaria co11ct1rra a manifestar que insiste en s u deseo
lle divorciarse.
En esta última audie11cia el J t1ez citará a los cónyt1ges a t1n nt1evo compare11do e inte11tará de nuevo la conciliació11 entre ellos y, concurra o 110 el esposo, decretará
s iempre el divorcio, en caso ele no conciliarse, sea cual
ft1ere la oposició11 de éste.
Siempre que la que inició el procedimiento dejara de
co11ct1rrir a algu11a de las audiencias o comparendos prescritos en este n(1mero, se la tendrá por desistida y no
podrá volve1~ a intentar el divorcio, sino por causa determinada o por mutuo consentimiento.
El divorcio por esta sola voluntad no podrá solicitarse si110 despt1és de haber transcurrido dos años ele la
celebración del matrimonio.

�REVISTA HISTÓRICA

322

El domicilio conyugal se fijará de común acuerdo por
los esposos por el artículo 9 de la Ley de Derechos Civiles
de la Mujer (Ley 10783) :
Cuando al cónyuge que no ha pedido el divorcio no
se le pudiere citar personalmente o est11viera ausente del
país, el Juez lo citará por edictos y si no compareciere
vencido el término del emplazamiento, se le nombrará
defensor de oficio. 4 2 y .ia

Tierra de habitación. - E11 cuanto al proyecto sobre: Tie'r1·a de p1·oducció1i y de habitación, Vaz Ferreira
lo explica y fundamenta así :
"Ahora, quie1~0 hablar a Uds. de otro proyecto; de
otros proyectos, o, mejor, de una idea de que pueden salir
muchos proyectos, además de los que yo esbocé. Tienen
relación con uno de los más grandes problemas humanos,
con el problema o con el conjunto de problemas relativos
a la tierra. Y yo tengo la convicción -será la ilusión;
pero en mí es la convicció11- de que una de las causas
de que ese conjunto de problemas no ha)'ª podido tener,
no solución -porque ningún problema social puede teneI'
solución absolutamente satisfactoria- pero sí de que las
soluciones parciales, relativas, hayan sido imposibilitadas,
o tan dificultadas, está en que no se haya hecho t1na distinción que, sin duda, se habría impuesto ya hace tiempo
de haber sido yo ttno de esos tratadistas autorizados l''
célebres que pueden imponer o prestigiar ideas. . . Estoy
pensando ei1 la distinción, que establecí hace cuatro ai1os
-fue en 1914- e11tre tierr·c¿ de habitación y tierra de
p1·oditcció1z; sin lo cual todo, en esta ct1estión, es confuso
en teoría e imposible de resolver en la práctica. Y esa
distinción absolt1tamente fu11damental, absolutamente básica, no ha sido hecha; no ha sido hecha dentro de ninguna
de las múltiples doctrinas. Y nada se puede pensar ni
proyectar con claridad. Y es imposible, sin ella, dar a
ese problema, y, en general, al aun más grande de los
Código CiYil d e la Itcpública Oriental d el Uruguay. 2é.l Edición Barreiro y Ran1os. l\Iontevideo. 1971.
'12

43 El año pasado la ley ha refor1nado el Código CiYil en inateria
de nor1nas sobre derecho de fan1ilia. En el ten1a que nos ocupa se
establece u11 nueYo beneficio para la n1ujer que desea divorciarse
por su sola voluntad: se deroga el párrafo del inc. 3v del art. 187
que in1pedfa a la n1ujer iniciar el trá1nite de divorcio por su Yoluntad n1ás de una vez. (Nota de 1979).

�clerechos ii1clividt¡ales, i1i siquiera t111 mí11imo de solt1ció11
httmana.
E11 la ct1bierta clel libro ei1 que recogí mis antiguas
co11 f ere11ciaH, imprimí esto :
''El clerecho de 11abita r -cler echo de estar- cada
i11cli vid t10 en st1 })laneta y en st1 nación s in precio ni permiso, es el mí11imo de derecho ht1ma110; -det""echo qt1e
110 ha siclo reconocido 11i bien establecido a cat1sa principn lme11 te ele qt1e tanto los qt1e clefienden como los que
combétlen el orde11 actt1al, no clistingue11 bien el aspecto
ele la tierra como medio ele habitación de st1 aspecto como
1ncclio ele prodt1cción.
El reco11ocimie11to cloctrinario y práctico de ese derecl1cl i11dividt1al, es u11a solt1ció11 mínima que debería ser
:1clmiticla por todos los pe11sadores y por todas las escue1a.s; t111 pt1nto de partida comú11 pa1·a las investigaciones
~' solucio11es sobre lo~ demás problemas de la tierra y en
g·e11eral sobre los clemás problemas sociales" .
No haj' nada más clifícil qt1e ver el abst1rdo ct1ando
largos siglos de historia :r ele legislación nos han con11att1ralizaclo con él, embotando n ucstrn. sensibilidad lógica
)' l1t1ma11a.
Y puede haber habiclo t111 abst1rclo ta11 grande como
el ele erigir e11 derecho de los hombres, e11 derecho individual, el ele tra11sitar por el plél11eta, y no considera1· que
el de estar en él, e11 el planeta e11 que se ha i1acido, es un
derecho mt1cho más importc111te, mucho míis ese11cial
aún !' '.

H ere11, cia de hie nes con !J 11go les. -

Vaz .f,erreira lo

expone as1:

''Y, ahora, como tratamos ele materia social, te11go
(¡t1e recordar otro proyecto, q11e propt1se hace mt1chog
años en esta Cátedra: qt1e es bt1e110, ht1ma110, moral; qt1e
110 tiene s iquiera inconve11ientes serios; porqt1e nunca ha
::;ido tomado en ct1enta. Es u11 proyecto que qt1iero mucho.
Se refiere a la here11cia de los bienes conyugales.
En la orga11izació11 actt1al ele la herencia, oct1rre, en
ct1a11to a los matrimonios, t1n hecho tristísimo: que p1·e.'."e11ciamos todos los días, c.¡ue i1os apena todos los días;
¡)ero al ct1al, cle11tro clel rt1tinarismo de lc1 legis lació11, a
llélclie se le oct1rre po11er remeclio: bt1scárselo; po1.. que, enco11trarlo, seria tan fácil como bt1eno.
En la legislación establecida, ct1ando en un matrimonio fallece t1n có11yt1g·e, los bie11es entran en herencia;

�324

REVISTA HISTÓRICA

cuando lo humano sería que los bienes entraran en herencia, no a la extinción del cónyuge sino a la extinción
del mat1"imonio, en el sentido que le doy aquí : quiere
decir que la herencia de bienes debe producirse no al
morir el primero de los cónyuges qt1e fallece, sino al fallecer el sobreviviente.
Aquí no hay que pensar en teorías jurídicas. Ahí
está el mal. Piénsese en los hechos, y siéntanse.
El matrimonio tiene un aspecto jurídico, de sociedad, en el Código. Ahí se habla continuamente de la "Sociedad Conyugal'', y en la rutina legislativa este aspecto
de sociedad, que es el secundario, predomina, diremos,
sobre el aspecto espiritual del matrimonio. No tratamos
aquí ningún punto religioso; pero fu era de las religiones,
también el matrimonio es t111 hecho espiritual. Lo es funclamentalmente, sin perjuicio de que haya t1n hecho j urídico: la sociedad conyugal. Pero, para las leyes, de lo que se
trata es esencialmente ele la "sociedad". (Conste que en
el caso del divorcio por volt1ntad de la mujer, muchos
jurisconsultos de gran valor ele este país combatían mi
proyecto porque, siendo el matrimonio una ''sociedad,,, las
dos partes tenían que tener el mismo derecho y lo combatían debido a ese rutinarismo legal) .
Al deceso de t1no de los cónyuges, el otro, el que compartió su vida, es privado de una parte de los bienes. qt1e
han sido espiritualizados por esa vida e11te1"a en qt1e se
compartieron placeres )' dolores. Y vienen particiones,
litigios a veces, o tristes discusiones; hay impuestos ... a
veces el cónyuge sobreviviente, cuántas veces lo vemos, ha
de dejar el hogar, o se lo mutilan las particiones.
Y continuamente se produce todo ese dolor, además
del grande. Y ¿por qué, si todos son capaces de observarlo y abarcarlo, a nadie se le ocurre impedirlo? Repito:
es que predomina la idea jurídica de ''sociedad" ; el matrimonio como una sociedad, fundamentalmente, y aunque
sea una socieclad "sui generis", se legisla como sobre las
otras, y se la disuelve parecidamente.
Ojalá esto se le hubiera ocurrido a algunos juristas
célebres y extranjeros. En ton ces habrían existido muchas
más probabilidades de éxito que naciendo y muriendo el
proyecto en cualquier cáteclra de conferencias de país
chico ...
Ojalá se me informara que 110 soy 01. iginal. . . Que
eso lo elijo ya alguien de autoridad, algún jurista importante. . . Entonces habría más posibilidades ...

�r A RL,OS

\T AZ :B,ERREIRA

32 5

I)ero ¿en qué consistía, concretamente, el proyecto?
Sencillísimo :
Tenía dos partes: Una, para los bienes gananciales:
La otra, para el hogar vivienda del matrimonio.
Primera parte: para los bienes gananciales.
Esos bienes, prodt1cto del trabajo, exterior o interior
clel hogar de los dos cónyug·es; bie11es, así, del matrimo11io; no se reparti1·ían al fallecimiento del primer cónyttge, sino al fallecimie11to (o nt1evo matri1nonio en su caso)
del segt1ndo. Queda11 e11 st1 posesió11, administración y
usttfrt1cto. (Con todas las limitacio11es que, en st1 caso,
':i' en contemplación de ft1Luros derechos de herederos, la
ley establecería en ct1a11to a aclmi11istració11 y enajenaciones).
Y como a veces el hogar, o sea la casa domicilio; la
vivie11cla del matrimonio, pt1ede i10 se1· ga11ancial, sino
propiedad, total o parcial del cóny11ge p1"'emuerto, e11tonces, attn para ese caso, la segt1nda parte del proyecto.
Esa casa vivienda, con todos los objetos co11tenidos
e11 ella; o estos últimos, si la casa ht1biera sido ele propiedacl ajena, qt1edan e11 poder del cónyuge sobreviviente,
por s11 vida (o hasta nt1evo matrimonio) ; también co11
las restricciones que, en ct1a11to a e11aj e11acio11es, se quiera
establecer.
El que e11tie11da, entenderá. la importancia material
de esto; y sobre todo el que sienta, se11tirá st1 importancia
espi1~itual, qt1e para los casos selectos, es toda vía mayor.
Este proyecto, presentado aqt1í como dije hace mt1cho tiempo, 11unca ft1e tomado en cuenta en sí. Sólo tina
"·ez t111 distingt1iclo fi11a11cista nt1estro pareció pe11Rar en
él, pero sólo en t1n aspecto accesorio y sect1ndario: el relé1tivo a imp11estos ~r propuso que para el cobro de loR
imp11estos st1cesorios se esperara a la desaparición del
có11yt1ge sobre\ri vie11 te. Sabemos qt1e, al contrario, lo que
ha hecho la voracicla(l fiscal, ha sido castigar con impuestos todos los gana11ciales -110 la mitad- desde el
primer fallecimiento, lo que tiende a a11mentar el mal
qt1e yo deseaba corr·egir ...
Ahora bien: al proyecto que yo presentaba, ni siquie1·a se le p11eden hacer objeccio11es serias, en cuanto se sale
del ruti11arismo jt11·ídico. Claro q11e todo tiene inconve11ie11tes; y aquí poclría decirse que Re inmovilizan bie11es
por algún tiempo (pocas veces excepcionalmente largo) ;
que se podrían cometer ciertos f rat1des, etc. ; pero eso
ocu1·re en todo. (En cuanto al divorcio, no complica nada:

�326

REVISTA HISTÓRICA

cada divorcio liquida matrimonio). Todo eso, chico, secundario, en comparación al bien que se haría: ahorrar
dolo1·es agregados al que debe ser el más grande de todos;
no estimula1.., ei1 malos herederos, malas esperanzas . . . Y
esta reforma sería 11na más en el sentido de la estimulación del matrimonio monógamo; u11 apoyo legal a lo que
vie11e siendo el más difícil esft1erzo de la evolución de
1111estra especie". 4 1
Reciterdos ele la clase de filosofía del de1··echo. - Tt1vimos en 1927 el goc€ espiritual e intelectt1al de asistir,
en calidad de discípt1los, al ct1rso de Filosofía del Derecho
que en la facultad respectiva dictaba nuestro padre.
Al asumir la Cátedra (1924) se le encomendó la
redacción de 11n nuevo programa. Lo tenemos a la vista. ·•i'i
En él, sin perj t1icio de consideraciones gen€rales sobre la materia, Vaz Ferreira nos va exponiendo st1
ideario.
Noción de derecho ''concebido y sentido como lo que
sería des€able y bt1eno establecer para suprimir o atenuar
en lo posible los dolores y angustias de los seres ht1manos
y darles la mayor cantidacl posible de bienestar y felicidad, hasta donde se pt1eda sin comprometer ning11na pos ~bilidad ele prog1--eso o mejoramiento ) respetando las
posibilidades trascendentes".
Distingue ei1tre el clerecho, referente a lo q11e es bue110 que los hombres hagan o dejen de hacer en forma
coactiva, sa11cionado por la fuerza ). la moral, vinct1lada
con la acción libre y volu11taria.
Represe11ta gráficamente las r elacio11es ei1tre ambas
disciplinas por clos circt1nf ere11cias secantes, co11 una zona
común (no matar, 110 robar). Una propia de la moral
(practicar la cariclacl) ; otra propia del derecho (respetar
las disposiciones legales vige11tes, por ejemplo t1na reglame11tación de tráfico) .
Most1.. aba los derechos inclividt1ales, ht1manos, y la
libertad como algo básico para el desen,ro},rimiento de la
personalidad huma11a.
Consideraba la here11cia económica como t1n problema normativo moral: clistingt1ía entre el pt111to de vista
7

·J•l

Carlos \ 'az

li~erreira :

ov.

rit., págs. G4-G8 r 72-76 rcspect i-

va n1ente.
4:&gt; l'nrlos \'az b~erreira: l'ror1rcr111a &lt;le filosofía del derecho. En:
l 111:rlitos. 2~ Edición Ho1neuaje d e la Cántara de llepr esentantes.
19G:L t. XXIII, púgs. 203-21:t

�(' 1\R I.. 08 V AZ

B~ERREIRA

32 7

clel qtte da y el del qt1e recibe. Desde el primero, la herencia tenelrít el mismo graclo de jt1sticia que la propiedad i11icial. Si ésta se basa ei1 el trabajo puro (sin mezcla
ele capital) material o intelectual, habrá jt1sticia . S i se
}Jasa en el no trabajo (yerno de rico) habr{t injusticia.
Y si se basa e11 el trabajo mixto, m ezcla de justicia e
injt1sticia. Del segundo punto ele vista, hay injusticia:
llegan al mt111clo t1na se1·ie ele niños: t111os en ct1entran, en
cli8ti11to g·rado, la vicla eco11ómica asegt1rada o semias egurada. Mt1chos, casi nada o nada asegt1rado (pobreza,
mise1·ia). La carrera ele la vicla se inicia en condiciones
m t1y desigt1ales.
Trató sobre el feminismo, la moral del abog·ado, muchos temas más.
Vaz Ferreira, e11 este ct1rso, ft1e principalme11te ex)Jositor.
L os f rect1entado1·es de s t1 Cátedra de Conferencias y
ele la obra ele ella derivacla co11ocíamos casi todo el ideario.
Pero Vaz Ferreira agreg·ó lo relativo a filosofía del de1·echo y lo expt1so e11 forma clara, precisa, sobri a, dej anclo
ei1 11osotros t111a impresión imborr able.
Nt1estro paclre desempefió poco tiempo esta Cátedra.
U11a g·ran clat1dicación ei1 su salt1d lo llevó a r enu11ciarla.
Lttego ele restablecido, otras ocupaciones absorbier o11 la
totalidacl de st1 tiempo clispo11ible y st1 energía a11ímica,
eJ1tre ellos, el Recto1·acl o de la U11iversidad.
E scritos 1·ore11se.'1{. - EJ1 el ejer cicio de s t1 profesión
\' az Ferreira formt1ló t111a seri e de escrito.. fo r e11ses. Co11ocimos alg·t111os de ellos. Tie11en al ma )' tie11e11 vida . Se
co11serva11 toclos en el Archi\'"O del Poder J U(licial. Si algt1ie11 qt1i~iera i11vestigarlos ha ele te11er e11 ct1e11ta qt1e
&lt;:ilgt1nos aparece11 firmaclos por el jefe del e8lt1clio: fJ osé
Trt1reta Goye11a.
Ha.Y t111 trabajo .it1rídico a destacar:
''En t1n i11 teresa11tísimo caso de n uestre:t j t1risprudencie:1 (g·anado por Vaz Ferreira é:111te la Alta Corte, en el
rect1rso extraoreli11ario de nt1liclad i1otoria) , el testador,
clespt1és ele hacer e11 st1 testame11 to di ver sos legados, decía :
''Despt1és de hecha la distribución en la forma indicada,
llttiero que lo restante sea r e part ido proporcionalmente
e11tre toclos los herecleros'' . l11terprete:tda la palabra "her ecleros'' e11 st1 se11tido t écnico, el remane11te de los bienes
clebía corresponder a los familiares clel testador, llamados seg·(111 las reg·las ele la s t1ces ión intestada; pero habiénclose prol)ado (incluso por la presentació11 clel diccionario

�328

REVISTA HISTÓRICA

utilizado) que el testador había utilizado dicha palabra
para referirse a los legatarios, la Corte (apoyándose entre otros argumentos en los arts. 780 y 787 del Código
Civil, a que ya nos hemos refe1"ido) decidió que cuando
en un testamento se usan impropiamente las palabras,
debe estarse, antes que a la letra, a la inte11ción y voluntad
manifiesta del testador". 4 n
Natil'raleza y esencia del de1·eclio. - Si bien Vaz
Ferreira formuló algún proyecto de ley y redactó escritos
forenses, su más importante aporte j t1rídico no está ahí:
auténtico filósofo, lo atraía más bie11 la búsqueda de la
esencia y f t1ndamentación del derecho y temas afines. En
tres de sus cinco Cátedras trató estos temas.
El estudio de lo propiame11te jurídico estuvo a pt1nto
de perderse, como se perdieron los relativos a Unamuno,
Cajal, ¡tantos otros! por falta de versión taquigráfica.
Felizmente, en cierto momento, Vaz Ferreira revisó apuntes bien sacados de alguno de sus cursos, repensó st1s
clases y formuló en su Cátedra de Conferencias dos que
denominó : R ecue'rdos de una clase de Filoso.fía del Derecho, donde en forma clara y sintética precisa lo esencial
de su ideario al respecto.
En cua11to a la génesis: es una reacción sobre la noción ambiental de derecho, proveniente de los revolt1cionarios franceses, que tenían de aquel un concepto mítico
y místico. También de una reacción sobre Spencer, que le
clio una fundamentación positiva. Viene, principalmente,
de la mente de Vaz Ferreira que, por un estttdio directo
del problema, concibe una solución personal y original.
En cuanto al contenido: entiende por derecho el conjunto
de normas -positivas y normativas- que es bueno establecer coactivamente para regir la co11ducta individt1al.
En cuanto a la fundamentación : no acepta como
ú11ica ninguna de las existentes. Las i11tegra todas , y las
demás posibles en ésta, amplia : El fi11 -o fundamentodel derecho es la búsqueda del mayor bienestar y de la
mayor felicidad posible para los individt1os qt1e está destinado a regir. Y, así, las e11t1meracio11es corrientes son
todas por vía de ejemplo: debe haber normas coerciti\1as,
sancionadas por la ft1erza, para fom entar la utilidad (in46

Juris pruden cia de la r\l ta Corte d e Jus ticia, de H oracio
~\badi e Santos, t. X, a ñ o 1920, C'a so 2699. \ 1 e r en el n1is m o sentido
una sen ten cia d el 'I'ribuna l de Apelacion es de 3er. Turno en La
J us t icia l ruq ua y a, Nº 526. &lt;E duard o \·a z F crreira. Tra t a d o de las
Su cesion es. t. l . púgs. 224·22:; &gt;.

�-

.,... ') l)"

clividual o g·e11eral) ; el placer ( co11siclerado sólo cualitativa
o también ct1a11titativamente) ; el progreso, los sentimiento8, el bie11 en sí, la religión, etc., etc.
Todo esto debe ser teniclo en ct1enta, y ct1alquier otro
j'i11 o ft1ndame11to qt1e pt1diera aparecer. El derecho no
tiene t1n solo fin si110 muchos, ~'ª concordantes, ya conflictt1ales.
Iufl11 e11cia (lC'l id('ctrio iuríclico vazfe1·1·ei1'iano.
S11

valor acti1a l

¿Qué inflt1encia ejerció el ideario jt1rídico de Vaz
I•'erreira en el país tenido en cuenta fu11damentalmente
al formularlo, en el Uruguay clel siglo XX y, eventualmente, en la medida de la dift1sión de su obra, en otros
J)aíses latinoamericanos'? Es, simpleme11te, un caso de la
i11flt1encia de st1 pensamiento e11 general: ha penetrado
lentamente e11 el ambiente, mt1chas veces si11 nombre de
alltOl".

¿Qué valor tie11e, aquí y ahora, en el Urt1guay ele
1979, el ideario jurídico vazferreiriano? Tan gran ele como
en el momento de su f ormt1lació11. Entonces como ahora
es bueno clarificar las nociones de clerecho. Entonces como ahora, es importante inct1lcar el res peto por lo j t1rídico.

�•

CAPÍTULO

VIII

Lo moral e 1i lct v ida y e11 la ob1·ct
de ea1~ZoR 1'(( z F e1·1·ei1·a ',-;
Difícil me resulta en este caso separar los dos aspectos que deseo distingt1ir: la vida y la obra; son dos
caras de una misma realidad. I11tentaré si11 embargo.
E1i la vida . La vida de nt1estro pensador apostoliza en
general su ética, e11 especial la M O'r al pa1·a intelectitales.
Las consideraciones condenatorias de la moral separada,
lo de los predicadores, lo del globo qt1e sube muy alto
porque sube sin barquilla, no son abstractas sino vividas.
Vaz Ferreira ha sido el primero y el mejor de sus discípulos. Si se confronta en forma analítica el estudio de su
pensamiento moral a través de sus fragme11tarias manifestaciones co11 su vida misma, pública y privada, a lo larg·o de constancias documentales, actas de Consejos, testimonios de personas fidedignas, rect1e1·dos personales, etc.,
se va confirmando en forma fehaciente lo que ya sabíamos: coincidencia total entre st1 vida y st1 obra. La prédica moral de Vaz Ferreira st1be siempre con el lastre
ele la conducta real o posible. La ejemplificación sería
larga: tomaré sólo dos ejemplos, t1110 posterior, otro a11terior a M O't'Ctl pa1·a intelectuales.
Del fitt1t1·0 . Recordemos como inicia la moral ele los
funcionarios : inte11ta resolver este problema: si se debe
o no colaborar con gobiernos impuros, espu1"'ios; y entiencle que salvo casos extremos, j t1stificativos de revolucio47 Los capítulos VIII y IX sobre Jo n1oral y lo religioso en la
vida v en la obra de Carlos Vaz Ferreira fuero11 formulados en
1952 y 54 respecliva111ente. en vida de ini padre. Hacia 1956 los so·
n1etf a su co11sideración. Los 1niró, forn1uló
por escrito y verbal·
1nente
algunas s uger en cias y consejos. les dio el visto bueno y
a utorizó, cumpliendo con n1is deseos- la publicación.
Los incluyo en el presente trabajo, tal con10 fueron aprobados
por Vaz b,erreira. He r espetado el fondo teniendo en cuenta todas
y ('ad a una de sus observaciones. Ta111 bién la forn1a: en los de1nás
•
eapftul os empleo la 1\l persona del plural ; en éstos, la 1 ~ del singular.
I·Ie i11ejorado la parte bibliográfica. Las citas de Carlos Vaz Fe·
rreira se hacen por la 1'·' y la 2 \l Edición l-Ion1cnaje de la Cámara
de R epresentantes de 1937 y 1963, posteriores a la l~ formulación
del trabajo. (Nota de 1979) .
~

�•) •.) 1

t) t)

la mejor actitt1cl no es el aislamie11to absolt1to sino
cierta coope1·ació11, siempre i1att1ralmente qt1e los cargos
sea11 obtenidos en forma totalmente pt1ra )' ho11esta.
En 1934 Vaz Ferreira tiene qt1e enfrentarse con el
¡Jroblema qt1e consideraba clel pasaclo. Con el golpe ele
eHtaclo del 31 de marzo las clisti11tas i--amas de la enseñan%&lt;:l st1friero11 st1erte diferente. Primaria fue intervenida y
clefenestrados colectivamente st1s co11sejeros; igt1alme11te
oct1rri6 con posterio1.. iclad en enseñanza sect1ndaria, segreg·acla de la Universielad, ei1 t1na amputación que sub.·iste tocla\ Ía. En ct1a11to a las Facultades , el peligro de
1&lt;1 intervenció11 se cernía inminente. Se trataba de elegi1·
I~.cctor en plena sitt1ación de hecho, dist1elto el Consejo
Né1cio11al de Aclmi11istració11. a qt1ien le ht1biera corresJ)o11dido la elecció11. Ei1 vibrante Asamblea, los profesores
.r estt1diantes ele la Facultad ele Medicina i·est1elven que el
nombramiento ele Rector debe ser h echo por la Asamblea
clel Cla t1stro. A esa opinió11 se adhiere la F ederació11 de
Estt1diantes Universitarios , propo11ie11clo como candidatos
n CarloR Vaz Ferreira, Eclt1arclo Acevedo y Abel Chifflet.
E11 élsambleas r ealiz3clas en Derecho, Medicina, Ingeniería, Arqt1itectt1ra, Odontología, P1·eparatorios, Liceo Noctt1rno, Liceo N 5, etc., se proclama ca11didato (1nico a Vaz
Ferreira, quien, a 29 ele mayo ele 1935 fue elegido R ector
¡)or t1nanimidad y co11sigt1ió, aceptando el cargo si11 el
Rtteldo, servir al país y a la U11iverRiclacl s in servir 11i al
g·obier110 espt1rio ni a s í mismo.
Del pasado. A propósito d e co11s ideracion es 80br e
moral de renu11cias, actitudes del inferior frente al st1perio1· jerárquico, etc .. 110 m e parece aventt1rado s t1poner
qt1e ellas fuero11 escritas tenie11do e11 la m ente el conflicto
escalar de 1901 - 02 en qt1e ta11 (!estacada y enérgica actt1ació11 cupo a Vaz Ferreira .
Se conservan en el archivo partict1lar V c1z F erreira,
e11 Atahualpa i1t1me1.. osos r eco rte~ e incluso artículos de
' ' ªz Ferreira referentes a la lt1cha qt1e debió sost ener
- j t1nto con s t1 s colegas de Dirección- co11tra el gobierno
ele Ct1estas. El orig·e11 radica e11 que este último, poi· intermedio del Mi11isterio de :B"'omento, qt1ería impone1· como secretario ele la Corporación a determinado candidato 48
11eH,

1

1
·'

·18 .t\ l r evi::;ar, haria 1936, \'az Ferreira, este trabajo n1e indicó
que suprin1iera el nombre del candidato. invoca11do el : "De n1ortuis
nihil nis i bcne". ( De los n1uertos i1ada n1ás que lo bl1e110 ). Se ha
ten ido en cuenta esta obseryación. con10 todas las ot ras forn1uladas.
tNota d e 1962).

�REVISTA HISTÓRICA

y al resistirse la Dirección de Instrucción Pública, por
motivos referentes a la persona de dicho señor, el gobier110 provocó una serie de ataques, provocando por todos
los medios el desprestigio de dicho cuerpo colegiado. Sólo
he leído recortes de prensa favorables a Vaz Ferreira y
sus compañeros, pero por la intensidad de la defensa,
calculo la entidad de las críticas. Vaz Ferreira y sus colegas se pusieron firmes y no admitieron al funcionario
que, según su leal saber y entende1~, no ret1nía los méritos
imprescindibles. Hubo incluso u11 ''sus" anfibológico en
uno de los escritos de Vaz Ferreira que determinó al candidato no aceptado a retarlo a cl11elo. Entre paréntesis, se
produce aquí la única transgresión que conozco de Vaz
Ferreira a sus normas morales : como toda persona sensata, era enemigo del duelo, si bien transaba con nuestra
leg·islación actual que lo permite en las circunstancias taxativamente determinadas por la ley, por entender qt1e
satisface un sentimiento, el del honor, que si bien no es
muy elevado, está muy arraig·ado en las costumbres. A
pesar de ello, contestó al reto nombrando sus padrinos,
que decla1~aron no haber lugar a duelo. Más tarde, interrogado Vaz Ferreira por un amigo, alarmado no sé si
por la violación de los principios o por el peligro corrido
por quien jamás manejara más armas que la pluma, sobre
si llegado el caso se hubiera batido, contestó: ''Estaba tan
cobarde en aq11el momento, que seg11ramente lo habría
hecho".

En lct obra:
Definició1z y concepto de la

1~io1·al.

Sus ramas.

La moral puede ser definida como la ciencia de la
conducta hl1ma11a, entendiendo por tal no sólo los hechos
sino los pensamientos y sentimientos que tienen que ver
con el bien y el mal. Queda f11era de su órbita la vasta
zo11a de lo indiferente c11ya asimilación a lo malo aumenta
indebidamente la cifra de los que lloraron cuando pudieron haber reído. Vaz Ferreira ha insistido largamente en
que la clasificación por b11eno y malo es transversal a la
por nuevo y viejo. Esta conf usió11 s11ele ser la causa de
que, frente a modas, costumbres, escuelas, se i~eaccione
en falso. Hay, en grueso, cierta tendencia ei1 la juventud
a tomar por bueno lo que es simplemente nuevo, por malo
lo que es viejo, y tendencia correlativa y opuesta en la
vejez cronológica o espirit11al.

�La moral abarca dos ramas: positiva y normativa.
La primera se refiere a lo qt1e es o existe, a los hechos
mo1·ales, a la condt1cta fáctica ele los hombres. Varía a
lo la.rgo de laR épocas y los pueblos. Pt1ede ser individual
o colectiva. En ambas hay hechos ciertos e ind t1dables y
otroR que aparecen o~ct1ros o dudosos. Nos encontramos
frente a los problemas positivos morales, interesante subclase de los qt1e Vaz Ferreira denomina en st1 Lógica viva
problemas de ser, o de existe11cia, o de constatación, o de
explicación. Son problemas porq11e hay cliscusión; positivos porq11e se refiere11 a hechos; morales porqtte tienen
qt1e ver con el bien y el mal, como si me pregunto sobre
la organización actt1al de la familia rusa, o el sentimiento
etc hono1, en el pueblo f rancéR del medioevo; natt1ralmente, hay mucho de subjetivo en esta pI·oblemática: lo que
es incierto pa1--a 11no pt1ede no serlo para otro o para la
cie11cia. Se diferencian de los positivos indiferentes porqt1e éstos discuten sobre cuestiones qt1e no tienen que ver
con el bie11 y el mal. Tie11en una sola solución: podemos
hallarla
o i10 pero, 1111a vez encontrada, elimina a las de,
mas.
La moral positivH. es una ciencia, ente11diendo por tal
t1n conjunto orclenado y sistematizado de conocimientos
referentes a un secto1.. dado de la realidacl. Se i,elaciona
con : a) la historia, est11clio de los hechos pasados de repercusión social; b) la sociología, estt1dio del hecho social
J'est1ltante de la convive11cia de los hombres. Tiene de
común con la primera la investigación de los hechos e
instituciones pasadas relativas a la conducta ht1mana, con
la segt1nda el estudio de agrupaciones o colectividades.
Naturalmente,
at1nque los temas coinciden, el enfoqt1e
,
varia.
La moral normativa es tln conjt111io de i--eglas desti11adas a regir el comportamie11to humano. St1 postulado
es la voluntad de vivir la mejor forma posible. Donde tal
voluntad no existe, se desvaloriza para nosotros la moral, como u11 camino que lleva a un lug·ar donde no deseamos ir. Las normas morales se dirigen a la conciencia
humana; no son coactivas; su inobservancia trae aparejada, o puede traer aparejada la sanción de la conciencia,
de la opinión pública, tal vez la divina.
Hay una moral normativa individual, integ·rada por
el conjunto de ideales que rigen la vida de cada hombre;
~r una normativa colectiva, integrada por el conjunto de
icleales aceptados por una agrt1pación: nació11, confesión.
22

�334

IlEVISTA HISTÓRIC ,\

Hay una moral normativa ge11eral, integrada por lo
que se debe hacer en principio, prescindiendo de circunstancias especiales y una normativa particular, por lo que
sería bueno que se hiciera en t1n caso determinado. Ambas pueden diferir: el deber de sinceridad por ejemplo,
puede ser obstaculizado por consideraciones de piedad.
En la moral normativa aparecen los problemas normativos, también denominados por Vaz Ferreira problemas de hacer, o de acción, o de conveniencia (los de ideal
son relativos no ya a cómo deben hacerse las cosas sino
a cómo sería deseab!e que fu eran). No se trata, como en
los positivos, de discusiones relativas a hechos sino a lo
que debe ser, o lo que conviene hacer, o la conducta a
seguir. Difieren de los normativos indiferentes porque
tienen que ver con el bien y el mal; de los positivos, por
su naturaleza y por la clase de solución que admite11. No
tienen una sino varias posibles. La solución será de elección. Elegiremos la que a nuestro juicio tenga más ventajas y menos inconvenientes pero las soluciones descartadas no desaparecen: el hecho de admitir por consideraciones f amilistas la herencia económica no nos impide
ver los inconvenientes de dicha solución. El procedimiento
para resolver un problema i1ormativo abarca varios momentos: 1Q) Determinación de lo qt1e podría hacerse; enumeración de todas las soluciones posibles; 29 ) Análisis de
las ventajas e inconvenientes; 31) ) Elección. A esto agrega
Vaz Ferreira en su análisis de diversos problemas concretos: feminismo, herencia, un mome11to previo importante: el estudio de los datos de hecho, positivos, del problema: conviene partir de lo que es para determinar lo
que debe ser. En cada una de est~.s etapas pueden cometerse paralogismos : en el primero, omisión de soluciones
viables; en el segundo, errores motivados por la falsa
observación o por la errónea previsión ; en el tercero, dificultad de pesar valores heterogéneos y diferencias temperamentales.
Y el error básico sería tratar las cuestiones normativas como si, a semejanza de las positivas, debieran tener
alguna solución sin inco11venientes. Insisto en la explicación de estas distinciones porque toda la filosofía vazferreiriana, por tanto la moral, está vaciada en los moldes
de Lógica viva, una de cuyas ideas directrices es la distinció11 de los problemas en positivos y normativos.

�(' Af{ L08 V 1\Z Ji"'ERREIIlA

Fi1ndanie1ztacióti de la

33 5

11io1ral

Vaz Ferreira esbozó este tema e11 el trabajo pedagógico presentado en el concurso para la Cátedra de Filosofía en 1897. E11 la Lógica viva aparece su pensamiento
más maduro. En conferencias de 1915, y en su cátedra de
Filosofía del Derecho, ratifica y amplía conceptos, que
remoza y refresca en 1952.
El problema del ft1ndamento de la moral, o sea el
i·elativo a saber por qué y para qué se debe ser bueno,
abaI·ca dos ct1estiones separables: 1) ¿Puede ft1ndarse la
moral? 2) En caso afirmativo, ¿cómo?
En ct1anto al primer punto Vaz Ferreira afirma en
su Lógica viva qt1e se trata de t1n problema normativo:
inútil sería buscar una solución perfecta y completa como
la de los problemas positivos; tal es el erro1· cometido
por quienes, después de pasar en revista todos los sistemas y todos los filósofos, concluyen que nunca la moral
se ha podido formular de manera completa y perfecta:
no la funda ron en forma ple11amente satisfactoria ni Plató11, ni Aristóteles, ni los estoicos, ni los hedonistas, ni
Guyat1, ni Nietzsche. Y como lógico corolario de la imperfecció11 de las bases propuestas, conclt1yen algunos que
debemos renunciar a fundarla, entendiendo por tal la
obtenció11 de reglas tales que lleven a una conducta sin
ningún inco11veniente, si11 dejar nada dt1doso, incierto, no
resuelto, llegando, e11 resumen, a t111a mo1·al perfecta. El
er1·01" provend1"ía de busca1· en los problemas normativos
soluciones en el sentido qt1e tiene este té1·mino en los problemas positivos. La moral puede fu11darse, siempre qt1e
nos confoI·memos con una solución de elecció11.. ¿Cómo
hacerlo? Vaz Ferreira empieza co11 la exposición y crítica
de las fundamentaciones propuestas. Ejemplifica con sistemas ya hoy clásicos -Bentham, Spencer, Stt1art Millll olvidados injustamente: Guyau.
Se los ha clasificado en : a) religiosos; b) metafísicos; c) positivos.
Los primeros dan a la moral un fundamento trascendente: se debe se1' bueno para cumplir la volt1ntad divina. Son los únicos que pueden suministrar t1na seguridad total: pero sólo a sus adeptos.
Los segundos se basan en principios racionales: supremo bien, razón, etc. Son f t1ndamentos abstractos y
co11jeturales.

�aas

REVISTA HISTÓRICA

Los terceros construyen una moral enraizada en la
tierra. Arístipo nos habla de la búsqueda de la fe1icidad;
Bentham de la utilidad, Adam Smith de la simpatía, Guyau de la expansión de la vida. Los sistemas positivos
-hacia los cuales van evidentemente las simpatías de
Vaz Ferreira- cometen el error de no tener en cuenta
las posibilidades trascendentes : "cerrados por arriba, no
pueden construirse más que tumbas ... ".
Vaz Ferreira aplica a los sistemas morales la crítica
general a la noción del sistema. En su Lógica viva preconiza la superioridad del pensamiento por ideas a tener en
cuenta. Todos los sistemas son excl11sivos. Han tomado un
fundamento posible de Ja moral, ha11 exagerado su importancia, eliminando los otros y erigido el factor elegido en
determinante exclusivo de la conducta moral. Guyau
trascendentalizará la importancia de la expansión de la
vida; Bentham la de la utilidad; Spencer la del p1"ogreso.
Vaz Ferreira encuentra dos sofismas: a) una falsa generalización del fundamento aceptado; b) t1na falsa oposición entre los factores.
Si analizamos imparcialmente los móviles de un acto
moral cualquiera, positivo o negativo, si me pregunto por
qué ayudo a un pobre o me abstengo de mentir, surge en
seguida la respuesta: lo hago por la felicidad personal
del pobre y mía, y pensando en st1 bie11estar, en su utilidad,
y teniendo en cuenta posibilidades trascendentes, premios
y castigos. Todos estos factores, cuya lista no es taxativa
(Vaz Ferreira la deja abierta para que puedan irse incorporando nuevos ideales), coexisten, total o parcialmente; mi acción moral será una resultante. Estos distintos
móviles a veces se reft1erzan y otras se oponen. Surge así
la noción de conflicto moral, idea madre de la moral vazf erreiriana.
AJparecen en segt1ida las dos acusaciones que opositores e incluso discípulos formula11 a Vaz Ferreira: eclecticismo, escepticismo, constituyen el leit-motiv de las críticas. Trataré el segundo punto más adelante, a propósito
de la religiosidad o irreligiosidad del filósofo en estudio;
veamos el primero. Dice Vaz Ferreira en uno de sus psicogramas: "si una crítica te molesta, es que encierra algo
de razón". Ignoro si estos juicios lo han incomodado pero
por· lo menos se ha tomado el trabajo de refutarlos. Eclecticismo, dice, es una actitud no superior del espíritu humano que piensa sobre lo ya pensado, teniendo en cuenta
varias opiniones, esct1elas, y colocándose en el justo me-

�C'ARLOS VAZ FERREIRA

337

clio. Pero clada la tendencia a exagerar de la mente humana, cua11do se piensa no sobre lo ya pensado sino
clirectame11te sobre el problema, es fácil que la verdad se
halle en t1n lugar que coincida con una posición intermeclia.
Para qt1e la disct1sión 110 se torne de palabras, con,,endría precisar el significado de eclecticismo, paso previo para determinar si Vaz Ferreira es o no ecléctico.
Se ct1mple así el deseo ma11ifestado ya ei1 su primer Fermentario: "Del mismo modo que los cirujanos no emp11enden t1na operación sin desinfectar previamente todos
los útiles c¡ue se p1 opone11 usa1-, nadie debería empeza1
ttn 11aciocinio sin haber dejado de antemano todas las
palabras
que va a emplear, completamente asépticas de
,
eq111vocos.
Dentro de la imprecisión del vocabt1lario filosófico,
el término eclecticismo tiene un significado bastante fijado.
Refiriéndose a las definiciones de Lalande en su vocabulario, encontramos que no pt1ede aplicársele en el
senticlo A, ni en el B, ni e11 el C, pero sí tal vez en el D.
Eso, en este problema especial; ei1 el tratamie11to de otros
temas éticos (feminismo, herencia, problemas sociales)
mal pttede hablarse de eclecticismo en i1ingún sentido, ya
que rompe las posicio11es antagónicas preestablecidas, empeza11do por replantear los problemas.
1

1

La nio1·al viva. Su rlo 1·ealizació11. Filentes
el e lo 1~101·a l e 11 l'az F et"rei1·a,
El pensamiento moral de Vaz Ferreira no ha sido
formt1lado en su integridad. Acarició durante largo tiempo la idea de escribir una Moral viva. Habría sido, en el
campo de lo ético, t1n eqt1i valen te ele la Lógica viva. Así
como ésta destaca, para combatirlos, los paralogismos y
Rofismas, no estáticos, fijados, como los toma la lógica
formal, si110 en estaclo de movimiento, tal como vician en
la realidad el razonamiento de los hombres conc1"etos, así
la Moral viva habría sido t1na obra desti11ada a plantear
e intentar resolver problemas éticos vivos, con la subjetividad que comporta dicha calificación, eliminándose así
toda cuestión artificial, ficticia o desengranada de la
realidad. Todavía en el Ferme11tario del 38 se encuentra11
referencias a su posible pt1blicació11.
Ent1"e los papeles del Maest110 aparece un esbozo de
í11dice y algt1nos fragme11tos. No llegó a escribi1·se: fue

�REVISTA HISTÓRICA

338

una de las obras planeadas y no ejecutadas a causa de la
dedicación constante de Vaz Ferreira a su Cátedra. Pero
no lamentemos demasiado su pérdida. Encontramos mucho pensamiento moral formulado a lo largo del prolongado período de producción vazferreiriano, que se abre
en 1892, a los 20 años, con la publicación, en un periódico
estudiantil, de algt1nos pensamientos y se continúa hasta
ahora sin interrupción.
Por lo demás, si no llegó a formularse en forma coherente y armónica la moral viva, quedan va1·ios libros
destinados al enfoque de los problemas éticos: Moral pare:

intelectuales, Sobre feminismo. ¿Cuál es el signo mo1·al
de la inquietud humana? Hay libros, como el Fermenta1·io
de 1908 y el de 1938 esmaltados de consideraciones éticas.
Hay estudios morales en las dos series de Conferencias
sobre temas cieritíficos, artísticos y sociales. Y en Sobre
la propiedad de la tie'r1·a y en: Sob1"e los problemas sociales, si bien considera fundamentalmente estos últimos,
los resuelve, como veremos, por ideas directrices éticas:
libertad, igualdad, justicia, sin contar la acentuada tendencia pob1"ista que informó st1 vida y su obra.

Moral para intelecfitales
Co1iside1 aciories p1·evias. -

Ocupa un lugar destacado en la producción vazferreiriana. Se publicó en 1908,
como compilación del Curso de ese año en Preparatorios;
surge de la comunicación simpática con tina de las clases
que más recordaba el Maestro y que integraban, entre
otros: Benigno Varela Fuentes, Pascual Rubino, Enrique
Claveaux, Pedro Barcia, J. César Mussio Fournier. Es,
como muchas de sus obras, hablada más qt1e escrita. Esta
característica que para Unamuno, conocedor y estimador
de Vaz Ferreira, constitt1ia su mayor encanto 49 proviene
del modo de producción vazferreiria11a: salvo los Problemas de la libe1·tad :in primitivos, los de principios de siglo,
algún otro estt1dio, sus libros son versiones taquigráficas,
corregidas, de clases o conferencias. Moral para intelec4

49 Miguel de Unan1uno: Soliloquios y conversaciones. l\1adrid,
Biblioteca Renacin1iento, 1911, págs. 177-191.
50 Carlos Vaz Ferreira : Los proble111as rlc la libertad, l\tlontevideo, Libr. Nacional A. Barreiro y Ramos, 1907.

�C' ATlLOS VAZ FERRIDIRA

tu ales ha sido objeto, entre otros, de cálidos elogios de
Unamuno :;i y Osorio y Gallardo. :¡ 2

No hay en ella tesis a demostrar : ondean clos ideas
clirectrices: 1'-') Plantear y, en su caso, resolver los problemas especiales de los intelectuales. 2°) Tratar, no de
crear moralidad, tarea que según Vaz Ferreira sobrepasa
la órbita de acción del pedagogo (no podría, sin embargo,
sostenerse, e incluso ejemplificarse con él mismo, que en
st1 acción sobre los seguidores, el pedagogo modelo, puede
i11clt1so crear moralidad) sino de aclaI·ar los deberes en
tal forma que cada uno pueda hacer de la que tenga el
mejor t1so posible; evita1~ el descuido moral por una consta11te preoct1pación ele lo ético; impedir que por desatención, tradición o costumbre se incurra en mal evitable.
Poclría dividirse en dos partes: la primera se refiere
&lt;i los problemas propios de lo que Benda denomina la
clerecía, integrado poi~ los qt1e cultivan lo intelectual, los
que ejercen profesiones, ente11diendo este térmi110 en un
sentido amplio, abarcando i11clt1so la de estudiante. La
8egt1nda trata distintos tópicos éticos: patriotismo, carácter, co11ciencia moral, etc.; problemas vivos y concreto
referentes casi todos a cosas de la tierra.
Su validez no es sólo local. Por lo me11os Unamu110
entendía que muchas de las co11sideraciones eran aplicables a su España ñ:1 La mayor parte de los problemas en
ella st1scitados siguen siendo vivos: la moral del abogado
es tan difícil en 1952 como en 1908 de conciliar con el
ejercicio eficiente de la p1·ofesión; la prensa sigue impunemente haciendo y deshaciendo reputaciones; las corruptelas de nuestra democracia no me parecen haber dismint1ido; nuestros estt1diantes siguen bajo el signo de la
maldición examinista ...
En ese trabajo que le es familiar de rectificación y
ajuste del propio pensamie11to, varias veces se refirió Vaz
Ferreira a su M or·al para i11telect 1tales, formulando t1na
~erie de correcciones y ampliaciones. Es un libro para ser
51

~:in:

op. cit. págs. 177-l!ll.

52 "No he leído i1ada tan in1portaulc y diáfano sobre la 111oral
de los a bogados. con10 la conferencia que sobre lYloral para intelert uales dio en 1908 en la 1Jnivcrsidacl de :Vlontevideo, el ilustre profesor de Filosofía Carlos Vo.z I•"erreira . l~s la1nentable que 110 11aya
sido divulgado". En El al111a rlc la toqa. "Sobre Vaz Ferreira ", l\1adrid. 1956. pág. 57.

:,:J

~liguel

de Unan1 uno. op. cit.. pág. 179.

�340

REVISTA HISTÓRICA

leído, refractario al resumen. Destacaré tan sólo algunas
ideas.
M or·al del estudiante. - Ya a principios de siglo aparece en Vaz Ferreira la alergia al examen, que puso de
manifiesto en la difusión de un proyecto que consiguió
hacer aprobar por el Consejo Central Universitario: la
sustitución de los exámenes por la promoción en la enseñanza media y en la Facultad de Derecho. En 1908 ya
está fijado definitivamente su pensamiento al respecto,
que cristalizó parcialmente en nuestra enseñanza media
(ler. ciclo) y casi totalmente en la Facultad de Humanidades y Ciencias.
Como antídoto del examen recomienda adquirir ya
desde la adolescencia hábitos de profundización. También
un poco de cultura desinteresada : que cada estudiante,
más adelante cada profesor, dedique por día una pequeña
parte de su tiempo a algún trabajo intelectual, condicionado por sus preferencias, que no tenga que ver con los
exámenes a preparar, o las clases a dictar, o el diagnóstico a formular, o el alegato a redactar. La idea del estudio desinteresado, del saber por el saber mismo, tiene
honda raigambre en Vaz Ferreira y como es un hombre
práctico, pese a un error muy difundido, trató, hasta donde pudo y mientras pt1do, de converti1~1a en idea directriz
de la Facultad de Humanidades y Ciencias. En el acto
inaugural de esta Casa de Estt1dios, realizado en sesión
solemne en el Paraninfo de la Universidad, a 3 de mayo
de 1946, decía su Director:
·
F1·agmento : " ... Ahora, ¿ qt1é hay que hacer? O, más
propiamente, ¿qué hay que empezar por hacer? ¿Qué debe empezar por ser, Hic et nunc, la Fact1ltad de Ht1manidades y Ciencias clel Uri1gitay, e1z s1t iniciació1z?
La respt1esta tiene que ser una sola:
Simplemente, pt1ramente, u11 ri11cón de nuestra e11señanza en qite se esti1die po1· estz1diar.
Lo que se necesitaba entre nosotros era una institución -una Facultad- distinta en su fin legal de las Facultades profesionales, en que se estudiara por estudiar:
no pa1~a algo ajeno al estudio, sino por el estudio mismo.
El pasado de nuestra enseñanza crea, para nuestro país,
una sitt1ación especial, nacioiial, propia, r21testra. Adelantadísima la enseñanza superior p1·ofesional, e inexistente
la superior pura (se entiende: como entidad diferenciacla), teníamos que crear, fomentar, desarrollar, algo co-

�CARLOS V AZ FERREIRA

341

mo u11 clat1stro de ejercicio espiritt1al, en que se estudie
por el estudio mismo; por el placer y por la superiorización del estudio, de la ct11tura y clel trabajo espiritual
clesi11teresado. ¿Por qué (esto, aquí) ? Porque t1na organización desequilibrada de la enseña11za p(1blica qt1e ha
clurado ta11to tiempo, podría habe1~ acostumbraclo demasiado, a demasiadas personas -o era de teme1· que así
fuera- a estudia1~ sólo para obtener títt1los profesionales,
empleos, etc.; lo que es bien legítimo en sí, y muy útil
para los individt1os y para los países: pe1·0 1zo es lo i't1zico .
Sólo qt1e -Y qt1iero enfatizar esto- qt1izá precisamente esa inscripción exuberante, qt1e tantas difict1ltades
materiales nos va a creaI·, clebe co11fortarnos, al hacernos
sentir que el daño había estado lejos de ser profundo y
tlefinitivo. De modo qt1e, a pesar de aqt1ella 01~ganización
t1nilateral de nt1estra enseñanza; a IJesar de las costt1mbres qt1e ella creara, había tres mil personas que desea ba11
estt1diar por estt1diar, i11dependientemente de toda aspiración a profesiones, a situaciones productivas o re11tadas !
De este hecho -en verclad i11esperado hasta para los
que fuéramos más optimistas-, rest1lta11 ahora nt1estra
principal esperanza y la orie11tació11 de i1t1estra dirección
inicié1l.
Que es, lo repito, IJroblema del momento actt1al.
IVIás adela11te se podrá, o 110, pe11sar en otras direcciones, por ejemplo: en imi1 ar a otros países; e11 imitar
sus i11stitt1ciones; se pensará en si co11venclría establecer
t111 plan fijo y reglado de estuclio; e11 si co11vendrá o no
crea1· carreras académicas, etc. E11tre ta11to, te11emos el
deber inmediato y i1uestro: hacer bien posi}Jle, y estimular el estudio por el estt1dio.
Entre ta11to, el clat1stro de ejercicio8 espirituales.
Y para n t1cstrq. acción, ei1 estos difíciles pri11cipios,
peclimos mt1cha ayt1da, mucha simpatía, y mt1cha indulge11cia." :; 1
Estamos demasiado en los acontecimientos para opi11ar imparcialme11te sobre lo que Vaz Ferreira quiso hacer y sobre lo qt1e qt1isiero11 hace1· otros (probablemente
ha)ra que te11er en ct1enta efectos a larg·o y a corto plazo)
y para prever si rlcl choqt1e de las dos ideologías antagónicas saldrá combi11ació11 o mezcla. De todas ma11eras creo
5 11 C'arlos Vaz Ferre ira: "Discurso 0n e1 acto inaugural de la
Ji,acultad de Ilun1anidades y Ciencias", 111 cí&lt;len taln1 cn t e, l&lt;:l y 2\\ Edi
&lt;'ión I·Ion1e11ajc de la Cán1ara de Representantes de 1957 y 1ns:L
t. X\7 III, p~1g s. 111-117 y 113-122, respectivan1 ent e.

�342

REVISTA HISTÓRICA

conveniente destacar estas ideas y st1 enraizamiento en
Moral para intelectuales.
Valoriza la lectura directa de libros penetrables y
fermentales, aparte de los textos y manuales donde los
conocimientos se suministran en forma de papilla. Aconseja una lista de 30. A Unamuno no le g·ustaba: la encontraba un poco extraña y heteróclita. Vaz Ferreira mismo,
en 1952, le reprocha el estar determinada casi totalmente
por la filosofía de un solo país. Sin restarle valor a la
opinión de don Miguel, ni mucho menos a la de don Carlos,
esa lista, aparte de su valor intrínseco, tiene el carácter
de docume11to ilustrativo -lo destaca Claps en su trabajo- ;¡;; sobre la formación cultural de Vaz Ferreira; pone
de manifiesto la influencia de Guyau. . . ''st1" Guyau, Renán, James, Stuart Mili y el estar ya de vuelta de Spencer.
Moral de abogados. - Este capítt1lo de Moral para
intelectuales, como todos los otros, st1rge de la vida y es
para la vida.
Vaz Ferreira entiende en esta obra, y ratifica con
levísimas variantes en su Cátedra de filosofía del derecho,
que ciertas profesiones, abogacía, periodismo, encierran
algo de inmoralidad intrínseca. Todos sus ejemplos tienen
un denominador común : el abogado no puede ejercer eficientemente su profesión, ct1mpliendo al mismo tiempo
con un deber básico : el de ve1·acidad, de sinceridad. Ello
no implica la i,enu11cia al ejercicio de la abogacía, pero
no conviene ocultar que quien desee ejercerla en condiciones absolutamente puras, probablemente no la ejercerá.
1vl 01·al de los rn,édicos. - E11 la terminología vazferreiriana, bien podría decirse qt1e, así como hay en la profesión de abog·ado t1na inmoralidad i11trínseca, hay una
moralidad i11trínseca en la del médico: es aquella cuyo
ejercicio normal procura más ocasión de hacer el bie11, por
su contacto directo con el dolor y con la muerte; sus deberes son difíciles de cumplir, por requerir abnegación,
espíritu de sacrificio, altrt1ismo, pero fáciles ele ver (salvo
complicacio11es por el lado del secreto profesional y la
eutanasia).
Las observaciones de Vaz Ferreira e11 sus dos primeras ediciones se ref iere11 especialmente a la lógica de
los médicos en sus reperct1siones éticas. En correcciones
posteriores extraña el haber omitido la moral propiamente
55 i\Ianuel ..\ . Claps: 1 a-: Jt'erreira: notas
tevideo, In1p. Rosgal. 19:&gt;0.

JJCll"CI 1111

eslu&lt;l'io. l\tlo11-

�CARLOS V AZ FERREIRA

343

clicha de la profesión; y formula serios reproches para el
exceso de especializaci611 : e11 el ser vivo hay algo más
que t111a st1ma de partes: hay t1n todo, cuyo bienestar debe
ser el objeto del médico míts qt1e el perfecto fu11cionamiento de alguno de sus órga11os.
lían st1rgido peligros nt1evos, difíciles de prever en
los alboreH clel siglo: así, la colegiación profesional obligatoria es una amenaza étquí y ahora, especialmente entre
la clase médica. Vaz Ferreira manifiesta s11 opinión categóricamente contraria en el i11forme presentado en 1952
en colaboración con el Dr. Rodolfo Tálice al Consejo de
Humanidades y Ciencias. ;¡,¡ Entiende que la agremiación
profesional forzosa es de corte fascista; contradice la Declaración Universal de los derechos del hombre y limita
clemasiado la libertad; en el caso especial de los médicoR
lleva o puede llevar a t1na tiranía del Colegio capaz de
trabar la libertad del profesional en cuanto al empleo de
n t1evas técnicas o de innovaciones en el tratamiento y
diagnóstico.
Y no ya como peligro, sino como lamentable hecho
co11sumado, élparece algo que, si bien precede en el tiempo
a la agremiación fo1"zosa, lógicamente es st1 consecuencia
11atural, y prácticamente necesaria: la ht1elga de los médicos -sobre la cual no co11ozco pronunciamiento expreso
de Vaz Ferreira, si bien lét co11dena surge tácitamente de
toda su ideología individualista y libertista- la ht1elga
de los médicos, digo, por móviles eco11ómicos, ha puesto de
manifiesto t1na caída vertical ele la ética profesional, mercantilización de la noble profesión, aclopció11 de t1na t&lt;íctica ele lt1cha que, diRct1lpable entre los obreros por tratarse en general de perso11as poco ct1ltas y ele u11a clase
r10 favorecida po1~ el régimen social actual, es co11denable
en sí por requerir para poder ser eficiente algo tan degradante para. la perso11a humana como el arrcbañamiento, y t111 falso concepto de solidaridad que deja de ser la
u11ión para el bien para tornarse en la unión para lo que
qttiere la mayoría.

!J1 oral de los periodistcts. - Vaz Ferreira encuentra
que la profesión del periodista -necesaria y noble si las
hay- e11cierra, como la del abogado, una i11moralidad
;)6 ('arios \·az Ferreira y Ilodolfo Tálice: "Sobre la colegiaciou
profesional obligatoria", ei1 lnci&lt;lcntalniente 1'' y 2··' Edición de I-Io
rnenaje de la Cá1nara de Ilepresentantes, t. XVIII. págs. 123-127 ~
129-138 res1lectivan1ente.

�REVLST A HISTÓRICA

344

intrínseca; para el jurista, radica en la dificultad de cumplir eficie11temente su función -predominantemente defensiva- sin salirse de la verdad; para el periodista, en
la imposibilidad de cumplir su cometido: informar y en
su caso juzgar, con justicia, justeza y verdad. Dos obstáculos se oponen a ello. En cuanto a los hechos, la deficiencia insalvable de información; en cuanto a los juicios,
la necesidad de opinar precipitadamente y sin información
bastante sobre toda clase de ast1ntos.
Vaz Ferreira se refiere en esta obra, y retoma en el
Fermentario, la analogía entre la prensa, cuarto pode1~ del
estado y la prensa hidráulica: ''Llaman los mecánicos
prensa hidráulica a un aparato por cuyo medio pueden
obtenerse los rest1ltados más desproporcionados a las fuerzas del que los usa. Un niño puede realizar trabajos enormes : levantar las más pesadas moles o hacerlas polvo ...
Quien no piensa en la otra prensa, en la que permite
a cualquiera producir los más admirables efectos: levantar una reputación o triturarla: la analogía es notable;
hasta por la homonimia, qt1e me salió por casualidad.
Hasta por lo de los niños".
Recomienda un exquisito cuidado antes de enlodar y
enlodarse en difamación y calumnias. . . y no se diga que
la ley de imprenta actual arregla las cosas, ya que en esta
clase de delitos, que afectan lo que San Agustín desde su
altura llamara ''el honor, humo del tiempo'', pero que es
un sentimiento que los que estamos en el mundo valorizamos mucho, las rectificaciones son innocuas e incluso contraproducentes.
En lo intelectual se c1~ean hábitos -de repercusión
ética- que tienen que ver con la pérdida del poder de
concentración y profundización: opinando apresuradamente sobre toda clase de asuntos podrá llegarse a ser un
buen periodista, pero i1ada más que eso: se cae en la superficialidad y la dispersión. "Nosotros los que pasamos. . . llamó a los periodistas t1no de ellog que no pasó". :;;
Mo1·al de los f lt1icioria1·ios. - Aqt1í tampoco Vaz Ferreira habla de oídas. Ha sido ft1ncionario modelo en el
auténtico sentido de la palabra durante sesenta años; ya
he enunciado la lista de cargos por él desempeñados.
Por las páginas de su obra van desfilando las corruptelas grandes y pequeñas que vician en gr a el o diferente la
f&gt;í

Rafael Barrell.

�34 5

burocracia de todos los tiempos en todas las latitudes:
que no percibimos porqt1e ''in eo vivimus, movemus ei
st1mus'': recomendaciones, influencias, cesarizaciones ...
En resumen: es una obra actual. Al leerla, es menester, como pedía Vaz Ferreira, ponerla instintivamente
al día.

Fe1ninisnio
Algit1ios purztos de ?'efe'reucia. - Como le es habitual,
Vaz Ferreira no fija su pensamie11to en fórmulas definitivas sino que piensa y repiensa los problemas, buscando
clirectamente las solt1ciones mejores o menos malas, teniendo ei1 cuenta lo que es o existe pero sin dejarse domina1~ por el acostumbramiento, defendiendo su posición
contra los qt1e conceptúa errores, así vengan de la derecha o de la izquierda.
Nada encont1·amos sobre el feminismo en el trabajo
sobre enseñanza de la filosofía en 1897, donde aparece
el germen de mu chas de st1s concepciones posteriores. En
A1oral pa1·a ititelectuales unas líneas condenato1·ias de la
excesiva severidad al juzgar la irregularidad sext1al de
la m11j e1·. Apenas una breve consideración sobre el divorcio en la Lógica viva. Y así Vaz Ferreira parece haber
formulado por vez primera s u pensamiento, ya maduro,
al respecto, en las conferencias pronunciadas en su cátedra poco después de 1914 y no recogidas entonces. Las
vuelve a dar en 1922, esta vez con taquígrafo; pero se
pttblican i·ecién en 1933, integrando la obra: Sob're el
feminisn10. Recalco estos datos porque la tardanza en la
publicación impide aprecia1· lo avanzado de las ideas de
la época de stt formulación: i·ecorriendo la prensa de la
época nos encontramos con qt1e en 1914 no estamos aún
lejos de las tres ''K'' germanas: Küche, Kinder, Kirche
(cocina, niños, iglesia) : la única puerta abierta a las
mujeres que deseaban estudiar era el magisterio. Vaz
Ferreira recordaba a(1n, en st1s últimos años, la conmoción producida por la prime1·a joven -Aurora Velazcoq11e se animó a dar examen de ing1·eso en la Universidad :
el público escalaba los ventanales para presenciar el inusitado espectáculo.
La edición de 1933 iba precedicla de un prólogo de
Gil Salguero, que Vaz Ferreira consideraba valioso, si
bien, añadía (con esa severa autocrítica que, más que los
motivos que acostumbra alegar, me pa1~ece constitui1· el

�REVISTA HISTÓRICA

obstáculo permanente que lo ha inhibido en la publicación) tiene el defecto de que ''ant1ncia un águila y sale
una gallina''. Más adelante en su Cátedra de la Facultad
de Derecho expone nuevamente sus ideas: se anotan tan
sólo variantes de detalle. Ei1 1935, en carta abierta solicitada por las Damas Católicas durante el movimiento de
repudio en torno a distintas disposiciones del Código Irureta (eutanasia y aborto principalmente) expresa su opinión netamente contraria a esta última amo1.. alidad. En
1945 reedita su obra, sin el prólogo comprometedor, agregándole un valioso apéndice donde confirma y ratifica su
posición, frente a ciertas tendencias seudoa vanzadas:
el movimiento feminista, ca1.. acterístico del siglo XX, ha
andado muy rápido. Vaz Ferreira, sin perjuicio de defender sus ideas contra los antifeministas, tiene también que
luchar contra cierta clase de feminismo que desea igualar
bajando lo alto. Y finalmente en 1952 confirma en su
Cátedra lo fundamental en cuanto a la idea directriz de
su obra: distinción entre feminismo de igualación y de
compensación; pide se den por i .. etiradas las consideraciones relativas a un problema que ha dejado de serlo:
el sufragio; condena una concepción que, ya existente, se
ha puesto virulenta: la eugenesia; por caminos diferentes, coincide con el Papa en st1 repudio de una innovación : la inseminación artificial; y en t1n momento de buen
humor nos obsequia a las mujeres con un interesa te proyecto de reforma de la legislación patronímica.

Definición y co11cepto. Etzzt11ciado de los proble1nas.

Sus datos. - Se denomina feminismo al conjunto de hechos, teorías y problemas relativos a la situación de la
mujer en la sociedad y la familia, incluyendo derechos y
deberes. No se trata de uno sino varios problemas, a saber: a) derechos políticos de la mujer: voto activo y pasivo; b) derechos civiles; c) i .. elaciones entre los sexos:
estudio comparativo del matrimonio y la unión libre;
d) trabajo externo de la mujer. Son cuestiones conexas,
por referirse todas al sexo débil, pe1.. o separables: se puede sin contradicción adoptar solución feminista en uno y
anti en otra; pensarse, por ejemplo, que es conveniente
que la mujer vote y no desear que ejerza profesiones, y
a la inversa, si bien lo habitual es que se dé a todos soluciones correlativas.
Como en tantos otros casos Vaz Ferreira encuadra
la consideración de estas ct1estiones e11 los moldes de la

�3 47

Lógica viva, recalca11clo su doble faz de positivos y normativos, de carácter moral por afectar la constitución de
Ja familia, base de nuestro régimen social actual que, sin
perjt1icio de características indiviclualistaR y socialistas, es
predominantemente familista.
No se propo11e hacer estt1dios históricos, o sociológicos o psicológicos. Le interesa f t1ndamentalmente lo no1·mativo. Y así considera el aspecto positivo al solo efecto
de ret1nir datos previos a la búsqueda de soluciones viables. Son de tres clases : psicológicos, fisiológicos e históricos. Veamos brevemente.
Los datos fisiológicos son varios, pero centrados todos en torno a uno f t1ndamental : en la especie humana
las cosas están organizadas de tal manera por Dios o la
11att1raleza que todas las carg·as relativas a la perpetuación de la especie corresponden en forma fatal o natural
a la mujer: ésta tiene así por misión p1~imordial e ineludible la maternidad en las distintas fases de su proceso:
embarazo, parto, lactancia. Y en forma natural le corresponclen las tareas a11exas: ct1idaclo y protección del niño.
De este dato básico deriva i1uestro filósofo la distinción que co11stitu:re la médula de su contribución al estt1clio de estos p1·oblemas: /'e112i11is11io ele iglta la ció1i y de co1n11erlsació11 . El primero, o mal femi11ismo, olvida este hecho
fundamental y considera cleseable en todos los casos igualar la mujer al hombre; el segu11do tiene en cuenta el
dato biológico y, captando la importancia y la entidad de
la carga asignada a la mujer, y no deseanclo que la eluda
- Vaz Ferreira, como veremos, es enemigo ele todos los
procedimientos y sistemas que, con distintos nombres, separan el amor de los hijos- para compensarla en lo posible, preconiza en todos los problemas la solución más
favorable a la mujer. No se trata de u11a me1~a galantería
si110 de igt1alar, en lo posible, las cargas repartiéndolas.
Todavía en 1952, clecantaclo ya su pensamiento, Vaz
Ferreira e11tiende que esa tesis: distinción entre feminismo de igualación y de compensación le sigue pareciendo
absolutamente verdadera y bie11 fundada en su obra: ''La
ma11tengo -dice- en todas sus consecuencias, y creo que
nada bue110 puede legislarse, i1i sentirse, ni pensarse, sobre las relaciones de los sexos en la h t1manidad, si se
presci11de de esa idea directriz".
En cuanto a los datos psicológicos, mucho, tal vez
demasiado, se ha hablado al respecto; evidenteme11te hay
diferencias psíqt1icas: Vaz Ferreira admite e11 la muje1~

�348

REVISTA HISTÓRICA

más sensibilidad para los ideales concretos; en el hombre
para los abstractos. El p1·oblema más discutido, por las
mujeres, es el relativo a la inteligencia comparada de los
sexos; parece admitido que hay cierta diferencia, probablemente, en conjunto y en promedio, superioridad del
hombre, que se manifiesta indiscutible en las altas cumbres del genio: la mujer puede tenerlo, pero no se ha
dado el caso de una que ligue su nombre a una época como
Shakespeare, Beethoven o Dante. Pero, concluye Vaz Ferreira consolador y sereno- si la mujer no puede ser
como Shakespeare, pt1ede ser como Delmira Agustini, que
ya es bastan te ser.
En cuanto a los datos históricos: es un lastre difícil
de arrojar, que influye, consciente o inconscientemente en
hombres y mujeres. El movimiento feminista es i~ciente
y siglos de tradición y de prej t1icios impiden pensar libremente al respecto.
Estudio de los cuatro p1·obl e1~ias del feminismo. -

Consideremos ahora sucintamente el ·planteamiento de
los problemas, soluciones posibles, incidencia de cada uno
de los datos sobre cada uno de los problemas.
a) Suf1·agio feme1iino. - El voto pasivo está más
en su lugar en el problema del trabajo externo de la mujer. Me referiré sólo al activo. La conquista del sufragio
fue poi.. larg·o tiempo bandera de combate para los y sobre
todo las feministas. Ríos de tinta han corrido para defender las posiciones antagónicas. Si bien es el más espectacula1. , es el menos importante de todos.
Antes de la concesión del suf1·agio se lo temía: el
mismo Vaz Ferreira exponía en las dos primeras ediciones de su obra y en la Cátedra de la Facultad de Derecho
sus temores: tendencia femenina hacia la clase de alma
que denomina tutorial, con i11clinaciones conservadoras
-tal vez haya incluso u11a base biológica- ya que la
mujer es para proteger y cuidar. Y el peligro para él
radicaba en que la mujer suele inclinarse a integrar partidos y confesio11es que, una vez que han conseguido el
poder, g·ustan de restringir la libertad que les permitió
escalarlo.
En cuanto a la repercusión de cada uno de los datos
sobre este problema; los fisiológicos no inciden; el ejercicio del voto activo e incluso la pequeña preparación previa necesaria no distrae a la mujer de sus tareas básicas;
y no se objete qt1e la distrae en el caso de mujeres consa-

�gradas a la política; no se puede jt1zgar de las cosas por
sus deformaciones o desviaciones : sería absurdo por
ejemplo condenar la religión por t1n subproducto como
la beatería.
Los datos psicológicos tampoco repercuten: se reco11oce habitt1almente que la mujer llega al genio pocas
veces, y nunca a las altas ct1mbres. Pero el genio no se
11ecesita para votar, e inclt1so podría se1~ t1n obstáculo para el sufragio, como para el desempeño de cualquier actividad cotidiana y ba11al. La inteligencia que tiene la
mujer le alcanza y le sobra para intervenir en la cosa
pí1blica. Y se anota esto: si su inteligencia es análoga a
1~1 del hombre, no hay por qué negarle el sufragio; si su
mentalidad es diferente, con más i~azón aún, para que se
tenga en cuenta su punto de vista en la consideración de
los p1·oblemas.
E11 cuanto a los datos históricos, son los que más han
retnrdado y dificultado la solución.
Pero estas consideraciones rest1lta11 anacrónicas. Tan
sólo por SLt interés histórico las recuerdo. El st1fragio femenino existe desde hace tiempo en nuestro país y en la
mayor parte de los países civilizados, sin qt1e se hayan
proclttcido los resultados desastrosos temidos por los antifeministas, ni haber sido la panacea Ltniversal que esperaban los feministas.
En la práctica las mujeres votamos tan bien -o ta11
mal- como los hombres. No insisto en el tema. Cumplo
el deseo de Vaz Ferreira quien manifiesta en 1952 que
clesea se dé por st1primida la parte de su libro referente
a este tópico. Es un ex problema, barrido por el progreso.
b) Derechos civiles. - Esta cuestión es más delicada
qt1e la anterior y no puede resolverse en fo1·ma simplista.
No está de más recordar las distinciones establecidas por
Vaz Ferreira al respecto en su obra y en la Cáted1·a de la
Fact1ltad de Derecho.
Nuestro Código, como casi todos, consag·raba una se1·ic de inferioridades de la mujer con relación al hombre.
Pero la fundamentación era diferente según los casos.
H'abía:
Diferencias legales resultantes de la intención
ele adaptarse a las naturales: la edad requerida para casarse no es la misma en los dos sexos. Prueba de la maternidad distinta de la prueba de la paternidad. E11 este
caso la diferencia debe respetarse, ya que está calcada
sobre una desigualdad natt1ral, pero sin sobreagregarle
1)

23

�:~ 5

o

nada contrario a la mujer: así la investigación de la paternidad debe ser distinta de la de la maternidad, pero
no suprimida.
2) Diferencias de corte antif eminista proveniente
del concepto de la inferioridad del llamado sexo débil y
del egoísmo masculino. Por ejemplo, el artículo que habla
de que el marido debe protección a la mujer y ésta obediencia a su marido. Está bie11 que esta diferencia se suprima, que se purifiquen totalmente los Códigos.
3) Diferencias provenientes del deseo de proteger
a la mujer, exención de la. pena ele muerte en legislaciones
que la admiten para los hombres; exoneración del servicio milita1~. Estas debe11 quedar: la carga fisiológica de
la mujer, grata y nobilísima si las hay, es dura y en lo
posible se la debe dispensar de otras sobreagregadas.
También dejar todo lo relativo al divorcio, eficiente arma
defensiva en manos del más débil.
4) Casos en que la ley no ha sabido cómo arreglar
una situación y ha optado por reconocer más competencia
al hombre. Aquí Vaz Ferreira no está del todo de acuerdo
con la presunción legal de qtte siempre el marido sea el
más capaz. No tiene criterio definido al respecto y entiende que es opinable.
Después de exponer esta disti11ción de Vaz Ferreira,
resulta obvio agrega1· que si no estaba de acuerdo con la
legislació11 vigente al formularla, tampoco lo está con la
ley de 1946, que, en medio de una fiebre de feminismo
igualitario, equiparó los derechos ci\1 iles de ambos sexos.
Lamenta que no se hayan tenido e11 cuenta distinciones
básicas. (En la literatt1ra previa a la formulación de la
ley encuentro sólo u11a me11ción del Dr. Martín Echegoyen de la distinción entre feminismo de igualació11 y de
compensación).
Con los derechos civiles puede relacio11arse una modificació11 legal propuesta por Vaz Ferreira a la legislación patronímica, original, sin d t1da alg·una y con la ventaja de ser igualmente satisfactoria para los feministas
de igualación y de compensación. Me refiero a lo siguiente. Vaz Ferreira encuentra que ese ''de" que agregan las
mujeres a su nombre de solteras, al i·ealizar el ideal preferible es un resabio de antiguos tiempos en que la mujer
era del marido; propone sustituir el "de" posesivo por
un "con" acompañativo. . . y hacérselo llevar también a

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co11traparte. Y así al casarse J L1an Pérez con Ma1"ía
Rodrígt1ez, ésta pasaría a llamarse, no como hoy, aqt1í,
María Rodrígt1ez "ele'' Pérez o como en la legislación francesa Mme. J ean P érez, sino María Rodríguez ''con Juan
Pérez". Y este último s ufriría, jt1nto con la otra, la m áxima ca¡Jitis clemi·1ti&lt;tio de llamarse Juan P ér ez con María
Rodrígt1ez. Lo qt1e se1·ía, agrega Vaz F erreira, más feminista )' más amoroso. Natt1ralme11te, y siempre que n o
oiga.mes a los antifeministas qt1e -al deci1· de Vaz Ferreira. - desean segt1ir edL1ca11do a s us hijas no tanto para
casarse sino para qt1e se case11 con ellas -este proyecto
sería t1na bt1ena complementación de la ley actt1al de derechoH civiles, ya que los terceros sabrían con quienes
contratan. Y es de lamentar qt1e por una vez Vaz Ferreira
haya pe11sado con retardo. Si e11 lt1gar de formular s u
proyecto en 1952 lo ht1biera hecho varios años antes, en
el períoclo álgido clel igt1alita1"ismo qt1e culminó en la reforn1a del 46, no sería imposible qt1e hubier a pasado a
la legislación.
Paso como sobre asct1as poi.. la cuestión de si nt1estr o
filósofo es ta11 feminista en st1 vida como en su obra. Hay
e11 Vaz Ferreira un caballero clel s iglo XIX, mt1y contro~ado en los libros, qt1e emerge al m enor descuido en la
vida cotidiana. . . P ero 110 quisiera da1· la razón a Osear
Wilde ct1ando asevera qt1e todos los hombres de cie1"ta je1·arquía intelectual tie11en discípulos, y entre ellos siempre
uno escribe la biografía, y ese es siempre Ju das. . . Por
lo cual me guardaré mt1y bien de investigar si el cambio
de preposiciones i10 es el fruto de t1n remordimiento, ni
mucho menos la que con sidero una interesantísima superación del antig t10 ideal romano: por el matrimo11io la
mt1jer salía de la patria potestad para ing1·esar a la mani1
ma1·iti: en algú11 caso Vaz FeI·reira aspira1'"ía a la coexistencia de ambas instituciones . ;¡~
l&lt;.1

c) T1·ctbctio d e la ;11 ujer. - Vaz Ferreira se refiere
al trabajo externo de la mt1je1-, abarcando el físico, el
semi-intelectual y el intelectual (fábricas, oficina, magisterio, p1·ofesiones liberales, etc.).
Se trata de un problema delicado si los hay. E s necesario tener en cuenta dos ideas directrices, en pa1.. te
co11flictuales: a) la mt1jer, como el hombre, tiene necesidades económicas y espirituales y es convenie11te que
58 Al corregir este trabajo, hacia 1956, Vaz Ferreira señaló en
P.1 n1argen estas consideraciones con un sign o de interrogación.

�352

...

llEVISTA HISTÓRICA

esté preparada para satisfacerlas en forma adecuada y
digna. b) El trabajo externo no es bien compatible con
el desempeño eficiente de la función natural de nuest1·0
sexo: la maternidad. ¿Cómo graduar las dos ideas? En
primer lugar, proporcionando amplia cultura a nuestras
jóvenes, llenando años de su vida en otra forma baldíos,
preparándolas para el acompañamiento del marido y educación de los hijos en caso de i·ealización del ideal preferible o en todo caso poniéndola en condiciones de ganarse
la vida en forma digna } proporcionándole los goces espiritt1ales de la cultura.
Se presenta aquí el interesante problema de la coeducación. Es obvio que se trata de una cuestión normativa y
que por lo tanto, no cabe una solución perfecta, sin inconvenientes. La opinión de Vaz Fer1.. eira ha variado al
respecto, en sentido feminista. En un informe de 1903
proponía entre otros, un cambio en la forma de estar organizadas las clases en los institutos normales, sobre la
base de que tres días a la semana asistieran a ellas los
varones y otros tres las mujeres, "y de esta ma11era sencillísima se habrá creado la escuela normal sin el peligro
de la reunión de los sexos''. Cambió luego de opinión desde hace ya tiempo. Tampoco es partidario del exceso de
protección que otorgan a sus educandos los colegios particulares: si una planta es susceptible de torcerse, es preferible que eso ocurra cuando es nt1eva y se está a tiempo
de enderezarla.
En cuanto al trabajo propiamente dicho : si no expresa, implícitamente parece establecerse en la mente de
Vaz Ferreira una triple distinción entre el trabajo de la
mujer: a) soltera; b) casada sin hijos; c) casada con
hijos. En el primer caso, para estL1dios y tareas, sólo cabrían en st1 mente dos limitacio11es: a) estando habitualmente la mujer reservada para u11a tarea nobilísima pero
pesada y absorbente, no conviene que agote demasiado sus
energías antes; b) evitar la desviación del matrimonio.
En la mujer casada aparecen ya las limitaciones, puesto
que si trabaja a la par de su compañero, hay un evidente
recargo. El problema se agudiza cuando se trata de mujer casada con hijos. Aquí se pone bien de manifiesto lo
que Vaz Ferreira denomi11a feminismo de igualación o
mal feminismo. Este consideraría deseable que la muje1·
trabajara habitualmente tanto como el hombre. En ese
caso pueden seguirse tres vías desigualmente malas :
1) sobreagregar las tareas naturales a la actividad externa; 2) supresión del hijo; 3) st1 socialización.

�C' ARLOS \" AZ FERRE IRA

:3 5 3

La primera podrá aceptarse como necesidad, o para
satisfacer un goce o vocación pero no constituye en forma alguna el ideal del feminismo de compensación.
La segunda abarca dos posibilidades : en la cruda
forma del aborto o aten u ad a y socializada con el nombre
tranqt1ilizador de regulación de la natalidad, vulnera el
que, bien mirado, debe1~ía considerarse el primer derecho
individt1al, anterior y st1perior al de estar en el planeta;
el ele ve11ir a él. En la icleología vazf erreiriana creo qt1e
entre estas clos formas de atentar contra la vida cabría
aclmitir ta11 sólo una diferencia de grado, de grado de
mal. Aplicando ]a terminología aristotélica, podría decirse que en el caso del aborto, se elimina ttn ser en acto, y
u 11 Rer en potencia en el caso de la regulación de la nata1iclad. Vaz Ferreira se pronuncia en forma categórica
contra el aborto en carta abierta di1~igida a las damas
católicas en 1955, a propósito de la campaña promovida
por el ''Bien Pt1blico" en to1~no a las at1daces modificaciones del Código Irureta.
En ct1anto a ese fruto podriclo de la civilizació11 que
se llama regt1lación de la natalidad, i10 enct1entro conde11a expresa de Vaz Ferreira al respecto, pero ella se
deriva ele stt vida y de su obra; y mal puede discttlparla
quien, inte1·rogado por una persona - qt1e la simetría de
la anécdota me obliga a suponer i~egulacionista- sobre
cuántos hijos tenía, contestó desde la altura: ''Ci11co, que
es lo menos qtte puede tener un hombre decente''.
Aborto y reg·ulación de la natalidad imperan en Estados Unidos, Rt1sia y otro8 países que se consideran a sí
mismos supercivilizados. E11 ambos so11 fruto natural de
la eqt1iparación e11 materia de trabajo externo de la mujer al hombre. Emilio Frt1goni, en ese honesto documento
que es Lct Esf'i&gt;lge Roja, hace ii1teresantes consideracio11es sobre estos problemas, destacando la st1presión del
hogar, caro a la mentalidad latina.
Vaz Fer1~ei1·a se pronuncia en 1952 co11tra una in110vación que, ensayada e11 los animales, amenaza pasar a
la especie humana: la inseminación artificial, en esta
forma.
''Algu11as de las cosas c.¡t1e se han escrito sobre la
i1ueva cuestió11 p1'oduce11 (me prodt1cen a mí, al menos)
un efecto repulsivo. Poi~ ejemplo, un célebre biólogo ha
insinuado la posibilidad de qLte las mujeres se casen con
el qt1e H.ma11 y tengan hijos con el que admiran.

�354

REVISTA HISTÓRICA

Algo mucho mejor inspirado se ha escrito entre nosotros sobre el ''derecho a la maternidad sin pecado''.
Aunque nos preguntamos si uno que perdonaba pecadoras porque habían amado mucho, habría perdonado con
la misma facilidad procedimientos tan fríamente científicos y sin amor. Y, sin pensar en lo que aquel habría o
no perdonado, dejemos nosotros al amor todos sus bienes
y hasta sus males. Habría mucho qt1e hablar sobre esto;
pero non est his locus.
Vimos la solución del feminismo igualitario en este
problema. La del antifeminismo sería grave; ya que el
ejercicio de empleos y profesiones tiene sus inconvenientes, cerremos su acceso a la mujer. Solución propia de
almas tutoriales que desean prohibir lo que conceptúan
malo. Solución a descartar por privar a la mujer de los
altos goces de la cultura y de las satisfacciones morales
y materiales proporcionadas por el trabajo, solución que
hace decir a Vaz Ferreira que estos antifeministas razonan como si todas las mujeres nacieran con s11 marido
pronto, y ese marido fuera siempre trabajador, y no se
enfermar a nunca, siendo además inmortal.
La solución del feminismo de compensación -más
en concreto la de Vaz Ferreira, po1. que el feminismo de
compensación admite grados- sería ésta: (no olvidar
que fue formulada hace más de medio sig!o) . Nada de
prohibiciones, trabas ni restricciones; abrir libremente
cargos, oficinas y profesiones liberales a las mujeres para que las ejerzan las que así lo deseen; b) no considerar
ideal la excesiva generalización del hecho; c) esperar que
el buen sentido de las mujeres y el libre jt1ego de los
afectos regule y modere la actividad exterior. Marañó11,
que en su buena obra: F eminismo, se:l'o y Jnate1·nidad,
trata con i11teligencia y buen criterio el mismo problema,
hace observaciones coincidentes: entiende que la mujer,
en el período de c1·ianza de los hijos debe consagrarse
en forma total a ellos, sin perjuicio de ejercer otras actividades en épocas anteriores o posteriores o de p1·epararse para ejercerlas.
d) R elctcio1ies ertt1·e los se.tos. - Es u11 problema
fundamental por referi1"se a la organización de la familia, base de nt1estro i·égimen social actt1al. Las soluciones
varían, pero las vivas, en el sentido de James y del mismo Vaz Ferreira, para nuestra civilización, en esta época, son dos y sólo dos: matrimonio y t1nión libre.

�(•~\HLOS

\' AZ FERREIJlA

En cuanto a la repercusió11 de los elatos sobre este
problema: los psicológicos para nada inciden; los históricos tampoco: ya en el Génesis, Abraham alternaba a
Sara con Agar. De entonces acá, matrimonio y unión
lib1·e, ei1 equilibrio inestable, coexisten. Hay un hecho
ft1ndamental y primario: el fisiológico; cuando t1n hombre y t111a mujer se unen, al hombre no le pasa nada;
a la mujer st1ele formársele t1n hijo. Y como el amor
mater11al es instintivo y ft1erte, en tanto que el paternal
se va formando más bien por el trato, en la práctica es
la maclre la que se queda con los 11iños. El feminismo
igt1alitario preconizará, olviclando este hecho, la unión
libre qt1e es la más igt1aladora; el feminismo de compensación será partidario del matrimonio, por ser la f orma que más protege a la mt1jer y los niños.
La t1nión libre es ele ventajas más bien teóricas.
Lleva en la práctica a la supresión o a la socialización
del hijo. Origina e11 las mujeres el tipo poético e idealizable, pero qt1e 110 deseamos para n t1estras hijas, de las
Margaritas. En los hombres suele provocar la formación
de t111 8t1bproducto: el Don Jt1a11, el personaje legendario
creaclo, mejor dicho, tra11sportaclo ele la realidad a la
escena, por Tirso de Moli11a, y qtte sedujera a tantos
escritores: Zorrilla, Moliere, Byron, Guerra Jt1nqueiro,
Rin contar con los hombres de ciencia qt1e, como Marañón,
nos hablan de st1 inferioridad biológica. Entiende el médico español qt1e el donjuanismo puede considerarse casi
normal ei1 la etapa ele la adolescencia, pero, si se prolonga
hasta la madt1rez, es indicio de hombría decadente. El tipo
Ruperior de hominidad correspo11de a. la monogamia o a
ttna bue11a aproximación, y él t1n ideal bien diferenciado
que sólo se satisface con L1na clase mt1y restringida de
seres del sexo opuesto, de mL1y pocos ejemplares. o de uno,
o i11cluRo de ningu110. Dícese que si Dante 110 hubiera
encontrado a Beatriz, crt1zanclo ttn puente, 11imbada por
el crep(1sct1lo, vestida de te1--ciopelo rojo, hubiera seguido
i11ca11sablemente e11 pos de t1n ideal irrealizable.
A la i11ve1~sa, Don Juan no distingue entre las mujeres: ta11to le da la reina como la pescaclora; bt1sca e11
cada t111a 110 lo qt1e la diferencia sino lo que la iguala a
todas: el sexo. Fruto importa11te de la civilización es lo
qt1e agregó el hombre al amor insti11tivo, depurándolo,
espiritt1alizándolo. Don Juan desanda lo andado y retrocecle a la a11imalidad.

�356

REVISTA HISTÓRICA

La otra solución viable es el matrimonio, unión de
los sexos puesta bajo la égida del Estado, y, en su caso,
de Dios. Es la que preconiza Vaz Ferreira y la mayor
parte de los hombres y mujeres decentes, que suelen diferir más en la fundamentación de su moralidad que en
st1 moralidad misma. Es la que ampara nuestro derecho,
y las costumbres de la parte más sana de la población.
Se mantiene, pese a s11s inconvenientes, a través de los
siglos, como la manera más adecuacla de proteger a la
mujer y a los niños. Pero tiene que resisti1· los ataques
de los esteticistas, que prefieren la unión libre.
¿Será acaso necesario defender la legitimidad estética del matrimonio, siendo así que desde hace siglos, en
la vida y en la literatura, tantos héroes y heroínas desafían pruebas innumerables para llegar a un feliz enlace?
Evidentemente hay en lo soñado una poesía que se pierde
en la realización. Ya dijo -entre otros- Osear Wilde:
''En este mundo hay sólo dos tragedias. Una es i10 conseguir lo que uno quiere y otra, conseguirlo. Esta última
es la peor: esta última es una verdadera tragedia". ;; 9
Evidentemente Romeo y Julieta son más felices
que. . . Busco en vano un matrimonio cttya felicidad haya cantado el poeta. Ulises y Penélope no sirven porque
la distancia es un elemento poético innegable. Es qt1e el
literato acostumbra parar el tiempo en el momento decisivo, con gran gusto del lector. ¿No hay acaso un distinguido filósofo nuestro, que sólo lee novelas u obras de
teatro que ''acaban bien" entendiendo por tal las que culminan en un feliz matrimonio, st1pervalorizando las que
terminan en dos o más? Y no nos habla el mismo filósofo de ''Los talleres de literatura del diablo" 60 cuyos
literatos tenían por única misión ''seguir'' las cosas después del matrimonio, ahogándolas en la cotidianidad. Es
que las complicaciones sobrevienen cttando, como en la
i·ealidad, la vida sigue ...
Así Tolstoy en La guerta ll la JJa z. Es grave enco11trarse a Natacha cargada ''de hijos, de virtudes y de
grasa''. Compartimos la nostálgica desolación de Denisow. ''Une conversation banale sur les enfants, voila ce
qui restait de la magicienne d'autrefois". Y Nicolás convertido en un sólido propietario rttral, que administra
59 Osear 'Vil de: El abanico ele 1ac1 y 1lr inclern1 ere, l\ladrid, AguiIar, 1949.
60 Carlos Vaz Ferreira: "Cuento intelectual ". l -\rcl1ivo particular Vaz Ferreira).

�CARLOS VAZ FERREIRA

357

j uiciosame11te sus bienes y lee los libros desde el pri11ci-

pio hasta el fin. . . Y Sonia sentada melancólicamente
cerca del fuego sil'·viendo el samovar a los que llegan ...
Es contra este final melancólico, que el genio de
Tolstoy capta certeramente y que la vida cotidia11a nos
muestra en su realidad desteñida, qt1e se necesita la defensa inteligente y fina de u11 poeta filósofo para mostrarnos la belleza escondida e11 lo humilde y vulgar. Guyau -clel cual dij o Vaz Fer reir a que era el qtte aquí
más amamos de los escritores mt1erios clel país que más
amamos- 11os habla de la dific11ltad de captar la belleza
de la vida cotidiana, gastada por el acostumbramiento y
la rutina. ''Hay poesía en la calle por la cual paso todos
los días, y de la cual he contado, por decirlo así, piedra
por piedra, pero es mt1cho más clifícil hacérnoslo sentir
que la ele t1na pequeña calle italia11a o española de algún
rincón de país exótico. Se trata de devolver la frescura
a sensaciones marchitas, de enco11trar algo nuevo en lo
qt1e es viejo como la vicla ele todos los días, de hacer
brotar lo imprevisto de lo habitual". Y t111 poco más adelante: "La vida real ) común es la roca de Aarón, petrt1sco ítrido qt1e fatiga la vista: hay no obsta11te t111
pt1nto en que se puede, golpeanclo, hacer brotar u11 manantial de agt1a fresca, clt1lce a la vista }. a los miembros,
esperanza de todo un pt1eblo ; es 11ecesario sentir el estremecimie11 to del agua vi''ét ét través ele la piedra clt1ra e
ingrata."
El matrimo11io co11 st1s fallas: inj t1sticia, por basarse e11 apariencias de monogamia en el hombre, ~· exigir
sólo, de hecho, la ficlelidad a la mujer -claro estit qt1e
ésta tiene la fisiología a st1 favor- es la solt1ción menos
mala; la muje1~ conserva su dig·11idacl; es persona y no
un mero instrumento de placer del i11sta11te; es protegicla
y mantenicla -en teoría al menos- en los largos períodos en que las tareas de la maternidacl le crean serias
clif icultades para bastarse a sí misma. Y así, monogamia,
con cierta indt1lge11cia para la mujer, que \Taz Ferreira
e11raiza e11 los Evangelios.
En el Fermentario clel 38, co11densación y superació11 clel propio pensamiento, se enct1e11tra esta espiga
madt1ra:
7

La solución de casarse,
ele t111irse a base de amo1~ monógamo, tener hijos, criarlos, tie11e sobre las otras -tanto más brillantes en imagi11ación y, no hay por qt1é decirlo, en presentación liSob1·e a 11ior 11¿01tógct11zo. -

�REVISTA HISTÓRICA

358

teraria- la superioridad, aú11 estética, de ser la única
que resiste a la vulgaridad, y aún se asimila lo vulgar,
lo cotidiano, sin perder la idealidad y dándoles alguna:
dándoles, a lo vulga1·, a lo cotidiano, hasta poesía. Todo
lo demás, a base de "plenitud del yo", "vida completa",
etc. no resiste a la realidad. El hábito, el tiempo, lo desvanece o lo corrompe, si es qt1e existió ; si es que llegó a
pasar de las frases". r,i

El divo'rcio . - En la ideología vazferreiriana el matrimonio debe completarse con el divorcio. Desprovisto de
inhibiciones i·eligiosas, lo considera como cualquier problema normativo moral, en que se trata de elegir la solt1ción menos mala. Está de acuerdo con la concesión del
divorcio al hombre en casos limitados } taxativamente
especificados en la ley; en cambio entiende, siempre inspirado en el feminismo de compensación, que se debe atenuar la inferioridad de la mt1jer en el matrimonio poniendo en sus manos un arma defensiva: el divo1·cio, concedido en forma amplísima, por la sola volt1ntad de la
mujer, sin expresión de cat1sa.
Fue u11 caso especial. Vaz Ferreira gt1staba recordar
por qué proceso indirecto l\egó a co11segt1ir la promulgación de la que llama ''su'' lej·. Al disct1tirse el pt1nto, había en la Cámara dos particlos antagónicos: Areco había
presentado t1n proyecto concedienclo e1 clivorcio ta11to al
marido como a la mt1jer, si11 limitaciones ni co1. tapisas;
por otro lado, los co11servaclores deseaban negar el divorcio. Aparece la fórmula de \. az Ferreira, presentada por
intermedio de st1 amigo el ento11ces cliputado Domingo
Arena y es aprobado como fórmt1la tra11saccional. Vaz
Ferreira decía qt1e entender qt1e clarle el divorcio amplio
a la mujer es transacción entre 110 clarlo a ningt1no de los
cónyuges o darlo a ambos es como decir que un acorazado
es transacción e11tre un st1bmarino ). un aerop!ano.
Esta ley nos rige toda vía. Estít co11dicionada -por
lo menos en la mente de st1 at1tor- ya que muchos legisladores la admitieron por razones circt1nstanciales ti:! por
1

Carlos \ 1az 14.,erreira: l •'c1111enta1 io. 1'·' y 2'' Mdición Ho1uenaje
de la Cá1nara de Representan tes. l. X. págs 169·170 y 190 respectiYatnen le.
61

62 1\sí he o ido narrar a l&gt;on Carlos
y querido Catedrático de Constitucional
que, siendo legislador. Yotó la ley de
cuando una inujer no quiere estar 1nás

'rra \' ieso, nuestro recordado
en la Facultad de Derecho
divorcio por entender que
en su C'asa no hay fuerza

�CARLOS ' ' AZ FERREIRA

ttn concepto altísimo de las beneficiarias, partiéndose de
que se amparará e11 ella sólo en casos ext1·aordinarios. Ese
concepto lo st1stenta Vaz Ferreira en su vida y en s u obra.
"Las mujeres no inve11tan teorías, pero apostolizan mt1y
bien las qt1e inventan los hombres, p or ej emplo, el feminismo". Y ct1ando en la Ló,qica viva , al ejemplificar las
ct1estiones normativas con el divorcio, enumera los i11convenientes ele la solt1ción por él preconizada, sólo se le
ocurre ttno, qt1e la realiclacl ha ptteRto de manifiesto : mariclos qt1e obligan a sus mt1j er es a solicitar el divorcio no
deseado.
Pero tt11a especie de ceguera parcial de etiología feminista le impide ver que la tenclencia femenina a la
monogamia no es tan fuerte ni tan absolt1ta como para
poner sin temor en sus manos arma tan peligrosa. Dejo
la ct1estión abierta de si la mL1j er urt1guajra ha sabiclo co1·responcler a la confia11za e11 ella depositada por el legislador. Son )'ª mt1chos los q11e desearía11 imita1· a aquel
conociclo ele Vaz Fe1~reira qt1e, abandonado inj ustamentc
poi· su cónyttge, fue a peclirle c11entas de su ley y a r eclamar a1gt1na protecció11 legal también para los maridos ...
('oucl 11sió11

Los problemas morales co11stit11ye11 preocupación ba~ica en la. vicla y en la obra vazferreiria11a. Desprovisto
de conviccio11es religiosa~, ha colocado en la cúspide de la
j era1·qt1ía de los valores lo ético. Si no temiera inct1rrir
simt1ltáneamente en \"arios ele los sofismas condenados e11
Lógica 11i11a , diría qt1e puede co11siderarse t111 alto r epr esen tan te clel séptimo tipo moral de Spranger, qL1e éste
exclt1yc deliberacla pero a mi modo ele ver erró11eamente,
de st1 tipología: el q11 e llamaríamos JJOr si metría ''horno
ethicu~", que \ alorizaría por sobre toclo lo moi~a], o, más
adecuadame11te aú11. clel qt1e i10 sé si llamar ''horno integer" qt1e e11 t1n esf tterzo poco pensable pero 1·ealizable
lle\ a de fre11te todos los ideales : estéticos, religiosos, teoréticos, políticos, sociales.
No es s11 preoct1pación domina11te el planteamiento y
la resolt1ció11 de problemas teóricos ; sin perj t1icio de ha1

1

--

hu n1ana ni divina que pueda r eten erla en ella . y eitaha e l dic ho

español :
"Si tu inuj er te pide que t e 1ircs por el halc:ón abajo
Jlf delc a l) ios que sea bajo".

�360

REVISTA HISTÓRICA

cerlo y de hacerlo bien, dedica preferente atención a la
moral práctica y a los problemas de la vida cotidiana.
No encontramos en él un sistema moral que intente
resolver más o menos f orzadamente todos los problemas.
No podríamos encontrarlo ya que, consecuente con las
ideas y distinciones de su Lógica viva, marco obligado de
todo su pensamiento, prefiere pensar por ideas a tener en
cuenta. En el Fermentario del 38 recimenta st1 punto de
vista, mostrando la falla habitual de los sistemas que, salvo en sectores del conocimiento simples y con mucho saber
adquirido -no es por cierto lo habitual en filosofíapractican un relleno artificial y mutilan la realidad.
En Vaz Ferreira la preocupación ética es dominante
y absorbente, e invade dominios a los que habitualmente
permanece ajena : resuelve los problemas sociales sin perjuicio de tener en c11enta las ideologías existentes y antagónicas: individualismo ver·sus socialismo fundamentalmente por ideas directrices éticas: libertad, igualdad, justicia, sin contar la tendencia pobrista, qt1e imantó su vida
y su obra; ella informa dos inicia ti vas que valoriza en
grado sumo y teme no cristalicen nunca, 11na de carácter
pedagógico, otra de ca1·ácter social: los parques escolares
y el reconocimiento del derecho para todo hombre, por el
hecho de ser hombre, y para ser hombre, a tierra de habitación, el derecho para la criatt1ra humana de habitar
en su planeta, sin precio ni permiso. Y moral puede considerarse la idea directriz que aplica para la mejor solución del problema normativo: proteccionismo ve·r sus libre
cambio: el paralogismo en que incurren los países y personas proteccionistas es que, conscientemente o no, aspiran a recibir tratamiento librecambista y a dar proteccionismo y parece subsanable por la aplicación de la máxima
ético-religiosa: hacer a los demás lo que querríamos que
nos hicieran.
Y morales son las pocas ideas direct1"ices que encuentro formuladas -aparte del afi11amiento y superación
nunca terminadas de la propia conciencia moral- para
la resolt1ción de los conflictos éticos: confianza en las
soluciones de libertad y de piedad; coeficiente positivo y
altísimo -casi imponderable- de la verdad y la since1~idad.

�CAPÍTULO

IX

Lo 'religioso e·ti la viclct y eii lct ob1·a
de Cct rlos Va z F e1"'re1·1·a
1

(Controlado y aprobado en su publicación por Vaz
Ferreira)
Difícil me se1·ía i·esolve1-- si es más adecuado hablar
de religión o de irreligión en Vaz Ferreira. Descartaré e]
prime1 término porque nunca logró plasmar sus esperanzas en un dogma positivo, el segundo porque no le inspira
simpatía. Ambos son superados por el que emplea habitt1almente: ''religiosidad'', al qt1e da, por lo demás, un
sentido bien hondo y concreto: es ''el psiqueo vivo que
nos atrae hacia los problemas trascendentales que accionan sobre nosotros desde más allá de la ciencia''. 63
Lo i·eligioso ocupa un lt1gar relevante, aunqt1e inferior al ele lo moral, en su vida y en s t1 obra.
E11 la vida. Como no podía menos de ser, Vaz Fer1·eira realizó en la vida su icleario religioso. Nació y se
educó en un ambiente cristiano. Fue bautizado y confirmado en el catolicismo. Transcurrida la i1iñez, disuelta la
fe inculcada po1" sus mayores, pasó por el inevitable período de i·eacción -común a muchos en su generación de
libres pensadores- contra las que habían sido sus creencias. No volvió a ingresar en religión positiva alguna. Se
casó en 1900, prescindiendo de toda ceremonia l''eligiosa,
hecho insólito en aquella época; nunca bautizó un hijo, ni,
de mi conocimiento, halló motivos bastante fuertes como
para asistir a ceremonia i·eligiosa alguna.
En su reacción contra los dogmatismos positivos,
¿llegó a ser ateo alguna vez'? 811 filósofo favorito, Guyau,
afirma la inexistencia de Dios e incluso la desea, para no
clar un autor i·esponsable a tanto mal; Vaz Ferreira no
lo sigue hasta ahí. Inútil sería rast1·ear en su obra una
manifestación de ateísmo. Tan sólo algt1na anécdota, seguramente intrascendente, y una ''Imitación teológica''
escrita muy en broma en su primera juventud parecerían
suministra1· un p1·incipio de prt1eba al respecto.
1

Carlos Vaz Ferreira: J,¡ecciones .~obre p edagoyla y citestiones
&lt;le enseña nza. 1::i y 2~ Edición Homenaje de la Cámara de R epresentantes. t. XV, págs. 87 y 98 respectivamente
63

�36?

JlEVIRTA HISTÓRICA

Dos palabras sintetizan su posición frente a lo religioso: incertidumbre y duda; desde la época lejana en
que contestó a un niño que le inte1·rogaba sobre si había
Dios, que no sabía, ocasionando el consiguiente t1·aumatismo psíqt1ico en el educa11do, al constatar la no omnisciencia del padre-modelo, hasta ahora, sig·ue considerando
cuestiones abiertas las relativas a Dios y el alma humana.
Pero si aparentemente su posición se mantuvo invariable, hubo t1n movimiento subterráneo, de carácter afectivo, que interfirió con lo intelectt1al. Ya dijo -mejor que
otros- Bergson que la religión surge como un paliativo
del miedo a la muerte. Por mu cho tiempo el concepto vazf erreiriano no f t1e, o sólo en grado mínimo, calentado por
el sentimiento. Pero ... "le coeur a ses raisons que la raison me comprend pas". A partir de cierto momento, concretamente desde la penosa enfermedad en qt1e por dos
veces hizo crisis su constitución melancólica (1929 y
1940), parecían haber surgido en él anhelos nt1evos; y
sin llegar al hambre de inmortalidad unamuniana -que
Vaz Ferreira califica de ingenuidad trascendente- aspiraba a cambiar posibilidades por seguridades; y a medida
que se acercaba el momento definitivo, cuya angustia no
alcanza a paliar ninguna filosofía, se observaba en él un
anhelo creciente de anclar ei1 alguna creencia. Tanto que
sintetizó en 1952, en frase que no habría por cierto suscrito en los albores del siglo, su actitt1rl hacia lo religioso:
"Es un desear creer y no poder creer".
Por un momento pudo pe11sarse que, de producirse
una hipotética conversión, contra la cual no había tomado
las precauciones de Renan, y por la que bregan i11cansablemente desde hace varias décadas personas benemé1·itas
y bien intencionadas, se produjera en el sentido del catolicismo, hacia el cual lo inclinaba el fuerte peso de la
tradición familiar: católica era st1 madre; católica, con
las salvedades que derivan lógicamente de muchas de sus
poesías,º' su hermana María Eugenia y católico el ambiente en que transct1rrieron sus primeros años. u;¡
64 Maria Eugenia Vaz Ferreira: La isla de los cánticos. Montevideo, Impresora Cordón, 1967, ver: "El ataúd flotante", "Historia
póstu111a". "La rin1a vacua", e11 págs. 49, 55, 73.
65 Más adelante, hacia 1956, el peligro pareció conjurado; las
corrientes subterráneas hablan seguido su curso y Vaz Ferreira ancló
definitivan1e11te en su posición de incertidun1hre, que mantuvo sin
deflexiones hasta su muerte, acaecida a 3 de enero de 1958. (Nota
de 1962) .

�('AllJ,OH V A'l.i

I•~JiJ l{ R

liJ l Il1\

En la obra. -

Dispersas a lo largo ele s11 prod ucción
encont1·amos valiosas consideraciones sobr e los problema:
religiosos. Nunca satisfizo el a11helo pedagógico que nos
haría clesear la coordi11ación y t111ificación de su pensamiento al respecto : va sembrando ideas desde 1892 hasta
1957. Fijemos algunos jalones:
1892: Pt1blica pensamientos i;u q11e incluyen 11na conRideració11 sobre un problema conexo: la muerte.
1897: En un trabajo peclag·ógico leído ante el tribu11al de 11n concurso ele filosofía, coloca los mal'·cos de st1
filosofía religiosa.
1908: En el primer F e1·nie11ta1·io, sin perjuicio de interesa11tes consideraciones sobre un tema que es como el
011 us de st1 modo de pe11sar, el escepticismo, l)Ublica con1e11tarios a L' E xpé1·ie11ce 1·éligie1tse, transcripción de anotacio11es a la obra ct1mbre ele James.
1908: En El prccg11zatis11zo, a propósito de este interesante er1·or, hace co11sicle1·aciones sobr e los efectos práctico~ de la religión y el mistici smo.
1908: En ll1o1'cl l para iHtelecfitales formula una crítica a los sistemas morales religiosos, más u11 discutible
pa1·alelo ei1tre catolicismo y protesta11tismo qt1e aparece
además a me11t1do e11 sus i1otas para co11fere11cias y en los
márgenes de "Del se11tirnie11to trágico de la vida e11 los
Jzon1lJres y e 11 los p1teblos".
1909: En la presentación al público mo11tevideano de
Anatole France precisa st1 posición fre11te a lo r eligioso
y st1 enseñanza.
1910: En L ógiccc viva -e11tre otras- algu11as consideraciones sobre la co11ocicla ct1estión de los Cristos en
los hospitales.
1918: En L eccio1les sob 1·e pedagogía y c1lestiorzes de
e11se11ct11 za formt1la observaciones sobr e los problemas religiosos y anexos.
1936: Alg11nas co11sideraciones aisladas en : ¿ Ct1ál es
el signo moral de la inqt1iett1d humana?, conferencia preclominantemente ética, destinada a mostI·ar la grandeza
ele la aventura humana e11 el que actúa sin esperanzas,
sostenido por el quijotismo de la razón.
1938: En el F e1·1n e'11 ta1·io varias co11tribuciones al enfoqt1e del problema ético.
66

Dl'. J&gt;ascal : Las JJri111 eras icleus. " l&gt;ensam ientos". l\Iontevideo.

"El Día", 25 de octubre de 1892. e Articulo firmado por Vaz Ferreira con este seudónimo ).

�364

REVISTA HISTÓRICA

1952: E11 Sob re eiisefía1iza ele la 1rio1·al muestra lo
i·eligioso como uno de los tantos ft1ndamentos de la moralidad.
1952: En Recuerdos de u11 Curso sob1·e pedagogía de
la enseñanza secitndarict, retoma los temas filosóficos y
religiosos tratados en 1914 y 15, i·efrescándolos, remozándolos y poniéndolos al día.
1953: En ese extracto de icleario que se titt1ló, en denominación bie11 vazferreiriana: Sob1·e algunas que creo
verdades, nos da el estado presente de su oscilación frente
a lo i·eligioso, y ratifica posición con relación a la antigua
polémica de los Cristos.
Hay además un interesante material de estudio en
los apt1ntes preparatorios para conferencias, no destinado
a la publicación. Destaco los relativos a la teosofía. G7
Fo1·maciórt espiritual de Vaz Fe1·reira eri lo que dice
1·elación con el tema . 68 Para investigar la formación filosófica de Vaz Ferreira y en particular la de su filosofía
religiosa, son muy de tener en cuenta: a) datos por él
suministrados en la viva comunicación de su cátedra; b)
la lista de libros consignada en Moral para intelectuales
y su complementación.
a) Al iniciar sus conferencias sobre teosofía, nos habla del proceso de su cultura, ya avanzado cuando conoció
las religiones orientales. Describe la formación mental de
su generación (predominantemente filosófico-científica)
y la inmediatamente anterior (histórico-política) como
i·eflejo del pensamie11to europeo. Ambas tt1vieron que optar en forma dilemática entre: a) Religión y fe. b) Ciencia y filosofía. Razón y libre pensamiento. Vaz Ferreira
destaca que en esa elección, uno de los términos, la religión, se mostraba estrechada e inferiorizada (también algo el otro, pero ... ) por lo cual su formación intelectual
tuvo una base incompleta : en primer lugar sólo conocieron
las religiones occidentales (o, si se quiere, las hebraicas) ;
1

67 De las interesantes conferencias dictadas por Vaz Ferreira en
1924 sobre las religiones orientales, quedan sólo apuntes preparatorios, en estilo telegráfico. Felizmente, son analíticos y permiten reconstruir aproximadan1ente el estudio perdido. En estas conferenC'ias anunció otras sobre el 1nismo tenia, que no llegaro11 a realizarse.
y así, de n1i conocin1iento. sólo se ocupó excathedra le la Teosofía
en 1924.
68 Los párrafos relativos a la forn1ación espiritual de la ge11eración de Vaz Ferreira están ton1ados casi textualn1ente de los apuntes preparatorios para las conferencias sobre Teosofía que acaban1os
de citar.

�(JARLOS V ~\Z FffiRilEIRA

•) 6 l)..

·)

en segt111do lugar sólo religiones literales, en forma literal,
literalmente entendida. Conocieron el catolicismo (cristianismo muy "incrustado") ; el protestantismo, algo limpiado de incrustaciones y (muy poco) más libre; siempre
lite1. al: Biblia, Evangelio, entendidos como dicen. Fuera
de eso, conocimientos superficialísimos sobre otras religiones: Mitologías grecorromanas, aderezadas como para
niños: egipcios, hindúes, presentadas como inferiores o
fantásticas.
Todo eso era interpretado por los del otro lado de dos
modos diferentes :
1"') El antiguo, a lo Voltaire, po1·que t1nos querían
clominar y engañaban ;

2'&gt;) Como simple sobrevivencia (más o menos sincera) de errores del pasado.
Vaz Ferreira y mt1chos de Sll ge11eración optaron por
el libre pensamiento y anexos, si11 perjuicio de sentir la
altura del cristianismo.
Hecha la opción de ese lado, se producía una bif urcación. Aparecen las famosas tres escuelaR dominantes en
n t1estro país a fin es del siglo pasado : espirit11alismo, materialismo y positivismo. Vaz Ferreira reacciona, ya en su
trabajo pedagógico de 1897 y más adelante en la cátedra,
contra s11 hegemonía.
En otros países, las prefere11cias fueron por Comte:
así en el Brasil, hay toda vía templos consagrados a la
religión de la ht1manidad, y el lema: ''Orden y Progreso"
st1bsiste en el escudo. E11 el nuestro dominó en forma
omnímoda Spencer. St1 influencia rect1erda en peq11eño la
ejercida por Aristóteles e11 el Medioevo. Aquí tambié11
-según parece- bastaba decir: ''Magíster dixit" para
cerrar toda discusión.
Más tarde apa1"'eció la influencia de Gt1yat1, más honda y d urade1"'a (en Vaz Ferreira) .
Las ideas dominantes entonces (últimas décadas del
siglo XIX) eran: Razón (no fe, no misticismo). Ciencia
(no i .. eligión). Progreso (concebido como necesario). Democ1. acia (sea romántico-idealista : girondinos; sea científico-expe1·imental: Spencer, Stuart lVIill).
Tal fue la formación recibida por la generación de
Vaz Ferreira y la que lo precedió inmediatamente. De ahí
partió n11estro filósofo cuando, abandonando la vía del
seguimiento que lo llevó a escribir su Psicología y su L6r1ica fo1·mal, empezó a pensar por cuenta propia, consti24

�3GG

llEVISTA HISTÓRICA

tuyéndose a la pa1· que una filosofía moral y una filosofía
social, una filosofía religiosa.
Se presenta aquí el delicado problema de las influencias. Quid de la originalidad de la filosofía i·eligiosa en
Vaz Ferreira. Pasteur demostró la imposibilidad de la
generación espontánea en biolog·ía. En filosofía, la prueba
sería difícil, pero tampoco hay creación exnihil.
Tienen probabilidades de ser bien originales los filósofos que investigan p1--oblemas enrarecidos y abstractos,
desengranados de lo real. Pero las interrogantes l""eligiosas: Dios o dioses, muerte, sobrevida, inmortalidad, permanecen invariables a través de los tiempos. Y para buscar un buen ejemplo: cuán pocas cosas podrán encontrarse
qt1e no estén dichas mejor, antes y más claro en la Biblia,
ese gran inspirador de nt1estras civilizaciones hebraicas.
Es cierto que los pensadores libres tienen más amplio
campo qt1e los sistemáticos; pero se encuentran frente a
dudas inmutables que deben resolver combinando razón
y fe: la originalidad está en la dosis y en el modo de
ft1ndarla.
Así como un árbol fructifica y florece, y son propios
sus frutos y sus flores, pero no podría hacerlo sin los alimentos del suelo y el agt1a, así cada pensador estructura
su ecuación personal acerca de las preguntas eternas, en
las que interviene en grado diferente el filosofar anterior.
Supongamos. . . t1na l)ormiga laboriosa y resentida
que se dedicara a rastrear las influencias subyacentes en
la obra cumbre de Unamuno: Del seiztimiento trágico de
lci vida e1l los Jio1nbres !J en los pzleblos. El hecho de precisar influencias de filó8ofos -citados y no citados¿disminuiría acaso la fuerte origi11alidacl y valía del conjunto?
Para terminar esta larga i11 trod ucción, creo que son
aplicables a Vaz Ferreira las palabras con que cierra Emilio Oribe el estt1dio de las inflt1encias que actuaron en
aqt1el otro gran integrante de la generación del 900, José
Enrique Rodó.
''Los que con él convivieron, aquellos en los que se
apoyó para actt1ar, pensar y crear, no nos importan: la
vaguedad de sus nombres i10 nos preocupará lo más mínimo, ni tampoco la partícula de la personalidad del escritor que en alguna forma fue tributaria de lo accidental
y caedizo de tales ft1gacidades". on
69

Emilio Oribe: J,¿a el i1Hi 111 ica clel r e1 bo, l\Iontevideo, In1p. Uruguaya, 1953, pág. 77.

�('AH.I.JOB V 1\'h FJiJ ilTlfiJlHA

•I (' ,..
·&gt;
) (

Entrando al tema: La clave de los filósofos y obras
influyentes en la concepción i·eligiosa ele Vaz Ferreira,
-aparte de Spencer, ya supe1·ado- me parece sernos
dada por la lista de libros pt1blicada en Moral pa1·a intelect1tales y st1 complementación. Destaco algt1nos :
J ean Marie Gt1yat1 : La i1·1·eligió1l clel po1·ve1iir. Esbozos ele 2tna ?no'ral sin obligr1ció1i ni sanció1z.
William James: La experie1zcia 1·eligiosa.
J ohn Stt1art Mill: Estztd ios sobi·e la religión.
E1·nest Renan: Vida d(! Jesús.
Pese a su heterogeneidad, son todas obras esc1"itas por
pensadores libres, limpios de clog·matismos, amigos de dejar las ct1estiones abiertas, y, a la manera socrática, de
h c1ce1" e11genclrar las almas.
En ct1a11to al grado de inflt1encia. Sería interesante
precisarlo a través del valioso testimonio de las anotaciones margi11ales, ei1 el ejempla1" de la biblioteca particular
clel pensador qt1e 11os oct1pa. Y a primera vista se observa
qt1e los ~t1brayados y a11otaciones de Los p1·i1neros p1·inci71ios son meramente de estudioso y de discípt1lo.
E11 Re11an, la impresión es análoga, si bien, en los
m{lrgenes &lt;le Lct vidct de los apóstoles aparece ya algún
"lo mío". St1rg·e la confrontación de la filosofía religiosa
estt1diacla co11 otra, la de Vaz Fe1·reira, en t1·en de co11stitució11. E11 Stt1art Mill y e11 Guyat1 los "lo mío'' se mt1ltiplican: hay ya cotejo de dos ideologías y de clos ''sentimentologías" integradas. No me referiré al diálogo co11
James, entablado en los márge11es ele L' e:tp érie11ce 1·éligieilse. Fue, aunque amistoso, tan animado y polémico,
que de él surgió una obra que se llama, precisamente:
En las 1~iárg e 1zes de la e:rp erie1tcia (r eligiosa.
Tengo qt1e señalar otra influencia, duradera y proft1nda. Me i·efie1·0 a la de Don Migttel de Unamt1no. Difícil me sería precisarla. Cuando dos pensadores inteligentes y dotados de esa i·ara cualidad que se llama sentido
común, se ponen a ahondar en las cosas del cielo y de la
tie1·ra, y, por las del cielo
como buenos humanistasse i11teresa11 casi exclusivamente en tanto que repercuten
sob1·e la criatura humana: no el hombre pensante, abstracción del filósofo ''de estufa'' -la feliz impertinencia
va por cuenta de Unamuno- sino ''el hombre de carne y
hueso, el que nace, sufre y mt1ere, sobre todo mt1ere ... "
la identidad de la p1·oblemática dificulta soluciones muy
dispares. Unamuno y Vaz Ferreira sostt1vieron una fina

�llEVISTA HISTÓRIC' A

amistad intelectual, manifestada en cartas ;o y artículos
de crítica en que se decían sus verdades. Y, respetando
la altísima jerarquía intelectual de Don Miguel, se ha
podido afirmar influencia recíproca.
En los márgenes de la obra cumbre de Unamuno:
Del sentimiento t'rágico el e la vida en los hoinb res y en
los pueblos se libró otro diálogo polémico de alto vuelo.
Vaz Ferreira tenía ya su deformación profesional : de sus
anotaciones salieron varias elegantes conferencias que no
llegó a publicar. Afirmaba en ellas que esa obra era ''el''
libro 71 de Unamuno, el que da su medida, que tantos no
consiguen cristalizar ... Es fuerte, original, falto de sistema, contradictorio, carente de ponderación (y a veces de
gusto) . Pero, en síntesis: es una gran obra.
Hay otra influencia posible, a la que debo referirme,
para negarla. En los apuntes para las conferencias sobre
Teosofía, ya mencionadas, una vez señalada la vinculación con Guyau, se dice: ''Después vinieron otras cosas
en el pensamiento occidental. De las cuales, de lo nominado, ''lo más importante la filosofía de Bergson''. Si ésta
influyó en Vaz Ferreira (por ejemplo relaciones entre pensamiento y lenguaje, y efecto fijante de este último) no
me parece haber ejercido acción sobre su religiosidad.
Bergson valoriza los medios de conocimiento no racionales: intuición, misticismo. Vaz Ferreira se queda con la
razón, que estima no superada aún, y concede escaso valor probatorio a los procedimientos místicos de conocer,
así como a los ejercicios espirituales especialmente destinados a desarrollarlo: "todo eso es inferior al lado de la
vida misma; inferior a una buena vida de hombre; a una
buena, honda, fuerte, amarga vida de hombre''.
En cuanto a la obra cumbre de Bergson, en que éste,
bajando de las alturas metafísicas, nos da su valiosa opinión sobre los dos problemas que más int eresan, mejor
dicho, que más debieran interesar al hombre, el moral y
el religioso, no fue gustado por Vaz Ferreira, cuya filosofía religiosa estaba por lo demás ya hecha desde largo
tiempo atrás; y a quien solicitara su opinión al respecto,
dio ésta, categórica: "No me obligó a leerla hasta el fin''.
1

Ver : úorrcs }JOn (l en c i a en t re i nanl uno y 1-"az l•~erreira , l \l y 2~
I~ di ci ón Homenaj e de la Cá n1a r a d e R epresenta ntes, vol. XIX.
71 Unamuno en 1\li l i bro, r ea ccionó en ér gica1nente sobre esta
afirmación d e Vaz F erreira. Ve r : Mig uel de Un a muno Obras corn pletas. Barcelona, Verga r a . 1961 t . ' ' III. págs. 585-90. (Nota de
1962 ).
70

�CARI"OS ,,.. AZ FERREIRA

369

Est1"uct1tració11 de s1¿ f'ilosofía 1·eligiosa. - Vaz Ferreira integró tempranamente su cosmovisión con una metafísica de líneas bien definidas : ningún dogmatismo, ni
positivo ni negativo, qt1e intente resolver arbitrariamente
problemas insolubles, sino t1n saber poco ambicioso, humilde, que se conforma con ahondar, hasta donde alcanza
la razón, los problemas que no puede resolver la ciencia.
Mt1chas veces caracterizó y valorizó la metafísica; nunca
ta11 bien como en aqt1ellos párrafos de Fermentario:
''En medio del océano para el cual no tenemos barca
11i velas, la humanidad se ha establecido en la ciencia. La
cie11cia es u11 témpano flotante.
Es sólido, dicen los hombres prácticos, dando con el
pie; y, en efecto, es sólido, y se afirma y se ensancha más
cacla día. Pero por todos st1s lados se enct1entra el agua;
y si se ahonda bien e1t cztalqitie1· parte, se encuentra el
agua; y si se analiza c1talq1lier t'rozo del témpano mismo,
resulta hecho de la misma agua del océano para el cual
no hay barcas ni velas. La cie11cia es metafísica solidificada.

Es sólido, dicen los hombres prácticos, dando con el
pie; y tie11e11 razón. Y también, nada es más útil y meritorio que su obra. Ellos han vt1elto el témpano habitable
y grato. Miden, ar1"eglan, edifican, siembran, cosechan ...
Pero esa morada pe1~dería st1 dignidad, si los que la
habitan no se detuvieran a veces a contemplar el ho1·izonte inabordable, soñando en t1na tierra definitiva; y
hasta si continuamente alguno de ellos, t111 grupo selecto,
como todo lo que se clestina a sacrificios, no se arrojaran
a nado, aunqt1e se sepa de antema110 que hasta ahora ninguno alcanzó la verdad firme y qt1e todos se ahogaron
ii1defectiblemente en el océa110 para el ct1al no se tiene
barca ni 'relas". 7 :!
Vaz Ferreira no la ha constitt1ido bt1scando un ''justo
medio'' entre posiciones ya hechas: en lo religioso, como
en todo, gusta del estudio directo y de las solt1ciones propias; su posición es de incertidumbre y duda; hay conocimi€ntos ciertos y segt1ros; otros problemáticos; no se
clebe forzar la creencia sino g·raduarla; considerar cierto
solo lo cie1~to; probable o posible, lo probable o posible;
cliscernir lo qt1e conocemos bien de Jo que conocemos mal
1·1 y 2:.1 ~dició11 lI01neuaje de la ('á1nara de Representantes.
/1'r 1'111c11fa1io. t. X. págs. 122-12:1 y 1:!7 respectiva1nente.
72

1

�370

REVISTA HISTÓRICA

o ignoramos. Sería erróneo en materia religiosa, dar a
conocimientos imprecisos, apariencias de certidumbre.
En ciencia, todos están de acuerdo en reconocer las
imprecisiones del saber: con más razón debe admitírsele
en metafísica; así como frente a una masa de agua podemos describir adecuadamente lo que ocurre en la superficie, y conocemos cada vez menos bien, o no conocemos,
a medida que ahondamos, así como podemos describir bien
lo que está cerca nuestro, y menos bien lo lejano, y de
ningún modo lo que está tras el horizonte, debemos admitir, sin que ello importe escepticismo, que el conocimiento
relativo a lo religioso es el más incierto de todos. Se puede obtener por la fe, creencia en la revelación por parte
de algunos privilegiados. Vaz Ferreira la desearía pero
no la tiene. En cuanto a la i azón, su guía perpetuo, entiende que no se opone a la existencia de Dios e inmortalidad. Discrepa en eso con Unamuno, pero tampoco puede
suministrar pruebas afirmativas. No lo convencen las llamadas pruebas de la existencia de Dios. ¿A quién convencerán sino a los convencidos? por entender que se basan
meramente en la dificultad de los contrarios para demostrar sus aseveraciones. En cuanto al instinto de inmortalidad -después de fijar al respecto las posiciones platónica y bergsoniana- lo rechaza, por entender que lo que
se toma por tal no es más que deseo de inmortalidad. Como medios de conocimiento, distingue dos:
a) La razón: es la guía permanente de su filosofar;
no la concibe, a la manera del racionalismo, como infalible, absoluta, poderosa; sino como un medio impe1·fecto,
pero no st1perado aún, débil luz qt1e nos guía sobre los
abismos del no saber.
b) Medios de co11ocimiento místicos. Vaz Ferreira i10
ha hecho t1n estudio especial al respecto; pero co11signó,
en su ejemplar de La experiencia 'r eligiosa de W. James,
una serie de observaciones, que nos ilt1stran sobre st1 posición. Aplica al misticismo, hecho religioso, su criterio
general : no forzar la creencia; tratar de tener al respecto, no t1na ignorancia docta, sino una ignorancia since1·a.
Son múltiples sus reacciones. En conjt111to, prima la
tendencia negativa frente al valor del co11ocimiento místico. Basándose principalmente: a) ei1 st1 parentesco con
estados patológicos o de ensoñación; b) ei1 que las visiones se adaptan a las características propias de cada l eligión, se inclina a no ver en él más que u11 espejismo de
conciencias religiosas.
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ARf'"'OS VAZ FERREIJlA

371

La filosofía religiosa vazf errei1~iana -a la que ha
JJermanecido siempre fiel- no es, como la spenceriana,
fija y rígida, idéntica para todos, sino variable, mutable,
cambiante y personal. Difícil resumirla, esquematizarla,
reducirla a fórmulas, someterla, en una palabra, a la deformación pedagógica, porque es t1n estado vivo.
Aparece el leit-motiv de la crítica formulada por enemigos e inclt1so discípulos: escepticismo. A Vaz Ferreira
no le gt1sta el calificativo. En general i10 es partidario de
nomi11ar sin necesidad. Fácilmente suscribiría la afirmació11 f at1stiana: ''le sentiment est tout; le nom n'est qt1e
lJrt1it et fLtmée obscurcissant l'éclat dtt ciel". 7 :l En especial,
lo molesta Rer encasillado ei1 ttn ''ismo" cualquiera, y, de
todos, uno de los que m{ts le incomoda, es precisamente
el escepticismo, por el tinte dt dogmatismo negativo que
ha tomado en el t1so corriente. Y así, aunque ha irisado
de distincio11es el ambigtto término, prefiere que no se
lo apliquen.
Y sin embargo, como mLty bie11 obseJ·va U11amuno 71
co11vie11e atenerse al recto y pI·imitivo sig11ificado de la
palabra; y éste es bie11 atraye11te: e~'céptico viene, por ii1termeclio del latín ''sceptict1s", de t111 vocablo griego que
significa: h[tbil o inclinado a contemplar, reflexionar,
meditar, derivado a stt vez de Ltn verlJo que significa:
escudriñar. Y así escéptico sería el contemplador, el medi tado1·, el escudriñador, y Vaz Ferreira es todo eso y
le gusta serlo.
Ese otro gra11 b11scador qt1e e llamara en vida Soren
Kierkegaard adhiriendo a la afirmación de Lessing dice
qtte si Dios le ofreciera en su mano derecha la verdad, y
en la izqt1ierda el esfuerzo i11cesante y penoso por lograrla,
se qt1edaría co11 la izqt1ierd&lt;t. Vaz Ferreira 110 ha leído a
Kierkegaa1·cl, pero es bt1e11 co11oceclor ele Unamuno; m(1ltiples )7 categ·óricos stibrayados positivos señalan su adhesión a los hermosísimos p{trraf os en Qtte el pensador vasco
expresa su deseo. . . de 110 ver totalmente logrados sus
anhelos ...
''Y , s111
. em bargo ...
Si, a pesar de todo, lé1 tragedia culmi11a aquí.
Y el alma, mi alma al menos, anhela otra cosa, i10
absorció11, no qt1ietud, no paz. no apagamiento, sino eter7;~

Goethe. F'aust. París. J,a Ilenais sance du li,·re, 1920, vol. 1,
púg. 222.
74 l\Jiguel de Unan1uno: 1;11 s ayo s . "~li religión'', Madrid, Aguilar. 191fl. vol. JI. págs. :36ñ-371 .

�372

REVISTA HISTÓRICA

no acercarse sin llegar nunca, inacabable anhelo, eterna
esperanza que eternamente se renueva sin acaba1·se del
todo nunca. Y con ello un eterno carecer de algo y un
eterno dolor. Un dolor, una pena, gracias a la cual se crece
sin cesar en conciencia y en anhelo. No pongáis a la puerta de la gloria, como a la del infierno puso el Dante, el
''Lasciate ogni speranza''. ¡No matéis el tiempo! Es nuestra vida, una esperanza que se está convirtiendo sin cesar
en recuerdo, que engendra a su vez a la esperanza. ¡Dejadnos vivir! La eternidad, como un eterno presente, sin
recuerdo y sin esperanza, es la muerte. Así son las ideas,
pero así no viven los hombres. Así son las ideas en el
Dios-Idea, pero no pueden vivir así los hombres en el
Dios-Vivo, en el Dios-Hombre.
Un eterno Purgatorio, pues, más que una gloria: una
ascención eterna. Si desaparece todo dolor, por puro y espiritualizado que lo supongamos, toda ansia, ¿qué hace
vivir a los bienaventurados? Si no sufren allí por Dios,
¿cómo le aman? Y si aun allí, en la gloria, viendo a Dios
poco a poco y cada vez más de cerca, sin llegar a Ellos del
todo nunca, no les queda siempre un poco de incertidumbre, ¿cómo no se aduermen?
O en resolución, si allí no queda algo de la tragedia
íntima del alma, ¿qué vida es esa? ¿Hay acaso goce mayor
que acordarse de la miseria -Y acordarse de ella es sentirla- en el tiempo de la felicidad? ¿No añora la cárcel
quien se libertó de ella? ¿No echan de menos aquellos sus
anhelos de libertad?". j ;)
Y así quedamos en que Vaz Ferreira es, como Kierkegaard, como Unamuno, dicho sea ei1 honor de los tres,
escéptico.

Actitzld de l ' az Fe1·reira fr e1zte a Cristo . ..
Y lo qit e ele él sa lió

Vaz Ferreira !' C1"isto. Cuenta11 que una vez Ma1·ía
Eugenia le comunicó a su hermano Carlos que no pensaba asistir por un tiempo a sus conferencias, po1·que le
habían dicho que estaba hablando mal de C1.. isto, a lo que
contestó rápidamente el Maestro: "Bien de Cristo; mal
75 l\1igue1 de Una1nuno:
la vida", t. II, págs . 389-399.

En .~·a y os.

' 'D el sentin1iento trágico d e

�CAR LOS V AZ FERREIRA

373

de lo que de él salió''. No respondo de la aute11ticidad de
la anécdota, pero merecería ser cierta. Vaz Ferreira, a
lo largo de st1 obra, establece una rlistinción tajante entre
Cristo y las religiones positivas qt1e en ocasiones en difícil
entroncamiento derivan de él: catolicismo y protestantismo. Veamos brevemente.
En cuanto al orige11 del ft1ndador, si es o no hijo de
Dios, si recibió o no inspiración divina, se inclina provisoriamente, sin perjuicio ele dejar la cuestión abierta, a
considerarlo -a la manera de Renan- como hombre. Se
excusa poi· ello: muestra que si los hombres se ht1bieran
conformado con la moral y la religión existentes -poi·
ejemplo en tiempo de los griegos-, éstas no hubieran sido
Ruperadas. Análoga tarea de crítica, previa a la de supe1·ación, debe hacerse con el cristianismo.
Ei1tre lo mt1cho positivo qL1e Vaz Ferreira asigna a
Cristo, está el ser un ''fracasado'', en un sentido especial,
qtte me apresuro a precisar. ''Habría dos clases de fracasados: los comunes, por inferioridad o insuficiencia. Los
po1· superioridad, por buscar más, querer más, sentir más,
desear más, aspirar a más, etc., etc., )' Re diría de más. En
ese caso, el llorrzb ·re parece fracasado, )', e11 cierto sentido,
lo es. Y la obra pt1ede parecerlo, at1nqt1e trit1nfe después."
Vaz Ferreira ejemplifica con Beethoven, nuestro Artigas. Destaca también el caso ele Jesús:
''Un teórico fracasado por superioridad: Era t111 teórico: qt1ería demasiada caridad, demasiado amor, demasiada f1·aternidad. Y no tra11saba ni esperaba: ya, ya
venía El Reino. . . y lo persiguiero11, y lo conclenaron, y
atormentaron. El éxito (no se puede negar que tt1vo éxito), vino clesp11és y no para é1." 711
Algo conexo con lo ante1·io1·: Vaz 1.1, erreira valoriza
e11 Cristo lo que lo muestra como ve11cido. Recuerda, si11
simpatía, las almas serenas, dt1ras, segt1ras (Almafuerte).
Con los "como pernos" como ''pesas controlarias'', no
simpatiza Vaz Ferreira, no puede simpatizar el defensor
de 1a moral conflictt1al, e11 perpetua ta1·ea de equilibrar y
regt1lar ideales dispa1·es. No los desvaloriza para ensalzar
a stts con ti·arios en la poesía de Almaf uerte, los inferiores, los que caen: Verlaine, otro hombre de grande hombre, vaso infame de dolo1·, débil e impttro, sino que opone
a los ''básicos puntales'', otra clase de almas superiores:
\'er espccial111ente: f..1 iet zscll e, 2~.1 ffidición Hon1enaje de la
c;.t1na1·n de Representantes, t. XX. págs. 191-261 .
76

�374

REVISTA HISTÓRICA

el ejemplo más alto : Cristo. ''Supongamos que nunca hubiera tenido angustias, nunca dudas, que no hubiera desesperado, que no hubiera sudado sangre, y llorado, qt1e
no hubiera dicho ''Eloi, Eloi, ¿lama sabachtani ?''.
"Sería más perfecto -concluye Vaz Ferreira- y nosotros lo amaríamos menos : que digo nosotros. Los mismos que lo creen Dios lo amaría11 menos ... ".
Hasta aquí, la crítica positiva. Pero hay también un
enjuiciamiento del hombre-dios desde el punto de vista
favorito de nuestro f ilósofo : el moral. Como vimos, considera representante máximo de la humanidad al individuo
que en un esfuerzo tenso y heroico, lleva de frente todos
los ideales : éticos, estéticos, religiosos, sociales, etc. Con
este temible cartabón va a juzgar a Cristo.
Lo considera un altísimo ejemplar del hombre antiguo, que actuaba con pocos ideales. Y a sabemos que Vaz
Ferreira es humanista. Admite a los monocordes, siempre
que no se lo obligue a serlo. Pero, en lo moral al menos,
prefiere al hombre integral, q11e lleva de frente todos los
ideales, con los consiguientes conflictos éticos, y la angt1stia, y el i~emordimiento: "Cristos oscuros, sin corona
ni sacrificio". Por eso considera que Jesús, tal como se
nos reve!a a través del relato vivo ele los Evangelios, es
superado por m11chos moclernos, qt1e, sin llegar a su altura
en caridad Y' amor, han sabido valorar ideales que él dejó
ft1era de su reino ...
Hay 11n lugar com(111 e11 la literatt1ra: st1poner que
Jesús vuel\Te a la tierra y fa11tasear sobre lo qt1e harían
los hombres a base de crucifixio11es más complejas y refinadas. Vaz Ferreira introdt1ce una variante de interés.
¿Qué haría Cristo. qué tendría c1t1e hacer Cristo para segt1i1· sie11do el primero ei1 nuestro n1undo moderno? E11
primer lugar conservar sus altas virtudes de amor y caridad. Pero tendría qt1e agregar ,·arias cosag qt1e Vaz
Ferreira enumera implacablemente: la j t1sticia, el trabajo, la familia, los afectos ii1divid u al es, la cie11cia, la i~azó11,
las patrias, hasta el pla11eta. Y st1rgirían así los conflictos,
la angt1stia, q11e sólo se evita11 mecliante una restricción
de los ideales.
Vaz Fe1·1·eira y lo &lt;111 ° d e G..,risto salió: catolicisnzo y
protesto1ttisJno. - En ct1anto a los dos "ismos'' antagónicos surgidos de Cristo, Vaz Ferreira, si11 perjuicio de
abarcarlos e11 la crítica general a las reljg·iones positivas
(rebajamiento de la relig·iosiclad, frt1tos predominantemente perniciosos, adaple:1ció11 a las gt1e1~ras, clesact1erdo

�37 5

C1ARLOR '' AZ FERREIR1\

co11 la cie11cié1, etc.) los enj t1icia en eRperial. Parcialme11te
de acuerclo con Nietzsche, establece t1na clistinción tajante
entre Cristo y las qt1e se llaman a sí mismas i·eligiones
cristianas.
Y si, acallando st1 admiración y st1 amor, formt1la al
ft1ndaclor serios reparos, 110 por los ideales suste11tadod
sino por el 11úmero y la ei1ticlacl &lt;le los relegados, mt1cho
más serias so11 st1s crítictlS a los "ismos'' en qt1e involt1cionó la cloctri11a.
R.epeticlas veces, a lo largo de st1s notas preparatorias para conferencias, figura t1n ct1adrito esquemático
que es, co11 leves variantes, el sigt1iente:

Cristo

Iglesia

anti-iglesias y a11ti-clero
pobrista (rico y cable)
anti f órmt1las
ml1jerista y más o menos
amo1· librista (poi· lo me11os para perdonar)
libre ¡Je11sé1dor y libre senticlor
igualdad

Iglesia, la más jerárquica
y cerracla-riqt1ista.
ferozmente clogmática y
formalista

JJaz

a mor, i11 cl ttlge11cia,
clacl, fraterniclad

dureza feroz sobre eso
i10 libertacl
clesigt1aldacl
gt1erra

•

car1clt1reza, seqt1edad de alma

"Se nos ofrece tina antítesis ma rcacla e11tre el f t111daclor J~ las religio11es de1·ivadas: la te11cle11cia ele Jesús er&lt;l
contraria a la iglesia, al s&lt;1cerclocio, y Ht1rgió ele ahí la
igleRia m{t,s organizade:1 ; era co11trario él loR dogmas ~·
cle11tro del cristianismo se fuero11 como enclt1reciendo, como enqt1ista11do cacla vez más los dog·mas más cerraclos,
la te11clencia ele J es(1s era pobrista y la iglesia -pare:1
emplear estaH palabra~ más sintéticas- se hizo riquista.
Y era lél te11cle11cia de J es(1s también m t1j erista. Suprimo
lé1s palalJras que como socialista y feminista podría11 dar
u11 carácter clemasiado pedantesco a nuestra disertación
-m t1j eriste:t ~r más o menos amor libristGt, por lo me11os
para perdon&lt;1r: los tres focos más i11te11sos clel Evang·elio
ilt1mi11an los tres episodios de la samaritana, de MarÍél
l\1agclale11a )r de la mt1jer adúltera. La Iglesia que salió
de J e~(1~ cristalizó también en ese pt111to t111a moral de
rigidez, ele dureza. qt1e no es del caso juzgar en este
mome11to- 11ag·o notar (111icamente la antítesis. Y el Cris-

�REVISTA HISTÓRICA

376

tianismo de Cristo, era religió11 de paz, de paz en lo político por lo menos, y de él salió una religión que es, como
todas, adaptada a la psicología y a la sociología de la
guerra''. 77

Posicióri f1·ente al ji1daís1no. - Entre las religiones
hebraicas, las que considera vivas, en el sentido de Jesús y
del mismo Vaz Ferreira, son dos y sólo dos: catolicismo
y protestantismo.
¿Y el judaísmo? Repetidas veces exteriorizó simpatía por la religión y sus adeptos. Circulaban anécdotas
al respecto. Así, como alguien quisiera hacerle compartir
su odio a los hebreos, contestó que no podía hacerlo, porque de los dos que conocía, uno era Mauricio Nireinstein,
su mejor amigo; el otro, Einstein.
Y para refutar las conclusiones pesimistas de Spengler en la obra : Decadencia de Occidente acerca de la
extinción próxima e inevitable de nuestra civilización y
su imposibilidad de florecer en este momento en altos
ingenios, gustaba de citar a los dos grandes judíos de
nuestro tiempo: Bergson y nuevamente, Einstein.
Pero no nos dejemos sugestionar: esa simpatía no
es más que una de las tantas manifestaciones, hacia una
raza y una religión vilipendiadas, vejadas y escarnecidas,
de su tendencia "pobrista'' en un sentido amplísimo del
término. Si los judíos mandaran ya se encargaría Vaz
Ferreira de encontrar las fallas de su ideología.
Posición de Vaz Fe1·1·ei1·a frerite a la teosofía y en
ge1te1·al, las 'religiones orie11tales. - Durante su formación
espi1~itual, Vaz Ferreira y su generación trabaron conocimiento casi exclusivamente con las religio11es hebraicas
que, como vimos, no lo satisficieron plenamente. De ahí
partieron los que deseaban superar su preparación universitaria; Vaz Ferreira, entre ellos, se hizo un buen conocedor y crítico de religiones orientales: las estudió en
plena madu1~ez -tercera década de este siglo- con su
filosofía religiosa ya hecha. Y así, aunqt1e en conjunto
Aquí seguía, en la for1nulación de 1954, u u estudio con1parado de la posición de ' 'az Ferreira frente al catolicis1110 y el protestantisn10 y un paralelo entre an1bas religio11es extraído principal1nente de inéditos y anotaciones marginales. Vaz Ferreira, en la
crítica escrita que ine entregó del trabajo - tan1 bién verbalmenteincluyó la siguiente observación: "No sé si pensé así ni si esto debe
estar" por lo cual he resuelto s upri1nir l os párrafos c\1estionados.
1 Nota de 1962).
77

�:~

77

lo co11forma1'on más qi1e las occidentales, ni por un momento pudo pensa1·se en una conversión; agregó una más
a st1 haz de posibilidades.
Allá en 1924, Vaz Ferreira dictó en su cátedra una
serie de conferencias sobre las religiones orientales, ya
prologada el año anterior. El título es bien sincero: ''Introd t1cción a fu turas (posibles) co11f erencias sobre Teosofía''. Teniendo en cuenta su escasa difusión -no fueron
publicadas, ni pueden serlo, ya que no fueron taquigrafiadas: se conservan sólo apuntes p1·eparatorios, eso sí
bastante detallados- c1'eemos oportt1no 11n resumen que
clestaque las ideas básicas.
El ensayo abarca -en un método familiar al filósofo
en estudio-: a) una exposición; b) una crítica; c) una
sí11tesis. Veamos brevemente.
Estas religiones verifican un cambio de escala en el
espacio y en el tiempo: hay prolongaciones extraterrestres, para atrás y para adelante; galaxias, rr1iles de años
lt1z; act1erdo con la moderna astronomía.
ConRidera11 al pasado poseeclor de la sabiduría; al
presente, en descenso. La ciencia auténtica, para atrás:
la moderna no es más que un 1·esto degen~rado del antiguo
saber total. Aún hoy, alg11noR iniciados pueden, merced
&lt;l un ent1·enamiento especial y ejercicios espirituales adect1ados, Ilegal'' a poseer la sabiduría. Para el saber de lo
religioso, poco nos sirve la razón; los orientales prefieren
otros medios de conocimiento: intuición o vivencia, medios no lógicos, mágicos, analógicos, vagos, verbales, de
carácter místico o misticoide.
Las almas de los muertos, después de una serie de
transmigraciones, llegan todas al Nirvana.
Aba1·can una filosofía práctica complementaria: moral, higiene, filosofía social, etc.
El acercamiento a esas l'elig·iones ofrece dificultades
para todo occidental: Ya Unamuno destaca la oposición
entre los modos de pensamiento occidentales, a base de
racionalidad, claridad, precisión y los orientales, a base
de intuición, oscuridad, misterio.
A esto se agrega la superabunda11cia de libros, de
valo1" desigual, la imposibilidad de leer en los idiomas
01·iginales, o de cotejar traducciones, la infinidad de sectas y dogmas, que creen ser todas depositarias de la verdad. En Vaz Ferreira se agudiza la dificultad del acercamiento, porque es un amístico; sólo capta los modos racionales de pensamiento; le ct1esta la penetración en los

�378

REVISTA HISTÓRICA

modos analóg·icos o mágicoR, que califica de falacias verboideológicas.
Superadas -hasta donde ello es posible- las dificultades, confronta aquellas ideologías y ''sentimentologías''
(el neologismo le pertenece) con su filosofía i·eligiosa y
entiende que incluyen tendencias que su psicología acoge
bien, y algunas especialmente bien.
Entre ellas señala e11 primer término el ensanchamiento, y en segundo, el mejoramiento de la religión.
Las creencias se ensanchan; hay nt1evas y diferentes
posibilidades de sobrevida; la cosmovisión oriental está
más de acuerdo con la moderna astronomía que la occidental, antropo y geocént1"ica. A ella parece referirse el
filósofo en estudio cuando dice, en ese extracto de ideario
que son sus conferencias, denomi11adas bien vazferreirianamente: ''Sobre algunas que creo verdades'' lo siguiente:
''Sobre religiones.
No sólo el alma humana pediría alguna, sino qt1e
hasta ha)r ciencias que parecerían pedir alguna, notablemente la biología, porque las teorías propuestas para explicar las transformaciones y las estructuras, a pesar de
sus bases racionales y expe1·imentales, no obtienen completo éxito en la explicación de tantos hechos y detalles ...
En cambio otra ciencia, la astronomía, t iende a desautorizar las religiones existentes: De éstas, la que conocemos más, no estaba en sus principios, ni siquiera en escala
con la tierra, y la humanidad, para armonizar razón y
esperanza,
.
,, necesitaría t1na religión en escala con las gal ax1as. . . .
La religión se mejora, la moral es más alta. En la
sobrevida hay muchos actos y desenlaces felices, en oposición -dice Vaz Ferreira- al drama conciso y fuerte
de los cristianos, con t1n solo acto, y donde alg11nos personajes acaban mal. Acabar mal. . . surge la Gehena, el
lloro, el crujir de dientes, el infier110 cristiano católico.
Vaz Ferreira lo niega. Con Guyau, con Unamuno, en l"ealidad con cualquier persona sensata y dotada de un poco
de sentido común, rechaza el anticuado fantasma: se niega
a incorporarlo a sus posibilidades. Es que la noción de
castigos ''ad perpetuitaten'', como la del pecado original
-sobre la cual me hubiera interesado conocer la opinión
de Vaz Ferreira- corresponde al viejo concepto de derecho penal, vigente en la época de fabulación del cristiano
catolicismo, y resultan ambas anacronismo pesado en esta

�:~

7 !J

época de proporcio11alidad entre la pena y el delito, o inclividt1alización de la pena. También las religiones deberían modernizarse. . . Claro que es peligroso: dicen que
ciertas momias se conservan incólt1mes durante mile11ios ... en st1s sarcófagos; el menor soplo de aire las pulveriza : Si tina momia pe11sara, nada temei-·ía más que la
ligera brisa que pt1ede aniquilarla ...
Otra ventaja -de carácter ético- a favor de las
religjones orientales, es q11e acabanclo al fin todo bien para
todos, no se presenta en forma aguda, como en las relig·iones hebraicas, el problema del mal, con la responsabilidad, at1nque sea a dos grados, del St1premo Creador. Y
Ri difícil resulta para nuestros teólogos, la explicación clel
mal en esta tierra, más difícil es j11stificarlo en el otro
mt1ndo, creado por la vol11ntacl omnímoda de ttn creador,
en la teoría infi11itamente bue110, sin los descargos derivaclos del mal 11so ele s11 libertad hecho por las criaturas
terrenas.
Pido perdón por la digresió11 y v11elvo al tema. Vaz
J.,erreira valo1~izó e11 grado s umo la moral oriental, a base
de la incidentalidad ele la tierra, y la abt1ndancia de poHibilidades, y el arreglo fi11al, prefirié11dolo a la cristiana,
a base de este planeta sólo y 1111a sola vez.
Ahora, al co11frontar estas religiones con s11 religiosidad, aparece11 aspectos qt1e le\ra11tan resistencia en n11estro pensador.
A) Por la filosofía religiosa q11e profesa.
B) Por s11 temperamento.
Por s11 filosofía l elig·iosa : Vaz FerreiI·a la hizo a
}Jase de ignorancia, sentimiento i .. eligioso mantenido vivo.
Entendía que, "no cI·eer saber'' mejo1.. a la acción. Además,
no había abandonado las ideas qL1e presidiero11 s u formación espiritual : Ciencia, Razó11, Progreso, Democracia.
Su evolución había consistido ei1 sentirlas -o ponerlasen plano más hondo, dep11rarlas y se11tirlas mejor. Esas
religiones so11 a base de saber, o cree1.. saber lo religioso.
Y ei1 cuanto a las ideas directrices vazferreirianas,
la ciencia i10 es en esas religiones orie11tales bien se11tida
ni justipreciada ; más bie11 hay cierto menosp1·ecio poi~ ella
en 11ombre del saber religioso; la razón es disminuida o
postergada en nombre ele otros moclos de conocimiento
considerados s11periores; el progreso : la Teosofía lo i .. espeta, agrandá11dolo; la Democracia: no eng·rana con las
castas. la desigualdad.
1

•

�380

REVISTA HISTÓRICA

Por su temperamento: Hay dos cosas -afirma Vaz
Ferreira- en que esas religiones van contra lo más central suyo: una contra su temperamento intelectual, otra
contra su temperamento afectivo. En tal forma que dan
en el centro mismo de cada uno:
19 ) Su lógica -que es él mismo (su yo intelectual)

y qt1e tiende a condenar precisamente esos modos de pensar, mágicos, analógicos, vagos, verbales, como verbo-ideológicos. Tienden a dar importancia a las palabras, mientras que Vaz Ferreira intenta librarse de lo ve1·bal.
29) Su temperamento afectivo y moral, que es a base

de personas, de afectos, i·eales, concretos, de amor a personas, a los seres queridos de su familia y su amistad, y
a los hombres buenos, concretos y a la humanidad concreta, hecha de seres individuales. Pa1·a Vaz Ferreira lo
más hondo son los afectos individuales, y esas religiones
tienden a disminuirlo, en esta vida, porque eso sería ilusorio y engañoso, Karma. . . y en la otra, porque la ascensión es despersonalizante. Ahora bien: Vaz Fe1·reira
podía comprender eso con la inteligencia; y aunque pudiera ser superior a lo suyo. Aunque no lo fu era, que resultare la verdad. No querría engañarse a sí mismo, (sinceros
hasta con nuestras esperanzas), pero no podía sentirlo,
para su temperamento: "sin la inmortalidad personal, con
la de los seres queridos, todo lo siente como trágico, estúpido, e inútil".
En resumen: bienvenidas esas posibilidades de sobrevida y esa interpretación de religión.
Pe1·0 como posibilidades, no como dogma. Esto es
esencial. Agrega esas posibilidades a las que ya entreveía
dentro de st1 filosofía religiosa. Sigue en lo de antes, pero
con nuevas posibilidades, que lo suyo se asimiló. Y sigue
sintiendo su filosofía religiosa como superior: la llama,
el sentimiento i·eligioso fue haciendo productos y formas
y los va recogiendo y los guarda; pero lo mejor es guardar
la llama.
Algil?las conexiones

a) Religiosidad y religiones positivas. - En general
la religiosidad llamea en los fundadores y primeros seguidores (el ejemplo más alto: Cristo). Pero a medida
que nos alejamos, en el espacio y en el tiempo, de los
grandes iniciados, todo eso se va enfriando y cristalizan-

�&lt;~ ARLOS

V AZ FERREIRA

do en dogmas, ritos, ceremonias, formas huecas desprovistas de sentido, que vt1lneran el espíritu por conservar la
letra o la desfiguran también. Y así, no resulta paradoja
la afirmación de Vaz Ferreira: las religiones positivas
tiende11 a hacer desaparecer la religiosidad.
b) Religio1zes positivas ?J gzte'r1~a. - Vaz Ferreira
considera una inferioridad de casi todas las religiones positivas -no de la religiosidad- el hecho de st1 adaptación
a la g·uerra. La psicología es afín : hay organización, jerarquía, orden, sometimie11to de individt1os, confianza en
la protecció11 y tendencia al dominio.
Cuestión conexa es la vinc11lación ei1tre i~eligi611 positiva y mando. Las religiones conservan algo de la espiritt1alidad primitiva ya entre el e 1i c1~oute1ne rit de los dogmas: no toda la llama se ha cenizado. Cuando manda11
(como los partidos, como las personas ) , priman los elementos regresivos; Ct..lando carecen de impe'rium, sobre
todo si act(1an en un régimen de libertad, el rescoldo de
espiritualiclad yacente entre las cenizas, se reanima.

Religió1z (o 1·eligiosidctd) y a'r te. -

En 1935, en
conferencias complementarias a las dadas sobre : ''El autor, el crítico y el sentidor", Vaz Ferreira estudió diversas
causas qt1e pueden disminuir artificialmente el goce artístico. Entre ellas enumera la regida por una falsa oposición entre el arte libre (arte por el arte) , y arte subordinado a algo (religión, patriotismo). Y entiende que lo
mejor es la coexistencia de ambos . No simpatiza con el
hecho de que los creadores se propongan expresamente
hacer arte con fines religiosos, o sociales, o morales. Pero
sí con el de que sientan los ideales religiosos u otros, que
les calientan el alma y los libran de la insensibilidad del
pt1ro esteta.
e)

d) R eligio1zes, 1·eligiosidad y de recJio. - Conocido es
el concepto vazf erreiriano del derecho. Rechaza para éste,
como para la moral, la fundamentación enraizada en el
cielo: no hay derecho de origen di vino, como no hay moral
de origen divino (por lo demás, esta posición ha sido
abanclonada actualmente aun por los mismos juristas embarcados en religiones positivas).
¿Quedará excluido lo religioso en los basamentos del
derecho? No: en forma de religiosidad será uno de los
tantos motivos que tendremos para respetar la norma
j t1rídica.
1

25

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v

s •)-

IlEVISTA HIRTÓRI&lt;'.-\

e) Religiories, 'teligios1'dad 11 11ioral. - La moral se
refiere a los hechos, sentin1ientos y· pensamientos qt1e tie11e11 que ver con el bien y el mal.
Precisados ya los conceptos de religiosidad y I'eligión,
las conexiones surgen espontáneamente dentro de la ideología vazferreiriana. Rechaza la fundamentación religiosa
ele la ética que preconiza11 los "ismos": para el budista, o
el mahometano, o el cristiano, bueno es lo que ordenan
respectivamente Buda, o Mahoma, o Cristo. Y en el conflicto posible entre moJ·al y religió11, prima en forma absoluta la segunda. Vaz Ferreira , por el contrario, coloca
e11 la cúspide &lt;le su jerarquía, los valores éticos. Son débiles st1s posibilidades I"eligiosas ) fortísimas sus convicciones morales. Acostumbra aplicar sus normas a los mismos
dioses, no perdiendo la esperanza de mejorarlos. Sin querer, se me vienen los versos de aqt1el otro enjuiciador de
seres trascendentes que se llamara e11 vida don Mig·uel ele
Unamt1no (otros dicen San Miguel ele Gredas) :
1

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los 11iños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la pt1erta
achícame por piedacl,
vuélveme a la edad benclita
e11 qt1e ,, ivir es soñar. ¡s
La religiosidad de Vaz Ferreira est{t impreg·11ada de
moraliclad. Muy indulgente -algu11os opinan qt1e clemasiado- para con sus semejantes: st1ya es la frase: "Yo
no soy Dios para j t1zgar a los hombr es'', e11j t1icia, no
siempre con benevolencia, a los que t ie11e t1na marcada
tendencia a considerar hecht1ras huma11as : los (1nicos bien
logrados: Cristo, Buda, se hicieron a base de hombres,
tanto qt1e cabe una duda bien legítima. Hay también u11
pensamiento salido muy ele adentro y bien heterodoxo relativo a la deseable co11versión ele Dios. ;n
7~

En Herná11 Benftez: ¡;¡ rl1u111a rel1&lt;11oso &lt;le•
versidad de Buenos Aires, 1949, pág. 193.

l ' 11a&gt;111t110,

Un i·

79 El pensa111ienlo es éste: La 111 o&lt;lct ele las e un vers io11 es: ").u te
tanto dolor de la humanidad, tanta aspiración y tanto ejen1plo.
efectiva111ente Dios debería de acabar por conYertirse. ( Xo quiero
que esto sea n1fo tJe ro n1e sali ó)".

�C'AJ{l..108 \ "AZ

Fl~ lll{J~ Il l.1\

•'')s•).
)

)' hay sobre todo Llna valoració11 ética de la posición
~ustentada frente a la existencia ele Dios o dioses, af irmando qt1e la actitt1d de duda e incertidumbre debe ser
legitimada aun por los mismos seres s11periores -si existen- y si no lo fuera, concluye Vaz Ferreira en un a1·ran&lt;1 ue ele orgullo ético, yo no compro posibilidades trascende11tes a ese precio; la be11evolenciH. para abajo y la severidad pa1·a arriba, legítimamente trasce11dentalizadas por
qt1ien considera más alto el criterio moral, instrumento
frágil e imperfecto, pero qL1e no ha podido st1perarse aú11.

�CAPÍTULO

X

Lo estético en la vida de
Carlos Vaz F er1·eira 80

Quisiéramos revivir -en base a recuerdos personales- el lugar que asignó nuestro padre en su vida a la
belleza. Anticipamos nuestra conclusión: fue un lugar
marginal, lateral pero privilegiado: nunca permitió que
la contemplación de la hermosura le restara el tiempo necesario para la meditación y / o la acción: nunca tampoco
secundarizó ni menos eliminó los goces estéticos. La belleza
se manifiesta en la naturaleza y en el arte: veamos en
qué grado y en qué forma los gustaba el fino sentidor que
había en Vaz Ferreira.
En cuanto a la naturaleza: la apreciaba en sus formas más sencillas y accesibles; no sentía la necesidad de
recorrer tierras lejanas para admirar bellezas naturales
exóticas; se conformaba con las del que consideraba casi
el mejor entre los países del mundo: el Uruguay y, dentro
de éste, si bien a veces iba al campo o a alguna playa no
muy lejana, consideraba que la ciudad de Montevideo era
la mejor del mundo y, dentro de ella, st1 vieja quinta de
Atahualpa.
Esta quinta -la Quinta, como la llamamos los que
tuvimos la dicha de vivir en ella por largos años- en lo
material es de poca extensión: algo así como un cuarto
de manzana; en lo espiritual ocupa un lugar importante en
la vida del Maestro. La alquiló a fines del siglo pasado.
Un único recibo conservado en su archivo particular, da
fe de que pagaba $ 20 de alquiler. Se instaló en ella cuando se casó. En ella nacieron casi todos sus hijos; ahí
habitó hasta su muerte. A principios de siglo era muy
habitual para los montevideanos vivir en las afueras de
la ciudad. Después vino la moda de las playas. Vaz Ferreira nunca tuvo muy en cuenta la moda. Siguió viviendo
tranquilamente en su quinta.
80 Tratamos lo estético en la vida de i1uestro padre. Dificultades insalvables en la intelección de Sobre la ¡1ercepción 11iétrica,
base de su estética, nos imposibilitan l a penetración en l a obra.
(Nota de 1979 ).

�CARLOS V AZ FERREIRA

385

Los á rboles. - Cuando entró a vivir en ella, estaba
ya arbolada. Vaz Ferreira respetó todos los árboles existentes y fue agregando otros. Había -hay en 1979- cipreses, papiros, azafrán, eucaliptus, magnolia, ligustros,
etc. Además de los plantados por la mano del hombre estaban los que st1rgían por la gracia ... íbamos a decir de
Dios, pel''O decimos, en homenaje al filósofo de la duda,
ele la naturaleza. Todos crecían juntos y entreverados y
por ellos trepaban como podían, en busca de aire y sol,
hiedras y enredaderas. No sabemos qué impresión haría
el co11junto a los amantes de los jardines ingleses, pero a
11osotros 11os resultaba maravilloso. Vaz Ferreira quería
st1 quinta así: salvaje y desa1·reglada. Se paseaba por ella
o, sentado, contemplaba.
En cierta ocasión un municipio incomprensivo dio un
golpe de mano repentino; en virtud de no sabemos qué
ordenanza o reglamento, intimó a Vaz Ferreira para que
sustituyera el viejo cerco de hierro ennegrecido por el
tiempo y enteramente recubierto de trepadoras por una
impersonal verja. Vaz Ferreira, con dolor, acató el mandato : sacrificó el cerco con todas las enredaderas que lo
adornaban e incluso los árboles imprescindibles y construyó
la verja de reglamento; pero dejó sentada su disconformidad en forma bien personal. Había una magnífica grebilea
exactamente en el lugar a ocupar por la pared nueva; al
construirlo, hizo dejar un hueco ei1 el muro, para no sacriticar el árbol; murió éste de mue1·te natural, mucho
tiempo después; el municipio fastidioso debe haber cesado
varios lustros ha; Vaz Ferreira mismo ha ingresado al
reino de las sombras; pero su protesta muda subsiste to~
davía.
1

Las flo'res. - Gustaba mucho de las flores; en su
quinta había jazmines de varias clases y colores, glicinas,
rosas, etc. En todo tiempo nos invadía al penetrar en la
selva su inconfundible perfume.
Las flores e1·an intocables: había una prohibición expresa al respecto. Por nuestra pa1'te, la acatamos todavía.
Y si alguna vez arrancamos alguna, fue con un grado de
remordimiento que hubiera cor1'espondido a una falta mucho mayor. En ocasiones los visitantes, ignorantes de la
interdicción, la violaban, lo que provocaba la indignación
de nuestro padre.
Vaz Ferreira no qt1e1·ía que le cortaran sus flores;
pero quería que sus familiares y muy en especial la com-

�386

REVISTA HISTÓRICA

pañera de su vida, que vivía totalmente consagrada a su
esposo, a sus hijos y a su hogar, se hiciera los gustos también. Por lo cual, para solemnizar el nacimiento de algt1no
de sus hijos, el 69 o el 79 por ejemplo, le regaló un terreno
adyacente a la Quinta, que pasó a integra1·la, para que
lo arreglase a su gusto.
Elvira empezó a plantar flores y más flores: óleas
fraga, calicantos, rosas, magnolias fosca tas ... y desde ese
momento los numerosos floreros de la casa, especialme11te
los del escritorio de su esposo, estuvieron siempre colmados de flores artísticamente dispuestas y continuamente
renovadas de por vida. En esa forma sabia terminó en la
Quinta la contienda entre Vaz Ferreira, "anticortista'' y
su señora "cortista''.
En el reino vegetal, Vaz Ferreira se quedaba con lo
bello. Gustaba poco de lo útil. Había unos pocos frutales,
probablemente puestos por los dueños anteriores. En una
ocasión se agregaron algunos, pero entendemos que con
vista a las flores. En cuanto a. . . no nos animamos a
escribir la palabra, en cuanto a esas plantas pequeñas y
útiles que las personas prácticas plantamos en las huertas, en el casi medio siglo que abarcan nuestros recue1·dos,
no hubo una sola en la Quinta: lo bello y lo útil están
reñidos por ley de ese11cia.

Los animales. - Pasemos al reino animal: Vaz Ferreira prefería a todos los pájaros. La Quinta arbolada
los atraía naturalmente. Respetando los deseos de nuestro
padre, nunca se los persiguió. Incluso hacía colocar en
lugares apropiados agua y comida para atraerlos. Y cuando construyó, en el mismo lugar qt1e ocupaba su vieja
casa ya casi inhabitable una nueva para sustituirla, hizo
poner en el mirador que la domina una serie de nidales con
la esperanza de atraer uno de sus pájaros favoritos: las
golondrinas. (Todavía i·ecordamos las exclamaciones gozosas de nuestra madre cuando, hacia la primavera, aparecía
la primer bandada; aparte de su belleza, anunciaban la
terminación de un invierno que, en ocasiones, había sido
duro) . Vaz Ferreira no logró sus propósitos: las golo11drinas siguieron pasando de largo. Sólo atrajo gorriones,
que, por lo demás, son muy hermosos también.
En cierto momento en que se aflojó una de st1s normas básicas: libertad, la más posible, para los más posibles, hizo construir algunas pajareras y las llenó de
pájaros nacionales y extranjeros. Visitaba la Quinta, asi-

�:1s 'j

(luame11tc, un pajC:1rero, Di LaL1ro. Tc.1mbié11, c11 ocasio11es,
recordamos haber acompañaclo a nt1estro padre e11 s11~
visitas a la feria llomi11ical; pasaba ele largo, si11 mirar
pa1~a i1ing(111 Jado, ¡)or los innt1merables escaparates de
varit:1das mercancías y se clirig·ía, i11variable y exclusi\"amc11te, a la secció11 de pájaroR, cloncle los adq11i1--ía, hermosísimos. Poco cl t1ró este aspecto clel "hobl)y". Daclo el modo
de ser vn.zferreiriano, no es lle extraf1ar st1 actitL1d; 11n
clía abrió las pt1ertas ele st1s paj arer~ts: 110 quería más
pájaro8 eat1tivos.
OtroH a11imale~. Co11 relació11 't ciertas a ves arroga11tes, te11 ía u11 ''faible'' q11e hay qt1e clisculpar: lo compartía
co11 t1no ele los santos más atrlé11ticos elel cristia11ismo:
Ag11stí11. Perros no qt1ería; le h11biera11 clestrozado st1s
}Jlantas; pero co11temporizaba con los aficionados explicanclo q11e los perros tiene11 feo el ct1erpo y hermosa el
alma, por lo ct.ial las perso11as qt1e si mpatiza11 con ellos
tienc11 ¡Jrobabiliclacles ele te11 er el alma bien hecl1é1. D e i10che, en verano, le gt1stalJa sentarse co11 st1s f amiljares en
el jardí11 y gozaba co11 el ca11to ele los grillos ~T el pasaje
ele las lt1ciér11agas.
1

b l a rt e. - E11 el rei11 0 mi11eral, g·t1stalJa ele las ágatas: te11íc1 ti11as ct1&lt;111tas en ti tt escritorio, ye:t como pieclras
st1eltas, ya integra11do objetos: cenicerc)~, l{tmparél8, realizaclos bajo la clirecció11 de Milo Beretta.
Pasemos al arte: Vaz Ferrei ra, e11 esiC:t materia, f Lte
t111 fino se11tidor; g·t1staba de él c11 mL1cha.s ele ~t1 s formas:
pintt1ra, escL1ltura, literatt1ra, arquitectt1ra, poe8ía, mú sica. Era mt1y e:1migo ele la bttena poeHía, j t1zgada co11 un
criterio amplio, acog·edo1~. En cua11lo él la mú sica f11e, ele
lejos, st1 arte fa\·orito. D11ra11te largos años stt presencia
era habilt1é1l e11 las Sellas ele co11cicrtos ele Mo11tevicleo; i1 0
era raro que e11 \'irtt1cl ele s u pt111tt1a1iclacl, le:1 ma.s cle8arr&lt;,lla.da e11 él de la~ virtt1cles cl1icc1s, llega.ra :.11 teatro
ct1a11clo recié11 a.brían las }Jt1e rta s, o esperara co11 ellas
cerrada s. A medicla qt1e ft1ero11 transct1rrie11do los a11os,
organizó las cosas cada vez mejor para goza r e11 el hogar
&lt;le st1 e11trete11imie11to favorito: adqt1irió apa.ratos, i11tegró
t111a ~tmplia di scoteca, a1nplió :--; u escritorio con una sala d e
m(1sica aclyace11te. Gt1staba ele oírl&lt;l solo o acompañaclo;
i11\rariableme11te rct111ía los j ue\'es ele 18 él 20 horas a t111
g·rupo selecto de senticloreR.
En ocasio11es, artistas amigo~ - no nombramos por
temor (le ol\ iclar éllg·L1no- iba11 a toc~t1· o cantar a casa
1

�388

REVISTA HISTÓRICA

del Maestro. Estas veladas tenían alta calidad artística.
Los que gozaron de ellas conservan un grato y melancólico recuerdo.
En los últimos años la actividad de Vaz Ferreira se
había aminorado; no había envejecido espiritualmente pero
sí fisiológicamente; además, se había desengañado de muchas personas y de muchas instituciones. Se refugió en la
música. Pasaba largas horas por día hojeando distraídamente algún libro o revista, más habitualmente sin hacer
nada, escuchando a sus autores favoritos.
En conclusión: en su vida, nuestro filósofo supo gustar de los goces proporcionados por la serena y equilibrada
contemplación de la belleza, dándole un lugar que condice
con su naturaleza y con la de Vaz Ferreira: no en lugar
sino además del pensamiento verdadero y de la acción
buena.

�CAPÍTULO

XI

Lo peclagógico e?1 la vida
ele ('c11·los Vaz Fe1·rei1. a
•

El quehacer pedagógico ft1e extenso y profundo en la
\riela '!r' en la obra ~ 1 de Carlos \ ' az Ferreira. ~:.!
En la vida pública de Carlos Vaz Ferreira trataremos

Lcts ccíteclras
Vaz Ferreira pertenece a la llamada generación del
900, que i11tegró con Javier de Viana, Carlos Reyles, José
Enrique Rodó, J t1lio Her1--era y Reissig, María Et1genia Vaz
Ferreira, Florencia Sánchez, Horacio Quirog·a y Delmira
Agusti11i. R:t Entre ellos, prescindie11clo de la episódica vinculación de Rodó, Rey les y l\'Iaría E t1genia a la docencia,
sólo Vaz Ferreira se dedicó a la Universidad, en una consagración total.
81 No se nos ocultan las fallns del subtitulo e legido . I"o n1oral.
lo religioso. etc. e11 la iiida y e11 la obra de Carlos ' 1 az F erreira .
It;n algu11os casos los acontccin1ie11tos pertenecen a la vida: ' 'az
Ferre ira nacic&gt; el 15 de oclu brc d e 1872 SP &lt;'asó el 13 d e agosto de
1900. l\'Iurió el 3 de enero de 1!158.
l!Jn otros C'asos, los sucesos integran la obra: la cd. tH'í n ei pe de
Jlu1·a1 /)ara intelectuales apareció en l~JO!l. La de J.Juy1cc1 111" cu 1910
J&gt;ero hay hechos. en la historia i11cli,·idual d e \ az Ferrcira qu e
tanto r&gt;ueden incluirse en la vida con1u en la ohra · Las Cátedras.
l'or u11 lado, casi toda la obra d e nuestro padre surgió de s us Cátedras. J&gt;or otro. les entregó su aln1a. I~n cstf' trabajo, hetnos preferido incluirlas en la ,. i&lt;/(t.
82 ~11 la forn1ulación de 1960 it1clu i1nos lo pedagógico cu la vida
,.
cu la obra de Carlos Vaz Ji'erreira. 1~11 la de este año. sólo la
•
prin1era parte; la segunda ya 110 nos satisface. Esperan1os y desea1nos
i&gt;oder rehacerla.
No dirc1nos, a la 111anera vazferreiria11a "si la vida nos deja ..
lH)rc1ne ten1e111os; que no sea precisan1cnte la vida la que nos i1npida
realizar nuestros propósitos. 1&gt;or si ... tratan1os solamente las Cátedras, dos ele las cuales frecue11tan1os en l'alidad de discípulos y el
1&gt;arquc escolar fan1iliar "para no irnos con tantos re cuerdos adentro".
&lt;Nota de 1979).
8:3
1·at u1·rr

1\rturo .\rdao. 1\l. Benedetti, Sarandí Cabrera, et&lt;'.: l .ia Tite·
11 l'uguayn

riel !JOO. i\Iontcvideo, 19:;0.

�390

REVIST.t\ IIISTÓRICA

Las Cátedras fueron su órgano i101·mal de expresió11.
Cinco desempeñó en su vida. Son, por orclen cronológico :
la de literatura: 1894 y 1898. La de filosofía en preparatorios que primero regentó interinamente y luego en propiedad (1897 - 1922). La de Confere11cias (1913 - 1958) .
La de filosofía del derecho ( 1923 - 1929) . La de Ciencias
de la enseñanza ( 1955) .

Cáted1·ct ele literatura. - La clase ele literatura la
desempeñó interinamente por dos veces, t1na de ellas por
suplencia de Rodó. Vaz Ferreira i10 ft1e literato. Pero sí.
en letras, buen conocedor y fino senticlor. En st1s Leccio1zes
sobr·e Pedagogía y citestio1ies ele c1zseiia1lza se refiere a
esa docencia. Se ve qt1e e11señó la maie1,ia co11 goce espiritt1al, competencia )r amor.
Cátedr·ci de filosofíet e1i JJ»cpctratorios. - Para la clase
de filosofía en preparatorios se pre~entó ei1 1897 a un
concurso que la ausencia de i,ivales convirtió en prueba de
competencia. Vaz Ferreira demostró acabadamente la suya y obt11vo la Cátedra, que regentó hasta 1922, año en
que hubo ele rent1nciarla para atender más a la de Co11f erencias. En 1897 Vaz Ferreira era joven. Estaba en la
plenitud de st1 vigor mental. No era t1n mero trasmisor de
conocimie11tos envasados si110 que, a la manera socrática,
hacía engendrar las almas. Se estableció t1na comunicació11
simpática con las generaciones que iba11 desfilando por las
at1las. De allí surgieron t1nas cuantas obras importantes:
J.1Ioral peira intelect11ales, }Jarte de Co1loci1niento 11 crcció11,
Lógica viva.
Cáted,·a de Co1zfere&gt;1cias. - Llegamos a ''la Cáteclra''
por antonomasia, aquella de la c1 t1e llegó a decir el l\'Iaestro
qt1e era como t111a entraña st1y·a. Creada -como vimosen 1913 a consect1encia de t1n mo,·imiento e11tt1siasta de
cliscípt1los y amigos, cálidamente apoyacla por prof esio11ales y maestros, co11vertida e11 le)r poi· el parlamento co11
la adhesión del entonces Presiclente Do11 José Batlle ..\' Ortlóñez, inflt1yó en forma decisoria e11 el moclo ele prodt1cción
vazferreiriano. De allí surgieron las sigt1ientes obras: la
parte final de Los proble11ias de la lib ertael 11 los clel cletermi1iismo, Sob1·e lci 1J1·opiedacl de la tierrcc , Sobre los
JJroblelnas sociales, Sobre f elninis·1no, Fer&gt;neuta rio, .4.lguJlOS co1tfe1·e11cias sobr·e t e11ias cie1ztíficos, a rtisticos y sociales, Sob1·e la e·nseñanzCt c 1i 1ltlestro país , L eccio1tes sob1·e
¡J ed agog [a l/ cuestiones el e eusefia n za , 1\ 1iet:-:scJi e, E.l:tr&lt;tcto

�3 Ul
ccoJ1ú1~zico-social.

No hay clt1clct, clcspt1és ele esta
e11ume1·ació11, qt1e casi torla la ol)ra vazferreiriana st1rgió
ele esta C{1tecl1·a.
I-Iasta 1950, i11variablementc daba st1s co11fercncias
sobre la base de t1nos apt1ntes prepara torios escritos en
estilo teleg·r{tf ico, }Jor los qt1e se gt1iaba para su exposició11
oral. Se conserva11 e11 el A1·chivo partict1lar de Ataht1alpa.
El que oyó las co11f ere11cias ~T es perito e11 la difícil intelección ele la letra vazf erreiriana pt1ecle reconsir11ir aproximé1clamcn te aú11 aqL1ellas qt1e, por 110 haber siclo taquig1·afiadas, Re han perclido. E sto oct1rrió co11 mu chas y mt1y
l)ue11as: las cladas sob re U11amt1no, Ramó11 )' Cajal, Tolstoy, Beethove11, Goethe, ~.,ab re, mt1chaR otras.
De estos y otros temas tratados por Vaz Ferreirti. e11
forma profunda y original 110 quec.la m{ts c.locu1ne11tación
esc1·ita, aparte ele los apt1ntes pr e pa1·~l tori os a que acabamos de referirnos , qt1e la mención e.le los i11formes ant1ales :
año tras año, inva1·iableme11te, desde 1913 hasia 1957, elevaba al Rectorado y, por s u i11termeclio, aJ H. Consejo
U11iversiiario, t111 i11f orme qt1e e1npeza lJa habitt1almente
-con leves variantes ele forma- a s í: ·' Ct1mplie11clo t1na
prescripció11 reglame11taria, elevo &lt;l U. ~r , })Ol' su intermedio, a ese II. Consejo, el prese11te i11formc sobre el ft111cio11amie11to de mi Cfttedra ele Co11f ere11ciélS en el }Jrese11tc
ano ... ,,, .
Estos informes so11 mt1v
.. valiosos. Se co11ser\ an mttchos -salvo los corres1)011die11tes a los períoclos ele i11acti vid ad forzosa por e11f ermeclélcl )' t1110~ }JOcos qt1e se han
perclido- e11 el archivo partict1l ~l r Vaz Ferreira y c11 el
general ele le:l Univer8iclacl, a \·ecc (.) con alg·u11&lt;1 leve \'a riante. Inclt1imos en la 2'' Eclició11 Ilon1e11aje ele 1&lt;1 CitlTiélr&lt;t de
Represe11ta11tes todos los co11servaclo~ -en el ¡trchivo }Jttrtict1la1· de A taht1alpa.
La Cá l ecl ra, st1 Cit iecl ra, le hizo a ' ' élZ T•"erreiré1 m t1cl10
bie11 y t111 poco de nléll. l\Iucl10 bie11: e11 lo espiriit1al e i111electual, le permitió i11flt1ir e11 forma eficie11te sobr e ll.t
formació11 ct1lt11ral ele s11 país; los más diver sos temas He
trataron en ella, desde la filosofía de lo económico 11asta
el co11traefecto de la biología soviética, pasando por Nietzsche, la si11ceridad literaria, paralogismos e11 materia de
arte, etc., etc. En los etc. entran ta11tos temas qt1e a la
crítiCél formulada a v~1z Fe1·reira por 110 habe1.. penetrado
e11 ciertas cuestio11es abstractas y enrarecidas e11 las que
gustan ref t1giarse alg·1111os filósofos de los pc1íses sin libertad, e11 tren ele objecio11es podría hacérsele el reproche

rle icle&lt;t1·iu

-

�392

REVISTA HISTÓRICA

contrario : haber tratado demasiados temas; en la contienda, por supuesto viciada de falsa oposición, entre humanistas y especialistas, Vaz Ferreira es un alto representante de la primera posición: nada de lo humano le
•
es aJeno.
En lo material le proporcionó un medio de vida que,
unido al ejercicio de su profesión de abogado, le permitió
durante varias décadas mantener los dos hogares que pesaban sobre él : el suyo propio, formado en 1900 con Elvira
Raimondi ''en cuya alma de bondad y de heroísmo, de
abnegación y de esperanza se compenetró y se confortó la
suya" y el de su madre, Da. Belén Ribeiro de Vaz Ferreira, que, viuda, había quedado a st1 cargo, así como su
hermana María Eugenia.
Pero le hizo un poco de mal. El exceso de escrúpulos
lo llevó a prestar atención preferencial, casi exclusiva, a
su Cátedra, descuidando la redacción definitiva de su obra.
Y así se malograron muchos de sus libros que, pensados,
no llegaron a formularse o a terminarse, sacrificados a la
obligación que se había impuesto Vaz Ferreira de enseñar
a la juventud.
Tal vez la Cátedra no haya sido la única causante de
la dispersión de su obra: decía festivamente, refiriéndose
al proverbio árabe que afirma para cada hombre la obligación de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un
libro, que había tenido demasiados hijos y plantado demasiados árboles en perjt1icio de los libros. De todos modos
resulta tranquilizador pensar que la Cátedra fue el factor
principal; durante largos años su rígida conciencia funcionarial sólo quedaba satisfecha si pronunciaba dos conferencias semanales, más tarde una. Se produjo en él una
deformación profesional tal que, según declaración propia,
pensaba en forma de conferencias.
Por muchos años su obra pareció condenada a quedar
diluida y dispersa. Pero en cierto momento, hacia el 50,
empezó a seguir el consejo de Rodó: dar pocas confe1·encias, ya prontas para la publicación. Verificó, siempre en
su Cátedra, ttn trabajo de revisión, depuración, selección
y síntesis, que sólo cerró la muerte.
Correlativamente surgieron en las esferas del gobierno
movimientos tendientes a la publicación de sus libros. Hubo tentativas, frustracio11es, principios de ejecución: finalmente, la iniciativa cristalizó. En 1958, poco después
de la muerte del Maestro, se terminaron de imprimir, co-

�(•A f{JJOS V AZ FEil R l~I RA

mo homenaje que resultó póstumo, por la Cámara de Representantes, sus obras.
Mu chas veces, en todos los tonos, se ha reprochado a
Vaz Ferreira el repetirse en la Cátedra y en la obra de
ella emergente. El hecho es verdadero. La piedad filial
i10 puede cegarnos hasta el punto de negarlo. Pero hay
va1·ias circunstancias que lo explican: Vaz Ferreira llevó
por muchos años solo, el peso de la enseñanza superior
110 profesional en el Uruguay. Prefería al análisis del
pensamiento ajeno, la exposició11 y fundamentación del
propio. En esas circt1nstancias, era imposible no repetirse.
Adem~ts st1 obra era, más que escrita, predicada. Y es
sabido que los predicadores -Cristo, Agt1stín- se repiten, tienen qt1e repeti1..se para penetrar en las almas. Además, ya dijo el gra11 vasco Unamuno -que un poquitín
también se repetía- qt1e las ideas son como herramientas
que ha11 de tenerse a mano para t1sarlas cuando se han
menester. Por todo lo cual y lo concordante, entendemos
que debe sobreseerse en el proceso instaurado a Vaz Ferreira por haber dicho más de una vez en st1 Cátedra
cosas verdaderas, j t1stas y bt1enas.
Cátedra de filosofía del de1·ech,o. - La historiamos
en el capítulo VII.
Cátedra de Cie1icias ele la ense1ía1zza. - En 1955,
vacante esa Cátedra en la Facultad de Humanidades y
Ciencias, el Consejo respectivo nombró a Vaz Ferreira,
con carácter honorario y honorífico, para regentarla. La
desempeñó por un año, haciendo en ella un extracto de
ideario pedagógico.

Sobt·e el pn1·q11e escolar 1·c1n1iliar
En la vida privada de Vaz Ferreira nos referiremos
ta11 sólo a una interesante concresión que denominaremos:
El parq11e escolar famil1.ct1'. Vaz Ferreira predicó dura11te más de medio siglo sus parques escolares. Quería
proporcionar, por lo menos a los niños de la planta urbana
ele Montevideo -también a los de ciudades del inte1·iorlas ventajas del contacto con la naturaleza campestre y 'o
marítima. si Murió sin ve1· realizados sus anhelos. Pero, por
84 El parque \raz Ferreira - en el Cerro- aunaría an1bas cua·
lidndes.

�REVIS1"'A J-IIBTÓRIC. A

una especie de st1blimación, realizó u11 interesantísimo
e11sayo de educación silvestre, en stl casa-quinta, bajo st1
cuidado inmediato, con stl esposa de maestra y sus hijos
de edt1candos. Doy paso a los l'ect1erdos familiares y pro•

plOS .

Sabemos que la niñez de Vaz Ferreira t1"anscurrió en
t1na grande y hermosa qt1inta, e11 el Prado, qt1e la ruina
económica de la familia obligó a ve11der; habitó sucesivamente en varias casas de ciudad, pero conservó gratos
recuerdos de su infancia en contacto con la naturaleza
Ei1 1900, a los 28 años, se casó co11 Elvira Raimondi, inteligente y prepal'·ada maestra, de gra11 vocación docente. El
at1tor de Sobre fcn1i12is11io ya practicaba e11 aqt1ella época
la idea que defendió posteriormente e11 su obra: el matrimonio debe regular la actividacl externa de la mt1jer.
Prefirió que st1 esposa abandonara el magisterio y se consagrara totalmente al hogar. Se ft1eron a vivir a un barrio
apa1'tado de la cit1dad, Atahualpa. Aún hoy parece que el
progreso lo hubiera marginado: se conserva tranquilo y
solitario. En aquella época lo era más aún. Elvira Vaz
Ferreira (1904-1961), hija de Carlos Vaz Ferreira, narraba la sigt1iente anécdota. Cierto día que se dirigía
nt1estro padre, como todos, a la Universidad, a la altura
ele la estación Reducto se dio ct1enta de qt1e había perdido
su monedero co11 el st1eldo íntegro. Se bajó tranquilamente
del tranvía de caballos y recorrió a pie -lo ht1biera retrasado demasiado esperar un vehículo e11 sentido inve1'solas 25 cuadras qt1e lo separaban de st1 clomicilio y e11 una
callecita adyacente a éste encontró, desparramadas por el
st1elo, todas las libras esterli11as qt1e integraban sus emolt1mentos. El at1tor de "El signo rnora1" optimista de la
aventt1ra humana narraba este episodio como prueba de la
honradez de los atahualpenses; nos inclinamos a creet' qt1e
más bien qt1edaba demostracla su inexistencia.
En ese barrio apacible Vaz Ferreira alqt1iló t1na quinta antigt1a, cuyo arbolado mejoró ) perfeccionó durante
toda st1 vida. La compró e11 ct1anto pudo; t1no de mis más
leja11os rect1erdos tiene q11e ve1' con la alegría hogareña el
día que mi padre terminó de pag·ar la Quinta: nadie que1·ía debe1' 11ada a nadie.
Para algunas perso11as -más actt1alme11te que ento11ces- la casa es mero lug·ar ele pasaje, clo11de se duerme
y a veces se come. No era así e11 aqt1ella época ... Por lo
menos 110 f11e así para nt1estra familia. Las salidas ele mi
1

�,•)) 1)
'

..

.
~

)

J)&lt;-tc.lre se reclt1cían casi estrictamente a lC:ts i1ccesarias para
ate11cler Htts cargos aclmi11istrativos y clocentes, así como
st1 })rof esió11 -salvo dos idas sema11alcs al Círculo ele Arn1as-, donde j t1gaba a la pelota. Las de s u esposa prácticame11te 110 existía11: una ausencia ele nt1estra madre era
1t11 n.contecimiento infeliz en el hogar. Las nt1estras emJ)ezaba11 recié11 a los 11 años, ct1a11do, previo el exame11
ele i11greso, iniciábamos sect1ndaria e11 los liceos del estado.
El pedagogo tenía a st1 alca11ce todo lo necesario para
edt1car a st1s niños como él cleseaba: t1na quinta, que los
pon í~l e11 contacto ro11 le:l 11a tt11·aleza ; t111~t casa, integrade:t
}JOr 111.aR cuantas piezaH; clormitorios, escritorios, comeclor; t111 alero ct1bierto ele e111:edaderas; paredes de ladrillo
y barro; se11cillez, casi ¡Jobreza. ( Cua11clo leo, en la ob1·a
\ 1 azferreiria11a,
la clescripción de las esct1elas tipo ele los
parqt1e8 escolares, me parece estar ante la de la casa qt1e
albergó nt1estros primeros años). Salvo 11na maestra de
f re:111cés para las niñas, 11 t1estro paclre no tomó p1·ofesor
pa1·tict1lar a1gt1no. Te11ía al lado, e11 la esposa, t1na excelente mae~tra, i11telig·e11ie y preparacla. Bajo su dirección
Elvira se co11sagró a la eclt1cación e i11strt1cción de los ocho
hijos. E11 forma i1att1ral, espontá11ea, ei1tre Vaz Ferreira.
) 7 su esposa organizaron en la Qt1i11ta, e11 be11eficio ele los
hijos, t1n st1per parqt1e escolar en mi11iatt1ra.
Las labores domésticas y el estt1dio reglado estaban
sabiame11te combi11ados co11 el tiempo libre y el ocio noble, que aba1·caba : lertt1ras fermentales, juegos y deportes.
Aquí había alguna discre1Jancia e111.re Vaz Ferrei1·a, qt1e
rei11aba, y st1 esposa, qt1e gobernaba. El prime1.. o era más
particlario ele tiempo lil&gt;re - tiempo ele vida- qt1e la segu11cla. En lo qt1e me es perso11al -salvo u11 rect1e1·do clef armado- entiendo qt1e mis 11oras ele estudio, i·egladas y
co11troladas por mi madre, eran 8 (8-12; 11 ~-5 1/2 ) . Las
tareas pedag-óg·icas se alter11aba11 co11 otras; nuestra maclre, con el benepliicito ele mi paclre, nos i11iciaba a las
mt1jeres en los qt1ehaceres del hogar, así como en jardinería J' demás. Mi paclre me enseñó desde la infancia la
gimnasia e.le lVIüller y el qt1e consideraba .it1ego ideal para
la mt1jer, la pelota vasca, jugada contra la pared con pelota Jivia11a y share. No excluía otros deportes: tennis,
i1atación, pero entre todos prefería el i1ombrado en primer
término. Ta11to que, ct1ando construyó e11 la misma Quinta
t1na casa nueva para st1stitui1.. a la vieja qt1e amenazaba
rt1ina, ma11dó hacer t111a mt1y bt1e11a ca11cha para la práctica ele .·t1 cleporte favorito.

�•

396

lll:\.ISTA HISTÓRICA

Al hilvanar mis rcct1erdos sobre el Parque escolar
familiar aparece u110 qt1e 110 sé si formular o no. Me da
cierta falsa vergüenza. Narra Hernán Benítez en su obra:
El drama (religioso de U1za1¡zit1zo que el gran agonista vasco, de joven, aspiraba a casarse con una muchacha de su
pueblo. Pero no podía: estaba, 2ra, digámoslo en su elegante terminología, completame1, ~ ~ impecune. Se presentaba y se volvía a presentar a con~t:rsos para Cátedra de
filosofía. El rest1ltado era siemp :e 11egativo. El proceso
era el siguiente: Don Miguel inic .: 11a s11 disertación así :
Platón dice. . . Descartes dice. . . 1\..ant dice. . . y demostraba un saber extrao1·dinario. I'cro al final venía el: Yo,
Miguel de Unamuno, digo, y era11 ta1~ revolucionarias sus
afirmaciones que el trib11nal deja[,a constancia de su sabiduría . . . pero no se atrevía a darle el cargo. Desesperado, se presenta a oposición de g1 iegn y aquí sí el jurado
se animó a nombrarlo: diría muchas ua. baridades, pero
las diría en griego y los mt1chachos no las entenderían ...
De todas las anécdotas p11ede11 sacarse '"a1·ias moralejas.
Extraje, para mi uso personal, la siguie11te: Cuando hemos de decir o escribir algo raro o chocante emplearemos
el lenguaje más extraño que conozcamos. Por lo cual diremos, en la lengua del Lacio, q11e nosotros ér~l 111os: Barbari
pedes rzitdi. La difícil confesió11 está hech't : la que viene
es menos penosa y puede ex1)resarse en l•)ngua nativa:
Eramos también niños arborícu1as. C11ando, l n mi infancia, leí, por indicación de mi padre: El libro de las tierras
vírg enes, de Rudyard Kipling, i10 me sorprendió en forma
alguna: Mowgly era simpleme11te 11n J1i11 o varios grados
más arborícola que yo.
Vaz Ferreira gustaba de que HtlR l1ijos -de que todos
los niños, pero sólo tenía imperiu 1n sobre sus hijos- además de los estudios reglados l c~7 c ra11 en forma voluntaria
buenos libros. No lo impo11ía : l ~ s lecturas obligatorias pierden su sabor; pero lo fomenta :.;a por todos los medios
persuasivos a su alcance; en mi ~ :1 ·o particular, desde temprana edad tuve libre acceso ~- 'll magnífica Biblioteca.
La única limitación era qu ~ ~a ua volumen, después de
leído debía ser colocado exactamente en su lugar : la biblioteca de Vaz Ferreira, como todos st1s papeles, como todo lo
suyo, estaba siempre en perfecto orden . Aplicaba íntegramente con sus hijos la idea directriz de penetración: proporcionar material noble y que el lector se a1·regle. Recue1"do haber leído, entre los 10 años ~- los 14 (momento

�CATILOS '' AZ FERREIRA

'l

n,..

• &gt; ;1 1

qt1c, por ingresar al liceo del estado, con profesores
excelentes, sí, y de gratísimos rect1erdos, pero obligados
a cumplir programas exigentes de materias múltiples, y
el espectro u11ive1·sitario, el examen, planeando sobre la
enseñanza) se e11t1·ecerraban las puertas del paraíso, a
Esquilo, Sófocles, Eurípides, Homero, ShakespeaI·e, Dante,
Dostoiewsky, Gorky, Turgueneff, Tolstoy, Seln1a Lagerloff, E~a de Queiroz, Antero de Quental, Guerra J t1nqueiro, Barret, Bellá11, Sánchez, Zorrilla de San Martín.
c11

'' J'en passe et des égat1x".
Vaz Fe1·rei1·a dirigía las lectt1ras desde arriba. En gene1·al no p1·ohibía nada. Pero t1na advertencia suya, hecha
al pasar, frenaba en cuanto 11.'lbía me11ester. Recuerdo
haberle oído decir que si una niña leía a Zola era algo así
como si se echa1~a encima un tacho de suciedades. Cuando
apareció ... un libro mt1y bueno de un autor muy nt1estro,
que nos guardaremos muy bien de i1ombrar, dijo que si
había algún libro que una joven no debiera leer era, precisame11te, ese. Insistía en que obras tales da11a11 el alma,
pero siempre menos que cierta literatt1ra malsa11a que tipifica Bourget, por ejemplo, con stt ve11e110 stttil y oculto.
Y así aplicamos, sin saberlo, una de las icleas madres
,razferreiriana: bajo st1 dirección, qt1e no se11tíamos porqt1e
se ejercía naturalmente, e11 la convivencia cotidiana, practicamos, como nunca más hemos logrado hacerlo, por las
ocupaciones y preocupaciones del diario vivir, el estudio
desinteresado, el saber por el sabe1- mismo. Es que Vaz
Ferreira quería pa1·a sus hijos lo mismo que para los hijos de los demás; lo que no pudo hacer para todos, como
era su deseo, lo realizó para unos pocos. Ft1e más sencillo:
en su quinta tenía una maestra ele excepción : la esposa,
qt1e sentía sus e11er·gías físicas y psíquicas redoblada~
porque enseñaba a sus propios hijos. No había enemigos
de su pel'·so11a ni de sus ideas. Pt1do realizar así su plan
ele educación mo1~a1, i11telectual y física en forma integral. Fue una experiencia i11teresante. Lástima que en lugar de 10.000 niños la aprovechamos solamente ocho .

•

�39~

REVISTA HISTÓRICA

Conclitsióri

''Es difícil ser hombre, pero se puede''.
Vaz Ferreira ya no está con nosotros. . . Pero nos
ha dejado una obra de valía y el ejemplo de una vida de
excepción. Su obra es de verdad, de justicia, de amor. Su
vida es un esfuerzo, dirigido por la razón, penetrada por
el sentimiento, para la realización de una alta moral, la
moral conflictual, que lleva de frente todos los . ideales:
terrenos y trascendentes, en un difícil esft1erzo por su
realización integral.
Es muy buena su obra y es muy alta st1 vida. Pero
lo más admirable es la síntesis y armonizació11 de ambas:
son dos caras de una misma realidad : un modelo positivo
moral.
Cuando recorremos la historia de la filosofía -la
historia en general- nos duelen las discordancias: que
Séneca en su vida cotidiana poseía poseyendo, siendo así
que en su obra preconizaba el renunciamiento a los bienes
materiales, o el poseer como si no se poseyera. Que San
Agustín inició desde muy abajo, desde la ciénaga de los
goces sensuales, su ascensión hacia la luz ...
En Vaz Ferreira no hay grandes prédicas de arriba
abajo, infladas y grandilocuentes. Encontramos nada más
y nada menos que una prédica sencilla y humilde, que no
sube demasiado alto porque lleva el lastre de la condt1cta
real o posible. No preconiza co11ductas perfectas, incompatibles con nuestra condición (¿calidad?) de huma11os.
Y así es ya para algunos, probablemente sea más tarde
para muchos, modelo de vida recta y moral.
"Es difícil ser Hombre, pero se puede".

\ -·"'·--

'&lt;
SARA VAZ FERREIRA DE ECHEVARRÍA

-

�,---- -----------¡
1

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACION 1
r=~te

libro-se P.f~·~ca hasta la última fecha indicada

1

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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                    <text>�del

35720

de (^Montevideo, S4gobto 18 de 1958

�oiuoo 'mauasa ua 'duijd ua oiapopiaA 'upiaaD ua A oiuaiuiosuad
ua opi}idA '¡oai A opibiauíns aaauDuiiad obixxm A ioposuad \a ap
-uop 'jas oiisanu ap SDuoi;ua sd¡ ua upiaaaiinsai otzn sa 'opDDOAa
A opuanb opianoai un anb spui oqanuí s^ -soijosou ua bata anb
-jod 'inbD pisa 'auaiA ai¡snji o¡ianui a¡sa ^ 'oíasuoa ap A upiaons
-jad áp oiaiaiaía ua 'Dinz¡np ns A jouid ns 'Dimpiqos ns Dpoi uod
uDiDuosai 'DauaiY sop^ ap joboq a;sa ua 'ouisixu mbo anb '
-DjDd sDtdoid sns ap upiaaaimsai dj apsap A ojqo ns ap
-jouiui D[ apsap ¿ipnoo a^uars oj 'niuidsa ua duiojj o\ 'Diiajiaj
d aÍDuauíoq osoiuoq spui ^a apuu oauaiy oiisanu 'Aoq ap orp [a
u^ 'Dpunjoíd A aiuDjibiA oapi dj A lopozrpaj o;od \a ai\ua upio
-Dijiouoo r&gt;^p spui d¡ d oounu piounuai ou anb fDiuaui upiaooipap
Dun ua 'jdjoui ouofpip aun ua ias ns opo; opiaaijDua A 'ajdiiinuí
A opoipuaoD oiuaiuiosuad ja ua 'a;uaoop popiAiioo o\ ua 'uotodi
-ipaui o¡ ap sapopipunjoíd sdj ua op^iijif saoaA jrui 'oiisaoj/ij jap
odiianbio jap Duoinoaía orduiij spui r&gt;[ d smd o;isanu ua opoi
-UDAa¡ umqnq o\ 'popuoq d¡ ap ouaias Do^opid oun A oiuaiuios
-uad ¡ap upxoDiiaiaía aiqooaduii oun 'ououinq o¡ opo; jod oiadsai
a¡qou un 'apot^ooidanr zamp^ur iDun opuona 'p^piuDiauo ns ap
soud sof ua opibaja Ofiaqr&gt;i[ ¡oniiiídsa mooib oun A jouoq un soiio
-sou Dind raj^ -pn;uaAnl ns apsap r&gt;paua¡iad pno dj r 'oauaiy
jap dsdo oisa pipisaid 'r&gt;iiaua¿ zr&gt;j\ so(jd^) 'ofosp¡if joiuauíoiad
-uiai A omd spui oiisanu 'soTiDiuauiD¡bai sopouad sai¡
:saiouas '

�antes lo fuera, además, en la densidad de su cuerpo. Esta inmor
talidad es la única que pueden conceder la tierra y sus hombres.
Es la que todos los aquí reunidos, vivimos y forjamos para que
no nos abandonen los qrandes, los creadores, los quías que nos
trajeron un mensaje, aquéllos que nos modelaron desde la cáte
dra cuando éramos la inocencia del joven, y el profesor austero
y sencillo comenzó a dibujarnos en nuestra verdad, sin desnatu
ralizarnos, sino, contrariamente, respetándonos en nuestra propia
sinqularidad, y ejercitándonos en la más libre experiencia de nos
otros mismos. ¡Sublime respeto, oh qratísimo Maestro, invalorable
respeto a la libertad interior, generosa maesfría que nos capacitó
de una lóqica viviente, que nos hizo precavidos ante toda con
cepción simplista, ante toda tiranía dogmática, y ante la perezosa
neqliqencia de pensar lo menos para afirmar lo más!

Ese fue el bien más qrande que recibimos de Vaz Ferreira,
y es lo que más debemos aqradecerle los que escuchamos sus
lecciones.
Por eso toda libertad herida en la amplitud de la tierra, las
timaba su conciencia, y en breves frases, protestaba como nunca
de esas tiranías que amordazan la boca de los hombres libres,
matando la palabra para extirpar el pensamiento. Y aquí mismo,
en este templo de Atenea, cuántas veces su mano, firme como
nunca, escribió aquellas breves frases de censura a los liberti
cidas, las cuales, de reunirse, llegarían a formar un concentrado
evangelio de la dignidad humana.
Digamos ahora, con la mente puesta en el Maestro, que todo
país tiene, sobre la extensión geográfica, sobre la altura de sus cor
dilleras, sobre el caudal de sus ríos, sobre su propia riqueza
material, la dimensión de su espíritu. No temblemos ante los nú
meros repleqados sobre la materia, mientras nos asistan las cifras
sutiles de la calidad espiritual. El comercio, la riqueza, la in
dustria, el potencial económico, los millones de habitantes asen
tados sobre qiqantescas urbes, están más sujetos al cambio que
los valores del pensamiento, del arte, del bien. Aunque nos pa
rezca paradojal, lo anímico es lo más perdurable, y lo verdadera
mente efímero, es lo que carece de alma en un sentido superior.
—4—

�—. 5 —
~ soijo so[ an&gt; spui uno souzojrsaoau ojja ozod .'ojidaz 'oza^lt isaj
-didudisuudzid so¡izDsa sns ep oun ua DqD}sajiuDiu 'sojdaouoo sns
opuDuiuzjno 'osa zo¿ 'ojduzaia un ap zopuojdsaz ¡a solo sns ajuo
Dumbpo Duiod ns 'sapopijoaz sosa a¡uo ^ -Duopoprno DiouaiDuoD
dj iza 'ja ap oijuap A 'uauztbaz ns uduzzijd anb sapoizaqij sd[
ua 'Din¡¡no dj ap ojuaiuzíAjoAuasap ¡a ua 'oioa jap upísima Bzqij
dj ua 'DAiiDi¡siuiuipD pDprjsauoq di ua 'puopnjrjsuoo pDpmuiiuoa
oiisanu ua 'a¡inbsap oj¡aq ia 'upioosuaduioo d¡ DqDjjDq oia¿ qoi
-niDU Dzanbu ua Á sa¡DuaiDiu SDzianf ua uaiquiDi ouis 'uqisuaixa
ua o\ps ou 'DDiiauíy ap sasmd so^o uoiadns sou anb DqD¡safiuDiu
Á Diqo^ 'SDisinbuoo sosoinsaid sns iod 'is osa 'DpDsuadiuoo 'ou
-inai oqsanu ap zauanbad dj DqDioqouoo anb ua sdáus
^Dd sDjianbD opuDpiooai 'uoioduiiijd ns oniuaoo Á 'oj¡a ua o;sism
'Djno Di}sanu ap jdiiis oijd spui ja opodnob oiiauaj zd/^ opuaiqoq
'DiDDioouiap ap A Dinqno ap Dipa¡po oun oauai^ ja opuargf
•smd ouanbad oqsanu ap 'siod oqsanu ap joniuídsa
.upisuauíip dj iDiuaoaiDD A iaua\sos Diod ajqou A omd ob\o pipDUD
'aiqísod Día upioDioqDjoo ns anb ua sa^uDjsur so^ sopo/ ua A
'Douauíy Diod o¡diuala un oía ouiod ns anb oía [^ -oínaruiosiiad
\ap zapiduiq d^ uod ouis 'soiawnu uoo ou 'apitu as anb upisuaiuip
D}sa 'Dzapuoib dj ap iouadns popijoo D¡sa 'soood ouroo 'qipuaid
-iiroo Diiauaj zoy^ ^sasoip soj ap sopeo soj d aiquioq ap ojjnbio
uod asiiiiuisDi^ Diipod anb ojudo un 'oiupsa pjsa ou anb Dixiaod ap
aioadsa oun sa 'upiDoajiad ajqísoduii dj d Diuixozdo as ouDiunq o^
ap oijuap anb saAaj ap odiano un zod opDpjDdsaz pisa zas opoo
apuop 'opipnja sa ojsní A ouanq opou apuop 'Dioajzad upiDDjsibaj
Dpo¿ 'popiubip ap sopobzDD sojqand soj ap sauoioozídsD sdsoz
-puab A soznd sdj d uapuodsaz 'opoj ns zod 'sojsa anb uoo A 'sou
^zaiqob sns uabija sazquzozj soj anb uod popiDDdDD dj ap 'DiDi^sní
dj ap Duouza anb Dzajjaq ap uapzo un Adjj •aszouzaqob ap did
-uaiD DlajduzoD dj ua ojduzala un zaaazjo ap zodoo sa opuona 'dui
-siuz popa^os dj zaA dj d Dbzo^o oj 'ajqDzapuoduzi o¡ ap zojda as^
'sazquzozj sapuozb soj ap DinbzDzal dj ap oruouirjsaj un uop 'úznqnD
dijd dj ap sajqns spuz sojuauía^a so[ uoo zapod ou jd 'sojbis soj ap
apzaizzoD dj A 'sajqD\UDzqanbui sojuariujo ua uoAodD as 'didubid
dj zod opojsibaj A opoijauad osiaArun [a 'sojduzai soj ap oj^sa
djqou ja 'DuizjDop d¡jd dj 'Diuaod ja 'oiquzoD u^ sajDiza¡Duz ajuaur
-Dind sauopDz^rAio sdj ap pojsaÍDui opipuaiazd dj A Diqzaqos dj
ZDZOAap zod uoqDDD ozruao dj A oajoü ja 'sojbis soj ap zazzoo jy

�de la democracia y de la paz. Ese debe de ser el punto de vista
nacional. Pero hay todavía otro punto de vista, y aún más alto.
Comprometer esa superioridad, es esencialmente criminal, no sólo
porque esa superioridad es espiritual, sino porque no es única
mente nuestra: nosotros, en este momento, somos de toda América,
porque somos ejemplo".._
Aquí está confirmado el valor del qrande hombre, la esencia
de los fundadores, de los radicalmente buenos, de los moralmente
heroicos, de los que se sumreqen en la más profunda consagra
ción de un orden personal vivido para verter la más fecunda y
limpia doctrina, de los verdaderos Maestros, de las vidas entre- .
qadas a un trabajo sin trequa, y en cierto modo a un trabajo
doble, el que piensa dentro de una austera elevación, y el que
desciende, a veces hasta para no ser comprendido, a la arena de
la lucha. El mérito tiene así duplicada corona. JLa de la especula
ción desinteresada en los planos de la ciencia pura, y la de quien
modela la realidad, de quien crea, nuevas formas de vida traba
jando directamente en las instituciones constructivas y en las al
mas, para que la doctrina no se esfume por demasiado alta, y
para que la realidad no naufrague en la neqación, por demasiado
baja.
i•'
Vaz Ferreira está encuadrado en esa difícil ambivalencia.
Subió mucho en e] pensamiento solitario, pero descendió a la
cátedra. Se levantó, erguido en su oriqinalidad, hacia problemas
de máxima trascendencia, pero a la vez trabajó en lo concreto.
Sobrepasó la patria común del espíritu, y volvió a la patria coti
diana para que ambas se aproximasen, ganando en talla la nues
tra, la de iodos. Nos ofreció la exposición crítica del Pragmatismo;
se adentró como pocos en los problemas de la libertad y del determinismo; especuló sobre el pensamiento y la acción; nos ofreció
una lógica viva abierta en cauces de la razón que ni siquiera
habíamos previsto; humanizó en la forma más personal los pro
blemas morales, y especializó la ética, con respecto a los inte
lectuales; discriminó certeramente sobre valores estéticos; disertó^
con curiosa originalidad sobre filosofía del derecho; nos dejó
como preciosa herencia las virtudes generosas de su "Fermenta
do", en una colección de aforismos troquelados en formas de ex
presión finísimas y profundas; pero a la vez, hombre entre los

�L
UDJJAD16 Dpia ap sDuiiof sDAanu sd¡ a¡uD o¡xaiouoosap ¡a A ojo
-rs [ap SDipabDJi sapuoxb sd¡ opuono 'ooibiaua A Dxopoaxo Diqo
d¡ d aiuaif oiuaiuiDuozoxoosap ja o ouxsioiidaosa ¡a sduiid sd¡ud¡
ua apuno anb ua 'sa^oijip spui zaA opno uaoDq as saio¡DA so¡¡d
so¡ anb ua 'sopando A sonurjuoo sauoisuai ap 'upporpDijuoo ap
'oiuaiuiDUDbsap ap soud so;sa u^ ¿Dza¡¡aq d¡ ap A uaiq ¡ap 'pop
-iaA r&gt;[ ap jouid opDuiai¡xa un ua A 'ouisioxaq [a ua 'pDpquos o¡
na oooj anb lOAiaj un lod ours o^sra opoj jas opnd ouio^?
'sajDniuidsa soibiaua sd¡ ap sauo¡ooaiip sd¡ s^poi
ua DpDipmii maul^d ap r&gt;loq auiioua oun ouioo 'Duiod ns d
oip as anb opiA osa ap popipunoaf D[ A saiojoA sns sopoi jdi
-jDxa ruad oxusiui Dioqo o\qjoq aiquiou oAno ua 'oauaiy cu/sanu
ap aiuapisaid \a anj anb 'saiouas 'jopio^ai ap unD aiolap ou ^
•sapopruDiun^f ap ponnoD^ D[ ap ouoodQ A jo¡oaii(j ja A ioioui
-oíd ¡a an¿ 'pDpisiaAiufi Di¡sanu ap io}oau ouioo oripo soporiad
saij. io^ -oqoaiaQ ¡ap Difosopj ap opDiosajoíd ¡a Duaduiasap
DAiioadsai pD}¡nooj d¡ urj sDtouaia^uo^ ap oipaip^ D[ ua opas
-rp 'a¡uDiapo ua [g[ oud [a apsaq •soiioiDiodai^ ap oiDuooap ja
oduia^ ouisiui ¡o odnoQ •duduiu^ upponiisuj ap OAipaiiq olas
'UOD laP oiquiaiui ouioo 'c[g[ D¡soq ¿qq¡ apsap opuonpD souiaq
-ds 07 •souoiDiDdai(¡ ua oijosoiif ap josajoid ouioo soud ooupii
-uwa souiauai 07 "SDiqo SDido^d sns ap uppoaio d\ ap 'sompai
sns ap 'soiqi¡ sns aP ^qDouDiiD o¡ anb oÍDqoíi \a ua 'opaiip
ozianjsa [a ua o\souipaA 'popqonp osa spui iDpaido did¿
•Dip opoo ap .ooippid dj ua ouDuinq oppiala ¡ap sa¡iwi¡ so¡
uabixa anb o¡ ua A 'opD\iui\\i ap xaua\ apand anb o\ ua op\A d\
ap obani o\qop ¡a oiod 'pDpi¡Dax ¡pifip d¡ ap uppaxouoo d¡ ua dA
'xas ¡ap SDxajsa sd¡ aqouosua anb popi¡DsiaAiun oun ap upisua¡xa
p¡ ua dá 'axquxoq spux opaooq apand anb o¡ opo¡ axquxoq ¡a. ua
iDdio d 'ouismouinq op^uoisodo uoo 'axduiais opuaipuaio A sa¡
-Dpqxadns sauopDzi¡oxauab sd¡ opuo¡iAa 'sd¡ud sd¡ ap popi¡iqisod
DATA D¡ D DUTipop D¡ ap SD¡OpUdÁDXl 'SDUXSlfOS A SdXOXXa ap SD¡Op
-upxndap 'sooibobapad sopuap sd¡ d pibosuoo as uno A .'axquxoq
Dpoo ap Dpia d¡ d oxxDsaoau spux o¡ xoxbo¡ ap Dinuxaid d¡ uoo A soo
-idqin souxax\xa opuo^Aa 'D¡Dipauxui opqsnl ap sauopn¡os sd¡ ap
uapxo ¡a ua dA 'opquas opDxqqmba un uoo saproos sopuap sd¡ ua
pbqsaAui '¡D\uauxDxaduxai opuapuai ns uoo op^anoo ap dá 'oprpaur
-ui a opiouoo o¡ ua spux A spux asopupÁodD 'saxquioq souDiuxaq

�negativamente hasta sobre los más dispuestos, qué limpia y po
derosa lección la de Voz Ferreira, hombre de afinados y sufri
dores sentimientos, sometido a largas crisis nerviosas, hipersensible ante los dolores inevitables; qué lección y qué ejemplo el
Suyo, cuando vemos lo que representó su voluntad, su discipli
na exigente, y cuan grande herencia nos ha dejado en los diez
y nueve volúmenes que contienen la obra escrita de su espíritu,
más su contribución directa al desarrollo cultural de nuestro país.
i,•
Para los que nunca creen, no se trata aquí de discriminar
las virtudes de su pensamiento. Confiemos al tiempo el juicio
definitivo, aunque en cuanto a mí, estoy seguro de que el tiem
po será su mejor aliado, y de que un día lo veremos con más
vigor que ahora como una excepción extraordinaria, muy alto
sobre las ^respetables medianías que él supo sobrepasar con íenacidad infatigable, y con la evidencia de su talento superior.
Lo que intento señalar en este instante, es lo que llamaría lohombre del hombre, es decir, la capacidad humana de ser hom
bre en su totalidad, y en lo que éste tiene de más completo, pro
fundo y ejemplar. Pensemos, además, que en Voz Ferreira ha
bía un sentido armónico de la vida. Que frente al espíritu que
en él pensaba, hubo el ser sentidor. Que su meditación tenía sus
pausas en el arte, en especial en la poesía y en la música. Que
frente al mundo concreto cuya realidad investigó siempre, aco
sando sin tregua a cada una de las esfinges del ser infinito, se
ejercitaba en la evasiones de la belleza por los inexplorables
caminos del sonido hecho música o palabra. Que su sensibilidad
en esos campos de la irrealidad y del ensueño, era de un afina
miento sutilísimo y de una certera intuición. Que tal vez era en
esas zonas de la belleza y del sentimiento, donde se imantaba de
nuevas energías. Que en el arte bañaba su alma, se desprendía
de todas las impurezas que fatalmente nos circundan y hasta
pueden llegar a peneirarnos, para regresar, sembrador miste
rioso, hasta los surcos que lo aguardaban, y con mano nueva
y fuerza virgen, sembrar otra vez y siempre, recreando la espe
ranza del bien, que fue su más obsesionante anhelo y la tónica
de su ansiedad moral.
Así lo hemos completado. Pero aún resta lo más personal,
acaso, lo que anda po; la claves de la amistad, lo que represen— 8—

�6
ou zoa ns anb 'o¡¡oo oqia/^ ¡a oiisaoj/^ ¡ap soiqo¡ soj ua anb ids-uad osoiojop sg 'ouuiiq un Dr^as 'opua^rs osonjadsai oqsanu unoanbiod 'souiDip¡¡DO sopoi atibuno 'asiqduino ap piqoq DiouaAiA^
-sadns Dsg 'opoba¡¡ uoq ou uno anb so[ ap ozuoiadsa o¡ A sau
-aAol so\ 9P B¡uasaid ja ai¡ua opunoa¡ Dqoioui ni onuquoo A 'di
•oqo soiiosou ua bai/^ :oiianui Diiauag zd/^ ap souiobip A 'sajDU
-oiodaoxa saias so^ d souidóiojo anb popt¡Diiouiui osouotuaui d¡
ap soiíand sdj 'sand 'souiDiq^ 'aiuaij o\\anbo ap duidji oj osar^
A uozdioo udi6 lanbo ap osjnd [a OAnjap as anb aoDq ooq^

-uis Doquaino spui ns o^o^ SDiqo¡Dd srtü uoo loiuoAaj oxioasap
anb aiquioq \anbo p 'sobsoí so[ sopo^ ua 'jaif oas a;sa anb oíod
'oiDiiai opDsiAoiduii a^sa ua 'uDqonosa aiu sauamb o ijijiusdii
ap^ opo¡Dii aq ouisiuouznq a¡qtsuas ns lod 'DioqD anb A 'laoouoo
uoiaipnd sopo^ ou anb 'onaiiag zoy\ oijo asa o iotoaido apnd ap
-uop 'oauaiy ja ua 'otusiui mbD anj 'omioisa duisiw dj sop so¡ r&gt;
oqop sa^ 'souaxu opuono o 'orqos ns aiqos aiquioq ns oqooo\o^)
•Diíaiqo pDpa¡os oun Día ofospjq ap popa¡os ng 'Duouinq pas ns
oiod OTOuaiafiput ounbut^^ 'iopodioiiiDd uoib ja oig 'opua^aid A
a\qouoiiua ob\o ja ua oía oioafD ¡ap opunuí asg 'somioai sns ap
SDAiioadsiad sd^ ua opuatAtA UDqopanb a¡ as DjaAou o¡ A ouioip
jap saoiaq soj d)sdj^ "Dinoso uopon^rs Dun ioid\oo o oiuauíDiad
-uiai un iDiuid oipod anb o¡opoauo Dun 'zoaxa asoij oun 'osoii
-no aijosai un 'aiuaqos obsot un Dqopiooai 'souoíaj spui dA sop
ap uno A 'saias ap pniiijnuí ooqozo¡ua oj oibipoíd ap ououiaux
'oqDsaiaim a¡ ouDiqnq o¡ opo¿ •aiuauowiad opisa ns raqoz:
anb oiouopunqo oun d pioapaqo iaiopioo ns anb uoo tipio
-Djnpuo di ua Dioanbuua oj ouistuí osa o jad 'sajioifip A soudj¡x^
soiuauíoui sns 'o)udí ua o;upi ap 'Dtuaj, 'oiuiuiop osojouid A ^oip
-ioo ouq uoo DqDÍasuooy 'popuoriádns ns uoo aipou d iuaq ou
Diod 'aiqisuas A ¡ibp 'sa\aAiu ap oqDiquio^) 'uoqozuoo¡D o¡ ou
sauamb uoo osoiauab oig -DiJisaoui didi A osouaisiuj ap oiisaoui
Día Diiauag zoj^ iqo uarqurDj; 'a\uoiiauad spui A a¡qxxa¡f spui
zaA d¡ d prpiiA oun aiambpD 'ouisiui osa iod 'zaA ¡di A upisafúooafduirs oun ouroo aooq as opuono 'oiuaiuíDsuad ¡ap louaui ouoi
asa ua 'dzudijuoo oqoai¡sa o¡ ua A popiuniui o¡ ua 'soipaipo uis
dA 'D¡qDq anb aiqwoq ¡a las ap Diooib ns o¡¡anbo 'sojoa/o so¡ ap
uapxo ¡ap Duouia anb o¡ 'orjüdiurs o¡ ap opunuí ¡a dio¡da A of

�se esparcirá, como un ancho liego, en sus discípuios, que en
cierto modo la obra del ejemplo y de las ideas ha terminado, en
cuanto a la viva emanación de la persona. Pero Vaz Ferreira
íue de Jos profundos, de los serios, de los meditadores que se
ahondan en Jos planos superpuestos del enigma, buscando, fina
mente, hasta el sacrificio, las verdades no dispuestas a rendirse,
fáciles, a las herramientas espirituales del hombre. Como ya lo
dijimos, no desdeñó ninguna disciplina mental. Tocó a la vez,
con espontánea genialidad, los puntos vivos donde puede apo
yarse, con coraje, el pensamiento. No empequeñeció ni redujo
los problemas, ni fue ocioso en enfilarles las dardeantes interro
gaciones. Pocas mentes tan abiertas a la totalidad de las cosas.
Pocas aspiraciones llevadas y conducidas con un sentido más
heroico y más vital. Su lógica fluida era de una estricta vigilan
cia. Su red tenía el hábito de Jo más hondo. Buceaba donde el
misterio apaga toda luz. Elegía ¡as palabras de más nervio y
de más concreción, para verterse en sinceridad honrada y total,
evitando todo alarde, en una como honestidad de la expresión.
No aceptó para su filosofía ninguna sistematización rígida que
configurase un edificio ya terminado. Prefirió ser el árbol, que
en cada día de su crecimiento, es otro en sí mismo. Fui su alum
no en la primera década de este siglo. Al escuchar su voz, tan
singularmente modulada, la recibía como un oleaje de mar, de
mar sereno, limpia, tranquila y fuerte en el tesoro de su sal pro
funda. Me otorgó dones imprevisibles. Puso de pie en mi intimi
dad la fuerza capaz de construirme a mí mismo. Con su libertad^
me enseñó a ser libre. Con las vivencias y la sensibilidad de su
razonamiento, me hizo valiente ante el misterio y exigente para
las afirmaciones. En lugar de la rigidez angulosa del cubo, vi
en él, y quise para mí, la multiplicidad inagotable de la esfera,,
y su contorno de infinitos reflejos. A mí, y a todos los que lo es
cuchábamos, sin ninguna egoísta reserva, nos dio los mismo^
atributos que él poseía, y nos los dio con afortunada abundan
cia. Aspiraba a que viviésemos como él, en actos de perma
nente creación, y no con el torpe orgullo de haber terminado. No
quería ver copias dibujadas por la rutina, sino que aspiraba
a contemplar siempre, en el discípulo, una originalidad no me
nos libre y fecunda, que la suya.
— 10 —

�— II —
-ojarnbur ajuaioad un 'popijiqDSUodsax dAoxb ap 'oixas xoioax un
ows 'SDÍopoiod sdj ap a¡uD¡i¡iq obanl ¡o opoloxxD joiuaw oxaxn;
un 'opoui unbuw ap 'anf ojj 'SDixajxD sdj ap upiDDnpnjj.
dj ap o^uap uaiqwDj data axxoo aibuos dj anb DxauDwj
D[ d 'ojuaruiosuad ¡a oaia DXDjnoxio D¡¡a ua anb DXDd 007607]
dj XDZijiqixaj} ua 'auuiajos oipajpo ap srso/ua un uoo aíonbuaj ¡a!
iDasjnf ou ua 'oiapopiaA a¡uawDiDiiisa 07 ap omd spui owiuiw1
ja souiaoaijo ua 'aji^d uoib ua 'prisisuoz Diiaua¿ zd/^ ap ovu\
-sioiaq 7^7 'savunj spw sapnptjiqisod sns ua ppuoqo soj Á 'ouaioj
ap soiuaiuito soj puapsap 'oiouabixa opomoq ns uoo 'fa o^ad.
'SDjqo sns d sauoiDDUinjo sopunjoi A sopobsaiuo spui sajiop
'pDpuqajaa DjDipauím a jiapj oun Diod uDÍDqoi; anb saiopDs
-uad soi}o soiudi ouioo 'Diiana¿ zd/^ opnd aiuauíaiuaiadyi
poprsoiauaó op
apand sou zoiiadns Dpou anb 'apuDib uoj sa osa ^ -o^uaiur
-Dsuad ns d sourrpnoo anb zaA opoo opuaAnjf souiapuaidios d[
anb aiuauDuiiad upioDuowa oun s^ 'asioisob apand m aianuí iu A
'oqiaj^ í^ ^ ojnpiad nurp sa anb of anbiod 'sopauoui ap uojjiui ja
ouioo 'opD^sDb o[ uoo Duxuiiaj as 0^7 'Du^D ap Diouaiaq oun sa '010
ap Diouaiaq Dun sa ojq 'Diuoq sou A Diuoq 07 ojsa opoj; 'Jjoijip
07 ap ojadsai ja ua A opunjoíd 07 ap uppismbm dj ua 'osuDosap
urs 'souiDADSua ap sao^doo spui 'sajqixajj spui 'soiapopiaA spui
ozjDaq ^17 sou ouzsrur osa iod oiad 'popiaA dj opoj jeqos ou ap
ozuanbiaA D7 opDjrnb oq soj^ *or.rajs.rur rap Diniíoj dj a\uo pop
-riaours 07 didcí sopDiioodDO spm 'saiuapmd spw 'saj^ns spw
ozjoaq dzj so/17 'saiosaoapaid so^sanu ap ojuaiwDsuad oíaiA ja
ojaout as apuop iod sauoroozr^auíoab SD7 anb dwsiw DpiA dj ap
DDiaD Spw 'DAIA DDlbpj DUU dp pDptldjdwOD DJ 3¡UD ODOJO3 SOjq
•sDapt sdj ap jdjia popijiqtxajj dj A owajqoíd opoo ap sDjaoDj
sajdpjnw sdj ja iod sowaqos anbiod 'so^o d soun opooiaoo dvj
so^7 *oiaoD 7ap Dso7nbuo DrouDja70^ur 07 ap A 'ddoj dj ap jDiaww
owsijdudj jap opoloásap dxj sojj -dwstw pDjiaqij dj ap opDib
opunbas un ouioo dA sa anb 'jas ap pDpaqij oun opauoioiodoíd
dvj so/^ 'aAnjj o/uariuosuad ns 'so^ soí.rpupoai 7/ur iod 'sa7qrsrAur
sa7Dur&gt;o 7rur io^ 'oriaísrbDiu ns ap Diouaisisxad dj A orouapd D7
iDbau opipuajaid udzj anb soj ua uno p^s^ -souroqoadsos soursrur
sojjosou anb 07 ap spw oqoniu sjod oi^sanu ua p;sa Diiaxia¿
'Dijxosa DxqDjDd ns ap A jdxo Dxqojod ns ap sapnixtA sdj io¿

�dor de conciencias, que con honrada maestría prefirió arrojar a
los campos del espíritu la siembra de su iermentario. Cuando un
pensamiento parecía terminar en sí mismo ceñido por el círculode la razón y engarzado en la palabra, él lo abría, desconfor
me aún, para arrebatarle las posibilidades del oculto fermento.
Muchas veces se resignaba a sugerir, a dejar abierta la pers
pectiva de la profundidad, como deseoso de que nos ejercitára
mos en la máxima exigencia de esas verdades que parecen más
lo que son cuando tenemos el coraje de dejarlas a medio ver
en sus propias sombras. Los dogmáticos, los categóricos, los ex
cesivamente luminosos, los ingenuamente afirmativos, lo han ne
gado muchas veces, y al hacerlo, aunque no lo supieran, se ne
gaban a sí mismos, por un exceso de seguridad. Eran hombres
terminados, mientras Vaz Ferreira fue siempre un hombre en
crecimiento.
Lo estelar era para los antiguos un signo de permanencia^
un sello de eternidad. El cielo perduraba y predominaba sobre
el tiempo, porque era imperturbable como las esencias inmorta
les. Y aquí, en la Tierra, toda cultura grande y elevada, es tam
bién un predominio del hombre sobre el tiempo y la muerte.
La humanidad, y cada patria de la humanidad, es una concien
cia hecha memoria. Ese recuerdo forma el cielo de cada pue
blo, y sus constelaciones están formadas por la perdurabilidad
de las grandes almas. No hay patria digna sin un cielo de es
píritus nacidos en ella, que la imantan y la guían, astros hu
manos que nos hacen mirar a las alturas de la belleza, del
bien y de la verdad, y que nos inducen a las profundas jerarquías
de la justicia. Los grandes muertos nos vigilan, y son a la vez
utí premio para la verdadera nobleza de la estirpe, y un castiga
para los negligentes y los impuros. Ahora Vaz Ferreira ha muerto,
ahora tenemos una estrella más en nuestro cielo ideal.
Señores: El bronce labrado por e] escultor Yepes, nos atrae
rá mil veces lifupi^ ef ^^ídñ recuerdo de Vaz Ferreira. Si miráis
ese metal fraguado a fuego, diréis que la frente piensa y que
lo boca siente como si aguardase la palabra. El gesto es pro
fundo. La tensión espiritual casi duele. Bajo los rasgos se pre— 12 —

�- ci —

Á1SYDU3 1V3VS SO7UVD
¡ugiaouia r&gt;un ouiod 'o^uDO un ouioo 'zn\ Dun oiuoo oaudiy ap ofd
-uiaj fap ojjuao ¡a ua 'sowaianb of isy •sowduid o¡ A soniDiau
-dA of isy •oiisao^^^ ¡a anj isy 'orouafis ¡ap Dpipuaídsap ou uno
Dorsnur Dun Difonosa as aiuauíoiipuoDaí zba [dj; •oiusrqD ap sdjo^
sop XDif soío sof u^ -abuifsa dj ap sdiguios SDÍaiA sd¡ d opoo
-udiid ajuauíDSorstm ojuaruíDsuad un ap popipun/oíd Df ajuajsr

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
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                <text>Retratos de fuego : Carlos Vaz Ferreira</text>
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                <text>SABAT ERCASTY, Carlos</text>
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���En torno a Carlos Voz Ferreira

VAZ FERREIRA Y EL PENSAMIENTO FRANCÉS.
La relación que podemos descubrir entre Vaz Ferreira y el pensa
miento francés es muy compleja y amplia. No se limita a los filósofos.
En diversos pasajes de sus obras ha exaltado la grandeza de Hugo, a
quien elogia ante Unamuno; señala la profundidad de sentimiento de
Musset, la delicadeza de los retratos psicológicos de La Bruyére. Junto
a eso encontramos sus reservas respecto a Taine, a Bourget, a Balzac;
su antipatía por Comte, por Rousseau. No podemos olvidar la obra de
Paulban, que muy probablemente ha influido sobre la Lógica Viva.
Pero verosímilmente han sido Bergson y J. M. Guyau quienes
han tenido sobre él una acción más profunda.
Respecto a ellos podemos decir que más allá de la coincidencia
de temas o de actitudes, que ers lo que habitualmente se entiende por
influencias, es posible indicar la similitud espiritual.
Vaz Ferreira consideraba que tanto Bergson como W. James eran
los iniciadores del movimiento que a principios de siglo comenzaba una
de las revoluciones más importantes que se han dado en filosofía: la
tendencia a independizar el pensamiento del lenguaje.
La lectura del Essai sur les Données Inmédiates de la Conscience
es una de las obras (acaso más que Matiére et Mémoire) que ha tenido
poderosa gravitación sobre él. En Los Problemas de la Libertad, reco
noce el valor de la representación que Bergson se hace de la vida
psíquica que subsiste aunque se la independice de la doctrina que le
ha servido de fundamento. Dicha doctrina, como se sabe, se refiere,
en la obra del filósofo francés, a la interpretación de un problema:
el de la libertad; problema situado en la intersección de la psicología
y la metafísica.

(1) La publicación oficial de las Obras Completas de Carlos Vaz Ferreira nos ha
permitido notar algunos aspectos de su pensamiento que hasta ahora no eran
conocidos. Asimismo la relectura que hicimos de sus obras anteriores nos han suge
rido algunas aproximaciones, que presentamos aquí con el propósito modestísimo
de incitar a su profundización, así como también aquellas que podrían tentarse
con W. James, John Stuart Mili, M. Maeterlinck, etc.
- 5 -

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jas aqap ou anb ojad 'pin Xnui uoiaaij eun 'opiAiA ou ojad 'opesuad
'opijaij oduiaij un sa Bjjoaj B{ ua B{q^q ^s anb ap oduiap {g 'pEpiAij
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uoa SBaux^ sapuBjS ua Bpjanauoa Á 'oaijaBjd omsiuiuijajap p X oaiaoaj
ouisiuiuuaiap p ajjua Bjpjja^ zb^ aa^q anb uoiautjsrp B[ b —aaajBd
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•cai-iiduia pBpipsiiBO b^ ap ojisodoad b uaájns anb sapBi^aijip sb^ jod
opBja^p B^sa ou oaijoa^ pBpipsnBa ap oidiauod p anb ap uotsnp
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Bjsa anb or^oauap ap pBpipsnBa b^ a Bp^uiixojdB ouis sa ou X sBpipam
sBxisanu ap apuadap anb ot/aai/ ap pBpipsnBa b^ b sBAi^Epi Bjpjj
-a^ zb^\ BjaBq anb sauopBAjasqo sb[ ap sBunS[B odpijuB otasiui upj
-suig[ anb jbjou osotana s^ 'SBuiijiSap sBaiiBuiaiBui sauoiaBzip^uapuaa
-sbjj ua ja^a b 'uoisuadoad bj 'Bixmaut as anb ua o^Sipd p jbj^soui
aod ozaojsa as 'orasmiunajap {ap SBiua^qojd so{ b X aaquinpijjaaui
ap sauopB{aj sb{ b ojaadsaj BiJBq o[ apjs^ sbiu omoa 'pBpiAijBp.i
B{ ap Bjjoaj B{ ajqos sBiauaaajuoa sns ojaip Bjpjja^ zb^ opuBn^)
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ap sBjaoaj sb{ b oiaadsaj sop so{ uojaiuinsB aB{iuiis pnjpaB bu{^
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jipunjuoa ou jod jbzjojso somaqap sou {Bna {a jod 4oai^o{ sisi{bub
ap ojuaxuiipaaoad {B 'afBnSua{ {B baijb{3j uoi^sana B{ suiuiBxa opu^na
'BA^tsod upiaaB B{ B^ou as 'popijnmoy ap oiusiSojvjo^ tifj u^ #jBuoia
-uaui ap soiuBqBOB anb SBAjasaj sb{ jod opBuiuiip Bpanb ou Bjpjja^
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-uoa Bun sisi{BUB ajsa ap laBJjxa a)uatu{Bjn)BU souiaqap ou oja^
'auioiuaj\[ %a ajai^D^^^ ua asjBiaaadB UBjjpod sauois
-njuoa SBaijuapj 'sajuapaaajuB sns X soqaaq so{ aj^ua sauoiaBjaj sb{
ajqos BSJ3A anb pnbB 'nuia{qojd-qns un b o{os aaaipj as 'aXnjjsap sisq
-bub {a anb 'Buia{qojd ospj un sa pBjjaqi{ b{ ap Btna{qojd {a anb ap
'uos^jag ap uoisn^auoa B{ oraoa BJ^sanuiap ajuaui{Buij[ *soqaaq so{ b X
sajas sosa ap sojas so{ b uaaaipj as anb 'ouisiuiuuajap pp SBiua{qojd
so{ ap 4Biauapuadap ou o Biauapuadap ns b 'sajas so{ b uajaijaj as
jopBsuad ojjsanu un^as anb 'pnjaaqq b{ ap sBuia{qojd so{ uanSuijstp as
ou apuop 'p^pipunjojd 3{qBpnpui ap sojjo b ojunf 'son^iquiB saÍBSBd
ap uoisn{aui B{ b BAag O{ uoisnjuoa Bsg 'ouisiuiuuajap {ap Buia{q
-ojd p is ap ojjuap Bqo{Sua anb 'cmappjd O{os un sa pBjjaqq b{ ap
Buia{qojd {a anb Bjapisuoa anb sa so{ja b opjanaB a^ •sa{BuoTaipBjj
soajuiqd so{ ap Bapojsiq Biajaui B{ ofBq opuaXsa 'soqaaq SBma{qojd
so{ ap ossa ajsa ua opipuajap sq as ou 'ssqaaq sauoianps 8B{ ap asop
-uaipuajap 'uosS^ag anbjod 'sBAjasag 'SBAjasaj sns ua^jns ouBiuosSjaq
ogojJBsap {ap uauíBxa {a ua bjju^ BJiajja^ zb^ ojuBna ua

�Pero el cuidado que se advierte en Bergson y Vaz Ferreira es
el mismo cuidado respecto al traslado ilegítimo de la teoría, que lleva
la paradoja existente en el plano del pensamiento al plano de la reali
dad. La misma exigencia bergsoniana de basar toda realidad en una
experiencia, se advierte en la de Vaz Ferreira de no confundir una
experiencia imaginada con una experiencia real.
UEvolution Créatrice, figuraba también dentro de las lecturas
que Vaz Ferreira consideraba como ferméntales. Aún suponiendo con
toda razón, que su intelección total, no sería posible para los estu
diantes, entendía que el modo de plantear los problemas de la vida,
del mecanismo, del finalismo, la crítica al conceptualismo, ofrecía una
inmensa importancia. Además dicha obra permitiría el examen de
problemas biológicos fundamentales, relativos a las teorías transformistas, a la situación del mecanismo y el vitalismo.
Es interesante notar su actitud hacia Spencer. Es sabido que en
nuestro país, el positivismo y el evolucionismo de Spencer tuvieron
una importancia fundamental. Vaz Ferreira reaccionó contra dicha
orientación, de modo que la lectura de Bergson, que también era
hostil, aun habiendo pasado por él, daría pretexto para una graduación
correcta de las teorías de Spencer y para hacer comprender el peligro
de la pseudo-ciencia, es decir de la ciencia que va más allá de sus
límites y da así, sin darse cuenta, una explicación metafísica de las
cosas. Es muy interesante al respecto la apreciación que Vaz Ferreira
ha hecho en diversas obras (Lógica Viva, Fermentario), de Le Dantec.
Lo menciona como un ejemplo de cierta actitud en la cual el positi
vismo tuvo mucho que ver; es decir, la actitud del hombre de ciencia,
que al no querer hacer metafísica, buena metafísica, guiado por el
impulso invencible a conocer el fondo de las cosas, hace metafísica
y mala metafísica. El talento enorme de Le Dantec en el campo bio
lógico, parece totalmente eclipsado cuando pretende sin preparación,
abordar cuestiones metafísicas dándonos así soluciones atrasadísimas
en tiempo y en plano mental.
Pero más allá de esa coincidencia en temas o en ideas, hay, decía
mos con respecto a Bergson, coincidencia en calidad de espíritu. Esa
coincidencia podría notarse muy especialmente en un trabajo de
Bergson que estamos casi seguros que Vaz Ferreira no conoció. Nos
referimos al ensayo: Le bon sens et les études classiques, incluido
ahora en Ecrits et Paroles.
"Por buen sentido, — decía Bergson, yo entiendo la facultad de
orientarse en la vida práctica, de ver y razonar con justeza, no sólo
en los asuntos propios, sino aún y sobre todo en los de su país...
es más que un instinto y menos que una ciencia; yo veo en él sobre todo
un cierto pliegue contraído por el espíritu, un cierto hábito de per
manecer en contacto con la realidad, sabiendo mirar con más altura."
(H. Bergson, op. cit). El buen sentido también exige una actividad
incesantemente despierta, un ajuste siempre renovado a situaciones
nuevas. Lo más teme es la idea hecha, fruto maduro del árbol, tal
vez, pero fruto separado del árbol y que se seca bien pronto, no

�•e^ia^ua Biaua^ijajui bj ap ojjojuBsap ^a BqBaijduii' jBa^ajui uchobuijoj
bj ojos anb scaju^mi 'uij ooiun un bidbij BpEiuauo 'baijui^sui Bianp
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.iBipnjsa oiJBsaaau cuapisuoa jopBaja ns 'jBna bj b opjanaB ap 'BUBisaj
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•pBpiAijaB o oiuaiuiiaouoa opBuiuuajap ua uoiaBztjBiaadsa
bj jod oSanj BiJB^ajduioa as anb Bjnjjna ap jBj^aiui oajanu un o.iaui
-^d bjbzubojb aaquioq BpBO anb ap pBpisaaau bj Bjuodojíd a^jcd ns
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ap opBjapisuoa aaqBq ap sandsap ouis 'jBtaadsa Biauaia eun b japuaa
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jod pBpiuBuxnq bj oqaaq Bq oj ouioa 'jBzuauioa Bjiaqap sojjosou ap
oun BpBa i—uosSoag BqBuasua— toi^^ "Biauaia bj ap pnjtjduiB bj á
ojjoxiBsap ja op^p 'ajqxsoduii sa uoiaBzijBiaadsa uis Baijrjuaxa uota
Bun Booda BJjsanu ua 'anb ua opianoB ap uBjsa sop so^
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ap sauoiooaq sbj ua souiBJiuoaua anb sojjojjBsap soj Á '^881
ua 'saaSuy ua opBiaunuojd 'ta}ijDpad^ vj aaqos uos^jag ap osana
ptq ja aj^ua jBja^ij Biauapiauíoa Bun isbo jBjBuas Bjjpod ag *bzubu
-asua ap sauBjd soajsanu ua JBjuBjduii ap BqB^BJj as ojuauíoui opsu
-tuija^ap ua ojíUBna 'tqja b ajuauíBaiSaaua osndo as Bita.ua¿j zb^
•B.in;cuiajd uoiaBzijBiaadsa Bun ap soi^hjad soj b aujaiauoa anb
oj ua ajuaiujBiaadsa 'sBatSoíuBpad sauotjsana aaqos SBapi ap pn^Tjxtuis
bj— 'B.ioqB JBqojduioa opxpod souiaq bj á uaiquiEj ajqBjou sg
•pBpijBaj bj ap
BzapBaijap bj Bjjinj}sap jBjnjq opBisBuiap Baiáoj Bun anb ua ojuauíora
ja 'soqaaq soj uoa ojOBjuoa ua ajduiais BjaauajuBui jb 'ubjta3 'Biaua^q
-ajuí bj ap sajopBjnSaj ap BjauBui bj b UBnjaB oaiSojjadiq ojupsut ja
o 'optjuas uanq ja 'soquiB ua 'opoui jainbj^na ap oaag uapuajduioa
ap pBpiaBdua B.ijsanu b á o]uaiuiipua)ua oajsanu ap aau^ajB o^u^na ua
BAaasaj joíCbui Bun ÍBJiajjag zb^y oajsanu ap Bisuuijdo souaui pnjijaB
Bun souiBjJBjBuas ojag 'soaisijBjaui sBuiajqojd soj BJia^ag ZB^ ^ uos
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SBAjasaj sbj ap JBsad y 'SBqaaq sauoianjos sbj anb une sosojijad sbui
'soqaaq SBUiajqojd soj BJjuoa BipjBn^ ua auod sou ja uaiquiBj^ *b^
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BJi^aaApB vajyl voiSo^ bj uoa opBzuEijiiuBj a^sa anb BjainbjBn^
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-Sjag) japuaids ap afeíoa jap BpBUBduioaB 'buisiui is ap ajuatosuoa Bia
-uBJouSr Bun uoa anb Baipadojaiaua aiuauíjBiaijjadns Biauaia Bun uoa
uoiaBjaj souaiu jauaj aoaacg *SB)uojd souiniuaj anb sauoianjos ap A
oqaaq souiBjqBq sou anb sauoiuido ap 'osouad saaaA b 'oidijijobs ja
sojjosou ap aSixg -ozjanjsa oAanu un ap jouoq ja souiB^Bq aj A OAanu
ouioa Biuajqojd opoj soiua^apisuoa anb sojjosou ap aaainb jg #jBni
-aajajut ofBqBj^ jap a^jaui onpxsa.i ja ouis 'zapiSij ns ua opuB)uasaad

�La admiración de Vaz Ferreira por J. M. Guyau era muy grande.
En la lista de obras ferméntales, figura casi toda la producción de
Guyau y es uno de los pocos autores a los cuales ha consagrado estu
dios especiales. Recuerda con gratitud la elección de S. Blixen
tomando como texto las obras de Guyau sobre estética. Pero su admi
ración más honda está dirigida a la obra de Guyau sobre L'Irreligion
de UAvenir. Repetidas veces la menciona como modelo de actitud
sincera, honesta, abierta hacia lo religioso, mucho más que la obra
de James, a quien en otros aspectos, ha admirado tanto. Es muy
probable, que Guyau, como Stuart Mili hayan influido mucho en su
modo de considerar lo trascendente. Se trata de conservar del senti
miento religioso, lo más puro, lo más elevado, de eliminar todo aque
llo que sea fijación dogmática, estrechez de espíritu. La religión para
Guyau, — como para Vaz Ferreira, supone una actitud de sinceridad
espiritual, de abertura de lo espiritual, que no niega el mal, que no
niega el sufrimiento, como lo intentan algunas teodiceas ingenuas,
que no niega la esperanza, sino que la admite, pero después del mal
y del sufrimiento. Y nos atreveríamos a sostener que hay también
coincidencia entre la actitud metafísica de Guyau y la de Vaz Fe
rreira.
"La razón, escribía el nobilísimo Guyau, al final de su Esqnisse
d'une Moróle sans obligation ni sanction, nos hace entrever dos mun
dos distintos; el mundo real en que vivimos, un cierto mundo ideal,
donde vivimos también, donde nuestro pensamiento asciende sin cesar
y del cual no podemos prescindir. Pero cuando se discute sobre este
mundo ideal nadie está de acuerdo; cada uno lo concibe a su manera
y algunos lo niegan completamente. Sin embargo del modo como con
cebimos el fondo metafísico de las cosas, depende el modo en que
nos obligamos a nosotros mismos a actuar."
También señala que no es conveniente que la metafísica se pre
sente investida del prestigio que confiere la autoridad. La metafísica
para Guyau era un riesgo, un riesgo que hay que asumir para darle
dignidad a la vida, un equivalente del deber. "Cuando nos detenemos
obstinadamente en alguna doctrina siempre estrecha, es una quimera
lo que se nos escapa de entre las manos; pero marchar siempre, bus
car siempre, esperar siempre; únicamente esto, no es una quimera."
Tanto Guyau como Vaz Ferreira se apartan así del ideal positi
vista de Comte, que pretendía limitar el pensamiento y al encerrarlo
en una prisión sin ventanas, sin dejarle ver nada más, permitirle la
ilusión de creerse infalible. La metafísica, había dicho un positivista
célebre, es como un océano para el cual no se tienen ni barca ni velas.
En él se ha establecido la humanidad en la ciencia. La ciencia es un
témpano flotante.
"Es sólido, dicen los hombres prácticos, dando con el pie; y,
en efecto, es sólido y se afirma y se ensancha más cada día. Pero
por todos sus lados se encuentra el agua; y si se ahonda en cualquier
parte, se encuentra el agua; y si se analiza cualquier trozo del témpano
mismo, resulta hecho de la misma agua del océano para el cual no
hay ni barca ni velas. La ciencia es metafísica solidificada.
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oqaip 'uoiaBJBduioa B^sa j^) •ojuaiuuiuas ap A uozbj ap 'jopa ap A znj
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Bun ouioa uozb^j bj b opBjapxsuoa Bq Baunu anbjod 4uoi3bjo Bsa b
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jod íjuiib [pijip 8Biu oS[y 'aqBJjinbjB nj Bjas 'iqnpa ira 4SBuranpa
snj aaqos Bjqijsa ajBq ara 4BÁn^ bj ap Bjanj Buqdiasip Bpoi aJBpiAp
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ou 'soiaijijaBS soj b But^sap as anb oj opo) oiuoa 'o^aajas odiuS un
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uauai) jy '9}^ Ia uo opuBp soaijaBjd sajquioq soj uaaip 'opxjos 83

�no será el sol que hay que adorar con inconsciente adoración primi
tiva; no; es débil, es temblorosa, de alcance limitado, rodeada de
penumbra y más allá, de una oscuridad completa, en cuyo seno muy
poco podemos avanzar, ni vislumbrar; pero ese es precisamente un
motivo más para no dejarla apagar del todo, para cuidarla con más
cariño y con más amor." (Lecciones sobre Pedagogía y Cuestiones de
Enseñanza, Vol. I).
Sí; la luz de la razón, no es la irradiación de un ídolo, como
creía Renán, pero existe y su luminosidad, aunque precaria nos guía
y nos orienta. Tampoco es un fuego fatuo, como tendían a creer
Montaigne y France. Temblando por momentos, resurge, sin embargo,
sin extinguirse del todo, tomando muchas veces su sustancia de la
imaginación y del sentimiento. No se limita a conocer, sino que tam
bién es creadora y Vaz Ferreira parece haber tenido conciencia, como
Bergson de la significación del acto de emoción creadora, que ins
taura nuevos ideales morales y estéticos y religiosos, que permite
romper la estabilidad en que la especie humana parece caer a veces,
para incitarla a una aventura constante, a proseguir su itinerario
escuchando con el alma entera los llamados heroicos.

VAZ FERREIRA Y MIGUEL DE UNAMUNO.
La confrontación de dos espíritus tan poderosos como Miguel de
Unamuno y Carlos Vaz Ferreira, tiene un interés excepcional. La
correspondencia entre ambos que acaba de publicarse nos permite
ver un tanto directamente la similitud y las diferencias entre ellos.
Vaz Ferreira había pensado incluir también en su lista de obras
mencionada Del Sentimiento Trágico de la Vida, pero señalaba la
necesidad de indicar reservas respecto a sus conclusiones.
Unamuno declara haber llegado a la teología y a la religión par
tiendo de la filosofía que fue su afición inicial. "Aterrado de la
crítica de la razón pura, que destruía mis más vitales esperanzas me
volví a la constructiva de la razón pura. No sirvo para ser el filósofo
que soñó Platón; no me basta la verdad racional si ella no me con
suela del terror de haber de morirme acaso del todo. El problema,
problema? de la inmortalidad me tortura."
No sabemos bien a qué Platón se refiere Unamuno. Porque el
pensador griego que meditó toda su vida sobre la existencia y la
muerte de su maestro Sócrates entendió que la filosofía era esencial
mente una meditación sobre la muerte y dio así una de las definicio
nes más enigmáticas de la disciplina, definición que a todos los que
tenemos que enseñarla, se nos presenta como un escollo de muy
difícil superación. No es seguro que la meditación de Platón no haya
versado sobre lo más profundo del problema, y nosotros también nos
sentiríamos inclinados a poner un signo de interrogación porque no
sabemos bien basta se trata de un problema, de la vida y la muerte
y la inmortalidad.
- 11 -

�- 31 [B aXnqisuoa anb 4BAi}Bau p^pioBdeo B[ '[9 ua anb jpap 83 #sajop
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BiJO^aaXEJj ns 'oijbjuiod p jo&lt;j *uozbj B[ ap X pBpiArpajB B[ ap pBp
-qiqisuas B[ ap ojuaiuiBjambB un 'Biauaputuos Bpouioa Bun boijiuSis
'saaaA sb[ ap sbui sb^ anb 'oiSnja^ 'soidiauíjd so[ ua ot^njaj p uop^uii
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-33 zb^ ua pBpisuajui ns js^au Bjpod aipB^[ 'Baisij
ap 4B3isijBiain pBpqiqisuas ap uaxq sbiu souia^qBjj 'sa^iuiq
ap Bf|B sbui B^njuaAB as ou anb oiuauuBSuad pp pBpisoapaiu Bjaaia
japuaiua b JBp ajainb as is 'Bjpjja^ ZB^ ua BiauasnB ns ajaiSns s op
-uBna 4BaisijBjatu BpBpnB aod apuaijua as anb uatq soiuaqBS o^[
•BaisijBiaui BiaBpnB b^ b oaij
-Bp^ oqaipa^uB Bina^ p JBpioqB ap sauoiaipuoa ua sotuBjsa BJoqB ^
•BajBj Bsa jBzipaj BJBd puotadaaxa ouisioaaq un B;isaaau as ajuamaj
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-jasuoa Bpoj JBui^sasaQ ¡ajqBiA oaod a^aaTApB a^ as anb^od 'opiBjBtu
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apadsa 'ajuBfnd 'osoijq 'oqoíiBsap as X oíaaja B^p uoa X o^iuiisb b^
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Bjaod ns oaa^ '(ojoso^tj ap oiuauuyiuas ap ías^p bj^o ap oiuaxuiijuas
ap ojad 'uaiquiBj o^uaiuipuas ap X) ojuaiuiBsuad ap opB^uamqB b
ozaduia "p^ u^ícIniBX "^[qBPínuoj oS[b opBSBd Bq *p^ ap p U0^
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-inoa Bjapniu as anb sajuB X íajuajoduii a oatijnbBJ Bja anb o^jai^
•B.ind uozbj ap 'Baiijja ap 'sisqsuB X upiaaBjjsqB ap opBixijsB ounuí
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• • "Biaod jas ap ounuiBUjq b odna a^ anb a^jans b¡ 4BqB^
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BqBjnSijuoa anb Biaja opuo^ p ua anb Biauajajip Bsa ap ajuaiasuoa
a^uauíBua^d opis Bq ^3 'BpBpnB ap Bjpj ns 'BaisijBiaui pBpiJoijapi
ns aasisuoa osa ua anb 4jauajsos opio soraaq o^ oiuoa 4jpap soiuBup
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•' • auuajad pn^tjidsa uoiaBn^an^j B[ ua 4uoia
-Bixsaq B[ ua 4Bpnp bj ua jaaauBuuad b Bqqo anb 4uozbj ns ap zoa
b^ saaaA SBqanuí JB^xutsip aoBq a^ 'uoiaBiujijB ap p^^unpA buisiui
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-jijb bj ap 'uoiaBajo b^ ap Biuisisua^ui BiauajB^ Bsa ajjaiApB as Bjqo ns
ua a^uaiua^uapiAa X ounuiBujq ^^ip 'BAijanjjsuoa

�verdadero filósofo, parece a primera vista no estar seguida por una
capacidad positiva de idéntico alcance, pero habría que preguntarse
si la función de la filosofía es dar respuestas o plantear preguntas...
En Unamuno nos llama la atención inmediatamente y nos referi
mos a nuestra experiencia personal, en primer término, el tono paté
tico, la fuerza tremenda de afirmación, el clamor humano que se
exhala de toda su personalidad. Es una personalidad y terriblemente
afirmativa. Vaz Ferreira mismo se sintió impresionado. "Lo funda
menta] que hace pensar y sentir su libro, es esto: qué hermoso es
existir, ser uno mismo, con personalidad propia y autóctona!" Pero
esa exclamación de Vaz Ferreira no está dirigida a Unamuno como
pensador sino a Unamuno como poeta que son cosas muy distintas.
Unamuno como pensador, en la obra mencionada, así como en su
famosísima Vida de Don Quijote y Sancho, ha adoptado una actitud
que puede deslumhrar a primera vista, especialmente a los espíritus
no prevenidos. Así nos ocurrió a nosotros. Esa actitud consiste en la
exaltación del quijotismo de la fe y en el desprecio por el buen
sentido y por la razón.
Para él las grandes hazañas han nacido del quijotismo, de la
exaltación de la fe, que no se deja conducir por los senderos que le
traza la lógica. Para él, como para Dostoiewski, la aritmética, la lógica
representan un muro que hay que tratar de vencer. No interesa el
resultado, sino la actitud interna.
Entendía que había llegado el momento, en que frente a la apa
tía imperante en el mundo, frente a la indiferencia, a la frialdad co
lectiva, a la pasión ausente, se intentara la santa cruzada de ir a
rescatar el sepulcro de Don Quijote del poder de los bachilleres, curas,
barberos, duques y canónigos que lo tenían ocupado. Rescatar el se
pulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la
razón.
La razón la entiende Unamuno como una función que nos enseña
el límite, que nos mantiene conformes, dentro de nuestra forzosa finitud; la finitud de nuestro entendimiento, la finitud de nuestro poder,
la finitud de nuestra vida... Frente a todo eso, ve encarnada la fe,
el sentimiento, la voluntad que avasalla todos los límites en la prodi
giosa figura de Don Quijote. Y se ha atrevido así a reivindicar el valor
de la locura como una forma de sabiduría superior. Una sabiduría
superior a las contradicciones, pero no por que haya descubierto al
guna síntesis milagrosa que las supere eliminándolas, sino porque las
vive, las vive profundamente con toda su carne y con toda su alma.
La contradicción entre el corazón y el pensamiento, entre la afectivi
dad y la razón. Y si el filósofo no siente así, si no tiene ese sentimiento
trágico es cualquier cosa, menos un filósofo. "El más trágico proble
ma de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con
las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que aquí fracasa
toda filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción
base de nuestra existencia. ¿Pero afrontan todos esta contradicción?".
(Unamuno, Del Sentimiento Trágico de la Vida).
- 13

-

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anb 'BUBuinq Bin^uaAB Bjopaaauaa^ua X EpinsqB X BiJBjaraaj Bjsa na
ai^b ua a^sisuoa 'oaio^aq .tajatuBa ns a^uauíBSiaaad ajsxsuoa osa ua ojad
BjqBjj 'soiaijijaBS uBBq as 'aqan^ as 'bata as 'ajuaraBsuap
o^opuai^uis 'osa opoj opuaiqBS anb ua ajsisuoa anb ouisij
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'opiAp uis 'SBjnjuaAB SBqanuí aiuauíBauBjpuiis uapuaadtua as anb ua
'ouisiiofmbjadns p Bzu^ap as bjoijb uaiaaj 'is saauojua j^ "souis^nps
-qs so^ ap X sauotaBaijqduiis %^\ ap ouisijoudiq p ua ja^a uis 'soipatu
¿ojjsanu ap pBpaiJBaaad B[ ajuauíBauBiuauíom opuBpiAp 'Bpand as
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sapapx sa^dr^nuí uaSjns apuop 'ajofin^) uoq ap BJtnjuaAB Bsuauíui Bun
oinoa BUBuinq BanjuaAB B[ jsb souiaaij\[ 'sopaouaA ap Bzusjadsa b^ uis X
saiuBi uos ou anb opuaiqBS 'souqoui soj BaBjB uozbj bj inbB anbjod
'ajofin^) uoq ap SBjn^uaAB sbj anb BpBSsaijJB sbui sa BUBuinq Bjni
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X oiuaiuiiaouoa ojjsanu ap ajqB^iAaui upiaBiiuitj bj ap Biauaiaadxa bj
ap jojop jap sandsap ojad 'BzuBjadsa bj jiu^a Bjpo^ 'opoiu un^uiu aQ
¿ojaquB ja aina^sap 'szuBjadsa bj jbibui bjedijiu^is ou osa oja^
• {upiooy X oitiaiiuioouo^) bj
•idjja^ zb^^) ^^jauaaia bj jbzjoj uis X oiuaiunjjsui ji^bjj X oiaajjaduii
ub^ bX ajsa Bdjna BJ)sanu jod jBJOijajap ou BJBd Biaua^ijajuí bj jBjuaj
-oía uis 'Bpuodsajjoa unSas sapBpijiqisod jod o sapBpijiqBqoad jod
o sapBpijn^as aod 'ouanq soiuaaja anb opijuas ja ua jBjqo n^uídsa
ap opBjsa asa ua X ísbuibC BjjBpiAjo iu BjjBjaA iu JBjnaojd ou bioubj
-ou^i BJisanu b oiu^na ua íaauBajB ojjsanu b ajsa anb Bzajsnf bj uoa
ojuaiui^uasB oj^sanu jBnpBj^ X JBpnp aqap as opu^na jBpnp ^aaaia
aqap as anb ua opBj ja ua 'jaaja aqap as opusna jaaja ísouiaqBs
oj uoiaaBJ^sqB ap ousjd anb ua X 'souiaqBS anb oj sa anb jaqBg9í
:jBn^aajajui pBj^ijsau
-oq bj ap aj ap uoisajoad 'BJiajja^ zB^ ap BiunjSojd ajsa ajjauodo
aq^a ouniuBu^j ap ojuaiuiBsuod jap BipBjJi as anb pBpijBijA bj Bpoj
b 'Bzianj bj Bpoj y *pBjunjoA bj ap X oiuaiiupuas jap 'aj bj ap janbí

�FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
Este libro se presta hasta

. la Ultima fecha indicada

i

•

..

I

Este trabajo se publica simultáneamente en el N* 16 de la Revista de la Facultad
de Humanidades y Ciencias.

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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
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anb upixagaj b^ ap S9ja^ui ap soj^uao so\ ap oun ops anj ppos uppsano

�6MIGUEL ANDREOLI

utilizar para la resolución última de las cuestiones sociales, el expediente de
una intuición que no ofrece ya otra razón que la invitación a la complicidad.
Ambos extremos son ciertos, pero en cuanto al primero de ellos, es decir res
pecto a la reflexión sobre principios normativos de la organización social, hoy
parece más clara la necesidad y la utilidad de continuar con un debate que, si
bien está presente en la cultura filosófica de otros países, entre nosotros tiene
a Vaz Ferreira como un antecedente sin continuidad.
Creemos que para una lectura actual de la filosofía vazferreiriana convie
ne distinguir tres niveles de abstracción, centrándose nuestro trabajo en los
dos últimos, esperando que como resultado quede aclarado el primero.
En primer lugar, es necesario considerar el modo particular en el que Vaz
resolvió la cuestión de la naturaleza de la tarea filosófica que puede realizarse
fructíferamente desde Montevideo. Por una parte reflexionó desde las catego
rías filosóficas más relevantes durante la época más fértil de su pensamiento.
La reacción contra Spencer -junto con una innegable influencia de esta forma
del evolucionismo que persistirá hasta el final de su vida especialmente en las
cuestiones sociales-, la profunda simpatía y afinidad con Stuart Mili, y el en
tusiasmo por la reacción antiasociacionista de James y Bergson, marcan los
vectores principales de su obra. El haber dirigido la atención a la filosofía que
se desarrollaba en los centros de producción intelectual, no lo llevó a la bús
queda de la última novedad. La permanencia de temáticas positivistas, por
ejemplo, remiten a Stuart Mili, y no a los desarrollos del positivismo lógico de
este siglo, a los que parece ajeno prácticamente por completo. Esta perspecti
va significó tanto una limitación como una ventaja para su pensamiento. Es
así que los valores que han recuperado las relecturas más recientes de la Lógi
ca Viva se deben en buena medida a su continuidad con el primer positivismo
inglés. Vaz no se remitió a estas filosofías con la perspectiva del glosador, su
interés no se orientó a la explicitación de significaciones mediante el comenta
rio, sino que lo que pretendió fue pensar con las categorías filosóficas así apro
piadas, los problemas de su circunstancia. Lo más notable de su filosofía está
justamente en esta voluntad de dar cuenta de las solicitudes que emergían de
su situación, en la intención de trabajar, diremos utilizando una expresión de
Foucault, en una ontología del presente.
En un segundo nivel, se impone la consideración de la particular metodo
logía de Vaz Ferreira. Tanto él como la mayoría de sus comentaristas, están
de acuerdo en que buena parte de lo más valioso de su obra radica en el modo
en el que busca delinear un modo de pensar. Pero mientras su concepción de
la racionalidad científica le debe demasiado al positivismo decimonónico, ya
que su imagen de las ciencias naturales está excesivamente próxima a un es
quema de las ciencias que viene desde Comte, cuando no meramente repiten
el sentido común ilustrado de la época, muy otra es la relevancia que para una
lectura actual tiene su concepción de la racionalidad práctica o, para decirlo
en un lenguaje más próximo al de Vaz, el modo en el que considera que se de
ben enfrentar las cuestiones normativas o de hacer. A esta temática dedica
mos la primera parte del trabajo.

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ua Bp^zipaj anj uppu^psaAui a^uasaad b\ anb JB^Buas ojamb oui^^n joj

III ^ II sa^iBd sb^ ua
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-apojd so^ ap odurea p ua 9zoqsa anb Bi3oppopui B[ uoo A Boipsofij pn^ipB ns
uoo opiua^qo jaqnq pipua^ua zb^y anb sop^^psaj so^ up^sa jBSn^ jaoaa^ ug

V^IHMMHJ ZVA 3Q OOIQI^nf A1VIOOS OIN3^NVSN3d 13

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SBjqo sb[ ap sojn^^ sog -o^xa^ p ua uBaipui as Bjpoaag zb^\ ap sc^uasa so^ ap SB^p s^g
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-Bsuad un anb B^ ua Bpxpaui b^ ug -papos o\ ap Bpuap Bun ap sBidoíd sauop
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u9pBuiuua^ap B^ b ozjanjsa ns ap p^uauíBpunj o\ ^B^uauo oiquiBo ua
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BjauBui Bun jpiuisuBJ^ 9ipua^ajj • (f¿ A. g¿ dd 'SJS) Buia^qojd p uaiq UBa^
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ap B^SBq A) uvsuad ap opoiu un souiaua^ :Buoa^ Bun anb s^ui apA anb o3p soui
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-uauíoui p 'sajvpos svuia^qoud so^ BJqog sBiouajajuoo sns ap Bjaoaa^ B[ ug

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�10MIGUEL ANDREOLI

mana, junto con la aceptación acrítica de algunas supuestas evidencias de
sentido común sobre lo social.
Los problemas relativos a lo que debemos hacer tienen, entonces, un ca
rácter central en la obra de Vaz. Lo que debe ser no se nos impone como una
constricción sobre el querer. Lo éticamente aconsejable, y en esto se revela la
influencia del utilitarismo inglés y el pragmatismo norteamericano sobre el
pensamiento de Vaz, no es considerado desde la perspectiva de la exigencia de
prescripciones, sino que queda determinado por los valores que van integran
do el querer efectivo de los hombres sensibles a lo bueno.
Las observaciones metodológicas sobre los problemas de la acción se en
cuentran, en su mayor parte, en Lógica Viva y en pasajes de Un paralogismo
de actualidad, Conocimiento y acción, El pragmatismo y Sobre los problemas
sociales. Se refieren, básicamente, a los modos de llegar a una decisión correc
ta en cuestiones de carácter práctico. Como señaló Grompone, lo que Vaz bus
có fue una guía de la voluntad y razón individuales, "aun en aquellas cuestio
nes en las cuales lo social constituía el centro de la investigación" 4. De este
modo, su individualismo social y político se corresponde con sus reflexiones
metodológicas sobre una práctica, individualmente entendida, que quiere per
manecer atenta a las particularidades de las situaciones concretas..
Es bien sabido que el propósito de la principal obra metodológica de Vaz,
la Lógica Viva, no es contribuir al estudio de la sintaxis lógica o de los procedi
mientos estrictamente formales del razonamiento 5, sino, tal como aparece
enunciado en el Prólogo de la primera edición, lo que quiere es dar lugar a una
"Psico-Lógica", bajo la forma de
"un estudio de la manera como los hombres piensan, discuten, aciertan o
se equivocan -sobre todo de las maneras como se equivocan- pero de he
cho: un análisis de las confusiones más comunes, de los paralogismos
más frecuentes en la práctica, tales como son, no tales como serían si los
procesos psicológicos fueran superponibles a sus esquemas verbales (...)
destinado (...) sólo al fin positivamente práctico de que una persona cual
quiera, después de haber leído ese libro, fuera algo más capaz que antes
de razonar bien, por una parte, y más capaz, por otra, de evitar algunos
errores o confusiones que antes no hubiera evitado, o hubiera evitado con
menos facilidad." (LV, p. 15)
Vaz se interesa por la pragmática de la argumentación, el funcionamiento
del razonamiento ordinario frente a los problemas concretos y, principalmen
te, los errores que de hecho se cometen. Una parte importante de su proyecto
se asemeja a lo que actualmente a veces se denomina "lógica informal". Su ob
jetivo es de carácter terapéutico: ayudar a evitar errores que no son simple-

4.Grompone,. A. M. [1972], p.16. El texto continúa de la siguiente manera: "No consideró
por lo mismo, el lenguaje o las instituciones sociales pesando sobre el individuo y aun el
problema de la lucha de clases lo examinó como un problema moral en el cual debían
estimarse las situaciones individuales y el predominio de la racionalidad en la actitud
que se adoptara".
5.cf. Ardao, A. [1978], p.170.

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-ud 'a^ad ns aod 'psjaqiq -ouisppisodoau aauíud p anb pnpB saaa^ur joábui xm opBA
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-uB{d soun^p ap pBppuBaoduia^uoa B[ anb BAjasqo ossBg '[8861] ^zuaocij opjBnpg ap
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11V^I3^^3J ZVA 3Q OOIQIHnf A 1VIDOS OlN3IWVSN3d 13

�12MIGUEL ANDREOLI

rar las cuestiones relativas a los errores que se pueden cometer en la aprecia
ción de la prueba inductiva. Los problemas de los que Vaz se ocupó, en cam
bio, no son los propios de la inducción, sino que atendió antes que nada a la
distorsión que el lenguaje impone al pensamiento y a la esquematización que
lo verbal y lo conceptual producen en el psiqueo. Esta noción de psiqueo remi
te a las ideas de James y Bergson sobre la fluidez y continuidad del psiquismo, contrarias al asociacionismo del que Mili participaba plenamente. Vaz
consideraba que la difusión de la nueva perspectiva de James y Bergson sobre
la vida psíquica, constituía uno de los hechos más notables de la cultura de la
época 8. Como mérito principal, le atribuyó el haber contribuido de un modo
decisivo a la denuncia del carácter "fijante" y "esquemático" de la categorización conceptual y de las exigencias de la expresión lingüística, que las inhabi
litaría como accesos válidos a la realidad de la interioridad síquica.
Entre los sofismas que la lógica tradicional no había considerado, Mili in
cluyó los llamados sofismas de confusión, producidos por las insuficiencias de
la conceptualización y de la expresión. Pero mientras que para el filósofo in
glés de lo que se trata es de superar la confusión mediante un mejor manejo
del pensamiento y del lenguaje; para Vaz, en cambio, tales confusiones consti
tuyen señales de la insuficiencia en principio de todo lenguaje para expresar
la interioridad 9. Los errores que de aquí derivan, antes que algo que pueda
ser finalmente reducido, son el resultado inevitable de las limitaciones del ins
trumento que el espíritu utiliza para expresarse.
Obtenemos otro modo de apreciar la distancia entre la obra de Vaz y la de
Mili, si consideramos la distinción que éste último introdujo entre errores in
telectuales y morales. Los primeros conciernen directamente a la mala aplica
ción de las reglas del raciocinio; en los segundos se distinguen dos clases fun
damentales: los debidos a "la indiferencia por la adquisición de la verdad" y
los que provienen de "las inclinaciones" 10. Mili excluía del alcance de su obra
el estudio de las fuentes "morales" del error, dado que entendía que si bien
factores tales como las inclinaciones pueden predisponernos a la equivocación,
las falsas creencias provienen más bien del "hecho intelectual de la admisión
como suficientes de pruebas insuficientes" 11. Vaz, en cambio, centró su inte-

8."La intención de la lógica viva, su significado profundo, es la promoción de un nuevo
modo de pensar, más amplio, más sincero, más comprensivo que el habitual, mediante
la mostración de lo concreto, lo vivo del pensamiento que se agita por debajo del esque
ma verbal en que se le formula para expresarlo" Ardao, A. [1961], p.33. Para la relación
entre esta concepción de Vaz Ferreira y su abandono, a partir de Dos paralogismos pe
dagógicos y sus consecuencias (1903), del asociacionismo psicológico -al cual pertenece
plenamente Stuart Mili- en la dirección de atender la "vida psíquica" al modo de Berg
son y James, ver Ardao, A. [1978], p. 189 y sgts. Excede a nuestra investigación la eva
luación de esta concepción de Vaz. Sin perjuicio de algunas salvedades que se harán
más adelante, entendemos interesante la crítica desarrollada en Castro, D. y Langón,
M. [1969], en particular caps. I y II.
9.cf. Paladino, J. [1962], pp. 10 y sgts.
10.Mill.J. S. [1917], p.725.
11.Mili, J.S. [1917], p.727.

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soai^buuou sBuia|qojd so^ ua ajaijip au9pnjosB ouiuu^ ^ap opaiioa osn ja
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'oidpuud ua 'apand 'zb^ auodns 'anb o\ 'asoqoaq so^ uBSBd 00190,, a^nosip as
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-sano sbj b ajaijaj as anb oj ua 'oiquiBO ua jas 'ajainb vajA ^?^P7 b^ i.-oj^orjJo
luajs^g y ap ajjap ap oppidBO \a opnoipap ^pa upisnosip B^Cno b- ^pos o\ ap
Bpuap Bun ap upponjpuoo B[ ap sauopipuoo sb^ ajqos U9pcauaj B{ Bpmpui 'bo
-uiduia uppBSpsaAui ap osaoojd pp boi9^ b^ sa pij^ ap Bjqo b^ ap Bois^q U9p
-Bdnooajd b^ anb ua BoipBj 'sBjqo sop sb^ aj^ua Bpuajajip B^sa ap U9ZBJ Bg
sa{BJ0ui
sajoua 'H^ 8P Bi3opuiuua^ b^ ua 'sop^uiu^ soj ap uppBjapisuoo B| ua ouioo
'sBoi^9poisd sapn^pB sb^ uoo sooii^^i sajojja so^ ap sauopupj sbj ua o^ub^ saj

1VHI3HHHJ ZVA 3Q ODIQI^nf A 1VIDOS 01N3INVSN3d 13

�14MIGUEL ANDREOLI

Su idea de "solución perfecta" de los problemas explicativos, puede ser in
terpretada en dos sentidos: i. solución única y definitiva, que permite concluir
con problemas del tipo de "si la Luna tiene o no atmósfera"; ii. solución sin in
convenientes.
i. En la primer acepción, y tratándose sólo de determinar si se dan o no
ciertos hechos 14, la pretensión de que estos problemas'son pasibles, por lo
menos en principio, de "solución perfecta" puede ser entendida -si dejamos de
lado las dificultades que plantean la relación entre teorías y hechos y los cam
bios de marcos conceptuales- de un modo coincidente con el sentido común y
con concepciones epistemológicas de raigambre empirista. En cambio, no es
tan claro saber lo que quiere decir cuando sostiene que las cuestiones de obrar
no son susceptibles de una resolución del mismo tipo, ni siquiera como modelo
a realizar.
En la perspectiva de la teoría actual de la elección racional, se puede afir
mar que la cuestión de qué alternativas están abiertas a la acción tendría la
misma naturaleza que las cuestiones explicativas y saber cuál es la opción
más ventajosa, utilizando criterios de medición de costos y beneficios relativos
a una cierta configuración de preferencias, es un problema que en muchos ca
sos admite una única solución correcta, o bien, por lo menos, supone que se
puede establecer la equivalencia de dos o más opciones, dadas esas preferen
cias. Habría así, en materia de decisión, resultados válidos eventualmente tan
únicos como los que se buscan en los problemas de hecho. En la medida en que
este tipo de tratamiento de las condiciones de la elección racional formaliza
las exigencias generales de resolución racional de problemas que se le plan
tean a la acción instrumental y estratégica, el hecho de que la posición de Vaz
no pueda ser entendida de esta forma, se debe a que su idea de la práctica, en
particular respecto a los problemas sociales, parte de supuestos radicalmente
diferentes.
ii. Más directamente comprensible es el segundo sentido de la distinción
entre los tipos de solución. Hay más de una alternativa en lo que puede ser te
nido por "inconveniente" en la solución de una cuestión explicativa, pero como
mínimo se puede suponer que estimamos que hemos alcanzado una solución
satisfactoria -"sin inconvenientes"-cuando creemos que hemos llegado a con
tar con la mejor candidata a ser la solución correcta. Cuando, en cambio, se
trata de optar entre cursos de acción, es probable que todas las alternativas
impliquen costos. El error radicaría en confundir las condiciones de satisfac
ción que ha de cumplir la solución en uno y en el otro tipo de problemas: pode
mos esperar que las soluciones a los problemas cognitivos no obliguen, en
principio, a renuncias en el logro que se persigue; mientras que en el caso de

14. "¿Tiene la Luna atmósfera?" (LV, p.92); "¿Existe algún planeta exterior a Neptuno?"
(ibid.); "si el radio cura o no el cáncer" (LV, p.91); y, con salvedades, porque "se superpo
nen otras dificultades de orden verbal", "si el hombre es libre" (LV, p.92). Para todos es
tos problemas "siempre la solución es posible (si es que hay problema real)" (ibid.).

�'ouisiui ouisi3o{BJBd jb ao^q anb 'joua ^a jbdoaojcí ap spuiapy b9íibdb ouisiSoj
-BJBd a^sa anb sopaja so[ uos a^uauíBsajdxa jBuiuiBxa Bsaja^ui 3\ is anb oq
aunui
-oa jo.ua,, un a^uB ^^sa as anb ap uppB^B^suoo bj b asjB^uiq b aA^anA 'aÍBSBd
ouisiui ^ ua lR Bqa ua apuapxa as ou zb^\ 'a^uauíaiqB^uaunq 'oiad 'a^uBsaja^ui
sa 'souBiunq so^unsB soj BJBd p3JU^BU uapjo unSjB ap Bpua^sixa B[ ua Biouaajo
B^ b opB3q saoaA b aoajBdB ouisi^ojBJBd \^ anb ap uppBoipux Bq (89 d 'SdS)
jBuiuiBO ap [Bjn^Bu BjauBui Bun X^q ouiod b o3o{^uB op'oui un ap 'so^sand
-uii ap u9pBoqdB B{ ap ja ouioo sa{B^ SBUia^qoad jaAfosaj ap aJopBaJ^ \b jod
Bpnapi a '[Bjn^BU Bjaunuí Bun^{Bw Xuq anb ap Bpuaajo B^ 'ouisqBpuapiAoad
ap apadsa Bun sa opuBnpB ^^sa saoaA b anb o\ anb B|Buas 'sajvpos sviudjqoud
so] duqog ug sbapbuuou sauopsano sb{ ap pnppqpadsa B| jaA apiduii B^s^
anb Ye% soApnoqdxa SBiuajqojd so| a^uB pn^ipB B^ ap pBpuoud Bun ^Bq pnbjod
'uopoajip B^sa ua a^uauíBspajd Bp as uoisnjuoo b¡ pnbjod sa 'BzqBUB ou anb o\
ojaj soAisaadxa so^ispdoad so^ap BJBd afón^ua^ jap uop^noap^ui b[ ¡Bipn^sa
anb souisiSojBJBd so{ ua JBjado BiaA jBjauaS ua anb Bsnno ^\ Bja^nqu^B a{ anb
^nuí sg a^uanoa^j Xnuí Bjapisuoo 'a^nd bj^o jod 'anb B[ b 'bpbjbj
ap sisaua3 B| aaqos B^oj|dxa upix^^aa Bun zb^^ ap Bjqo ^\ ua Xuq o^^
(^'OI "^ *A1) 0PB^^J:^ l^m s^ Buia^qojd p opu^no
a^uauíBspajd sajquioq so^ ua aonpojd as uppnps ap upisaaduii B^
'o^uBppug uppn{os uis opupanb Bq anb jaaio b uapuap sajquioq so{
anb sa ^ 'osouno Xnuí o3{B axinoo 'asJB^p aqap ouioo B^p as papi
ap o ja^nq ap SBUia^ojd so^sa ap oun opuBn3n :sauopsano ap odp a^sa
ua uppn{os Buanq Bun sa anb o{ ap uopBn[BAa b|bui Bun '^jauaS ug (g
(uiapiqi) sbj^ sb{ ap s^fe^
-uaA sb{ ap ^ uppdo Bidojd B^ ap SBpB^uaAsap sbj ap uppBJO{BAqns jod
ouiod 'uBZBqoaj as anb sb^ ap sBfe^uaAsap sb{ ap R ajaqajd as anb upp
-do b^ ap SBÍB^uaA sb^ ap uppBJO{BAajqos jod Bas b^ 'sB^sandojd sba
-pBuiaqB sb{ ap sBÍB^uaAsap R sBfB^uaA sb^ ap uppBjapuod Baupua Bq (^
•(96
d '^\q) asajo^Bui so^aua^ 'osbd ns ua 'R 'upiquiB^ so^aua^ uapand sa^
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-bj Bps b^ jod 'sa^uaiuaAUoaui uauap anb sauopnps SB^, ap oznqoaj ^g (x
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-npsaa ap papi iap soai^buijou suuia^ojd soj b Bpiqapux uppBpdsBJ^ ^q
'(l~0 dd '
anb ap vj 'uppnps vun vujuoo a^uaiuuip uppafqo opuats ou R !svfvjuan
sauoRviu R sajuamanuoom sauouaiu v^uaj anb n¡ uiSaja ap ja 'uppnps vuqnj
-vd o] ap opijuas ja R 'oa^avud viuajqoud ja opuais 'uiiuudns uapand as ou
anb sajuamanuoom uoo R uvSau uapand as ou anb svfvjuan uoo svjja svpoj
zan jvj 'safuaiuanuoouj a svfnjuan uoo 'sajqpod sauopnjos uos Rvy anb ojn
sa^pos SBUiajqojd sof ug so^sandojd a^uauí^^piui soAipfqo soj
uod upp^pj ua 'sBpipjpd jiuinsB 'a^uauía^uanoaoj 'aqap uopo^^a b^ BDipBjd B|

^ivymy^aj zva hq coiaianf a ividos oiN3iiMvsN3d 13

�16MIGUEL ANDREOL1

de tratar mal las cuestiones normativas, tiene también un efecto conservador,
ya que "la tendencia a buscar en esta clase de problemas soluciones perfectas,
hace que los hombres tiendan a rechazar la innovación, porque como se dice
en la práctica, no resuelve el problema" (LV, p. 102). En materia social hay
una resistencia de lo existente, un efecto de inercia, tal que los proyectos de
modificación sufren una distorsión de la perspectiva, destacándose sus incon
venientes sobre las ventajas que pudieran tener. Pero, en una nota al mismo
texto, Vaz hace la salvedad de que "También podría decirse, al contrario, que
el sofisma en cuestión es un sofisma innovador: como las instituciones existen
tes tienen casi siempre defectos, la suposición de que pueden haber soluciones
perfectas lleva a desear y a procurar el cambio (...) En realidad ambas cosas
ocurren" (ibid.). Si el paralogismo puede tener tanto un efecto conservador
como innovador, hay que entender que lo característico no es la dirección del
efecto, sino el hecho mismo de la eficacia. Lo que importa es la existencia de
actitudes, ya sean conservadoras o innovadoras, que por medio de la conside
ración indebida de las cuestiones normativas, se autoverificarían. La estructu
ra del paralogismo genera una forma particular de error en la consideración
de ventajas e inconvenientes en los asuntos prácticos; su dinámica depende,
en cambio, de las actitudes desde las que se produce el sesgo de la pondera
ción. El resultado es el fracaso del proceso necesario para una buena elección.

3. El proceso de la decisión
En el apéndice agregado a la edición de 1919, Vaz introduce indicaciones
sobre el modo en el que estima que deberían ser tratadas las cuestiones nor
mativas. Señala tres momentos en el proceso de su resolución, para cada uno
de los cuales habría formas propias de cometer paralogismos:
"El examen de una cuestión normativa, comprende tres momentos. Primer
momento: investigación o determinación de todo lo que podría hacerse o
desearse; especificación de todas las soluciones que podrían tomarse. Se
gundo momento: estudio de las ventajas e inconvenientes; más comprensi
vamente de los bienes y de los males, de cada una de esas soluciones. Y,
tercer momento: elección. (...) En cada uno de esos tres momentos pueden
cometerse diversos errores y paralogismos" (LV, p. 105)
3.1. Todo lo que podría hacerse o desearse
Una elección racional requiere la debida consideración de las alternativas
disponibles desde la situación en la cual se decide. El error frecuente en este
caso es de omisión: no tomar en cuenta todo lo que podría hacerse, ya sea por
no haber tomado en cuenta opciones, o por dejar de lado opciones que serían
combinaciones de otras ya pensadas, o grados dentro de lo ya considerado (LV,
p. 106).
Veamos un caso de lo que Vaz consideraba una buena solución no pensa
da. Se trata de la discusión entre los partidarios del divorcio por voluntad de
las partes, y sus opositores, quienes invocaban la "necesidad de conservar la

�'[9^61] ua 'u"uaj9tnb A uvsuaidsaaquioq
so^ an^ l aP ^^uB^nsaa ^un sa 'sand 'pepopos Bq j^uas A JBSuad ap saaBdBO soaquioq
jod X 'saaquioq so^ aod ep^uiaoj p^sa pBpapos Bqn 'zb^ BJBd 'bsoj^ ptua^ BAjasqo 011103
¿d IZL61) V 'l9íqoH
saSnXuoo so^ ap Bjainb
-pno ap pB^utqoA jod opjOAip \a Br^uiaad anb Xaj ap opaXoad un b BAqBuaaqB ouioa os
-ndoad bj 'BJiaoaa ^ zb^ ap so^uauínSiB so{ aod oppuaAUoa 'uamb 'Buax^ o3uiuioq ap ba
-rpapiui b '^X61 o^13 I^ u^ BpBqoadB anj aafnuí ^\ ap pB^unjoA b¡os aod opaoAip ap Áa\ B^
aaquioq ^b oxaadsaa soipu
-nf pBpuouajur ap uopBnxis Bun ua XBnSnjQ ua Bq^axuooua as B^sa '9^6! ^P J9rnui BI 8P
pBpp^dBO ap Xa^ b^ bxsbjj qepos O[9S Bja ou aafnuí B^ ap opinQad ua BfBxuaAsap sq

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-BnjBAa buisiui B[ aa^ua A 'oxuaiuipouoa A Boip^jd uppBn^BAa aj^ua 'oqoaq ap
sauopB^B^suoo sbj A sauopBJo^BA sb] aa^ua ouqqmba pp uopdaouoo ns '^pos
o\ ap ouBuiajjajzBA sist^bub p ua Bp^puas p^pipqap B[ ap b^b sbui ^oaa^
bj^o Jod oApipduioo B^sioSa ospduii ap A 'a^^d Bun jod {bj
-oui uopBAipui ap 'sajqBqpuoo a^uauípaBj ou 'sa^uauoduioa sop soj ap b^bj^ as
oaiSBp iBjaqq o^uaiuiusuad p ua sapn^iq^q so[ uoo 'oÍBqBJ^ a^sa ap a^uainSis
a^jBd B[ ua souiajBjpoui ouioo 'uappupo sopandns sapj^ • . sapnpiAipui sos
-pduii sopa ap opu^nsaj un ouioo aA o\ ppos o\ A 'saaquioq soy b uaAanuí anb
sosjnduii soi ^jqs soppnosip ou so^sandns ap 'oiquiBD ua 'a^B^ ^uopaB B{ ap
sappos sauopou^saj sb^ ap B^pqdxa uppBjapisuoo Bun zb^ ua X^q o^^ sa^ua^
-sixaaad sappos A suoisq sauopou^saj ap oojbui un ua Bp as uppaB Bpo^
B^uano ua jbuio^ b sauopdo sb^ ap uppBqduiB B^ b ba^jj 'saoaA sBqonuí
'uaiq sbui A BJopBAjasuoo a^uauíBjaui sa ou uppoB B[ BJBd SB^ajauoo sbai^bu
-ja^p sb{ A soidpuud sopa aj^ua uppB^aj b\ ojad 'sosoqBA ouioo opuBqojd opi
Bq Buopiq b¡ anb Bui^sa anb sapjoui soidpuud so^ ap Bin^ bj sa jBAjasuoo bs
-aja^ui a{ anb o\ 'souiajaA ouioo 'osbd opo^ ug SBpB^uaiuuadxa ou unu 'sBAanu
sauopdo B^uano ua jbuio^ ou p a^uauíBpnf sa 'sBAipuaaqB sb^ ap uppBjapis
-uod bj b BpajB anb o[ ua Boipui zb^\ anb sajoua so¡ ap ojauíud p anb jipaApB
BpBZBqoaj BJBd a^uaioqns sg sa^uauípad sopa^ so^ ap pjaua3 oppuas p jod
BpBJoqoxjoo sa ou 'jopBAjasuoo oiusuiduia opap un ap uppoajip B| ua uppu^
-ajdjapu B^sg • . ^pBSBd Bpuauadxa b^ b auuojuoo o\ ouiod aoajBdB -a[qisod
op asjaoBq Bupod anb oj ap u9pBuiuua^ap b^w 'zb^\ ua anb opBuuijB Bq as
Bupod anb O{ opo^,, jaq^s OU193?
•9T (¿9
BAippiSa¡ Bpipaui ua ofnpBJ^ as B^sandojd ns anb p ua sosbo soood so{ ap oun
anj a^sg uppBSuaduioo ap oidpuud un ofnpoj^i ztb^ isy BsnBD ap upisajd
-xa ap puppaoau uis 'jafnuí b¡ ap pBpinpA ups jod opjoAip p 9qnsaj jnbB a^
• T sapn^í uos ou jafnuí B[ ap A ajquioq pp uppun^is B{ anb ap oqoaq p ajqos
uppua^ B^ JBUiBq anj a^qap p a^odB n^ #u9pBn^is bj ua sa^uBAapj so^aui
-ap so¡ ap uppBjapisuoa BpunoapB sbui Bun opuapouiojd 'B^uano ua BpBiuo^
opis Bjquq ou anb BAi^ujaqB Bun ua BJBdaj zb^\ ap u9puaAja^ui Bg aBqiuiBj

l\vaiaaaaj zva aa ODiaianr a avióos oiNai^vsNad aa

�18MIGUEL ANDREOLI

tas de crítica que, creemos, no alcanzan a superar sus planteos: a) en un caso,
se lo interpreta bien, pero la crítica no asume la complejidad del problema; b)
en el otro, no se lo entiende.
a)Ceruti Crosa sostuvo que, al contrario de lo que pensaba Vaz, la natu
raleza de los problemas planteados en este primer momento del tratamiento
de las cuestiones normativas -y en general en todo el proceso de la decisión-,
es del tipo de las cuestiones explicativas 19 y, por lo tanto, plenamente reductible a procedimientos de carácter científico.
b)En el otro extremo, se ha afirmado que, en Vaz, "La cuestión normati
va es siempre entendida como una cuestión de tipo técnico: elección de medios
para fines" 20, y que, en consecuencia, "el resultado de la acción será mensura
ble estrictamente en términos de eficacia", por lo que nuestro autor coincidiría
con el tipo de enfoque para el cual, en las cuestiones normativas, "la 'solución'
tiende a fundirse con la de las cuestiones explicativas, suponiendo de esta ma
nera, fines dados, sin discutir la estructura de valores desde la cual esa con
ducta tendría sentido" 21.
Ni Vaz reduce lo normativo a lo explicativo, ni un proyecto de este tipo
aparece como particularmente prometedor, ya que su ejecución requeriría o
bien volver a alguna forma de una filosofía de la historia donde el proceso his
tórico combinara a la vez facticidad y necesidad ética, o bien simplificar el mo
mento de lo normativo -que en el sentido que lo entiende Vaz incluye todas
las instancias de evaluación- bajo la forma de la generalización de algún tipo
de motivación.
Respecto a los modos de dar cuenta de la relación entre lo normativo y lo
explicativo, es posible diferenciar las siguientes posibilidades: 1. la reducción
de lo normativo a lo explicativo, y consiguientemente la reducción de los pro
blemas prácticos a cuestiones de índole técnica, ya que lo que habría que de
terminar, a partir de una situación, es lo que de hecho sería posible en rela
ción con fines dados, por lo que las discrepancias en la orientación de la acción
podrían ser resueltas en términos de acierto y error; 2. la reducción de lo ex
plicativo a lo normativo, con lo que los problemas de estructuración social que
dan más o menos reenviados a opciones éticas de los individuos, y la estructu
ra social se ve como particularmente maleable según las opciones y preferen
cias de los sujetos; y 3. el mantenimiento de la distinción entre los dos tipos de
problemas, pudiéndose considerar, dentro de esta perspectiva, a las cuestiones
normativas como racionalmente resolubles -tal es el caso de Stuart Mili- o
como en última instancia resistentes a la racionalidad -como sucede en Weber-, en tanto que lo explicativo supondría la construcción de una ciencia de la

19.Con énfasis crítico contra la distinción entre lo explicativo y lo normativo, Ceruti Crosa
señala que "Los dos primeros momentos del 'verdadero método' no pueden ser cumpli
dos sino desde un punto de vista 'explicativo', en cuanto ese método sea dirigido hacia
la realidad social", para lo cual remite a la interpretación del materialismo histórico de
la Tercera Internacional ([1946] p. 33 y sgts.)
20.Castro, D. y Langón, M. [1969], p.37.
21.Castro, D. y Langón, M. [1969], p.38.

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ajsa ap uvua jvuauaS uppuajv vj uvjvjjv anb sauoijsana svj 'vatjtjod u^^n
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-xa soj b ^^uauíBAisnpxa isbd BpB^uauo opB^sa bi{ anb 'U9puap3 ns ap uppaaiip
B{ uanbyipoui 'zajnpBui ns jbzubd|b bjb&lt;1 'o^uaiuipouoa ap sbuuoj SB^sa anb
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-isoduii b7 uBjado saXaj sBsa anb sbj ua sajqBiJBA SBiouB}sunojp sbj ap pBp
-ifajduioo bj b ouis - „„ a}UB}joduii Bpipaui Bun ua souaui oj jod sBpioouoo
bX 'a}uauiB}siuipdo 'Buipsa jjip^ spuiapB anb- ouBuinq oj ap sajBjauaS saXaj
BX^q ou anb b UBjjaqap as ou 'souBuinq so^unsB soj ua SBpuxa sauopoxpajd
ap oj^oj ja ua sauopB}iuixj suq • _ sooiS9joaja}aui souauíquaj soj ap Biouap
Bun ap U9joonj}suoo bj Ba}UBjd anb sbj b sa^uaaajip a^uauíjBpuasa UBuas ou
bj ap sapB}jnoyip sB^ sajBjn^Bu sBpuap sbj ap opoui jb 'BUBuinq
bj ap Biouap Bun ajqBzxjBaj a}uauiB}oajjad Bjapisuoo \tsajr&gt;uoui
svpuap svj ap voj3gqn opBjn^p 'ojSoq Jo tuajs^g y ap j^y ojqi^ ja ua 'JJJJM
zb^y X jjxj^^ aj}ua sa^uBpoduii sbui SBiouaaajip sbj ap Bun BoipBj jnby
sajqBnjBAa a}uauiBop9 sauoisioap apsap
sauopBjaj sbj JBjnSyuoo ap pBpijiqísod bj ajqos o^sand sa sisbju9 ja 'o^uaiui
-Bsuad ns ap o^ajouoo ojjojJBsap ja ua anb SBJ^uaxui 'odp jaoja} jap sbj X opun^
-as ap sbj aj}ua Bjpso 'sauopua^ui sns ua 'zb^y ^p U9pisod bj anb souiaaj^
•SBpioouoo jas
u^pand anb sajBpos sapupuBjnSaj ire^spca anb 'sa o}sa 'sajqispajd sopB}jnsaj
'oppuas un^jB ua 'xre3ua} U9100B ap sosjno soj anb uaSixa suquiB anb bX 'upp
-isod Bjauíud bj X Bjaoja} bj jod opi^Bduioo sa ouipjn 0}sg Bireuinq U9poB

61VHIH^HHH ZVA 3O ODIOIMOf A 1VIDOS OlN3MVSN3d 13

�20MIGUEL ANDREOLI

La crítica de Mili dibuja un retrato anticipado de la postura de Vaz ante
los problemas sociales. El filósofo uruguayo no desconoce, obviamente, el he
cho de que todo proyecto social se enfrenta a limitaciones y condicionamientos
que, en una medida importante, pueden ser conocidos empíricamente, pero su
pensamiento, en este aspecto, no va más allá de la indicación general de que
hay que tener en cuenta lo posible o, a lo más, algunos rasgos de la naturaleza
humana, y su esfuerzo, en cambio, se dirige principalmente a determinar cuál
es el orden de cosas deseable 27.
En un Psicograma de Fermentarlo, Vaz acepta la existencia de leyes so
ciales, con la salvedad de que "habría que estar mucho tiempo explicando en
qué sentido" (F, p. 181), lo que luego no hace 28, limitándose a avanzar una
analogía con las leyes físicas. Indica que la existencia de leyes sociales no obs
taculiza las reformas, pues sostener tal cosa sería como afirmar que "porque
hay leyes de gravitación, resistencia de materiales, etc., no se puede reformar
la arquitectura." (ibid.). Pero, en general, a lo largo de su obra, parece confiar
en una reflexión atenta, antes que en la contribución que pudiera provenir de
una ciencia empírica de lo social.
La actitud de Vaz en relación con las ciencias sociales de la época, integra
una historia intelectual compartida por la generación formada en la Universi
dad nacional del último cuarto del siglo pasado, y en la que, tal como señala
Ardao, se vivió, dentro de un proceso compartido en varios países de América
Latina, el dominio del positivismo primero y "la parábola de su ascenso, auge
y declinación" después

.

El positivismo se constituyó en la mentalidad dominante de las clases
ilustradas, a la vez que proveyó una imagen del quehacer científico particular
mente influyente. La ausencia de una tradición consolidada de investigación
científica en nuestras sociedades contribuyó a que la idea de la ciencia en intelec-

27.En un proyecto del año 1929, cuando desempeñaba el Rectorado de la Universidad de la
República, en la propuesta de formación de un Instituto de Estudios Superiores, en el
ord. 6o del art. 3o se disponía la creación de una cátedra "de ciencias sociales y económi
cas con aplicación especial al problema social". Mientras en el caso de las ciencias natu
rales y en el de la matemática, su prédica estuvo orientada a defender un ámbito propio
para una investigación separada de las urgencias de la aplicación, en cambio, cuando se
trata de ciencias sociales siempre remite a la orientación de éstas en el sentido de ser
fuentes de propuesta para lo que Vaz consideraba "los problemas sociales". La impre
sión que dan sus textos es que creía que cuando en este campo se abandonaba un con
tacto más o menos inmediatos con las grandes urgencias prácticas, se caía en la falsa
sistematización o en alguna suerte de formulismo vacuo.
28.Carlos Mato señala que "Hemos encontrado reiteradamente, como una constante de sus
desarrollos, esta estructura: 1) se apoya en una serie de proposiciones a las que enfoca
críticamente; 2) alude a un nivel superior de la cuestión que no presenta con el mismo
rigor con el que comenzó la crítica; 3) finalmente su pensamiento se pierde en la ambi
güedad", en (1967) p.9. Coincidimos con estas observaciones, salvo que creemos que en
buena medida la ambigüedad se debe a la dificultad de las cuestiones planteadas y al
cuidado de Vaz en no caer en soluciones hechas. Además tal ambigüedad se reduce
cuando se considera el conjunto de su obra que, más allá de un cierto aspecto de disper
sión, está dotada de una fuerte unidad de dirección.
29.Ardao, A. [1968], p. 251.

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\ZVaiHHMHd ZVA 3Q ODIQI^nf A1VIDOS OlNHIWVSNHd 13

�22MIGUEL ANDREOLI

desenvolvimiento de las sociedades, pero que en realidad $e iniciaba con un
conjunto de abstracciones derivadas de los supuestos de la filosofía evolucio
nista, a partir de las cuales procedía luego por deducción: "Empezaba con un
esquema evolutivo al cual había llegado deductivamente; de ese esquema deri
vaba la necesidad de ciertas fases, y después prestaba carne y sangre a esas
fases abstractas por el método del ejemplo, tomando de aquí y de allá los que
parecían ajustarse a su sistema" 36. La unidad del sistema daba un aspecto de
acabamiento y fuerza de certeza al tipo de concepciones que a través de él se
veían ratificadas.
Su difusión formó parte de nuestro proceso de modernización cultural, y
lo que de este positivismo sobrevivirá, también en el caso de Vaz, será la sín
tesis de la idea de evolución y mejoramiento con los supuestos del laissez faire.
El sistema, en cambio, será progresivamente olvidado.
Vaz pasó de una inicial admiración estudiantil por la obra de Spencer, a
juicios más cautelosos, para llegar a un fuerte rechazo a lo que consideraba un
ejemplo acabado de los males de las sistematizaciones indebidas 37: dogmatis
mo, tendencia a acomodar los hechos a las abstracciones, unilateralidad, in
comprensión del pensamiento ajeno, cerramiento ante la riqueza de ideales
posibles (en varias oportunidades, en particular en XTV, p. 154 y ss.). Califica
a Spencer como "gran constructivo", autor de un "inmenso pero deleznable edi
ficio", del que sólo son utilizables algunos ladrillos (MI, p. 190).
Spencer es para el filósofo montevideano el paradigma de la "sistematiza
ción forzada" y de la "falsa precisión", (LV, p. 289), fácil recurso de ejemplificación, para quien enseñara la lógica viva, del error de pensar por sistemas reali
dades complejas, ante las cual^s lo verdaderamente conveniente es proceder
por ideas a tomar en cuenta. El error en el que se cae al sistematizar indebida
mente consiste en pretender extraer "de una observación exacta o de una re
flexión justa (...) una regla fija, (...) una norma que nos permite, parece, resol
ver todas las cuestiones" (LV, p. 154-155). Así se produce una ilusión de certi
dumbre y de fertilidad. Pensar por ideas a tomar en cuenta, en cambio, es más
difícil. En este caso siempre queda una cierta insatisfacción, porque no se da
una fórmula para determinar cuando, dentro de qué límites o en qué grado se
han de utilizar tales ideas. Para Vaz pensar por sistemas equivale a pensar
por una idea, y según él, debe haber una estrecha correspondencia entre la

complejidad del tipo de realidad a considerar y la complejidad del conjunto de
ideas a utilizar para aproximarnos a ella. Las cuestiones sociales -las más

36.Timasheff, N. [1961], p.62. Una observación similar hace Vaz en 1918: "en él, aun cuan
do los hechos aparezcan siempre motivando aparentemente las generalizaciones, al con
trario, y en muchos casos, las generalizaciones han venido primero y los hechos han
sido ordenados y buscados después" (XTV, p.154)
37.Señala Claps [1972], p. 18, que a partir de 1913-1914, Vaz consideró que su reacción
contra Spencer había cometido el exceso de desconocer partes valiosas de su obra, en
particular su interpretación del utilitarismo. Ya cerca del final de su vida, en una confe
rencia del año 1950, expresa, en relación con Spencer: "¡cuánto había que corregir en
aquel pensador, cuyo temperamento absoluto le hizo mezclar tantas ideas equivocadas
con las verdaderas y fecundas que hay que agradecerle!" (XI, p.244)

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ÍZVai3^H3H ZVA 3Q ODIQíanf A 1VIDOS OlN3MVSN3d 13

�24MIGUEL ANDREOLI

ñas analogías con la posterior concepción falibilista, también hay diferencias
que indican distancias importantes entre ambos modos de dar cuenta de la re
lación entre práctica y conocimiento.
Tanto en Vaz como en el racionalismo crítico, se sostiene la existencia de
una autonomía relativa del momento evaluativo en los problemas de la acción.
Para el racionalismo crítico, tal como lo presenta Hans Albert, explicitando
implicaciones de tesis popperianas: "los resultados de la investigación socioló
gica y sicológica pueden ser relevantes para la solución de problemas morales,
pero sería muy difícil probar que estos resultados ofrecen tales soluciones
para esos problemas", ya que "las decisiones de la praxis no pueden obtenerse
solamente de conocimientos" 41. En ambas perspectivas, aunque de modos y
con énfasis distintos, también se niega la separación absoluta entre conoci
miento objetivo y decisiones existencialmente significativas. Pero mientras el
racionalismo crítico invita a considerar los principios éticos como hipótesis,
eventualmente rechazables por el avance de los conocimientos científicos,
siempre que se admita el principio de que el deber ser implica el poder 42, en
Vaz más bien hay una cierta inmunización de las creencias morales básicas a
la crítica del conocimiento disponible. Su insistencia en la necesidad de gra
duar la creencia, de no buscar certezas absolutas para fundar la acción, tiene
obviamente una resonancia que parece conectar con los desarrollos posteriores
del racionalismo crítico, pero la conclusión que de aquí extrae es de otro tipo.
Mientras que para el racionalismo crítico tan provisorios son nuestros conoci
mientos objetivos como nuestras creencias morales 43 y, en este aspecto, la im
posibilidad de la certidumbre no es obstáculo para que los primeros corrijan a
las segundas; para Vaz, en cambio, si el conocimiento que podemos tener de
las consecuencias previsibles de nuestras acciones es siempre imperfecto, no
debemos dejar que éste afecte nuestros principios morales: "Si progreso ha ha
bido en lo intelectual como en lo moral, ha sido, justamente, gracias a los que
han perseguido la verdad desinteresándose completamente de las consecuen
cias" (CA, p. 136). Si la previsión de los efectos de una acción orientada según
un principio, es el "pago" -según el lenguaje mercantil al que era afecto James
y que aquí Vaz recoge— que podemos esperar de ese principio, "la conducta
práctica verdaderamente razonable y útil, aun pragmáticamente, consiste en
no pensar en el pago" (CA, p. 139). Esta negación de que las opciones morales
deban ser afectadas por las previsiones de las consecuencias que pueden im
plicar los cursos de acción, marca una diferencia importante con la actitud del
racionalismo crítico ante la práctica. La propuesta popperiana de una ingenie
ría gradual ^^ en las cuestiones sociales supone que los individuos acepten
transacciones no sólo respecto a los fines, sino que además estén dispuestos a
modificar sus valoraciones dados los efectos previsibles.

41.Albert, H. [1973], pp. 88 y 100.
42.Albert, H. [1973], p. 112.
43.Salvo en lo que tiene que ver con el compromiso básico con la racionalidad, tal como
afirma Popper [1957].
44.Popper, K [1957].

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bj JB^daoB aoajred uaiq 89j^[ BzpBuia^ bj 'oppsisui soraaq ouioa 'oooduiB^ ojad
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jBnpa B8JB^ Bun anb .Moua^uB oj ap UBjBj^^a sBi^siApisod soj anb ouBjojoa ja
sa zba a^ a^uasaad 9^sa ou anb oj ojaj (0TT-60T d 'á) (souaui jb
BJapBpjaA sa ou anb 'jap^JBD asa ap uqp^oijdxa Bun ap 'X (• •) Bqaaq uaiq
ou una anb uoud v jbuliijb apand as 'bjj ^od opo^ jBoijdxa opuaipua^aad o 'of
-ajduioo souaui oj ap Bpuap bj^o b opuB^iuii B^uasajd as '(p^pijBa bj^o ap soqa
-aq ap a^uauíajdmis o) opBAaja s^ui uapjo un ap o 'sofajduioa s^ui soqaaq ap Bp
-uap Bun opiren^,, :g^ a^uio^ b a^xuiaj anb ooiuquouipap ouisiApisod jap
un sa 'osbo jauíud ja ua sooq^uap so^uaiuiipaoojd soj ap joXbui X
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souau^uaj soj X jBpos oj 'ooi^9jooisd oj ap pBpifajduioo bj b a^uajg
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�26MIGUEL ANDREOLI

diata intencionalidad práctica: el pretendido descubrimiento de una ley de
evolución, era a la vez la postulación de la idea de progreso como norma de
evaluación de los fenómenos sociales; pero el objetivo práctico venía imbricado
en el proyecto de creación y desarrollo de una ciencia de lo social. Nada por el
estilo hay en Vaz.
En caso de que hubiera efectivamente considerado las exigencias de una
ciencia de lo social, dado el horizonte intelectual que toma como punto de par
tida, Vaz se habría visto enfrentado a la contradicción existente entre algunas
tesis características del modo positivista de entender las tareas de una ciencia
social y el individualismo. Por una parte está el problema general de la com
patibilidad entre una concepción de la ciencia como descubrimiento de leyes
deterministas y la libertad humana. La forma de solución a la que apunta en
Libertad y Determinismo es característicamente no positivista. Pero además, y
éste es el caso del evolucionismo spenceriano, hay una tensión particular en
tre organicismo social e individualismo político, irresoluble dentro de los su
puestos mismos de la teoría. En el Apéndice de la Primera Edición de Lógica
Viva, Vaz señala, respecto a Spencer, que "su teoría del 'organismo social' lo
llevaría lógicamente al socialismo, y, por inconsistentes distinciones verbales,
se defiende de ello" (LV, p. 289) 46. El socialismo no está implicado en el orga
nicismo, pero, y esto es lo que hay de cierto en lo que sostiene, un organicismo
consecuentemente desarrollado conduce a consecuencias incompatibles con el
liberalismo ético y político -aunque no necesariamente con el económico- y en
verdad las salvedades que Spencer añade para evitar esta conclusión, enun
ciando diferencias entre organismo y sociedad luego de haber usado extensa
mente la analogía, parecen ser en buena medida "distinciones verbales".
La ausencia en Vaz, de una reflexión expresa sobre las ciencias sociales,
junto con una cierta indistinción, no argumentada, entre teoría social explica
tiva, por una parte, y propuestas normativas ante los problemas sociales, por
otra, no significa que en nuestro filósofo no haya una reflexión compleja sobre
las relaciones entre conocimiento y evaluación en materia de acción. Debere
mos buscarla de otro modo.

El pensamiento de Max Weber sigue siendo un punto de referencia sobre
estas cuestiones, por lo que, si bien el neokantismo no integra el horizonte cul
tural de Vaz, conviene recordar brevemente algunas de sus tesis. Al discutir,

46. En el mismo sentido, en una Conferencia del año 1950, señala entre los errores de
Spencer: "el hecho de haber escrito una extensísima Sociología en que apura hasta el
extremo detalle el concepto organicista, esto es: la comparación de la sociedad con los
organismos, sin pensar que, en los organismos animales, el progreso consiste en el au
mento del dominio del gobierno (el cerebro) a expensas de los individuos (células), en
tanto que para un 'individualista' ¡y él lo era más que nadie! el progreso debía consistir
precisamente en lo contrario: en el crecimiento de la libertad de los individuos y en la
reducción del poder del Estado (es, tal vez, el caso más impresionante de contradicción
que se haya presentado en la historia del pensamiento)" (R, p. 245)

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LZVai3^M3J ZVA 3d ODIQIMnf A 1VIDOS OlN3IINVSN3d 13

�28MIGUEL ANDREOLI

distinción con la que se plantea en la Lógica Viva (LV, p. 74 y sgts.) entre las
cuestiones de palabras -en las que, admitiendo los mismos hechos, se discute
sobre el significado de las palabras- y las cuestiones de hechos -en las que se
trata de determinar cuales son los hechos-.
Las cuestiones de hecho son no plásticas, pero las cuestiones plásticas, si
bien en ellas predomina el aspecto interpretativo, no por eso serían puramen
te verbales, ya que el cambio del esquema desde el que se interpreta la per
cepción no es un mero cambio de nombres. La dicotomía cuestiones de pala
bras-cuestiones de hecho no cubre adecuadamente la diversidad de problemas
de la que Vaz quiere dar cuenta. Ni todo lo no verbal es de hecho -salvo que
ampliemos el significado del término "hecho" más allá del uso natural que Vaz
parece estar dándole- ni todo lo que no es de hecho es meramente verbal.
Tómese en cuenta lo que sucede en materia práctica, donde la determina
ción conceptual de una alternativa implica también problemas que estricta
mente no son ni de hecho ni verbales:
"El otro Bruto, el que condenó a sus hijos, ¿fue un filicida? cuestión tam
bién en parte de palabras, pues todos admitimos lo que Bruto hizo; admi
timos los mismos hechos: discutimos si se debe o no llamar filicida. Pero
es evidente que (...) con la cuestión de palabras está fundida una cuestión
que no es puramente verbal" (LV, p. 81-82).
Se ha intentado dar cuenta del tratamiento que Vaz le da a los adjetivos uti
lizando categorías de la semántica actual, en el sentido del destaque de la varia
ción de su connotación según la relación con el sustantivo al que califican 51. Más
precisamente, en esta línea de lectura de la obra de nuestro filósofo, se ha di
cho del pasaje anterior que Vaz "Llama la atención sobre las cuestiones afecti
vas (esto es, connotativas) que han de dilucidarse para saber si, por ejemplo,
se puede atribuir o no el calificativo de 'asesino' a un individuo (en su ejemplo,
Bruto)" 52. Se trata de una equivocación: en el mismo párrafo Vaz señala que
"es evidente que también anda aquí envuelta una cuestión moral", y, más allá
de la importancia que le atribuye a los sentimientos en cuestiones morales, no
se puede identificar su concepción de la moral, ni de los problemas prácticos
en general, con alguna forma de emotivismo. Los problemas involucrados en
el uso de términos como "filicida" no son puramente verbales, ni son de hecho
-en el sentido en el que ha venido considerándose lo que es una cuestión de
hecho- ya que en ellos se está de acuerdo sobre los hechos. Pero de lo anterior
no se desprende que la alternativa que resta sea remitirlos a un uso puramen
te expresivo del lenguaje, en el cual simplemente estuviéramos manifestando
nuestro disgusto con la acción. Una interpretación de este tipo es inconsisten
te con la concepción de Vaz de los valores, ya que éstos, si bien se revelan a la
interioridad de un sujeto y no son la expresión de una realidad trascendente,
tampoco resultan del mero arbitrio individual. Se descubren en el desarrollo
de la historia como ampliación del horizonte de evaluación y, antes que mani-

51.Liberati, J., [1980], p. 74.
52.López Velasco, S. [1985], p. 111.

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-uosap a{qisoduii sa anb bX 'sooi^opjd so^uauín^jB so{ ap SBsiuiajd sb{ ap U9p
-n^ipuoo B{ ua {B^uauíBpunj pdud un ua^duino so^daouoo sa{Bj/ soppnpaj jas
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o^unf 'uaasod 'souiiSap apuop apsap sauopun^is sb{ Jiquosap BJBd souiBsn anb
sauoioou sb{ anb opand ' „ (SuipmS-uo^ov) uppov-vj-dp-sduopmnS X (pdp
-mS-piJom) opunui-p-dod -sopvmS zaA B{ b uos anb so^daouoo souiBzi{i^n 'ub^
-oajB sou anb sauopun^s sb{ jiquosap \y BDip^jd Bi}oso{ij ns ap sauopBoi{duii
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62VMiaMMHJ ZVA 3Q OOiaianf A1VIDOS OlNHI^VSNHd 13

�30MIGUEL ANDREOLI
i
3.2. Las ventajas e inconvenientes
La evaluación de las ventajas e inconvenientes puede resultar interferida,i
tanto por el paralogismo de confundir las cuestiones normativas con las expli-|
cativas, en la medida en que nos equivoquemos por buscar una solución sin in-.
convenientes, como por la perturbación que nuestras actitudes valorativas in
troduzcan en la ponderación. Lo que ahora nos interesa es señalar que las\
pautas desde las cuales hay que efectuar la valoración, son, para Vaz, recono
cibles y, en cierta medida construibles, desde la subjetividad del individuo que
ha de elegir, pero no por eso arbitrarias.
En buena parte de la teoría de la elección racional, tal como actualmente
se desarrolla, se considera a las preferencias del individuo y a las metas que¡
este se propone, como un factor en principio independiente. La racionalidad:
dependería solamente del cálculo de costos y beneficios en relación con los de
seos del sujeto, sin que esto implique alguna forma de juicio sobre la naturale
za de estos deseos o sobre su origen. En esta perspectiva estrecha de la racio
nalidad, se puede hablar de deseos irracionales sólo en un sentido derivado, si,
por ejemplo, éstos resultan fácticamente irrealizables o si, en su conjunto, son
contradictorios; pero los deseos, en tanto que tales, no pueden ser calificados.
Esta es la conclusión de un proceso que comenzó con una de las direcciones
básicas del pensamiento moderno, para la cual el punto de partida de la mora
lidad pasó a ser una cierta naturaleza humana concebida desde deseos bási
cos. La consecuencia fundamental para la ética moderna fue la negación de la¡
posibilidad de formulación de una eticidad construida desde el cultivo de vir
tudes, en la medida en la que esta implica una modificación de los deseos des
de la idea de una naturaleza humana no dada sino que a realizar. El mismo
Weber, al discutir la posibilidad de acuerdos racionales en materia de evalua
ción, afirma que el sujeto ha de elegir en situaciones en las que se enfrentan
valores contradictorios, y no puede, en última instancia, esperar una solución

i

desde la disciplina empírica, pues a partir de ésta, sólo podemos llegar "comoj
observó el viejo Mili, al reconocimiento del politeísmo absoluto como única me-i
tafísica que les conviene" 55. No habría entonces, estrictamente hablando, de-i
cidibilidad racional en materia de valores, más allá de las tareas propias de

j

una ciencia de lo social.j
Para Vaz, en cambio, las posibilidades de acuerdo racional no quedan li

I

mitadas a lo científico ni a lo instrumental: lo ético no es asunto de opción ar
bitraria. Prácticamente en cualquier situación existencialmente relevante, la
moral introduce una restricción particular en las alternativas que podemos to-!
mar en cuenta. En materia moral, nos guían "normas que hemos admitido en
general de una vez por todas" (LV, p. 119), y que no nos habilitan a tomar en
cuenta las ventajas e inconvenientes que podrían resultar de la aplicación dei
esas normas en el caso. La moralidad limita así, las opciones que pueden ser;
consideradas, y en ellas no todo está abierto a la elección.

55. Weber, M. [1971], p.117.

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sapjoui sbuijou sb[ buijoj 6^83 8Q • g pupapos ua sajquioq so[ ap Bpuauadxa
BpB3uo[oad B[ ua sa[qBjoABj spui jas opua^oui uuq anb SB[^aj sb^ jod 'ouisiui
pp sBpuanoasuoa sb^ jod anb sa^uu 'soujB^uauo souiaqap a^uauqBJOui
BJBd '[Bna b[ un^as qi^^ ^nn^g ap sisa^ b[ Bpjanaaj 'soidpuud so[ ap oz
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'aiqBJOABjsap aouB^q un o^Bipauíui o¡ ua a^uasaad so[[a jod BpB^uauo
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-Sis ou o^g ^^SBpo^ jod zaA Bun apM aoBq as anb uppdo sun ap b^bj^ ag ¿{bjoui
Bim jod upispap b¡ sa uppdo ap od^ 9nb? ojad 'jBjapisuoo a^uauiBpi[BA souiap
-od ou anb SBAr^maqB 'sa^uo^ua '^Bq '[bjoui Bun souiB^dopB anb zaA

l€VMIHHH3J ZVA HO OOIQíanf A 1VIDOS OlN3IWVSN3d 13

�32MIGUEL ANDREOLI

ción de las consecuencias, al que le da un énfasis aun más marcado. De hecho,
afirma que "el signo esencial de la elevación de pensamiento, es tener en cuen
ta principios y sacrificar a ellos éxito, resultad9s inmediatos o aparentes" (F,
p. 31).
La consideración de las alternativas en situaciones moralmente relevan
tes, implica, entonces, una orientación del comportamiento por normas que se
han convertido en sentimientos, y no por el cálculo de conveniencia de las con
secuencias del acto singular. Las normas muestran su utilidad en términos de
largo plazo y de lo mejor para la humanidad, y no necesariamente lo mejor
para los intereses inmediatos del sujeto, el cual, si es un agente moral, estará
impulsado por motivos altruistas.
Pero, afirma Vaz, nos equivocaríamos si supusiéramos que la aplicación
de los principios al caso es asunto de deducción solamente. De lo que se trata
es de llegar
"a la apreciación de cada acto (...) (cada uno es distinto, nuevo y único).
Pero esa apreciación de cada acto no se hace con el criterio estrecho de los
empíricos, sino con un criterio completo: no solamente a base de las conse
cuencias previsibles directamente en ese caso, sino comprendiendo todas
las consecuencias imprevisibles en especie concreta, pero previsibles en va
lor y en dirección (signo moral), para lo cual se necesitan intuición de ex
periencia y sentimiento" (F, p. 35)
Su concepción sobre el modo correcto de tomar en cuenta las consecuen
cias es compleja. La apreciación del acto, no puede realizarse con el criterio de
los "empíricos", esto es tal como lo harían los que generalmente se conocen
como utilitaristas del acto, evaluando las consecuencias del acto singular. En
contra de éstos, exige que se tengan en cuenta, además, "todas las consecuen
cias imprevisibles en especie concreta, pero previsibles en valor y en dirección
(signo moral)". Las consecuencias previsibles en sentido moral del acto, pero
no previsibles en concreto, creemos que son aquellas que afectan a la forma
ción misma del agente y, en todo caso, al efecto que pueda tener éste como
ejemplo moral. De un modo similar, criticando al pragmatismo de James, se
ñala que cuando se consideran las consecuencias, si se toma en cuenta sólo las
previsibles, la práctica se modifica de un modo funesto, mientras que si se
atiende a "todas las consecuencias, actuales y futuras, reales y posibles, cono
cidas y desconocidas, previsibles e imprevisibles", esto "no afecta absoluta
mente en nada las reglas de creencias" (Pr, p. 123).
Si ya es difícil saber cómo se podrían tomar en cuenta todas las conse
cuencias posibles, ¿cómo considerar consecuencias desconocidas e incluso im
previsibles? Lo que se puede concluir es que, para Vaz, de lo que se trata, ante
los actos singulares, es, simplemente, de no tomar en cuenta las consecuencias,
pues decir que debemos tomar en cuenta todas las consecuencias posibles
equivale a un rechazo de esta forma de consecuencialismo, por la vía de plan
tearle una exigencia imposible de satisfacer. Equivale a afirmar que lo único
que sabemos es que los actos poseen consecuencias que exceden nuestra previ
sión. Por eso, nuestras "reglas de creencia", es decir, en materia práctica,

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-uadg ap osbd p ua U91SIA Bpa B^a{duioD anb B^siuopnpAa bdisjljbpui tb\ b U91S
-iiuaj B{ ojaj pBpiAipfqns Bun ap pBpuoua^ui ts\ ua ops \tb^ ouiod oppouoDaj
sa 'BAipfqns pupauBj^qjB ap uppsanD jas uxs anb ' SBApaadsjad ^e\ ap U9p
-BqduiB Bun ouiod pjoui osao^oad p jod A. onpiAipui {a ua jBUJB3Ud^[B Bzjanj
ouiod Bjado ^bjoui Bun anb Bipua^ua zb^y anb p ua opoui p apiSip^ui s^ui
jaa^q apand snapi ap opuojSBJ^ a^sg "pnpiAipui apBzipuajdB opo^ b soiAaad
so^uaiuipuas ouiod sopBiuBDua opupanb ireq anb so^ apadsa B{ ap osaoSojd [ap
sasaiapu so[ uo^ a^uapiA o[ ap JBpDipnd buijoj ouiod pupiuBiunq B[ ap afuzip
-uajdB [a Bsajdxa 'ojupsui ap apadsa Bun b BpB[iuiisB osnpui 'soois^q sojuaiui
-púas ouiod BpBzuouajuí pBpipjoui B[ 'zb^\ ap ojuaiuiBsuad [a ojoadsB ajsa
ua aju^poduii opoui un ap opua^nyui Bnupuoo anb 'jaouadg ap osbd [a ug
"(6T ^ '^J) oS^d [a ua jBsuad ou ua ajsisuoD 'a^uaiuvopviuSvud
unv '[ijn A 8[qBuozBJ ajuauíBjapopjaA Boip^jd BpnpuoD B[^ :sBiouanoasuoo sb[
ap uppBjapisuoo B[ jod sopupajB ojnpsqB ua u^^nsaj ou 'soidiouud sojjsanu

evai3^aj zva aa oDiai^nr a ividos oiNai^vsNad aa

�34MIGUEL ANDREOLI

nientes" (LV, p. 108); pero, en los casos más relevantes, no hay examen sufi
ciente que pueda evitarnos la necesidad de elegir.
La historia del desarrollo moral de la humanidad, en vez de ser la de la
imposición de un modelo de comportamiento o de algún sistema de principios,
consiste, cree Vaz, en la creciente ampliación de las motivaciones y principios
morales, de tal manera que "es cada vez más capaz el hombre moderno -y qui
zás ello constituye su más indiscutible superioridad- de obrar, y de obrar in
tensamente, a base de muchos sentimientos, y no de uno solo, con muchas
ideas, con pensamiento y con más crítica" (LV, p. 66). En este sentido, la afir
mación de un conjunto cerrado de principios para la acción es un estrecha
miento de la capacidad de producir acción buena, el resultado de una falsa
oposición que nos impide ver la complementariedad de la diversidad de valo
res.
Una vez que se ha prescindido de las hipótesis religiosas o metafísicas, y
en la medida en la que hemos ampliado el conjunto de valores a satisfacer, las
soluciones normativas sólo pueden presentarse como imperfectas, incompletas
(LV, p. 97). Ante la imposibilidad de disponer de sistemas normativos sin fa
llas, según algunos se habría concluido en la imposibilidad misma de "fundar
la moral" (LV, p. 98). Para Vaz, estos críticos perdieron la perspectiva de la
naturaleza normativa de la moralidad, y por lo tanto irremediablemente im
perfecta. Al exigir que la moral estuviera fundada pedían "reglas tales que lle
ven a una conducta que no tenga inconveniente alguno, ni dejen nada dudoso,
incierto, no resuelto..." (LV, p. 99).
En verdad, el modo en que usa Vaz la expresión "fundar una moral" es pe
culiar, ya que, por lo general, cuando se habla de fundar la moral, más bien se
exige una respuesta a preguntas del tipo ¿porqué tal principio es moral?, o
¿porqué es preferible este conjunto de preceptos antes que tal otro? o, si se re
fiere a la institución misma de la moralidad, ¿se justifican las pretensiones de
validez de la moralidad? o ¿porqué ser moral?; es decir se pide una justifica
ción, y no un conjunto cerrado de normas capaces de resolver todos los casos
con aprobación unánime 60.
Pero lo que importa es que, para Vaz, el hombre contemporáneo se en
cuentra en una situación afectada por una pluralidad de orientaciones eventualmente válidas. Esto, tal como muchas veces se ha señalado, es una de las
raíces de una forma de escepticismo ético, de la cual es un buen ejemplo Weber 61, para quien, la razón está incapacitada para resolver la pluralidad de
pretensiones de validez. Vaz, en vez de ver a esta situación como fuente de
confusión y desorientación, la estima en términos de crecimiento de opciones,

60.En este sentido, A. Castro señala que, a diferencia de lo que afirma Vaz, se critica a un
sistema moral "no porque no funde una moral sin inconvenientes sino porque no funda
moral" [1914] p.49.
61.Escepticismo estrictamente en el sentido de las posibilidades de la racionalidad en la
decisión entre valores, no en cuanto al hecho de que Weber mismo no se haya compro
metido, como de hecho lo hizo, en materia ética y política.

�10661] T '^sig gg

^9
sajojja ua ^J3BD a^iauqp^j 'u9paB B{ ap sopajjoa soidpuud so| sa opa 'saii
-BSjaAiun soj Biapouoa ops uainb anb b^ 'au9pm:pn sa uqpdaajad Bpa A 'sopiq
-pjad jas ire^saaau sajBjnai^Bd sopa^ anb ouis 'soidpuud ap a^qpnpap sa ou
sajupiar^red sap^ ap o^aiuipouoa p j^ • uSBxe\noi%xed soqaaq soj ap o^iaiuipoui
-03 pw Baqdun anb 'sisauouj jas ap Bq U9ZBJ bj 'aasjaoBq ap Bq anb o^ ap Bajao^|
sopmf ap ouis 'sopaj sojnSi^ sop ap bj b pn^i ou o sa opiBu^u^ un ap sojn^j
-119 soj ap Biuns b¡ is ouioa sap^ sopmf ap b^bj^ as ou opirenaw sa o^sa 'aajquioqj
\e bjb¿ sb^bui o SBuanq sbsodw sb{ ajqos jbuozbj ap b^bj^ as opirenQ ^pspaiJBA
A spuajajip Bqanuí uBaqduiiM 'sapqod B{ ap ouioa Barp B^ ap o^ub^ o^unsB '0^j
-uaiuiB^ioduioa pp uqpsnaaps A {bjoui U9paajjoa ap SBpuB^sur sb{ B^uiSB^gj
\b bjb^ Baq^o^suB U9pipsj^ B| ap sopadsB soun^^ ua 'a^uauqspjBd souaui!
o\ jod 'u9ixa]jaj ap odp a^a Jiquasui 'opszjoj o^n^osqB ua A 'jpn souiaaja spapj
-ua^ia bjb^ ^Bn^iqBq b^ b B^uipip a^uauíBiAqo Bpuajajaj sun auap pmpaja^ui]
jap^jBa ap A Bpipuajds psqnaBj Bun BJBd ^^o^upsuiM ouiuu^ pp osn ^gi
(9^1 '^ *IH) S^SIBJ J9S B opiresBd uba 'opsj^
o^ap ua SBjapspjaA 'anb SBpuuqj ^sq ísopsjS ap SBiuapojd ^sq (•••) soarp^id¡
SBiuapojd so^ sopo^ isbd ua anbjod 'a{qBsuadsq&gt;ui sa anb A 'osbd p sa is 'p bj^uod
apuaqap anb 'oiuidoubj p Bjapoui 'BinS anb odi^qj o)u^si¿in un b ajaqaj as sao
-3A sbj^o osbo pp SBpiíBpunajp sb^ b Bpq^aui spnf b^ ua so^jBaqdB ap pBppBdsa
B{ 'soidpuud so{ ap ouisiui osn p ua spua^aduioa bj sa anb oms '(^9 d 'g) a^uaui
-spajq) apuajds as ou Bjp ap anb b^ 'spuauadxa b\ ap oj^siSaj ojaui sa ou aoa
-uiduia cquqsui,, a^sg (6^3 d &lt;A^) oiuidoubj {a B^a^duioa anb A 'jspajdsap ou au
-apuoa anb p 'opuj^ jouaui o jo^bui ua souiaua^ sopo^ anb p^uauíuadxa o^uipui
p 'oauiduia o^ui^sui p sa 'ajqisod sa ou opirena ojad íapisod sa opirena 'spuauad
-xa B[ sa (•) uqpnps bj Bp sou anb o\,, 'zba buuijb (A 'a^uapdun asjspAaj apand
o^uaiureuozBJ p 'B{Saj b^ ap u^psaqdB ap ospajd o^und p JBuiuuapp bjb^
• avpipjdd vjjvjvq vj o v^ojjvouvq ua uv^sa viuutj vj 'ojuantu
uv^sa apand a^uapvd ;^r uvnjov ap upisvao vj opipuad asuaqvy apand ugtsp
-ap nun v opv^ajj soiuay anb ua o^uawoiu p vjvj sajvnSj uos audtuap ou
svsoo svujo snj ouad 'sajvnSj uos svjjo svj p soiuvuappuoo svj sptu ojunno
A soiuiunau svqanud sptu sv^uvna uoCaui vas upispap vun anb ajqvqoud s^w

ap
Bun sa puopsj uppaap sun ap buisiui BpuaSixa sg osbd pp U9psn^is bj b
apsaqdB sa opsjS í^nb ua jaA|osaj souiaqap BiABpo^ 'japua^B souiajanb anb
[B oidpuud p souiBazouoaaj anbuns 'anb sa a^uanaajj s^ui o^ saip^jd B{
ua 'oqaaq ag 'ZQ asajB^apjBd uos jaasq anb souiaua^ anb sbsoo s^\ anbjod,,
'osbo pp sspuBpunajp sb^ ap Bzapjn^u b^ JBuiuuapp ap zudua jas ap
Bq anb ouis 'soidpuud so^ ap u9pB^nuuoj b^ ua BajB^ ns b^oSb ou uqzsj b^
'soaip^jd so^unsB so^ ua anb opupuas sq as sapp^sijy apsag soidpuud
so[ ap u9pBuiuua^apui ^\ jod ops sppnpojd sa ou ajquinppjaaui Bg

pBpqBJ
-appun B^ ap uqpBjadns A pjoui uppBuiuiuasip ap pBpp^dBO b^ ap o^aiun^

seVHiaaaaLdi zva aa o^iaianr a ividos oiNai^vsNaa aa

�36MIGUEL ANDREOLI

prácticos, "porque las cosas que hemos de hacer son particulares" 64. El "ins
tinto lógico" vazferreiriano, tiene entonces, una larga tradición 65. Es el expe
diente por el cual un pensamiento atento a la complejidad concreta, a la sin
gularidad de los actos de apreciación, intenta superar las dificultades de la
relación entre principios y actos, busca, en suma, "que la razón nos sirva y no
nos esclavice" (SPT, p. 204).
Finalmente, si efectivamente se ha aprendido, la moral ya no puede ser
formulada, pues "cuando en un espíritu se disuelven de esa manera los princi
pios, es, teóricamente, porque los sobrepasó, y, prácticamente, porque ya no los
necesita." (F, p. 35). Es entonces que el sujeto lograría graduar la creencia ade
cuadamente, evitando violentar lo concreto de la situación en la que actúa. Ardao
ha señalado que 'Tal concepción de la razón y de su ejercicio plantea un grave
problema: el del criterio de que ella ha de servirse para hacer en cada caso la jus
ta y adecuada graduación de la creencia. Vaz Ferreira tiene una respuesta pron
ta: para las cuestiones de grado no hay fórmula, nadie la puede dar; la solución
ha de venir por lo que se piense y se sienta en cada caso" 66. La debilidad de la
posición de Vaz no radica en que no explicite un criterio para "graduar la creen
cia", cuya búsqueda sería más propia de un tipo de programa ético ajeno al suyo
que ha mostrado graves dificultades de realización, sino que el problema radica
en que el grado justo provendrá en última instancia de lo más profundo de la inti
midad no discursiva del sujeto. Esto conduce al pensamiento vazferreiriano a una
particular hesitación, en la medida en la que se resiste a la conclusión irraciona
lista que se podría desprender de su particular punto de fuga.
La respuesta de Vaz a cómo debe orientarse el sujeto en una situación de
creciente complejidad en lo valorativo, y a la cuestión de cómo ha de graduar
la creencia, termina teniendo, entonces, un aire intuicionista. No utilizamos
aquí el calificativo en el sentido estricto del término en la teoría ética, que ca
racteriza a quiénes sostienen que existe alguna evidencia a priori de los prin
cipios morales; y ni siquiera se puede afirmar que, en Vaz, como sucede con
los intuicionistas clásicos, los términos éticos tengan una referencia no natu
ral, sino más bien hablamos de intuicionismo en el sentido de que la orienta
ción correcta de la acción depende de la capacidad de "ver" lo que es bueno en
el caso. No hay innatismo, ya que esto se aprende, la elección buena en cada
caso es cuestión de educación del sentido moral 67, pero esta naturalización de

64.Etica Nicomaquea, 1094 b, 1140 b, 1142 a, 1143 b y 1147 a.
65.Otro problema es el de si en Vaz hay conciencia expresa de este contenido de raigambre
aristotélica. Nada parece indicarlo, y más bien su inscripción en esta dirección es el resul
tado del rechazo de las formas más estrictamente deontológicas de la moral, y, en particu
lar, de la negativa a la derivación directa de máximas de acción de principios abstracta
mente formulados, defecto fácilmente ubicable en parte de la tradición kantiana. El inte
rés, en el cual es directa la influencia de Mili, por una moralidad dirigida al bien de la hu
manidad en la tendencia histórica, lo ubica dentro de una consideración teleológica pero de
un consecuencialismo no inmediato. De ahí la recreación de una temática aristotélica.
66.Ardao, A. [1961], p. 40.
67.La importancia de la educación y de la experiencia en la formación de la moralidad, en ge
neral, y de los sentimientos morales en particular, también proviene de Mili [1949] cap.3.

�'[0661] f 'J81SI3) ,,PB^unIOA b ozBjq un jB^treAaj apand as anb ua
op^nas [a ua souiapod ou souaui [B 'pB^unpA b JBppvp n pB^mqoA b jaa^o souiapod o^n "89
-papppa soidpuud so{ apuop qp ^^uaure^snf anb ^A 'oopjaiuoaB auoiu ajqnps
-aj sa ou ooipi-?jd o\ anb souia^daaB anb ajduiais 'Buapui bj ua ajqisaoaB sa sou
anb pBpqiqiSipxui b^ Bpox jaaAOjd BJBd pnxdaouoo Buianbsa un JBp ap oxuapu
un 'a^uBsaja^ux op^^a^ un sa Baip^jd p^pqBuopBJ Bun JBAjasuoa ap o^ua^ui p
ua opBAps A opBjapisuoa jas ap Bq anb oj opox jod u9pBdnaoajd ng oupsap ap
o^und ap bjxubjbS uis jBzipaj ap Bq oun Bpua anb auodns as anb afBiA un BJBd
SBpjdmoaui SBuas ouioa ops aAJis sou b^sa jbjSo{ ap opoui {a aaqos aaip
-a^[ zb^y anb o\ 'ojaj osbo |ap saopBui so{ A. upp^npBj^ B^ opuBA¡BS o^a
A 'sajqisiAajd sBpuanaasuoo sns A B^Bipauíui uppnn^is B[ ap Bpuauadxa bj uoo
0{9s jb^uoo Bpua^ajd uamb ap Bjan3aa b^ ap ouiod 'soidba souispBuianbsa so{
ap o^ub^ 9{(B s^ui 'zaA b^ b 'asjBaiqn osm^ BDip^jd b¡ ap soai^buijou so^uaui
-oui so^ BJBd Biuiouo^nB BApB^aj Bun JBAjasuoa uBOsnq 'oouiduia jaqBS A U9p
-bjo^ba aj^ua uppcauoo BUBsaaau B{ b JBpunuaj uis 'anb soqanbB b o^unf asop
-u^aiqn 'p^pqBuopBJ A Borp^jd aj^ua U9p^pj b¡ ajqos sa^npB sauoixa^aj sb^
ap a^repodun a^^d Bun b SBap^u9axa uos ou U9pou B^ ap u9pB^uauo B{ ajqos
sauopBAjasqo sns BAi^oijiu^is Bpipaui Bun ug oopBuia^ojd s^ui o\ 'zaA b^ b
'sa 'zb^ ap o^uaiuiBsuad p ua a^iB[nuipsa A oopsuapBJBO sbui sa anb oq
(EZ '^ 'VD) "
vj jvzjoJ uis A- 'ojuaiunujsuj J}SvjJ A opajuadiui vv^ vA ajsa vdjno vu^anu
jod uvuouapp ou vuvd 'vpua^ipjui vj uvjuapp up 'vpuodsauuoo un8
•as 'sapvpipqtsod jod o sapvpipqvqoud uod o sapvpunSas uod 'ouanq soiu
-aaua anb op^uas ja ua uvuqo 'njutdsa ap opvjsa asa ua 'A '.svtuvf vjuvpmjo
íu vjuvjan íu uvunaoudou 'vpuvuouSi vujsanu v ojuvna ua íaouvojv oujsanu
v ajsa anb vzajsnf vj uoo ojuaiui^uaso oujsanu uvnpvuS A 'uvpnp aqap as
opuvno uvpnp '.uaauo aqap as anb ua opvuS ja ua 'uaauo aqap as opuvno uaauo
.' souuaqvs oj uppovujsqv ap ouvjd anb ua A 'soiuaqvs anb oj sa anb uaqvgn
apipnpajji ajquinppjaoui ap opBjá opap un ap Ji^nd b jBnps b japuajdB
ap sa Bpj:} as anb o{ ap A 'g9 ttBpuaaja B{ jbzjojw souiapod ojsl B^npsqB bz
-a^ao B[ a3ixa ou 'zb^ Bpuas 'sauí^p auaipos anb o{ ap Biouajajip b ZBOija U9p
-db Bq (82 "d 'VO) u^^^^^ souiaqap anb ua opBjS {a ua 'jaaja souiaqap anb o^w
anb s^ui jaaja souiapua^ajd ou A ajquinpipaoui B[ souiB^daaB 'sapBpqiqnqojd
jod JBjqo b souiapuajdB 'osbo a^sa ug (sa^3s A ¿x d 'vo) Bppu^ziABns bjoí"
-aui B{ A a3ujoa B| 'anb ouis 'u9poB b{ Bzi[BJBd ou Bpnp B^sg "SBpjauoo sb^ubx
-sunojp sb^ ap pBppBdo b^ b B^sandxa '(81 d 'y^) opauaxqo ap SBzuBjadsa uis
A 'ouiiqn o^uauíupunj un uis 'Bpnp bj jod Bpiua^ T?JBpa ajduiaxs u9poB Bq (g^
d 'g) pui unSp oun Bpuo uauapuoo anb Bpnpuoo ap SBjSaj o so^ob aj^ua a^
-uauíBUBuipjo sa 'BpiA tb\ ap sapaj SBpire^sunojp sb¡ uppunpB Bj^sanu b ub^
-uasajd B| ouiod px 'uppdo B[w anb bíC soaixbuijou SBiuapojd so[ ap pBpuBjno
-pjBd b^ iqB aQ sapui aajJBOB ou U9pou bj anb BjnSasB Bjainbis íu A uaiq pp
u9pBzipaj Te\ jbzixubjb3 BJBd a^iapgns sa ou oopo^jd oppuas uanq ^g
BjpjJBsap as anb ua sBpuBXSunajp sb{ ap za^Bipauíui b¡ japuaosBJX apua^ajd
anb oxuaiuiBXJoduioo un ap Bin^ ouioa u9pBxqiqBipii ns b BAaq ou pBpqBJOiu bj

lívínay^a^ zva aa coiai^nf a avióos oiNai^vsNad na

�38MIGUEL ANDREOLI

dos se muestran insuficientes frente a la emergencia de la novedad o ante la
contradicción que se manifiesta en las situaciones singulares:
"el estado de espíritu de un hombre que tenga su razón libre (...) de siste
mas y de prejuicios, y que no tenga su afectividad anestesiada, será más
bien, con respecto a estos problemas, una especie de interferencia y de lu
cha viva de aspiraciones, de tendencias, y también, naturalmente, de ra
zones: estado difícil de describir, y doloroso de sentir; pero que es el bueno,
vivo y fecundo" (SPT, p. 189)
La superación del esquema y la consideración de los principios en el grado
debido se obtienen, para el filósofo montevideano, por medio de la intuición,
del sentimiento que orienta al sujeto de criterio moral desarrollado de tal for
ma que ya no necesita de los principios, pero tampoco puede ya explicitarse,
dar razón, pues la experiencia de lo valioso que se da en la interioridad de la

subjetividad es inefable.
Por eso la llave que ofrece para llegar a la conclusión del silogismo prácti
co no es precisamente una salida por la racionalidad. Lo que le interesa es
pensar "no para convencernos infaliblemente de algo, sino para producir un
estado de espíritu que nos permita pensar y sentir mejor estos problemas"
(SPT, p. 31). Lo que su filosofía no puede argumentar -y para Vaz ninguna fi
losofía podría- es porque justamente el estado de espíritu que ella promueve
es el más adecuado.

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-aj bj ap U9pn^psns bjw :a^anj oppuas ja ua B^siSojooisd ouisijBapi un 'zb^\ ua
U93unq A oj^sb^ 'onpjy ap u9pB^ajdja^ux bj ap Biauajajip y

• uvjjosojjj ns vpoj 'ojuaxiuvsuad ns opoj
oup 'voiBpj ns D/C ou 'ajuatuvauvjuodsa ppoui as 'opxpuajua jsv ovusiSojoo
-isd jap ovas ja u^ vuviuny vpuauadxa vj auatj onin ojauovoo 'jvau spiu
ap anb oj o opauip osaaov ja vuvd 'vuojaau pnjpav o 'ouajua ap ooxBpjopoj.
-aiu opjjuas ja ua ojps uvj vpuatjua oj as anb audiuaig 'pjdopv ou jp anb on
-ijafqns oiusjjvapt ap svoisjjvjatu svunjsod ap vojjsjuajavuvo 'oambjsd oj ap
uppvzjBojojuo vj osvo ns ua vpuajjua as ou ouisxBojoopd uod anb audiuaisu

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-ojoaxsd^ ja jBjBuas jb OBpxy 9uijai as 'pBpuoua^ui bj ap pBpuoud B^sa y
•u9pBzip3iuanbsa bj ap Á. ouisi^ojBJBd jap BZBuauíB
bj jod sBpBpajux a^uauíajqB^paui &lt;u9pB3iunuioo bj ap 'U9isaadxa bj ap s^puaS
-rea sbj jod o 'b3jbj bj b ji^9j Biauapua^ bj anb oznjd o^ioa ap U9pon bj a^uaui
-B^Bipauíux s^ui Bozouoaaj as anb b UBAajj anb uppnnpaja ap snpuaSjn sbj
jod o 'pBpiApafqns bj aqpjad anb sajojBA soj ap Buajd U9pBzijBaj bj uapiduii
anb snpua^sisaj sbj jod Bas b^ 'u^poajaaduii bj sa BpuB^sui B^sa ap bdjbui w\
•jbidos oj *U9pBzijBaj bj 'u9poB bj 'u^ísajdxa bj :pBpuoua^xa bj ap opBj jaQ
opBAjasaad jas aqap ojjojj
-Bsap A Bpua:jsixa BXna ojjanbB 'onpiAipui jap oidoad oj sa 'u^iooB ua BuisBjd as
a^uauíBSO^jnoijip s^ui anb oj 'opusajdxa a^uauíBuajd jas apand ou anb oj '^jqis
-ia ou oq ouisiui osoijba oj ap U9ponpojd bj ouis 'sajojBA soj ap o^uaiuipouooaj
ja 0J9S ou Bp as anb bj ua bioub^sui bj :a^uBpunqBajqos pBpijBaj Bun ouioo opBS
-uad ouiaj^xa jauíud ja ua 'oxdpuud ua 'BDipBJ OApisod oj opo^ upisdjdxd-oiu
-smbwd ^a^uauíBspajd s^ui 'o pvppoudjxd-pvppoudjm U9pisodo bj jod SBp^s
uB^sa zb^ ap bijosojij bj Bpo:j Buins ua A jBpos oj ap U9pdaauoo Bq

í hj ap p^piuoiud eq q

tvidos VKaiaoHd ^aa noi^üios v^ 11

�40MIGUEL ANDREOLI

alidad por la realidad psicológica, por un pensamiento que se hace sustante
por sí mismo, que no refiere a realidad alguna distinta de él" 2. A pesar de la
existencia de textos que apoyan una lectura de este tipo, por lo que el tema
merecería una discusión más detenida, no creemos que pueda sustentarse un

estricto idealismo subjetivo en la globalidad de la obra de Vaz. De todas for
mas, el alcance que Ardao le da al psicologismo vazferreiriano es excesiva
mente moderado. No se trata de una postura sólo metodológica, sino que en

Vaz hay una prioridad también ontológica de la interioridad, por lo menos en
el ámbito de lo social entendido de un modo muy general. Es además clara la

prioridad de la subjetividad individual en términos de valor ético.
Resulta notable la persistencia de la unidad del pensamiento de Vaz en
torno a este eje, no sólo en los distintos aspectos de su obra, sino también a lo
largo de los aproximadamente sesenta años de su carrera intelectual.
En un artículo incluido en Ideas y observaciones -obra publicada en 1905titulado Sobre la personalidad en el niño, señala que las conclusiones que en
Psicología se obtienen a partir de la experiencia de que en el niño el uso de la
primera persona gramatical aparece posteriormente al de la tercera, preten
diendo derivar el carácter tardío de la conciencia del propio yo, no se obtienen
forzosamente de los hechos: ^Aunque el sentimiento de la personalidad fuera
en el niño claro y perfecto desde el principio, o desde mucho antes del momen
to en que habitualmente empieza a hablar en primera persona (lo que no se
entró a averiguar aquí), el lenguaje del niño aparecería y se desarrollaría
como lo hace" (10, pp. 106-107). El lenguaje, cree Vaz, se aprende por la imi
tación que el niño hace de los usos lingüísticos de quienes lo rodean: "Expone
cada idea con la palabra con que la oye expresar" y por eso "si le llaman él, se
llamará él", pero "Esto no indica absolutamente que el niño no sienta su per
sonalidad; que no sienta su yo" (10, p. 107). El lenguaje no prueba sobre la
existencia o no de la conciencia de la identidad en el sujeto, porque ésta es
"sentimiento" y como tal, otra cosa que el lenguaje. Lo que el lenguaje permite
es expresar ideas, no llegar a concebirlas. El lenguaje es un conjunto de con
vencionalismos, cuestión de imitación de usos; lo sustantivo, cree vehemente
mente Vaz, le es ajeno y más bien tiene en él una herramienta tosca. Por eso
se equivoca el psicólogo que, atendiendo principalmente a lo que no sería otra
cosa que un instrumento, pretende inferir, mediante una "interpretación gro
sera", la existencia de la mismidad, de la interioridad subjetiva, como una
cosa ligada al aprendizaje de usos lingüísticos 3.

2.Castro, D. y Langón, M. [1969], p. 13.
3.Como es característico en Vaz cuando se encuentra ante problemas de carácter ontológico, es terminante en la crítica de las posiciones con las que discrepa, pero renuente a
formular expresamente sus propias tesis. No afirma que el sentimiento del yo sea claro
en el niño desde el comienzo —de haber hecho tal cosa habría caído en un innatismo con
tra el cual se encontraba prevenido-, sino que, de un modo indirecto, señala que si lo
fuera, los hechos lingüísticos serían los mismos. Esto tampoco significa que la observa
ción de Vaz tenga un alcance solo metodológico, pues si niega que desde el lenguaje po
damos llegar a conocer en forma suficiente los sentimientos o las ideas, es porque está
suponiendo una diferencia sustantiva entre los dos niveles.

�(gg d ''j) uJia%auioa ou ap saondvo uouanj anb 'sauaiujuo saoan v 'svj
-jvj 'sauoua so] sopo} ua 'uouvutuiop anb sosjndiut soj sopoj va 'uouatuiud
-au o uouatnn^uoo sowstw )s ua anb oj opo% va pjsa anb 'sauofatu sauqiuoy
so] ap jofatu oj ap oqonw uvuojvn tu uvufstSau vuo}sty o; tu ugtutdo V] tuu

opa jo^ papqiqap o U9piqnj
-ui ouioo auopiq B{ bjb(J BjjaoajBdB 'uppBnjis Btm ua sopipuiojdraoo sajopA
so{ ap apnpsaj ni apaqpuoo ajduiais ou papipjn{d B{ b apisuas U9papsaq B{
sa soga ua anb o{ anb 'irejpips sou anb sauopipBjjuoo ajuauia^uanoa.g sauop
-bjo^ba sa{dij{nui sb{ b sajqisuas ajuaiiuBpoipad ubj 'souanq sojuaiuipuas so^
ap pBpijBjnid B| b so^iaiqB ub^ sajquioq '(8^^ d '•) asoanoso so^su^,, buib^
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�42MIGUEL ANDREOLI

Pero Vaz no renuncia a su pretensión de prioridad del "hombre de pensa
miento" ni siquiera en lo que respecta a la acción misma. La conciencia de la
pluralidad de lo valioso y de las dificultades de los matices que se deben con
servar, propias del "hombre de pensamiento", constituyen un "buen escepticis
mo que no inhibe la acción: la suaviza" (F, p. 164). A través del pensamiento
se obtiene mucha más acción, sólo que la energía opera de otro modo, en otros
plazos (F, p. 29).
En la medida en que hay un descenso desde la riqueza y sensibilidad de
la interioridad a su expresión en una acción, las prácticas urgidas por la efec
tuación inmediata podrán ser más notorias, pero toda introducción de valores
en la historia, toda transformación efectivamente positiva de lo real, se origi
na en la interioridad. En comparación con la riqueza que se despliega ante el
"hombre de pensamiento", los "hombres prácticos" aparecen afectados por una
especie de ceguera que lo hace incapaz de percibir la pluralidad de valores
puesta en juego en toda situación humana:
"Les escapa de un lado lo infra-racional, con su fecundidad oscura y ca
liente; del otro, las manifestaciones más delicadas de lo racional, que ac
túan a distancia en espacio y tiempo y precisamente con la acción más po
derosa." (F, p. 192);
"ser práctico, casi siempre, es sencillamente no ver más que de cerca, no
ver sino los resultados inmediatos. Y, justamente por eso, la mayor parte
de los grandes prácticos han sido siempre reputados teóricos: de los que
han obrado o han pensado viendo de lejos (...) no habrá uno que no haya
sido tachado de teórico" (MI, p. 150).

La distinción interioridad/exterioridad también se expresa en la dicoto
mía pensamiento/experiencia. El pensamiento se amplía, se rectifica por el
pensamiento antes que por la experiencia 4. La experiencia castiga los errores,
pero el pensamiento está más dispuesto a ceder a los razonamientos que a la
cruda disconfirmación (F, p. 64), de ahí que la acción, en la medida que se mo
difica por ese aprendizaje, se mejora más bien en la esfera propia del "hombre
de pensamiento" que en la del "práctico".
Incluso el desarrollo material es, para Vaz, el resultado del despliegue de
la "cultura teórica", ya que "la industria y la práctica son (...) parásitos de la
ciencia; que no pueden vivir por mucho tiempo por sí mismas (...) si la ciencia
y la cultura teórica se debilitan, decaen correlativamente todas las manifesta
ciones prácticas del pensamiento y de la actividad humana" (MI, p. 43). La
práctica es, entonces, manifestación práctica del pensamiento e inferior al
pensamiento teórico, en tanto éste es concebido con independencia de las ur
gencias de la efectuación. A su vez, la claridad teórica misma no sería posible
más que en la parte visible del iceberg, por debajo de cual se continúa la pro

fundidad insondable del bullir del psiqueo.
4.

Esta es una razón más para considerar inadecuada la interpretación que encuentra en
Vaz una cierta forma de racionalidad falibilista (ver supra p. 23)

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vHmaaaj zva aa ODiaianr a ivi^os oiNaiwvsisiad aa

�44MIGUEL ANDREOLI

las afirmaciones centrales del liberalismo clásico: si se permite el libre juego
de las preferencias individuales se obtendrá el mejor resultado en términos
del colectivo, aunque este resultado no sea el objetivo intencional de las accio
nes individuales.
2. Por otra, el individualismo como postura ética, sostiene que toda for
ma de estructuración social ha de ser evaluada en términos de su significación
para los individuos que en ella participan. Dentro del individualismo ético se
perfilan distintas perspectivas, según que los individuos se tomen en cuenta
tal como actualmente son o como potencialidades a ser desarrolladas; según se
prefiera la maximización de algunas individualidades o el mayor desarrollo
posible de las ventajas agregadas del conjunto de los individuos (conjunto que
puede ser entendido como la generación actual o tomando en cuenta también
las generaciones futuras).
En Vaz Ferreira predomina el individualismo como postura ética, a la vez
que supone que la acción individual tiene la capacidad de determinar los as
pectos esenciales de la vida social. De hecho ambos aspectos se refuerzan mu
tuamente, ya que si la acción individual tiene tal potencialidad, el problema
de cuál ha de ser su orientación adquiere una relevancia fundamental.
En los siglos XVII y XVIII el tema central del pensamiento individualista
fue la liberación del individuo de la constricción proveniente de las tradiciones
y del poder político. A partir del siglo XIX las amenazas más graves para la in
dividualidad, se perciben en otras instancias. La experiencia histórica lleva a
que los individualistas consecuentes no puedan dejar de atender a la produc
ción de una desigualdad sistemática en la distribución de los bienes y ventajas
sociales, lo que plantea problemas de justificación desde las mismas premisas
de la concepción individualista.
Además, el aumento de la escala de los fenómenos sociales por el surgi
miento y protagonismo de las masas, modifica el escenario de un público rela
tivamente restringido, que caracterizó al primer liberalismo, y plantea un di
lema: las masas están integradas por individuos, dotados en principio, si
guiendo los supuestos propios de la concepción, de iguales derechos en la par
ticipación en los bienes y oportunidades del sistema; pero esos individuos
'como, colectivo constituyen la masa, un todo al que se lo ve como más o menos
amorfo; jdotado de una eficacia propia, desde la cual la individualidad es amena
zada: La dinámica de la masa tiende, para los individualistas, a la integración, al
crecimiento, movida por un impulso fagocitador de la diferencia y autonomía in
dividuales.-

2.1. Los antecedentes del individualismo de Vaz Ferreira
• ••" Para aproximarnos al horizonte intelectual del liberalismo de Vaz en rela
ción con estos problemas, consideremos a dos pensadores particularmente re
levantes en la constitución de su pensamiento: Stuart Mili y William James.
Para James la transformación de la sociedad "está determinada por la
acumulación de influencias de los individuos, de sus ejemplos, de sus iniciati-

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• ^icno sjtjo ^apotu ai^ uodn S9ajastu3y^ uoiysvj oj sj^jozuvyo
u&lt;x&gt; puv 's/Cvm siy y^icn Kuouuvy m fou ^^pmpiaiput Ñwo Jo 'uo^
yj juanaud 'ajqtssodJ7 'puv 'pidtudopnap ay^ J3jj3j o? íiuay} ^ucuj juas
asoyj uo spnpuoojo sapu sv saoijovud puv svapt ucno sp 'sappauad
uvaut suayjo ^q 'asodiui oj /Qpioosjo ^^uapua^ ayj %smvdv .' 9u\\aaJ puv
duypvaajLd ayj Jo /Cuuuu^^ ayj (• • ) }sup&gt;¡to suopaapud spaau auayjn
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VHI3HHHJ ZVA 3Q 0310130^ A 1VIDOS OlN3IWVSN3d 33

�46MIGUEL ANDREOLI

La presión social es mucho más penetrante en los detalles de la vida y
más profunda en su acción sobre el individuo que la opresión estatal. Ante
ella, los mecanismos institucionales de defensa resultan particularmente ine
ficientes, y lo que queda es la denuncia filosófica de la amenaza.
Pero para Mili, la defensa del fuero individual no impone la aceptación to
tal e inmediata del orden social y económico que parece desprenderse del mis
mo individualismo. De hecho, y a partir de la influencia recibida del saintsimonismo, percibe que la competencia, en la medida que hace que el bien de
cada uno dependa del mal de los demás, es pasible de una objeción moral:
"el verdadero fundamento de la vida humana, tal como está constituida
en el presente, el verdadero principio en el que se fundan la producción y
repario de todos los productos materiales, es esencialmente vicioso y anti
social. Es el principio del individualismo, la competencia, cada uno para
sí y contra el resto. Se basa en la oposición de intereses, no en la armonía
de intereses, y bajo él se le exige a cada uno que encuentre su lugar por
medio de la lucha, desplazando a otros o siendo desplazado por ellos.* .
En Vaz continúan los elementos fundamentales de la temática individua
lista propia de la segunda mitad del siglo XIX; tanto en la consideración del in
dividuo como fuente de originalidad y creatividad, como en la afirmación de la
necesidad de proteger las posibilidades del desarrollo individual de las presio
nes conformadoras de la multitud. Su modo de argumentar sobre las cuestio
nes sociales acudiendo a sentimientos y razones morales es más cercana al es
tilo específico de James; en cambio, más próxima a Mili es su preocupación
por el "amasamiento", su no aceptación incondicional del orden social que le
era contemporáneo y su tendencia a pensar ajustes y reformas, en dirección de
la atenuación de las diferencias producidas por el funcionamiento ciego del
mercado.

3. El problema social
Afirma Vaz que la resolución del "problema social" es, en lo esencial, la
solución del "conflicto de las ideas de igualdad y de libertad" (SPS, p. 25). Esti
ma que son dos valores que suelen plantear exigencias opuestas, y a las cuales
los hombres resultan sensibles de un modo diferenciado. Adscribe la preferen
cia por la libertad al individualismo, mientras que la tendencia a la igualdad
caracterizaría al socialismo (SPS, p. 22). El horizonte de su concepción se ubi
ca así en el contexto de ideas típico de las discusiones políticas de fines del si
glo XIX 13: libertad que genera desigualdad, igualdad con amenaza de la indi-

tes, contra la tendencia de la sociedad de imponer, por medios diferentes a las penalida
des civiles,- sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta sobre aquellos que di
sienten con ellas; de trabar el desarrollo y, si resulta posible, prevenir la formación de
cualquier individualidad que no esté en armonía con sus maneras, y compeler a todos
los caracteres a automodelarse según sus propias formas" (Mili, J.S. [1931], p. 68).
12.Mili, J.S. citado en Lukes, S. [1973], p. 33. La traducción es nuestra.
13.cf. Grompone, A. [1972], p. 21.

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sappos saJopA o^ ap u9pBjapisuoo b^ b Bpadsaj anb o\ ua apupu a^uauuupo
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�48MIGUEL ANDREOLI

mar en cuenta la sedimentación histórica es inevitable para avanzar en ellos,
como con la interrupción muchas veces precipitada del análisis para dejar
paso a lo que supuestamente el sentimiento de los hombres de buena voluntad
permite resolver directamente.

3.1. Individualismo y libertad
Dentro de la misma tradición liberal la significación de la noción de "li
bertad" está lejos de ser unívoca. En las sociedades modernas llegó a consti
tuirse en sentido común una concepción de la libertad, caracterizada muchas
veces como libertad negativa, cuyas primeras formulaciones se remontan a los
orígenes mismos del pensamiento moderno. Según ésta, la libertad consiste en
la capacidad individual de actuar sin interferencias, entendiendo por tales para el caso de las libertades sociales y políticas- todas las que pudieran pro
venir de las conductas de otros hombres 16. En cuanto al uso que los sujetos
pudieran hacer del ámbito irrestricto de acción, se parte de un supuesto -que
forma parte de los fundamentos de la concepción liberal- sobre la psicología
humana: si los hombres actúan siguiendo sus propios impulsos, lo que buscan
es la propia utilidad o, a lo más, la de sus más allegados.
A los elementos anteriores se agregan, en las concepciones liberales clási
cas, la afirmación de que nadie conoce mejor los deseos e intereses de un indi
viduo que él mismo; junto con la generalización a cualquier ámbito social en el
que esté en juego un problema de reparto de bienes, de las condiciones ideales
de la formación de precios en un mercado perfectamente competitivo. Así se
concluye que la optimización de la utilidad colectiva impone permitir el máxi
mo desarrollo posible de la iniciativa individual.
En la segunda mitad del siglo XIX, el positivismo evolucionista le vino a
añadir a esta concepción -cuyos elementos fundamentales ya están completos
desde fines del siglo XVIII- una pretendida fundamentación en las ciencias na
turales, más precisamente en la Biología, mediante la extrapolación del meca
nismo de evolución por selección natural al campo de la sociedad humana. De
esta forma se "ofreció una supuesta racionalidad científica para una sociedad
competitiva desregulada" 17, encontrándose en el mercado el equivalente a las
condiciones que en la naturaleza imponen las presiones selectivas a la especie.
Para la mejor comprensión del problema de la libertad en materia social y
política, conviene recordar que la cuestión es más bien de libertades. En rela
ción con éstas, lo que se discute no es la existencia de restricciones, sino cua
les intervenciones son pérdidas ilegítimas y cuales son limitaciones necesarias
para mantener la coexistencia social. Desde el jusnaturalismo del siglo XVII, la
postulación de la libertad en el estado de naturaleza, viene acompañada de la

16.Hobbes en el Leviatan afirma que "libertad" significa "la ausencia de oposición", y que
"es un hombre libre quien en aquellas cosas de que es capaz por su fuerza y por su inge
nio, no está obstaculizado para hacer lo que desea" (trad. México, Fondo de Cultura Eco
nómica [1940], p. 171.)
17.Lukes, S. 11973], p. 30, la traducción es nuestra.

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6^vaiaaaaj zva aa ooiai^nr a ividos oiN3i^vsN3d ia

�50MIGUEL ANDREOLI

gencia de una nueva forma de tiranía sobre las minorías propietarias. Cuando
la universalización de la ciudadanía, a principios del siglo XX, se transformó en
una realidad irreversible, a la vez que no resultaron confirmados los temores
más graves de la burguesía, en algunas formas del pensamiento liberal la te
mática se desplazó a la justificación de la democracia como mal menor. Esta
es en buena medida la perspectiva desde la que Vaz piensa el tema de la de
mocracia.
3.1.1. El desarrollo de la individualidad
La concepción de la libertad en Vaz tiene dos sentidos no diferenciados
expresamente en su obra pero distinguibles: por una parte un principio nor
mativo de libertad, entendido como exigencia de no interferencia en la interio
ridad subjetiva; por otra la postulación de la libertad como espontaneidad de
los individuos en relaciones sociales competitivas pensadas desde el modelo
del mercado. En ambos se supone tanto una cierta idea de la naturaleza hu
mana, como una forma en la que deberían constituirse las relaciones sociales.
La prioridad de la interioridad, junto con la pretensión de favorecer la
conciliación y la tolerancia, llevan a que Vaz conciba la solución de los proble
mas sociales bajo la forma de transacciones a partir de mínimos irrenunciables. Solo así sería posible conciliar la diversidad de interioridades eventualmente valiosas, con la negación de que cualquier preferencia subjetiva valga.
Un mínimo es asegurar a la libertad individual un espacio suficiente. En
este sentido la concepción de Vaz continúa la noción clásica de libertad negati
va, entendida como exigencia de no interferencia por parte de cualquier sujeto
en el curso de acción que cualquier otro elija. En su núcleo, implica un "senti
do de privacidad (...) del área de las relaciones personales como algo sagrado
por derecho propio" 18, y su objetivo es justamente la protección de la intimi
dad en las relaciones primarias y en la subjetividad.
En la tradición liberal, la exigencia de no interferencia de lo individual
por lo social se da bajo la forma de la libertad de conciencia 19. A favor de ésta
se han dado principalmente dos tipos de razones, ejemplarmente expuestas
por Stuart Mili en On Liberty: 1. son condiciones necesarias para la conforma
ción de la individualidad a través de un proceso de desarrollo, poder formar
planes de vida y poder disponer de una rica diversidad de experiencias; y 2. el
progreso, en tanto implica la ruptura de costumbres arraigadas y tradiciones
colectivas, exige la libertad de los individuos, ya que ellos son la fuente de in
novación. Estos dos argumentos se apoyan mutuamente en la obra de Mili,
pero son distinguibles. El primero es propio de una cierta forma de naturalis
mo que remite a la tradición del jusnaturalismo moderno: la individualidad en

18.Berlín, I. [1969], p. 129.
19."It comprises, first, the inward domain of consciousness; demanding liberty of conscience in the most comprehensive sense; liberty of thought and feeling; absolute freedom of
opinión and sentiment on all subjects, practical or speculativ, scientific, moral or theological", Mili, J. S. [1931], p. 75.

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V^I3HH3H ZYA 3Q OOIdlHílf A1VIDOS 01N3I^VSN3d 13

�52MIGUEL ANDREOLI

ta y se sume a la masa, extremo de la exterioridad en la que el sujeto fácil
mente olvida lo que le es propio y se pierde 22.
La respuesta de Vaz es la defensa de la interioridad a fuerza de hacerla
incomunicable. Proclamación, a la vez, de su inaccesibilidad y de su valiosa ri
queza, reconocible, claro está, sólo por la misma interioridad. Por esto su dis
curso social y político en muchos momentos requiere de la complicidad, de lo
que intuitivamente puede ser aceptado por cualquier hombre de buen espíri
tu, esto es, de quien esté igualmente dispuesto a escuchar la voz interior que
habla un lenguaje que no puede ser dicho.
3.1.2. La libertad y el problema social
a. Antecedentes históricos

El positivismo del último cuarto del siglo XIX acompañó, dentro del ámbito
de influencia de la cultura occidental, el impulso de modernización de los sec
tores ilustrados medios y burgueses. En la visión más optimista, se veía conju
gar la búsqueda individual del lucro con el logro del mayor bien colectivo posi
ble, todo ello garantizado por las leyes de la naturaleza, que así, gracias a la
difusión del spencerismo, volvían a dotar de un contenido a la idea de la exis
tencia de un orden deseable de cosas en el que coincidirían el valor moral, la
eficacia social y los intereses de la especie y de la burguesía.
En 1884 Spencer publicó "El Hombre contra el Estado", traducido al espa
ñol apenas un año más tarde. Proclamaba la obligación de los gobiernos de
guiarse por el "juicio racional de utilidad", según el cual debían tomar en
cuenta que
"Hállase a salvo el principio de la existencia individual, que es el mismo
que el de la existencia social, cuando cada uno tiene la libertad de usar
sus facultades dentro de los límites trazados por la libertad, que asiste
igualmente a los demás, y recibe de sus asociados, a cambio de los servi
cios que les presta, beneficios que se regulan por la comparación de estos
servicios con los servicios de los otros, cuando todos están protegidos en su
persona y bienes de modo que puedan satisfacer sus necesidades con sus
emolumentos. (...) así también se mantiene el principio del progreso so
cial, puesto que en tales condiciones, los individuos más capaces prospe
rarán y se multiplicarán más que los ineptos." .
De este principio, Spencer deriva como corolario, que la acción del gobier
no, debe quedar "Reducida a su forma más modesta, cualquier proposición de
inmiscuirse en las actividades de los individuos, como no sea para garantizar

22.El discurso de Vaz, cuando se trata de reivindicar la interioridad contra el desconoci
miento social, se vuelve particularmente expresivo e incluso, por momentos, no desdeña
utilizar un-tono de queja. Ver, por ejemplo, pasajes como el siguiente: U[E1 hombre bue
no, el hombre superior] obra en el sentido del bien, de su deber o de su amor, con inde
pendencia de los juicios; pero los siente y los sufre. Así actúa el bueno y el superior, su
friendo por todo (...) también por la desaprobación y la falta de simpatía de los otros"
(F, p.52).
23.Spencer, H. [1945], p. 211.

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V^I3H^3d ZVA 3Q OOIdiaflf A 3VIDOS 01N3I^VSN3d 33

�54MIGUEL ANDREOLI

figura de Spencer llegará a ser dominante a partir de la conquista de la hege
monía en la Universidad por el positivismo, cuyo comienzo se puede datar en
el año 1881 con la reforma positivista del programa de Filosofía.
Los positivistas precursores en nuestro medio 29 actuaron como propa
gandistas del papel que el desarrollo de las ciencias naturales tendría en el
progreso material y moral de la sociedad. En este sentido, la difusión de la fi
losofía positivista fiie la forma de conciencia que en sectores intelectuales
acompañó la modernización productiva ocasionada por la introducción de téc
nicas nuevas en una economía con fuertes rasgos pastoriles y artesanales 30.
Uno de los primeros positivistas que actuó en nuestro medio, Jurkowski, pro
fesor de la Facultad de Medicina, expresa nítidamente el complejo de creen
cias que constituyen los artículos de fe positivista:
"La miseria impide el desarrollo intelectual y moral de una sociedad: el
progreso industrial, asegurando el bienestar, lo favorece. Las dos cosas
progresan juntas, estando basadas la una en la otra (...) El progreso no es
un accidente sino una necesidad. Lejos de ser producto del arte, la civili
zación es una faz de la naturaleza (...) La moral no va sin la ilustración y
ésta no va sin la ciencia, que a su vez conduce e ilumina a la industria.
Así, todo se encadena formando una armonía general. * qi
El intento de aplicación de una interpretación naturalista de nuestra re
alidad social llevó a Ángel Floro Costa -en un ensayo publicado en 1875 poco
después del golpe que inicia el proceso militarista- a una visión que destacaba
la importancia de los intereses económicos como modo de dar cuenta de lo que
consideraba la clave de los conflictos políticos:
"entre nosotros no hay ya pariidos políticos sino par^idos económicos, (...)
nuestras luchas no son de principios sino de intereses (...) No hay argu
mentos ni teorías contra el estómago de los pueblos (...) La gran cuestión

medios universitarios en nuestro país en 1875, pero señala que la consideración de la
obra de Darwin en las discusiones de los estancieros fundadores de la Asociación Rural
remonta a 1871 (p. 63).
29.Ardao [1968] recoge los nombres de Francisco Suñer y Capdevila, Julio Jurkowski y
José Arechavaleta (profesores de la Facultad de Medicina), y entre los provenientes de
ámbitos distintos a los de las ciencias naturales, Ángel Floro Costa, José Pedro Várela,
Gonzalo Ramírez y Carlos María de Pena (pp. 121-122).
30.En relación con lo que fue la situación del país en las primeras décadas de vida inde
pendiente, Oddone señala que "En lo económico no consigue el país trascender las for
mas de vida elementales. La explotación pecuaria, encuadrada en los hábitos de la es
tancia cimarrona, atiende la satisfacción de las necesidades de consumo y permite la
exportación de los excedentes de materia prima (...). La extensión y feracidad del agro,
acicate para el desarrollo de los cultivos, tropiezan con la carencia de brazos y estímulos
necesarios (...) En fin, ínfimos índices de población, muy desigualmente distribuidos,
agrestes hábitos de vida, primitivas diferenciaciones sociales y una todavía indecisa
conciencia nacional, dibujan para el Uruguay naciente una realidad de imprecisos con
tornos", en Oddone, J. [1966], p. 9.
31.Jurkowski, J., La metafísica y la ciencia, publicado en El espíritu nuevo, julio de 1879,
citado por Ardao, A. [1968], p. 128.

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VHI3^H3J ZVA 3(3 ODiaiHílf A 1VI3OS OlN3I^VSN3d 13

�56MIGUEL ANDREOLI

desde la propiedad comunal hasta la propiedad individual. De todas formas,
ni siquiera en este caso el objetivo central de la obra es directamente la justifi
cación de la propiedad privada, sino que su trabajo concluye, en polémica con
la absolutización principista del derecho de propiedad como rasgo de la perso
na: "que la propiedad no descansa sobre principios absolutos, ni ha sido una
institución inmutable; que ella ha revestido múltiples formas según las nece
sidades económicas, sociales y políticas que surgían en la humanidad, obede
ciendo en sus transformaciones a la ley de la evolución".
Este sesgo del positivismo nacional lo muestra más atento a las necesida
des del proceso de modernización, cuyo avance estaba condicionado a la intro
ducción de pautas racionales e instrumentales en la conducción política del
país, que a las exigencias de los debates que acompañaban los conflictos de
clase. Los temas del positivismo social eran más bien de carácter institucio
nal, y los enemigos se ubicaban en la ortodoxia religiosa, el dogmatismo prin
cipista de los espiritualistas o en lo que se percibía como la irracionalidad del
tradicionalismo de las luchas de divisas.
A diferencia del escenario social en el que querían incidir los evolucionis
tas europeos y norteamericanos, en nuestro país los conflictos sociales no se
expresaban directamente como enfrentamientos de clase, ni existía una arti
culación de demandas sociales que impusieran la urgencia de la cuestión so
cial. La vinculación de nuestro positivismo con el interés de promover una
cierta acción estatal antes que defender el libre automatismo del mercado, se
articula, entonces con los rasgos particulares de nuestra realidad nacional.
En efecto, las clases altas uruguayas estuvieron históricamente ligadas a
la necesidad de un Estado fuerte. Una de las constantes de la historia nacio
nal hasta bien entrado el siglo XX, fue
"la necesidad de apoyo estatal que tenían todas las clases sociales, incluso las
altas, necesidad que era signo de debilidad y una prueba del tipo de sociedad
novísima que imperaba en el Uruguay, el último país en poblarse y en inde
pendizarse de la América del Sur hispano-portuguesa, donde no había teni
do tiempo de estructurarse ningún orden social rígido ni muy definido" .
Se impone, en consecuencia, en nuestra historia un papel creciente del Esta
do empresario y del Estado arbitro del conflicto social, anterior incluso al surgi

miento del batllismo: en 1896 se funda el Banco República y ya en 1831 Rivera
había terciado en el conflicto entre propietarios y poseedores de la tierra.
b.La posición de Vaz Ferreira
Otro es el escenario en el que Vaz Ferreira realiza sus primeras y definiti
vas intervenciones sobre cuestiones sociales 36, recopiladas bajo el título Sobre
los problemas sociales, desde la Cátedra de Conferencias de la Universidad en
el curso de 1920, pero que -según el mismo Vaz en nota que precede a la pu-

35.Barran, J.P. y Nahum, B. [1986], p. 38.
36.Aunque volverá años más tarde a tratar estos temas en su Cátedra de Conferencias, en
lo esencial no modificará lo que sostiene desde 1918.

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ap u9pbuijojsubj^ ap p^ppBdBa B{ ua a^iauíBsua^n uBqBifuoo 'oqoajaQ ap
-{noBg B{ ap SB{nB sb{ ap so{{3 ap soqanuí sa^uamaAOjd ^sBpip^
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¿SV^I3^^3d ZVA 3Q O^iaiHHf A 3VI3OS OlN3I^VSN3d 33

�58MIGUEL ANDREOLI

vidual: "El 'individualismo' se presenta como la tendencia a que cada indivi
duo actúe con libertad y reciba las consecuencias de sus aptitudes y de sus ac
tos" (SPS, p. 22). En la medida en que, para Vaz, el principio de igualdad, pro
pio de la tendencia socialista, inevitablemente supone la intervención estatal
sobre la espontaneidad del proceso social, resulta claro que cuando se refiere a
la libertad, el Maestro de Conferencias está hablando de la no restricción polí
tica de las decisiones individuales en un mercado considerado como ámbito
natural.
Dentro de esta concepción de la libertad, el individualismo es asociado con
las tendencias favorables a la personalidad, a las diferencias individuales y a
la libertad. Esta última "es uno de los determinantes de la superioridad de
nuestra especie" (SPS, p. 22) y, junto con la personalidad, tiene que ver con
"posibilidades futuras, mejoramiento, fermentalidad" (SPS, p. 26). Por esto se
adscribe a la tendencia individualista, los rasgos de ser "tan psicológica" y fa
vorable, al defender la libertad no sólo al "bien sensible y posible (...) sino to
davía [a] las posibilidades del futuro, nuestros privilegios de especie en mar
cha" (SPS,p. 39).
La preocupación de Vaz por mantener matices, que siempre termina re
solviéndose en una remisión a los sentimientos, hace a su pensamiento sobre
estos temas particularmente elusivo. Lo anterior no significa que no se pue
dan determinar tesis en la postura vazferreiriana, y de hecho, creemos que en
ella hay mucho más sistema que lo que el mismo Vaz quería:
1)El conjunto no claramente diferenciable de individualismo, libertad y
personalidad describe una actitud en la cual la dirección está dada, funda
mentalmente, por el ocuparse de uno mismo, orientada por el criterio de que
cada uno ha de recibir las consecuencias de las propias aptitudes y actos.
Atender a los intereses de otros, compensar desventajas -la "beneficencia" en
el lenguaje de Vaz- puede acompañar la actitud individualista, pero "como
simple paliativo", esto es como un añadido no intrínseco a la postura misma.
2)Esta actitud es "tan psicológica", es decir forma parte de la naturaleza
del individuo, a tal punto de que las perspectivas sociales que necesitaran de
la generalización de sentimientos altruistas "supondrían un cambio psicológi
co demasiado grande", por lo que "son utópicas para la mentalidad humana"
(SPS, p. 23). No es claro si Vaz está pensando en una configuración de la indi
vidualidad esencial e intemporal o en el resultado de un proceso histórico,
pero de todas formas es inequívoco que entiende que la espontaneidad de la
orientación hacia sí mismo resulta irreversible, una naturaleza que sólo puede
ser negada mediante la imposición tiránica (SPS, p. 24).
3)Esta orientación hacia nuestros propios intereses individuales se co
rresponde con nuestros intereses como "especie en marcha". El uso de térmi
nos como especie o instinto en Vaz ha de ser comprendido de un modo lato. De
hecho en el evolucionismo social también es peculiar el entendimiento de lo
natural en el caso del hombre. Si por una parte se afirma que un determinado
régimen competitivo es el correspondiente para nuestra especie a las condicio
nes de la selección natural, a la vez se reconoce que este régimen puede ser

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pBppBdBom Bucqou bj :o^uaiuiBsuad ap opoui na ap jBiaua3 bjjbj Bunw b aqap as anb
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-ajd Bnui^uoD ojad b^id ou anb jaouadg un ap opoui jb 'zb^\ auodns- anb BJBd
upiotpuoD 'so^unsB soidojd soj japua^B b anb bsod bj^o b a^uauíBaup^uodsa ba
-ajj ou anb bX 'jbjoui opiua^uoD un buisiui js ua aua^ ou 'osoijba oj opuais 'bjui
-ouo^nB B^sg pBpiAi^afqns bj ap upisajdxa ap bj^ubjbS ouiod pB^jaqij bj ap U910
-BAjasajd bj ua saouo^ua BoipBJ aapadsa bj ap spja^uiw jg pBpijpn ap oua^uo
un jod BpBpuauíooaj upioduDsajd ouiod ouis 'aa^uauijBjn^Bu^ BnpB ou bX 'Bp
-uanoasuoo ua 'X BpuSau jas apand anb BzajBjn^BU Bun ap b^bj^ ag opBDijipoui

6SVHI3^H33 ZVA 30 ODIOianf A1VIDOS 01N3IWVSN3d 13

�60MIGUEL ANDREOLI

ventaja o nuestro propio bienestar, haciendo siempre aquello que creemos nos
proporcionará el mayor excedente posible de bien sobre el mal" 40. La reivindi
cación del interés de la especie o de la preservación de la capacidad creativa
de la individualidad, son razones para sostener su valor, pero no hacen al con
tenido mismo del principio, este radica simplemente en lo que, supone Vaz, es
el modo natural de ser del hombre.
A nuestro autor no se le escapa que hay otra forma de entender la preocu
pación por la individualidad: ya no la reserva del hecho "natural" de que cada
uno esté interesado antes que nada por sí mismo, sino el principio ético que ve
en cada individuo algo que merece respeto y el reconocimiento de derechos.
Esta última perspectiva, que puede ser caracterizada como individualismo éti
co, puede entrar en distintas relaciones con el individualismo sicológico, pero
no lo implica, e incluso puede llevar a conclusiones opuestas. Es así que Vaz
entiende que:
"el socialismo (de la Tierra) es mucho más individualista (individuista)
que el individualismo (...) quisiera (...) hacer del individuo el centro: dar
a cada individuo el mayor bienestar posible (...) Y es, al contrario, el indi
vidualismo de aquí abajo el que, por su idea de progreso, y de sacrificio,
relativo por lo menos, de los individuos peor dotados (en la selección),
atiende más a la idea de especie en general, a la idea de sociedad (...) en
este sentido de los términos, el socialismo es más individualista y el indi
vidualismo más socialista" (SPS, p. 28).
De un modo que le es característico, se limita a establecer la salvedad, a
encontrar un nombre para esta forma de individualismo ("individuismo"), pero
no lo integra al cuerpo de su argumentación. El individualismo en el que pien
sa, cuando se trata de establecer un principio para la consideración de la cues
tión social, no consiste en "dar a cada individuo el mayor bienestar posible", ni
siquiera "que cada individuo sea tenido en cuenta y asistido" (SPT, p. 177),
sino más bien en favorecer que cada uno logre lo que pueda procurarse por sus
propios medios.

3.2. La igualdad
La preocupación prioritaria por la igualdad forma parte, señala Vaz, de la
tendencia socialista.
Hay en el socialismo valores que no pueden ser desconocidos: "más huma
no (...) más bondad, más fraternidad, más solidaridad; no abandonar a nadie;
también, tomar la defensa del pobre, del débil" (SPS, p. 23).
Vaz no considera a la tendencia a la igualdad como el resultado de aspira
ciones de justicia, ya que para él, la idea de justicia coincide, al modo de Spencer, con el principio de responsabilidad individual: a cada uno según sus actos.
La preocupación por el desposeido le parece más bien vinculada a la bondad,
la fraternidad, la solidaridad que al directo reclamo que alguien pudiera hacer

40. Frankena, W.K (1965], p. 30.

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'osojauaS saoaA b 'n^uidsa ap op^pa pnbB JiuaAajd jo^ BDiSppoisd Bido^
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19VHI3HHHJ ZVA 3d OOIQíanf A 3VIDOS OXN3INVSN3d 13

�62MIGUEL ANDREOLI

allá de la pretensión de imponer a la historia un curso racionalmente decidido,
afincaban en una realidad que conformaba al individuo desde la reivindica
ción de una privacidad, con anterioridad a su identificación como ciudadano:
la sociedad civil burguesa preexistió al Estado burgués. Los proyectos igualitaristas, en cambio, cuando ya no fueron simplemente el fruto de la nostalgia
por la comunidad perdida en la emergencia de la modernidad 41, y pretendie
ron entroncar con las condiciones reales del desarrollo de la civilización indus
trial, no partieron de una realidad social desde la cual la igualdad ya realiza
da pudiera expandirse, sino que debieron confiar en las posibilidades de la
conformación de la conciencia mediante la crítica del orden existente o, direc
tamente, por la acción política. De ahí el carácter de "naturaleza" que los con
tenidos individuabstas han tenido históricamente y el aspecto de "imposición"
que en las condiciones de la modernidad acompaña a los proyectos igualitaristas.
Por eso, lo que Vaz cree encontrar en su pretensión de acceso inmediato al
sentimiento de lo socialmente adecuado, es una naturaleza sin más, un modo
de ser del hombre que simplemente se reconoce a través de lo que siente el
que intuye correctamente y que como tendencia coincide con la propuesta indi
vidualista.

3.3. La conciliación de los principios
Dentro de la constelación de significaciones de las nociones de igualdad y
de libertad que venimos manejando, es decir dentro del núcleo básico de la
tradición liberal, las relaciones entre los principios de libertad y de igualdad,
pueden ser convenientemente esquematizadas en las tres posiciones siguien
tes 42.
1. La defensa del sistema de libertad natural, siguiendo una termino
logía que se remonta a A. Smith, en el que la igualdad es interpretada como
iguales posibilidades formales abiertas a las distintas capacidades. La expre
sión "formal" alude a que la igualdad se limita a la proscripción de privilegios
estamentales, y no a la disparidad en la dotación inicial de ventajas naturales
o sociales. Sostiene que la apertura de las profesiones a las capacidades ase
gura la mayor eficacia social. De aquí resultaría la distribución justa, asegu
rándose a la vez el reconocimiento de los derechos de trasmisión de propiedad,
fundados en la idea del justo título, y la proporcionalidad entre los propios ac
tos y los resultados obtenidos. Una vez que culminó la disolución del sistema
feudal, esta forma de pensamiento pasó a constituir el núcleo del pensamiento
conservador, en cuyo centro está la idea de que "la presente división de rique
za y poder corresponde a alguna realidad profunda de la vida humana" 43. En
esta perspectiva podemos ubicar, dentro del contexto en el que pensaba Vaz, a

41.Como es el caso de las utopías renacentistas.
42.Se trata de una paráfrasis libre y parcial de una clasificación de Rawls [1981], cap. 2.
43.Walzer, M. [1980], p. 237.

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í9v^ia^^aj zva aa ODiaiaar a ividos oiN3iwvsN3d ia

�64MIGUEL ANDREOLI

individualista consecuente es, entonces, el de determinar en qué medida la in
troducción de la desigualdad en el punto de partida puede estar legitimada,
teniendo en cuenta que se trata de un estado de cosas que si bien suele depen
der de la voluntad del causante, es independiente en sus aspectos relevantes
de la acción del que recibe.
Un régimen de propiedad privada irrestricta, como el que tienden a de
fender los que propugnan el sistema que hemos llamado de libertad natu
ral, supone que entre los atributos de la propiedad está la transmisión por
herencia sin limitaciones. Pero, de procederse de esta forma se consagran
diferencias iniciales incompatibles con un régimen verdaderamente indivi
dualista, dando lugar más bien a lo que Vaz llama un "familismo vertical
descendente" (R, p. 265), en el sentido de que las posiciones iniciales que
dan ñjadas, casi siempre en virtud de la pertenencia a una determinada fa
milia, de tal forma que hacen inviable el efectivo funcionamiento de un sis
tema en el que cada uno reciba según lo que efectivamente ha hecho. La
herencia ilimitada, afirma Vaz, es contraria tanto al principio individualis
ta de justicia como a la idea misma de libertad, pues "la mayor parte de los
individuos, de hecho, no actúan libremente por falta de mínimum asegura
do: de punto de partida." (R, p. 262).
Para progresar en la reflexión, Vaz introduce la distinción entre un indi
vidualismo de la generación presente, que debiera hacer cada vez tabla rasa de
lo que proviene de las generaciones anteriores y "traer a cada individuo al
punto de partida"; y un individualismo que tomara en cuenta el derecho de las
generaciones pasadas a transmitir sus bienes a la descendencia. El primero,
dice Vaz, peca por utópico, ya que el entrecruzamiento de las generaciones lo
hace inviable: sólo sería posible el comienzo absoluto si cuando una genera
ción nace, la anterior muriera. El segundo genera una no justificable desigual

dad en el punto de partida (SPS, pp. 38 y 39).
En verdad la supresión de la herencia no requiere la condición imposible
que plantea Vaz. Si hay un derecho a transmitir herencia, éste no depende del
entrecruzamiento generacional, y en caso de que no lo haya, la herencia no
puede ser impuesta simplemente porque individuos de distintas generaciones
convivan. Otra cosa es la diferencia, mucho más difícil de erradicar incluso en
teoría, producida por el nacimiento en familias ubicadas en diferentes grados
de la jerarquía social y lo que ello implica en los procesos de aprendizaje, o en
la utilización de estrategias para transmitir privilegios. Pero no parece que
Vaz se esté refiriendo a este aspecto del problema.
Por otra parte, Vaz cree que la institución de la herencia no solo ha de ser
considerada como una situación impuesta de hecho, sino que cuenta con bue
nas razones a su favor. Al hacer inventario de "lo que la institución de la he
rencia tiene de bueno en sí", le atribuye el ser un factor de estimulación de los
afectos familiares y del trabajo (R, p. 269).
Se está, entonces, ante un conflicto de derechos: por una parte el derecho
de las generaciones pasadas a transmitir bajo la forma de propiedad privada
lo que han llegado a poseer; por otra, el derecho de los individuos actuales a

�(68 '^ 'SdS) sajBpiui sauopipuoo sb{ ap pBp{Bn8isap B{ JBiaduia^B BJBd
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opBa^iiB{d jas ap Bq ou Biua{qojd {a X 'jopBj a^a ap BpB^uiqi upisiuiSBJ^ B{
b a^uapgns U9ZBJ ap anb 0{n^^ opnf ^nq o^[ BJjap B{ ap pnpaidojd B{ jbzi{bjo
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anb o\n :aOApB3auw buib{{ anb o^uauia{a {ap 'pnpaidojd B{ ap ojnd o^uauia{a 'bu
-Buinq pupiAipB B{ ap a^uauíupajip Bqnsaj anb o{ auodo 'Bjaunuí Bpa aQ
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o{ ap 'Bidojd u9poB B{ ap 'pnpiAi^B B{ ap 'ofBqBj^ {ap a^uauíupajip a{BS pupa^d
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B{ ap uqisua^a o op^qnsaj oxuoo BpBAuap jas ap Bq 'BJja^ B{ ap B{ a^aui{Bd
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S9VHIHHH3H ZVA 3Q 03101^^1 A1VI3OS OlN3MVSN3d 13

�66MIGUEL ANDREOLI

En la argumentación recurre a dos tipos de razones. Por una parte crite
rios utilitarios de conveniencia, y por otra el examen del alcance de derechos
eventualmente conflictivos. En este último sentido, su pensamiento conserva
analogías importantes con desarrollos actuales de la filosofía política y cree
mos que posee una interesante potencialidad de intervención en las discusio
nes contemporáneas.
La afirmación del derecho del individuo a dar lo que le pertenece, en nom
bre del principio de libertad, es fundamental en la teoría de Robert Nozick 44.

Según éste el único criterio para determinar la justicia de una distribución so
cial dada ha de estar regido por el modo en el que se ha llegado a ella, más
precisamente si ha ocurrido por medio de adquisiciones y transferencias legíti
mas. Las adquisiciones originales de propiedad serán justas, repitiendo a Locke, si los bienes no son ya propiedad de otros y si no implican apropiarse de
recursos de tal modo que le imposibilite su acceso a otros individuos. Las
transferencias son legítimas si voluntariamente entregamos aquello a lo que
tenemos derecho. Los criterios redistributivos que alteren el estado de cosas
resultante del libre intercambio entre individuos, en nombre de alguna con
cepción de la justicia, como ser la igualdad o alguna forma de maximización
del bienestar, se orientarían por lo que Nozick llama end-state principies 45.
Estos principios remiten a estados finales en la medida en la que consideran
que dos distribuciones son igualmente justas si son estructuralmente idénti
cas, es decir si exhiben el mismo perfil, independientemente de los individuos
que ocupen las posiciones. En cambio, en un arreglo social regido por adquisi
ciones y transferencias libres, ningún patrón de distribución puede estar regu
lativamente fijado. La orientación por principios de estado final implica nece
sariamente que las personas pueden reclamar sobre las propiedades de otros,
lo cual, estima Nozick, resulta inadmisible desde la perspectiva de los dere
chos. Cualquier modificación sobre la distribución que emerge de las decisio
nes libres de los individuos implica apropiarse de lo que le pertenece a otro.
Las consideraciones de Vaz pueden ser entendidas como introduciendo
criterios de estado final, en la medida en la que establece la necesidad mo
ral de reducir algunas desigualdades iniciales por ser intolerables en sí
mismas o como alteraciones de las condiciones de una competencia equita
tiva, pero en su núcleo pueden ser interpretadas como observaciones perti
nentes dentro del marco de las concepciones individualistas basadas en de
rechos. Tal como se ha señalado críticamente respecto a la teoría de No
zick, es necesario distinguir el derecho del que da, la generación pasada en
el problema de la herencia según la terminología de Vaz, del derecho del
que recibe, la generación actual. Lo que Vaz señala acertadamente, es que
no se puede defender moralmente el derecho a un privilegio no merecido, y
este es en principio el caso del que recibe una herencia. Con seguridad, los

44.Nozick, R. [1988].
45.Nozick, R. [1988], p. 156.

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-Baqdxa anb so3sbj sop Bupua^ pnpap^ui ofBqBj^ ^g sopiAjas soj jod A -sop
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b^ sa Bpuajaq tb\ ap uppB^iiuq b^ ap opxnpxa a^uauíusajdxa Bpanb anb oq
•sauaiq ap odp a^sa ap Buosaans u9isiuisubj^
b^ ajqos so^sanduii UBazapppa anb SBUB^nqu^ SBopxpd ap U9puoijpsnf Bun
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jB^undB aaajBd uaiq s^ui A 'jBjn^p pp apanuí B^ ap S9ndsap souaui o\ jod bjj
-ap B^ ap BUB^qBn3i pBpqiqíuodsip Bun ap oppuas p ua 'Bjjoa^ ns jaua^ Bupod
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s^zmb opg upisaons Bps ^\ ap ^{p s^ui ba anb Biíap B{ ap pnptAipui p^paid
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-und anb upuq BuruiBxa ou jo^ns ojpanu oqoaq aQ op^p japod u9iquiB^ ouis
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-ai^ bjw ap BiDuajaq bj ajqos a^uauíjB^uauíBpunj jaBoaj ap Bq u9idb^iuiij bj
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¿9v^ia^aaj zva aa ooiaianr a ividos oiN3iwvsN3d ia

�68MIGUEL ANDREOLI

resultado en el mundo de mi esfuerzo me pertenece en tanto soy dueño de mi
cuerpo; para Vaz, en cambio, la forma primera de la propiedad, no histórica
mente pero sí por su naturaleza, es la intelectual, por ser la más próxima a la

intimidad de la mismidad.
En cuanto a la posibilidad de medidas concretas, Vaz es en general más
cauto que en su apreciación crítica de principios. Antes que nada, la herencia
no debiera interferir con el derecho básico de habitación. Por otra parte consi
dera insuficientes las políticas de impuestos progresivos a las herencias exce
sivas, y ve con simpatía la propuesta de Stuart Mili de no restringir la capaci
dad de disponer pero si la de recibir, poniendo un límite al valor que cada in
dividuo puede recibir por herencia, pero de hecho termina afirmando que "so
bre los resultados que daría la aplicación de ese régimen no me siento capaz
de pronunciarme" (R, p. 269).

3.3.2. El derecho a tierra de habitación
La superación de los problemas que la propiedad de la tierra, en tanto
que éstos producen una desigualdad injustificable en la generación presente,
requiere, según la propuesta de Vaz, atender a dos aspectos: restricción del
derecho de sucesión de la tierra de producción y reconocimiento universal y
efectivo del derecho a tierra de habitación. Entiende que en la tradición de los
derechos individuales se produjo el olvido del derecho a estar, a habitar, tan
básico como el clásico derecho al libre desplazamiento. Esta es la tesis que de
fiende tanto en las conferencias del año 1914 reunidas en Sobre la Propiedad
de la Tierra, como en pasajes de Sobre los Problemas Sociales (SPS, pp. 30—
31), y que continuará sosteniendo hasta el fin de su vida como uno de sus
aportes fundamentales en la cuestión social. En 1953 en una conferencia, lle
ga a afirmar enfáticamente "que el primero, absolutamente el primero de los
derechos individuales, no ha sido proclamado ni reconocido nunca; y es el de
recho de cada individuo a estar en la tierra, a estar sin precio ni permiso en el
planeta en que ha nacido" (D, p. 381).
Cree que la dificultad para solucionar el problema de la vivienda proviene
del hecho de no distinguir la tierra de producción de la de habitación. Hay,
por lo pronto, distintas pretensiones sobre ambos tipos de tierra: si bien no to
dos los hombres son agricultores, todos son habitantes (SPT, p. 21). No podría
convertirse a todos los hombres en dueños de tierra de producción, pero sí se
podría dotar a todos de un espacio para habitar (SPT, p. 21-22). Además, en
el caso de la producción, es muy difícil distinguir lo que ya estaba dado como
recurso natural, de lo que le agrega el hombre, mientras que esto es relativa
mente fácil en lo que respecta a la tierra de habitación (SPT, p. 22).
Otra razón que permite distinguir ambas formas de tierra, es que las dife
rencias cualitativas importan en la producción pero mucho menos en la cons
trucción de viviendas. Reconoce, entre paréntesis, que hay un factor común:
"la diferencia de situación, que (...) tiende a ser mucho más importante, al
contrario para la tierra de vivienda" (SPS, p. 23). La diferencia de costo im-

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uod 'pvpaqjj vj v ojuvBaujua :ojuvfap 's^ndsap 'o^ '.opvuS o^uap vjsvy onpm
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69V^I3^ÍI33 ZVA 3d ODiai^Of A1VIDOS 01N3I^VSN3d 13

�70MIGUEL ANDREOLI

les de la necesidad gruesa, como alimentación, vivienda, abrigo, etc. -lo
mínimo, lo grueso-" ya que "ésa a nadie repugnaría aun desde el punto de
vista de las posibilidades futuras, de la libertad, de la personalidad, de la
fermentalidad; todos la admitirían como deseable... Pero ahí, donde no
existen todavía las complicaciones de deseabilidad, existen ya, y graves,
las complicaciones de posibilidad" (SPS, p. 33)
El individualismo de Vaz, y su relación interna con las condiciones de la
competencia en un mercado, lo llevan a la duda respecto a la posibilidad de
asegurar demandas básicas de vestimenta y alimentación, producida por la di
fícil conciliación entre una igualdad aceptada por sentimientos morales y la
desigualdad vista, no sólo como exigencia para la constitución de la personali
dad individualista, sino como requerimiento de la realidad misma. La produc
ción es cuestión de propiedad privada, la igualación es pedida por el senti
miento moral.
Queda entonces adecuadamente caracterizada la posición de Vaz ante la
cuestión social como una forma de defensa de la igualdad liberal: la efectiva
realización de un régimen individualista supondría un punto de partida igual
(R, p. 264), lo que de ninguna manera corresponde a la situación social real de
aquellos regímenes donde normalmente se entiende que se realiza el indivi
dualismo. La efectivización total de este principio en la realidad, implicaría
tales cambios en la situación presente que resulta imposible de concretar en la
totalidad de su exigencia. Pero lo que sí es posible es una situación más apro
ximada al ideal, una solución de grado, la que ha de ser pensada bajo la forma
de ciertas limitaciones al derecho de propiedad, que sirvan para introducir
medidas de igualación que no resultarían del mero juego del mercado sino que
supondrían la modificación del régimen jurídico de los derechos que en efecto
se pueden transmitir o ciertas medidas de intervención estatal.
La filosofía de Vaz pone en evidencia que la asociación de hecho frecuente
entre individualismo y derecho irrestricto de propiedad, no se justifica y pro
duce confusión de ideas, ya que se asocian con el individualismo instituciones
como la de la herencia, que en realidad introducen efectos antiindividualistas,
por lo que el individualismo aparecería como una justificación de un estado de
cosas que no lo realiza 47.
En Sobre la propiedad de la tierra distingue tres formas posibles de regí
menes sociales: individualismo, familismo y socialismo. Los diferencia según
quien dispone de lo que se produce, según el grado de poder de coerción de la
sociedad sobre el individuo y según que la finalidad del sistema sea la especie
o el individuo (SPT, pp. 182-187). Esquematizamos sus afirmaciones en el si
guiente cuadro:

47. No se puede afirmar que en la situación histórica desde la que pensaba Vaz se consa
grara rigurosamente un derecho irrestricto de propiedad, pero, de todas formas, para
Vaz, era indispensable introducir restricciones que ni en ese momento existían, ni aho
ra están presentes en nuestro régimen jurídico de la propiedad.

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so{ ua 'Bpiuopu^ui a^iauíBDid^ sa o^uaiuiipaaojd {g opjanDBsap {ap
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-B^uasajdaj ns X ppos pBpipaj B{ aj^ua 9^oub anb u9poipBJ^uoo b^ ap B^uana
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opojJBsap ns ap U9pipuoo b[ sa a^uauíBpandns anb sbsod ap ops^sa p 'sonpiA
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o^uaiuiBuopunj {ap soSsbj ap u9pB0i{dxa ap X jBzipaj b OAipfqo ap 'u9pBDij
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v^rnaanj zva aa ooiaiaar a ivioos oiNai^vsNad na

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�72MIGUEL ANDREOLI

orden más elevado que sirvan para determinar el énfasis correcto de los
principios competitivos de la justicia."48
En Vaz se dan las dos características típicas de las doctrinas intuicionistas: la admisión de la pluralidad de primeros principios, y la no formulación
de un método explícito o de criterios para comparar esos principios: "simple
mente hemos de hacer intuitivamente un balance mediante el cual averiguar
por aproximación lo más correcto." 49 El mismo Rawls señala que el único
modo de impugnar adecuadamente al intuicionismo es formular los principios
de comparación que éste no admite. Una tarea de esta naturaleza excede a las
posibilidades de un examen de la filosofía social de Vaz, pero de todas formas
importa indicar que el intuicionismo de por sí no ofrece un modo convincente
de realizar la tarea que desea cumplir.
Este es el "modo de pensar" que Vaz quiere dejar como contribución a la
solución del problema social. Los problemas se perciben como impuestos por
una realidad a veces transformable; las exigencias morales, en cambio, se
sienten, por eso la resolución de la cuestión social queda librada al sentimiento
de los hombres de buena voluntad. Es así que el pensamiento de Vaz parece
no haber perdido actualidad en el planteo de los problemas; en cambio, la vía
de salida que ofrece, mediante el recurso al sentimiento de los hombres de
buena voluntad, requiere comulgar con su forma particular de fe en la subjeti
vidad.

48.Rawls, J. [19851, pp. 52-53.
49.Rawls, J. [1985], p. 53.

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-stui p jod BpBZBuauíB A sapB^naijip ap odp ouisiui p Bpipuios ^^sa 'upu^uaui
-B{3aj a^uauíBoippnf jas BJBd BSuodoad as anb U9psano jambpno ap U9pn|os
B{ ap U9isnasip tb\ 'o^sa joj a^ud Bjauíud B^ ua opuajaa souiaq sou anb so{ b
jaaBq ap SBuiapojd so{ ap U9pnpsaj ap BqduiB s^ui BAipadsaad B{ ua oppuas
auap oqaajaQ pp Bpua^srea B{ 'pjoui b^ uoa apaons anb o{ anb pn^i \y
U9punj ns a^duma anb so^ ap oj^uap -sapjoui BA^nigap uasappos SBUia[qojd so^ ap Bpuapuadapui uoo a^uaurepBnoapB opnppnp jas Bjap
-nd anb ooipunf oogpadsa oSp Ae\\ ou p BJBd anb BiC 'zb^^ ouisiui p aoBq anb o^ sa
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UB^psaj -Bopunf u9pB3y[u3is a^uappa ap- BpBjaouiap b^ ap p^pipuopu^ipui
sb^ o u9pB^iqBq ap oqaajap p 'Bpuajaq B| ap uauíiSí^j p 'Bjjap ^\ ap pnpaidojd b^
ap sb¡[ ouioa sauopsana 'U9ZBJ Bpa jo^ Bpnpuoa Bj^sanu uB^uauo anb sbuuou
sbj ap o^unfuoa pp soidojd so{ ap sa^uajajip a^uauíppunpns snuiapojd uanb
-qduii soaipunf so^daaajd so^ anb aaja ou anb jbuuijb apand as pjaua3 ug sbs
-ua^xa uos ou oqaajaQ {ap Bza{Bjn^BU B{ ajqos zb^\ ap sauopBAjasqo sng
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�74MIGUEL ANDREOLI

Este entiende que la fórmula individualista de justicia, por la que se afirma la
legitimidad de lo que cada uno alcanza por sus medios, ha de ser completada
incluyendo lo que se reciba por donación o por herencia, respetando el hecho
primitivo de la apropiación de la tierra. Contra esta afirmación, Vaz advierte
que si la fórmula spenceriana entra en contradicción con consecuencias que
derivan de la aceptación de la propiedad de la tierra, no es cuestión de modifi
car la fórmula sino de reconsiderar la apropiación (SPT, p. 91). Lo que aquí se
enfrentan son dos maneras de pensar: por una parte el filósofo interesado en
la falta de justificación moral de determinadas instituciones sociales, por otra
el jurista que trabaja sobre las formulaciones para acordarlas con lo vigente,
aunque esto implique algo más que una tarea de buscar una interpretación co
herente de principios y normas. Ese plus es lo que, por medio de la modifica
ción de las estipulaciones, produce un simulacro de justificación.
El pensamiento en el que priman las "definiciones formulistas", falla en la
tarea de "hacer sentir". En aquellos países en los que dominó esta forma de
pensamiento jurídico, su modo de tratar las libertades y los derechos indivi
duales fue previo "a algo muy grave que amenazaba (...) el totalitarismo" (R,
p. 244). La crítica de Vaz apunta a que las disciplinas jurídicas no deben olvi
dar que la existencia misma del Derecho requiere que los preceptos jurídicos
mantengan contacto con las creencias y valoraciones socialmente compartidas.
Este juicio debe servir como moderador del impulso de abstracción y tecnificación propio de la configuración del Derecho como disciplina de especialistas.
Enseñar Derecho es, para Vaz, una tarea que excede el adiestramiento en
la sola interpretación de normas y en el uso de fórmulas. El Derecho mismo no
puede agotarse en estos procedimientos, ya que la complejidad entera de los
problemas sociales constituye un contexto que no lo determina solo por una
causalidad externa, sino que conforma su propia naturaleza. De este modo en
las cuestiones jurídicas están en juego a la vez criterios instrumentales de realizabilidad, apreciaciones morales que definen preferencias legítimas e ins
tancias afectivas de expresión individual, comunes a todas las cuestiones
prácticas.

2. El fundamento de los derechos
Si el formulismo jurídico escamotea lo esencial, para enfrentarlo, en las
décadas previas a las de la crisis de las democracias occidentales, se contaba
con la alternativa de recurrir o bien a algunos libros "muy antiguos, generosos
a veces, pero metafísicamente abstractos, o, si no, los de Spencer" (R, p. 244).
En el primer caso Vaz refiere a textos jusnaturalistas, en los que "los derechos
individuales son presentados de un modo abstracto, en el fondo verbal, por
ejemplo, como 'atributos inherentes a la persona humana'" (R, p. 251); en el
segundo, como ya hemos visto, recuerda lo que fue la formación dominante en
la Facultad de Derecho de fines de siglo pasado. En este sentido, ya al final de
su carrera, Vaz vuelve a dejar constancia de la continuidad de la influencia de
Spencer en su propia concepción de la naturaleza de la sociedad y, como conse-

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BUBiapisuoo as '[BnpB oppuas [a ua B^siApisod Bi3o[ouiuua^ b[ ua 'anb o[ Bai[d
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opuain3is 'B^spvpisod uppdaauoa B[ oppuas a^sa ug * Buia^sis uanq un ouioa
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B[ jB^iuiq ap U9pua^xn B[ jBuSisap b opiuaA Bq ouisiApisod a^uauiBai39[opo^aui
I :sopadsB saj^ ua z oiqqog jod opBuiuua^ap a^uauíBpBnoapB opis Bq o[3is
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B^siuoiDn[OAa ODiu9uouipap ouisiApisod [a souiB^upsip anb a^uauí^ad sg
•(9^3 '^ *H) soApisod s^ui ouis 'souosn[i o
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X pB^iaqi[ B[ JBpunj jod ozjanjsa a[qBO[B ns JBDB^sap [B 'oqoaaaQ [ap 'Bpuano

slvama^HJ zva aa o^iaianr a ividos oiNaiwvsNad ia

�76MIGUEL ANDREOLI

tades, y derivar todos ellos como corolarios de la ley de igual libertad 5. Esta
ley para Spencer debía ser deducida "de las condiciones necesarias, en princi
pio a la conservación de la vida en general y luego a la perduración de la vida
social" 6. En este sentido, la fórmula de la libertad implica un aspecto positivo
de libertad de acción, como único modo de que los seres reciban las consecuen
cias de sus actos, y así se posibilite la selección de las formas más progresivas;
y un aspecto negativo de restricción, que impone el respeto de la igual libertad
de los demás, como condición de posibilidad de una vida social en progreso. El
carácter positivo de este principio no radica en alguna forma de descubrimien
to inductivo que se pueda hacer de él, sino en el hecho de que lo descubrimos
en nosotros como un o priori no trascendental, como un conjunto de creencias
y sentimientos que han quedado en los individuos como resultado de las expe
riencias de la especie 7. En un tono spenceriano, Vaz en 1950 afirma que para
hacer sentir a los derechos individuales, no hay procedimiento mejor que
"mostrar, repetida, insistentemente, el verdadero y hondo fundamento de
los derechos individuales (...) que no son (...) sino las libertades que es
bueno conceder a los individuos para contribuir a realizar más felicidad
para la humanidad, y al mismo tiempo para facilitar y estimular su me
joramiento" (R, p. 253).
La dirección básica de esta concepción de los derechos es un intento de re
alización de un programa de fundamentación, que en sus líneas generales es
actualmente el más prometedor. Si bien la concepción de los derechos indivi
duales como derechos morales ha sido utilizada para criticar al utilitarismo,
en la medida en la que éste podría justificar políticas aborrecibles según prin
cipios morales generalmente compartidos y, en consecuencia, es necesaria la
restricción introducida por el recurso a criterios deontológicos; en cambio,
cuando se trata de justificar a los derechos mismos parece inevitable recurrir
a los intereses humanos que ellos fomentan o protegen 8. En consecuencia, es
necesario desarrollar dos extremos:
1. Por una parte se debe determinar qué tipo de consecuencias han de
ser estimadas como razones para la observancia general de los derechos. En
este aspecto, Vaz continuó remitiéndose al utilitarismo de Spencer. Esta ver
sión del utilitarismo, la estimaba Vaz como una superación de la forma del
utilitarismo que define el bien en términos de la conveniencia que resulta del
cálculo. Lamentaba que hubiera permanecido atado a la idea de que los actos
moralmente deseables eran los que aseguraban resultados placenteros y se
hubiera cerrado a la posibilidad de los "ideales dolorosos". Pero, sobre todo,
entendía que la obra de Spencer indicaba un camino para dar una respuesta
adecuada a la cuestión de la naturaleza de los derechos individuales sin carga

5.Spencer, H. [1891], 36 y 38.
6.Spencer, H. [18911,35.
7.ibid.
8.Cf. Scanlon, T.M. [19831, p. 112. Este artículo desarrolla una argumentación con puntos
de partida semejantes a los de Vaz, pero con un desarrollo diferente.

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-ud ap ireq soqaaiap so\ opoui ^nb ap JBoqdxa u^iquiB^ ouBsaaau sg z

BjajQBO BpB^Bpp ns ua aaaaua^jad ap 9fap Bounu ojos9jij oa^sanu anb
'006 18P U9pBjaua3 Bp^uiB^ B^ b uojBu^aaduii B^siuopnpAa ouno ap SBapi
o^und anb B^SBq ap u9pB.psouiap Ouioo a^u^saja^ui
-uauínSjB joXbui ap Bsuadsip aj anb BpuapiAa ap apans Bun^jB ap BpB^op
anb B^ b 'o^uaiuiBSuad ap Bauq B^a ua 0961 UB BiABpo^ zb^\ ap Bpua^isui Bg
BpBu B^uauíBpunj ou 'ou o Bp as a:piauiajduns o^uaiuipuas u[\ ¿o^uauíBpunj
un jas uapand so^uaiuipuas so^ opoui anb a^? sbdisijb^oui sauopdaauoo sq
-Buipsa zb^y ^^b o\ ap apuajajip b¡ anb p^piApisod buti^uiu jBui^paj apand ou
'ajoua^ui Bzanbu,, a^uapajo Bun ap bpubub3 bj ouioo jpuas ap JB^naipBd bui
-joj BunS|B ap u9puBdB b^ ap o uqpBpuaaajip B[ ap uqpBJOiBA
uvooajun upponufsuoo vun sa ou oX jvno o] 'tvoodal
vun ap uaiq o 'vjauauoa vwjv un ap tpvppr&gt;dvay o Ipnjijdiuv&gt; dj ap o^uaíiu
•paua pp ooiSppixv o^daauoo ja ojja v vjnaum as ojvipaiuw ap ouaj vomb
-jsd ^pvpuauajjp, vj ap osauSoud ouioa (• • ) opvotjíjva jas apand ojuaxui
-ojjodiuoa ap sajqjsod smuuoj sajuauajip svj ap vnjjDjijvna uppvoí/jsuan
-xp vj -j^ v opxun- X onxjvjxjuvno ojuawnn ja 'oombxsd ojuaxiunjuodiuoa ouj
-sanu ap sonxpajv X sonxjisuas 'sajvuopvuux sopxuajuoo soj ap oduivo ja u^n
luqpdaouoo B^sa ap oziq Jaqo/V\ anb Bapuo bj a^
-uaXnpuoo B^nsag a^uapiAa o^uauíBpunj ap apans Bun ouioo jaaajBdB a^uaui
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un ouioa u9pBoyiu3is uoa 'sonpiAipui so{ ua sa^uasaad soaippnf X sa^ujoui so^
-uaiuipuas so{ ap pBpifa¡duioo tb\ ua X uqpupuaaajip B| ua bpubub3 Bun ouioa
pBpiuBiunq b¡ ap osaoSojd {ap pBpiApisod ap Bapi B{ anb sa Biuaiqojd {g
sapBpaqq B{ ap o^uaiuiioouooaj ja B^uauíBpunj anb ouanq o¡ ap oppuas {a sa
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-ap so¡ ap BUBUiajjajzBA uqiDdaouoa B{ ap buijoj Bg (9¿g d 'q) asa^uapuaosBj^
sapBpi{iqisod sb{ s^ui íosaiSoad a{qisod X ouBuinq o^uaiuiBJofaui ap so^ouiaj
so¡ ap X 'pBpun^as X pBpiDi{aj ap souiixqad sa^Bapi so{ ap -BpBi{iauoo- a{qisod
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ua{BAinba sajBnpiAipui soqaajap so{ 'bj3ubui B^sa a^ (piqi) sb^s9 jod BpB^znf
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ub^ jas irepaqap anb opBp 'jBJapisuoo b so^uauíBpuiq so{ JBqduiB 'zaA B{ b 'uoo
'ooisijb^oui aj^sB{ a{qisod un ap so^aj so{ jBjadns bjbj

llvamaaHH zva aa coiaianr a avi^os oiNai^vsNaa aa

�78MIGUEL ANDREOLI

dejados de lado por la consideración de la circunstancia; y por otra, mante
niendo una estrecha relación entre el Derecho y la moral en su concepción, con
lo que el respeto de los derechos viene a basarse en principios morales que,
como ya vimos en la primer parte, tampoco han de ser modificados por el cál
culo de las circunstancias.
La intención filosófica de Vaz sobre estas materias, es más interesante
que los recursos con los que contó para llevarla adelante. No quiso abandonar
la pretensión crítica de la reflexión sobre las instituciones jurídicas -de ahí su
ajenidad al positivismo jurídico tal como se lo entiende ahora- y, a la vez, evi
tar el tipo de compromiso metafísico que supone el jusnaturalismo de raíz clá
sica. Lo que no podía servir adecuadamente era la insistencia en las interpre
taciones de la segunda mitad del siglo XIX sobre una pretendida lectura de la
evolución jurídica 11

3. La especificidad del derecho
Afirma Vaz que la diferencia entre la moral y el derecho no es de funda
mentos, sino que "es una diferencia de naturaleza y alcance" (R, p. 249). Mien
tras que "Moral es lo que (...) debe desearse que los hombres sientan, hagan o
se abstengan de hacer (...) el Derecho determina lo que (...) debe legalmente
permitirse, imponerse o prohibirse" (R, p. 250).
La perspectiva que Vaz elige para determinar la diferencia es la de quien
promueve las normas y valores: yo deseo que tú obres moralmente, yo te im
pongo que tú actúes legalmente. No es claro que Vaz sostenga que respecto a
nosotros mismos sólo deseamos ser morales, sin que sea necesario un conteni
do de obligación, no reductible a un deseo. Lo que sí se puede afirmar es que
la idea de Vaz de la moral, profundamente ligada, como ya vimos, a perspecti
vas como la de Stuart Mili, no se centra en la noción de obligación, en buena
medida se aproxima a una concepción de construcción de la personalidad y, en
consecuencia, a la deseabilidad de una forma de vida, antes que al sentido
kantiano de un elemento irreductiblemente constrictivo de obligatoriedad. Por
esta razón, derecho es lo que se impone; moral, en cambio, todo lo bueno de
seable. Lo que se impone ha de ser juzgado también por su bondad, pero con
servando la diferencia, ya que "si bien todo lo deseable debe permitirse, no
todo lo deseable debe imponerse, ni aun todo lo indeseable debe prohibirse, ya
que hay casos en que esta prohibición sería inadecuada o contraproducente"
(R, p. 250).
Esta concepción determina al derecho como una moral mínima. La dife
rencia no radica en el contenido de las máximas sino en la presencia de moda-

11. Algunos intentos actuales tienen la misma dirección, aunque utilizan instrumentos con
los que Vaz no contaba. Nos referimos al programa de la ética discursiva, que, funda
mentalmente en la versión de Habermas propone una reconstrucción racional a la vez
que una justificación de la capacidad crítica en materia normativa, junto con un intento
de recuperación no metafísica de una lectura progresiva de la historia.

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a^ua so^uauíBpun; ap pBp^Bn3i b{ ua jpsism \e 'bj3ubui B^sa aQ pBpiun^odo
^ BpuaiuaAuoo ap sauozBJ urias ipiquiB^ ojad so^daaajd so^ ap
rs\ ap souiuij^ ua 'saouo^ua 'opBiqBAa jas ap Bq oaipunf o^uaiuiBuapjo
BpuaApuoo B{ ap sapBpisaaau sb{ b
SBUB^qpn sauozBJ ap bub^bj^ as anb Juajuí ipijip sa ou o^xa^uoo pp
uis 'Boipunf U9pisoduii buti ua B^iatAuoo as Bpnpuoa ap o^daaajd un anb ubo
-ijpsnf zb^\ un^as anb sauozBJ sb| UBja sa^na aaqos snpuajajaj ap souiaoajBO
snpBoqqnd SBjqo sb^ ug B^a b oou^U9oxa ou oaad '^joui ^b\ ap p anb opiBuu^
-saj s^ui uaooq O| anb SBop^ui^Bid sapupisaaau jod opBuiuua^ap Bpanb ooipu
-nf o\ ap oduiBO p anb SBJ^uaiui 'upisundxa ap oop9^siq osaooad un ua Bpnsuad
sa [bjoui B{ ap Bjajsa Bq opBpuBui 'opiqiqojd 'oppiuuad ap odp pp sajopBzij

6¿VHiayaaj zva aa oDiaianr a ividos oiN3iwvsN3d ia

�[8S6I] 'O 'IX X '91J^SvI sajviaos d soapspuv
'soaijpuap svwaj auqos svpuauajuoo svunSp/ ua 'auqtuoy jap soyaauap S07
•^^S6I] 'dV 'IIX X l^uaSvZ 'saj
-víaos d soaijspuv 'soaijpuap sviuaf auqos svpuauajuoa svunSjy ua 'ou^api
ap o^^ipcg ua (vaiuipuoaa d ¡vpos viuapoui va soiusi^ojvuod soun^¡y
•^^Q6I] 'O 'IIX \L '*?•*
-3g'VZ 'sajoiaos d soaijsjpv 'soaijpuap svtua^ auqos svpuauajuoa svunSjy
[0Q6I] 'H 'IX JL '9ÍJ3S oí sajviaos d soapspuv 'soaijpuap sviua^ auqos
svpuauajuoa svunS¡y ua 'oqaauaQ pp vjjosojijj ap asvp vun ap sopuanaa^
'Sd 'XX JL 'jvj^os-oaiiuquoaa ouvapi ap ofavufx^ ua 'sajviaos smua^qou^
[8861] 'd3 'X X 'ouviuaiuua^ ua 'muajqoud pp sajuv uvpg
[8861] 'd 'X X ^oiuv^uawua^
[0^61] 'SdS 'IIA X 's^jviaos svuuajqoud soj auqog
[8X61] 'XdS 'A X '•?? 0/ 3P pvpaidoud vj auqog
[0161] 'Al 'AI X '^?A ^ai91
[8061] 'd 'IIIA X 'uppav d o^uaiiuiaouoj ua 'oiuspviuSvud ;^
[8061] 'VO 'IIIA X 'uopav d ojuaiiuiaouo^ ua 'uppav d ojuaiwpouoj
[Q06I] '01 'i X 'sauopvnuasqo d svapj
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'sajvnpajajui vuvd jvuoy^ "ont/^ vatSg^ '3 'BJia.uag zb^ ua oBojpuj 'januBj^ 'SdVIO
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[0S6I] oaauín^j 'oapiAa^uop^ 'qos PP ^i^vnSnun vunjvuap] vj
A y 'OVQHV ua 'otpnjsa un vuvd svjo^^ vupuua^ zv/^ sojuvj '^nu

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[9861] 3ANI^
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-aig in^g) aqo^vaOT '^B^uiqn^ '^/unuuaj[ ayaspu^ uaqn jvjyvu^ 'subh '

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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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                <text> Andreoli Olivera, Miguel Ángel 1951-:&#13;
El pensamiento social y jurídico de Vaz Ferreira /Miguel Ángel Andreoli Olivera..&#13;
   Montevideo : Facultad de Derecho, 1993..&#13;
  85 p..</text>
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                    <text>historia moderna
estudios monográficos

4

Christopher Hill

•

el protestantismo y el
origen del capitalismo
•

•

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•

universidad de la república
facultad de humanidades y ciencias
departamento de historia universal
montevideo· 1969
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Y EL ORIGEN DEJ.J CAPITALISMO

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Essn s in th a Econooic und Social Hi stor of Tudo r
o.n&lt;l Stunrt: Enr;lnnd i11 bonour of R.H. Tuwney , ce .
por F. J. Fisher, Caabridge University Press, 1961.
Tro.ducci6n de: Prioina Burostero

178864
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dor:-~c ~6n G. l o. Igl \;;c i ~ , y s i tut i'.&gt;rCL i n
es v e rdaderamente ocnsi onul - y el prin
,
cipa1 objet ivo es ln nol idurid~d y e l dnr sc en e l trabaj o cristi ano- ent 0nccs 9
es.o ae ría c o rrecto . Es un probl ema qué
d ~ b e quedar r eserva do n l n c ~ nci en cin de
cada p e r sona y ser exuminndo en t c l sen
. tido .!' Del Rev . G. F . ALLEIT , ob i spo dcr
Derby, n l r efer ir se a l n legitimi dnd de l
uso de las· ·apu~stcs en e l fá 4 bol, l as ri
fas y j~~g on d e azar, c on el o bj~t o de · r eunir fond os paro l ~ Igl cs ir ~ {The Tiacc ,
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nov1 emo ~ c / 9 1J)~) .
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H~ce

y a c er c o de

30 años

que ln public nci6n de Lu re-

ligi6n e~ e l origen de l cupit ~ lismo , de l pr ofesor Tuwnay ,
est i oul ó e l pcnnuoi cnt o h i stó ric o e n est0 pa í s . LG mayo ría d e l )D h i sto ricdor es d e hoy en día uc~ptun l ~ exis tcncia d e alguna c ~ nexión entre el prot es tanti smo y e l
GU.1.gi111i \:·ato de l capitalismo , c on ln c nGpicuc eJ,cepciÓ;..
del pra ;esor Trcvor- Rope r. Pero no existe un ncuerdo c on
r e~ ¿~ct o a l n nntural czc d e l n c on e xión. Los prot es tan i;.¿: a de 1 s igl o XVII cnf o.t i zo.bn11 e l l1 cc l10 d.., que e l v ~r dn­
d e r o sootén de l a Refo roa h a bÍ r'..n s ido piadosos o.r·t esnn os ~
y que el pro t es-tunt i sr10 pr ob6, en su o oo er1to , se r útil
r esp ecto n l c ooe r c i o y n l a i ndustrie ~ c o nc ~ pt o v~rd n de
ro en aob og puntos. Per o de t oda s m~ne r cs , n o estó nuficienteaent e ac l a r ado este t es is. El ob j et J de este nr ~
tícul o oerá intent a rl o , desarr.oll nn co po.rn e l l o ~ nl guno s
puntos plnntcndos po r e l n i soo profeso r Tnwney (l ) .
Una d e l us críticos , d iri g ida Gobrc t odo n rlc"!..;er , o
que éste h nc e divi s i ones cr ono l ó~ic~s in ndec~1adns , ilus-

�2

trn.ndo l n influenc.i n causnl d e l protestnntisoo en ln
fornnc i ón d e l " esp íritu cnpitalistn" r ecurri endo n
citas de escr itor ea del sigl o XVII; t cnb iéµ e l profe s or Ta1mey se basn extensaoente en Bnxte.r y en
Bunynn en sus d i sct~s i o nes sobr e e l puritnnisno in glés. Otru crítica, es que ulgunos de los pníses don
de se desnrr oll6 en s u f o ron clásica e l calvinismo ( Escocia y Hungría ) cst nb an e c o nóoicnn~nt e ut r nsudos
y tnobién que nuchos d e l os hugon otes frcnce.ses, por
c j enplo , no eran burgue s es ni de upnriencin ni de ori gen , sino , po r e l c ontr a ri o• , uristócr
nt~s. ·
•
Unn t c rc e rn crítica es que Weber y Tnwney enfat izan punt os de l a do ctrina que no debiEron de parecer
f~nd~o0ntolcs pnrn l os r e f ornndor es o sus crítico s.
Lns cnseñnJzas pr otestantes sobre l n usur n , ofici o ,
trato del ~o br e , etc., son sup e rfi c i a l es~ nfi r nnr
que l os protestnnt eu c ontribuye r on individunlnente n
l n f o rocc i ó~ de l e éticQ c np it c li sto b ~.sn~dose en l o
d ich o sobr e estos {e~os , plnntcn e l pr ~ bl eoo d e cóno
se os ocin ésto e &lt;.. ... e l ori a~n del cc.pitali~~o , si ·con&amp;
é c~1 so.. , co~10 cf ccto , o cor~ o cobas co sus c. l n v e z
. De:&gt; eBt.""hlece r s\.; eotns coneJ..::~0ne:s c~.r';)~':)!'~ h,_,_~~:::!."'S-2 ~ ·
e~ l ~ ~édulc d~ l e a~ ctrin~ rcf oroi stn ; ~quello· qu ~·
OQS ln ü.íst i ngu~ dL l n c~-!:~] ico ro··1~n2 contcopo rú11ec ~ ~
Y c.li..orn dcbeuo s en~rentorno s c 0n una. cu~ l"'tD. o b j Ge i ón
en el hecho de que l 0s r cfo r~ is -~ns e1·eye..ron
.. , G:,c"':J.trr-r .
el fm1dnr:1ento de sus doctr inn.s en el lJuevo Tes.t nocnt o
y en Snn 14.gu.stí n . ¿Deb er.1os connide r ur estos csc ri t os
cooo c~o.nac i on~s del espí r i tc c~pi·~ o. li cto? Y si n~ 10
h occnos , ¿por qué?{2)
.
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. Il!
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L~ do ctrino central
fic~ci~n por l a fe . El

del pro testnntisno es,~a ju s ti~
blnnc o principal d~ l oe atcqucs·
,
r Eforni stus fue l o justificación por l os obres . · Aqu1 ·
dcbGpos cooenznr.
.
·· ·
:
•
. Cu'1J.1co l os -~rotestnntes nt ncnn l n doctrino de ln
-

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..

3

justi f i ca.ci6n p or l as ob r o~ , no eatán diciendo que n0
de b en llGva.rse o. c:ibo netos ·ca.rita.tivos . Estñn ntn.ca.nd() J O.S '1CC i ·one·s pur nocnte fo roa.l es por lns c .. ·.n i..:&lt;"' rod Í C.ll obt~11ersc L1ér i tos , s·egún ene cñobc.11 n:uchoo teólogos
~~~~l~~0~o i ~~o~ el r0snri ' d~cir r-tlren~estrou ,
nce11
dc r vela.s . Lutero d i st i nguí n " dos cl nses de trn~c.jo~
l o o hechos p a.rn o tr os , que s on los correctos; ••• y l oa
r euliz ndos en benef i ci o prop i c , que son de eucns.o v e l o r" º " U~O.J..lOS y e.011nU!..1i
oos nuestros cuer1)0 S vclcndc , -n
.
yunando y trab a. j nndo , pero deseuidnnos l~ caridad, ·que
es l a ún i ca. 'dueíío. y s ."'ño1·n de las. ·obres ••• Pn~l v. no só l o enscfin buenas ob ra.s , sino q~e tn~b i ~n c ondena l~s
obr ns fnnt 1 st ic '"'.s: y supersticios.?-S • tt (j) . "Fics.tcs y o~
nos fij os ~ fratern i dndes , peregrina c io~es, ct.lto a l ~s
so.nt os , rosori os , v i dn 00110.cnl , etc º " ernr1 le:.s " obrns
inf oritil crr e i nnc.ccnor i us" denc.nc i ndr~s en le. Confesión
da Augabur go de l ~jO CODO exclusivo.oente 4cfcndidas
po r l os pródicodov~a . popula~os de l o ldle~ia c~tólica .
Reforois t '1s i '"1e;l12s '.')s cot:.1" Ty11da .... \.. ~ ·- ¡e y o t1. 0$ , se (e le i t cba!: c.l ub o r ond o li otns de "es2s ourns superstic i osas·
por l uz qu~ ln I gl€S'i~ opten í a invn.ric:.ble~e 1 1t c; di11cro
de lon bolsill os de l os fieles ( 4) .
Er nn estos " forons ezterior~G y qbse1·vncioncs ni tuc1 e a , sin i1·inc1L."'1 f i¡1 e sp i l.. i t uc. l '' l ns ' " o brn s" denune i ~da.s
po r l os r eforr.;i sto.n . En··1 ,:J. s pol6oic"S entre protes to.!l t es· y p op i sta.s dcsarr.ollndns en I 11gl c.torrfl , 311 1559,
l os prioeros DC n lo.r on que el seroó~ del c í e de lu Cnnde l n ri n, c ontiene· "uno.: l1 i r;tor i n. nobrc una · ujer quG nun
cu hi z o un -neto
bu(.;110 , sclvo onntencl'' constnnt er.1er1tc a.n
.
ccnd i da ui1u velo a.~j.te nuest r o. ..,eñora'' , ~ C'1!.J.b i o ele l o cual Ma.rí v. ln onlv 6 de l i nfierno . " Es. f .Cci l ele pcrcibi1..
cu~ntns o c as i ones ce vidn d i soluta y ?ten.do son stL inis
trc.dnn p o r cntns y otr cs infini t us f ' bulns n le. c;c·_te
sencillo. . " (J ) Lo o·b jcción de l os prot~estante·s estf d i~
rigid o n l os nctorr oecánic os , en l os que no p~rticipn
e l c o r azón .
'
•
En l o r e f e r ent e a " buenas obr nn " en su sent i do· r' 1s
uopli o - netos de o i seric o r&lt;l i n y cnri dud- , el refor n i ot o per1só que l o que e.1 h oob1·c hac í a , er:i oenos i o -

-

-

-·

'

�portante que e l espíritu c on al cunl lo hncín. Ln jus
tific nc ión pDr l ns obrna ll ev a a una virtud f oronl: e j e cut nndo ci e rto núner o de obras buenos, uno se libra
de l ns c.onsecuencins del p e cado . Ln grn.ci o. s e obti ene
por l o s sncrnoentos , n través del nilcgro de l o o i sn;
l o penit encia e s i o pues t n por 01 sa c e r do t e ~ puede hacerse nin unn v e rdnde r n penitencie int e ri or. Paro l os
prot estant es cr ey e r on que l n efectivid a d de l os suc r n
ocntos dependí a d e l es t o.do oo r nl de l que l os r e cibía:
El h oobr e se justifica so l aoente por s u fe, v olvi éndo
ae a Di os c on l a pl eno c onci encia de su ser oornl. !Jo
se salva. só l o por l n virtud , n i por su pr opi o es.fu e rzo , s i ~o po r l u virtud de Crist o ext cudi dc o I on e l egi
dos de Di os . Uno vez qu e e l protest ant e hn adquiri do est e c oncept o de unidocl y de i'11tinn r e l o.ció·i p ers'onnl
·con Di os , se trcnsforon s u act itud pcr ~ c on e i oundo ,
el p e e n.do y e l arrep ent i L i e~t o . La r ectituá de l n ac ción no depende de l a acción en s í oi s~n{ l os f il 6sofos pngn.nos hnbían olc anz n&lt;lo l a virtud no r ol), s i no
de l o c onvi ce i ór~ ,,- e l nrJo r n Di os que· l a i nspirobn .
"Cri s t o es. oaio il ndo en e l c or nzón " d ij o Crnnr1e r en
ui1n poléoic u c on ~ 1 Prot ec t o r. Sooexse.t. "S6 l o l os h oo
br es. bondadosos: pueden i nger ir e l cue rpo de Cri sto " .
Cuando Lut e r o visitó Roon , nl subir . l ns es c a. l e ra. ~
··- de ? il ut o s obr e nanos y r odill os , rep iti endo e l pndr~
nues tro en cndn es calón y besa.ndo e st e últioo , se pr~
guntó si és.~ o libernbn v c r dudc r noente n l na c l ocs del
Pur e;ntc ri o . En eJ. iJucvo Tc[;t noent o en gri eeo , de Era.soo , o prend i ó que "pcnctent ia.11 ngi te. " no s ign i f ic ob n
"ha e e r p e n i t e o e,.i a. 11 s i no " ser penit ente " • Es t o 1 o de~­
cr ib e c ono des.cubrio i ento "luninoso ". En s..u ··co11ci enc i n ele 1 pe e n.do , Lutero 110. 11 eendo n od i ar a.l Di os 'cuyn s órdenes no puede obedecer, hn stn que su punto da
.. visto es o ocl i f i cndo por l n sé·n tenc i n pnulina.: " e l ju~
t o vivirá por su f e ". En nde l c:;:;.te , l as c er eoon i ns externas , acc i ones su,c rficio.l es , se opon í n~ e~ é l e l os
c·onvicci ones í nt i oas , e l os d ictados de l c or n z6n( 6) •
Estn i ns i s tencia e~ au e cnG~ cr ey ent e debe o irnr d~
tro de oc c or oz6n, c o nt~ i buy ó a. dar l e o.1 p'r ote stnnt is •

-

�t•

...1

s:cs:e;o fm1dnoentnlrJentc i nc1 jvi c1uuliata. . Ln c~octr i
nn pnpnl deiSc1e e l si el o XIV hc-bí '\ p'ostt.1lncf0 un ucop i ,)- .
c o11úr1 de. g;rncin 9 c.c1mul ndu en pr i :lern i 11stnncio. por

r10 un

O.liW~1 ... t~dn

l uego por los o6r i tos de loG G GJl...
tos , -~--.] ._inrtirerr y totlo·s ~cuellos 1ue renlizur on ."'~r o·r
,
'
11Ui1cro 1.lc o brus· b u na.$- que lns 11ec e so.ria.a para. l o. prop i a rrnlvoci6n e. Los uonj~n y r~clusos , ~l deoicur cnta2
rnnente sus vidas n ejerci c i os rclic:ios os rc~uier on u ne. nbundn.11te
tnnticlnJ de "obras" . "Este tes.e.ro" 9 dec ía
•
1_ a. Bul l:.. .Un i ee11 it1.1s en 13l.:.3 , "Ect6 ., . confine.o nl bicnnventurndo Pedro ; porta do r Je l es l l~ves de l pcrn í so , y
n sus au~e~ores l os vic cr i os de l a ti errn , pnra que
Cri'"·t

J ,

Y.

~en

justnocnte d i s~r íbuí do ent r e l os verJnder os pcnit~
t es: que se hnJ cor1f es.o.Jo ." L ') s i 11cl±vidl1 s shlo pod í an
acceder n. este tes or o de gracin por lu ueu i nción sacc!
do t nl, cuyo nutor i dnd pr ovi ene o través de t od~ ln je~
rcr~u Í"' s~cor~ot~l , desde el o i soo Popo . Lns i=~~lg cn ­
ci aa, v end ida s po~ perbis o papal , ernn cheques en el
t es-o r o &lt;le r1é ri·tos , pocl í o.r1 ac'ortur l r peron11encic. et1 e l
Purgo t ori o , tnnto i)arn e l vivo 9 1:1&lt;- 1Ja.r ..~ el 1Jucrto . Decía. Lut·er o que l ns.: bu nns obra.e.. se vcnC:Í 'ln y se c onpra
bo.n

(7).

- -

La justificcc i 6n ~ 6 r l as obras, no signific o ento~-·
c es que el i ndividuo ptiedn salvarse por s í o i soo , sino
que podín ser snlvndo o trovéc de l n I e l cs i n . De nll í
e l poder del cl e r o . Ln confes i ón ob liento ri n , lu iopo sición ~e pen itcnc i ns a toda ln pob l ución - cuyo onyor
pa rte c r n únnlfab c tu- junto a l u p os i bi li d~cl Je r1cgnr
l e absoluci6n~ d~b o_a l os sncLr&lt;loteG un poder i opres i~
nante. La o b ed i enci~ e l a Iglesic ero unn porte obl i ga
do. de la hunil cln.c. ccr10 virtuJ . Sn11 Ignaci o ciec í n. que "si e lln (la. I 3 l es i n) d ij e r a. que nle;o es negro nunq'l.1e
npurezcn bl o.1..i.co o. i1ucs tros o j os 7 clebc,oos decir que es
:-iecr o ·~. Los i)x·o t :ls tnn t ed 110 i ncltl cr. · í ~!.1 esn c i eg0 f ~
an instituci ones t er 1~ ent.l cs o e11 11oobren.,. sino sólo cr1
Di os; y nfortun~&lt;laoente l os pr 0nL:ncin1-1iJ11tos divi nos
pued en ser ~6s &lt;l~scuti ~os que l os d~ l a I gl es i a . J~á~
la Biblia ern c ontr oloun po r l o que e l Espíritu de
Di o s d ictaba &lt;11 c or uzó11 clc l crcyc:..lte, (8 ).

•

�6
La justifica ci ón por l as obras si gni fica que l a salvación era i opos ibl c sin la c oouni 6n c on ln Igles.ia.Par a l o s r e f or o a co r es , l o que i ~p o rtabn e r a l a r c lnción
d ir e cta d e l aloa c on Di os : e l sace r do te, l e I g l esi a c ooo i nst i tuc ión e rmt otaloent e secunder in~.D a tal n odo ,
desde su ori gen o i soo , ln r evue l ta prot estnnt e c ontra
la Igl esi a Roonna ara , por la natur a l eza ce su t eo l ogí a , una r evuelta i n d ividua li s t a . P er o no e r a áste,po r
s upue sto , e l punt o de vist a qe Lutero y sus c ont euporáneos . Cooenzuron por criticar abusos espec í f ic os:
vento. de i n clu l genc i as , c onouta.ción ele pe:1i tenc i ns . Pmr o aún cunndo e ll os a tncabun l u c onfesi6r1 y l a. v i do. no
nns't:lca, su punto de pa rtido s i gue s i endo e l o i soo : un_
r e cha zo de l cerenon i al exte r no que no h ncc a ctua r a l
c orazón . Lut e r o d ic e l o s i gui ente s obre l n vi&lt;ln uo ná$
ti¿a :
~ "flasta este oboent o h a s i do l e ony or santidad y v ir
tud ••• (pa r a e l h oobr e ) c orrer a l o s ~onas t er i o s , poner
se l as vest i duras "'1onásti cas ,. af e i t erse , usnr l }.r;i e in-turón de cáñnoo , .. ce r en v est i ,luras ce l n:J.n , obse rvar ~
unn vi &lt;lo. au stera, en f i n , adoptar l n snnti dn0 y r e lig i ón uo nj il. Y as í, bnsñndo s e ce une exhib i c i ón de bu~
nos obr a a, ~o sabero s s i no que so~os santos de la c ab~
z n u l o s pie&amp;, pensando sólo en l ns obrns y en e l cue!
po , ·y no en ·e l co r czón , que l o tcnct Los~ ll eno de odi o ,
t eoo r e i ncrcduli dc&lt;l , pr eo cupados po r una c onc i enc i a
wwlva&lt;la , no sub i eudo v er dnde r aoent c c as i nada de Di os
••• Por o hay otr a v irtud que ili os est i on y nceptn, que
tnob ién debe:::ios c ons i de rar ; n o cons i s t e s6lo en v e.s.:tic1ur-as e ri Des , r1egr ns , o en t l uncns e o puch os,, nino en
una c 011ci e1~ ci a 1)Ur n •• " Cunnc1o el cornz 611 es pur o , l a
cE.sn cstn · ~ r:.. él tl:.r1to c c;:ic 21 cnopo , "'J- el c e.upo co:.io
l a e n.su; e l r..ie rc nc:o es tnn apr e ci aco c o:-10 e l oonns.tc.rii o .
Y ~or e l c n:it-i:cr i c .10 i:JE nt c n i 11pú:i trcbn.i o ~ lt~.[;C r o
vesti dur a que c ons i de r e profana; po rque t odcs ~ es co sus s on c ouo en o i i nter i or, luego que l a sa~t1 dad se
h aya pose$ i onado t o tal wente de o i c oraz6n"(9).
Lutero dn fin as í n la no ral duali sta , no trayendo
ocraoente a.l as c eta al i1undo , sino d iciéndo l e que sus
~

•

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.

.

•
•

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'

· pautag de c o nduct~ e rnn equivo c ndns . La rut i na 11onéstica só l o· pocl í n i 11pone r se n h or:ibr es y nu. j e r es q'l.1e no
scbí nn d~ l n r e l Lcióu tl ir e cta c on Di os que Lu~ero be-

b í a expe rir1ent a~o y enseño.ele . Un o. v e z que e l corazóq
h n.b í n cf:'!..1bi :.&lt;lo potlí n: no. l tar l os lí1lit es ~e la restr2:_~
ción uo11ós::t ic a pa r a ·ll egar a la ~li bcr t ncl cristi o.nn .
" S l qu·c roe;Ó Cll e l r·1ur1clo , CODO l os i:1onjes l o ll noa. n ~'
esc ri b i ó Ty11c"' ale , "Ter1í n ~ ·n í'""' qt. el '1· e liei oso: i)O!_
que se d i r i eí e a Di o s e i1 t o clu s 1 as e o s as " ( 1 O) •
.
Para l o"s cr i s ti 'lUOS 11i11gunu acción rle bl. ser co.sunl
o ccceso ri a: e l ~etalle n6s t ri vial de nuL strn vida
c 0 tidiana debe h ~c~rse pnrn glo ri o de Di os , debe i rr~
d i a r se . cu co11uni ón cvn sc i ente c •rl l o s pro;? ' s i t os d iv.!_
i1os . Esto r10 fue.. cliri gi clo o ri einn l oeJ1te é~ sa..!.1tifica1"
l u vi cla ·l t o1...los l os lai cos: por e l c o11t1·ari o , Ll1ter o

s ostení a auc e l o undo p~rt acc í n a l tlcoonio . Pero l o s
'l ,
•
.
1 1:iunao
' lie 1 u;:
v ~ i· uu.uel'OS cristi a1 1 ~s· I'" Li~1: v1,.. ¿r c1~ 2
i:1or1i o s i 11 1)ert ene c c r u 61 9 g rncio. s a s u f e sn.l vncl o. 1

rn

(11). ·

:

Pe r o l os ootivo s , l en int enci on es , e l esp í r itu con
qu e yo e j e cut o unn acciÓn 1 es tá:i baJ o r1i c o11t1·o l . Fil os6 f i caocnte , l os t c 6l oeo s pro t e s t o.nt cs crc í a11 qu e ·
l n i nc linación v o lun t o.r 1 ~ h ~c i u Di os vi ene dcstlc e l
ext e ri o r; p r~c t ic noen t G , de D i ~s . Co~o oo r a li a to.s , en
fut iz n r on e l aná li s i s cui ad.oso de l os r1o tiv o s , l os i ntentos c o11sc i cnt es de v e r c ono i1ucs tr 'l v o lun t ad e ro.
ooduladn p o r l a o.rL2on í a c e l est e . "Lu f c lta de Cl)ntr icción es e l pe c ado i o perGono.bl e " dec l a r e. Lut e r o , y l e.
f e e.r a "l n n~ s d i f ícil dt. t ode.s l n.s obra s " p o r o. estas
pers onas . L n f e si n e l deseo de a rr epentir se , es ton
inátil c ono arrepentir se s i n f e , esc ri b i ó Cnlvir10 . Nin
gún sace r do te puede descubrir l os secret os de o i a l -e n (12). La Hooilío. r e l ut iva u l n Ora ci ón preg~~tnbn
s i "hc.bí o. a l gún 611r-;c l, a l guna .virs en , o. l gú11 p a tri n rc u
o pr of e t a ent r e l os o u e rto s , qu e podí u c oopr endc r o
s a b e r l a s r n z oncs de l corn z6n ." La prcet1nt n pl o.r1t ccba.
la r e apuesto. . IJo . Yo , s.ól o y o , p odí a. sabe r s i se. l1ub í o

es to.bl e ci &lt;lo e l contacto r espl andec i ente con Di os . De
n o ho.b e rs--e estab l ec i d o , t oclos l os snccr do t cs y cc1'er10 -

�8
ni~s
s~ó n

del oundo tnopoc o podríon e~tablec e rl o . La c·onfe.obligato ria c ourtn la r e l a ción ind ivi duo! y di re.ct a c on Di o s; a s "i gu n l r1ent e tiránica lj&gt;ura e l pecaclorl
e i nsultant e para c on Di os , qui en ol li gur las concieñci cs a su Ve rb o , l as habrí a lib ernJo de l ns l ey es huoa nas" ( 13). Para e l piado s o , ln oor_al debe autoi opoJle rs e:
l a ob edi enci a ci ega a l s~cerdote e.s un verdade r o ob.s t~cul o .

Los protestantes elnbornron así una nuevn ocd i do .C nlvi no declar6 que l os deberes son estiondos por l os ooti v on , no po r los c.cciones. "~I o h a.y nada que Dios nboo ine tont o cooo cuando l os hou br es se ded ic nn a cubrmr
se, sustituy endo la d i gnidad del a l ou por s i enos ext er
n o s y npnri enc i as f a lsos." Usar ropo de lut o por uno
oe r a convención s oci a l, s i n. v c r dcde r o do l or, es hipócri
t a. y c1al v ado . Los sof i s t ns esco lást ic os , c ontinúa Col-v=i110 , "l1abl an o uch o de c ontricci '5n y ntr ici 6n , otoroentan ~l a l oa con n ucho s esc rúpul os , y l n envue lven en
gr cves conflict os y ansi edndea; pero cunn&lt;lo parece que
h n.11 h e rido pr ofur11..-:......_ent c e l nl on , cure t odo s.u co l or
una 1 ev e c e r eooni n ." " ~Jo h o.y nutln que de n. l 11 oob rc on.7
yo r c onf i nnzG y lic enc i a en e l pecado qu e l n i dea de
ql.l(, l uego de co!lfes ~Jr ne c on un sncardote puede. lir1piur

-

sus 1 o b i o n y el e e i r , p. o 1 o h .e he eh 0 •• " ( l l.i )
El ob i s:po F i sl1er ln;_ic11tubc. n0 hn')e r ~(;jcr:o tier1po suf ici ente ~n tre l n c ondenación y le e j ecuc ión pura hacer
l ns buenas ob r as que creía nec esurias pura l o sn lv~c i ón .

Esns buenas obras i nc luí an sin ~udn frecuente~ rep eti c i oncs de órnc i one s. 'Lutero se sent í a orgull oso ~e haber lib c rufo a l a gente tl~ l o repetició~ cec6~icc de l
padrenuestro ec l e forno vulgar que i nc~rporó lo pula~ r a " i) u ..l r e ., n l i 1i o~... e · " l Ii 1 n s p n l a b r u .s · l i e 1 e u.¡1 t o " ( ~ snrlo pur o. orar) d ic e C·é.ll v i no ' "val en UD Üpi e e ' si.... o es tá:"' n.v'lln.do..s por ru: p i: 0 fu11d0 sent ir clel ~ l ::.in " .(15) . .
En e l pre.fa.c í o de su P.ri1.1er Lib;r o de Pl e~nr ~ cs , Etl~u!.
do VI· se quejó ae que cuando l os boobr e s as1st1nn u l o~
servl.cios eJ.1 lntír1 "no c oop r ~n&lt;;l í an s d-e oo.ne r o qu e . l o qua
es cucho.han c o11 sus o í dos , i10 ·edificaba· s.u o.l oa , 111 su
esp íritu o s.u oente."
1

\

'
.

•

•

...

..
~

. ..

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�9
Los. cer erJ0nins s on váli d~s en l a. oec.l i cln \j n qu e c on

tribuy en a la edific a ci ón d e l cr ey ent e , ayud ántl~ l o nc oopr e11der e l a ct o de l culto d e que po.1.. ti cipc. . De sde
que la Bibli a y e l li b r o de or a ci on ea e sta b an en i d i o
o~ vc :::'11~c l o ,
nc c 1 que s ~ cnfa.ti c
l a. pr . . ~ i c~ ci n f1Qs
que lus o r a ci on es y l os sa cr noent o . . ; l a u úsic n deb e rá
ctl i f ic ~ r y n o cistr a cr. De a llí l o s s a l uos o ' tric os y
l a h os tili &lt;lad o l o s órgano s , poli f oní a y c e r os , e l a i s
gu s t o po r l as i o áeen e s y l as i g l e s i ~ s f as tuosa s . Todo e ll o sur3 e d e l o i aoo i nt e ~SJ de v 1 lve r e l !loa de l c m
y ent e h 0c i a Di o s . El n i s oo pri n c i pi o nbri~ e l cooi noh uci c 11uchas d e l ao h e r ej í as d ~ r iv adaa de l p rotes t~l­
ti soo t crdí o , El utnque n l as or uci on s f ij as , 1 ¿eseo de l os l a i c o s d e o r o.r y p r~ e&lt;l i c c r 9 son e &gt;~tens i &lt;,,
n atu r a l de l o s p ri n c i p i os lut ~ r nno~ (l ~ ) ~ Lo L i s~o
ocurría c on e l bout i s no o l o o adul tos ( 1/) . As í 1 e l
d ivo r c i o , sol ici L· u.o ..,J ... 1 !~ ..l.lt u11 1lu:: (:;. l os "'.~ us \.._. 'i """'~
1 o s· t e: t"'} pe r ~o en t o s r e 1 i e; i o s o s s on i r1 c o tJ pu ti b 1 e s ( l D) •
El int ento e.fectuo.clo po r Lau~ de r &lt;'· ·i. vi r l as c e r 1cooni a s1 se enfr ent6 c on es t a. l a r gn t _ .__cli c i ó11 . " El asl~r1
t o g r a v e n o es h a ci a qu~ l a do d c hec1o s a i ri g i r e l ro~
tro , sino que e l a. l oa pe r o un e zc c.. r gui du ~' es c ri b i ó 0

Rul egh en una fr ase q ue l o hi z o .10.r1o s o despu .... s d~ s u
e.jecución . Ln Cap ill a de l Erlf1n11uc l Co l l ege fu e " cons a ers.dc po r l a f e y l n linp i o. c o n ci enci a " l e c1 i j o su

prioe r go b e r nant e a Luu d , y n o n~ c eo it nbn , po r l o t nn
t o , de l n c e r eooni n de l a c onsaer nc i ón e pisc opa l (19}.
t Iuchos ll egaro11 a c ons i d er a r l o s d i c zr.:1o s y e l Sébc th
c oGo oe r ns c e r eoo ni ns . Y, c o oo nad i e pu ede juzeur e l
aloa. d e o tr o , enc o11tr ar.1os e n l os ens eñnnzas de Lut e r o
1

e l g e r rJen o &lt;i s subve rsivo de t oclns l as h e r c j í n s , l o t o
l e ranci a r e li e io sn 9 Lut e r o se [lani fes t a b a h o r r o ri zado
c on s ól o p e ns a rlo (20) •
Llc.vó oucho ti c1:.ipo s nc a r en t as e nc l ti s i on e s . Pe r o
e11 uno. s o ci edad cl o11d e pe s a ba t anto l a c o stun 1 r e y l o.
•
tradición, t enÍ él une e r o.n fu G rz ~ li bt. r a cl o r n es t a Í ll sistcncio d e que una c onvicción fu e rt e y b i en c ons i cle
rnda pod í a sup e r a rl o t o d o .
Veno s o~s cl a r nocnt c c on l o luz de l a g r a c i n qu e

-

•

-

�10
c on la luz de In nnturnlezn, dijo Travers a Hooker.
Deb eoos cuidar, por supues~o¡ de que nuestra luz in
-terior no s en os curidad. "Gu&lt;1rdute de las buenas iñ
tcnciones, la nente buena, el buen cariño o celo
.
'
no ellos
l o llaoan", advertía Tyndal e . "Trabaja parñ'
'f;.l conocio i cnto, que osí c o n oco r~s In v oluntod d a
Di os".
De esta nunern se estioulabo. ln investigación de
l as Sngrudns Escriturns. El h oobre pindoso buscnhn
en el c e reoon inl y l os sncrnnentos su sienific ado ,
"y n o ~ervirín cosos visibl es " p orque e ll o e ra idol ntrín (21). Ton pronto c ooo e l prot es tontisoo eS'tobleció igl esias, tuvo que enfr ent a rse a l as sectas:
d isidentes. La d isciplino calvi n ista es un. n~todo de
r estricción de l os conciencias exhubernntes de los
l c ic os , oás satisfactoria doctrinnriaoente, que la
c onf i a~ z n lut e rana en e l braz o scculnr. Lo nnglicnnn ví n ocdi n p e r o itió escoger l o s dos c noinos. El nr
z o b i s po Bon c ro f t de e í n "l~ o hay r e 1 i Gi ón c1 onde n o h ny
cereoonias.". El ~ t~ri tuno Green.hao, s os t enía "Cuo.nt o&lt;.
o~s c e r enonio s ha.yo, nenos v e r dnd "(22).
· ·
Lut e r o cooenz6 oás de l o que su~on í a. · cunn&lt;lo expuso que e l olon dccic1Ío. por s í s ol a . "Un h oobr c puede
d ic tarse su s propias re gl as y juzgars e o. sí o i soo· r e~
pecto n l o. i:1o rtific ~ ción de su cue!Pº•" "Ni e l Po.pu,
n i e l Obispo , ni no.die, ti ene e l dere cho dc ·ioponer
l a n í ninn ob lic~ci6n a un cri s ti nnb sin su cousentio i 2nt o ••• Porque sooos libr es · en t oco s...ent ido ". Ln !i
ll e rt nd cristiana nos h a c e "rey es y sn.cer clot·es con poc1c r so brc todas. l no co so.s " ( 23 ) Lo i opo rtn11te no e~
qu e Luter o h agn es t os ucotucion~s, l o que i npo rt n € $
que eso fluye de l o. lógico. de su pos ici ón t eol óg ic a. .
"Tene r f e ", agr ego. Cnlvino , "e s ••• poseer una c e rtidunbrc y uno. seg~r i do.d oent nl tot~ls donde desc?nsar
y c.poy nr nuestros po.sos" ( 2Li). E·s o es. l o que e l pro t e~
t o.ntisoo l e d i o nl h oobr e del siglo XVI, escrupul oso,
nto r oentndo po r e l sentioi ent o de culp?: uno. ~ a loa iE
t e ri or y confi n.nz o en sí oisoo , intern~te ~t e t a l vez,
pero b u so.do firoe oent e en ooocnt os de JÚb1l o que , . unn

co

5

1

•
•.

•

�•

•

11
ve..z e xpe rioen t o.c1o s , d i s ti ne;u e n u11 hoobr e de s u s sc n e j o.n t es . (De a llí l a i 1 1 p o r t o..nc i ~ de l e. do ctrinn de l
e l eg i do , qu e i1.Ul_c 'l l)Od rá ~ b n1J.do n ') r t o t c. l ne te e l es t n
do de gr oci n ) . Le tens i 6n entr e l a hi pe rc onc i crc i a de l p e c - ~ v o r i c i nn l y l a p us i o i li &lt;ln~ pe r nnnente de

l a gr o. ci c

s e expr e s a en extr ao r d i nn ri os ~ s - ·
f u e r zo s l~" r a. l1 a c cr bue11nc o br 2.s , qu &lt;., no ti 1211.c niugun n r e l a ci ón c 0 __ l n v i rtu l f o r oc.l •• " Er1señc.oos" , c'cc l a r6 Th ooc.s Tnyl or , " q u e n6 l o l os lio. c ec1ores sc1·ár1
salvados y por oedi o de su o b r ~ , no por su obr n . La
d i v i n~

p r of e si6n el e l a r e li g i ón i1 0 c. s c or10 l n vi d~ cnbnll o.r csc n o e l c o1 ·e rci o , cuyas r entos v i enen e -r n ci t~s n
s u s ncbi r~ i st1·0..cl or e"' , nu nqu G e 11 os clu c r·oo.n o estén
ele sp i e r t o s , tr ub n j en o juceu c 11 . " ~l p i uclo so rJ i i-· n a
nenuclo su l i uro ele cue nt c .J , " Pe r o -ui.~u bnl.lcnr1· o t n r10 .
ti ene !lntln qu v e r e n est e J.1egoc i u " ( 25 ) , porque "l o.
do c trin a papa l d e d u dar d e l a oo r Je Di os co r tn l a
fu e r zo ele lo decl i e ric i ón . " ( 2Ó) .
III

Lute r o estuv o s i oi:.1¡&gt;re p0 e d i s pu es t o n a p 1 i e~ r es
t e p ri nc i pi o fu e r a ele l a e sf c r n r c li[. i osa , cunquc ln
np lic a ci 6n e r a p oco oe n o s qu i n ~ vit nb l e . C u~ndo t e -

nían

on t ~

s í e l pr ob l caa d e l a l eg i t i n i dnd de r -s i s -

tir a l &amp; 1p e r e:.d o r , elij o e n l n ciutlnd el e l\Tur er.JbG r 6 7 qu e
t o d o o.c ci 6n de b í a ap o y ~ r s e en l a f e . Las ncc i on~s r ~a
liza.das c o n f e (le b e n ser bue n os "aún cuor1do sc.~n e rr6
n eos o pe c no i 110 sa n". Ty11dn l e p cns..ab n que " s us.t rne 1· 7
r o b a r o oat nr • e r an acto s s ant 0 s , s i Di o s l o h ab í a
o r denado ." Pe e en f o rti t e r : e l pee v elo r~o l o se rá e,l fin, si e l a l t.ia. c1. . cc s i n c c r ooc r1t e que l e h a s i o o r d e..
n odo po r Di o s . Y s ól o e l i n d ivi duo puede dc t e r o innr -l o . Po r l o t ~nt o es t ~ c ~ l o cnd o en l a d i syunt iva de a s c.gurersa de qu e s u n l oo es tá b i en i nf o r o n&lt;ln . En e l
últioo c o s o s er á l u c on c i e nc i a l n su preoa c o rt e d e l o
cual y o.. n o e xi s t e c.pe l n ci ó11 (27). Al ob i spo Ila l l l e
r e sulto.bn d ifícil de t e r o i nar " s i s e ría p eo r r e nl iz nr

-

�12

uno acción c orr e ct a cor- dudan, o una ooln c on c onvicción"., porque aquell o que es en pri n cipio bue.no s e on
l og:rn con ln dudo. Olive ri o Cronlvc ll e st nb n seguro de
que ü o debín nc eptn.r ln c or ono en µay o d e 16·57 "porque
e n e l oe j o r tlo l os cas o s l o h a rí a c o n dudus y por ci c r
t o que l o que s e b uc e en e ste f o ron n o e stá nf iro ndo por. l a f e ", y p or l o tant o e s p e c ado (2~).
El p e ligro d e la antinonia ,
s e c e rnía s o br e e l
lut e rnnisno y e l c nlvinisoo . "Todo l o que d eb as r csp ~ t n r po r nn or y lib e rtad e s pin&lt;lo s o 1 p ~ r o ai tu cunpl e s o.leo l)Or n e c e sidnd , n o l o e.a", de c í n Lut er o . "De
po se e r e l v e rdade r o noo r y f e cri ~ ti nna s , t oJo l o que
h ngns se rñ en s e rvici o d e Di os. Podeo os ent onc e s nle
e;r nrnos por l o que hnc eo os". Cnlvi no es tá de acue r do,
con a l gun a s snlved ndc s, "l n s c onci enci a s de l os crey ent es debe n e ri g ir ~e po r encioo 4e l n Ley, y deb en
olvi dar lc. s, e.xi sencins . d e l n Ley". "El e l eg i do , al
t ene r l o l ey es crito en s u c or az ón y no~n do l a con t o
¿o su esp írit~, de clar ab a Tyndal e , n o t endr6 p e cndoi~
" Si ur1 nclul t eri o . ucli e r a c ooet e r sc en cntn&lt;lo de f e ,
r efl exi on nbn Lute r o , ~ s~ e y n ~ o s erí a p e c nclo ". Ca s i
un si g l o oá s t nrde , Laur cnc e Cl nrk son actucba según
c.;. l pri ;.~ ci i' i o ele qu e c.é!:al tc ri o y 1:.iatri r1011 i o no son u~ s
~u e uno pa r a Di o s 1 "y ese uno se ró espiritua l oent e . :
i)c r fe cto , j usto y buc:10 co::Jo Di os ."( 29 ).
Pero
la s antinoo.i as..
e r an o i no rí n , y pu oden
sü s l ny ~ r se p a r Q l os i nte r esen de nuestr o t eouJ Lo qu e
v e r&lt;lQdc r nc~~ t c i oportn es tud i a r es l ~ t cndcn ci ~ ~6 s
i opo rtunt e de l ?en8ao i cnt o pr ot es t ante . Lute r o y Culv i 11Q d(; l a.s c c r er1011i as , ele ! l es f 0r en li dnr.1 es y n.'án de.
l ~ l ey. Es . esenci ~ l co~p r cnde r l u li berac i ón y e l ~ l!
~io que t rv.jo e l i)r.ot esta:::ti soo u l os ho:~b r cs y .:iuJe-r
í 'c s co=u 11e s )

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pr0bnr as í I n ~ n t e~ ri d~d de l n i n t enc i6n ; ·son c l ~~ ~~ 5
" Si de~onc~o s a l n ll aondc Re ino Reócnt e po r uc. iici u
~ pe rv; r s ión, en lugar d e hUc; rl o po : l á conse rvnci 6n
de 1 b i en es t a r gener a l, dec í a ~&lt;no x, Di os se opondríá
n nuestr os dcs i ~n i os , n{m cu2ndo e lla.oe r e zcn esn su er
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(30). P ero l as r evo l uc i ones hechas con un ootivo

jus::to son piadosas. · Antes de decidir oponers e a Carlos I, lo s int egrantes d e l Estado Mayor buscaron a
Dios en sus orac i ones , en pctubre de 1647 . Lns cercoonias son l as foroas d e culto estcblccidas por l ~ u1
toridad púql ic a . Esta autoridad es inf ~r i or a lo. voz
divina que nos h ab l a desde el coru2ón . Strufford l e
dijo a Laud, aceren de l od puritanos que " e l v e rda tj.e
ro espíritu de esa n a ción l os l lev nbn a oponers e s ieo
pre , tant.o c ivil11e11t e cono ec l e s iá stic cr1 ~nt e , a t od~­
aut or idad que l es ordenara a l go "(31).
El protestuntisoo es , entonces , u6s flexi b l e que
e 1 en to 1 i c i soo • Este úl t i mo ~ s tú de te 1:n l 11 ad o p v r un u
férr ea estrt1ctrira j erárquica , encal)~ za. &lt;l o por el ¡lnp o. .
La c onfesi6n, las penit encias y nll~oruci o nes , co rt as
ec l es.iá st ic as· y e}:~ or1un i ór1, pa.ru .no 11e 11c io11ar lo. I11~

quis i c i 6u , son e l eu¿ntGs de uno. ~ naqu i nnria que .f ortif ic a y ~eteroinu l ~ o rt odoxi~ . Al protcst~rtis co l e
f 'o.l tabun iJucl1as de es t as burre r os L! ..."e. c1if icul t nb n11 lo.
co11secución tl'1 cnt1bios L1or ales. ~1 l a I e;l e si a A.i.1g li Cél11a y ·en l os pa í ses lut e r anos se conservan a l e;u.1.10. s
de l as vieja s instituci ones y código s de l posado . ~n
lo s países donde triunfó e l cnlvininoo se i11tentó i t:-1
pone r nue v os in st ituci ones. d i sc i p lir1a.ric..s y c5di e os~
ndeo~s d e ll evar se tl cabo eles sperado s i nt cr1tos
da
coopilnci6n de ln cnsuísticn protestant e . Per o e sta s
guías de r ect i tudi e l cur1ino l1 ac i ~ e l ¡)o.rní s o , las '
pr~cticns pi adooas , se dirigen sobre todo o l o s j e f e ~
de fa.nilin. Los n i n i str os enseñaron n esto s hoobr es. o
educar y disciplinar n su fnoilin .y · a rrus ~1p l cn.dos .
Pero la igl esia Rooanu era ouy p oco capaz de udnpt a r
sus principios n l os de l o undo rJode1·no debido n l n en
su! s tic n qu e f o r[1a b n unn c -:stn clerical s c pnr o.dn. , ql.i.(;
esgrioe e l poder d e l n c onfes ión y l e abs o lución . LoD
o ini str os prot es tunt eK debían a juntar se u l o que los
principolcs· nieobros de su congrecaci6n consid e rcban
•
1

correcto .

E$ aquí, n través de esa actitud t eo l6 gic n c entral
que percibinos l n Br nn c ontribuci6n de l proteatuntis-

�14
oo nl ori gen del capit a lisco . Lo i nportnnte no cs. que
Culvino sen un poco o~s tol e r~nte que l os canonist as
r cap e cto n ln usnra, s i no que l o i opo rt nnte ea que e l
protestunti soo , c ono l ns h c r e jí ~s oeq i ev nl e a, utra í an
n l os artesanos y pequeños c one rci nntes, u quienes nyu
dÓ ~ cr ee r en. l os c i ctudos de l co ~ nzón pura obrar. Los
e l es i dos eran l os qu e se sent í an c l ee i dos . Lo so r p r enden t e es que t Qntns pe r son as n l n v e z s e s i nti eran n il agro snocnte c onv e rti das: e r ncins a l n d ir ecta í n t er v ~nc i ón de Di os fu e r on li ber ndos d e l a g r a ci n . No podr í ::i.r10 s c oopr ender es t e h ec ho de no tener en cue11tn que
e l estndo ps i co l ógico ·~ue llevu n l n c onv e r s i ón no es ·
ons qu~ un efe cto de l n cri s i s s o c i a l que pe rjudic 6 n
l os p~queños pr o du~tores . No hnb í n sn l vnc i ón según l o
vi e ja i:in.g i a s.o.c e r&lt;lotc.l·s porque ésté: y e.. n o 1 c.s dnbn la
s ensnción de c ont r o l ~ r l ~s f luctunci one s e c onóoic ns en
• •
qi.1e: dcb í cn vivir. Só l o une. v e rdadera. c o11finn~n en s í
o isr10 podí a l ogr a rl o , y es t o ero. tn:~ novedo'so que pnrc
c í a venir
nr
b
i
trnr
inncnt
e
del
ext
e
ri
or
•
.
,
"Tn.kc Le ·Lr)- · ;&gt;'OU , .;i:·_.a.Jl" i son ce ,- fo r I
Excapt y ou enthr nll oE , never sho ll be fr ee ,
l'~o r evér cJ1 aate ,. eJcc ept you rnvi sh oe:·" ( 32)

-

'

12 s itunci6n socJcl hc.b í n c o l ocado n ouchas per sonns
en l~ tll ternntivo. &lt;l l"'e.so l"'TCl" pr..ob l eDns· sioilnrcs..o Y e~
i:io t_;r"_c i us. ~ Lutero Cal vino y z,1i:1¿;l i .o ]. os..... 11 rJli r e.~ ~ºE:
... • C:j1c.l i :)r -:1 i:-:e. ." e.l objete de ~-ª luchn de \C1"i stoJ ,ar ~
l ev~ntar n l os que es teban i)ostra...clos 11 (33) , 'est o n l l.!..Jent6
su conf ianza ... El l os ernn l os elec i clo s , no s.ó l o po r que..
l o s~1-·L í c..!._1 , s i _J.O 1)o :a.· c11.:""' otrns'. pc rs o 11~s~? 'r irtuosns~ r~c9_
i10c i "..n 0ue lo e r en y c0[1po.rt í an sun ptu:t.os de vistfi c De
on11e:.." n que s uno. v ez que· ~e extendi ó l n r e li g ión dLl co1·azoi1. (lu i D-'-)r C11tn. y vcrcl'"\dcro t1· i unfo técn;ic o (1ü l os U,!:
~esnnos urbanos{ i 0. dnba una grnn v entnjc sobr9 l us. her~

•
1 "' ...... °l.íL,,- 't -~
,: r'°' e :.. .
~' !°l r1 n (' f')
J 1• u s oeu1
cv n 1 &lt;:: s } s
_.11 t.J ,; \.!
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1
r O e) ,J.ternniSOO ern UD Pél(:;ll Í f ic o laz o de Uni~n Y ~UCf.
z n . Unn · v e z c1ue son t o en.dos i)O r 1 o. grn.c. i n , e 1 l_.;~q \...'--•'" º .
l j runo
c1 e e 1 e r; i c1 o s se. si ente ú 11 i e @, · di f er ente de 1 re s t o
G
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de lo. l1ruJuni do.c! . Ye no i oportube su escaso nU!Jcr o. P ~
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l es-? As Í nw·1e11tó su nuoero .
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Er1 Úl tioo c nso , l o que sa l e de l n e t '1C ~ ~ in
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guo.rdn r e l u ci6n con l o r1ue p0nc tra. en e ll o.\?
o~t~i~ ,~ ~
ci.nl en c~UQ s:e vive . P n r cc.ojnl oe:nte , l~ c.bM~lJ: ~°''~ ~ ,~
. dunli clod ~e l e:. c oncienc i e i op lic n unn r1c.yor "~!~;).~~~\}~
d e 1 0 soc1cdnd en l a c onduc t o . Se extendió c ooo
u
ne
.1 gnc ión de i nstitucioncn y p ráctic c.s que desde oucl' O nñ
t e~ eran c ons i derndns verd~d c r os nbusos . Pero por 1 ~ ois
on r o zón soc i nl , l ns fuérz ns ponit ivns de ln prote~tn v o.r1 o vcri nr de r "g ién e i--ec i ón y c..fn dc11t1"0 ele uno .1isou r cc; i6n , d clu$e. ·n cl~s.e . El c n lvi nis110 tr.:lt6 ouy
t c r tl í n1:icnt c de i c1pcne r unn hoc1oe;enc i du&lt;l . Pero unn v e..z
que s e h n nnma bledo l o nnp li a po lé~ i cn te o l6cica y so b r 0 e;l go lJi e rn o &lt;l&lt;.. l n Ielc.s.i o. c.n pnnfl e t os y scrr1011 s ,
er n i r::iposib l c. Llnn t~-:ne r l n ui1i&lt;l nc1 cooo s.c Li.0:1tu,,,.o .ent1" l os puritan os in3l0ses lu~go de 1640 , o en 1 Tcrctr Es
todo luego de 17 3~ . Lo uJida subsi~tío oi .ntr"F ~c~ í c
m 1 cnooi rso a cor1bQtir , lu er~o de eso l n v o z &lt;le Di os c oou
-.
i icr:.bo r1 if e ·e11t !l 'li:::~ctivns n ·o.c"'c fiel .. J," pen11eña
:
..
no ría qu e co~siler6 i~ocept nb l es l os decrctoa eternos y
l os. r glo s· de p i edad , c ra desafindc po~ lo~ herederos de
_os l1 c 1·éti cos e edicvn1es q ·"' .J.l . e __ l,,Íl!.1._ i-'1·\; ...J"-1· .... ~·u~ iJ" l"C.
e o n t e 11p1 n r 1 n 1) o ~ i lJ i 1 j el ó. d el e q-:. ·e: ·t 0 ao e 1 o s h or:it) r s se
sú.l"*..rcrnn ~ .CJ.tlc- ~cn libe¡·o..r·s" . . e l :it:\..vo 1)1' ~bítt::-'-~o L-...k1tu
c:ot:.10 c1e l nnt i e;.uo º
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Desde n::t1s p·-.11t( s· _i.; :vi[;tí. di =·~rc:.1.tes , Ln_1to ~ool:c 1·
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P~rkins Ge oost1·0 r on co11~cicnt~a
de su trasfondo
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~o ci n l. Pc.x ci r1s: s·c 1)re[~u11t·n có1•(') jt.1z[inr~·::ion cL.11 er:r l n
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d-i o c1l.. lc.s.... i11clis.J.[...~io110("' ~ lo . . t 0'"1i ,,; o~("\c 7 ri110 po1·
'.t .e l j t. i e i ~ een ar [l l y 1 u p l' t &lt;' t' i e a (1_ e J. ~ •~ . IJ i a · {.J ~ ~ f rur n l v ;. 1 ) i·o de 1 o n CJUC "'"~ri yG:1 con no so tro n " " ( 31. ) !'!o ol{eJ
as.cribi~ con t o~'.10 i1•Ó11ic
gi.lC. "guirl1.!.qUiCl'w &lt;11.1.C. trr1t ~ t ... C
anc&amp;st i nr al 00uor y ·-·- ~~c~l~ 1~ l~n crLCSenus GUC
l 'l e'\~n l1r1a vic1..n virtuoso, nl i10 e liL1i11nr d · l a IglcPi~
--"·-- tos- que '"' dis5untnn , el .1)e1·ín s r
la.5 c e r c1Jo11 i a.rr~ y l"i
nhoeo.do en el fo 11 ~ n c1e l on1· 1 (35) º Fl1J.Jrc y ~revill t.}~ ·- presn r~n[S i strnlo011·tc cst ~ ~1c.:~· u: .. l-ntc t&gt;c11t ~ 2o e.e c_.. it1ca

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s.u l~n.1) ili tln&lt;l ~h :r a i ::it e r ~)r eto.r

del protes:tantisoo ,
l n Bi._bliu , · o.l h.ucer c oncluir e l c o r o de sacerdotes- Mustnphn
- con l ns- sigui entes pulnbrns
"Ye:'t tvhen e n.ch of u s in hi s 0 1vn henrt l oo ks
Ha f inds; th c. GoU. Tber a f nr unli!re. bis boo!{S 11 (36) •
•

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Po.ro l n c onciencia pr ot estante no hay abso lutos , i1i
u.u n.ceptnn· inf .:ili b ilic1nd9s , e i)es~r c_e que cntln secta
.
'
'
q~e Ufarece trntn ci.e i c:'oner l ns • . r~ro !1ny m1n cort e f inc.l
~u l o· cunl apelar , ni n.i c1ui e r :l la .. tl i blin.. Aun l n co11c i cn
ci u de ayer puede .se r r cpud i ~d~ hb~ . Los ~ie l Qs ruc icn=
!izados heredaron de l os heréticos ·ocdi evnli stns e.l conC€~no del Et erno EvnnGc li o , ~s crit o en el c or a z6n Je los
bowbrc.s;. i1uchos l_)U:!' i to.nos r \Js.pet1.b l es d2snrrollnr on l~
doctrine ~e l e r eva l ac i6n procr csiva: uu~oa pri nci·i'S
pv rr..~ i tÍ ~.!.: CCL.:binr l e. en..tructur n r1o rnl nl CélL.lDiar l ~ S.0 ci. e d ac, .
·

•

I

:

•

•

-· Cuando e l : !1oobr c &lt;le

IV

de l s i e; l o XVI y :X.'V II de
~ i'i1eb r n , Ao.sterdnu y Londr es. es.car bcbn er: su cora zón,
hnll6 que Dios había i op l o.nt ndo all í un pr0::'..'u11&lt;lo r es.peto
por . . la pr op i edad priva.da , Los i:.iá s sof i st ic ados l o e.xpre so.bur~ cl ici en do que l u l ey funduuentnl er n. l e.. &lt;le l r espeto
u ln pr op i eda¿ , -0 parte d e l a l ey ~~tur a l (o r azón ) : pa~
r o e r o o~s fácil v encer la opos ici6n , ~ecir ~u~ Di os hu- - .
b í n o r dcnaG.o "IJo r o bar~s", cor10 d ij o e l Co1·one l Rain
Lo ,
r ogh en l os Debnt err de Putney . E&amp;tos hoobrcs cre1an eenuinar1c.~ t e que sus prácticas cconóoicn:; no ~ran o f e~s i­
vn&amp;~ n Di os , aunque astuviernn en conflicto c on l ns l ey e~ tra ~ ici ona l es de la vi e ja. I c lesio. Por e l contrario,
c ontribuían u clorificnrlo, Aquí l os t c6 l ogos pr o t esto.~
te~ hnb í o. c ,ortado c on e l p~sado por su distinc i6n entr e ob r arr piadosas y ob ra ~ fornole&amp;, y a l h ace r de l co_
ruz6n huunno e l Úl ti c10 ~rbi tro .
El e l cc i do , decía Lut e r o , debe r ea liz ~ r bu enas obras
pura ayudar u su prójioo , a. l a c oounida.tl , n l a huonnido&lt;l,
l o que ~vit a que l a do ctrina de l a j~sti f ic ac i 6n po r lo
f e , da "l a lic encia y lo. libertad de ha c e r l o que s·e. qui!
ru." Los h oobr es sirven a Di os en sus ofici os , o.unquc..
ne ~o ci &lt;'o

•
. .i

�l "l
~eo.n vil es:,

1)orqu\. sirven nl 1)rÓj i r10 . "Un za1)atcro r cLJ cncl ón , uo herrero , o uo g r an j e r o , ti en o e i1 e 1 t r n b a. j o
y ~ l of i c i o unn situnción pnr0ci&lt;lu 2. l os aocc r dotea y
ob i spo s c ons ngrntlos , . y t odo~ y cudn uno puede benef i c i urac y ~crvi r u otro po r oedi o de su trnbuj o , pu c i6n ao se · l1ucer uuc.ho 1 or e l bicnestnr r~nte ri u l y cs:p iri t.uo. l
de l a. coouni dud . "(37) Res:pect0 a. l o usur a Cnlvi uo insis
t í a en que s:e d ebe t ene r e:1 cuenta e l b i en de l a co1Ju ...'!'
dnd ante&amp; que el pr op i o . Todo depende del espíritu c on
que hngnoos nueatro t r ubnjo . Gc or ce Herbert der iva clir ectoocnte de Lutero , cunndo escri be que el trobcj o c.s;
d i Gni f icnc.o O d.ec,ra_ln.do secún e.l e.s.tcdo ele á_1íoo 0 :1 c1ue
rrc r eali ce .
"A sc rv a.nt ,.,itL t11i s ele.use..
•
liokcs d rudge ry d ivine
l·Jlio s..1.¡ccps n r o or..i , ns f or tl1y l aws.
I1~kcs: thot un&lt;l the ncti on f i nc "(3ü) .
'
''

I

entusias~o

c on que fue ad o p t a do este ? rincipi o
'"' r l os pu r i t uno s i ne; l 'Cses ueul.:.cs tr n que r cs~'O i1di6 a 1- no· v e r. odcru necesidad . Podí u J i scut ir ~c lu c oñv ic ci0n
de qu~ l o a ctivi dnd c c on6oic noe11tc pr oducti v o d~ l o s s!
gl os XVI y XVII e.ra unu obr n buen~ y i i n&lt;losn , s ecúL 1
sentido J ul ~ensnni en t o de Luteroº El énfasis d e l os pro
t ~ s.li nn t ~ e:i e l tr nbnj·"' dur o , uni cl o a l n repr obuciór: clv
.
'
l os .r1on j es:.· !1a r ncc.11 . . . s- y l os oc i os ...os
- ........r1c:id i s o s j .p.F o ve ~ í ~ ei~
l a~ c i rcun ntnn ci n&amp; e c onóoic ns d~ la épocn ryflejodns en
•
•
e l ?en s a1icn t o de l os l a i co~ burBueses~ Cuando Frnncis
Bocon.su 5 irió q~c el viejo prob l coa d e· l c po r 0zn podí a
~~r. res.uclt.o de utiliz ar r~ci o na l ~c~t
e l os rccur.rro n d e
•
f n C "nll.J.~ i clc.l , inclun o su trn'Unj o , _Ilu Jt- nc í n. .1~r qua cl e sarroll'"'..l" uno i C(;C. C1UG 1 nbrÍa r ... c i t i do ,.. 1 S.l ::in.d .. e :)U~i t~ -~
!1·~
,.,ü edn&lt;l ·ce ln j_)D. l c b-rn cQ:;."i dnc1 nynclnbn . La
·- (3 9 ) . Lo no"!J i ....,
l\ '' s i .n c:;.ric1n(l i1 0 t0 , f "' .,, ... 1 0 i· " J?u.l 1 r:i ~: (1 i. j n ~ l~ i ~ l nri
dhd de . EJuar¿o VI esteba daoo ntr a dc tonto po r l a •fund QciÓn el e .Critlewcll · por'-\ cnsti¿uz: e!. l o ~ Llen G_i uO S l'CCUléir~··
tr nnt -es_,1 coi:.10 po r c.l 3t •. T~1AL.1nrr I-Iosp:l"tal i) nrc. n liv i o de l
pob re . P c r~ins penGÓ qu~ l a Ley de Pobres ~~ 1597 ern
"Lo. e s·a11 oia de l n :vGr dnc1 c r o l(fy c1e Dion"(40) . El n r to-:~l e libro del pr ofca or Jor&lt;lun saLr q l a _ iil-~tr o p í c·c~ ·
El

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Inglaterr~ muestra cooo durante los siglos XVI y XVII al

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cálculo ~ereno y rac :onal de l o positivo para la c oaunidad sustituyó el indiscrin inado id e al nedieval de dar li
nosn~. Esto Últino creaba oendigos, y era egoísta en todo
sentido; la verdadera caridad consiste en eat i nular la au
~ 3ayuda para nerecerla .
Los predicadores, y nás aún sus congregaciones, pueden
estar gcnuinaoente convencidos de que l ~ industria e r a una
obra l ee; ítioa para e l "bi en es.tar c ooún", para "el uso y
prov e cho de la hunanidad" ; y de que des:cuidur l os ncgo .:.
cios es dañino para el es tado público ( 41). Es un deber
hacia Dios y l a huoanidad usar vuestros talentos, dijo
John Preston . Considerando que no ganarás con tu pi edad ,
y considerando que no buscarás riquezas per o que l~s acc~
tarás cono bendición divina si vi enen a ti, entonc e s puedes tratar: l eg ítine.nente de aunentar tu propicclacl . "Pre gúntute entonc en , dijo Th0ous Tuylor,¿qué h~cc dG bueno
~ i vida onra la lgl cs i n , l e coounidad , le fnoilia , l os ho~
br a? (4~). De hecho l a c br u de generaciones de puritanos
t 0nerosos ¿ e Dios hizo de Inglaterra l a princi pa l nnci6~
industrial de l oundo - Dios ayuda u qu i en ae ayudn-.
A trcv6s de e&amp;t e énf asirr en la convicci6n interna que
inapira a la s accione&amp;, l os burgue se~ .tratnn ~e i np?ner
s us principios o. la sociedad . "Los. hlJ OS de Di os atienden
nl us o esp iri tuul de los: cosas que l os ounC.cn os . u san car~1aente " diJ·o Greenhuo . La acción de l os escr ibe s y fnn~
' n Sib bcs: ·
risc os " e' r ~ buenc pnr o. ellos y pnro. o t r os " d ec 1u
a
("" ~
" ero su fin cn.recío. de vo. l or y po r l o t c nto ell o-., Y i;J..~o..)
p
d
d º " "El h oob r e pu ece con l o concie_!!
o br e~ fueron con enn ºº •
b
·
~ de~e..c.r y bu$cor nccesnrinoente cosns uenn&amp;, Yº.
Cl.0. pUru.
u..
d
e r do n l !'lg, pr i
~ i ~ nnturnlczo o su pers.onn ,
e ncu~
~
s ea par~ ~
deb e de~eor y busc a r ong de lo ne c~
ocres r eg l n.ffi: pe r o n o
;
1 pecndo" pens.nba. Per.
i l o hoc e cueru en e
~
'
.
snrio, porque s
. clu e que " esas bondndas sin
l&lt; ins; (Lus prioeros r eg las. 1~6 y d.1 idnd de un h oob r e no
•
· do d e o nd 1 e 1 n Y
gn ~
( )
,
l os que ln prop1e " '
~bsolutnoente necesari o.~ . q) Lom
pu den prcserva.rs.e ' s..on u
.
.
i · ~
l o que i ·o s honbres.
nron d e e~p 1r1tuo. 1z ~ r
d
t
t
ro
ºí
r ~ z o n e~ purcs . Fue e
P rediccdores.
. . d
u e l o h a. e nn por ~
t
h oc í on , d 1a1 cn o q
. es. prestnbo.n oo.yo r a e!!
bors..c que estas congrogoc1on
.
sospec
. ·b·1·dnd gen e rnl que o. ln ~ co.lificnciones
ción a ln pcro1s1 i i
y

•

�19

..

cuido.do&amp;OG coe que- ~ rode abnn. "Es..tn.b a.n f unutiz ndos con
c on e l IW'ange}io u, d ijo Thon n a: Ado.oa-· d e es-tos l ni cos , "n
onn ~1 Evang e lio:i qui~nc~ o~ a que e ll os ? No só l o po rque
creyeron en él~ s ino p o rque l o l o sent~ an : l es upor t ub u
riqueza, pnz y lib e rtad " ( ~q.).
•
· Se acuso pro:lt.fl.1,ente u l os puritnnos de c odi c i osos , ob
s e rvó Willinn G~uge: d e p en os tru tnr est e punto con cuida
do, povque no p od en.os l ee r en e l c o razón de -o troa , n i :JU
beoo s de toan s loa circunstnncin s. . "Ln co dici a consiD.t e
e sp e ci nl'I:lentc en e l cl c~reo Í11tino d e un h oobr e , que s..e c o
no c e auy bi en e s í o i suo ••• Ob s.e rvo. l on deseos í nt i oos -de
su c or a zón. Si ti en en que v e r c on asu n t os t err.enos e l a b o r an unu oo bici o so d i spos ici ón." "Cuand o t u p i ensas en
d e rrochar", u c ons:e j a bn11 Do d y Cl evei: "no per n i tas. que ese
d eaeo t e dev o r e , s i no que t e n paci en c i a. de l o que Di os te
ha pre s:tado ". "Bu s c a.n rique za s no pnr &lt;l s í n i soos , sino pu
r a Di o s" 'es l o foroul n ción o~ s sencill a , y que prov i ene de Tboona Tnylo r (4 J ). "Te enaeñnoos u no t i rt. r tu b o l sa. ,
n ~ ·e r nv n r o ", ns:cgur nbn Th oons Ado.on a su c ongrcsnc i Óp .
"v . . Uds ., ri cos c iudndnn os ", o.ziunci nbn Josepl1 Hal l, "hnbl nuos e12 noub r e de J~ qu e l cuyo t ítu l o es. c.l Ric o en ~'Iise
r~ co rdi o. , y os &lt;li g o qu"'" . po&lt;lcoo s ~.c r ri'co s y e unto s n m1ti copo ".
.
Cu nnc1o l os o i n i s tros ll egan t on l ejos en sus nfirt1nci Jne&amp; , podcuos i onginnr lo.o s i o: lifi cnc i one~ y defini ~
c i enes de l on l ~ i coa . Los p r ed ic o.do r es pr eb i stcrinno s ,
dec í n Ho b bas dos gencra.c i oneu oás ta r de , "nunca l f'nznr on
i opr e c Qci on cs c ont r a l oo vici os lqcrntivos de l oo cGoerc·i nn t s: e i 11dustri n l es " ( l16 ).
Los pu~it nnos t r a t a r on de es:p iritua li znr el p r o ceso ,
cconór1i co . Di os i nn ti t u y ó e l oe r cndo y e l cnnb i o , as gu.;..
r o.bon Cl cver y Dod a. nu eno r oe au d i enc.i a . "El h a c onsi d c
r ndo que e l o ri gen de l c oner c i o y d e l t r 6f i c c esté en el ,
ar:io ~" y El f a v o r e c e l oS&gt; oper a ci ones . vc11tn.joso.s . Gr ee1lhau
o.c ept u s i n pe9Xlr l o e vi denci a de l prec i o de. ocrc ado " a i
el c or a zón ea c 0nr1ovi do en un ac e rc nr1i ent o o. Di os y a l
h c roano d e r c li g ión "(q7). La ll av e utiliznda po r l os p r !
dicado r es; es:. e l ~nfnsi s pu es t o en esta rJo tivnc i ón de l c o
ruzón p ara dif e r c-nci u :r entr e usura "Iupr op i o. " y l o.a trañ
ancci on c s- c one rcinl es l eg ítioas. , ('48 ) o.s.í cooo &lt;li s tí n --

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-------~-----------------~_ _:_M~o:.:..nteVJdeo - UrL'Gil'ª'

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20

guir entr e l a lioosna ind i scrioinndu y e l al i vio que e l po
bre s e oere c e , y tao bién r e spe cto a l n doctrinn pr otestan=
te sobre l os ofici o s. Todo &amp;e de rivn ce I n t eo l og í c de l n
justif icnci6c por ln f e . ¿Acn~o l o s aventureros que hicie=
r on vel a h o.c i a Anéric u de l No rte "pa.rn buscar nuev os oundos , o r o , elogi o o glor i a , cu 1583, si proceden c on ovcric.ia o aob ici ón , no pe r derá11 l o. protecci6n de Di os y no
cstqrtn i n1)ca. i r1Qs;) I)O r Gli·o , de pros.perar ?" Per o s i l es
hoobre6 actuaron i opul sados po r e l ce l o r e l igi oso , pnr c oo
pas i ón de l os "pobr es: infie l ~a; c apt"'irudos l)O r e l der1oni o "-;así cooo por el dc~eo de libe r a r al pobr0 de Inglate rra y
aunentcr e l i nterés ¿e sus honestos y b i e~ i ntencion~cos
coo1)ctri o t as , ent one es, " e Sé:. i 11tenci ón tan so. era" l ._s. cln c.l
de r e cho "de c ontinuar efe ctiv ~uente en l~ plena poses i 6n de
e s.on o.r..:pl i os. y ngrnC.ab l es po.íscs" " s i bu sca::ios e l r eino d~
Di os c o11 pri ori dad , todas l ns. clcL.tá s coso.s nos sc r ~11 duelas"
( ij o Hakluytcon c on s i 8plici dad d ivi na y certi tluub r e pr )fÓ
t ic a (49) .
Est e 6nfasis en un oo tivo r e li g i oso de l n c c l o11izac i 611
'"':· r e petido a nenuclo . Loo h i oto1--icdorcs que su f ij an s-1 )
en l os r e s.ultacos ll egan u pensar que a~ una tr eoendn hipo cr cs í c . Lo~ que han penetrado u~ ~ en e l estu&lt;li o ps i coló
g i co de l os c onqui s t ado r es p i en san que es unn i ntención
s:eria, que po r a l guna r a zón no f u e ll ev o.da a cabe ( 56 ). 11íe
parece que es una part e necesari a de l os proc~sos ps í quicos d e. l os b oobr es cuyo e j er c i c i o protestante indice hc.c c1'
a l go'só l o s i es c or r ecto . Pe r o el e j ecpl o de l a colonizac ión deou estr n c ooo e l ootivo r e li gioso pu ede se r só l o una
o~ rrcar a de cálcul os e c onóoicos . Los protestantes , dijo un
predicador en Pnul' s Cross en 1 581 , se liberaron da l a tir aní a de l e l ey sobr e l os c onc i encias . Por l o tanto se es~
t~ oc.duro :pur o l a. c a rnuli clad , "porque vivi oos i)ara n osot r os
o iscos "( 51). Zeal-of -th e- La11d Bu sy , cua11do cs.. i nterrogado
cob r e l n co rr ecc ión de c owe r un cerdo Barthol ouew &lt;!tl l a F~ ri a , r ee¡;pondc que "e l l ugar no es deoaái nclo i ::i1)o rta11t e , si c~.
pr e que puecla ser cooi do po r ~n r c f oroa do , c on sob ri e&lt;la~ Y
hunil dnd ". El pe cndo de i gno r ancia, anotaba Bunynn 60 nnos
dcspu6a, e ra que u l os pr obl eoas de l n sn lvnci 6n se c ant e!
t ubn d ici endo "ivli co r nzón oe l o i ndica ".

-

�21

..
Lo a do ctrina a r efc r nnt es a . l os oo t i v os rre~s i b l es 1 qu e
i)CJlD ite n qu e l a pr esi 6n s c- cinl i nf l uya. n~ s . li b r er1e.1t~ · ci'!
l a c onduct o. ind ivi dual, f l o r c cen ~s:ue c i u l r1c.11 t c , 1)u c d \:.. de
c ir sc , en períod o s s ooct i don n r~1) i tlos cao b i os so ci a l esy entr e ln ~pe r s o n n s oás cx pu 0 ~ t us a est os ef ec tps . .El '
cri nti nni s r10 sur g i ó en una 6 po c n pnr e ci du; So.n J1aus t í n
en qui e11 s:e fundo.¡1 l os i-· efo r r1nJor e!3 , t o.obi~n v i v í a C':l una
6po c n cuy o s c:1no.:ic a c rrt a b nn qu e brá11(lose , y ó l t ur:Jb i 11
ccntu6 o ú s; lo s o o t i v o s i11t e ri o r es que l us. n c c i o11 Z'. " Cuun
d o v e cl n r.o l o qu e de b e b u e r y u qué se de l ~ asp ira r , aú n as í, s i ~o e~cuentra nuo r y de l e i t e en e ll o , no r n l i
z o su J e b c r." " Si e l los cli c cn que t o dn ob r :;) 4:ii s c I·i c o 1·cl i o=
sn pu e d e h ac e r pe r don a r host u e l ~ 6 s h o rri b l e y l os o ás
c oc1une s ele l os pe c ados , n"rán po r e l l o cu l pub l .s J"' ta l
absur do: p o rqu e ns:í g r nc i cis a su d i c zoo J i a ri o t i (::11m una
~ 11clulg\.. 11c i é c1i n r i a 'de au s f o r n i ca.ci ones , lloi:1i c i cl i os , )cua l qui .e r o tr o p e c o..c1o " ( 52). Pn r c c c 11otnr .sc u11a t 0 rlvr1c i n
p c rna.n e nt c a es tab l e c e r i g l e~ria. s qu0 i . . . .1)l a11tnrc¡1 ccrcuo. ,
,
i i ~ i ~ b ~ ~~ 1 0~ ,
y p v ~ opos 1. c 1. ,,. grupos ~u~ n c c:.i tú ~u~ 1 el e. ·'"':1to i n t e ri o r . En l a .. Ec1o.tl líediG. , l u ~~o d2 !301~ i n 'st i t'4
civ~n l i z nua' l u I g l cG i c , loo ~ue p~~i e r on u ny o r Sn fos i s
en l a i ~ t en c i6n , l a p~r ~zc'dc l ulo~ de l os_ lai cos cr i stin
ilos , ·fu c r o1;. l os 101--éti cos - i:nsa li l- s &gt; Pn"'li:.ioe, J l b i gcnac c , Lo l a 1.. do s - qui enes fu e r o11 , s l. Ú¡_ l o ~ 1· c::o 1·c1ac~o r os... ná's
r a J i c u l e ~, de gde Fo x c h as t o Si lbur n , l a ve r dad .r a l ' nea
c;ri s t i n11a • Z;;tu vi cjn p1· o te! t,u O(.. G
.ui 1·in i...--i r1\.1e v;o z i g:1 i fi·coda cuenco
ci uc n c n~os e~U c Qao.J , '"'j ~c i tn?ca po r su no
.
.
do . e vi cln 11 e l c.~l cul o J..'r . c o:--r: 1. " .._ __ ...:1 i.{ "' 3n--1i Gn·t o i n
dci)en d i ent e , co:.ienz n r o11 n aesn: 1 L;.1· e l i:10110 i)olio c1 r..1·ical
c'
lo. ec..ll.1cac i 6n y n p r or)onc r s "t1 s ~) r op i o s putr..0 11cs· c1e i:.io .~
r a l ,. El 6nfu s i s pro t cs t ant 0 e11 e l co r nz 6n nyu ' ~ : u r eso lver e l tluro cho que .. el e c os.tu 1b r cs., tr adici ones y c.ut oriclad ( 53 ).
.
·· Pu r a r e sm..1ir ect e nrguocnt o , ent onc e s : e 1 l l nr1ac1o ·a
n ctue. r según l &amp; í n tio u c onv i cc i ón y 'e l r c c l1o z o cic l a ruti nD. c crcr1p.n i a l ~uc ¿en t ~ ne r e f e ctos l i bc r odo r err en cual

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q~i e r soc i eda~. E~ contr o l de ln rr. oerrtes hwJnnos por un
$1steoa do ctr1nar1 0 dete r o inn do debe r onpe rs e untes de

que el or den social y po lític o snntificndo po r es.ns &lt;lo e
trinns: pu~dn ser desnf i ndo . El ll Q.ccdo nl nl on or a c o111ln
del cristianisn o prir1itivo y U.e iJuchc.s h e r e jías ·:.ieclievaJ ~ a . ~us e f e ct 0s o~ s obvi os e r an ri2gat ivos . Per o , ~os i L
vaoente., e ll o fnc ili t6 l a ev d luci6n ~~ doc tri nos ~ á s fl~
xibl e s . '1a opó3 i~i6~ n l o I g l e~ i ~ ~ , ~~nn ~e l os s i g l Js XVI Y XVII en Europa t co6 fu e rz a Ln l as. s r nntl es ciucn ce~ ,
cl o:J.de ,e l 1)rotes-ta11t i soc se . .~esnI'r o ll6 ·e n cau i nos otie fe. v o r,e cíu e l cr c cir2iento G.e l capi tnlinr10 . Pe1"0 no h:oy nacla
en el p r o t c s:tuntiSLo que guí e a.ut or16ticaoe11t e nl c~o1) i tali soo: su i opo rtanci u se debe a que favorcci~ l a a pe rturc tlc ber r era s cr c~Ja~ por ríe i dns i nst ituci o11es y c c r e:_or1i n.s i L~ 1./a0str. s I)O l'' e l ce:t o l· icisr 10 ~ La. r cío 1"i:1n i~o vilizó
ür nnc1cs !:.!~sns hl:Dr_nc,s c ontrc l n Ig l cs io. Roun.11c y l es a1~ ..;
~o r i dcdcs po lít i ccs q ue le protGg Í nn. El apoyo i 1, i cinl
~=- 1 cnlvininuo pr ovino c1e una : o ~ no rí u cu1 t a , ur 1Jo.11n , que
pensaba se ri nc1ent c ai1 pr e b l ooa.s: r e 1 i t; i o sos y po 1 íti c o s .
~Lro l ~s doctr i ~as &lt;lcs nrr ollades ~o r y pn r ~. l a cl nse c~­
&lt;l i a · poc1í u11 atr ae r otros rre ctor es.. cerr.cont9nt os . .~e l o. po b lación, C OIJO l a n oo l c zc C.e Huns rí u y Esc ocic., y l os l)l e
Leye s d e l as ciudades nl enanas . Por e l u i~ no 00 tivo se es tnbl ec i e r on igl eai ns p r ot es;tcnt err en Escnnd inaviu y ~
r opa Central, que sól o hici e r on cacnsas c ontr i buc i on e s
al desarroll o del capitalisoo •
. La r evue lta pr ot es tant e der ri uó e l onrc o i deo
ló
gico
•
que sostuvo n l e soc i edad eur opea en un oo l de ent icuaco .
Donde e xi st í a ya e l c a pitalis~o , ti ene ah o r ~ onyo r Úot ito &lt;le acc ión . Pe r o l oo h oobr cs no se h oc en cnp it alia ~
tafJ i)o rque son protes:tnnteSL, n i prot estantea po:qua _s·o n
capitalistas . En una s oci eda d que tendía a l cap1tnl1sno
e l prot e stantisoo facilit ó e l triunf o de l os nuev o s v~l~
r es:. !Jo cxi stc u.na r a z6n t eo l6g ic n inh e r e11te e l 6nf as 1 s.
pr otestcnte en l n fruga li dad , e l traba j o duro , l n'uc':1°ul nci6n, e tc. ; s i no qt1e es:-e énfasis. e r a I n c.ons.ccuenc 1a
nnturnl de un~ r e li ei6n. que hnb l ~ al c or az6n en una so ci edad donde se desarro ll aba ci capitnliso o incustrial.
Era, si s~e qui e r e , une r a ci onalización, pe r o fluy e es.A

�23
pon t~11eaoe!1t e c1e l a tc o l oe; í n p1·o t cs t a11 t e , ct1yo Gic:;aifi
cndo pr i :ic.i pal, p u r n I!1.lcst1·os. nctunlcs p r opósitos , e$qu c en cualquier rroc i cdo..c1 l u rcl i gió1" acr 5 rJo l &lt;leadu ....no r
aquell os que &lt;lo~i.uu11 can soc i cclnd . ttT o&lt;l ua l o.s c osas ax
tcrnaa cs t~n Gujetns a llu estr a li bert ad ", dec l ara CÜl
•
l.
v1no
, 11 c ona1•ct c r nn d o que 1 e na~urnl~zu
d0 esu libe r tad es apro bado lJOr nuestras t:ie11tes y por Di os " . Pero l n: li
bertod cristi ana cru s o l o para los e l ecidos . El Pr of . Brolm trató de probar quG l os últioos i ntentos our it u~
nos ele en:piri tua li zar e l oc rc udo ~e opon í c.11 al punto ele.
visto lut c rnno qu~ dec í a que ~l uw1do es t abc entr egado
o l ocl ( 54) . La tron sfo r~cc i 6n ae debe tonto a l u~ vic
t .. r i us· cle.l protes:tn:-itisL!O el'J. el nu.11do c oL10 ol abnndo110
de su t eolog í c . Cuando l a vcr1adcra r c li c i ón huye tr i un
fado , l os iJ i ndos os: r:o ~ntreGarén el 1Jtu1C:cJ t un fácilr1en=
te. nl dc~o _io . En u na s.oc i celad ~obc:r·no.Jn l)Or pro testnnt c~, l os no p i ~dosos deben ser d i scipl i nncos y s e trnns
f o ron en im &lt;lebcr :~'2.cc r una l.,ucnn rib ro. lJn.rn el n.t6J. i oo .
De al 1 í c.l exhaustivo
611f us i s del puri tu:.1.i@110 tare' í o 1
•
~ u.J &lt;l0bcrcss . . r cl i e: i osos Lle l n ii1c"': ustr in. 9 la .ii· ue;ul i &lt;.La~
y el nl1orro . f;_ oedi d[: que triunfan l a~ \rirtll en ?)l~r G"t:~
ons se v a transfcr1~'11c!.o l n. soc i ecln.(1 . de n q11eños n o 0 uc ·t res: pro p i etc.. ri os en t.mci. soc i celad r o ·t1~a1) nj nc1o r s
dou6st i cos y asolnr i ndos ~ quG pucJ cn gcr v cntujoonocn*
t e 0111.ilco.clos IlOr l os que : oseen e l cn:;_Ji tnl En eatn s~
c i edad , l oo pococ que asci enden s_cialoente l o hacen a •,.
expens an do su p r6 j i oo .
·
·
El pensar o.s í c11 l os rane;os S..1.11~eriores nce11túa c~c1a
ve ~ o~s los· vi ci o_s y lo~urn s del ,po l11·e., Bl en i.rinicr'o
t·&lt;:'..rdí o 2c l 11glatcrr n s·e vuei.ve nás l"igurosro e 11 i1)ócri tc..~ &lt;lc~.) i do e l os cn:·11Jios socil' \-S que l_n!:ía c o!:'-tribui rlo r &lt;! l'' e!'·~
•
...
Los pr ofeno r es Ifullcr y u ~rdnn 4n~ ac~ntuado l n i n . rr""' ,,... ,. (',
_.,,'"' l'.J1· '"' r"' e J "" l .,. ..; e i· T) 1 i T') c. e ~ l ~r i :-' i ~ t Q. .¡ ..
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acto - rc~pGt o

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que ln teol og í a l o que ha i)os i b ilít n,10 l a expans ión de l
cnlvin i soo , as í cor10 ou 6xito en l a foro~c i 6~ ¿e pnrti clos r ev o luci onari os . El é11fas i s

e11

l u :-.Jo tivaci6n nyuL1Ó

�tcol ogf c: ::: pcr1et1"'Q.l' c·1 los hoo~)~ca si.:.lc~1·r· s , senci ll os y r e s pcns2b l e~, e~ nc: i os wLY ¿ i fcrGntea , y l a d i~- .
ci~)lin n , er e n.en ose11c ie.l: l;_.!.te pe.re. ::i~ntene r l ~ c...owi r1a c..iÓ"':1
de UJ."": pequeño ~iir1ero 1 se hizc r:irovocl1osn par~ cualquie..r
foIL~~ ue r cbe li 6~ . Le ntr acc i ón e jercido po r el cnlvi n is1. i• :\ j t." c1c "
1c t.:::: 1 0s o:ir·l()s X'~I :l· : ':'.fTT ,• :'. .... (") "1.. "] l _,..' P
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l a. clas0 occli a u.r bnna c oco : e l onrxi s r10 l o ric. si Jo. li ~:! i u,......!.·
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ri g i Jo por e;rl:.po s c or:ip l etnnc:ltc d isti r. . t os el e l o s que dooi
ne. r on e l :¿uritc:ii s t:io· :i nglés . :,os o i n i stro s s on ca.s i sus úr1i cos i ntel c ctunlca.. Coao '-- 1 :~i:rir e1:cnLez6 un r..iovio i C'nto
d e i n&lt;l c pc~~~nciQ ncc i oncl , e l c nl vi ~ is ~o enr n i z6 Lá s pr ofuI1dn1Jei1t e ql.1e en I n~lat erra , donde e l e epi tal i·soo y l a·s; ..
div i s i one~ soc i e les que l o acoci~afiun est aban ~ á s Jcsnrro- ·
llndos . J .. d Í e11 J. ~¿s i c t cr r n , n oc:.:ios "':c.: \.Ll .sifj J.. o ~"'"' l~ l:uforoa 1 l os colvinistnG ll ev a r on nd ~ l 2n t e una exitoan rer J l uci 6n ,
P'-r.o f roc e se.ron nl trn tnr de L!OilO i:JO 1 i znr e l ,,"
. .~ c r es t atal l)O rqu. e i10 poc í an oaüt e11er u:.1 i &lt;.los l os C..ivc1 . . os
gr upos que hub í on a.yudndo u h n c e r la r ev o luci6n . lli entr ns
t cnto e11 Eac o ciu e l p r en:b i t c ri nn i sr.!o ae c ovi crt e ct1 una
r el i e i6n l)O !?ul nr c ooo e l en.t a l ici noo en Irln ~'lda , en m1n
fo r ua. q t1e e l c.n~ li cw.n.i ni:10 11Ul1ca puJ o l oernr . !-Iu l&gt;o taob i ér1
c l one;:ito s "11nci on n.li ntns " e.e. e l c~lvi n i s uo de Trnns ilvo.nin y l o s Puin e~ Bn~ o s .
El l1Gcilo ele que pucJ:lrl ex.presnr s:c fu Grt cs: pes i oncs. p~
lít ic as , y ser conparti dns on e l c o r czóu , expl ic a. e l po r _
qué UC la ex i stenc i a CC D.UL1C r O S OS ari ntÓcr n t os y cl as:e.

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~cd i n

unn c ri s is co cinl - ~n l as f ila ~
c c_ lvi r1 i stus en nuc l103 pn Í Gcrr eles-de Huncr í c. ha.s.tu Fronci n .
Pero no i ntcrpr c t cnos dcoQcri ndo in: cn~uoentc es t e dato ,
Culvir-o se propuso l ocrur e l o.poy o &lt;le l a nltn arist o cra~
~ in c1 .. Frnr1c i n , y es to. no 1...ucló C!t:\,) 1)uJ. í a uti lizar en cu.
pr ov ech o l u orLanizuc _6n u rbnnu ríe n y b i en d isci plinodu ( 55 ). El pi otlo3o i ng lés t~ot i en s i 3 tió escrúpul o s nl
ar~ o jnr ual tl i ci ones n 3elc eb6, en l a figura de l as du- .
ques.. de t.Jo rt_1uol1erlcnd o :lt1ckinel1aL , y l o o conderr de Le1- qu e

e xpc ri ~cutnn

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c ett.t er o Esscx .
Unn 6po cn

i 5nor·-i3ci n. CL u11n. l)O C C. rlc C.J r c-1on i n ,
ouee rvó c o1_ ce!.. t i c11;.~·1J r c e l Dr . Job11s on ( 56) . Lo. vi ct :&gt; ri c de 1 pl."ot1.:.. rrtu11t i suo nyt1dó ::. t eruinnr un un i v e rs o · .. é
g i co y n11it ' i stc. , y c i 11ó ln. e ne )Ci ón i.Ju ;u.l nr el."'-" e )n=
rri tlc r c n l u rc l i ~i Ó?.1! c o110 lliin 1)ropic i cción . lm. a&lt;l c ln.11t c e l i ncl i vicluo y Di0s esta.Lun fr e nte a fre11t e . Se ::1a11
ti ene el cc~ti1.ii cut o de pcca.clo , se !10.ce incll1n o r 1 ~c 1)0
dc r oco nl hac erse i naiv i dua l, Jcro e l acnti&lt;lo de l pe e;
d o ti c11e , uder1~8 , un contc11ido de p otc:1cio.l lil) c rncióñ .
tlincún ongo o saccrclotc u nn11to ~) o d í a. ayuclnr , p or o s í
Di os ; rrus proocoo.o e1"a.11 seGur n.s y libr e.&amp;·. Lo s i)uri t a n o s
ae oa.11t i dnen t c:r1" i bl ~r1c:n t e c ense i ci1te s de su ne.turo.l e zn pecno i ~osc , nuo cuando tr o t e~ d e i&lt;lcitificor su v o l ui:1t oc: co11 l n &lt;.~e Dios . "!Jo Ge ne e e s i tn a l ~ psic o l og í a
oode rnn para c o.po.citnrnos ~n aprec i ar que cun3to [10 y o r s eo l a Brn11 luc~ o i nterne , oác co1~plcto ser ~ la
i c1cnt i fic i...c ié1-- c 0rJ. l a i1o lu11-ta.cl cl ivinn e1: nctivi da.clGa
ext e r nas- " ( 57) . La convicción rlunl de dc prnvnción y \r -i ·
tucl no pr0 lt....jc... m1 L..ur1t'o Je c~ .. ructer e s. ut r oyentcs , p e r o
d i o un QStÍ üül o vital nl es.fuerz o product ivo do ni c e l
cnpi t al i srJo n~ estebe dcsa.rro l la.nrlo , 0 11 una p 0 co. fil1
que l u i ndustr i o eru de pc~u cñn csc~ln , nrt e n~nPl e
i r1~nc i onal . i~vL1o r es. de l o Eda~ r1e~in. C_):1 6x:i t o en l o s
nego ci os , ourie r on c ~ n c ooplejos &lt;le c~l pa y dojur·on su
d i nero a. ln I s l es i n pi'..rc. i nvert irl o r~ l")brn.s i..J_t&gt;l'O',_uc t ivn~. Loa ex i t oson_ hoobrcrr de n~cocios le l protestunti st.:10 ¡10 9,e se11t í nn ~ver';0!.1Za (: os c1e ~us nc ti vicle &lt;l&lt;.c pro
(1u ctivD.S"' L'1 .i e11tra s esta.bu11 viv os ~ y n.J r1o rir d c jnb~n s.u
J i ne r o para. oyuc~u r e o tros a i Gi tur :5u e j eopl o . r·Jo l1ny
pcr so11n r1Úf1 i z1c1u[T tri ona. que 108 qt:c J1cn nLan(lo11ccl o e l
c on c epto de hocc1~ ·Jús.. de l o ex:i ,3 i clo .
11
1Tot tbc l o.bour.s of 11y ~'lc.t:. Cl c
c1..G

--

~

Co~

fulfil Thy lnw ' rr

dconn&lt;ls ~

Ln par aJo j n Je l prot~stnntim10 , aa que &amp;e trata con~
t unteoent e de cur.1pl ir una l ey que sub i ncuoplibl(; . La
del c np i tuli s:·10 es que l a producción y el al1orro ae
vue lven un oL j c t o c.n s í oisr10 , l)crcl i enclo de v i s tu e l
fin pr i uario: cooo el h oobr c que riob~ca o bs tr u í ~ de l o

s o c i edad y que busccba c o~a v ez o á s poder hasta ~ce l o

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26
s..o r 1)rc~cl í c.

l e.. o;:e:1"tc . El i1or1b r L c:c I-:!o tb~ n. se rí o. c.l cc p ital i sta s i hub i e re dejado de preocupnr se de nus uoti
vaci ones:. Y l o que es pc ) r, l os p1~c : ic nG.orcs: cubrían e.u
tlcv.nuclez (!.On ~:.ne. cn ..."'n. de }1i i)oc¡·cs í a; o. l o o t s:; bur.:ia11 izn
r on nl~un~~ r c laci one g i nd~st riul ca y .d irigi e r on ln ener
b:l ci a .... 1 s~1·vic.io pÜlJlico t a11.to cooo l1acia el int - ·-·
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pr1 v n.c.:.o º
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1) R. H" Ta.1m ey, Re li c i 011 a.nd tb e Ri s:e of Cnp it ~l i so
•
euin cd .), VP • 101-1 03 .

2) Po r " cspíri tu e 1.pi t u l i s ta" c:~t i c1J.c1o nlGo ..1á s e n1)cc í f i-ec o qu e c.l · a1:io.r a. l . el i n ero , que. 1)11cc1c ·ene ""ny nrs.e en ópo
c n!rr nnteri 0 r c s;. Qui e r o e x p r esar un e tI1os que , c:1 el onrc o:
dC:; una e c onooí c. ele r:.ior cudo , enf a.t iz c.. l e i nduotr i u pro L1uc ti ·
v o J l n . fr~eolidnd y l a a cUí1Ll nc i 6n , · unn· ~irt~: en s í ~isoñ .
En astn de fi nici 6n ~ l os· bnncos y l e. u.su.ro. no GO'"' part e· c ·e¡1
tr o l po r que y a e xistían ant ~s de l c np i tal i s-10 . ( ve r : R. H.Hilton , Cnp itnli so- vlho.t ' c i11 u :L1ai:1c?, L.11: "Pnnt und Pre. ~ e11 t , " IJ o . 1.

-

3) Ecl . i)o r B . L·. l;Joo l f , Reforl.i.a.t i o11 \'lri ti11gs of IV1nrt i 11

Lu~

tl1e r, II , p .11 0; Cf . p:) . 121-1 23 , 29:5; Lut ~r o , Cor.n:.ientü.ry on Gc. l e.ti c.11s ( itrncl12c ci 6n i 11ei e so. -~º 180'1 ) , l I $ p . 216 ; ·
Cf, pp .1 ~8 , 270 .. Al (1 i scu.tir n tcol oe; í c~ .!r"f i c r o c i to.r e
I.,- • ...,.._
-lJ ~.. J.""
·~"'.le 1'·l.-1 1·c1·~
el ._.._.V
T'''y -:: r1
' , . ., .; ,..,-1t o .... t c '"'.J...r-i ·1t
·y ul"'&gt;~ V1Jt.
('.' "!""\-·
~V '
\.'
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!.
ltJ~....
\::; '
u Cc l viuo , i)o rqu~c nquí 1:i i :_:&gt;r0i)6.s i t.A c e nn.istG ··G:1 ·n·eña.lnr ·
-~ ns d i ferenc i as entr e e l J r o t cstanti soo y e l ccto licisoo ~
N,., r u i c r o c.le cir c.on .Gllo.. c· u_t. el :11.. o·t cs t1.-·!tisr10 , c oco e1(iE_
t i ' 011 lil.con.11i c. y: Esco:1c1i· e.vi o. , .. ·uyc. r.0.1t¡·iJ.t1 í do ai['.::Jif i ci..,.
f. ivooe11tc nl capíri tt: cn1) jt::li.Jtc:. ., ·
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Blle (Pn r ::e.r Goc~ , 1 8, 0), Pl),°20 2- 203; J . Fo1~e:- Thc A.cts
nnd fwlo 1u.:1c:1ts: ("l1tl1 e ' º ,' s/f , edº r..; • • Ilrc.tt) , I ~ P.a.) oXXlI - III,
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c r.o , Gnlnt i '"'11,~ , I , pJ. ··%)0; cí· . It. , . p1j.• 29:; - J0.0 •.
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JP ~ ~i ; Jcn~ Cclvi ~ , In at itut ca of th~ Cbriction Rel i c i on
r- •
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1 r., L.. "'\
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5') ~l1·t. r o 1 Th i riy - i our :;e rooD:_~ ( 1.iUb _ i ·1 , 1!4 ·¡ ) , .A.)¿ . '16 - /'I .

�28

•

16) TynP.nl e , Do ctri:i~l Tr c c.tis.es. (Pnr ~:er 8oc ., lüli0 ) 1 p . 280 .
1 1) I·J .O. Brow:i , Lif e ueainst Deoth , cn.1) . XIV , pcsD i o . Los cá
teros , q'J. c t a:-~?-J i é:.i crcye r oil BD lo ."1ol~c.l: --~e l o:ir1 o , suco
r o:J. le c o::icluz ió~"" Je que toc~o l o que u~l í o c\.1r~ í o les c rni r~ i fore:ite y ryor l o tu:~t) , l n t1surc y e l c ooe rci o e rn.n ·pe:r
.
e .J i b l es .

-

12) L12t c r o , T11e Bont~n.ge of thc \:lill(l 823 ), p . ?3; llc fo r rJotion \lrit.ings, I, p , 259; Col-\rino , . I nst itutes , I . l) • 555 •
13) Cnl v i no , I nstit 2tes , I ,

.

555 .

P~

14) Cu 1 vino , I b i d • , I I ·1 1) p º 7 5 , l16 5 ; I , p r . 53 ~ , 5 51 ; Cf . I I ,
p .·101, y Fcxu, op . c i t . , ¡ , p . 7/ .
1 5 ) Cnlvino , Institut err~ II , p . ·180 .

--

1 ) Lutero, Reiorr.10.:t i o~1 \'lri t~uga '! I? i" )14 ; 7yr1clnlG ~ Do ~trinnl T r eut i sc~ j i)p .- -Jl C-119 ; Ex1)o s i ti or1n .. olf 8cr i r::.t!!•
r \ror ~e r uoc . , ió~~, , p1 . ov u i~

-

,

-

-

·

-

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---

.....,. _

l 'l ) Lutero , Reforoc~i o?:: \vri ti.nr;s , 1 9 p . 255 .

•

1 / Lo c o nimr í~ l ~ ncrodnble n~6cdotn ~e l jesuítc qu~ Ge r
v olvió T)r otc s.tn::lte y se c unó \.~ o s ve e e s.. iiueco a.f i rr 1ó e

l a I ns.qui sició11 C].1.l&lt;.. l es.. c c r et1011i ns , n l sor pr otc$~t,011te, cs·tn.bun invnl i dn.'-1.ns, solo e r o. cul i)Ob'lc de l "1)e Cn(:o de l e ca.rne ". Su a l cr;a.t.o fue ne c1) t n-1.o (C . R. Bo1r·er , Snl v ndor &lt;le ~á
nn&lt;l the Struse l e for Br nz il,16 02- 86 , pp . 1 97- l ~º J • -

19 ) 3 i r Wn l t e r R~l e3h , Hi story of t1ie \lo rlcl ( 1820 ), I , p . ·¡s;
Trcvo r-Rope r, h rchb i s b op Lnutl , p .

269 • .

20 ) Lutero , Ref o r na.t i on \lri ti ne;n., I, p . 180 .
21) R . noolcc.r , Of thc La1·1s of Eccl c saa.sticol Pol i
(Every,oan etl . ) , I, p . XI I; Tynual e , Do ctrinal Tr e ot1 se~ , pp .
105 ,3p2; . Ans:we r t o Mo r e , PP • 6- 7.
2~) R. G. Ufill e r, Thc Reconstructi on of th e ' Enclish Churcl1 ,
II., p .1 21*; R. Gr eehhno , \r/o rk c s(16¡2) , p.653 . .

-

23) Lutero , Ref o ro~ti on ~iritings ,I, ~p . 370 , 26ü , 2/0 . Los r elr~

sontan t cs puritanos é1e l e. Confer enc i a. d·e I1aopt.on Cour c11
1604, eran p r ovistos por ade l nntuco c on n r e mJentoa co~t r n la
obs.erva.ción de le s c c r en011 i ns: . "Cuo.l c1ui e r coso Cll.l.C no ~ést~
.•
•

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•

...

•

•

. 29

en lo~ Ea~ritur~a, en pesndo c a rg a sobre
ln
c onci c~ cin
•
•
~ cri stiann, que debe 11 cgnr e Cri s~o 1 i br·cnen~ c " (Ilontague
i'lGS., fI~nto ricol MS-8 . Co1"'rilinsi on, p . ·37).,
.

24

25

26

Cclviuo , Institutcs , !I , p.70. ·
·
Thoonrr Tayl o r, Worka(l653), pp . 166-16~.

ftic~ or d Sibbc~, The So i nts Co rdinla

(1629),

,

p~ 92 .

27) _T yn&lt;lnlc; Doctrinal Trcntis.cs,p.q07; Sibl:cs., _9¡) .cit, .

p p • 41-l.t 2 •
.
.
.
20) J. Ilal:t, \rJorks(l625), p •. 93; vJ .C~ lbbo t,\'/ritines und

Cpeecbcs of Olivcr CrooweJ.l,IV, p ,513.
.
29) Lutero , Tbirty-Four Ge~~onn , p . 2Gl; Rcfor ont i on Uri tings,II, pp .115-116; Cnlvino , I nct itute n ,I I , p . 6B3; ·
'ryri.din;J. c , Jms.we.r .. t o flo re , p .114:; Clnrkson , t:i. s:i.ne;le Eye(l650) .
30) J. I{nox , I:Iintory oí tb c Rcf ornuti on (l832), p .162.
31) Citnuo por Tnwncy, Rcligion nnd thc Risc ••• , p . 213 .
32) J ohn Donnc , Coopl c te Poctry and sclcctcd pr oac (lio~e -

such cd .), p .285 .
·
·
ew1Vino ' I 11 s ti tut e s , I , p • l~ 4. 5 •
.
.. -: ...
11 ; · Pcr. .ci ns , Wo r!&lt; c s , I, p . 769 .
. '. · _
Hoo!cc r, Of· tr1e Lowa of Eccl cs i nstic ri.l Po li ty( EverYLlú.u
~d·. ) , · I, p . 40_§.. La.o nccr i toa son de 1 ocJc,o r.

36) EU. , G • . . .,u1 ·1 oucl1, . ~ocr~.c n~~- .Drnr1c.6 of Ful lrc Gr.cvill c ,
I I , ·p •- . ·13 .I •
37) Th irty- Four · Scruona , ~ · 21~ y pa ssi n; C~ . Refor~otion
-·

~-

t'fritingrr, ·I , pp . 3 '1~-3'76 ; II, p¡; .11 0-111, 12'1 ; Tyndala.,

, Doctri11cl Tr co.t irr'cs:, 1)1) ~100-102; · E1c;po s i ~io_!1~, 1)p .12 5- 126;
/w.1swe r · t o ivlore , l) • 1'13.
.
JO) Cf . TI1irty- Four Scroons ~ p . 211; Ref or unt i on l/ri ting~,
I, l) · 2~16; J . Do c. y R . CJ. C'"íCl", A Plfin o.ne Fa.t1ili a.:r
R"{)On iili on of t11c Ten Cor11 1a.11r:bents 11"9e.a. .,1662) , p.190 .
39 Ver Tl i ensayo noT:&gt;r0 "t'lillia.u Pcrlrins. nnd t hc Poor',
o:i : 11 Purito.11im:i 0.11&lt; Ilcv oluii on ;• p . -23-~; y unn c ooUJ.-iic n
ci611 de v. G. ~&lt; i c rna.n cn "Pnat ond Prcsent" , No . 3 , cra;p . pI'

-

49-51 ·•
. .
.
..
40) T, Fuller , Th e Holy Stnte(l6!j8) , l) • 144 ; Pc r l::i nn , \.Jo r-

kes,I, p. 755 .

~ir Do&lt;l y Cl@ver, A Flni ne antl

Fno ilinr
2 ~ Cnp . IX,

Provcrbrr of Sul ocon , l
4\'III, pp .10-11; Cf . Cn1) . XII , 1) . '7 0-73.

of t he

; Cc.p .

�30
42) J ·. Pr estan , Sin.rica Ove rthrow ( 4tu . ecl ., 1641), l)P • 254- 59 ;
T . Toyl o r, t~ Coi11 entary Dpon th e Epistle of St. J;&gt;cul ~o
1

Jitum,(1658 ), p.l ü3 .

:

'º;

43) Gr eenhno ~ \'lo rkes:, p .
~ i ble.s., The Retur11ing Bncksli~:e r ( 1639), pp.. 4 ) 1-452; Perltina, \vorkes, II, p.125.
·

T . b.tlnns:, \4/o r kes::(l 6 JO),.p .·389 •. _ .
·-·.
·
'·
4S) l-1 . Gocge ,. A Co¡:10entnry. on th e \'lho lo E1)isto l e to the He~b rel1Er(~10 66-1 867) , III, p~) · 293- 295 ; C.f . Gr co'1?1uo , llor?!cs ,
1) • 78.4 ;. Do&lt;l y Clcve r, ·A .Godl
forne of l1ouseli:ol go v e rnr1 cn~
{2cln . ec .,1614) ; T. Toylor, \·/ orks , 1 53 ), p . 4-'/7.
.
46) ..h.tloos.., \vorke&amp;, i&gt;• ·862; T. · Hn-ll, t~Jor1~$ (1868), \r , ~)P'•l 03 -1 04 ;
T. Ho bbe.s;, \:lorksFJ VI, .P.P .194-:-1 95 .
.. ..
~7} Dod y Pl ~ve r, Prov~rb$ , XI, pp . 2- 3; . XX , p .132 ; Grecnhnn ,
Worke,~, .p . _6 g9·.
_ .
.·
·
· l.!8) Cf. Bull i n(5er , Decnde-s-, .( Pnr:::c r, Go~ . ,.·. 184·9- 52) .,I:I I,pp.
l.tpl-4:2 • .Lo. casní s tic Q. c a tólico-roocnn , _por. p t~c... j?Crte,,
&lt; 1 !!Oncr
sn
. ..6n fns-is en l o if.oronl y .l o ei-terno', lib-c ra cl c l
p e en.do de ln u ·sur.n. , nl hnc·c rl ·c dcp c11tler de l es f or ons; d e.
conto.bilitlnd (H. M. Robertson , Lgpec t s of th e Ri sa of . EconoL ic Intlivitluali so , p .l6q) .
• ·
49 ) R. · Hnkluyt., Princ.i~il l Ñovihntions. ( Evc ryuan ccl .), VI ,
pp . 3 -~-; Di v e r a Vo}l.ae#.'(!5B'2); Ded l.c n.ti on to Sir Phili p Si clney•·
50 ) P~rcy t'1ill er , Erra.ntl in t o the \1ililernaaa, l)P • 99-140.
%L ) · IYI. Mo:clure,,- The Pnul ' s- Cros.s Sernons ,1 531*-loq2'(1958),
p .126.
.
'
52) Son ~~st ín, · De Spíritu et· Lite ra, 5; Thc City of God
~
(Everynnn· ed .·), II , p .3 53 . Cf . l o.S: 03uclnn- obBervac i ones
de Snoucl Butl -cs., quierr d ic e qu e "la necesido.&lt;l cato ico y lo
pr ede&amp;t i no.ci ón p r csb i teriono es.. l o· o ist.1o " (Cha r n cters nnd .
Possages: fron rJotebooka, 1908·, i_:) . · 279) .
53) L~ f o llo. ~n e l dcso.rro ll o eh e r an escnln del· cnpitnlis• oo' en Flor encia. dur nnt e c-1 sic;lo XI V , puede s.er r eloci.9_
~udn con l n curencin de una . do ctrina her~ticn c apaz de uni ficar n los ciudndon~s ~ ont r n lo Ielesia . Les pos i b ili~cdes
•
•
ber6ticos d e l oovi o i ent o fr nncisnnno prin itivo ; fu e r on p r o~
t.o c ontro lo.dos po r el popndo: l o e ran burGuesÍ n que' aobe rn~
ba Florencia , n e c eS:itobn de l papado , e~tr e otr cs roz ones,
po r c.nuso.s ccon6oicos(Hilton ~ · Cop.i tnliso-What·' s · in o i'Jnoe ?,
en: "Po.g;t and Present", l'To .lJ.
:
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54) Co 1vino , I n s ti tute s , I I , 1) • l 35 ; Br own , L i f e nr; ni 11 o t
D·e nth , C2p . XIV, Pans i r1 .
55) R. M. Xi ncdor1 , Gcnev o nnd thc Cboi nc of th e Wcrs of
Ile li ~ i on i n Frcnce , 1555-1 563 , p. 56 y s~ .
Sor.1u ·c 1 J ol1ns..on, A J our11 c y t o t he ti e s.tern I s l n11d.s:,, P c.-

o.sey .

57) J bhil Mt1.rlo,ve , Tt1 e Pur i t o.n Tratli ti on i n Enc; l nnc.1(1 956 ),
l) · 133 .

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klmanidaden y Ciencias .

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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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Hill, Christopher  &#13;
El protestantismo y el origen del capitalismo / Christopher Hill--Montevideo : FHC.DHUni, 1969; 31 p</text>
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•

•

UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS
lnstituto de Filosofía

-

•

DEMARCACION CIENClA-TECNOLOGIA Y POLITICAS CIENTIFICOTECNOLOGICAS;
PLANTEOS A PAR'l'IR DE UN CASO .
•
•

Mario H. Otero

•

•

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- Ll..

-

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•

S01

lo te

dem

1988

-

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-1

�501 OTE dem
O te ro Mano H
Dc1na1c ac1on c1enc1a lccno/091a
FHC E! 1?98? 1

~--~

El tema de la demarcación a menudo tratado como s1 exi stieran co
sas redondas llamadas Ciencia y Tecnolog í a , tiende a apa recer simpl if icado sobremanera, ya resuelto. Aquí se present arán algunos as
pecta s del mismo a partir de un caso concreto . Creemos que esta es
una de las vías para un análisis que tenga en cuenta por lo menos
cierta s complejidades. Por eso el presente texto present ará un vaj_
vén entre dicho caso y el problema más ampli o de l a dema r cac 1 6 n, s~
vre todo en la medida que afecta la generaci ón de políti cas c ientíficas. No se trata pues de un tema de exc lu s ivo análi sis conceptu al.
Com ienza con "trabajo de campo
Partir de un caso e ir con caute la hac ia poco fáci les general iz5:_
ciones permite un nivel de cons i der ac i ón para nada i nconv e ni en t~
au nque todavía lejano de lo que podr ía ll amar se , t odavía hoy con
pompa , filosofía de la tecnologia .
1. No se dirá acá nada pertinente a los pai ses donde ex i st en pcliti cas científico-tecnológicas bien establ ecidas y conso l idada s
más allá de giros importantes, notori os . Se t rata más bi en de aq L ~
llos paises en que no existen políticas cientifico-tecnológicas
que reúnan aquellas condiciones de desarrollo sostenido o de pai ses sin politicas, de ese tipo, explicitas. En ellos el paso desde
políticas cientifico-tecnológicas impltcitas, errAticas o apenas
esbozadas hacia la coastitución efectiva de politica~ es algo del i
11

•

-1-

-

�cado y que dudosamente logra su objetivo o lo logra de modo adecua
do. El caso de Uruguay, 1) después de diez años de dictadura que
bar r ió con ~l pensami ento crítico y con la investigación,aún con la
que que hubiera podido res ponder a necesidades elementales de la
economía (diferencia sustancia l con Brasil por ejemplo) y 2) en me
djo de un estancamiento económico marc ado (con i nvers ión es peculati a como dominante) , es especialmente di f ici l para permitir , con
pocas dif icultades la formu lación de po l ít i cas definidas de inves tigación .
Pero sus cond e ones no son tan excepciona les como para cons1íl~rar
lo un caso no significativo . Toda general 1zac1ón debe ser m:_¡y cauto
ta pero algt1nas observaciones podrian no carecer de int~.¿~~~cal .
2 . Supongamos, para comenzar~ la serie usua lmente aceptada cien cia b~sica-ciencia aplicada-investigación tecnológ ica - invest igación
y desa rro1 lo (R
D)-producc16n o prácticas productivas-productos
terminados. Por produc o er inado podríamos cosiderar, por ejemplo an o un mueblP como el 0 stado ~an itario de un país o de una
región e1 un mm nt ado . Por e1 mamen o no 1 amos a definir tampoco los otros érm1 s e la serie . Las propuestas de definición dE
p nib les para llos son variadas y sin embargo actuantes en el fu~
c1onamiento, por ej mplo de los organismos de finan ciación inte~
nacionales o de Jos acuerdos inte -naciona les .
o vamos a sos ner aqL11 que 1 in erre1aci6n entr· 10- elementos
de 1 er1
s an a Que sus diferencias se disuel~an; tampoco podemos darnos el lLJjo e considerar a is 1ados sus es1c.0ones .
Par una situac16n como la que consideramos (en princi pio la de l
Uruguay) es suficiente con partir de la serie indicada, t al cua l.
•

- 2-

�Existe un sub-sector decisivo para nosotros que es el de la i nves
tigación universitaria. Podrá dar se el paso hac ia el est ableci mien to de politicas nacion ales en l a medi da en que consideremos en un
extremo las neces idades de la producción (aún en paises de economf c
no centralizada) y en otro la investigación cient1fico-teconol 6g icreal, en sus focos avanzados (reales o factibles), en nuestro caso
l os universitarios. Orientar la investigación qui ere decir en esa
situación elegir tem~ticas y financiarlas de modo di fe renci al. Aú n
los part idarios de la investigación "libre" se verán su jet os en un
momento o en otro a priorización de temáticas y mi entra s eso no s~
ceda a la atracción de modas impuestas por las revi st as i nternaci -o
nal es de punta, alejadas a menudo del extremo que llamamos produce i 6r. ·· sobre todo produce i ón nac i ona 1.
Sin embargo muy lejos estamos de entender que la Universidad debe
fomentar sobre todo investigación aplicada, lo que ·1a haria correr
el pPligro de alejarse del conocimiento creativo o de circunscri bir
l o a :emas de aplicación que las empresas , o l as consu lto ras r ~ 1
Estado , podrian desa rrollar en f ormas di st intas -uni endo tareas a
veces creat ivas con ta reas repetitivas y costosas por su dimens1 ó1!
Lo cua l no qui ere decir que, en ca sos estratégicos , ell o no pueda
se r confiado a la Universidad.
Tampoco pen samos que la Universidad debe dedi carse exclus i vament e
a una ciencia bási ca totalmente alejada de los prob lemas na c i o n al ,~
un a ci enc i a desco l gada, como un motor f uncionando en el vaci o. Aú.
más all á del "extremi smo" en ci enci a bá si ca pod r í a pen sar se que ~ 1
ci encia pura ha produc ido l a t eor ía de matl ices , con proyecc ionr,
en la mecánica cuAntica o en el estudio dE! in sumo-producto nacion a
-3-

�teoria desarrollada como pura muchos decenios antes de dichas apliciones, y casos similares (espectaculares pero no frecuentes).
Por ejemplo, no estamos al fin s ino al comienzo del an8lisis de CÉ_
mo se generan matemáticas (aún .. puras") que no se reducen al mero
juego de signos . Sobre esto habría mucho que decir, pero no aquf.
Entre extremos como la cienc11 básica, descolgada o no (y las m~
temá icas puro~ actuales no le son necesaria ni frecuentemente)
por un ladn v 1 :iencia aplicada y la investigación tecnológica ,
por el otro,sE 1túanlas opciones que aparecen como rf~c i si·1as en la
ges aci6n de pol1ticas cientif 1ro-tecnol6g1cas aún dentro de la am
plia gama de la investigación básica . Es necesario, imprescindible,
garantizar dentro de limites muy amplios la libertad de elecc ión
de tematicas pero. e la v z resu lta altamente conveni ente poder selecc1onar emát1cas si ·t1adas dentro de Jo que llamaremos en los su
ces1vo ciencia básica-orientada . Por m~s delicado que resulte, por
gradual que ea aconsejable es altamente sionifirptiv~ la elección
l caso del ur~uguay se sitúa11 en relación por lo
d t rnas Qu .
meno on l agro con la industria (en casi total estancamiento) ,
on la salu . L p obl m s de demarcación son pues en la orientac16n c1 ntf 1co- cnol6g1ca real, p ra nada triv1ales ~ para nada tem e d so p d s con hambre especu la iva . El tema de la demarcación
1mpresc 1nd1bl e para el d sarrollo de una poli ica cientifico-tecnol6g1ca a partir casi e la nada (quiero decir de la ine istencia de
polf 1ca plfc1 a) o d landa sesga a t e ige pues la introduc e ón d esta "categoria" Ja cie1cia b~sica - orier1tada .
3. Podrfa p nsars au ,al ni 1 del prob lema de la demarcación
c1 c1 -tecnologfa.se dan en la ciencia programas de investigación ,
_ tj -

�que contienen a su vez lf~P~~ dP investigación, cuya selección d~~
tro de la ciencia bás1~d ria por cuenta de los cientifico~ mismos.
No lo dudAmos. En ese sentido la idea de ciencia básica-orientada
resulta/~~ªIa introducción de elementos "exógenos" y ello pudiera
ser asi. La idea de temáticas prioritarias proviene más bien de la s
necesidades de gestación de políticas científicas a la que deben
contribuir también los científicos pero que deberán involucrar aJe
má s elementos que provengan de (quizás) remotas (vistas desde l o
bésico) exigencias de la producción. Todo ello depende como vererr.os
de lo ~ campos de que se trate. La introducción de la i dea de inv s
tigación básica-orientada es un hibrido que surge a la vez de l as
necesidades de libertad y de orientación; hay híbridos buenos y l os
hay malos. Pero tiende a evitar do~ rvtremos,el de una ciencia básica totalmente desfinanciad&lt; y el de la derivación de los recursos masivamente hacia le investigación teconológica .(hacia la s aplj_
cac iones m?s rentables),
adem~s importada en paquetes tecnológicos presuntamente autosuf icientes.
Podría ciec írserne que los científicos básicos no mascan vidrio y QLe
sus investigaciones están ya orientadas hacia lo que es re l evante:
significativo, y no sólo por razar.es estéticas o similares. Si ell o
fuera as í entonces diría que efect ivamente en l a elecci ón de tema s;
sea conc1entemente o no, los científicos básicos actúan en l os hechos para contribuir a maximinizar el bienestar de amplias capas de
la pobl~ción {o alternativamente el bienestar de los monopolios),
pero/~~etodo caso eligen temáticas de modo no ingenuo. La idea de
investigación b~sica orientada-hfbrida por estar en la interfase de
teorías de la ciencia básica, por un lado, y por otro de teorfas
1

-5-

�provenientes de ,os incentivos de desarrollo de politicas cientifi
co-tecno lógicas; resulta de un intento de reconstrt1rc i ón metateóri ca de¡resultaúo real, actua nte, eficaz, que se da en la práctica científica básica cotidiana . La que aqu1 se llama cíencia oási
ca-orientada es pues la bisagra que podr ia permitir el desencadena
miento cte políticas científico-tecnol6g1cas adecuadas cuando éstas
no existan o sean sólo tácitas, sin incurrirse en una planificación
tecnocrática.
Tan to. DUPS desde la necesidad de generar políticas cientif1cas
desde abajo (sabiendo de qué recursos humanos se dispone) que acom
panen las necesidades de la economía, gradualmente, pare const ituir
focos de orientac ión de esfuerzos y de financiamiento, como desde
el punto de ''i st dP. 11níl razonable división de tareas, aparece como
de especia l convFniencia la conside ra ción de este nvel intermedio,
de se lección de tem~ticas ,que hemos denominado ámbito de la investl
gac16n bcis1ca-orientada . Quizás se trate de algo necesariamente
inestablP p~ cada caso pero dotado d eficacia hacia las ciencias
básicas. en ~us aspectos mas bésicos hRci~ Jos pos· les programas lineas d 10 es •gac16n y de~~ los ya disponibles. Por otra
parte sin e agerars el asoec .o verbal la inves ·igación b~sica debe s r b~s1ca ara ( s redundante el ºpara" si se mira un poco qué
que e decir en sf mismo "bas1ca' 1 ) . Los cimientos c1ue encontramos
en las bQsquedas arqueol691cas han sido cimien os de otras cosas
(par lJo s ban) nunca c1m1 r1tos de la nada , s r1 su sentido como t l es ( s61 o su s r u1 11 as a' ar e~ n ."' \(!:&gt;e s d s nuda s ) .
SJgamos nues l..O' ra aJo de cam c para luego volver hacia un ni vel distin o. Ya n ese rabajo de campo hemos emit1do algunas hi•

)

11

-6-

�•

p6tesis pero ello no es sino como se procede siempre al mirar la
"naturaleza".
4. Estudiar el tema de los suelos~ de las plagas agricolas, el de
la hidatidosis~ 1 de la enfermedad de Chagas~lue la contaminación de
aguas continentales y marinas, el de los fluentes industriales, el
de la producción industrial de objetos "únicos" (distinto al de l a
producción en serie), pueden ser ejemplos que vi enen al caso y que
muy someramente explicaremos en relación con lo que vení amos dic1 e;1
do .
En ninguno de esos casos es determinante exc lu si vamente la ci en cia aplicada, la investigación tecnológica o l a R &amp; D. Todos el lo s
se vinculan a investigaciones básicas y básicas ori entada s . En e l
caso de suelos, decisivo para la producción a9ríc o l ~ de un pai s (rJ_
co como el ¡Uruguay en esta dimensión), el mejorami ento Je praderas
&lt;1e
,
supone estudios básicos de las gramíneas, la geomorgologfa, el e~
tudio de la constitución fisico-quimica, la caracterización mico16gica de tipos de suelos, la atención a su microfauna.
Interv ienen allí dis ciplinas bésica s , en sus aspec t os má s bá s i co s~
ori ent adas hacia e l enfoque de una temáti ca decisiva . En el caso de
l as plagas agrícolas (aves, roedores, insectos et c.) el desarrol lo
de biotecnologías adaptadas, de tecnologías de cont r ol biológico
(s in uso excesivo o azaroso de pesticidas), requi eren investigaci o
nes bAsicas en campos bien conocidos que no voy a enumerar aqu f . El
caso de la hidatidosis, enfermedad humar ~ grave y ampliamente di f u~
dida del campo uruguayo, más allá de I~ estrictamente médico, in vc
lucra entre nosotros ya investigaciones en biologla molecular y en
-7-

�inmunologia, deci s iva s para l ograr medidas preventivas. La enferm~
dad de Chagas igua lmente requiere e l aporte de investigaciones básicas . En ambos casos lo bás i co-or i entado es lo básico as í orienta
11
do . La producci ón i ndus·tria l de objetos únicos 11 (s i n perjuici o de
l as industrias l ivi ana s por ejempl o text il es y mas nn gener al l as
agroindustri as }, requ ie re invest igación tec nológ i ca pero tamb ién
básic a . La const r ucción del puerto de La Pal oma {P0cha) exige e l
conocimi ento d l rég imen de mareas y de vientos ~ n zonas poco es t udi adas del A 1 ntico 5ur l a construcc ión de una nran represa ne
cesita estudios básicos ori entados ta nto hac i a l n const rucc1 6n mi s
ma como de l a posib l e al teración eco lógic a de l a zona afectada .
~ S e han puest o algunos ejemp los aparentemente trivi ales y pos ibl es
en re otros? Jo . Se han puesto cas ~ de investigaciones real es en
curso en la Uni er s idad uruguaya . Se trata de temas naci ona les de
impar anci a que const i uyen po los de ]nvest igac ión para el desarrQ
ll o de l a conom1a y de l a sa lucl, por lo menos ; no son qu i z~s los
Que un suprao gan1smo de planif icación entenderia como los de mao prio 1dad . En oda caso as f se generan propuestas, en los he chos, d p0Jft1ca cien f 1ca-tecno l 6g i c a cuando la que debiera hac rse p
a " decenios . Los casos present ado s son s6 lo algu r1os eJemp los ~
st
l luga r~ e propon r una po 1fti ca ci ent f l co- cr1016 1 ca d erm1 nada en un caso ) ,. que nos permitan produ c 1 " un un o d par i da .,d campo para el anél1sj s de prob lemas
al go m nos empfr1 cos .
E11 pr~ 1mer 1 ga
t1 mos de seña 1ar algo QL1e nos par"ece fu ndamenta l.
En muchos d es os casos la d1stancia en ·re investigación basica
ap11 ca a o cr1ol6g1 ca es muc t10 menor Qu en muct1os o ros. Dent ro
11

1

-8-

�de la investigación más básica se encuentra uno ya colocado a l a
vista de problemas nacionales de interés. Lo más b~sico resulta al l 5
-a diferencia de como se concibieron alguna vez las cosas- lo más
no remoto de la vida práctica. El caso de la bi ología molecular
salta a los ojos. El estudio de modelos biol ógicos signifi cat i vos
(la tenia equinococus en el caso de la hidatidos i s ) es , j unto a
desc ubrimientos reci entes y di sponibl es , lo que produce este acoI_
tami ento de distancias. Pero a l a vez l a financiació n de la i nves
t i gaci ón en biologia mol ecular bási co-or ientada repercute (con
equ ipos iguales o similares ) en l a bi ología mo lecul ar básic a- bá ~~
ca .
Plantear pues el tema de la demarcación ent re c ienci a y tecnolo gía como si parejamente en todas las t emáti cas l a di stancia fuer a
la misma entre lo básico y l a .. vesti gac ión tecno l ~g i c a , yl a prod u~
ción, constituye uno de los errores de demarcar en gener al homogéneamente. Permítasenos decir que s i el anál is i s conceptua l el ude
los da tos empiricos resulta la sensación de hacer al go válido cua~
do sucede exactamente lo contrari o.
No se trata de que la magia bi ot ecnológica (como algunos creen)
permita hacer cos as extremadamente di f í ci les (cuyos resu ltado s habrá que juzgar en cada caso), en tiempo s iempre escaso . Se t r ata
de que en general hay políticas ci entífi co-tec nológ icas fértile s y
polí t icas cientifico-teconológicas nonat as , por más que organi smos
de elevado nivel las determinen.
Lo que se está diciendo aqui es que el desarrollo real de ci ertas
disciplinas acorta la distancia entre lo básico y lo aplicado de un
modo que no sucedió otrora y que hoy sucede gradualmente. Ello, i ~
-9-

�sisto, significa que demarcar ciencia y teconologfa no es moquita
de pavo, y que es, a la vez decisivo. Por el tipo de organismos
que es necesario fomentar, por el tipo de programas y de lineas
de i nvestigación, que repercuten sobre cómo trabajar. Y lo que digo no es ap l icab le só lo a un ca so. En el otro extremo de nuestros
ejemplos (que son pocos frente a una pl éyade de otros), en el de
la producción de objetos ún icos (como la de t urbinas hi droe l éctr_!_
cas importantes, en Argentina, o junto a l a producción en ser ie de
pequena s turbinas~ en Japón. para corr i entes de agua de escaso ca_!:!
dal), tamb ién se induce cienc ia b~s i ca . Y l a idea de ciencia bási ca-orientada (que r10 es una invención 1oca1 por e i erto) puede i n d~
cir as1 un despegue hacia una po l1 t i ca c1ent1 f ico-tecnol6g ica adecuada en paf ses como el Uruguay, o que se encuentren en condic iorl es s i mi l a res .
Paremos aqui ia mayor parte de nuestro "trabajo de campo" y vol 1amos hacia algunas considerac iones exp l icativas o prepositivas
con relación al tema del titulo .
6 . ~~s all~ de los datos empíricos , ya parcialmente interpreta dos del caso resentado, aún teniéndolos especialmente en cuenta!
vale la pena considerar algunas hipótesis y problemas más generales que permitan situar lo Que hemos llamado ciencia bcisica -orienaoa en relación con la ir1vestigación prop i amente tecnológica y
con Ja producción efectiva .
6.1 . R ulta insostJnible hoy una posJción que sostenga en tér minos casi absolutos la preeminencia real de la ciencia bdsica que
apun al conocimiento de la realidad, y en definitiva a la verdad ,
sobre 1 saber directamente orientado a l a acción . Menos aún pa ra
los paises sin pol fticas de investigación definidas y particu l ar-1íl-

�mente para los no industrializados; una cosa es que la verdad se
constituya en ideal regulativo-indudable, vista la tradición cien
tffico-tecnológica enraizada y sus logros- y otra que la ciencia
básica pueda considerarse libre en sentido fuerte, etéreamente des
ligada de los problemas de la sociedad, de la s restricciones ideológicas, y sobre todo, de la obtención de una mínima base materi al
adecuada para su desarrollo sin trabas. (1)
6.2. Por otro lado parecen igualmente insostenibles afi rmaciones
como la de que las sociedades indu striales avanzadas son las únicas que hacen investigación. A menos que se quiera decir que dichas sociedades son las únicas (2) que integran cabalmente a su
producción y al logro de bienestar los resultados de la invest igación científico-tecnológica, (y es dudoso aún que para todas ell as
esto sea cierto, vistas las trabas que el capitali~mo estructuralmente conlleva), dicha afirmación no se impone ni mucho menos.
Y podria además ser peligrosamente desestimulante, con una conclusión tendiente al quietismo total o al proceso sin proceso referi do por el dictum del Conde Tomase di Lampedusa.
6.3. La financiación de la investigaci ón con recursos escasos
hace que la ciencia básica, naturalmente no libre, a pesar de su
necesario ideal regulativo (socialmente necesario: si no lo tuviera no incidiria ni en la producción, ni en el bienestar menos
aún en la transformación del mundo), deba ser orientada. ¿Desde
dónde? En el caso planteado, desde una dinámica interacción entre
los cientificos y las fuerzas sociales (en todo su complejo). Si
esto no se hace posible, si no hay una auténtica participación
múltiple, la investigación básica perdurarA morosamente, se desf..!_
~

-11-

�totalmente y d?jará de se~ "libre" para ser,o totalmente
inútil o d\rinirla desde afuere, lo cual redurdará ~l fin de cuenta~ en el ahandono tot~l rle su idea1 rcgul=tivo mismo , El pcl!gro
señalado se co~creta en f,mérica Lati~a ~n Al desarrollo de oraan1s~o s (c0n~cites 0 c0nicPtcs) que pretenden ~na dirección tecnoburo(rét ica, o ~g ~nismo s que ~ st¿n ~ujetos J la c~n~olidación y
arnr&gt; l i ac i 6n burc'c .. ática enunc i aci a nada rh ! s+ osament2 pl;r ! a ! ey de
Pa ,. . k; r1son . Este es un oe 11':re SPr i o que se corre cuanrlo ha v fuer·~ a~ qt.:e def i"r1den l a in\1 ~st 1qa c iór1 bá,ica .J' ntras ; con inciudabl
'Inés pud r" r'eal , q~e imoo!1e1: una di:e&lt;:ci 6n tecn c cv-~t1ca del tiµo
i ndicado . La e i ~ n e i = bás i ca -or i er1trid3 pi.tede s,er una de las h~ r,-'ami efltñ s pos i ~ l As pa; a i nter1tcr frt-nJr la&gt; tende1;c1a': verticali~­
t~s~ la peor d0 }üS ~l e ccion e s posibl~S ~n °ste campo.
La ta ~ poco d efi ~ id a ~u tonomla relativa rle !a pr~ctica ci~nti­
f i ca se jL· ~~ a de es t e modo . Pnr Gt : a p art~ la n~c~s1dJdcs rle la
prod' 1 Cci6~ y de Ja 1nvest igaci6n tecnc l6gi 1:a ge!\eran pr·oblemcts
autlnt1~0: p.r~ Ja ciencia b~si c~ y por eso cor.tribuyen decisi '~m~nt~ a su
lore~i~i~n o
t13 s ñ~lf-ldo e! mit"' que comporta oensa r que e l i ~ geni e r ·o r~
-1 be rfe 1 pod(.lr toúa ::u ! rl i e 1 at i ''ª) pt esuntamente r1ori;b;e r rác t i co
y jen, a }a~ cu s 1ones d~ v~lQ r . Conso lirlar e~t~ vi s ión es eql0
.ararlo oero !o 0 s amb;~n !a rle aue todo se a 1' r ~g 1 a ~1 a con o rg ~ ­
ni ~mo cuperplan 1 ticc~or ~ que re s po n~ a~ a !a rentabilidJd m~s
c r ~sa de la In \•est igRc 16n; al mediano pl~z ~ (no sólo a !a larga)
ol~n; -; r "' r ;¡s f
es Jo m ir ... r') nt·ethl (a menos que "!"'entable·· al~
nanciar~
,

J

0

0

1

1

•

da sólo a un c,oncepto estrictamente derivado de una lógica del b~

n fi c i·o

,.e las

!·i1µ1 ·~ ~a - ,

c;oL'rP. todo de las
-~2-

~e11os

dinami(:a5).

�6 . 4. Consecuencia casi inmediata de todo ello es que el ef'ltr'elazamiento imprescindible de le i~v~stigación bá~i(a y de la
crjentad~ conllev~ q~e el ~omplejo cient!fico-tecnoló~ico no pue
da :;er de ningur¡a !T'la:iera neutral (3), y adcm~s, sucede de t1echo
a~i. :-n términos más ai:ip! ins~ la rdcior1al idad cient i fica y la r a
c1onal1dad de producciór1 exigen este entrelaza~iento, esta relació n birl1reccional, e~t~ no neutralid=d, e indudablemente lo no
Abanf1or1ablc= d0 las auto110P.1íéE relativas. IJnr\ +- '·: 16ri hPgemóni c:- a de
lo tecnológico co11spi;aría v1siL&gt;lE.'mente cu11tra 1erent 1vtdad nf:?ce sa; i a pQra el conjunto de las ~c~ividades; como una heg em0 ní~ de
la ctenc1a ~ás1ca r.1arginci li z3ria a eSlf1 1111s1,¡ad~r~~sformaci6ii q~e
i nvo l uera uria pre d t 1ee i 6 r1 eon obj e L. i vos so c 1 a 1es e 1ar os y ., po;' qué
n0 decir la palabra, progresistas.
7.
~r20 que les ~r~u~e~tns rlados a prcp6,ito de nuestro C3S0
particular, m§s la~ co0s1deraciones generales an~es esbozad~s,
r1acen innecesaria Uílu f:..!nr.:famentación rr.a.}.'0 d~l ~80P} que debe &lt;.. U~
plir la inve ;t ;g3ci~n básica-orientad~.
&lt;; i e; e ore g~ nta ~e e r r a de 1 s ta tu s d&lt;= e ~ t 2 111 t j ma ·/a se ;~ a de l i ~ e A 11

1•

1

do !a r unci6n oue cumple

e1!

e!

des~rrollo

dt- lé! investigcc16n

{má 3 aún SPñalJdo yf1 ei

de
dlstanci~S, en campos significativos,
ntre lo b8SiCO y le tecno 1ÓCJ i ca}. Esri f une i 6!1 pueL~e ~o ser exactamente 1a ;ni ~mfl c1Jandc p~
:arncc; de camiJo a campo rle investigac tón &lt;cosa que no debe ~ac;ar­
se por al t.:;) pero oarere determi n~nte t:'n 1a c.1 i nám1 Ce en Q1•1e se
ge~eran les roliticas cientfficas e~ las co~diciones nacio~ales
que hcn ~irlo P] ounto de partica del presente tra0ajo.
~i~ntífico-tecnológica

0

-13-

aco~t~m1ento

�8. El tema de la demarcac ión en e l m3rco de l a generación de
oo
l
iticas
riRnt
íf
ico-tet
nolóqica
s
v
vi~to e! desarroll o de la in
.
'
v 0 stigaciór1 cie!!t ifica hO)', d~jü d~ s~ r un tema Jb~t.-'a('to para
p 1dnte ar se (:o r1 so 1u.e 1 or! e: no t r i v i a1~ s so J o s i 1o eons i de r ~ a ) p-A
ra cada cam~o, y b ) p~ r ~ tipos de s itu~c!ones nacion~l es , 110 int.ercarni.Jiab l e~.
Esos ..;on t emcts ~u e abre1"' UJ1a gama de i~ve s ­
tigación de l ma~'o~ interés p~ rv que PXCedf el marco del presente t. r ab c.1 j •J •
.

~!QTAS

( 1 ) 11 Aqu i ;;or1 i ar.1os e11can t ra r l a r a76n pa1a ~af'tPner abiert a 1a
~o~ pecha de que e l único fu~d~m~ n to para po s t ~ l~r !a pureza de
1a ~nvestigación pu1·a es ~xclusi v amtn te ideo lógico, des i dera-

acaso do ll: l)uena fe de l metor16l ogo, no una ct1Psti ón que
tuvi~r~ mucho que v2r (Oíl la re~ l i~ad efer ti va de la invest igac1(&gt;n. los ¡,rug1arna~ et ~ investiqación , =un los 'fe cienci ·JS !:'urac;
. '
no s hacen en ~ 1 es~a~io in fi nito de l~ tcor l a, sino en las con
t11m si

r 0 st r irqidas

d!ClO"

impue~ ~S 'º~ 1~

5.::¡r''Ollo c1enttf1cc ccn 1.odos sus
ia !n' 1 ec; igaci!'n

¡;o :-

efectiv~

del de-

. desae io:- internos ,
t~ i viales ce la íinan -

aspe~tos

in r1r1secamP1 e teól"icos,. ha sta .os
ciacién d

realidad

má~

Jos rodnr e&lt;\ públ icus. No hay una
1

el en f . i ea, s 1 r10 una prod•JCr.. i 6n e i ei1t í f i ca t:o~ ­
r r(.l
, restri r·g =de e'1 Ctlda mom 0 nto Jentro de un hor'i L0ílt e no s6 l o de rl~tat vas ~e6-1ra~ , co~o rlirfa Popp¿r, sino de posibi l-i
l i re pro

da es

;.;e~ 1ón

e l e:'

pueda er
1

1

11
•• •

En de Jr1t t i'1 :ni es \1 erdñd oue
el cit:ntffico
•

~l ~u~d0 ( v

explicarlo)
-14 -

:o~o

qui era (sin más limitacio
-

�que

ne~

~as

que

~l

prupio mundo impone) ni

ES ~i~rto

tli':o ter1ga nects~riamente que hacer el m:!n&lt;1o ._ a;.1e pue~a {~~g(J~¡ los

objetivo: ~ue se le s~ñalan y las teorías ae ·~ú~ d~~~~ ' ~1; ~s
~iPrto que la actividcd rle ~mbos ~stá 1ntímamen~~E -.
(y
parere que asf sucede y~, de hecho, ~n una gran parte de Ja inves
tigación en las sociedarles induscria;e3 avanzada s que , ademá s ,
sor1 las única:: q~e ~aceri i11vesti~ación), eritcn ,: e': e1 complejo
cicntifico -tecn o!~gico no p~ 1 ede ser neutral por ninguno de su s
1

dos 1ados" ••• "Conviene, sin embargo, que nos quedemos con la i (~eJ

la figura de1 ir!gt:niero r:omo hon bre exc:lus!vam'= n: e ;;ráct1
co, y además ajeno a ldS cu~s~. ion~s rle valor· que guían su prác..tl_

d2

q~e

1

ca, y la imagen invers~ del cieni!fico com0 homLrc e~clusivame n ­
te teórico, y ajeno tam~ién por su µarte a la~ c11e&lt;"\tiones prficticas aue p11edan afect~r a sr1 conocimiento, 2s Uílti i:;Jagen abstrae
te qu~ rada vez resr&gt;o•1d2 menos a la realidad: el] cientff~co, en
~u activilidd e:tá sometido 21 111ic;mo tipo de r&lt;:- st r! cr iones {aun ·(1UP. en grado diferente). Ne tGíl!TlOS, por" un ladc , L: n cortj 1Jnto de
teuri~s 'lUP. PXf&gt;l jc,Jn 21 mundo y , pnt' otro, ur; co0 j L!nt.o de accicne3 que lo moditic..a:1 o 1:rrlnsforr!lan, !&gt;Íilo
p~nsamien~os

~:na

compleJ a r eal i da&lt;J de

y accicnes Pn continua retrca!imentación que van

.:o~

figuranJo ~l :nu!!dn de nuestriJ e;' periencia tanto por lo que ref] ere a la representación q~e de él nos hacemo3 c~anto por lo que se
refiere il SL! ::'ropia configurüci0n física".
Quintanilla, M. A. A ra~or

de la

razó~,

Madrid,

89 a 91.

{2) Quintaílilla, M.A. A favor de la razón, p.90
(3) Quintanilla, M.~. A favor de la razón, p.91
-151- ?..... 9 r.:u ')"" 11.

Tau~uc;,

19A1, p.

�•

•

•

•

St

de i111 r rin1 ir en
}' O de 1988

l · r11 i11ó
111

en el Depart m cnto
1

de Pu blic3cioncs de la FHC

Depósito Legal: 233.391

( 150)

441-44~/88

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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                <text>	&#13;
LinkOtero, Mario H&#13;
Demarcación ciencia-tecnología y políticas cientificotecnológicas : planteos a partir de un caso / Mario H. Otero--Montevideo : FHC. Instituto de Filosofía, 1988; 15 p</text>
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                    <text>~ituación y

funciones actuales
de la Filosofía de la Ciencia
•

Apartado de Cuadernos
Uruguayos de Fllo1offa, Tomo 111

•
•

501
Ote
Sit

ANIDADES Y CIENCIAS
E LA REPUBLICA
EVIDEO

,, ..

�•

I

•

•

�501 OTE s1t
O tero tv1ano H
S1tuac1on ) funciones actuales
FHCEJ05386

1111111111111111111111111111

SITUACION Y FU:r~CIONES .'-\CTUALES DE
LA FILOSOFIA DE LA CIENCIA(*)
l. a.
-os corresponde l1ahlar l1oy de la situación de la filo ofía de la
ci,e ncia y de st1 fun~ión en nuestra cultura
es decir en el amplio
ámbito de la cultura contemporánea-, y más en especial acerca de
la función de una cátedra de filosofía ele las ciencias en nuestro
•
•
•
marco un1,?ers1tar10.
Sería absurdo proponerse dar en este momento una definición
estricta de cultura. Pero es de todos n1odos con,rcnie11te señalar que
de ningún modo ese término presupone 11o)r para nosotro un co11torno que deslinde el mundo llamallo corriente111ente culto
el de
las obras intelectuales y sus con"ecuencias clirectas: ta1nl1ién intelectuales , del mundo humano en su totalidad. Por el contrario.• e
este mt1ndo l1umano en todo -l1 ¡&gt;olifacetisn10, con toda st1 cou1¡ll ji dad
y ,,.aria,d os ni,·eles, lo que co11-tilU}"e propian1cnte cultura. Por lo
menos éste es el significatlo con el qtte deberá enten«.ler e la ¡1alahra
en el presente contexto. El aspecto sociopolítico }" el econó111ico no
menos que el intelectual pt1ro co11fig11ran pt1es nt1e tro n1t1ndo de
cultura. Y pertenecen a esa c11ltt1ra, co1no nu "tros.. tanto lo ª"pectas de lo contemporáneo uni,· rsal )" del ascendie11te l1islórico co1110
las circunstancias locales de11tro de lns ct1al ~~ no ~ 1nove111os. 110 ele
los escorzos de esta idea urge de Jas palabra- de imonc de Bcau,,oir
en La larga marclia cuando dice: ·•ct1ltt1ra ~ el 11ombre misn10 cunndo l1abla de sí }. del mu11do cp1e es s11}·0: aunqt1e {la ct1ltt1ra) ex ..
presa la condición l1umana dellc co11tribuir 110 obstante a can1lliarla;
el hecl10 de que la re,~olución indu trial 110 e té terminada 11ace (le
la cultura el instrumento pri,·ilegiado de un }lrogreso del ct1al será
a la , ..ez culminación~'.
1

Ese diálogo del hombre que es j11stamente la cult11ra, e expresará pues no menos en una opción política, en un 11erfec ionnmieuto
tecnológico, en un l1allazgo material, en u11 tttensillo cotidia110, n
una reoO\'ación de la educación de las masas, que en el n1t1ndo de

. 53067

•

�6
sus libros y de sus pinturas, vale decir en el mundo de su h acer
intelectual estricto. Es por otra parte una noción de este tipo la que
determina la conducta de las llamadas ciencias de la cttlturn; su
mundo de objetos es el cp1e rest11ta del actuar humano en todas sus
ma11ifestaciones.

h.

En el año 1948, a poco de fundada nuestra Facultad, figuraba ya
en su Syllabus un curso de Epistemología que dictaba el Dr. C. E.
Prélat. No nos interesa hoy trazar su l1istoria. Nos interesa sí seña·
lar de qué modo la función de tal asignatura --sea en una Facultad,
sea en el mundo de la cultura actual-, l1a variado fundamentalmente
en el curso de pocos -16- años por la transformación de su ámbito
propio, local y t1niversal.
Para situarnos, para señalar algt1nas condiciones así como algu·
nas co11secuencias de relie'\'e del l1accr científico, es decir para tener
ciertos puntos de referencia -en n11estro mundo uni,·ersitario y na·
cional y en la escena más am¡,lia en q11e el pensamiento científico
asume en nuestro tie111po ¡)apel protagónico- no será ocioso recordar
que en ese momento el Parlamento acababa de ''otar la ley de crea·
ción ,J,c u11a Facultaf] extraña para el país, que la Uni\'crsiclad como
unidad, n1ás allá de alb'l.1nos importa11tcs trozos de s11 11istoria no ee·
crita, era ¡&gt;oco más ~fllC Ja l1er1nosa sala clel Co11sejo Ce11tral, el es·
critorio 1Jcl Rector )" algnnos, poqt1ísin1os, J1on1bres insistentes qt1e
tratnhan de s1J¡1e1·ar el aislamic11to; no será tan1¡loco i11 útil i·ecordar
&lt;J1t1e con1c11zaba ]a g\1crra fría, que at1nquc Ja ho1nl&gt;a ~tó1nica venía
de rnatar a un ct1arto ele inillón ele seres l1t1manos en pocos minutos,
no se ,c onocía n1í111 la 1&gt;0111lla de l1icll'ógc110; es útil tener presente
tambié11 que ln Cl1ina era todn,'Ía 1111 país feudal y que, al decir de
I:lu tcl1i11s ( c11 sta Jillro sol&gt;1·e la enseñanza superior en los Estados
Unido ) , ''la ge11te en los países i11d11strialcs ª''anzados todavía creía
que la tecnologí.a 110 po&lt;lía afectar ni st1 s11hsistencia ni su vida''.
S11cedín t ,o do eso, antes ele qlte tu,riéra111os ltna clara y ví,,ida idea de
lo que })Odrían llegar a ser en s11 n101ncnto 11na rotación de los partidos en el gol&gt;ierno, una Ley Orgá11icn, 1111a uni,rc1·sidnd en vías de
integración (con SlJ corro}Jicrno, co11 st1 a111e11udo &lt;lenostacla y no me·
nos in1¡&gt;rcsci11di})]e bt1r,o cracin) y qt1 ~ n. . pcclo to111aría una enseñanza
111edia ql1e alcanzara ef "cti,·a111e11tc ]as 1nasns; 110 snl&gt;ía1nos del uso
cotidia110 e ÍtlbÍStcntc de x¡1re io11c tale?!) co1110 clesarrollo, talrre-off
y ca111llio de e tructt11·a , lo qtie sería una Facttltnd de If 111ua11i(lades
co11 edificio 1&gt;ro¡1io., co11 1,Jun ~s~ co11 lnl1oratorios, con egresados, con
t!icrta o11ra l1ccl1a )', J&gt;Or qué no t3et•irlo, co11 enfermedades infantiles
a los 18 año ; c11t ,011&lt;·c - 11,0 l1abínn10 ,,j, i(lo la te]c,·isió11 y sus pro·
grall11a , ni e] rclatÍ\'O auge ec]i't orial (le l1oy·, no l1al&gt;ía111os co11ocido
y 211frido atí11 las crisis ll l pní , 110 salJían10~ q11iéncs eran Benedetti
o Mnggi; no 11os in1ngi11ál&gt;n1uos ,q ue llegarían pronto el Spz,tnik y la
1

1

�7
otra cara de la luna, el despertar de los nue,·os países, la lucha en
la escena mundial entre dos clases de naciones, ltnas po~cecloras, otras
poseedoras sólo de hambre y de futuro, ni sabíamos con claridad tam·
poco cómo llegaría el comienzo del desl1ielo, es decir el conticnzo de
la esperanza.
Aludidos así, rápidamente, e11tre1nezclados" esos l1ecl1os son al·
gu11os de los importantes que bastan pa1·a confi gurar el can1bio de
la circunstancia cultural del pensa111iento científico -circunstancia
sociopolítica e intelectual, l1ni,·ersnl o aldea11a, p ero ct1ltt1ral al finy esa trasmutación determina en eran medida la co11sid eració11 de la
función de la filosofía de la ciencia en la l1ora actt1al.

Es precisamente porqt1e todos estos l1erhos (y a1 gt111os otroe no
menos notorios) condicionan toclo quel1acer iutelectt1al 11oy·, en es·
pecial el qt1el1acer científico y n1ás en esp ecial aún el e11i st emoló ~i co ,
que son de primera importa11cia en la co11sicleració11 de la f t111 ión
de la filosofía de la ciencia en ntte tros clías. N o 1u ~11o s qt1c los i11, a·
riantes (es decir que el ámbito de s 1l problemática p e r111an ente) ,
aqt1ellas transformaciones d eter111innn el clin1a en qt1e to111a sc11tido
el estudio de la epistemología.
1

c. La filosofía de la ciencia, con10 111edit a ' iÓn fil osófica nccr ca del
pensamiento científico, con10 disci¡)]i11a l1nificad orn el e totl o t111 l1nz
de reflexiones, de técnica s intelectt1alcs, de siste11,as el no11oci1111cnto:
debe tomar pues como hecl10 h ásjco de 1111 cstrn é¡locn ln tra11 forin a ..
ción radical, revolucionaria, realizada l' ºr la ic11cia e 1 el 1111111&lt;10 d 1
hombre. No se trata de aconteci111i en1 0.,, del or•lcn (Je] cle... c11bri1nic11to.
En cierto sentido la trnsccnllc11 ia ele los a)&gt;Ort c_ el E t1 lid es o &lt;le
Galileo, de Newton o de Pla11r.k c lo qt1e dn ' ' alor nl co11oci111ic11to
científico. Pero no se trata de eso. La t ra 11 s f orn1nció n qlt ' ' Í\"i1110 ·
pc1·tenece a otra dimensión.

Así como se 11a dicl10 de Sócrat e que ·'f t1 e el J&gt;ri111c ro c¡ttc l1izo
bajar a la filosofía del ciclo )" la l1izo r e -irlir 11 la
ittclncles y la
introdujo l1asta en las ca as y la forzó a Jlr egt111tar i1or lu ,,ida ) r

•

por las cost11mbres y por las cosas bltena )' 111alns·', e ¡&gt;o&lt;lr ia clecir
que nuestro tiempo fue el pl'in1ero que J1a ]1 cl10 clel co11 ocimicnto
científico y de su transfor1nación ininterrt1mpicla t1n ]1i e 11 de tl o co ..
tidiano, qtte nuestro ticn1po con10 11ing11110 l1a p11csto ele r eli ' 'e, por
medio ele la investigación científica ) r r1or la cliftl ión Jllabi,ra de loresultados de ésta, la urge11cia ele Jos conflicto qt1e -e ¡&gt;re &gt;11 t a11 c11
el quehacer h11mano y ha comcnzaclo a 1lrindar lo - i11cdios de enf rc11·
tarlos con éxito. Ni el ad, cni1niento de las socie(lades cic11tíficn , 11i
el auge de ciertas técnicas qt1e, conco1nita11te1nente on circt1n::,tancin ~
sociales, produjo la revolución inclt1strial ( co11 toda Ja i1n¡lortancia
que ésta tiene), ni siquiera la n11eva física en el priu1cr C\1a1·to del
1

�•

s
siglo XX, pueden compararse en influjo con la difusión actual del
conocimiento científico~ del bien cultural (en sentido estricto) , de la
..
educación.
Para extraer ejemplos de un plano quizás limitado de experien·
cia y acción humanas, pero muy actuante sobre la vida de todos,
bastaría recordar cómo Kennedy recurrió al equipo intelectual de
Harvard para dirigir la política de su país, cómo la Unión Soviética
impulsó la cultura de masas y la investigación científica y tecnológica, cómo Harold Wilson, puesto en la alternativa de elegir tema
para su má~ importante discurso político, enfocó como asunto capital
el pensamiento científico y la revolución tecnológica -en especial la
automatización- con sus consecuencias sociales y humanas trascen·
dentes, y cómo alguien llamado l\1onsieur X, para enfrentar hoy en
F1·ancia a un candidato, digamos ''imbatible'', apela a lo que llama'
horizonte 80 es decir a lo que la ht1manidad aspira lograr para 1980
en su perspectiva justamente científica, técnica, educacional.
Por otra parte la eclosión bibliográfica que significa el creci·
miento segt1n una ley exponencial del nlímero de artículos publica·
dos en revistas científicas, con su fantástico mecanismo de feed-back
(sólo en psicología científica -para tomar un caso que no se cita
corrientemente
en los últimos sesenta años se han publicado más
de 300. 000 artículos y casos similares aumentados se presentan en
física, en matemáticas, en biología) , y el hecho repetidamente señalado de que viven en nuestros días el noventa por ciento de todos los
científicos que han existido en todos los tiempos, son elementos cuya
tremenda magnitud no es mayor sin embargo que la que adquirieron
algunos problemas políticos planteados en forma exacerbada por el
desarrollo científico. Recordemos sólo a modo de ejemplo la necesidad que dicho desarrollo y sus consecuencias extracientfficas impu·
sieron de un teletipo rojo entre Washin~ton y Moscú. Hoy no sería
demasiado arriesgado decir que el desarrollo científico impuso la paz;
lo menos que se podría afirmar es que la convirtió en urgencia ineludible.
Más allá de todas las actitudes apocalípticas muy en boga hoy,
la transformación científico-tecnológica que vivimos impone pues una
1neditación y una consideración filosóficas concretas que incumben
a la filosofía general pero muy especialmente a la filosofía de la
•
•
c1enc1a.
2. Veamos al1ora en qué situación se encuentran la epistemología
Y los estudios metacientíficos relacionados con ella, para poder considerar luego cómo esta función concreta, la más concreta y la más
general -la de esclarecer nuestra circunstancia-, se halla indisolublemente unida a otras tareas y funciones más particulares en la for·

�1

9
mación del investigador y en el análisis del proceso y de los funda·
mentos del quehacer científico.
Antes que nada es conveniente señalar que 11ay en uso tres sentidos conexos de la palabra epistemología. En nt1cstros planes de
estt1dio figura como sinónimo de filosofía de la ciencia en stt significado más corriente; por st1s orígenes griegos toma aden1á el sentido
de teoría del conocimiento (el sentido de epistenzology en i11glés), en
general de todo conocimiento, aún del no-científico, at1nqt1e es más
usual llamar a ese campo de estudios gnoseología; en tercer lt1gar
epistemología como teoría de la ciencia, como logos aceren de la
ciencia (es decir discurso sobre la ciencia) abarca el can1po mt1cl10
más amplio de disciplinas que tratan de la ciencia e11 tl ~ di, ersa
perspectivas no necesariamente filosóficas. Dejando de lado el segt111do de los significados referidos y para no confundir la epistemología
en sentido estricto (la filosofía de la ciencia) con t1na epistemología
en sentido amplio, es preferible dar a ésta el nombre de e tudios
meta científicos. Estudios metacientíficos o meta teóricos serán por
tanto aquellos que desde fuera de la teoría y del teorizar de tina
determinada ciencia o de todas, los toman como ol)jcto de in,restigación; constituyen una temática y un conjt1nto de disciplinas en u mayor parte no filosóficas qt1e son pues de primera importancia para la
epistemología en su sentido filosófico.
1

Para no nombrar sino algttn&lt;.&gt;s de esos centros clel i11t rés 111etateórico, del interés que despiertan la teoría científica y u~ deri,·a·
ciones y que hacen hablar de ellas, recorden1os la l1i,toria el 1 penqa- ·
miento científico, la sociología del conocin1icnto, la psico]ogía el l
descubrimiento y de la in,·estigación cie11tíficos. la no aú11 desarrollada
filosofía de la tecnología, la economía de la in,•e tigación .. la ¡&gt;r oct1paciones que enfocan los problemas u citadoq por las rela iones 11tre ciencia y política y que no se pt1ede incluir sin má "' c11 la sociología de la ciencia. Se pueden recordnr a este reqpecto los e tt1clios
realizados en Harvard (1) acerca ele las relaciones 1núltiples de la
ciencia con la nación y con las corporaciones indu tria)eR. 011 te1nas
que tocan, en lo vivo, algunos de los problemas i11trnt111i,•crsitarios
•
más importantes
el de la libertacl ar.adémica por ejen111lo-, y ad más problemas extrauniversitarios co1110 ]ns C'onclicio11c de dec:nrro]lo
de la democracia en el mu11clo actual. Entre otras, las con-..iclcraciones de índole económica sobre el conocin1iento científico on notoriamente relevantes por ejemplo, para la fijación de t1na política de
desarrollo de las universidades, en especial de las nuestras, )r n dcf i-

Ver, por ejemplo, Stcfan Dupré }' Lanford Lakoff. 5cicnca ancl t he unlion.
Policy and politics, Englc\vood Cliffs, Prcnlicc-llall, 1962.
(1)

�10
nitiva, para la determinación de las prioridades y en general de la
di!trihución de los recursos a destinar a la investigación científica
especialmente en los países que no han entrado a1ín en la etapa de
desarrollo. Para dar brevemente, al pasar, un ejemplo concreto de
estt1dios metacientíficos tomemos el caso de la psicología. Ellos coin·
ciden con la teoría de la psicología. Esta no puede confundirse de
ningún modo con la psicología general y menos aún con una relación
de la historia de la disciplina. No puede confundirse con la psicología gene1·al po1·quc ésta está constituida poi· un conjunto de teorías
-sistemas de conocimiento, redes nomológicas y por sus coniirmacio·
nes- mientras que la teo1·ía de la psicología es una metateoría cuyo
objeto no es lo psicológico mismo sino la teoría psicológica. Sus
estudios serán de ca1·ácter filosófico en algunos casos, sociológico en
otxos, estadístico o matemático en otros, en otros aún de carácter
propiamente psicológico. Así los análisis de Hempel acerca de los
fundamentos de la psicología o de Bergman o Hilgard acerca del uso
de variables intermediarias en esta ciencia son lógico-epistemológicos,
los estudios que Moscovici presenta en su tesis en torno a la influencia social del psicoanálisis son sociológicos; la investigación acerca de
la psicología de los psicólogos es propiamente psicológica, la compa·
ración que lleva a cabo Meehl entre la predicción clínica y la pre·
dicción en hase a tests es estadística y así sucesivamente. No se pue·
den separar tan1poco de la temática de las meditaciones metapsico·
lógicas ciertos enfoqt1es de orden ético o político sobre la actividad
del psicólogo.
Son tam.lJién meditaciones de un tipo metateórico mt1y especial
las que reúnen a hombres de b11ena volt1ntad de varias naciones para
cstudia1·, por ejemplo, los efectos de una posible guerra termonu·
clear; lo son tamhié11 las que reúnen a físicos y sociólogos para en·
carar de modo iluminado las transformaciones que t1·ae consigo la
automatización de un número cada vez mayor de f áhricas, por ahora
en los países alta1nente industrializados. Como fácilmente se puede
ver, son estudios de variado tipo que tienen también distinto status;
algunos de ellos configuran estudios empú·icos que tienden a consti·
tuirse como ciencias o cuasi - ciencias fácticas, que a su vez exigen
medios de investigación bastante refinados (son los casos de la socio·
logia, de la psicología o de la econo1nía del conocimiento científico) ;
otros llevan a 1neditaciones de tipo ético; otros constituyen tema de
filosofía general . Otros aspectos de la ciencia en marcha dan lugar
a los constantes ayes agore1·os de toda una pseudofilosofía qtle erige
a lo irracional como ideal y que ha fomentado ya varios fascismos.
Son los ayes agoreros de un pensamiento que, renunciando a sus po·
sihi!idades más pro¡Jias lleva a cerrai· los ojos y a identificar constan·
ten1ente ciencia y mal y a opone1· conocimiento y 11umanismo. La

�11
•

tarea que siempre está presente es justamente encarar los problemas
que plantea el conociminto científico en nuestra época, que ha sido y
es, más que ninguna otra, moldeada por la ciencia. Se trata pues de
llevar a cabo estudios y meditaciones que tienen como principio el
enfrentar, el no rehuir, los problemas de nuestra cultura.

3.

Ahora bien, esos estt1dios y esas meditaciones metacientíficos
apuntan a una teoría general de todo quehacer humano y ésta coin·
cide en gran medida con la filosofía. Sin embargo sería errónr-o iden·
tificar sin más un estudio concrPto del pensami~nto &lt;'ientífico, aún
encarado en el horizonte f!eneral de las preocupaciones hl11nanas, c-on
Ja filosofía misma. Si bien todo pensamiento científico y 1o&lt;ln merlitación metacientífica apuntan en e~a dirección, no SP conf\1nd('n ron
ella. Tener como mira la di1l1cidación del telo.ft ctel p~n"amiPnto cirn·
tífico es la tarea fi11al que debe sE&gt;r emprendida solamente n ln luz
de investi(.?:acioncs particularizadas que enfom1en los ' Tariados asn°c·
tos del conocimiento cif&gt;ntífico concreto. El enfonl1e i1lvel·so Pll~dc
parecer muy ''profundo'' (2) pero condt1ce ineludiblen1f&gt;nt&lt;" a la varuedad, a la especulación desenfr~nada, cuando no a la cl1nrla sol1r~
la ciencia con mavúscula. El método más arlecuaoo n1r:-1 Plt1d1r tanto
ese nebuloso enfoaue como un opt1esto pedf'stre cient1fici6n10 natti·
cttlarizante ee el de proceder a esn1dioq ele crecientti' rrPn~r~ litl ad QltC
aferren en cada eta11a., mediante una 1·econstn1cción rar;onal~ E&gt;l ac·
tuar y el teorizar científicos. Esto es nrecisamcnt~ lo OlJ&lt;' tr:itn de
hacer la filosofía de la cie11cia. Por ello, como tod~ taren f1loqófica
concreta, parece muy abstrusa a Jo~ oio~ del ci&amp;&gt;ntífico corriP.nte y
t1111y J&gt;OCO prof11ncla a los ojos del ''filósofo'' que a1&gt;11nta ''hondo''.
No ee Duede hahlar de la filo~ofía de ]a &lt;'ÍPnc1a ron10 di sr.inl1na
unitaria. Por filosofía de la ciencia o no1· PPistPmolo"Í;l P.n se11tido
estricto debe entenderse un haz de mPdit'lcionPS v de P-~tu&lt;lins -no
de tendPncias, at1nm.te ést;¡s (fl1e-den inclt1ídAq en nm1éllns-, m1e to·
man al pensamiento ciPntifico conto obieto. Su ca1·áctPr ~s f&gt;n al211no~
caeos lórico, en oti·os p:noeeolóp:ico, en otros onto]óPico'I attnotte m11chaP veces poseen un aspecto que combina varios de esos carflcteres.

El quehacer científico

y sn reelaboración i·acional pt1c&lt;lcn Rer

descriptos de modos mnv variados, pero tanto s11s conceptos tf'óriros
como sus nnntos de partida, tanto ~llS hipótesis como ~11 1·ecl ron~tr11c·
tiva, pueden ser encarados desde 11na triple perspectiva: ln &lt;lP. ~11s
presupuE&gt;stoe, la de sus consec11encias, la de su estruch1ra ~1stemáti~a.
Podría dech·se que esos aspectos están a tal p11nto entrelazados &lt;JllC
(2) Ver como ejemplo W. Szilasi, ¿Qué es la ciencia?, f\Iéxico, Fondo de Cultura Económica, 1949.

�12
no se los puede separar. Sin embargo es posible llevar a cabo un enfoque especial sobre cada uno de ellos, enfoque que deberá ser a la
vez, como se ha dicho, aunque en grados distintos, lógico, gnoseológico,
ontológico.
Es en este sentido que se dice que no existe la filosofía de la
ciencia como unidad. No se trata pues de la ya conocida diversificación en filosofías de las ciencias particulares (filosofía de la física,
filosofía de las matemáticas, etc.) -que también tienen su lt1gar aunque limitado , sino de una polarización mayor que aumenta a medida que los resultados del análisis epistemológico se hacen más es·
pecializados, particularmente en sus perspectivas lógica y gnoseológica.
En muchas de las grandes obras de la filosofía occidental se en·
cuentran observaciones que constituyen de un modo u otro una teoría
a veces explícita, casi siempre implícita, de la ciencia. Podríamos
decir que allí se delinea una primera etapa del pensamiento episte·
mológico, con todas sus variaciones y el germen de todas sus tenden·
cias generales. Es cierto que el estado de la ciencia misma condiciona
en cada época la manera de hacer filosofía de la ciencia y que ade·
más, ~n rigor, no hay una corriente continua de pensamiento que
atraviese las opiniones de los distintos filósofos sobre la ciencia. Pero
sin duda hay en Aristóteles y en Santo Tomás, en Descartes y en
Leibniz, observaciones mtty importantes en torno a los problemas que
suscita el pensamiento científico en cada uno de esos momentos.
Ellos no constituyen sin embargo nada que pueda abarcarse todavía
con el nombre de filosofía de la ciencia en el sentido en que usamos
esta denominación hoy. Pero dentro de esta línea de meditación sobre la ciencia deben destacarse dos nombres -Httme y Kant- por·
que en ellos se da toda una problemática que determina, en gran me·
dida, el ámbito, aunque no el estilo, de los estudios epistemológicos
actuales. A grandes rasgos las soluciones que se dan a los más gran·
des problemas filosóficos que genera el pensamiento científico, son
respttestas a los planteos hechos por &lt;lichos pensadores. Y aquí se
ve bien que es justamente una meditación apoyada en el desarrollo
científico -ambos autores escriben en el ámbito creado por la apa·
rición de la ciencia natu1 al exacta moderna-, y no la especulación
sobre la ciencia en cuanto posibilidad, lo que hace factible un adecuado planteo de cuestiones epistemológicas. H11me y Kant son pues
estrictamente filósofos de la ciencia, además de filósofos que hablan
sobre la ciencia, en cuanto su pensamiento toma como punto de par·
tida la ciencia misma en su quehacer concreto. Las soluciones por
ellos planteadas pueden haber sido superadas hoy pero sus planteos
determinan todavía el nivel mínimo a pa1·tir del cual es posible tra·
bajar en filosofía de la ciencia. Poi· otro lado, existen todavía en
nuestros días quienes p1·etenden discurrir sobre la ciencia en forma

\

�13
totalmente especulativa sin tomar en cuenta los elementos del pro·
ceder científico concreto; si tal cosa fue pensable en algún momento
--en el momento en que ciencia y filosofía constituían precisamente
una unidad especulativa-, dejó de tener sentido a pa1·tir de Hume
y Kant.
Las etapas del pensamiento episten1ológico siguen paso a paso el
desarrollo del pensamiento científico, sus consecuencias y Sll estilo.
El siglo XIX ve aparecer filosofías como el positivismo y el empirio·
criticismo que deben su auge al auge del pensamiento científico mis·
mo y de sus aplicaciones generalizadas. Pero aunque surgen pensa·
dores cuyo aporte es de significación para la filosofía de la ciencia
en sentido estricto -Mach por ejemplo- muchas obras que se suele
incluir dentro de la filoso{ ía de la ciencia exceden el campo episte·
mológico para pertenecer estrictamente o bien a la filosofía general
-4&gt;.en sus tendencias materialistas o idealistas- o bien a una vaga divulgación de conocimientos científicos.

•

El nacimiento de nuestro siglo asiste a la renovación qt1e en física
se expresa en la formulación de la mecánica relativista y de la me·
cánica cuántica que van a tener decisiva influencia en el curso del
pensamiento científico posterior y en los trabajos de filosofía de la
ciencia. Aparecen notables estudios sobre esa transformación que
sufre la física, pero abundan también innumerables trabajos de di·
vulgación -alguna buena, otra no-, que se suele incluir indiscriminadamente dentro de los estudios epistemoló~cos. Toda esa prolife·
rante literatura puede tener su importancia propia, pero es al@'; o to·
talmente distinto a la filosofía de la ciencia; en algunos aspectos su
importancia puede ser mayor, por ejemplo para el ho1nbre común
que quiere comprender su época, pero se trata de otra cosa. Sin em·
bargo, esta acumulación de material sobre un aspecto del conocimien·
to científico -aún en las obras que pertenecen estrictamente a la
epistemología-, llevó a muchos a creer que la filosofía de la ciencia
debía dedicarse a estudiar, en forma exclusiva, los aspectos de detalle
de dicha transformación de ciertas ramas de las ciencias físicas. Tal
criterio, imperante en muchos ámbitos durante el primer cuarto del
siglo, excluía de hecho a algunos de los estudios más fértiles dentro
de la filosofía de la ciencia.
Hemos señalado pues hasta ahora la existencia de varias etapas
en el pensamiento epistemológico: l) la de la filosofía de la ciencia
implícita en lae grandes obras de la filosofía clásica (etapa pertene·
ciente a la pre-historia de la filosofía de la ciencia propiamente dicha), 2) la etapa de las obras de filo~ofía que, al nacer en las circunstancias de aparición y consolidación de la ciencia natural exacta,
diseñan la problemática vigente aún hoy (Hume, Kant), 3) la de las

�14
obras nacidas en el auge del desarrollo científico • tecnológico del si·
glo XIX, que esbozan soluciones de conjt1nto a aquella problemática
y, en último lugar, 4) la etapa del análisis detallado de lae implicaciones filosóficas de la transforJnación introducidas por las nuevas
mecánicos. Con ellas llegamos al umbral de lo qtte llamamos actualmente filosofía de la ciencia.
Porque a pa11it· de comienzos de siglo, hasta hoy, se puede decir
que coexisten do!I modos de l1acer filosofía de la ciencia que no se
.
,
oponen necesariamente entre s1 .
El primero de ellos se ejemplifica en Poincaré, Duhem, Meyer~011, Wl1iteheacl, Bachelard, entre otros pensadores no menos impor·
1antes, ct1yas obras responden a los problemas que plantea el pensa·
miento científico por medio de sistemas r~lativamente aislados de
pensamiento que, aunque realizan aportes fundamenta les para la elucidación de cuestio11es básicas, llegan hasta hoy como hitos de t1n
pensamiento no integrado ni e11 sus puntos de partida ni en su f or·
1nl1lación.

'

El segundo modo de hacer filosofía de la ciencia a que nos re·
f Primos es el que se ori~ina en el manifiesto del Círc11lo de Viena
(1929) .. y en general en Jos trabajos de los filósofos neopositivistas.
Entiéndase bien qtte no se trata de las tesis del empiris1no lóp.ico propiamente dichas. No se trata en especial del rechazo de toda metaf ísica como discurso sin sentido co~oscitivo; 110 se trata tampoco ele
las tesis qtte implican una dicotomía absolttta e11tre los enunciado"
analítico3 y sintéticos; no se trata en fin del movimiento de unidad
rlr las ciencias (Jlle, co11 un renovaflo sentido enciclonedista., se efectúa
eohre la base de p1incipios bien definidos y estrechamente ligados a las
tesis antes i11dicadas. Se trata por el contrario del modo mismo de
11a.cer filosofía de la ciencia en base al diálotxo y a Ja crítica; se trata
rl el modo colectivo de hacer filo~ofía. A pa1~tir de ese momento los
ron~esos, los coloquios, las pt1blicaciones periódicas y en éstas los
articttlos, las reseñas, las discusiones sobre la base de artículos publi·
cados antes, constitt1yen el medio básico de intercomunicación. A
nuestro entender es precisamente el uso de estos medios de comuni·
cación y de diálo;?:O filosófico, m11chas veces pasados por alto, lo qtte
constit11ye el elemento fundamental y cararterístico de los estudio~
ele filosofía de la ciencia hoy.
Es cierto que con anterioridad a la fundación del CírCltlo de
Viena existían revistas filosóficas, pero ellas no constitt1ían el vel1íc11·
lo de un nuevo modo de hacer filosofía; publicaban a1·tículos sin
conexión y sin crítica, salvo en casos excepcionales; a1ín 11oy algunas
revistas de filosofía pura mantienen ese carácter, sobre todo en nues·
ti·o continente pero también en los centros filosóficos europeos; sin

�ló
embargo, muchas han cambiado su estilo y han acercaclo la prodttc·
ción f iloeóf ica al diálogo fértil.

De todas maneras, aunque en cierta medida arbitrn1·io, con10 to·
do jalón que separa épocas, el que se indica nqt1í, separa t1n mo,,¡.
miento epistemológico dominado por las obras aisladas de pe11sadores importantes, que continúa hoy, de otro cuyo pt1nto de partida pa·
rece ser el seminario de Schlick y que adquiere u11a amplitud sin precedentes en cantidad de prodt1cción, en calidad, en resultn dos, e 11
interacción con la filosofía pura y con las ciencias. Este modo de
11acer y de comt1nicar filosofía de la ciencia se aproxima pt1es al modo
de l1acer y de comunicar ciencia y ee poilría decir que lo ton1a por
modelo.

Y jttstamente este movimie11to en filoso{ ía de la cie11cia se ve
acompañado por un mo,rimiento similar que tiene lugar en t1na ciencia en sentido estricto: Ja lógica. Esta ciencia posee un a lar ga prehistoria de dos mil trescientos años y una corta 1listoria de cien y
pocos, si tomamos a Boo1e como jalón .. o de apenas cincuenta si to·
mamOB los Principia 1llatl1ematic&lt;t de Russell y Whitehead como co·
mienzo de la etapa propiamente científica. Precisamente In i11flt1c11·
cía de la lógica for1nal sobre la fi]osof ía de la ciencia, e11 un ¡&gt;rinler
momento a través del neopositivismo o a través de trabajos Jlaralelos
como Jos de Nicod por ejemplo, co11stituye t1na confirmación &lt;le lo
&lt;¡ue llamamos nue,-n época en Jos estl1&lt;lios episten1ológicoe. Porque
justamente esa n11eva lógica se expresa Ítandamentaln1ente n trnvés
ele pulllicaciones periódicas y en general usa los inismos n1edios d e
dilt1sión y de díálogo qt1e la renovada filosofía de la ciencia. A&lt;lemás, es la aplicación de slts técnicas y de algunos &lt;le sus rcst1ltados
a la episte1nología, en la forma de una lógica de la ciencia, lo cp.te
da una nueva tónica al análisis del pe11~amiento científico. E s pt1es el
entrelazamiento de t1na disciplina da carácter científico --lógica fo1·mal-, con una disciplina de carácter filosófico, pero con t en(lencia
a usar métodos de análisis propios del conociu1ie11to científico y a.
encarar el detalle de éste -la filosofía de la ciencia- , a través de
t1n nuevo estilo de comunicación, lo qt1e constitt1yc t1na no, ecla&lt;l raclical frente a la filosofía de Ja ciencia como obra de pensadores aislados, y especialmente íre11te a la m etafísica de la cie11cia, es decir
la libre clttcubración sobre ''la ciencia en sí'' o sol&gt;re '' toda ciencia
¡losi1lle''.
1

Sin embargo, ese cambio radical e11 el estt1dio ele la e¡&gt;isten1ología 11a pasado prácticamente desapercihi(lo c11tre 11osotroc; . Casi l1a tn
hoy, nuestras bibliotecas públicas l1an estatlo ¡lro,·i~ tas de algunas de
las obras importantes - pero no suficientes a esta altura del deS'Grrollo epistemológico- de los Poincnré, loa l\feyereon )" los Bnl llclard

,
,
•

�16
-a qttienes se debe reconocer sin embargo todo su valor. Pero asimismo han estado provistas de un conjunto de obras sobre la ciencia
que por el hecho de ser ''sobre la ciencia'', de ningún modo consti·
tuyen aportes a la filosofía de la ciencia -en sus diversas ramasº a las disciplinas empíricas -historia, psicología, sociología, economís de la ciencia-, sino que son en su mayor parte especulaciones
híbridas, carentes del rigor necesario. Es fácil ver pues que son
escasas, escasísimas, las obras que figuran en los anaqueles de nuestras bibliotecas que respondan al amplio y fecundo movimiento e pis·
temológico que ya lleva por lo menos un tercio de siglo y que comen·
zó, como dijimos, con el seminario de Schlick; y si se dan excepcio·
nes, éstas se deben al interés que pusieron algunos científicos con
miras amplias, concientes de la importancia que habían adquirido
los estudios epistemológicos en ese lapso. La explicación de este fenómeno podría muy bien referirse al hecho de que el afán de ne·
gar las tesis básicas del neopositivismo -que enfrentan a las ten·
dencias irracionalistas dominantes- impidió ver que ese movimiento
había desencadenado una corriente de pensamiento importantísima
que trascendía esas mismas tesis. La ausencia hasta hace muy poco
de las obras de Popper, de Godel, de Goodman, de Quine, todos au·
toree no neopositivistas, es una muestra de la ceguera frente a un
movimiento intelectual que va mucho más allá de la tendencia filo·
sófica que lo originó y que conduce a un campo amplísimo de estu·
dios metacientíficos.
A esta altura bien se me podría decir que el neopositivismo no
originó todo ese movimiento. No me interesa sino señalar que la aparición de aquél, marca justamente el comienzo de un nuevo estilo
epistemológico. La Logik der Forschung de Karl Popper, los artícu·
los de Godel, las series de trabajos incluídos en Philosophy o/ Scien·
ce o en el British Journal for Philosophy o/ Science o en Synthese, las
antologías de Feigl y Sellare, de Feigl y Brodheck, de Wiener,
los modelos de aplicación de la lógica a problemas epistemológicos o
propiamente filosóficos como From a logical point of view de Quine
o Structure o/ appearance de Nelson Goodman son ejemplos del desa·
rrollo constante del haz de estudios qt1e constituye la filosofía de la
ciencia hoy. Por eso, y porque el pensamiento científico que esos es·
tudios analizan, es uno de los polos de la cultura de nuestro tiempo,
es ineludible enfocar esta nueva etapa de la filosofía de la ciencia.
4

Porque la filosofía de la ciencia encara, aparte de sus problemas
constantes, otros nuevos, frutos del desarrollo del pensamiento cien·
tífico en marcha, porque la filosofía de la ciencia ha adquirido un
nuevo estilo, ha hecho suyos nuevos métodos, y, sobre todo, un rigor
inusual, su estudio no puede ser solamente histórico sino especialmen·
te actual, con todo lo que esto importa; material bibliográfico ade·

�17
cuado, ct1idadoso análisis de temas de detalle, publicaciones de índole colectiva, una nueva actitud por parte de científicos y filósofos.
4 . Solamente en estas condiciones y en la perspectiva intelectual que
venimos de esbozar podrá pues la filosofía de la ciencia cumplir sus
funciones en la cultura de nuestra época.
Las dos funciones primordiales a qt1e nos hemos referido, a saber, primeramente el análisis teórico de los problemas lógicos y gnoseológicos que plantea el pensamiento científico en sus diferentes ramas y en su creciente complejidad y sistematización y, en segundo
lugar, el análisis del sentido de la ciencia en la cultura de nuestro
tiempo, se ven complementadas por otras funciones qt1e no por derivadas eon menos impo1·tantes. Mientras que aquéllas arraigan en el nivel teórico del pensamiento filosófico y científico, las funciones a las
que nos referiremos brevemente a continuación tiene lugar al nivel
de la educación, en la formación del científico y del estudioso de
los problemas filosóficos.
a . En primer lugar se ha señalado mucl1as veces hasta qtté pl1nto el
quehacer concreto del científico está influído por prejuicios pro,·enientes de una formación extracientífica basada en ideas caducas.
Quien ha expresado esto de la forma más neta ha sido Wl1itel1ead
cuando en La ciencia y el mundo n1oder110 nos dice cp.1e el científico
ha llegado frecuentemente a ser ''víctima de lo.. prejt1icios filosóficos adquiridos casualmente de una niñera, de un mae tro de escuela o de las formas de expresión en uso''. A este re pecto Pl1ilipp
Frank nos recuerda de qué modo ''los estudiantes de ciencia l1an adquirido una doble personalidad, una especie de esqi.1izof rcnia, debida
al contraste entre su pensamiento científico y su fj}o ofía infantil''.
Este que parece ser un mal genel'alizado de la educación se encue11tra acentuado entre nosotros por una en eñanza meclia qt1e frecuentemente no pone de relieve en las ciencias físicas más que aspectos
muy limitados por las aplicaciones inmediatas, en las ciencias l1istór icas un anecdotismo pueril y en la filosofía un anticicntis1110 que es
m oda intelectual. Si bien no corresponde a los estudios cpisten1ológicos en el nivel universitario, suplir directamente la:; deficiencias de
la enseñanza preuniversitaria en los sentidos inaicados, sin embargo
ellos pueaen servir (por
irreverencia ante los Brejuicios, por el entido critico que deben contribuir a formar, y por un análisis cuidadoso de los problemas que plantean las ciencias): ara &lt;lar al estudiante en el nivel superior una amplitud ele miras, u11 cnfoqt1e más
amplio Cle los problemas, un sentido de racionalidad, que Euedcn ser
del mayor provecho tanto al futuro científico como al futuro in\'CS·
tigador de P-roblemas filosóficos. En concreto, para el estudia11te, el
análisis de algunos problemas metodológicos de la discipli11a &lt;we estudi a (sea biología, física, matemáticas, psicología o filosofía) así

-

�18
como el descubrimiento de los elementos implícitos en el pensamiento, o la inteligencia de los fundamentos en su senti&lt;lo más amplio
(que son tareas epistemológicas), pueden cumplir esa función de re·
move&lt;lor que es tan necesaria para un ~ehacer intelectual rigl:troso
y por tanto fructífero.
h. En segundo lugar, la especialización, cada día más acentuada, en
las tareas científicas, oculta frecuentemente algunos de los aspectos
más propios de éstas. Así se pretende a veces reducir las fttnciones
del científico a las de observador de caracteres disti11tivos, a las de
lector de instrumentos de medición, como si esas tareas no requirie·
ran a la vez, para rendir resultados con sentido científico trascenden·
te, aptitudes que tienen mucho q11e ver con el análisis epistemológico.
Por ello el estudio de los problemas de filosofía de la ciencia unido
a trabajos que pongan el acento en los aspectos conceptuales de la
investigación científica pueden i·edundar en provecho de esta misma.
c. En tercer lugar, para considerar t1n aspecto partic11lar de la for·
mación del hombre de ciencia, se ha señalado que ciertas deficienciás
en la exposición (especialmente en la redacción) y en la presenta·
ción de las comunicaciones científicas, que proviene entre otras causas de una dedicación exclusiva y prematura a tareas muy especializadas, así como la ausencia de adecuada valo1·ación de ]os resultados
particulares dentro del conjunto de cada disciplina, qtle proviene más
de la carencia de formación general que de un desconocimiento de
aquélla, son disto1·siones que podrían ser combatidas de modo más
propio por quienes hayan cumplido estudios epistemológicos.
Estas, que parecen funciones demasiado ambiciosas, lo son en el
mal sentido si se pretende que un curso de filo~ofía de la ciencia de·
be sustituir una formación general que debe ser ineludiblemente me·
joráda so riesgo de deformar estudiantes en lugar de formarlos. Pero
aquelJa afirmación alcanza su justo sentido si apunta a lograr en
el estudiante una disposición intelectual an1plia, una exigencia de ri·
gor, un sentido crítico en el análisis de los problemas generales de
la ciencia.
5. Consideradas así, muy brevemente, algunas funciones de la filosofía de la ciencia en relación con la ciencia misma y con quienes
la forjan, es conveniente esbozar qué otros propósitos puede cum·
plir además entre nosotros, cuál es el sentido más particula1· que adquiere en nuestra situación intelectual.
a.• Indudablemente
ello depende del grado de desarrollo local de la
•
c1enc1a -tanto en el plano de la investigación como en el de la docencia- y muy especialmente del concepto vulgar, imperante acerca
&lt;le lf.l importancia del cultivo del pensamiento científico. Este con·

�19
cepto ee degrada frecuentemente como consecuencia de una filoso·
fía difusa que tiene motivaciones tanto intelectuales puras como so·
cio·cconómicas. Refiriéndose a las causas del atraso de la epistemo·
logia y del estudio de las ciencias en Latinoamérica }!ario Buuge
nos dice: ''Durante el último medio siglo han proliferado en Europa,
y se han exportado a Latinoamérica, las corrientes irracionalistas. Al
negarse la razón y exaltarse en su lugar la intuición, al i·echazarse el
dato fundado y abrazarse el mito, se niega la ciencia, que es un en·
foque racional del mundo; y por consiguiente se niega la epistemo·
logia, que es la teoría de ese eníoque i·acional de los hecl1os materia·
les y espirituales. En algunos países, el irracionalismo iuoderno pue ..
de interpretai·se como síntoma de decadencia social; en nuestra An1é·
rica, tan necesitada de razón, esa mercancía importada goza de gran
consumo porque es el complemento intelectual del analfabetismo y
del atraso técnico y científico. El irracionalismo europeo puede tolerar la ciencia a condición de que no dé forma a la '\'-Ísión del mun·
do: la W eltanschauung ha de segttir siendo mítica y no científica, pues
quien conoce algo acerca del reloj del mt1ndo., puede pretender corre·
gir su atraso. Entre nosotros, la prédica irracionalista es menos comple·
ja: es el complemento filosófico de las pretensiones por retor11ar a la co·
Jonia, a la economía pastoril, a la cultura tradicional de corte predo·
minantemente histórico-lite1·ario. No ea dable esperar estímt1los a la
investigación epistemológica en un medio donde las corrientes oscurantistas gozan de mayor prestigio y poder que las illtministas, en
nn medio donde se habla más de la pretendida crisis de la ciencia
que de sus éxitos''. (Clase inaugural al hacerse cargo de la cátedra
de filosofía de la ciencia de la Universidad de Buenos Aires).
b. A estos motivos generales, acentuados en la situación argentina,
ee agregan otros de carácter local que inciden en la opinión vulgar
acerca del conocimiento científico. La estructura de nuestra univer..
sidad con su dispersión en l1arto nt1merosas facultades aisladas, de·
di cadas a la formación de profesionales, y la enorme proporción
(o desproporción) de estudiantes dedicados a dos de ellas, tienen,
como sabemos, orígenes lejanos y constituyen circt1nstancias de difícil aunque necesaria superación. Esa situación conspi1·a contra el
desarrollo de las ciencias básicas y contribuye a moldear en el pÚ·
hlico, -ya sea universitario o no- una idea equi~ocada acerca del
pensamiento científico y de sus funciones en la cultura contempo1·ánea. Por otra parte la universidad lleva a cabo investigación científica pero lo hace con recursos ridículamente ex:igttos, cuya li1nitació11
misma por los poderes públicos está provocada, además de por otras
causas de peso -bien conocidas-, por el desprecio vergonzante que
se tiene por el pensamiento científico y por el temor, que no siempre
1e pone de manifiesto, a las dificultades inherentes a un qttehacer

�20
intelectual que requiere dedicación, rigor, y precisión (a este respec·
to son aplicables las reflexiones generales que hace Carlos Maggi so·
hre la filosofía del matero, en su libro El Uruguay y su gente, Mon·
tevideo, Alfa, 1963, p. 35). En estas condiciones es deber de todo
t1niversitario y de todo científico (y como es lógico incluyo también
en esta categoría a quienes se dedican a la l1istoria, a la lingüística,
a la psicología, etc.) tratar de provocar una transformación que nos
coloque a la altura de nuestro tiempo. Por ello el análisis de la actividad científica que lleva a cabo la filosofía de la ciencia puede
contribuir en cierta medida a hacer conciencia de esta situación y
de las condiciones en que es posible su transformación.

-

c. Se habla en un sentido muy vinculado a lo anterior cuando se
dice con razón que la epistemología debe servir de puente entre las
l1umanidades y las ciencias en nuestra Facultad. Con todo no es permisible un optimismo desmesurado. Si por puente entendemos la dis·
cusión en el plano teórico de los problemas comunes y de los pro·
blemas de fundamento y de método de cada ciencia particular ( exac·
ta, natural, o de la cultura) y, además, la reunión de estudiantes de
diversas disciplinas en torno a una mesa de seminario, con el esfuer·
zo de mutua comprensión que eso importa, indudablemente la ma·
teria constituye un buen sendero hacia un campo fértil. Pero hay que
reconocer a la vez el hecho de que el aislamiento de ambas ramas
se ha dado por motivos distintos cuyo enfoque no puede corresponder al tratamiento de ninguna materia determinada y sí a un en·
frentamiento adecuado de problemas universitarios y personales de
carácter más general. La idea de una Facultad de H11manidades y
Ciencias es, como todos sabemos, buena o mala según cómo se encare
su puesta en marcha; lo que fue sin duda equivocado fue la espe·
ranza de que la integración entre las dos ramas se haría como por
encanto, sin esfuerzo alguno; por ello i·esulta útil hacer conciente
e!l general tal tipo de ilusión. Por otra parte, el estudio de los lími·
tes y posibilidades de aquella integración caen sí, como dijimos, den·
tro del dominio de un curso de filosofía de la ciencia; y le corres·
ponde a ésta muy especialmente el esclarecimiento de los pu.atoe de
contacto entre la actividad del investigador en ciencias exactas o naturales y la del estudioso de las ciencias del hombre para ver cómo,
contra las afirmaciones de cierta concepción aislante ya caduca, surge
un núcleo importante de id~ntidad en todo quehacer científico.
d . Además, sobre lo que hoy ya no queda duda, es sobre la inconve·
niencia de ·una Facultad de Humanidades y Ciencias separada del
resto de las facultades (dejemos de lado el problema de si es pre·
ferible a dos facultades o no) . En este sentido la integración de
nuestra universidad es un proceso necesario, que ya ha comenzado
pero que no es tan rápido como sería deseable. A este respecto los

�21
estudios de filosofía van a tener una función de mayor alcance en
profundidad a medida que vayan desapareciendo los motivos que dificultAn la integración de la universidad y a ésta deben contribuir.
e. Cuando hablo del trabajo en filosofía de la ciencia no hablo exclusivamente del trabajo realizable a través de la cátedra sino espe·
cialmente por la acción de publicaciones que pongan al día en algu11a
medida la bibliografía internacional desbordante en el campo de la
epistemología por la acción del trabajo de difusión, de pre-investigación y dentro de lo posible de investigación, de la Sección de Filo·
sofía de la Ciencia del Instituto de Filosofía, por la acción del re·
cientemente creado Grupo Uruguayo de Lógica y Filosofía de la Cien·
cia en la tarea de vincular a los profesores de las distintas materias
en torno a estudios interdisciplinarios, y en general por la acción
colectiva de quienes tenemos interés en superar el aislamiento que
es provocado ineludiblemente por la especialización y que conduce
a la negación de toda cultura en sentido estricto.
Si se cumplen algunos de esos propósitos estaremos contribuyen·
do indirectamente además a la urgente tarea de iluminar las condiciones y los fines de la investigación científica en nuestro país sin la
pretensión de sustituir a los científicos en los aspectos técnicos de
esta tarea pero tendiendo eso sí a la promoción del progreso cientí·
fico-cultural mediante la comprensión de su necesidad y de sus exi·
•
genc1as.
6. No voy a considerar otras posibilidades de acción extrauniver·
sitaria de los estudios de la filosofía de la ciencia porque ello se1·ía
sin duda un optimismo desmesurado y sin fundamento en nuestras
circunstancias. Sólo quisiera señalar que de poderse cumplir por lo.
menos parte del programa trazado y de comenzarse además en la Facultad, como creo imprescindible, la enseñanza de la lógica en un ni·
vel superior, ello debería tener, como consecuencia indirecta una modificación en las orientaciones de la enseñanza de la f ilo~ofía, de la
lógica y de las ciencias en la enseña11za secundaria. Como se sabe en
lógica prácticamente el total de la enseñanza versa allí sobre teorías caducas ya hace cerca de un siglo (o de varios) y en cuanto a
la temática filosófica sobre el pensamiento científico, como ya se dijo, no se pasa muy frecuentemente de observaciones superficiales
cuando no de afirmaciones totalmente inaplicables a la ciencia en su
sentido contemporáneo.
Creo necesario nuevamente señalar que el tipo de estudio perteneciente a la epistemología no debe eier confundido de ningún modo con ciertos aspectos de la divulgación del conocimiento científico
más reciente que, como se dijo, corresponden a una dimensión die·
tinta. En epistemología, como en las demás disciplinas, la espectacu-

�22
laridad de los ejemplos no es por cierto un correlato del rigor; si
bien la atracción de esos ejemplos es explicable, su uso constante es
inconveniente. La divulgación científica corresponde entre otros orga·
uismos también a la universidad. Aunque, como sabemos, nuestra
universidad no le dedica la atención que merecería, l1a actuado oca·
sionalmente en este sentido. Debería hacerlo constantemente a tra·
vés de publicaciones, de la radio, del cine, de la televisión y de cur·
sos o cu1·sillos especiales para el pít.blico en general o aún para el
público universitario que ignora mucl1as veces lo.s n11evos descubrimientos o se ente1·a de ellos por la prensa en informaciones que con
frecuencia carecen de la seriedad mínima exigible. Si bien ea cierto
que los fondos i·equeridos para cumplir tal función son enormes, la
universidad no debería por eso descuidar totalmente este aspecto de
la cultura de masas.
Hacemos estas precisiones para señalar que si bien un curso de
filosofía de la ciencia extrae sus ejemplos del vivero que constitu·
yen la 11istoria del pensamiento científico y la ciencia en marcha, su
tipo de análisis, teórica1nente, de1le presuponer el conocimiento del
mate1·ial que le sirve de base (lo extraerá muchas veces de las pro·
pias disciplinas de los estudiantes y al nivel en que éstos actúan,
sin perjuicio de agregar otros ejemplos convenientes). Esta, que pa·
i·ecería una precisión de lo obvio, es sin embargo necesaria en vista
de que muchas veces un curso de historia espectacular de las ciencias
(acerca de la teo1·ía atómica o acerca de las teorías sobre la natura·
leza de la luz, o acerca de otros temas igualmente atractivos) l1a
pretendido sustit11ir a un curso de epistemología en sentido estricto,
con lo cual se ha logrado solamente hacer peeudo-epistemología.
Si por ejemplo l1ace cuatro semanas se ha descubierto una nueva
partícula de trascendencia para la explicación de la estructura del
núcleo atómico {la partícula gran omega menos) o si en el correr
de 1964 Hofstadter realiza, en California, en t1n tubo de subterráneo
en desuso de dos kilómetros de extensión, un experimento c1"Ucial
acerca de las partículas elementales de la materia, a tal punto que
se ha dicho que en estos meses se ''ive una veillée d' armes de la
ciencia, corresponde a los órganos de divulgación -de distinto nivel
- el hacer conocer variados aspectos de dichas experiencias. Un curso
de episten1ología los tomará quizás como ejemplos para analizar la
noción de experimento crucial, o la función de los entes hipotéticos
o de los entes observables en una teoría científica {pues se trata de
que el alumno no aprenda hechos aislados) pero de ningún modo
puede centrar su temática en ellas. Si en algún sentido un curso de
filosofía de la ciencia ha de hacer pues divulgación será solamente
&lt;1iVt1lgación de modos de pensar, de métodos de análisis (teniendo

�l
23
buen cuidado al efectuar generalizaciones) y 110 de información particular y momentánea (que servirá, como dijin1os, sólo de ejemplo).
7. Dadas las funciones, acabadas de reseñai·, qt1e cr eemos puede
cumplir la filosofía de las ciencias (con sus comple1nentos, publica·
ciones, investigación, extensión), deben1os manifestar que las cumplí·
remos en la medida en que para ello contemos co11 la colaboración
de los profesores de las distintas disciplinas científicas (por algo se
trata de la filosofía de las ciencias), con la colaboración fundam ental
de los estudiantes y con los medios materiales no excesivos qt1e se n ecesitan para comenzar ese trabajo.
Para terminar quiero insistir pttes e11 cp1e el estudio de nt1estra
materia es una tarea colectiva porqt1e ello es parte de Slt ~entido mis,
,
, .
mo, aun en sus aspectos mas teor1cos.
Debo decir por otra parte que lo que personalmente voy a aportar a ese quel1acer común lo d ebo en lo esen cial a la ayuda que
me brindaron los profesores de la Facl1ltad (en especial los profesores ~fario Silva García, Ál'turo Ardao y Félix Cer1111scl1i) , y los profesores Mario Bunge, Marvin Farller , Williard Q11ine y René Poirier
de las Unive1·sidades de Bl1enos Aire~, de Ne'v York (en Buffalo), de
Harvard y de París, a q"üienes 'Jlliero i11auifee.tar l1oy 111i tnás pro·
fundo reconocimiento.

JJI ario H. Otero

•

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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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                <text>Otero, Mario H&#13;
Situación y funciones actuales de la filosofía de la ciencia / Mario H Otero--Montevideo : FHC, 1964; 23 p</text>
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                    <text>{t
... _

UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA
FACUL TAO

DE

HUMANIDADES Y

DEPARTAMENTO

CIENCIAS

DE LINGÜÍSTICA

•

LEA

S.

DE

SCAZZOCCH IO

•

•

LENGUA Y CIVILIZACION MICENICAS,

Y EL MUNDO DE HOMERO

•
•

4 81.7
Ses
MONTEVIDEO
1960

�PUBL ICACIONES
DEL

DEPARTAMENTO DE
LING OISTICA

En esta ssrie:
l.

EUGENIO COSERIU: L a
Hispania romana y el latín
hispánico. Breve introducción al estudio histórico del
español. 1953

2.

EUGENIO COSERIU: El
llamado ' latín vulgar" y
las primeras diferenciaciones 1 omanc·cs. Breve introducción a l~ lin güística 1 ománica. 1954.

OLAF BLIXEN: La traducción literaria y sus problemas. 1954.
4. VIT'fORE PISA NI: Breve
historia de la lengua griega.
T1 ad u c. de Manuel García
Pue1 ta~. J 954.
5. GUIDO ZANNIER: Ensa\ o
paleográfico sobre las ab1eviac·ion es latinas de la edad
ru1na na. 1955.
3.

7.

ARNALDO GOMENSORO:
John Dc\vey y la filosofía

del lenguaj e. 1956.
8.

CATILOS M. REY: Una fábula de La Ji'ontaine. Análisis rnétrico-estilístico. 1956.

9.

JOSE PEDRO RONA: La
obra de Federico Hrozny
en el dominio indoeuropeo.
1957.

Jü.

OLAF BI...IXEN: Acerca de
la supuesta filiación ara\vak de las lenguas indigenas del Uruguay. 1958.

ll.
12.

J..i.

EUGENIO COSERIU: ¿Arabis1nos o ron1nnismos'! 1961.
NICOLAS ALTUCifO\V:
G1 an1ática s6nsc1 ita elementaJ. 1962.
L. S. de SCAZZOCCHIO:
L ngua y Civ1ltzacion M1c·énicas, y
el Mundo de
1 1ne1 o 1966.

V a .... la li ta completa de p u b licacion s del D partamento en
png~. 73 y 74.

�•

U1JIVERSIDAD DE LA RE.PUBLICA
'

FACUL IAD DE llUIYJAl\JIDADES Y CIENCIAS

Departamento de Lingüística

Lea S . de Sc1zzocchio
L -·
DE·se-I f RAIYI 1 L \1 T o DE. L A L I NE AL 8 eR E.. T [ Ns [
-E------------------

t LA LE. NLUA ftl I CE NI LA
LA~ í AaLET
eE Nr eAs
- As 111
-1-

y L os

p oE rn As

o

L

,~

f 1 ~1 E R I

Montevideo
1966

68 ~ 59

Lr ~J EAL B

eos

�Dos conf renci~s dictadas en el
Centro Lingüístico de Montevideo
en agosto de 1964 .

�El descit ran11ento de la lineal B cretense

y la len g ua micénica

En marzo de 1900, Sir Arthur Evans en una pri
mera campana de excavaciones en Cnosos, halló en
:3s ruinas del palacio algunas tablillas con una
e s c r i t u r a q u e é 1 11 a r1 6 Li n e a 1 · A c r e t e- n e • 8 t a r
de otras tablillas y sellos fueron encontrados en
Hagia Triada, en Cnosos (en las mismas ruinas del
palacio), en Fest s y en Mallia . La escritur1 er
la misma . En 1908, en Fsstos la Misinn arqu81lnL1
ca ita 1 i a na des cu b r·i ó un disco de ar c i 11 a c o l es critura pictogró~ica, mientras en diferentes loca
lida des de la isla aparecieron sellos y pied'as
con s ignos jeroglíficos, de los cuales parecJria
haberse desarrollado la escritura Lineal -n .
fuera de la isla de Crets j hasta el momento, r10 sena
encontrado ningú11 material escrito en lineal A ('1)
J

..

-

(1) Para el material en escritura jero~lífi­
ca y en Lineal A véase : A. J.Evans, Scr1pta .. 1noa
•
vol . I : The hieroqliphic and primitive linear cla~
ses~ ú xf ord 1~L~; A. J . Evans ed . J . L . myres, Scrip t a rn i no a v o 1 . I I I : L i ne ar S c r i p t A e t c • Ox f o r d 1954.
G. Puglies e Carratelli, Le I scrizioni p reelleniche
di Hagia Triada in Creta e della Grecia Peninsu -

�-

2 -

En la mi sma campaña de excavaciones en 1900 ,
en el palacio de Cnosos, Evans halló ta mbién otras
tablillas con una escritura difer e nte , per o pare cida a la lineal A, que él llamó Lineal 8 creten se . Con el tiempo el n úmero de lo s docu111entos d e
Cnosos fue aumentando y hoy se cuentan cerca de
3000 fragmentos de arc i ll e en lineal 8 . En nin~ ' r
otro l ugar de l a isla han aparecido tablillas con
esta misma escr i tura . Por el contrario muv abun dantes y signif i cativos hallazgos de vasos y ta bletas en lin eal 8 se han realizado afuera de Cre
ta,en el continente . En 1921 en Tebas y Micenas
se hallaron 28 vasos pintados con signos en li ~

lare . Contributo alla storia della civilta egea .
mo nu menti antichi pubblicati per cura della Reale
Ac ca de mi a d 1 I ta 1 i a XL 1 9 4 5 . ; G• Pu g l i es e Carra te lli,
Le epiqrafi cretesi in Lineare A. Nuova silJoge
P a r t e I , E p l g r a f, i d i 1a g ~, i a T r i c1 d a ; 1 9 6 4 •
En eJ momento actual las tentativas de lectu
ra del material en lineal A ha llevado a hipóte sis que lo relacionan con una lengua indoeuropea .
Sólo Cyrus Gordon insiste en que se tratar 11 de
una lenguu sem í tica . Entre los que piensan en una
lengua indoeuropea , r riggi y Peruzzi no especifi
can de qué lengua se tratar í a; Palmer es partida rio de la lengua luvia; Sevoro~l in del cario; Geo_E.
giev piensa en dos lenguas~ una de los documentos
religiosos : eteo - cretense; otra de los documentos
contables : cidonio o griego festio, antepasado del.
panfilio .

�-

3 -

neal 8; hallazgos parecidos se realizaron en El eu
sis , Orc óm enos y Tirinto . En1939 y luego en 1952
Blegen , durante las excavaciones en An o Englian os
(la Pilos mi- Lnica) encontró m ~ de 1000 tabletas
en l ineal B. En 195~ empezaron los hallazgos ~am ­
bi~n P
Micenas y e 1964,en Thebas, en una cons trucc.i ~· 1 micénica 5 aµarecieron una docena de ta oletas del mismo tipo (2) . La escritura que había
sido c8ns1derdd~ limitad a a la isla de Creta 9 de
r e o e r1 t 3 a p a r e c i é, p o
t o d o e 1 c o n ti n e n t e , d e s d e e l
~d

( 1 ) A • J • Ev a n s

Ox f o r d 1 9 2 . -

E rn me t

J . L • n1 y r e s , S c r i o t a IY1 i n o a 1 I,
L • Be r1 n e t t J r
T 11 e P y l o s Table ts ~
i.

J

,

Prince~on

niv . Prers,• Princeton far tl1e Univ . of
Ci r1 e i n 1 1a t i 'l 9 5 5 .. - E mm e e r, L • b o n r 1e t t J i • ~ T h e o l i ~
Oil Tablets of Pylo~, Texts of inscriptions fQ...!.!J.Q
1955 S 1p1.ementos a 1inos 2,1958, 7 - 74 .- Emmett Lº
Bennet Jr., ~ The IYlycE.!nae
Tabl8ts- Trans. Amer . P 1i losopt1. cal Soc .. t~ , 1958, 1, - í 22 . - Car l UJ .. Blege i
ar d ma t e 1 La n g 9 T he ~lace o f 1 e.;, to r f x ca v a_-1.i o :!..:=.
o f 1 Y ... , AJ A .. 6 2 ~ 1 9 5 8 , 175 -· 1 9 1 ; T he P a 1 a e e o f l'i :..!?. 1._or Extavatiuns of _!_9~~, AJA . 6j,195(, 121-1.37; The
Pal ar. e o r '"e s to r Ex cav-aT:Tu ñs o 1--;71 u-b O AJA • o 5 , 1 l 6 1!!
- ---------------- · ------1 5 3 - 1 6 ~ ~ -- C ~ Ga 11 a v o t t i , A ., e a c e n n i , I -, s e r i p t i o n s
-P y 1 i a e , Ro ma 1 9 6 1
B e n n e t t , Ch a d wi c k , V e r1 t r i
T_tl~_ Knos ~os T..§!__b 1 e t s 2 a t ~§_n s l i t e r. a t i o n ; L o r1 d o n
1 r1 s t
o f e 1 a s i e 1 S t u d i e s 1 9 5 9 ; eha d wi e k a n d K i -·
Jlen~ The l(nossos T6blets III, Inst~ of Classical
-...•
1
s t j i. (' s ' 1- r. f' r: ,, ("
Crd,,::UJ1c ,
:1

1 1

D cJ e u me r1 t s i n

- ·

'l

l

my e e n a e a n

Gr e e k ,

RvPalmer,Mycenaean Greek

Ca mb r i d g e 1 9 5 9 • -

Texts~

Oxford 1963º

L ,;

�- 4 sur hasta e l norte . j Se hab í a difundido de Creta al
""' en el continente h a b i a sido
continente o , creada
1
llev a do a Cnosos por lvs conquistadores?
El ma ter i al e ncontr ado e n Creta y en el con tinent e consiste en s u casi tot a lid ad de tab l e t as
d8 8 rcill a de dos tipos diferantes~·algunns prese~
tan un a form s ala rg ada qu e r~cuerd? un a hoja de
palma y llev an por l n nen~ral pocas lin eas o pa l~
bras; otras par~can p ~ ~in~s rectangulares en l as
cuales n v~c es ln escritura es · / dividida en dos
columnas . Tod as ellas parücün habar quedado co: i das durante los incendios de los resp8ctivos pa lQ
cios . El estado de cons8r vación no siempre 2s bu~
no . El m_teriQl de Cnosos ~s el ~ ~ ~ fragmentario,
s i endo formado a veces por restos muy pequbños ,
con una so l a p3rabr..., o un~ s íl ~b~ .
De una primer'3 obsi:.rv"'c ' r rt:!sul1 ' que : 1)las
tablillns wst ' n dividid s en r lvas horizontalGs;
2)1 d i r t: e e i 6 n d 8 l ) º s c r 1 t u r e s d e i z q u i e r d
d~recti~;3)1

a

11 ' ...,

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CJ no s

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s~porod~s

en -

v t. r t i c V 1 , ·) h ..., }' ~ r e s t ipo s

e d os p o r

E v n s e o mo d t:: v 1 o r

ilóuico, 1 ~oyr~f 1co, num ' rico .
'
n ~
1 dt.scifr
i rto
1
t ri .1 fu
J1v1 Jido
r
r1 s
n b
1 .. pr sl,;ncl'"" d
d~ l rrnin dos id ogr m s . Por ~j mplo , 1-s toblct s
quL pru ent n iduogr m s d~ s r~s humanos fue1on
ruunid s ~n uno sEri~ qu8 r cibi como indicaci n
distintiva la letr A, a ln cual se agreg una l~
indic~r una subdivisión de serie , es
tr 1 m' s par

decjr, una subserie; as ! el conjunto Ae indic

la

�•

-

5 -

serie de ideogr amas humanos A y l a subserie de i deogran1a hombre~; mientras .flsJ. indicó la serie A
y la subserie ~ de ideogramas hombre , mujer y joven etc . Adem¿s cada tableta recibió su nómero
de inventario y la indicación del lugar de rrocedencia: Cnosos , Pilos~ Micenas o Tebas . Est8 ord
namiento
us usado en la acl~alidad •
.
Sin embargo, a pesar de que desde un princi pio se reconocieron con cierta facilidad estos al
rn e n t o s G v i d e n t a s d e l s e s c r i t u r a , y a pe s a r d o t1 a
b e r s e a c l a r ad o D o r

el

n ú mc3 r o d e l o s s i g n o s

( d e n1 a -

siados para una esc ritur a a lf aL~ · ica y demasiado
pocos para una escritura ideográfica) que deb í a
t r a ta r se d e u n a e s c r i t u r a s i l ~ b i ca y q u e e 1 e o r1 t ~
nido de las tabletas indicaba listas de archivo~
e l desciframiento demoró cincuenta años .
Evans en sus detenidos estudios sobre las
dos escrituras Lineal A y Line al 8 siguió insistiendo que i a -8 ero independiente de la -A, aun
cuando procdder í cn las dos de ur1 prototipo ca. l'1r,
t ra tándosl do una mi sma ler1gua . En el otro extrd mo d el t i e 1n p o e u a n cJ o y a e 1 d e se i f r a mi en t o p o d i
considerarse un h~cl10, Bennett escribía, a prop s i :. o rJ s l a d i f e r e 11 e i a e n t r e l a e s e r i t LJ r a l i n e a l 11.
y 8:

-

'' 1 o s e p u e d e

i1 a

b1 a r

d

\,j

un d 8

~ &lt;l r

r o 11 o g r a d u a l,

ni de una variaci6n 8 l egante , sino de una a _pta c l ó ·1 r a d i e a 1

de 1o v i e j o a l o nuevo ;

o q ui zá s

de

una nueva construcción , siguiendo un modelo vie joi: . Y en cuanto a 10 lengua suger í a que puede no
ser la misma, y qu e nada garantiza que e l mismo
signo tenga e l mismo valor en A y en ~ (3)

�-

6 -

a l a luz d e l os h a llaz gos r ea lizad os
h as t a e l momen t o , l a h i stor i a de l a escr i tu r a li nea l cre t ense pueda reconstru ir se en esta forma :
l os se ll os jerogl l ficos , encontrados en d i fe r entes
l oca li dades de l a is l n de Creta 9 ser í an atr i buidos
a l m. M. I a •(2000 - 1900); de ellos hab_ í a surgido c~
s i en la misma 1 poca la ¿scritura linea l A. En e fecto. el ha ll 8zgo en Fcsto 9 en la capa del primer
palacio M. M. Ia (2000 - 1925), de dos docenas de ta b lill as que muestran ya una transició de la es cri tur8 jorogl i fic . . ~ lü lineal , podr i 2 h8cer re troceder la fecha del comienzo de la escritura si
•
13bica en Creta . Sin embargo , el conjunto -&lt; ..., im
portante de material en Lin8al A parece remontar se al m. m. II I b (1660 - 1~90) .
De la 1 1 nec l A surgí la lineal u , como evo lución o más probablemente adaptaci n de ella a
1J na l e n q u a d i f e r e n t e • Q u i z . . s p o d r a
pe n s a r s e en l a
formac1 n de la lineal B ~fuera de la isla de Cre
ta9 realizada por los gruoo~ de habla griega que
ocuparon la península bal ' ica en los siglos XVI XV a . e . e . La f ec ha de l os d ocum8ntos en lineal 8
oscila entre el 1400 (Cnoso~) y el 1200 (Pilos)(4) .
Quiz~ s ,

1

(3) A. J . Evans , Th
683 , Oxford 1935 .

Palace of Minos vol IV pag .

E . L . Bennett Jr . A minoan Linear 8 indo. s
Ya 1 e Un i v e r s i t y P r e s s , Ne w ~~a v e n 1 9 5 3 , e i t a do e n
Chadwick , Documents pag . 37 .
·
(4) Despu~s de l art i cu l o sensacional de L. R.
Palmer , The truth about Knossos en Observa r Week -

�- 7 El desciframiento de la lineal 8 ha tenido
un largo proceso . El hecho de qur , por cerca de
cuarenta año~ , casi nin]ún documento con esta es critura se encontró afuera de Cret2 , dirigió a los
e s t u d i o s o s ~1 a c i c. l a h i p ( t e s i s d e que 1 a 1 e n g 1a d e
la lir1eal B fuera la misma que la de los documer1 tos en lineal A, y que deb í a tratarse con mucha
prob~bllidad de la lengua de los cretenses . Aun
c u a n d o s e t r a ó d e i el e n t i f i e a r e l e r o t e n s e e o 11
una lonqua de la familia indoeuropea, no se pensó
E 1 acercarla a la lengua griega .
t-lrozny en el en -·
tu~icsrno de los l1allazgos hititas quiso ver on Jas
tabletas cretenses la lengua hitita; Meillet,~ck,
Cuny y otros hablaron en general de lenguas ogeas)
Georoiev, entre 1941 - 1950, insistió ~nbre un dialecto egeo - as i jric·o relac ior1ado con el hi ti tP 9 n1os
L

r~ e v i e tu ,

cual
el aGtor, en base a un descubrimiento realiz 1do
e n e l d i a r i o d e rr1 a c k e n z i e , 11 e va b a l a f e c ha 1e las
t a b l e ta s d e C n o s os a 1 1 ? OO- 1 1 5 O a • e . c º , p a r e e e hoy
volverse a una fecha 1 ' ~ cercana al 1400 que al
1 2 OO • Bq s á r1 dos e en 1 s observa c i o n s de Jo h n 8oa ro
rn a n ') T he d a t e o f t h 8 K n o s so s T a b l e t s 1 Ox f o r cJ 1 Y 6 ... &gt;
s f~ ~1 a t r a t 3. d u d e r e c o n s r u i r a s í l a e r o no 1 o e r a :
e l l n e e n d i o d e C n o s os s e 11 a b r i a p r o ci u e i do e 1, e l
Hel~dico reciente 1300-1230 . Por otro lado. J.a
cronolog 1 a de los incendios del continente debe r í a atrasarse e n algunas decenas de años . Resul tar í a as i un acercamiento de las dos cronologíus o

h e nd

Lo n d o n

3

j u l • 1 9 6 O p • 1 7 , 1 'J ,

t;;

8

n

e

�- 8 con mu c h a s form as qu e r e cu e r da n ya e l gr i ego .
El descub ri mi en t o de l mate ri a l en li n8a l ~
e n e l cont i nente , en l as zonas de c i vili zac i ón m
l
c é n i ca , su g i r i ó l a h i p ó r e s i s ~ __que 21-a l e n g u a d e 1 a s
tab l il l as en li ne al f no fuera la misma de los do
cumentos en lir1eal A, encontraJos ~~ - º Bn la isla
da Creta , y que esta lenguo pudiera ser la lengua
hab l ada por los micenio , que muchos estudiosos
consider~ b n griegos . EsL~ nuevo enfoque, y el m~

teria l mé s abu ndante y mejor cor.servado encontra do en Pi l os p8rmitieron encar2r el desciframiento
con mayores probabilidades da ' ita .
Con el sistema de comparacion~s internas se
tra~ó de reconocer y de catalogar palabras igua l es n que difer í an s ' lo por lu s i laba final; se
t r a t ó d e a i s l a r l os e 1 8 me 11 t o s e o mp o n en t e s d e e a d e
pa l abra , l levando estad í sticas de frecuencia de
signos en principio 1 en medio , en fin de palabra .
Ap li cando est3 si~tema Aiice KOber en los años
1943 - 50 reconoció palabras quG aparecen cen tre~
formas al ter nadas~ es decir, reconoció una f 1 . L
nocn i nal (5) . Contempor neamente el inglés Ventris,
aplir~ndo ei sistema de la criptograf f a mi l itar
.
de a ~l isis combinatorio y cálculos de frecuencias
1 1 e g a b a a r G su l t a do s i 1n p o r ta n t e s • Ai s l 6 s i g no s v o
,L

(5) A. E. Kober , lnflection in Lineor Closs 8:
I Declension . Amer . Journa l of Archeo l ogy , 50,1946,
p . 268 - 76 ~ "T ota l " in Mi noan ( Linear Class 8) , Ar ch i v Orie n ta l n i 17 ,1 949 , p . 386 - 98 .

�-

9 -

c~licos,

reconoció algunos s ignos sil~bicos, ais 1 ó n o mb r e s d e !1 o n1 b r e s , d e mu j t:: r e s , d e l u g a r e s · r i-J_
conoc_(' nombres de oficios y títulos; insistió s~
bre l a ex ist encia do una flexiwn nominal 1 recor ció nombres femeninos en i~ y masculinos en eu;
id ntif i / vocab 1 ria . A m~dida que el descifr ·
mit:,;nto iba rGali ' cJose Ventris se daba cuer1t 1...1
las palabras, las fle~ iones, lo fonoloJia ~e pr s o r1 t b :-1 n mu y p a r e:, e i d d s a 1 ll r i e g o . J u n t o e o n J oh n
Ch ad i C k p r OS j gliió 8 l d e S C i f r a líl i 8 n t G 11 8 g a n d O 8 C
mun1car en noviembre de 1 2 que las tablillas er
lin8al B enc1err n un di lGcto griego, Rnt~ asad
drJ are dio - chipriota, y µropriniGndo un valo!. sil / ' ico p ra cerca de 60 signos (6) .
La grecidad de los rnicenios recibía as la
1n 8 J o r

c o mp r o b a c i ó r1 :

l

11 n g ü .r s t i e a •

En los trece anos qua han pasado desde el
anuncio de Ventris y Chadwick las tabletas han SJ
do detenidamente es Ludiadas y en g .n&amp;ral ho 1 los
espacilJ i stas est~n au dCUbrdo con el dGscifrarniB
to y la r~lotiva lectura . ~ólo dG V8Z en cuando
so oye una voz de desacuerdo; la lectura por medi
d el s i s t e ma Ve n t r i s s e ~1 a e x t en d i cJ o , c o 11 b u e n o s
resultados, a todo el material encontrado .
Las características de esta escricurn
~n:
tres tipos de signos con valor siJ~ ico , ideogr~fico, numérico • . Se han reconocido 90 signos
(6) M. Ventris and J . Chadwick, Evidence far
Greek dialect in the Mycer1aean archives,Journal ot
Hellenic Studies 72 , 1953 , p . 84 - 103; 208 - 09 .

�- 1o 143 id eog ráficos,

co n va lor si l¿bic o ,
y signos
diferentes para l as unidades , decenas , centenas
y millares ..

Silabario micénico : De l os 90 s ignos s il3bi cos , 70 parecen tener Vdlor seguroj 20 todavf2 son
dudosos . Cada signo ti8ne valer s iljbi co 1 consis tiendo en una vocal o en convunante más vocal . Si
una palabra emp i eza con voca l se usa el signo de
la vocal correspondibnte . ~lay un s i gno especi3 l
pare ai ini cia l . L3 vocal i como segundo elemento
del diptongo no está indic3da; ª ~l o excepciJna l ,
mente se encuentra en Cnosos : kotoin~
x~oLva. . El
diptongo con segundo elemento ~ 8Stá indicado nor
rnalmente : ze - u - ke - si (sÚyEcrcr L. Los grupos conso n~nticos iniciales quedan separados en dos signos
sil6bicos can la misma vocal: ko - to - nn \ x~o { va );
si 81 primer elemento del grupo es una sibilante
11 o

se i ndi ca :

,

p a - rn a

cr'JtE P ¡.ta • E l

mi s mo p r o c e s o d e

sEporaci 6n s e usa par8 grupos de consonantes in v
ternos: e - ko - to Ex1X00 ; p8ro si el prirner elem n
to es una liquida nasal o sibilante, no se nota.
,
'
,
,
pe - ma cr'JtEpµa , a - pi nµ,cp L , pa - ka - na q:&gt;rrcryav'l ; la
sibilnnte se e~tribe antes de consonante nasal :
dL - so - mo bEcrµo t~ • Una consonnnte liquida nasal o
JlGilante er1 fin de r~labra no S8 not~: e - ko - to
E x ~ro p , p o - me 'Jt o Lµ í} "' , is c.. - ~ e - u Xrr A. x E ú~ . L a g e mi
nación consonántica no se nota .
V

I

Se hnn reconocido cinco signos vocálicos: ~'
~ ' l, Q, ~ · Adem¿s algunos dolJlea : ~ 2 • Para l as
consonantes existe la serie completa de labial,
gutura l y dental. sordas; en la ser i e denta l sano -

�- 11 ra e l signo de du es incierto; serie comp l eta pa r a l as nasales ~' ~' para la liquida ~ que indi ca
tamb~ ' r el sonido de l_ ; serie completa para la si
b i l a n t e ..§. ; u n f o ne ma µ r o b a b l eme r1 t e d e n ta l z a p a r ~
e e s o l o c o r1 t r e s s i g 11 o s : z a , z e , z o • L a s s G i v o c 9
les waw e jod tienen serie comp l eta . Casi completa os la serie labiov elar .9. · Aden1 3 apsrecen sig nos para los grupos: nwa, pte, dwe, dwo, twe(?),
two(?) .
Consid8rando estas notables fallas en la escritura , la 1 clura pu8de tener diferentes posib~
1 i d a cJ 8 s ; e; s e l e a so de 1 a d e e 1 i na e i r d e l o s t e mas n vocal, para l a cual una misma graf ia puede
indi ar nueve Cdsns diferentes . Palmer da el eje ~
JJlo Jol grupo a - ko,pc1d ~1 LUcil Ja dibZ l~c JraQ
d 1 f e r e; n t e s , t o da s p o s i IJ 1 e s d e n t r o cJ e l q r i e q o e 11 sico conocido (7)º
Lengua mic'nlca: La lengua que la lectura de
l3s
a b l o t a s ha r e v e la ci o , el e f i 11 i da p o r Ve n t r i s y
Chad r.ick como una lengua grit:;ga ,antepasada c'el ªl.
cadí - chipriota, ha sido ll amada micénica por COI!
side arse que fue hablada por aquella pnblac1 ,n
quG ccupó el continente y Creta en la d oca del
14CJ al 1200 a .
• y que es conocida con el nombre de nicénica .
De esLa lengua recordaremos s ~ lo los rasgos
n1 ' ~ sobresal i entes y q 1J P di f i eren del griego c L~

------...

Út

Daean gr eek Textsq Oxford, 1963 , pº 27 s .
•

�-

12 -

.

S l CO .

Fono l oq í a: Vocales : hay cie1ta confusión o al
ternanc i a entre ~ i : ~ - pa - sn - na - ti que alterna con
i - pa - sa - na - t i ; observa m~y Di8n Pal~er que no se
puede insistir mucho sobre esta alternancia pues to que en la mayor í a de los casos se trata de pa labras de origen 110 griego (8) . Quizás fTl2s impar t3nte sea 13 confusión entre -a -o: Dc - ma/p8 - mo; en
este caso podr í a pensarse en una influencia de la
nasal hac i a o eo lugar de a .
. '
Consonantes~ En las oclusivas la e s c r 1 r, u r a no
indica la diferencia entre sorda y aspir2da y en
g e ne r a l ta rn p o c o e n t r E s o r d a y so no r a ; s ó l o p 8 r a la
dental se indica la diferencia entre sorda y sono
ra; pero nada sugiore que esta diferencia no ex1s
tiera en la pronunciac1~n . Hay asibilación de den
tal sorda ante vocal i:di - do - si de di - do - ti etc .
La labiovelar indoeuruµea que ha desapareci do en el griego cl~~irc aparece todavía casi siem
pre en mic~nico: i - qo t TITIOb, enclitica qe . Gall~
votti sugiere qu5 la lectura podríu haber sido
pwa, pwe , es declr un estado intermedio entre la
12biovelar indoeuropea y ló labializac1én eólica .
En alqunos casos aparece la labializac16r que al terna con la labiove.1 'lr: ra - gi - Li - ri - .ia/rc:- - pi - ti ri - j a , en otros ya 8.i pr )Ceso de labializac1ón p~
rece af irrnado: pa - te 1lrrV't'E(; de un kwantes .
ti

/

Semivocales: Waw que ha desaparecido en gr1~
(8) ibidem p . 41 .
•

�•

-

13 -

go c l~ s ic o es usada con toda su vivencia en micénico en principio , en medio y en fin de palabra:
wa - na - ka Fava( , pi - ro - we - ko q&gt;LA..r)Fgpyo~
; tambié.
arlPlante de consonante: wi-rj - nj - jo F p L'V L O~ y de
p (
de ella: ke - se - nu - wi - ja rfvFLa .
jod tambi t' r tiene toda J ~ i su vigencia : i- ja-_
t
,
La ~p , ke-ra - j~ - pi, ent r e vocales rnmienza a n
tarse su rl~saparici n: a - ta - o ; tamo1 8n ap8r8ce l
asibilac1 ..cr"J del grupo tj: to - so de tot 1os; pe - z
rJc ped ios; me - zo de meq ion º En principio d ... paJ
ora ~paree~ a menudo coma z : Zc - u- ke - si .
No aparees la contracción en encuentro d
cales .
ríl o r f o 1 o q i &lt;=!_ : a p a r 8 c e n l o s t r e s ~ ~ ,.., e l' o s n1 a s c u
t

,

1

l.

li

11 o ,

f e rn e :t i n o y r1 e u t r o ,

guler, plural y dual . El

y 1os
du~l

tr

es

n :

1

e r. o s

si

es todavía ba tant

vi~al .
•

Se usa todavía el c3so instrumental y a1gu r1 a s v e c e s e 1 c a s o a b 1 a t i v o • El
i ns t r u me n t al ti e r1
desinencia -El. y se u sa en general en plural . S
encuentra t a mbién el sufijo a~ l ativo de que se
agrega al caso acusativo: o -i - ko - de, el sufijo i
quo puede representar e l l ocativo es o .
then se encuentra usad o con nombresde lu0are
La dGclinac1ón de l us nombres se div1d8 en
•
t e n1 á t i c a y a t e m¿¡ t i. c a •
En la declinación tern~lica en vocal a lf a .Ll
mala atencJón el dual femenino en o en lugar dr
~ : to - pe - za 't'Op..-frc.o • Conviene recordar que en ~
co para el art i cL1lo dual femenino se usa a menudo
to en lug ar de ta . El genitivo plural es ao (aon),

�-

14 -

y el dativo plur a l es a - i ( a is), pr o b a bl eme nt e d e
un a i s i - a ihi . En e l p l ura l ent r e l os casos se
e n c u ent r a e l i nstrumenta l con l a des in e n c i a - p i .
Al g u nos ternas en js h an co nservado l a _jod : p o - ti ni -

' \1 La
Ja 1C o-i;

•

.
' .
o
o
mi
na
r.1
par2c8n tener el

Los masculinos en ~
vo en as y tienen el gen i tivo en 8 - 0 o
.
•
Los tt ?mas en - tienen Sl81T1pr8 e l genitivo sin
.
.
gular en 010 y el ucJtivo pl 1Jral e r1 l (o is) de un
o i s i - oil1i .
L 3 d e e l .l n a c i r1 a t o r• j t i e a s 8 p r e s 5 n t a c o r.1 o e n
griego cl , ~ico . s ~ lo algunas veces el dativo sin gular ~s en ~ en lugar de ~ ~ di - ~ · Podría pensa ~
s e e n a 1 t e r n a n c i a f o n C t i e a G r1 t r E.: f¿_/ i , e ' rn o t a in b i r n e n u n o r i y i na r i o d a t i v o ~ i q u e p o lj _ .í
h a lJ e r
dndo unas veces e otras i .
Les adieti~0s tienen las mismas caracter i sti
cas del ~ri go el ~ ic o . Los compuestos parecen
s e r d e d o s t e r rn i n t:l e i o n e s • E 1 s u f i j o e o mp o r a t i v o
usado os - jos: me - w~ - 10 y r~ - zo o
L 1s p r o no mb r e s ~ r1 a y p o e ü s o j u mp 1 os p o r 1 a s
caréCLdristicas mismas de las tabletas . Apar8ce
mi (min) encl í tico de tercera pbr~ona; pG - i (s~is):
rn e - ta - ge pe i ( P Y An 5 ·19 G te • ) ; el ciemos t r éJ ti v• l to
en las formas to - ~ , ~o - e, to - je , to - i . La forma
.
.J o - , o - p a r e e e s e r d e ¡J r o n o :n b r e r e l n t ; v o •
Numerales como palabra aislada aparecen sólo
l o s n u me r a l e s u n o y d .:&gt; s : t.. - n1 e ( e n i ) ( E b ti 9 5 ) d wo
~b338~ En composici ó n ti - ri : t i - r i- o&amp; g e - to - ru :
g e - to - ro - po - p i; we : Le - pe - za; e - ne - u10 : e - ne - Lo - p eza ; l os ord i na l es aparece n e n : p o - r o - t o y d e - ka - to .
..J

-

�- 15 V~rbo : Por el contenido mismo de las table tas se encuPntran muy pocas formas verbales . Lla ma la att::nc ~ r. la forma - si para la tercera pers_Q.
na del singular de los ti~mpos principale , y la
fo1'ma - to (toi) en lugGr de: - tai pora la ter . . era
persona singular m~dio-p~siva y - to (ntoi) en lugar d8 ntai para la ~ rcer~ plural : e - u - ke - to

(Py Eb 297, 1), di - do - to (didontoi)
(Py ~g 309,2) . No Su encuentra el uumenlo . El fu -

EUXE't"OL

turo r ~ en - ~o y - 8 - SO, E"'l ~arista es sig / ico y
as i g m' · i c o : de - k 2 - ,... '1 - to
'r rr."'Co ( J&lt; n L 6 4 1 ) , p a -

ro - kr - nG - to rra p oyÉv E~o (Py . Ad 686) . Se 8ncu~ntrLJ
tamb1 ' n el aoristo en ~: do - ke (Kn . Ws 17l 7 etc . ) .
EJ p rfccto apar8ce
Llo en forma me~ia . En Qenu ral e l modo Esoncialment~ prcse11te es el inri cati
vo; hay qui á(" unos t::jcrnp J os dL subjtJntivo y op t.§_
tivo .

El in finitivo aparco en prbsente te

i ' 1 ico~

(eon, e in
.. ) . El p~rticipio pr8senta su forma
cJ &lt; icn ya ~n la voz activa ca o en le m~dio-pasl
,,.
va : e - k o - te EXo V"'CE b ( P y • Eb 2 3 6 , 1 ) , k e - k - u - me - no
(Py . la 641,1) . El participio p~rfecto aparLC8 ~n
su forna orisinaria - wos/us: a - r~ - ru - wo - a (n u tro) 1 a - ra - ru - ja (femenino) (Kn . Ra 1548 8tc º Kn .
Sd G401) . Sb encuentran tambi~n lo s adjct1vG
v~r
•
b a l P. !=\ : e r1 - t o : a - I&lt; i - t .i - t o rr x "'C t "'C o e; ( P y • Na 9 ¿ 6 ) y
- 9 - (n

qu i

,L

o r1

t eos :

go - t

e- a

( Kn • F

3 6 3 ) ..

En los verbos contrc.ctos parece haber cierta
conf u sión entre conjugaci n teríl tica y atem~tic~ .
Pr e po s ici o n es : se encuentran : a - pi ( Óµ~ ( )
con dativo; a - pu (Ó'ITÓ &amp;8~5 ~ en i tivo; e - ne - ka con

�-

16 -

,

gen i tivo; e - pi· con dat1· vo , ku - su ( cJU 'V ) con dati vo; ~e - ta con dativo; o - pi con dativo, sobre (cf .
griego Ó'nL 9 Ev ); pa - ro con dativo , de parte de
p e - da ( µE~á ) con acusativo . Ademés otras apare .
e 8 n e·n e o mp o s i e i 6 n e e p a 1 a b r a s : a - n o , e r1 s P e - r i ,
po - si , po - ro , hu - pa : a - na - kG - e ( ~ vÓ.yE LV )- ( Py. An
21d,1) e - nL - e - si EVE LcJ t
(Py . En 609,2)~ PG - ri - me de I1fp LµÉbf)f; (Py . An 656 , 12), po - si - ke - te - r'3
(pos l k ter es) ( P y . An 61 O) , p o - r o - e - k e rcp OE X~'; ( P Y.
Ta 713 etc . ), u - pa - re - ki - r1 - ,a (Huparakria?) (Py .
0

Aa 298) .

Adverbios : En los calificativos no se en cuentra la terminación - os . El adverbio de nega ción es o- u que se escribo.unido a la palabra si ,
,
)
guientP: o - u - te - mi ou ArµLf;
(Kn . V 280 • Existe
un er11~tico o - u - ki; nnr el car ~ ter de los textos
no aparece la negacinn me .
Partículas: se encLJ~ntran: de con sionifica
_,
do adversativo : do - s - ra ma - te pa - te - de ka - ke - u la
madrE esclava pero tl padre b~n~cero; - qe encl .íti
c.
ca ( 't"E ) ; i o y .2. qui z á s ' i c o r ; o - da - a 2 (sólo
en Pilos) palabra de significado dificil: se ha
.
'
,
pensado en acercarla a au~np griego, mas r:;n algu
nos casos s~ encuentra en ol comienzo de 13 tabli
l la y el significado d~ au~np es imposiule .
Sintaxis: El c_rcicter de los textos limita
los e j e rn p l o s y l a s o b s e r v a e i o n e s •
Concordancia: un adjetivo que acompa,a un sus
tantivo en dual puede estar en o• l ural . El dual se
usa cuando se trata de un par o espec i f icad ament e
de dos objetos .

�- 17 C3sos : se encuen t ra el uso del genitivo pos~
s1vo con el verbo ser : p e - se - ro - jo e - e - si perten~
ce a Psel l os (Kn . Ai 63);el genitivo tempural con
no mb r es d e me se s ; d 1 - wi - j o - jo me - no e l me s d e Zeus
(Kr1 . Fp 51); el genitivo de me~wri&amp; : to - pe - za u - r-po - to - ja una tobla de marfil (Py . T,... 715); el datl_
'i o cJ b t i e m p o we: - t ¿ - i tu 8 - t E:: - i d s o ñ o 8 n 9 ñ o ( P y • E s
644,1); el dativu de fir. &gt; de instruínento; el Lcu
sativo d~ relaci n: tl - ri - po a - pu - ke - kn - u - me - no
ke - r~ - s2 un tr í pod e quemwdc en l as p~tas (Py . Ta
611,1); Ll acus~tivo de tismpo : ka - ke - we a2 - te - r o
we - to di - do - si los herreros contribuyen el año
p

L,

&gt;- i

íll o

( p y • ~18 3 6 5 ) •

Verbo : Se encu~r1tra en gcnurol el presente .
El aoristo parece usado para indicar el simple
proceso verbnl . En Py . Ep 704 , 5 parece haber una
construcción de acusativo con infi nitivo .
Colocación de las p2labrab: El adjetivo en
gensr3l precede Al nombre, igualmente el qsn1tivo
atributivo; también l a preposición precede el no~
bre; p~rece haber un caso de t~esi en Py . A¿ 134 .
L::.!s orncionF
coordin .. d:is est ~ r unidas con d8 .
Fcrmoc_ón d~ J os p 2 l obras : 18 desinencia m s
r. o 1111.J r es - e u s en no rn b res p ro o i os c o rr1 o en nombres
de oficios o carqos; el fem8nino es ~ - ~i - J ; p8ra
indicar la posesión aparece 21 sufijo indu~urope o
- went que se une al tema sin vocal tem ~ Lic o ~ Pa r a
el adjetivo cJe materia se usa el sufijo - i - jo ,
- e - io : wi - r 1 - ni - ,Jo , wi - ri - nL - jo ..
El gri e g o mi c é nico y los otro~ di~lectos griegos
1

C'

El r~ p id o r esumen fo n~ t i co - gramatica l re~ li ­
z a do ha mos tr a do pocas var i a n tes en relac i ó n a l

�-

18 -

griego conocido a trav¿s de sus diferentes dialec
tos . En r e8 lid ad l as va~iant~s d el micénic o en cuentran paralelos o reflejo s en .uno u otro dia l ecto de l a époc a el sica . Como a nunciar on d esde
un prirner momento Ve1tris y Chadwick l as relacio nes se presentan mayormentu cnn el dialecto arca d i 6 - c 11 i p r i o t s 1 p e r o h a y t a mb i ' n r e 1 a e i o n e s e o n e l
grupo Jónico - ático y con el ólico .
Chantrnine en el sugundo cap í tulo de la nueva
edición de su Trsii~ de morphnlogie qrGcque 5 en un
int~nto de def~nici n del mi~ ' ico entrE lJS dia lectos de la esfera helénica lo hace remontar a
una ev~ntual unidad primitiva rlR dial~ctos meri dionales: arcadio - chipriota y A ico - ético, ba /~
dns~ cSGncialment8 ~r obserV3Cion~s d~ car~cter fo
n~lico . Gallavotti pcr el contrario y con :1 Rui perez1 Tovar y Palme1 sigue sJstoniendo que el mi
c ~ nico documenta més biLn una unidad arcadio - chi arte .
priota y ~ólico d~l
. , .
CaracterIEticas comunLs entre ul ffil ~ lCO y
.
8stos tres ~rupos die lectalt.;;s:
- ~ntre ~l rnicénico ul arcadio - chipriota , ~1 jóni
co-~tico y sl 8ólico septentrional: asibildción
de ti en si : ..Q.!l ti o n ~l.: ar e " e k t1 o ns i , les b. ekhois i,
jon - at . ekhousi, mir ~ - ka - si, Futuro en - so fren
te a - seo de los diuiectos occidentales .
- e n t r e el mi r / r1 i e o e l a r e a d i o - c h i p r i o ta y e 1 e ó lico: .Q! inicial en lugar de Q, ptolemo s por póle.~q_~ ; u so d e 1 a p r e p o s i c i 6 n _? p u , q u e a h o r a p a r e e e
ser una palabra separada de apo; uso de la prepo~
e i 6 n pe da ; E que ·1a 1 te r.na. . e o h_ •-a ·-a n t e ~. . . . o ( t d ~ s - - '
Pu é s de !._ : mi e . to - pe - z a ( torpe z a )

�•

-

,

19 -

,

a r e . 't'E rcop't'oc:; , e ól . Q'rc p orco~ •
- Gnt re e l mi c ón ico e l arcadio - chipriota y el jónl
co - j tico : l a as i bilac i6 n simple no geminada d81
grupo t y : to t jos da tos re en 1 os t r os di a 1 e c tos ;
u
la conjunción O't'E con dent a l y e p s il o n fina: e n
~u~ar de orr;a 7 o x a de los otros d ial uctos .
- ~nt18 mic(nico y arcadio - ct1ipriot : d~binencia
de tercar~ p orso na singular modio - pasiva de los
tiempos princioales: to (toi) ; l ~ prepo s i Lión po s i quJ podr í a sB r un estao i o previo de la pr8posi
c ~ r~ p o s e n 3 r r 2l rl i o - c h i p r i o t a • E l u s o e !1 mi e é n i e o
de la prcoosiciór pu - ro con dativo con significa d o d o s d ~ , q u E, p o d r f G e o mp e r a r s e c o n e l 1J so d 8 a p u
con dltivo en a rc ad io - chipriot a .
Bowra y Georgiev e n base 8 estas i ?oglosJs
sugieren que el mi Gnico qui~~c constituyera un
grtJpo dialectal uniforme con ~ 1 arcad i o - ch ip r iota .
En las obsPrvaciones f on ~ t i cas hemos mcncjo r1arlo la forrnacinr de e sn lug . . r da~ con LJra E_, ft] .é
m~ n o c o rn ú n a 1 mi e (· r1 i c o a r e a d i o - c h i p r i o t a
ó l .... c o •
P a 1 rn e r b a s ,,, d o s e t:! s e n c i a l me n t e s n e s t e o r o c G s o sub
raya la di f1:;r8ncia t::ntrt;:; micénico y
~ 11ico - 'fi t ico
y nota que a l tratamiento de las son a n t G s i r1 a i ca r i a q LI t.: l os d o s d i a 1 e e t o s se 11 a b r l a n s 8 p a r a d o y a
en ti~mpos micLnicos . Por e l contrario recuerda
que el dual en omega para lo s temas en ~ ene ~n ­
tra su equ i va l ente s ó lo en Hes í odo x a~ u~aµÉvro ;
p odr í a sin embargo recordarse que en ático e l ar ,
t í c ul o feme nin o dua l es tamb i én rcro. Concluye sos t e ni e nd o qu e , mi e n t r as las r e l acio n es con e l arca
di o - chipriot a se r e fi e r e n má s bi en a inn ovac i ones,
~,

~

t...

1

...J

�-

20 -

l as i sog l osas con e l eó l ico septentr i ona l demu~s ­
tran un origen com ún, es decir una u n ión mic s nicobó l ica , micénico - aquea . Seg ú n él , por lo tento,la
l e ctura de las tabl Etas mic:1icas apoya l a vi e j a
t eor í a d e la a f inid 2d de Tes3lia y Beocia co n e l
P e l opo n es ~ micénico

(9) .

Sin bmbargo l as isoglosas ontrc el a r cadio c 11 i p r i o t a y e l j ó n i c o - á r i c o , t o d a s 1.:: 11 a s d e i mp o .E.
t~ncia (1Ll) y l a considerac1f1 que las diferencias
e ntr e 3ónico - 3tico y arcadio - chipriota parGcen d~
e n mu e h o s e a s o s. a i r i no v éJ e i o n c.; s

suf r i das

ber

!==\

el

J ~r1ic o en ([. oca posterior en su contacto con

•

p or

l os diaioctos occidentales ,

sugerir í an una unidad
jónico - ática - 8rcadio - chipriota (11) . De la t:li ' e (9) ibidLlm p . 64 .
( 1 O ) t j :i t h j da ero, to t j o , m~ d h jo , p r o.t jo dan
I
I
I
~cero ~, µ~ao~9 npocro frente a ~ lico ~6aao~, infinl

i ~ n • y a re - c h i p • , f r en t 8 a
l .• - µEVC L ' - l.lEV ; cong . - 1,, 8n jón . y are . chip . ,
,
,
frente a l "' i . a L; par 1 uln rrv en j n .. y are . chip .
~ J .. i&lt;.E s ad v e-r b i o O't"E en j 6 n • y
1 r c • chip .
fre11te a
f rent(j CJ ·.:ól . O't"a, o xa ; conjunci n r¡;e un jón . •'t"(,E
,, ,
' ,
e r1 ar e •
TLE
en °ó1 •. - E Lp. L
j ó r1 . , - riµ L &lt;l r c • eh i . ,
€µµ 1, ' 1 . ~ ~O\~A. ~µrr l
jón . , ~Ó),oµa 1,
ar.e . chip . ,
~ ÓA.A. - l ' b i e o ~ ~ ÉA "- t e s á l i e o o e e • , ~E (A. - b e o e i o •
(11) vúase W. Porzig , S pr achgeogra ph i scho Un t o r s u e 11 u r1 g a n z u d e n a l t g r i e eh i s e t l e n Oi a l e k t 8 n ,
Indog erma ni s chen Forchungen LXI 1 954 , p . 1 47 - 69;
E. Risch, Die Cliederung d e r gri ec hisch e n Dialekten
in neuer Sicht, en Language and Background of Homer
ed . G. S . Kirk , Cambridge 1964 , p . 91 - 105 .
t

i \1 o a e t i v o - va

L

en

L

V

()

V

�-

21 -

s i s d e e s t a u n i d a d y d el h e r h o q u e e l mi c é n i c o ~ r1::
se nt a formas que só l o tienen rel ac ión con el arca
dio - chipriota se podr i a llegar en cierto sentido
a l a hi~1i4tesis de una unidad JÓnico - arcadi.o - rnic(nica . Podrían ser l os jonios una ram o de lo~ mice
nios- Chaduick recuerda que los libros bíblicos
llaman 1avan jonios a los habitantes de Rodas ,
Pamf iii a y Chipre , y no a los habitantes d~ la co_
ta de Asia menor , l a Jonia histórica; lo mismo ap_
rece en sus formas variontes en los textos uuar!ticos , asirios y viejo - persas . En ~µoca hist~ric a
estas tierras no fu~ron jonias , sino que fueron
colonias dorias (12) . El nombre de jonios podría
hab8r ll&amp;gado a Canaan con nnt~rioridad, en épocA
1n i c 8 n i e 1 , c o mo n o mb r e d e a q u e l g r u p o é t n i c o l u e
nosotros ll amamos micénicos . Podría recordarse
con Chadwick que la palabra i-j a - wo - ne apa rece on
una tablilla de Cnosos (X 146) . Pero no hay que
o lvid a r que Homero conoce para los micenios -1
nombr8 de Aqueos , y qu~ el mismo nombre probcible mentL se l8e en los textos Hititas .
Uui ~ en base a la constatación de las
isoqlo sas que unen los cuatro grupos dialectal~s :
mir ' nico, a rcadio-chipri ota , JÓnico - ¿iico, eólico~
y el hecho de que el arcadio - chipriota f ua } es
considerado en general un dialecto de l a esfera

(12) Chadwick, Thu Greek Dialects and Greek
pr e hi sto ry, 8n Language and Background of Homer
ed . G. S . Kirk , Cambridge 1964 , p . 106 - 118 .

�- 22 eó lica (13),
se pueda pe nsar en un a unidad dia l 8cta l del Pelopo n eso y de la Tesalia que ser i a
f ormad3 por los dialectos qua en (poca histórica
co n oc8mos como jónico-ático? arcadio - chipriot~ y
eólico . El arcadio - c1 ipriota, alejado de l es in fluencias occidentales repres8ntaria Gn época h:~
t 6 r i c a e l r e s to d e e s t a u n i d 2 d d j_ a l s c t a 1 q L1e t i ~
.
.
ne su docurn8ntaci~n orehistórica en el m1cen1co .
;

'

Las dif~rencias dialectales sé habr i _n Cf'88dO
más bien por innovaciones reaiizsdas por uno u
otro dialecto en ~~oca hi~~jr;ca por influencia
de lo s dialectos occidentales y por l a evolución
natural de cada grupo en su nueva sude his~~rica .

Las t abletas r icénicas en linea.: 8
y los poamas hom8ricos
Los poem2s ho1{~icn~ y os hallazqos
arqu~ l"í1icos dG .:r:-0c , micénica .
-------Cuando Schliernarin dn 1876 y Sir Arthur Evans
en el comienzo de este siglo róalizaron los pri me ros hallazgos arqueológicos 8n la localidad dü
l a antigua Micenas , Sd inició una nueva f dse en
(13) " El arcad io sería un dialecto del grupo
ir1vasor " eolio " que antes dt3 la disgregación es~
b a p r ó &gt; i mo a l j ó n i c o " m• S • R u i p e r e z , s 0 b r e 1 a p r e h is to ria de los dialectos qriegos, Emerita 1953,
p . 256 .

�- 23 l os esturlins de l a historia de l a época predórica
e n l a p e n i r1su l a b a l e á n i e a y e n l a s i s l a s d e l Eg e o.
Hab í a quedGdo comprobAd a la ex is te ncia de una civi
l ización que f lor ec _~ o n Creta y en el sur de Gro
e i 8 e r1 t r e 1 4 OO- 1 2 OO a • e • e • y q u t:: , d l no rn lJ r c.; e .
1 a e i u d n d d e ~1 i e e n a s

f u u .1 l a ma d e mi r ' ri i e a •

Las excavaciones r8alizadas durante los 'l ti
mas s e s8nta años han acumu l ado una cantidad con siderab l ~ de mñte ri
. a l quB permil8 ruconstruir cs t s e i v i l i z a e i "" r e n s LJ s r ' l t i p 1 e s a s pe e t o s • L o s rv.§.
tos de l os palacios de Cnosos, Micenas , Corinto,
Tirint o , Pilo s , TGbas, l as tumbas, l os frescos,la
alfarer í a , los sellos , l as j oyas , l os utGnsilios,
l s a r mas , l as t8blillas an lin 8a l B, constituywn
todos y cada uno sE:: iJur o&amp; comprobc.,¡ntes p Jru une. r u
constrL1cciún s i s t e:rr "' tica .
El

e s t u d i o d l.:! l

ri1 a

t ur i al

e: r1

eo n t r a do r

8

vP l ó

d G ~ d G u n r:&gt;r i mP r rn o me n t o u na tJ v i d e n t e r e 1 º e l &lt; n e 1n
1 civilizaci ' n descrito en los p08ffi8S ha "' ic JS .
Alaun ~ estudiosos entusi sm dos por los primeros
y m s fLciles pa1 l l os , lleguron ~ afirmar sin
n1ngun comprnb~ci~~ qu~ los po5mas ho "'-i~os son
l
cont inu e _ '
de una poesía micé.nic . Otros , más
rir ud ntus, Sb limi taron u r1cc~r lqun s cump r cioncs ~ntre ~l material encontrado y ~scenas 1es
critas b n l a Iliada y en l a Odisea (1) .

(1) La descripción del palacio de Odisea fu e
comparada con la planta de l os palacios hallados
en Mi cenas y Tirinto; la descripción del bañó d e
Od i sea en su casa en Itaca fue acercada al peque -

�-

2L~

-

En el momento en que par~c ió ev ident e que , en
m8 y 0 r 0 me n o r rn e d i da , la s o e i e d a d h o mé r i e a r ef l e ja l a civilización micénica , s u r g i e r o n i n E v i tab l es
interrogant8s . Si los Aqueos de la Iliada y de la
Odisea pose í an una cjvilización micénica lesta c1
vilizac16n fue de qentb ~riega? , es decir lflore c1ó una civiliznción griega en la isla de CretQ,
t: 11 e 1 P e 1 o p o n e s u ,
e n p n r t e d e As i a ~1 e n o r , e n C11 i pre en l os siglos XV - XIII a . e . e . ? 6L~s 2venturas
de los rey~s d8 esto ci.vilizDción tuvieron reflG •
jo en una poesia micénic~?
M. P . Nilsson en sus obras sobre la mitolog í a
griega y la relig1~'1 minoico - íili~ ~rica (2) pubii cadas antes del desciframi8nto de la lin~~l B,
compara dif ~rentes sspectos roiigiosos d~ lus po~
mas ho1nér1cos con ll.l relig1fr micér1ica , teniendo
Firme conviccién de que "l os micenios fuc::ron in mi g r a n t e s g r i E g os~- ( 3 ) , y s o s t o n i en do q u e l a m1 tologfa griega tiene sus orígenes en épocn micé -

-n o

•

u l. (;

í

.

~

,. 1

J

...

11 '

grupo de barrn encontrado en Chipre en una tu~
ba d.;¡• Sp oca mi. rica, en el cual se ve a una mu jer que baña 8 un hombr2 sentado en una bañera;
la descripción de la Laz~ del j·~boli relatada en
Odisea, con los fresLos de Tlrintu bn los cuales'
se ve cla~amente una escena de caza al jabalí .
(2) The Minoan - Mycenaean,Religion, Lund 1Q50;
Th 8 fi1 Ye e n éJ 6 a n o r i g i n o f Cr e e l&lt; my t h o 1 o g_y, 8 e r k e l e Y
1932 .
L

•

( 3 ) Ni l s son , The my e •

0

r • of e r • my t h • p . 2 O.

·~ 1 j

�-

25 -

ni ca , pero no es minoica (4) . En este mismo sentí
do ha const i tuidoe un aporte valioso el libro de
Miss Lor i m r, Homer and the Monuments en el cual
aparrr.P. una lista complet8 de ln~ monumen~os ar qu o l ' ,icos micénicos En relac1 "' n con los ot;ma
h méricos .
Cuando por fin ,
tr
del d~scifr mient
du V~ntris en 19S2 y del estudio posterior , qu~
aceptado por la mayorí~ d~ los 8specialist s qu
l s t a b l i 11 s e n l i ne a l 8 e s t á 11 e s c r i t a s e n i J i ma griego , l
hi ' esis rl~ que 1- civiliz ción .1
c¿nic fue ur1a c1vJliz c '
de gent ' grlsg~, r8C!
bió la mejor comprobación : l
lingüística .
Una VL.Z comprobada l
gracid d dG los mic nios s~ plantearon nufuvos p1oblemas . Las e&gt;~uva ­
ciones han revel do claras relaciones untre l
i
vilizac~~n micénic~ y los p
mas homCrJc ~, 61
lüctur d[ lJ5 t bletas compruab
s
s r l
i nus? , ¿ ugi ro 1 ~xistenci- d8 un~ poBsi micér
c escrit , l
cual, trnsmitid en lguna fn1m
dur nte l períod~ de l
ed d media gri~g , h ~i
brind d m terial
enci 1
los poGm
homéric

min . myc . rel . p . 27 . ~o tuvioron igu lment8 1 gr cid· d do los miceni s
Scott, Glotz , Sever.yns 1 Bowra , 08 Sanctis , Patr n i y otros .
(4) Nilsson, Th

�- 26· -

Civiliz3ción miL8nica y civil i zaci6r
d~ los poem as ho•~ric s
El car~cter adm ini strat ivo d e l as tablillas
limit a e l campo de como2raci/n; sin emba rg o as PQ
sib l e hacer algunas observaciones acerca de l arde
na mi e n t o s o e i a l
d e l a o r g a n j_ z~ e - 6 r r e l i g i o s a , de
l a vida diaria y mil it ar .
j

Ordenamiento soc i al .
En la cumbre del orden~miento social adminis
trntivo parece encontrarse el wanax (a" v~t ) , un
jefe supremo y único con funciones civiles y reli
glosas a un tiempo (5), probablemente fue limitado en sus poderes por Lna aristJcracia guerrura y
campesina . Lo segui~ i a en el canpo administr tivo
1
OJ -

~ .... - ~ .,... ~ .

t' ...

~

.............

I

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,

0. ~· - • \
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v..... \; ' .......

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,_1 U.
1

. 1,.. =::; .L, L.l L d ,

Jo

.J. ,

U

1 1c.l

- feuoaJ con funciones inspec'ivas .
especie de .;ur1or
de él depend~ria u n e o r . s e j o d ~ J n c i a n o s i,, e r o i j a
(yepoucr {a ) (6) .
La clast:- m~s impar t nte y r1é5s cvi:can8 a_ wnnax
(5) L.R.Palm2r, Myc_nGE8n
E_ylos, Tr ... 1s Philcl S:&gt;c . 19
Early Cr.Gek i'eli4ion in ti,

TE. x t::; .f ro rn

37; ill . ,( . e . i..uthri~,
Jiqht of' tt1e Decipr1rE;,....,

1

e

~-----~...;...._;..

____

_;_

mBnt of Lin8~r Bj ~ulJ or,... lnst. of Class . Stud .
London 1959, Pe 42· J~ Puhvel~ ~1el ladic 1-&lt;inqshie_
--------and the Cods, M~noica 19SO, ¡J . 3 3 1 , G • Pugliese
Cª r =- ª t 8 11 i s As p 8 t t i G _,p r o b l e mi a e l l o 111 o na r e ¡ , i a

_______

::;;..,.::._::_;~___.:.:..:....:;.~~---

------ ~

1-

-

r

....

.

(6) Py., An 261 .

•

1 )

•

IJ

�-

27 -

ser í a l a clase guerrera con su jefe el r awa qeta y
sus dignatarios militares los egetai (7) .
Parece haber existido tamb ¿n un a clase sa cerdotal formada por varios funcion arios del cul to de difer~nt~ importancia, desde el sacerJote
l j8r-_J¿ o sac'rdotisa i iere j a a lo s s i 8rvos o sie~
vas d~ la divinidad teoin doeroi(ai) . Los 88CLrd~
t8s pnrecen cumplir ado ,~ actividad de ordun ec
nómico, reciben t8rrenos, se dedican a la agricul
tura , crian rebaños y poseen esc l avos .
Se encontraría por fin l~ clase productora ,
81 d8mo ( ó~µo~); parec~rian participar de ~lla
los tereta y los kotonooko (8); completaría e l
cuadro la clase de esclavos propinmente dichos
doero ( bo~o l ) .
La sociedad hon~rice presenta una organiza ción perecida .
Agamemnón es jefe supr&amp;mo de los griegos reu
.
,,
r1 i d o s EJ n T r o y a , tiene el ti tul o de rrva~
y es por
" v a t; ~ v b v
e x c e J e n e l. 2' rJ.
( 9 ) , d e ' l d e p t:: n ci e n t o d os

pro

(7) J . Chadwick, Documents in Mycen aeen Gre ek 9
p . 1 2 O- 1 2 1 ; P a l me r , Ae t1 a e a fi s a n d I n d o 8 u r o p e n s
Oxford 1955 , p . 20 - 21 , considero qu8 l a pelabro
,
.
,,
eqeta E1CE1:-fl~ es el equivalente de c'ra t po~
.amé rico , compañero del rey .
( 8 ) F • R • Ad r a d os 7 E rn t:i r i t a ·1 9 6 1 p • 7 7 - 7 8 , 1 1 4 ;
U. Lejeune, Pr~tr8s et pr~trRsses dans les docu rn en t s my c e ni e n s , H o mrn a g e s ..... G • Ou me z i l 1 9 6 O , p • 1 3 9 •
(9) Il . 1,4 42; Od . 11,397 .
u

~

•

1

�- 28 -

l os d e má s j e f es y reyes .
( 10 )
es
"
rey
sobr
e
todos
l
os
f
eaci
as
'
·
'
A1 c ·Í n o o que
ti ene un conse j o Formado por no bl es ~a~ tA~nG ( 11 ) '
y él- rn i -smo 8c l are a Ul ises " 1 2 no bl es reyes
( ~aa LAE LG ) gob i Lrn3n 13 t i erra y yo soy s l déc i mo
t ..Jrcero " ( 12) . La acl3ración de Alc i noo resulta
muy interesa~te porque se agrega a otros d~tns que
hacen del país de los feacios una corte micénica .
En cunnto al dobl8 aspecto civil y religioso
del

ui 2 n a x mi c ~ n i c ...., ,

~ s o p o r t u r1 o r e e o r d a r

q u e Ag a -

rnemn ~ n

cumple tamui~r func1onbs religiosas y,.. que
AreL~ ' muj8r de Alcinoo , llev~ ~1 titulo dea vaa aa
y " se sienta en el trono como un i n morr.211 11 (13) .
En los tablillas se encu8ntra la palabra
temeno , que indica le. tierra ~n poses..1..rLr1 dc.l war1wX
y del jefe de armada 31 rawageta .
En bpoca cljsica el témenos es 'solamente un
territorio sacro qu~ ~~rtRnecE al santuarin o al
temp l o. En los poemas ho ·' 1iccs poseen un t¿~enos
Belerofor1te, ITTeleagro , Glauco, Enb~s, Ulis~~ y A
l
cinoo (14) . Todos ~stos persorajes ti~nen varias
c~r8cterísticas de re¡es micénicos; el tÉm~nos es
un~ de 8llas . Webst~r sugiore quu l
posesión del
r.1 en os ser í 8 Ll n a s p e to q u , junto con l&lt;l gxpre .L.

,

t;;

(10) Od . 7 , 10 - 11 .
(11) Od . 6 . 54 .
(12) Od . 8 , 390 .
(13) Od . 6 , 305 .
( 1 4) 11 .

6 , 194; 9 , 578 ; 12 , 313 ; 20 ,1 84 ; Od . 6 ,

293; 11 , 185 .

�- 29 -

.

e o 111..:· tJ n ~n morta l ,
un
d
i
os
,
-------l~ s ooemas hom ~r ico~ desde la época
rni c {ni ca , r ecordar í an e l d O b 1 5 C ;:1 r ' t ~ r 8 r C Í V Í 1 - r 8 1 i g i o s o d e l o s r e y e s mi l ' r i e o s ( 1_~-' ~ •
• •
En \1an i as t..abl j J J.as1 .ss ·en e u vn tra la pa J. cibra ow, J. g un a ve z
p r e c e el .i. d 8 d e u n n :J ru b r e e n g 8 r1 i L i v e:. ; .... e l .rn í) t: n 1 a s e
rie de carros y equipos mi l ii~res (16) . Lo inter p r eta e i 6 n más a c.- r) ta da es le. d E. l.t. .i. ::&gt;u r
d 8 bid o a 1
...
•
&gt;
I
'
I
serio!_ , se re l ac1L1nRr í a con O'i :.rf.(1)\1 9 o n:n ~o~
. Par ti~ndo de ~sta int-1·pretac1 / r1 pd:Bcer í a que en la
~ac1edad mi cénica algunos ciudadanos deb í an ~opo
ci.ornaraU. j~ f e Cdrros , caba l los , corazas , espades ,
ov8jas e t c .
Esta costumbrP. aparece también en los poemas
homdricos . Agumumn ' r prum&lt;;.;;lw u Aquiles " sit;;t r:; ciu
da d e s p o b l a d a s d b h o n1 b r e s r i c o s e n g a na d o y e n b ur::
yes , que l e honrar¿n con ofrendas como a un[ dei d d y pagar / n , regidos por su cetro , crecidos tri
b u t o s " ( 1 7 ) • E l c r e Le n s e 01 e r i o n e s e s o nao v
de
,
ldomeneo (18) y tiene como onarov ~ Koiranos (18),
, .
, ,
F en 1 x es onao)v
de Pe l eo (19) . Adem ~ s parec8r f a
qua l a participación de los jefes aqueos en la gu~
rr.a de T ro y s fut::ra par te de su dlligaci6n lrnher ente al

s ión " div i no " ,
tr ~s miti cJ as a

c urr10

?

1

)

I

)

sc ·1·\li r. i o tlljJit.@:r:: ELJquenor de Corinto parte para Trl_
ya

p e r a n o pagar los p8sados t r ibutos que l
(1 ~ ) E . We b s t c:r ,

La Gr ece de nlyc ~ nes
Pa ri s p . 11 5 .

(16) Kn . Sd , Sf , So .
(17) 11 . 9 , 159 sg s .
( 18) 11 . 7 ,1 65 .
( 1 9)

Il .

·1? , 6 1 0 .

a

impQ
Ho11 ~ r~,

�-

30 y Equepo l o de S ici ón r egala

ní 2 n l s Aqueos (20 ) ,
a Agamem nón u n caba ll o pa r a n o i r a l ~ gue rr a (21).
La soc i edad de l as tab l i l las está compuesta
por trabajadores l i bres , artesanos de impor t ancia
como el kakcu ( xa~ x EÚb ) broncista , los kurew2 ,
artesanos d81 cu er o (22) , los keramewe ( x spa µ s C~
alfar~ros , el. amote r e constructo r de car r os o de
.
rueda~ , el tGruno~oko constructor de sil l a (?) , el
tokodomo (~0 L x0b 6µeb ) constructor albaRil,
el
,,
tokosowoko ('"CO~O~O L Os.) cnnstructor de arc-s , el
I
kurusuwoko (xpucrou py 0~ ) o r febre , el rapte sastre ,
~1

.

(

sitowo~o medidor

Ó:prcoxÓ'J(O~

ce

trigo (?) , el atopo~o
) panadero etc .. En:r- los _trabajadores
I

del campo f .rqctran el pome (1CO .priv ) pastor
a i k i p ! t 'J . ( r1 Í. y t ~ ')re o b
e a b r e r o , e l. o u r u t o mu

el

considerable de esclavos , esencialmente mujeres
que desernpeRan difércntc:?s ofirios . Según C11adwick(L3)
sólo &amp;n la serie Aa oe Pilos ~e encuentran 631 mu j e r e s , 3 7 6 mu c h a e ha s , 1 4 9 mu e ~.a e h o s c o n u n t o ta 1
de 709 p~rsonas dSclevas º Los oficios qus parecen
desarrollar en el palacio son: rewotorol&lt;owo
( A.os'"Cpoxóob) que atienden al baño , meratiri ja que:
muelen el trigo , pekitira cardadoras , apukowoko
)
I
que h acen diademas ,
rakateja ( ~~ax~~~) hilande ras .

Il ~
13 , 666 - 6700
(20) --•
( 21 ) 11 . 23 , 297 ..

•

m.

Lejeune , Mémoire de philoloqie myce n i e n n e , o • 6 5 - 9 1 : L a s l a b l 1 l I a s p i I 1 a s ae 1a serie 111 a •
(23) Des . p . 155 sgs .
·
.

(22)

•

•

�- 31 Cuando en los poemas homéricos se lee de la
v id a int erna del palacio, ya sea en J.a casa de
Priamo como en la de Alc í noo , de Ulises , de Menelao, de Néstor , aparecen mujeres esclavas , prisi_
ner ,que tr b jan lo lana, pisan 1 trigo,
~1ep
.
r3n l baño a los hufspedes . L~s esclavas de And
macn calient:in el agu para el baño de Héctor mir
tr s él mu~re b j
los muros de Troya; Euricl~~
bana al huésped y descubre en el muslo la cicstri
r~veladora de la identidad de Ulises (24) .
OrganizacJ 'r religiosa
Algunas tobletBs de Pilos , especialmente Tn
316 , hacen suponer la existencia de santuarios,si
no de tRmplos que, también por las excavaciones
a rqu eo l6 yicas, parecen no haber existido en époc
.
.
mi C8r11 ca .
Los datos que ofrecen l as tablillas acerca
dB lJ organización rwligiosa son pocos . Se nombra
sac8 dotes y sacerdotisas, y di ferent s ca1 gas qLJ
parecen tener relación con el servicio del santu_
rio
o ~ dakoro (~a xóp ob) (25), karawiooro
(x). af Ccp ) p o b ) e u s to de de la s pu e r. tas ., proba tJ 1 eme !J.
te un~ administradora del santuario,
j erowol&lt;o
( t EpoFópyob)
sac rdole encargado de los sacrifi•
/

(24) Oci . 19,386 sgs .
(25) J . P . Olivier, A propos d ' une li ste de
desservants de sanctuaire dans les documents en
linéoir e 8 de Pylos, Bruxelles 1960, interpreta
" e l que lirnp .ia el santuario " .

�- 32 - .
c i os , uorok ij one j o ( ÓpyE tC.ÚVE&lt;; ) p e r so n as q ,ue. p r e s i d f an l os cu l tos comu n8 l es , p uka~o ( ~upx o oc; )cu~
dado r de l fuego sacro (26) . A e ll o v se ~g r ega un a
la r ga l ista de teojo doe r o ( 9Eo t o bo ü'A. o t ) t eojo
doera (8so t o oo UA.a t ) siervos y siarvas de la di vinidad , clase probabiemente no servil , sino de
ciud8danos libres que consagraban su v i da úl s&amp;rvi
cio del templo (27) . ParLce que Gn Pilos los tri (26) Son estos lns oficios que han podido t~
n e r u na i n t e; r p r e ta c n 1n á s c 1 o r e ; e x i s t e n mu ch os
otros cuya identificaci ~ n todovfa es dudosa . cf .
Olivier ob . cit .
(27) Se h2 discutido mucho ac8rca de 8sta ca
tegoria . En general i )y tendencia a no ver en el l os
una close da esclavos propiamente dichos . Tsnien do presente 1 8 costumbre oriental en la cu3l e l
•
rey mismo era llamcdo siervo de Dios s y conside rando que 1'3 palabra servir er1 semitico tie11e es t r e c 110 r e 1 a c i ó n c o n r:: 1 c u l to e: n l o s s a n t u a r i os y
en los templos, en cuanto servicio divino , se ha
visto en esta c8tegoria una clase de hombres y mg
jeres libres que tenían corno oficio el de servir
a Dios (v . Guthrie en Bull . of Class . Inst . Lon don 1959 p . 35 - 46; N' stor, oct . 1959 p . 73 - 74; L ~
~ i a , rn i no s 1 9 5 7 p • 4 ·1 - 5 2 ; P e l me r , T r a ns . o f t h e
Phil . Soc . 1958, p . 1- 35; Stella, Numen V, 1958 p .
18 - 57; Tr i t sch , Minoica 1958,p . 406 - 449) . En con s i d e r a e i 6 n d e 1 a d o b 1 e c a l i da d d e 1 w·a na x A • T o v '"' r
ha i nterpretado la pa l abra teojo como wanax , da n do a la expresión el signif i cado de s i e r vos de l
.1..

'

�-

33 -

but os para lo s santuarios consistieron en trigo,
vino , queso, miel , har in a , aceite , diferentes ani
males domésticos~ Algunos estudiosos han visto en
l a tableta Tn31 6 referencia a sacrificios humanos
•
donde.; se le . . " una mujer para Pere82 , una r UJer
•
poro diu j o , un h rnbre para Hermas , un hombre p&lt;:!t
Zcus , und mujer fJara Hera , una mujer para Potni -,
una rnujer para Mnasa (?), una mujer para Posidae::ií:J.
P o d r í n t r a t g r s e s e r1 e i 11 a me n t e d e p e r so na s o f r e e l d o s a l s e r v i r. i o t l el s a n tu a r. i o. e o rn o e s c l a va s •
El pant ór de l s toblet s resulto .hasta el
momGnto compuesto de las s~guientes divinidades~
Zeus , Hera , Aten ea , Poseidón , Hermes , Artemisa,
D e rn t t 3 r , Oi o n i s o ( ? ) , [ f e s t os ( ? ) , Ar e s ( ? ) , E 1 e u thi-.. , lp8rión , Ifi1neoe1a , iJos1deia , Potniz- , Sele110, Zagreus , Céfiro . No ao~recPn ep ít P n~
ólo
Atenea en una tableta de Cnosns (V52) ~ qt ~ r~ po'
, J
'
t ir1ija que recuerda la expresiór 'JtOrcv
t\0riv r lfl
1

de

~tornero .

•

La palsbra potini.ia aparece varias vec s en

documentos de Pilos y Cnosos como nombre propio
de divinidad . Podría sugerirse que ,. puesto que el
.
nürnbr~ de Atenea aperece una sola vez, la palabr
p ot inij e a l indicar una divinidad, o l a divinidc:d
por antonomasia , podr i a roferirse a Atene a .

s u p r e rn o (Talleres y ofic i os en el pal2cio de
Pylos: teojo do e ro - r a d om é stico / d del rey , Min os
1961 , VII p . 1 01 - 1 22) .
jefe

1

�-

34 -

En base a l a estad í st i ca de frecuenc i a de l os
nombres de las diferentes div ini dades y de l os t ri
butos que se le deben u ofrecen se podr í a deduci r
que la divinidad más importante en Pilos es Posei
dón, el cual se encuLntr8 nombrado por lo menos
once vec 8s en Pilos , tres veces en Cnosos , una con
el nombre de Enosidaon, y ti e ne en Pilos un san tuario .
No hay duda que en la Od isea Po se1dón cumple
un pepel más importante que Zeus, el cual aoarece
como una divinidad de segundo plano , dbJando las
decisiones e Atenea , que tiene en la DdisEa muchas
de las c~racter í sticas de la Potnia meditar~áne8 .
E 1 pan t c. ó n de 1 a Odi s E? a , c o mo su g i e r ~ P a t r on i ( 2 8 ),
poorfa indicar un per 1 ooo de transición entre la
r e 1 i g 1 n n m i. n o i c a 5 p n : ? c Ll a l p r e d o mi n 6 u n ~ di o s :!
madre y la religión griega . Poseidóns como esposo
de la tierra (29) , se reiacionaríndirectamente con
(28) Commenti ~editerranei all ' Odissea di
omero ' íf: i la n ()" .1g5 e.

(29) 'ITÓCi t {; Yti
según la etimolo .f. .... sugt::rida
por Kretschmer y generalmente aceptada . A. Haubeck ,
P ose1~~n , Indog . Forsch . LXIV 1959 , p . 225 - 240 , en
base a la ausencia del digama en Posidaijo , nom bre con sufijo - i,Jo sobre un tema consGnántico ,
piensa en una etimolog i a ~if~rente . La primera
,
parte recordaría 'ITO' ~~o~ na~O{;
l a segunda perten~
cerfa a l a familia de Ebá~ v . y signifi~ar i a el tQ
~o: experto en los cam ino s del mar .

�- 35 l a r e li g ión min o i ca . Las tablillas parecen confi~
ma r e l pa pe l secu ndario de Zbus frente a las divi
ni dades feme n inas . Sin embargo en Cnosos un nom b r e de mes deriva de su nombr e : diwijojo , como t~_
b i ~n el

n o ni b r e d e u n s a n t u a r i o d i u j o

( 3O) •

d8 r j s

on Cnosos es nombrado un Zeus Diktaion (31) y t,:;n
Pi l os u n Ze u s Drimio (32) .
A r ~s no apnrece con su nombre, probablement ~
se Gncuent r a en Cnosos y e11 Pil os con e l nombre
de Enialo (33) . E~la !l i a da Meriones cretense os p a
recido a Enialn (34) . Apolo tampoc o dparece con
s u n o mb 1· e ; q u i t í s s e a
l P o j a wo d e Cn o s o s ( 3 5 ) y
el 11 hijo de Zeus " de Pilos (3b) . También t.,.;n l os
porm s t1 o n, ~ r i c o s Ap o 1 o o p a r e c e c o n l a f un c ~ n d e
íla t. ~e)\'
el i o s d t::: l cJ me d 1 c i n a ( 3 7 ) • A l g u n o s r L. .,, o n o cen en " el hijo de Zeus " a Dioniso , cuyo nom r8
aislodo se ha encontrado dos veces en Pilos (38) .
Por el ca r ¿cter de los documentos no hay ni~
guna referencia especial a la n turaleza de lGs
divinidades y a su actitud frente ~ lo s econte ci mi o n L o t"l u ma n o s • T a rn b i é n q u e dan c a s i e o mp 1 e t a 1ne n t e
desconoc i das l as f unciones cultual es . Se h ab la de
t,:;

( 30) Kn . Fp 5a .
( 31)

Kn . Fp

•

1•

( 32) Tn • . 3 1 6 , 10 .
(33) K r1 V52; Py . An724 .

•

(34)
(3 5 )
(36 )

~37)
38)

•

•

I 1 . 2 , 65 1 .
Kn V52 •
Tn 31 6 .
Il . 5 , tJ0 1 , 899 ; 16 , 52 7 - 29; Od . 4 . 232 .
Xa 102 ; Xb 14 1 9 .

�- 36 ofrec imi entos de ace it e a la " sacerdot i sa de los
vientos" (Kn Fpl, Fp13); toda la serie Fr habla
•
de tributos de aceite a diferentes divinidades; y
1 3 tablilla Tn316 parece presentar una proc~sidn,
que podrI2 recordar l s escdnns del s~cóf3go de
Hagia Triada . De estos · pocos dotas podr í an dedu cirse ciertos para l elos ccn l os poemas horn~!icos,
incluso ln refer e ncia ~ sacrificios numanos de Tn
316 (39) .
•

Ob,jetos de la virla diaria
Las exca vaciones arqueo!~ icas han hect10 co •
nacer varios objatos que ahor~ reciben su n o mbre
mic~nico con la lactura de las tablillas .
P y T n g 9 6 d a 11 n ~ 1 ' ~ t a e n : é\ e u a 1 a p 2 r e r: e n
dos bañeras rewotereju, tres j i-I r ras para agua udoro,
tres jarras piara (40) 9 sieto cónt~ros de bronce,
dos ánforas, una taza je oro , tres copas de bron ce con pi~ . En la list a d e r egc los que Menelao
ofrPce en Egipto 3Darecen bañeras dB plata , dos
trípodes y diez
talentos de oro (41); entre los
•
regalos que Aquiles ofrece en los juegos sn -honor
(39) Il . 23 , 175 sgs .

(4ú) Sigue el ideogr ama de un objsto ancho y
c ha t o e o mo en Ta 7 O 9 • ~ h ~ d w i c l , oc s • p i e n s a e n u na
especie de c:lldera; ser 1'1 -el objeto qua. aparece en
11 . 23 , 270 o ' áµyt9€~0V ,~ tá~~V ~~~pO~OV una g ran
copa con dos azas , todavía no pue: ,.t"3 en e l fuego .
(41) Od . 4 , 128 •.
•
•

�..

-

3.7 -

de Patroclo se encuentra un- jarra -que to~ · --f a - no 11
, ' ,
,
' ,
tocado el fueg o ( b .aµ,q&gt; t. Í:1E't"OV cp t. a~11v a'l:uooi;ov ) ,
caldera f tr i pbdes , c aballos , mula~ , bueyes , muJ_
•
res y h1t:rro.(t~ 2 ) .
. .
La serie Tu de Pilos of r e c ü list as de difur8ncús tipos de mesas ( t opez8) , sillas tono y t bu ro t (; ta r 8 n u , todo s inCI'ltlsit.a dos o o
metales y pi ·d rus precins8s y m~ rfil . En l~ misma s~r1e apar c n
ClfTt t) J ( r
~ s p el s i n e r u s t a d 3 s • L a s t e tJ l i 11 a s T _
642 y Ta 71 4 ofrecen detull es int eres~ntes . Ta 71
die~: " un s ill,Lr incrustado e n kuwano plot
y r
un l
p r te: dt . t rr' ~ , con F igurus de hombr~s en
rG , co n un oar de puntes d~ oro , con drogcnes en
.
o r o y kuw:.no , un t0burete incr.ustado e m kuw.:. n o pl_
t n o r o y c on b8 rr ~s d e
ro (43) ~
L 8 mesa rJL j /_-~or ._,u b1 .... J., CJ L..wd
··· l :;; t. ~ 11 e, u e n t r
I
1
f mJS(.J t z~ t~en~ l as patos en xuavo~
( 4 t~ ) •
,
normalmente s~ traduce con ne L
p lubr xun VOG
t ü , 8~rn,l t e , lacis1azuli y , ~n relación al color,
o b-s c u r o . S e ú n T a 6 4 2 y .T a 7 1 4 s e t r o t a r i 2 d G u no
mes incr u '.'lt.ad a en x ua v o~ •
La gren taze h om~ric~ de Néstor con cuatro
azas recibe s u confirmac1 ' r en l as tablillas de
Pi l os e n l as cua l es a pare c en tr ~s gr a ndes taz as
e o n e Lt o t r o o r e j cJ s ( l.i 5 ) , j u n t o c o n v a r i o s t r i p o d f:; s
t..

•V

_J

~

•

(42)
( 4 3)
(44)
(tt5)

-·

•
11 . 23 , 259 - 61 .
Chapwick , Des . p . 34ti .
Il . 11, 628 .
•
Ta 641 .

�- 38 de febriccci6n cretense . Se las llama d i pa mezo
get orcwe , junto con e l n ombre aparece el ideogra ma correspondi s Ate 202 (46) . También En l a Il í ada
,
"
, ,
,
l z taza es OE~ab oua'"r:a b au'"r:ou '"r:ecrcrapa
(47) .

-

Vestuario
Los docurnentos preser1tcn i deogramas qua indl
c~n 8 l gu n os tipos de túni c3s de l ana y de lino ,
d a r1 d o s u s d i f e r e ri t e s n o r., b r E s • E n l a s e r .: e L d e Cno
,
s o s a p a r e c e l a p ~ 1 a b r a p 8 we a cp '1 Pf E a ; p o d r i J r ecoI.
d2r el homéri~c cpapob
(48;; L594 da la expresi n
rit a paw~: vestidos de lino , y l(n J693 rin o r poto
I
At' vov AEn'"r:OV
(49) quo podF ! a tGn~r un 2qu i va l e n'
, ,
t L honérico en '~En'"r:ab
o8ovab
vestido de li no sú t i l ( 5 O) • La - mis ma t e ' l i 11 a p r e sen t a t e mb i é .1 1 u DéJ
l a b r o k i t o X t '"r:o~ v •
Equip o rr.il.i.tar
Las ex c a vdc i ones han restituido desda un orin
cipio varios sspec i mer 1es de sspadas y puña_las , c~
bi ertos en oro , incrusta~os d~ esmalte y marf il,
casi si~mpre con ~ras rémachesJ En algunos de es tos objetos las incrustaciones son obras de adm i r ables or f eb r es, como en los puñales de la IV tum
ba de Micenss en los cuales un a rti sta geni~l h a
1

. . . . - . - ·- .
•
(46) Ch a dwick , Des . P" . 336 .
(47) I 1 . 11 ' &amp;3 2 .
(48) Od . 5 , 258; I l . 2,43; 18 , 353·.
(49) Chadwick, Des . p . 320 .

( 5LJ)

11 .

18, 595 .

�-

39 -

grabado las escena~ de la caza ~ l león .
Las tablillas conocen estas
espadas y puBa •
l es y usan para el lo 3 dos palabras gi s ipe e ~ L~e
e n P i l o s ( 5 1 ) , p a ka n - cpcf cry a v a
e n C no s o s ( 5 2 ) • E n
T d 71 6 se l eL : dos espad2s q i s ip ee , dos cabezos de
,
.
cl :=-1vr1 p os21 r o ( 1Cacrcra/.. OG ) e n cad~ lado . Los poernas
'
,
t1 o m( r i e o s u s 9 n u n ad j e t l v o a p y u o o r¡ A. o v
- ( 3 3 ) .. E n 1a
!li ada e l ad j eti v o scomp~ñB 1 8 polabra ~{~O G ; se
t r cJ ta de 1 a
r a

es p ~da

l a P.~ l abra

de Alcin oo .

La

,,

,

d.e A g a mon1 n ó n . En la Orl is("' a

9povo~
n~lobra

•

:;-;&gt;e o mp ::l.

en l R descric1c1'5n dt l"'
~1or -' ~ica

coszi

1.;;;s¡.. " cornpuesta de

l:.

apyupO G y •1"- ºG , cab8za de clavo (5l1) , la ax pros 1 ~n se traduce " tachonado de plata " . La ín1sm-:i
e s p a d u rJ e 11 g o me mn 6 n e n -o t r o p a- s a j e d e l e I l i a ri a (S ~
t i L n o c l a v o s d e:: o r o ~'A o 1. XP t) cr e Lo t
c o mo T a 7 1 é k u -

cu

(56) .
En l os documentos do Cnosos aparece la l a nz a
oclorn do du bronce con l ~ punta do bronce eke~
,,
,
kakar
. ( 5-7 ) E YX E 0 "&lt; ri&gt;-.. ,, a p E o: ; la 8 x p r e s i ~ n r e:. c u 8 f.
'\.
I
da xal'..XFpe
l óour l'
de l a !li ada (58 ) • También en
i. USO

IJJ80

(51) Tc.i 7'16 .
(52) Ra 1540.
(53) 11 . · 2 , 45; Od . 7 , 162 .
(54) ~1'.0G e n Homero t odav í c.1 tiene significa -

cabeza d e clavo , aun cuancjo 1n~s tarde inai cs d irectarn e n te el cl a v o .
(SS) 11 . 11,29 .
(56) Ch adw ick , Dcs . p . 347 intGrpreta wao como
u1alo ' waJ l o ,,, 'l e
do de

V

(57) R 6481 bis .
(58) Il . 5 ,1 45 .

�-

40 -

Cn o sos se éncuentra la palabra p ataja paltaja , jl:J_Q
t fr a l i deog ram a d e flecha (59) . En griego clásic o
rca1'.'to 'V ·es -j 2ba 1 i na .
· oi f º r e n t e s i d e o g r a ma s i n d i .e a ri. 1 2 s c o r a z a s ; e n
Pilos 13· palab r a qu,j-· {D.ompaña e l- ide og r ama es t o r 1 I&lt;G 8ro p a X E b • De l 2 r e p r e s e n t a e Í 6 n · i d e.c..g r _¿ f i c a
p8rec8r í a que l3s cor2z3s mic~11cas tuvie r an fr a~
j Js·h~rizontales , probableíl1ente de diferentes ~e ~
t J l e s • L a s ·t a b 1 i i 1· a s no e s o e c ; f i. e a.n el ma t e r i a 1
u s8do par a l¿)s co1'"'0LcS í s(lo ·en Cnosos una vez p~
r e c e:.J r i
t r a t a r s e d e e o : a z o s d e b r o n c e ( 6 O ) • r~ q hay
..
dt1d a
quo e l bronce es rnetcl lli.JY importante en
~

1

Cr1 o s os y ~ n P i l o s ,

1 o s t r a b a j a d o r \;,. s d e l

y que

b r on

ce- ocupan un lugar Especial ~n la organiza c ón so
..
.
c i ~ 1 _ 1:: e s q :r i e g o s · e ·r, -· o s p o e rn a s n 0 rr :. r i c L s
2 on
,
XUAXOX t 'troVEb , vestidcs dG bronc e~ ~n varias ~~blill as de Pilus , junto con ls palabra corazu ap~
r ece la palabrn opawot~~ la cuJl podr i a r~ferirse
a les 'fra nj 2s horizon~ales q u aparecsn 2n los .
.
•
•
idecgr mas (61)º En Cnosos se
ncuentra
un ideo .. .
-e v1a
•
gr3ma : tunicage, sn el cuel ~ ser f a la . c:i or
t:;

.

t u t e de l a paiabr2 qéro que ap~~Bce también en
tr es tablill2s de 1~ serie . Sr n e Cno os . Se ha
ecercado la pa l abr2 qEr o a yÚaAov . El ideograma
ind i c2r f a entonces fr njas de coraza , es dec i r
l as l~11inas con les ClJwl s se h¿c .f a n l as corazcs
•

( '5 9)

Ws 17 04b .

•

•

•

(6ü) V 789 .
( 61 ) Chadwick, Des . p . 376 •
•

•

.

-

�- 41 y que ·Po -1 r i a n ser de di fer e ií tes mB ta .~ es ; seria el
,
, '\.
9rop ftX O&lt;; yuar.o v de l a lliada (62) .

Va rio s tipos de yelmos h3n zparecido en las
excavacio n es . Las t blillas presentan un solo id8~
g r nma en forma da cono y el \1ocablo korut o . Tam bi~ n e l y~lmo par_co ten~r fr anjas; sn Pilos son
cuútro (63) . La !li ad~ h~o1a de un v.Óou~ ~e ~pá~a,os
(64) que se tr¿ducs en general " ye::.lrno
de CLJ~tr o
•
crest8c 11 '). " de CU' tro ubL1lladtJrao " ; el signific do do r~~&gt;o~
as incierto; guiados por los tabli 11 , ' s s e p o d r .f.
i:. o r1 s a r e n 11 s e e c i o r1 s s , f r n j s s 1' •
Los c~rros aparecen ~n los documentos de Cno
s s . n tros ide o rsrn lS dif\;¡rentes : carro con ru c.1
(2ti0), carro siA rucd~ (2lt1 , L42) . El v ca l o
t
,
usado os igi j n t. TITI. t. a . En PilcJs 8p8recr:.n ru l: 1as
,
,,
apµo~~a . El uso d
deJ · r les e rros s n
ruedas es recordgdo en I 1 í z d
( 6 5). Lo s c s r r o s d a
Cnoscs son tr3bnjcdos 8rtístác~monte sn marfil ,
ointadús en rojo ponikijo cpo t. ' t. xÉo~ • Las ru ... das
ge n ~rolmente son de madera con aro de bronce , c o n
clnvos ; en Pilos son ribet eadas de plat~ (66) .
Cn Homer o la pnlc::ibra pcJré.l car-re -es rrpµ.arca
,
pero apar oce t:rrn t a
e n el epI tetn t n:n: t. oxápµris (67).
Cl escudo no apa r c en ninijGn documento , ni
.
e n f o rma de j_deograma .
V

•

(6 2 ) Il . 5 , 99 .
( u3) Sh ? ti0 , 737 .
(6 4) I l . 22 , 315 .
(65) 1 1 . 5 , 722 .
(66) Sa 287 .
(67) v . m~ s ade l ante .
•

-----

�-

42 -

Poes í n mi c énic a y p oemas

h o m~ric o s

•
•

Ev e n tua l existencia de
La l

8

u n a · p ~~s i a

•

micé n ica

c t u r a d e 1 ma t r;; r i a 1 e n L i n e a l

8 n o h a p rg_

pc rcior.1 2:1do hast a ahura ningun 8 indic:lci6n c 1nc r e t a a c a rc 2 de la ex ist en ci a de una poes i a micón1ca
es crit a u o r,..,l . No s6lo no h2n- sparacido e n l as
t a blillas r es tos .da po ~mas del tipo de a quéllos
encontradJS en l as regiones mesopo t~ 1ica y Dnat6 l1c 1 (acádicos, cananeos, hitit as , hu r ri t 6 s) , si no tamp ocu se ha n le i do f ra sEs o grupos d ~ pa l a bras que testimonien o hag~n suponer l~ existencia
de cualquier g~n e r o po étic o .
Dos t ab lat as , u na de Cn csos y ct r e de Pil os p ,"' r E e en ten e; r un f ir. 1 l ex""' métric o , e n e l . cu e 1 se
p u e; cJ ~ r 1 1· L:: e u r1 o e t: r d o s d á e t i l o s s e g u i· d o s p o r u n t r o
qu eo (68) . Per o dos casos 8 i s l ~dos en e l ~úrero
t ot3 l de las tcbl 1ll ~s no pueden s~r abso lut ame nt e indic :t ivos . Chahtra in e en un 3 cr í tic a a l li br o de Kirk , Th e songs uf Home r (Cambridgb 1962) ,
a u r1 -e o n s i d e r a n d o mu y p ro b a b l e l a t.. x l. s t e ne i a d e
un n poes í a mic~nic~ , sos ti e n e que reconocer e n
•
l ~s tab lill 8s pert~ de versos es ·frLJto
dE: imag in-ª
1

c.i6n .

arquaologin u fr~ce ai gu n 2 indicac1~n que
,Q u e d e a y u d n r a p l ü n t e 8 r el problema • Lo 5- mó n úm e·n t os , los fr esco~ , l a alfart..:;r f a , · l os v·e isu s
l as J·o
'
-y s enco ntr ados ~n va rio s cen~ros de l a civiliza
c ión mic~nica sugieren la exi~tencia de un arte
L2

( 68 ) Kn Og 46 7: joárnin i sóde d i d6s i ; P y An 3 5
. tókodomó do me6 t e .
•

�- 43 micénico en p~eno desarrolio . De la ob~ervación
de io s r estns de oalac1os SB deduca f~cilmente
que e n este !"); ocn existieron arquitectos geni l
..
qu e consiguieron con h~hilidad y audacia
8.L 8Li
libri o pgrfectc de la r é J8d'"" de le tumb'" d8 1 '"'
Atreos; pintores que af r dscaron con colores in
l~bles y agudeza de observlci6n los muros de 1
p lrcios de Tirinto y el sarcófngo de H~gi~ Tr_
d ~ o~febres qLe trabajaron con primor y s ínt E
l~s copas , l os sellos , los anil l os 7 les f~bul
l
múscoras . V exist f sin dud un arte de 1'
sic'"" . El s r 6t3go de He.gis Tr i ad~ que se sitú
rtre l os sig l os XV y XIV a oe . cn, es decir en
n ... ~po c o m ic~ni ca , presento entre otres f gur s
º o .1. ~ u n l o d o u n 1J n f l a u t i s t a
u e e r1 t.; C1 b z a un
procesiúr1 , y, ;:&gt;ot:&gt;1~ .wi.ro l:J!'l ht0i1.bre tocen do la lirc.:1
un fresco de Pilos mu8stra un e ntor sacr sen
de sobre u nu roce toe ndo lr llr~; y en u a tu
c ú pu l
de íll en id i (A e
n l:j) s, ven e: se u l p dos
liros . lUebstar se pregunt. si puede tr'""td s
d~
l
tumba de un guerrero pott8 como Aqujlec (6¿,~
En un vaso c on reliaves du H~gi9 Tri1dn est~ r pr ·sentado un coro de compssin s dirigido~ por '
. ...
J ere .
•

..J

L a concl us i~n p a rece presentarse obv~aments:

t i e r o n e s t .... s d i f t.:i r n t G s ITTél n i f e s t a e i o n e s
t i s t i e 3 s , i n e l u s o l r1 r11 ú i c a , tu v o q u e e x i s ti r t
bi~n un a rtG poéti co . Es muy probLJb l e , ~n efsct
•
•
.
qu e l a mú s ic a de la llro sirviera "l o de acomp
si

exi s

i:;

.J

•

(69) ob . cit . p . 13 7 .

--

�- 4.4 -

ñam i e nt o a l a pa l ab r a p oé t ic8 . Vo lviend o un a ve z
más a l sarcó f ago d e Hag i a Trí a d n , l ~ es c e n a pa r e c e ri a s ug e ri r q u e e l fl a u t i s t a ~ ácompaña un ~ sacr l:_
fi,ciot- ~ m f eiatr qs al . 1rn~ s i c a .. q ia e. t a c a l a lir2 csn:s
.
les h---. z añas di3l J8f 8
Nilsson ve en l~ escena uno dsificac~dn d&amp;l n1uer to (70) .
.~

W8bster (7í) sn bass
tos monumentos y de otro~

3

l o observ2ci~n ce es .

~ug .

-

..L

ha -

~

J.J..

Dbr existido d1fErentes g2 e rGS P~Gt i cos : poesf?.
.
d e carácter r e l 1 g i o s o : ·~l i mn o s ; poes i = qu2 cani:o
l ~s hazaAas de los reyes ~n unr
y que en a 1 q- u nos e a s o s .o LJ d o t e n 2 r e a r 2 e t e r i n
;

~

t erna c i o na 1 , el referir se a 8 m¡)re s as 11 e v 3 d 2 s o ca
.
b o por v~r1os rey2s .
En r u~ nt c1 ~ los
encun
-·
t r~r olq ún indicio 8n l as escc.nna reoresentcdas

en frescos,

joys= ,

1

_.._,_u .

\ ' ...... ::: ·¡ C!

Un /nf oro encontr3¿a on En komi (Chipre) ra •
presenta un carra co11 dos person~~ y una t:', iourEi
c ~n una b2l?nza en la mano . Poorf
oensé:lrse en
-J

'

Zeus , o en general ~n una divinid a~ , que pesa ~1
destino de las dos person~s . Un e plac8 ds vidrio
µ roc~dente de D~ n dra represent2 ~ u na m u j~ r sent~
o· sobre un toro; ser í ~ u na r e pr ese n t?.ció n del ra.E,
! u de Eu r opn? Ot r n pl ace de v i d ri o ta1n b i én d e De n
dr8 represen t 0r ! a l a Quim8 r 2 ¡ Be l ercfo n te . Un a jQ
•

(7 0) Min . ffiyc . Re l . p . 443 .
( 71) o b. c i t . p . 138 - 141 .
•

•

�-

45 -

ya del ~rc hivo Heraeum repre s~nta a dos centauros

un sello de Cn osos muestra un mar inero qus lucho
contra un monstruo ; se ho pe n sado en Escila; m~rj
natos sugiere quL se trut de un nípopótamc . Un
n ni 11 o d G T i r i r1 t re p r e s e n t
LJ na e s ce na 8 n
-. e u
se h r visto i L r l pres ent c1 &lt;n dol r9pto de Ari~n
por Tt..:s8o o l ~ p)rtida de m~ n eloo y helen~ haci
1 o s Co rníJ o s El Í se s : d e de r e c ha a i z q u i e r do s e r1 t on tres p~rojas, un a debajo de una puert~ dn ~C­
ti ud fectiv ~ ,
trJ en cti~ud de s ludo y un
t~r 8r8 sobre un barco . Un ani l lo Encontrado ce1cs JG C8nd.í a mue..,tra 8n el p l no superior u'"l~ f i gur femonina , probs bl 8me n tu una diosa; a l~ der
chJ tres figur as en actitud je ~spora; ~baj~ un
b .... cu cun se is rvrnurus y ur1 µ.i.J..otu, ur1 l1umL.o 8íl
la o rill o s3 lu d? c o n una mano y con ot r a em~uis 1
un a mujorº Ev a n s sugiri~ quo puede tratarse de 1
s l da de una dios8º Un 3 nill o encontrado en el
¿go a de At e nos represent a un hombrG con d l Cutro en la m~no , a rr ast r a nd o a dos mujerds atad s
con una cuerdo . Se ho in t~rpretodo como el Min . .
.
come Hermes psi
p
r1
ione r s '
t u o y ffi UJ 8 r 8S
pompo ("7 2) •
De Lstas int ~rpr8t c1ones r esultar ! a qu
1gunos ternos rgligiosos y m1t o ló g i cos como eus y
l c.i bé.ll nza ,
r a ser represent c dos en objetos ort !
bab l eme nte e r a n Cqntados t~mbién en

(72) Para estos datos
p. 34 - LlJ .

�- 46 d a s in emba r go l a d u da : lcu~r1 d o e l

co n oc imi e nt o
de tenias h omé ric os i nflu ye y cond i c i ona es t as i n terr:.ret.:!ci ones?
Len g un

m i c é nic~

y l en gu a

homé r ica

•

Bowra en un ar ti cu l o public~dn en 1926 (73)
demostraba que ~1 vocabulariu hom~r i co 8ncierr2
paiabras que no son de uso normsl en nin~ón din l ecto , con excep c ió n de arcadio
, - chipriota . El re cLnocimiGnto del mic~nico como un dialecto griego
de lé esfera del arcadio-chipriota podr í a hacer
pLnsar que los vocabios arc2dio
- chipriotas recono
.
.cidos por Bowra en los poemas hom~riccs , l l egarnn
a los aedos de les siglos IX - VII I a . e . e . ~ través
ds unA rnesí~ mir~~¡c-v Quiz ~ L, ~n ciert~ sentido,
coincida con esta hipétesis la observncién de Geor
g i ev de que el dialtcto homérico , en lugar do ser
une lengua 2rtif ici 1 1 sar f ~ la últim~ fase de lo
•
koiné creto - miwsnic ~ , tenien~o 8n cuenta ulguncs
r2::::gns recient8s debidos a l~ i r1fluencin del jóni_
co - ~rico (74) .
Chadwick en un 8rt í ulo publicado en 1958 .(75)
ofrece una iista de 37 p~labrns poétic ~ s que apar~
cen en l~s tablillas de Cnosos v,, de Pilos . ts inte
( 73 )

ela s s .i:-c '1 1

(74) Ln

~tO t. \I ~

Quzrt . 192ri , p . 168 .
creto - n1yc~nienne , Etudes 1 956 ,

p . 173 - 188 .
(?~) myce n zeans elements in the homer i c dia l ect , ffiinoica 1958 , p . 1 16 - 122 .

•

�- 47 r esante controlar estas palabras con los pasajes
homéricos en los cuales aparecen . AdEHnás de pala ,
,
bras· de u so conún y reco-nocidC' Jmo a LXl.Lfl;· ÓCTLa~9
'/
'
'
,
,
I
'
EYXOf;, Lf)'t:í} p9 xo:r-11'} xooOG 9 TI:of.. t or:, 't"Eµ.z vo ~
h )
~

L

11

tr

G1l

z s n l g u n-él s d e u ~ '"'

.&gt;

x e l ·~ s i v o o e a s

e x c ...

r: ~tv·,)p,a t ~ yt~\J:XL O·~? E t cro;~ 6p t;'v ·c"oo ou.a L te • Alguna s a p o ... e e· n . . n p a .... aj e.s da c la l.9
procej~nci~ formJli~tica o rica de
l'm~ntos eú
cos , o entre pal~br3s que t~mbién encuentran su
par3ld l o en mi ~,ico, o por fin están relacione
rnn héroes típicamente mic~nic s . Pued8 r~~ultar
&lt;:.il dar algunos ejemplos :

ivo en Hor1ero
lj

apukowoko (Jmpukowprgpi) (76) mujeres qua f_
,,8ri~an diademas . En !li ada se encuentra· la 02lab1
aµ~u~ ' usada con rigniflca1o de diadema , q~iz¿5
,
.
sinó nim o de CJ'CEC~Vl (77) . En 81 mismo paaave se
e nc ue ntr an otras palabras que puaden haber sido
usa 'es e n época micénica como x E x pu~n.ov, a v 1hE aµ~'
mientras todo el pasaje 8S rico e n eolismos . Ls
mis a palabra dparece en otro lu~ar ~n forna com•
pues a xpu&lt;1a¡ 1 rruf (78) .
'
,
upi por: ewe (79) aµcp t, cpOoEu~ copas con dos a s
Ja I l i a el a y~ da Od i s e a (
E s ta p a l a b r R s e e n e u en t r a
S trata las dos veces do la misma copa l~ue Di6r12
sos tia regalado a Tetis al salvarlo ella d 1 rey
Li e Ll r g o • Aq u i l e s q u e l a h a r e e i b i do d e s t.J ma d r e ,
"

/

(76)
(77)
(78)
(79)
(80)

Py Ab 2 1 0 .
11 . 22 , 469 .
11 . 5 , 358 .
Kn Uc 160 .
Il. 23 , 92; Od . 24,73 - 75 .

•

I

�-

48 -

l a d es tin a p nra b nc e rr a r l as ce niz as de Pa tr oc l o
y l as suyas . Si se c ons i dera que Te tis . y . Dióni so
e 0 n mu c ¡-, a p r o b a b i 1 i da d pe r t e n e c e n a 1 p r i mi t i v o p a!!
t~é n mi cé n ico (81) , podr í a pe n sarse que la pa l a b r a ficiu r aba en alg~n relato de este mito en una.
poes í a micén i ca q ue habr i ~ sido conocida por los
aedos ; au n cuandc ~1 uso p~rn el cual Aquilas l a
dest i na no s8a de écoca miL~1 ica . ~-labria aquí un
ejemplo de un vt..rso de 2ntiguo poasía i nt grodo
en la nueva y usado pora documentar costu· .b.res nue
1

vas .

,

dem i n i j a ( 82) beµ v t, 0 \1 cama , es vocablo usado
u n a vez en ll i ada y dos vGces en Odisea en versos
i guales (83) ~ En I l i ada es Aquiles que haca prepa
rar la cama para Príamo; en ---Odisea, en Gl .o rimar
pasaje es Helena quE la hace prep2~ar par~ Telém~
.
.
co , y en 81 segundo es Areté que lo hace para Ull
ses . Ade~~ tambié1 en Odisea es la cama de Nausi
caa, y de Afrodi ~a )' Ar.es (B L ) .
taranu (85) e p:v u~ es' un taburete o banco
de remeros ~ En l a Ii í ada es un taburete que He r e
promete en rega l o al Sueño; tn Odisea es el tabu rete sobre el cual Penélope pone los ci s , obra
de ~arf il y plata del artesano ( xa~ x€Ú~ ) lcrnalio.
Otra vez en Ilíada _s el bnnco de los remeros has
ta el CL1al retroced~ Ayax (86) . Hera y Pené l ope ·
0

( 81 ) \Uebster,ob . c i t . p . .134 - 35 . .
( 8 2) Py Vn 851 .
•

(83) 11 . 24 , 644; Od . 4 , 297; 7 , 336 .
(84) Od . 6_, 20; 8 , 283 .
•
•
(85) Py Ta 707 .
(86) 11 . 14 , 240; Od . 19 , 57; 1 1 . 15 , 729 .

�- 49 -

son personajes de antigua tradición micénica , con
c a r actsr i stic~s que recuerdan muy de cerca la
pot
ni a minnica ; Ayax también pertenece a la misma tr adis ·

L .1 .

rita pawea (lita pharwea) (87) t e i i d o rJ e l i ....
r1 ... , c1Jber tor pc=Jr · tap r
1 C8dáver . tn Ili ada :p~
r C•.... Jws v .... ces E:n ~ e l a e ' ( r1 a l cu e r p o d e P a t r o el o
( 8 8 ) • , E n l p r i m.... r p a s j t:: se 1 e e t a mb i é n l a .p a l br· cp. p : L como en la~ tab1°tas . [n el varso ante; ~
,
,
,
"
r · -ir .. e: h--1 bl a de rr ,e; l ~"&gt;Cl't'OC: e: VVf r 1t 'J LO ; · rrA.e t &lt;pap
1...

r)

J a IJ r

:i

~u¿ · t am b i ~

•

a p r. rec e

e n mir ' ni e o ( 8 3)

arepaio (al8iphatei) . Todo Pl e njunto de estus
ver o p !Ges de ir spirac1 '
mi t-'n ica . IguEJl ob s e:; r v i;1 e i ó n p u L- d e h a c e r s e e n e l p ,~ s a j e d e l a O e' s ... a
l:'li el cua l apéJrec e la pcl~bra
A t '"Cn. • E2tamos n
1"'1 Las~ de Circe; bn tin n descripc1ón d .... v ario
o.!2_
j e 1 o s t o t a l rr1 e-. . n t e mi e f ri i e o s s e l e e t '== rn b i é n A. L'"Ca ( 9 C) •
El mism
las i

vocablo se t= ncu Lntr a ade

1-&lt;

en dos f 'J r mu

' nticas de fin d e verso en Ili ada y en Od i -

sea . En -1 primer cas o es Poseidón que usa e l
li e nz o , en el' segundo es TE::lémacrJ que l o coloca
e r1 e l s i 11 6 n p a r a At e n r..: ci ( 9 1 )
mo rog o ro (92) µoA.o~p6~ , or1 las tabletas ap~
r~ce c orno nom b re propio; el significado y l a e ti mo l og ! a so n incierta s; comónn1ente se traduce : glQ

•

( 87) Kn L 594 .
(88) 11 • 18 , 3 52 ; 23 , 254 .
( 89) Py Un 267 , 3 .
(90) Dd . 10 , 353 .
( 91) I l • 8 , 441; Od . 1 , 130 .

( 92) Py Ea 800 .

�- -50 -

tón , vaga bund o , pa rásit o . En Od i s e a se e ncuentra
u s ado dos v ~ces co mo e p í t et o of en s i vo de Uli s es
me n digo e n su c asa (9 3) .
wo n o g oso (94) o[vo~ vi noso . En Cn oso s e s n om
bre de buey . El acjeti vo se encue n tra u sado e n Ho
mero ~n relación al ffid r, en fórm u la i guel eri ! l í a '
u
,
ds y en OdiS b d En L o tv ona nov'tOV ; otr2 ve z sn
Il í ad8 es 3tributo de dos toros (~5) . La p~ l abre
o rv o~ qua compon- ~ l adjetivo parecE SEr de o r igen
n1 in oic6 ; t3mbién podr í a ser d2 erigen mincicc l a
exf-)res1én compiE~a " vinoso ~ia r " , si es verdad que
los griegos tomara~ de lo~ · iinoicos le t e rminolo g í a relacionada con el marJ Quiz~s lo ni ,mo pueda
pe n sarse p8r a el ~tributo p~ra 21 tor~ , n nimal qu8
... . . parece t1aber tenid_ 3~p~:cial ir.ocrtanci J en :_n L~.Q
.
.
c·1 mino1c a
O t r a s o b s e r va e i o n 2 s p u t.! d en s u r g i r d c. l e s t u d i o
del uso ho~~Iico dt palobra3 cat2logadas por Page
como f6sil:?s .

..

, ,

e s u s n d o c o 1n o e r i t e·t ·a - ·a e
Hermes ( 96) ~ En Il í ada la exp~ss1 ~ n se encuen. t -r c1
en un pasaje compu~sto de 8ntiguas fórmul3s , en t :r G di os as como A¡- te mis a y El e u ti a • L: as ·-tres di rr x 0. x r¡'ta

b t: n 1;:, f c.: c t o r ;

.vinid8des pGrtanecen al par1tw6n

mi~~nico

(~7) .

'

__ -·· - ·-··

,.

(93) 17, 2 1 9; 18 , 26 .
(94) Kn Ch 897; Ch 1015 .
•

--·- __ ..

( 95) I l . 1 , 350;" Od ." 1, 183; 11 . · 1··3~ , 703·etc .
(96) Il . 16,185; Od . i-i;10 .
•
•
•
(97 ) Hemaa Tn 3 16; Un 2 1 9 etc . ; Atemito P y Es
650; Er eu tij a Kn Gg 7 05 etc .

�- --

________

..__

I

- 51 -

Adem6s podr í a observarse que l a escena descrita
~ e joven P olimcle que danza en un coro de Artem1 sa ,

l a rj e a r e o d e o r o - ,

2

s e s en c i

ca (98) .

' ,

3

1 ni en t e mi

r

é ni -

•

L 0111.) Po~

ss spi t et

l o s s r g i v o s • El

dt

si gni

f icodo es oscuro y hay controv8=sia sn l as inter-

pre, e iones entre., ''qut:: brille , se desteca por l
g r i t os , q ue
r i t c..i f u ~ r t e , f a n f D r r ó n " , 11 q u e c o rn b
te de lejos l a nz ~ndo fl~chas, 1al~ents de l ejos ,
cobEir e ''. El arco es '1rma mic. {r1ica y probnblemente Gn origen Gl c:d j etivo ~ig nificó "d estaca Jo en
el uso de las fle:.ch as , r ' t.. il en la i: flechas, en
e 1 uso d el o r e o '' • S E: r i a pal a b r a 111 i r ~ ·1 i e a • E r1 es t ....
case pod1i. ser cierta la suger~ncie de Pag que
los aedos usar on la palabra sin captar su s ntid
veraadero y l e didron un Significado ofen$iVo (9
( 98 )

A pesar

d e y u e Pn g e s o s t i e ne

( 11 i s t o r y

and thP ~~omLric Iliad)~ a propósit o de esta
bras f6~iles, que los aedos las usaron s in er~en ' ,
el e r 1 . s , p o d r i a s LJ g ~ r i r s e E: n r. s t e e s o q u e C" x n: '' fl "t" e
~
fo r m?. do por lo pe 1 a b r n xa '!o~ de uso e o rn un , sus t i -·
tuy~ algunas ~ece-s Bl m~nn~ -comprensible atributo
'
,
,
,
dG HGrmes Ep t ouv i o~ . cp t ouv t ob es ~ labra forma' ,
.,
,,
dcJ por el prefijo Ep L y ou vto ~,ou v € L glosas a re clies senún E si quia' 'oFupo ~ opaµ.a
forrn.J 'advl;j rbial:
a la carrero , répidarnent e , de donde el gu e ~yud~ .
(99) En I_:l . 14,479 se ·-encuentra unid o a l a
'
,
,
/
.
expresi6n anE t ~CI(J.)V a xop~"t" O ~ insaciables de amena
/

zas .

�-

. - .. . .

. .. . ..

. -.

- 52 Son estos a l gunos ejem·plos de palabras micén..!.
cas qus , relacionadas con su uso homérico podrían
ayuder en ls reconstrucción de fórmul2s y temas de
poesíe micénica .
L a f o n é t i e ::i d e J. a l e n g u a mi e é n i e a 3 s i c o mo su
mo rf o lo o ía rel ac i o n ~dos con l as mi srna·s· en los poe
m~s hom~ricos , pu e den suoerir otros indicios de
l a existencia de une poasJ.a mir· nic a .
El est udi o de l a métr i ca hom ér~c 3 ha re ve l a do l a persistencia dol digdmcre en l os poemas . Cha ~
tra i ne en su Gr~mm 2 ire l-io1i1~rigu~ h ace un a o bserva
ción que parece oportuno rec orucr : 11 L e traitement
du digamm a s ' ~cl a ire si l ' nn so n ge a u caract8re
du style - épiqu e . L a l e ngu e ~pique, trCJsmi s e o r a l -e
mGn t d~ns le cadre p : csque i mmueble des VlLilles
f orm ules pl o n ge par ses o ri gint:!s da n s un · l ~ int~in
p ~ss ~ . Au mome nt o D l ' Ili ade e t l ' Odissl~ o nt pris
l t.ur f o r me dCfinitivE., e n Asi e fYl ineure , au VIII -et 8 u VII sibcle , l 8s aedes p ~ rl a ient l ' i on i e n
..
.- qui ~i a it un dia l ecte san~ dioarnma . Ils o nt pou r t ant ma i ntenu , dans l a P~á~ie ~ o i que l es f o rmules
a dig2mma qu ' imp osa i ent l a mé riqu e e t un l o ng
pas~( li ttérc!i.re " ( 100) . Sin dud a
l a digamma apa r ece en expr6sio nes f o r mularias de ti po a rcaic o ,
pro~ablemente mic~ni c9 s '· en or .i§ en·. · Al gu n os ej8m pl os ac l a r'Jr~n mejo r: tHcpa Ccr'to-.o 1: áv ax't'o~ ( Il .
.

.

f

..

•

~

I

15 , 21 i¡ et e -. ) , TiocrE t borov0 - ávax'ta
t_ I l . 15 8)
I
•
X
'
'
I1 o &lt;1 o E Ló aro \1 t ;: á va x 't t, ( -I l • 1 5 .,-S ·¡ ) , µ s 1'. t ~o e a Fo i: v o \1 .
(O d • 1 4 , 7 B etc . ) , ~µE t. ~ Óµe v a t
on i x a1'.,; /. ~ I
· 1-·;·

f

i ...

•

I

(100) p .

1 22 .

•

�6 o4

=

Oei • 2 4 , 6 fJ ) ,
'
~

-

53 -

F L'q&gt; L

; :a v

ácr cre 1, v ( I 1 •

1 , 3 s, 4 5 2

(.

e t c • ) , LE O í1 )- t ~ T f1 A. E µ¿X o t o ( I l • 1 6 , 6 6 8 ; Od • 2 ,
409 etc . ) (101) . De estas fórmul as se puede notar
q u c. e l d ~. g c:: ma e s t ~ u n i d o c o n ·o t r os e l eme n t os mi c é
r.i i e o s • L a d i g o rn ma e s u n t1 ; e h o e o ír s t ~. r1 t e e n i ,.. f o n é
•
t i c a r.1i c.. ' r1 i c e ; e l g en i t i v o e n o L o o s e l ú n i e o q u s

c CF1 i c o e o n o ce par a te m~ s en ' mi ero n ; le f 1J r n1c. TI o CJE t. ó áo) va
p r e s E:: n t a rr L " l i r a c o mo en l a s t a b l i 11 a s • La pal a b r a /t OT" Í t n rr1 b C ,, a p a re e e en l os
~rcumantos e n palabras co mpuestas y tamb.l~n ' l(f)l
se encuent r a en CnJsos e n nombres p r opios (1ú2) .
el

n1 i

j

El

r-

uso de las l ab i o v e l ar~s es claramente

do CL ment~do En mir ~r icG , a un c u ando en algunos casos
se e n =uentran pa l .ab r as en l as cuales 15 labicvel&lt;~ J. h. bufr.i.Jo eJ prOCbcSO úe l bi~l.i.zaci~1.
u.1..,
S ... w ü ¡..;u.t. lur1w J. .... LUL Jc:11 ll Ll E: , e 11 e C.I s u s A n l e s
cuales l os dial ec t os griegos , con excepc1ér cel
e6licJ , pr~~ent~n el lrat~mi0nto on dentrl, ia1 r: g u 3 h o m{ r i c a -p r ... s-r n ta l :::l labia 1 : 1LÉ~)p 9 'ITE A..ú' p t o~~
,
,
,
PEPE8 no v 7 TIE~oµa t 7 Ti t crupe~
que ~1ter~a con
,
,
,
'r~.,-'t"a pE~ ; rof}O qu e a lt erna c.Jn 011p; mas los Cen •

•

'

•

_.J

1..

e n 11 . 1 1 268 y 3,743 son m~pE~ según el
~rmino
' lico . Po drí a quiz¿s sugGrirse que cuan
do p_1rece el tr ata mie nto en 12b:21 y no ~n dan •
t lj 81 texto proG Bde de a lgun a vieja fórmul
n11 , .
•

tauros

cen.i.ca .

•

La morfolog í a

tan claras

mic~nic a

y.la

hoM~rica

ana l oy f ~s .

(101) Chantrainé , ob . c it . p . 1 23 .
( 102) Kn V692, X 103 .

presen -

�- 54 .Pa r a l cl d e c l i ;i 8 ci 6n tem¿t i ca e n

l as ta b~
e n. 1 os poe
co
no
cen
sólo
e
n
ge
ni
tivo
e
n
oj
o
qu
e
t as
mas h omé r ic o s 8p a rece 180 1 veces c o ntr a 1 88 1 d el
g é nitivo e n ou (1 0 3) .
. V
pre sent a e n l a s t 3bl e
j(l
L a d ec li n 2c 1 6n e n
ta~ e l genitivo p lur Gl e n ao n . T2mbi én 1 3 l é nou a
h o t rica conserva el mi smo gt;;n i t i va ; e n I l í s d a 183
.
V8C8S, tn úrlis88 123 ( 1 04) . En gs n era l s e t r a t 3
las cu~ies esto forma de ge de viejes
nitivo brinda un final ~sponda i co .
reEl masrttli n o ce l os t~ffié)S en -a t amb i~n o
•
hon~ _ ice . Po r
sen t u ana l os í
1

E¡ 0

.J

el s i stema de esc r itu r 8 mic ~ ico es dif í c il o fir a ·~ s l o puede s umar si ex i st1 ~ un nom i n2livo en ponerse . El genitivo cJ so . Los p o e n1 a s h u m..: r i c o s
usa n un nominativo en ~ (par c~ deriv2do de u n vo
cet i vo) y u n g:nitivo en a 0 . El
apérecé en 8p í tetos qu3 por su f ormac 1 Ln p2 r te ne cen al fondo ~ viejo dei vncabul2rio fcrmul~ r io
~ ~ i co (105) . El genitivo en ~o aperece 1 67 ve c es
en Il í ada y 77 en la Odisaa ( 106) ; ~n muchos casos
(103) Chantraine , ob . cit . p . 165 .
(104) idem 1 n . 20 1 .
,

( 1 05) VEq&gt;Ef...11yÉp E'l:" 'I ZcÚr

Z e: u &lt;; I l .

\. E

,

1 6 , 298; \Lfj'1:" t e:i;a ZEÚ&lt;;

,

,

pµ.e t a&lt;; a x a x r¡'l:"a 11 .

n o cre: t oaCJ)\1
'
11 . 1 3 , 563;

Il . 1 , 5 1 1; cri;EpO'Jlf1 4fpe'ta
I 1.

1 6 ,1 85 ; ·0-0 .

1 , 17 et c . ;

24 , 10 ; x ua v oxa L'~a

1 '~, 390; vt 'IT'ITO'l:"a
,

ep í t e t o de
J .. ~
(
e l. o r , Pe l ~o et e . ; t. TIJiT)f...CTi;a de T i de o , P e 1 e o , F é ..:1

ni

&gt;&lt;

'
e t e · ; a l' XtL f}'l:"a'
Au x aro-y
I • 5 , 19 7 •
( 1 06 ) Ch a n t r a in e , ob . c it . p . 20 0 •

�- 55 •

A't axtoao
,
't. oA t., &amp;ao~
.
se tr a t a d e nom b res propios
A
9
)
,
0 1. ~ t n:ooao ; pertenecGri
también al. mismo fondo
..
d e l a a n t i g u a p r1 e ~ i. a mi e ~ n i e a •
Dtr2 cn!lo i
imp ortante estci rnnstitu f d2
.
p o r 8 1 e El s o i n s t r u ._ n t 8 l q t.J e e r1 1r1 .i. é ic.J
se '"'ncue
t r e u s &lt;"'... d o r. o n

J ""'

d - ~~ i r1 e n e i n r1 i

e n e l p l ur l de l
i e e • E n l o s p emas
'"'.'¡

d t:J (.. l i r1 0 .c i ó n t e m ~ l. .i e a y . cJ t a r1 ' i
hu1.1~ ... icos es común el uso rjel morfema cp t. iguelmcn

-

t e pera si n9ular y plurnl , con valor instrument~l,
l ocativo , genitivo-abl at ivo, y aun pars el g8niti
vo compl~mLnto del nombro y en todas les dsclinu cicr nu s ; co n sust antivos &gt; adjetivos , con formJs
pr onlm in n l es y 3dvtrbi~l~s .
No se puede sug~rir qu~ to~os los c~sos

Jn
l os cuales apérocG el- morfema cp l. tengan su 011 gen
en poes í a mi c8nic8; ~ t. psrtonec~ al b~gdje eóiico
de l os 8ados . Ya antariorrnente al desciframiento
·eje l as tc1t.J l e t 2s sa h ab i a for rnulam l a pre:;~unta d~ si en
o r i ~ e n s e u s r e r1 s i n g u l a r o e n p l u r a l . E n l éJ s t ~ bletas se dncue ntr o usado dsenr~9lmenle ~n p l ural .
L e j e~ u rl e o b s e r v u q u t..

.21..

e r. mi c ~ r 1 i e o e s L1 s a d o e o mo

e n H e n1e r o p a r ~ no mb r e s d e to e e s 1 &lt;:i s d e e l i na e i o n a s
y , s l n se 1 extraño a 1 s 1nr¡u1 ,, r 'l d u a 1 , es free u e !J.
.
t2 ~ssnc i a lm ~ n te en p lur al . Oboorva t ambidn que
es us acJo c o n va l or de loc ~ti v o , de instrum ent 1,
u e mo d o ,

d e e o mp a ñ .r a ( 1 O7 ) • r~ o h s y d u d o

que ~ n

11 ome r o tJlgunas f o r1n as arc2. ic as , espt!c.j._.lrnente con
•
decli •1ac 16h ot~ mttic a , tienen • significado plural
•

( 1 O7 )

L e je un e ,

cp 1. p . 159 - 1 84 .

l'Jl é .n • de ph i 1 .

rn y e •

La dé s inence

�•

- 56 -

OXE O'cp L

mas e 1- Ga s o c-0m ú R y ti pi e o
en f ó r mu 1 as e o mo .1: Eq&gt; L
v á O' O'E t. v e t e • p r ..§.
.
s e nt o un singular . ClJa lqui e r a sea e l proc eso d8
adaotae
i6n s int6c t ic e qu e lo s aedos diaron a l fo ,
n e~o ~ L, n o hay dud a de que repres s nt2 uno de l os
arca í smos m' s interes antes dal di~lecto ~0ico .
Los tnbli ll s us ün p~~8 los petron í micos el
s u f i j o i .i e , L k o t. p r i .j o ( 1 O9 ) d a u n e k o t u , l ~ c t 9 r (11.0).
Los oo~mas homáricos us~n e l sufijo - ~~~ , pero
Ay a x y Teuc ro son Tel~monios, Néstor y Ant il oco ,
r~ 8 le i os .
.
,
Ex pres l lnes &gt;
cos qu~ su918r~n un or1q n o~ ~ ~ico mic~n1 o
( 1O8) ;

Ja

-

Se s abe q ue

G1

f o n·:i o d e

l '""' p o _ i

~

t;&gt; o• 1é r 1 c a

es

t á e S 2 n C i D l íll 8 n t e C O S t i t U Í d G p O r U n l d n U j L f O r íllU
1 &lt;? r i o • Lo r e e ita e i .ó r, de 12 s ¡Jo 8 s f u s , . e o 1 1 • ar, e 1
. .
a ntig1::..10 mundo m~ditcrr~ eo y · griego , obl i ijsbn a
l o s p o e t a s CJ t c.: n ~ r L r. 1 e n g u ~ j t.. q u e . LJ d i t:: r . . .... d e; i: t .o r s e i g u n l rr• e 11 t e ¡. i ri t"l 11: d i f ... r e 11 t · s o f1 o r t L n i d o d e s •
.
.
AdL /
SJ. se• odmitl
e o n 1 :- r iav o r i u de. lús ~ ~pec1n
"'
'
listas
qu~ las po~s ~ as o r i e n 21 1 E.: s , me s o íJ o ,,.,. . ., i e a s
.
,
y ug riticas , a tra
del pueAte hurrita - hitita
S1J dirundieron en AsiG m~nor~
_n i~s ~slns del
[g bo en Cr-cia , l a cxistGncic de un ienguaja f r mulario result a mjs clar~ aún . En afecto lCJ lectu
r 2 de 8 s t 2 l i t era tu
nos h ,3 pu e s t
en e o n t éJ e to
co n lengu as poéticas 8n }as cuales d~terminadas
r

1'

J.

(108)

Il •

( 1 Q\j) Py

(J

2 , 794 e t e • ;

Cn 45 ,3 .

( 1 1 o ) Py Eb 91 3 , 1 •
•

·r l

• 4 , 2g7 e t e •
•

•

�•

- 57 -

f órmu l as constituyen uno de l os elementos fun da rnentales .
En otra parte de este art icul o se ha hecho
.
ref r -nc1a
a t~rmul s are icñs de car~c~er m;céni
e o ; t r a t r e m8 s c.".! h o ~ ~ rl e a c l a r a r e n q 1i { e 'J n s J s t G
~l ~rCJlsmo y el c1r1ctGr micénico de ~llasº
.
Patr ni ~ n un libr o lleno de sugBrencias int r º 1 11 l e:: s ( 1 1 1 ) n t ::1 u n a L n t i d a d d , p a s ; j e s y
f " rmulas di;; l a Ddi :&gt;83 ouF:,
s p· r1:.cer , p ciri n
r mon~orse a po8mas mi / i c s . El libro y la te r i a e1 ~l expresado son wnt~ri r s ~l descifr mient l de las tabl, llas . En much s e sos los 1as
•
J ~ s ') ribuid os por ~l a , oc
micénic_ encu8n rnn
conf i rnaci6n en palabras, f rm~s gr maticales y
0

p

leCLUl.~

l

l

'

,

r TI o O' E: t ?) aCJ) vo ~
'E v t 1ta, ·• P s t r o n i o b s e r v a q u G s t :i e l " s u l e t u v
.
.
•
que s~r muy us ada desoe t::l comi enzo del impar10
mi
•
cénicL (112) º Si se n ot~ que se tr· ta de P se_ Cn,
cuyo rombre aparece aqui con l
f ormu m1cénic1 en
alfa ~ que en e l misrr10 v rs
ap rece wn gen i tivo
8n o t o , 1t Óv ~o t o la suger€nc1a de P8troni quedar í a
con irmúda por el~mentos lingüí st1cüsde l os mis mos documentos . Se trot a rí a de un verso de ar t i gua poes í a miL~nica tr8srnitido a través de l os si
g l as a los aedos de
l a / ~ oc a h o m~ r i e a·.
•
t n Od i s e a 5 , 4 4 6 s e l e e l

x i.J r

i

!=:

i "

'-J

Al

a cer ear

a l o s p o e ma s h o rn 8 ·I i e os l a o r g a n i •

ci t .
(11 2) ob . c i t . p . 178 .
( 111 ) ob .

•

�-

58 -

z a c i ó n d e l a v i d e d i a r i a , l o s o b j e t os , l a s armas de
l as tabletas, se han r eco rdado p3labras y expres iQ
nes h o máricas que rec i ben en l os dJcumentos confif_
mación de su uso en época micénica .
Entre las armas micénicas aparece la espada
tcichonacJa de clavos de oro que es indic 3dc en las
tabli ll as con expresiunes parue~d3s &amp; 1 3s ~oméri ,
,
,
cas (113) . En Il . 2 , 45 se lee ; t ~o~ apyupo~ ov en
un verso que St:: repite tres veces r " :::&gt; en I1iada(114).
s~ tr3t~ de un v~rso í5rmula propio d8 la tr2sm i. s 10n oral de los a9dos; su significado se 2plicaba
1~cilmente a 13 dbscrioc_6~
de las armas de cual •
qui r h~roe, inclu¡~ndo tamb1 ' r el tipo de espada
e o ú n e n la r o c 2 • S i n e rn b a r g o por l a s e x e a v a c i o nes arqueológicas ps12s2ría que la 8spada +4chon~
da de cl0vos de plat? o de oro deJ~ de usarse des
pués de la época micfn~ca . El aedo sólo habría po
dido tüner noticia de ell2 por una trcdic1ón lit e
raria , popul-ir o cult~, la cual proceder í a· direc t8mente de ' poca mic~ ica .
~

Expresiones parecidcs se ref ierEn ~ l mismo
tipo de· 2rtc::san í ~ . En otro lugar de Il i ada l a es P ad a de - A g ame mr : n e-s -ta eh o nada da el avos de oro (115)
'
,
.
€V bE O l. ~~O t -X OUO'E L O L
, como el cetro de Aq.uiles
.)

(.

,

u

,

(

11"-ot.O'L TIETCn~µEvov
116) . En Odisea l a
misma 8XprLs1 {n bS usada para e l trono en l a casa
XPUO'E LO L c;

•

( 1 1 3 ) V • p • 39 .
( 114) I l • 3 , 334; 16,135; 19 . 372 .
( 115) 11 ' 29 .
•
•
( 1 1 6 ) 1 . 246 .
•

•

�- -59 -

d e Al c i noo

,E n ,t epovou
, apy
, upor¡Aou
,

(117) .
La s t ':l b l e ta s habla n de eke-a kakarea (1~8)
,,
A ,
'\ ,
,
eyxe:a Xª Xf]p € a
q ue r ecu8rda x rrA. Xf] p E (, bo u p L y
t: u cr~ Xa AX~ P € t. d e I l i a da ( 1 1 9 ) • E n e s t e e n s n r. n m
e n e l an e r io r se podr ! 0 sugerir una trasmis1'n
d e a n t i g u a poe_ f a mi cénica . Lo mismo podr!a cJecir
se p u r la exprss16 n 9o)pe: xob rco" uba t 5)á A.ou
(120), s i se cons i de r a que 9~pa~ es vucablo uswal m1c ' ni
e o p a r .:. i n c1i e ::i r l
c o r a z a y q u e 6 a. { ó a Ao b d e varios
~do rr1as , podr i L ref8rirse a los diferentes c,lo res ce l as franjas d e metal que componían un tip
d e co r aza para el cual existe en lDs t blilJ~s un
i deog r drr1a espec i al que equivalrir i a a 9woe xob yÚo;Ao';
(1 2 1 ) . Junt o co n esta EY~res1 ' r po~r i an coloc.arse
l os d os a dj e f iv ns xaAX OXL't"ú.)V€G 7 xaA.,,:ox opÚcr't"t1~,
f orm ados l os dos por pa l abras de uso comdn ur las
t~b l e t es . El pri mero se relacionar ! ~ con la coraz
cJ8 b I o n c e , e l s e g u n do e o n b l y e l mo d e b ro n e e t 1 pl
can1e n te rni fni co .
L o~ asc ud os n o aparecen en las teblillas ,

p~

r o es l/n ab un d a nt e men t e d ocumentados ün frescos ,
jo y ~s , a rm as de l a éµ oca . Héctor en ln I l i ada usa
un gran esc ud o qu e l e cubre el r.uPrpo desde e l
c u e 11 o h 8 s t a l os ta l o ne s y. que es t /. ro de 8 do por u na
(11 7) 7 , 1 62 .
(11 8) l&lt;n R 481 .
(11 9 ) 5 , 14 5 ; 4 , 4 69 .
( 120) Il . 3 , 3 5 8 .
( 1 2 1 ) V • p • /T u •

�-

60 - -

,
fr a n ja de neg r o c ue r o oEpµ a

,....

XE ~a ~v o v

(

)

1 22 • En
11 a ma a s u e s c J d o
0 t r o p a. s a j e d e I 1 í a ci a Hé c to r
" seco buey " fXOv a(a1'.Éf)V ( 1 23); p odr í a se r es t o e l
r ecuerdo de l escudo de cuero , t í pico de la éooca .
Los documentos d~ C1osos incluyen l~.~Jl~bra demD s i ( d a t . p 1 • d 8 oÉPµa ) y k e r e n o x ÉA. a L v o b( 1 2 4 ) c o mo
nombre propio de buey . No debe extr~R&lt;lr d~masiado
la coincidenciA; los animales en mic(nico, como en
les poemas hon ' ricos, reciben a menudo nombres de
colores . tlás arriba se i1a recordado el adjetivo
ho1 / rico o 1 v o~ usado en :as .aoletas como nombre
propio de un toro .
Entre los objetos snume r dos en las tablillas
f i g u r a n a l g u no s inc~UlStm d o s e n d i f e r e n t e s me t ·a l e s ;
u r1 los p.:iern¿:;s hc"'lér.: cos ta mb ... "r1 ; la cama de Par is ,
•
el forro do la espac::i
of rec i cja u• Odisea pJr Eu ria
lo , la cama de Penélopa , lo rne s a de 1 1 t:stor . Pare ce que ~n la : nea ~américa no exist.~ la ~lcn i ca
de lo incrustac 6n de met~les; las aedos deben ha
ber recibido la descripc1 ' n de estos objetos de
u na
n t e r i o r t r tJ d i c i 1 n 1 i t e r G r i a rn i e é n i c a-. L a -o
a•
la b r 8 q u e ~1 o me r o u s a p a r a i n c r u s t a c J. / n o { vro't o b p .Q.
dría encontrar un s í mil en le p0labra geg1nc.,to(125).
Ch ?i rJ 111 i c k al a na 1 i zar 18 des c r i p c i 6 n de la e ama de
Pen~lope en la OaisEa nota por lo menos och0 p3 1 ~·-

(122)
( 1 23)
(124)
(125)

I 1 • 6 , 1 17 .

7 . 238 .
Fh 353; Ch 896 .
Py Ta 642 .
Il .

.•

�- 61 -

br as qu e tienen paralelo en las tablillas (126) .
El mi s mo acercam i ento puede hacerse en le descrio
cifn dG l a 8spada de Odisea , en la que se

Al mismo fondo de antigua r~8SÍ&amp; ~ir~rir,
y
'\I'
I
p~rtc n bc8 rf a la expres1 / n T.panElaV x a~~v xua v 0~E~av
que prosents la misma t / cnica artisiica (128), D
r i err elementos del vocabulario mic~nico y se sn
cue n tra en un contexto cuyas palabras pertenecen
o l mismo vocabu l ario, incluso el nombre usado para l G conoc i da taza de Néstor .
Er1

CJ 8 n

E:.!

r al

1 o s e p i t e t o s h o mé r i c o s f e r ma n p tJ .E

t e de t oda una t r ad1c16n formularia . Entre Ll los
a l gunos aparecen con una forma da nominativo en ~
q ue probablemente procede de un antiguo vocativo
y quu parocB tener relac1~n con el n o minativo ma_
cul i no on a de l mic / nico; otros se presentar en
f " rmtJ l as en l as cuales se encuentra la p labru
&gt;
a v a~ en su forma micénica won x, es decir to DVÍ
con ~l digama . t s~os dos elJmentos, unidos a vec
con tras m~s; nombrús do dioses on form mic8nica etc . , pueden sugerir 81 acercamiento de est s
f ó r mu l a-s q l a 8 n t i g LJa p o es i a 1n i e é ni e a • E. s e
eab
d8

TI ') O" t

L ~J ÓwV L

'- !lepo { cr-i; o t. o

(1 26 )
(1 27)
(1 28 )
(1 29 )

f

f '4' V ('(X 17 L ,

íl O O" E
á vrr x -i; o&lt;;, ( ·129) .

De s
Od .
Il .
11 .

L ()

á(.0 V a

f

CÍ V a X 17a ?

. p . 334; Od . 19,53 - 62 .
8 , 403 - 405 .
11 , 628 .
15 , 5 7; 1 5 , 8; 15 , 214 .
~,,..

--

�-

62 -

Poseidón -en l os-poemas homéricos recib e el
ep í teto de xuav oxar~a (130) palabra que enc i erra
V
va r i o s e 1 r=- ne n to s mi c é n i c o s : e 1 r1 o mi na t i v o en a , la
p?.labra xÚaV OG que se ha encontrado en l a descrig
c1ón de un taburete en Pilos ( 131) y que en este
caso se refiere a l color del n1et~l qu8 debil ser
muy usado y conocido en é~oca rnic~nicn y no tanto
en época hor1é1ica .
,
Hsctor a menudo es llama clo xopu8a LoA.of; ; a l
significado de este ep í teto n o es del todo claro .
En las tablillas de Cnosor se encuentra l a pala bra a i woro como nombre ne buey (132) . Probablemen
te la expres i ~n x opu8a C o~o~ est ' en relac~6n con
l a f ó r mu 1 a xE ,top u8 µ¡. É v o~ re 't 8 on: L Xa/ ~ :
de 1a c u a 1
podría ser wna abrev1ac1 /.n ( 133
En Homero se 8~
cuentra otra expresién a. l. oA.o9rop ~( en la que cr Í.ÓA.o&lt;;
por ser parte int eg r ante de la coraza no puede t~
ner sign ifi cado de m vi miento 1 como se ha at~ibui
' ,
,
do muchas vec2s a a t 1)...0~ componente de xopu8a t oA.o&lt;; .
S i en el ca so d e a 'Lo} 08 , _ í); ., c o mo e n e 1 d e
a t o~oµ C~p~&lt;; (134) , a tÓ~ o&lt;; se traduce abiqarrado,
de diferentes colores , podría pensarse en el mis mo significado tamb1~~ para el velmo
. Los descu •
brimientos a rqueol/ Jicos y la lectura de l as ta blillas de l a serie Sh cie Pilos presentan yPlmus
de varias franjas (c~atro en Pilos) . xopu8a t o~or,
(130) 11 . 13,563 .
(131) Ta 71a .

(132) Kn Cl1 896 .
(133) Webster, ob . c it . p . 100 .
(134) 11 . 4 ,4 89; 5 ,707 .
•

�- 63 significar í a entonces , como su expresión .~s larga de yelmo resplandeciente 1 en el que el respla~
dar se debería a los di1erentes metales de las
.
ranjas ,,
,
El eof.teto de Troilo L'IT1(LOXCJPf1f}&lt;; ( 13 ) recih

q ui zá s s u

j u s t o s i u r1 i f i

el r. a rro y no don1inado1
mi e n t

l

cJ e l a p, r i ~ i ¿ r a

1

~

ca d o q u e c o mb a t e d e s d
de caballos con el ac r

a r t e ci e 1 a d j e L i v o a 1 a p

~

h t a i g i i a 1. 1 Jr La u s a d a e n l a s e r i e S d d e Cno s ., s ~
ra indicar el carro . Ser ía éste, como el anl ri
ün ep í teto de origen micénico, ~ue siguió siend
u s c; ' 'l a u n c u a n el o y a e l ca r r o d e j 6 d e 11 a ma r s e
L1t L r para llamarse . ap¡1a
. . 1 mismo epítet~ se usa
en la Odisea para Amit a ón, el fundarlor de P1l s;
el rombre Amitaón aparece en lns Jocumentos de
J ns (, 36) . La relación mi ~rica parece clara .
Ayax Oileo en la !liada recibe el epíteto d
/
A. L v o() f r¡~ ( 1 3 7 ) . E. l n u mb re Ay ax se ~ne LJ entra en
los documentos (138), como también las dos alabras
(vob y 8oop11( • El 8píteto puede ser de orig
rnicénico y proceder ne Pilos donde ap&lt;::1rec n las
rJ o s p a J s b r a , r i n o y t o r a k e • [_ s L e ú l t l mo v o e a b 1 L
~

/

V

falta en

•Cnosos .

Cuando
s e ~1 a b l a

l

catálogo de las n ve s er la 1liH
J E:J l e o n t i n y .. n t e d e P i 1 o s s
CJ i e u e n t r a 1

e x p r e s i ó r1 " e 1 e él b a 11 e r o Ge r e n i o r~ é s t r , ,, u
1
a l i 11 e a b a n n o v e r1 t a n a v e s '' ( 1 3 9 ) • L n P i l o s , e ~1 a
I'.

135
136
137
&gt; 138

\139

11 . 24 , 24r .
Od • ·¡ 1 , 2 5 ,,, , P y Nn 8 3 1 •
11 . 2 , 529 .
K n Np 973 .

Il .

2 , 60·1 .

�-

64 -

contr ado un g ru po d e t a blillns, serie An, en l as
cuales se habla de pequeñasformaciones milita r es ,
guiadas cad a una por un jefe; al fin8l de l a lis ta aparece el nombre del comandante sn jefe con ~
ta t..xpresirn y con e l os el GQLt
11 . N . (140) . El
t i t u 1 o e y s ta n pe r G c e s i e mp r o o 1 1 t e:; s d e l r1 o mu r e p r ~
pi- . la c~Jresión horn~rica acercc de Nésts1~ es
,
V
_
,
v
r ePf1V LO&lt;:; t 'IT'Tt0'17a 1'1EcY'"{;(Op en que la palabra L..-'IT0'170:
se encuentra siempre 8ntes del nombre y es propia
de hJé-tor aun cuando no exclusiva de tl . c:..owt:J t:n
V
micGrico parece deriv8r dL lo rñÍ7 GQU ( € 1l O•11 et L )
y se interpreta come L~nde; podr f
sin emb3rgo r~
laci-n~rse con ekwo?l~quus) . De todos maneras ya
V
sea L 'IT'IT0'17a una interpretoci "' n equivocnda de la p_:::
lobra egeta de uso rwro en {a épocn de les aedos,
V
como que sG relacione con l ~TIOG, la r:r~ula pare •
ce estar muy cerca de le uxpres16n de las tabli llas y puede ~aber lleg~do a los aedos de un lej~
•
no p8sodo p ~tico en 21 cual sa contaba le tiisto ria
de Pilus y de
&lt;'stnr . lUebster ...,i sErva "El sen
.
c.
,
tido de la palabra mi~.:1 ico eqeta ~,..,.E'17f}~ es indi.§.
cu t i b 1 e , si g r1 i f i e a e ~ p a ñ e r o o c o n d e • • E n H o me r o
so encuentra ur1a
curiosa,
lt1 palabrs l1ippata
que ~s título de noblLza aplicado n Peleo,
' tor,
Ri rl n n , Oi n E:: o • E r1 e l ri orne 11 to e n q u ~ l 2 c a b n 11 e r i a
pa ( 2 sor un cuerpo importante en Jonia esto p3
'
labra dGsignó al propietario del caballo •. • ex is tía entonces esta forma igota que es una Forma
abreviada de igopota (Schweitzer, Gr . Gr . I 499 n . 6) .
1

(140) Py An 657 etc .

�-

65 -

Supongo que l os condes que formaban una ~lite, la
de poseed o re s de carros~vieron su antig uo t i tulo
de e g eta transformarse en hippota, y que es b~JO
esta forma que se les ve en ur1a frase como " /
tor caballero Ger8nio " , qu en r lidad deb' s
1
' N' stur
F·l Lande Cer ni'' (1Lt1) .
Qui /
-1 mismo c8u lal p ~ ico mic~nico ptJ d n r 8 mo n t ,. i s t.: o t .e o s c o r1 j u r1 t o s d e
b-r e s y e p í t ,
u
L s com
y) ( u XC- t, ~ ) !\ er1 V a ~ BGcñn: t, e;
vt.a Ho11,
f\
,
,,
E u¡)uona ZF ·5 9 y0,, . . ~-&lt;.o c; ,, 1.p11c; 9 a l. yp:iirco: J\ uxao)V, rxva(
' l\ya¡tep.vrov,
,
"'f V bpcov
f rmauos de pa l bras y numbr
qu8 las tabletas at~stiguan .
ApartEJ y CJde1 '
de l' s fúrmul s con nuri br
prop1 s , se encuentrin en l ~ po m s mucha
tr
lJ
e r e L \:,.; 1 i s i c a s d i f r e n s º
1 g u na s p d r i 1 n r _
l acio narse con una antigua poesía micénica, otras
rJari LJn rern ntarse a un fondo común oriental .
p,e:~ t. r' i Ea o lv ov está forma-da por palabras que.. ap recun en- las tabl-illas, o (v o v llc:vu d1gam l ( 142) .
f t:'cp t.. f av á C1 &lt;1E t. v 1 o s p a 1 n b r s s n i n cJ u da s m1
e ' nic..::as-: e 11 te:1mbi~n la f rmD instrurr ~: 1 cp t.. (
1

'"'

)

rn

-

)'IT 'l.. ¡ ,

E

O t, V 01ta

I

'fCOV't"O V

t:.: l

a cJ j e t i v o ;· o { v

)1La

mi-

cénico (144) .

Al lenguaje f ormul ri , probublum nt d
r_
l] e n J r i e n to l
r.:
r i a p e r t n e e ~ r l o xpre i6n
~µE t ~Óµe: v a L O r (. 'tai\~ ( 145) , nótese el diga ::i en

f

(141) Webster , ob . cit . p . 104 .
(14 2) Od . 14 , 78 .
(143) 11 . 1,38; 452 etc .
(144) Od . 1, ·183; v . p . 50 .
(14 5) 11 . 1 , 604; Od . 24,60 .

�- 66 .
l o mi s mo p od r í a dec irs e de l a ,f ó rmu,,l a t i p i ca de i n t r o du cc ión d e d i s c u r so : ~ o vnaab Enea

Fon e,

,

n~Epoev~a.

,

n poan uba .

El estud i o de las comparaciones homéricas,la
d i s ti n c i ú n en e 11 a s e 1 a p a r t E:? o r i g i r1 al d e l o s
a2dos gr i egos y lci parte propia de unr1 f1JI 1 ulís t.i.
.
ca comparativa qufen elgurins casos tiene su or1
gen en poemas orientales ac~ Jicos canaanit8s, hi titas; sus paralelos con el arle
co o con el arte protogeométrico y geo
ofrecen elen1entos interesJntes pAra la reconstruc
ción de una ever.tual poesía mi r ica y merecen ser
estudiados aparte (14ó) .
. , .
H'_oes y leyendas de la poesía 1n1 cen i ca
e n 1 a r 1 e s í n 11 o m cl r i e o
j

El 65% de l8s p3labras encontradas ~n las ta
blillas en lineal o 8stá constituido por nomtrLs
propios , de lugor~s, de personas, de dioses, de
animales .
Entre los nombres propios de p8rsonas 58 en cuentran paralelo ~n poemas h mGricos; 17 dE ellos
s d r-· n r. u e n t r a n en l os dos poemas , 2 9 sólo en I ! i ad 8,
12

' l o e n OcJ i se t:l

,

2O e or

¡ Gsp

u n d e n a r1 o rn b r

l.,;

s 11 av~

T ro

y a r1 o s y su s a i i a d o s • A 1 g u n o s r e e u e.!_
dan a míticos antepd ~dos , otros a héroes hornéri dus

por

1os

Aquiles, Ayax etc . ; faltan los
.
nombres : Ag a 1n e mn ó n , frl'e ne la ·a ; \1 é u to r , Di o me des ~ Odi.
seo, i-\1 f ioo etc .
cos corno

~(ctor,

Si es cierto que en los doc u mentos n o se lee
•
el nombre de Né~~or , es tamb i én c i erto q u e apa r e ( 146) We b ste r, ob . cit . p . 20 7 - 216 .

�-

67 -

cen en ellos 21 nombres que fueron llevados por
héroes del ciclo de ley endas pilias, y que en l 5
poemas se encuentran en r 8 la c ' 1 de ami 8 ta d
mu
te con los héroes del ciclo Piliu: Cret~o, Amitaó
Kl y n1 e n o s , An f i a r e o , F y l e o s , Ad r e s t o s , Gl 8 u o , r t 2.
neo, Leucos, Aktor(ion), Tosao, Peiritoo btc . (1 1
16 riombres recuercJan el ciclo Lesalir
ent.1.
ollos: Aquil~s, Janto, Deucalión, Tras, m caón .
El ciclo cretense está l ~pres¿ntado sólo crJn -=&gt;Íé
t 8 n o rn b r e s , e n t r e l o s e u a l 8 s no f a 1 t a n I d cJ m6 n e ,
Oeuk lliór1, ~luktruón, Kasto1- . L' familia de l s
Atridas·es 'pres ent en nombres como : Tóntal ,
Tioste, Orestes .
(.i

1

Entre los nombres de T1oyanos y de sus dlicdos

tJ u n el &lt;J n r1 o mb r e s 11 e v 8 d CJ s

L a o cJ o k o s ,
eles,

P e d o i os ,

Li ei o s :

por

P ( r i k l y me n o s ,

/1 mf i

d

GJ

.J e

,

P e r i n1 -

l o,

Antt:Jnor .

La pre~Pnci~ d8 nombres hrméricos en les d curr18r1tos mic 'r,ico s puedo hoct.lr p8nsar que E:: t JS
nombr~s

.

fuLron comunes an l~ 6pJLo micénica y su-

gerir qu8,

probablem

r1tE=,

58

~1

bien popul.Jrizad

a t r J v é s d e e a r l to s y p o 8 í a 5 q u e r a c r d a b ~ r1 l a s
11 a z n u s y l u s mi t o s d 8 1 u s t1 8 r e s Ll u s 1 o s 11 v a ron .
Entr~

I r i rr1 e el a. ia ,
11 i p (j l

~llos
1-\

tr8S formun una f 1milio mí

lo u o , E f i a J. tes .

Pu c.11 í

c:J

ic~ 0

fo r rn L11 a i s w la

e s j s d e q u e p r o b a b l e rn e r1 t e y n ci e s d e l a a 11 t i -

güedaci micénica se conocía lo leydrlda seg~n la
cuaJ. Efialtes c~n su h~rmano Oto, intentó subir
(147) D. H. F . Gray 7 Mvcenaeans Names , The Jour
nal ar Hellsni c Studies 1958, p . 43 - 48 .

�- 68 al cielo y ató a Ares ; y que por l o mismo podrían
ser conocidos los mitos de Tánt a lo ~ Teseo , Ties J..

l.,

es .

En l8s tablillas se encuentran los nombre s
Kasto r y Aithón . Los dJS son usados p o r Od i sea en
sus cuentos cretenses a Eum eo y a Pen~lope r espe ~
tivamente (148) . Los dos cuentos podrían ser vie j o rna t e r i a l mi e 8 n i c o t r a s mi t i do a l os a e d o s y apr_Q
v ec h ados para l as dos br e v ~s inv enc i o nes de Uli ses . Este cuenta que Kastor es venerado por los
cret enses como un dios; se _ r atar í ~ de l doble as
pecto civil - religioso del wanax mic~nico . Ade i,( s ,
todo el cuento de Od i sea a Eun1eo se · desarrolla
en una atm ' sfc r a de dominio de los mares propia
de los cretense~ , mienircs l8s acciones de pira tería recordar í an l as ~mpresas micén ic as . En ur1a.
emboscada d e noche Odiseo - Kastor ll eva e l grande
escud o que cubre todo l cuerpo . Parecería no hn ber duda sobre l 3s car cteristicas mic~nicas del
relato . Podrf~ sugerirse la hiJ '· esi s de que este
pequeño cuento podri h8ber sido el n6c l eo origi nario de los viajes del n avegndor micén i co , eoJel
c LJ a 1 e 1 p o e t a s e i1 a rJ r i a i n s µ i r n d o p n r a el p o e ma
de l

retor no de Odisea .
El mi.to y l a aventura ser f nn entonces argu mentos de J.a ant i gua µ0es i a mic(nica,jun t o con e l
relato de l as hazañas de l os jefes muertos , como
hace pensar e l sarcófago de Hagia Tr i ada .
Muchos de l os ~ Cr oes de l os poemas homéricos

(148) Od . 14,394; 19 . 193 .

�- 69 -

encierran caract er í sticas de jefes micénicos, con
form e a l os hallazgos arqueológicos y a la lectu ra de las tabl1llAs .
~I é e t CJ r
e s h ,,.. r o e 1n i
' r1 i c o ; mi ...., ' r i c 6 s u a r ma d u
rD de br nce y t~tJr~, pur le cual recibe ol n miJrs du xaAX')'l.tOpÚ&lt;18flC.:? xopu8a Co:&gt;\,o &lt;; ; combate desd~
i; 1
c a r r n ; 11 e v a Lt n .... s c u cJ o mi e é r1 i c o c u n f r n j a s d e
c u e r u ; e r1 la c o s a l 3 s n n c i 11 a 1 o 8 s pe r a n cu n u n
baRo caliente, tiene caballos c1u e llevan nombres
propi s; uno de ·llos se encuentra en 1 s tabli 11 s cuma nombre de buey : Podarqo (149) , olrc
J
como nombr8 de personas : Janto y Etón (150)~ su
cuerpo es embolsamado .
Aynx tnmbién se p8r~ce a los jefes micénicos .
S u p c..,¡ t r u n I mi e o e o r1 t i t.:: ne l a d s i n e r1 e i a mi c é 11 i c
8n
iio, Telam onio . Llev a el gr n escu~u micénico qu
incrusta e tJ b re tu el o el cuerpo , c o 1n o se ve en l
e l {i r1 cJ el p LJ f; a 1 e n c o r1 t r ad o en l a e u ar t
tu mb ~ d
mi c e n 8 s o e n e l v 8 s o e 11 e s t e a Li t , e n e o n t r ~ cJ b n
.;;,&gt;

t:;

Trít-lda .
ert;)nio ~és micénic ~s ol c~b 11 r
Fiyur
tor . Micdnicos son su mes , su taz , sus rel't s .
E r1 t r e 1 os 8 s t u d i u so 5 a l g u n o s so s t l e n e n ~ u e l a 8 mp r t:J s a d e N ~ s t n r y 1 o s Ce r1 t LJ r s p t:: r t 8 n e c e r í
)' a
1 a p o c:i s i ü 1n i r ' r1 i e
T y r o , ma d r e d e f~ e 1 e o e r
pQ
s a ci e C r e t e o , a l e u a l d i o t r e s t1 i j o s : Ai s ó r1 , ~ h e r Gs , Ami t a ó 11 • L o s r1 u mb r t3 s Cr e t e o " Ai s ó n , Ami t a ó n ,
se encue r1tr an en l as .tablillas ( 151) •

Hagi1.

(.j •

(149) Kn Ch 899; Ch 1029 .
(150) Py An 39; My Go 610; Kn Da 6061 .

(151) Py Ea 800 etc . ; An 261 etc . ; Nn 831 .

�- 70 -

Odisea quizás sea el más caracter í stico hé roe micénico en los dos poemas . Mic~nica ~ s su ca
sa, su f í bul 3 , uno de l os s ign os de reconocimi8n ,
Lo frente a P en ~lope . Pose L.: un · ~ 11enos, t:..iene en
.
•
t:l
enr; e sel
e l p n l o c i e L1 n n o r g o n i z a c i ~ 1 1 mi
vas que atiende n a l trabajo d8 la casa; es exce lente arquero: en sus viajes se encuentra y vive
con dos diosa~ , Circe (152) y Calip~o que recuer
dan aspectos de la potnia medi tl::!r1 -&lt; R8 . En sus
aventuras es asistido por ktenec? lú jric3 diosa
qu~ en las tablillas recit8 81 epíteto de ootnia
Hi On~ potini ia Kn V52), y que en Odisea d8sempe 11
toda s las actividades de un2 diosa suorema
a
•
•
la cual el mi smo Zeus obedece . LlRn a la tierra
· d~ los FEacios, pc í s de organizac1 / r micérica . El
r~y Alc í nuo es r~y entré otros doce, la reina Are
l~ es andssa y vener2do come una diosa; viven en
u n p a 1 , c i o mi Cn i e o e u y cJ s d s t J 11 e s a r t i s t i e o s ha n
~irlo compr bndus por las sxcavncion8s; poseen un
. ~. enos . Un:.:i de los r-eacios Se ll3m:J. Amfialo ,
lJrE:, qu8 aparece
ro (1S3) .
L~s

cbser\11cionbs quG surg~n db l8s e xc 8V8 c j o ne s a re¡ u e o l ' J l c e s y d e l a l e e t u r .n d L 1 a s to -

(152) Su nombre parece leerse un· la forma
:&gt;
A t a t ~ aiwain Py En 74~22; Eo 160 1 2 .
( 1 5 3 ) Od • 8 ,1·1 4 ; P y An 1 9 2 • Par a e 1 car á et e r
mic(n1co de Odisea , cf . Patroni, ob . cit .
I

�- 71 -

blillas micfnic as podrían, por l o tanto , confir mar la existencia de uno poes í a mic&amp;nica, escrita
u oral , que resisti( a la destrucc1fr de las ciu dad
y rlM lo civilizac / . Podría ella l1aber ~e­
ni
. e 1 &lt; ' t ~ r r 8 1 i g i o s o , e a 11 t a n d o l a g 1 o r i
y 1
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sociedad micénica .

��l~l)ICIONJt~~

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Coser iu , Euge nio Sobre l a.e; lleimadn~ "cons.tr uccioncs con v~1·bos de movimiento:
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Rona, José Pedro: " Vulgarización" o adaptación dia&amp;trática de neologismos y cultismos. 1962.
Rona, José Pedro : La reproduccion del lenguaje hablado en la literatura gauchesca. 1963.
Rona, José Pedro Nuevos elemantcs acerca de la lengua charrúa. 1964
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Scazzocchio, Lea S de: Lengua y civilización micénicas. y el mundo de Homero.
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Togeby, Knud; ¿Qué es una palabra? 1965
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Trnka. Bohumil Sobra la analogía morfonológica. 1965
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romana. 1955 (agotado)
OTRAS PUBLICACIONES DISTRIBUIDAS P OR EL DEPARTAMENTO:

Couture, Eduardo J. : Vocabulario jurídico. Monte\'idco. r"a cultad de Derecho y
Ciencias Sociales, 1960
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Garc1a ~uertas, Manuel Cervantes y la crisis d el Renacimiento español. Montevideo, Facultad de Humanidades v Ciencias , 1962
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Piccardo, Luis Juan: Estudio3 gramaticales. Monte video Instituto de Profesare~
"Artigas", 1962.
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Sola1·i, Héctor Enrique : Hablar, le~r. escribir. Montevideo. Con seJO Nacional de
Enseñanza Pr1ma1 ia ) Norn1al. 1960.
'olari, Héctor Enrique · Lexicalización de marcas comerciales. Montevideo Instituto de Es tudios Superioi e 1962.

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]&gt;ectido a: Cerritc 73, o Juan Lindolfo Cuest!ls 1525, 1\l onlevidt~ o, Teletono 93301.

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                  <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Gonzalo Marín</text>
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                <text>Sestieri de Scazzocchio, Lea&#13;
Lengua y civilización micénicas y el mundo de Homero : Lea Sestieri de Scazzocchio--Montevideo : FHC.DL, 1966; 71 p</text>
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        <name>ESCRITURA MICENICA-LINEAL B CRETENSE</name>
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  <item itemId="295" public="1" featured="1">
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                    <text>•

UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA

•

Facultad de Humanidades y Ciencias
Departamento de Historia de la Cultura

LOS A,LEMANES
EN EL URUGUAY

Teresita '''l TER

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UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS

Lieenciatura de Historia.

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LOS ALEMANES

EN EL URUGUAY.

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Teresita Winter von Daack,

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Lic. en Ciencias Hiat~rica••
Ay. del Depto. de Historia
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I. PRIMEROS CONTACTOS DE ALEMANIA Y URUGUAY

-

,
Desde la primerá época de los descubrimientos en ultramar hasta eL colapso de la dominación hispánica, exisdén una serie de
dispcaic iones legal~s, q u.e prohib·[aii' a los extranjeros el comer---.
ciar Y el establec~rse en América, sin estar provistos de una autorizaciSn real previa,
.
•

•

'

En 1495 se concedi~ a todos los súbditos castellanos libertad para trasladarse a América.establecerse y trabajar, bajo li-•
cencia.
•

•

• •

•
I

En 1501 se dio instrucciones muy precisas al gobernador de
la · Isla La Española, Nicol's O~ando para que evitara la llegada•
de extranjeros y los expulsara si ya se encontraban allí.
1

•

1

En 1505 el reglamento de la Casa de Contratación encomienda
a las autoridades de emigracion que no admitieran la presencia de
ningún extranjero en los barcos despachados hacia • el Nuevo Mundo •
Los Reyes Católicos a cuyas expensas y encargo, Co15n descubrig 'América en 1492, supervisaron la entrada e inmigración en
las provincias de ultramar, aunque en algunos casos otorgaban pe~

misos especiales de reeidencia en las Indias •
....
•

Al fallecer Isabel de Castilla, su espoao Fernando de Ara--

gSn, extendió el derecho a pasar a las Indias a todos los
tos españules.
•

súbdi-~

1

,

•

A la muerte de Fernando de Aragon en 1516 ocupo el trono su
nieto Carlos (hijo de doña JuanR la Loca y de Felipe el Hermoso,
archiduque de Austria) qui~n como heredero de las casas de Austria
y Borgoña, agrego a España sus posesiones ~n Alemania y ademas -dilat6 sus conquistas sn Italia. Es así como Carlos I es proclam~
do rey de España el 23 de marzo de 1516 y el 28 de junio de 1519
como Carlos V, es elegido Emperador del Sacro Imperio Romano Germlnico.
~
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•
•

•

Carlos I de España y V de Alemania se había comprometido e~
da vez más con la Banca Fugger a la que tomó como Casa prestamista, oblig,ndase con ello no sglo a la devolución del capital Y -por supuesto pago de intereses c.surarioe, . sino que debía otorgarles
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•ñ•e J p viJ~&amp;io• da tbdo oipo y una fi•cal~zacl'n clara fin••' aa del lmperio y del comercio con 1aa In•iaa; Adema•

d• Ba~la debiS pactar con la Banc~ Fusser par4 podar -il 1911 votp• de lo• miemhroa del colegio Blactor del Bmpera4 la A1•aania (Electores da Sajonia, Maguncia, Colonia, Bohemia,
tri, 1:ia • Brandenburgo 7 el Palatinado)' triunfando de aate modo o~ 1
rivalea, BDCique Vlil de lnslaterra 1 Francisco I da --

a

•*

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.

Per la capitulaciSn da 1522 se autorisS a loa Pugger a in-t•r••nir •• ei comercio de especias con laa islas Malucas, que ••
lba • iwaú::lar
travla del estrecho descubierto p·or Magal1anea •
•

·

~·

Asentaa de loa Pugger acompañaban a los marinos qua saltan
lap~ña, aaf aucedi~ con Sebasti•n Gab~to en 1525 •
•

•

Loa Welaar en 1525 se agregara~ a los comerciantes··autoriza
d~• a comerciar con AmGrica, lo qua las permitió crear factortas.ea Sevilla 1 Santo Domingo, explotando minas de Plata en· nueva" -lapaaa (llixico) colonizando la cos~a de · Vanezuela, demostrando -muy a la• clara• au inter•s por esto• t e rritorios.
.

Lo• Welaer colaboraron con la e xpadiciSn da Don Pedro da -keadoza • al Rfo da la Plata, incluyendo barcos p ro pios •
ID ccmbio lo• Pugger •• moa~raron menos interesado• en Am•r.ica 1 evitaron el fracaso financiero qua au f ri e ron loa Welaar ea
lae I'df.ae •

•

In cuanto a la exped i c i~n de Don Ped ro da Mao doz a que par-•tiS de Bepai a en 1535, vi nieron 150 alemane s con dee tin o al kfo de la Plata.
•
Pranciaco Bau sa en e u libro ''Bi•toria de la DominaciSa l e pa
iol a •n al Urug uay '' en el Vol . II dir&amp; que asto• aleman•• p r ove --=
nient•• de pue r t o• alemana•, eran comerciante• y aventurero• .

Ent re lo• alemana• •• daatoc~ Ulrico . cbmidel, quien r e latS
•u• experi en cia• en el Rfo de le Plata, en eu libro "Bie t oria y dee cu brlmiento del t o de la· Plata'' que aparaciS en Alemania •D
15 67.

ae f que Ulrico Sch~idel reaulta ••r el primer hi•toriS-1rafo de la• regione• rioplatan••• ·
•
!1

La rSpida expaneiSn d•l Imperio Eepañol hacfa de••.,,l•
la
par t icipact· n de 101 •xtranj r e• .. la• coloni~acionee •iempr• 1 cuaado no •• tratara de tolerar e •nemigoa del emperador, an fo r •
ma par t icular de loa franc••••·
Pero Carloa V por laal Orden del 17 de ovieabr• de 1526, autorizS a todo• loe natucal•• de •u• reino•, 1 entT8 ello• t a•
•

•

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•
•

,

-3-

bi'n a los alemanes y genoveses a trasladarse, comerciar y esta--

blacere• en Am,rica •
•

Una coyuntura mercantil mas favorable parece haber influido
a un trato mSs l~beral con l~s extranjeros.
•
•

La penetraci6n de num.en&gt;eoe extrajeros en América levantó las
protestas de las colonias esp~ñolas, así como la agitación de los
comerciantes hispanos contra la
competencia de los mercaderes extranjeros, también tenían temor a v.na difusión de las doctrinas
de la Reforma · luterana, todo lo cual movió al emperador a prohi-bir n~evamente a todos sus súb4itos no españoles, por Real Orden
del 6 de diciembre de 1528, la entiada al imperio de ultr4mar •
•

Sin embargo mas adelante se permitieron excepciones cuando
'
se trataba de extranjeros que como artesanos, técnicos
o navegantes, especialmente solicitados •
•

.

•

-

En cuanto a la&amp; 5rdenes religiosas en 1530 se hab!a dispues
to que no se permitir{a la entrada al Nuevo Mundo a los miembros
extranjeros de dichas ordenes, porque las consideraban dé escasa
'
utilidad para la misión entre
los infieles •

.. . .

'

Los soldados españoles que habían venido a América pudieron
fundar ciudades y · pudieron conservarlas mediante las armas, pero
aienao en su gran mayoría hombres rústicos provenientes de 103 - pueblos mas humildes de España, no estaban en condiciones para -~
dar a ~as poblaciones americanas algo mas que su existencia. En cambio, los jesu!tas estaban en Óptimas condiciones para cumplir
esta difícil mi$ion.
•

Todos ellos, se puede afirmar eran hombres de mas de mediana
cultura, un buen porcentaj~ era de gran cultura. Entre ellos se destaca~ los españolea, italianos, alemanes, frnnceaes, ingleses
y basta griegos y todos ellos ~portaron lo mejor de la cultura de
sus respectivos países a la América que iba lentamente recorriendo el , camino de la civilizacion •
~

A la pregunta de como
pañ!a de Jesús, encontramos
de Loyola (1491-1556) luego
Orden en Roma, su actividad
ros objetivos: las misiones

.aparecen jesuitas alemanes en la Com•
•
que
el fundador de la misma l¡nac10
de ser designado General de la nueva ,
se dirigió a obtener sus dos mas ca-extranjeras y la educación de la juve~

tud.

Ignacio de Loyola en 1552 funda el Colegio Germánico, que prepara sacerdotes de lengua alemana para reconquistar al volver
a Alemania el terreno perdido en la lucha contra los protestantes •
•

Mientras vivi6 Ignacio de Loyola la Compañía se desa.rrollS
r'pidamente hasta tal punto que a su muerte (1556) había... alrededor
de 1000 jesuftas trabajando no s6lo en España sino tam b 1en en --.t
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A1 mismo tiempo que se iniciaban las guarras de la emancip~
ciSo 1.atiooamericana l • comanzS poco a poco el fin del dominio nap.2_
le6oico- sobre Alemania.
''A la destrucción completa del Gran Ejercito de Napoleón en
Rusia siguió la histórica ''Batalla de los Pueblos'' en Leipzig
(1813) · que condujo exitosamente a la liberación total de Alemania
y la Europa Central''• (2)
•

Du.ran te el período 1814-1815 se retine el Congreso de V'i ena,
el · cu~l ~o resucit6 al Imperio Alemgn sino que instituy5 una Confederación germgnica que comprendía el Imperio de Austria, los -reinos de Prusia, Sajonia, Baviera, Hannover y Wurtember g , varios
ducados y cuatro ciudades libres, con un total de 39 Estados sobe
ranos, cuyos representantes se reunieron formando la Dieta de --Frankfort.
•

.

.

-

,
En setiembre de .1815 Rusia, Austria y Prusia firmaron el -~
tratado de la Santa Alisnza para someter les tendencias liberales •
•

La interveucion de la Santa Alianza en los asuntos hispanoamericanos fue tratado en los congresos de Aixla-Chapelle (1818)
y de Veron~ (1822). El propio Fernando VII ·ray de España solicito
a las potencias aliadas el envío de ejércitos, para reducir a los
rebeldes americanos y restablecer su dominacion. Pero estos perli~
dos fracasaron por la actitud de Inglaterra y la acción diplomati
ca que hacía tiempo desarrollaban los americanos para asegurar la
independencia y definir sus formas de gobierno.
Preocupo seriamente a las cl a ses diri gentes prusianas de -que esta revoluci6n se afincara en Portu gal .y España como ocurrió
despu's de
1820- y de allí se extendiera a toda Europa •
•
·
Como ya lo dijimos, Alemania al final de la era napoleónica
se compon!a de un conglomerado de unos treinta Estados, la mayor
parte de estos Estados carecían 1e significación como para poder
reelizar en la cuestión ultramarina una política propia •
.E~ as! como surgieron en estos Estados dos grupos que dete~
minaron la política alemana frente al movimiento independenti•ta
latinoamericano.
.
•

''El primer grupo estaba compuesto par tres ciudades hanseáticas de Hamburgo, Bremen, LUbeck. Entre ellas dominaba Hamburgo,
q~e era el puerto principal para el comercio hacia España y Portugal y sus colonias.
·
,
.
•

•

•

La Santa Al~anza y la polttica d~ lo~ E~tado~ Atimane~ ante la Emanc.ipacidn Latinoame}[Á.cana (18151820) Unive~idad de la RepúbLlca. Facultad de Humanidade~ y -Ciencia4. Montevideo. 1965. P~g. 1-2.
(2)

KOSSOK,

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"Durante el año 1817, a partir de la caída de Montevideo,
entraron al puerto 231 naves, en el año l ü18 arribaron 259 y en el año 1819 fondearon en la bahía 274 pertenecientes a baude~$8
ello portuguesas. si~o de Francia, Ingleterra, Rusia, Suecia,
Alemania, Eepafia, y naturalmente, de las P rovincias U~idas'',(7)

"' ºº

I

A fines del siglo XVIII y comienzos del si g lo XIX existían
3 establecimientos mercantiles alemanes en Montevideo •
•
•

•

•

•

•
•

I

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•

•

la Hi~tolt-la del v¡~~e~nato del Rto de la Plata. Ed. Facultad de Filo~o6ta y Let~(L.6 de Bueno~ Ai~e~. 1915 •
T. V11.P4g. 195-196.
f 5) V1LLALOBOS, S.Come~cio y cont~abundo en el Rto de la Pla..ta Y
Chile (1700-1811). EUVEBA. Bueno~ Ai~e~, 7965. P~g. 85.
(6) KOSSOK, M. El Vi~~einato del Rto de la Pla~a. Ed. FutuJLo.
Buena~ Ai~e~. 1959. P~g. 81.
·
(7) BERAZA, A. La Economla en la Banda OJt.lenta.i. 1811-1820. Ed. de la Banda O!Lien~~. Montevid~o. 1969. P~g. 89. ·
(4)

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Documento~ pa~a

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•

II. LA INMIGRACION ALEMANA EN EL URUGUAY DURANTE LOS AOOS ~ .
. 1834-'1951

Durante la presidencia de Rivera se destacan las iniciativas
•

del Ministro Lucas O b e~ para fomentar la Inmigraci6n. Se dictaron
varios decretos pro?íciatorios: y algunos p articular~s se interesaron y preeeuraron planes de contrataci6n de inmigrantes ~uropeost
entre ellos Jorge Tornquist y Saruuel Lafons, el primero tratar§ de traer inmigraciSn alemana y el eeeundo inmigración de Canarias,
Cabo Verde y Provincia Vascongadas.

Lleg&amp;ndose en 1834 a fundarse en las fa14as del Cerro, una
villa destinada a e~r un centro de inmigracign, que posteriormente se llam6 Coamopolia.
•

El primer dato sobre la inoigración alemana durante los --años 1835-1842 se encuentra en el Alb~m de la Rep~blica Oriental
del Uruguay compuesto para la Exposición continantal ~e Buenos -Aires, en el cuhl colaboraron F.A.Berra, Agustín de v ~1ia y Car-loa de Pena y son los siguientes.

ALEMANES

AROS

•

•

•

•

..

1835
1836

38

1837

2

1838
1839
1840
1841
1842

Total
ProporciSn

•

I

77
4
.2 98
7
227

653

•

,

. 1. 94

•

Resu~ta

esta proporción de la comparación con la entrada de inmigrantes italianos, franceses, españoles y de otras nacionalidades a nuestro país.
•

Al conjuro de la tercera revolución francesa (1848) esta-llaron movimientos popular~s en muchos Estados Europeos, cuyos -

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•

Co11 la: ·casa d~&gt; ·Agustín tefu~rgiondo • po·r 50 famili a s de Alsa -

~ia. Bfl conjü~t:o ··6, '300

familias, con:.31~500 personas. La sociedad
babS• re•tiel~o·· adem,s . cooperar · al e~pr~stito Mencl~ , ~ediant e la eo~res•'·
da . la&amp; . 500 cuadras destinadas a colonización'' ( 9 )
.

.

.

· '· ..
!e't o·s _ ·proyectos no se llevaron' ~a cabo de bi rl o al de rrumba--miento · de la administración Giró. Aunque el doctor Estra z ulas in-

dicarl '·la. posibilidad de recomenzar la labor emprendida, ya el -pafa estaba demasiado agitado y la campaña muy intranquila, no pu
· ·diendo e·m prender la empresa sus tan bien intencionados proyectos7
•
'

En loa cuales figuraba el est·a blecimiento : de una colonia en el
ejido de Malo, ·c·o n des tino a~ un cer-tenar de familias ale manas con
~ratadas por Don Ruperto de las Carreras.
•

·~

•

-

Ot to Wo)' e eh e n e u y o ·l i b ro "No t i e i as so b r ~ i a vi c;1 a s o e i a 1 y
religiosa' 'de la Repilblica del Uru guay" .encontramos una v i sion del
U~uguay de 1857-1863,. resulta ser muy i mp ortant!e por que trata el tema
da la inmigración alemana.
.
\

•

.
. 1 i b ro

•

A

del Dr. Otto Woysch cuy o titulo en alemán es "Mi-tteilungen tlber das soziale und kirchliche l eben in der ~epublik. •
Uruguay'', .. no ha sido traducido al español.
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• E1

l

•

·expresara en ' este libro que el protestantismo ha realizado muy poco por la inmigración alemana en el Uruguay • .
. ·~
La comunidad e van gélica ha obtenido el r P- sp e te de la gente
~~ Montevideo.
·
·
... .

Wo.:y ech

~

•

Tambi'n dirS que una nueva comanidad evangllica se ha form!. ·

· do alredédor de la Estancia San Juan, situa da al oeste de la B~n.
.
da Oriantal ~ y ademas ha obtenido un pastor.
•
f
..
•

•

El Consul General Sturz, tiene grandes planee para dirigir
la inmigrací6n alemana hacia el Uru guay, e e p ecialmen;e de Protestantas •
..
•
Muchas esta~cias tienen propietarios pr o testantes entre los
cuales se. destaca Nue va Mehlem, San Juan, Santa Dorotea, Santa -•
Matilde: y otras.
,
' .
' .
.,
Consideraba Sturz que para llevar a la pr~ctica la idea de
dirisir l~ inmigración alemana hacia el Uruguay, se debe contar ·con hombres serioe · tanto en Uruguay como en Alemania.
' l

. .

• •

~

•

•

'

En ei año 1851 el s e ñor Kerst s~ ha bía e x p resado favorablement~ ••~ce el Uru guay e n una sesi6n de la AsociaciSn Berlinesa para la centralizaci6n ' d~ emigrantes aleman e s •
•

•

(9)

ACEVEVO, E. Ob.
•

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111.

P~g.

553 •

�b do a q • en 1863
ol aS la •• a Sn del

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Ge • al •--

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Hacia 1872 Yailla~t cal~~l~b a ~ue la pobla ción d ~ l a ae~ ú- ­
hlica · a•ceod!a a · 454
·. 000 habitant e s. - De e llos ! orie ntales 2 50 ) - .
italianos · 60.000, vascos 30.000, español e s 3 0 .000, ft a nc esee
80.000, brasileros 20.000, arg e ntinoe 10.000, ingl e s e s y alemanas
10.000 y de. otros orígenes
14.000.
.
. .
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•

•

. ··· .. " Lá población d a l Daparta111 ~ nto de Montevid e o s e
. unos .. 127 ~ 000 habitant t: s.
. , .

.ea timab a. .. eh

•

El pueblo d e. Nurc vo Berlín se fundó '~ n- 187 5, ''Fueron sus -- principales propuls·ores, los qu g . fomentaron y dieron impulso a su
población los pro g resist a s ganaderos s e ñor ~ s We ndeletadt Hnos, -~
propietarios de uNueva Mehlem", que e s uno de los establecimien-tos ~ás justame nt e r i'p t1t a doe del Die. partame nto". ( 11) t

•

Nuevo Be rlín fu e a ~ lineado por el agrim€ nsor don Fridolín •
. Qui~ck~ ~n DiciembrA d ~ 1873 hasta En ~ ro d e. 1874.
'

,

La sf~ cci6n limÍtrc;f e con la camp s ñl! ~ stá circuida d e hoertas de. cuatro cuadras ceda una, y ~et a s lindan con chacra s de --75 x, 20 y 30 y 40 cuadras, que ocup a n la ext e nsión principal del
terr~no, ha~ta unirs e con la cabaña de los ' r a feridos s e fiores
Wendelstadt Hnos.
.
..

•

'

•

•

•

1

''

Los pr e dios destinados a la e g ricultu~a se hallan e n su mayor parte ocupados por fami1iaa alemanas. ita.li.anaa, e$pañolns y
ori e n·tales••. (12)
· ·
'

•

··'
La Colonia d e Nue v a H e~v e cia, la Valde nse y la Esp&amp;~ola ten·ían en el año · 1876 "seeún los datos publicadós por el pre sidente
de la Colonia d e Nu e va He lveci a don F ~ d P rico : Fiecher, una •uper~
ficie de 14 le. gu a s y una pobl a ción d e 5.13 0 h a bitantes que ae el~
atfic~n ~ sí : suizos 1700, al e manes y a ustríacos 156, piamonteses
1870, canarios 1.200 fr a nc e s ~ e y b e l g as 25 , in g l e s e s y norteameri
e ano é ·3 4 , o t ras n a e ion e.1 id ad e s 1 5 O• ·
·
.

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("13)
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La export a ción oscil aba de 8 0 n 8 5 f a n eg as de tri g o y ma{z''.
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•

1

,

•

-

En ~ 1 nño 1879 e n e l me s d e novi e m L r ~ s e c o me nzó la instala
ción d e un Asilo d~ Inmí g rant P. s, e l cuál t e nía la capacidad para
mil .·person3s
y 24 pi e zas para familias ad emás d e e scritorios .
.
•
. ,
'
•

(71) ACEVEOO, E; Ob. c.it. ·r. III. Pt!g. 64.
·(72) 1'EREVA, S. R1.o Neg~o tJ .6U.6 p1to g1te¿,01.,. • El
Montevideo.1898. P~g. 35.

(13) PEREVA. S. Ob. c.,i_t.

•

P~ g

35-3 6 .

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h~glo

1 l u~ t 1tad o

1

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•

•
•
•

•
•
•

�-14Del mes de nOYiembre de 1879 al mes de enero de 1880 •• decir dies meses, se han gastado hasta esa fecha 1782 peaoa, dando
asilo a 1.270 individuos •
. . El mayor número de a•ilados fueron ··1 taliiinos sigui&amp;n~olee lÓa españoles lo• f~ancesee alemaneé · y suizos. De estos ultimo1
,
•
·
·
en número de 78
fueron instalados
en la Colonia
Suiza
Y i a eo•mo•
polit•• muchos más en esta últ:tmá 53 austríacos, ·24 itcalianoe •
Durante loa sños 1869-1873 l&amp; Colonia Española Y la Coamo-p-0li t :a tuvieron 52 'alemanes.
•

La Colonia Porvenir en el año 1880 contó entre sus pobladores
,
- con I I · alemanes.
•

Durante el gobierno dP Vidal el 23 d~ noviembre de 1880, ee
aancionS una ley, por ln cu31 se autorizaba al poder ·Ejecutivo a
emprender la c~loniz&amp;ci5n agrícola o estimular las iniciativaa
particulares.

--

•

..•

Pero este sistema frncae6 rotundoment s , porque a su sombra
ae había maquinado especulacio~es desenfrenadas, con resultados inetgnific~ntes para lc1 colonos, si se compara con loa beneficios
de loe contratantes, que fueron loe únicos beneficiarios.
Frutos del r~gimen de colonizaci6n fu e ron loe ensayos de -Eduardo Grauert en Santa Terevn, así como las operaciones de Lo-renzo Caballo en el actual depcrtamento de Artigas y tnmbi~n lae
propueetae de la Compañía Nacional de Reus: y l a s de T rtuliano Netto en PaysandG y Tacueremb6 respectivame nt .
Todas estos iniciativos no pudieron prosperar piincipalaente por la influencin n getiva ej rcido por e l int e r e privado, -ad•m'a de la ca6tics situcci6n jurídica de lee tierras pGblicaa •
. Durante el ofio 1881 se alojaron y mantuvi ron en 1 Asilo d 0 Inmi graci o.n colle Patagones número 3 7 , ,a 1251 inmi g rao ,t e• en--·
tre ellos 37 alemon e. Datos estos proporcio nados por Lucio Rodrl
guee.

-

Pese en su lib;ro "Gu!a d Inmigr an t s" d 1 qu
xiste una
edición en al man. nos suministra los dato~ co pletoe d la inmigracion en el Uruguay n el año 1885.
Tranecrib los datos qu
1 mismo ha podido ver eobr lo in
mfgrnci6n en lo RepGblicn, le cu l a dívid d la si g ui nt~ for~

ma:

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•

En la Capital

En la• Campa ñ a

Españoles

14.500

25.28 0

Italianos.
.

. . 13.·600

22.7 0 3

36.303

1.e20

18.358

20.178

. J.730

11.756

15.546

7.655

14.375

1. 2 ~

' 1 . 480

2.772

462

1 ~ 66 3

Argent
i _no.s
•

•

•

• •

'

1 •

•

· ·F ranc.es es·
.

· Ingleses

39.780

•

.

Brasileños
'

To tal

6.720

-

Alemanes

•

•

2.125

Otra8 nacionali dad es •

•

2 •858

•

6.2 8 5

9. 14 3

93. 70 o

140 • 2 2 2

•

'

•

.

•

45.000
•

1

••

La Colonia Cosmopolita situada ~n el Rosario, Departamento
de Colonia, ~n el año 1885 t e nía 2 540 h a l:itan tes , de ea tos ha btan
130 9 varones, 10 2 9 mu j eres ·y 40 7 jef~s de familias
sus nacionali
dadea eran las a íguientes es pañoles, italianos , orientales, sui ..
z oa , a 1 é man es t argentinos , a us tría c os , in g 1 es es , br as i 1 e ñ os , p ru · s ianos y dinamarquea as.

-

j

,

En 188 9 hu ro algunos int~ntos de traer población agrícola
por parte de ~nt e r eses privados ' que tuvie ron rostante éxito.

'

•

•

-

1

•

. Se destaca la Colonia Río Ne g ro en e l d e partamento de Tacua
re m l:i5~ fundad a e. n 1 8 8 9 q u sa e o n t a ba. c o n 1 1 9 ch ·a c ras cu 1 t i va das por
italianos, aus tríacoa , al e man e s, suizos y suec os.
.,

-

censo efectuado en 18 q) confirma la existencia en Salto
. de 21 .• 610 ui:u g uay os, 40 3 9 brasil eños' 1885 italianos, 1680 arsen tinos; 1152 español es, 373 franceses, 71 in g l e ses, 6 9 para g uayos,
46 alemanes, 12 suizos , 7 chilenos.
Ui.1

El pei:íodo de 1886 - 9) había marcado un g ran au p e del movi miento inmigi:atorio, la crisis del q) y sus cons e cue nci a s cons ti tuy en un freno.
.
.,
•

'

1

Durante 186Q los extranj e ros habían i:e pr~ s 0 ntado un 35 % de
la po·blación, en lq)8 sólo repr e sentaba . un 17,38 %.
.
En cuanto "a Alemania tardiament e uni f icada y con una inmi-gracióp l:as t a n te ascas a (e on e xc e pcion d e la qu e se di ri g e a Bra sil Y. Chile) no por ~st~ r a z6n d ~ jó d e int ~~ resars~ por Am~rica L~
tina·, es ta bl·eciendo líne as de nav eg ación y procurando estr e char sus vínculos comerciale s. Los aleman e s s n r e la c ión a ~s t e con ti:-nente se van a oarácterizar por su e ran e fici e ncia y por la ampli
tud de • sus crGditos •

-

•

,

•

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•

1

...

•

-16 -

...

•

•

•
\

los .

al

La competencia fue creciente hacia fines del siglo Y haet.a
rores de la primera guerra mundial.
•

En un cene o 'levantado en 1 q)Q en el Departamento de Río Ne gro y proporcionado por Setcm brino P.e reda· en su libro "Itío Negro
y - sus progresos", t e n e mos que de un total de l~.~14 ·personas de ~­
die tintas nacionalidades ,Y de 10 se e e iones j ud1c 1ales , ha bfa 116
.
alemanes.
·
·
•
.•
La pr'imera Guerra ?1undial provoca nota ble. flujo inmigrat&lt;&gt;'•
que se s inti6 atraído por el Uruguay.
rio
•
.....
,

t

1

Entre 1 91 9 y 1 930 , e l aporte · inrnigratori.o d e l Uruguay se el!_
va a 195.844, la afluencia de este d e cenio constituyó la última etapa de la inmigración . espont~nea, cumplida de hecho con m~nimoa
estímulos oficiales, y a pes ar de .las disposiciones vigentes de 1 a ley 2 4 •O % de 18
q) • ·
•

*

•

·

•

•

•

•

•

Esta inmigración se caractP.rizD fundamentalmente por la va· riedad de nacionalidades, expli9a bles por los reajua tes políticos
y las penurias e.conómicns, que se habían e es tado en el mundo ,?ea •
de 1 91 8 •
.

pu'ª

'

..
Además los mayoritarios contin g entes habituales de español . .
· e , italianos, se 'a g regan ahor a polacos , ruman os, liilt-icos, servio•
y croatas, alemanes y aus troh ún g aros , sirios y armenios, que
van
a contri~ir a una di ~ ereificaci6n cultural reli g iosa en el medio
eu el cual l~s toca actuar.
~
•

El in g erriero Ag r6nomo Sócrat es Rodrí g uez e n e u Mo no g rafía

so lre el Uru g uay, trata e l tema d e la a f lu e n c i a i nm i g rat or i a al Uru g uay diciendo que : Las facilid ades para e ntr ar a l pa í s y cuida
do ·con que es . at e ndi d o el in mi g rant e , e xp lic a
l a r az ,ó n po·r la. - -&gt;
cual desde el año 18 93 a l 1 &lt;Jl 6 , l a af lu e n cia i nmigra to r ia h ,á au ·mentado a 4 mi .l lone s y me d io d ,e pe r a onas q ue h au e nt rado a l U ru guay , d e loa cua les un e part e re s r es ó a su país de ori g en , q u e dan
do un remane nt e q u e alcan z a loe 400 . 0 0 0 extran jeros -Yerdade r o ere
cimiento mi g ratori o -ectua1me nt e ra d i cados . e n el U ru gu~y y, lo gr an
d o con su t r a lB j o s u p r o p ia p ros per i dad, y la del país de adopc ii~.

-

1

1

l&gt;i.i..ciat.iva. de. ~fd:x.i.Jn,o Taje6 -qu~ en 18 88 p1topu.60 un plan de. Colo11izaci6n a la A~ambLea Genell.at . Li Co ml .6 i 6 n de Hacienda de ta Cdma11.a, que contaba entAe - .6 t.L.i&gt; miem1
bJto.6 a CaJLf.o.6 ~jaJt..(a Ra.mill.e z , F. ,_, Ba.uztf, Af . Agu-l11.1te. , J u a.n
,L . de He.11.ll.e.ILa y El»pino .6 a., e.6.tu.vo de ac.u..e.1tdo c.on la poUtic.a lnte.1tv e.nc.lon.l6ta de.R. E.6.tado ÍJ etabo1t.6 u•1 p11.o ye..c..t.o que. 6ue c.onve1t
t.ldo e.n .te.y en junio de 1890: fa.voltiC!. c..la.
u.tia paue. ta inm.i-=gh.a.c..i.6tt, pello poJL ot.11.a pa1tte, e.vi.ta ba la ett:tJr.ada de e..•16e.1Uno.6, me. ndigo.6 ~ inc.apa.~itado.6 pa~a el t4aba.jo .

"' La l e.y 24 . 096 de 7890 t1a.c.e. po1t ltt

''ºll.

•

•

•

•

•

�..
-17 Durante al año 1 926, con un movimiento inmigratorio de
- -170 .535 personas, el crecimiento migratorio que tuvo el país fue
de 17ttS1 9•
•
•

A~O

MIGRACION

1 926

'

•

•

Inmigración

Emigración

Pa!e es

Pasajeros P_aís es

' Alemania

Crecimiento
Pasajeros

2 .00 2 Alemania ·
•

'Argentina

724

14 9.435 Argentina 141.692

Migratorio

País es

Le República

Alemania

1.278

Argentina

7.743

\

B'lgi.ca

2 9 Bélgica

Brasil

· ¡5 Chile

Pra~cia

35

5. 232 España

Ea tados Unidos
•

4. 996

5. ID5 Brasil

Chile
España
•

•

·

1. 55

20 S E. Unidos

Inglaterra
Italia

1. 110

65 l'

308 Inglaterra

1.353

3.782 Italia

14 N . Zelandia

N.Zelandia

P. Bajos

2 32 P. Bajos

·--40

Perú

Perú •
Portugal

226 Por.tugal

Suecia y

Suecia y

Noruega
Otros pafs es

Noruega

Total

6

•

148

.

Brasil

2 9

9

g)

Chile

20

•'

España

1.673

471

E.Unidos

Francia
Inelat e rra

4

.o 22
34 9

•

2. 42 9

Italia
N.Zelandia
P. Bajos

Perú

14
1 gi
6

Portugal

78

•

Suecia y
Noruega

17 Otros países
170.535 Total '

s

676

5.135 Francia

•

Bélgica

•

16

O t ros

153.o16

Total.

p a ís es

l

1 9. 20 8 ,, ( 14)
•

El colapso mundial de l 92 9, su incidencia sobre la hilanza
comercial de nuestro país, va a frenar la corriente inmi g ratoria.
La creciente intervención es ta tal, con sus medidas res trie ti vas y die criminatorias va n terminar en l 936 con la llamada "ley
de indeseables" que pone coto a la !nmigrnción espontáneo a nuestro
pa!s.
.
•

. (74) ROVR1GUEZ, S.

Monog~a6~a ~et U~uguay
E~tudio de ta evolucl6n
del pa~~ y hué 6ue~za~ económica~. Palacio del
lib~o. Montevideo. 1928. Pdgina 60.

I

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S~GpO

inmig ra

.. a1e•8D. .
artenthal'' ta• H.fn a ituac1a en •

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grup09 ~tod.oe aleaaa-.
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1

•
•

III. EL LEGADO CULTURAL GERMANO .
•

A partir de la Ind~pendencia de los pafS es latinoamericanos
•
las corrientes inmigratorias ajenas a la península i l:érica en al gunos .país es sudamericanos, se ha bíl'l intensificado.

En primer t'rmino del:emos señalar el alto porcentaje de ita
lianos y fianceses, que durante el siglo XIX lleearon a las rep~~
bl.icaa rioplatenses y

al Brasil.

Tampoco faltaron inmigrantes europeos en otros país es, po -demos señnlar que hu to una fuerte corriente inmiBratoria de alema
nes en 21 sur de Chile, que estuvo precedida por la colonizaci6ndel período imperial de J. Brasil, principalm~nte .la región da R!o
Grande do Sul •
•

Hay un marcado cosmopolitismo d e inmi e rantes pertenecientes
en proporción varia ble a las r.:izas latinas, germanas, eslavas, in

-

clus i:ve asiáticos duran te é:l siglo XIX.

Este crisol de razas prov9caría variaciones étnicas, que in
f 1 u irán en e 1 futuro s o br e 1 os p r i mi t i vos t ron e os es paño 1 y por tugu's, es te lnzo de orieen latino común d~ las naciones s udame rica~••• imprimiría para siempre ras~os pe culiares a las nacion~

-

!'(
•

•

•

j,6ven~e·a· de América Latina diferenciándola d r~ es ta forma de los E!.
tados Unidos y del Ca1·i re.
•

El Dr. B8erger que tanto se preocupó ¡&gt;or los pro blenas agrí
colas d~l Uruguay y q tJ.e además fue Doctor en Filosofía y Ciencias
en la Universidad de Giessen, en una confere ncia pronunciada el . 2 3 de s et iem ·br e de 1 95 2 en e 1 Paraninfo de 1 a Un i v ~ rs id e d d ~ 1 a Repú bl_ica en Montevideo, habló sobre el tema 11 Huellas de la cul t.!!_
ra get'mana en Sud América", vertiendo los s igui ~ ntes conc e ptos •
•

-

'
•

•

\

"En el con g lomerado étnico d a nuestro con tinen t ~ ~ los a por tea culturales de las minorías, lópicament~ fueron ab•or bidos por
las corrientes predominantes, diluyén~ose nl ~unto de no ser fácil
mente pe'r~epti bles por ~~l ob• ~i rvador ajeno a la cu E:!s tión.
Sin emblrgo, también en este caso, conserva toda su validez,
un pena.amiento m!o expresado en oportunidades anteriores: "Nada en
•

•

•

'

•

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I

4e la cultura germana e~ auescro -'1:ricO Schaldttl c·uya obra ''Historia Y a Plata

y

Paraguay'', aparece en Aleaa•

• que ha~lao estado en Brasil, recorrie
'• .ie•tactndo•• Sellow y Kuntze •
•

i8

•~ explorador de la Argentina, noa

aejd va•

1otire al pruguay en au liht-o "Viajes por al V.fo
llalla. 1861.

.
'

&amp;11ricio Rugendaa aet~vo en Montevideo y ea auto
a docuaentaciSa grlfica, la grao mayoría en col!.
•f•rldoa fueroG loe paieajaa, hombree y aua co••

Uruguay la fundaci6n •~ 1861
bi.~ de Extracto de Carne en Fray Bentos, por -gen:l.aro al•m•n Jorge Giebert."

,acido de ••tracto de carne en nuestro pala fue

ua

do el producto gran prestigio •n al mercado mundial.

cu10 objetivo principal es el comercial, ti•D•
cultura, ta . qu• aue r~pres entantea van ~ ~•ali
•ocial y cultural.
•

-

tcnLfi,mado mediante los datos de Don J an Raadn Yi•l S la l'hrica Liebig de•cribifndola d• la
4

lo• al •d•dora• de la flbrica, que no baja 4• --

de ta

Cu..t.tu~4 Sudame'Li.cana. A~ociaclla -cattu~AL 9&amp;JUnAft4. Mo~euldeo. 1955.
21-2! •

Hue.Lt.&amp;a

.

P«s.

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•

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-21f

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•

de lec

2.500 almas, cuenta con un club social en el que hay mesas

~

entre

tura, billares, y una orqu~sta d~ 25 profesor~&amp; reclutados
loa miamos obreros, una escuela de enseñanza primaria a la que -concurren de 110 a 180 ni3os hijos dR obreros: una caja de abo--rros cuya existencia asciende a $62.000".(16)
,.

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(16) ACEVEVO, E·. Ana.le.~ Hi-6.t.6/t.lc.of) de.e U1tuguay. T. V. Ca.ha Ba.JtJZ.e.~
~o y Ramof). Monte.vide.o.

1933. Pág. 810 •

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IV. INFLUENCIA. GERMANA 'EN LAS MAN IFESTACIONES DE LA CULTURA
•
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.·SUPERIOR URUGUAYA ....
.
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•

•

•

•

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•

•

1

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•

Podem·o s afi'rmar que 1~. infl·uenci a de l a cttltura germana en
las manifestaciones contemporáneas no ha de saparecido completa-·
mente.
••

.. Y hasta podemos d e cir qu ~ e n al g un as m~nif ~ etaciones como
la filosofía, las letras y la música p e rsist ~ ci2 rta inclinaci6n
hacia la modalided g~rmana de las r~sp~ctivas cueetiones que per
tenccen a loa planos superiores de la civi~ización y la cultu~a-­

humana.
•

Ademie de la influ ~ncia da las ~ ecu e la e clisicas de loa aigloe , anteriores, donde s~ d e stacan nombr e s como loe d e Kant, Hegel, Schopenhauer, Ni e tzsch e , Dilthey.
No podemos ne ga r la influ e ncia q u e ~ je rc en los filósofos germanos en l a actualidad como Heid Pgge r, Sprang e r, Husserl,
Sche l e r, Jasp e rs y otros q u ~ son e studi a do s e ntr e muchos filó,ofos de otros país e s , e n el Ur u g u ay .

En el campo
•

-·•

the, Herman

H e es ~ ,

d~

l os

T ho m ~ s

l ~ tra s

~a nn

~e

de st a c a l a influ e nci a de Goey Vick y B e u m .

-

Tambi'n e n e l imb ito d e ~u q s tr o pa í s = e j ~ rci ~ ron g r a n inf lu
encía loe histori a dor e al ~ m a n ~s , c n t r ~ los q u e s e de stacan Herder, Ranke , Momms e n, v on Hu mb ol d t , S p~ n g l e r .
•

En cuanto a la músic a ya e n Bl p e r í o do coloni a l s ~ conoce al cultivo del art ~ mueical e n lo s N i si on ~ s J P.~ uí t ica s . dado a -conocer por los r e ligiosos c ul t or es d P é st e ar t e , conocido en su
patria, dond ~ e ran oída s l a s o b r a s d e Ba ch y aus cont emp oráneos.
Aún hoy ocup a n un a posición ~ u y det t a c a d a . l o s Músicos y co~
positores cl&amp;sicos , cont e mpor i n '- O$ a l ~ m an e s . e n nu e stro país.
El Instituto Go e th e cump l e fun ci one s de di v ulg a ción y difuaión de · la cultura ge rman a .
'
•

La Facultad d ~ Me dicina a sí como l a Fac ult a d de Ag ronomía -

¡

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v. CONCLUSIONES.
Los inmigrantes alemanes a través de los censos y estadísticas no tienen gran significación demogr4fica para nuestro país,
si la comparamos con l~ inmigración italiana, española o francesa.
I

Su distribución geográfica no ha sido uniforme, se han concentrado primero en Montevideo para luego extende~se al inte~ior

del p,!a.
La inmigración de alemanes ha sido fomentada tanto poT parti
cularee, comerciantes alemanes ~ como por parte de loa re.apectivoa gobiernos de Pere~ra, Bgrro, Latorre, Vidal.
·

Aunque no tuvisron una gran significación demográfica cou•tituyeron un foctor d&amp;cieivo en el progreso de la ganade~!a. la -agricultu~a. el comercio, y eapecial~ntQ en lo cult~ra1.
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•

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•

•

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Primeros contact o s e n t i·e

y Uru g u ny •• .

•

11. La inmigración alemana

~n

111. El legado cultural

G~rmc:ino.

• • • • • • • • • • •

1

-

e l Urugu s y

1834-1951 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • •

•

loe anos

• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

• 9

• • • • • • • • • • • • • • • • ••••••••••••

. 19
•

IV. !fluencia ge rmana en las

m s nif e etoci o n ~ s

d ~

l u Cultura

Sup (': rior Uru g uay a •••..•..•.•........•
. •.•. . ......••.••••. 23
•

v. e o ne 1 u s :i.o ne s . • • • • • • • • • •• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • • • • • • • • • • •
Bibliografía ....

• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

•

•

•

• • • • • ••••••••

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I~n re so

por la 01v1si6n
Pub"l1caciones y Ediciones
Univers i dad de la República

1

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Deoósitc Le ~al
.. Nº143 .523
0CTUBRE 1979
.. .

•

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                  <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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Winter von Daak, Teresita&#13;
Los alemanes en el Uruguay / Teresita Winter von Daak--Montevideo : FHC.DHC/DPE, 1979; 28 p</text>
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