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Enseñó en la Universidad de la República, Universidad Nacional de Buenos Aires, Universidad Nacional Autónoma de México, y Universidad Metropolitana de México. \r\n\r\nOfreció conferencias de su especialidad en el Boston Colloquium for Philosophy of Science, en la AAAS (San Francisco), en el Instituto Poincaré y en la Ecole Normale, ambos en Paris. Publicó más de una docena de libros como autor o editor, formó parte de los consejos editoriales de diez revistas internacionales, y fue miembro honorario de la Asociación de Filosofía e Historia de la Ciencia. \r\n\r\nEx Decano de la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias, electo por la Asamblea del Claustro para el período 1972-1976, vio interrumpido su mandato por el golpe de Estado y la intervención de la Universidad en 1973. «Allí sufrió los embates de la prisión y el exilio. Con el retorno de la democracia, en 1985, Mario Otero volvió a conducir la Facultad hasta 1989. 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Fue miembro del Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias (desde 1989 denominada Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación) en representación del Orden Estudiantil, del Orden de Egresados y del Orden Docente, respectivamente. Además fue Decano de dicha Facultad por dos mandatos: 1989-1993, 1993-1997, e integrante del Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República entre los años 1988-1997.\r\n\r\nEl cultivo profesional de la Historia lo ha concentrado principalmente (salvo en el período de la dictadura cívico-militar uruguaya 1973-1985) en la mencionada Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Ha sido Profesor Titular (Grado 5) de Historia de la Historiografía, y de Teoría y Metodología de la Historia, Investigador en régimen de Dedicación Total (DT), Director del Departamento de Historiología, Coordinador del Instituto de Ciencias Históricas, Director del Centro de Estudios Gallegos (Cegal), Profesor de cursos de especialización para graduados, Profesor de cursos y seminarios de postgrados, Tutor de proyectos de investigación, Director de tesis doctorales y de maestría, integrante de tribunales para juzgar tesis de maestría y de doctorado, y evaluador de distintos proyectos institucionales, como por ejemplo: de la Rockefeller Foundation Humanities Fellowschip Program, de la Universidad Autónoma de Madrid, proyectos del programa Ecos (proyectos de cooperación con Francia), etc.\r\n\r\nSe ha desempeñado también en otras instituciones uruguayas, públicas y privadas de educación superior. Fue Profesor de Teoría y Metodología de la Historia en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) de Montevideo, entre los años 1971-1977, Director del Seminario de Formación de Investigadores en Historia en el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) de Montevideo e investigador senior, desde 1976 a 1990, Profesor de Historia de la Cultura (1979-1985) y de Historia Latinoamericana y Nacional (1983-1985), en el Instituto Teológico del Uruguay \"Monseñor Mariano Soler\".\r\n\r\nEn otro orden, fue columnista del montevideano Semanario Aquí (1983-1986), miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales, Argentina, (1985-1989), miembro de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, Uruguay, (2001-2004), miembro del Comité Científico de la Revista Complutense de Historia de América, Madrid, España (1999-2012) y miembro del Consejo de Redacción de dicha Revista.\r\n\r\nEn el ámbito internacional, ha sido Profesor visitante, Profesor de cursos y seminarios de maestría y doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Santiago de Compostela, Universidad de Oviedo, Universidad de Valladolid y en la Universidad Nacional de Mar del Plata."]]]],["element",{"elementId":"48"},["name","Source"],["description","A related resource from which the described resource is derived"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"792"},["text","Udelar-FHC-ACUFHCE"]]]],["element",{"elementId":"45"},["name","Publisher"],["description","An entity responsible for making the resource available"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"793"},["text","Archivo Central Universitario de la FHCE"]]]],["element",{"elementId":"37"},["name","Contributor"],["description","An entity responsible for making contributions to the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"794"},["text","Archivo Central Universitario de la FHCE"]]]],["element",{"elementId":"42"},["name","Format"],["description","The file format, physical medium, or dimensions of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"795"},["text","Fotografía digital\r\n1 foto 15x 10 cm\r\nMonocromático"]]]],["element",{"elementId":"51"},["name","Type"],["description","The nature or genre of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"796"},["text","Foto"]]]],["element",{"elementId":"43"},["name","Identifier"],["description","An unambiguous reference to the resource within a given context"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"797"},["text","UY858-UDELAR_FHC-ACUFHCE"]]]],["element",{"elementId":"38"},["name","Coverage"],["description","The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"798"},["text","Montevideo- Uruguay\r\nUniversidad de la República\r\nFacultad de Humanidades y Ciencias de la Educación\r\nArchivo Central Universitario de la FHCE\r\n\r\n"]]]],["element",{"elementId":"47"},["name","Rights"],["description","Information about rights held in and over the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"921"},["text","Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación"]]]]]]],["tagContainer",["tag",{"tagId":"99"},["name","Carlos Zubillaga"]],["tag",{"tagId":"100"},["name","Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias"]],["tag",{"tagId":"101"},["name","Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación"]],["tag",{"tagId":"81"},["name","Docente"]],["tag",{"tagId":"102"},["name","Historia de la Historiografía"]],["tag",{"tagId":"103"},["name","Teoría y Metodología de la Historia"]]]],["item",{"itemId":"82","public":"1","featured":"1"},["fileContainer",["file",{"fileId":"141"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/de4e9273950550fdd8fa8e820457db6f.JPG"],["authentication","3e1ab01d660e3847fe383c9fbe750411"]]],["collection",{"collectionId":"13"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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Un año más tarde, con la intervención de la Universidad decretada por el gobierno cívico-militar,​ y fue separado entonces de su cargo, debiendo exiliarse en México. Allí fue director del Instituto de Estudios Económicos de América Latina del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).\r\n\r\nReinstauada la democracia en 1985, se hizo cargo nuevamente del Rectorado de la Universidad de la República, esta vez en forma interina, hasta que, convocada una nueva elección, fue electo para otro período en el cargo.\r\n\r\nEn 1989 fue candidato a la Intendencia de Montevideo por el Nuevo Espacio, una escisión del Frente Amplio surgida ese año, conformada por el Partido por el Gobierno del Pueblo (PGP), el Partido Demócrata Cristiano del Uruguay, y la Unión Cívica.\r\n\r\nEn 1995, tras la alianza celebrada un año antes entre el PGP y el Partido Colorado, Lichtensztejn fue nombrado Ministro de Educación y Cultura del segundo gobierno de Julio María Sanguinetti. Desempeñó el cargo hasta agosto de 1998, fecha en la que Hugo Batalla le pide la renuncia, ante su oposición al reingreso de su sector al Partido Colorado, posición que posteriormente revisó.\r\n\r\nA partir de 2000 se desempeñó como Embajador del Uruguay en México, país en donde había residido durante su exilio. En las elecciones de 2004 acompañó la llamada \"Tercera Vía\" dentro del Partido Colorado, liderada por Ope Pasquet.\r\n\r\nEn octubre de 2007 fue nombrado por Raúl Arias Lovillo, rector de la Universidad Veracruzana (UV) de México, como coordinador del Programa de Estudios sobre Integración Regional y Desigualdad América-Europa, que responde a la necesidad de estudiar las problemáticas económicas, sociales y políticas de la Unión Europea (UE). El Programa también busca tender un puente de trabajo coordinado entre académicos e investigadores de la Facultad de Economía y el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores Económicos y Sociales (IIESES), instancia de la que depende la Coordinación.\r\n\r\nLichtensztejn se incorporó al Partido Independiente en julio de 2014.\r\n\r\nLichtensztejn recibió la Orden Mexicana del Águila Azteca, una condecoración que, de acuerdo con la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles, otorga el Estado Mexicano para reconocer públicamente la conducta, méritos singularmente ejemplares, así como determinados actos u obras valiosas o relevantes realizados por extranjeros en beneficio de la humanidad o del país."]]]],["element",{"elementId":"48"},["name","Source"],["description","A related resource from which the described resource is derived"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"722"},["text","Udelar-FHC-ACUFHCE"]]]],["element",{"elementId":"45"},["name","Publisher"],["description","An entity responsible for making the resource available"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"723"},["text","Archivo Central Universitario de la FHCE"]]]],["element",{"elementId":"37"},["name","Contributor"],["description","An entity responsible for making contributions to the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"724"},["text","Archivo Central Universitario de la FHCE\r\nCentro de Documentación, Información Archivística y Digitalización "]]]],["element",{"elementId":"42"},["name","Format"],["description","The file format, physical medium, or dimensions of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"725"},["text","Fotografía digital\r\n1 foto 17.5x 12.5 cm\r\nMonocromático"]]]],["element",{"elementId":"51"},["name","Type"],["description","The nature or genre of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"726"},["text","Foto"]]]],["element",{"elementId":"43"},["name","Identifier"],["description","An unambiguous reference to the resource within a given context"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"727"},["text","UY858-UDELAR-FHC-ACUFHCE"]]]],["element",{"elementId":"38"},["name","Coverage"],["description","The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"728"},["text","Montevideo- Uruguay\r\nUniversidad de la República\r\nFacultad de Humanidades y Ciencias de la Educación"]]]],["element",{"elementId":"47"},["name","Rights"],["description","Information about rights held in and over the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"922"},["text","Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación"]]]]]]],["tagContainer",["tag",{"tagId":"104"},["name","Rector de la Universidad de la República Oriental del Uruguay"]],["tag",{"tagId":"105"},["name","Samuel Lichtensztejn"]]]],["item",{"itemId":"81","public":"1","featured":"1"},["fileContainer",["file",{"fileId":"135"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/6fcaaed64940c99fa47b276c4509c31a.pdf"],["authentication","40305394d3084a264ce657690d7b95ed"],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"5"},["name","PDF Text"],["description"],["elementContainer",["element",{"elementId":"52"},["name","Text"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"710"},["text","CARLOS E. PRELAT\n\nJEAN REY MEDICO DEL PERIGORD\nEn un día del año 1630 \"Sieur Brun\", maestro boticario de\nBergerac, dirigió a Jean Rey, médico de Périgord (Dordogne), una\ncarta en la que le comunicaba que \"habiendo querido estos días\npasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de\n1nglaterra, lo coloqué en un vaso de · hierro adaptado a un horno\nabierto y con gran fuego agitándolo contínuamense sin agregado de\ncosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy blanca. La pesé\npara conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece\nonzas. Esto me produ_;o un asombro increíble no pudiendo ima¡;{inar\nde dónde había~ venido las siete onzas de exceso\".\nRepite la experiencia con el plomo y encuentra una pérdida de\npeso. Pregunta acerca de la causa de ello a varios hombres doctos y\nnadie le puede explicar los resultados de sus experiencias. Pide en·\nton ces a J ean Rey que lo ilumine a fin de que él, Brun, conozca la\ncausa de \"esta maravilla\".\nJean Rey, teniendo en cuenta que se trata de \"un hermoso tema\nde una investigación penosa, cuyos frutos hasta ahora han sido ma·\ngros\" y además que el \"Sieur Brun\" \"es un hombre de vida íntegra\ny conocedor de su oficio\", se decide a meditar sobre el tema para\ninvestigar la causa que \"Sieur Brun\" le pide le haga conocer. Emplea\nalgunas horas en esa meditación. Llega a un resultado que contradice\nlas máximas que los filósofos habían tenido por ciertas durante siglos\ny a riesgo de parecer temerario se decide a publicar estos ensayos\npara no aparecer como pusilánime en la exposición de la verdad y\nen su defensa.\nEn efecto, el tema del aumento del peso del estaño y de otros\nmetales durante la calcinación había sido estudiado por alquimistas\ny químicos. Boyle lo atribuyó a la fijación sobre el metal de cor·\npúsculos de fuego. Los partidarios del flogisto debieron admitir para\néste un peso negativo o simplemente ignoraron o dejaron de lado la\ncuestión. Entre los partidarios de la teoría de Boyle se hallan des·\ntacados químicos, entre otros: Homberg, Lemery y Lefevbre. Lemery\nexplica el aumento de peso así: \"Les pores de plomb sont disposés e1i\nsorte que les corpuscules du feu s')'' sont insinués ils demeurent liés et\nagglutinés dans les parties pliantes et embarrassantes du métal sans\nen pouvoir sortir, et ils en augmentént de poids\". El padre Querubin\n\n-\n\n39 -\n\n�de Orléans rechaza la explicación de Boyle diciendo que ·el vidrio no\nes permeable y Boerhaave y Boylduc niegan que haya aumento de\npeso. El tema apasiona y muchas personas publican disertaciones\nsobre el mismo. Hierne en 1753 admite la fijación de un ácido graso\ny sulfuroso que proviene de la llama. Las especulaciones terminan\ncon Lavoisier. Jean Rey resuelve el problema de un modo bastante\nrazonable. Veamos cómo.\nAdelantemos que J ean Rey no realizó ninguna experiencia para\nresolver la cuestión. Todo es producto de la meditación de algunas\n\"horas\", meditaciones no totalm,ente. ap:i;iorísticas .pues- se basan en\nhechos reales o hipotéticos.\n' '\nEn primer lugar afirma y demuestra a su modo que \"todo lo que\nes material bajo el firma.mento tiene peso\". Dado que Dios al crear\nel Universo quiso hacerlo uno de algún modo confirió \"la · pesanteur\ndivinement empreinte a toutes les parties <I'iceluy\". Claro que con\nesto todos los cuerpos deberían caer por acción de •su propio peso\nhacia el centro del mundo. Ahora bien, esto no acaece y Jean Rey\nse apresura a levantar esta objeción diciendo que la tierra que es\nmás pesada ocupa rápidamente su lugar, desalojando al agua que\nocupa el segundo, ésta al aire y éste al fuego. Cita en apoyo de su\ntesis una experiencia \"agradable\" que realizan los químicos quienes\n\"toman esmalte negro pulverizado, licor de tártaro, aguardiente azur\nleado con tornasol y espíritu de trementina enrojecido por \"orcanette\"\n(alheña.). Colocan todo en un frasco, lo agitan hasta que se forme\nuna niezcla confusa la que dejada en reposo permite al ojo ver «avec\nplaisir le desbroüillement se /aire»\". Como todos los cuerpos que se\nhan colocado en este extravagante sistema heteFogéneo tienen peso y\ncomo cada uno ocupa un lugar tenemos la representación de lo que\nsucede con los auatro elementos. El esmalte negTo representa la tierra,\nel licor de tártaro el agua, el aguardiente ·el aire y el espíritu de\ntrementina el fuego. Con esto elimina la \"ligereza\" como característica\ndel aire y d~l fuego, ligereza que le habían atribuído algunos filósofos\npara explicar el movimiento hacia arriba. La razón más importante\npara ello es que la ligereza es innecesaria para explicar el mundo\ne introduce una complicación inútil · y hay que tener ·en cuenta que\n\"Dieu et la Nature ne font rien 'en vain\". Hay, pues, sólo peso en\ndistintos grados. Con esto queda eliminado el movimiento hacia arriba\ncomo natural, es decir como movimiento cuya causa reside en los\ncuerpos mismos. El movimiento hacia arriba es \"violento\" en el sentido de la Física aTistotélica. Que el movimiento natural del aire es\nhacia ahajo lo demuestran entre otros hechos el siguiente: cuando\nse cava un poco el aire desciende a ocupar el lugar que ocupaba la\ntierra. Rey no tiene ninguna duda de que si se pudiese disponer de\nun tubo cilíndrico que fuese desde el centro de la tierra hasta \"la\nregión del fuego\" se podría repetir dentro de ese tubo la experiencia\ndel \"deshrouillement\" de los químicos. Hecho ésto si se sacase la\ntierra de la parte inferior, el agua ocuparía su lugar y así sucesivamente. El movimiento hacia arriba es siempre violento.\nPero, como a Rey le interesa particularmente demostrar que el\n\n-40-\n\n�aire tiene ·peso se preocupa especialmente de demostrarlo de un modo\nindependiente. Aporta una prueba que es realmente deliciosa por su\ningenio y su ingenuidad. Parte del hecho de que en la caída los cuerpos\ntienen una mayor velocidad al fin que al principio. Fiel a la idea de\nque una fuerza constante produce un •movimiento uniforme, concluye\nque un cuerpo al final ·de· la caída está \"empujado\" hacia abajo por\nuna fuerza mayor que la que lo empuja cuando comienza a caer. ¿Cuál\nes la' causa? El dibujo que se ve aquí explica el asunto.\n\nAJ\n\nt71\n\nC\n\nB\n\nD, E, F y G son distintas pos1c10nes sucesivas de una esfera que\nva cayendo hacia el centro de la Tierra C. AA es la bóveda celeste.\nCuando el cuerpo se halla en D tiene sobre él el peso del aire contenido en el espacio limitado por las generatrices del cono HCH y la\ncircunferencia de tangencia de este cono con D. Al ir descendiendo,\nel aire que \"pesa\" sobre la esfera es de cantidad creciente. De aquí el\nmayor peso y la mayor fuerza que produce el aumento de velocidad.\nTodo este razonamiento no podría hacerse si el aire no tuviese peso.\nDebe luego demostrar, para su finalidad, que \"la pensanteur est\nsi estroitement joincte a la premiere 1natiere des elements que se\nchangeans de l'un en l'autre, ils gardent tousiours le mesme poids\".\nHagamos notar de paso que Rey es partidario de los cuatro elementos\naristotélicos. La demostración es procedente por cuanto algunos filó-\n\n41 -\n\n�sofos sostienen que cuando, por ejemplo la tierra se transforma en agua\npierde algo de su peso. Imposibilitado de hacer un \"experimentum\ncrucis\" ya que esa transformación es \"difícil\" de realizar, Rey dice que\n\"l'exame du poids de quelque chose se fait en deu:xJ. far;ons; sr;auoir, ou\nla raison ou la balance\". Prefiere en este caso la razón con cuyas\narmas \"entra atrevidamente en la liza para combatir este error\". Va\na demostrar que \"la pesanteur est tellement joincte a la premiere\nmatiere des elemens qu' elle n' en peut estre deprinse. Le poids de\nchaque portian d'icelle print au berceau, elle le portera iusques a\nson cerceuiI''. Veamos como lucha Rey con las armas de la razón.\nConsidera una porción de tierra que posea el menor peso que pueda\nexistir (¿átomo? ) y por debajo del cual no haya materia. La convertimos en agua \"par les moyens congneur et practiquez para la\nnature\" (?). ( ? ) Ahora bien el agua así obtenida puede, tener un\npeso mayor, menor o igual que la tierra de la que proviene. La primera posibilidad no puede admitirse pues ningún filósofo lo ha hecho\ny Rey tampoco. La segunda no puede ser por cuanto ha tomado la\nmenor cantidad de materia que puede existir. Queda pues la última:\nla igualdad entre las masas de tierra y de agua que se pueden transformar una en otra. Y lo que se demostró para una partícula mínima,\nse puede demostrar para dos, etc., y en general para cualquier cantidad de tierra. Como se ve la demostración es impecable desde el\npunto de vista formal. Admite que el volumen pueda cambiar. Sugiere así una experiencia para medir el volumen de aire que se\nobtiene por transformación en este \"elemento\" de una dada cantidad de agua.\n\na\n\na\n\ne\n\n[\n\nEl agua colocada en AB se \"transmuta\" por el calor en aire y\npasa al cilindro C en donde puede medirse el volumen. (AB se llama\npomposamente \"Eolopyle\" ) . Jean Rey se cuida muy bien de hacer\nla medición; pero obsequia la sugerencia a quien quiera, rogándole\nque, como retribución de haberle sugerido esta hermosa experiencia,\nle comunique el resultado.\n\n-\n\n42-\n\n�.Ningún elemento \"pesa por sí mismo\", es la tesis aiguiente. Vea·\nmos lo que quiere significar J ean Rey con ésto. Según él, el examen\nde los pesos con la balanza difiere mucho del que se hace con la\nrazón. Este sólo lo practica el hombre prudente y de talento, el otro\ncualquier rústico es capaz de llevarlo a la práctica. Es así como\nalgunas personas de poca comprensión, al pesar con la balanza el\naire en el seno del aire y al no encontrar, así, peso deducen que el\naire no tiene peso. Pero el examen de los pesos con la razón conduce\na una conclusión distinta. En primer lugar: el agua tiene peso, nadie\nlo niega y sin embargo pesando agua en el seno del agua seguramente\nse encontrará que no tiene peso. Esto sucede porque ningún agente\nactúa en su semejante, toda acción supone una contrariedad. ¿Quién\nva a buscar lo caliente en el seno de lo caliente? Si existen \"dos\ncalientes\" juntos se abrazan, unen sus acciones y resulta un solo\ncaliente. De modo que el peso resulta de un contraste entre el cuerpo\ny lo que lo rodea. \"Tout ce qui pese dans l'air, tout ce qui pese\ndans l' eau, doibt soubs es gal volume contenir plus de poids ( pour\nle plus de matiere) que o.u l'air ou l'eau dans les quels le balanceme'nt\nse pratique\".\nParecería que Rey dejándose llevar por su dialéctica se aleja\ndel tema. Nada de eso. Esta cuestión de que el aire no pesa en el\nseno del aire es una dificultad seria para su tesis final y sale al\nencuentro de ella. En efecto, va a afirmar que el aumento de peso\ndel estaño durante la calcinación se debe a que con él se ha mezclado\naire; pero como al pesar la cal de estaño se la pesa en el seno del\naire, el aire incorporado a ella no puede tener peso revelable con\nla balanza. Es necesario pues demostrar que el aire puede aumentar\nde peso. Según el médico de Périgord esto puede suceder de tres\nmaneras distintas: 1) por mezcla de materias extrañas más graves\nque él; 2) por compresión de sus partes y 3) por separación de sus\nporciones menos pesadas (¿contradicción con la naturaleza elemental\ndel aire?).\nLa primera es evidente considerando \"come en temps nebuleux,\nla premiere couverture de vos fenestres hautes l' air chargé de\nbrouillards entre dás vostre chábre\". Por motivos análogos el agua\nde mar pesa más que la de río. Las sustancias extrañas que se incorporan al aire son, en particular, los vapores y las exhalaciones que\nparten del agua y de la tierra. Es claro que si se toman dos porciones\niguales de un mismo aire cada una de las cuales tiene diez pulgadas\nde volumen y a una se le añaden dos pulgadas de agua y a otra dos\nde aire la primera adquirirá un peso mayor que la segunda. Se ve\nclaramente que lo que quiere decir Rey es que el aire aumenta de\ndensidad en estas condiciones lo cual es falso para el caso del vapor\nde agua. Pero, no insiste mayormente sobre esta manera de aumentar\nde peso el aire pues no es la que le interesa para su tesis y así pasa\na las otras dos.\nCree que la compresión existe porque \"la nature a voulu, pour\nles raisons a elle cogneues, que les elemens peussent s' estedre et\nresserreriusqu' a certaines bornes qu'elle- leur a prescriptes\". Cita\n\na\n\n- -43 -\n\n�ejemplos de dilatación térmica del agua y la compres1on del aire\nen una jeringa y argumenta \"L'air ainsi comprimé doubtez 'vous qu'il\nne pese dans ,l' air libre puis qu'en 'pareil espace il contient plzis de\nmatiere?\" Termina la consideración de esta manera de aumentar el\npeso (evidentemente se trata de la densidad ) con una especie· de\npedido de reivindicación de ciertos inventos de él hechos antes de\nque un · señor Marin, \"bourgeois de Lisieux\", patentase un árcabuz\nneumático. Según Rey su propio arcabuz, que figura entre los\ninventos mencionados es mejor que el de sieur Marin. Esto último,\nevidentemente, no tiene nada que ver con la calcinación del estaño.\nPasemos a la consideración de la tercera causa de aumento de\npeso del aire. Es evidente que si de un tddo se sacan partes más\nlivianas lo que queda será más pesado (denso) que el todo. \"Separad\nel oro que ese ver.gonzante o·r febre mezcló a la corona del rey Hieron:\nel oro que queda pesará más que una porción igual de toda la corona\".\nLa Naturaleza hace lo mismo en otros casos y con ayuda del calor.\nLos rayos solares sutilizando el agua de las salmueras (p. ej., del agua\nde mar) colocadas en recipientes apropiados deja un residuo más\npesado. \"L' Alchymiste, vray singe de la nature\" realiza operaciones\nanálogas por medio de la destilación. Así, al separar del vino el\naguardiente (más liviano) deja un residuo más pesado. Pero con el\naire la demostración no es tan clara. Pregunta si alguien cree que el aire\ncaliente en contacto con el · suelo en un día caluroso de verano\nes más · liviano que el resto y apuesta a que todos creen eso; pero\nno es así. ¿Por qué está más caliente? No puede ser porque el Sol\nlo caliente directamente más pues este astro calienta uniformemente\ntodo el aire. Pero al calentarse se separan .las partes densas (abajo)\nde las más sutiles (arriba) y entonces al ser más densas dan una\nsensación de mayor calor. En apoyo de esta afirmación dice que el\nhierro al rojo quema más que la llama empleada en calentarlo y no\npuede admitirse que esté más caliente. Luego el hecho de que el\naire se manifieste como más caliente en contacto con el suelo demuestra que es más denso. El más sutil se ha ido hacia arriba. Como\nuna nueva prueba de esto está el fenómeno que se observa mirando\nel aire en contacto con una superficie calentada por el Sol que consiste\nen una visión confusa de lo que se vé a través de él. Esto que, como\nse sabe es debido a una variación del índice de refracción del aire\ncon la temperatura, según sieur Jean Rey \"c'est qu'il est esp-essi et\na acquis plus de corpulence, qui vous le rend aiicunement visible\".\nY si este espesamiento puede ser producido por un calentamiento\ncomo el debido al Sol ¿qué no podrá ·esperarse de un horno ardiente,\ncon un fuego infernal? El agua, el aguardiente y otros líquidos se\nsutilizarán por completo pues el aire puede ocupar su lugar; pero\ncon el aire no sucede lo mismo y entonces se producirá por eliminación de las porciones livianas de una gran cantidad de este elemento,\nun aire espeso y pesado \"un air qu'il m'eschappe de dire, non\nplus air, ains un air desnaturé ayant changé sa subtile f luidité en une\ngrossiereté visquese\".\nParece ser que alguien objetó a sieur Rey que si bien el calor\n\n-44-\n\n�(o el fuego) podían separar partes de distinta gravedad de cuerpos\nheterogéneos no ucedía lo mismo con cuerpos homogéneos ya que\npor la naturaleza de éstos el calor actuaría igualmente sobre todas\nsus partes dilatándolas del mismo modo. Pero según Rey, además de\nese hecho que es cierto, su razón y sus sentidos le dicen que también\nse separan parte de distinta gravedad, para probar lo cual puede\ndisponer de una \"nube\" de ejemplos. Así el vitriolo (sulfato ferroso)\nes un cuerpo homogéneo y colocándolo dentro de una retorta y calentando se obtiene la separación de \"su flegma, su aceite y su colcotar\". La \"trementina\" e un cuerpo homogéneo y de él el calor\npermite separar su aceite, su espíritu y su colofonia. El vino es otro\nejemplo y así sucesivamente. Pero sus adversarios pueden argumentar\nque se trata de cuerpos compue tos y que en lo elemento no sucede\nlo mi mo. Por ese motivo demuestra J ean Rey que el agua se espesa\npor destilación. El que no lo crea que recurra a los químicos que\npreparan agua destilada. E ta o el rocío que sólo es agua \"passée par\nle grand alambic de la nature\" es usada porque \"penetre mieuz la\nsubstance des simples et en tire plus aisément la vertu et les teintures\".\nPues bien, el agua destilada es menos densa que el agua común y\npor lo tanto el agua que queda como residuo debe ser más densa.\nComo esa diferencia se observa si destila todo un vaso se puede concebir que si e compara la primer gota destilada con la última gota\ndel residuo la diferencia sería aún mayor.\nPero seguramente los adver arios creen que está rehuyendo lo\nque realmente interesa: el aumento de peso del aire por acción del\nfuego. Nada de eso. A pesar de que ya ha dado razones en apoyo\nde esta afirmación, dada la importancia del asunto va a dar otras\npruebas que no dejan de ser asombrosas por lo rebuscadas y sutiles.\nLas pruebas son tres: imaginemos un laboratorio, no como los habituale en el seno del aire sino en el del \"fuego elemental\". En ese\nca o el aire tendría respecto del fuego un comportamiento análogo\nal del agua respecto del aire. Así podríamos llenar con aire un recipiente vacío, que entonces estaría lleno de fuego como están llenos\nde aire los que en nuestro medio habitual llamamos vacíos. ºSi en\nesas condiciones destilamos aire tendríamos diferencias de densidad\nentre destilado y residuo como tenemos en el caso de la destilación\ndel agua. Sabe Rey que tal laboratorio no puede construir e; pero\ntampoco se podía dar a Arquímedes el punto de apoyo que pedía\npara su palanca que movería al mundo. E una manera de demostrar algo.\nLa otra prueba se tiene si se considera un cañón colocado verticalmente con la boca hacia arriba y se imagina que se deja caer una\nbola al rojo en el interior del mi mo. En este caso el aire sale primero\nmenos caliente que luego, lo cual se puede comprobar colocando la\nmano inmediatamente por encima de la boca del cañón. Esto no s\ndebe a que el aire haya sido calentado en forma irregular mo a que\ns&le primero el aire más sutil que tiene un menor calor. sensible que\nel más denso que sale después. Además mirando a trav' de la región\nque se encuentra arriba de la boca del cañón se ve 'tremouer\" los\n\n-\n\n45-\n\n�objetos que se observan a través y no es el movimiento del aire lo\nque produce esto pues Rey puede ver con toda nitidez las bellezas\nde una dama a través del aire agitado por su abanico. Además un\ncopo de lana colocado arriba de la boca es elevado, lo cual demuestra\nque ahí el aire es más denso. Y si eso sucede en la boca ¿cuál no\nserá el espesamiento en la parte inferior del alma del cañón?\nPara aportar un tercera prueba recurre a los asmáticos. Dice que\ncuando uno de estos enfermos se ahoga en su lecho se ordena abrir\nlas ventanas. Interpreta el hecho diciendo que al ser más espeso el\naire de la habitación por ser más caliente el paso del mismo por\nlos canales de los pulmones ofrece dificultades. Al entrar aire frío,\nel que respira el asmático se hace más tenue y tiene así una sensación\nde alivio.\nAsí como existen tres maneras de aumentar el peso del aire,\nexisten, por la ley de los contrarios, tres maneras, según las\ncuales puede disminuir de peso. En esta demostración aparecen\ndos aspectos interesantes de las concepciones de Rey. En primer\nlugar hace notar que cuando habla de aumento o disminución de\npeso se refiere a pesos de volúmenes iguales pues si examinamos los\npesos con la razón \"ie dis qu'il n'y a rien qui .accroise de pesanteur\nque par adition de matiere; ny qui en decroisse que par substractio\nd'icelle: tant inseparablement sont cOiointes la matiere et la pesanteur\". Es un enunciado bastante preciso de la ley de conservación\nde la masa. Por otra parte dice, en base a experiencias ideales, cuyos\nresultados imagina, que \"la balance est si fallacieuese qu'elle ne nous\nindique iamais le iuste poids des choses, f ors que quand en icelle\nsont comparés deux pesanteurs de mesme matiere et figure, come\ndeux boulets de plomb\". No se sabe, frente a esta afirmación, si criticar la cuestión del \"justo peso\" planteada fuera del terreno experimental o ver en esto una manifestación del principios de Arquímedes\naplicado a los cuerpos sumergidos en el aire.\nFinalmente se encuentra sieur Rey en condiciones de responder\nformalmente a la cuestión que le planteara sieur Brun.\n\nENSAYO XVI\nRespuesta formal a la pregunta de por qué el estaño y el plomo\naumentan de peso cuando se los calcina\n\"Ahora he hecl}to los preparativos, esto es, he echado los fundamentos de mi respuesta a la pregunta de \"sieur\" Brun que no es otra\nque la siguiente: Habiendo puesto dos libras y seis onzas de estaño\nfino de Inglaterra en un vaso de hierro y a su vez colocado a éste\nsobre un horno a gr.un fuego abierto, por espacio de seis horas, agitándolo contínuamente, sin agregar cosa alguna más, ha recogido del\nvaso dos libras y trece onzas de cal blanca; lo cual lo ha llevado, en\nprimer lugar, a un estado de admiración y luego al deseo de saber\n-46-\n\n�de dónde le han venido las siete onzas de más. Y para aumentar la\ndificultad digo que no sólo hay que pregzintarse de dónde han venido\nestas siete onzas, sino que también, además de esas, de dónde han\nvenido aquéllas que han reemplazado la pérdida de peso que se ha\nproducido necesariamente por la ampliación del volumen del estaño,\nal convertirse en cal y por fo pérdida de vapores y exhalaciones que\nse han desprendido. A esta pregunta, pues, apoyado sobre los fundamentos ya expuestos, respondo y sostengo gloriosamente (sic!), Que\neste aumento de peso viene del aire, que en el vaso se ha espesado,\nhecho más pesado y tan adherente en virtud del calor tan vehemente\ny prolongadamente continuado del horno, el cual aire se mezcla con\nla cal, (a lo que ayuda la frecuente agitación) y se adhiere a las\npartes más menudas: no de otro modo como el agua hace más pesada\nla arena que se arroja y agita en ella, para humedecerla y adherirse\nal más pequeño de sus granos. Estimo que hay muchas personas que\nse hubiesen espantado al solo enunciado de estci respuestw si la hubiese\ndado al principio y que ahora la aceptarán sin sorpresa, hcibiéndose\ncomo amansado (sic!) y hechas tratables por la evidente verdad de\nlos ensayos precedentes. Porque, sin duda, aquéllos cuyos espíritus\nestuviesen imbuídos en la creencia de que el aire es liviano hubiesen\nsaltado al encuentro de mi respuesta. ¿Cómo (hubiesen dicho los\ntales) si no se saca calor del frío, blanco de lo negro, claridad de las\ntinieblas, del aire, cosa liviana, se saca tanto peso? Y aun ·a quéllos\nque se hubiesen encontrado dispuestos a creer en la pesantez del aire,\nno hubiesen podido persuadirse de que jamás podría aumentar el peso\nde algo estando pesado, como lo está, en el seno de sí mismo. Por\neste motivo, me ha sido necesario hacer ver que el aire tenÍ<i peso:\nque ello se reconocía por un examen distinto que el de la balanza:\ny que en ella misma una porción previamente alterada y espesada,\npodía manifestar su peso. Todo ello lo he hecho de la manera más'\nbreve que me ha sido posible y sin haber adelantado nada que no\nestuviese estrechamente vinculado con esta materia: para aclarar la\ncual en todos sus puntos, sólo queda por hacer una refutación sucinta\nde las opiniones que han sostenido otros o podrían sostener; y a\nresolver las objeciones que se podrían hacer contra mi respuesta\".\nAnaliza, de acuerdo con lo prometido, las distintas explicaciones\nque habían dado o que podrían darse del aumento de peso observado.\nEllas son: 1) La desaparición del calor celeste que da vida al plomo\no bien la muerte de éste que produce el aumento de peso durante la\ncalcinación (Cardan); 2) La consunción de partes aéreas del plomo\n(Escalígero); 3) El hollín del fuego (Cesalpino, citado por Livabius);\n4) De la materia del vaso donde se hace la calcinación; 5) Los vapores\nde carbón; 6) La sal volátil del carbón; 7) La sal volátil mercurial,\ny 8) La humedad atraída por la cal. Algunas de estas explicaciones\nno se han dado; pero Rey las imagina y las refuta. Como no es posible\nexaminar todas, me referiré a las que juzgo más interesante .\nLa primera, a saber la de Cardan, es la siguiente. Como se sabe\nlos alquimistas decían que un metal era algo vivo; cuando se calcinaba\nse moría y cuando la cal se reducía el metal revivía. Ahora bien como\n-\n\n47-\n\n�la vida sólo era posible si en el cuerpo vivo existía fuego celeste,\nal morir (calcinarse) el estaño o el plomo dicho fuego lo abandonaba,\ncon lo cual había un aumento de peso debido a que el fuego era\nligero. Rey refuta fácilmente esta explicación mediante la siguiente\nargunientación: l. 0 ) El estaño no es vivo y por lo tanto del hecho\nde que un cadáver pese más que el ser vivo al que pertenece (hecho\n\"comprobado\" entonces) no se puede deducir que lo mismo acaece\ncon el estaño. 2. 0 ) El fuego celeste no puede hacerlo más liviano ya\nque el fuego tiene peso y 3. 0 ) No puede haber una misma razón para\nel aumento de peso de los animales al morir y del estaño al ser calcinado. \"Car, touchant sa vie, comment en auroit le plomb, puis qu'il\n\nest un corps homogenée sans distinctio de parties, sans organes et\nsans aucun effect ou action vitale? S'il se meut en bas si fait bien\nla céruse qui n'en est que son cadavre\". Además se puede tener al\nabrigo del aire el plomo fundido durante días, meses, años con un\ngran fuego sin que disminuya su peso. \"Il f audroit une ame bien tenace\n\npour tánt souffir sans desloger\".\nAsí como la explicación anterior y su refutación son fantásticas,\nla otra que voy a considerar es perfectamente coherente y lógica.\nDice Rey que ya que el estaño y el plomo están durante la calcinación\nen contacto con aire y con el hierro de la vasija se podría admitir\nque no siendo el aumento de peso debido al aire se puede atribuir\nal hierro de la vasija que se mezclaría con la cal. Esto no es posible\nsegún Rey, por las siguientes razones: 1) : El hierro pulverizado es\nde color castaño y teñiría la cal de estaño que es blanca, cosa que no\nsucede. 2) : Si el vaso entregase hierro a la cal, en las cantidades encontradas por sieur Brun se destruiría en unas cuantas calcinaciones,\nhecho que no sucede por cuando un mismo vaso sirve durante años\nde trabajo continuo y prolongado, y 3) : Se podría obtener a partir\nde una pequeña cantidad de estaño una gran cantidad de cal, pulverizando la vasija por completo y añadiéndola a la cal, hecho que no\nha sido observado.\nDespués de haber sido examinado una a una todas las otras posible explicaciones las destruye de un solo golpe, como Hércules las\ncabezas de Hidra (la metáfora es del propio Rey ) ya que su situación\nes semejante a la del héroe griego.\n\nENSAYO XXV\nMediante una única prueba se destruyen por completo todas las\nopiniones contrarias a la mía\n\"Se dice de Hércules que ni bien cortaba una de las cabezas de\nesa Hidra que devastaba el Palu Lerneano ( *), le renacían dos cabezas. Mi condición es similar. El error que combato 'es fecundo en\n(*)\n\nNombre que da Rey a la laguna ele Lerne, situoda en Grecia, en cuyos orillos hobitaha la \"Hidra de Lernu\" (N. del T.).\n\n-\n\n48\n\n�opiriiones que son otras tantas cabezas: si corto una se ven nacer dos.\nMi labor crece continuamente y tengo la seguridad de que no será\nalgo completo nunca si me limito a destruir una por una todas las\nopiniones contrarias. Para ma,tarlas del todo es menester que reúna\nmis fuerzas y enderece mi brazo de modo que de un solo golpe las\n~bata todas. Quien quiera que se ponga en guardia: pues he aquí\nque voy a dar ese funesto golpe que acabará con todas. Acabo de leer\nen Hamerus Poppius, en el terc<er capítulo de su libro intitulado\nBasilica Antimonij, la nueva manera que practica para calcinar el antimonio. Toma una cierta cantidad, la pesa, y habiéndola luego pulverizado la coloca en forma de cono sobre un mármol y teniendo un\nespejo ardiente {espejo cóncavo. - N. del T. ) lo opone al Sol dirigiendo la punta piramidal de los rayos reflejados sobre la punta del\ncono de antimonio que entonces emite abundantes humos, y en poco\ntiempo se convierte, en la parte que todan los rayos, en una cal muy\nblanca, la que es separada con un cuchillo; y dirige entonces los rayos\nsobre lo que resta del antimonio hasta que todo haya blanqueado, con\nlo cual está hecha la calcinación. Es una cosa admirable (agrega a\ncontinuación} que aun cuando en esta <Jalcinación el antimonio pierda\nmucho de su sustancia por los vapores y humos que exhala copiosamente su peso aumenta en lugar de disminuir. Ahora bien, si se pregunta sobre la causa de este aumento: ¿dirá Cardan que se trata deí\ndesvanecimiento del fuego del calor celeste? Por el contrario: dicho\nfuego está agregado en mayor medida por medio de los rayos solares.\n¿Dirá Escalígero que se trata de la consunción de las partes aéreas?\ncuando al desmenuzarse en cal, aumenta de volumen y se incorpora\nmayor cantidad de dichas partes aéreas. ¿Traerá Cesalpino a colación\nsu hollín? Acá no hay ningún fuego que lo produzca. ¿Daría el vaso\nempleado alguna cosa de sí? Es claro que no, pues los rayos se dirigen con tal precisión que no tocan el mármol en absoluto. ¿Se propondrán los vapores de carbón? Acá ;no hay nada de carbón. En\ncuanto a las sales volátiles que can tanto ingenio se han producido\npierden aquí toda su gracia y favor. Por ventura, ¿se querrá recurrir\na la humedad como alguien pretende hacerlo nuevamente? Pero, ¿de\ndónde vendría? ¿del mármol? En absoluto; ello no es ni imaginable.\n¿Del aire? Menos aún: porque esta operación debe practicarse pa:rd\nque resulte mejor en los días más cálidos del Verano, durante los\nardores más violentos de la Canicula. Cuando todo está, aquí abajo,\ntan caliente que aun en la sombra, hasta durante la noche, el aire seca\nlas telas húmedas y también las tierras mojadas. Y el día en el que\nel Sol pega fuerte, tuesta nuestras pieles, marchita las hierbas,\nreseca los frutos, la madera y los lagos, hace bajar el curso de todos\nlos ríos, inflama todas las cosas combust~bles como por ejemplo el\nestiércol de las palomas (sic!). Buscar humedad en el aire para\nabrevar nuestra cal y hacerla más pesada de esa manera, no de noche\nsino de día; no a la sombra sino al Sol. No donde simplemente hay\nluz, sino donde los rayos reunidos por un espejo cóncavo son reflejados con tanta violencia que funden y calcinan los metales: buscar\nahí digo, la humedad, es como buscar fuego en el hielo y un nudo en\n4\n\n49 -\n\n�un junco, por así decir, cosa que jamás se podría encontrar. Que ahora\nse fundan en un único espíritu los mejores espíritus del mundo: que\neste hermoso espíritu ponga en tensión sus nervios hasta el límite de\nsus fuerzas; que busque con atención en los cielos y en la Tierra: que\nhurgue en todos los repliegues de la naturaleza: no encontrará la causa\nde este aumento sino en el aire que los rayos del Sol calientan, espesan y hacen mJás pesado, el cual aire se mezcla entre la cal a medida que el antimonio al calcinarse se desmenuza y se hace adherente\na sus partes más tenues. Lo que confirma enteramente la verdad de\nmi creencia en el aumento del plomo y del estaño: que no pueden\ntener otra causa que la mezcla del aire espesado. No habiendo otra\ndiferencia entre el aumento de peso de estos dos metales y el del antimonio, fuera de la que reside en el hecho de ·que aquí el aire se\nespesa por acción de los rayos solares: y allá por el calor del fuego\n, '' .\ncomun\n,'\nSe plantea a continuación el problema de averiguar la causa po~\nla cual no aumenta de peso hasta el infinito, hecho que \"a priori\"\npodría predecirse con su explicación. Pero la experiencia enseña que\n.hay un límite. Explica esto Rey diciendo que en los casos de mezclas\nde sólidos con sólidos o de líquidos con líquidos no hay límite superior pero que en casos de líquidos con sólidos sí. En el caso de la\ncal de estaño ella se mezcla con aire despojado de su sutileza lo cual\nlo hace comportarse como líquido.\nSale luego al encuentro de otra cuestión: la mayor parte de las\nsustancias que queman y dejan cenizas no aumentan de peso. Dice\nRey que esto se debe a que esas otras sustancias contienen una gran\nproporción de principios exhalables o bien \"parlant spagyriquement\nbeaucoup de soulfre et mercure que le feu va choffat insq' au bout\".\nEstos espíritus tienen un peso mayor que el aire que se incorpora a\nlas cenizas.\nDesde el comienzo de la explicación Rey habla del estaño y del\nplomo a pesar de que sieur Brun encontró una disminución de peso\nen el caso del plomo; pero al final casi Rey .aclara que se ha referido\na i¡.mbos metales porque a pesar del resultado de sieur Brun otras\npersonas (Cardan, Escalígero y Cesalpino) han obtenido aumento de\n•peso y Rey se inclina a aceptar estos resultados aun cuando entre los\nque lo han obtenido figuran adversarios- teóricos suyos.\nTermina el libro con una conclusión en la que se jacta de haber\nexpuesto \"cette verité dot l'esclat frappe vos yeux; que ie viens de\ntirer de plus profonds cachots de obscurité\" y finaliza con estas palabras: \"Le travail a esté mien, le profit en soit au lecteur et a Dieu\nseul la gloire\".\nComo datos ilustrativo·s cabe agregar que el libro está precedido\nde una dedicatoria al Príncipe de .Sedán a quien están dedicados los\nensayos y de dos poesías donde se alaba sobremanera a Jean Rey,\nuna oda firmada por Béreau y unas cuartetas debidas a la vena de\nDe!?champs. Como todas las poesías laudatorias, son ·malas.\n\nr\n\n50\n\n�De Jean Rey se ignora la fecha del nacimiento y la de su muerte,\nasí como la edad que tenía cuando publicó estos ensayos. El lugar\ndonde vió la luz fué la localidad de Bugue cerca de Bergerac en\nPérigord. En Bugue escribió los ensayos y se sabe que vivía aún en\n1643. Se ocupaba de investigaciones científicas y quizás practicaba la\nmedicina. Se ocupó de termometría, inventó un arcabuz neumático\npero se vió obligado a abandonar los estudios e investigaciones\npor cuestiones domésticas.\nQuien se interese por más detalles puede leer el prólogo de\nEdouard Grimaux a la reedición de los Essays publicada en 1896. La\nobra fué desconocida hasta que después de los trabajos de Lavoisier\nsobre el tema (1774) Rayen se dirigió al director del Journal de\nPhysique ( 1775) llamando la atención sobre la obra de J ean Rey a\nquien asigna el carácter de precursor de Lavoisier.\nA pesar de no conocer datos sobre su vida, podemos con los\nEssays penetrar profundamente en la mentalidad de Jean Rey que, en\nmi opinión, es un representante típico de los hombres de ciencia de\nsu época y de todas las épocas: mezcla de razonamientos sutiles, observaciones acertadas, · teorías aceptables o absurdas, prejuicios y\ncreencias. Lo que varía de una época a otra es la dosis de\ncada uno de estos elementos y las características con que se presentan.\nHay en él, como en sus cofrades de todos los tiempos un afán desinteresado, aun cuando no desapasionado, por llegar a la verdad. Este\nes su mérito. No soy de opinión de considerarlo como un precursor\nde Lavoisier. Para convencerse de ello hasta leer los Essays y el Traité\nde Chimie y comparar el lenguaje y las ideas.\n\n-\n\n51-\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"7"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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Para\nconseguir una íntc is satisfactoria, ninguna esencia podrá ser excluída.\nAbarcarlo todo, oprimiendo e a afortunada abundancia, e como\nahogar el tema y marchitarlo en una pri ión demasiado estrecha. ¿Qué\nhacer, puc ? ¿Cómo cumplir? Procedamos como Don Quijote en la\nencrucijada de los caminos, oltándole las rienda a Rocinante, para\nque ólo el azar re ponda de la p regrina po ibilidad de la aventura.\nBien puede el pen amiento de empeñar e, ante Cervante y ante u\nhidalao, como un aventurero más. Al obligarnos menos, al no ofrecer\notra cosa que el imprevi to epi odio de un instante, al correr, libre\ny sin compromisos, por los campo del alma, no hacemo otra cosa\nque colocarnos a gran distancia de todo juicio riguroso y de toda\ncerrada prevención, pues el azar no admite reglas, y su vuelo es como\nuna burla amable a los que e peran más de lo que la suerte, de vendados ojos, puede entregar a nuestro deseo .\nMuchas veces C rvantes ha hablado, directa o indirectamente, d\ní mimo. Bastan us palabra para configurarnos su carácter y su\nvida. Cuando 1 escrutinio de los libros en la biblioteca del Caballero,\nle hace decir al clérigo: \"Muchos año ha que es amiao ese Cervantes\ny é que e má v r ado en de dichas que en versos\". Esta confe ión\n-\n\n23 -\n\n�tan encilla no ha la para corrohorar el modo cómo el e critor conlemplaha la per pectiva doloro a de su año , cuál\nmiraha a í\nmi mo atrave ando en u propio pasado el cuadro d\nus memorias,\ncómo, hecho el balance de u a de bordado m dio iglo, se conideraha má docto en angustias que en letras.\nn contemporáneo\nsuyo, que le admiraba y le di tinguía por la altura de su ingenio, el\nLicenciado Márquez Torres, al redactar la aprobación de la Segunda\nParte del Quijote, cuando ólo le quedahan a u autor catorce mese\nde vida, no dice que al llegar alguno embajadores de Francia a la\ndudad de Madrid,\naproximaron a él 'de eo os d aber qué libro\nde inaenio andaban má valido , y tocando aca o en e te que yo estaba\ncen urando, dice, apena oyeron el nombre de 'Ü!!Uel d Cervante ,\ncuando e comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación\nen que así en Francia como en lo reinos u\nonfinante e tenían\nu obra la Galatea, que alguno dello tien ca i de memoria, la\nprim ra parte de ta, y la\novelas. Fueron tanto lo encarecimientos,\nque me ofrecí a llevarlo que viesen al autor della , que estimaron\ncon mil demostracione de v:ivo de eos. Preguntáronme muy por m<'nor u edad, su profesión., calidad y cantidad. Halléme obligado a\ndecir que era viejo, oldado, hidalgo y pobr : a qu uno respondió\nentre formales palabras: ¿pue a tal hombre no le tiene España muy\nrico y u tentado del erario público?' Acudió otro de aquellos caballero on este pen amiento y con mucha agudeza, y dijo: i nece idad\nle ha de obligar a e cribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia,\npara que con su obra , iendo él pobre, haga rico a todo el mundo\".\nY en verdad que aquél que e to último comentara, acertó de una vez\nen todo, pue la pobreza fu' la mu a de Cervante , de u necesidad\nnació la má alta riqueza del e píritu, el oro inmaterial del aenio,\nmás fuerte, más durahle y más bello que aquél que la nao hispanas\ntraían de la áurea América . Porque d aquél ólo queda en Ca tilla\ny León el vano fantasma evocado por la hi toria , mientra que del\nde la miseria de Cervante permanece, - inconmovible en su vir·\ntude , indestructible en la espiritualidad del v rbo- , la realidad vital\nde Don Quijote, de Sancho, de la Dulcinea, y del coro humano que\ndió fondo y per pectiva, movible y cambiantes, a la má prodigiosa\nperegrinación del ideal y de u vencimiento, del entusiasmo y de la\nmelancolía, de la esperanza y del final desencanto.\nLargo, difícil y malhadado fué el peregrinaje de Cer antes. Su\nvida trabajada, la perpetuidad de us peripecias, la potencia impre·\nionante de oh ervación en que é ta caían, tra la dicha efímera y\nel fracaso perdurable, a los pozo espirituale de su experiencia, le\nconcedieron ese tipo ustancial de abiduría, denso de verdades humana , elaborado en lo uh u los de la realidad que dan la materia\nindi oluble de la grande obras. Ca i no fué e critor hasta pasado el\nmedio siglo de vida. O por la nece idad, o por el disfrute repentino\ny variado de la aventura , o por no hallar nunca la ocupación provecho a donde arraigar lo dia y los hechos n un terreno firme, el\nazar no le dió tregua, y fué llevándolo a merced de un de orden genial\nque le impedía la calma y la riqueza, pero le dejaba en la carne viva\n\n-\n\n24 -\n\n�las huellas y los relieves de un mundo que él fijaha en las ocultas\ngalerías de su sensibilidad. Pudo así soñar, y de encantarse de los\nsueños. Pudo así ver, en donde otros, más felices no veían. Pudo\ntambién esculpir lo esencial obre el flujo y la efímera corriente de\nlos instantes. Y pudo asímismo, irónico y escéptico, ·desengañarse sin\nque el desvanecimiento de las aspiraciones y los sueños, lo arra trasen\na la locm:a dese perada, o al tránsito nihilista qu postra las divinas\nherramientas del genio. Como su. hijo, Don Quijote, c dió a hu car\nel aumento de u honra y puso su brazo heroico al servicio de la\nrepública. ¿ Fué loco entonce como el caballern? Y al perder la uh lime locura, maduro ya el juicio por la repo ada azón de lo años,\n¿por qué como el Hidalgo de la Mancha no se t ndió en el l echo\nmortal para dejar la vida en el callado desastre vencida el alma y\nangustiado el flaco pecho por las melancolías y lo desabrimiento ?\n¿Por qué como Don Quijote, detrás del último fraca so, y ya sobre\nel medio siglo, no se echó a morir, resignado, para sellar en el silencio el denuedo inútil y la vanidad de . todas sus empresas?\nEn la edad en que el Hidalgo manchego se volvió loco, Cervante\nmaduró su cordura. Cuando el caballero, desdoblándose, separó de\nla razón su sinrazón para ensoñar y realizar sus empresas, Cervante\nse sumerge en sí mismo, y se busca, sereno y recobrado, en us entrañables profundidades. Cuando su hijo, el Caballero, crea la e peranza, arde en la fe y empuña la lanza para vivir sus utopías,\nCervantes descubre su propio humorismo ; melancólico, sonríe ante\nlos hombres; y la fronía dibuja, finísima, el leve y reflexivo sonreír\nde sus labios. Cuando el Hidalgo de la Mancha trasmuta su flaco\nrocín en un corcel que avergonzaría a Bucéfalo y Babieca, Cervante\ne desmonta de su Clavileño, y entre las murallas de u soledad, pa ea\nsus graves tristezas por la hondura de los vividos años, para extraer\nde ellos los hijos que engendró su experiencia eu la fertilidad de su\ningenio. No más Dulcinea , no más gigantes, no más encantadores,\nno más azarosas contiendas ni afanadas búsquedas. Estaba vivo y\nestaba muerto. Con la sangre ardiente aún, pero sin las ilusiones ni\nlas esperanzas. Su creación vital había fracasado. Aquitósele el pie\nandariego, serenósele la clara frente. Helósele el brazo. Recóndita\nceniza le adormeció el ambicioso pecho. Y en silencio, inclinada la\ncabeza sobre la diestra mano, suave como en un crepúsculo, mirándose hacia adentro, pesó su destíuo en los platillos del bien y del mal.\nY con amor de belleza, arando con su voluntad las íntimas praderas,\nse sembró a sí mismo; y aró el dolor, y calentó las aradas eon los\nsoles del poeta; y no contando con más riqueza que las palabras,\nhizo de ellas un mundo tan grande, tan variado y tan profundo, como\naquél donde corrieron sus aventuras, y donde sazonó, en peligrosos\ndías, la ruda y alta experiencia de su vivir. Supo que la resurrección\nsobre las propias cenizas, es más prodigiosa aún que el nacimiento.\n¿Por qué no murió desencantado como su Don Quijote, tras del último fracaso, y al rozar el ceniciento perfil del medio siglo? Es que\nCervantes era poeta, o lo que es igual, creador, y no hay placer tan\nhondo, tan prodigioso, tan extático, como el de la creación misma.\n\n-\n\n25 -\n\n�Sólo el amor crea en el universo, y nada tan divinamente dichoso\npara el cuerpo infinito del universo, como ese a.mor que lo hace\npadre y madre entre el oleaje del Eros cósmico. Ese mismo influjo\nerótico, penetra en las entrañas espirituales del artista, y les fluye,\ncomo de la Naturaleza, la ola de las formas viva . La idea es el\npadre, y la sensibilidad es la madre. Una desprende el rayo fecundo,\nmientras la otra lo recibe en la sustancia movible de las imágenes.\nY al confluir amhas en el torrente vital del hombre, la obra del\ngenio levanta la potencia de sus hijos, el mundo concreto del arte,\ncomo de la tierra, alnazada por el sol, emerge la rrracia germinal de\nla espiga. ¡Ah, pensaría Cervantes, ahora, en este otoño delicado y\ntriste, nada tan bello, tan conmovedor, como darles vida inmortal,\ncuerpo y esencia de inmortalidad, a los sueños maravillosos de poeta,\nde creador, que se levantan de mis profunda experiencias. Y ahí\nestá el secreto de su desquite. Su sabiduría, sobre la llama del genio,\nse hizo poema. La creación fué su clave mágica, y le evitó la locura\nmelancólica, o el oscuro suicidio, o la muerte por desencantos o por\nangustias, cuando la tristeza, pálida la mano y valiente, abre las\npuertas de la vida a la enfermedad, para que la nada se acueste\nsobre la sangre, desvaneciéndola.\nFué la poesía para Cervantes su primera ambición, cuando el\nbrioso y emocionado trance de la juventud, y cuando más tarde, en\nla Galatea, presta su voz de amor a lo artificiosos pastores. Y lo\nfué en sn teatro. Y lo fué mil veces, sino siempre, en la perpetua metáfora del Caballero Andante, creando en eterno poema los mitos\nmaravillosos destinados a desvanecerse en el choque ineludible con\nla realidad. Y lo fué también, lleno de nostalgias por erlo más y en\nmás aguzado extremo, en el Viaje del Parnaso. Y murió con la frente\napoyada en la asomlnosa hipérbole épico-lírica ele Los Trabajos de\nPersiles y Segismunda. Padeció, pues, como pocos, la deliciosa ·e nfermedad de la belleza, con una obsesión que no disimula el desencanto de su confesado fracaso, en lo que toca a la poesía de los versos.\nMaravillábase de lo mae tros del arte rítmico, que lo emularon mil\nveces con su ejemplo, y ante cuyas músicas verbales, su oído le trasmitía al alma ambicio a la delectación de la melodía. Imitóles hasta\nllegar al linde del sublime secreto, como si el hado hubiese querido\nre ervarle para su prosa, todo cuanto los dioses otorgan al milagro\ndel genio. A sus ojo la poesía era ensoñación, y el mito del Eros\npoético, no distaba mucho del mito del Eros caballeresco, como en\nla esencia de las calidades espirituales, sueña tanto el alma contemplativa e inmóvil que crea en imagen un universo que se desprende\ndel anhelo, aunque la acción del hombre permanezca encadenada,\ncomo el que, imaginando un mundo espiritual sobre un mundo real, se\narroja locamente a luchar con sus propios fantasma , sin atender a la\ndura sustancia que gravita debajo de ellos. Poesía y caballería son entonces dos modos de la imaginación. Arrancan del mismo deleitoso engaño. Igual en lo íntimo es la aventura juvenil de Lepanto, que la aventura senil del Prrsiles. En una. el sueúo se h ace en el filo de la espada,\nEn la otra, en los extremos de la pluma. Pero en Cervantes, ante e]\n\n-\n\n26-\n\n�actor y el poeta, hubo el espectador y el crítico. Se conte.m plaba a sí\nmismo. Se juzgaba sin temores. Sincero y desnudo de coraje, anteponía la razón a los sueños, la tierra al cielo, la realidad a la imaginación, la verdad, cruel y dolorosa, a la quimera enmelada y cortés.\nDe ahí su dualidad, su humorismo, su yo conflictual y dramático, la\nfluencia de sus contradicciones, sus armonías y sus discordancias, sus\nmundos contrapuestos y antagónicos, su Don Quijote y su Sancho, su\nEspaña loca y su España cuerda, su mundo metafísico y trascendido\ny su mundo real y recio, y hasta su desastre en la acción, y su triunfo,\nya crepuscular, en el triunfo del poeta.\nAfanábase, y el mismo Cervantes es quien lo dice, en ser poeta,\nmas el cielo, y él asimismo lo atestigua, no le quiso dar cumplida esa\nanhelada gracia. También en esto soñó, pero en vano, nunca pudo\ncolmar sus aspiraciones. Toda su vida fué fiel a esa inalcanzada Dulcinea, como Don Quijote a la suya. Sembró sus novelas con mil cantos,\na medida que amaba a esa esquiva diosa, de la cual hubo de construir en su imaginación un mito clarísimo y sublime. Frecuentaba su\ntemplo para hacerse digno del favor de esa divinidad. Se ejercitaba\nen el secreto lenguaje, por lograr la magia y el encantamiento que\nen otros, tan admirado por su nobilísimo corazón, sorprendía y elogia])a. Discernía con certe1·a sutileza; como lector y crítico, los valoree\ny los matices má afinados de la poesía, pero él, aún en esto desventurado y triste, nunca se aceptó a sí mismo, y fué acaso el peor\nenemigo de sus rimas. Largo amor el suyo a la gloria de Apolo,.\nConfiesa que desde sus más verdes años amó el dulce arte de los\nversos. Con el ánimo del poeta lírico, buscó en la poesía el más bello\nmedio de confesarse de su intimidad. En suaves rimas volcó sus difíciles esperanzas, tan inútiles y vacías, que fué como sembrarlas en\nla arena. Y ya viejo y melancólico, a pocos pasos de la muerte, sigue\nejercitando su pluma en la tierna y deleitosa música de las estrofas,\ny en larga secuencia de tercetos, describe su viaje al Parna o, abre\nen su corazón la fuente de las rimas, y regala, con mano liberal, copiosos laureles para las nobles cabezas que triunfaron en aquel arte\nque tanto amó su frente. Une poesía y pobreza, que era tanto como\n<lefinii:se en sus deseos y en sus realidades. Considera, que ya cantando\namores o llorando guerras, la vida del poeta es nada más que un\nsueño, tiempo en que no se vive, tiempo en que el tiempo se pierde\npara la realidad. Intuye la naturaleza delicada y suave de quienes\nsólo cantan en un mundo de esfuerzos y fatiga . V e el toque de la\nlocura aun en el más cuerdo de los rimadores, que pierde en bienes\nlo que gana en quimeras. Pero, luego, mirándose a sí mismo, sólo se\nconsidera cisne por la nieve de las canas, y cuervo por. la ronca voz,\npuesto que el ingenio poético ha sido duro para u alma, y por ello\nla buena fortuna no lo levantó a esa gloria sobre su avara rueda.\n¿Cómo disculparse, entonces, a sí mismo, si tantas veces reincidió\nen la poesía? El mismo nos confía que le faltó el ocio feliz. La riqueza no colmó jamá su mano. Sus sueños se enturbiaron con exceso\nen el áspero vivir de cada día . Y él supo, y él lo dijo: \"en el poeta\npobre, la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan\n-\n\n27 -\n\n�lo cuidado . de busca1· el ordinario u tento\". ¿Por qué no ce10 Gi\n1al era u juicio último? ¿Lo reflexionó así dema iado tarde? ¿S\ndesencantó, como el Caballero, de la otra Dulcinea, cuando la muerte\ne le acercaba, y los jóvene pájaro de antaño, huían, dcsalentado8.\nde su cabeza? ¿La que 'l creía errada vocación, tan próxima a la\nlocura mi ma, fué algo má que una de las Dulcinea que imantaron\nu anrma,\ncon mano dulce y de extremada piedad, le suavizaron,\nno la herida de Lepanto, ino la herida de todo u vivir? Soñar la\npoe ía, crearla, pen aba acaso Cervantes, era como de plazar e de\nla angu tia, como tomar la tri teza y la amargura, y embrándolas en\nlas divina ntraña de la música, hacerla brotar en hermo ura y en\nbelleza, prodiuioso desean o para regalo y deleite de la llaga , para\nolvido y vencimiento de la ombras!\nCuando Cervantes largo y den o de año , ya por detrá de lo\nsueños activo , desdoblándose, sube como nunca desde el hombre\nazaroso al puro creador e tético, se in tala de pronto en lo más alto\nde su propio genio, y mira, agaz, de de allí, la realidad univer a1.\nmientra e contempla a í mi mo, tra mutándose en el e pectador\nupremo, en el poeta empeñado en alvar al hombre que hasta entonce había ido. Sublima u experiencia vital. Sublima u lucha, su\ndolor, u mi eria, su melancolía, su desencanto. H lo, pues, en un\nnuevo y má prodigioso encanta.miento. Hahía llenado su er con ]a,\nvisione del mundo, y toma de us propia entraña la realidad de u\ner para convertirla en poema. El mundo g1·is del hombre vencido,\nadquiere de uolpe lo vivo colore de la belleza. Se ha mpinado n\nciende o baja por su tiempo como por una montaña.\ní mi mo.\nlibera. Vence su fracaso creándose con 1 sueño y la verdad del hombre. Y como e tá su propia vida en el fondo de su gran novela, reirá\nllorando, llorará riendo. No hará una tragedia, ni hará una comedia.\nMás lejos irá su genio. Creará un mundo completo, una humanidad\nque e contempla a í mi ma en su do caras: ironía y gravedad.\nburla y llanto. Su Don Quijote erá una int gración, y como tal, una\ntragicomedia.\nAunque lo biógrafo de Cervantes hayan trabajado on tanto\nfervor y porfía, para trazar, en cierto modo con datos auténtico , el\nitinerario de su vida, y reconstruir su carácter, mucho no queda aún\npor aber del padre de Don Quijote. No oh tante, el sondeo del libro\npe e a su lograda objetividad, e un elemento revelador con respecto\nal alma donde íué engendrado. Creo por ello mi mo que es nece ario\nrecurrir a la apreciacione y juicios que e van vertiendo en el cur o\nde la novela, y le trasmiten mil tono e pirituales que denuncian e]\nmúltiple humor de una vida. El color del agua nos dice sobre qué\ntierras ha corrido el río, y hasta cuál e u origen. Pongámonos ante\nlas orillas de la narración cervantina y veámosla pa ar ante nuestro\nojo . El fluir del lenguaje, el matiz en ible del estilo, el movimiento\nde la fra e, el carácter de lo episodio , la jerarquía de la palabra,\nel tinte espiritual de cada ser, la órbita de sus voluntades, sus meditaciones y reacciones ante el hado de los hechos, la riqueza y variedad de u aptitudes y conducta, su anhelos, su resi tencias mo-\n\n-28 -\n\n�rales, us diálogos y discur o , tienen, en medio de u diversidad objetiva, un punto común ineludible, originario, que no\notro que el\nautor mi mo de donde emanaron. Creamo lo que orno y ha ta donde\nomos. La abundancia de la fuente denuncia la ma:niitud de u entraña. El poeta, en el entido de creador, puede er sólo ·1 o la aldea,\no la región, o la gran ciudad, o el país, o el mundo.\npuede er el\nayer, el hoy, el .mañana, o el tiempo todo. Esta o la otra franja de\nla ociedad, el hombre n u ello o el hombre en la totalidad de su\nvirtud ilimitada. A ma or capacidad, mayor horizont .\nmá altura,\nvi ual má abierta. Llegada u alma al máximo de envolvimiento y\na la suprema complejidad, todo cabe en ella, a vece omo tumulto,\na veces como orden. E un pueblo de pueblos, inleriorm ntc vivos,\ndonde todo s distribuye\naún el retrato de la\natura]eza misma.\npero donde todo e colorea del tono de una vida rrrande y oberana.\nCervante , que todo lo hmnano lo abarcó en u pl nitud, e dió o?n\nfrarrmento , como un conqui tador que va fundando pueblos di tintos\nen un continente viraen. Pero fué má lejos. Tomó eJ mundo y e\ntomó a sí mismo, y entrando el uno en el otro, a la manera como la\nvida penetra en la materia y la vitaliza. logró la uprema unidad, y\nla hondma dimanó de la ten ión _ la exten ión pod ro amcnt alnazada por su e periencia.\nCervante está todo aludido en su Don Quijote. Más profunda\nque la episódica red de u actos, es la de su arte. Quien busque su\nesencias, penetre en us hijo . Hay una permanent transfu ión e ·\npiritual del autor del Quijot a su héroe, y a todo lo per onajes\nque surgen a lo largo de su peregrina travesía. El concepto que el\ne critor se había formado de u vida, y de la vida humana en u totalidad, va pa ando de de adenu·o de u genio a la boca d u héroe ,\ny en especial, a la de Don Quijote. El caballero d la Mancha die\nlo que el autor pen ó, oñó y ofocó dentro ele í mi mo. De ahí u\nmezcla singulaT de locun y cordura.\nada má di paratado que el\nhidalgo de la aventura , cuando en él actúa aquella part d u alma\nque corresponde al ejercicio de la caballería andante, pero nada má\nrazonable y azonado en Ja gravedad de la experiencia, que cuando el\nmismo hidalgo, devuelto por el fracaso a los quicios de la serenidad,\ndisclu-re, co;rno en el azar de las conversaciones cotidiana o en e1\níntimo, silencio o monólogo, di curriría el mismo Cervantes. De ahí\nsurge la identificación Cervantes-Quijote. Es decir, un doble desdoblamiento. El caballero d la Mancha es loco y es cuerdo. Y Cervantes, frente a u pTopia creación, e atírico, o es erio y grave,\ncuando no, triste. Ríe de la in en atez de Don Quijote, y, amoro amente, quieta ya la lanza del caballero, e emociona ante él y lo\nadmira, cuando lúcido, y n Ja alta jeraTquía de la razón, el mi mo\ncaballero vierte us doctrina , que no podrían cr otra que la de\nCervantes. Con Sancho ocurr lo mismo. Ese aldeano e profundo\ncomo el barro del astro, que sabe dar la vida y recibir la muerte. Su\nrealismo no e rutinario y pueril. Tiene u verdad n us fuerte\npuño , como el hondero tiene el ¡mijarro acertador en u dura mano,\nantes de colocarlo en la honda. Cuando ha'bla, lo id ale del caba-\n\n-\n\n29 -\n\n�llero tiemblan en la delicada sustancia de sus sueños. Trae la afirmación de ahajo. Desea y sueña también a su modo, con grosura y\nhambre terrestres. Ama al caballero hasta que el llanto le salta de .\nlas honradas entrañas. Tiene a su favor el viejo saber de los siglos\ndel pueblo en los quilates apretados de sus refranes. Es tan variado,\ntan henchido de vida, tan profundo de realidad, que escapa siempre\na todo juicio simplista. Ha sido calumniado cien ~Úes por quererlo\nhacer de una sola pieza, pues de su barro sale el heno y la encina, el\nfruto denso de miel y la flor rústica ele acendrnda sencillez, y el musgo\ntierno y la áspera corteza, y la densa madera y la fina savia. Y Cervantes no desdeña jamás entrar a su boca y llenársela de firmes razones.\nBien que Sancho haya acompañado a u amo en toda sus aventuras, y que us privilegiados oídos recibieran, tantas veces, las altas\ndoctrinas del caballero, no pudo alcanzar para sí mismo la excelsitud\ndel hidalgo, aunque barrunte a veces que hay allí algo que vuela\ny sube muy arriba la esencia del hombre. La libertad que exalta\nDon Quijote, la misma que lo arroja a las aventuras sin más ley que\nu firme fervor del bien y de la justicia, la misma con que quiere\nquebrar la violencia, el desamor, el desvío malvado, la ciega prepo·\ntencia y el orgullo que veja y humilla, esa libertad, tan arraigada en\nCervantes, implica una profunda ejercitación de í mismo, un creci·\nmiento de la dignidad humana, una soberanía de la mente liberada\nde toda servil cadena que encarcele la espontánea creación del acto,\ny una contemplación de este mismo por el goce desinteresado de emanado de una voluntad que sólo obedece a su noble energía. Algo del\nvuelo quijotesco había aprendido Sancho, pero no tanto que llegase\na redimirse del peso de su materia, de la gravitación de su interés,\nde la dádiva que le recompesaha, del oro que hacía besar la mano\nque, al darlo, aca o, ofendía. Y Ccrvante se esmera en señalar ambas\nactitudes y ambas conductas. A Don Quijote lo urgen el bien y la\nhonra. Ley de amor es la suya, sobre el mundo exterior, y ley de\ndignidad y honra la que instituye parn su mundo íntimo. Gasta ge·\nnerosamente la realidad de la vida para comprar, en cambio, el sueño\nde la inmortalidad. Cambia sangre por ahna y tiempo por gloria.\nDesdeña todos los bienes por el bien del renombre, pero se afirma,\nestoico, en esa única felicidad, inquebranta]Jlemente hu cada, cediendo\nentera su vida para vencer a la muerte. Y lo hace al estilo heroico,\nno ocultando jamás el pecho a la herida, león entre los leones, porque\nuna muerte bella jamá , para el caballero andante, es una muerte\nreal Y a ese precio se puede ser libre sobre la tierra, porque el que\nnada le pide a la realidad concreta, la sobrepasa y la sojuzga.\nTambién como el caballero, el escudero, junto a él, se aleja cierta\nvez, del palacio de los condes. Si fué burlado Don Quijote, no menos\nlo fué Sancho, si bien es cierto que los burladores, pese a sus dignidades y jerarquías, estaban más cerca de comprender al servidor que\nal amo, y acaso simpatizaban más con la rasa simplicidad del aldeano\nque con el hcroí mo y el amor metafísicos del hérne. Porque sohre\nlo ridículo de Don Quijote, se cernían, levantándose desde u mente,\náguilas y rayos, con los que Cervantes se daba a conocer a í mismo,\n\n-\n\n30 -\n\n�y ahí, en ese volar de los altos ideales, no encontraba nada más que\nun coro de risa . ¿Qué importaba la levantada doctrina del héroe,\nel sacrüicio de su generoso pensamiento, la alteza de sus mira y la\nverdad de su dolor humano, i todo ese mundo se cernía tan encumbradamente obre la gozosa y complacida mediocridad de eñores y\ndamas? La burla da la medida del burlado, pero sólo hasta donde\nlo burladores pueden subir en las escalas del espíritu, antes de\nburlarse. Y muchas veces la ri a se vuelve contra el ri ueño, y denuncia su gro ería, o su pequeñez, o su depravación. Don Quijote lo\nhabía comprendido así. El era caballero para caminos abierto , era\nde los errante , de los azaroso , que velan hu cando el peligro y\nduermen sin temerlo, porque no tienen má verdad que el heroí mo,\nni más ley que l libre impul o interior ejercitándose en la interminable ofrenda del 'bien. Lo muros e clavizan y corrompen. Bajo lo\ntechos no cabe el aire de la gran salud espiritual extremándose en\nempresas limpias y re plandccientes. Los palacios eran, para el caballero, cárcele cómodas y ah1mdantes, donde 1 alma, atada al goce,\nse corrompe como un a1rna e tancada. Bien sallia Don Quijote que el\nesclavo, parn di imularse a í mi mo, sólo de ea mover e ntre e clavos. Y por e o, la riqueza y la adulación de los duques y de todos u\ncortesano , lo ofendían. Y nunca fué má feliz que al romper la hipócrita cadena de oro con que habían lo ociosos paralizado su\nvoluntad. Al volver el caballero a la libre luz y al aire libre de los\ncampo , puesta u mente en el palacio de los condes, traza en e a\nluz y en e e aire el elogio de la libertad, porque con u concepto\ny us palabra limpia su e píritu, y ha ta limpia u propia boca\nde toda la impureza y la mediocridad que e le hubiere pegado en\naquella hermo a cárcel, más csclavizadora cuanto mayor fue e su\nriqueza, su refinamiento, y su falsa genero idad. Le pagaron, espléndidos, la desalmada burla, pero ahora el hidalgo hacía volar, sobre\nlo muro que lo apresaron, la águilas y lo rayos de su libertad.\nSancho, en cambio, no puede llegar a tale extremos.\nvece\nDon Quijote lo levanta en el ala de u di curso. El escudero ospecha\nla majestad. Se desprende de í mismo. Intenta la quijotería. Enflaquece la carne y ensancha el espíritu, pero tra el contagio momentáneo vuelve a caer en sí mismo, conformándose con ser el fiel 3cauidor\nde la locura sublime, pero jamá el loco que e ohrnpone al ridículo,\npara vivir la pl oitud de su sueJÍos.\nSancho ha oído el ditirambo con que u señor acaricio, conmovido, la virtud y la grandeza de la lib rtad. La óptima palabra\nde Don Quijote y la valentía de sus pensamiento , dieron en su frente\nlo repetidos aletazo del alma que e sabe a sí mi ma y no encuentra\nprecio a si,1 clara dignidad. Sobre nube y sobre a tros e tá ubida\nla jerarquía del caballero andante, hecha a rozar, en la imitación\nde lo arquetipo , la divina tra cendencia de la ideas puras. o ceja\nni e de encumbra ante el escarnio, ante bien, la átira que lo ca tiga.\nlo ensoberbece, y obre la risa cínica toma de nuevo altura para\n,obrepa ru:, soberanamente, la talla de lo e carnecedores. Sancho\nlran a. Recibe, a cambio de u grotesca comedia la paga que grati-\n\n-\n\n31 -\n\n�fica al hi trión. Dió Ti a, y recibió moneda . Toda aventura en que\nse comiese ha ta la saciedad o en que un puñado de doblones compensara su escudeól ejercicio, era buena, y digna de memorarse. ¿Qué\nlibertad es comparable, para el bueno y sensato de Sancho, a la de\nu e tancia con lo duques, i ahora, apretada dbre el pecho, pegada\nal latido de u corazón, trae, por obra del mayordomo del noble,\nla bolilla repleta con doscientos ducados? Virtud es el agradecer, y\nSancho, virtuoso según la medida de su frente, agradece el don.\nCalcula según sus necesidades domésticas. Noble también es el metal\ncon que lo honraron. Brilla como la estrella. No quiere el laurel del\ngenio, ni la e pinosa corona del mártir, ni la vehemente inmortalidad\n<lel héroe, pagada con san rrr - y sacrificio. Quiere, sí, la seguridad de\nla carne, la recia mano apretada al pan de cada día. Y como esperanza, la ínsula que le otorgará, según su sueño, más eguridades\nque glorias. Sancho se apega. Don Quijote se desapega. Sancho se\nata a lo actos con ano y natural egoísmo. Don Quijote e desliga\nde us propios acto . Sólo sabe dar. Si se adueñase del mundo, máima ín ula, se de prendería ele él para no manchar el desinteresado\nre plandor de la gloria y para tener motivo y campo de nuevos heroísmos. Vive en poesía. Cada aventura es un canto de su poema, un\ngolpe de alas de su propio ensueños. Su goce es e tético, aunque\nsu brazo ea ejecutivo. A veces el estilo de la acción vale más que\nla acc1on misma. E cuchad la palabra con que prec ele al aolpe, y\nos u penderá la hermo ura, a pe ar de la ironía del Cervantes. Su\nmundo es amoro o y bello. Y por eso es libre. Con el amor sojuzga\nal egoísmo, y con la belleza se desliga de la utilidad.\nLa vi.da de Don Q1üjote, una vez lanzada al riesgo de la aventura\ncaballere ca no e má que una peregrinac10n errante, insensata y\nridícula a lo ojos de Cervantes, y a los de todos aquellos personajes\nque el mismo noveli ta imagina para incorporar una humanidad entre\nla cual se muevan callallero y escudero. El hidalgo ha ahandonado\nus lilnos, al frisar en el medio siglo, para vivir según las circunstancias y las esencias de eso mismos libros. Repentina, su voluntad\npasa de. la contenida contemplación a la acción de lJOrdada, para lo\ncual fué necesario saltar de la razón a la locura. Superpone, de inmediato, al mundo verdadero, según el criterio común de los hombr s, un mundo ensoñado, que emana de su espíritu por obra de una\nimaginación prodigiosamente estética. Es desde ese instante un poema\nvivo. Cada aventura e un canto, C'lda instante, un verso, pero no\nen la forma inconcreta de la palabra, sino convirtiendo el impulso\nespiritual en acto. El héroe no e da tregua. Marcha siempre en busca\nde más extraordinarios azares. Tan poética es la entraña del caballero, que más que encontrar las aventuras, las crea. Desde el principio de la narración, sabemos que el hidalgo ha perdido el juicio\npor leer, sin descanso, los libros caballerescos. Pero su existir está\nometido a una especie de ritmo pendular, en cuyos extremos es loco,\npero no así cuando el péndulo desciende entre aventura y aventura,\npues entonces el caballero razona cuerdo, aconseja a'bio, habla prudente, filosofa ponderado, poetiza certero, y o-obierna sus actos cual\n\n-\n\n32-\n\n�si su mente se acomoda e a la percepc1on real y e ·acta de las cosa11.\nEste procedimiento sagací imo desde el punto de vi ta moral y p icológico, permite a Cervantes agrandar y extender hacia todo los\nplanos imaginables de la vida, el desarrollo de su creación. Y al\nintroducÍl\" una tan fecunda contradicción en la mente del caballero,\ndislocando en una mi ma individualidad la locura de la cordura, está\nen condiciones de formular un juicio universal y de incluír en la\nnovela caballeresca una visión completa del cosmos y del hombre.\n¡Razón y sinrazón! ¿Qué puede quedar fuera de e ta antinomia?\nLa razón abarca todo el plano de la a1·monía, de la lóaica, de la\nobservación, del contenido real e ideal de la vida, de lo concreto,\nde lo ah tracto, de lo inteligible y de lo ininteligible, dibujando el\nuniverso y todo sus contenidos dentro de lo mecanismos universales\ndel pensamiento. La sinrazón, despedaza el cuadro de la inteligencia,\ntÍl\"a hacia los sueño , hacia las aventuradas intuiciones, hacia la fe,\njustificando el arranque de la pa ión, alz;ndo luz imposible obre\nla luz po ihle, creyendo en lo increíble\nen lo absurdo, superponiendo así al orden de la lógica y a la concreción de lo ensihle, el\napar nte desorden de la emana ión interior, de la incontrolada\nfluencia de la imárrene subjetiva .\nLa parodia de la novela caballere ca queda desbordada. Ccrvante , por impulso genial, incluye en su epopeya burlesca la potencia\ndinámica de u arte. La vi ión de u libro e percibe alternativamente\na través de tre planos que se separan en fértile antagonismo , o\nconcluyen en integracion s de con ertantes. El lector camina, corre,\nvuela por el movimiento de los episodios, y por los diálogos y discursos que llenan lo intervalos de la acción vi ihlc con la acción\nuhjetiva de los monólogos, de la peroraciones, y con el elemento\ndramático del dialogado conducido a la suprema verdad humana.\nEl arte de Cervantes lo puede todo. Es creación pura, extraordinariamente animada, plá tica y dinámica, e terior interior, con toda\nlas repre entaciones concreta de la vida, tomada en la verdad có mica con fuerzas de titán y rrarras de águila. El lector, inadvertido\ndel milagro, casi no tiene tiempo de juzgar y de elegir. La simpatía\nhumana de la creación cervantina, lo roba de sí mismo y lo impulsa\ncon el mi mo impul o de los personajes. E como otro modo de vivfr,\nno menos real, en el plano estético, que aquél en que se vive en la\naturaleza mi ma. La potencia aerminadora y reveladora no puede\n·ir más lejos. Tan pronto Don Quijote nos arrebata con su locura sublime y absurda a la vez, o no divierte con sus aventura insensata\ny cómicas, o nos entristece, cuando, levantado sobre la nubes de su\nueños, choca con la áspera realidad, y cae a nuestros pie desde su\nalucinaciones obre el e peso lodo donde, fatales, nos· movemos. Ido\nde u cabeza, momentáneamente, los pájaro de su locura, el lector\ne ubica entre el caballero y el c cudero, y el alto razonar del amo\nlo ubyuga, lo gana como adepto de su sabiduría y de su bondad,\nen la que realidad y vida, aunque vistas de muy alto, se presentan\ncomo do verdades madurada en la má pura reflexión y en la más\nondulante experiencia de lo días. Mas Sancho arguye, terrestre, cla-\n\n-\n\n33-\n\n�vada su lengua de refranes, dm·a y fuerte la frase por la palabra\nvulgar, y densa la concreción casi mineral de sus ideas, crédulo hasta\nla simplicidad y de confiado hasta la •b urla. No ya su mente como la\ndel amo campea por la amplitud del cosmos, sino en el sabor y el\nolor de su aldea, atado su juicio a la reciura de sus sentidos y siempre\nen un reali roo de primer plano, en la manera cómo los ojos ven, cómo\nel oído oye y cómo la nariz huele. ada más fértil que el vertiginoso\ncontraste entre el caballero y el escudero. Del desbordamiento de la\nlocura aventm·era, pasamo al ensueño razonado de las utopías quijotescas, y tras e to, al realismo pragmático de Sancho, apegado a la\nnecesidad perentoria y al goce sencillo que a eguren la vida, no en\nel desplazamiento metafísico de su señor, sino n las realidades que\natan el alma a la prepotencia del cuerpo, y el cuerpo mismo a]\nespesor soberano de la tierra.\nAgreguemos todavía la presencia múltiple de todos los seres que\nforman el coro vario y matizado de esta univer al tragicomedia, en el\nque caben el señor y el aldeano, el canónigo y el barbero, el ciudadano\ny el campesino, el pícaro, el bachiller, la dama , las doncella , las maritornes los ambiciosos y los decepcionados, todas la formas y estilos del\namor, de la verdad, de la m entira, del interés y de la genero idad, ya en\nel episodio que promueve la ri a, ya en el que u cita el llanto, y todo\nello en un impulso de la vitalidad y de la crnación humanas, que\nparece de prenderse de la Naturaleza como en un crecimiento de\nelva y como en una urgencia de abrirse paso en la esfinge del ser.\nSi el que ve, habla y actúa e Don Quijote, todo ello se levanta, o\nbien en la torrencialidad de una locura sublime, o bien a los niveles\nmás alto de una concepción idealista de lo creado. Si el que mira,\nse mueve y comenta es Sancho, aquel uoiver o uperado en los planos\nde la quinta esencia y de la idealidad, cuaja su ensueño en los moldes\nrecios de la sensación directa, y se plasma en la estructura inque·\nbrantable de la materia. Pero si el que contempla y discurre es\nCervantes mismo, notái una superación estética de todo eso mun·\ndos. La pupila del poeta se ensancha como el univer o mismo, y su\nvisión no es una particularidad, sino una universalidad donde todo\ncabe como representación de la belleza, como imagen y concreción\ndel co mos y de todo us contenido . El poema abarca la integridad\nde la vida, pero como si el creador sobrenada e más allá de todas\nlas experiencias parciales del hombre, y en la altura, al modo de\ntm dios, dispone, ordena, mueve, pinta, esculpe. Es el mago. Tiene\nen su frente todas las clave de la acción. Devuelve al mundo donde\nnació un mundo uyo, no menos verdadero que el otro, pero má\nesencializado, más concentrado, como despué de una elección de\ntodos los valores y de todas las posibilidades. E , como todo el arte,\nun sueño, una prodigio a vi ión per onal, pero oñada al modo del\npoeta, no por el interés que apega al ueño mismo, sino por el goce\ndivino de la creación purn y de la pura belleza de lo sueños. El\nlector no puede ya más descansar o fatigarse. No hay posible tedio,\npues en la riqueza lograda, toda monotonía se elude. El lihro puede\nfluir en copio o capítulos. Todo cabe en él. Lo real y Jo imaginado,\n\n-\n\n34 -\n\n�lo verdadero y lo quimerico, la acc1on concreta y la libre dinámica\nde los sueños, el pensamiento estricto y los utópicos vuelos, van de\nla mano en esta sinfonía que tiene por instrumentos todos los poderes\nque integran al hombre.\nEn Don Quijote, perdido ya por los extremos de la locura, la\ndimensión infinita del ideal rompe el cuadro de la realidad, tal como\nla sueña el promedio de los hombres. Su personalidad se agudiza\nhasta el desequilibrio. La vida vulgar, donde está obligado a moverse,\npor fatalidad humana, carece del incentivo de la aventura al modo\ncaballeresco. No hay sal en el barro de las frentes. La tierra reposa\nvacía de heroísmo, reclinada en su propia miseria. ¿Cómo ser caballero en un mundo que ha perdido la dimensión de los grandes\ndeseos, donde la imaginación ha cedido ante el análisis, donde los\nmitos maravillosos de la caballería andante son destrozados por el\nrigor de la crítica, donde la uniforme medianía ríe del señorío de\nla grandeza, donde la fe y el ansia no pueden volar más sobre el\nClavileño, donde el canónigo mata a Cristo en la fiebre del caballero,\ndonde el duque se solaza despedazando con la burla los 'b lasones de\nJa verdadera nobleza, donde el bachiller, modelado en las heladas\naulas, postra la exaltación a sus pies para cortarle las alas a la locura?\nPara sostenerse, para erguirse, Don Quijote necesita la fe incalculada,\nel amor inmedible, el sueño innumerable, la continuidad de la esperanza, el huracán de la voluntad, la locura encumhrándose sobre\nJa carcajada y sobre la som·isa, es decir, necesita la transfiguración\nde las cosas vulgares, el tirón del ideal desde el cielo de las esencias.\nNo hay renuncia posible. El alma no puede evitar la empresa. Saltará desde la frente de Cervantes como el rayo salta del entrecejo de\nZeus. Su espada trae una luz desconocida u olvidada por los hombres.\nBlandirá la hoja resplandeciente, y creará el milagro desde adentro\nde sí mismo. Viene a parir de nuevo un mundo que fué viejo, pero\nque lo ha rejuvenecido en el yunque de sus entrañas. Todo lo invertirá desde adentro suyo. Es el Prometeo de una llama inesperada,\nel Cristo de una cruz que vuela. Puede, porque cree. La oscura tierra\nestá sometida a la barbarie y al despotismo de los gigantes, que\nsiempre los hubo, a la . egoísta perversidad de los soberbios, a la\nmagia negra del oro, a la poltronería y la mediocridad de los cortesanos, a la sombra espesa de los malvados y los pícaros, a la mentira\nde los impostores. ¿Cómo no levantar el brazo, y con él la lanza,\ny con ésta la justicia y el amor, para devolverle a la tierra el mito\nprimario de la Edad de Oro? Todo se puede trasmutar porque todo\nemana desde adentro del hombre. El universo es idéntico a quien lo\nmira. Don Quijote, ya enloquecido, desdoblándose, contempla el\nmundo, y el mundo, como sueño de su locura, es creado repentinamente desde adentro de sus ojos.\nEl tono individual y el tono de los pueblos lo dan la intensidad\ncon que dominan la materia, para luego desprenderse de ella, y crear\nJos valores de la alta conciencia. Es entonces que da comienzo la\ntrasmutación de la tierra y del hombre, de la acción y del destino,\ndel anhelo y de la esperanza. Acaso Don Quijote llevó este salto\n\n-35-\n\n�demasiado lejos. Aspiró a ser el arquetipo. Le faltó tierra bajo su\nmarcha. Transfiguró todo su ser según su locura ilimitada. Vivió en\nsus propios sueños, rodeado de su fantasía, como una estrella Jo está\nde su luz enceguecedora. Fué a la vez la poesía y el heroísmo. Una\nnaturaleza estética sumergida en una naturaleza activa. El acero de\nsu espada pudo ser con más acierto el metal de una lira. ¿No fué\ntambién el poeta Cervantes el héroe de Lepanto? Hénos ante un\nensoñador de la acción que se extravía en un universo de fantasmas.\nCada una de sus aventuras es un poema vivo. Tomó su propia perfección en su voluntad, la lanzó fuera de su alma sobre el mundo,\ny al entrar en éste, sus gigantes se convirtieron en molinos. Cada vez\nque despertaba en su encantamiento, extremaba su locura para no\nmorir desencantado. La abundancia de su corazón no se agotaba\nnunca. Dulcinea era infinita, como lo es la necesidad de la justicia,\ndel amor, de la bondad, de la poesía, del heroísmo, al que crea su\npropia perfección. Su locura es tan sublime como el bien. Si no la\nhubiera vivido humanamente, sería un dios. Por vivirla, es dolor y\nrisa. Sí, leemos hoy su poema, y reímos dolosamente, es porque Don\nQuijote es una franja del hombre, tal vez la más alta, sin la cual\nel hombre mismo se sumerge en la oscura animalidad o en la opaca\nmateria.\nEl universo es doble. Sancho no lo sabía, y Don Quijote no lo\ntuvo en cuenta. El pensamiento del homlne es ima creación que se\napoya sobre otra creación. Los molinos son a la vez molinos y gigan·\ntes, así como el caballero de la Mancha es viejo en la realidad )!\njoven en su propia idea. Si suprimimos el universo de Don Quijote,\nla tierra no será más que un astro ciego y una fuerza oscura. El\ndrama de la conciencia tendrá por teatro el estómago, y por poeta,\na Sancho Panza. ¡Aquí, pues, del caballero andante! No lo mató el\ndesencanto, ni la derrota, ni la melancolía, ni el desabrimiento. Ni\nla ironía de Cervantes pudo con él, ni la risa del mundo . El divino\nMiguel lo destinó a la burla, y el caballero ha acabado por burlarse\nde su padre, y para gloria de su padre. Y ~es que Cervantes lo mata\ny lo crea, lo ridiculiza y lo sublima, lo aniquila con su ironía y lo\nresucita con su amor. Lo levanta sobre Rocinante para derrumbarlo\nbajo la carcajada de los hombres, y lo eml)ellece tanto, y le da tal\nbrío a la bondad de su corazón, y le extrema tan sabrosamente la\nternura de sus amores, y con tal ardor le hace resplandecer sobre\nsu casco la estrella de la justicia, que en lugar de una comedia escribe una tragicomedia. Y su héroe es doble, como lo fué también\nla vida de Cervantes. Y el llanto invisible de Don Quijote es así tan\ngrande como la risa visible que despierta. Y la humanidad entera\nestá en ese equívoco. La risa extremada acaba por hacerse inexplicable aún para el mismo autor del poema. Mientras la razón y el\nrealismo de Cervantes ríen con su ironía, su heroísmo y su corazón,\nescondidamente, gimen por el Caballero de la Triste Figura. Nunca\nuna situación más cómica y mas sublime. Nunca una verdad más\nsemejante a la del hombre de todos los siglos. Porque en la eterna\ncontradicción de todas las cosas, el hombre se desdobla fatalmente.\n\n-\n\n36-\n\n�Así lo comprendieron los griegos creando la tragedia y la comedia.\nPorque si los gigantes son molinos de viento, la vida es cómica. Y\n¿quién sabrá nunca la verdad de los gigantes y de lo molinos? No\nhabitámos sobre la tierra, sino que habitamos sobre el misterio. ¡Oh,\nseñor Don Quijote, la razón y la sinrazón, nos permiten afirmar que\nla clave de la comedia puede ser la tragedia y que la clave de la\ntragedia puede ser la comedia! Y eso eres tú, Caballero Andante, el\nsublime absurdo de la tragicomedia humana!\nCervantes comprendió la clave del sueño, la doble ingenuidad.\nSu risa hizo transparente la esfinge del hombre. El filo de su ironía\nabrió el tejido de las apariencias, y nos asomó a la locura vacía del\ncaballero. Y abrió la densidad de la materia, y en los ojos de\nSancho nos deslizó al vacío candor de las sensaciones. Su tercera\nvista no vió y juzgó desde la tercera dimensión de la esfinge. Se\nburló del doble sueño, pero como no hay vida posible in el uno y\nsin el otro, su ironía se convirtió en su propio problema. Fué demasiado lejos, y se hubiera extraviado destrozando la vida por desflorar\nsu enigma. Mas quiso, y pudo salvarse. Sobre la meseta de Castilla,\ngrave y austera, construyó una cruz, atravesando como dos maderos\nel cuerpo de Don Quijote y el cuerpo de Sancho Panza, y en esa\ncruz humana se enclavó a sí mismo por humana necesidad de amor.\nRió el llanto y lloró la risa. Fué má allá del hombre, a fuerza de\nalejarse de él para retratarlo desde una perspectiva en la que se\nsintie e liberado, a fin de ser más verdadero, de· la tiranía de aquellos\nque retrataba. Y en esa soledad trascendente se encontró a sí mismo,\ntan hombre como los hombres de su poema. Se miró. Se estremeció.\nNo podía ya renunciar a su empresa. Era su destino. La obra del\ngenio es una fatalidad, como el rayo. Y mientras se burlaba de sí\nmismo burlándose de los sueños del hombre, su sátira se le hizo\nherida y su pecho ensangrentado se le hizo amor. Por eso no nos\nabandona. Por eso es nuestro camarada. Por eso, nos desencanta,\namándonos, y nos hace tropezar con su burla, y nos sostiene a la\nvez para no vernos caer, i·epitiendo su propia caída. Y por eso se\ncrucifica en la cruz del hombre, en la cruz del ensueño atravesado\npor la realidad. Y esa cruz suya es el amor con que e salva, como\nhermano nuestro, y con que nos salva a nosotros, blanco de perdón,\ncomo hermanos suyos!\n\n-\n\n37 -\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"7"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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El Consejo, por su parte, dedicó un\ngran número de sus sesiones a tratarlos, los profesores realizaron varias reuniones y el estudiantado muchas asambleas. De la situación\nactual informan los proyectos de Planes de Estudio que se transcriben\ny que han sido aprobados por el Consejo de la Facultad. Se espera la\ndecisión definitiva del Consejo Central Universitario. Por otra parte,\nen vista de nuevas observaciones y críticas, el Consejo ha aceptado\nque los planes proyectados sean estudiados nuevamente por Comisiones compuestas por miembros del Consejo, y delegados de los profesores y de los estudiantes.\nLas decisiones definitivas, sin embargo, dependen del Presupuesto\nGeneral de Gastos, dado que no le será posible a esta Facultad cumplir\ncon los fines que le atribuye la ley de su creación, si no es munida\nde un Presupuesto condigno. En la actualidad solamente se dispone,\npara administración, docencia, publicaciones, mantenimiento de laboratorios, etc., de la exigua suma de Cincuenta mil pesos anuales.\n\nPROYECTO DE PLAN DE ESTUDIOS APROBADO POR EL CONSEJO DE LA\nFACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS\n\nArtículo l.º a}\nb)\nc)\nd)\n\nLos fines fundamentales de la Facultad son:\n\nEstimular y favorecer por todos los medios a su alcance la\ninvestigación original;\nEstimular el estudio en profundidad y como fin en sí;\nSuscitar y satisfacer vocaciones para estudios en materias\ngenerales y especiales;\nCrear cursos en se1:_ie y sucesivos siempre que y cuando lo\nexijan la investigación y la producción original.\n\nArt. 2. 0 - De acuerdo con la ley de creación, en esta Fa~ultad\nhabrá cátedras, cursos y cursillos, además de todas las otras fun-\n\n�ciones y actividades docentes y cultunles que corresponde a esta\ninstitución desarrollar.\nArt. 3. 0 - Mientras subsista la disposición legal que lo establece.\nlas cátedras se proveerán por concurso de oposición.\nArt. 4. 0 - Los cursos y cursillos, con el carácter legal de la con·\ntratación, se encargarán a personas determinadas, por mayoría de\nvotos de los miembros asistentes al Consejo, dentro del quórum.\nArt. 5. 0 - Los programas de las cátedras, cursos y cursillos, deberán ser aprobados por el Consejo, por mayoría de miembros asistentes.\nArt. 6. 0 - En general, los programas, más bien que abarcar materias completas, se adaptarán a los fines de la enseñanza de la Facul·\ntad, o sea a la estimulación del estudio por sí, a la profundización\ny elevación de la cultura y al trabajo de investigación en su caso. Sin\nperjuicio de que, en algunas materias que lo exijan, sea por su índole,\nsea por el estado cultural del país como el Griego, el Latín o alguna\notra materia que el Consejo designe, se adopten programas adecuados\na esa situación.\nArt. 7. 0\na)\nb)\n\n-\n\nLos titulares de las cátedras estarán obligados:\n\nA dictar un mínimo de dos clases por semana durante el\naño universitario;\nA dirigir trabajos de alumnos.\n\nLas obligaciones de los encargados de cursos y cursillos se fijarán\npor el Consejo en cada caso. Los catedráticos podrán ser liberados\nde aquellas obligaciones en la forma y medida que el Consejo deter·\nmine y siempre que el desarrollo de su labor original lo justifique.\nArt. 8. 0 - En cuanto lo autoricen las previsiones de la ley de\nPresupuesto, las cátedras serán las siguientes: Lengua y Literatura\nLatinas, Lengua y Literatura Griegas, Lengua y Literatura Españolas,\nFilosofía e Historia de las Ideas Filosóficas, Psicología, Astronomía,\nQuímico-Física, Matemáticas Superiores, Biología General y Experimental, Ciencias de la Enseñanza, Ciencias del Lenguaje, Ciencias\nHistóricas, Ciencias Físico-Matemáticas, Literatura y Arte.\nArt. 9. 0 - Los estudiantes de la Facultad serán libres, regulares\no de trabajos.\nEl Consejo podrá establecer las condiciones que deberán reunir\nlos que pretendan ingresar como estudiantes regulares. Para que los\nalumnos puedan tomar parte en los trabajos prácticos, sean de los\nllamados de seminario o de cualquier otra clase, deberán ser habilitados para ello sobre la base de su preparación, aptitudes o dispo·\nsiciones vocacionales.\nArt. 10. - Los catedráticos, y en su caso los encargados de cursos\ny cursillos, expedirán certificados calificados a los alumnos que hayan\n\n-\n\n6-\n\n�realizado trabajos prácticos con asiduidad y eficacia. La clasificación\nno se hará en ningún caso por números ni se basará en ellos.\nArt. ll. - La Facultad no expedirá, por ahora, títulos de ninguna\nclase ni subordinará sus enseñanzas a la obtención de ninguno exterior\na ellas. Tampoco habrá en ella exámenes.\nSECCION DE ESTUDIOS HIS110RICOS\n\nl .C' año. - Introducción a los estudios históricos. (Concepto,\nmétodo, ciencias auxiliares de la historia e Historia de la Historiografía). En el Instituto el Director y los jefes de investigacion~s explicarán prácticamente acerca de los repositorios. Durante el curso, el\nestudiante deberá leer y comentar dos obras de Historia Universal.\nPrehistoria del Litoral Rioplatense. Historia. Universal (Edad Antigua). Introducción a la Filosofía (corrientes del pensamiento filosófico) . Latín. Literatura Española.\n2. 0 año. - Historia Universal. Edad Media .y Edad Moderna, especialmente en España. Historia Americana y Nacional (desde el descubrimiento hasta 1808). Filosofía de la Historia. Latín. Lógica. Literaturn\nde la Europa Meridional. Trabajos prácticos en el Instituto (método\ny ensayos de investigación, crítica de documentos).\n3.\"' año. - Historia Universal. (Epoca Contemporánea). Historia\nNacional, (desde 1808 hasta 1851) . Historia de la Literatura Nacional.\nEpistemología e Historia de la Ciencia. Latín. Seminario de Historia\nNacional (iniciación).\n4. 0 año. - Historia Nacional (desde 1851 a nuestros días). Historia del Arte. Literatura Griega y Latina. Estética. Seminario de Historia Nacional (conclusión) .\nS.e consideran facultativas las siguientes asignaturas: Literatur d\nEspañola, Literatura Europea Meridional, Literatura Nacional, Historia del Arte y Estética.\nIngreso. - Con el título de bachiller o el de maestro normalista\nu otro que se considere equivalente. Si el aspirante carece de tales títulos podrá ser admitido si los profesores de la Facultad se cercioran\nde su competencia, y así lo aconsejan.\nPasaje de Cursos. - T1·abajos escritos fiscalizados por los profesores, y, en su caso, informe del Director del Instituto.\nCursos. - Son de enseñanza superior. No se puede contemplar\nen ellos la menor preparación de los alumnos.\nAlumnos. - Son regulares u oyentes. Los oyentes tienen _libre\nacceso a todos los cursos, menos a los trabajos en el Instituto. Podrán\ntambién asistir a los trabajos en el Instituto personas que no hayan\ncursado estudios como alumnos regulares, siempre que el Director del\nInstituto estime que poseen preparación bastante como para intervenir en esas actividades.\nCertificados. - Se expedirán certificados de asistepcia y de i:rabajos. Cumplidos los cuatro años, media.o te . la preparación de_ una\n\n-7-\n\n�tesis original que deberá ser defendida ante el Tribunal se obtendrá el\ngrado de Licenciado en Historia.\nCursos auxiliares, complementarios, etc. - No integran el plan\npermanente. Habrá los que el Consejo acuerde establecer.\n\n'\nSECCION LETRAS\n\nl !r curso. - Lengua y Literatura Griegas, I; Lengua y Literatura\nLatinas, I; Lengua y Literatura Españolas, I; Lengua y Literatura\nFrancesas; Lengua y Literatura Italianas; Historia de España (Edades\nMedia y Moderna).\n2. 0 curso. - Lengua y Literatura Griegas, 11; Lengua y Literatura\nLatinas, 11; Lengua y Literatura Españolas, IJj; Introducción a la Filosofía, Psicología; Historia (un curso a elección del estudiante) .\n3,er curso. - Lengua y Literatura Griegas, 111; Lengua y Literaturas Latinas, 111; Lengua y Literatura Españolas, 111; Lingüística\nClásica; Lógica; HistoTÍa del Arte; Estética.\n4. 0 curso. - Lengua y Literatura Griegas, IV; Lengua y Literatura\nLatinas, IV; Literatura Uruguaya; Lingüística Romance; Literatura\nde la Europa Septentrional; Estética.\nSe aplican, en cuanto al Ingreso, alumnos, pases de años o cursos,\ngrados, etc., las mismas disposiciones, en lo que sean aplicables, del\nPlan de Estudios de la Sección de Historia.\n\nRecomendaciones especiales.\n1. 0 - No obstante la admisión a que se refiere el inc. l.º (ver el\nvlan de Historia) el profesor de cualesquiera de los cursos de esta sección podrá declarar obligatorios nuevos estudios del idioma materno\na aquellos alumnos que exhiban deficiencias notorias en el empleo\nde la lengua nacional.\n2. 0 - Además de la exposición de los a.suntos del curso la tarea\nde los profesores en las clases de letras y literatura consistirá, de\nacuerdo con la metodología respectiva, en la explicación ·de textos, en\nel cumplimiento de los ejercicios prácticos que sean de rigor en instituciones de esta índole y en la corrección de los trabajos de alumnos.\n3. 0 - El estudio de las lenguas precederá, necesariamente, al de\nla literatura respectiva, y deberá ~omprobarse que los alumnos poseen\nel idioma en la calidad y extensión necesarias para la inteligencia de\nla misma literatura.\n4. 0 - Los cursos de seminario o de laboratorios se desarrollarán\nd~ acuerdo con las posibilidades de la Facultad, en materia de archivos, bibliotecas, laboratorios, etc.\nSECCION FILOSOFIA\n\nLos cursos de Filosofía durarán cuatro años.\nLa distribución de materias será la siguiente:\n\n-\n\n8-\n\n�J.er año. - Historia de la Filosofía (Período Antiguo), Lógica, El\npensamiento científico contemporáneo, Matemática.\n2. 0 año. - Historia de la Filosofía (Período Medioeval), Lógica,\nPsicología-Moral.\n3.er año. - Historia de la Filosofía (Período Moderno), Psicología,\nGnoseología, Metafísica.\n4.0 año. - Historia de la Filosofía (Período Contemporáneo),\nMetafísica-Moral.\nDurante los dos últimos años los estudiantes harán dos cursos de\nseminario, con el plan de estudiar en dos años un autor en sus fuentes\noriginales o un problema en profundidad.\nSECCION CIENTIFICA\n\nLa finalidad fundamental de la enseñanza científica en la Facultad de Humanidades y Ciencias es el conocimiento directo de libros\ny monografías de grandes investigadores, así como la directa exploración de la realidad, con tendencia a la producción original.\nPor consiguiente, la labor de los estudiantes se juzgará, con p-referencia, en virtud de:\na)\nb)\nc)\nd)\n\nLa lectura de obras de los maestros de las Ciencias.\nEl dominio de métodos y técnicas de investigación.\nLos ejercicios de verificación.\nLa producción personal.\n\nEl trabajo de los profesores y de los alumnos estará exento de\ntoda preocupación de años escolares y de cualquier otro artificio.\nEn Ciencia~ hay tres categorías de alumnos:_\nA) Con obligación y sanción. - En esta categoría se exige, para\nser admitido, que el aspirante satisfaga simultáneamente condiciones\nde cultura general y conocimientos especiales, de acuerdo con los estudios que se quiera emprender o proseguir.\nSe considerarán pruebas de cultura general suficiente, los certificados oficiales de bachillerato y magisterio. En cuanto a la preparación especial, corresponde al profe sor juzgarla, en cada caso, suficiente\no insuficiente. Si ocurre lo último, se harán indicaciones al aspirante\nque faciliten su preparación para el acceso a la categoría.\nLa carencia de certificados oficiales puede ser suplida . por otras\npruebas convincentes de que se tiene la · preparación requerida.\nEs obligatoria la asistencia asidua y regular de los alumnos de\nesta categoría, así como su partícipación en los cursos, seminarios y\nlaboratorios.\nDesarrollarán su labor conforme a planes orgánicos de estudios\nindividuales que se cumplirán por etapas. A este efecto, el Consejo\nnombrará comisiones de asesoramiento, constituídas por profesores 'y\nespecialistas cuya misión es orientar a cada alumno en su respectivo\nplan de trabajo y recomendar combinaciones de asignaturas, de suerte\n\n-\n\n9-\n\n�que sin desmedro de la cultura científica integral, conduzcan a la\nespecialización, evitando, por otra parte, divisiones rígidas. Para ello\nse tendrá en cuenta más bien los problemas que los límites de las\nmaterias, siempre imprecisos y un tanto artificiales.\nB) Con obligación y sin sanción. - Para el ingreso a esta categoría, basta la simple inscripción. Los estudios pueden no ajustarse\na plan en que se coordinen asignaturas. Los alumnos no se someterán\na prueba alguna, pero están obligados a asistir con asiduidad y participar en los trabajos sea de clase, sea de seminario o laboratorio. Cada\nuno se dará su propia medida de estudios sin ser sancionado por\nel profesor.\nC) Sin obligación ni sancion. - Se trata aquí de obligación y\nsanción respecto a la asistencia, a intervenir o no en las clases, al aprovechamiento, etc. El único requisito de ingreso consiste en inscribirse.\nPrevia autorización del profesor, podrá participar, en algunos casos,\ncomo los alumnos de la categoría B.\n\nReconocimiento de la labor de los estudiantes certificados y grados\nCuando los medios de estudio y la evolución de la Facultad de\nHumanidades y Ciencias conjm:e todo desprestigio por diplomas prematuros, se podrá otorgar grados, además de los simples certificados\nque actualmente puede expedir el profesor de cualquier asignatura.\nPero los trabajos que los alumnos ya hayan realizado o realicen desde\nahora, serán tenidos en cuenta en la futura concesión de grados, siempre que coincidan con los programas aprobados a tal fin.\n\nDos serán los grados ·en Ciencias: el de licenciado y el cÍe doctor.\n' Podrán graduarse los estudiantes de la categoría A y los egresados\nde otras facultades que cumplan las exigencias aquí establecidas.\nSe otorgará la licenciatura (o licencia) al estudiantes de la categoría A que haya desarrollado satisfactm:iamente, según el dictamen\nde los profesores, todo su plan de estudio, que tenga directo conocimiento de libros y monografías de grandes investigadores, que por lo\nmenos haya confirmado descubrimientos de cierta dificultad de comprobación, posea una apreciable preparación en profundidad de la\nCiencia de elección, con especial dominio de métodos y técnicas, no\nignore las disciplinas afines y conozca relativamehte bien Historia y\nFilosofía de las Ciencias, singularmente de la de su especialidad y\nalgunas obras capitales de Filosofía y Literaiura en general. ·\nSe otorgará el grado de doctor:\n1.0 Al licenciado que a juicio de un tribunal competente haya\ndemostrado satisfactoria madurez científica con la realización de uno\no más trabajos que acrediten una labor sostenida, efectiva y original\nen el campo de su especialidad.\n\n-\n\n10 -\n\n�2. 0 Al egresado de otra Facultad que haya realizado, en la Facultad de Humanidades y Ciencias:\na)\nb)\n\nc)\n\nInvestigaciones originales que tengan un valor indudable ( dictamen de jurado competente) ;\nDemostrado, en la normal convivencia con profesores, en esta\nFacultad, poseer conocimiento directo de libros · y monografías originales de autores clásicos y modernos de la Ciencia\nde elección;\nConozca, con cierta profundidad, Historia y Filosofía de\nlas Ciencias en general y especialmente de la Ciencia de la\npropia especialización. De ello se cerciorarán los profesores\nen la natural actividad de la vida de seminario y de\nlaboratorio.\n\nTanto el grado de licenciado, como de doctor será el mismo para\ntodos los estudios científicos de la Facultad, aunque se hará constar\nen el diploma la materia de la especialidad.\nDONACIONES\n\nIMPORTANTES\n\nPARA\n\nLA\n\nBIBLiiOTECA\n\nLa Facultad ha recibido dos importantes donaciones para su\nBiblioteca: la valiosa colección del Doctor Emilio Oribe que sobrepasa\nlos cinco mil ejemplares y una remesa de obras modernas muy elegidas, remitida por el Gobierno de la República Francesa.\nDan cuenta de estos hechos las notas que se transcriben a continuación.\nMontevideo, abril 28 de 1948.\nSeñor Rector de la Universidad, Doctor José Pedro Varela.\nPresente.\nSeñor Rector:\nTranscribo a continuación la nota del doctor Emilio Oribe por la\nque hace donación a esta Facultad de su Biblioteca Particular. Dicha\nnota dice así: \"Montevideo, abril 14 de 1948. Señor Director de la\nFacultad de Humanidades y Ciencias, doctor Carlos Vaz Ferreira.\nDe mi mayor consideración: Comunico a usted que he resuelto donar\nmi Biblioteca particular a la Facultad de Humanidades y Ciencias. La\ncolección comprende numerosas obras de Filosofía, Literatura y Arte,\nademás de revistas encuadernadas y sueltas. Desearía que estos libros\nquedaran en la Biblioteca de la Facultad formando un conjunto\naparte, después de su ordenación y clasificación. Ruego al Consejo\naceptar este donativo como contribución modesta de mi parte y de\nmi familia, a la obra de cultura de nuestra casa de estudios en este\nperíodo de iniciación. Saluda a usted con la más alta consideración\ny aprecio. Firmado Emilio Oribe\".\nEl Consejo de la Facultad en su sesión del 27 del corriente resolvió hacer saber que, por su parte, no encuentra inconvenientes en\n\n-\n\nll -\n\n'\n\n�aceptar esta donación -que viene a enriquecer en forma extraordinaria su Biblioteca- y comunicarlo para su resolución y efectos que\ncorrespondan, al señor Rector y al Consejo Central Universitario.\nSaluda a usted muy atentamente.\n\nCarlos Vaz Ferreira.\nLuis Giordano.\n\nDirector\n\nSecretario\n\nMontevideo, mayo 4 de 1948.\nSeñor Doctor Emilio Oribe.\nPresente.\nMe place hacerle saber que este Consejo, en sesión del 27 de abril,\nconsideró la nota enviada por usted en la que comunica su decisión\nde donar a la Facultad de Humanidades y Ciencias su valiosa Biblioteca.\nEl Consejo que presido resolvió hacer saber al Rectorado y\nal Consejo Central Universitario que por su parte no existía inconveniente en la aceptación de dicha donación y hacer llegar su agradecimiento por el importante aporte bibliográfico con que se enriquece\nel acervo de la Biblioteca de esta Facultad.\nDebo agregar que la Comisión de Biblioteca ha sido informada\nde su deseo de que las obras donadas por usted se mantengan en un\nsolo conjunto.\nAl reiterarle el agradecimiento del Consejo y el mío personal, me\nes grato saludarle con mi mayor consideración y estima.\n\nCarlos Vaz Ferreira.\nLuis Giordano.\n\nDirector\n\nSecretario\n\nSeñor Embajador de Francia en el Uruguay.\nM. H. Grandin de L'Eprevier.\nPresente.\nDe mi consideración:\nEl señor Rector de la Universidad ha cedido a la Biblioteca de\nesta Facultad una parte de la importante donación de libros hecha\npor el Gobierno de su país a la Universidad de la República.\nEn nombre del Consejo y en el mío propio, me place dirigir a\nusted la presente para rogarle se sirva hacer llegar al Gobierno de\nla República Francesa, nuestro sincero agradecimiento por este valiosísimo aporte bibliográfico, que enriquece en forma singular la incipiente Biblioteca de esta Facultad.\nReiterándole dicho agradecimiento saluda a usted con su mayor\nconsideración,\n\nCarlos Vaz Ferreira.\nLuis Giordano.\n\nDirector\n\nSecretario\n\n-\n\n12 -\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"7"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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Profesor del Instituto de Estudios Superiores de Montevideo, (s.d.). Vicepresidente de la Sección Uruguaya de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, (s.d.). Dictó cursos en la Bienal de Arte Moderno de Sao Pablo (s.d.), en el Instituto de Bellas Artes San Francisco de Asís (s.d.), y en el Instituto Italiano de Cultura (s.d.). Profesor de Educación Secundaria, (desde 1945). Jurado en Salones Nacionales, Municipales, Internacionales y privados, (s.d.).\r\nAsistente Honorario de Teoría de la Arquitectura, Facultad de Arquitectura, (s.d.). Profesor Titular de Historia General del Arte, Facultad de Humanidades y Ciencias, (s.d.). Docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes, (s.d.). Consejero de la Escuela Nacional de Bellas Artes, (s.d.). 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Director de la Escuela Italiana, (1972-1974). Miembro y Vicepresidente de la Academia Nacional de Letras, (1996-1997). Presidente de la Sociedad Garibaldina de Montevideo, (s.d.). Director de los cursos de Lengua y Cultura Italiana, Asociación Dante Alighieri, (s.d.). Presidente del Centro Assistenza Scolastica Lavoratori Italiani, (CASLI), (s.d.). Vicepresidente del Centro Estudios Italianos, (CEI), (s.d.).Profesor Adjunto de Lengua y Literatura Latinas, Facultad de Humanidades y Ciencias, (1967-1970). Docente de los cursos de Lingüística Romance, Facultad de Humanidades y Ciencias, (1967-1994). Docente de Metodología de la Investigación Filológica, Facultad de Humanidades y Ciencias, (1984-1988). Docente del curso de Lengua y Literatura Italiana, Facultad de Humanidades y Ciencias, (1991-1994). Docente de los cursos de Estructuras del Latín, facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, (1994-1996).Director del Departamento de Lingüística, Facultad de Humanidades y Ciencias, (1970-1972). Director interino del Departamento de Filología Clásica, Facultad de Humanidades y Ciencias, (1984-1986). Profesor Emérito, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, (1995). 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