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                  <text>CARLOS E. PRELAT

JEAN REY MEDICO DEL PERIGORD
En un día del año 1630 "Sieur Brun", maestro boticario de
Bergerac, dirigió a Jean Rey, médico de Périgord (Dordogne), una
carta en la que le comunicaba que "habiendo querido estos días
pasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de
1nglaterra, lo coloqué en un vaso de · hierro adaptado a un horno
abierto y con gran fuego agitándolo contínuamense sin agregado de
cosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy blanca. La pesé
para conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece
onzas. Esto me produ_;o un asombro increíble no pudiendo ima¡;{inar
de dónde había~ venido las siete onzas de exceso".
Repite la experiencia con el plomo y encuentra una pérdida de
peso. Pregunta acerca de la causa de ello a varios hombres doctos y
nadie le puede explicar los resultados de sus experiencias. Pide en·
ton ces a J ean Rey que lo ilumine a fin de que él, Brun, conozca la
causa de "esta maravilla".
Jean Rey, teniendo en cuenta que se trata de "un hermoso tema
de una investigación penosa, cuyos frutos hasta ahora han sido ma·
gros" y además que el "Sieur Brun" "es un hombre de vida íntegra
y conocedor de su oficio", se decide a meditar sobre el tema para
investigar la causa que "Sieur Brun" le pide le haga conocer. Emplea
algunas horas en esa meditación. Llega a un resultado que contradice
las máximas que los filósofos habían tenido por ciertas durante siglos
y a riesgo de parecer temerario se decide a publicar estos ensayos
para no aparecer como pusilánime en la exposición de la verdad y
en su defensa.
En efecto, el tema del aumento del peso del estaño y de otros
metales durante la calcinación había sido estudiado por alquimistas
y químicos. Boyle lo atribuyó a la fijación sobre el metal de cor·
púsculos de fuego. Los partidarios del flogisto debieron admitir para
éste un peso negativo o simplemente ignoraron o dejaron de lado la
cuestión. Entre los partidarios de la teoría de Boyle se hallan des·
tacados químicos, entre otros: Homberg, Lemery y Lefevbre. Lemery
explica el aumento de peso así: "Les pores de plomb sont disposés e1i
sorte que les corpuscules du feu s')'' sont insinués ils demeurent liés et
agglutinés dans les parties pliantes et embarrassantes du métal sans
en pouvoir sortir, et ils en augmentént de poids". El padre Querubin

-

39 -

�de Orléans rechaza la explicación de Boyle diciendo que ·el vidrio no
es permeable y Boerhaave y Boylduc niegan que haya aumento de
peso. El tema apasiona y muchas personas publican disertaciones
sobre el mismo. Hierne en 1753 admite la fijación de un ácido graso
y sulfuroso que proviene de la llama. Las especulaciones terminan
con Lavoisier. Jean Rey resuelve el problema de un modo bastante
razonable. Veamos cómo.
Adelantemos que J ean Rey no realizó ninguna experiencia para
resolver la cuestión. Todo es producto de la meditación de algunas
"horas", meditaciones no totalm,ente. ap:i;iorísticas .pues- se basan en
hechos reales o hipotéticos.
' '
En primer lugar afirma y demuestra a su modo que "todo lo que
es material bajo el firma.mento tiene peso". Dado que Dios al crear
el Universo quiso hacerlo uno de algún modo confirió "la · pesanteur
divinement empreinte a toutes les parties &lt;I'iceluy". Claro que con
esto todos los cuerpos deberían caer por acción de •su propio peso
hacia el centro del mundo. Ahora bien, esto no acaece y Jean Rey
se apresura a levantar esta objeción diciendo que la tierra que es
más pesada ocupa rápidamente su lugar, desalojando al agua que
ocupa el segundo, ésta al aire y éste al fuego. Cita en apoyo de su
tesis una experiencia "agradable" que realizan los químicos quienes
"toman esmalte negro pulverizado, licor de tártaro, aguardiente azur
leado con tornasol y espíritu de trementina enrojecido por "orcanette"
(alheña.). Colocan todo en un frasco, lo agitan hasta que se forme
una niezcla confusa la que dejada en reposo permite al ojo ver «avec
plaisir le desbroüillement se /aire»". Como todos los cuerpos que se
han colocado en este extravagante sistema heteFogéneo tienen peso y
como cada uno ocupa un lugar tenemos la representación de lo que
sucede con los auatro elementos. El esmalte negTo representa la tierra,
el licor de tártaro el agua, el aguardiente ·el aire y el espíritu de
trementina el fuego. Con esto elimina la "ligereza" como característica
del aire y d~l fuego, ligereza que le habían atribuído algunos filósofos
para explicar el movimiento hacia arriba. La razón más importante
para ello es que la ligereza es innecesaria para explicar el mundo
e introduce una complicación inútil · y hay que tener ·en cuenta que
"Dieu et la Nature ne font rien 'en vain". Hay, pues, sólo peso en
distintos grados. Con esto queda eliminado el movimiento hacia arriba
como natural, es decir como movimiento cuya causa reside en los
cuerpos mismos. El movimiento hacia arriba es "violento" en el sentido de la Física aTistotélica. Que el movimiento natural del aire es
hacia ahajo lo demuestran entre otros hechos el siguiente: cuando
se cava un poco el aire desciende a ocupar el lugar que ocupaba la
tierra. Rey no tiene ninguna duda de que si se pudiese disponer de
un tubo cilíndrico que fuese desde el centro de la tierra hasta "la
región del fuego" se podría repetir dentro de ese tubo la experiencia
del "deshrouillement" de los químicos. Hecho ésto si se sacase la
tierra de la parte inferior, el agua ocuparía su lugar y así sucesivamente. El movimiento hacia arriba es siempre violento.
Pero, como a Rey le interesa particularmente demostrar que el

-40-

�aire tiene ·peso se preocupa especialmente de demostrarlo de un modo
independiente. Aporta una prueba que es realmente deliciosa por su
ingenio y su ingenuidad. Parte del hecho de que en la caída los cuerpos
tienen una mayor velocidad al fin que al principio. Fiel a la idea de
que una fuerza constante produce un •movimiento uniforme, concluye
que un cuerpo al final ·de· la caída está "empujado" hacia abajo por
una fuerza mayor que la que lo empuja cuando comienza a caer. ¿Cuál
es la' causa? El dibujo que se ve aquí explica el asunto.

AJ

t71

C

B

D, E, F y G son distintas pos1c10nes sucesivas de una esfera que
va cayendo hacia el centro de la Tierra C. AA es la bóveda celeste.
Cuando el cuerpo se halla en D tiene sobre él el peso del aire contenido en el espacio limitado por las generatrices del cono HCH y la
circunferencia de tangencia de este cono con D. Al ir descendiendo,
el aire que "pesa" sobre la esfera es de cantidad creciente. De aquí el
mayor peso y la mayor fuerza que produce el aumento de velocidad.
Todo este razonamiento no podría hacerse si el aire no tuviese peso.
Debe luego demostrar, para su finalidad, que "la pensanteur est
si estroitement joincte a la premiere 1natiere des elements que se
changeans de l'un en l'autre, ils gardent tousiours le mesme poids".
Hagamos notar de paso que Rey es partidario de los cuatro elementos
aristotélicos. La demostración es procedente por cuanto algunos filó-

41 -

�sofos sostienen que cuando, por ejemplo la tierra se transforma en agua
pierde algo de su peso. Imposibilitado de hacer un "experimentum
crucis" ya que esa transformación es "difícil" de realizar, Rey dice que
"l'exame du poids de quelque chose se fait en deu:xJ. far;ons; sr;auoir, ou
la raison ou la balance". Prefiere en este caso la razón con cuyas
armas "entra atrevidamente en la liza para combatir este error". Va
a demostrar que "la pesanteur est tellement joincte a la premiere
matiere des elemens qu' elle n' en peut estre deprinse. Le poids de
chaque portian d'icelle print au berceau, elle le portera iusques a
son cerceuiI''. Veamos como lucha Rey con las armas de la razón.
Considera una porción de tierra que posea el menor peso que pueda
existir (¿átomo? ) y por debajo del cual no haya materia. La convertimos en agua "par les moyens congneur et practiquez para la
nature" (?). ( ? ) Ahora bien el agua así obtenida puede, tener un
peso mayor, menor o igual que la tierra de la que proviene. La primera posibilidad no puede admitirse pues ningún filósofo lo ha hecho
y Rey tampoco. La segunda no puede ser por cuanto ha tomado la
menor cantidad de materia que puede existir. Queda pues la última:
la igualdad entre las masas de tierra y de agua que se pueden transformar una en otra. Y lo que se demostró para una partícula mínima,
se puede demostrar para dos, etc., y en general para cualquier cantidad de tierra. Como se ve la demostración es impecable desde el
punto de vista formal. Admite que el volumen pueda cambiar. Sugiere así una experiencia para medir el volumen de aire que se
obtiene por transformación en este "elemento" de una dada cantidad de agua.

a

a

e

[

El agua colocada en AB se "transmuta" por el calor en aire y
pasa al cilindro C en donde puede medirse el volumen. (AB se llama
pomposamente "Eolopyle" ) . Jean Rey se cuida muy bien de hacer
la medición; pero obsequia la sugerencia a quien quiera, rogándole
que, como retribución de haberle sugerido esta hermosa experiencia,
le comunique el resultado.

-

42-

�.Ningún elemento "pesa por sí mismo", es la tesis aiguiente. Vea·
mos lo que quiere significar J ean Rey con ésto. Según él, el examen
de los pesos con la balanza difiere mucho del que se hace con la
razón. Este sólo lo practica el hombre prudente y de talento, el otro
cualquier rústico es capaz de llevarlo a la práctica. Es así como
algunas personas de poca comprensión, al pesar con la balanza el
aire en el seno del aire y al no encontrar, así, peso deducen que el
aire no tiene peso. Pero el examen de los pesos con la razón conduce
a una conclusión distinta. En primer lugar: el agua tiene peso, nadie
lo niega y sin embargo pesando agua en el seno del agua seguramente
se encontrará que no tiene peso. Esto sucede porque ningún agente
actúa en su semejante, toda acción supone una contrariedad. ¿Quién
va a buscar lo caliente en el seno de lo caliente? Si existen "dos
calientes" juntos se abrazan, unen sus acciones y resulta un solo
caliente. De modo que el peso resulta de un contraste entre el cuerpo
y lo que lo rodea. "Tout ce qui pese dans l'air, tout ce qui pese
dans l' eau, doibt soubs es gal volume contenir plus de poids ( pour
le plus de matiere) que o.u l'air ou l'eau dans les quels le balanceme'nt
se pratique".
Parecería que Rey dejándose llevar por su dialéctica se aleja
del tema. Nada de eso. Esta cuestión de que el aire no pesa en el
seno del aire es una dificultad seria para su tesis final y sale al
encuentro de ella. En efecto, va a afirmar que el aumento de peso
del estaño durante la calcinación se debe a que con él se ha mezclado
aire; pero como al pesar la cal de estaño se la pesa en el seno del
aire, el aire incorporado a ella no puede tener peso revelable con
la balanza. Es necesario pues demostrar que el aire puede aumentar
de peso. Según el médico de Périgord esto puede suceder de tres
maneras distintas: 1) por mezcla de materias extrañas más graves
que él; 2) por compresión de sus partes y 3) por separación de sus
porciones menos pesadas (¿contradicción con la naturaleza elemental
del aire?).
La primera es evidente considerando "come en temps nebuleux,
la premiere couverture de vos fenestres hautes l' air chargé de
brouillards entre dás vostre chábre". Por motivos análogos el agua
de mar pesa más que la de río. Las sustancias extrañas que se incorporan al aire son, en particular, los vapores y las exhalaciones que
parten del agua y de la tierra. Es claro que si se toman dos porciones
iguales de un mismo aire cada una de las cuales tiene diez pulgadas
de volumen y a una se le añaden dos pulgadas de agua y a otra dos
de aire la primera adquirirá un peso mayor que la segunda. Se ve
claramente que lo que quiere decir Rey es que el aire aumenta de
densidad en estas condiciones lo cual es falso para el caso del vapor
de agua. Pero, no insiste mayormente sobre esta manera de aumentar
de peso el aire pues no es la que le interesa para su tesis y así pasa
a las otras dos.
Cree que la compresión existe porque "la nature a voulu, pour
les raisons a elle cogneues, que les elemens peussent s' estedre et
resserreriusqu' a certaines bornes qu'elle- leur a prescriptes". Cita

a

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�ejemplos de dilatación térmica del agua y la compres1on del aire
en una jeringa y argumenta "L'air ainsi comprimé doubtez 'vous qu'il
ne pese dans ,l' air libre puis qu'en 'pareil espace il contient plzis de
matiere?" Termina la consideración de esta manera de aumentar el
peso (evidentemente se trata de la densidad ) con una especie· de
pedido de reivindicación de ciertos inventos de él hechos antes de
que un · señor Marin, "bourgeois de Lisieux", patentase un árcabuz
neumático. Según Rey su propio arcabuz, que figura entre los
inventos mencionados es mejor que el de sieur Marin. Esto último,
evidentemente, no tiene nada que ver con la calcinación del estaño.
Pasemos a la consideración de la tercera causa de aumento de
peso del aire. Es evidente que si de un tddo se sacan partes más
livianas lo que queda será más pesado (denso) que el todo. "Separad
el oro que ese ver.gonzante o·r febre mezcló a la corona del rey Hieron:
el oro que queda pesará más que una porción igual de toda la corona".
La Naturaleza hace lo mismo en otros casos y con ayuda del calor.
Los rayos solares sutilizando el agua de las salmueras (p. ej., del agua
de mar) colocadas en recipientes apropiados deja un residuo más
pesado. "L' Alchymiste, vray singe de la nature" realiza operaciones
análogas por medio de la destilación. Así, al separar del vino el
aguardiente (más liviano) deja un residuo más pesado. Pero con el
aire la demostración no es tan clara. Pregunta si alguien cree que el aire
caliente en contacto con el · suelo en un día caluroso de verano
es más · liviano que el resto y apuesta a que todos creen eso; pero
no es así. ¿Por qué está más caliente? No puede ser porque el Sol
lo caliente directamente más pues este astro calienta uniformemente
todo el aire. Pero al calentarse se separan .las partes densas (abajo)
de las más sutiles (arriba) y entonces al ser más densas dan una
sensación de mayor calor. En apoyo de esta afirmación dice que el
hierro al rojo quema más que la llama empleada en calentarlo y no
puede admitirse que esté más caliente. Luego el hecho de que el
aire se manifieste como más caliente en contacto con el suelo demuestra que es más denso. El más sutil se ha ido hacia arriba. Como
una nueva prueba de esto está el fenómeno que se observa mirando
el aire en contacto con una superficie calentada por el Sol que consiste
en una visión confusa de lo que se vé a través de él. Esto que, como
se sabe es debido a una variación del índice de refracción del aire
con la temperatura, según sieur Jean Rey "c'est qu'il est esp-essi et
a acquis plus de corpulence, qui vous le rend aiicunement visible".
Y si este espesamiento puede ser producido por un calentamiento
como el debido al Sol ¿qué no podrá ·esperarse de un horno ardiente,
con un fuego infernal? El agua, el aguardiente y otros líquidos se
sutilizarán por completo pues el aire puede ocupar su lugar; pero
con el aire no sucede lo mismo y entonces se producirá por eliminación de las porciones livianas de una gran cantidad de este elemento,
un aire espeso y pesado "un air qu'il m'eschappe de dire, non
plus air, ains un air desnaturé ayant changé sa subtile f luidité en une
grossiereté visquese".
Parece ser que alguien objetó a sieur Rey que si bien el calor

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�(o el fuego) podían separar partes de distinta gravedad de cuerpos
heterogéneos no ucedía lo mismo con cuerpos homogéneos ya que
por la naturaleza de éstos el calor actuaría igualmente sobre todas
sus partes dilatándolas del mismo modo. Pero según Rey, además de
ese hecho que es cierto, su razón y sus sentidos le dicen que también
se separan parte de distinta gravedad, para probar lo cual puede
disponer de una "nube" de ejemplos. Así el vitriolo (sulfato ferroso)
es un cuerpo homogéneo y colocándolo dentro de una retorta y calentando se obtiene la separación de "su flegma, su aceite y su colcotar". La "trementina" e un cuerpo homogéneo y de él el calor
permite separar su aceite, su espíritu y su colofonia. El vino es otro
ejemplo y así sucesivamente. Pero sus adversarios pueden argumentar
que se trata de cuerpos compue tos y que en lo elemento no sucede
lo mi mo. Por ese motivo demuestra J ean Rey que el agua se espesa
por destilación. El que no lo crea que recurra a los químicos que
preparan agua destilada. E ta o el rocío que sólo es agua "passée par
le grand alambic de la nature" es usada porque "penetre mieuz la
substance des simples et en tire plus aisément la vertu et les teintures".
Pues bien, el agua destilada es menos densa que el agua común y
por lo tanto el agua que queda como residuo debe ser más densa.
Como esa diferencia se observa si destila todo un vaso se puede concebir que si e compara la primer gota destilada con la última gota
del residuo la diferencia sería aún mayor.
Pero seguramente los adver arios creen que está rehuyendo lo
que realmente interesa: el aumento de peso del aire por acción del
fuego. Nada de eso. A pesar de que ya ha dado razones en apoyo
de esta afirmación, dada la importancia del asunto va a dar otras
pruebas que no dejan de ser asombrosas por lo rebuscadas y sutiles.
Las pruebas son tres: imaginemos un laboratorio, no como los habituale en el seno del aire sino en el del "fuego elemental". En ese
ca o el aire tendría respecto del fuego un comportamiento análogo
al del agua respecto del aire. Así podríamos llenar con aire un recipiente vacío, que entonces estaría lleno de fuego como están llenos
de aire los que en nuestro medio habitual llamamos vacíos. ºSi en
esas condiciones destilamos aire tendríamos diferencias de densidad
entre destilado y residuo como tenemos en el caso de la destilación
del agua. Sabe Rey que tal laboratorio no puede construir e; pero
tampoco se podía dar a Arquímedes el punto de apoyo que pedía
para su palanca que movería al mundo. E una manera de demostrar algo.
La otra prueba se tiene si se considera un cañón colocado verticalmente con la boca hacia arriba y se imagina que se deja caer una
bola al rojo en el interior del mi mo. En este caso el aire sale primero
menos caliente que luego, lo cual se puede comprobar colocando la
mano inmediatamente por encima de la boca del cañón. Esto no s
debe a que el aire haya sido calentado en forma irregular mo a que
s&amp;le primero el aire más sutil que tiene un menor calor. sensible que
el más denso que sale después. Además mirando a trav' de la región
que se encuentra arriba de la boca del cañón se ve 'tremouer" los

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�objetos que se observan a través y no es el movimiento del aire lo
que produce esto pues Rey puede ver con toda nitidez las bellezas
de una dama a través del aire agitado por su abanico. Además un
copo de lana colocado arriba de la boca es elevado, lo cual demuestra
que ahí el aire es más denso. Y si eso sucede en la boca ¿cuál no
será el espesamiento en la parte inferior del alma del cañón?
Para aportar un tercera prueba recurre a los asmáticos. Dice que
cuando uno de estos enfermos se ahoga en su lecho se ordena abrir
las ventanas. Interpreta el hecho diciendo que al ser más espeso el
aire de la habitación por ser más caliente el paso del mismo por
los canales de los pulmones ofrece dificultades. Al entrar aire frío,
el que respira el asmático se hace más tenue y tiene así una sensación
de alivio.
Así como existen tres maneras de aumentar el peso del aire,
existen, por la ley de los contrarios, tres maneras, según las
cuales puede disminuir de peso. En esta demostración aparecen
dos aspectos interesantes de las concepciones de Rey. En primer
lugar hace notar que cuando habla de aumento o disminución de
peso se refiere a pesos de volúmenes iguales pues si examinamos los
pesos con la razón "ie dis qu'il n'y a rien qui .accroise de pesanteur
que par adition de matiere; ny qui en decroisse que par substractio
d'icelle: tant inseparablement sont cOiointes la matiere et la pesanteur". Es un enunciado bastante preciso de la ley de conservación
de la masa. Por otra parte dice, en base a experiencias ideales, cuyos
resultados imagina, que "la balance est si fallacieuese qu'elle ne nous
indique iamais le iuste poids des choses, f ors que quand en icelle
sont comparés deux pesanteurs de mesme matiere et figure, come
deux boulets de plomb". No se sabe, frente a esta afirmación, si criticar la cuestión del "justo peso" planteada fuera del terreno experimental o ver en esto una manifestación del principios de Arquímedes
aplicado a los cuerpos sumergidos en el aire.
Finalmente se encuentra sieur Rey en condiciones de responder
formalmente a la cuestión que le planteara sieur Brun.

ENSAYO XVI
Respuesta formal a la pregunta de por qué el estaño y el plomo
aumentan de peso cuando se los calcina
"Ahora he hecl}to los preparativos, esto es, he echado los fundamentos de mi respuesta a la pregunta de "sieur" Brun que no es otra
que la siguiente: Habiendo puesto dos libras y seis onzas de estaño
fino de Inglaterra en un vaso de hierro y a su vez colocado a éste
sobre un horno a gr.un fuego abierto, por espacio de seis horas, agitándolo contínuamente, sin agregar cosa alguna más, ha recogido del
vaso dos libras y trece onzas de cal blanca; lo cual lo ha llevado, en
primer lugar, a un estado de admiración y luego al deseo de saber
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�de dónde le han venido las siete onzas de más. Y para aumentar la
dificultad digo que no sólo hay que pregzintarse de dónde han venido
estas siete onzas, sino que también, además de esas, de dónde han
venido aquéllas que han reemplazado la pérdida de peso que se ha
producido necesariamente por la ampliación del volumen del estaño,
al convertirse en cal y por fo pérdida de vapores y exhalaciones que
se han desprendido. A esta pregunta, pues, apoyado sobre los fundamentos ya expuestos, respondo y sostengo gloriosamente (sic!), Que
este aumento de peso viene del aire, que en el vaso se ha espesado,
hecho más pesado y tan adherente en virtud del calor tan vehemente
y prolongadamente continuado del horno, el cual aire se mezcla con
la cal, (a lo que ayuda la frecuente agitación) y se adhiere a las
partes más menudas: no de otro modo como el agua hace más pesada
la arena que se arroja y agita en ella, para humedecerla y adherirse
al más pequeño de sus granos. Estimo que hay muchas personas que
se hubiesen espantado al solo enunciado de estci respuestw si la hubiese
dado al principio y que ahora la aceptarán sin sorpresa, hcibiéndose
como amansado (sic!) y hechas tratables por la evidente verdad de
los ensayos precedentes. Porque, sin duda, aquéllos cuyos espíritus
estuviesen imbuídos en la creencia de que el aire es liviano hubiesen
saltado al encuentro de mi respuesta. ¿Cómo (hubiesen dicho los
tales) si no se saca calor del frío, blanco de lo negro, claridad de las
tinieblas, del aire, cosa liviana, se saca tanto peso? Y aun ·a quéllos
que se hubiesen encontrado dispuestos a creer en la pesantez del aire,
no hubiesen podido persuadirse de que jamás podría aumentar el peso
de algo estando pesado, como lo está, en el seno de sí mismo. Por
este motivo, me ha sido necesario hacer ver que el aire tenÍ&lt;i peso:
que ello se reconocía por un examen distinto que el de la balanza:
y que en ella misma una porción previamente alterada y espesada,
podía manifestar su peso. Todo ello lo he hecho de la manera más'
breve que me ha sido posible y sin haber adelantado nada que no
estuviese estrechamente vinculado con esta materia: para aclarar la
cual en todos sus puntos, sólo queda por hacer una refutación sucinta
de las opiniones que han sostenido otros o podrían sostener; y a
resolver las objeciones que se podrían hacer contra mi respuesta".
Analiza, de acuerdo con lo prometido, las distintas explicaciones
que habían dado o que podrían darse del aumento de peso observado.
Ellas son: 1) La desaparición del calor celeste que da vida al plomo
o bien la muerte de éste que produce el aumento de peso durante la
calcinación (Cardan); 2) La consunción de partes aéreas del plomo
(Escalígero); 3) El hollín del fuego (Cesalpino, citado por Livabius);
4) De la materia del vaso donde se hace la calcinación; 5) Los vapores
de carbón; 6) La sal volátil del carbón; 7) La sal volátil mercurial,
y 8) La humedad atraída por la cal. Algunas de estas explicaciones
no se han dado; pero Rey las imagina y las refuta. Como no es posible
examinar todas, me referiré a las que juzgo más interesante .
La primera, a saber la de Cardan, es la siguiente. Como se sabe
los alquimistas decían que un metal era algo vivo; cuando se calcinaba
se moría y cuando la cal se reducía el metal revivía. Ahora bien como
-

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�la vida sólo era posible si en el cuerpo vivo existía fuego celeste,
al morir (calcinarse) el estaño o el plomo dicho fuego lo abandonaba,
con lo cual había un aumento de peso debido a que el fuego era
ligero. Rey refuta fácilmente esta explicación mediante la siguiente
argunientación: l. 0 ) El estaño no es vivo y por lo tanto del hecho
de que un cadáver pese más que el ser vivo al que pertenece (hecho
"comprobado" entonces) no se puede deducir que lo mismo acaece
con el estaño. 2. 0 ) El fuego celeste no puede hacerlo más liviano ya
que el fuego tiene peso y 3. 0 ) No puede haber una misma razón para
el aumento de peso de los animales al morir y del estaño al ser calcinado. "Car, touchant sa vie, comment en auroit le plomb, puis qu'il

est un corps homogenée sans distinctio de parties, sans organes et
sans aucun effect ou action vitale? S'il se meut en bas si fait bien
la céruse qui n'en est que son cadavre". Además se puede tener al
abrigo del aire el plomo fundido durante días, meses, años con un
gran fuego sin que disminuya su peso. "Il f audroit une ame bien tenace

pour tánt souffir sans desloger".
Así como la explicación anterior y su refutación son fantásticas,
la otra que voy a considerar es perfectamente coherente y lógica.
Dice Rey que ya que el estaño y el plomo están durante la calcinación
en contacto con aire y con el hierro de la vasija se podría admitir
que no siendo el aumento de peso debido al aire se puede atribuir
al hierro de la vasija que se mezclaría con la cal. Esto no es posible
según Rey, por las siguientes razones: 1) : El hierro pulverizado es
de color castaño y teñiría la cal de estaño que es blanca, cosa que no
sucede. 2) : Si el vaso entregase hierro a la cal, en las cantidades encontradas por sieur Brun se destruiría en unas cuantas calcinaciones,
hecho que no sucede por cuando un mismo vaso sirve durante años
de trabajo continuo y prolongado, y 3) : Se podría obtener a partir
de una pequeña cantidad de estaño una gran cantidad de cal, pulverizando la vasija por completo y añadiéndola a la cal, hecho que no
ha sido observado.
Después de haber sido examinado una a una todas las otras posible explicaciones las destruye de un solo golpe, como Hércules las
cabezas de Hidra (la metáfora es del propio Rey ) ya que su situación
es semejante a la del héroe griego.

ENSAYO XXV
Mediante una única prueba se destruyen por completo todas las
opiniones contrarias a la mía
"Se dice de Hércules que ni bien cortaba una de las cabezas de
esa Hidra que devastaba el Palu Lerneano ( *), le renacían dos cabezas. Mi condición es similar. El error que combato 'es fecundo en
(*)

Nombre que da Rey a la laguna ele Lerne, situoda en Grecia, en cuyos orillos hobitaha la "Hidra de Lernu" (N. del T.).

-

48

�opiriiones que son otras tantas cabezas: si corto una se ven nacer dos.
Mi labor crece continuamente y tengo la seguridad de que no será
algo completo nunca si me limito a destruir una por una todas las
opiniones contrarias. Para ma,tarlas del todo es menester que reúna
mis fuerzas y enderece mi brazo de modo que de un solo golpe las
~bata todas. Quien quiera que se ponga en guardia: pues he aquí
que voy a dar ese funesto golpe que acabará con todas. Acabo de leer
en Hamerus Poppius, en el terc&lt;er capítulo de su libro intitulado
Basilica Antimonij, la nueva manera que practica para calcinar el antimonio. Toma una cierta cantidad, la pesa, y habiéndola luego pulverizado la coloca en forma de cono sobre un mármol y teniendo un
espejo ardiente {espejo cóncavo. - N. del T. ) lo opone al Sol dirigiendo la punta piramidal de los rayos reflejados sobre la punta del
cono de antimonio que entonces emite abundantes humos, y en poco
tiempo se convierte, en la parte que todan los rayos, en una cal muy
blanca, la que es separada con un cuchillo; y dirige entonces los rayos
sobre lo que resta del antimonio hasta que todo haya blanqueado, con
lo cual está hecha la calcinación. Es una cosa admirable (agrega a
continuación} que aun cuando en esta &lt;Jalcinación el antimonio pierda
mucho de su sustancia por los vapores y humos que exhala copiosamente su peso aumenta en lugar de disminuir. Ahora bien, si se pregunta sobre la causa de este aumento: ¿dirá Cardan que se trata deí
desvanecimiento del fuego del calor celeste? Por el contrario: dicho
fuego está agregado en mayor medida por medio de los rayos solares.
¿Dirá Escalígero que se trata de la consunción de las partes aéreas?
cuando al desmenuzarse en cal, aumenta de volumen y se incorpora
mayor cantidad de dichas partes aéreas. ¿Traerá Cesalpino a colación
su hollín? Acá no hay ningún fuego que lo produzca. ¿Daría el vaso
empleado alguna cosa de sí? Es claro que no, pues los rayos se dirigen con tal precisión que no tocan el mármol en absoluto. ¿Se propondrán los vapores de carbón? Acá ;no hay nada de carbón. En
cuanto a las sales volátiles que can tanto ingenio se han producido
pierden aquí toda su gracia y favor. Por ventura, ¿se querrá recurrir
a la humedad como alguien pretende hacerlo nuevamente? Pero, ¿de
dónde vendría? ¿del mármol? En absoluto; ello no es ni imaginable.
¿Del aire? Menos aún: porque esta operación debe practicarse pa:rd
que resulte mejor en los días más cálidos del Verano, durante los
ardores más violentos de la Canicula. Cuando todo está, aquí abajo,
tan caliente que aun en la sombra, hasta durante la noche, el aire seca
las telas húmedas y también las tierras mojadas. Y el día en el que
el Sol pega fuerte, tuesta nuestras pieles, marchita las hierbas,
reseca los frutos, la madera y los lagos, hace bajar el curso de todos
los ríos, inflama todas las cosas combust~bles como por ejemplo el
estiércol de las palomas (sic!). Buscar humedad en el aire para
abrevar nuestra cal y hacerla más pesada de esa manera, no de noche
sino de día; no a la sombra sino al Sol. No donde simplemente hay
luz, sino donde los rayos reunidos por un espejo cóncavo son reflejados con tanta violencia que funden y calcinan los metales: buscar
ahí digo, la humedad, es como buscar fuego en el hielo y un nudo en
4

49 -

�un junco, por así decir, cosa que jamás se podría encontrar. Que ahora
se fundan en un único espíritu los mejores espíritus del mundo: que
este hermoso espíritu ponga en tensión sus nervios hasta el límite de
sus fuerzas; que busque con atención en los cielos y en la Tierra: que
hurgue en todos los repliegues de la naturaleza: no encontrará la causa
de este aumento sino en el aire que los rayos del Sol calientan, espesan y hacen mJás pesado, el cual aire se mezcla entre la cal a medida que el antimonio al calcinarse se desmenuza y se hace adherente
a sus partes más tenues. Lo que confirma enteramente la verdad de
mi creencia en el aumento del plomo y del estaño: que no pueden
tener otra causa que la mezcla del aire espesado. No habiendo otra
diferencia entre el aumento de peso de estos dos metales y el del antimonio, fuera de la que reside en el hecho de ·que aquí el aire se
espesa por acción de los rayos solares: y allá por el calor del fuego
, '' .
comun
,'
Se plantea a continuación el problema de averiguar la causa po~
la cual no aumenta de peso hasta el infinito, hecho que "a priori"
podría predecirse con su explicación. Pero la experiencia enseña que
.hay un límite. Explica esto Rey diciendo que en los casos de mezclas
de sólidos con sólidos o de líquidos con líquidos no hay límite superior pero que en casos de líquidos con sólidos sí. En el caso de la
cal de estaño ella se mezcla con aire despojado de su sutileza lo cual
lo hace comportarse como líquido.
Sale luego al encuentro de otra cuestión: la mayor parte de las
sustancias que queman y dejan cenizas no aumentan de peso. Dice
Rey que esto se debe a que esas otras sustancias contienen una gran
proporción de principios exhalables o bien "parlant spagyriquement
beaucoup de soulfre et mercure que le feu va choffat insq' au bout".
Estos espíritus tienen un peso mayor que el aire que se incorpora a
las cenizas.
Desde el comienzo de la explicación Rey habla del estaño y del
plomo a pesar de que sieur Brun encontró una disminución de peso
en el caso del plomo; pero al final casi Rey .aclara que se ha referido
a i¡.mbos metales porque a pesar del resultado de sieur Brun otras
personas (Cardan, Escalígero y Cesalpino) han obtenido aumento de
•peso y Rey se inclina a aceptar estos resultados aun cuando entre los
que lo han obtenido figuran adversarios- teóricos suyos.
Termina el libro con una conclusión en la que se jacta de haber
expuesto "cette verité dot l'esclat frappe vos yeux; que ie viens de
tirer de plus profonds cachots de obscurité" y finaliza con estas palabras: "Le travail a esté mien, le profit en soit au lecteur et a Dieu
seul la gloire".
Como datos ilustrativo·s cabe agregar que el libro está precedido
de una dedicatoria al Príncipe de .Sedán a quien están dedicados los
ensayos y de dos poesías donde se alaba sobremanera a Jean Rey,
una oda firmada por Béreau y unas cuartetas debidas a la vena de
De!?champs. Como todas las poesías laudatorias, son ·malas.

r

50

�De Jean Rey se ignora la fecha del nacimiento y la de su muerte,
así como la edad que tenía cuando publicó estos ensayos. El lugar
donde vió la luz fué la localidad de Bugue cerca de Bergerac en
Périgord. En Bugue escribió los ensayos y se sabe que vivía aún en
1643. Se ocupaba de investigaciones científicas y quizás practicaba la
medicina. Se ocupó de termometría, inventó un arcabuz neumático
pero se vió obligado a abandonar los estudios e investigaciones
por cuestiones domésticas.
Quien se interese por más detalles puede leer el prólogo de
Edouard Grimaux a la reedición de los Essays publicada en 1896. La
obra fué desconocida hasta que después de los trabajos de Lavoisier
sobre el tema (1774) Rayen se dirigió al director del Journal de
Physique ( 1775) llamando la atención sobre la obra de J ean Rey a
quien asigna el carácter de precursor de Lavoisier.
A pesar de no conocer datos sobre su vida, podemos con los
Essays penetrar profundamente en la mentalidad de Jean Rey que, en
mi opinión, es un representante típico de los hombres de ciencia de
su época y de todas las épocas: mezcla de razonamientos sutiles, observaciones acertadas, · teorías aceptables o absurdas, prejuicios y
creencias. Lo que varía de una época a otra es la dosis de
cada uno de estos elementos y las características con que se presentan.
Hay en él, como en sus cofrades de todos los tiempos un afán desinteresado, aun cuando no desapasionado, por llegar a la verdad. Este
es su mérito. No soy de opinión de considerarlo como un precursor
de Lavoisier. Para convencerse de ello hasta leer los Essays y el Traité
de Chimie y comparar el lenguaje y las ideas.

-

51-

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              <text>En  un   día   del  año  1630  "Sieur  Brun",  maestro   boticario   de Bergerac, dirigió a Jean Rey, médico  de  Périgord  (Dordogne),  una carta en la que le comunicaba que "habiendo querido estos días pasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de Inglaterra, lo coloqué en un vaso de • hierro adaptado a un horno abierto y con gran fuego agitándolo continuamente sin  agregado  de cosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy  blanca. La pesé para conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece onzas. Esto me  produjo  un asombro  increíble  no  pudiendo  imaginar de  dónde  había  venido  las siete  onzas  de  exceso".</text>
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