["item",{"itemId":"80","public":"1","featured":"1","xmlns:xsi":"http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance","xsi:schemaLocation":"http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd","uri":"http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/80?output=omeka-json","accessDate":"2026-04-29T02:41:58+00:00"},["fileContainer",["file",{"fileId":"132"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/6c6bc6238550dc4a95bdc2309c635dab.pdf"],["authentication","36e4b7795fef61277e6886b0332b7147"],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"5"},["name","PDF Text"],["description"],["elementContainer",["element",{"elementId":"52"},["name","Text"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"693"},["text","CARLOS SABAT\n\nERCASTY\n\nUnidad y Dualidad del Sueño y de la Vida\nen la Obra de Miguel de Cervantes Saavedra\nLa conferencia que a continuacion publicamo , fué dictada\npor el Profesor Carlos Sabat Ercasty, en el Salón de Actos de la\nUniversidad, a fines de diciembre del año último, como home1mje tributado por la Facultad de Humanidades y Ciencias y la\nCultural Española, a Miguel de Cerva~tes aavedra, en ocasión\ndel cuarto centenario de su nacimiento.\n\nCuando una circun tancia como la actual, el cuarto centenario\ndel nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, no coloca ante una\nper onalidad tan grande y tan e tudiada, y en el trance de contribuir\ncon nuestra palabra a la celebración de tan excelsa fecha, nos entimos como extraviados en la amplitud de la empresa que debemos\nafrontar, y en el laberinto de los lem nto que el e critor y su críticos nos ofrecen. ¿Cómo reducir tan va tas dimensiones y tan complejas posibilidades, a lo ceñido límite de una conferencia? Para\nconseguir una íntc is satisfactoria, ninguna esencia podrá ser excluída.\nAbarcarlo todo, oprimiendo e a afortunada abundancia, e como\nahogar el tema y marchitarlo en una pri ión demasiado estrecha. ¿Qué\nhacer, puc ? ¿Cómo cumplir? Procedamos como Don Quijote en la\nencrucijada de los caminos, oltándole las rienda a Rocinante, para\nque ólo el azar re ponda de la p regrina po ibilidad de la aventura.\nBien puede el pen amiento de empeñar e, ante Cervante y ante u\nhidalao, como un aventurero más. Al obligarnos menos, al no ofrecer\notra cosa que el imprevi to epi odio de un instante, al correr, libre\ny sin compromisos, por los campo del alma, no hacemo otra cosa\nque colocarnos a gran distancia de todo juicio riguroso y de toda\ncerrada prevención, pues el azar no admite reglas, y su vuelo es como\nuna burla amable a los que e peran más de lo que la suerte, de vendados ojos, puede entregar a nuestro deseo .\nMuchas veces C rvantes ha hablado, directa o indirectamente, d\ní mimo. Bastan us palabra para configurarnos su carácter y su\nvida. Cuando 1 escrutinio de los libros en la biblioteca del Caballero,\nle hace decir al clérigo: \"Muchos año ha que es amiao ese Cervantes\ny é que e má v r ado en de dichas que en versos\". Esta confe ión\n-\n\n23 -\n\n�tan encilla no ha la para corrohorar el modo cómo el e critor conlemplaha la per pectiva doloro a de su año , cuál\nmiraha a í\nmi mo atrave ando en u propio pasado el cuadro d\nus memorias,\ncómo, hecho el balance de u a de bordado m dio iglo, se conideraha má docto en angustias que en letras.\nn contemporáneo\nsuyo, que le admiraba y le di tinguía por la altura de su ingenio, el\nLicenciado Márquez Torres, al redactar la aprobación de la Segunda\nParte del Quijote, cuando ólo le quedahan a u autor catorce mese\nde vida, no dice que al llegar alguno embajadores de Francia a la\ndudad de Madrid,\naproximaron a él 'de eo os d aber qué libro\nde inaenio andaban má valido , y tocando aca o en e te que yo estaba\ncen urando, dice, apena oyeron el nombre de 'Ü!!Uel d Cervante ,\ncuando e comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación\nen que así en Francia como en lo reinos u\nonfinante e tenían\nu obra la Galatea, que alguno dello tien ca i de memoria, la\nprim ra parte de ta, y la\novelas. Fueron tanto lo encarecimientos,\nque me ofrecí a llevarlo que viesen al autor della , que estimaron\ncon mil demostracione de v:ivo de eos. Preguntáronme muy por m<'nor u edad, su profesión., calidad y cantidad. Halléme obligado a\ndecir que era viejo, oldado, hidalgo y pobr : a qu uno respondió\nentre formales palabras: ¿pue a tal hombre no le tiene España muy\nrico y u tentado del erario público?' Acudió otro de aquellos caballero on este pen amiento y con mucha agudeza, y dijo: i nece idad\nle ha de obligar a e cribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia,\npara que con su obra , iendo él pobre, haga rico a todo el mundo\".\nY en verdad que aquél que e to último comentara, acertó de una vez\nen todo, pue la pobreza fu' la mu a de Cervante , de u necesidad\nnació la má alta riqueza del e píritu, el oro inmaterial del aenio,\nmás fuerte, más durahle y más bello que aquél que la nao hispanas\ntraían de la áurea América . Porque d aquél ólo queda en Ca tilla\ny León el vano fantasma evocado por la hi toria , mientra que del\nde la miseria de Cervante permanece, - inconmovible en su vir·\ntude , indestructible en la espiritualidad del v rbo- , la realidad vital\nde Don Quijote, de Sancho, de la Dulcinea, y del coro humano que\ndió fondo y per pectiva, movible y cambiantes, a la má prodigiosa\nperegrinación del ideal y de u vencimiento, del entusiasmo y de la\nmelancolía, de la esperanza y del final desencanto.\nLargo, difícil y malhadado fué el peregrinaje de Cer antes. Su\nvida trabajada, la perpetuidad de us peripecias, la potencia impre·\nionante de oh ervación en que é ta caían, tra la dicha efímera y\nel fracaso perdurable, a los pozo espirituale de su experiencia, le\nconcedieron ese tipo ustancial de abiduría, denso de verdades humana , elaborado en lo uh u los de la realidad que dan la materia\nindi oluble de la grande obras. Ca i no fué e critor hasta pasado el\nmedio siglo de vida. O por la nece idad, o por el disfrute repentino\ny variado de la aventura , o por no hallar nunca la ocupación provecho a donde arraigar lo dia y los hechos n un terreno firme, el\nazar no le dió tregua, y fué llevándolo a merced de un de orden genial\nque le impedía la calma y la riqueza, pero le dejaba en la carne viva\n\n-\n\n24 -\n\n�las huellas y los relieves de un mundo que él fijaha en las ocultas\ngalerías de su sensibilidad. Pudo así soñar, y de encantarse de los\nsueños. Pudo así ver, en donde otros, más felices no veían. Pudo\ntambién esculpir lo esencial obre el flujo y la efímera corriente de\nlos instantes. Y pudo asímismo, irónico y escéptico, ·desengañarse sin\nque el desvanecimiento de las aspiraciones y los sueños, lo arra trasen\na la locm:a dese perada, o al tránsito nihilista qu postra las divinas\nherramientas del genio. Como su. hijo, Don Quijote, c dió a hu car\nel aumento de u honra y puso su brazo heroico al servicio de la\nrepública. ¿ Fué loco entonce como el caballern? Y al perder la uh lime locura, maduro ya el juicio por la repo ada azón de lo años,\n¿por qué como el Hidalgo de la Mancha no se t ndió en el l echo\nmortal para dejar la vida en el callado desastre vencida el alma y\nangustiado el flaco pecho por las melancolías y lo desabrimiento ?\n¿Por qué como Don Quijote, detrás del último fraca so, y ya sobre\nel medio siglo, no se echó a morir, resignado, para sellar en el silencio el denuedo inútil y la vanidad de . todas sus empresas?\nEn la edad en que el Hidalgo manchego se volvió loco, Cervante\nmaduró su cordura. Cuando el caballero, desdoblándose, separó de\nla razón su sinrazón para ensoñar y realizar sus empresas, Cervante\nse sumerge en sí mismo, y se busca, sereno y recobrado, en us entrañables profundidades. Cuando su hijo, el Caballero, crea la e peranza, arde en la fe y empuña la lanza para vivir sus utopías,\nCervantes descubre su propio humorismo ; melancólico, sonríe ante\nlos hombres; y la fronía dibuja, finísima, el leve y reflexivo sonreír\nde sus labios. Cuando el Hidalgo de la Mancha trasmuta su flaco\nrocín en un corcel que avergonzaría a Bucéfalo y Babieca, Cervante\ne desmonta de su Clavileño, y entre las murallas de u soledad, pa ea\nsus graves tristezas por la hondura de los vividos años, para extraer\nde ellos los hijos que engendró su experiencia eu la fertilidad de su\ningenio. No más Dulcinea , no más gigantes, no más encantadores,\nno más azarosas contiendas ni afanadas búsquedas. Estaba vivo y\nestaba muerto. Con la sangre ardiente aún, pero sin las ilusiones ni\nlas esperanzas. Su creación vital había fracasado. Aquitósele el pie\nandariego, serenósele la clara frente. Helósele el brazo. Recóndita\nceniza le adormeció el ambicioso pecho. Y en silencio, inclinada la\ncabeza sobre la diestra mano, suave como en un crepúsculo, mirándose hacia adentro, pesó su destíuo en los platillos del bien y del mal.\nY con amor de belleza, arando con su voluntad las íntimas praderas,\nse sembró a sí mismo; y aró el dolor, y calentó las aradas eon los\nsoles del poeta; y no contando con más riqueza que las palabras,\nhizo de ellas un mundo tan grande, tan variado y tan profundo, como\naquél donde corrieron sus aventuras, y donde sazonó, en peligrosos\ndías, la ruda y alta experiencia de su vivir. Supo que la resurrección\nsobre las propias cenizas, es más prodigiosa aún que el nacimiento.\n¿Por qué no murió desencantado como su Don Quijote, tras del último fracaso, y al rozar el ceniciento perfil del medio siglo? Es que\nCervantes era poeta, o lo que es igual, creador, y no hay placer tan\nhondo, tan prodigioso, tan extático, como el de la creación misma.\n\n-\n\n25 -\n\n�Sólo el amor crea en el universo, y nada tan divinamente dichoso\npara el cuerpo infinito del universo, como ese a.mor que lo hace\npadre y madre entre el oleaje del Eros cósmico. Ese mismo influjo\nerótico, penetra en las entrañas espirituales del artista, y les fluye,\ncomo de la Naturaleza, la ola de las formas viva . La idea es el\npadre, y la sensibilidad es la madre. Una desprende el rayo fecundo,\nmientras la otra lo recibe en la sustancia movible de las imágenes.\nY al confluir amhas en el torrente vital del hombre, la obra del\ngenio levanta la potencia de sus hijos, el mundo concreto del arte,\ncomo de la tierra, alnazada por el sol, emerge la rrracia germinal de\nla espiga. ¡Ah, pensaría Cervantes, ahora, en este otoño delicado y\ntriste, nada tan bello, tan conmovedor, como darles vida inmortal,\ncuerpo y esencia de inmortalidad, a los sueños maravillosos de poeta,\nde creador, que se levantan de mis profunda experiencias. Y ahí\nestá el secreto de su desquite. Su sabiduría, sobre la llama del genio,\nse hizo poema. La creación fué su clave mágica, y le evitó la locura\nmelancólica, o el oscuro suicidio, o la muerte por desencantos o por\nangustias, cuando la tristeza, pálida la mano y valiente, abre las\npuertas de la vida a la enfermedad, para que la nada se acueste\nsobre la sangre, desvaneciéndola.\nFué la poesía para Cervantes su primera ambición, cuando el\nbrioso y emocionado trance de la juventud, y cuando más tarde, en\nla Galatea, presta su voz de amor a lo artificiosos pastores. Y lo\nfué en sn teatro. Y lo fué mil veces, sino siempre, en la perpetua metáfora del Caballero Andante, creando en eterno poema los mitos\nmaravillosos destinados a desvanecerse en el choque ineludible con\nla realidad. Y lo fué también, lleno de nostalgias por erlo más y en\nmás aguzado extremo, en el Viaje del Parnaso. Y murió con la frente\napoyada en la asomlnosa hipérbole épico-lírica ele Los Trabajos de\nPersiles y Segismunda. Padeció, pues, como pocos, la deliciosa ·e nfermedad de la belleza, con una obsesión que no disimula el desencanto de su confesado fracaso, en lo que toca a la poesía de los versos.\nMaravillábase de lo mae tros del arte rítmico, que lo emularon mil\nveces con su ejemplo, y ante cuyas músicas verbales, su oído le trasmitía al alma ambicio a la delectación de la melodía. Imitóles hasta\nllegar al linde del sublime secreto, como si el hado hubiese querido\nre ervarle para su prosa, todo cuanto los dioses otorgan al milagro\ndel genio. A sus ojo la poesía era ensoñación, y el mito del Eros\npoético, no distaba mucho del mito del Eros caballeresco, como en\nla esencia de las calidades espirituales, sueña tanto el alma contemplativa e inmóvil que crea en imagen un universo que se desprende\ndel anhelo, aunque la acción del hombre permanezca encadenada,\ncomo el que, imaginando un mundo espiritual sobre un mundo real, se\narroja locamente a luchar con sus propios fantasma , sin atender a la\ndura sustancia que gravita debajo de ellos. Poesía y caballería son entonces dos modos de la imaginación. Arrancan del mismo deleitoso engaño. Igual en lo íntimo es la aventura juvenil de Lepanto, que la aventura senil del Prrsiles. En una. el sueúo se h ace en el filo de la espada,\nEn la otra, en los extremos de la pluma. Pero en Cervantes, ante e]\n\n-\n\n26-\n\n�actor y el poeta, hubo el espectador y el crítico. Se conte.m plaba a sí\nmismo. Se juzgaba sin temores. Sincero y desnudo de coraje, anteponía la razón a los sueños, la tierra al cielo, la realidad a la imaginación, la verdad, cruel y dolorosa, a la quimera enmelada y cortés.\nDe ahí su dualidad, su humorismo, su yo conflictual y dramático, la\nfluencia de sus contradicciones, sus armonías y sus discordancias, sus\nmundos contrapuestos y antagónicos, su Don Quijote y su Sancho, su\nEspaña loca y su España cuerda, su mundo metafísico y trascendido\ny su mundo real y recio, y hasta su desastre en la acción, y su triunfo,\nya crepuscular, en el triunfo del poeta.\nAfanábase, y el mismo Cervantes es quien lo dice, en ser poeta,\nmas el cielo, y él asimismo lo atestigua, no le quiso dar cumplida esa\nanhelada gracia. También en esto soñó, pero en vano, nunca pudo\ncolmar sus aspiraciones. Toda su vida fué fiel a esa inalcanzada Dulcinea, como Don Quijote a la suya. Sembró sus novelas con mil cantos,\na medida que amaba a esa esquiva diosa, de la cual hubo de construir en su imaginación un mito clarísimo y sublime. Frecuentaba su\ntemplo para hacerse digno del favor de esa divinidad. Se ejercitaba\nen el secreto lenguaje, por lograr la magia y el encantamiento que\nen otros, tan admirado por su nobilísimo corazón, sorprendía y elogia])a. Discernía con certe1·a sutileza; como lector y crítico, los valoree\ny los matices má afinados de la poesía, pero él, aún en esto desventurado y triste, nunca se aceptó a sí mismo, y fué acaso el peor\nenemigo de sus rimas. Largo amor el suyo a la gloria de Apolo,.\nConfiesa que desde sus más verdes años amó el dulce arte de los\nversos. Con el ánimo del poeta lírico, buscó en la poesía el más bello\nmedio de confesarse de su intimidad. En suaves rimas volcó sus difíciles esperanzas, tan inútiles y vacías, que fué como sembrarlas en\nla arena. Y ya viejo y melancólico, a pocos pasos de la muerte, sigue\nejercitando su pluma en la tierna y deleitosa música de las estrofas,\ny en larga secuencia de tercetos, describe su viaje al Parna o, abre\nen su corazón la fuente de las rimas, y regala, con mano liberal, copiosos laureles para las nobles cabezas que triunfaron en aquel arte\nque tanto amó su frente. Une poesía y pobreza, que era tanto como\n<lefinii:se en sus deseos y en sus realidades. Considera, que ya cantando\namores o llorando guerras, la vida del poeta es nada más que un\nsueño, tiempo en que no se vive, tiempo en que el tiempo se pierde\npara la realidad. Intuye la naturaleza delicada y suave de quienes\nsólo cantan en un mundo de esfuerzos y fatiga . V e el toque de la\nlocura aun en el más cuerdo de los rimadores, que pierde en bienes\nlo que gana en quimeras. Pero, luego, mirándose a sí mismo, sólo se\nconsidera cisne por la nieve de las canas, y cuervo por. la ronca voz,\npuesto que el ingenio poético ha sido duro para u alma, y por ello\nla buena fortuna no lo levantó a esa gloria sobre su avara rueda.\n¿Cómo disculparse, entonces, a sí mismo, si tantas veces reincidió\nen la poesía? El mismo nos confía que le faltó el ocio feliz. La riqueza no colmó jamá su mano. Sus sueños se enturbiaron con exceso\nen el áspero vivir de cada día . Y él supo, y él lo dijo: \"en el poeta\npobre, la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan\n-\n\n27 -\n\n�lo cuidado . de busca1· el ordinario u tento\". ¿Por qué no ce10 Gi\n1al era u juicio último? ¿Lo reflexionó así dema iado tarde? ¿S\ndesencantó, como el Caballero, de la otra Dulcinea, cuando la muerte\ne le acercaba, y los jóvene pájaro de antaño, huían, dcsalentado8.\nde su cabeza? ¿La que 'l creía errada vocación, tan próxima a la\nlocura mi ma, fué algo má que una de las Dulcinea que imantaron\nu anrma,\ncon mano dulce y de extremada piedad, le suavizaron,\nno la herida de Lepanto, ino la herida de todo u vivir? Soñar la\npoe ía, crearla, pen aba acaso Cervantes, era como de plazar e de\nla angu tia, como tomar la tri teza y la amargura, y embrándolas en\nlas divina ntraña de la música, hacerla brotar en hermo ura y en\nbelleza, prodiuioso desean o para regalo y deleite de la llaga , para\nolvido y vencimiento de la ombras!\nCuando Cervantes largo y den o de año , ya por detrá de lo\nsueños activo , desdoblándose, sube como nunca desde el hombre\nazaroso al puro creador e tético, se in tala de pronto en lo más alto\nde su propio genio, y mira, agaz, de de allí, la realidad univer a1.\nmientra e contempla a í mi mo, tra mutándose en el e pectador\nupremo, en el poeta empeñado en alvar al hombre que hasta entonce había ido. Sublima u experiencia vital. Sublima u lucha, su\ndolor, u mi eria, su melancolía, su desencanto. H lo, pues, en un\nnuevo y má prodigioso encanta.miento. Hahía llenado su er con ]a,\nvisione del mundo, y toma de us propia entraña la realidad de u\ner para convertirla en poema. El mundo g1·is del hombre vencido,\nadquiere de uolpe lo vivo colore de la belleza. Se ha mpinado n\nciende o baja por su tiempo como por una montaña.\ní mi mo.\nlibera. Vence su fracaso creándose con 1 sueño y la verdad del hombre. Y como e tá su propia vida en el fondo de su gran novela, reirá\nllorando, llorará riendo. No hará una tragedia, ni hará una comedia.\nMás lejos irá su genio. Creará un mundo completo, una humanidad\nque e contempla a í mi ma en su do caras: ironía y gravedad.\nburla y llanto. Su Don Quijote erá una int gración, y como tal, una\ntragicomedia.\nAunque lo biógrafo de Cervantes hayan trabajado on tanto\nfervor y porfía, para trazar, en cierto modo con datos auténtico , el\nitinerario de su vida, y reconstruir su carácter, mucho no queda aún\npor aber del padre de Don Quijote. No oh tante, el sondeo del libro\npe e a su lograda objetividad, e un elemento revelador con respecto\nal alma donde íué engendrado. Creo por ello mi mo que es nece ario\nrecurrir a la apreciacione y juicios que e van vertiendo en el cur o\nde la novela, y le trasmiten mil tono e pirituales que denuncian e]\nmúltiple humor de una vida. El color del agua nos dice sobre qué\ntierras ha corrido el río, y hasta cuál e u origen. Pongámonos ante\nlas orillas de la narración cervantina y veámosla pa ar ante nuestro\nojo . El fluir del lenguaje, el matiz en ible del estilo, el movimiento\nde la fra e, el carácter de lo episodio , la jerarquía de la palabra,\nel tinte espiritual de cada ser, la órbita de sus voluntades, sus meditaciones y reacciones ante el hado de los hechos, la riqueza y variedad de u aptitudes y conducta, su anhelos, su resi tencias mo-\n\n-28 -\n\n�rales, us diálogos y discur o , tienen, en medio de u diversidad objetiva, un punto común ineludible, originario, que no\notro que el\nautor mi mo de donde emanaron. Creamo lo que orno y ha ta donde\nomos. La abundancia de la fuente denuncia la ma:niitud de u entraña. El poeta, en el entido de creador, puede er sólo ·1 o la aldea,\no la región, o la gran ciudad, o el país, o el mundo.\npuede er el\nayer, el hoy, el .mañana, o el tiempo todo. Esta o la otra franja de\nla ociedad, el hombre n u ello o el hombre en la totalidad de su\nvirtud ilimitada. A ma or capacidad, mayor horizont .\nmá altura,\nvi ual má abierta. Llegada u alma al máximo de envolvimiento y\na la suprema complejidad, todo cabe en ella, a vece omo tumulto,\na veces como orden. E un pueblo de pueblos, inleriorm ntc vivos,\ndonde todo s distribuye\naún el retrato de la\natura]eza misma.\npero donde todo e colorea del tono de una vida rrrande y oberana.\nCervante , que todo lo hmnano lo abarcó en u pl nitud, e dió o?n\nfrarrmento , como un conqui tador que va fundando pueblos di tintos\nen un continente viraen. Pero fué má lejos. Tomó eJ mundo y e\ntomó a sí mismo, y entrando el uno en el otro, a la manera como la\nvida penetra en la materia y la vitaliza. logró la uprema unidad, y\nla hondma dimanó de la ten ión _ la exten ión pod ro amcnt alnazada por su e periencia.\nCervante está todo aludido en su Don Quijote. Más profunda\nque la episódica red de u actos, es la de su arte. Quien busque su\nesencias, penetre en us hijo . Hay una permanent transfu ión e ·\npiritual del autor del Quijot a su héroe, y a todo lo per onajes\nque surgen a lo largo de su peregrina travesía. El concepto que el\ne critor se había formado de u vida, y de la vida humana en u totalidad, va pa ando de de adenu·o de u genio a la boca d u héroe ,\ny en especial, a la de Don Quijote. El caballero d la Mancha die\nlo que el autor pen ó, oñó y ofocó dentro ele í mi mo. De ahí u\nmezcla singulaT de locun y cordura.\nada má di paratado que el\nhidalgo de la aventura , cuando en él actúa aquella part d u alma\nque corresponde al ejercicio de la caballería andante, pero nada má\nrazonable y azonado en Ja gravedad de la experiencia, que cuando el\nmismo hidalgo, devuelto por el fracaso a los quicios de la serenidad,\ndisclu-re, co;rno en el azar de las conversaciones cotidiana o en e1\níntimo, silencio o monólogo, di curriría el mismo Cervantes. De ahí\nsurge la identificación Cervantes-Quijote. Es decir, un doble desdoblamiento. El caballero d la Mancha es loco y es cuerdo. Y Cervantes, frente a u pTopia creación, e atírico, o es erio y grave,\ncuando no, triste. Ríe de la in en atez de Don Quijote, y, amoro amente, quieta ya la lanza del caballero, e emociona ante él y lo\nadmira, cuando lúcido, y n Ja alta jeraTquía de la razón, el mi mo\ncaballero vierte us doctrina , que no podrían cr otra que la de\nCervantes. Con Sancho ocurr lo mismo. Ese aldeano e profundo\ncomo el barro del astro, que sabe dar la vida y recibir la muerte. Su\nrealismo no e rutinario y pueril. Tiene u verdad n us fuerte\npuño , como el hondero tiene el ¡mijarro acertador en u dura mano,\nantes de colocarlo en la honda. Cuando ha'bla, lo id ale del caba-\n\n-\n\n29 -\n\n�llero tiemblan en la delicada sustancia de sus sueños. Trae la afirmación de ahajo. Desea y sueña también a su modo, con grosura y\nhambre terrestres. Ama al caballero hasta que el llanto le salta de .\nlas honradas entrañas. Tiene a su favor el viejo saber de los siglos\ndel pueblo en los quilates apretados de sus refranes. Es tan variado,\ntan henchido de vida, tan profundo de realidad, que escapa siempre\na todo juicio simplista. Ha sido calumniado cien ~Úes por quererlo\nhacer de una sola pieza, pues de su barro sale el heno y la encina, el\nfruto denso de miel y la flor rústica ele acendrnda sencillez, y el musgo\ntierno y la áspera corteza, y la densa madera y la fina savia. Y Cervantes no desdeña jamás entrar a su boca y llenársela de firmes razones.\nBien que Sancho haya acompañado a u amo en toda sus aventuras, y que us privilegiados oídos recibieran, tantas veces, las altas\ndoctrinas del caballero, no pudo alcanzar para sí mismo la excelsitud\ndel hidalgo, aunque barrunte a veces que hay allí algo que vuela\ny sube muy arriba la esencia del hombre. La libertad que exalta\nDon Quijote, la misma que lo arroja a las aventuras sin más ley que\nu firme fervor del bien y de la justicia, la misma con que quiere\nquebrar la violencia, el desamor, el desvío malvado, la ciega prepo·\ntencia y el orgullo que veja y humilla, esa libertad, tan arraigada en\nCervantes, implica una profunda ejercitación de í mismo, un creci·\nmiento de la dignidad humana, una soberanía de la mente liberada\nde toda servil cadena que encarcele la espontánea creación del acto,\ny una contemplación de este mismo por el goce desinteresado de emanado de una voluntad que sólo obedece a su noble energía. Algo del\nvuelo quijotesco había aprendido Sancho, pero no tanto que llegase\na redimirse del peso de su materia, de la gravitación de su interés,\nde la dádiva que le recompesaha, del oro que hacía besar la mano\nque, al darlo, aca o, ofendía. Y Ccrvante se esmera en señalar ambas\nactitudes y ambas conductas. A Don Quijote lo urgen el bien y la\nhonra. Ley de amor es la suya, sobre el mundo exterior, y ley de\ndignidad y honra la que instituye parn su mundo íntimo. Gasta ge·\nnerosamente la realidad de la vida para comprar, en cambio, el sueño\nde la inmortalidad. Cambia sangre por ahna y tiempo por gloria.\nDesdeña todos los bienes por el bien del renombre, pero se afirma,\nestoico, en esa única felicidad, inquebranta]Jlemente hu cada, cediendo\nentera su vida para vencer a la muerte. Y lo hace al estilo heroico,\nno ocultando jamás el pecho a la herida, león entre los leones, porque\nuna muerte bella jamá , para el caballero andante, es una muerte\nreal Y a ese precio se puede ser libre sobre la tierra, porque el que\nnada le pide a la realidad concreta, la sobrepasa y la sojuzga.\nTambién como el caballero, el escudero, junto a él, se aleja cierta\nvez, del palacio de los condes. Si fué burlado Don Quijote, no menos\nlo fué Sancho, si bien es cierto que los burladores, pese a sus dignidades y jerarquías, estaban más cerca de comprender al servidor que\nal amo, y acaso simpatizaban más con la rasa simplicidad del aldeano\nque con el hcroí mo y el amor metafísicos del hérne. Porque sohre\nlo ridículo de Don Quijote, se cernían, levantándose desde u mente,\náguilas y rayos, con los que Cervantes se daba a conocer a í mismo,\n\n-\n\n30 -\n\n�y ahí, en ese volar de los altos ideales, no encontraba nada más que\nun coro de risa . ¿Qué importaba la levantada doctrina del héroe,\nel sacrüicio de su generoso pensamiento, la alteza de sus mira y la\nverdad de su dolor humano, i todo ese mundo se cernía tan encumbradamente obre la gozosa y complacida mediocridad de eñores y\ndamas? La burla da la medida del burlado, pero sólo hasta donde\nlo burladores pueden subir en las escalas del espíritu, antes de\nburlarse. Y muchas veces la ri a se vuelve contra el ri ueño, y denuncia su gro ería, o su pequeñez, o su depravación. Don Quijote lo\nhabía comprendido así. El era caballero para caminos abierto , era\nde los errante , de los azaroso , que velan hu cando el peligro y\nduermen sin temerlo, porque no tienen má verdad que el heroí mo,\nni más ley que l libre impul o interior ejercitándose en la interminable ofrenda del 'bien. Lo muros e clavizan y corrompen. Bajo lo\ntechos no cabe el aire de la gran salud espiritual extremándose en\nempresas limpias y re plandccientes. Los palacios eran, para el caballero, cárcele cómodas y ah1mdantes, donde 1 alma, atada al goce,\nse corrompe como un a1rna e tancada. Bien sallia Don Quijote que el\nesclavo, parn di imularse a í mi mo, sólo de ea mover e ntre e clavos. Y por e o, la riqueza y la adulación de los duques y de todos u\ncortesano , lo ofendían. Y nunca fué má feliz que al romper la hipócrita cadena de oro con que habían lo ociosos paralizado su\nvoluntad. Al volver el caballero a la libre luz y al aire libre de los\ncampo , puesta u mente en el palacio de los condes, traza en e a\nluz y en e e aire el elogio de la libertad, porque con u concepto\ny us palabra limpia su e píritu, y ha ta limpia u propia boca\nde toda la impureza y la mediocridad que e le hubiere pegado en\naquella hermo a cárcel, más csclavizadora cuanto mayor fue e su\nriqueza, su refinamiento, y su falsa genero idad. Le pagaron, espléndidos, la desalmada burla, pero ahora el hidalgo hacía volar, sobre\nlo muro que lo apresaron, la águilas y lo rayos de su libertad.\nSancho, en cambio, no puede llegar a tale extremos.\nvece\nDon Quijote lo levanta en el ala de u di curso. El escudero ospecha\nla majestad. Se desprende de í mismo. Intenta la quijotería. Enflaquece la carne y ensancha el espíritu, pero tra el contagio momentáneo vuelve a caer en sí mismo, conformándose con ser el fiel 3cauidor\nde la locura sublime, pero jamá el loco que e ohrnpone al ridículo,\npara vivir la pl oitud de su sueJÍos.\nSancho ha oído el ditirambo con que u señor acaricio, conmovido, la virtud y la grandeza de la lib rtad. La óptima palabra\nde Don Quijote y la valentía de sus pensamiento , dieron en su frente\nlo repetidos aletazo del alma que e sabe a sí mi ma y no encuentra\nprecio a si,1 clara dignidad. Sobre nube y sobre a tros e tá ubida\nla jerarquía del caballero andante, hecha a rozar, en la imitación\nde lo arquetipo , la divina tra cendencia de la ideas puras. o ceja\nni e de encumbra ante el escarnio, ante bien, la átira que lo ca tiga.\nlo ensoberbece, y obre la risa cínica toma de nuevo altura para\n,obrepa ru:, soberanamente, la talla de lo e carnecedores. Sancho\nlran a. Recibe, a cambio de u grotesca comedia la paga que grati-\n\n-\n\n31 -\n\n�fica al hi trión. Dió Ti a, y recibió moneda . Toda aventura en que\nse comiese ha ta la saciedad o en que un puñado de doblones compensara su escudeól ejercicio, era buena, y digna de memorarse. ¿Qué\nlibertad es comparable, para el bueno y sensato de Sancho, a la de\nu e tancia con lo duques, i ahora, apretada dbre el pecho, pegada\nal latido de u corazón, trae, por obra del mayordomo del noble,\nla bolilla repleta con doscientos ducados? Virtud es el agradecer, y\nSancho, virtuoso según la medida de su frente, agradece el don.\nCalcula según sus necesidades domésticas. Noble también es el metal\ncon que lo honraron. Brilla como la estrella. No quiere el laurel del\ngenio, ni la e pinosa corona del mártir, ni la vehemente inmortalidad\n<lel héroe, pagada con san rrr - y sacrificio. Quiere, sí, la seguridad de\nla carne, la recia mano apretada al pan de cada día. Y como esperanza, la ínsula que le otorgará, según su sueño, más eguridades\nque glorias. Sancho se apega. Don Quijote se desapega. Sancho se\nata a lo actos con ano y natural egoísmo. Don Quijote e desliga\nde us propios acto . Sólo sabe dar. Si se adueñase del mundo, máima ín ula, se de prendería ele él para no manchar el desinteresado\nre plandor de la gloria y para tener motivo y campo de nuevos heroísmos. Vive en poesía. Cada aventura es un canto de su poema, un\ngolpe de alas de su propio ensueños. Su goce es e tético, aunque\nsu brazo ea ejecutivo. A veces el estilo de la acción vale más que\nla acc1on misma. E cuchad la palabra con que prec ele al aolpe, y\nos u penderá la hermo ura, a pe ar de la ironía del Cervantes. Su\nmundo es amoro o y bello. Y por eso es libre. Con el amor sojuzga\nal egoísmo, y con la belleza se desliga de la utilidad.\nLa vi.da de Don Q1üjote, una vez lanzada al riesgo de la aventura\ncaballere ca no e má que una peregrinac10n errante, insensata y\nridícula a lo ojos de Cervantes, y a los de todos aquellos personajes\nque el mismo noveli ta imagina para incorporar una humanidad entre\nla cual se muevan callallero y escudero. El hidalgo ha ahandonado\nus lilnos, al frisar en el medio siglo, para vivir según las circunstancias y las esencias de eso mismos libros. Repentina, su voluntad\npasa de. la contenida contemplación a la acción de lJOrdada, para lo\ncual fué necesario saltar de la razón a la locura. Superpone, de inmediato, al mundo verdadero, según el criterio común de los hombr s, un mundo ensoñado, que emana de su espíritu por obra de una\nimaginación prodigiosamente estética. Es desde ese instante un poema\nvivo. Cada aventura e un canto, C'lda instante, un verso, pero no\nen la forma inconcreta de la palabra, sino convirtiendo el impulso\nespiritual en acto. El héroe no e da tregua. Marcha siempre en busca\nde más extraordinarios azares. Tan poética es la entraña del caballero, que más que encontrar las aventuras, las crea. Desde el principio de la narración, sabemos que el hidalgo ha perdido el juicio\npor leer, sin descanso, los libros caballerescos. Pero su existir está\nometido a una especie de ritmo pendular, en cuyos extremos es loco,\npero no así cuando el péndulo desciende entre aventura y aventura,\npues entonces el caballero razona cuerdo, aconseja a'bio, habla prudente, filosofa ponderado, poetiza certero, y o-obierna sus actos cual\n\n-\n\n32-\n\n�si su mente se acomoda e a la percepc1on real y e ·acta de las cosa11.\nEste procedimiento sagací imo desde el punto de vi ta moral y p icológico, permite a Cervantes agrandar y extender hacia todo los\nplanos imaginables de la vida, el desarrollo de su creación. Y al\nintroducÍl\" una tan fecunda contradicción en la mente del caballero,\ndislocando en una mi ma individualidad la locura de la cordura, está\nen condiciones de formular un juicio universal y de incluír en la\nnovela caballeresca una visión completa del cosmos y del hombre.\n¡Razón y sinrazón! ¿Qué puede quedar fuera de e ta antinomia?\nLa razón abarca todo el plano de la a1·monía, de la lóaica, de la\nobservación, del contenido real e ideal de la vida, de lo concreto,\nde lo ah tracto, de lo inteligible y de lo ininteligible, dibujando el\nuniverso y todo sus contenidos dentro de lo mecanismos universales\ndel pensamiento. La sinrazón, despedaza el cuadro de la inteligencia,\ntÍl\"a hacia los sueño , hacia las aventuradas intuiciones, hacia la fe,\njustificando el arranque de la pa ión, alz;ndo luz imposible obre\nla luz po ihle, creyendo en lo increíble\nen lo absurdo, superponiendo así al orden de la lógica y a la concreción de lo ensihle, el\napar nte desorden de la emana ión interior, de la incontrolada\nfluencia de la imárrene subjetiva .\nLa parodia de la novela caballere ca queda desbordada. Ccrvante , por impulso genial, incluye en su epopeya burlesca la potencia\ndinámica de u arte. La vi ión de u libro e percibe alternativamente\na través de tre planos que se separan en fértile antagonismo , o\nconcluyen en integracion s de con ertantes. El lector camina, corre,\nvuela por el movimiento de los episodios, y por los diálogos y discursos que llenan lo intervalos de la acción vi ihlc con la acción\nuhjetiva de los monólogos, de la peroraciones, y con el elemento\ndramático del dialogado conducido a la suprema verdad humana.\nEl arte de Cervantes lo puede todo. Es creación pura, extraordinariamente animada, plá tica y dinámica, e terior interior, con toda\nlas repre entaciones concreta de la vida, tomada en la verdad có mica con fuerzas de titán y rrarras de águila. El lector, inadvertido\ndel milagro, casi no tiene tiempo de juzgar y de elegir. La simpatía\nhumana de la creación cervantina, lo roba de sí mismo y lo impulsa\ncon el mi mo impul o de los personajes. E como otro modo de vivfr,\nno menos real, en el plano estético, que aquél en que se vive en la\naturaleza mi ma. La potencia aerminadora y reveladora no puede\n·ir más lejos. Tan pronto Don Quijote nos arrebata con su locura sublime y absurda a la vez, o no divierte con sus aventura insensata\ny cómicas, o nos entristece, cuando, levantado sobre la nubes de su\nueños, choca con la áspera realidad, y cae a nuestros pie desde su\nalucinaciones obre el e peso lodo donde, fatales, nos· movemos. Ido\nde u cabeza, momentáneamente, los pájaro de su locura, el lector\ne ubica entre el caballero y el c cudero, y el alto razonar del amo\nlo ubyuga, lo gana como adepto de su sabiduría y de su bondad,\nen la que realidad y vida, aunque vistas de muy alto, se presentan\ncomo do verdades madurada en la má pura reflexión y en la más\nondulante experiencia de lo días. Mas Sancho arguye, terrestre, cla-\n\n-\n\n33-\n\n�vada su lengua de refranes, dm·a y fuerte la frase por la palabra\nvulgar, y densa la concreción casi mineral de sus ideas, crédulo hasta\nla simplicidad y de confiado hasta la •b urla. No ya su mente como la\ndel amo campea por la amplitud del cosmos, sino en el sabor y el\nolor de su aldea, atado su juicio a la reciura de sus sentidos y siempre\nen un reali roo de primer plano, en la manera cómo los ojos ven, cómo\nel oído oye y cómo la nariz huele. ada más fértil que el vertiginoso\ncontraste entre el caballero y el escudero. Del desbordamiento de la\nlocura aventm·era, pasamo al ensueño razonado de las utopías quijotescas, y tras e to, al realismo pragmático de Sancho, apegado a la\nnecesidad perentoria y al goce sencillo que a eguren la vida, no en\nel desplazamiento metafísico de su señor, sino n las realidades que\natan el alma a la prepotencia del cuerpo, y el cuerpo mismo a]\nespesor soberano de la tierra.\nAgreguemos todavía la presencia múltiple de todos los seres que\nforman el coro vario y matizado de esta univer al tragicomedia, en el\nque caben el señor y el aldeano, el canónigo y el barbero, el ciudadano\ny el campesino, el pícaro, el bachiller, la dama , las doncella , las maritornes los ambiciosos y los decepcionados, todas la formas y estilos del\namor, de la verdad, de la m entira, del interés y de la genero idad, ya en\nel episodio que promueve la ri a, ya en el que u cita el llanto, y todo\nello en un impulso de la vitalidad y de la crnación humanas, que\nparece de prenderse de la Naturaleza como en un crecimiento de\nelva y como en una urgencia de abrirse paso en la esfinge del ser.\nSi el que ve, habla y actúa e Don Quijote, todo ello se levanta, o\nbien en la torrencialidad de una locura sublime, o bien a los niveles\nmás alto de una concepción idealista de lo creado. Si el que mira,\nse mueve y comenta es Sancho, aquel uoiver o uperado en los planos\nde la quinta esencia y de la idealidad, cuaja su ensueño en los moldes\nrecios de la sensación directa, y se plasma en la estructura inque·\nbrantable de la materia. Pero si el que contempla y discurre es\nCervantes mismo, notái una superación estética de todo eso mun·\ndos. La pupila del poeta se ensancha como el univer o mismo, y su\nvisión no es una particularidad, sino una universalidad donde todo\ncabe como representación de la belleza, como imagen y concreción\ndel co mos y de todo us contenido . El poema abarca la integridad\nde la vida, pero como si el creador sobrenada e más allá de todas\nlas experiencias parciales del hombre, y en la altura, al modo de\ntm dios, dispone, ordena, mueve, pinta, esculpe. Es el mago. Tiene\nen su frente todas las clave de la acción. Devuelve al mundo donde\nnació un mundo uyo, no menos verdadero que el otro, pero má\nesencializado, más concentrado, como despué de una elección de\ntodos los valores y de todas las posibilidades. E , como todo el arte,\nun sueño, una prodigio a vi ión per onal, pero oñada al modo del\npoeta, no por el interés que apega al ueño mismo, sino por el goce\ndivino de la creación purn y de la pura belleza de lo sueños. El\nlector no puede ya más descansar o fatigarse. No hay posible tedio,\npues en la riqueza lograda, toda monotonía se elude. El lihro puede\nfluir en copio o capítulos. Todo cabe en él. Lo real y Jo imaginado,\n\n-\n\n34 -\n\n�lo verdadero y lo quimerico, la acc1on concreta y la libre dinámica\nde los sueños, el pensamiento estricto y los utópicos vuelos, van de\nla mano en esta sinfonía que tiene por instrumentos todos los poderes\nque integran al hombre.\nEn Don Quijote, perdido ya por los extremos de la locura, la\ndimensión infinita del ideal rompe el cuadro de la realidad, tal como\nla sueña el promedio de los hombres. Su personalidad se agudiza\nhasta el desequilibrio. La vida vulgar, donde está obligado a moverse,\npor fatalidad humana, carece del incentivo de la aventura al modo\ncaballeresco. No hay sal en el barro de las frentes. La tierra reposa\nvacía de heroísmo, reclinada en su propia miseria. ¿Cómo ser caballero en un mundo que ha perdido la dimensión de los grandes\ndeseos, donde la imaginación ha cedido ante el análisis, donde los\nmitos maravillosos de la caballería andante son destrozados por el\nrigor de la crítica, donde la uniforme medianía ríe del señorío de\nla grandeza, donde la fe y el ansia no pueden volar más sobre el\nClavileño, donde el canónigo mata a Cristo en la fiebre del caballero,\ndonde el duque se solaza despedazando con la burla los 'b lasones de\nJa verdadera nobleza, donde el bachiller, modelado en las heladas\naulas, postra la exaltación a sus pies para cortarle las alas a la locura?\nPara sostenerse, para erguirse, Don Quijote necesita la fe incalculada,\nel amor inmedible, el sueño innumerable, la continuidad de la esperanza, el huracán de la voluntad, la locura encumhrándose sobre\nJa carcajada y sobre la som·isa, es decir, necesita la transfiguración\nde las cosas vulgares, el tirón del ideal desde el cielo de las esencias.\nNo hay renuncia posible. El alma no puede evitar la empresa. Saltará desde la frente de Cervantes como el rayo salta del entrecejo de\nZeus. Su espada trae una luz desconocida u olvidada por los hombres.\nBlandirá la hoja resplandeciente, y creará el milagro desde adentro\nde sí mismo. Viene a parir de nuevo un mundo que fué viejo, pero\nque lo ha rejuvenecido en el yunque de sus entrañas. Todo lo invertirá desde adentro suyo. Es el Prometeo de una llama inesperada,\nel Cristo de una cruz que vuela. Puede, porque cree. La oscura tierra\nestá sometida a la barbarie y al despotismo de los gigantes, que\nsiempre los hubo, a la . egoísta perversidad de los soberbios, a la\nmagia negra del oro, a la poltronería y la mediocridad de los cortesanos, a la sombra espesa de los malvados y los pícaros, a la mentira\nde los impostores. ¿Cómo no levantar el brazo, y con él la lanza,\ny con ésta la justicia y el amor, para devolverle a la tierra el mito\nprimario de la Edad de Oro? Todo se puede trasmutar porque todo\nemana desde adentro del hombre. El universo es idéntico a quien lo\nmira. Don Quijote, ya enloquecido, desdoblándose, contempla el\nmundo, y el mundo, como sueño de su locura, es creado repentinamente desde adentro de sus ojos.\nEl tono individual y el tono de los pueblos lo dan la intensidad\ncon que dominan la materia, para luego desprenderse de ella, y crear\nJos valores de la alta conciencia. Es entonces que da comienzo la\ntrasmutación de la tierra y del hombre, de la acción y del destino,\ndel anhelo y de la esperanza. Acaso Don Quijote llevó este salto\n\n-35-\n\n�demasiado lejos. Aspiró a ser el arquetipo. Le faltó tierra bajo su\nmarcha. Transfiguró todo su ser según su locura ilimitada. Vivió en\nsus propios sueños, rodeado de su fantasía, como una estrella Jo está\nde su luz enceguecedora. Fué a la vez la poesía y el heroísmo. Una\nnaturaleza estética sumergida en una naturaleza activa. El acero de\nsu espada pudo ser con más acierto el metal de una lira. ¿No fué\ntambién el poeta Cervantes el héroe de Lepanto? Hénos ante un\nensoñador de la acción que se extravía en un universo de fantasmas.\nCada una de sus aventuras es un poema vivo. Tomó su propia perfección en su voluntad, la lanzó fuera de su alma sobre el mundo,\ny al entrar en éste, sus gigantes se convirtieron en molinos. Cada vez\nque despertaba en su encantamiento, extremaba su locura para no\nmorir desencantado. La abundancia de su corazón no se agotaba\nnunca. Dulcinea era infinita, como lo es la necesidad de la justicia,\ndel amor, de la bondad, de la poesía, del heroísmo, al que crea su\npropia perfección. Su locura es tan sublime como el bien. Si no la\nhubiera vivido humanamente, sería un dios. Por vivirla, es dolor y\nrisa. Sí, leemos hoy su poema, y reímos dolosamente, es porque Don\nQuijote es una franja del hombre, tal vez la más alta, sin la cual\nel hombre mismo se sumerge en la oscura animalidad o en la opaca\nmateria.\nEl universo es doble. Sancho no lo sabía, y Don Quijote no lo\ntuvo en cuenta. El pensamiento del homlne es ima creación que se\napoya sobre otra creación. Los molinos son a la vez molinos y gigan·\ntes, así como el caballero de la Mancha es viejo en la realidad )!\njoven en su propia idea. Si suprimimos el universo de Don Quijote,\nla tierra no será más que un astro ciego y una fuerza oscura. El\ndrama de la conciencia tendrá por teatro el estómago, y por poeta,\na Sancho Panza. ¡Aquí, pues, del caballero andante! No lo mató el\ndesencanto, ni la derrota, ni la melancolía, ni el desabrimiento. Ni\nla ironía de Cervantes pudo con él, ni la risa del mundo . El divino\nMiguel lo destinó a la burla, y el caballero ha acabado por burlarse\nde su padre, y para gloria de su padre. Y ~es que Cervantes lo mata\ny lo crea, lo ridiculiza y lo sublima, lo aniquila con su ironía y lo\nresucita con su amor. Lo levanta sobre Rocinante para derrumbarlo\nbajo la carcajada de los hombres, y lo eml)ellece tanto, y le da tal\nbrío a la bondad de su corazón, y le extrema tan sabrosamente la\nternura de sus amores, y con tal ardor le hace resplandecer sobre\nsu casco la estrella de la justicia, que en lugar de una comedia escribe una tragicomedia. Y su héroe es doble, como lo fué también\nla vida de Cervantes. Y el llanto invisible de Don Quijote es así tan\ngrande como la risa visible que despierta. Y la humanidad entera\nestá en ese equívoco. La risa extremada acaba por hacerse inexplicable aún para el mismo autor del poema. Mientras la razón y el\nrealismo de Cervantes ríen con su ironía, su heroísmo y su corazón,\nescondidamente, gimen por el Caballero de la Triste Figura. Nunca\nuna situación más cómica y mas sublime. Nunca una verdad más\nsemejante a la del hombre de todos los siglos. Porque en la eterna\ncontradicción de todas las cosas, el hombre se desdobla fatalmente.\n\n-\n\n36-\n\n�Así lo comprendieron los griegos creando la tragedia y la comedia.\nPorque si los gigantes son molinos de viento, la vida es cómica. Y\n¿quién sabrá nunca la verdad de los gigantes y de lo molinos? No\nhabitámos sobre la tierra, sino que habitamos sobre el misterio. ¡Oh,\nseñor Don Quijote, la razón y la sinrazón, nos permiten afirmar que\nla clave de la comedia puede ser la tragedia y que la clave de la\ntragedia puede ser la comedia! Y eso eres tú, Caballero Andante, el\nsublime absurdo de la tragicomedia humana!\nCervantes comprendió la clave del sueño, la doble ingenuidad.\nSu risa hizo transparente la esfinge del hombre. El filo de su ironía\nabrió el tejido de las apariencias, y nos asomó a la locura vacía del\ncaballero. Y abrió la densidad de la materia, y en los ojos de\nSancho nos deslizó al vacío candor de las sensaciones. Su tercera\nvista no vió y juzgó desde la tercera dimensión de la esfinge. Se\nburló del doble sueño, pero como no hay vida posible in el uno y\nsin el otro, su ironía se convirtió en su propio problema. Fué demasiado lejos, y se hubiera extraviado destrozando la vida por desflorar\nsu enigma. Mas quiso, y pudo salvarse. Sobre la meseta de Castilla,\ngrave y austera, construyó una cruz, atravesando como dos maderos\nel cuerpo de Don Quijote y el cuerpo de Sancho Panza, y en esa\ncruz humana se enclavó a sí mismo por humana necesidad de amor.\nRió el llanto y lloró la risa. Fué má allá del hombre, a fuerza de\nalejarse de él para retratarlo desde una perspectiva en la que se\nsintie e liberado, a fin de ser más verdadero, de· la tiranía de aquellos\nque retrataba. Y en esa soledad trascendente se encontró a sí mismo,\ntan hombre como los hombres de su poema. Se miró. Se estremeció.\nNo podía ya renunciar a su empresa. Era su destino. La obra del\ngenio es una fatalidad, como el rayo. Y mientras se burlaba de sí\nmismo burlándose de los sueños del hombre, su sátira se le hizo\nherida y su pecho ensangrentado se le hizo amor. Por eso no nos\nabandona. Por eso es nuestro camarada. Por eso, nos desencanta,\namándonos, y nos hace tropezar con su burla, y nos sostiene a la\nvez para no vernos caer, i·epitiendo su propia caída. Y por eso se\ncrucifica en la cruz del hombre, en la cruz del ensueño atravesado\npor la realidad. Y esa cruz suya es el amor con que e salva, como\nhermano nuestro, y con que nos salva a nosotros, blanco de perdón,\ncomo hermanos suyos!\n\n-\n\n37 -\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"7"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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