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                  <text>IRRUPCIONESl Mario Levrero

(66)

P~LATO hiene del número anterior): SEGlJNDA y ÚL Tfll~ PAJ.~TE

~

. 't..J'W.¡1)
\""

Me recosté contra uno de esos pasamanos retorcidos y miré hacia arriba; no era fácil ver el
techo, por las muchas "vueltasy esquinas que presentaban las paredes, e incluso por momentos se
creaba la ilusión de (fue no había techo, o de que el techo era muy claro, como si tuviera una
claraboya, por(jlle la sensación que experimentaba era más bien de estar afuera que adentro; y sin
embargo el lugar en cenado y bastante estrecho, y además sin formas visibles de salida" Me
parecía imposible no poder desandar el camino; yo no había hecho ningún movimiento
extraordinario como pan haber accedido a ese lugar del que parecía imposible volver atrás; sólo
había caminado un poco distraídamente"
(~
No sé desde dónde, si salió de algún apartamento cuya p erta yo no tenía a la vista en ese
momento, o si venía desde un lugar parecido al que yo t ia
recorrer; lo cierto es que
apareció un hombre que de inmediato se acercó a mí de una manet-a que podía considerarse
amistosa. Era un hombre bastante mayor, al que sin embargo no correspondía llamar viejo,
especialmente porque tenía un aspecto dinámico y jovial, con una permanente sonrisa en los
labios, aunque cabe señalar que la sonrisa no parecía muy sincera" Este hombre se dirigió a mí
sin sorpresa, como si encontrar a alguien en mi situación fuera la cosa más natural del mundo, y
comenzó a hablar tluidamente acerca del edificio y sus raras formas arquitectónicas, y muy
especialmente acerca de la persona que lo había ideado y había llevado adelante el proyecto de
s_u_c_o_ns_tru-:-c_C::&gt;~&lt;ót::..l
A_I-:p~ar
e:...:c--.:er,
esa persona era una mujer" Pronto me di cuenta de que este hombre
era una de (sas pet"s.§)
quienes les agr-adahablar mucho, hablar constantemente, y creen que
sus palabras son muy interesantes para todo el mundo, sin detenerse a pensar en la oportunidad
de sus discursos. Lo interrumpí para preguntarle dónde estaba la escalera"
-¿Escalet"as? --preguntó a su vez, con expresión de SOtpresa;de inmediato sonrió,
como haciéndose cargo de que yo había llegado allí por alguna ruta poco legaL- No -dijo,
divertido-, escaleras no hay -y pasó a explicarme un complicado sistema mediante el cual yo
podría salir; pan empezar, había que pararse encima de esa baranda retorcida, que estaba
fabricada con algo parecido a aluminio esmaltado, algo liviano y elegante, ~~tálic{rígid&lt;D
Jf
pero no muy fuerte, y que al mismo tiempo por su forma no permitía ninguna base de
sustentación confiable; después, con los brazos levantados, había que aganarse con la punta de
los dedos de unos salientes que se veían allá arriba, como pequeños aleros, y forzando al máximo
los músculos ir elevando el CUetpOhasta alcanzar 10 que parecía ser el techo del apartamento.
Moví la cabeza negativamente, descartando con horror la idea" El hombre continuaba sonriendo
jovialmente, y al ver que yo no intentaba ninguno de los movimientos que me había indicado
retorno su discurso sin más trámite" Hablaba de aquella mujer con la reverencia y admiración con
que se habla de los pioneros; evidentemente, el hombre era un adepto a esa figura, y con sus
anécdotas trataba de crear una especie de leyenda. Contó que una vez ella fue capaz de importar
de Escocia sesenta litros, o cajones, o toneles de whisky; en principio entendí que se trataba de
litros, pero luego me pareció que era una cantidad muy pequeña para que ese hombre 10 señalara
como un ejemplo de solución magnánima; al parecer, el whisky había servido para llevar adelante
la construcción del edificio, no entendí bien, porque el hombre no 10 dijo, si por haber sido
utilizado pat"asobornar a los peones, o capataces, o responsables de la construcción material de

�la obra. El discurso daba la idea de una mujer con una gr-anvisión de futuro y un gran empuje,
capaz de llevar adelante un proyecto muy difícil, casi imposible, y a la vez necesario y generoso,
importante para el país. Era un discurso típico de los momentos más pujantes de la er-aindustrial,
y este hombre par-ecía dedicar su vida y toda su energía a este tipo de panegíricos _Yo no veía
manera de salir de allí y mi necesidad de un cuarto de baño se iba haciendo más urgente; imaginé
que ese hombre iba a entrar en el apartamento junto a cuya puerta estábamos conversando, y que
tal vez si yo me mostraba cortés y paciente con él, me dejaría usar su baño; pero en ese momento
llegó un grupo de personas, sin que me percatara desde dónde _Eran tres, cuatro o más hombres
de aspecto dinámico, más jóvenes que mi interlocutor, y tenían ropas claras, que incluso podrían
confundirse con túnicas blancas; por lo menos el que encabezaba el grupo estaba vestido así, ya
que a los otros no les presté mayor atención. Este hombre era alto, usaba lentes sin aros y tenia
una cara mas bien llena, aunque no redonda. El grupo podría pasar perfectamente por un conjunto
de estudiantes de medicina haciendo la recorrida de las camas de un hospital junto a su profesor,
en ese lugar, el! cambio, pensé más bien en ingenieros, o gente de algún modo relacionada con la
construccióhft&gt;~4ue era precisamente de este terna que trataba el discurso del otro hombre. Me
dirigí de inmediato a quien encarnaba ese rol de profesor y le pregunté por dónde habían llegado,
pues yo tenia sumo interés en salir de allí y no encontraba las escaleras.
-Ah, no hay escaleras -dijo el hombre, sonriente, mirando a sus compañeros como si
compartiera una ocurrencia. Todos, al parecer, 10 festejaron-e-. Sí, a veces llega aquí gente que
después no encuentra la manet-ade salir -y volvió a sonreír ampliamente.
A mí me resultaba de lo más perturbador haber llegado hasta ese lugar sin saber cómo. De
pronto, a uno del grupo se le ocurrió decir:
-Pero hay un ascensor.
-¡Claro!
-exclamó
el de lentes, muy solicito++ Casi no se usa, pero anda
perfectamente. Aquí está -agregó, señalando algo en una par-edblanca que había frente a donde
él estaba parado. Me acerque y vi que, en efecto, allí había algo muy parecido a las rejas de un
ascensor antiguo; es decir, una puerta corrediza hecha de pequeñas varillas metálicas, pintadas de
negro, trabadas de tal forma mediante remaches que al abrirse la puerta se disponen casi
verticalmente todas, ocupando muy poco espacio; en cambio, al correrse la puerta en el sentido
inverso, tienden hacia la horizontal, y hacen que 1 uerta cubra toda la abertura de la pared.
Detrás de esta puerta enrejada podía ver-se un espacl01 ~sCUt-Oque, supuse, seria la caja del
ascensor _
------¡Apriete el botón, apriete el botón! --me urgió una voz, como para evitar que el
ascensor fuera reclamado desde otro piso, mientras varios ayudaban en una tarea de adecuación.
Evidentemente, el ascensor no se usaba muy a menudo. Tenía un candado, que fue abierto, y
descorrieron la puerta. En el interior había objetos de madera, como paneles barnizados, incluso
un banco de escasa altur-aque COl-ríatodo a lo largo de la par-ed del fondo del ascensor, y algunos
listones de madera, también barnizados; creí ver además papeles de diario que cubrían algunos
sectores, como protegiéndolos del barniz que estuvieron aplicando 'S: esos eejet9B de madese. Las
paredes de la caja del ascensor eran también de madera barnizada, veteada, y tenían espejos
largos y angostos a los costados, pero no en el fondo. Me recordó esos objetos antiguos, como
reliquias, que pueden encontrarse a veces en las casas de remate.
-Ya está --me dijo el hombre de lentes-e-. Suba nomás, que todo está bien.
Yo mostraba cierto recelo, y se me notaba, POt-lo que insistió, amable y firmemente.
-Suba, suba -decía-_
No hay nada que tenler-_l\-1archaperfectamente.

t~

?

�Les di las gracias a todos ellos y entré a la caja del ascensor. Alguien cerró la puerta
enrejada y yo cerré unas puertas interiores, de madera .•..
ridriada, que permitían ver hacia afuera, y
sin necesidad de apretar ningún botón el aparato se puso en marcha. Arrancó lentamente, y en
pocos instantes cobró una velocidad importante, que en cierto momento casi llegó a ser de caída;
no logré ver gran cosa a través de los vidrios, apenas una impresión de pisos que iban quedando
atrás, o arriba, en parte por la velocidad pero sobre todo porque la iluminación de esos pisos era
demasiado pobre, o difusa, como para perrnitirme individualizar imágenes o al menos hacerme
una idea de cómo eran esos ámbitos; y cuando empezaba a temer que el viaje se prolongara
mucho más, y siempre a velocidad creciente, se sintió el accionar de unos frenos, suaves pero
efectivos, que fueron reduciendo gradualmente la velocidad hasta que el aparato se detuvo.
Había llegado sin ningún problema a la planta baja, o donde quiera que fuera que me habían
enviado. Salí del ascensor, pensando cómo debía dejarlo, si con las puertas abiertas o cerradas, y
vi que en el suelo de la planta baja había más papeles de diario y más objetos de madera
barnizados o en trámite de serlo; había además un tacho con barniz y un pincel. Miré alrededor
pet-Ono vi a nadie a quien preguntar qué hacer con el ascensor, y resolví cerrar las puertas,
aunque me parecía que antes debía acomodar en su interior esos listones de madera que estaban
sueltos sobre el piso. Finalmente me desentendí de estas cavilaciones, dejé el ascensor cerrado y
salí de ese pequeño espacio, pensando que por una puerta que veía, bastante amplia, con marco
de metal, accedería a aquel mercado y a sus cuartos de baño, pero me encontré en un espacio al
aire libre, más amplio pero también reducido, que parecía corresponderse con los fondos de una
casita. Se trataba de un jardín, con dos o tres árboles no muy frondosos, piso de tierra, y un cerco
todo alrededor que me aislaba nuevamente de la calle; ante mí estaba la pared del fondo de la
casita. Ahora no había duda posible: no tenia otra manera de salir de allí que entrando a la casa,
por una puerta que veía en esa pared; la puerta tenía una cerradura tipo Yale. También se veía un
par de ventanas, con los visillos echados. Mi necesidad de ir al baño ya era insoslayable; el
mecanismo de entretener al que duerme para que no se despierte comenzó a dar muestras de estar
perdiendo el dominio de la situación, ya que volvió a echar mano de aquel hombre insoportable
que hacía discursos allá arriba_ Apareció, sin ue su iera desde dónde, y trató nuevamen -con
aire
amable y sonri
e conversació - ero yo ya estaba alerta, me dije
las
cosas ha ian legado a punto insostenible, y logré despertarrne.
(Fin del relato).

�IRRIJPCIONES/

67

la puert.a del hotel, en el balnear o, caigo en la fascinación de los trabajos de una
hormiga que se mueve cerca de mis pies. E piso es de pedregullo. Es un día de viento
corL~iderabll La hormiga cat-ga con un trozo en rme de hoja ver-de, algo mucho más grande que
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resultarájPorque me levanté pesadamente del a iento donde estaba tan cómodo y seguí el camino
de hormigas, en el que por cierto otras hormi as vivían fatigas similares, aunque con distintos
grados, y vi que el caminito se extendía hasta lUy lejos, hasta quién sabe dónde,.;y había que
fl.f1;~Mpor un túnel de rígidas matas de pastos ue fatalmente engancharían las hojas de cierto
tamaño. De cualquier manera, los hormigueros saben cómo regular estas cosas y a ellos no les
importa sacrificar cualquier cantidad de esos estúpidos individuos que sólo saben cumplir
órdenes,iO morder- el trozo que le han destinado y llevar-lohasta donde puedan, mientras les quede
alientfkual que nosotros.

Desde el mismo cómodo sillón, en el porche del hotel, sorprendo un movimiento particular,
muy leve, en un seto cuidadosamente podado en forma de muro que corre a unos cuantos metros
a fachada del edificio. El movimiento era como el aleteo de una mariposa o, para ser más
preciso, c
el ú~co movimiento de las alas de una mar-iposa al plegarse una contra otra. Tal
vez el movimiento üe e llamó la atención, a pesar de mi miopía, porque no seguía la dirección
del viento, que sopla a hacia mi derecha. Pero no pude distinguir ninguna mariposa.
Al rato, vuelvo a captar un movimiento parecido. Me obligo a un registro minucioso,
siempre a la distancia, forzando la vista, y me parece distinguir la forma de una mariposa~
"mal ipesa grande y oscura, pero no negt-a como esas mariposas nocturnas que suelen confu~
con murciélagos; su color era apenas un poco más oscuro que el verde de las hojas del seto1fal
vez fuera simplemente una hoja, o un gmpo de hojas, que a la distancia, por alguna razón, se
veían distintas. O un objeto cualquiera, o un capricho de mi imaginación. Porque si realmente
fuera una mariposa tendría que haber levantado vuelo, en busca de un lugar mejor; allí había un
viento molesto, no estaba protegida, no tenía nada ~e hacer allí. _ _
_. ~ ~
Hubo, al rato, un nuevo aleteó, y no pude más con la curiosidad. Dejé ~,.del
asiento y caminé sobre pedregullo y después sobr-e césped, hasta llegar-junto al seto. Y allí
estaba. Una mar-iposa rara -al menos, rara para mí-, con un delicado, complejo, delicioso
dibujo en las alas; de inmediato se me asoció ese dibujo con motivos persas, no sé bien la razón;
algo que hubiera visto en algún libro, o en alguna película. -4'awbi-én @t-eícomprender que la
mariposa era vieja, muy vieja. Estaba aferrada a ese lugar-azotado por el viento, y era el viento
10 que la obligaba a veces a mover las alas, porque probablemente no podía volar en @S~
CQt).dicienes: una de las alas tenía un pequeño desgarrón yeso probablemente le debilitaría tanto
la fuerza como la capacidad
rientación del vuelo. Pero había algo más que hablaba de vejez;
el esca:
del laborio o dib
tonos daban la impresión de haber sido opacados por
el tiempo
, ya que era el tipo de dibujo y de color que exigen
brillo, Y vi también una extr-ema vellosidad en el cuerpo y la cabeza del insecto, (iue me lo
~1l.C.1_1maginar como un anciano de barba. El conjunto imponía respeto. Por un instante tuve el
Impulso infantil de atraparla y guardaría en una caja. Pero en segui
pensé: que muera en
Ik.~

J~(u..",

)~

l..

\t- o~·
"O

\

�Iibertad. Y ahí 10. dejé,

aferrada

o. uno. remita del seto. Al otro dio. yo. no estebe o.llL Lo. bU:9cJUé

durante unos minutos por los alrededores, pero ya no estaba.

Por la tarde, una tarde ventosa y gris, fuimos en auto y quedamos estacionados sobre un
montículo desde donde a no mucha distancia se veía el mar embravecido. Es lindo observar la
violencia de los elementos desde un lugar protegido. Dejé perder la vista, ávida de horizonte
después de tant.a pantalla de computadora, hasta que de pronto me pareció ver algo imposible:
algo como una hormiga que llevaba una hoja verde más alta (iue ella, pero en el mar. "Wind
surf", dijo mi mujer, que también lo había visto. Sí, un hombre, aparentemente sin que ningún
poder' superior se lo hubiera ordenado, repetía la historia de la hormiga, y para peor en el agua.
'=.H La ~ela v,erde era c~ntinuamen~ azotada p.or el viento ya. veces con tal fuerza que derriba~a al
;;:U surtista. El se reponía, se orgaruzaba, volvía a armar trabajosamente todo el aparato. Después el
viento lo volvía a derribar, y él volvía a reconstruir el sistema. Y después el viento lo ""IGlvi9--tt"
\.. -aerrib~7pero no se le vio reaparecer. «¿Y ahora qué hacemos?" No había nada que hacer;
aunque hubiéramos tenido los medios y hubiéramos sabido a quien avisar, nadie podría haber
llegado a tiempo para salvarlo. Y el tiempo pasaba, del modo que suele pasar en esos casos; la
angustia suele estirar' al tiempo como un chicle; imposible tener una medida. Más de un minuto,
creo yo. Bastante más. Pero no cronometré, no miré el reloj; estaba pendiente de la falta de
sucesos en ese lugar donde había visto hundirse al hombre y a todo su equipaje, y tenía un
sentimiento de total irrealidad: yo no podría haber sido testigo de tarnaña estúpida tragedia. Y
allá surgió de pronto la cabeza. Y luego la tabla, y luego la vela. Y aquel aparato volvió a ser
armado trabajosamente. YCa hormiga siguió su camino.

y

................................................

kyolu}"t~k...

?

�(69)

Hace tiempo, por suerte, que no fue visita; pero sé, íntimamente, que no debe faltar
mucho ,t'c.u.u ~c.\.
1~ 1"'I1";"v1i"1'l~
¡:;&lt;:.' 111'l~ "lT'¡P'¡~
P&lt;:.'1"'I~tro&lt;:.'~ r~u.p
1"'I1'"ronllrp
111'l
n~uro1'"
...~L.:J&lt;C..\. hrorr.jh1p
'1 '-o rup lJ.L\J~~~·'-·
\.•..•. 1:'''''"\,
.1..1.1.

l.. -,1.I ..\.J

1"'I'H"~

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~

U-.l.l.L.t.

.l.J.:~.I~..I.~V.L'-·,

'-'~'t'&lt;C.u.J.I..'U'¡Jc.l.:o

.1

L'

.L

V.L

indecible. La veo cruzar la calle, desde mi ventana en el primer piso de aquel apartamento
que ocupé durante tantos años en la calle Soriano. La veo y veo que levanta la cabeza y me
mira -es a mi a quien busca- y trato de levantar todas las barreras posibles para impedir
que llegue: cierro las persianas, cierro la ventana, pongo una cadena en la puerta, y me
quedo allí aterrado, palpitante, hasta que me despierto sudando.
Bueno, en realidad fue así la primera vez, hará unos quince arios, tal vez no tanto. La
segunda vez fue un poco diferente, apenas diferente, pero 10 suficiente como para hacerme
pensar. La vieja seguía siendo horrible, pero no tan horrible; yo seguía teniéndolemiedo,
pero no tanto miedo, e incluso junto con el miedo había mezclado otro sentimiento, algo
parecido a la piedad, corno si dijera «pobre vieja". Volví a rechazarla, y volví a despertarme
inquieto, pero ya no sudando ni con palpitaciones, sino con una gran profundidad vacía de
pensamiento, un gran signo de interrogación.
¿Cótno será la próxima vez? ¿Llegará a parecerme una mujer hermosa? ¿O la piedad
será tan grande como para dialogar con ella aunque siga siendo horrible? ¿Dejaré que me
lleve? ¿En esta próxima aparición, o en la siguiente, o en alguna otra más distante en el
tiempo?

*
Irrupciones

de lectores.

Me escribe Jorge, un hombre que ha adquirido sabiduría ¿entro y fuera de
universidades. Me dice que está muriendo; que todos estamos muriendo, pero en él esta
consciencia se hace más lúcida y urgente como consecuencia de un diagnóstico médico. Le
pedí un comentario sobre este texto de aquí arriba, y me respondió, siempre gracias a la
magia del correo electrónico:

sabes que el tema me subyuga, me somete intelectualmente, me interna
descabelladamente en el rincón ineludible de los pasos inciertos, me deleita apurando la
ilógica curiosidad Esa Señora 'vieja horrible que levanta la cabeza y te mira, irá
mejorando sus relaciones contigo a medida que se acerque y consiga decir en tu oído que
sólo tienes que entrar con los despojos, pues ella desde siempre se ocupa del resto y en ese
resto jamás se le ha ocurrido incluir al sujeto. La verás menos vieja, casi hermosa,
transitar con tus cáscaras en el universo fascinante de las transmutaciones mientras tu
sujeto ... (aquí se agazapan los miedos adquiridos) ...quién sabe qué hace. '.'
cc •••

�*
"[Soy demasiado joven para morir!", "[Soy demasiado bueno para morir!" pensaba,
muy triste, el perro Snoopy; su casilla estaba amenazada por un enorme carámbano,
estalactita de hielo que podía desprenderse en cualquier momento, mientras Charlie Brown y
Linus le gritaban que saliera de allí, que corriera. El pobre Snoopy estaba demasiado
aterrado para moverse. Y su siguiente reflexión era: "¡Soy demasiado yo para morir!"
y ése es el asunto: el yo. El yo es 10 único que muere, el yo es esa ficción utilitaria
que el ser humano necesitó crear para sobrevivir. Pero el ser no muere -ese ser que es
ácido nucleico, y que es mis padres y mis hijos y mis amigos y todos los perros y todas las
hormigas y todas las plantas y... y detrás de ese mar de ácido nucleico hay todavía una
voluntad, la voluntad de vivir que 10 creó, y con unos pocos elementos y mucha paciencia
esa voluntad puede volver a construir la vida allí donde desaparezca El problema de la
muerte es el problema del yo. Por eso, quizás, como cada vez se quiere poner mayor
distancia con la idea de la muerte, y nos quieren hacer vivir olvidados de la muerte, y nos
quieren prolongar la juventud y que luego desaparezcamos limpiamente sin que los demás
se enteren demasiado de los detalles. _. por eso tal vez aceptamos ser masificados por la
publicidad, por los líderes, por las formas infinitas del trance y del olvido de la vida que nos
ofrecen, cada día más, esos oscuros organizadores de nuestra esclavitud.
Cuando llega la hora de morir, si nuestro yo está disuelto previamente, no hay muerte.
Podemos disolverlo voluntariamente, por medio de una sabiduría que ciertos trabajos
permiten alcanzar; disolverlo y crearlo voluntariamente, como se carga un programa en la
computadora a partir de unos archivos sueltos. También podemos hacer corno la mayoría, y
dejar que otros disuelvan nuestro yo a su antojo mientras, de paso, construyen sus pilas de
moneditas; lástima que de esa forma habremos pasado vanamente, sin haber siquiera atinado
a soñar con nuestro real, positivo, verdadero Ser.

Posdata: Snoopy se salvó porque Charlie Brown le hizo negar hasta la casilla el
aroma de una pilla recién hecha, su comida favorita, y la gula se impuso al terror y
Snoopy salió corriendo hacia la pilla un instante antes de que el carámbano cayera y
partiera la casilla en dos.

.-,

¿

�IRRUPCIONES/ Mario Levrer

(71)

Hi amigo había vi '¡ - do nu..ichas expe rí.e nc as de tí.po par-anor-mal, y
es t oy seguro de que
leyó la ment.e" carrtí.dad de veces;
esto,
al
corrt re ra o de lo que la gente cree y esper-a: no implica ru nqún "pode r"
especial
sino más bien! en la mayoría de los casos!
alguna clase de
debilidad,
ya que esos fenómenos se dan a expensas del \'yo-'-'. Pero voy
al hecho de que mi amigo, con esas experiencias,
se había vuelto muy
crédulo
y sugestionable,
y muy entusiasta
de lo maraví.Ll oeo y lo
inexpllcable.
Hace unos cuantos anos, este amigo me visitaba
con t re cuenci.a porlas t a rde s r t omábamos mate , fumábamos y charlábamos.
Hás bien e 1 que
charlaba
er-a él:
era un gran conver-sador
y s i.emp re tenía
alguna
hi5toria
interesante,
y si
no era
interesante
la
hacía
aparecer
lnteresante
por el modo de contarla.
A veces se hacia la hora del té y
entonces
lo invi taba con té,
pan tostado
y queso.
Como yo era muy
pobre, él siempre insistia
en comer la cáscara del queso, diciendo que
era lo que más le fiustaba,
y lo mí smo con alguna
tostada
que se
quemara.
Después de un tiempo fui advirtiendo
que su presencia
en mí. casa a
la hora del té se hacía
cada vez más fr-ecuente,
como si va ní e ra
expresamente
para eso. Esa presencia
no implicaba
ningún gasto extra
importante,
ya que además de que él no er-a exigente
con las tos t adas y
el queso,
por mí, parte
poru.a un montonci to de un té ba r ato en un
colador- metálico
y después echaba agua hirviendo
en la taza,
a t rave s
del colador;
nada de sobrecitos
ni de otras sofisticaclones.
Y si había
segundas y terceras
tazas,
salían siempre del mismo pufiadito de té.
-¿Cómo lo querés? -le preguntaba,
o le habré preguntado la primera
vez, porque de ahí en adelante
era él siempre quien sacaba el tema.
-Para mí, bien cargado -decía,
':l se quedaba mí rando fijamente
la
taza. Ye- prefería
el té ba en liviano,
casi incoloro.
Le servía entonces
su taza de té bien cargado, echando el agua por el pico de una caldera
que había calentado
sobre un viejo primus, me servía mi taza de té bien
liviano,
y seguia escuchando sus histor-ias.
Empecé a notarle
una mirada rara,
ent.re burlona y desafiante,
y a
veces murmuraba cosas que yo no lograba entender
bien,
algo acerca de
un t rucc , pe ro nunca dec.i a nada claramente
po rque , después
supe,
estaba acechando, queria sorprenderme,
aunque a veces la frustración
lo
obligaba
a casi
delatarse
con esos
refunfufios.
Después yo no me
acordaba de esa conducta extrafia y nunca me había detenido
a tratar
de
entenderla,
hasta que un dia no pudo más y estalló:
-¡Basta~
¡He doy por ve nci.do ! -gritaba¡Hace noches que no
due rmol ¡Decame por favor- cómo lo hacé e , o me vuelvo Loco !
=; Cómo hago qué? -P r e qun t
con el mayor asombro.
-¡Cómo hacés con el té!
-No entiendo.
y
me expllcara
las
cosas
Al rlnal
consegu1
que se calmara
detalladamente:
él me pedia té cargado, y yo le se rvi a t.é cargado. A mi
í

é ,

�me gust-aba claro,
y me lo s e rva a claro.
Si él pedía
ot-ra taza,
se lo
vo Lvá a a servir
ba e n cargado.
Y siempre
pasaba
el agua por el mismo
co Lado r , ¿ Por qué en el
caao
de él salía
carqado , y a mí me salía
c.Larí, to? Bien pod.i.a ve r que yo no t-enía nada oculto
en la manga, y
había
revisado
varias
'veces la ca Lde r a cuando yo estaba
distraído;
y
había
revisado
las
tazas,
y todo parecía
no rmal e
nof e ns í.vo , Venía
casi diariamente
siempre
con la esperanza
de descubrir
el truco;
porque
tenía
que haber' un truco;
er-a imposible
que la misma agua y el mismo té
dieran
resultados
tan diferentes,
y a pedido.
Bueno, era algo que yo hacía
automáticamente,
y no sé s i. alguna
vez lo había pensado.
¿ Té bien
cargado?
Sencillamente,
hacía
que el
chorro
de agua moj ar'a todas
las
hoj as de té.
¿Té bien
li va anc&gt; Un
cho r r o r i ní. t o que pasara
siempre
por el mismo si tio,
tocando
apenas una
pocas hojas.
Nunca se me habría
ocurr-ido
pensar- que para alguien,
una
cosa t-an sencilla
pudiera
constituir
un mist-erio.
.í

Irrupciones

de lectores.

A veces
ej empLo :
"Hoy

esperebe
rr

¿ es

mis

de

corresponsales

ta.1'cje

que me las

lo

mz smo

con

en t.ré

a

t.1'aj eren ,
paloma

me

una

cuentan

tienda

y uu.en t.res
s ir:

que

cosas

a

fascanantes;

ve l.s s ,

comprar

escucllaba
paloma?

rr

por

.Mien t.res

prequri t.es tales
o

rr

¿ tiene

como

sombreros

riearos &gt;", comencé a aescuor ir en los escepare t.es los o}~je tos
más iricre irües : un cruc i t xjo ebso Iut.emen te veroe .• plumas verdes r lnlev"Os
vez-des en t.re ángeles
ae col 0.1-' ro j o , lJa.1'cos ezu.ies , sales
smsri LLes .•
ve Ls.s blancas...
Mi.Taba toclo como en un ext.reiio
sueño.
Una vixqeri con
flo.1'es
en la
msno,
un ercánoe :
de alas
pla teadas
y senasú ias ,
un
cenae ieoro rieqro orot unao , Tr i aen t.es ro; os al cos ta&lt;..10de un buaa y un
~n&lt;..üo con 1..111 c i.qerro
en la mano. lias allá
se sa: v ineben
senumer ios de
to talmen te

todo

t ipo ,

aj os y careco Ies , Y lo

Es t.sb«

en una caj i t:s ,

al

cos ta·jo

asncno dO.l'a&lt;..10
s .•
t:e , en',7~an{jo
Lucec i t.es cuando la luz lo t.oceba , No pude evz tal::·lo.
Cotnpré ese anillo.
Ese anillo
que cuanclo cnxca me nuai.ere encan tado l Iever
en mis cledi tos
qorai tos.
Doreái.s uno y con la
p iear«
vezde , duenne en l1U allJa] ero .
Espere ...
de

cs Lever«

"Ti.

la

es taba

srii.,

con

con

su

los

ojos

p ieari. ta

.1'ojos ,

verde

los

de

alfile.1'es

fan t.s.sie ,

ae

b.1'illan

n

Mariana

ojos

Un relato
con efecto
hipnótico
llenos
de imégenes y brillos
.

...

Percovich
no puedo

... . ..... . .. . . . . . . . ... . .. . ... .... . . ......... . ...

agregar

nada,

tengo

los

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(72)

LAS AVENTURAS DEL RATON MOUSE.
l. - Hi amigo el
Allí
medio del

r::ttcm House.

estaba

el

ratón

Hou se ,

muy quieto,

m rándome
í

fij amenne

desde

el

L'i.v i.nq .

En realidad
nD estaba muy quieto,
sino que Dreves
tanto en tan~o su frágl.l euerpeeillo
y le haeían oseilar
Es raro el
ratón
House,
verdadero
ratón,
aunque me pregunto
euando deeimos "un verdadero
ratón".

por as a de e 1. r ID,
un
-' ,
que queremos dec r exactamente
No

qué es

lo

temblores
reeDrrl.an de
los largos bl.gotes.

.:.a.;;,,'
"-

í

El ratón t"Iouse e's mi amigo ':l ':lo no debería
hat:::,er estas
reflexiones,
o
por lo menos no debería
compartirlas;
si
él
se enterara,
seguramen'Ce se
sentiría
muy mal, porque se ve c La r amerrte que él es de aquellos
que aceptan
con toda naturalidad
a sus amigos y no se les ocurre reflexl.onar
sobre ellos y
menos que menos cuestionarIos.
Sin embargo, no creo que pueda dec ar se que yo lo estoy
simplemente he dicho que es raro,
que me resulta
misterioso.

euestionando;

Después de todo,
¿qué cosa no es rara,
qué cosa no es misteriosa?
¿,De
qué eo sa podemos deeir
sin temor a equavoc arno s , "yo esto
lo conozco"? El
hecho de que el ratón Nouse no se parezea a ningún otro ratón no me da dereeho
a pensar en el ratón House como en una esper:'ie de rareza o mons tr zuoai.dad , ¿i~ué
es ser ratón? ¿Por qué ratón,
y no oso, o culebra?
¿Qué fue lo que decidió que
el ratón House fuera el ratón House , que un ratón fuera un ratón?
Vuelvo a
preguntarme:
¿qué es ser ratón? Con esto quiero decir:
¿por qué la Vida eligió
tantas
múltiples
formas de manifestarse?
¿ Por qué pre,:::,isamente un. ratón'? ¿ Por
qué no es todo osos? Múltiples
osos, todos iguales
entre
sí,
o bien un solo
oso que ocupe el cosmos. ¿Qué fuerza
especial
de vo Lurrtad o de deseo,
que
a.mpu Lso
annomanado y remoto llevó a esas formas plurales
de la Vida y, entre
ellas,
a la f'o rma ratón?
y entre

todas

Las

f ormas

ratón,

el

ratón

House,

mi amigo.

�IRRUPCIONES/ Mario Levrero

Las aventuras

aquí
2.

()

del ratón Mouse.

va imagen a)

El ratón

Mouse va de paseo.

El r at.óri Iv10use sali6
a la calle
con idea de explorar
el
mundo. Hacía
muchos días
que estaba
allí,
quieto,
en el
li vlng,
sin
hacer
o tr a
cosa
que mover los
bigot.es;
los
ratones
tienen,
a veces,
conductas
incomprensibles.
~;ali6,
y se perdió
rápidamente
de vista,
como un rayo.
Pensé que nunca
voI vería
a v e r Lo, pero
a los
pocos
días
estaba
de
vuelta,
otra
vez
en
el
living,
qUleto,
casi
nmóví.L, los
oJ os b r i Ll ant.e s y los
bigotes
con su t embLor
c ar-e ct.e z i s t í.co . Quien lo ve, no lo diría;
pero yo, que lo
conozco,
estoy seguro de que en estos
días
el ratón Mouse ha
visto
muchas
cosas
y
vi vido
cantidad
de
maravillosas
aventuras.
.í

*
(Aquí va imagen b)

3. - Yo

rollO

al

Yo amo al
veo el difícil
no sale
an te
,;. ebrantos
de
r at.óri House, a

ratón

l'10u.3
e.

ratón Mo ua e . 'leo su delicada
y tierna
figura,
y permanent.e ej ercicio
de su dignidad
de ratón
el
gato,
sino
ante
todos
los
p r ob Lernae
y
e a+e, vida,
y no puedo
iue n oe que amarlo.
El
su manera, es grandioso.

*

�..

aqul

va imagen c)

4.- El ratón

Mouse tiene

sueño.

Ya es de madrugada.
El ratón House ha tenido
una jornada
difícil,
ahora
está
cansado.
Sus
rojos
oj illos
se
entrecierran,
pero
él
t.odavía
no se da por vencido:
sigue
allí
en el living,
como si
esperara
algo,
qUlen sabe que
cosa.
¿Qué puede esperar
un r a t.ón? Huchas veces me ha-go esta
pregunta,
cuando Lo veo p a r ado allí,
de madruq ada , mientras
yo comí e nz c a qua r da r mis cosas
para
i rme a acostar.
Yo
t amb n t.e nqo sueño,
ahora.
í.é

Cuando
clue rrne,
el
rat.ón
House
s uefi a
con
un. hilo
eno rmerae nt.e La rqo y enc rmement.e
de Lq adc ,
que se extí.e ride
hasta
que se pierde
de vista
tras
una arboleda
lejana.
Hace
unos días,
sin ernba r qo , zsono con una cosa informe,
pequeña,
marr6n
y con pelos.
El
sueño
t.ranscurría
en
un lugar
desconocido,
y no se
veia
gran
cosa
del
paisaje;
s610
recuerda
un suelo
de tierra,
muy irre-gular
y seco,
y ese
objeto
cuyo significado
no logra desentrañar.

/
~,
e:

�IRRUPCIONES/1\.farlo

Le\lrero

(~

- Ya llegaron los escoceses. Trajeron las gaitas_ ¿Qué les digo?
Estoy parado en la pue1ta del cuarto de mi 8nligo [uan; alguna que otra. vez, ll1Uy
de vez en cuando, me despierto antes que él La madre probablemente ha intentado
despertado sin n"layor éxito. Yo 11.0intento despertarlo, SIDO hace!' que aproveche
poéticamente su sueño.
Él trata de recordar una improbable cita con escoceses, o incluso la propia palabra
"escocés", ya que en ese momento, su p1":i.fne1'
contacto con la vigilia, todavía está
dominado por el fluir onírico. Según me explicaría más adelante, le parece que actúa
ese mecanismo de proteccíón de los sueños, igual que cuando hay alg1..Í11.
ruido que a
uno 10 podría despertar pero el sueño 10 integra, dándole una explicación inofensiva,
creíble, y uno sigue durmiendo. "Escocés" entonces pasa a qUe!'e1'decir algo, 11.0nlUy
pt'eciso, pero no i.fnporta; el significado que se le inventó a la palabra le permite
un rato más sin despertarse del todo.

=s=:

Tambíén puedo decirle:
- iY cómo hacemos entonces con el asunto de las gallinas?

O:
- En la puerta hay un :niño con bigote postizo_
0., sírnplernente:
- Una escalera blanca y una escalera azul.
Es mi forma de pr01uocionar el surrealismo en un mundo :muy apegado al sentido
común, Todavía 11.0he llegado a conocer 1..U1.a
n"lay01'belleza que la del absurdo.
Cuando más tarde rni at1.ligorecuerda estas intervenciones mías, 10hace con una
expresión de asombro ínfíníto.
- Este tipo
- le cuenta a la madre, con 1..Ul
desconcierto que no llega a Se!'otra
cosa, ni siquiera fastidio; 1MS bien parece 1..Ulapt'eocupación por mí, por mi salud.Hoy me dijo algo, no sé qué de un árbol que apareció en la cocina _
- Un ombú -le recuerdo.

Irrupciones de Lectores.
No puede decirse que, estríctamente, mi atniga Alinda sea una lectora. Es, ante
todo, mi profesora de Yoga También es pintora Y cuando 11.0tengo ánimo para recibir
rni lección..
, se sienta en la cocina a dibujar y a tornar café, y a veces también escribe:

�o~o
"Guardando elj silencio elj rniserable curaj urdió su henliaj de discoj contra ~
vieja tia/ diamantina/ Atravesó el espacio/ exterior con aquella/ flecha h~
alambre de púa_
vr
y guardó silencio j el miserable curaj urdió su hernia/ en su vieja tia que ~
diarnarrtma / disco atravesó lajvic'tt'ola hacia elj espacio donde pudo j ver pOi' !-")1' ,
vez.
Miserable .. el cssxe] uso 5U flechaj diamantina pat'ajlanzat' a su vieja tiaj con su
hernia de di5co/ al espacio exteriorj' donde pudo ver/
urdír-&gt; venganzaj extrema.
El cura miserable j hundió su flecha hechaj de alambre de púa ..j en [ula-ula! su]
vieja puta tiaj portadora de herruaj' de díscc.j' Lanzóla desde allij al espacio exterior/
adonde pudo ver] que su tia eraj 1..ID
gato_
y guardó el silencio j y tuvo cura/ la hernia de disco/ de su vieja tia/
diamantina.j/ Atravesó el espacioj COUl.O
una flechaj hecha de alarnbre / de púa, [Úah!
/-fin-_"
=

Me doy cuenta de que vivo en el tiempo COfl1.0
en 1..IDa
prísíón, y la u1.ayot'pat'te
de 185COS85que hago es para tratar de engañar al tiempo .. o para no darme cuenta de
que no 10puedo engañar, Hago pt'ogt'at~1itasen la computadora, y en su mayoría tienen
relación con el tiempo: almanaques, alarmas que suenan avisando que debo pagar
alguna cuenta que está pOt' vencerse o avisos de que he estado demasiado tieulPo frente
a la pantalla.
Borges 10 decía de un modo perfecto:
"El ti.f.~mpoes la sustancia de qut:.~
estL~1hecho. El tiempo es un rio que me arrebata .. pet'O
yo soy el rio; es un tigre que me destroza, pet'o -yo soy el tig·re.:es un fuego que me consume ..
pero -yosoy el fuegr..? El mundo, desgraciadamente .. es real: yo .. desg-raciadamente ..soy Borges ."
Desde luego, cuando me doy cuenta de estas cosas es peot'! porque no sé qué
hacer, lvIe pongo a pt'estat'le atención al paso del tieulPo, y sí, es peOi~,no hay peot'
forrna de perder el tiempo que rnirarlo p85ar_ Y el corazón parece acompasarse al tictac
del reloj, y el reloj pat'oce en1.!-ieZat'a correr, y el corazón atrás. Huyo de esa
consciencia Entonces vuelvo a distraerrne, y cuando tOU1.0consciencia de nuevo, a la
hora siguiente ..la semana siguiente, o el rnes siguiente, claro, el tiempo se me fue. Y no
hay otra alternativa: se pierde de este modo, o se pierde de este otro.
Qué problema pat'a los avaros: he aqui algo que; pOi' suerte, no se puede atesorar,

�IRRUPCIONES¿ Mado Levrem

No sé si tendríamos

dI)

ambos rutinas fl1.Uyrigurosas que nos hacían coincidir

I
1
1
1
1
1
11
1
por un azar t o d as 1as noc h es" o 501. era e1 acto
ae
encen d er la
lUZ
10
que la
uamaoa;

tarnooco
sé si todos los días la horrruaa
era la rrusma. o si era síemore una distinta,
J.
U'.l

porque vaya uno a distinguir una hormiga de otra, Quiero decir: vaya uno a
distinguir una hormiga de otra hormiga de la misma especie" ya que esta hormiga
en particular era de una especie más gí'ande que las comunes, y tenia otras
particularidades.
El hecho es que, pOí' las noches" o rnás bien las madrugadas" en rnedío del
silencio, yo rne instalaba en el baño, casi sie:rnpí'e con un libro" y en un momento
dado advertía con el rabillo del ojo izquierdo un leve movimiento. Después me
acostumbré a la presencia de la hormiga" y podría decir que la esperaba, y e
incluso que si tardaba mucho empezaba a preocupat'fne. Pero nunca falló. Venía
caminando por la cañería exterior" pintada de blanco, pat'a el agua caliente, y
nunca supe desde dónde venia. No hubo manera de encontrar un principio para su
recorrido; parecía que se creaba por genet'ación espontánea en ese preciso instante
en que yo la veía. Nunca pude detectar una boca de hormiguero apropiada,
aunque había algunas" sí" de otras hormigas y en otro sector del baño. Tambíén me
costó mucho averiguar adónde iba" pero eso sí 10 pude lograr.
1\.1ecostó mucho averrguarlo pot'que esta hormiga, y hablo de ella como si
fuera una sola r y creo que sír que era siempí'e la misma, esta hormiga .. a diferencia
de sus hermanas o primas de lUe11.0rtamaño, rne veía. Las hormigas de cierto
pequeño tamaño ignorat1.la existencia del hombre: podrán suponerla, por iridicios,
pero estoy seguro de que no nos ven. Uno puede acercar un dedo a una hormiga,
que ella 10 esquivará, o trepará pOt' él, y seguirá andando tranquilamente sin darse
cuenta de que el obstáculo apareció allí súbitamente, C011.1.0
llegado de otra
dimensíónj la hormiga común 11.0se altera, no se preocupa .. no se pregunta - - - probablemente pOí'que no ve muy lejos" aunque se trate de cosas muy grandes.
Para estas hormigas r esas cosas grandes como por ejemplo nosotros los humanos,
pertenecen realmente a otra dirnensíón, distinta de la suya.
Pero esta hormiga noctámbula sí veía, y se escondía apenas yo hada algún
rnovímíento. Y·una vez que se escondía, no conseguía encontraría, aunque parecía
imposible que algo negt'o pudiera reelrnente ocultarse en esa bl.aneura lisa de los
azulejos y de la cañería esmaltada, POí' eso 11.1.e
costó mucho seguida en todo su
recorrido ..hasta ver que llegaba a la ventana, y desaparecía por un agujerito en el
marco de madera pintada de verde. Según supe más tarde" ese orificio conectaba
con el hormiguero de unas hormigas especiales, aladas en cierta época del año; en

�esa época aparecían y quedaban, algunas de ellas, atrapadas en el baño,
ignot'31"ltes,a causa de la posibilidad de volar de que podían salir caminando pOt'
aquel agujetito.
Hay otras cosas para decir de esta, y de muchas otras hormigas; tengo más
de dos y rnás de tres veranos completos ocupados en mí difícil relación con las
hormigas, a veces de colaborací ón, a veces de simple observación, a veces de
enfrentamiento
como en el caso del último 311.0que pasé en una ciudad del
=

interior, cuando unas hormigas chiquitas, muy tesoneras, Ilegaron a meterse en mis
platos de comida y aun en mí c311:La,
y finalmente me derrotaron en toda la línea.
Fue una guen'a que duró todo el Vet'31"lO,
y que perdí a pesa!' de que yo parecía
tener todos los trnmfos, y de que estaba desesperado y dispuesto a todo.
Pero estas son otras historíasj rne excedí en mis recuerdos y me dejé llevar
por camines que no esperaba recorrer ahora, Esta vez yo sólo queda evocar a
aquella hormiga solrtarra, Sien"lpí'euna y sola, en cierto n"lodo una compañía, un
algo viviente en mi soledad, un ser que noche a noche, quizás al influjo de la luz
que yo encendía, quizás simplemente pot'que éramos, ambos, rnuy tigurosos en
nuestras rtrtirias, aparecía C011:LO
una rnotrta negra sobre aquella bl.ancura y hacia
un complejo recorrido, en muchas partes fuera de mi vista, un recorrido cuya
finalidad nunca fui capaz de comprender.

�IRRUPCIONES!

Mario Levrero

-Este tipo de morre da -dij o el clego pausadamente- dej ó de
circular hace más de cinco afios.
-Usted no es ciego -repliqué con desprecio, o más bien
con ese tono aparentemente
despreciati va que s lc trata de
ocultar el despecho, el temor o la culpa.
-No -respondió-.
No soy ciego -metió
la mano en el
a nt.e
rí.o r de su inmunda chaqueta y extraj o una billetera; de
allí extra j o a su vez un pe que ñc clo cume n to p Le st a f cado+.
Inspector Pergolesi, de la Brigada de Homicidios.
Yo me arranqué la barba p os tí.z a y sonreí diabólicamente,
Sln declr una palabra.
-Ah -dijo, entonces. Y movió la cabeza como para expresar
un sentimiento de fracaso.
En la calle, alguien comenzo a tocar el acordeón.
ó

í

*
Re vu e L v s: una carpe t a que contiene relatos de euenoa, y
encuent.ro una
ee rae
de
h o j ee
un í.de
s
con
un
broche,
co rrespc nda en t es al mes de octubre de 1979. Los relatos del
martes 16 ocupan dos páginas; no hay nada con fecha 17 ni 18;
los del Vlernes 19 ocupan tres páglnas. Ahora bien: entre los
relatos del martes 16 y los del viernes 19, hay una página
sin fechar,
sin
título,
sin
la menor
indicación.
Dice
textualmente lo que sigue, y ninguna otra cosa:
1.2.3.4.~ -

6.7.8.9.10.11.1 .13.14.15.16.17.18.-

La gente va al zoológico
a ver a un mono
llamado Saúl.
El mono hace piruetas muy divertidas
y la gente se ríe
pero hete aquí que el mono se escapa por la chimenea
y roba a un niño pequeño
a quien arranca de los brazos de su madre,
una señora gorda con bigotes,
y toda la gente chilla y protesta
pero después se aburre
Y se toma el autobús para su casa
mientras la madre desesperada le grita al mono
que le devuelva a su niño
que no se lo coma
porque si no, qué va a cenar ella esta noche.
El mono se encoge de hombros
y se trepa más alto en el árbol.

�19.- Después, eructa unos escarpines
20.- que van a caer a los pies de la madre.

Has t.a ahí el texto.
Si sólo corrta r a con mi memoria, y no
e s t.uv i e r a e s c r t.o con mi máquina de escribir,
y no recordara
buena parte
del contenido
de todas las otras
hojas,
dlria
que
es la primera
vez en mi vida que lo veo. Ni siquiera
puedo
estar
se\~uro de que lo haya e s c r to yo. Ne' lo recuerdo,
en
absoluto.
Tampoco diría
que no reconozco
mi estilo,
porque
ciertamente
se parece
mucho a alguno de mis e s tí.Los , y lo leo
y
lo
releo
y no abomino
de él,
y la
presunclon
de mi
paternidad
no me ofende.
Pero me desespera
no poder Lraaq ne r para que habré pue s t.c
esos númer os .
í

í,

í

*
Irrupciones

de Lectores.

Nubia,
una mujer
misteriosa,
t.itulado
''-Un caso",
a mi dirección

me escribe
lo siguiente,
de correo
electrónico:

"I.ba para el Shopping.,
al Ds s c o , a comprar comida, .Y como
las veredas
están
rotas
en varios
lugares
Jl no rai xo al s ue I o
cuando cal1uno,
PLAFFFFFF,I
planché,
psimexo
las
sod i I Le s jl
1uego todo el cuerpo se me j un t.e r on a 1as bal dos as. .4...4...4iL4...4...4Y•
podía
l ev eo t e xme del
un
de
do l o i: . UUTJTT.í
acercó
bas t.or: mar xon y s orabr e xo
{po i: el
Eri o 10 del
sombrero"
supongo)
y me quiso
ayudar.
He oEreci o la mano. He eqe r ré. de
ella
jl tiré
para e l ev e rme a su altura.
PL·.4FFF s eiio i: al suelo
con has t on .Y todo.
He puse
de cos t.ecio, apoyando
una rodi 11 a
.4Y .4Y tratando
de que el do
s: no me impidiera
xme , ¡.4y!
Conseguí
ergl.urme
de a poco.
¡Pez'o el
s eiio x esta.Da en el
suelo!
¡Y se que j ebe ! «Ye estoy
viejo"
pe s:« qué t.tet:o
de
ayudar'
si
no
s i xv o para
ne.de ,
buena
la
b i ce ».
decía
lamentándose.
T[ '3/°.1 pe xecie ,
con L e s xocii I l e s lastimadas
(las
sentía)
le
tir-onea.Da el
so.br'etodo,
le
agaz'r-aba
la manga,
tz'ataba
de s ub.í r Lo , deme la mano le decía"
y nada.
Bolsa
de
J..DaJ..Das
(como v u.Iqe.xmen te se di ce) , En eso ',reo J~'L¡e se acerca un
mucb acb o y de un solo y px ime i: env i on 10 I
ta y se agacha
a tomar el .bastón.
Precioso
.bastón,
v eo , con mango de pI et:e
No

Io

pa

re

even

2

�tr-abajada.
El muchacho
con el p:r-ec~oso baston"
nos mi s:o, .Y
.
.
sal i Ó co xx i en do . (~i i i ,-,-1'1I B11STc)N NI BASTeN"
HE LO ROBA!!!!!
»),
y
sí"
se
1o r obo,
riotaás ,
El
s ombx e so,
cuecli os
(muy
a
moder-no) I
b ebi e
quedado
j u s to
al
1edo
de
un
cbe i qu i to
mucrr J.J..
i e n t:o
-?-,1=,- - ~
-:"'1'1-,-~1
,~nue __~
_~,.Irl
s=C ~l e
HIU,::!
L-'~ •
\l_ j.l".lcJ.l(}.:,
_
~
'-;t'
JJ

Haciendo
de t x i pe.s cose.z on me aqaché
y se
10 di.
El s erio i:
siguió
q'uejándose
pero
no precisaba
tanto
su bastón.
Se fue
medio
enclenque"
caminando
despaci t.o con el
sombr-er-o en la
mano.
He vo Lv.í pax-a mi casa.
No estaba
par-a. com¡::'Jxas. 1-.-1e
curé
las
xocii l i e s con yodofón
y me cambié
las
medias
r-otas .Y el
pan t a.1 Ó11 s U e i o . B Ul:¡'_•.lL.4iLlL.lL.lL.4JI. ;¡
Después me enteré:
Nubia es una artista
plástlca
q r an acti vidad
en Club de Grabado,
"':/ además
es
narradora
con a.Lqurio s premios
en su haber.
Está por
un Li b r o . Y no se Ll ama Nubia, sino Gladys Afamado.

que t uvo
poeta
y
publicar

*
fui a dormir,
como casi
a ernpr e , muy tarde.
Sabía que
a la mañana s qu.í en t e , en a Lquna parte
del munclo , un cuadro
de ffttbol
que representaba
a Urusruay disputaba
la final
de un
c ampe ona t o. De modo que no me sorprendió
cuando cerca
del
mediodía
fui
despertado
por un q r ari estruendo
en la calle:
b oc r.na a , srritos,
cornetas,
voces que careaban
repetidamente
"U'rucru av , Uruquay",
cohetes.
Eso duró mucho rato.
Dormité un
poco más y me levanté.
}-Ie srusta hacer
ver que aunque mis horarios
de sueño no
son muy r equ Lar e s , de t.oclo s modos estoy
enterado
de las
cosas.
Ado:pté un aire mundano:
-Así que qan.ó Uruguay +comerrt
-No +me respondieron-.
Perdió.
Hubo una pausa.
-Ah -dije,
y supe que iba a t.erie r un día chfícil.
He

í

í

é

•

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(78)

~~iempre pensé que el Coco era hijo de la Ch qu i t.a , porque
ambos tenían
en el lomo algunas
manchas muy s mí.Le r e s -negro
sobre blancoy, aunque vista
del lado de afuera
la cabeza
era un poco distinta,
la ment.a l íciad
de ambos era ba s t arrt e
pareclda.
Coco era
bastante
feo,
con
la
cabeza
un poco
q r ancle , o mas que grande,
ab u l tada
en la parte
p os t e r i or ,
corno Sl t.uv i e r a un gran chichón;
en c ambi o la Chiqui ta había
sido
proporcionada
y
elegante,
linda.
La
Ch i.qu t.a ,
a
diferencia
de I
Coco,
t.e ni a una
compr en s i ón perfecta
del
ada orna español.
El Coco era más a n t u tl vo , más \'·psíquico
Y
muy in te 1il;rente él t.amb n .
La Chlqulta
no tenía
la independencia
que tenia
el Coco.
A ella
no le
gustaba
salir
sola,
y a.í empr e esperaba
que
a l qunc la sacara
a pasear
aunque siempre estuvo suel ta,
allí,
en el balnearlo,
donde nunca supe que se atara
a los perros.
Pero a ella
le qu s t aba la gente
y tal
vez tenía
rru edo cle
ale] a r s e mucho zsan compañ.í a , porque
siempre
esperaba
que
alguien
la .í nv t a r a a salir.
Ba s taka
con decirlo,
hab l ando
con cualquiera:
"Bueno, dentro
de un rato voy a pasear por la
playa. H La Clnquita
salía
afuera
y se sentaha
rígidamente,
como
he c.í.e nclo la guardia
en la puerta,
y desde
afuera
lo
miraba
a uno
a
t. r av e a de
la
p ue r ta
de
un modo f a j o
a neopo r t.ab Le . No d.ecía nada, pero la p r e s a.ón p s a co Lóq i c a era
muy f ue r te .
Una vez, un amigo y yo habíamos estado
con los dueños de
la Chiquita
en un Luqa r n o muy alejado
de la casa de e Llcs ,
pero lo suficiente
como para que la Chiquita
se siLtlera
en
tierras
extrafías.
De algún modo que no entendimos,
los dueiios
desaparecieron,
y la
Chiqui ta
quedó pegada
a nosotros,
y
no s ot r os teníamos
que a z en la dirección
opue s ta a la de su
casa.
Pero
no había
f orma de que
no nos
s qu í.e r a ,
La
echábamos,
la
amenazábamos
con
piedras;
nada.
Ella
se
retrasaba
un poco,
pero
venía
siempre
atrás.
Al
final
comprendí.
+No s ab e vol v e r a la c a s a -le dij e a mi anu qc+-. Le voy a
e xp a c a r .
lentamente
Le hablé
He agaché ..•::l,. la Ll.amé a mí,
traté
d.e pronunciar
las
palabras
lo
mejor
p os í.b Le,
como
habland.o cori un n i no pequeno.
Tal vez no era ne c e s a r i o , r.e ro
así fue COrtLO lo hice.
í

í

í

li

•

í.

í,

é

í

í

�-le
dlj e,
e e a Lanclo el rumbo
-NoBotroB
v amo s para
allá
cru e
Ll e v ábamoa-r ,
..".
t-u
ca s a
-a-gregue,
queda
para
allá
.1
el
umb opuesto-o
Si
t
con nosotros,
no vas a
llegar
a tu casa.
Para ir
a tu casa
tenés
que ir para
allá
I i. a señalar
el
correcto-,
y cuando
llegues
a la
Avenida,
doblás
a la derecha.
A cuatro
cuadras
de allí
está
tu casa.
He levant-é,
y no b í.e n lo hice
la Cb i.q u i ta se d i o mecha
vuelta
y sali6
corriendo
a toda velocidad
en la dlrecci6n
que
le- había
indicado.
Aunque yo había
t-enido
la
.í n c a ta va,
nunca había
c r e idc demaa adc en ella;
el resul tado nos de]
L'l e c e r a la
estupefactos.
:\Tos que dernc s mirándola,
y la vimos ---~-Aven1da y ~oblar
a la derecha.
ñ

J..

s

eñe.l

+

v

aridc

o

r

v

o

v

r

e

n

s

umbo

í

í

ó

í

Tlempo cle-spués yo est-aba en Europa.
En un frío
anochecer
vi 'lamente
a
la
Ch i.q ui. ta;
t-enía
una
=ecordé
de
pronto
a n.se n s a t.e
urgencia
de verla,
más a que cualquier
amigo o
día.=: había
pa r a e n te . De ap ué s me enteré
de
que
por
esos
mue rto.
1',luri/j de parto;
era muy chiquita.
Cuando 71 al Coco,
r e con oc i. a la
Ch i q u.i t a en segu1cla.
Tenía
esa
finura,
esa
.i nt.e Lí.q e nc a .
De algún
modo se 11.120
aIrLl90
de cantidad
de gente
que 10 recibía
en S..1. casa y le
daba de comer : nunc a un F-erro callej e r o tuve- tal
aspect-o de
ri
o bien.
En algún
morne n c o,
una
senora
amiga
lo
adopto':'
oficialment-e,
y le compró un collar,
del cual el Coco .s empr e
e s t uv o muy o rqu Ll os o , y hasta
le p aq
una p a t en t e y le pusela
cb.ap ta
co:(~rando del
co l La r . Pero
el
s qu
s a erido
el
perro
de muchos;
iba y venía,
se quedaba
un tiempo
aquí y
o t r o t.Lernpo allá.
1'-'11 ma d r e me cont6
que cuando ella
Jugaba a
las baralas
por las n och e s con sus amigas,
llegaba
el l_-OCO y
se ac omodaba en un sillón
que yo hab a oomp r ado , uno de esos
a.í Ll orres d.onde uno se hunde en un asiento
de cuero -::¡ue forma
como una bolsa
sobre
unos aros
de hierro.
y que
a cierta
hora,
alrededor
siempre
de las
once,
el
Coco "se p on a a
p r.ac tí c a r yega".
Bueno, yo mismo llegué
a v e r Lo más de una
vez; en c i e r to mcmen t o , COTClO Sl r e c i bí.e ra una orden .i rraucit b Le
para
nosotros,
se tiraba
de pronto
panza
a r r i b a y quedaba
como muert-o;
parecía
que
ni
respiraba.
No mOV1a ni
un
mú s cu Lo . 101i madre me contó
que la primera
vez se asust-aron;
c r e a e.n que le
había
p a s aclo a Lqo malo,
que e e t ab a realmente
muert-o.
Pero
al
rat-o hacía
un pequeño
mo v í.rru ento
con una
í

í

ñ

í

ó

í

í.

íó

í

í

--,

¿

�pata,

de

e e t.L ramiento

o

acomodo,

y

de3F'ué3

con

otra.

Y al

de meda t ac ión ,
flnal,
de3pué3 de mucho rato de e s a e3pecle
.i ncorpo r ab a bruscamente
otra
vez v
a ser
e_ oerro
de
~ volvía
~
slempre.
Como la Ch í.qu í,ta,
me ac cmpafiab a en mis La r qo s paBeoB peor
el balneario.
Pero el Coco no ven.i a caminanclo de t r s , corno
hacía
ella,
que parecía
mí, tar
todos los movimientos
que uno
hacía,
a n o que se adelantaba
o se a t r a s ab e , investigaba
el
munclo olfateando
aqul y allá,
int.ercarnbiaba
alguna
c La s e de
información
con a Lqún colega,
aunque s empr e yo era
el ej e
del paseo;
cuando salía
conmigo, salía
c orimí qo, y no era cosa
de pe rde r.se de v s t a por ahí,
o cambiar
el rumbo; o s equa r a
otro.
Una
vez
se
me ocurrió
hacer
un
e xpe r í.merrt o d.e
teleFatía;
COlnoel Coco claramente
no entendía
español,
traté
de env i e r Le lmágenes,
y no palabras.
Formé la imagen de
L,
del Coco, cruzando
la c a Lle al llegar
a cierto
punt.o de la
lf
cuadra.
Ln e a s t
en esa irnagen;
le llenviaba
la orden mental
de que,
cuando
llegara
a cierta
marca
ahí
en 1a cu ad r a ,
cruzara
la calle.
y llegó
al lugar
indlcado
y cruzó la calle.
y cuando
estuvo
en la
vereda
de enfrente
mo s t r o un total
como p r equn t ándo s e
desconcierto,
rru r o a un lado
y a otro,
"'qué mí.e r da estaré
haciendo
aquí ff,
y después
quedó p a r ado
mí, rándome f i j ament.e, como esperando
mas lnstrucClones.
á

.í

í

í

í

é

á

Siempre se había bu r Le.dc de la perrera,
que lo persegula
.í qu aI
aunque ruv a e r a la
chapi ta
cori la p a te nt.e , porque
al
balneario
le estaban
molestando
los p e r ros aue I tos.
Una vez
lo
enlazaron
en la
puerta
de
la
casa
de mi mad r e r lo
agarrarc·n
dormido,
confiado,
aunque
mi madre
e s t ab a ahí,
sentada
a su lado.
Lo rescató
en seguida,
pero no quedó muy
b a en , t en a la garganta
lastimada,
y como un desencanto
de la
. ,
J
v ; ·2ta Y o.e 103 seres
humanc s . Cuando lo fui
a ver,
segula
lSfual, y en t onc e s estuve
hablándole
durante
un largo
r a co , y
eso lo an i mo, y ernp e zo a comer cle vue I t.a , Pero F·oeo cleap ué a
ap a r ec
envenenado,
mue r t o, en la calle.
Alguien,
y t odos
Lmaq namos qu i en ,
alguien
que,
como sucede
s empr e , val a
mucho meno s que él,
lo había
env erie n ado . Yo, en Montevideo,
me enteré
por un aue ño . Estaba
nevando.
El Coco tenía
mucho
frío.
Yo lo
agarraba
en brazos
y
lo
apretaba
contra
mi
cuerpo,
pero él seguía
helado,
y la nieve 3eguia cayendo.
í

í

í

ó

í

í

�</text>
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              <text>Original de tres folios mecanografiados, con correcciones ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, con notas ológrafas/ Original de dos folios mecanografiados, sin fecha ni menciones o notas de ningún tipo/ Original de dos folios mecanografiados, con una corrección que luego fue tachada en el primer folio/ Original de un folio mecanografiado, sin fecha ni menciones de ningún tipo. Se adjuntan a este folio dos más sin numerar que continúan la narración/ Original de dos folios mecanografiados, con correcciones y anotaciones ológrafas. El número 74 originalmente mecanografiado aparece tachado y sustituido por el número 73 ológrafo/ Original de dos folios mecanografiados, con el número 73 mecanografiado tachado y sustituido por el 74 ológrafo/ Original de tres folios mecanografiados, sin número mecanografiado, en el lugar donde debería estar, aparece el número 76 ológrafo/ Original de tres folios mecanografiados, con el número 78 mecanografiado</text>
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