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                  <text>IRRUPCIONES/

Mario

(44)

Levrero

Apareció
~I",-l.ntoa nuestra
mesa en el
cafe,
sin
que
s up
r amos CÓlTtO o en qué momento. Era un anciano
s onr en t e ,
al to,
de mej Ll ae e onr os ada s y barba
La rq a , blanca,
con
puntas
amarillentas.
Parecía
menos alto
de lo que era porque
estaba
encorvado,
más que por
los
arios,
por
una actitud
ex t r emaclame n t e respetuosa,
por el temor de mol es ta r , y para
estar
más cerca
de nuestros
oídos.
Nos preguntó
si podíamos
invi t a r Lc a tomar un café
con leche.
Se asombró cuando le
pedimos que se sentara
a nuestra
mesa,
pero
no se sintió
incómodo;
sentado,
empezó a hablar,
y siguió
hablando,
a
veces
coherentemente,
a veces
no tanto
':l El. menudo no
p od.i amos
saberlo,
porque
tenía
una
voz débil,
aguda,
y
hablaba
casi
susurrando.
Hablaba como para e a , sin mí, rarnos
directamente,
sin esperar
que asintiéramos.
Tal vez se olvidó
de que nosotros
estábambs
allí.
No sé qué hizo con la gorra
de marino,
como de capitán,
que traía
puesta;
ahora,
sentado
El. la
mesa, ya no la tenía
a la vista.
Le trajeron
el café con
leche y aLq un.a media luna,
y empezó a comer con av í.de z pero
dignamente.
Seguía farfullando
cosas,
entre bocado y bocado.
-Estuve
en la cárcel
-lo
oí decir,
de pronto,
y lo había
dicho
con naturalidad,
como si
fuera
un comentario
sin
importancia-,
ve í.n t e anos.
A veces movía la cabeza de arriba
abaj o, como es í.n t í.e ndo
a sus propias
palabras,
como apoyándolas.
-Yo era muy fuerte
-siguió
diciendo-,
partía
ladrillos
con las mari os -y se echó a reí r con una r s ta menuda, de
viejo demente; una risita
en i.
Hasticó
y tragó,
se llevó
otra
vez la taza
a la boca.
Levantó las manos y las m.ostró; eran enormes. Entonces me di
cuenta
de que ese
hombre era
una especie
de gigante,
un
fortachón
de brazos
robustos,
con músculos muy desarrollados.
-Veinte
años. ,-Ti, ji,
ji -se reía como si aquello
hubiera
s do una picardía.
Se reía,
con .í.ndu Lqe nc i e , de Sl mismo.
Nos ot r oe t erob í.én
nos reíamos;
era
un hombr e s .í mpé t í.cc , de
contagiosa
alegría
infantil.
Farfulló
algunas
cosas mas que
no entendimos.
Después dejó de reírse
-Lo maté con las manos -dij o, y se mi ró las manos unos
moment-os, y después las mi r
un poco más, asombrado, tal vez,
de que esas manos suyas lo hubieran
llevado
a la cárcel.
í

é

í

.í

í

í

ó

í,

�•

*
Una vez me distraj e toda una tarde de un doler muelas
escuchando por radio el relato de un partido de fútbol, con
la radio bien fuerte. No podía hacer las dos cosas al mí smo
tienipo, escuchar el relato y sentir el dolor, de modo que fue
una buena solución mientras duró el partido.
Ese
ruido que invade la ciudad,
cada día con mayor
fuerza, esos altoparlantes, esa violencia sonora que hay por
todos lados, ¿no obedeceré a razones parecidas? ¿No se estaré
tratando de tapar aLq ún dolor intolerable?

Irrupoíones

de ~eotores

dirigió hace poco "Destino de dos cosas
o de tres", de Rafael Spregelburd. El público subía a un tren
en la Estaclón Central, viajaba hasta la Estación Colón,
donde encontraba a los personajes sentados en un vielo banco,
y ahí mismo empezaba la función. Al respecto, me esc r.í.b
Ivfari
ana:
Mariana

Percovich

íó

\fieL'nes
de aociie ,
ü1tima
función
de
la
obL'a de
los
trenes.
Noch.e de ca I o x , en mi tad de la función
(hecha por dos
corai co s) pasa
un v~eJo.
tren
(real)
de ce x qa , Eer x uq i ao s o ,
fantasmal,
Leru:o , co n su
luz
y su
s on i do , de j erido en Lo s
es pec t ecio x es y en mí miszTIa una sensación
de vaga inquietud.
Duxeui t.e t.ode la
ob i:e ,
e s ii os dos
cómicos
en
cue s t i on
hab1 an de un ti x e r: que n U1JCapara.,
y al cual
desean
vol v e x.
Pero pierden
to.dos 10.s que pasan,
sistemátic&amp;üente.
Cuando. terminó
la función.'
una I::'Jarejita muy Jo.ven que
es taba
tomada
de 1a lTIalJO a mz 1ado,
me ría x:« y sonriendo
di cen : "Pe x d.imo s el
tren.
Iba al Dox aclo ". Soris: i e x ori una vez
más y se fueron
a la noche de Col on , Yo me que ae ahí sentada,
molía
v i dxi o
mi x erido 1a v i ej a es t.eci on , s in ti endo que alguien
en 'ui cabeza.

0racias, Mariana,
casilla de E-mail.

por

esa

irrupción

de

trenes

en

mi

.-,

¿

�*
Desde una ventan a alta,
en un edificio
de apartamentos,
una muj e r me hace adiós
agi tando un pañuelo
blanco.
No; es
una mujer limpiando
los vidrios.

.
1ott(~,a
"fl) din et.com.uy
JViU

.-,

�IRRUPCIONES/

*

Mario

A Fernando

Describa
ob-jetivc'
ti tulada

(45)

Levrero

Cabrera.

en no menos de quinientas
palabras
la que usted
c01'1sideL'e ~maqe1'1principal
"DesplazanÜen tos tI •

,:v

de un modo
de la l'1o"i.rela

Para
es te
t.rabaj o
nos
hemos
p r opue s t.o
de t.erier
el
movimiento,
como en una fotografía,
y mostrar,
como en un
cor t.e , el mome
n t.o de una percepción
muy intensa
del au j et.o
irruptor
(.5), seleccionando
para ello
un instante
del primer
encuent.ro
de S con lo que hemos dado en llamar
"obj eto
predominant.e",
es deci r, cuando ambos se reúnen, muy próximos
ent.re
Sl,
en
las
imflediaciones
del
punto
D -por
un
desplazarnient.o
del
obj eto predominante
(OP) hacia
S, a lo
La r qo del
segment.o cle rect.a
.í.maq na r o DE, p a r t a erido del
punt.o E y moviéndose
a lo La r qo de práct.icamente
tod,o el
segment.o.
El OP es en est.e caso una mujer, percibida
por S mientras
se
desplaza
hacia
él
con
la
mano derecha
ligerament.e
adelantada,
en la que lleva
algunos billet.es
(pape I moneda);
cuando llega
a su lado,
S comprueba que la mujer se encuentra
parcialmente
c~iliiert.a por ropa interior,
que momentos antes
podía haberse
confundido
con una malla de b añc de dos piezas.
La luz es escasa y no permite
una percepción
brillante
de los
det.alles.
Al detener
el movimiento y fij ar de este
modo la
escena,
ubicándonos
imaginariamente
en el pun t o de vista
de
S, podemos corrprobar que:
el
campo visual,
reducido
por
el
e.ce r carru.en t.o
del OP y por la inmovilidad
de los oj os de S, a quien hemos
detenido
en
su
recorrido,
abarca
en
su
conj unto
una
superficie
rectangular
que la
cercanía
de las
paredes
del
pasillo
y las
sombras producto
de una iluminación
escasa
estrechan
hae ta
convertirla
en
un
cuadrado,
cuyo
lado
superior
corta
el rostro
del OP aproximadamente
a la al tura
del labio
inferior,
mientras
que el lado
inferior
de es t e
cuadrado
corta
a la figura
aproximadamente
a la al tura
del
estómago. El foco de atención
visual,
punto de máxima nitidez
percepti va,
debe si tuarse
en la
confluencia
de una línea
í

í

�vertical

difuBa,

en la inBtancia

en que

comienza

a bifurcar.=e

insinúa el comienzo de una bifurcación hacia los márgenes
inferior izquierdo e inferior derecho del cuadrado, cortada a
3U
vez por una línea horizontal má s aparente, ligeramente
curva. El foco de atención está centrado entonces en un
pequeño triángulo o más exactamente en la insinuación de un
pequeño triángulo con un muy rico juego de luces y sombras, y
estas líneas son interpretadas como el nac í.mí.e nto de los
pechos que, apretados por el sostén (correspondiente a la
línea horizontal más aparente, ligeramente curva) tienden sin
embargo al mismo t.Lernpoa ser:,ararse(inic:ioo insinuación de
esa bifurcación señalada, frustrada por la línea horizontal)
a influjo de su propia naturaleza elástica.
Fuera de este foco principal de atención se observa
con dificultad la textura de la tela del sostén, que es de
color neq-ro, llena de euqe r-e nc í.a e t.ác tt Le s, dada por el
entrecruzarniento, en forma de malla, de gran cantidad de
finísimos
hilos
negros.
La
calidad
de
la percepclon,
deficiente come; hemos dicho por virtud de una ilurninación
poco apropiada, no p errní,
te apreciar la exacta distancia entre
un hilo y otro, ni si esta distancia
habilitaría, en
condiciones más favorables a la observación, la percepción de
pequeños trozos de piel por debajo del entramado.
O

*
Estaba, el tipo, parado en una esquina, como buscando un
taxi, pero comp rend
que su búsqueda era total e infinita,
que era alguien que buscaba incluso sin darse cuenta de que
estaba buscando, como si buscar fuera para él la única manera
de existir que conOCla; buscar, no importa exactamente que,
como si le faltara todo. Andaría más o menos cerca de mi
edad, est.ab
a bien trajeado, se le notaba solvente y casi
diría exitoso, y sin erobargo...
Cuando vio que me acercaba al lugar donde estaba él, me
calibró con un ojo de águila y calcuLó a toda velocidad si
era que yo le podía servir de algo. Llegó IWy pronto, desde
luego, a la conclusión inevitable de que no ye' podría
servirle de nada, Y de inmediato su mi rada me dej ó caer, C01110
un envase vacío que le hub í.e ra quedado en la mano, mientras
la boca le trazaba un gesto que creí de desprecio, pero que
tal vez fuera el vestigio de remotos pucheros infantiles.
í

2

�•

y

e í.n

tranBición,

al

a ne t.e.n t e ,

retomó

aquella

bú.sque de

infinita.

. . ..... . ..... . ... .. .. .... .. . .. .. .. . ... .. .. . . . .... ..
jvarlott(Q¿adinetcom. uy

3

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

(46)

En un billete de $100, encuentro escrito con birome azul
este apunte:
"1 Hilda
1 Salus
1 Blister aspirina".
lv1edesconcierta, porque los
elementos no concuerdan.
Pregunto a varias personas y nadie cree que "Hilda" pueda ser
una marca oome rc a.lr y en cualquier caso no es una marca ni
remotamente tan popular como la del agua mineral o, menos
aún, la del ácido acetilsalicílico.
Entiendo que alguien haga una lista de lo "que tiene que
comprar, como por ejemplo:
í

"1 kilo de azúcar
1 Salus
1 Blister aspirina",
pero en este billete lo que no
calza
Hilda. Por que "1 Hilda". Me dicen que puede
tratarse de la lista de cosas
que una persona tiene que
hacer, como ir a ver, o llamar, a Hilda, y luego con~rar agua
mineral, y aspirina. Eso debería escribirse:
"1) Hilda
2) Salus
3) Blister aspirina",
y no lo que está escrito en el
billete. Lo que está escrito en el billete podria entenderse
casi cantoun poema surrealista. Dan ganas de continuarlo:
\'-1 Hilda

1 Salus
1 Blister aspirina
1 Lagarto
1 Cepillo de dientes
1 Martes de Ceniza
1 Hilo

�1
1
1
1
1

Flauta
Ocasión propicia
Guante rasgado en el
Tarde del Sr. Breton
Vacuna . rr

dedo mefi.í que

*
Entro en una f'a rmac a a COlli.prar chicles
(porque dejé de
fumar) (hace mucho que dejé de fumar; ahora el problema es la
adicción
al chicle).
Cuando me retiro
de la caj a,
con los
chicles
en el bolsillo,
se me acerca
una hermosa joven,
muy
elegante
y bien
arreglada,
exhibiendo
generosament.e un largo
y esbelto
par
de piernas.
Tiene
todo
el
aire
de
una
promotora,
y efecti vament e lo es. He agradan
las p r omot or as ,
suelen
elegirlas
no sólo bellas,
s no simpáticas
y corteses.
Ésta no era una excepción.
-Señor
-dice,
sonriendo
amablemente-.
¿Usted
tiene
dificultad
para mover el intestino'?
Quedo cortado
por
unos
momentos.
Me gustaría
salir
corriendo,
pero nunca desprecio
la oportunidad
de entablar
conversación
con una joven.
Si le digo que no, que no tengo
especial
di ficul tad,
seguramente
perderá
interés
en mí de
inmediato,
sin
dar
lugar
a
que
esta
naciente
relación
prospere.
-Bueno. . .
-digo,
mi rando
hacia
los
costados
con
desconfianza,
porque
me
molestaría
que
hubiera
gente
escuchando
una conversación
tan íntima.Yo no, pero tengo
una tía que sufre terriblemente
de estreñimiento.
La joven sonríe
triunfalmente,
y agi ta un tubo de color
negro violáceo
que tiene
en la mano y que hace juego con sus
ropas.
También tiene
en
las
manos unos
folletos
doride
predomina el color verde.
-Le
voy a obsequiar
este
producto
-me dice,
y de
inmediato
pasa a darme unas instrucciones
complej as a toda
velocidad-.
Si el atraso
en las deposiciones
es de uno o dos
día3,
basta
con una cucharadita
de café que se toma por la
noche; si es de más días ...
Dej o de escuchar
y no nece s to mi rar nerviosamente
para
los costados
para advertir
que el estrecho
pasillo
entre
los
mostradores
y la pared
de la farmacia
se está
llenando
de
gente,
y que hay varios
pares
de ojos y de oídos muy atentos
í

í

í.

�lO-

a

riue e c r-o

diálogo;
ven
ellos
también

que ee t n
quieren.
é

dando mue e c r-e e gratiB
de
Se
acercan
mas,
miran,

algo,
y
escuchan.
+Es t
bien,
está bien -le
d.í qo a la chica,
tratando
de
interrumpir
ese
fluir
interminable
de
indicaciones,
y
especialmente
el detalle
minucioso
de la frecuencia
de las
deposiciones-;
no me expliques
más, tengo muy maLa memoria,
me olvido en seguida de los detalles.
-Aquí le doy un folleto
donde está
todo explicado
-dice
entonces,
y me alcanza
el tubo junto unas hojas
impresas.
Me
mira con aire
satisfecho,
convencida
seguramente
de que ha
hecho una obra de bien,
no tanto
en la persona
de mi tia,
en
cuya existencia
probablemente
no cree,
sino con la convicción
de que yo ne ce s taba
el
producto
pero
no me animaba a
confesarlo.
Para confirmarme
esta
impresión,
agrega:
-Va a
ver cómo en seguida se mejora.
Yo tomo mis obsequios,
murmuro "gracias.'!
casi sin rru r e r Le, me
abro paso
entre
la multi tud que se ha reunido
a rrue s tr o
alrededor
y
s e.Iqo
ap r es ur aciame n t e
de
la
f a rmact a,
abanicándome con el folleto.
á

í

3

�IRRUPCIONES/

Mario

Levrero

Los
gorriones,
según
creo,
no
tienen
dientes;
sin
embargo, a éste
que yo digo,
le vi una sonrisa
con dientes.
Una sonrisa
taimada,
de destructor
perverso.
Yo estaba
en la
careta, mi randa por la ventana,
por debaj o de la persiana
a
medias abierta.
La ventana
es una puertaventana,
o ventana
francesa,
que da a un balcón largo,
en el fondo del edificio,
donde es tá , eri tr e otr as cosas,
mi dormi t.or í.o . Miranda por
debaj o de esa persiana,
con la
cabeza
a la
al tura
de la
almohada,
veía unos mal vories al tos,
muy al tos, que buscaban
la luz del sol en unas macetas inapropiadas,
muy bajas.
Eran
de
troncos
altos
y gruesos,
viejos,
toscos
y feos,
pero se
llenaban
de flores,
y las
flores
eran jóvenes
y hermosas y,
sea como fuere,
era un ser vivo,
que no debió ser mutilado
como lo fue más tarde
-pero
ésta
es otra historia.
Yo estaba
hablando del gorrión
perverso.
Aunque antes del gorrión,
y es
lo que le da forma a esta historia,
fue el moscón. El mos c ón
hembra, según nus cálculos.
Yo tenía,
como dije,
la cabeza apoyada en la almohada, y
miraba
el mal vón,
cuando ap a r e cao un moscón,
grande,
muy
grande,
y empezó a dar vueltas
sobre
una de las
hojas
del
malvón, por arriba
y por abajo,
y después en otra hoja,
y en
otra,
con unos movimientos
de apariencia
torpe,
rápidos
y
nerviosos
pero repetidos,
rei terati vos, como un borracho
que
camina en círculos
y tropieza
con sus propios
pies.
Según mi
experiencia,
esta
actividad
de los
moscones
significa
que
están
por poner huevos,
o di r ec t ament e los
están
poniendo.
Después,
si uno recorre
el lugar,
puede descubrir
un reguero
blancuzco,
como si se hubiera
derramado sal.
A eso, supe que
la gente del int.erior
le Llama "queresa",
sobre t.odo cuando
aparece en la carne asada que uno dejó sin guardar.
y
en e f e ct.o, me pareció
ver,
desde
mi posición,
que
algunas
hoj as del mal vón se habían
llenado
de huevos.
El
moscon se fue. La mañana, cerca ya del mediodía,
volvió
a su
calma aparente;
pero
siempre,
siempre,
aun si los
humanos
están
tranquilos,
siempre hay algo que se empeil.a en el mal.
Apareció
un qor r Lorrc c o, gordo,
con cara
de sinvergüenza.
Parecía
un dibujo
animado. Los gorriones,
por lo general,
no
tienen
una cara
expresi va.
Este
e a , Una cari ta
de niño
í,

�depravado,

con

aquella

~onri~a

llena

de

diente~.

Se

fue

derecho
al malvón,
derecho
a aquellas
hojas
donde el mascan
hembra había
deposi tado
con tanto
trabaj o aquella
enormidad
de huevecillos
blancos,
y ya instalado
en esas hojas
empezó a
mover las alas
frenéticamente,
y a r e vc Lce r s e , e a , como quien
da vueltas
carnero
o mejor
como quien
nada
en tirabuzón
debajo del agua, haciendo
caer,
o arrastrando
hacia
sí,
todos
los huevos del moscón. No se si
lo hi zo para
después
ir y
picotear
el suelo,
porque
delé
de verlo
y no supe qué paso
después,
o si simplement.e
se los llevó
entre
las plumas para
ir
e a r ví.éndos e Los de allí
con el pico.
Lo único
que puedo
afiL~nar
es
que
aquel
gorrioncito
montevideano
tenía
una
expresión
de sinvergüenza,
como tantos
chicos
sucios
que uno
ve por
la
calle,
y sabía
que estaba
haciendo
un dañ o, y
disfrutaba
con ello.

*
Silvia Bartram f ue la primera
que se animó a escribirme,
entre
los lectores
y las
lectoras
de e s ta s irrupciones,
a la
di rección
de correo
electrónico
que suele
aparecer
al pie
estas
cc Lumna.s . Le qu s t a leer
y le gusta
escribir,
y también
le qu s ta
resolver
y crear
juegos
de palabras
y acertijos.
Hace unos días me envió este
texto:
Clara manda a las
«ye s , cada manana., a la playa
mansa
para
lavar
las
calzas,
las mallas
.y las
faldas.
~lllnanda va a
la mar salada
al e I ba,
mas a Na tacha
ag-rada más Lavas: más
avanzada
la maiiene . Ac ebacie ya la
lavada,
~4manda danza
y
canta:
-La, lará.,
laralaI·á. ...
-¡Vaya payasada! -ha_bla Natacha .• cansada- ¡Clara la va a
ma t a.r !
-¡Basta!
-aclara
Amanda¡A danzar
y a cantar.,
Natacha!
Jv1aB'anatrabaj aI·ás 111ás.

Admí,ro este
se que existen
palindromática,

tipo de cosas.
He leído
hasta
en U; incluso
oí
pero esto no lo creo.

algún
hablar

cuento
en O, y
de una novela

�*
¿Era Marx quien decía que la historia se repite, sí, pero
la segunda
vez como comedia?
Hay
formas
recientes de
publicidad callejera que recuerdan a Hitler, pero esta vez
tratando de vender una rifa, o una entrada para el circo.

jYarlott(~adinet.com. uy

�.-,
..)

(48)

Un chico gordo, de cuatro o cinco afios, va t omado de la
mano de quien es presumiblemente su madre, una mu j er gorda,
de lentes. Los veo veni r hacia mí. por la calle; van caminando
en silencio, corno sumidos en sus propios pensamientos, yesos
pensamientos parecen agradables; hay un atisbo de sonrisa en
la cara de amb os . Cuando e st.án bastante cerca, la cara del
chico se ilumina con lo que ahora es decididamente una
sonrisa, y se dirige a la madre, con un énfasis adulto, con
alegría pero al mismo tiernpo con toda la seriedad que exigen
los temas trascendentes; le pregunta:
-¿Hoy que comemos, marru ? -'}T en la mirada se le ve el
brillo un tanto perverso de la antlcipación del placer.

*
Entro a un comercio donde venden artículos de limpieza y
cosmética. Me atiende una linda joven rubia, de sonriente
carita redonda. Le digo que quiero comprar repuestos para
cierta marca de máquina de afeitar.
=: Para dama o caballero? +p requnt.a,
Temo no haber oído bien. Sumido en el desconclerto, sólo
atino a murmurar "¿C6mo~1
mientras examino sus f accaorie s
buscando alguna expresión orientadora. Pero ella conserva la
sonrisa servicial y una clara ma racla de profunda inocencia.
fl,

*

Tuve que hacer unos cortes al texto, lo cual es un acto
de tipo casi criminal, pero no podía permitir que la lectora
se adueñara totalmente de mi columna, y menos
que la
d1recC16n de la rev1sta se d1era cuenta de que estoy
explotando a los lectores de un modo cada vez más descarado.
La lectora es, en este caso, Natacha López, quien trabaJa en
la producción de películas y ahora irrumpe con un SUel1.0que

�yo protagonizo, y (me) lo cuenta con, una gracla e nv a d í.ab Le .
Al parecer, yo estaba dirigiendo una pelicula, y.

t.ranscu.r.ría

()
que
no
ha...bía
rn.r smo
en
el
momento.
sea
de s e x xo I l o t empo xe I , todo co i ric i d i.a , ya sea en el rodaje
como
después
en la película
ya montada.
Entonces
e i:e un despe1ote,
pCJI'ql.1eb
i
cien tos de
i
pasando
en el mz srno momento
jl 1CJS
ie
es taban en tod:::;s 1
a 1a
y como era una
pel i.cul e de acc i on había explosiones"
cnc que s , pe.rsecuc~ones.
r~
~~~~7e~~
~ ••
'-'&lt;'-.lll-'.J..
L..-.~.J.. ~e1a~n
J'-'.
eb

e

act.o

Yo

e

cc

o

ae

s

s

edo

t.rataba

de

explicarte

co s e s L1peJ..-'l:::J1..1eS ta.
i xii t en t e j~, s~1"-}
u. LJ.:t
...•.
i«:
te

s

que

v

a

nivel

e

z

,

psoduac i on

de

nos

esta...bas

de 10 mas autoritario
'Yo,""
1
.L..l. L..-•....•...! '"" C;
importaba
un s evi o l , Te
que me
oe r ec i a e s c eb xo s o hacia
el J:txúb l i c o-, , h ec e xl e s ver una _pe l i cu l e
s
n~nr;;runa lógica
interna
TU
se
i
y \~OS zm.1y frío
te
.::::o
'
t.é
xm.i
ao
,-,.J..
cied i caba s
durante
horas
discutirme
a
que
cabro a" es
mal usado,
y no me dabas ni
a 10 que
}ro quería
dec i rt:e ,
Hacía mucho ca l ox ..Y vos tenías
un saco de lana qrue s e y
áspeI'a di x e c t.eme n te pues i.o s ob z e 1a pi el,
y yo es taba segu.ra
de
que
10 ae c i e s
a pz'opósito
pe s:e
enoJar'
a la
gente.
Llegábamos
a una eSI:)ec'~e ele huerto
gigante
con canaJ.etas
de
tierra
e reda , donde estaban
en fila
bi en o x de aad.i tio s ra.i l e s de
animalitos
chiquitos.
Había
ratones"
tieras t e x s ,
ardillas,
conejitos,
todos del tipo.
Y t e a i en montones
de qierio s (tae i z ,
qe cban z os , po io t.os , e t.cé t e s:e ) al 1edo , }l ¡::JOI'orden
tuya
tenían
que
p~J.as.
pob s ec i tos es i ebeu:
.:::t su
labor
y vos te pe s eabe s
esit.s:e
ot.ra
ellos
autoI'i t exi o,
te
vez
L

s

-

-

ri

"e

aob

s

s

e

ric

a

,

t.eba

bol

cuestionaba
la
lógica
de
la
situación"
con tes t.abe s me enoj
y me de spe s:té.

y

e

como

no

me

é

No me explico, Natacha,
como podé3
"escabroso" de un modo tan inadecuado.

u3ar

la

p a l abra

*
E3tá1:)am03.sen t aclo s a la mesa y ..JuanIgnacio, de un os o cho
año3, in3i3tía con mucho
te3ón en que le contara una
historia,

°

un

chiste,

°

le planteara

un

acertiJO,

cosas

que

�2

ser habituales de nuestros almuerzos en esa epoca.
Como yo no tenía gana3, o habí a agotado mi repertorio, le
respondí con impaciencia, mientras el tomaba un vasc de agua
para llevarlo a los labios:
-Ignacio, ¿ vos te c re s que el mundo e s un circo, y que
está lleno de payasos para divertirte? -dije.
-Sí -respondió;
luego bebió
lentamente
el agua que
que daba en el
vas o-: . Y vc.:s s c s une de e l Lcs -concluyó,
mientra3 apoyaba el vaso en la mesa.
é

.. . . . .. . . ... . . .. .. .. . . . . . .. . . . . ... .. . .. . . . . . .... .. .
jvarlott.(!i1adinet.com.

uy

�IRRUPCIONES/

Mario

(49)

L~vr~ro

En la calle,
un hombre grita
"·cigarro,
cigarro"
cerca de
v mientras
me VOy aleiando
sique su especie
de canto
rru oído,
morió tcno
con una voz taladrante.
En medio del bochorno de la
np.n.s,9 r
t.axde
en las
de ve rano
inevitablemente
me hace
r ---- -••••

~

-'

_&amp;

••

chicharras,
en aquellos
veranos
que pasaba
en medio de un
bosque de pinos,
cuando durante
horas y horas,
panza arrlba,
no se podía
hacer
otra
cosa que oír
de tanto
en tanto
el
ruido
inesperado,
como un e s t.a Llado , de las
piñas
que se
abrían
al .soL,
y ese canto
de la chicharra,
tan
llamati v o
pero
siempre
idéntico
a sí mismo, cuando parece
que se da
cuerda y se da cuerda hasta
que al fin aue I ta un sonido muy
prolongado,
que uno nunca sabe bien cuándo termina
porque se
d.istrae.
Después pensé:
"Este
hombre, en una vida an t e r i or ,
debi6 ser chicharra",
y todavía
oía su voz, y aunque no creo
en vldas
anteriores
supe
que
en una
vida
anterior
fue
realmente
chicharra,
que también se llaman cigarras,
y lo que
ahora qUlere es explicar
que, antes,
él fue cigarra,
cigarra,
y que ahora está contento
porque volvi6
el verano.
Llegc- a mi casa y busco en rru v e j o ci.í.c c one zí.c , y me
dice que al cigarro
se le Ll.ama así por el parecido
que tiene
con el
cuerpo
cle la
cigarra,
parecido
que yo no podría
d s cu tí c pC1rque hace mucbos afio s que no veo una clgarra
de
cerca,
desde
aquella
epoca
remota
en que mi ti í.o Ti to las
cazaba para
mí, en un balneario
donde se jun.taban
a veces
muchos parientes,
y me las ofrecía
encerradas
en una caJa de
fósforos.
~;iempre me asombró aquella
habiliclad;
"",::[0 j arná s pude
detectar
de dónde venía exactamente
el sonido.
Cada vez que
me parecía
haberlo
descubierto,
volvía
a oírlo
en otro lugar.
Recién en e s te momento se me ocurre pensar
que tal
vez fueran
varias
c i qa r r a s que se turnaban;
a í.emp r e creí
que era una
sola y que se divertía
escondiéndose
de mi. Y qué era lo que
hacía yo con la chicharra
que me regalaba
mi t.á o, es a190 que
no puedo recordar
ni imaginar.
Es muy pr ob abLe Lqu
e no me
animara a abrir
la caja.
Después de todo,
tal
vez adentro
de
aquellas
caj as de fósforos
nunca hube' chicharras,
y de alguna
manera nú tío me lo hacía
creer,
conill aquel otro
sujeto,
un
pintor
amigo de mis padres,
que me extraía
caracoles
de las
orej as y hacia
que me aparecieran
monedas en los bolsillos.
Sin emba rq o, recuerdo
haber visto
chicharras
muy de cerca,
y
í

í

í

�creo

ver

ral.

El.

.•......
l_lO

y

tr~n~p~rente~

. e .•....
';;'r-do '~&lt;..L
1""'5
1_ ••...•.1

qrue~~~,

como

de

d;=-o.'e,
~~- =. •

clo
-&gt;- e

r.on
-

51.1J

Una5

a Le e

at.r~ve;5ada~ por

mica.,

infinidad de nervaduras marrones.
Según el di cci onari o, t.amb n se llaman "chicharra" un
taladro para agujerar el hierro, y un instrumento de s cn do
cle s aq r aclab Le . En casa hay uno de éstos, pero lo llamamos
í.

é

í

*
Irrupciones

de lectores

Rodolfo

FOl1.seca

RnRrpr1n
nnr
'-'l~ ._~ - .~~ '-' 1:"' ~ ~

ca..sllla.. de

nrimprR
1:"' ~ ~~,,~
~ ~

.·-~o
\-t.\....

000-0

,"-L.JLt.L-1

~.
misteriosas,
cuando todo en casa y en 1 ct
calle está en
silencio. Cori mucho respeto fue tanteando el terreno, a ver
.
",.
,
~
...,
1"
Sl era pos1D~e
a1a~ogar. Despues me enV10
a~gunas pos~a~es ae
Helo,. ~escaneadasu V repintadas
por él, Y yo correspondi con
~
+
..
un a rch ve' que c enaa un sonido electrónico ma s b a en sutil.
Este sonido, según Rodolfo ...
.L

-

í

. me

111. Z

a.e'o o .r .~~
a r .'

o

, .

pa]a.r-o

lr .-..-. lr -.1-." ,-o ~ -.

A'J'

l~~CJ..r

....
i?.•.
CI..L!U..L.l.. CI. ,

,.

.

.

-.

.,

con t r apc s ~el ci: , al
que

g-.r'i to
.¡... , •• -. ,-o .-. -e-,
L-.J...C,l,iCLl

del

los

austIal~allDS
v
neDzelalldeses;
es
Ulla c'aIcajada
I eiqe
-l
.-'
7.,
7.,
- .•
,-.,
] ug-c1sa. .::;.~ znz paare
za
auo i e r e
conoc i ao
a~L'~a que
era
parecida
a la caL'cajacla
de Lav e I Le j e (ahora;
sa.ber de dónde
pecire
que
la
carcajada
de Lavalleja
e i:e larga
Y
c 11rro.~.=¡. y.:! es demasiado
pedirle
al prój iiao) = y se s uL ta. que la
..J--~---l
l'''''';::'

7'

~I/-

1--r11 p

l·~lrl

-' ....••...•..•.
-- -'- --' .•.•.
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#

hac"~a

.=t rl }'~ rl ¡-l .;
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••••••.

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::-'I?
1~~l"".' ~~.t
(-'J
- - -- -

i:- F:- -r.i ----r ~

r:ie.l

111e.llC/~01]

-. 1
t.ode la vida
sin en coritz re xree con nadie
pase
que conoc i e s:e a..L
1 _
bicho
o a la caric i oo , has ta hace pocc1s días:
se me di o .id
¡ -.
"En ce.x ta u, la
co irici deric i e de que b usce ado o ii:e cosa
en ..La
enciclopedia
de
Hi cx os oi t , me encue o t s:o con
el
bi crio
con
cea ::o rri sa o xebado v t odo . v a 1 a. tarde
cae DC,'L casa a t.ome s:
,
,
.
leyó bi en : ae s e spe iaao por- mate
.

_'

-'

~

-i.

.L

no
l1'1ás ma te.

i ... J. a
Eue i:« cosa

�Después vinieron
esta f orma tan curiosa

otras
historias,
que
de tej e r s e una amistad

jvarlot.t{~2adinet.com.uy

fueron
pautando
a distancia.

�</text>
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