["item",{"itemId":"691","public":"1","featured":"0","xmlns:xsi":"http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance","xsi:schemaLocation":"http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd","uri":"http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/691?output=omeka-json","accessDate":"2026-05-14T08:18:39+00:00"},["fileContainer",["file",{"fileId":"946"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/cfd762a1fe21849cd45866908c2af196.pdf"],["authentication","354d5b35c462a61d45acf314099ade0d"],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"5"},["name","PDF Text"],["description"],["elementContainer",["element",{"elementId":"52"},["name","Text"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"8031"},["text","PARA: LUCrA CALAMARO\nDE: MARro LEVRERO\n\nIRRUPCIONES\n\n(10)/ Mario Levrero.\n\nHacía mucho tiempo que no veía una mirada de\namor intenso en los ojos de una muchacha. Hace poco\nvi una, y lamentablemente no estaba dirigida a mí,\nsino a la muchacha que caminaba a su lado por la\nvereda.\nDije \"lamentablemente\",\ny no es verdad. Me\nalegró ver esa mirada de amor; me alegró por el\namor, y por las muchachas.\ny también me alegró por mí, por el hecho de que\nno me estuviera destinada. Me habría asustado. Para\nsoportar esa intensidad hay que tener catorce años.\n\n*\nPor momentos recupero la mirada salvaje de mis\naños más jóvenes. Me pregunto dónde he estado en\ntodo este tiempo.\nVuelvo a descubrir los ojos de los demás, ojos\nen su mayoría\nabiertos al miedo, por el miedo.\nCaras que parecen fijadas en un susto antiguo. Ojos\nredondos y fijos (esa mujer achatada y gorda, como\nsi la hubieran aplastado con el taco de un inmenso\nzapato) (los ojos miran hacia arriba con terror,\ncomo esperando que la vuelvan a aplastar). Ojos con\nla mirada revertida hacia adentro, sin brillo, ojos\nde hombres delgados que podrían llegar a matar con\nindiferencia. Sólo algunos niños pequeños muestran\n\n�en los ojos alegría y curiosidad, asombro de vivir,\ncomo si a partir de cierta edad la vida se aceptara\nsin preguntarse, sin extrañarse, ya sea un don o un\ncastigo.\nCasi llego a visualizar una máquina monstruosa,\nde alguna manera real: una máquina de fijar\na la\ngente en un gesto (incluso la mirada de picardía de\nalgunas mujeres es demasiado estable para creer en\nsu actualidad) .\nVamos pasando por la máquina y recibiendo el\nsello, la impresión, la marca, y después todos los\naños son falsos; sólo puede repetirse una actitud,\nun gesto, realizar un trabajo mecánico.\nCaras de haber sido asustados por un grito, o\npor un objeto muy grande,. o por un movimiento por\ndetrás de la espalda, o por algo que viniera de\narriba, o por un susurro casi inaudible desde un\ncostado (y hacia ese costado vuelven continuamente\nla mirada,\ndi simuladamente,\ncon el rabillo del\nojo); caras de haber perdido toda esperanza, o toda\ncondición humana. Caras, en fin, de gente madura.\n\n*\nLa mirada de amor de una chica a otra chica me\ntrajo otro momento:\nuna tarde probablemente\nde\ndomingo,\nen una de esas horas perdidas\nde las\ntar<ip.~ \"'p. \"'r\\TY1Í \"'I}\",\n\"'''¡::¡ndo\nno hay nadie por las\ncalles y todo rezuma aburrimiento, aun en París. La\nentrada desierta del Metro, donde habitualmente hay\nmul titudes; esta entrada era en forma de túnel,\nbastante sombría, ya no recuerdo en qué zona.\nAdelante van dos chicas, dos sólidas chicas\ncon\nsólidos\ncuerpos\nbien\ndesarrollados.\nLos\npantalones vaqueros ayudan a exhibir, o a producir,\nlas formas. En un recodo del túnel como embudo,\ncuando todavía el túnel no es propiamente\ntúnel\n\n1l-__\n\n-l....-.....-------1----\n\n�PARA: LUCrA CALAMARO\nDE: MARro LEVRERO\n\nIRRUPCIONES\n\n~\n\nI Mario Levrero\n\nVuelvo sobre el tema, y no creo que por última\nvez.\nPienso que hay pequeños trozos de mundo que a\nlo largo de nuestra vida y a fuerza de recorrerlos,\nvamos incorporando como algo conocido, aunque en\nrealidad no lo es. Sólo he~os aprendido a movernos\npor ciertos lugares con mayor facilidad que por\notros; somos como murciélagos que chillan en la\nnoche permanente de su ceguera y sólo reciben del\nmundo el rebote de esos chillidos.\nLos trozos inco~~orados de mundo pueden ser\ncontiguos o no. Y\ncuando esos trozos no son\ncontiguos, lo son en nuestra aprehensión de ellos;\ntenemos cierta consciencia de una distancia física\nque separa unos trozos de otros, pero de todos\nmodos, en nuestro interior, se agrupan como piezas\ncontiguas del rompecabezas y configuran un todo\nhomogéneo -el todo que es el conjunto de nuestras\npercepciones,\no\nde\nla\nmemoria\nde\nnuestras\npercepciones.\nPor mayor que sea la distancia entre dos de esos\nfragmentos, esa distancia está representada en\nnuestra percepción globalizante por una delgada\nlínea, como una resquebrajadura en el cuadro de un\npaisaje, y no puede ser de otra manera, porque\nignoramos la forma exacta de lo que nos falta, y\nque es aquello que ocupa esa distancia. Un trozo de\nmundo situado entre dos puntos geográficamente\n\n�distantes,\npuede\nser\nrepresentado\nen\nnuestro\nrompecabezas\npercepti vo por la experiencia\nde un\nviaje en av~on: tantas horas, algunas imágenes, el\ninterior del avión, unas nubes que a veces se ven\npor la ventanilla,\nel cuerpo y el rostro de una\nazafata o de una compañera de asiento.\nCuando\nse\ninserta\nuna\nnueva\npieza,\ncuya\nexistencia no parecía posible o no se sospechaba,\nentre dos piezas contiguas de ese rompecabezas que\nes nuestra\nrepresentación\ndel mundo, algo parece\nponerse a punto de estallar\nla mente se resiste\na incorporar de buenas a primeras esa nueva pieza\nimprevista, y por lo general no sabe cómo hacerlo;\npara la mente, la aparición de esa nueva pieza es\ncomo la irrupción de una nueva dimensión\nen la\nrealidad, y no sabe cómo manejarla.\nDespués, la\npersistencia\nde esa pieza, la realidad mani fiesta\nde\nsu\npresencia,\nhace\nque\nla\nmente\nvaya\ncomprendiendo que el dibujo anterior que se formaba\nsobre la superficie del rompecabezas era un dibujo\nde aspecto coherente pero falso, y que ese dibuj o\ndebe\nser cambiado\npor el otro que propone\nla\nsuperficie de esa nueva pieza.\nPero no es algo tan sencillo como esta forma de\nexpresión que he imaginado, ya que pieza y dibujo y\nsuperficie\nson\nuna\nmisma\ncosa\nimposible\nde\nrepresentar más acabadamente,\nal menos imposible\npara mí. No se trata simplemente\nde cambiar una\npieza por otra, de hacer un espacio\nentre las\npiezas contiguas para inj ertar la nueva; es una\noperación\nque consta\nde una mayor\ncantidad\nde\nelementos, porque implica la remoción de antiguos\nhábitos\nde percepción\ne incluso de vida, y la\ninstalación\nde nuevos sentimientos,\no de viejos\nsentimientos que reaparecen modifi~ados, y es todo\nel aparato psíquico lo que resulta afectado, ya que\neste\nsentimiento,\nnuevo\no renovado,\ninvade\nla\n\n�totalidad del ser, que es uno e indivisible: no se\nsin que sea alterado\npuede al terar un fragmento\ntodo el conjunto.\n\n*\nUna gripe me dej ó como secuela, entre otras\ncosas, una completa sordera del oído derecho y una\nsemi sordera del izquierdo. Descubrí que la sordera\nincide di rectamente sobre el humor; me he vuel to\nirritable,\nfácilmente\nexasperable,\na\nmenudo\nintolerante, incluso intolerante conmigo mismo.\nRecordando ciertos sordos beatíficos que vi o\nconocí, pienso\nque debe\nexistir\ndos clases de\nsordos: los asumidos, beatíficos porque ya no les\nimporta oír, refugiados en un mundo propio que han\nsabido construirse amorosamente;\ny los sordos que\nno se aceptan en su limitación, los que, como yo,\nvi ven ladeando la cabeza, buscando la orientación\nque les permita captar la mayor cantidad posible de\nondas sonoras,\nen una fastidiada\nespera de la\nnormalización,\nansiosos,\nnerviosos,\nincluso\nfuriosos.\nConclusión: no hay peor sordo que el que quiere\noír.\n\n*\nveces me sucede percibi r al mundo como un\ngran gallinero. En cambio, cuando estoy deprimido,\nlo percibo como un gallinero pequeño.\nA\n\n�PARA: LUCIA CALAMARO\nDE: MARIO LEVRERO\n\n@@@@@@@@@@@@@Q@@@@@@@@QQQ@Q@Q@@@Q@@@@\nIRRUPCIONES\n\n(13)/ Ma~io Lev~e~o\n\nHab.l.azdel tiempo no me p arece algo tan t rí.v í.a.L\ncomo han que~ido hace~nos c~ee~. De una mane~a bastante\ngene~alizada y más o menos aeczet a o explícitamente,\nlos se~es humanos nos sentimos víctimas de, ent~e ot~as\nmuchas cosas, una especie de eno~me injusticia básica,\nno localizada. No es una actitud ~acional, pe~o quién\nsabe si en ella no subyace una ve rdad oculta: ¿qué\npodemos sabe~, en definitiva, de los ent~etelones de la\nc~eación, si la hubo, o del su~gimiento espontáneo, si\nlo hubo, de lo que llamamos Unive~so?\nPe~o estos son temas p~ohibidos, po~que si uno se\npone a pensa~ en lo que está más allá de la\nexpe~iencia, pie~de\nel tiempo y\nse dist~ae del\np~opósito\nfundamental\nde\nla\nvida,\nque\nes\nel\nenneg~ecimiento del cielo con el humo de las chimeneas.\nMient~as tanto, a pe sar de la p roh.í.b í.c í.ón de\npensa~, el sentimiento sigue allí, y lo exp~esamos como\npodemos, hablando po~ ejemplo del tiempo. El tiempo es\nalgo que no podemos cont~ola~, que siemp~e so~p~ende y\nma~avilla po~ su cap~ichosa mane~a de compo~ta~se. Si\nlo ~efe~imos al tiempo, a ese ente inmanejable que nos\nempa~eja a todos bajo la a~bit~a~iedad de sus dictados,\nel\nsentimiento\ntiene\npe~miso\npa~a\nexp~esa~se\nLí.bz emerrt e . \"Qué ca.Lo r, ¿eh?\" \"Qué tiempo, ¿eh?\" \"¿Qué\nme dice del t empoz a.L de anoche?\"\n\"Qué f ri o, ¿eh?\", lo\nque podz a t raduca rae más o menos así: \"Periaa r que la\nvida humana en pa~ticula~, y la vida en gene~al, puede\nexisti~\nsólo\nen\ncondiciones\nmuy\nespeciales\nde\ntempe~atu~a, en un segmento ~elativamente muy pequeño\nde la escala que mide el te~mómet~o. A veces ~ecibimos\nun buen susto, como anoche. Igno~o qué fue~za oacura\nnos hab~á c~eado, pe~o pod~ía t~ata~nos un poco mejo~,\n¿no c~ee?\"\ní\n\n�*\nLeyendo un pe:r:iódico (LUP), me empezó a molesta:r:\nen cie:r:to momento\n(CM) la p:r:olife:r:aciónde siglas\n(PDS), que continuamente\nremí,tía a o t roe luga:r:es (OL)\ndel a:r:tículo, en busca del significado\n(BDS). Esta\nfo:r:made lectu~a inte~~umpida\n(LI) se vuelve a menudo\nengo:r:~osa,y si uno sigue de la~go (SDL) sin t~ata~ de\n~ef:r:esca~el significado de las siglas, te~mina po~ no\nentende~ y abandona~ la lectu~a (ALL). T~até de pensa~\npa:r:aqué usa:r:íanese sistema de siglas (SDS), y llegué\na la conclusión de que lo hacen buscando a.Lí.ví.a r las\nrepe t í.c one s fatigosas p az a el Lect o r (RFPEL),. me di\ncuenta de que, cie:r:tamente, en esos a:r:tículos a veces\nse :r:epitenmuchas veces nomb:r:esde g~upos (G), pa~tidos\npolíticos\n(PP) o instituciones\n(I), y entonces\nme\np requrrt p oz qué se repe r an tantas veces los mismos\ng~upos de palab~as (MGDP) y po~ fin comp~endí: la fo~ma\n~eite~ativa\n(FR) de const:r:ui:r:\nlos a:r:tículos (CLA) está\ndi~igida a una aup rema c.l ar í.dad de exposición\n(SCDE).\nMediante\nla FR se Loq ra que los art í.cu Loe queden al\nalcance\n(QM)\nde\ntodo\ntipo\nde\npúblico\n(TTDP) ,\nincluyendo a los débiles mentales\n(DM), con lo cual la\nllamada \"p:r:ensaesc rí,\nt a\" (\"PE\") se pone\nen condiciones\nde competi:r:con la televisión (T).\ní\n\né\n\ní\n\n*\nDecía el homb:r:een el ba:r::\n-¿Po:r: qué voy a esa peluque:r:ía y no a o t ra? Le\nexplico: en p:r:ime:r:\nluga:r:,el peluque:r:o es un ve:r:dade~o\nar t í.ata , En segundo luga:r:, la peluque:r:ía queda a la\nvuelta de mi casa. En t e rce r luga:r:, y es ésta la\np:r:incipal :r:azón, po rque\nla\nconve raaca on\ncon\nel\npeluque:r:oes más o menos textualmente así:\n\"-¿La:r:go?-p:r:egunta.\n\"-Sí, pe:r:ono tanto -:r:espondo.\n\n�\"Él dice que sí con la cabeza. Corta el pelo. Me\nmuestra el resultado en un espejo que sostiene detrás\nde mi cabeza.\n\"-Muy amable -dice, cuando le pago.\n\"-Gracias -le digo yo, y me quedo pensando: ¿por\nqué le dije 'gracias'?\n-Después me di cuenta -concluye\nel hombre del\nbar-. Le di las gracias por el silencio.\n\n*\nEn Buenos Aires. Sube una chica espléndida al\ncolectivo 70. Yo voy en el primer asiento detrás del\nchofer; tengo que torcer el pescuezo para verla cómo se\nmueve con una infinita gracia y se sienta, pasillo de\npor medio, un asiento detrás del mio.\nA cada rato me acuerdo de la chica y me vuelvo\npara mirarla; en una de esas veces, advierto que lleva\nen las manos un librito de tapas rosadas, delgado, poco\nmás que un folleto. Ahora me doy vuelta para verla a\nella pero también para tratar de leer el título del\nlibro, y a medida que pasa el tiempo me va resultando\nimperioso conocer ese título, como si el libro\ncontuviera las claves para acceder a la muchacha.\nCuando me levanto para bajarme, consigo por fin\nleer el título: \"Quebrántame, Señor\".\nMe muerdo los labios y elevo los ojos al cielo. Se\nme ocurren mil cosas guarangas para decir, pero por\nsuerte no me atrevo.\n\n©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©\n\n�PARA: LUCIA CALAMARO/GABRIEL PEVERONI\nDE: MARIO LEVRERO\n\nIRRUPCIONES\n\n/Mario Levrero\n\n(14)\n\nEntro a una\ncarnicería\ncomo parte\nde mi\nengorrosa exploración del barrio, porque ya es\ninútil\nque\nintente\nuna\nvez\nmás\nen\nlos\nsupermercados: llego hasta la puerta y allí mismo\nla publicidad estúpida y machacona me pone una mano\nen el pecho y me empuja hacia la calle. Como muchos\notros\ncomercios,\nen\nlos\nI timos\ntiempos\nlos\nsupermercados se han transformado inexplicablemente\nen una máquina de picar cerebros, y todo lo que en\nmi vida se había simplificado ahora se complica:\ncomprar el queso en la panadería, la pasta de\ndientes en la farmacia, el café en el almacén. y la\ncarne en la carnicería,\naunque\nla carne del\nsupermercado era de gran calidad.\nEl local de esta carnicería es amplio, y en su\ninterior trabaja una cantidad de personas. Aunque,\nmirando bien, no puede decirse que trabajen; están\nallí, con sus delantales blancos, en alguna clase\nde amable reunión.\nUna señora se aproxima, por detrás del largo\nmostrador, y me pregunta qué deseo. Yo señalo una\nvitrina con carne.\n-Pulpa\nchurrascos\n-digo-o\nNalga\nde\npara\nternera.\nú\n\n1\n\n�Ella se azora y va en busca de uno de los\ncarniceros ociosos. No lo llama en voz alta, sino\nque va hasta la rueda de carniceros y le habla. Lo\ntrae casi de la mano. El joven se acerca y me mira\ninquisitivamente.\n-Quiere pulpa de ternera -le dice la mujer,\nsolícita, mirándome a mí.\n-No hay -responde\nel joven, dirigiéndose a\nella; después me mira fugazmente-o Ternera no hay.\nYo señalo un trozo de pulpa que se ve en la\nvitrina. No es gran cosa, pero parece que se puede\ncomer.\n-Ah -dice el joven, dándolo vuelta con la punta\nde una larga cuchilla-o Es pulpa de ternera. Nalga.\n-Bueno -digo, y me quedo esperando.\nEl joven se queda esperando también. La mujer\nmira a uno y a otro, un poco anhelante.\n-¿La va a llevar? -pregunta al fin el joven,\ncon impaciencia.\n-¿Cuánto? -pregunto.\nSeñala\nun\ncartelito\ncon\nla punta\nde\nla\ncuchilla.\n-Ahí tiene el precio -dice.\nEl cartelito decía \"24.90\",\ny yo ya lo había\nvisto. Me impaciento, a mi vez.\n-¿Pero cuánto pesa? -pregunto.\nToma en las manos el trozo de carne y lo lleva\nhasta una balanza. La balanza indica algo así como\nun quilo y trescientos gramos. Me quedo esperando.\nEl carnicero se queda esperando. La mujer nos mira,\nanhelante.\n-¿La\nva\na\nllevar?\n-pregunta\nal\nfin\nel\ncarnicero.\n-¿Pero cuánto es? -casi grito.\nSeñala el visor de la balanza electrónica.\n-Ahí dice -dice-o Un kilo trescientos.\nYa me cuesta hablar. Siento la boca reseca.\n\n2\n\n�-¿Cuánto cuesta ese pedazo de carne? -pregunto,\nsubrayando cada palabra.\nEscribe el precio en la balanza electrónica, y\naparece en el visor la cuenta hecha: \"31.75\".\n-Treinta y dos pesos -dice.\n-Está bien -digo yo, alerta, pensando que me va\na tirar la carne a las manos. Pero ni siquiera hace\nfal ta pedi r que la envuel va; en un arranque de\ninspiración va y consigue una bolsita. La mujer me\nmira con una expresión\nazorada, como el que fue\npescado en falta, o trata de ocultar algo.\n-Si puede, pague justo -dice.\n-Tengo que cambiar doscientos pesos -digo.\nElla hace una pausa; ha llegado el momento que\ntanto temía. Después confiesa:\n-La\ncajera\nno está.\nTiene\nque\nesperar\nun\nmomento, que ahora viene.\nYo ya había notado que desde hacía rato, casi\ndesde un principio, echaba nerviosas miradas hacia\nun\nsector\ndel\nlocal\nocupado\npor\nuna\ngran\nestantería. Ahora mira francamente hacia allí; casi\nseñala con un dedo.\nPasa el tiempo.\nYo tengo\nen mis manos\nla\nbolsita con la carne, y pienso más de una vez en\ndej arla sobre el mostrador e irme; es lo que hago\nhabitualmente cuando me maltratan. Pero ahora estoy\nparalizado, subyugado, porque el transcurrir de las\ncosas\ntiene\nun\natractivo\ncasi\nartístico,\nuna\nextraña coloración,\nuna atmósfera irreal de la que\nno me puedo sustraer.\nLa cajera no viene. Después veo que está ahí, a\ndo s .f- -_ :0 por teléfono, y la si tuación me\nfascina todavía más. Veo trozos de cajera detrás de\nla estantería.\nSe balancea\nnrientras habla\npor\nteléfono. No puede dejar de hablar por teléfono ni\nde balancearse.\nMe paseo por el local, mirando aquí y allá,\npero mis ojos siempre\nvuelven\na los trozos de\n»-Ór\n\n~-~_..:..\n\n3\n\n�cajera. Se acerca otra mujer y me pregunta si\nquiero comprar algo.\n-Sólo quiero pagar -digo-. Pagar e ir.me.\nMe acerco a la mujer anhelante, que se ve muy\nperturbada por la situación. Siento una auténtica\ncuriosidad.\n-¿Ustedes\nsuelen\natender\nal\npúblico?\n-le\npregunto. Ella contesta serian~nte.\n-sí -dice-. La cajera ya viene. Lo que pasa es\nque ahora está hablando por teléfono.\n-No lo decía sólo por la cajera -insisto-. Lo\ndecía también por el carnicero.\n-Ah, sí -dice ella, siempre seria-. ¿Usted vio?\nEcha miradas nerviosas hacia la estantería que\nle impide ver a la cajera. Por algún motivo, esta\nmujer es la única persona que parece preocuparse. Y\nno parece que fuera la dueña.\nLa\ncajera\nno\nvino;\nsiguió\nhablando\npor\nteléfono.\nEl\nque\nvino\nfue\notro\ncarnicero,\ncorpulento, de ojos protuberantes y gesto adusto, y\ncon un manotazo me sacó el billete de la mano.\nManipuló\nla caja.\nSiempre\nen silencio y\ncon\nademanes bruscos, me entregó el vuelto, mientras la\nmujer lo miraba preocupada, anhelante.\nEn el barrio\nhay\notras\ncarnicerías.\nSerá\ncuestión de seguir probando.\n\n4\n\n�PARA: LUCIA CA~RO\nDE: MARIO LEVRERO\n\nMi amigo el biólogo llegó de Estados Unidos, y de paso\nhacia o desde Buenos Aires vino a visitarnos con su familia\n-cuando vivíamos en Colonia. A los pocos minutos de estar en\ncasa mi amigo el biólogo salió al jardín del fondo, le pidió\na su hijo que llevara la filmadora de video y cuando todo\nestuvo pronto y el hijo ya había gatillado el disparador de\nla máquina, como un prestidigitador que acciona una varita\nmágica mi amigo el biólogo metió un palito en un agujero que\nhabía en la pared de ladrillos, y de allí salió\ninmediatamente una araña negra de considerable tamaño, y en\nactitud de enfrentamiento.\n-Todas las paredes de ladrillos del Uruguay están\nllenas de estas arañas -comentó mi amigo el biólogo, con\naire satisfecho.\nYo nunca volví a ser el mismo.\n\n*\nDespués repetí algunas veces la experiencia en la pared\nde ladrillos, y era infalible. Había cientos de ladrillos, y\ncientos de agujeros, y cientos de arañas. Pero hay otras\ncosas más sutilmente inquietantes, como por ejemplo los\nmicrobios. Muchos toman consciencia de que estamos llenos de\nmicrobios, por dentro y por fuera, y se quedan fijados a la\nidea y no pueden escapar. Se pasan el día lavándose. Por\nalguna razón, los microorganismos de adentro no preocupan\ntanto como los de afuera; será porque si están adentro y uno\nestá vivo, es porque los domesticó, o fue domesticado por\nellos. En canmio afuera puede haber cualquier cosa,\ncaminando y arrastrándose por la piel, buscando un agujerito\npor donde colarse. Sí, es una idea preocupante, y por eso no\npensamos a menudo en ello.\nA mí no llega a preocuparme, pero sí me produce una\nimpresión de infinito desasosiego, una especie de malestar\nno localizado pero que puede volverse intolerable, la visión\n\n�de los finísimos hilos de araña que tapizan la pinocha y que\npueden verse especialmente cuando el sol está bajo. Por\nextrapolación, se llega rápidamente a la certeza de que toda\nla superficie de la tierra está cubierta por hilos de araña;\nkilómetros y kilómetros, y cientos y miles y millones de\nkilómetros y kilómetros de finos hilos tejidos por millones\ny millones de pequeñísimas arañas. No sé qué es lo que me\ndesanima de esto, si la calidad o la cantidad. Lo que\nsiento, a la caída del sol cuando estoy en un bosque, se\nparece muchísimo a una tristeza insoportable.\n\n*\nEn el jardín del fondo de la casa de Colonia, durante\nun verano signado por la Lucha Contra la Hormiga, descubrí,\ntirado de panza sobre las baldosas, que las hormigas\npequeñas no son las más pequeñas; hay otras mucho más\npequeñas, casi invisibles a simple vista. Yo las pude ver\nmás bien como un movimiento, con mi ojo miope, que me\npermite acercarme mucho a los objetos pequeños; pero después\nconfirmé su existencia con una lupa. ¿Por qué nadie habla de\nesas hormigas tan pequeñas? ¿Habrá hormigas microscópicas?\n\n*\n¿Y las partículas de polvo que flotan en el aire, con\nese suave movimiento browniano, y que se ven especialmente\ncuando el sol entra a la pieza a través de las tablitas de\nla persiana? Me pasaba de niño, pero aún ahora no puedo\nrespirar mientras las veo -como si al no verlas ni pensar en\nellas, las partículas de polvo desaparecieran.\n\n©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©©\n\n�PARA: LUCIA CALAMARO\nDE: ~mRIO LEVRERO\n\nO SOFI O GABRIEL\n\nQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ\n\nIRRUPCIONESI\n\n*\n\nMa~io Lev~e~o\n\n16\n\n(~\n\nA .Al..inda Núñez\n\nNecesito\nesc~ibi~\npa~a\ndeso~dena~\nlos\npensamientos, buscando una mayo r coincidencia con la\n~ealidad. No es que la ~ealidad sea en sí decididamente\ndeso~denada (igno~o cómo es), pe~o sí es que el o~den\nde los pensamientos le queda siemp~e est~echo, yeso\nes\nmolesto pa~a quien vive y los padece.\n\n*\nDu~ante una g~ipe, me quedé en cama y decidí\nesperar a v er cómo evolucionaban Lae C05a5 antes de\ntoma~\nalguna\nmedida,\npo~que\nconside~o\nque\nla5\nenfe~medades suelen se~ una fo~ma de exp~esión que no\nconviene ~ep~imi~ de modo ~adical.\nPor la rarde , la f í.eb re había subido mucho y me\nllevó algunas hez as errcorrt zaz la fue~za de voluntad\nnecesa~ia pa~a levanta~me y da~ algunos pasos ha5ta el\nbotiquín\ndonde\ngua~daba,\nerrt re\not rae\ncoeas,\nun\nmedicamento eprop edo , Mi cue rpo estaba apaciblemente\n~elajado e in5en5ible; la mente, po~ su pa~te, después\nde algunos en5ueños ~eite~ativos y bastante abst~actos,\nen los que al pa~ece~ buscaba afe~~a~se de alguna\nest~uctu~a\nsólida,\no po~\nlo menos\n~ígida,\nhabía\ncomenzado a da.epe rearae, como f raqrnerrt ada en pequeños\nplanetas que se aleja~an ve~tiginosamente de ese cent~o\nque suele se~ el yo. En algunos embates de lucidez, el\ní\n\n�vo.l.ve r a o ro an z az s e , pero sólo le era\nyo procuraba\npermitido\nel papel de espectador.\nPensaba:\n\"así es la\nmuerte\".\nEl yo se fugaba,\nse dispersaba,\ny era muy fácil\ncon~render que esa construcción\nera muy precaria,\nmuy\nfrágil,\ny no demasiado real:\nde un momento a otro podía\ndesbaratarse,\ncomo ahora, y yo de s apar ece r , como casi\nhabía desaparecido\nen esos momentos.\nTodos esos sentimientos\ny percepciones\nde mí mismo\nno connotaban ningún drama. Lo que me sucedía era algo\nque no tenía irrportancia.\n\"Esta es una clase de muerte\nque puedo aceptar\",\npensé\nsin\nangustia,\ny después,\ncuando todo hubo pasado,\npensé que mi estado\ngripal\nhabía\nsido\ncomo un curso\nacelerado\nde budismo Zen.\nTambién después,\njunto\ncon\nel\nyo\nvolviel::on\nlas\naprensiones\ny las pl::eocupaciones por cosas ninuas.\ní\n\n*\nLa luz crepuscular\ndisuelve\nla irrealidad\nde los\nviej os muros y atenúa el ridículo\ndesafío\nde los más\nnuevos.\nLos árboles\nr ecob r an su dignidad\nvi tal\ny se\nrecuerdan\na sí mismos como dueños de una sabiduría\ndecisiva.\nTodo transcurl::ir,\nen general,\nse\nvuelve\nmisterioso\ny por lo tanto\ncierto:\nes todo el mundo,\ndesvelado de contrastes\nagresivos,\nquien se recuerda en\ntodas sus dimensiones.\nLa luz\nroja\nde un semáforo,\nen una\nesquina\ncualquiera,\nbrota como por primera vez, como naciendo\nmaravillada,\ny su mensaje es una explosión\nde amor que\nme toca y me de ap í.e r t a, también a mí, en esa esquina\ndonde no esperaba\nya absolutamente\nnada de la vida.\nEnt re esos edificios\ninsensatos\nque lo invaden\ntodo\nhay, todavía,\nun lugar que hace elevar los ojos y mirar\nalgunas nubes rosadas,\nheridas\npOl:: los rayos de un sol\nque ya no podemos ver.\nAlguien,\ndentro\nde mí,\nse\nexpande y respira\n--nace,\ncomo la luz roja,\nen una onda\nexplosiva\nde amor, en la dimensión del espíritu\nque\nhabía quedado sepultada por alguna clase de locura.\n\n�Hasta el estr:uendo de los automóviles y de las\nn~quinarias que destruyen y construyen sin ninguna\nraz ón valeder:a la ciudad, par:ece cesar:, o atenuar:se\nhasta una casi amabilidad, y los hombres que manejan\ntoda esa maquinar:ia recobran sin saberlo una inocencia\nprimitiva. Es un minuto fugaz. La luz r:oja se borr:a y\nestalla una luz verde; más tarde, brota con el mismo\nímpetu de recién nacida una amarilla; en seguida,\nretorna la roja, pero ya pasó el misterio, ya está\ncayendo, así, tan pronto, la noche; ya la gente\nadvierte que yo no trato de cruzar la calle, y comienzo\na sentir el ridículo y el frío.\n\nLle do por una determinación cuyo\nnada claro\negún descubrí después, al r ensar todo el\nasunto- levant la colcha de la cama\nomándola por una\npunta, y allí eet\n.erep\nre las arañas que\nencuentro, como si\nb í.e ra es do siempre allí, y en\nese preciso instante m hub.í era sido dado pe rcí.b rLa,\nal caer una venda de mis\ncomo si fuera necesario\ne imprescindible, dent\ngún plan cósmico, que la\naraña estuviera allí precisame te allí, y fuera de ese\ntamaño preciso.\nLuego, al\nsplazarse\ncarácter y\nle pude pegar con una esco\ní\n\n�PARA: LUCIA CALAMARO\nDE: MARIO LEVRERO\n\nO SOFI O GABRIEL\n\nQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ\nIRRUPCIONES/ Mario Levrero\n(17)\n\nA Car~a Var~otta.\n~~~~.\nLlamaron a la puerta, y fJl'ia ver quién era; en\naquella época yo todavía hacía~@as cosas.\nSe trataba de una muchacha,\nde aspecto muy\nagradable, que se anunClO como vendedora de libros.\n-No quiero hacerte perder el tiempo -le dije-. Por\nuna cuestión de principios no compro nada a los\nvendedores ambulantes. Tarrpoco compro libros nuevos. Me\ngustan las librerías de viej o, el olor de los libros\nque ...\nNo estaba escuchando, y dejé morir la frase.\n-No importa -dijo-. Déjeme que se los muestre.\n-Entonces errtr +respond\ny me hice a un lado\npara hacerla pasar. Tuvo una pequeña duda, pero el\nempecinamiento de vendedora se impuso al miedo de\nmuchacha. Entró, pasó a mi escritorio, se sentó en un\nsillón que le indiqué mientras yo me sentaba frente a\nella, poniendo\nun escritorio de por medio para\nahuyentar sus temores.\n+Pe ro vas a perder el tiempo, porque no compro\nnada, y menos libros -insistí. Ella aonrao, abrió la\nbolsa que llevaba a cuestas y empezó a sacar volúmenes.\nDe cada uno de ellos hizo un breve comentarlO. Yo\nmás o menos sabía de qué se trataban, porque en aquel\ntiempo aquella ciudad había sido muy castigada por\nvendedores de libros, y si bien yo no les compraba, ni\nlos atendía con la misma gentileza que a esta graciosa\nniña, mucha gente amiga o conocida sí habían comprado y\nme los habían mostrado o me los comentaban.\nFinalmente, a la chica se le terrr~naron los libros\ny quedó en suspenso.\ná\n\ní\n\n,\n\n1\n\n�-¿No hay más? -p~egunté. Ella sacudió la cabeza-.\nBueno -ag~egué, después de una pausa la~ga-. No voy a\ncomp~a~ nada, como te había dicho.\nSe le pintó en la ca~a algo que pa~ecía desaliento\npe~o que tal vez e~a algo más.\n-No vendí nada en toda la mañana -dijo-. Y todavía\ntengo que ~eco~~e~ como veinte cuad~as.\nLa mí r\ncon simpatía. Podía ae r mi hija. No: mi\nnieta.\n-¿Que~és un café? =o f rec\nSacudió la cabeza-.\n¿Té?\nNo.\n-¿Un ~ef~esco?\nTampoco, desde luego.\n-¿Un sandwich? Puede aer de pan blanco o de pan\nneg~o. Con jan~n y g~uesos t~ozos de queso.\nNo, no que~ía nada. Po~ algún oscu~o motivo, sólo\nque rí.a hace r una venta. Tal vez el error había sido\nhaoe rl.a errrrar r eso le hab rí.a abí.e rt o todo un camino\niluso~io, falsas espe~anzas.\nSegu~anlente más t arde iba a llo~a~: cuando nadie\nla vie~a. Aho~a se la notaba conteniendo las lág~imas.\nYo deseaba toma~la en mis b~azos y acuna~la.\n-¿Estás segu~a de que no que r s un s::;IJ~~~h?\n~\n~\nSacudió ot ra vez la cabezf' sin ~vvb~\nde\n~\nme estaba diciendo que nojJ e~taba segu~a. Empezó a\nmete~ los lib~os en la bolsa. Quién sabe cuántas veces\nmás iba a f racaear, en cuántas cosas más, antes de\nda~se po~ vencida. Y cuando se die~a po~ vencida, ¿qué?\n¿Casa~se, p~ostitui~se, emig~a~? Y después, ¿qué?\nLa acompañé hasta la pue rt a, y la mí.r\ne.Le\nj arse\ncomo si la ca~ga que llevaba f'uera demasiado pesada\npa~a ella. Cuando se pe~dió de vista, el sentimiento de\npiedad\ncomenzó\na\nt rae l.ada rae\nlentamente,\nmuy\nLerrt\namerrt\ne, y hacia el fin de la t ar.de , cuando las\nsomb~as se ala~gaban anticipando la noche, encont~é que\nse había depositado con~letan~nte en lTIÍ.\n\"¿Y yo?\", pensé.\né\n\ní\n\n•\n\né\n\né\n\nQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ\n\n2\n\n�PARA: LUCIA CALAMARO\nDE: MARIO LEVRERO\n\nO SOFI O GABRIEL\n\nIRRUPCIONES/ Mario Levrero\n\n(18)\n\nMi vista se posó en un objeto peculiar, muy\nllamativa. Yo estaba en la larga fila de espera\npara pagar una cuota en la caja de un Banco, y en\nesas\ncircunstancias\ncualquier\nhecho mínimo\nse\nvuelve una fiesta para la imaginación. En este caso\nse\ntrataba\nde\nuna\ncaja\npequeña,\nde\ntapa\nrectangular, blanca, ubicada junto a la puerta, a\nla altura de una llave de luz y más o menos de\nsimilar\ntamaño,\naunque sobresalía\ndos\no tres\ncentímetros de la pared. Tenía un dibujo rojo.\nPensaba en el misterio de las filas de espera\nen los Bancos. La población del país no se ha\nincrementado de modo notorio, al menos que yo sepa,\ny las instituciones bancarias se han multiplicado,\ncomo antaño los bares; los trabajos engorrosos se\nhan automatizado y las computadoras realizan en\nsegundos las operaciones que antes podían insumir\nsemanas; hay cajeros automáticos por todas partes,\nhay máquinas que cuentan el dinero, muchos pagos se\npueden hacer en cambios y agencias de quiniela e\nincluso en superrnercados ---y sin errbargo las\ndemoras en los Bancos siguen siendo idénticas a\ncomo eran hace quince o veinte años, o tal vez\npeor.\nPensaba en eso y en la mala entraña que hay que\ntener para ganar dinero como ganan los Bancos,\ncuando mi vista cayó sobre ese objeto en la pared y\nya no pude olvida~~e de él, aunque en otra fila, a\npocos metros,\nhabía una\nseñora\nargentina muy\nllamativa y elegante que no miraba con malos ojos a\nlos ejos masculinos que se posaban en ella. Pero la\n\n�cajita tenía una fuerza de atracción de orden\nsuperior. Cuando la fila me fue acercando un poco,\nvi que el dibujo\n\nrojo era la imagen de una fogata,\n\ny que arriba, o abajo, decía INCENDIO con letras\nrojas, y de inmediato me vinieron unas ganas muy\nintensas\nde\noprimir\nese\nbotón,\nporque\npor\ninfluencia de tantos años de dibuj os animados lo\nprimero\nque Lmaqí.né fue que al apretar\nel botón\ninstantánearr~nte se prendía fuego todo el edificio,\ny en dos o tres segundos quedaba reducido a una\nmasa negra de escombros humeantes.\nDespués pensé que más bien debía serv r para\napagar los incendios, y no para p rovocarLos, pero\nme llamó la atención que el botón estuviera tan ~\nalcance de la mano, que incluso un niño -o alguien\ncon las pulsiones de un niño- podría sentirse\ntentado a apretarlo. El dibuj o de la fogata era\ncomo una mano de dedos rojos, abierta, con un dedo\nmás grande que los otros y en forma de rulo\nlevantado, como el copete de Woody Woodpecker. Para\ncualquiera que tuviese un mínimo de sensibilidad,\nese botón gritaba \"oprímeme\" .\nCuando estuve más cerca, pude ver que no se\ntrataba simplemente de apretar el botón; la cajita\nblanca tenía una ranura en la parte inferior, como\nuna gruesa línea con un ensanche redondo en un\nextremo, seguramente\nalgo donde colocar\nalguna\nllave especial. En caso de emergencia, la persona\nencargada de la llave estaría en el baño, o habría\nsalido a hacer un mandado, como sucede siempre.\nDespués\nimaginé que\nesa llave había\nsido\ninstalada por fuerzas equilibrantes del universo, y\nal ser oprimida por un chico travieso, o en alguna\nemergencia, su verdadero efecto consistía en que,\nen alguna parte mundo, estuvieran donde estuviesen,\nlos ignotos dueños de ese banco\n(necesariamente\nfeos y obesos, muy obesos) se hundieran en el piso,\ndesaparecieran\npor una puerta-tran~a\ny\ncayeran\ní\n\n�después de algunos siglos en el fuego del Infierno,\ncomo castigo por hacer esperar a la gente en colas\ninterminables para ahorrarse el sueldo de los diez\no doce empleados que hacían falta.\nDespués, como pasa siempre, estaba por llegar\nmi turno y tuve que pararme nervioso frente a la\ncaja. esperando que me llamara el cajero, mientras\nbu- _d _\n___\n' bolsillos el dinero y los papeles\nque, siempre, en esos momentos finales tienden a\ndesaparecer o a entreverarse en los bolsillos con\notr\",\"\"\npapeles cuya existencia se ignoraba, y toda\nesa actividad deshizo los juegos de la imaginación,\nasí como un promisorio\nromance con la sólida\nturista\nque,\nen\nla\notra\nfila,\niba\ntambién\navanzando, aunque más lentamente,\nrumbo a ese\ntrivial destino de la caja de un Banco.\nPOSDATA. Bastante tiempo después de escrito lo\nque antecede, debí volver al mismo Banco, donde se\ngeneraron\nnuevas\nhistorias\nque\nalgún\ndía\nirruropirán, tal vez, en mi memoria.\nEse día,\nmientras volvía a mirar la cajita blanca, llegó un\nhombre al que no sería capaz de describir +s lo\nrecuerdo un traje marrón y unos bigotes, y una edad\nque podría andar por los treinta y cinco años-,\nmiró a un lado y a otro como para ubicarse en la\ncola que le correspondía, vio la cajita blanca con\nla llamita roja y sin pensarlo mucho se acercó y la\napretó con el grueso pulgar de la mano izquierda.\nDe inmediato levantó la cabeza y miró hacia todos\nlados, como para ver surgir las llamas, o el agua,\no los bomberos, y cuando después de unos segundos\nvio que no sucedía nada tuvo un ligero encogir~ento\nde hombros. Me miró, como buscando complicidad, o\nconsuelo, y yo hice un gesto ambiguo elevando las\ncejas, que debía entenderse como: \"qué le vamos a\nhacer; así va el mundo\", O M. ~ ~\nl[\n/Lv> I-e\nó\n\n~\n\ne; 1v~~(1\n\nr.-\n\nI\n\nt+':\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"18"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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