["item",{"itemId":"59","public":"1","featured":"1","xmlns:xsi":"http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance","xsi:schemaLocation":"http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd","uri":"http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/59?output=omeka-json","accessDate":"2026-04-30T14:02:06+00:00"},["fileContainer",["file",{"fileId":"103"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/c2ada170476d0007b69e186864b9b4aa.pdf"],["authentication","009350961bb692bb434d28ec7becdb6d"],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"5"},["name","PDF Text"],["description"],["elementContainer",["element",{"elementId":"52"},["name","Text"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"491"},["text","CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ\n\nLA JORNADA DEL FOSO DE ZAMORA\nDurante medio siglo había resistido Alfonso II el Gasto las más\nferoces acometidas de los ejércitos musulmanes en las abruptas mon\ntañas de Asturias, Álava, Castilla y Galicia. Vencido a veces y a veces\nvencedor, había al cabo conseguido salvar la independencia de su\nreino, que se extendía a la sazón a lo largo de la costa cantábrica,\napoyado en el mar y con la cordillera cántabro-pirenaica a guisa de\nmuralla. Poco después de su muerte (842) Ramiro y Ordoño fortifi\ncaron algunas plazas al sur de los montes, para proteger los posibles\ncaminos de acceso al embrión de España, todavía serrano. Hasta el año\n883 fueron las nuevas fronteras del reino de Asturias repetidamente\natacadas por las huestes sarracenas. Pero la anarquía que estalló en\nel Al-Andalus en los últimos decenios del siglo IX permitió a\nAlfonso III defender la raya del Mondego, del Duero y del Arlanza\ny ocupar y colonizar las tierras situadas al norte de esa línea fron\nteriza (1).\nCon el nuevo siglo sobrevinieron momentos de peligro a la obra\nde restauración del Rey Magno. Mas por fortuna para los futuros des\ntinos de España la fiera acometida, que pudo retrasar o frustrar aquel\nbrioso renacer de la España europea, aunque subió veloz e impetuosa\ndesde el Guadiana hasta el reino de Alfonso, acabó estrellándose im\npotente ante las peñas y los muros de Zamora. No obstante la furia de\nsu empuje, faltaban a la formidable máquina guerrera, cuyo trágico\nfin presenció el ancho Duero, las recias manos de un conductor ex\nperto. Porque un hombre vano y fatuo puede, audaz, convertirse en\ncaudillo de un movimiento engañosamente arrollador, si acierta por\nacaso a excitar las estultas pasiones o los impulsos conservadores de\nlas masas medrosas y miopes, pero jamás conseguirá por su propia\nceguera dar cima a empresa alguna que no pueda fraguarse en los\nobscuros sótanos del instinto vital.\nEl ataque contra el reino cristiano no fue obra de la iniciativa\noficial del gobierno de Córdoba. Abd Allah se hallaba a la sazón com\nprometido en ruda lucha con los rebeldes que se habían alzado en\ntoda España contra la soberanía del Imán (2). La empresa fue ideada\n(1)En mis \"Orígenes de la nación española\" estudiaré el reinado de Alfonso III. De\nlas páginas que le consagraré en tal obra proceden lns que siguen.\n(2)Sobre Abd Allah véanse Dozy: Histoire des musulmán d'Espagne, 2.a ed. II,\npágs. 21-93 y la magnífica y novísima Histoire de l'Espagne musulmane de Lévi-Provencal, I, págs. 230-279.\n\n�por un guarnicionero, activo propulsor de la guerra civil, y llevada a\nla práctica por un príncipe ambicioso y astrólogo (3). Era éste Ahmad\nBen Muawiya, hijo de un tal Muhammad, llamado el Gato y nieto a\nsu vez de Hixam I. Hermoso de rostro, dotado de un espíritu despierto\ny vivaz, un poco astrónomo, dado a la astrología, audaz e ingenuo,\nembaucador y crédulo, Ibn Abí Ayub dijo de él: \"Una gacela tiene\npor padre un gato\" y \"Oh, señor, te han ceñido la espada, pero te\ncaerían mejor un mirt y unos pendientes\". Puso el arma en sus manos\npara atacar a Alfonso, el guarnicionero Abú Ali Al-Sarrach que es-\n\n(3) Se han ocupado de esta campaña con mayor o menor brevedad: Dozy: Histoire des\nmusulmans d'Espagne, ed. Lévi-Provencal, II, págs. 132-134; Barrau-Dihico: Recherches sur Vhistoire politique du royaume asturien (718-910), Revue Hispanique\nLII, 1921, págs. 208-209; Cotarelo Valledor: Historia crítica y documentada de la\nvida y acciones de Alfonso III el Magno, último rey de Asturias, 1933, págs. 447-450\ny Lévi-Provenqal : Histoire de l'Espagne musulmane. I, 1944, págs. 269-271. Todos\nellos han dispuesto de laB mismas fuentes: 1 Muqtabis de Ibn Hayyan (988-1075);\nla Crónica de Sampiro, obispo de Astorga hacia el 1035; Al-Hullatu al-Siyara de Ibn\nAl-Abbar (1198-1260) y el Bayan al-Mugrib de Ibn Idari, muerto en 1306. Es porme\nnorizado el relato de Ibn Hayyan; había sido extractada por Cayangos: The History\nof the Mohammedan Dynasties in Spain, II, pág. 463; ha sido publicado por Melcho^\nM. Antuña: Chronique du régne du calife umaiyade 'Abd Allah á Cordone, Textes\nrelatijs a Vhistoire de VOccident musulmán III, págs. 133-139, y yo he dado a la\nestampa nna parte de la versión inédita del mismo, debida al P. Antuña, en La\nEspaña musulmana según los autores islamitas y cristianos medievales, I, págs. 248-253.\nLas indicaciones de las demás fuentes son brevísimas; pueden verse en la ed. de\nFlórez: España Sagrada, XIV, pág. 460; en la trad. de Cas mi: Bibliotheca arábicohispana escurialensis, II, pág. 35, y en la trad. de Facnan: Histoire de l'Ajrique et\nde VEspagne intitulée Al-Bayano' l-Mogrib, II, pág. 231.\nNinguno de los historiadores modernos mencionados ha explotado intensivamente\nel pasaje de Ibn Hayyan. Dozy le siguió con puntualidad pero sólo en sns líneas\ngenerales. El carácter ceñidamente erudito de la obra de Barrau-Dihigo se avenía\nmal con toda detención pormenorizada, y además en sns días Be hallaba todavía iné\ndito y sin traducir el Muqtabis. Cuando Cotarelo redactó su obra ocurría otro tanto\ny aunque al publicarla muchos años después dispuso de la versión inédita de Antuña,\nno supo sacar partido de ella y trazó un relato confnso y erróneo, bajo el peso de la\ndesacreditadas noticias de Conde y de los extractos de Cayancos. Y Lévi-Provencal\nha huido de propósito en su magnífica obra de toda narración detenida y literaria,\npara evitar repetir las páginas de Dozy.\nQuizá todos estos estudiosos han desconfiado, además, tal vez, de los pormenores de\nIbn Hayyan. Me ha decidido a otorgarles plena fe la que me inspiran las fuentes uti\nlizadas por el gran historiador cordobés autor del relato. Sigue de ordinario a 'Isa\nben Ahmad al-Razi, tercero de la gran familia de cronistas andaluces, los \"Rasis\",\nmuerto, según lo más probable en 989 y muy escrupulosamente informado (SánchezAlbornoz: En torno a los orígenes del feudalismo II. Fuentes de la historia hispano'\nmusulmana del siglo VIII, págs. 230 y ss.). Para trazar la historia de la jornada de\nZamora 'Isa al-Razi dispuso, de otra parte: a) De un escrito de puño y letra del\ncalifa Al-Hakam II (912-976) en que recogia noticias del juez de Córdoba Al-Mnndir\nben Sa'íd que murió en 966 a los 82 años (Facnan: Al-Bayano, II, pág. 259, nota 4) y\nque era pues un mozo cuanto el supuesto Mahdí atacó a Alfonso el Magno, b) De\nalgunas páginas de un antor contemporáneo del suceso, de Muawiya ben Hixam, apo\ndado el Sapientia, muerto el año 913, poco más de una década después de la empresa\nque va a ocuparnos, y emparentado con el caudillo que la llevó a término — los dos\neran Omeyas y descendían de Hixam I (Sánchez-Albornoz: Fuentes... págs. 132\ny 88.). c) Y del poeta Muñan ben Sa'id, apodado el Comensal, que vivió durante\nel reinado de Muhammad (882-886), según resulta de dos pasajes de Ibn al-Qutiya.\n(Trad. Ribera, págs. 57 y 70), y que conoció por tanto a los actores qne intervinieron\nen la campaña del año 901.\nEn el relato de la empresa de Zamora que trazo arriba sigo las páginas de Ibn\nHayyan ahora comentadas. Me permito BÓlo localizar los suceBos en torno a Zamora\nconforme a mi conocimiento de los alrededores de la ciudad, e hilvanar, la narración\nde la campaña, conforme a mi costumbre. El lector puede comprobar la puntualidad\nde mi composición acudiendo a las fuentes citadas en esta nota y al final del pasaje\ndel Muqtabis, todavía inédito, que reproduzco como apéndice.\n— 26 —\n\n�eondía bajo su capa de ascetismo su natural rebelde. Era su placer el\nguerrear, se le llamaba el Murawid por sus repetidos ataques a las\nfronteras de los politeístas; pero si no tenía ocasión de combatir con\nlos infieles, en su deseo ardiente de luchar, Abú Ali prefería a la paz\nel pelear con sus hermanos musulmanes. Tiempos propicios a hombres\nde su temple y de su audacia corrían en España. Sus crueldades, pero\nsobre todo su impotencia para mantener la paz dentro de la comu\nnidad de los creyentes y para hacer sentir su fuerza a los cristianos,\nprivaban a Abd Allah de la estimación y del respeto de sus subditos.\nCualquier aventurero podía encontrar amigos y soldados para levan\ntarse con un trozo de tierra del emir. Muchos audaces codiciosos ha\nbían ya seguido este camino. Y los grandes rebeldes españoles, alzados\nhacía tiempo contra Córdoba en los valles del Ebro y del Guadiana\no en las serranías andaluzas, se habían tallado verdaderos reinos in\ndependientes que el soberano no podía someter. Los ascetas y místicos\nmusulmanes de Al-Andalus se hallaban siempre prontos a combatir\ncontra las autoridades ortodoxas y Abú Ali Al-Sarrach odiaba como\ntodos al emir. Había llevado en secreto las negaciones entre Umar\nben Hafsun, caudillo de los renegados del Sur, y los Banu Qasi de\nAragón. Vestido de tosco sayal de lana, calzado con abarcas de esparto\ny montado en humilde pollino, cruzaba en todas direcciones el país\npredicando sañudo la guerra contra Abd Allah y aunando las volunta\ndes de los jefes del partido español (4). Pero fracasaron sus intentos y\nentonces ideó un nuevo y más osado plan: proyectó reemplazar al\npríncipe cobarde y asesino, que levantaba odios o provocaba a mofa,\npor un emir capaz, estimado del pueblo, lo bastante bravo para atraer\na su partido y mover a entusiasmo a las masas islamitas, y lo bastante\ndúctil para gobernar a su dictado y ser instrumento de su juego. Abú\nAli creyó encontrar el monigote seductor que precisaba en el príncipe\nAhmad, el Quraixí, un omeya nieto de los emires cordobeses. En se\ncreto fue seduciendo a la gacela de que hablara el poeta. Nada más\nfácil que arrojar de su trono al déspota cobarde que lo ocupaba en\ntonces. Bastaba con ganar fama y partidarios en una gran campaña\ncontra el reino de los politeístas, para después, entrar triunfante en\nCórdoba. Y la embestida a los estados de Alfonso ben Ordoño no era\nempresa imposible. Las tierras de muslimes, fronteras de las ciudades\nde cristianos, se hallaban pobladas de ardientes berberiscos, castiga\ndos por las aceifas de las tropas astures y gallegas anhelaban luchar\npara vengarse pronto de sus debeladores, acogerían como un libertador\na quien las predicara la guerra a los infieles y le seguirían con fervor\nhasta después del triunfo. Con ellos podía organizarse un formidable\nejército y, azuzando su fiera exaltación, vencer y arrollar a los cris\ntianos. Después de la victoria, España toda se levantaría para sustituir\nal príncipe cobarde por el bravo, al vencido de todos por el de debelador de los idólatras gallegos; y ante las cabezas de Alfonso y de sus\n(4) Da noticia de tal negociación Ibn Hayyan en el Muqtabis. Recogió tal noticia y des\ncribió las actividades de Abú Ali Al*Sarrach Asín en su estudio \"Ibn Masarra y su\nescuela: Orígenes de la filosofía hispano-musulmana\", Obras escogidas I. Madrid,\n1946, pág. 43.\n— 27 —\n\n�condes, clavadas en las lanzas de las vanguardias' del caudillo, ee\nabrirían las puertas de Córdoba, al omeya que venía a continuar la tra\ndición de sus mayores.\nLa raposa engañó a la gacela. El hijo del Gato se decidió a em\npezar su carrera triunfal y un día salió Ahmad de Córdoba, caballero\nen un potro, al mismo tiempo que los habitantes de Muneza veían\nmarchar hacia los alrededores de la ciudad de los emires, a un hombre\nvestido de lana, jinete en un pollino y calzado de esparto, que decía\nllamarse Abú Ali Al-Sarrach. El nuevo pretendiente se alojó fuera de\nCórdoba en casa de otro omeya, primo suyo y reservando sus propó\nsitos, se dirigió a Fahs al-Ballut (5), en tierra berberisca.\nNo había errado en su elección el guarnicionero Abú Ali. Durante\nlas primeras jornadas del drama imaginado Ahmad Ben Muawiya es\ntudió su papel de salvador de la comunidad de los creyentes musul\nmanes y lo representó con maestría. Desde el monte Al-Baranis excitó\na las cábilas de los alrededores a defender el islamismo agonizante,\nse hizo tener por adivino, fue largo en el prometer de la victoria, cegó\nsus ojos con engaños y al mismo tiempo que difamaba al emir\nAbd Allah, invitaba a todos a la guerra santa con los politeístas (7).\nLa semilla no cayó entre espinas y abrojos sino en campos abonados\npor fanatismos y odios; los fieros berberiscos (8) interrumpieron sus\ntrabajos, se juntaron fervorosos a su libertador y asegurado éste de la\nfirmeza de sus resoluciones, marchó con ellos desde Fahs al-Ballut hasta\nTrujillo. En la zona situada al mediodía de Trujillo, Ahmad se esta\nbleció primero con los Banu Al-Raxid, en las orillas del Guadiana,\ny peregrinó después por las aldeas de los Nefza. Se presentó ante ellos\ncomo el Mahdí, como el profeta, como el salvador de los miáslimes\ny consiguió también que aquellos bereberes se le unieran. Era ya jefe\nde una hueste fanática, la empresa maduraba, necesitaba sólo perfi\nlarla, señalarla un fin concreto y próximo. Frente a aquella zona occi\ndental de la España islamita, se alzaba arrogante la ciudad de Zamora,\njunto al Duero. Durante los tiempos de los antepasados del supuesto\nMahdí había permanecido abandonada y despoblada. Nadie impidió\nque la ocupara el tirano Alfonso ben Ordoño —\"maldígalo Alá\", decían\nlos sarracenos al nombrarlo—, los creyentes le permitieron luego po\nblarla con sus gentes y con traidores muladíes de Toledo y, después,\nnadie estorbó al cristiano la construcción de una tartísima muralla\nguarnecida de fosos y de torres (9). Este abandono indiferente, acarreó\n(5)Los musulmanes españoles llamaron Fahs al-Ballnt o \"Llanura de las encinas\" a la\nregión de Pedroche, sitnada entre Hinojosa del Duque y la Sierra de Almadén. Asi\nresulta de varios pasajes del Kitab Al-Rawd Al-Mi'tar Fi Jabar Al-Aqtar de Ibn\n'Abd Al-Mun'in Al-Himyari aprovechados por Lévi-Pboven^al en La Péninsule\nIbérique au Moyen-Age, Leiden, 1938, pág. 188, n. la.\n(6)Los musulmanes españoles llamaban asi a la Sierra de Almadén: Lévi-Pbovení al : L'Espagne musulmane au Xéme. siecle, pág. 176.\n(7)Asi llamaban los musulmanes adoradores del dios único • los cristianos adoradore^\ndel dios trino.\n(8)Sobre la colonización berberisca en España véase Lévi-Pboveníal : Histoire de l'Espagne musulmane, I, págs. 60 y ss.\n(9)Ibn Hayyan describe asi en sn Muqlabis la repoblación de Zamora por Alfonso III:\nDice 'isa ben Ahmadi Este año (280) ee dirigió Alfomo hijo de Ordoño rey de Ga— 28 —\n\n�a los mahometanos graves daños. Desde León, dos jornadas al Norte de\nZamora, hacían ya los politeístas correrías en tierras de muslimes, y\ncausaban estragos en sus campos. Desde Zamora las aceifas se hicieron\nmás frecuentes y las tropas de Alfonso se adentraron cada día más y\nmás en las comarcas habitadas por bereberes musulmanes. Con cuerpos\nde jinetes intentaron poner remedio al mal los defensores de las re\ngiones fronterizas islamitas, enviando una expedición contra Zamora.\nMas la caballería sarracena halló en ésta una obstinada y dura re\nsistencia y nada consiguió frente a sus fuertes muros. Solicitaron\nentonces la ayuda del Imán de los creyentes, mas ocupado el emir\nAbd Allah en combatir con los rebeldes, desoyó su demanda y hubieron\nellos solos de proveer a su defensa. Pronto ni esto les fue posible. Al\ncontagiarse las fronteras del virus de discordia que, corrompía el emirato,\nlas luchas y las enemistades que se encendieron entre los que habitaban\nen la vecindad de los infieles, les impidieron acudir a la guerra contra\néstos, les obligaron a renunciar a combatirlos, les forzaron a acogerse\na su benevolencia y aun quizá les movieron a someterse al pago de\nparias humillantes.\nPero a pesar de sus contiendas intestinas, los bereberes de las\nfronteras del centro y del occidente de Al-Andalus deseaban con fervor\nla guerra santa, entrar por tierras enemigas y vengar sus afrentas. A\nellos envió mensajeros Ahmad el Quraixí, para excitarles a combatir\na los habitantes de la maldita Chaliqiya —\"confúndalos Alá\", diría el\npríncipe en su carta —y para requerirles a que se unieran a sus\ntropas, a fin de castigar a los idólatras cristianos y apoderarse de la\nodiada Zamora. La voz de Ahmad Ibn Al-Qitt sonó como un anuncio\nde redención en Mérida, Badajoz y Toledo. Cuando en esta y en las\notras ciudades fronterizas se leyó su misiva, como en Fahs al-Ballut\ny como en Nefza, las gentes corrieron presurosas junto al Mahdí que\nAlá les enviaba. Si los más impulsivos y entusiastas disputaban por\nmarchar los primeros a su encuentro, los menos fervorosos e impa\ncientes avanzaban también, arrastrados por el temor o por la fuerza.\nLa tímida gacela de que hablara el poeta, se había trocado en\nel caudillo de un tortísimo ejército que integraban casi sesenta mil\ninfantes y jinetes. Con él salió el Nefza, camino de Zamora, y con él\ncruzó el Tajo, por donde lo cruzaba la vía romana que subía de Mérida\nhasta Astorga. Marchaban los rudos e ingenuos bereberes alrededor\nde Ahmad Ibn Al-Qitt y se le aproximaban a porfía para escuchar\nde sus labios los felices augurios del ya cercano triunfo. Por la es\ntulticia de sus sueños y la debilidad de sus inteligencias, sus fanáticas\nhuestes le juzgaban profeta y creían, sin átomo de duda, las predic\nciones y patrañas del tímido príncipe sacado a escena por la ambiciosa\naudacia del guarnicionero Abú Ali.\n\nlicia a la ciudad que estaba despoblada y la reedificó, pobló y fortificó, se la dio\na habitar a los cristianos y colonizó sus alrededores. La reconstrucción se hizo por\nlos habitantes de Toledo y bajo los auspicios de ano de sus cristianos se comenzó\nla edificación de sus murallas. Desde este tiempo quedó poblada, aumentaron sus\nhabitantes, continuó su colonización y se hicieron fuertes en ella los habitantes\nde la frontera\". Véase además Leívi-Provenqal: Encyclopédie de VIslam IV, pág. 1281.\n— 29 —\n\n�El hijo de el Gato, aguzaba el ingenio para mantener y aumentar\nel fanatismo de sus tropas. Ora explicaba como maravilloso el copioso\nsudor de su caballo, ora, comprimiendo en secreto ciertas ramas, apa\nrentaba él mismo la misteriosa emanación de un jugo prodigioso; y ya\nse ocultaba largos días a la curiosidad devota de sus gentes, ya se pre\nsentaba fastuoso y deslumbrador a revistarles. En el camino se le\njuntaron nuevos y numerosos contingentes de Toledo, Talavera, Guadalajara y Santovenia y en el acto procuró excitar con artificios su\nentusiasmo. Primero se sustrajo a sus miradas varios días, y después,\ncuando su deseo de verle y de escucharle se habían superado, se pre\nsentó ante ellos montado en un caballo blanco, cubierto de blancas\nvestiduras, tocado con un turbante blanco y ceñida la espada por un\nblanco tahalí que hacía juego con el trotón, el turbante y el vestido.\nDe esta manera revistó el Mahdí todo su ejército, espoleó luego a su\ncaballo, emprendió con él veloz carrera y de improviso, en un alarde\nvano, frenó el corcel y le detuvo en seco.•/\nTanta estulticia alarmó a algunos jefes de la tribu de Nefza. Prin\ncipalmente desplació el Mahdí a Zual ben Yaix. Temeroso de que tal\nvez su ligereza le llevara después de la victoria a arrebatarle el mando\nde sus gentes, comunicó en secreto sus recelos a sus íntimos y se pre\nparó, con sus amigos, a aprovechar la primera ocasión para perder\nal pretendiente. Pero a pesar de la decisión de esta insignificante mi\nnoría, jamás había avanzado contra Alfonso un ejército más exaltado,\nfanático y temible. Con sus fingidas predicciones, sus gestos teatrales\ny sus falsos prodigios, Ahmad Ibn Al-Qitt había logrado un ascen\ndiente sin par sobre las rudas mentes de los bereberes, sus satélites.\nSin replicar, ejecutaban éstos todas las órdenes del supuesto Mahdí,\nanhelaban con frenesí acometer a los infieles y no dudaban un mo\nmento de que conseguirían la victoria. Fanatizados así tantos miles de\nhombres, más que había conseguido jamás reunir caudillo alguno\ncontra el reino de Alfonso, su ataque a las fuerzas cristianas podía\naugurarse irresistible.\nEl fingido profeta que avanzaba con su ejército por la llamada\n\"Vía de la Plata\", cruzó el Tormes junto a las ruinas de Salmantica,\natravesó por el solar de la vieja Sarabis (10), prosiguió su camino\npor la feraz llanada que habían convertido en desierto las aceifas de\nAlfonso y acampó al cabo con sus huestes frente a los muros de Za\nmora. Sólo le separaba de ellos la corriente del Duero, que allí se\nremansaba y se remansa para ofrecer un ancho y hondo foso a la\nciudad cristiana. Tras el Duero y sobre las rocas tajadas que bajan\nverticales hasta el río se elevaban las murallas recién renovadas de\nla plaza. Como hoy la cúpula y la torre catedralicias, alguna torre\ncilla, construida quizás conforme al nuevo gusto que los mozárabes de\nToledo habían importado, rompería, tal vez, la chata silueta del\nrecinto murado.\n(10) Sobre la vía romana de Emérita Augusta a Asturica Augusta que atravesaba el Duero\npor Zamora véanse: Saavedra: Discursos, Real Academia de la Historia, Madrid, 1914,\ny Blázquez: Vías romanas del Valle del Duero y Castilla la Nueva, Madrid, 1917,\npágs. 15 y ss. y Vías Romanas de Botoa a Mérida • Mérida a Salamanca, Madrid, págs. 7-8.\n— 30 —\n\n�Desde su campamento, establecido donde se alzan hoy los arraba\nles de Cabañales, de Pinilla y de San Frontis (11), el supuesto Mahdí,\ntuvo el penúltimo de sus gestos solemnes. Ahmad escribió a Alfonso\nuna arrogante carta, que llegó a ser famosa y que se recitaba luego\nen las fronteras musulmanas. El hijo de el Cato invitaba al rey cris\ntiano y a sus gentes a convertirse al islamismo y les amenazaba con\nla muerte, si rehusaban aceptar su propuesta. ¡Inútil pero magnífico\nademán! La gacela andaluza trataba de intimidar al oso astur. Un\nmensajero fue el encargado de entregar la nueva al tirano Adefonso,\nde exigir de él pronta respuesta y de regresar presuroso junto al nuevo\nprofeta. El mensajero de Ibn Al-Qitt atravesó el Duero sin tropiezo,\nante él se abrieron las puertas de Zamora y, con las precauciones de\ncostumbre, fue llevado a presencia de Alfonso. Se había éste preparado\na la lucha, había congregado un gran ejército y le rodeaban algunos\nde sus hijos, los infantes, y los condes y potestades de su reino. Oyeron\ntodos el enviado del Mahdí leer la carta insolente y audaz de eu señor\ny el príncipe y sus gentes permanecieron impasibles. Pese a la reciente\nintroducción por los mozárabes del arte y del lujo musulmanes (12),\nAlfonso y sus nobles ignoraban el árabe. Un truchimán les tradujo\nen seguida las amenazas del jefe sarraceno y un rugido de cólera fue\nla única respuesta que obtuvo el mensajero. Menguado de seso había\nde ser aquel malvado que osaba dirigirse en tales términos a Alfonso,\nel gran caudillo y el gran rey, que había vencido muchas veces a los\ngenerales islamitas, que había conquistado muchedumbre de plazas\ny castillos, que había pactado de poder a poder con los imanes an\ndaluces y que había llevado la raya de su reino hasta más allá del\nMondego, del Duero y del Pisuerga. El rey astur y sus magnates se\nlanzaron furiosos hacia las puertas de Zamora dispuestos a castigar\nla afrentosa insolencia. Alfonso, colocó sus jinetes en vanguardia, el\nMahdí colocó los suyos en la primera línea y, de este modo, más que\nnunca hasta allí en la historia de España, se hallaron frente a frente\nEuropa y África. De una parte se ordenaban los nietos de los cántabros,\nastures y gallegos, mezclados con los hijos de suevos y de godos, y\nde la otra, no los hispanos cultos, los nuevos árabes o los viejos sirios\nsino solos, abandonados a sus fuerzas, los bereberes de africana estirpe.\nDesde Zamora avanzaban los herederos de la última civilización medi\nterránea que los siglos habían conocido, los hijos de la iglesia cris\ntiana que había venido a predicar el amor y la igualdad entre los\nhombres y los viejos invasores germanos que estaban elaborando un\nmundo nuevo; contra Zamora arremetían no los representantes de la\nnueva cultura musulmana, los futuros maestros de los pueblos latinos\nde occidente, sino una muchedumbre de toscos, fanáticos y rudos be\nreberes, hostiles a toda cultura del espíritu, bárbaros detentadores del\nsuelo, fértil en ideas, de Hispania. Sobre la cinta de plata que los mus\nlimes llamaban \"Río Grande\" sólo un viejo y caduco puente, testigo\n(11)Repito que he segnido sobre el terreno el desarrollo de la empresa relatada por\nIbn Hayyak.\n(12)Véanse: Gómez-Moreno: Las Iglesias Mozárabes, Madrid 1919, y Sáhchez-Albobnoz: Es\ntampas de la vida en León hace mil años. 4.a ed., Buenos Aires, 1947.\n— 31 —\n\n�pétreo de la gloria romana, se alzaba como un símbolo entre la Europa\nprogresiva y el África salvaje.\nEn el viejo puente hubo de empezar el combate. Pero estrecho\nescenario para tamaña lucha, pronto las caballerías cristiana y sarra\ncena se buscaron en el lecho del Duero y el río grande vio pelear\ncon frenesí, durante un día, a las tropas de Alfonso ben Ordoño, con\nlas huestes de Ahmad ben Muawiya Ibn Al-Qitt (13). En la fiera\ncontienda nadie consiguió aquella jornada la victoria. El ímpetu bra\nvio de los soldados del Mahdí se estrelló horas y horas contra la resis\ntencia rocosa de los me^ntañeses del príncipe asturiano. A unos y a\notros sorprendió peleando la lenta llegada de la noche^ tal vez uno\nde esos crepúsculos de fuego de los estíos castellanos, en los que el\nsol poniente se despide de nuestro puro cielo con un maravilloso juego\nde luz y de color, que siembra los espíritus de adivinaciones de tra\ngedia.\nCon el nuevo día se reanudó la lucha. Los cristianos llevaron al\nprincipio la peor parte en el combate. Los sarracenos consiguieron\natravesar el \"Río Grande\" y empezó a pelearse en la orilla derecha\ndonde se alza Zamora. Se elevan sobre rocas tajadas los muros de la\nparte más estrecha y fuerte en que acaba la plaza, mirando al suroeste,\npero mientras frente al arrabal de Cabañales descienden verticales\nhasta el Duero, a los pies de los que coronan la iglesia y el castillo\nse extiende una lengua de tierra donde hoy se desparraman los barrios\nde Santiago y de Olivares. Tras ella desemboca en el cauce del Duero\nel arroyo que viene del bosque de Valorio. Puebla éste la entrada de un\nvallecillo angosto. En medio de la llanada que rodea a Zamora forma\naquél una a modo de serpeante garganta abierta entre colinas, que\nsólo en parangón con las suaves ondulaciones de la inmensa planicie\namarillenta pudieron parecer a los muslimes ásperas y difíciles (14).\nAtravesado por el Mahdí el \"Río Grande\", la pelea se agudizó segura\nmente al pie de la cerca del castillo, en la hondonada que presiden\ndesde el siglo XI las iglesias de San Claudio y de Santiago. Después los\nislamitas empujaron de modo irresistible a las tropas de Alfonso hacia\nel estrecho valle de Valorio, al otro lado de la loma y barrio de San\nLázaro. Combatidos rigurosamente por los vencedores jinetes y peones\ndel supuesto Mahdí, los cristianos retrocedieron a lo largo del valle.\nAlgunos, dando por perdida la batalla y desviándose del camino que\nlleva hacia Zamora, huyeron veloces varias millas hacia el Norte; mu\nchos murieron peleando en la angostura y otros cayeron prisioneros\nen ella; pero los más siguieron probablemente resistiendo junto a\nAlfonso hasta que cambió la suerte de las armas.\nZual ben Yaix había combatido bajo los estandartes de la hueste\nde Ahmad y con sus tropas se hallaba en la vanguardia de las tropas\nbereberes. El triunfo del supuesto profeta renovó sus recelos, platicó\ncon sus íntimos sobre los peligros que de la victoria podían deducirse\n(13)Las fotografías que acompañan a estas páginas acreditan la posibilidad de que se com\nbatiera en el lecho del río.\n(14)No encuentro otra plausible reducción geográfica del abrupto valle de que da no\nticia hiperbólica el relato musulmán.\n— 32 —\n\n�����para ellos, y juntos decidieron abandonar el campo con sus tropas para\natenuar el éxito o trocarle en derrota. Zual ben Yaix y sus amigos\ncumplieron sus acuerdos sin demora, volvieron grupas a sus bestias\ny, acompañados en su fuga de parte de sus hombres, procuraron\narrastrar tras ellos el mayor número posible de soldados. Algunos les\nsiguieron en efecto hasta el campamento donde había comenzado la\nbatalla, recogieron en él sus tiendas y bagajes y continuaron su mar\ncha hacia el Guadiana. La inmensa mayoría del ejército prosiguió,\nsin embargo, peleando con los politeístas; mas éstos pronto se dieron\ncuenta de la maniobra de Zual y los suyos y al punto comenzaron una\nenérgica reacción ofensiva. Aprovechando el desconcierto que la huida\ndel grupo de traidores hubo de producir en un sector al menos de la\nhueste islamita, los peones y jinetes cristianos la acometieron con\nmayor esperanza y con mayores bríos, y.fué tal el empuje de la contra\nofensiva que comenzó a ceder el frente, sarraceno. Alfonso y sus sol\ndados arreciaron entonces en su ataque y al cabo consiguieron obligar\nal Mahdí á retirarse hacia el angosto valle de Valorio y a repasarle,\nluego. Perseguidos de cerca por quienes tenían por idólatras, huyeron\nlos islamitas hasta el Duero, le cruzaron y, al alcanzar sus tiendas, reac\ncionaron, creyéndose salvados, pues no esperaban que los cristianos\nosaran pasar el \"Río Grande\" después de un combate tan largo y tan\nsangriento. Pero Alfonso y sus tropas no cejaron en su ataque, y se\nlanzaron tras la retaguardia sarracena, para no dar sosiego al enemigo.\nLos musulmanes intentaron al punto impedirles que cruzaran el Duero\npero fueron vencidos, y los cristianos les siguieron hasta sus campa\nmentos y en ellos les combatieron con denuedo, mientras la obscuridad\nno acudió en su socorro y no forzó a los politeístas a retirarse hacia\nZamora.\nDurante aquella noche muchos muslimes abandonaron al fingido\nMahdí y, convencidos del fracaso de la empresa, se pusieron en salvo.\nPero Ahmad ben Muawiya llamado Ibn Al-Qitt, conservaba aun su\nprestigio profético para la mayoría y, con las últimas ficcifones y los\npostreros augurios de victoria, consiguió todavía retener a su lado a\nmuchedumbre de ellos. Con la aurora llegaron los cristianos otra vez\na acometer a los mahometanos y aún sopló a su favor el huracán\nde la victoria. Mientras el sol alumbró a los ejércitos prosiguió la\nrefriega, mas al caer la tarde flaquearon las fuerzas sarracenas\ny Alfonso, viendo ya ganada la contienda, quiso rematar, de modo\nseñalado, el triunfo con tanto esfuerzo conseguido. Cuando llegó\nla noche, no se acogió como las precedentes al refugio seguro de\nZamora. Durante las tinieblas podían huir los enemigos y escapar de\nesta forma a la venganza de su espada. Para evitarlo, seguro de su\nfuerza y sin temor a sorpresas y emboscadas, pernoctó con su ejército\nbajo el cielo estrellado y puso cerco al campamento sarraceno. En\nvigilia constante transcurrieron las horas, cuantos muslimes intentaron\nhuir aquella noche cayeron en poder de los cristianos y, al alumbrar\nel alba, Alfonso renovó su acometida a las huestes del pretendiente\nastrólogo y profeta. Comprendió este que no había ya salvación posible\npara él, que le aguardaba el cautiverio sino sucumbía en el combate\n— 33 —\n\n�y tuvo el último y más bello de sus gestos solemnes. El hijo de \"El\nGato\" supo morir con heroísmo. Montó en su potro, le espoleó con\nfuerza, se lanzó a rienda suelta contra las filas de los politeístas y se\nbatió con bríos hasta perder la vida. Junto a él, y como él, cayeron\npeleando, acerados y heroicos, sus más fieles devotos. La matanza de\nmuslimes fue entonces espantosa, el rey astur conquistó y entró a saco\nel campamento sarraceno y la cabeza del supuesto Mahdí, clavada\nsobre la puerta de Zamora, pregonó muda su victoria.\nCon mueca trágica y sangrienta, los despojos de Ahmad Ibn AlQitt anunciaron también el engaño de Abú Ali Al-Sarrach. Un necio\npropicio a ser juguete suyo podía exaltar con falsos prodigios a las\nmasas y hasta saber morir con heroísmo, pero no podía vencer al\nmonarca gallego. Con solo fan^tismo no puede derrotarse a tropas\nregulares y menos si son también fanáticas; y el falso asceta, el guar\nnicionero Abú Ali había olvidado que, si los bereberes eran creyentes\nfervorosos, y guerreros fortísimos, los soldados de Alfonso se hallaban\nigualmente encendidos de devoción por sus creencias, eran no menos\nbravos, y disponían de un caudillo diestro y decidido, audaz e inteli\ngente, gran general y gran lector, que luchaba no por afán de medro\nsino consciente de la grandeza de su obra de restauración de la España\ncristiana y rodeado en ella del entusiasmo de su pueblo. La difícil\nvictoria conseguida aseguró en el Duero por medio siglo la frontera\ny permitió que al norte de su mansa corriente prosiguiera el rápido\nfraguar de la sociedad y del reino de León y con ellos el fraguar de\nla porción más vital de la España europea.\nEl más temible ejército que había acometido al reino de Asturias\nen sus dos siglos de existencia había sido vencido, deshecho, aniquila\ndo. El día de Zamora, como llamaron los musulmanes durante muchos\naños al desastre, fue el más grandioso triunfo logrado por Alfonso en\nsu largo reinado. No se ocultaron las proporciones del fracaso a los\nmuslimes. Sus crónicas le confesaron en sus páginas, sus historiadores\nintentaron explicarlo como resultado de la traición de Zual ben Yaix,\nel mundo oriental le superpuso en una turbia imagen al día de\nSimancas (15), en los finos pliegues de la memoria sarracena perduró\nerguida la viva silueta de Zamora, a su alrededor surgió muy pronto\nla leyenda y a las generaciones musulmanas se trasmitió el recuerdo\nde la ciudad cercada por siete fosos y por siete murallas, ante las que\nen efecto, se había roto el fiero ímpetu de los bereberes del Tajo\ny del Guadiana el 12 de julio del año 901 de la era cristiana, 288 de\nla Héjira.\n\n(15) El Mas'udi en sus Praderas de Oro (Trad. Barbier de Meynard, I, pág. 363), supone\na Abd al-Rahman III atacando Zamora en su campaña de Simancas del 939 y perdiendo\nen los fosos de la ciudad hasta cincuenta mil hombres.\n— 34 —\n\n�APÉNDICE\nFin del relato de Ibn Hayyán sobre la empresa de Zamora (*)\nTraducción de MELCHOR M. ANTVÑA t\nDice 'Isa ben Ahmad: He encontrado en un autógrafo del califa\nAl-Hakam Al-Mustansir Billah con referencia a este Ibn Al-Qitt que\nse rebeló contra el padre de su abuelo, el emir 'Abd Allah, lo siguiente.\nRefirióme el cadi^Mundir IJen Sa'id que abandonó Córdoba este Ibn\nAl-Qitt movido por una doctrina en virtud de la que aspiraba al trono\ny se alojó con nosotros, y su potro, en casa de un primo mío, pero sin\ndársele a conocer ni mentarle nada. Salió después y se estableció en\nNefza con los Banu Raxid a orillas del Guadiana. Entre ellos perma\nneció durante algunos meses. Les manifestó el asunto que traía entre\nmanos y escribió a las gentes de los alrededores invitándolos a sumár\nsele, haciéndoles brillantes promesas y excitando su codicia, hasta el\npunto de que aceptaron su propuesta los habitantes de aquella región\ny fueron a unirse a él una multitud de ellos. Se creció así hasta enviar\nmisivas a los moradores de Mérida, Badajoz y Toledo y a los de esta\nfrontera, los que acudieron con prontitud, llegando a ser tan crecido\nel número de sus partidarios que no se sabe de ninguno a quien se\nhaya unido tan considerable contigente. Se internó en la ciudad de\nZamora que es de las primeras de la Chaliqiya y habiendo atacado\nal enemigo lo derrotó en el primer encuentro. Pero después le hizo\ntraición la gente de esta frontera; mientras él atacaba al enemigo le\nabandonaron los soldados y habiéndose concentrado las fuerzas ene\nmigas contra él, cayeron sobre los que le quedaban y fueron muertos\nél y hasta el último de los suyos. Había ocupado este personaje en\nel ánimo de sus partidarios un puesto de gran distinción. Me ha refe\nrido mi tío, testigo presencial de la expedición, que cuando ordenaba\nsus huestes en orden de batalla les hacía observaciones y si veía que\nhabía algún hueco en alguna de sus filas indicaba que lo llenaran y\nse volvía a su sitio. Sus órdenes eran ejecutadas sin replicar, dice, y\nme contó uno de los habitantes de Muneza: A raíz de la partida del\npretendiente Ibn Al-Qitt se nos presentó un hombre vestido de lana,\ncaballero en un pollino y calzado de esparto; le preguntamos: \"Quién\neres tú? Séate Alá misericordioso\", y contestó: \"Soy Abú Ali AlSarrach\", hirió luego el lomo de su jumento y se encaminó hacia la\nparte de Córdoba. Su mismo deseo le perjudicó. Dice 'Isa: Muhámmad ben Hixam, apodado el Gato, era abuelo\nde este rebelde Ahmad, hermoso de rostro. De él dijo Ibn Abi Ayub:\n\"Cosa la más peregrina que jamás se oyó: dicen que una gacela tiene\npor padre a un gato. Oh, Señor mío, te han ceñido la espada, pero\nte caerían mejor unos pendientes y un mirt\". De Muman el poeta\n(*) Signe en el Muqtabis a los pasajes coya versión inédita del mismo Melchor Antitña\nhe reproducido en La España musulmana según los autores islamitas y cristianos\nmedievales, I, págs. 248-253.\n— 35 —\n\n�es la siguiente composición en la que halaga a Ibn Al-Qitt, dirigiendo\nla palabra a Mansur el Maganí: \"Decid a Mansur Abú Nasir: por el\nplectro y por la cuerda, ¿es que no has juzgado hoy al hijo del apo\ndado Gato superior* a la luna llena? Ninguna criatura mejor que él\nha creado el Dios clemente. ¡Oh Abú Nasir! ¿No es por él por quien\nla tribu de Quraix ha dado las diez vueltas en torno a la Caaba en\nsu tiempo? Como si en sus ojos tuviera (fuego) produce encanta\nmiento cuando mira.\nHace mención Mu'awiya ben Hixam, el Sapientia, de este Ibn AlQitt en su \"Libro que trata de las Genealogías\" y dice: Este Abu-1Qasim Ahínad ben Mu'awiya ben Hixam ben Mu'awiya, hijo del emir\nHixam hijo de Abd Al-Rahman ben Mu'awiya era del número de los\nque se aplicaban a la ciencia, al estudio de la astrología y al conoci\nmiento de la astronomía. Estaba dotado, además, de un espíritu\npronto y dispuesto. Se levantó en tiempos del emir 'Abd Allah ben\nMuhammad cuando reapareció la guerra civil, reclamando el trono y\nmanifestando el pensamiento y deseo ardiente de hacer la guerra santa.\nMarchó por tierras del centro, recorrió los distritos habitados por\nbereberes, mostrándoles la austeridad e invitándolos a la guerra santa\ncontra los infieles. Gran multitud de bereberes del centro y del occi\ndente, de Toledo y Talavera, acudieron a agruparse en torno de él.\nCon ellos penetró en Chaliqiya dirigiéndose a la ciudad de Zamora,\na ella perteneciente. Sucedía esto el año 88 y ocupaba el solio de la\nChaliqiya a la sazón Adefonso, hijo de Ordoño. A este monarca y a\nlos cristianos que se le habían unido puso sitio en Zamora durante\ntres días, pero luego desertaron los jefes bereberes y le abandonaron.\nNo obstante él persistió firme en el ataque al tirano acompañado de\nlos valientes que le quedaron, hasta que fue muerto al cuarto día y sus\nsoldados fueron exterminados, excepto unos pocos que le sobrevivie\nron. Dice que era este Ahmad un hombre superior en mérito entre la\ngente de bien y de bello aspecto.\n\n— 36 —\n\n�ESTUDIOS EN TORNO AL ORIGEN DEL ESTADO ORIENTAL\n(Trabajos del curso de investigación que sobre el tema desarrolló el profesor\nEdmundo M. ISarancio en la F. de Humanidades y Ciencias durante el año 1946).\n\nADVERTENCIA\nCuando en 1945, desempeñamos por iniciativa del Dr. Eduardo\nAcevedo —que nos otorgó entonces, como todavía hoy lo hace, su más\ndecidido apoyo por nuestros trabajos históricos— una misión en los\narchivos de Buenos Aires, para la fijación de fuentes de interés para\nla historia de Artigas, pudimos compulsar en el Archivo General de\nla Nación de esa ciudad una serie de probanzas que autorizaban\npensar la posibilidad de que el armisticio de octubre de 1811 fir\nmado entre Buenos Aires y -Montevideo, al dejar al pueblo oriental\nlibrado a sí mismo y determinar las primeras reuniones de orientales,\nhabía dado origen al estado oriental. Con esta idea corroborada por\nalgunas fuentes editas, abordamos en el año 1946, en un curso de la\nFacultad de Humanidades y Ciencias, el estudio del tema, con el firme\npropósito de realizar los trabajos sin que pesara en nuestro criterio,\nninguna idea a priori a la cual tuviéramos luego que acomodar los\ndatos procedentes de la investigación. Este género de procedimientos\nno arraiga con nuestra particulares convicciones sobre la historia como\ndisciplina científica. .\nLas indagaciones se proyectaron pues, con el ánimo dirigido a\nestar con todo rigor a lo que de ellos resultara, — exponiendo las\nfuentes, procediendo a su análisis y sacando las conclusiones a que ra\nzonablemente pudiera llegarse. — Con ello se pretendió también, dar\na los alumnos del curso, una enseñanza sobre métodos. En base a\nestas directivas se iniciaron, por los estudiantes del curso, varios tra\nbajos, algunos de ellos se terminaron, otros quedaron inconclusos, no\npor falta de capacidad o voluntad de los autores, sino por otras ra\nzones, que no son del caso consignar pero a la que no es ajena la\ncarencia de espíritu de colaboración que se halló en los encargados\nde custodiar materUdes cuya consulta era necesaria.\nPor ello se publican por ahora, luego de pacientes investigaciones\nen repositorios nacionales y extranjeros, bajo el título de \"Estudios\nen torno al origen del Estado oriental\", tres trabajos que componen\nuna serie orgánica.\nEl primero se refiere a las relaciones entre Montevideo y Buenos\n— 37 —\n\n�Aires durante el último virreinato que culminaron con el armisticio\nde octubre.\nEl segundo es un breve capítulo sobre las primeras asambleas de\norientales del que, por su jerarquía se ha omitido, el examen de la\ndoctrina que más adelante explicó y justificó la formación del estado\noriental en la última de ellas, lo cual se hace en el tercer trabajo.\nSe constituye éste por la versión de las clases dictadas durante el\ncurso de 1946, modificadas solamente con el fruto de investigaciones\nrealizadas^ en su parte final y provista del aparato erudito pertinente.\nAl darla a la imprenta no se ha querido variar fundamentalmente\nel estilo para no quitar a la exposición su carácter docente, aspecto de\nella que nos interesa evidenciar.\nDeseamos por último, que quede constancia de nuestro agradeci\nmiento por las facilidades que se nos dieron en el Archivo General\nde la Nación Argentina de Buenos Aires, y en el de Montevideo.\n\nE. M. N.\n\n— 38 —\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"7"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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Vencido a veces y a veces vencedor,  había  al cabo  conseguido  salvar  la  independencia  de  su reino, que se extendía  a la sazón  a lo largo  de la costa cantábrica,  apoyado en el mar y con la cordillera cántabro-pirenaica  a guisa de muralla. Poco después de su  muerte  (842)  Ramiro y Ordoño fortificaron algunas plazas al sur de los montes, para proteger los posibles caminos de acceso al embrión de España, todavía serrano. Hasta el año 883 fueron las nuevas fronteras del reino  de Asturias repetidamente atacadas por  las huestes  sarracenas. Pero la anarquía  que estalló en el  Al-Andalus  en  los  últimos  decenios  del  siglo  IX  permitió   a Alfonso III defender la raya  del Mondego,  del Duero y del Arlanza y ocupar  y colonizar  las tierras situadas al norte  de esa línea fronteriza."]]]],["element",{"elementId":"39"},["name","Creator"],["description","An entity primarily responsible for making the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"494"},["text","SANCHEZ-ALBORNOZ, Claudio"]]]],["element",{"elementId":"45"},["name","Publisher"],["description","An entity responsible for making the resource available"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"495"},["text","Facultad de Humanidades y Ciencias"]]]],["element",{"elementId":"40"},["name","Date"],["description","A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"496"},["text","1947"]]]],["element",{"elementId":"47"},["name","Rights"],["description","Information about rights held in and over the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"497"},["text","Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación"]]]],["element",{"elementId":"44"},["name","Language"],["description","A language of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"498"},["text","Español"]]]],["element",{"elementId":"51"},["name","Type"],["description","The nature or genre of the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"499"},["text","Publicación periódica"]]]]]]],["tagContainer",["tag",{"tagId":"58"},["name","España"]],["tag",{"tagId":"27"},["name","Facultad de Humanidades y Ciencias"]],["tag",{"tagId":"57"},["name","Historia"]]]]