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                  <text>CARLOS E. PRELAT

Orientación Epistemológica de la
Física Actual
Hace ya bastante tiempo que los hombres de ciencia que dedican
parte de su actividad intelectual a meditar sobre los problemas que
plantea la consideración epistemológica de los fundamentos de las
distintas disciplinas científicas, han adoptado una posición prudente
y modesta frente al alcance ontológico de los conceptos que utilizan
en la "búsqueda de la verdad" dentro del dominio de su propia espe
cialidad. Ya en los comienzos del siglo actual, Pierre Duhem, en su
obra La Théorie Physique, considera que el papel primordial de la
Física no es el de explicar sino el de representar de una manera con
veniente un conjunto de leyes experimentales. Según este autor, la
función más importante de la teoría física es la de clasificar hechos,
no explicarlos. Cree encontrar en la evolución de la Física pruebas
concluyentes en favor de la tesis de que las pretendidas explicaciones
no han contribuido prácticamente nada al progreso de la Ciencia,
mientras que el aporte de lo que denomina teorías abstractas (no ex
plicativas) es enorme. Opina Duhem que con esto se independiza la
Física de toda escuela metafísica, quedando así incólume frente a los
vaivenes azarosos de las concepciones ontológicas, mientras que si se
enrolase en una escuela filosófica cualquiera, correría el riesgo de ser
arrastrada en la caída de ésta que Duhem reputa inevitable, cualquiera
sea la escuela de que se trate.
La posición de Duhem, compartida por muchos físicos, conduce
a una primera disminución de las pretensiones de las ciencias físicas
de alcanzar la "verdad" como resultado de sus investigaciones.
Del análisis hecho por los hombres de ciencia, cuyas ideas coin
cidían más o menos con las de Duhem, surgió una Física con funciones
limitadas a ser a) económica, desde el punto de vista intelectual
(E. Mach), b) una clasificación natural de hechos y leyes, y c) un
instrumento de predicción (esto es, "devanecer Fexperience"). Con
estas funciones la Física resulta ser, de todos modos, útil y tiene dere
cho a ocupar un lugar en la cultura humana. Pero el propio Duhem
cree que "bajo las apariencias sensibles que nos revelan nuestras per
cepciones hay una realidad, distinta de estas apariencias". Esta creen-

�cia no la sostiene en cuanto físico, sino en cuanto filósofo de la escuela
peripatética, a la cual pertenece, entre otros motivos, por razones
confesionales. Como no se puede separar en un hombre el físico del
filósofo, en definitiva el papel modesto asignado a la Física es mera
mente una cuestión de clasificación de problemas. Para Duhem, y
para los físicos de su época, quedaba, detrás de las apariencias
sensibles, una realidad, trascendente, es cierto, a la Física; pero una
realidad al fin.
Desde la aparición de la Théorie Physique hasta el momento ac
tual ha pasado mucha agua por debajo de loa puentes, agua que ha
arrastrado bastante de lo que había quedado de los ataques del análisis
epistemológico al realismo ingenuo. Así, en un libro reciente (The
Phylosophy of Physical Science) Sir A. Eddington ha hecho una
confesión de modestia, en nombre de la Física, al definirla como el
conjunto de conocimientos que una persona que vive en la actualidad
y piensa correctamente acepta como del dominio de la ciencia física y
sobre esta definición, tan precaria, basa la de universo físico, el cual
ae limita en la concepción eddingtoniana, a se^ el mundo descrito por
el conocimiento física, ya que éste tiene la forma de la descripción
d^ n mundo.
¿A qué se debe este ir restando "objetividad", "realidad", "ver
dad" a la ciencia que puede co^siderarse, sin disputa alguna, como
1 más perfecta de las ciencias experimentales, es decir, aquélla que
sirve de modelo a las demás? Creo que The Nature of Physical Theory
de P. W. Bridgmaa es una de las posibles contestaciones a esta
pregunta,
Cree el autor que el principal incentivo, que ha guiado a los
críticos de la Física en la época actual ha sido el descubrimiento,
hecho al estudiar las razones del éxito del principio de la relatividad
restringida, de que muchos de nuestros conceptos fundamentales ante
riores y maneras de pensar que constituyen nuestra herencia mental
eran inadecuadas para encarar, con probabilidades de éxito, los pro
blemas que presentaban las situaciones creadas por una Física cuya
dominio se iba ampliando de una manera considerable. Se trató
entonces de fundar las ciencias experimentales de manera que eso no
pudiera volver a ocurrir, es decir, se procuró dotar a la Física de
métodos lo suficientemente seguros y elásticos como para que cualquier
nueva ampliación 'del dominio de la misma no hiciese necesaria una
revisión destructora, de sus fundamentos. Uno de los caminos a seguir
consistía en ver qué. diferencias había en la manera de proceder de la
Física relativista y.la anterior a ella, con el objeto de encontrar en
cuál de esas diferencias residía la causa del éxito de la primera.
Esa comparación condujo al resultado de que la diferencia esencial
entre los métodos relativistas de definir conceptos y enunciar leyes y
conclusiones y los correspondientes de la Física prerrelativista, con
sistía en que mientras e^tá última utilizaba supuestos conocimientos
intuitivos como los de ti^mpo y espacio, la Física relativista bagaba
sus definiciones en operaciones realizables. Así, por ejemplo, el ticm.
— 14 —

�p.o absoluta, para Newton, es el que fluye uniformemente con inde
pendenci^ de los sucesos materiales; en cambio par^ Ein.stein el tiempo
es una variable q^e figura en ^uestras, ecuaciones y cuyos valore
numéricos son los resultados de operaciones reali^adas con relojes a
mecani^mos equivalentes y no hay nada, que pueda, llamarse tiempo,
fuera de este cpncepto. "operacional",
Se impuso, pues, la conclusión de que si se deseab^ despojar a
los fundamentos de la Física de toda característica que los hiciese
perecederos debían establecerse todos los conceptos de moda qu^ tu^
viesen significada exclusivamente en términos de operaciones reali
zadas o realizables. Se crea así una escuela, dentro de la Física, a Ja
que da el nombre de operacional, escuela a la que pertenece Bridginan.
Ño puede dejarse de ver en ella un cierto matiz pragmático, ya qu^
actuamos sobre el "universo físico" mediante operaciones y tendrán
éxito, en nuestras tentativas de adaptarnos a dicho universa y de adán*
tarlo a nosotros, cuando lo conozcamos, precisamente, en términos de
las operaciones que realizamos a debemos realizar para. ello. Par otra
parte, la justificación última del método operacional es su éxito en
la solución de los problemas que nos, plantea la Física en cuanta
actividad.
Provista con el poderosa escalpelo que es, según parece, el método
operacional, se lanza Bridgma^ a estudiar la anatomía, del conocí
miento físico.
Considera, en primer término, que el hombre, para encarar su
experiencia posee, entre otros, dos instrumentos: el lenguaje y el
pensamiento. Dedica el autor a esos instrumentos una atención espe
cial. A pesar de ser el lenguaje una de las más grandes invenciones
de la humanidad, presenta algunos inconvenientes, desde el punto de
vista operacional. En primer lugar, se utilizan a menudo formas de
expresión aparentemente equivalentes, por ejemplo, "veo un caballo"
y "hay un caballo". La primera describe la experiencia directa, vivida
y cambiante, la segunda ^'congela" la actividad y la sustituye par una
"osa estática que na se presenta en nuestra experiencia directa". Ne
experimentamos ^cosas"; éstas son creadas por el lenguaje. Operacionalmente, pues, es superior la primer forma a la segunda.
La afirmación de que ciertos modos de expresión "congelan" la
actividad, conduce a considerar un segundo aspecto del lenguaje. Se
pretende que entre el lenguaje y la experiencia existe una correspon
dencia. Aun cuando dicha correspondencia se pueda establecer de un
modo aproximado está lejos de ser satisfactoria. "Sin embargo, tiene
significado inquirir cuáles son los detalles del proceso mediante el
cual se establece dicha correspondencia en un caso particular cual
quiera. Así, por ejemplo, ¿qué hago para asegurarme que relaciono
con la palabra manzana el aspecto de la experiencia que otra per
sona desea que yo le haga corresponder? La otra persona puede, si
así lo desea, darme una definición de manzana, como una fruta dotada
de ciertas propiedades; pero si trato de asegurarme a mí mismo'que
he establecido una correspondencia correcta de la palabra frnta y

-15-¡g; "

�de los otros términos de la definición, me encuentro en el punto de
partida". Esta situación se produce porque los procedimientos median
te los cuales se establecen las correspondencias en virtud de las que
el lenguaje tiene significado, no pueden ser descritos en términos del
lenguaje: se basan en la observación (experiencia), el uso (actividad)
y la verificación. Pero así y todo, el lenguaje es inadecuado para des
cribir las situaciones que presenta la experiencia, pues el lenguaje
es necesariamente limitado en sus palabras, de modo que a una pala
bra corresponde todo un conjunto más o menos preciso y más o menos
bien delimitado de experiencias. Puede afirmarse que es probable que
no usemos dos veces seguidas la misma palabra (sobre todo tratándose
de verbos) para describir experiencias idénticas, pues es poco pro
bable que se presenten dos experiencias idénticas. De modo, pues, que
cualquier descripción de experiencias vividas, mediante el lenguaje,
es inevitablemente imperfecta, en cuanto a la correspondencia entre
lo descrito y la descripción.
Estas limitaciones inherentes al lenguaje se presentan también en
el pensamiento. A este propósito, dice Bridgman, utilizando el ejem
plo de nuestros razonamientos en los que interviene el concepto de
tiempo: ^El tiempo del matemático es un continuo unidimensional,
que se extiende hacia atrás y hacia adelante hasta el infinito negativo
y positivo, siempre homogéneo y cuyo origen puede situarse en cual
quier punto arbitrario. El tiempo del matemático parece haber pene
trado de un modo tan profundo en la manera de pensar de la civili
zación moderna que aparentemente casi siempre pensamos en el
tiempo como en una secuencia ilimitada monodimensional con todo
el pasado de un lado y el futuro del otro, separados por el presente
que se mueve continuamente desde el pasado hacia el futuro. ¿Qué
cosa más distinta que esta concepción, del tiempo de la experiencia,
aprehendido con su verdadera naturaleza no sofisticada, que consiste
en una abigarrada sucesión de recuerdos que culminan en un presente
inanalizable, siempre en eclosión?" (1). Una consecuencia de esta
manera de considerar el tiempo es una contradicción entre lo que
podría denominarse nuestra creencia instintiva del encadenamiento
causal del futuro con el pasado y el presente con "nuestro reconoci
miento simultáneo de que el futuro sólo puede ser aceptado indepen
dientemente del hecho que puede presentarnos una ruptura con el
pasado". No cuesta mucho reconocer a esta contradicción una gran
importancia científica, pues en ella está en juego el principio de cau
salidad.
En definitiva no existe la pretendida correspondencia entre nues
tro pensamiento y la experiencia.
No queda mejor parada la Lógica, en sus funciones de una de
las "estructuras complejas que el pensamiento y el lenguaje constru(1) Es interesante señalar a este respecto, como lo hace el autor, qne los griegos, con
trariamente a lo que hoy imaginamos nuestra relación con el tiempo, se consideraban de
espaldas al futuro y el tiempo les llegaba desde atrás, por encima de los hombres. Es como
si en un tren, de espaldas hacia la locomotora que lo arrastra, fuésemos contemplando el
paisaje que se va presentando de ^atrás^.
— 16 —

�yen en sus tentativas de hacer inteligible la experiencia". Se pretende
que las conclusiones de la Lógica están investidas de una certeza
absoluta, es decir, que no podría ser de otro modo que el indicado
por esas conclusiones. ¿Cómo puedo asegurarme de que ello es así?
Aplicando reglas y realizando ciertos ensayos. Pero, ¿cómo sé que
aplico correctamente las reglas y que realizo correctamente los ensa
yos? Con preguntas como éstas llegaríamos a la necesidad de una
serie ilimitada de ensayos. Todo lo que podemos afirmar, si deseamos
evitar círculos viciosos, es que con ciertos procedimientos, llegamos
a una certeza no absoluta, sino más o menos probable.
Para Bridgman, la Lógica es un juego que debe jugarse siguiendo
ciertas reglas que debemos admitir implícitamente y que no pueden
ser verificadas por la experiencia. Del análisis que hace el autor de
los principios en que se basan esas reglas puede servir de ejemplo el
del principio del tercero excluido. Este principio se enuncia a menudo
en la forma: una cosa es A o no A. Si este principio tiene algún sig
nificado operacional y no es una mera tautología, debe implicar algo
análogo a lo siguiente: Se me da un objeto. Ciertas operaciones reali
zadas de cierto modo, dan un resultado que me conducen a afirmar
que el objeto tiene la propiedad A. Otras operaciones realizadas de
acuerdo con reglas preestablecidas me conducen a afirmar, en base
a ciertos resultados, que el objeto tiene la propiedad no A. El princi
pio del tercero excluido afirma que necesariamente una y sólo una
de las operaciones mencionadas da resultado positivo. Se trata, como
se ve, de una afirmación de carácter general, respecto de los resultados
de dos series de operaciones. Ahora bien, si esas operaciones están
definidas de tal modo que una de ellas consista en observar un resul
tado negativo de la primera, cuando tenga sentido el afirmar que
siempre se obtiene un resultado positivo o negativo (nunca dudoso);
el principio mismo del tercero excluido no es otra cosa que una tau
tología. Pero, si deseamos escapar de la tautología no es fácil encontrar
reglas para establecer la conclusión A o la no A relacionadas de tal
modo que aseguren automáticamente la corrección del principio del
tercero excluido. Supongamos que deseamos aplicar el principio al
caso de objetos físicos. Si afirmo que una manzana es verde o es no
verde quiero significar que al determinar el "centro de intensidades"
de la luz reflejada por la manzana encuentro que está comprendido
entre 5200 A y 5600 A por ejemplo, o está fuera de dicho ámbito
espectral de longitudes de onda. Esto tiene un significado operacional
claro, siempre que disponga de aparatos lo suficientemente precisos
para ello. Pero sabemos que, debido a los errores inevitables en toda
observación, puede suceder que no podamos contestar en ningún sen
tido a los requerimientos del principio del tercero excluido en el caso
planteado.
Después de analizar, en general, la inaplicabilidad del principio
del tercero excluido a la importante afirmación: este juicio es verda
dero o es falso, analiza un caso interesante de las Matemáticas. Se trata
de la célebre cuestión siguiente: "En algún lugar del desarrollo, en
— 17 —

�numeración decimal, del número ir aparece la secuencia de dígitos
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9". De este juicio no puede afirmarse que sea ni
verdadero ni falso, pues la verdad del mismo quedaría operacionalmente demostrada si al prolongar suficientemente el desarrollo apa
reciese la secuencia mencionada. En cambio, la falsedad de la misma
se establecería demostrando que la suposición de que dicba secuencia
aparece conduce a contradicciones. Aun cuando esta última conclusión
puede conducir a un círculo- vicioso, hasta ahora no se ha podido
demostrar de modo alguno que a la afirmación de la aparición de la
secuencia 0123456789 le es aplicable el principio del tercero
excluido en la forma "es verdadero o es falso". Algo análogo sucedió
con la propiedad del número ir de ser trascendente o no. La afirmación
de que es trascendente resultó verdadera en el año 1881. Antes de
dicho año no podía decirse que era verdadera ni que era falsa. Claro
que se podría argumentar que cada una de las afirmaciones que esta
mos discutiendo son verdaderas o falsas (es decir, les es aplicable el
principio del tercero excluido) independientemente de que sepamos
si lo son. Pero, no olvidemos que Bridgman es un operacionalista y
para él carece de sentido todo lo que no lo tenga operacionalmente.
No hay o no había operaciones cuyos resultados conduzcan o condu
jesen a afirmar la verdad o la falsedad de las proposiciones; para los
operacionalistas esa situación se describe diciendo que el principio
del tercero excluido no es aplicable a esos casos.
Otra razón por la cual la Lógica puede no ser aplicable "in dealing with experiencie" es precisamente la falta de correspondencia ya
señalada entre el lenguaje y el pensaminto por una parte y la expe
riencia por otra. La no fijeza de los significados de los mismos térmi
nos utilizados en un silogismo puede conducir a situaciones que hacen
de la Lógica un sistema inaplicable, en general.
El estudio de la Matemática, rama de la Lógica, lo conduce a
analizar el concepto de existencia tal como se utiliza en aquella cien
cia. Cuando no se puede demostrar algo en Matemática, por ejemplo
la posesión de una dada propiedad por un cierto número, se cree que
dicha propiedad existe o no existe, pues se considera que hay un
método posible destinado a probar una de las dos afirmaciones, aun
cuando dicho método no se conozca. Cree ver Bridgman en esto, una
característica de la manera de pensar de los matemáticos. Para ellos
puede existir lo que es posible. "¿Cuál es el significado operacional
de las palabras posible y existir? ¿Se aplican a todos los casos
y con qué precisión y rigor?". Supongamos que se quiere averiguar
si existen números impares cuyo cuadrado sea par. Lo primero que
se hace es ensayar varios números impares; si aparecen algunos, dota
dos de dicha propiedad, se los exhibe y se contesta afirmativamente
a la cuestión planteada. En este caso la noción de existencia está
vinculada con la "exhibición" del número. Pero, si nuestros ensayos
son infructuosos, procuraremos demostrar que la suposición de que
tales números pueden exhibirse no conduce a ninguna contradicción.
En caso de tener éxito en nuestro empeño, diremos que esos números
— 18 —

�no existen. Aquí la existencia está vinculada a la no contradicción,
es decir, admitimos tácitamente que no se puede exhibir nada contra
dictorio consigo mismo. Pero si no podemos demostrar esto último
procuraremos demostrar que la suposición opuesta a la que deseamos
demostrar conduce a contradicciones, y si podemos hacerlo artibuímos
la categoría de existencia a los números en cuestión. Es evidente que
se trata de tres clases de existencia distintas desde el punto de vista
operacional. En particular, la última de las clases es de aplicación
difícil y peligrosa. En efecto, se basa en que la circunstancia de que
la suposición de que un objeto posee la propiedad A y la de que posee
la propiedad no A comprenden todos los casos posibles, es decir, no
existe una tercera posibilidad. Esto, aun cuando en Matemática es
casi siempre posible decidir entre A y no A, en la Física puede con
ducir a resultados muy precarios.
Pero puede darse el caso que no se pueda llegar a afirmar ninguna
de las tres clases de existencia anteriormente citadas. Podemos suponer
la existencia de un ente sin la posibilidad de exhibirlo, ni de demos
trar que su exhibición no conduce a contradicciones, ni que la de un
ente con propiedades opuestas conduce a contradicciones. En este
caso, lo único que se exige es que la supuesta existencia no conduzca
a contradicciones. Si este es el caso, ¿qué hacemos con el ente? Obra
mos como si existiera, le damos un símbolo que manejamos como si
fuese un símbolo de algo que existe y es probable que la generación
que nos siga se olvide de cómo se ha originado el concepto y le atri
buya existencia como a cualquier otra cosa. En resumidas cuentas,
habríamos inventado o creado un concepto (1), cuya razón de ser
es la utilidad en la resolución de los problemas de nuestra adaptación
al mundo físico y de la adaptación de éste a nosotros. ¿No es ésta,
en el fondo, la causa por la cual atribuímos existencia a las mesas, a
las nubes y a las estrellas? Esos objetos no nos son "dados" por la
experiencia directa. La suposición de que existen ha resultado ser
conveniente y la hemos heredado como un hábito mental. Llega en este
análisis Bridgman a la siguiente conclusión sorprendente: "La exis
tencia es un término que supone el éxito de ciertos recursos", inven
tados con el objeto de resolver problemas planteados por el medio
ambiente. "En una palabra, es el significado operacional del término
existencia". No puede darse quizás un concepto de existencia más des
provisto de implicaciones ontológicas.
Pero, justamente, este criterio operacional de existencia conduce
al abandono de los entes que "existen" cuando dejan de ser apropia
dos. Así, por ejemplo, los conceptos de número, espacio y tiempo
parecen fracasar en la descripción de lo que sucede dentro del átomo.
Entonces, debemos abandonar dichos conceptos cuando estudiamos
problemas del interior del átomo; es decir, ni los números, ni nuestro
espacio, ni nuestro tiempo, existen en el microcosmos atómico.
1) Sir. A. Eddington afirma que J. J. Thomson no "descubrió" el electrón sino qne
lo "creó", lo cual, según el propio Eddington, no disminuye en nn ápice el mérito de Thomson
en esta cuestión. (Phyloiophy o) Physical Science).
— 19 —

�La conclusión a la que llega Bridgman después de considerar la
Matemática en sus relaciones con la Física es la siguiente: "la Mate
mática es, en último análisis, una ciencia experimental, pues la no
contradicción no puede ser demostrada, sino sólo postulada y verifi
cada por la observación. Además, la Matemática utiliza el recurso de
prácticamente toda actividad mental superior: descomponer la expe
riencia en haces estáticos". "Por lo tanto, no podemos anticipar un
éxito completo a la Matemática en la solución de las situaciones que
presenta la experiencia".
Pero, todo el análisis hecho hasta aquí tiene por objeto servir de
introducción al problema fundamental que preocupa al autor, esto es,
la naturaleza de las teorías físicas, y aun cuando en todo lo anterior
existan atisbos de ese problema, su planteo explícito comienza en el
estudio de las aplicaciones de la Matemática a la Física. Sostiene, en
primer lugar, que las ecuaciones matemáticas deben ir acompañadas
siempre de un texto que indique cómo aplicarlas y sus limitaciones,
pues esto no puede estar contenido en la ecuación misma.
Trata a continuación la importante cuestión de los modelos ma
temáticos que se utilizan en Física. Según Bridgman, esos modelos se
originaron así: para poder plantear matemáticamente cuestiones vincu
ladas con el mundo físico se crearon los modelos físicos, sustitutos
simplificados, susceptibles de tratamiento matemático, de los sistemas
que se estudiaban. Estos modelos estaban sujetos a la condición de
que entre ellos, y los sistemas físicos representados, hubiese una co
rrespondencia. Así, por ejemplo, en la teoría cinética de los gases,
se hacía corresponder a cada molécula del gas real un punto material,
dotado de ciertas propiedades. Una vez en posesión del modelo físico
se hacían corresponder símbolos apropiados a los elementos de dicho
modelo, con lo cual se tiene el modelo matemático. Cuando los físicos
aplicaron a todo este proceso el criterio de que una correspondencia
de una correspondencia es también una correspondencia, comprendie
ron que en ese proceso había un paso de más. Se trató entonces de
hacer corresponder símbolos, directamente con el sistema físico. Eso
es precisamente lo que hizo Dirac; la Física, en general, en la actua
lidad tiende a los modelos matemáticos. A pesar de que éstos sirven
para resolver todas las cuestiones que pueden resolver los modelos
físicos y quizás otras que éstos no pueden resolver, se tiene la impre
sión de que con ellos se "ha perdido algo" que se tenía con los mode
los físicos. En efecto, todo modelo físico era, al mismo tiempo que
un instrumento de trabajo, una "explicación", imperfecta, incompleta
y a veces enteramente inapropiada; pero era al fin una "explicación".
Con los modelos matemáticos esas explicaciones desaparecen por com
pleto. Así, por ejemplo, explicábamos las propiedades de los gases
por medio de los modelos físicos cinéticos (moléculas puntuales que
chocan elásticamente, etc.) pero no podemos explicar nada ni conce
bir una explicación del mismo si nos limitamos "al modelo puramente
matemático que consiste en el primero y segundo principios de la
Termodinámica y funciones características de ambos...". Pero los
— 20 —

�modelos físicos tienen inconvenientes serios frente a los matemáticos.
En primer lugar, las estructuras físicas imaginables no son ni apro
ximadamente tan numerosa ni variadas como las estructuras mate
máticas, de modo que entre éstas podemos encontrar alguna que co
rresponda mejor con cualquier sistema físico que deseemos estudiar.
Además, hay tipos de problemas que se hallan tan alejados de la
experiencia ordinaria que es imposible hallar correspondencia entre
alguna estructura de ésta y los conceptos del problema que se desea
estudiar, y todo modelo físico tiene que ser susceptible de ser conce
bido en términos de la experiencia ordinaria. Así, por ejemplo, en el
dominio del átomo, el espacio, el tiempo y la identificabilidad, pier
den sus significaciones habituales y no es posible, por lo tanto, idear
ningún modelo físico del átomo. De aquí que la Mecánica ondulatoria
con sus modelos puramente matemáticos, está siendo muy útil en el
estudio de los fenómenos atómicos. Una exigencia importante de los
modelos matemáticos es que en su construcción sólo figuren cantida
des intrínsecamente mensurables. Esta exigencia condujo a Heisenberg
a sustituir en el modelo atómico de Bohr las órbitas electrónicas
(inobservables) por las frecuencias (observables) emitidas cuando un
electrón "salta" de una órbita a otra. Dentro de los inconvenientes de
los modelos matemáticos se encuentra el derivado del hecho de que
las ecuaciones matemáticas no contienen nada que limite su aplicabilidad, con lo cual los símbolos utilizados dejan de corresponder en
aspectos importantes con lo representado. Por ejemplo, en la ecuación
que describe matemáticamente la caída libre de un cuerpo no hay
nada que impida automáticamente dar al tiempo que figura en ella
valores de 10 10 seg. y 10 +10 seg., por ejemplo, siendo que
dichos tiempos no tienen correspondientes operacionales en el mundo
físico. En esos casos, la ecuación daría espacios recorridos que no
tienen ningún significado físico. La solución de estas dificultades está
en indicar en el texto, que necesariamente acompaña a la ecuación,
en qué casos no es válida. Así, por ejemplo, hay ecuaciones de electro
dinámica que son válidas fuera del electrón, pero que deben ser susti
tuidas por otras para el interior del electrón. Esta manera de usar el
texto parece ser resistida por muchos físicos que ven en el uso de dos
o más conjuntos de ecuaciones para describir lo mismo, aplicables uno
u otro según las circunstancias un procedimiento "artificial", esto es,
incorrecto. Pero, fuera de la cuestión elegancia, ya que es más elegante
usar un solo conjunto de ecuaciones para todos los casos, parecería
ser como que los físicos hiciesen la suposición implícita de que la
formulación matemática "existe realmente". Veremos más adelante
cuál es el valor de esa suposición.
La teoría de la relatividad también ha planteado en la Física
algunas cuestiones de interés del tipo de las consideradas por Bridgman en esta obra. Veremos algunas de ellas. Para que tengan sentido
muchas de las conclusiones de la teoría mencionada es menester que
se pueda determinar en dos sistemas de coordenadas que pueden estar
en movimiento el uno respecto del otro la ligada a un cierto punto
— 21 —

�de la misma señal. Ahora bien, ¿tiene siempre significado hablar de
la misma señal luminosa? Puede suceder que lo que para un obser
vador vinculado a uno de los sistemas es una sensación luminosa verde,
para el otro e3 una sensación térmica en la piel (1) y sin embargo
se trata de atribuir "la misma" a ambas "señales". Se presentan difi
cultades análogas en el caso de querer atribuir identidad a partículas
observadas desde ambos sistemas. Concluye Bridgman: "Me parece
que la existencia de esta propiedad de "identidad" (atribuida a dos
partículas o a dos sucesos observados desde distintos sistemas) sólo
es plausible en base a una creencia implícita en una "realidad" subya
cente que tiene un carácter metafísico y a la que no encuentro manera
de darle una significación operacional clara". La suposición de que
dos observadores siempre puedan observar un hecho y reconocer que
es el mismo resulta aun más insostenible en el dominio de los fenó
menos microscópicos. Si se aplica la teoría de los fotones, dada la
naturaleza "corpuscular" de éstos, el fotón que entra a un telescopio
no es el mismo, ni tiene ninguna relación directa con el fotón que
penetra a otro telescopio, y como lo que observa el astrónomo es una
consecuencia de la entrada de fotones a su telescopio, dos observadores
no pueden, en estas circunstancias, observar el mismo hecho.
Volviendo a los modelos matemáticos, cuya consideración dejamos
trunca anteriormente, añadiremos que el descubrimiento de que exis
ten limitaciones insalvables a la precisión inherente a las mediciones
físicas ha llevado a la conclusión de que son posibles muchos modelos
matemáticos de un mismo sistema, pues si la legitimidad de esos
modelos exige mediciones cuya exactitud debe ser superior a la que
se puede alcanzar, no hay manera de decidirse por uno o por otro
de los modelos propuestos. Esto conduce, según Bridgman, a la con
clusión de que "... debe modificarse el concepto de realidad física
en el dominio de las construcciones que se hallan más allá del límite
de las mediciones exactas y en particular debe eliminarse de dicho
concepto la connotación de unicidad". Choca a toda mente clásica y
no hecha a las cosas de la Física de nuestros días esta sugestión de
que la realidad no es única. Pero los físicos actuales utilizan, sin in
mutarse, para un mismo sistema diversos modelos matemáticos posi
bles, según convenga, es decir, según la mayor o menor utilidad que
pueden prestar. Esta actitud ha hecho decir a Sir William Bragg que
parece como que estuviésemos obligados a utilizar la Mecánica clásica
los Lunes, Miércoles y Viernes, y la Mecánica ondulatoria los Martes,
Jueves y Sábados. La situación es más aguda, pues debemos utilizar
ambas mecánicas, a veces simultáneamente. La contestación de Bridg
man a Bragg es que se trata de una necesidad de procedimiento.
Llegados al final de este espigar en la interesante obra de Bridg
man, a quien se ha otorgado recientemente el premio Nobel de Física,
podemos entender por qué ha ido desapareciendo de esta ciencia toda
"objetividad", "realidad", "verdad", en el sentido clásico. En efecto,
cualquiera sea el juicio que merezca, en general, la obra comentada
(1) Esta posibilidad es una consecuencia del bien conocido "efecto" Doppler.
— 22 —

�y aun la posición epistemológica de su autor, es indudable que con lo
comentado por nosotros, que se refiere casi totalmente a situaciones
en que se encuentra el físico actual, basta para demostrar que las
razones que han conducido al abandono de esas nociones tan caras al
realismo ingenuo y hasta a algunos de sus críticos, no son una posi
ción filosófica particular, sino pura y exclusivamente razones de co
modidad y utilidad: esas nociones eran impedimentos para el pro
greso de la Física, ya que eran inadecuadas "to deal with experience".
Dejándolas de lado, se pudo prosperar aun cuando con ello la Filosofía
se horrorice. Creo que a ésta compete encontrar la forma de salir del
atolladero, sea creando nociones más "adecuadas", sea modificando
de manera conveniente las que han sido arrojadas por encima de la
borda, en ese viaje que es la "aventura del pensamiento" más grande
que conoce la Historia.

— 23 —

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              <text>Hace ya bastante  tiempo  que los hombres  de ciencia  que dedican parte de su actividad intelectual a meditar sobre los problemas que plantea la consideración epistemológica de los fundamentos de las distintas disciplinas científicas, han adoptado una posición  prudente y modesta frente al alcance ontológico de los conceptos que utilizan en la "búsqueda de la verdad" dentro del dominio de su propia especialidad. Ya en los comienzos del siglo actual, Pierre Duhem, en su obra La Théorie Physique, considera que el papel primordial de la Física no es el de explicar sino el de representar de una manera con­ veniente un conjunto de leyes experimentales. Según este autor, la función más importante de la teoría física es la de clasificar hechos, no explicarlos. Cree encontrar en la evolución de la Física pruebas concluyentes en favor de la tesis de que las pretendidas explicaciones no han contribuido prácticamente nada al progreso de la Ciencia, mientras que el aporte de lo que denomina teorías abstractas  (no ex­plicativa) es enorme.&#13;
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