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Ella decia llamarse Nancy, y para mi ese nombre estaba bien. Se
trataba de una muj er:f francamente gorda. No es que me gustaran eS'l)eclalmente las gordas, ni tampoco las flacas; sierrmre fui un hombre muy equilibrado, a quienes los extremos preocupan e irritan. Nancy no era
extremadamente gorda, y si bien ses~~ salia notoriamente
de lo que
"
,
podria llamar "termino medio", lo hacia con cautela y hasta cpn gracia. Su obesidad no disimulaba la mujer que habia en ella sir'J que,
por el contrario, aparecía a mis ojos como la materialización
de un
exceso de femineidad que ella no stbía expresar de otra manera. Tal
vez no habia tenido oportunidad de tener hijos.
Lo cierto es que la habia visto una vez en la calle, en la 'luerna
de una pensión dudosa, discutiendo con un hombre. El la había llamado
"Nancy "; con voz a f errí.nada y a la defensiva, mientras ella tenia toda
la actitud corporal de irsele encima y aDlajtarlo. sé muy bien que eEta
imagen que estoy ofreciendo de Nancy se contradice po!' cOIn'l)letocon
la defensa de su exceso de femineidad que señalaba en el p8T'rafo anterior, pero así es la vida.
Esa noche, su imagen me torturó antes y durante el sueño. ee pareció que era la mujer que yo estaba necesitando. No mi ideal de mujer, sino la mujer que yo estaba necesitando en esa etapa de mi vida,
sumaf'lentecomplicada
en todas sus áreas.
Me atraia mucho, y parecía
,,
,
facil; con un poco de dinero se podria establecer un perfecto acuerd~
con ella. Ahora, todo cOllsjstia en encontrar un método pE-ra conseguir
ero.- Por el moment 0,-- ar-ch vé en mi memo_ria su nombr-e y la di,r~~H~.ió
de esa nensión dudosa T-la que, por otra 9arte, no estaba le~os de
casa.
Para resumir, diré que anteslllRde un mes y medio Nancy estaba en
mi p~artamento. No en forma oer'nanerrt
e , sino en forma de visitas periódicas, cuya fredueLcia dependía de mis vaivenes financieros y de
otros factores personales. Los primeros ercuentros
no fueron nada ex,
ceDcional; nero una vez instaurado el dialogo corporal, en sueesivas
rrácticas,
fui alcanzando en ella las metas de placer exquisito que
,
habia imaginado al primer golpe de vista. Era, ciertamente, una prostitut~~~xRE~kR~
pero de clase; elegia a sus clientes y no desligaba
el pl~cer de~ los negocios. lti relación con ella reunia todas las
ventajas del matrimmnio y nincuno de sus inconvenientes.
A veces la
contrataba simplemente conlo compañía, ~ara estar un ?ar de. hozas junto a mí mientras yo leía o escribía, o a veces saliamos a tomar un
café o incluso a ver una película. Mientras tanto, ciertas heridas
de mi alma iban cicatri?ando lentamente.
Con una mujer así, podia practicar --entre otras-una forma
,
de erotismo particularnente
intensa: 18 9rolongacion del deseo hasta
los linites de lo soportable. En esa práctica estábamos
justa!l1ente
,
cierta noche de un otoño muy agradable; la culminacion perfecta de
un, díé.;extralOadamente apacible y placentero. Yo estaba rozando ese
li~ite peligrosot
al borde mismo de una especie de locura --cuando
no sólo el cuerpo, sino todo ~l ser, exige la descarga ureente del
deseo acumulado en lo que p' dieron ser horas de un COl.1
ol cado juego
,
"
,
erotico;
en ese
momento, Nancy murmuro algo, se a)arto ,de mi, se le,
,
vanto y salio del cuarto, con su andar ele{'ante.
Estire la mano haci a
.
í

í

�la mesa de luz para conseguir un
, cigarrillo, ,buscando aplacar de alguna. manera la furiosa agitacion que me poseia; era todo el cuerpo lo
que latia, y mi mente era por completo incp~az de asálr,ningÚn pensaT
miento, ninguna idea. Ui cuerpo entero era una zona erorena inflamada,
'
,
que g erm a y protestaba y ex í.g í.a , y hasta que no paso un r to extremadamente largo
no pude hacer otra cosa que fumar y fumar, no sé cuántos cigarrillos.
Por fin, un pensamiento
se abri6 paso trabajosamente;
,
,
,
.
f
estaba un poco mas tranquilo, y me pr'e gunLe que demonios le es t ar-La
sucediendo. Me levanté y fu. hasta el bafio; La puerta estaba cerrada,
y en su interior no habia ninguna
luz que se filtrara a través de los,
,
vidrios esmerilados.
Golpee la ouerta suaveUlente, varias veces; llame
su nombre
también
dos
o tres veces, sin obtener res~uesta; y entonces
,
,
abri la puerta, que no estaba trancaca por dentro --y mal podia haber_
f
"
lo estado: adentro del baño no habla nadie. Y, segun comprobe luego,
tampoco hab i a en nadie en n ngún otro lugar del a oart.amen t o , vo iví al
dormitorio, sintiéndome más que desconcertado,
y vi que las ropas y
todos los implementos de Nancy seguian alli, parte de ellasRH en una
silla, parte en ,el oiso, y una prenda interior en la cama, a los nies,
entre las dos sabanas.
Fui
hasta la puerta de entrada y espié por la mirilla, que me
,
mostro un pasillo desierto, el eo...
ienzo desierto de la esce.Le ra hacia
la planta haja,
y
el
enrejado
~R
que
rodeaba el vacio hueco del ascen,
sor. No habia otra salida, a menos que Nancy hubiera resuelto pasar
trabajosamente
su fornido cuerpo a travé3 de una, estrecha ventanita
de la cocina, y luego de.scender dos pisos agar.randose de un caño.
.
,
r
Ell&amp;. estaba desnuda, y estaba en va Lguna parte. Comence arel!' •
.1''10 habia
en la situaci6n ningÚn elemento gracioso. Reía corno un loco,
descargando WiIa la t ene ón que hab Ia acumulado pac r n t e.nerrt e durante
el largo rato de los juegos placenteros.
filCRX¡pnr Volvl "'".1 dormí torio
y tuve que serrt.a rae en la Ca1:1a,doblado en dos por la risa, mientras
,
1"
.
'
me COrr1&amp;n
agr1mas por 1~a cara; y l'a r18a seR mezc 1a ba con una lncomoda tos, mientras los bronquios silbaban. Cuando por fin pas6 el ata", mas sereno, f"Ul nas-a
t
lb~' ano y me 1'1
(
que y me sen~l
e_
ave
a cara. Tenla

,

í

í

í

los ojos
--que me
, enrojecidos y una expresión ,de gran
, desconcierto
parecia justificada.
El espejo revelo
adem&amp;.s
unas
ojeras
nrofundas
y
,
,
ciert .s ar-r-ugaá de fatiga. Volvi al cuarto y comence el vestirme, aunque tenia el cuerpo dolorido y muchas ganas de dormir. Lueco hice un
"
,
intento por evitar salir a calle: llame por telefono a la oension, y
pregunté p lr ella a la voz somno Lí.errt a que me atendió de
, mala gana ,
Dije que era urgente. Al rato, la misma voz 11e confirmo lo que yo ya
presurnia: Nancy no estaba en 'BU pieza. Sali, entonces, a la calle.
r.

�-3(2 )
La rL,a no hab i a logrado hacerme descargar toda la tensión. Mi
mente se hallaba como obscurecida,
y sólo ¿erciblp de una manera un
poco subliminal los ob jet
os
exteriores
•. La noche era calma, agradable,
,
con algo de fresco: habia estrellas en los trozos de un cielo muy
ni~ida~ente negro, sin luna, que permiti~n ver los espacios libres entre edificios; habia un silencio es~ecial, como un m&amp;nto de calma y
serenidad que transformaba
cualquier ruido ¡olesto en una insignificancia, y la calle aparecia desierta Dero amable --como si las casa
y los {rboles fueran capaces de di¡~logar con los hombres. Est~s ryercepciones no escapaban del todo a mi conciencia, pero no estaba en
condiciones de abandonarme
aleeremente a ellas. !i.!e
imaginaba a Nancy ,
completamente
desnuda por esas calles, como en un cuadro de Delvaux;
y sin embargo la escena no alcanzaba q ser su·~rrealista.
Porque el
silencio no era o~robioso, ni el cielo era triste, ni la ausencia de
hombres era misteriosa.
Me imagi"lé a .,1 mismo desnudo, y traté de sentir la noche sobre mi piel. si; Nancy tendría, tal vez, '-1n'1OCOde
fria.
Di una ~¡elta a la manzana. Lue~o, en el punto de partida otra
vez, crucé la calle y di vuelta a la manze na de enfrente. Yas'i fui
trazando un recorrido obsesivo de exploración del barrio.
En un oor-ta.l, hab a dos pr'os t í.t.ut a s , r ue me llamaron cuando yo
pasaba. Sef~l de largo, luego me detuve, y volví sobre mis nasos.
¿No han visto a una mujer desnuda? --pregunté.
Ellas se rieron.
Aquí hay unas cuantas-dijox
una, delgada y de piel l~S bien
oscur-a mostrando algunos huecos en su derivadural soni-e i r-, y con
un movimiento de cabeza hacia el corredor mal iluminado que se abria
junto al portal
-- No --dije, moviendo la cabeza--. Yo busco ~ una en esnecial.
Es rubia, ~is bien gordita, y anda caminando por la calle.
Ellas se miraron e intercallbiaron algunas sehas que eran nuy
perceptibles.
La que hasta ahora no habla hablado, y que era más baja
,
~
,
.
y .aa s agradable que la otra, senalo m punto en la eacu i na , sobre
la vereda de enfrente.
-- Hace un rato pasó por aquí, y entró en ese bar -·-dijo. Me di
cuenta que mentía porque estfbp asustada; creian que yo estaba loco
y t~ataban de sscanne de alli r:pidamente.
A~enas ~iera un ~aso, ellas
comenzarian a col" er hacia la otra esquina. Sonrei, les di las gracias, y me enca~iné hacia el bar. De todos modo~, me hpc~
fclta tocar
,
algo fuerte, aunque no es mi costumbre, y que r i.a tú .b e.a C0!110rarun
paquete de ci¡garrillos. Sent{ a mis e+pa l.d.
..
~ el rápidO taconeo, de las
muj eres,
que
se
ale
jaban
de
mi
tal
como
hi.
bia
previ s,t o , Ca.Lcu
,
,l,e ue
t ar-ds.r
Lai un buen rato en volver a su portal, o qu.l.-.s lo hs ri n acompañadas por el hombre que las explotaba --quien no podr{a estar muy
lejos, tal vez en otro portal o en otro bar.
Crucé la calle, llegué a la esquina, y entré en aq el bar oue
,
(
ellas me hablan s eña Lad o , He acerque al :nostrador y pe d un paquete
cigarrillos.
Luego Iliré a mi alrededor, buscando una mesa a la cual
sentarme. Estaban todas desocunadas,
salvo dos de ell~s, que se habLan
reunido vara formar una, alargada; y a su alrededor h&amp;bia un grupo de

-

í

,

í

(~

í,

�-4hombces y mujeres. La reunión parecia estar presidida
por un hombre
,
erande, gordo y bastante maduro, Que me resulto vagamente familiar;
aunque esas gentes no ~a 'eclan ser del barrio. Cuando mir~ h~\cia alli,
, y hubo t amb í.en
"
el hombre ~ordo me miro,
en el, sin duda
, , un amago de
reconocimiento;
no pudimos evitar el sal"J.darnos corte;.,.,nente.
Luego me
serrt e a una mesa en un rincón, junto a una ven t=.na, &lt;le u.i modo tal
cue el hombre queda de espaldas a mi, y me hacia tambi~n pqco visible
paraKx el resto de XK esa gente
--~ara flirarme, deberian hacerlo me,
diante un esfuerzo. Se acerco un mozo sor:moliento y con unagxax chaquete:e extremadamente
sucia. Le pedi media medida de whisky con hielo,
,
y espere que me trajeran el pedido mirando por la ventana hacia una
oscuridad neutra de la calle. De la otra mesa llegaba una convers~ción
desordenada e inintelic;ible, alc;unas risasli cantarinas de mujer y, a
veces, alguna mirada de alguien que trataba de '&gt;:irarmeoero con disimulo.
De pronto, cuando estaba por lle~ar a mis labios por primera vez
el vaso de whisky, el gordo se levanto de su silla, como por una súbita inspiración --creando un silencio repentino en su mesa--, se
.'
r
,
dlo vuelta y avanzo unos oasos hasta llegar a ml; tenla la mano extendida XHat:X y una
amplia sonrisa. Evidentemente
estaba ebrio, pero
,
era un hombre solido.
-- Caballero --dijo, ,ceremoniosamente
y ,con una ligera reveren;:cia, mientras nos estrechabamos la mano--, se reconocer a un caballero, y a un artista y hombre de 'bien. En esta piojosa ciudad, de ladrone , portuari os ,y otras yerbas, un- c-a:balrero~se-destaca tan ni t-iaame-J.
como ••• --busco una imagen aproryiad~, revoleando un poco los ojos,
, .
y no tuvo mucho eXlto-- •••como una cucaracha flotando en un vaso de
leche. Mis amigos y yo nos sentiria~os cumamente honrados si usted
se dignara a compartir nuestra
, mesa. Por otra parte, no es bueno beber solo. Y por otra parte aun, se advierte claramente que usted tiene
un Problema Trascendente, que gustosamente compartiremos
si tiene a
bien hacernos partiCipes.
De la otra mesa nos miraban francamente y con expectación. Vi
el brillo de algunos p~res de ojos femeninos
muy atractivos. Y el
,
gordo me resultaba
irresistiblemente
simpatico.
,
,
, Sin pensarlo dos veces me levante de mi
, asiento, y me acerque a . el, con el vaso en la
mano. El gordo Daso
su brazo derecho
sobre ml espalda, y una mano
,
,
enorme me apreto el hombro. Asi caminamos hasta la mesa alargada,
y éíx me cedió ceremoniosamente
su lugar de ')rivilegio a la cabecera,
frente a una mujer morocha con unos ojos verdes fascinantes. El trajo
una silla que estaba junto a otra mesa vecina, desocupada, y se sentó
junto a la eSQuinali derecha, entre una mujer rubia y yo, y desde
alli me presentó
a su trouue con
,
, una voz atronadora. No dio nomb~es;
se limito a repetir mi coddicion de caballero y a pedir que todos
brindaran por este encuentro que, segÚn dijo, no era obra del azar.
Todos levantaron, sonrientes, sus vasos, y yo hice ~o propio. Despu~s
de, un breve silencio,
durante el cual todos me estudiaron y yo comenr
ce a explorar tlmidamente una cara tras otra, encontrando enx todas
expresiones de simpatia, el gordo volvió a hablar.

�-5(3 )
-- Mi buen señor --dijo--, no crea que somos unos ociosos oue se
aburren. Más bien somos unos desesperados
que se asfixian. Hemos cometido el pecado de un exceso de inteligencia.
¿Comprende? All! está
Miriam --señaló con la
cabpza
&amp;.
la
morocha
de
ojos
verdes, en la otra
,
, ,
c~becera de ,la reunion, quien bajo pudicamente
sus hermosos ojos--,
,
con su Teoria del Alma ys su vocacion de sacerdotisa hereje. Alfredi~
,
~
to --senalo al hombre pequeno, de gruesos lentes y dientes en forma
de serrucho, ubicado a la derecha de Miriam--, expulsado de la 80cied,~d psicoanalítica
por defender los trabajos de Reich y querer continuarlos. ,
,
Hablo tambien de los otros, pero sus pa Lab r'e.e se me fueron oerdiendo en mi contemplación
de los ojos verdes que me fascinaban.
-- y yo --tronó--, yo soy viejo. Debería ser un viejo pederasta,
,
"
pero elegi el alcohol --se quico de un xixon la peluca castaña, y
su rostro se hizo efectiva ente más viejo y m,'¡:¡ blando. Con un movimiento despreocupado
arrojó la peluca a la, calle, a trpv~s de una
vErtana abierta--.
Como abogado defiendo solo los casos perdidos. Soy
de otra generación.
Todos quedamos iwuresionados
por el gesto de tirar la peluca. Yo
sentí que si no hablaba en ese momento, la tifuidez me vencer{b definit í.vc.ment e , y nunca m8.s volvería a hacerla.
-- A mí se me perdió una rubia --dije--. Salí a la calle a bu~carIa --noté que todos se animaban, y aunque sentí que me arriesgaba
a que aquella gente fuera verdadera ente-un grupo de aburridos, s
,(
también que debié: darles algo de mí mismo, aunque fuera un show-- • .LO
curioso del caso es que toda su ropa quedó en mi a.pa+tamerrto --agregu.~
y se~tí un suspiro eel gordo que me dio la sensación de que nos ib&amp; a
dejar a todos sin oxígeno.
Yo sabia --murmuró,
casi llore.ndo--. Cuando lo vi entrar, yo
supe que usted era un hombre sefialado por el Destino para cambiar el
curso del planeta.
,
El hombre que estaba a yi ,:izquierda, frente a la rubia ,--palido,
de profundos
ojos negros,
el rr.as
,
,
,callado de tod.os-- se anio con un
interes casi cientifico y comenzo a hac e r..,e, pr-egunt.a s , Poco a poco
fui narrando con todo detalle x lo que hab e sucedido. Eh un momento
dado, el gordo comenzó a reír a carcajadas.
-- No s~ qu e habr-á pasado concretamente
--dijo--, pero Lmag.í.no
lo que sucedió en profundidad.
¿No
,
, es cierto, Miriam?
La mor ocha sonrio, y a s nt ío con la cabeza.
-- Dilo tú --la instó el gordo. Ella hizo una inoir6ción profun,
, .
.
da y luego hablo brevemente,
con une.. voz extremadamente
cs.Ií.da , ca sa
ronca.
-- Se asustó del Amor --dijo, y todos asintieron v í.va-nerrt
e,
-- Eso no resuelve el pr011eLla de nuestro amigo --murmuró el
hombre de mi izquierda, mirando al gordo.
-- Efectivamente;
no lo resuelve.
~l gordo bebió de un solo trago el contenido de su vaso, y
golpeo 18. .nesa con la palma abierta, haciendo tambalear la mesa .J
~
todo lo que sobre ella hab Ia y produciendo un ruido fenomenal.L~ "J&gt;,4\.. (¡'(.
-- ~Al final, qu~ somos? --bramó.-~~ ¡Vamos! Por una vez en
í

í

I

�-6-

esta piojosa vida, tenemos la oportunidad de mostrar que S0r.10S Hombres.
¿Vamos a see;uir con nuestros juegos de salón? Ah, no. Yo estoy harto
de, mi mismo y de todos ustedes. Ha llegado la hora de -,
ser --se levanto, como la otra vez, de Golpe, y fue hasta la caja y ~ago las consumisiones. Despu¿s fue hasta
, la puerta del
, bar, y nos hizo un adem~n
imperioso de que lo siguieramos, y salio a 18. calle sin volverse a mirarnos. Todos nos apresuramos en seguirlo.

�-7(4 )
,
.
un numero exagerado para la camí.one
t a que estaba
,
estacionada frente al bar; nero el gordo insistio, y nos apretamos
tres.
'
ZJ&lt;lIll:XX1&amp; en la cab í.na
, y otros cuatro fueron et r'a
, s , en la parte descubierta. El gordo manejaba. Yo estaba junto a el, y a mi La do iba
1!iriam.
sé muy bien lo que haremos --decia el gordo, conduciendo a
una velocidad desatinada por las calles del centro, alejándose
de él
--o Teneo un viejo cliente que amaestra perros. Lo que usted nedesita
es un buen sabueso.
Yo me dejé invadir por la tibieza del alcohol ingerido y sobre
todo por el calor del cuerpo de la morocha, muy apretado contra el
f
rm o , No estaba tensa, no se molestaba por ese o orrt ac t o forzado. Poco
a poco fui sintie~do que el deseo se iba reactivando
pelig~osamente,
y al mismo tiempo que todos mis tecores se iban disolviendo.
Todos
ellos estaban locos, y yo también; entonces, todo estaba en7~itio.
No penseba
, que fue a a, salir nada bueno de esa aventura; probablemente
erminarianos
en la carcel o, en el mejor de los casos, con un buen
do Lo r de cabeza al d Ia siguiente --y ,un sentimiento
de culpa y de frl$stracion por la noche perdida: ya habia pasado la medianoche,
y se me
lacia evidente de que paaa r Lan unas cuantas horv;s antes de que pudiera
descansar.
Cuando los edificios comenzaron a hacerse m~s dis,ersos, yx apar
cieron erandes extensiones 12.aldiaf" los cuatro que iban al descubier
comenzaron a cantar.
Por fin llegamos a un caserón, ante el cual se detuvo la camioneta. Se oián alb~nos ladridos , dispersos. El gordo apegó el motor.
-- No
El cretino debe estar durmiendo.,
, ,se ve luz --mummuro--.
Bajo el solo, y lo vimos buscar el timbre de la puerta ayudandose
con la llama de un encendedor.
No hnbia timbre, al ¡Jurecer. Entonces
aporreó la puerta y gritó un apellido.
Antes de encenderse la luz, respondieron
los perros; una mezcla
de aul,Lí.do s y ladridos que, venia desde a ~gÚn lugar en los fondos del
caseron. Lue:o se encendio una luz en una ventana del piso superior,
pero ta~bién una luz en una casa vecina, a unos ci~cuenta metros de
distancia. Se oJó el ruido de una cortina de enrollar que subia, y
vimos a un hombre en pafios menores que se asomaba a una especie de
balconcito.
,
-- Soy yo --trono el gordo--. El doctor Welllngton.
--&lt;iQuién? --preguntó
el hombre, semidoTmido.-¿Qué quiere?
-- El doctor Wellington. ¿Recuerda? Yo lo defendi en el nleito
por la sucesión ••• hace diez afios.
--¿Qué quiere? --insistió
el dueño de case, sin dar muestras de
recordar al abogado y mostrando si un evidente TYialhumor.
-- Necesito un sabueso para seguir un rastro.
--¿Ahora? -el hombre estaba exasperado.
-- si, es urgente. Hay una mujer que puede ,pgarrarse una pulmor.
.
nla Sl no nos apuramos.
El hombre desapareció
del balconcito, y esneramos en tensión mientras el abogado nos h[c:La gestos tranquilizadores
desde la puerta. Des,
.'
,
nues de unos minutos, el hombre reapareclo
en el balcon, von un balde.
Eramos

siete

1&amp;ZlI1&amp;,

;

.

;

�-8;

Los perros sepuian ladrando desesperadamente, y otras casas en las
Lnmed ac ones comenzaron a ilurünarse.
,
-- Esto es agua --grito el duefío de la casa--. Vayanse de inmediato, borrachos.
-- Pero •••
-- y esto es un revólver --dijo, levantando la mano derecha en
la cual,efectivamente,
se veía el brillo del metal--. Primero el a;uc,
,
.
y despues los tlros.
, El gordo volvió a la camioneta. Se sentó alE volante, y su cera
tenia un color granate. Reap í.r'a.ba f'ur-í.o
sa.nerrt e,
,
.
".
'.
-- Inbecl1 --murmuro--. Eas Que 1mbecl1.
í

í

;

�-9(5 )
La camioneta volvió a detenerse, ahora. en un lugar desolado nróximo al mar. A n¡estra
derecha se veia un esmirriado
bosauecillo
de ta,
,
,
mar-í.ac os , y el 'mico farol li:e: cercano perm ti
tmnbien apreciar
costa rocosa., con '_lgo de arena y Danta. De tanto en tanto se ve [a
un filamento fosforescente,
verdoso, cuando 1 s olas rompian con
,
f
fuerza contra alGuna f'or-nac on de roca; y se Ola el fragor del mar.
-- Unos minutos de recreo-- dijo el gordo, bajando de la eamioneta, y se alejó de nosotros con paso lento, buscando sin duda verderse en las sombras para orinar. Poco a poco, todos 10E fuimos imitando, y la camioneta quedó sola, y no otros dispersos. Yo h:bi. curr.iru do un buen trecho, y finalmente Oryt~
por un lugar donde unas rocas
,
,
al t: s me a í.s Lrsban de Ir...
calle. Orine con ganas, ma errtr, s consumia el
resto de un cigarrillo. D' pronto, una voz Me sobresaltó.
-- No buardes --dijo, en un susurro L'lu~.
cc:..riñoso
una voz de mujel". Reconoci , dificul t osa.nent e ["1 la rubia~~ ~~{"vuel
ta, en un vaho de alcohol. Tendio una mano hacia mi se]o, y
e acaricio, mientras aooyaba
la cabeza ryLrfumada en mi hombro izquierdo. DesDu~s levantó la cabe
y Me besó en l~
en pensa~ nadR de mi -dijo lue, boca--. No te molestes
,
go, y ,rr.eseé,lliaacariciando,
lleva'1G.ome
otra ve?, a aq:lel estado de
,
,
tcnsion Ero,ica--. Soy ninfo~ana. SOJ esquizofre:ca
incurable. Antes
era monja, ~ero tuve Que dejar los hibitos --s~bitamente
se dejó caer
de rodillas, y pronto senti. mi sexo apresado por su boca. 3enti ~n
gran dolor en la espalda, p)r encima de los riáones, y busc.:.u~
la forma
.~~recostarme contra la roca- sin
interrulíloir
a
la
rubia.
-,
----=-=,
asta --dije, luego--. Me estas volviendo loco -- y me aea
junto a ella, buscue sus labios, y mis manos comenzaron a recorrer
su cuerpo para quitarle algunas ropas. Desde cierta distancia, comenzó
a oirse la voz del gordo, que buscaba reunir a lL gente.
-- No te preocuoes --dijo ~-.
Ellos ya saben --Dero de
pronto se puso tensa, poraue se h; :)Í"" ese.cenad o el ruido del motor
al ponerse en ,¡n&lt;:'.rcha--.
i Oh , no! Es C&lt;'fHZ
de irse y de jarnos aquf ,
,
,
Se vistio rapidarnente y )10 t uv e m. s. remedio que hacer lo pr oní,o ,
y segu r-La a los tropezones
cuand o comenaó a corre r , gritando el
f
'
,
nombre del abogado. Yo no p od í.a ma s de la t ens o-i, y :xíZ por otra parte me result~ba imposible disimular el abultamiento
del pantrlón,
nero cu-md o llecamos nadie pareció encontrar nada anorma L, ni , uiera la pulcra :.:iriam,instalada nuevamente a mi Ls.do, Me rec J~ te .1
asiento con un {'"ransuspiro, y el cardo continuó "iab Larido de al.go
cuyo "0rincipio me
Es t .ba como rec oncen '¡rada en si
, h2.bia;')erdido.
,
mismo, sin ninGuo' .í.nt er es en que lo escuchar an ,
,
-- Hor~cio tiene un perro --dijo por fin, clarauente, y me ~iro
de reojo--. No es precisamente
un ae.bueso , pero lo :,er' a la fuerza-teni~ los dientes apretados y habi.a perdido toda simpatia, posesionaro
por una idea fija. :\lesenti responsable
de haber-Lo hr.bLud o de mi problema, e intent~ sugerir que podiamos irnos a dormir--. De
, ninguna
manera --dijo, firmemente--.
Nadie de nosotros desca ....
sé'1rahasta hallar
a su Gordita, viva o muerta.
,
,
Sin p en sa.r-Lo
,
le
tome
una
me
no
a
Miriam.
El.Ls
no
se
mo
l
rst o , Ni
,
,
,
siruiera parecio advertirlo.
Despues de un r~to gire la cabeza y la
mir~; ella tenia los ojos entornados y no mir6 en mi dirección.
í

í

í

í

oJo

�-10-

Volvfamos r.L centro. IJepregunt é quién seria ese pobre Horacio; sin
duda, alguien que estaba durmiendo, ajeno p,r completo a las maquina.
.f
C10nes
que se t eJ18n
en vorno suyo.
__ Después iremos a su apartamento --continu6 el cordo, volvien~
a mirarme brevemente, para confirmar que se diril.ia f nf--, y le daremos a oler al perro las ropas de su mujer. Cono 110 estE:.entrenado, será le·jorofrecerle una prenda intina, de olor [1.' s f'uer-t e , Pero estoy
seguro qUE; '1.0 tardará en hallar el rastro. Los .erras...
,
Sit,'1.üÓ
hablando, y yo noté que Mi rí.am ha ~i~ decidido jugar tímidamente con mis dedos
.l..

�-lIT
(6 )
Horacio no dormia; estaba leyendo. Vivia muy cerca del centro,
en una casa grande y antieua, llena de muebles polvorientos
--como
si fueran la herencia de alguna vieja tia. Nos hizo pasar a una sala
grande, de techo muy alto.
,
,
-- Necesitamos a tu perro ---dijo Wellington,
eí.n 1112,") tramite.
Horacio, delgado, casi macilento, con la sienes ligeramente platea6~s a pesar deC~elativa
juventud, ,8ir6 al gordo con tra~quilidad.
Mi perro --dijo luego-- murio hace tres años. Ahor8. tenr-o 1)lantaso
,
En tal caso --(ijo el gorda, flematico--, te rOffi?eremOs el
Diana.
Héblp, efectivamente,
un vetusto piano vertical en un cincón de
la sa l.a , En la p: rte au pe r-Lor- ten'a una c2roetita de hilo, y sobre
,
(
ella un jarron V~Cl0.
......'
,
,
.'
r
Horaclo desapareclo por una ,uerta. Pensa qua el tamble~ habla
,
.'
.
ido a buscar un revolver, pero volvlo en pocos nnnutos con una botella de whisky v un vaso enorme repleto de hielo.
-- Hay un solo vaso --dijo, y lo llenó. Bebió unos sorbos, y se
lo alcanzó a Miriam. ,
,
El muchacho aquel de dí.e nt es de serrucho se acerco a una mesa y
..
tomo, d e ella de un mazo de naDpes,
y empezo' R barnjarlo.
-- ¿HaceQos un pbker? --dijo, y el resto de los hombres se fuex
"
entamlo,_alrededo:r ,de la mesa. ':U cardo
giro sobre sa mismo para ob,
servar, una ve'L~-:¡'
.na_, el p an o , Las mujeres se sentaron en dos sofa ....
,
uno frente a otro en extremos de la sala. Yo ~e que ~ de Jie, indeciso
entre una y otra; pero al cabo d.e unos minutos c ompr'end i (~ue la rubi
se hé:.bia01vi dado de mi por completo, y ahora con t emn Laba a Miriam
con ojos brillantes.
En la mesa, se jugabaR en 3ilencio, mientras el
vaso circulaba
continuamente.
Yo fui y vine un ,p .r ee, veces k~xxocxlx
,
y acerque el vaso a Miriam y a la rubia; thmbien moj e .rí.slabios, sin
querer beber.
Despu~
me sent~, y me puse a leer el libro que 'abia deja~o Horacio sobre una silla, abierto c si exactamente
en la witad. parecia
una novela de guerra, y me senti harto en pocos minutos. Cuando levant~ la viste, advortl que Miriam y la rubia desaparbcian
por una ~uerta
--la ',isma rue habla utilizado Horacio 0ara ir a buscar la bebida. Me
acorqu~ entonces a la mesa, y me puse a estudiar el juego del gordo.
Las sumas que apostaban eran insienificantes.
El juego era lento. La
botella se terminó.
-- Señores --dijo el gordo, solemne, poni¿n~ose de pie a su nodo
espec~acular--,
he llevado la cuenta y he llegado
a comprobar que en
,
este naipe hr-y siete ases. i Siete ~ --se acerco a los montones de dinero de los otros jueadores y les fue quitando una parte a c~da uno.-.\leretiro del juego y ~e llevo el dinero apostado. La pa.rt i d.r es, a
todas luces, nula.
,
"
Los dema s no protestaron,
y Horacio tO ..
io las cartas y emoezo a
hacer montoncitos
.oara revisarlas.
,
Es cierto --dijo, despues de haberlas ordenado--. Hay siete
ases, y dos nueves de tr~bol; falta en camb o un nueve de d nman t es ,
(

í

í

í

�-12El de los dientes de serrucho tomó un nueve de trébol y le escribió la palabra "diamantes" con un lápiz, y todos, 'r.enosel gordo,
estuvieron de acuerdo en se[,uir jugando.
,
-- Mi amigo --dijo el gordo, llevandome aparte--, J.J. Wellineton
jamás se desdice de sus ~alabras. Ahora mismo saldremos a la calle y
capturaremos a un perro cualquiera, y lo transfonnaremos
en sabueso
a fuerza de golpes.
Yo menRé la cabeza. ,
,
-- O si no --continuo Wellineton--, yo mismo hare de perro sabueso. Iremos a su a,artamento y me i~pregnaré del olor de las prendas de
su amiga, y juro solemnemente que saldré a la calle en cuatro patas y
seguiré el rastro hasta donde sea.
Ya le costaba un poco
marrte.oer-s e en pie. No t uve la ,renar
duda
,
,
de que pronto comenzaria a andar en cuatro patas. Aparecio 'liriam,
sola, y se adercó a nosotros dos. Tn{a en sus rop&amp;s el olor de la
rubia.
Le dejé un regalo
Horpcio --comentó, sonr:i.eYldo--.
Cuando vaya
,
,
a acostarse, encontrara a Beatriz en su cama. EStf completamente dormida.
,
.,
,
La. mire con enojo • .Pense que lo ha b i.a hecho para qu i t.a.r neLa ,
--¿V'.mos? --preguntó el gordo, pero sin esperar respuesta enfiló
hacia la pue r-t a de calle. Miriam y yo, desde luego, lo segLürnos.
(

�-13(7 )
--Que nadie diga que J. J. r'ellington haperdiclo
el olfato nara
las mujeres -- dijo el cordo. Estábamos los tresg en la c~bina de
la camioneta, y ~l insist{a en transformarse
en perro.
-- No vn Le la pena -T dijo Mí r i.am, con su v o : ronca--. Cuando
el caballero vuelva a su apartamento,
e lcontrar¿ sin eld
a su gordita rubia en la cama, tan desnuda como cuando le oerdi ó "e vista.
-Oh , eso es imposible --dj_je. Ella sonrió.
-- Algunos X:Oll hombres son excesivamente
ro?uánticos --comentó--,
y los pequ eño s detalles prácticos oue deri llegar a cegarlos por completo
.
,
-- Eso quiere decir ••• --comenzo el gordo.
-- Que no hay :rj.inEún
misterio. La gorda puta tuvo, por una vez,
un sentimiento.
Se a su s t o de ella misma. Tuvo a i.lesalir de la nieza,
,
"
y desuues, tuvo que salir de la casa. Se habra }uesto flgun sobretodo
tuyo -- Miriam .ne rniró--, o alfÚn impermeable,
o aLgo a s r.ue e'1con,
"
,
,
tro en el vestibulo. Se ventilo un poco en la calle, se sintj
~idicüa,
y volvió.
No tiene ,llave --murmur~.
,
,
Te estara esperando sentada en el primer escalon, o habra
trepado por el carro de la cocina, o tendrá una 11&lt; ve que habrá con"
,
seguido quien sabe como. IlOS hombres :tomanticos sear« ahogan en un
vaso de agua.
de 1a mad
rurtada cuan do ya caSl. se a dilVlca ba 1a prlmera
.
1'
esa a_~ura
matNatXat,
8:'1:-í-C!.2.d
deL d{a, con el wh Lsky --aunque escaso-- ingerido ylo
uitranes del tabaco taponeá~dome
l¿s bronquios,
ya reel~lente me imtLba poco de Nancy, de Beatriz, de la misma miriam. ::;ólcquer{a
descansar, y que todo lo ,demás se fuera al diablo. El gordo puso el
motor en ma rcha y arranco velozmente.
--¿ Dónde vamos? --preguntó Miriam. J. J. Wel.lington, con los
dientes y, !os labios apretados, no respondió. Yo me recost~ al asiento
y eutorne los ojos.
Se detuvo ante una estación de servicio, y b2jó fel coc~e y reti,
, .
'
ro algo de la parte descubierta; ,un belde de plastlco. Volv'o en 'OCOS
,
minutos con el balde lleno, subio otra vez a le camioneta y ar anco
,
,
"
velozmente.
Luego se detuvo en la p'.aza mas
entrica, se bajo y r-ecor o
el balde. Miriam y yo tambi~n bajamos, y nos acod~mos contra la camioneta, observándolo mientras se alejaba de nosotros con el balde.
-- Se a va prender fuego --murmuró Miria!1lT-E El imb~cil se va a
(
prender fuego.
k unos cincuenta
~etros de rosotros, sobre la ver'da de la pl&amp;za,
c omen, Ó a vociferar obscenidades.
Bab{a a Lguna gente en las paradas
,
f
'
de o:mibus, y aleuna otra que se mOVla apresurada
ente rumbo a algun
empleo. Algunos se acercaron,
ot r-o s se detuvieron·a
nrudente distancia. Wellinctol1 vociferaba
comp I í.caüa s c ons gras sobre la libertad dd
esp{ri tu.~~
a FJiriam del brazo y la ar-r-as t r é lentamente h.•.
cia 1}na..f'.'
calle transv~
f)Q.,.fM'~ k dtr~
~~
•....••.
r /4'- ~rQ \'f!c.#f"!"( ?-4t..'J ,to ~
Hicimosi dos o tres cuadras en silencio; ella se dejaba llevar.
Vi un bar abierto, reci~n abierto y VéC{O, y la invit~ con la mirada.
No dijo que no.
Nos sentamos
me sa , Pedimos cr f'e, y el mozo nos dijo cue
Í

í

í

aUi~

�'"

-14de' l......l.IOS es-ie raa- unos minutos porque la máq'.Áina tod::..:.\tl[
estaba fria.
Me encontr¿ como nadando en aquella mirada verde.
-- J.J. Wellington
es un hOMb~e admirable --dijo, y yo asenti--.
,
Es mi marido --añadio, sin d i s Lrnu Lar su orgullo.
-- L:iriam•••
Ella sonrió.
-- .No debes otorgarnos tanta realidad --dijo. A lo lejos, se
O;)ó la sirena de une. ambuLanc í.a o de un coche policial. Me nue e tenso, pero nliriam siguió floja y sonriente. Por otro motivo, repitió
ahora: --:líodebes otorgarnos tant.J realidad.
El grrto de la sirena fue cr'ec í.er.c o en intensidad, corno la voz
secreta de la ciudad Que c orraí a , COL!'IO
;ü 'Propia voz secreta gri tar..do
una trLgedia que yr,r'neflt
trevia n a pensar; y Lu er-o cesó, a muy :?oca
distancia de nosotros, tal vez en la plaza, tal vez junto a la n~ra
humeante de J.J.Wellington.
Miriarn se encogió de 'iombr os , Yo cone egu nfloja:r-me ')01' completo.
"
,
"No pienses mas" --me decian los ojos verdes--. "No 'Jienses mas y
acepta".
Nos despedimos en la esquina. Ella eligió la dirección opuesta
e. la mia; yo me iba a mi apartamento.
:3staba cerca de all:[. Ya amanecia, decididamente,
y despu~s de andar un rato ~e di cuenta que un
perro vagabundo trotaba arx junto a mi. Un trozo, (e madera sobresalia ,
de una lata de , basura; lo reCO&amp;l Y se lo f mostre al perro, que , lo olio.
Luego lo arroje unos metros delante de 1"11, y elrer
o se lanzo tras
"
,
,
,
el. Lo olfateo lln rato en el ~uelo, y lo dejo alli, mir2~dome sin com---"
,
~z::ender..i¡-Al~legar
junto_a el, VOlV1 a tomarlo y lo arroje nuev
te.
,
e s pz e
unos cua.ntos intentos, cuando estaba por llegar
sa, el perro to ...
ó el t noz o de madera entre ~lUS dientes y, meneando la
cola, vino a de norí tarlo a mis pies.
í

(

2/IV/79

�</text>
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