["item",{"itemId":"568","public":"1","featured":"0","xmlns:xsi":"http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance","xsi:schemaLocation":"http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd","uri":"http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/568?output=omeka-json","accessDate":"2026-05-03T06:19:23+00:00"},["fileContainer",["file",{"fileId":"828"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/9dc23c4dec9f9cff1adbca545772e9e7.pdf"],["authentication","6197c18dbd2f747718a8269a43f8a7e4"],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"5"},["name","PDF Text"],["description"],["elementContainer",["element",{"elementId":"52"},["name","Text"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"6576"},["text","tI\n\n~\n\n~~OAOfm\n\n~f1rú'o S\n\n4IYP'k)t t,.;'\n1\n\nM!!JER DESNUDA'!'Illario\n\n4\n\nO/l\"/~/YIIt.\n\nI.evrero\n\ne-:«\n\nf VGw'(\n\ne-\n\n~;f'A-o'\"\n(Vl\n\nt;f\n\ntMvnHJ ())\n\nElla decia llamarse Nancy, y para mi ese nombre estaba bien. Se\ntrataba de una muj er:f francamente gorda. No es que me gustaran eS'l)eclalmente las gordas, ni tampoco las flacas; sierrmre fui un hombre muy equilibrado, a quienes los extremos preocupan e irritan. Nancy no era\nextremadamente gorda, y si bien ses~~ salia notoriamente\nde lo que\n\"\n,\npodria llamar \"termino medio\", lo hacia con cautela y hasta cpn gracia. Su obesidad no disimulaba la mujer que habia en ella sir'J que,\npor el contrario, aparecía a mis ojos como la materialización\nde un\nexceso de femineidad que ella no stbía expresar de otra manera. Tal\nvez no habia tenido oportunidad de tener hijos.\nLo cierto es que la habia visto una vez en la calle, en la 'luerna\nde una pensión dudosa, discutiendo con un hombre. El la había llamado\n\"Nancy \"; con voz a f errí.nada y a la defensiva, mientras ella tenia toda\nla actitud corporal de irsele encima y aDlajtarlo. sé muy bien que eEta\nimagen que estoy ofreciendo de Nancy se contradice po!' cOIn'l)letocon\nla defensa de su exceso de femineidad que señalaba en el p8T'rafo anterior, pero así es la vida.\nEsa noche, su imagen me torturó antes y durante el sueño. ee pareció que era la mujer que yo estaba necesitando. No mi ideal de mujer, sino la mujer que yo estaba necesitando en esa etapa de mi vida,\nsumaf'lentecomplicada\nen todas sus áreas.\nMe atraia mucho, y parecía\n,,\n,\nfacil; con un poco de dinero se podria establecer un perfecto acuerd~\ncon ella. Ahora, todo cOllsjstia en encontrar un método pE-ra conseguir\nero.- Por el moment 0,-- ar-ch vé en mi memo_ria su nombr-e y la di,r~~H~.ió\nde esa nensión dudosa T-la que, por otra 9arte, no estaba le~os de\ncasa.\nPara resumir, diré que anteslllRde un mes y medio Nancy estaba en\nmi p~artamento. No en forma oer'nanerrt\ne , sino en forma de visitas periódicas, cuya fredueLcia dependía de mis vaivenes financieros y de\notros factores personales. Los primeros ercuentros\nno fueron nada ex,\nceDcional; nero una vez instaurado el dialogo corporal, en sueesivas\nrrácticas,\nfui alcanzando en ella las metas de placer exquisito que\n,\nhabia imaginado al primer golpe de vista. Era, ciertamente, una prostitut~~~xRE~kR~\npero de clase; elegia a sus clientes y no desligaba\nel pl~cer de~ los negocios. lti relación con ella reunia todas las\nventajas del matrimmnio y nincuno de sus inconvenientes.\nA veces la\ncontrataba simplemente conlo compañía, ~ara estar un ?ar de. hozas junto a mí mientras yo leía o escribía, o a veces saliamos a tomar un\ncafé o incluso a ver una película. Mientras tanto, ciertas heridas\nde mi alma iban cicatri?ando lentamente.\nCon una mujer así, podia practicar --entre otras-una forma\n,\nde erotismo particularnente\nintensa: 18 9rolongacion del deseo hasta\nlos linites de lo soportable. En esa práctica estábamos\njusta!l1ente\n,\ncierta noche de un otoño muy agradable; la culminacion perfecta de\nun, díé.;extralOadamente apacible y placentero. Yo estaba rozando ese\nli~ite peligrosot\nal borde mismo de una especie de locura --cuando\nno sólo el cuerpo, sino todo ~l ser, exige la descarga ureente del\ndeseo acumulado en lo que p' dieron ser horas de un COl.1\nol cado juego\n,\n\"\n,\nerotico;\nen ese\nmomento, Nancy murmuro algo, se a)arto ,de mi, se le,\n,\nvanto y salio del cuarto, con su andar ele{'ante.\nEstire la mano haci a\n.\ní\n\ní\n\n�la mesa de luz para conseguir un\n, cigarrillo, ,buscando aplacar de alguna. manera la furiosa agitacion que me poseia; era todo el cuerpo lo\nque latia, y mi mente era por completo incp~az de asálr,ningÚn pensaT\nmiento, ninguna idea. Ui cuerpo entero era una zona erorena inflamada,\n'\n,\nque g erm a y protestaba y ex í.g í.a , y hasta que no paso un r to extremadamente largo\nno pude hacer otra cosa que fumar y fumar, no sé cuántos cigarrillos.\nPor fin, un pensamiento\nse abri6 paso trabajosamente;\n,\n,\n,\n.\nf\nestaba un poco mas tranquilo, y me pr'e gunLe que demonios le es t ar-La\nsucediendo. Me levanté y fu. hasta el bafio; La puerta estaba cerrada,\ny en su interior no habia ninguna\nluz que se filtrara a través de los,\n,\nvidrios esmerilados.\nGolpee la ouerta suaveUlente, varias veces; llame\nsu nombre\ntambién\ndos\no tres veces, sin obtener res~uesta; y entonces\n,\n,\nabri la puerta, que no estaba trancaca por dentro --y mal podia haber_\nf\n\"\nlo estado: adentro del baño no habla nadie. Y, segun comprobe luego,\ntampoco hab i a en nadie en n ngún otro lugar del a oart.amen t o , vo iví al\ndormitorio, sintiéndome más que desconcertado,\ny vi que las ropas y\ntodos los implementos de Nancy seguian alli, parte de ellasRH en una\nsilla, parte en ,el oiso, y una prenda interior en la cama, a los nies,\nentre las dos sabanas.\nFui\nhasta la puerta de entrada y espié por la mirilla, que me\n,\nmostro un pasillo desierto, el eo...\nienzo desierto de la esce.Le ra hacia\nla planta haja,\ny\nel\nenrejado\n~R\nque\nrodeaba el vacio hueco del ascen,\nsor. No habia otra salida, a menos que Nancy hubiera resuelto pasar\ntrabajosamente\nsu fornido cuerpo a travé3 de una, estrecha ventanita\nde la cocina, y luego de.scender dos pisos agar.randose de un caño.\n.\n,\nr\nEll&. estaba desnuda, y estaba en va Lguna parte. Comence arel!' •\n.1''10 habia\nen la situaci6n ningÚn elemento gracioso. Reía corno un loco,\ndescargando WiIa la t ene ón que hab Ia acumulado pac r n t e.nerrt e durante\nel largo rato de los juegos placenteros.\nfilCRX¡pnr Volvl \"'\".1 dormí torio\ny tuve que serrt.a rae en la Ca1:1a,doblado en dos por la risa, mientras\n,\n1\"\n.\n'\nme COrr1&n\nagr1mas por 1~a cara; y l'a r18a seR mezc 1a ba con una lncomoda tos, mientras los bronquios silbaban. Cuando por fin pas6 el ata\", mas sereno, f\"Ul nas-a\nt\nlb~' ano y me 1'1\n(\nque y me sen~l\ne_\nave\na cara. Tenla\n\n,\n\ní\n\ní\n\ní\n\nlos ojos\n--que me\n, enrojecidos y una expresión ,de gran\n, desconcierto\nparecia justificada.\nEl espejo revelo\nadem&.s\nunas\nojeras\nnrofundas\ny\n,\n,\nciert .s ar-r-ugaá de fatiga. Volvi al cuarto y comence el vestirme, aunque tenia el cuerpo dolorido y muchas ganas de dormir. Lueco hice un\n\"\n,\nintento por evitar salir a calle: llame por telefono a la oension, y\npregunté p lr ella a la voz somno Lí.errt a que me atendió de\n, mala gana ,\nDije que era urgente. Al rato, la misma voz 11e confirmo lo que yo ya\npresurnia: Nancy no estaba en 'BU pieza. Sali, entonces, a la calle.\nr.\n\n�-3(2 )\nLa rL,a no hab i a logrado hacerme descargar toda la tensión. Mi\nmente se hallaba como obscurecida,\ny sólo ¿erciblp de una manera un\npoco subliminal los ob jet\nos\nexteriores\n•. La noche era calma, agradable,\n,\ncon algo de fresco: habia estrellas en los trozos de un cielo muy\nni~ida~ente negro, sin luna, que permiti~n ver los espacios libres entre edificios; habia un silencio es~ecial, como un m&nto de calma y\nserenidad que transformaba\ncualquier ruido ¡olesto en una insignificancia, y la calle aparecia desierta Dero amable --como si las casa\ny los {rboles fueran capaces de di¡~logar con los hombres. Est~s ryercepciones no escapaban del todo a mi conciencia, pero no estaba en\ncondiciones de abandonarme\naleeremente a ellas. !i.!e\nimaginaba a Nancy ,\ncompletamente\ndesnuda por esas calles, como en un cuadro de Delvaux;\ny sin embargo la escena no alcanzaba q ser su·~rrealista.\nPorque el\nsilencio no era o~robioso, ni el cielo era triste, ni la ausencia de\nhombres era misteriosa.\nMe imagi\"lé a .,1 mismo desnudo, y traté de sentir la noche sobre mi piel. si; Nancy tendría, tal vez, '-1n'1OCOde\nfria.\nDi una ~¡elta a la manzana. Lue~o, en el punto de partida otra\nvez, crucé la calle y di vuelta a la manze na de enfrente. Yas'i fui\ntrazando un recorrido obsesivo de exploración del barrio.\nEn un oor-ta.l, hab a dos pr'os t í.t.ut a s , r ue me llamaron cuando yo\npasaba. Sef~l de largo, luego me detuve, y volví sobre mis nasos.\n¿No han visto a una mujer desnuda? --pregunté.\nEllas se rieron.\nAquí hay unas cuantas-dijox\nuna, delgada y de piel l~S bien\noscur-a mostrando algunos huecos en su derivadural soni-e i r-, y con\nun movimiento de cabeza hacia el corredor mal iluminado que se abria\njunto al portal\n-- No --dije, moviendo la cabeza--. Yo busco ~ una en esnecial.\nEs rubia, ~is bien gordita, y anda caminando por la calle.\nEllas se miraron e intercallbiaron algunas sehas que eran nuy\nperceptibles.\nLa que hasta ahora no habla hablado, y que era más baja\n,\n~\n,\n.\ny .aa s agradable que la otra, senalo m punto en la eacu i na , sobre\nla vereda de enfrente.\n-- Hace un rato pasó por aquí, y entró en ese bar -·-dijo. Me di\ncuenta que mentía porque estfbp asustada; creian que yo estaba loco\ny t~ataban de sscanne de alli r:pidamente.\nA~enas ~iera un ~aso, ellas\ncomenzarian a col\" er hacia la otra esquina. Sonrei, les di las gracias, y me enca~iné hacia el bar. De todos modo~, me hpc~\nfclta tocar\n,\nalgo fuerte, aunque no es mi costumbre, y que r i.a tú .b e.a C0!110rarun\npaquete de ci¡garrillos. Sent{ a mis e+pa l.d.\n..\n~ el rápidO taconeo, de las\nmuj eres,\nque\nse\nale\njaban\nde\nmi\ntal\ncomo\nhi.\nbia\nprevi s,t o , Ca.Lcu\n,\n,l,e ue\nt ar-ds.r\nLai un buen rato en volver a su portal, o qu.l.-.s lo hs ri n acompañadas por el hombre que las explotaba --quien no podr{a estar muy\nlejos, tal vez en otro portal o en otro bar.\nCrucé la calle, llegué a la esquina, y entré en aq el bar oue\n,\n(\nellas me hablan s eña Lad o , He acerque al :nostrador y pe d un paquete\ncigarrillos.\nLuego Iliré a mi alrededor, buscando una mesa a la cual\nsentarme. Estaban todas desocunadas,\nsalvo dos de ell~s, que se habLan\nreunido vara formar una, alargada; y a su alrededor h&bia un grupo de\n\n-\n\ní\n\n,\n\ní\n\n(~\n\ní,\n\n�-4hombces y mujeres. La reunión parecia estar presidida\npor un hombre\n,\nerande, gordo y bastante maduro, Que me resulto vagamente familiar;\naunque esas gentes no ~a 'eclan ser del barrio. Cuando mir~ h~\\cia alli,\n, y hubo t amb í.en\n\"\nel hombre ~ordo me miro,\nen el, sin duda\n, , un amago de\nreconocimiento;\nno pudimos evitar el sal\"J.darnos corte;.,.,nente.\nLuego me\nserrt e a una mesa en un rincón, junto a una ven t=.na, <le u.i modo tal\ncue el hombre queda de espaldas a mi, y me hacia tambi~n pqco visible\nparaKx el resto de XK esa gente\n--~ara flirarme, deberian hacerlo me,\ndiante un esfuerzo. Se acerco un mozo sor:moliento y con unagxax chaquete:e extremadamente\nsucia. Le pedi media medida de whisky con hielo,\n,\ny espere que me trajeran el pedido mirando por la ventana hacia una\noscuridad neutra de la calle. De la otra mesa llegaba una convers~ción\ndesordenada e inintelic;ible, alc;unas risasli cantarinas de mujer y, a\nveces, alguna mirada de alguien que trataba de '>:irarmeoero con disimulo.\nDe pronto, cuando estaba por lle~ar a mis labios por primera vez\nel vaso de whisky, el gordo se levanto de su silla, como por una súbita inspiración --creando un silencio repentino en su mesa--, se\n.'\nr\n,\ndlo vuelta y avanzo unos oasos hasta llegar a ml; tenla la mano extendida XHat:X y una\namplia sonrisa. Evidentemente\nestaba ebrio, pero\n,\nera un hombre solido.\n-- Caballero --dijo, ,ceremoniosamente\ny ,con una ligera reveren;:cia, mientras nos estrechabamos la mano--, se reconocer a un caballero, y a un artista y hombre de 'bien. En esta piojosa ciudad, de ladrone , portuari os ,y otras yerbas, un- c-a:balrero~se-destaca tan ni t-iaame-J.\ncomo ••• --busco una imagen aproryiad~, revoleando un poco los ojos,\n, .\ny no tuvo mucho eXlto-- •••como una cucaracha flotando en un vaso de\nleche. Mis amigos y yo nos sentiria~os cumamente honrados si usted\nse dignara a compartir nuestra\n, mesa. Por otra parte, no es bueno beber solo. Y por otra parte aun, se advierte claramente que usted tiene\nun Problema Trascendente, que gustosamente compartiremos\nsi tiene a\nbien hacernos partiCipes.\nDe la otra mesa nos miraban francamente y con expectación. Vi\nel brillo de algunos p~res de ojos femeninos\nmuy atractivos. Y el\n,\ngordo me resultaba\nirresistiblemente\nsimpatico.\n,\n,\n, Sin pensarlo dos veces me levante de mi\n, asiento, y me acerque a . el, con el vaso en la\nmano. El gordo Daso\nsu brazo derecho\nsobre ml espalda, y una mano\n,\n,\nenorme me apreto el hombro. Asi caminamos hasta la mesa alargada,\ny éíx me cedió ceremoniosamente\nsu lugar de ')rivilegio a la cabecera,\nfrente a una mujer morocha con unos ojos verdes fascinantes. El trajo\nuna silla que estaba junto a otra mesa vecina, desocupada, y se sentó\njunto a la eSQuinali derecha, entre una mujer rubia y yo, y desde\nalli me presentó\na su trouue con\n,\n, una voz atronadora. No dio nomb~es;\nse limito a repetir mi coddicion de caballero y a pedir que todos\nbrindaran por este encuentro que, segÚn dijo, no era obra del azar.\nTodos levantaron, sonrientes, sus vasos, y yo hice ~o propio. Despu~s\nde, un breve silencio,\ndurante el cual todos me estudiaron y yo comenr\nce a explorar tlmidamente una cara tras otra, encontrando enx todas\nexpresiones de simpatia, el gordo volvió a hablar.\n\n�-5(3 )\n-- Mi buen señor --dijo--, no crea que somos unos ociosos oue se\naburren. Más bien somos unos desesperados\nque se asfixian. Hemos cometido el pecado de un exceso de inteligencia.\n¿Comprende? All! está\nMiriam --señaló con la\ncabpza\n&.\nla\nmorocha\nde\nojos\nverdes, en la otra\n,\n, ,\nc~becera de ,la reunion, quien bajo pudicamente\nsus hermosos ojos--,\n,\ncon su Teoria del Alma ys su vocacion de sacerdotisa hereje. Alfredi~\n,\n~\nto --senalo al hombre pequeno, de gruesos lentes y dientes en forma\nde serrucho, ubicado a la derecha de Miriam--, expulsado de la 80cied,~d psicoanalítica\npor defender los trabajos de Reich y querer continuarlos. ,\n,\nHablo tambien de los otros, pero sus pa Lab r'e.e se me fueron oerdiendo en mi contemplación\nde los ojos verdes que me fascinaban.\n-- y yo --tronó--, yo soy viejo. Debería ser un viejo pederasta,\n,\n\"\npero elegi el alcohol --se quico de un xixon la peluca castaña, y\nsu rostro se hizo efectiva ente más viejo y m,'¡:¡ blando. Con un movimiento despreocupado\narrojó la peluca a la, calle, a trpv~s de una\nvErtana abierta--.\nComo abogado defiendo solo los casos perdidos. Soy\nde otra generación.\nTodos quedamos iwuresionados\npor el gesto de tirar la peluca. Yo\nsentí que si no hablaba en ese momento, la tifuidez me vencer{b definit í.vc.ment e , y nunca m8.s volvería a hacerla.\n-- A mí se me perdió una rubia --dije--. Salí a la calle a bu~carIa --noté que todos se animaban, y aunque sentí que me arriesgaba\na que aquella gente fuera verdadera ente-un grupo de aburridos, s\n,(\ntambién que debié: darles algo de mí mismo, aunque fuera un show-- • .LO\ncurioso del caso es que toda su ropa quedó en mi a.pa+tamerrto --agregu.~\ny se~tí un suspiro eel gordo que me dio la sensación de que nos ib& a\ndejar a todos sin oxígeno.\nYo sabia --murmuró,\ncasi llore.ndo--. Cuando lo vi entrar, yo\nsupe que usted era un hombre sefialado por el Destino para cambiar el\ncurso del planeta.\n,\nEl hombre que estaba a yi ,:izquierda, frente a la rubia ,--palido,\nde profundos\nojos negros,\nel rr.as\n,\n,\n,callado de tod.os-- se anio con un\ninteres casi cientifico y comenzo a hac e r..,e, pr-egunt.a s , Poco a poco\nfui narrando con todo detalle x lo que hab e sucedido. Eh un momento\ndado, el gordo comenzó a reír a carcajadas.\n-- No s~ qu e habr-á pasado concretamente\n--dijo--, pero Lmag.í.no\nlo que sucedió en profundidad.\n¿No\n,\n, es cierto, Miriam?\nLa mor ocha sonrio, y a s nt ío con la cabeza.\n-- Dilo tú --la instó el gordo. Ella hizo una inoir6ción profun,\n, .\n.\nda y luego hablo brevemente,\ncon une.. voz extremadamente\ncs.Ií.da , ca sa\nronca.\n-- Se asustó del Amor --dijo, y todos asintieron v í.va-nerrt\ne,\n-- Eso no resuelve el pr011eLla de nuestro amigo --murmuró el\nhombre de mi izquierda, mirando al gordo.\n-- Efectivamente;\nno lo resuelve.\n~l gordo bebió de un solo trago el contenido de su vaso, y\ngolpeo 18. .nesa con la palma abierta, haciendo tambalear la mesa .J\n~\ntodo lo que sobre ella hab Ia y produciendo un ruido fenomenal.L~ \"J>,4\\.. (¡'(.\n-- ~Al final, qu~ somos? --bramó.-~~ ¡Vamos! Por una vez en\ní\n\ní\n\nI\n\n�-6-\n\nesta piojosa vida, tenemos la oportunidad de mostrar que S0r.10S Hombres.\n¿Vamos a see;uir con nuestros juegos de salón? Ah, no. Yo estoy harto\nde, mi mismo y de todos ustedes. Ha llegado la hora de -,\nser --se levanto, como la otra vez, de Golpe, y fue hasta la caja y ~ago las consumisiones. Despu¿s fue hasta\n, la puerta del\n, bar, y nos hizo un adem~n\nimperioso de que lo siguieramos, y salio a 18. calle sin volverse a mirarnos. Todos nos apresuramos en seguirlo.\n\n�-7(4 )\n,\n.\nun numero exagerado para la camí.one\nt a que estaba\n,\nestacionada frente al bar; nero el gordo insistio, y nos apretamos\ntres.\n'\nZJ<lIll:XX1& en la cab í.na\n, y otros cuatro fueron et r'a\n, s , en la parte descubierta. El gordo manejaba. Yo estaba junto a el, y a mi La do iba\n1!iriam.\nsé muy bien lo que haremos --decia el gordo, conduciendo a\nuna velocidad desatinada por las calles del centro, alejándose\nde él\n--o Teneo un viejo cliente que amaestra perros. Lo que usted nedesita\nes un buen sabueso.\nYo me dejé invadir por la tibieza del alcohol ingerido y sobre\ntodo por el calor del cuerpo de la morocha, muy apretado contra el\nf\nrm o , No estaba tensa, no se molestaba por ese o orrt ac t o forzado. Poco\na poco fui sintie~do que el deseo se iba reactivando\npelig~osamente,\ny al mismo tiempo que todos mis tecores se iban disolviendo.\nTodos\nellos estaban locos, y yo también; entonces, todo estaba en7~itio.\nNo penseba\n, que fue a a, salir nada bueno de esa aventura; probablemente\nerminarianos\nen la carcel o, en el mejor de los casos, con un buen\ndo Lo r de cabeza al d Ia siguiente --y ,un sentimiento\nde culpa y de frl$stracion por la noche perdida: ya habia pasado la medianoche,\ny se me\nlacia evidente de que paaa r Lan unas cuantas horv;s antes de que pudiera\ndescansar.\nCuando los edificios comenzaron a hacerse m~s dis,ersos, yx apar\ncieron erandes extensiones 12.aldiaf\" los cuatro que iban al descubier\ncomenzaron a cantar.\nPor fin llegamos a un caserón, ante el cual se detuvo la camioneta. Se oián alb~nos ladridos , dispersos. El gordo apegó el motor.\n-- No\nEl cretino debe estar durmiendo.,\n, ,se ve luz --mummuro--.\nBajo el solo, y lo vimos buscar el timbre de la puerta ayudandose\ncon la llama de un encendedor.\nNo hnbia timbre, al ¡Jurecer. Entonces\naporreó la puerta y gritó un apellido.\nAntes de encenderse la luz, respondieron\nlos perros; una mezcla\nde aul,Lí.do s y ladridos que, venia desde a ~gÚn lugar en los fondos del\ncaseron. Lue:o se encendio una luz en una ventana del piso superior,\npero ta~bién una luz en una casa vecina, a unos ci~cuenta metros de\ndistancia. Se oJó el ruido de una cortina de enrollar que subia, y\nvimos a un hombre en pafios menores que se asomaba a una especie de\nbalconcito.\n,\n-- Soy yo --trono el gordo--. El doctor Welllngton.\n--<iQuién? --preguntó\nel hombre, semidoTmido.-¿Qué quiere?\n-- El doctor Wellington. ¿Recuerda? Yo lo defendi en el nleito\npor la sucesión ••• hace diez afios.\n--¿Qué quiere? --insistió\nel dueño de case, sin dar muestras de\nrecordar al abogado y mostrando si un evidente TYialhumor.\n-- Necesito un sabueso para seguir un rastro.\n--¿Ahora? -el hombre estaba exasperado.\n-- si, es urgente. Hay una mujer que puede ,pgarrarse una pulmor.\n.\nnla Sl no nos apuramos.\nEl hombre desapareció\ndel balconcito, y esneramos en tensión mientras el abogado nos h[c:La gestos tranquilizadores\ndesde la puerta. Des,\n.'\n,\nnues de unos minutos, el hombre reapareclo\nen el balcon, von un balde.\nEramos\n\nsiete\n\n1&ZlI1&,\n\n;\n\n.\n\n;\n\n�-8;\n\nLos perros sepuian ladrando desesperadamente, y otras casas en las\nLnmed ac ones comenzaron a ilurünarse.\n,\n-- Esto es agua --grito el duefío de la casa--. Vayanse de inmediato, borrachos.\n-- Pero •••\n-- y esto es un revólver --dijo, levantando la mano derecha en\nla cual,efectivamente,\nse veía el brillo del metal--. Primero el a;uc,\n,\n.\ny despues los tlros.\n, El gordo volvió a la camioneta. Se sentó alE volante, y su cera\ntenia un color granate. Reap í.r'a.ba f'ur-í.o\nsa.nerrt e,\n,\n.\n\".\n'.\n-- Inbecl1 --murmuro--. Eas Que 1mbecl1.\ní\n\ní\n\n;\n\n�-9(5 )\nLa camioneta volvió a detenerse, ahora. en un lugar desolado nróximo al mar. A n¡estra\nderecha se veia un esmirriado\nbosauecillo\nde ta,\n,\n,\nmar-í.ac os , y el 'mico farol li:e: cercano perm ti\ntmnbien apreciar\ncosta rocosa., con '_lgo de arena y Danta. De tanto en tanto se ve [a\nun filamento fosforescente,\nverdoso, cuando 1 s olas rompian con\n,\nf\nfuerza contra alGuna f'or-nac on de roca; y se Ola el fragor del mar.\n-- Unos minutos de recreo-- dijo el gordo, bajando de la eamioneta, y se alejó de nosotros con paso lento, buscando sin duda verderse en las sombras para orinar. Poco a poco, todos 10E fuimos imitando, y la camioneta quedó sola, y no otros dispersos. Yo h:bi. curr.iru do un buen trecho, y finalmente Oryt~\npor un lugar donde unas rocas\n,\n,\nal t: s me a í.s Lrsban de Ir...\ncalle. Orine con ganas, ma errtr, s consumia el\nresto de un cigarrillo. D' pronto, una voz Me sobresaltó.\n-- No buardes --dijo, en un susurro L'lu~.\ncc:..riñoso\nuna voz de mujel\". Reconoci , dificul t osa.nent e [\"1 la rubia~~ ~~{\"vuel\nta, en un vaho de alcohol. Tendio una mano hacia mi se]o, y\ne acaricio, mientras aooyaba\nla cabeza ryLrfumada en mi hombro izquierdo. DesDu~s levantó la cabe\ny Me besó en l~\nen pensa~ nadR de mi -dijo lue, boca--. No te molestes\n,\ngo, y ,rr.eseé,lliaacariciando,\nlleva'1G.ome\notra ve?, a aq:lel estado de\n,\n,\ntcnsion Ero,ica--. Soy ninfo~ana. SOJ esquizofre:ca\nincurable. Antes\nera monja, ~ero tuve Que dejar los hibitos --s~bitamente\nse dejó caer\nde rodillas, y pronto senti. mi sexo apresado por su boca. 3enti ~n\ngran dolor en la espalda, p)r encima de los riáones, y busc.:.u~\nla forma\n.~~recostarme contra la roca- sin\ninterrulíloir\na\nla\nrubia.\n-,\n----=-=,\nasta --dije, luego--. Me estas volviendo loco -- y me aea\njunto a ella, buscue sus labios, y mis manos comenzaron a recorrer\nsu cuerpo para quitarle algunas ropas. Desde cierta distancia, comenzó\na oirse la voz del gordo, que buscaba reunir a lL gente.\n-- No te preocuoes --dijo ~-.\nEllos ya saben --Dero de\npronto se puso tensa, poraue se h; :)Í\"\" ese.cenad o el ruido del motor\nal ponerse en ,¡n<:'.rcha--.\ni Oh , no! Es C<'fHZ\nde irse y de jarnos aquf ,\n,\n,\nSe vistio rapidarnente y )10 t uv e m. s. remedio que hacer lo pr oní,o ,\ny segu r-La a los tropezones\ncuand o comenaó a corre r , gritando el\nf\n'\n,\nnombre del abogado. Yo no p od í.a ma s de la t ens o-i, y :xíZ por otra parte me result~ba imposible disimular el abultamiento\ndel pantrlón,\nnero cu-md o llecamos nadie pareció encontrar nada anorma L, ni , uiera la pulcra :.:iriam,instalada nuevamente a mi Ls.do, Me rec J~ te .1\nasiento con un {'\"ransuspiro, y el cardo continuó \"iab Larido de al.go\ncuyo \"0rincipio me\nEs t .ba como rec oncen '¡rada en si\n, h2.bia;')erdido.\n,\nmismo, sin ninGuo' .í.nt er es en que lo escuchar an ,\n,\n-- Hor~cio tiene un perro --dijo por fin, clarauente, y me ~iro\nde reojo--. No es precisamente\nun ae.bueso , pero lo :,er' a la fuerza-teni~ los dientes apretados y habi.a perdido toda simpatia, posesionaro\npor una idea fija. :\\lesenti responsable\nde haber-Lo hr.bLud o de mi problema, e intent~ sugerir que podiamos irnos a dormir--. De\n, ninguna\nmanera --dijo, firmemente--.\nNadie de nosotros desca ....\nsé'1rahasta hallar\na su Gordita, viva o muerta.\n,\n,\nSin p en sa.r-Lo\n,\nle\ntome\nuna\nme\nno\na\nMiriam.\nEl.Ls\nno\nse\nmo\nl\nrst o , Ni\n,\n,\n,\nsiruiera parecio advertirlo.\nDespues de un r~to gire la cabeza y la\nmir~; ella tenia los ojos entornados y no mir6 en mi dirección.\ní\n\ní\n\ní\n\ní\n\noJo\n\n�-10-\n\nVolvfamos r.L centro. IJepregunt é quién seria ese pobre Horacio; sin\nduda, alguien que estaba durmiendo, ajeno p,r completo a las maquina.\n.f\nC10nes\nque se t eJ18n\nen vorno suyo.\n__ Después iremos a su apartamento --continu6 el cordo, volvien~\na mirarme brevemente, para confirmar que se diril.ia f nf--, y le daremos a oler al perro las ropas de su mujer. Cono 110 estE:.entrenado, será le·jorofrecerle una prenda intina, de olor [1.' s f'uer-t e , Pero estoy\nseguro qUE; '1.0 tardará en hallar el rastro. Los .erras...\n,\nSit,'1.üÓ\nhablando, y yo noté que Mi rí.am ha ~i~ decidido jugar tímidamente con mis dedos\n.l..\n\n�-lIT\n(6 )\nHoracio no dormia; estaba leyendo. Vivia muy cerca del centro,\nen una casa grande y antieua, llena de muebles polvorientos\n--como\nsi fueran la herencia de alguna vieja tia. Nos hizo pasar a una sala\ngrande, de techo muy alto.\n,\n,\n-- Necesitamos a tu perro ---dijo Wellington,\neí.n 1112,\") tramite.\nHoracio, delgado, casi macilento, con la sienes ligeramente platea6~s a pesar deC~elativa\njuventud, ,8ir6 al gordo con tra~quilidad.\nMi perro --dijo luego-- murio hace tres años. Ahor8. tenr-o 1)lantaso\n,\nEn tal caso --(ijo el gorda, flematico--, te rOffi?eremOs el\nDiana.\nHéblp, efectivamente,\nun vetusto piano vertical en un cincón de\nla sa l.a , En la p: rte au pe r-Lor- ten'a una c2roetita de hilo, y sobre\n,\n(\nella un jarron V~Cl0.\n......'\n,\n,\n.'\nr\nHoraclo desapareclo por una ,uerta. Pensa qua el tamble~ habla\n,\n.'\n.\nido a buscar un revolver, pero volvlo en pocos nnnutos con una botella de whisky v un vaso enorme repleto de hielo.\n-- Hay un solo vaso --dijo, y lo llenó. Bebió unos sorbos, y se\nlo alcanzó a Miriam. ,\n,\nEl muchacho aquel de dí.e nt es de serrucho se acerco a una mesa y\n..\ntomo, d e ella de un mazo de naDpes,\ny empezo' R barnjarlo.\n-- ¿HaceQos un pbker? --dijo, y el resto de los hombres se fuex\n\"\nentamlo,_alrededo:r ,de la mesa. ':U cardo\ngiro sobre sa mismo para ob,\nservar, una ve'L~-:¡'\n.na_, el p an o , Las mujeres se sentaron en dos sofa ....\n,\nuno frente a otro en extremos de la sala. Yo ~e que ~ de Jie, indeciso\nentre una y otra; pero al cabo d.e unos minutos c ompr'end i (~ue la rubi\nse hé:.bia01vi dado de mi por completo, y ahora con t emn Laba a Miriam\ncon ojos brillantes.\nEn la mesa, se jugabaR en 3ilencio, mientras el\nvaso circulaba\ncontinuamente.\nYo fui y vine un ,p .r ee, veces k~xxocxlx\n,\ny acerque el vaso a Miriam y a la rubia; thmbien moj e .rí.slabios, sin\nquerer beber.\nDespu~\nme sent~, y me puse a leer el libro que 'abia deja~o Horacio sobre una silla, abierto c si exactamente\nen la witad. parecia\nuna novela de guerra, y me senti harto en pocos minutos. Cuando levant~ la viste, advortl que Miriam y la rubia desaparbcian\npor una ~uerta\n--la ',isma rue habla utilizado Horacio 0ara ir a buscar la bebida. Me\nacorqu~ entonces a la mesa, y me puse a estudiar el juego del gordo.\nLas sumas que apostaban eran insienificantes.\nEl juego era lento. La\nbotella se terminó.\n-- Señores --dijo el gordo, solemne, poni¿n~ose de pie a su nodo\nespec~acular--,\nhe llevado la cuenta y he llegado\na comprobar que en\n,\neste naipe hr-y siete ases. i Siete ~ --se acerco a los montones de dinero de los otros jueadores y les fue quitando una parte a c~da uno.-.\\leretiro del juego y ~e llevo el dinero apostado. La pa.rt i d.r es, a\ntodas luces, nula.\n,\n\"\nLos dema s no protestaron,\ny Horacio tO ..\nio las cartas y emoezo a\nhacer montoncitos\n.oara revisarlas.\n,\nEs cierto --dijo, despues de haberlas ordenado--. Hay siete\nases, y dos nueves de tr~bol; falta en camb o un nueve de d nman t es ,\n(\n\ní\n\ní\n\ní\n\n�-12El de los dientes de serrucho tomó un nueve de trébol y le escribió la palabra \"diamantes\" con un lápiz, y todos, 'r.enosel gordo,\nestuvieron de acuerdo en se[,uir jugando.\n,\n-- Mi amigo --dijo el gordo, llevandome aparte--, J.J. Wellineton\njamás se desdice de sus ~alabras. Ahora mismo saldremos a la calle y\ncapturaremos a un perro cualquiera, y lo transfonnaremos\nen sabueso\na fuerza de golpes.\nYo menRé la cabeza. ,\n,\n-- O si no --continuo Wellineton--, yo mismo hare de perro sabueso. Iremos a su a,artamento y me i~pregnaré del olor de las prendas de\nsu amiga, y juro solemnemente que saldré a la calle en cuatro patas y\nseguiré el rastro hasta donde sea.\nYa le costaba un poco\nmarrte.oer-s e en pie. No t uve la ,renar\nduda\n,\n,\nde que pronto comenzaria a andar en cuatro patas. Aparecio 'liriam,\nsola, y se adercó a nosotros dos. Tn{a en sus rop&s el olor de la\nrubia.\nLe dejé un regalo\nHorpcio --comentó, sonr:i.eYldo--.\nCuando vaya\n,\n,\na acostarse, encontrara a Beatriz en su cama. EStf completamente dormida.\n,\n.,\n,\nLa. mire con enojo • .Pense que lo ha b i.a hecho para qu i t.a.r neLa ,\n--¿V'.mos? --preguntó el gordo, pero sin esperar respuesta enfiló\nhacia la pue r-t a de calle. Miriam y yo, desde luego, lo segLürnos.\n(\n\n�-13(7 )\n--Que nadie diga que J. J. r'ellington haperdiclo\nel olfato nara\nlas mujeres -- dijo el cordo. Estábamos los tresg en la c~bina de\nla camioneta, y ~l insist{a en transformarse\nen perro.\n-- No vn Le la pena -T dijo Mí r i.am, con su v o : ronca--. Cuando\nel caballero vuelva a su apartamento,\ne lcontrar¿ sin eld\na su gordita rubia en la cama, tan desnuda como cuando le oerdi ó \"e vista.\n-Oh , eso es imposible --dj_je. Ella sonrió.\n-- Algunos X:Oll hombres son excesivamente\nro?uánticos --comentó--,\ny los pequ eño s detalles prácticos oue deri llegar a cegarlos por completo\n.\n,\n-- Eso quiere decir ••• --comenzo el gordo.\n-- Que no hay :rj.inEún\nmisterio. La gorda puta tuvo, por una vez,\nun sentimiento.\nSe a su s t o de ella misma. Tuvo a i.lesalir de la nieza,\n,\n\"\ny desuues, tuvo que salir de la casa. Se habra }uesto flgun sobretodo\ntuyo -- Miriam .ne rniró--, o alfÚn impermeable,\no aLgo a s r.ue e'1con,\n\"\n,\n,\ntro en el vestibulo. Se ventilo un poco en la calle, se sintj\n~idicüa,\ny volvió.\nNo tiene ,llave --murmur~.\n,\n,\nTe estara esperando sentada en el primer escalon, o habra\ntrepado por el carro de la cocina, o tendrá una 11< ve que habrá con\"\n,\nseguido quien sabe como. IlOS hombres :tomanticos sear« ahogan en un\nvaso de agua.\nde 1a mad\nrurtada cuan do ya caSl. se a dilVlca ba 1a prlmera\n.\n1'\nesa a_~ura\nmatNatXat,\n8:'1:-í-C!.2.d\ndeL d{a, con el wh Lsky --aunque escaso-- ingerido ylo\nuitranes del tabaco taponeá~dome\nl¿s bronquios,\nya reel~lente me imtLba poco de Nancy, de Beatriz, de la misma miriam. ::;ólcquer{a\ndescansar, y que todo lo ,demás se fuera al diablo. El gordo puso el\nmotor en ma rcha y arranco velozmente.\n--¿ Dónde vamos? --preguntó Miriam. J. J. Wel.lington, con los\ndientes y, !os labios apretados, no respondió. Yo me recost~ al asiento\ny eutorne los ojos.\nSe detuvo ante una estación de servicio, y b2jó fel coc~e y reti,\n, .\n'\nro algo de la parte descubierta; ,un belde de plastlco. Volv'o en 'OCOS\n,\nminutos con el balde lleno, subio otra vez a le camioneta y ar anco\n,\n,\n\"\nvelozmente.\nLuego se detuvo en la p'.aza mas\nentrica, se bajo y r-ecor o\nel balde. Miriam y yo tambi~n bajamos, y nos acod~mos contra la camioneta, observándolo mientras se alejaba de nosotros con el balde.\n-- Se a va prender fuego --murmuró Miria!1lT-E El imb~cil se va a\n(\nprender fuego.\nk unos cincuenta\n~etros de rosotros, sobre la ver'da de la pl&za,\nc omen, Ó a vociferar obscenidades.\nBab{a a Lguna gente en las paradas\n,\nf\n'\nde o:mibus, y aleuna otra que se mOVla apresurada\nente rumbo a algun\nempleo. Algunos se acercaron,\not r-o s se detuvieron·a\nnrudente distancia. Wellinctol1 vociferaba\ncomp I í.caüa s c ons gras sobre la libertad dd\nesp{ri tu.~~\na FJiriam del brazo y la ar-r-as t r é lentamente h.•.\ncia 1}na..f'.'\ncalle transv~\nf)Q.,.fM'~ k dtr~\n~~\n•....••.\nr /4'- ~rQ \\'f!c.#f\"!\"( ?-4t..'J ,to ~\nHicimosi dos o tres cuadras en silencio; ella se dejaba llevar.\nVi un bar abierto, reci~n abierto y VéC{O, y la invit~ con la mirada.\nNo dijo que no.\nNos sentamos\nme sa , Pedimos cr f'e, y el mozo nos dijo cue\nÍ\n\ní\n\ní\n\naUi~\n\n�'\"\n\n-14de' l......l.IOS es-ie raa- unos minutos porque la máq'.Áina tod::..:.\\tl[\nestaba fria.\nMe encontr¿ como nadando en aquella mirada verde.\n-- J.J. Wellington\nes un hOMb~e admirable --dijo, y yo asenti--.\n,\nEs mi marido --añadio, sin d i s Lrnu Lar su orgullo.\n-- L:iriam•••\nElla sonrió.\n-- .No debes otorgarnos tanta realidad --dijo. A lo lejos, se\nO;)ó la sirena de une. ambuLanc í.a o de un coche policial. Me nue e tenso, pero nliriam siguió floja y sonriente. Por otro motivo, repitió\nahora: --:líodebes otorgarnos tant.J realidad.\nEl grrto de la sirena fue cr'ec í.er.c o en intensidad, corno la voz\nsecreta de la ciudad Que c orraí a , COL!'IO\n;ü 'Propia voz secreta gri tar..do\nuna trLgedia que yr,r'neflt\ntrevia n a pensar; y Lu er-o cesó, a muy :?oca\ndistancia de nosotros, tal vez en la plaza, tal vez junto a la n~ra\nhumeante de J.J.Wellington.\nMiriarn se encogió de 'iombr os , Yo cone egu nfloja:r-me ')01' completo.\n\"\n,\n\"No pienses mas\" --me decian los ojos verdes--. \"No 'Jienses mas y\nacepta\".\nNos despedimos en la esquina. Ella eligió la dirección opuesta\ne. la mia; yo me iba a mi apartamento.\n:3staba cerca de all:[. Ya amanecia, decididamente,\ny despu~s de andar un rato ~e di cuenta que un\nperro vagabundo trotaba arx junto a mi. Un trozo, (e madera sobresalia ,\nde una lata de , basura; lo reCO&l Y se lo f mostre al perro, que , lo olio.\nLuego lo arroje unos metros delante de 1\"11, y elrer\no se lanzo tras\n\"\n,\n,\n,\nel. Lo olfateo lln rato en el ~uelo, y lo dejo alli, mir2~dome sin com---\"\n,\n~z::ender..i¡-Al~legar\njunto_a el, VOlV1 a tomarlo y lo arroje nuev\nte.\n,\ne s pz e\nunos cua.ntos intentos, cuando estaba por llegar\nsa, el perro to ...\nó el t noz o de madera entre ~lUS dientes y, meneando la\ncola, vino a de norí tarlo a mis pies.\ní\n\n(\n\n2/IV/79\n\n�"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"18"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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