<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="465" public="1" featured="0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/465?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-02T15:57:44+00:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="713">
      <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/41d45f1226935dad7e8e8406b2e689b5.PDF</src>
      <authentication>e9f81d60fc5e1065df314b25ec2c71f9</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="5">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="52">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="5449">
                  <text>- 96S •b n^ - a ^if *^ 'anbjjqnda^
"SS '^ '¿61 'S3J|
pjuoiipg 'pvpuaa o^ aP ^puasa vj 'jBSBqi[Bg uoa sj^ subjj x

anb uts 'ojafqo un b aSijip as Biouaiouoa Bg •oiuaiuuoouoo jap
-opuajm aa^oBjBO ja pBpiJB[O uoo opBjnjsod Bpanb mby \ sd anb
-qo un X 'o^afqo un oai^iosouSoo oj^b \a vmd Bq^uiBpaj uoib^j
•t soqa ap opBAijap ou X opBjadsaui ojuaiuiioajuoaB
un ap bjbjj as oaa^ *uoiaBi[duiB ns X soquiB ap O^uaiuiBuoqB[sa [a
auodns oiuaixuioouoa ^g -ojafqo X oiafns ap uotOBaqduii Bnjnuí b[ ap
BjBi^nsaj anb pBpuoiaaiuB uoa jBuiuua^ap a^qisoduit sa 'sBxuapy
'OAtiBJoqBp osaaojd un ap opBj
qnsaa [a sa oiuaxuiioouoa opo^ 'aouaixa opunuí [a aod BpBuoiojodojd
BtauBisns B[ aouaiui oiiquiB ns ua mujofsuvuj X Baqa^jaA Biauaiauoa
Bg uoiaijadaj a^duiis Bun ua ajsxsuoa ou sojdaauoa jod aaqes ^g
•sojep sns ap X a^uaasou^oa
oiuauíni^sur ^p pBpiuiijxSa^ ap bjiubjbS Bin^osqB sbui b^ sojispdojd sns
BJBd JBjnSasB aasap anb Baijpsopj uoxaB[naadsa Bun ap so^ unB
aA3[ sbxu Bf ap sa^Bquia so^ ajsisa^ ou a^duns ubi
•Biauatauoo B[ b
Bp ag 'Bai^ajodB sa ou joud^xa pspqBaí Bg 'o^aoouoa
oujoj ns ua bjt o^afns ^g 'ouisiui is ua opBjjaaua aaauBuuad
opunuí [g •ojuaxiuiaouoa ap oiob fB a^uaaajipui sa
Bg 'oaiuiBuip ojafns ja 'oAisBd sa oiafqo \a 'uoiadaauoa Bjsa ug
•opBjS ap X^q
•Biauasa ap Biouajajip Bun 'ajuaasou^oo Biouaiauoa b^ ua aaajBdB ouioa
buuoj b^ X is ua oial'qo \a aj]ua X^q ojs^ 'upiai^adaj Bjaui Bun b auai^B
as 'Bpipuaiua isb ^Bnjiaídsa pBpiApoB Bg *Bidojd Biauajstxa uoo p^pq
-B3J Bun Biouaiouoo BJisanu ua sowpnpojdau ^Bna ^a jod osaoojd un
sa ojuaiuiiaouoo ja 'BnuaSuy BAijoadsaad Bun apsap opBjapisuog

vi aa

DUDIS94JDD

Dijoso|!j D| ue JOU94X8 opunuu pp Duue|qojd
dOSOlld MOS73N

�éste deba ser obligadamente real. Como decían los escolásticos, la
intentio formalis es el acto del espíritu que se aplica a un objeto.
Los objetos sensibles forman una de las categorías de lo que
conocemos. El problema consiste en determinar si el hecho de cono
cerlos implica que son. Si el estar presentes a nuestro espíritu es la
garantía de su realidad exterior.
El sentido común asegura que estos objetos existen en sí, inde
pendientes de todo pensamiento. Son sustancias extensas, diversas del
espíritu.
Pero la naturaleza no puede ser totalmente exterior al pensamien
to, porque entonces sería como si no existiera efectivamente3.
El conocimiento lleva implícita la vinculación del espíritu con
las cosas y solamente es posible si sujeto y objeto son términos co
rrelativos.
Si los objetos de la realidad sensible son en sí, ¿cómo pueden ser,
al propio tiempo, para nosotros? ¿Cómo lo exterior, extenso, puede
estar presente al espíritu, inextenso? ¿Cuál es el objeto inmediato de
nuestro espíritu cuando miramos alrededor nuestro?
Desde un enfoque realista, el objeto del pensamiento es distinto
e independiente del sujeto. Las cosas mismas, no sus ideas, son el
objeto inmediato de nuestra percepción.
Siendo así, ¿cómo podemos salir de nosotros mismos para percibir
objetos que nos trascienden?
Malebranche, de neta formación cartesiana, vio con claridad el
problema. Si la relación cognoscitiva implica un vínculo del pensa
miento con su objeto, esta misma vinculación exige que los polos sean
de una misma sustancia. El sujeto pensante sólo puede ser testigo de
sus propias modificaciones. No conoce las cosas, sino las ¿deas de las
cosas. Exclusivamente la idea puede representarnos una realidad dis
tinta de nosotros. Ella es diversa del sujeto cognoscente y de la cosa
que conocemos merced a su mediación. La objetividad, que es la
garantía de validez universal del conocimiento, se funda sobre las ideas
claras y distintas, y es lo máximo que puede alcanzar el pensamiento.
Este realismo de las dos sustancias —el del espíritu y el de la
cosa — excluye, en verdad, la vinculación inmediata del pensamiento
con el objeto exterior. El conocimiento sólo es posible, ahora, por
intermedio de la idea. Queda desechada toda intencionalidad. La re
lación de conocimiento se dará por el rodeo de la visión en Dios.
Los objetos sensibles son reducidos a participaciones de la natura
leza divina.
El conocimiento, en esta doctrina, es una contemplación pasiva
de esencias invariables. No hay una actividad constructiva del espíritu
en la operatoria cognoscitiva.
El percepcionismo encara la cuestión desde un ángulo totalmente

3 Lachelier, J., La nature - L'esprit - Dicu, Presses Universitaires de Francc,
París, p. 18.
- 296 -

�- ¿63 •86S
'PB II 'IAXX1 'I '0881 *PHPBW 'sajojipa bzbjj ^ bXoj^ *Dat8ojo3 man^ s
'tS d 'IS61 'sJJBd 'U!JA *f '
0W3isA,s np uotwuuof vj swap ajvaaipatu aasuad to\ ap a¡ou aj uns sapm^

ouiod Bjuasajd as opunuí jg "sujja ap asjBuoisasod X sbsoo sbj b znj
jBp sa ojuaiuiiaouoa ap ojob [a ua Biauaiauoa bj ap uoiaunj sg
•oduiaij ouisiui jb sojafns souba jod opia
-ouoa jas apand oiafqo ouisiui ^a anb aBjjxa as o^diJOSuBJi o[ 9(j
"s tí^pioouoa bsoo B[ b b[iuiisb as aaouoa anb
o^afns [a anb unSas JBn^ auai^ ojuaxuiioouoa ^a • • •„ :oSanj Bnui^uoa
A "t^^^í^íl9^11! saiaadsa sns ajqos ouis s^soa sbj ajqos uasBSjaA ou
SBiauaia sbj anb ap Buad os 'oiusiui is ajqos njtjjdsa jap upixajjaj jod
jas ou b 'aiaadsa ns ou Á, 'opipuajua oj sa vwsiw vjpaid oj o^uvquia
uis Á íaoxp as unSas 'ua^Buit o aiaadsa ns ouis 'Bjpaid bj buijb ja
ua Bjsa ou ouioa :us^buii ns unSas outs '(as uinpunoas) sa ouioa jbi
ojuauuipaiua ja ua Bjsa ou opipuajua sa anb oj '' '„ :joija^xa opunuí
jap oiuaiuipouoa jb ojaadsaj ucuuido ns BpBjnuuoj BJ^uanaua as
^ouinby ap sbuio^ ojuBg ap Bjqo bj ap a^uBiJoduit aÍBSBd un ug

V^IXSV1O^S3 VT 3O 3Í1Ó03N3 33
•f opuniu jb jeqtJJE BJBd soiq
ap oijba as saviBasaQ 'soiq b JBajj BJBd opunuí jap oiajis as oaii
-SBjoasa o^uaiuiBsuad ja seajuaiui 'uosji^ auuaij^ BjBuas oj ouio^
¡SBquiB ajjua
X^q sauoiOBaijduii sBjuBna! 'oSjBquia uis j^ 'BUBisaiiBO bj ap 'p^p
-J8A so 'bjuiisiq "Buiajqojd ojjsanu ajqos uoiuido ns oau^ BOiiSBjoosa
bj 'oiJBJiuoa ja joj -jojjaiuB a^uauíB^Bipauíui ojuaiuiBsuad ja ua s^p
-BJjuapB saoiBj ap BjsiAOjdsap ajua^uoo Bun ouioa ou oja^ 'Biuapoui
bijosojij bj b oiuaiuiiDBU Bp B^sandsdj Bjsa ap pBpiJBijnaad b^
•ojafqo ns ap
bj Bqaiud oiuaiuiBsuad jap sujaiui pBpisaaau bj 'sajjBosaQ
•ojapBpjaA o^uaiuiBsuad jb Bpuodsajjoa pBpij^aj Bun
anb ja bzijubjbS anb jBuiuuaiap BqBosnq jBAaipaui bijosojij bj b^^^
•BUBisauBO bijosojij bj ua ozudiuioa ns auai^ 'aqauBjqajBj\[
ap BjSojoasouS bj ap 'ajuaiuBjanasa Bjsandxa 'ucuaBAuap BpnáB bj
uoo 'Bijod^ ua joijojxa opunuí jap Biauaisixa bj ap uoisjaAuoa b^
•ja b sajoijaixa sbsoo Bjuasajdaj Á 'njijjdsa ojisanu ap upioBOij
-ipoui sa 'uoiodaajad bj b Baijuapi 4Bapi b^ oiJBipaiujajui a^ua opoj
opinjaxa Bpan^) -o^jb Bsuaid ajduiaig qBuoiauajuí aiuauíBsojnáij sa
oiuaiuiBsuad jg *Bapi a upiadaajad aj^ua Biauajajip ^^q ou 'pBpund
ug 'sauoiadaajad sBJisanu ap soiui^sip ttsoAijBiuasajdaj sajas,^ uos ou
ssapi sbq 'UBjuasajdaj sbj anb s^api ap oipaui jod ou X 'siuauíBjBip
-auiui sbsoo sbj souiiqiajad sojjosou 'ojduiafa jod 'pjnBUjy un^ag
'soj2osou vuvd 4zaA bj b 'X ís ua
Bas ojafqo ja anb ua BunSjB pBjjnaijip Bjjuanaua o^[ 'oaua^ojajaq

�un conjunto de objetos. Es anterior y posterior al sujeto. Lo óntico
precede a lo gnoseológico.
La conciencia es una sustancia entre las sustancias. Una de sus
cualidades primordiales es la de dirigirse al objeto. El mundo le es
trascendente, en la misma medida en que cada una de las cosas que
lo integran son exteriores entre sí.
Para esta posición, la verdad se define como la concordancia del
entendimiento con la cosa. La emisión de un juicio con pretensión
de verdad exige su necesario soporte en la estructura de lo real. Las
relaciones del entendimiento deben corresponderse punto por punto
con las relaciones ya existentes entre los objetos de la realidad.
La misión de la ciencia consiste en hallar las coincidencias entre
las proposiciones lógicas y las estructuras ónticas.
La verdad, así comprendida, supone el dualismo de la represen
tación y del objeto. La verdad es definida por la realidad. El ser es
dado por supuesto. El conocimiento sería imposible sin la captación
de lo real.
La objetividad del pensamiento queda asegurada con el auxilio
de los principios de la lógica. Pensamiento correcto es sinónimo, en
tonces, de pensamiento verdadero. Y todo pensamiento verdadero,
directa o indirectamente, es el pensamiento de un objeto6.
La inmanencia, digamos así, es un producto de la trascendencia.
La filosofía posterior no habrá de aceptar pacíficamente este con
cepto de la verdad, basado en una presuposición del ser, porque es
el ser, precisamente, lo que se quiere buscar.
Como producto lógico, la verdad es una articulación coherente y
derivada de juicios, y éstos, a su vez, de concentos. El concepto es
producto de un intelecto que lo piensa. La realidad se reduce a la
verdad. La verdad, a la conciencia. A la trascendencia se llega, ahora,
por la vía ineludible de la inmanencia.
Según Spinoza, la verdad es una denominación interior al pen
samiento y no una relación con una realidad trascendente a la mente.
Si la idea es verdadera, debe tener un objeto que le es conforme 7.

EL PROPOSITO DE DESCARTES
Impulsó la elaboración cartesiana la inquietud por obtener para
el conocimiento humano un principio absoluto. La filosofía, como
ciencia universal sobre la que se basan las demás, debe estar fundada
con solidez. Esta finalidad corre serio riesgo de no ser lograda si no
aseguramos al pensamiento un camino que no conduzca al error.
A pesar de que todos los hombres poseen naturalmente la capa
cidad de juzgar con corrección, verificamos la existencia de una
múltiple variedad de opiniones resnecto de un mismo punto. Sucede
así porque no se han determinado las condiciones indispensables para

Gilson E., op. cit., p. 234.
Etica, I, Axioma 6.
- 29S -

�- 668 "6 d 'II 'sv¡So}ifit
nuvisauv^ sauoiaDjipa^ '*g 'jaassnjj,,x
•^ "d 'ii 'SDjSa^EX
If, "d 'ii 'svjSa^Zl
"tts^jjP0S9Q ap
^a S8JAn;j)M ua \qiz "d 'i 'aii¡dosopt{d ajaiwaud v\ %umpno% suoiiD1ip?f\[IX
"8l "d 'H ^ '0^1 "d 'I 'sunoosiQ0I
"ttS31JB3S0Q 8p SOJlia^ 18
ua S ^5 "d '^ ^ '91^ "d '^I SBpJan 'ij-tds^^ ^p uopaajiQ vj unod sajSa^j 6
"SJJBJ
'paBuiijiB^ 'apBiajj bi ap anbai^ioijqig 'sajjnasaQ ap saujiaq ia samnaQ ua íi "d
'8iUBd auiaixnaQ ia '¿-921 "dd 'aiiJBd aaaiuiajj 'apo^a^^ vj ap sunoasiQ aq 8
ex a[qBqojd o^ 9ju9ui[B0ipBJ Bmuiqg os[Bj o\ A
OJ9pBpj9A O^ 9JIU9 OiaCip9UU9JUt 9JIXUpB OU BUBI89)JB9 pnjTlOB B'q
•fl BAIIOnp^p BT9U919 BUIl 9p
bjs9 opu9iuiAOjd unB 'uoioBjuai Bun^uiu 9iuB jiquinons 9[qisod 89 ou
UOD JB8BJJB óiUOWVOi^OJdlll 9J9Illb 9nd
B[ U9 anbjod 4oid9ouo99jd 9;s9 jbziuibj
-UO9UI BIJ9g "OpBSIA9J 9nj OU OIS^ "BI9U9I9 9p OJOpOUI Htl
— OAni9p as sajjBos^Q ap Baippjaui BiauaSixa
uod oja^ -sajJBDsaQ jod BpBZBjj Bpuas B[ jajjoDaj Bosnq
oaiioui ajsa U0^ "ttBsojn^u Biouaio^, Bun bijoso^ij v\ ap jaDBq auod
•oad as uaiquiBj '[jassnjj 'odui^ii oajsanu ap aopssuad opqps ^g
*CT SBI9U9I0
O I-••
SBisa ap B[ b [BnSí duqiunppjdo Bun BDzajjo ou anb oiafqo un^uiu ap
asjBdnoo uapand ou 'pBpjaA B[ ap ouiuibd oioaj ^a jBDsnq uauodojd
as sauainb oaa^ "Bujauíoa^) A BDijauíjiay JBipnisa aub ^Bq BAtsnjo
-xa buuoj ua anb ainjauoo aqap as ou oqoip BAajj as ojubiid aQ
\x pBpjaA bj b ajuauíBnpisB sbui aanpuo^ 'oiqureo ua 'uoxa
-onpap Brj "BiDuanDajj uoa Bu^Sua sou Biauaijadxa bj anb ap uoidou
souiauaj( "sajBjniBu SBi^uaiD sbj jod 'Bisa í BDijBuiajBui bj jod
bja bj sa Bjjanby 'sbsoo sbj ap ojuaiuipouoo ja BJBd soraauod
-sip anb ap soionpuoo sop soj uos BiDuaxjadxa bj X upioonpap Bg
"xx sajBjaua^ X sajduiis sbsoo ap oju9iiubjbjj jap auaiAOj^ "sajBjniBu
SBiouaia sbj ap bj anb ^pijos sbui sa BDiiBuiaiBui aaquinpijjao Bg
•ox sojuaiuiBuozBJ sns ap BiouapiAa X Bzaiaao bj jod 'sopoi ap ajqBjtqnpur
sbui oiuaiuipouoD ja Buotooodojd sou Bjjg "BDiiBiuaiBui bj :jBapi un
opBjuBjapB jod 9U9ii jbzubdjb auodojd as anb Biouaio ap odii jg
*g tt^9p^^^B uapand sojja anb oj b opoi ap
ojapBpaaA oiuaiuiiaouoo jb 'Biauaio ns ajuauíBAisaaáojd opuBjuauínB X
sajnnut sozaanjsa ua asJBiiBj uis UBjBajj X 'osjbj sa anb oj ojapBpjaA
sbuibC uyjpuodns ou ajuamBjoBxa uBAjasqo sbj anb sojjanbB saj^no sbj
b sbiobjí&gt; 'sajiDBj X SBJJ9I9 SBjSaj sBjjanbB,, opoiaui aod apuaijug
*8 uaiiuii oj anb b soj^o b Jionpur Bjua^ur o^[ "ja BJBd
jun Bas aj anb uod aiuaiDijns sa ag "Bjsapoui sbui sa uoisuajaad ng
•sopoj bjb¿ opijBA opoioui un ap bibji as o^[ "pBpjaA bj ap BsnBO bj ap
osaj^oad jb 'a;uauiaiuain^isqns 'ainquiuoo X soiuaiuiiaouoa sns jbjuoui
-nB BJBd 9ajis aj anb 'oun opBJiuooua jaq^q Bsajdxa saiJBDsag
•Bisandsip aiuauíBuas BiJOioaXBJi Bun 'opo)aw
un bjjbj aoBjj 'p^pjaA bj b SBpnp uis an^ajj ojuatuiipuajua ja anb

�Por otra parte, preside la disposición metódica el criterio de una
ciencia pura de las "relaciones" y "proporciones", que, en definitiva,
reposa en los conceptos de ordenación y medida. Sólo la matemática
estaba en condiciones de cumplir con esa exigencia.

LA DUDA Y EL ITINERARIO DEL MÉTODO
—A—
Para obtener una fundamentación absoluta del saber, es necesario
estar advertido de las causas que con frecuencia desvían al entendi
miento del derrotero de la verdad.
El filósofo se somete, por su propia voluntad, a los rigores de
una duda metódica en los comienzos de la investigación. Es preciso
dudar con sinceridad, siendo lícito tener tal actitud ante todas las
cosas susceptibles de conducirnos a equívocos lu.
La duda cartesiana, a diferencia de la profesada por los escépticos, es un severo medio de selección, que presupone de antemano
la verdad y la capacidad del entendimiento humano para llegar a
ella 17. Sólo radicalizando la duda queda demostrado el profundo sinsentido del escepticismo.
Pero esta refutación exige una previa actitud de cautela y me
sura en la formulación de los juicios provenientes de la investigación.
Algunos de los pensamientos son como las imágenes de las cosas.
A ellos aplica Descartes el nombre de ideas18. Tomadas en sí, sin
referirlas a ninguna cosa, las ideas no pueden ser falsas19. Sólo los
juicios son pasibles de error. Y el que con mayor asiduidad se da en
ellos, consiste en creer que las ideas que se encuentran en el enten
dimiento son semejantes o conformes a las cosas exteriores.
Descartes se atiene a la clásica definición de la verdad: adaequatio
intellectus et rei. Lo verdadero y lo falso se dan en el pensamiento
discursivo. Un juicio es verdadero si separa o une lo que en la rea
lidad está ya unido o separado.
Hamelin hace a este propósito una observación: "Una de las
fallas esenciales de Descartes es el no haber advertido con perfecta
claridad todas las clases de falsedad que las ideas comportan, y el
haberlas sustraído al examen de su duda, no obstante todos los riesgos
de error que ellas suponen" 20.
Sin embargo, encontramos en las Méditations un pasaje bien
claro donde nuestro filósofo establece una posibilidad de equívoco en
las ideas. Veámoslo: "Aunque — como ya he dicho — sólo en los
juicios se encuentra la verdadera y formal falsedad, en las ideas en-

16Les Principes de la Philosophie, I, 2; en "Oeuvres et Lettres de Descar
tes", p. 571.
17Discours, III, p. 145.
18Méditations, III, p. 286.
19Méditations, III, p. 286.
20El Sistema de Descartes, Ed. Losada S. A., Buenos Aires, 1949, p. 122.
- 300 -

�- 108 'Lfl 'd 'AI ^suno^siQ zz
'ZLZ d "I 'suonmipo^ zz
'"^6^ 'dd 'III 'suoijvjip^^^l is

-raaiap noo osuaid oja^ *opuBuos Xojsa ou 'o^[ 'ou^ns un anb osiaajd
X ojuijsip sbui oqanuí aaajsd aui oisa opoj^ 'O[[a ap ejuana bjb[3
Xop aui X ozBjq [a ojuba8[ 'Bjnqos B^aajjad uoa ojio b X opB[ un b
BzaqBa B[ OAanuí íoquasa anb ua [adBd [a ajuauíBJBp uaA soto sij\[
¿BJoqB opuBuos ajBjs^[? ¡oqaa[ iui ua Biuuop 'oSÜBquia uis X 'soubui
sb[ aaiua [ad^d un uoa 'o^anj ^B ojunf 'ssaui B[ ajUB opB^uas 'opxjsaA
'Bjoq^ omoo BqBjsa anb opBuos aq saoaA SBiuBn^)! '(jotiajuB ojBJjBd
^a ua so[[a b aaaijaj as) sojBsuasut sosa b uaajnao sa[ as anb sb[
ouioa 8B[JB[[aqBasap Á. eapuiisojaAui ubi sbj^o á sa[Baj sBsoa 8B[ bou
-ans ua suuBjuasaadaj Á juujop ap ajquin^soa B[ o^uaj anb 'ajuau^^
-isuoD jod 'X ajquioq Xos anb jBpiAp) ap aq ou *o^jBquia ntgM
•opaa^q ajUBisqo ou oqap 'uaaauaijad aui soubui stui
Á sozBjq siui anb X inbs Xoisa oX anb oqaaq [ap 'o[duiafa jod 'jBpnp
oai^o[ Bozaj^d ou anbuny 'sajouajxa soiafqo so[ ap Biauaisixa B[ ji^
-iuipB BJBd Bsoaapod uozbj Bpoj ap souiaaaJBa 'sand 'BdBja B^sa u^
:, •'SOJiosou
ua sjuasaad ajuaiuBsoiaaisiui japod un jod SBpianpojd jas ñaiquis^ uap
-and 8d[qisuas sauoioB^uasajdaj sb[ anbjod 'sajoxjajxa sbsoo sb[ a^uaui
-BAi^aaja us^uasajdaj anb a)uaiuB¿aia Jijiuips ajuatuaAuoa sa o^ oj)
-sanu jBsad b uauoduii sou as sa^ijosuas soi^p so^ #eopi)ua8 so[ jod
8Bpi)iuisBj) 'joua^xa opuniu [ap sbsoo sb[ ap Biauaisrxa B[ ua Bzaui
-jij uoa jaaja aaBq sou [Bjn)su uoiDBuipui buq *o)uaiuiipua)ua [ap
o sopijuas so[ ap uauaiAOjd 'souibzi^bub anb so)uaiuiiaouoa so^
\z pBpi[iqB)iqnpui Bsojn^u Bun ap UBjanj is anb p^p
-xjn^as buisiui B[ uoa SBjjaiaui sauoiuido a^uauíunuioa uanáts anbjod
'Bpnp B[ ap ziuib) [a ua SBpiujaa jas uaqap sajquin^soa sb[ uaiquiB^
•pBpiJOinB BpBjqiunaua sbui b[ ap SB[[a UB¿uaAoad anbuns 'sBpiqiaaj
SBZuBuasua sb[ ap asjBÍodsap osiaajd sa sa^uB oja^ 'pspjaA B[ bjb[3A3j
as joijajuí ns ua anbjod 'ouisuu is ajqos asjB3[OA ^qaQ \z sapspas^Bj
jB)daaB ou BJBd oíainí [a japuadsns a)uaui[Biaiui aqap ojosopj [^
oX Xos 'sBjapspjaA opuais uns 4anb ap SBpnp oSua) oaoduiB) osa jod
íjas ou [ap 'Bpsjuasajdaj ssoa B[ Jin^m^sxp BjjqBS ou anb pspqsaj
Baod ub) jaaouoa b usp aiu 'sBjapspjaA uos is tB^aajjaduii sa anbjod
4Bza[BjnjBU iui b oS[B b)[bj anbjod iui ua us^sa anb X BpBU B[ ap uapaa
-ojd anb suasua aui [bju^bu ziq b[ 'uos ou anb sssoa UB^uasajdaj is
'sbs[bj uos is íoX anb JO)tiB sbui sBapi ss^sa b jinqiJiB ouBsaaau sa o^[
•bs[bj Bjas OAijisod X [Baj o^[B ouloa B)uasajddj o[ ara anb Bapi B[
'jo[B3 [ap upiaBAijd buii anb sbui sa ou ojjj [a anb o^jaia sa ig #sbij
-buiSbuii o sa[Baj sapBpi[Bna jo[bo X oijj uos is X íoijj [ap uoiaBAijd
Bun jo[b^ [a o jo[B3 [ap uoiaBAud Bun a)uauiB[os sa ojjj [a is usuas
-ua aiu ou anb 'sB^ui^sip oaod ub) X sbjb[o oaod ub) uos jo[bo [ap X
oijj [ap oSua) anb SBapi sb[ 'o[duiafa joj -ssoa suná[B Bjanj is ouioa
sa ou anb o[ uB)uasajdaj opusna [Bija^Biu pspas[Bj B)jaia souiBJ)uoa

�miento en lo que en este momento me pasa y recuerdo que dur
miendo me frotaba los ojos para convencerme de que no estaba so
ñando, y me hacía las mismas reflexiones que despierto me hago
ahora. Eso me ha ocurrido muchas veces. De aquí deduzco que no
hay indicios por los que podamos distinguir netamente la vigilia
del sueño" 24.
Incluso debemos dudar de cosas que nos parecen firmes, como
las demostraciones matemáticas. Muchos hombres se equivocan en esa
materia 25.
Llevada a sus últimos extremos, la duda nos hace asomar a la
primera afirmación verdadera, que es, por eso mismo, el primer
principio de la filosofía: dudar significa pensar, pensar significa exis
tir. Cogito, ergo sum. Si pienso, quiere decir que existo. El yo es una
sustancia cuya naturaleza esencial es el pensamiento2G.
Nada es más fácil de conocer que mi espíritu. Y lo hago por
medio de la intuición 27, entendiendo por tal "la iluminación del es
píritu que permite a éste ver o la luz de Dios las cosas que éste quiere
revelarle: se adquiere por medio de la acción directa de la claridad
divina sobre nuestro entendimiento, el cual no debe confundirse en
esta función, como una fuerza activa, ya que se limita a recibir los
rayos que sobre él vierte la divinidad" 2S.
Hamelin afirma que el cogito es la verdad de un razonamiento
más que la de un juicio, y que constituye en el orden del pensamiento
una marcha del pensamiento al ser29.
La preocupación cartesiana de saber si nuestras ideas correspon
den a realidades, encuentra en el cogito su primer triunfo indudable.
Para decirlo con palabras de Husserl, el giro hacia el ego cogito
constituye la base apodícticamente cierta y última de todo juicio,
en la cual se debe fundamentar toda filosofía radical30.
Ha quedado determinada la estructura óntica del pensamiento.
Alcanzamos nuestro ser en la medida que pensamos. Bien dice Ha
melin que el ser que el cogito establece es el ser del pensamiento. Y
nada más. Conozco primero mi espíritu que mi cuerpo.
El mérito del descubrimiento cartesiano del pensamiento consis
te, según Louis Lavelle, no tanto en dar a nuestro ser propio un
carácter subjetivo, como abrirle un lugar, gracias a esta forma sub
jetiva, en el interior del ser absoluto, donde la presencia nos es
entonces revelada por la revelación de la existencia del yo 31.

24Méditations, I, pp. 268-9.
25Principes, I, 5.
26Discours, IV, pp. 147-8; Principes, I, 7: Méditations, II, pp. 274-5.
27Regles, III, p. 44.
28De la correspondencia de Descartes, citada por E. Cassirer, El Problema
del Conocimiento, Tomo I, p. 509. Cfr. Regles, III, p. 43 y XI, pp. 72-3.
29El Sistema de Descartes, p. 140 ss.
30Husserl, op. cit., p. 33.
31La présence totale, Ed. F. Aubier, París, 1934, p. 68.
- 302 -

�'991

808 *c;^ 'i 'sadpmjj 12
'* X 62 'I 'sadiautjj í ^^ #d 'j[
82 'd 'III 's;uo:jDvpa¡\¡ 58^1 d '^i
'¿1 ''d 'II 'sjnoasiQ 9S
'8*1 '^1 '^yj 'sunoosiQ SE
-d 'j^y 'suotiDiipa^^ ^
d 'A 'sjtioj'.^?(7 '2 'II 'sadpmjj i 0
I 'II X ^S X 2f 'I 'sadiamu^ í 2 : "d 'i ^ 'suoiiviipa^^l ES
[5 'j 'sadiowjj ÓE

*ze optqap sa ouiod
•uoo o[ anb ^nbe b aiuauíBjsaijiuBiu aoajBdB anb o[ oms is na apuaad
-uiod ou anb 'soajo &lt;so\ ap aiuaaajip Á ostoajd ubi sa anb (ojuaiuiio
-ouoa) ^nbB 'ojwíjsip Á íso[jbjtui b soisandsxp uB)sa sofo soajsanu Á
aiuauíBsuaiui ubupb sajuasajd opuBjsa anb apsap soiafqo so^ ajuauíei
-B[D jdA souiiaap ouioa isb ío^ua^B n^ijídsa un b ojsaijiuBxu X aiuasajd
Bjsa anb o[ b oxd\o ouibj^ o^^ :aaip sou soidiouuj scq ua ^
*9e Bpnp jouaui B^ b oijts ^fap ou anb ajuatu
-vjurisip Á ouvp ubi niíaidsa oaisanu b Biuasaad as anb oj
ouioa jbuioi soxuapod o[ps anb Buasua opojaui ^ap B[^aj Bjaiuud
*^^jTIsTxa oiJBsaaau sa jBsuad BJBd anb
o^og "uoioisodoad Bun ap p^pss^Bj o p^pjaA B[ jBuiuua^ap BJBd
-as oija^tao un bCtj ou 'ouisitu is ua 'ojiSoo pp ojuaiuiijqnosap [^
^a—
•Bpxqaouoo jas
Bjurjsip X bjb[D Bapt Bun ap ojafqo sa B^a anb apsap 'oiuaiuiBSuad
[a jod Bpiq.io^qB anj uotsuajxa Bidoad B[ 'saaopBnuijuoo sns ap B[ ua
oiuoo sajjBOsaQ ap uoiaBjipaui B[ ua oiub^ 'b^jb^ b^ b oja^ 'ajqisuas
opunuí pp pBpiJouajxa b[ jBJi^^asB BJBd oiajis 'Bsuaixa BiouB^sns X
aiuBsuad bioubjsus ap 'bsoo X n^ajdsa ap ouBisa^BO ouisqsnp [g
•[bjjouiut 'saouojua 'sg qa uoa jtjoui
b BpBuapuoa Bisa ou 'odaana [ap a^uaipuadapui aiuaui[Biauasa jas
JO&lt;J "BpBaJD OpiS BJJ 'BIJaiBUI B[ ap BpjBJJXa OpiS Bq OU BUI[B [g
^s sopiun a^
-naurnpunjojd uB^sa 'ajuB^sqo o^[ 'soaua^ojaiaq uos odjana X njijjdsa
anb 'sand 'oXnpuog #orJBJiuoa o[ opoj ajjnao 'odjana ouioa ^a[qtsiAip
Xos ou 'itu ua sajjBd jin^uijsip opand ou 'oiuaiuiBSuad oraog
•E8 osuaixa sa [Bjodjoa a^ua ouioa 'uots
•uajxa ap aaaj^a 'ajuBsuad ajua ouiog 'ouisiui js ap Biut^stp X bjb[O
Bapi Bun oduiaij oidojd [b X odjana un aasog 'SBquiB ap auoduioa as
ouBuinq jas [g -[Bjodjoa B[ ap BSjaAip sa ajuaSipiui BzapjnjBU Bg
•&lt;t[BJodjoa Bsoa
jainb[Bna ap Bapt B[ anb Bjutjsip sbui aiuauid[qBJBdtuoaui sa 'odjana
[B uaaauaijad anb sb^ ap pBpipa BunSutu ap Bdiatvi^d ou X ucus
-uaixa ap aaa^Ba 'Bsuatd anb Bsoa sa oiuBna ua ouBtunq mtjjdsa [ap
o^uai anb Bapt Brj,, raatp sou uoiaBjtpa^\[ ^j b[ ap ozuatuioa [y
•oiuats X buiSbuit 'ajatnb ou 'ajatnb 'BSatu 'buijtjb 'aqtauoa
'apuaijua 'Bpnp anb 'jtaap sa íBsuatd anb vsoo buq ¿oX Xos on)?
'ze bjjo ap pBptsaaau jauai uts Jtjsixa apand anb Bsoa Bun BiauBjsns jod
otuipp j^ ^^[[BtauBjsns otja^ja [b asjaBj^sns opnd ou

�Si el espíritu necesita adquirir un criterio para la certeza, es
debido a su imperfección. Y es imperfecto porque duda. La verdad
no se da directamente. Bien frecuentemente incurrimos en errores.
Tenemos propensión a recibir los datos sensibles como verdaderos,
cuando una actitud crítica ante los mismos descubre que muy asi
duamente nos engañan.
Por eso, el criterio de la verdad exige una garantía. Si soy un ser
imperfecto y puedo concebir lo verdadero, que es perfecto, se debe
a un ser superior a mí. Es decir, "un ser más perfecto que el mío".
Además, esa idea de la perfección no puede tener su origen en la
nada y tampoco puede depender de lo menos perfecto 38.
El único ser que puede proporcionar esa garantía es Dios. El
nos revela la verdad por medio de ideas claras y distintas.
La evidencia de la verdad sólo la confiere la razón, el enten
dimiento 39.
Si bien los sentidos intervienen en el acto cognoscitivo, concu
rren a título de auxiliares del entendimiento, la imaginación y la
memoria. Sólo la razón está en condiciones de decirnos si nuestras
ideas o nociones tienen algún fundamento de verdad 40.
En su oportunidad veremos el rol que desempeña la veracidad
divina en relación al problema de la existencia del mundo exterior.
Veamos a continuación la opinión cartesiana respecto del error.
Nos equivocamos debido a nuestra imperfección natural. El error
es un defecto 41. Se explica porque mi capacidad de pensar no es ili
mitada. Pero el error es igualmente una privación42; es decir, que no
pienso algo que podría y debería pensar.
Dios, suprema bondad y perfección, no puede querer que yo me
equivoque. Ocurre que, aparte de conocer, puedo elegir.
El libre arbitrio es amplio, y consiste en la facultad de poder
hacer una cosa o no hacerla, afirmar o negar, perseguir o huir de las
cosas que el entendimiento nos propone. Cuanto más nos inclinamos
a una cosa, tanto más libremente la elegimos o la abrazamos 43.
El entendimiento por sí solo no asegura ni niega nada; sólo
concibe las ideas de las cosas que puede afirmar o negar. El error
no proviene tanto del entendimiento como de la voluntad 44. Ella se
extravía con facilidad. Por extenderse a cosas que no entendemos, nos
conduce al equívoco.
Con todo, la pregunta inicial no ha sido respondida. ¿Cómo
siendo Dios la suma perfección y bondad puede permitir que usemos
nuestro libre arbitrio muchas veces en sentido diverso del de la
verdad?

38Discours, IV, p. 149.
39Discours, V, p. 152.
40Méditations, II.
41Méditations, IV, p. 302.
42Méditations, IV, p. 309.
43Méditations, IV, p. 305.
44Méditations, IV, p. 304.
- 304 -

�- 908 'Sí d 'III 'S
'í d 'ni 'S
&gt;d "í?3 do "a 'uosno 9*
'ZIZ "d 'I 's

bj jod anb sbui ojjas uapand ou sBUB^aj SBpuanoasuoo sbj ^ 'upp
-in^UI BJ jod 9JU91UB[OS UOS O[ SOldlDUIjd SOJ 9llb O}UBJ U9 ÍSBJJBJ9J}
-ISUO0 9p BJ3UBUI BJ UllaS 'uoioonpap BJ JOc! OUÍO9 UO19IIHUI B[ JOd
oiub^ SBpioouoo J9S u^pand oidpuud jsuiud un ap BjBipaiuui bio
-u^noasuoo uos anb sauoioisodoad sb[ anb B^^nsaj apuop aQ Bijouiaiu
tb\ B BpBisajd ^ptd b^ 'opoui o^jaio ua 'anb ouis 'ajuasaad Biauap
-iAa Bun 'upiainjm B{ oiuoo 'Bjisaoau ou uoioanpap b[ anb ua X íou b[[
-anb^ ua Á uoisaans Biaap o oiuaiuiiAoui un aqiauoa as B^sa ua anb ua
B^J91D uoioonpap B[ ap upioinjut B[ souiin^uijsipw 'BAi^iuijap ug
•B8O0 BpBD
ap uoiam^ui BJBp Bun uoo 'oiuauuBsuad jap onuxiuoa ojuaiuiiAoui
un jod soiaaia soidiouud ap 8B[opu9ionpap —sbuisiui is jod saju^ptAa
u^as ou anbun^— ajuauíBJB^o jaaouoa souiapod anb sbsoo s^qanuí
X^q anbaod uoiomiui B[ b ojunf uoioonpap B[ ap souiB^isaoau j^
•Bza^jao Bpoi uoo soj^osou jod SBpioouoo
sbjjo ap BUBsaaau Biouanoasuoo uos anb sbsoo sb[ SBpo^ souiBqoad
-uioo ^no B[ jod uoiOBjado 'uoponpap b^ BSioaad sa uaiquiBj oja^
•soiuaiuiBuoz
-bj ap odij qpo^ ua ouis 'sauoioBiounua sb[ ua o^os ou Bzajjao b[ o^is
•uoo BAa[^ upiotnjuí B-q *sapBpjaA sbjio SBqonuí X souiBsuad anb souiBq
-ojduioo uaiqiuB^ 'Biouajsixa Bjjsanu souiBoi^i^aA uoioinjuí b[ jo^
•if, upyjonp^p b^ X uppmjm B[ :so^[a uos soq -pBpjaA B[ ap uoisasod b^ b
uBAa^ o[ anb so^onpuoo so[ jod opBijuoo jbjisubjj a^iuLiad aj anb
bijubjbS bj ajquioq [B bÍojojo X 'Bpnp Bpoi a^uBjadoui bujoj 'BuiAip
pBpiOBjaA B[ ap 'soiq ap oija^ijo ¡a 'ajuauíBsioaj^ 'osjaAiun p ua
X^q anb [buoiobjji o[ ap opquiis un ouis sa ou oitói^ui oma^ ^g
'saaojja sopunjojd ap
souapl uBjsa soioinf soj 'sbioubisuiiojio SBsa ug *o)uaiuiBsuad oajsanu
uBuiuiop sauoisBOo ua anb SBiouanyui SBUBJixa b sopiiauíos 'sojmtf
X sdju^Supuo^ sajas ap uoioipuoo BJisanu BiouBAapj ap jauod ajainb
bubis3)jbo Bjjoai b^ ua jojobj ouBjjxa aisa ap uoioonpojjuí Bg
*9^ o^SqBiu oiua^ pp ojuauín^jB p UBd^osa
'Bjp ajqos BXodB as anb 'soiq ap Biouajsixa B[ ap B[ X 'Bjaiuud B^ sa
anb 'ojiSod pp Bpuappa bq "BiouspiAa b^ b BUBiuaiua^duioo bj^ubjbS
Bun jBp ojafqo jod auai^ ou ouíáipui oiua^ pp ojuauín^oB ^g^
soujaoBq ua opsuadiua ouSijmu oiu^S un Xbq 'uoiouaiB B[ saoaA SBqo
-nui opBiuB^ Bq anb sisapdiq Bun b saouo^ua ajjnoaj sajJBOsaQ
•pBpiuiAip b^
ap vpudSd bj b SBuaÍB aiuaiujBjoj SBjsa sauoioipuoo 'bioijbui X uoiooaj
-jadiui X^q ouB^ua ja ug Mijuaiu iu souiBUB^ua apand ou soiq

�teoría de las ideas
Los sentidos nada pueden decir sobre el ser, desde que sólo pro
porcionan "impresiones" momentáneas. Verdadero y falso son deter
minaciones del entendimiento.
Los contenidos de las cosas sólo pueden estar representados por
las ideas que provienen de nuestra propia capacidad de pensamiento.
Si bien se da en el sujeto, la idea es diversa de él y de lo que
ella representa. Representa, pues, una realidad distinta de la concien
cia. De ningún modo es una forma de ser del sujeto.
El ser de la idea no es el de un fenómeno, sino el de una esencia.
Hay tres clases de ideas: ficticias, adventicias e innatas49. Las
primeras son obra de nuestro espíritu. Las segundas proceden de ob
jetos que nos son exteriores. Y las últimas, como su misma denomi
nación lo está diciendo, han nacido con nosotros.
Esta división cartesiana de las ideas tiene el propósito de ave
riguar si ellas son capaces de dar testimonio de alguna existencia dis
tinta del sujeto que las concibe.
Las ficticias, por su propia conformación, no son de interés en
este sentido. Tenemos una inclinación natural a admitir como cierto
el contenido proporcionado por las ideas adventicias, factura de los
sentidos. Por las razones conocidas, la aceptación indiscriminada del
realismo sensible no es de recibo. Esas ideas, pues, son incapaces por
sí mismas de revelar una realidad ajena a la del sujeto. Resta, enton
ces, la elucidación del valor de las ideas innatas. Son inmutables, eter
nas y necesarias. Verbigracia, las nociones geométricas, los axiomas.
Descartes señala que las ideas pueden ser entendidas desde dos
puntos de vista. Por un lado, como modi cogitandi —modos de pen
sar. Como tales, son meros acontecimientos mentales. Este es su ser
subjetivo, su realidad formal.
Pero también es posible considerarlas como imagines rerum
—imágenes de cosas. A estas llama Descartes, con propiedad, ideas 50.
Por representar un objeto —cualquiera sea la naturaleza de éste—
la idea tiene un contenido que es real. Así mirada, la idea posee una
realidad objetiva.
Esta realidad objetiva no se da de igual forma en todas las ideas.
Las que representan sustancias tienen mayor realidad objetiva que
las que representan modos o accidentes. Tener más realidad objetiva
quiere decir participar de más grados de ser o perfección 51.
Toda idea tiene una realidad formal y un grado mayor o menor
de realidad objetiva. En tanto la pensamos, la tornamos presente al
entendimiento, aunque lo que la idea representa carezca de exis
tencia real. En tanto realidad formal, la idea tiene un ser en el pen
samiento.

49Méditations, III, p. 287.
50Méditations, III, p. 286.
51Méditations, III, p. 289.
- 306 -

�- ¿08 '82 'd 'II 'suovnjtpa^^i ES
'06^ 'd 'III 'suoiiviipa^^ -s
•CQ 0[J900UOO 3JTIUJ9d SOU U9TTlb 88 *
B{ TU 8OpiIU88 8O[ OU A 'OJU9TUITpU91U9 p 8Ttb OpUBOTpUT 'SBUI9pB ^A
8JU8UIBSOJnj^lJ B[[9 B JB9[[ OSlTtb OJ9^ #pS9U B| SBUIBf 'JOTJ9^X9 OpUIlUI
pp BT0U9JSTX9 B[ Bptip U3 OSTld 9JU9UIB9ip9191U OpS 89JJ[B0S9(J
¿SOUIBjdBO O[ OUIO9? '^BI99dS9 UOT0BJ9do BUtl JO(I JIJIUISBJ1 9p9lld
O[ 9S OU BJS9 18 A '[BU91BUI pBpi[B9J B[ U9 91U9JSIX9 O[ J9U9)UO0 9q9p
O)U9IUIBSU9d 9p OUITUOUI8 OIUO9 BpBSn BI9U9I9UO9 BJ^S9nU Tg
¿O^U3TUIBSU9d \TB BlU3S9jd JB1S9 BSU9^X9 BIOUBJSTIS B[ 9p9nd OUIO^?
•8OJS3 9JUB JOJITB OJJS911U 9U9I^ 3nb 8BAJ983J 8B^ U9iq 8OUI9qBg
*8OpiIU38 SO[ 9p SOJBp SO[ jod BpB9IUtlUIO9 J9S 9q9p 8OU pt?pi[B9J 118
9nb 99J9 98 18 9UIIXBUI 'JOIJ91X9 OpUTlUI ^8 UO9 ^99Bq Bipod BSOO BJJO
o^[ *9iuBSU9d ojgfns ouisiiu [B JBuoi^sgno jod ozu9uio9 Bpnp Bq
; f ! • 1'U9U9I18O8 O^
OUI8TUOI9d99J9d [9 A UTIUIO9 Opi^U98 ^9 OUIOO \TB% '89^BTJ9JBUl 8OJ9fqO
SO[ 9p BT9U9JSTX9 B[ UOTJS9nO UIS 9[qiSIUipB 89 OU 69)JB9S9Q Un9g

aomaxxa oomüm aaa vMiaaaoaa aa
•JOU9JX9 opuntu ^9p
Bui9[qoad pp oqojJBS^p p Ba^d pBpip^n ubjS 9p bj^s u^iquiBj^
•Bpu9pu9¿9p A uop99jj3diut ns uotquiBj
OUIS BI9U9JSIX9 IlS O[OS OU JBqOjd BJBd OJOS9[IJ p 3AJI8 B9pi BJSg
•pBpiUIAip Bldojd B^ Jod BpBDOpO 9ITJ jqB A BZ9[BJ11JBU BJ189nU 9p
9JJcd BUIJO^ 'VJVUU1 S^ *BpiJU9ApB TU BpTJOTJ B9pT BUn 89 O^[ 'BITUT^UT
89 BATJ9fqO pBpqB9J Tlg "[9 9p BTJBUTIJO J9S 9p9Tld OU SOfQ 9p B9pT B[
O[9g 'njTJídso OTdojd ns U9 ^sjbutStjo u^p^nd SB^p 9nbjod 's^piodaoo
SBSO9 UB^U9S9jd3J 9TÜ) 8B9pT SB[ UO9 asp99Oad 9q9p OpOUI \TBVSl 9Q
•BJJB9S9p 98 U9pBJ9pT8UO9 B^n9 'OUISTTU TS 9p B9pT TB\ O
BqOTp 9p U9ZBJ JBp 9^qTSoduiT BJBqnS9J ^^ OpOTU 989 9Q '[BUI-TOJ
-T[B9J ns Bp9DX9 BATJ9fqO pBpqB9J TBÁXIO '9JU9UIBJBp B9ZOUO9 9Tlb BUn
BJJU9n9U9 SB9pT SnS 9p OpuinO pp TS 98JBJ9do 9p3nd BpqBS pj^
•B9Tp9l9UI pnjTJOB BTdojd ns ofnpUOO O\ 9nb B OUISTsdqOS p J99U9A OpBjS
-O{ Bq OU OJOS9|Tjf p 'BUBT89IJB9 U9pBTJS9AUT B[ 9p BJnqB B^S8 y
#O199JJ9d SBUI O¿[B J9U3^UO9 U3p9nd SBUIBf OJ9^ &gt;SOpBJU989jd9J SO^oCqO
SO^ 9nb 8BJ09JJ9d 8OU9TU J98 U3p9nd 9nb 89U9SbTUT OUIO9 SOJIOSOU U9
U3^STX3 SBSpT SB[ 9nb 91U9UI9IU9pTA9 J9qB8 99Bq 8O^[ 'BATJBDqdxO J9S
BsnBO b¡ jTun^j 9qop onb s^uopTpuoo sb^ bCtj jDunjvu znj Bq
B|^ U9 9UTTJO 98 B9pT BJ 3nb A J98 9p BJ9UBUI BS9 9U9TJ
Bun^uiu onb jbuijijb ^pond 98 ou 4o^u9Tuiipu9jU9 p U9 B9pT ns jod
BpBJU9S9jd9J O 9^U3TUBAp9fqO B^S9 BSOD BUn pnD B^ Jod *J98 9p BJ9UBTU
B1S9 B38 9Tlb B199^J3dTUT JO¿ 4OJ3d ÍBpBU B[ 9p 9p99Ojd o8p 989 9nb
S0UI9U0dnS 4BSnB9 BJ U9 B|pq 9S OU 9TTÍ) O[B BJJU9n9U9 98 B9pT BUtl U9
9nb soui9uodns Tg^, 'vaijv^ijdxa vsnvo Bun *89ouoju9 *bits909u 9g
•pniOB pBpqBOJ 9p Bpyp3TU pnST B9S0d BpB)U989jd9J BSOO B[
9Tlb U9 BpTp9TU BJ U9 BATJ9ÍqO pBpqB9J J0U9UT O

�Lo primero que captamos es el entendimiento. De él depende el
conocimiento seguro de todo lo demás.
Un pasaje de la Meditación III aclara más concretamente el tra
yecto gnoseológico de nuestro entendimiento: "En otro tiempo recibí
y admití como muy ciertas y manifiestas muchas cosas, reconocidas
después como dudosas e inciertas. ¿Cuáles eran esas cosas? La tierra,
el cielo, los astros y todas las percibidas por el intermedio de los sen
tidos. ¿Qué era en ellos lo concebido por mí clara y distintamente?
Bien sencillo: que las ideas o pensamientos de estas cosas se presen
taban a mi espíritu. No niego ahora que esas ideas se encuentran en
mí; pero entonces, había en ellas algo que yo tenía por seguro y que
las costumbres de creerlo me hacía imaginar que le veía muy clara
mente, aunque en realidad no lo percibiera; ese algo era la creencia
de que fuera de mí existían cosas, de las cuales procedían ideas se
mejantes a las realidades exteriores" 54.
Era inevitable el intermediario de la idea en una concepción que
opuso como dos sustancias irreductibles el espíritu y las cosas ma
teriales.
Cuando pienso una cosa, su ser no consiste en el hecho de ser
pensado, sino en la necesariedad con que las propiedades de esas cosas
se imponen a mí por medio de la idea.
El cogito obra como algo independiente de las cogitationes. Aquél
es el continente; éstas, su contenido. Sólo por la actividad de la con
ciencia se actualizan los objetos, a través de las ideas, que están en
su interioridad.
Los sentidas están inhibidos de representarnos las ideas de las
cosas tales como nosotros las formamos en nuestro pensamiento. Las
cualidades sensibles (dureza, sabor, olor, color, etc.) varían constan
temente sin que dejemos de pensar en el mismo objeto. Lo que cap
tamos en nuestras ideas pertenece, pues al propio espíritu.
Debemos recurrir a una parte de la Réponse au placard de Regius,
de Descartes, para abonar el presente desarrollo, y que es indudable
mente fundamental:
"... es únicamente la experiencia la que nos hace juzgar que
éstas o aquellas ideas, actualmente presentes en nuestro espíritu, se
refieren a algunas cosas que están fuera de nosotros; pero si juzgamos
así, no es en verdad porque esas cosas las hayan trasmitido a nuestro
espíritu por intermedio de los órganos de los sentidos tales como Ia3
percibimos, sino porque le han trasmitido a nuestro espíritu algo que
le ha servido de ocasión para que, por la facultad natural que él tiene,
las formara en ese momento y no en otro". "... lo único que los
sentidos pueden llevar, desde los objetos externos hasta el alma, son
ciertos movimientos corporales; pero ni esos movimientos ni las fi
guras que de ellos provienen, son concebidos por nosotros con la for
ma que afectan en los órganos de los sentidos..." "De donde se in-

54 Méditations, III, p. 284-5.
- 308 -

�- 608 "I *II 'sadpupj í9-28 *dd 'j^ 's
'lie 'd 'A '
•S 'I 'sadpupj
'¿"981 *dd "tP 'd 'UIJ3UIBJJ *(

t bj b ou X 'bzijubjeS soj uainb J3 s^ 'sodjana
soj anb ajuapiAa seui sa soiq -sa isb anb ap bijubjbS bj sa soiq
•gs ajuauíjBaj uajsixa sbsoo sb[ 'ojubj oj jo&lt;j 'soujBiiBSua apand
ou soiq anb aqBS as uaiq oj^q 'soiq b ajqinqujB Bijas 'jo.ua un sa
uoisiuipB Bsa ig -sbsoo SBsa ap Biauajsixa B[ 'sand 'jijiuips aa^q sou a[q
-IJSIS3JJI Bzianj Burj "soiq jod sojjosou ua Bjsand ^BjniBU uoiaBuiput
Bun b aaapaqo 0^3 "SBapi si;sa uajiuiaj sou anb sbj SBSoa SBidojd sb^
uos snb jaaaa sa ajuaujoa 03 -soiustuí so^ ap Biouajsixa BAiioaja b[
jauodns souiaqap sodjano soj^ ap SBapi SBJjsanu soujBoqdxa bjb^
*ie SBjepBpjaA uos aiuauíBjuxisip A bjbjo SBpiaouoa
sBsoa SB3 *jas ja anb omsiui o\ sa pBpjaA B[ anb apsap 'bsoo Bun[B
sa ojapBpjaA o^ opo^ 'uoiaBJisouiap tb\ inb^ auaxxap as ou oja¿
•oiuaTuiBsnad ^ uoa BjoqBjua anb odjana un jod SEpBSjnduii UBfans
anb a^qijaBj Anuí sa 'sBauxauioa^ sbjiiSij jbui^buii 9[qBp sa tg
•pBpqtqisod
•uii o upiaoipBjjuoa Bpoj ap sBiuaxa s^api aiuBipaui axuauiBjuusip Á
bjb[0 oqiauoa sb^ 'isb sbjsia anbjod 'BujauíoaS B[ ap o^afqo \a uaAn^ii
-suoa ojuBna ua sspBjapisuoa 'jiacp sa 'sBsuajxa oxuBna ua jijsixa uBijp
-od sa[BijajBiu sbsod sb[ 'uoiaBiipaj\[ j^ b^ ua oqaip Bisa 0U103
•C[qisiAtpui sa 'a|qiíciqaiui B[ íojiutjui ^b a^qísiAip sa [Baj upisuaxxa B3
•Bjuiisip A bjb[o Bapi Bun ap ojafqo [a sa BUBisaja^a umsua^xa B3
•uoisuajxa B[ ap sauoiaBuiuuaiap uos soxuaiuiiAoui A SBjni3 *9g osuax
-xa Bas ou anb odjana un ua JBSuad souiapod o^[ *soqaaq uBjsa sod
-jana so[ yeno b^ ap Biaua^sns Bun sa Bjsa anb Jiaap apand as 'unB sbj^[
•uoisuajxa B[ sa sod ja na so[ ap oidojd o\ anb JBpjoaaj aqap ag
•Biauaiauoa Bjjsanu ap optuajuoa
ye pBpqBsnBa ap oidiauod ^a BaqdB sajJBasaQ 'ojjBaijuaA bjb^
¿soquiB ap ajJBd^ sajBtj
-ajBiu SBsoa uajsix3? *sotq ap bj A o A jap Biauajsixa bj bA pjjsouiap
ag "DjJDqoud ouBsaaau sa sodjana soj ap BAijaaja Biauaisixa B3
•Bapi B[ ap S3ABJJ B 'dJUdUl
'Vjvipaui asjaaouoa apand ojos 'ajsixa is 'opunuí J3 'viouauafui Bun ap
oipaui jod asjBjjsouiap Bjjpod ojps odjana jap bj 'wpiaiujui ap ojaB un
jod opBjjsouiap sq as Biauajsixa BAna 'njijjdsa jap Biauajajip y
¿Bsoa bj Bjsa Bapi bj ap SBJjap anb Bjn^as^ on^)? -oapi ns sa souiBjdBa
anb oj 'ajuauíBjaajip sojjaaouoa ap j^Snj ua is ajqisuajduioa oAns ap
Bjjnsaj ou anbjod 'BpBzij^uiajqojd Bpanb Biauajsixa ns 'soujajxa sojaC
-qo soj ap ojuatuiiaouoa ja jBJBaua ap BjauBiu Bjsa b opjanaB aQ
•33 '^SBjasjBjuasajdaj Bpand 'opiaajBd unSuiu auaij ou sajBna soj
uoa sajBJodjoa sojuaiuiiAoui sojjata ap uoisBao ua 'njuídsa ojjsanu
anb ap utj b 'sBpiaajBd SBsoa sbjjo sbjubj ap A sopiuos soj ap 'sajojoa
soj ap 'jojop jap SBapi sbj ojjas uaqap joAbui uoa anb A 'sojjosou ua
sbjbuui uos SBjn^ij sbj ap A ojuaiuiiAoui jap sBapi sbj Bjs^q anb

�El descubrimiento del cogito sirvió para demostrar la existencia
de Dios. La existencia de Dios permite demostrar la existencia del
mundo. Camino inverso al recorrido por el pensamiento escolástico.
La argumentación cartesiana reposa en dos nociones: la vera
cidad divina y las ideas claras y distintas.
"Yo me inclino a creer que el espíritu y el cuerpo son dos sustan
cias distintas, así como son dos esencias distintas. Pero para tener
el derecho de hacer extensivo a las sustancias lo que concibo en sus
esencias, para estar autorizado a tratar las sustancias como trato las
ideas claras y distintas, es necesario que sepa que las sustancias son
obra de Dios. Solamente porque son obra del pensamiento supremo,
responden infaliblemente a lo que mi pensamiento tiende a afirmar
de ellas"59.
Para expresar con otras palabras cuanto se lleva dicho, si Dios
no puede inducirnos sino a la verdad, es absolutamente cierto que a
la realidad objetiva de las ideas de los cuerpos, corresponde una rea
lidad formal exterior a la conciencia. Las cosas materiales existen.
Esta comprobación no comporta dar por sentado que los cuerpos
son del mismo modo como son percibidos por los sentidos. En rigor,
tampoco es necesario. Hay cosas que hacen esta percepción oscura y
confusa 60.
Malebranche no habrá de aceptar la demostración cartesiana, por
entender que es una inconsecuencia. Nosotros percibimos las cosas en
Dios, y la Visión en Dios es la única garantía que poseemos de las
cosas exteriores, a las cuales no solamente no podemos conocer en
forma directa —como dice Descartes— sino que su existencia nos es
imposible demostrar. Nuestro espíritu está unido a Dios, su creador,
y es en El que percibimos las ideas eternas e inmutables. Siendo las
cosas creadas según el modelo de las ideas, percibiendo las ideas co
nocemos la scosas. No hace falta analizar si realmente existen objetos
extensos fuera de nosotros, porque no razonamos sobre ellos, sino
sobre sus ideas 61.
La idea la vemos directamente en Dios; el juicio, en cambio, es
obra de nuestro espíritu, razón por la cual es pasible de equívocos.
En forma acertada critica Joseph Moreau esta doctrina que extre
ma el idealismo de Descartes. En efecto, si reducimos el proceso cog
noscitivo a una pasiva contemplación de esencias inmutables hipostasiadas en el entendimiento de la divinidad, queda excluida la actividad
constructiva del espíritu. Además, para que la trascendencia de lo
verdadero concuerde con el avance del pensamiento y el desarrollo
histórico del saber, es preciso afirmar que hay en Dios, no esencias
inmutables, sino la razón de lo que hay de verdadero en todos nues
tros juicios 62.

59Hamelin, O., op. cit. p. 262.
60Móditations, IV, p. 325.
61Malebranche, De la Recherche de la Verité, VI, 2, p. 244, de l'édition
G. Lewis.
62Moreau, J., La conscience et Vétre, Ed. Aubier, París, 1958, pp. 109 y 150.
- 310 -

�de la conciencia es su poder de relacionarse con un objeto, que no
es ella misma. Este objeto no le es inmanente ni trascendente. Su ob
jetividad es ideal. La conciencia sólo puede existir abierta al ser, de
modo inmediato. Vivir, para la conciencia, quiere decir trascenderse.
Las ideas evidentes al cogito no son modos de una sustancia, sino
los correlatos objetivos de una intención de carácter formal.
El momento intencional comporta dos aspectos distintos: el acto
intencional propiamente dicho, o noesis; y el contenido objetivo al
que apunta el referido acto, o noema.
A la conciencia no se da el objeto, sino el noema; no la cosa,
sino el "estado de la cosa". El acto noético no se atiene a referir sen
saciones sino también relaciones y esencias inteligibles. Toda evidencia
comporta una intención significante y la presencia de un objeto sig
nificado.
La materia aportada por los sentidos es "elaborada" y recibe un
significado en la conciencia, un sentido peculiar e intransferible.
La intencionalidad posee otra nota muy importante: toda ac
tualidad lleva implícita una infinidad de virtualidades pasibles de ser
realizadas por el yo.
Esta característica de la conciencia la dota de mayor profundidad,
porque le asegura una incesante renovación.
En definitiva, los objetos son constituidos a partir de la inten
cionalidad originaria de la conciencia.
Con Martín Heidegger, la fenomeología supera la etapa gnoseológica y se vuelca decididamente en la ontología. El fenómeno no re
mite al ser, sino que es el ser mismo.
Heidegger manifiesta que por la expresión "fenómeno" entiendo
lo que se muestra en sí mismo, lo patente 66. Y más adelante sostiene
que detrás del fenómeno no hay nada, sin que esto excluya la tras
cendencia ontológica. Claro que no están dados inmediatamente, y a
menudo aparecen encubiertos. Allí entra a cumplir su misión la feno
menología 67.
Lo que se muestra, entonces, es el ser de los entes mismos.
Reprocha a Descartes dejar indeterminado en su "cogito sum", la
manera de ser de la cosa pensante, o más propiamente, el sentido del
ser del "sum". No se formuló la pregunta por el ser, creyendo que
ella es clara y unívoca. Atribuyó al ente pensante el carácter de una
sustancia diversa de los cuerpos exteriores.
Para Heidegger, el yo y las cosas no son sustancias diversas. El
sujeto no está encerrado en sí mismo, sino que es su condición pri
mordial estar abierto al mundo. Lo propio del sujeto es existir, y el
de las cosas, ser dadas. Todo yo, o Dasein, tiene un ser "a ser". El de
las cosas está dado definitivamente.

66Heidegger, M. El Ser y el Tiempo, Fondo de Cultura Económica, México,
1951, p. 33.
67Heidegger, M., op. cit. p. 41.
- 312 -

�- 818 "0¿ "

ap opijuas [a 'b^jbj ns sa Bsg UBUBJjuasap ap jbjbjj aqap opijuas
oXna X ajuapuaasBJj sa a[ anb jas un X^q anb u^svq p bjb(1 sg
'v^iSojojuo pBpiuSip ns b —ojafqo X ojafns— boi8o^
-oasou^ uoioB^aj B[ ap so^od so^ jBinBjsaj opuBjua^ui 'bsoo b^ X ^apí
B[ ap ouisqBnp p BZBqaaj UBuiap aopBSuad p anb jbuuijb souiapod
'oipnjsa aisa ua BpBajuB^d upusana v\ aaqos ouBiaaSSappq ojuaiui
-Bsuad pp oioadsB un ap Buasaj BuiísiAdjq Bisa Jinpuoa bjb^
'so ^^pisuaaduioa Bjsa auoiaunj anb ajuauiBBA
jod 'jas ns ap uoisuaadiuoa Bun ap auodsxp tjqB jas^ p anb op^p
opoj ajqos 'BpBzoquia a^uauípio^ asapauBuiiad anb d[qisuajduioaui
Buag 'ajuoiuvoijuo Bpejuauíuadxa bX ajduiais jas ap Bq Bjniaiuisa Bisa
saauojua 'pEpiuBipi^oa v\ ap opoui p ua ajuauíajuajapjd ouis 'a^uaui
-a^duiis X Bjnd ou aAanuí as ajsa anb ua tjqe Jas,, pp piuauíBpunj
BJnjanjjsa Bun sa 4topunui p ua jas,, p ig,, raaip a^j^d bj^o ua ^
qBjuapuaasBJi sa opunuí ^g *ojafns un b a^uaxu
-aiuBjsuoa a^uiaj ag *js ua aisxsqns sbsod sb^ ap opunuí p oooduiBjL
•ojafqo pp uoisnpxa uoa ojafns p Jiqaauoa apisodun sg "ouistiu is
ua opBjjaaua ojafns un X^q o^^ 'opt/uiu-p-wa-jag un sa uoianjijsuoa
Bidojd ns jog -opunuí [a uoa uopnjdj Bjsa uis jaaauBuuad apand ou
[g #paj o 'opBp opunuí p ojjaiqB aaauBuuad upsvQ ^g

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="7">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="304">
                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="305">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="306">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="307">
                <text>1947-1989</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="308">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="309">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="310">
                <text>Publicación periódica</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="903">
                <text>Lic. Pablo Darriulat</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5450">
              <text>El problema del mundo exterior en la filosofía cartesiana</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5451">
              <text>PILOSOF, Nelson </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5452">
              <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , Marzo 1960, Nº 18 : p. 295-313</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5453">
              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5454">
              <text>1960</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="47">
          <name>Rights</name>
          <description>Information about rights held in and over the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5455">
              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5456">
              <text>Español</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="5457">
              <text>Publicación Periódica</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="504">
      <name>CARTESIANISMO</name>
    </tag>
    <tag tagId="19">
      <name>CRITICA</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
