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La doctrina Monroe : selección

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LA DOCTRINA MONROE
Selección Documental

�\

�INTRODUCCIÓN

La "doctrina Monroe", esto es, los parágrafos 7, 48 y 49 del Mensaje anual que
el Presidente James Monroe envió al Congreso de los Estados Unidos de América el
2 de diciembre de 1823 es uno de los temas que, proporcionalmente a su dimensión
documental, ha dado origen a una más amplia bibliografía. Esa bibliografía, que co
rresponde en su mayor parte a la época de expansión imperialista de los Estados
Unidos, es decir que se produjo casi íntegramente durante el siglo XX, ya con signo
apologético, ya con carácter de denuncia, ha contribuido a ampliar el panorama de
los documentos fundamentales que es preciso considerar para valorar la "Doctrina
Monroe" como instrumento ideológico de la acción económica y política de los Estados
Unidos.
Los estudios realizados han destacado el papel preponderante que jugó la pro
puesta de George Ganning, Ministro inglés, quien propuso a Richard Rush, embajador
de los Estados Unidos en Gran Bretaña, realizar una declaración conjunta para opo
nerse al posible intervencionismo de la Santa Alianza en América del Sur, invitación
que el segundo estuvo a punto de aceptar, en una última instancia, desprovisto de
instrucciones de su gobierno y angustiado por el avance arrollador del ejército francés
que estaba interviniendo en España. Sobre este aspecto se incluyen los documentos
Nos. 1, 2 y 3.
La importancia que tenía la tradicional política de aislamiento recomendada
por Washington en su Carta de despedida y fundada en las condiciones geográficas,
económicas y políticas de 1796 y también los intereses políticos, económicos y estra
tégicos de los Estados Unidos que orientaban la acción de su gobierno en 1823 y que
en parte se oponían a la anterior y tradicional política, pueden verse en la respuesta
de Thomas Jefferson a la consulta de Monroe, que lleva el N^ 4.
En sentido coincidente con lo anterior, se incorporaron dos fragmentos de John
Quincy Adams y del mismo James Monroe que subrayan la importancia que ya tenía
Cuba para los Estados Unidos (Nos. 5 y 6).
El carácter circunstancial del contenido del Mensaje —en lugar de la "Doctrina"
posteriormente encontrada en él; su dependencia estrecha de los intereses nacionales
de los Estados Unidos —en lugar de la adhesión rigurosa a "principios"; y, por úl
timo, las profundas vacilaciones habidas antes de desechar la invitación británica,
pueden apreciarse en la selección de las Memorias de John Quincy Adams que
llevan el N? 7.
El Mensaje, que consta de 50 parágrafos, es reproducido a través de su intro
ducción y los conocidos parágrafos 7, 48 y 49 (Documento N"? 8).
Por último, esta selección documental incluye un fragmento del Memorándum
Polignac, la declaración conjunta anglo-francesa que ponía punto final al temor de
un intervencionismo europeo en Latinoamérica, y que fue más decisivo para conso
lidar la independencia de ésta que el Mensaje de Monroe que tendría luego tanta

�significación. Aunque el Memorándum Polignac es de 9 de octubre de 1823 se in
cluye a posteriori porque no fue conocido por los gobernantes norteamericanos que
intervinieron en la elaboración del Mensaje del 2 de diciembre hasta mucho tiempo
después de publicado este último.
Como apéndice se agrega una cronología de sucesos políticos que precedieron
al Mensaje, advirtiendo que el enfoque total de este auxiliar documental carece de
referencias adecuadas a aspectos económicos —menos elaborados— y que condiciona
ron, en parte, el planteo estratégico y nacionalista de los Estados Unidos.
Cabe consignar que la traducción de los documentos Nos. 2, 3 y 9 ha sido rea
lizada por la Srta. Rossanna Di Segni, los Nos. 7 y 8 transcriptos de C. Pereyra, El
mito de Monroe y los restantes traducidos por quien ha preparado esta selección.

ROQUE FARAONE
Profesor (interino) de Historia Americana I
Montevideo, octubre de 1966.

�(Despacho N? 323 de Richard Rush a John Quincy Adams, de 19 de agosto de 1823,
donde se da cuenta de su reciente entrevista con George Canning.)

Señor:
Cuando mi entrevista del sábado con el Sr, Canning estaba por terminar, le
pregunté de modo incidental si, no obstante las últimas noticias recibidas de España,
era posible aún esperar que los españoles salieran con éxito de sus dificultades. Hice
alusión a la defección de Baltastercs, en Andalucía, un acontecimiento que parece
amenazar más a la causa Constitucional. Su respuesta fue general, exponiendo nada
más que su opinión acerca de las crecientes dificultades y peligros ^ue, indudable
mente, este acontecimiento acarrearía a la causa española.
Prosiguiendo el tema de los asuntos españoles, destaqué que en el caso de que
Francia lograra sus prepósitos eu España, queda por lo menos el consuelo de que
Gran Bretaña no le permitiría ir ,más lejos y poner sus manos sobre las colonias
españolas, haciéndolas caer también bajo su yugo. Acerca de esto yo tenía en mente
las ideas expresadas sobre este asunto en la nota del Sr. Canning al embajador bri
tánico en París del 31 de marzo, durante las negociaciones que precedieron a la in
vasión de España. Se recordará que el gobierno británico decía en. esta nota que el
tiempo y el curso de los acontecimientos parecían haber decidido sustancialmente el
problema de la separación de las colonias de la madre patria, aunque su reconoci
miento formal como estados independientes por Gran Bretaña podía ser acelerado
o demorado por circunstancias externas, así como por condiciones internas de los
mismos nuevos estados; y que su Majestad británica así*como proclamaba no tener
ninguna intención de apropiarse de la menor porción de las antiguas posesiones es
pañolas en América, también estaba satisfecha de que ningún intento sería hecho
por Francia para poner a ninguna de ellas bajo su dominio, ya fuera por conquista
o por cesión de España.
De acuerdo^ con esto debemos entender, en términos suficientemente claros, que
Gran Bretaña no permanecería pasiva en caso de una tentativa semejante de Francia,
y el Sr. Canning, al haberme referido a esta nota, me preguntó qué pensaba acerca
de lo que diría mi gobierno sobre ir de la mano en esto, con el mismo propósito;
agregando que no sería necesario ningún acuerdo de actuar en común los dos países,
sino que el simple hecho de conocerse que sostenemos los mismos propósitos, produ
ciría, por su efecto moral, el derrumbe de las intenciones de Francia, suponiendo que
ella las tenga. Esta creencia se funda, dijo, en el amplio poder marítimo que Gran
Bretaña y los Estados Unidos comparten, y la consiguiente influencia que el cono
cimiento de que sostienen una común opinión sobre un asunto que envuelve tan
amplios intereses marítimos, presentes y futuros, no podrá menos que ejercer en
el resto del mundo.
Contesté que no estaba en' condiciones de decir de qué modo vería mi gobierno
tal sugestión, pero que la comunicaría del mismo modo informal en que me había
sido formulada.

(de Writings of James Monroo, edil, by S. Murray
Hamilton, New York, 1902, t. VI, pág. 361 y sgts.)

�2 (Nota "privada y confidencial" de George Canning a Richard Rush, de 20 de
agosto de 1823 en la que formaliza el sondeo anterior.)

Muy señor mío:
Antes de dejar la ciudad deseo llevar ante usted en forma más precisa, aunque
confidencial y oficiosa, la cuestión sobre la cual discutimos brevemente la última
vez que tuve el placer de verle. ¿No ha llegado el momento en que nuestros gobier
nos podrían alcanzar un entendimiento mutuo con referencia a las colonias hispano
americanas? Y si podemos llegar a un entendimiento, ¿no sería conveniente para nos
otros y beneficioso para todo el mundo, que sus principios estuvieran claramente
establecidos y llanamente manifestados? Entre nosotros no hay disimulo.
1.Entendemos que no hay esperanza de recuperación de las colonias por
parte de España.
2.Entendemos que la cuestión de su reconocimiento, como estados indepen
dientes, es sólo una cuestión de tiempo y de circunstancia.
3.No estamos, sin embargo, inclinados en modo alguno a poner ningún im
pedimento en la vía de un arreglo entre ellas y la madre patria por medio de
una negociación amistosa.
4.No aspiramos a poseer ninguna porción de ellas.
5.No podríamos ver con indiferencia la transferencia de cualquier porción
de ellas a cualquier otra potencia.
Si estas opiniones y sentimientos son, como creo firmemente, comunes a vues
tro gobierno y al nuestro, ¿por qué deberíamos vacilar en confiarlos mutuamente el
uno al otro, y en declararlos a los ojos del mundo?
Si hubiera alguna potencia europea que acaricia otros proyectos, que mira
a una empresa de fuerza para reducir las colonias al so juzgamiento, por cuenta y
en nombre de España, o que medita la adquisición de cualquier parte de ellas para
sí misma, por cesión o conquista, tal declaración de parte de vuestro gobierno y el
nuestro sería la manera más efectiva y al mismo tiempo menos ofensiva de indicar
nuestra común desaprobación a dichos proyectos. Ella pondría fin al mismo tiempo a
todos los recelos de España con respecto a las colonias que le quedan, y a la agita
ción que domina en esas colonias, agitación que sería un acto de humanidad aquietar,
estando determinados (como lo estamos) a no sacar provecho fomentándola.
¿Entiende Ud. que, bajo el poder que ha recibido recientemente, está Ud. au
torizado para entrar en negociaciones y a firma^ alguna convención sobre este
asunto? ¿Entiende Ud. que si eso no estuviera dentro de su competencia, que podría
intercambiar conmigo notas ministeriales sobre ello?
Nada sería más satisfactorio para mí que unirme a Ud. en una tarea de este
tipo, y estoy convencido de que rara vez en la historia del mundo se ha presentado
una oportunidad donde un esfuerzo tan pequeño de parte de dos Gobiernos amigos
puede producir un bien tan inequívoco, y evitar calamidades tan vastas.
Estaré ausente de Londres tres semanas como máximo, pero nunca estaré tan
alejado que no pueda recibir y contestar cualquier comunicación en un término de
tres o cuatro días.
(de The evolution of our Laiin-American policy. A documenfary record,
de J. W. Gantenbein, N. Y., Columbia Univ. Press, 1950, págs. 310-311.)

�3 (Respuesta de Richard Rush a George Canning, de 23 de agosto de 1823.)

Muy señor mío:
Su nota confidencial y oficiosa del 20 del corriente me llegó ayer, y ha mere
cido toda la reflexión debida al interés de su tema y al espíritu amistoso de con
fianza sobre el cual se funda.
El Gobierno de los Estados Unidos, habiendo reconocido, en la manera más
formal, la independencia de las provincias españolas de América, no desea nada más
ansiosamente que ver esa independencia mantenida con estabilidad y bajo auspicios
que puedan prometer prosperidad y felicidad a los nuevos estados, así como benefi
cios al resto del mundo. Como medio para llegar a estos grandes fines mi Gobierno
na deseado siempre, y desea todavía, verlos recibidos dentro de la familia de na
ciones por las potencias de Europa, y especialmente, puedo agregar yo, por Gran
Bretaña.
Mi gobierno cree también sinceramente que ha llegado la época en la que los
intereses de humanidad y justicia, así como los demás intereses, se verían esencial
mente ayudados por el reconocimiento general de estos estados.
Haciendo estas observaciones, creo que puedo decir confiadamente que los
sentimientos expuestos en vuestra nota son en todo acordes con los que animan a
mi gobierno: Él entiende que la recuperación de las colonias por parte de España es
imposible. No pondría impedimento alguno en el camino de un arreglo entre ellas
y la madre patria, por medio de una negociación amistosa, suponiendo que un arre
glo de esta naturaleza fuera posible. Nc aspira a poseer ninguna porción de esas co
munidades, para o por cuenta de los Estados Unidos. Miraría como altamente in
justo y causante de desastrosas consecuencias cualquier intento de parte de alguna
potencia europea de tomar posesión de ellas por conquista, por cesión o bajo cual
quier pretexto que sea.
Pero de qué manera puede mi gobierno creer conveniente manifestar estos
principios y sentimientos, o expresar su desaprobación a proyectos tales como el
último enunciado, son puntos que no están previstos por ninguna de mis instruccio
nes, o por el poder que he recibido recientemente; e implica, debo agregar, consi
deraciones demasiado delicadas para que yo pueda actuar sobre ellas de antemano.
Será para mí un placer particular ser el órgano que lleve rápidamente las opi
niones y puntos de vista de que Ud. me hace depositario a la atención del Presidente,
y estoy completamente seguro de que él apreciará plenamente su interés intrínseco,
y no menos los sentimientos francos y amistosos hacia los Estados Unidos con los
cuales han sido pensados y comunicados a mí por parte de Ud. No creo tampoco
excederme al anticipar que la satisfacción particular del Presidente derivará tam
bién de la indicación que Ud. no ha dudado en proporcionarme, referente a la justa
y liberal determinación del gobierno de Su Majestad con relación a las colonias
que aún quedan en poder de España. Retribuyendo plenamente la cordialidad perso
nal que vuestra nota también trasunta, y rogándole aceptar la manifestación de mi
gran respeto, tengo, [etc.].
(de The evolution of our Laiin-American Policy. A Documealary record,
de J. W. Gantenbein, N. Y., Columbia Univ. Press, 1950, págs. 311-12.)

�4 (Respuesta de Thomas Jefferson a James Monroe de 24 de octubre de 1823.)

Monticello, 24 de octubre de 1823"
Señor mío:
La cuestión planteada por las cartas que me ha enviado V.S., es la más im
portante que se haya ofrecido a mi consideración después de la relacionada con la
Independencia. Ésta nos hizo nación; aquélla nos da la brújula y nos señala la ruta
que debemos seguir por el océano de tiempo que se abre a nuestra vista. Y no podría
mos embarcarnos para este viaje en condiciones más propicias. Nuestra máxima
fundamental, y la primera de todas, debiera ser no complicarnos en las discordias
de Europa; la segunda, no permitir que Europa se mezcle en asuntos cisamericanos.
América, tanto la del Norte como la del Sur, posee un conjunto de intereses distin
tos de los europeos y enteramente peculiares. Debería, por consiguiente, adoptar un
sistema separado, propio, diferente del de Europa. Mientras ésta trabaja para ser
asiento del despotismo, nuestros esfuerzos, indudablemente, debieran tender a hacer
de nuestro hemisferio el domicilio de la libertad.
Una nación, más que ninguna otra, podría perturbarnos en esta empresa; pero
hoy nos ofrece dirigirnos, ayudarnos y acompañarnos en ella. Accediendo a su pro
puesta, la desprendemos del bando enemigo, traemos su peso al platillo del gobierno
libre, y de una sola vez emancipamos un continente que de otro modo permanecería
largo tiempo presa de dudas y dificultades. La Gran Bretaña es, entre todas las
naciones de la tierra, la que más puede dañarnos, y con ella de nuestra parte no
nos infundirá temor el mundo entero. Por lo mismo, debemos cultivar asiduamente
una amistad cordial con ella, y nada podría conducirnos de un modo más inmediato
a estrechar nuestros vínculos de afecto que ver otra vez a la una luchando por la
misma causa al lado de la otra. Y esto no quiere decir que yo comprara ni su amistad
al precio de tomar parte en sus guerras.
Pero aquélla a que la presente propuesta nos conduciría, dado que tal fuera
la consecuencia, no sería una guerra suya, sino nuestra. Su objeto es introducir y
establecer el sistema americano, que consiste en apartar de nuestra tierra a todas
las potencias extranjeras, y en no permitir que las de Europa se mezclen en los ne
gocios de nuestras naciones. La guerra tendría por objeto mantener nuestros prin
cipios y no el de abandonarlos. Si para facilitar esto es dable hacer una división en
el conjunto de las potencias europeas, y poner de nuestro lado la fracción más fuerte,
seguramente deberíamos hacerlo. Yo estcy resueltamente de parte del Sr. Canning
al opinar que con ello impediremos la guerra en vez de provocarla. Con la Gran
Bretaña retirada del platillo de la balanza en que se hallan las otras potencias, y
puesta en el de nuestros dos continentes, toda la Europa, combinada, no emprende
ría esa guerra, porque, ¿cómo atacaría a sus dos enemigos sin flotas superiores? No
debe desdeñarse tampoco la ocasión de expresar nuestra protesta contra las atroces
violaciones del derecho internacional por la intervención de una en los asuntos do
mésticos de otra, violaciones iniciadas tan criminalmente por Bonaparte y conti
nuadas hoy por la igualmente criminal alianza que se llama Santa a sí misma.
Pero tenemos que preguntarnos primeramente si deseamos adquirir, para nues
tra Confederación, alguna o algunas de las provincias españolas. Confieso ingenua
mente que siempre he considerado a Cuba como la adición más interesante que pu
diera hacerse a nuestro sistema de Estados. El dominio que esta isla, junto con la
punta de la Florida, nos daría sobre el Golfo de México y los países e istmos que lo
limitan, lo mismo que sobre todas las aguas que en él desembocan, llenaría la medida
de nuestro bienestar. Sin embargo, convencido como estoy de que esto nunca podría
obtenerse, ni aún con el consentimiento de Cuba, sino a costa de una guerra, y
convencido cerno lo estoy también, de que la independencia de la isla, que es nues
tro interés en segundo lugar, y especialmentee su independencia de la Gran Bretaña,
es imposible sin guerra, no tengo la menor vacilación en abandonar el primer deseo
a futuras contingencias y aceptar la independencia de Cuba con paz y la amistad de

�tiendo que no pretendemos la adquisición de ninguna de estas posesiones, y que
no nos interpondremos en el camino de cualquier arreglo amistoso que hicieran con
la madre patria; pero que nos opondremos con todos nuestros recursos a la in
tervención de una potencia extraña, ya como auxiliar, ya como estipendiaría, o bajo
cualquiera forma o pretexto, y especialmente a la trasmisión de esas posesiones a
otras potencias, por conquista, cesión o adauisición de cualquier género. Consideraría,
pues recomendable que el Ejecutivo estimulara al gobierno británico para que per
severe en las disposiciones que traducen estas cartas, asegurando que le prestará
su concurso dentro de las facultades que tiene, y que como esto puede llevar a una
guerra, cuya declaración incumbe al Congreso, el caso se presentará a éste para que
lo considere en su próxima reunión y bajo el aspecto razonable que el mismo go
bierno le atribuye.
(de El mito de Monroe. de C. Pereyra, Madrid, 1931, pág. 231.)

�S (Fragmento del despacho de John Quincy Adaxns al ministro norteamericano ante
el gobierno de España, de 22 de abril de 1823.)

Son tales, verdaderamente, les intereses de esa Isla [Cuba] y de este País, tales
los vínculos geográficos, comerciales, morales y políticos formados por la naturaleza,
desarrollándose en el curso del tiempo y ya alcanzando la madurez, que mirando ha
cia el futuro, en el probable curso de los acontecimientos del corto período de un
medio siglo, es casi imposible resistirse a la convicción de que la anexión de Cuba
a nuestra República federal será indispensable para la continuidad y la integridad
de la propia Unión. Es obvio, sin embargo, que no estamos aún preparados para este
acontecimiento. Numerosas y formidables objeciones se presentan a primera vista
ante la extensión de nuestros dominios territoriales más allá del mar. Deben ven
cerse muchos obstáculos internos y externos a los sistemas políticos vigentes antes
de que ese resultado pueda ser alcanzado y mantenido. Pero existen leyes de gravi
tación tanto en política como en física; y si una manzana arrancada del árbol por
la tormenta no puede sino caer a la tierra, Cuba separada violentamente de su in
cluso antinatural unión con España, e incapaz de propio sostenimiento, sólo puede
gravitar hacia la Unión norteamericana, la cual, por las mismas leyes de la naturaleza
no puede arrancarla de su rama.

(de Wrilings of James Monroe. editado por S.
Murray Hamilton, N.Y., 1902, t. VI, pág. 353.)

6 (Fragmento de una carta de James Monroe a Thomas Jefferson, de 2 de junio de 1823.)

Ellos [los dirigentes cubanos] piensan que no pueden mantener la independencía por sí mismos, aún en el caso de que los países extranjeros no los molestaran,
pues, separados de España, temen que la superioridad de la población negra hiciera
que ésta asumiera el gobierno. Les aconsejamos inclinarse por el momento por Es
paña, y en realidad durante todo el tiempo que pudieran; resistir por la fuerza toda
tentativa de Inglaterra de tomar posesión de la Isla y les advertimos, en caso de
que se hiciera una tentativa semejante y que ellos hicieran conocer su preferencia
por nosotros, que el asunto seria llevado ante el Congreso, quien decidiría, con la
visión completa de la situación del momento, la posición que debería tomar los Es
tados Unidos y que hay motivos suficientes para pensar que sería favorable a sus
deseos. Este consejo les fue dado a través de distintos órganos en los que ellos con
fían. Siempre he estado de acuerdo con usted en que no debe asignársele demasiada
importancia a esa Isla y que debemos, de ser posible, incorporarla a la Unión apro
vechando el momento más oportuno para hacerlo y con la esperanza- de que llegue
de tal modo que pueda hacerse sin ruptura con España o cualquiera otra potencia.
Considero Cabo Florida y Cuba como formando la boca del Misisipi;
(de Writings of James Monroe editado por S. Murray Hamilton,
N.Y., 1902, t. VI, pág. 312-3).

�7 (Fragmento de * Memoirs" de J. Q. Adams.)
WASHINGTON^ 7 de noviembre. — Reunión del gabinete en la casa del presi
dente, desde la una y media hasta las cuatro. Asistieron Mr. Calhoum, secretario de
Guerra y Mr. Southard, secretario de Marina. La materia tratada fue la de las
proposiciones c^nfidenciales hechas por el secretario de Estado británico, George
Canning, a R. Rush, y la correspondencia que ha habido entre ellos acerca de los
proyectos de la Santa Alianza en la América del Sur. Se habló mucho, sin llegar a
una resoluc^ón concreta. El objeto de Canning parece haber sidoi obtener algún
compromiso público del gobierno de los Estados Unidos, ostensiblemente contra la
violenta intervención de la Santa Alianza en los negocios de España con la América
del Sur; pero en la realidad, o más bien el punto concreto de las miras de Inglaterra,
va contra la adquisición que pudieran hacer los Estados Unidos de alguna parte
de las posesiones hispanoamericanas.
Mr. Calhoum se inclinó al otorgamiento de poderes discrecionales para que
Mr. Rush tome parte en una declaración contra los Santos Aliados, aún con el com
promiso de no adueñarnos de Cuba o de la provincia de Tejas, porque siendo el po
der de la Gran Bretaña mayor que el nuestro para apropiarse de esos territor^os,
tendríamos la ventaja de que ella se obligase por la misma declaración que nos
otros hiciésemos.,..^•"
Yo pensé que co había paralelismo. Nosotros no tenemos la intención de apo
derarnos de Tejas o de Cuba. Pero los habitantes de cualquiera de las dos, pueden
ejercitar sus derechos primordiales y solicitar la unión con nosotros. Es seguro que
no harán esto con respecto a la Gran Bretaña. Por lo tanto, si nos unimos a ella
en su propuesta declaración, le damos una garantía sólida, y acaso inconveniente,
contra nosotros mismos, sin obtener nada en cambio. Dejando por ahora toda consi
deración acerca de la conveniencia que tenga la anexión de Tejas o la de Cuba a
nuestra Unión, quedaríamos libres para obrar según las emergencias que se presenta
sen, en vez de atarnos a un principio que fuera más tarde un obstáculo para nosotros.
Mr. Southard se inclinó mucho a la misma opinión.
El presidente se mostró contrario a cualquier línea de conducta que pareciese
de subordinación respecto de la Gran Bretaña, y sugirió la idea de enviar un enviado
especial para que proteste contra la intervención de la Santa Alianza.
Yo observé que deberíamos considerar separadamente si en el supuesto de
una invitación asistiríamos a un congreso de los aliados para este asunto.
Mr. Calhoum era de opinión de que en ningún caso asistiéramos.
El presidente, refiriéndose a las instrucciones dadas antes del Congreso de
Aquisgrán, declarando que en el supuesto de una invitación asistiríamos a una reu
nión en la que se trataran cuestiones que no fuesen las de la independencia plena,
dijo que esa misma limitación podría adoptarse ahora.
Yo observé que entonces no habíamos reconocido la independencia. Hubiéra
mos querido reconocerla en concierto con los aliados europeos, y, por lo tanto, hu
biéramos acudido gustosos a una reunión convocada con tal objeto. Pero hoy no
existe ese mot:vc. Hemos reconocido a los Estados. Tenemos la seguridad de que los
aliados no se reunirían con tal objeto. No habría, pues, razón ni conveniencia para
la misma limitación. Nuestra negativa para asistir sería menos explícita, y sin reservas.
El presidente asintió con presteza.
Observé que las comunicaciones recibidas últimamente del ministro ruso, ba
rón Tuyll, daban, según mi manera de ver, una oportunidad muy adecuada y con
veniente para que fijemos nuestra posición contra la Santa Alianza, y a la vez para
declinar la insinuación de la Gran Bretaña. Sería más franco y más digno a la vez
confesar nuestros prncipios explícitamente a Rusia y a Francia, que presentarnos
como una lancha remolcada por el navio británico.
Todos aprobaron esta idea, y se leyó-mi proyecto de respuesta a la nota del
barón Tuyll, que anuncia la determinación adoptada por el emperador de no recibir
ministro alguno sudamericano.
•-9

�13 de noviembre. — Durante la mañana me ocupé en hacer un proyecto de
minutas para el Mensaje del presidente sobre las materias relativas al Departamento
de Estado. Llevé a la casa del presidente mi proyecto de minutas y las copias de las
instrucciones enviadas a Richard Rush en el transcurso del último verano. Di lectura
a los papeles y los dejé en poder del presidente. Le encontré lleno de incertidumbre
acerca de la respuesta que se daría a las proposiciones de Canning, y alarmado, más
de lo que yo hubiera concebido como posible, por el miedo de que la Santa Alianza
restituya inmediatamente toda la América del Sur a España. Calhoum estimula el
pánico, y la noticia de la rendición de Cádiz a los franceses ha afectado de tal modo
al presidente, que parecía desesperar enteramente de la causa de Sudamérica. En
algunos días se recuperará; pero nunca he visto en él más indecisión. Discutimos las
proposiciones de Canning, y le dije que si resolvía aceptar o declinar esas proposicio
nes yo redactaría un proyecto de respuesta adaptable a cada una de estas dec sienes,
para su consideración. Me dijo que mañana hablaría más acerca de esto.
15 de noviembre. — Recibí una esquela de Mr. D. Brent, en la que decía que el
presidente solicitaba mi presencia en el despacho a mediodía. Acudí y le encontré
allí. Me pidió la correspondencia relativa a nuestro trato con las colonias británicas
de América, para la referencia que piensa hacer de esta materia en su mensaje, lo
que creo que debe ser en términos generales. Me mostró también dos cartas que ha
bía recibido: una de Mr. Jefferson, fechada el 23 de octubre, y otra de Mr. Madison
que es JL^'_^f^_del mismo mes. Los dos opinan sobre las proposiciones de Mr. Canning.
El presidente les había enviado las dos notas de Richard Rush, fechadas el 23^ de
agosto, y les incluyó la correspondencia cambiada entre Rush y Canning, para que
le diesen su opinión sobre las proposiciones. Mr. Jefferson las juzga como lo más
importante que ha acontecido desde nuestra^ Revolución. Está porque se acceda a las
proposiciones, cen la mira de comprometer a la Gran Bretaña contra los Santos
Aliados, aún cuando piensa que la isla de Cuba sería una adquisición valiosa e im
portante para nuestra Unión. Las opiniones de Mr. Madison tienen un acento menos
decisivo, y estima, como ye, que este movimiento de la Gran Bretaña se debe más a
sus intereses que a un principio de libertad para todos.
A la una fui al consejo reunido en la casa del presidente. Leyó un billete de
Mr. Crawford en el que dice que no se siente bien para asistir, pero que espera
salir el lunes. Estaban allí Mr. Calhoum y Mr. Southard; Mr. Wirt, ausente en Baltimore. Volvió a tocarse el punto de las proposiciones de Mr. Canning, y no tardé
en conocer las causas del desaliento que siente el presidente con relación a los asun
tos sudamericanos. Calhoum ha perdido completamente el seso por la entrega de
Cádiz, y dice que los Santos Aliados, con diez mil hombres, restaurarán la domina
ción española en todo Méjico y en toda la América del Sur.
No niego que pueden producir una impresión temporal de tres, cuatro o cinco
ahos, pero creo menos factible la restauración del dominio español sobre el conti
nente americano por obra de les Santos Aliados que la desaparición del Chimborazo bajo las aguas del Océano. Añadí que si efectivamente los sudamericanos se ha
llaran en condiciones de ser sometidos con tanta facilidad, ésta sería una razón po
derosa para que nos cuidáramos de vernos envueltos en la misma suerte. Yo estimo
esto como una de las tantas extravagancias de Calhoum. Piensa que debemos com
prometernos en una guerra para impedir lo que, si su opinión es fundada, tenemos
la más completa impotencia para prevenir. Quiere que pongamos nuestras vidas y
fortunas a bordo de una embarcación que, según su propia declaración, ha sido
abandonada hasta por las ratas. Calhoum insiste en su idea de que se den poderes
discrecionales a nuestro ministro para que acepte la invitación de Canning sólo en
caso necesario y no de otro modo. Después de porfiada discusión, yo dije que toda
la cuestión de la respuesta a las proposiciones de Canning debería resolverse por la
prueba del derecho o de la sinrazón. Considerando a los sudamericanos como nacio
nes independientes, sólo ellos, y no otra nación, tienen derecho de disponer de su
condición. Nosotros no tenemos derecho para disponer de ellos, ya sea que obremos
aisladamente, ya unidos a otras naciones. Ni esas otras naciones tienen derecho para
10

�•opi}jed jbuioí ap sa^uB o^anse \b opoj OAanu ap ajapisuoa a^uapisajd \3 anb ap oasap
la asaidxa pB^jaqyx buisiui bx uo^ -umomBO jh aod opeqoJdB anj&lt; o^sa opoj,
•oj^siuiui un ap ojAua \b BJBd soiJBsaaau sopuoj sox asB^oA
anb axo-puBDipur 'osajguoa \e uoiaBpuauíoaaj Bun A 'a^uaipuadapui uqiOBU ouiod sog
-aijg sox ap o^uaiunaouoaaj oyiduiB un eiua^uoa uaiquiBj, 'BiauBjg ap Xaj X9P uois
-ajuoo e^jaiqe ungas 'opBSBq Bjqsq as Bjsa anb ua soidiauíjd sox ap A Biauejg jod
BUBds^ ap upisBAUT Btuijx^ BX ap eoiaae upiaBqojdaj a^u^zund s^ui bx ap souiuija^
ua opuBxqsq 'lEgn^Jo^ A BUBdsg ap soxuaiunaa;uoae sox B BJPnIV 'sauoiOBTJBA se^aata
uoa oaad 'sa^uB SBtp soaod op^p BjqBq ai oA anb jopBjjoq xa uoa opaanoB ap a^uaui
-IBdiouiad oxopuatDBq 'sojatuBj^xa so^unsB sox 9P ^exqBq b sandsap Bipaaoj^ "Bqaaax
-sa sbíu uoiun bi A Bigjaua bsojo^ta sbui ns UBiJBpuBuiap o^uojd axuauíaxqBqojd anb
'sojgixad saxqBpiuuoj A sa^uauíuiui ub^ JOd opBZBuatue ^xsa s^Bd a^sa anb eqesa^dxg
•pnxainbut 3abj3 ap A pBptuuiaxos Bpunjojd ap ouox un U9 ^pBpBpaj Bq^xsa uotoonp
-oa^ui ns *9iCax sox sou ''at^sue^^ ns BJtBd op^jBdajd BiqBq anb sajopsaioq sox
-o^ 'sandsap ^ *Bapi B^sa oqoadB a^uapisaad xa sa^uaux^üoa so^sa ap BjaxnbxBno
Bun pBxunxoA ns b Bzjanj bx aod jBgn^Cqns ap o ouEauauíB oíaajsiiuaq x9 ^a soidputjd
sns ap uoisnjip ap Bsaaduia Bpo^ ap uaiquiB^ uBjpu.a^sqs as ssadojna SBiouaxod sbx
anb ap Bzusaadsa A uptoBxaadxa Bj^sanu JBJBxaap 'Bdojna 9P soaxxjxo^ so^unsB sox U9
uotauaAja^ui spo^ A szaanj bx Jod soxJBgBdojd ap upiaua^m Bpo^ opuBgau :ouaatq
-og oj^sanu Bpunj as anb ua soxxanP^ jbuijtjb A 'sauoioBoxunuioo s^sa ua sopesajdxa
soidiouiíd sox 9P oxu^tu^í^u^stP oj^anu ajqos 'nxiJídsa ns ua BpBuiuuaxap A auurj
oaad 'ouo^ x9 U9 ^TaoxBTXxouoa A BpBjapoui 'upiaBjBxoap Bun jaa^q ap x9 sa oSua; anb
o^ispdojd xa "soubui siui ua osnd a;uaiua^uaxaaj anb 'saxouBdsa so^unsB sox 9Jqos b^ou
Bun ap o^OBj^xa x9 u^ SEp^^sajiuBUi sauoiatsodsip A soxuaiun^uas sox b A a^uauíaiuaia
-ai x? Jod s^qaaq sax^q^aA sauotoBoiunuioa sbx b BjaiJajaj as "pEpiun^JOdo Baauíijd
bx ua a^uaurxBqjaA BijBsajdxa ax BiouBXsns B^na A 'xx^nx uoiBq \^ ajuauíxBiDuapijuoa
BpBgaj^ua as anb umpueiouiajuj un jBjBdajd ap oasap iui ouisiuiisb auopuaj/^^
• • -uaiquiB^ uinoqx^o A 'sauoiaaf
-qo sbsojo3ta asndo o^a y 'PBPT^^nB 9P upioBan^saj un Bis^q o sojoabj saxBioadsa
EjjiqToaj BUBdsg xBn9 X9 a^UBipaui oxgajjB un souiBtjB^aCqo ou anb ji^iiupE BjoajBd
anb 'uotDEOTjrpoui Bun oxsandojd BjqBq a^uapisajd xa "BpiaaJOABj s^ui uoioeu bx ap
XaAtu xB souBDijauíBpns sox J0(^ sopBXBJ^ Jas SDUiBiiTpad 'axqBSiuiB upiDETOogau bx ap
bja bx -rod SBiuoxoa SBngj^uB sns A BUBdsg aj^ua asaiaiq as anb oxSaJ^B un BJBd ou
-n3xB o^uaurtpaduii souiBppuod ou opuBna un^ anb saa opBSaadxa og "BqBXisaaau ^s
ou iui BJBd anb 'asujj Bun ap Bajaos uoisnasip b3jbx Bun souitAnx "equ^uasaid oA anb
BuuojaJ ap SBUiJojaj sbx ^ a^uapisajd \^ jod SB^andojd sbuijo jaj sbx uo 'guiutieo
ap sauoxaisodojd sbx ap B^andsaj ua qsn^ 'H B B^U ap axoa^ojd xa ?A.axg "oauía sbx,
B;ssq B^unt bx oanQ 'Bun bx b BjBnpa^a as "axauíqBg x9P sojquiarui sox ap uptunaj
aun b bxstsb anb BJBd a^uaptsajd xap Bxanbsa Bun tqioaa — "eiquiaiAou ap \z
•BiauB^Joduii ap Bpipaui jatnbxBna oujaxqog ns uoa asB^xnsuoo sbj^o sbx s^po^ ua
a:-b opuaiJinbaj A 'uBiJBaijTaadsa as anb SBiauaguixuoa ua JBjqo BjBd bpbxbuos uoidbz
uoo 'oxtoixdxa jap^jBO jaua; uaqap sauoiaonj^sui sbx 9n^ a^uapisajd xB aflP
B otJBJXuoo axuauíBJaxua ^os O^ "qsny; ap A saxgui ouaaxqog x^P otaTnF B opua
'a^uauíuiui oj^jxad ap osua un ua oaiuBxijq oujaxqog x9 uoa a^uauíB^unC ajqo
anb BJBd qsnH B saxBuoiaajasxp sape^xnaej' ajqos uinoqxBO ap Bapi bx opE^dop^ BtqEH
x9 sunaj as bucubui anb oaiput a 'uotan;i^sns bx asBpBpaj anb ua outa
-o^sondojd BtqBq X? anb ojBjjBd xap uqtanxixsns ouioa JBaipui Bqeasap anb ox ap
bx ip ax A 'oxaa^ojd iui ap sotquiBa sox 9P soungxB b sauoiaafqo srui asndxg
•oqaBdsap iui b outa sandsaa 'oxxBqsa B opuBasBd 'Bjanj BqB^sa A 'bsbo ns b ing 'sbjio
asBjapt'suoa axuapisajd x9 9n^ astnb ojad íuoxaafqo uauai^ ou sauotaBj
9P ssungxv 'souBaijauíBpns so^unsB sox 9P Ba^a3B 3uiuubo ap sauotaisodoíd
sbx ajqos qsn^ pjBqai^ BJBd sauoiaaru^ur ap opajCojd iui b soiquiBa sapusjg ajaigns
uainb 'a^uaptsajd xap Bxanbsa Bun oqaBdsap tui ua iiqyaaH — 'aiquieíAou ap oz
"oqaip ox uoo opjanaB ap B^ou bx
oqap o^ x 'Bzusijuoa A BzanbusJj uoa gurnue^i *jh ap SB^ungajd sbx b Jiapuodsaj
bx ?JBp sou oidiau-TJd a^sg oxuaTuiixuasuoa ns tns souBaijauíBpns sox ap Jauodsrp

�ouioo isb 'oujaiqog a^sa ap soidiouyjd soi ap uoioisodxa eun asanj osad ap anb
-uibj Bjpuajua as 'qsn^j xjf^ b guiuuB^ "jim jod ssqoaq sauoioisodojd sbx b BOOAjnbaui
Bjsandsaj Bun zaA bx b A 'osru ouiaiqog x9P optqioaJ aq ajuauíBuii^iP anb sbjou sbx
sbpoj b 'BaopBixpuoa 'ogjBquia uis ^A 'Bsoijq 'auuij Bjsandsaa Bun asanj anb ap bjtui
bx SBuiaps Biuaj as •Biouagjauía Bjsa BJBd opBpuauíooaj 3q Biouajsisui bjubj uoa anb
Biuajsis x3 uoa pBpiuuojuoo Bjaxduioo ua Bxx^q as anb A ajuapisajd X3 J3-b
aui anb aCasuay^ pP ojBjj^d xb ajuauíBjoBxa asaipuodsajjoo anb bj^ubui ap op^j
Bqejsa uinpuejouiajq xa 'BqEUiijsa ox isb is JBxnoijJBd \^ ajqos x3 uoo JBSjaAuoa
ap oasap iui asssaadxa ax A Bidoo aun assSajxua ax tunpuBiouia^ IB Bjnpax asaxp
'Bpuajajuoa Bun b asB^iAUi ax oA anb íxbiotjo ou ^ xqjaA b^ou ap buijoj ua 'uAnj^
ap upjBq xB I^^ ^oc^ opBgajxua asanj 'asBDtput ajuapisaad x3 3n^ sauopBDijxpoxu sbx
uoo 'BqBAaxx anb xa ouioo uinpuBiouia^ un anb Bja ojisodojd x^
ax ou op^jsa ns ojad 'ajuaiosaxEAUoo angis piojmbjo -jh ^IM '^W
'ajauíqBS xap sojquiatuí sox b puiBn ajuapisaad x3 ^ 'pjBqjnos "^H BqBSan sojuaui
-oxu sosa ua -oipidsap as ajuauíBjBtpauiui oiad 'x^ uoa BqBjsa '3{joj^ BAan^ ap 'jnoM
XBJauaS la 'ajuapisaad ib opa opoj aAaxq 'opiSpip Bq aui anb sb^ou sb^ ouioo isb
opiuaA soiuaq oA A ^a anb ox o^ioj ap opBJBdaad BiqBq anb uoioBxa^ bx uoo ajuaui
-BjunC 'uinpuBiouia^ ajsa atuoj, *osnj ojjstuiui 'xx^11!! ap uojBq xap jqpa^ ajuauíajuaio
-ai anb sbjou sbx a-iqos sauoioBAjasqo ap opa^oad un aoiH — 'eiquiaiAou ap S^
•opBqBS X3 A
saujaiA x3 ^juasajd anb sauoiOBoipuj sbx ap njijídsa xap ojjuap a^uauíBpx^11103 SP
-BjOBpaj opis UBq anb A ojBdaj axasaauodo. apand ou anb ajjuoaua '^ns X3P Boxjauív
b A xe^njjo^ b 'BUBdsa b 'sogaijg sox B soAijBiaj sojBJjBd sns oA^\ aui a^uapisajd x3
'uixbxxeo -j]A[ opipadsap oqnq as anb ap sandsaa "oAanu ap opBjuasajdaj 'bououib
-pns b uopBxaJ uoo ^b^o 'jj/\[ ap xad^d x3 sa •Bgaijg pB^jaqrx bx ap uoaduiBO ubj x3
Bjas x? ^ 'oujaiqog xa ajqos ouis 'xa ajqos uBjBsad ou ojgxxad x3 -^ bSjbo bx 'Bjanj isb
opuBno unB A 'BjBaadsoad cu bai^eiotui ns "uoTOB^ndaj ns JBAaxa BJBd Bgaijg BsnBO bx
b BuxoojjBd 'SBiauanaasuoo sbx 9P PBpxxjqBSuodsaj bx 3ua:j ou oiuoo A 'pBpiaBxndod
bx 3P aJiB x3 na soxxxjsbo opuBjuBAax angts ut^bxpo 'ih "pBpipunjoJd Bood b oaqno
-sap sox ^ UBxd ouBjpca ajsa ap soatjoui sox oosnq 'BjBq as ojsa ap bpbu anb uaiq aj
-uauíBjoajiad aqBS ouioo A 'oioau un tu B^SBisnjua un sa ou ouioo A 'sogaiag sox B W
-sajdiua un jbjixiobj A BjpBnosa Bun JBiAua ap ojisodojd ns ua Bipisiaa "utjbxxbo ujai
ap BiuBduioo ua ^jjuooua ax A 'ajuapisaid x3P bsbo bx b ina — "aiquiatAou ep YZ
•BqBUBduiooB sax upzBjuis bx anb 'axqísod Bjanj ojsa apuop BjSBq 'osBd Bp^o b tsb soxjbj
-ngasB BJBd 'sbuijb sbx ^buioj ap sajus ouiajjxa ^jtuiix x3 Bjs^q souiBTJBJijaj sou uaiq
sbj\x "BXJBooAojd ou ojad 'BXJBjdaoB Bijas BOT^jxod BJjsanu 'Bn3-i3nb Bun soujsosnq b
bpbu uua^ap asaiAnjsa bzubtxv bXbs bx anbjod 'asjBJgox Bjaipnd ou ojsa ts "opunuí
Xa opoj uoa pbjstuib A zBd ua 'ajanj uatnb Bas 'josaons X3P soubui b as^d uotobjj
-siuiuipv bx anb ua ouioo isb 'SBAisaons sasBj sns opBzijapBjBo UBq anb sogSBJ sox B
Bpuodsajjoo utj ns anb ua ouaduia jo^Cbui x3 oguaj A '^Oixqndaa B;sa ap ojoí ap pBpa
bx ouioo BjaoajBdB ajuauíBAijoadscjjaJ anb oaj^ 'soub ap ojauínu ojjaio ap Bpiuijap
uoioBjnp uoa uqtobjistutuipb ap Biuajsis un ouioo o^unCuoo ns ua asjBjapysuoo apan^
•jaoauaj BjBd b^C Bjsa BxxanbB 'xBn^oB opoijad* ns JBUiuuaj xb Boqqnd BpiA bx ap ^sjbj
-ijaj opipxoap Eq ajuapisajd x3 TS 'ajauíqBg ap uoiunaj Bun ua jBuoiouaui Xíobj Bja
ou anb osad ap sauoioBjapisuoo BiqBq ojsa BjBd anb aCiQ -soxxa bjjuoo uoisajgB otuoo
oxJBjaJdjajuí a ojxajajd ouioo jbuioj sopBtxv sojubs sox u^pand atesuapq ns ua anb ox
opoj 3p Bgua^sqB as anb BjBd axopuBxsui 'OAanu ap axquq ax A •souBoiJauíBpns sojunsB
sox aP Bajaos qsna 'H B bjou bjjo. BjBd JopBJjoq \a ajuapisajd xb ?f3a "BpBgaxx iui
b oipídsap as ojad 'ajuapisajd x3 noo Bq^jsa uijbxxbo "jh — 'aiquiaiAou ap ^^
•ajuapuajdjcs ouioo OAanu ubj Bja ojsa Boijjxod Bjjsanu
ug •Euedsg A Bioaj^) ouioo 'soadojna a^uauíBAisnxoxa sooi^ixod so^aTqo jod A Bdoj
-na Bpoj bj^uoo sbuijb sbx B ojuaiuiBuiBxx un Bjjas afBSua^AX ajsa "ajuaiuxEnjoB soiu^zog
anb bx ouioo pBpinnbuBj; ap A buixeo Bpunjojd ubj ap opoijad un uoiobu Bjsa ap bijox
-siq bx ua opiqBq BiqBq Boun^ -oiCbj un ouioo bij^bo •p^X3Tnbui apuBJg Bun asBsnBO A
Bsajdjos Jod uoiobu bx b asBiuoj uoToonpojjuí bx 3p ouoj x3 9n^&gt; 9P Jouiaj x9 ?XS9JTubj\[

�un breve desarrollo del sistema político que ha de sostenerse en lo venidero: esen
cialmente republicano —con mantenimiento de la propia independencia y respeto de
la ajena; esencialmente pacífico—, con deliberada abstención de toda participación en
las combinaciones de la política europea; cultivador de la paz y la amistad con las
monarquías más absolutas; apreciador en alto grado y deseoso con anhelo de con
servar la del emperador Alejandro, pero declarando que después de haber recono
cido la independencia de los Estados Sudamericanos, no podríamos ser indiferentes
a cualquier tentativa de intervención armada hecha por las potencias europeas, ya
para restaurar la dominación de España en los continentes americanos, ya para in
troducir principios monárquicos en estos países, ya para transferir una porción cual
quiera de las antiguas o actuales posesiones americanas de España a otra potencia
europea. Este Memorándum fue leído, y a continuación se abrió una discusión super
ficial que duró hasta cerca de las cinco, hora en que el presidente suspendió la junta,
para reanudarla mañana a las doce. Calhoum, con muchas manifestaciones de des
confianza y duda, hechas sólo para avivar la discusión, cuestionó si sería conveniente
entregar ese Memorándum al ministro de Rusia. El Memorándum contenía un des
pliegue ostentoso de principies republicanos, y provocaba una cuestión, acaso prema
tura, con la Santa Alianza. Tal vez sería ofensivo para el emperador de Rusia, y tal
vez para el mismo gobierno británico, al que no parecería grato tanto republicanismo.
Las objeciones de Calhoum no fueron apoyadas; pero Mr. Wirt presentó una cues
tión más importante, que yo mismo había formulado en una de nuestras primeras
deliberaciones. Esta cuestión era si estaríamos apoyados al ocupar con tanta am
plitud el terreno de la resistencia a la intervención armada de la Santa Alianza para
restablecer la dominación de España en la América del Sur. Ésta es, y siempre ha
sido para mí, una cuestión que me arredra. No fue discutida. Pero Mr. Wirt habló
del peligro de adoptar una actitud amenazadora sin la intención de hacerla efectiva, y
Mr. Wirt preguntó si en el caso de una directa hostilidad de los Santos Aliados con
tra la América del Sur, este país se opondría por medio de las armas. Mi Memorán
dum y el párrafo nos llevarían hasta donde pueden llegar las facultades constitu
cionales del ejecutivo en este punto, y si seguimos tal conducta, yo desearía que se
propusiese y aprobase una resolución conjunta de las dos Cámaras del Congreso para
el mismo objeto. Pero esto haría necesario comunicarles, por lo menos confidencial
mente, el estado actual de cosas.
26 de noviembre. — Asistí a la diferida reunión del gabinete en la casa del
presidente, desde las doce y media: cuatro horas. A solicitud del presidente, leí una
relación de lo que hemos tratado el barón Tuyll y yo desde el día 16 del mes pasado,
y después mi proyecto de observaciones sobre las notas que últimamente se han re
cibido de él. El presidente leyó después el proyecto del correspondiente párrafo de su
Mensaje al 'Congreso, para saber si ese párrafo debe formar parte del referido Men
saje. Hice una recapitulación de todo lo que se ha dicho en las anteriores reuniones
del gabinete, y advertí que las cuestiones actuales tuvieron su origen en un pro
yecto de introducción al Mensaje, proyecto que ^el presidente presentó sólo para que
fuese considerado. Esa introducción es de solemnidad no acostumbrada e indica ex
traordinaria preocupación, y aún alarma, por el actual estado de cosas. Se relaciona
con dos párrafos, el uno que contiene fuertes y penetrantes censuras a Francia y los
Santos Aliados por la intervención en España, y el otro la indicación del voto de una
partida para enviar un ministro a los griegos, con lo que en suma se les reconoce su
independencia. Ahora se propone la sustitución de esto, con el fundamento de que
si se plantea una cuestión entre nosotros y la Santa Alianza, sea en un terreno exclu
sivamente americano, de tal modo que nos desliguemos de todos los intereses euro
peos, que repudiemos toda intención de intervenir en ellos y formulemos nuestra opo
sición sólo por una causa americana. La respuesta a las notas de Rusia serviría simul
táneamente para contestar a las proposiciones de Mr. George Canning, y para asu
mir la actitud que los Estados Unidos deban mantener en relación con los designios de
la Santa Alianza respecto de la América del Sur. Dados estos puntos de partida, ob
servé que todos los documentos hasta hoy redactados forman parte de un sistema

18

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(s^Ss ^ fZZ "2?d 'xgQX 'piJp^W 'BJXajag O ap oíao^^ *P OIIW 13 3P)
•aaop sei ap boiub bububui
-ij uptoBUiuua^ap ns jbuio^ BJBd niinpuploutap^ I3 uo 9panb as a^iapisaad 1^
'OAispap opoui un ap pn;ipuoad uoa aeaqo souiaqap anb
ox jod 'aja upiuido zyi *BUBdsg ap o^^s ap zaA ua axia ap sbiuoioo ua
ap ope^xnsaa xa uo 'sczejq sns ua a^uaiuBja^ua ubjjbCojjb as 'eya^a^^ ubjq ^I 'P ^]\
-ubjb3 ax aod Bpi^apjd ajjas 0199 souBaiaauíBpns sox ap axouapuadaput ax osbd ib; ua
ouioa ojag mbui iap otuiraop ns jod 'bsoijo;3ia ajjapanb BUBpjg ubj^) ai X soppueA
UBjaas sopa^e sox aqanx esa ua anb jajo Á. 'axqeqojdun apua^uipjoa aun aja a^s^ anb
aqBsuad oj^ -upioajadooo aj^sanu uxs aiaua^STsaa ^uod sax Bua^ajg B-if) bx anb X 'jns
lap BDIjpuiV BX B UBOB^B SOpBIXV SO^UBS SOI 3n^ SOUIBSUOdng •BT3UB;jOdUII JOXetU BI
ip ax oX anb ib X 'a^jad ua 9ui3ns a^uapisajd xa anb 'b^sia ap ojund oj^o oqnji
*oxJBzaqaaj X sauoto^sad jauío^ sjad a^uataijns ox souiajBjnsajdB sou ou anb
oaja oX X 'sa^jand sbx b Bjsa 'o^ub^ ox jod 'ojSn^d xa *osojapod opi^JEd un aua^ anb xa
ua 'sjBd asa ap BjjBuanps as 'BUBistni bx ap uptouaAUo^ bx ap oabpo oxnojpB xa un3
-as 'SBiauaSixa sns b souiapuios sou ou ts -BiouBja ap ojispdojd xa sa xpno 'uojaXo ai
anb SBuosaad aoop o zaip ap Biauasajd ua 'oqaip Bjqsq ax aniAna^^ ap apX^ anb sbjp
oj^na ap souaui aa^q 9iujojui axu ui^biibo '^Vi A ¿ooifaM 3P BtouBja ^ Bqno ap bjou
-as BJjaj.BiSux uoo 'upiosn^is aj^anu saauo^ua Bjjas xpno? *ui^q xa ua a^ad ns outoo
aqn^ ap BjjBuanpB as 'so^uatuixoa^uooB so^a a asjauodo ajaipnd ou is 'os^naaj oxuij
-X9 ouioo 'BUBpjg ubj^ ax 2i 'sajiv souang ua ouiod 'upqjog ap bsbo bx ap adxauud
un a jeziuoj^ua BJBd opueSiJ^ui ope^a eq anb souiaqss apuop ua 'oaix^iAX uoa ajjap
-anb as btoubjji íapqo X njag xa 'biujojtxbo bx js BJBd bjjbuioi^ Bisng soxasjj^Bdaj X
sasjad sosa JBZiuoxoaaj bjjos ssajduia bx ap xbuij ops^nsaj xa 'BUBdsg ap s^japuBq sbx
o^uauioui Jaxuiad xa ua jBxoqjsua BJBd uasajaiq ox opu^na unB 'BiouBdsa boij^uiv bx
b UBi^uios sopBtxv so^ues sox ig -ou a^uauíBjnSas ¿Buadsg ap oijo^ijja^ sox ua aid xa
uasaisnd anb 'a^anuí ap suad ofaq 'so^pqns Efns b jiqíqoJd BjBd saxspnBa sns X aj3uas
ns uasBSipojd anb jbuiSbuii opjnsqB a^uatuauBUinq bj^ ou? sasjed sosa uaqBSnXqns
sopBixB sox aP so^iDj^fa sox Ts ^ 'u9ioBuiuiop ns jaua^uBui BJBd a^uB^s^q botsjj Bzjanj
jaua^ b BijaAxoA ou X BTua^ ou bX B^g 'BUEdsg ap upioBuiuiop BAisnxaxa X Bn3i^iB bx
jaaaiqB^aj BJad osa asapiq anb 'sbsod sbx 3P Bzaiejn^Bir&gt; bx BpBp 'axqísoduix bj^ 'odt Caj^
b aiuauíiBioadsa X 'jns xap Boijauív Bx b bjpbaui is oaag oxans oj^sanu ua BjnbJBU
-oui Bun jaoaxqB^a asssuad anbjod o soujbdb^b ap uotaua^ut bi asatAn^ bzubixv b^ubs
bx anb asatsndns oX anbjod ou cqsa ^ •sorjasaaau X sa^uaiuaAuoa UBja oj^o X oun anb
Biaja oj^ *aÍBSua^i xap ojBjjBd ib asatpuodsajjoa anb BJBd a^uatuBspajd opBpBpaj
opTS BiqEq a^g *opaXojd ira X aCasua^^ xap ojBjjBd xa saxqBidaaaut ubj^ *uBjaaxBAajd
ÍS "opt^Bd un JB;dopB ap sa^uB upioBjaptsuoa BixdraB spra bx asaipaauoa sax a^uaptsajd
Xa anb BqBjadsa X 'opsiuasajd asaiqnq sbx 9nb ap BqB^iatxaj a^ 'uoioB^xpara Bpunj
-ojd spra bx ap ssjopaaajara Biajo sbx 3n^ 3?íP '^T^. '¿Vi 3P sauotaafqo sbx
uo^ 'bzubixv B^usg bx b upiDisodo ap.Bauíx Bun ua souopuarpraojdraoa BfBX.uaA
soraaua^qo is X 'jns ^P Bauarav ^\ b upioBxaj bx uoa pn^i^oB B^sa Jiranss soraaqap is
:jaqss b íaxuaraxB^uapiaui sa^ua Bpi;nasip '^ji^ '¿Vi Jd ^aXB Bp^xuasajd bi Bja 'upiu
-ido ira unSas 'jBUiuuapp aod a^uB^jodrai upi^sano Baiun bx anb X 'oipn^sa B optns

�8 (Parágrafos 1, %. 3 7. 48 y 49 del Mensaje que el presidente James Monroe envió
al Congreso de los Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823.)

Conciudadanos del Senado y de la Cámara de Representantes:
1] Muchos asuntos importantes solicitarán vuestra atención durante el actual pe
ríodo de sesiones, y para ayudaros en vuestras deliberaciones procuraré daros una
justa idea de esos asuntos. Cumplo este deber con desconfianza, por la vasta exten
sión de los intereses de que tengo que hablar y por la grande importancia que ellos
revisten para cada una de las partes de nuestra Unión. Lo acometo con celo, por la
arraigada convicción que abrigo de que nunca, desde que consolidamos las conquis
tas de nuestra Revolución, hubo un período como éste, en que dada la condición
del mundo civilizado y sus relaciones con nosotros haya habido tanta necesidad de la
devoción de los servidores públicos por sus respectivos deberes, así como de las vir
tudes, patriotismo y unión de aquellos a quienes representamos.
2] Formáis un nuevo congreso, y debo trazar este cuadro de los negocios del país
• con particularidades que en otro caso no serían necesarias. Lo hago, sin embargo,
lleno de una satisfacción especial, porque así doy cumplimiento más lleno a los sanos
principios de nuestro gobierno. Siendo el pueblo el soberano único, es indispensable
que se le presente la formación cabal de todas las materias, para que tenga cumplido
efecto el ejercicio de aquel alto atributo. Si se le deja a oscuras, será incompetente.
Todos somos susceptibles de error, y los hombres encargados de los asuntos públicos
están más sujetos a la excitación y al extravío, por pasiones y por intereses, que la
gran masa de nuestros representados, que en el retiro doméstico y en el ejercicio de
sus ocupaciones ven como espectadores tranquilos, aunque profundamente interesa
dos, la conducta de los que manejan aquellos negocios. Cada parte del gobierno está
sujeta a la inspección del pueblo, y cada funcionario es responsable ante él. Así, pues,
mientras más amplia sea la información, más perfecto será el juicio que los ciudada
nos pronuncien sobre la política seguida y sobre la conducta observada por los go
bernantes. Grande es la cooperación que éstos pueden recibir del juicio desapasio
nado de los ciudadanos: su aprobación formará el mayor de los incentivos y el galar
dón más satisfactorio para los actos de virtud; el miedo a la censura constituirá una
insuperable garantía contra el abuso de la confianza pública. Los intereses de los ciu
dadanos en todas las cuestiones vitales son idénticos, y los vínculos, tanto de senti
miento como de conveniencia, serán proporcionalmente afianzados, en la medida del
mayor conocimiento del estado real de los negocios públicos, especialmente cuando
se presentan difíciles alternativas. Estos datos permiten sobreponerse a los prejuicios
y celos del localismo, así como la formación y el creciente poder de una política
nacional que extiende su solicitud afectuosa y protectora a todos los grandes intere
ses de nuestra Unión.' .
[3] Un conocimiento preciso de nuestras relaciones con las potencias extranjeras,
para lo relativo a nuestras negociaciones y convenios con ellas, es particularmente
necesario. Igualmente necesario es que formemos una estimación justa así de nuestros
recursos y rentas como de los adelantos realizados en cada uno de los ramos del
fomento de la prosperidad nacional y de la defensa pública. Haciendo justicia a
ctras naciones, podemos esperarla de ellas. Nuestra capacidad para sentir las ofensas
y para exigir la reparación de los agravios, nos pondrá en condiciones de evitar que
se nos causen. ,
[7] A propuesta de^gobierno imperial de Rusia, hecha por conducto del ministro
acreditado en esta C^pital, se han trasmitido instrucciones y poderes bastantes al
ministro de los Estadoss Unidos en San Petersburgo, para arreglar los derechos e in
tereses respectivos de las dos naciones en la costa Noroeste de este continente, abrien
do negociaciones con este fin. Su Majestad Imperial ha hecho una propuesta semejante
al gobierno de la Gran Bretaña, el cual ha accedido de igual modo. El gobierno de

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^aqss b íbuistui b| 'ogjBquia uis 'sa 'opumu ^p a^ad BipnbB ope^gB ueq soubi
anb SBJjang se\ asjBpiúi ib BpBpopB 'edojma b uppBpi uoa Baxijpd bj^
sopiu^ sopBpa soi ap p ouioa op^^ ounSuiu apauíBjngas X 'sopraaj s^ui son
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ap *u9puaAjaiui B^sa Jegau apand opnd ^nb b^sbh 'sbuisiui sbip BJBd souopsj
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anb a^UB^ioduit oqaaq a^sa ap B^nqoj s^ui Bqanad asjpnpB ^jpod o^i
Bdoana anb UBJisanuí iBSniao^ A BUBdsa ap so^uaiuipa^uooB soui^p soi [6f-]
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ua a;uaipuodsajjoo oiqui^a un p^punSas Bj^sanu Bjsd aiqBSuadstpui BgBq 'ouaatqog
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'Bai^jiod B^sa souiaamgas A opingas souian "BUBdsa X son^ aj^ua pBpnBj^nau BJ^sanu
souiBjBpap souiaiqog soAanu sosa b sotupouoaaa opu^no sopiun sopB^sa soi Bp^q sai
-i^soq sauopisodsip ap U9joB^ajiUBUi Bun ouioa ouis soj;osou Jod b^sia jas ^jpod ou
'sou^sap sns BjauBui Bung^B ap jigijrp ap o sopnunjdo ap opCqo \b uoa Badoana Bpua^
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ouioo soppouooaa opis UBq 'soidpuud so^snC uoo opaanos ap X 'uppBjapisuoa Bjnp
-bui ap sandsap anb X 'Bpuapuadapux ns opiua;uBui X op^aspap UBXsq anb souaaiq
-og ap 3\^^% as opuBna oaad -Badoana Bpua;od aamb^^na ap SBpuapuadap o SBiuopo
sbi ua souiajpuaAjaiui tu optuaAja^ux souiaq o¡i 'aaanj anb bi Bas 'ouajsxuiaq a^sa ap
U9pjod Bun ua Biua^is ns Japua^xa b auiuiBOua as anb ssna Jod sqaaq BA^E^ua^. jamb
-^na pBpungas X zsd Bj^sanu BjBd Bsojgipd souiBjjBjapisuoo anb JBjBpap b uBgxiqo
sou 'sBpua^d SBixanbB X sopiun sop^^a saI 9^^ua uappca anb sauopBiaj sbsopttub
sbi ^ pBpxjaouis Bi •oidtnaCa uis pBppipj Bun opbzuboib souiaq pna p oCBq btu^^sts
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ap X ajguss ap sai^pnaj ap Bpoa b opBuuoj 'Buia^srsr oapanu ap Bsuajap bi b
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a^stxa anb bi ap apaaoJd Bpuajajrp 8P3 •sopt^fi sopBpa sl Jd opE^dopE Bq as anb
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-ajap sopipuajduioa uba anb p ua 'oidpuiJd ouioa jaua^os ounpodo opBgznt Bq as
'jBuxuua^ apand anb soi J0&lt;i soigaxiB soi ua ^ 'uaguo opBp Bq opa anb b sauoisnostp
sbi U3 'osru oujaiqog p uoa Epuagrppn Bpapad sbui bi JBAi^na BJBd pnpaips ns
ouioa jSB'jopBJaduta pp pBpiuiB bi b opinqijp Bq a^uauíaiqBUBAUt anb joiba UBjg
p japaaojd oso^siuib apa uoa JBpajruBui ap oasap p opiuai Bq sopiun. sopBpa soi

�no intervenir en los asuntos interiores de ninguna de aquellas potencias; considerar
el gobierno de fado como gobierno legítimo, cultivando relaciones amistosas con él,
y manteniéndolas por medio de una política franca, firme y viril; satisfacer las jus
tas reclamaciones que haga cualquier potencia, y no tolerar agravios de ninguna.
Pero tratándose de estos continentes, las circunstancias difieren de una manera emi
nente y conspicua. Es imposible que las potencias aliadas extiendan su sistema político
a cualquiera porción de ambos continentes americanos, sin poner en peligro nuestra
paz y felicidad, y, por otra parte, no creemos que nuestros hermanos del Sur, aban
donados a sí mismos, adoptarán ese sistema por propio acuerdo. Es, por lo tanto, im
posible que consideremos con indiferencia tal intervención, sea cual fuere la forma
baj© la que se presente. Si atendemos a la fuerza y recursos de España y de estos
nuevos gobiernos, así como a la distancia que separa a la una de los otros, es obvio
que aquélla jamás podrá someter a éstos. La verdadera política de los Estados Uni
dos consiste en dejar que los contendientes decidan la cuestión, y nuestro gobierno
obra así con la esperanza de que las otras potencias observen la misma conducta.
(de El Mito de Monroe, de Carlos Pereyra, Madrid, 1931, págs. 257 y sgts.)

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Bungaxu BiqBq ou anb Bjaao ouaaiqoo ns anb 9JBpap OBugtio¿ ap adpujj¿[ la

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�APÉNDICE

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�CRONOLOGÍA
EN WASHINGTON
27- I U.S.A. envía repre
sentantes a Chile y a
las Provincias Uni
das.
V Gallatin obtiene de
Francia seguridades
de no emplear las
fuerzas.
6-VI Conferencia Adams Stratford Canning
22-VH Nota de U.S.A. a Ru
sia sobre el úkase de
1821.
9- X Llega el despacho de
Rush del 19-VH .
16- X Nota de Tuyll elogian
do la neutralidad de
U.S.A. y declarando
que no se recibirá a
representantes de hispanoamérica.
17 X Monroe consulta a
Jefferson y a Madison.
24-X Respuesta de Jeffer
son.
7-XI Primera sesión del ga
binete.
13- XI Noticia de la caída de
Cádiz.
15-XI Segunda sesión del ga
binete. Monroe mues
tra a Adams la res
puesta de Jefferson.
16-XI Despachos de Rush
informando que G. B.
desiste.
17-XI Tuyll entrega nota de
Nesselrode de 30-VIII
sobre "principios po
líticos".
21- XI Tercera sesión del ga
binete.
25-XI Respuesta de U.S.A a
Rusia.
25-XI Cuarta reunión de ga
binete (suspendida).
26-XI Concluye la sesión an
terior.
29- XI Instrucciones a Rush.
2-XII Mensaje presidencial.
4-XII Carta de Monroe a
Jefferson.

EN LONDRES

EN ESPAÑA

4- IV Invasión francesa a
España.
24- V Madrid es ocupada
por los franceses.

16-VIII Entrevista Rush-Canning.
19-VIII Rush informa a su
gobierno.
20-VIII Propuesta escrita de
Canning a Rush.
23-VIII Canning informa a
Rush que se convo
caría un Congreso.
23-VIII Respuesta de Rush a
a Canning.
18- IX Entrevista Rush-Canning (el primero fir
maría si G. B. reco
nocía).
26- IX Entrevista Rush-Canning (reconoc. futuro;
y si el rec. inmediato
influiría en los pode
res de Rush).
2- X Rush a Adams sobre
futuras entrevistas
con Canning.
9- X Memorándum a Polignac.

31-VIII Batalla de Trocadero.

IX Los franceses se
aproximan a Cádiz.

3- X Ocupación de Cádiz.
X Francia pide Congre
so.

26-XII España pide Congre
so.

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                <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
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                <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
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              <text>La doctrina Monroe : selección documental</text>
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              <text> La doctrina Monroe : selección documental.&#13;
   Montevideo : FHC, 1966.   18 p.&#13;
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              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias - Instituto de investigaciones históricas.</text>
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