["item",{"itemId":"293","public":"1","featured":"1","xmlns:xsi":"http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance","xsi:schemaLocation":"http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd","uri":"http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/293?output=omeka-json","accessDate":"2026-05-14T10:02:04+00:00"},["fileContainer",["file",{"fileId":"524"},["src","http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/10bf88a69692e929eae44b5e2c789350.pdf"],["authentication","439085cca98ed640e9eedb5131d83899"],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"5"},["name","PDF Text"],["description"],["elementContainer",["element",{"elementId":"52"},["name","Text"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"3276"},["text","~ituación y\n\nfunciones actuales\nde la Filosofía de la Ciencia\n•\n\nApartado de Cuadernos\nUruguayos de Fllo1offa, Tomo 111\n\n•\n•\n\n501\nOte\nSit\n\nANIDADES Y CIENCIAS\nE LA REPUBLICA\nEVIDEO\n\n,, ..\n\n�•\n\nI\n\n•\n\n•\n\n�501 OTE s1t\nO tero tv1ano H\nS1tuac1on ) funciones actuales\nFHCEJ05386\n\n1111111111111111111111111111\n\nSITUACION Y FU:r~CIONES .'-\\CTUALES DE\nLA FILOSOFIA DE LA CIENCIA(*)\nl. a.\n-os corresponde l1ahlar l1oy de la situación de la filo ofía de la\nci,e ncia y de st1 fun~ión en nuestra cultura\nes decir en el amplio\námbito de la cultura contemporánea-, y más en especial acerca de\nla función de una cátedra de filosofía ele las ciencias en nuestro\n•\n•\n•\nmarco un1,?ers1tar10.\nSería absurdo proponerse dar en este momento una definición\nestricta de cultura. Pero es de todos n1odos con,rcnie11te señalar que\nde ningún modo ese término presupone 11o)r para nosotro un co11torno que deslinde el mundo llamallo corriente111ente culto\nel de\nlas obras intelectuales y sus con\"ecuencias clirectas: ta1nl1ién intelectuales , del mundo humano en su totalidad. Por el contrario.• e\neste mt1ndo l1umano en todo -l1 ¡>olifacetisn10, con toda st1 cou1¡ll ji dad\ny ,,.aria,d os ni,·eles, lo que co11-tilU}\"e propian1cnte cultura. Por lo\nmenos éste es el significatlo con el qtte deberá enten«.ler e la ¡1alahra\nen el presente contexto. El aspecto sociopolítico }\" el econó111ico no\nmenos que el intelectual pt1ro co11fig11ran pt1es nt1e tro n1t1ndo de\ncultura. Y pertenecen a esa c11ltt1ra, co1no nu \"tros.. tanto lo ª\"pectas de lo contemporáneo uni,· rsal )\" del ascendie11te l1islórico co1110\nlas circunstancias locales de11tro de lns ct1al ~~ no ~ 1nove111os. 110 ele\nlos escorzos de esta idea urge de Jas palabra- de imonc de Bcau,,oir\nen La larga marclia cuando dice: ·•ct1ltt1ra ~ el 11ombre misn10 cunndo l1abla de sí }. del mu11do cp1e es s11}·0: aunqt1e {la ct1ltt1ra) ex ..\npresa la condición l1umana dellc co11tribuir 110 obstante a can1lliarla;\nel hecl10 de que la re,~olución indu trial 110 e té terminada 11ace (le\nla cultura el instrumento pri,·ilegiado de un }lrogreso del ct1al será\na la , ..ez culminación~'.\n1\n\nEse diálogo del hombre que es j11stamente la cult11ra, e expresará pues no menos en una opción política, en un 11erfec ionnmieuto\ntecnológico, en un l1allazgo material, en u11 tttensillo cotidia110, n\nuna reoO\\'ación de la educación de las masas, que en el n1t1ndo de\n\n. 53067\n\n•\n\n�6\nsus libros y de sus pinturas, vale decir en el mundo de su h acer\nintelectual estricto. Es por otra parte una noción de este tipo la que\ndetermina la conducta de las llamadas ciencias de la cttlturn; su\nmundo de objetos es el cp1e rest11ta del actuar humano en todas sus\nma11ifestaciones.\n\nh.\n\nEn el año 1948, a poco de fundada nuestra Facultad, figuraba ya\nen su Syllabus un curso de Epistemología que dictaba el Dr. C. E.\nPrélat. No nos interesa hoy trazar su l1istoria. Nos interesa sí seña·\nlar de qué modo la función de tal asignatura --sea en una Facultad,\nsea en el mundo de la cultura actual-, l1a variado fundamentalmente\nen el curso de pocos -16- años por la transformación de su ámbito\npropio, local y t1niversal.\nPara situarnos, para señalar algt1nas condiciones así como algu·\nnas co11secuencias de relie'\\'e del l1accr científico, es decir para tener\nciertos puntos de referencia -en n11estro mundo uni,·ersitario y na·\ncional y en la escena más am¡,lia en q11e el pensamiento científico\nasume en nuestro tie111po ¡)apel protagónico- no será ocioso recordar\nque en ese momento el Parlamento acababa de ''otar la ley de crea·\nción ,J,c u11a Facultaf] extraña para el país, que la Uni\\'crsiclad como\nunidad, n1ás allá de alb'l.1nos importa11tcs trozos de s11 11istoria no ee·\ncrita, era ¡>oco más ~fllC Ja l1er1nosa sala clel Co11sejo Ce11tral, el es·\ncritorio 1Jcl Rector )\" algnnos, poqt1ísin1os, J1on1bres insistentes qt1e\ntratnhan de s1J¡1e1·ar el aislamic11to; no será tan1¡loco i11 útil i·ecordar\n<J1t1e con1c11zaba ]a g\\1crra fría, que at1nquc Ja ho1nl>a ~tó1nica venía\nde rnatar a un ct1arto ele inillón ele seres l1t1manos en pocos minutos,\nno se ,c onocía n1í111 la 1>0111lla de l1icll'ógc110; es útil tener presente\ntambié11 que ln Cl1ina era todn,'Ía 1111 país feudal y que, al decir de\nI:lu tcl1i11s ( c11 sta Jillro sol>1·e la enseñanza superior en los Estados\nUnido ) , ''la ge11te en los países i11d11strialcs ª''anzados todavía creía\nque la tecnologí.a 110 po<lía afectar ni st1 s11hsistencia ni su vida''.\nS11cedín t ,o do eso, antes ele qlte tu,riéra111os ltna clara y ví,,ida idea de\nlo que })Odrían llegar a ser en s11 n101ncnto 11na rotación de los partidos en el gol>ierno, una Ley Orgá11icn, 1111a uni,rc1·sidnd en vías de\nintegración (con SlJ corro}Jicrno, co11 st1 a111e11udo <lenostacla y no me·\nnos in1¡>rcsci11di})]e bt1r,o cracin) y qt1 ~ n. . pcclo to111aría una enseñanza\n111edia ql1e alcanzara ef \"cti,·a111e11tc ]as 1nasns; 110 snl>ía1nos del uso\ncotidia110 e ÍtlbÍStcntc de x¡1re io11c tale?!) co1110 clesarrollo, talrre-off\ny ca111llio de e tructt11·a , lo qtie sería una Facttltnd de If 111ua11i(lades\nco11 edificio 1>ro¡1io., co11 1,Jun ~s~ co11 lnl1oratorios, con egresados, con\nt!icrta o11ra l1ccl1a )', J>Or qué no t3et•irlo, co11 enfermedades infantiles\na los 18 año ; c11t ,011<·c - 11,0 l1abínn10 ,,j, i(lo la te]c,·isió11 y sus pro·\ngrall11a , ni e] rclatÍ\\'O auge ec]i't orial (le l1oy·, no l1al>ía111os co11ocido\ny 211frido atí11 las crisis ll l pní , 110 salJían10~ q11iéncs eran Benedetti\no Mnggi; no 11os in1ngi11ál>n1uos ,q ue llegarían pronto el Spz,tnik y la\n1\n\n1\n\n�7\notra cara de la luna, el despertar de los nue,·os países, la lucha en\nla escena mundial entre dos clases de naciones, ltnas po~cecloras, otras\nposeedoras sólo de hambre y de futuro, ni sabíamos con claridad tam·\npoco cómo llegaría el comienzo del desl1ielo, es decir el conticnzo de\nla esperanza.\nAludidos así, rápidamente, e11tre1nezclados\" esos l1ecl1os son al·\ngu11os de los importantes que bastan pa1·a confi gurar el can1bio de\nla circunstancia cultural del pensa111iento científico -circunstancia\nsociopolítica e intelectual, l1ni,·ersnl o aldea11a, p ero ct1ltt1ral al finy esa trasmutación determina en eran medida la co11sid eració11 de la\nfunción de la filosofía de la ciencia en la l1ora actt1al.\n\nEs precisamente porqt1e todos estos l1erhos (y a1 gt111os otroe no\nmenos notorios) condicionan toclo quel1acer iutelectt1al 11oy·, en es·\npecial el qt1el1acer científico y n1ás en esp ecial aún el e11i st emoló ~i co ,\nque son de primera importa11cia en la co11sicleració11 de la f t111 ión\nde la filosofía de la ciencia en ntte tros clías. N o 1u ~11o s qt1c los i11, a·\nriantes (es decir que el ámbito de s 1l problemática p e r111an ente) ,\naqt1ellas transformaciones d eter111innn el clin1a en qt1e to111a sc11tido\nel estudio de la epistemología.\n1\n\nc. La filosofía de la ciencia, con10 111edit a ' iÓn fil osófica nccr ca del\npensamiento científico, con10 disci¡)]i11a l1nificad orn el e totl o t111 l1nz\nde reflexiones, de técnica s intelectt1alcs, de siste11,as el no11oci1111cnto:\ndebe tomar pues como hecl10 h ásjco de 1111 cstrn é¡locn ln tra11 forin a ..\nción radical, revolucionaria, realizada l' ºr la ic11cia e 1 el 1111111<10 d 1\nhombre. No se trata de aconteci111i en1 0.,, del or•lcn (Je] cle... c11bri1nic11to.\nEn cierto sentido la trnsccnllc11 ia ele los a)>Ort c_ el E t1 lid es o <le\nGalileo, de Newton o de Pla11r.k c lo qt1e dn ' ' alor nl co11oci111ic11to\ncientífico. Pero no se trata de eso. La t ra 11 s f orn1nció n qlt ' ' Í\\\"i1110 ·\npc1·tenece a otra dimensión.\n\nAsí como se 11a dicl10 de Sócrat e que ·'f t1 e el J>ri111c ro c¡ttc l1izo\nbajar a la filosofía del ciclo )\" la l1izo r e -irlir 11 la\nittclncles y la\nintrodujo l1asta en las ca as y la forzó a Jlr egt111tar i1or lu ,,ida ) r\n\n•\n\npor las cost11mbres y por las cosas bltena )' 111alns·', e ¡>o<lr ia clecir\nque nuestro tiempo fue el pl'in1ero que J1a ]1 cl10 clel co11 ocimicnto\ncientífico y de su transfor1nación ininterrt1mpicla t1n ]1i e 11 de tl o co ..\ntidiano, qtte nuestro ticn1po con10 11ing11110 l1a p11csto ele r eli ' 'e, por\nmedio ele la investigación científica ) r r1or la cliftl ión Jllabi,ra de loresultados de ésta, la urge11cia ele Jos conflicto qt1e -e ¡>re >11 t a11 c11\nel quehacer h11mano y ha comcnzaclo a 1lrindar lo - i11cdios de enf rc11·\ntarlos con éxito. Ni el ad, cni1niento de las socie(lades cic11tíficn , 11i\nel auge de ciertas técnicas qt1e, conco1nita11te1nente on circt1n::,tancin ~\nsociales, produjo la revolución inclt1strial ( co11 toda Ja i1n¡lortancia\nque ésta tiene), ni siquiera la n11eva física en el priu1cr C\\1a1·to del\n1\n\n�•\n\ns\nsiglo XX, pueden compararse en influjo con la difusión actual del\nconocimiento científico~ del bien cultural (en sentido estricto) , de la\n..\neducación.\nPara extraer ejemplos de un plano quizás limitado de experien·\ncia y acción humanas, pero muy actuante sobre la vida de todos,\nbastaría recordar cómo Kennedy recurrió al equipo intelectual de\nHarvard para dirigir la política de su país, cómo la Unión Soviética\nimpulsó la cultura de masas y la investigación científica y tecnológica, cómo Harold Wilson, puesto en la alternativa de elegir tema\npara su má~ importante discurso político, enfocó como asunto capital\nel pensamiento científico y la revolución tecnológica -en especial la\nautomatización- con sus consecuencias sociales y humanas trascen·\ndentes, y cómo alguien llamado l\\1onsieur X, para enfrentar hoy en\nF1·ancia a un candidato, digamos ''imbatible'', apela a lo que llama'\nhorizonte 80 es decir a lo que la ht1manidad aspira lograr para 1980\nen su perspectiva justamente científica, técnica, educacional.\nPor otra parte la eclosión bibliográfica que significa el creci·\nmiento segt1n una ley exponencial del nlímero de artículos publica·\ndos en revistas científicas, con su fantástico mecanismo de feed-back\n(sólo en psicología científica -para tomar un caso que no se cita\ncorrientemente\nen los últimos sesenta años se han publicado más\nde 300. 000 artículos y casos similares aumentados se presentan en\nfísica, en matemáticas, en biología) , y el hecho repetidamente señalado de que viven en nuestros días el noventa por ciento de todos los\ncientíficos que han existido en todos los tiempos, son elementos cuya\ntremenda magnitud no es mayor sin embargo que la que adquirieron\nalgunos problemas políticos planteados en forma exacerbada por el\ndesarrollo científico. Recordemos sólo a modo de ejemplo la necesidad que dicho desarrollo y sus consecuencias extracientfficas impu·\nsieron de un teletipo rojo entre Washin~ton y Moscú. Hoy no sería\ndemasiado arriesgado decir que el desarrollo científico impuso la paz;\nlo menos que se podría afirmar es que la convirtió en urgencia ineludible.\nMás allá de todas las actitudes apocalípticas muy en boga hoy,\nla transformación científico-tecnológica que vivimos impone pues una\n1neditación y una consideración filosóficas concretas que incumben\na la filosofía general pero muy especialmente a la filosofía de la\n•\n•\nc1enc1a.\n2. Veamos al1ora en qué situación se encuentran la epistemología\nY los estudios metacientíficos relacionados con ella, para poder considerar luego cómo esta función concreta, la más concreta y la más\ngeneral -la de esclarecer nuestra circunstancia-, se halla indisolublemente unida a otras tareas y funciones más particulares en la for·\n\n�1\n\n9\nmación del investigador y en el análisis del proceso y de los funda·\nmentos del quehacer científico.\nAntes que nada es conveniente señalar que 11ay en uso tres sentidos conexos de la palabra epistemología. En nt1cstros planes de\nestt1dio figura como sinónimo de filosofía de la ciencia en stt significado más corriente; por st1s orígenes griegos toma aden1á el sentido\nde teoría del conocimiento (el sentido de epistenzology en i11glés), en\ngeneral de todo conocimiento, aún del no-científico, at1nqt1e es más\nusual llamar a ese campo de estudios gnoseología; en tercer lt1gar\nepistemología como teoría de la ciencia, como logos aceren de la\nciencia (es decir discurso sobre la ciencia) abarca el can1po mt1cl10\nmás amplio de disciplinas que tratan de la ciencia e11 tl ~ di, ersa\nperspectivas no necesariamente filosóficas. Dejando de lado el segt111do de los significados referidos y para no confundir la epistemología\nen sentido estricto (la filosofía de la ciencia) con t1na epistemología\nen sentido amplio, es preferible dar a ésta el nombre de e tudios\nmeta científicos. Estudios metacientíficos o meta teóricos serán por\ntanto aquellos que desde fuera de la teoría y del teorizar de tina\ndeterminada ciencia o de todas, los toman como ol)jcto de in,restigación; constituyen una temática y un conjt1nto de disciplinas en u mayor parte no filosóficas qt1e son pues de primera importancia para la\nepistemología en su sentido filosófico.\n1\n\nPara no nombrar sino algttn<.>s de esos centros clel i11t rés 111etateórico, del interés que despiertan la teoría científica y u~ deri,·a·\nciones y que hacen hablar de ellas, recorden1os la l1i,toria el 1 penqa- ·\nmiento científico, la sociología del conocin1icnto, la psico]ogía el l\ndescubrimiento y de la in,·estigación cie11tíficos. la no aú11 desarrollada\nfilosofía de la tecnología, la economía de la in,•e tigación .. la ¡>r oct1paciones que enfocan los problemas u citadoq por las rela iones 11tre ciencia y política y que no se pt1ede incluir sin má \"' c11 la sociología de la ciencia. Se pueden recordnr a este reqpecto los e tt1clios\nrealizados en Harvard (1) acerca ele las relaciones 1núltiples de la\nciencia con la nación y con las corporaciones indu tria)eR. 011 te1nas\nque tocan, en lo vivo, algunos de los problemas i11trnt111i,•crsitarios\n•\nmás importantes\nel de la libertacl ar.adémica por ejen111lo-, y ad más problemas extrauniversitarios co1110 ]ns C'onclicio11c de dec:nrro]lo\nde la democracia en el mu11clo actual. Entre otras, las con-..iclcraciones de índole económica sobre el conocin1iento científico on notoriamente relevantes por ejemplo, para la fijación de t1na política de\ndesarrollo de las universidades, en especial de las nuestras, )r n dcf i-\n\nVer, por ejemplo, Stcfan Dupré }' Lanford Lakoff. 5cicnca ancl t he unlion.\nPolicy and politics, Englc\\vood Cliffs, Prcnlicc-llall, 1962.\n(1)\n\n�10\nnitiva, para la determinación de las prioridades y en general de la\ndi!trihución de los recursos a destinar a la investigación científica\nespecialmente en los países que no han entrado a1ín en la etapa de\ndesarrollo. Para dar brevemente, al pasar, un ejemplo concreto de\nestt1dios metacientíficos tomemos el caso de la psicología. Ellos coin·\nciden con la teoría de la psicología. Esta no puede confundirse de\nningún modo con la psicología general y menos aún con una relación\nde la historia de la disciplina. No puede confundirse con la psicología gene1·al po1·quc ésta está constituida poi· un conjunto de teorías\n-sistemas de conocimiento, redes nomológicas y por sus coniirmacio·\nnes- mientras que la teo1·ía de la psicología es una metateoría cuyo\nobjeto no es lo psicológico mismo sino la teoría psicológica. Sus\nestudios serán de ca1·ácter filosófico en algunos casos, sociológico en\notxos, estadístico o matemático en otros, en otros aún de carácter\npropiamente psicológico. Así los análisis de Hempel acerca de los\nfundamentos de la psicología o de Bergman o Hilgard acerca del uso\nde variables intermediarias en esta ciencia son lógico-epistemológicos,\nlos estudios que Moscovici presenta en su tesis en torno a la influencia social del psicoanálisis son sociológicos; la investigación acerca de\nla psicología de los psicólogos es propiamente psicológica, la compa·\nración que lleva a cabo Meehl entre la predicción clínica y la pre·\ndicción en hase a tests es estadística y así sucesivamente. No se pue·\nden separar tan1poco de la temática de las meditaciones metapsico·\nlógicas ciertos enfoqt1es de orden ético o político sobre la actividad\ndel psicólogo.\nSon tam.lJién meditaciones de un tipo metateórico mt1y especial\nlas que reúnen a hombres de b11ena volt1ntad de varias naciones para\ncstudia1·, por ejemplo, los efectos de una posible guerra termonu·\nclear; lo son tamhié11 las que reúnen a físicos y sociólogos para en·\ncarar de modo iluminado las transformaciones que t1·ae consigo la\nautomatización de un número cada vez mayor de f áhricas, por ahora\nen los países alta1nente industrializados. Como fácilmente se puede\nver, son estudios de variado tipo que tienen también distinto status;\nalgunos de ellos configuran estudios empú·icos que tienden a consti·\ntuirse como ciencias o cuasi - ciencias fácticas, que a su vez exigen\nmedios de investigación bastante refinados (son los casos de la socio·\nlogia, de la psicología o de la econo1nía del conocimiento científico) ;\notros llevan a 1neditaciones de tipo ético; otros constituyen tema de\nfilosofía general . Otros aspectos de la ciencia en marcha dan lugar\na los constantes ayes agore1·os de toda una pseudofilosofía qtle erige\na lo irracional como ideal y que ha fomentado ya varios fascismos.\nSon los ayes agoreros de un pensamiento que, renunciando a sus po·\nsihi!idades más pro¡Jias lleva a cerrai· los ojos y a identificar constan·\nten1ente ciencia y mal y a opone1· conocimiento y 11umanismo. La\n\n�11\n•\n\ntarea que siempre está presente es justamente encarar los problemas\nque plantea el conociminto científico en nuestra época, que ha sido y\nes, más que ninguna otra, moldeada por la ciencia. Se trata pues de\nllevar a cabo estudios y meditaciones que tienen como principio el\nenfrentar, el no rehuir, los problemas de nuestra cultura.\n\n3.\n\nAhora bien, esos estt1dios y esas meditaciones metacientíficos\napuntan a una teoría general de todo quehacer humano y ésta coin·\ncide en gran medida con la filosofía. Sin embargo sería errónr-o iden·\ntificar sin más un estudio concrPto del pensami~nto <'ientífico, aún\nencarado en el horizonte f!eneral de las preocupaciones hl11nanas, c-on\nJa filosofía misma. Si bien todo pensamiento científico y 1o<ln merlitación metacientífica apuntan en e~a dirección, no SP conf\\1nd('n ron\nella. Tener como mira la di1l1cidación del telo.ft ctel p~n\"amiPnto cirn·\ntífico es la tarea fi11al que debe sE>r emprendida solamente n ln luz\nde investi(.?:acioncs particularizadas que enfom1en los ' Tariados asn°c·\ntos del conocimiento cif>ntífico concreto. El enfonl1e i1lvel·so Pll~dc\nparecer muy ''profundo'' (2) pero condt1ce ineludiblen1f>nt<\" a la varuedad, a la especulación desenfr~nada, cuando no a la cl1nrla sol1r~\nla ciencia con mavúscula. El método más arlecuaoo n1r:-1 Plt1d1r tanto\nese nebuloso enfoaue como un opt1esto pedf'stre cient1fici6n10 natti·\ncttlarizante ee el de proceder a esn1dioq ele crecientti' rrPn~r~ litl ad QltC\naferren en cada eta11a., mediante una 1·econstn1cción rar;onal~ E>l ac·\ntuar y el teorizar científicos. Esto es nrecisamcnt~ lo OlJ<' tr:itn de\nhacer la filosofía de la cie11cia. Por ello, como tod~ taren f1loqófica\nconcreta, parece muy abstrusa a Jo~ oio~ del ci&>ntífico corriP.nte y\nt1111y J>OCO prof11ncla a los ojos del ''filósofo'' que a1>11nta ''hondo''.\nNo ee Duede hahlar de la filo~ofía de ]a <'ÍPnc1a ron10 di sr.inl1na\nunitaria. Por filosofía de la ciencia o no1· PPistPmolo\"Í;l P.n se11tido\nestricto debe entenderse un haz de mPdit'lcionPS v de P-~tu<lins -no\nde tendPncias, at1nm.te ést;¡s (fl1e-den inclt1ídAq en nm1éllns-, m1e to·\nman al pensamiento ciPntifico conto obieto. Su ca1·áctPr ~s f>n al211no~\ncaeos lórico, en oti·os p:noeeolóp:ico, en otros onto]óPico'I attnotte m11chaP veces poseen un aspecto que combina varios de esos carflcteres.\n\nEl quehacer científico\n\ny sn reelaboración i·acional pt1c<lcn Rer\n\ndescriptos de modos mnv variados, pero tanto s11s conceptos tf'óriros\ncomo sus nnntos de partida, tanto ~llS hipótesis como ~11 1·ecl ron~tr11c·\ntiva, pueden ser encarados desde 11na triple perspectiva: ln <lP. ~11s\npresupuE>stoe, la de sus consec11encias, la de su estruch1ra ~1stemáti~a.\nPodría dech·se que esos aspectos están a tal p11nto entrelazados <JllC\n(2) Ver como ejemplo W. Szilasi, ¿Qué es la ciencia?, f\\Iéxico, Fondo de Cultura Económica, 1949.\n\n�12\nno se los puede separar. Sin embargo es posible llevar a cabo un enfoque especial sobre cada uno de ellos, enfoque que deberá ser a la\nvez, como se ha dicho, aunque en grados distintos, lógico, gnoseológico,\nontológico.\nEs en este sentido que se dice que no existe la filosofía de la\nciencia como unidad. No se trata pues de la ya conocida diversificación en filosofías de las ciencias particulares (filosofía de la física,\nfilosofía de las matemáticas, etc.) -que también tienen su lt1gar aunque limitado , sino de una polarización mayor que aumenta a medida que los resultados del análisis epistemológico se hacen más es·\npecializados, particularmente en sus perspectivas lógica y gnoseológica.\nEn muchas de las grandes obras de la filosofía occidental se en·\ncuentran observaciones que constituyen de un modo u otro una teoría\na veces explícita, casi siempre implícita, de la ciencia. Podríamos\ndecir que allí se delinea una primera etapa del pensamiento episte·\nmológico, con todas sus variaciones y el germen de todas sus tenden·\ncias generales. Es cierto que el estado de la ciencia misma condiciona\nen cada época la manera de hacer filosofía de la ciencia y que ade·\nmás, ~n rigor, no hay una corriente continua de pensamiento que\natraviese las opiniones de los distintos filósofos sobre la ciencia. Pero\nsin duda hay en Aristóteles y en Santo Tomás, en Descartes y en\nLeibniz, observaciones mtty importantes en torno a los problemas que\nsuscita el pensamiento científico en cada uno de esos momentos.\nEllos no constituyen sin embargo nada que pueda abarcarse todavía\ncon el nombre de filosofía de la ciencia en el sentido en que usamos\nesta denominación hoy. Pero dentro de esta línea de meditación sobre la ciencia deben destacarse dos nombres -Httme y Kant- por·\nque en ellos se da toda una problemática que determina, en gran me·\ndida, el ámbito, aunque no el estilo, de los estudios epistemológicos\nactuales. A grandes rasgos las soluciones que se dan a los más gran·\ndes problemas filosóficos que genera el pensamiento científico, son\nrespttestas a los planteos hechos por <lichos pensadores. Y aquí se\nve bien que es justamente una meditación apoyada en el desarrollo\ncientífico -ambos autores escriben en el ámbito creado por la apa·\nrición de la ciencia natu1 al exacta moderna-, y no la especulación\nsobre la ciencia en cuanto posibilidad, lo que hace factible un adecuado planteo de cuestiones epistemológicas. H11me y Kant son pues\nestrictamente filósofos de la ciencia, además de filósofos que hablan\nsobre la ciencia, en cuanto su pensamiento toma como punto de par·\ntida la ciencia misma en su quehacer concreto. Las soluciones por\nellos planteadas pueden haber sido superadas hoy pero sus planteos\ndeterminan todavía el nivel mínimo a pa1·tir del cual es posible tra·\nbajar en filosofía de la ciencia. Poi· otro lado, existen todavía en\nnuestros días quienes p1·etenden discurrir sobre la ciencia en forma\n\n\\\n\n�13\ntotalmente especulativa sin tomar en cuenta los elementos del pro·\nceder científico concreto; si tal cosa fue pensable en algún momento\n--en el momento en que ciencia y filosofía constituían precisamente\nuna unidad especulativa-, dejó de tener sentido a pa1·tir de Hume\ny Kant.\nLas etapas del pensamiento episten1ológico siguen paso a paso el\ndesarrollo del pensamiento científico, sus consecuencias y Sll estilo.\nEl siglo XIX ve aparecer filosofías como el positivismo y el empirio·\ncriticismo que deben su auge al auge del pensamiento científico mis·\nmo y de sus aplicaciones generalizadas. Pero aunque surgen pensa·\ndores cuyo aporte es de significación para la filosofía de la ciencia\nen sentido estricto -Mach por ejemplo- muchas obras que se suele\nincluir dentro de la filoso{ ía de la ciencia exceden el campo episte·\nmológico para pertenecer estrictamente o bien a la filosofía general\n-4>.en sus tendencias materialistas o idealistas- o bien a una vaga divulgación de conocimientos científicos.\n\n•\n\nEl nacimiento de nuestro siglo asiste a la renovación qt1e en física\nse expresa en la formulación de la mecánica relativista y de la me·\ncánica cuántica que van a tener decisiva influencia en el curso del\npensamiento científico posterior y en los trabajos de filosofía de la\nciencia. Aparecen notables estudios sobre esa transformación que\nsufre la física, pero abundan también innumerables trabajos de di·\nvulgación -alguna buena, otra no-, que se suele incluir indiscriminadamente dentro de los estudios epistemoló~cos. Toda esa prolife·\nrante literatura puede tener su importancia propia, pero es al@'; o to·\ntalmente distinto a la filosofía de la ciencia; en algunos aspectos su\nimportancia puede ser mayor, por ejemplo para el ho1nbre común\nque quiere comprender su época, pero se trata de otra cosa. Sin em·\nbargo, esta acumulación de material sobre un aspecto del conocimien·\nto científico -aún en las obras que pertenecen estrictamente a la\nepistemología-, llevó a muchos a creer que la filosofía de la ciencia\ndebía dedicarse a estudiar, en forma exclusiva, los aspectos de detalle\nde dicha transformación de ciertas ramas de las ciencias físicas. Tal\ncriterio, imperante en muchos ámbitos durante el primer cuarto del\nsiglo, excluía de hecho a algunos de los estudios más fértiles dentro\nde la filosofía de la ciencia.\nHemos señalado pues hasta ahora la existencia de varias etapas\nen el pensamiento epistemológico: l) la de la filosofía de la ciencia\nimplícita en lae grandes obras de la filosofía clásica (etapa pertene·\nciente a la pre-historia de la filosofía de la ciencia propiamente dicha), 2) la etapa de las obras de filo~ofía que, al nacer en las circunstancias de aparición y consolidación de la ciencia natural exacta,\ndiseñan la problemática vigente aún hoy (Hume, Kant), 3) la de las\n\n�14\nobras nacidas en el auge del desarrollo científico • tecnológico del si·\nglo XIX, que esbozan soluciones de conjt1nto a aquella problemática\ny, en último lugar, 4) la etapa del análisis detallado de lae implicaciones filosóficas de la transforJnación introducidas por las nuevas\nmecánicos. Con ellas llegamos al umbral de lo qtte llamamos actualmente filosofía de la ciencia.\nPorque a pa11it· de comienzos de siglo, hasta hoy, se puede decir\nque coexisten do!I modos de l1acer filosofía de la ciencia que no se\n.\n,\noponen necesariamente entre s1 .\nEl primero de ellos se ejemplifica en Poincaré, Duhem, Meyer~011, Wl1iteheacl, Bachelard, entre otros pensadores no menos impor·\n1antes, ct1yas obras responden a los problemas que plantea el pensa·\nmiento científico por medio de sistemas r~lativamente aislados de\npensamiento que, aunque realizan aportes fundamenta les para la elucidación de cuestio11es básicas, llegan hasta hoy como hitos de t1n\npensamiento no integrado ni e11 sus puntos de partida ni en su f or·\n1nl1lación.\n\n'\n\nEl segundo modo de hacer filosofía de la ciencia a que nos re·\nf Primos es el que se ori~ina en el manifiesto del Círc11lo de Viena\n(1929) .. y en general en Jos trabajos de los filósofos neopositivistas.\nEntiéndase bien qtte no se trata de las tesis del empiris1no lóp.ico propiamente dichas. No se trata en especial del rechazo de toda metaf ísica como discurso sin sentido co~oscitivo; 110 se trata tampoco ele\nlas tesis qtte implican una dicotomía absolttta e11tre los enunciado\"\nanalítico3 y sintéticos; no se trata en fin del movimiento de unidad\nrlr las ciencias (Jlle, co11 un renovaflo sentido enciclonedista., se efectúa\neohre la base de p1incipios bien definidos y estrechamente ligados a las\ntesis antes i11dicadas. Se trata por el contrario del modo mismo de\n11a.cer filosofía de la ciencia en base al diálotxo y a Ja crítica; se trata\nrl el modo colectivo de hacer filo~ofía. A pa1~tir de ese momento los\nron~esos, los coloquios, las pt1blicaciones periódicas y en éstas los\narticttlos, las reseñas, las discusiones sobre la base de artículos publi·\ncados antes, constitt1yen el medio básico de intercomunicación. A\nnuestro entender es precisamente el uso de estos medios de comuni·\ncación y de diálo;?:O filosófico, m11chas veces pasados por alto, lo qtte\nconstit11ye el elemento fundamental y cararterístico de los estudio~\nele filosofía de la ciencia hoy.\nEs cierto que con anterioridad a la fundación del CírCltlo de\nViena existían revistas filosóficas, pero ellas no constitt1ían el vel1íc11·\nlo de un nuevo modo de hacer filosofía; publicaban a1·tículos sin\nconexión y sin crítica, salvo en casos excepcionales; a1ín 11oy algunas\nrevistas de filosofía pura mantienen ese carácter, sobre todo en nues·\nti·o continente pero también en los centros filosóficos europeos; sin\n\n�ló\nembargo, muchas han cambiado su estilo y han acercaclo la prodttc·\nción f iloeóf ica al diálogo fértil.\n\nDe todas maneras, aunque en cierta medida arbitrn1·io, con10 to·\ndo jalón que separa épocas, el que se indica nqt1í, separa t1n mo,,¡.\nmiento epistemológico dominado por las obras aisladas de pe11sadores importantes, que continúa hoy, de otro cuyo pt1nto de partida pa·\nrece ser el seminario de Schlick y que adquiere u11a amplitud sin precedentes en cantidad de prodt1cción, en calidad, en resultn dos, e 11\ninteracción con la filosofía pura y con las ciencias. Este modo de\n11acer y de comt1nicar filosofía de la ciencia se aproxima pt1es al modo\nde l1acer y de comunicar ciencia y ee poilría decir que lo ton1a por\nmodelo.\n\nY jttstamente este movimie11to en filoso{ ía de la cie11cia se ve\nacompañado por un mo,rimiento similar que tiene lugar en t1na ciencia en sentido estricto: Ja lógica. Esta ciencia posee un a lar ga prehistoria de dos mil trescientos años y una corta 1listoria de cien y\npocos, si tomamos a Boo1e como jalón .. o de apenas cincuenta si to·\nmamOB los Principia 1llatl1ematic<t de Russell y Whitehead como co·\nmienzo de la etapa propiamente científica. Precisamente In i11flt1c11·\ncía de la lógica for1nal sobre la fi]osof ía de la ciencia, e11 un ¡>rinler\nmomento a través del neopositivismo o a través de trabajos Jlaralelos\ncomo Jos de Nicod por ejemplo, co11stituye t1na confirmación <le lo\n<¡ue llamamos nue,-n época en Jos estl1<lios episten1ológicoe. Porque\njustamente esa n11eva lógica se expresa Ítandamentaln1ente n trnvés\nele pulllicaciones periódicas y en general usa los inismos n1edios d e\ndilt1sión y de díálogo qt1e la renovada filosofía de la ciencia. A<lemás, es la aplicación de slts técnicas y de algunos <le sus rcst1ltados\na la episte1nología, en la forma de una lógica de la ciencia, lo cp.te\nda una nueva tónica al análisis del pe11~amiento científico. E s pt1es el\nentrelazamiento de t1na disciplina da carácter científico --lógica fo1·mal-, con una disciplina de carácter filosófico, pero con t en(lencia\na usar métodos de análisis propios del conociu1ie11to científico y a.\nencarar el detalle de éste -la filosofía de la ciencia- , a través de\nt1n nuevo estilo de comunicación, lo qt1e constitt1yc t1na no, ecla<l raclical frente a la filosofía de Ja ciencia como obra de pensadores aislados, y especialmente íre11te a la m etafísica de la cie11cia, es decir\nla libre clttcubración sobre ''la ciencia en sí'' o sol>re '' toda ciencia\n¡losi1lle''.\n1\n\nSin embargo, ese cambio radical e11 el estt1dio ele la e¡>isten1ología 11a pasado prácticamente desapercihi(lo c11tre 11osotroc; . Casi l1a tn\nhoy, nuestras bibliotecas públicas l1an estatlo ¡lro,·i~ tas de algunas de\nlas obras importantes - pero no suficientes a esta altura del deS'Grrollo epistemológico- de los Poincnré, loa l\\feyereon )\" los Bnl llclard\n\n,\n,\n•\n\n�16\n-a qttienes se debe reconocer sin embargo todo su valor. Pero asimismo han estado provistas de un conjunto de obras sobre la ciencia\nque por el hecho de ser ''sobre la ciencia'', de ningún modo consti·\ntuyen aportes a la filosofía de la ciencia -en sus diversas ramasº a las disciplinas empíricas -historia, psicología, sociología, economís de la ciencia-, sino que son en su mayor parte especulaciones\nhíbridas, carentes del rigor necesario. Es fácil ver pues que son\nescasas, escasísimas, las obras que figuran en los anaqueles de nuestras bibliotecas que respondan al amplio y fecundo movimiento e pis·\ntemológico que ya lleva por lo menos un tercio de siglo y que comen·\nzó, como dijimos, con el seminario de Schlick; y si se dan excepcio·\nnes, éstas se deben al interés que pusieron algunos científicos con\nmiras amplias, concientes de la importancia que habían adquirido\nlos estudios epistemológicos en ese lapso. La explicación de este fenómeno podría muy bien referirse al hecho de que el afán de ne·\ngar las tesis básicas del neopositivismo -que enfrentan a las ten·\ndencias irracionalistas dominantes- impidió ver que ese movimiento\nhabía desencadenado una corriente de pensamiento importantísima\nque trascendía esas mismas tesis. La ausencia hasta hace muy poco\nde las obras de Popper, de Godel, de Goodman, de Quine, todos au·\ntoree no neopositivistas, es una muestra de la ceguera frente a un\nmovimiento intelectual que va mucho más allá de la tendencia filo·\nsófica que lo originó y que conduce a un campo amplísimo de estu·\ndios metacientíficos.\nA esta altura bien se me podría decir que el neopositivismo no\noriginó todo ese movimiento. No me interesa sino señalar que la aparición de aquél, marca justamente el comienzo de un nuevo estilo\nepistemológico. La Logik der Forschung de Karl Popper, los artícu·\nlos de Godel, las series de trabajos incluídos en Philosophy o/ Scien·\nce o en el British Journal for Philosophy o/ Science o en Synthese, las\nantologías de Feigl y Sellare, de Feigl y Brodheck, de Wiener,\nlos modelos de aplicación de la lógica a problemas epistemológicos o\npropiamente filosóficos como From a logical point of view de Quine\no Structure o/ appearance de Nelson Goodman son ejemplos del desa·\nrrollo constante del haz de estudios qt1e constituye la filosofía de la\nciencia hoy. Por eso, y porque el pensamiento científico que esos es·\ntudios analizan, es uno de los polos de la cultura de nuestro tiempo,\nes ineludible enfocar esta nueva etapa de la filosofía de la ciencia.\n4\n\nPorque la filosofía de la ciencia encara, aparte de sus problemas\nconstantes, otros nuevos, frutos del desarrollo del pensamiento cien·\ntífico en marcha, porque la filosofía de la ciencia ha adquirido un\nnuevo estilo, ha hecho suyos nuevos métodos, y, sobre todo, un rigor\ninusual, su estudio no puede ser solamente histórico sino especialmen·\nte actual, con todo lo que esto importa; material bibliográfico ade·\n\n�17\ncuado, ct1idadoso análisis de temas de detalle, publicaciones de índole colectiva, una nueva actitud por parte de científicos y filósofos.\n4 . Solamente en estas condiciones y en la perspectiva intelectual que\nvenimos de esbozar podrá pues la filosofía de la ciencia cumplir sus\nfunciones en la cultura de nuestra época.\nLas dos funciones primordiales a qt1e nos hemos referido, a saber, primeramente el análisis teórico de los problemas lógicos y gnoseológicos que plantea el pensamiento científico en sus diferentes ramas y en su creciente complejidad y sistematización y, en segundo\nlugar, el análisis del sentido de la ciencia en la cultura de nuestro\ntiempo, se ven complementadas por otras funciones qt1e no por derivadas eon menos impo1·tantes. Mientras que aquéllas arraigan en el nivel teórico del pensamiento filosófico y científico, las funciones a las\nque nos referiremos brevemente a continuación tiene lugar al nivel\nde la educación, en la formación del científico y del estudioso de\nlos problemas filosóficos.\na . En primer lugar se ha señalado mucl1as veces hasta qtté pl1nto el\nquehacer concreto del científico está influído por prejuicios pro,·enientes de una formación extracientífica basada en ideas caducas.\nQuien ha expresado esto de la forma más neta ha sido Wl1itel1ead\ncuando en La ciencia y el mundo n1oder110 nos dice cp.1e el científico\nha llegado frecuentemente a ser ''víctima de lo.. prejt1icios filosóficos adquiridos casualmente de una niñera, de un mae tro de escuela o de las formas de expresión en uso''. A este re pecto Pl1ilipp\nFrank nos recuerda de qué modo ''los estudiantes de ciencia l1an adquirido una doble personalidad, una especie de esqi.1izof rcnia, debida\nal contraste entre su pensamiento científico y su fj}o ofía infantil''.\nEste que parece ser un mal genel'alizado de la educación se encue11tra acentuado entre nosotros por una en eñanza meclia qt1e frecuentemente no pone de relieve en las ciencias físicas más que aspectos\nmuy limitados por las aplicaciones inmediatas, en las ciencias l1istór icas un anecdotismo pueril y en la filosofía un anticicntis1110 que es\nm oda intelectual. Si bien no corresponde a los estudios cpisten1ológicos en el nivel universitario, suplir directamente la:; deficiencias de\nla enseñanza preuniversitaria en los sentidos inaicados, sin embargo\nellos pueaen servir (por\nirreverencia ante los Brejuicios, por el entido critico que deben contribuir a formar, y por un análisis cuidadoso de los problemas que plantean las ciencias): ara <lar al estudiante en el nivel superior una amplitud ele miras, u11 cnfoqt1e más\namplio Cle los problemas, un sentido de racionalidad, que Euedcn ser\ndel mayor provecho tanto al futuro científico como al futuro in\\'CS·\ntigador de P-roblemas filosóficos. En concreto, para el estudia11te, el\nanálisis de algunos problemas metodológicos de la discipli11a <we estudi a (sea biología, física, matemáticas, psicología o filosofía) así\n\n-\n\n�18\ncomo el descubrimiento de los elementos implícitos en el pensamiento, o la inteligencia de los fundamentos en su senti<lo más amplio\n(que son tareas epistemológicas), pueden cumplir esa función de re·\nmove<lor que es tan necesaria para un ~ehacer intelectual rigl:troso\ny por tanto fructífero.\nh. En segundo lugar, la especialización, cada día más acentuada, en\nlas tareas científicas, oculta frecuentemente algunos de los aspectos\nmás propios de éstas. Así se pretende a veces reducir las fttnciones\ndel científico a las de observador de caracteres disti11tivos, a las de\nlector de instrumentos de medición, como si esas tareas no requirie·\nran a la vez, para rendir resultados con sentido científico trascenden·\nte, aptitudes que tienen mucho q11e ver con el análisis epistemológico.\nPor ello el estudio de los problemas de filosofía de la ciencia unido\na trabajos que pongan el acento en los aspectos conceptuales de la\ninvestigación científica pueden i·edundar en provecho de esta misma.\nc. En tercer lugar, para considerar t1n aspecto partic11lar de la for·\nmación del hombre de ciencia, se ha señalado que ciertas deficienciás\nen la exposición (especialmente en la redacción) y en la presenta·\nción de las comunicaciones científicas, que proviene entre otras causas de una dedicación exclusiva y prematura a tareas muy especializadas, así como la ausencia de adecuada valo1·ación de ]os resultados\nparticulares dentro del conjunto de cada disciplina, qtle proviene más\nde la carencia de formación general que de un desconocimiento de\naquélla, son disto1·siones que podrían ser combatidas de modo más\npropio por quienes hayan cumplido estudios epistemológicos.\nEstas, que parecen funciones demasiado ambiciosas, lo son en el\nmal sentido si se pretende que un curso de filo~ofía de la ciencia de·\nbe sustituir una formación general que debe ser ineludiblemente me·\njoráda so riesgo de deformar estudiantes en lugar de formarlos. Pero\naquelJa afirmación alcanza su justo sentido si apunta a lograr en\nel estudiante una disposición intelectual an1plia, una exigencia de ri·\ngor, un sentido crítico en el análisis de los problemas generales de\nla ciencia.\n5. Consideradas así, muy brevemente, algunas funciones de la filosofía de la ciencia en relación con la ciencia misma y con quienes\nla forjan, es conveniente esbozar qué otros propósitos puede cum·\nplir además entre nosotros, cuál es el sentido más particula1· que adquiere en nuestra situación intelectual.\na.• Indudablemente\nello depende del grado de desarrollo local de la\n•\nc1enc1a -tanto en el plano de la investigación como en el de la docencia- y muy especialmente del concepto vulgar, imperante acerca\n<le lf.l importancia del cultivo del pensamiento científico. Este con·\n\n�19\ncepto ee degrada frecuentemente como consecuencia de una filoso·\nfía difusa que tiene motivaciones tanto intelectuales puras como so·\ncio·cconómicas. Refiriéndose a las causas del atraso de la epistemo·\nlogia y del estudio de las ciencias en Latinoamérica }!ario Buuge\nnos dice: ''Durante el último medio siglo han proliferado en Europa,\ny se han exportado a Latinoamérica, las corrientes irracionalistas. Al\nnegarse la razón y exaltarse en su lugar la intuición, al i·echazarse el\ndato fundado y abrazarse el mito, se niega la ciencia, que es un en·\nfoque racional del mundo; y por consiguiente se niega la epistemo·\nlogia, que es la teoría de ese eníoque i·acional de los hecl1os materia·\nles y espirituales. En algunos países, el irracionalismo iuoderno pue ..\nde interpretai·se como síntoma de decadencia social; en nuestra An1é·\nrica, tan necesitada de razón, esa mercancía importada goza de gran\nconsumo porque es el complemento intelectual del analfabetismo y\ndel atraso técnico y científico. El irracionalismo europeo puede tolerar la ciencia a condición de que no dé forma a la '\\'-Ísión del mun·\ndo: la W eltanschauung ha de segttir siendo mítica y no científica, pues\nquien conoce algo acerca del reloj del mt1ndo., puede pretender corre·\ngir su atraso. Entre nosotros, la prédica irracionalista es menos comple·\nja: es el complemento filosófico de las pretensiones por retor11ar a la co·\nJonia, a la economía pastoril, a la cultura tradicional de corte predo·\nminantemente histórico-lite1·ario. No ea dable esperar estímt1los a la\ninvestigación epistemológica en un medio donde las corrientes oscurantistas gozan de mayor prestigio y poder que las illtministas, en\nnn medio donde se habla más de la pretendida crisis de la ciencia\nque de sus éxitos''. (Clase inaugural al hacerse cargo de la cátedra\nde filosofía de la ciencia de la Universidad de Buenos Aires).\nb. A estos motivos generales, acentuados en la situación argentina,\nee agregan otros de carácter local que inciden en la opinión vulgar\nacerca del conocimiento científico. La estructura de nuestra univer..\nsidad con su dispersión en l1arto nt1merosas facultades aisladas, de·\ndi cadas a la formación de profesionales, y la enorme proporción\n(o desproporción) de estudiantes dedicados a dos de ellas, tienen,\ncomo sabemos, orígenes lejanos y constituyen circt1nstancias de difícil aunque necesaria superación. Esa situación conspi1·a contra el\ndesarrollo de las ciencias básicas y contribuye a moldear en el pÚ·\nhlico, -ya sea universitario o no- una idea equi~ocada acerca del\npensamiento científico y de sus funciones en la cultura contempo1·ánea. Por otra parte la universidad lleva a cabo investigación científica pero lo hace con recursos ridículamente ex:igttos, cuya li1nitació11\nmisma por los poderes públicos está provocada, además de por otras\ncausas de peso -bien conocidas-, por el desprecio vergonzante que\nse tiene por el pensamiento científico y por el temor, que no siempre\n1e pone de manifiesto, a las dificultades inherentes a un qttehacer\n\n�20\nintelectual que requiere dedicación, rigor, y precisión (a este respec·\nto son aplicables las reflexiones generales que hace Carlos Maggi so·\nhre la filosofía del matero, en su libro El Uruguay y su gente, Mon·\ntevideo, Alfa, 1963, p. 35). En estas condiciones es deber de todo\nt1niversitario y de todo científico (y como es lógico incluyo también\nen esta categoría a quienes se dedican a la l1istoria, a la lingüística,\na la psicología, etc.) tratar de provocar una transformación que nos\ncoloque a la altura de nuestro tiempo. Por ello el análisis de la actividad científica que lleva a cabo la filosofía de la ciencia puede\ncontribuir en cierta medida a hacer conciencia de esta situación y\nde las condiciones en que es posible su transformación.\n\n-\n\nc. Se habla en un sentido muy vinculado a lo anterior cuando se\ndice con razón que la epistemología debe servir de puente entre las\nl1umanidades y las ciencias en nuestra Facultad. Con todo no es permisible un optimismo desmesurado. Si por puente entendemos la dis·\ncusión en el plano teórico de los problemas comunes y de los pro·\nblemas de fundamento y de método de cada ciencia particular ( exac·\nta, natural, o de la cultura) y, además, la reunión de estudiantes de\ndiversas disciplinas en torno a una mesa de seminario, con el esfuer·\nzo de mutua comprensión que eso importa, indudablemente la ma·\nteria constituye un buen sendero hacia un campo fértil. Pero hay que\nreconocer a la vez el hecho de que el aislamiento de ambas ramas\nse ha dado por motivos distintos cuyo enfoque no puede corresponder al tratamiento de ninguna materia determinada y sí a un en·\nfrentamiento adecuado de problemas universitarios y personales de\ncarácter más general. La idea de una Facultad de H11manidades y\nCiencias es, como todos sabemos, buena o mala según cómo se encare\nsu puesta en marcha; lo que fue sin duda equivocado fue la espe·\nranza de que la integración entre las dos ramas se haría como por\nencanto, sin esfuerzo alguno; por ello i·esulta útil hacer conciente\ne!l general tal tipo de ilusión. Por otra parte, el estudio de los lími·\ntes y posibilidades de aquella integración caen sí, como dijimos, den·\ntro del dominio de un curso de filosofía de la ciencia; y le corres·\nponde a ésta muy especialmente el esclarecimiento de los pu.atoe de\ncontacto entre la actividad del investigador en ciencias exactas o naturales y la del estudioso de las ciencias del hombre para ver cómo,\ncontra las afirmaciones de cierta concepción aislante ya caduca, surge\nun núcleo importante de id~ntidad en todo quehacer científico.\nd . Además, sobre lo que hoy ya no queda duda, es sobre la inconve·\nniencia de ·una Facultad de Humanidades y Ciencias separada del\nresto de las facultades (dejemos de lado el problema de si es pre·\nferible a dos facultades o no) . En este sentido la integración de\nnuestra universidad es un proceso necesario, que ya ha comenzado\npero que no es tan rápido como sería deseable. A este respecto los\n\n�21\nestudios de filosofía van a tener una función de mayor alcance en\nprofundidad a medida que vayan desapareciendo los motivos que dificultAn la integración de la universidad y a ésta deben contribuir.\ne. Cuando hablo del trabajo en filosofía de la ciencia no hablo exclusivamente del trabajo realizable a través de la cátedra sino espe·\ncialmente por la acción de publicaciones que pongan al día en algu11a\nmedida la bibliografía internacional desbordante en el campo de la\nepistemología por la acción del trabajo de difusión, de pre-investigación y dentro de lo posible de investigación, de la Sección de Filo·\nsofía de la Ciencia del Instituto de Filosofía, por la acción del re·\ncientemente creado Grupo Uruguayo de Lógica y Filosofía de la Cien·\ncia en la tarea de vincular a los profesores de las distintas materias\nen torno a estudios interdisciplinarios, y en general por la acción\ncolectiva de quienes tenemos interés en superar el aislamiento que\nes provocado ineludiblemente por la especialización y que conduce\na la negación de toda cultura en sentido estricto.\nSi se cumplen algunos de esos propósitos estaremos contribuyen·\ndo indirectamente además a la urgente tarea de iluminar las condiciones y los fines de la investigación científica en nuestro país sin la\npretensión de sustituir a los científicos en los aspectos técnicos de\nesta tarea pero tendiendo eso sí a la promoción del progreso cientí·\nfico-cultural mediante la comprensión de su necesidad y de sus exi·\n•\ngenc1as.\n6. No voy a considerar otras posibilidades de acción extrauniver·\nsitaria de los estudios de la filosofía de la ciencia porque ello se1·ía\nsin duda un optimismo desmesurado y sin fundamento en nuestras\ncircunstancias. Sólo quisiera señalar que de poderse cumplir por lo.\nmenos parte del programa trazado y de comenzarse además en la Facultad, como creo imprescindible, la enseñanza de la lógica en un ni·\nvel superior, ello debería tener, como consecuencia indirecta una modificación en las orientaciones de la enseñanza de la f ilo~ofía, de la\nlógica y de las ciencias en la enseña11za secundaria. Como se sabe en\nlógica prácticamente el total de la enseñanza versa allí sobre teorías caducas ya hace cerca de un siglo (o de varios) y en cuanto a\nla temática filosófica sobre el pensamiento científico, como ya se dijo, no se pasa muy frecuentemente de observaciones superficiales\ncuando no de afirmaciones totalmente inaplicables a la ciencia en su\nsentido contemporáneo.\nCreo necesario nuevamente señalar que el tipo de estudio perteneciente a la epistemología no debe eier confundido de ningún modo con ciertos aspectos de la divulgación del conocimiento científico\nmás reciente que, como se dijo, corresponden a una dimensión die·\ntinta. En epistemología, como en las demás disciplinas, la espectacu-\n\n�22\nlaridad de los ejemplos no es por cierto un correlato del rigor; si\nbien la atracción de esos ejemplos es explicable, su uso constante es\ninconveniente. La divulgación científica corresponde entre otros orga·\nuismos también a la universidad. Aunque, como sabemos, nuestra\nuniversidad no le dedica la atención que merecería, l1a actuado oca·\nsionalmente en este sentido. Debería hacerlo constantemente a tra·\nvés de publicaciones, de la radio, del cine, de la televisión y de cur·\nsos o cu1·sillos especiales para el pít.blico en general o aún para el\npúblico universitario que ignora mucl1as veces lo.s n11evos descubrimientos o se ente1·a de ellos por la prensa en informaciones que con\nfrecuencia carecen de la seriedad mínima exigible. Si bien ea cierto\nque los fondos i·equeridos para cumplir tal función son enormes, la\nuniversidad no debería por eso descuidar totalmente este aspecto de\nla cultura de masas.\nHacemos estas precisiones para señalar que si bien un curso de\nfilosofía de la ciencia extrae sus ejemplos del vivero que constitu·\nyen la 11istoria del pensamiento científico y la ciencia en marcha, su\ntipo de análisis, teórica1nente, de1le presuponer el conocimiento del\nmate1·ial que le sirve de base (lo extraerá muchas veces de las pro·\npias disciplinas de los estudiantes y al nivel en que éstos actúan,\nsin perjuicio de agregar otros ejemplos convenientes). Esta, que pa·\ni·ecería una precisión de lo obvio, es sin embargo necesaria en vista\nde que muchas veces un curso de historia espectacular de las ciencias\n(acerca de la teo1·ía atómica o acerca de las teorías sobre la natura·\nleza de la luz, o acerca de otros temas igualmente atractivos) l1a\npretendido sustit11ir a un curso de epistemología en sentido estricto,\ncon lo cual se ha logrado solamente hacer peeudo-epistemología.\nSi por ejemplo l1ace cuatro semanas se ha descubierto una nueva\npartícula de trascendencia para la explicación de la estructura del\nnúcleo atómico {la partícula gran omega menos) o si en el correr\nde 1964 Hofstadter realiza, en California, en t1n tubo de subterráneo\nen desuso de dos kilómetros de extensión, un experimento c1\"Ucial\nacerca de las partículas elementales de la materia, a tal punto que\nse ha dicho que en estos meses se ''ive una veillée d' armes de la\nciencia, corresponde a los órganos de divulgación -de distinto nivel\n- el hacer conocer variados aspectos de dichas experiencias. Un curso\nde episten1ología los tomará quizás como ejemplos para analizar la\nnoción de experimento crucial, o la función de los entes hipotéticos\no de los entes observables en una teoría científica {pues se trata de\nque el alumno no aprenda hechos aislados) pero de ningún modo\npuede centrar su temática en ellas. Si en algún sentido un curso de\nfilosofía de la ciencia ha de hacer pues divulgación será solamente\n<1iVt1lgación de modos de pensar, de métodos de análisis (teniendo\n\n�l\n23\nbuen cuidado al efectuar generalizaciones) y 110 de información particular y momentánea (que servirá, como dijin1os, sólo de ejemplo).\n7. Dadas las funciones, acabadas de reseñai·, qt1e cr eemos puede\ncumplir la filosofía de las ciencias (con sus comple1nentos, publica·\nciones, investigación, extensión), deben1os manifestar que las cumplí·\nremos en la medida en que para ello contemos co11 la colaboración\nde los profesores de las distintas disciplinas científicas (por algo se\ntrata de la filosofía de las ciencias), con la colaboración fundam ental\nde los estudiantes y con los medios materiales no excesivos qt1e se n ecesitan para comenzar ese trabajo.\nPara terminar quiero insistir pttes e11 cp1e el estudio de nt1estra\nmateria es una tarea colectiva porqt1e ello es parte de Slt ~entido mis,\n,\n, .\nmo, aun en sus aspectos mas teor1cos.\nDebo decir por otra parte que lo que personalmente voy a aportar a ese quel1acer común lo d ebo en lo esen cial a la ayuda que\nme brindaron los profesores de la Facl1ltad (en especial los profesores ~fario Silva García, Ál'turo Ardao y Félix Cer1111scl1i) , y los profesores Mario Bunge, Marvin Farller , Williard Q11ine y René Poirier\nde las Unive1·sidades de Bl1enos Aire~, de Ne'v York (en Buffalo), de\nHarvard y de París, a q\"üienes 'Jlliero i11auifee.tar l1oy 111i tnás pro·\nfundo reconocimiento.\n\nJJI ario H. Otero\n\n•\n\n��"]]]]]]]]],["collection",{"collectionId":"2"},["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.<br /><br /></span>La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. </p>\n<p>La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. <br /><br />Aldo Mazzucchelli</p>\n<p><span>15 de octubre de 2017</span></p>"]]]],["element",{"elementId":"37"},["name","Contributor"],["description","An entity responsible for making contributions to the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"3695"},["text","Pablo Darriulat\r\nGonzalo Marín"]]]],["element",{"elementId":"47"},["name","Rights"],["description","Information about rights held in and over the resource"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"3696"},["text","Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación"]]]]]]]],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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