<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="279" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/279?output=omeka-xml" accessDate="2026-03-05T20:51:43+00:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="501">
      <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/f90b59b3161aca6e2a64169ef3aacdf4.PDF</src>
      <authentication>d52571e591df5f7af1d99b7bcb5358fc</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="5">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="52">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3113">
                  <text>^961

&lt;-x.r.v

ue opepjd X Duo6e|y

ep uqqDj eon~\

a saavaiMV^üH aa
vi aa avaisaaAiMíi

•;-&gt;: •&gt;•

• v- ,*•

�696

u^ epajojd A bjjo68|V
qBdNVaQl-l-98

ue did3|ojgI Á Duo6a|v

¡UDSS3J^ ep uqqo^ eon"\

a saavaiMVKíiH aa avna^va
vananaa^ va aa

��Alegoría y profecía en Dante

alegoría y poesía
Hay, en el encuentro y confrontación de estos dos términos un doble
problema: de crítica literaria el primero (el que más nos interesa), de
historia de la cultura, el segundo. Como suele suceder, sólo se puede
plantear en su justa luz uno, recorriendo pacientemente el laberinto del
otro, para captar los puntos de tangencia o dar cuenta de las distancias.
Croce, en su Estética de 1902 y en su La poesía di Dante de 1922,
parecía haber resuelto y enterrado definitivamente, en sentido negativo,
el aspecto literario del problema de la alegoría, es decir el de la va
lidez poética de la alegoría misma y de la validez crítica de la inter
pretación alegórica. Sin embargo hubo entre los críticos e historia
dores de la poesía quienes siguieron buceando en esas aguas vedadas,
ignorando la prohibición como Valli o Pietrobono, o rebelándose con
tra ella, como Eliot; y hubo escritores —casi todos fuera de Italia, es
decir fuera de la zona de influencia crociana— que resucitaron la
alegoría para hacer de ella un medio de expresión (Kafka, Camus, Orwell, como simples ejemplos; para Italia, casi único, Buzzati, y, ahora,
ítalo Calvino).
Como es natural, en terreno literario la discusión se ha centrado
y se sigue centrando en Dante, que ha presentado él mismo como
alegórica la mayor parte de su poesía. En teoría, el planteo de Croce
es de una claridad meridiana y las conclusiones derivan de ese plan
teo con una lógica implacable, aunque a veces parecen sobrepasar el
blanco.
"En la poesía y en la historia de la poesía las explicaciones de las
alegorías son completamente inútiles y, por inútiles, perjudiciales. En
la poesía, la alegoría no se encuentra nunca... Pueden darse, en efec
to, dos casos; el primero de los cuales se presenta cuando la alegoría
es agregada ab extra... a una verdadera... poesía, decretándose.. .
que tales personajes, tales acciones, tales palabras de la poesía deban
además significar cierto hecho acontecido o que va a acontecer, o una
verdad religiosa o un juicio moral, u otra cosa cualquiera. En este
- 5

-

�caso, es claro que la poesía queda intacta y ella sola interesa para la
historia de la poesía, mientras... el segundo sentido... pertenece al
ámbito y a la historia de la práctica. El otro caso se da cuando la ale
goría no deja subsistir la poesía... Un tercer caso, que se suele su
poner, en que hubiera alegoría traducida completamente en imáge
nes ... es contradictorio, porque, si tenemos alegoría, tenemos algo
que, por definición, está fuera de la poesía y contra ella [en este
"contra", Croce rebasa, como queda dicho, su blanco. N. d. a.] ...
si está fundida e identificada con ella, quiere decir que no hay ale
goría, sino imagen poética. Ejemplo del primer caso [en Dante] puede
ser Beatriz en los últimos cantos del Purgatorio y en el Paraíso....
o bien Matelda,... o bien las "cuatro estrellas"... Es difícil dar
ejemplos... del segundo caso, porque Dante es poeta tan robusto
y fértil, que raras veces... se encierra en la estéril alegorización.. .
Sin embargo, se pueden citar el Veltro.. ., la loba... el "hermoso
riachuelo" que se cruza "como tierra seca" y otros... En la Comedia,
en algunos trozos que se consideran alegóricos, Dante resucita simple
mente el tono profético y apocalíptico y, objetivando así la alegori
zación, reduciéndola a tema, sigue moviéndose, sin embargo, en la
pura poesía".(" La poesía di Dante". Laterza - Bari - VI edición - 1948
pp. 14-17).
Croce no aprovechó nunca la fecundidad crítica de estas últimas
líneas, que subrayé para retomarlas en su oportunidad. Pero, su ne
gación de la posibilidad de alcanzar la poesía a través de una alego
rización consciente y continuada ha vencido, me parece, cualquier
objeción, despejando el estudio de la poesía dantesca de tanta hoja
rasca interpretativa y devolviendo todo su valor a la palabra poética
desnuda. El fundamento teórico de este rechazo de la alegoría remonta
a De Sanctis y también tuvo en su momento una gran eficacia simplificadora: consiste en separar netamente la obra poética de los fines
que el autor perseguía y de los criterios a que obedecía al escribirla;
fines y técnica pertenecen al ámbito práctico y son ajenos a la poesía.
Pero también en esta afirmación fundamental que Croce hace suya,
basando en ella toda su crítica de la que él llamó "teoría pedagógica
del arte" y por lo tanto también de la admisión de la alegoría como
valor poético, se corre el riesgo de ir demasiado lejos. "Las intenciones
y finalidades de los poetas quedan necesariamente ajenas a la poesía,
y... no importa lo que el poeta se propone o quiere hacer o cree
hacer, sino solamente lo que hace, aun inconscientemente y en con
tradicción con la finalidad profesada... Las intenciones y finalidades
del poeta pertenecen a sus convicciones críticas y morales, y pueden
realizarse solo en las eventuales partes no poéticas de su obra". ("La
poesía", V edición, Bari, Laterza, 1953, pp. 306-307).
Una vez más, separación no significa exclusión. No me resigno a
creer que sea inútil conocer intenciones y criterios de un poeta para
quien quiera penetrar en su obra, por lejos que esté esta última de
lo que el autor quiso hacer. No me resigno, por ejemplo, a ignorar
qué pensó Dante de la alegoría; y si llego a captar, no sólo su defi
nición de la misma, sino también sus dudas y sus intuiciones al res-

- 6

-

�pecto, podré darme cuenta de la medida en que efectivamente la ale
goría fue para él un instrumento práctico (sin que, ni aun en este caso,
desapareciera necesariamente la poesía) y de la medida en que, en
cambio se transformó en recurso expresivo para "resucitar el tono apo
calíptico", según las palabras de Croce.
La Divina Comedia es, sin duda, una obra típica de literatura
militante. En ella, antes que a propósito de ella, se plantean todos los
espinosos y eternamente actuales problemas que surgen de las rela
ciones entre poesía y acción y, en general, entre poesía e historia. En
este terreno de la literatura militante y de los opuestos estados de
"mala conciencia" que ella provoca, surge la alegoría. Es un aporte
de Croce el haber revelado su carácter práctico y el haber sostenido
que la adherencia forzada de una cadena de imágenes fantásticas a un
desarrollo lógico de acontecimientos o ideas mecaniza fatalmente la
^ida de la fantasía y por lo tanto anula la vitalidad de sus creaturas.
Veremos que esto es cierto y comprobable en la historia general
de la alegoría en el arte, en el pensamiento, en la vida de la cultura.
En un poeta, quedando firme el principio, el problema adquiere ma
tices que se hace necesario estudiar, especialmente cuando este poeta
(es el caso de Dante) hace de la alegoría uno de sus cánones literarios.
Por tal razón, este es aún, en la crítica dantesca, un problema vivo,
aunque no tiene, como antes, una importancia central. Su planteo, ade
más, ha cambiado profundamente. En el siglo pasado, cuando consti
tuía la principal preocupación de los "dantistas", se enunciaba así:
"¿Cuál' es el significado de la Comedia? ¿Qué representa la selva, qué
el león, qué la loba, qué el leopardo, qué el Veltro? ¿Es Virgilio la
razón humana y Beatriz la fe? ¿Es Virgilio la filosofía y Beatriz la
teología? ¿Es Virgilio la virtud natural y Beatriz la gracia? Hay una
gran diversidad de respuestas a estas preguntas y a infinitas más del
mismo tipo.
No faltó la interpretación política, ligada, no al pensamiento de
Dante, sino a las exigencias ideales del Resurgimiento nacional. Hoy,
todo eso ha sido archivado (aunque algunos problemas de detalle se
siguen discutiendo) y el problema que subsiste es el planteado y re
suelto negativamente por Croce: ¿Es compatible la alegoría propia
mente dicha con la poesía? Toda tentativa de interpretación alegórica
nueva, aun de detalle, no puede hoy dejar de estar precedida por una
toma de posición acerca de esas pregunta fundamental. Entre los que
no aceptan la solución crociana se pueden distinguir dos corrientes:
I) la corriente católica (la de Eliot en Inglaterra y de Apolonio en
Italia) y II) la de Pascoli-Valli que busca una nueva interpretación.
Pietrobono, católico, está muy influido por Pascoli.
La corriente católica tiende a valorizar la alegoría y a darle jerar
quía poética. Hay que observar que, fuera de Italia, no son sólo los
católicos los que están en esta posición: para dar dos ejemplos prác
ticos, La Peste de Camus y el Castillo de Kafka tienen carácter alegó
rico y no creo que nadie les haya reprochado a sus autores la artificialidad inherente a toda alegoría. Lo mismo podría decirse de la
tendencia, ya en declinación, al teatro mitológico.

— 7

—

�- 8

-

ua 91AIA anb ap opiiuas ^a na • • -jnnsia upiaBui^euii buii sa aiuBQ ap Bq
• • "oaijaod opo^aui un op^s ub) sa BuoSapj Bq,, :ouioo 'oX^sua ouisuu
[ap sbj^o uoa BuoiaB[aj as is a[qijnasip seui oqanuí aA[anA as X bjjba
'44sbjb[3 sapmsiA sauaiáBuit,, :uoisaadxa Bisa ap aouBO[B [a (jq ísapms
-IA 'SBpOi OU OJad 48BpO) ISBD UOS BipaUIO^ BUIATQ B[ 3p SauaioEUIl SB[
(j :sBAjasaj sop jaaBq anb XBq ojag *t4o[ijsa aapip,, [ap jB[nasndaja
uoioBuiuuajapuz B[ uoa a^sBJiuoa ua Bjaaouoa uoiaarujsuoa ouioa vip
-auiop) B[ ap oqaaq Bq sauuog anb upiaBzuaiaBJBa B[[anbs uoa saauoj
-ua BjjBpjoauoa í^oajpdjoa,, X ttopiuijap,, zaA b[ b apuai^ua as ttojB[a,,
jod is JBidaaB apand as uoiaBuurjB Bjsg 4t[jo^nB [a jod opBÁBjqnsJ
svjvjj sajvnsia saudSvwi Baijiu^is Buo^a[B [¿Baiuaaj ap upijsana osBas
sa?] aiuajaduioa Biaod un bjb^ -'-opisa [ap zapian[ B[ Bia^q JB[naxj
-jBd o^aaja ns 'ajuBQ ap [a ouioa osBa un ua 'sa souibjou^i anb o^ 'o^
•unsB [B Bua^B ouioa b[jbjou^i b 'BUiaod ubj^ un ua '^ —(00 "^ 'OUÍJ
II 'í'I^ót s^aíV 8ouana) sojistfvidj^^ svjaoj Bjqo ns ua ajuBQ b opBa
-ipap o^Bsua [a ua aaip— sBpBzma SBaqB[Bd ap Buia[qoad osorpa^ un
ouioa Bjaoa[B B[ JBSznf b souiBuiput so^M 'BuoSa[B B[ ap oa[duia [a
ua 4ioqg unidas a^duiais 'Bisa za^iauas B^sa ap Bsn^a Bq '(BiJijiuipE o[
oubt[B}i uníduiu anb oaja ía[qunasip ^nuí sa ojsa Á) sa[^ut Bjaod jaii^b
-[Bna anb sbui 'jbiiuii ap [la^j uaiquiB^ X 'a[qisuaaduioa 'o[[iauas Xnuí
Bjaod un [a Bi^d sa aiuBQ laiuBsaiajut Xnuí Bsoa Bun aaip 1[[3
•oiuo[ody ap B[ BpBuoiaB[aj a^i^d ua Bjsa anb
B[ uoa 'loqg ap uoiaisod B[ saauojua souisa^ 'PBPí0TaH ^ind B[ ap [b
souaÍB sauij BJBd ua^JBuii B[ ap X BaqB[Bd B[ ap [Biuauíruisut osn [ap B[ X
Bisaod B[ ap B[ 'sBjajsa sop sb[ a^jua BiauaSuBj ap ojund ojjo
-suoa soqaíduBAg so[ anb ojsand '[BjnjBu sa ouauai 0110 b oun ap
b Biauapuaj b[ o^a^ 'BsoiSqai ouis 'BtiBia^i[ zapi[BA ap 'ojjaia sa 'bjbij
as o^^ #sa[Bioui sBjap^pjaA sb[ ap [BiniBu X ajuanaaaj sbui upisajdxa
B[ sa *Buo^a[B ap B[[iauas Xnuí buijoj Bun 'jiaap sa 'B[oqyiBd b[ —soi[
-a^uBAg souisiui so[ ua— 9\ivd bi^o io¿ 'BaiBiqaq uoiaip^i^ B[ ua bX
Bzaiduia anb 'Bauo^a[B upiaBiaadaajuí ap sisop Bun uis ouisraqojBa [a
BJBd a[qBjdaaBui sa o^uauíBjsaj^ on^i^uB [a íoaiJo^a[B-oaiSBui opuniu
un aiuauíBjapBpidA Baja sojij sns ap oiunfuoa [a anb bX 'bjjo^3[b b[
jbzijo[Ba BJBd 'ajuauBiujad jajayjBa ap '[Biaadsa oaijoui un oiquiBa ua
uauaxj 'sa[B^ ouioa 'soaqojBa soq *BaTJo^a[B uoiaunj BunSuiu aXnqijjB sa[
ou o jad íso[[a ap BajaaB Bzuoai X sojitu Baja 'ouist[Bajjoau [a X oiusij
-auuaq [a ajjua opBnjis 'asaAB^ 'ojsando ouiaj^xa [a jod bjjoS3[b b[ b
ouiuiBa [a ojjaa 'uaBiut Bjnd B[ ap [BuoiaBJ ou p^pigijaj B[ b ouopuBqB
ns uoa 'Bai^aod Bjqo B[ ua Bjupruisa Bpoi ap oipndaj ns uoa 'ajjBd ns
jod 'ouispauuaq [3 'oai[oquiis ojB[aj aiuaJaqoa [ap ouxs 'oiJBjtun o[oq
-uijs [ap ou 'ouisiaBJiso ajsa pzjojaj ouisi[BajJoau [ap oiuiiuopajd [a
'ouiA[B^ ap biuoji B[ oaiJ9a[B ouauaj ua szqsaj anb sauoxsjnaui sb[ ap
X iijBzzng ap upiaBaoA B[ ap jBsad b 'Bjjan^ B[ ap sandsa^ "BiJBjaii[
upiaBjiABjS BSBasa ap oijo^isubj^ oaiiqod oatjoui un anj oja^ *(íllatiag
uiag ap vipaSnj} osojown vj) soasap o (biabjoj\[ ap íjai/as/^ q)
soqaaq JBZBJjsip b SBpBui^sap SBiJoSa[B 'BO[Sa sb[ ua oi[iSji^ ouioa
'uojaip sou X íoiusiasBj [a of^q soaiioui sosa uojaiAn^ sounS[y *B[jaduioj
BJBd sa[Biaadsa soaijoui uauau ou is 'a]uaiuBAi)m^sui u^jadsaj sopo^
anb b[[ba Bun oiuoa o^sand Bq BUBiaoja upia^Sau b[ 'bi[B)[ ua '

�en una edad durante la cual los hombres todavía veían visiones. Era
un hábito psicológico cuyo arte hemos olvidado, pero tan bueno como
cualquiera de los nuestros" (p. 301). Entonces, ¿se identifica alegoría
con visión? Parecería que sí. En efecto la alegoría de la selva y la
de los últimos cantos del Purgatorio podrían ser calificadas de visiones.
Y en estos casos Eliot tendría razón. Pero entonces ya no se trataría
de una cadena lógica de símbolos correspondiente a una cadena lógica
de acontecimientos, realidades históricas o pensamientos; no habría
un significado literal y, debajo de este, una realidad profunda, sino
una única realidad que consiste en una visión de carácter místico,
expresada en lo que llamamos su letra. La interpretación alegórica, por
Dante o por sus exégetas, sería un elemento intelectualista surgido a
posteriori, en la interpretación de la visión misma. En una palabra,
admitiendo esto, no se puede hablar de alegoría como método poético,
y no se ve por qué ella deba conducir a imágenes visuales más claras
(las visiones místicas casi nunca tienen carácter definido y lúcido).
Pero queda de todo este análisis, como fruto de una fina sensibilidad
de poeta, la observación de una mayor determinación de las figuras
humanas y del paisaje en Dante, gracias a la alegoría. Es sugestivo
el dato autobiográfico que Eliot nos proporciona de paso, al atribuir
a la poca simpatía de su generación por los pintores prerrafaelitas
ingleses, como W. Morris y D. G. Rossetti (que habían dado contornos
tan netamente dibujados a sus figuras, según los cánones de los primi
tivos italianos) su demora en ver las consecuencias estéticas de la ale
goría en la poesía dantesca. Apollonio, en Italia, es un hermético, y es
por lo tanto más difícil captar su visión de Dante en ese estilo denso
y tenso, lleno de alusiones y de relacionamientos inesperados entre las
cosas y las ideas más alejadas en el tiempo y en el espacio. Pero él
también habla de "realismo mágico" y, a pesar de rehuir todo orden
y clasificación, llega en el amor por la interpretación simbólica más
lejos que cualquier otro, cuando ve en la Vita Nova al Amor (Espíritu
Santo), en la Comedia al Hijo, en la Monarquía al Padre.
En el siglo pasado las búsquedas sobre los significados alegóricos
eran características de la escuela histórica y se realizaban especialmen
te en sentido erudito. Esta herencia ha sido recogida con un tono mu
cho más místico —más alejado de la historia y más adherente a la
poesía— por Pascoli antes, luego por el pascoliano Pietrobono, y,
en la década 1920-1930, por Valli.
Pascoli es esencialmente un poeta: poeta crepuscular que algunos
consideran prehermético, muy influido por el simbolismo francés, se
sentía naturalmente llevado, por su especial temperamento lírico, a
"sentir" el impulso moral, no razonado, sino místicamente vivido, como
poesía. Leer, como prueba, "Le ciaramelle", "Psiche", "II ritorno
d'Ulisse", con el comentario de Pietrobono, quien pone de relieve
justamente este aspecto. Y era natural que sintiera como poesía la
estructura moral de la Comedia, de la que dio por otra parte una
visión de conjunto completamente personal, utilizando esa patente de
"libre curso" dada por Dante mismo, al señalar enérgicamente el ca
rácter alegórico del poema, sin dar, para su interpretación, más que

- 9

-

�- oí -

•OS^0OJJ9J
pp
un opionpoad Bq 'bubioojo EpB9jo BiopBuiuiop B[ 9p osino
[9 opugiduirujgjut 'ijj^^ 9p oaqij [9 jod Bpigjgfg uojisgáns B[ 'j9a 9p
opOUI IUI B 'OJ9^ "BUI9[qOjd 9JS9 9p JOpgpgiJB S9JBnjDB S9UOISnOSip SBJ
9p JBqOj^ ^9pi BUn J9U9} BJBd 91U9UJO9 B^S9 JBipnjS9 9nl) ^jqBJJ
'(8^6I '^iz9U9^^ \WBTIB^I ^AOn\[ E1,, *P3 'vuvijvti wisdod tr¡pp
ip^owpd t 3 ipcj vp auoponSq) sau^Suo soj 9p bubijbji Bisgod bj
9p [B9p9J9q 9JU9UI[BJU9UIBpunj J9^9BJB9 \3 9jqO8 'tA^^ OIZ^^ 9p 'ODU
-ojsiq OU9JJ9^ ug 'Bpun99j Á 9iuBS9J9jut ojgd '^pi^nosip Áinu 'uoioinj
•UI B{ 'i^B^ 9p SB9pi SB^S9 UO9 JBUOI9B[9J 9p JBÍ9p 9p9nd 98 O^yJ
•(opunS^s ^9 vipaiuiuo^ mitai(j vjjap aaoii/a vq
Á 'OJ9UIud ^9 VtpotUlUO^ VUMÍQ VJJ3U VJttlb^^\3p 3 30Oi^ V\\3p OJ3J^
-as // ^q^qaiuB^ ^od sopBjtpg 'soipnjs^ soqduiB sop
'9^61 ua ^ ^^6T ua 'opB9ip9p ^jq^q Bui9i 9js9 y) 'Bpn^y ^p Á
B[ 9p 9AB[9-sojoquiis sop so^ un^gs mpdtuo^ vmaiQ B[ Bpoi
-ui q[B^ 'ttJoxuB gp sg^i^,, so[ gp ooijBaSojduD 9ÍBnSu9| 9^S9 uoa uoio
-B[9J u^ •Te^un^did o\ 9S ou aojnB ^g ¿Bjsgod opugis gnáis? 'souiuixgj
8OJS9 U9 'OJ9d ÍB8OlSl[9J OUI8 BSOJOUIB S9 OU TSÁ 'BJSIAOUJIJS9 O BUBI[TDIS
'bso^ouib Bjs9od bj isy "(90^ "d 'gS6X '^sig 'vduvjodui3juoo vjs^juvp
q '9uo[^^ ug opBjio '6¿"8¿ 'dd '8^6X '^uiíjdQ Biuog '3jown(p
pp &lt;&gt; 3juv(j ip o23J^ds oiS^vn^uij ^/,,) sopífrs sojguiud so^
9p BUBqBIT BT89od B[ U9 O9I1BI9IUI 9 O9I1SJUI O[9nsqilS Un 9p BIDU9J8FX9
[B9J B^,, ÍI^A ^uaPsOS 'giUgUIB^iJBjSojdlJO OpB19adj9JUI S9 9fBll^U9J
ns opo^ Á Boqoquiis BpB^apisuoo 89 oduig^ ns gp bsojouib Bisgod b[
BpO^ OUI8 'g^UBQ 9p BJS9Od B[ OJOS O^^ "OlJoduit J9p UOIOBJnB^SOJ BJ 9p
pBpi8999U BJ BOljduiI 9nb OJ 'jBJoduiO} OJ JOd BpBIOIA BIS9j^j BJ 9p BjqO
jod ouBi^siao gfBsuoui jgp uoiodnxioa bj oosojuBp buioi jop 9Í9 ouioo oa
gnb o^sond 'BsoiSijgj-o^njjod uatquiBj ouis ' (gjuoin^isuoa uotobotju
-nd bj op Á U9iq jb upisgqpB bj gp s9abjj b pBiagqij bj gp Bjsinbuoa bj
üzijoquns BquinjBjqn gp gÍBiA jg gnb jg BJBd) ijoasBg ug ouioo jbjoui
ojps 89 ou uoide^iisoaui ng -jBAgipgui pBpgtoos bj gjj sa^ojogs so^jgjo
ug gjuBuiuiop Bjgjs^uijB bj uoo upxoBjgj ug SBpBgjduig sauoisgjdxa sbj
gp Etjojsiq bj Á jBJOui-ODijjjod uoiOB^gjdjgjuí bj BiouBiaoduii gugj^ jg
BaBg "Bisgod gp ooi^ua gnb aopBuojsiq sbui sg ojgg 'oijduiB sbui odtjoi
-siq gouBOjB un gugí) uoioBigjdjgiux ns X ooijBuigjsis sbui sg ijjba
•BJOjBjgui gjduiis bj ouiog 'uoisgjd
-X9 9p BOI^SB1UBJ BUUOJ 'UOIOBJldsUI-Bgpi BlUSIUI BJJ9 89 SOJOqiUJS SOJ 9p
BugpBD bj gnb ug vipdtuo^ bj gp gjsg X ' (uoioBaídsut bj b uougjsod b
Bjsgndgaqos bjjo9jb) u9ji^ug^ buuoq,, bj gp ojisodojd b oiamuo^ jgp
ouisuoágjB jg aijug ooijijd gjsg gggjqBisg gnb uoiouiisip bj sg 9iubs9J9}
-uj 'uoioipnig Bsojquioss Bun opuBSgjdsgp X boi^sijbioui uoiDBigjdjg^uí
bj gp opiug^uoo jg ug oj^sgBui jgp oSjBquig uis gsopusjBdgs *opo^gui
ouisixu jg oin^is ouoqoíjgi^ *oiAqo isbd X jBigug^ jg^oBa^g gp 9abjd buii

�II
FUNCIÓN TRADICIONAL DE LA ALEGORÍA
Surge el símbolo como materialización de lo abstracto y de lo
divino, en los orígenes mismos del pensamiento, del lenguaje y de la
religión; por otra parte es importantísima la función que desempeña
el simbolismo en la pintura ideográfica que da origen a la escritura.
Toda la mitología grecorromana está hecha de símbolos que viven
con vida propia en un mundo fabuloso, que es una transposición fan
tástica de la vida real. Cuando los acontecimientos vividos por estas
personificaciones simbólicas representan imaginativamente nexos ló
gicos entre los conceptos con que esos seres fantásticos se identifican,
entonces tenemos verdaderas alegorías (como Minerva, que sale arma
da del cerebro de Júpiter, Cronos que devora a sus hijos, Heracles
traicionado por Deianira, etc.).
Lo mismo se puede decir —como vimos— de las parábolas evan
gélicas, cuyo encanto deriva sin embargo de la adherencia de su sen
tido literal a la vida real de todos los días, para la que tiene tanta
validez como su sentido profundo para la vida espiritual. Para los
pastores, el buen pastor que se preocupa por la oveja extraviada no
es sólo un símbolo; para el campesino, sembrar en la roca, en la
carretera o entre la cizaña corresponde a una idea vivaz, arraigada en
la experiencia, de lo que no hay que hacer. La fuerza poética de estos
breves relatos está pues fundamentalmente en su sentido literal, enri
quecido sin embargo por la densidad y las múltiples implicancias
qiue tienen para los campesinos el trabajo agrícola y la vida en con
tacto con la tierra.
Muy distinto es el caso de los apólogos y de toda la fabulística an
tigua, en que la coherencia fantástica del relato se pierde a menudo en
su forzada adaptación al sentido alegórico expresado en la moraleja.
De todos modos, la alegoría desempeña un papel importante en
la historia, casi siempre como agente de conciliación en los puntos
de fricción o de ruptura. Esto es bien evidente en la historia de las
religiones. Vimos que los mitos nacen generalmente ya en terreno
alegórico; pero llega un momento en que la misma multiplicidad de
los dioses tradicionales se ve amenazada por la evolución del pensa
miento y no podría subsistir sin la interpretación alegórica. Con un
proceso similar, mitos de origen naturalista, como los que representan
el ciclo: día noche-día, o el otro: primavera-otoño-invierno-primavera
(vida, pasión, muerte y resurrección de Osiris, Adonis, Dumuzí, Diónisos, etc.) pasan a tener significado escatológico y fuerza moral en
las religiones de los misterios y más tarde en las filosofías religiosas
del sincretismo helenístico que tanta importancia tienen en la forma
ción de la doctrina patrística.
Había, pues, toda una historia de la alegoría y de la interpretación
alegórica en la antigüedad; pero la importancia de la alegoría en la
literatura y para la literatura empieza en la Edad Media. Están, sí, las
- 11 -

�- si jBipn^sa Bjs^q 'osaaoad [a bioiui as ouioo jaA bjb^ *osbobjj [b ajuauínpEU
-iijjojb opBux^sap ozjanjsa 'sBOUojaj sB[3aj ap ojunfuoa un ua op^ui
-jojsubj^ oppoui asa b pBpqapij ap apuBjS ubi ozjanjsa un sozuaiuioa
sns ua ubzi[B3j saauBiuoj SBjn^Bjaiq sb[ osa jod ^soaijsjiJB sajo[BA ua
ajqod ubj sa BUijBjoipaui Bjn^Baaiq B[ osa jog 'oaiibuijou 'boi^buibj^
b[ ap Buioipi opBjapisuoa 'uj;b[ [b asjaaajBd b uBJEJidsB saousuioj sbij
-Bjaiq SBti3ua[ sb[ 'oidiauud un apsap 'isy 'uoioaajjad buisiui b[ ouioa
opBjapisuoa 'ofij o^apouc ^nbB ap uoiobjiuit 'uoxaBnutjuoa jas ajainb
a¿jns anb psuiSuo o\ 'oAanu oq 'opBuuojap 'opiaajqoduia Bq as ojad
4oata unB Bjsa opunuí asa B^a ua ^opBJja^ua Á ojaanuí opunuí un b
Bosnq ou 'sauoiaBABOxa Bzipjaj ou Bipaj^ p^pg Bq #oSo[9anbjB un sa
BjsiuBuinq ^g #ojuaxuiiaBuaj ^ bjbioiui as 'oatsBp opunuí jap a^januí
b^ ap uoiaBsuas B[ jauaj b an^a^ as opuBn^ #uijb^ \9 'afBn^ua^ ns anb
Á Baistqa Bjn^na B[ anb o^n^ji ouisitu ys '[BIjouiui Bjanj anb BqBSuad
as A oauBJoduiaiuoa ouioa oppuas Bja (ouisiubijsijo [ap uoisnjip b¡
BJBd BUBsaoau upiaipuoo opBjapisuoo) oubuio)j ouaduij [a oja^
•ajsa[ao pBpnia b[ b BpBuip
-joqns BqBjsa [Buauai pBpnia B[ :aviSojodi{] ovjjpuv ouioo SBiauaia sb¡
*bijoso[ij B[ 4ajJB [a JBjapisuoa BiaBq BpiA b[ ap soiaadsB sBiuap so[ sop
-o^ ajqos u9iSi[3J B[ ap oin[osqB oxuiuiopaad [q 'pEpinuiiuoo ap upion^
• os ou oaad 'bi^[b^sou 'uptsnjuoa 'upiaBjuaiuSBjj '[BiojBd opiA[o 'Biauap
-Boap 'BUBiuojjoaajS pBpan^ijUB B[ uoa upiOBpj ua 'opxqBq BjqBjj
•Bpi^JBd ap ojund ouioa BpBuijaa upiOBzqiAto Bun buioj anb 'buisiui
Bipaj\[ pBpg B[ ap 'oAi^iuiud ou oaad 'ojBqjBq ja^aBJBD [b BpBi[ ajuaiu
-Bqaaaisa B^sa saauojua buo8[b b[ aaainbpB anb BiauBjJoduii sq
•Bipaj^^ p^pg B[
ap oidiouud [B 'ajaipj as BinjBjajq B[ b anb o[ ua 'Bn^uaaB as A so[is
soijba Banp anb osaaoad un ua *ooisb[d opunuí [ap Bjn^Bjajq B[ ap A
ajjB [ap a^i^d ubjS A o^uauíBisaj^ onSijuy [a opoi oxjBuiJiaop oitquiB
ns b Bjodaoaui OAUíunid ouisiuepsua [a 'oijajoa ouisiiu [ap uotsuajxa
Bun uo^ •aiuauiBaiJ9a[B soppuBjajdaaiui 't4sajBjuB3 so[ ap jb^ub^,, [a
ouioo 'oiJBja^i[ jo[ba ubjS ap so^xai SBjnjijasg sBpBjS^g sb[ b opBJodaoa
-ui BjqBq anb 'BaiBjqaq upiOBZipAta B[ ua sa^uapaoaiuB BiqBjj 'oiJBjaj
-i[ X ooijsj^JB ouajja^ [b apuaiixa as Bjoqs anb 'ijoudjsod v Baij^Sa^
upiOBjaadja^ui B[ ap —SBSoiSipj sapBpisaaau b aaapaqo anb— BpBuoia
-uaui bX Biauapua) B[ aXn[juoa oaupjaj uaStio ap BjaA Bisa U03
•8a[Bjn^BU souaui X SBpBiauB^sunajia
sbiu zaA spBD sapn^iiaB ua 'sajB[nA SBjnjBia^i[ sb[ ap uaxquiBi o8an[ X
Bui^B[oipaui BiniBjajt[ B[ ap Bsoíd B[ ua X sosjaA so[ ua oiuaiuiiDBua^ [a
BisBq zdA bjjo X Bun aaajBdBaj anb X ajjanuí B[ ap BJadsa B[ [aaj^a b[ ua
ubiai[B a[ SBjqB[Bd s^Xno —Bijosopq B[— jafnuí ap BJopB[osuoa X Bsoni
•safBUi BJi^^ij Bsa Biuasajd sou oiaaog X oiunojdj^^ uoo v^So^ojij vj ap
smodn^i SBun aquasa B[[adBq oubiojbj^[ 'Bipaj^ p^pg b[ ap sa^jqum
so[ ua bX i\ 'sajoijaisod SBaoda ap so^oadsB so^ub^ UBiaunuB as anb
[a ua 'ouaduij o^Bg [ap BoojjBq Baijpjaj B[ ua oiquiBD ua ajuaptAa sa
afssBd aisg "bdi89[ b[ ap [B bisbiubj b[ ap ouB[d [ap —opBZJOj a^uauíBij
-Bsaaau— afssBd X^q o^^ 's^api ap upiaBzipquiis Bun ou X soqaaq ap
afB[qop un XBq : [BiuauíBpunj oaijBjSoiqojnB oaiioui [ap upiaisodsuBj).
a^uaooui Bun anb sbui XBq ou s^ga ua ojad íoqiSai^ ap svoijoonfj

�cómo enseñaban retórica, es decir literatura, los maestros cristianos en
tiempos de San Agustín. Los autores presentados por ellos como mode
los y fervorosamente admirados, eran paganos, como pagano era el arte
que los humildes artesanos cristianos imitaban o cuyos fragmentos
utilizaban cambiando sólo los nombres, en las catacumbas antes, en las
basílicas después. Hay, en efecto, en el arte paleocristiano, todo un sim
bolismo figurativo de origen pagano (Orfeo, Cupido, la paloma de
Venus, Isis madre, etc.) y bíblico (típica la historia de Jonás, tragado
en el mar por la ballena y vomitado por ésta en la playa, donde se
duerme bajo una enramada: el alma, tragada por el pecado y salvada
y hecha digna del descanso eterno, por el sacrificio del Redentor). En
el arte figurativo el contraste no es tan evidente, aunque en el espacio
de tres o cuatro siglos la evolución de las figuraciones simbólicas o
narrativas lleve de a poco, en la parte occidental del mundo romano,
esa doctrina de origen hebraico, monoteísta y espiritualista, a un apego
de las masas incultas a la hermosura de las formas materiales, que fue
sentido como idolatría y llevó a dos crisis por lo menos: la primera
fue la querella de las imágenes y la segunda, a través de las herejías
medievales, culmina en la Reforma protestante.
En literatura, el peligro representado por los poetas y, prosistas
paganos, que constituían todo el mundo de la cultura, al que en nin
gún momento el cristianismo pensó poder renunciar, era mucho mayor.
Las necesidades didácticas que obligan, para aprender o enseñar gra
mática, a leer a Virgilio y Cicerón, ocultan a menudo, en las discusio
nes relativas a este tema, en toda la patrística hasta San Gregorio, el
simple, humano deseo de un calor de poesía, que el ascetismo religioso
dominante, de origen más neoplatónico que evangélico, tendía a re
chazar. San Jerónimo sentía como pecaminoso su amor por Cicerón,
y, mucho más tarde, Gregorio Magno sostenía que no se podía juzgar
la palabra divina de la escritura según las reglas extraídas de los auto
res paganos, que sin embargo eran reconocidos como la única posible
fuente de la gramática. (x)
De este malestar tan evidente se trata de salir, como se ha visto
para la pintura y escultura paleocristianas, por el camino de la inter
pretación alegórica, que es más tardía en la literatura que en el arte,
ya que, al principio, la repugnancia religiosa por la poesía pagana se
traduce especialmente en una enérgica separación entre la forma y el
contenido, aceptándose la primera y negándose el segundo. Pero la
solidaridad que une al mundo romano con la iglesia naciente frente
a la barbarie germánica (que admira a la civilización clásica sin poder
asimilar de ella más que algunos de sus aspectos más exteriores, pro
funda, aunque inconscientemente, transformados), contribuye a llenar
el abismo, especialmente cuando los germanos, casi todos arríanos, en
la época de Gregorio I se convierten al catolicismo y, mucho más, cuan
do la Iglesia, justamente durante el conflicto de las imágenes, trata

i1) Para la Eneida de Virgilio como gramática, en el concepto de la Edad
Media, véase Comparetti: Virgilio nel Medio Evo", muy importante también
para el estudio histórico de la alegoría.
- 13 -

�- n ' tísapnp^aa, sa¡dn¡nw 'auqiunqaai vspf min oínq
'uvjjnao as 'sapEpi^oAi-ij SBq.miu joquq ap aesad b 'SBjqB[Bd SEJisariA ua íaiuanatqa
oipiAQ 'p B bX 'oqí^jj^ b bX 'oibuoq 'ij b A 'oXaduioj b bX Biaj ^M (g)

•9íubq gp
ojis9BUI jg opis Bq lujiEg ougurug gnb JEpiAjo gnb XBq ou íBz^jEjniEx
BJ 9p BUo89JB BJ OOJBUI 9p 9AJTS 9llb B[ B 4Bip9(Io[9l9U9 BUll S9 TUllBg
ongurug 9p ojjd-tosaj^ jg ]^ '9ixi9uiB9U9^9[B sopB^g^djígiai J9S uaqap
ziq uo9 UB[[uq 9nb so[ uiib 'sggEj^p so\ sopoj 9nb souioqnosgp
^b íoi3B[Bd ouiisjouij9q un U9 j^fniu Bsouijgq Bun Bimd sou
ouiq b Bpinqu^B 'DzudSijjajuj vj -auoif jj bubt[bjt uoiob^
-iuii ns ouioo (B^nosn^Bui uoo 4aouiy [9p buo^9[B B[ S9) oduoS9^b Bags
asoj vj ap timuou a'j 'Bpoui gp bjs9 9nb oubj9ji[ oagugS un sg oouoí^
-9[B BUl9od \a (BUEqBJt BJniBJ9iq B|^ BZ9ldui9 JUX Ia ua) IIIX "^ IIX
SCqSTS SO[ Ug 'BJgjS^UI^B BJS9 U9 UgOBU 890UBUIOJ 8Ban^BJ9^l[ 8Bq
•8BT9U9I9 SBJUIlSip 8B|
uos sosid so^no 'Bjnjog^nbjB BpBoqduioo gp 'BjjnptqBg b[ gp
^gp SBJnjBiuiui SBSOuijgq UBAagsuoo sou gnb sgoipoo ^bjj '
-uib v\ g^sg^oui gnb uts Á sgpBpqiqísod sop sbj gj^ug upioog^g bj
gjduigts B98 gnb uxs '(oiaui X oiAupBno) sgjaB gjgis sb^ bX
-o[O9j sgj^ X S9[BuipjBa oJiBno) sgpnjjiA g^gis sb^ bX utugs SBUiuguigj
sBjnSij 9^9I8 :sbotjo9[b sBjnSxj gp uB[qgnd gs SBZB[d sb[ X sg^jpgjBO
SB[ 'oOIJCíS \9 Ug SBUI X OOIUBUIOJ opojjgd ^ Ug •SBDIiSB[d 891JB
sb^ jod Bpipgggad 9A 98 BaniBagiq B[ oisg ug ugiqtuB^ 'oiaBjgiq uoubo
9A^9UA 98 BJJO89[B B^ '89[BA9Oip9UI ^TpUBlOip S91JB,, SB[ 9p X S9Jqod
SBUI Z3A BpBO SBlSo^OlUB SBJ 9p 'otjgdlUT OÍBq [9p B0IJ919J 9p SBJ9ngS9
sbj gp SBqxjo SBAisgons sbj aod sopBSBd 'sootsbjd sgjoijjgsg soj ug sggjBj
sBiouigj sns U9U9T1 gnb SBAisnjguoD X SBAiionpojiui SBjnuupj gp 'sbui
-91 gp 'sgugSBuii gp ouoiígdgj un uoo 'opBjjiJi oj b jojba Bp gj gs oj^s
gnb bj ug jBJtnijno BiougpBogp gp BjgjspuiiB Bun ug 'oood b gg
•Btp9J\[ pBpg BJ U9 BDISBJO
j)Bpgn8tiuB bj gp giJodBSBd jg gnj Bjjg gnb jpgp ugiq Xnuí souiBjjpod
d SBOod ug BuoSgjB bj gp BDij^isiq u^punj bj aiuijgp gnb som
ig 'oiuiistp gluguiBpunjojd opiugiuoo un gp upioBzuoijgixg
bj ug 'gjqipnjgut opBagpxsuoo 'jBUoioipBJi OAisgadxg oipgui un opuBzij
-iin ainSgs BJBd 'bubj9iij btujoj bj gp Bzgjjgq bj gp oiugiuiTpjouigj uis
jbzoS BJBd osinogj un 'sgnd 'sg Btp9j\[ p^pg ^IJ^ ^J ^g bijo89jb Bg
(¿I * A1X '™^D T9X)
(_) •luajo^ vuaa auiiuSaj osjvf qns vwunj^
'vjjnui vjomuf jms tuvnbiuvnb 'spoip tunuonb u¡
ixvnboj osv^^j 'opoiu at 'lumpSui/^ opoui jg
'wvqaSa^ aivuoQ 'aj opoiu 'lumadiuoj opotu jg

gfuoiu jg '91JO0 ns ug Biugi ou8Bp^[ ojJBg gnb BiutgpBOB gp giggdsg
Bsg gp sojquigiui soj gp oug "(oiugiiuioBugj oigiuijg jguitjd) bt8utjojbo
BDodg bj ug ggnpojd gs gnb jBjnijno oiugiuiiSansgj jg opioouoo sg
•ou8bj\[ ojjB^ gp upioBuoJoo bj uoo oubtuojj oiagdiuj jg jBiionsgj gp

�No se trataba ya sólo, pues, de dar a posteriori un sentido moral,
filosófico o religioso a relatos fantásticos escritos con otra intención,
sino de "vestir" literariamente, con un relato fantástico, un contenido
moral, filosófico, religioso o científico, para hacerlo más agradable.
Y, naturalmente, las exigencias lógicas de ese contenido forzaban el
relato fantástico y le quitaban toda naturalidad.
La alegoría intencional es, pues, un monstruo híbrido, que se
vuelve artísticamente vital sólo cuando el sentido literal prevalece y
escritor y lector olvidan lo demás. Para la alegoría como categoría
literaria, lo que Croce sostuvo en este sentido es prácticamente defi
nitivo, y se podría repetir tanto a propósito del Tesoretto, como de
cierta seudo poesía del período barroco. Para Dante ya es otra cosa: a
veces Croce tiene razón; a veces el preconcepto teórico le impide sentir
la poesía de la mera dimensión literal. Por ejemplo, en la lectura del
I canto del Infierno, el carácter evidentemente alegórico de las tres
fieras le impide verlas en su dinámico realismo y considerarlas como
imágenes.
Para medir la distancia, he aquí la figura alegórica de la Natu
raleza en 7^ Tesoretto:
^Pensando a capo chino,
perdei il gran cammino
e tenni alia traversa
d'una selva diversa.
E vidi turba magna
di diversi animali
e altre cose tante,
che nulVuomo parlante
le poría nominare:

Talor toccava il cielo
sí cKel parea suo velo.
E talor lo mutava
e talor lo turbava.
Al suo comandamento
movea il firmamento.
E talor si spandea
sí che il mondo parea
tutto nelle sue braccia.
Or le ride la faccia
ed ora cruccia e duole,
poi torna come suole.

Vle vidi ubbidire
finiré e'ncominciare,
moriré e'ngenerare,
e prender lor natura,
siccome una figura
ch'io vidi comandava;
ed ella mi sembrava
come fosse incarnata,
talora affigurata.

In ver di me si volse
e disse immantenente:
Jo sonó la Natura
e sonó la Fattura
de lo sovran Fattore". (3)

(3) "Pensando, con la cabeza gacha, perdí la gran ruta y me interné de cos
tado en una extraña selva... y vi una gran multitud de diversos animales... y
tantas otras cosas, que ningún hombre dotado de palabras podría nombrarlas...
Yo las vi obedecer, terminar y empezar, morir y engendrar, y adquirir sus ca
racteres naturales, como una figura que vi les mandaba; y ella me parecía como
si fuera de carne o a veces una imagen. Ya tocaba el cielo, de modo que este
parecía su velo, ya lo cambiaba, ya lo agitaba. Su mando movía el firmamento.
Ya se extendía tanto, que el mundo parecía estar todo en sus brazos. Ya ríe su
- 15 -

�- 91 •44aopB3J3 ouiajd
•ng pp Bjnqaag bj Aos A oza/OJíijoy vj Aos o^ :BpmSas ua ofip A 9;ajoa as iui
BiaBjj • • •opBaqiunisoaE opadsB ns b aApnA o^atq 'Bjo^ A aaaanasqo as bA 'oj^soj

• [SOUI9J
•9A OUIOO 'BUIISJlUBlJtoduiI 89 UOlOUIJSip B1S9J aiBJSnfB 9UI {9 B 'SBJ9Od
sol 9P ÍJ9JHD I3 JinSos ini)B ojoinb ouioo 'oaad íopijuos 9^89
-UOO [B SBJ9od 8O[ 9p UBfop 98 So^o^O9J SO[ 91U9UlBJ9pBpj9^ ' " '
OtUOO T8B9 UO8 'BUll^um B19U9T0 9p [BUOI9BJ BpiA U9U9IJ Olí 9üb SO^ Á
i 9JJB 9p A B19U919 9p t?piA U9U91^ OU 9nb SO[ B pBlUn^OA nS UnS9S J9AOUI
99Bl| X 89^9tlJ9 89UOZBJO9 80^ S9p¡lUinq X SOSUBUI 9A[9nA ZOA tlS 9p OJU9UI
-tu^sui {9 uoo oiqBS p 9iib aiD9p 9J9inb 9nb o[ :sBjp9id sb^ X s9[oqiB
BO^ BIBJ^B X 8BJ91J 8BJ B BqBSUBUIB BJB1J9 B[ UOO O9JJQ 9nb OipiAQ
90tp OpUBnO OUIOO 'BJIJU9UI BSOUU9q BUll 9p OÍBq9p BpipUO0S9 pBpj9A
BUn 89 X 'SB^nqBJ 8B1S9 9p O^UBUI p OÍBq BJ^nOO 98 9nb p,, 89 OOUO^9[B
13 '^OpU^J^-1^ SB^S9 9nb BSOO B[ 9p UppBJIBU B[M 89 OJ9UIljd \^
•o^iSoSduv
^a A jvjoiu ja 'oajuoSajv ja 'jvuajij ja :sopiiu9S oii^no i9U9j gpgnd tt^nj
-IJ0S9,, Bun 9nb Boqdx9 sou 9Jueq '(ni "d UBpj^[ *j -g *j -pg) omiauo^
pp opBiBJj opun98 pp O[^jdBD J9iuud p ug "91jb pp BOiSo^Bpgd
uppBoijxisnf B[ S90IBJ sns gugi^ gnb b^ ug ^osoi^ipj-ooxjsipaoui j9jobj
-bo 9p 4Bip9j\[ p^pg B[ gp pjuguiBpunj uopBdnoogid B^ b gjugipuod
-S9JJO0 'UOI89jdx9 9p BUUOJ 9^dlUlS BUIl 9JUBQ BJBd BJ9 BIJO9[y
•uppBzipijgjBiu gp gpgdsa can sg
OJJ9I^S9P p 9Ilb B[ 9p BJÍI110BJJ B[ 9p BUU9U9 Jod 'BDS9JUBp BjqO B[ 9p
gjugaBdB pBpinuijuoo b^ Bjn^gsB X so^sgndo gp BJopBqpuoo uopunj ns
BU9dui989p BUo^gp B[ 48BUI Z9A BOTl '^ #BIS9od B[ UOO 9JU9UIBUBS909U
B^JB^nOUIA UIS 'BJJoS9|B B[ JIUipp 9p Z9A BJOUIljd Jod odnOO 98 91UBQ
'osnpuoour opgnb 'pnbB ouioo 'X 'zxjjBgg gp g^jgnuí b^ gp sondsgp p
jod eopBzipg^ sooijoso^ij soipnjsg so[ gp eojnjj soj jaSoo9i b p
^vnuanboj^ jjnSjriy^ a(j p uoo ojunf 'onb 'oiaiawo^) p ug

VHV3 vmo^siv vi
III
*Bip9J\[ pBpg B[ 9p BATS9ldx9 B01U09J B[ 9p
OUIlSllUBjaodlUI O^OOdsB 9JS9 9p B0J90B BqBSUOd OUISIUI 9JUBQ 9nb O[
aBuiuiBX9 onb X^q 4Biuiqn bjso o^sisuoo onb uo joa op so^ub '
•Bipouiog B[ op
B^ X (lUX ^ IIX SOI^ÍS 8OI U3 91U9UqBI9U98 BiqOOUOO 98 OUIOO
X) Biqoouoo B[ xuiiBg ojjgurug boijoioj op o^jsobui p ouioo
B[ 9JJU9 UBipOUI BIOUBISip BUISIUI B[ X BZUBÍ9UI98 BUI8IUI B[ *U9iq X
íopj9no9j ojoiu9i ns oiuosojd bjso 9iu9ui9[qBpnpui onb uo 'o^ubq op
't49JJOJ 9 BjdSB 9 BlSSBA[9S ^ApS,, B^ UOO 'lUTJBg OJJ9UIUg 9p BOI^JI
-U9p BJn^UOAB BJ BZ9ldlU9 9llb U9 t4BSJ9Aip ApS,^ BJS9

�El tercer sentido es el moral; y es el que los lectores deben buscar
atentamente en las escrituras, para utilidad suya y de los que de ellos
aprendan [es decir para extraer de la lectura normas de conducta]...
El cuarto sentido se llama anagógico, es decir sobresentido". Este úl
timo (resumo algunas líneas) se tiene cuando ya las palabras, literal
mente entendidas, se refieren a cosas nobles y sagradas, pero además
significan, en terreno espiritual, otra verdad. Así, en el canto del
profeta que dice: "Al salir el pueblo de Israel de Egipto, Judea se
volvió santa y libre", hay un significado literal verdadero e impor
tante (no una hermosa mentira), pero hay también un segundo sen
tido: "el alma, al salir del pecado, se hace santa y libre y dueña de
sí". (ídem. p. 172).
Esta exposición sistemática se aplica, en el Convivio, a las cancio
nes comentadas, que son tres y debían ser catorce. Así lo anuncia el
autor: "Sobre cada canción comentaré antes el significado literal, y
luego su alegoría, es decir su oculta verdad; y a veces mencionaré incidentalmente los demás sentidos" (ídem. p. 173).
El Convivio está escrito en la lengua materna, que, en la época
en que compuso la Vita Nova, Dante consideraba apropiada sólo para
la poesía amorosa, justificando su empleo en este terreno con la difi
cultad que tendrían las mujeres para leer latín (V. N. cap. XXV).
También en este problema lingüístico el pensamiento de Dante se ha
modificado en forma radical en ese decenio, tan agitado y decisivo,
que separa la Vita Nova del Convivio. Ahora el idioma vulgar es con
cebido como "luz nueva, sol nuevo, que despuntará donde el habitual
llegue a su ocaso, e iluminará a los que están en tinieblas porque el
sol de siempre no brilla para ellos" (Convivio, últimas líneas del pri
mer Tratado).
Con este libro, pues, Dante quiere demostrar que el romance pue
de ser el idioma de la cultura en su más alto nivel y, a la vez, piensa
dignificar su destierro participando a los demás el resultado de sus
estudios.
La Vita Nova, en su última parte, relataba el involuntario enamo
ramiento del poeta por una "mujer gentil" que trataba de consolarlo
después de la muerte de Beatriz. Con el arrepentimiento por esa infi
delidad y el retorno al culto de la Amada muerta se cierra la novelita
autobiográfica juvenil. Este amor culpable es un poco la síntesis de
los amores terrenales de Dante entre la desaparición de Beatriz y ese
monumento a su memoria que es la Comedia, amores que Dante se
hace reprochar por la misma Beatriz en los últimos cantos del Pur
gatorio, como la substancia misma del "traviamento", es decir del
extravío que casi lo lleva a la muerte del alma en la selva del primer
canto del Infierno. Y bien: este amor por la "mujer gentil" es inter
pretado en el Convivio como el símbolo del abandono de la poesía
amorosa por los estudios filosóficos. La obrita inconclusa marcaría así
el triunfo, que la Comedia demostrará provisorio, de la "mujer gen
til" o sea la Filosofía, sobre Beatriz. Luego, en la Comedia, la "mujer
gentil" es derrotada en sus dos aspectos, el material y el alegórico, pues
también el pensamiento dantesco de ese decenio entra más tarde a
- 17 -

�- 81 •UB9 B^ opU9Xo[ Jl99p S9 48BUI9p O[ 9p S0UJBdn9O9Jd UIS BUIJOJ B[ 9p
JBZOxi 9p Bp 8OU 9llb OSIUIJod ^9 J^ 'Epuní^^s B[ ^PJJip X BJ9UUJCl B[
9p ipBj 9j)U9n9U9 4opiu9iuoo pp pvpuoq B[ 9p purioj vzajj^q B[
l9B19jdj91UI B[ 119 O[J99Bq 91U9UIBUBS999U Biq9p OUIO9
'9JUBQ 9nb B9I[dx9 9S 'SlS9Jodiq BJ89 B^J9I9 89 Ig
*ttOlUB9 tlS 9p 9)JBd BJJ9I9 B^ '[BnjiqBq BJ9 OUIO9 4OpUBU
-JO19J 4UOI9UB9 B[ 9p t4U9pjO,, p9 UO9 JEpJOOUOO 90Bq B[ 8999A SB9od '[B19
•9ds9 J9J9BJB9 9189 JB9B189p BJBd '9tlL X 4OpB9IJlu^l8 ns 9p BJ9I1J Jl99p
^q 9nb o[B uoo u^iouBO B[ aBxuopB bjb¿ 99Bq &lt;q 4Bsn b[ opuBn9
'opun98 '44bibiuoi,, b[ oood Xnuí bsü \9 9nb 'oaguiud 'buijijb
OICl'lCVUO'J ^9p OpBIBJJ^ JJ ^p "[ O[llijdBD 9S9 U9 'O109J9 U9 '91UBQ
91U9UIB9TJOS9[B
-9jdj9im 9nj 4(jouib oj;o b ziJiB9g jod joras ^p gfBSBd p 'oi99j9 U9
jgfnra,, b^ Bisd biijos9 opis Biqsq oiu^raoui ns U9 9nb
oiu9raora p ug 's9nds9p Epsi^^j^B B[J9uodns BJBd
9ld Bp SOU OraSira 91UBQ 4^B1BUJO1,, B1S9 JB1U9UIO9 B 91U9raBlSnf OpB9
-ip9p 'OMMUO^ pp OpBIBJJ^ OpunS9S pp ^1 OpijdBO p U9 'OJ9^
•Bjjo9p b^ b uoisnp BOiun B[ BjnSi^ 8OSJ9A soraiqn
SOS9 U9 91U9raB18nf 89nd 'UOI9UB9 B^ BpOl 9p O9IJoS9p 9lU9ra[BUOI9U91UI
I910BJB9 pp JOABJ U9 9raiJ^S9 98 91U9liqBJ9U9^ 9llb {BdlOUIjd OiU9ra
p 89 ttBiBUJOl,, B189 9p B19U91SIX9 Bq 'SBJOJ1S9 SBra9p 8B[ 9p 91JBd
B[ 9p O9IJ19UI BUI9nbS9 p JIJ9d9J 9p B[ 89 4O91U991 OUB[d p
U9 491U91JJO9 B9I18IJ919BJBD ng •BqBjS^iUI 9nb B9ll9od UOIOTSodraOO BlU
-8IUI B[ B 4B[OpUB9I^IUO8J9d 'BpiSlJip BqBlS9 4SBlStAOiqilS9 X ttSBUBqt9lS^
SBqOnUI U9 X 89[BZU9AOjd 8BpB[Bq X S9UOI9UB0 SBUn3[B U9 4OJ9d 'BIJO1B9
-ip9p BUn O UOl8n[9UO9 BUn 91U9rapJ9U9^ BIU91UO9 'BUBds^ U9 ttUIJ?5
91U9UI9^drai8 X BIDUBJ^[ U9 tJOAU9,, 4BTpiJ U9
O tcBlBUJOi,, BpBUIB[[ 'upiOUBO BUn 9p 49A9jq SBUI 4BJOJ1S9
-ora pp OZJ91 \i 4opu9pu9iui 49qo io^Y,, BZ9idui9 9nb B[ 4S9uopuB9 sop
8B189 9p BJ9UIIjd B[ 9p BJOJ1S9 Braiqn B[ JW9p 89 44tBlBUJOl,, B[ U9 91S9
OSB9B Bra9^qojd ougnbgd oraii[n 9is9 9p uopnps B[ BJBd 9ABp sq
•UOpBniIS BA9nU B[ B 4BSOjd U9
-9[B U9pB19jdj91UI B^ 9p S9ABJ1 B 4oS9nj SBpBidBpB Xp
S9UOUB9 8O[ UllS^98 J9Í11UI BUn BJBd 9JU9lUBIJCUlI&gt;IJO SB1IJ9S9 OJ9tqpB
9Ui u^iuido sXno b— bojío X je jod 9p SBoijpíág^B usj^pisuoo soun5i[B
9llb 489UOpUB9 SOp 9p OICIMUO^J \B UppBJOdjOOUI BJ jqB 9p Í891U9TJJO9
899UO1U9 SOTJ91IJ9 8O[ Un^98 BIJoS9[B B[ 9p piIOpU91UI O9[dra9 p jqB 9p
íBi^od un JBzuBDp BJ9ipnd onb oqs 8Bra pAiu p ubiziiiisuo^ 4so9ubj
-odui91UO9 Sn8 BJBd X VipOlUO^ B[ B JOIJ91UB OpOJJ9d p U9 91UBQ BJBd
9llb OJ9d 4BpB9IJISJ9A BSOjd OUIO9 (BOláp^ UpZBqBJl B[ 91U9ra91U91od9jd
BlBJBqS9p OU UOáBrai B[ OpUBna) JBJ9piSUO9 B SOUI9pU9i SOJ1OSOU 9nb
'•(OMiailO^ pp A^ OpBlBJJ^ p BZ9qB9U9 X BZ9^qO^y^ B[ B 9J9ipj 98 9nb B[
OUIO9) SBIJBUIJIOOp S9UOpUB9 SB[ jqB 9p ÍVaO^ ül^y^ B[ 9p tJJOIJ91SOd
BM B9TJ9^9[B U9pB19jdj91UI BUn 9p pBpiS999U B[ 4jqB 9Q #ZIJiB9g U9
ou X Bijoso[iq B{ U9 Bis^ 4BposnXBra uoo X oi[B sBra ouB[d p U9 joray
[9 4B0od9 BS9 U9 4jp9p 89 4U9p99JJ9d V\ 4OlU9raOUI
OJIO U9 JCJISOraOp 9p 9JBIBJ1 OraOO 4^tOIABJlX9,, [9p 91JBd JBXUJOJ

�ción como lo que era, el canto del amor nuevo que vence la muerte,
es para nosotros una especie de liberación. He aquí la "tomata":
"Canzone, io credo che saranno radi
Color che tua ragione intendan bene,
Tanto la parli faticosa e forte.
Onde se per ventura egli addiviene
Che tu dinanzi da persone vadi,
Che non ti paian d'essa bene accorte,
Allor ti priego che ti riconforte,
Dicendo lor, diletta mia novella:
Pónete mente almen com'io son bella". (4)
(Convivio-, II Ed. citada p. 171)
En esta justificación de la poesía por su belleza está la libera
ción. ¿Qué nos importa, en terreno literario, el significado alegórico,
si, para nosotros, y, de un modo no muy consciente, también para
Dante, el literal alcanza y vale por sí? Bien podemos prescindir en
tonces de las intenciones moralísticas o filosóficas del autor, sea que
estas hayan surgido posteriormente, como parece que aconteció en
este caso, sea que queden poéticamente anuladas por la vitalidad que
cobran las creaturas simbólicas, como en la famosa canción: "Tre
donne intorno al cor mi son venute".
Es esta última una de las "rimas" de Dante cuyo carácter intencionalmente alegórico es innegable y sobre las cuales la personificación
que de la Filosofía hace Boecio en el "De consolatione" influyó bas
tante. Y es, sin duda, la mejor de ellas, la que más se difundió, aun
fuera de Italia (fue imitada en su forma, aunque no en su espíritu
profundo, por el marqués de Santillana en una de sus "Visiones"). En
esta canción vemos una vez más comprobado el carácter instrumental
de la alegoría, como elemento de continuidad y conciliación en los
momentos o en los terrenos conflictuales.
En todos los poetas del Dulce Estilo, aun en los que más espon
táneamente se mueven con su poesía en esos mundos interiores re
motos, en esos paisajes luminosos sin objetos ni colores, en que la
Amada no es más que una fuente de luz, una sonrisa o un suspiro, en
que ni ciudades, ni ríos, ni personas tienen nombre o contornos, hay
una zona límite, o, si se quiere, un punto de fractura. Guinizelli lanza
de pronto una maldición contra una "vieja rabiosa" y Cavalcanti rodea
de una naturaleza deslumbrante a su realística y encantadora "pastorella". Pero en Dante el realismo se impone como nuevo criterio
estético, con una seriedad que hace de él, no una diversión aislada,
sino una verdadera conversión.

(4) "Canción, creo que serán pocos quienes entiendan bien tu significado,
tan obscura y trabajosamente hablas. Si, pues, por casualidad acontece que te
encuentres ante personas que no lo hayan captado bien, te ruego, jovencita mía
querida, que te consueles diciéndoles: Fijaos, por lo menos, en lo hermosa que
soy".
- 19 -

�- os 18 9p OJOS BUOlip 333JBd 'BZ^B^SOp Á.
-ojqBsap : o)uboiuu3bj bjbd bj apuoas^ oubui bjio bj íojjsoj pp obo onb
b¡ ^juais 'jojop as^ ap suiunjoa 'opnusap ozsjq p :o[[b; uts BpB)joa bsoi ouioa
oubui b^ ua BSUBasap ^ 'sBjqBpd uoa 'oqanuí Bfanb as SB¡p ap Bu^M (s)

(s) 4t^UtIOP JB^ 99 ÍP los a 'bz^bos a Biuiasip
:bsouitjíb[ btoobj B[
bsoosb auaji tibui ^jijbj
íoijoa jBp apBD aqo oi^Sbjoj ajuas
'buuo[oo ^o^op ip 'oíaoBjq opnu |^i
:bsojc Bsiaons amoa
BSOd 18 UBUI B^ 118 UJ^
'oi[oui a[OJBd uoa Bunj ^
ap jafnuí jamb^Biia anb sbisi[boj sbui
X sopiuijap sbui oqonui soiuojuoa 'Buo^a[B B[ ajuBQ b Bp
^l anb psjjaqq B[ ap Biauanaasuoa ouioa 'auaii 'BjsiAoupisa opoui \e
'joijajm BuiBjp ^op aÍBuosaad un Bisa opuais uiib '(pniiiaa^j) BjnupQ
ap upiaBjn^ij bj 't(m • 'uoo p&gt; ouaojui auuop a^jr,, uoiauBa B[ ua b^
B B^BiuauuoiB anb ^bjoui oiaqjuoa osojo^op ^a uis 'Buajd boi;
upiOBzijBaj Bun JBiSaiui b JBJiua BJBd '[BAaoipaiu upiSqaj bj ap
BOiiaosB uoisud bj 'BisiAoujiisa mjouibw jap SBiOBJisqB sauoiaiqiqui sb|
uaXruisap 'sopiiuas soj 'jojoo ja 'buijoj bj 'BzajBjnisu bj ap pBpijuai
bj onb uoo oiuauítuisui ja ^aiuBQ ua 'sand 'sa BiJo^ajB Bq
m}/{ bj ap ^XX ojmjdBa ja ua Bpipuajap 'BqujB sbui ojq^q as
anb ap joiuy ap bj ap odii jap 'sauoiOBaijiuosjad b asBq ua opnuaiu
b ^BAjiaajB BpiA bj ap uoiaBzijBuaiBui Bun sa X BnSiiuB Baijpia^ bj
ap auaiA SBiaod soj ap Buo^ajB Bq 'jbjoiu o BsoiSijai p^pjaA Bun aaq
-ñaua anb boiisbiubj uoiaBjjBu Bsouuaq Bun :aiuBQ jod Bp^p jB^aua^
upiaiuijap bj b apuodsauoa anb bj Búas so^ojpai soj ap BuoSajB Bq
•JBZlJlin B BA
bj opiiuas asa ua X íBiuiijn Bisa ap oaiiaisa jaiaBjBa ja aiuais anbjdd
aoBq oj 'sBiaod soj ap bj X soSojoai soj ap BiJoSajB bj ajiua upiauipip
bj 'ommuo'j jap opBija ozoji j^ ^a 'aaajqsisa aiuBQ opu^nq 'bisiaou
-jiisa Bapaisa bj ap oaiaa ja jadiuoj piiiuuad aj Bjja anb aaip sou ou
o oía ou anbunB '^sbibjo sajBnsiA saua^Biui?, aauai ap pBpijiqísod bj
aiuBQ b Bp aj BjioajB bj anb souiioap jb loijq oia oq 'sasaiuBp Bjsaod
bj ap soiuauíoui sapuBi^ sop soj aaiua aiuand aisa oía ou sauuo^
•ouuSajad louiy jap oiau
-os ja ua asasuai^ 'zuiBag anb sa^qisia sbui oqanuí saiaioBiBa 'oiuaiui
-iaoui ua aÍBuosiad ouioa 'auaii joiuy ap Baijp^ajB bjii^ij Bisa '
míA Bl ua BA *AXX '^B0 Ia ua 'B-iojBiaui ajduiis ouioa
BpBaijnsnf 'X aiJBd Biauíud bj ap soiauos sounSjB ap joiuy ap BjnSij bj
ua 'vao\[ m}A BI ua Binasajd sou as bX anb 4BuoSajB bj uoa 'ojjBjadns
oXaja o 'paadns oj X aisBJiuoa aisa Bpnp uis cqiuis aiuBQ 'vip^iuo^y
bj ap pBpiAiiaiuisuoo bj X ojiisq aajn^j jap jBajJi aiuauíiBjnosndaaa
ouisijBiuauí^Bjj ja aaiua jsaipBj aisBiiuoa aisa ajqos 'oaod un opu^j
-aBxa ^oiuaaB ja auod 'ojiisq 9^jnQ ja ajqos ojqij ns ua 'sauuog

�Esta imagen de la desolación indignada tiene la gracia y la so
lidez de un mármol helenístico. La cabeza se abandona en la mano
como una rosa cortada, pero el brazo desnudo se hace columna; la
persona es dueña sólo de sí misma y eso la separa del mundo con
líneas de trazo neto y le da consistencia.
Más tarde, la "terrenalidad" de Dante, en que Croce reconoce
con razón el motivo unitario de la Comedia, encuentra en la ale
goría su descanso. Después de la Vita Nova, tan espiritualizada, la
Comedia se nos presenta —repito— como el dominio del realismo.
Y hay un vínculo profundo entre este realismo —que Eliot, en igno
rada coincidencia con Carducci, llama mágico— y la intención o
justificación alegórica.
Naturalmente, nada de esto le quita valor a la afirmación de
Croce que la criptografía no es poesía. Este descanso del alma en
la justificación alegórica quiere sólo ser un elemento de explicación
psicológica de la plenitud de un proceso creativo, que en la atmós
fera estilnovista hubiera sido inexplicable. Sólo a través de la ale
goría, Beatriz puede hacerse, en la Comedia, tan mujer y la "pastorella" de Cavalcanti, adoptada por Dante, puede "cantar como si
estuviese enamorada" y danzar entre las flores, en el Paraíso terrenal.
Que Dante sintiera obscuramente la importancia de la forma
y del sentido literal, que es el único que puede identificarse con la
"forma" entendida como De Sanctis y Croce la entienden, se com
prueba repetidamente en el Convivio, además que en la "tomata"
citada. Nosotros, claro está, decimos que se trata del único sentido
posible de la palabra poética, puesto que la metáfora misma es iden
tificación, síntesis a priori de la poesía, y no un vestido agregado
desde afuera.
Dante no llega hasta ahí, puesto que nos ha hablado escolás
ticamente de los cuatro posibles sentidos de toda "escritura". Pero,
al principio del Convivio, nos demuestra su complacencia por la be
lleza de sus canciones "sí di amore come di virtú materiate", y con
sidera natural que esa belleza sea apreciada más que su "bondad",
es decir su sentido oculto. Y, a la vez que nos define, según la esco
lástica —es decir, despedazándola— esa belleza (belleza de construc
ción o gramática, orden de las palabras o retórica, número de las
partes o música), tiene de ella una concepción tan sutil y delicada,
que afirma y demuestra la imposibilidad de traducir la poesía de
un idioma a otro, es decir la inescindibilidad de forma y contenido
(Convivio, Trat. I, cap. VII).
Por otra parte, al final del II capítulo del primer Tratado,
Dante hace, al pasar, una afirmación grávida de consecuencias, que
hubiera ahorrado muchos esfuerzos interpretativos de haber sido
atendida por los dantistas: "la verdadera sentencia de ellas [las can
ciones] no se puede ver por nadie, si yo no la cuento [no dice: "ex
plico"], porque está oculta bajo figura de alegoría^. (Ed. citada p.
145). El sentido alegórico ("la verdadera sentencia") carece, pues,
aun para Dante, de necesidad poética; depende del arbitrio del autor
y, si este no lo "cuenta", es imposible encontrarlo. Tiene, pues, todos
- 21 -

�- zz •4tsojidsns ap Bfoühioo
auiai ou is 'jafnuí bjso op sofo so[ jejduiaiuoo jod bMbi^ 'uoijba|bs bj joa
uain^) :aoip X 'jafnuí sun b jejiui oziq aui (joiuy oaoiiu ja) aisg,, (9)
^ X jbjoui opijuas ^a ojad ivipaiuo^ bj b sopijuas
soj UBOijdB as oáatvq '44oidX3ay ap ja^jsj njixa uj,, oiujbs jap ojdiuafa
ja a^idaj as bjsbij X ommuo^ ja ua sopEjauínua souiBJiuoaua aiil) bis
-aod bj ap sajqisod sopi^uas oaiBna soj ap BjqBq as uaiquiBi jnby
•SBapx sns uoa opjanaB
ap X ajuBQ ap sodiuaij soj ua Bjuasa anj anb ap (^pnp as ou osa ap
X) sojn^as soiuajsa anb ajuaiaijns sa 4Biuaj ojjsanu BJBd 'oja^ *BjdaaB
bj sajopBuojsiq soj ap buoXbui bj anbunB 'BpBaasouiap ajuauíBAijiu
-ijap Ejsa ou oiuauínaop ajsa ap pBpyaiiuainB B^ "osjBaB^ ja Baipap
aj anb bj uoa '(Buojay ap jouag) BjBag ^jjap apuBj^) uw^ b buijb[
Bjojsida bj ua aAjanA a^uBQ 'oaiapSajB opi^uas jap Bjjoa^ bj ^-iqog
•otpdiuo^ bj ap sojubd soaauíijd soj ua sojjsbj uBpai^b
anb jap 'oduiaij asa ap ojsn^ jb oua^B ou 'oaojJBq joqss un uajaiid^j^B
sBaujj sBsa 'ouisiui osa io¿[ 'opBzjoj jajOBJBa un 'ajia anb ozoji ja ua 'b^
-uai ajuBQ ap BaupSajB uoiaB^aadja^ut bj anb ap uoisajduii bj 'ajuaui
•BjpjB^ uoiausa bj b opinqujB oaijoqiuis opuuas un ap Bjsandxa bX
sisaipduj bj uoa opBjnautA 'ojdaauoaaad un b Bpiqap ^as anb oaao ou
y "vao^^i m}/l bj ua SBpiSoaB ttjijuaS aaínuí bj,, jod sbuiij sbj ap ouoj
ja 4JojnB jap uoiaBiaadjajuí Bsoianuiui bj ap JBsad b 'sojja ua ojuauqia
-bj soiuaaouoaai 4BOsaiuBp BDijaod upiaanpojd bj ua Bjnsouuaq jbjiioij
-jBd Bun aod uBOBjsap as ou anb 4sosj3a sojsa aaaj b souiaAjoA ig
*(90^ '^ 'p^jío uoiaipg) t48Bpnp ap ojaijjuoa X oip
-tusa ap ofBqBjj auiaj ou is :aapuajua anb XBq jnbB :44soaxdsns ap Bt'o^
-uoa auia^ ou (osoipnjsa ja) ja is í • ''buijb ja usaouiBua 'oiaajajuí jap
sofo soj ua oqaaiap opuBa^auad 'sajsna sbj 'sauoiaBjjsouiap sns uos aaf
-nui Bjsa ap SBpBJiui sbj • • • Bunpiqes ap ajqBJiuipB 'pBpijsauoq ap Bp
-BuaopB 'Banzjnp ap Buajj jafnuí sa ajuauíBaapBpaaA j^na bj 4bjjosoji^
bj sa jafnuí Bisg,, : (soapaod ou sozoi^ SBiuap soj BJBd oiuoa 'uoioanp
-bjj bj ojps Xop) sosjaA ojjBna sojsa b oiJBjuauíoa ja jnbB aq y
'(0¿I '^ ^B
(9) ^^dsos tp vpsoSuv
ijimi vuuop vjsa(p ty^oo í]8 ayo moovj
'ajnjns ty pona uapaa xy^ :ao\p ^
íaivpi/on8 vuuop vun aoaf rui
:Bjoajsa BpunSas bj ap Jbuij jb 4Bjaod ja aaiQ
•oipnisa jap aoAjaj ja
-uaaua jBfap BJBd sauoiSBd sbü^ijub sbj ouiiub ns ua asjBOBjdB Bijuas
Biaod ja anb ua opouad ja ua 444xjoijajsod b,, BpBzijBaj anj uoianqijjB
jbj anb souiijiuipB is 44jBjuapiaaB,, ajuauíajqop Bijas anb X owmuo^
jap uoiauBa Bjaiuijd bj b aXnqp^B 'oaijp^ajB ojuaiuiipaaojd ja opuBsn
'aiUBQ anb 44ojapBpj3A opijuas,, asa ap ojduiafa un jnbB aq y
•Bjaod jb osndiui as bX oiuod jojaaj jb auoduix as anb 'sisaod bj ap bio
-uasa bj b ouafB 4ojub^ oj jod 4sa X pBpijBjuapiaaB bj ap sajajaBJBD soj

�son posteriormente reducidos al alegórico, lo que simplifica bastante
el problema. (T)
Aplicando esta teoría, los autores de comentarios a la Divina Co
media, a partir del primero, casi contemporáneo de Dante, dan la in
terpretación literal de cada elemento del relato y, en seguida, la ale
górica. Uno de estos expositores, Francesco da Buti, perteneciente a
la segunda mitad del siglo XIV, al seguir este procedimiento impuesto
por la costumbre, cita, a propósito de los cuatro sentidos posibles, dos
versitos mnemónicos, del tipo de los que tanto se usaban en la Edad
Media y que, para algunas disciplinas, las escuelas de los jesuitas con
servaron hasta el siglo pasado.
Littera, gesta referí; quid credas, Allegoria;
Moralis, quid agas; quid speres, Anagogia (8)
Y con esta curiosidad, que nos puede ayudar a entender, no la
filosofía escolástica, sino la atmósfera cultural que alrededor de ella
se crea, cerramos el estudio rápido de lo que era la alegoría para
Dante; y podríamos decir que la realización coincide con la teoría
(con lo cual nuestra indagación estaría terminada), si no fuera que
en la Comedia el problema adquiere otros caracteres y otra enverga
dura, convirtiéndose la alegoría en una plataforma de vuelo para Pe
gaso.

(T) Para dar un ejemplo de la minuciosidad ordenada de esta exposición
explicativa, tan característica de la cultura literaria medioeval, y para encuadrar
correctamente el tema de la alegoría, me parece oportuno resumir en esta nota
la parte de la epístola que se refiere a la Comedia en general. Toda obra tiene
seis aspectos: tema, agente, forma, finalidad, título y filosofía. En la Comedia, el
tema es dúplice: literal y alegórico. El primero consiste en los tres reinos del
trasmundo; el segundo es dado por el hombre y su libre albedrío que lo hace
merecedor de castigo o recompensa. (He aquí que Dante, como protagonista, se
vuelve, él mismo, personaje alegórico). El agente es el mismo poeta. Formas hay
dos: de lo tratado y del tratar; la primera se refiere a la organización y versi
ficación de la obra: tres "cánticas", cada una dividida en cantos, divididos a su
vez en ritmos (estrofas) ; la segunda se refiere a la manera de tratar el tema y
es poética, basada en la ficción, descriptiva, digresiva, transitiva. La finalidad es
la de "llevar a los que viven esta vida del estado de miseria al de la felicidad".
(Hasta aquí no se ha hecho más que aplicar a la ilustración de la Comedia las
cuatro causas aristotélicas: material (tema), eficiente (agente), formal y final.
Y Boccaccio, en su comentario, no deja de hacerlo notar). Quedan eZ título ("Co
media", porque empieza mal y termina bien, y, por otro lado, porque está escrita
en vulgar, que es la lengua humilde en que también hablan las comadres) y la
filosofía. Esta no es especulativa, sino ética, porque está dirigida hacia las obras.
(s) "La letra cuenta los hechos; lo que debes creer dice la alegoría; el
sentido moral, lo que debes hacer; lo que puedes esperar la anagogia". Estos
versos están citados en el prólogo al comentario de F. da Buti, que sirve de
apéndice a la epístola a Can Grande en "Delle prose e poesie liriche di Dante
Allighieri". Vol. V, Livorno 1843, p. 108 sgg.
- 23 -

�*4tBpiA BJ OUBSua 9S3 B 3q3p 3J A OipOUiaj o3jBUIB |3 BUIO}
ja 'opBUBgua íjoaxj aABns un uoa sopBzjnpua opis ubij sapaoq so^na osea ja oui
•jajua ouiu un b soui^p aj jsb :opiauaAiioa Bq 'sojopuyiiajap 'soAinbsa sbui soj b
sopuBjq ua BpBzaaapB 'p^pjaA bj anb A íSBjnzjnp sns BuiBxiap Bijucpunqi?
ua osbiubj ojafuosij ja apuop BiaBij axioa opunuí ja anb saqcg,, (G)

^a anb ajuaiijoa sa ^ •gojqand ap sajoianpuoa uajuais as anb sn^aod
'laanpjB^ 4ijaijjy 'ajuBQ uos jBnjuídsa pnjijaB Bjsa ap sojbjo sbui sojd
•inafa soj 'bubijbii BjniBjajij bj ua : sa^BA-SBjaod oppuas usq as 4(Bisaod
bj ua ojos une o 'BpiA bj ua) ucuoob ap sajquiotj opis UBq anb sbj
-aod soj sopoj 'saaojamisuoa SBjaod soj sopoj^ 'sajvci :BjqBjBd bjos eun
uoa sopBu^tsap opis UBiqBq 4buijbj pBpan^ijuB bj ua 'b^ anb 'Bjajojd
ja uoo Biaod jap uoiOBaijiiuapi Bjsa opnuaui b ubzoj 'jBiuauínjism
Bas o 'oaiuBisaui jaja^^Ba ns uijuupB b 'zaA bj b iÁ ajJB jap oiua^iuit^d
Á oauBjuodsa aa^DBJBO ja jbzijojba b uapuaij anb 'sooijubuioj so&gt;q
•Bisaod bj ap soip ja 'ojody ap oStjsbd un
'oqoíp aofaui 4o uop un uos BjpuBSB^ aj) sBiaajojd sb^ "SBSiuojid sbj ap
'sBjxqis sbj ap 'sBjajojd soj ap Bsoi^ijaj uoiaBJídsui bj uoa UBqBjuajBd
-uia bj anb soaijsiui saja^aB^BO BjjinbpB bdi^sjiib upiaBJídsui bj saauoj
-ua X ísBjaod soj ap Baoq lod saaquioq soj uoa asjBaiunuioa BJBd 4saj)
-BpiuiAip sbj ap o pBpxuiAip bj ap ojuaiunijsui un Bisaod bj ap
anb 4bjjo pi^sixa aaduiais 'ajuaujoa BiJoa^ Bjsa ap opBj jb '
'( #Jisa -j *a - BjBjaqtj aiuuiajBsiua^) - ossb^ "jj
(c) '(íd^^0iu vjia ons ouuvSui j/p a
'aaoq ia ojuvjui oívuuv^ui tuntún íi/aans
íosoa jop ijuo tjS uootj oanos tp
tsuddsn oium8uod jmouvf ouSa^^n tsoo
:osnnsuad nq opunjjapn mtqas ntd i
'isuaa t^otu ut ojtpuoo ouaa ji aya a
iosnuund uait¡Sutsni p azzaajop ans tp
tsuaa ntd aao 'opuotu jt auuoo tnj atp ?„
:sosouibj sosjaA ua opxuijap
BjqBq jy^X Ol^i8 ja ua bá ossb^ ojBnaao^ anb X 44tBax^oBpad?, cuubjj
SBip soj)sanu ua aaoa^ anb 'Buoaj bj un^as 4pBpjaA bj ap ojnaiqaA un
ouioa 'uoiaBzijBJoui o BzuBuasua ap oiuaxunijsui un ouioa a^uauíajuauj
•oa opiqaauoa opis Bq a^iB ja 4SBip soajsanu Bjssq isBa 'BpBzijBiaadsa
B^njjna bj b souaÍB sa^uaiquiB soj BJBd 4X oiusiaijuBiuoj ja b^sbjj
•snjafoud - snjaod soj ap apuBaS sbui ja 4ojaaja ua 4sa a^uBQ
•Biuaod jap opBJtnjaiuisa ajuauíajjtanj ouisxjBaj
jb X ajuBjijiui pnjijaB bj b op^Sij Xnuí oaijoui 'BjaajoJtd bj :Buiajqojd
jap souiuuai soj ajqos ajuauíBsojtapod aXnjjux anb 4OAanu jopBaídsut
oaiioui un —BuoSajB bj uoa uoiaBjaj ua— Xbij ntpatuoj bj ug

viaai\[03 va ^a vraooaav va
AI

�deseo intenso o el intenso temor de que algo suceda se expresen como
profecías de aquel determinado acontecimiento.
A veces la profecía influye poderosamente sobre los acontecimien
tos; se transforma en fuerza histórica. Así ha pasado con las profe
cías mesiánicas del Antiguo Testamento, que, históricamente conside
radas, han dado su propio color a los relatos evangélicos de la vida
de Jesús, y por lo tanto a muchas modalidades del futuro cristianismo,
aunque en un sentido que sus primitivos autores, viviendo en otros
tiempos, nunca hubieran podido imaginar.
Los profetas del Antiguo Testamento son, a menudo, poetas. Dan
te es esencialmente un poeta, pero su principal motivo inspirador es
el deseo ardiente y austero de una renovación interior del hombre,
de una renovación exterior de la sociedad, según un ideal de justicia,
que adquiere a veces el tono acongojado e indignado de la protesta,
a veces el tono polémico o violento de la invectiva, a veces el tono
misterioso de la profecía. En todos estos casos, dice Croce, se trata
más de oratoria político-moral que de poesía, ya que esta última tiene
su fin en sí misma. Pero también esta pasión de justicia puede ser —
como el amor, con el que en Dante tiende a confundirse— motivo
inspirador de poesía. Y, para él, alegoría y profecía son medios expre
sivos como, en Esquilo, las incoherentes y encendidas palabras de
Casandra.
Este carácter profético, que adquiere la Comedia en algunos de
sus momentos culminantes, acentúa su pregonada significación alegó
rica y le da a este problema de la alegoría un alcance que no tenía
en la obra dantesca anterior. Ahora bien: no siempre, en la Comedia,
la profecía es alegórica; no siempre la alegoría es profética. Pero en
la conjunción de profecía y alegoría encontramos el tono cálido, nuevo
en la obra dantesca y característico de la Comedia, de la poesía de la
acción y de la historia, mientras falta naturalmente en el poema la
ambigüedad de la interpretación alegórica a posteriori de que son
objeto la Vita Nova y la poesía estilnovista de Dante en el Convivio
y que no tiene más importancia que la que reviste todo dato autobio
gráfico de un gran escritor. Interpretación alegórica a posteriori existe
para la Comedia, pero no es obra de Dante, sino de los dantistas y
sólo interesa para la historia de la historiografía literaria.
MATELDA
Hay, no obstante —creo— una excepción. Me parece evidente (y
así lo sostuve en mi curso de 1952, sobre el Dulce Estilo, en nuestra
Facultad) que la figura de Matelda en los últimos cantos del Pur
gatorio es una alegorización a posteriori de una creación literaria an
terior, no del mismo Dante sin embargo, sino de su "primer amigo",
Guido Cavalcanti.
Se trata de "La pastorella", que fue para su autor una evasión de
la atmósfera irreal y obsesionante del Dulce Estilo, no hacia el rea
lismo propiamente dicho, sino hacia un naturalismo delicadamente es
tilizado de vergel provenzal. Dante retoma el mismo motivo, espiritua
lizándolo sin alejarlo del esplendoroso paisaje que lo rodea, no como

- 25 -

�- 92 BUn OIUOJ
*U83JO[} SBf 3JJH3 S3JOJJ OpU3]^l[3 A OpUB}UB3 Bqi 3nb BJTJOS J3flllU BUI1,, (IT)
tt'*"Bqi snbsoq p jod bji^os Xnuí snb 3ju3Ui3.qnp o^ssjuoo sui A
'BpBJOUIBU3 3S3IAI11S3 18 OUIO3
BqBJUB[) *BpBfOUI BqB^S3 OI3OJ 3p 'BZ[B3S3p ÍA 8OJ3pjO3 BqB3JO)SBd BJUBA tlS UO3
ÍBpBSOJ Z3J A JOUIB 3p SOU3|[ SOfO A OJipBZU Oiqnj OJ{3qBJ BIU^J^ U333JBd 1UI B
Bsoiujsq B||3jjs3 Bun ouio3 'BJOjsBd Bim b 3J1UO3U3 ojjij^iibsoq un ug,^ (0I)

'(I #A" XIXX^UE3 Sjnd)
(ex) fttnvdotutntm rnrnop aiuoo

Á
so[ ofnq 'o^ojjb opiduiq un ap osano p 'bjuiu ^un ouiod 'Bin3g
-aa IIIAXX ^UX!3 -o
(xx) (i'9JOíf VP uo}f opudijSdos^ pa opuvjuva
^i^ ís aip vjjdjos vuuop vim^t
BJ3 9JUBQ 3p ^ppjBJ^ TB'J
•(09 'd - ^^\ - l^lfl • oaou pjs aajop \ap fuojmuiy)
(ox) t^
•biS oosoq O[ j^d B[os B[os
ajvauiaojop asodsii itu v^a pa

'BJBJOUIBUU4 3SSOJ 3UIO3
•v^miSvq vua vpviSnu íp 'vzjvos 'a
'ífiauSv vcwunisvd v}iai[3jaa vns ttoa
ivjnso^ vuao '¿owdjj uaid itpoo y[3 a
'ipaimoaxi a pjapuoiq vaav pjaav^
'djauvd oyw. pa 'trpaq — o^ais v\ awoa
''Tqjaunjsvd waouj ojjaqasoq un u¡^f
•BJ3ABUITjd U9 4BUIB BZ3[BJnjBU B[
Bpoj ouioo BqBuiB Á soiBÍBd so[ ouloa BqBjuBa anb ^oiooj [a ua Bz^BOsap
'BAijiuitjd A Bsouuaq B^iaao|SBd Bun b opBp ^iqBq sou ijubd[Bab^)
•pBpiaaodaoa ns 4o[tisg 90[nQ \ap saaafnuí sbj ouiod 'japaad uis 4njijjdso
[a opBjsinbuoa Bq A Bj[npB ojpnA Bq as anb 4tiubo[bab3 ap B^pjoasB^
B[ ap XBjnjBU aiuauíBUB^Bd Biauaaoui b^ *[Buanai osibjb^ pp aju^ooux
Bza[Bjn^BU B| ua jpnpojjuí BJBd ^^qq opi^uas Bq as 'BiunSaad b^ jo^
-3a| p jua^ns pe *ajuBQ anb sa B^oduit anb o^ 'Bjsandsaj b^ B^oduii
M ¿^^^asaadaj au^)? ¿BppjBj^ sa uain^)? 'ooiiq^ape j8jobjb3 op^unu
-jajapui un uo^ Boijiisnf o[ X (osbujb^ p xbu3jj3j osjbjb^ \a 'Buidias
-oj^ b Bpaanaaj a\ Bp[ajBj\[) ouisiuBuinq ap BuSajduii o[ osa bjbj "
-aod opunxu ns ap upiDBjSaiut a oiuatuipanbijua ouioo oms 'upi

�Esta coincidencia casi literal de algunos versos no puede ser ca
sual, aun si la Matelda del Purgatorio actúa y habla con elegancia re
finada y con angélica sabiduría. El "contenido" de los dos episodios es
opuesto; la atmósfera poética es la misma, aunque en Dante mucho
más rica y esfumada, no sólo por la mayor pericia técnica, sino tam
bién por la multiplicidad de las intenciones. Matelda. tiene toda la
delicadeza y la dulzura de las figuras femeninas del Dulce Estilo, pero
tiene también —protegida por su carácter alegórico— los colores y los
movimientos que el estilnovismo dejaba indeterminados por canon
poético y moral. Es como una ninfa de Botticelli y se mueve con el
paso de las Gracias sobre el fondo de una naturaleza renacentista.
Creo, por otra parte, que no se ha visto suficientemente en el
Purgatorio la poesía de la naturaleza, de su encanto elemental y fúl
gido, que Cavalcanti había desterrado de sí, encerrándolo de una vez
por todas en el paréntesis que es, en su obra, la Pastorella, y que en
Dante encuentra su triunfo y su catarsis justamente en la segunda
"cántica".
Esta glorificación de la vida a través del reino de los muertos, de
lo material a través de lo espiritual está demasiado cerca del núcleo
de nuestro tema, para que se pudiera dejar de mencionarla.
..

EL "VELTRO" Y EL "DUX"

El I canto del Infierno es, en su conjunto y a pesar de contener
muchos versos famosos, que han entrado en el lenguaje corriente casi
como "res nullius" (o, quizás, justamente por eso) uno de los cantos
poéticamente más endebles de todo el poema.
Le falta esa unidad intrínseca que tienen casi todos los demás
cantos, y ,por ser introductivo, la continuidad con el conjunto no es
firme ni fluida. Hay mucha alegoría, según el gusto que prevalecía en
esa época y del que se han dado algunos ejemplos, así como hay esos
juegos de palabras de sabor barroco que constituían entonces —y, an
tes, en el mundo cultural mediolatino— la delicia de los literatos
("selva selvaggia", "piú volte volto", etc.), así como hay versos fáci
les, de los que Dante, ese asceta de la dificultad técnica, se permite
tan raras veces ("ma, per trattar del ben ch'io vi trovai, diró de l'altre
cose ch'io v'ho scorte").
Este carácter aún vacilante de este primer canto hace que, por un
lado, pueda el crítico servirse de él para ejemplificar la tesis de Croce,
que ve en la Comedia momentos de alta poesía, sostenidos por una
construcción conceptual teológica ajena a la poesía misma; por otro,
que se sienta aún, aquí, la pesada herencia de la poesía didáctica del
siglo XIII. La alegoría tiene, en la Comedia, creo yo, una substancia
especial, pero, en este primer canto, está aún muy cerca de la que
encontramos en la retórica tradicional de la Edad Media. Ya vimos
que la "selva selvaggia" continúa la "selva diversa" de Brunetto Latini; la colina de la salvación, el sol que la ilumina, las tres fieras,
tienen, con mayor fuerza, el mismo carácter; el "Veltro" de la profe
cía virgiliana nos recuerda, como veremos, a Gioacchino da Fiore...
Un canto, en una palabra, que se presta para un estudio anatómico,
- 27 -

�- 83 ¿BISaod BJ B BJBUI? '3ABJ0 U8 O OOtJBjSo^díja BUIBJJ
aaoa^ anb 'osoiaajsiui afBn^uaj ajsa rojuijsip ouaaaai ua BajuBjd as
Biuajqoad ja 'sojjosou bjb^ •sajqisodun sbj un^ X 'sauoiaBiaadaaiui sajq
-isod sbj sBpo^ 44C0-npA IB -iBuiuiaa^ap uapuaiaad anb sojaojai sosou
•aisiui soj b 'opBp UBq as ojaaAjosaa bjb^ ^BnjaB ja ua uatquiBj 'sao
-3A B 'X OpBSBd Oj^lS p U3 tpl^BQ ^9,, SOJTpiUa SOJ 3p BTOIjap BJ X OJ
-uauuoj p pXm^suoa Binajqoad ajs^ ¿BdB&lt;j ufj? ¿Bpag Bjjap apuBj^)
UB^? ¿aopBaadiua oj^q? ¿oSjnquiaxn^ ap jj^ anbxjug? ¿(1OJ1I3A
p 'ajuBQ un^as 4sa uam^)? #Bqo[ B[ b oiuaijuj p BpBq aczBipaj b
uaiq 4jbjbui b uaiq 'op^uiisap bzbd ap ojjad p \p-ijpA^ pp BDijajoad
BjjoSap B^ b ajuauípioadsa X anSrs anb cq opoj b apuaijxa as aooj^)
ap OAi^Bau opmf p oja^ 'Bisaod XBq oq bX :uozbj anaij ^ooj'^
•pdBd ^un^ B^ b 'oaijojsiq
ouB[d ua 4o BptJBAB B[ b BjBzipquiis anb ouis 4[B^ Bjas ou bX BJaij Bq
•BjqB[Bd bj ap OAijBJoXad opijuas p ua Bjjo^ap uaXnji^suoa X boiisbj
-ubj pBpxpaj ns uaXniisap 'BijBuiud uaS^uíi BOijjJOJja^ v\ uoa
-uoaut 'BAijBnuxjuoa BpiA Bun Bqo^ B^ b uBp a[ anb
b apuaii n^ijídsa ns X Bo^ajo^d aApnA as BjaoSa[B b^ anbaod 4bjio bj
jBjjoa anb X^q inbB X w* • "UBjas une srui X (aun as) bsbd as anb uoa
(sopBaad :asBa^) sapuiius soj uos soqanj^,, :oqtJiA sandsap bS8j2b
oijq "j[aaouoa anb aod Btuai ou 'aauBjj asa ua '^jubq anb ojBp 4ttsa^
-ua^ sBqanuí b upioaijjB b^ ua jtaia oziq anb^^ 4zBd uis Bi^saq B^ 4Bqo^
b[ ap BpBiauBjsunojp Bijojsiq B[ ua souieajua anb jnbs aq oaa^
•Bisaod ap ouio^ un Bjinb xu B^aaS^ ou Bjao^ap b[ :souaui Bpsu X sbui
BpBu 4aoaaa^ X osuadsng 'SB^qaiuij sbj BiOBq ^jubq b opuBZBqaaa aníois
bzubab ajuauíBjua^ anb Bqo[ B[ ap apBOB^duit a BjuaiaquiBq BpBJiui b^
sBi^uaiui 4uoa^ p asjBiuasaad p opaiui ap BuSaaduit as aaiB ouisiui p
X 'os^d p jBaaaa BJBd Bqaaaap b Bpaainbzi ap X Bpaaxnbzt b Bqaaaap
ap uotdbui^buii BJ^sanu ua une Bj[BS bzuo x¡i : saiaadiaiui so[ ap bjjoX
-bui b^ unSas 'bioijbab X o[[nSao 4Eunfnf rsop^aad saaj uanbijiuosaad
sBaaij saa^ sb^ anb X 444ajaaiuu BpunSas b[m 4Bipaj\[ pep^ ^ ua BpBiu
-B¡^ 4Buip pp upiaipaad b^ ap Biao^ap b^ inbB Bas odaana pp a^aanuí
B[ anb Biaoduii ou ^^ -ajjanut tb\ b aoaaa^ pp sboi^sbiubj sauoiaBzqBiaaj
-bui 'sajua^od sauaBun saaj uos 4Bqo[ B^ 4bzbu3uib pauq 'Bsuajut 4Biua[
uoa 'upa^ p 4a[qijja^ pBpisonjsafBui uoo 'bzuo b[ 'pBpqíSB ajusuois
-asqo 'Buipj uoa 'sajqiiadaají 'sBiuijsip 'sbata ajuauiBaiiuBuip 'sBjatj
saj^ SBq 'Bjsaod 4jpap sa 4uaBiui anb bsoo bj;o sa ou BuoSap B^ 'ajsis
-qns Bpua^aqoa v\ is íuaSBiux bj ap Biouaaaqoa bj uaduioj
jap sBax^pj sBiaua^ixa sbj opuBna Bsad BiaoSajB bj anb a^uapiAa s
•Bisaod ap aopBajjsBj jb Bsaaajui ou 'a
-ojsiq jb Bsaiajuí is 'o^ubj oj aod 4X opBaadns ojnaEjsqo un ap aojBA ja
auaii o a^uBjadoui sa BauoSajB uoiaua^ut bj oseo ounjjn ajsa u^ #(Bp
-jaiBj^ o uoiaa^) 'mpdiuo^ bj ua 4oiuoa) oaia oaijaod buisbjubj un aaao
X BaiaoSajB upiaBdnaoaad ns apiAjo Bjaod ja anb souaiu b 'Bisaod bj
ap buhjui Biauaaaqoa bj X pBpiauBjuodsa bj BqBJj 4Baqo bj ap o^uaiui
-|obu jb ajsixaaad anb 'jBuoiaua^uí BiaoSajB bj anb aaoa^ aajQ
•upiDBaijisBja Bun ajqtsod sa anb ua ojubo un 43jubq buibjj as ajsa
opuBna aiuaiujBiaadsa 4B^aod un ap Bjqo bj ua ajqxsoduii aaduiais isbp

�Dijimos que la profecía que aparece, con el "Veltro", en los um
brales mismos del Infierno, constituye, en la Divina Comedia, un ele
mento nuevo en este tema, tan complejo, de la alegoría dantesca, a la
vez que se presenta como el aspecto más destacado de la actitud mili
tante del poeta.
La profecía abunda en el poema como elemento narrativo, puesto
que las almas de los muertos tienen ese don. En el diálogo casi cons
tante, el protagonista del viaje se hace predecir, con tono más o menos
solemne y a veces con alguna imagen transparente, pero sin alegoría,
su destierro, encuadrado en un momento de la historia de Florencia
y del mundo, que es futuro para la época en que Dante sitúa la acción
del poema y pasado cuando el poeta escribe. Se trata pues de historia
reciente y, en parte, autobiográfica, presentada en forma de predicción.
Es la profecía-recuerdo, de efecto intensamente poético:

e tu saprai sí come sa di sale
lo pane altrui, e come é duro calle
lo scendere e il salir per l'altrui scale." (13)
(Paraíso. XVII - vv. 58-60).
Esta profecía del destierro y del sufrimiento personal empieza en
tono menor en el canto VI del Infierno y se vuelve cada vez más
profunda y acongojada, aunque menos rencorosa, hasta adquirir, en
boca de Cacciaguida, en el canto XVII del Paraíso, el carácter de una
épica de la entereza entre las persecuciones, que inaugura una veta
permanente, aunque a veces oculta, de la poesía italiana hasta nues
tros días.
Se trata, en Dante, de un motivo que tiene el mismo valor auto
biográfico que algunos rasgos atribuidos a distintos personajes de la
Comedia, como, por ejemplo, la representación de la humillación vo
luntaria de Provenzán Salvani ("si condusse a tremar per ogni vena",
Purg. c. XI, v. 138) (14), que rescata el alma de este último del pecado
de orgullo y le abre el acceso al Purgatorio, pero que para Dante tiene
sin duda también el mismo valor de experiencia íntima que la profe
cía-recuerdo ya citada: "Y tú sabrás cómo sabe a sal...".
En general estas profecías "post-factum" son claras; sólo a veces
toman, para igualar el tono de este pseudo-futuro al de las profecías
propiamente dichas, un carácter que podía haber sido obscuro en el
año 1300 para el Dante personaje de su poema, pero no para Dante
autor y menos para el lector. Ejemplos: la profecía de Oderisi, en el
canto XI del Purgatorio, al referir al futuro de Dante las palabras que
vimos sobre Provenzán Salvani ("... e scuro so che parlo"), la de

(13)"...y tú sabrás cómo sabe a sal el pan ajeno, y qué duro camino es
bajar y subir por ajenas escaleras".
(14)"llegó voluntariamente a temblar en cada una de sus venas" al pedir
limosna para salvar a un amigo.
- 29 -

�- 08 ^ Hlaz!u!nO PínO B '^Jii^od Biaouiud B[ ua 'Bpaans saj
uainfo aiaap sa 'mojio b A oun b opiu jap aqaa uamb oijbu bA osbjb j^n (9t)
'wBuoaoa bj ajBiuo) ouisun^q iui ap aiuanj bj ua A 'ajaA
-joa 'cjaod oipaq 'opadsB ojio A zoa e.uo uoa bÁ 'ubzbu3iub oj anb soqoj soj ap
o^iuiaua 'oiapjoa opuais iiujop anb ua jipai osouuaq jap aXnjaxa aui anb pBpjanja
bj BjaiauaA 'soub soqanuí a^uBanp oiumsuoa aiu anb opoui ap 'BJjaii e\ A opp ja
uojaiuiAjaiui anb ja ua 'opBaSBs ^uiaod ja anb BjapajiíoaB Bjp unáje igM (ei)

oiuauíoui [9 ounxcud oiuoo Biounue uamb 'zujBag Biounuojd b
-an^ ^p sojubo soiutjjn so[ ap uoisia bj ap aja^d buuoj anb '
Biaajoad Bun sa unB Banasqo sbj^[ ^Biaui ap iu SBi^ai^ ap oa Á pnjjiA Á
jouib 'BiinpiqBS ap oiuaiuqB ns b 'ttojqatj X o-^p&gt;ÍJ ^^19,, ojuaiuiiaBu
osoxjaisiui ns b ^oiuaijuj jap ojubd aaiuud [ap ttoji[a^,, [B jsb soui8A[oa
j^ •oaijo^a[B jajaBJBO 'mp^iuo^^ B[ ua 'aaduiais auaij Bjaajojd Bjs^
•Bjadsa X aajns anb pBpiuBiunq B[ Bpoj ap ajunjuasajdaj ouioa
ouis 'onpiAipm ouioa ou 'ajuBQ ap sa[BJoui oaijj[od soasap so[ 'sopip
-n[B ajuauíBsotjaisiui 'soanjnj soiuaiuiiaajuoaB ua UBzi^BTjajBui anb 'sbi^
-a^ojd sBjapspaaA sb[ uos SBpBuiuuajapui a oiquiBO ua sBjnosqQ
•[BaauaS uoiOBjapisuoo Bun sa ou
X ajuBQ b aaaijai as anb sa is 'oiJojB¿jnj [ap j^ ojubo [a ua 'isuapQ
ap (9t) tcopiu ip BjaooBa oji[bj a ounj iqa oibu a asjoj a,^ :osoiubj
[a auax^ 'oaijajodiq a [Buajaaj ouis 'oai^ajoad ou jajacjBa ouisiui [^ #[bj
-njBuaaqos O[ ap uoisnpxa uoa 'ajuauíBUBuinq ssaadxa Bjaod [a oasap
oXna 'opBuos oujo^aj ajsa ajuBQ b Bzijajoad a[ BqiunjBJj[n ap souiaj
sa^ so[ ap sbiu[b sb[ ap BunSuiu 'oSjBquia mg -Biuaod [a ua opnuaut
b anuas aosq as anb 'BpsuoisBdB X Bsoao[op Bzusaadsa Bun sg
(6"t A^ 'AXX

'ostojvj)

(st) 44'O[[addB0 [i paapuaad ouisajjBq oiui [ap
ajuoj [ns ut pa 'Bjaod ojauaoju
'o[[aA ojj[b uoa 'ibuio aaoA bjj[b uoa
'BuanS ouuBp t[ aqa [dn[ ib oaxuiiu
'o[[3u^b iiuiJop oi4ao 3[iao o[[aq [Bp
Búas iui Jonj aqa Bj^poia B[ BauíA
iuub nid jad o^jbj Bqtui aqa is
a O[aia a oubui ojsod Bq a[Bnb [b
OJ3BS Biuaod [i aqa B^ui^uoa ibui ag?5
:uBiif UBg ap oijajsijnBq osouuaq ns ua
B^aod ap buojoo b[ jiqiaaj X Biauajo^g b j3A[oa 'oiuii[n o[ BjsBq 'ojadsa
ajuBQ #bjbji as oaninj ap opuBna 4BuoSa[B 'souaiu 'X Biaajojd Xsq ou
jBUosaad O[ ug -SBzuBjadsa X soasap Bsaadxa jiaap sa 'Baun^nj a^uaiu
-BjapBpjaA uoisuaiuip Bun uaiquiBj auaij vtp^tuo'^ vumiq b[ sbj^[
•uoisnasip b JB^nj 'sand 'XBq ou X Biquasa
ojubq opuBna ojb[3 a^uauíBjaajjad bX bj^ opijuas asa ojag 'opijuas ns
jbjb[ob UBjpod sajouajsod soqaaq so[ o^^s anb ap ucuaBuuijB B[ Jod
sBpoj SBpin^as '(ouo^B^jng [ap AIXX 1UBD) osjog ouBuuaq ns ap
bj a^qos ijbuoq asajog ap B[ X Baanjua^) ap BajaaB

�"nel quale un cinquecento dieci e cinque,
messo di Dio, anciderá la fuia
con quel gigante che con lei delinque.
E forse che la mia narrazion buia,
qual Temí e Sfinge, men ti persuade,
perch' a lor modo lo intelletto attuia;
Ma tostó fien li jatti le Naiade,
che solveranno questo enigma forte,
senza danno di pecore e di biade". (17).
{Purgatorio, c. XXXIII, vv. 43-52)
Los hechos darán la clave del enigma. ¿Qué pueden significar es
tas palabras, que no sea la ignorancia del mismo Dante acerca de los
acontecimientos anunciados en la profecía de Beatriz? Esta obscuridad
en la expresión desempeña el papel muy simple de dar a Beatriz el
carácter augusto de una Sibila antigua.
Algo análogo puede decirse del "Veltro", tan obscura y barroca
mente anunciado por Virgilio al principio del poema. No es de nin
gún modo necesario que Dante haya querido dar al animal simbólico
un sentido especial y determinado; cada lector podía ver en él su
esperanza en un plano desinteresadamente universal. El mismo Dante
podría haber acariciado sucesivamente distintas identificaciones (in
clusive, como se ha propuesto recientemente por Olschki, con la propia
Divina Comedia), dejando libres a los demás de hacer otro tanto. Más
cerca —creo yo— estaban de su espíritu quienes en el siglo pasado,
medio en broma, medio en serio, sostenían que el "Veltro" era Garibaldi o aun Víctor Manuel II, que los eruditos que atormentaban la
historia de los últimos decenios del siglo XIII y de los primeros del
XIV en busca del héroe que podía haber nacido "entre fieltro y
fieltro".
Puede ser que, como nos sugiere la observación de las miniaturas
del ^Libro delle figure" de Joaquín de Fiore, el simbolismo joaqui
mita haya contribuido a dar al misterioso libertador de la Comedia
la figura de un perro. Pero eso no es necesario, ni posible de probar,
ni importante, pues, para nosotros, es suficiente la coherencia interna
de la imagen: el enemigo natural de la loba debía ser un perro de
caza (recuérdese el sueño del conde Hugolino). La loba es la avidez

(17) "en que un quinientos diez y cinco (D, X, V: DVX, un capitán), en
viado de Dios, matará a la ladrona con el gigante que con ella delinque (dos perso
najes de la visión, generalmente identificados con la Iglesia y Felipe el Hermoso
respectivamente). Y acaso mi relato, obscuro como las palabras de Temí y de la
Esfinge (Temí, diosa de la justicia, hablaba por oráculos y la Esfinge por adivi
nanzas, hasta que Edipo, hijo de Laio —"Laiades" que Dante leyó Náyades— al
resolver una de ellas, la obligó a matarse, provocando la ira de los dioses, que
arruinaron rebaños y praderas alrededor de Tebas), no te convenza, porque, a la
manera de ellas, embota el intelecto. Pero pronto los hechos serón las Náyades
que resolverán el difícil enigma, sin que se arruinen rebaños y pasturas".
- 31 -

�- 28 ~
u"'vspaid nnSuaj X SDdqnpd
p uoo ouis 'sopBaod soj Bjmb anb soiq ap ojgpjO^ ja o;jonui Bjonj onb ap
sanie 'BjBSuasui a)ua3 ej BpndBJie eqepanb oduiai} aaeq onb uo sapepan^iquiB sb[
UOJ OU 'O)S3)UO3 (pUJOJBd JOUIB Op BU3|{ BU1JB ]3) OUJOJBd JOIUB 383 _„ (gt)

•(•SSs xg a 4hax

(oswivd)

d jouib ojjanb asondsu
j
ospoud uoo o o^ound oivnp uod bui
'ojjoj ^^Booad 9j oqo oiq xp pSuyj
^ssoj ai|D ed^
B[ 9I{9 UT '
SBJ99JOld SB{ 9p 8O9IJO9^B SO99A
-O99J SO| UIS 4BJB[9 BUUOJ U9 JE¡qBl{ Jod OXUlJ[n 9JS9 B BqB[B 9JUBQ
'Bpitl^BTOOB^ 9p BOOq B[ U9 Z9ATJ[B B9ld9 9p OUO1 Un JBJJUO9U9 B B^9J[
oJJ9t^s9p pp opnnuB \a 9nb U9 o^uauíom p U9 :miB sbj^[ 'ODiJoS^p
9p BpBU SOtUTA OJ
Xsq OU 4SOpj:9n99J[ S9JU9I99J Á SOSOJtOpp 9p B91J
SI9JBIB9 9llb BSO9 BJJO UOS OU 9nb SB[ 'SBJ99JOjd-Opn99 9B^ U^
•UBOznpojd 99 opu^no • • -soqogq bo^ UBjBUopiodo^d bj 'zijj
9í&gt;ÍP '9ABp B^ #BJ9pBpj9A BJ *J9 Jod 9p 4S9 99[BnD 8B[ 9p BUl^SuiU
'UBJB9jd 99 9Ilb B 89UOpB19ldj9^UI 9p pBpi9T[dlJ[nUI BJ Jod *OUIBIUI
oj 89 anb oj— o pBptjiqBoijdx^ui n9 jod jpop 89 'oubjjuoo oj opo;
jod OUT8 'O9IJBJOldlJ0 9ÍBn^u9J 1^9 JOd 91U9UIB8I99jd OU X 4U99J9f9 9nb
UpIOBUp^BJ JBjnSuiB BJ BlU9n9 U9 J9U9J UT8 4t4O9UI9 X Z9ip 8OJU9TUin^),9
J9p O j^JtlJ^A I9P Bl OUIOD 8B9IJ9JOjd 8BJJO9JB 8BJ BU9puO0
•opBOtunuiooui
OlUOUIOp 9p B^llSlJ BIIBUlud 4BJ98OjS BUn 4BUJ9JX9 U9PBJ89JIUBUI tl9
U9 4SOXUBp BIBd OAI89jdx9 OJU9UinjJ8UT Ull 18 U9 89 pBpiJiqi8U9jduiO9UT
BXnO OJ9d 4BIJO9JB IU 4BI99JOjd IU U9U9IJUO9 OU 9nb '(BZgnblJ BJ 9p
BJop909injqui9 X jBi^gq pBpijBijgjBui bj Bju989jdgj 9nb ^ojnj^ b BBpinq
-IJ1B) OUUOtfuj J9p JJA OJUBD J9p O8J9A M9J; J9p 449dd9JB 4UBJBg 9dÍBd
'UBJBg ^dB^J^, :8B8OU9J9IUI BBjqBJBd 9BJ 9p 98JT99p 9p9nd OUISIUI O^
\TE91jdx9
onb BpBU 9BJJ9 U9 XBq ou 49ju9iu9jqBqoJ[d 4onb jpop 9J9inb 'buo^ojb bj
9p upisuojduioo bj BJBd 9jqB9U9dsipui 89 upiOBOijdxg jbj 9iib oqoip Bq
bou 'oiaiauo^y jo uo 4oui8ixu j9 ^nb sondBop 4s9uois9jdx9 bhb Boijdx^ bou
ou B^ood ja ig 'sisdíjvoody bj Jinj^x^ uib 4SB^9jo^d X sojnoBJo op 8Baq
-BJBd 6BJ OpBZlJ9J0BJB9 Bq pBponSlJUB B1OIU9J SBUl BJ 9p89p 49nb BJOp
-BUpSBJ X B9U99J U1^JSOX1HU B89 9p BJ99JOld BJ OpUBOpOI 4OJJ999Jn98qO
op bj anb upiounj sbui u^uoduioBop ou ojoquiiB jo jBuiuuojgp U999JBd
9nb SB8OTJ918IIU SBjqBjBd ^B^ 'uoSbuit bj 9j9iñb9J oj J8B oiibjod ojjod
un 89 JOp99U9A ng *BqOJ BJ 9p BJOJJ9p BJ 9p (91U9IAJ9J O989p Utl 9p
U9I89jdx9) UppOip^jd BJ U9 9^U9UI9jduiIS 9J8I8UO9 BI99JOjd B^J "SOUBOSp
-UBJJ BOJ 9J1U9 BZOjqod BJ 9p OJ9TJJUO0 J9 9JU9UIBpidBJ OSOpUBZIJIJod X
gjuBuiuqno ojund ns b opuBSojj BqBjs^ 9nb U9 oju^uioui un U9 bisojSi
BJ B BpiJ9J9J 9JU9lUJBI99dS9 4JBJOdui9^ OTUlUIOp 9p X S9JBU9XI9^ S9U9tq 9p

�He aquí, determinado en toda su claridad, el papel —puramente
expresivo— de la alegoría, cuando se trata realmente de acontecimien
tos futuros que Dante no conocía, sino solo anticipaba vagamente con
su deseo: el de evocar el tono de los oráculos antiguos, de Temi y de
la Esfinge, había dicho Beatriz en el último canto del Purgatorio.
Su destierro, Dante lo conocía demasiado bien. Por eso Cacciaguida
puede usar su "preciso latín".
Tampoco hay obscuridad, como ya se observó, cuando Dante
mira su propio futuro personal y expresa su deseo de retornar a Flo
rencia. Entonces él expresa ese deseo simplemente como lo que es:
hipótesis y esperanza. Este tono augusto y solemne de la profecía
alegórica se reserva para la esperanza mesiánica de una indetermina
da liberación. Es indudable que, en las intenciones de Dante, esa es
peranza estaba destinada a contribuir, como las palabras de los pro
fetas antiguos, a la liberación misma. Para eso debía servir su fuerza
expresiva, que le viene, en este caso, de su propia obscuridad, que
resucita, declaradamente en los dos trozos citados, la de los oráculos
paganos. Pero, independientemente de las intenciones, la búsqueda de
fuerza expresiva es búsqueda de poesía. He aquí que la alegoría, ele
mento típicamente medioeval, contra el cual la crítica crociana está
plenamente justificada, pasa a ser, en Dante, uno de los aspectos de
su prehumanismo, que es, en ciertos terrenos, mucho más profundo
que el de Petrarca y Boccaccio.
El estudio de la alegoría en la Comedia es, pues, mucho más un
estudio de tono poético que de significado histórico.
LA ALEGORÍA LITÚRGICA Y LA JOAQUIMITA
EN EL PURGATORIO
El Purgatorio es seguramente la más terrenal de las tres "cánti
cas", aquella en que el realismo es menos mágico y está, al mismo
tiempo, más velado de melancolía y ensueño: el camino de piedra lí
vido y desierto, el temblor lejano del mar en el alba, la cara lavada
con el rocío, el manojo de ramas espinosas que cierra el acceso a la
viña cuando la uva está madura, la transición siempre nueva de la
lucidez al sueño, el pastor apoyado en su báculo que vigila el reposo
de sus cabras cansadas, el amontonarse manso de las ovejas, la dulce
tristeza del ocaso, la alegría íntima con que ve la aurora quien vuelve
a la patria y llegó a la última jornada de su viaje... impresiones que
todos experimentamos, escenas que todos vimos.
Si no fuera por los últimos cinco cantos, sería casi superfluo hablar
de alegoría en el Purgatorio, ya que sólo podríamos citar la figura
de Catón, las cuatro estrellas, los juncos (todos elementos simbólicos
y rituales del primer canto, cuyo nexo alegórico con el conjunto del
poema es tan tenue, que no nos distrae hasta el punto de no dejarnos
sentir su carácter poético de partes de un paisaje fuertemente espiri
tualizado), la serpiente tentadora del canto VIH; los tres escalones
de distinto color del canto IX, la hembra balbuceante con su antago-

- 33 -

�- n p uoa u^pupj ua 'a^uaiaaj Buoisiq B^ ap BaiiBuianbsa Xq
upisiA Bun b uaaapaqo 'ajuBÍoi^ p X zijjajaui v\ *C4ojjoz,, p iii^o
•Bjp,, \9 'BjinB p ouioa sBDipquns SBJnifrj: sbj^o ap u^iauaAjajuí boijbui
-Bjp B^ uoa 'BoijBjSoaaoa X Baijsj^ouaasa uoisaoojd Bjsa ap sauoiaBui
-jojsubjj sb^ X sauopnpAa SBq -ojuauíBisaj^ OAan^ pp sojqq SBiuap
so[ UBzipquns anb SBjníáij ajáis 'sbjjb í (sapuipjBa sapnjjiA sb[) ojj
-sna Jod 'Bpjainbzi ns b 'X (sap^opaj sapnjjiA sajj sb[) ubzubp anb
sajafnuí sa^i aod 'Bqaaaap ns b 'opBUBdiuoaB '(ojsu^)) B[in^s pBjiui
'uoa^ pB^xui 4ttu9jiaS,, un jod opB^ij'(¿sajuBaipuaut sauapj9 sop sb[?)
sBpana sop ap (Bisap^j B^) ojjbo p '(soipSuBAg oa^Bna so[ 'zaA b[ b 'X
sisdipaody pp sonjisuoui oajBna so[) sofo ap SBua[[ sb^b sb^ uoa sapui
-tus ojjBna ' (ojuauíBisaj^ onSijuy pp sojqq so{) souBpuB oajBnaijupA
'(oiuBg njiJjdsg pp sauop sop sojqBppuBa ajáis :BpBuapjo X b^jb[ sa
u^xsaooad B-q -buo[S b^ b Bpua^iuad B[ ap 'bj^o b Bsimoa Bun ap afBS
-Bd p 'osajSui p 'B^adsa B[ 'Bp^^a^ B[ rsauoiaisuBj^ sb^ 'ouoiB^an^ p
ua 'uBzijajaBJBa anb soaiSjnjq X sapiopaaaBS sojuauíap so^ sopoj 'u^ia
-BUiuqna ns b ouioa 'japuai uaaaj^d pna B[ BpBq autuaps u^isaaoad
Bun B[pjJBsap as (Bjjoduit ou ojad 'ajaq sa anb) oXojjb opiduiq pp
sb^[t.io b '[Buajja^ ostbjb^ pp t4^AiA X Bsadsa,^ BA[as b[ ap ojjuaQ
•oujaijuj pp ojubo aauíijd p ua uppBA^Bs b[ ap Buipa
B[ ap aid p aaaasdB anb ^qo[ B[ BJBd ofip as anb o^ 'soíubo oaup
sosa BJBd 'sand 'jpap Bijpod ag -Buapuoa ^ooi'j anb soaijpjíáoidiJD sol
• B[aj so[ aj^ua 'ojunfuoa ua BpBaijisBp jas apand 'Biaajojd sa anbjod
o^^s ojad 'Bijo^ap sa 'is 'anb ttoauia X zaip sojuaiuin^)^9 p X 'japuajua
iiu b oaij^Sap sa ou op^aijiu^is oXna 'zu^Bag X ^jubq ajjua oj^uana
-ua p Jinput ap jBsad b 'X 'pnidaauoa m oaipjojd ou X oaiS^pa^
-oaijpisiq jajOBjBO auai^ BuoSap b^jb[ B^sa ap ajJBd joXbui Bq
•oaijaod ap BpBU a;uaun?inpsqB auaxj ou Biauajaqoo
BXna 'soai^^i soxau ap ojunfuoo un zaA ns b ajainbaj ais^ 'OAijBnuijuoa
ja^aBJBa un Baqduii anb 'pniqdun? ns jod aiuauíBjsnf Bjanj ou is 'ou
ojsSjn^ pp sojubo oauia souiiqn so\ BOJBqB anb 'BÍajdiuoa X ajuBjjod
-uii sbiu Buo^ap B[ ap ojis^dojd b uaiquiBj jpadaj Bijpod as ojs^
•u^pBaqdxa ns ua ou X oiusuu xs ua jas ap u^zBJ ns auaij anb
'oAisajdxa oipaiu un 'uaajafa anb uptjsa^ns v\ jod 'sand uos roaiidjpa
-odB X out[iqis ouo^ p jbooa^ BJBd i[[B Bjsa ttoaup X zaip sojuaiuin^)^^
p ouioa 'Bi^jnjq b^ ap BjajspuijB B[ JBdja BJBd '[Biauasa ajuauíBjap
-BpjaA sas opBatjiuSis ns anb ms 'uB3[duia as anbjod 'Bjaod ap sbijo
-a[B 'sojjosou BJBd 'uos inb^ oja^ -sBiaod so[ ap SBUoSap sb^ ap jxn^
-uusqp ua opBuaduia BiqBq as 'oiaiauo^ p ua 'a^UBQ anb sbuisiui SBsa
'SB0i^9pai-sa[Bnjij oms 'sBariajojd SBuoSap ap xnbB b^bjj as o^[
•sa[Bpuajajtp sojaadsB sns ap oun sa anb 'oai^jniq ouoj p 44boij
-uBa^^ BpunSas Bjsa ua jpnpojjuí b opBuiisap Bisa sand 'sbiu ua^Buii
Bun 'is ua 'sa auuiaps jajaBjBO oXna 'sauaBuii 'bjjoXbui ns ua 'uog
•jBjauaS ua SBpBuiuiBxa sBuoSaiBa sb{ ap bjjo n eun ua ozjanjsa uts jbo
-ijisBp uapand as oiuojvSjti^ pp sajouaui SBuoSap SBuiap sb^ X SBjsg
•••sa[aSuB so[ ap Bp p jod u^pBpauBO BAtsajSojd ns X fj ajáis so^ '(bou
-^Sap u^pBaqdxa B[ b pBpisaaau Bjtnb a^ anb o\ 'Biuuop aiu^Q sbjj
-uaiui 'ouans ua saj^ sb[ ssppajBdB) Ji^xX 19P BJT ^ XIX 19P

�pensamiento político y religioso del poeta. Hay, sí, logros de detalle,
como la imagen del "dragón", que tiene, en su impertinente impasi
bilidad, algo de la potencia de la figura infernal de Gerión; pero ni
estos aciertos, ni el esfuerzo colorístico consiguen disimular las articu
laciones y los engranajes de la máquina alegórica, que, aquí, impide
la continuidad y la integralidad de la poesía. Y, ya que, en la Divina
Comedia, esta mecanicidad de la alegoría constituye no una regla, sino
una excepción, vale la pena detenerse para investigar sus causas en
estos últimos cantos del Purgatorio, que pueden ser considerados típi
cos en este sentido.
Hay que observar ante todo que, por primera vez después de las
dudas expresadas en el II canto del Infierno, Dante siente la despro
porción entre su persona individual y la humanidad pecadora y redi
mible a la que esta persona representa en el poema, según su propia
afirmación en la Epístola a Can Grande. Este íntimo sentido de desam
paro, frente a la grandiosidad del símbolo que sobre él pesa, se tra
duce racionalmente en reducir el episodio de su encuentro con
Beatriz (reproche, arrepentimiento, confesión, purificación...) a un
momento de una visión compleja, variadamente iluminada y colorea
da, que representa la historia de la Iglesia, del Imperio, de la huma
nidad que cayó con Adán, fue redimida por Cristo y está continua
mente expuesta a las insidias del Demonio. El hecho de que Dante
haya considerado necesario este encuadre es una prueba indirecta (e
innecesaria, por otra parte) del carácter artificial y externo de la alegorización de Beatriz en la Comedia.
En efecto, mientras que, cada vez que aparece Beatriz, el senti
miento individual irrumpe prepotentemente y sólo es dominado a tra
vés de la contemplación fantástica, mientras que las figuras estibiovistas de Lía y Matelda se mueven delicadamente, con una estiliza
ción botticelliana avant-lettre, dentro de un paisaje natural que preanuncia el renacimiento, la procesión en sí misma nos retrotrae a una
atmósfera plenamente medioeval, no a la de las Comunas y de Giotto,
sino a la de la patrística, del arte bizantino con su gusto decorativo
del color y de la magnificencia (Humberto Bosco habla a este pro
pósito del influjo de los mosaicos de Ravenna), de las visiones y de
las hagiografías, de los "bestiarios" que incluyen al hipogrifo y al
ave Fénix, en una palabra, a la atmósfera de los misterios, de las sa
gradas representaciones, de los autos sacramentales.
La razón de esta heterogeneidad está justamente en el deseo de
Dante de alejarse de la autobiografía, alegorizándose a sí mismo den
tro de una alegoría del mundo, situándose y situando a su Amada,
erigidos en símbolos, en el mismo plano de los demás símbolos de
este "misterio" de carácter no individual, sino universal. Naturalmen
te, no se trataba sólo de la preocupación de universalizarse a sí mis
mo y de ver "sub specie aeternitatis" su propia vida, sino también de
la necesidad de buscar en la alegoría el medio para evadirse de los
cánones irrealísticos del Dulce Estilo, forjar, en toda su potencia, la
figura de Beatriz y expresar plenamente su amor por ella. "Disbramar

- 35 -

�- 98 •4tsouB zoip ^p csuajui pas Bim jaanjsiiBg- • •^ (Gl)

-áajdun 'sauoiSaj ssganbB U9 soga ap Bpipaui ubj^ ua BqBjisaoau sand
'Bi[iaig ua X jng pp bi[bjj b[ ua safuoui so[ uoa aiuBjapi jas Bjqap
'o^oap ua 'Bjsg *Bisa[i B[ uoa o^oqjuoo ua pjjua ou 'saoBpns Xnuí UBja
'sboijsjui sauoisiA ua SBpBSBq 'SBpuaajo sns X ssapi sns anb ap jBsad
y 'aiuBQ BjaxoBU anb ap sajuB o[3is oipaui ap sbui X oospuBjg *g anb
seiuB so^ib[ soiuaoap sop '0SI u9 ojjanuí ^jqBq '(^boijubo,, Bjaojaj
Bl 9P IIX 1UBO I9 U9 I? 9P "íP 4ttoJBlP ODijajojd ojijids ip9,) osjbj
-b^ [a ua a^uBQ jod opBaopa 'ajoi^ ap ujnbBof sajqBpo p^qB [g
•sBUu^aop sns ajuauíB^a^ua jB^dopB uis une
'opBuoiOBpj a^uauíBjnSas oAnjsa a^uBQ anb ^\ uoo 'Bisiuiajjxa BUBasta
-ubjj a^uaijjoo B[ ap ajisd Bun b opianpas uBjq^q anb 'saaBnaas sns
ap sb^ b X ajoig ap ujnbBof p^qB pp SBiaajojd sb[ b ojaxjaj a^\[ -[bi
-ia a^uauíBaipod asjaaBq BJBd 'sojuijsip sojuatuap soiubj jb[iuiisb b as
-BSa^^ oApsaSns X ooij ubj opunui un anb cupiduu ajuauía^qBqojd 'sbux
-ap sbj anb B^Bipauíur sbui jas jod 'anb X 'ajuBiJoduii sbui b[ sa 'vi^qj^
b[ ap sandsap 'anb aiuan^ bjjo ua 'oiquiBO ua 'asjauajap anb Xbjj
•anbo[q ua opBuopuaui s^paqBq 'inbB
'B^SBq X vijqi^ B[ X Bosaju^p uoisia b^ ap sa^Bjap so¡ ajjua SBpuapuod
•sajjoa SBpnuaui sb{ ap Biua^ p a^uauiBaiiaBjd bX opBjo^B u^q sojipnja
sog qainbazg Bjajojd p aquasap anb so[ b ou X u^nf ap sisdipaody
[ap so[ b 'sb[b sns ap ojauínu [b oju^na ua 'uapuodsajjoa uoisaaojd
B[ ua uBdiai^jBd anb sofo ap soua[[ sa[BiutuB ojjBna so[ anb buijijb
opuBna upioBAijap ^[qop Bisa b apn[B ouisiui ajuBQ 'oaon^ [a Bjjaia as
anb uoa 'stsd^^voody [a X ojtidwvjsdj^ onSnuy ^^p SBiajojd so[ :v}iq
-ig B[ jod BpBp sa [Bdiautjd ajuanj Bg 'buisiui upistA b[ ap usajuanj?^
ap JBppq apand as 'ojsa jod ajuauíBisnf "oiunfuoa ap Bjsaod X^q ou
íBtsaod ap soiuauíoui 'uoisia b[ ua 'Xbjj 'zijjBag ap X Biuaod pp af^u
-osjad ouioa boiisbjubj upiaaaXojd ns ap oaijBuiBjp oj^uanaua p uoo
'sBSJBduioa ap opB[qod ub^ 'oouoSa[B ouBuaosa [a jbziuouub b inbB
ezubo[b ou ajuBQ anb JBAjasqo ua 'oSjBquia uis 'uappuioo sopoj^
#ou8adBg ap p ua 'op
-unSas [a ua 'X 'oubi[^iiuoj^[ ap oiJBjuauíoo [a ua 'ojoadsB jauíijd ns ua
'bX souiBJiuooua Bg 'asjauoduii b apuai^ 'Btouaijadxa biui^ui ns jbzi[bs
-jaAiun ap oasap ns ua X ajuBQ ap Bijsapoui B[ ua BpBSBq 'oiJojvSuri^j
jap so^ubo souii^[n sojsa ua '[BAaoipaui ouoj. ap bjjo3[b buii ap oi[duiB
ai ua uiBixpsui oa[duia pp uoiOBOijtjsnf B[ 'soduiaij sotui^n so[ ug
•jouaiui zanf
ns '[bjoui Biouaiouoo ns 'ajuBQ ap [iuaAnC uoissd B[ jas ap JBÍap uis
'biobjS b[ o Bp^pAaj p^pjaA B[ 'aj b[ aApnA as saouo^ua buisiui zijj
-Bag 'zijjBag b jouib pp Biouajsisjad b[ ap saABjj b 'soig b jouib sa íbj
-aod [B asjBÁBiusap X JB[quiai Bjo^q oSjcqiua uis anb 'upisajdxa ns ua
opBjBoaj '[iuaAnf ojuaiuiijiíos [ap BiouapiA BpBuoisBdB B[ Bpoj auax^
jouib a^sa ojod í[BniiJidsa jouib ap 'onaio sa 'ajduiais bjbjj ag
•SBisiAou[ijsiiuB sajouiB ubjubo anb 'ttsBsoiiad?, sbuiij sb[
op ouis 'vao/sj vjiyf B[ ap ou 'aps anb asBjj sa (GT) ttaias a[BUuaoap B[

�nadas aún de bizantinismo y de tradiciones sarracenas, y dominadas,
hasta 1266, por la casa de Suabia, de fuertes tendencias racionalistas.
Además, no todas las obras del abad calabrés fueron dadas a conocer
en seguida. El hecho es que, a mediados del siglo XIII, había en Italia
cerca de cuarenta monasterios benedictinos que habían adoptado la
regla florense.
De la confluencia del misticismo de Joaquín de Fiore y sus secua
ces con la corriente franciscana de exaltación de la pobreza, nacerán
los movimientos místicos más encendidos de ese mismo siglo XIII, como
el de la "Aleluya" (1233) y el de los "Flagelantes", que se desarrolla
ron fuera del ámbito eclesiástico, en terreno laico y municipal. Los
"fraticelli", es decir los franciscanos que, partiendo de la estricta ob
servancia de la regla de la pobreza, habían llegado —justamente cuan
do Dante escribía su poema— a oponerse a la lujosa Iglesia de Avignon en forma tan virulenta que se hicieron condenar a su vez muy
pronto (1321) como herejes, encontraban en las profecías joaquimitas
(que prometían para muy pronto el reino del Espíritu Santo, o sea
del Amor) la fuerza para afrontar las persecuciones. La crisis de la
orden franciscana, a la que Dante alude en el Paraíso y en la que el
poeta, como se dijo, toma una posición intermedia y conciliadora (la
condena por herejía no se había producido aún), se prolonga por todo
el siglo XIV, adquiriendo aspectos filosóficos y políticos con Occam,
Marsilio de Padua y Cola de Rienzo, y aspectos sociales con los dis
turbios de los "Ciompi" en Florencia. La posición heroicamente em
pecinada de los "fraticelli" fue consagrada por el martirio de algunos
de ellos, que perecieron en la hoguera, como aquel fray Miguel, que
mado vivo en 1389 en Florencia, cuyo proceso y cuya muerte nos han
sido relatados por un anónimo testigo, en algunas de las más hermo
sas páginas de la literatura "popular" de todos los tiempos. A esta mis
ma literatura franciscana pertenecen las famosas "Florecillas", y nu
merosas otras obras de los siglos XIII y XIV, narrativas y teóricas, en
latín y en vulgar. Y muchas de ellas están impregnadas, a la vez, de
la doctrina sencilla de S. Francisco y de las complicadas profecías del
abad Joaquín.
En estos últimos años ha sido publicado y estudiado por León
Tondelli uno de los más interesantes códices de la literatura e icono
grafía joaquimitas, "II libro delle Figure" (20) en el cual el simbo
lismo característico de esa clase de profecías está profusamente ilus
trado por una serie de miniaturas, que tienen muchas afinidades, diga
mos, temáticas con la procesión dantesca del Paraíso terrenal y con la
profecía del "Veltro". La coincidencia formal, aunque no interpreta
tiva, de este simbolismo joaquimita con el bíblico puede haber ayu
dado a la simultaneidad de las dos fuentes en Dante y es aún más im
portante para nosotros la diversidad del significado que la identidad
del símbolo.

(20) Leone Tondelli. II libro delle figure dell'abate Gioacchino da Fiore, II
edizione, Torino, Soc. Ed. Internazionale, 1953 (dos tomos).
- 37 -

�- 88 •44osibjbcI iui ap X bijbj3 tui ap (ouiiijn opej^ p) opuoj p jbzub.)jb
iaaa oX anb 'bsubjui ubi bsijuos eun BipjB sofo sns ap ujjuap anbaoj,, (T-)

•ojuaiuiijuas
[ap saaijBui so[ sopoj jssajdxa ap ZBtlea BpBJiui Bun 'saao[oa k SBauj[
uoa Bza[[aq eun 'jafnui ap zoa buü k Biauaisisuoa Bun 'Bisaod k saj
•o[quiai 'sojídsns ap BJopBjiasns 'ajUBQ ap sojnd sbui soiuaiuiijuas so[
ap a[qisaaaBui aiuanj Bsa b ap^p k BjsiAOiqíjsa BAjasaj B[ jaduioj BJBd
aiuaiaijns o[ 'BpBiuy B[ ap Bjnífrj B[ SBuadB opBzoj Bq BjJoáa[B wj
(n-Z *AA AX 'D ^
(tz) ^osipBjBd oiui ¡ap a bizbj^ biui ^[[ap
opuoj o[ JBaaoi iaiuitoa iBsuad oi4qa '[bj
osij un BAapjB xons iqaao i[^b ojjuap
jjj B[ ap ziajBag B[ jsb BJBdaad ag "BuiAip zn[ B[
ap pas Á vao^^j m}^{ B[ ap ttBuitsj[ijuaS,, B[ ap bsijuos b[ ap pas 'sotq ap
jouib k zijj^ag ap jouib zaA b[ b sa anb 'on^ijuB jas ap jBÍap ms OAanu
sa anb jouib un ua 'sa[Buajjaj opBisBiuap sBiauajajajd k sapBpiAtjOB
'sajouiB soj^o ap oiuaiuiijuadajjB [a uoa uapunj as a^uaasa^pB jouib [ap
ojnd opjanaaj [a k 44buiuibij bdijub,, b[ '44aias a[Buuaaap^, B[ '[a ug
•ajduiais 'ajuasajd Bjsa Bisaod b[ 'oiJBjiun ojad
ajuajiuuajui 'oaijoui ajsa ua j^ 'ajquinpaqanuí BjanUB[jnq sbui b[ ap
oj^uap ub[sib as souisiui sopBJouiBua so[ ouioa ajuaiuBuii^i^a[ k [ia^j ubi
opaaBq souiapod íBpBUiy B[ uoa ojjuanaua [a ua BUiui[na anb ooijbjíí
-oiqojnB oaijoui [a 'sBauaSoja^aq saiuaxjjoa ap Biauanjjuoa Bsoni[nui
-ni Bisa ap 'jb[sib soiuapod uozbj biusiui b[ joj '(-aia 'Biudjasojj uoa
'Bp[aiBp\[ ap uoiaBJBduioa B[ 444- • -osbiub^ ui asjoj,, '44siua[d Bt[i[ 'o 'ai^p
snqiueui,,) [BAaoipaui BjajspuiiB Bisa ua OAanu Buans anb ouisiuBiunq
un ap 'Bza[BjniBU B[ jod —BisiiuaaBuajjajd aA[anA as aiuBQ ua anb
— [BzuaAOjd jouib [ap '(ziJiBag 'BppiBj^f '^iq) BistAoupisa uoiaipBJi
B[ ap :sofn[jut sojio JBSaj^B souiapod 'sopBiia b^ so[ b 'osa jog
•Bisaod B[ ap pBpinuiiuoa b[ b k pBpisuaiui B[ b ajaijaj as anb o[
ua saiuaiaijnsui ubi 'aiu^g ap oaiiqod oiuaiuiBsuad [ap oipnisa [a BJBd
saiuBiJodiui ubi 'soiuBa oauía soisa ua soiuauia[a opuain^uiisip jin^as
souiapod osa jog qaiJBna uis aiBquioa un ap bijoíbjo b[ ua sopB¿BJiB
UBjaiA as ou soisa anb BJBd 'so[oquiis sosa ap SBJiap aiuaui[BniiqBq
BjaA as anb pBpq^aj B[ Bja BiBipaiuui opBisBuiag "oaiiaod ouoi op^u
-iiujaiap un JBaja BJBd aiuauiBOiun ouisqoquns [a JBZi[iin b 's^aiiajojd
sBjjoSa[B sns ua [BJauaS ua ouioa 'jb3[[ uis ojad 'soau9^a[B sBiuanbsa
souisiui so[ ap SBAiiBiajdjaiui sauoia^uBA SBisa uaaajjo a[ anb pBijaqq
BAiiafqo B[ opuBqaaAOjdB 'upiaipBJi Bisa ua Bijasui as aiuBQ *bijba
uoiaBiajdjaiui ns SBJiuaiui soaiiuapi uaaauBuuad anb 'so[oquiis SBuiap
so[ uoa BSBd ouisiui o[ j^ -uou^iAy ua BpBJjaisap Biuog ap Bisa[^j bj
'BOJBJiag ua apjBi sbui k t^[[^^íl^Jj,9 so[ ap BjniBjaiq B[ ua 'uajnBisuaq
-ojj so[ ua opBaijiuosjad aiuaui[BijaiBui Bq^iuasajd a[ as anb oaiuBiu
-jaá-ouBiuoj ouaduij [a 'ajoig ap uinbBoJ* ua 'uoja^ ap BUB^Bd Buiog
B[ sa 'sisdijvoody [a ua 'BiuogqBg anb 'o[duiafa jod 'aiuapiAa sg

�EL LENGUAJE DE DIOS

Aparentemente, en el Paraíso, no hay más alegorías que la cons
tituida por la trama general del poema y las muy circunscriptas de la
Cruz y del Águila, cuyo significado, en sí, es claro y deriva de símbolos
corrientes, relacionados con el tema de los cantos respectivos: la fe y
la justicia, la iglesia y el imperio.
Las luces se mueven formando letras o dibujos: es uno de los
tantos medios que emplean las almas bienaventuradas para comunicar
a Dante su mensaje y, a la vez, para expresar gratuitamente su verdad
(puesto que en ella consiste su bienaventuranza), variando con figu
ras sus rondas luminosas, su tripudio musical. La Cruz y el Águila no
son más que momentos culminantes de ese modo de presentarse de las
almas y, verdaderamente, su carácter alegórico es tenue.
Pero, ¿qué es la alegoría? Vimos que puede ser una transfigura
ción fantástica de hechos reales ya acontecidos (alegoría histórica,
como la procesión de los últimos cantos del Purgatorio) o de hechos
futuros (alegoría profética: el "Veltro", el "Quinientos diez y cinco");
o bien puede ser un relato con personajes aparentemente concretos
—una "hermosa fábula", diría Dante— para representar ideas y sus
vínculos recíprocos, para "visualizar" algo tan inmaterial como la
verdad.
Desde este último punto de vista el Paraíso ("luz intelectual llena
de amor") es una alegoría continuada.
En efecto, por más que Dante se esfuerce por espiritualizar su
visión, tiene que expresarse en términos sensoriales; las luces, más frías
o más cálidas, rutilantes o fijas, color rubí o topacio, las músicas, las
danzas, no pueden haber sido captadas por él sino a través de loa
sentidos. Es inútil que nos diga, al final, que el Empíreo no está en
el espacio, ni en el tiempo; ve moverse en él a sus personajes y no
puede contarnos esos desplazamientos sino en términos de espacio y
de tiempo. En esos términos, por otra parte —nos dice en su relato—
se le hahían presentado a él. La causa de esa materialización la encon
tramos en dos tercetos del episodio del "miro gurge" ("maravillosa
correntada") en el canto XXX del Paraíso. En este episodio está Com
prendido el único paisaje de la tercera "cántica"; pero tiene este ca
rácter sólo para los ojos mortales de Dante.
"E vidi lume in forma di riviera,
fluido di fulgore, intra due rive
dipinte di mirabil primavera.
Di tal fiumana uscien faville vive
e d'ogni parte si mettien ne' fiori,
quasi rubin, che oro circunscrive

- 39 -

�Poi, come inebríate da li odori,1
riprofondavan sé nel miro gurge;i
e s'una entrava, un'altra n'uscia fori" (-)
(Paraíso, c. XXX, w. 61-69)I
Beatriz se complace del deseo ardiente que Dante experimenta de
saber qué significa este espectáculo; pero le dice que, antes de "saciar
esa sed", deberá tomar un poco de esa agua. En realidad, el río de luz,
las chispas y las flores
"... son di lor vero umbríferi pref azi.
Non che da sé sian queste cose acerbe;
ma é difetto da la parte tua,
che non hai viste ancor tanto superbe" (23)
(ídem., vv. 78-81)
Sólo después que la garganta y los ojos de Dante se hayan bañado
milagrosamente en esas aguas de luz, el río se transformará en la in
mensa rosa en la que están distribuidas las almas de los bienaventu
rados, cuyas figuras ahora Dante puede ver, a pesar del fulgor intenso
que despiden. Pero esa aumentada potencia visual no llega, sino en el
instante supremo e inmediatamente borrado del éxtasis, a ver lo que
ve, según la teología tomista aceptada por el poeta, la inteligencia pura,
liberada de los sentidos. Mientras tanto, la presencia de los sentidos&gt;
exige la apariencia de la materialidad. ¿Y qué es esta apariencia, en
el Paraíso, más que una alegoría, que es obra, no de poetas ni de
teólogos, sino del mismo Dios?^
Esto lo sabemos, por otra parte, desde los comienzos mismos de
la III "cántica". Al principio del IV canto, en efecto, Beatriz lee en
el pensamiento de Dante una pregunta: él está encontrando a las almas
de los bienaventurados distribuidas en los siete cielos, correspondientes
a los siete planetas; ¿estaba, pues, en lo cierto Platón, cuando decía
que las almas, después de la muerte, tienen sus moradas en las estrellas?
No, contesta Beatriz: todos los bienaventurados tienen su trono
en el Empíreo, aunque el grado de su beatitud sea distinto como dis
tintos fueron sus méritos. Se le muestran a Dante en diversos cielos,
más lejos o más cerca de Dios, para hacerle compretader esa diferencia:

(22)Y vi una luz en forma de río, fluido de fulgor ,entre dos orillas pinta
das de milagrosa primavera. De esa corriente salían chispas vivas y, por doquier,
se introducían en las flores, como rubíes engarzados en oro. Luego, como em
briagadas por los perfumes, se volvían a sumergir en la maravillosa correntada; y,
al entrar una, salía otra".
(23)"...son simbólicas anticipaciones de su propia verdad. Por sí mismas
no serían difíciles estas cosas; el defecto está en ti, pues no tienes aún una mirada
bastante poderosa".
- 40 -

�- u b cuna anb (j3Bjb^j p^inpjB p) oj^o p X pn2ij\^ b X pq
b ouBiunq o^^dsB uoa Bjuasajdaj so Bisaj^j BiiiBg bj X íbsoo bjio opuaipua^ua
'soubui X said soiq b aXnqijjB aj X sapBijnoBj snj}sanA b njdcpe as B.miyiosg b[
ojsa joj 'BiauaShjaiui B[ ap ou^ip o^aasq BJBd Bjoqep o^anj anb oj aqiaaj sopu
-uas soj ap ojos aisa anb-iod 'oiua^ui ojjsanA b uvjqvq ouesaaau sa ;sy,, (fZ)

uoisdjdxa ns cuBJ^uoDua BiSo[oaj B[ anb
B{ ua A —ajuBQ ap afBiA ^a ua ouioa Bjn^uasg b^ ua oiub^— ouisiui
soiq b BUBiuouiai anb bj^ojoiiui cun ap 'opuoj ja na 'bjbjj ag
•ajqisuasBj^jn pBpijBaj Bun (sbiuoj^ oniBg bX otjaip BiqBij ttsop
-linas soj na saiuB opBisa BX^q ou anb aiuaiu bj ua Á^q ^pBu,, ^p^pxj
-B3J bj uoa Botunuioa aisa sajBna soj aod sojnajqaA sooiun) ajquioq jajj
sopiinas soj b BUBisajiUBiu sotq sajBna soj ap saABJi b 'soajpdaoa aiuam
-ainaaBdB sojoquiis ua onis 'sBjqBj^d ua bijiisisuoo ou X íaaquioq ja
uoa sauoiaBjaj sns ua pBpiuiAip bj ap afBn^uaj ouxs 'aiuBQ ap BOBjaiij
Bjqo 'oseo ouijijn aisa ua 'Búas ou 'Bjq^jBd Bun ua 'BuoSajB bq
•jBniaaj
•aiut ajuauíBjnd pBpijsai Bun aiuBQ b ajqiSijaiui ^aa^q BJBd aAJis as
soiq anb ap oipaui ja sa uoisia Bisa rsojaia soiujisip soj ua sBpjnquisij)
sopBjniuaABuaiq soj ap sbuijb sbj (j^aí oiuoa Bp^iuasajd sa upiaBjjBuÉ
bj anb oisand 'ouisiui oj sa anb oj) oista aaq^q a^uij o 'oía j^ -jBiaos™
-uas pBpijBaj Bun b —bisbiubj ns ua— uapuodsaxioa anb soqaaq Biuana
son inbs aiUBQ *(sBiao8ajB SBpiiju sbui sbj usjias SBaija^uBAa SBjoqBJBdf
sbj opiiuas aisa ua X) oiamuo^ ja ua Bp son oinsiui aiuBQ anb upiaiu*
-ijap bj unSas 'oai8oj ojjojJBsap ns ua Bajii buii jBzijoqiuis BJBd Biuana'
oiBjaiq ja anb ttBjnqBj Bsouuaq,, bj ap bX bibji as oj^ jjj^ ojSis jap
oiJBjaiij X jBjnijna snuinq ja ua un^ uapunq as saajBj sbXiio '44bi^^baj3s
BAjas,, bj ap Jiia^d b 'v^pdwo^ bj ua BasaiuBp BuoSajB bj ajjoaaj anb
ouiuibo oSjbj jap BpBSajj ap oiund 'osívjvj jap bijo3jb bj inbB ajq
ap oqaaq oaijp^ajB af^nSuaj un Bajdiua 'soiq ap Bjqo sa anb '
bj ouioa 'sauaSsiui ap saABJi b 'oaiaoSajB aÍBn^uaj un ap aiuaiuaiuaj)
-iA3 bibji as *BjqBq aj soiq anb uoa '^fvnSvdj un nos 'osjbjb^ ja aod
afBiA ns ua aiUBQ Biuauíuadxa anb SBAiiipnB X saj^nsiA sauoiaBsuas sbj
anb Buuijuoa sou anb '(jBjqBq) djtr¡jvd oqjaA jap osn ja asaAjasqQ
(8t-Of *AA 'AI
(tz) ttouB8 aaaju ^iqoj^ aqa o.iijbj a
BiuasajddBJ ia J9q^JI\[ ^ l8íJClB0
ouBiun onadsB uoa Bsaiq^) BiuBg a
:apuaiui ojijb pa 'oiq b aasinqiJHB
oubui a ipaid a 'apBijnaBj bjisoa b
apuaasapuoa Bjniiuag bj opanb ja^,—-t
•ou^ap onajjaiui,p Biasod bj aqa oía
apuaiddB oiBsuas Bp ojos aqa
aqa oaad%
'ouSaSui ojisoa jb isuaiAuoa jvjavil

�Esta doctrina de una alegoría divina, de un verbo que se hace
carne para ser captado corporalmente por las inteligencias humanas
individuales, que necesitan de la mediación de los sentidos para cual
quier conocimiento, tiene sí, su punto de partida en Santo Tomás de
Aquino (25), pero es adoptada por Dante, con genial y profunda intui
ción, para componer el Paraíso como parte de un poema caracterizado
por su fuerza dramática, en lugar de un sutil tratado de teología.
Y, una vez más, el tono general de esta identificación de lo con
creto con lo abstracto, de la visión de los ojos con la iluminación in
telectual, no es místico, sino épico, no viene de San Bonaventura, sino
de un Santo Tomás revivido con el entusiasmo que suscitaban en Dante
las conquistas de la razón. A este entusiasmo se le deben los mejores
momentos de la tercera "cántica", desde la navegación en lo descono
cido y la epopeya de la duda, desde la exaltación altiva del valor mo
ral del destierro y de la pobreza franciscana, hasta las imágenes me
nudas, que parecen a veces volver tangible el pensamiento, como si
la poesía, con su propia luz fantástica, fuera la misma Beatriz,
"che lume fia tra il vero e Tintelletto" (26)
(Purgatorio, c. VI, v. 45)
creatura viva en la muerte, creatura amada, que exalta, por eso, todas
las facultades del poeta.

1

(25) Sapegno, en su comentario a la Divina Comedia (Ed. La Nuova Italia,
III tomo, p. 48) cita algunos trozos de la "Summa" y, entre otros: "Locus in quo
Sancti beatificabuntur, non est corporalis sed spiritualis, scilicet Deus, qui unus
est... Quamvis sit unus locus spiritualis, tamen diversi sunt gradus appropinquandi
ad locum illum" (Summa Theologica", III, XCIII, 2). ("El lugar en que los Santos
van a gozar de la beatitud, no es corpóreo sino espiritual, es decir Dios, que es
uno... A pesar de ser uno el lugar espiritual, son distintos los grados de cerca
nía a él").
(2G) "Será una luz entre la verdad y la inteligencia".
- 42 -

�-"- ^

'&gt;•.'.'••

• • I '^ •

r^

\ •.-"• • •

^^'Imp. Cordón
\

&lt;^

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="2">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="31">
                <text>Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="138">
                <text>Repositorio de ensayos en las Humanidades publicados originalmente en el Uruguay</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="139">
                <text>&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ha propuesto contribuir a rescatar y poner a disposición de los lectores la escritura ensayística del Uruguay a lo largo de su historia. Esta Biblioteca Virtual de Humanidades en el Uruguay pretende reunir en un solo lugar más de dos siglos de textos de reflexión y pensamiento, dentro del amplio campo de las humanidades, producidos en conexión con la universidad. La mayor parte de esos textos han sido originalmente publicados en revistas universitarias o periódicos hoy difícilmente accesibles. A menudo nunca recogidos luego en libro—o recogidos con sustanciales modificaciones—, son textos que pueden contribuir a recuperar y mostrar las dinámicas de pensamiento y representación en el país, tal como se realizaron en tiempos de centralidad de la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La a veces fina y sinuosa línea entre Humanidades y Ciencias Sociales hace que textos de historia económica, de estudios sociales, de ciencia aplicada a la antropología, puedan tener cabida en esta colección, aunque el foco está en el núcleo tradicional de las humanidades. El Derecho (con la excepción de Filosofía del Derecho) queda, por su especificidad técnica y profesional, por el momento fuera de este grupo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La colección será un trabajo acumulativo, con entregas bimensuales. En el tiempo, los textos se irán organizando de acuerdo a posibles lecturas de la historia de las ideas en la región y el continente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldo Mazzucchelli&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;15 de octubre de 2017&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3695">
                <text>Pablo Darriulat&#13;
Gonzalo Marín</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3696">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3114">
              <text>Alegoría y profecía en Dante</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3115">
              <text>FABBRI de CRESSATTI, Luce </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3116">
              <text> Fabbri de Cressatti, Luce: Alegoría y profecía en Dante /Luce Fabbri de Cressati..    Montevideo : FHC, 1962..  42 p..</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3117">
              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3118">
              <text>1962</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="47">
          <name>Rights</name>
          <description>Information about rights held in and over the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3119">
              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3120">
              <text>Libro</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="3121">
              <text>Español</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="398">
      <name>1265-1321</name>
    </tag>
    <tag tagId="19">
      <name>CRITICA</name>
    </tag>
    <tag tagId="292">
      <name>DANTE</name>
    </tag>
    <tag tagId="397">
      <name>LinkALIGHIERI</name>
    </tag>
    <tag tagId="302">
      <name>LITERATURA ITALIANA</name>
    </tag>
    <tag tagId="396">
      <name>SIGLO XIV</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
