<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="112" public="1" featured="0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/items/show/112?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-15T03:26:14+00:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="179">
      <src>http://humanidades-digitales.fhuce.edu.uy/files/original/336e35dbfc91768ded4601be8022fdff.PDF</src>
      <authentication>0f80d5e944978ba90525732792d61f8d</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="5">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="52">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1075">
                  <text>T-

•8BZB1 SBJUIJSip ap SOflI[ SO[
b A sapBpi[BUOT0BU sbjjo b uaaauajjad sauainb b oipn^sa ap
sns ua [Bti^i jod aqiaaj 'osoiSipi oj n^ pBpi^Bjjnau B^ujea eun
uoo opu^iuaiUBta lA BijBiisjaAiun einiouoine bj Bnjuaae 'BjpajBD ap
B[ auapsos 'ajuaipuad^pui ouioo ajqod A ouanbad ubi \

osauaiNon

^ saavawvwnH aa

noiDBJídsB ns ap ^ sapB^jnaBj sns ap ojjoJBsap ja Bjed Epu-i^d ap
oiand omsim p gainB^iqBi^ sns sopo) na jezrjiqísod A ojn^itniDBn [ap
soaitncmoaa soi3a^iAiJd so[ ap Biauanjjut b^ jBjsajjBJjuoa jod sozaanj
-sa sopBjajiaj sns ap oun na 'oiJBpunoas opp p BJBd naiquiB; ouis
BjanD9a B[ ua o^os bX ou so^xaj sof ainaniBjiniBjS omsiniise BSajjua
p '8ODijj[od sopijjBd so[ sopo) ap sajuBjuasajdaj so\ ap oaij
ojoa p uod Bpenopnes A uoisss Bp^s Bun na o^uainBjjB^ p
ua BpBjBJj Aa\ Bon jod 'oraoo ísap^i^noBj SBSiaAtp s^ ap
BjSBq ^pnasa B[ ap sopBj3 soaannjd so[ apsap ojrqosqB na
BzuBuasna B[ jBjuB^dtni opBjSo^ Bq AisnSr\i[^ p 'ajqod A ouanbaj
•opijuas Bupuai so^jo so^ ap oun^uiu j^no
p ms pnfoB A jo^am aqsa anfo p 'epnp uis 'sa SBaBpepnia sapnjjiA
Bjjsana ap ouafB ojnaiuitoouo^aj pp A [Bnjuíds^ ajuasajd ojisann '
ap uoiaisodxa ^\ pBpisaaAiuj^ ns ap saaopBpunj so[ b sjed pp saf^u
-anioq so¡ ai^na j^ -Ep^sajainisap o ^noisajojd Biauaoop B[ ap soue^d
soj^ SBtn go^ b asja^oas ajiuuad anb ajuand p napuaij BzuBuasua
BpunSas ap oaoi[ p A spn^sa B^ apuop apsap 'BDijqndaj B[ ap sauoauíj
soisapom A sopBjiBds sbui so[ b ^oq BSaj[ anb [Bjn^^no
b[ zspídsj uod opuB[[OJJBsap asanj jbioiui oapnu asa ap jija^d y

I

-sui uopBzi[iqBjsa ns jod BqBqonj 'sobo p ua SBiuaij b iA pEpi^aj
Bidojd ns ua oXodB ap sojund sojaiuijd sns Bqsjuajui uoiobu B[ anb
uo^ soAiiuiisui sospnduii so^ ap u9paB sp oduiBa pp BiouBisip Bioíd
-ojd B^aaio b as^aojafa uBJaipnd uoiDBjipam bj A oipnisa p apuop
'sanaSjjo sns ua optonpaj Ánm 'sisbo un isb as^aja 'aan^a uis oiib
sauoisBd sb[ ap aut^ejoA b^ ajjua 'oapiAajuoj^ ap 8B[[Bjnm sbj Biuod
-subj^ as ojuBn^ ua BJBqjBqtinas pspapos Bun ap s^ioua^nqjnj sb[ ap
oipatn na '^puapuadapui ns BpBísmbuoo ap 'sand 'soub soood y
ns ap oiJBuajna[) p opsaqapa B^ si^d p soj^b sosjaAip U03

vi aa

VDINOHD

�Como resultado de aquel no lejano impulso creador que acaba
de rememorarse, las generaciones actuales han podido presentar, así,
un umversalmente reconocido culto nacional por la justicia y el de
recho que, si bien se origina en nuestro innato sentimiento de la
solidaridad humana, ha sido hecho conciencia y afirmado por obra
de su cultura y por ella abarca hoy en su aspiración el campo
internacional.
Para conjurar el claro dejado por tendencias utilitarias en de
masía, —error en que no incurrieron, por cierto, sus fundadores,—
la Universidad ha incorporado en los últimos años una Facultad de
Humanidades y Ciencias destinada a propiciar los altos estudios des
interesados. Grave responsabilidad la de sus autoridades, su cuerpo
docente y sus alumnos, porque la índole de esa nueva casa, la nuestra,
acentúa, como razón de su existencia, la misión de agregar al ideal
de ser sabio, el de ser justo y libre, cual en el sueño juvenil de Shelley.
Es con ese norte que se esfuerza el empeño de todos ellcs.

DISCURSO DEL PROF. DR. EUGENIO PETIT MUÑOZ EN EL

SEPELIO DEL DR. EDUARDO ACEVEDO
Señor Presidente de la República, Señores Ministros, Señor Rector de
la Universidad, Señores Profesores, ciudadanos, estudiantes, pue
blo libre, fuerte y honrado de la Patria:
La Facultad de Humanidades y Ciencias me ha conferido el alto
honor de resolver que yo trajese su palabra para que ella sea una
de las que vengan a sumarse al solemne concierto apoteósico con que
pueblo y gobierno están despidiendo a este hijo preclaro de la Re
pública y universitario ilustre: a este hombre ejemplo, viviente para
digma de nuestra democracia, que fue hombre hasta el riesgo máximo
que el serlo en dignidad y en plenitud comporta, porque, desde antes
de comenzar a estudiar a Artigas, él, que estaba destinado a ser el
consagratorio historiador y el apóstol de Artigas, había comenzado
ya, sin saberlo, por coincidente sentido de la disciplina y la respon
sabilidad, a vivir el concepto, al que siguió fiel hasta el último día
de su longevidad, con que el Jefe de los Orientales, en una carta
memorable, dio, queriendo sólo referirse a su persona, la primera de
finición del Hombre, del Hombre en sí, que se haya escrito en nuestro
suelo: primera en el tiempo y también primera porque no ha sido
superada en la altura y la precisión del contenido, y porque no podrá
perder vigencia mientras la especie humana aliente como tal en el
planeta: "Esclavo de mi grandeza, sabré llevarla al cabo dominado
siempre de mi justicia y razón. Un lance funesto podrá arrancarme
la vida, pero no envilecerme".
Definición y concepto del Hombre que la Facultad de Huma
nidades y Ciencias, en cuyo nombre hablo, podrá acaso mandar es-

—6—

culpir algún día en lápida sobre el pórtico que sirva de entrada y
de invitación a meditar a cuantos quieran acogerse a sus enseñanzas.
Hombre entero, y, con ello, ciudadano entero.
En una ocasión reciente, en que honrábamos en vida al procer
que acaba de perder la Patria como parte de la gratitud nacional que
le era debida por la obra con que había contribuido a que fuera
reconocida para siempre por el mundo^la grandeza de Artigas, decía
yo que el homenaje a uno de los historiadores que contribuyeron a
la glorificación de Artigas, cuando este historiador es Don Eduardo
Acevedo, y aún cuando este historiador haya sido, entre todos, como
lo es, el que más parte tiene en esa glorificación, no puede consistir
en un estudio técnico, sino en un acto de reconocimiento cívico.
Porque si he tenido por grande y hermosa verdad, desde el día
en que la escuché de labios de uno de los grandes líricos de América,
que el homenaje a un poeta hecho por otro poeta honra al ideal,
no menos puede parecerme el que así afirmemos hoy que la glori
ficación del procer máximo de nuestra Patria, de nuestro civismo
democrático y de todas las virtudes humanas en nuestro pasado, hecha
en el terreno histórico por quien era a la vez un gran patriota, un
gran ciudadano y un apóstol sencillo de la virtud, honra cívicamente
mucho más que científicamente, y de ese modo, pasando por encima
de lo muchísimo que sin duda significan, científica e intelectualmente,
sus obras históricas, de que se valió sólo como de un mero instru
mento de trabajo para demostrar una verdad, honra a la Patria, a
la democracia, y a la virtud.
Don Eduardo Acevedo pudo llegar a ser, en efecto, como llegó,
el reivindicador definitivo de Artigas, más por haber sido el santo
laico y el gran ciudadano que fue, que, en lo estricto del oficio de
especialista meramente técnico y científico, el gran historiador que,
pudiendo también haberlo sido, prefirió sin embargo no ser. Prefirió
no ser un historiador de oficio porque no fue su vocación primera
la de historiador, ni ciñó tampoco más tarde a alcanzar esa forma
de consagración su formación intelectual ni sus métodos de trabajo.
Y es que, desde mucho antes de empezar a ser historiador, vivía
en plenitud ese alto y difícil oficio de Hombre, para el cual nació,
y lo ennoblecía, lo dinamizaba y lo ejercitaba para el bien común,
dándose con suave y sonriente modestia, sin una tregua y con labo
riosidad de poseído, que imprimía a la vez a cuantos alcanzasen a
ponérsele a tiro, a la forja cotidiana y severísima del temple de un
civismo de acero.
Una recta indoblegable es, en su vida, cuyo comienzo toca casi
el final de la de Artigas —de la cual lo separa escasamente un sep
tenio— la línea de su civismo. El estudioso, el amigo de la educación
popular, el periodista, el abogado, el profesor de Economía Política
y Finanzas, el historiador, el Rector de la Universidad, el estadista
fecundísimo y el ateneísta, no eran, en él, desviaciones laterales, ramas
de un árbol en crecimiento, que, aún haciéndolo de más en más mag
nífico, se separan, sin embargo, del tronco, sino nuevas fibras que
iban sobreviniendo a su civismo, en las que éste se desdoblaba, sin
—7—

�Como resultado de aquel no lejano impulso creador que acaba
de rememorarse, las generaciones actuales han podido presentar, así,
un umversalmente reconocido culto nacional por la justicia y el de
recho que, si bien se origina en nuestro innato sentimiento de la
solidaridad humana, ha sido hecho conciencia y afirmado por obra
de su cultura y por ella abarca hoy en su aspiración el campo
internacional.
Para conjurar el claro dejado por tendencias utilitarias en de
masía, —error en que no incurrieron, por cierto, sus fundadores,—
la Universidad ha incorporado en los últimos años una Facultad de
Humanidades y Ciencias destinada a propiciar los altos estudios des
interesados. Grave responsabilidad la de sus autoridades, su cuerpo
docente y sus alumnos, porque la índole de esa nueva casa, la nuestra,
acentúa, como razón de su existencia, la misión de agregar al ideal
de ser sabio, el de ser justo y libre, cual en el sueño juvenil de Shelley.
Es con ese norte que se esfuerza el empeño de todos ellos.

DISCURSO DEL PROF. DR. EUGENIO PETIT MUÑOZ EN EL
SEPELIO DEL DR. EDUARDO ACEVEDO
Señor Presidente de la República, Señores Ministros, Señor Rector de
la Universidad, Señores Profesores, ciudadanos, estudiantes, pue
blo libre, fuerte y honrado de la Patria:
La Facultad de Humanidades y Ciencias me ha conferido el alto
honor de resolver que yo trajese su palabra para que ella sea una
de las que vengan a sumarse al solemne concierto apoteósico con que
pueblo y gobierno están despidiendo a este hijo preclaro de la Re
pública y universitario ilustre: a este hombre ejemplo, viviente para
digma de nuestra democracia, que fue hombre hasta el riesgo máximo
que el serlo en dignidad y en plenitud comporta, porque, desde antes
de comenzar a estudiar a Artigas, él, que estaba destinado a ser el
consagratorio historiador y el apóstol de Artigas, había comenzado
ya, sin saberlo, por coincidente sentido de la disciplina y la respon
sabilidad, a vivir el concepto, al que siguió fiel hasta el último día
de su longevidad, con que el Jefe de los Orientales, en una carta
memorable, dio, queriendo sólo referirse a su persona, la primera de
finición del Hombre, del Hombre en sí, que se haya escrito en nuestro
suelo: primera en el tiempo y también primera porque no ha sido
superada en la altura y la precisión del contenido, y porque no podrá
perder vigencia mientras la especie humana aliente como tal en el
planeta: "Esclavo de mi grandeza, sabré llevarla al cabo dominado
siempre de mi justicia y razón. Un lance funesto podrá arrancarme
la vida, pero no envilecerme".
Definición y concepto del Hombre que la Facultad de Huma
nidades y Ciencias, en cuyo nombre hablo, podrá acaso mandar es-

—6—

culpir algún día en lápida sobre el pórtico que sirva de entrada y
de invitación a meditar a cuantos quieran acogerse a sus enseñanzas.
Hombre entero, y, con ello, ciudadano entero.
En una ocasión reciente, en que honrábamos en vida al procer
que acaba de perder la Patria como parte de la gratitud nacional que
le era debida por la obra con que había contribuido a que fuera
reconocida para siempre por el mundo la grandeza de Artigas, decía
yo que el homenaje a uno de los historiadores que contribuyeron a
la glorificación de Artigas, cuando este historiador es Don Eduardo
Acevedo, y aún cuando este historiador haya sido, entre todos, como
lo es, el que más parte tiene en esa glorificación, no puede consistir
en un estudio técnico, sino en un acto de reconocimiento cívico.
Porque si he tenido por grande y hermosa verdad, desde el día
en que la escuché de labios de uno de los grandes líricos de América,
que el homenaje a un poeta hecho por otro poeta honra al ideal,
no menos puede parecerme el que así afirmemos hoy que la glori
ficación del procer máximo de nuestra Patria, de nuestro civismo
democrático y de todas las virtudes humanas en nuestro pasado, hecha
en el terreno histórico por quien era a la vez un gran patriota, un
gran ciudadano y un apóstol sencillo de la virtud, honra cívicamente
mucho más que científicamente, y de ese modo, pasando por encima
de lo muchísimo que sin duda significan, científica e intelectualmente,
sus obras históricas, de que se valió sólo como de un mero instru
mento de trabajo para demostrar una verdad, honra a la Patria, a
la democracia, y a la virtud.
Don Eduardo Acevedo pudo llegar a ser, en efecto, como llegó,
el reivindicador definitivo de Artigas, más por haber sido el santo
laico y el gran ciudadano que fue, que, en lo estricto del oficio de
especialista meramente técnico y científico, el gran historiador que,
pudiendo también haberlo sido, prefirió sin embargo no ser. Prefirió
no ser un historiador de oficio porque no fue su vocación primera
la de historiador, ni ciñó tampoco más tarde a alcanzar esa forma
de consagración su formación intelectual ni sus métodos de trabajo.
Y es que, desde mucho antes de empezar a ser historiador, vivía
en plenitud ese alto y difícil oficio de Hombre, para el cual nació,
y lo ennoblecía, lo dinamizaba y lo ejercitaba para el bien común,
dándose con suave y sonriente modestia, sin una tregua y con labo
riosidad de poseído, que imprimía a la vez a cuantos alcanzasen a
ponérsele a tiro, a la forja cotidiana y severísima del temple de un
civismo de acero.
Una recta indoblegable es, en su vida, cuyo comienzo toca casi
el final de la de Artigas —de la cual lo separa escasamente un sep
tenio— la línea de su civismo. El estudioso, el amigo de la educación
popular, el periodista, el abogado, el profesor de Economía Política
y Finanzas, el historiador, el Rector de la Universidad, el estadista
fecundísimo y el ateneísta, no eran, en él, desviaciones laterales, ramas
de un árbol en crecimiento, que, aún haciéndolo de más en más mag
nífico, se separan, sin embargo, del tronco, sino nuevas fibras que
iban sobreviniendo a su civismo, en las que éste se desdoblaba, sin
—7—

�de graduado desenvolvimiento, primoroso equilibrio de partes y do
duda, se triplicaba, se multiplicaba sin cesar, pero en todo su asom
broso largor, y sólo para anudarse y trenzarse entre sí, sobre sí mismas,
como un único haz, sólo para reforzarse mutuamente y asegurar
mejor, haciéndola cada vez más robusta e irrompible, y más fiel, por
ello mismo, a su sustancia simple y única de hombre, la continuidad
del todo, su prolongación indefinida, constante, idéntica a sí propia,
siempre tendida hacia adelante, hacia el progreso, hacia la búsqueda
incesante, sin salirse de la ley de marcha rectilínea de su metal
dinámico y durísimo.
Es, pues, a lo largo de esas mismas líneas que surge el histo
riador, cuyas dos primeras raíces están también, una en la cátedra
de Economía Política y Finanzas, y otra en el periodismo.
A la primera debió el tener ya publicados, desde 1903, los dos
volúmenes de sus "Notas y apuntes", que subtituló, adecuándolos a
su verdadero contenido, "Contribución a la Historia Económica y
Financiera de la República Oriental del Uruguay". Al segundo debió
el haber solicitado ya, desde las columnas de "El Siglo", con ocasión
de la procesión cívica en honor de Artigas con que se solemnizó en
1894 el 19 de Junio, la colaboración de eminentes publicistas.
Terminado a comienzos de 1907 su rectorado, se propuso, para
ocupar las horas que su bufete de abogado semi abandonado en tantos
años por la atención de sus funciones universitarias no podía llenarle,
estudiar a Artigas.
Se entregó a ello poniendo, por metodología su técnica de pe
riodista, que lo hacía captar en un instante lo jugoso del documento
encontrado, por criterio el del abogado diestro en apreciar el valor
exacto de las pruebas y ponerlas en evidencia, acumulando todas las
que pudieran servirle y elevando en efecto a la categoría de tales a
cuantos elementos corroborantes pudiese hallar a mano o rechazán
dolas porque les había encontrado, a poco buscar, la falla de que
pudieran adolecer, la falsedad del dicho, la inidoneidad del testigo,
la inconexión de los diversos elementos: pero el del abogado de
verdad, que sabe que su primer deber es servir a la justicia, defender
la buena causa y proclamar la verdad en juicio, y en esto su criterio
jurídico estaba sostenido por su reciedumbre moral, la inteligencia
del derecho por la virtud del hombre.
Ysu criterio para encontrar dónde estaba lo justo no podía ser,
entonces, sino su propio criterio de hombre unimismándose con su
criterio de ciudadano: sus únicas medidas de valor, por consiguiente,
la democracia y la nobleza de alma.
Fue en el Archivo de la Nación Argentina donde, en dos meses
de verano en que trabajó de sol a sol y manejó toneladas de docu
mentos —más de cien mil, me aseguró una vez haber compulsado
entonces— tuvo la revelación definitiva de Artigas.
Yen tres años más de esas jornadas de doce y trece horas de
labor del Doctor Acevedo que comenzaban a las cinco de la mañana,
como a las cinco de la mañana las terminaba cuando ejercía el pe
riodismo, estaba concluida la hazaña de los tres tomos del Alegato:
del Alegato, que no es la historia orgánica de Artigas, una historia
—8—

cumentación, referencias bibliográficas y citas de páginas prolijamente
ajustadas a todos los ritos de la técnica, propia de quien no tiene pre
mura en redimir una tremenda injusticia, sino eso otro, como él mismo
quiso llamarlo, un alegato histórico, la obra de un abogado, ciuda
dano y hombre virtuoso, la obra de un "apresurado de justicia" con
oficio de periodista, que con la rápida practicidad de este oficio y
el hábito polémico del abogado, va a lo concreto y lo directo, toma
el aspecto decisivo de los hechos, los interpreta con energía y no
vacila en acusar a su vez, por retorsión o contrademandado, hasta
con exageración, si es preciso, a su adversario, pero sólo para defender
la justicia, para defender a uno de los más grandes calumniados de
' la Historia ante el tribunal mismo de la Historia.
Es así cómo el ciudadano Eduardo Acevedo defendió al ciuda
dano José Artigas. Es así cómo después de historiador de Artigas, el
ciudadano Eduardo Acevedo, en sus macizos Anales Históricos del
Uruguay, hizo más tarde la historia de los perfiles esenciales de la
Nación.
Que en el misterio eterno en que ha entrado el Maestro quede
perdurablemente vivo, como uno de los acentos más puros y sinceros
del a^radecimiento de la Patria, el homenaje de la Facultad de Hu
manidades y Ciencias, en cuyo nombre he tenido el honor de dejar
así testimoniada, a la vez, su propia gratitud.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL VOCAL DEL CONSEJO
DE LA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS, PROFESOR
EMILIO ORIBE, EN EL ACTO DE INHUMARSE LOS RESTOS
DEL PINTOR TORRES GARCÍA
Señores:
El Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias me de
signó para presentarlo en esta despedida definitiva de la forma
corpórea del Maestro Torres García. El organismo docente que aspira
a la superioridad dentro de la cultura del país se honró desde los
primeros instantes de su instalación con la enseñanza, la presencia y
la irradiación espiritual de este venerable varón, que congregó a su
alrededor el más cálido y numeroso conjunto de oyentes y discípulos.
Fue para todos una satisfación superior contar con la presencia ac
tuante de un maestro y de un artista de tal renombre en el arte
contemporáneo, al mismo tiempo que un suscitador de inquietudes
y polémicas, admiraciones y rechazos, tinieblas y claridades.
Es indudable que en el futuro se juzgará nuestra actitud aco
gedora frente a esta figura revolucionaria, como un índice de agu
deza crítica, de criterio amplio y de certera videncia. El resplandor

—9—

�de graduado desenvolvimiento, primoroso equilibrio de partes y do
cumentación, referencias bibliográficas y citas de páginas prolijamente
ajustadas a todos los ritos de la técnica, propia de quien no tiene pre
mura en redimir una tremenda injusticia, sino eso otro, como él mismo
quiso llamarlo, un alegato histórico, la obra de un abogado, ciuda
dano y hombre virtuoso, la obra de un "apresurado de justicia" con
oficio de periodista, que con la rápida practicidad de este oficio y
el hábito polémico del abogado, va a lo concreto y lo directo, toma
el aspecto decisivo de los hechos, los interpreta con energía y no
vacila en acusar a su vez, por retorsión o contrademandado, hasta
con exageración, si es preciso, a su adversario, pero sólo para defender
la justicia, para defender a uno de los más grandes calumniados de
la Historia ante el tribunal mismo de la Historia.
Es así cómo el ciudadano Eduardo Acevedo defendió al ciuda
dano José Artigas. Es así cómo después de historiador de Artigas, el
ciudadano Eduardo Acevedo, en sus macizos Anales Históricos del
Uruguay, hizo más tarde la historia de los perfiles esenciales de la
Nación.
Que en el misterio eterno en que ha entrado el Maestro quede
perdurablemente vivo, como uno de los acentos más puros y sinceros
del a^radecimiento de la Patria, el homenaje de la Facultad de Hu
manidades y Ciencias, en cuyo nombre he tenido el honor de dejar
así testimoniada, a la vez, su propia gratitud.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL VOCAL DEL CONSEJO
DE LA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS, PROFESOR
EMILIO ORIBE, EN EL ACTO DE INHUMARSE LOS RESTOS

DEL PINTOR TORRES GARCÍA
Señores:
El Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias me de
signó para presentarlo en esta despedida definitiva de la forma
corpórea del Maestro Torres García. El organismo' docente que aspira
a la superioridad dentro de la cultura del país se honró desde los
primeros instantes de su instalación con la enseñanza, la presencia y
la irradiación espiritual de este venerable varón, que congregó- a su
alrededor el más cálido y numeroso conjunto de oyentes y discípulos.
Fue para todos una satisfación superior contar con la presencia ac
tuante de un maestro y de un artista de tal renombre en el arte
contemporáneo, al mismo tiempo que un suscitador de inquietudes
y polémicas, admiraciones y rechazos, tinieblas y claridades.
Es indudable que en el futuro se juzgará nuestra actitud aco
gedora frente a esta figura revolucionaria, como un índice de agu
deza crítica, de criterio amplio y de certera videncia. El resplandor
—9—

�que irradiará esta cabeza de plata que se confunde ya con el hielo,
el mármol y la espuma, con los años iluminará suavemente la historia
inicial de nuestra casa de estudios, destinada a inmensos destinos
futuros, aunque su actualidad sea aún vacilante y discutible.
Aquí está pues el homenaje nuestro entre tanta sombra que crece
detrás de tanta blancura y al lado de los artistas jóvenes que reco
gieron con fidelidad sus enseñanzas y el ejemplo de esta vida dolorosa y magnífica.
El momento de la valoración definitiva vendrá con su cortejo
de transformaciones creadoras. La tradición platónica, la alígera
tenacidad vinciana, la consagración cézanesca, la penumbra de los
apóstoles oscuros de las experiencias arriesgadas y perdidizas, la
geometrización y la música al mismo tiempo, se asoman ahora a
nuestra atmósfera mental alred^dor de las arduas horas que señalan
el tránsito sin retorno hacia la sombra.
Además de todo lo que constituye la vasta estructura de su obra
pictórica, tan múltiple y variada que no puede aún sintetizarse, está
su doctrina y está su personalidad moral. El ejemplo de su vida es
una forma ética de las que no se borrarán ya jamás. Con la sentencia
heraclitana de que el fin y el principio de las cosas son idénticos, deci
mos que no estamos en un fin de una existencia sino en el verdadero
principio de una personalidad despojada de la fugacidad y del mis
terio del existir carnal, en el principio de otra perfección estética
que se perfila a través del tiempo, con perspectivas no imaginables,
con resonancias superiores a nuestro alcance, con transmutaciones
ilimitadas. Torres García entra serenamente desde ahora en la región
inaccesible para la mayoría de los hombres; allí donde la eternidad
esculpe el perfil definitivo de las formas humanas y el tiempo no
logra arrancar a pesar de su furia, ni un fruto, ni una hoja del
árbol de la vida perenne.
He dicho.

SEGUNDO CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE GOETHE
La Facultad ha iniciado la celebración del segundo centenario del nacimiento
de Goethe. La ceremonia inaugural se llevó a cabo en el paraninfo de la Uni
versidad con la intervención del profesor Carlos Sabat Ercasty, de las señoras
Olga Linne y Erna Quincke de Bergengruen —quienes tuvieron a su cargo
interpretaciones musicales de textos del poeta—, y del profesor Dr. Werner
Bock, que sobre "La juventud de Goethe en su segundo centenario", pronunció
la conferencia que se ofrece a continuación.*
La honrosa misión de hablar en este sitio y en este medio sdbre
Goethe, en homenaje a su segundo centenario, me sitúa ante una
tarea casi insoluble. Un genio de las proporciones de Goethe es, como
la naturaleza, una unidad orgánica fundida en mil contradicciones,
llena siempre de renovados misterios para cada nueva generación,
llena siempre de nuevos descubrimientos. Lo que Goethe dice de
Shakespeare no vale menos para él mismo: "No se puede hablar sobre

él, pues todo lo que se diga es insuficiente". De este modo me encuen
tro en la posición en la que acaso se hallaría el enviado de otro astro,
que, tras de su visita a nuestro planeta, tuviera que presentar un apre
tado informe sobre sus impresiones o responder tan sólo acabadamente
a la única pregunta: ¿qué es un hombre? Tanto más dificultoso se
presentaría un tal empeño cuanto más se adentrara la exposición en
la inmensa cantidad de todo lo que se ha dicho y escrito hasta ahora
sobre el gigantesco tema. La fragosidad, día a día en aumento, de la
literatura goetheana compromete ya el panorama sobre Goethe y su
obra. Aunque no debamos pasar por alto su influencia sobre los espí
ritus de su tiempo y época subsiguiente, y por más trascendentales
que puedan aparecemos los resultados, en esta hora solemne queremos
encontrarnos inmediatamente con Goethe, elevarnos y transformarnos
por su intermedio. No ha de ocuparnos hoy la larga serie de sus
poesías y escritos, anotaciones, cartas y diálogos. El tomarlos, reflejar
los, investigarlos, interpretarlos y diseminarlos es cometido de gene
raciones venideras. Cualquiera de éstas consideraría a Goethe con
otras medidas; ya en nuestros días nos separa un abismo del modo de
su vida externa y de sus numerosas opiniones circunstanciales. El
estado del planeta y el aspecto del mundo han cambiado en los últimos
cien años mucho más fundamentalmente que en los milenios anterio
res. Y sin embargo, la esencia de Goethe continúa válida para nos
otros y para quienes nos sucederán, y su estatura interna sigue siendo
por encima de todas las vicisitudes un valor indeleble, irreemplazable,
inigualable e incomparable: grandiosa realización de un hombre per
fecto, en quien confluyeron y se compensaron universalmente corazón
e intelecto, fantasía y amor, vida y creación. Según la expresión de
Heine, la naturaleza quiso saber cómo era, y creó a Goethe. Todo lo
que existe natural y espiritualmente se reveló en él con variedad impar;
la conciencia humana llegó en él a conciencia cósmica.
La vida de Goethe brinda a cada paso una manifestación tan
típica de su fuerza creadora como cada una de sus obras. Goethe, el
genio de los genios, el "génie par excellence", será para los grandes
de todo tiempo un modelo de cómo entre impulso y espíritu un hom
bre sublima sus tensiones, con trabajo infatigable, en mármol propio,
hasta la perfección máxima, de cómo subordina constantemente el
querer al poder, de cómo inclusive sus defectos se le hacen producti
vos, de cómo revela la voluntad para la afirmación total de la exis
tencia terrena, a la par que la fe inconmovible en su vocación meta
física, desde dolor y alegría, desde debilidad y fortaleza, derrota y
triunfo. Pero tomar este modelo como objeto de culto o invocarlo para
una ciega imitación, en lugar de inspirarse por él, ante la inabarcable
integridad y originalidad del carácter goetheano, es absurdo. Su ri
queza sólo nos afluirá si sabemos mantenernos a la debida distancia
de él, en la cual él mismo nos instruye. La reciente y terrible catás
trofe del pueblo alemán, cuyas buenas y malas cualidades penetró
como ninguno el más ilustre de sus hijos, ha demostrado hasta dónde
lleva una adoración superficializada y entumecida por Goethe, embria*
gada de su brillo y grandeza, pero huérfana de íntima corresponden-

— 11 —
— 10 —

�— II —
— 01 —
-uapuodsajjo^ Bmpui ap BUBjjanq ojad 'BzapuBjá X ojjtjq ns ap
•Btjquia 'aqiao^ jod Bppaumjua X BpezijBprpadns uopBJopB Btm BAa[[
apuop Bj8Bi[ opBJjsouiap Bq 'sofiq sns ap ajjsnji sbui p ounSuiu ouioo
oj^auad eapspip^na bb[bui ^ SBuanq SBÁna 'uBuiap? ojqand pp ajojj
-sbjbo ajqijjai X aiuapaj u^ •aÁ'njjsui sou otnsim [^ p^na b[ ua 'p ap
BianBjsip Bpiqap bj b soujauajuBtn souiaqBS is BJinjjB son ojos szanb
-ij ng -opjnsqB s^ 'ouBaqjaoS jai3BJB3 pp pBptjBui^uo ^ pBpi^^ajuí
ajqB3JeqBui B[ ajus '^a jod asJBJídsui ^p jB^nj u^ 'uopBjiun Eáap Bun
ejed ojJBaoAui o o^pna ^p ojafqo ouioa oppoui ajsa jbuioi oja^ -ojuniJi
X Bjojjap 'BzajBjjoj X pBpijiqap apsap 'BuSa[B X Jojop apsap 'boisij
-Bjara uope^oA ns na ajqiAOtuuo^ui aj B[ anb jed bj b 'Buausj Bpuaj
-sixa B[ ap Jbjoj nopBuuijB bj BJBd pBiunjoA B[ BjaAaj omoa ap 'soa
-ijanpojd uaoBij aj as sojaapp sns aAtsnpui 00193 ap 'japod jb jajanb
ja a^uainajuB}suoa Buipjoqns oraoa ap 'botixbui uotoaajaad B[ BjsBq
'oidojd ^ouijbui ua 'a[qBSi}Bjni oÍBqBJi uoa 'sauoisuaj sns Biui[qns ajq
-tnoq un n^íjjdsa X os^nduit aj^ua 0^193 ap oppoin un oduiau opoj ap
sapuBJiá so[ BJBd eias 'ttaaua^paxa jed aiua^,, ^a 'soma^ bo^ ap oiua^
p ^aqiao^ -sBjqo sns ap Bun epeo oraoo BJopBajo ezjanj ns ap Baidjj
ne) u9pBisajiuBin Bun osed Bp^a b Bpuiaq aqiao^ ap BpiA b^j
•Bairasoo Biauapuoa b [a ua o^af{ BUBmnq Bpuaiauoa B[
t pBpaiJBA uoa ¡a ua opAaj as a;uanijBtuiJidsa X pin^n ajsix^ anb
) b oajo X 'eja 00193 jaq^s osmb Bzap^jnjBu b^ 'avwjj
ap uotsajdxa ^\ unSag 'uopsaia X BpiA 'jouib X bjsbjubj 'oj^apjuí a
uozBJoa a^uauí^BSjaAiun uojBSuadiuoa as X uojaXnjjuoa uainb ua 'ojoaj
-jad ajquioq un ap uoiobzijb3j BsotpuBjS : ajqBJBdmooui a apq^p^n^iui
la[qBZB[dui33JJi 'a^qappui jop^A un sapnjtspiA sb[ sepo} ap Biupua jod
opuais anSis Bujajuí BjnjBjso ns X 'uBjapaons sou sauamb Bisd X sojjo
•sou BJBd Bpip3A Bnupuoo aqjao^ ap Bpuasa B[ 'o^jBqtua uis j^ -saa
-ouajiíB somajiín so\ u^ anb ajuaiu^BjuauíBpunj sbui oi[onm soub uap
soinijyn so[ ua opBiquiB3 nsq opunuí pp ojoadsB p X BjaiiBfd pp opsisa
¡^ •8a[BpuB)sun3jp sauoiurdo sBsoiauínu sns ap X Buaajxa spiA ns
ap opoui pp ouisiqB un BJBdas sou sBip soj^sanu ua eX ísBpipaui sbjjo
uoa aqjao^) b BiaBJapisuoa seisa ap Bjainb[Bn[) 'SBjapiuaA sauopsj
-aua8 ap opijamoo sa sofjBuiuiastp X so^B^ajdja^uí 'so^B^psaAut 'so^
•jBÍa^jaa: 'so^jbuio^ j^ -eo^ojBip X sbjjbd 'sauopBjouB 'sojij^sa X SBisaod
sns ap aijas ^^jbj b[ Xoq soujBdn^o ap Bq o^ •oipanua^ui ns jod
SOUJBUUOJ8UBJ) X soujBAap 'aq;ao^ uo^ ajuaiuBjBipauíui soiuBJjuooua
somaianb auiua^os BJoq B^sa ua '8opBj{nsaj; so[ souaa^ajBdB u^pand anb
sap^uapua^sBj) sbih jod X 'a^uamSisqns Baoda X oduiai; ns ap snjij
-idsa so[ ajqos Bpuanjjuí ns oip3 jod JBSBd souiBqap ou anbuny -Bjqo
ns X aqiao^ ajqos BuiBJOHBd p bX ajainojdiuoa Busaqiao^ Bjn^Bia^Tj
v\ ap 'ojuauínB ua Bip b Bip 'pBptsoSejj wj 'Buiaj oosajuBSiS p ajqos
BJOqB B)8Bq ojijasa X oqoíp Bq as anb o\ opoi ap pfiptjuBa Bsuaiuuj B{
ua uopisodxa b[ BJBjjuapB as seui oju^na ouaduna pa; un BUBjuasajd
as osojpnoijip sbui ojubj^ ¿ajqmoq un sa anb? :Biun8a.id Bomn v\ b
ojos ubj japuodsaj o sauoisajdmi sns ajqos atujojuí opBj
un JBiuasajd anb BjaiAni 'BjauBpá ojisanu b bjisia ns ap sej) ^anb
'ojisb ojio ap opBiAua p BiJB^p^q as osb3b anb B{ ua uopisod B^ ua ojj
-uanaua am opom aisa 3q -tiaiuapijnsui sa sáip as anb o[ opoj sand '[a

ajqos jBfqsq apand as o^,, ¡otusitn p Bjsd souain a[8A ou aJBadsajj^qg
ap aoip aqjao^) anb o'j •sojuaiuii.iqn^sap soAanu ap ajdmais Bua[[
'uopBjauaS BAanu vp^o Bj^d sotaaisim sopBAOuai ap ajdmais Bna[[
'sauopoipejjuoa [im ua Bpipunj b^iub^íjo pepiun Bun 'BzajBanjBU B[
ouioa 'sa aqjao^) ap sauopjodojd sb[ ap oiua^ u[\ -a[qn[osur isb^
Bun ajue Bnjis aui 'oi.iBuaíua^ opun^as ns B af^uauioq ua 'a
ajqos oipam ajsa ua X opis ajsa ua jB[q^q ap uoisim ^sojuoq

oiounuojd 'tlour!U9iu3.i opun^as ns ua aqiao^) ap pmu^Anf c^., ajqos anb
^
^p X
Bjaod [^p soixaipjiu;
oSjko ns
ns B
B aojaAag
aojaiAn) sauainb— u^nJÜusifjag ap
ap a^^uinf) bujjj i auurj eS^Q
Bjouas ee^ ap Síiscu^ jBqug so^je^ jossjojtl |ap uoi.iuaAJaiu; c[ nos pcpisjaA
-lUQ Bj ap ojuiurjcd ^a ua oq^o e ?Aa][ as [BJn^nBu; eiuotua-iaa E^ 'aqjao^) ap
oiuaiuipeu [ap oueuaiua^ opunScs pp upiJBjqapo B[ opcptui Bq pcj^njBj B'j

3HX3OÍ) 3Q OXM3IKI3VM 73Q 0IHVM3XM33 OdNíl^SS

•oqoíp ajj
'auuajad epiA b[ ap [oqjB
[ap ^foq buti yu 'ojnjj un iu 'Bijnj ns ap jssad b jboubjjb bj^o[
ou odinap p X SBUBinnq sbiojoj sb[ ap OAijuapp [cjjad p ad^n^sa
pcpiuaaja B[ apuop tjjb 'sajqmoq so[ ap bjjoábui bj Bj^d a[qisaa^Bui
uot^aj B[ ua BJoqB apsap ajuaras ua jas B-rjua BjajB-^ s^jjoj^ •8BpBíiuii{i
eauopBjmusuBJj uoa 'aaue^p ojjsanu b sajouadns s^pu^uosaj uo^
'sa[qBui^Bnii on SBAijaadsjad uoa 'odinai^ pp s^abj} b Bfrpad as anb
Baijajsa uopaajjad bjjo ap oidpuud p ua '^biubd jtjsjxa pp ori^i
-sira pp X pBpp^Snj bj ap Bp^fodsap p^pi^Buosjad Bun ap oidpuud
ojap^pjaA p ua ours Bpuajsixa Bun ap uij un u^ souiBjea on anb som
-pap 'soajiuapi nos sbsoo sb[ ap ordpuud p X uij [a anb ap BUBjtpBJaq
Bpuajuss B[ uo^) -sbuibI" bX uejBjjoq as on anb sb[ ap Bacja bujjoj sun
sa BpiA ns ap o[draafa j^j *[ejom p^pi^Buosjad ns Bjsa X Buijjoop ns
B^sa 'asjBzijajuis unB apand ou anb epBWBA X a[d;j[nui ubj 'BDiJojatd
Bjqo ns ap B.mjonj^sa bjsba b[ aXn^^suoa anb o[ opoj ap SBuiapy
•Bjqmos b[ Bpeq oujojai uis ojisubj} p
ub[bu3s anb SBJoq ssnpjB sbj ap jopapaj[B fBjuaiu BjajsomiB Bjjsanu
b BJoqB UBOI08B as 'odiuai^ onisnu [B boisiuu b[ X uopBZUtaiuoaS
B[ 'sezipipjad X SBpBásaijJB SBpuauadx sb| ap soanoso ^ajojsodB
so[ ap Bjqtunuad B[ 'BasauBzao uopsaássiioa b[ 'Bu^puiA psppBua}
BjaSr^B b^ 'BDiuoje^d uopipBj} B'j 'SBjopBajD sauopBtujojsuBJ} ap
ofajjoa ns uoa BjpuaA BAtjiuipp uoiobjojba B[ ap ojuauíom [^
•b3ij;u8bui
X bsoj
-o[op BpiA Bjsa ap opdinafa p X SBZUBuasua sns p^pippij
uoa nojai^
-oaaj anb sauaAof SBjgqjB so[ ap ope[ ps X Bjn^uBprj bjubj ap ss.ijap
333J3 anb Bjquros bjubj aj^ua ojjsanu aÍBuamoq p sand Bjsa jnby
•afqijn^sip X ajuBfiaBA uiib eas pBpjfBnjoB ns anbunB 'sojnjnj
souijsap eosuauíui b BpBurjsap 'sorpnjsa ap bsbo Bjjsanu ap {Biotuí
Bjjojsiq bj; ajuainaABns BJBuiuin^i soub so[ uoa 'Buindsa bj X jouijbui [a
'opiq p uoa bX apunjuoa as anb ejBpd ap BzaqBa Bisa BJBipejji anb

�cía. Lo que hoy reconocemos y queremos asegurar para todo futuro
es la posibilidad de apropiarnos y hacer fructíferas las experiencias
fundamentales de Goethe, que jamás deben perderse, y sin cuyas irra
diaciones se empobrecería y desolaría aún más nuestro mundo harto
destruido y atormentado.^
En vez de describir aquí la riqueza idiomática y plástica de las
poesías de Goethe, equivalentes a las de Hornero, Dante, Shakespeare,
Cervantes, exhortamos a leer y releer su lírica, la más grande de la
literatura universal, sus dramas, sus novelas y epopeyas. Una parte ha
envejecido y envejecerá aún más, pero quedará el contenido íntimo,
poseedor de poder luminoso para muchos miles de años, constante
mente policromo como el arco-iris sobre un torrente impetuoso, "luz
infinita uniéndose a su luz". No investigaremos aquí al Goethe natu
ralista, que abarca el universo, al mineralogista, al geólogo, al meteoró
logo, al descubridor del hueso intermaxilar, al autor de la "Metamor
fosis de las plantas" y la "Teoría de los colores". No nos ocuparemos
del agudo esteta y crítico, ni del sugestivo historiador del arte, ni del
experto director teatral, ni del concienzudo estadista. Goethe lo fue
todo y aún más: un "homo máxime homo", un hombre que fue hombre
en el sentido más alto, porque mundo y ultramundo se equilibraron
en él maravillosamente. Esto lo sintió también Napoleón al exclamar
espontáneamente en su entrevista personal con Goethe: "Voilá un
homme". La intensidad de lo puramente humano salió de inmediato
al encuentro del conquistador y demoníaco hombre de acción. Dos
personalidades creadoras, de fuerza irresistible y mágica, se recono
cieron mutuamente congeniales, porque, para hablar con Paul Valéry,
"disponían, por sobre un don igual, singular de plenitud, de una apa
sionada voluntad o coerción fatal, para actuar, transformarse, modi
ficar, no dejar tras ellos el mundo como era". Goethe se tradujo la
palabra del emperador con un giro más modesto, profundamente
característico para él: "También a éste le ha costado mucho trabajo".
La enorme seriedad con que Goethe edificó la "pirámide de su
vida", sorprenderá por lo pronto a todos aquellos que, como la mayo
ría de mis oyentes, llevan dentro de sí los rasgos fundamentales de la
cosmovisión hispánica, para quienes rige la advertencia de Calderón:
"¡No olvides que la vida es espectáculo!". Pero seguramente Karl
Vossler tiene razón cuando dice que es cierto que el español siente
la vida como un azar quebradizo, fugaz, multicolor, festivo y próximo
a la muerte, como pompa de jabón que flota tornasolada, sin saberse
de antemano cómo y cuándo se desvanecerá, pero que por encima y
detrás de esto está la idea de que, con todo, esta manera caprichosa,
no sujeta a regla ni norma alguna de existencia que el español ama
tan ardientemente, contiene en lo más íntimo precisamente la aspira
ción a estrellas inmutables y eternas. Desde semejante anhelo parte el
camino hacia Goethe. Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno son goetheanos a pesar de sus reservas, y hay una frase del bilbaíno que
contiene una suma de sabiduría goetheana: "Ser es obrar, y sólo existe
lo que obra lo activo, y en cuanto obra". Esta es la fe heroica de
Goethe: "Quien permanece en su obra no muere". La entelequia
— 12 —

—según Aristóteles, la autorrealización activa en la apariencia, el prin
cipio que en el fondo lleva lo posible a lo real, y esto a la perfección
y cumplimiento de la existencia— es para Goethe "un trozo de eter
nidad", a la entelequia debe otorgar Dios el derecho y el honor de
completarse en esferas más y más elevadas ¿Puede Goethe aun des
pertar un eco en medio de los actuales pobladores de la tierra, para
los cuales ya ni parece subsistir aquel anhelo último, atribuido por
Vossler al carácter español, y cuya vitalidad está agotada hasta el
nihilismo por guerras atroces, fricciones sociales y "progreso" de la
técnica? El contacto instintivo con la naturaleza está en decadencia,
la relación productiva entre el yo y sus fuerzas inconscientes y sus
tentadoras se quiebra más y más, en lugar de la constancia plástica
se busca la volubilidad, en lugar de lo melódico, lo átono, un intelectualismo exacerbado está a punto de dominar el mundo. Cuando Orte
ga y Gasset impugna esto, afirmando que la vida no existe para el
intelecto, sino el intelecto para la vida, que debería vivirse sencilla,
leal y sinceramente de acuerdo con las propias aptitudes y principios,
cuando plantea como la más alta finalidad del hombre el que no
persiga fuerzas parciales, sino que encarne una unidad armoniosa, nos
hallamos en el mundo de Goethe, cuyos perfiles deben resplandecer
ante nosotros en esta hora solemne.
En nuestros días se ha caracterizado a veces a Goethe como aj re
presentante y hasta modelo de una época "burguesa" superada, que en
realidad ya no existe. En esto hay indudablemente algo de verdad, en
cuanto se debe caracterizar la situación moderna como una ruptura
radical con el pasado, después que la estructura de la población numé
ricamente multiplicada se ha transformado fundamentalmente por el
crecimiento de la clase trabajadora. Pero no es admisible juzgar
unilateralmente a la burguesía por sus apariencias de descomposición.
Dentro de la humanidad hay una inclinación sana hacia lo siempre
burgués que contiene un elemento positivo y moral, y que, tras de
eliminar lo que ha' perdido validez a lo largo de su evolución, acierta
a constituir la base de una vida activa ennoblecida mediante el tra
bajo intrínseco en el concepto goetheano.. El reproche de que Goethe
no habría mostrado comprensión por los problemas sociales, proble
mas que por cierto no alcanzaron en su época las proyecciones y la
agudeza actuales, se rebate de inmediato, si se echan de ver su preo
cupación y solicitud por todos los necesitados que cruzaron su camino.
Se le hace penoso, mientras trabaja en su drama "Ingenia", "permitir
que el rey Thoas hable como si en Apolda no sufriera hambre nin
gún calcetero". ¡No olvidemos tampoco las palabras plenas de amor
comprensivo que en una carta a Carlota von Stein dedica Goethe a
aquella clase social, que, denomina la baja, "es, en su convicción,
seguramente ante Dios la más alta"! En "Años de andanzas de
Wilhelm Meister", su novela de vejez, nos enteramos de que la pro
piedad sería tan sólo administración, y en última instancia, patri
monio común. Surge un modo de pensar llamado en nuestros tiempos
"espíritu de solidaridad". Un hombre nuevo, de actitud fraternal
mente social y capacidad práctica, debe reemplazar al que estuvo

— 13 —

�— 1—
OAnjsa anb je jBZBjdmaaj aqap 'Boij^Bjd peppedeo ^ pióos ajuaiu
-jBUJajBJj pnjijaB ap 'OAanu ajqraoq u[\ '^pEpiJEpijos ap njijjdsa,,
sodraaij sojjsanu ua opBuiBjj jBSuod ap opoui un aéang -unraoD oiuom
-iJIBd 'BiauBjsut bhhijti ua X 'nOTOBjjsiainipB ojob ubi bij^s pepaid
-ojd bj anb ap souiejajua son 'zafaA ap BjaAou ns '^j
ap sBzu^puB ap souy,, u^ ¡k^ijb sbui bj soiq a^uB
'uopatAuoa n^ ua 'sa,, 'Bf^q bj Buiuiouap 'anb 'jBpos asBja BjjanbB
b aqjao^ Eaipap upjg uoa bjojjb^ b bjjb^ Bun na anb OAtsuajdmoa
jooib ap SBuajd SBjqsjsd sbj oaoduiB} somapiAjo o^j! ^ojajaojBD un
-uiu ajqmBq BJaiJjns ou Bpjody na is ouioa ajq^q SBoq^^ A^i ja anb
jiliuuad,, '4tBiuaijj,, BtuBjp ns na BfeqBaj BBjjuaiui 'osouad aaBq aj ag
•ouunBO ns uojeztua anb sopensaoau boj sopo} jod pnjpijos A uopsdna
-oaad ns j^a ap usq^a as ts 'o^Bipaiuui ap ajeqaj ^s 'sajBnjoB Bzapn^B
bj A sauopoaÁojd sb^ Baoda ns ua oojbzub^jb ou ojjaia jod anb SBm
-ajqojd 4sa¡Bpos SBiuaprjojd soj jod uoisuajdinoo opBajsoni ejjq^q ou
anb ap aqooadaj j^j **ouBaqiao^ ojdaouoo ^a ua oaasuij^uí oÍBq
ja aiuBipam BpiDajqouua baijob BpiA enn ap as^q b^ Jinuisuoo b
^ionjoAa ns ap o^jbj oj b zapijBA optpjad Bq anb oj jBuimija
ap sbj) 'anb Á 'jbjoui á OAijisod ojuauíaja un auapuoo anb sanSanq
ajdmais oj Bp^q bubs uop^uijoni o un ^sq pBpiuBuinq bj ap oxinaQ
•U9pisoduioosap ap SBpuaiJBdB sns aod BisanSanq b^ b ajuauíjeja^ejiun
jBáznf ajqísiuips sa ou ojaj •BJopBÍBqBXi asBja bj ap ojuaimpaao
ja jod aiuain^Bjuaraepunj opBuuojsuBjj Bq as upBaijdn^nni ajuaniBotj
•auinu u9pBjqod bj ap Bjnjanjisa bj anb sandsap 'opssBd ja uoa
BjnjdnJ Bun ouioo Biuapora uop^njis bj jBzua^3BJB3 aqap as
ua 'pepA ap ojb a^uamajqBpnpur Áni\ ojsa u^ -ajsixa ou bá
ua anb 'BpBJadns ítBsan8inqM Booda con ap ojapoui BjsBq Á
-aj JB omoa ^qjao^ b sa^aA b opBzjjai^BJBO sq as SBjp sojjsanu u^
'auuiajos Bjoq B^sa ua sojjosou bjub
laoapue^dsaj uaqap sajijjad so^na 'aqjao^j ap opunm ja ua somBjjBq
son 'bsotuouub pepiun Bun aiuBOua anb ouis 'sappa^d SBzjanj BÍuTSjad
ou anb ja aaquioq jap pBpijBuij bjjb sbui bj oiuod Baiu^jd opuBn^
'soidpnod A sapnjxjdB SEido-id sbj uod opjanDB ap ^^uaraBjaouts Á jb^j
'Bjjpuas asjiAiA Buaqap anb 'BptA bj BJBd oioapjuí ja ouis 'ojoajajuí
ja BJBd aisixa ou spiA bj anb opu^uuijB 'ojsa Bu^ndmi jassef) Á b3
-ajjQ opuBn^ -opunuí ja jBuiuiop ap ojund b Fjsa opBqjaoBxa otnsijBni
-aajajuí un 'ouo^b oj 'ooip^jara oj ap JBSnj ua 'pBpijtqnjoA bj Bosnq as
Boi}SB[d BpuBisuo^ bj ap JBÜnj ua 'sbiu á sbui Bjqainb as SBJopeiua;
-sns X sajuapsuo^ui sszjanj sns Á oÁ ja ajjua BAijanpojd uoioepj bj
'BpuapB^ap ua Bjsa BzajBjn^BU bj uo^ oatjui^sui o^ob^uod jg ¿Boiuoaj
bj ap ítosaj8ojd?? A sajBpos sauopoijj 'saDOjjB SBjjan^ jod orasijfqiu
ja Bissq BpBjoSB Bisa pBpijBjiA B^na A 'jouBdsa ja^oBje^ jb jajsso^
jod opjnqijjB 'ouipjn opquB janbB Jiisisqns aoaJBd m vA sajBno soj
BJBd 'Bjjai) bj ap sajopBjqod sajBnjoB soj ap oipaui ua oaa un JBjjad
-sap unB aq^ao-^) apan^? sspBAaja sbui A bbui SBjajsa ua asjBja^duioD
ap jouoq ja A oqaaaap ja soiq jbSjojo aqap Binbaja^ua bj b 'típBpju
-jaia ap ozoji un,, aqjao^) BJBd sa —Bpuajsixa bj ap oinainnjduma A
uopoajjad bj b ojsa A ^jBaj oj b ajqísod oj ba^jj opuoj ja ua anb oidp
•uud ja 'BiouaiJBdB bj ua baij^b uopBzij^ajjoinB bj 'sajajojsijy nnSas—

Binbajajua B^j \9^9tiiu ou nuqo ns va ao^uvuuad iiain¿)^t raqjao^
ap Boiojaq aj bj sa bjs^ "lt^-iqo ojuBna ua A 'oAijaB oj Bjqo anb oj
ajsixa ojos A 'jcjqo sa J9g,, :BUBaqjao^ BjjnpiqBs ap Binns t?un auapuo^
anb onjBqjiq jap ^sbjj i;un A^q A 'sBAJas^j sns ap jBsad b soueaqj
-aoS nos ounuiBu^j ap janS;j^[ A jasss^) A eáajjQ -aqjao-^) Bp^q ouiuie^
ja aiJBd ojaquB ^juefamas apsa^j 'SBUJaja A sa^qcjnmuí SB[pjjsa b uop
-BJídsB ej aiuauíBspajd oraijuj sbui oj na auaijuoa 'ajuamaiuaipjB ut;j
bhib jouBdsa ja anb Biauajsixa ap Bun^jB buijou iu Bj^aj b Bjafns ou
'Bsoqaijdi;o BjauBin Bjsa 'opoj uoa 'anb ap Bapi bj Bjsa ojsa ap stujap
A Biupua jod anb ojad 'BjaaauBAsap as opucna A ouioa ouemajuB ap
asjaqes ms 'BpBjosBUJO) bjo[j anb u^q^f ap Bdutod oiuo^ 'ajjanm bj b
oHirxojd A OAijsaj 'jojoapjnni 'zB^nj 'ozip^jqanb jbzb un oraoa BpiA bj
aiuais joiiBdsa ja anb o^aap sa aní&gt; aaip opusna uozbj auaij jajsso^
jjb^[ a^uauíBjn^as ojaj ^jojnoBjDadsa sa BpjA bj anb sapiAjo o^!,,
:aojapjB^) ap BpuajjaApe bj a^ij sauainb BJBd 'eoiuedsiq uoisiaouiso^
bj ap gajBjuamepunj soJísbj soj ib ap oj^uap uba^jj 'sajuaAo sriu ap bjj
-OjÍbut bj oiuoo 'anb sojjanbB sopoi b ojuojd oj jod Bjapuajdaos 'MBpiA
ns ap apiuiBJid,, bj oaijipa aqjao^ anb uoo p^paijas auuoua wj
•ttofBqBjj oqonuí opBjsoo Bq aj ajsa b uaiqtuBj^, :ja BJBd oopsjJajoBjBD
ajuyuíBpunjojd 'ojsapoui sbiu oaiá un uoa jop^jaduia jap BjqBjBd
B[ ofnpBjj as aijjao^) '^BJa ouiod opunuí ja sojja sbj^ jBÍap ou 'jbdij
-rpom 'asjBiujojsuej} 'jBnja^ BJBd 'jb^bj uppaaoo o pBjuiqoA BpBuois
-sdB Bun ap 'pnjiuajd ap jBjn^uis 'jBnSí uop un ajqos jod 'uBjaodsip,,
" '^jajB^ [nB^ uoo JBjq^q BJBd 'anbjod 4sajBiua2uoa ajuauíenniui uoaaio
-ouoooa ae 'boi^bui A ajqijsisajjt ezjanj ap '^BJop^aja sap^pijBUOSjad
so(j -uop^B ap ajqmoq ooBjuomap A jopejsinbuoa jap cuju^riaua jb
o^Bipauíui ap oijbs ouBinnq ajuaiuejnd oj ap p^pisuajuí vj ^auinioq
un bjio^,, :aqjao^) uoa jsuosjad BisiAajjua ns ua ajuauíBauejuodsa
jeiuBpxa jb uoajodB^j uaiqiuBj oijuis oj o^s^ •ajuauiBso[|iABJBUi ja ua
uojBjqijinba as opunuiBjun A opunm anbjod 'oj[b bbui opijuas ja ua
ajqmoq anj anb ajqmoq un 'uoraoq auiixBiu oraoq,, un : sbui une A opoj
anj oj aqjao^ 'Bj^ipEísa opnzuapuoa jap iu 'jBJjBaj JOiaaJip o^jadxa
jap iu 'a}JB jap JopBuojsiq oAijs^áns jap iu 'o^ijuo A Bjajsa opn^B jap
somajBdnao son o^[ ^^sajojoa soj ap Buoaj[,, bj A wSBjnBjd sbj ap siboj
-joinBjaj^[,, bj ap JojnB jb 'jBjixBuuajuí osanq jap jopuqnasap jb 'o^oj
-ojoajara jb 'oSojoaS jb 'Bisi^ojBjauíui jb 'osjaAiun ja BaJBqB anb 'bjsijbj
-njBU aqjao^) jb jnbB somaJB^ijsaAui o^¿ -ltznj ns b asopuatun bjiuijui
znj,, 'osonjadra; ajuajjoj un ajqos sui-oojb ja omo^ ouioaorjod ajuara
-a^uBjsuoa 'soub ap sajim soqanm BJBd osouimnj japod ap jopaasod
'ouiijui opiuojuoa ja Bjepanb o jad 'sbui une Bja^afaAua A oppafaAua
Bq ajaed bu^j -s^^adoda A sbj3aou sns 'sBmBjp sns 'jBSjaAiun BjnjBjajif
bj ap apuBjá BBra bj 'Baujj ns jaajaj A jaaj b souiejjoqxa 'sajuBAja^
'ajBadsa^jBqg 'ajuB^j 'ojauíojj ap sbj b sajnajBAinba 'aqjao^ ap SBjsaod
sbj ap eaijsBjd A BoijBraoipj ^zanbu bj jnbB jtqijasap ap z^a ng;
''opEinaraJo^B A opjnjjsap
ojjeq opunm ojjsanu sbhi une ejjBjosap A Buaoajqodma as sauopeip
-bjji ss^na uib A 'asjapjad uaqap sbuibí anb 'aqjao^ ap sajBjuam^punj
SBpuaiJadxa sbj SBJajjjanjj jaocq A soujBidojde ap pBptjiqtsod bj sa
oanjnj opoj BJBd jejnSasB somajanb A soraaoouooaj ^oq anb o'j -Bp

�antes. Ja rao le advierte a Wilhelm Meister: "Lo que importa es un
hombre que entienda algo íntegramente y lo realice a la perfección.
Haz de ti un órgano, y aguarda para saber qué puesto te reserva,
benévola, la humanidad dentro de la vida común". 1 trabajo y la
preocupación por otros le deparan al centenario Fausto su mayor
felicidad; muere con el presentimiento de la prosperidad por él
creada.
"¡Aspira siempre al Todo; y si tú mismo
no puedes convertirte en un Todo,
agrégate a un Todo para servirle!"
Sólo quien se siente responsable para con la comunidad puede
hablar de esta manera. En la poesía del "Diván", donde se dice que
la mayor dicha de los hijos de la tierra sería la personalidad, se
advierte más adelante que esto sería solamente verdad incompleta.
La verdad completa, en cambio, se llama entrega pródiga, afectuosa
incorporación a una sociedad. Pero Goethe pone sabiamente un límite
a tal desprendimiento. Profunda importancia tiene su reclamación
en los "Años de andanzas": "El hombre debe aferrarse firmemente
a toda índole de propiedad, debe formar de sí mismo el punto cen
tral desde el cual puede nacer el bien común, debe ser egoísta para
no Hegar a ser egotista, debe conservar para poder distribuir". O
como dice un verso goetheano: "El que quiere lo grande que con
centre sus fuerzas". Ya Montaigne se quejó de que sus contemporáneos
no toleraban que uno tratara de pertenecerse a sí mismo, y se enojaban
por ello. Un genio universal, con una misión universal orientada hacia
un futuro lejano, no debe perderse en un altruismo desmesurado,
debe, hasta cierto punto, "aislarse feliz del mundo" para engendrar
y dar a luz en la quietud aquel amor por la persona imaginaria que
representa su más alto y verdadero yo: el fruto lo recoge la comu
nidad humana. Vale aquí la audaz exclamación de Stefan George,
quien a menudo ha rendido homenaje en su obra a los manes de
Goethe: "El más grande bienhechor de la humanidad es aquel que
perfecciona su propia belleza en milagro". De labios de su compañero
de estudios Stilling sabemos cómo era el amor humano del joven
Goethe: "El corazón de Goethe, que muy pocos conocían, era tan
grande como su intelecto, que muchos conocían". "La suma del hom
bre es infinitamente buena", así reza el juicio de Knebel sobre el
Goethe de treinta años. Y sobre el Goethe más maduro se expresa
la autoridad de Schiller: "Si como hombre no tuviera más valor que
todos los que he tratado, admiraría su genio desde lejos. Debo decir,
por cierto, que en los seis años de nuestra convivencia no me ha
desilusionado su carácter ni por un instante. Tiene en su naturaleza
una elevada veracidad y probidad, y la seriedad más grande para lo
recto y lo bueno". Quien acierta a cantar una canción augusta de la
humanidad, a quien le brota el verso:

debe, aunque de vez en cuando se equivoque y peque, cultivar en su
propio interior la dignidad, el amor y la bondad que exhala su obra.
Hasta el escéptico Heine se convenció de ello: "La correspondencia
entre la personalidad y el genio, que reclamamos de los hombres
extraordinarios, la encontramos íntegra en Goethe".
Así como las altas cumbres suelen estar veladas por nubes, así
los espíritus excelsos se hallan rodeados de incomprensiones. Los com
patriotas de Goethe lo han acusado de poco patriota. Este reproche
sería justificado, si, como sucede a menudo —no sólo en Alemania—
se equipara el patriotismo al nacionalismo. Hoy el orbe entero le
agradece a Goethe por haber subido a una atalaya en la cual "se está
en cierto modo por encima de las naciones, y se sienten una felicidad
y una desgracia del pueblo vecino como si le hubiese ocurrido al
propio", y por no haber sido jamás indiferente a la idea de la liber
tad, tanto física como psíquica. Y por haber exclamado: "Soy ciu
dadano del mundo, soy ciudadano de Weimar", deberían agradecerle
en primer lugar sus compatriotas residentes en Alemania y en el
extranjero, a quienes su espíritu universal procuró en todas partes
aquella admiración y reconocimiento que un nacionalismo y milita
rismo ciegamente rabiosos amenazaban destruir reiteradamente. La
pacífica expansión goetheana ha sobrevivido a la brutal del nacional
socialismo, y los nacionalistas extremos de todos los continentes
harían bien en dejarse aleccionar por Goethe: "Donde nos formamos
está nuestra patria", "Donde somos- útiles está nuestra patria". La
primacía de lo cultural sobre lo político era para Goethe un manda
miento tan evidente como la no intervención en la esfera política
por parte del hombre verdaderamente artista creador. No se descon
certaba por ningún crítico, al llevar a cabo su misión dedicada a
toda la humanidad, sin que la quebrantaran los "acontecimientos
temporales". Dice de la poesía política que sólo debería ser contem
plada como producto de una determinada circunstancia, que, por
cierto, será transitoria, y le quitará en consecuencia al poema el
valor que hubiere extraído del objeto. Pocos días antes de su muerte
le expresó a Eckermann lo siguiente sobre el tema Política y Poesía:
"Cuidémonos de decir con nuestros literatos más nuevos que la polí
tica sería la poesía o un objeto apto para los poetas. No bien un
poeta quiere obrar políticamente, tiene que entregarse a algún par
tido, y no bien hace esto, está perdido como poeta; tiene que despe
dirse de su espíritu libre, de su orientación imparcial, y encasque
tarse hasta las orejas el gorro de la estupidez y el odio ciego. El
poeta amará a su patria como hombre y ciudadano, pero la patria
de sus fuerzas poéticas y de su actuación política es lo bueno, noble
y bello, que no está ligado a ninguna provincia ni país determi
nados".

"Todos los defectos humanos
los expía una humanidad pura"

Quien así pensaba, quien consideraba la poesía como "un patri
monio común de la humanidad", era el innato propulsor de una
literatura universal: "Me complazco en estudiar naciones extrañas,
y aconsejo a todos hacer otro tanto. La literatura nacional no signi
fica ahora gran cosa; ha llegado la época de la literatura universal

— 14 —

— 15 —

�— si —
BjnjBjajij bj ap Booda bj op^Sajj Bq ^bsoo ubj BJoqB boij
-iuSis ou JBuopBU BjnjBJajrj B^ "ojub^ ojio jaoBq sopoj b ofasuoos X
'8EUBjjxa sauopsu jeipn^sa na oazBjdraoa aj\[,, :jBSjaAiun BjniBjaiij
Bun ap josjndojd ojbuui ja Bja '4tpBpiuBmnq bj ap uninoo oiuoin
nn,, omoo Bisaod bj BqBJapisuoa uamb 'Bqssuad isb uain)
-inuaiap si^d in BpuiAOjd sun^uiu b opsSij Bisa ou anb 'ojjaq X
ajqou 'ouanq oj sa Bot^ijod uopsruoB ns ap X SBonaod sBzjanj sns ap
Bij^sd bj ojad 'ouBpBpnp X ajqmoq omo^ BiJiBd ns b bjbuib bjooc!
j^ -oSap oipo ja X zapidnisa bj ap ojioS ja SBfajo sbj EjsBq asjB}
-anbsBouo X 'jBpjedun uopsinaiJO ns ap 'ajqij n^mdsa ns ap asjip
-adsap anb auau iBiaod omoa opipjad B^sa 'oisa ao^q uaiq on X 'opu
•jBd uti^jb b asjBSaj^ua anb auat; 'aiuameopjjod jBjqo ajamb Bjaod
un uaiq of^j 'SBiaod soj BJBd oi&lt;Ib otafqo un o Bisaod bj Bijas bou
-ijod bj anb soAanu sbui soiBjaiij soj^sanu uoo Jioap ap souomapm^,,
¡Bisao^ X Baujjo^ Btuaj ja ajqos ainam^is oj uuBm.io^og b osajdxa aj
aijanm ns ap sainB ssip sooo^ 'ojafqo jap opjBjjxa ajaiqnq anb
ja Bmaod jb Bpuanoasuoo ua BJBimb aj X 'bijoíisubj^ bj^s '&lt;
jod 'anb 'BpuBjsunojp EpBuinjjajop Bun ap oianpojd omoa
-ma^uoo jas Bijaqap ojos anb s^pijod Bisaod bj ap aoiQ '4^sajBj
so)uaimpaiuo3B,, soj uBjB^uBiqanb bj anb uis 'pepiuBmnq bj
b BpBOipap uoisitu ns oqso b jba3jj jb 'ootjjjo unüniu jod Bq
-uoasap as osj 'jopeaja b^si^jb a^uauíBJapBpjaA ajqmoq jap aiJBd jod
Bapijod Ejojsa bj ua uopuaAJa^ui on bj omoa ajuapiAO ubi oiuoiui
-BpuBm nn aqiao^ Bjsd bj^ oaujjod oj ajqos jsjnijna oj ap BiOBuiud
^q "^bijibcí Bjjsanu Bisa sajun -somos apuoQ,, 't4BijjBd BJ^sanu Bjsa
8OHIBUI.IOJ son apuoQ,, :aqiao^) jod jBnopaajB asjsfap ua uaiq n^ijeq
sajuaunuoo soj sopo} ap eomaJixa SBjsi^uopBu soj X 'omsijepos
-jbuoiobu jap jB^njq bj b opiAiAajqos Bq BUBaqjaoS uoisuedxa BoijjOBd
Bq 'aiuaniBpeja^pj ainajsap uBqBZBuamB sosoiobj a^uame^ap ouisij
-biijiui X omsijBuopBu un anb oiuaimponoaaj X uoioB^impe BjpnbB
saiJBd sepo) ua ojnoojd jBsjaAinn niíjjdsa ns sauamb b 'oja(uBJixa
ja ua X BiuBtuajy ua sajuapisaj SBioiJisdmoa sns jbSiij jamijd ua
ajjaaapBj^B UBjjaqap '4tJBmp^ ap ouepepnp Xos 'opunm jap ouspBp
-np Xog,, :opBurej3xa jaq^q Jod j^ 'Bainbisd omoa Baisij ojubi 'pBj
-jaqij bj ap Bapi bj b aiuajajipu? SBmBÍ opis joq^q on jod X '44oidojd
jb opijjnao asaiqnq aj is omoa oupaA ojqand jap BpBj^sap Bun X
psppijaj Bun uainais as X 'sauopBU sbj ap Bmpna Jod opom oijap ua
B^sa as,, jBna bj ua bXbjb^b eun b opiqns jaqBq jod aqia&lt;M) b aaapBjSB
aj ojajua aqjo ja Xojj; -omsijBuopBn |b omsuoij)Bd ja BjBdmba as
—BiuBmajy ua ojos ou— opnuam b apaans oiuoo 'is 'opBoijijsnf Wuas
aqaojdaj ais^ -BiouiEd oood ap op^snoB ueq oj aqiao^ ap BjotJíBd
-moa soq 'sauoisnajduioaui ap sop^apoj uBjj^q as sosjaaxa snjijjdsa soj
isb 'saqnu jod s^pBjaA jsisa najans sajqmna sb^jb sbj omoa jsy
•44aqjao^ ua Bj^aiui somBJiuoaua bj 'soiJBuipjOBj^xa
sajqmoq soj ap souremBjaaj anb 'otua^ ja X pBpijBuosjad bj aajua
Bpuapuodsajjoa Bq,, :ojja ap opuaAuoa as aupjjj oapdaasa ja bjsbjj
•Bjqo ns Bj^qxa anb pBpuoq bj X jouib ja 'p^piu^ip bj jooa^ut oidojd
ns ua JBAi^no 'anbad X anboAinba as opuBno ua zaA ap atibuna 'aqap

— ti —
tívjnd pnpiitmunt[ mtn mdxa soj
souvwnq soj^a{3p soj
:O9J3A p Bjojq a\ uamb b
b^ ap EisnSnB uoiouB^ buii jbjubd b BiJapB uam^) *((onanq o\ A
o[ BJBd apuBjS sbui pepauas B[ X 'pBptqoad X pBppBiaA BpBAap Bun
Bza^jnjBu ns ua auaij^ 'aiUBisni nn jod in Jaj^BJB^ ns opBuoistqísap
B^ ain ou BiouaAiAuoo BJisanu ap sohb sps so[ na anb 'ojjap jod
'jpap oqaQ *sofa{ apsap oiuaS ns BjJBJimpB 'opB^Bxi aq anb so^ sopo)
anb jo[Ba SEin BaaiAiij ou ajqmoq ouioo ig^? :j9jjti{og ap pBpiaojnB b[
Bsajdxa as ojnpBm sbui aqiao^ p ajqos j^ -soub Biupjj ap
p ajqos pqau^] ap opmf p szaj isb '^Buanq amamBiiuijut sa
-moq pp Biuns B^,, *((UBpouoa soqomu anb 'o^oajajuí ns ouioo
ub^ Bja 'uBjaouoo oood Xnm anb 'aqiao^) ap uozbjod \r&gt;í ,,
uoaoI" pp ouBinnq jouib p Bja ouioo somaqBS Sui[[t}g soiprusa ap
ojaiiEdiuoo ns ap soiqej sq •ítooSB[iui ua szajpq Bidojd ns Buopoajjad
anb pnbB sa pepiuBmnq b[ ap joqoaquaiq apu^j^ sbui ^g,, :aqiao^
ap souBia soj b Bjqo ns ua afBuauioq opipuaj Bq opnuaui b uamb
'aS^oaf) uvfajg ap u^pBuiBpxa z^pns b¡ inbB 3[b^ -BUBuinq pspin
-niuoo Ef aüooaj o[ ojiijj p :oX oaopBpaoA X o^jb sbui ns B^uasajdaj
anb btjbuiSbiui Buosjad bj jod jouib janbB pn^amb B[ ua znj b j^p X
jBjpua^ua BJB¿ Kopunui pp zipj asjBjsiB,, 'ojund o^aap Bissq 'aqap
'opEJnsauísop omsinJijB un ua asjapjad aqap ou 'ousfaj ojn^nj un
Bpeq spEjuaiJO jBgjaAiun u^isiui sun uoo 'jBSJaAiun oiuaS uq -ojp jod
UBqBfoua as X 'otnsiin is b asaaoauajjad ap bjbjbjj oun anb uBqBJo^oj ou
soauBJodinaiuo^ sns anb ap ^fanb as auSjBjuoj^ bj^ *tt8BZJanj sns ajjuao
-uoo anb apusjS o¡ ajamb anb j^,, :ouBoqiao^ osaaA un aoip ouioo
q '^Jinqij}sip japod BJBd JBAjasuoa aqap 'BjsijoSa jas b jBáa^ ou
BJed Bjsio^a jas aqap 'unuioo uaiq p j^obu apand pna p apsap jbji
-uao ojund p omsiin is ap jbuijoj aqap 'pspaidojd ap ajopui Bpoj b
aiuauíoumj 9Sjbjjojb aqap ajqmoq [g,, :wsBznpuB ap souy,, soj ua
ns auau spu^ijoduri Bpunjojj 'oiuaimipuajdsap je} b
un ajuauíBiqBS ouod aqioo^) oxa¿ 'pBpapos Bun b uopBJodjoaui
BeotuoajB 'B^ip9-id BSajjua Binejj as 'oiquiBO ua 'Bja^duioo pepjaA B^
•Bjojduiooui p^pjoA ajuauíB^os Bijas ojsa anb ainsjapB sbui aiJaiAp^
as 'pBpijeuosjad bj Búas bjjoij bj ap sofiq soj ap ^qoíp joXbui bj
anb aoip as apuop 'mubaiqm jap Bisaod bj u^ 'Bjauem Bjsa ap
apand pepinrimoa bj uoo BJBd ajqesuodsaj ajuais as namb oj9g
í(¡9jumjas ojod opo^ un o ajoSfj8v
'opoj^ un ua ain%jaa.uo^ sapand ou
outsiw tij ts ^ íopoj^ yo auduiats

ja jod pepuadsojd bj ap ojuaiinnuasaad ja uoo ajanm ^peppijaj
joXbui ns ojsnB^ oiJBua^uao jb u^jedap aj sojio jod uopednaoajd
bj X oÍBqej) jg[ *((unmo3 BpiA bj ap ojjuap pBpiuBuinq bj 'BjoAauaq
'BAjasaj ai ojsand anb Jaqes BJBd BpjBiü^^ X 'oubSjo un 11 ap zbjj
•uopoojjad bj b aaij^aj oj X aiuauíBj^aiui oSjb Bpua^ua anb ajqmoq
un sa B)jodmi anb o^,, :aajspj\[ uqaq^i,^ b aiJaiApe aj onjBf -sojub

�y todos debemos contribuir a fomentar esa época". Todos los pueblos
deberían cultivar con noble emulación el intercambio espiritual, y
cuidar cada cual su idiosincrasia, para producir un tono caracterís
tico y puro en el conjunto orquestal de la humanidad. Si alguna vez
fuera posible crear una alianza ultranacional sustentada no por la
economía sino por el espíritu, entonces se celebraría en Goethe a uno
de sus fundadores.
Hoy, a doscientos años del nacimiento de Goethe, parecemos más
alejados que nunca de la esperanza en un reino de credo humanístico
que abarque todo el globo. Ni la imaginación de un Goethe habría
podido figurarse jamás el infierno que se ha preparado el hombre
civilizado en nuestros días, sensible ya no a lo orgánico sino a lo
mecánico, pero Goethe tuvo un presentimiento asombrosamente
exacto de la inminente desespiritualización y achatamiento del siglo
siguiente al suyo, al que llamaba el del tránsito, o, en su lengua de
ancianidad, el "velocífero". Este siglo se señalaría por el esfuerzo
unilateral, material, y se atrofiaría, en cambio, de valores personales.
La juventud sería arrastrada prematuramente al torbellino del dine
ro y la velocidad, hacia lo cual tenderían la admiración y el afán
de cada uno. En medio de todas las facilidades posibles de comunica
ción, tales como ferrocarriles y vapores —hoy se agrega el frío calor
metálico de los automóviles y aviones—, triunfaría la mediocridad,
y, provista de una cierta astucia, sentiría su superioridad sobre la
muchedumbre. En los "Años de andanzas" hay una frase llena de
aprensiones: "El recrudeciente régimen de las máquinas me tortura
y me atemoriza, se aproxima, rodando como una tormenta, lento,
lento; pero tomó una dirección tal, que llegará y chocará". La pers
picacia de Goethe previo además la vida de las grandes ciudades;
él, imbuido del aire de campo, bosque y jardín, fraternal amigo de
estrellas, árboles y aguas, habla de un "salvajismo de impertinente
vida ciudadana", de una "mescolanza de delitos refinados", de un
"pantano de egotismo". Los temores de Goethe se han verificado.
El hombre vulgar de nuestros días, huérfano de espíritu y alma, pro
nosticado a través de la misma preocupación por la sagacidad del
historiador Jacob Burckhardt como "terrible simplificateur", estará
en mejores condiciones para soportar el embate del exceso de hechos,
mientras son relegados a último plano aquellos nobles elementos que
todavía atienden a la pregunta de Schiller: "¿Es posible que el hom
bre esté destinado a faltarse a sí mismo frente a cualquier propósi
to?". Es como si Goethe hubiera mantenido en fantástica anticipación
un diálogo quimérico con el francés Antoine de Saint-Exupéry, igual
mente grande como aviador y escritor, desaparecido en la última

bre". Cuando Saint-Exupéry no esperaba que las cosas dieran sentido
a la vida, sino las relaciones invisibles que las unen, cuando quería
leer a través de las cosas para reconocer su verdadera esencia, Goethe
le habría alargado la mano a este correligionario, él, que poseía como
nadie el don del cual dice Multatuli: "El convertir su sentir en pensar,
y extraer entendimiento de la fuente del corazón".
Nos parece que una conversación, presentida por nuestra fanta
sía, entre Goethe y Saint-Exupéry como representante inspirado de
nuestra generación revelara má&amp; que nada que el hoy homenajeado
"no se ha marchitado con su época". "Todavía nos importa él", dice
Hermann Hesse, premio Nobel de 1946, "todavía es profundamente
actual, pues nos pone frente al gran interrogante del Hoy". La esen
cia de la filosofía de Bergson, ¿no está contenida ya en la exteriorización del Goethe octogenario de que el entendimiento (intuición)
"con su tendencia hacia lo divino, tendría que ver con lo naciente,
con lo vivo, (en cambio) el intelecto con lo nacido, con lo entume
cido para utilizarlo?". Jamás se ha trazado con mayor claridad el
deslinde entre la fría esfera del pensamiento conceptual y tenden
cioso, y el reino anímico y afectivo de la fantasía creadora: "Sólo
lo que es fructífero es verdadero". ¿Quién en nuestra época carco
mida por escepticismos, semejantes en más de un aspecto a aquella
otra del "iluminismo", caracterizada por Goethe como "época nula
y acuosa", no busca la vivencia existencial? Mientras el existencialismo de cuño moderno, originado en el agotamiento y la desorien
tación de nuestro siglo, contempla la vida como un existir hacia la
muerte, como un existir temporalmente finito que conduce al espacio
vacío de la nada, el existencialismo de Goethe obra, a 200 años de
su nacimiento, más positivo que nunca, libre por igual del pesimismo
mortal y del superficial optimismo. La apasionada seriedad con que
Goethe toma la existencia personal, su convencimiento de que el
hombre "debería perfeccionar en una unidad definida todas las ma
nifestaciones de la naturaleza humana, sensualidad y entendimiento,
imaginación e intelecto, fuera la que fuera entre aquellas cualidades

guerra mundial, quien en 1943 escribió lo siguiente: "Estoy triste
por una generación vacía de toda sustancia humana... Odio mi épo
ca con todas mis fuerzas. El hombre se muere de sed en ella... Hay
un solo problema, uno único, en nombre de la humanidad: devolver
al hombre una trascendencia espiritual, una inquietud espiritual...
Hay un solo problema, uno único: redescubrir que existe una vida
en el espíritu, más alta que la vida racional, única que colma al hom-

la preponderante, su concepción de la vida como un arte, como una
misión creadora, cuya finalidad es la continua amalgama de la viven
cia subjetiva y el reconocimiento objetivo, proporcionan al hombre
desarraigado la coherencia con la realidad "real", y lo devuelven de
la autoalienación a la autoconciencia. Qué estímulo da la promesa
siguiente a quien percibe dentro de sí la voluntad de formar su per
sonalidad: "El hombre será capaz de toda clase de cosas por el uso
adecuado de fuerzas parciales, será capaz de lo extraordinario por
reunión de mayor cantidad de facultades; pero lo único, lo totalmen
te inesperado, lo produce sólo si en él se aunan equilibradamente
todas las cualidades". Este decir que sí a sí mismo y al Más Acá bajo
la consigna de "acuérdate de vivir", esta realización terrena de una
armonía de la vida, resulta de una admirable confianza en nuestros
sentidos intactos. "No debemos desechar lo sensorial inmediatamente
perceptible, porque si no viajamos sin lastre". Pero junto a esto se
nos presenta la profunda sabiduría: "Jamás comprende el hombre

— 16 —

— 17 —

�— ¿T —
ajqinoq ja apuajduioa BBiuBf,, tBjjnpiq^s Bpunjojd bj Bjuasajd son
^s oisa b o^imf OJaj -ttaji8Bj uis souibíbia ou is anbjod 'sjqndaajad
aiuauíBjBipauiui jBuosuas o\ jBqaasap souiaqap ojyj,, •sojaBjuí sop^uas
soJisanu ua BzuBijuoa ajqBJiuipB Bun ap Bijnsaj '^piA bj ap bjuouijb
Bun ap BU3JJ3) uopBzijBaj B^sa 'mjiaia sp ajBpaanaB,, ap Bu^isuoa bj
ofBq Boy 8Bp^[ jb A ouisita is b ts anb jpap ajeg ^sapBpijBna sbj sspo]
aiuaiuBpBjqijmba ubutib as ja ua ts o^os aanpojd oj 'opBjadsaut 3^
-uaui[B}o; oj 'ooiun oj ojad ísap^jjnaBj ap peppuB^ joa'bui ap uotunaj
jod oiJBuipjoBjjxa oj ap zsd^a Bjas 'sajepjBd sszjanj ap opBnaap^
O8ti ^a jod BBsoa ap asBja Bpoj ap zBd^o bjss ajquioq jg,, :pBptjBuos
-jad ns jbuijoj ap p^iunjoA B{ js ap oj^uap aqpjad namb B a^uam^is
Bsamojd bj Bp ojnuijjea an) •Bpuaiouoaoum B{ b uopBuaijBojnB bj
ap uaAjanAap oj A 'kJbm,, p^ptjBaJ bj uoa Biauajaqoa bj opBSiBJUBsap
aaqinoq ^b uBuopjodojd 'oAijafqo ojuaiuipouooaj \a Á BAijafqne bio
-U3AIA B[ ap BUIBÍá^BUlB BnupUO3 B^ 83 pBpiJBUIJ BÁn 'BJOpB3J3 UOtSim
Bun otaoa 'a^aB nn ouiod BpiA ^\ ap uopdaDuo^ ns 'ajuBjapuodajd B[
eapBpijBna SBj^nbB ai^aa BJanj anb bj Bjanj 'oi^a^aiui a uoiobuijíbiui
'o^uoiuiipuajua Á pBpi[Btisnas 'BUBtnnq Bzap^jnjBu b^ ap sauopBjs^jín
-Bni 8B^ SBpoi Bpiuxjap pBpian can ua JBuoioaajjad Bjaaqap5&gt; ajqiuoq
p anb ap ojuaixnpaaAuoa ns '^uosaad Biouajsixa B^ buio^ aqiao-^)
anb uoo pspaijas Bp^uoisBdB B^ -orasiiniido [BiDijaadns pp jC ^ijotn
omsimisad pp ^n^í jod ajqif '^aunu anb OAijisod bbui 'ojuatunpen ns
ap 8oub 00^ B 'B^(lo ailíaof) 3P orasipjpuajsixa p '^pBU bj ap oj^fa
oxoBdsa \v, aonpaoD anb ojmij ajuanip^jodiuai Jijsixa un ouioo 'a^anui
B[ BiDBq j^sixa un ouiod BpiA tb\ B[duia;aoD 'o^^is ojjsanu ap notDBj
-uaijosap B^ Á ojuainiBioSB p ua opBuiguo 'ouaapoui oun;&gt; ap ouist^
•Bpuajsixa p SBJjuaij^; ¿joiouajsjxa viouaatci v\ easnq on 'ttBsonoB A
B^nu Booda,, oraoo aqiao^) jod BpBzijajDBJBa 'Moxn8iuiran^in pp bj^o
B[pnbe b oj^adss un ap sbui ua sajUBfamas 'somstopdaosa jod Bpiiu
-O0JB^ Booda Bjjsanu ua uain^)? "^ojapBpjaA sa ojajijonjj sa anb o^
I9Sm ^^jopBaaa bjsbjub| b^ ap OAiiaajB A odiuhub ouiaj p A 'osoia
-uapua^ A [Bn}daouoa o^uaiinBSuad pp Bjajsa bijj bj aaina apmjsap
p pBpiJBp jo^bui uoa opBZBj) Bq as SBiuBf •íí¿o\ivzi\iin BJBd opp
-aiun^ua o^ uoa 'opiOBU o\ uoa ojoap^ut p (otquiBD ua) 'oaia o\ uoa
'ajuapsu o^ uoa j^a anb Bjjpuai 'ouiAip o^ BiDBq Biauapua; ns uoa,,
(uoiap^uí) o^uauuipuajua p anb ap ou^uaSojao aqjao^) pp uoia^z
-ijoijajxa b^ ua bjÍ Bpiua^uoa Bjsa ou? 'uos^jag ap btjosojij bj; ap Bia
-uasa vj 'w^ojj jap ajusSo^jajut ubj jb a^uajj auod sou sand 'pnjaB
ajuam^punjoad sa BiABpoj,, '9f^6T aP IatloM ou^-i&lt;I 'assajj uuBtnjíajj
aaip 'tja Bjaodiui sou BiABpo^,, -^Booda ns uoa opB^iqoJBUi Bq as ou,,
op^aÍBuamoq Xoq p anb BpBu anb -sbui BJBpAaa uoiaBjaua^ Bjjsanu
ap opeiídsui aiusiuasaadaj ouioa ijadnxg-^uiBg A aqjao-^) ajjua 'bis
Bjjsanu jod Bpuuasajd 'uoiaBSjaAUoa eun anb aaaJBd so^[
•uuozbjod pp ajuanj bj ap oiuaiuiipuaiua jaBjjxa A
us Jijuas ns jpjaAUoa j^,, : ijnjBjjnpy[ aaip jsno jap uop ja arpBU
oraoa ejasod anb 'ja 'oiJBuoiSijaaJoa ajsa b oubiu bj opB.iBjB BjjqBq aj
aq^ao^) 'Biauasa Bjap^pjaA ns jaaouooai BJBd SBSoa sbj ap s^abj^ b jaaj
Biaanb opuBna 'uaun sbj anb eajqísiAUi sauopBjaj sbj onts 'BpiA bj b
opuuas uBJaip e^soa sbj anb BqBjadsa ou jíaadnx^-iuiBg opuan^ *14ajq

— 91 —
-moq jb Buqoa anb Boiun 'jcuopBJ piA bj anb bjjb sbui 'njuídsa ja ua
BpiA Bun a^sixa anb jpqnasapaj :oDiun oun 'BUiajqojd ojos un jCbjj
•••jBnjwídsa pnjainbui eun 'jBnjuídsa BiauapuaasBJi ^un ajqmoq jb
jaAjoAap :pBpmBuinq bj ap ajquiou ua 'oaiun oun 'BUiajqojd ojos un
jCbjj • • "Bjja ua pas ap ajan ni as ajqtnoq j^ 'SBzjanj siui sspo) uoa Ba
-oda ira oipQ • • • BUEiimq Bi^uBjsns Bpoj ap bi^ba uopBjauaá Bun jod
ajsiai JÍojs^,, :aínam8is oj oiquasa g^,o^ ua namb 'jBipunni cuaná
Binijjn bj ua opiaajBdssap 'aojijasa A jopBiAB onioa apuBj3 ajuaux
-jBnSx 'Ájadnx^-iuiv ap auiofuy sa^uBjj ja uoa oauaminb oSojBip un
uopBdppuB boiisb^ubj ua opiuajuBui Bjaiqnq aqjao^) xs omoa s^ *tt¿oi
-isodojd jambjBna b ajuajj omsun ib b asjBjjBj b opeuijsap ajsa ajq
-moq ja anb ajqísod s^?,, ;jajjiqog ap B^unSaad bj b uapuatjB BiABpoi
anb sojuaraap sajqou sojjanbB ouBjd omnjn b sops^ajaj uos seiiuaiui
'soqaaq ap osaaxa jap ajBqtna ja jBjJodos BJBd sauoioipuoa saaofam ua
BjBjsa 'uJn3jB0ijijdnii8 ajqiüaj,, omoa jpjBq^pjmg qooBf JopBiJo^siq
jap pBpiaBÜBg bj jod uopsdnaoajd buisiui bj ap saABj} b opBoijsou
-OJd 'buijb A n^ujdsa ap ouBjjanq 'SBip sojjsanu ap j^gjnA aaquioq jg
•opB^ijijaA UBq as aqjao^ ap sajorna} so^ -4touisi;oSa ap ouBjuBd,,
un ap 'ttsopBuipj[ so^ijap ap BzuBjoasam,, Bun ap 'KBUBpBpnp BpiA
ajuauíuadmi ap omsifBAjBS,, un ap Bjqsq 'sBnS^ A sajoqjB 'sBjjaajsa
ap oSiniB jBUJa^BJj 'ujpjBf A anbsoq 'odiuBa ap ajiB jap opinqun 'ja
ísapBpnio sapuBiS sbj sp piA bj sBinapB oiA3jd aqiao-^) ap BiaBaid
-sjad vj -^BJBaoqa A bjbS^jj anb 'jbi uopaajip Bun 9U10J ojad íojuaj
'ojuaj 'Bjuarajoj Bun onioa opu^poj 'BraixojdB as 'BzjjoniaiB ara A
Banjjoj am SBumbfiui sbj ap uamiáaj ajuapapnaaaj j^,, ¡sauoisuajdB
ap Buajj 38bjj Bun ^sq uSBzuBpuB ap eouy,, eoj ug •ajqnmpaqoniu
bj ajqos pBpuoijadns ns Buijuas 'BpnjsB Bjjap buti sp BjsiAOJd '^
'pBpiJooipaui bj BUBjunri^ '—sauoiAB A sajiAomoine soj ap oaijBjaní
jojb ojjj js BSajSc as ^oq— saiodBA A sajijjBaojjaj omoa sajBj 'uop
-Baiunuioa ap sajqisod sapBpiyiaBj sbj SBpo^ sp otpam ug -oun Bp^a sp
ubjb ja A uopejimpB bj UBuapuaj jsna oj Bpsq 'pBpxaojaA bj A oj
-auip jsp ouijjsqjo) jb a;nauiBjniBraajd BpBjjSBjjB bjjbs pn^naAnf B'j
•sajBuosjad ssjojba ap 'oiqmBO ns 'bjjbijojjb as A 'jBijajBni 'jBJaíBjmn
ozjanjsa ja jod bijbjbuss ss ojSis ajsg -^ojajpojaA,, js 'p^piuBiouB
ap BnSuaj ns ua 'o 'ojisubjj jap ja BqBraBjj aní) jb 'o^ns jb ajuain^is
ojSis jap ojuaiuiB}BqoB A uppBzijBn^tJídsasap ajuauíiuui bj ap ojoBxa
a;uauiBsojqmosB oíuaimpuasajd un oAni aqiao^) o jad 'oatuBaara
oj b ouis ooiub^jo oj b ou vA ajqisuas '8Bip sojjsanu ua opBzijTAp
ajqmoq ja opBJBdajd Bq as anb oujaijuí ja sbuibí asjBjnSij opipod
Bjjqsq aqjao^ un sp uopBm^Bmi bj i^j -oqojá J3 opoj anbjBqB anb
ooijsjuBranq opaja ap oupj un ua ézuejadsa bj sp Baunu snb
sbui souiaaajBd 'sqjao^ ap oiuaimpBu jap soub sojuaiasop b '^
•sajopBpunj sns ap
oun b aqjao^ ua BtjBjqajaa as saauoiua 'njijjdsa ja jod ouis Btmouoaa
bj jod on BpBjuajsns jBuopBUBJijn bzubijb Bun JBaja sjqisod Bjanj
zaA BunSjB ig -pBpiuBmnq bj ap jBjsanbjo ojunfuoa ja ua ojnd A oaij
-BjjajDBjBa ouoj un jpnpojd BJBd 'BisBjauísoipi ns jBna Bp^a jBpina
A 'jBn^uídsa oiqiuBaja^uí ja uppBjnma ajqou uoa JBAijjna UBuaqap
sojqand soj sopoj^ *KBaoda Bsa JBjuauíoj b Jinqijjuoa somaqap sopo}.A

�cuan antropomórfico es". La idea genial e intuitiva de Goethe atra
viesa la existencialidad limitada del microcosmos humano; a pesar
de su participación del universo meramente condicionada, se siente
firme, casi como un consabidor de la Creación: debemos aproximar
nos al ser supremo igual en lo moral que en lo intelectual. La con
templación de una naturaleza continuamente productiva debe hacer
nos dignos de participar en su creación. De este modo se eleva,
glorifica y consagra infinitamente toda actualidad existencial; sí, un
único momento cumplido justifica la vida entera: "Existir es deber,
así fuera un instante". A esta convicción le es posible "fraccionar un
día en millones de partículas y transformarlo en una eternidad". Luego
de haber sido agotado lo excrutable hasta el "fenómeno primario",
es decir, hasta la forma básica, la más simple que abarque dentro de
sí todos los casos, subsista como secreto humildemente venerado lo
inexcrutable del universo y del individuo. Este nuestro mundo no
permanece silencioso para el bravo; quieras que no, es y seguirá siendo
el centro de la existencia, del cual parte toda vivencia. Goethe no bus
caba más que aquel mundo del cual él era miembro. También dudaba
—a diferencia de las doctrinas racionalistas y constructivas de Spinoza
y Leibniz— de que reposara en la posibilidad del conocimiento hu
mano un sistema metafísico de validez universal; lo mismo que Pascal,
Goethe tenía conciencia de que el uso supremo de la razón consistiría
en comprender sus barreras. Pero de lo que Goethe jamás dudó, lo
que siempre sintió y confesó frente a toda amada, frente a todo pro
ducto de la naturaleza y del arte, fue de la naturaleza divina de
nuestra existencia. El conflicto entre fe e incredulidad es para él el
tema esencial, único y profundo de la historia universal. Oigamos su
penetrante profesión de fe: "El poder de ennoblecer todo lo sensual
y de vivificar con la idea la materia más muerta, es la garantía más
hermosa de nuestro origen metafísico. El hombre, por mucho que le
atraiga la tierra con sus miles y miles de apariencias, no deja de
levantar su mirada escrutadora y anhelante hacia el cielo que se ex
tiende sobre él en espacios inconmensurables, porque dentro de sí
percibe honda y claramente que es un ciudadano de aquel reino espi
ritual. El creer en este reino no lo podemos desechar ni abandonar.
En este presentimiento está el secreto de la sempiterna aspiración a
una meta desconocida; es, por así decirlo, la palanca de nuestras in
vestigaciones y pensamientos. La moral es una eterna tentativa de paz
entre nuestras exigencias personales y las leyes de aquel reino invisi
ble". Si el septuagenario da en este punto una orientación metafísica
a la actividad y ética del hombre, el octogenario motiva^ la inmorta
lidad con aquella exigencia inaudita que contiene al Goethe entero:
"El convencimiento de nuestra perduración me nace del concepto" de
la actividad; pues, en cuanto actúo incansablemente hasta mi fin, la
naturaleza está obligada a otorgarme otra forma de existencia, si
la actual ya no puede soportar mi espíritu". Una beatitud, sin reite
rados trabajos, sin reiterados anhelos, no es concebible para Goethe.
A la obra capital de Goethe —"Fausto", aquel drama que sobre
pasó todas las fronteras nacionales, que pertenece a todos los pueblos,
18 —

aquel drama en el que no interesa el destino de un hombre cualquiera,
sino el destino del hombre— la impregna desde el primero hasta el
último verso un leitmotiv: el llamado a la acción. Dilthey sintetiza
esta idea fundamental: "El hombre está dispuesto para la acción, y
a él le son dadas las condiciones suficientes de un actuar efectiva
mente social, unificador, rendidor, aliado al infinito". El desenlace
del Fausto II nos enseña: una aspiración seria expía la culpa; actuar
mejor es un arrepentimiento expiatorio. El propio Goethe dio poco
antes de su muerte la siguiente clave para la salvación de Fausto:
"Una actividad progresivamente alta y pura hasta el fin, y allá arriba,
el amor eterno acudiendo en su ayuda". Como complemento de esto
nos sirven los versos siguientes:
"Pena y dicha encuentre paso adelante,
él, el insatisfecho a cada instante".
El hombre que tiende hacia arriba necesita el aguijón de la insa
tisfacción, necesita la objeción del tentador Mefistófeles; desde la
embriaguez del gozar, desde el letargo del relajarse, desde la alegría
del reconocer contemplativo, será instado una y otra vez al crear plas
mador. Goethe reclama actividad, actividad siempre renovada, pues
"nada es más miserable que el hombre cómodo que no trabaja". Pero
reparemos bien en una de las máximas de "Wilhelm Meister":
"El destino primero del hombre es ser activo, y todos los intervalos
que necesite para descansar debería emplearlos en alcanzar un reco
nocimiento nítido de los objetos externos, que le aliviara aún más
su actividad". Una fiebre de actividad en el sentido actual, que en
aras de la cosa material o el dinero se dedica al saqueo del "agro
del tiempo", no la hubiera consentido jamás Goethe, que continua
mente reclamaba el ocio para el activo, para poder contemplarse a sí
mismo en su actividad, y que formuló la frase lapidaria: "La actividad
incondicional, sea la que fuere, al final provoca la bancarrota". Cons
truir la pirámide de la vida con consciente autodisciplina y paciente
fidelidad, escalón por escalón, más y más alta y libre, es decir, darle
a la vida un significado por medio de constante evolución íntima y
perfeccionamiento, llevar adelante desde cada etapa sobrepasada en
incesante proceso de maduración, la conquista de lo fructífero y lo
esencial, ordenar aún más en el reducido círculo de vida las cosas
de tal manera que pareciéramos querer mejorar el orden del uni
verso: ésta es actividad de carácter goetheano. La vida es "el eterno
rodar de una piedra que siempre quiere ser levantada de nuevo", no
es un patrimonio sin peligros y sin atentados:
"Sí, me doy por entero a este designio,
es ésta la esencial sabiduría:
sólo merece vida y libertad
quien debe conquistarlas día a día".
Goethe nos alienta al riesgo: "En cuanto -confíes en ti sabrás
vivir", pero además nos exhorta a no querer aspirar más allá de las
— 19 —

�— 61 —
sbj ap bjjb sbui JBJídsB jajsnb ou b Bjjoqxa son SBiuapB o jad 'ujiaia
BBjqBS I^ US S3IJUO3- 0)116113 Ug,, :o3s3IJ JB B1U3IJB BOU SqiSO-^
VJP D "ÍP ^Dl-misinlnioo aqap uamb
pDuaqrj jí opta aoaj^ui ojos
...: munpiqos jm^uasa o¡ ojsa sa
'otuSisap ajsa d ojajua lod op avti 'tg,,
:sopB^uo;B uis A soj^hjad ais oiuounjjBd un a
ou 'tlOAanu ap BpB^uBAaj j^s ajamb ajdmais anb Bjpaid cun ap jBpoj
OUJC3J0 |3M 83 BpiA B^ "OUBSqjSoS JSJDBJBO Sp pBpiAIJDB 83 B}SS : OSJ3A
-iun jap uapjo ja jBJofam jsjanb somBjapaJBd snb bjsubiu jbj ap
sBsoa bbj ^pi^ 3p ojnojja oppnpsj js na sbut uub jsnapjo 'jBpussa
o\ A ojsjjianjj oj ap Bismbuoa bj 'uppBjnpBm ap osaaojd ajuBsaoui
lia BpBssdajqos ^dsia Bpe^ apsap aiuBjapB jbasjj 'oiuaiuiBuop^ajjad
A Braijni uopnjOAa ajuB^suoa ap otpaui jod opBOtjiuSis un BpiA bj b
a[JBp 'jpap 8a 'ajqi[ • bjjb bboi á sbih 'uo^^sa jod n^^BDsa 'p^pijapij
3^uapBd Á. BmjdpsipoinB ajuapsuoa uoa BpiA bj ap apioiBJid b^ jimj
-8no[) '^B^OMBauEq v\ BaoAOjd ^uij ^b '^janj anb B[ bss 'jvumoipuooui
pBpiAijaB B^,, :BiJBpidB^ asBJj Bf o[nuwoj 3nb A. 'pBpiAi^aB ns ua onisini
rs b aejBfdmaiuoa aapod bjb¿ 'oaijdb [a BJBd oído p BqBUiBpaj: ajuatn
-Bnuijuoa anb 'aqjaof) SBinBf oppuasuoa Bjaiqnq B^ oo 'Modinaii pp
ojSbot [ap oanbBS [B BDipap as oiauíp p o ^BijajBiu Bsoa b[ ap bbjb
na anb '[Bnios oppuas p ua pBpiAii^B ap aJqaij buj^ -^pEpiAijaB ns
sbui utib bibiai[b 3^ 3n¿ 'soujajxa soj^fqo so[ ap opijm ojuairapou
un jbzub^[b ua sojiBajdiua Bj^aqap JBSuBosap bjbíI ajisaaau anb
i 8O[ sopo; Á 'oaijdb jas sa ajqmoq pp ojainijd oupsap ^g,,
j^
pmí^,, 3P bbuiixbui sb^ ap un ua uaiqd
•44BÍBqBjj ou anb opotupa ajquioi| p anb ajqBjasiur sbut sa
Band 'BpBAouaj ajduiais pBpiAi^aB 'p^piAijaB BuiBpaj aqjao^) -j
-8B[d JB3J^ ^ Z3A bjjo Jí Bun opBjsui ^jas 'oAiiB[duiajno3 jaaouoaaj [ap
^ b^ apsap 'asjBfBpj pp oSJBjaj p apsap 'jbzoS pp
g
apsap í83pjojsij3j\[ JopBjuaj pp upiosfqo bj; Bjisaaou 'uoia
-bsui bj ap u^^in^B p Biisaa^u BqiJJB Bia^q apuaij 3nb sjqinoq
•ff9iuDj$ui opoa o oyoafspnsui ja '¡a
osod aj^uan^ua viptp A vu3d,,
:9ajuaniSis sosjaA soj u^ajis sou
ojs3 ap ojuaiua[duioa 00103 -tiBpnXB na us opuaipnos oujaja jouib p
'BqijjB B|[B A 'uij p BjBBq Bjnd A bj^b ajuauíBAisajáojd pBptAij^B buq,,
:ojsnBj ap u^pBA^BS bj BJBd aABp ajuainSis B[ ajaaniu ns ap aajuB
oaod oip aq^ao-^) oidojd j^ •oiJO^Bidxa ojuairaijuadajJB un sa jofain
jBniDB ísdjna bj Bjdxa Bijas uoiaBJídss Bun :Buasua sou ¡j ojsnB^ pp
aoB[uasap 1^ '^ojiuijui jb opsi^u 'jopipuaj 'jopsoijum 'jbioos ajuara
-BAijaaja jBn^aB un ap sajusioijns sauotaipuoo sb^ sspsp uos a^ ^3 b
A 'uoioaB bj BJBd ojsandsip B^sa ajquioq jg,, :jBiuauiBpunj sapi Bjsa
bzijojuis jCaqjjiQ -uppon nj v opotuvjj ja tAijoraiíaj un osjaA orai^jn
ja Bjsoq OJamiad ja apsap BuSajdmi bj —ajquioq jap ou^sap ja ouis
ajquioq un ap ouijsap ja ssajajuí ou snb js ua BuiBjp pnbB

— 8t —
'sojqand soj sopoj b aaauauad anb 'sajBuopBU sbjsiuojj bbj SBpo; o3Bd
-ajqos snb BuiBip janbs '^oisnB^,,— aqiao^ ap {BjidBa jqo bj y'
•aqjaof) BJBd djqiqaanoa sa ou 'sojaquB sopBJajiaj uis 'sofBqejj sopej
-ajpj uis 'pnjijBsq bhq -^niiJídsa ira jBjjodos apand ou vA jbjdb bj
18 'epnaiBixs ap Bnuoj bjjo auo^^jojo b Bps^ijqo Bjsa BzajBjnjBU
BI 'nU Ia1 SBq ajuaaiajqBSUBaui onjDB oju^no ns 'sand ípBp^vxjaB bj
ap o^daouoa jap s^bu ara uppBjnpjad Bjjsanu ap ojuainiianaAnoa j^,,
:oaajua ^qjao^ jb auauuoa snb ejipnBui Bpuaárxa BjjsnbB uoa pBpi'j'
-Bjjoraui bj BAijom otJBnaáojoo ja 'ajqraoq jap sopa A pBpiAii^B bj b
BDisijBjara u^pBiuaiJO eun ojund ajsa us Bp otJBuo^Bn}das p ic * 3jq
-iBiAui ouiaa janbB sp ss^aj sbj A sajBuosjad sepusSixa ssj^sanu aijua
zBd ap BAUBjuaj BUJaja ^un sa jbjoui wj -soía^iiuBsasd A sauopBSijsaA
-ui SBJi8anu ap BauBj^d bj 'ojjpap isb jod 's^ íBppouoosap Bjara Bun
b uopBJídsB BUJajiduias bj sp o^aaoas ja Bjsa ojuaituijuasaad ajsa u^
MBuopiíBqB ra jcqaasap souiapod oj oa oupj ajsa ua jaaaa jg -j^nju
-idsa oupj janbB ap ouspspnp un sa anb ajuaniBjej^ A Bpuoq aqpjad
is ap ojjuap anbjod 'sajqBjnsuamuoaui sopedsa ua ja ajqos apuan
-X3 as snb opp ja Bp^q ajusjaquB A BJopBjnjasa Bpejiui ns jbiubasj
sp fsp ou 'sBpuaijBde ap sajiui A sajiin sns uoa Bjjai) bj b^ibjjb
aj anb oqonra jod 'ajqraoq jg •ooisijBjain uaSiJO ojjsanu sp Bsoiujaq
SBín bi^ubjb^ bj ss 'BíJaniu sbui BiJajBiu bj Bpi bj uod je^ijiaia sp A
jBnsuae oj opoj j^aajqouua ap japod jg,, :aj ap uoisajojd ajnBjjsusd
ns soiub^iq -jBSjaAiun Eijojsiq bj ap opunjojd A oaiun 'jBpuasa Braaj
ja js BJBd ss pBpijnpajaui 3 aj ajjua ojaijjuoa jg -Bpusjsixs Bj^ssnu
sp buiajp BzajBjniBU bj sp snj 'sjjb jsp A BzajBjniBu ej sp ojanp
-ojd opo^ b sjusj^ 'BpBmB Bpoj b siusji osajuoa A oijuis sjdrasis snb
oj 'opnp SBra^f sqjao^) snb oj sp ojs^ 'sBJajJBq sns j'apuajdraoD ua
Bjjijsisuoa upzBj bj sp omajdns osn p anb sp Bpuspuoa biusj aq^so^)
'jBasB^ snb oiusiui oj ^jBSJSAiun zapijBA ap ooisjjBjaui suiaisis un oubui
-nq ojuaiuipouoa jap pcpijiqísod bj us BJBBodaj anb sp —zmqp^j A
BqBpnp usiqraBx ojqnisira bjs ja j^na jap opunuí janbB anb sbui Bqs
-snq ou aqiao^) -BpuaAiA Bpoi ajjsd jBna jap 'Bpuajsixs bj sp ójjuao js
opuais BJin^as A sa 'ou snb SBJsmb íoABjq js BJ¿d oscipuajis sasu^nuad
ou opunuí ojissnu a^sg 'onpiAipui jsp A osjdAiun jsp sjqBjnjaxsur
oj opBJ3U3A djusmapjiranq ojaaaas ouioa Bjsjsqns 'sosb soj sopo; js
ap ojjuap snbjBqB snb sjduiis sbui bj 'BDiSBq buijoj bj bjsbi[ 'jpap sa
'4toiJBrajjd ouauíousj,, js BjBBq ajqBjiuaxa oj opBjo^B opis jsq^q sp
oSan'j -^pBpiujajs Bun us ojjbuuojsubji A SBjnajjjBd sp esuojjim ns Bip
un JBuopoBjj,, sjqísod es sj uopaiAuoa b^ss y -^ajUBisni un BJanj isb
'jaqap ss j^sixg,^ :Bjaiua BpiA bj Boijpsnf opijdran^ ojusraora oai'un
Un '18 ÍJBI3UajSIX3 pBpiJBniDB Bpoj S1U3UIB1IUIJUI Bj^bBUO A BDIJUOjá
'BAsja as opoiu sjsa 3Q -uop^aj^ ns us jBdp^jsd sp eonStp sou
-j3DBq sqap BAijanpojd siuauíBnui^uoa BzsjBjnjBu Bun sp uopBjdms)
-uoa w] -jBnjasjaíui oj na snb jbjoui oj ua j^nSi omajdns jas jb sou
-JBunxojdB somaqap ^nop^aj^ bj ap jopiqBsuoa un ouioo isbd 'auuij
aiuais ss 'BpBuopipuoo ajuauíBaaui osjaAiun jap uopBdppjsd ns sp
JBsad b íouBiunq souisoaoaaiui jap BpBíiniíj pBpijBpua^sixa bj bssia
bjib ^qjs^) sp BApinjuí s jbius^ Bspi wj -Hgs ooijj^uiodojjuB ubiid

�líneas fortificadas de nuestro ser". "El hombre sólo es feliz cuando
su aspiración incondicional determina sus límites a sí misma". La
libertad es para Goethe ni más ni menos que "la posibilidad de reali
zar lo razonable, cualesquiera fueren las condiciones". Según esto,
propone sus planes:'"Yo sé lo que puedo y lo que no puedo, y sólo
quiero lo que puedo". Goethe también conoció y enseñó "el alto
sentido del renunciar" como potencia positiva; su vivir y crear eran
por igual una obra maestra de "fuerza no moderada, sino dominada".
Sin tenaces esfuerzos no pueden ser sujetados los corceles dispersos
del alma. Una obra de arte de vivir, plasmada, ingeniosa, como la
de Goethe, supone una lucha inexorable contra los demonios dentro
del propio pecho, un heroísmo de la autosuperación que, ante la pre
gunta del celoso guardián del paraíso:

, •.

"¿Te cuentas entre aquellos héroes?
Tu herida quiero ver,
la que me anuncia lo glorioso,
.y yo te admitiré". . ,

podría dar la siguiente intrépida respuesta:
. i •• .'•"No gastes cumplidos,
,sólo déjame entrar,
porque un h^mbre he sido;
es decir, que supe luchar".
Siempre nuevas fases, formas y tareas, una pubertad siempre
renovada en el camino de esta vida extraordinaria hacia la totalidad,
un continuo dar la bienvenida y despedirse: ¿Qué subsigue a todo
cambio? Precisamente la convicción de que toda fuerza creadora,
toda "fecundación más elevada" se alimenta del ritmo polar de cla
ridad y oscuridad, de atracción y repulsión, de inspirar y respirar:

desde el corazón, con la vivacidad y la inagotabilidad de su persona
lidad vigorosa, con inmarcesible juventud, nos habla hoy a quienes
estamos aquí reunidos en su honor el Goethe de doscientos años.
Miremos en torno el caos del mundo actual, el conflicto de inte
reses de los pueblos, de los partidos, de las clases. A la sombra de
la bomba atómica, en la baraúnda de las máquinas, en la coerción
de una "dinámica" exacerbada, espera desde afuera la torturada y
torturante humanidad una salvación colectiva. El individuo flota con
la disolución general; sin, destino propio, sin melodía propia, sin
concentración en lo esencial, sin formación íntima, ha olvidado el
cuádruple respeto que predica Goethe: respeto por aquello que está
por encima de nosotros, respeto por aquello que está por debajo de
nosotros, respeto por aquello que es igual a nosotros, pero al fin el
más alto e importante de los respetos: respeto a sí mismo. La gene
ración de Saint-Exupéry ya no es capaz de una visión conjunta, posi
tiva y fructífera de la vida, ya no concibe dentro del Yo y del mundo
lo infinito en lo finito, ya no lo perecedero como símbolo. Para esto
sólo hay una ayuda: elevar los ojos hacia un gran hombre como
Goethe y ponderar lo que su vida y su obra manifiestan. Uno de los
que conocían la fuerza curativa de Goethe, su magistral biógrafo
Friedrich Gundolf, nos dice: "Los grandes hombres son para cada
cual una responsabilidad, una exigencia y una medida, sí, son la
única medida que nos es concedida". Mientras la tierra esté poblada
de hombres no podrá extinguirse la llama de Goethe. Su obra seguirá
imponiéndose siempre a la admiración y al amor de los hombres, por
su pureza, su verdad y su bondad; los pueblos seguirán peregrinando
siempre hacia su templo, lleno de eterna belleza; y si desapareciera
con el género humano lo por él creado, seguiría obrando indestruc
tible, por sobre aquello que llamamos tiempo y espacio, el don divino
de su acción espiritual:
"La huella de sus días terrenales
no podrá perderse en eones"

"Y mientras en ti cumplido
no veas el "Muere y transfórmate",
serás en la oscura tierra
no más que un huésped borroso
que vaga entre las tinieblas".
El Goethe de 74 años, que sigue transitando de la vivencia a la
realización, de la creación a la vivencia, afirma como un. joven: "No
hay pasado cuyo retorno deberíamos anhelar, hay algo eternamente
nuevo que se forma de los elementos ampliados del pasado, y^ el
anhelo legítimo debe ser continuamente productivo para crear algo
nuevo y mejor". El Goethe de 81 años exclama: "Ah, ¿he llegado
a los ochenta años para pensar siempre en lo mismo? Más bien me
esfuerzo diariamente en pensar algo distinto, algo nuevo, para no
aburrir. Hemos de transformarnos continuamente, renovarnos, reju
venecernos para rio .enmohecemos". Juvenil flamea el espíritu, late
juvenil el corazón en estas palabras del anciano. Desde el espíritu.
— 20 —

— 21 —

�— \z —

— o^ —
•ujtjtdsa [a apsaQ 'ou^taue [ap SBjqBj^d s^jsa na uozujoa p ji
a^B[ 'mjjtjdsa p earaB[j jruaAnf '^souiaDaqouina- ou BJBd souja
-nfa^ 'soujBAouaJ 'ajuauíBnuijnoo soujbuijojsubjíj ap souiajj •jwanqB
ou BJcd 'OAanu oSjb 'ojutjsip o5íjb jBsuad na ajuauíBiJBip ozjanjsa
am uaiq se¡f^ ¿ouisiui o[ ua aidtuais JBSuad ejBd soub Bjuaqoo soj b
opBSa[j aq? 'qy,, :BuiB[axa soub ^g ap aqjao^) [^ •ttaofara A OAann
OjÍjb jBaja BJBd OAijanpojd aju^tnBnuijuoa j^s aqap oiuijr3aj ojaqus
p A 'opBSBd [ap sopej[duiB so^uamap so[ ap butjoj as anb OAanu
ajuauíBUjaia o¿jb Xsq 'jB[aquB soni'B jjaqap oujoj^j oAn^ opesed jbi[
M :n3Aof un omoa BiujrjB 'BianaAiA B[ b uoiaeaja b[ ap 'uopczi^Baj
B[ b BpuaAjA B[ ap opuB^jguBj} anSis anb 'soub f¿ ap aipao^ [g

sauoa ua asjapjad pjpod ou
smp sns ap Djjan^ oqn
:jBiijiJids3 uoro^B ns ap
oniAip uop p ^opBdsa A odiuau someuibjj anb ojpnbB ajqos jod 'a[qij
-anjjsapui opuejqo Buináas 'opsaja [a jod o[ oueuinq ojaua^ p uoa
BjapajsdBsap is ^ íszajjaq Biuaja ap oua[[ 'ojdraa^ ns Bia^q ajdinais
opuBuijSajad uiuináas sojqand so[ ípspuoq ns A pepjSA ns '^zajnd ns
jod 'sajqmoq so[ ap jome [e A uopejimpe B[ b ajduiais asopuaiuodiui
BJinSas Bjqo ng 'aqjao^ ap buibjj b[ asjin^uijxa Bjpod ou sajquioq ap
BpBjqod ajea Bjjau b[ sBjjuai^^ • .Bpipaauoa sa sou anb epipaui Boiun
B[ uos 'js 'Bpipaui eun A Bpuaüfrxa eun 'pBpi[iqB8uod9aj enn p^n^
epea Bied nos saaqiuoq sapuBjá eo^,^ :aaip son 'j[opunf) qoijpau^
ojej^^iq [BJisiiJEUi ns 'aqjao^) ap BAiiejna ezjanj B[ ubi.iouo^ anb
so[ ap ouf^ -uBjsai|iuBin Baqo ns A BpiA ns anb o[ jejapuod A aqjao^)
oiuo3 ajqiuoq ubj^ un Biosq sofo so[ jba3[0 ¡BpnÁB Bun ^eq o[os
ojs bjbj *o[oquiis oiuoa ojapa^ajad o[ ou bá 'ojiuij O[ ua o^iuijui o[
opunin pp A oj^ [ap OJ^uap aq^uo^ ou bá '^piA bj ap Bjajijonjj A bau
-isod 'Bjunfuoo uoisia Bun ap zedea sa ou vA JCaadnxg-juiBg ap uppeí
-auaS wj -ouistuí is e ojadsaj :so}adsaj so{ ap ajuBjaodiui a ojjb sbiu
p uij [B o Jad 'sojjosou b jBn^i sa anb O[[anbe jod ojadsaj 'sojjosou
ap ofeqap jod eisa anb o[[anbB jod ojadsaj 'sojjosou ap Biuioua jod
Bisa anb o^pnbe Jod ojadsaj :aqjao^^ saipajd anb ojadsaj a[dnjpBno
p opBpiA^o sq 'biuijuj uoiobiujoj uis '[Biauasa o[ ua uopBj^uaouoD
uis 'Bidojd Bipopui uis 'oidojd ouijsap' uis í p^jauaá nopnjosip bj
uoa bjo[j onpiAipui j^ -BAij^afOD uoi3bajb9 Bun pBpiuBumq ajuBjnjjoj
X BpBJnjJO} B[ ejanjB apsap BJadsa 'Bpsqjaaexa ^eaimeuip^, ^un ap
uopjao^ b[ ua 'SBumbew sbj ap epunBJBq B[ ua 'bouuojb Bquioq bj
ap Bjqinos bj y 'sasej^ sbj ap 'sopijJBd soj ap 'sojqand soj ap sasaj
-ajuí ap ojoijjuo^ -p 'jBiijaB opuniu pp sobo p oujoí ua soiuajij^
•souB 8O}uaiasojj ap aqjao^ p jouoq ns ua sopiunaj mbs soiuBjsa
sauainb b áo\\ Bjqeq sou 'jjnjuaAnf ajqísaajBuiui uoa 'BsoJoátA pBpij
-Buosjad ns ap pBpijiqBjoSBUt b^ A peppBAiA bj uoa 'uozbjoo p apsap

•aSDjqaiinj sdj ajjna DSnti anb
osoujoq padsany un anb svut ou
Djjsp tunoso vi ua sp-ias
'uap&gt;wjpjsuDJi auanj^n ja so^a ou
optjduino tt ua svj^uaiui j^tt
:jBjidsaj A JBjjdsui ap 'uoispidaj A uppoejjB ap 'pBpunaso A pspw
-Bp ap jBjod oiujij [ap Bjuamtjtf ^s ^.epBAaja sbui uopBpunaaj,, spoj
'BJopB^Jo Bzjanj cpoj anb ap uop^iAUoa bj ajuauíEspaj^ ¿oiqniea
opoj b anSrsqns an()? .-asjipadsap A BpiuaAuaiq bj inp onuijuo^ un
'pBpiJBJOJ BJ BIOBq BIJBUip-IOBJJXa BpiA B)Sa ap OlITUIBO p ua BpBAOUaJ
aaduiais psjjaqnd eun 'sb8jbj A sbuijoj 'sasBj SBAanu aaduia^

j adns anb 'jioap sa
iopts au auqutoq un anb jod
'jviiua auiofap ojos
'sojnjdwno sajsoS o/^¡ft

([ JBp BIJpod
\,ajj7iuipv aj oX X•
'osouojg o/ mounuo aut anb nf
'jsa ojainb ojnuay n¿
¿saouau sojjanbv aujua svjuana ajl?u
.-ostBJed
[ap ueipjen^
osopaoidojd
[ap BjunS
-^id bj 3jub 'anb noiaBjadnsojiiB
bj ap ouisjojaq
un 'oqaad
pp
ojjuap soiuouiap soj BJjuo^ a^qsjoxaui Bijanj eun auodns 'aqjao^) ap
bj ouioa 'BsoiuaSui 'Bpsmsejd 'jiata ap ajJB ap ejqo bu^ *but[B pp
sosjadsip sajaojoa eoj sop^jafne jas uapand ou sozjanjsa sa^^ua) nig
•,cBpBuiniop ouis 'BpBjapom ou Bzjanj,, ap BjjsaBiu ejqo eun jen^i lod
uv,J9 jBaja A jiaia ns íBArjrsod Bpuajod otuoo ttJBpunuaj pp opuuas
oj[B pj? oyasua A oíaouo^ uaiqme) aqjao^) *{4opand anb o[ ojainb
ojos A 'opand ou anb oj X opand anb oj as oj^,,,:saue[d sns auodojd
'ojsa un^ag -.tsauoprpuoo sej uajanj BjarnbsajBno 'ajqexiozBj oj jbz
-ijBaj ap pBpijiqísod ej,, anb souaui iu sbui iu ^\\i9Of) ejed sa pBjjaqrj
e'j •ttBuisiui js e sajnnrj sns Bimruajap jBuopipuo^ui uopejidee ns
opuBna zipj sa o[os a.iqtuoq [^?&gt; \^9 ojjsanu ap sBpeoijijJoj seaui[

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="7">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="304">
                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="305">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="306">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="307">
                <text>1947-1989</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="308">
                <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="309">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="310">
                <text>Publicación periódica</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="903">
                <text>Lic. Pablo Darriulat</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1076">
              <text>Crónica</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1077">
              <text>1) CENTENARIO DE LA UNIVERSIDAD&#13;
&#13;
2) DISCURSO  DEL  PROF.  DR.  EUGENIO  PETIT  MUÑOZ  EN  EL&#13;
SEPELIO  DEL  DR.  EDUARDO  ACEVEDO&#13;
&#13;
&#13;
3) PALABRAS  PRONUNCIADAS  POR  EL  VOCAL  DEL  CONSEJO&#13;
DE  LA  FACULTAD  DE  HUMANIDADES  Y CIENCIAS,  PROFESOR EMILIO   ORIBE,   EN   EL  ACTO   DE   INHUMARSE   LOS   RESTOS&#13;
DEL  PINTOR  TORRES  GARCIA&#13;
&#13;
4) SEGUNDO    CENTENARIO    DEL    NACIMIENTO    DE    GOETHE&#13;
&#13;
</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1078">
              <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1950, Año III, Nº 4: p. 5-21</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1079">
              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1080">
              <text>1949</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="47">
          <name>Rights</name>
          <description>Information about rights held in and over the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1081">
              <text>Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1082">
              <text>Español</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="1083">
              <text>Publicación periódica</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
</item>
