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                    <text>Los Origenes de la
Filosofia del Derecho y del Estado

El presente estudio no es una monografia sino un fragmento de
una obra de conjunto que abarca la filosofia del derecho y del estado
en la antigiledad greco-latina, y en sus ultimas intenciones quiere
llegar a ser una historia completa de esta disciplina. No se cuando podre dar cima c[ mi labor, pero como Las partes ya redactadas son el
resultado de una rigurosa y exhaustiva busqueda hecha sobre Las
fuentes mismas, Las doy a publicidad pensando que quiza puedan
colmar una laguna de la literatura contemporanea, especialmente de la
de habla espanola.
Para determinar el material a recoger me he guiado por Los resultados de mi "Eieletica y aporetica del elerecho" a saber: que el problema filosofico del derecho y del estado no consiste en determinar
su concepto, sino en investigar sus fundamentos. Por consiguiente
comprende todo lo referente a:
a)
b)
c)
d)
e)
f)

valores de la comunidad, su materia, sus relaciones jerarquicas, su puesto en el conjunto de Los valores;
la relacwn del derecho positivo y Los valores;
la justificacion del derecho;
el puesto del derecho y del estado en la jerarquia de Los
bienes;
la vigencia del derecho;
el equivalente politico de Los valores.

Todo pensamiento que verse sobre uno de estos temas pertenece
a nuestra historia y por lo tanto, se expone y se vincula con sus antecedentes y consecuentes.
Pero el criterio de la aporetica ha servido solo para fijar el horizonte de la indagacion (que por cierto ha resultado considerablemente
ampliado respecto al hasta ahora percibido) y de ningun modo como un
lecho de Prokusto, que solo hubiera conducido a desfigurar el pensamiento de cada autor. He dejado que este se desarrollara libremente
de acuerdo a su problematica historica y a sus internas conexiones.
La exposicion se hace preceder en casi todos Los casos de un
resumen de lo que cada autor piensa acerea de lo absoluto y del hombre, debido a la vinculacion que general mente tienen estos temas con
Los nuestros.

�HOMERO. - EL POLITEISMO ANTROPOMORFICO
Y EL ETHOS DE LA VALENTIA
Los poem as homericos -el mas antiguo testimonio de la cultura
griega- no contienen filosofia alguna del derecho y del estado. Ni
siquiera encontramos en ellos reflexiones aisladas sobre alguno de esos
temas. No acusan ninguna conciencia de problemas. En actitud ingenua, el aeda canta hazaiias de heroes y dioses; pero al cantarlas,
va descubriendo una concepcion del mundo y de la vida que ofrecio
el punto de partida para toda ulterior reflexion. filosOfica, constructiva 0 critica. Por eso nosotros no podemos prescindir de ellos.
La religion y el ethos que rigieron en el siglo de la guerra de Troya
han de constituir el antecedente necesario que nos permitira comprender y apreciar plenamente los mas antiguos pensamientos filosOficos sobre la justicia y las leyes, la paz y la comunidad politica
que, desenvolviendose y complicandose paulatinamente, condueiran
a doctrinas de amplia envergadura y metodica fundamentacion.
La religion homerica se fundaba en un politeismo antropomorfico.
Hay una pluralidad de dioses, entes con poder ineluctable sobre las
cosas y los hombres, entes con figura humana de enormes proporciones y de ambos sexos, que sin embargo se distinguen esencialmente
del hombre porque son inmortales gracias al ikor, fhiido misterioso que
en vez de sangre corre por sus venas. En 10 demas los dioses son semejantes a los hombres. Hera, Hephaistos, Afrodita, Hermes, Athenea,
Ares y los demas inmortales comen y duermen, gozan y sufren, luchan
entre ellos, incluso pueden ser heridos 0 engaiiados. Zeus es el dios
supremo, que habita en el Olimpo con los otros dioses. Pero su supremacia no radica en ninguna esencial diferencia con los demas. Es el
supremo porque es el mas fuerte, como eI mismo intent a demostrarlo
con el argumento de la cadena. Todo gira en torno suyo (1). Aqui se
advierte desde ya un exponente del ethos homerico que hemos de
volver a encontrar: la fuerza constituida en el valor supremo.
A pesar de su poder, Zeus goza de jurisdiccion limitada. Solo
manda libremente en la tercer a parte del mundo: en el cielo y sobre
la tierra. Poseidon Ie discute el dominio del mar, y Hades rein a sin
obstaculos en los infiernos (2).
El mundo y el hombre estan gobernados por esos dioses, no segUn
un orden fijo de leyes causales ni segu.ll un plan de acuerdo a fines
preconcebidos, sino en virtud de los decretos de voluntades personales,
momentaneas y cambiantes. "La Divinidad es quien 10 dispone
todo" (3). El gobierno del mundo es, pues, el dominio de 10 arbitrario.
Entretanto, los dioses inmortales no son eternos. Ellos, que no
pueden morir, han sido engendrados, han tenido un comienzo en el
0) Od. V, 3 5.
(2) II. XV, 187 y
(3) II. XIX, 90.

55.

�tiempo. La rudimentaria teogonia homerica nos dice que provienen
de Okeanos y de Tetis Madre (1). Por otra parte, el poder de Moira
-del Destino- se alza incluso sobre los decretos del mismo Zeus,
que no puede modificar las decisiones de aquella misteriosa entidad.
Los dioses olimpicos, pues, no son 10 Absoluto. Conviene destacar, que
la religion homerica es una religion en don de el objeto de creencia
y adoracion es algo que no es 10 Absoluto. En los momentos decisivos
de la vida los heroes de las epopeyas no ofrecian a Okeanos 0 a Moira,
sino a Zeus, a Poseidon 0 a Ares, la "hecatombe perfecta", supremo
acto del culto.
Junto al politeismo antropomorfico encontramos en Homero una
concepcion tnigica de la vida. En el universo existe el mal como fe·
nomeno y fuerza indestructible, que el poeta ha personificado en la
diosa Skylla, monstruo de doce patas y seis bocas, que devora todo
cuanto a su alcance se coloca. "Es un mal eterno!" (2). La existencia
humana aparece nimbada de negras tintas. "Los dioses condenaron a
los miseros mortales a vivir en la tristeza" (3). "Sohre la tierra no
hay nada mas debil que el hombre" (4). "No hay un ser mas desgraciado que el hombre entre cuantos respiran y se mueven sobre la
tierra" (5). La muerte inevitable es consider ada como un mal y la
vida, un corto plazo en el que cada uno ha de cumplir con su tarea,
aunque directamente conduzca hacia aquel termino. "Ya se -dice
Aquiles- que mi destino es perecer aqui, lejos de mi padre y de mi
madre; mas con todo eso, no he de descansar hasta que harte de combate a los teucros" (6).
EI permanente estado de guerra en que vivian los heroes tenia que
hacer permanente tambien el pensamiento de la muerte y el senti do
tragico de la existencia. Sin duda que hay una supervivencia personal
en el Hades, pero lejos de ser una ascension a un estado mejor que el
de la vida terrenal de azares y combates, es, por el contrario, un descenso a una vida amenguada que constituye un estado de infelicidad.
"Cierto es que en la morada de Hades queda el alma y la imagen de
los que mueren, pero la fuerza vital desaparece por completo" (7).
Los muertos son sombras impotentes que se lamentan de su estado (8).
Son "cabezas sin fuerza" (9). Al Agamenon que ve Odiseo "no Ie
queda ni fuerza ni musculo" (10).
Entre los heroes hay much os que tienen un rasgo divino. Algunos
tienen sangre divina, pues nacieron de la union de dioses y mortales.
Aquiles es hijo de Tetis y biznieto de Zeus. Eneas es hijo de Afrodita.
Herakles, de Zeus. Telemaco y Pisistrato Nestorida pertenecen a la
(1) II. XIV, 20l.
(2) Od. XII, 118.
(3) II. XXIV, 525.
(4) Od. XVIII, 130.
t5) II. XVII, 446 y 55.
(6) II. XIX, 421 y 55.
(7)
II. XXIII, 103 y 55.
(8) II. XXIII, 69 y 55. Od. XI, 489 y
(9) Od. XI, 49.
(10) Od. XI, 392 y 55.

55.

�raza de Zeus (1). Otros son llamados "divinos" como Odiseo y Orestes,
o "deiformes" como Sarpedon, 0 "emulos de los dioses" (2). Estos
heroes forman, asi, un grado intermedio entre la pura divinidad y la
mera humanidad. Y sin embargo, el refuerzo divino que integra su
constitucion vital no los exime del termino fatal de la existencia. La
sangre puede mas que el ikor!
Pero los hombres, que tienen todos un comun destino en la muerte,
han sido dotados en la vida con diferentes capacidades naturales. La
desigualdad natural entre los hombres es nitida y explicitamente declarada: "La divinidad a uno Ie concede que sobresalga en las acciones
belicas, a otro en la danza, al de mas alIa en la citara y el canto,
y Zeus pone en el pecho de algunos un espiritu prudente, que aprovecha a gran numero de hombres" ... (3). "No es posible que un
hombre sea diestro en todo" (4) .•

Segun Favorino, Anaxagoras dijo que Homero compuso sus poemas
para recomendar la virtud y la justicia (5). En 10 que a la justicia
se refiere, podria verse una confirmacion de esta tesis en el desarrollo
de ambos poemas. Los aqueos son derrotados mientras Agamenon
perdura en el entuerto cometido contra Aquiles. Odiseo, despues de
mil vicisitudes, mata a los PreteRdientes, que han dispuesto de su hacienda y querian arrebatarle la esposa. La justicia punitiva -la exigencia mas urgente contenida en la idea universal de la justiciaestaria ahi realizada. Pero esta es una orientacion enganosa. Homero
no siente ninguna preocupacion porIa justicia. Es claro que el hecho
de que la palabra olXYjo,uv1j
no se encuentre jamas mencionada nada
significa. Se trata de la cosa, no del nombre. Pero, de hecho, son muy
raros los pasajes en donde puede verse una mencion 0 alusion a esta
idea. Menciono los. mas favor abIes. Zeus castiga en el Hades con terribles penas a los perjuros (6). Zeus es el vengador de la injusticia (7). Estas son alusiones a la justicia retributiva. Eumeo recuerda
a Odiseo que "los dioses bienaventurados detestan la injusticia; es
siempre la justicia (olXYj)
10 que el cielo recompensa" (8). Y cuando
Odiseo hace el elogio de Penelope, Ie dice: "se habla de ti como de
un rey perfecto que, temiendo a los dioses, vive de acuerdo a la justicia" (EUOt~(&lt;X,)
(9). POI'ultimo en el pasaje en que Aquiles reprocha
a Agamenon que aunque lleva la parte mas pesada de la guerra, en
el reparto del botin Agamenon siempre toma mas (0), hay el sentimiento de cierta proporcion, alusivo a la justicia distributiva. Pero
(1) II. I, 413 8B.; XXI, 188 B8.; II, 820. Od. XI, 266
(2) Od. I, 21; 1, 299; I, 323.
(3) II. XIII, 730 y BB.
(4) II. XXIII, 67I.
(5) DIOG. LAERT. II, II.
(6) II. III, 276.
(7) II. XVI, 386 y BB.
(8) Od. XIV, 83 y 8.
(9) Od. XIX, 109 y BB.
(10) II. I, 160 Y BB.

8B.;

IV, 28.

�todo esto tiene en los poemas un lugar menos que de segundo orden,
horroso. En el ethos homerico la justicia no es el valor supremo. El
valor supremo es la valentia, que el poeta no distingue de la fuerza.
En conexi on con la idea de que la vida terrena es la vida superior,
la defensa y despliegue de esa vida es la suprema actitud moral. Esto
resplandece con toda claridad a una simple lectura de amhos poemas,
pero mas, sin duda, en la Iliada. En todas partes, constantemente, el
aeda destaca siempre al "mas valiente", no al mas justo. Los mismos
dioses ni son justos, ni se preocupan de que los hombres 10 sean.
Muchas veces, en cambio, les infunden valentia. Hector ruega a los
dioses que hagan a su hijo valiente (no justo), Y su supremo anhelo
es que un dia se pueda decir de eI: "es mucho mas valiente que su
padre" (1). Es la valentia·fuerza la que constituye sobre todo la excelencia (arete) de hombres, dioses y animales. Esto ultimo es tambien
significativo. La comunidad de concepto de la arete respecto de
hombres y animales solo es posible con referencia a un valor que pueda
ser comun a ambos, que pueda realizarse tambien en la vida animal.
Respecto a la justicia esto seria un absurdo.
No hay ninguna divinidad que represente a la justicia. Es cierto
que cerca de Zeus anda Themis. Pero Themis representa mas bien
el consejo. Ella es la que convoca a los dioses alas reuniones del
Olimpo (2); la que convoca y disuelve las asambleas del pueblo (3).
Tampoco advertimos ninguna referencia concreta al valor de la
paz. Pero en la Iliada, que justamente describe un permanente estado
de guerra, hay dos pasajes en que se reconoce que este es un valor
negativo. Uno es aquel en que Menelao reprocha a Zeus que favorezca
a los teucros, "a esos hombres insolentes, de espiritu siempre perverso
y que nUllca se hartan de la guerra a todos tan funesta" (4). El otro
es el lamento de Aquiles (en medio de su dialogo con Tetis) : "Ojala
se extinga la discordia de entre los dioses y los hombres" (5).
Los poemas dan testimonio de un orden politico aristocratico que
es aceptado sin discusion ni resistencia. El gobierno esta en manos de
los reyes (6) que son llamados "alumnos de Zeus" (7) y tienen un
poder absoluto (8).
Se distinguen claramente dos clases sociales: reyes y villanos (9)
o nobles y villanos (10). Los villanos no son aptos para la guerra (ll) ;
en cambio esta es la ocupacion preferida de los nobles. Odiseo declara
que Ie gusta el comb ate, pero no el trabajo de los campos ni los cui·
(1)
(2)
(3)

(4)
(5)

(6)
(7)
(8)
(9)
(0)
(11)

II. VI, 476 y ss.
II. XX, 4 y ss.
Od. II, 68. Sin embargo Jager sostiene que etimol6gieamente Themis signifiea ley. Paideia I. Ed. esp. p. 120.
II. XIII, 636 y ss.
fl. XVIII, 107.
II. I, 9; II, 86.
II. I, 176; II, 98.
II. I, 80 y ss.; 182 y ss.
II. II, 188·198; XI, 309.
Od. VIII, 551 y ss.; XV, 324; XXII, 414.
II. II, 200 y ss.

�dados de la casa (1). Pero seria erroneo generalizar esto, pues los
heroes tambien se dedican a pacificas faenas, como pOl' ejemplo,
Laertes.
La nobleza tiene conciencia de formal' una clase dentro de la cual
hay deberes de caballero. Asi, en el combate de Hector y Ayax (2),
en la disputa entre Menelao y Antiloco (3). Noemon presta a Telemaco su bajel -a pesar de todo su odio- porque es de su mismo
rango (4). La nobleza presenta ya un gran refinamiento en las cosas,
como 10 demuestra la descripcion de la mansion de Odiseo (5) y otros
mil detalles, como las frazadas "de la mas fina lina" con que duerme
Telemaco (6). Tambien cultivan la cortesia con las mujeres, como se
ve en el discurso de Odiseo a Nausicaa (7).
POl' ultimo conviene destacar que la esclavitud aparece como
una institucion normal e indiscutida. Los esclavos se conquistan, se
compran y se donan. Y, preanunciando 10 que mas tarde Aristoteles
convertira en doctrina, la apariencia fisica es ya un in dice para distinguir al esclavo del noble (8).

HESIODO. LOS IDEALES DE LA COMUNIDAD.
EL ETHOS DE LA JUSTICIA
Mientras el ethos homerico de la valentia habra de resonar aun
en la musa batalladora de Tirteo, Hesiodo va a operar un cambio
fundamental en la escala de los valores.
Hesiodo no es solo un poeta. No es solo un piadoso creyente en
la religion tradicional que canta y narra los sucesos del cielo y de la
tierra, sino un hombre que ha reflexionado sobre las estirpes divinas
y la condicion humana. Este rasgo de reflexion, de pensamiento que
se posa mas de un momento sobre los temas, y no simplemente los
narra, es 10 que otorga a su personalidad un caracter que trasciende
al del poeta y 10 acerca mucho al del filosofo. Las circunstancias de
su vida -que conocemos pOl' declaraciones propias10 condujeron,
sin duda, a la meditacion. No es un noble guerrero, sino un campesino, modesto agricultor. Hacia el siglo VIII, el padre lIego de Jonia
a la aldea de Askra, al pie del Helicon en la Beocia, de inhospitalario
clima y escasa en frutos (9). Alli, joven pastor de ovejas, las Musas
Ie revelaron la teogonia. En la obra que escribio sobre este tema encontramos el mismo politeismo antropomorfico que en Homero. Pero
(l)
Od. XIV, 220 y 55.
(2) II. VII, 53 y 55.
(3) II. XXIII, 570-612.
(4) Od. IV, 650.
(5) Od. II, 337 y 55.
(6) Od. J, 442.
(7) Od. VI, 149 y 55.
(8) Od. XXIV, 250 y 55.
(9)

Erga,

633 y

55.

�-- aparte de la genesis de los dioses, que no nos interesahay algo
nuevo en que hemos de detenernos: la indicacion clara y precisa de
tres valores de la comunidad -orden,
justicia y paz- en forma de
divinidades personales secundarias, de las que tambien indica el origen.
Zeus y Themis fueron los padres de las Horas, Eunomia, Dike y la
floreciente Irene "que protegen ]os trabajos de los hombres" (1). En
esta ultima frase se hace ya clara la indole de ideales y normas protectoras de las relaciones humanas que tienen las H'oras.
Un nuevo suceso de su vida iba a incitarlo a considerar con mayor
vagar este asunto. Cuando el padre murio hubo de partir su patrimonio
ron su hermano Perses; pero este se las arreglo de modo de quedarse
con la pOl'cion mayor "prodigando homenajes a los reyes devoradores
de presentes" (2) y luego pretendio privarlo del resto. EI tamaiio de la
injuria padecida desperto en el la conciencia clara de la justicia y de
sus falsificaciones. A estas alude Hesiodo cuando presenta a los jueces
venales como "devoradores de presentes, que se hallan siempre
pronto a juzgar con arreglo a su justicia" (3) y que "so]o entienden
por justicia la interpretacion que les acomoda" (4) . "Insensatos! --exclama el poeta- no sahen que muchas veces la mitad vale mas que
el todo, ni hasta que punto pueden ser una gran riqueza la malva y el
asfodelo" (5) . .La explicacion de esta extraiia manera de medir la
obtendremos cuando conozcamos las consecuencias de la justicia y de
la injusticia.
Hesiodo exhorta a Perses a resolver la querrella de acuerdo al
"juicio recto", don excelente que procede de Zeus (6). "Reten esto
en tu animo, oh Perses! escucha la justicia y olvida la violencia. He
aqui la ley prescrita por el Cronida a los homhres: que los peces, las
{ieras y las aves de rapiiia se devoren entre si, puesto que entre ellos
no existe la justicia; pero que esta viva entre los hombres, porque
es para ellos el mayor de los hienes" (7). He aqui un pasaje de la
mayor importancia. EI nos indica: a) que la justicia es un valor propio
del hombre que 10 distingue de todos los animales, entre los cuales
aquella no tiene validez; h) que es una norma de origen divino; c) que
es el valor supremo. Con esto Hesiodo modifica profundamente la
escala de valores homerica en donde la valentia ocupaha el lugar mas
alto. EI ethos de la fuerza y del coraje es suplantado por el ethos de
la justicia, que desde entonces se convirtio en la norma de la vida
moral griega. Platon y Aristoteles no pensaran de otro modo.
Frente a la justicia, la fuerza, la decision arhitraria, significa una
actitud inmoral, digna de hestias, no de hombres. Este es el senti do
que tiene el apologo, dedicado a los nobles, del gavilan y el ruiseiior.
"He aqui que el gavilan hablo una vez al ruiseiior de cuello manchado
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

Teog. 901 y 55.
Erg. 37 y 55.
id. 38 y s.
id. 222.
id. 40 y 55.
id. 35 y s.
id. 274 y 55.

�mientras se 10 llevaba por las nubes entre sus ferreas ufias. Gemia
lastimero el pobre ruisefior, estrujado por las ganchudas patas y el
gavilan Ie dijo brutalmente: "por que gritas, miserable? Estas en
poder de uno mas fuerte que tU. Iras adonde yo qui era llevarte, por
huen cantor que seas, y depende de mi capricho el que me sirvas de
alimento 0 que recobres tu libertad. Loco es quien resiste a uno mas
fuerte que eI, por que no consigue la victoria y ha de afiadir a la
vergiienza el sufrimiento". Asi dijo el veloz gavilan. Pero tu, oh Perses!
oye la voz de la justicia y no dejes que de ti se apodere la insolencia".
( 'u~p,~) (I).
Como ya 10 habia hecho en la Teogonia, la justicia esta personificada en una diosa. 5u prestigio, su fuerza paradigmatica procede,
asi, de su esencia divina. "Pensad tambien que existe una virgen, la
lusticia, hija de Zeus, a la que honran y veneran los dioses" ... (2).
EI juramento persigue alas
sentencias inicuas (3). Los dioses se
preocupan de saber como los hombres se conducen en su vida de
l'elacion y controlan especialmente a los gobernantes. .., "Meditad
tambien sobre la justicia, oh reyes! Los dioses andan mezclados con
10s hombres y siempre os vigilan" (4). "Zeus ... nunca ignora la clase
de justicia que encierran los muros de una ciudad" (5). "EI clamor
de la justicia se eleva siempre, cualquiera sea el lugar donde la lleven
los devoradores de presentes" ... (6). De ahi arranca la ferviente fe
que tiene Hesiodo en el triunfo' de la justicia. En el examen de las
consecuencias de las acciones el poeta descubre la intervencion de los
dioses que premian y castigan. EI cumplimiento y la transgresion de
la justicia humana ofrecen la materia para el ejercicio de la justicia divina. Es lOgico entonces suponer que el justo y el injusto
l'eciban sanciones que tambien son justas. He aqui las consecuencias
de la injusticia. "Es funesta la insolencia ('u~pld para el pobre. Y
ni siquiera el poderoso la soporta, porque Ie abruma su peso y rueda
facilmente hacia el desastre" (7). "Llorando recorre la ]usticia moradas y ciudades, castigando a los hombres que la rehuyeron y que
torcidamente la administraron" (8). "Los que abrigan en su pecho la
funesta insolencia y solo se entregan alas malas obras, no pueden
contar mas que con la justicia del Cronida Zeus, de vasta mirada. Con
frecuencia es castigada toda una ciudad por la falta de uno solo, que
amo la iniquidad y cometio el crimen. En tal caso el Cronida deja
caer desde 10 alto del cielo las mayores calamidades, peste y ham·
bre" ... (9). "Considerad que el pueblo debe siempre pagar por la
iniquidad de sus reyes, si estos se entregaron a torpes designios y a
torcidas sentencias. Pensad en ello para asi corregir vuestro lenguaje,
(1)
(2)
(3)
(4)

(5)
(6)
(7)
(8)
(9)

203 y 55.
255 y s.
219.
248 y 55.
267 y s.
220 y s.
214 Y 55.
223 y 55.
238 y ss.

�oh reyes devoradores de presentes!, y renunciad presurosos a cuanto
sea opuesto a la justicia. Quien dispone un mal contra otro, viene a
prepararlo contra si mismo ... " (1). La divina justicia retributiva se
ejerce asi en proporciones tremendas, pagando todos pOl' uno y el
pueblo pOl' sus gobernantes. Con cllo contrastan las consecuencias de
las acciones justas. "Pero aquellos que no tienen mas que rectas sen·
tencias, tanto para el conciudadano como para el extranjero, y que
nunca se apartan de la justicia, veran desarrollarse su ciudad y no·
recer las generaciones entre los muros inasaltables. 50bre su pais se
extiende la paz nutridora de la juventud, y Zeus, el de la amplia mi·
rada, no les reserva ninguna guerra dolorosa" (2). La paz es, pues,
una consecuencia de" la justicia (3). A ella se anade la abundancia
economica. "5emejantes justicieros no padeceran nunc a el hambre ni
la miseria, y siempre podran gozarse en el festin de los frutos del
campo, para el que fuel'on todos sus cuidados. La tierra les ofrece,
una vida exuberante; sobre sus montanas la encina tiene para ellos
bellotas en 10 alto y panales en mitad del tronco. ". en una palabra'
todo es prosperidad para ellos"... (4). Ahora entendemos pOl' que
"much as veces la mitad vale mas que el todo" ... puesto que los dioses
despojan al usurp adoI', mientras el poseedor pequeno pero justo ve
multiplicados sus haberes. Una aparente disconformidad con este
principio no hace perder a Hesiodo su inquebrantable fe en la justicia
divina. La victoria dichosa del injusto no puede ser mas que momentanea. "Hay un camino que pasa pOl' encima de todos y lleva a
la justicia; la justicia acaba siempre triunfando de la insolencia,
cuando llega su hora, pero el insensato solo 10 comprende despues de
haber sufrido" (5).
Hesiodo no dice en ninguna parte en que consiste la esen·
cia universal de la justicia. Un analisis conceptual quedaba fuera
de sus posibilidades. Pero, guiado pOl' su pristino sentimiento, establece una conexion, que result a logica a la mas leve consideracion,
entre la justicia y el trabajo. 5i la violencia, si el ser mas fuerte no
constituye derecho, ningun hombre puede vivir a expensas de otro
y la unica forma de vivir justamente es trabajando. EI trabajo,
el trabajo rudo del campesino agricultor, lejos de ser menospreciado
como 10 habia hecho el noble Odiseo, es objeto de calido encomio y
propuesto insistentemente a Perses como camino del bien (6). Y un
acicate que mantiene tensas las fuerzas del hombre en esta direccion
C!&gt; la discordia buena. POl"que hay dos Discordias (Ep,,;):
una mala
que excita a la guerra, la otra, provechosa, que incita a la emulacion (7).
(1)
(2)

261 y
225 y

(3)

Cf. ISAiAS. XXXII,

(4)
(5)
(6)
(7)

230 y 55.
217 y 55.
287 y 55.
II y 55.

55.
55.

17.

�Hesiodo nos ofrece tambien una concepcion general de la historia
en el mito de las razas (1). En su conjunto la historia es el proceso
de una creciente decadencia. La edad de oro es la primera etapa,
ubicada en un remoto pasado. La raza de oro creada por los dioses
en el reinado de Cronos, vivia igual que estos, sin preocupacion,
sin dolor y sin vejez, contentos y tranquilos gozando de bienes
espontaneamente producidos. Cuando la tierra oculto a esta raza,
Zeus la convirtio en guardiana de los mortales y dispensadora de
las riquezas. A ella sucedio una raza de plata, inferior a la primera
cn estatura y en espiritu. La crianza duraba cien alios y luego vivian
poco en medio de mil penas. Cometieron la primera injusticia negan.
dose a rendir culto a los dioses, por 10 cual Zeus los elimino convirtiendolos en los genios subterraneos. Creo entonces Zeus la raza de
bronce, que tenia el corazon de acero y causaba horror. Dotados de
enorme fuerza, "no comian trigo", vivian en la guerra y en la lujuria
-nuevos tipos de injusticiay acabaron por destrozarse entre si,
victimas de su propia ferocidad, "sin dejar nombre alguno sobre la
tierra". Sucediole la cuarta raza, creada por Zeus, "raza mas brava
y justa, la raza divina de los heroes, que tomo el nombre de raza
de semidioses". Es la epoca del sitio de Tebas y de la guerra de Troya,
en cuyas matanzas todos perecieron. A los heroes siguio Ia quinta raza,
la de los tiempos del poeta y a la que el lamenta pertenecer. Es
la raza de hierro, sujeta a toda clase de fatigas y miserias y para la
cual los mismos bienes van entremezclados con los males.
Y Hesiodo termina su vision de la historia anunciando una epoca
futura peor aun que la presente. Se la podria caracterizar diciendo
que ella significa la realizacion de todos los valores negativos. Ya 10
anuncia el poeta con un signo deprimente: esa raza nacera con las
"sienes blancas", y padres e hijos ya no se asemejaran. Solo habra
menosprecio e impiedad para los ancianos padres, y odio entre hermanos, entre amigos y entre huespedes. "No se mantendra juramento
alguno, ni se fiara nada a la justicia ni al bien; los respetos todos
seran para el hombre inicuo y violento, porque no habra mas derecho
que la fuerza, y la conciencia no existira. El cobarde atacara al valiente
con palahras ambiguas, que apoyara en un juramento falso... No
habra para los mort ales mas que innumeros sufrimientos; y no existira
recurso alguno contra el mal".
En sintesis, esta vision de la histori a significa para nuestro tema
que el desenvolvimiento social lejos de implicar un progreso en la
realizacion de los valores de la comunidad significa un alejamiento
siempre mayor de ellos hasta convertir a la humanidad toda en el
asiento del desorden, la injusticia, la violencia y la inseguridad.

�A fines del siglo VII y principios del VI el pensamiento de
Hesiodo sera objeto de nuevo desarrollo y afinamiento en la poesia
filosOfica de Solon (1). En ella encontramos ratificado el pensamiento
de una justicia divina; y la exigencia de una justicia humana es presentada, no solo como una idea moral, sino como pidiendo realizacion
positiva en una determinada forma politica: en la democracia. La
reforma de Solon es el resultado de su filosofia teologico-moral y de
su propia experiencia de la vida social, que eI elevo desde su vivencia
individual hasta una concepcion general de las transformaciones del
estado.
Solon (nacido hacia el 640 a. C.) afirma como Hesiodo la infalibilidad de la justicia divina. En la elegia que nos ha conservado
Stobeo (2) invoca alas Musas pidiendoles felicidad y fama; y anhela
poseer bienes materiales, pero no los quiere adquiridos injustamente,
pues sabe que luego viene la sancion ... (3). Las riquezas que dan los
Dioses siempre acompaiian al hombre, pero las que este busca con
violencia son forzadas a seguir un camino contra su voluntad, y a
menu do sobreviene Ate, la calamidad (4), como castigo de Zeus: "comienza poco a poco como el fuego; al principio es nada; al final
cs un gran daiio. Las obras de la violencia no duran mucho. Zeus ve
cl termino de todas las cosas" y su venganza se manifiesta como la
tormenta de verano que en poco tiempo se arma, se descarga y se
disipa para dar paso otra vez a la luz del sol (5). Y esa justicia de
Zeus no siempre se hace presente de inmediato, pero tam poco permanece siempre escondida; al final aparece: a uno castiga pronto, a
otro mas tarde, y si alguno huye sin que 10 alcancen los hados,
ineluctablemente Ie llega su hora, y sus hijos 0 sus descendientes
pagan por sus culpas (6).
En la segunda parte del poema se configura un nuevo pensamiento que nos revel a una concepcion sobre los dioses mas fina que
la de Hesiodo. Se trata de justificar a la divinidad de los males que
padecen los hombres con independencia de sus acciones justas 0 injustas. Comienza por destacar que todos los hombres, buenos y malos,
se ilusionan con sus esperanzas, todos se afanan en mejorar: el en·
fermo quiere ser sano, el cobarde, valiente, el feo, hermoso, el pobre,
rico. Por otra parte, el mercader y el labrador, el artesano y el poeta,
(1)

(2)
(3)
(4)
(5)
(6)

Los fragmentos
de Solon y de los demas poetas gnomicos se
en BERGK. Poelae liriei graeei'. 1878; HILLER. Anlhologia
lyriea.
lyriea graeea. 1925. Para el texto he eonsultado
la excelente
G. FRACCAROLI. Liriei greei'. Torino. 1923. En las eitas doy
numeracion
de Fracearoli
(que reprodnce
a Hiller)
la de las
STOREO. Floril. IV, 15. FRACCAROLI12; BERGK 13; DIEHL l.
Versos 1·8.
Versos 9-13.
Versos 14·25.
Versos 25-32.

encuentran
coleccionado.
1899 y DIEHL. Anthologia
traduecion
italiana
de
al mismo tiempo
que la
otras dos ediciones.

�el profeta y el medico, todos trahajan, cada uno en el oficio en que
es competente. Y sin embargo, por mas arte y prevision que posean,
no podran sustraerse a la fatalidad (1). Aparte de la retrihucion
que dan los Dioses alas buenas y malas obras, comprueba Solon
que ninglln hombre escapa a la calamidad. Ahora bien, Solon
sostiene que esta Ate proviene tambien de los Dioses, sin que
esto implique imputarles injusticia, pues la ambicion del hombre
no encuentra nunc a limite para saciarse. "Moira trae a los hombres el bien y el mal ahernativamente, y 10 que los Dioses dan
el hombre no 10 puede evitar. Cada cosa tiene su riesgo, y nadie sabe
como terminara 10 que ahora comienza; el que se cree con aptitudes,
por faha de prevision cae luego en desastres graves y difieiles. Y al
otro, que todo 10 habia hecho mal, Dios Ie da fortuna enter a y feliz
y 10 lib era de su estupidez. Hay los que no tienen medida para ser
ricos, y aquellos que hoy poseen mucho mas renta que nosotros, tratan
de obtener el doble. Quien podria saciar todos los deseos?" Por eso
c1 poeta concluye: "los Dioses nos abrieron vias de ganancias, pero
de estas tambien surge la ealamidad, y euando Zeus la envia como una
pena, conviene que alcance ya a uno, ya a otro" (2) .. Existe, pues, una
providencia de los Dioses que hay que reconocer por mas incomprensible que resulte. Ya 10 dice en otro fragmento: "El pensamiento
de los Dioses inmortales permanece ocuho para los hombres" (3).

El pensamiento politico de Solon esta condicionado por el estado
de Atenas antes de la reforma que Ie toco llevar a cabo. Largos conflictos habian estallado entre los nobles y el pueblo; dominaba una
oligarquia; los pobres eran esc1avos de los ricos, pues la tierra, que
pertenecia a unos pocos, era trabajada por aquellos con la condicion
de no retener mas que V&lt;i de la cosecha. Si no eumplian podian ser
reducidos a servidumbre. Los prestamos tenian por garantia alas
personas, y esta esc1avitud era el peor mal para el pueblo. Habia,
adem as, otros motivos de descontento, porque no tenian casi ningun
dereeho. Todos los cargos publicos, rey, polemarca, arehontes, thesmothetas, areopagitas, eran rec1utados entre los nobles y ricos (4).
Demostenes nos ha conservado otra elegia de Solon que constituye
precisamente una exhortaeion rel~tiva a esa situacion de Atenas y
que contiene nuevos pensamientos sobre la comunidad y sus transformaciones (5). Junto a la firme creencia en los Dioses, surge la tesis
de la responsabilidad humana, la imputacion al hombre de sus obras
y de sus consecuencias con independencia de los Dioses. El estado no
sera destruido por los Dioses, pues Pallas Athena 10 protege. Son sus
propios ciudadanos los que intent an arruinarlo por su codicia y
(1)
(2)
(3)

Versos
Versos

33·62.
63·76.

fro 16; BERGK, 17; DIEHL, 17.
Ath. Const. II y III.
Sobre La embajada, 255. FRACCAROLI 2;

FRACCAROLI,

(4)

ARISTOT.

(6)

DnlOsT.

BERGK

4;

DIEHL

3.

�estupidez (1). Solon opone la viola cion de las leyes, el desorden
( OU;V0fJ-[e&lt;)
al cumplimiento del derecho, al orden (EUVOfJ-(e&lt;)
(2). La
dysnomia es la que causa los males del estado. Los jefes del pueblo,
ruovidos por su ambicion (''';~p ,;l tratan de enriquecerse mas y mas,
despreciando la justicia, arrancando y robando los bienes sagrados y
los de la comunidad. Pero estos gran des excesos esperan un dia grandes
penas (3), pues tarde 0 temprano Dike, que en silencio contempla el
presente y el pasado, traera el castigo (4). Y como castiga la J usticia ?
He aqui el punto en que Solon supera la concepcion de Hesiodo:
para este el castigo se realizaba por medio de calamidades de la naturaleza como escasez, peste, etc.; para Solon la sancion de la injusticia
consiste en la direccion que toman los sucesos de la misma comunidad,
que termina en un desorden general: las confabulaciones de los que
quieren explotarla producen la decadencia del estado, la esclavitud
de los ciudadanos. A su vez, esto hace surgir la discordia y la guerra
civil, que aniquilan a la juventud. Los pohres emigran lejos de la
patria, gimiendo bajo servidumbre. Y los ricos, por mas que quieran
impedirlo, son, al final, victim as de los males, que saltan sobre los
muros de sus palacios y alcanzan al que creia escapar dentro del ocluso
talamo (5). Por 10 tanto, el pensamiento de Solon signifiea que la
injusticia desenvuelve desde su mismo seno su pro pia sancion consistente en nuevas injusticias que deshacen el orden social y van en definitiva a recaer sobre los que primero delinquieron.
En contraste con esta descripcion, hace SolOn el elogio de la
Eunomia destacando sus beneficas consecuencias: cuando la ley se
cumple surgen el orden y la armonia. Ella encadena a los malhechores,
lima las asperezas, ahoga la soberbia (xopo;), la insolencia ('u~p,;) e impide que crezca la calamidad. Rectifica los procedimientos tortuosos,
suaviza las obras de la arrogancia, reprime los efectos de la sedicion,
domina el furor de la discordia, y por ella todo entre los hombres se
vuelve armonia y prudencia (1tlVU'~) (6).
El pensamiento de que las transformaciones sociales y politicas
surgen de una legalidad inmanente a la propia comunidad esta mas
energicamente expresado en los versos en donde advierte el peligro
de Pisistrato y pronostica su advenimiento: "De las nubes provienen
la lluvia y el granizo, del relampago se sigue el trueno, y el estado sueumbe ante los poderosos y el pueblo cae en las manos de un autocrata" (7). La comparacion con la causalidad de los fenomenos meteorologicos expresa bien alas claras que el acrecentamiento del poder
conduce con necesidad inexorable a la tirania. Y una vez surgido
Pisistrato, Solon vuelve a insistir en esas ideas: "Si por vuestra debilidad habeis sufrido el mal, no echeis la culpa a los dioses. Vosotros
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

Versos
Versos
Versos
Versos
Versos
Versos
DIOG.

1·6.
32·33.
7·14.
15·16.
17·30.
33·40.
LAERT.

I; 49. FRACC. 7; BERGK 9; DIEHL

10.

�mismos los hicisteis fuertes (a los usurp adores) cuando les habeis
dado la guarnicion, y por esto habeis caido en servidumbre ... escuchais
las palabras de un hombre astuto y no reparais en sus acciones" (1).
Volvamos ahora a la situacion de Atenas. Es sabido que SolOn,
encargado de establecer la constitucion, dispuso tres reform as principales, con las que transformo la oligarquia en democracia: LOla
abolicion de todas las deudas privadas y publicas, y la prohibicion
de la esclavitud por deudas (sisachthia-rechazo del fardo); 2.0 la division del estado en cuatro clases, segun la renta imponible. Todos
los cargos eran reclutados entre las tres primeras clases; pero otorgo
a la cuarta el derecho de participar en las asambleas y en los tribunales; 3.0 los cargos publicos se llenaban por la suerte de una lista
propuesta por cada una de las tribus, y creo un consejo de cuatrocientos miembros, correspondiendo cien a cada tribu (2). "He aqui
-dice Aristoteles comentando la reform a- las tres disposiciones mas
democraticas: primero, 10 mas importante, la prohibicion de tomar
a las personas como garantia de los prestamos; despues, el derecho
dado a .cada uno de intervenir en justicia en favor de una persona
lesionada; en fin, la medida que, se dice, dio mas fuerza al pueblo,
el derecho de apelar a los tribunales; en efecto, cuando el pueblo es
dueiio del voto, es dueiio del gobierno" (3).
EI principio filosOfico que presidio a estas reformas fue el pensamiento de la igualdad juridico-politica. Solon, que, aunque de familia noble, no era rico, llego por su experiencia personal y civica a
la firme conviccion de que solo asi se pueden conservar el orden y la
paz de la comunidad. "La igualdad no engendra discordia, y acomoda
a ricos y pobres" (4). Que Solon no ponia como ideal una igualdad
economica surge ya de esta frase en que supone como subsistente la
diferencia de clases. Pero el mismo ha aclarado su pensamiento en
varios poemas relativos a su rol de legislador, y de los que conocemos
varios fragmentos que nos ha conservado Aristoteles. Solon se jacta
de haberse mantenido imparcial entre el pueblo y los ricos, produciendo un equilibrio entre ambas clases sociales (5). Se trata de mantener un termino medio entre la licencia y la servidumbre: "el pueblo
seguiria contento a sus jefes, si no se Ie aflojaran demasiado las
riendas ni se 10 maltratara. Pues la saciedad engendra la insolencia
( 'u~P'&lt;;)' cuando les toca una gran fortuna a aquellos que no tienen
suficiente prudencia (6). J ustamente Solon nos dice que se nego a
acceder a los que Ie pedian' que repartiera la tierra entre todos: "no
obre a la ligera, y no me gusta hacer nada con violencia tiranica, ni
dar a los buenos y a los malos una parte igual de la pingiie tierra de
la patria" (7). Y en los versos yambicos donde hace la apologia de
(1) DIOG. LAERT. I, 51; FRACC. 9, 10; BERGK 11; DIEHL 8.
(2) ARISTOT. Ath. Const. VI, VII y VIII.
(3)
id. IX, 1.
(4) PLUTo Solon 14.
(5) ARIST. Ath. Const. XII, 1; FRACC. 3; BERGK 5; DIEHL
(6) ARIST. Ath. Const. XII, 2; FRACC. 4, 5; BERGK 6, 8.
(7) ARIST. id. XII, 3; FRACC. 30, 31; BERGK 34.

5.

�su reform a sobre las deudas y la sisachthia ante el "tribunal del
tiempo", apela al testimonio de la Tierra, a quien ha arrancado los
hitos que atestiguaban el derecho de los acreedores en los campos de
los deudores, y continua: "he conducido a Atenas. " a muchos vendidos mas 0 menos justamente; a unos reducidos al exilio porIa necesidad terrible ... , a otros que sufrian aqui mismo una indigna ser"idumbre y temblando ante el humor de sus amos, los he hecho libres.
Esto 10 he hecho pOl' medio de la fuerza de la ley, uniendo la coaccion
y la justicia;. .. he redactado leyes iguales tanto para el bueno como
para el malo, fijando para cada uno una justicia recta" (1). Asi pues,
la libertad personal frente a la esclavitud pOl' deudas, y la igualdad
politica, la intervencion de todos para dicta I' el derecho frente al
exclusivismo de la oligarquia constituyen la idea democratic a de Solon,
que el consideraba el medio adecuado para realizar el orden, la justicia y la paz.
EI yambo nos revela, ademas, que Solon era perfectamente conseiente de que los valores de la comunidad no pueden ser realizados
pOl' el simple metodo de las exhortaciones morales, sino pOl' medio
de la coaccion del derecho positivo, que se presenta como la mas
eficaz mediacion entre las exigencias ideales y su realizacion concreta.
Este es el senti do de su frase: "esto 10 he hecho pOl'medio de la fuerza
de la ley, uniendo la coaccion y la justicia". Pero Solon sabia tambien
que la eficacia del derecho tiene un limite, que las leyes pueden ser
facilmente transgredidas pOl' aquellos que tienen en la comunidad una
situacion privilegiada que les permite anular con otras fuerzas la
fuerza del derecho. Este es el significado del siguiente simil que Ie
atribuye Diogenes Laercio: "Las leyes son como las telaraiias; pues
estas enredan 10 leve y de poca fuerza, pero 10 mayor las rompe y se
les escapa" (2). Plutarco pone este dicho en boca de Anacarsis precisamente como critica alas leyes de Solon, a 10 cual este habria contestado: "que los hombres guardan los contratos cuando no tienen
interes en quebrantarlos ninguna de las partes; y eI habia de tal modo
unido las leyes con los intereses de los ciudadanos, que todos conocian
estarles mucho mejor que quebrantarlas, el obrar con justicia" (3).
No podemos resolver este problema de atribucion. Pero sea su auto l'
Solon 0 Anacarsis, ello es que a principios del siglo VI se habia hecho
claro en Grecia el sentimiento de la fragilidad que como tal tiene todo
derecho vigente. Incluso la replica de Solon, en la version de Plutarco,
esta concebida bajo el mismo presupuesto.

Los antiguos consideraron a Solon como uno de los "siete sabios".
Con este nombre se designaba a un grupo de personajes que £lorecieron entre los siglos VII y VI en distintas ciudades de la Helade
y que deben su fama, no a la investigacion 0 acumulacion de un
(I)

ARIST.

(2) Dwc.
(3)

PLUTo

id. XII, 4; FRACC. 32;
I, 57.
Sol"n 5.
LAERT.

BERCK

36;

DIEHL

24.

�extenso saber sobre la naturaleza -salvo Thalessino a sus doctrinas eticas y politicas, que expusieron en breves sentencias al modo
laconico, y a su pericia como gobernantes y legisladores (1). Eran
sabios porque poseian la "sabiduria" en un sentido semejante al que
tiene esta palabra en los libros del Antiguo Testamento. Pero ya en
la antigiiedad existio discusion sobre cmiles fueron estos siete. POl'
consentimiento general eran admitidos Thales, Bias, Pittakos y SolOn.
Sobre los otros tres se mencionaban hasta trece nombres. Pero generalmente se consideraban tales a Chilon, Kleobulos y Periandros, cuyas
sentencias trae Stobeo (2) y, con aquellos cuatro, son los siete primeros de los diez y siete que mencionaba Hermipo (3). Casi todos
intervinieron activamente en la politica de sus respectivos estados.
Chilon, de Lacedemonia, fue Horo hacia el ano 550 (4). Bias, de
Priene, pOl' 10 que cuenta Diogenes Laercio, debio ser gobern ante de
su ciudad durante el sitio que efectuo Aliate, y fue tambien orador
forense (5). Pittakos, de Lesbos, en compania de los hermanos de
Alceo, destrono al tirano de la isla, goberno durante diez anos a
Mitilene, Ie puso orden y luego renuncio voluntariamente. Escribio
un tratado sobre leyes, que nos es desconocido, y se hizo famoso pOl'
su ley contra la embriaguez, segun la cual se castigaba con doble pena
el que delinquia embriagado (6). Periandros, de Corinto, transformo
el gobierno democratico en tininico (7). Thales tambien intervino en
politica habiendo sido muy utiles los consejos que dio a Mileto respecto a la guerra entre Creso y Ciro (8). Tambien incito a todos los
griegos de Jonia para que formaran una confederacion de estados
con Teos pOl' capital, conservando sus leyes particulares (9).
Si no habia acuerdo sobre cuales eran los siete sabios, tampoco
10 hahia acerca de sus doctrinas, atribuyendose a menudo una misma
sentencia varios de ellos (10). En esto no hay ninguna seguridad
historica. Lo mas probable es que las generaciones posteriores distri·
buyeran equitativamente entre los siete el conjunto de sentencias que
constituian la antigua moral tradicional.
A continuacion reproducimos del Florilegio de Stobeo, aquellas
que, aunque de caracter moral, tienen vinculacion con la vida juridica
y politica.
Solon dijo:
1. "Nada en demasia" (Principio general de la moral griega).
8. "No digas que hay justicia mayor que la de ser justos para
los que nos engendraron".
(1)

PLUTo

(2)

STOB. Floril. III, 1, 172.
DIOG. LAERT. I, 41 y 42.

(3)

Solon 3.

DICEARCO

en DIOG. LAERT. I, 40. PLAT.

Protag. 343 a.

DIOG. LAERT. I, 68.
(5) id. I, 82 y ss.
(6) id. I, 76 y sS.

(4)

(7)

id. I, 95 y ss. A causa, sin duda, de esta aCClOn poco "sabia"
es que Socion, Hera.
clides y Panfila
decian que hubo dos distintos
Periandros:
sabio el uno y tirano
el otro.
(8) id. I, 23 y 25.
(9) HERoDOT. I, 170.

(IO)

DIOG.

LAERT.

I, 41.

�10.
12.

"Si has aprendido ya a ser mandado, sabras mandar".
"Aconseja a los ciudadanos, no 10 mas agradable, sino 10
mejor".
Chilon dijo:
3. "No emplees amenazas con los lib res, que no es justo".
19. "Obedece alas leyes".
20. "Perdona las injusticias (dlhxoufJ.Evo,),
vengate de las insolencias" ('\J~Pl~OfJ.EVod.
Bias dijo:
1. "Los mas de los hombres son malos".
Kleobulos dijo:
1. "Lo optimo: la mesura" (ver Solon 1.).
2. "Hay que reverenciar al padre".
8. "Odia la injusticia, observa la piedad".
12. "Educa a los hijos".
15. "Considerate en guerra con el enemigo de tu pueblo".
Pittakos dijo:
6. "Devuelve los depositos".
13. "Cultiva la veracidad, la fidelidad ... "
Preguntando cmil era el mejor estado respondi6: "el de maderas
diferentes", refiriendose alas leyes. 0 sea: el mejor gobierno es el
mixto de aristocratico, democratico y tiranico" (1).
Periandros dijo:
6. "Democracia es mejor que tirania".
13. "Cumple 10 que voluntariamente prometiste, que es de perversos faltar a la palabra".
16. "En cuesti6n de leyes prefiere las viejas".
Dijo tambien: "Castiga no solo a los que hayan delinquido, S1110
tambien a los que quieren delinquir" (2).
Thales dijo:
4. "No te enriquezcas con malas artes".
20. "AI gobernar, gobiernate a ti mismo".
Preguntado, que cosas vemos raramente contest6: "un tirano
viejo" (3).
Un examen atento de estas sentencias nos revel a que, aunque
atribuidas unas a un sabio y otras a otro, no deben ser consideradas
como obra especial de cada uno, pues nada hay en ellas que permita
establecer una vinculacion particular entre su contenido y 10 que
eabemos de la personalidad de sus pretendidos autores. Mas, sea de
ello 10 que fuere, por las repetieiones de algunas y por el caracter complementario de las otras, (salvo raras excepciones) han de ser consideradas como partes de un todo, como diversificaciones de un reducido numero de ideas generales que han valido como norm as directivas:
orden, justicia, libertad, democracia. Por otra parte, esas sentencias
no fueron consideradas como validas solo para tal 0 cual ciudad, sino
(1)

DIOG.

(2)
(3)

id. I, 95.
id. I, 36.

LAERT.

I, 78.

�para todos los griegos y, en prinClplO, para todos los hombres. Nada
mas ajeno a la epoca que el pensamiento de un relativismo de los
princlplOs. Su conocimiento y realizacion es 10 que da a los griegos
esa superioridad sobre los barbaros de que se jacta el Jason de
Euripides (I) .

Las sentencias de los sabios, si bien pueden reducirse, como hemos
visto, a ciertos principios, no aparecen -en los testimonios que' con·
servamos- expresamente derivadas de ellos. Fue nuestra reflexion la
que comprobo su derivabilidad. Pero en el siglo VI surgen los primeros
intentos plenamente conscientes de reducir a uno 0 a pocos principios
unitarios la multiplicidad de los preceptos juridicos y politicos.
La filosofia de la naturaleza, nacida cn las colonias del Asia menor y difundida y cultivada luego en las de Italia y Sicilia, constituyo
el impulso y modelo para ello. La idea genial de Thales (nacido hacia
625) de derivar todos los fenomenos naturales de una unica sustancia
o principio, fue aplicada tambien al mundo espiritual y moral. Y,
descuidando 0 criticando las explicaciones a base de los dioses antropomorficos, se ensayaron otras en conexion con las nuevas concepciones
de 10 absoluto 0 principio de las cosas. Asi Pythagoras reducira la
justicia a un numero, y Herakleitos derivara del principio de la unidad
de los contrarios toda la variedad de las leyes y derechos.
Pero la antigua concepcion religiosa no fue destruida. Y a principios del siglo V, en !as ciudades de la madre patria, en Megara, en
Tebas y en Atenas, Theognis y Esquilo, Pindaros y Sophokles, metafisicos de la lirica y la tragedia, mantendran fervorosamente la religion
de Homero -con sus dioses personales como fuentes de la sabiduria
moral- pero perfeccionada ahora, quiz a pOl' la critica de Xenophanes
y la influencia orfica. La tradicional creencia en la justicia divina esta
afianzada en un concepto mas perfecto de los dioses, que se acerca
a veces al monoteismo, y en una purificacion y rectificacion de los
preceptos morales que esos dioses imponen.
Si miramos ahora al contenido de las doctrinas, veremos dos tendencias opuestas: la igualitaria, a la que se acercan Pythagoras, Xenophanes y Empedokles y la reaccion aristocratic a, representada claramente pOl' Theognis, Herakleitos y Pindaros.

Entre los nuevos dogmas religiosos que conquistaron las almas en
cl siglo VI, hemos de detenernos un momento en el orfismo, pues su
influencia se ejercio especialmente sobre los circulos cultos y se ex-

�tendio hasta la filosofia, dejando claras improntas en Pythagoras y en
Empedokles.
De origenes mucho mas antiguos, pero inciertos, el orfismo con·
tenia una doctrina, mas elevada que la religion homerica, acusando,
en cambio, una mayor afinidad con la teogonia y la moral de Hesiodo.
Su dogma central era una nueva concepcion del alma y de sus
relaciones con el cuerpo: el alma es un ser de origen y esencia divina,
que cometio un pecado y, para volver al mundo divino, ha de arrepentirse y purificarse cumpliendo una pena: la encarnacion. La union
del alma a un cuerpo es, pues, una expiacion. El cuerpo es la prision
o la tumba del alma (1). Pero la expiacion completa requiere todo
un ciclo de nacimientos: una sola existencia terrestrc no basta, se
necesita una larga serie de reencarnaciones (2).
Es claro que con esta doctrina tenia que ir conexa la idea de una
justicia divina que castiga y premia: "Dike, sentada junto al trono de
Zeus, vigila" las acciones de los hombres (3).
El orfismo contenia ademas un precepto moral riguroso y de la
mayor importancia: la prohibicion de derramar sangre y, pOl' 10 tanto,
la condena absoluta de todo homicidio. Este precepto y la idea de la
justicia divina revelan el contraste entre la nueva doctrina y la antigua
reli;.;ion de la nobleza homerica, que habia hecho de la lucha cruenta
su tarea cotidiana y gloriosa.
Pero no significa esto que el orfismo fuel'a cosa exclusiva de la
burguesia. Mas bien la nueva religion dirigiase a todos -cualquiera
fuese su rango social- con tal que aceptaran sus principios y estuvier an dispuestos a someterse alas
pruebas internas de sus comunidades.

En medio de la incertidumbre que todavia rein a sobre las doctrinas pitagoricas que son realmente imputables al propio Pythagoras
(hacia 580 a.c.), hay dos sobre las que no cabe duda de la legitimidad de csa imputacion, y son la una, sus dogmas religiosos estrechamente emparentados con los orficos, y la otra, su teoria de la justicia.
Este misterioso y semi-legendario personaje, que ya en la Antigiiedad fue venerado con la triple aureola de rel~gioso, taumaturgo
y filosofo, emigro joven de Samos, su patria -al
igual que otros
muchos jonios empujados pOl' el avance de los persas (4) - hacia
las colonias del oeste en Sicilia e Italia, y se establecio en Crotona
donde desarrollo sus actividades. Alli fue probablemente donde trabo
conocimiento con la nueva concepcion religiosa 0 contribuyo quiz a
a acabar de constituirla. Sabemos que Pythagoras sostenia la in mortalidad del alma y su transmigracion de un cuerpo a otro, el eterno
(1)

PLAT. Phaed. 62 b. Crat. 400 c.
Strom. III, 433.
In. Remp1lb. II, 338 y ss.

(2)
(3)

PROKL.
DIELS.

(4)

HEROD.

1. B. 14.

I, 170; VI, 22 y s.

Protrep. fr. 10 b;

DIELS.

1. B. 3;

SIMPL.

In De Coel. II, 1248; laminillas

ARIST.

CLEM.

AL.

de Thurium.

�retorno de todos los sucesos despues de transcurrido cicrto periodo,
y el parentesco de todas las criaturas vivas (1). En conexion con esto
establecio la abstinencia de carnes y de habas.
En la doctrina habia un grupo de preceptos de sentido oscuro,
vinculados sin duda al esoterismo de la comunidad pitagorica. Estos
simbolos 0 'ClXOUWC,,"&lt;X fueron luego interpretados de modo a darles un
sentido claro (2). Uno de ellos mandaba "no pasar pOl' encima de la
balanza". Seglin Diogenes Laercio esto significa "no trasgredir la
igualdad y la justicia" (3). La vinculacion de estos dos conceptos no
es arbitraria. Pythagoras fue el primero que se atrevio a determinar
conceptualmente la esencia de la justicia. Y 10 hizo reduciendola precisamente a una igualdad. Descubrio que la justicia es una medida,
y quiso determinarla en forma matematica. Su doctrina peso decisivamente en la filosofia occidental, y es todavia hoy el punto de partida
orientador en toda investigacion sobre el tema.
Esa tesis forma parte de una concepcion unitaria del universo.
Apartandose de la escuela de Mileto que buscaba la explicacion en una
sustancia material, Pythagoras sostiene que la esencia de todas las
cosas son los mimeros. Aristoteles nos dice que los pitagoricos atribuyeron a los mimeros los principios de todo "considerando una modificacion de los mimeros la justicia, otra el alma y la razon {no us) ...
y asi sucesivamente casi todas las otras cosas que podrian expresarse
numericamente" (4). Esta concepcion aritmetica de la realidad, que
hubo de ser ya del fundador de la escuela, fue extendida hasta la etica.
Aristoteles afirma que Pythagoras fue el primero que trat6 el problema del valor en general, reduciendo todas las virtudes a los mimeros. Y en particular definio la justicia como "un mimero igualmente
igual: un mimero cuadrado" (5). Que significa esto? Literalmente la
primera parte de la definicion no tiene senti do, pues la igualdad
requiere dos terminos, y un mimero como tal no los tiene. Pero la
segunda parte aclara decisivamente: un mimero cuadrado es un mimero compuesto pOl' dos factores iguales, y en este senti do es un
mimero igualmente igual. La definicion enseiia, pues, que la justicia
es una relacion de igualdad entre las personas objeto de ella.
Cabe preguntar ahora cual es el alcance de esta definicion, a que
materia se aplica. 'pOl'de pronto es claro que se aplica a la retribucion,
a la relacion entre delito y pena, puesto que consideraba justo que
el ofensor sufriera el mismo daiio que habia hecho al ofen dido (6).
Esta es pura y sencillamente la igualdad del talion. Pero se referia
tambien a la distribucion de las cosas comunes y alas relaciones privadas de individuo a individuo. Efectivamente. Aristoteles nos dice
que "algunos creen que la reciprocidad es justa sin restriccion, como
PORPH.

Vito Pyth. 19; Cr. HEROD. IV, 95.
que se trata de tabus primitivos.
Op. cit. pug. 107 y S.
17 y 55. Cf. PLUTo de plter. edltc. 17.

BURNET sostiene
DIOG. L. VIII,

Metaph. A, 5, 895 b 23.
Magna mar. A. I, 1182 ally
55.
ARISTOT. Magna mar. A. 34, 1194 a 28.

�aseguran los Pitagoricos, porque definieron la justicia sin restriccion
como reciprocidad" (1). Y Aristoteles critic a esta teoria arguyendo
con ejemplos tomados tanto a la materia de la justicia distributiva
como de la rectificadora.
Observemos ademas, que la reciprocidad no es simplemente la
igualdad formal de todos ante una regIa -como ya la habia concebido
Solon-, sino la igualdad material (de contenido) de los bienes y de
las obligaciones: 10 que es mio, es tambien para ti; 10 que yo debo
hacer para ti, eso mismo debes hacer tu para mi. El modelo de esta
igualdad reciproca es cabalmente la igualdad entre la ofensa y el
castigo que constituye el talion. Con esta interpretacion concuerdan
perfectamente los preceptos de que nada se ha de considerar como
propio y de que "entre amigos todas las cosas son comunes" (2). En
efecto, la reciprocidad en referencia a los bienes equivale a la comunidad de los mismos, pues solo asi es posible que siempre los bienes
de cada uno esten a disposicion de los demas. En otras palabras: la
reciprocidad absoluta en materia de bienes anula la propiedad individual e imp one el comunismo. Y, en consonancia con esto, era una
regIa de la comunidad pitagorica que sus miembros depositaran sus
bienes en comun (3).
Y la justicia asi concebida era una exigencia que se imponia con
la fuerza mas grande con que puede imponerse un principio moral,
que es la que Ie otorga la religion: para Pythagoras la justicia tiene
fuerza de juramento, y, por eso, agregaba, Zeus se llama Juramento (4).
Destaco tambien que la justicia es el principio que conserva alas
comunidades y las preserva de la corrupcion, y la comparo con la sal.
"De la sal decia que conviene ponerla en las cosas, porque recuerda
a la justicia, pues conserva cuanto ocupa y penetra, y se hace de cosas
purisimas, 0 sea sol y mar" (5).
La concepcion pitagorica de la justicia es dificilmente compatible
con la tesis, a menudo sostenida, de que Pythagoras tuviera ideas
aristocratic as. Como compadecer esto con el pensamiento de la igualdad reciproca? Por otra parte, el joven que se desterro voluntariamente de Samos por odio a la tirania de Polycrates (6), concibio
en conexi on con su doctrina religiosa, un ideal de vida en si independiente de las form as politicas, un ideal que podia hacer al hombre
fuerte frente a to do transtorno en el orden del estado. La comunidad
fundada por Pythagoras tenia fines religioso-morales, ofrecia un metodo para perfeccionar la vida, y no una teoria ni una tecnica politicas (7). Ciertamente que la orden poseia una jerarquia intern a, pero
ella era independiente de toda diferencia de sangre, y se basaba exclu(1) Ethic. Ilic. V, 5, 1132 b 21.
(2) DIOG. LAERT. VIIT, 23 y 10.
(3) Id. VIII, 10. A. GELID. I, 9, ill lille.
(4) ALEJANDRO ill DIOG. LAERT. VIII, 33.
(5) Id., id. VIII, 35.
(6) PORPH. Vito Pyth. 9; DIOG. L.URT. VIII, 3.
(7)

Esto

se infiere

de PLAT.

Rep,

600 a y b.

�sivamente en el progreso que cada uno hacia en el plan de educacion
y aprendizaje. EI ingreso no estaba subordinado a ninglin prejuicio
nobiliario (I). Si de hecho un dia la orden lIego a dominar el gobierno
de Crotona, ello fue el resultado natural de la superioridad individual
de sus miembros, quiza con el fin de disolver al estado como tal, y
convertirlo en una gran "orden". Pero, en cierto sentido, habia aqui
una politica: la politica para destruir la politica. Los crotoniatas hubieron de sentirlo asi, y pOl' eso trataron de sacudir su yugo hasta
lograrlo. EI jefe de la rebelion era CyIOn, un hombre noble y rico (2).

Xenophanes de Kolophon (hacia 570 a.C.) no pertenece propiamente a la historia de nuestra ciencia. La doxografia de Diogenes
Laercio Ie atribuye el dicho de que "con los tiranos 0 no se ha de tratar
o se ha de tratar con blandura" (3), el que, ademas de insignificante,
es probablemente inautentico. Pero indirectamente nos interesa por
la nueva concepcion que trajo de 10 Absoluto y porIa relacion jerarquica que establecio entre los valores.
Errante pOl' todas las ciudades de la Helade y quizas tambien de
Tracia, pues fue desde Kolophon hasta Sicilia, y recogiendo en todas
partes 10 que encontraba tipico, lIego a la conclusion de que los dioses
descritos pOl' Homero y Hesiodo no podian cOlTesponder a la verdad
objetiva. Habia observado que los etiopes los representan chatos y
negros, y los tracios, de ojos azules y pelirrojos. Entonces infirio que
cada pueblo, cada especie se represent a a los dioses a su semejanza,
y que los bueyes, leones y caballos procederian del mismo modo si
pudieran pintar! (4). Asi tambien, Homero y Hesiodo han pintado
a los dioses como eran los hombres de su epoca, con sus vicios, robos,
adulterios y engaiios (5). Frente a esa vision de 10 divino asi ridiculizada, present a Xenophanes el pensamiento de un Dios unico, que
no se parece a los hombres ni en figura ni en pensamiento, que es
todo oj os, todo espiritu y todo oidos, y que sin fatiga, mueve todo con
la fuerza pensante de su espiritu (6). Como segun Aristoteles ese Dios
es el universo todo (7), aparece aqui pOl' primera vez el panteismo
filosOfico oponiendose con toda energia al ingenuo politeismo antropomorfico de la tradicion nobiliaria.
Xenophanes entrevio una jerarquia de los valores en la cual la
jnsticia ocupa un lugar inmediato a los valores religiosos que son
estimados los supremos. En un fragmento de elegia que nos ha con(1)

A. CELIO. I, 9.
PORPH.
Vito Pyth.
DIOG. LALRT. IX,
(4) CLEM. AL. Strom.
(5) SEXT. Adu. math.
(6) CLE'!. AL. Strom.
fr. 23, 21 y 25.
(7) Met. A, 5, 986 b.

(2)
(3)

37.

JAMBL.

Vito Pyth.

80, 248 y 250.

19.

V, 109, no; VII, 22. DIELS. fro 14, 15 y 16.
IX, 193; I, 289. DIELS. fr. n y 12.
V, 109; SEXT. Adu. math. IX, 144; SIMPL.

18 y

55.

Phys.

23, 19.

DIELS.

�servado Atheneo, ensena que los hombres de bien deben ante todo
alabar al Dios con piadosas historias y palabras puras, y luego han
de rogar que les otorgue la fuerza para ejecutar 10 justo, "pues esto
es 10 mas importante" (1). Por otra parte, comparando la actividad
de los filosofos con la que desarrollan los nobles en la guerra y en
la lucha agonal de los juegos, comprendio que la primera es superior
a la segunda y declaro sin ambages que "no es justo preferir la fuerza
al saber habil" (ayc,[J,;d. Por sobresalientes que sean la velocidad de
los pies 0 el vigor de los punos de los vencedores de Pis a u Olympia,
con ello "no mejoran el orden del estado" ni enriquecen las arcas de
la ciudad (2). Dos cosas surgen de aqui. En primer lugar que el orden
de la comunidad es un valor superior, puesto que es el criterio para
apreciar la altura de los otros. En segundo lugar, que do colocado
el valor de la ciencia por encima del de la fuerza, es decir, un valor
del genero de los espirituales, al que pertenecen tambien los eticos,
por sobre una mallifestacion caracteristica de los valores vitales.
Ahora bien, como los nobles preferian estos nltimos, es logico suponer
que Xenophanes no podia tener simpatia por el orden aristocratico (3),
y que mas bien debia inclinarse por aquCl en que podian decidir los
que habian sido formados por la ciencia. Y parece confirmarlo su
explicita declaracion de que el nnico camino para alcanzar 10 bueno
(en todos los ordenes) es el esfuerzo de la investigacion y no un don
gratuito del cielo (como consideraban los nobles la excelencia de su
raza) : "los dioses no han revelado todo a los mortales desde el principio, sino que, con el tiempo, investigando (~Yr:OUV1:q;) encuentran 10
mejor" (4).
En Xenophanes se encuentra asi, in nuce, la exigencia del aprendizaje para gobernar, que, fomulada por Socrates, habra de ser llevada
por Platon hasta sus nltimas consecuencias.

Pythagoras habia reducido a un principio comnn cosas tan distintas como los cuerpos fisicos y la justicia, Herakleitos intentara la
misma empresa pero con mayor osadia ann: cosas y dioses, vivos y
muertos, individuo y estado, norm as y clases sociales, toda la rica multiplicidad de los fenomenos naturales y culturales seran explicados
por un solo e identico principio oculto detras de ellos, pero que se
basta y se sobra para dominarlos a todos (5).
Herakleitos (hacia el 536 a.C.) despreciaba no solo al vulgo sino
a los sabios, que ignoraban el supremo principio que el habia descubierto (6). Perteneciendo a la mas ranci a nobleza de Efeso, don de
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)

ATHEN. XI 462 C. DIELS, fro 1, v. 13·16.
Id. X 413 f. DIELS,
fro 2. v. 11·22.
Ignoro
que fundamentos
ha tenido
BURNET para soslener
10 contrario.
nota.
STOB. Ed. I, 8, 2; Flor. 29, 41. DIELS, fro 18.
THE'''ST.
Or. 5. p. 69; STOB. Flor. I, 179. DIELS fro 123 y·114.
Frs. 40, 42, 51, 56, 57, 81, 106.

Op.

cil.

p.

99

�ejercia por derecho hereditario el cargo de rey.sacerdote, pronto se
desilusiono de sus compatriotas al descubrir en ellos moviles y conduct a reprobables. Hermodoros, a quien Henikleitos consideraba el
mas perfecto varon de la ciudad, fue desterrado por envidia, y el fi·
10sofo los censuro duramente diciendo que 10 mejor que podian hacer
los efesinos era ahorcarse todos y dejar el gobierno a los impUberes.
La ola democratica que subia Ie disgustaba profundamente, y asi se
nego a confeccionar nuevas leyes -rehusando
una distincion que se
conferia solo a los hombres excepcionales- y diciendo que era mejor
ir a jugar a los dados con los niiios al templo de Artemisa. Estos gestos
de acritud e ironia terminaron un dia con una decision radical: renuncio su real dignidad a favor de un hermano y, apartandose del
mundo, se fue a vivir a los montes (1).
Su filosofia ha conservado un rasgo peculiar de la clase a la que
pertenecia: la ley del agon, el habito nobiliario de la lucha, es tambien
la ley del universo. Y la lucha, lejos de ser un principio de destruccion,
es, al contra rio, el principio creador en don de se origin an todas las
cosas.
Nuestros sentidos nos presentan un mundo en donde alternan el
cambio y la estabilidad; pero la estabilidad es solo aparente: en realidad todo se mueve, todo pasa, nada perdura. Todo £luye (2). Estas
expresiones en que Platon expone el pensamiento heraclitiano han de
ser entendidas en su senti do mas radical: no se trata solo de un incesante cambio de lugar, sino que cada cosa sufre una intern a transformacion cualitativa que no se detiene jamas. En el mundo nada
permanece en su ser; 10 unico permanente es la impermanencia mis-ma.
Las metaforas con que Herakleitos ilustro su doctrina son muy claras
en este sentido: "Aquellos que se sumergen en los mismos rios se baiian
en distintas aguas" (3). "No podemos sumergirnos dos veces en el mismo
rio" (4). Y si pensamos hasta el fondo la idea del devenir permanente
llegaremos a la conclusion de que la misma cosa es y no es al mismo
tiempo (5). Por eso dice: "en los mismos rios nos sumergimos y no nos
sumergimos. Somos y no somos" (6). Esto significa entonces que la
oposicion yace en el seno de las cosas y que la ley del universo consiste
en que cada cosa genera desde si misma a su contraria. Herakleitos
llamo a este principio con la palabra que designaba la ocupacion propia
de los nobles: guerra (7toAqJ.od. Asi, pues, la guerra es universal y la
discordia la ley de todo acontecer (7). "La guerra es el padre y el rey
de todas las cosas. A unos los presenta como dioses, a otros como
hombres; a unos hace esclavos, a otros, libres" (8). Pero la oposicion
no significa la separacion ni menos la destruccion de los contrarios,
antes bien en ellos esta implicada una intima unidad que es a la vez
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)

IX, 2, '3 y 6. Fr.

121.

DIOG.

LAERT.

PLAT.

Grot. 401 d; 402 a; Thaet. 152 e.
DID. ap. Eus. Prep. ev. XV, 20. Fr. 12.
de E. 18. p. 392 b. Fr. 91.

ARiUS
PLUTo
ARIST.

Met.

V, 3, 1005 b. 23.

Alleg. Hom. 24. Fr. 49 a.
ORIG. c. Gels. VI, 42. Fr. 80.
HIPP.
Ref. IX, 9. Fr. 53.
HERACLIT.

�princlplO y fin de Ia contrariedad. "Las cosas se disipan y se relinen
nuevamente, se aproximan y se alejan" (I). "De todo se hace uno y de
uno se hacen todos" (2). Pero esta diversificacion y unificacion no han
de entenderse como momentos cronologicamente sucesivos. Platon nos
ha aclarado oportunamente este punto al oponer Ia doctrina de Herakleitos a Ia de Empedokles (3). Mientras para este Ia unidad y Ia
oposicion son sucesivas para aquel son simultaneas: todo se une y
desune incesantemente. "Lo distendido concuerda consigo mismo", Ia
union resulta de Ia tension. Asi, cuando tendemos el arco, 0 cuando
pulsamos Ia lira (4). Asi, tamhien, "camino arriha y camino ahajo
son uno y el mismo" (5). En Ia oposicion reside, pues, una "armonia
escondida mas fuerte que Ia aparente" (6). Esta doctrina, en donde
se afirma Ia oposicion en Ia unidad y Ia unidad en Ia oposicion, Herakleitos Ia aplico a todas Ias esferas. "Dios es dia, noche...
guerra,
paz ... " (7). "Los mort ales son inmortales, y Ios inmortales, mortales,
pues Ia vida de aquellos es Ia muerte de estos, y Ia vida de estos es
Ia muerte de aquellos" (8). "Uno y 10 mismo son viviente y muerto,
despierto y dormido, joven y viejo. Pues esto es Ia inversion de aquello
y aquello, Ia inversion de esto" (9). Veremos que Ia misma doctrina
se aplica a Ia vida social.

Los homhres en esto como en todo, atienden a 10 que dicen 10s
cantores populares y toman como norma 10 que piensa la mayoria,
sin darse cuenta de Ia gran verdad que hahia ya expresado Bias: "Ios
muchos son malos, solo Ios pocos son huenos" (10). POI' esto llamaha
alas opiniones humanas "juegos de nifios" (II). Pero si hien es esta
Ia situacion de hecho, Herakleitos destaca que "a todos 10s homhres les
ha sido concedido conocerse a si mismos y pensar con sahiduria" (12) .
De hecho, "el homhre mas sahio comparado aDios parece un mono
en sahiduria, como en 10 demas" (13). Pero considerado en si mismo
"pensar con sahiduria (crw\PPOVElV') es Ia mayor exce1encia", es el valor
mas alto (14). Y en que consiste la sahiduria? "La sahiduria consiste
en decir la verdad, y ohrar segun Ia naturaleza, escuchandola" (IS).
Aparece aqui, pOl' primera vez, de un modo claro, la naturaleza erigida
en norma suprema de la conducta. Y 10 que Herakleitos entiende pOl'
(1)

(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)
(10)
(11)
(12)
(13)
(14)
(15)

Fr. 91.
[ARIST],

de Mundo 5, 396 b 7. Fr. 10.
Sophist. 242 d.
Ref. IX, 9. Fr. 5l.
Id. IX, 10, Fr. 60.
Id. IX, 9. Fr. 54.
Id. IX, 10. Fr. 67.
Id. id. Fr. 62.
PLUT.
Cons. ad Apoll. 10 p. 106 e. Fr. 88.
PROKL.
in Ale. I p. 525, 21. Frs. 104 y 39.
JAMBL.
de anima. (STOB. Eel. II 1, 16). Fr. 70.
STOB. Flor. V, 6. Fr. 116.
PLAT.
Hipp. maior 289 b. Fr. 83.
STOB. Flor. I, 178. Fr. 112.

HIPPOL.

ld.,

id.

�naturaleza 10 sabemos por otro fragmento en que nuevamente define
la sabiduria: "En una sola cosa consiste la sabiduria: comprender a
la Mente (yv&lt;\&gt;fJ.YJv)
que sabe gobernar todo a traves de todo" (1).
La naturaleza es, pues, esa Mente que gobierna todo a traves de
todo. Obrar escuchando a la naturaleza es comprender a la Mente y
ajustar la conducta a ella. Esto esta confirmado por la combinacion
de otros fragmentos. "Si se quiere hablar con entendimiento, hay que
hacerse fuerte con el comun a todos, como un estado con su ley y
aun mas fuerte. Pues todas las leyes humanas se aliment an de una
divina, pues esta domina sola, tan lejos como qui ere y basta para
todas y aun sobra" (2). "Hablar con entendimiento" es 10 mismo que
"'decir la verdad", que a su vez es "escuchar a la naturaleza". Por otra
parte el "comun a todos" es el pensar (3), el pensar con sabiduria
con el cual comprendemos a la Mente.
No es dificil determinar ahora que entendia Herakleitos por "la
Mente". Ya al decirnos que ella "sabe gobernar todo a traves de todo"
esta aludiendo al principio de la oposicion en la unidad, puesto que
"todo" abarca cosas diferentes, y, entonces, esa frase se puede leer:
"sabe gobernar 10 diferente a traves de 10 diferente". Ademas, en e1
fragmento 114 -reproducido
antes- Herakleitos compara el hacerse
fuerte con la sabiduria al hacerse fuerte de un estado con su ley, e
inmeditatamente agrega que hay que hacerse aun mas fuerte (con el
comun a to dos, que 10 que se hace un estado con su ley) porque todas
las leyes humanas se aliment an de una divina. Esta razon que da no
tcndria sentido ni no suponemos que esta eIiptico e1 pensamiento de
que esa misma ley divina es el objeto con el que ha de hacerse fuerte
la sabiduria. Dicho directamente: hemos de hacernos mas fuertes con
1a sabiduria que 10 que se hace un estado con su ley, porque el prin.
cipio de la sabiduria es una ley divina que es tambien el principio
de las leyes del estado. EI objeto de la sabiduria puede llamarse, pues,
Naturaleza, Mente 0 Ley divina. Y que esta Ley divina no es otra
cosa que el principio de la oposicion en la unidad result a de que,
por un lado, ella es la fuente de todas las leyes humanas, esto es, "e1
padre", y, por otro, "domina sola, tan lejos como quiere y basta para
todo y aun sobra", esto es, "el rey". Y ya sabemos que el padre y
rey de todas las cosas es "la Guerra" (4). Y que se trata de un principio aplicable no sOloa1 mundo fisico, sino tambien al mundo humano
individual y social se confirm a al advertir que en el fragmento hay
una referencia concreta a 10 humano al decir que "1a guerra...
a
unos hace esclavos, a otros, libres". "Guerra" puede entenderse ahora
en su sentido literal. La doctrina de Herakleitos se presenta otra vez
aqui como muy alejada de todo el pensamiento anterior. Ante todo
ya no es posible hablar, como Hesiodo, de la paz como de un ideal:
"la guerra es comun (universal) ". Herak1eitos ha sido el primer teo(l)
DIOG. LAERT. IX, I. Fr. 41.
(2). STOB. Flor. I, 179. Fr. 114.
(3) Id., id. Fr. 113, Cf. fro 116.
(4) Supra fro 53.

�rico del belicismo. Puesto que la lucha es un aspecto del princlplO
universal, es evidente que para eI es un valor positivo, y en definitiva
el mas alto. Mas alto atin que el "pensar con sabiduria", aunque el
no 10 haya dicho. Pues la sabiduria es sOlo un valor de hombre, mientras que la guerra es la esencia de la Mente misma, de la ley divina,
de la Naturaleza. Por eso se complace en destacar que "Dioses y hombres honran a los caidos en la guerra" (1). A ella tambien se refiere
cuando afirma que "el destino de una muerte mayor recibe una recompensa mayor" (2).
Tampoco es posible concebir a la justicia como un ideal estatico,
ni menos como el ideal concreto de la igualdad, ya sea en el sentido
de Solon 0 en el de Pythagoras. Ahora "la justicia es la cliscordia" (3).
Aristoteles dice que Rerakleitos censuro a Romero por haber deseado
que la discordia desapareciera de entre los Dioses y los hombres (4).
Sin ella todo se empantanaria en la inmovilidad absoluta. Por ella
todo se forma y prospera. Por eso la individuacion no es una culpa
ni merece un castigo, como en Anaximandros, sino que es la consecucion
de la ley de justicia. Tambien para el hombre la lucha es el principio
creador. "Para los hombres no seria mejor si les fuera otorgado todo
10 que quieren" (5). Y puesto que la guerra hace a unos esclavos y a
otros libres, la justicia es esencialmente desigualdad. Y puesto que la
oposicion implica y engendra la desigualdad, nada es propiamente
injusto. "Para Dios todo es bello y bueno y justo, pero los hombres
han aceptado esto como injusto y aquello como justo" (6). Lo cierto
es que "no conocerian ni el nombre de la justicia si no existiera" eso
que tienen por injusto (7). Pero la desigualdad tampoco ha de entenderse en senti do permanente, para situaciones dadas. La ley universal del cambio y la oposicion implica la transitoriedad y la inversion
del predominio de ciertos individuos y clases. No puede verse, entonces,
inconsecuencia en el hecho de que Rerakleitos exprese por un lado
preferencias aristocraticas, y por otro, aliente al pueblo a defender
sus derechos. "Ley significa tambien seguir la voluntad de uno so10" (8). "Para mi, uno vale por diez mil si es el mejor" (9). "El
pueblo (OTWO&lt;;) debe luchar por su ley como por sus muros" (10). Solo
podia escribir conscientemente estos opuestos pensamientos quien creia
en la unidad de los contrarios.

(1)
(2)
('3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)
(10)

CLEM. Strom. III, 16. fro 24.
Id. III, 50. fro 25.
Supra fro 80.
ARlST. Eth. eudem.
H, 1, 1235 a 20.
STOB. Flor. I, 176. fro 1l0.
PORPHYR.
Quest. Homer. ad. 6. 4. fro 102.
CLEM. Strom. III, 10, fro 23.
Id. V, 116. fro 33.
GALEN.
de dig". puIs. VIII, 773 k. fro 49.
DIOG. LAERT. IX, 2. fro 44.

�Con Theognis de Megara (544-40 a. C.) volvemos a encontrar la
Ie en la religion tradicional y su conexion con la moral, que profesaron
Hesiodo y Solon. Aunque tampoco es el un filosofo teorico sino un
auto l' de sentencias morales, nos interesan sus versos porque cxponen
un concepto de justicia de mas amplia extension que el que hasta
ahora conocemos, y una serie de valoraciones sobre situaciones sociales
y politicas que culminan con la exaltacion de la aristocracia no solo
como regimen de gobierno, sino como forma de vida y como portadora
d.e los mas altos valores.
Como SolOn, Theognis tiene un alto concepto de los dioses, de su
poder y de su providencia, que contrastan con la impotencia e ignoran cia de los hombres:
"Ninguno, Kyrno (1), es causa pOl' si, de su dauo 0 de su utilidad;
Sino que son los Dioses los que traen 10 uno y 10 otro.
Y ninguno de los hombres se fatiga sabiendo en el corazon
Si al final se tornara en bien 0 en mal 10 que ha hecho.
Pues, a menudo, quien creia hacer el mal hizo, en cambio, 10 util
E hizo el mal, cuando creia hacer 10 uti!.
Y jamas hubo ninguno al cualle aconteciera todo como el queria;
Pues, la ardua dificultad alcanza a 10 imposible.
Los hombres nos fingimos cosas vanas sin saber nada;
Y los Dioses hacen todo a su placer" (2) .
POl' eso aconseja al joven:
"Haz votos a los Dioses: los Dioses tiene el po del', y jamas sin
[los Dioses
Pero hay un momento en que la propia experiencia del poeta,
que ha visto triunfar a los malos y padecer a los buenos, 10 conduce
a dudar de la providencia divina y a expresar en tono de reproche:
"Oh carD Zeus, te admiro; porque reinas sobre todos
teniendo gran poder y gran honor,
Y conoces la intencion y el corazon de cada hombre
y tu valor es el supremo sobre todo, oh rey.
Pero como, entonces, tu razon tolera a los malos
como a los buenos en igual medida,
ya sea que se vuelva a prudencia 0 a insolencia la mente
del hombre que se abandona alas malas obras?" (4).
Pero es solo un efecto de momentanea indignacion al presenciar
el derrocamiento de los valores que el poeta amaba, en las transfor(I)
(2)
(3)
(4)

Kyrno es un joven amado por Theognis.
Versos 133-142. Cf. sobre los dioses y la riqueza
V. 171 y s.
V. 373-380.

v. 156·159.

�maciones politica de su patria. En general Theognis reconoce el canicter justiciero de los dioses y, en terminos parecidos a los de Solon,
afirma que las riquezas injustamente adquiridas no son de provecho,
pues al final Zeus envia el castigo que recae sobre el injusto 0 sobre
sus hijos (1). Este ultimo aspecto de la justicia divina no satisface al
poeta, que desearia que la responsabilidad fuel'a puramente individual
y que los dioses no hicieran pagar a los hijos pOl' las culpas de los
padres. Reconoce empero, que las cosas no suceden asi (2) .
La piedad de Theognis alterna, pues, con cierto disconformismo
sobre algunos aspectos de la teologia anterior que es preciso vinculaI'
con su exacerbado pesimismo sobre el valor de la vida. Ha observado que:
"A cada uno Ie aflige un
De nosotros mortales que
Y esta comprobacion 10
zonadora y desesperada que
ten cia humana:

mal, y ninguno es verdaderamente feliz
vemos el sol" (3).
ha conducido a la vision mas descorajamas se haya expresado sobre la exis-

"No haber nacido jamas es para los hombres sobre la
[tierra 10 mejor
Y no discernir la luz del sol:
Y una vez nacidos, enseguida traspasar las puertas del
[Hades
Y yacer bajo un gran cumulo de gleba" (4).
Pero este radical pesimismo no implica una actitud de rebelion
contra los dioses ni menos una aspiracion al suicidio. POl' el contrario,
Theognis aconseja la aceptacion resignada del lote que nos deparan
aquellos:
"Nadie es feliz en todo, caro Kyrno, pero el hombre sabio
soporta el mal sin mostrarlo:
EI tonto no sabe adaptar su alma ni al bien
Ni al mal. A nosotros mort ales Dios nos da
Dones de varia clase: y conviene tolerar esos dones
Y 10 que da, sea 10 que sea, soportarlo" (5).
Y en medio alas grandes diferencias de valor que hay que reo
conocer entre los hombres, es una especie de consuelo el pensar que
ninguno es perfecto:
"En cada obra uno vale mas que otro, y otro menos;
Pero ningun hombre es completo sabio en todo" (6).

(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)

V.
V.
V.
V.
V.
V.

197.208.
731·742.
167 y s. Cf. Solon fro 13 (HILLER).
425·28.
441·46.
901 y s.

�Como principio general orienta dol' de la conduct a reitera Theognis
el precepto de 10 sabios: 10 mejor es la mesura, 0, como dice en otro
pasaje, elegir "el camino del medio" (1).
Y en sus exhortaciones a la virtud ocupa la justicia un lugar
destacado:
"Ejercitate en la virtud, y ama todo 10 que es justo,
No sea que te venza la aspiracion al lucro deshonesto" (2).
Esio no es un puro azar sino la consecuencia de que para el
la justicia no solo es el mas alto valor sino la cifra y compendio de
todas las virtudes. Surge ahora pOl' primera vez el pensamiento
de que:
"En la justicia se encuentran juntas todas las virtu des,
y es bueno, Kyrno, aqueI que es justo" (3).
Sabemos que mas tarde Platon y Aristoteles han desarrollado esta
concepcion.
Asi, es tambien en gracia a la "santa justicia" que se debe el
respecto a los padres, la piedad con los dioses y el diezmo a los
sacerdotes (4).
Con la justicia ha de vincularse tambien el terror que Theognis
senti a ante la pobreza, cuyos efectos hubo de experimental' en carne
propia, cuando a raiz del triunfo popular, la nobleza de Megara -a
la cual pertenecia el poeta- fue despojada de sus bienes y obligada
al exilio:
"Estar muerto, Kyrno, es mucho mejor para el pobre
que vivir sumido en la pobreza" (5).
POl' un lado el pobre es objeto de grandes injusticias pOl' parte ..•.
de los demas: la pobreza, ya sea en los juicios 0 en las asambleas,
o don de qui era que sea, es siempre vencida, burlada y odiada (6).
POl' otro, el mismo pobre, pOl' su propia situacion, cavila malas artes
y concluye cometiendo injusticias:
" ... Ia indigencia que enseiia obras malas,
mentiras, engaiios, daiiosas discordias,
tambien al que no quisiera; y ya nada Ie parece feo ni malo
pues aquella 10 constriiie entre angustias" (7).
Sin duda es tambien a causa de ese terror a la pobreza, que este
aristocrata condena la guerra y prefiere la paz, que trae la abundancia (8). De todos modos, fiel alas norm as de su clase, sabe bien
que la riqueza tiene solo valor de medio y que pOl' encima de ella
esta el honor de caballero, que es en definitiva el mejor tesoro para
dejar a los hijos (9).
0) V. 220, 331 y 336.
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)

V.
V.
V.
V.
V.
V.
V.
V.

4,65 y s. Cf. 29 y s; 753 y s.
147 y s.
131 y s; 543 y ss.
182 y s.
267 y ss.
389·392.
885 y s.
409 y s.

�El triunfo de la burguesia en su patria y la nueva situaci6n creada
son objeto de severas criticas:
"Kyrno, el estado esta preiiado, y temo que pueda nacer
[un hombre
que tenga que corregir nuestra insolencia,
Pues los ciudadanos no han perdido aun el senti do ; pero
[los jefes
ya tienden a ruina y estan por caer" (I).
Su experiencia Ie ha enseiiado que:
"Es facil al estado que va bien hacerlo andar mal:
pero si va mal es dificil tornarlo al bien" (2).
El florecimiento 0 decadencia de un estado estan intimamente
vinculados a que en el gobiernen los buenos 0 los malos (en sentido
estrictamente moral) :
"A ningun estado, Kyrno, los buenos condujeron a la
[ruina,
Pero cuando acontece que los malos se exceden
Y corrompen a la gente, y hacen ganar los pleitos a los
injustos
Por motivo de lucro 0 de dominio,
Creeme, que el estado no por mucho tiempo estara sano,
aunque
Ahora repose en placido ocio,
Cuando los malvados como objetivo de su pensamiento
[tengan esto: la ganancia
Que se obtiene con gran daiio del pueblo.
De aqui nacen los tumultos, los estragos civiles y los
[tiranos;
Oh, que nunca mi estado se complazca en esto!" (3).
Si indagamos ahora quienes eran los buenos y los malos, obtendremos una respuesta que para Theognis es evidente: buenos son los
nobles, los plebeyos son malos, codiciosos, ignorantes, arrivistas. Esto
se halla supuesto en los versos siguientes:
"El estado es el mismo to davia, caro Kyrno, pero el
[pueblo es otro.
Aquellos que no sabian antes ni de reglas
Ni de leyes, y, por aiiadidura, usaban pieles de cabra,
Y como ciervos estaban paciendo,
Esos se tornaron ahora los bellos y buenos; y los va[lientes de antaiio
ahora son gente de poco! Quien puede tolerar esto?
Y se engaiian a podia, y luego se rien los unos de 108 otros,
Y no saben distinguir mas entre el bien y el mal" (4) .
(1)

V.39·42.

(2) V. 845 y s.
(3)

V. 43·52.

(4) V. 63·60.

�En consecuencia, frente a estos nuevos dominadores, aconseja
seguir una tactica prudente, de desconfianza y de cortesi a a la vez:
"De ninguno de estos ciudadanos, Kyrno, te hagas amigo
de corazon, nnnca, por ningun motivo.
Empero, se afable al hablar con to dos,
Pero con ninguno de ellos te mezcles
En serio. Oh, veras cuan miserable es el corazon humano
[y como
En sus obras no hay buena fe;
Sino que am an los fraudes y enganos y los intrincados
[rodeos,
Como suele hacer quien no tiene salvacion" (1).
No tan clara es, en caml:)io,la conducta que aconseja respecto del
tirano, pues, por un lado dice:
"No instigues al tirano por tu esperanza ansioso de lucro;
Mas si Ie juras fidelidad despues no 10 mates" (2),
Y por otro:
"Derrocar

de cualquier

modo al tirano explotador del
[pueblo
No provoca la cOlera de los dioses" (3).

Pero esto es un detalle. Lo que constituye el nucleo del ideario
politico de Theognis, es su fe en la nobleza y su vinculacion esencial
a los valores morales. No solo insiste en esta idea, sino que expresa
del modo mas claro que 10 noble es un conjunto de valores vitales que
se transmiten por la sangre y, por 10 tanto, que 10 bueno es la expresion de la buena raza, que no puede sustituirse por la acumulacion
de: la riqueza. La diferencia de bueno y malo es en definitiva una
diferencia de sangres:
"Buscamos, Kyrno, chivos, asnos y caballos de raza;
Y se escoge la sangre pura para ascender:
En cuanto a tomar esposa, no Ie importa al senor si es hez
de la hez, con tal que tenga dinero.
Ni la mujer desdena ser esposa de un hombre vulgar
rico; busca antes al rico que al bueno.
Rinden honor al dinero: el noble desposa a la verdulera
[y el plebeyo
A la dama: el oro mezclo todas las sangres.
No te asombres, pues, caro Kyrno, si decae la raza
nuestra, cuando se mezclan el bien y el mal" (4).

(1) V. 61 - 68.
(2) V. 823 y s.
(3) V. 1181 y s.
(4) V. 183 -192.

�Y como confirmacion tenemos el comentario de Stobeo, que al
citar estos versos agrega como explicacion que Theognis sostenia que
ni el hombre, ni ningun otro animal puede ser bueno, si no son buenos
los que 10 tienen que engendrar (1).
No es mas que una aplicacion de esta teoria el juicio lapidario
que formulo sobre la esclavitud:
"No hay cabeza de esclavo que haya nacido para levan[tarse erect a :
Siempre esta doblada y tiene el cuello torcido" (2) ;
y luego:
"De las cebollas no nacen rosas ni jacintos,
Ni de una esclava un hijo de alma libre" (3).

El ultimo intento de gran estilo para defender el predominio ya
por doquier perdido de la nobleza hereditaria 10 realizo Pindaros
(518/7 a.c.) el gran poeta tebano. Perteneciendo como Theognis a una
familia de abolengo, senti a y estimaba profundamente los valores de
m clase. Pero Pindaros no se resigno a lamentarse de la perdida del
poder estatal, ni intento tam poco una demostracion del derecho de la
nobleza a recuperarlo. Tenia una vision mas amplia y elevada de las
cosas. El terreno en donde el noble demuestra su incontestable superioridad es la lucha incruenta pero real de los juegos. Y Pindaros
encontro en el epinicio, la oda en honor de los vencedores, el medio
adecuado para exaltar aquellos valores y poner en evidencia como el
hombre de raza es realmente "el mejor" (aristos) aun cuando las luchas politicas 10 hayan desplazado de su lugar natural. Pero Pindaros
asimilo tambien ideas de origen popular, y manteniendose fiel a la
tradicion homerica de los dioses olimpicos y de los senores feudales,
rcctifico su concepcion inspirandose en la religion de los misterios
y en la critica de los filosofos. Asi pudo acuiiar una imagen idealizada
y resplandeciente del mundo aristocratico, imponiendolo a la admiracion incluso del nuevo nivel de cultura alcanzado por su epoca.
El concepto de 10 divino llega a expresarse ahora en la forma
panteista que Ie dio Xenophanes: Dios es "10 que es el Todo" (4).
Y cuando torna a la concepcion politeista, no puede admitir en los
dioses ninguna imperfeccion: es absurdo pensar que puedan sufrir
enfermedad, vejez, esfuerzo 0 congoja (5). Es una temeridad imputarles
crimenes: los dioses solo ejecutan bellas acciones (6). Destaca la om(1)
(2)
(3)
(4)

Floril. 88, 14.
V. 535 y s.
V. 537 y s.
Fr. Ad. 23 (Los fragmentos se citan primero
por la de SCHROEDER, con noa S y el numero

(5) Fr. Ad. 25. S. 143.
(6) OZ. I, 35.

por la edicion
correspondiente.

de PUECH
y a continnacion
Asi en este caso:) S. 140.

�nipotencia divina: "Dios puede de la noche negra hacer surgir el dia
inmaculado, y en las tinieblas como en obscura noche, ocultar el esplendor del sol" (1). "Solo Dios acaba toda cosa seglin su esperanza;
Dios, que alcanza al aguila en su vuelo, se adelanta al del£in en eJ
mar, encorva a los mortales orgullosos y hace pasar a otros la gloria
imperecedera" (2) .
Este alto concepto de 10 divino queda redondeado cuando Pindaros
seiiala la impotencia humana frente a el; pero, al mismo tiempo coloca al hombre en un elevado sitial al afirmar su intimo parentesco
con los dioses. "Una es la raza de los hombres, y otra, la raza de los
dioses. A la misma madre debemos la respiracion los unos y los otros;
pero estamos separados pOl' toda la distancia del poder que nos es
atribuido. La humanidad no es mas que nada, y el cielo de bronce,
residencia de los dioses, permanece inmutable. Sin embargo, nosotros
tenemos alguna relacion con los inmortales porIa
sublimidad del
espiritu y tambien pOl' nuestro ser fisico, aunque ignoremos que via
el destino ha trazado para nuestra carrera, dia y noche" (2).
La omnisciencia y la omnipotencia divinas se manifiestan tambien,
entonces, en su relacion con el hombre. No podemos ocultar nuestros
actos a los dioses, que todo 10 yen (4).
El hombre debe aspirar a la felicidad, que es el primero de los
bienes (5), y ella solo se obtiene con esfuerzo (6). Pero, en definitiva,
solo de Zeus depende el exito en todas las cosas (7). POI' eso no debe
aspirar a ser inmortal como el (8). Belerophon, que montado en Pegaso, quiso escalar el cielo, se desplomo en mitad de su ascension (9).
El alma aristocratica de Pindaros se nos revela claramente cuando
coloca a la buena fama, a la gloria, como el segundo de los bienes que
ha de conquistar el hombre, junto a la felicidad (10). Pero, ahora,
tamhien, hemos de ser sumisos. "No hay que luchar contra la divinidad, que ya eleva a estos; ya da a otros una gran gloria" (11). Es Dios
el que distribuye a los hombres la valentia y la inteligencia (12), la
fuerza, la elocuencia, y todas las otras cualidades (13). Las diferencias
humanas tienen, pues, un origen en la voluntad de los dioses y pOl' eso
es reprobable intentar sobrepasar el rango que a cada uno Ie ha sido
adjudicado (14).
En todo hombre existe la tendencia al mal, que se manifiesta
sobre todo como injusticia: "el espiritu de los mort ales esta demasiado
(1)
(2)
(3)

(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)
(0)

(II)
(2)

(13)
(4)

Fr. Ad. 19. S. 142; fro Ad. 24. S. 141.
Pit. II, 49 y 55.; Cf. Pit. IX, 46 y 55.
Nem. VI, 1·7.
OZ. I, 64; Pit. III, 28 y 55; Pit. IX, 45 y
Pit. I, 99.
Pit. XII, 28.
Pit. XII, 29 y 55; Nem. X, 29 y 5.
1st. V, 14 y 55; 01. V, 24.
1st. VII, 42 y 55.
Pit. I, 99.
Pit. II, 88 y 55.
01. IX, 28.
Pit. I, 41 y 5S.
Pit. II, 34.

5S.

�dispuesto a sacrificar la justicia a la ganancia adquirida pOl' el fraude"(l). Pero el cumplimiento 0 la violacion de la moral estan sometidos
ya en esta vida a sanciones proporcionadas. "Mientras avanzas porIa
via de la justicia te envuelve una prosperidad magnifica" (2). En
cambio, "los goces contrarios a la justicia esperan el fin mas amar·
go" (3). Ademas, existen penas y recompensas despues de la muerte;
los culpables son juzgados pOl' un juez pOl' sus crimenes y sufren una
pena bajo la tierra (4), y los buenos Hevan una existencia feliz exenta
de todo mal (5).
Pindaros, nos presenta como Hesiodo, a los valores de la comunidad en la forma de divinidades menores, que luchan contra la
Hybris: "Eunomia, con su hermana, sosten de los Estados, Dike, la
inquebrantable, y su otra herman a, Irene, dispensadoras de las riquezas, hijas preciosas de la sabia Themis. Estan prontas para rechazar a la insolencia, madre de la saciedad" (6). Themis es la "asistente de Zeus hospitalario" (7), la "sabia" (8), la "santa" (9), la
"buena consejera" (10).
POI' otra parte, aparece la tranquilidad (Hesychia)
como hija de
la justicia. "Tranquilidad benevola, hija de Dike, tu que haces crecer
los estados, tu que guardas las Haves soberanas de la guerra y de los
consejos. .. POl'que tu sabes siempre, con 10 mas justo oportuno,
mantener un comercio mutuo de relaciones pacificas" (II) . En conexion
con esto destaca los males de la guerra: "la guerra es dulce para
aqueHos que no la han vivido: pero si se la experimenta, uno tiembla
extranamente en su corazon, cuando se la ve acercarse...
Que los
ciudadanos hagan reinar la calma en el estado, y que busquen la
esplendorosa luz de Hesychia, que agranda el corazon de los hombres;
que arranquen de sus almas la discordia vengadora, creadora de pobreza, odiosa educadora de la juventud" (12).
Y es Apolo el que hace penetrar en los corazones el amor de la
concordia y el horror de la guerra civil (13).
En todo esto vemos una combinacion de la antigua teologia y
moral de los senores con las ideas mas perfectas y humanas de Hesiodo
y del orfismo. Pero hay algo en 10 cual Pindaros no transige y es en
el modo de distinguir a los hombres y de valorar alas clases sociales.
SegUn un fragmento que nos ha conservado Platon, "Nomos reina del
(1)
(2)

(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)

(10)
(11)

(12)
(13)

Pit. IV, 139 y ss.
Pit. V, 13 y ss.
1st. VII, 46 y ss.

Fr. Th. 1. S. 129·30.
Fr. Th. 2. S. 131; 01. II, 62 y ss. Pindaros admitia lambien la metempsicosis. Fr. Ad.
21. S. 133.
01. XIII, 6 y ss; Cf. 01. IX, 16.
01. VIII, 22.
01. XIII, 8.
Pit. XI, 9.
1st. VIII, 31; fro H, 1. S. 30.
Pit. VIII, Iss; Cr. 01. IV, 16.
Fr. Hyp. 3. S. 109·110.
Pit. V, 65 Y S8.

�universo, de los Irnmortales y mortales, justifica la fuerza que conduce
todo con su brazo poderoso" (1). Y el poema, que se ha perdido,
continuaba aludiendo al robo por Herakles de los bueyes de Geryon
como ilustracion del cumplimiento del Nomos. Asi, Kallikles interpreta el fragmento en el sentido de que la ley justifica el mejor derecho de los fuertes. Y no es posible alejarse mucho de esta interpretacion (2) porque, como en seguida veremos, otros pensamientos de
Pindaros concuerdan perfectamente con ella. El Nomos ha de ser
entendido como la antigua costumbre que legitima la supremacia de
los nobles. Y su asimilacion al concepto de rey, Ie da el canicter de
principio divino e irresistible ante el cual todos deben inclinarse. La
expresion "ley divina" se encuentra en otro fragmento (3).
La supremacia de los nobles reside en que la autentica virtud es
la que se hereda y no la que se aprende por el esfuerzo individual.
Pindaros rechaza totalmente la teoria de Xenophanes de la superioridad del saber sobre la fuerza. Sin duda que eI no plantea asi la
antitesis. La oposicion no es ahora entre la fuerza y el saber, sino
entre la virtud innata y la adquirida, pero es claro que detras de
ella se oculta la oposicion entre la habilidad de los nobles y la de
los burgueses. "Por el heroismo hereditario un hombre es grandemente poderoso. AqueI que no sabe mas que 10 que ha aprendido
permanece en la oscuridad, zarandeado por un viento inconstante;
jamas .avanza con pie seguro, y su alma desigual intenta la glorill
por todos los medios" (4). "Los hombres tienen sus diversas artes;
pero hay que andar sobre el camino recto, empleando las cualidades
naturales" (5). "El hombre habil es aquel que recibio de la naturaleza su gran saber; los que no saben sino por haber aprendido, semejantes a cuervos, en su inagotable habladuria, que graznen en
vano, contra el aye divina de Zeus!" (6)."
ada vale como los dones
naturales: empero,. a menudo, los hombres pretenden conquistar la
gloria por las cualidades que han adquirido. Pero los esfuerzos que
la divinidad no recompensa, mas vale, sin duda, callarlos; porque hay
caminos que conducen mas lejos que otros, y nosotros no tenemos
exito todos en los mismos estudios" (7).
El principio de la virtud hereditaria da ahora pIeno sentido al
precepto de honrar a los padres, que Pindaros coloca junto al de
honrar a los dioses (8). El precepto se dirige especialmente a los
nobles. El hijo del pueblo no tiene razon para honrar, pero si el
noble, puesto que sus virtu des son tales por haber sido el patrimonio
de sus antepasados.
(1) Gorg. 484 b. Fr. Ad. 49. S. 169.
(2)

Socrates, no solo no protesta contra ella sino que la acepta:
tn y segnn Pindaros,
la Justicia",
etc., 488 b.
Fr. Od. 1. S. 1.
Nem. III, 40 y ss.
Nem. I, 25 y ss.
01. II, 94 y ss.
(7) OL. IX, 100 y ss.
(8) Pit. VI, 20 y ss.
(3)
(4)
(5)
(6)

"dime

en que consisle

segun

�Esta es tambien la clave para interpretar el senti do general de
los epinikia. Es claro que si la virtud que vale es la innata y la virtud
innata es la heredada, el elogio del triunfador es inseparable del elogio
de sus antepasados. Mas bien las hazanas de estos han de constituir
el tema fundamental, puesto que solo en gracia a ellas se explica la
victoria del epigono.
Otra cosa surge tambien de aquel principio. Si el valor de la
nobleza finca en sus virtu des innatas, estas constituyen un patrimonio
permanente de sus portadores, y aquel valor se hace independiente
de las contingencias politicas, de que el orden aristocratico del estado
haya sido invertido y dispersados sus miembros. Adondequiera que
vaya, el noble sera siempre el mejor, porque su excelencia no radica
en los bienes exteriores de la riqueza 0 el poder sino en la virtud
que yace en el centro de su persona. Asi hay que interpretarlo cuando
dice que "un hombre de palabra franca se hace valer en todo pais,
cerca de los tiranos, donde /!:obierna la muchedumbre impetuosa, y
en los estados que regentean los sabios" (1).
Tampoco ha de verse una contradiccion con su ethos aristocratico en aquel pasaje en que exclama: "cuando observo que en el
estado los ciudadanos de condicion mediocre gozan de la felicidad
mas durable, me disgusta el destino de los tiranos y no aspiro mas
que alas virtudes comunes" (2). Para nada se pone aqui en tela de
juicio el valor de la aristocracia, que no puede ser de ninglln modo
asimilada al gobierno tiranico. Esto no solo result a evidente del pensamiento citado anteriormente, en que se distinguen las tres formas
de gobierno (tirano - muchedumbre - sabios) sino tambien de nuestro
conocimiento de la historia de las polis. Es sabido que los tiranos
se erigieron generalmente con el apoyo del pueblo y en detrimento
de la aristocracia. Pindaros ahi solo compara la situacion del tirano
con la del pueblo que contribuyo a instaurarlo, y se complace en
decirle al gobernante que prefiere la mediania del vulgo. En esto veo
solo un medio artero de humillar al tirano y no la intencion de exaltar
a los democratas.
POl' 10 demas, Pindaros no fue indiferente a los problemas actuales
de la politica. Como Theognis, vio que "es facil destruir un estado;
pero -restahlecerlo es dificil si los dioses no ayudan" (3). Y cuando
10 considero oportuno dio buenos consejos a los poderosos. El principe
"debe saber tratar con honor al pueblo y formarlo en la concordia
pacifica" (4). "Dirige al pueblo con el timon de la justicia" (5). El
poeta que cantaba a los vencedores de los juegos, no queria darles
la inmortalidad si no iba acompanada de una conciencia permanente
de los valores morales.

(I) Pit. II, 86 y ss.
(2) Pit. XI, 52 y ss.
(3) Pit. IV, 273 y ss.
(4) Pit. I, 69 y ss.
(5) Pit. I, 86 y ss. Cf. Pit. V, 13 y ss.

�Como Pindaros, su contemporaneo algo mas viejo, Aischylos (525
a. C.) pertenecia a una familia de eupatridas. Pero el conjunto de
su obra no acusa ninguna preocupacion por el problema del valor y
situacion de la nobleza que tanto tema habia ofrecido a aquel. Aischylos esta domina do por el pensamiento de la justicia retributiva,
estrechamente unida a s11.concepto de la divinidad. Habia nacido en
Eleusis, la villa de los misterios, y aunque parece que no era iniciado,
es 10 cierto que su obra revela una profunda religiosidad que supera
en mucho alas creencias corrientes sobre los dioses homericos. En
medio del politeismo subsistente, encontramos ahora una tendencia a
la unidad. Los dioses no actuan independientemente unos de otros.
Los oraculos de Apollo expresan la voluntad de Zeus (1). Este mismo
es concebido, al igual que Pindaros, como el todo: "Zeus es el eter,
Zeus, la tierra, Zeus, el cielo, Zeus es el todo, y todo 10 que existe
mas alIa de esto" (2). Todo es obra de los dioses, y todo 10 hacen sin
esfuerzo. Zeus es el que todo 10 quiere y todo 10 ejecuta hasta el fin.
Sin Zeus nada se cumple entre los hombres (3). Y el pensamiento
divino se realiza siempre por vias que nadie puede penetrar (4). El
orden establecido por Zeus no puede ser viola do por ningun mortal (5).
Aischylos no ha pintado la vida humana con colores tan obscuros
como Theognis, pero en eI persiste cierta tendencia pesimista: la ley
de la prudencia es el sufrimiento; el hombre solo comprende el sentido
de las cosas cuando ha sufrido (6). Y "la desgracia no distingue, y
en su carrera err ante, se posa hoy sobre uno y manana sobre otro" (7).
Admitia la idea orfica de la inmortalidad del alma y las sanciones
de ultratumba. En el Hades hay otro Zeus que juzga a los muertos
segun sus culpas (8).

La norma general de la conducta humana es, como en to dos, la
mesura (9). Asi, ningun hombre debe tener pensamientos por encima
de su condicion mortal. La insolencia conduce al error y el error produce lagrimas (10) .
Aischylos nos ofrece por primera vez un panorama completo de
las virtu des clasicas griegas al hacer el elogio del adivino Oicleida:

(1)
(2)
(3)
(4)

(5)
(6)

(7)
(8)
(9)
(10)

Eumeu. 19.
Fr. 70. NAUCK.
Agam. 1485 y 55. Suppl. 95 y
Suppl. 92 y 55. 598 y 5.
Promet. 551 y 55.
Agam. 177. Eumell. 519 y 55.
Promet. 275 y 55.
Suppl. 230 y 55.
Eumeu. 525 y 55.
Pers. 819 y 55.

55.

�"hombre sabio, justo, valiente y piadoso" (1). Platon sustituira la
piedad porIa templanza.
La justicia sigue ocupando el lugar mas alto, tal como se 10 adju.
dicara Hesiodo. La suprema ley de la conduct a es venerar a la Justicia (2), que es una diosa (3). Ella aparece indisolublemente vinculada
al dios supremo: "EI reino de Zeus es el de la justicia" (4). Esta es
una idea central en el pensamiento de Aischylos. Se trata siempre de
[a justicia retributiva, la que castiga y premia. Ella combate junto al
que la defiende (5) y honra a los puros e inocentes (6). Se destaca
espccialmente que "el respeto a los padres es la tercera ley inscripta
en el libro de la Justicia" (7). Pero nadie puede salvar al que viola
sus dictados (8). Es una ley de Zeus que cl culpable debe ser castigado (9). Los que desprecian a los dioses un cierto dia reciben su
merecido (10). La Justicia castiga a unos enseguida, a otros mas tarde,
y cuando mas tarde llega, mas cruel es (ll).
Su medida es en general el talion. La justicia exige "que toda
palabra de odio se pague con palabra de odio" y el homicidio con
el homicidio (12). Este es sin duda el crimen mas grave. La sangre
reclama sangre (13). El agua de todos los rios no basta para purificar
las manos del asesino (14). Pero a esto se aiiade la idea de que las
generaciones posteriores han de pagar pOl' las anteriores. Las Erinys,
encargadas de atormentar a los delincuentes y en especial a los parricidas, castigan en los hijos los crimenes de los padres (15). Asi, la
destruccion de los Priamidas, de los Atridas, etc. todo es obra de la
J usticia hi j a de Zeus (16).
Todo esto supone que el derecho es de origen divino. Son las
leyes escritas en el libro de la Justicia, no en el de ninglin estado
terreno. Y es un derecho implacable y terrible, que castiga en los hijos
10s crimenes de los padres, crimenes que fueron quiza cometidos para
ejecutar ordenes de los dioses, como el sacrificio de Ifigenia y la
muerte de Clitemnestra.
Pero en las Eumenides presenciamos un hecho extraiio. Pallas
Athena instituye el tribunal del Areopago para la ciudad de Atenas,
con la funcion de juzgar los homicidios. Alli Orestes es absuelto de
su delito, gracias al voto de la diosa. POl' consiguiente el del'echo, de
origen divino, no es inmutable. Y este cambio de las leyes ocurre en
0)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)
(0)

(ll)
(2)
(3)
(4)

05)
(6)

Sept. 610.
Eumen. 538 y 55.
Agam. 381 y 85.
Suppl. 435 y 55.
Suppl. 342.
Agam. 774 y 85.
Suppl. 708 y 8.
Agam. 381 y 55.
Agam. 1563 y 55. Choeph.
Suppl.
/32 y s.
Choeph. 61 y 88.
Choeph. 309 y 55.
Choeph. 400 y 55.
Choeph. 72 y 55.
Eumen. 930 y 55.
Choeph. 935 y 55.

382 y

55.

�el sentido de la dulcificacion. Es un termino medio entre la anarquia
y el despotismo (I). Zeus, el terrible justiciero, se ha vuelto misericordioso. EI crimen de Orestes tenia una justificacion: habia sido
ordenado por un dios. Pero en Aischylos esta razon no es elevada a
principio general. Por que ha sido perdonado Orestes, y no Agamenon,
que tambien mato por orden divina? Por que justamente ha sido
absuelto el parricida y no el filicida ni la uxoricida?
Este problema se toca hasta el fondo en el Prometeo. Aqui vacila
el terreno pisado hasta ahora, pues se discute abiertamente el caracter
justiciero de Zeus. Este drama entre dioses es desde el principio hasta
el fin la negacion de la tesis de que "el reino de Zeus es el reino de
la justicia". El titan Prometeo es castigado por haber dado el fuego
de 10s dioses a los hombres. Con esto ha "viola do el derecho" (2).
EI hombre tiene que preguntarse, forzosamente, como puede ser
justo el dios que queria destruir a la humanidad y que castiga al que
se 10 ha impedido y Ie ha dado a aquella un principio de progreso.
EI derecho divino no es otra cosa que la voluntad arbitraria de un
dictador. Y efectivamente, Zeus es presentado como "el joven tirano"
que escalo cl poder supremo hace poco, despues de haber expulsado
a su padre Cronos (3). "Nuevos senores asen la barra en el Olimpo:
en nombre de leyes nuevas, Zeus ejerce un poder sin norm as y destruye hoy los colosos de antano" (4). "Un nuevo senor es siempre
duro" (5). Zeus es ese "duro monarca, cuyo poder no tiene que rendir
cuentas" (6) y hace el derecho a su discrecion (7), es decir, "erige
a sus caprichos en leyes" (8) .
Y todavia este tirano esta adornado con el defecto peculiar de todo
autentico arrivista: es ingrato con el propio amigo que 10 ayudo a
triunfar de Cronos. Prometeo observa ironicamente: "sin duda, es
un mal inherente al poder supremo la desconfianza respecto a los
amigos" (9).
Es indudable que la tragedia ofrece en todo esto una trans posicion
al plano divino de situaciones y reacciones de la humana politica. Y
ello no en relacion a un caso historico concreto, sino en su plena
significacion universal. Se ha observado que Hephaistos, Kratos y
Hermes representan tres tipos distintos de servidores de un dictador.
"Hephaistos vacila entre la obediencia que debe a su senor, y la simpatia llacia su antiguo amigo, ahora frondeur contra el regimen de
Zeus. Kratos parece un ser subalterno, aterrorizado por el tirano, un
criado sin propio albedrio, un verdugo sin compasion. Hermes, en
cambio, es el funcionario ideal. No es ciego, vil y primitivo como
Kratos, sino sensato, prudente, lOgico. Pero al contrario de la inde(l)
(2)
(3)

Eumen. 696 y
Promet. 30.
ld. 943.
(4) Id. 147 y 55.

mId.

55.

35.

(6)

Id. 324 y s.
(7) Id. 187 y s.
(8) Id. 404.
(9) Promet. 224 y

SS.

�CISIOn de Hephaistos, Hermes Ie presta a Zeus tan incondicional
obediencia como Kratos" (1).
Pero esto no debe desfigurar el senti do directo del drama respecto
del problema de la justicia divina. Si la transposicion ha sido posible
es porque e1 problema es comlin a dioses y hombres. No se trata de
una analogia de la justicia entre dioses con la justicia entre hombres,
sino que en el problema de la justicia de Zeus esta implicado tambien
el hombre. La causa de Prometeo es la causa de la humanidad. Ai~,chylos ignora aun el punto de vista relativista. El problema de los
valores es planteado pOl' el en su universal radicalidad. Lo sorprendente, y que desentona con las otras tragedias, es que aqui Zeus es
presentado como el injusto. Y el drama termina con el triunfo de este
injusto. Y este injusto es el dios supremo. POl' esto se ha llegado a
dudar de si era esta una obra del mismo autor de la Orestiada y no
mas bien de un autor posterior ya influido poria critica de los sofistas.
Pero no debemos olvidar que Prometeo encadenado era solo la primera pieza de una trilogia vinculada. A ella seguia otra titulada la
liberacion de Prometeo. POl' las referencias que de ellas tenemos, sahemos que en ella figuraba Gaia, madre del titan, que Ie habia revelado
el secreto del cual dependia el destino de Zeus. Gilbert Murray supone
que Gaia pedia a Prometeo la autorizacion para descubrirselo a Zeus.
El secreto era que el hijo de este y de Thetis destronaria a su padre.
Al saber el secreto Zeus renuncia a desposar a Thetis y asi se salva.
En compensacion libertaba a Prometeo (2). Si esta hipotesis es exacta,
resulta que la liberacion de Prometeo no se debe a una imposicion
de este, valido de su secreto, sino a la generosidad de Zeus. Tendriamos
entonces una evolucion de Zeus semejante a la de la Orestiada. Zeus
ha cambia do la justicia: la ha hecho mas equitativa, mas benigna.
Pero, en el fondo, el pensamiento de Aischylos no ha cambiado, pues
la idea comun a esta evolucion de la justicia es que ella no tiene un
contenido esencial, inmutable, sino que depende de la voluntad del
Dios. Es "irracional". Aischylos fue un voluntarista avant la lettre.

La concepcion de Sophokles (497·94) sobre Dios y sobre el hombre
no contiene nada que ya no conozcamos. Zeus y los demas dioses son
omnisapientes; conocen incluso los pensamient05 (3). Zeus es poderoso,
10 ve y 10 dirige todo (4). Son 105 dioses los que conducen todos los
sucesos y envian a los hombres no solo sus bienes sino tambien sus
males y sufrimientos (5). El poder de Moira es terrible, y nada puede
contra eI (6). El hombre no puede luchar contra el poder de Zeus (7).
(l)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

W. Prometeo
ellcudelludo.
En
MURRAY G. Esquilo,
ed. E5pa5a.Calpe.
Elect. 657 y 55.
1d. 174 y ss.
Aj. 1036 y 55. Truc". 1278.
Ant. 951 y 55.
Ant. 604 y 55.
MHZ

Cruz y Ruyu. N.o
1943, p. U5.

36, p. 77.

�EI hombre es una sombra vana, un fantasma (1); su cxistencia es una
nada, todos son desgraciados (2). No se ·puede proclamar feliz a nadie,
antes de que haya llegado al termino de su vida sin sufrir ningun
mal (3). La mejor suerte es no haber nacido, y la que mas se Ie acerca
es morir en seguida de haber venido al mundo (4). Es una ley eterna
que en la vida del hombre no hay prosperidad excesiva sin que se
mezcle el dolor (5). Por eso el hombre no debe querer ser igual a
los dioses (6), que castigan la insolencia (7). Cuando esta ha llegado
a todos los excesos e imprudencias y alcanzado la cumhre, se precipita
al abismo de males, de donde no sale mas (8).
Hemos encontrado ya estos pensamientos -que Sophokles a veces
reproduce casi literalmenteen las paginas anteriores.

Pero Sophokles tiene una especial significacion para la filosofia
del derecho y del estado, y es el habernos dejado la primera afirmacion clara de una ley natural de la conducta, distinta de las leyes
positivas humanas, y con ello, haber dado el primer impulso a la
. teoria del derecho natural que ira creciendo y afirmandose paulatinamente hasta convertirse en la doctrina dominante sobre las relaciones sociales y politic as. Ciertamente que desde Hesiodo y SolOn se
destaca a la J usticia divinia que premia y castiga; pero las leyes
divinas de que habla Sophokles no son solo distrihuidoras de san·
ciones sino director as de la conducta, orientadoras de las acciones,
sobre las cuales recien mas tarde es que han de recaer aquellas. Sin
duda que -para no mencionar mas que los antecedentes inmediatosAischylos y Pindaros habian afirmado leyes divinas sobre el fondo de
la conducta, y Herakleitos habia dicho que hay una ley divina que
aliment a a todas las leyes humanas. Pero 10 que distingue a Sophokles de los primeros es que sostiene un dualismo de las leyes, que en
aquellos apenas cabe discernir, y 10 que 10 distingue del segundo es
que concibe ese dualismo como una oposicion irreductible, que Herakleitos superaba con su teoria de la unidad de los contrarios.
Es bien conocido el pasaje de la Antigona que expone esa doctrina.
Increpada por Creon de haber transgredido leyes por el dictadas,
Antigona responde: "Si, porque no es Zeus que ha promulgado para
mi esta prohibicion, ni Dike, que habita con los dioses subterraneos,
ha dictado tales leyes a los hombres; ni crei yo que tus decretos
tuvieran tanta fuerza para dar a un mortal el poder de quebrantar
las leyes divinas que jamas han sido escritas y que son inmutables.
(I)

Aj.

(2)

Oedip. rex. 1186 y ss.

(3)

Id.

(4)
(5)

Oedip. in Co!' 1224 y ss.
Ant. 611 y ss. Oedip. Col. 1211 y ss.

(6)
(7)

Aj. 127 Y ss.
Id. 758 y ss. Ant. 127 y ss.
Oedip. rex. 873 y ss.

(8)

125.
1528 y ss. Trach.

1 y ss.

�Pues no son ni de hoy ni de ayer, sino que son eternas y nadie sabe
a que pasado remontan" (1).
EI caracter divino de ciertas leyes y su diferencia con las humanas
fue reiterado en el Oedipo rey: "han sido dictadas leyes sublimes, engendradas en el Ether celeste: solo el Olimpo es su padre; la naturaleza
mortal de los hombres no las produjo" (2). La oposicion entre el
Ether celeste y la mortalidad humana seiiala aqui la diferencia de
jerarquia de ambas leyes. Pero en la Antigona se destaca, ademas, que
las leyes divinas tienen de por si vigencia y no son un mero ideal
para la rectificacion de las humanas. Mas aun: su eficacia es mayor
que la de estas "que no tienen tanta fuerza para dar a un mortal el
poder de quebrantar" aquellas. La indicacion de que "jamas han sido
escritas" esta puesta precisamente en conexion con su mayor eficacia.
Es la ley humana la que por su fragilidad requiere la escritura. lDonde
reside, entonces, la divina ley no escrita? Sin duda, en la conciencia,
puesto que "el olvido no las dejara dormir nunca" (3). Con esto se
habia encontrado una instancia superior en donde basar toda resistencia alas leyes estatales injustas. La desobediencia es obediencia a
leyes superiores, que manifiestan su superioridad en que son inmutables: "no son de hoy ni de ayer; sino que son eternas y nadie sabe
a que pasado remontan". La fijeza de su contenido garantiza su rectitud, su independencia, de toda voluntad arbitraria, motivada siempre
por circunstancias momentaneas. Si pudimos decir que Aischylos era
un voluntarista, cabe designar a Sophokles como intelectualista.
En concreto, el conflicto gira en torno al cadaver de Polinikes,
que Creon ha prohibido enterrar como fratricida, y que, a pesar de
clIo, ha sido sepultado por su hermana. Pero detras se alza un conflicto de principios. Antigona ha cumplido un tradicional precepto del
derecho de familia: ante la muertc no hay diferencias; cada cual ha
de enterrar a sus muertos. "Hades quiere para todos leyes iguales" (4) .
EI amor ha de superar aqui todas las diferencias morales (5). Creon
entiende que "el bueno no debe tener igual premio que el malo''',
que un enemigo no puedc ser amado ni aun despues de la muerte (6)
Y golpeando en 10 mas hondo el sentimiento familiar, llega a afirmar
que "es trabajo inutil venerar a los muertos" (7). Pero solo entendemos el verdadero alcance del conflicto cuando oimos a Creon esgri.
mir como argumento positivo y decisivo la seguridad del estado. La
seguridad es el valor supremo: ante su apremio cs il1diferente que
caigan en pedazos los principios de la tradicion religioso-moral. "A
quien el estado coloco a su cabeza, hay que obedecer en las cosas
pequeiias, en las justas y en las que no 10 son" (8). La actitud del
politico pretende justificarse invocando el bien de la comunidad:
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

Antig. 450 y ss.
Oedip.
rex. 863 y ss.
Oedip.
rex. 863 y ss.
Antig. 519.
ld. 523.
ld. 520 y ss.
ld. 780.
(8) ld. 666 y ss.

�· .. "No hay mayor mal que la anarquia: ella destruye los estados,
trastorna las familias, pone en derrota alas lanzas aliadas. Al contrario,
10 que salva alas mas as, cuando son bien dirigidas, es la obediencia
libre. Asi, hay que defender el orden (.;w'!J.O\)!J.&lt;VOl&gt; -) Y no dejarse nunc a
dominar pOl' una mujer" (1). Aqui aparece claramente delineada la
seguridad como valor de la comunidad, y la inseguridad como el valor
negativo inferior. Pero luego Creon revel a el fondo de su pensamiento
al declarar que la comunidad no es la que ha de dictar 10 que el
debe disponer, pues "el estado es del que manda" (2). Entonces 10
que se hace valer ya no es la seguridad de la comunidad sino la
seguridad de los gobernantes. Suplantando asi la region objetiva del
valor, se pone de manifiesto el punto de vista de la autocracia y con
el, su sinrazon. Lo vemos claramente cuando Creon confiesa su ceguera
para los otros valores: manteniendo el respeto a su autoridad, no cree
violar la justicia (3).

Aristoteles (4) al afirmar la existencia de la ley natural (o justicia
natural), menciona, como corroboracion de su tesis, junto al famoso
pasaje de la Antigona antes citado, estos versos de Empedokles (nacido
hacia 490) :
"Pero la ley valida para todos se extiende a traves
del eter que rein a a 10 lejos y a traves del brillo infinito" ... (5).
Parece que Empedokles sostenia tambien que una misma accion
no puede ser justa para unos e injusta para otros, cabalmente en
virtud de la validez universal de esa ley. Pero en su contenido era
mucho mas amplia que aquella de que hablaba Sophokles. Prohibia
matar a cualquier ser vivo. POl' esto pudo decir Ciceron (6) que
Empedokles (y Pythagoras) atribuia derechos iguales a todos los
animales, y amenazaba con terribles sanciones a los que atentaban
contra ellos. Tal prohibicion esta ligada, como era de esperarlo, a la
doctrina orfico-pitagorica de la transmigracion. EI daimon que ha
cometido una faha es condenado a vagal' durante 30.000 "epocas" lejos
de los bienaventurados, ingresando en el cuerpo de los seres mas diferentes (7). De ahi la prohibicion de sacrificios cruentos y de comer
carne. EI cuerpo del animal es residencia de un ser divino que sufre
una expiacion (8) ... La ley universal de E. tiene, pues, un amplisimo
(1) Antig. 672 y ss.
(2) Id. 734 y ss. 738.
(3) Id. 74HI.
(4) Rltet. A 13.1373 b.
(5) DIELS. Fe. 135.
(6) de Rep. III, 11, 19. PLUTARCO, de esu c. II, 997, se referia a 10 mismo diciendo
E. y Pyth. nos ensenaban a ejercer la justicia incluso con seres de otra especie.
(7) D. fro 115.
(8) D. fro 136 y 137.

que

�alcance: abarca a dioses, hombres y animales en una gJ.·anconfrater·
nidad. Pero, por eso mismo, tiene poco caracter juridico en el moderno
senti do de la palabra.
Los garibaldinos celebran a E. como democrata. Y con razon.
Pues reformo la constitucion de Acragas, disolviendo la oligarquia
de los Mil, y sustituyendola primero por un gobierno mixto, compuesto de los ricos, y "los entendidos en los asuntos del pueblo" (1).
Luego, seglin Neanthes Kyzikenos, despues de la muerte del gobernante Meton, hubo intentos de tirania, y entonces E. establecio la
democracia (2). Pero no sabemos si trato filosOficamente estos problemas, ni si los vinculaba de algun modo a la ley universal que afirmaba
en los Katharmoi.

(l)

DIOG.

(2)

ap.

LAERT.

DIOG.

VIII, 66.
VIII, 72.

LAERT.

�</text>
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                <text>Los orígenes de la Filosofía del Derecho y el Estado</text>
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                <text>El presente estudio no es una monografía sino un fragmento de una obra de conjunto que abarca la filosofía del derecho y del estado en la antigüedad greco-latina, y en sus últimas intenciones quiere llegar a ser una historia completa de esta disciplina. No sé cuando podre dar cima a mi labor, pero como Las partes ya redactadas son el resultado de una rigurosa y exhaustiva búsqueda hecha sobre las fuentes mismas, las doy a publicidad pensando que quizá puedan colmar una laguna de la literatura contemporánea, especialmente de la de habla española.</text>
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                <text>LLAMBIAS DE AZEVEDO, Juan</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1947, Año I, Nº 1 : p. 229-273</text>
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                    <text>— oís¿ lamíig 'aunroaaij^, ;y (t)
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�ya de imponer una norma intangible, sino de analizar un problema
ante la razón. Las soluciones anteriores 7 las situaciones reales de la
vida se examinan fríamente, surge la conciencia de la aporía y, con
ella, la legitimidad de la discusión. Herodoto mostrará a los griegos
que los bárbaros profesan otras creencias, que tienen por santas y
practican otras costumbres, que creen justas y buenas. Protágoras
y los Aiadol Xóyoi elevarán estas diferencias a doctrina, fundando
el relativismo. Sobre cada tema hay varias soluciones. Todas pueden
justificarse. El mismo Herodoto dará el ejemplo con la discusión sobre
las formas de gobierno, en la que se opone argumento a argumento
y se comparan ventajas e inconvenientes.
Ahora bien, el empleo del método crítico había de ser fatal para
los antiguos principios. Desde Hesíodo hasta Sóphokles se daba a los
valores y a las normas un origen divino. Ahora esto será negado,
puesto que la misma existencia de los dioses resulta dudosa. Los va
lores tienen un origen humano. Esta tesis de Archelaos —el discípulo
de Anaxágoras— es común a toda la época. Y, aunque Protágoras
parece desmentirla al dar a la democracia un origen divino, esto es
sólo un recurso retórico.
Surgió entonces el problema de la justificación del derecho. Unos
lo defenderán, como Lykophron y el Anonymus Jamblichi, fundán
dolo en la seguridad y en otras ventajas que presenta; otros lo exhi
birán bajo una luz desfavorable, ya oponiéndole la "naturaleza" como
norma más elevada (Hippias, Antiphon), ya mostrando que las leyes
son un engaño de los gobernantes (Thrasymachos) o una astucia de
los débiles (Kallikles) y que los mismos dioses son la invención de
políticos aprovechados para atemorizar a los trasgresores (Kritias).
Y puesto que nada se asienta sobre bases inconmovibles, surgirán
también intentos de trastornar el orden mismo de la comunidad, con
principios radicalmente nuevos. (Phaleas, Hippodamos).
Además, la época de los sofistas abordará los temas con mayor
universalidad. No era el hombre in abstracto el que había preocupado
a Hesíodo, sino el campesino atropellado por los jueces venales; a
Solón, el pobre expoliado por el rico; a Theognis y a Píndaros el
noble despojado por la plebe. Era siempre "cierto hombre", en una
determinada situación concreta, el que preocupaba. Y cuando se había
superado esta posición se iba al extremo opuesto, hasta poner al ani
mal en un mismo plano con el hombre, como lo había hecho Empédokles. En cambio, el período que vamos a estudiar, dejará de lado
toda particularidad, para estudiar al hombre como hombre, en su uni
versalidad, separándolo, al mismo tiempo, de lo divino y de lo animal.
Los principios, las normas y los regímenes políticos no serán conce
bidos desde el punto de vista del noble o del pobre, sino del hombre
en general.
El centro de toda esta actividad filosófica fue Atenas que, como
es sabido, después de las guerras médicas, se convirtió no sólo en la
potencia más importante de la Hélade sino también en su capital
intelectual. Allí acudieron de todas partes los mejores espíritus, que

aportaron su saber y lo difundieron, de suerte que Perikles, que lo
había fomentado, pudo decir de ella que era "una escuela de doctrina,
una regla para toda Grecia, y un cuerpo bastante y suficiente para
administrar y dirigir bien a muchas gentes en cualquier género de
cosas" (1).
Los personajes que dieron el tono a la época y que trataron
nuestros problemas se llamaron a sí mismos "sofistas" (2) especie de
profesores itinerantes que, mediante una paga, trasmitían su saber
y ejercitaban a los hombres especialmente en aquellas ramas que la
constitución democrática había hecho indispensables a todos para
participar con éxito en ella (3).
Sus doctrinas constituyen ahora el objeto de nuestra exposición.
Pero junto a ellos hemos de considerar a otros, que meditaron sobre
algunos de nuestros problemas, y que pueden caracterizarse ya como
precursores ya como aplicadores de las tesis de los sofistas. A los pri
meros pertenecen Herodoto y Archelaos; a los últimos, Thoukydides
y Eurípides. También corresponden a esta época, aunque la conexión
con los sofistas sea desconocida o remota, Phaleas e Hippodamos, el
anónimo autor de la Constitución de los Atenienses, y Kallikles,
el desconocido personaje del Gorgias.,,

HERODOTO
Herodoto de Halicarnaso (hacia 485) significa la transición entre
las dos épocas. Esto se advierte ya en su posición religiosa. En prin
cipio se muestra conforme con la religión pública, los dioses antropomórficos, los oráculos y los dictados de una providencia divina que
ha ordenado la naturaleza, dirige la historia y ejerce su justicia con
terribles castigos contra aquellos que violan las leyes divinas (4).
Cree también en la envidia o celos de los dioses frente a los hombres
que pretenden igualárseles (5) y, ante los cambios de fortuna a que
está sometida la vida humana, participa del antiguo pesimismo que
considera a la muerte como el estado preferible (6). Pero, poseído
de cierto espíritu crítico, rehusa dar crédito a ciertas leyendas que
narran hechos o los explican a base de lo maravilloso: palomas con
voz humana que fundan los oráculos de Dodona y Libia, Rampsinito
que baja al Hades y juega a los dados con Demeter, la mesa del sol
en Etiopía, Targitao, el ascendiente de los escitas, hijo de Zeus y de
una hija del río Borístenes, el canal del río Peneo abierto por el
mismo Poseidón (7). En estos casos Herodoto o intenta una explica
ción natural o se niega simplemente a aceptar la tradición.
Su posición respecto a la moral presenta el mismo carácter. Por
(1)Thoukyd. II, 41.
(2)Plat. Protág. 317 b.
(3)Ael. Aristid. 46. Diels, 79, 1; ^iaao\ Xó-fot, 7 y 8. Diels, 90.
(4)Hebod. VIII, 77; III, 108; II, 120; IV, 205; VI, 84 y es.; VII, 133, 137; VIII,
129; V, 92.
(5)I, 32, 34; III, 40 ss.; VII, 10, 46 ss.
(6)II, 31 ss; VII, 46.
(7)I, 60, 182; II, 56 ss.; 122 ss.; III, 18; IV, 5; VII, 129.
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oiiuisdtaB^ 'Biqr^ jÍ BuopoQ ap sojnoBJO so[ uepunj anb BUBUinq zoa
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sajqmo^ so[ b ^juajj sasoip so^ ap sop^ o BipiAua bj na naiqinei
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anb BuiAip BpnaptAOjd Bun ap sopBi^ip so^ A so^iiobjo so{ 'sooipoinod
-ojjnB sasotp eo[ 'Bat^qnd uoi^i[9J b^ uoo anuojnoa Bajsanra as oidio
-n^d u^ -BsoiSipj nopisod ns ua b^ ajjt^iApB as ois^ 'SBooda sop sb[
nopisnBJ} bj boijiu^is (59^ Bp^i^) osBaJBaipjjj ap ojopojtag

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•ud so]; y -sbjsijos soj ap stsaj 9v\ ap sajop^oipá^ otaoo b^d
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ops^ ap BJBfap 'JBipnjsa b souiba anb opojjad p 'oiqruBo ng *sappp
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Biqsq as opuBiio j^ #BqBdnooaad anb p 'Bjajonoa uopBnjis BpBuiuuaiap
Bnn ua 'í4ajquioq ojjapM ajdmais Bj^ "aqa^d b^ aod opBÍodsap apqou
p eoJBpuj^ b A siuSoaq^ b íoaij p jod opBipodxa ajqod p 'uopg
b íso[BU9A sa^an^ soj jod ops^pdojiB onisaduiBo p ouis 'opots^jj b
opsdnooajd Biqsq anb p ojonujsqv ut ajqmoq p Bja o^^ •pBpi^sjaAiun
jo^Íbih uoa SBuiaj so[ BJBpjoqs sbistjos soj ap Booda bj 'sBtaapy
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ap BpniSB Bun o (soqaBuLCsBjqj^) saiuBUJaqo^ soj ap ourSu^ un uos
sa^aj sbj anb opnBJisom vA '(uoqdijuy 'sBiddijj) BpBAaja sbui buuou
ooioo ítBzajBjnjBU,, bj ajopuaraodo ^A 'ajqBjoABjsap znj Bun ofBq uBJiq
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'opBSau BJas ojsa Bjoqy 'ouiAip naSiao un sbuuou sbj b A sajojBA
soj b Bq^p as saj^pqdog Bjseq opoiBajj ^psaQ •soidpuud sonSi^uB soj
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ojuarangjB b oinamnSjB ánodo as anb bj ua 'oujaiqoS ap sboijoj sbj
ajqos uotsnosip bj noa ojdmafa ja BJBp o^opojajj orasiin jg •asJBOiiiisnf
uapand sBpo^ 'sauopnjos sbtjba iBq Braaj Bp^o ajqog -orasiAijBpj ja
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A sbjubs jod ñauan anb 's^puaaja sbjjo uBsaiojd sojBqjBq soj anb
soSaijS soj b BiBJisora o^opojajj -uoisnosip bj ap pBpiuini^aj bj 'Bjja
uoo lA BijodB bj ap Bpuapuoa bj a^jns 'aiuatuBjjj uenimBxa as BpiA
bj ap sajBaj sauop^iijis sbj A sajouaiuB sauopnjos swj -uozbj bj
Bmajqojd un jbztjbub ap oms 'ajqi^uBini buijou buii jauodnn ap

�un lado admite las leyes divinas (1), el valor del juramento (2), los
preceptos de la justicia (3), la primacía de la paz sobre la guerra (4).
Por otro, se permite apreciar ciertas acciones desde un punto de vista
extramoral, considerando exclusivamente el fin a obtenerse (5). Es el
punto de vista del éxito que ha de ser tan frecuente en las teorías
educativas de los sofistas.
•

•

•

Herodoto interesa a nuestra historia por dos cosas. Es la primera
el diseño que trazó de los derechos y usos de los distintos pueblos
investigados por él, llamando la atención sobre las diferencias que
presentaban con las leyes y costumbres que regían entre los griegos.
Ciertamente que cada ciudad griega tenía su derecho propio que di
vergía más o menos del de las otras. Pero eran divergencias de detalle;
sus principios fundamentales eran idénticos. En todo caso, las dife
rencias tenían que borrarse frente a aquellas más profundas y radi
cales que presentaban los bárbaros.
Aparte del caso extremo de un pueblo que carece de leyes y tri
bunales (6), van desfilando ante nuestros ojos las más diversas insti
tuciones y costumbres; matrimonio por venta de las doncellas hermo
sas con el fin de dotar a las feas (7), obligación de la mujer de matar
a un enemigo antes de casarse (8), matrimonio con uso común de
casadas (9), comunidad de mujeres (10), prostitución de solteras (11),
prostitución de las casadas, una vez en la vida, con un extranjero (12),
prioridad del rey o de los convidados a la boda sobre la desposa
da (13), venta de hijos (14), asesinato de ancianos (15), banquete
funerario con los restos de los ascendientes (16), degüello de la mujer
más amada del difunto (16a), nombre de familia y status personal
determinado por la mujer (17), inversión de las funciones sociales

del hombre y de la mujer (18).
^a primera reacción de un griego al enterarse de tales novedades
hubo de ser, sin duda, la de llevarse las manos a la cabeza. Entretanto,
(1)V, 92.
(2)VI, 86.
(3)I, 4; 10.
(4)I, 87;
(5)III, 72; V, 50.
(6)IV, 106 .
(7)I, 196 ss.
(8)IV, 117.
(9)I, 216.
(10)IV, 104, 172.
(11)V, 6.
(12)I, 196 m.
(13)IV, 168, 172.
(14)V, 6.
(15)I, 216.
(16)I, 216; IV, 26.
(16a)V, 5.
(17)I, 173.
(18)II, 35: "loa egipcios distan enteramente de los demás pueblos en leyes, nsos y eostambres. Allí son las mujeres las que venden, compran y negocian públicamente, y
los hombres hilan, cosen y tejen... Ninguna mujer se consagra allí por sacerdotisa...
...los hombres son allí los únicos sacerdotes. Los varones no pneden ser obligados a
alimentar a sus padres contra su voluntad; tan sólo las hijas están forzosamente rajetas a esa obligación".
-— 214 —

Herodoto consideraba el asunto fríamente, y tuvo ya conciencia de
la relatividad. Luego de referirse a los Isedones agrega: "por lo demás,
estos pueblos son alabados de justos y buenos" (1). Al relatar los
modos diversos con que griegos y egipcios escriben sus cálculos y
cuentas añade que los egipcios decían por esto que "los griegos hacen
a zurdas lo que ellos derechamente"(2).
Pero, Herodoto observa que el derecho, los usos (y en general
todas las normas) afirman su vigencia en cada nación aún cuando sus
miembros tengan conocimiento de los que rigen en las demás. "Es
bien notorio que si se diera elección a cualquier hombre del mundo
para que de todas las leyes y usos escogiera para sí las que más le
complacieran, nadie habría que al cabo, después de examinarlas y
registrarlas todas, no eligiera las de su patria y nación. Tanta es la
fuerza de la preocupación nacional y tan creídos están los hombres
que no hay educación, ni disciplina ni ley, ni modo como la de su
patria" (3).
Además, Herodoto trató por primera vez el problema de la mejor
forma de gobierno, dejándonos una exposición de las razones que
en pro y en contra se daban en su época. En esto también se descubre
una posición relativista, que se destaca más por la circunstancia de
que la discusión del problema se pone en boca de tres persas, sin que
en ella se revele cuál es la opinión del propio Herodoto (4).
Se distinguen tres formas: monarquía o tiranía, oligarquía e isonomía o isegoría. Esta tripartición ha de volverse clásica. La isonomía
se recomienda ante todo porque en ella rige el principio de justicia,
la igualdad para todos. Esta igualdad ha de entenderse en su sentido
político, como ya lo hemos visto en Solón, y se manifiesta en que
todos los ciudadanos pueden deliberar sobre los negocios públicos,
en la elección por la suerte para las magistraturas y en la aneja res
ponsabilidad de los elegidos. Como ultima ratio se arguye que "en
todo género de bienes, lo más es lo mejor". Se objeta a la isonomía,
que el pueblo es insolente en el querer y temerario en el pensar. Des
atento, sin conciencia ni fundamentos de sus actos, ignorante de lo
que es útil a la comunidad, obra al azar, adopta actitudes desenfre
nadas que lo hacen comparable a un toro o a un torrente que todo
lo arrasa. Por otra parte, es un campo propicio para el cohecho, que
conduce a la corrupción en los asuntos de estado, y, si bien no engen
dra el odio entre los ciudadanos, engendra una unión más nefasta que
el odio: la connivencia de los gobernantes para explotar al estado en
provecho propio y para encubrirse recíprocamente sus malversaciones.
La oligarquía tiene a su favor que los nobles son los mejores, los
hombres de mayor capacidad y reputación y, por consiguiente, sus
decisiones serán las más acertadas. Pero la emulación por demostrar
el propio valor y granjearse méritos para con el pueblo engendra la
discordia entre los oligarcas, de donde resultan sediciones y muertes.
(1)IV, 26.
(2)II, 36.
(3)III, 38.
(4)III, 80 y ss.
— 215 —

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�De esta situación sólo se sale cuando sobreviene la monarquía, la cual
es también la única salvación para el desorden que domina en la
democracia. Así, pues, la monarquía puede presentar como un argu
mento a su favor que ella es la desembocadura natural de las otras.
Por otra parte el monarca es en todo "grande y sobresaliente, asistido
de una prudencia política igual a sus eminentes talentos". En la mo
narquía es posible el mantenimiento del secreto de la política exterior
y en ella se logra la independencia y libertad del estado y la fundación
de un imperio. Presenta, empero, grandes desventajas. Es un régimen
que no agrada ni aprovecha a la comunidad; el monarca puede eje
cutar todos sus caprichos impunemente; la insolencia, engendrada
por la abundancia y la envidia, connatural al hombre, lo inducen a
cometer atrocidades, contra lo que podía esperarse de su eminente
posición; persigue a los que valen y se rodea de los malos; fomenta
la delación y la calumnia; se ofende de los que no lo adulan y des
precia a los que lo adulan; modifica las leyes, abusa de las mujeres
y condena a muerte sin oír al acusado.
Así, pues, este cuadro de ventajas e inconvenientes que presentan
las tres formas de gobierno no permite considerar a ninguna de ellas
como la única justificable con exclusión de las demás, antes bien, se
acuña aquí el tópico de que "cada cual es la mejor en su género".
En cuanto a Herodoto, no cabe duda que su opinión es favorable
a la democracia. Cierto que elogia a Políkrates. el tirano samio (1),
y a la constitución de Esparta con sus éforos y senadores, con la cual
los lacedemonios lograron "el mejor orden en sus leyes y gobierno"(2).
Cierto que admite la debilidad de la democracia al señalar que Aristágoras no pudo con sus discursos engañar al rey de Esparta, pero sí
a 30.000 atenienses (3). Pero hay un pasaje en que Herodoto expresa
su convicción en forma categórica: "es cosa probada, no una sino mil
veces, por experiencia, que el estado por sí más próspero y conve
niente es aquel en que reina la isegoría". El máximo testimonio de
ello es para él Atenas, que alcanzó su grandeza no bajo los tiranos,
sino en la democracia (4).

ARCHELAOS
También puede considerarse como un elemento de transición a
Archelaos de Atenas o de Mileto (hacia 480). El discípulo y sucesor
de Anaxágoras en la escuela de Lapsakos fue ante todo un filósofo
ue la naturaleza que intentó conciliar la doctrina de su maestro con
la de los antiguos jónicos. Pero trató también los problemas éticos,
al punto que llegó a decirse que Sókrates no hizo más que ampliar
y propagar las teorías que había aprendido de él (5). Aunque esta
(1)III, 125.
(2)I, 65 y s.
(3)V, 97.
(4)V, 78.
(5)Diog. Laebt. II, 16.
— 216 —

no es más que una de las tantas calumnias que solía urdir la envidia
de los intelectuales fracasados, es un indicio de que aquéllas tenían
cierto volumen. Entretanto, nosotros apenas las conocemos. Parece
que su tesis fundamental fue la de que los valores no tienen ni un
origen divino ni una consistencia objetiva, sino una procedencia pu
ramente humana. Según Hipólito, al explicar la génesis de los seres
vivos, Archelaos decía que los hombres se habían separado de los
otros, "instituyendo jefes, leyes, artes, ciudades, etc."(l). Parece, pues,
que se excluye todo don o decreto de los dioses. Por otra parte, según
el testimonio de Diógenes, negaba que los principios morales
(t¿ Síkoiov Kal t¿ aXaxpov) (2) se fundaran en la naturaleza: ellos han
sido puestos por la ley (3). Así, pues, el derecho en su pura positivi
dad, lejos de basarse en principios superiores, es el que constituye
el contenido de todo deber ser.

PROTAGORAS
Los problemas filosóficos del derecho y del estado adquirieron
por primera vez importancia de primer orden y tratamiento sistemá
tico con Protágoras (hacia 484), el más filósofo de los sofistas. Así
lo hace suponer no sólo la declaración que Platón pone en sus labios
de que, abandonando las ciencias teóricas, se dedicaba exclusivamente
a la enseñanza de la política (que abarcaba, además, la economía y
la ética) (4), sino también el hecho de que entre los títulos de sus
escritos figure un "De la república" (5) donde se trataban aquellos
temas.
Protágoras significa un cambio profundo en la orientación de la
filosofía. No propuso él una nueva tesis sobre el problema del ser.
Su originalidad radica en haber negado toda posibilidad de resolverlo.
Ante todo con relación a los dioses: no hay modo de demostrar ni
que existen, ni que no existen, ni cuál es su esencia (6). No se trata
de optar entre la concepción antropomórfica de Hornero o la panteísta de Xenophanes, ni de concebir otra para sustituirlas. Toda
concepción es aquí ilegítima; la única actitud correcta es el agnosti
cismo. Uno de los argumentos en que se apoya la tesis es la brevedad
de la vida humana. De aquí se infiere que, según Protágoras, la cuestión
religiosa no tenía importancia decisiva. El sentido del argumento era,
probablemente, que, siendo pequeño el plazo de la vida, debía em
plearlo el hombre en resolver las cuestiones primordiales y no había
tiempo que perder en las secundarias.
El otro argumento consistía en la "no perceptibilidad". Esto
adquiere sentido si lo vinculamos a su gnoseología según la cual no
(1)Hippol. I, 9, 6. Diels. 60, A, 4.
(2)to ata^ póv tiene un significado muy amplio: no sólo lo injnsto, sino también lo
vergonzoso, deshonroso, feo, torpe, indecente; p. t. todo valor ético negativo.
(3)Dioc. Laebt. II, 16.
(4)Plat. Protag. 318 d 88.; 349 a.
(5)Dioe. Laert. IX, 55.
(6)Euseb. Prep. evang. XIV, 3, 7. Dioc. Laebt. IX, 51. Diels. fr. 4.
— 217 —

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Á Biraonooa b^ 'SBniapB 'BqBajsqB anb) Baijjp^d bj ap Bzueuasua bj b
a^uaniBAisnpxa BqBDipap as 'sBaijpa) sspnap sbj opnBnopneqe 'anb ap
soiqej sns na anod uojb[j anb uopBJBpap bj ojos on janodns aaBij oj
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'sand 'aaajB^ '{l)it'Ol^ 'sapepnp 'sajjB 'sa^aj 'sajaf opua^njpsin,, 'sojio
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sajas soj ap sisanaS bj JBOi^dxa jb 'ojijodijj un^ag -BUBimiq
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�hay más fuente de conocimiento que los órganos sensoriales. No hay
lugar para admitir un factor racional autónomo, como querían Parménides y sus sucesores. El alma no es otra cosa que los sentidos (1).
En consecuencia, siendo los dioses, según las creencias admitidas, invi
sibles, es imposible establecer cosa alguna acerca de ellos. Por otra
parte, este empirismo hacía también imposible toda teoría sobre el
ser del mundo, que, desde Parménides, empleaba elementos explica
tivos que trascendiendo a los sentidos, pretendían justificarse en el
pensar puro. El empirismo se presentaba, así, como una barrera frente
a todo conocimiento metafísico, frente a toda concepción de lo Ab
soluto.
Según Protágoras el sujeto no tiene ninguna base para hablar de
un ser trascendente. Tiene que limitarse a aquello que le es dado en
la sensación, que es contenido de ella. Ser es lo mismo que aparecer
a alguien. Tal es, por lo menos, la interpretación de Platón (2). Y si
esto es así, es claro que todo juicio que exprese el contenido de una
percepción es siempre verdadero. Pero, por otro lado, las cosas y los
hombres, el objeto y el sujeto, están sometidos a un cambio incesante,
de suerte que en el mismo individuo o en dos individuos diferentes
pueden no coincidir dos contenidos de percepción, y, así, lo que para
uno es verdadero puede ser para el otro falso. El empirismo nos ha
conducido, pues, a una gnoseología subjetivista y relativista (3). Por
eso decía Protágoras que "sobre cada cosa hay dos discursos opues
tos" (4) : es siempre posible que un mismo predicado sea afirmado
y negado por dos diversos individuos y que, sin embargo, afirmación
y negación sean respectivamente verdaderas. Todo esto fue sintetizado
en la célebre fórmula: "El hombre es la medida de todas las cosas,
de las que son como son, de las que no son como no son" (5). Pero
esta sentencia no es sólo una teoría del conocimiento: contiene
también una antropología y, en el fondo, es la cifra de toda una
filosofía. Efectivamente, si frente a los dioses y al ser en sí del
universo el hombre aparece como un ser deficiente, incapaz de cono
cer lo Absoluto, de determinar su esencia y su existencia, frente al
mundo de sus propias percepciones, puesto que no sabemos que el
otro existe, puesto que ser es lo mismo que aparecer, puesto que toda
percepción es verdadera, el hombre, cada hombre, es su propio abso
luto. "El hombre es la medida de todo" significa que en definitiva el
hombre es lo Absoluto. Platón se dio perfecta cuenta de que este era
el sentido último de la tesis de Protágoras, cuando le opuso su propia
tesis de que es Dios la medida de todo (6). Lo que es la medida de
todo, eso es lo Absoluto.

Esta nueva concepción tenía que producir naturalmente un cam
bio en el centro de atracción de la tarea filosófica. Ya no puede inte
resar el mundo, los "meteoro", sino el hombre y su obra. La filosofía
ha de dejar de ser física, para convertirse en filosofía de la cultura
o, como decían entonces los griegos, en política. Y henos aquí de lleno
en nuestro tema. Por desgracia el pensamiento de Protágoras no nos
ha sido trasmitido directamente; lo conocemos sólo a través de la
imitación que nos ha dejado Platón, en el diálogo que lleva su nom
bre, y referido en forma de mito (1). Según éste, la especie humana
fue creada por los dioses y su cultura fue un don de Prometeo. Pero
no es posible tomar esto al pie de la letra, ni como testimonio de que
Protágoras abrigaba convicciones religiosas. El mito es sólo una mues
tra de las múltiples habilidades didascálicas del sofista, que pregunta
a Sókrates si debe exponer su tesis en forma de mito o de discurso
explicativo, y, dejado en libertad, elige el mito por ser "más agra
dable" (2).
Más bien Protágoras, al señalar la diferencia entre el animal y
el hombre, aquél provisto naturalmente de todos los órganos de con
servación, éste "desnudo, sin calzado, sin abrigo, sin armas", ponía
de relieve que el hombre se completa a sí mismo mediante la cultura,
obra de sus propias artes. Lo primero que creó fue la religión y luego
el lenguaje, la habitación, etc. En todo caso, y piénsese de ello lo que
se quiera, es indudable que para Protágoras la comunidad política no
es connatural al hombre, sino una invención de éste. "Los humanos
vivieron primero dispersos, y no existía ninguna ciudad. Así, eran
destruidos por los animales, siempre y por doquier más fuertes que
ellos, y su industria, suficiente para alimentarlos, era impotente para
la guerra contra los animales; porque no poseían aún el arte político,
una de cuyas partes es el arte de la guerra. Trataban, pues, de aso
ciarse y de fundar ciudades para defenderse". Esta es la forma más
antigua que conocemos de una teoría individualista y contractualista
del estado, forma bien rudimentaria por cierto, que probablemente
surgió por analogía con la explicación atomista de la naturaleza,
que poco antes había inaugurado Leukippos en Abdera, precisamente
la patria de Protágoras.
Al mismo tiempo, Protágoras nos ofrece una fundamentación de
la democracia, defendiéndola contra las objeciones tecnicistas de Só
krates. Hoy no podemos decir, sin embargo, que Protágoras haya sido
su más antiguo teórico. Hemos visto que tal título corresponde más
bien a Solón, y que luego Herodoto nos dejó también su contribución
al asunto. Lo que es cierto es que el gran sofista intentó una nueva
justificación de aquella forma de gobierno. Esta nueva justificación
era exigida por los nuevos términos en que el problema se planteaba.
Para Solón la cuestión era defender al ^ueblo contra los privilegios

(1)Dioc. Laert. IX, 51.
(2)Theet. 152 a 88. Diels. fr. 1.
(3)Plat. Crot. 385 e; Theet. 151e ss., 166 d. Aristot. Metaph. V 4.1007 b 18; K 6.
1062 b 13; Sext. Pirr. Hip. I, 216 88.
(4)Dioc. Laebt. IX, 51. Diels. fr. 6 a.
(5)Sext. Adv. math. VII, 60; Plat. Theet. 152 a. Diels, fr. 1.
(6)leg. IV, 716 c.

(1)Protag. 320 c y ss.
(2)Id. 320 c. Tampoco el hecho de que Protágoras hiciera jurar a sus discípulos pobres
en un santuario en cuánto evaluaban su enseñanza (Plat. Protag. 328 b c) es una
prueba de su religiosidad. Protágoras, practicando en esto su propia doctrina rela
tivista, apelaba a las creencias del discípulo, que era el que juraba; las suyas propias
no tenían ningún papel en el caso.

— 218 —

— 219 —

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�de los nobles y los ricos; la disyuntiva era: aristocracia o democracia.
Para Protágoras, en cambio, se trata de apuntalar a la democracia ya
instaurada frente a la objeción de falta de capacidad del pueblo para
las funciones de gobierno. La alternativa es ahora: democracia o tec
nocracia (sofocracia). Efectivamente, Sókrates advierte que mientras
para cualquier problema técnico se consulta exclusivamente a los es
pecializados en ellos, para decidir los asuntos públicos, intervienen
indiferentemente hombres de las más distintas profesiones y situacio
nes, sin que nadie les reproche su falta de estudios previos. Ahora
bien, Protágoras quiere justificar precisamente este carácter de la
democracia. Su punto de partida radica en que hay una diferencia
esencial entre los problemas de la técnica y los de la política. Esto
se advierte ya en el diferente origen que el mito les asigna: mientras
las artes todas son un don de Prometeo, la política es un complemento
que proviene de la solicitud del propio Zeus. Pero escuchemos la
explicación completa: los hombres "una vez asociados se dañaban
recíprocamente, por no poseer el arte político; de suerte que volvían
a dispersarse y a perecer. Entonces Zeus, inquieto por nuestra especie
amenazada de desaparecer, envía a Hermes para que traiga a los
hombres el respeto ( al8&lt;is ) y la justicia (Síks), a fin de que hubiera
en las ciudades orden y vínculos creadores de amistad. Hermes enton
ces pregunta a Zeus de qué manera debe dar a los hombres el respeto
y la justicia: "¿debo repartirlas como a las otras artes? Estas están
repartidas de la siguiente manera: un solo médico basta para muchos
profanos, y lo mismo sucede con los otros artesanos: ¿debo establecer
así la justicia y el respeto en la raza humana o repartirlas entre
todos?" — "Entre todos, dijo Zeus, y que cada uno participe en
ellas: pues las ciudades no podrían subsistir si sólo algunos las pose
yeran, como sucede con las otras artes (1) ; además, establecerás esta
ley en mi nombre: que todo hombre incapaz de participar en el respeto
y la justicia debe ser condenado a muerte, como un flagelo de la ciu
dad". He aquí, Sókrates, cómo y porqué los atenienses, lo mismo que
todos los otros pueblos, cuando se trata de apreciar el mérito en arqui
tectura o en todo otro oficio, no acuerdan más que a pocos hombres el
derecho de expresar una opinión y no soportan ningún consejo de
parte de aquellos que no pertenecen a ese pequeño número; con
mucha razón, lo afirmo; al contrario, cuando se trata de tomar consejo
sobre un problema de virtud política, consejo que descansa totalmente
sobre la justicia y el respeto, es natural que permitan hablar a un
advenedizo, convencidos como están de que todos deben participar
en esa virtud, para que puedan existir ciudades. He aquí, Sókrates,
la razón de este hecho. Pero a fin de que no te creas víctima de una
ilusión si admites que, en ^opinión de todos los hombres, cada uno
tiene su parte de justicia y, en general, de virtud política, escucha la
nueva prueba que voy a dar. Cuando se trata de méritos diferentes
de aquéllos, por ejemplo, si alguno pretende sobresalir en el arte de

como tú lo dices, excita la burla o la cólera, y sus allegados lo miran
la flauta o en cualquier otro arte, sin sobresalir realmente, entonces,
como un loco que es preciso calmar. Si se trata en cambio de la justi
cia y, en general, de la virtud política, si un hombre que se sabe que
es injusto viene a decir públicamente la verdad sobre sí mismo, esta
franqueza que recién parecía prudencia ahora parece locura, y se
proclama que todos los hombres deben llamarse justos, séanlo o no,
y que aquél que no finge ser justo es un loco: tan es verdad que se
estima imposible que un hombre no tenga en alguna medida su parte
de justicia, so pena de ser excluido de la humanidad".
Es esta la fundamentación más sencilla y a la vez la más enérgica
que se haya ofrecido de la democracia. Puede reducirse a esta fórmu
la: la democracia, que es la participación de todos en la justicia y el
respeto, es necesaria para la conservación de la comunidad. La demo
cracia no es simplemente la mejor forma de gobierno, sino la necesa
ria, puesto que sin ella "las ciudades no podrían subsistir". Sin demo
cracia no hay estado.
En esta argumentación hay presupuestas varias cosas. La primera
es la no distinción entre la idea de justicia y el derecho positivo.
Protágoras no explica qué entiende por justicia, ni ofrece una doctrina
sobre ciertas exigencias que se refieran al fondo de las relaciones
sociales y políticas, ni mucho menos encontramos en él el pensamiento
de un derecho natural, que, como en Sóphokles, haga frente al posi
tivo: "lo justo no es fruto de la naturaleza" (1). Lo justo es lo que
los propios hombres establecen en el derecho. Esto implica, natural
mente, el relativismo, de los valores, que, por otra parte, no es más que
un caso de aplicación del relativismo de principio que proclama
Protágoras. Así lo comprendió Platón, cuando le atribuyó explícita
mente la tesis de que "todas las cosas que a cada estado le parecen
justas y bellas, lo son así para él mientras lo decreta" (2). Por con
siguiente, lo que Herodoto había comprobado como hecho histórico
—la divergencia de las normas en los diferentes pueblos—, Protágoras
lo convierte en un principio general: para cada estado es justo lo que
efectivamente le parece tal. No existe ningún modelo objetivo desde
el cual puedan ser valorados los diversos derechos.
Si ahora vinculamos esto con la tesis de la democracia como forma
necesaria del estado, nos encontramos con un interesante contraste:
Protágoras, el fundador del relativismo, que incluso lo mantiene en
materia ética y jurídica, en un punto se separa de él: precisamente
en la fundamentación de la democracia. En esto piensan igual "los
atenienses, los mismo que todos los otros pueblos", coincidencia que
Protágoras no sólo comprueba como un hecho, sino que es precisa
mente lo que trata de justificar. Así, pues, mientras cada derecho en
particular puede variar y sus diversos contenidos son siempre justos,
la existencia misma del derecho es necesaria, tan necesaria como la
(1)Plat. Protag. 323 c.
(2)Theet. 167 c.

(1) Cf. Prot. 324 d y s.
220 —

— 221 —

�democracia, puesto que ambos son solidarios en el pensamiento del
sofista.
Sin embargo, esta contradicción entre el subjetivismo del cono
cimiento y de los valores, y la fundamentación del estado de derecho
democrático se atenúa o se desvanece, si admitimos que la "apología
de Protágoras" del Theetetos (1) no es una pura invención de Platón,
sino que responde a las doctrinas del Protágoras histórico (2). Allí se
distinguen por un lado, lo verdadero y lo justo, que son tales para
cada individuo o para cada estado, sin que en este respecto la opinión
de uno valga más que la de otro, y por otro lado, la diferencia entre
lo útil y lo dañoso, que vale igualmente para todos los hombres. Mien
tras la verdad y la justicia tienen sólo una validez subjetiva, lo útil
y lo dañoso poseen una validez objetiva, un sentido humano en ge
neral (3). Un pasaje del Protágoras (4) concuerda perfectamente con .
esta doctrina. El sofista admite en él que cosas que son indiferentes
para los hombres son útiles para los caballos, otras para los bueyes,
etc., es decir, que la diferencia entre lo útil y lo perjudicial no varía
de individuo a individuo, sino de especie a especie y es por consi
guiente, constante para cada una de éstas. Hemos visto que a cada
estado le parece justo todo lo que decreta. Pero el político sabio es
aquél que logra que le parezca justo solamente lo útil y no lo perni
cioso. Y así como el médico no logra que el enfermo cambie su opinión

La virtud de la justicia no es obra del azar ni de la naturaleza:
ella puede enseñarse y trasmitirse, hay hombres que la poseen como
resultado del estudio, del ejercicio, de su aplicación constante.
Por otra parte, sólo respecto a cualidades que pueden adquirirse
o perderse tienen sentido los castigos y las exhortaciones. Tal es el
caso de la virtud política. La contraprueba la constituye el efecto que
se persigue al aplicar una pena. Según Protágoras ésta no tiene por
fin la expiación sino la educación por medio de la intimidación y el
ejemplo. "Nadie en efecto al castigar a un culpable toma como fin ni
como móvil el hecho mismo de la falta cometida, a menos que como
una bestia feroz se entregue a una venganza desprovista de razón: el
que tiene cuidado de castigar inteligentemente no lo hace a causa del
pasado —porque lo que está hecho hecho está— sino en previsión del
futuro, a fin de que ni el culpable ni los testigos de su castigo intenten
repetirla".
Resulta claramente de aquí que la enseñanza de la justicia no
consiste en aprender lo que ella sea, sino en que lo que ella sea se
aprenda a ejercitar.

EURÍPIDES

la enseñabilidad de la justicia y el fin intimidante de la pena (6).

La actitud crítica inaugurada por los sofistas y su afán docente,
iban a encontrar un órgano adecuado en el teatro de Eurípides (hacia
480), que se halla inequívocamente bajo el signo de los nuevos tiempos
y poseído de una constante voluntad de "ilustración". Eurípides había
leído las obras de los filósofos físicos, especialmente a Anaxágoras;
pero recibió también el influjo de Protágoras, de quien era amigo
personal, y al que hizo leer su libro sobre los dioses en su propia
casa(l). Su teatro fue una tribuna donde se ventilaron todas las
cuestiones que agitaban los pensadores y que atañían al hombre.
Con razón Nestle lo ha llamado "el poeta de la ilustración griega"(la).
Pero sería un error considerar a Eurípides sólo como un resonador de
voces ajenas. Las teorías de los sofistas fueron un punto de partida
que lo condujeron a analizar por cuenta propia los problemas del
hombre y de la ciudad y, así, a menudo descubrimos en sus obras
desarrollos y matices que no se encuentran en aquéllas, de suerte
que puede considerarse al mismo Eurípides como uno de los grandes
sofistas, que en vez de enseñar personalmente, lo hacía por medio
de la escena.
Naturalmente que el trasfondo de todos sus análisis está consti
tuido por la concepción griega tradicional del mundo y de la vida.
Esta es la materia sobre la cual va a trabajar el pensamiento crítico,
y cuyo resultado será la reforma, la duda o la negación de los antiguos

Ci. 166
Dies,
Notice.
Id.
d-167
d. ed. del Theetetos de Belles Lettres y F. C. S. Schilleb. Elude*

conceptos.
Así, en distintas obras se supone o se afirma la existencia de los
dioses y de su providencia (2) y de su justicia (3). Pero por otro lado

de que se halla mal o que tiene tales o cuales sensaciones (que para
él son verdaderas mientras las siente) sino produciendo la inversión
del estado enfermo en estado sano, así el sabio sólo logrará el cambio
de las opiniones sobre lo justo y lo injusto, si consigue trasformar la
disposición interna de los miembros de la comunidad que intenta
dirigir hacia lo útil. Este es el sentido en que hay que entender la
norma de la erística: "hacer de la opinión más débil la más fuerte"(5).
Y así como el médico alcanza su objetivo con remedios, el sabio alcan
za el suyo con discursos.
Un segundo supuesto en la defensa de la democracia es la indis
tinción entre la institución de lo justo y sú cumplimiento. La "parti
cipación en la justicia" tiene ese doble sentido, sin lo cual la argu
mentación caería. La democracia consiste en que todos pueden emitir
su opinión en la elaboración del derecho y se justifica cabalmente
porque también todos cumplen —por lo menos hasta cierto punto o
en general—• lo que ellos mismos han acordado; pues es claro que
una instauración del derecho seguida de su incumplimiento no evitaría
la ruina de los estados.
Y el mismo Protágoras* es explícito al respecto cuando sostiene

(1)
(2)
(3)
(4)
(5)

sur
EstoVhumanisme
ha dado pieII.para qne Schiller interprete a Protágoras como nn precursor del
moderno pragmatismo. Loe. cit.
333
d-334Rhet.
a.
Aristot.
B. 24. 1402 • 23. Diels. ir. 6 b.

() Plat. Prolog. 323 c y ss.

(1)Dioc. Laeht. IX, 54.
(la) Nestle. Euripide. 1901.
(2)Hipp. 1102 y ss. Phoenic. 555 ss. Supp. 197 ss.
(3)Herak. 763 ss., 813 8.; Troy, 887 a.; Ion 1614 u.
— 223 —

— 222 —

�m ^9i 110/ •• ¿gg -íoíj, !• 18 '• J9¿ •l^o-ra^ (g)
•m ¿6i -ddns • ^SS '^u^oHd ~— ^ ZOII •&lt;/lí?H (Z)
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sodinaji soAanu soj ap on^is ja ofsq ainame^oAinbam ej^q as anb ' (og^
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�acuña un concepto más puro de la divinidad, presentándola como
carente de necesidades (1), o la hace oscilar -—declarándola enigma
insoluble— entre las diversas concepciones de lo absoluto de los físi
cos (2), o duda de su existencia y considera a todas las deidades
producto de la imaginación (3). Combate a adivinos, oráculos y auspi
cios, como falsas invenciones (4); niega que los dioses exijan sacrifi
cios (5) como el festín de Tántalo, o que hagan proposiciones tales
como el juicio de París (6), y duda de sucesos maravillosos, como el
cambio en el curso del sol (7). A la vista de los defectos de la natu
raleza humana (8) y de las vicisitudes azarosas de la vida pone en
tela de juicio a la providencia divina (9). Y ante la suerte descon
certante de los buenos y los malos duda de la justicia de los dioses (10),
los acusa directamente de no ser sabios ni justos (11), de hacer leyes
malas, como el derecho de asilo en los templos para los criminales (12)
y de permitir o incluso de incitar a pecar a los hombres (13). Más aún,
Eurípides se arriesga hasta emplazar a los dioses ante la justicia hu
mana y condenarlos por violar las leyes que ellos mismos han dictado.
"Cómo tolerar que vosotros que hacéis las leyes para los hombres seáis
convencidos de violar esas leyes? Si sucediera un día... que rindie
rais cuentas ante la justicia humana de vuestros amores culpables, tú,
y Poseidón, y Zeus, señor del cielo, para pagar la "composición" de
tantas iniquidades, tendríais que vaciar vuestros templos... no habrá
que censurar a los hombres culpables de imitar lo que aprueban los
dioses, sino a los señores divinos que dan esos ejemplos" (14). En este
osado apostrofe se testimonia una fundamental desintegración de la
concepción antigua de la vida: la separación de la moral de la religión.
La religión es discutida en nombre de unas leyes morales que provie
nen de ella misma. Naturalmente que esta paradoja es sólo aparente.
Precisamente en el fondo lo que se quiere destacar es la total inde
pendencia de la moral con respecto a su pretendida fuente. Aquí es
la moral la que funciona como absoluto, puesto que se la reconoce
cabalmente en su contenido tradicional, y se la erige en criterio para
apreciar las acciones de los dioses. El conflicto entre ambos poderes
espirituales culmina en las Bacantes, la obra postuma de Eurípides,
en donde, me parece, ese conflicto constituye el centro mismo de la
tragedia. Al culto de Dionysos con sus frenéticas bacanales se opone
el rey de Tebas, Pentheo, que lo rechaza por inmoral e irracional.
El rey no puede concebir que un dios conduzca a tales excesos y con(1)Heraklid. 1345 ss.
(2)Troy. 884 ss.; Orest. 418.
(3)Hell. 1137 ss.; //. in Aul. 1034; Orest. 259.
(4)Hell. 744 ss.
(5)//. ín Tau. 380 ss.
(6)Troy. 969 ss.
(7)E/efe. 739 ss.
(8)Herakl. 655 ss.
(9)Hipp. 1102 ss.; Hekab. 489 ss.
(10)Supp. 610 ss.
(11)Elek. 1302; Herakl. 339 ss.; 1301 ss.; 1392 ss.; Ion 253 s. Orest. 163 ss.; 417.
2)Ion 1312 ss.
(13)Hipp. 1433 ss.; Orest. 75 ss.
(14)Ion 441-451.
— 224 —

sidera que es un impostor quien se hace pasar por Dionysos (1).
Entretanto los ancianos Tiresias y Cadmo asumen la defensa de su
culto invocando la tradición irracional, ley divina natural de respeto
a los dioses (2). Pero esta defensa disimula apenas un artero ataque
cuando Cadmo aconseja: "aun cuando no sea dios, afírmalo, sin em
bargo, y miente en honra suya"(3) y cuando el coro canta: "nunca
debemos pensar ni proyectar nada contra las leyes. Cuesta poco creer
en el poder de los dioses, sean lo que sean, como los constituyó
con un largo tiempo la ley perpetua de la naturaleza" (!) (4). Y el
desenlace es el triunfo del dios sobre Pentheo. Cuando el rey va a
espiar lo que hacen las bacantes, éstas, en el paroxismo de su orgía,
al descubrirlo, lo matan y lo despedazan. La madre y las parientes
de Pentheo participan en su asesinato y, en medio de su extravío,
no conocen a quién han muerto. El espectador debía encontrarse,
pues, ante esta disyuntiva: o admitía la fe en el dios y tenía que
aceptar simultáneamente grandes inmoralidades y crímenes feroces,
o se quedaba con la moral vigente y tenía que rechazar y condenar la
religión. Y este era el efecto, me parece, que Eurípides quería pro
ducir.
También en la concepción de la vida encontramos el trasfondo
de las ideas tradicionales: la creencia en un resto de supervivencia

en el Hades (5) y el negro pesimismo de la infelicidad, la lucha y
los sufrimientos de la existencia (6). Pero por otro lado se insinúa el
concepto órfico de la inmortalidad en aquel famoso fragmento: "quién
sabe si la vida no es la muerte, si la muerte no es la vida!"(7); o se
afirma que el espíritu viene del éter y retorna a él (8) donde, inmor
tal, continúa pensando (9). En otras obras se va al polo opuesto y
se duda de la vida ultraterrena (10), o se la niega, declarando que
"los muertos nada son" (11), que "la muerte es igual a la no existen
cia" (12). Y frente al pesimismo tradicional se esboza alguna vez una
visión optimista de la vida: nuestros bienes, entre los cuales se cuentan
la razón, el lenguaje, el trigo, el vestido, y el comercio, son más que
nuestros males (13).
En la esfera moral se repite la misma situación. La tradición
popular con su contenido ético es defendida contra la sabiduría
^'demasiado sutil", que ya no es sabiduría (14). Esa tradición se repre-

(1)Bacc. 215 ss.
(2)id. 200 ss.
(3)id. 333 ss.
(4)id. 890 ss.
(5)Elek. 677 ss.; Hekab. 534-41; Troy. 1302 y 1307.
(6)Androm. 100 ss.; Troy. 509 ss. //. in Aul. 161; frs. 285 y 810; Supp. 550; Hipp. 189 ss.;
(7)Fr. 883. ed. NaIick.
(8)Supp. 531 ss.; fr. 839.
(9)Hel. 1014 88.
&lt;10)Hipp. 191 &gt;8.; Heraklid. 592 .
(11)// in Aul. 1251.
&lt;12)Troy. 636.
&lt;13)Supp. 197 s.
&lt;14)Bacc. 200 ss.; 393; 427 ss.

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�senta a veces como ley común de todos los griegos (1) y ésta se iden
tifica con la ley divina o la "ley perpetua de la naturaleza" (2). De
acuerdo con ello vemos reconocidas muchas ideas antiguas, como la
conciencia moral, presente en todos los hombres en la distinción del
bien y del mal (3) y en el remordimiento que consume al criminal
como una enfermedad (4); la sumisión de la esposa al esposo (5) y
la reprobación del adulterio de la mujer, para la cual se pide la pena
de muerte (6); el aspecto exterior como signo de las estirpes superio
res (7); la predilección de los dioses por los nobles (7bis); la justicia
de la venganza, especialmente en caso de homicidio (8); el derecho
de sepultura (9).
Pero en oposición a todo ello se afirma la prioridad de la con
ciencia moral individual frente a la ley sagrada del juramento (10);
se encuentran buenas razones para justificar un amor ilegítimo (11);
se reconoce a la virtud como superior a la nobleza e independiente
de los bienes exteriores (12). El heraldo Talthybios, al ver que Aga
menón ha elegido como nueva esposa a Casandra —una mujer que
ha perdido la razón— reflexiona que los grandes, a pesar de su saber
y de su majestad, no son superiores a los humildes (13). En cambio,
el modesto labrador, el marido de Elektra, es presentado como modelo
de ciudadano (14). La virtud, incluso la valentía, lejos de ser patri
monio de los nobles, puede enseñarse y adquirirse por un adecuado
adiestramiento (15). Precisamente es ésta una de las tesis favoritas
de Protágoras, insinuada ya por Xenóphanes, tesis naturalmente soli
daria del régimen democrático.
También la felicidad es independiente de la eminencia del rango
social: felices son los que viven ignorados, sin gloria y sin peligros;
menos felices, los que disfrutan de honores (16). "El hombre oscuro
puede llorar cuánto quiera, y decir lo que le plazca; pero esto es
indecoroso para los nobles; vanas apariencias gobiernan nuestra vida,
y servimos a la plebe" (17).
Y frente a la venganza privada, opone Eurípides la objeción de
todo el que tiene el sentido de lo jurídico, expuesta en un caso con
creto de impresionante ejemplaridad: "Si la esposa que te acompaña
en el tálamo te mata, y después la asesina el hijo, y el nieto hace lo
(1)Supp. 524-27.
(2)id. 562; Bace. 200 86.; 890 n.
(3)Orest. 492.
(4)id. 396.
(5)Med. 14 es.
(6)Troy 1031 s.
(7)fon 239 s.
(7 bis) He/. 1678 88.
(8)Elek. 1093 i.
(9)Supp. 524 88.
(10)Hipp. 612.
(11)Hipp. 433 88.
(12)Herakl. 696 88.;,E/efe. 367 88.; 938 88.; 941.
(13)Troy. 411 88.
(14)Elek. 380 88.
(15)Supp. 911 es.; //. ¡n Aul. 559 as.; Hekab. 600 88.; Tr. 1027.
(16)//. in Aul. 18 ss.
(17)id. 447 si.
226 —

mismo con su padre ¿cuándo se acabarán tantos males? Con razón
dispusieron nuestros antepasados que ni se dejase ver de nadie el reo
de homicidio, ni hablase con ninguno; y lo castigaban con el destierro,
no autorizando interminables asesinatos, porque siempre había uno
amenazado de muerte y contaminadas las manos con la última mancha
de sangre" (1).

Estas últimas reflexiones nos adentran ya directamente en nues
tros temas. Eurípides fue un defensor convencido del estado de de
recho, que considera como característico de los helenos en contraste
con los bárbaros, que yacen bajo el signo de la fuerza. "Vives en la
Grecia y no en país bárbaro —dice Jasón a Medea— y has conocido
la justicia y sabes vivir según las leyes, no según la fuerza" (2). La
fuerza es insistentemente reprobada y opuesta a la justicia y a las
leyes. Dios prohibe su empleo (3). "Vale más no adquirir una victoria
de mala fama que recurrir a la odiosa fuerza para derrocar a la jus
ticia" (4). Ni en la casa ni en el estado debe existir un poder ajeno

a la justicia (5).
Odyseo —que obtiene por malas artes la perdición de Palamedes—
es execrado como "enemigo de la justicia, monstruo sin ley" (6).
El derecho es un bien, es un medio necesario para la conservación
de la comunidad. Pheres expresa su respeto por la ley tradicional de
la familia y de los griegos (7). "El respeto a las leyes es la salvación
de los estados"(8). Más aún, el derecho es elevado al lugar supremo
entre los bienes y considerado fundamento de la religión y de los
principios éticos. "Es la ley la que nos hace creer en los dioses y vivir
distinguiendo lo justo de lo injusto" (9). Esta frase es quizá intencio
nadamente equívoca, pues no permite distinguir entre la ley como
creadora de los dioses y de la justicia y la ley como simple medio para
implantar las creencias y la conducta justa. Pero hemos visto que en
las Bacantes los dioses se constituyen por la "ley de la Naturaleza"
lo cual parece decidir por la primera interpretación.
El poder, el poder político en especial, .es despreciado en compara
ción con otros bienes. Para los sabios no es nada; más bien destruye la
razón de los que seduce (10). El viejo Tiresias advierte a Pentheo: "no
creas que el mandar vale algo entre los hombres, y si lo crees —vana es
tu opinión— no te tengas por sabio" (11). La desvaloración del poder
frente a la sabiduría, que aquí se denuncia, era desconocida de la con-

(l)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)
(10)
(11)

Orest. 508 ss.
Med. 536 ss.
Hel. 903 ss.
Androm. 779 si
id. 785 ss.
Troy. 284.
Alcest. 683 ss.
Supp. 312 s.
Hekab. 800 &gt;.
Hipp. 1113 ss.
Bacc. 309 ss.

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— 227 ^

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-uapi ^s 18? A (1) soSaijS soj sopoj ap unmoa Aa\ oraoo saoaA b Bjnas

�cepción tradicional, para la cual precisamente una de las funciones del
sabio era el ejercicio del gobierno en beneficio de la comunidad. En Las
Fenicias Eurípides ha dramatizado el conflicto entre el derecho y el
poder. La ambición del poder como el bien más codiciable entre todos,
ante el cual todos los otros pueden sacrificarse, ha sido expresada sin
ningún eufemismo, con toda la intensidad de una pasión primaria por
Eteokles: "Yo iría adonde nacen los astros del cielo y debajo de la
tierra por conseguir el reino (xupawís), deidad la más poderosa de
todas" (1). ... "Si alguna vez se puede hollar el derecho nunca mejor "
qne por reinar" (2). El valor del derecho es afirmado, en cambio, por
la prudente Jocasta: "Es mejor, hijo, adorar a la igualdad, lazo de
amigos, vínculo de estados, prenda de unión entre aliados: la ley yel derecho solos son estables entre los hombres" (3).
La última frase expresa el auténtico pensamiento de Eurípides,
que recuerda en este, como en otros aspectos, la composición espiritual
de Protágoras. Después de haber deshecho la concepción tradicional
de los dioses, de haber puesto en duda su existencia misma y discutido
muchos preceptos de la moral, se hace una excepción con el derecho.,
al cual se considera el único elemento estable de la cultura, que man
tiene aún ceñido al hombre a las antiguas creencias y principios e
impide la disolución de la comunidad. Como resulta de las palabras
de Jocasta, este derecho que se exalta hasta las nubes, no es un vínculo
puramente formal, sino el derecho de la democracia, que tiene su
principio en la igualdad. Hay que "adorar a la igualdad". Este es,
pues, el Absoluto, la nueva divinidad, que ha venido a suplantar a las
olímpicas, derrocadas por la razón crítica. La igualdad encuentra su
fundamento en su conexión con el régimen del cosmos. El derecho
está sometido a la misma ley que gobierna a la naturaleza toda. Esta
ley es cabalmente la igualdad. "La oscura noche y la luz del sol divi
den el año en partes iguales y ninguno usurpa lo que al otro corres
ponde. . ."(4). Y én su fervor por el principio, Eurípides estableció,
por primera vez, me parece, la igualdad del esclavo con el ciudadano.
"El esclavo de alma generosa es, de todo punto de vista, el igual de
los libres"(5). Pero esta equiparación no se basa en el reconocimiento
de un centro personal en todos los hombres, sino en la posesión de
ciertas cualidades morales que se suponen diversas de individuo a
individuo. Como quiera que sea, debió ser un pensamiento audaz para
las convicciones comunes de la época y un avance importante hacia
la tesis radical que sentará el discípulo de Gorgias Alkidamas (siglo
IV): "Dios hizo a todos libres; la naturaleza no hizo a nadie esclavo"(6).
Eurípides reconoció y exaltó también el valor de la paz oponién
dolo a la guerra, mostrando las consecuencias de una y otra. "La Paz

(1)Phoen. 503 as.
(2)id. 524 s.
(3)id. 535 88.
(4)Phoen. 535 n.
(5)Ion 855 •(6)Schol. ad Abistot. Rhet. A, 13. 1373 b 18.
— 228 —

es la más bella de las diosas" (1). "Nosotros —dice el heraldo a Teseo
en Las Suplicantes— bien sabemos de dos partidos elegir el mejor^
distinguiendo el bien del mal; y sabemos que la paz vale más que la
guerra, la paz, amada de las Musas, odiosa a las Furias, amiga de la
fecundidad, de la opulencia. He aquí los bienes, a los que renunciamos
tontamente: a esos preferimos la guerra y la sujeción del débil por
el fuerte, del estado por el estado, del hombre por el hombre"(2).
Al que conduce la guerra se le augura un final desgraciado: "Insensato
el mortal que destruye las ciudades y libra al abandono los templos
y las tumbas, sagrados asilos de los muertos: al final esto será su per
dición" (3). Pero la guerra no es condenada de modo absoluto; hay
casos en que es admisible. Así, "evitar la guerra es el deber de todo
hombre prudente: si, empero, hay que hacerla, no es una corona a
desdeñar una hermosa muerte por la ciudad..." (4). Se distingue
entre guerra justa e injusta. Guerra injusta es, por ejemplo, la que
contra Tebas ha emprendido Adrasto. Teseo le reprocha: "te arrastra
ron los jóvenes: son ellos, los que en su deseo de honores, desprecia
ron la justicia, multiplicando las guerras, azote de los ciudadanos:
uno quiere mandar, otro quiere el poder para satisfacer sus pasiones,
otro persigue la riqueza. Pero no examinan si el pueblo padece"(5).
En cambio, la guerra que libra Teseo es justa, pues se lleva a cabo
no por interés, sino para hacer triunfar el derecho violado, el derecho
de sepultura (6). Pero la guerra encuentra también una explicación
a la vez divina y antihumana. Así, la guerra de Troya fue provocada
por Zeus "para aliviar a la madre Tierra de tan inmensa multitud de
hombres" (7).
Respecto del estado, Las Suplicantes contienen un notable pa
saje en donde se analiza su estructura social, formada por tres clases,
los ricos, los pobres y la clase inedia, la cual desempeña una función
primordial de conservación y de equilibrio. "En el estado existen
tres clases. Primero, los ricos, ciudadanos inútiles y ocupados sin
cesar en acrecer su fortuna. Luego los pobres, que carecen incluso
de lo necesario. Estos son peligrosos, porque, inclinados a la envidia,
seducidos por los discursos de perversos demagogos, asaltan a los po
seedores con crueles dardos. De las tres clases, en fin, es la clase media
la que salva a los estados: es ella la que mantiene el orden que el
estado se ha dado" (8). Un siglo más tarde vamos a escuchar en lo
esencial la misma doctrina, sostenida por Aristóteles.
Pero los deberes del individuo con su comunidad no ocupan ya
como antaño (9) el primer lugar. Antes pasan los deberes de familia.
"El sabio debe pensar primero en sus hijos, luego en sus padres, en

(1)Orest. 1682 a.
(2)Supp. 484-93; Bacc. 416 ss.
(3)Troy. 95 u.
(4)id. 400 sa.
(5)Supp. 232 sa.
(6)id. 670 88.
(7)Hel. 39 s.
(8)Supp. 238^5. La autenticidad de este pasaje ea contestada.
(9)Vid. supra. Xenophanes.
— 229 —

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�la patria, en fin, a la que hay que engrandecer y no arruinar" (1).
Esto significa sin duda un aflojamiento del antiguo universalismo,
pero estamos aún muy lejos del individualismo y cosmopolitismo que
han de florecer en tiempos no lejanos.
El problema de las formas de gobierno mereció la atención de
Eurípides en varias de sus obras. La monarquía y la aristocracia no
obtuvieron su aprobación. La doble reyecía de Esparta es carga muy
pesada de soportar y conduce a la división de los ciudadanos (2).
La tiranía, por su parte, es ^una injusticia triunfante" (3) ; y bajo
apariencias agradables es una triste cosa; la felicidad es imposible
para quien vive entre sospechas y terrores. El tirano tiene que hacerse
amigo de los perversos y odiar a los buenos, porque teme un aten
tado (4). Pero en los momentos de peligro Eurípides admite que,
mejor que el de muchos competentes, es el gobierno de uno solo,
aunque mediocre (5).
Después de esto es de esperar que encontremos a Eurípides entre
los partidarios de la democracia. Y es, en efecto, un demócrata con
vencido pero moderado, que conoce la excelencia y la fuerza de la
democracia, pero también los vicios que la debilitan. La base del
buen gobierno es la prudencia, cualidad fundamental que ha de poseer
el que dirige un estado. Cualquiera puede gobernarlo, si es pruden
te (6). Esto excluye tanto la incapacidad de monarcas hereditarios
como la temeridad de demagogos ignorantes.
El problema es discutido con toda la amplitud que podía ofrecer
el marco limitado de la tragedia en Las Suplicantes. La disputa entre
Teseo y el Heraldo de Tebas hace recordar la discusión de los tres
persas de Herodoto. Pero aquí las verdaderas simpatías del autor se
descubren fácilmente. Pues la defensa de la democracia es puesta en
boca de un rey y este rey declara que la democracia ha sido fundada
por él. Cuando se trata de hacer la guerra, Teseo decide consultar al
pueblo: "demos la palabra al pueblo, con tanto más gusto nos segui
rá! Pues yo llamé a este pueblo al poder sin división: hice al estado
libre y al sufragio igual" (7). Como argumento ad hominem no puede
haberlo más fuerte. El rey de Atenas dice que en Atenas no hay rey;
que es una ciudad libre, donde el pueblo gobierna y los ciudadanos,
sucesivamente, como magistrados anuales, administran el estado. No
hay privilegios para la fortuna: el pobre y el rico tienen derechos
iguales (8). Y esta idea de igualdad, que como hemos visto se con
funde con la idea de derecho, es el argumento de principio que se
esgrime contra la tiranía y a favor de la democracia. Democracia y
régimen jurídico son aquí, como en Protágoras, solidarios; pues donde
la ley es propiedad de un tirano, no puede haber estado de derecho.

(1) Supp. 506 88.
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)

Androm. 479 ss.
Phoen. 549.
Ion 621 88.
Androm. 479 ss.
//. ¡n Aul. 374
W) Supp. 350 ss.
(8) id. 403-408.

"Para un pueblo, no hay nada peor que un tirano. Bajo este régimen
no hay leyes hechas para todos. Gobierna un solo hombre, y la ley
es cosa suya. Por tanto, no hay igualdad (laovo^ta ), mientras que bajo
la vigencia de leyes escritas, el pobre y el rico tienen los mismos dere
chos. El débil puede responder al insulto del fuerte, y el pequeño,
si tiene razón, puede vencer al grande. En cuanto a la libertad, está
en estas palabras: "¿quién quiere, quién puede dar un consejo pru
dente a su patria?" Entonces, a voluntad cada uno puede brillar o
callarse. ¿Puede imaginarse mayor igualdad política? Además, allí
donde gobierna el pueblo, éste se complace en ver crecer una juventud
ardiente. Un tirano odia esto: los mejores ciudadanos, aquellos que
él cree que piensan, son abatidos por él, temiendo sin cesar por su
trono. ¿Qué puede, pues, quedar de fuerza a la patria cuando, como
en un campo que la primavera hace florecer, se viene a segar la es
piga de la valentía? ¿Para qué amasar riquezas para nuestros hijos si
nuestros esfuerzos son para enriquecer al tirano? ¿Para qué educar
en nuestros hogares a castas vírgenes, si es para proveer a los placeres
de un déspota, si es prepararnos lágrimas?"(1).
Pero Eurípides sabía perfectamente qué objeciones se pueden
hacer a la democracia y a qué peligros está expuesta, y formuló
unas y otros por boca del Heraldo como defensa indirecta de la tiranía.
Primero se aducen estas tres razones: a) la facilidad con que el pueblo
se deja guiar hacia cualquier lado sirviendo a los intereses particulares
de los demagogos; b) su incapacidad para la sabiduría política; c) la
imposibilidad para los hombres de labor de distraer su tiempo en los
asuntos de estado. "La ciudad de donde vengo obedece a uno solo, no
a la multitud: no hay orador que la exalte y la adule y la arrastre
en todas direcciones en su propio interés. Esos hacen hoy las delicias
del pueblo, y su desgracia mañana; luego, para disimular su culpa,
calumnian bonitamente, esquivando así el castigo. Por lo demás ¿cómo
la masa, incapaz de un razonamiento recto, podría conducir al estado
por el camino recto? El tiempo y no la improvisación nos da esas
luces. Un pobre labrador, aunque instruido, no tendrá tiempo para
dedicarse a los negocios públicos. Ah! los hombres honrados sufren
cuando un pillo se apodera del poder, seduciendo a la masa por su
facundia; él que ayer no era nada!"(2). El peligro del desbordamien
to popular y los efectos perniciosos de la demagogia hubieron de
preocupar seriamente a Eurípides, pues vuelve sobre ellos reiterada
mente. Ya en el Hippolytos decía que los discursos seductores son la
perdición de los estados bien gobernados (3). Y en Orestes, una de
sus últimas producciones, nos ofrece una apretada descripción psicoló
gica de la multitud. "Cuando el pueblo se amotina, ardiendo en ira,
es tan difícil apaciguarlo como un fuego terrible; pero si se cede con
maña y se aprovecha la ocasión oportuna, se mitigará quizá su cólera
y en este caso se conseguirá de él lo que se desee. A veces lo domina
la compasión, a veces rabia espantosa.. ."(4).
(1)Supp. 429-454.
(2)id. 410-425
(3)Hipp. 486 s.
(4)Orest. 696 88.

— 230 —

— 231 —

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•(^) souBpBpnp soj ap noisiAip bj b aanpnoa A JBiJodos ap ^pBsad
Anm bSjbo sa B^Bds^ ap BpaXai ajqop Bq -nopBqojdB ns uoaaiAnjqo
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^omsTjBSjaAinn onSitnB jap o^nainiBfojjB nn Bpnp uis boijiuSis ojsg
'(i) ^BnnuiB ou A jaaapuBjSua anb 2bi^ anb b^ b 'uij ua 'BtjjBd bj

�E insiste más adelante: "atroz es el pueblo cuando son malos sus
gobernantes" (1).
Luego se arguye todavía contra la democracia la facilidad e irres
ponsabilidad con que el pueblo se embarca en una guerra. "La espe
ranza es un gran azote, el único móvil que ha conducido a tantos
estados a trenzarse, irritando los ánimos. Cuando la guerra depende
de los sufragios de un pueblo, ningún votante piensa que él mismo
puede perecer, y todos los deseos desvían esa desgracia sobre otro.
Si en el momento de votar los ciudadanos tuvieran la muerte ante los
ojos, la Grecia no perecería, loca de guerras" (2).
El relato del Mensajero del Orestes contiene la descripción de
una asamblea política en la que Eurípides ha diseñado certeramente
cuatro tipos de hombres: Talthybios, el cortesano lisonjero que está
siempre "con la situación"; Diomedes, el indulgente y comprensivo,
que quiere limar las asperezas y buscar una salida para evitar que el
conflicto se perpetúe; el "hombre de lengua desenfrenada", en quien
se ha visto una alusión a Cleophón, sucesor de Cleón (3), es el dema
gogo energúmeno y mandadero venal capaz de defender cualquier
atrocidad por un puñado de oro; el labrador, el hombre honesto, de
una sola pieza, que dice lo que piensa sin calcular las consecuencias
desagradables que sus manifestaciones puedan tener para él mismo.
Para terminar este capítulo transcribo el pasaje íntegro:
(El Mensajero a Elektra) : "Entonces presencié un espectáculo
inesperado que nunca hubiera creído: a saber a Pílades y a Orestes
que llegaban juntos, triste éste y devorado por su mal, como un her
mano aquél, compartiendo los dolores de su amigo y asistiéndolo en
sus males, y cuidándolo como a un hijo. Después que todos se reunie
ron, levantóse el heraldo y dijo: queréis declarar si Orestes debe o
no morir, por haber asesinado a su madre? Entonces Talthybios, que
con tu padre combatió contra los troyanos, pronunció palabras ambi
guas, como quien se doblega ante los poderosos, celebrando en verdad
a Agamenón, pero sin alabar a tu hermano, y haciendo malévolas
alusiones a la ley nada buena que se establecería contra los padres,
y mirando siempre a los amigos de Egistho con ojos expresivos. Tales
son los heraldos: sonríen siempre a los felices, y son amigos de los
que más pueden, y de los magistrados de los estados. Luego habló el
rey Diomedes, oponiéndose a tu muerte y a la de tu hermano, y de
fendiendo por piedad la pena del destierro. Aclamáronlo algunos,
porque, en su concepto, decía la verdad; otros no lo alabaron. Después
se levantó un hombre de lengua desenfrenada, temible por su audacia,
argivo inauténtico e intruso, confiado en el tumulto, y a quien su osa
día, no su saber, inspiraba, capaz de persuadirle todo lo malo; porque
cuando elocuente en sus discursos, aunque de ideas funestas, convence
al vulgo, gran daño resulta al estado. Al contrario, los que sólo atien
den a su bien, son siempre a la larga útiles a su patria. Así debemos
g) Orest. 772.
) Supp. 479 es.
(3) Schol. ad Orest. 772.
— 232 —

juzgar al que más manda en un estado si examinamos este punto,
porque igual es la condición del orador a la del que desempeña los
cargos más importantes. Este, pues, proponía que tú y Orestes mu
rieseis a pedradas, sobornado por Tyndaro para que hablase en este
sentido y recayera sentencia de muerte. Otro sostuvo lo contrario:
su traza no era brillante pero grande su fortaleza, poco amigo de visi
tar la ciudad y el agora, dedicado a labrar sus tierras, de los que
sirven a su país, de agudo ingenio cuando quiere disputar, íntegro,
que vive honradamente: declaró que Orestes, hijo de Agamenón,
debía ser coronado porque obró así por vengar a su padre, dando
muerte a una mujer tan malvada como impía, y cuando de no hacerlo,
nadie querría tomar las armas y hacer la guerra, abandonando su casa,
si los que se quedan seducen y corrompen a las mujeres, encargadas
de los cuidados domésticos. Aprobáronlo los buenos y fue el último

que habló" (1).

EL ANONYMUS JAMBLICHI (•)
Los problemas de la justificación del derecho y su puesto en el
sistema de los bienes encontraron explícito tratamiento en un escrito
ético-político de la época de las guerras del Peloponeso, del cual nos
quedan algunos fragmentos que insertó Jamblico en su Protreptikos.
El desconocido autor, que parece no haber tenido creencias religio
sas (2), no sólo justifica al derecho positivo sino que lo eleva al grado
de supremo bien. La elocuencia, la sabiduría, la fuerza, y en general
las cualidades que posee el hombre, en parte innatas, en parte adqui
ridas por su esfuerzo, deben ponerse al servicio de un fin bueno y
legítimo (3). El ideal ético es un utilitarismo social que en concreto
se vierte en la defensa del derecho. El hombre mejor es aquel que
sirve al mayor número de sus semejantes (4). Pero, el medio más
adecuado de hacer el bien a los demás sin perjudicarse, no es distri
buir dinero, porque el que lo hiciera o tendría que obrar mal para
reunir más o se empobrecería, puesto que el dinero se agota (5); el
mejor medio es defender las leyes y la justicia, que precisamente vincu
lan a los estados y a los hombres (6). La justicia y la virtud, la fama y
la gloria valen más que los bienes materiales, que las riquezas y la
vida (7). El autor condena como fuente de todo mal a la pleonexía, a
la conducta transgresora del derecho. La existencia del derecho se funda
no ya en la voluntad de los dioses, ni en principios superiores, sino en
la naturaleza humana. Este concepto se entiende en sentido utilitario.
Los hombres no pueden vivir aislados, la necesidad los empuja hacia la
(*) En este mismo número se reproduce el texto completo de este escrito traducido a
mi ruego por el benemérito profesor Aemin Schlafbic.
(1)Orest. 879-931.
(2)Esto se infiere de, que según el autor las disposiciones naturales del hombre las da
la "fortuna", no los dioses. Diels fr. 1, 2.
(3)fr. 3, 1.
(4)Fr. 3, 3.
(5)Fr. 3, 4 y S.
(6)Fr. 3, 6.. .^•
(7)Fr. 4, 6; 5, 2.
— 233 —

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SBm oipain p 'oaa^ • (f) saioBfamas sns ap ojanmn joábih p ^ajis
anb pnbB sa lofatn ajqraoq ^^ 'oqaajap pp Bsnajap v\ na a^iaiA as
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�sociedad, y ésta trae consigo el derecho, porque la vida en común sin
leyes aparejaría mayores perjuicios que la vida aislada (1). Incluso la
fuerza sólo puede mantenerse por medio de la ley y la justicia. En
efecto, supongamos un gigante invulnerable, insensible, duro. Tampoco
éste podría vivir en la pleonexía, pues todos los demás hombres se
pondrían de acuerdo, lo reprimirían y dominarían por astucia o por
fuerza, de suerte que semejante individuo tendría que vivir también
conforme al derecho (2).
Pero el orden jurídico no sólo es un bien, sino que es el supremo
bien para el individuo y la comunidad, mientras que su opuesto, la
anarquía, es considerado el mayor de los males (3). Esta apreciación
se basa otra vez en razones utilitarias, esto es, en las consecuencias
que de ellos derivan, y esas consecuencias son ante todo, de carác
ter económico. La legalidad constituye la base del crédito, que pone
el dinero, aunque sea poco, a disposición de todos, porque circula;
en ella se resuelven mejor las vicisitudes de la fortuna, pues los
ricos se sienten seguros con sus bienes y pueden ayudar a los po
bres con el comercio y el crédito; aleja de la intriga política, la más
pesada de las preocupaciones y fomenta el trabajo, el más hermoso
de los intereses; ofrece seguridad al hombre en el sueño y en la vigi
lia, liberándolo del miedo y permitiéndole dedicarse a sus ^áreas,
cuyas penas soporta con la esperanza de futuros provechos; protege
contra la guerra, que es causa de males tan terribles como la ruina y
la esclavitud (4). Así, pues, el orden jurídico es la base de todos los
bienes de que goza el hombre. La anarquía, en cambio, es la fuente
de los más grandes perjuicios: distrae del trabajo, porque obliga a
preocuparse de las contiendas sociales; suprime el crédito, porque
reina la desconfianza, de suerte que aunque abunda, el dinero escasea
porque no circula; todas las situaciones se tornan contraproducentes,
la prosperidad fomenta odios y la miseria se consolida; facilita y des
encadena guerras y revoluciones; nadie está tranquilo, sino que todos,
de día y de noche, viven presos del miedo y la zozobra (5).
Con esta doctrina va aneja la idea de que la mejor forma de go
bierno es la democracia (6). No se menciona a la oligarquía, pero se
opone vigorosamente al buen gobierno del pueblo la tiranía o la
monarquía, "mal atroz y monstruoso". La tiranía no se instaura por
ninguna otra causa que por la culpa de los malos demócratas, que al
desconocer y violar las leyes producen, sin darse cuenta quizá, la
anarquía. Y ésta es un estado transitorio que genera necesariamente
la tiranía, porque, como hemos visto, es antinatural al hombre la
sociedad sin derecho. El tirano no es más que un hombre de carne y
hueso que no podría por sí solo derribar el derecho si los demócratas
no le prepararan el camino. Esta revelación de la génesis de la tiranía

Fr. 6,
Fr. 6,
Fr. 7,
Fr. 7,
(5) Fr. 7,
(6) Fr. 7,

(1)
(2)
(3)
(4)

sirve para destacar la solidaridad entre el derecho y el gobierno popu
lar y ofrecía así, nuevos motivos para el afianzamiento de éste.

AI220I A0TOI (Discursos dobles)
Al final de los manuscritos de Sexto Empírico se conserva sin tí
tulo ni nombre de autor un escrito que parece constituido por notas
de conferencias (1) de algún sofista, dictadas poco después del año
404 a. C. (2). El autor, evidentemente influido por Protágoras, quiere
demostrar el relativismo de los valores oponiéndolo a los que sostienen
su validez universal. Se ha tomado a pecho la sentencia del maestro
de que "sobre cada cosa hay dos opiniones opuestas" (3) y la ha
aplicado detalladamente a toda la esfera de los valores y a cada una
de sus clases. De ahí los "discursos dobles" que el autor encuentra en
la filosofía griega. Unos sostienen que lo bueno y lo malo, lo bello y
lo feo, lo justo y lo injusto, lo verdadero y lo falso son (respectiva
mente) cosas totalmente distintas; otros, en cambio, que son lo mismo,
sea porque el mismo valor es positivo para un sujeto y negativo para
otro, sea porque el mismo sujeto lo aprecia ora de un modo ora de
otro (4). El autor se declara partidario de la segunda tesis y trata de
fundarla ya por medio de los hechos históricos, utilizando a menudo
el material ofrecido por Herodoto (5), ya por medio de hipótesis e
inferencias de toda índole. Así, para demostrar la relatividad de los
valores estéticos supone que "si se les mandara a todos los hombres
reunir en un montón las cosas que cada uno de ellos cree feas, y luego
viceversa, tomar del montón de éstas lo que cada uno estime bello,
no quedaría ninguna, sino que entre todos las tomarían todas" (6).
En cuanto a los valores de la comunidad, señala que acciones consi
deradas típicamente como injustas, la mentira y el engaño, el robo y
la violencia, esclavizar y dañar, el perjurio, el sacrilegio, el homicidio,
pueden también ser justas según las situaciones y circunstancias (7).
Así, es justo mentir y engañar a los enemigos, e incluso a los amigos
y familiares: "Si el padre o la madre tuvieran que beber o comer un
remedio y no quisieran tomarlo, ¿no sería justo echarlo en la sopa o
en la bebida, sin decir que ya está en ella?". Y en las artes, el mejor
artista ¿no es aquél que sabe ilusionar de tal modo que su invención
se toma como realidad? También es justo hurtar y violentar a los
amigos e íntimos. "Pues, si, por ejemplo, uno de los familiares, arre
batado por el dolor o un agravio, quisiera poner fin a su vida apuña
leándose o colgándose, ¿no sería justo sonsacarle el puñal o la soga?
y, si llegásemos tarde y lo sorprendiéramos ya en posesión de estas
cosas, ¿no sería justo que se las quitemos a la fuerza?" Se citan en
(1)"Si nosotros aquí sentados dijéramos"... Diels 90, 4, 4.
(2)En 1, 8 se menciona la victoria de Esparta sobre Atenas y sus aliados como nn
hecho "recientísimo".
(3)vid. supra, p. 218.
(4)1, 1; 2, 1; 3, 1; 4, 1.
(5)vid. sup. pág. 214.
(6)2, 18. Comp. Hebodot. VII, 152.
(7)3, 2 y es.

1.
2 y ...
in princ.
1 y es.
7 y u.
12 y 88.
— 234 —

— 235 —

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�apoyo versos de Kleobulina y de Aischylos que legitiman la fuerza
y el engaño. Una argumentación por el estilo se repite para las otras
acciones. Esta parte coincide casi totalmente con un diálogo entre
Sókrates y Euthydemo de las Memorables de Xenophonte (1); pero
aquí el propósito es evidenciar a Euthydemo su ignorancia, mientras
que el desconocido sofista quiere demostrar con la relatividad de las
apreciaciones que lo justo y lo injusto "son lo mismo".
En cuanto a las formas de gobierno, se supone sin discusión la
democracia, pero el autor objeta el método de la designación por la
suerte, que le parece "nada democrático" y sostiene que el pueblo
debe elegir a los capaces (2). Pero, ¿quiénes son los capaces de go
bernar? Aquellos que han recibido la educación sofística, que son
capaces de intervenir en un debate dialogado, que saben convencer
al pueblo o a los jueces por medio de discursos eficaces, todo lo cual
implica conocer la verdad y saber juzgar rectamente, es decir, el cono
cimiento de "la naturaleza de todas las cosas^(3).

GORGIAS, LYKOPHRON
Frente a estas doctrinas que sólo admitían el derecho positivo, las
leyes dictadas por la democracia, otros sofistas reanimaron el antiguo
dualismo, que oponía al derecho elaborado por los hombres los prin
cipios fundados en la naturaleza. Pero la continuidad de doctrina era
puramente formal, pues el contenido de los principios fue transfor
mado. Ya no se trata de los plazos de la justicia divina como en
Aischylos, ni del derecho de familia como en Sóphokles, sino que lo
que intenta justificar es el interés del individuo.
Ya Gorgias de Leontini (hacia el 500) que estaba vinculado
a Empédokles, en el final de uno de sus discursos fúnebres, destaca
a la "suave equidad" por encima del "áspero derecho" y contrapone
a la "embarazosa exactitud de la ley" positiva, otra "ley más divina
y universal: decir o callar, hacer u omitir lo debido en el momento
debido" (justamente una definición de la equidad) (4).

HIPPIAS
Con Hippias de Elis el pensamiento de la igualdad aparece cla
ramente y está vinculado a la oposición entre las exigencias de la
naturaleza y las disposiciones del derecho positivo. Este último es el
resultado de un contrato, "lo que los ciudadanos de común acuerdo
han prescrito hacer o prohibirse" (1). Por otro lado, aquellas que son
iguales en todos los países son las "leyes no escritas", que no son obra
de los hombres, porque éstos no han podido reunirse todos en un
mismo lugar para dictarlas (2). Provienen de la divinidad y sus dos
primeros preceptos son reverenciar a los dioses y honrar a los pa
dres (3). Hay que suponer que esta distinción entre leyes escritas y
no escritas coincide con aquella otra de naturaleza y ley que le atri
buye Platón. Según éste, Hippias sostenía como un principio funda
mental de la naturaleza la igualdad y fraternidad de todos los hom
bres. "Varones aquí presentes, os considero a todos parientes, íntimos
y conciudadanos por naturaleza, si bien no por ley, pues por natura
leza lo semejante está enlazado con lo semejante" (4). Los principios
de la naturaleza o leyes divinas son superiores a los del derecho esta
tal. Este es calificado, desfigurando un pensamiento de Píndaros, como
"tirano de los hombres" que opone a la naturaleza su coacción ineluc
table (5), pero que no puede considerarse bueno ni obliga en con
ciencia, desde que a menudo es derogado o modificado por los mismos
que lo promulgaron (6). Sin embargo Hippias no pretendió anular
al derecho positivo, antes bien reconoce que tiene cierto valor, puesto
que reclamó una ley contra la calumnia, llamando la atención sobre
esta laguna de las leyes que, castigando a los ladrones, no pronuncian
pena alguna contra los calumniadores, siendo así que éstos nos roban
la mejor de nuestras posesiones, esto es la amistad; de suerte que la
violencia, aunque perjudicial, es menos injusta que la calumnia, por
que aquélla al menos se muestra al descubierto (7). Parece, por otro
lado, que Hippias sólo reconocía como auténticas leyes no escritas
aquellas que efectivamente eran cumplidas, pues respecto a la prohi
bición del incesto niega que sea una ley divina "porque —dice— veo
gentes que la infringen" (8).

Lykophron, quizá un discípulo del anterior, otorgaba al derecho
un fin puramente exterior: la garantía de una conducta recíproca
justa, pero negaba que pudiera hacer a los ciudadanos justos y bue
nos (5). También negó valor a la nobleza, "su dignidad se basa en
puras palabras" (6), por lo cual lo debemos suponer de tendencia
igualitaria.

(1)Mem. IV, 2, 14.
(2)Diels 90, 7, 1 88.
(3)id. 8, ly.
(4)Plaiíud. ad. Hermog. V. 548. Diels Ir. 6.
%5)Aristot. Pol. T 9. 1280 b 8. Diels fr. 3.
(6)Diels. fr. 4.
— 236

ANTIPHON EL SOFISTA
El sistema en que más clara y enérgicamente se sostiene la opo-sición entre derecho natural y positivo y aquel en que mejor podemos
seguir la conexión de su pensamiento —gracias a algunos fragmentos
relativamente extensos conservados— es el de Antiphon de Atenas.
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)

Xenoph. Memor. IV, 4,
id. IV, 4, 19.
id. id.
Plat. Protág. 337 c d.
id. id.
Xenoph. Memor. IV, 4,
Plutahc. jrag. sobre la
Xehoph. Memor. IV, 4,

13.

m
14.
calumnia en Stob. 42, 10. Diels fr. 17.
19.
— 237 —

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VISLIOS 13 KOHJIXMV
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sonninT 'sajuao^d sopoj b ojaptsuoa so 'sainasaid inbs sauojB^?
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A SBjijasa sa^a^ ajjua noiannstp Bjsa anb jauodns anb ^bjj •() sajp
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Bjqo nos on anb 'u8Hjiaasa on sa^a^,, 8B¡ nos sast^d eo[ sopo} na sa^nSí
nos anb SB^janb^ 'opBj ojio jo^ *(x)^asjiqiqojd o Jaasq o^ijagajd u^q
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nos anb 'bdiisijos nopsonpa bj opxqpaj nBq anb sojjanby ¿jBuiaq
-oS ap saoBd^o soj nos sanamb? 'ojaj g(^) eaoBdBD soj b JiSaja aqap
ojqand ja anb auaijsoB A KooijBjoomap BpBn,, aaajBd aj anb 'ajjans
bj Jod uppBuSisap bj ap opojam ja Bjafqo jo^iib ja ojad 'BpBJ^omap
bj noisnasip nía anodns as 'onaaiqoS ap bbuijoj sbj b ojuBna ng
-Koui8Tui oj nos,, ojsnfrn oj A oisnf oj anb sanopBpajds
bbj ap pBpiAijBpj bj uoa JBJ^somap aiainb bisijos opponoasap ja anb
SBJiuaim 'BiauBJOttái ns oraap^qjn^ b jBpnapiAa sa ojisodojd ja inbs
ojad í (x) a^noqdoua^ ap sajqDuotuaj^ bbj ap omap^qin^j A sa^Bjijog
ajjna oSojBip un noa ajuauíp^joí ibbo appnroa ajJBd Bjsg; -eanoiaaB
sbjjo sbj BJBd ajidaj as ojiisa ja Jod nopBjnaumSjB bu^ *onBua ja A
Bzjanj bj uBuiiiiSaj anb soj^qosiy ap A Bnrjnqoaj^ ap sosjaA ^d

�Antiphon no era un agnóstico como Protágoras. Si, como es pro
bable, el sujeto del fragmento N. 10 es Dios o el Nous, ahí se atestigua
el alto concepto que tenía de él: "no necesita nada, y no acepta nada
de nadie, sino que es sin límites 7 sin necesidades" (1). Esta autosufi
ciencia e infinitud de Dios contrasta con la pequenez del hombre, que
aunque pretende ser imagen de Aquél (2), tiene una existencia efí
mera, frágil, penosa e irreversible. "La vida es una vigilia de un solo
día, en el que salimos a luz, para dar paso luego a la siguiente gene
ración" (3). "No contiene nada de extraordinario, ni de grande ni de
sublime, sino sólo lo pequeño, débil, breve y mezclado con grandes
dolores"(4). "No es posible repetir la vida, como una jugada en el
tablero"(5). Era el pesimismo tradicional, el cual sin embargo no
mantuvo a Antiphon en los cauces de la moral religiosa, sino que lo
condujo hacia una ética de la utilidad y del egoísmo. Según el testi
monio de Xenophonte, en sus disputas con Sókrates, le reprochaba
a éste su pobreza y sobriedad, que conducen a la desgracia, y su igno
rancia, que se descubre en que no enseña nada que merezca ser
pagado. Para Antiphon la felicidad consiste en las delicias, en la magnificiencia, y el logro de dinero es un buen medio para ellas (6). Y una
confirmación de esta tendencia la hallamos en los fragmentos de su
libro Sobre la verdad, descubiertos en los papiros de Oxyrrinco, que
contienen su teoría filosófico-jurídica. Aquí se afirma no sólo la dis
tinción entre los preceptos del derecho estatal y los de la naturaleza,
sino que se oponen ambos como contradictorios y se censura todo el
sistema de las leyes positivas, incluso el instrumento principal de su
realización, la administración de justicia. Esta crítica pretende demos
trar que el derecho contiene una paradoja, pues admitiendo que su
fin es la justicia, hace ver que no puede realizarla nunca.
Antiphon se enfrenta con aquellos que como Protágoras y Sókra
tes, concebían la justicia como cumplimiento de los preceptos del
estado al que pertenece cada uno (7), mostrando que ese derecho se
halla en oposición con los principios de la naturaleza (8); y, claro
está, éstos son los que valen ante todo. Por de pronto, mientras los
preceptos legales son convencionales y arbitrarios, los de la naturaleza
son espontáneos, innatos y necesarios (9). ¿Cuál es entonces el criterio
de la naturaleza? Es muy sencillo, responde el sofista: "a la natura
leza están sometidos el vivir y también el morir, y en verdad la vida
proviene de lo ventajoso, la muerte, de lo dañoso"(10). ¿Y cuál es el
signo de lo ventajoso y de lo dañoso? Es el juego de los sentimientos
elementales: lo que causa placer y alegría es lo ventajoso, lo que causa

(1)SlIID. á8É7)TO{. DlELS fr. 10.
(2)Phot. ^Eei8éoTaTov. Fr. 48.
(3)Stob. IV, 34, 63. Diels fr. 50.
(4)Stob. IV, 34, 56. Diels fr. 51.
(5)Hahpoce. ávaQiaffai Diels fr. 52.
(6)Xenoph. Memor. I, 4, 1 y 88.
(7)Oxyrh. Pap. XI n. 1364 ed. Hunt. Fragmento 'A, columna 1. Todo en Diels fr. 44.
(8)id. col. 2.
(9)id. col. 1.
(10)id. col. 3.
— 238 —

dolor y tristeza es lo dañoso (1). Con este criterio biológico y hedonista Antiphon va a destacar cuánto el derecho se opone a la natura
leza. Según ésta lo ventajoso es libertad, mientras según las leyes es
"cadena de la natura"(2). Antiphon está ya impresionado por el
exceso de legislación de los estados de su época: "se han establecido
leyes para los ojos, lo que pueden y no pueden ver; para las orejas,
lo que pueden y no pueden oír; y para la lengua, lo que puede y no
puede decir; y para las manos, lo que pueden y no pueden hacer; y
para los pies, a donde pueden y no pueden ir; y para la mente, lo que
puede y no puede desear"(3). Nada de eso es conforme a la natura.
También es opuesto a ella defenderse de un entuerto sin llegar a ata
car, hacer bien a los padres que lo han maltratado, permitir el jura
mento a la contraparte sin usarlo uno mismo, pues en esas acciones
"se sufre más dolor donde hubiera sido posible menos, y menor placer
donde hubiera sido posible más, y se sufre un mal que no era nece
sario" (4).
La diferencia esencial entre ambas especies de principios conduce
a consecuencias importantes. Así, en general, el hombre tratará de
cumplir las leyes si actúa ante testigos, pero si está solo preferirá
seguir a la naturaleza (5). Así, también, el que viola el derecho posi
tivo, recibirá su sanción si actúa en público, pero si obró ocultamente,
no. En cambio, el que viola la ley de la naturaleza recibirá indefec
tiblemente su 'sanción: "aunque quede oculto a todos los hombres,
(para ese) el mal no será menor; y aunque todos lo advirtieran no
sería mayor; pues el daño no descansa en la mera opinión sino en la
verdad" (6).
Antiphon lleva más a fondo su crítica cuando destaca que el dere
cho positivo resulta ineficaz para proteger al individuo. Ni impide
el entuerto, ni, una vez cometido es cierta la reparación. "Primero
deja (el derecho p.) tranquilamente que ocurran el sufrir de la víc
tima y la ofensa del ofensor y hasta ese momento, no está en situación
de impedir el sufrir de la víctima y la ofensa del ofensor. Y, si se
lleva el caso ante los tribunales, ninguna ventaja tiene la víctima sobre
el ofensor. Pues debe convencer a los jueces de que ha sufrido entuer
to, y desea adquirir la idoneidad para ganar el proceso. Pero los
mismos medios los tiene el ofensor si niega"... (7). Por último, Anti
phon quiere mostrar que el derecho no sólo es ineficaz sino injusto
en cuanto quiere realizar la justicia; que los instrumentos mismos
de que se vale el derecho para su aplicación resultan instrumentos
de la injusticia, no accidentalmente sino de modo esencial y necesario.
Si justo significa no causar entuerto ni daño a nadie cuando no se ha
padecido entuerto ni daño, testigos y tribunales ejecutan acciones
injustas. "Necesariamente el testigo, aun cuando testimonie la verdad,
(1)Oxyrh. Pap. XI n. 1364 ed Hunt. Fragmento A, columna 4. Todo en Diels fr. 44.
(2)id. col. 4.
(3)id. col. 2 y 3.
(4)id. col. 5.
(5)id. col. 1.
(6)id. col. 2.
(7)id. col. 6.
— 239 -^ '

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'oiJBsaaau j jBpuasa opom ap ouis ajuauíjBjuappaB on 'Bppsnfin bj ap
9oiuatnnjj8ui UBijnsaj uops^ijdB ns bjb&lt;1 oqaajap ja ^jba ^s anb sp
sometía sojuamnjjsui soj anb íBiopsnf bj jBzijBaj ajainb ojuBn^ ua
ojsnfut oms zBaiput sa ojos on oqaajap ja anb jbjjsoui aaamb uoqd
-puy 'ompjn joj *(¿) • • -^BSaia is josuajo ja auap so[ soipam somsitu
so[ ojaj -osaaojd j^ jbubS bjb&lt;I pBppuopí bj JmnbpB Basap A 'oj
-^anjú^ opijjns Bi[ snb ap saoanf so[ b jaouaAnoa aqap sanj uosnajo p
aiqos BinpaiA bj anap BfBjnaA BimSnrn 'sajsnnqiJi soj 3jub oseo ja BAajj
as is '^ uosuajo jap Bsu^jo bj á Btnp^iA bj ap aijjns ja Jipadtni op
nopBntis na Bjsa on 'ojnatnotn asa Bje^q A Josuajo jap Bsuajo bj á ^vai%
-oía bj ap Jpjri8 ja UBjjn^o anb ajuauiB[inbuBjj (#d oqoajap ja) BÍap ojainuj,, "u^iDBJBdaj bj euaiD sa opp^moa zaA Bnn 'in 'oiJanjna ja
apidmi t^j 'onpiAipur jb JaSajojd BJBd ZBOijaní Bjjnsaj OAiiisod oq^
-ajop ja anb B^Bjsap opuen^ Bopuo ns opuoj b sbhi BAajj uoqdijuy

(9)PP

bj na ouis uoiaido Bjam bj na BsnBosap on onep ja sand iioÁvva Bijas
on oBjapjiApB oj sopoj anbnns A íjouatn BJas ou jBm ja (asa Bjsd)
'eaaqnioq soj sopoi b ojjiwo apanb anbnnB,, ¡uoi^ubs ns atnamajqr)
-oajapni BJiqpaj BzajBjnjBa bj ap Áa[ bj bjoia anb ja 'oiqniBo n^ *on
'a^uauíB^^noo ojqo-is ojad 'ooijqnd na biijob le upiouBS ns Bjyqiaaj 'oaij
-isod oqaajap ja bjoia anb ja 'uaiqaiBj 'isy •() BzajBjmiBn bj b
BJua^ajd ojos B^sa is ojad 'soSpsaj ajuB Erijas is sa^aj sbj j
ap bjbjbjj aaqinoq ja '[BjanaS na 'isy •sa;uBjjodun eBiauanaasuoo b
aonpuoa soidiouud ap sapadsa SBqmB aajua jBpnasa Bianaaajip

(f)í

-aoan Bja ou anb jbui un a^jns as A 'sBtn ajqísod opis Bjaiqnq apuop
ja3B[d jonam A 'souaui ajqísod opis Bjaiqnq apuop jojop se ni aajns as
sauoioaB sssa na sand 'ouisira oun ojaBsn nis ^jjBdBjjuoo bj b ojuara
-Bjnf ja jpinuad 'opB^BJijBtn n^q oj anb sajpBd soj b naiq jaoBq 'jbo
•b)b b JsSajj uis ojjanjua un ap asjapuajap Bjja b ojsando sa naiqniBj^
•BjnjBn bj b anuojuoa sa osa ap BpB^ -(g^^jBasap apand on Á apand
anb oj 'ajuara bj Bjsd A íji uapand on A napand apuop b 'said soj Bj^d
A ÍJ33Bq napand oa A uapand anb oj 'eouBtn sbj Bjsd A íapap apand
ou A apand anb oj 'Bn^naj bj BJBd A íjio uapand ou A uapand anb oj
'SBÍaJO sbj BJBd ÍJ3A napand ou A uapand anb oj 'sofo soj BJBd saXaj

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anb oj 'osofBjuaA oj sa BuSajB A Ja^Bjd Bsnso anb oj rsajBiuamaja
soj ap oSanf ja gg ¿oson^p oj ap A osoÍBiuaA oj ap ouSis
ja sa jBno jji "(oí)osoííBP J 3P 'aiJanm bj 'osoÍBjuaA oj ap auaiAOjd
BptA bj pspjaA na A 'juoni ja naiqinB^ A Jiaia ja sop^amos nsisa Bzaj
-BJnjBn bj b,, :b^sijos ja apuodsaj 'ojjiouas Anva s^ ¿BzajBJn^su bj ap
oijajuo ja eaDuojua sa JBn^)? '((,) soiJBsaaau A so^buui 'soauBiuodsa uos
BzajBJni^u bj ap soj 'soiJBJ^iqjB A sajBuopuaAuo^ uos sajB^aj soida^ajd
soj SBJjuaint 'ojuojd ap joj -opoj aiuB najBA anb soj uos sojsa 'Bjsa
ojb[0 íA í (8) Bza^BjnjBU bj ap soidpuijd soj noD uopisodo na bjjbij
as oqaajap asa anb opuBjjsora '(¿) onn Bp^o aoan^^jad anb jb opBjsa
jap sojdaaaad soj ap oiuaiarijdmn^ oíaoa Bpijsnf bj UBiqaauoo 'sai
-BJ^[og A sbjoSbjoj^ omo^ anb sojjanbB noo B^uaajua as uoqdijny
•Bounn BjjBzijBaj apand on anb jsa aasq 'Bppsnf bj sa mj
ns anb opuapimps sand 'BÍopBJBd Bnn auapuoa oqaajap ja anb jbjj
-goraap apuaiajd Bopjjo Bjsg •Bpijsnf ap nopBJismimpB bj 'nopBzijBaj
ns ap jBdpuud o^uararujsut ja oenpui 'SBApisod sa^aj sbj ap Binajeis
ja opoj BJnsuaa 38 A soiaojoipBJiuoa otnoa soqniB uauodo 3S anb ouis
'BZsjBjniBu bj 3p soj A [BjBjsa oqaajap jap sojdaaaad soj ajjna uopup
-gip bj oj^s ou buijijb as jnby •Boipunf-ooijoso^ij Bjjoaj ns nauapnoo
anb 'oanuj^xQ ap sojídsd soj na sojjatqnasap 'popusa vj 9-iqo^ ojqrj
ns ap sojuamSBJtj soj ua somBjjBq bj Bpuapuai B^sa ap uopBuuijuoo
bou j^ * (9) SBjja BJBd oipam uanq un sa ojanip ap oj3oj ja A 'Bpnapijiu
-^bui bj ua 'SBpijap sbj ua aisisuoa p^ppipj bj uoqdpuy bjbj -opEá^d
jas Bazajaui anb Bpeu Buasna ou anb na ajqnasap as anb 'BpuBj
-onái ns A 'BiaBjSsap bj b uaanpnoa anb 'pBpaijqos A Bzajqod ns aisa b
Bqsq^ojdaj aj 'saiBxsjog uoo SBindsip sns ua 'ajnoqdona^ ap oiuom
-paaj ja nnSag -omsio^a jap A p^pijpn bj ap sopa Bnn Bp^q ofnpnoa
oj anb oms 'BsotSijaj jbjoui bj ap saonsa soj ua uoqdijuy b OAnjuBtn
ou oSjBqnia nis jBna ja '[BnopipBjj omsimisad ja Bj^ '(g^^ojajqBj
ja na Bp^Snf Bun ouioa 'BptA bj jpadaj ajqísod sa o^,^ '(^)ttsajojop
sapnBjS noo opBpzara A aAajq 'jiqap 'onanbad oj ojos ours 'annjqns
ap iu apuBjg ap iu 'ouBuipjoBJjxa ap Bp^u auspuoa o^j,, •(g)^nopBj
-auaS ainamSis bj b oéanj osBd JBp BJBd 'znj b souiijbs anb ja ua 'Bip

BnáijeajB as iqB 'sno\[ ja o soiq sa QT o'ü ojuamSBjj jap ojafns ja 'a
-OJd sa oraoo 'ig "sbio^bjojj oraoa o^ps^uSB un sja ou uoqdpny

•BjnjBu bj b ánodo as oqaaaap ja ojuBna JB^Bisap b ba uoqdpuy bjsiu
-opaq A oaiSojoiq oijajoo a^sa uo[) • (\) oson^p oj sa Bzajsiaj A jojop

ojos un ap bijiSia aun sa BpiA wjn -ajqísjsAaJJi a Bsouad 'Ji^bjj 'sjaui
-jp Bpnajgixa Bun ansí) '(g) janby ap uaSBtni jas apuajajd anbuns
anb 'ajqmoq jsp zauanbad bj no BjsBJjuoa soiq ap pnjiutjuí a Bpnap
-ijnsojnB Bjsg -(j;)M6apBpi8aoan uis A sajimij uis sa anb ouis 'aip^u ap
spBU BjdaoB ou A 'Bpsu Bjisaaau on,, :ja ap Binaj anb ojdaauoo ojjb ja

oppajqs^sa UBq as,, :Baoda ns ap sopB^sa* soj ap uopejstSaj ap oeaaxa
ja jod opBuoisajdtm vA Bjsa uoqdijuy '(^)MBJniBu bj ap Bnap^a,,
sa sa^aj sbj unüas Bjjuaiui 'pB)jaqij sa oeoÍBjuaA oj Bisa unSag *szaj

�tiene que ocasionar a otro algún daño, y él mismo luego, sufrir un *
daño por lo que él declaró, porque a causa de su declaración como
testigo, el perjudicado por el testimonio es condenado y pierde dinero
o la vida a causa de aquél a quien él no hace ningún entuerto. Por
tanto, ocasiona entuerto al agraviado, porque al que no le hace ningún
entuerto le ocasiona uno, y él mismo experimenta de nuevo uno de
parte del agraviado, porque es odiado por éste, aun cuando testimonió
la verdad. Y no sólo por el odio, sino también porque durante toda
su vida, tiene que andar precavido contra aquél a quien agravió con
su testimonio. De suerte que tiene preparado contra él un enemigo
que, si puede, intentará hacerle un mal... Pero también se muestran
como injustos el juzgar, el condenar y el continuar hasta la ejecución;
• pues lo que aprovecha a uno perjudica al otro.. ."(1).
Inspirado en su principio biológico-hedonista, Antiphon critica
las desigualdades sociales y propugna un igualitarismo radical, que
comprendía a todos los hombres, no sólo a los griegos, y alcanzaba
a todas las relaciones, no sólo a la relación política. Así debemos enten
der los términos amplios y generales de su escrito. "A los que des
cienden de padres distinguidos los respetamos y honramos; en cambio,
a los que no son de casas distinguidas no los respetamos ni honramos.
En esto nos comportamos recíprocamente como bárbaros, pues por
naturaleza hemos sido creados todos iguales en todos los respectos,
así bárbaros como helenos. Esto se infiere de una consideración de las
cosas necesarias por naturaleza a todos los hombres. Todas éstas hay
que conseguirlas de la misma manera, y en ninguna de ellas nos dife
renciamos ni como bárbaros ni como helenos. Pues todos respiramos
el aire por la boca y la nariz y &lt; comemos todos con ayuda de las
manos"&gt; ... (2) (3). El papiro no es más legible, pero el pensamiento
del sofista parece descubrirse con suficiente claridad. Todas aquellas
cosas que todos necesitamos por naturaleza deben pertenecer también
a todos igualmente; así como con él aire que respiramos, así también
con los alimentos, vestidos, etc. No tenemos ningún derecho a suponer,
sin embargo, que el autor propusiera el comunismo. Más bien, el
hecho de que Aristóteles no lo mencione entre los reformadores o
autores de constituciones, indica que su pensamiento quedó quizá en
cierta indeterminación. De todos modos Antiphon (e Hippias como
hemos visto) sentó un principio osado, que iba mucho más allá de
la igualdad democrática vigente y que implicaba un desmoronamiento
de los supuestos sociales e internacionales de los estados griegos.

THRASYMACHOS
Las teorías de Hippias y Antiphon, aunque censuraban al dere
cho positivo, le suponían, por lo menos en la intención del legislador,
la dirección hacia lo justo. Thrasymachos va a discutir precisamente
la buena fe, diríamos, de los que dictan el derecho, presentándolo
(1) Oxyrh. Pap. XV. 120 pap. 1797.
"(2) El paréntesis es reconstrucción de Diels.
(3) Oxybh. Pap. n. 1364, fragmento B.

como un instrumento de sometimiento mediante una mistificación.
Personalmente creía en la tradicional idea de la justicia, pues la
considera, siguiendo la escala de Hesíodo como "el mayor de los
bienes de los hombres"(l). Pero precisamente esta alta idea que de
ella tenía lo había desilusionado de los dioses y de los hombres. De los
dioses, porque no se preocupan de que ella reine entre los hombres
—lo que implica que negaba la providencia—; de los hombres cabal
mente porque no la cumplen (2). Teniendo en cuenta este antecedente,
cuando nos acercamos a la teoría que Platón pone en boca de este
sofista, hemos de entenderla,.no como exposición de su punto de vista
propio sobre la justicia, sino como la revelación que hace un conoce
dor avisado de las motivaciones reales que dirigen a los gobernantes
y de los hilos ocultos con que éstos tratan de dominar a los estados.
Lo justo y la justicia que va a definir y explicar Thrasyniachos no son
otra cosa que el derecho positivo mismo. Su tema es el mismo de
Protágoras: las normas establecidas por las leyes del estado. Pero su
interpretación es radicalmente distinta. Mientras el sofista de Abdera
establecía una unión esencial entre derecho, comunidad política y
democracia, y le adjudicaba en consecuencia un alto valor, el sofista
de Kalkedonia definía lo justo como interés o ventaja del más fuer
te (3). Pero el más fuerte no física sino políticamente. En los estados,
así sea su forma monárquica, aristocrática o democrática, los más fuer
tes son los gobernantes y éstos hacen las leyes en provecho suyo.
Una vez hechas, declaran que la justicia para los gobernados consiste
en cumplir esas leyes. Y así "en cada estado, la justicia no es sino el
provecho de aquel que tiene en sus manos la autoridad y es por ende
el más fuerte". Para Thrasymachos, pues, en el estado hay algo más
esencial que las formas de gobierno. Las diferencias entre monarquía,
aristocracia y democracia son pequeñas ante la bilateralidad estruc
tural de gobernantes y gobernados, dominadores y dominados que en
definitiva es la de explotadores y explotados (4). Al proclamar luego
que las leyes dictadas en su provecho son la justicia para los domina
dos, los dominadores emplean un engaño, consistente en la equivocidad
de los términos que continúan teniendo para la masa su sentido tra
dicional. De este punto de vista la actividad del explotador es injus
ticia y en la argumentación que sigue está supuesta esa equivoci
dad (5). "...El hombre justo está siempre en inferioridad respecto
del injusto. Ante todo, en las convenciones en que se asocian el uno
al otro, nunca encontrarás, al disolverse la sociedad, que el justo haya
ganado.. ., al contrario, ha perdido; luego, en los negocios públicos,
si hay que pagar contribuciones, el justo, a igualdad de bienes, con
tribuye más, el otro, menos; si se trata de recibir, uno no obtiene nada,
el otro, mucho. Si uno y otro ejercen algún cargo, el justo está seguro,
si no sufre otro perjuicio, de descuidar sus asuntos domésticos, porque
(1)
(2)
(3)
(4)
&lt;5)

— 240 —

Hesmías in Plat. Phaedr. p. 239, 21. Diels fr. 8
id. id.
Plat. de rep. 338 c y es. Diels fr. 6 a.
Plat. id. 343 c.
id. id. 343 d y m.
— 241 —

16

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�no puede ocuparse de ellos, y de no ganar nada en lo público, por
que es justo. Además, se hará enemigos de sus parientes y conocidos,
por rehusarse a servirlos en perjuicio de la justicia. Todo lo contrario
para el hombre injusto... Pero el medio más fácil para que te des
cuenta, es llegar a la injusticia más acabada, la que instala al hombre
injusto en el colmo de la felicidad, y en el colmo de la desgracia al
que es víctima de la injusticia y no consentiría en practicarla; hablo
de la tiranía, que no se apodera del bien ajeno poco a poco, sino que
lo invade de un solo golpe por fraude y violencia, sin distinguir entre
lo sacro y lo profano, entre lo público y lo privado. Si un hombre es
sorprendido cometiendo cualquiera de esas injusticias, se lo castiga
y se lo cubre de los más sangrientos oprobios... Al contrario, cuando
un hombre no contento con tomar los bienes de los ciudadanos, los
reduce a servidumbre, se lo llama feliz y afortunado, porque si se
censura a la injusticia no es por temor de practicarla, sino de pade
cerla. .. .. .la injusticia, llevada a un grado suficiente, es más fuerte,
más digna de un hombre libre, más regia que la justicia"...
De ahí naturalmente una desvaloración del derecho. La justicia,
entendida como conducta de los sujetos según los dictados de la auto
ridad, poco falta para que Thrasymachos la declare un vicio; se con
tenta con llamarla "una tontería generosa". Es la injusticia, cercana a
la virtud, la que constituye la cordura (1).

KRITIAS
La teoría del engaño de Thrasymachos encontró una ampliación
osada en un pensamiento que lanzó Kritias, el pariente de Platón y dis
cípulo rebelde de Sókrates, el más insaciable e iracundo de los treinta
tiranos (2), pero buen conocedor de la historia y de la política (3).
Como Thrasymachos, Kritias es un decepcionado de la justicia de los
hombres. En su drama Tenues hacía exclamar a uno de sus personajes:
"Ah, ya nada justo vive en la raza actual!"(4). Esta añoranza parece
implicar una valoración positiva del derecho. Entretanto, en otra obra,
en su drama satírico Sisyphos, Kritias lo presenta bajo una luz desfa
vorable que, indirectamente, tiende a desacreditarlo y a minar su
vigencia. El derecho, que fue instaurado para suprimir el estado de
fuerza y garantir la realización de la justicia, fracasaba en su fin
cuando las trasgresiones se hacían ocultamente. Entonces fue inven
tada la religión como medio de intimidación al servicio del derecho.
"Como las leyes les impedían cometer violencias públicamente, pero
las cometían ocultamente, entonces, me parece, un hombre astuto y
prudente inventó para los mortales el temor a los dioses, para que
hubiera un medio de atemorizar a los malos aun cuando en secreto
hicieran o hablaran o pensaran algo"(5). Así se daba un doble golpe
(1)Plat. id. 348 d.
(2)Xenophon. Memor. I, 2, 12 y .,
(3)Plat. Tim. 20 a.
?(4) Stob. III, 2, 15. Diels fr. 12.
(5) Sext. odv. math. IX, 54. id. fr. 25.
— 242 —

a la vez contra la religión y contra el derecho, descubriendo a la una
como un engaño de hombres hábiles y al otro como sospechoso por
apoyarse en tal invención. Ambos son humanos, demasiado humanos.

PHALEAS E HIPPODAMOS
Junto a los intentos de justificación o de crítica del derecho y el
estado, surgieron también ensayos de reforma que querían sustituir
el orden vigente por otro nuevo. Sin duda que la Hélade había tenido
grandes legisladores que habían echado las bases de estados florecien
tes. Junto a los tan conocidos Lykurgo y Solón están aquellos otros
mencionados por Aristóteles: Minos, Zaleuco, Charontas, Philolaos el
corintio, etc. Pero ahora se trata de particulares que, sin encargo de
ninguna ciudad, motu propio se ponen a construir in mente una co
munidad política que responda a las exigencias de los valores por
ellos reconocidos. Las convulsiones políticas habían hecho meditar a
algunos sobre el problema hasta llegar a la raíz. Parece que fue
Phaleas el primero que sostuvo que esta raíz se hallaba en la región
económica, en la regulación de los bienes. Era de Chalkedonia y, por
tanto, compatriota de Thrasymachos, que, como vimos, había redu
cido la diferencia de gobernantes y gobernados a la de explotadores
y explotados. Pero no podemos, pues nos faltan datos, establecer
relación cronológica o de dependencia entre ambos. Lo único que
sabemos de él es lo que Aristóteles nos relata (1): que Phaleas soste
nía que todos los ciudadanos del estado deberían disfrutar de bienes
iguales, refiriéndolo a la posesión de tierras; que esta igualdad era
más fácil de alcanzar en una colonia que en un estado antiguo, y que
el medio más rápido sería que los ricos dieran dotes de matrimonio,
renunciando a recibirlas, y que los pobres, a su vez, pudieran acep
tarlas sin obligarse a darlos.
Era un proyecto no sólo unilateral sino tan escaso en su propio
tema que ni siquiera establecía en qué cuantía se establecería la
igualdad, puesto que ésta tanto existe en lo poco como en lo mucho.
Más completa fue la construcción que ideó Hippodamos, un ar
quitecto de Mileto, que concibió las calles en línea recta, proyectó la
disposición del Pireo y lo unió a Atenas en la época de las guerras
del Peloponeso (2).
Este excéntrico melenudo, que presumía de conocer la naturaleza,
imaginó un estado ideal que contenía quizá muchos detalles, pero del
cual no conocemos más que los rasgos más salientes, trasmitidos por
Aristóteles. Suponía una población de 10.000 ciudadanos, que, tenien
do en cuenta las necesidades fundamentales, dividía en tres clases:
labradores, artesanos, y guerreros. Las tierras eran divididas en tres
partes: la particular destinada a los labradores, la pública para los
guerreros y la sagrada para el culto. Los artesanos carecían de tierras.
(1)Pol. B 7. 1266 a 36 y M.
(2)Aristot. Pol. B 8. 1267 b y H 11. 1330 b 21. La época resulta de la combinación de
Schol. Abistoph. Equ. 327; Stbab. XIV, 654 y Diod. XIII, 75.
— 243 —

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-jod 'oaijqnd oj ua BpBU jbubS ou ap A 'sojjs ap asjBdnoo apand ou

�El gobierno era elegido por las tres clases y la crítica de Aristóteles
hace suponer que también las tres lo integraban. Tenía como funciones,
además de la administración del estado, la cura de los intereses de
los extranjeros y de los huérfanos. Dividió las leyes penales en tres
clases, de acuerdo a los motivos que según él originaban las contiendas:
injuria, daño y homicidio. Instauró un solo tribunal supremo formado
por ancianos elegidos. Los jueces no debían fallar por bolas sino por
medio de una tablilla en donde podrían establecer la absolución, la
condena lisa y llana o con atenuantes, haciéndolo constar. Establecía
también una ley destinada a fomentar el progreso, según la cual se
otorgaban honores a aquel que descubriera algo útil al estado. Es in
teresante notar el predominio que en toda esta concepción tiene el
número tres, lo que es un indicio del pitagorismo del autor. Por otra
parte, Platón dividirá también a su estado ideal en tres clases, y, aun
que jamás menciona a Hippodamos, es probable que la construcción
de éste haya tenido acción inspiradora sobre la República.

DEMOKRITOS
Contemporáneo de los sofistas es Demókritos (460) —que aunque
predominantemente filósofo físico, trató también los problemas éticos
y sociales. Es probable que haya conocido sus doctrinas, pues estuvo
en Atenas de incógnito (1), y, si oyó a Sókrates (2), es natural que
haya oído también a quienes solían ser sus interlocutores y enseñaban
también públicamente. De hecho sus teorías ético-políticas representan
una actitud moderada, intermedia entre aquellos que apoyaban las
instituciones vigentes y aquellos que las descalificaban.
Recogiendo el atomismo de Leukippos, Demókritos desarrolló la
concepción atómico-mecánica del mundo. Todas las cosas son com
puestos de átomos (3), pequeñas partículas de materia que tienen sólo
dos propiedades: tamaño y figura (4). La rica multiplicidad de cua
lidades que percibimos con los sentidos no es más que efecto de esos
átomos (5) que se mueven en el vacío y a causa de éste (6) obede
ciendo a la necesidad que domina a todo lo que ocurre (7) y que es
inengendrada, como los mismos átomos, eternos e infinitos (8). Los
átomos, pues, son lo Absoluto. Demókritos no reconoce como existentes
a los dioses antropomórficos: el Zeus rey del universo, es lo que hoy
llamamos aire (9). En general, los dioses no son más que personifi
caciones de los fenómenos de la naturaleza o del alma. Los primeros
hombres quedaron profundamente impresionados por el trueno, el
relámpago, los cometas y los eclipses y creyeron que esas fuerzas tre(1)Fr. 116.
(2)Démete, apud Dioc. Laert. IX, 36.
(3)Dioc. Laert. IX, 44.
(4)Aet. I, 3, 18.
(5)Calen, de medie, emp. fr. ed Schone. 1259, 8. Diels fr. 125.
(6)Aristot. Phys. 6 9. 265 b 24.
(7)Cíe. de fat. 17, 39. Dioc. Laeht. IX, 45. Ahistot. Phys. 8 1. 252 a 32.
•(8)Aristot. Phys. 6 1. 251 b 16; id. I 4. 203 a 33. Plut. Strom. 7. Dioc Laebt. 44.
(9)Clem. Prot. 68. Diels fr. 30.•'•
_ 244 —

mendas provenían de voluntades superiores a las humanas, a las
cuales llamaron dioses (1).
El hombre está formado, como el mundo, por átomos, y su alma y
su inteligencia, que son una misma cosa, están constituidas por átomos
de fuego, esféricos, los más movedizos de todos (2). En este sentido
es que dice que "el hombre es un microcosmos"(3). Desde luego que
el alma no es inmortal, es corruptible y perece con el cuerpo (4),
es decir, perece en cuanto combinación peculiar de átomos, que éstos
ya sabemos que son eternos. En consecuencia, tampoco admitió san
ciones ultraterrenas: "mucha gente, que nada sabe de la disolución
de la naturaleza humana, pero tiene conciencia de sus malas acciones
en la vida, arrastra el tiempo de su vida en inquietudes y miedos,
inventando fábulas mentirosas sobre el tiempo después del térmi
no" (5). El hombre no ocupa ninguna posición privilegiada en el mun
do. No le es accesible el conocimiento de la verdadera realidad (6). El
animal tiene más órganos de percepción que él (7), conoce lo que
necesita, mientras que el hombre muchas veces no lo sabe (8), y en
las cosas más importantes éste ha tenido que aprender de aquél (9) •
Pero Demókritos rechaza el subjetivismo de Protágoras: lo bueno y
lo verdadero son iguales para todos; sólo lo agradable y lo desagra
dable son diferentes de individuo a individuo (9a). De todos modos
"hay que reconocer que la vida humana es débil y breve, y mezclada
con muchas plagas y dificultades" (10).
De esta peculiar índole del hombre ha inferido Demókritos
todo un ideal de vida y un criterio ético. El ideal es la tranquilidad
del ánimo (eü^u^íx), el criterio es la mesura en todas las cosas,
sentimientos y acciones. "Lo mejor para los hombres es pasar su
vida lo más tranquilamente y lo menos inquietamente posible" (11).
"Los hombres participan en la tranquilidad por la mesura del
placer y la recta medida de la vida. Por el contrario, defecto
y exceso suelen cambiar bruscamente y causar en el alma grandes
movimientos. Las almas que se mueven entre extremos muy distantes
no están ni en buen estado ni tranquilas" (12). "El placer y el despla
cer son los límites de lo conveniente y de lo inconveniente" (13). Pero
"no todo placer se debe perseguir, sino sólo el placer en lo bello (14),
en lo no perecedero" (15). "La mesura aumenta lo agradable y hace el

(1)Sext. adv. math. IX, 24.
(2)Aristot. de an. A 2. 404 a 27; 405 a 5.
(3)David Prol. 38, 14. Diels fr. 34.
(4)Aet. IV, 7, 4.
(5)Stob. IV, 52, 40. Diels fr. 297.
(6)Sext. adv. mat. VII, 137. Diels frs. 6 y 8.
(7)Aet. IV, 10, 4.
(8)Fr. 198.
(9)Plut. de sollert. anim. 20. Diels fr. 154.
(9a)Demokrat. 34. Diels fr. 69.
(10)Stob. IV, 34, 65. Diels fr. 285.
(11)Stob. III, 1, 47. Diels fr. 189.
(12)Stob. III, 1, 210. Diels fr. 191.
(13)Clem. Strom. II, 130. Stob. III, 1, 46. Diels fr. 4 y 188.
(14)Stob. III, 5, 22. Diels fr. 207.
(15)Fr. 189.
— 245 —

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-Bno ap pBppiidijmuí bou b^ -(f) BjnSij A oubiubj :8apBpaidojd sop
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-uioo nos BBBoa sbj SBpoj^ -opunuí pp BoniBoaoi-ooiui^jB uopdaouoo
bj pjjoMBsap so^p^ípraaQ 'soddi^na^ ap orasiraoiB p opaai^oaa^
•uBqBaijijBDsap bbj snb sojjanbs A saiua^iA eanopnjnsui
6Bj usqBiCode anb eojpnbB aj^ua Bipanua^m 'spBjapoin pmi^aB Bim
UB^nasaadaj BB3i}ijod-oana SBUoaj sns oqa^q 3q 'ainaniBatjqnd naiqare^
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ap boijijo bj A sasBja sai} bbj jod opi^aja bj^ ooiaiqoS jg

�247

placer más grande aún"(l). En cambio "si se sobrepasa la medida
justa, lo más agradable puede tornarse lo más desagradable"(2).
Pero cabalmente el que busca su goce en los placeres sensuales sobre
pasa la recta medida, pues como duran sólo un instante, su apetito
se presenta de nuevo hasta que son satisfechos y, así sucesivamente,
por su exceso, van a desembocar en sufrimientos (3). También la
posesión ha de ser mesurada y medir la fatiga sólo en razón de lo
necesario (4).

la injusticia pero no de la justicia. A estar al testimonio de San Epifanio, habría sostenido que "lo que aparece como justo aun no es
justo, pero es injusto lo que es contra la naturaleza" (1). Interpreto
la primera parte de la frase en el sentido de que no basta para que
algo sea justo que no esté en disconformidad con la naturaleza. Esta
interpretación puede dar la clave para armonizar otro pensamiento
de Demókritos con el resto de su sistema. Sabemos por Stobeo que
sostenía que "por naturaleza el señorío corresponde al más fuerte" (2).

De su ideal de tranquilidad y de su criterio de mesura, dedujo
Demókritos que el hombre "no debe ocuparse de muchas cosas ni
privadas ni de la comundidad"(5). 1 individuo debe guardar cierta
distancia frente a todos los problemas, para no perder su independen
cia. Aquí nos interesa su actitud frente a la comunidad, y sobre ello
cabe destacar que la doctrina de Demókritos se halla a mitad de ca
mino entre el universalismo originario, de estrecha dedicación del
individuo al grupo y el individualismo de los sofistas que irá a desem
bocar en la actitud de indiferencia y despreocupación que enseñará
Aristipo. Demókritos no llega a tanto. Consideraba que la Política era
el arte supremo al cual podía dedicar el hombre sus empeños y del
cual podía recibir las más grandes satisfacciones (6). Y aparentemente
no se apartaba de la moral tradicional cuando enseñaba que "deben
tenerse como los más grandes entre todos, los deberes para con la
comunidad estatal para que sea bien administrada; nadie puede obrar
belicosamente contra la equidad, ni arrogarse un poder contra el bien
general. Pues una comunidad bien regida es el mejor apoyo, y ahí
está todo contenido; si ésta es sana todo es sano; si se destruye todo
se destruye con ella" (7). Sólo que esto ha de ser entendido cum grano
salís. Por de pronto, el lazo que une al individuo con su propia comu
nidad no lo considera indestructible. Al contrario, predica claramente
el cosmopolitismo; "Para el varón sabio toda comarca está abierta.
Pues para el alma excelente el mundo entero es la patria"(7a). Por
otra parte los deberes para con la comunidad son más bien negativos.
El individuo debe prestar atención a sus asuntos particulares siempre

Pero esta tesis, sostenida lisa y llanamente, es incompatible con su
exaltación de la concordia y de la solidaridad, con su inclinación a
la democracia y con otras opiniones que aún hemos de ver. La incom
patibilidad sólo puede eliminarse si se entiende la tesis limitada por
la interpretación que he propuesto del pensamiento trasmitido por
Epifanio, es decir, que la conformidad con la naturaleza del señorío
del más fuerte no significa su justicia.

que no viole la justicia. Pero abandonar los públicos puede acarrear
censura y perjuicio. En realidad Demókritos ha visto aquí un conflicto
de deberes imposible de solucionar satisfactoriamente (8).
La justicia es entendida como valor universal y se la identifica
con el deber en general: "justicia significa hacer lo que es necesario
hacer; injusticia, no hacer lo que es necesario hacer, sino dejarlo de
lado" (9). Ahora bien, para Demókritos la naturaleza es la norma de
(1) Stob. III, 5, 27. DlELS fr. 211.
(2) Stob. III, 17, 38. DlELS fr. 233.
(3) Stob. III, 18, 35. DlELS fr. 235.
(4) Fr. 285.
(5) Stob. IV, 39, 25. DlELS fr. 3.
(6) Plut. adv. Colot. 32, p. 1126 a. Diels fr. 157
(7) Stob. IV, 1, 43. DlELS 1fr. 252.
(7a) Stob. III. 40, 7. Diels fr. 247.
(8)Diels fr. 253.
(9)Stob. IV, 2, 14. Diels fr. 256.
— 246 —

Como adelantábamos, Demókritos destacó el valor de la con
cordia como unión interior del estado. "La discordia ciudadana es
una desgracia para ambas partes, pues es funesta en igual modo para
vencedores y vencidos"(3). "Sólo con la concordia ('ojiovoío) pueden
ejecutar las comunidades las grandes obras y las guerras; no de otro
modo" (4). Pero su descubrimiento decisivo parece haber sido el valor
de la solidaridad, al que consideraba fundamento de todos los valores
de la comunidad: "cuando los pudientes logran hacer progresar a los
desposeídos y socorrerles y hacerles bien, desaparece la soledad y
surgen la compasión y la fraternidad y el auxilio recíproco y la con
cordia ciudadana y otros bienes, tantos que nadie puede contarlos"(5).
Naturalmente que hay aquí sólo una visión parcial del valor, pero lo
destacado constituye ya un aspecto esencial.
El derecho positivo con sus limitaciones a la libertad absoluta
del individuo es justificado como medio al servicio de los valores.
"Las leyes no se opondrían a que cada uno viviera según su gusto, si
uno no dañara al otro. Pues la envidia crea el comienzo de la dis
cordia" (6). Sin embargo reconoce que la plena eficacia del derecho
depende del sometimiento voluntario de los sujetos y que este some
timiento es condición de la plena aprehensión de su valor. "Aunque
la ley quiere formar la vida de los hombres, sólo lo puede si ellos mis
mos quieren sometérsele de grado, pues sólo a aquellos que la siguen
se les descubre su propia excelencia" (de la ley) (7). Por otra parte
destaca que en la motivación del deber tiene mayor eficacia la per
suasión que proviene de las exhortaciones que la coacción de la ley.
"Como monitor más fuerte de la virtud se muestra el que aplica estí
mulo y palabras convincentes más que el que aplica ley y coacción.

(i)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

EriPH. adv. haer. III, 2, 9. Diels A, 166.
Stob. IV, 6, 19. Diels fr. 267.
IV, 1, 34.
249.
IV, 1, 40.
250.
IV, 1, 46.
255.
III,38, 53.
245.
IV,1, 33.
248.

�Pues, en secreto, faltará probablemente el que se ve impedido sólo
por la ley; el que, al contrario, es conducido al deber por persuasión,
probablemente no cometerá falta alguna ni en secreto ni en pú-

bl"()
De todo esto resulta que, si bien Demókritos distinguió como
muchos sofistas, entre naturaleza y derecho positivo, apenas puede
encontrarse en sus opiniones una oposición entre ambos órdenes. Más
bien consideraba que todo el edificio de la cultura construido por el
hombre puede encajar perfectamente sobre los principios naturales,
formando al hombre y constituyendo así una "segunda naturaleza".
"La naturaleza y la educación son semejantes, pues la educación re
forma al hombre, pero por esta reforma crea naturaleza"(2).
La menor eficacia de la coacción frente a los medios persuasivos
no condujo a Demókritos a una desvaloración de las sanciones jurí
dicas. No. sólo justifica la sanción en general sino que se pronuncia
explícitamente a favor de la pena de muerte con una amplitud res
pecto a su esfera de aplicabilidad y a sus ejecutores que a nosotros
nos asombra y nos hace recordar a la ley de Lynch. Demókritos sos
tiene enérgicamente la legitimidad de la pena de muerte frente a
toda clase de trasgresiones de la ley. "Hay que matar a cualquier
precio a todo el que ejecuta un perjuicio injusto. Quien esto hace
tendrá mayor participación en tranquilidad, justicia, confianza y po
sesión de todo orden (estatal) que el que lo omite" (3). Es evidente
que este criterio de la justicia retributiva traspasa con mucho los lí
mites del talión. Pero Demókritos recuerda que según la tradición de
los estados griegos era permitido matar a un enemigo del estado, con
las excepciones establecidas por disposiciones sagradas, tratados y
juramentos (4). Aunque nos falta la conexión entre ambos fragmentos,
puede suponerse que Demókritos quería considerar a todo trasgresor
de la ley como un enemigo del estado. Pero el punto más sorprendente
de esta doctrina es que la aplicación de la justicia retributiva no es
el privilegio de los dioses ni de los órganos competentes del estado:
todo hombre puede llevarla a cabo. Esto ya está dicho en los frag
mentos anteriores. Pero si cupiera alguna duda, otro fragmento lo
expresa con claridad meridiana: "Quien mata a un ladrón de calle
o pirata debería estar exento de pena, sea que lo haga por su propia
mano, o por su mandato, o por votación (sentencia) "(5).
Se anula así uno de los principios más elementales del estado de
derecho, aquel según el cual las sanciones deben ser aplicadas sola
mente por un juez, un tercero desinteresado y desapasionado. La
doctrina de Demókritos parece haber sido motivada por la relajación
y la negligencia de los tribunales para aplicar las leyes, pues otro

(1)
(2)
(3)
(4)
(5)

Stob. II, 15, 39. Diels fr. 181.
Cl.EM., Strom. TV , 151. Diels fr. 33.
Stob. IV, 2, 16. Diels fr. 258.
IV, 2,17. " " 259.
IV, 4, 18. " • " 260.
— 248 —

fragmento exhorta a los jueces a aplicar las penas y, censura a los que
lo omiten (1).
^
Entre las formas de gobierno prefería el régimen democrático,
puesto que dijo que "la indigencia en una democracia es tanto mas
preferible a la ponderada felicidad en las dinastías, como la libertad
a la servidumbre" (2). Justificó también la costumbre democrática que
censura a los gobernantes por sus faltas y no los elogia por sus acier
tos. "Los hombres se acuerdan más de las faltas que de los éxitos.
Y con razón. Pues, como no merece alabanza el que devuelve un depó
sito, pero sí, mala fama y castigo el que no lo devuelve, así también
acontece con el gobernante. Pues no fue elegido para obrar mal, sino
precisamente bien"(3). Sin embargo Demókritos criticó en la demo
cracia el desamparo en que se encuentran los gobernantes justos y
enérgicos frente a las represalias de los perjudicados. Pero el descu
brimiento de esta falla no lo condujo a rechazar de plano el régimen
político o jurídico sino a proponer una reforma, que no supo concre
tar bien, protegiendo a los magistrados. "Dada la actual forma de
constitución existente, no hay medio de impedir que ella haga injus
ticia a los gobernantes, aun cuando sean muy hábiles. Pues no conviene
que el gobernante &lt;sea responsable &gt; ante otro que él mismo &lt;o que
el que ha mandado a otros &gt; venga a caer en el poder de los otros.
Más bien debe ser esto también ordenado, de modo que quien
no tenga nada que reprocharse, aun cuando reiteradamente juzgue a
los culpables, no pueda caer en su poder, sino que alguna ley u otra
cosa, asista a aquél que ejerce la justicia" (4).

KALLIKLES
En el Gorgias de Platón figura un personaje, no identificado
históricamente (5), que expone una teoría que debemos conocer.
Es Kallikles, que no es un sofista, sino más bien un adversario de
ellos (6), y, efectivamente, en medio de ciertas coincidencias formales,
constituye una reacción aristocrática que, vinculándose con Píndaros,
pretende fundarse en el elemental principio del derecho del más fuerte.
Como algunos sofistas, Kallikles opone a las leyes los principios
de la naturaleza (7). Según naturaleza el ínfimo valor negativo es
aquello que es lo más desventajoso, o sea sufrir una injusticia, mien
tras que según las leyes, es cometer una injusticia. Con esto, el egoísmo
se transforma en el más radical solipsismo social, que, atendiendo
exclusivamente a las consecuencias de la acción para el sujeto actuan
te, cierra los ojos ante las que ella misma tiene para los otros. La
(1)Stob. IV, 5, 44. Diels fr. 262.
(2)" IV, 1, 42. " " 251.
. (3)
" IV, 5, 47. " " 265.
(4)
" IV, 5, 48. " " 266.
, (5) Se ha pretendido que es Karikles, nno de los treinta, citado en Xenoph. Memor. I,
2, 31. Pero es inverosímil que Platón haya velado a una persona real, cambiando
sólo una letra de su nombre.
(6)Gorg. 520 a.
(7)id. 482 e y ss.
— 249 —

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�oposición entre el derecho y la naturaleza es ahora la oposición entre
la democracia con sus leyes igualitarias y un estado de naturaleza en
que no hay más ley que el despliegue de la potencia física del indi
viduo. Y Kallikles se pronuncia por la segunda y contra la primera.
"El más fuerte" y "el mejor" son expresiones de un mismo concep
to (1). Las leyes son obra de la astucia de los débiles, del rebaño de
los incapaces, que las han hecho para proteger su propia debilidad
e incapacidad contra los ataques de los más fuertes, de los bien dota
dos. Atemorizados por su superioridad, y queriendo anularla, han
establecido la igualdad y declarado que lo malo, lo injusto, es aven
tajar en algo a otro y tratar de hacerse más poderoso, es decir, la
misma superioridad y la voluntad de poderío que constituyen la
esencia del más fuerte. Los débiles constituyen la mayoría y por eso
es injusto aspirar a más que lo que puede la mayoría. En consecuen
cia la democracia trata de someter a los mejores tomándolos en la
infancia, como se domestica a los leoncitos, y haciéndoles creer, a
fuerza de encantamientos y disfraces, que lo justo consiste en no tener
más que los otros.
Entretanto^ el verdadero derecho, la ley de naturaleza, demuestra
que es injusto que el que vale más tenga menos que el que no vale
como él, y el capaz, menos que el incapaz. Al contrario, según la natu
raleza, "todos los bienes del más débil y del menos valiente son pro
piedad del mejor y más poderoso". De esto hay mil pruebas, como lo
muestran tanto los animales como los hombres, entre los cuales vemos
que el signo de lo justo es que el más fuerte se imponga al más débil
y le sea reconocida su superioridad. Así procedió antaño Herakles con
los bueyes de Geryon, y en épocas más cercanas, Darío y Xerxes
con sus guerras contra escitas y griegos, y otros que han obrado de
modo semejante.
Pero los verdaderos señores son hoy, a causa de la educación
democrática que han recibido, los esclavos de los débiles, que se han
encaramado al gobierno. "Pero si surgiera un hombre tan felizmente
dotado para sacudir, quebrar, rechazar, todas esas cadenas, estoy se
guro de que, pisoteando nuestros escritos, sortilegios, encantamientos,
y nuestras leyes totalmente contrarias a la naturaleza, se rebelaría,
se erigiría en señor ante nosotros, él que era nuestro esclavo, y enton
ces brillaría con todo su esplendor el derecho de la naturaleza".
En consecuencia, a la embotadora pedagogía democrática, opone Ka
llikles otra destinada a hacer resurgir a los auténticos señores. Lejos
de reprimir las pasiones más fuertes, hay que fomentarlas dentro de
uno mismo y llegar a adquirir un estado capaz de satisfacerlas, por
más fuertes que sean, colmándolas totalmente. Los medios más aptos
para lograrlo son un gran coraje y una aguda inteligencia. Pero no
todos son capaces de grandes pasiones. El rebaño de los débiles no las
reprime por obedecer a ciertos principios. Al contrario, ha inventado
la prohibición de las pasiones que no tiene o que no puede satis
facer. El derecho positivo es resultado del resentimiento. "La multitud
(1) Gorg. 488 d.
— 250 —

censura a aquellos a quienes se avergüenza de no poder imitar, con
¡a esperanza de ocultar así, su propia "debilidad", y así proclama como
valores negativos la intemperancia y la injusticia y exalta a sus con
trarios como positivos.
Con Kallikles, pues, la crítica a las instituciones vigentes ha lle
gado a su extremo: aparentemente dirigida contra la democracia, en
realidad quiere destruir toda la civilidad helénica minando todo el
sistema de valores en que se apoya. Lo que él pretendía era justamente
la "trasmutación de todos los valores". Más aún. Si nos atenemos a
sus declaraciones finales, su doctrina es la expresión del más radical
nihilismo ético. Cuando un hombre ha obtenido el poder supremo en
un estado lo más vergonzoso y funesto, para él sería la moderación,
la justicia y la templanza: no poder dar a sus amigos más que a sus
enemigos! "La vida fácil, la intemperancia, la licencia, cuando son
favorecidas, son la virtud y la felicidad; lo demás, todas esas fantas
magorías que descansan sobre las convenciones humanas contrarias
a la natura, no son más que tontería y nada".
'A0HNAIQN I1OAITEIA (Constitución de los Atenienses)
Este escrito, trasmitido entre los de Xenophonte, pero ciertamente
no obra de éste (1), publicado en la primera parte de la guerra del
Peloponeso, constituye un ejemplo notable de la destreza mental para
el análisis lógico y científico creada por la enseñanza y la educación
sofísticas. Es la obra de un aristócrata que detesta la democracia pero
admira la consecuencia con que los demócratas saben mantener su
sistema. Sorprende desde el primer momento la capacidad crítica para
desglosar la valoración de los fines de la valoración de los medios,
de suerte que teniendo aquéllos signo negativo puede muy bien darse
que éstos lo tengan positivo. "El gobierno de los atenienses y la elec
ción que han hecho de esa forma política no es lo que deseo elogiar
aquí, puesto que esa elección favorece más a los malos que a los
buenos. Bajo este aspecto, pues, no puedo aprobarlo; pero puesto que
han querido adoptarlo, voy a demostrar que ellos emplean los ver
daderos medios de mantenerlo, y que tienen razón de hacer muchas
cosas que los otros griegos consideran faltas"(2).
Y sigue el análisis detallado de la política ateniense y la demos
tración de su consecuencia al fin propuesto. Así, en el interior, la
solicitud por la marina y el descuido del ejército, responden a que la
primera es formada por el pueblo y de ella dependía el imperio,
mientras que el segundo es formado por los nobles y ricos; se favorece
más a las clases bajas que a las altas, porque multiplicándose aquéllas
se fortificará la democracia; se permite emitir opinión a los ignorantes
y malos, porque así resultará algún bien para los de su especie; si
sólo hablaran los buenos resultaría un bien sólo para su clase. Los
(1)Xenophonte nació alrededor del 430 y la Constitución de los atenienses supone el
predominio marítimo de Atenas del comienzo de la guerra del Feloponeso. Kirchhoff
calculó que fue publicada en el 424.
(2)I, 1. Cf. III, 1.
— 251 —

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'soiSajpaos 'soiuosa sojjsanu opu^aiosid 'anb ap ojná
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3}U3iuzi[aj ubi ajquroq un Biai^jns is ojaj,^ -oujaiqo^ jb opsuiBJBOua
u^q as anb '^ajiqap soj ap soABjasa soj 'opiqpaj UBq anb BaiiBJOomap
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souiaA sajBna soj ajjua 'sajquioq soj ouioa sajBnnuB soj ojub^ UBJisanm
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Bjjsanuiap 'Bza^BinjBu ap A^\ bj 'oqoajap ojapBpjaA ja ^ojuBjaJíug
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�esclavos y metecos gozan de gran libertad e impunidad porque el co
mercio de sus dueños está en sus manos. Y en la política exterior,
la persecución de los personajes eminentes en cada ciudad aliada se
explica porque, como son odiados por sus inferiores, se mantiene así
la simpatía de éstos. Se obliga a los aliados a juzgar sus procesos en
Atenas, porque, además de poder aprovechar el dinero consignado
por las partes y aumentar el rendimiento de los impuestos y de los
que tienen casas o esclavos de alquiler, sin salir de Atenas los gobier
nan, sosteniendo a los demócratas, hundiendo en los fallos a sus ene
migos, y obligando a los aliados a respetar no sólo a los atenienses que
viajan hacia ellos, sino a todo el pueblo que es el que juzga y hace
la ley.
Todo esto, que constituye el tema central de la obra, atañe a la
política de los medios y, como tal, no corresponde a nuestra investi
gación. Pero el autor ha expresado además, breve y enérgicamente,
su opinión sobre las formas de gobierno y su valor de fondo. La liber
tad es un valor negativo, incompatible con el buen gobierno. En la
buena constitución los idóneos, legislan, los buenos reprimen a los
malos, y no permiten a los locos emitir su opinión (1). Para el autor,
como para toda la tradición nobiliaria (2), honestos y capaces son
los eupátridas y los ricos; malos y locos, los pobres y plebeyos (3).
Pero en la buena constitución el pueblo cae pronto en la esclavitud.
Ahora bien, el pueblo no quiere una buena constitución, si en ella
él se torna esclavo. Ante todo quiere ser libre y gobernar, y no le
importa si la constitución es mala. "Lo que os parece una mala cons
titución es cabalmente lo que da al pueblo fuerza y libertad"(4).
La democracia es no sólo un gobierno malo, sino que consciente
mente prefiere lo malo. El pueblo ateniense distingue perfectamente
al bueno del malo. Pero prefiere a sabiendas al malo porque se apro
vecha de él. Al bueno lo detesta, pues el pueblo cree que la virtud
conduce a desgracia y no a la felicidad (5). En particular se censura
la lentitud y venalidad de la administración de justicia en Atenas (6).
La justicia es lenta porque hay muchos días de fiesta, los asuntos
son numerosísimos y se delibera largamente sobre todo. Es cierto que
con dinero se puede obtener una sentencia, pero aún así los asuntos
son tantos que no pueden fallarse todos. Y si se establecieran más
tribunales con menos jueces cada uno, la facilidad para corromperlos
sería aún mayor. A pesar de todas estas críticas, el autor perdona al
pueblo su amor por la democracia, pues se explica que cada cual
persiga ante todo su bien particular. Pero censura acremente al que,
no siendo del pueblo, elige vivir en ella más bien que en la oligarquía.
Ese le parece sospechoso de abrigar intenciones criminales, creyendo
más fácil ocultarse en una democracia que en una oligarquía (7).
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

I, 9.
Comp. supra. Thf.ocnis p. 259 del número anterior.
Esto resalta de todo el cap. I, sobre todo 7 y 8.
I, 9.
II, in fine.
III, 1 y es.
II, in fine.
— 252 —

Podría pensarse que estos defectos son accidentales y que la de
mocracia es susceptible de una reforma interna. No es así sin embargo.
La democracia es un gobierno intrínsecamente malo. Toda mejora
implicaría una desfiguración, una mutilación de su principio. "En
efecto, si no se trata más que de mejorar la constitución, se hallarán
muchos sistemas; pero mantener la democracia, de manera que el
gobierno mejore no es cosa fácil, a menos que se agregue o se suprima
algo poco a poco"(l). Entonces cabe un último problema: ¿es posible
suprimir la democracia? La respuesta es aquí también negativa.
Opositores a la democracia serán naturalmente los que han sido víc
tima de alguna injusticia; pero éstos son relativamente pocos, pues
ejerciendo el pueblo los poderes públicos, sus decisiones no perju
dicarán a las clases populares sino a la minoría de los ricos y nobles,
y una minoría es incapaz de suprimir la democracia (2). Se entiende:
por las vías legales. La conclusión lógica que se desprende es que tal
fin sólo se puede lograr por medio de un golpe de estado. Por eso se
ha supuesto que el secreto propósito del autor, al publicar su escrito,
era una invitación a darlo.

THOUKYDIDES
El espíritu crítico y realista de la sofística encontró una aplicación
seria e inteligente en la obra de Thoukydides (hacia 460). Al historiar
la guerra del Peloponeso y la política de los estados que en ella
intervinieron, el pariente de Milciades y ex-general ateniense tuvo oca
sión de mostrar la motivación que impulsaba a las partes y los princi
pios que invocaban, los cuales, alejándose de la antigua moral, con
cordaban muy bien con las nuevas doctrinas.
La influencia de éstas se advierte ya en su posición religiosa.
Thoukydides no apela nunca a los dioses para explicar los sucesos
históricos, como lo había hecho Herodoto. Entiende que todo está
sometido a causas naturales y varias veces indica como ultima ratio
de los hechos a la naturaleza del hombre. Es cierto que reconoce la
voluntad divina y la necesidad de acatarla (3); que al describir la
corrupción moral de Atenas en tiempos de la peste, señala como un
mal la irreligiosidad imperante (4); y que otras veces ha destacado
las profanaciones de cosas y lugares santos (5) y la violación de la
fe jurada en Corcira y otras ciudades (6). Pero en estos casos se
trata más bien de una consideración pragmática en donde la religión
se aprecia por sus consecuencias prácticas y el descreimiento, como
un signo importante de la desintegración moral. Especialmente Thou
kydides se manifiesta escéptico respecto a toda clase de visiones,
pronósticos, adivinaciones y oráculos: éstas son cosas inciertas, vanas
ilusiones, que conducen al hombre a su perdición (7). Así, censura la
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)

III, 9.
III, 12.
H, 64.
II, 53.
IV, 90-99.
III,, 82 y ss
V, 103.
— 253 —

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�superstición de Nicias, que a causa de un eclipse de luna, tenido por
mal agüero, no levantó el sitio de Siracusa (1). En cuanto a los orácu
los comprueba que la ingenuidad de los hombres los interpreta a posteriori de tal modo que siempre se convencen de su verdad. El oráculo
de Delfos había profetizado desdichas si se profanaba su templo, pero
como ocurrió lo contrario, es decir, que el templo fue profanado a
causa de los desastres militares, Thoukydides, parodiando la inter
pretación ingenua, concluye: "el oráculo dijo lo contrario de lo que
se entendía, porque las calamidades y desventuras no sobrevinieron
a la ciudad, porque el templo fuera profanado al habitarlo las gentes,
según quisieron dar a entender, sino que, al contrario, por la guerra
vino la necesidad de vivir en él" (2). Hay una sutil ironía en esta
pretendida interpretación que, tomada en serio significaría que el
oráculo había profetizado el castigo precediendo al pecado. En otro
caso se disputaba sobre el significado de la palabra "Xt[iós" de un
oráculo. Unos la interpretaban por "hambre", otros por "epidemia"...
"hasta que llegó ésta y todos le aplicaron el dicho del oráculo. Y a mi
ver —comenta Thoukydides— si ocurriese alguna otra guerra en tie
rra doria, acompañada de hambre, también lo aplicarían a ella" (3).

En cuanto a los principios sociales, se invocan, varias veces las
ideas tradicionales de justicia, de paz y de democracia. Los corintios
invocan la justicia de su causa para hacer la guerra a Atenas (4);
los corcirenses no admiten que las colonias sean fundadas para ser
siervas de las metrópolis sino para ser sus iguales; el siciliano Hermókrates, al bregar por la terminación de la guerra por medio de una
paz general y común, estima a ésta, invocando a todos los hombres
prudentes, como "la mejor cosa del mundo"(5). Respecto a la demo
cracia, Atenágoras, en su discurso a los siracusanos la defiende contra
las objeciones de los oligarcas. En materia de finanzas es mejor la
administración de los ricos, pero en política general y en la reparti
ción de las cosas particulares y públicas es superior el estado demo
crático, porque antes de resolver se oyen los pareceres de todos y
por tanto de los más prudentes, y se hace una distribución equitativa
de los bienes y las cargas, evitando que los poderosos repartan los
perjuicios entre todos y guarden los provechos sólo para sí (6).
Y Perikles, en la famosa oración en elogio de los muertos en la guerra,
al describir la democracia ateniense, pone de relieve sus tres rasgos
fundamentales que son al mismo tiempo en su mera enunciación tres
argumentos en su favor. En primer lugar, gracias a la igualdad polí
tica, que no hace distingos se sangre ni de fortuna, cualquiera podía

(1)VII, 50.
(2)II, 17.
(3)II, 54.
(4)I, (pág. 89 ed. española).
(5)IV, (pág. 330 id.).
(6)VI, (pág. 122).

ascender hasta los cargos directores con tal que demostrara capacidad
para ello. "Nuestro gobierno se llama democracia porque la adminis
tración del estado no pertenece ni está en pocos sino en muchos. Por
lo cual uno de nosotros —de cualquier estado o condición que sea—
si tiene algún conocimiento de virtud, tan obligado está a procurar
el bien y honra del estado como los otros, y no será nombrado para
ningún cargo, ni honrado, ni acatado por su linaje o solar, sino tan
sólo por su virtud y bondad. Que por pobre o de bajo suelo que sea,
con tal que pueda hacer bien y provecho al estado, no será excluido
de los cargos y dignidades públicas" (1). En realidad, pues, la demo
cracia es la verdadera aristocracia: no la trasmitida por el título o la
riqueza sino la de las capacidades personales de la inteligencia y de
la honradez. Por eso hacia el final dice Perikles: "a mi parecer, el
primero y principal juez de la virtud del hombre es la vida buena y
virtuosa, y el postrero que la confirma es la muerte honrosa". La ver
dadera concepción de Thoukydides se aclara aún más cuando después
de haber hecho el elogio de Perikles y afirmado su superioridad
frente a todos los políticos contemporáneos y posteriores agrega: "al
parecer, el gobierno del estado era en nombre del pueblo; pero de
hecho todo el mando y autoridad estaba en él" (2).
En segundo lugar, la democracia significa el reinado de la liber
tad y "libertad es felicidad y la felicidad libertad". Por último, la
democracia es un régimen de publicidad, que no tiene secretos para
nadie. "Nosotros permitimos que nuestro estado sea común a todas
las gentes y naciones, sin vedar ni prohibir a persona natural o extran
jera ver ni aprender lo que bien les pareciere, no escondiendo nues
tras cosas aunque pueda aprovechar a los enemigos verlas y apren
derlas...".
Pero, por otro lado, y en oposición a estas ideas de justicia, paz
y democracia, Thoukydides hace ver cómo los antiguos principios
habían perdido su vigencia, negados o simulados, y cómo de jacto, lo
que impulsa a los hombres y a los estados son los intereses de las
partes que están en juego. Así, dentro del estado, demócratas y aris
tócratas defienden sus principios sólo de palabra, porque de hecho
consideran su particular interés (3). Lo mismo ocurre en las relacio
nes internacionales: el siciliano Hermókrates juzga que Atenas, bajo
la apariencia de amistad y alianza con las ciudades de la magna
Grecia, sólo busca su ventaja y provecho (4). Por eso los corintios,
que dicen tener la justicia de su parte, arguyen además que sólo la
justicia acarrea ganancia (5).
La bondad de la democracia queda también malparada cuando
Thoukydides, por boca de Diodoto, señala que para persuadir al
pueblo de alguna cosa buena o mala es necesario usar de cautelas y
mentiras; que sólo el que lo adule ganará su confianza, mientras que
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)

254 —

II, 35-46.
II, 65 y ss.
III., 82.
IV, 61.
I, (pág. 33).
— 255 —

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jo^ •soqantn na ouis soaod na Bjsa in aaaua)jad ou opBjsa pp nopBjj
•einimpB bj anbjod BpBjooraap ehib^ as oniaxqo^ ojjsan^[,, *o^p BJBd
BJBJjsouiap anb ye% noa sajojas^rp so^jb3 eoj BjsBq japnaasB

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-j[od pBpfBn^í b^ b sbpbjS 'j^Snj janTTjd n^ uoabj ns na sojnainnSjB
ají nopBpnnna Bjcain ns na odmap otnsira p? nos anb sa^juaniBpunj
soásBj sajj sns aAaip^ ap auod 'asnainaiB BiaBjaoinap b^ jiqijasap jb
'BjjanS bj na so}janm boj ap oíSoja na nopsjo BsomBj bj na 'sajíjija^ j^
• (9) re BJBd ojos soqaaAOJd soj napjBn^ A sopo; ajjna sopmfjad
soj nB^jBdaj sosojapod soj anb opuBjiAa 'sbSjb^ sbj A sanaiq soj ap
BAUBjmba noianqijjsip Bun aa^q as A 'sa^uapnjd sbui soj ap ojub^ jod
A sopo^ ap sajaa3JBd soj uaXo as jaAjosaj ap sajuB anbjod 'oapttja
-omap opB^sa ja jouadns sa SBaijqnd A saJBjnapjBd SBSoa sbj ap nop
-U-iBdaj bj na A jBjans^ sapjjod na ciad 'sooij soj ap nopBJisimmpB
bj Jofatu sa SBzuBuij ap BuaiBra u^ ^sbojeSijo soj ap sanopafqo sbj
BJ^noa apnaijap bj souBsnaBJis soj b osjnasip ns na 'BBjoSBuaiy 'BpBJD
-ouiap bj b ojaadsa^j •(g)ítopnnra jap Bsoa jofam bj,, oruoa 'sajuapnjd
sajqnioq soj sopo) b opnBaoAui 'Bjsa b Bmpea 'unnioa A jBjana^ zsd
snn ap otpain jod Bjjaná bj ap uop^uinuai bj jod Js^ajq jb 'sajBjjf9ra
-J3JI onsijpis ja ísa^BnSí sns Jas bjb¿ onis sijodoJiam sbj ap sBAjais
^as BJBd sspBpunj nBas ssinojoa sbj anb naiimpB on sasnsjpjoa soj
i (f) SBnajy b BjjanS bj jaaBq BJBd ssnB ns ap Bpusnf bj neaoAm
soiinuoa so'-j 'BpBjaomap ap A zsd ap 'Bppsnf ap sajenopipBj) SBapi
sbj saaaA sbijba 'uBaOAní as 'sajBpos eoidpmjd soj b ojnBna u^

"(8) 8IIa B nBjjBoijdB oj naiqniBi 'ajqniBq ap BpBUBdmoaB 'Brjop bjj
-aij na BjjanS bjjo enn^jB asaujnao is .—sapip^^jnoqj^ Bjuaraoa— j^a
ira b j^ 'ojnasjo jap oqoip ja nojBaijdB aj sopo} A B^sa o^ajj anb B}8Bq,,
—ttBiraapidaM jod soj^o 't4ajqrasq,, aod UBqBjaadjajuí bj sonj^^ -ojnaBJo
un ap ít5PIig^í,, Bjq^jBd bj ap opBDijinSis ja ajqos BqBjndsip as osbo
ojio u^ -opBaad jb opnaipaaajd o^ijsbo ja opBzpajojd BiqBq ojnasjo
ja anb Busaijiu^is ouas na BpBiuoj 'anb uoioBjajdjaiui Bpipuajajd
Bi^a na biuoji jijns Bnn ^bjj •(^)41ja na jiaia ap p^pisaaau bj ouia
BJjan^ bj jod 'ouBjjuoa jb 'anb ouis 'japna}na b jBp nojaismb unSas
'saina^ sbj ojjBiiqBq jb opBuBjojd BJanj ojdmaj ja anbjod 'pBpnp bj b
?ojainiAajqos on sBJinuaAsap A BapBpiraBjBa sbj anbjod 'Btpuajna as
anb oj ap ooBjjuoa oj ofip ojnaejo ja,, :aXnjanoa 'Bnna^m noiaBjajd
-jajuí bj opnBipojBd 'sapip^^jnoqj^ 'sajBiijira sajjsBsap soj ap BsnBa
b opBUBjoad anj ojdnia^ ja anb 'jpap sa 'oiJBj^noa oj oujnao oraoa
ojad 'ojdraa^ ns BqBUEjojd as is SBqaipsap opBzpajoad Biqeq sojjaQ ap
ojnasjQ ^g -pspjaA ns ap naanaAnoa as ajdraais anb opoui jbi ap tAoxiai
-sod v Biaadjaiui soj sajqiuoq soj ap pBpinua^m bj anb sqanjdraoa soj
•nasjo soj b ojuBno ug -(j) BsnaBJig ap opre ja ojueAaj ou 'ojanáB j^ra
jod opiuai 'Bnnj ap asdij^a un ap BsnBa b anb '8Bpi^[ ap noppsjadn^

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quien le proponga algo bueno pero sin halagos caerá en sospecha de
que procura ocultamente su propio logro (1).

todos tuvieseis el mismo poder y facultad que nosotros, haríais lo
mismo" (1). Esta es, ni más ni menos, la doctrina de Kallikles, con
vertida ahora en principio vigente y director de la política ateniense;
y es más que probable que la tesis del personaje del Gorgias no sea
otra cosa que la enunciación teórica de esa política realista e impe
rialista.

El mismo Diodoto destaca la ineficacia del derecho para impe
dir el delito cuando el hombre está estimulado por alguna impetuosa
inclinación. "En muchos estados hay pena de muerte, no sólo para
semejantes delitos, pero aún para otros mucho menores, y a pesar
de ello siempre hay hombres que se exponen a peligro de esta pena
con esperanza de escapar de ella. Ninguno emprendió rebeliones que
no pensase salir con ello, ni hubo estado que no le pareciese tener
mayores fuerzas propias o de sus amigos que otro. Mas al fin es cosa
natural a los hombres pecar, así en general como en particular; y
no ha habido ley tan rigurosa que lo pudiese vedar ni estorbar por
más que se hayan inventado nuevos tormentos y castigos para los
delitos, por si el temor podría apartarles de hacer mal".

En esta misma concepción encaja la idea de que el valor negativo
de las leyes no es una objeción contra ellas. Lo malo es la variabilidad
e inconstancia en su aplicación; el buen gobierno es aquel que usa
constantemente y sin revocarlas las leyes vigentes, cualesquiera que
sean. De acuerdo con este pensamiento señala Cleón que el imperio
ateniense ha llegado a ser una verdadera tiranía y que para conser
varlo no es posible cambiar los métodos empleados (2). Y en el mismo
orden de ideas, Alcibíades aconseja la expedición a Sicilia arguyendo
que "no está en nuestra mano poner un término a nuestro imperio,
para decir que ninguno pase adelante, sino que para defenderle es
necesario acometer a unos y guardarnos de ser acometidos por
otros"(3).

Otro principio de los nuevos tiempos que Thoukydides ha reco
gido porque era constantemente invocado, especialmente por los ate
nienses, como regulador de la política internacional, es el de que el
más fuerte tiene el derecho de someter a su voluntad al más débil.
Ya al comienzo de la obra, en la discusión general que tuvo lugar en
el senado de Lacedemonia, los atenienses lo enuncian como una com
probación que surge de los hechos históricos (2). Y el mismo le sirve
a Eufemio para explicar a los camarinos por qué los atenienses des
pués de las guerras médicas se desligaron de la dirección de Esparta:
"porque no había más razón para que ellos nos mandasen a nosotros
que nosotros a ellos, sino la de que ellos eran más poderosos a la
sazón que nosotros, y, por lo tanto, llegando nosotros a ser señores y
caudillos de los griegos que antes estaban sujetos a los Medos, hemos
tenido y habitado nuestra tierra, sabiendo de cierto que mientras
tuviéramos fuerzas para resistir al poder de los lacedemonios, no hay
razón para que debamos estarles sujetos"(3).
Pero donde esta ley del más fuerte se afirma en toda su crudeza
con la pretensión de un principio universal de la naturaleza es en la
discusión habida en el ayuntamiento de Melos en donde los atenienses
tratan de obligar a la pequeña isla a entrar de su lado en la guerra.
"Cuando los más débiles contienden sobre aquellas cosas que los más
fuertes y poderosos les piden y demandan, conviene ponerse de acuer
do con éstos para conseguir el menor mal y daño posible"(4). Y des
pués de declarar sin ambajes que es su voluntad inquebrantable so
meterlos a su señorío (5) sostienen que lo que hacen es justo y que
"por necesidad de naturaleza, el que vence a otro le ha de mandar
y ser su señor, y esta ley no la hicimos nosotros, ni fuimos los pri
meros que usaron de ella, antes la tomamos al ver que los otros la
tenían y usaban, y así la dejaremos perpetuamente a nuestros here
deros y descendientes. Seguros estamos de que si vosotros y los otros
(1)
(2)
(3)
(4)

(5)

III, 234.
I, 76.
VI, 85.
V, 89.
V, 91.

(1)V, 105. Cf. lil.
(2)III, 40.
(3)VI, 18.

— 256 —

— 257 —
17

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-ajaq soj^sann b a;uaraBmadjad somsjBÍap bj jsb A 'uBqBsn A UBiua;
b^ sojjo so[ anb J3A jb somBiao} bj ^a^u^ 'bjj^ ap nojBsn anb sojam
-ud soj eorainj in 'sojjosou soinpiq bj on jíaj Bisa A 'joyas ns jas A
jBpuBUi ap Bq aj ojjo b 33U3A 3nb J3 'BzajBjniBn ap pepieaoau Jod,,
anb A o^snf sa uaoeq anb oj anb nanapsos (^) ououas ns b eofja^am
-os ajqB^nBJqanbaí p^iunjoA ns sa anb s^ÍBqniB uis jBJBpap ap sand
-83p j^ *(^)^3jqisod ouBp A [biu jonam ja JiñSasuoa BJBd sojsa noo op
-jana^ ap asjauod anaiAuoa 'uBpuBuxap A napid ssj sosojapod A sa^janj
8Bm soj anb sbsoo SBjjanbB ajqos napuapnoa sajiqap sbui soj opnsn^)n
•BJJanS bj na opBj ns ap jBj^.u a b bjsi Buanbad bj b jsSijqo ap ubjbj;
sasuaiuajB soj apuop na sojap^ ap ojuaiuiBjunjÍB ja na Bpiqeq uoisn^sip
bj na sa BzajBjn^BU bj ap jBSJSAiun oidpuijd nn ap noisuajajd bj noa
Bzapnja ns Bpoj ns buijijb as ajjanj sbui jap A^\ Bjsa apuop ojaj
*(g)usoi3Íns S3JJB^83 souiBqap anb Bjsd uozbj
jÍBq on 'soinoni3p33Bj soj ap Japod jb jtisissj Bjsd s^zjanj somejaiAnj
SBJiuaiui anb ojjap ap opuaiqBS 'bjj^ij Bjjsanu opBiiqsq A opina)
sotnaq 'sopap^ soj b sojafns uBqe;s3 sajuB anb soSaijá soj ap sojjipns^
A 83JOU38 J38 b soj;osou opuBj^^jj 'o;ubj oj jod ¡A 'sojjosou anb uoxve
bj b sosojapod sbui ubj^ sojj^ anb ap bj onis 'sojjs b sojiosou anb
sojjosou b uasBpuBui sou sojjs anb Bjed uozbj sbut BiqBq on snbjod,,
:BiJBds^ ap uoiaaajjp bj ap noJB^ijsap as SBsipsm SBjjanS sbj ap sand
-sap 838U3iu3)B soj snb jod 8ouiJBuxB3 soj b jB^ijdxs BJBd oiiuajn^ b
8AJI8 3j omsim js j^ *(^) soaijojsiq soqaaq soj ap aSjns snb uppBqojd
-mo3 buh omoa u^punua oj sasuatua^B soj 'Binoui3p33Brj ap op^uas ja
na JBSnj OAnj anb jBJan^S uoisnasip bj na 'Bjqo bj ap ozuaiuioa jb bj^

jod sopiiamoaB Jas ap sonjBpjBnS A sonn b jajaraoaB oiJBsaaan
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-jasnoa BJBd anb A biubjii Bjap^pjaA Bnn jas b op^Sajj Bq asuaiuajB
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anb BjambsajBna 'sajuaSiA sa^aj sbj SBjjBaoAaj uis A aiuainajuBjsnoa
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íasuaiuaiB Boi^jjod b^ ap jo^oaaip ^ aiaaSiA oidpuud na BioqB Bpp-iaA
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oj eiBUBq 'soj)oson anb psipiaBj A lapod omsim p spsaiAnj sopo]

•jiqap 8Bm jb pBjun^oA ns b jalamos ap oq^ajap ja anap ajjanj sbui
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•a)B soj Jod a^namjBpadsa 'opBaoAui aiuamajuBjsnoD Bja anbjod opi
-ooaj Bq sapipÁ3¡noqx 3n^ 8diuau soAanu soj ap oidpuijd ojiq
*ujBm J33Bq ap ssjJBiJBdB Bupod joniaj p is Jod 'sojipp
soj BJBd soSiisb3 A so^uauuoj soAanu opBjuaAui UB^Bq as anb sbui
jod JBqjojsa in JBpsA asatpnd oj anb Bsojn^u ubi Aa\ opiqeq Bq ou
A ÍJBjnaiiJBd na ouio^ jBjauaS ua jsb 'jBaad sajquioq soj b jBJnjen
Bsoa sa uij jb sbj^ 'ojio anb soSiuib sns ap o ssidojd sszjanj eajoÁBm
jcauai asapajsd aj on anb opsisa oqnq iu 'ojja noa jijbs as^snad on
anb sanoijaqaJ oipuajdiua ounáuij^; 'Bjja ap JBdBasa ap BzuBjadsa no^
Buad Bisa ap ojiñpd b uanodxa as anb sajqmoq Avi\ ajdmais ojja ap
jBsad b A 'sajonam oqonuí sojio BJBd nriB ojad 'soiíjap saiuBÍamas
BJBd OJ98 on 'aijanm ap Buad .¡í^q sopejsa soqanm ug,7 -u^ioeuipui
Bsonjadini BnnSjB Jod opBjnmiisa Bisa ajqmoq ja opuena ojipp ja jip
-adral BJBd oqoajap jap BiaBaijaui bj BaBisap ojopoiQ onisim j^
*(j) oj^oj oidojd ns ainamBijnao BJnaojd anb
ap Bqaadsos ua Bja^a soSejBq uis ojad onanq oSjb BSnodojd aj uainb

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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1947, Año I, Nº 2 : p. 211-257</text>
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