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                    <text>CARLOS SABAT

ERCASTY

Unidad y Dualidad del Sueño y de la Vida
en la Obra de Miguel de Cervantes Saavedra
La conferencia que a continuacion publicamo , fué dictada
por el Profesor Carlos Sabat Ercasty, en el Salón de Actos de la
Universidad, a fines de diciembre del año último, como home1mje tributado por la Facultad de Humanidades y Ciencias y la
Cultural Española, a Miguel de Cerva~tes aavedra, en ocasión
del cuarto centenario de su nacimiento.

Cuando una circun tancia como la actual, el cuarto centenario
del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, no coloca ante una
per onalidad tan grande y tan e tudiada, y en el trance de contribuir
con nuestra palabra a la celebración de tan excelsa fecha, nos entimos como extraviados en la amplitud de la empresa que debemos
afrontar, y en el laberinto de los lem nto que el e critor y su críticos nos ofrecen. ¿Cómo reducir tan va tas dimensiones y tan complejas posibilidades, a lo ceñido límite de una conferencia? Para
conseguir una íntc is satisfactoria, ninguna esencia podrá ser excluída.
Abarcarlo todo, oprimiendo e a afortunada abundancia, e como
ahogar el tema y marchitarlo en una pri ión demasiado estrecha. ¿Qué
hacer, puc ? ¿Cómo cumplir? Procedamos como Don Quijote en la
encrucijada de los caminos, oltándole las rienda a Rocinante, para
que ólo el azar re ponda de la p regrina po ibilidad de la aventura.
Bien puede el pen amiento de empeñar e, ante Cervante y ante u
hidalao, como un aventurero más. Al obligarnos menos, al no ofrecer
otra cosa que el imprevi to epi odio de un instante, al correr, libre
y sin compromisos, por los campo del alma, no hacemo otra cosa
que colocarnos a gran distancia de todo juicio riguroso y de toda
cerrada prevención, pues el azar no admite reglas, y su vuelo es como
una burla amable a los que e peran más de lo que la suerte, de vendados ojos, puede entregar a nuestro deseo .
Muchas veces C rvantes ha hablado, directa o indirectamente, d
í mimo. Bastan us palabra para configurarnos su carácter y su
vida. Cuando 1 escrutinio de los libros en la biblioteca del Caballero,
le hace decir al clérigo: "Muchos año ha que es amiao ese Cervantes
y é que e má v r ado en de dichas que en versos". Esta confe ión
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�tan encilla no ha la para corrohorar el modo cómo el e critor conlemplaha la per pectiva doloro a de su año , cuál
miraha a í
mi mo atrave ando en u propio pasado el cuadro d
us memorias,
cómo, hecho el balance de u a de bordado m dio iglo, se conideraha má docto en angustias que en letras.
n contemporáneo
suyo, que le admiraba y le di tinguía por la altura de su ingenio, el
Licenciado Márquez Torres, al redactar la aprobación de la Segunda
Parte del Quijote, cuando ólo le quedahan a u autor catorce mese
de vida, no dice que al llegar alguno embajadores de Francia a la
dudad de Madrid,
aproximaron a él 'de eo os d aber qué libro
de inaenio andaban má valido , y tocando aca o en e te que yo estaba
cen urando, dice, apena oyeron el nombre de 'Ü!!Uel d Cervante ,
cuando e comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación
en que así en Francia como en lo reinos u
onfinante e tenían
u obra la Galatea, que alguno dello tien ca i de memoria, la
prim ra parte de ta, y la
ovelas. Fueron tanto lo encarecimientos,
que me ofrecí a llevarlo que viesen al autor della , que estimaron
con mil demostracione de v:ivo de eos. Preguntáronme muy por m&lt;'nor u edad, su profesión., calidad y cantidad. Halléme obligado a
decir que era viejo, oldado, hidalgo y pobr : a qu uno respondió
entre formales palabras: ¿pue a tal hombre no le tiene España muy
rico y u tentado del erario público?' Acudió otro de aquellos caballero on este pen amiento y con mucha agudeza, y dijo: i nece idad
le ha de obligar a e cribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia,
para que con su obra , iendo él pobre, haga rico a todo el mundo".
Y en verdad que aquél que e to último comentara, acertó de una vez
en todo, pue la pobreza fu' la mu a de Cervante , de u necesidad
nació la má alta riqueza del e píritu, el oro inmaterial del aenio,
más fuerte, más durahle y más bello que aquél que la nao hispanas
traían de la áurea América . Porque d aquél ólo queda en Ca tilla
y León el vano fantasma evocado por la hi toria , mientra que del
de la miseria de Cervante permanece, - inconmovible en su vir·
tude , indestructible en la espiritualidad del v rbo- , la realidad vital
de Don Quijote, de Sancho, de la Dulcinea, y del coro humano que
dió fondo y per pectiva, movible y cambiantes, a la má prodigiosa
peregrinación del ideal y de u vencimiento, del entusiasmo y de la
melancolía, de la esperanza y del final desencanto.
Largo, difícil y malhadado fué el peregrinaje de Cer antes. Su
vida trabajada, la perpetuidad de us peripecias, la potencia impre·
ionante de oh ervación en que é ta caían, tra la dicha efímera y
el fracaso perdurable, a los pozo espirituale de su experiencia, le
concedieron ese tipo ustancial de abiduría, denso de verdades humana , elaborado en lo uh u los de la realidad que dan la materia
indi oluble de la grande obras. Ca i no fué e critor hasta pasado el
medio siglo de vida. O por la nece idad, o por el disfrute repentino
y variado de la aventura , o por no hallar nunca la ocupación provecho a donde arraigar lo dia y los hechos n un terreno firme, el
azar no le dió tregua, y fué llevándolo a merced de un de orden genial
que le impedía la calma y la riqueza, pero le dejaba en la carne viva

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�las huellas y los relieves de un mundo que él fijaha en las ocultas
galerías de su sensibilidad. Pudo así soñar, y de encantarse de los
sueños. Pudo así ver, en donde otros, más felices no veían. Pudo
también esculpir lo esencial obre el flujo y la efímera corriente de
los instantes. Y pudo asímismo, irónico y escéptico, ·desengañarse sin
que el desvanecimiento de las aspiraciones y los sueños, lo arra trasen
a la locm:a dese perada, o al tránsito nihilista qu postra las divinas
herramientas del genio. Como su. hijo, Don Quijote, c dió a hu car
el aumento de u honra y puso su brazo heroico al servicio de la
república. ¿ Fué loco entonce como el caballern? Y al perder la uh lime locura, maduro ya el juicio por la repo ada azón de lo años,
¿por qué como el Hidalgo de la Mancha no se t ndió en el l echo
mortal para dejar la vida en el callado desastre vencida el alma y
angustiado el flaco pecho por las melancolías y lo desabrimiento ?
¿Por qué como Don Quijote, detrás del último fraca so, y ya sobre
el medio siglo, no se echó a morir, resignado, para sellar en el silencio el denuedo inútil y la vanidad de . todas sus empresas?
En la edad en que el Hidalgo manchego se volvió loco, Cervante
maduró su cordura. Cuando el caballero, desdoblándose, separó de
la razón su sinrazón para ensoñar y realizar sus empresas, Cervante
se sumerge en sí mismo, y se busca, sereno y recobrado, en us entrañables profundidades. Cuando su hijo, el Caballero, crea la e peranza, arde en la fe y empuña la lanza para vivir sus utopías,
Cervantes descubre su propio humorismo ; melancólico, sonríe ante
los hombres; y la fronía dibuja, finísima, el leve y reflexivo sonreír
de sus labios. Cuando el Hidalgo de la Mancha trasmuta su flaco
rocín en un corcel que avergonzaría a Bucéfalo y Babieca, Cervante
e desmonta de su Clavileño, y entre las murallas de u soledad, pa ea
sus graves tristezas por la hondura de los vividos años, para extraer
de ellos los hijos que engendró su experiencia eu la fertilidad de su
ingenio. No más Dulcinea , no más gigantes, no más encantadores,
no más azarosas contiendas ni afanadas búsquedas. Estaba vivo y
estaba muerto. Con la sangre ardiente aún, pero sin las ilusiones ni
las esperanzas. Su creación vital había fracasado. Aquitósele el pie
andariego, serenósele la clara frente. Helósele el brazo. Recóndita
ceniza le adormeció el ambicioso pecho. Y en silencio, inclinada la
cabeza sobre la diestra mano, suave como en un crepúsculo, mirándose hacia adentro, pesó su destíuo en los platillos del bien y del mal.
Y con amor de belleza, arando con su voluntad las íntimas praderas,
se sembró a sí mismo; y aró el dolor, y calentó las aradas eon los
soles del poeta; y no contando con más riqueza que las palabras,
hizo de ellas un mundo tan grande, tan variado y tan profundo, como
aquél donde corrieron sus aventuras, y donde sazonó, en peligrosos
días, la ruda y alta experiencia de su vivir. Supo que la resurrección
sobre las propias cenizas, es más prodigiosa aún que el nacimiento.
¿Por qué no murió desencantado como su Don Quijote, tras del último fracaso, y al rozar el ceniciento perfil del medio siglo? Es que
Cervantes era poeta, o lo que es igual, creador, y no hay placer tan
hondo, tan prodigioso, tan extático, como el de la creación misma.

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�Sólo el amor crea en el universo, y nada tan divinamente dichoso
para el cuerpo infinito del universo, como ese a.mor que lo hace
padre y madre entre el oleaje del Eros cósmico. Ese mismo influjo
erótico, penetra en las entrañas espirituales del artista, y les fluye,
como de la Naturaleza, la ola de las formas viva . La idea es el
padre, y la sensibilidad es la madre. Una desprende el rayo fecundo,
mientras la otra lo recibe en la sustancia movible de las imágenes.
Y al confluir amhas en el torrente vital del hombre, la obra del
genio levanta la potencia de sus hijos, el mundo concreto del arte,
como de la tierra, alnazada por el sol, emerge la rrracia germinal de
la espiga. ¡Ah, pensaría Cervantes, ahora, en este otoño delicado y
triste, nada tan bello, tan conmovedor, como darles vida inmortal,
cuerpo y esencia de inmortalidad, a los sueños maravillosos de poeta,
de creador, que se levantan de mis profunda experiencias. Y ahí
está el secreto de su desquite. Su sabiduría, sobre la llama del genio,
se hizo poema. La creación fué su clave mágica, y le evitó la locura
melancólica, o el oscuro suicidio, o la muerte por desencantos o por
angustias, cuando la tristeza, pálida la mano y valiente, abre las
puertas de la vida a la enfermedad, para que la nada se acueste
sobre la sangre, desvaneciéndola.
Fué la poesía para Cervantes su primera ambición, cuando el
brioso y emocionado trance de la juventud, y cuando más tarde, en
la Galatea, presta su voz de amor a lo artificiosos pastores. Y lo
fué en sn teatro. Y lo fué mil veces, sino siempre, en la perpetua metáfora del Caballero Andante, creando en eterno poema los mitos
maravillosos destinados a desvanecerse en el choque ineludible con
la realidad. Y lo fué también, lleno de nostalgias por erlo más y en
más aguzado extremo, en el Viaje del Parnaso. Y murió con la frente
apoyada en la asomlnosa hipérbole épico-lírica ele Los Trabajos de
Persiles y Segismunda. Padeció, pues, como pocos, la deliciosa ·e nfermedad de la belleza, con una obsesión que no disimula el desencanto de su confesado fracaso, en lo que toca a la poesía de los versos.
Maravillábase de lo mae tros del arte rítmico, que lo emularon mil
veces con su ejemplo, y ante cuyas músicas verbales, su oído le trasmitía al alma ambicio a la delectación de la melodía. Imitóles hasta
llegar al linde del sublime secreto, como si el hado hubiese querido
re ervarle para su prosa, todo cuanto los dioses otorgan al milagro
del genio. A sus ojo la poesía era ensoñación, y el mito del Eros
poético, no distaba mucho del mito del Eros caballeresco, como en
la esencia de las calidades espirituales, sueña tanto el alma contemplativa e inmóvil que crea en imagen un universo que se desprende
del anhelo, aunque la acción del hombre permanezca encadenada,
como el que, imaginando un mundo espiritual sobre un mundo real, se
arroja locamente a luchar con sus propios fantasma , sin atender a la
dura sustancia que gravita debajo de ellos. Poesía y caballería son entonces dos modos de la imaginación. Arrancan del mismo deleitoso engaño. Igual en lo íntimo es la aventura juvenil de Lepanto, que la aventura senil del Prrsiles. En una. el sueúo se h ace en el filo de la espada,
En la otra, en los extremos de la pluma. Pero en Cervantes, ante e]

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�actor y el poeta, hubo el espectador y el crítico. Se conte.m plaba a sí
mismo. Se juzgaba sin temores. Sincero y desnudo de coraje, anteponía la razón a los sueños, la tierra al cielo, la realidad a la imaginación, la verdad, cruel y dolorosa, a la quimera enmelada y cortés.
De ahí su dualidad, su humorismo, su yo conflictual y dramático, la
fluencia de sus contradicciones, sus armonías y sus discordancias, sus
mundos contrapuestos y antagónicos, su Don Quijote y su Sancho, su
España loca y su España cuerda, su mundo metafísico y trascendido
y su mundo real y recio, y hasta su desastre en la acción, y su triunfo,
ya crepuscular, en el triunfo del poeta.
Afanábase, y el mismo Cervantes es quien lo dice, en ser poeta,
mas el cielo, y él asimismo lo atestigua, no le quiso dar cumplida esa
anhelada gracia. También en esto soñó, pero en vano, nunca pudo
colmar sus aspiraciones. Toda su vida fué fiel a esa inalcanzada Dulcinea, como Don Quijote a la suya. Sembró sus novelas con mil cantos,
a medida que amaba a esa esquiva diosa, de la cual hubo de construir en su imaginación un mito clarísimo y sublime. Frecuentaba su
templo para hacerse digno del favor de esa divinidad. Se ejercitaba
en el secreto lenguaje, por lograr la magia y el encantamiento que
en otros, tan admirado por su nobilísimo corazón, sorprendía y elogia])a. Discernía con certe1·a sutileza; como lector y crítico, los valoree
y los matices má afinados de la poesía, pero él, aún en esto desventurado y triste, nunca se aceptó a sí mismo, y fué acaso el peor
enemigo de sus rimas. Largo amor el suyo a la gloria de Apolo,.
Confiesa que desde sus más verdes años amó el dulce arte de los
versos. Con el ánimo del poeta lírico, buscó en la poesía el más bello
medio de confesarse de su intimidad. En suaves rimas volcó sus difíciles esperanzas, tan inútiles y vacías, que fué como sembrarlas en
la arena. Y ya viejo y melancólico, a pocos pasos de la muerte, sigue
ejercitando su pluma en la tierna y deleitosa música de las estrofas,
y en larga secuencia de tercetos, describe su viaje al Parna o, abre
en su corazón la fuente de las rimas, y regala, con mano liberal, copiosos laureles para las nobles cabezas que triunfaron en aquel arte
que tanto amó su frente. Une poesía y pobreza, que era tanto como
&lt;lefinii:se en sus deseos y en sus realidades. Considera, que ya cantando
amores o llorando guerras, la vida del poeta es nada más que un
sueño, tiempo en que no se vive, tiempo en que el tiempo se pierde
para la realidad. Intuye la naturaleza delicada y suave de quienes
sólo cantan en un mundo de esfuerzos y fatiga . V e el toque de la
locura aun en el más cuerdo de los rimadores, que pierde en bienes
lo que gana en quimeras. Pero, luego, mirándose a sí mismo, sólo se
considera cisne por la nieve de las canas, y cuervo por. la ronca voz,
puesto que el ingenio poético ha sido duro para u alma, y por ello
la buena fortuna no lo levantó a esa gloria sobre su avara rueda.
¿Cómo disculparse, entonces, a sí mismo, si tantas veces reincidió
en la poesía? El mismo nos confía que le faltó el ocio feliz. La riqueza no colmó jamá su mano. Sus sueños se enturbiaron con exceso
en el áspero vivir de cada día . Y él supo, y él lo dijo: "en el poeta
pobre, la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan
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�lo cuidado . de busca1· el ordinario u tento". ¿Por qué no ce10 Gi
1al era u juicio último? ¿Lo reflexionó así dema iado tarde? ¿S
desencantó, como el Caballero, de la otra Dulcinea, cuando la muerte
e le acercaba, y los jóvene pájaro de antaño, huían, dcsalentado8.
de su cabeza? ¿La que 'l creía errada vocación, tan próxima a la
locura mi ma, fué algo má que una de las Dulcinea que imantaron
u anrma,
con mano dulce y de extremada piedad, le suavizaron,
no la herida de Lepanto, ino la herida de todo u vivir? Soñar la
poe ía, crearla, pen aba acaso Cervantes, era como de plazar e de
la angu tia, como tomar la tri teza y la amargura, y embrándolas en
las divina ntraña de la música, hacerla brotar en hermo ura y en
belleza, prodiuioso desean o para regalo y deleite de la llaga , para
olvido y vencimiento de la ombras!
Cuando Cervantes largo y den o de año , ya por detrá de lo
sueños activo , desdoblándose, sube como nunca desde el hombre
azaroso al puro creador e tético, se in tala de pronto en lo más alto
de su propio genio, y mira, agaz, de de allí, la realidad univer a1.
mientra e contempla a í mi mo, tra mutándose en el e pectador
upremo, en el poeta empeñado en alvar al hombre que hasta entonce había ido. Sublima u experiencia vital. Sublima u lucha, su
dolor, u mi eria, su melancolía, su desencanto. H lo, pues, en un
nuevo y má prodigioso encanta.miento. Hahía llenado su er con ]a,
visione del mundo, y toma de us propia entraña la realidad de u
er para convertirla en poema. El mundo g1·is del hombre vencido,
adquiere de uolpe lo vivo colore de la belleza. Se ha mpinado n
ciende o baja por su tiempo como por una montaña.
í mi mo.
libera. Vence su fracaso creándose con 1 sueño y la verdad del hombre. Y como e tá su propia vida en el fondo de su gran novela, reirá
llorando, llorará riendo. No hará una tragedia, ni hará una comedia.
Más lejos irá su genio. Creará un mundo completo, una humanidad
que e contempla a í mi ma en su do caras: ironía y gravedad.
burla y llanto. Su Don Quijote erá una int gración, y como tal, una
tragicomedia.
Aunque lo biógrafo de Cervantes hayan trabajado on tanto
fervor y porfía, para trazar, en cierto modo con datos auténtico , el
itinerario de su vida, y reconstruir su carácter, mucho no queda aún
por aber del padre de Don Quijote. No oh tante, el sondeo del libro
pe e a su lograda objetividad, e un elemento revelador con respecto
al alma donde íué engendrado. Creo por ello mi mo que es nece ario
recurrir a la apreciacione y juicios que e van vertiendo en el cur o
de la novela, y le trasmiten mil tono e pirituales que denuncian e]
múltiple humor de una vida. El color del agua nos dice sobre qué
tierras ha corrido el río, y hasta cuál e u origen. Pongámonos ante
las orillas de la narración cervantina y veámosla pa ar ante nuestro
ojo . El fluir del lenguaje, el matiz en ible del estilo, el movimiento
de la fra e, el carácter de lo episodio , la jerarquía de la palabra,
el tinte espiritual de cada ser, la órbita de sus voluntades, sus meditaciones y reacciones ante el hado de los hechos, la riqueza y variedad de u aptitudes y conducta, su anhelos, su resi tencias mo-

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�rales, us diálogos y discur o , tienen, en medio de u diversidad objetiva, un punto común ineludible, originario, que no
otro que el
autor mi mo de donde emanaron. Creamo lo que orno y ha ta donde
omos. La abundancia de la fuente denuncia la ma:niitud de u entraña. El poeta, en el entido de creador, puede er sólo ·1 o la aldea,
o la región, o la gran ciudad, o el país, o el mundo.
puede er el
ayer, el hoy, el .mañana, o el tiempo todo. Esta o la otra franja de
la ociedad, el hombre n u ello o el hombre en la totalidad de su
virtud ilimitada. A ma or capacidad, mayor horizont .
má altura,
vi ual má abierta. Llegada u alma al máximo de envolvimiento y
a la suprema complejidad, todo cabe en ella, a vece omo tumulto,
a veces como orden. E un pueblo de pueblos, inleriorm ntc vivos,
donde todo s distribuye
aún el retrato de la
atura]eza misma.
pero donde todo e colorea del tono de una vida rrrande y oberana.
Cervante , que todo lo hmnano lo abarcó en u pl nitud, e dió o?n
frarrmento , como un conqui tador que va fundando pueblos di tintos
en un continente viraen. Pero fué má lejos. Tomó eJ mundo y e
tomó a sí mismo, y entrando el uno en el otro, a la manera como la
vida penetra en la materia y la vitaliza. logró la uprema unidad, y
la hondma dimanó de la ten ión _ la exten ión pod ro amcnt alnazada por su e periencia.
Cervante está todo aludido en su Don Quijote. Más profunda
que la episódica red de u actos, es la de su arte. Quien busque su
esencias, penetre en us hijo . Hay una permanent transfu ión e ·
piritual del autor del Quijot a su héroe, y a todo lo per onajes
que surgen a lo largo de su peregrina travesía. El concepto que el
e critor se había formado de u vida, y de la vida humana en u totalidad, va pa ando de de adenu·o de u genio a la boca d u héroe ,
y en especial, a la de Don Quijote. El caballero d la Mancha die
lo que el autor pen ó, oñó y ofocó dentro ele í mi mo. De ahí u
mezcla singulaT de locun y cordura.
ada má di paratado que el
hidalgo de la aventura , cuando en él actúa aquella part d u alma
que corresponde al ejercicio de la caballería andante, pero nada má
razonable y azonado en Ja gravedad de la experiencia, que cuando el
mismo hidalgo, devuelto por el fracaso a los quicios de la serenidad,
disclu-re, co;rno en el azar de las conversaciones cotidiana o en e1
íntimo, silencio o monólogo, di curriría el mismo Cervantes. De ahí
surge la identificación Cervantes-Quijote. Es decir, un doble desdoblamiento. El caballero d la Mancha es loco y es cuerdo. Y Cervantes, frente a u pTopia creación, e atírico, o es erio y grave,
cuando no, triste. Ríe de la in en atez de Don Quijote, y, amoro amente, quieta ya la lanza del caballero, e emociona ante él y lo
admira, cuando lúcido, y n Ja alta jeraTquía de la razón, el mi mo
caballero vierte us doctrina , que no podrían cr otra que la de
Cervantes. Con Sancho ocurr lo mismo. Ese aldeano e profundo
como el barro del astro, que sabe dar la vida y recibir la muerte. Su
realismo no e rutinario y pueril. Tiene u verdad n us fuerte
puño , como el hondero tiene el ¡mijarro acertador en u dura mano,
antes de colocarlo en la honda. Cuando ha'bla, lo id ale del caba-

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29 -

�llero tiemblan en la delicada sustancia de sus sueños. Trae la afirmación de ahajo. Desea y sueña también a su modo, con grosura y
hambre terrestres. Ama al caballero hasta que el llanto le salta de .
las honradas entrañas. Tiene a su favor el viejo saber de los siglos
del pueblo en los quilates apretados de sus refranes. Es tan variado,
tan henchido de vida, tan profundo de realidad, que escapa siempre
a todo juicio simplista. Ha sido calumniado cien ~Úes por quererlo
hacer de una sola pieza, pues de su barro sale el heno y la encina, el
fruto denso de miel y la flor rústica ele acendrnda sencillez, y el musgo
tierno y la áspera corteza, y la densa madera y la fina savia. Y Cervantes no desdeña jamás entrar a su boca y llenársela de firmes razones.
Bien que Sancho haya acompañado a u amo en toda sus aventuras, y que us privilegiados oídos recibieran, tantas veces, las altas
doctrinas del caballero, no pudo alcanzar para sí mismo la excelsitud
del hidalgo, aunque barrunte a veces que hay allí algo que vuela
y sube muy arriba la esencia del hombre. La libertad que exalta
Don Quijote, la misma que lo arroja a las aventuras sin más ley que
u firme fervor del bien y de la justicia, la misma con que quiere
quebrar la violencia, el desamor, el desvío malvado, la ciega prepo·
tencia y el orgullo que veja y humilla, esa libertad, tan arraigada en
Cervantes, implica una profunda ejercitación de í mismo, un creci·
miento de la dignidad humana, una soberanía de la mente liberada
de toda servil cadena que encarcele la espontánea creación del acto,
y una contemplación de este mismo por el goce desinteresado de emanado de una voluntad que sólo obedece a su noble energía. Algo del
vuelo quijotesco había aprendido Sancho, pero no tanto que llegase
a redimirse del peso de su materia, de la gravitación de su interés,
de la dádiva que le recompesaha, del oro que hacía besar la mano
que, al darlo, aca o, ofendía. Y Ccrvante se esmera en señalar ambas
actitudes y ambas conductas. A Don Quijote lo urgen el bien y la
honra. Ley de amor es la suya, sobre el mundo exterior, y ley de
dignidad y honra la que instituye parn su mundo íntimo. Gasta ge·
nerosamente la realidad de la vida para comprar, en cambio, el sueño
de la inmortalidad. Cambia sangre por ahna y tiempo por gloria.
Desdeña todos los bienes por el bien del renombre, pero se afirma,
estoico, en esa única felicidad, inquebranta]Jlemente hu cada, cediendo
entera su vida para vencer a la muerte. Y lo hace al estilo heroico,
no ocultando jamás el pecho a la herida, león entre los leones, porque
una muerte bella jamá , para el caballero andante, es una muerte
real Y a ese precio se puede ser libre sobre la tierra, porque el que
nada le pide a la realidad concreta, la sobrepasa y la sojuzga.
También como el caballero, el escudero, junto a él, se aleja cierta
vez, del palacio de los condes. Si fué burlado Don Quijote, no menos
lo fué Sancho, si bien es cierto que los burladores, pese a sus dignidades y jerarquías, estaban más cerca de comprender al servidor que
al amo, y acaso simpatizaban más con la rasa simplicidad del aldeano
que con el hcroí mo y el amor metafísicos del hérne. Porque sohre
lo ridículo de Don Quijote, se cernían, levantándose desde u mente,
águilas y rayos, con los que Cervantes se daba a conocer a í mismo,

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30 -

�y ahí, en ese volar de los altos ideales, no encontraba nada más que
un coro de risa . ¿Qué importaba la levantada doctrina del héroe,
el sacrüicio de su generoso pensamiento, la alteza de sus mira y la
verdad de su dolor humano, i todo ese mundo se cernía tan encumbradamente obre la gozosa y complacida mediocridad de eñores y
damas? La burla da la medida del burlado, pero sólo hasta donde
lo burladores pueden subir en las escalas del espíritu, antes de
burlarse. Y muchas veces la ri a se vuelve contra el ri ueño, y denuncia su gro ería, o su pequeñez, o su depravación. Don Quijote lo
había comprendido así. El era caballero para caminos abierto , era
de los errante , de los azaroso , que velan hu cando el peligro y
duermen sin temerlo, porque no tienen má verdad que el heroí mo,
ni más ley que l libre impul o interior ejercitándose en la interminable ofrenda del 'bien. Lo muros e clavizan y corrompen. Bajo lo
techos no cabe el aire de la gran salud espiritual extremándose en
empresas limpias y re plandccientes. Los palacios eran, para el caballero, cárcele cómodas y ah1mdantes, donde 1 alma, atada al goce,
se corrompe como un a1rna e tancada. Bien sallia Don Quijote que el
esclavo, parn di imularse a í mi mo, sólo de ea mover e ntre e clavos. Y por e o, la riqueza y la adulación de los duques y de todos u
cortesano , lo ofendían. Y nunca fué má feliz que al romper la hipócrita cadena de oro con que habían lo ociosos paralizado su
voluntad. Al volver el caballero a la libre luz y al aire libre de los
campo , puesta u mente en el palacio de los condes, traza en e a
luz y en e e aire el elogio de la libertad, porque con u concepto
y us palabra limpia su e píritu, y ha ta limpia u propia boca
de toda la impureza y la mediocridad que e le hubiere pegado en
aquella hermo a cárcel, más csclavizadora cuanto mayor fue e su
riqueza, su refinamiento, y su falsa genero idad. Le pagaron, espléndidos, la desalmada burla, pero ahora el hidalgo hacía volar, sobre
lo muro que lo apresaron, la águilas y lo rayos de su libertad.
Sancho, en cambio, no puede llegar a tale extremos.
vece
Don Quijote lo levanta en el ala de u di curso. El escudero ospecha
la majestad. Se desprende de í mismo. Intenta la quijotería. Enflaquece la carne y ensancha el espíritu, pero tra el contagio momentáneo vuelve a caer en sí mismo, conformándose con ser el fiel 3cauidor
de la locura sublime, pero jamá el loco que e ohrnpone al ridículo,
para vivir la pl oitud de su sueJÍos.
Sancho ha oído el ditirambo con que u señor acaricio, conmovido, la virtud y la grandeza de la lib rtad. La óptima palabra
de Don Quijote y la valentía de sus pensamiento , dieron en su frente
lo repetidos aletazo del alma que e sabe a sí mi ma y no encuentra
precio a si,1 clara dignidad. Sobre nube y sobre a tros e tá ubida
la jerarquía del caballero andante, hecha a rozar, en la imitación
de lo arquetipo , la divina tra cendencia de la ideas puras. o ceja
ni e de encumbra ante el escarnio, ante bien, la átira que lo ca tiga.
lo ensoberbece, y obre la risa cínica toma de nuevo altura para
,obrepa ru:, soberanamente, la talla de lo e carnecedores. Sancho
lran a. Recibe, a cambio de u grotesca comedia la paga que grati-

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31 -

�fica al hi trión. Dió Ti a, y recibió moneda . Toda aventura en que
se comiese ha ta la saciedad o en que un puñado de doblones compensara su escudeól ejercicio, era buena, y digna de memorarse. ¿Qué
libertad es comparable, para el bueno y sensato de Sancho, a la de
u e tancia con lo duques, i ahora, apretada dbre el pecho, pegada
al latido de u corazón, trae, por obra del mayordomo del noble,
la bolilla repleta con doscientos ducados? Virtud es el agradecer, y
Sancho, virtuoso según la medida de su frente, agradece el don.
Calcula según sus necesidades domésticas. Noble también es el metal
con que lo honraron. Brilla como la estrella. No quiere el laurel del
genio, ni la e pinosa corona del mártir, ni la vehemente inmortalidad
&lt;lel héroe, pagada con san rrr - y sacrificio. Quiere, sí, la seguridad de
la carne, la recia mano apretada al pan de cada día. Y como esperanza, la ínsula que le otorgará, según su sueño, más eguridades
que glorias. Sancho se apega. Don Quijote se desapega. Sancho se
ata a lo actos con ano y natural egoísmo. Don Quijote e desliga
de us propios acto . Sólo sabe dar. Si se adueñase del mundo, máima ín ula, se de prendería ele él para no manchar el desinteresado
re plandor de la gloria y para tener motivo y campo de nuevos heroísmos. Vive en poesía. Cada aventura es un canto de su poema, un
golpe de alas de su propio ensueños. Su goce es e tético, aunque
su brazo ea ejecutivo. A veces el estilo de la acción vale más que
la acc1on misma. E cuchad la palabra con que prec ele al aolpe, y
os u penderá la hermo ura, a pe ar de la ironía del Cervantes. Su
mundo es amoro o y bello. Y por eso es libre. Con el amor sojuzga
al egoísmo, y con la belleza se desliga de la utilidad.
La vi.da de Don Q1üjote, una vez lanzada al riesgo de la aventura
caballere ca no e má que una peregrinac10n errante, insensata y
ridícula a lo ojos de Cervantes, y a los de todos aquellos personajes
que el mismo noveli ta imagina para incorporar una humanidad entre
la cual se muevan callallero y escudero. El hidalgo ha ahandonado
us lilnos, al frisar en el medio siglo, para vivir según las circunstancias y las esencias de eso mismos libros. Repentina, su voluntad
pasa de. la contenida contemplación a la acción de lJOrdada, para lo
cual fué necesario saltar de la razón a la locura. Superpone, de inmediato, al mundo verdadero, según el criterio común de los hombr s, un mundo ensoñado, que emana de su espíritu por obra de una
imaginación prodigiosamente estética. Es desde ese instante un poema
vivo. Cada aventura e un canto, C'lda instante, un verso, pero no
en la forma inconcreta de la palabra, sino convirtiendo el impulso
espiritual en acto. El héroe no e da tregua. Marcha siempre en busca
de más extraordinarios azares. Tan poética es la entraña del caballero, que más que encontrar las aventuras, las crea. Desde el principio de la narración, sabemos que el hidalgo ha perdido el juicio
por leer, sin descanso, los libros caballerescos. Pero su existir está
ometido a una especie de ritmo pendular, en cuyos extremos es loco,
pero no así cuando el péndulo desciende entre aventura y aventura,
pues entonces el caballero razona cuerdo, aconseja a'bio, habla prudente, filosofa ponderado, poetiza certero, y o-obierna sus actos cual

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32-

�si su mente se acomoda e a la percepc1on real y e ·acta de las cosa11.
Este procedimiento sagací imo desde el punto de vi ta moral y p icológico, permite a Cervantes agrandar y extender hacia todo los
planos imaginables de la vida, el desarrollo de su creación. Y al
introducÍl" una tan fecunda contradicción en la mente del caballero,
dislocando en una mi ma individualidad la locura de la cordura, está
en condiciones de formular un juicio universal y de incluír en la
novela caballeresca una visión completa del cosmos y del hombre.
¡Razón y sinrazón! ¿Qué puede quedar fuera de e ta antinomia?
La razón abarca todo el plano de la a1·monía, de la lóaica, de la
observación, del contenido real e ideal de la vida, de lo concreto,
de lo ah tracto, de lo inteligible y de lo ininteligible, dibujando el
universo y todo sus contenidos dentro de lo mecanismos universales
del pensamiento. La sinrazón, despedaza el cuadro de la inteligencia,
tÍl"a hacia los sueño , hacia las aventuradas intuiciones, hacia la fe,
justificando el arranque de la pa ión, alz;ndo luz imposible obre
la luz po ihle, creyendo en lo increíble
en lo absurdo, superponiendo así al orden de la lógica y a la concreción de lo ensihle, el
apar nte desorden de la emana ión interior, de la incontrolada
fluencia de la imárrene subjetiva .
La parodia de la novela caballere ca queda desbordada. Ccrvante , por impulso genial, incluye en su epopeya burlesca la potencia
dinámica de u arte. La vi ión de u libro e percibe alternativamente
a través de tre planos que se separan en fértile antagonismo , o
concluyen en integracion s de con ertantes. El lector camina, corre,
vuela por el movimiento de los episodios, y por los diálogos y discursos que llenan lo intervalos de la acción vi ihlc con la acción
uhjetiva de los monólogos, de la peroraciones, y con el elemento
dramático del dialogado conducido a la suprema verdad humana.
El arte de Cervantes lo puede todo. Es creación pura, extraordinariamente animada, plá tica y dinámica, e terior interior, con toda
las repre entaciones concreta de la vida, tomada en la verdad có mica con fuerzas de titán y rrarras de águila. El lector, inadvertido
del milagro, casi no tiene tiempo de juzgar y de elegir. La simpatía
humana de la creación cervantina, lo roba de sí mismo y lo impulsa
con el mi mo impul o de los personajes. E como otro modo de vivfr,
no menos real, en el plano estético, que aquél en que se vive en la
aturaleza mi ma. La potencia aerminadora y reveladora no puede
·ir más lejos. Tan pronto Don Quijote nos arrebata con su locura sublime y absurda a la vez, o no divierte con sus aventura insensata
y cómicas, o nos entristece, cuando, levantado sobre la nubes de su
ueños, choca con la áspera realidad, y cae a nuestros pie desde su
alucinaciones obre el e peso lodo donde, fatales, nos· movemos. Ido
de u cabeza, momentáneamente, los pájaro de su locura, el lector
e ubica entre el caballero y el c cudero, y el alto razonar del amo
lo ubyuga, lo gana como adepto de su sabiduría y de su bondad,
en la que realidad y vida, aunque vistas de muy alto, se presentan
como do verdades madurada en la má pura reflexión y en la más
ondulante experiencia de lo días. Mas Sancho arguye, terrestre, cla-

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33-

�vada su lengua de refranes, dm·a y fuerte la frase por la palabra
vulgar, y densa la concreción casi mineral de sus ideas, crédulo hasta
la simplicidad y de confiado hasta la •b urla. No ya su mente como la
del amo campea por la amplitud del cosmos, sino en el sabor y el
olor de su aldea, atado su juicio a la reciura de sus sentidos y siempre
en un reali roo de primer plano, en la manera cómo los ojos ven, cómo
el oído oye y cómo la nariz huele. ada más fértil que el vertiginoso
contraste entre el caballero y el escudero. Del desbordamiento de la
locura aventm·era, pasamo al ensueño razonado de las utopías quijotescas, y tras e to, al realismo pragmático de Sancho, apegado a la
necesidad perentoria y al goce sencillo que a eguren la vida, no en
el desplazamiento metafísico de su señor, sino n las realidades que
atan el alma a la prepotencia del cuerpo, y el cuerpo mismo a]
espesor soberano de la tierra.
Agreguemos todavía la presencia múltiple de todos los seres que
forman el coro vario y matizado de esta univer al tragicomedia, en el
que caben el señor y el aldeano, el canónigo y el barbero, el ciudadano
y el campesino, el pícaro, el bachiller, la dama , las doncella , las maritornes los ambiciosos y los decepcionados, todas la formas y estilos del
amor, de la verdad, de la m entira, del interés y de la genero idad, ya en
el episodio que promueve la ri a, ya en el que u cita el llanto, y todo
ello en un impulso de la vitalidad y de la crnación humanas, que
parece de prenderse de la Naturaleza como en un crecimiento de
elva y como en una urgencia de abrirse paso en la esfinge del ser.
Si el que ve, habla y actúa e Don Quijote, todo ello se levanta, o
bien en la torrencialidad de una locura sublime, o bien a los niveles
más alto de una concepción idealista de lo creado. Si el que mira,
se mueve y comenta es Sancho, aquel uoiver o uperado en los planos
de la quinta esencia y de la idealidad, cuaja su ensueño en los moldes
recios de la sensación directa, y se plasma en la estructura inque·
brantable de la materia. Pero si el que contempla y discurre es
Cervantes mismo, notái una superación estética de todo eso mun·
dos. La pupila del poeta se ensancha como el univer o mismo, y su
visión no es una particularidad, sino una universalidad donde todo
cabe como representación de la belleza, como imagen y concreción
del co mos y de todo us contenido . El poema abarca la integridad
de la vida, pero como si el creador sobrenada e más allá de todas
las experiencias parciales del hombre, y en la altura, al modo de
tm dios, dispone, ordena, mueve, pinta, esculpe. Es el mago. Tiene
en su frente todas las clave de la acción. Devuelve al mundo donde
nació un mundo uyo, no menos verdadero que el otro, pero má
esencializado, más concentrado, como despué de una elección de
todos los valores y de todas las posibilidades. E , como todo el arte,
un sueño, una prodigio a vi ión per onal, pero oñada al modo del
poeta, no por el interés que apega al ueño mismo, sino por el goce
divino de la creación purn y de la pura belleza de lo sueños. El
lector no puede ya más descansar o fatigarse. No hay posible tedio,
pues en la riqueza lograda, toda monotonía se elude. El lihro puede
fluir en copio o capítulos. Todo cabe en él. Lo real y Jo imaginado,

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34 -

�lo verdadero y lo quimerico, la acc1on concreta y la libre dinámica
de los sueños, el pensamiento estricto y los utópicos vuelos, van de
la mano en esta sinfonía que tiene por instrumentos todos los poderes
que integran al hombre.
En Don Quijote, perdido ya por los extremos de la locura, la
dimensión infinita del ideal rompe el cuadro de la realidad, tal como
la sueña el promedio de los hombres. Su personalidad se agudiza
hasta el desequilibrio. La vida vulgar, donde está obligado a moverse,
por fatalidad humana, carece del incentivo de la aventura al modo
caballeresco. No hay sal en el barro de las frentes. La tierra reposa
vacía de heroísmo, reclinada en su propia miseria. ¿Cómo ser caballero en un mundo que ha perdido la dimensión de los grandes
deseos, donde la imaginación ha cedido ante el análisis, donde los
mitos maravillosos de la caballería andante son destrozados por el
rigor de la crítica, donde la uniforme medianía ríe del señorío de
la grandeza, donde la fe y el ansia no pueden volar más sobre el
Clavileño, donde el canónigo mata a Cristo en la fiebre del caballero,
donde el duque se solaza despedazando con la burla los 'b lasones de
Ja verdadera nobleza, donde el bachiller, modelado en las heladas
aulas, postra la exaltación a sus pies para cortarle las alas a la locura?
Para sostenerse, para erguirse, Don Quijote necesita la fe incalculada,
el amor inmedible, el sueño innumerable, la continuidad de la esperanza, el huracán de la voluntad, la locura encumhrándose sobre
Ja carcajada y sobre la som·isa, es decir, necesita la transfiguración
de las cosas vulgares, el tirón del ideal desde el cielo de las esencias.
No hay renuncia posible. El alma no puede evitar la empresa. Saltará desde la frente de Cervantes como el rayo salta del entrecejo de
Zeus. Su espada trae una luz desconocida u olvidada por los hombres.
Blandirá la hoja resplandeciente, y creará el milagro desde adentro
de sí mismo. Viene a parir de nuevo un mundo que fué viejo, pero
que lo ha rejuvenecido en el yunque de sus entrañas. Todo lo invertirá desde adentro suyo. Es el Prometeo de una llama inesperada,
el Cristo de una cruz que vuela. Puede, porque cree. La oscura tierra
está sometida a la barbarie y al despotismo de los gigantes, que
siempre los hubo, a la . egoísta perversidad de los soberbios, a la
magia negra del oro, a la poltronería y la mediocridad de los cortesanos, a la sombra espesa de los malvados y los pícaros, a la mentira
de los impostores. ¿Cómo no levantar el brazo, y con él la lanza,
y con ésta la justicia y el amor, para devolverle a la tierra el mito
primario de la Edad de Oro? Todo se puede trasmutar porque todo
emana desde adentro del hombre. El universo es idéntico a quien lo
mira. Don Quijote, ya enloquecido, desdoblándose, contempla el
mundo, y el mundo, como sueño de su locura, es creado repentinamente desde adentro de sus ojos.
El tono individual y el tono de los pueblos lo dan la intensidad
con que dominan la materia, para luego desprenderse de ella, y crear
Jos valores de la alta conciencia. Es entonces que da comienzo la
trasmutación de la tierra y del hombre, de la acción y del destino,
del anhelo y de la esperanza. Acaso Don Quijote llevó este salto

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�demasiado lejos. Aspiró a ser el arquetipo. Le faltó tierra bajo su
marcha. Transfiguró todo su ser según su locura ilimitada. Vivió en
sus propios sueños, rodeado de su fantasía, como una estrella Jo está
de su luz enceguecedora. Fué a la vez la poesía y el heroísmo. Una
naturaleza estética sumergida en una naturaleza activa. El acero de
su espada pudo ser con más acierto el metal de una lira. ¿No fué
también el poeta Cervantes el héroe de Lepanto? Hénos ante un
ensoñador de la acción que se extravía en un universo de fantasmas.
Cada una de sus aventuras es un poema vivo. Tomó su propia perfección en su voluntad, la lanzó fuera de su alma sobre el mundo,
y al entrar en éste, sus gigantes se convirtieron en molinos. Cada vez
que despertaba en su encantamiento, extremaba su locura para no
morir desencantado. La abundancia de su corazón no se agotaba
nunca. Dulcinea era infinita, como lo es la necesidad de la justicia,
del amor, de la bondad, de la poesía, del heroísmo, al que crea su
propia perfección. Su locura es tan sublime como el bien. Si no la
hubiera vivido humanamente, sería un dios. Por vivirla, es dolor y
risa. Sí, leemos hoy su poema, y reímos dolosamente, es porque Don
Quijote es una franja del hombre, tal vez la más alta, sin la cual
el hombre mismo se sumerge en la oscura animalidad o en la opaca
materia.
El universo es doble. Sancho no lo sabía, y Don Quijote no lo
tuvo en cuenta. El pensamiento del homlne es ima creación que se
apoya sobre otra creación. Los molinos son a la vez molinos y gigan·
tes, así como el caballero de la Mancha es viejo en la realidad )!
joven en su propia idea. Si suprimimos el universo de Don Quijote,
la tierra no será más que un astro ciego y una fuerza oscura. El
drama de la conciencia tendrá por teatro el estómago, y por poeta,
a Sancho Panza. ¡Aquí, pues, del caballero andante! No lo mató el
desencanto, ni la derrota, ni la melancolía, ni el desabrimiento. Ni
la ironía de Cervantes pudo con él, ni la risa del mundo . El divino
Miguel lo destinó a la burla, y el caballero ha acabado por burlarse
de su padre, y para gloria de su padre. Y ~es que Cervantes lo mata
y lo crea, lo ridiculiza y lo sublima, lo aniquila con su ironía y lo
resucita con su amor. Lo levanta sobre Rocinante para derrumbarlo
bajo la carcajada de los hombres, y lo eml)ellece tanto, y le da tal
brío a la bondad de su corazón, y le extrema tan sabrosamente la
ternura de sus amores, y con tal ardor le hace resplandecer sobre
su casco la estrella de la justicia, que en lugar de una comedia escribe una tragicomedia. Y su héroe es doble, como lo fué también
la vida de Cervantes. Y el llanto invisible de Don Quijote es así tan
grande como la risa visible que despierta. Y la humanidad entera
está en ese equívoco. La risa extremada acaba por hacerse inexplicable aún para el mismo autor del poema. Mientras la razón y el
realismo de Cervantes ríen con su ironía, su heroísmo y su corazón,
escondidamente, gimen por el Caballero de la Triste Figura. Nunca
una situación más cómica y mas sublime. Nunca una verdad más
semejante a la del hombre de todos los siglos. Porque en la eterna
contradicción de todas las cosas, el hombre se desdobla fatalmente.

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�Así lo comprendieron los griegos creando la tragedia y la comedia.
Porque si los gigantes son molinos de viento, la vida es cómica. Y
¿quién sabrá nunca la verdad de los gigantes y de lo molinos? No
habitámos sobre la tierra, sino que habitamos sobre el misterio. ¡Oh,
señor Don Quijote, la razón y la sinrazón, nos permiten afirmar que
la clave de la comedia puede ser la tragedia y que la clave de la
tragedia puede ser la comedia! Y eso eres tú, Caballero Andante, el
sublime absurdo de la tragicomedia humana!
Cervantes comprendió la clave del sueño, la doble ingenuidad.
Su risa hizo transparente la esfinge del hombre. El filo de su ironía
abrió el tejido de las apariencias, y nos asomó a la locura vacía del
caballero. Y abrió la densidad de la materia, y en los ojos de
Sancho nos deslizó al vacío candor de las sensaciones. Su tercera
vista no vió y juzgó desde la tercera dimensión de la esfinge. Se
burló del doble sueño, pero como no hay vida posible in el uno y
sin el otro, su ironía se convirtió en su propio problema. Fué demasiado lejos, y se hubiera extraviado destrozando la vida por desflorar
su enigma. Mas quiso, y pudo salvarse. Sobre la meseta de Castilla,
grave y austera, construyó una cruz, atravesando como dos maderos
el cuerpo de Don Quijote y el cuerpo de Sancho Panza, y en esa
cruz humana se enclavó a sí mismo por humana necesidad de amor.
Rió el llanto y lloró la risa. Fué má allá del hombre, a fuerza de
alejarse de él para retratarlo desde una perspectiva en la que se
sintie e liberado, a fin de ser más verdadero, de· la tiranía de aquellos
que retrataba. Y en esa soledad trascendente se encontró a sí mismo,
tan hombre como los hombres de su poema. Se miró. Se estremeció.
No podía ya renunciar a su empresa. Era su destino. La obra del
genio es una fatalidad, como el rayo. Y mientras se burlaba de sí
mismo burlándose de los sueños del hombre, su sátira se le hizo
herida y su pecho ensangrentado se le hizo amor. Por eso no nos
abandona. Por eso es nuestro camarada. Por eso, nos desencanta,
amándonos, y nos hace tropezar con su burla, y nos sostiene a la
vez para no vernos caer, i·epitiendo su propia caída. Y por eso se
crucifica en la cruz del hombre, en la cruz del ensueño atravesado
por la realidad. Y esa cruz suya es el amor con que e salva, como
hermano nuestro, y con que nos salva a nosotros, blanco de perdón,
como hermanos suyos!

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37 -

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                <text>Unidad  y dualidad del sueño y de la vida en la obra de Miguel de Cervantes Saavedra</text>
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                <text>La  conferencia  que  a  continuación  publicamos  ,  fue dictada por el Profesor Carlos Sabat Ercasty, en el Salón de Actos de la Universidad, a fines de diciembre  del  año  último,  como  homenaje tributado por la Facultad de Humanidades y Ciencias y la Cultural  Española,  a  Miguel  de  Cervates   Saavedra ,  en  ocasión del  cuarto  centenario  de  su  nacimiento.</text>
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                <text>SABAT ERCASTY, Carlos</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1948, Año II, Nº 3 : p. 23-37</text>
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                    <text>CARLOS E. PRELAT

JEAN REY MEDICO DEL PERIGORD
En un día del año 1630 "Sieur Brun", maestro boticario de
Bergerac, dirigió a Jean Rey, médico de Périgord (Dordogne), una
carta en la que le comunicaba que "habiendo querido estos días
pasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de
1nglaterra, lo coloqué en un vaso de · hierro adaptado a un horno
abierto y con gran fuego agitándolo contínuamense sin agregado de
cosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy blanca. La pesé
para conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece
onzas. Esto me produ_;o un asombro increíble no pudiendo ima¡;{inar
de dónde había~ venido las siete onzas de exceso".
Repite la experiencia con el plomo y encuentra una pérdida de
peso. Pregunta acerca de la causa de ello a varios hombres doctos y
nadie le puede explicar los resultados de sus experiencias. Pide en·
ton ces a J ean Rey que lo ilumine a fin de que él, Brun, conozca la
causa de "esta maravilla".
Jean Rey, teniendo en cuenta que se trata de "un hermoso tema
de una investigación penosa, cuyos frutos hasta ahora han sido ma·
gros" y además que el "Sieur Brun" "es un hombre de vida íntegra
y conocedor de su oficio", se decide a meditar sobre el tema para
investigar la causa que "Sieur Brun" le pide le haga conocer. Emplea
algunas horas en esa meditación. Llega a un resultado que contradice
las máximas que los filósofos habían tenido por ciertas durante siglos
y a riesgo de parecer temerario se decide a publicar estos ensayos
para no aparecer como pusilánime en la exposición de la verdad y
en su defensa.
En efecto, el tema del aumento del peso del estaño y de otros
metales durante la calcinación había sido estudiado por alquimistas
y químicos. Boyle lo atribuyó a la fijación sobre el metal de cor·
púsculos de fuego. Los partidarios del flogisto debieron admitir para
éste un peso negativo o simplemente ignoraron o dejaron de lado la
cuestión. Entre los partidarios de la teoría de Boyle se hallan des·
tacados químicos, entre otros: Homberg, Lemery y Lefevbre. Lemery
explica el aumento de peso así: "Les pores de plomb sont disposés e1i
sorte que les corpuscules du feu s')'' sont insinués ils demeurent liés et
agglutinés dans les parties pliantes et embarrassantes du métal sans
en pouvoir sortir, et ils en augmentént de poids". El padre Querubin

-

39 -

�de Orléans rechaza la explicación de Boyle diciendo que ·el vidrio no
es permeable y Boerhaave y Boylduc niegan que haya aumento de
peso. El tema apasiona y muchas personas publican disertaciones
sobre el mismo. Hierne en 1753 admite la fijación de un ácido graso
y sulfuroso que proviene de la llama. Las especulaciones terminan
con Lavoisier. Jean Rey resuelve el problema de un modo bastante
razonable. Veamos cómo.
Adelantemos que J ean Rey no realizó ninguna experiencia para
resolver la cuestión. Todo es producto de la meditación de algunas
"horas", meditaciones no totalm,ente. ap:i;iorísticas .pues- se basan en
hechos reales o hipotéticos.
' '
En primer lugar afirma y demuestra a su modo que "todo lo que
es material bajo el firma.mento tiene peso". Dado que Dios al crear
el Universo quiso hacerlo uno de algún modo confirió "la · pesanteur
divinement empreinte a toutes les parties &lt;I'iceluy". Claro que con
esto todos los cuerpos deberían caer por acción de •su propio peso
hacia el centro del mundo. Ahora bien, esto no acaece y Jean Rey
se apresura a levantar esta objeción diciendo que la tierra que es
más pesada ocupa rápidamente su lugar, desalojando al agua que
ocupa el segundo, ésta al aire y éste al fuego. Cita en apoyo de su
tesis una experiencia "agradable" que realizan los químicos quienes
"toman esmalte negro pulverizado, licor de tártaro, aguardiente azur
leado con tornasol y espíritu de trementina enrojecido por "orcanette"
(alheña.). Colocan todo en un frasco, lo agitan hasta que se forme
una niezcla confusa la que dejada en reposo permite al ojo ver «avec
plaisir le desbroüillement se /aire»". Como todos los cuerpos que se
han colocado en este extravagante sistema heteFogéneo tienen peso y
como cada uno ocupa un lugar tenemos la representación de lo que
sucede con los auatro elementos. El esmalte negTo representa la tierra,
el licor de tártaro el agua, el aguardiente ·el aire y el espíritu de
trementina el fuego. Con esto elimina la "ligereza" como característica
del aire y d~l fuego, ligereza que le habían atribuído algunos filósofos
para explicar el movimiento hacia arriba. La razón más importante
para ello es que la ligereza es innecesaria para explicar el mundo
e introduce una complicación inútil · y hay que tener ·en cuenta que
"Dieu et la Nature ne font rien 'en vain". Hay, pues, sólo peso en
distintos grados. Con esto queda eliminado el movimiento hacia arriba
como natural, es decir como movimiento cuya causa reside en los
cuerpos mismos. El movimiento hacia arriba es "violento" en el sentido de la Física aTistotélica. Que el movimiento natural del aire es
hacia ahajo lo demuestran entre otros hechos el siguiente: cuando
se cava un poco el aire desciende a ocupar el lugar que ocupaba la
tierra. Rey no tiene ninguna duda de que si se pudiese disponer de
un tubo cilíndrico que fuese desde el centro de la tierra hasta "la
región del fuego" se podría repetir dentro de ese tubo la experiencia
del "deshrouillement" de los químicos. Hecho ésto si se sacase la
tierra de la parte inferior, el agua ocuparía su lugar y así sucesivamente. El movimiento hacia arriba es siempre violento.
Pero, como a Rey le interesa particularmente demostrar que el

-40-

�aire tiene ·peso se preocupa especialmente de demostrarlo de un modo
independiente. Aporta una prueba que es realmente deliciosa por su
ingenio y su ingenuidad. Parte del hecho de que en la caída los cuerpos
tienen una mayor velocidad al fin que al principio. Fiel a la idea de
que una fuerza constante produce un •movimiento uniforme, concluye
que un cuerpo al final ·de· la caída está "empujado" hacia abajo por
una fuerza mayor que la que lo empuja cuando comienza a caer. ¿Cuál
es la' causa? El dibujo que se ve aquí explica el asunto.

AJ

t71

C

B

D, E, F y G son distintas pos1c10nes sucesivas de una esfera que
va cayendo hacia el centro de la Tierra C. AA es la bóveda celeste.
Cuando el cuerpo se halla en D tiene sobre él el peso del aire contenido en el espacio limitado por las generatrices del cono HCH y la
circunferencia de tangencia de este cono con D. Al ir descendiendo,
el aire que "pesa" sobre la esfera es de cantidad creciente. De aquí el
mayor peso y la mayor fuerza que produce el aumento de velocidad.
Todo este razonamiento no podría hacerse si el aire no tuviese peso.
Debe luego demostrar, para su finalidad, que "la pensanteur est
si estroitement joincte a la premiere 1natiere des elements que se
changeans de l'un en l'autre, ils gardent tousiours le mesme poids".
Hagamos notar de paso que Rey es partidario de los cuatro elementos
aristotélicos. La demostración es procedente por cuanto algunos filó-

41 -

�sofos sostienen que cuando, por ejemplo la tierra se transforma en agua
pierde algo de su peso. Imposibilitado de hacer un "experimentum
crucis" ya que esa transformación es "difícil" de realizar, Rey dice que
"l'exame du poids de quelque chose se fait en deu:xJ. far;ons; sr;auoir, ou
la raison ou la balance". Prefiere en este caso la razón con cuyas
armas "entra atrevidamente en la liza para combatir este error". Va
a demostrar que "la pesanteur est tellement joincte a la premiere
matiere des elemens qu' elle n' en peut estre deprinse. Le poids de
chaque portian d'icelle print au berceau, elle le portera iusques a
son cerceuiI''. Veamos como lucha Rey con las armas de la razón.
Considera una porción de tierra que posea el menor peso que pueda
existir (¿átomo? ) y por debajo del cual no haya materia. La convertimos en agua "par les moyens congneur et practiquez para la
nature" (?). ( ? ) Ahora bien el agua así obtenida puede, tener un
peso mayor, menor o igual que la tierra de la que proviene. La primera posibilidad no puede admitirse pues ningún filósofo lo ha hecho
y Rey tampoco. La segunda no puede ser por cuanto ha tomado la
menor cantidad de materia que puede existir. Queda pues la última:
la igualdad entre las masas de tierra y de agua que se pueden transformar una en otra. Y lo que se demostró para una partícula mínima,
se puede demostrar para dos, etc., y en general para cualquier cantidad de tierra. Como se ve la demostración es impecable desde el
punto de vista formal. Admite que el volumen pueda cambiar. Sugiere así una experiencia para medir el volumen de aire que se
obtiene por transformación en este "elemento" de una dada cantidad de agua.

a

a

e

[

El agua colocada en AB se "transmuta" por el calor en aire y
pasa al cilindro C en donde puede medirse el volumen. (AB se llama
pomposamente "Eolopyle" ) . Jean Rey se cuida muy bien de hacer
la medición; pero obsequia la sugerencia a quien quiera, rogándole
que, como retribución de haberle sugerido esta hermosa experiencia,
le comunique el resultado.

-

42-

�.Ningún elemento "pesa por sí mismo", es la tesis aiguiente. Vea·
mos lo que quiere significar J ean Rey con ésto. Según él, el examen
de los pesos con la balanza difiere mucho del que se hace con la
razón. Este sólo lo practica el hombre prudente y de talento, el otro
cualquier rústico es capaz de llevarlo a la práctica. Es así como
algunas personas de poca comprensión, al pesar con la balanza el
aire en el seno del aire y al no encontrar, así, peso deducen que el
aire no tiene peso. Pero el examen de los pesos con la razón conduce
a una conclusión distinta. En primer lugar: el agua tiene peso, nadie
lo niega y sin embargo pesando agua en el seno del agua seguramente
se encontrará que no tiene peso. Esto sucede porque ningún agente
actúa en su semejante, toda acción supone una contrariedad. ¿Quién
va a buscar lo caliente en el seno de lo caliente? Si existen "dos
calientes" juntos se abrazan, unen sus acciones y resulta un solo
caliente. De modo que el peso resulta de un contraste entre el cuerpo
y lo que lo rodea. "Tout ce qui pese dans l'air, tout ce qui pese
dans l' eau, doibt soubs es gal volume contenir plus de poids ( pour
le plus de matiere) que o.u l'air ou l'eau dans les quels le balanceme'nt
se pratique".
Parecería que Rey dejándose llevar por su dialéctica se aleja
del tema. Nada de eso. Esta cuestión de que el aire no pesa en el
seno del aire es una dificultad seria para su tesis final y sale al
encuentro de ella. En efecto, va a afirmar que el aumento de peso
del estaño durante la calcinación se debe a que con él se ha mezclado
aire; pero como al pesar la cal de estaño se la pesa en el seno del
aire, el aire incorporado a ella no puede tener peso revelable con
la balanza. Es necesario pues demostrar que el aire puede aumentar
de peso. Según el médico de Périgord esto puede suceder de tres
maneras distintas: 1) por mezcla de materias extrañas más graves
que él; 2) por compresión de sus partes y 3) por separación de sus
porciones menos pesadas (¿contradicción con la naturaleza elemental
del aire?).
La primera es evidente considerando "come en temps nebuleux,
la premiere couverture de vos fenestres hautes l' air chargé de
brouillards entre dás vostre chábre". Por motivos análogos el agua
de mar pesa más que la de río. Las sustancias extrañas que se incorporan al aire son, en particular, los vapores y las exhalaciones que
parten del agua y de la tierra. Es claro que si se toman dos porciones
iguales de un mismo aire cada una de las cuales tiene diez pulgadas
de volumen y a una se le añaden dos pulgadas de agua y a otra dos
de aire la primera adquirirá un peso mayor que la segunda. Se ve
claramente que lo que quiere decir Rey es que el aire aumenta de
densidad en estas condiciones lo cual es falso para el caso del vapor
de agua. Pero, no insiste mayormente sobre esta manera de aumentar
de peso el aire pues no es la que le interesa para su tesis y así pasa
a las otras dos.
Cree que la compresión existe porque "la nature a voulu, pour
les raisons a elle cogneues, que les elemens peussent s' estedre et
resserreriusqu' a certaines bornes qu'elle- leur a prescriptes". Cita

a

- -43 -

�ejemplos de dilatación térmica del agua y la compres1on del aire
en una jeringa y argumenta "L'air ainsi comprimé doubtez 'vous qu'il
ne pese dans ,l' air libre puis qu'en 'pareil espace il contient plzis de
matiere?" Termina la consideración de esta manera de aumentar el
peso (evidentemente se trata de la densidad ) con una especie· de
pedido de reivindicación de ciertos inventos de él hechos antes de
que un · señor Marin, "bourgeois de Lisieux", patentase un árcabuz
neumático. Según Rey su propio arcabuz, que figura entre los
inventos mencionados es mejor que el de sieur Marin. Esto último,
evidentemente, no tiene nada que ver con la calcinación del estaño.
Pasemos a la consideración de la tercera causa de aumento de
peso del aire. Es evidente que si de un tddo se sacan partes más
livianas lo que queda será más pesado (denso) que el todo. "Separad
el oro que ese ver.gonzante o·r febre mezcló a la corona del rey Hieron:
el oro que queda pesará más que una porción igual de toda la corona".
La Naturaleza hace lo mismo en otros casos y con ayuda del calor.
Los rayos solares sutilizando el agua de las salmueras (p. ej., del agua
de mar) colocadas en recipientes apropiados deja un residuo más
pesado. "L' Alchymiste, vray singe de la nature" realiza operaciones
análogas por medio de la destilación. Así, al separar del vino el
aguardiente (más liviano) deja un residuo más pesado. Pero con el
aire la demostración no es tan clara. Pregunta si alguien cree que el aire
caliente en contacto con el · suelo en un día caluroso de verano
es más · liviano que el resto y apuesta a que todos creen eso; pero
no es así. ¿Por qué está más caliente? No puede ser porque el Sol
lo caliente directamente más pues este astro calienta uniformemente
todo el aire. Pero al calentarse se separan .las partes densas (abajo)
de las más sutiles (arriba) y entonces al ser más densas dan una
sensación de mayor calor. En apoyo de esta afirmación dice que el
hierro al rojo quema más que la llama empleada en calentarlo y no
puede admitirse que esté más caliente. Luego el hecho de que el
aire se manifieste como más caliente en contacto con el suelo demuestra que es más denso. El más sutil se ha ido hacia arriba. Como
una nueva prueba de esto está el fenómeno que se observa mirando
el aire en contacto con una superficie calentada por el Sol que consiste
en una visión confusa de lo que se vé a través de él. Esto que, como
se sabe es debido a una variación del índice de refracción del aire
con la temperatura, según sieur Jean Rey "c'est qu'il est esp-essi et
a acquis plus de corpulence, qui vous le rend aiicunement visible".
Y si este espesamiento puede ser producido por un calentamiento
como el debido al Sol ¿qué no podrá ·esperarse de un horno ardiente,
con un fuego infernal? El agua, el aguardiente y otros líquidos se
sutilizarán por completo pues el aire puede ocupar su lugar; pero
con el aire no sucede lo mismo y entonces se producirá por eliminación de las porciones livianas de una gran cantidad de este elemento,
un aire espeso y pesado "un air qu'il m'eschappe de dire, non
plus air, ains un air desnaturé ayant changé sa subtile f luidité en une
grossiereté visquese".
Parece ser que alguien objetó a sieur Rey que si bien el calor

-44-

�(o el fuego) podían separar partes de distinta gravedad de cuerpos
heterogéneos no ucedía lo mismo con cuerpos homogéneos ya que
por la naturaleza de éstos el calor actuaría igualmente sobre todas
sus partes dilatándolas del mismo modo. Pero según Rey, además de
ese hecho que es cierto, su razón y sus sentidos le dicen que también
se separan parte de distinta gravedad, para probar lo cual puede
disponer de una "nube" de ejemplos. Así el vitriolo (sulfato ferroso)
es un cuerpo homogéneo y colocándolo dentro de una retorta y calentando se obtiene la separación de "su flegma, su aceite y su colcotar". La "trementina" e un cuerpo homogéneo y de él el calor
permite separar su aceite, su espíritu y su colofonia. El vino es otro
ejemplo y así sucesivamente. Pero sus adversarios pueden argumentar
que se trata de cuerpos compue tos y que en lo elemento no sucede
lo mi mo. Por ese motivo demuestra J ean Rey que el agua se espesa
por destilación. El que no lo crea que recurra a los químicos que
preparan agua destilada. E ta o el rocío que sólo es agua "passée par
le grand alambic de la nature" es usada porque "penetre mieuz la
substance des simples et en tire plus aisément la vertu et les teintures".
Pues bien, el agua destilada es menos densa que el agua común y
por lo tanto el agua que queda como residuo debe ser más densa.
Como esa diferencia se observa si destila todo un vaso se puede concebir que si e compara la primer gota destilada con la última gota
del residuo la diferencia sería aún mayor.
Pero seguramente los adver arios creen que está rehuyendo lo
que realmente interesa: el aumento de peso del aire por acción del
fuego. Nada de eso. A pesar de que ya ha dado razones en apoyo
de esta afirmación, dada la importancia del asunto va a dar otras
pruebas que no dejan de ser asombrosas por lo rebuscadas y sutiles.
Las pruebas son tres: imaginemos un laboratorio, no como los habituale en el seno del aire sino en el del "fuego elemental". En ese
ca o el aire tendría respecto del fuego un comportamiento análogo
al del agua respecto del aire. Así podríamos llenar con aire un recipiente vacío, que entonces estaría lleno de fuego como están llenos
de aire los que en nuestro medio habitual llamamos vacíos. ºSi en
esas condiciones destilamos aire tendríamos diferencias de densidad
entre destilado y residuo como tenemos en el caso de la destilación
del agua. Sabe Rey que tal laboratorio no puede construir e; pero
tampoco se podía dar a Arquímedes el punto de apoyo que pedía
para su palanca que movería al mundo. E una manera de demostrar algo.
La otra prueba se tiene si se considera un cañón colocado verticalmente con la boca hacia arriba y se imagina que se deja caer una
bola al rojo en el interior del mi mo. En este caso el aire sale primero
menos caliente que luego, lo cual se puede comprobar colocando la
mano inmediatamente por encima de la boca del cañón. Esto no s
debe a que el aire haya sido calentado en forma irregular mo a que
s&amp;le primero el aire más sutil que tiene un menor calor. sensible que
el más denso que sale después. Además mirando a trav' de la región
que se encuentra arriba de la boca del cañón se ve 'tremouer" los

-

45-

�objetos que se observan a través y no es el movimiento del aire lo
que produce esto pues Rey puede ver con toda nitidez las bellezas
de una dama a través del aire agitado por su abanico. Además un
copo de lana colocado arriba de la boca es elevado, lo cual demuestra
que ahí el aire es más denso. Y si eso sucede en la boca ¿cuál no
será el espesamiento en la parte inferior del alma del cañón?
Para aportar un tercera prueba recurre a los asmáticos. Dice que
cuando uno de estos enfermos se ahoga en su lecho se ordena abrir
las ventanas. Interpreta el hecho diciendo que al ser más espeso el
aire de la habitación por ser más caliente el paso del mismo por
los canales de los pulmones ofrece dificultades. Al entrar aire frío,
el que respira el asmático se hace más tenue y tiene así una sensación
de alivio.
Así como existen tres maneras de aumentar el peso del aire,
existen, por la ley de los contrarios, tres maneras, según las
cuales puede disminuir de peso. En esta demostración aparecen
dos aspectos interesantes de las concepciones de Rey. En primer
lugar hace notar que cuando habla de aumento o disminución de
peso se refiere a pesos de volúmenes iguales pues si examinamos los
pesos con la razón "ie dis qu'il n'y a rien qui .accroise de pesanteur
que par adition de matiere; ny qui en decroisse que par substractio
d'icelle: tant inseparablement sont cOiointes la matiere et la pesanteur". Es un enunciado bastante preciso de la ley de conservación
de la masa. Por otra parte dice, en base a experiencias ideales, cuyos
resultados imagina, que "la balance est si fallacieuese qu'elle ne nous
indique iamais le iuste poids des choses, f ors que quand en icelle
sont comparés deux pesanteurs de mesme matiere et figure, come
deux boulets de plomb". No se sabe, frente a esta afirmación, si criticar la cuestión del "justo peso" planteada fuera del terreno experimental o ver en esto una manifestación del principios de Arquímedes
aplicado a los cuerpos sumergidos en el aire.
Finalmente se encuentra sieur Rey en condiciones de responder
formalmente a la cuestión que le planteara sieur Brun.

ENSAYO XVI
Respuesta formal a la pregunta de por qué el estaño y el plomo
aumentan de peso cuando se los calcina
"Ahora he hecl}to los preparativos, esto es, he echado los fundamentos de mi respuesta a la pregunta de "sieur" Brun que no es otra
que la siguiente: Habiendo puesto dos libras y seis onzas de estaño
fino de Inglaterra en un vaso de hierro y a su vez colocado a éste
sobre un horno a gr.un fuego abierto, por espacio de seis horas, agitándolo contínuamente, sin agregar cosa alguna más, ha recogido del
vaso dos libras y trece onzas de cal blanca; lo cual lo ha llevado, en
primer lugar, a un estado de admiración y luego al deseo de saber
-46-

�de dónde le han venido las siete onzas de más. Y para aumentar la
dificultad digo que no sólo hay que pregzintarse de dónde han venido
estas siete onzas, sino que también, además de esas, de dónde han
venido aquéllas que han reemplazado la pérdida de peso que se ha
producido necesariamente por la ampliación del volumen del estaño,
al convertirse en cal y por fo pérdida de vapores y exhalaciones que
se han desprendido. A esta pregunta, pues, apoyado sobre los fundamentos ya expuestos, respondo y sostengo gloriosamente (sic!), Que
este aumento de peso viene del aire, que en el vaso se ha espesado,
hecho más pesado y tan adherente en virtud del calor tan vehemente
y prolongadamente continuado del horno, el cual aire se mezcla con
la cal, (a lo que ayuda la frecuente agitación) y se adhiere a las
partes más menudas: no de otro modo como el agua hace más pesada
la arena que se arroja y agita en ella, para humedecerla y adherirse
al más pequeño de sus granos. Estimo que hay muchas personas que
se hubiesen espantado al solo enunciado de estci respuestw si la hubiese
dado al principio y que ahora la aceptarán sin sorpresa, hcibiéndose
como amansado (sic!) y hechas tratables por la evidente verdad de
los ensayos precedentes. Porque, sin duda, aquéllos cuyos espíritus
estuviesen imbuídos en la creencia de que el aire es liviano hubiesen
saltado al encuentro de mi respuesta. ¿Cómo (hubiesen dicho los
tales) si no se saca calor del frío, blanco de lo negro, claridad de las
tinieblas, del aire, cosa liviana, se saca tanto peso? Y aun ·a quéllos
que se hubiesen encontrado dispuestos a creer en la pesantez del aire,
no hubiesen podido persuadirse de que jamás podría aumentar el peso
de algo estando pesado, como lo está, en el seno de sí mismo. Por
este motivo, me ha sido necesario hacer ver que el aire tenÍ&lt;i peso:
que ello se reconocía por un examen distinto que el de la balanza:
y que en ella misma una porción previamente alterada y espesada,
podía manifestar su peso. Todo ello lo he hecho de la manera más'
breve que me ha sido posible y sin haber adelantado nada que no
estuviese estrechamente vinculado con esta materia: para aclarar la
cual en todos sus puntos, sólo queda por hacer una refutación sucinta
de las opiniones que han sostenido otros o podrían sostener; y a
resolver las objeciones que se podrían hacer contra mi respuesta".
Analiza, de acuerdo con lo prometido, las distintas explicaciones
que habían dado o que podrían darse del aumento de peso observado.
Ellas son: 1) La desaparición del calor celeste que da vida al plomo
o bien la muerte de éste que produce el aumento de peso durante la
calcinación (Cardan); 2) La consunción de partes aéreas del plomo
(Escalígero); 3) El hollín del fuego (Cesalpino, citado por Livabius);
4) De la materia del vaso donde se hace la calcinación; 5) Los vapores
de carbón; 6) La sal volátil del carbón; 7) La sal volátil mercurial,
y 8) La humedad atraída por la cal. Algunas de estas explicaciones
no se han dado; pero Rey las imagina y las refuta. Como no es posible
examinar todas, me referiré a las que juzgo más interesante .
La primera, a saber la de Cardan, es la siguiente. Como se sabe
los alquimistas decían que un metal era algo vivo; cuando se calcinaba
se moría y cuando la cal se reducía el metal revivía. Ahora bien como
-

47-

�la vida sólo era posible si en el cuerpo vivo existía fuego celeste,
al morir (calcinarse) el estaño o el plomo dicho fuego lo abandonaba,
con lo cual había un aumento de peso debido a que el fuego era
ligero. Rey refuta fácilmente esta explicación mediante la siguiente
argunientación: l. 0 ) El estaño no es vivo y por lo tanto del hecho
de que un cadáver pese más que el ser vivo al que pertenece (hecho
"comprobado" entonces) no se puede deducir que lo mismo acaece
con el estaño. 2. 0 ) El fuego celeste no puede hacerlo más liviano ya
que el fuego tiene peso y 3. 0 ) No puede haber una misma razón para
el aumento de peso de los animales al morir y del estaño al ser calcinado. "Car, touchant sa vie, comment en auroit le plomb, puis qu'il

est un corps homogenée sans distinctio de parties, sans organes et
sans aucun effect ou action vitale? S'il se meut en bas si fait bien
la céruse qui n'en est que son cadavre". Además se puede tener al
abrigo del aire el plomo fundido durante días, meses, años con un
gran fuego sin que disminuya su peso. "Il f audroit une ame bien tenace

pour tánt souffir sans desloger".
Así como la explicación anterior y su refutación son fantásticas,
la otra que voy a considerar es perfectamente coherente y lógica.
Dice Rey que ya que el estaño y el plomo están durante la calcinación
en contacto con aire y con el hierro de la vasija se podría admitir
que no siendo el aumento de peso debido al aire se puede atribuir
al hierro de la vasija que se mezclaría con la cal. Esto no es posible
según Rey, por las siguientes razones: 1) : El hierro pulverizado es
de color castaño y teñiría la cal de estaño que es blanca, cosa que no
sucede. 2) : Si el vaso entregase hierro a la cal, en las cantidades encontradas por sieur Brun se destruiría en unas cuantas calcinaciones,
hecho que no sucede por cuando un mismo vaso sirve durante años
de trabajo continuo y prolongado, y 3) : Se podría obtener a partir
de una pequeña cantidad de estaño una gran cantidad de cal, pulverizando la vasija por completo y añadiéndola a la cal, hecho que no
ha sido observado.
Después de haber sido examinado una a una todas las otras posible explicaciones las destruye de un solo golpe, como Hércules las
cabezas de Hidra (la metáfora es del propio Rey ) ya que su situación
es semejante a la del héroe griego.

ENSAYO XXV
Mediante una única prueba se destruyen por completo todas las
opiniones contrarias a la mía
"Se dice de Hércules que ni bien cortaba una de las cabezas de
esa Hidra que devastaba el Palu Lerneano ( *), le renacían dos cabezas. Mi condición es similar. El error que combato 'es fecundo en
(*)

Nombre que da Rey a la laguna ele Lerne, situoda en Grecia, en cuyos orillos hobitaha la "Hidra de Lernu" (N. del T.).

-

48

�opiriiones que son otras tantas cabezas: si corto una se ven nacer dos.
Mi labor crece continuamente y tengo la seguridad de que no será
algo completo nunca si me limito a destruir una por una todas las
opiniones contrarias. Para ma,tarlas del todo es menester que reúna
mis fuerzas y enderece mi brazo de modo que de un solo golpe las
~bata todas. Quien quiera que se ponga en guardia: pues he aquí
que voy a dar ese funesto golpe que acabará con todas. Acabo de leer
en Hamerus Poppius, en el terc&lt;er capítulo de su libro intitulado
Basilica Antimonij, la nueva manera que practica para calcinar el antimonio. Toma una cierta cantidad, la pesa, y habiéndola luego pulverizado la coloca en forma de cono sobre un mármol y teniendo un
espejo ardiente {espejo cóncavo. - N. del T. ) lo opone al Sol dirigiendo la punta piramidal de los rayos reflejados sobre la punta del
cono de antimonio que entonces emite abundantes humos, y en poco
tiempo se convierte, en la parte que todan los rayos, en una cal muy
blanca, la que es separada con un cuchillo; y dirige entonces los rayos
sobre lo que resta del antimonio hasta que todo haya blanqueado, con
lo cual está hecha la calcinación. Es una cosa admirable (agrega a
continuación} que aun cuando en esta &lt;Jalcinación el antimonio pierda
mucho de su sustancia por los vapores y humos que exhala copiosamente su peso aumenta en lugar de disminuir. Ahora bien, si se pregunta sobre la causa de este aumento: ¿dirá Cardan que se trata deí
desvanecimiento del fuego del calor celeste? Por el contrario: dicho
fuego está agregado en mayor medida por medio de los rayos solares.
¿Dirá Escalígero que se trata de la consunción de las partes aéreas?
cuando al desmenuzarse en cal, aumenta de volumen y se incorpora
mayor cantidad de dichas partes aéreas. ¿Traerá Cesalpino a colación
su hollín? Acá no hay ningún fuego que lo produzca. ¿Daría el vaso
empleado alguna cosa de sí? Es claro que no, pues los rayos se dirigen con tal precisión que no tocan el mármol en absoluto. ¿Se propondrán los vapores de carbón? Acá ;no hay nada de carbón. En
cuanto a las sales volátiles que can tanto ingenio se han producido
pierden aquí toda su gracia y favor. Por ventura, ¿se querrá recurrir
a la humedad como alguien pretende hacerlo nuevamente? Pero, ¿de
dónde vendría? ¿del mármol? En absoluto; ello no es ni imaginable.
¿Del aire? Menos aún: porque esta operación debe practicarse pa:rd
que resulte mejor en los días más cálidos del Verano, durante los
ardores más violentos de la Canicula. Cuando todo está, aquí abajo,
tan caliente que aun en la sombra, hasta durante la noche, el aire seca
las telas húmedas y también las tierras mojadas. Y el día en el que
el Sol pega fuerte, tuesta nuestras pieles, marchita las hierbas,
reseca los frutos, la madera y los lagos, hace bajar el curso de todos
los ríos, inflama todas las cosas combust~bles como por ejemplo el
estiércol de las palomas (sic!). Buscar humedad en el aire para
abrevar nuestra cal y hacerla más pesada de esa manera, no de noche
sino de día; no a la sombra sino al Sol. No donde simplemente hay
luz, sino donde los rayos reunidos por un espejo cóncavo son reflejados con tanta violencia que funden y calcinan los metales: buscar
ahí digo, la humedad, es como buscar fuego en el hielo y un nudo en
4

49 -

�un junco, por así decir, cosa que jamás se podría encontrar. Que ahora
se fundan en un único espíritu los mejores espíritus del mundo: que
este hermoso espíritu ponga en tensión sus nervios hasta el límite de
sus fuerzas; que busque con atención en los cielos y en la Tierra: que
hurgue en todos los repliegues de la naturaleza: no encontrará la causa
de este aumento sino en el aire que los rayos del Sol calientan, espesan y hacen mJás pesado, el cual aire se mezcla entre la cal a medida que el antimonio al calcinarse se desmenuza y se hace adherente
a sus partes más tenues. Lo que confirma enteramente la verdad de
mi creencia en el aumento del plomo y del estaño: que no pueden
tener otra causa que la mezcla del aire espesado. No habiendo otra
diferencia entre el aumento de peso de estos dos metales y el del antimonio, fuera de la que reside en el hecho de ·que aquí el aire se
espesa por acción de los rayos solares: y allá por el calor del fuego
, '' .
comun
,'
Se plantea a continuación el problema de averiguar la causa po~
la cual no aumenta de peso hasta el infinito, hecho que "a priori"
podría predecirse con su explicación. Pero la experiencia enseña que
.hay un límite. Explica esto Rey diciendo que en los casos de mezclas
de sólidos con sólidos o de líquidos con líquidos no hay límite superior pero que en casos de líquidos con sólidos sí. En el caso de la
cal de estaño ella se mezcla con aire despojado de su sutileza lo cual
lo hace comportarse como líquido.
Sale luego al encuentro de otra cuestión: la mayor parte de las
sustancias que queman y dejan cenizas no aumentan de peso. Dice
Rey que esto se debe a que esas otras sustancias contienen una gran
proporción de principios exhalables o bien "parlant spagyriquement
beaucoup de soulfre et mercure que le feu va choffat insq' au bout".
Estos espíritus tienen un peso mayor que el aire que se incorpora a
las cenizas.
Desde el comienzo de la explicación Rey habla del estaño y del
plomo a pesar de que sieur Brun encontró una disminución de peso
en el caso del plomo; pero al final casi Rey .aclara que se ha referido
a i¡.mbos metales porque a pesar del resultado de sieur Brun otras
personas (Cardan, Escalígero y Cesalpino) han obtenido aumento de
•peso y Rey se inclina a aceptar estos resultados aun cuando entre los
que lo han obtenido figuran adversarios- teóricos suyos.
Termina el libro con una conclusión en la que se jacta de haber
expuesto "cette verité dot l'esclat frappe vos yeux; que ie viens de
tirer de plus profonds cachots de obscurité" y finaliza con estas palabras: "Le travail a esté mien, le profit en soit au lecteur et a Dieu
seul la gloire".
Como datos ilustrativo·s cabe agregar que el libro está precedido
de una dedicatoria al Príncipe de .Sedán a quien están dedicados los
ensayos y de dos poesías donde se alaba sobremanera a Jean Rey,
una oda firmada por Béreau y unas cuartetas debidas a la vena de
De!?champs. Como todas las poesías laudatorias, son ·malas.

r

50

�De Jean Rey se ignora la fecha del nacimiento y la de su muerte,
así como la edad que tenía cuando publicó estos ensayos. El lugar
donde vió la luz fué la localidad de Bugue cerca de Bergerac en
Périgord. En Bugue escribió los ensayos y se sabe que vivía aún en
1643. Se ocupaba de investigaciones científicas y quizás practicaba la
medicina. Se ocupó de termometría, inventó un arcabuz neumático
pero se vió obligado a abandonar los estudios e investigaciones
por cuestiones domésticas.
Quien se interese por más detalles puede leer el prólogo de
Edouard Grimaux a la reedición de los Essays publicada en 1896. La
obra fué desconocida hasta que después de los trabajos de Lavoisier
sobre el tema (1774) Rayen se dirigió al director del Journal de
Physique ( 1775) llamando la atención sobre la obra de J ean Rey a
quien asigna el carácter de precursor de Lavoisier.
A pesar de no conocer datos sobre su vida, podemos con los
Essays penetrar profundamente en la mentalidad de Jean Rey que, en
mi opinión, es un representante típico de los hombres de ciencia de
su época y de todas las épocas: mezcla de razonamientos sutiles, observaciones acertadas, · teorías aceptables o absurdas, prejuicios y
creencias. Lo que varía de una época a otra es la dosis de
cada uno de estos elementos y las características con que se presentan.
Hay en él, como en sus cofrades de todos los tiempos un afán desinteresado, aun cuando no desapasionado, por llegar a la verdad. Este
es su mérito. No soy de opinión de considerarlo como un precursor
de Lavoisier. Para convencerse de ello hasta leer los Essays y el Traité
de Chimie y comparar el lenguaje y las ideas.

-

51-

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                <text>En  un   día   del  año  1630  "Sieur  Brun",  maestro   boticario   de Bergerac, dirigió a Jean Rey, médico  de  Périgord  (Dordogne),  una carta en la que le comunicaba que "habiendo querido estos días pasados calcinar estaño pesé dos libras y seis onzas del más fino de Inglaterra, lo coloqué en un vaso de • hierro adaptado a un horno abierto y con gran fuego agitándolo continuamente sin  agregado  de cosa alguna lo convertí en seis horas en una oal muy  blanca. La pesé para conocer la pérdida y encontré como resultado dos libras y trece onzas. Esto me  produjo  un asombro  increíble  no  pudiendo  imaginar de  dónde  había  venido  las siete  onzas  de  exceso".</text>
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Fotografía personal&#13;
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                <text>De profesión contador público, en 1972 resultó electo Rector de la Universidad de la República. Un año más tarde, con la intervención de la Universidad decretada por el gobierno cívico-militar,​ y fue separado entonces de su cargo, debiendo exiliarse en México. Allí fue director del Instituto de Estudios Económicos de América Latina del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).&#13;
&#13;
Reinstauada la democracia en 1985, se hizo cargo nuevamente del Rectorado de la Universidad de la República, esta vez en forma interina, hasta que, convocada una nueva elección, fue electo para otro período en el cargo.&#13;
&#13;
En 1989 fue candidato a la Intendencia de Montevideo por el Nuevo Espacio, una escisión del Frente Amplio surgida ese año, conformada por el Partido por el Gobierno del Pueblo (PGP), el Partido Demócrata Cristiano del Uruguay, y la Unión Cívica.&#13;
&#13;
En 1995, tras la alianza celebrada un año antes entre el PGP y el Partido Colorado, Lichtensztejn fue nombrado Ministro de Educación y Cultura del segundo gobierno de Julio María Sanguinetti. Desempeñó el cargo hasta agosto de 1998, fecha en la que Hugo Batalla le pide la renuncia, ante su oposición al reingreso de su sector al Partido Colorado, posición que posteriormente revisó.&#13;
&#13;
A partir de 2000 se desempeñó como Embajador del Uruguay en México, país en donde había residido durante su exilio. En las elecciones de 2004 acompañó la llamada "Tercera Vía" dentro del Partido Colorado, liderada por Ope Pasquet.&#13;
&#13;
En octubre de 2007 fue nombrado por Raúl Arias Lovillo, rector de la Universidad Veracruzana (UV) de México, como coordinador del Programa de Estudios sobre Integración Regional y Desigualdad América-Europa, que responde a la necesidad de estudiar las problemáticas económicas, sociales y políticas de la Unión Europea (UE). El Programa también busca tender un puente de trabajo coordinado entre académicos e investigadores de la Facultad de Economía y el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores Económicos y Sociales (IIESES), instancia de la que depende la Coordinación.&#13;
&#13;
Lichtensztejn se incorporó al Partido Independiente en julio de 2014.&#13;
&#13;
Lichtensztejn recibió la Orden Mexicana del Águila Azteca, una condecoración que, de acuerdo con la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles, otorga el Estado Mexicano para reconocer públicamente la conducta, méritos singularmente ejemplares, así como determinados actos u obras valiosas o relevantes realizados por extranjeros en beneficio de la humanidad o del país.</text>
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                <text>En 1973 se gradúa como Licenciado en Ciencias Históricas en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República y en el año 2001 obtiene su Doctorado en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.&#13;
&#13;
Tiene una amplia y extensa actuación universitaria, en la docencia, investigación y extensión, así como en las actividades de gobierno de la estatal Universidad de la República. Fue miembro del Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias (desde 1989 denominada Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación) en representación del Orden Estudiantil, del Orden de Egresados y del Orden Docente, respectivamente. Además fue Decano de dicha Facultad por dos mandatos: 1989-1993, 1993-1997, e integrante del Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República entre los años 1988-1997.&#13;
&#13;
El cultivo profesional de la Historia lo ha concentrado principalmente (salvo en el período de la dictadura cívico-militar uruguaya 1973-1985) en la mencionada Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Ha sido Profesor Titular (Grado 5) de Historia de la Historiografía, y de Teoría y Metodología de la Historia, Investigador en régimen de Dedicación Total (DT), Director del Departamento de Historiología, Coordinador del Instituto de Ciencias Históricas, Director del Centro de Estudios Gallegos (Cegal), Profesor de cursos de especialización para graduados, Profesor de cursos y seminarios de postgrados, Tutor de proyectos de investigación, Director de tesis doctorales y de maestría, integrante de tribunales para juzgar tesis de maestría y de doctorado, y evaluador de distintos proyectos institucionales, como por ejemplo: de la Rockefeller Foundation Humanities Fellowschip Program, de la Universidad Autónoma de Madrid, proyectos del programa Ecos (proyectos de cooperación con Francia), etc.&#13;
&#13;
Se ha desempeñado también en otras instituciones uruguayas, públicas y privadas de educación superior. Fue Profesor de Teoría y Metodología de la Historia en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) de Montevideo, entre los años 1971-1977, Director del Seminario de Formación de Investigadores en Historia en el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) de Montevideo e investigador senior, desde 1976 a 1990, Profesor de Historia de la Cultura (1979-1985) y de Historia Latinoamericana y Nacional (1983-1985), en el Instituto Teológico del Uruguay "Monseñor Mariano Soler".&#13;
&#13;
En otro orden, fue columnista del montevideano Semanario Aquí (1983-1986), miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales, Argentina, (1985-1989), miembro de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, Uruguay, (2001-2004), miembro del Comité Científico de la Revista Complutense de Historia de América, Madrid, España (1999-2012) y miembro del Consejo de Redacción de dicha Revista.&#13;
&#13;
En el ámbito internacional, ha sido Profesor visitante, Profesor de cursos y seminarios de maestría y doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Santiago de Compostela, Universidad de Oviedo, Universidad de Valladolid y en la Universidad Nacional de Mar del Plata.</text>
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                <text>Fotografía histórica&#13;
Fotografía personal&#13;
Archivo Central universitario de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educacion&#13;
FHC&#13;
FHCE</text>
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                <text>Nació en 1929 en la ciudad de Montevideo y murió en Diciembre de 2013.&#13;
Otero era Licenciado en Filosofía, egresado de la FHC, Docteur Université de Paris (Logique et Méthodologie des Sciences), egresado del Tercer Ciclo en Planificación de la Educación del IEDES, Paris, y Fulbright grants para trabajos de investigación, Harvard University, 1962 y 1966. &#13;
&#13;
Fue Profesor Emérito de la Facultad de Humanidades y Ciencias y Doctor Honoris Causa de la Facultad de Ciencias, ambas de la Universidad de la República. Enseñó en la Universidad de la República, Universidad Nacional de Buenos Aires, Universidad Nacional Autónoma de México, y Universidad Metropolitana de México. &#13;
&#13;
Ofreció conferencias de su especialidad en el Boston Colloquium for Philosophy of Science, en la AAAS (San Francisco), en el Instituto Poincaré y en la Ecole Normale, ambos en Paris. Publicó más de una docena de libros como autor o editor, formó parte de los consejos editoriales de diez revistas internacionales, y fue miembro honorario de la Asociación de Filosofía e Historia de la Ciencia. &#13;
&#13;
Ex Decano de la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias, electo por la Asamblea del Claustro para el período 1972-1976, vio interrumpido su mandato por el golpe de Estado y la intervención de la Universidad en 1973. «Allí sufrió los embates de la prisión y el exilio. Con el retorno de la democracia, en 1985, Mario Otero volvió a conducir la Facultad hasta 1989. Hasta el último día, fue Docente Libre del Instituto de Filosofía de la FHCE», comunicó el decano de la FHCE.</text>
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                <text>Fotografia digital&#13;
1 foto 18x 13cm.&#13;
Monocromatico</text>
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                <text>Montevideo- Uruguay&#13;
Universidad de la República&#13;
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación&#13;
Archivo central Universitario de la FHCE&#13;
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Fotografía personal&#13;
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FHC&#13;
FHCE</text>
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                <text>Abogado y docente nació en 1910. En 1938 obtuvo el título de Doctor en Derecho y Ciencias&#13;
Sociales. Comenzó la labor de enseñanza antes de graduarse, dictando clases de Historia&#13;
Universal en el Instituto Normal de Señoritas entre 1930 y 1934 e Introducción al Derecho en&#13;
el Instituto A. Vázquez Acevedo.&#13;
En la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales enseñó Derecho Constitucional desde 1939 hasta&#13;
1957. Durante el renovador decanato de Eduardo J. Couture, Justino Jiménez de Aréchaga&#13;
tiene un papel significativo por los nuevos planteos acerca del derecho constitucional, además,&#13;
puesto en marcha el Instituto de Derecho Público, Jiménez de Aréchaga inició un curso de&#13;
lectura de clásicos. Como reconocimiento a su excelente labor docente, recibió el título de&#13;
Profesor Emérito de dicha Facultad en 1957 y, relacionado con esto tanto como por la&#13;
temática, que abordara como por sus enfoques específicos, mereció el premio UNESCO de&#13;
enseñanza de Derechos Humanos en 1979.&#13;
En 1945 se instaló la Facultad de Humanidades y Ciencias, Aréchaga, uno de los perseverantes&#13;
impulsores de su creación, integró el Primer Consejo, junto a Carlos Vez Ferreira como&#13;
director, Eduardo García de Zúñiga, Dardo Regules, José Pedro Segundo, Emilio Oribe y&#13;
Clemente Estable. Sus gestiones como consejero, llevó a la creación del primer instituto de&#13;
Investigaciones Históricas, en la UdelaR, en 1947. En 1951 fue elegido para asumir el decanato&#13;
de la Facultad, en tiempos clave de pleno ímpetu, organizando el funcionamiento docente y&#13;
administrativo y programación de enseñanza en la casa de estudios. Pero Jiménez de Aréchaga&#13;
estuvo poco tiempo al frente de ésta, presentó renuncia en 1951.&#13;
Participó en congresos y conferencias de Derecho en el país y colaboró en trabajos jurídicos&#13;
nacionales y extranjeros. Ocupó la vicepresidencia del Instituto Uruguayo de Derecho&#13;
Internacional, integrando también la Academia Nacional de Letras y el Instituto Histórico y&#13;
Geográfico del Uruguay.&#13;
En el terreno político, ocupó la Subsecretaría del Ministerio del Interior en 1943. Concurrió a la&#13;
Asamblea de las Naciones Unidas en París, 1948, como delegado y participó en la III Comisión&#13;
de la Asamblea General para la elaboración final de la Declaración Universal de los Derechos&#13;
Humanos; actuó como asesor en la IV Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones &#13;
Exteriores de Washington, 1951, como delegado en la X Conferencia Interamericana de&#13;
Caracas, 1954; fue miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entre 1967&#13;
y 1977, presidiéndola entre 1970 y 1974.&#13;
Publicó entre otros los siguientes trabajos: Sobre Derecho Público Español, 1940; Teoría del&#13;
Estado, 1942; Derecho Constitucional, 1943; Teoría del Gobierno, 1943 – 1944; Panorama&#13;
institucional del Uruguay a mediados del Siglo XX, 1949; La Policía y las Libertades&#13;
Democráticas, 1954; Informe sobre la X Conferencia Interamericana de Caracas, 1954;&#13;
Sociología y Estado, 1958; Por una radiodifusión privada y libre, 1968; peros sus mayores&#13;
legados al estudio del Derecho uruguayo fueron La Constitución Nacional, 1946 – 1949; y La&#13;
Constitución de 1952, 1952; obras de enjundia y profundidad particulares (especialmente la&#13;
primera), que marcaron hitos en la producción jurídica nacional.&#13;
Falleció en Montevideo de 1980.&#13;
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oxp^ui jod oaraoqjBo' opioH pp BOirambojoj

zsam owaons

�cado en ocasión de nuestra interpretación del transporte del oxígeno
por la hemoglobina (2). Por lo tanto no es por mera casualidad que
núcleos pirrólicos forman las columnas principales de la hemoglobina

En esta ocasión mencionamos una publicación de J. Franek y
R. Livingston (1), en la cual estos investigadores, en relación con la
clorofila y otros colorantes, hablan de moléculas "electrónicamente"
excitadas y de un taulómero con alta energía de reacción, sin emplear
la teoría de la resonancia al respecto.
Según nuestra fórmula (Ib) la covalencia entre el magnesio y
los nitrógenos de dos núcleos pirrólicos fue rota y el magnesio con
dos cargas eléctricas positivas es ligado ahora por electrovalencia al
resto de la molécula. Los dos electrones del magnesio liberados se
trasladan por intervención de un sistema conjugado a los dos otros
núcleos pirrólicos. En estos últimos el nitrógeno se transforma en
tetracoordinado con una carga positiva y los dos electrones, liberados
disponibles en cada núcleo se fijarán (como primera etapa) a los
dos carbonos en posición meta con respecto al nitrógeno. Ahora por
formación de un doble enlace entre estos carbonos con cargas nega
tivas, dos electrones en cada uno de los dos núcleos pirrólicos se des
prenden y quedan "fuera" como disponibles. Estas cuatro cargas
negativas neutralizan las dos cargas positivas del magnesio y las dos
de los nitrógenos tetracoordinados; además la ley del octeto electró
nico queda observada en toda esta disposición electrónica (Ic).

y de la clorofila.
Al igual que el pirrol también los otros heterocíclicos pentagona
les como el furano y el tiofeno, por su ordenación geométrica podrían
desprender electrones disponibles, en lo que ya hemos insistido con
relación a problemas quimioterapéuticos (3), y el descubrimiento del
nitrofurano como substancia antibiótica (4). Recordamos en esta oca
sión que también las sulfamidas poseen electrones disponibles, pasan
do de ellas a sus antagonistas (ácido p. aminobenzóico o carboxaPodríamos
suponer que en la clorofila los dos electrones del
midas)
(5).
magnesio liberados se fijasen simplemente a dos carbonos en posicio
nes orto con respecto a los nitrógenos de dos núcleos pirrólicos (según
la fórmula I d). Pero según esta disposición no se desprenderían elec
trones disponibles, los cuales son caracterizados por no tener un lugar
dentro de la molécula y por esta razón son predestinados de pasar
a otras moléculas.

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Lb

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+ ////
N

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C
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N/
++
w
Mg

Esta "liberación" de electrones según nuestra opinión es carac
terística para el núcleo pentagonal del pirrol, como ya lo hemos indi-

¿Qué pasa ahora con los 4 electrones disponibles de la clorofila,
si están presentes ácido carbónico y agua? Indicamos aquí con este
fin una de las fórmulas electrónicas posibles para el ácido carbónico
hipotético H2CO3. (lia). El hecho que es efectivamente la forma
hidratada de dióxido de carbono, la cual interviene en la fotosíntesis,
fue también probado por D. M. Mikhlin y Z. S. Bronovitskaya (6).
Estos investigadores constataron que la fotosíntesis es retardada al
agregar el fermento "anhidrasa" que desdobla H2CO3 en CO2 y H20,
mientras que es acelerada en condiciones favorables a la hidratación.
Vemos según la disposición II a del ácido carbónico hidratado,
(según nuestra opinión de suma importancia para la fotosíntesis),
tres oxígenos con tres cargas negativas, dos cationes de hidrógeno con
dos cargas positivas, encontrándose la tercera carga positiva en el
carbono en el cual se forma una fisura electrónica por faltar dos
electrones para completar el octeto electrónico. Esta fisura electrónica

— 55 —
— 54 —

�— ss —
Baiuojjoaja Jnstj Bjs^ •oainojcpaja ojajao ja jBiajdmoa ejed sanojiaaja
sop -ibjjbj jod Bainoxpaja Bjnsij Bun biujoj as [Bno ja na &lt;onoq^Ba
ja na BAijieod bSjbo BJaaja; bj asopuBj^uoaua 'scArnsod ec^^ea sop
aoa onaScupiij ap sanoijBa sop 'SBAijeSan sbSjbo sajj no^ sonaSixo sajj
' (sisaimsojoj bj BJBd BpuB^jodmi Brans ap noiuido Bxisanu unas)
'opBiBJpi^ oomoqjBD opios pp b jj uopisodsip bj un^as sonta^
•UOIOBJBJpil{ B^ B SajqBJOABJ S3UOpipnO3 H3 BpBjap^B 83 Onb 8BJ1U9IUI
'qzjj A eQ[) na CO^ZH Biqpsap ^nb 14B8BjpiuuBM ojuauuaj p j^áajáB
JB BpBpjBjaJC 83 8I8a^UJSO}OJ BJ anb UOJB1BJSUOO 8^JOpB^IJ83Ani SOJSj^
• (9) BÁB^sjiAouojg 'g '2 ^ ui[ij^jij^ -j^f -q jod opBqojd naiqniB) anj

-ipni somaq oj bá oinoa '[OJJid jap [BuoB}uad oajann ja Bjsd
-OBJB3 sa nomido Bjjsanu unSae sauojjaop ap unopBjaqij,,

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'8TB3JUJ8O^OJ BJ Uí&gt; 3UaiAJ9JUI JBI13 BJ 'OUOqjBO 3p OpiXOip 3p
Btuaoj bj 3}naniBAi)33p sa anb oijDaxj j^ "(11) 'EODí:H^
o^iuoqjB3 opioB ja BJBd sajqísod SBaiuoJiaaja SBjnnuoj sbj ap eun uij
aj83 no^ inbs souiBOipuj ¿biiSb á oainoqjBa optas sa^uasaad UB^sa is
'bjijojojo bj ap sajqiuodsip sauojjoap f soj no^ bjoijb BSBd an^)?

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sbjjo b
ap sopBnijsap^jd nos uozbj Bisa Jtod A Bjn^ajom bj ap ojjnap
jsSnj un lana) on Jod sopBzija)3BJB3 nos sajena eoj 'sajqraodsip sanoji
-saja UBjjopu^jdsap as ou nopisodsip b^ss nn^as ojaj '(pj Bjnuuoj bj
un^as) so^ij^jjid soajann sop ap sonaácujín soj b o^oadsaj nos ojjo san
-opísod na sonoqjBa sop b atnamsjdmis uae^fij as sopBjaqij oísauSBtn
jap S3noj^3aja sop soj Bjijojoja bj na anb jauodns souiEupo^
• (5) (SEpiUI
o oaioznaqouiniB *d opps) sb^siuoSb^ub sns b sBjja ap op
'sajqinodsip ssnoJiaaja nassod SBpimejjns sbj uaiquiBj anb nois
-Boo Bis^ na souiBpJooa}j * (f) B^poiqijuB BiouBjsqns ouioo ouBjnjoj^iu
jap oinaimpqnssap ja A '(g) soaiínadBjajoiuiinb SBinajqoid b noxaBpj
uoa optjsisui somaij bA anb oj ua 'sajqiuodsip sauoj^aap japnsjdsap
uBjjpod Baijjaraoaá uopBuapJo ns jod 'ouajoji ja A oubjiij ja omoa saj
-BuoáB^uod soaijajaoaajaq sojjo soj uaiqmBj joaiid ja anb {Bn3i jy
•Bjijoaojs bj ap A
Bniqoj^omaij bj ap sajBdpui^d ssnninjoa sbj ubouoj sosijojjid soapnu
anb pBpijBnsBa Bjara jod sa ou ojubj oj jo^ •($;) BniqojSouiaq bj jod
ouaáixo pp aiiodsuBX) jap uopB^ajdjaiui Bj^s^nu ap uoiSBao na op^a

-ojjaaja ojajao jap Xaj bj SBtnapB ísopBmpjooaBajaj souaSpjjrn soj ap
sop sbj A oísatrdBui jap SBAijisod sb^jb3 sop sbj uezijBJtnan SBAij^^au
8B^jBa ojjBna s^js^ -eajqtnodsip oraoa tíBJanjM nepanb A napnajd
•sap as soaijoJJid soapnu sop soj ap oun ep^a ua sauojjaafa op 'sbaii
-B^au sb^jb^ no^ souoqjea sojea ajjua a^ejaa ajqop nn ap nopenuoj
jod Bjoqy •ov^^^oxvxi jb oiaadsaj no^ B^am u^iaisod na souoqjBa sop
soj b (BdBja Bjaiuud otaos) ubjeíij as oaj^nu Bpp^ ns sajqmodsip
sopsjaqtj 'sauoJlaaja sop soj A BAi^isod bSjbo Bun nos opBurpjoooBjja^
na buijojsubjj as ouaüojjiu ja somiijn 80483 u^ -soaijojjid sosj^nn
sojjo sop soj b opBSnfuoa Binajsis nn ap uopuaAjajur jod nBpejSBj)
as sopBJsqij oísanSBin jsp ssnojjasja sop scj "Bjnaajoni bj ap ojsaj
je BpnajeAOJisaja -iod Bjoqe ope^ij sa sBAijisod SBajjjaaja sb^jb^ sop
uo oi8anSBUi ja A bjoj anj soaijojjid soapnu sop ap sonaSojjiu soj
A oísauSBUi ja aj^na BpnajBAoa bj (qj) Bjnmj^j Bajsann un^ag
•ojoadsaj jb BtauBuosaj: bj ap Bijoa^ bj
iBdjdma nis 'uopa^aj ap BjSjaua b)jb noa ojauí^inB^ un ap i SBpBjiaxa
Maju3inB3mojj3aja,, SBjn^ajora ap nejqeij 'sainejojoa sojjo A bjijojoj^
bj noa nopepj na 'sajopeSijsaAui sojsa jena bj na l(\) uojsSuiai^j •}
jC ^pnBJ^ •[ ap nopB3ijqnd ^nn souiBuopuain npisBao Bjsa n^

�según nuestra opinión en una combinación especial de la clorofila
ejercerá sin duda una cierta atracción sobre los electrones disponibles
de la clorofila, de manera que dos carbonos de dos H2CO3 podrían
atraerse los 4 electrones disponibles de la clorofila para completar
sus octetos electrónicos respectivos. Cada carbono que recibe dos
cargas negativas se transformará así en negativo, de manera que una
molécula H2CO3 teniendo ahora 4 cargas negativas y solamente dos
positivas, según II b, será ligada por fuerzas polares a las cargas posi
tivas de la clorofila, que ejercerá pues de cierta manera el papel de
un catión.
Teóricamente una molécula de clorofila con sus 4 cargas positivas
(dos del magnesio y dos de los nitrógenos pirrólicos) podrían formar
un complejo con dos restos H2CO3 (conteniendo 8 cargas negativas
y solamente 4 positivas), pero nos parece más verosímil que el tras
lado de los electrones disponibles de la clorofila se efectuase en etapas,
siempre de dos en dos a un ácido carbónico después al otro. También
se podría admitir que solamente una covalencia entre el magnesio y
un nitrógeno pirrólico se rompiese, resultando el magnesio ligado a
un nitrógeno por covalencia y al resto de la molécula por electrovalencia. De esta manera una transición electrónica se efectuaría
solamente en la mitad de la molécula de la clorofila, sólo dos
electrones llegarían a ser disponibles y no más que una molécula de
H2CO3 podría funcionar como receptora de ellos.
Naturalmente nos damos cuenta que a pesar de la irradiación
luminosa la contribución de la disposición electrónica I b de nivel
energético más elevado en el sistema de resonancia de la clorofila
será bastante limitada. Lo mismo sucede posiblemente con la dispo
sición electrónica II a del ácido carbónico, caracterizada por la sepa
ración de cargas, necesitándose probablemente irradiaciones ultravio

con el ácido orto-fórmico.

IIc

Hb

Ha

_ :Ó: H+

:0: H+

H..C..6:

+C..CÍ: —

Probablemente este complejo es idéntico al producto interme
diario aislado por S. Rubén y sus colaboradores (7), en sus investiga
ciones sobre la transformación de C02 con carbono radioactivo por
fotosíntesis. De acuerdo con los resultados de Rubén y sus colabora
dores, los que encontraron un grupo COOH libre en su producto
intermediario, nuestro complejo entre la clorofila y el resto II c, tiene
también un ion de hidrógeno libre. Este complejo debe tener un peso
molecular bastante alto, lo que coincide también con los resultados de
Rubén y sus colaboradores. Solamente interpretamos la formación
de este complejo de distinta manera que los investigadores citados.
Según ellos la reacción es la siguiente (A) :

(A^ R H + C02

diario en cuestión según la ecuación (B).

letas, para originarse esta disposición. Además es necesario que se

++

R + C O3H2

de la probabilidad muchas moléculas de ambas substancias serán
necesarias, a fin que una molécula del ácido carbónico sea transfor
mada y asimilada.
En todo caso el complejo entre la clorofila (según su disposición
electrónica I c) y el ácido carbónico (según su disposición electrónica
II b) sería el primer producto intermediario en la transformación
del ácido carbónico por fotosíntesis.'
Conteniendo este primer producto intermediario un carbono
(alifático) con carga negativa, muy inestable, podemos admitir como
próximo paso el traslado de un ion de hidrógeno positivo (el ácido
carbónico contiene dos) al carbono negativo que posee en este estado
un par de electrones no compartidos. Esto es el paso decisivo en la
transformación del ácido carbónico. Ha desaparecido una carga negar
tiva y una positiva y estamos así en presencia del segundo producto
intermediario, que sigue siendo un complejo entre la clorofila y un
resto ácido alif ático (fórmula II c). Este resto ácido ya es diferente
del ácido carbónico, y el segundo producto intermediario consiste
— 56 —

R COOH

mientras nosotros interpretamos la formación del producto interme

encuentren moléculas de la clorofila y del H2CO3 con la disposición
electrónica Ib y II a respectivamente. Por esta razón, según la ley

_ :0: H+

— :0: H+

:0: H+

(B)

+ =++

HC OSHR

Según S. Rubén y sus colaboradores el hidrógeno para la reduc
ción del ácido carbónico proviene de la clorofila, según nuestra teoría
la clorofila suministra solamente electrones y el hidrógeno proviene
de la molécula de agua que hidrata el C02. Comprendemos ahora
porqué T. H. Norris, S. Rubén y M. B. Alien (8) no lograron un
resultado positivo al tratar de introducir hidrógeno radiactivo pro
veniente de agua preparada para este fin, en la clorofila, la cual
había según ellos cedido hidrógeno al C02. En realidad el hidrógeno
radioactivo pasa directamente al C02 (en forma de agua), en vez de
desviarse hasta la clorofila.
El próximo paso en la transformación del ácido carbónico es una
reacción hacia atrás, la cual se produce en el complejo formado por
la clorofila y el resto II c. Esta reacción se hace sin luz, y fue obser
vada e indicada por todos los investigadores, que se ocuparon de este
problema. Esta reacción es muy bien explicable según la teoría de la
resonancia electrónica y consiste según nuestra opinión en la transi-

— 57 —

�HO DH

-

— ¿s —
-isubj^ Bf us uoiuido BJisanu unSas aisisuoa A Boiuojjaap
bt ap Bjjoaj B[ un^as a^qB^i^dxa uatq Áx\va sa uotaasaa Bí8g 'B
ajss ap uojBdnao as anb 'sajopBus3Ain so[ sopoj jod BpBaipur a BpBA
-jasqo anj jC 'zn^ ms aa^q as UXH03B3J Bjsg -a \\ o^saj p ^ Bjijojop b¡
jod opBuuoj ofspiuioo [a na aanpojd as pno b[ 'sbjjb BiOBq
^an sa oaxiroqjBD opia^ pp uoiobuuojsubji bj na os^d ounx^jd
•B^ijojop bj Bjseq
ap zaA ua '(btiSb ap Btnjoj ua) EQ^ ya ajnauíBj^ajip BSBd
^pq p pBpijsaj ug 'zO^ IB ouaS^^jpiq opipaa sojp un^as Bjqsq
B{ 'Bjijojop bj ua 'uij ajsa BJBd BpBJBdaad Bn^B ap ajuainaA
OAij^BipBj oua^9Jpii{ jpnpoajai ap jbjbjj ya OAiiisod opB^jneaj
un uojbjSo[ ou (8) ua^iy a W A aqnH S '8ÍJJO\[ H X ?b-iod
Bjoip souiapuajduro^ #E0D Ia BJBJptq anb BnSB ap Bjnaajom v\ ap
auaiAOjd oua^9jpiq p A eauojjDap ajuaraB[os BJísmirans B^i.fo.iop v\
Btaoaj Bj^sanu un^as 'Bjijojop B[ ap ouaiAOid oam^qjea opio^ ¡ap uoxa
-ánpaj bj BJBd oua^ojpiq p saJopBjoqB^oo sns A uoqn^j -g un^ag

!HJO 3 + H
++= +

++

•|g) uoiDBn^a B[ un^as U9usono ua oiJBip
-auuaiut oionpojd pp uoiaBuuoj b^ souaBjajdaajuí sojjosou SBjjuaiui

IV)

HOO3

: ^y) ajuam^is ^\ sa upiaoBaJ b^ sojp unáag
•sopBjp sajopBSi;8aAHi so[ anb BjauBin Bjuijsip ap of3[duioa ajsa ap
uoidbuijoj B[ souiBjaJdaajuí ajuauiB^og •S3JopBaoqB[oa sns A uaqn^j
ap sopBiinsaj soj uod uaiquiBi apiauíoo anb o^ 'oijb a;uB}SBq na^ui
osad un ^auaj aqap ofaiduio^ aisg -aaqii oua^ojpiq ap uoi un
auap 'o n 183J F A BIÍJOJOI;) BI ^-iina ofajdnioa oajsann 'oii
ojañpoad ns ua aaqii HOOD odnj un uoJBjjuoaua anb so¡ 'sajop
-BJoqBjoa sns A uaqnji ap sopBj^nsaj so[ uod opianaB bq -sisaimsojo}
jod OAuaBoipBj ouoqjBa uoo SQD aP uopBuuojsuBjj b^ aaqos sauoia
-BgnsaAUi sns us '(¿) sajopBjoqBioa sns A uaqn^ -g jod opE^iB oiJBip
-3UIJ3JUI o^onpojd (B oaijuapi sa ofa^duio^ ajsa ajuauíajqBqoaj

+H

+H

+H :0: — =0 --D"]

+H

+H
3II

•O31UIJ9J-OJJO OpiDB p UOO
Bfíiojop bj ap piaadsa uopBuiquioa Bun ua uoiuido B^jsanu unSas

— 9S —
ajsisnoa OMBipauua^ux ojanpojd opun^as p A 'ooiuoqjBD oppB pp
aiuaaajip sa ^A oppB ojsaj ajs^ "(H FInlu-i9j) ^p?JÍIB PÍ3B ojsaj
un A b[ijojo[d B[ aj)ua ofajdmoD un opusis an^is anb 'oiJBipauuaiui
ojonpoad opun^as pp Biauasajd ua tsb sotuBjsa A BAijtsod Bun A baij
-B^au b^jb^ Bun opioaj^dasop bjj -oaiuoqjBD oppB pp uoi3buijojsubj}
bj us OAispap os^d p sa ojsg -sopiiJBduioo ou sanojjoop ap .red un
op^isa 3}S3 us aasod anb oaije^^u ouoqjBo ye (sop auspuo^
opiOB p) OAijisod oua^ojpiq ap uoi un ap opBjseJi p os^d
o moa JiiimpB somapod 'a^qB^saui Xnra 'BAijBSau b^jb^ uod (ootjbji^b)
onoqjBD un oiJBipoiiu^iui ojonpojd j^uiud aisa opuaiua)UO^)
•SI831UJSO^OJ lod O3tU9qjBD oppB pp
U9PBUTJOJSUBJ^ B[ ua oiiBipanua^uí o^onpcud jauíod p Bjjas (qjj
Baiu9Jj33p U9pi8odsip ns una as) ooiuoqjuo oppB p jÍ (di BDinojjaap
uopisodsip ns un^as) B[tjojop bi aj^ua ofa^duioo p osbd opoj u^
•BpB^IUIHB A BpBDU
-JOJ8UBJJ B3s 03iU9qiBo opiDB pp BpnD3[oui Bun anb uij b 'sBijBsaaau
SBjouB^sqns SBquiB ap SBjnoa[oiu SBqonm pBpi[iqeqojd bi ap
un^as 'U9ZBJ Bisa joj -a^uauíBAijoadsaj bu A q 1
i uod EODZH PP ^ BIÍJOJOl;) BI 3P 8B[naafoui
as anb oiissaaau ss SBuiapy •U9pisodsip Bjsa 9sjbui^ijo BJBd
-oiABjjp^ sauopsipBJJi 3)uamaiqBqojd asopuBjisaaau 'sb^jbd ap uoidbj
-Bd09 BJ Jod BpBZIJ3J3BJB3 'O3IU9qjBD OppB pp B JJ BOTUO-IJOap UpptS
-odsip B[ uoa ajusuiap^isod apaans omsiui O^j 'BpB^iuiij ajuB^SBq Bjas
Bjijojop i ap BpuBuosaj ap Biuajsis p ua opBAsp sbui o^pa^jaua
¡3Aiu ap q 1 B^iuojja^p U9pisodsip bi ap U9pnqiJjuo3 bi Bsounuiq
u9pBipBjji bi ap jBsad b anb Btuana soui^p sou ajuamiBjnjB^
•so[p ap Bjo^daoaj onioa jBuopunj Bupod SO^Z~¡[
ap Binoa[oui Bun anb sbui ou A s^jqtuodsip jss b uBUBáaj[ sauojjDap
sop 0198 'B[ijoao{3 bi ap Bin^aioui bj ap pBjini bj ua ajuauiB[os
BiJBni^ap as Boiupjj^ap u9pisuBJi Bun bjoubio Bjsa ^q -EpuspA
-ojjosp Jod Bjnsaioui v\ ap ojsaj ya A biou3[baoo jod ouaáojjiu un
B opBgji oisauá^iu p opuBi[nsaa 'asaiduioj as ootjojíJid oua^ojjm un
A oísau^Bm p ajjua BiouajBAoo Bun ajuatnBfos anb jijimp^ Biapod as
uaiquiBj^ 'ojjo ya sandsap oaiuoqjBa opps un b sop ua sop ap ajdmais
'sBdBja ua asBnjoap as Bjijojop bi ap sajqiuodsip sauojjaap soi sp opBi
-8BJ1 p anb iiuijsojaA sbui aaaaed 8on ojtad '(SBAijisod &lt;p ajuauíBfos A
sBApB^au sbSjbd 8 opuaiuajuoD) E03i!H 8&lt;&gt;JS3-i sop uoa ofaidinoo un
jbuijoj UBjjpod (so^i[ojjid eoua^ojjiu so[ ap sop A oísauSBin pp sop)
8BAi;i8Od SbSjBD f SnS UOD BJIJOJOp 3p Bpi33[OUI BUn aiUSUIB^IJOSJ^
•U91JBD un
ap pdBd p BjauBui Bjjaio ap sand Bjaoaafa anb 'Biijojop bi ap sbaij
-isod sbSjbo sbi b sajBjod SBzaanj jod BpBSi^ Bjas 'q jj unáas 'SBApisod
sop ajuaulBios A SBApsáyu sb^jb3 ^ Baoqe opuaiua^ OOíH Bln^3ioru
Bun anb Bjausui ap 'oAijBSau ua jsb bjbuijojsubji a^ sBAUBáau sb^jbd
sop aqpai anb ouoqjBD BpB^^ 'SOATjaadsaj soaiuoj^oap sojajao sns
JBjaidmoo BJBd Biijoaop bj ap sa^qiuodsip sauoaioap f soi 9SJ3bjjb
UBjjpod EODÍ!H 8OP aP 8onoqjBD sop anb BaauBiu ap 'Bijjojop bi sp
saiqiuodsip sauojiasp soi 3JtIo8 uoioobjjb Bjjap Bun Bpnp ms B

�contenidos en el agua, sean ellos pesados o normales, si el agua es
ción de la clorofila, cuya dispo^ición electrónica es de alto nivel ener
gético en su combinación con el ácido carbónico, a una disposición
de nivel energético más bajo (p. e. la). Para esta transición la clo
rofila necesita de nuevo los electrones, que ha cedido al carbono no
saturado del ácido carbónico. Este carbono siendo ahora ligado de
una manera muy estable a un hidrógeno, no puede más ceder los
electrones recibidos, ellos serán pues sacados de los oxígenos con un
exceso relativo de electrones y cargas negativas. De dos oxígenos cada
uno perderá un electrón, ligándose ahora dos oxígenos entre sí en
forma de puente, resultando así un peróxido (fórmula II d), que es
el primer producto intermediario, ya no ligado a la clorofila. La dis
posición electrónica de esta última ha vuelto a la I a. Evidentemente
no se trata de transiciones totales, solamente de variaciones en la
contribución de las distintas disposiciones electrónicas posibles.
Del peróxido mencionado, bastante inestable, se desprenderán
dos átomos de oxígeno, dado que ya son ligados uno al otro, quedando
el radical CHOH (fórmulas lie y IIei), con dos electrones no
saturados.

lie

Ild

He
H—C.

\:0

^w

1

H—0
H..C..O:— H..C..O:
—:0: H+—:0: H+

H..C.\ O: ***IIe,
:
\- •
—:0: H+

í

T
He,

H—C—H

II

0
+

H—C—H
O—

Si queremos presentar el radical CHOH en una forma monomolecular estable, debemos adoptar la fórmula del formaldehido HCHO
(IIe2 "^ ^ IIe3), pero aparentemente, según las investigaciones de los
últimos años, especialmente las de S. Rubén y de sus colaboradores (9),
formaldehido con carbono radioactivo no fue encontrado en los pro
ductos intermediarios de la asimilación del ácido carbónico con C
radioactivo. Ya según su fórmula no saturada es más probable que el
resto CHOH se polimeriza en seguida, convirtiéndose en hexosas y
en almidón, lo que sucede si 6 restos CHOH forman un ciclo, con 5 C
y un oxígeno como eslabones. Si el ciclo es formado por 6 carbonos
llegamos a la inosita.
Refiriéndonos a las observaciones de S. Rubén y sus colabora
dores (10) los cuales, empleando agua con oxígeno pesado Op y CO2
con oxígeno normal, encontraron solamente oxígeno pesado despren
dido en la fotosíntesis por medio de la clorofila, no opinamos, que
contribuyen a aclarar el mecanismo de la fotosíntesis. Según las
ecuaciones siguientes los oxígenos del CO2 serán cambiados por los
^ 58 —

en exceso.

CO2
COOp
C(OP)2

H,CO,OP

H2OD

H2CO(OP)2
H2C(Op)s

H2CO2OP
H2CO(OP)

H2OP
H2OP

H2O
H2O

COOP
C(OP)2

Las deducciones de Rubén y de sus colaboradores están en con
tradicción no solamente con nuestra interpretación, sino también con
las observaciones de D. M. Mikhlin y Z. S. Bromovitskaya (6), según
las cuales el ácido carbónico hidratado interviene en la fotosíntesis.
En el H2CO3 los tres oxígenos no ^e distinguen entre sí, y al des
prenderse dos de ellos su origen (sus "antecedentes") ya no puede
influir más. Por otra parte es naturalmente bien posible que en el
H2CO(OP)2 los dos oxígenos pesados sean más fácilmente despren
didos que un oxígeno normal y uno pesado.
Con respecto a la fluorescencia de la clorofila mencionamos la
publicación de J. Franck y R. Livingston (1) los cuales, sin emplear
aún la teoría de la resonancia, admiten la transición de una molécula
electrónicamente excitada al estado fundamental de un tautómero.
Para nosotros la transición de la disposición electrónica la a la dis
posición Ib significa la absorción; mientras la transición de Ib a Ic
con desprendimiento de electrones causa la fluorescencia. Los elec
trones desprendidos disponibles se fijarán a los polos positivos de
la misma molécula (magnesio y nitrógenos pirrólicos) provocando
así la transición al estado I a de menos energía. Por esta transición
la energía almacenada por la absorción es en parte de nuevo liberada
en forma radial, lo que provoca la fluorescencia. Lo característico de
este fenómeno es la consecuencia de que, la absorción y la emisión
dé la energía radiada se efectúa según la teoría de la resonancia
electrónica casi simultáneamente.
En el caso de la presencia de ácido carbónico (especialmente en
la forma Ha con una fisura electrónica) los electrones desprendidos
de la clorofila encontrarán un receptor y volverán a la clorofila sola
mente después de la formación del peróxido. Comprendemos así la
influencia de la asimilación del ácido carbónico sobre la fluorescencia
de la clorofila, la cual fue observada por J. Franck, C. S. French y
T. T. Puck (11). Si la fotosíntesis es impedida por la presencia de
HCN, no puede influir más sobre la fluorescencia de la clorofila.
La importancia de la disposición electrónica I c con sus elec
trones disponibles aparece bastante claro, primeramente para el re
greso a la disposición inicial la, segundo para la fotosíntesis.
Con respecto a la decoloración reversible de la clorofila (12)
podemos explicarla por el regreso de los electrones desprendidos no
a la disposición Ic, pero sí a la disposición la, donde se fijarán a la
doble ligazón entre dos carbonos de los núcleos pirrólicos no ligados
al magnesio. Se forma así un compuesto con cargas negativas, ligado
por fuerzas polares a las cargas positivas de la disposición Ic. Este

— 59 —

�— 6S —
— 8S —
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�complejo es naturalmente muy inestable (puede ser, que sea sin color
por efectuarse la absorción ya en el infrarrojo).

Fórmula III (clorofila a)

Según la fórmula más reciente para la clorofila (Illa), indicada
por A. Stoll (13), los cuatro núcleos pirrólicos (p1? p2, P3, P*) serían
conectados por cuatro puentes metálicos —CH =, lo que modificaría
algo el sistema de resonancia respectivo, sin que la función principal
de la clorofila (suministrar electrones al ácido carbónico) varíe. Según
esta fórmula el magnesio está fijado originalmente por covalencia a
dos nitrógenos pertenecientes a cualquiera de los cuatro núcleos pi
rrólicos, siendo las mismas las probabilidades de los cuatro nitrógenos
de ser ligados al magnesio. Los cuatro núcleos y los cuatro puentes
forman 10 doble-enlaces.
Si hay transformación de las dos covalencias del magnesio en
electrovalencias el sistema continuado de los cuatro núcleos y de los
cuatro puentes queda sin interrupción alguna, transformándose en
conjugado con un doble enlace más (11 en vez de 10) (fórmula IIIc).
Los dos electrones del magnesio cedidos, pueden naturalmente ser
almacenados, en uno de los tres núcleos pirrólicos (pi, p2, p.^) no
hidrogenados (fórmula IIIb), pero serán por formación de un doble
enlace (IIIc), en seguida liberados y suministrados al ácido carbónico
como electrones disponibles, sin que la transformación del nitrógeno
en tetracoordinado sea necesaria.
Por otra parte nos damos cuenta que el ácido carbónico reducido
(después de la adición de los electrones) y el ion de magnesio esta
rían solamente ligados uno al otro por sus cargas eléctricas y por lo
tanto ya independientes de la componente orgánica de la clorofila,
lo que nos parece inverosímil. Por esta razón se puede admitir que
solamente una covalencia del magnesio sea convertida en el electrovalencia con el resultado de que uno de los nitrógenos debe transformarse
en tetracoordinado, a fin de que sean liberados los dos electrones
"disponibles" y se evite una interrupción en el sistema continuado
de los cuatro núcleos pirrólicos y puentes (fórmula III d). En este
caso el ácido carbónico reducido queda ligado por sus cargas nega
tivas al magnesio y un nitrógeno positivo, integrantes de la molécula
de la clorofila.
Mencionamos en fin la posibilidad de que las dos covalencias
del magnesio se conviertan en electrovalencias y que también un
nitrógeno se transforme en tetracoordinado. En este caso dos electrones
disponibles son transferidos al ácido carbónico como antes, pero se
forma un polo negativo con dos electrones no compartidos en un
carbono de un puente (fórmula III e), al cual el ion de magnesio
podría fijarse por una de sus dos cargas positivas (fórmula III f).
El ion de magnesio parece (como lo demuestra la formación de los
compuestos metalo-orgánicos de Grignard) tener bastante facilidad
de fijarse a un carbono, y nos parece interesante considerar la pre
sencia de magnesio en la clorofila bajo este aspecto (recordándonos
de los compuestos de Grignard).
Con respecto a los niveles energéticos, opinamos que la disposi— 60 —

— 61 —

�complejo es naturalmente muy inestable (puede ser, que sea sin color
por efectuarse la absorción ya en el infrarrojo).

Fórmula III (clorofila a)

Según la fórmula más reciente para la clorofila (Illa), indicada
por A. Stoll (13), los cuatro núcleos pirrólicos (pi, p2, P3, P4) serían
conectados por cuatro puentes metínicos — CH =, lo que modificaría
algo el sistema de resonancia respectivo, sin que la función principal
de la clorofila (suministrar electrones al ácido carbónico) varíe. Según
esta fórmula el magnesio está fijado originalmente por covalencia a
dos nitrógenos pertenecientes a cualquiera de los cuatro núcleos pi
rrólicos, siendo las mismas las probabilidades de los cuatro nitrógenos
de ser ligados al magnesio. Los cuatro núcleos y los cuatro puentes
forman 10 doble-enlaces.
Si hay transformación de las dos covalencias del magnesio en
electrovalencias el sistema continuado de los cuatro núcleos y de los
cuatro puentes queda sin interrupción alguna, transformándose en
conjugado con un doble enlace más (11 en vez de 10) (fórmula IIIc).
Los dos electrones del magnesio cedidos, pueden naturalmente ser
almacenados en uno de los tres núcleos pirrólicos (pi, P2, P3) no
hidrogenados (fórmula IIIb), pero serán por formación de un doble
enlace (IIIc), en seguida liberados y suministrados al ácido carbónico
como electrones disponibles, sin que la transformación del nitrógeno
en tetracoordinado sea necesaria.
Por otra parte nos damos cuenta que el ácido carbónico reducido
(después de la adición de los electrones) y el ion de magnesio esta
rían solamente ligados uno al otro por sus cargas eléctricas y por lo
tanto ya independientes de la componente orgánica de la clorofila,
lo que nos parece inverosímil. Por esta razón se puede admitir que
solamente una covalencia del magnesio sea convertida en el electrovalencia con el resultado de que uno de los nitrógenos debe transformarse
en tetracoordinado, a fin de que sean liberados los dos electrones
"disponibles" y se evite una interrupción en el sistema continuado
de los cuatro núcleos pirrólicos y puentes (fórmula III d). En este
caso el ácido carbónico reducido queda ligado por sus cargas nega
tivas al magnesio y un nitrógeno positivo, integrantes de la molécula
de la clorofila.
Mencionamos en fin la posibilidad de que las dos covalencias
del magnesio se conviertan en electrovalencias y que también un
nitrógeno se transforme en tetracoordinado. En este caso dos electrones
disponibles son transferidos al ácido carbónico como antes, pero se
forma un polo negativo con dos electrones no compartidos en un
carbono de un puente (fórmula lile), al cual el ion de magnesio
podría fijarse por una de sus dos cargas positivas (fórmula III f).
El ion de magnesio parece (como lo demuestra la formación de los
compuestos metalo-orgánicos de Grignard) tener bastante facilidad
de fijarse a un carbono, y nos parece interesante considerar la pre
sencia de magnesio en la clorofila bajo este aspecto (recordándonos
de los compuestos de Grignard).:;
Con respecto a los niveles energéticos, opinamos que la disposi-í
— 60 —

IICOOCH,

H COOCH,
— 61 —

�ción electrónica IIIc con un doble enlace más que la disposición Illa
tiene un nivel energético más alto que esta última. Además las dispo
siciones electrónicas, en las cuales hay separación de las cargas eléc
tricas, son de un nivel energético más alto que las otras. Particular
mente una disposición electrónica, según la cual dos electrones son
almacenados en un núcleo pirrólico, es la de nivel energético más
alto, el cual en el momento de desprenderse los electrones disponibles
por formación de un doble enlace, ya baja.
Parece que en la transición electrónica retrocedente, que provoca
la fluorescencia de la clorofila los electrones toman un camino más
directo para la formación de la disposición (Illa) original que tiene
el mínimo de energía, sin pasar por el máximo. Esto explicaría
porque no toda la energía absorbida es liberada y porque las radia
ciones emitidas en la fluorescencia se distinguen por una frecuencia
más baja de las radiaciones absorbidas.
Nuestra interpretación de la fotosíntesis coincide con las obser
vaciones de diferentes investigadores, en especial de McAlister y
Myers (14) de que, se necesita la irradiación solamente para el llama
do período de inducción (la cual interpretamos como transición p. e.
de la o Illa a Ib y IHb), mientras la transformación posterior del
ácido carbónico se efectúa en el oscuro. También las diferentes reac
ciones fotoquímicas mencionadas por J. Franck y K. F. Herzfeld (15)
según los cuales hidrógeno es llevado de un dador al C02 y luego
devuelto por formación de un peróxido, aparecen en nuestras reaccio
nes electrónicas. Pero repetimos que no es hidrógeno, sino electrones,1
los que son trasladados.
Mencionamos por fin que algunos fermentos pueden también
provocar la transformación del H2CO3 en carbohidratos por medio de
la clorofila, sin necesitar luz (16). Este hecho nos demuestra una
analogía en la acción de fermentos y de irradiaciones. Emitimos pues
la hipótesis de que, también fermentos serían capaces de influir sobre
la disposición electrónica de sus substratos, de manera análoga como
p. e. irradiaciones ultravioletas influyen sobre la disposición electró
nica del ácido carbónico e irradiaciones rojas sobre la disposición
electrónica de la clorofila.

(7)S. Rubén, W. Z. Hassid y M. D. Kamen, J. Am. Chem. Soc., 61, p. 661 (1939)
C. A. 33, p. 8237, S. Rubén, W. Z. Hassid, M. D. Kamen y D. C. De Vault, Science, 90,
p. 570 (1939) C. A. 34, p. 2421, S. Rubén, M. D. Kamen y W. Z. Hassid, J. Am. Chem. Soc.,
62, p. 3443 (1940), S. Rubén, M. D. Kamen y L. H. Perby, /. Am. Chem. Soc., 62, p. 3450
(1940), S. Rubén y M. D. Kamen, J. Am. Chem. Soc., 62, p. 3451 (1940) C. A. 35, psv 1089
•1 90 (1941).
(8)T. H. Norbis, S. Rubén, M. B. Allen, J. Am. Chem. Soc., 64, p. 3037 (1942) C. A.
37, p. 905 (1943).
(9)S. Rubén, M. D. Kamen y W. Z. Hassid, J. Am. Chem. Soc., 62, ps. 3443-50, C. A.
35,p. 1090.
(10)Ver C. B. Van Niel, Cfcero. and Engin. News, 1946, p. 1364 (May 25), M. D.
Kamen y H. A. Barker, Proc. Nati. Acad. Sd., 31, ps. 8-15 (1945). C. A. 39, p. 1899.
(11)J. Franck, C. S. French y T. T. Puck., J. Phys. Chem., 45, p. 1268 (1941) C. A.
36,p. 798.
(12)R. Livincston, /. Phys. Chem., 45, p. 1312 (1941) C. A. 36, ps. 799-800.
(13)A. Stoll, Experientia, Vol. IV (fas. 1) p. 6 (1948).
(14)Me. Alister y Myebs, 1. gen. Physiol., 22, p. 673 (1939).
(15)J. Franck y K. F. Herzfeld, /. Phys. Chem., 43, p. 978 (1941) C. A. 35, p. 5935.
(16)S. Rubén, ]. Am. Chem. Soc., 65, p. 281 (1943) C. A. 37, p. 1741, C. B. Van Niel,
Chem. and Engin. News, 1946, p. 1365 (may 25).

BIBLIOGRAFÍA
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C. 4. 40, p. 5079, Bull. Soc. Chim. ^rance, 1947, p. 685.
* (3) E. Riesz, Ph. (Rev. Atoe. Estud. Quím. Uruguay), 1945, N. 2, p. 21, C. A. 41,
p. 2495.
(4)Congreso médico de San Francisco, julio de 1946, ver E. Riesz (Revista de la
Fac. Humanidades y Ciencias, Montevideo, I. N. 1, p. 305, 1947).
(5)E. Riesz, Anales Asoc. Quím. Argent., N. 160, p. 76 (1943) C. A. 38, p. 519 (1944),
Arch. Soc. Biol., Montevideo, XI, N. 3-4, p. 184 (1944) C. A. 38, p. 5701. Ph. (Rev. Asoc.
Estud. Quím. Uruguay), 1945, N. 2, p. 14, C. A. 41, p. 2495, Proc. Royal Irish Acad., 51,
sec. B, N. 10, p. 163 (1947), Bull. Soc. Chim. France, 1947, p. 681.
(6)D. M. Mikhlin y Z. S. Bronovitskaya, Biokhimiya, 10, p. 326 (1945) C. A. 40,
p. 1661.
— 62 —

— 63 —

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                <text>De  acuerdo  con la  teoría  de  la  resonancia  electrónica  se admite en  substancias  orgánicas  coloreadas  la  transición  de  una  disposición electrónica  de  nivel  energético  bajo  a  una  de  nivel  energético elevado.  La  energía  necesaria  para  esta  transición  es  luminosa  y absorbida  por  la  substancia  coloreada  en  cuestión.  La  frecuencia las  radiaciones  absorbidas  dependerá  de  la  magnitud  de  la  energía necesaria  para  la transición  electrónica  mencionada. </text>
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                    <text>— S9 —
•ofeqe.il 38 jena p na 'oui[bd[b oipam pp Bpuanjjui ej ofeq nop^esi
e^sa n^ o^qopsap 38 {inoii odru3 nn anb ejoqe souiaqBg "(j B^ninjoj)
BupijS-ipna^-jiozuaqouiuiB • d bj 3p sisajuts v\ Bjed ^iaoii ap oanjop p
^ oaiozuaqouiuiB • d opps p aajua nopaBaj ap ojonpoad p noieafd
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ireq anb sojauíijd soj; nojanj (^) nuBuiqy "^ ^^ A jaj9Bj^oj\[ *^
•sauopBJBpB SBunSjB nozBj Bjsa jod uB^isaaau A SB^ajduiooui
3 ^BiJOjoipBj^uoa oSpj nos 'ooiozuaqouioiB - d oppit p ainauqepadsa
'go^iozuaqouiraB soppe 9o\ ajqos jmou ap ojnjop pp nopae bj jod
'sojganduioa so^ ajqos B^njEJaji^ B^ ap sauopBOipni

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uoioBSU9puooo}ne ns Á ootozu^q

-OUtUIB^TUOTi' d OpiOB pp OJlUOp \9
ZS3IU 0IM30Í13

�(I.)

H3C\
CH —CH2 —CH —CO —NH —CH2 —COOH
H3C/

NH
OC —C6H4 —NH2(P)
En 1932 L. Anschuetz y Z. M. Deliyski (4) continuando las in
vestigaciones sobre el cloruro del ácido tionil-antranílico, le transfor
maron en el clorhidrato del cloruro del ácido antranílico, sin llegar
con éste al cloruro del ácido antranílico libre, pero sí a un producto
poco soluble y de alto punto de fusión, que creyeron idéntico a la
diantranilida, .preparada por G. Schroeter y O. Eisleb (5). En 1935
P. Carré y D. Libermann (6) reanudaron las investigaciones con res
pecto a la acción del cloruro de tionil sobre los ácidos aminobenzóicos
y rectificando el error de McMaster y Ahmann, reconocieron los pro
ductos de reacción como cloruros de los ácidos tionilamino-benzóicos
(de la fórmula general II).
(II.)

a 18 mm. de presión y una temperatura entre 140-150. Los cristales
amarillos obtenidos tenían de nuevo el P. F. de 31 C. Hirviendo el
producto con agua, se descompone produciéndose ácido clorohídrico
y vapores de SO2. Estos últimos fueron introducidos cuantitativamente
en un exceso de solución de iodo, para determinar así por análisis iodométrico la constitución del cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico,
el cual es transformado de esta manera en el clorohidrato del ácido
p. aminobenzóico muy soluble en agua. De su solución acuosa el ácido
p. aminobenzóico libre puede ser recuperado por medio de acetato
de sodio. Exponiendo el cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico a
la humedad del aire, éste lentamente se transforma en un polvo blan
co del P. F. más arriba de 300 C. Este producto calentado en estado
bruto con agua, se descompone por la presencia, aun de ácido cloro
hídrico, en ácido p. aminobenzóico. Pero lavado algunas veces con
agua fría para sacar todos los rastros ácidos, el producto puede ser
después recristalizado con agua, en la cual es poco soluble si es fría
o bien soluble si es caliente. Su contenido de N de 10,97 % es de
acuerdo con la fórmula Ci4H12N2O3 fórmula del ácido p. aminobenzoilp. aminobenzóico (fórmula III).

O.S.N —C6H^ —COCÍ

/
Sin embargo no pudieron preparar estos productos en forma pura,
efectuando su destilación a una presión no muy reducida, destilando
p. e. el derivado "para" a una presión de 27 mm. y una temperatura
de 147-150, lo que causó su descomposición violenta. Además afir
man Carré y Libermann que calentando los cloruros de los ácidos
tionilamino-benzóicos con agua habían recuperado solamente canti
dades insignificantes de los ácidos aminobenzóicos originales y que
se formarían como productos principales diamidas de la fórmula ge
neral Ci4rI10N2O2. Así obtuvieron en el caso del cloruro del ácido
m. tionilamino-benzóico un producto del P. F. de 225 C (la m. dia
mida), ya preparado anteriormente por Piutti (7), mezclado con un
producto de polimerización, y en el caso del cloruro del ácido p.tio
nilamino-benzóico un producto del P. F. de 325 C, también difícil
mente soluble y próxima a la composición de Ci4HioN202 que se
transformó solamente después de una saponificación alcalina, en el
ácido p. aminobenzóico.
Por el hecho de que las indicaciones de Carré y Libermann
estuvieron en contradicción con los resultados, que ya habríamos
obtenido con E. Abderhalden (3), en lo que se refiere a la prepara
ción de un derivado puro del ácido p. aminobenzóico, del P. F. de
31 C y también a su descomposición por agua y por la humedad
del aire, hemos reanudado nuestras propias investigaciones sobre este
tema y hemos dado ya sobre el particular una breve información
previa (8). Hemos pues preparado otra vez el cloruro del ácido
p. tionilamino-benzóico hirviendo 1 parte de ácido p. aminobenzóico
con 3 partes de cloruro de tionil, evaporando después el exceso 'le
cloruro de tionil a presión reducida y destilando después el producto
— 66 —

(III.)

H2N—/

\

\

O H

\.

— COOH
\.

La presencia de un grupo amino aromático libre en este producto
fue probada por diazotación y copulación con diversas substancias
aptas, originándose colorantes azoicos. Una diazotación cuantitativa
con una solución de NaN02 1/10 n. y papel de ioduro de potasio y
amidon probó la presencia de un grupo amino libre por dos restos
aminobenzóicos, de acuerdo con la fórmula indicada de un dipéptido
del ácido p. aminobenzóico. La presencia de un grupo carboxil libre
explica la solubilidad del producto en agua caliente.
No es difícil explicar los resultados de Carré y Libermann en
contradicción con nuestras investigaciones. Ellos encontraron diami
das, utilizando para sus experimentos no cloruros de los ácidos amino
benzóicos puros, pero sí los productos crudos de reacción entre los
ácidos aminobenzóicos y el cloruro de tionil. En estos productos de
reacción crudos hay probablemente contenidos aún otras substancias.
Por esta razón hemos tratado el residuo de la primera destilación del
producto de reacción entre el cloruro de tionil y el ácido p.amino
benzóico con agua y hemos encontrado en efecto un producto que
corresponde a los descriptos por Carré y Libermann, un diamida de
la fórmula C14H10N2O2 formado directamente por la acción del clo
ruro de tionil sobre el ácido p. aminobenzóico y no por decomposi
ción del cloruro del ácido p. tionilaminobenzóico con agua.
En 1937 R. Graf y W. Langer (9) han reanudado el estudio de
la acción del cloruro de tionil sobre los ácidos aminobenzóicos. Estos
investigadores, a los cuales escapó nuestra previa comunicación (8.)
67 —

�oianpojd ja sandsap opuBjpsap A Bppnpaj upisajd b Jiuop ap ojnjoja
3p osaaxa ja sandsap opuBjodBAa 'jiuop ap ojnjop ap sajJBd g uoa
oaipzuaqouiuiB • d oppB ap ajJBd \ opusiAJiq oaipzu^q-ouiuiBjtuop • d
oppB jap ojnjop ja zsa bjjo opsjBdajd sand soraajj •(g)BiAajd
uopBuuojuí 3Aajq Bun jBjnaijJBd ja ajqos vA op^p soinaq A bui^j
3)83 ajqos sauopBgrjsaAui SBidojd SBjjsanu opspnuBaj soraaq 'ajjB jap
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ap BpiuiBip nn 'uuBuuaqi^j A ?jjb[) jod sojdiaasap soj b apuodsauoa
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-ouimB-d opioB [^ ^ [iuoi; ap ojnjop p ajjua uopo^aj ap ojonpojd
jap uoiaBjijsap Bjaiuud [ ap onptsaa [a opBjBJj souiaq uozbj Bisa joj

— 99 —

— 19 —
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ap sojanpojd sojsa u^ 'Iiuon ap ojnaop [a A sooiozuoqüuiniB soppB
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-ituBip uojBjjuoaua so{j^ •sauopB^ijsaAui SBjjsanu uoo uopoipBjjuo^
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(III)

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'Bjnd buijoj U3 sojonpojd sojsa jBjBdajd uojaipnd ou oájBquia uig

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10 0^ — fH9D — N'S'O

"(III BInxnj9J) ODiozuaqouiuiB • d
-^toznaqomuiB • d oppo jap ejnuuoj SO5MZIH*ID Bi^uuoj bj uoa opjanas
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opBjsa ua opsiuajBa ojonpoJd ajsg -^ Ooog ^p eqiB sbui -^ "j jap os
-UBjq OAjod un ua buuo^subj) as ^jnauíBju^j ajsa 'aaiB jap pBpauínq bj
b oaiozuaq-omuiBjiuop * d opp^ jap ojruop ja opuaiuodx^ 'Oipos ap
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oppe pp ojBjpiqoaop ja ua BjauBtu Bisa ap opBUMOjsuBJi sa jBna p
'oaiozuaq-omuiBjraoii • d oppe jap ojnjoja jap uopmpsuoa bj oaiajaní
-opoi sisijBuB jod jsb jBuiuuajap BJBd 'opoi ap U9pn[o8 ap osasxa un ua
soppnpoaiui uojanj somiijn sojs^ ^Qg ap sajodBA X
opps asopuapnpojd auodmossap as 'BnSB uoa oianpojd
ja opuatAJij^ •^) oi ap -^ "^ ja OAanu ap UBjuai sopiuaiqo sojjiJBUie
sajB)sija s^j 'oOSI'Of't 3Jlua Ban^EJodinaj Bun A uoisajd ap *mui gl s

(II)

'(II IBJn^ Bjnuu^j bj sp)
soai^zusq-ouiuiBjiuoii soppB soj ap soJnjop ouioo uop^Baj ap sojanp
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so^i^zuaqouiuiB soppB soj ajqos [tuoij ap ojnjoja jap uopoB bj b oiaad
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bj b oapuspi uojs^aja anb 'uoisnj ap ojund o^jb ap A apqnjos oaod
un b is ojad 'ajqi[ oaijjuejiuB oppB jap ojnjoja \v ajsa uoa
ui8 'oaijjuBJiuB oppB jap ojnjoja jap ojBjpiqJop ja na uojbui
aj 'ooi[juBjjuB-jiuoij oppB pp ojnjop ja ajqos^
-ui sbj opuBnupuoo (^) i2js^ij3Q *j^ *2 A

H^
H003 — ZHD — HN — 0^ — HD — ZB3 —

, ^

�sobre el tema, hacen también la crítica de los trabajos de McMaster y
Ahmann y de Carré y Libermann y describen la preparación de los
cloruros puros de los ácidos tionilaminobenzóicos. En cambio con
respecto al tratamiento de estos productos con agua, no llegan a re
sultados bien definidos. No dicen si han solamente agitado o también
calentado con agua los productos. Indican que han obtenido junto
con los clorohidratos de los ácidos aminobenzóicos, productos casi
insolubles en solventes orgánicos, libres de azufre, conteniendo 10,5^
de nitrógeno en el caso del derivado del ácido antranílico y 11,3^
de N en el caso del derivado del ácido m. aminobenzóico. Este último
compuesto de un contenido de N de 11,3%, calentado bajo presión,
con ácido clorohídrico se convierte según Graf y Langer en ácido
m. aminobenzóico. Con respecto al cloruro del ácido p. tionilaminobenzóico Graf y Langer indican, que el producto conservado una
semana en un tubo cerrado dejó luego de ser tratado con éter, un
residuo insoluble en este solvente (probablemente no desecado).
De este residuo no indican ni la composición ni la constitución, como
tampoco indican la última para los derivados mencionados del ácido
antranílico y del ácido m. aminobenzóico de 10,5 % de N y de 11,3 %
de N respectivamente. Pero ya el análisis de los productos menciona
dos, efectuado por Graf y Langer da una indicación con respecto a
su constitución. El contenido en nitrógeno del derivado del ácido
antranílico de 10,5% y el del derivado del ácido m. aminobenzóico
de 11,3 % —del derivado del ácido p. aminobenzóico Graf y Langer
no efectuaron un análisis— se acerca bastante a un porcentaje de
10.94 %, valor teórico para los ácidos aminobenzoil-aminobenzóicos.
El valor en nitrógeno de una diamida, que tiene una molécula de agua
menos, sería de 11,90 %. Por lo tanto es muy probable que también
Graf y Langer ya tenían ácidos aminobenzoil-aminobenzóicos a mano
sin reconocerlos.
El ácido o. aminobenzoil-o. aminobenzóico ya es mencionado en
la literatura (10), preparado por la acción del cloruro del ácido
o. nitrobenzóico sobre el ácido antranílico y reducción posterior, pro
bablemente idéntico con el producto obtenido por Graf y Langer de
un contenido en N de 10,5 %. Además es descrito en la literatura el

un grupo sulfo (SO3H) sea necesaria y se caracterizan por tener
cierta afinidad con la fibra vegetal del algodón, por contener grupos
—CO—NH—(13). Estos grupos reaccionan por su polaridad, como
ya hemos explicado en otro lugar (14) con los grupos polarizados
de la celulosa, entre los cuales se encuentran probablemente grupos
oxonio. Anteriormente los ácidos aminobenzoil-aminobenzóicos fueron
solamente utilizados luego de su diazotación para la copulación con
derivados de la pirazolona y obtención de colorantes ácidos para lana,
cuya solidez podía ser aumentada por el tratamiento con sales de
cromo (15). Por diazotación del ácido p. aminobenzoil-p. aminoben
zóico (como derivado del ácido p. aminobenzóico, que tiene funciones
de vitamina) y copulación con algunas proteínas fueron preparados
recientemente diversos colorantes por P. Karrer y R. Schwyzer (16)
para sus investigaciones biológicas. En todo caso, derivados del ácido
p. aminobenzóico con el grupo —CO—NH— repetido y grupos carboxílicos libres, tienen cierto valor quimio-terapéutico (17). Refirién
donos al trabajo mencionado de R. Kuhn y sus colaboradores (12),
estos investigadores tuvieron el propósito de investigar la eventual
acción bacteriostática del ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico
como substituto de la sulfanilamida según el conceptp hoy frecuente
mente admitido, que se debe substituir en un sistema metabólico el
ácido p. aminobenzóico por una substancia de alguna analogía con él,
para impedir el sistema en su acción. Sulfanilamida y también el
ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico serían substancias algo análo
gas al ácido p. aminobenzóico. El ácido p. aminobenzoil-p. aminoben
zóico no demostró naturalmente ninguna actividad bacteriostáticaj,
como se había esperado según la argumentación algo superficial
mencionada.,
: ?
Según nuestra opinión, como ya la hemos expresado algunas
veces (18), en el antagonismo entre el ácido p.aminobenzóico-y la
sulfanilamida se trata de una reacción electrónica por resonancia
entre los dos compuestos, reacción bastante bien definida, que impide
al ácido p. aminobenzóico de ejercer sus funciones metabólicas nor
males en procesos de óxido-reducción.•
El cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico sirve para la intro

ácido m.aminobenzoil-m.aminobenzóico (11). Además fue preparado

ducción del resto p. aminobenzoil en una sola operación, como en el

en estos últimos años por R. Kuhn, E. F. Moller, G. Wernit y H. Beinert (12) el éter metílico del ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico.
Hicieron actuar el cloruro del ácido p.nitrobenzóico sobre el éter

caso de la preparación de la p.aminobenzoil-leucilglicina (3), mien
tras la introducción de este resto se hizo antes por reacción con el
cloruro del ácido p. nitrobenzóico y reducción posterior.

metílico del ácido p. aminobenzóico y efectuaron una reducción con
el producto obtenido. Del éter metílico obtenido han también prepa
rado el ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico.
Nosotros hemos utilizado el grupo amino aromático libre del
ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzóico para preparar, como ya hemos
mencionado, diferentes colorantes azoicos, por diazotación y copula
ción con diversos componentes como el alfa y el beta naftol y otros.
Estos colorantes, por medio de sus grupos COOH son solubles en
soluciones acuosas ligeramente alcalinas, sin que la introducción de

El cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico es una substancia
coloreada en amarillo. Este color se explica teniendo en cuenta las
diferentes disposiciones electrónicas posibles en el sistema de reso
nancia (IV) de este compuesto. La transición de las disposiciones
electrónicas de nivel energético más bajo (especialmente de la dispo
sición IV a) a disposiciones de nivel energético más elevado, caracte
rizadas por la separación de las cargas eléctricas, es acompañada de
una absorción de radiaciones de cierta frecuencia, lo que motiva el
color amarillo del compuesto.-•

— 68 —

— 69 —

�ap nopanpojHii B^ anb uis 'sBui^s^p^ s^uaiuBjaSij 8bsoh3B sanopn^os
na 63[qrqos nos HOOD s&lt;&gt;dnj^ sns ap oipam jod 'sa^uBJopD^ o^s^
*soj}o Á ^ojjbu B^aq p A bjjb p omoa sainanoduio^ sosjaAip UO3 nop
-B[ndo3 Á UOpBJOZBtp JOd '8O3IOZB 83JUBJOpD3 83^U3J3Jip 'OpBUOpuaiU
soniaq vi ouios ^jBJBdajd BJBd oaioznaqomuiB - d-^iozuaqouiuiB • d oppB
pp a-iqi[ osuBluoJB ouuub odruá p opBzijpn souiaq sojjoso^

•.•ojs^ndmoo pp o[[ubuib
p baijoui anb o[ 'Bpuanaajj Bjjap ap sauopBipsj ap uopjosqB Bun
^p epeuedmo^e sa 'sBaujaap sbSibo sb[ ap uopsjBdas B[ jod repezu
-a^oBjBo 'opBAap sBtn o^ijaSjana pAiu ap sauopisodsip b (b ^j uppis
-odsip B[ ap a^uanipp^dsa) ofsq sem oaiia^jaua pAiu ap SBsinoJiaap
sauopisodsip sb[ ap uopisusj) b^j •ojsandmoa ajsa ap (^i) puBU
-osaj ap Braajsxg p na sa^qísod SBaiuojiaap sauopisodsip sa^uajajip
bb[ Bjuana na opuaiua; Bat[dxa as jo[oa ajs^ •o[[ijbuib na BpBaao[o3
BpnBjsqns Ban sa ooiozuaq-omuie^iuoi; • d opps pp ojmop [^

— 89 —

— 69 —

•Joijajsod uoponpaj X ooiozuaqojjiu • d oppB pp ojnjop
p uoa uoiDOBSj jod sajuB oziq as o^saj ajsa ap uopanpojun B[ sbjj
-uaiui '(g) Eupijjpn3[-[iozuaqouiaiB • d B[ ap uopBJBdaad B[ ap osbd
p ua" otuoD 'nopBjado B[os Bun ua [lozuaqoutuiB • d ojsaj pp nop^np
-ojjui B| BJBd 9ajts ooiozuaq-ouiiuB^iuoij • d oppB pp oaiuop j^
•noponpaj-opix^ ap sosa^ojd na sajBm
'ion SBOi^oqB^ain sauopunj sns Jta^jafa ap ooiozusqouiuiB • d oppB {B
apidmi anb- 'sprarpp u^iq ajUBjSBq uopoBaj 'soisandmoa sop eo[ ajina
BpuBuosaj ^od B3iuox}aap uoi33B3j Bun ap b^bj^ as pf
b[ Á osiozuaqouiuiB• d oppB p. aima omsmo^eiuB p na '(81)
9BunS[B op^sajdxa souioq b[ uá ouioo 'uoiuido Bj^sanu uniag
^ •• i • •
•"EpEnopuara
jBptjjsdns oS[b nppBjusuinSjB v\ nn^as opBjadsa Bjqi{ as oino
"E0i;Bj8oiJ3i3Bq pBpiAi)3B Bun^uiu ajusuqBjn^Bn oj^soniap on o^ioz
-u^qouiiuB • d-[iozu3qounuB • d oppe [^ "o^i^zuaqouiuiB • d opps je sb^
-o[bub o^^ SBpuBjsqns uBuas oaiozuaqouiuiB • d-[iozuaqouiuiB • d oppe
p u^iquiBj jÍ BpmiBjiuBjjng -u9p3B ns na btos^sis p jipsdun BiBd
'ja uoa Bi^o[BUB Buná^B ap BpuBisqns B.un jod o^^^zuaqouuuB • d oppB
p O3i[oqBj3ui BUI3J8I8 un na Jin^usqns aqap as anb 'oppmipB ajuoni
j Áoq ojds^uoo p un^as BpiuiB[iuBj[n B[ ap ojtu^sqns ouioa
• d-jiozusqouuuB • d opp^ pp B3i;Bjsouaj3Bq npioov
pb^ jbSiíssaut 3p o^isodojd p nojaiAni sajope^iisaAní sojsa
'(Si) 8aJopBaoqB^oa sns Á nqn^; *^ ap opBnopnara ofBqsjj ^b souop
-nautja|j *(¿x) oDijnadBiaí-oiniinb jo[ba ojjap usuau 'sajqi^ so^ijix
-oqJBa sodn^S Á. oppadaj —jj\[—Q^)— odnjS p uo ooiozuaqouiuiB • d
opps pp sopBAiJap 'O8B3 opoi u^j 'SBai^p^oiq 8auopBij83Aui sns BJBd
(9X) J3z^Mqog -^j ^ J8jjb"^j '^ aod 80}ubjojo3 sosjaAip aiuama^napaj
sopBJBdaad nojanj SBuiajo^d 8Bun3[B nos u^pBjndos Á (buiuibjia ap
sanopnnj auai) anb 'o^ioznaqonimB • d opp^ pp opBAijap ouios) o^ioz
-uaqoniuiB • d-^iozuaqouiuiB • d oppB pp nopeiozBip joj -(^];)onioj^
ap 83JB8 noa ojuaiuiBjBj^ p jod BpB^naranB jas Bipod zapi^os
'BOB^ BJBd SOppB 88JUBJOpD3 ap UOpUBjqO Á BUOpDZBJld B[ app
uos uopBjndo^ v\ BJBd uopBjozBip ns ap oáan[ sopBZTjpn 3ju3inBp38
uoJanj so3iozuaqoniuiB-[iozuaqouiniB soppB so[ sjuauíjoiaajuy 'oiuoxo
sodnj^ ainama^qBqojd ubj;u3113U3 as sapna sof ajiua 'Bsopips B[ ap
sopBziJBjod sodnj^ eo\ noa (^\) jb3ii[ ojio ua opB3i[dxa souiaq bá
oiuod 'pBpijB^od ns jod u^uopoBaJ sodnjá sojs^ ' (\) —HM—03—
sodn^S jauainoa jod 'nopo^p pp ^BjaSsA Bjqij b¡ nos pepmijB B^jsp
J3U3J JOd UBZIJ3J3BJB3 38 Á BUBS333U B09 (JJÍ:QS) OJ^nS odnj^ Ull

•o^iozuoqouiuiB • d-jiozuaqouiuiB • d oppB p opBj
•BdaJd uaiqinB^ u^q opiusjqo o^ijuain ia^f pq -opiusjqo oianpojd p
no^ nop^npaj Bun uoJBniaaja Á o^iozusqouiuiB • d opps pp oai[ijaui
J3ja p ajqos oaioznaqojnu • d oppB pp ojnjop p jBn^aB
•o^i^zuaqouiuiB • d-[ioznaqouiuiB • d oppB jap oaifjiaui Jaia p
-pg #jj A jinja^ *-^) '^aip3J^[ "^[ *g 'uqn^; "^ Jod sohb somp^n soisa na
opBJBdajd anj SBmapy '(n) ODipziiaqouiuiB• ra-[ioznoqouiuiB• m oppB
p Bjnjejajij B^ na onjasap sa SBinapy -c^^ g'o^; ap ^ ua opiuaino mi
ap jsSub^j A jBJf) Jod opinaiqo o^^npojd p noa o^puapi ajuamajqBq
-ojd 'JoiJa^sod u^ponpaj A O3i^iubjjub oppB p aaqos o^i^zuaqojjín • o
opps [ap ojnjop pp nopsB b^ jod opBJBdajd '(Oí) BjnjBJaii[ bj
ua opBnopuaui sa vA oaipzuaqoniniB • o-ijozuaqouiuiB • o oppB ^^
'so^jaaouo^aj uis
oubui b so3iozu3qouiuiB-[TOZuaqoniniB soppB UBiuai vA l^^uvj A JBj^
uaiquiBi anb 3[([Bqo.id jínuí sa ojub^ o^ joj 'o¿ oó'TT aP J-ias 'souaui
Bn^B ap B[ii33[oni eun anai) anb 'epimsip Bun ap oua^ojjín na jojba \^
*so3iozuaqoniuiB-[TOzuaqouiuiB soppB so[ BJBd oaijoai jojba ío/j ^^'o^
ap 3fB}U33Jod un b ajuBjssq B3J33B as —sisi[eub un uojBnjsaja ou
jaSuBq A jbj^ oo^^zuaqouiniB • d opps pp opBAiJap pp— o^ &lt;¿\\ ap
ooipzuaqouiuiB • ni oppit [ap opBAiJap pp pí ^ 5'ox P ooi[ihbjíub
oppB [ap opBAuap [ap ouaS^xjiu na opiuaiuoa ^g 'uopnnisuoa ns
b ojoadsaj uoa uopBoipni Bun Bp jaSuB^ A jbj^ jod opBnpap 'sop
-Buopnam so^anpojd so[ ap stsi^bub [a tbA oi9¿ 'ainaniBAp^adsaj ^ ap
% S'lT 3P -^ M aP % S'Ol aP o^^^naqoniuiB • m oppB [ap A oai[iuBjjuB
oppB [ap sopBuopuam sopBAijap so[ BJBd Btnp^n B[ uBaipui oaodmei
oino^ 'u^pnj^suos B[ iu uopisoduioa bj tu UBaipui ou onpisaj ajsa aQ
'(opsaasap ou sjusuis^qBqojd) a^naA[os a^sa ua a[qn[osuT onpisaj
un 'J3J3 uoa opBjBj^ Jas ap oSan^ o(^p opsjjaa oqn^ un na nem^s
Bun opBAjasuoa ojanpojd [a anb 'uBDiput JLaSuvj A jbj^ ooi^zuaq
-ouiraBjiuoij " d oppB [ap ojnjop [b o^aadsaj ^03 -o^iozuaqouiuiB • ut
oppB ua jaSuBq A jbj-^) un^as ajj^iAuo^ as oaijpjqojop oppB uod
'uoisajd oÍBq opBjuajBs '&lt;^'[X ap \[ ap opiua^uoa un ap ojssnduio^
ouip[n isg •o^iozuaqontuiB • m opps [ap opBAuap [ap ossa p ua ^^ ap
&lt;^g'XX A O3i[ruBj)UB oppB [ap opBAijap [ap osbs p na oua^oajiu ap
^S'OI Pu3iu3juo3 'ajjnzB ap sajqi[ 'soaiuBáao ssjusajos u^ sajqti^osui
isb3 sojanpojd 'soai^zuaqomniB sopps so[ ap sojBjpiqojop so[ uoa
ojunf opiuajqo u^q anb UBaipu^ 'so^anpojd so[ BnáB uoa opsjuajBO
uaiquiBj o opBjiSB 3juaniBp38 usq is uaaip o^¿ 'sopiurpp uaiq sopB^jns
-aj b n^a[[ ou 'btíSb noa soj^npojd sojsa ap ojuaiuiBjBjj [b oj^adsaj
uoa oiquiBa n^ •soaiozu^qouiniBjiuou soppB so[ ap sojnd sojnjop
so[ ap uopBjBdajd B[ uaqijasap A nuBnuaqi'j A ajjB^ ap A uuBraqy
A J3jsbj^[3J\[ ap sofBqBJj so[ ap Bapjja B[ uaiquiB; uaaBq 'Biuaj p ajqos

�0

nivel energético, y la transición de la disposición con nivel energético
más bajo a una con nivel energético más elevado provocará una ab

(IV.)

o
a)

O

S—N—Ar—COCÍ

sorción de radiaciones y así el color de las substancias en cuestión.
Según las indicaciones de Schenk las substancias polimerizadas son
en efecto coloreadas.

S—N = Ar = C—O Cl
••
+II

\I

VII a

Vía
b)

O = S = N—Ar—CO Cl

= S = N—Ar—C—O Cl
•
II

I1
b2)

O = S—N = Ar = C—O Cl

b3)

_ +

..

+

I

• _ + +-

O—S = N—Ar—CO Cl

0

0
— NH

O = S = N = Ar = C—O Cl

!Il
c)

O

1

1

HN

—+S:

O_S = N = Ar = C—O Cl

'En la agrupación O S N— podemos ver un grupo cromóforo.
Encontramos este grupo también en las tionilimidag de la fórmu
la OSNH, preparadas por P. W. Schenk (19), por la acción del
cloruro de tionil sobre el amoníaco según la ecuación:

1

II

0

0

Vllb

s+ .. .

..

s

VIII b

..

HN/++\NH

Las tionilimidas existen en una forma monómera, no coloreada
(fundiéndose a una temperatura de —85 C para dar un líquido sin
color). Esta forma debe corresponder a la disposición Va del sistema
de resonancia de la tionilamida, disposición de bajo nivel energético
y por esta razón relativamente estable.
A una temperatura de —60 hay probablemente transición a las
disposiciones electrónicas de nivel energético más alto, con cargas
eléctricas separadas, y mucho menos estables (Vb, Ye, Yd). Esta
inestabilidad provoca una polimerización, la cual se puede efectuar
en forma cíclica o en forma de cadena. Esta polimerización fue obser
vada en efecto por Schenk.

0—S: .. :S—0

o=s+ .. +s=o

+ \N/+

+\N/+

H

H

Va
.O.
:S .. N..H

Vb

Ve

— +
:0..S::N..H

.. + —
O::S..N..H

1

HN

HN/..\NH

|

VIc

HN—S:+ 0

+S + = +NH
i

1

SO Cl2 + 3N H3 ^&gt; OSNH + 2N H4 Cl

'i ? -

1

NH Z

+S+—
i
1
HN —+ S+
II

VIb

..

0

—

IIII

0

II

Villa

S
HN/++\NH

|

— |l+

1 4-

1

HN—S: +

-

H

VIIc

1 il
HN-+S

^l

0—S+ + +S—0

VIIIc

0
II

II

HN— +S

Z

l

? -

HN=+S

0

HN=+S

Vd

O::S::N..H

En los productos de polimerización hay también separación de
las cargas eléctricas, sin que sea posible una forma no polarizada.
Esta separación de cargas puede efectuarse de tres modos: correspon

Recordamos en esta ocasión que el primer compuesto preparado
de la familia de las tionilamidas, a la cual pertenece también el clo
ruro del ácido p. tionilamino-benzóico fue la tionilanilina (fórmula IX)
descrita por A. Michaelis (20).

(IX.)

OSN —

diendo a las fórmulas Vía, Vlla y Villa; VIb, Vllb, VIHb y VIc,
VII c, VIII c. Estas tres disposiciones electrónicas VI, VII, VIII,
posibles para cada grado de polimerización se distinguirán por su

Con respecto a la formación del ácido p. aminobenzoil-p. aminobenzoico por autocondensación del cloruro del ácido p. tionilamino-

— 70 —

— 71 —

�-oniniB^iuoij • d oppB pp omiop pp nop^auapnoaoins Jod ósiozuaq
-oaimB • d-jiozn^qouiniB • d opps pp uopBuuoj [ e ojoads^j 00^

— OL —
ns jod nBain^uijsip as noioBztianir[od ap opsj^ Bp^o BJBd
'Ijj^ '11 ^ 'IA ^saraojjaap sanopisodsip aaj^ 86)9^ *IIIA 'DIIA

'IA ^ qiIIA 'qiIA 'qiA SbIIIA a HA 'bIA 8innu9J 8! • PnaÍP
— NSO

-nodsajJoo :sopoin s^jj ap asjeni^aja apand sbSjbo ap nopBJBdas bjs^j
•cpBziJBfod on bhuoj Bnn ajqísod Bas anb ms 'SBDijjaap sb3jb3 sbj
ap o^iDBJBdas naiquiB) ^sq uopBzrjnii[od ap soionpoíd 9o¡ u^

'(OS) 8H3BIPÍH 'Yp
(XI Blnnu?j) ^ni[iuB^xnoii bj anj ODioznaq-ouirae^iuou • d oppe pp ama
-op p ñaiquis^ aaana^jad \mo bj b 'SBpiinBjinoji sbj ap bijiihbj bj ap
dd ojs^ndmoD i^mud p anb uoisboo Bjsa na

H •M::S::O
"•++••

PA
S+=MH

I
O
.."

+|

+

S+ = MH
¿ •!

S+ —NH

II
O

aIIIA

+|
••
S+-NH

aIIA

+ :S—MH
•I
|
••
O +:S —MH

aIA

= S+ " ^S =

o—s+ + +s—o

+/ M\ +

H
+//bí\ +

H

I

I

HN\++/NH

H
o—s:

• :s—o

HMV/MH
•• +s

== u
qniA

HM

H'M "S::O

H"M::S "

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•o'

A

•5[naqog Jod oioaja na BpBA
-aasqo anj nop^ZTiami^od b^s^ -snaps^ ap bumoj na o BDipp bhmoj na
apand as ^na b^ 'u^pBzia^niijod boti B^^AOid pBpi[iqBj89ni
*(PA ''A 'qA) 83iq^ls^ sonara oqonoi jÍ 'SBpBJBdas SBaiJjoap
sbSjbs uoo 'oi^ 8Bm oai^aSjana pAtn ap tresinoxisap sanopieodeip
sb[ b u^pienBJj a^namaiqBqojd ^Bq oq9— ap BjnjBjadraaj Bnn y
•ajqBjs^ a^naniBApepj nozBi Bisa jod A
oapa^^ana pAiu ofsq ap nopieodsip 'BpiraB{iuo;j v\ ap spnBnosaj ap
Btnajsts pp ba nopisodsip b^ b japnodsaxio^ aqap Bnuoj Bjsg '(jojoa
ais opinb^ nn JBp BJtsd [) o^g— ap BjnjBJadinaj Bnn b asopnaipnnj)
on 'Biamonotn buijoj Bnn na najsixa SBpiunjinoij

ID O—D = JV = M = S—O

-+s=

D O O—*Y—M = S-^

id o—d = jv=m= : = o (sq

0

I1

10 o—o = -

= m—s = o (^q

+

II

—

SH M 8 + ^ID O S

•ojojoinoja odnjS nn i^a somapod —\[ g q uopBdnjB

0
— MH

1

1

HM —+s+
II

13 ^H ÜZ + HMSO

^ tmS^s oaBjnonni p ajqos Jinoi} ap ojnjop
pp ñopos bj jod '(61) ^praips 'J^ '¿ Jod SBpejedajd 'HMSO BI
•nnu^j bi ap espimninoii ^bj na naiqtuBj odoiS aisa

qiA

0

1

+ ShK~ MH
^

••

A

qiiA

0

II¡1

+S+= MH
11
1!
IM+ =+S+

1

0

0

I—I
id o—d—xv—m = s = o (xq

IIIA

(q

10 00—
•• ++

BIIA

na
nos SBpBzijaun^od SBiDUBjsqns sb^ ^fnaqog ap sauoioBoipui sb^
•nopsan^ aa SBpiiBisqns sb[ ap jojo^ p isb A sanopsipBj ap nopjos
-qB Bnn BJBOoAoad opBAap SBtn o^paSjana pAiu uod boti b oÍBq SBín
O3i)a^jana pAin noo noioisod^ip b^ ap nojoisuBJtj b¡ A (oaiiaSjana pAin

i1
10 0—0 =

10 O O—- V—M—S

—S

0

o

('AI)

�benzoico indicamos, para su demostración, el esquema X, según el cual
2 moléculas del cloruro reaccionan con 5 moléculas dé agua. •
- •

HO
(X.)

HO
H

O S
Cl

H

HO

H

N Ar C O

Cl

O C Ar N

0,256 g. de substancia finamente polverizada fueron tratados con
50 g. de una mezcla de agua y hielo y 1 cm. de HC1 conc. Luezo se
agregó gota por gota bajo del nivel del líquido una solución de NaNO2
1/10 n., hasta que un papel de KJ-amidon se coloreó en azul.
0,256 g. de substancia gastarían 10 cm. de NaNO2 1/10 n. (1 mol
de substancia equivalente a 1 mol de NaNO2), encontrado 10,3 cm.

O

H OH
H OH
La autocondensación del cloruro del ácido p. tionilamino-benzóico
por la humedad del aire nos recuerda la formación de análogos de
proteínas con cadenas peptídicas muy extensas, descrita por R. B.
Woodward y C. H. Schramm (21). Estos investigadores emplearon
anhídridos de N-carboxilo - alfa - amino - ácidos (fórmula XI) como
centros activos, capaces de una

O . C—C . H(R)—N . H—C . O
auto-propagación^ tomando agua como reactivo iniciador.
En esta relación la acción del cloruro de tionil sobre alfa amino
ácidos sería bastante interesante.

NOTA EXPERIMENTAL ANALÍTICA
Análisis iodométrico del cloruro del ácido p. tionilamino-benzoico
"

Investigación cuantitativa del grupo amino libre

Fórmula C7H4O2N S Cl peso molecular 201.

0,201 g. de substancia fueron hervidos con agua y los vapores de
SO2 introducidos en una solución de iodo 1/10 n. Un mol de SO2 gasta
2 moles de J. 0,201 g. de substancia deberían pues gastar:

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Chem. and Engin. News, 1947 (jane 30), p. 1888.

,:teóricamente 20 cm. de solución de J 1/10 n.
,han gastado 20,4 " "
"
" " 1/10 "
Análisis cuantitativo del ácido p.aminobenzoil-p.áminobenzóico
Microanálisis del N.
5,655 mg. de substancia han dado 0,541 cm. N (758 mm., 24 C)
calculado para CuH12O3N2 (peso molecular 256) 10:94 % N.
. encontrado
10.97 % N.

— 72 —

— 73

�— L—

— ZL —

'SL%L6'0l
'H % ^60l (9S^ ^Bpiaaioni osad)
Oot^ '#unn8S¿) N m0 T^S'O PBP
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'uOt/l f aP noianios ap ^rao
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HO H
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                  <text>Facultad de Humanidades y Ciencias</text>
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                <text>Sobre el cloruro del ácido p. tionilaminobenzóico y su autocondensación . </text>
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                <text>Trabajo presentado al IV Congreso Latino-americano de química. Santiago de Chile, Marzo de 1948).</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1948, Año II, Nº 3 : p. 65-73</text>
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                    <text>[j sauopisodsip sb[ ojubj o^ jo^ 'J[[B asjBziTiqBjsa A ajqísod bjS
-jsua efeq sbui B[ JumbpB BjsBq 'sojuaiuiiAoin sns UBjsnfB sauoJiaap
so[ 'boisji bj ap [Binamcpunj oidiouud nn b opuoipuods^j 'Bjoqy
•sa{qei8a sera ^y A ^y s^uoiaisodsip bb[ ^nb 'Bpneuosgj ap biu^jsis p na
jouaiu opBj^ nn ua a^nqi^juoa so^buijou souoioipuoo na ojubj oj jod
+.. +
h—sl = 3—a (zv) a—m—^—a (v) a—n—3—a (XV)

II- I II II

H O^H

H O

A a^qBjsaui sbui bj sa y n9pisodsip Bjs^ -ajuBuiraop^jd [ sa
y U9;oisod8ip bj '8Btn soj uajínqiajuo^ ^y A xy 'y SB^in^Ji^a^ sauoi^
-.eodsip 8b^ p^ño p ua '—jj^^—q^— odruS pp BpnBnosaj ap Butajsis
p na is 'pBpi[i3Bj 8Bin uoo asjsniaaja apand b^Sb ap uoioipB vj

H HO+H HO

+11'..
a—j^h + H00^—a

a—w—o —a

IO^H

a—m—d—a

••

+

a—n—o—a

h oh oh o

Oí)
•(•j Bmanbsa) oSan[ Bjqopeap as anb 'a^qeisaní iínin uoioipB ap o^anp'
-oíd nn b opnapnpnoa ajuaina^qBqoJd apaaaine BtiSB ap nopipB vj
•ojoaj^ omsiui p ñauar} 'sojijpiqxo ajuain^Bpadsa A souaSoipiq sanoi
na sbj[b ^juainBAijBpj sauopBJinaauoa sand 'sip^^B A sopioy -biiSb
ap nopipB noa sopudadijod A SBuiojojd ap —jj^—q^— sodruS ap
noispea bj; na ajsisuoo so3i}j[oa^ojd soiuauuaj so[ ap noioov b^j

0UD01J9WD-OU11WJ ossjSuo^ 'j^¡ ^o opojuasajd ot

SOJU9UIJ9J
uoioob is\ ^p Boraoajo^p
ZS31V O1M3OI13

�Ai y A2 serán de un nivel energético más bajo que la disposición elec
trónica A inestable, la cual además debe tener un nivel energético
más elevado, por ser ello necesario para la separación de las cargas
eléctricas. Evidentemente en la disposición electrónica A2 hay también
una separación de cargas, pero una estructura "amonio" (según A2)
con su octeto electrónico completo es ciertamente mucho más estable
y por ello de nivel energético más bajo que una estructura "carbonio"
(según A) con su octeto electrónico incompleto, y una fisura elec
trónica. Siendo la disposición electrónica inestable A la más favore
cida con respecto a la adición de agua, la transición de las disposi
ciones A^ y A2 en A debe ser el primer paso en la hidrólisis y es
provocado por fuertes concentraciones de iones H y OH con sus cargas
eléctricas respectivas. La incorporación de agua a la molécula (otra
vez de iones H y OH) ya es el segundo paso.
Por llegar con fermentos proteolíticos al mismo resultado, pode
mos admitir que éstos tienen una acción inductiva análoga a la de
los iones H y OH. Para ejercer este efecto, los fermentos deben tam
bién tener cargas eléctricas, es decir, deben ser altamente polarizados.
Los iones H y OH, por su gran movilidad y pequeño volumen, pueden
fácilmente llegar a los lugares, donde les es posible actuar; mientras
los fermentos, que tienen probablemente un peso molecular enorme,
deben primeramente ser fijados al substrato, a fin de tomar una
posición, en la cual pueden actuar con sus fuerzas polares, sin encon
trar obstáculos. Muchos fermentos se fijan de esta manera a los ex
tremos básicos (grupos amino libres), otros a los extremos ácidos
(grupos carboxilos), de una cadena proteínica o polipeptídica. Una
vez fijados dirigirán la puntería de sus fuerzas polares, probable
mente enormes, sobre los grupos —CO—NH—, cuya disposición
electrónica es transformada de esta manera.
Podríamos comparar la acción de un fermento sobre su substrato
con la acción de un colorante sobre la fibra, p. e.: la acción de los
colorantes ácidos o básicos sobre lana y seda natural, o la acción de
los colorantes "substantivos" o de "cuba" sobre el algodón; sirviendo
en la tintura las fuerzas polares solamente para la fijación mutua de

fundamental, o grupos básicos tampoco utilizados en la formación de
la cadena, p. e.: el núcleo imidazólico (histidina) o pirrólico (prolina).
La distancia entre el punto de fijación del fermento y el grupo
a desdoblar es de suma importancia. Por esta razón la posición siem
pre en alfa de los grupos —CO—NH— con respecto a los grupos amino
y carboxil, a los cuales las exopeptidasas se fijan, es muy significativa
para la acción y probablemente también para la estructura misma
de los mencionados fermentos. Por lo tanto podemos llegar a la con
clusión, que las exopeptidasas tienen grupos polares activos también
en posición alfa con respecto al grupo por el cual se ligan a los grupos
amino o carboxil del substrato.
La erepsina p. e.: para hidrolizar la leucilglicina (fórmula II)
se fijará primero al grupo amino libre del resto leucil, y cuando
E. Abderhalden y E. Riesz (2) introdujeron en este grupo el resto
p.aminobenzoil, el fermento no pudo más hidrolizar la N—p.aminobenzoil-leucil-glicina (fórmula III), siendo la distancia entre el grupo
amino libre y el más próximo grupo —CO—NH— (igual al diámetro
de un núcleo bencénico) mayor que la distancia entre dos carbonos
en posición alfa.

(II.)
(CH3)2.CH.CH;¡.CH.CO—NH.CH2.COOH

NH2

(III)
(CH3) 2. CH. CH2. CH. CO—NH. CH2. COOH
NH.CO—C6H4—NH2
De otro lado la tripsina hidrolizó sin dificultad la N. p.aminobenzoil-leucil-glicina por no haber sido modificada la distancia entre
el grupo COOH libre y el grupo —CO—NH— que liga el resto leucil
a la glicina. Comprendemos también así la especifidad de muchos
fermentos; basta que un grupo cualquiera se interponga espacialmente
en el campo de las fuerzas polares, entre fermento y substrato, que

colorantes y fibras (1).
Los fermentos que se fijan a los grupos amino libres en un extre
mo de una cadena, las llamadas aminopeptidasas, p. e.: la erepsina,
hidrolizan por etapas siempre al grupo —CO—NH— más próximo
de su punto de fijación. El mismo efecto lo producen los fermentos,
que se fijan a los grupos COOH libres, las llamadas carboxipeptidasas,
p. e.: la tripsina. Cuando un grupo —CO—NH—- se hidroliza, un
nuevo grupo NH2 o COOH respectivamente se libera, fijándose de
nuevo el fermento a estos grupo3 para reiniciar su acción desdoblante.
Erepsina y Tripsina son "Exopeptidasas", pero existen también "Endopeptidasas", que pueden hidrolizar una cadena proteínica o poli
peptídica por el centro. Como puntos de fijación podrían figurar
eventualmente en este caso grupos COOH de ácidos dibásicos como
del ácido glutamínico, no utilizados en la formación de la cadena

ya el fermento es incapacitado para actuar.
E. Abderhalden y sus colaboradores hicieron además la observa
ción, de que la introducción de diferentes restos en los grupos amino
libres de polipéptidos puede acelerar o retardar su hidrólisis por
medio de soda cáustica diluida (3). Los investigadores citados estu
diaban este fenómeno, según el cual iguales concentraciones de iones
oxhidrilos en un mismo espacio de tiempo actuarían de distinta
manera sobre polipéptidos, sólo diferentes por la substitución en el
grupo amino; comparando Abderhalden los derivados peptídicos
preparados con modelos para el estudio de la acción de los fermentos,
los cuales se adherirían también a grupos amino libres de polipéptidos.
Según nuestra opinión los restos introducidos influirán sobre

— 76 —

— 77 —

�— II —
ajqos uBjmjjuí soppnpojjut sojsaj soj uoiuido BJisanu unSag
•sopndadijod ap sajqij ouimB sodnjS b uaiquiB} UBjjpaqpB 38 sajBnD soi
'sojuamjaj soj ap uopoo bj ap oipmsa ja BJBd sojapoiu uoo sopBJBdajd
Booipijdad sopBAuap so^ uapjBUjapqy opuBJBdmoo íouiuib odtuS
ja ua uopnjtjsqns bj jod sa^uaJajip ojos 'sopijdadijod ajqos BjauBiu
BjuTjsip ap uBiaenioB odmap ap opsdsa oumm un ua sojijpiqxo
sanen ap sauopBJíuaouoo saj^nSí j^na ja unSas 'ouauíouaj ajsa usqeip
-njsa sopBip sajopBSijsaAui so^ •(g)Bpjnjip BaiisnBO Bpos ap oipam
jod smjojpitj na jspjsiaJ o JBjajaos apand sopndadijod ap sajqij
ouioib sodnj^ soj ua soisaj sajuajajip ap uopanpojjuí bj anb ap '^910
.BAJasqo bj SBiuapB uojapiq sajopBJoqBjoa sns A uapjBqjapqy '^
•jBn^oB Bj^d opBjpBdBOui sa ojuauuaj p ba"
anb 'oiBj^sqns A oinamia} aaiua 'sajB[od BBZJtanj sb[ ap odras^ p na
ajuarap3pBd8a BSuodaa^uj as B^ainb^no odnjS un anb BjsBq ísojuanuaj
soq^nni ap pspijpadsa v\ isb uaiquiBj somapuajduio^ •Bupt^S v\ b
^pnat ojsaa p vii\ anb —HM^03— odni^ p A ajqn H003 odnjS Ia
a'-i)ua BtauBjsip v\ BpBotjipoin opis Jaq^q ou Jod BupijS-jpnaj-jiozuaq
-ouiuiB-d *i[^ b^ pB^[noijip uis ozi^ojpiq Buisdiij B[ opB^ ojio aQ
—^H90—ODHW

HOOD^HDHM—

(III)

CU)
•bj^b uppisod ua

— 9¿ —
ap uopBuuoj bj u^ sopBziftjn ou 'ooiujuiBjnjS opps ¡ap
ouiod soaisBqip soppB ap H003 8dnjS osbd ajsa ua aiuamp^njuaAa
JBjnSij UBjjpod uoioefij ap sojund onio[) *oj)ua^ [a Jod coipudad
-tjod o B^iupjojd suap^a Bun JBzijojpiq aapand anb 'tt8B8Bpijdadop
-ug,, uaiquiBj uajsixa oaad 'K8B8Bpndadox^M uob BuisdiJtj^ A suisdaa^
•^lUB^qopeap uo^db ns a^piuiaj BJBd sodiu3 soisa b oiuauuaj p OAanu
ap aeopuBfij 'Biaqi^ as aiuaniBAij^adsaj HOOD
^HM dnjS OAanu
un 'Bzijojpiq as —HM~~0^— odnjS un opu^n[) 'Buisdui B[ :*a *d
'BessppdadixoqjBD 8BpeuiBi^ SBI 'sa-iqíl H003 sodnjS so[ b n^fij as anb
'8O^uauuaj so{ ua^npojd o[ ojDaja ouisiiu y^ 'uop^fij ap ojund ne ap
oinixo.id sbui —jj^[—Q^— odiuS ^ ajduiais SBdsja jod UBZifojpiq
b¡ :*a -d 'SBsepudadouiuiB 8BpBuiB[[ sbj '^uapsa Bun ap oui
un ua sajqrj ouiiiib sodnaS so[ b ubíij as anb sojuara^aj go'-j
• (l) sBjqij A sajuejojoo
ap sn^nuí uopBÍíj bj BJBd 9juaiuB[o saJBjod SBzaanj sb[ bjiijuu bj ua
opu^iAJis íuopo^jB p ajqos MBqno,, ap o tt8oAijuBisqns,, sajuBaojo^ so^
ap uoio^b B| o '^bjiijbu Bpas X bub[ ajqos sooiSBq o sopps sa^uEjojoa
soj ap uopB bj :-a -d 'Bjqij B^ ajqos ojubjojod un ap uop^s bj uod
ojBjjsqns ns ajqos oiuauuaj un ap uopoB bj jBJBdmoD souiBiapo^
'BjauBiu Bisa ap BpBuuojsuBJi sa Boiuoajo^ja
u^pisodsip Bjína '—jj^[—q^— BodnjS boj ajqos 'sanuoua aiuam
-ajqBqojd 'eaJBjod s^zjanj sns ap Bua^und bj UBjiSuip opBfij z^a
BUf^ 'BDipijdadijod o Baraiajojd euapBD Bun ap '(sojixoqjBO sodnj3)
soppB somajixa eoj b soj;o '(sajqij outuib sodnaS) soDisBq eouiaji
-xa soj b BjauBm Bjsa ap ubíij as eoiuauuaj soq^nj\[ 'sojnDBjsqo jbj^
-noaua uis 'saJBjod sezjanj sns uod jbiij^b uapand jbiio bj ua 'aopisod
Bun jbutoj ap urj b 'ojBj^sqns jb sopsíij jas aiuauiBJauíijd uaqap
'auijoua jBjnoajoui osad un ajuauíajqBqoJd uauaii anb 'sojuauuaj soj
sBjjuaiin íjBnjDB ajqísod sa saj apuop 'saJBSnj soj b jbS^jj aiuamjpBj
uapand 'uaranjoA ouanbad A pBpijiAoui ubj8 ns jod 'jjq A g saaoi so^
•sopBzuBjod ajuaurejjB jas uaqap 'jpap sa 'SBDtJiDaja sb^jbd jauai uaiq
-uibj uaqap so^uauuaj soj 'o^aaja ajsa jaajafa bjbj -jjq A jj sauoi soj
ap bj b BáojBuB BAijonpui uppDB Bun uauap sojsa anb j^impB soin
-apod 'opB^jnsaj ouisuu je so^pijoaiojd soiuaouai uoa j^Sajj jo^

sa A sxsijojpiq bj ua osBd jauíud ja jas aqap y na zy A ^y sauop
-podeip sbj ap uopisuBjj bj 'BnSB ap uoptpe bj b o^aadsaj uod Bpp
-ajOABj 8Bui bj y ajqB^saui Baiuoj^Daja uopisodsip bj opuaig •bdiuojj
-aaja Bjnsij Bun A 'o^ajdmoDui ODiu^JiDaja oja^ao ns uoo (y un^as)
ltoraoqjBDM BJn^Dnjjsa Bun anb of^q sbiu oatia^jaua jaAra ap ojja Jod A
ajqsisa sbui oqanur a)uaniB}jap sa o^ajdmoa ODiuojiaaja ojaioo ns uoo
(sy unSas) woiuouibot Bjnjonj^s^ Bun ojad 'sbSjbo ap uopBJBdas Bun
jÍBq zy Boiu^j^oaja u^pisodsip bj na ajuamainapiA^ *8BDij)Daja
sbj ap uopBjedas bj ejBd ouBsaoau ojja jas jod 'opBAaja bui
jaAiu un Jaua} aqap SBtuapB jBna bj 'ajqeisaui y boiuojj
-aaja uopisodsip bj anb of^q sbui oo^a^jaua jdaiu un ap UBJas ^y A ly

-uiai8 uopisod B[ uozbj Bjsa ao^ •BpuBiJoduii Buins ap sa jBjqopsap b
odnaS p i ojuauijaj pp uopBfij ap ojund p axnia BpuBisip B^
•(BUi^ad) oat[9jjid o (Buipijsiq) oo^z^pirai oapnu p :-a -d 'Buap^a b[
ap uopBrajoj B^ ua 8opBzi[ijn ODoduiBj sooisBq eodnjS o 'jBjuauíBpunj

•osBd opunSae ja ea vA (¡{O ^ H sanoí 3P Z3A
bj^o) BjnDajoui bj b Bn^s ap uopBJodjODUi vj -sBAiiaadsaj seau^aaja
sb^jbo sns uoa jjq A jj ssuoi ap sauopBJiuaouoa sa^janj jod opBooAOjd

souoqjB3 sop ajjua BpuB^sip bj anb joXbui (ooiuaouaq oapnu un ap
OJjauíBip ^b xBnT) —HN—OD— odnjg ouiíxojd sbiu p A ajqi^ ouinre
odnjS p aaiua BpuBjsip b^ opuais 4(jjj Bpnuuoj) BupiiS-^pna^-iiozuaq
-omraB-d—\[ ^\ JBzi[OJipiq sbui opnd ou ojuauuaj p '^iozuaqouiuiB • d
o^saj xa odnj3 ^i^^ ua uoaafnpoj^uí (z) zsai^ g A uapjBqjapqy 3
opusna A '^pna^ o^saj pp ajqi^ outuib odnjS \v ojiauíijd BJBÍtj as
(II ^InraJ9}) upi^^pna^ b^ JBzx^ojpiq BJBd :-a "d Buisdaaa vj
•ojBJjsqns [ap fixoqjB^ o ouiuib
sodruS sol B ubSÍI 9S F110 Ia jod odnjS IB ojDadsaj uoo Bjp uppieod ua
naiquiB) soAi^OB sajB^od sodnjS uauai} sBSBp^dadoxa sb¡ anb 'uoisnp
-uoa B^ b jb¿9|i souiapod ojub^ o[ io¿ -eo^uauuaj sop^uopuaui so^ ap
Btnsiin BJn^anJ^sa B^ BJBd uaiquiB^ ajuauía^qBqojd A uopaB B^ BJBd
BAiiB^iJTráhs ^nra sa 'ub^ij as sBSBpudadoxa gB[ sa[Bna so[ b 'jixoqjBD A
ouiuiB sodnjS so^ b o^aadsaj uod —jj^[—QD— sodnjS so[ ap bjjb ua aad

�la disposición electrónica de los polipéptidos en cuestión, de ma
nera que en los casos de aceleración de la hidrólisis de ligazones
•—CO—NH— la disposición electrónica A con separación de cargas
y fisura electrónica prevalezca, la cual puede con más facilidad adi
cionar agua. Esta influencia de los restos introducidos sería debida
a sus fuerzas polares. Así, como Abderhalden y sus colaboradores lo
han observado, la introducción de restos acetil, benzoil, restos acil
en general en los grupos amino libres de polipéptidos acelera su
hidrólisis por medio de soda cáustica diluida y aun la acelera más
la introducción del grupo urea, formado p. e.: por reacción de un
polipéptido con fenil-isocianato.
Por otro lado la introducción de un resto sulfonil en el grupo
amino libre de un polipéptido retarda la hidrólisis. En este último
caso se forman grupos sulfamídicos. Estos, según nuestra opinión (4),
son capaces de formar puentes O—N y desprender electrones, los
cuales se fijarán a la fisura electrónica de los grupos —CO—NH—
(esquema IV). De esta manera los grupos sulfamídicos serán ligados
por fuerzas polares a los grupos —CO—NH— y dificultarán a los
iones oxhidrilos hacer valer sus propias fuerzas polares con respecto
a ellos. Este efecto del grupo sulfamida sobre el grupo —CO—NH—
tiene muchísima importancia en la quimio-terapia con sulfamidas,
en la cual observamos con frecuencia un antagonismo entre el grupo
sulfamida y diversos productos que contienen grupos —CO—NH—(5).

De la misma manera podemos explicar la inmunización de lana
contra diferentes colorantes al tratarla con diversas sulfamidas (6).
Las sulfamidas por sus electrones disponibles han formado, como
acabamos de explicarlo, un complejo con los grupos —CO—NH—
de la lana, impidiendo de esta manera a los colorantes el acceso a
estos grupos. Hay pues una competencia entre las sulfamidas por un
lado, y los fermentos y los colorantes por otro, con respecto a las
proteínas. Por lo tanto nos parece probable, que también fermentos
y colorantes compitan entre sí con respecto a las proteínas. Nos pro
ponemos pues investigar la acción de fermentos sobre proteínas trata
das con colorantes, para darnos cuenta si los colorantes impiden al
fermento el acceso a las proteínas y así su hidrólisis.
Recordamos también que las cadenas peptídicas de las proteínas,
debido a las cargas eléctricas de los grupos —CO—NH— son proba
blemente ligadas una a la otra. Además una cadena puede formar
pseudo-dicetopiperacinas (fórmula V.) al plegarse y acercarse un
grupo CO a un resto NH bastante distante en cadena recta (6 esla
bones) . También aquí intervienen los fermentos proteolíticos sepa
rando las cadenas peptídicas una de la otra -y hidrolizándolas luego,
lo que sucede también con los pseudo-dicetopiperacinas.

(V.)

CHR

NH —

(IV.)
Ar — SO2 — NH2

R_C0 —NHR

0

0—

/\
Ar—+í5 —NH,

0 .

0—

/\

Ar—+S —NH2

R — C — NHR

—0

0

Ar—+S —NH

C0-

OC

NH

r _ C — NHR

CHR

/\

HN

0—

H

R_C — NHR

—0

0

0—

/\

Ar—+S —NH
. 1+
—0

R —C —NHR

H
— 78 —

CO —

CHR

CO —

Basándonos sobre nuestra hipótesis de que la acción de los fer
mentos proteolíticos consistiría a provocar en grupos —CO—NH—
la transición de una disposición electrónica de menos energía a una
de mayor energía, apta para la adición de agua, opinamos que tam
bién radiaciones ultravioletas, las cuales son, como es sabido (8)
absorbidas por las carboxiamidas, provocarían una transición análoga
a un estado energético más alto. Pero no podemos decir, si estas irra
diaciones llevarán la disposición electrónica de la forma cetónica (Ai)
solamente hasta la forma (A2) "amonio" o hasta la forma A "carbonio". Pero en el último caso estas irradiaciones deberían provocar en
analogía con un fermento proteolítico, a un ph y una temperatura
optimal para reacciones fermentativas, también la hidrólisis de proteínes o polipéptidos. Esto se manifestaría en un aumento de grupos
amino libres, lo que nos proponemos estudiar según el método de
Van-Slike.
— 79 —

�— 6¿ —

IlSA

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sanozBSij ap sisijoapitj bj ap uoiaBjajaaB ap sosea soj na anb Bjan
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sbj b ojaadsaj uod 'ojjo jod sa^uBJojoa soj A sojuauuoj soj A 'opBj
un Jod SBpiraBj(ns sbj ajjua Biouajadiuoo Bun sand ^bjj -godruS sojsa

�BIBLIOGRAFÍA
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(4)E. Riesz, Archivos Soc. Biol. Montevideo, XI, N. 3-4, p. 181 (1944), C. A. 38,
p. 5701, Ph. (Rev. Asoc. Estud. Quím. Uruguay), 1945, N. 2, p. 14, C. A. 41, p. 2495, Proc.
Royal Irish Acad. 51, sec. B., N. 10, p. 163 (1947), Bull. Soc. Chim. Frunce, 1947, p. 681.
(5)E. Riesz, Archivos Soc. Biol. Montevideo, XI, N. 3-4, p. 184 (1944), Proc. Royal
Irish Acad.. 51, sec. B., N. 10, p. 171, Bull. Soc. Chim. Frunce, 1947, p. 685.
(6)Patentes Suixas, 150,292; 153,194; Patente Inglesa 333,559; Patentes Francesas
692,390; 811,738.
(7)P. Ramart-Lucas y A. Wohl, C. R. Acad. Sci., 196, p. 120 (1933), Bull. Soc. Chim.
(4s.), 53-54, p. 13 (1933), P. Ramart-Lucas y D. Biqlard, Bull. Soc. Chim. (5 .), 2, p. 1383
(1935), P. Ramart-Lucas, Bull. Soc. Chim. (5 s.), 3, p. 735 (1936), P. Ramart-Lucas y
Cbuenfeld, Bull. Soc. Chim. (5s.), 4, p. 478 (1937), Hantzsch, Bes, D. Chem. G., 64, p. 661
(1931).

EMILIO ORIBE

LA INTUICIÓN
ESTÉTICA DEL TIEMPO
"La poesía basca hacerse unidad con el movimiento del Tiempo in
mortal; el Tiempo a su vez se denuncia como el primer movimiento de
la trascendencia que realiza la inteligencia en su afán de desbordarse
de sí misma y determinarse hacia lo eterno de las cosas. Este movimiento
de la inteligencia en su afán de trascender, se torna oscuro e ilegible.
Por eso el alma pensante sabe muy poco del Tiempo, como el arco ignora
el movimiento y el destino de la flecha que impulsó..." — Emilio Oribe.
"Platino" • 1946.

La Estética seguirá siendo una rama de la Filosofía o no existirá
jamás. Su vecindad más próxima es la Ontología por la máscara en
que las cosas bellas existen confundiéndose con las del universo. Pero
también la Estética se halla muy próxima de la Etica y de la Religión.
No hay posibilidad de una ciencia de lo bello en el sentido riguroso
que los positivistas desde Comte a Goblot entienden por conocimiento
científico. Existirá la Estética como una investigación libre, de orden
metafísico, apoyándose en alguna intuición genial de la razón que se
revelará de siglo en siglo, ni más ni menos de como ocurrió con los
grandes sistemas conocidos. Todas las tentativas para constituir una
estética subjetiva o empírica, puramente descriptiva de fenómenos y
leyes, han fracasado en estos últimos cien años. Ello nos enseña que
hay que volver los ojos hacia las estéticas metafísicas para comprender
algo de la esencia de la Belleza, que hay que considerar a los artistas
como criaturas excepcionales o divinas que escapan a las leyes co
munes del existir y hay que aguardar a que el milagro del Tiempo
que esconde en su tiniebla la verdad de la Belleza, nos proporcione
nuevas aventuradas intuiciones que nos aproximen al misterio ontológico. ¿Qué otra actitud han adoptado los investigadores de los fe
nómenos religiosos? Retornar a la ontología de lo divino. Pues bien,
no hay más remedio que emprender el mismo vuelo en los dominios
de la belleza. Es indudable que el afán investigador de los fenómenos
artísticos y de la creación de lo bello, y las cuestiones de repercusión
social y moral de las artes, deben proseguirse. Pero todo ese universo
de hechos constatados y explorados, aunque valiosísimo, no pertenece
a la Estética, la cual tiene que ser autónoma, trascendente, puramente
teórica y metafísica. Así como en el pasado, en atmósfera de mito y

— 80 —

— 81 —

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                <text>Interpretación electrónica de la acción de los fermentos proteolíticos</text>
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                <text>Trabajo presentado al IV Congreso Latinoamericano de química. Santiago de Chile, Marzo 1948.</text>
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                <text>Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias /Universidad de la República. Montevideo : FHC, UR , 1948, Año II, Nº 3 : p. 75-80</text>
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— 08 —

A ojiui ap BjajsonrtB na 'opBssd ja na otnoa isy •BaisiiB^aui A
ainaurejnd 'a^napuaasBXi 'Btnonouie jas anb auap j^na bj 'Bopgjs^ b[ b
aaaua^jad ou 'ouiisjboijba anbunB 'sopBJOjdxa j sopejBisuoa soq^aq ap
osjaAinn asa opo; ojqj -asjmSasojd naqap 'sajje sbj ap jeiom A píaos
uoisnojadaj ap sauopsana sej A 'ojjaq oj ap uopeaja bj ap A soapspjB
souamouaj so[ ap JopBgpsaAui neje ja anb ajqepnpur s^j -Bzajpq B[ ap
soraimop soj na ojanA ouistra ja japnajdma anb oipamai sem .¿Bq ou
'natq eanj •ouiAip o[ ap bjSojojuo bj b jbujoj^}j ¿soaoiáipj souamon
-aj so^ ap sajopeS^saAní soj ope^dope neq pnjijoB bjjo an^)? -ooiiopf
-ojuo oijajsim ¡e uannxoide son anb sauoprn^ni SBpBjnjuaAB seAanu
anopjodojd son 'Bzo[[og b¡ ap pepjaA bj Bjqaiui} ns na apno^sa anb
odmaij^ pp oj3bjiui p anb b jepjen^e anb ^eq A jpsixa pp saimirí
-oa S3Á3{ 8B^ b uedeasa anb seuiAip o sa^Buopdooxa sejn^eu^ ornen
sbjsijjb so^ b jBiapisuoa anb ^eq anb 'eza^p^ bj ap epnasa bj ap o[b
japnajdmoa ejed se^isije^am se^paisa sb^ epeq sofo so[ j^A[oa anb íbij
anb Bnasna son o^j^ -soub nap soinijjn soisa na opese^ejj neq
jí sonamonaj ap BAiiduasap ainameand 'eauídma o BAijofqns
Bun JminsnoD Bjed SBAijBjuaj sb^ sepoj^ 'sopponoa sbuiojsis
so^ noa oujnao omoa ap sonara in sem tu 'o[áis ua o[áis ap B
as anb uozbj b^ ap ^ema^ nopin^ui BunSjB ua asopue^ode 'o
napjo ap 'ajqix nopeSijsaAUi Bnn omoo Baijajsg b^ ej^spc^ 'ooijijuap
oiuaimponoa jod napnapua jojqo-^ b ajrao^ apsap SBjsiApisod so^ anb
opijuas p na o[pq o\ ap epnap eun ap pBpiyiqísod ^eq o^
^ ap 1 B3ijg b¡ ap emixpjd Aava e^[Bq as Boijajs^ b^ naiquisi
-osjaAiun pp sej uoa asopnaipunjuoa najsixa sejpq sesoa sbj anb
na BJBOsBtu b[ jod BiáojojuQ bj sa Biuixpjd sem pepupaA ng -semef
ou o bjiosoji^; bj ap bihbi Bun opuais Bain^as B^pajg^ eq

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'aqtjQ otjitu^^ —^^ * • • os^ndmi onb eq33|| e^ ^p oatisap ¡9 X o^iraitniAom ja
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•8j(l¡^aji a oan^so Bajoi ^s 'jspnsosBj^ ap deje ns u spuaüii^iut bj ap
O)a3imiAoni 318^ *sbso3 sb¡ 3p oaj^i^ o| Bpeq ^SJBUiauaiap í Binsim is 3p
aejBpjoqssp ap urjb n as BpusSiiajuí B[ bzijesj anb Bi.iuapuajssJ) b[
3p oiusimiAom Jamijd ja oraoj Biounuap 38 zsa ns b odraai^ {3 :|bijoiu
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�de belleza, crearon la Estética Platón, Aristóteles y Plotino, y entre
los modernos la han ampliado Kant, Hegel y Schopenhauer, es de
esperar que del seno de la gran poesía del futuro o de las intuiciones
metafísicas del porvenir, continúen apareciendo explicaciones sobre
la naturaleza de lo bello. La Belleza seguirá viviendo en la comunión
infinita de las cosas reales, confundida con su tiempo; seguirá también
intacta desnudándose en las obras de los artistas geniales, pero siempre
será voluble e inasible para los mortales y sólo rendirá algunos de
sus secretos a los razonamientos o intuiciones de los metafísicos.

La oscuridad de Heráclito ha originado incontables interpreta
ciones y admiraciones. Las he conocido casi todas y por haber se
guido por mucho tiempo a su rival Parménides, puedo arrojar ahora
como descargo una oscuridad de admiración también en el cortejo de
sombras que sigue a la sombra de Heráclito... Y es que pude darme
cuenta de que la obra de éste es sólo un poema y que su autor es
uno de los poetas mayores de la antigüedad, de la línea de Hesiodo
y de Lucrecio, pero más aristocrático, enigmático y genial que ellos.
El fondo permanente de la obra de Heráclito es de categoría cosmo
gónica y estética a la vez. Alude al universo y a la belleza al mismo
tiempo. Heráclito es el poeta que integró en un sólo organismo cós
mico todo lo relacionado con el universo, con el conocimiento y con
la belleza. Y su universo móvil es el tiempo y su fuego resplandeciente
y destructor y creador es también la belleza.
¿Qué signo sensible más extraordinario, para caracterizar la in
tuición estética que el de la llama, o lo que es lo mismo, el fuego?
Lo subyugante y lo magnífico del fuego coinciden con lo que el poeta
sabe de la inspiración creadora, y las arquitecturas de las llamas di
bujan el contorno de las aspiraciones espirituales y de las formas bus
cadas por todos los creadores. Desde la tragedia a la danza y desde
las torres a los bastiones y hasta las melodías, siempre el fuego heraclitano libre, solidificado o circulante, se manifiesta con esplendor
terrible. La estética infinita que llueve de las hogueras estelares hasta
el brasero de púrpura del alba, siempre proclama la comunión del
fuego y de la belleza. Heráclito es el creador de la Estética por ese
sólo detalle, y Platón tendrá que reconocerle primacía. A cada instante
en la lectura de los fragmentos, se asiste a este prodigioso resucitar
del fuego estético. Lo fragmentario en él coincide con la más densa
poesía y las metáforas que usa siempre Heráclito, son dignas de los
mejores poetas. Cuando se menciona el transcurrir de las cosas, la
antitética coincidencia del fluir de las llamas y de las olas del río,
cuando colocamos esas imágenes sobre nuestra conciencia y sobre el
tiempo, obedecemos al imperativo de intuiciones puramente estéticas.
No entramos en comunión con el logos razonante ni con la ontología,
sino con el enigma de lo poético más profundo. Lo mismo ocurre
cuando Heráclito sostiene que al universo, en su naturaleza próxima
como en la más superior, le está proporcionada la forma de existencia
— 82 —

más culminada, más perfecta, más sublime. Le impone una norma
de ser puramente estética. El cosmos es bello porque su logos sensible
y movible es fuego ontológico y porque siempre está naciendo inédito
en su llama y siempre se irá purificando en su hoguera. Ni más ni
menos que como ocurre con la forma estética en la naturaleza espi
ritual, secreta, del artista creador. Alcanzado el aspecto de lo ígneo,
el universo sumergido en la continuidad de la llama y en la perio
dicidad de los ciclos, se perfecciona y se embellece sin cesar como un
poema viviente.

La Estética goza del privilegio especial de atraer y desencantar al
mismo tiempo. Su destino en cierto modo parece propenso a engen
drar las antinomias, como decía Poincaré en ciertos instantes en que
hablaba de ciencia y filosofía. El problema en sí de la naturaleza de
lo bello, oscila entre la metafísica y la empirie, entre el ser y el valor,
entre el sujeto y el universo, entre la formalidad y la materialidad,
entre la razón y la intuición. El árbol de la Estética, se levanta en
el jardín paradisial de las artes, lo mismo que aquel que hizo caer al
primer hombre. El fruto que ofrece es igualmente amargo y fatal.

La postulación del Ser por medio del valor llama poderosamente
la atención de los filósofos, después que han establecido las distin
ciones entre lo que existe y lo que es valioso. Diferenciados entre sí
los reinos de los seres y los valores, admitido que existen entes, y que
los valores se proclaman en su valer y nada más, independientes de
aquellas existencias, nos hallamos con la coincidencia implícita del
Ser y de lo valioso en los juicios de carácter estético. Lo valioso allí
se refiere siempre a un algo concreto, aunque después lo valioso puede
abstraerse y pensarse en sí en el acto autónomo del trabajo del juicio
de gusto. Sin embargo, si admitíamos distinción de esencia entre el
Ser y el valor, tenemos rué reconocer que esa dualidad, cuyos ele
mentos tanto se distanciaban, puede borrarse en la identidad. Ello
ocurre en el enigma de los valores de lo estético. La belleza, como
valente, restablece la coincidencia absoluta del Ser y del va|or, de tal
suerte que el valor estético se aprehende en tanto que dura, transcurre,
se convierte en tiempo abstracto. Existe entonces, una instancia única
denominada tiempo, huidiza y arisca a la razón, pero accesible al
hombre por medio de intuiciones exhaustivas, en donde la Belleza
objetiva resplandece como valor y a la vez como presencia ontológica.

*

•

¿Qué es el algo existente, la res, el objeto, en donde radica el va
lor estético? Aparentemente sería una materia particular: mármol,
— 83 —

�'jouubui :JBjnoijJBd BiJaiBiu Bim bjjss ajuatnajuajEdy ¿ooijajsa joj
-ba ja BoxpBj apuop ua 'ojafqo ja 'saj bj 'ajuaisix^ oSjv p s^ an)?

•Boio[ojno Bpuosajd ouioo z^a bj b a1 jojba outoo aoapu^jdsaj BAijafqo
Bzajjag bj apuop uo 'SBAtjsnBqxa eauopmjuí ap oipain aod ajquioq
je ajqtsaooB o jad 'uozbj bj b bosijb jÍ Bzipmq 'odtaaxi BpBuitnouap
eoiun BIOUBJ9UI Bnn 'saouojua ajsixg; "ojOBijsqB odraaij ua ajjaiAuoo as
'axnwsuBjj 'Bjnp anb ojobj ua apuaqajdB as ooijajsa jojba p anb ajjans
jb^ ap 'j^j^a pp A Jag pp BjnjosqB Bpuapputoo bj aoajq^isaj 'ajuajBA
omoo 'Bzajjaq e^ -oopaisa oj ap s^jojba soj ap Bui^raa p na ajjnoo
TI3 *pBpijnapi bj ua asjrejjoq apand 'HBqBpnBisip as o^ubj soiuaui
-gp soaíio 'pBpijBnp BSa anb jaoouoaaj anb sourauaj 'jojba p A jag
p aj^ua Btauasa ap uoiouijsip somBijiinpB ts 'oJBqnia uig "oj^nS ap
oíoinf pp ofBqBJi pp oraon^jnB ojdb p ua xs na asjBsnad A asjaEJisqe
apand osoi^ba o\ sands^p anbunB 'ojaa^noa oSp3 un b a^duraie ajaija^ as
ijp3 osoip^A ckj 'oopaísa j^iobjbo ap sopmf eo\ ua osotjba o\ ap ^ jag
[ap Bipifdnn Bpnappuioa b^ uoa 8ouiB[pq gou 'sBpuajsixa 8B|;[anbB
ap saiuaxpnadapui 'sbut Bp^u A ja[BA ns ua UBniBpojd as s^jojBA soj
anb A 'sajua uajsixa anb opijirapB 'sajopA boj; A sajas so[ ap soupa so^
is ojjug sopBpuajajiQ ^osoipA sa anb o^ A ajspca anb oj ajjua sauop
-mjsip SB^ oppa^qBisa usq anb sandsap 'sojoso^ij so^ ap uoiouajB b[
aiuauíBsojapod buib[|; jo^ba pp oipaur jod aag pp uopBpnjsod B'j
*

*
*

A oSaBui^ aíuaui[Bni sa aaajjo anb ojnjj j^
^B ja^^ oziq anb pnbB anb ouisini o\ 'sajjB sb|; ap ¡Bisip^aBd ujpjBÍ p
ua bjuba8^ as 'Boxjajs^ v\ ap ^oqjB ^g •uoprajuí B[ A uozbj b^
'pBpip^iaajBUi B^ A pBpi[Buuoj b^ ajjua 'osjaAjun p A ojafns p
'jo[ba p A x^s p ojjua 'aijidura B^ A BaisijE^aui v\ aj^ua Bjpso 'o^[aq o[
ap Bzap^jnjBn bj ap is ua Biuo^qojd j^ -bijoso[ij A Bpuap ap BqBjqBij
anb ua sajuBjsui sojaap ua ajB^nio^ Bjoap o mo^ 'sviiuouptm soj jnjp
b osuadojd aoajred opora ojjap ua outjsap ng 'oduiaij oinsira
jB^uBauasap A j3bjjb ap ^padsa oí^a^iAud pp bzoS Bopajs^ b^j

ap buijoj b¡ BpBuopJodojd Bjsa a¡ 'joijadns sbut b^ ua ouioo
Bmixojd Bzap^jniBu ns ua 'osjaAtun ^ anb aua^sos ojipB.xajj opuBna
ajjnao otusiui o^j -openipad sbot oanaod O[ ap Biu^iua p nos ouis
'Biáo^ojuo B{ uoa iu ajuBuozBj soáo^ p uoo uoiunmoo ua sorasajuo o^
•SBoijajsa ajuaraBjnd sauoiain^uí ap OAijBjadnn \v souraoapaqo 'odtnaj^
p ajqos A BiouatauoD Bjjsanu ajqos saua^eun SBsa souiBao^a opuBno
'otj pp BBfo sBf ap A 8buib^[ sb^ ap Jiti{j pp Biauapioutoa Bai^ajpuB
B^ 'SBSoa sb^ ap jujnasuBj^ p Buoiauain as opu^n^) -sBiaod sajofaui
eo[ ap SBu^ip uos 'oiipB-rajj ajdmais Bsn anb SBjojBjara sbj A Bjsaod
Bsuap sbui b^ uoa appmoa [a ua oiJBjuatu^Bjj cj 'oaijaisa oSanj pp
JBjpnsaj osoiSipojd ajsa b ^jstsb as 'sojuatuSBjj so]; ap Bjniaa^ bj ua
ajuBjsai npBo y •BpBunjd a^a^ouo^ai anb Bjpuaj uoib[,j A 'a^^jap o^os
asa jod Boi^ajs^ B[ ap jop^aj^ p sa ojipBJajj ^Bzajjaq bj ap A oSanj
jap uprantnoa bj Burej^ojd ajdmais 'BqjB jap Bjndjnd ap OJasBjq ja
BjSBq sajBjajsa SBjanSou sbj ap aAanjj anb bjiuijui BDijaisa B^ -ajqijjaj
jopuajdsa uoo Bisaijtuein as 'ajuBjnaip o opBDiiipijos 'ajqxj oubjijo
-Bjaq oSanj ja ajdoiais 'SBjpojam sbj BjSBq A sauoijSBq soj b sajjoj sbj
apsap A BzuBp bj b Bipa^Bjj bj apsaQ 'sajop^ajo eoj sopoj jod sspBa
-snq sbuijoj sbj ap A sapuijijídsa sauopBJídsB sbj ap oujojuod ja nBfnq
-ip sbuibjj sbj ap 8Bjn^aajinbjB sbj A 'sjopeajo uopBJídsui bj ap aq^s
Bjaod ja anb oj uo uappuio^ oáanj jap oaijiuBin oj A ajuBSnjíqns o^j
¿oSanj ja 'ouisiui oj sa anb oj o 'butbjj bj ap ja anb Boijajsa uopinj
-ui bj jBzijajoBJBD BJBd 'oijButpjoBJixa sbui ajqisuas ouáis an^)?
•Bzajjaq bj uaiquie; sa jop^aja A JOjoiujsap A'
aiuapapuejdsaj oSanj ns A odinaij ja sa jiaout osjaAiun ns j^ -Bzajjaq bj
uoo A ojuaiiuioouo^ ja uoo 'os^aAiun ja uoo op^uopejaj oj opoj ooiur
-890 ouisiubSjo 0J9S un ua ^jSajur anb Bjaod ja sa ojijoBjajj *odniai^
oumuí jb Bzajjaq bj b A osjaAiun jb ^pnjy -zaA bj b Bopa^sa A botuo^
-omsoa BjjoSajBo ap sa o^ijaBjajj op Bjqo bj ap ajuauBuuad opuoj j^
•sojja anb jBiua^ A ooijBinSina 'odi^bjoojsijb SBtn ojad 'opajan'^ ap jÍ
opoisajj ap Bauíj bj ap 'pBpanSi^uB bj ap sajoÁBiu SB^aod soj ap onn
sa jojnB ns anb A Buiaod un 0J9S sa ajsa ap Bjqo bj anb ap Bjuano
auijBp apnd anb sa j^ •• • ojijobjajj ap Bjquios bj b anSis anb SBjqnios
ap ofai^oo ja ua uaiqniBj uoioBjiuipB ap pspijnoso buti oSjBasap oraoo
BJoqB jbCojjb opand 'sapraanuB^ jbaii ns b odiuaij otjonra jod opinS
•as jaqeq jod A SBpoj isbo opioonoo aq sbi^ 'sauopBJinipB A sauoio
dm sajqBjuooui opBmSiJO Bq ojxjoBjajj ap pBpunoso b't
•

enrood
un ouiod jBs^a uis 3oa^pqra^ as A Buopoajjad as 'sopp so^ ap pBppip
-ouad bj. ua A buib^[ bj ap pBpmnijuoo bj ua opiSjatnns osjaAiun p
'oauSj o[ ap o^^adsB p opBzuBO[y "^opsajo bjsjjjb pp 'Bjajaas 'p^nju
-idsa Bza^BanjBu B[ ua Boija^sa bumoj b^ uo^ aamoo ouioa anb sonata
m SBui i^ 'BJranSou; ns ua opuBDijiJnd bji as ajdmais A BraB[[ ns ua
o^ipaui opuaioBu Bisa aadmois anbaod A o^i9^oiuo o^anj sa ajqiAoin A
a[qisuas so^o¡ ns anbjod o[pq sa soiusoo [^{ -s^paisa ajuauíBjnd jas ap
biujou Bun auoduii a'j •anii];qns sbut 'B^aapad sbui 'BpBuitujna sbui

?

•sooisijBjaui soj ap sauoiainjuí o sojuoiiiieuozej soj b soiajaos sns
ap sounSjB BJipuaj 0J98 A sajBiJoiu soj BJBd ajqisBur a ajqnjoA B
ajdniais ojtad 'sajBiaa^ sb^sijjb boj ap SBjqo sbj na asopuBpnusap
uaiqmBj BJinSas í odrnaxj ns uoo Bpipunjuoo 'sajBaj sbsoo sbj ap bítutjui
U9tunuroo bj na opuaiAiA BJinSas Bzajjag b^ "ojjaq oj ap BzajBjnjBU bj
ajqos sauopBoijdxa opuapajBdB uanupuoo 'jiuaAJod jap SBoisijBjaui
sauopiniui sbj ap o ojnjnj jap Bjsaod ubj^ bj ap ouas jap anb jBJadsa
ap Sa 'janBquadoqog A jaSajj 'jub^j opBijdure u^q bj soujapoui soj
A 'ouijojj A sajajojsxjy 'U9JBJ^ sopaje^ bj uojb3J0 'Bzajjaq ap

�bronce, colores, formas, palabras, ritmos... Según las artes. En el
orden natural sería el crepúsculo, al mar, el río, la montaña. Pero no
es así del todo. En las artes, el valor estético se expresa en muchos
algos, que son valores y seres y cosas: el nombre de un autor, por lo
pronto. Este dibujo es de Leonardo, o Rembrandt, o Picasso. El saberlo
influye, quiérase o no, sobre el valor. Hay un hombre detrás del valor
y el objeto valioso. Un hombre que es un nombre en sí y que puede
ser admirable, odioso, muerto o viviente. Hay la belleza de lo anó
nimo, que supone un algo perdido que subsiste. El valor estético, en
un tiempo que es suyo en absoluto, se dispone a prescindir de aquellos
hechos. También coexisten con el valor estético las escuelas, estilos,
razas, épocas, del autor, y el prestigio de la materia usada en la me
dida que ésta posea en mayor grado posible la nobleza de resistir al
tiempo. Y la única manera de resistir al tiempo que posee la belleza
es sencillamente identificarse con él, convertirse ella misma en tiempo.
El valor estético, pues, exige un algo en donde manifestarse, pero éste
es complicadísimo y hasta muchas veces inexpresable. Cuando así ocu
rre, es que se ha hecho patente dentro de lo estético la inmanencia
del tiempo.

La cuestión sería nuevamente ésta: ¿Qué es la Belleza? ¿Qué
es el Tiempo? Siempre la mente humana ha querido responder a esas
preguntas y no lo ha logrado a través de sus esfuerzos geniales o na
turales. ¿Por qué entonces no reunir los dos enigmas? Apenas se pre
senta este atrevimiento notamos, si se le acepta, que tanto en los con
tenidos racionales como en las intuiciones estéticas y en el repasar
del análisis de las obras bellas y de los órdenes temporales, hay un
cortejo inmenso de rasgos comunes. Por lo pronto, en toda intuición
estética valorante, en todo juicio de gusto, se halla presente el fan
tasma del Tiempo. Analizando en lo que es posible éste último, tanto
en los límites de su irracionabilidad, como en sus relaciones con los
números y en sus categorías empíricas, pasado, presente y futuro, se
revela misteriosamente el delicado goce estético, fluyendo con el
Tiempo, modelándose en él, embriagándolo sin cesar, ya sea en las
creaciones inmortales como en la misma conciencia valorante. Para
este agudo modo de ver, el Tiempo participa de la misma naturaleza
ontológicti, de lo bello. El Tiempo es Belleza; esta última se halla
implícita en aquél, ya sea que lo consideramos en nuestras vivencias
como en el escenario del Universo. ¿Qué mayor belleza que exista

que se confunde con el Ser, se expresa igualmente como una fórmula
estética de la duración.
Los matemáticos modernos han hecho resaltar la fecundidad de
lo estético en esas ciencias. La única información de valor sobre al
gunos descubrimientos entrevistos es su sentido de belleza. Se insiste
en terminar el albur de la aventura creadora sin prever sus resul
tados ni sus aplicaciones dentro de la ciencia. Es como una estrata
gema fría de la invención que se orienta en ciertas direcciones, sean
aplicables o no, posean término conveniente o no, tengan o no tengan
valor para lo científico. A esto le llaman sentimiento de belleza y
lo hacen coincidir con el pensamiento de los griegos, cuando estu
diaban las propiedades de la elipse por que sí, sin móvil preestable
cido, pues dentro del saber de ellos tales propiedades carecían de
aplicación y sólo pudieron aprovechar más tarde de ellas Képler y
Newton. La belleza de los primates problemas matemáticos, es idén
tica a la belleza de las formas y los ritmos pensantes y verbales, o
plásticos y musicales, que experimentan los artistas. De tal suerte la
voluntad estética de crear impone su ley en esos dos ámbitos divinos
de la criatura humana.

En la apercepción común entran las valoraciones estéticas en
mayor o menor grado, pero siempre están como en sobreaviso. Según
la intensidad del grado utilitario, las cosas van alejándose de lo bello
como valor, hasta degradarse en la consideración de la conciencia
objetiva. Llegan hasta borrarse o convertirse en necesidades vitales
del sujeto. El agua de un río es estética si no tengo sed, pero si llego
muerto de sed a la orilla se convierte en una necesidad de mi cuerpo
como el aire que respiro. En tanto eso ocurre ha dejado de ser ele
mento estético. Pero en la efimeridad del conocimiento de los seres,
fuerzas y realidades del universo, se fijan las apercepciones estéticas,
se emancipan de las comunes, se organizan, se impregnan de conte
nidos vivenciales y eróticos y se subliman alrededor de criaturas
humanas que inspiran temor, amor y deseo. Entonces aquellas aper
cepciones se convierten en apercepciones míticas y en permanentes
ídolos que construyen una sobreestructura mágica en la variedad de
lo existente.

Si las matemáticas de los pitagóricos demostraron la inmanencia
del número en la naturaleza del Ser, esa reducción feliz se cumplió
bajo la ley dinámica del ritmo, que es la esencia misma de la música
y de lo estético. Culminando aquella síntesis suprema, la razón des
cubre al fin que el Tiempo, tan poco pensado por los griegos, es el

La reducción del acto estético al imperio de la subjetividad pura,
constituye un retorno rumboso a una actitud primitiva que estuvo en
vigencia entre los griegos antes de Platón. También es un tributo
bastardo que se rinde a la observación del hombre común, el cual
experimenta lo bello a través de una reacción emocional de su yo,
y encierra la plenitud de la experiencia estética en la fortaleza de su
personalidad. Porque si se analiza bien un factor poderoso en la
afirmación de la persona es el constituido por los sentimientos esté
ticos. El yo impera en la enunciación del juicio y en la creación

— 84 —

— 85 —

el Tiempo?

�— S8 —
UOI0B3JD bj ua ^ oiomf jap uopepunua bj na BJadrai oX j^
-ajsa so^uoiratjuas soj jod opmjijsuoa ja sa Buosjad bj ap uoiobiujije
bj na osojapod jojdbj un naiq bzijbub as is anbjoj -pBpijBuosjad
ns ap bzo^bjjoj bj ua Baijajsa Bpnatjadxa bj ap pniíuajd bj Bjjapua ^
'o. na ap jBuopoma uopasaj Bun ap soabji b ojjaq oj Bjuaraijadxa
^na p 'nninoa ajqmoq ^p uopBAJasqo bj b apuij as anb opjBjssq
ojnq^j un sa uaiquiBj^ •uojbjj ap sajuB boSoijS soj ajiu
ua OAnisa anb BAijiuiud pnjijaB Bun b osoqumi oiuojaj un
d pcpiAiiafqns bj ap otjaduii [b ooijajsa ojaB pp uopanpaj

•aiuajsixa o[
ap pBpauBA bj ua bdiSbui Bjnjanjisaajqos Bun uainjjsuo^ anb sojopj
sajiiouBuiaad ua A sboi^jiu sauopdaajads ua ua^jaiAuoa as sauopda^
SBjjanbs soauom^ -oasap A jouib 'joraaj uBJídsui anb SBUBumq
ap jopapajjB UBimjqns as A soapoja A sajspuaAiA sopiu
-aiuoa ap UBuSaadiui as 'uBziueáJO as 'saunmoa sb[ ap UBdpuBiua as
'SBDijajsa sauopdaaaadB sb[ uBfij as 'osjaAiun pp sapBpi^aj A SBzaanj
'sajas so[ ap ojuauupouoo pp pBpuatnija b[ na oja^ *ooijajsa ojuarn
-ap jas ap opBfap Bq ajjnao osa ojubj ug 'ojídsaj anb ^jib p ovaoo
odjana ira: ap pBpisaoau buti ua aj^aiAuoa as b^ijo b^ b pas ap ojjaruu
oSaj;^ 18 o jad 'pas o^uaj ou is Boi^a^sa sa oij un ap BnSB j^ -ojaíns pp
sap3jiA sopepieaoan ua asjpjaAuoa o asjBjjoq Bissq u^Sa^ -BAijaCqo
Bpuapnoa b[ ap uopBjapisuo^ v\ na a8JBpBjap BjsBq 'jo^ba ouioj
o^aq o[ ap asopuBfa[B uba SBSoa sb^ 'oiJBjt[ijn opBjS pp pBpisua^ui B[
un^ag 'osiABajqos ua oraoo upjsa ajduiais ojad 'opBjS jouaui o
u^ SBDija;sa sauoioBJopjA sbj uBJiua utiinoo u^pdaojadB bj u

•BUBinnq BJnjBija B[ ap
souiAip soiiqme sop sosa ua Aa\ ns auodun jBaja ap Bonaiso pB^un[OA
B[ a^jans |bj ^q "sbisiije boj uB^uarauadxa anb 'sa^aisnuí jí sooijsBjd
o 'sa^qjaA A sa^uBSuad soiujtj so[ A SBrajoj sbj; ap Bzaj[aq B^ b boij
-uapi sa 'BoonBuiaiBin SBUia^qojd sajBinijd bo^ ap Bzo^joq b^j •uo^Avaj^;
A jajda^ SB^^a ap apjB} sbui jBq^aAOJdB uojaipnd o^s A uppBDi^dB
ap UBiaajBa sapspaidojd sapjj sojp ap jaq^s pp ojjuap sand 'opp
-a^qsisaajd XiAora uis 'ib anb jod asdija v\ ap sapBpaidojd sv\ UBqBip
-njsa opusna 'soSaijS so^ ap o^uauuBsuad p noa jippuioa uaa^q o¡
A Bza^pq ap oiuaiiui^uas ubuibj^ aj ojsa y "oaijijuap o[ BJBd
usSua} on o uB^uaj 'ou o ajuamoAuo^ ouiuuai usasod 'ou o
UBas 'sauopaajip SB^jap ua B^uaijo as anb uopuaAur ^\ ap bijj
-BjBjjsa Bun otnoa s^ *Bpnap B[ ap oJiuap sauop^ai^dB sns in sopBj
-pisaj sns jaAajd uis Bjopsaja BJnjuaAB b^ ap jnqjB p jBunnjaj ua
aísisui ag -Bzaj[aq ap oppuas ns sa sojsiAajjua soiuaiuiijqnosap souná
-p3 ajqos jo[ba ap uopeuuojuí BDiun B'^ *SBpuap SBsa ua o^ijajsa o[
ap pBpipunoaj ^\ jBifBsaj oqaaq UBq soujcapoui sooijBUiajBui
•U9pBJnp Bj ap
Ejnin.ioj Bun ouioa ajuaiupnSí Bsajdxa as 'jag p uoa apunjuoD as anb

p sa 'soSaijS eo[ jod opssnad o^od ubi 'odraaij^ p anb uij p ajqna
-sap uozbj B{ 'Binajdns sisajuis B^anbB opuBuiui^n^ 'oopaisa o¡ ap A
Boisnuí b[ ap Buisiin Bpuasa bj sa anb 'otu^ij pp BoitnBuip A^[ b^ oÍBq
9f[duino as zi[aj uopanpaa Bsa 'jag pp BzajBjni^u bj ua ojaranu jap
spuauBinuí bj uoJBJisomap so^iJoáBiid soj ap SBoi^BUiaiBta sbj ig

ja
anb vzajjaq uoÁvw an^y? •osuaaiufl jap oijmiaosa \a ua owoo
cim soutsanu us sotuvjapisuoo oj anb vas vÁ, 'janbn tía vji^jdiui
iji as nwijjn jsa inzajjag sa odwaij^ j^ 'ojjaq oj sp
vzajvunityu musiw oj ap vdfoijjvd odtuai^ p '-iaa ap opoiu opnSn
vjv^ •aiuvjojva viouaiouoo viusitu oj ua ouioo sajvt^otuut sauenovajo
st&gt;i ua ñas vX 'jvsao i/is ojopuvStnuquia 'ja ua asopuvjapoiu 'odiua^j^
J3 uoo opuaÁnjf 'ooifatsa aooii opnoijap ja a^uawosotiajsiiu vjaoau
as 'ounjn^ Á, ajuasa^d ^opvsod 'svotuidtua svtuoSaioo sns ua A soiaumu
soj uoo sauoiovja^ sns ua otuoo 'pvpjjtqvuoionjji: ns ap sajtutij soj ua
otuoj 'oiunjn ajsa ajqisod sa anb oj ua opuozijmiy •odniaijj jap buisbi
-ubj ja aiuasajd BjjBq as 'oisnS ap opraf opoj ua '^juejojea Bapajsa
uopmjuí Bpo^ ua 'oiuojd oj jo^ -saunuioa soSsbj ap osuaniui ofajjoo
un -¿Bq 'sajBJodniaj sauapjp soj ap A SBjjaq ssjqo sbj ap sisijbub jap
jBssdaj p. ua A SEoijajsa sauopinjm sbj ua ouiod sajBuopBj sopiuaj
-uod soj ua oiubí anb 'BjdaaB aj as is 'souibiou oiuairaiAajjB ^\%^ B^uas
-ajd as sBuady ¿SBtnSiua sop soj jiunaj ou saouojua anb jo¿j? ^sajBJn}
-bu o sajBinaS sozjanjsa sns ap saABjj b opBjáoj eq oj ou A SBiunSajd
SBsa b japuodsaj opuanb Bq BUBinnq aiuora bj ajdraaig ¿oduiaij^ ja sa
an^j? ¿Bzajjag bj sa an^)? :Bjsa aiuauíBAanu Bjjas noijsana b^j

•odmaii jap
BpuauBuiui bj o^ijajsa oj ap ojjuop ajua^^d oq^aq Bq as anb sa 'axi
-noo isb opuBn^ -ajqBsajdxaui saaaA BBqonuí BjsBq A oraisipBoijduioD sa
aisa ojad 'asjB^sajiuBui apuop ua oSjb un aixa 'sand 'oapaisa jojba j^
•odinai^ ua buisiui Bjja asjiiJaAUoa 'ja uoa asjBoijijuapi a^uauíBjjpuas sa
Bzajjaq bj aasod anb oduian jb Ji^sisaj ap BJauBta Boiun bj j^ -odraaij
jb jxiscsaj ap Bzajqon bj ajqísod opsjS joábth na Basod Bisa anb Bpip
-ora bj na Bp^sn Biia^Biu bj ap oí^^sajd ja A 'jo^iib jap 'sBaoda 'sbzbj
'Bojpsa 'sBjanasa sbj ooija^sa jojba ja noa ua^sixaoa uarquiBj^ *soqaaq
sojpnbs ap Jipupsajd b anodsip os 'oinjosqB na oÁns sa anb odraap nn
ua 'oa^aisa jojba j^j 'ajsisqns anb opipjad oSjb un auodns anb 'orara
-oub oj ap Bzajjaq b^ -abjj "ajuaiAiA o oiJtannt 'osoipo 'ajqBJirapB jas
apand anb A is ua ajqmon nn sa anb ajqraoq U^ -osoijba ojafqo ja A
jojba jap SBj^ap ajqraoq nn ^Cb^^ 'jojba ja ajqos 'ou o assjamb 'a^nj^uí
ojjaqBS j^ -ossBaij o 'jpuBjqraajj o 'opjBUoa'j ap sa ofnqip a^sg 'Oinojd
oj jod 'jojnB nn ap ajqmon ja :sssoa A sajas A sa jojba nos anb 'soSjb
soqonra ua Bsajdxa as oonajsa jojba ja 'sajjB sbj ug *opoj jap isb sa
ou oja,j •BUB^noui bj 'oij ja 'jbui jb 'ojnasndaja ja Bijas [BjnjBU napjo
ja u^ -sa^aB sb^ unSag • • • sora^ij 'sBjqBjBd 'sbuijoj 'sajojoa 'aauojq

�preliminar, cuando el objeto ha hecho ascender la impresión en lo
íntimo. Parecería que los objetos estéticos constituyeran un mundo
imposible de subsistir sin la paternidad de nuestros oídos o nuestros
ojos. Romper esta prisión mágica ha sido el titánico impulso del rea
lismo platónico-aristotélico. Quedarse en esto, es un esfuerzo de la
razón humana que sólo pueden realizar las naturalezas dotadas de
fina inteligencia y de capacidad de abstracción estética. ¿Qué es la
abstracción estética? Una categoría especial de conocimiento que
acompaña al proceso natural de la razón, pero que siempre está
sometido al terrible ataque de la subjetividad, la cual procura em
pañar su lucidez de diamante, oscurecer su claridad, obnubilar sus
admirables juicios.

La fuente de la Belleza está sólo en donde el pensamiento existe.
O dicho en otro lenguaje: el hombre es el Ser por el cual la Belleza
es real. ¿Inmanente o trascendente del ser humano? La inmanencia
significa la reducción de la Belleza al espejo del alma substancial o
al acontecer de los fenómenos de la conciencia. La trascendencia sig
nifica otorgar al Ser, que afonda más allá de lo impuro de nuestro
conocer, la clave de la Belleza. El Ser de las estéticas metafísicas. De
toda suerte, hay siempre que arrodillarse, o dedicar aunque sean
precarias ofrendas al Dios del laberinto oscuro. O está indescubierto
detrás de la trampa de nuestros sentidos, o existe en sí, determinando
en nuestro universo y en nosotros las armonías durables o baladíes
a través de las cuales las callejas del laberinto nos alegran con el
rostro de las cosas bellas y nos espantan con el enigma de las mismas.

Los hombres han adorado muchísimo a la razón estética. Pero
también han encendido múltiples antorchas en el altar de sus antítesis.
Lo antitético a lo racional atrae a los artistas como una incitación
que puede compararse con la de la serpiente bíblica. ¿Por qué el
hombre busca con frecuencia su felicidad esencial en esa sombra?
Con orgullo adánico proclama que seremos como dioses el día que
arrojemos de nosotros el dogma de la razón y hagamos su relevo, por
otro cualquiera. El arte, durante siglos, ha sido excluido en lo posible
de lo racional. Los irracionales poseen un poder maravillosamente
sutil, que termina por encantar al hombre y a la misma razón pen
sante. La intuición, la locura, la poesía, el sentimiento, la libertad,
el tiempo, la angustia, la Nada. ¿Serán ídolos que los hombres levan
tan sobre el pedestal racional desierto, o serán simplemente máscaras
que han colocado sobre el rostro tan divino como inmóvil de esa
razón y de esa verdad? A pesar de que, con la inteligencia muchos
filósofos y poetas, desde Parménides y Lucrecio hasta Dante, Goethe
y Poe, han construido la única fabulación que vale la pena de admi
rarse sin oprobio en el universo de lo bello.

— 86 —

El espinosismo señala una culminación del pensamiento europeo
y occidental, y es como un cerrojo que clausura herméticamente un
tesoro que empezó a mostrarse con Parménides de Elea. En ese em
porio del espíritu se conservaría lo que va desde Platón a Leibnitz,
pasando por Aristóteles y Descartes. La inteligencia humana, inicián
dose en un monismo racionalista identificador, se despliega como un
abanico en mil escuelas y doctrinas, y al fin se clausura en otra uni
ficación absoluta, en la Etica. La esfera se completa en la aventura
• más ilustre de la inteligencia del hombre. ¿Y la Belleza? Marcha
perdida en la unidad de los atributos y modos finales. La hazaña
perfecta hubiera consistido en estructurar entonces, con materiales
de Platón, Plotino y Leonardo, y sintetizando el gran arte clásico y
el medieval, una Estética en el estilo geométrico de la Etica de
Espinosa.

Mientras que las representaciones señoriales aumentan en pro
gresión aritmética hasta agotarse, las duraciones estéticas crecen en
otra progresión creciente imprevisible y no se agotan nunca. En las
expresiones artísticas superiores, a medida que se aumentan los estí
mulos sensibles, emocionales o intelectuales, las duraciones estéticas
se acrecientan sin contornos y tienden a la infinitud, a no satisfacerse
nunca, a convertirse en inefables por la felicidad inagotable que
proporcionan.

La imagen, movible de la eternidad. Circula en el saber filosófico
esa expresión aristotélica. La imagen estética de la eternidad. Como
significado de la Belleza, tal como la concibieron los platónicos, me
parece también aceptable. La imagen estética de la duración... Ahí
está el sentido del Tiempo, tal como debe concebirlo la conciencia
de los modernos.

Se desesperan los nuevos filósofos existencialistas por la ausencia
de fundamento lógico que tiene el existir del hombre. Toda exis
tencia es alógica, no tiene razón válida, ni principios, ni fines esta
blecidos. Pero lo extraño es que no perciban que desde hace siglos
el fundamento lógico de la existencia es la poesía del hombre. La
poesía que se halla en la intimidad de todas las artes y de la misma
Belleza creada, restablece lógicamente la razón del existir, porque
le da sentido eterno al engendrar en él el deseo de inmortalidad por
medio de la creación y de la creencia.

El movimiento del Tiempo no se presenta aisladamente, sino
'como la mutación de un algo que transcurre. Pero ese algo que
— 87 —

�¿8 —
anb oSjb asa oja^ •ajunosuvut anb oSjt un ap uopBjnuí bj oraoa
ouis 'ajuauíBpBjgiB Bjuasajd as ou odmai^ jap ojuaiuiiAoui j^

bj ap ^ uopBajD bj ap oipatn
jod pepi^ijomai ap oasap p p ua JBjpuaSua jb ouiaia opijuas ep aj
anbjod 'jijsixa pp uozbj b^ aiuauíBaiáoj aaajqBisaj 'Bpeaja Bzajjag
Brasiui bj ap A sajjB sbj SBpo^ ap pBpiuipui b^ na BjjBq as anb Btsaod
b^j -ajqinoq pp Bisaod bj sa spuaisixa b^ ap oaiSoj oiuauí^puní p
soj^ts aasq apsap anb usqpjad on anb sa ouBJixa oj oja^ -soppajq
-sisa sauíj tu 'soidpuud tu 'BpijBA uozbj auaij ou 'boiSojb sa Bpuaj
-sixa epoj^ •ajqmoq jap Jiisixa ja auarj anb odiSoj ojuauíEpunj ap
Bpnasns bj jod SBjsijBpuaistxa sojobojij soAann soj nsjadsasap ag

— 98 —

•ojjaq oj ap osjaAiun ja ua oiqoado uis
B ap Buad bj ^jba anb uopBjnqBj Baiun bj opmjjsuoo UBq 'aoj A
q^) uBQ Biseq opajan^ A sapmatnJBj apsap 'ssiaod A sojos^jij
soqonuí Bpua^ijaiui bj no 'anb ap jBsad y ¿p^pjaA ^sa ap A uozbj
Bsa ap jiApuiui ouioa ouiAip ubj ojisoj ja ajqos op^aojoa u^q anb
aiuamajdinis ueaas o 'oiaaisap jBuopBj [e^sapad ja ajqos ubi
sa^qraoq soj anb sojopi UBiag? *BpB^^ bj 'bijsii^ub bj 'oduiaij ja
pbj 'ojuouuiiuas ja 'sisaod bj 'Bjnooj bj 'uopmjut e^ *aiuBS
-uad uozbj Btnsiui bj b A ajqiuoq jb iB^uB^ua jcod Buinuai anb '[uns
ajuauíBsojjiABJBni japod un uaasod sajsuopBjji so^ -jBuopBj: oj ap
ajqísod oj na oprnjoxa opis Bq 'sojSts ajuBjnp 'ajjB j^ •BJtambjBna ojjo
jod 'oAajai ns soiuBáBq A uozbj bj ap Btugop ja soj^osou ap eoinafo^iB
anb Bip ja sasoip ouioo sotuauas anb BuiBpoad oaiuspB ojjnSjo uo^
¿Bjqraos Bsa ua jBpuasa pBppijaj ns Bpuanaajj uoa Basnq ajqnioq
ja anb 10¿? -B^ijqiq a^uaidias bj ap bj uoa osjejBdtnoa apand anb

'soujapoui soj ap
epuapnoa bj ojJiqaauoa aqap oraos jbj 'odmaij^ jap opuuas ja Bjsa
jqy —típiov^np oj ap vopatsa uaSniui vq 'ajqBídaoB uaiqiuej aaajsd
ara 'soatuoiBjd soj nojaiqpnoa bj otno^ jb^ 'Bzajjag bj ap opBDijiuSis
0010^ -pvptuuata vj ap voijatsa uaSmui vq 'BDijajoisiJCB npisajdxa Bsa
O3IJOSOJIJ jaqes ja na Bjna^í^ 'pvpiujata ^ ap ajqiaoui uaSwuti vj

UOpBipnl BUn OUIOa SBISpjB SOJ B aBJJB JBUOpBJ OJ B ODIjajIJUB CJ
•sisaji^uB sns ap jbijb ja na SBqDaojuB sajdijjntn opipuaona UBq naiqmBj
-BDijajsa U9ZBJ bj b onnsiqantn opsjopB UBq saiqmoq

•sbuisiiu sbj ap Biu^iua ja uoa u^juBdsa sou A SBjjaq sssoa sbj ap ojjsoj

•uBuopjodojd
anb ajqBjoBut psppijaj bj jod sajqBjam na asj^jaAnoa b 'Boonn
asaaoBjsijBg on b 'pnjraijnt bj b uapuau -^ soujojnoa nis uejuapaaoB as
seoijaisa sauopBinp sbj 'sajBn^aajaim o sajBuoponia 'sajqisnas sojnm
-ijsa soj uBjnamnB as anb Bpipatu b 'sajouadns sboijsijjb sauoisajdxa
sbj u^ *Bounu ubjoSb as ou A ajqístAajduii aiuapaaa noisaaSoad bjjo
ua uaoaJD Boijajea sauopBjnp sbj '3SjbjoSb BjSBq BDijarajijB uoisai3
-ojd ua uBjuaninB sajsijouas sauopBjuasaadaj sbj anb

ja uod UBj^ap3 sou ojuwaqBj jap SBÍajjBa sbj sajBna sbj ap 83abjj b
sajpBjBq o sajqBJtnp sbjuoumb sbj sojíosou ua A osjaAiun ojjsanu ua
opuBuiouaiap 'js ua ajsixa o 'soptjuas sojjsanu ap BduiBjj bj ap SBjjap
o^jaiqnasapuj B^sa q -ounoso otmuaqn^ \ap soiq jb SBpuajjo SBiJCBaaad
usas anbunB ^BOipap o 'asjBjjipoMB anb aidmats jÍBq 'a^ians Bpoj
aQ •SBaisjjB^aui SBaijajsa sbj ap J9g jg "Bzajjag bj ap aABja bj 'jaaouoa
ojjsonu ap ojndmi oj ap bjjb sbui BpnojB anb 'Jag jb jbSjojo boijiu
-^is BpnapuaasBj^ b^ -Bpuopuoa bj ap souamouaj soj ap laaaiuo^B jb
o [BionBjsqns BmjB jap ol'adsa jb Bzajjag bj ap uopanpaj bj Baijm^is
BpuauBuiui s^; ¿ouBuinq Jas jap a^uapuaasBj; o a^uauBinuj? -jBaj sa
Bza¡[ag bíj jsna ja jod ^ag ja sa ajcqmoq ja raf^nSuaf ojjo na oqaip q
•ajsixa oiuaiuiBsnad ja apuop ua 0J9S B^sa Bzajjajj bj ap ajuanj b-^j

•Bsouíds^
ap oi^^r bj ap oaij^araoaS ojijsa ja ua voija$s^^ Bun 'jBAaipara ja
A oaxsBja ^jjb ubj ja opuBzi^ajuis A 'opjBuoa'^ A ouijoj^ 'uojbj^ ap
uoo 'saouo^ua jBjnjonjjsa ua opijsisuoa Biaiqnq Bjoajjad
b&gt;^ 'sajEnij sopotn A sojnqijjB soj ap pBpiun bj na Bpipaad
¿Bzajjag bj _j_? -a^quioq jap BpuaSipjuí bj ap ajjsnji sbui .
bj na Biajdmoa as Bjajsa vj -Doii^ bj na 'BjnjosqB uopBaij
-xun bjio ua BjnsnBja as uij jb A 'SBUixpop A ssjan^sa jiui ua ojTueqc
un oraos B^atjdsap as 'jopeoijiiuopí BjsijBuopBj otnsiuoin un ua asop
-uBpiui 'BuBtanq Bpua^ija^m b^j •sajjBDsaQ A sajajojsijy jod optresBd
'zjxuqp^ b n^iBj^ apsap ba anb oj BjjBAjasuoa as njoídsa jap ouod
-nía asa u^ "Baj^ ap sapraanuBj uoa asjBiisoiu b ozadina anb ojosai
un ajuaiueanaiujaq BjnsnBja anb ofojjaa un oraoo sa A 'jsjuappao A
oadoana oiuauuBsuad jap uopBuirajno Bun BjBuas omsrsouídsa jg[

•sopmf
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-ma Bjnoo.id jBna bj 'pBptAi^afqns bj ap anbejB ajqijjai jb opijaraos
isa ajduiais anb ojad 'upzBj bj ap pjnj^u osaaojd jb Bti^dmooB
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bj sa an)? -Bai^aisa n^paBi^sqB ap peppBdBa ap A BpuaSijajuí buij
ap S^pejop sBzajBJtniBu sbj jbzijb3j uapand 0J9S anb Bueiunq uozbj
bj ap ozjanjsa un sa 'ojsa na asjBpan^) *oaTja}O}SiJB-oamo)Bjd omsij
-Baj jap osjndmi ooiubiij ja opis Bq Batííein n^isiad Bjsa jaduiojj •gofo
sojisanu o sopjo sojisanu ap pBpiuja^Bd ej nis Jiisisqns ap ajqísodnn
opunm un UBjaiCn^psuoa sooijajsa so^afqo soj anb BtjaoajBj -orapui
oj na uoisajduii bj aapuaasB oqoaq Bq ojafqo ja opusna 'j

�transcurre levanta de sí mismo una valoración referida a nuestro
existir, a un placer anterior al goce vital del ser, a un dato inmediato
de carácter estético. Es lo dado estético del Tiempo, en tanto empieza
a actuar sobre nuestra conciencia. Después se nota que en ese movi
miento y ese dato estético participan las realidades del mundo exte
rior. El Tiempo las sostiene, las embellece o las marchita, según su
propio desenvolverse.

que es una plenitud y una densidad cósmica. En él coinciden y con
viven en un sólo proceso activo, las apariencias y las realidades, las
mutaciones sin mengua de los sentidos y la inmovilidad del pensa
miento puro.- No se determina por ésto o aquello, no significa una
sola cuestión o un solo momento del espíritu; su determinación abarca
tanto lo uno como lo otro y no es el goce particular de tal hombre
o de tal época, sino de todos y a la vez distintos.

La muerte se encuentra en los límites de la existencia del poema
creado, rodeándolo por todos los ámbitos. La maravilla del acto esen
cial del artista, aparece como indefensa ante el cúmulo de máscaras
y obstáculos que se le hacen presentes: el tiempo, la tradición, la
indiferencia y la propia indigencia de los medios del lenguaje, se
arrojan sobre la brasa viva del canto. Este debe ser defendido por
su propio valor y por la vida del poeta creador, quien debe tenaz
mente velar sin tregua sobre la obra poética, resguardándola de las
bestias infinitas que intentan devorarlos a ambos.

Toda gran poesía trasunta sus preferencias ontológicas. Como
una densificación del fluir temporal, el canto hipostasiado en el len
guaje, circula por los labios, se hace remanso en la memoria, se
enriquece en el olvido y de allí asciende a través de la historia hasta
derramarse en las cosas inanimadas. ¿No hay acaso exámetros de
Hornero en las piedras que uno pisa en los montes de Grecia? ¿No
están escritos los tercetos de Dante en las olas paralelas que vienen
todos los días a culminar y a morir en las playas de Italia?

*
*

•

No se podrá saber nada sobre la esencia del acto poético mientras
no se profundice en las fuentes alógicas de la creación. Los azares, los
seres perfectos, las incorrecciones, las audacias felices, las inmorali
dades fecundas, los sufrimientos... Hay una red infinitamente trans
parente y frágil, que el poeta arroja en todos los instantes de su vida
y que igual recoge aquella estrella como esta sonrisa, aquel tono de
voz como aquella tempestad. Y así. De esa red suelen rodar como
añicos cosas y seres muy queridas y valiosas, para ser sustituidas por
fantasmas y recursos secretos, dioses arbitrarios, que son fundamenta
les fuentes de creación.

La síntesis de los contrarios se manifiesta en aquella particula
ridad estética del poema, según la cual lo que ha sido creado para
la eternidad se agota sin conflicto en el afán de arbitrar y contener
al mismo tiempo el resplandor de todo lo fugitivo: color, sensaciones,
formas, goces cambiantes, halagos de lo pasajero. La riqueza de las
fugacidades y la lucidez de las apariencias, se conjugan íntimamente
sin contradicción ni repudio con la propensión hacia la trascendencia
y la eternidad, que constituyen la trama sustantiva del poema creado.

Recordando a Kant, puede decirse que las condiciones de la po
sibilidad de lo poético en general son a la vez las condiciones de la
posibilidad de los objetos poéticos. Cuando las formas de la poesía,
revestidas de universalidad y circulando en las tradiciones literarias
de un idioma se revelan en las creaciones perfectas, se nota con asom
bro que patentizan también las condiciones formales de los objetos
poéticos —mujer, océano, flor, estrella—, que dieron lugar al naci
miento de éste o cualquier otro poema. Los objetos poéticos particu
lares al revelarse en los cantos, denuncian en su naturaleza las con
diciones espléndidas de lo poético universal.

El poema que ha logrado expresar la perfección de la idea que
lo impulsó, una vez que se halla terminado y dispuesto a vencer la in
mensidad movible del Tiempo, se asemeja al Ser de Parménides, en

¿Quién no ha caído con toda su espiritualidad en la red meta
física de las teologías estéticas de Plotino y San Agustín? ¿Quién no
ha envidiado la miel ontológica que fluye de los panales ideales de
Platón? ¿Quién 'no ha contemplado en los conceptos socráticos un
vuelo y un trabajar estéticos, parecidos al de las abejas más hermosas?
¿Quién con aire de pastor no se ha consagrado a amansarlas en los
prados de la inteligencia? ¿Quién que se enorgullezca de su condición
humana, no ha hecho esas faenas parcial o en totalidad? Cuando el
poeta, sintiendo en todas las cosas el latido de la poesía como un pen
samiento que se organiza en formas gráciles y bellas, y hallando en
esos signos, senderos claros dentro del enigma del existir en el Tiempo,
quiere explicar a alguien o a sí mismo la particularidad de su minis
terio, forzosamente levanta la mirada hacia las explicaciones teoló-

— 88 —

— 89 —

�na 'sapiuauíjB^ ap jag je efamase as 'odtnaij^ jap ajqiAom pepisuam
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anb eapi ej ap uopaojaad ej jBsa^dxa opBj^oj eq anb Binaod ¡^

-ojoaj sauopeaijdxa sej epBq epejim bj bjuba^j aiuamesozjoj 'oiJ
-siuuu ns ap pepijejn^pjed bj ouisiin is e o uainájB e jeaijdxa ajamb
'oduiaij^ ja ua jpsixa jap euroiua jap oj}uap sojbjo sojapuas 'souSis sosa
ua opuBjjeq A 'sBjjaq A eajpej sbuijoj na bziubSjo ^s anb ojuaiuiBS
-nad un oiuoa ejsaod bj ap oppej p sesoa sbj SBpoj ua opuaijuts 'ejaod
p opa^n^ ¿peptjejoi ua o jepjBd seuaej sesa oipaq eq ou 'eueumq
uopipuoa ns ap eazajjnjoua as anb uain¿? ¿epuaSijajuí bj ap sopejd

— 88 —

— 68 —

8OJ Ua SBJJESUEUIB B OpEJ^BSUOO Bq 98 OU JOJSBd ap 3JIB UOO Uatll^)?
¿sesouuaq sera sefaqe sbj ap je soppajed 'soapajsa jefBqejj un A ojanA
un soaijejaos so^daauoa so[ ua opejdura^uoa eq ou uam)? ¿uo^bj^
ap sajBapi ssjBUBd soj ap aAnjj anb boiSojoiuo jaira b^ opeipiAua Bq
ou uam^? ¿mjsnSy uBg j ouijo^^ ap SBoijajsa SBiopDaj sb[ ap
-Bjara. paj bj ua pBpijBnjuxdsa ns Bpoj uod opjBo eq ou uara^)?

Biuaod jap BApuBjBns buibjj ej ua^njijsuoa anb 'pfpiuaaja bj A
BpuapuaosBij ej epBq u^isuadojd ej uod oipndaj iu u^poipBj^uoa uis
ajuauíiuunui ue^nfuoa ^s 'SBpuaiJBde sbj ap zappnj ej A sapBppeSnj
sej ap ezanbiJ B'^ 'ojafesed oj ap so^ejeq 'saineiqmea saooá 'sbuijoj
'sauopesuas '^ojoa :oAijiSnj oj opoi ap lopuejdsaj ja odtuan ouisiui je
jana^uoo A iej)iqje ap ubjb ja ua oiaijjuoa uis e^o^e as pspiujaja ej
opsaja opis eq anb oj jen^ ej un^as 'emaod jap Borjajsa pepu
d ejjanbe ua eisaijmem as soiJBJinoa soj ap sisajuis b^j

oopaod oj ap SBpipuajdsa sauopip
-uoa sbj BzajBjnjBu ns ua ueioimuap 'so^ub^ soj ua asjsjaAai je
-naxjjBd soaijaod sojafqo so^j "Buiaod ojjo ^ambjBna o ajsa ap
-idbu jb jeSnj uojaxp anb '—Bjjajjsa 'jojj 'oueaao 'jafnuí—• soopaod
sojafqo soj ap sajBuuoj sauopipuoa sbj uaiqiuB^ UBzijuai^d anb ojq
-uiosb uoa biou as 'sejaajjad sauopeaj^ sbj ua uBjaAaj as Biuoipi un ap
seu^iajij sauopipBjj sbj ua opuBjnojp Á. pspijBSjaATun ap ssppsaAaj
'Bjsaod bj ap sbumoj sbj opuBn[) -soaijaod sojafqo soj ap pBpijiqísod
ej ap sauopipuoa sbj zba bj b uos jejaua^ ua oaijaod oj ap p^pijiqrs
-od bj ap sauopipuoo sbj anb asjpap apand 'jub^; b opuBpao^ajj

ap SBÁB[d sbj ua jijoui b á jeuiuijna b SBip soj sopo^
uauaiA anb SBjajBjsd sbjo sej ua ajuBQ ap sojaaja^ soj sojijasa uBjsa
M^ ¿BPM^ 3P ^a^uom soj ua Estd oun anb SBjpaid sbj ua ojauíojj
ap soj}3iuBxa osb^b ^^q o^¿? 'SBpBmiuBui SBSoa sbj ua asJBniBJjap
B^sBq Bi.iO}siq ej áp s^abj} b apuapse jjjb ap Á opiAjo ja ua ooanbijua
as 'Bijoinaní bj ua osiieuiaa aasq as 'soiqBj soj jod Bjn^jp 'afsnS
-uaj ja na opBisBjsodtq o^ubo ja 'jBJodmaj ^xnjj jap uopBDtjisuap Bun
ouio[) "sboiSojo^uo sepuajajajd sns bjuiisbjj ejsaod ubjS bPX

•sojuusip zaA bj b Á sopo^ ap ouis 'BDoda jbj ap o
aaquioq pj ap JEjnop.iBd aaoS ja sa ou A ojjo oj ouioa oun oj ojubj
BOJBqB uopBuiuz^aiap ns ínjijjdsa jap o^uainoin ojos un o uoijsana bjos
Bun BaijiuSis ou 'ojjanbB o o^sa aod Buiuua^ap as os¿ 'ojnd oiuaiui
-Bsuad jap pBpijiAOuiui bj A sopiiuas soj ap en^uam uis sauopBjnni
sbj 'sapepijBai sej A SBpuapedB sbj 'oaijob osaaojd ojos un na u^ata
-uoa A uappuioa ja u^j •b^uusoo pspisuap eun A pn^iuajd Bun sa anb

ap sajuanj saj
-eiuauiBpunj uos anb 'soiJBJuqjB sasoip 'so^ajoas sosanaaj A sbuisbjubj
jod SBprn^ijsns jas ejed 'sbsoijba A seppanb Anm sajas A sbso^ soaiye
ouioo jepoj uajans paj esa 3q -isb j^ 'peisadmai ejjanbe ouiod zoa
ap ouoj janbe 'bsijuos ejsa omoo ejjajisa ejjanbe aSoaai jenSr anb A
epiA ns ap saiumsui soj sopo) ua efojje Bjaod ja anb 'ji^ejj A aiuajed
-suej) aiuaiuB^iuijuí pai eun Áejj • • -sojuaiiuijjns soj 'BBpunaaj sap^p
-ijejomuí sbj 'sa^ijaj sepepne sej 'sauopaajjoaui sej 'so^aajjad sajas
soj 'sajeze so'j -uopeaja bj ap sBaiSojB sa^uanj sbj na aoipnnjoíd as ou
SEjjuauu oaijaod oías jap epuasa ej ajqos epeu jaqes ejpod as o^

•soqniB e sojjejOAap uBjuaini anb seimijuí sepsaq
sej ap ejopuepjen^saj 'eapaod Bjqo ej ajqos BnSajj uis jsjaA ajuara
-zBua^ aqap uamb 'jopeaja e^aod jap eptA ej jod A jojba oidojd ns
jod opipuapp jas aqap a^s^ *o^UBa jap baja esejq ej ajqos uefojje
as 'afen^uaj jap soipaui soj ap epua^ipni eidojd ej A epuajajipui
bj 'uoptpBj) ej 'oduiaij ja :sa)uasajd uaaeq aj as anb so^naBjsqo A
sBjBasBui ap ojnmtia ja a^us esuajapui ouioa aaajede 'BjspjB jap jep
-uasa o^ae jap bjjiabjbuí e^ -soíiquie soj sopo^ jod ojopueapoj 'o
euiaod jap epua^sixa ej ap sajiiuq soj ua Bjjuanaua as ajaanin

'asjaAjoAnasap oidojd
ns unSas 'ejiijojeoi sej o aaajjaquia sej 'auapsos sej odtaaij^ j^j 'joij
-ajxa opunm jap sapepijeaj sej uBdppjed oaijajsa ojBp asa A ojuatuí
-lAora asa na anb bjou as sandsaQ 'epnapnoa Bjjsanu ajqos jemae e
Bzaiduia ojubi na 'oduiaij^ jap oojifjsa opvp oj s^ •oapaisa jajaBjBa ^p
o^Bipauíni ojep un b 'jas jap jb^ia aaoS je joij3jub jaaejd un e 'jij
ojjsanu e Bpjjajaj nopeJojeA eun omsim ts ap bjuba^j

�gicas y estéticas, que lo conmueven con su ininterrumpido desasosiego
y su contenido ejemplar.
*
Las perfecciones artísticas son el resultado de síntesis prodigio
sas, en donde entran infinitos elementos, los cuales pueden muchas
veces expresarse por medio de paralelismos o dualismos: así, en la
danza, algunos geniales individuos logran la armonía del desenvolvi
miento plástico o corpóreo en concordancia con la armonía del des
envolvimiento musical u orquestal. Son instantes únicos o jornadas
excepcionales, que marchan con la leyenda de los mejores danzarines.
De igual modo, en el poema, suele lograrse que la armonía del desen
volvimiento de las palabras y sus ritmos, concuerde con el desenvol
vimiento de la armonía de las supremas ideas. Esta concordancia es
un acto de lucidez infinita, de proyecciones muy amplias, como en
Dante y Lucrecio, y de concentrados poemas modernos, como en
Mallarmé, en Thompson o en Poe.

•

*

Las fórmulas conciliatorias de sistemas metafísicos muy alejados
entre sí, pueden presentarse a veces descubriendo entre ellas afini
dades que denuncian fundamentos artísticos. Lo artístico inmanente
en los sistemas resplandece de súbito y la disparidad primaria se
borra. Poéticamente, por ejemplo, podrían conciliarse el panteísmo
estoico y el panteísmo de Espinosa, a través del abismo de los funda
mentos de ambos y de los siglos. El pneuma o hálito de los estoicos
coincide con la movilidad de los océanos y la actividad de las masas
ígneas que vomitan los volcanes, y en esas y otras realizaciones la
poesía se complace en insistir por medio de los cantos. La sustancia
espinosiana, como una coagulación de todas las ideas platónicas en
una sola realidad espiritual, parece transparentarse en la mineral se
renidad del cielo nocturno colmado de estrellas, y en el recinto ar
diente de cada astro al fijarse en nuestra razón. ¿Cómo no unir ambas
expresiones de las realidades últimas por medio de una gran idea
poética, de suerte, que se pueda concebir todo lo existente como un
gran pensamiento divino que, en el instante en que se piensa a sí mis
mo, lucha sin cesar para realizarse a sí mismo?

Sin los acontecimientos que se suceden, sin la máscara de la eter
nidad, sin la identificación estética inmanente, el Tiempo se desliza
como el deshenebrarse del ovillo del Ser, como un desasimiento del

Se convierte en una peripecia del pensamiento el determinar la
naturaleza de la poesía en sí, desarraigándola de las contingencias
que la rodean. Entonces las abstracciones gravitan sobre el objeto
poético lo mismo que las estrellas sobre una rustiquez fugaz. Esta
última concluye por deshojarse en términos cada vez más frágiles,
mientras que las estrellas permacen inmutables. ¿Debe el hombre
desesperar de alcanzar alguna vez lo que es la poesía? No. Existen las
situaciones reales, oscuras, impuras, pero cognoscibles: la poesía en
el poema, la poesía en la persona, la poesía en las cosas. Siempre
su signo perenne denunciase en esos reinos. La poesía, como dirían
los existencialistas, está fatalmente arrojada en algo del universo:
en aquel paisaje, en aquella mujer, en aquellas ideas. El poema es
el espejo que hace de todo eso algo eterno.

La suprema actitud de la conciencia poética creadora sería
aquella capaz de recibir en el instante presente y como originalidad,
las formidables intuiciones de la experiencia con las llamas de los sen
tidos y los racimos del amor y odio de los hombres actuales, referidos
a seres y personas de carne y hueso, que se atraviesan en los caminos
del mundo, al mismo tiempo que la inteligencia fuese afinándose y
diafanizándose en la tradición, bajo el hechizo de las categorías idea
lizadas en la Belleza de los pensamientos de Platón, Aristóteles y
Plotino.

La Fenomenología se comporta como un acopio de intuiciones en
una realidad neutra, en donde lo captado no es aprehendido en su tipo
de realidad sino en el de su esencia. Aquí el conocimiento se emancipa
totalmente de la intuición artística, la cual se jacta siempre de al
ternar con realidades postuladas como diferenciándose o completa
mente definidas: seres, cosas, ideas, valores. Todos estos objetos son
aprehendidos en su particularidad esencial: el motivo del canto, la
estatua, el cuadro, la arquitectura, en tanto que se ofrecen como va
lores artísticos, son entes reales, particulares, macizos, de cualidades
y encantos, siempre fugándose de los tipos, siempre agotándose en la
riqueza de sí mismos.

pensar, como una progresiva ausencia de la realidad, o como una ex
clusión o un escamoteo lento del universo.

Una cuestión que de tiempo en tiempo la problemática del siglo
XX se plantea es ésta: ¿El amor a la naturaleza como algo estético
es un hecho trascendente y legítimo? ¿No se tratará de una inferio
ridad de la criatura humana? ¿No será un residuo del pensamiento
mágico, alógico, primitivo? ¿Por qué se suele identificar a la Belleza
con la naturaleza? ¿Por qué el Universo debe ser hermoso? Lo real
es que el Universo parece ser o es. Ahí está. Lo feo, lo monstruoso, lo

— 90 —

— 91 —

�— 16 —
oj 'osonjjsnom oj 'oaj o^ 'is^ iqy -sa o jas aaajBd osjaAin^^ ja anb sa
JB3J o^ ¿osouuaq jas aqap osjaAinQ ja anb Joj? ¿BzajBjnjBU bj uod
Bzajjag bj b jBaijpuapi ajans as anb joj? ¿OAijuuijd 'oaiSojB 'ooi3boi
oiuaiuiBsnad jap onpisaj un bj^s o^j? ¿BUBiunq BjnjBua b[ ap popij
-oijafw Bun ap bjbibji as oj^? ¿ompiSaj X atuapuaasBj} oqaaq nn sa
oapajsa oSjb omoa BzajBJnjBU bj b jome ^^? :B^sa sa BaiUBjd as ^X
ojShs jap BaijBuiajqojd bj odmap ua odmaii ap anb uopsana buq

•souisiui is ap Bzanbu
bj ua asopufjoSB ajdmais 'sodij soj ap asopuirSnj aadraais 'soinsaua A
sapBpijBna ap 'sozpBiu 'sajBjnai^jBd 'sajsaj sajua uos 'soansijJB sajoj
-ba oinoo uaaajjo as anb ojubí ua 'Bjniaa^inbJB bj 'ojpsna ja 'BnjEjsa
bj 'ojubo jap oATiom ja :jBpuasa pBpiJBjnapjBd ns ua sopipuaqajdB
uos sojafqo sojsa sopoj^ -sajojBA 'SBapi 'SBSoa 'sajas :sBpmijap
-Biajdmoa o asopuBianajajip oraoa sBpBjnisod sapspijBaj uoa
-je ap ajdmais BjaBf ae je na bj 'BapsjiJB nopin^uí bj ap
BdpuBtn^ as ojuaimpouoa ja jnby -spuasa ns ap ja ua ouis pspijBaj ap
odrj ns ua opipuaqajdB sa ou opB^dsa oj apuop ua 'BJHiau pspijsaj Bun
ua sauopinjuí ap oidoa^ un otnoa Biaoduioa as BjSojonamouajj vj

*
A sapjojsijy 'uojb^^ ap so^uaiuiBsuad eo\ ap ^za^pg v^ ua 8BpBzi[
-Bapi sejJoSajBa sb¡ ap oziqoaq p ofBq 'aoprpBjj bj ua asopuBziuBjBip
A asopuBuijB asanj Biaua^ija^uí b( anb odmaij oiusitn ^b 'opunur pp
souinxBa soj ua ubsbiabjjb as anb 'osanq A aujBa ap ssuosjad.A sajas b
sopuajaj 'sajBnjaB sajqmoq soj ap oipo A joiub pp souhobj soj A sopp
-uas so{ ap SBtnBjj sb[ uoa Bpuaijadxa B[ ap sauopinjui so^qepuu^oj se[
'pBpipui^iJo omoa A a^uasajd a^uB^sui p na Jiqiaaj ap zsdea BjpnbB
Bijas BJopBaja Baitaod spuapuoa b[ ap pn}i}OB Bmajdns b^j

oS^b osa opoi ap aacq anb ofadsa p
sa Buiaod j^ -sBapi sBjpnbB na 'jafnm BjpnbB ua 'afBsiBd pnbe ua
:osjaAiun pp oS[B ua BpBfojJB ajuauqBjBj Bjsa 'sBjstp3puajsixa so[
UBuip onioo ^Bjsaod v~[ "soupj sosa na asBpunnap auuajad ouSis ns
ajdmaig -sbsod sb[ ua Bisaod bj 'b uos jad bj ua Bisaod bj 'Bniaod ja
aa Bisaod bj :sajqpsonooa ojad 'SBjnduit 'SBjnaso 'saj^aj sauopBnjis
sbj uajsix^ -o^j ¿Bisaod bj sa anb oj zaA enn^jB jbzubdjb ap jejadsasap
ajqmoq ja aqaQ? •sajqBjnmuí uaaBnuad SBjjajjsa sbj anb SBJiuaiui
'sajiBJj sbut zaA BpBa souinuaj na asjBÍoqsap Jod a^njauoa Bmpjn
B^s^j 'ze^nj zanfaijsnj eun ajqos sejjajisa sbj anb ouisiui oj o^^aod
ojatqo ja ajqos ubiiabj^ sauopaBJisqB sbj sa^uoiug -u^apoj bj anb
SBpua^uiiuoa sbj ap BjopuB^iBjjBsap 'is ua Bisaod bj ap
bj jBuiuuaiap ja oiuainiBsaad jap Bpaduad Bun ua a^jaiAnoa ag

— 06 —

jap ojuaj oajoraBosa un o uoisnja
-xa Bun oraoo o 'p^pijBaj bj ap BpuasiiB BAisajÜojd cun omoa 'jBsuad
jap o^uaimisBsap un ouioa 'jag jap ojjiao jap asjBj^auaqsap ja omoa
Bzijeap as odnxaij^ ja 'a^uauBmuí Bopaisa uopBaijpnapr bj uis p
bj ap bjbosbui bj uis 'uapaans as anb soju^impajuooB soj uig

¿owsiui is v asjvzijoa^ vsvd uvsao uis mj^nj 'oui
-sttu js d vstiaid as anb ua atuvjsui /a ua 'anb ouiAip ojuaiuiBsuad ubj^
un omoa a^uajsixa oj opoj jiqaauoa Bpand as anb ajjans ap 'Bopaod
Bapi objS buti ap oipain jod SBmijjn sapepijBaj sbj ap sauoisajdxa
sBquiB jran ou OU19^? "uozbj Bjjsanu na asa^fij jb ojjsb BpBa ap a^uaip
-jb ojupaj ja ua A 'SBjjajjsa ap opemjoa oujiijoou opp jap pBpiuoa
-as jBjauím bj ua asJBjuajBdsuBjj aaaj^d '[BnjtJídsa pepijBaj bjos Bnn
ua SBaiu^iBjd SBapi sbj SBpoj ap uopBjnSBoa Bun omoa 'BuBisonídsa
BiauBjsns b^j -sojuBa soj ap oipam jod jpsisur ua aaBjdmoa as Bjsaod
bj sauopszijBaj sbjjo A sssa ua A 'sauBajoA soj ubjuuoa anb SBan^;
SBSBUI SBJ ap pBpiAIjaB BJ A 8OUB33O SOJ 3p pBpiJIAOUI BJ UO3 appUIOO
soaioisa soj ap oiíjBq o sninaud j^ 'sojSis soj ap A soqmB ap sojuatn
-Bpunj soj ap ouiskjb jap s^abjj b 'Bsouídsg ap omsiajuBd ja A oaioisa
oiusjajuBd ja asjBtjpnoa nBjjpod 'ojdtuafa jod 'ajuamBaijao^ *BJjoq
as BijBiuijd pepuBdsip bj A ojiqns ap aaapusjdsaj SBniajsis soj na
aiuauBuiuT oaijsijjB cj •sootjsijjb sojuaniBpunj uspunuap anb sap^p
sBjja ajjua opuaijqnasap saaaA b asiBjuasaad uapand 'js ajjua
^nm sooisijEjaui SBmajsrs ap SBiJOiBijpuoa SBjnuuoj

•ao^ ua o uosdraoqj^ ua 'a
ua onioa 'soujapom SBUiaod sopBj^naauoa ap jf 'opajan^ AQ
ua omoa 'BBijdmB ^nni sauopaaXojd ap 'Bjinijm zappnj ap ojaB un
sa Bpnspjoauo^ Bjs^ 'SBapi sBmajdns sbj ap biuooijb bj ap ojuainiiA
-jOAuasap ja uoa apjanouoa 'sorajij sns A SBjqBjBd sbj ap o^uairaiAjoA
-uasap jap BinoniJB bj anb asjBjSoj ajans 'Bniaod ja ua 'oponi jBnSí a(j
•saniJBzuBp sajofam soj ap Bpua^aj bj uoa UBqajBiu anb 'sajBnopdaoxa
BBpBujof o sootun sajuBjeui uog #jBisanbJO n jBaisnm oiuaimiAjoAua
-B3p jap BiuoouB bj noa spuBpjoauoa ua oajodjoa o oaijSBjd ojuaitn
-lAjoAuasap jap bjuouijb bj ubj^oj sonpiAipni sajBiua^ sounSjB 'bzubp
bj ua 'isb :somsijBnp o somsijajBJBd ap oipam jod asjBsajdxa saaaA
SBqanm napand sajBna soj 'sojuauiap so^tuijui ubj)U3 apuop ua 'sbs
^d sisainis ap opBjjnsaj ja uos SBapsjiJB sauopaajjad

'JBjdmafa opiuaiuoa ns A
o^aisosBsap opidnmjjaiuiui ns uoo uaAannnioa oj anb 'SBaijajsa A

�amoral, están en él. .. Pero en conjunto, al madurar o culminar una
existencia, la hermosura y la perfección del mundo externo se im
ponen. De ahí se pasa a la adoración. No menciono las negaciones
religiosas, las degradaciones teológicas, las valoraciones despectivas de
los creyentes y místicos, ni el tránsito infame y condenable de la ma
teria. Me coloco en actitud de artista y de hombre que se atiene al
conocimiento puro: aquí la actitud primordial es de admiración y
asombro por la naturaleza. Sin embargo, tanto para poetas como para
los filósofos, la naturaleza debería ser un hecho, un elemento apro
vechable, una oportunidad, un dato indiferente, un cuadro en el que
ocurren acontecimientos. El mundo de la conciencia para aquéllos es
infinitamente superior. Es lo antinatural, lo que no es esclavo de
las cosas. Vale más el yo creador, admirador y valorador. Pero no
ocurre así. Siempre capitulamos. La naturaleza es lo importante, o
más aún, es lo sacro. Divina esencia la habita e impulsa. ¿Por qué^
No hay más remedio que admitir un postulado brutal: Por que sí. No
se puede demostrar la importancia estética, ni la sublimidad de la
naturaleza.

Ciertas circunstancias extremas del pensamiento conducen a si
tuaciones de una intensidad trágica para el conocimiento y la com
prensión de las cosas. Los límites del conocer se han agotado, las
realidades se resisten a arrancarse las armaduras y el pensamiento ex
perimenta la angustia de lo incomprensible y de la nada. En estos
instantes y límites, los conceptos, en su afán de subsistir, se aferran
como náufragos a las realidades ontológicas y así ocurren las hipóstasis, tan frecuentes en la filosofía. La substancialización de los con
ceptos lógicos se aplica dentro de lo más abstracto del pensar, como
también se cumple con natural frecuencia en los conocimientos sen
sibles y comunes. Existen también obras de arte que resplandecen
como hipóstasis sensoriales de ideas platónicas. Hay fragmentos de
humanos rostros, seres espléndidos que hemos conocido, que se de
tienen en alguna perfección momentánea, iluminándose de belleza
cognoscible. Lo bello posee un poder infinito para provocar las hi
póstasis más comunes y admirables. El concepto de lo temporal, el
esquema lógico que logramos construir para comprender la sucesión
del Tiempo, acude a hipostasiarse en la formulación estética. La Be
lleza es la hipóstasis primaria del indefinible Tiempo; la emanación
de su fluencia en el vaso de la experiencia sensible, se confunde con
la coagulación de su fugacidad incontenible en las creaciones artísticas.

tencia de la idea del bien, y al faltarles este apoyo se degradan ra
dicalmente, convirtiéndose en torpes canes guardianes de las obras
bellas, ofenden la vida y las creaciones de los poetas y manchan los
umbrales de los templos que pretenden vigilar.
*
#

•

El pensamiento en estado de tensión obedece a leyes diferentes
de las del mismo pensamiento en períodos discursivos o socializables.
La tensión creadora es una excepción dentro del conjunto de los seres
conscientes: se comporta igualmente en el ministerio de lo poético
como de lo científico. La tensión del pensar unifica en sí misma todos
los poderes del hombre, desde las intuiciones y los recuerdos hasta
los signos expresables. Se solidifica una unidad substancial que borra
las distinciones habituales; así el pensamiento interior se apoya en
la palabra, la cual es oomo fundida de nuevo por el fuego del primero.
También las vivencias poéticas, los ornatos remotos de la especie y
del individuo, las caricias heladas de las ideas y los paraísos del sen
timiento, pasan a formar unidad esencial con los símbolos y las imá
genes y los ritmos del lenguaje. De ahí resultan los paralelismos sub
jetivos y objetivos de la Belleza creada, la que se constituye en un
anónimo tumulto de la intimidad y asoma en los poemas, para quedar
inmutable como objeto ideal existente en sí, lejos del creador y de
su Tiempo.

Desde Platón, la Etica monta guardia en los portales de la be
lleza, como una censura permanente. En el plano inferior de las ciu
dades, los moralistas montan guardia en torno a la obra de los artistas
creadores. Actúan sin la postulación platónica de la primaria exis-

La existencia humana, en tanto se orienta hacia aspiraciones de
inmortalidad, se comporta como un conocimiento trascendente que
ilumina el destino de los seres pensantes. Tenemos un conocimiento
de lo inmortal que se opone a la ceguera de vivir. Para vivir y morir
no necesitamos razón de conocer. Vivimos simplemente. Apenas que
remos salir de la ceguera y nos arrojamos a pretender conocer lo que
es nuestra vida y nuestro espíritu, denunciamos que ha nacido en lo
hondo del Ser la instancia apetente de inmortalidad. Todo conoci
miento es un preludio de inmortalidad. Si ese conocimiento enfoca los
problemas fundamentales, es porque ya la propensión de ser inmor
tales nos impulsa. ¿Qué otra cosa haríamos en la inmortalidad sino ser
fuentes incesantes de conocimientos? El simple vivir, lo que cons
tituye la mayor parte de nuestra existencia, se halla ausente de teoría.
Es entetativa práctica y actividad biológica. Es una prodigiosa ce
guera. Somos ciegos cuando vivimos y actuamos. El conocer ilumina
sin cesar todo eso, se mezcla, se empaña allí; llegará un instante en
que se independice, se haga creación y especulación lógica, y entonces
ya enderezamos hacia lo inmortal. El Yo pienso, luego existo, de Des
cartes, podría expresarse así: Yo pienso, luego soy inmortal. La ani
malidad corpórea ignora esta maniobra que el conocimiento realiza
como un escándalo para escapársele. Miro los hombres en una plaza
o en un estadium, miro las hormigas en un bosque, miro las estrellas

— 92 —

— 93 —

�en el cielo. ¿Son idénticas formas de existencia? Lo son en tanto los
hombres no se percaten de que piensan, de que conocen lo que los
rodea, de que pueden crear comedias o sistemas políticos y filosóficos.
Pero apenas ocurre ésto, aunque sea en tímidos esbozos, ya la idea de
inmortalidad aparece y se impone por medio de sus normas de vida.

La meditación sucesiva de la Belleza y el Tiempo, llevóme a la
conclusión que ambos dominios constituyen los problemas especula
tivos más importantes para el hombre actual. La razón siente la iman
tación de lo temporal y de lo bello con igual fuerza. Los artistas crea
dores concentran en ambas realidades todo el existir y el crear: la
vida, la muerte, el destino, el azar, todo lo que gravita sobre el arte,
se halla encerrado en esos dos extremos: Tiempo y Belleza. La fuga
cidad y la contingencia del existir, le otorgan dramaticidad perma
nente a la cuestión. La Belleza de la obra, amenazada siempre por
nuestra muerte, nos hace sufrir la tortura del Tiempo que debemos
emplear para crearla o admirarla. ¿Por qué no intentar explicar el
Tiempo a través de la Belleza? La naturaleza estética del Tiempo
parece imponerse al entendimiento como una forma satisfactoria para
comprender el gran misterio que atrajo igualmente a San Agustín y
Heiddegger. ¿Qué es el Tiempo? La forma dinámica de la Belleza.
La realidad del universo se anuncia en una sucesión que tiene un
signo común constante de naturaleza estética. La música de Bach es
una metafísica estética de lo temporal. Se confirma en ella la iden
tificación de lo temporal y de lo estético. Schopenhauer vio la tras
cendencia de la música en la inmersión del espíritu en la Voluntad
cósmica, pero también puede ser la música la patentización cósmica
del Tiempo hecha sensible. Las formas artísticas superiores se hallan
impregnadas de temporalidad y aquellas que se enorgullecen de rei
nar en el espacio, están en éste como en un tiempo coagulado. La na
turaleza estética del Tiempo no ha sido observada por ningún filósofo,
pero ha constituido siempre un oscuro saber de los artistas creadores.
¿Qué es, en efecto, el Tiempo para los grandes inventores de formas
artísticas? Un despliegue posible de creaciones estéticas: algo estético
que oscuramente transcurre. Es también una Belleza siempre en acto
de fluencia, a través de imágenes y estructuras, que borran los límites
y los dualismos de espíritu y materia, de forma y contenido, de fuego
creador y de heladas palabras.

la música, la poesía y la danza, denunciando su procedencia cósmica,
independientemente de la intromisión de lo subjetivo.

Cuando se introdujo la metáfora del río en la noción del Tiempo
de nuestras vidas, ya se empezó a aclarar el dinamismo estético que
en sí evidencia lo temporal. Las olas del tiempo no son isócronas, la
sucesión en ellas las divide en magnitudes diferentes, según la den
sidad de belleza que arrojen en las playas del vivir. El tiempo histó
rico de los griegos y el del Renacimiento está representado en la me
moria de la humanidad como una poderosa muchedumbre de obras
de arte inmortales. Son como islas formadas por el transcurrir del río;
desde lejos continúan embelleciendo a las generaciones, lo mismo que
las estrellas que son islotes de fuego flotante en el tiempo de la eter
nidad. Los astros, primordialmente, son bellos. Después serán otras
cosas: los físicos y astrónomos descubrirán otras naturalezas en ellos,
pero antes que nada son productos puros de la Belleza inmanente
en el Tiempo.

El inconstante espejismo del Tiempo atrae con su poder miste
rioso, lo mismo en lo profundo del pozo de nuestro existir como en
la intimidad de la obra de arte. Cuando entro en el Louvre o en un
museo de Florencia, concurro a una exhibición de un Tiempo estético
petrificado: exteriormente, en la superficie de la percepción, veo lo
histórico, lo racial, la naturaleza y las formas humanas. Las atraigo
hacia mi existir, y el pasado viene al presente según mis planes y
después retorna a sí mismo como obedeciendo a un resorte elástico.
Esto ocurre en un tiempo colmado de imágenes e ideas superficiales
pero de contenido estético profundo. Más allá, yo sé que el Tiempo,
con su devenir, su evolución, su continuidad, impregna toda aquella
belleza admirada por miles de seres pensantes, productos también del
mismo Tiempo inmortal. ¿Qué es éste? Una Belleza no definible que
se cumple en una Belleza definible, a través de nuestras vidas y de
nuestras obras. En los mismos museos me detengo a contemplar los
bellos ojos o las líneas admirables de alguna viajera. La hermosura
vital de ese ser humano que cruza, resaltada por la Belleza que la
circunda, está sometida a la modulación del Tiempo. El presente, el
hoy, el fugaz instante, la definen como una culminación instantánea
de miles de olas oscuras de Tiempo estético que han venido a resplan
decer ante mis ojos en este momento, y a traerme la clave del misterio
metafísico de la temporalidad.

La duración temporal enriquecida por las alternancias, denuncia
su procedencia estética por medio del ritmo. El ritmo está presente
en las artes y en la naturaleza como una revelación solícita de la na
turaleza estética del Tiempo. Las formas rítmicas van constituyéndose
como enhebradas por el hilo del Tiempo y la Belleza, que construyen

Las olas oscuras del Tiempo se hacen conciencia en un presente
continuo que las ilumina y les da existir. Suprimido este instante en

— 94 —

— 95 —

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�que escribo, todo mi Tiempo pasado y futuro se derrumba. No puedo
saber lo que ocurrirá luego; sólo sé que en alguna forma lo encon
traré como preestablecido después en lo que me ocurre ahora. ¿No es
hermoso que esto sea así? ¿No existe un orgullo estético en el pensa
miento cuando medita sobre estas verdades de experiencias tan sim
ples? ¿Las obras artísticas no obedecen igualmente a tal proceso? Al
crearlas el hombre no capitula ante ninguna forma a priori: el poema
y el drama toman direcciones imprevistas y libres. Nadie puede pre
ver una Divina Comedia ni unos dramas de Shakespeare, anticipables, desarrollables según un propósito determinado. El secreto de
las artes coincide con el secreto del Tiempo: una misma esfinge
sonríe en el fondo del instante y en el ritmo de los cantos. La memoria
en lo temporal es lo histórico en las artes. El pasado está muerto para
el artista en el instante de crear: las obras clásicas y renacentistas
dejan de vivir y resplandecer y sólo un imprevisible presente inicia
sus desarrollos hacia un futuro de tinieblas. Lo que sostiene todo ese
trabajo de la intimidad humana es la vida suspendida en la magia
del Tiempo presente.

¿Cómo se expresa la dinámica estética del Tiempo? En la con
ciencia del individuo, sobre la superficie oscura del devenir vital, en
su borrosa fugacidad primaria, se percibe algo así como un resplandor.
¿Es el conocer, el vivir, el dejar de no ser... ? La duración se va
haciendo estética entonces y sólo por eso ya el existir es soportable
y adorable. Pero tanto como ese dato primitivo estético, el Tiempo
expresa el fluir que todo lo borra. Lo bello se constituye para dete
nerlo y como es la primera manifestación colmada o perfecta, irradia
su poder y se erige en el monarca de todo principio.

lo rodea. Por ello el Ser tiende a permanecer en el Ser, y no le con
cede realidad a la negación del ente, ni a la presencia de la muerte.
La idea de la eternidad acude a la inteligencia humana por virtud
de este afán estético de vivir constituyéndose en la promesa del goce
infinito de la Belleza espiritual.

•

*

Lo que resulta evidente entonces es que el sentimiento de la
Belleza, no es extranjero a la naturaleza íntima del Tiempo. ¿Qué
sentido tiene el Tiempo sin esa noción agradable de Ser, sin ese dato
estético de vivir, de conciencia oscura que tiende a la claridad? Todo
eso, en estado natural y normal es estético, y algo de ello vieron
Guyau y los vitalistas y los partidarios de la einfühlung, pero se atur
dieron con las proyecciones objetivas y sensibles de lo bello y olvi
daron que ya en el Tiempo venía anteriormente dándose la prioridad
pura de lo estético.

El Tiempo es para el hombre pensante, más que la dimensión
de su existencia y más que la advertencia inevitable de su muerte.
El yo consciente intuye al Tiempo por encima de las contingencias
del vivir individual. El Tiempo denuncia más que el pasar sin tér
mino ni sentido, el arrollarse y desintegrarse de su vellón sutilísimo
en los telares de la conciencia. El huir tan fugitivo de los días se pre
senta doloroso para el hombre cuando éste, sumergido en intereses
y cosas, riquezas y goces, olvida el primario carácter del Tiempo, su
vital tono hedónico y la Belleza inmanente que lo engendra.

*
*

*

La actualización del Tiempo en el presente siempre variable de
la conciencia, junto a su inefable noción de vivir, de ser, proporciona
un dato primitivo de carácter estético. El vivir es algo hermoso en
ese instante fugaz y mínimo. Lo agradable de tal información ele
mental constituye el signo de nuestra espiritualidad, por el conoci
miento implícito en él. Por encima de tal información estética, el ser
pensante sostiene la arquitectura de su personalidad, su cultura, su
historia, su expansión en el universo. El Tiempo, desde su fluencia
continuada nos ofrece la flor de la luz y del existir, y proyecta esa
belleza inmanente en el universo circundante.

Las experiencias fundamentales del Tiempo son estéticas. Tien
den a valorizar estéticamente el existir del hombre y el mundo que

En el transcurrir de mis meditaciones sobre el Tiempo llegué
fatalmente a un instante en que comprendí su unidad con la Belleza.
Me di cuenta de que la génesis de la idea de bello coincidía con el
conocimiento de lo temporal y que ambas naciones son absolutamente
inseparables en su origen y desarrollo. La Belleza dejó de ser pro
piedad de los objetos y las obras, para coincidir en la dimensión
temporal de las mismas, constituyéndose en una realidad ontológica.
Las ideas platónicas en su afán de emanciparse del Tiempo, no hi
cieron más que patentizarlo bajo las categorías de eternidad y per
fección. Pero descendiendo de ellas al sujeto ^que experimenta las
imágenes sensibles de los objetos denominados bellos, se descubre
en éstos y en la conciencia del artista que los creó, la comunión de la
fluencia del Tiempo con la percepción desnuda de la Belleza. ¿Por
qué la Belleza física de los seres depende para nosotros de las mu
danzas del Tiempo? Sencillamente, porque ambas son una misma rea
lidad. ¿Por qué el artista quiere vencer al Tiempo? Porque ha in-

— 96 —

^ 97 —

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jas p 'Baijajsa uppBuuojuí jbj ap Binpna jo^ -p ua o^pi^dun oiuaim
-pouoo p jod 'pBpi^miJtdsa Bjjsanu ap ou^is p aXnipsuo^ jejuaui
-ap uopBuuojuí [bj ap a^qspBj^B o^ -ouiiuiui A z^Snj ajuBjsui asa
ua osonuaq o^[b sa jiaia [g -oa^aisa j31^bjbd ap oApiuijjd ojBp un
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opand o^[ -Bqmnjjap as ojnjnj A opBsed odutai^ ira opo^ 'oqijasa anb

�tuído sin saberlo su carácter estético, sin el cual la obra de arte muere
al instante.

Llegué al convencimiento de que toda aprehensión estética es co
nocimiento simbólico del Tiempo. En la imposibilidad de poseer
representación mental concreta de éste, con anterioridad a sus formas
de pasar, de dividirse en estados, de presentarnos irreversibilidad,
confundimos nuestra vitalidad con un goce estético de la misma. Ahí
se halla el nacimiento de la noción de lo bello que descubre más
tarde la realidad de la Belleza ideal, constituida como una marea
por las olas innumerables de los instantes.

Heidegger culminó la estimación ontológica del Tiempo al colo
carlo en el centro de toda indagación sobre el ser. La cuestión se halla
hoy en pleno desarrollo, desde las obras de Bergson y Husserl, hasta
los últimos trabajos de Lavelle (Du temps et de Veternité) en el do
minio de la filosofía. Las ciencias, por su parte, enfocan el problema
de la naturaleza del Tiempo en infinidad de investigaciones mate
máticas y físicas. En ningún lado se establece sin embargo la vincu
lación del Tiempo con la Belleza, o de los fenómenos estéticos con
los datos temporales. La primordial afirmación que se debe hacer es
que el Tiempo se hace presente en la conciencia como algo estético. Y

Tiempo en todos los laberintos de la Belleza. La esencia del existir
consiste en este detalle mínimo: poder ser. Las posibilidades infinitas
de ser se concretan en una sola finalmente. En mi existir. Las demás
son imposibles. Sólo puedo realizar una posibilidad de ser. Y bien.
Esto es soportable porque es algo bello en sí. Es bello ontológicamente que el Ser sea y que la Nada no sea. Más que la lógica nos
dice algo al respecto la estética. Igual ocurre con el crear y con la
contemplación de lo bello. La esencia del crear consiste en poder
crear con belleza. En todo: nadie quiere engendrar monstruos o pro
hijar fealdades. Y bien, la creación estética presenta posibilidades
infinitas, pero sólo es realizable de una manera: este cuadro, esta
sinfonía, este templo. Las creaciones se limitan a una sola especie
de obras, o a una obra en conjunto, con un sello propio de indivi
dualidad. Después se acumula todo ese proceso trágico y bello en
un nombre: Hornero, Beethoven, Goethe. ¿En qué categoría final
permanecerán esos nombres? En la del Tiempo. ¿Cómo quedarán?
Como entes de Belleza. Por todas estas evidencias confirmo el hecho
de que, tanto en lo que se refiere con las intuiciones primordiales,
como en lo que revelan las experiencias sensibles complejas, como en
lo que confirman las valoraciones históricas y culturales, como en lo
que trasciende de la problemática metafísica, existe una identifica
ción secreta, indisoluble, esencial, entre lo estético y lo temporal y
que es posible que sólo se pueda conocer algo del Tiempo a través
de la Belleza implícita en él.

que jamás pierde ese carácter. Están allí implícitos los datos siguien
tes: el tono hedónico, la irracionalidad, la sorpresa, el misterio, la
vinculación solidaria e indisoluble con el vivir... El ser se siente
durar y vivir estéticamente. Por eso vive y no renuncia jamás a ello,
hasta que su naturaleza se oscurece o perturba. El Tiempo es algo
bello en sí: por lo que encierra como hecho, por su pasado, por las
promesas de su porvenir. Los millares de fuerzas y de mundos que
resplandecen en la grandeza del firmamento estelar giran confundi
dos en una duración colmada de Belleza. También Tiempo y Belleza
constituyen el patrimonio irrenunciable de la inteligencia humana.
No se concibe un ser inteligente sin la gravitación del Tiempo en sí
mismo y sin la noción de la Belleza que lo subyuga. El atrevimiento
de vincular lo estético y lo temporal, y de tratar de comprender algo
sobre la naturaleza del devenir del Tiempo confundiéndolo con la
problematicidad de la Belleza, se me presenta con nitidez desde hace
años, como fruto de la experiencia del mundo y de la locura de
crear algo. Lo bello es durable, lo bello es eterno; tiene que ser así.
La fugacidad misma es estética. El instante que se vive más es el que
proporciona el éxtasis estético de ser. Ambos extremos se presentan
enjoyados de una irracionalidad subyugante para el artista creador.
El Fausto de Goethe lo proclamó al constituirlo en clave de sus pro
blemas mundanos. Y la poesía y la música modernas tanto como la
filosofía, han acentuado firmemente la presencia ontológica del

Todas esas estrellas que contemplo esta noche desde un campo
de Cerro Largo, se hallan flotando en un Tiempo errante que se me
aparece inmóvil como una tiniebla coagulada. Mis ojos no logran
detener el proceso de mi pensamiento con sus engaños sensibles. No.
Allí está el Tiempo dándome la imagen de la eternidad y del instante
en el mismo acto. Pero si analizo bien lo que coexiste allí y en mí
mientras observo ese cielo, me doy cuenta de que es la conciencia
de su sublimidad y su belleza. De igual suerte que los astros, nuestro
existir personal se halla suspendido en un Tiempo que lo impregna
y lo rodea por todas partes. En ese sentido me parezco a los témpa
nos del océano; el agua los constituye en lo íntimo y los arrastra en
sus corrientes. Así, no hay duda: estoy en un Tiempo infinito del
cual gozo una mínima parte. He dicho gozo porque es así. Podría
decir vivo, tomo conciencia, poseo. Pero si analizo bien, si consigo
determinar un estado simple, de conciencia rápida, lo identifico con
un placer diferente de todos y que es la más mínima presencia de
lo bello que se me revela. Tiempo y Belleza son una misma reali
dad; no pueden explicarse, ni siquiera comprenderse el uno sin la
otra. La mayor o menor intensidad del Tiempo se marca en el es
píritu por un cambio que se traduce como una noción de placer o
desplacer estético. No se trata además de que anote un simple dato
subjetivo, personal, discutible, al destacar en mi interior la intuición

98

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Biiáo.iduii o^ anb odniai^ un ua opipuadsns b^bi{ as puosjad ai;sixa
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Biouorouo^ bj sa anb ap Bjuan^ iop am 'opio asa OA-iasqo sBj^uaiiu
jui ua Á j[{B a^sixaoa anb o[ uaiq ozijbub is oja^ -ojob ouisiui ja na
ajuB^sui pp Á peptuja^a b^ ap uaBiui b^ ouiopucp oduiaij^ p Bjsa juy
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ubjSo^ ou sofo sij^f "BpBfnSBoa B^qaiuii Bun ouioa ^iaouiui aaajsde
ara as anb aiuBjja odraaij^ un ua opuBjojj uB^p^q as 'oS^b^j ojja^ ap
oduiBa un apeap oqoou Bjsa ojduiajuoa anb SB^pjjsa SBsa

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saciojj n oduiaij^ jap oSjn jaooitoo npand as ojos anb ajqjsod sa anb
X jDuodutaj oj Á ooiiajsa oj aiiua 'jviouasa 'ajqnjostpwi 'vjauoas uoto
-voifjtuapi vun ajsixa 'BaisjjBjaui BoijBuiajqojd bj ap apuaiasexi anb
o[ ua ouioa 'sa^Bjn^[np A SBaiao^STq souoiobjo^ba sb[ ubuutjuoo anb o[
na ouioo 'SBÍa^duioD sayqisuas sBiauaijadxa sbj uBpAaa anb o^ ua oraoa
'sajBip-iomijd sauoionijuí sb[ uoo aaoijaj as anb o[ ua o^ue} 'anb ap
oqoaq ja ouui^uoa SBiouapiAa SBjsa sspoi joj -Bza^pg ap sajua
¿UB^Bpanb OU19^? 'oduiai^ pp bj ug; ¿sajqraou sosa
[butj BiJoSajB anb u^? 'aqjao^) 'uaAoqjaag 'oaamojj :ajqmou un
ua o[pq Á ooiobjj osaaojd asa opoj BjtuunoB as sandsaQ 'pspip^np
-lAipui ap oidojd ofps un uoa 'oiunfuo^ ua Bjqo Bun b o 'SBjqo ap
aioadsa bjos Bun b ub^ioii^ as sauoia^aja sb^j -ojduia; atsa 'biuojuis
B}sa 'ojpBno aisa iejoubui Bun ap a|qBzi^B3j sa o^os o^ad 'sb^iuijui
sapBpijiqísod Biuasajd BOTjajsa upiaBaaa bj 'uaiq j^ 'sapEpiBaj
-ojd o sonjisnom jBjpuaáua ajainb aipeu :opoj ug -Bzajpq uoa
japod ua aisisuoa JBaJD pp spuasa vj 'ojpq o[ ap uopB[draajuoa
B[ uod Á JB3J3 p uoa ajjnao ^nSj 'Borjaísa b^ ojoadsaj jb op^ aoip
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-BOtSo^ojuo o^pq sg -is ua o^pq oSjb sa anbjod a^qBj^odos sa o^sg
•uaiq j^ uas ap pEpi^iqisod Bun jbzi^B3j opand o^^g 'sa^qísodint uos
sBuiap sb^ -jiHsixa tui ug 'aiuanqBuij bjos Bun ua uBjaaauoa as jas ap
SE^iuijuí sapspijiqísod sb^j -jas japod :omiuiin ajje^ap ajsa ua ajeisuoo
pp Biauasa ^J -Bza^jag bj ap 8o^uuaqB[ so[ sopo} ua d

pp B3iSo[ojuo Biauasajd bj aiuamanuij opBnjuaoB nBq 'bijosojij
bj ouio^ ojubj seujcapooi Baisnra bj A Bisaod bj j^ -souspunm' SBtuajq
-ojd sns ap aABja ua ojJinjijsuoD jb oniEjoo-id oj aqiao-Q ap ojsnnj jg
•jop^ajo bisijjb p Bjed a^u^Sn^qns pBpi[FuoioBjji can ap sop^Aofua
uBjuasajd as souiajjxa soqray miae ap oaijajsa sisbjx^ p Buopjodojd
anb ¡a sa sbui ^aia as anb ajuejsai jg •vottaisa sa viusyw popioognf vq
•tsv xas anb auap iouxa%a sa ojjaq oj 'ajqvunp sa ojjaq o'j -oSjv maio
ap vunooj vj ap X opunui jap viouauadxa vj ap ojnuf ouioo 'soyv
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vj uoo ojojnimpunfuoo odtuatj^ jap jiuaciap jap vzajvuntvu vj auqos
oSjo uaptia^duioo ap jv^vj$ ap A 'jvuoduiat oj A oot%a^sa oj jmjnoum ap
otuatuimautn j^ •B¿n¿íqns oj anb Bzajj^g bj ap uopou bj uis A otnsitn
ts ua odtnaij^ jap uoiobjiabjS bj uis ajuaJíijajut jas un aqiono^ as o^¿
•BUBiunq Btaua^ija^ui bj ap ajqeiounuaxii oiuoiuiJjBd p ua^njpsuoa
Bzajjag A odurai^^ uaiquiBj^ 'vzajjag ap vpouijoo uptovunp Bun ua sop
-ipunjnoa ubjiS jBjajsa ojuauíBuurj jap Bzapusj^ bj na uaaapuBjdsaj
anb sopunta ap A SBzjanj ap sajBjjtm sorj -jiuacuod ns ap svsauioud
svj uod 'opvsvd ns uod 'ouoau ouioo vuuapua anb oj uod :is ua ojjaq
oSjo sa oduiai^ j^ •vqj.ntuad o aoaunoso as vzajvjntvu ns anb msnu
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ajuats as uas j^ • • 'Jtain ja uoo ajqnjosiput a mjnptjos itpiovpioum
vj 'oiuajsiui ja 'nsaj. da. os vj 'popijnuotovjji vj 'ootuopay ouo% ja isat
-tiamSts sojvp soj sotiorjduit tjjv uvjs^ 'uatopjvo asa apuatd svuivf anb
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sa jaovv aqap as anb upiovuutfo jvvpjouiijd vj 'sajvjoduiat sojvp soj
uoo soopatsa souauipuaf soj ap o 'ozajjag vj uoo oduiai^ jap uptooj
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Buiajqojd ja ueoojua 'ajjB¿ ns jod 'SBtouaw SB^ -b^josojij bj ap oiuiiu
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bjjbij as uoijsana wj -jas ja ajqos uoioBSBpui Bpoj ap ojju^d ja na ojjbj
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•sajuBjsui soj ap sajqBjamnuut sbjo sbj jod
Bun oraoo Bpjnjtjsuoa 'jBapi Bzajjag bj ap pBptjBaj bj apjBj
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SBoiJoj sns b pBpiaoiJ3}UB uoa 'ajsa ap BjajouoD jB^uaní uoiDB^uasajdaj
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-oa sa Barja^sa uoisuaijajdB Bpoj anb ap o^uaiini^uoAUOo jb aní&gt;a[rj

ajanuí ajjB ap Bjqo bj jBno ja ais 'oaijajsa

i jb
ns ojjaqBS uis oprnj

�de una duración estética, y que de ahí ascienda a explicarla por pro
cedimientos psicológicos. Se trata de reconocer en el dato inmediato
del existir consciente la presencia de un Tiempo universal, objetivo,
ontológico, idéntico en naturaleza y existencia a una Belleza universal,
objetiva, ontológica.

La dialéctica del Tiempo, como la dialéctica de la Belleza, son
imposibles de concretar. Carecen de expresión lógica y se envane
cen de pertenecer a los procesos plotinianos de la intuición, desple
gándose más allá del imposible discurso. Pero puédese recurrir al
símil. Es frecuente admirar las montañas según dos vertientes muy
distintas. De un lado existe un jardín interminable, con climas y tie
rras ardientes o templadas, con lluvias y granjas. Del otro lado de
la montaña se extienden zonas inaccesibles, peñascos y nieves, abis
mos, tesoros de materiales para monumentos o edificios, incitaciones
al heroísmo y a la muerte. Sin embargo, esas dos vertientes forman
una sola magnitud o un solo sistema. La unidad se halla en un vér
tice inaccesible por las tempestades y las nieves y en las estructuras
invisibles de la entraña de la tierra. Tal es el caso, me parece, de
la Belleza y del Tiempo. Lo problemático de ambos, a pesar de sus
diferencias en lo superficial, los une. La imposible dialéctica de su
ontología, la cerrada tiniebla de su conocimiento, la variedad de sus
riquezas objetivas y la raíz de sus vivencias, la simplicidad de sus
actos sublimes y la complejidad de sus desarrollos en la persona y
en la historia, todo coincide en unificar las dos vertientes en que
se presenta una misma realidad. La reflexión no brota de la entraña
del Tiempo, ni del mirar lúcido de la Belleza; ambos nos hacen caer
en las epistemologías negativas que desembocan en las evidencias del
no pensar, pero en cambio el factum estético es connatural con el
factum del Tiempo.

Yo he visto cadenas de montañas en el atardecer, opuestas al
occidente, recoger los rayos solares y persistir algún tiempo ilumi
nando con sus reflejos a modo de lámparas, los umbrales de la noche
que crece en los valles. Es un espectáculo de sublimidad y delicadeza.
Las montañas entonces son gigantescos lampadarios rosados, azules o
amarillentos, que están como suspendidos del cielo. Sin embargo, se
afirman y reposan en la tierra y se ensanchan en basamentos de
crecientes sombras. Esta es la parábola de la afinidad del Tiempo y
la Belleza. El primero hace como que desaparece en las manifesta
ciones estéticas que se superponen a él; sin embargo, es la razón de
su existencia. La Belleza a su vez es la lámpara del Tiempo: jamás
se proclamará a sí misma como expresión de lo temporal; su orgullo
consiste en el olvido que hace del misterio de su coexistir con el
Tiempo. Ambos conviven una misma identidad ontológica, como las
— 100 —

montañas reales, que son en verdad, lámparas gigantes suspendidas
del cielo.

Un hecho que poderosamente llama la atención en las investiga
ciones estéticas, es la degradación y el empobrecimiento progresivo
que se van realizando en el pensamiento a medida que se ahonda en
los problemas de la Belleza y el Tiempo. La opulencia inicial de
formas, fantasías y colores, los paraísos hedonísticos que se vislum
bran de lejos, las riquezas y las manzanas de oro que rozaron nues
tras manos, se van ocultando y empalideciendo poco a poco para /
dejarnos solamente el residuo de los más áridos arenales. A medida /
que se avanza, más pobre se siente uno en señoríos, opulencias y/
dominios. Todo termina muchas veces en un orgulloso y altivo viy
rreinato de esquemas y cenizas y el filósofo ha cumplido con "&lt;r
voto de pobreza en materia de conocimiento" de que habla Husse/
cuando se hunde con la frente ardiente y esquiva en la dignidad/
un saber de muy pocas cuestiones.

De acuerdo con las afirmaciones categóricas enunciadas/
cipio de esta Intuición Estética del Tiempo, la investigacióY
da de la naturaleza de lo helio tendrá que seguir en pe
„. ..aiuiairaa ae 10 JjeJJo tendrá que seguir ei_ r_.
temperamentos metafísicos,
los cuales
mptafíoi^^ i—
—-• indistintamente la tí
^^,,Oii,us,
ios
la naturaleza v
y pn
en
el *í&gt;^——
^l
tiempo,
—
encuaies
las
' - obras
* indistintamente
de
'el/
arte y en el.
artistas creadores. La programación de una investigac/
J
no excluye la posibilidad de enunciar algún plan eiaf
de carácter previo. En consecuencia, señalaré una ii
fecundidad. El cosmos estético, identificado con el Ti
de cuatro amplios dominios dentro de su grandior
Son los siguientes, aplicándole los esquemas de la fe/

a)

el dominio de los objetos naturales dot/
cielo nocturno, la montaña, la rosa, el /

h)

El dominio de los objetos ideales qw
junto de las obras de arte. La arqu/
poesía. Las artes mayores y menores.^

c)

El dominio de los valores estéticos,
trágico, lo grácil, lo cómico. El
la melodía, la simetría, la propo.

d)

El dominio de lo Divino, trasc
Theos creador, la Idea platónic^

Puede el entendimiento estudiar/
dominio y al mismo tiempo señalar ''
substancial que enlaza la infinitud
estas dos formas de existencia der

t

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ojjnSuo ns ijoj. o dtua} oj ap uptsaudxa oiuoo viusitu is o vuvwvpojd as
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ap noznj. oj sa 'oS^vqwa wis i ja v ii&amp;iioduadns as anb soottatsa sauoio
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nuvjfua vj ap vtouq ou uoixajfau vj 'pBpijBaj biusiui Bun Bjuasaad as
anb ua saiuapjaA sop sbj jEaijmn ua appuio^ opoj 'Bijo^siq bj ua
A Buosjad ej ua sojjoJJBsap sns ap pBpifajdmo^ bj A sauiíjqns soj^b
sns ap pBppijdraxs bj 'sBpuaAiA sns ap zibj bj A SBAijafqo SBzanbw
sns ap pBpaoBA bj 'oiuaiinpouoa ns ap Bjqaiuu BpBXia^ bj 'bjSojoiuo
ns ap BoiiaajBip ajqísodmi w~i •aun soj 'jBioijjadns oj na s^puajajip
sns ap jBsad b 'soquiB ap ODUBuiajqojd O'j "oduiai^ jap A Bzajjag bj
ap 'aoa^Bd aui 'osbd ja sa jb^ "BJjaii bj ap Busjiua bj ap sajqístAui
SBJtijanj^sa sbj ua A saAaiu sbj A sapBisadmai bbj jod ajqísaa^Bui aan
-aaA un ua Bjjsq as p^piun wj "60^31818 ojos un o pniíuSBUi bjos Bun
ubujoj saiuaiiJaA sop SBsa 'o^a^quia uig 'o^Jamu bj b A omsiojaq jb
sauopBiioui 'sopijipa o soiuaranuoui Ba^d sajBijajBiu ap soaosaj 'sora
-siqB 'saAain A soosBuad 'sajqtssaoBui sbuoz uapuaijxa as bubiuoui bj
ap OpBJ OJIO J3Q 'SBfuBjS A SBtAnjJ UOO 'SBpBjdlUai O 831U3ipJB SBJJ
-ail A sboiijd uod 'ajqBuiuuaim uipjBÍ un aisixa opBj un aQ "SBiutisip
^nuí saiuaxiJSA sop unSas sbubíuoui sbj JBJiuipB a^uanoajj s^ "Jirais
jb jijjnoaj asapand oja^ "osjnosip ajqísodrai jap bjjb sbut asopu^^
-ajdsap 'uopraiuT bj ap souBtniiojd eosa^ojd soj b ja^auaiJad ap na^
-auBAua as A boiSoj uoisajdxa ap uaoajB^) UBiajauoo ap sajqísodun
nos 'Bzajjag bj ap BDiioajBtp bj ouioa 'odmatj^ jap BDtiaajBip b^

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'oAtiafqo 'jBSJSAiun oduisij^ un ap Biouasaad bj siuapsuoa Jiisixa jap
ojKipaiuui ojBp ja ua aaoouooaj ap bjbj^ ag •sooi^o[ooisd sojuaimipa^
-ojd jod BjjBoijdxa b BpuapsB iqB ap anb A 'Bapaisa uopBjnp Bun ap

�apoyarse en la razón suprema y pasar después a una intuición meta
física y estética que abarque la totalidad. Es posible que en ese ins
tante el espíritu humano necesite escudarse en un acto de tanto es
plendor como el que experimentaron- Plotino, Espinosa y Hegel. Pero
en lugar de una determinación monista de tipo místico, de tipo es
tético o de tipo ético como las anteriores, sea necesaria una intuición1
estética que unifique en un sólo proceso, el Ser y las apariencias,
el devenir y la quietud, la unidad y la multiplicidad, dentro de una
presentación de las cosas existentes e ideales coincidiendo siempre
en la Belleza que las ilumina o engendra. Queda también recono
cida la necesidad de vincular el Tiempo a esta organización del cos
mos estético. Esto conduciría a la novedad de integrar todo lo estétic'o
dentro de la dimensión temporal metaempírica y a considerar que
la naturaleza ontológica del Tiempo constituye una dimensión fun
damental de la Estética.
Con un propósito aclaratorio y analítico, para satisfacer curiosi
dades, no sería difícil enumerar algunos detalles de estos dominios.
1. Consideremos el de los objetos naturales dotados de belleza. Son
las cosas bellas que constituyen el orgullo de nuestra existencia pa
sajera en tanto que nos consideramos artistas u hombres. ¿Quién
niega la hermosura del cielo estrellado, que subyugó al caldeo, a Fray
Luis de León y a Kant? ¿Quién niega la belleza de los cisnes, los
torrentes, las nubes del alba con la púrpura del horizonte? Lo eterno
del Aconcagua es el asiento de su majestad y de la nieve, el viento,
la sublimidad, el misterio. Están también los seres bellos: los jóve
nes, las danzarinas, las sonrisas, los movimientos, los artificios, las
ficciones. Está el amor, con un polo en el platonismo y otro en la
carne. Son realidades temporales, corporales, espaciales y contienen
su causalidad. En este dominio hay planos: el del hombre vulgar, el
del artista, el del sabio, el del conquistador, el del soñador, el del
joven, el del anciano. También está la conciencia del hombre que
reproduce y modifica esos panoramas a través del sentimiento, la
memoria, la imaginación. 2o. Consideremos ahora el dominio de los
objetos ideales que constituyen el conjunto de las artes. Nuestros ojos
se detienen ante las esculturas de Miguel Ángel o Rodin o rememo
ramos las obras de Bach o Debussy. Después nos entregamos al des
file mitológico de las artes: la danza por un lado y la arquitectura
por otro. Y los sistemas y las teorías, desde Aristóteles a Hegel y
Taine. Morirán los pintores pero subsistirá la pintura. Podrá no haber
poetas, pero siempre habrá poesía. ¿Qué notamos en este dominio?
La idealidad, la intemporalidad, el ser y la formalidad en vez de la
corporalidad. Innumerables problemas se estructuran a su alrededor:
la historia, la creación, los estilos, los orígenes, la filosofía del arte,
las escuelas, los movimientos de vanguardia, el clásico y el futurista.
Este dominio de los entes ideales es el más amplio de la Estética.
3o. Consideremos ahora el dominio de los valores estéticos. ¿Habrá
que insistir en que este dominio simula hallarse estructurado sobre
los otros dos ya descriptos y se ufana de ello en la rosa que vemos y en
e,l verso, que oímos? ¿Cómo separarlo de él? Aquí se entrará de lleno
^. 102 -^.

en la axiología estética y en sus caracteres originales. El acto estético
puro, la intuición valorativa estética, la einfühlung, la inspiración, la
catarsis, todos estos temas de las viejas filosofías y de las especulacio
nes últimas de la fenomenología, se agruparán en el portal de este mo
numento reluciente de los valores estéticos. Pero, por ahora, sólo ha
bría que indicar que las vivencias estéticas son conocimientos. La filo
sofía, a través de una gnoseología especial, quiso determinarlas. El
creador de la Estética, Baumgarten, y el filósofo de la Crítica del
juicio, los psicologistas de la percepción, los místicos de la einfühlung,
los intuicionistas emocionales. ¿Los valores estéticos son ideales o
reales? Hay que entrar en la gran polémica que va de Meinong
hasta Max Scheler. Es indudable también que el estudio de una Axio
logía Estética conduce al fin a la Metafísica de lo Bello, a través de
las corrientes idealistas de Hegel, Schopenhauer, San Agustín, Plo
tino y Platón. La Estética de los Valores es un capítulo reciente de
las viejas y venerables estéticas objetivas llamadas también metafí
sicas. Para terminar, diríamos que la esfera de los valores estéticos
presenta el estudio de los caracteres de autenticidad, irracionalidad,
polaridad, cualidad, rango y materia, que convienen a todos por igual
y por naturaleza. 4. Consideremos ahora el dominio de lo Divino.
Podría ser el dominio también del supraser o de lo inexperimentable
por principio. Aquí habría que entrar en las doctrinas y en el Theos
de Platón y Aristóteles, de Plotino, de los místicos, de San Agustín,
de los panteístas como Novalis y de los metafísicos y estetas como
Schopenhauer y Nietzsche. Existe lo divino artístico: para acercár
sele hace falta una mística y una dialéctica; el artista creador posee
esas dos claves. Me doy cuenta ahora de que he señalado las direc
ciones más esenciales de los dominios del cosmos de la duración
estétida. y que esto es sólo un preludio incitador de un programa de
vastísimas proporciones. También debo aclarar que creo que esta ma
nera de presentar el estudio de los enigmas de la Belleza unidos a
los del Tiempo, es un punto de vista bastante original en el que habrá
que insistir.

103 —

�— 01 —
ouajj ap BJBJiua as mby ¿ja ap ojjBJBdas OU19^? ¿sorajo anb osa &gt;
ua jÍ soiuaA anb bsoj bj ua ojja ap BUBjn as A sojdjJásap vA sop sojj\
ajqos opejnj^njjsa asjBjj^q Bjnmis oiuiuiop ajsa anb ua jijsisui \
Bjq^jj? sooifatsa sauojva soj ap oiutuiop ja vjouv souiajapisuo^)\
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•Bjsunjnj ja A ooisbjd ja 'BipjBnSuBA ap sojuatniíAoui soj 'SBjan^sa sbj
'ajjB jap Btjosojij bj 'sauaSjjo soj 'sojijsa soj 'uop^aj^ bj 'BiJojsiq bj
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¿omiraop 9)sa U3 soihbjou ?P^)^ 'eisaod BjqBq ajdmais ojad 'ssjaod
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sofo sojjsan^f 'satuv svj ap otuníuoo ja uaXmttsuoo anb sajvapt sojafqo
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qq anb ja ua jbuiSijo ajuBjsBq bjsia ap ojund un sa 'odmaij^ jap soj
b sopian Bzajjag bj ap SBnühna soj ap oipn^sa ja jBjuosaad ap Bjau
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uotovunp vj ap sowsoo pp soiuimop soj ap sajspuasa sbut sauop
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aasod jopBajo bjshjb p íBorpajEip Bun A bdi^siui Bun bjjbj ao^q aps
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'uj^snSy UBg ap 'soatisjuí soj ap 'ouijojj ap 'saja^ojswy A no\v\¿ ap
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'pBpi[BuopBjxi 'pBpptjuajnB ap saja^OBJBa eo\ ap oipnjsa p B^uasajd
soaijaisa saaopA soj ap Bjajea b^ anb souiBiJip 'jBniuuaj bjb^ -SBais
-TjBjaui uaiqinBj 8BpBuiB[^ BBAijafqo SBopajsa ea^qBjauaA A SB^aiA sb^
ap a^uapaj o^njtdBo un ea sajop^^ eo\ ap B^ijajs^ ^J •uojb^^ A onij
-o^^ 'uijsnSy UBg 'aansquadoq^g 'pSajj ap SBisi^api eaiuaiJJo^ sb[
ap saABj^ b 'o]^ag o\ ap BDisxjBjap^ b^ b uij p aonpuoa Baijajs^ btSo^
-oixy Bun ap oipnisa p anb uaiquiBj a^qBpnput g^ ^apqDg xbj^[ BjsBq
Suouiaj^f ap ba anb Bainiajod ubjS b[ na jBjjua anb jÍbjj ¿gapaj
o sa^api uos sooijajsa sajo^A eo^? •eapuoporaa sbibiuoioiiijui so^
'Sunjiififuia bj ap sooijsim soj 'uopdaojad bj ap 8Bjsio^ooisd soj 'opmf
pp boijjj[) bj ap ojoso^i^ p A 'uaiJBSuinBg 'Bai^a^s^ v\ ap jopBajo
^^ *SB[jBuiuuaiap osmb 'ppadsa BiSopDaeouS Bun ap 83abjj b 'bijos
-o[ij B^j •sojuaiuíioouoa uos 8B0IJ9JS3 SBJ0U3AIA sb[ anb jBoipni anb Buq
-^q o^os 'Bjoqs jod 'oja^ '^ooi^a^sa s^jojba soj ap ajuapnjaj ojuaninu
•ovo. aj83 ap jBjjod ja na uBJBdnjSB as 'Bi^ojonamonaj bj ap SBmpjn sau
-opBjn^adsa sej ap A sbjjosojij SBfaiA sbj ap SBiaai sojsg sopo) ^sisaBiBa
bj 'u9pBJidsui bj 'Simjqnf-uia bj 'Ba^ajsa baijbjojba uopm^ui bj 'ojnd
o^db jg 'BajEniSiJO saja^^BJBa sns na A B^ijajsa biSojoixb bj na

soj ap otutuiop ja Vdóyv sowajaptsuo^ 'o^ •uopBmioEmT bj 'BiJOinaiu
bj 'ojuauui^nas jap eaABjj b SBmBJOuBd sosa Boijipom A a^npojdaj
anb ajqraoq jap Bpuapuoa bj Bjsa uatqtaBj^ 'ouspuB jap ja 'uaAof
jap ja 'jopBuos jap ja 'jopBjsmbuoa jap ja 'oiqBS jap ja 'bjsijjb jap
ja 'j^SjnA ajqmoq jap ja rsouejd jÍBq omiinop ajsa ug -pBpijBsnBD ns
uauaijuo^ A saj^psdsa 'sajBJodjo^ 'sajBJodmaj sapspijBaj uog *aujB3
bj ua ojjo A orasiuojBjd ja ua ojod un üoa 'joutb ja Bjsg -sauopoij
sbj 'sopijijjB soj 'sojuaimiAora: soj 'sbsijuos sbj 'sBuiJBzuBp sbj 'sau
-aAof soj :sojjaq sajas soj uaiqtuB} UBjsg •ojjajsiui'ja 'pBpiuiíjqns bj
'ojuaiA ja 'aAaiu bj ap jÍ pBjsaÍBui ns ap ojuaisB ja sa BnSBouoay jap
oujaja o^ ¿ajuozíjoq jap Bjndjnd bj uoo BqjB jap saqnu sbj 'sajuajJO]
soj 'sausp soj ap Bzajjaq bj Batu uam^)? ¿jnB^[ b A noa^j ap sn
jÍBj^ b 'oapjBa jb oSn^tjns anb 'opBjjajjsa ojap jap BJnsouuaq bj
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-Bd spuajsixa BJjsanu ap ojjn^jo ja ua^njusuoa anb ssjjaq sbso3 sbj
uog -vzajjaq ap sopvtop sajtumvu so^afqo soj ap ja soiuauaptsuo^ o-j
•sotuiuiop sojsa ap sajjBjap soungjs' jBjauínua jpjjip Búas ou 'sapsp
-isojjna jaoBjsijBS bjb¿ 'ooijjjbhb A oijojbjbjob ojispdojd un U0^
'DQtjafS^^ vj ap jvtuauivp
runf uptsuauitp vun aXnmsuoo oduiat^ jap votSpjotuo vzajvunjvu vj
anb uvuaptsuoo X votMdwavtatu jv^odmat uptsuauitp vj ap oj.%uap
o.otfajsa oj opoj jvuSatut ap pvpaaou vj v mutonpuoo ojs^^ -ootiaisa soui
^ -soo jap uptovztuoS^o vjsa v odutatj^ ja jvjnoum ap pvptsaoau vj vpto
-ouooaj. uatqtuvt vpan^) 'VdpuaSua o vuttunjt svj anb vzajjag vj ua
axduiats opuatpiouioo sajvapt a sajuajstxa svsoo svj ap uppmuasa^d
vun ap OAiuap 'pvpyjtjdnjnw vj X pvpvun vj 'pnjamb vj X jnuacvap ja
'snt^uatjvdn svj X -ta^ ja 'osaooud ojos un ua anbtftun anb vot$atsa
(uppmiut vun vtuvsaoau vas 'sauot^ajuv svj ouioo oatta odn ap o oonai
-sa odtt ap 'oonsiiu odjt ap vjstuoiu uptovutuiiatap vun ap uvSnj ua
oiaj "ja^ajj A Bsomdsg 'ouijojj ^oJBjuauíijadxa anb ja oraoo Jopuajd
-sa ojubj ap ojob un ua asjBpnasa•• ajisaaau ouBtnnq njujdsa ja ajuej
-sui asa ua anb ajqísod sg 'pspijBjoj bj anbJBqB anb Baijajsa A
-Bjoui uppinjuí Bun b sandsap jBSBd A Buiajdns uozbj bj u^

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                <text>La estética seguirá siendo una rama de la filosofía o no existirá jamás.  Su vecindad más próxima es la ontología por la máscara en que las cosas bellas existen confundiéndose con las del universo.</text>
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